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Full text of "Historia de la América Central, desde el descubrimiento del país por los españoles (1502) hasta su Independencia de la España (1821)."

t^ 



JC 




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HISTORIA 



DE LA 



AMERICA CENTRAL, 

Desde el descubrimiento del país por los españoles C1502; 
hasta su indcpeiideucia de la España (1821;. 

De \^tvk "íSptioisi íiistórica" relativa á las naciones que iiabitabaif 

la América Central á la llegada de los españoles. 

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• I 

SOCIO CORRESPONDIENTE DE LA KeAL AC.U)EMIA EsPAÑOLA, 

delegado en guatemala del congreso de los americanistas, 
(Bruselas^ miembro honorario de la sociedad lite- 
raria INTERNACIONAL (PaRIS). 

Colecdón Luis Lujan Muñoz 

Unlvtrsldad Francisco Marroquín 

www.ufm.edu - Guatemala 



TOMO II. 



GMJ^ TKM: A_L A : 



Establecimiento tipográfico de "El Progreso" 
Octava calle poniente x. ^ 6 bis. 

1882. 






INTRODUCCIÓN 



A.JL, 



TOMO SEOXJN"r)0 



DE LA 



HISTORIA ñ LA AMBHieA mmii, 



♦ ■ ■ T'>»K''> 



El segundo tomo de la '•Historia de la América Central, desde 
•el descubrimiento del país por los españoles hasta su independen- 
■cia de España," va á ver la luz pública después de la sentida muerte 
de%u autor el Sr. Don José Milla, á quien una anjina de pecho ar- 
rebató de entre nosotros la noche del 30 de setiembre último. 

Y á este tomo, concluido ya en la parte narrativa de los hechos 
■q^ue tuvieron lugar en el periodo trascurrido desde el año 1542 al 
1686, falta el juicio crítico con que el eminente y modesto escritor 
«e proponía terminarlo. 

¡Lástima grande que trabajo tan notable haya quedado incom- 
pleto! ¡Lástima grande que el historiador, digno de este nombre, 
á quien el Sr. Presidente de la República, General Don J. Rufino 
Barrios, encomendó la difícil é importante tarea de escribir la his- 
toria antigua de la América del Centro, no haya podido dar cima 
á sus labores, con tanto afán emprendidas, con tanto esmero y 
perseverancia continuadasl Unas pocas horas antes de su muerte 
y ya doliente y achacoso se ocupaba de correjir las xjruebas de las 
últimas pajinas de este volumen. Tenia el ilustre finado la concien- 



II INTlíODirCloN. 

da del estricto cnniplimiento del deber coiitraido y se esmemba 
en corresponder dignamente á la contianza que en él depositara el 
Benemérito Jefe de la Nación. _ • 

No me propongo en estas líneas escribir nn i)rólogo extenso, ni 
mucho menos el juicio crítico de los acontecimient(>s verificados 
durante los primeros cien años de la dominación espauola; tarea 
es esa superior á mis fuerzas. Tengo en mira linicaniente consig- 
nar la caTisa porque la obra encomendada á mi querido, respetado- 
e inolvidable amigo, el Sr. Milla, iiaya quedado inconclusa; decir 
unas cuantas palabras acerca dn los princijKdes liechos históricos (jue 
este volumen reseña, y cumplir así la recomendación con (jue la res- 
X^etable Señora Doña Mercedes Mdaurre, viuda de Milla. >«• lia s»m- 
vido honrarme. 

Interesante por mas de un concepto es este segundo tomo de la 
historia patria. No se trara ya en él de los brillantes ei)isodio8 de la 
Conquista, de aquellas bichas admirables que dan cierto carácter 
épico á algunos de los sucesos de esa época, que se nutran en el ]»ri- 
mer volumen. Al fragor incesante del combate, á la fatiga sin des- 
canso del conquistador, sucedió el trabajo de la colonización, la 
tranquila aunque difícil tarea de oi-ganizar los paisas nuevamente 
incorporados á la corona de Castilla. 

La exposición de esos trabajos, dui-;ui ir d primci .-^ighí iki iiji 
men colonial, es el objeto de este segundo tomo y su estudio no pu»» 
de menos de interesar vivamente, ])ues exhibe los elementos hetero- 
géneos de que está formada nuestra socieda'd y las ideas dominan- 
tes que presidieron su desarrollo, nos muestra la cuna de tuiestrns 
costumbres y el orí jen de ujuchos de nuestros errores económicos y 
administrativos y "ex[)licai-á en parte, ante la lilosoíia déla historia^ 
los sucesos de nuestra moderna edad republicana," como dicegni 
ilustrado amigo el Doctor Don Marco A. Soto en interesantlsinuí 
carta que escribía á su maestro y amigo el Sefior Milla. ^ 

El réjimen colonial juzgado, como debe ser, en su tiempo y en las 
circunstancias en que se hallaban la metrópoli y los paise.s conqnis. 
tados, no merece las acerbas censuras de que ha sido objeto. 

La ignorancia de los princ¡i)ios económicos mas elenientale.s, fwf'r 
causa principal de que en las leyes íiscales emitidas en aquella épo- 
ca no se consultaran los intereses permanentes del comercio y de la 
agricultura, que necesitaban pam su oecimiento y mejora de la mas 
amplia libertad en la contr;itacion y de disposiciones que protejie- 
rUn y facilitarán el trabajo. 

Leyes hubo que prohibían la exportación del cacao, á no ser que 
los retornos se hiciesen en numeiario en vez de mercaderías. 

Otras que por favorecer el comercio de la metrópoli y principal- 



iNriioDrccioN. m 

mente el déla provincia de Seviün, impidieron el ya activo de Cen- 
tro-América con el Perú y aun con la Nueva España, exijiendo que 
se hiciera directamente C(»n la metrópoli. Error maniñesto, que pro- 
dujo la pérdida de la naciente marina mercante de Guatemala, dis- 
minuyó notablr-mente las transacciones comendales y pi-ivó á lf)S 
habitantes de este pais del uso de muchos artículos, por la irregula- 
ridad délos envíos que hacían los c;)tuerciantes sevilluuos y por la 
tardanza en el trasporte de las merciiderías 

A pesar de tener puertos conocidos y trancados en el Pacíñco y 
en el Atlántico, pues aun el de Santo Tomas de í/astilla estaba ya 
habilitado en el tiempo á que nos referimos, se dispuso que el co- 
mercio se efectuam por Veracruz; y i)or esa via tan dilatada y cos- 
tosa, aparte de otras desventajas, salían nuestros productos y ve- 
nían las manufacturas, los vinos y los demás artículos de ímporta- 
'cion. 

Algunas excursiones de corsarios en aquella época motivai-on la 
emisión de esa ley, en la que no se consultó tal vez que eran mucho 
mayores los inconvenientes que su práctica ofrecía al del peligro de 
los piratas. 

La protecciím exájerada en favor de los aboríjf^neí, reacción natu- 
ral de las violencias á que se les sujetó durante el periodo de la con- 
quista, fué otra de las causas deque la naciente agricultura de la 
América Central no alcanzara el desarrollo á que la feracidad de su 
suelo la llamaba. 

Para escusar vejaciones á los indíjenas y para que no se propaga- 
ra el cultivo de fruto.^, que podía perjudicar el comercie con la me- 
trópoli, se prohibió que se ocupara á aquellos en la i)lantacion de 
viñas y olivares. Y esa prohibición, que después comprendió la de 
sembrar morales y árboles de lino, se hizo estensiva á todos los vi- 
reynatos y gobernaciones de las Indias. A mas de esa prohibición se 
leen gtras varias, de igual Hnajf', en las leyes emitidas en los prime- 
ros cien años de la colonia. 

Y llegó á tal extremo el cuidado por los naturales, que no era per- 
mitido á los españo'es y ladinos vivir en los j^ueblos en que elloi^ 
moraban. Y ese aislamiento no pudo menos de serles perjudicial, 
pues estorbó la mejora de su raza y de sus costumbies. Pero al lado 
de esos errores, disculpables por ser hijos de la ignorancia de la épo- 
ca y de un esfesivo celo proteccionista, en los que, y aun en mayo- 
res, incurrió también Inglaterra en el. gobierno de sus colonias, er- 
rores siempre deplorables porque retardaron en parte el progreso 
de estos paises, se encuentran muchas providencias administrativas- 
que favorecieron el adelanto moral de esta sección de América. 
Las llamadas ''Nuevas leyes," á lasque el historiador consagra 



iV INTIÍODUCCION'. 

varias de las pajinas de este tomo, fueron, en la geiieralidad de sus 
prescripciones, un verdadeio progreso. 

La creación de una nueva audiencia en los confines de (luateniala 
y Nicaragua, que después se trasladó á la primera de estas provin- 
cias y que con posterioridad y por un error que no tiene disculpa, 
residió algún tiempo en Panam.í, entorpeciend») así, hasta hacerla 
imposible, la administración de justicia; determinar las atribuciones 
de ese tribunal, que conocía en vista y en revista de todas las causas 
civiles y criminales, sin mas recurso que el que respecto de las pri- 
meras se dejaba á las partes para ocurrir al consejo de Indias, 
cuando la importancia del negocio exceuia de diez mil pesos de oro, 
fueron en el ramo de justicia las dis/.ostciones mas culminantes de 
las "Nuevas leyes/' 

La prevención absoluta de que en lo sucesivo no se hiciera es- 
clavo á indio alguno; de que en los pleitos entre naturales ó con" 
ellos se guardara un procedimiento sencillo; de que no ,se les car- 
gase sino en fuerza de mucha necesidad; de que i>or ninguna aut<»- 
ridad, ni menos por particulares, se pudiese dar á los indíjenas en 
encomienda, son entie otias presciipciones, las nuis notables que 
rejistran las nuevas Ordenanzas. Esas prevenciones, sino importa 
ron la completa en)ancii)acion délos aboríjenes, prepararon por lo 
menos su libertad detínitiva 

La erección de una universidad, la creación de varios colejios. 
de hospitales y de casas de convalecientes; la apertura de caminos, 
la construcción del puente de los Esclavos y* de otros de segundo 
orden, la habilitación de puertos, entre otros el de Santo Tomas, 
S(m disposiciones muy importantes que se dieron durante el j)eri»»- 
do histórico á que nos referimos y alas que el autor dedica varios • 
interesantes cafntulos. 

He concluido la lijera ojeada queme proponía echar sobre los 
sucesos mas trascendentales qu»* este tomo rntiere. A plumg^ au 
tonzadas corresponde escri!:ir el juicio crítico de esta obra. Su 
autor no se lisonjeaba de que estuviera exenta de errores; ])ero si 
abrigaba la esperanza de que sus trabajos contribuirían «í. facilitar 
la investigación histórica y abrirían ancho campo á disensiones ra- 
bonadas, paia hacer luz en muí.'hos ¡¡untos sobre los cuales existen 
dudas, nacidas, unas veces, de la oscuridad y vacio que se advier- 
ten en las crónicas antiguas y otras, de la contradicción "n que los 
mismos cronistas incurrieron, 

•G^uat^mala, Octubre de 1882. 



C/íiHlc/n-íC'- Q4'ba<:/¿aficf- 



HISTORIA 



DE L A. A^MEHICA^ CENTRAL. » 



CAPITULO I. 



Las nuevas leyes. — Creación de una audiencia en los Confínes de Guatemala 
y Nicaragua. — Sus atribuciones. — Disposiciones en favor de los indios. — 
Prohibición de hacerlos esclavos. — Se manda poner en libertad á los que se 
hubiesen hecho contra las reales órdenes anteriormente expedidas. — Orde- 
nan que no se cargue á los indios, sino en caso de mucha necesidad, y sia 
peligro de su vida y salud. — Prohiben emplear á los indios libres, en la 
pesca de las perlas, contra su voluntad. — Disponen que los vireycs, gober- 
nadores, oficiales reales, prelados, monasterios, &, no tengan indios escla- 
vos, y que se ponga en libertad á los que tuvieren.— Se manda poner en li- 
beHÜid a los indios esclavos que no sean bien tratados por sus amoa — 
Disposición para que no se encomienden en lo sucesivo por ningún titulo, 
incluso el de herencia. — Compensaciones á los conquistadores y primeros 
pobladores á quienes se quitaron los indios de encomienda. — Formalida- 
des que debeiüan observarse en Jo sucesivo en los descubrimientos. — Pre- 
vención relativa á los ocursos al rey y al Consejo de Indias. — Sensación 
que causan en América las nuevas leyes. — El Padre Las Casas concluyo 
^a tratado de la Destruicion de las Indias.— B.eñexiones acerca de este es- 
crito,— Se tiene conocimiento en Guatemala de las nuevas leyes. — L-rita- 
cion contra Las Casas. — Carta del Ayuntamiento al rey, quejándose de es- 
te núsionero. — Nómbrasele Obispo de Chiapas. — Designación de las perso- 
nas que debían componer la Audiencia de los Confines. — Señálase el lugar 
de su residencia y se demarca su jurisdicción. — El cabildo de Guatemala 



HISTORIA 



dispone enviar ala Corte procuradores» que representen contra las nuevas 
Jeves. — Eiíjense diversas personas y no aceptan la comisión. 

(1542-1543). 



Comenzaban las nuevas leyes, (que tal luc vi nouibn' «jiie .'^i* 
Í3S áió,) con ciertas prescripciones reglamentarias para el m<»j()r 
gobierno y régimen interior del Qonsejo de Indias; y en seguida 
Mandaban establecer una audiencia real y nn virey cu los rei- 
jíoa del Perú. 

Creaban así mismo otra audiencia que debía rvsidir en los ( on- 
fnes de Nicaragua y Guatemala, con cuatro oidores letrados, 
miendo presidente uno d« ellos. y encargándose por entonces esas 
funciones al licenciado xVfaldonado, oidor de la audiencia de Méxi- 
co La de los Confines debería tener ú su. cargo la gobernación 
c\^ las provincias de Nicaragua y Guatemala, y la de sos adhe- 
í cutes, en las cuales no habría gobernador, á ludnos qne elrey 
dispusiera otra cosa. (1) 

Consignaban en seguida varias disposiciones qne debían obser- 
var las audiencias del Perú y los Confines, como también la de 
íi^nto Domingo, de que daremos noticia detallada, tanto por la 
ijiportancia de muchas de ellas, como porque fueron las primera» 
que en un cuerpo de leyes se emitieron para las provincias de la 
América Central. 

T)¡s[)onian que las audiencias conocieran en vista y revi.sta de 
todas las causas criminales pendientes y de las que se proniovie- 
la-a en lo sucesivo, de cualquiera clase é importancia que fuesen; 



(1) De esta disposición del emperador Carlos V data la creación de U pri- 
iaera audiencia que hubo en lo qne^B^ llamó después América Central. Su 
fíohft es de 20 de Noviembre de 1542. En el siguiente año el príncipe gober- 
r^dor la amplió y esplicó mfis, como luc-jío diremos. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 'O 

?'m <|ue hubiera recurso de apelación alguna en las sentencies 
que pronunciaran. 

Les daban igual atribución en punto á negocios civileSj sih 
otro recurso al Consejo de Indias qae el que se dejaba á las-jíftí- 
tes encaso de que el asunto versara sobre cantidad de diez mil 
pesos de oro arriba. El agraviado deberia presentar su otMÍi'á) 
á la real persona dentro de un ano de pronunciada la sentenefi, 
que se ejecutaria, sin embargo, dando fianzas la parte favoreció 
de devolver lo que hubiese recibido, si se revocaba el fallo. 'I^á- 
te recurso no tendria lugar enjuicies sobre posesión. 

Las cartas y provisiones de las audiencias se expedirían eh 
nombre del rey 3' se antorizariau con el sello real. 

Si en los negocios en que conociesen dichos tribunales se ver- 
saba una cantidad de mas de quinientos pesos de oró, se neéesi- 
tarian tres votos para formar sentencia; y si fuese de menor'sti- 
ma, bastarian dos votos conformes; aunque los otros dos dífiH<^- 
sen entre sí. 

Podria apelarse ante las audiencias de las resoluciones de los 
gobernadores, y en este caso no habría súplica. 

Las audiencias se sujetarían u las ordenanzas especiales "que 
se les diesen, á las de las Chancillerias de Granada y de Valla- 
dolid, á los capítulos de corregidores y jueces de residencia jH 
las leyes y pragmáticas del reino. 

Podrían las mismas audiencias, cuando lo juzgasen convenieft- 
te, enviar á tomar residencia á los gobernadores, oficíales y jus- 
ticias ordinaria.? de sus respectivas jurisdicciones; encomendando 
esta diligencia á personas de fidelidad y prudencia, que las supie- 
sen desempeñar conforme á las leyes. ^Las de los gobernadores 
de islas y provincias se remitirían al Consejo de Indias para su 
determinación, y las demás serian sentenciadas por las mismas 
audiencias: pudiendo siempre el Consejo mandar directamente 'á 
tomar residencia a los gobernadores cuando lo juzgase oportonb. 

Tales eran las disposiciones reglamentarias de los tribunales 
superiores de las provincias de Guatemala y Nicaragua, delPeríli 
y de Santo Domingo que contenían las nuevas leyes. Las qtte sé 
referian á libertad y buen tratamiento de los nativos eran IíÜb 
siguientes: 



6 HISTORIA 

Encargaban muy especialmente á las audiencias cuidaran de 
que se tratase bien á los indios y de que se conservaran; infor- 
mándose de los excesos que con ellos hubiesen cometido los go- 
bernadores 6 personas particulares, y si se habiau observado las 
ordenanzas é instrucciones expedidas sobre el particular. Que 
remediasen los daños que se les hubiesen hecho y castigaran lí 
los culpados con todo rigor. Que en los pleitos entre los indios 
ó con ellos no se levantasen grandes procesos, como solia suce- 
der, por malicia de algunos abogados y procuradores; sino que 
se determinasen sumariamente, guardando sus usos y costumbres 
que no fuesen notoriamente injustos, y cuidando las misnuis au- 
diencias de que los jueces inferiores observaran esta dispo- 
sición. 

Prevenian que en lo sucesivo ni por causa de guerra ni por 
otra alguna, ni a título de rebelión, ni por rescate, ni de otra ma- 
nera se hiciese esclavo ií ningún indio; debiendo ser tratados co- 
mo vasallos que eran de la corona de Castilla. Prohibían igual- 
mente el que se sirviesen de ellos como naborías, ni de otro mo- 
do, contra su voluntad. 

Mandaban así mismo que los esclavos que anteriormente se 
hubiesen hecho, sin razón, contra las provisiones y (ordenes ex- 
f)edidas por el rey, fuesen puestos en libertad, oídas las partes 
breve y sumariamente y sin aparato de juicio. A falta de perso- 
nas que representaran á los indios en las averiguaciones que de- 
bían seguirse, se nombrarían al efecto, de oficio, hombres de con- 
ciencia y diligencia, y se les pagaría su salario de los fondos de 
|)onas de cámara. 

Seguía en las nuevas leyes una disposición para que no se 
cargase á los indios sino en fuerza de mucha necesidad y cuando 
r.o pudiera excusarse; previniendo que en tal caso la carga fuese^ 
, moderada, de modo que no peligrara su vida y salud. Que no se 
les obligara en manera alguna á llevar carga contra su volun- 
tad y sin la correspondiente remuneración; castigando severa- 
^fiíente á cualquiera que hiciese lo contrario. 

Mencionaban en seguida las muchas muertes de indios y ne- 
gros que se habían ocasionado de la pesca de las perlas; y para 
evitar la repetición de estos males, prohibían, bajo pena de muer- 



DE LA AMERICA CENTRAL. 7 

te, el que se llevase á dichas pesquerías, indio alguno libre, con- 
tra su voluntad. (1) 

Habia en las ordenanzas otra disposición no menos importante 
que las anteriores: la que prohibia espresamente á los vireyes, 
gobernadores y sus tenientes, oficiales reales, prelados, monaste- 
rios, cofradias, hospitales, casas de moneda y sus tesorerias, y á 
todas las personas favorecidas con oficios, el tener indios enco- 
mendados; por los muchos desórdenes y abusos que de tales en- 
comiendas se habían ocasionado. Prevenía que todos los indios 
que tuviesen los referidos funcionarios y establecimientos, fuesen 
desde luego incorporados en la corona real, aunque no les hu- 
biesen sido encomendados en razón de sus respectivos oficios; y 
que si alegaban que dejarían estos y las gobernaciones por con- 
servar los indios, tampoco se les consintiese; pues se les había 
de poner inmediatamente en libertad. . 

A las personas que poseían indios sin tener título y á las que 
teniéndolo, se les habia dado un número excesivo de ellos, se 
mandaba: a los primeros, que los dejasen libres; y á los segundos, 
que se les redujesen á una moderada cantidad. 

•Por otro capítulo de las nuevas ordenanzas se disponía que las 
audiencias averiguasen si los indios que estaban repartidos ha- 
bían sido bien tratados por sus amos; y en los casos en que se 
probase haber sufrido malos tratamientos ^ se privara de ellos á 
ios encomenderos y se les incorporara en la corona real. 

Prevenían que en lo sucesivo ningún virey, gobernador, au- 
diencia, ni otra persona cualquiera, pudiese dar á los indios en 
encomienda, ni por vía de remuneración, donación, venta, ni otro 
título, ni por vacante, ni por herencia. Muriendo la persona que 
tuviese indios encomendados, deberían las audiencias averiguar 
su calidad, méritos y servicios; informarse de como hubiese trata- 



(l) El obispo y el juez que fuesen a Venezuela deberían ordenar lo con- 
veniente para evitar el peligro á los indios y negros ocupados en aquel oficio; 
y en caso de que no pudiese excusarse tal peligro, cesarian las pesquerías; 
"porque estimamos, decian las ordenanzas, en mucho mas, como es razón, la 
■conservación desús vidas, que el interés qae nos puede venir de las perlas.'' 



,8 ^ HISTORIA 

do á los indios, y si dejaba mujer, hijos ú otros herederos, á los 
cuales haria el rey las gracias que juzgase convenientes, prove- 
yendo íí su moderada sustentación del fondo de tributos; y que- 
dando los tales indios incorporados en la real corona. 

Prevenían á las audiencias el mayor celo y cuidado para que 
los indios que se quitasen en virtud de las disposiciones anterio- 
res, ó los que vacaran, fue^en gobernados en justicia, bien trata- 
dos y doctrinados en la fe católica; pues sobre todos estos puntos 
se habría de pedir estrecha cuenta a las mismas audiencias. 

Queriendo compensar en alguna manera á los descubridores y 
primeros pobladores, muchos de los cuales habrian de perder 
los indios que tenian en encomienda, en virtud de aquellas or- 
denanzas, se mandaba :í los vireyes, presidentes y audiencias 
prefirieran para la provisión de corregimientos y otros aprove- 
chamientos cualesquiera, jí los pobladores casados, siendo perdo- 
nas hábiles. 

Prohibían los pleitos sobre indios y man<laban que todas las- 
causas que estuviesen pendientes, ya en las Indias, va on r\ (\m- 
sejo, fuesen remitidas al rey. 

Disponían la manera en que deberían hacerse en lo sucefyvo 
los nuevos descubrimientos, jÍ íin de evitar los abusos que se ha- 
bían observado en el particular. Nadie podría salir jí descubrir 
sin permiso de la audiencia del distrito, y en ningún caso seria 
lícito sacar de las tierras que se descubriesen indio alguno, á no 
ser tres ó cuatro que sirviesen de intérpretes. No podrían los 
descubridores tomar co.sa alguna de los indios, á no ser por via 
de rescate y á vista de una persona nombrada i>or la audiencia; 
conminándose con pena de muerte y pérdida de los bienes á los 
que infringiesen esta disposición. 

Los descubridores quedarían obligados á volver á dar cuenta 
á las audiencias de sus descubrimientos, para que ellas remitie- 
sen las relaciones al Consejo de Indias y se proveyese lo conve- 
niente. Si la persona fuese hábil, se le encargaria poblar la tierra 
descubierta, 6 se le gratificaría según lo que hubiese trabajado ó 
gastado.. Las audiencias deberían cuidar de (jue fuesen con los 
descubridores algunos religiosos, para doctrinar u los nativos. 

Quedaba prohibido á los vípeyes y gobernadores el entender 



DE LA AMÉRICTA CENTRAL. 9 

en desniíbrimientos nupvos, por íTiar o por tierra, á cansa de los 
graves inconvenientes que se habían pulsado en que fuese una 
jnisina persona descubridor y oobernador. En cuanto á las eaj>itu- 
Inciones celebfHdas con varios sngetos que a In sazón estaban en- 
tendiendo en descubriinif^ntos, se d'isponiaqne gnardasen ins pre- 
venciones de aquellas nuf^vas ordenanzas y las in^tmccibues que 
les diesen las audiencias, no obstante lo convenido y capitulado; 
bajo pena de suspensión de sus comisiones y perdimiento de cua- 
lesquiera merced^'S que el rey íes hubiese herho. Mandaban á las 
mismas personas ocupadas en descubrimientos, que hici^-scn ta- 
sación de los tributos que deberían pagar los indios y servicios 
á que serian obligados como vasallos del rey; que habrían de ser 
moderados y conforines á sus facultades; acmliéndose con ellos a 
los encomenderos, que no podrían ya intervenir en manera algu- 
na con los mismos indios, ni servirse- de ellos. 

Sucediendo con frecuencia que personas residentes en las In- 
dia8Íban a' Castilla ó enviaban procuradores á solicitar concesio- 
nes reales, y no teniéndose noticia suficiente de la calidad y mé- 
ritos de los pretendientes, ni acerca de la justicia o injusticia de 
lo que pedían, no se podían proveer las solicitudes con pleno co- 
nocimiento de causa, se disponía que estas fuesen en lo sucesivo 
acompañadas con informes circunstanciados de las audiencias 
respectivas, cerrados y sellados; y remitidas^ así al Consejo de 
Indias, para su determinación. (1) 

Talns eran las nuevas leyes que la Junta de A^alladolid pro- 
puso al Emperador Ca'rlos Y, y que firm(j este príncipe en Bar- 
celona, el 20 de Noviembre de 1542. Píicil es calcular la trascen- 
dencia de esas disposiciones. Aunque no contenían francamente 
la óráeii de poner en libertad de una manera inmediata y abso- 
luta á todos los indios esclavos, eran tales y tantas las restric- 
ciones que ponían á los que los poseyesen en virtud de las per- 
misiones anteriores, que esto, unido á la prohibición de hacerlos 



(1) Remesa), Hist. de Ghiap. ¿/ 'Guat, Lib.JLV, Cap. XII. ; Herrera, Hist. 
gen. Dec. VII, Lib. VI, Cap. V. / 



10 HISTORIA 

esclavos en lo sucesivo y á las demás prevenciones que sobre el 
particular contienen las nuevas leyes, venia á importar de hecho 
una general y cuasi completa emancipación. Hablando de estas 
-ordenanzas dice un ilustrado historiador moderno que ellas, ''to- 
peando íí las mas delicadas relaciones de la sociedad, destruían 
los fundamentos de la propiedad y de una plumada convertiau 
en libre una nación de esclavos.*' (1) Era así efectivamente; y por 
mas que esa propiedad estuviese fundada sobre una injusticia, no 
lo consideraban así los conquistadores, qae creían ver en aque- 
llas leyes un ataque directo, injusto y ¡atentatorio á sus derechos, 
originados de la conquista misma. "¿Rs éste, decían, según el au- 
tor citado, el fruto de todos nuestros trabajos? ¿Para ésto hemos 
•derramado á torrentes nuestra .sangre? Ahora que estamos inúti- 
les á fuerza de trab.'ijos y fatigas, nos dejan al fin de la campa- 
ña tan pobres como estábamos al princípíoL ¿Ks éste el modo 
que tiene el gobierno de recompensarnos por haberle conquis- 
tado un imperio? ¿Qué ha hecho el gobierno para ayudarnos en 
la conquista? Lo que tenemos lo hemos ganado con nuestra es- 
padas, y con las mismas sabremos defenderlo." (2) 

No nos corresponde hablar aquí de la conmoción que las nuevas 
leyes causaron en otras provincias de América: {?») debiendo 
limitarnos á decir como fueron recibidas en Guatemala. Pero te- 
nemos que referir antes lo que hacia el padre Las Casas, cuyas 
ideas filantrópicas y celo por los nativos habían obtenido un ver- 
dadero triunfo con la emisión de aquellas ordenanzas. Kn efecto, 
Jo que puede llamarse el partido do los dominicos supeditaba 
en los consejos del monarca al de los conquistadores en aquella 



(1) Prescott., Hist. de la conq del Perú, Lib. IV, Cap. Vil. 

(2) Id. id. 

(o) En Nueva España y en el Perú fué alarmante la perturbación qoeori- 
.ginaron; viéndose amenazada seriamente la tranquilidad pública. Las medidas 
sprudentes y conciliadoras, sin dejar de ser enérjicas, del visitador Tello y del 
-virey Vaca de Castro evitaron el conflicto. 

(Véase á Herrera, Dec. VH, Lib. IV, Cap. VII sig.) 



»E LA AMÉRÍCA. CENTRAL. 11 

lucha en que los frailes representaban las ideas liberales y re- 
í'orinistas. El padre Las Casas era el jefe de ese partido, el pro- 
motor principal de las ordenanzas que üabian de transformar la 
A'iciosa organización colonial, el incansable fiscal de los abusos 
de sus compatriotas y el que debia denunciarlos á la posteridad 
en escritos en que por desgracia la pasión y la credulidad exa- 
jeraron hasta la hipérbole las faltas de los conquistadores. 

Pocos dias después de haber sido firmadas en Barcejona las 
nuevas leyes, terminaba el ardiente polemista un opúsculo que 
tituM Brevísima relación de la desiruicion de las Indias occidenta- 
les, que él mismo dice haber escrito "por inducimiento de algu- 
nas personas notables, zeiosas de la honra de Dios y compasivas 
de las aflicciones y calamidades ageuas, que residían en la Cor- 
te." En diez y ocho capítulos distribuye el autor la historia de la 
conquista por los españoles de otros tantos reinos 6 provincias 
del nuevo mundo; trazando un cuadro que seria verdaderamente 
aterrador, si su misma exageración no hiciera desconfiar de la 
veracidad de muchos de los hechos referidos. Una narración 
mas sobria y limitada ú lo que el escritor podia asegurar como 
testigo de vista ó por informes fidedignos, habria sido mas ade- 
cuada á sus fines y conciliado á la obra el respeto que no han 
podido sentir por ella los historiadores que buscan sinceramen- 
te la verdad y que no admiten juicios apasionados, por autoriza- 
do que haya sido el que los dejara correr en sus escritos. 

Un autor español que compuso un libro para defender la con- 
ducta de sus compatriotas en las Indias, tuvo cuidado de ir suman- 
do las cantidades de hombres que el padre Las Casas dice haber 
liecho morir aquellos en la conquista. Resulta el cálculo de treinta 
millones de víctimas, que el refutador considera absurdo, especial- 
mente si se atiende al que han hecho autores competentes acerca 
de la población probable de la antigua América. (1) 



(Ij Refiexiones imparciales sobre la humanidad de los españoles en las In- 
dias &, por el abate Don Jaau Nuix, escritas en italiano y traducidas al cas- 
tellano por Várela y ülloa, Madrid, 1782. Nota este escritor que el padre Las 



12 mSTORPA 

Refiriéndonos especialmente a la provincia de Onatemala. di- 
ce que "perecieron, en el espacio de solos diez y seis años, de 
cuatro á cinco millones de personas, y aun prosiwuen las malan- 
zas; de manera que muy pronto será extincruida la casta »le aque-^ 
líos indios." (1) Bien sabido es que esta triste protecia no se rea- 
lizó; y que hoy, después de trescientos treinta finos de haber 
anunciado el misionero dominicano la muy y)ronta extinción de 
los indios de Guatemala, auu furmaí» estos mus de las dos terce- 
ras partes do la población d-e la República 

• No sin razón, pues» el imparcial y. verídico liistoriaílor norte- 
americano, á quien hemos tenido ocas-ion <le citar tantas veces 
en el curso de esta obra, dice, hablando de la Brevisima rvlacimí 
de la clestruicion rielas Indias: "es una historia espantosji. Cada 
línea de la obra puede decirse estií escrita mu sanare. I*or bue- 
nas que fueran las intenciones del autor, debe sentirse hubiese 
publicado este libro. Ciertamente tendría justicia en no discnl-^ 
par á sus compatriotas, ei> pintar sus atrocidades con hu verdade- 
ro colorido, y [>or medio de este horrible cuadro, pues tal debía 
haber sido, instruir á la hímííoií y á los (|ue la gobernaban de la 
carrera de iniquidad que se seguía al otro lado de los triares ; pe* 
ro á fin de producir una sensación mas profonda, prestó ofdos á 
todas las anécdotas do violencia y rapiña y las exajeru hasta 
un grado que tocaba en el ridiculo, i/i errada eáifavaganHa'de 



Casas no dú siempre el rt>¡8rao mfanero alas víctimas hechas ])or Ior espafio- 
68. Unas veces dice doce, otras qnince, otras veinte y otras treinta cnentos 
de ánimas. Y todavia, "«fíade y jura qoe en todas cuantas cosas ha dicho y 
cuanto le ha encarecido, no ha dicho ni encarecido en ca'idad ni en cantidad 
de diez mil parten una." Tomándole esta hipérbole ad pedem litera;, le hace 
Nuix la observación de que, según esa cuenta, los espafioles habían muerto 
en las Indias un número de hombres infinitamente mayor que toda la pobla. 
cion de la tierra. 



( 1 ) Ih-struicion d4> las Indias; publicación de Uorente, tomo 1. ^ pág. H4 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 13 

^ cálculos nuiuéricos es por si misma suficiente para desconfiar 
■!■: la exactitud de svs aserciones en general.'- (1) 

Eq menos palabras pronuncia uq juicio semejante otro distin- 
:gaido escritor, también norte-americano. Se ha acusado á Las Ca- 
sas, dice, de pintar con fuerte colorido y de entregarse á exage- 
radas declamaciones cuando relata las barbaridades cometidas 
con los indios; cargo que no carece de tundajj^ento." (2) 

Nuestro cronista Re nisal, dominicano y panegirista decidido 
^ de Fray Bartolomé, dice hablando del libro de la Destniicion, 
i]ue "fué tratado odiosísimo en aquellos tiempos y poco amado en 
estos, principalmente de los que se precian de descendientes de 
conquistadores;" y añade en defensa de la publicación "que era 
necesaria para convencer al Emperador y a su real Ctmsnjo de 
la necesidad dp justicia que en estas partes había." (3) Esta razón 
esplica, pero no justifica las exajeraciones del libro, (pie tomadas 
al pié de la letra y sin el debido criterio por autores que han es- 
crito después, contribuyeron ea gran manera á propagar errores 
y á extraviar la opinión de aquellos quo no se toman el trabaja 
de investigar la exactitud 6 falsedad de lo que encuentran en 
las obras de los escritores antiguos. 

Expedidas las nuevas leyes, de que dejamos hecha relación, 
el padre Las Casas se ocupcí, con su acostumbrada actividad, en 
procurar que fuesen despachadas á las Indias y obtuvo del em- 
perador que las remitiese á los vicarios de los conventos de do- 
minicos. Así fué que los primeros ejemplares impresos de aque- 
llas ordenanzas que se recibieron en Guatemala, fueron los que 
remitid el monarca mismo á Fr. Pedro de Ángulo, con una car- 
ta en que le encargaba, entre otras cosas, le avisara si habia ne- 
gligencia en el cumplimiento de aquellas disposiciones. No solo 



(1) Prescott, Hkt. vle la conq. de México. Lib. II, Cap. VIII. 

(2) "Washington Irving, Vida y viajes de Colon, Apénd. núm. 2(5. 

(3) Eemesal. Hiit. de Chiap. y Guat. Lib. IV., Cap. XII. 



14 HrSTORIA 

se comuDicaban, pues, las nuevas leyes al superior de los domi- 
dícos untes que al gobernador, sino que se constituía á aquel eu 
una especie de fiscal de la conducta de los luncionarios civiles. 

Debe suponerse que no descuidaria el padre Ángulo el dar a 
conocer aquellas disposiciones, cuya expedición- era un título de 
gloria para su orden. La irritación que causaron a los conquis- 
tadores y la cdlera de estos contra Las Casas, ¡íromotor princi- 
pal de las nuevas leyes, no conocieron límites y desbordaron en 
un memorial que dirigid el ayuntamiento de GUiatemala al rey, 
del cual creemos conveniente trasladar algunos párrafos, siendo- 
un documento histórico tan interesante y curioso como poco co- 
nocido. Dice así: 

*'S. C. C. M. (1> 

* Los mas fieles vasallos vecino» de Guatemala, ^ue V. M. tiene, 
besamos pies y manos de V. M. en respuesta de ciertas relaciones 
que en esta ])rovinoia y gobernación han llegado, y .segiin se pu- 
blica, ansi las ha mandado V. M. apregonar y guardar, üeci- 
raoa que no obstante que por no haber visto su- real lirma no las 
podemos creer, estamos tan escandalizados, como si se nos enviara 
á mandar cortar las cabezas. 

Cathólico César, afírmase por las dichas relaciones que perda- 
mos la esperanza que nuestros hijos hayan de gozar de las merce- 
des que nosotros que somos sus ^)adres al presente gozamos é i>o- 
seem(»s en nombre de V. M. Atónitos q.uedamos y faltos de inicio, 
y)orque no hallamos como hayan sido tan graves nuestras maldades 
que merezcan un juicio tan riguroso, 

Qmérennos certitirar que ha sido parte para*esta sentencia tan crut4 
un Fray Bartolomé de Las Casas. Afucho nos admira esto. Invictí- 
simo Príncipe, que Vuestra co.sa tan antigua, comenzada de vues- 
tros cathólicos agüelos, pasada por tantas- manos, entendida por 
tan buenos juicios, tan s^mos, tan abastantes en letras y en buen 
natural abundantes, se venga todo á trastornar i)or un fraile no 
letrado, no sancto. ynvidioso, vanaglorioso, apasionado, yiiquieto 
y no falto de cudicia. De todo se puede hacer clara probanza, y 
sobre todo escandaloso, tanto que en parte de todaí+^ estas Indias 



(l) Sac7'a, Cesárea, Católica Magestafl,'Ejr^\& fórmula acostnmbi'afla para 
dirigirse al emperador. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 15 

no ha estado que no lo hayan hechado, ni en monasterio lo pue- 
den sufrir, ni él es para obedecer á naide, é por eso nunca para. 
En sola esta cibdad é gobernación cupo, por contemplación de 
nuestro perlado: y lo sofrimos y lo enviamos á esosreynos con co- 
pia de dineros que de aquí sacó y le dieron para que trújese reli- 
giosos. Y ha tenido mas cuidado de darse á conocer mostrando sus 
pasiones, y hacer mal á todos en general, por se vengar de particu- 
lares, que no nos proveer de lo que llevó á cargo para bien de estos 
naturales y descargo de nuestra conciencia. Ciertamente el Padre 
Fray Bartolomé es el solo bueno y todos dellemos ser malos. 



Pues como no sea profeta ese religioso, ni menos lo haya por 
ciencia alcanzado, que no la tiene, ni menos por experiencia, por- 
qne él dice haber estado en estas partes treinta y tantos años; los 
treinta estuvo en la Española y Cuba, dó en breve se acabaron los 
indios, y él ayudó su parte á matar, y desto él podia decir toda la 
verdad de lo que pasó, é si no hay está el testimonio de Oviedo, 
Chronista real de V. M. Cuanto á esto bien puede confesar sus cul- 
I)as como Jos demás, y no fué su vida de tan grande ejemplo que 
con ser clérigo, se hallaron del también sus pecadillos, como de o- 
tros que no eran clérigos; pues en esta tierra él no hizo sino pasar 
de camino hasta México; y como allá no halló aparejo para sus 
escándalos y bozeamientos, volvióse para nosotros que nos tenia por 
bobos. Esto no lo decimos por decir mal del, que si á esos méritos 
quisiese V. M. que viniésemos, muy abastada información podia- 
mos hacer de su escandaloso y desasosegado vivir. 



Dos cosas tenemos por cierto que V. M. quiere y desea: la pri- 
mera el bien destos indios: queremos decir que quiere Y. M. salvar 
su alma y que nos salvemos nosotros y estos pobres, y que se los 
demos todos á Dios. 

Lo otro que V. M. creemos que quiere es que se aumenten sus 
rentas reales: también esté Y. M. certificado que lo deseamos como' 
lo debemos á Nuestro Rey y Señor; mayormente que sabemos las 
grandes necesidades en que lia puesto á Y. M. el Rey de Francia, y 
la venida que se dice del turco, todo por favorecer la iglesia. 

Estas dos cosas son todo lo esencial que se debe querer y procu- 
rar. Esté Y. M. cierto que si es ansí como se pregona por esas ca- 
lles, que lo uno ni lo otro puede haber efecto, porque seria perder- 
lo todo. Engañase el Padre Religioso, Dios se le perdone, que o- 
tros hay acá que saben tanto y algo mas que él y con zelo muy 
sancto y sin pasión lo han mirado y estudiado, y que no desean o- 
ti*a cosa sino la salvación de Y. M. y sus proj^ias vidas y las destos 
pobres, y tan intensamente que nadie les hace ventaja, y sabrán 
dar orden como se cumpla el descargo de Yuestra Real conciencia 
y aumento de las rentas reales y que los pueblos de los españoles 
no se deshagan y que los conquistadores y pobladores no se quejen 
ni anden dando Voces por las calles pidiendo justicia á Dios y á 



16 ÜISTORIA 

V. M.. Si esto puede ser ansí, como puede ser, ^^or qué V M. no 
ha sido servido de hacer Uaiuíimieuto ú las cibdades, villas y luga- 
res de to .as estas partes, para fenecimiento de cuenta de tantos y 
tan leales servicios como a V. M. le hemos hecho con nuestras vi- 
das y haciendas, sin interesar á V. M. un peso de oroí No se con- 
sienta tal paga á tanto buen servicio; pues con hacerse lo aniba di- 
cho, se jjodra cumplir con los que ya no Íes queda sino morir. 

¿Para qué nos fué man/lado de parte de V. M. que expresamen- 
te nos casásemos^ Casados y cargados de hijos, ^qué resta si se 
cumple lo que se dic«#que se ha proveído,, sino que muclius mue- 
ran desesperados, pues no S'>bra la paciencia y caridad, y que los 
hijos que dej iremos pidan por I)¡(»s, y las hijas en (;<»n lición de se 
l)erder^ ¿Tanto mal en tierra que sus padres ganaroní Y lo ^)eür es 
que jamas se poblará esta tierra, ni de* cristianos, ni de fe, ni de 
buenas costumbres. 

Oyanos V. M. á todos, tome sus concejos reales, quenocpieremüs 
ni pedimos sino justicia, y que nos mida con la misma medida que 
sus antepasados miilieron u sus vasallos que fueron en ayudará, 
ganar sus rey nos y señoríos. 

Pluguiera á Dit)s que viniera el Padre Fray Bartolomé con los 
soldados á la conquista, (pie dicen que pidió á V. M., que si él vi- 
niera, él diera testínumio segunda vez de su vanidad y poco saber, 
y alcanzáramos venganza coa sus propias manos de la pasión qu« 
contra todos ha mostrado. 

Al íin lo que suplicamos á V. M. es que nos oiga, pues se nos 
debe la abdiencia de derecho divino; y muy mas debita á los cjue 
en estas partes vivimos, por estar tan lejos desa presencia imperial. 
Y oídos, si no alegaremos bien, prestaremos ])aciencia. 

Y suplicamos á V. M. tenga memoria del acelerado, grande y 

cruel castigo que envió Dios ])or nuestros pecados, cimndo asoló la 
mayor parte de esta cibdad, do perdimos casi todos lo que tenia 
nios; y los grandes gastos que se han hecho en edificar de nuevo no 
tienen cuento. ¿Pues cómo, Cafhólico Cesar, se puede sufrir esto 
ni compadecer, si V. M. no alarga su mano imperial y hace muy 
crecidas mercedes á esta cibdad í Porque se le deben mas que íi 
cuantas hay en las Indias, ¡)or lo mticho que ha servido y ]»or el 
mucho soí-orro que todas estas provincias comarcanas han recibido 
de aquí. Y los reinos del Perú, si están debajo el yugo y sujeción 
de \ . M., dó tanto tesoro se ha sacado y saca, ¿quien ha sido la 
causa? Los caballeros, caballos y armas que desta cibdad y gober- 
nación salieron y cada dia salen.'lo cual es notorio. Pagúenos V. M. 
lo que nos debe y háganos grandes mercedes, lo cual pedimos en 
humilde suplicación de rodillas ante V. M., y que se compadezca 
de nosotros desterrados para siempre de nuestra naturaleza, que 
por solo esto se nos debia dar lo que acá hay, sin reservar cosa al- 
guna, cuanto masque todo lo pedimos y queremos para lo gastar 
en su real servicio. Aumente Dios Todo-poderoso los dias de V. 
M., para guarda de su Iglesia y aumento de su fé. Desta cibdad 



DE LA AMERICA CENTRAL. i i 

de Santiago de Guatemala, á diez de Septiemb^-e de mili é qui- 
nientos cuarenta y tres años." (1) 

Tales eran los términos en que el ayuntamiento de Guatema- 
la reclamaba al emperador contra las nuevas leyes. Bajo las for- 
mas de exagerado respeto usuales en esa clase de documentos, 
se revelaba el profundo desagrado que causaban las ordenanzas 
de Barcelona, y entre ellas particularmente fe que proliibia que 
las encomiendas fuesen trasmisibles á los herederos. Protestan- 
• do obediencia á la autoridad del soberano, cuidaban de recordarle 
«lue la conquista se debia jí los esfuerzos de los que la hablan 
emprendido y llevadola a cabo, sin el menor auxilio por parte 
del gobierno; y en tono de comedida pero en el fondo amarga 
reconvención, acusaban á éste de injusto y poco agradecido. 

Desconociéndola justicia intrínseca délas nuevas leyes, los 
conquistadores se empeñaban en mantener una situación violen- 
ta y vejatoria parala raza conquistada, que el gobierno déla 
metrópoli queria cambiar de una manera poco prudente quizá, 
por lo radical; pero encaminada siempre aun fin justo y laudable. 

El (jdio contra el promotor principal de aquellas disposiciones 
desborda á cada paso en el memorial del ayuntamiento, cuyos 
autores, negando la debida justicia á las intenciones del protector 
de los indios, se adelantan hasta á desjar correr insinuaciones ca- 
lumniosas contra las cuales protesta el testimonio cuasi unánime 
de los escritores de aquel tiempo. (2) 



(1) Faltan las fii*mas de los individuos del Ayuntamiento en el documen- 
to paleografiado por Arévalo. El e?, seguramente, una copia que se sacó para 
conservarla en el archivo, del original que se remitió á España. 

2} Decimos cuasi unánime, porque entre los escritores antiguos hay dos 
que inculpan al padre Las Casas: Gonzalo Fernandez de Oviedo y Francisco 
López de Gomara. Herrera lo vindica de las acusaciones de estos dos auto- 
res, diciendo que no son muy puntuales en lo que dicen de el, y qiie con mu- 
cha razón ha mostrado el obispo algunas veces sentimiento por esto. 
{Hist. gen., Dec. ni, Lib. H, Cap. Y.) 
HTST. DE LA A. C. 2 



1 8 HISTORIA 

Esas acusaciones no alteraron en manera alguna el concepto 
de Las Casas con el emperador y con sus consejeros, de lo cual 
tuvo- una prueba evidente el protector de los indios en aquellos 
mismos dias. Estando en J^arcelona, ¿ donde habia ido con el 
objeto de dar las gracias al emperador .Carlos V por la expedi- 
ción de las nuevas leyes y á llevarle su libro de la Destruicion 
de las Indias, presentósele un dia el comendador mayor de Cas- 
tilla y secretario dcT emperador, D. Francisco de los Cobos, en- 
cargado de entregarle una real cédula en que se le nombraba o- 
bispo del Cuzco y de encarecerle de palabra la necesidad do 
que aceptara la mitra. Con sorpresa y desagrado oyó el mensa- 
je fray Bartolomé, y sin faltar al respeto que debia al (jue lo en-* 
viaba y al que lo trasmitía, excus(5sc de recibir la cédula y sálica 
de la ciudad, para evitarse el compromiso. 

No pudiendo hacerse que variara de resolución, hubo de pres- 
cindirse por el momento de la idea; pero un poco mas tarde, el 
consejo de Indias, persuadido de cuanto convenia á la puntual 
ejecución de laí^ nuevas leyes el que su principal promotor ocu- 
pase una de las sillas episcopales de estos reinos, propuso al pa- 
dre Las Casas para el obispado de Chiapas, erigido en 1538 y 
vacante por muerte del nombrado para esta dignidad. E.xpidio 
el emperador la cédula de nombramiento; notiíicdse á fray J3ar- 
tolomé y fueron tantas las instancias que se le hicieron para que 
lo admitiera. <|ue hubo de tiecidirse á aceptarlo. Influycí eficaz- 
mente en su animo la consideración de que la provincia de Chia- 
pas, por estar tan distante de México y de Guatemala no podría 
ser bien atendida por ninguna <le las dos audiencias: y de consi- 
guiente habia [)el¡gro de que no se ejecutasen puntualmente en 
ella las nuevas ordenanzas, quedando así sus naturales privados 
de sus beneficios. Por esta razón, que hace honor al celo del 
misionero, vino á ser obispo de una pobre iíjlesia en la goberna- 
ción de Guatemala, el que no habia querido serlo de otra mas im- 
portante en el reino del Perú. 

Como dejamos dicho, por un capítulo de las ordenanzas expe- 
didas en Barcelona el 20 de noviembre de 1542, se creaba una 
audiencia que debia residir en un punto fronterizo de las provin- 
cias de Guatemala, Honduras y Nicaragua, por lo que so le da- 



I)K I.A AMKRICA CENTRAL. 19 

ba el nombre de audiencia de los Confines. Pasaron cerca de 
diez meses sin que se dictara* providencia para llevar li debido 
efecto aquella disposición, pues hasta el 3 de setiembre de 1548 
expidió el emperadcH* en Valladolid una real cédula, nombrando 
los tres oidores que debían formar el tribunal, bajo la presidencia 
del licenciado Maldonado. Fueron estos los licenciados Diego 
de Herrera, Pedro Ramirez de Quiñones y Juan Rogel, ú quie- 
nes se previno se pusiesen en marcha inmediatamente, por el pe- 
ligro que podia haber en su tardanza. Diez dias después se emi- 
tí u otra disposición señalando la villa de la Concepción de Co- 
mayagua para que residiese la nueva audiencia, y dándole el tí- 
tulo di' villa de Valladolid, para honrarla, sin duda, con el norar 
bre del lugar donde á la sazón estaba la corte. Señalábase en 
la misma provisión el territorio á que debía extenderse la juris- 
dicción de la audiencia de los Confines, que era nada menos que 
el de las provincias de Yucatán. Tabasco, Cozumel, Chiapas, 
Soconusco, Guatemala, (con el Salvador) Honduras, Nicaragua 
(con Costa-Rica) Veragua y el Darien. Viendo la carta de la 
América Central, se advierte cuan grande extensión de país iba 
á quedar gobernada por una audiencia de cuatro letrados, que 
desde Comayagua, tendrían que extender su atención hasta lu- 
gares tan distantes, como Yucatán y Cozumel por una parte. 
Veragua y el Darien por otra. Y sin embargo, aquella providen- 
cia se consideró como un gran bien, esperando ver establecerse 
con la nueva audiencia el imperio de las leyes y que cesara la ar 
bitrariedad de los gobernadores y oficíales reales. 

Entretanto los ánimos estaban en Guatemala bastante altera- 
dos con la noticia, de las nuevas leyes, cuyos ejemplares circula- 
ban de mano en mano, aunque no se habían publicado todavía o- 
ficialmente. El ayuntamiento, compuesto de conquistadores y de 
encomenderos, se ocupó en el asunto con calor, y no satisfecho 
con el memorial dirigido al rey, que dejamos trascrito, trató de 
nombrar un procurador que fuese á la corte á solicitar la dero- 
gatoria de las ordenanzas, al menos en la parte que consideraba 
mas perjudicial á los intereses de los colonos. La manera en que 
se manejó este negociado da idea de lo divididas que estaban las 
opiniones, de la lentitud en las resoluciones de mayor importan- 



20 HISTORIA 

€ia y del poco acierto que solía haber en algunas de ellas. í^ea di- 
cho esto sin perjuicio de la opinión de un cronista, que elogia 
pomposamente la sabiduría de los crncojalos. á pníp('«ito de este 
mismo incidente. 

En sesión del 12 del octubre (ir)4:>) piojuiso t'i súniíco. Alonso 
Pérez, que se enviase lí España un procurador para que repre- 
sentara contra las nuevas leyes. Se discutió largamente y nada 
se resolvió. En la del 23 del mismo mes volvió a' tratarse el a- 
sunto, y después de otra prolongada di.scusion, se tomó la reso- 
lución extraña de nombrar procurador encargado de reclamar 
contra las ordenanzas al mismo gobernador y l-apitan general lí 
quien estaba cometida la ejecución de aquellas leyes. Queriendo, 
sin duda, dar cierto aire de popularidad i{ la gestión, dispuso el 
ayuntamiento someter el nombramiento del procurador a' la a- 
probacion del vecindario y encargó lí dos regidore?» que saliesen 
á recoger los votos. Al siguiente dia dieron cuenta los comisio- 
nados del resultado de aí|uella especie de. plebiscito, (pie. como 
era natural, fué favorable á la elecciou hecha por el cabildo. 
Notificado el gobernador, contestó lo (pie debia esperarse de su 
discreción: -que no podía hacer aquel viaje, porque él había de 
ejecutar lo que S. M. mandara: y que en aquel asunto y en todo 
lo demás había de hacer lo (pie conviniera á su servicio." 

Pasó un mes sin que volviera a hablarse del asunto, hasta el 
14 de noviembre que lo promovió de nuevo el síndico, propo- 
niendo, con tan poco acierto como la primera vez. que .««e nom- 
brase procurador al obispo, licenciado Marroquin, y á otra per- 
soca que se elegiría entre cinco de las mas calificadas del vecin- 
dario, que designó al efecto. Recayó el nombramiento,, que se de- 
ja entender haberse hecho por votación popular, como la prime- 
ra vez, en (iabríel de Cabrera, uno de los designados y (pie había 
sido ya. años antes, procurador del cabildo en la (.-orte. Pero 
ni este sugeto ni el obispo admitieron la comisión; terminando el 
ano sin que se resolviese el asunto, y .sin que se pusiesen tampoco 
en ejecución las nuevas leyes. 

La circunstancia de no haber venido a' Guatemala, como íué 
á Méjico y al Perú, un funcionario especialmente encargado de 
ejecutarlas, dejando este cuidado al gobernador, que podía pul- 



DE LA AMKIIRA ("ENTIlAl.. 21 

sar las (.lificultades é inconvenientes de la ejeeiiciou. contribuyo 
nuicho, según observa -in escritor moderno, (1.) úquf no se vie- 
ran aquí los escándalos y las violencias á que dio lugar en aque- 
llas provincias la publicación de las ordenanzivs de Barcelona. 
Concialiador y prudente, Maldonado procuren calmar los unimos 
y dejo la resolución de acjuel grave asunto á la nueva audiencia 
que iba ;í establecerse. 



(1) (irarcia Pelaez. Memorias para l.i Hist. de Giiat. Tora. í. C;ip. lo. 



^m^^'^ 



CAIMTILO 



LlcfíAU lüá oidores á Valladolid de Comayagua y eociientran una invitaciuu 
del presidente Maldonado para que vayan á GraciaB. — Pasan ú esta villa, 
donde ae instala la nueva audiencia. Habitación y traje do los letradoa qne 
la componian. — Opinión de Hnraboldt sobro la conveniencia de la unión de 
estas provincias en un solo reino. — Previéneae al adelantado Montojo que 
deje el cargo do gobernador do Yucatnn, Coznniel, Chiapasy Honduras.— 
Objeta Montejo la orden y conviene la audiencia en (¡ue conservo la gober- 
nación, resumiendo el tribunal la administración de justicia de aquellas 
pW\'inciart. — Continúa Irntnndo tú cabildo do Guatemala do cnviiir á Küipa- 
ñ:i procuradores que representen contra Ihh nuevas leyes. — Razones que se 
alegaban contra ellas. — Matrimonios do los principales vecinos de lá ciu- 
dad.— Cuestiones sobre el envió de los comisionados. — Salen estos para Es-» 
paña y pasan á Gracias á conferenciar con el presidente y los oidores. — 
Reales cédalas concediendo títulos de hidalguía á algunos caciques. — Pu- 
blícaulas los frailes dominicos y se sigue una información contra ellos. — 
La audiencia representa contra algunas de las nuevas leyes. — Continiía la 
conquista pacífica de ¿Tezulutlan. — Acontecimientos de Cbiapas: llega el 
nuevo obispo y es recibido con desagrado. — Providencia sobre confesores y 
prohibición de absolver á los que tuviesen indios esclavos. — Niégase el deán 
á obedecer la orden, manda el obispo reducirlo á prisión, alborótase el pue- 
blo y pone en libertad al preso. — Los amotinados invaden la casa del obís- 
.po, lo insultan y amenazan con matarlo.— Enterez* del prelado. — Los ve- 
cinos de Ciudad-Real tratan de hacer saür al obispo y á los frailes, priván- 
dolos de recursos para subsistir. — Se trasladan ala villa deChiapa. — Dispo- 
ne Las Casas ir á Gracias á dar cuenta á la audiencia del estado de los 
pueblos de su diócesis. — Visita al pa.«;o las reducciones de Tezulutlan. — 
Reúnense en Gracias tres obispos y representan contra los abusos délos 
encomenderos. — El memorial de Las Casas. — Violencia del presidente Mal- 
donado con el obispo. Considérase á aquel excomulgado; extraña watisfac- 
cion que dú, mediante la cual se le declara absuelto.— Carta insultante de 
ua prebendado al obispo de Chiapas. — Representación del Cabildo de Gua- 



[)E LA AMKHIC'A CKXTRAI. 23 

témala contra las nuevas ordenanzas.— Carta interesante del obispo Marro- 
quin al emperador sobre aquellas leyes y otras materias. — Medida que pro- 
pone en favor de los indios. — Cabildo abierto en Ciudad-Keal, irritación 
contra el prelado y medidas acordadas contra él. — Resuelve regresar a su 
diócesis; emprende la marcha y al llegar captura á unos indios puestos en 
atalaya. — Convoca una junta en Ciudad-Real. — Lo que ocurrió en aquella 
reunión.— Los españoles invaden armados la posada del obispo, lo injurian 
y amenazan. — Cálmauso los ánimos y los amotinados dan satisfacción por 
sus actos. — 



(1544—1545. 



Los tres letrados que clebian componer, con el presidente Mal- 
donado, la nueva audiencia de los Conüues, llegaron a la villa de 
Valladolid de Comayagua en principios del año 1544. Encontra- 
ron allá una carta del presidente en que exponía que estando a- 
quel punto tan apartado de las provincias de (xuatemala, Cliia- 
pas y Soconusco, cuyos habitantes eran los que tenían mas nego- 
cios, le parecía preferible para establecer el tribunal la: villa de 
Gracias, donde los aguardaba. 

Estimando justas las observaciones, los oidores Herrera, Ra- 
mírez de Quiñones y Rogel se dirigieron á Gracias, donde encon- 
traron al presidente, al obispo de Guatemala y al adelantado de 
Yucatán, (-ozumel, Chiapas y Honduras, Dn. Francisco de Mon- 
tejo, que habían ido ti asistir á la instalación. Celebróse con re- 
gocijos públicos la llegada de los oidores y habiendo descansado 
algunos dias, abrieron solemnemente la audiencia el 16 de Mayo 
de aquel año. (1544.) 

No había en la villa editicío perteneciente al rey donde pu- 
diese celebrar sus sesiones el tribunal y habitar los letrados que 
lo componían; por lo cual hubieron de alojarse los tres oidores, 
en casas particulares y el presidente en la del párroco, donde se 
abrió y funcionó la audiencia, hasta que se. construyeron las casas 
reales. El traje que usaban aquellos funcionarios era el mismo 
que acostumbraban todos los demás españoles, de capa, gorra y 



24 HISTORIA 

espada, y hasta algún tiempo después se les prescribió el de la 
ropa talar ó garnacha. (1.) 

Cupo á la antigua ciudad de Gracias la distinción do ser la 
primitiva capital de las vastas posesiones españolas comprendi- 
das desde la península de Yucatán hasta el istmo de Daricn. No 
hay duda de (¡iw atendiendo á las fronteras naturales, todas las 
provincias situadas en aquel extenso territorio, estaban llamadas 
á formar un solo reino, como lo ha observado un ilustre sabio mo- 
derno. (2.) Pero los inconvenientes de hecho de la considerable 
distancia que mediaba desde algunas de ellas ú. la capital, no de- 
bían tardar en hacerse evidentes y en exigir la desmembración 
de varios territorios de los que abrazaba bajo so Jurisdicción la 
audiencia de los Confines. 

La primera providencia que dicto ésta apenas se hubo consti- 
tuido, fué la de notificar al adelantado Montejo una real orden eu 
que se le prevenía dejase la gobernación de Yucatán, Cozumel, 
Chiapasy Honduras, que debia recaer en la misma audiencia, se- 
gún las nuevas leyes. Para dar mayor solemnidad lí esta notifica- 
ción, hicieron que la autorizara como uno de los testigos el obis- 
po de Guatemala; pero Montejo no estaba muy dispuesto á des- 
prenderle de los cargos que desempeñaba y expuso las razones 
que á su juicio le daban derecho lí conservarlos. Es el caso que 
esos empleos no se consideraban en aquel tiempo como una con- 
cesión graciosa del soberano, pues muchas veces al hacer el con- 
venio 6 asiento, como se decia entonces, para el descubrimien- 
to y conquista de algún territorio de Indias, se estipulaba (|ue el 
descubridor y coníjuistador gobernarla la tierra como una espe- 
cie de señor feudal: de donde procedía el que se considerasen 
con un verdadero derecho, de que no podia despojárseles arbi- 
trariamente. Hemos visto ya que por un capítulo de las nuevas 
leyes no reconocía la corona semejante título: pero lo cierto es 



(1.) Kemesal, Hist. de Chiap. y Guat., Lib. IV, Cap.XIV. 

(2.) Humboldt, Viaje á las regiones equinocciales, Lib. 9 Cap. 26. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 20 

que eu el caso de Montejo fué atendido, en parte al menos, pol- 
la audiencia, que convino en que el adelantado conservase el go- 
bierno de Yucatán y Cozuniel, sobre el cual liabia hecho asien- 
to; pero sin la facultad de administrar justicia, que se reservo 
el tribunal. 

Mientras éste se constituía y daba principio lí sus tareas en 
la villa de Gracias, en Guatemala se agitaba de tiempo en tiem- 
po la cuestión del envió á la corte de comisionados o procurado- 
res que representasen, en nombre del cabildo, contra las orde- 
nanzas de Barcelona y solicitasen su revocación. Uno de los capí- 
tulos que mayor enojo hablan causado a los conquistadores y á 
sus familias era el que prohibía la trasmisión hereditaria de las 
encomiendas. Publicamente y con una libertad que parece ex- 
traña, atendido el absolutismo autoritario de la época, acusa- 
ban al gobierno de la metrópoli de inconsecuente, pues habién- 
doseles prevenido, decian, pocos años antes, que se casaran y se 
les conservarían los indios para ellos, sus mujeres y sus hijos, ya 
oque estaban casados 3^ con familia, se les privaba del único recur- 
so (jue tenian para sustentarlas. En Guatemala, según afirma un 
antiguo cronista, no habia sucedido loque en otros reinos, donde 
los encomenderos, apremiados por las ordenes reales,' tomaron 
por mujeres ú las primeras que encontraron, fuesen españolas ó 
indias, de clara ú oscura procedencia. Los altivos hidalgos de la 
ciudad de Santiago de los caballeros, no queriendo contraer a- 
lianzas que consideraban desiguales, enviaron á España por mu- 
jeres nobles, en lo que hubieron de hacer gastos considerables. 
Hubo sugeto, agrega el mismo autor, á quien costó seis mil pesos 
de oro el traer la mujer con quien habia de casarse. (1) Y no 
nos parece avanzado el pensar que al contraer matrimonio las do- 
ce señoras principales que trajo Alvarado cuando volvió de Es- 
paña, (1539) haria este que. los novios le indemnizaran los gastos 
de trasporte; lo cual quiso talvez significar cuando decía al ca- 
bildo desde Puerto-Caballos que "era mercadería que no se le 



(1) Remesa!, Hist. de Chiap. y Gnat., Lib. VII, Cap. XI. 



26 HISTORIA 

qiiedaria en la tienda; paga'ndosela bien, pues de otra manera e- 
ra escusado hablar de ello." 

En varias sesiones ordinarias del Ayuntamiento y en cabildos 
abiertos celebrados en la iglesia, con asistencia de los vecinos 
principales, se trató del envió de dos procuradores a España. iV- 
ro un asunto que debió haberse resuelto pronto, lisa y llanamen- 
te, se volvió objeto de cuestiones y de competencias entre los 
concejales, llegando las cosas á punto de ocasionar la prisión del 
secretario, por haber entregado el espediente á uno de los regi- 
dores, sin orden de la corporación. ; 

Convenidos al ün en nombrar á Hernán Méndez de Sotomayor 
y íí Alonso de Oliveros, se promovió otra larga y muy intrincada 
disputa, con motivo de haber dispuesto el primero de los nom- 
brados hacer el viage por la via de Méjico, embarcándose en Ve- 
racruz. Insistia el cabildo en que los procuradores se embarca- 
sen en Puerto-Caballos, pasando antes- a Gracias á conferenciar 
con el presidente y los oidores sobre el asunto de la comisión: »í 
fin do que la audiencia, oídas las esplicaciones que le darian Ion 
procuradores, pudiese inlorinnr ¡i! rcv r;iv()r:il>lt'niriif(' \ muon ¡il- 
la solicitud. del cabildo. 

La cuestión llegó á tcrnunu.s de (^uc .se rcvucura el iionibra- 
miento de Sotomayor y se dispusiera nombrar otro comisionado; 
pero habiendo desistido aquel de hacer el viage por Méjico, y 
resuelto ir ú Gracias, se le entregaron rail ciento veinticuatro pe- 
sos de oro para viáticos y se le dieron las instrucciones y recados 
convenientes al mejor desempefio de su encargo. 

Ademas de la representación del cabildo contra las oíacnan- 
zas de Bacelona, llevaban los comisionados otras .solicitudes de 
la misma corporación y una información contra fraj' Bartolomé 
de Las Casas y fray Pedro de Ángulo, en que se trataba de pro- 
bar ser falsas las relaciones que estos misioneros hablan enviado 
al rey acerca de su entrada en la provincia de Tezulutlan, y ob- 
tenidos mediante siniestros informes ciertos privilegios y favores 
concedidos á algunos caciques que hablan ayudado á los domini- 
cos en aquella conquista pacífica. 

Sucedió que habiendo recibido el padre Ángulo unas reales cé- 
dulas en que el emperador concedía á los caciques de Atitlan, 



DE I. A AMKKICA C'KNTKAÍ-. 2/ 



Tecpaa-Atitlan. Chichicastenaugo y Rabiaal ejecutoriav^ de hi- 
dalguía y escudos de armas, ofreciéndoles ademas que sus pue- 
blos no serian encomendados apersona alguna. (1) el superior 



{1} A título de docnmeuto curioso reproducimos á coutinuaciou el privi- 
legio de hidalguía expedido á favor del cacique de Cliicliicasteuango, que in- 
sert:i Xiaieuez en la Parte I, Lib. II, Cap. XXIII de su Hist. de Chiap. y 
<Tuut., M. S. del Museo Nacional. Dice así: "Don Cai*los. por la divina clemen- 
cia, etc. Por cuanto Nos somos informados que vos Don Miguel, Cacique de 
los pueblos de Chichicastenango, que está en la provincia de Guatemala, 
nos habéis servido eu lo que se ha ofrecido, especialmente en procui-ar 
juntamente con el Padre <Fr. Pedro de Ángulo y otros religiosos de la 
orden de Santo Domingo á traer de paz á nuestro servicio y en cono- 
cimiento de nuestra santa fé católica á los naturales de las provincias 
<le Tezulutlan é Lacandon; é Nos acatando lo dicho é á que. sois leal 
y íiel vasallo nuestro é buen cristiano, para que vos é vuestros descen- 
dientes seáis mas honrados (y otros caciques se animen á Nos servir) nuestra 
merced é voluntad es? de os dar por armas un Escudo que esté en él un casti- 
llo de oro, que de los homenages (*) de él salgan dos alas de ángel de oro, y 
del otro homenage de enmedio salga de lo alto de él una vara de plata con 
una cruz al cabo con un estandarte colorado y una cruz verde orlada de oro, 
todo en campo azul, y por orla ocho letras azules que dicen Ave María en cam- 
po de plata, y por divisa un yelmo cerrado con su royo (¿rollo?) y por divisa 
la dicha bandei'a con sus transoletes é dependencia é follages de colorado y 
oro; y por ende por la presente quei-emos y mandamos que podáis poner é 
traer por vuestras armas conocidas las dichas armas de que se hace mención, 
en un escudo tal como el que aquí está figurado y pintado, las cuales vos da- 
mos por vuestras armas conocidas, é queremos y es nuestro amor é voluntad 
que vos é vuestros hijos é los descendientes de ellos é de cada uno de ellos las 
uséis y tengáis y podáis traer por vuestras reputarlas y poner eu las casas y 
ventanas de i(«8 dichos vuestros hijos y descendientes de. ellos y de cada uno 
de ellos y en las otras partes que por vos y ellos hicieredes y por bien tuviere- 
des; y por esta nuestra carta 6 por su traslado signado de escribano público; 
é rogamos al Ilustrísimo Príncipe Don Felipe nuestro muy caro é muy amado 
nieto é hijo y mandamos á los infantes nuestros muy caros hijos y hermanos, 
é á los Prelados, Duques. Marqueses. Condes, ricos-hombres. Maestres de las 



(*) Llamábase homenages á las torres de los castillos y fortalezas, porque en ellas presta- 
ban los castellanos ó goberu.\doi-es homenage al sobsraixo y juramento de defender el fuerte . 



'2S HISTÜKIA 

de los dominicos hizo publicar aquellas disposiciones, con escán- 
dalo 3^ disgusto de los encomenderos, y en seguida las present(5 o- 
riginales al cabildo para su cumplimiento. Tal fué el origen de 
la tormenta (]ue por aquellos dias se levantó contra losfruiles. 

Un español, llamado Juan (Jarcia de Madrid, se presento ante 
el alcalde con una larga exposición en que los acusaba de per 
turbadores del sosiego público y pedia se instruyese una infor 
macion, conforme á un interrogatorio que formuló en diez pri»- 
guntas. Acusábase en él ú los dominicos de que abusaban de la 
simplicidad de los indios, infundiéndoles ideas subversivas y bu 
ciendo <jue los mantuvieran cuando andaban en las misiones. A 
gregaba que ni el padre Las Casas ni sos compaíieros habian en- 
trado en la provincia de Tezulutlan: y de los caciques agr.tcia- 
dos con títulos de hidalguía decia que era gente vil y bnja. <|ue 
andaban desnudos y dormían en el snelo. ' Doce testigos fueron 
llamados á declarar, entre ellos el arcediano y un canónigo do 
la catedral, que participaban seguramente de la ojeriza ípie los 
otros españoles tenian u los protectores de los indios. 

El resultado de la información fué, como debia espera i.-r. ..,11- 
trario á los dominicos. Concluida, se mandó pasar al superior pa- 
ra que expusiera lo que juzgara conveniente en su defensa: pero 
el padre Ángulo se limitó á contestar que responderia al rey de 
aquellos cargos. El ayuntamiento acordó archivar las reales cé- 
dulas dirigidas al superior de los dominicos y á los cacicpies. pa- 
ra que no se ejecutara lo que en ellas venia dispuesto, y la in- 
formación, cerrada y sellada, se entregó, como hemos dicho, lí los 
procuradores que iban á la corte. 



órdenes, primeros comendadores y sub-comendadores, alcaides de los casti- 
llos é casas tuertes é á los de nuestros Consejos, Presidentes é Oidores, alcal- 
des é alguaciles de nuestra corte é cliancillerias é á todos los residentes é ha- 
bitantes, veinticuatro Regidores jurados, caballeros hidalgos y hombree bue- 
nos de todas las ciudades, villas é lugares de los dichos nuestros Reinos é 8e- 
ñorios de las dichas nuestras Indias é tierra firme del mar océano así á los 

/I"® *^o° "' (Lo que sigue está borrado y solo se puede leer: Valladolid, 

23 de Enero de 1.544.— Yo Juan de Samano, Secretario de la Cesárea y Cató- 
lica Magestad la ?iice sacar por mandado de Su Alteza." 1 



DE LA AMKRICA CENTRAL. 29 

l'ii aQtif¡,uo cronista dice c^ue el viage de estos no llegó á eíec- 
tiuirse; (1) pero es un error manifiesto, pues consta por varias 
reales cédulas que cita otro autor, el haber sido expedidas á so- 
licitud de representaciones de aquellos procuradores, (2) y ade- 
mas pone el punto fuera de duda, una carta del obispo Mar- 
roquin al príncipe Don Felipe, dirigida tres años después (20 de 
setiembre de 1547) que está publicada en la interesante colec- 
ción de documentos antiguos (ln<la ;í Inz íocion temen te por el go- 
bierno español. (3) 

Refiere el obispo en esa cana que recien instalada la auiiicn- 
'iu. le habia comunicado, en memorial firmado de su nombre, to- 
I loque convendría hacer para el buen gobierno del país; y 
iit* habiendo la misma audiencia enviado á Guatemala al oidor 
Hogel para que visitara la provincia y remediara los males que 
denunciaba el prelado, le entregaron el memorial, á fin de que lo 
tuviera presente al desempeñar su comisión. Llegado Rogel á 
Guatemala, lo primero que hizo fué mostrar el documento á los 
españoles, diciéndoles: "Veis aquí lo que vuestro obispo procura; 
y si juntamente con esto remediara lo que habia de remediar, to- 
do lo tuviera por bueno.' El resultado de aquella imprudencia 
del oidor, fiíé que lo3 vecinos se irriraron contra el obispo y que 
el ayuntamiento escribiera al .consejo de Indias malinformundo- 
lo, cuyas cartas, fueron muy recomendadas al procurador Her- 
nán Méndez de Sotomayor, que las llevó y entregó á los indivi- 
duos del consejo á quienes iban dirigidas. Y no dejaron de lograr 
su objeto, pues algunos de los consejeros, hablando con el otro 
procurador, Alonso de Oliveros, dijeron que el obispo era mer- 
cader, acusación que rechaza el prelado en su carta al príncipe. 
Su mercadería, dice, ha sido ser hospital de pobres; añade que 
se halla pobrísimo. con mas de seis mil pesos de deuda y ruega 



[\) Kemesal. Hist. de Cbiap. y Guat., Lib. VII, Cap. XI. 

(2j Faente.s, Rec. flor., Part. 2. ^, Lib. 5. = . Cap. 10, M. 8. del Museo Na- 
cional. 

(3y Carta-í? de Indias, Madrid, 1877. 



80 HISTORIA 

al emperador le haga merced para salir de ella. 

Hablando del obispo de Chiapas, dice el í)relado gualomalteco 
que sa pasión es notoria á todos, y que el fruto que ha logrado 
S. M. lo habrá sentido y los ciegos lo ven y los sordos lo oyen. 
"Debaxo de grande j^procresia, agrega, quieren dar jÍ entender lí 
S. M. y á su Consejo (¡ue solos ellos (para referirse á los obispos 
de Chiapas y Nicaragua) son los (jue desean descargar su real 
consciencia, y con este color, aborrecen li los españoles vasallos 
de y. A., do ningún servicio se sigue lí Dios Nuestro Señor, ni 
menos descargo á S. M.. ni mas bien á los naturales, sino mu'iha 
alteración y desasosiego en todos, 6 ynipedimento 6 cstorvo para 
la doctrina "' "Yo, continúa diciendo, siempre he sido ene- 
migo de yproquesia, y creo que me ha hecho daño para lo del 
mundo; he procurado siempre la paz y conformidad tiesta Uepií- 
blica, y algunas vezes he disimulado algunas cosas, por no apre- 
tar tanto, que rebentase, esperando buen fin. como conviene en 
estas tierras nuevas, en cuyo j>rinc¡p¡o todo rigor fuera mas dii- 
ñoso que provechoso; que como las plantas eran nuevas, con re- 
zia furia todas se arrancaran y se fueran, por no tener raizes.'' 

Pastos últimos conceptos explican el sistema i)rudente y conci- 
liador adoptado por el obispo Marroqain, á ejetnplo de otros pre- 
lados de Nueva España: sistema enteramente opuesto al de las 
medidas violentas y radicales por cuya adopción trabajaba cons- 
tantemente Las Casas, con mejor intención que acierto. 

En la misma carta indica el obispo Marroquin la necesidad de 
que la audiencia se traslade á hi ciudad de (ruatemala. por ser 
la principal }' mas abundante en población de españoles é indios 
en todo el reino; indicación (¡ue. como las otras que hizo el prela- 
do, no fué puesta en ejecución hasta algunos años después. 

No fué solo el ayuntamiento de Guatemala el que representó 
al rey contra las ordenanzas de Barcelona. La nueva audiencia 
de los Conñnes, después de haber conferenciado con los agentes 
del cabildo, elevó al soberano un informe (31 de agosto de 
1544) en que, reliriéndose al capítulo de las nuevas leyes que 
prevenia se pusiese en libertad á los indios esclavos, cuyos a- 
mos no acreditasen poseerlos con justo título, hacia observar que 
si hubiese de aplicarse rigorosamente aquella disposición, habría 



DE LA AMERICA CEXTHAL. 31 

que dar por libres á todos los esclavos indios. "El conquistador 
que lo hobo. decia la auíliencia. no puede mostrar otro título, sal- 
vo haberle habido en la guerra 6 haberse errado por maudado 
de vuestros capitanes, por las provisiones é instrucciones que de 
^^ M. an tenido, y no pueden probar que se erró conforme á e- 
lias, é de esta manera todos los esclavos se darian por libres, de 
que se recrecerian gi-andes inconvenientes, porque las personas 
que los tienen perderian sus haciendas, que hay muchas que no 
tienen otras mas que los esclavos que han comprado, é la tierra 
vendría en pobreza e gran disminución.*' (1) 

(.^on las reales cédulas en que el emperador agraciaba ú los ca- 
ci(jues de algunos pueblos por el auxilio que hablan prestado ú 
los dominicos en la reducción de; la provincia de Tezulutlan, re- 
(•ibi() también el superior de la órdan en Guatemala una en que 
aprobaba el soberano lo practicado por los misioneros y reco- 
mendaba la continuación de la conquista pacífica de aquella tierra. 
. Así, á despecho de la oposición de los encomenderos y ú pesar 
de los obsta'culos que no cesaban de oponer á aquella buena obra, 
el padre Ángulo dispuso continuar la misión y envió al padre 
Juan de Torres, con otro compañero, á Rabinal, para que desde 
aquel pueblo llamaran á los de Coban y los redujeran á abrazar 
el cristianismo y ú someterse voluntariamente á la autoridad del 
rey de Castilla. 

Pocos meses después de haber tenido lugar en Guatemala los 
sucesos (jue dejamos referidos, se verificarrm otros harto graves 
en la provincia de Chiapas, originados de la resistencia que los 
encomenderos opunian á la ejecución de las ordenanzas de Bar- 
celona, y del empeño, no siempre prudente y atinado, que ponían 
los dominicos, y especialmente el [)adreLas Casas, en que tuvie- 
ran inmediato y entero cumplimiento aquellas leyes. 

A principios del año 1545 llegó á Ciudad-Real el nuevo obis- 
po con algunos frailes de su orden, que iban á establecerse en a- 
quella ciudad, donde había ya un convento de mercenarios. Gran- 
de alarma y no poco disgusto causó á los españoles que tenían 



(1) (rarcia Pelaez, Memorias, lib. I, Cap. XIV. 



32 HISTORIA 

indios esclavos la llegada del prelado, cuyas opiniones eran bien 
conocidas y de quien se sabia ademas en todas partes, haber sido 
el promotor principal de las leyes que abolian la esclavitud de 
los naturales. Algunos de los individuos del ayuntamiento se ne- 
garon á concurrir al acto de la posesión, y de esta circunstancia 
hacian argumento los demás vecinos españoles para objetar la 
legitimidad con que ejercía sus funciones. Llamábanlo simple- 
mente ^xííZre. y hablando de éldecian: "frai Bartolomé, obispo (juc 
dice ser de Chiapa.*' Y lo mas notable y extraño era que las mu- 
jeres se mostraban aun mas hostiles Jil prelado que los hombres, 
y que aun los tres 6 cuatro frailes de la Merced (pie estaban en 
Ciudad-Real, se le declararon contrarios y trataban de abandonar 
la provincia; lo que habrían ejecutado, tí no haberlos tranquiliza- 
dos Las Casas, asegurtíndoles que no serian molestados en hi po- 
sesión de algunas haciendas que hablan adquirido 

El clero secular de Chiapas se componía ú la sazón del deán de 
la catedral, Gril de Quintana, hombre docto en ciencias eclesiásti- 
cas y en la jurisprudencia civil; un can(5n¡go, prudente y reser- 
vado por carácter y tres clérigos jóvenes y poco instruidos, que 
ganaban la vida por los pueblos bautizando indios y aun uno de 
ellos desempeñaba las funciones, poco adecuadas u su estado, de 
calpixque ó mayoral de un ingenio de azúcar. El obispo llevaba en 
su compañía otro eclesiástico nombrado para la dignidad de 
maestrescuela. 

Apenas hubo llegado Las Casas, comenzó á clamar en el pul- 
pito con su acostumbrada vehemencia contra la esclavitud de los 
indios, y hacia que los otros dominicos predicaran en igual senti- 
do, lo que irritó aun mas á los encomenderos. Pero lo que puso 
el colmo al enojo y dio causa á que la impaciencia no se contu- 
viera ya dentro de los límites del respeto, fué la providencia que 
tomó el obispo en la cuaresma de aquel año, de reducir -.i dos 
los confesores, el deán y el canónigo de la catedral, con orden 
expresa de no absolver á los que tuviesen indios esclavos: de- 
biendo considerarse tales casos como reservados á su determina- 
ción. El canónigo obedeció puntualmente la orden del prelado; 
pero no así el deán, que alegando ser contraria á los cánones y 
bulas pontificias, absolvía á los encomenderos á quienes oía en 



DE LA AMERICA CENTRAL. Ói> 

confesión y les dio la comunión el jueves santo. Enardecido el o- 
bispo con aquella desobediencia, resolvió castigarla y raandd con- 
vidar á comer al rebelde prebendado y á los otros individuos del 
clero para el tercer dia de pascua. Concurrieron todos, menos 
aquel cuya asistencia se necesitaba mas, que se mando escusar. 
Terminada la comida, el obispo mando llamar al deán por medio 
de un mensajero, que lo encontró jugando, y ú quien contestó 
que no podia ir, por estar enfermo. Repitióse el llamamiento hasta 
cuatro veces, la última de ellas por escrito y sopeña de excomu- 
nión, y tampoco obedeció. En consecuencia dio el prelado órdeu 
de prenderlo y mandó ásu alguacil y á los clérigos á que lo cap- 
turasen. Los vecinos de la ciudad, que teniau ya noticia de lo que 
ocurría, se reunieron enla calle armados. El deán, al ver el tumul- 
to, comenzó á dar voces pidiendo socorro y ofreciendo absolverlos 
•d todos. A los gritos uno de los alcaldes, que estaba entre los a- 
raotinados. alzó la voz, apellidando al rey y á la justicia, y arro- 
jándose todos sobre el alguacil y sobre los clérigos, pusieron en 
libertad al deán, que corrió á ocultarse. (1) La descompuesta C 



I 



{!) Kn una publicación muy interesante de documentos históricos anti- 
guos, hecha en el año de 18TT, en Madrid, por el Ministerio de Fomento, con 
el título de Cartas de Indias, se encuentra una dirigida al príncipe Don Feli- 
pe, hijo del emperador Carlos V, desde Gracias, con fecha 25 de Octubre de 
1545, por Fr. Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapa, y Fr. Antonio do 
Valdivieso, electo de Nicaragua, en la que dan noticia, entre otras cosas, del 
incidente de la prisión del deán de Ciudad-Eeal. Los términos en que refie- 
ren el hecho los dos prelados están conformes, suetancialmente, con la relación 
<le Remesal. Pero en una de las notas que corren á continuación de los docu- 
mentos, se hace observar que no lo está enteramente con otra hecha en Yn- 
■catan el año de 1544, que se conserva en el archivo de Indias. Dicen en esta 
que Las Casas desembarcó con cuarenta religiosos en vez de cincuenta, por 
haberse ahogado nueve, y que los vecinos de Ciudad-Real y aun quizá todos 
los de la Nueva España hubieran deseado que el obispo fuese el ahogado, y 
los frailes, aunque fueran franceses, los salvados: añadiendo que fué bien re- 
cibido y hospedado y obsequiado oon fiestas y banquetes y recibido debajo de 
palio, '"como hombre que trae á S. M. en los pechos y sus provisiones en el 
cofre." Que corrió bien pronto rum rum de los intentos que traía, pues el o- 
bispo no tardó en "desalforjar." Prohibió confesar y absolver á los que tuvie- 
sen esclavos; acudieron los vecinos^l deán, comisario de las bulas, para que 
HIST. DE LA A. C. 3 



34 HISTORIA 

irritada turba, lanzando gritos amenazadores, síc dirigiíi a la ca^iv. 
4^ue ocupaban los dominicos y la hizo guardar por centinelas. En 
seguida se encamino ú la del obispo, donde entríj en tropel y bus- 
cándolo por todas partes hubo de encontrarlo en un aposento reti- 
rado, a donde lo habían obligado íÍ retraerse algunas p^r?onas que 
estaban haciéndole compañia. Dijéronle los tumultuados palabras 
descomedidas, y uno de ellos, que pocos días antes habia descar- 
gado un arcabuz junto a las ventanas del prelado, dijo y juró jí 
gritos que habia de matarlo. Valió al obispo en aquel peligro su 
entereza y su serenidad. Contestó xon firmezii y calma u los al- 
borotadores, y se retiraron sin atentar contra su persona. 

Este acontecimiento intimidó á los dominicos, que no conside- 
rándose ya seguros en Ciudad-Real, • propusieron al obispo con 
instancia dejar la población. El contestó que no podia abandonar 
su iglesia y que estaba resuelto á fierder la vida, si fuese necesa- 
rio, antes que faltar á su deber. 

Viendo los encomenderos que ni el obispo ni los frailes^ sal lau- 
de la ciudad, ocurrieron al arbitrio de privarlos de todo recurso 
para subsistir. No solo no acudieron ya al convento con las li- 
mosnas acostumbradas, sino que prohibieron que se les vendie- 
sen víveres, y á algunos indios que se los llevaban se los quita- 
ron y los maltrataron. Faltándoles, pues, lo necesario para sus- 
tentarse y el vino para celebrar, resolvieron .salir de la pobla- 
ción. Díjolo así uno de los misioneros á un ospaGol anciano, :i- 
gregando que "sacudirian el polvo de su calzado," conforme ni. 
consejo del evangelio. "Si queréis marcharos, contestó el espa- 
ñol, yo, aunque soy viejo, os sacaré á cuestas uno á uno, j)ara qne 
no se os pegue el polvo en los zajiatos: y d^l un tm-lríís necesi 



Jo hiciese; Lízoio con algunos; súpolo (A obispo Casas; quiso prender al deán. 
<iil de Quintana, y este; se defendií) contra el alguacil del obispo, tomando uim 
espada, con líi cual se hirió al tomarla, é hirió al alguacil en una pierna. Xu- 
fué preso por entonces el deán, quien decia de Las Casaa: "o\ obispo es soco 
T terco en su demanda y dice que aunque .S. M. y S. Santidad se opongan, h^ 
de llevar adelante su empeño y descargar la conciencia de S. M. del delito J.j 
consentir la esclavitud." 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 35 

dad de sacudirlos."' Respuesta que hace ver el espíritu que ani- 
maba á aquellos vecinos, v cuan acerba era su irritación contra 
los frailes. 

Salieron, en electo, algunos de la ciudad y pasaron á la villa 
de Chiapa, donde fueron muy bien recibidos, así de los indios co- 
mo de su encomendero, que se les mostrd al principio muy adic- 
to y que después les dio graves disgustos, mostrando ser de la 
misma índole que sus compañeros de Ciudad-Real. 

El obispo, íi quien continuaron molestando los españoles de a^ 
^juella ciudad, se determinó al fin á salir también y pasar á Chm- 
pa, de donde lo llamaban con instancia. Fué recibido con las mis- 
mas demostraciones de amor y respeto que se prodigaron á los 
otros misioneros y todos juntos se ocuparon durante algunos rae- 
Kcs en los trabajos de su ministerio. 

Arregladas algún tanto las cosas eclesiásticas de la provincia, 
determind Las Casas hacer viaje á Gracias para dar cuenta al 
presidente y los oidores del estado de aquellos pueblos y recla- 
mar el cumplimiento de las nuevas leyes. Estaba convenido con 
el licenciado Marroquin, obispo de Guatemala, y con fray Antonio 
Valdivieso, electo de Nicaragua, en reunirse en aquella ciudad, 
])ara hacer de común acuerdo sus representaciones á la audiencia 
en favor de los indios. 

Dispuso el prelado de Chiapas visitar al paso la provincia de 
Tezulutlan, á fin de ver por sí mismo el estado de las cosas en a- 
«iuella tierra y poder juzgar del resultado de la empresa de la re- 
ducción pacífica de aquellos pueblos, la que consideraba, con ra- 
zón, como obra suya, habiendo sido su promotor y primer opera- 
rio en ella. Acompañaron al anciano prelado en aquel penoso 
viaje tres religiosos de su orden, que él mismo designó, el maes- 
trescuela que liabia traido de España, que se mostraba hasta en- 
tonces muy adicto al obispo, y algunos seglares. 

Poco antes que llegara Las Casas á Tezulutlan,'habia estado en 
Coban el licenciado Marroquin, de?eoso, como el prelado de Chia-* 
pas, de ver por sí mismo el resultado de los trabajos de los mi- 
sioneros. Muy satisfecho se manifestó del estado de las cosas, 
viendo cuanto había adelantado la pacificación de aquellos pue- 
blos por medio de la persuacion, y así lo informó al rey en una 



36 HISTORIA 

carta (17 de agosto de 1545) en que hacia plena justicia sil celo 
apostólico de los dominicos. 

Igual juicio hubo de formar Las Casas, ú quien visitanuí todos 
los caciques de aquellos pueblos, convertidos ya al cristianismo. 
Práctico en el idioma de muchos de ellos, les habló sin necesidad 
de intérprete y los confirmd en la fé que habian recibido. 

Después de haber estado algunos dias en aquella comarca, con- 
tinua su viaje á Gracias, por el mes de julio 6 agosto, sin arre- 
drarse por la consideración de las vísperas montañas y ríos can 
dalosos que deberia atravesar, cuya penalidad agravarla necesa- 
riamente la estación en que se emprendia la jornada. Quedaron en 
Tezulutlan los frailes dominicos y los seglares; y el maestrescuela, 
desalentado con las incomodidades sufridas y temeroso de las 
mas graves que se anunciaban para lo adclnnte, so \'u>'- -Á C,\m- 
temala á hacer lo que diremos luego. 

Las Casas continuíj su viaje solo, y habiendo llegado ú Gra- 
cias, encontró allá al licenciado Pedraza, obispo de Honduras, y 
á fray Antonio de Valdivieso, electo de Nicaragua, que iba lí con- 
sagrarse. (1) Estaba también en la ciudad el adelantado de Yu- 



(1) Los cranístas dominicos Remesal y Ximenez tan bien iufuroiados de 
ordinario, no mencionan al obispo de Honduras entre los que se reunieron en 
Gracias en aquella ocasión y dicen no saber qnien era el que iba á consograr- 
se. Igual ignorancia de este hecho manifiestan el maestro Gil González Dé- 
vila en su Teatro K.-lesiásitco de las Indias occidentales y Dioz do la Calle en 
eu Memorial de Indias. Seguramente ninguno de esos autores conoció la carta 
del obispo de Chiapa y del electo de Nicaragua al principe Don Felipe, que 
dejamos citada airas. 

Llaman la atención en esa carta los términos destemplados en que se expre- 
san los dos obispos respecto al de Guatemala. Dicen así: 

"El obispo dt) Guatemala vino aquí, y nos ha hecho esperar tro» meses, a- 
llende de seys que á questá aquí el electo obispo de Nicaragua, para ser con- 
sagrado. Y venido aquí, como siempre anduvo ú sabor del pueblo, y a sido u. 
no de los que mas an ofendido en hazer injustamente infinitos esclavos, y a 
tenido y tiene muchos yndios por esclavos y do repartimientx>, a predicado 
dañosa doctrina y palabras mal sonantes y sospechosas, y nos a afrentado eu 
el sermón, en especial al obispo de Chiapa, señalándole y diciendo qnel los 
absolvería ú los quel no absolviese; y quedo el pueblo muy consolado, porque 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 37 

•atan. Don Francisco de Montejo, suegro del presidente Maldo- 



les hizo muy ancho el camino del cielo, como quiera que Christo lo aya hecho 
y dicho ser estrecho. Y con esto se encienden y ayran é indig-nan mas contra 
nosotros, y se descuydan y embriagan mas en los pecados. Ya les a dado Dios 
el profeta que an menester y merecían ; porque qui nocít, noceat aclhuc. Y co- 
mo este hombre sea tenido por de linage sosj'echoso, tienen mas sospecha sus- 
palabras. V. A. crea que verdaderamente en nuestras consieneias lo certifica- 
mos, porque así lo sentimos, y es que creemos que es de los mas nocivos hom- 
bres este que acá hay, y que mas dafio hace á las ánimas en esta materia; por- 
que commo él sepa poco y viniese acá muy mozo, y aun, cuando lo nombraron 
por obispo, no llegava, según dizen, á XXX años, presume de asegurar las 
consciencias de los que en tan grandes pecados están de robos y tyranias, 
con otros mil pecados que á estos se allegan, que los grandes letrados y siervos 
de Dios tenblarian y tienblan en esos reynos, de confesar á vno de los que de 
acá van. 

Mire V. A., por Jesuchristo, á quien hace obispo, que los clérigos acá an 
hecho y hazen poco fruto, y plega á Dios que no hagan gran dafio" 

Los términos en que los cronistas, inclusos los dominicanos, se expresan 
con respecto al licenciado Marroquin, obispo de Guatemala, son muy diferen- 
tes de los que emplean en esa carta fray Bartol orné de Las Casas y fray Anto- 
nio de Valdivieso. Este documento, que habia sido ignorado hasta ahora, es, 
por desgracia, un nuevo testimonio de la pasión y de la acrimonia que guia- 
ban muchas veces la pluma del prelado de Chiapas. ¿Cómo puede creerse que 
tuviera, como asegura esa carta, multitud de indios esclavos^ el mismo que ha- 
bia puesto en libertad á todos los del adelantado, en el testamento que otor- 
gó por él? ¿Y quién ha de admitir como cierto que fuese cómplice en las tira- 
nías de los conquistadores y encomenderos, el prelado que habia procurado 
de mil maneras favorecer á los indios, lo cual consta de documentos irrefraga- 
bles? 

Lo que parece haber dado origen al desagrado entre los dos obispos, fué la 
solicitud hecha por Las Casas, acogida por el gobierno de la metrópoli y des- 
pachada favorablemente, de que se agregase la provincia de Soconusco á la 
diócesis de Chiapas, separándola de la de Guatemala, á que pertenecía. Lo 
inferimos de una carta del licenciado Marroquin al emperador Carlos V. fecha 
en Guatemala el 14 de junio de 1545 y que está publicada también en la co- 
lección de las Cartas de Indias que queda citada. En ella se queja el obispo de 
Guatemala de que el de Chiapa tenia de mar á mar por encomienda, que no 
hizo relación verdadera y pidió lo qne no puede cumplir. El licenciado Mar- 
roquín se pronuncia en su carta contra la dt raasiada extensión de las dióce- 
sis y dice que él quisiera que para cada pueblo se proveyera un obispo. Ten- 
dremos ocasión de volver á citar esa carta del prolado de Guatemala que con- 



38 HISTORIA 

nado. (1) Los tres obispos presentaron á la audiencia memoria- 
les en que exponían las injusticias y los abusos que los encomen- 
deros coraetian con los indios; y como protectores de estos, nom- 
brados por el monarca, reclamaban eníírgicamente la ejecución 
pronta y completa de las nuevas leyes. La representación del 
prelado de Chiapas, que los cronistas dominicanos dicen era la 
mas moderada de las tres, puede dar idea de los conceptos de a- 
quollas reclamaciones. 

Pedia que la audiencia mandara tasar los tributos que paga- 
ban los indios de su dií^cesis, y que. se redujeran á los que pre- 
venían las ordenanzas de Barcelona. Reclamaba la entera abo- 
lición de algunos de esos tributos, que ponían en peligro las vi- 
das de los indios, como el que se pagaba en cueros de tigres, quo 
calificaba de inicuo y diabólico; y solicitaba no se les exijie- 
sen sino de los frutos que cosecharan. 

Representaba contra la tiranía y opresión de usar de los nati- 
vos como bestias de carga; pedia se cumpliese lo que las mis- 
mas leyes disponían íÍ este respecto y que se abrieran y adere- 
zaran los caminos, para que pudieran transportárselas mercade 
rías en muías, de las que habia ya grande abundancia. 

Que se prohibiese á los encomenderos la residencia en los pue- 
blos de sus encomiendas, obligando á los tjue vivían on ellos co. 
mo salvajes á residir en la ciudad. 

Que no se empleara jÍ los indios en los trabajos de los ingenios 
de azúcar y se prohibiera la practica que habia de alquiliírselos 



tiene conceptos muy interesantes y que liacen lionor ú su rectitud y celo en 
favor de los naturales. 

(\) Remesal, ("Hist. de Chiap. y Guat., Lib. VI y VII passim) dice que Ioh 
vecinos de Gracias, contando las antiguas grandezas de su patria, se alababan 
de que en aquella ocasión habian estado juntas en la ciudad aiete señorías; ú 
saber: el licenciado MaldonaJo, presidente; doña Catalina de Montejo, su es- 
pesa; el adelantado Don Francisco de Montejo, y los cuatro obispos. Fuentes 
pretende que el licenciado Muldonado no se casó con Doña Catalina de Mon- 
tejo, sino después que hubo concluido su presidencia; pero por diferentes do- 
cumentos de aquella época se ve que esta aserción es inexacta. 



Dfí LA AMÉRICA CENTRAL H^ 

nnios d otros los propietarios de las haciendas. (1) 

Hacia presente que los encomenderos }' algunas otras perso» 
:;as hablan formado fincas en tierras de los indios, junto á los 
pueblos de éstos, ocupando sus terrenos so pretesto de pagarlos 
;^)n andrajos, lo cual toleraban los nativos, por no poder oponer- 
■0 ú la fuerza. Pedia que se prohibiera pronta y rigurosamente 
« ste abuso, ''porque estando, decia, las haciendas y heredades de 
H>s españoles en los pueblos de los indios, ó junto lí ellos, no 
bastará regla, ni leyes, ni penas, á estorbar que no los roben, ni 
fatiguen, ni angustien y agravien cada dia." 

Requeria igualmente a la audiencia, previniese que ningún cal- 
pixque, 6 mayoral, ni otro español alguno, aun cuando fuese el 
principal encomendero de un pueblo, pudiese permanecer en él 
mas de ocho dias en cada año; porque robaban ú los indios, los 
fuandaban como esclavos y les deshonraban sus mujeres. 

Recomendaba el nombramiento de un español vecino de G-ua- 

.cacualco, llamado Juan Méndez de Sotomayor, para juez de toda 

la provincia y para que pusiese en ejecución las nuevas leyes; 

;por ser este sujeto el único capaz de administrar cumplida justi- 

"Cia á los nativos. 

A esas solicitudes y algunas otras mas, en las cuales no puede 
desconocerse uu fondo de razón y de justicia, agregaba una que 
no podemos menos que considerar como exajerada y nada confor- 
me con las atribuciones de un prelado eclesiástico. Tal era la fa- 
cultad que pedia á la audiencia de poder prender a los alcaldes, 
al alguacil mayor y á los demás españoles que á su juicio hubie- 



; 1) El alquiler que se pagaba por los indios era á razón de un peso de mi- 
nas al dia por veinticinco, según Remesal, Hist., Lib. YIII, Cap. XVII. Cuen- 
ta esto autor que cuando construyeron los dominicos su casa ó convento en 
•Ciudad-real, alquilaban indios por ese precio para emplearlos en el trabajo. 
Agrega que hubo escrúpulos sobre si podria hacerse eso 6 no, y se resolvió 
que era lícito alquilarlos, por ser la obra útil á los mismos naturales, y por- 
que los dias que empleaban en ella se ahorraban de maj'or trabajo en las ca- 
.fias de sus amos. Sin negar la exactitud de esas razones, no puede descono- 
-^erse que el principio quedaba vulnerado y que al infringirlo incurrían los mi- 
s"onero8 en inconsecuencia. 



40 HISTORIA 

Hen pecado y delinquido y castigarlos conforme ú sus faltas. Que- 
jábase de la macera en que habían obrado aciuellos funcionarios^ 
en la asonada ocurrida con motivo de la prisión del deán; decia^ 
que habian incurrido en excomunión por haber impedido el ejer- 
cicio de la jurisdicción eclesiástica y que si no lo liabia declara- 
do así, era únicamente porque no quedara la ciudad sin justicia» 
y fuese nulo cuanto practicasen aquellas autoridades. Concloía» 
pidiendo se quitaran las varas ;í los alcaldes y alguacil mayor y 
se nombraran otros que prestaran al o'bispo el auxilio del brazo- 
secular para poder proceder contra los culpables. La idea exaje- 
rada que en aquel tiempo se tenia acerca de la estension de la 
autoridad eclesiástica, extraviaba al respetable prelado hasta el 
punto de no dejarle conocer que no ])odia ser juez y parte en 
la cuestión. 

Muy mal recibidos por la audiencia los memoriales de los tres 
obispos, desagrada particularmente el de Las Casas, por la ma- 
la prevención que había contra su persona y contra sus ideas. 
La exijencia y la aspereza con que insistía en que se atendiera 
lí sus reclamaciones, presentándose repetidas veces en la sala del 
tribunal, fué exasperando al presidente y á los oidores, que lle- 
garon al extremo de olvidar la moderación que les imponia su 
carácter de jueces y de faltar al respeto que por tantos títulos 
debia guardarse al peticionario. "Echad de aiií á ese loco, ' de- 
cían desde los estrados, en voces descompasada», al verlo apare- 
cer, y una de tantas veces agregd el presidente en tono de mofa. 
y de desprecio: "Estos cocinerillos en sacándolos del convento 
no hay quien se pueda averiguar con ellos." Decia esto aludiendo 
tanto á Las Casas como á Valdivieso, obispo de Nicaragua, que 
era también fraile dominicano. 

Pero aun hubo mas. La irritación del presidente desborden á 
pocos dias y originó una escena harto desagradable. Habiéndose 
presentado el obispo en la sala de la audiencia, y reclamado en 
términos enérjicos, y probablemente no muy moderados, en pre- 
sencia de los oficiales de justicia y de otras personas, que se li- 
brase á los indios de su obispado de la tiranía que pesaba sobre 
ellos y que se previniera á los españoles que no estorbaran 
la predicación ni el ejercicio de la jurisdicción eclesiástica, el li- 



DE LA AMERICA CENTRAL. 41 



cenciado Maldonado, fuera de sí, le contesto: "Sois un bellaco, 
mal hombre, mal fraile, mal obispo, desvergonzado y merecíais 
ser castigado." Las Casas inclinen la cabeza y poniéndose la mano 
tm el pecho, fijos los ojos en el que acababa de dirijirle aquel tor- 
rente de injurias, replic(5: "Yo merezco muy bien todo eso que 
IT. S. dice, Señor licenciado Alonso Mal-donado.'' Según el cro- 
nista que refiere el hecho, quería significar el obispo con aquella 
respuesta, que merecía el mal trato que se le daba, porque en vir- 
tud de recojnendaciones suj^as, había sido provisto el licenciado 
para la presidencia. (1) 

A consecuencia de esta desagradable escena, se consíder<j que 
A presidente había incurrido en excomunión y é\ mismo hubo de 



(Ij Las Casas dio cuenta de este incidente al príncipe dou Felipe, en cai*- 
ta fecha en Gracias, el 9 de noviembre de 1545, publicada entre las Cartas de 
Indias, (Madx'id, 18TT). Se queja de los abusos, uranias y arbitrariedades 
del presidente Maldonado y de los oidores Kamirez y Rogel; dice que los 
amonestó y amenazó con declararlos excomulgados en su obispado, y por este 
motivo añade, el presidente dijome palabras muy injuriosas en gran menos- 
precio y abatimiento é injuria é contumelia de mi dignidad, no m,énos que 
ói fuera él el gran Turco &. 

Hablando en la misma carta de la reducción pacífica de Tezulutlan por los 
dominicos, el obispo de Chiapas no tiene reparo en asegurar que es una obra 
'¡lie después que los apóstoles dejaron el mundo, otra tal no ha tenido la iglesia- 
Acusa, á Maldonado de haber tenido un mes sin bautizar á una hija suya 
que había dado á luz su esposa en Gracias, aguardando al obispo de Guate- 
mala que habia de administrarle el sacramento y agrega que fueron tales y 
tan desatinadas las fiestas con que celebraron el bautizo, que todos quedaron 
espantados; representándose una farsa ó juego en que cantaron nna canción 
de la Infanta que a de ser señora de todos y otras palabras malsonantes, en 
especial para aquel tiempo. 

Recomienda encarecidamente al pi-íncipe no fie del presidente y los oidores 
llamirez y Kogel el cuidado de las cosas pertenecientes á los indios, porque 
seria como encomendar á lobos hambrientos ovejas m.uij mansas, y que no eran 
aquellos sujetos dignos de gobernar cinco gallinas. Por último propone se le 
exonere del obispado de Chiapas y se erija uno en la Verapaz, que él serviría, 
dividiéndose el de Chiapas en tres, (uno para Tabasco y Guázacualco, otro 
para Yucatán y otro para Chiapas) para los cuales habían de nombrarse frai- 
les pobres, y no clérigos, que destruyen las tierras, etc. 



42 HISTORIA 

peusarlo así; y como quería concurrir á la consagración del nue- 
vo obispo, que debia verificarse dos dias después, comenzaron -Á 
discurrir de que manera podria absolvérsele sin que él pareciera 
solicitarlo y sin que tuviese necesidad de dar al agraviado una 
t^atisfaccion humillante. Los que manejaban el asunto creyeron 
encontrar un arbitrio que allanaba la dificultad, y haciendo qui» 
el presidente y el prelado se encontraran como por casualidad, 
el licenciado se quitó la gorra y dijo; **Pésame de la ocasión que 
se me dio para lo que dije."' Nada satisfecho, naturalmente, el 
])relado con tan estrana disculpa, se mostró aun mas ofendido y 
contestó al presidente: "Idos de ahí. que estáis excomulgado;" 
y, volviéndole la espalda, se salió de la casa. 

En seguida los cortesanos del gobernante d¡.*ícutieron si habría 
sido suficiente ó no la satisfacción; y declarando que lo era, lla- 
maron á unos clérigos que estaban aguardando el resultado de la 
entrevista y dieron la absolución al presidente para (pie asistie- 
ra á la ceremonia de la consagración del nuevo obispo, como lo 
'hizo, sin que Las Casas objetara su presencia, sin duda por no 
agriar mas las cosas. Así terminó aquel desagradable incidente, 
pero no las desazones que proporcionaba al ])relado de Chiapas 
su celo apasionado y vehemente cb favor de los indios. (1) 

Y no fué solo de los seglares de (juiencs tuvo que sufrir iiisul- 
;tos y amenazas; que también personas del estado cclosiústico se 



(1) Fuentes, (Rec. flor., Part. II, Lib. 6, Cap. 15) hablando de efetoB huco- 
scs, inculpa á Las Casas de haber irritado con bus provocaciones ú la audien- 
cia y en particular al presidente Maldonado. Cuenta que mandaron prohibir 
•k entrada del obispo en la sala de acuerdo, diciendo que eslaha loco; pero no 
agrega una sola palabra acerca de las graves injurias con que insultó el pre- 
sidente al obispo. Dice que este declaró excomulgados á los individuos del 
tribunal, y que estos no hicieron caso de la excomunión, porque, como letra- 
dos, sabían que fray Bartolomé no tenia jurisdicción sobre ellos, no siendo su 
prelado. El autor de la Recordación ñor id a no es autoridad fidedigna en !<» 
que se refiere á Las Casas, á quien juzga con la misma pasión que mostraban 
loá conquistadores. 



DL LA AMKIIICA CENTllAL. 43 

considerarou autorizadas para agraviarlo. Asi fué que en los 
mismos días en que liabia ocurrido la desagradable escena que 
dejamos descrita, recibió una carta que le dirigid desde Guate- 
mala aquel clérigo que él mismo había traído de España para que 
desempeñara las funciones de maestrescuela en el cabildo; carta 
concebida en los términos mas insultantes y mas descomedidos 
que puede imaginarse. Llamábalo traidor, enemigo de la patria 
y de los cristianos que vivian en estas tierras, favorecedor do in- 
dios idolatras, bestiales, pecadores y abominables, y concluía di- 
ciendo: "Voto á San Pedro que os tengo de aguardar en un ca- 
mino con gente que tengo apercibida aquí en Guatemala y pren- 
deros y llevaros maniatado al Perú y entregaros á Gonzalo Pi- 
zarro y a' su Maestre de campo Francisco de Carvajal para que e- 
llos os quiten la vida cemo á tan mal hombre que sois la causa 
de tantas muertes y desastres como allá hay." (1) 

No sabia el obispo á qué debiera atribuir aquel cambio di un 
eclesiástico que se le habia mostrado antes sumiso y respetuoso: 
pero mas tarde el mismo autor del agravio procuró esplicar su 
conducta, diciendo que liabia sido instigado por algunos vecinos 
de Guatemala, que quisieron por aquel medio amedrentar al pre- 
lado de Chiapas. á fin de que.no insistiese en reclamar de la au- 
diencia la ejecución de les nuevas leyes. Mala inspiración pro- 
pia, ó condescendencia con dañada sujestion agena, la conducta 
de aquel prebendado era altamente reprensible. 

Sin desalentarse con aquellas contrariedades, continuaba el o- 
bispo en su empeño de reclamar la libertad de los indios, en cum- 
plimiento de las ordenanzas. Los interesados en que no se pu- 
siesen en práctica aquellas disposiciones, tampoco descuidaban 



(1) Aludía á las conmociones que habian causado en el Perú las nuevas le- 
ves, en cuya expedición habia. tenido tanta parte el obispo de Chiapas. Este 
Carvajal, de quien habla el autor de la carta, era uno de los principales capi- 
tanes que abrazaron el partido de Gonzalo Pizarro, y bien conocido por sn 
\valor y pericia militar, así como por su ferocidad. 



44 HISTORIA 

por su parte el representar ;í la audiencia y al rey, una voz y 
otra, los males que, según ellos, se originarían de su ejecución. 
El ayuntamiento de Guatemala habia dirigido al presidente (6 
de mayo de 1545) un memorial en que decia, entre otras cosas, 
que los capitulares estaban asombrados con las nuevas leyes, en 
las cuales claramente se daba ú entender que los conquistadores 
hablan sido traidores y desleales, pues tal pago se les daba; y 
anadian que lo que mas les maravillaba era que el mismo pre- 
sidente no hubiera alcanzado íí desengañar al rey y hacerle ver 
cuan poco ganaría Dios, ni la tierra, ni las rentas reales con a- 
quellas leyes; y qne pudiese mas un fraile que tantos danos ha- 
bia hecho, y se fiase de él una cosa tan árdoa. En otro dirigido 
al rey (7 del mismo mes y ano), se espresaba el cabildo en tér- 
minos semejantes y decia (|ue enviaba un procurador (pie repre- 
sentara en nombre de los agraviados; quedando estos con la es- 
peranza de que "aquellas hordenanzas y premiíticas lísperas .so 
(piitarían de en medio." (1) 

El obispo Marroquin, ;í quien el emperador habia remitido las- 
nuevas ordenanzas, con encargo de que le informara del resulta- 
do que produjesen y de todo lo relativo S la administración y 
gobierno de estas provincias, contesto en una carta muy intere- 
sante y estensa, que conocemos hoy, merced ú la publicación he- 
cha recientemente por el gobierno español, (2) que hemos teni- 
do ocasión de citar ya varias veces en este tomo; documento del 
cual, como de los otros de la colección, no tuvo conocimiento 
ninguno de los historiadores y cronistas que nos han precedido. 

La fecha de esa carta os de (Guatemala, 4 de junio de 1545. 
En ella se refiere el prelado ií otras que habia dirigido al empe- 
rador, en algunas de las cuales había hablado de ciertos capftu«r 



(1) García Pelaez, Mem. Tom. I, Cap. XIV. 

(2) Cartas de Indias, publicación del Ministerio de Fomento, Madrid, 1877. 



% 



DE LA AMÉRICA CEMUAl.. 45 

lostlc liH? nuevas leyes, y agrega que cuaudo llego la audiencia, ya 
todos estaban alterados y conmovidos con aquellas disposiciones, 
por(|Uc wmo mediaba grande interés, se habían sentido mucho. 

Que establecida 3'a la audiencia, habían acudido de todas par- 
tes con peticiones y súplicas, á que se cou'testd lo que pareció 
conveniente, remitiéndose al emperador las solicitudes y las res- 
puestas cerradas y selladas . 

Por lo demás, el obispo declara que el asunto es arduo y no 
para tratarse por escrito y se refiere en todo á lo que informen 
tres religiosos que han ido de Nueva España, varones de gran- 
de autoridad, y que donde ellos hablen todos deben callar, au7i 
que sea fray Bartolomé. Pero si bien evita el dar una opinión es- 
plícita sobre las nuevas ordenanzas, no por eso deja de indicar 
en términos muy claros las medidas que íÍ su juicio conviene to- 
mar para el bien de los naturales de estos reinos. A cinco pun- 
tos reduce el prelado guatemalteco lo que, ú su juicio, debe or- 
denarse; y los considera tan esenciales, que no vacila ea repre- 
sentar al emperador la grave responsabilidad en que incurrirá 
ante Dios, si no dispone lo que va á indicarle. (1) 

1. '^ — Que no se cargue u los indios, por los graves perjuicios 
•que de esto se originan. Y como podria decirse que el comercio 
seria perjudicado con tsta medida, cuida el obispo de indicar 
que con dos veces que se compongan y reparen los caminos en 
-el año. se evitará ese inconveniente; habiendo, como hay, dice, 
superabundancia de caballos, yeguas, bueyes y carretas. 

2.'^ — Que se junten los naturales en pueblos ordenados, en 



(Ij "V. M. debe proueer pava el descargo de su real coaciencia quatro ó 
•cinco cosas, y si no las prouee, salvo mejor juicio, siento que la Magestad de 
Dios se lo tiene que pedir; lo contrario es contra Dios y contra el próximo, 
en daño de su alma y menoscabo de su cuerpo, y como esto sea, no puede ser 
sin pecado mortal, y coaio aea asy, ni V. M. ni el Papa podrán disimular siu 
¡pecado.'' 

Cartas de bidias. América Central, Guatemala, pág. 438. 



46 HISTORIA 

(]ue puedan vivir bajo la conveniente policia. 

3, o — Que haya suficiente número de religiosos^ para doctri- 
nar á los indios. 

4.<^ — Que disponga el emperador qne ni loa obispos ni los 
presidentes, ni los visitadores, ni las personas particulares reci- 
ban díídivas de los indios, aun cuando sea una pluma, á no ser 
cuando va^^an á visitar los pueblo», ffw« enldnces podri(n recibir 
lo que fuere justo. 

5. ^—Sucedía frecuentemente que en (ípoca de escasez de co- 
sechas, los indios no podian satisfacer íntegros ¡1 sm encomende- 
ros los tributos del ano, y so les exigía' en el siguiente <|uc lo 
completasen, sin perjuicio de pagar íntegro el nuevo. Propone 
el obispo que no se les exija lo que no hayan podido pagar, é in- 
dica ademas como medida conveniente, que los encomenderos no 
vayan á los pueblos de sus encomiendas, por los muchos males 
que de esto se originaban á los naturales. Por último recomien- 
da se obligue d los mismos encomenderos lí edificar Iglesias y 
proveerlas de lo necesario, con los tributos que reciban de los 
indios, estando obligados ú hacerlo, yaijue perciben aquel fruto. 

Tales eran las medidas que el obispo de (iuatemala proponia 
en favor de los nativos; medidas (jue hacren ciertamente honor :i 
su ilustración y ¿í su celo y que son la mcy'or respuesta ú las injus- 
tas y apasionadas acusaciones de los obispos de Chiapas y Nica- 
ragua, (^ue hemos reproducido en este mismo capítulo. Como Ve- 
remos mas adelante, esas importantes indicaciones de Marroquin 
no fueron inútiles, y las medidas favorables á los indios <jue pro- 
puso en aquella carta, sirvieron de base á las instrucciones «jue 
trajo de la corte el presidente que sucedió íÍ Aíaldonado, rpie las 
puso en ejecución con un celo no menos laudable (pío el que hu- 
bo de inspirarlas. 

Contestando ú una pregunta del emperador eon respecto ¡I la 
administración de justicia en estas provincias, dice el obi.*po que 
el presidente Maldonado es buen hombre, buen cristiano y hon- 
rado; pero muy remiso ("casi tanto como yo'' agrega modesta- 
mente el prelado); nada cuidadoso ni vijilante; que no se le daba 
mucho de la república ni de su policia,. ni se desvelaba en pro- 



DE LA AMÉRICA CKXTRAL. 47^ 

cui-ar aumentarla; todo lo cual, agrega, es necesario en el que ha* 
«le gobernar y ser cabeza. 

Hablando de los oidores, dice que no le satisfacen mucho sus- 
3etras ni sa vida, aunque los ha tratado poco. Agrega que para el 
cargo que d»?sempeñan, convendría que fuesen mejores y man 
tloctos que los obispos, y refiere haber oído decir que hay divi- 
sión entre ellos. Recomienda el nombramiento de un preceptor 
de gramática para la Trinidad, (¿seria la villa de la Trinidad de 
Sonsonate?) y pide al emperador se acuerde de las doncellas, que 
necesitan favor y ayuda, seguramente para casarlas. 

Habla del adelantado D. Pedro de Alvarado y dice fué ''el 
mejor criado que S. M. tuvo en estas partes, pues siempre vjiio^ 
cu su Real servicio'', y agrega que había dejado cuarenta mil po- 
sos de deuda, gastados en las arn:adas que hizo, y que no tenien- 
do herederos (es decir, hijos legítimos) lo heredó el emperador. 
Suplica encarecidamente el obispo al monarca se acuerde dé Ios- 
acreedores del adelantado, que por no haber cobrado lo que se les- 
debía, unoá se habían alzado y otros estaban en las cárceles. Di- 
ce que con solo cuatro años de la renta de los bienes de D. Re- 
dro que cediera el emperador, habría para pagar las deudas, la 
cual hace ver la importancia de las encomiendas del adelantado, 
pues producían diez mil pesos de oro anuales. No encontramo;^ 
en ningún otro documento de la época que el monarca hubiese 
accedido á aquella solicitud del obispo, tan justa y razonable. 

A pesar de las representaciones del ayuntamiento contra las 
nuevas ordenanzas y sin embargo de que el asunto debiera con- 
^iderarse pendiente de la resolución del soberano, la audiencia, 
vencida al tin por las instancias del obispo de Chiapas, dispuso 
comisionar auno de sus individuos para <]ue fuese á aquella pro- 
vincia y las pusiera en ejecución en todo lo favorable á los natu 
rales. (1) 

^Sabida lu»^go en Ciudad-Real de Chiapas aquella determina- 



(1) Reme-sal, Hist, loe. cil. 



48 HISTORIA 

cion, se alteraron en gran manera los españoles y dispusieron ce- 
lebrar un cabildo abierto para discuiir el asunto y acordar lo 
conveniente, á lin do evitar el golpe que los amenazaba. En las 
casas consistoriales se reunid el ayuntamiento con los principa- 
les vecinos y levantaron una acta en que hacían constar (pie el 
obispo ejercia el cargo sin haber presentado al cabildo las bulas 
pontificias ni las reales cédulaíj de su nombramiento; y que no 
obstante ésto, reservaba á su propia decisión algunos casos de 
conciencia, introduciendo fueros nnevos, en lo cual usurpaba la 
jurisdicción real. Que si iba el prelado jí tratar do |>oner en eje- 
cución las provisiones y tasas que se decia llevaba, los vecinos 
vendrían á pobreza y los indios se sublevarían. Acordaban, por 
tanto, requerirlo para que no intentase innovación alguna, y que, 
imitando la conducta de los demás obispos de Nueva í^spaña, a- 
guardara tjue el rey resolviese sobre las representaciones que se 
le liabian dirigido; ofreciendo cum[)lir fielmente loque S. M. man 
dase. Hacían responsable al ¡)rciado de cuahpiier alboroto que 
sobreviniera y protestaban no admitirlo al ejercicio de su cargo 
y retirarle las temporalidades, mientras informaban á la corte. 
•Quejábanse con insistencia déla negativa de la absolución; de- 
cían que no se admitiría una nueva tasación de los tributos, es- 
tando ya hecha por el adelantado Montejo y por el obispo de 
Guatemala, y concluían manifestando que si fuese necesario, nom- 
brarían procuradores que expusieran aquellas quejas li la audien- 
cia y al rey. Firmaron el acta treinta y siete vecinos, }'" al si- 
guiente día mandd el cabildo [)ublicar un bando en que retiraba 
las temporalidades al obispo, conminando con una multa de cien 
castellanos de oro á los que iíifringieran la disposición. 

No se limitó á esas demostraciones el enojo de los espáiíoles 
de Ciudad-Real. Exasperados con algunos sermones de los do- 
minico?, poco prudentes, atendida la situación de los ánimos, se 
tumultuaren contra los frailes, y quién sabe á qué extremidad ha- 
brían llegado, si estos no se apresuraran á salir de la ciudad, de 
noche y sin que lo advirtieran los del alboroto. 

Entre tanto el obispo, siempre impávido delante del peligro, 
caminaba hacía Ciudad-Real, y á los que procuraban hacerlo de- 
sistir del viaje, pintándole los riesgos á que se exponía, contes- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 49 

r.iba i\u(j DO poílja abandonar su iglesia, sin faltar gravemente ú 
- s deberes. 

A.I saber que se aproximaba el que era objeto de su encono, los 
empanóles hicieron grandes aprestos de gente y armas, como si se 
{reparasen a recibir á un ejército enemigo. Empuñaron espadas, 
iifierezaron lanzas y arcabuces, vistieron armaduras, formaron uu 
e .^cuadren de indios flecheros y apostaron algunos de estos en 
los caminos por donde podía el obispo hacer su entrada, con ór- 
flen expresa de dar aviso cuando se acercara. 

K\ anciauo* septuagenario contra quien se tomaban todas aque- 
"as medida^ defensivas, se dirigía a la alarmada ciudad á pié, 
,!i mas armas que su breviario y sin otra escolta que dos o tres 
t- -pañoles amigos y un negro que lo servia. Los indios puestos 
(a atalaya en el punto que eligid para entrar á la población, es- 
taban descuidados, ú pesar de las órdenes estrechas (fbe hablan 
rícibido. y de repente se encontraron una noche con que el obis- 
10 estaba entre ellos. Corridos y temerosos como si los hubiese 
aprendido cometiendo una gran falta, se hincaron de rodillas y 
' pidieron perdón, escusándose con las órdenes que tenian áv 
' - españoles. Las Casas, calculando que el descuido podía cos- 
U\i' caro jÍ aquellos infelices, discurrió atarlos unos ú otros y Ue- 
\ arlos comió prisioneros, li fín de que no les hiciesen cargo por 
íuiber desempeñado tan mal su comisión. Arbitrio poco pruden- 
íF". (]ue le proporcionó uu grave disgusto, como veremos luego. 

Sin detenerse continuó su marcha, y sucedió que cuando se 
:;ercaba ya lí la ciudad, sobrevino un temblor de tierra tan 
uerte 'y prolongado, que hizo caer muchas casas y se temió 
jjie se arruinara toda. Los habitantes, sobrecojidos de espanto, 
-ivlieron á las calles y a la plaza, donde dijo á voces uno de los 
¿pañoles 'que debia aproximarse el obispo lí la ciudad, y qne a- 
•liiel terremoto era precursor de la destrucción (jue la amenazaba 
"ón su llegada. (1) Tal era la odiosidad que contra Las Casas a 



1 : H^mesui, Hiet. ÍO'- 
'rlIST. DE LA A. C. 



o o HISTORIA 

brigaban aquellas gentes. 

Entrd en la población y no teniendo donde hospedar.^e. 8ii lu<r 
derecho a la iglesia. A la mañana siguiente manden llamar ú lo? 
alcaldes y regidores, y como la ciudad estaba inipiieta con la no- 
ticia de .-u llegada, acndi'» »^1 vecindario de (españoles Jnnto mv 
los municipales. 

Cuando el obispo salió de la sacristía y se presentó a' la junta 
ninguno de los rjue la componían se puso en pié, con e.scepcion 
del escribano del cabildo, que se adclantcj y dio lectura lí un pa 
peí en que se le requeria traíase i los vecinos de Ciudad-Keal 
conforme á la calidad de sus personas y (pie los favoreciese para 
conservar sus bienes; agregando- que con esto ellos lo reconoce- 
rían y tratarían como su legítimo pastor, (/ontestó el prelado en 
términos conciliadores, lo cnal hizo impresión favorable en el Á 
nimo de atiuella gente inquieta, l'ero no era esto lo que conv< - 
nía lí los (lúe acaudillaban el alboroto. Uno de las regidores, des- 
de su asiento y (íon la gorra en la cabeza, tomt» la palabra y en 
una arenga destemplada reconvino al obispo por haberlos man- 
dado llamar, debiendo (íl ir ;í sus casas sí los necesitaba. A esto 
añadió otras razones que bien daban lí entender el intento de ir* 
i'itar al prelado, lo que sucedió efectivamente. Contestó este con 
vehemencia que cuando necesitara á los individuos del ayunta- 
miento para pedirles favor, iria ú buscarlos; pero que siendo pn- 
i*a el servicio de Dios, los habia de llamar siempre y ellos to- 
man de acudir, por mas <jue les pesara. Estas palabras y fA to- 
no irritado y severo con que las pronunci(5 impusieron sí los <les- 
contentos y no se atrevieron á replicar; pero cuando se levantó 
para retirarse, adelantóse el escnbano y con mucha cortesía 1(* 
pidió, en nombre del ayuntamiento y vecindario, que señalase 
confesores. Contestó el obispo que nombraba al canónigo Juan 
ile Perera y S todos los frailes de Santo Domingo ; á lo que re- 
plicaron loe españoles (|ue no querían (ionfesores de la parciali- 
dad del obispo, sino otros que cuidasen de conservarles sus bie- 
nes. Esto era decir muy claro que no (pierian desfírenderse de 
sus (esclavos indios. Sin embargo, el obispo pareció no hacer al- 
to en ello y dijo que señalaba á un clérigo de Guatemala (jue esta- 
ba en la ciudad y á uno de los frailes de la Merced. Conforma- 



OE LA AMERICA OFNTltAL. Ol 

innse los concejales y vecinos, y habiéndose retirado, fué el obis- 
po á casa de los mercenarios d tomar algún alimento, que bien 
lo necesitaba, pues habia caminado á pié toda la noche anterior 
y pasado aquella mañana sin desayunarse. 

Habia comenzado apenas á tomar una ligera refacción, cuando 
>e oyó gran ruido de voces y entraron en tropel los ospailoles 
con las espadas desnndas y en actitud amenazadora. Con pala- 
bras descomedidas inculparon al prelado por haber prendido n 
'os indios puestos en atalaya en el camino.de lo cual acababan do 

uer noticia. "Veis aquí el mundo, dijo uno de ellos, el salvador 
tio los indios ata los indios y enviará memoriales contra noso- 
Tos á España que los maltratamos; y estalos él maniatando y 
:iaelos. de esta suerte tres leguas delante de sí." Tras esto, otro 

• le los vecinos injurio groseramente al obispo, que, <;on manse- 

• lumbre agena de su carácter, ¿e limito á contestar que dejaba 
;.l cuidado de Dio5 el castigar aquella falta. 

Entre tanto algunos de los amotinados que se liabian (juedado 
iii el patio de la ca.sa, encontraron al negro, criado del obispo y 
iirremetieron con él. acusándolo de haber sido el que atara á los 
indios por orden de su amo. Con uo terrible golpe de pica ten- 
'liéronlo en el suelo, y lo habrían muerto, á no haber acudido 
los frailes de la Merced en defensa de aquel desdichado. 

Pero lo mas estraño de aquel desagradable episodio, fué qup 
'lespues de haber puesto al anciano prelado en tanto conflicto y 

• lado tales muestras de irritación, que él mismo y los que lo a- 
<'ompañaban temieron que iba á morir en manos de aquellos des- 
almados, pocas horas después y sin saberse cíjrao ni por qué, se 
serenó la borrasca, se apaciguaron los ánimos, los tumultuados 
iiieron á dar satisfacción al obispo y no volvieron á descomedir- 
le con él mientras estuvo en la ciudad. 

Con estos acontecimientos lermind el año 1545. Ellos hacen 
ver cuanto tuvo que sufrir el protector de los indios, por el em- 
peño con que procurd la ejecución de las nuevas leyes. Animado 
de un celo plausible siempre, aunque algunas veces imprudeutn 
y poco acertado en los medios que empleaba, cumplía Las Casas 
la misión caritativa y humanitaria que se habia impuesto, y al 



52 HISFOKIA 



<jue coiisagrú en otro teatro, como dirciuo? íuetío. los ju'íos {\w 
aun le quedaban de existencia, fl) 



(1) Véause los ociio primeros capituloa del Lab \'il tle la Hist. ile Cbiap 
y Ouat. por Eempsfil, y los í'apítniosi del 4'J al 47 do la do Xiniene/. M. S. 
Pnt. T. JAh. n. 



OAPITIÍLO ÍU. 



I >isposiciünej¿ del gobierno de la metrópoli para quü hü hieieso una nuova ta 
sacion de fcributoa. — Demoras en la ejecucioa de esta providencia. — Se co- 
misiona al oidor Rogel para que la ponga por obra. — Va el oidor á Ciudad- 
íleal; lo que dijo á Las Casas.— Sale esto para Méjico. — Prudencia y tÍD»> 
í;on que desempefia Rogel su comisión. — Tributos que so pagaban en Chia- 
pas. — Los encomenderos y los dominicos descontentos de las medidas de\ 
oidor. — El obispo de Ohiapas en Méjico. — Mala disposición contra él. — De- 
.ilara excomulgados al virey y al visitador. — Sínodo ú que concurren los 
prelados de Guatemala y Chiapas y los de la Xueva España. — Materias quo 
>íe trataron. —Declaraciones importantes respecto al señorío de los príncipes 
indios. — Prohibición de que se trate en el sínodo ol punto de la esclavitud > 
-Se establece un formulario para los confesores. — Juntas en Santo Domin- 
go, promovidas por Las Casas.— Lo que se resuelve en ellas. — Revoca el em- 
perador la cláusula de las nuevas leyes relativa á encomiendas vacantes.— 
Sucesos del Perú; conmociones á que contribuye la publicación de las nue- 
ras leyes.— Los caudillos de los dos bandos contendientes piden auxilio á la 
audiencia de los Confines.— Expedición del oidor Ramírez al Perú, con fuer- 
zas y recursos de estas provincias. — Las Casas resuelve volverse ú España, 
renunciar el obispado y trabajar allá en favor de los indios. — Previene la 
observancia del formulario de confesores. — Acúsasele de sostener princi- 
pios subversivos y se le llama á dar explicaciones ante el consejo de Indias. 
— Restablece el rey en sus cacicazgos á algunos príncipes indios á quienes 
se había despojado de ellos — Cambiase el nombre de la provincia de Tezulu- 
tlan por el de ^'Yerapaz".— Nombramiento de un juez pesqiysidor para 
(jhiapas y del licenciado Cerrato para juez do residencia y presidente de la^ 
audiencia de los Confines. — Rectitud del nuevo presidente. — Declara libro 
la mayor parte de los esclavos en Guatemala.— ^Dispone la ejecución de la 



54 niSTORiA 

real orden paru la expulsión de los españoles de la pi-ovincio do TezalutlB' 
-Despoblación de la Nueva Sevilla. 



(1546—1548.) 



La necesidad de üaccr una nueva tasación de los tributos qu(* 
pagaban los indios de, las provincias snjetUvS á la audiencia de los 
Confines, había sido considerada por el íjobierno de la nietrdpc- 
li desde algunos anos antes. l*ocos dias después de haber sid»» 
nombrados los oidores (3 de octubre de 1543) expidió el em- 
perador una real cédula en que daba á uno de ellos, ol licencia- 
do redro Kamirez de Quifioues, comisión para tasar los tribu- 
tos; "diligencia tan necesaria al consuelo de los indio.«, y quo 
aunque muchas vcces^ se habiu mandado hacer, niniíu so habi-.i 
puesto en ejecución". (1) 

Pasaron todavía tres años sin que se llevase d caboiwjuela dis- 
pisicion benéfica, y eu marzo de 1540 reiteró el em])erador, en 
cartas dirijídas al obispo de Guatemala y al presidente de la au- 
diencia, la orden para que con toda brevedad y sin excusa al- 
guna, se hiciese dicha tasación y disminución de los tributos. 

Pero ya desde antes que se recibieran estas cartas, k audien 
cía, en virtud de las repetidas instancias del obispo de Chiapas 
habia dispuesto, como dejamos dicho en el capítulo anterior, (\\u-. 
uno de sus individuos fuese á aquella provincia con la comisión . 
no pudiendo hacerlo el licenciado Quiñones, que la tenia directa- 
mente del soberano, por deber ocuparse en utra de bastante 
importancia, de que daremos noticia á su debido tiempo. Se en- 
comendó, pues, la tasación de los tributos de Chiapas al oído? 
Juan Rogel que fue á desempeñarla, (marzo de 1540). 

Cuando llegó á Ciudad-Real, el obispo Don fray P»artolomé d»- 



l) Komesal, Hií^t , Lib. XTt, Cap. "Xm. 



i 



Dt LA AMERKJA CENTKAL. 00 

Las Casas estaba disponiendo viaje á México, llamado por el vi- 
rey y x)or el visitador Tello de Sandoval, con el objeto que lue- 
go diremos. Rogel presento los despachos de su comisión, y des- 
pués de las visitas de cortesía, el prelado, que no perdía de vista 
un solo momento el alivio de los indios, represento al oidor la ne- 
«;esidad de poner en ejecución las ordenanzas de Barcelona, "tan 
justas y sabias y tan encaminadas á sacar á los naturales de la o- 
presion en que los tenian los encomenderos, ya obligándolos á los 
duros, trabajos de las minas, ingenios de azúcar, labranzas y edifi- 
' ios; ya abrumándolos con tributos exorbitantes y desproporcio- 
nados á sus facultades." í]scucho el comisionado con respetuosa 
«^leferencia las indicaciones del protector de los indios y en res- 

uesta íí ellas dijo: "que bien sabia que aunque las nuevas leyes 
•o hablan hecho con el parecer de sujetos muy respetables y com- 
petentes, Tina de las razones que las hacian aborrecidas en las In- 
■lias. ora el haber intervenido en ellas el obispo, solicitándolas 
V redactando algunas. Que los conquistadores lo consideraban a- 
jasionado y enemigo y no tenian empacho en asegurar que su 
oelo procedía mas que de amor á los indios, de odio á los españo- 
les. Que sentirían mas que la pérdida misma de los esclavos y 
naciendas, el que se verificase el despojo estando presente fray 
Bartolomé; y concluyó rogándole abreviara su partida á México, 
oues mientras él estuviera en la ciudad, no daria principio al 
desempeño de su cargo y moderación de los tributos; no querien- 
■ lo se atribuyera á influencia suya lo que practicara". 

Comprendió el obispo cuan justas eran las observaciones del 
licenciado Eogel y á los pocos dias salió de Ciudad-Real, caini- 

io de México. 

Con gran prudencia y tino desempeñó el oidor su comisión, 
examinando el asunto durante muchos dias, recibiendo memoria- 
Mes y oyendo alegatos, sin externar su juicio, á fuer de juez acos- 
tumbrado á administrar justicia; y cuando se consideró suficien- 
temente instruido, hizo y publicó la tasación de los tributos. A 
ios indios de Chiapas les disminuyó lo que pagaban en mas de 
mil quinientos castellanos, ó pesos de oro anuales; á los de Cina- 
oantlan en mas de mil y en otro tanto íi los de Copanabastla. No 
se dice cual haya sido la disminución en otros pueblos de la pro- 



OQ HISTORIA 

vincia; pero sí se sabe que en todos la hizo coosideruble, como 
se ve lo í\ié la de aquellas tres poblaciones: y asegura el autor qui- 
nos suministra estos datos, que en ningún pueblo dei<5 de quitar 
por lo menos quinientos castellanos. 

Estas cifras dan idea del crecido feudo que pagaban los nati 
vos de la provincia y justifican en la sustancia, ya (pie no en la 
forma, las reclamaciones de Las Casas. 

El oidor Rogel alivie; también ;i aquellos indígenas do otra< 
cargas que pesaban sobre ellos. Prohibid con penas severas qu*i 
se les emplease en ciertos oficios en los ingenios de azúcar y mo- 
dera el servicio personal que se les exijia on las haciendas, mí 
aas y casas de los conquistadores. Disminuya en gran parte ei 
que llamaban de tlaracnes, o cargadores, prohibiendo que de 
les llevara á mas de quince 6 veinte leguas de sus pueblos y dic- 
tó otras disposiciones igualmente favorables h los indios. 

Sin embargo, sucedicj con aquellas medidas del oidor Rogel, ;</ 
que acontece regularmente cuando se trata de conciliar intereses 
<5 principios encontrados. Ni los frailes dominicanos, protectores 
de los indios, ni los amos de estosjos encomenderos, quedaron 
satisfechos con lo practicado. A los unos les pareció escaso el fa- 
vor y los otros lo tacharon de exesivo y de ruino.«!0 á sus intereses. 
Reclamaron estos al rey contra la tasación, en un memorial íjuí' 
firmaron treinta y cinco vecinos de Ciudad-Real y que dirijieron 
por medio del procurador que tenia el cabildo en la corte. 

Entro tiinto el obispo de ('hiapas se dirigía li .México bajo ma- 
los auspicios, pues por parte de las autoridades y vecinos espa- 
ñoles de aquella ciudad, había contra él la misma disposición na- 
da favorable que mostraban los de las provincias del reino d'» 
ÍTuatemala. Se dejó ver esa prevención en varias partas que po- 
eos dias antes de su partida recibid el prelado, del visitador, del 
virey, de varios obispos y aun de algunos frailes que alcanzaban 
gran reputación por su saber, en las que lo inculpaban duramen- 
te por su severidad y rigor en maneria de negativa de .sacramen- 
tos, contradiciendo, decian, la opinión de los demás obispos v 
sosteniendo una doctrina exclusivamente suya. Agregaba uno <h 
los que escribían, que la audiencia de los Confines habia andado to- 
lerante en demas/a en no haber procedido enérgicamente contra < ^ 



])>; LA AMERICA CENTRAL. O» 

Ocho tlías antes de qtie llegara á México fray Bartolomé, st 
supo en la ciudad que se aproximaba, y fué tal el alboroto que 
•íaus(5 la noticia, cual si fuese la de la invasión de un ejército e- 
nemigo, según se expresa un antiguo cronista. El virey y el vi- 
sitador que vieron aquella mala disposición del vecindario, te- 
mieron que ocurriera alguna desgracia á la llegada del obispo 
y le escribieron suplicándole se detuviese mientras se tranquili- 
zaban algún tanto los ánimos y le daban aviso de que podía coi] 
tinuar su marcha. 

Hízolo así Las Casas. Pasados algunos dias }' calmada la efer- 
vescencia en la ciudad, entró el obispo una mañana á las diez, L 
vista de todos, sin que nadie le faltara al respeto. Los que no lo 
conocían personalmente, veíanlo con curiosidad, pues los graves 
acontecimientos á que estaba unido su nombre, lo hablan hecho 
célebre por todas partes. El virey y el visitador enviaron in- 
mediatamente al convento de Santo Domingo, donde estaba alo 
jado, mensajeros que le dieron la bienvenida en nombre de a- 
quellas autoridades; y la respuesta del intransigente prelado fuer 
que perdonaran si no los visitaba, pero que estaban excomulga- 
dos, .por haber mandado cortar la mano en Oaxaca á un clérigo 
de ordenes mayores. Este incidente no podia tener otro resulta- 
do, que malquistar aun mas al obispo y recrecer los disgustos que 
le habia ocasionado ya su celo, no todas veces prudente y atinado. 

El prelado de Guatemala y los de las diferentes diócesis de 
la Nueva España, llamados también á México por el visitador 
Sandoval, hablan llegado ya á aquella ciudad. El objeto de la 
reunión, á que concurrieron igualmente los superiores de las ór- 
denes regulares, otros eclesiásticos y varios seglares reputados 
por su ilustración, era el de conferenciar sobre las graves cues- 
tiones suscitadas con motivo de la conquista, especialmente res- 
pecto á esclavitud de los naturales, repartimientos, encomiendas 
y servicios que pudiesen ó no exijírseles lícitamente. 

Muchas fueron las sesiones que celebró aquel sínodo, que un 
escritor califica de verdadero concilio, por las personas que con- 
currieron y materias que se trataron en él. (1) Después de íar- 



(1) Don Juan Antonio Llórente, "Vida do D. Fr. Bartolomé de Las Ca- 
H'as", puesta al frentfi de lag obras del ol>ispo de Chiapas, pág 64. 



58 HISTORIA 

gos y acalorados debates. los miembros''dc la junta lijaron algu- 
nos puntos en que llegaron á ponerse de acuerdo, do los cuales 
tueron los mas importantes el reconociniieuto del señorío de los 
príncipes indígenas en sus estados; la aptitud do los naturales 
^jara vivir en cuerpos de nación,' aunque inlioles, y que la sobe- 
rania conferida por la célebre bula de Alejandro VI á los reyes 
■de Castilla, fué sin perjuicio ni abolición do dichos principados v 
concedida con el preciso objeto d(> procurar la o<»ti versión d( los 
naturales al cristianismo. 

Para llegar a' establecer esos principios, que pueden (.üu.-^hIl' 
rarse bastante atrevidos, atendidas las ideas de la época, fue ne- 
cesario nn gran esfueízo por pacte de los qno defendían los de- 
rechos de los indios. En el c^lor de las disputas salieron tí pía 
/.á los abusos de los conquistadores y encomendero.^^, declarándo- 
le la obligación que estos tenían de restituir todo lo <jut* bubie- 
•sen' obtenido indebidaiiiónte de los naturales; prohibiendo a jos 
confesores el absolverlos, sino mediante la restitución, y Iracion- 
do íí estos responsables en ca.so de ftilta. 

Redactaron un formulario a que debían .Tu,cia..-» ü.. ü- * wü- 
fesores para conceder la absolución ú los encomenderos, con- 
quistadores, mineros, mercaderes, tratantes en esclavos, etc. y 
un largo memorial sobre todas aquellas materias, qae remitieroVí 
al rey y al consejo de indias. Esa medida equivalía, como e- 
fácil comprenderlo, ;í poner en entredicho toda la población es- 
pañola establecida en Amórica. 

El obispo de Chiapas y los religiosos de su Jrden no estaban, 
sin embargo, enteramente satisfechos, viendo (pie no se díctab.i 
una resolución clara y terminante sobre abolición de la esclavi- 
tud de los indios. El virey había dado (jrden de qoc no se tra- 
tara esa cuestión en el sínodo, y lo manifesté francamente á La.^^ 
Casas. El ardoroso prelado no olvid(> la especie, y en el primer 
sermón que predico, que acertíj á ser en una festividad lí íju( 
concurría el mismo virey, no tuvo empacho en referir el inciden 
te y en condenarlo en términos vehementes, aplicando á la or- 
den de aquel funcionario un texto de Isaías. 

El representante de la autoridad real, lejos de darse por ofen- 
dido con aquella agria censura del protector de los indios, le di^j 



DE LA AMERICA tKNTllAL. 50 

•rmiío eu seguida para que en el convento de Santo Domingo 
so éelebrase otra junta, para tratar del punto de la esclavitud y 
ofreció' trasmitir al rey sus resoluciones. En esta virtud, convo- 
co Las Gasas d los individuos del otro congreso, con escepcion de 
los obispos, (probablemente porque le constaba que la mayor 
parte de ellos tenian opinión contraria) (1) y trataron el punto 
en varias sesiones. La razón principal que alegaban los que sos- 
tenían haberse hecho legítimamente los esclavos en la guerra de 
.la conquista, era el que se habia dirijido lí los indios el requeri- 
miento prevenido por el emperador, (2) y que á pesar de eso, ni) 
so sometían á la obediencia del soberano, ni á recibir la doctri- 
na evangélica. Pero no faltd en la junta quien contestara á ese 
argumento, exponiendo los defectos^sustanciaies de la intimación 
y la manera irregular en que se hacia, cuando se llenaba aque- 
lla formalidad, pues casi siempre se omitia. jio 
•'A la noche, (dijo) con un tambor en el real, entre los solda- 
dos decía uno de ellos: 'ú vosotros los indios de este pueblo os 
hacemos saber que hay un Dios y un Papa y un rey de Castilla. 
•1 quien este Papa os ha dado por esclavos: y por tanto os reque- 
rimos que le vengáis u dar la obediencia, y á nosotros en su nom- 
bre, so pena que os haremos guerra ú sangre y fuego*'.Y al cuar- 
to del alba daban en ellos, cautivando los que podían, con título 
de rebeldes, y los demás los quemaban ó pasaban ;í cuchillo, ro- 
uindoles la hacienda y ponían fuego al lugar. (3) 



fl ) El de Guatemala, licenciado Mai-roquiu, estaba distante, cieitamente, 
de aprobar la esclavitud ni los demás abusos de los conquistadores; pero por 
una carta suya al ayuntamiento, feclia en México el 20 de julio de aquel año, 
CColec. de Ai'évalo) se ve que no consideraba prudente que se trataran eso.'- 
puntos eu el sínodo. "Esto de los esclavos y servicio personal de los indios, 
/dice) acordamos que no se Lablase, y que los confesores se lo hobiesen entre 
síj por no alborotar el pueblo. El obispo de Chiapa, (continúaj llegó algo 
tarde y está muy manso y lo estará mas cada dia, aunque ayer quiso comenzar 
\ respingar y no se le consiutió'". 

(2) El que trascñbimos en el capítulo II del primer tomo do esta o- 
bra. 

(3^ Reraesal, Hist. de Cbiap. y Guat.,LJb. \7I, Oap. XVIL 



60 HISTORIA 

En aquelía junta se declararon mal hechos los tales esclavos y 
tiranos los que los tenían, sin embargo de que. como lo observa 
ol cronista que da cuenta de aquellos sucesos, bien sabían los 
que tal declaratoria pronunciaban, quo ella uo habia de ser de 
ningún valor ni efecto. Sacaron muchas copias de acjuellas reso- 
luciónos y se despacharon á las diverKas provincias, donde cau- 
saron á los conquistadores y enrx)mendero8 el escándalo y enojo 
•|ue debe suponerse. 

Algo templ(5 esta irritación la noticia, que se recibid por en- 
tonces en estas provincias, de habor revocado el enq)erador, por 
oédula expedida en Malinas el 20 de noviembre de 1545, 1« 
cláusula de las nuevas \eyes mas odiosa á los concjuistadores: la 
que prevenía que las encomiendas de indios que vararan no pa- 
sasen á los herederos de los que las disfrutaban, sino que se in- 
corporasen en la real corona. A pesar de ser terminante esa dis- 
posición, dictada, sin' duda, en virtud do las representaciones del 
ayuntamiento y vecinos de Guatemala, aunque un autor antiguo 
diga otra cosa, (1) todavía el presidente y la audiencia de lo& 
Confines retardaron el darle cumplimiento. Heiterí' la orden el 
príncipe D. Felipe (marzo 20 de 1546) (juo gobernaba en ausen- 
cia del emperador, su padre, y sin embargo de haberse publica- 
do solemnemente esta nueva cédula en la ciudad de ÍJ racias (26 
de agosto del mismo año), tampoco .se puso en ejecución, hasta 
que se repitiú en el siguiente. (Cédula del iiO de junio de 1547) 

Mientras se verificaban en las provincias sujetas á la audiencia 
de los Confines los acontecimientos que dejamos referidos, en el 
reino del Perú ardía la guerra civil entre los con(|UÍstadores, o- 
riginada de la ambición y las rivalidades de los principales capi- 
tanes y exacerbada con la publicación de las nuevas leyes. 

Apoderado Gonzalo Pizarro del gobierno, el virey. Blasco 
Xuñez Vela, tratd de organizar la reacción contra aquel .í quien 



(1) Reraesal, en la idea equivocada de quo los procuradores del cabildo 
-le Guatemala no llegaron á verificar su viaje á Espafia, supono que esta reso- 
lución fué un acto espontáneo del emperador. 



DE I,A AMEKICA CEXTlJAl,. 61 

podia ooüsidcríirde como usurpador de la autoridad, ya que se 
habia valido de la fuerza para obligar á la audiencia á que lo re- 
conociera como gobernador. Comisionados de ambos contendien- 
tes llegaron u las costas de Nicaragua en solicitud de auxilios pa- 
ra sus respectivos jefes; y uno de ellos, el capitán Melchor Ver- 
dugo, enviado por el virey. se interno en la provincia con al- 
guna tropa, y olvidando el objeto de su encargo, se mantuvo al- 
gún tiempo saqueando y asolando el país. Instruida la audiencia 
de los Confines de estas demasías, comision(5 á uno de sus indi- 
viduos, el licenciado Pedro Ramírez de Quiñones, para que fnera 
á Nicaragua lí procurar ponerles remedio. El oidor desempeñó 
su cometido con actividad é inteligencia y persuadió á Verdu- 
%o á que se volviese á Nombre de Dios, haciendo construir unas 
barcas para que se trasladara con su gente. 

En aquellas circunstancias llegó á Panamá el licenciado Pedro 
tic la Gasea, nombrado por el rey presidente de la audiencia del 
Perú, con la importante y delicada misión de restablecer el or- 
den en aquel país, desgarrado por ambiciosos, valientes y osa- 
dos caudillos militares, con quienes debía contender un pobre 
clérigo, sin mas armas que su breviario y sin mas recursos que 
los que su habilidad le sugiriera. Los acontecimientos hicieron 
ver que aquel hombre ocultaba bajo un exterior humilde y mo- 
desto, cualidades verdaderamente extraordinarias y un corazón 
rapaz de llevar á cabo las mas arduas empresas. 

Desde Panamá escribió Gasea á las audiencias de Nueva Es- 
paña, Santo Domingo y los Confines, solicitando auxilios, y solo 
a última atendió al reclamo, dictando activas providencias con 
■1 objeto de levantar alguna fuerza y arbitrar recursos para la 
xpedicion. Llamó al oidor Ramírez, que "era aficionado á cosas 
■ie guerra", y le encargó la organización y equipo de la gente. 
<jue debia mandar él mismo como capitán. 

Considerando que en la ciudad principal del reino era donde 
habia mas elementos para llevar á cabo la empresa, vino Ramí- 
rez á Guatemala (18 de febrero de 1547) y secundado eficaz- 
mente por los alcaldes Lorenzo de Godoy y Antonio Ortiz, pudo 
reunir en poco tiempo doscientos hombres, á quienes se proveyó 
de armas y pólvora. Temiendo el ayuntamiento que. como habia 



62 JIISTORIA 

.sucedido otras veces en circunstancias análogas. <iuisiesen los 
mercaderes y tratantes aprovechar la ocasión de vender caros 
ios artículos que debian comprarse para la expedición, proliibií^ 
bajo penas muy severas que se aumentasen los precios; medidu 
flespütica, que choca con nuestras idens actuales; pero que en a- 
quel tiempo era considerada no solo como lícita, sino como de 
bnena administración municipal. (1) 

El licenciado Kamircz hizo cargar un buiíue en el mar del sur 
f;on tocinos, maíz, mantas, vestidos, alpargatas y otros artículos 
necesarios para el equipo de la gwnto y ae embarcó para Pann 
má. (2) 

Un escritor moderno, (3) hablando de esta jornada de (¿uino- 
ues al Perú, dice que u las providencias tomadas por los alcal- 
des de Guatemala para proveer de recursos la expedición, de- 
bieron preceder solicitud de fondos y libramientos de hacienda, 
de que se hace mérito en autos do encomienda en que se recuer-- 
dan servicios de conquistadores y primeros pobladores, aunciuc 
al parecer coh poca exactitud. Citando en seguida un auto de 
oncomieuda á favor de una biznieta de Diego de Vivar, conta- 
dor deComayagua en la época de la expedición, dice (jue aparece 
en él haber suplido V^ivar de su j)ropio peculio al licenciado 
trasca, que vino á (Jomayaf/ua en snlkiiud ia auxiliott, mas de cien 
mil pesos, en un navio, armas, municiones y paga.s de gente de 
tierra y mar. Consta por el mismo auto que el contador hizo que 
un sobrino suyo, el capituii Don rr'H»i{s!fo d«* Mím-Io qno co- 



(1) Fuentes, Lec.jlor.y Part. '2\ Lib. tf«, Cap. 18, dico qae ai pesar de es- 
tas providencias, iio pudo evitarso que los que tenían acopios de víveres los 
♦rncarecieran ; y que como fué mucho lo que salió para proveer la expedición, 
í^obrevino hambre en la ciudad y en los pueblos circunvecinos, y como conse- 
cuencia de ella, una peste do sangre de narices que se llevó inmensidad de 
ifente. Supone este autor que lo que causó principalmente la escasez de man- 
lenimiontos, fué el envío considerable que so hizo de provisiones para un 
puerto del sur do Nicaragua, y de que damos noticia mas adelante. 

12) Remesal, Hist. de Chiap. y Guat., Lib. Vm, Cap. XIIÍ. 

(3) García Pelaez, Mem., Tora. I, Cap. X\X 



J>V: l.A AMliRirA 0EXTKA.1.. I)0 

¡locia bioa los remos del Perú y era muy biieu soldado, acom- 
pañara á Quiñones en su expedición. Ningún historiador, que se 
pamos, menciona la venida dé Gasea -1 Comayagua, ni es creí- 
ble se hubiese alejado tanto del teatro de sus operaciones. Seria 
algún agente suyo el que estuvo en aquella ciudad y á quien 
proporcionaria Vivar los nnxilios que menciona el auto de enco- 
mienda. 

Agrega el autor á ^uien cita.uos que eu auto do nombra- 
miento de córrejidor de Acacebastlan. expedido el 17 de julio 
de 1547. ú favor de un biznieto del capitán Juan Pérez de Ar- 
don, se lee que este ultimo compró un navio, armó y pagó cien 
.soldados, con los que acudió en auxilio del presidente Gasea. En 
otro documento de época posterior se dice. que Quiñones nombró 
capitán de ciento veinte hombres qne iban en un galeón al citado 
.rúan Pérez de Ardon, lo cual hace ver que los buques que llevó 
ol oidor eran por lo menos dos. 

uñando Quiñones llegó á Panamá, ya Gasea se habia embar- 
co buscando las costas del Peni, ú donde abordó después de 
.'juos contratiempos y de haber experimentado mucha falta de 
¡visiones, inconveniente (]ue la audiencia de los Confines con- 
tribuyó ;í remediar, haciendo salir de uno de los puertos del Sur 
de Nicaragua un buque cargado de víveres, que fueron muy o- 
portuno auxilio para el ejército que habia logrado reunir el pre- 
-'!ente. (1.) ' . 

internóse éste en tierra del Pera y se dirijió húcia el Cuzco, 
donde se hallaba Pizarro con su gente. Poco antes de que las 
fuerzas de Gasea cruzaran el Apurimac. uno de los tributarios del 
Amazonas, (enero, 1548) se le incorporó el licenciado Ramírez 
' on ciento cuarenta hombres, lo que indica que habia perdido unos 



(1; Fuentes, Rec. ílor. loe. cit., dica que este auxilio fué para proveer una 
t xpedic'iou de veintidós bajeles que iba al mando del capitán Pedro de Hino- 
|Osa, (uno de ios jefes militares del Perú que se habían unido al presidenta- 
(rasca) y agrega que el euvio do tan considerable copia de víveres dejó ex- 
haustas estas provincias y fué cansa del hambre y peste que se sufrió aquel 
Hño. No encontramos noticin de estos incidentes en otro autor de los que ve- 
neren aquellos snccpos. 



04 HISTORIA 

-etíeota desde su salida de Guatemala. (1) Con esta fuerza cuut- 
taba ya el ejército del presidente de novecientos hombres, sien- 
do, j)oco mas ó menOv-. de igual número el de su competidor. 
i rónzalo Pizarro. 

En el pueblo de Xaquixaguana. á cinco leguas de distancia di' 
la antigua capital de los incas, se dio la batalla, si es que pudo 
llamarse tal un encuentro en <|ue apenas hubo saugrcí derramada; 
habiendo abandonado sus banderas lo> qu»' scLiuiaii :il usurpador 
•^ iocorporádose á las fuerzas reales. 

Después de aquel fácil pero delinitivo iriunto, cu que cupo at- 
ibuna parte á los soldados guatemaltecos, regresaron estos aí sus 
hogares, con la honra de haber ¡do lí tierra tan distante á coni- 
batir en defensa de la autoridad legitima, lo que no hicieron los 
de otras provincias menos lejnnns y mas abnnd!nit<*s en rccur- 

>08. 

Volviendo al ubi.-po ile (Jhiap.i-, .i «jiuru .i, j.iiin.^ t-u Mcaíco 
ocupado en la empresa á que había consagrado su vida, diremos 
que terminadas las juntas en (¡uc con tanto celo defendiera los 
derechos de los indios, acabo de madurar un proyecto que esta- 
ba meditando desde que volvió de (iracius ¡\ sn diócesis y que 
resolvió llevar á cabo, a' consecuencia de los acontecimientos pos- 
teriores. Este proyecto era el de volverse ¡i Espaiía y renunciar 
la mitra. No que desistiera del propósito que tenia formado de 
ilefender con todas sus fuerzas « los» naturales de América, que 
no era hombre fray Bartolomé á cpiien arredraran diiicultades ni 
atemorizaran peligros; sino porqué recapacitando sobre el estadc» 
de las cosas en estas provincias, y persuadido de cuan poco va- 
llan ya sus gestiones con encomenderos, presidentes y oidores. 



(1) El historiador do la couquistn dol Perú, Mr. W. Prescott, qae da no 
ticias tan detalladas do aquellos sncesos, (Lib. V, Cap. III, no menciona li» 
iiegada de esta fuerza auxiliar do Gnateniula. Si los liistoriadore.s partíenla 
res del Perú á quienes cita Preacott no cuidaron, como parece, do consigna» 
este hecho, sí lo hizo el historiador general do India», Herrera, (Dec. VIII. 
Lib. IV, Cap. XIV) donde pudo haberío visto el ilustrado y diligentí- nfirra 
<lor de aquellos suceso.s. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 65 

alculü que su presencia en la corte y sus reclamaciones directas 
al soberano y a sus consejeros, que lo escuchaban siempre con 
respeto y consideración, serian mas fructuosas y de mayor pro- 
vecho á sus protejidos. 

Antes de partir creycj conveniente dejar algún arreglo en las 
(josas de su didcesis, y norabrd á un candnigo en quien tenia con- 
lianza para que la gobernara como provisor y vicario general, 
■^eilaló para confesores á cuatro frailes de su drden, prohibiendo 
.<e veramente y bajo pena de excomunión á los deniíís eclesiásti- 
cos del obispado el oir en confesión ú ningún español, siendo con- 
quistador, 6 que tuviese indios en repartimiento, o esclavos, 6 
que fuese estanciero, ó minero, ó dueño de ingenio en cuyos tra- 
bajos se sirviese de indios. Solo in artículo mortis podian los ta- 
les eclesiásticos confesar, y eso con entera sujeción al fornmlario 
iicordado en el sínodo de México, á propuesta de Las Casas, y 
que comunícd bajo reserva al clero de su diócesis, prohibiendo 
cediese conocimiento de él á seglar alguno. "No liabia de hacer- 
se otra cosa, d^cia, que notificar al penitente las prevenciones, 
€omo si las leyera el confesor en un libro, por via de aconsejar- 
le lo que cumplia á su conciencia." 

El secreto que el obispo prescribía no h«ibo de guardarse, pues 
á poco tiempo no habia español que no tuviese copia del formu- 
lario. Las exijencias que este contenia respecto á libertad de los 
indios, restituciones k, parecieron excesivamente duras á los in- 
teresados, que ocurrieron al emperador quejándose del obispo y 
acusándolo de que negaba en el formulario el derecho de los re- 
yes de Castilla á la soberanía de las Indias. Esta acusación era 
harto grave y debid hacer alguna impresión al gobierno, pues en 
el año siguiente se previno á la audiencia de México, (cédula del 
28 de noviembre 1548), que recogiese las copias del formulario 
que circulaban entre los españoles. Llamado el obispo á dar ex- 
plicaciones ante ef consejo de Indias, defendió sus reglas peni- 
ciales en varias conclusiones en que probo que no negaba el tí- 
tulo con que los reyes de Castilla y León estaban constituidos 
como señores de las Indias occidentales. (1) 



<l) Remesal, Hist. deChiap. y Guat. Lib. VIII. Cap. V, 
HIST. DE LA A. C. 



66 HISTORIA 

Lo que negaba Las Casas, según uno de sus biu'grafos, (1) ora 
el derecho que se atribula íí aquellos soberanos de hacer guernx ú 
los indios y conquistarlos; insistiendo siempre en que debia pro- 
curarse atraerlos á la obediencia de la corona y sí la fé cristiana 
por la persuacion y el catequismo, con exclusión absoluta del 
empleo de las armas. Los argumentos del protector de los indios 
debieron hacer no poca fuerza en el espíritu del emperador y de 
los individuos del consejo de indias, yaque, según dice un escri- 
tor moderno, se previno desde entonces que no se volviese lí usar 
de la palabra conquista, y qué en su lugar se empleara la do pan- 
^cacion (2) 

Dictadas aquellas disposiciones con (¡ne Las Casas entendía 
llenar un deber de conciencia, se embarc(5 en Veracruz, (3) y 
luego que hubo llegado- 1( España, informd al príncipe don Feli- 
pe, que gobernaba la monarquía en ausencia de su padre, de los 
trabajos de los dominicos en la provincia de Tezulutlan. El prín- 
cipe escribió a los misioneros alabando su celo y recomend lindó- 
les continuasen con empeño procurando atraer á los naturales 
por la persuacion. Aalguuos caciíjaes indios qne habían sido des- 
j)qiados de sus cargos i)or las autoridades españolas, les escribí (> 
también, reproliando aquellas medidas y restableciéndolos en sus 
(íacicazgos. 

En este mismo añoL547, den principio del sigaient».', y «.n vir- 
tud de representaciones de Las Casas, acordó el príncipe cam- 
biar el nombre dela'provincia de Tezutlan por el de Verapaz, que 
conserva hasta hoy. aludiendo con esta denominación á la con- 



(1) D. JuauxVntonio Llórente. Vida del obispo de' Chiapas. al frente de 

Ja edición de sus obras. 

(-2) Garcia Pelaez, Meiro.ias, Toin. I, cap. 18. 

(3; Llórente diee que Las Casas hizo este viaje á España en calidad de 
preso, y que esto fué lo que lo decidió á renunciar el obispado. En el texto .se- 
guimos la relación de Remesa!, por parecemos mas probable. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 67 

quista pacífica de aquella antes inquieta y guerrera comarca. (1) 
Obtuvo también el obispo el nombramiento de un juez pesqui- 
sidor que viniera á la provincia de Chiapas á seguir una averi- 
guación sobre los procedimientos de los españoles que hablan o^- 
fendido su persona y carácter y que le? impusiera el condigno 
castigo. Kecay(5 el encargo en un vecino de México llamado Die* 
go Ramírez, de cuya rectitud y justificación hablan con elogio los 
cronistas dominicanos. El resultado de la pesquisa fué el haber si- 
do condenados muchos de los vecinos de Ciudad-Real por los de- 
safueros cometidos; imponiéndose á tres de los mas culpables una 
multa de trescientos pesos de oro de minas. 

Pero la resolución mas importante que obtuvo por entíínces en 
la corte el obispo de Chiapas, fué el cambio de presidente de la 
audiencia de los Confines. Desde algún tiempo antes conocía al li»- 
cenciado Alonso López Cerrato, que presidia la de Santo Domin- 
go, y tenia formado alto concepto de la rectitud, justificación, le- 
tras y amor á los indios de aquel funcionario. Este conocimiento 
y el celo del misionero por el bien de-Ios naturales, fueron parte á 
«]ue en el viaje que hizo á Castilla en este año 1547, lo recomen- 
dara eficazmente al príncipe para el empleode juez de residencia 
y presidente de la audiencia, cuyo nombramiento se le despachlj 
efectivamente, en cédula de 21 de mayo de aquel año. Pero no 
fué sino hasta el 28 del mismo mes de 1548, que llegd Cerrato á 
Oracias. y admitidos sus despachos, tomó posesión del em- 
pleo. (2) ' 



(\ ) Remesal, Hist. de Chiap y Guat., Lib. VII, Cap. XI, dice que ha busca- 
do con extraordinaria diligencia la real cédula en que se mandó cambiar el 
nombre á la provincia de Tezulutlan, y que no babia podido encontrarla. Xi- 
menez, en el Cap. 71, Lib. 2.°, Part. 1.'* de su obra inédita, trascribe íntegra 
la cédula expedida por el príncipe D. Felipe, con fecha de Madrid, á 15 de é- 
nero de 1547. Sospechamos que debe haber error en el afío, pues el mismo 
Remesa! habla en otro lugar de una provisión de la audiencia de Gracias del 
11 de noviembre'de 1547, en que daba todavía á la provincia el nombre de Te- 
zulutlan. Es probable que la verdadera fecha sea 15 de enero, 1548. 

(2) Junrros, Hist. de Guat., Trat. III, Cap. I. 



68 HISTORIA 

Mostróse desde luego el nuevo presidente resuelto á lavore 
cer á los indíjenas, y en cumplimiento de instrucciones que traia 
del gobierno de la metríjpoli, (1) declaró libre la mayor parte de 
ios que estaban en esta provincia sometidos ií la esclavitud, que 
DO eran pocos, según el testimonio de un antiguo cronista. (2) 
Con muchos de ellos se formaron, como diremos mas detenidamen- 
te á su debido tiempo, los [lueblos de las inmediaciones de la ciu- 
dad. 

Otro asunto en que mostró muy ])ronto el licenciado (.'erraio 
su entereza y su disposición ú favorecerá los nativos, fué el de la 
4cspoyaciou de la Nueva Sevilla, colonia (pie habían formado 
cuatro años antes en las margenes del rio l*olocliic, u tres leguas 
del golfo dulce, ó lago de Izabal. unos españoles procedentes de 
4as vecinas provincias de Yucatán y Cozumel (3) fntf¡¡/n(i rillu la 
llama el hiperbólico autor de la JitTordnnonJlorida, (4) porcpie le 
conviene exagerar su importancia, lí fm de hacer mas censurable 
el hecho de la despoblación, en (pie entendieron los dominicos, lí 
quienes alcanza la ojeriza de. este autor contra Las Casas. Kl núme- 
ro de vecinos de la población era, a lo <|ue dice el mismo, de poco 
mas de sesenta españoles, con ayuntamiento y un capitán para 
las cosas de la guerra, llamado D. Crist(>bal de Maldonado, deudo 
del presidente de la audiencia, con cuyo permiso se habia funda- 
do la Nueva Sevilla, 

Para levantar las casas de la población y para los trabajos a- 
grícolas de la colonia, echaron mano los vecinos de Iíjs indios de 
la inmediata provincia de la Verapaz. que se quejaron de (pie se 
fes faltaba á la promesa de no obligarlos á servir á los conquista- 
dores, hecha por el mismo presidente Maldonado y confirmada en 



(1) Herrera, Dec. Vm, Lib. V. Cap. V.— Ley 1.*, Tit. 2.", Lib. 0.". Reco- 
pilacion de Indias. 

(2) Remesal, Hist. de Chiap y Guat., Lib. VIH, Cap. XVI. 

(3) Estaba esta población, segiin dice Kemesal, en un llano qne llamaban 
de Munguya, (Munguia, según Ximenez; del nombre de n'n conquistador á 
quien Alvarado dio aquella tierra en repartimiento 

(4) Fuentes, Rec. Flor. M. S. Lib (;.", Cap. 10. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 69' 

provisiones de la corona. Los misioneros dominicanos con quienes 
se había estipulado aquella esencion, reclamaron á la corte y ob- 
tuvieron una real cédula (30 de noviembre, 1547), en que se pro- 
hibia aquel abuso. Pero, como sucedía con frecuencia, esta dis- 
posición, lejos de ser favorable ú. los naturales, ehipeor(5 las cosas, 
pues los habitantes de la Nueva Sevilla redoblaron las vejaciones 
con que los molestaban, obligándolos con mayor dureza á los tra- 
bajos. Quejáronse los indios al superior de los dominicos en Gua- 
temala, y este dispuso ir á Gracias á reclamar del presidente y lo3 
oidores el cumplimiento de las reales drdenes.Para poder informar 
á la audiencia con pleno conocimiento de los hechos, creyd con- 
veniente el misionero pasar tí la Xueva Sevilla y ver por*si mis- 
mo la población y los trabajos con que los vecinos afl'gian á loí3 
naturales. Determinación que podia calificarse de intrépida, aten- 
diendo alo largo y penoso del camino que se tomaba en aquella é- 
poca para ir desde Guatemala hasta el golfo dulce. 

No estando entonces expedito el directo que se abrid despne.^ 
y que se trajina hasta ahora para ir álzabal, los que tenian nece- 
sidad de ir allá, lo hacían dirijiendose desde Guatemala (la Anti- 
gua) á Ciudad-Real de Chiapas, de donde bajaban á Tabasco; pa- 
saban á Campeche y Mérida y atravesando toda la península de 
Yucatán, llegaban al ñn al golfo dulce. (1) Dando una ojeada ú lá 
carta déla América central, se asombra unoal ver la distancia que 
tenia que recorrerse y al considerar que se necesitarían algunos 
meses para hacer un camino que hoy, en el estado todavía imper- 
fecto de nuestras vias de comunicación, se hace en seis ó siete 
días por la vía directa. 

La dificultad era grande, el mal apremiante y el ponerle reme- 
dio urjente, pues de no cortar pronto aquellos abusos, podia per- 
derse lo que se había ganado con tanto trabajo en la reducciotí 
pacífica de los pueblos de la Verapaz. Conferenciaron los misio- 
neros. Y como prácticos en el terreno, discurrieron la manera (Jé 



( l; Remesa], Hist. de Chiap. y Guat. Lib. YIII, Cap. XY, es el que traza 
ese itinerario, que no contradice otro autor alguno. : 



70 HISTORIA 

abreviar la jornada. El medio que les ocurrió, harto seucillo á la 
verdad, fué que el viajero se dirigiera á Coban 3- embarcándose 
en el Polochic en una canoa, bajara por el rio hasta la Nueva Se- 
villa. 

Hizolo asi el superior de los dominicos, fray Tomás Casillas. 
Fué, examinó las cosas por sí mismo, y dirigiéndose en seguida á 
Gracias, para lo que necesito emplear veintitrés dias, tan malo 
Cfa el camino, conferenció con el presidente y con los oidores, en 
qiMPnes encontró la disposición mas favorable á que se cumpliera 
con las reales órdenes. Nombró la audiencia personas «¡ue acom- 
pafiaran al misionero y ai quienes encargó la ejecución de las pro- 
visión* que expidió, en virtud de las cédulas del rey, y pasando 
todos lí la Nueva Sevilla, entraron úla población, donde su llega- 
da y el rumor de la comisión que llevaban pusieron al vecinda- 
rio en alboroto. La autoridad local los mandó salir inmediatamen- 
te, sin querer escucharlos, y tuvieron necesidad de acojerse bajo 
un ¿rbol del campo, débil defensa para resguardarlos de un copio 
so aguacero que no les dejó vestido enjuto ni provisión de boca 
sana. Pasaron asi la noche sin auxilio alguno, pues en la villa so 
habia publicado por bando una disposición dol capitán y del ayun- 
tamiento que amenazaba coa castigos severos ú cualquiera que les 
llevara pan, carne, pescado, sal, ó fuego. Tan irritados estaban a- 
quellos vecinos contra los que, según decian, iban ú echarlos in- 
j.ustamente de sus casas. 

Pero al dia siguiente la ira hizo lugar a' la reflexión y compren- 
diendo los colonos la grave responsabilidad ({ue contraian resis- 
tiendo a las órdenes del rey y de la audiencia, llamaron á los co- 
misionados, dieronles satisfacción, les proporcionaron alimentos 
y oyeron la lectura de las provisiones de la audiencia en que se les 
prevenía despoblar la villa. Discutieron largamente la legalidad 
de la medida; pero al fin se conformaron con ella y ofrecieron a- 
bandonar el sitio dentro del término de poco mas de un ano, que 
se les conced ió. 

Antes de que se cumpliera el plazo, sobrevinieron en la pobla- 
ción disturbios y alborotos que originaron la prisión del capitán 
Maldonado, que fué conducido á Guatemala, donde se le procesó 
por varios delitos, entre ellos el de bigamia. Condenado á muerte, 



DE LA AMERICA CENTRAL. 



71 



logro evitar la pena, fagandose de la prisión y acabando su vida 
iniserableraente. La Nueva Sevilla desapareció como algunas otras 
de las poblaciones que fundaron los españoles en aquella época y 
de las cuales no se conserva mas que la memoria. 

Fuentes deplora este suceso, inculpa a los dominicos por haber 
[)romovido la despoblación y á las autoridades que la decretaron. 
Tousidera que la villa babria sido muy útil al comercio por aquel 
rumbo y niega la veracidad de las razones alegadas para su aban- 
dono. No hay duda de que si aquel establecimiento, fundado en 
las inmediaciones del lago de Izabal, hubiera podido formarse y 
prosperar sin vejaciones á los naturales que comprometían el éxito 
déla empresa importante de la colonización pacífica de ^Yera- 
paz, seria indisculpable la despoblación de la Nueva Sevilla; pe- 
ro de lo que aseguran otros autores y del tenor de las disposicio- 
nes de la autoridad, se deduce claramente que la medida fué dic- 
tada con maduro juicio y que tuvo por objeto resguardar intere- 
ses de mayor importancia. 




CAPITULO IV. 



Graves aconteciioientos en Nicaragua.— La audiencia de los Confínes despoja 
de sus encomiendas á la familia del gobernador de la provincia, Rodrigo 
deContreras.— El consejo de Indias aprueba la resolución. —Irritación de 
los despojados contra el obispo Valdivieso. — Conducta poco pnidonte de a- 
qnel prelado. — Proyectan los Contreras asesinar al obispo. — Kennen gente 
en Granada— Juan Bermejo toma parte en el plan y sugiere á Hernando de 
Contreras la idea de levantar fuerzas, ir al Perú y haoerse proclamar rey. — 
Acepta Hernando la proposición, van los conjurados á León y asesinan al 
prelado. — Saquean su casa, apoderanse del tesoro real y mandan capturar 
dos buques surtos en el Realejo. — Toman á Granada y refp-esanclo al Reale- 
jo, se dirigen á Panamá. — Toman unos buques anclados en la bahia, desem- 
barcan, apoderanse de la ciudad y la saquean. — Bermejo intenUí ahorcar al 
obispo, al tesorero y aun oficial y lo impide Contreras. — Salen los facciosos 
en basca del presidente Gasea. -Armanse los vecinos de Panamá y se dispo. 
nen á resistir á los Contreras.— Atacan los buques de estos que habían queda- 
do en la bahia. — Combates entre las fuerzas n. la ciudad y los facciosos. — 
Son rechazadas aquellas; pero vaelven á la carga y obtienen un triunfo com- 
pleto. — Prisioneros de los rebeldes conducidos á la ciudad. — Crueldad atroz 
que ejecuta en ellos el alguacil mayor Alonso de Villalba. — Fuga de los dos 
hermanos Contreras y fin desastrozo de ambos cabecillas. — Traslación déla 
audiencia de los Confines á la ciudad de Guatemala. — Medidas del presi- 
dente Cerrato en favor de los nativos. — Nombra un juez que vaya á poner 
en libertad á los indios esclavos de la provincia de Chiapas y á reformar los 
tributos. — Como desempeña el juez ambas comisiones.— Alegria dolos in- 
dios. — Medidas dictadas para el arreglo de las poblaciones indigenas en va- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 73 

rías provincias del reino. — Nuevas disposiciones favorables á los indios. — Es- 
tablecimiento de cabildos y corregidores. 



(1549—1550.) 



No fué tan solo en las provincias de Guatemala y Chiapas don- 
de las ordenanzas de'Barcelona produjeron dificultades y conflic- 
tos mas ó menos graves. En el año 154.9^ época ala cual he- 
mos llegado en nuestra narración, ocurrieron en Nicaragna acon- 
tecimientos de muy mal carácter, que alteraron la tranquilidad 
de aquella colonia y la del vecino establecimiento español de Pa- 
namá; sucesos que procedian, directa o indirectamente, déla irri- 
tación que causó á los conquistadores la ejecución de ciertos capi- 
tulos de las nuevas leyes. 

Al establecerse la audiencia de los Confines, desempeñaba el 
cargo de gobernador de la provincia un caballero de Segovia lla- 
mado D. Rodrigo de Contreras, casado con una hija del célebre 
Pedrarias Dávila, el justador, y á quien este al morir habia deja- 
do el empleo, confirmando después el rey el nombramiento. En 
virtud de una de las clausulas de las ordenanzas de Barcelona, la 
audiencia quitd á Contreras la gobernación, que debia ejercer el 
mismo tribunal; y ademas, con arreglo á otra de las nuevas dis- 
posiciones, privo á la esposa y á un hijo del despojado^gobernador, 
de los indios de repartimiento que este les habia cedido, procu- 
rando eludir asi la prohibición contenida en las ordenanzas de 
que tuvieran los gobernadores indiog esclavos, 6 á título de en- 
comienda. Don Rodrigo fué á España á reclamar la devolución del 
empleo y la de los encomendados, dejando en Granada á su rau- 
ger y dos hijos que tenian: Pedro, mancebo de diez y ocho años, 
el menor, y el otro de alguna mas edad, llamado Hernando. 

El consejo de Indias, no estimando justa la solicitud del Don 
Rodrigo, confirmó las resoluciones de la audiencia- lo que, sabi- 
do por la muger y por los hijos del despojado, les causó el mas 



74 HLSTORIA 

vivo eüojo, que uo pudo contenerse dentro de los límites de la 
prudencia. No pudiendo descargar su furor sobre aquellos de 
quienes les venia el golpe directamente, harto elevados para que 
pudieran alcanzarlos, resolvieron tomar venganza desde luego 
de una persona con quien andaban enemistados y lí cuyos infor- 
mes atribuian el despojo. Era esta persona el obispo de la dic'- 
cesis, don fray Antonio de Valdivieso, compañero y amigo de 
Las Casas, y á quien hemos visto en Gracias, reclamando on 
unión de este prelado, la ejecución de las nuevas leyes. 

Los espaíioles residentes en Nioaragua estaban descontentos 
de su obispo. A su celo en favor do los indios, en el que nun 
ca puede dejar de v«rse un principio laudable, se agregaban 
otras causas de desazón, en las cuales no fué disculpable cier- 
tamente la conducta de acjuel jwelado. Nombró dos alguaciles y 
quiso que tuvieran igual autoridad ú la de los alcaldes. Resis- 
tiéronlo los de León y los excomulgó; imponiendo igual pena ú 
los de Granada, que no acudieron ú su llamamiento. Hizo mas: 
puso en ambas ciudades cesación á divmi», sin querer al/^arla 
ni aun en los dias de las festividades mas solemnes de la igle^ 
sia. A estos motivos de disgusto se agregó otra disposición del 
obispo que aumentaba excesivamente el estipendio (jue debía 
pagarse en toda la diócesis por misas, responsos, vigilias etc.; 
"de modo que cuando moría un hombre de mediano caudal, 
dice un cronista, era mas lo (|ue llevaban los clérigos que lo 
que heredaba la familia"; (1) Todo esto consta por varias cartas 
del rey á la audiencia de los Confines, en que le prevenía reme- 
diase tales abusos.'' (2). 

Bl autor de (|uien tomamos CvStos datos, que no puede ser sos- 
pechoso, agrega que aqnedlas disp08Ícíone¿ habían originado el 



(1) Remesal, Hist. de Chiap y Gaat. Lib. VIII, cap. XIX. 

(2) Cartas del rey.á la audiencia, del 16 de mayo, 17 20 y 26 de setiem- 
bre de 1548; 29 de abril, 9 de junio y 9 de octubre, 1549, que cita el mismo 



autor. 



DE LA AMKKICA CENTRAL. i 6 

odio contra el obispo, á quien algunos amenazaban ya cpn la 
muerte. 

Los Contreras concibieron el criminal proyecto de llevar á 
cabo tales amenazas, siendo la circunstancia que horroriza mas 
en este deplorable incidente, el que la madre misma de aque- 
los jüvenes les aconseja) el crimen y aun les mand(5 que lo co- 
metieran. (1) A ser esto verdad, la sangre del implacable y cruel 
Tedrarias, que corria por las venas de aquella mujer, pudo mas 
en la ocasión que la de la digna y buena marquesa de Moya. 
<u abuela, objeto de la predil-eocion y el cariño de la bondadosa 
reina Isabel. (2) 

Habian llegado poco antes á Nicaragua algunos soldados del 
Perú, desterrados unos por haber tomado parte en la facción de 
Gonzalo Pizarro, y descontentos otros porque el presidente Gas- 
ea, á cuyas órdenes habian servido, no les did la recompensa que 
aguardaban. Gente perdida y dispuesta á tomar parte en cual- 
quiera aventura, luego que supieron los proyectos de los (Con- 
treras, se avocaron con Hernando y se ofrecieron á ayudarlo 
en sus inicuos planes. El mas osado y menos escrupuloso de ellos, 
un tal Juan Bermejo, no solo aprobó la idea de matar al obis- 
po, sino que sugirió á Hernando el pensamiento de acometer una 
empresa mas alta y que él pintaba como fácil y hacedera. Con- 
sistía el plan en levantar el mayor número de gente que fuera 
posible, sacar recursos á la fuerza, dirigirse á Panamá, tomar 
r?aquella ciudad, donde se proporcionarían aumento de soldados y 
de elementos y en seguida pasar al Perú, y hacerse Hernando pro- 



(1) Real cédula fecha en Valiadolidel 6 de octubre de 1550, citada por 
Remesa]. 

(2) Dice Herrera CHist. gen. de las Ind., Dec. VIII, Lib. VI, Cap. Y.j 
que la madre de los Contreras no aprobó la conducta de sus hijos; y que por 
el contrario, les decia que '•aquellas crueldades y malos modos no lespodian 
acarrear ninguna honra ni bien, sino mucha iufamia y trabajos." Como de 
costumbre no cita Herrera autoridad alguna en apoyo de su aserto, por lo 
cual hemos adoptado en el texto lo que diee la real cédula citada, siendo un 
.doenmeato de carácter oficial. 



76 HISTORIA 

damar rey absoluto de aquel vasto y opulento país. Decia Bermejo 
que si Gonzalo Pizarro había fracasado en sus planes, era por no 
haber sabido manejarse. Que Contreras tenia en su favor la cir- 
cunstancia de ser nieto de Pedrarias, cuya memoria y la de sus 
hazañas estaban vivas en todos los ánimos, y que al saberse que 
Hernando acometia aquella empresa, acudiria irente de todas la.^ 
indias á alistaráe bajo sus banderas. 

Por descabellado que pueda parecer el proposito de lanzarse 
á semejante aventura con un puilado de hombres, no lo consi- 
deraban tal aquellos atrevidos castellanos, cada uno de los cua- 
les tenia pecho para emprender la con«iuista de un imperio. El 
estado de dislocación y de cua.si anarquía en (pie se hallaban por 
entonces los nacientes establecimientos españoles, era ademifs, 
muy á propósito para tentar la ambición de caudillos osado», 
que se consideraban como independientes del gobierno de la me- 
trópoli y en aptitud de labrar su propia fortuna, por los medios 
que el espíritu de la época tenia cown h»^ mejores y inns justi- 
ficados. 

Hernando, que soñaba ya, sin duda, con eclipsar hi fama de 
su ilustre homónimo de México, acogió la indicación con acjuella 
ooDÍianza temeraria propia de su cariícter ambicioso y de sus- 
pocos años. Ocupáronse él y los suyos en aderezar alíennos ar- 
cabuces y otras armas, y dejando en Granada íÍ l*edro, en com- 
pañía de la madre, se dirigieron á León, alojándose en la casa 
(jue tenian los Contreras en a<juella ciudad. Llamaron á un Cas-a 
tañeda, fraile apóstata, y comunicándole los planos (pie medita- 
ban, encontraron un activo auxiliar en aquel desalmado, Con 
pretexto de oir íÍ un músico cantor, citaron ú otros varios suge- 
tos de malos antecedentes, y cuando estuvieron todos reunidos, 
Hernando les dirigió un discurso, ó como .se decia entonces les 
hizo un parlamento en que expaso los males que experimenta^ 
ban los conquistadores y vecinos, á quienes se privaba de los 
indios y se dejaba sin recursos para poder vivir en la tierra 
que habían ganado con su sangre. Añadió que él se proponía 
remediar aquellos males y acometer una empresa que había de 
ser beneficiosa para todos; y sin decir mas, ni revelar lo que se 
proponía hacer, tomó sus armas v se .salió a la calle. Siguieron- 



DE LA AMÉRICA CKNTKAÍ.. 77 

lo los demás;, y como algunos de ellos se mostraban remisos y 
buscaban pretextos para quedarse, mand(5 á Bermejo que los 
obligase á caminar, y que si se negaban los pasara con un hierro 
enhastado que llevaba en la mano. (1) 

Dirigióse la desatentada turba á la casa del obispo, á quien 
lodavia pudo alguno dar aviso de lo que ocurría. Quiso ocultar- 
se; pero inútilmente, pues Hernando, ciego de ira, diú con él 
y lo atravesó varias veces con una daga. "Acaba, carnicero: 
basta ya con lo que has hecho," exclamaba el infeliz prelado, 
tendido en el suelo y bañado en sangre. Pero el asesino que- 
ría consumar el crimen y no cesó hasta dejar completa su obra. 
Kl obispo espiró pocos instantes después, en brazos de su ma- 
dre, doña Catalina Alvarez Calvento, que presenció aquella 
horrorosa tragedia, rauda de dolor y espanto. Ocurrió este suce- 
do en la antigua ciudad de León, que llaman hoy el Viejo, un 
.miércoles 2G de febrero de 1549. 

En seguida, añadiendo el robo al asesinato, hizo Contreras 
descerrajar dos cofres del obispo, tomó todo el oro y la plata 
'[ue con tenia el uno y unas escrituras que estaban en el otro. 
y saliendo á la calle la desenfrenada pandilla, corneó la pobla- 
ción gritando "Viva el príncipe Contreras, libertad, libertad." 
Invadieron la casa del tesorero real, donde se apoderaron de 
mil quinientos pesos de oro, y luego entraron en las de los ve- 
vcinos acomodados, á quienes exijieron armas y caballos, y re- 
clutando algunos otros perversos, completaron unos cuarenta 
hombres. 

Satisfecho de su obra, Hernando de Contreras remitió á Gra- 
nada á su hermano Pedro la daga con que habia asesinado al 
obispo, horroroso presente destinado á probar que el crimen es- 
taba consumado. 



[1] Remesa!, Hist. de Chiap. y Guat Lib. VIII, Cap. XIX; Xiuoeuez, Hist. 
de Chiap. y Guat. Parte 1^, Lib. II, Cap. XIX, Herrera, Hisi. gen, Dec . 
Vm, Lib. VI, Cap. m y siguientes. 



78 HISTORIA 

¿Qué podía esperarse de una aventura iniciada con el asesi- 
nato y con el robo? Una serie de nuevos atentados y desastres. 
Contreras y sus secuaces se dirigieron al Ivealejo. donde sabían 
que estaban anclados dos buques; se apoderaron de ellos y em- 
barcándose Juan Bermejo en uno con veintisiete hombres, fué 
íí tomar la ciudad de (xranada, quedándose ííernandoon guarda 
del puerto con el resto de la gente. 

Cuando Bermejo lle¡Tü á Granada, (4 do mar/o) ya se tenia 
noticia en aquella ciudad de que iban lí ocuparla los rebeldes y 
se había organizado una fuerza (re ciento veinte hombres para 
resistirles. Pero ya sea que aquella resistencia fuese solo apa- 
rente, 6 que la mayor parto de la tropa estuviese ganada por 
Pedro de Contreras, que fingía tomar parte en la defensa, lo 
cierto es que al presentarse Bermejo se le unieron casi todos 
y se hizo dueño de la ciudad. Envi(5 una partida al mando de 
un tal Salguero á ocupar Nicoya. y después de haber [)uesto ú 
contribución lí los vecinos de (Iranada, regresó al H<Milojocon 
Pedro de (>ontreras. 

Libres en la ciudad déla presencia de aquellos loraunlos, los 
alcaldes y otras personas trataron de enviar á Nombre de Dios 
aviso de lo que ocurría, y al efecto aderezaron una embarca- 
ción que estaba en la laguna y se disponían jí enviarla por el 
desaguadero. FJntendido esto por los partidarios de los Contre- 
ras. echaron la voz de que iban á llegar fuerzas de Lecm y del 
Realejo ásaípiear la ciudad, en venganza de aquel hecho hos- 
til. Para llevar adelante la ficción, comenzaron á trasladar sos 
intereses á las casas de construcción mas sólida; y amedrentados 
con esto los alcaldes, desistieron de dar el aviso. 

Reunidos en el Realejo los dos hermanos Contreras y Berme- 
jo, que era el alma de la desatinada empresa, dispusieron ir ií 
Panamá, apoderarse de la ciudad, saquearla, pasar á Nombre 
de Dios y hacer otro tanto, y con aquellos recursos verificar 
la expedición al Perú. Con seriedad hablaba aquella gente lo- 
ca de alzar por rey lí Hernando, de dar á Pedro muchas riíjue- 
zas, con el gobierno de grandes provincias y de hacer felices á 
todos los capitanes y soldados que iban á tomar parte en la em- 
presa. Contaban con el mal espíritu que reinaba entre los ha- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 7.9' 

hitantes del Perú, donde algunas medidas dictadas por Gasea' 
habian dejado muchos descontentos, y confiaban, sobre todo, en 
«|ue, como dice el antiguo i)roverbio, la fortuna proteje :í los- 
audaces. 

(Quemaron dos navios que no necesitaban, á ñn de (juesusene- 
luigos no pudiesen aprovecharlos para dar avisos, y llenos de 
ilusiones, se embarcaron con dirección á Nicoya, donde los a- 
guardaba Salguero con sesenta hombres que Imbia reclutado 
tMi el puerto y en las estancias inmediatas. Con aquel refuerzo, 
resolvieron continuar hacia Panamá. Hiciéronse á la vela y en 
la isla de las Perlas se encontraron con unos navios que ataca- 
ron y tomaron, aumentando así su gente y sus recursos. 

En la bahia de Panamá estaban otras cuatro ó cinco embarca- 
ciones, cuya tripulación, completamente desprevenida, no hizo- 
resistencia. Apoderáronse los conjurados de los buques (20 de 
abril) y agregaron también á su escuadrilla un navio bien arma- 
do que pertenecía á la madre de los Contreras. 

Desembarcó Hernando con cien hombres y comenzó á tomar 
noticias del estado de las cosas en Panamá. Informado de que 
dos días antes habia salido de la ciudad el presidente (rasca, 
con dirección á Nombre de Dios, donde iba á embarcarse para 
volver á España, envió inmediatamente á Salguero con vein- 
ticinco arcabuceros escogidos, en seguimiento de aquel funcio- 
nario, á quien daba ya por capturado y hecho cuartos: divirtién- 
dose la soldadesca en imaginar los insultos que habian de ha- 
cer y el género de muerte que darían al aborrecido presidente. 

Tomada esta disposición, hicieron desembarcar el grueso de 
la fuerza, que ascendía ya á doscientos cincuenta y cinco hom- 
bres, y entraron á la ciudad, banderas desplegadas, y gjri'tando 
•'Viva Hernando de Contreras, príncipe de la libertad" (1) Sa- 
(juearon la casa del gobernador, Sancho de Clavijo, que habia^ 
ido á encaminar al presidente Gasea, y arrojaron los muebles 



[1] Kemesal. Hist. loe. cit. 



80 HISTORIA 

por las ventanas. Prendieron al algnacil mayor Hernando de 
Yillalba, y sabiendo que Gasea se Iiabia liospedado en casa de 
un doctor Robles, entraron en esta y tomaron la considerable 
suma de ochocientos mil pesos de oro, que iban á remitir á 
Nombre de Dios. 

No contentos con tan rico bolin. los revoltosos entraron .í saco 
las casas y tiendas de los mercaderes, entre las cuales las había 
muy ricas, )' vistiéndose con los trages de los vecinos principa- 
les, "andaban tan lucidos y galanos, dice un cronista, (juc era 
notable la diferencia que en el parecer se hacían á sí mismos. 
y aun en ej ánimo y brío que cobraron". Como debe suponerse, 
no quedó tampoco caballo, pertrecho ni arma de que no se apo- 
deraran, con excepción de las de la ciudad, con las que no pu- 
dieron dar, aunque amenazaron con la horca á un oficial llama- 
do Martin JJuiz de Marchena, (|ue las custodialju y his ooult(5. 
Prendieron al obispo y al tesorero Juan López de Añaya y por 
la noche los hizo llevar Bermejo á la plaza, donde se disponía 
lí ahorcarlos. Y lo hiciera aquel desalmado, á no estorbárselo 
Hernando de Contreras, que corrió á evitar el desmán, tiritando 
que bastaba ya con la muerte del obispo de Nicaragua. Irritado 
con esto Juan Bermejo, reconvino ásperamente jí Contreras, 
haciéndolo res|)onsablo de lo (pie sucediese, f>ues le impedia 
ejecutar lo que tauto importaba al éxito de la cnqiresa; agre- 
gando "que tan buen pescuezo tenia como él para el cabestro.'' 
(1) Contentóse el cabecilla de la facción con exigir juramento 
al obispo, al tesorero y al oficial Marchena de (jue no le serian 
iiostiles y que antes bien lo ayudarían en su empresa; juramen- 
to del cual, como veremos luego, hicieron después poco caso los 
<:|ue lo prestaron. 

Al siguiente día antes de amanecer, salió Hernando de Con- 
(treras en alcance de Gascü. con sesenta hombres, dejando ór- 



[1] Dicho favorito de Francisco de Carvajal, el valiente y descornzoDado 
tnaese de campo de Gonzalo Pizarro, á quien lo habia oído, sin duda, Ber- 
imejo en el Perú. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 81 

den íí Bermejo para (jue lo siguiera con el resto de la gente, y 
á su hermano Pedro la de quedar a bordo con algunos solda- 
dos, en guarda de los buques. Bermejo alisto la gente, deposi- 
tó los caudales robados en las casas de algunos comerciantes, 
<;on drden de entregarlos tx Contrera«, ó á él mismo, y salid de 
la ciudad, sin dejar mas que dos soldados, por falta de cabalga- 
duras. Tanta era la seguridad que tenian aquellos incautos de 
que el vecindario de Panamá quedaba en impotencia de inten- 
tar movimiento alguno contra ellos. 

Pronto se vio cuan errados andaban en sus cálculos. Apenas 
se hubo alejado la fuerza de los facciosos, se reunieron los ve- 
cinos principales y enviaron correos á Nombre de Dios, avisan- 
do lo sucedido. En seguida dispusieron, de acuerdo con el obis- 
po, alzar bandera en nombre del rey y hacer guerra á los tira- 
nos, como los llamaban. Repicaron las campanas, convocaron 
la gente y saliendo los que estaban ocultos, se organizó una fuer- 
za de trescientos" cincuenta hombres. Proclamaron general á 
Ruiz de Marchenaf maese de campo á un Alonso de Castella- 
nos y capitanes de las compañías á Cristóbal de Cianea, Palo- 
meque de Meneses y Pedro de Salinas. En un consejo de guerra 
que celebraron estos jefes en casa del obispo, acordaron pro- 
porcionar al capitán Cianea cuarenta soldados españoles y otros 
tantos negros que pedia, ofreciendo ir á sorprender á Salguero, 
que con poca gente iba camino de las Cruces. Salió electiva- 
mente: pero á poco regresó conla noticia de que una parte de 
la fuerza de los rebeldes revolvía sobre la ciudad. 

Entre tanto Pedro de Contreras, que como dejamos dicho, 
habia quedado en el puerto con la escuadrilla de los rebeldes, 
oyendo el repique de las campanas y viendo el movimiento de 
la gente, imaginó que celebraban algún triunfo de su hermano 
y envió un bote con seis soldados españoles y otros tantos ne- 
gros, para que desembarcaran y tomaran noticia de lo que o- 
curria. El bote y los que iban en él cayeron en poder de los 
de la ciudad, que resolvieron valerse de una estratagema para 
apoderarse de los buques. 

Entrada la noche, botaron al agua tres botes con gente arma- 

HIST. DE LA A. C. 6 



82 ÍIISTORIA 

(la, y en uno de ellos llevaron bien asegurado á un tal Ortiz. 
á quien habían tomado en el de Cjntreras. y llevaba instruc- 
ciones de lo que debia contestar cuando los de la escuadrilla 
dieran el quien vive. Así fué. Al aproximarse los botes, dierou 
la voz desde la fragata en que estaba Pedro de Contreras. y 
contesto Ortiz: "Hernando de Contreras. príncipe de la libertad, 
por quien está toda la tierra." Engañados con esta * respuesta y 
conociendo por la voz al que la daba, dejaron acercarse los bo- 
tes; pero cuando uno de estos embistió con furor i( la fragata, 
conocieron los rebeldes su error y se aprestaron á defenderse. 
Uno de los del navio dio en la cabeza con una })artesana al (pie 
hacia de ^^e^ti de los de Panamsí, mientras que los demiís arroja; 
ban sobre el bote tanta cantidad de Iwtíjas de vi do, que lo hi- 
cieron zozobrar, y se habrían ahogado los que iban en 61. ú no 
haber acudido los otros dos ú recogerlos y vueltose al puerto 
muy mal parados. Contento con haber escapado de aquel peli- 
gro, determina el Jdven comandante déla escuadrilla levantar 
anclas y tender las vela.s, comprendiendo í|Uo*la ciudad e.^^taba 
ya contra ellos. 

Mientras sucedía esto en la bahía, en tierra se encaminaban 
los sucesos al desenlace sangriento de a<|nel drama. KI capitán 
Cianea, á quien dejamos regresando jÍ Panamií con la noticia de 
(|ue revolvían fuerzas de los rebeldes, comunicó al vecindario 
lo que ocurría. Comprendiendo lo» de la ciudad que pronto se- 
rian atacados, se parapetaron como les fu6 posible, encerraron 
en la iglesia los viejos, las mujeres y los niños y acudieron al 
punto por donde debían aparecer los enemigos. A fin de contar 
con mayor número de auxiliares, llamaron sí los negros esclavos, 
que eran muchos, y les ofrecieron la libertad y considerables 
gratificaciones, si se prestaban á pelear en defensa del vecinda- 
rio. Convinieron los negros y los aperaron de piedra.s, no atre- 
viéndose á confiarles otras armas. 

A la media noche llegaron los rebeldes, capitaneados por Juan 
Bermejo, que después de haber animado á los suyos con una cor- 
ta arenga, arremetió con ímpetu á la trinchera que habían for- 
inado los panameños. Defendiéronla estos con no menos vigor, 
mientras los negros, convenientemente situados, llovían 'j-ran 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 83 

«•antidad de guijarros sobre los asaltantes. Lleg(> el osado ca- 
pitán Bermejo á trepar sobre la empalizada con algunos de los 
inas resueltos de sus compañeros; pero redoblando el fuego de 
los de la ciudad, tuvieron que cejar los rebeldes y acogerse á 
una estancia, á media legua de la población, donde acabaron de 
pasar la noche. 

Al siguiente dia, (23 de abril) celebraron consejo de guerra 
los capitanes de la ciudad, con asistencia del obispo, y despuea 
<le larga deliberación, resolvieron ir á buscar á los facciosos, á 
pesar de que la opinión de algunos de los de la junta era que 
ílebia aguardarse ;í que atacara de nuevo el enemigo. Bermejo, 
al ver que se acercaban los pauameiios, creyd prudente ocupar 
tm cerrillo, como punto mas militar, ya. que su fuerza era me- 
nor y que habia advertido que no faltaba arrojo á sus con- 
trarios. 

Poco antes de que comenzara el ataque, llegó al campamento' 
de los rebeldes el capitán Salguero, que habia tomado en el nV 
Ohagres un buque con sesenta cargas de plata, que se dirigia d 
Nombre de Dios cuyo caudal era parte de lo que llevaba á Es- 
paña el presidente Gasea. 

Bermejo arengó á los suyos; y para inspirarles confianza les 
dijo que aquellos con quienes iban á pelear eran hombres co- 
bardes y sin disciplina; mercaderes que no sabían ni entendian 
las cosas de la guerra. (1) 

Los del rey se acercaron hasta donde pudieron oirlos los re- 
beldes y les intimaron rendición, ofreciéndoles que serian per- 
donados. Rechazada esta oferta con desprecio, comenzó el ata- 
que, resistiendo los de Bermejo con tanto vigor, que los pa- 
nameños se vieron obligados a retirarse, y si los siguieran los 
otros, de seguro que acabaran con ellos. Pero imaginaron que la 
retirada era un ardid para obligarlos tx abandonar su ventajosa 
posición y hacerlos caer en alguna emboscada, y con esto per- 
dieron la ocasión de obtener el triunfo. 



fl] "Gente desconcertada y sin ánimo y unos viles merchantes", fueron 
las palabras de Bermejo, según Remesal, Hist. Lib. MU, Cap. XXI. 



84 HISTORIA 

Entraron en consejo los del rey, y viendo que los soldados 
mostraban buen a'nimo, volvieron á la carga con mayor corage. 
Bermejo y su gente peleaban con igual denuedo, d¡st¡nguÍL'udo8C 
por su ardimiento un individuo que había sido sacristán en Pa- 
namá y tomado armas con los facciosos por enojo con el obispo. 
Cubierto de heridas y desangrándose por todas ellas, peleó acjuel 
hombre como un león, hasta perder la vida. 

Los rebeldes fueron hechos pedazos. ^íurieron ochenta y dos, 
entre ellos Juan Bermejo, Salguero y otros capitanes. Unos 
cuantos soldados pudieron escapar, huyendo hacia la costa, don- 
de se salvaron en los buques que Pedro de Contreras habia a- 
proximado á la playa, y la mayor parte cayeron prisioneros. De 
los de la ciudad murid el maese de campo, un capitán y alguuo» 
soldados. 

Conducidos los presos á Panamú, los ataron lí unos postes en 
la casa del gobernador, y estando los vencedores comiendo tran- 
quilamente, fué el alguacil mayor, Alonso de Villalba. acompa- 
sado de dos ó tres negros, u ejecutar la mas cobarde y bárbara 
carniceria en aquellos desdichados, cosiendo lí puñaladas á mu- 
chos de ellos. A los demás los ahorcaron al siguiente día en his 
cerros inmediatos á la población. 

Pedro de Contreras con los soldados cjue liabia recogido á 
bordo de sus buques, se dirijió á la punta de Higuera, persegui- 
do por cuatro embarcaciones que alistaron los de la ciudad, con 
alguna gente, al mando de un Nicolás Zamorano. Esquivando un 
encuentro,. Contreras se ech(j á tierra con los suyos. De.^embar- 
C(5 también Zamorano con su tropa y habiendo dado alcance á 
los fugitivos, se desertaron unos treinta de estos y se presen- 
taron á los del rey, El cabecilla, con el fraile apóstata Castañe- 
da y unos seis ú ocho mas, pudieron escapar por las montañas, 
donde, según se dijo, perecieron á manos de los indios. 

Hernando de Contreras, al saber la derrota de Bermejo, huyó 
por el camino de Nata, perseguido también por fuerzas reales. 
Eq una ciénaga se encontró ahogado un .hombre que por el som- 
brero, por un Agnus Dei de oro y por otras prendas bien co- 
nocidas, se vio ser el jefe de los rebeldes. Cortáronle la cabeza 
y la pusieron en una jaula en la plaza de la ciudad. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 85 

Tal fué el fin desdichado del que soñaba pocos dias antes con 
ceñirse la corona imperial de los incas. Ambicioso vulgar, Her- 
nando de Contreras no mostró una sola de las cualidades que 
brillaban en algunos de los jefes militares que conquistaron es- 
tas tierras para los rej'es de Castilla. Incapaz de desempeñar 
el papel que otro mas hábil y mas esforzado que él quiso hacer- 
le representar, dejó su nombre unido al recuerdo de una aven- 
tura sangrienta y descabellada, que pudo haber tomado mayores 
proporciones, si hubiese sido el héroe de ella un Hernán Cortés, 
ó un Pedro de Al varado. 

Veamos ya lo que pasaba en otras provincias del reino, 
mientras los españoles de Nicaragua se ocupaban en la em- 
presa temeraria de que hemos dado cuenta. El licenciado 
Alonso López Cerrato, desde que llegd á Gracias, á hacerse 
cargo de la presidencia, consideró que no era aquel el pun- 
to mas á propósito para la residencia de las supremas au- 
toridades, por quedar demasiado distante de algunas de las 
provincias á que se extendía su gobierno. ^Vgreg^ábase á esta con- 
sideración la de que siendo la ciudad de Guatemala la mas im- 
portante de todo el reino, parecía natural que en ella residiera 
la autoridad superior del pais. Lo representó así á la corte el 
presidente, y en igual sentido escribió al rey el obispo Marro- 
quin, ofreciendo ceder las casas que habia levantado en la banda 
del Sur de la plaza mayor, para alojamiento del presidente y 
oidores, salas de acuerdo, oficinas <tc., pues para todo ofrecía 
comodidad suficiente el edificio. 

El gobierno de la metrópoli autorizó á Cerrato para que ve- 
rificara la traslación; y en esta virtud se establecióla audiencia 
en Guatemala, (1549), viniendo el presidente y los oidores por 
diferentes caminos, para visitar los pueblos del tránsito. Acep- 
tadas las casas del obispo, que se compraron con fondos rea- 
les, sirvieron de habitación a aquellos funcionarios y para el des- 
pacho del tribunal. 

Uno de los asuntos ú que atendió de preferencia el licenciado 
Cerrato, luego que se instaló la audiencia en Guatemala, fué el 
de poner en libertad A los indios esclavos de Chiapas, en cum- 
plimiento de las ordenanzas de Barcelona, y que se hiciese una 
nueva tasación de los tributos que los indios libres pagaban á 



86 ' HISTORIA 

.SUS encomenderos. Los dominicos reclamaban con instancia os- 
ías medidas, j el presidente, que tenia la mejor disposición en 
favor de los naturales, acogió la solicitud con buena voluntad. 
En consecuencia, nombró un juez especial que pasase ;( Chiapas 
íf ejecutar tan importantes reformas, y eligió al electo á (íon- 
zalo Hidalgo de Montemayor, sugeto que por su justificación y * 
su energiase consideró el mas i( propósito para tan delicada co- 
misión. 

Llegó el juez á Ciudad-Real por abril ó mayo de aquel aíiOjCon 
grandísimo disgusto de los espafiores; porque privarlos <le los 
esclavos, dice el cronista que refiere aquellos sucesos. "era(iuitar- 
les sus haciendas, la autoridad, la honra, la comida y el ser." (1) 
No fueron pocos los esfuerzos que hicieron con Montemayor 
y con los mismos frailes para lograr que la comisión no se eje- 
cutase, ó que se hiciera de modo que la libertad de los esclavos 
fuese puramente nominal; y visto (jue no obtenían ni lo uno ni 
lo otro, se limitaban á poner dilatorias y ú dar largas al nego- 
cio. Pero el juez iba resuelto á cumplir su encargo, y en breve 
término puso en libertad todos los esclavos y aderaiís los indios 
de servicio que tenían los españoles en sus casas, estancias (^ 
ingenios de azúcar; medida esta última de que no podia dejar 
de resentirse la agricultura, en un pais donde no habia mas bra- 
zos que los de los nativos. Con mucha alegria recibieron estos 
aquellas disposiciones. Machos se fueron a sus pueblos, y no 
pocos se quedaron en la ciudad, poblando el barrio de Santo 
Domingo, á la sombra de los frailes, sus defensores. Los cronis- 
tas no hacen mención de los inconvenientes (juc debi() tener la 
exageración con que se procedió en este asunto; limitándose á 
Indicar el conflicto en que puso á los encomenderos la falta de 
los esclavos y de los indios libres destinados al servicio domés- 
tico. Dicen que algunos españoles (jue tenian en su casa cua- 
renta ó cincuenta, y a quienes hubiera sobrado con cuatro ó ciii- 



[1] Remesa], Hist. de Chiap. y Gaat. Lib. VIH, Cap. XXIII. 



DE LA AiüÍRICA CENTRAL. 87 

(«j. no eocoütrabau ya, ni con ruegos, imo solo que les llevara 
agua ó lefia, ni una mnger que les amasara las tortillas de maíz. 
(^uedó también abolido el servicio de tlamemes, 6 indios de car- 
ga, que en falta de acémilas, hacían el transporte de las mer- 
caderías de unos puntos á otros. 

En seguida se ocupó el juez en el desempeño de la segunda 
parte de su comisión: la reforma de los tributos que pagaban los 
nativos ú sus encomenderos. Luego que hubo arreglado la nue- 
va tasación, convocó ú todos los indios de la provincia, que eran 
numerosísimos y de naciones diferentes, y se Heno la ciudad de 
ellos; de tal modo que apenas cabían en las calles, plazas y cam- 
pos inmediatos. Dividiéronlos los frailes en grupos de lenguas, 
ií fin de notificarles en sus respectivos idiomas la nueva dis- 
posición, acto para el cual señaló el juez el día 24 de agosto. 
Pero los españoles cayeron en la cuenta de que aquel día era el de 
San Bartolomé, cumplcaaños del obispo de Chiapas, á quien 
consideraban, {y no sin razón) como autor principal de las me- 
didas rigurosas dictadas contra ellos. Fueron, pues, á rogar al 
juez encarecidamente que al menos no se publicara la nueva 
tasación el día 24. "para que no hubiese, dice un cronista, al- 
gún historiador misterioso que sacase de allí algunas moralida- 
des". Accedió el juez á la solicitud y se hizo la publicación el 
25, con mucha solemnidad y aparato. 

Pero no fué esto solo. En seguida pasó el juez á instruir in- 
formaciones sobre malos tratamientos hechos á los nativos; ne- 
gocio grave y peligroso para los encomenderos, pues todos, cual 
mas, cual menos, tenían harto por que temer el resultado de a- 
quellas pesquizas. Trataron de concíliarse la buena voluntad de 
sus antiguos esclavos, a fin de que no declararan los- abusos co- 
metidos, y no escaseaban los ruegos ni las demostraciones de 
cariño para conseguirlo. (1) 



(1) "Para el indio, dice á propósito de esto Eemesal, (loe. cit. ) ya no 
habla llamarle bestia, perro, mastin ; pinge, azote ó palo; ya era mano blanda 
por el rostro, destramalle el cabello y Uamalle padre, hijo, hermano; pedirle 
perdón de lo hecho y prometer enmienda para adelante." 



88 HISTORIA 

■ A pesar de esto, muchos no pudieron excusai*se de salir mul- 
tados en grandes cantidades de dinero, por via de retribución; 
pero habiendo solicitado algunos interponer apelación de las sen- 
tencias, se considera justo y prudente concederla, atendiendo lí 
que se trataba de delitos antiguos, cometidos generalmente en 
tiempos en que era común el no observar las reales ordenes que 
prohibian aquellos abusos. Se tuvo también en consideración 
para no usar de excesivo rigor, la circunstancia de haber estalla- 
do nuevas conmociones en el Pera, á consecuencia del empeño 
en la ejecución de las nuevas leyes, temiéndose (jue aquel ejem- 
plo pudiese ser contagioso á este reino. 

Puestos en libertad los indios de la provincia y aliviados de 
los tributos que pagaban d sus encromenderos. trató el juez Mon- 
temayor de llevar á cabo otra reforma muy importante y de 
difícil ejecución, cual era la del arreglo de las poblaciones in- 
dfjenas en forma de pueblos regulares y ordenados. Habían 
transcurrido ya cerca de veinticinco años desde la conquista y 
aun permanecian aquellas poblaciones en la misma situación ir- 
regular y desordenada. en cuanto ála dÍ8tr¡V)ncion délas casas.quc^ 
se observaba antes de la llegada de los españoles. Ix)S pueblos 
y aun las grandes ciudades no tenían generalmente calles ti- 
radas á cordel, y en su mayor parte se componían de ca.sas y 
chozas dispersas en un espacio de terreno considerable, tal vez 
con cuestas, ciénagas y barrancos entre unas y otras; estilo que 
prevalece hasta el día en muchas de las poblaciones indígenas. 
Había lugar, dice un antiguo cronista, que teniendo quinientos 
vecinos, ocupaba una legua de tierra. (1) Este modo de vivir 
hacia íí les habitantes poco sociables entre sí, y como pudo ad- 
vertirse pronto, dificultaba la administración espiritual y civil 
de aquellos habitantes. Para obviar ese inconveniente, había 
prevenido el rey la formación de poblaciones ordenadas, dispo- 
niendo que se juntaran y alinearan las casas y t{ue las reduc- 



( 1 ) Remesa!, Hist. Lib. Vm, Cap. XXTV. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 89 

cioncs de pocos habitantes se incorporaran á los pueblos mas nu- 
merosos. 

Difícil era llevar acabo esa meflida saludable, tratándose de 
gentes tan apegadas á su modo de vivir, como eran y son los a- 
borígenes de América '"Aman mucho, dice con exactitud el es- 
critor citado últimamente, sus chozas, sus naturalezas, el mon- 
te donde nacieron, la barranca donde se criaron; y por malo, 
seco y estéril que sea el sitio que el indio una vez conoce, es 
muy dificultoso de arrancar de allí." 

Los misionlros a quienes se encomendó la empresa de arre- 
glar las poblaciones, aprovechando su influencia sobre los in- 
dígenas, pusieron mano á la obra en la provincia de Chiapas, 
con el apoyo eficaz del comisionado Montemayor. Propuesta la 
idea á los indios, con las razones que la hacían justa y conve- 
niente, unos pocos la aceptaron con buena voluntad, otros rehu- 
saron categóricamente, diciendo que no querian mudarse de los 
puntos donde vivian, y los mas se mostraron dispuestos á hacer- 
lo, pero con la firme resolución interior de no moverse; prác- 
tica bastante común en ellos. 

Los dominicos emplearon la debida prudencia en las reduccio- 
nes y las fueron haciendo poco á poco, procurando contempo- 
riz'ar con los indios, pues comprendían que nada se adelanta ria 
haciendo uso de la fuerza. Por fortuna no era empresa difícil 
la de la formación material de un pueblo. Con cuatro postes hin- 
cados en el suelo, el techo cubierto de paja, las paredes de ca- 
ñas revestidas de lodo, sin puertas ni ventanas, en cuatro 6 seis 
horas se levantaba una casa, y en dos dias 6 tres se formaba un 
pueblo. En una noche, dice Remesal, levant(5 un padre Villa- 
canas el de Xenacahoh, en los Zacatepequez, en un sitio donde 
ciertos españoles querian poner una estancia, de lo que se ha- 
brían originado mucho perjuicios á la comarca. 

Así fueron haciéndose en Chiapas las reducciones. Juntáronse 
en Ostutla otros dos pueblos, en Iztapam cinco, incorporándose 
también otros muchos indios que vivian dispersos en milpas, sa- 
linas y estancias. En Chamula tres, en Tecpatlan cinco, con va- 
rios que estaban desparramados en otras localidades. 

Y ya que tratamos de este punto del arreglo y reducción de 



í)(l HISTOKIA 

las poblaciones indígenas, corresponde dar noticia de otros que 
por aquel mismo tiempo se hicieron en diferentes comarcas de 
la provincia de Guatemala, en virtud de disposición del presi- 
dente Cerrato, y por los mismos medios empleados en Chiapas. 
En la sierra de Zacapulas. Chahul, se juntaron los ])ueblos do 
Huyl, Boob, Ilion. Honcab, Chaxa', Aguaza<|, lluiz y otros cua- 
tro, cada uno de los cuales tenia algunos pueblezuelos sufragá- 
neos. Al pueblo de Agaacatan, Nebah, se reunieron los de \'acú, 
Chcl, Zalcliil, Cuchil y sobre doce mas. Al de Cotzal se incor- 
poraron Xamá, Chicui, Temal, Cuquilax y otros.» En el Quiche, 
en el pueblo á que se dio el nombre de Santa Cruz, y que suc- 
cedid á la antigua capital de aquella poderosa monariiuia, hc reu 
nieron los de Zaguaquib, Nihab, Achahuil, (¿uiché-Tanmb y otros 
muchos cuyos nombres se hablan hecho famosos en la historia 
del país antes de la llegada de los españoles. En Santo Tomás, 
Carrabarracán, Chulmial, Huyla, Zizicastenango y varios otros 
que estaban sujetos á éstos. Eo Tzacualpa, Ahau-Quiclu', 
Nyahil, Caquequib, Royché y otros de su jurisdicción. A Joya- 
bah se enviaron algunos de los que se hablan reunido en Santa 
Cruz, para que defendieran aquel paso de los de Kabinal, y sub- 
sisticí por muchos anos un castillo ó reducto que levantaron y lla- 
maban Chuixoyabah, según Remesal, ó Xolabah, según Ximenez. 
Los pueblos de San Antón, San Bartolomé, San Miguel, Chalx- 
cua, San Pedro Xocopila y Cunen se formaron con otras nmchas 
poblaciones pequeñas. El de San Lúeas, cerca de la ciudad de 
Guatemala, fué trasladado del sitio poco adecuado donde estaba, 
y se aumentó su población con indios que se llevaron de liabi- 
nal. El de Amatitlan se formó con cinco pueblos que estaban es- 
parcidos en aquella comarca, ú las orillas del lago de su nom- 
bre. (1) 



(IJ Se pobló esta laguna, según dice Fnentes, con pescado que se condu- 
jo eu botijas del mar del sur. El ayuntamiento de Guatemala, á cuya juris- 
dicciou pertenecia Amatitlan. sostuvo muchos litigios coa los naturales del 




DE LA AMÉRICA CENTRAL 91 

Cuando era necesario cambiar de sitio á los pueblos, los m¡- 
jioneros, junto con los caciques y principales de una población, 
elejian el punto mas á proposito para el nuevo establecimiento, 
y desde luego liacian sembrar el maíz que había de servir para 
sustento de aquellos vecinos. Mientras crecía y sazonaba el gra- 
no, edificaban las casas, y cuando era ya tiempo de la cosecha, 
se trasladaban ú la nueva población; solemnizándose el acto con 
bailes y fiestas, para que el abandono de las antiguas localidades 
fuese menos sensible á los indios. Por ese medio pudieron ir ha- 
ciéndose las reducciones con alguna facilidad, lo que no se habría 
logrado, si se hubiese querido llevar á cabo autorítativamente y 
con empleo de la fuerza, como había intentado hacerse nueve ó 
diez años antes. (1) 

Y todavía, á pesar do la prudencia con que se puso en prácti- 
ca ki medida, los indios, si no la resistieron abiertamente, no de- 
jaron de procurar hacerla ilusoria, pues muchos de ellos, apenas 



pueblo, pretendiendo que le correspoudia el dei'ccho exclusivo de la pesca. 
Los vecinos i-esistian esta pretensión y de hecho estaban en posesión de la 
mayor parte del usufructo del lago. Según el mismo autor, hubo época en 
que lo que se pescaba por cuenta del ayuntamiento no alcanzaba mas que 
para las mesas del presidente, el obispo y los oidoi'es. 






(1) Fuentes, Rec.Jlor., Parte segunda, cap. XVI, confiesa y pretende ex- 
usar la violencia que se empleó para hacer las reducciones y transcribe una 
real cédula, fecha en Madrid á 10 de junio de 1540, en que se previene se ha- 
gan sin apremio, como estaba mandado desde antes y no se habia practicado. 
Este autor dá noticia de la fundación de varios pueblos, en aquella primera é- 
poca, como fueron el de San Juan Gastón, ó Gascón, que atribuye á D.Gaston 
de Guzman; el de San Gaspar Vivar, á Luis de Vivar ;el de Santa Catarina Bo- 
badilla, álgnacion de Bobadilla; el de San Juan del Obispo, al obispo Marro- 
quin; el de San Andrés Dean; el de San Pedro Tesorero; el de San Lorenzo 
Monroy;el de Santiago Zamora y otros que tomaron sus nombres de los ape- 
llidos ó de los empleos de sus fundadores. El de Milpa Dueñas dice que lo 
fundó D. Pedro de Alvarado, ¡lara que las sementeras que hiciesen los indios 
de aquel pueblo sirvieran para sustentar á las viudas pobres de conquista- 
dores muertos en la guerra; de donde le vino el nombre de Duc/tas- 



92 HISTORIA 

se retiraban los misioneros, se volvían á sus antiguos pueblos. 
Los frailes empleaban la persuacion y los ruegos y hacían se in- 
corporaran otra vez á las nuevas reducciones, destruyendo en 
las antiguas las casas y los adoratorios en que daban aun culto á 
los dioses de su gentilidad, pues la nueva creencia no estaba aun 
suficientemente arraigada en los ánimos de los nativos. 

Mas no era solo el natural apego á sus pueblos el (pie hacia que 
los indios no quisiesen conformarse con la disposición; pues es 
preciso confesar que ella, si bien conducía por una parte lí facili- 
tar la obra de su civilización, ofrecía por otra un inconveniente 
grave, cual era el de reducir considerablemente su propiedad 
territorial. Bajo el antiguo sistema, cada pueblo, por peiiuefio 
que fuera, tenia un terreno que le pertenecía y que sus morado- 
res disfrutaban en común, para sus trabajos agrícolas. Hechas 
Us reducciones, sucedía que cinco, seis y hasta veinte y mas pue- 
blos se reunian en uno, que no poseía ya mas que un solo ejido, 
que una disposición posterior Wjó en una legua de largo. (1 ) Los 
indios no podían comprender la ventaja de vivir en poblaciones 
numerosas, regulares y ordenadas, y si experimentaban el incon- 
veniente de la pérdida de su propiedad territorial; pues los ter- 
renos que habían pertenecido á los pueblos ó caseríos aV)andona- 
dos. volvían á la corona. íí la que se atribuía el dominio y .seño- 
río de todas las tierras, en virtud del derecho de conquista. Se 
cita á este prop(>sito una declaratoria del presidente Cerrato, en 
el sentido indicado. (2) Tendremos ocasión de volver ji tratar 
mas adelante de esas reducciones y de sus consecuencias. 

No fué solamente á los indios de Chiapas á los que se declaró 
libres desde aquella época del servicio oneroso de conducir car- 
todos los del reino; pues por una real provisión se 



(1) Real Cédula de Felipe II, de V de diciembre de 1573, que es la ley 
8*, tít. 3°, lib. G" de la Recop. de Indias. 

(2) Garcia Pelaez, Mem., tom. 1. -, cap. i'i. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 93 

iiuindó abolir, previniéndose al presidente Cerrato procurase la 
introdiicciou de bestias de carga en todos los pueblos de su go- 
bernación, como también la mejora de los caminos; autorizándolo 
á emplear los fondos necesarios en aquella obra. 

Mas no porque se dictara esa benéfica medida debemos creer 
que los indios hayan quedado completamente libres de semejan- 
te servicio. Continuo y ha continuado hasta nuestros mismos 
dias, y los naturales llegaron u acostumbra^se a él de tal mane- 
ra, que un siglo después de la conquista, según leemos en un au- 
tor contemporáneo, preferían llevar la carga sobre sus espaldas 
y ganar el flete que habia de pagarse por la acémila. 

Se obtuvo también en tiempo del presidente Cerrato una real 
cédula concediendo en los años estériles, esencion de los tributos 
que pagaban tanto al rey como á los encomenderos, con adver- 
tencia de que no quedaban obligados á reponerlos, aun cuando 
en los subsiguientes fuesen las cosechas abundantes. 

Debe suponerse que las mujeres, sometidas á la esclavitud en 
lag provincias del reino de Guatemala, como dejamos dicho, es- 
tarían también sujetas al tributo, que no se les imponía en algu- 
nas otras partes de América, aunque si lo pagaban en la Nueva 
]-^spaña. Por una real cédula dirigida al presidente Cerrato en a- 
quel ario,(1549), se prohibía rigurosamente que los encomenderos 
encerraran á las indias en corrales, (como seguramente acostum- 
lirabau hacerlo), para que hilaran y tejieran las telas que daban 
como tributo á sus señores. 

No hav dato cierto acerca de la cantidad que pagaban los in- 
dios tributarios en aquella época. Antiguas provisiones reales la 
lijaban en tres pesos de oro anuales á los mayores de veinte a- 
úos, y un peso á los que pasando de quince no llegaban á vein- 
te. (1) Pero esas cuotas debían haber disminuido mucho en las 
revisiones que sucesivamente se habían practicado. Las reduc- 
ciones hechas en 1536 en la provincia de Guatemala solamente, 



(1) Solúrzaüo, Política Indiana, Lib. II, Cap. XX. 



94 HISTORIA 

importaroQ sias de noventa mil castellanos, ó pesos de oro. si he- 
mos de creer á Fuentes; soma considerable, qne da idea de la im- 
portancia de las reformas que se hacian de tiempo en tiempo a 
los tributos. 

El establecimiento de cabildos de indígenas y el de los corregi- 
dores completan la serie de medidas benéficas lí los naturales 
()ue llevo a cabo o que inicio el presidente Cerrato. Desde la 
conquista, los indios que no habían sido hechos esclavos en 
la guerra ó en los salteamientos de pueblos, eran conside- 
rados libres: pero encomendados á lo8 conquistadores, recono- 
cían íí estos como jueces y superiores inmediatos en lo civil, en 
lo criminal y en lo económico. La persona, la vida y los intere- 
ses del aborígena estaban en manos de su amo, ó señor feudal, 
que les OpXijia tributo como juez y parte, sin mas recurso, en caso 
de abuso, que el de í|uejarse á los gobernadores y ú las audien- 
cias, cuando se establecieron estas, "Abismo de esclavitud", lia 
maun autor moderno, (1 ) y no sin rnzon. á este modo de ser, (pie 
no podía subsistir por mucho tiempo y (pie debía hacer lugar ú 
un régimen menos despíjtico, desde el momento en que prevale- 
cían los principios de una política mas ilustrada y mas humana 
en el sistema de gobierno de las posesiones españolas de las in- 
dias. 

Despojados enteraineiitc dv mi aiili^uu aulMiidad 1<js caciques 
de los pueblos, hicieron oír sus quejas, apenas se encontraron go- 
bernados por un presidente ípie se les mostraba favorable y que 
tan dispuesto se manifestaba ií hacer justicia ;í sus reclamos. 
Consecuente en sos principios y sistema de gobierno, Cerrato de- 
volvió á las naciones aborígenes el grado de autonomía compa- 
tible con su situación de pueblos conquistados. Así debe consi- 
derarse el establecimiento de los cabildos de indígenas, institu- 
ción que subsiste hasta nuestros días y que se debe á aquel digno 
y celoso funcionario. Mand(5 establecer en todos los pueblos cner- 



(1 ) García Pelaez, Mem. para la Hist., Tom. Cap. lí). 



DE LA AMERICA CENTRAL. '.lo 

pos mniiicipales, compuestos de dos alcaldes, cuatro regidores y 
un escribano, u secretario, con sus correspondientes alguaciles e- 
jecutores, á cuyos cargos podian optar los caciques y los princi- 
pales de los mismos pueblos. "Así fué, dice el autor citado últi- 
mamente, como los indígenas tributarios, saliendo del vasallage 
de sus encomenderos, hallaban abrigo y resguardo en sus cabil- 
dos y gobernadores, y el español acreedor de los tributos no 
era ya un juez, sino una parte que pedia y reclamaba su dere- 
cho, con arreglo á las tasaciones y numeraciones hechas y auto- 
rizadas por la audiencia." (1) 

interesados en mantener el régimen absoluto, los encomen- 
deros procuraron exceder las tasaciones, restablecer el servicio 
personal y continuar las vejaciones á los indios; pero estos o- 
currian á sus justicias y gobernadores, \* cuando la autoridad de 
estos no alcanzaba á remediar el mal, elevaban sus quejas á la 
audiencia, que hacia lo posible en defensa de los agraviados. 

Antes de (pie vieniera á gobernar el reino el licenciado Cer- 
rato, se habia nombrado uno ú otro corregidor para algunos 
pueblos distantes de la capital. Aquel presidente los establecí ü 
en otros muchos lugares, fijando los límites de sus respectivas 
Jurisdicciones; medida útil también á los indios, como todas las 
<jue se dirigieran ú ponerlos bajo la autoridad de funcionarios 
oficiales, sacándolos de la dura servidumbre de los encomenderos. 



(Ij García Pelaez, Mem. loe. cit. 




CAPITULO V. 



Acusaciones á Las Casas.— Su disputa con el Dr. Sepúlveda. — Informes de 
los encomenderos de Guatemala contra el presidente Cerrato. — Carta de 
Bernal Díaz del Castillo al emperador.— Memorial del ayuntamiento. — Es- 
tablecen los frailes dominicos nn hospital para indios. — Creación de otro 
para españoles por el obispo Marroquín. — Pretende este prelado que »*■ 
reúnan amboH establecimientos. — RssistenM los indios j continúan sepa- 
rados. — Mandamientos de indígenas- — Oaestiones roidoMuí entro domini- 
cos y ÍVanciscanos.— Quiere Cerrato volverse á Espafia. — Comienza á dar 
residencia y muere. — Entra á subrogarlo el Dr. Rodrígnez de Quesaílu. — 
Coütiounn las cuestiones entre Ins órdenes moná.stica8. — Emigración de 
los españoles do la capital. — Reales cédnlus relativas á clérigos. — Primer 
reloj de torre que hubo en Guatemala. — Estudios de Gramática latina. — 
Entrada de los dominicanos Vico y López en tierras del Lacandou; muer- 
te que dan los bárbaros á estos misioneros y á algunos indios pacííicoB de 
la Verapaz, — El cacique de Chamelco persigue y derrota á los autores de 
aquellos asesinatos. — Real resolución exceptuando de tributos y de de- 
rechos de arancel en los tribunales á los indios pobres. — Declara (quienes 
deben considerarse como tales y previene (|ue á los indios ricos se cobren 
únicamente los derechos acostumbrados en España. — Comercio del cacao. 
— El aynntuTniento de Guatemala reclama contra una disposición del vl- 
rey de México que fijó precio á este artícnlo. — Real cédula que previno 
la libertad del comercio de abastos entre unas y otras provincias.— Otra 
que confirmaba la facultad de los cabildos de informar al rey directamen- 
te sobre asuntos de interés público. — Estado de la agricultura, deducido 



DE LA AMERICA CENTRAL. 97 

tlel monto de los diezmos. — Delitos, públicos. — i^tablecimiento de tribu- 
nales de la Hermandad en todo el reino. 



(1551— 1555.) 



Eq el capitulo III de este tomo hemos mencionado las acu- 
t^aciones que se hicieron al obispo de Chiapas, D. Fr. Bartolomé 
lie Las Casas, con motivo del Formulario que redacto y dispu- 
so observasen los confesores de su diócesis. En defensa de ese 
escrito, objeto de tan severos cargos, escribió el prelado un fo- 
lleto que intituló Treinta i^roposiciones, en el cual se sinceró de 
la acusación mas grave de las que se' le hablan dirigido: la de 
sembrar principios subversivos y atentatorios á la autoridad real 
en las colonias españolas del nuevo mundo. 

Satisfecho por el momento el consejo de Indias; terminada la 
contienda teológico-política y habiendo dejado Las Casas de ser 
(jbispo de Chiapas, parecía que no hubiera ya de reproducirse 
aquella cuestión. Sin embargo, los escritos del protector de los 
indios circulaban libremente por todas partes; y los conquista- 
dores y encomenderos, ya porque encontrasen en las doctrinas 
expuestas en ellas un poderoso obstáculo al sistema de abusos 
y violencia, ya porque no quisiesen dejar correr sin contradic- 
ción las exageraciones que contenían, procuraron buscar un a- 
dalid de reputación que continuara la contienda. Fué este el 
Dr. D. Juan Jinés de Sepúlveda, capellán honorario del rey, 
su cronista mayor y "uno de los mayores sabios que ha tenido 
España." (1) 

Escribió Sepúlveda un libro en idioma latino que intituló: 
De justis helli ctiusis, en el que pretendía probar la legitimidad 
de la guerra hecha á los indios y el derecho que tenían los re- 
yes de España para subyugarlos y mantenerlos bajo su dominio, 



( l ) Llórente, Vida del Venerable Las Casas. 
HIST. DE LA A. C. 



98 lIlcTOUIA 

Jiaciendo que, ya sujetos, se bautizaran y recibieran la instruc- 
ción religiosa. Es digno de notarse que el Consejo de Indias. ;í 
«luíen fué presentado el manuscrito, neg(5 la licencia para su 
impresión; con lo cual el autor hizo sacar muchas c(>pias y las 
remiti(> á las principales universidades del reino y á muchas per- 
sonas doctas, tanto de Espafia como del extrauíiero. Y no con- 
tento con esta especie de publicidad, el Dr. Sepiilveda mand/» 
imprimir en Tíoma su tratado, bajo diferente título (10.50); j)ero 
Carlos V piohibió su introducción y circulación en sus dominios. 
El infatigable polemista recurrió ent(5nce8 al arbitrio de escri- 
bir en castellano un compendio dcsu libro, que hizo circular 
por todas partes. 

No podia e] obispo de Chiapas hacerse sordo ú. aquella espe- 
cie de reto. Apresurándose á aceptarlo, escribió una "Apología* 
de su libro del "Confesionario", y pronto se cncontr(5 la corte 
según refiere el autor citado, dividida en dos bandos: uno que 
seguia las doctriuas del Dr. Scpúlvcda y otro quo proclamaba 
las de Las Osas. Habiendo tomado lu (tue.ttion .«erias propor- 
«•ioncs, el emperador dispuso se reuniese en ValhidoIi<l una juu- 
ta de prelados, te(51ogos y juristas que conferen''i:n:iM -obi-.' hi 
materia, en presencia del consejo de Indias. 

Debatióse en aquella asamblea la cuestión de si era lícito u no 
hacer guerra á los indios (jue no hubiesen querido después dr 
«na intimación, admitir la religión cristiana y someterse al do- 
minio de los reyes de Castilla. T<as Casas leyó su ".*\pologia''cFi 
cinco sesiones: contestó Sepülveda en un larg») escrito íjue inti- 
tuló 'Observaciones" y que rebatió el protector de los iodios 
en un papel de "Réplicas." Se encargó á uno de los vocales íjuc 
formara un breve resumen de las razones expuestas por cada 
uno de los contendientes y dú^tribuirlo entre los miembros de la 
junta, para facilitarles el pleno conocimiento <\o] ;;•■•'«♦> ometido 
á su examen y decisión. 

El resultado fué enteramente favorable á Las (,'a.sas, (pie tuvr> 
la satisfacción de ver adoptadas sus ideas en punto á guerras, 
encomiendas y esclavos y aprobadas sus reglas penitenciales (1). 



(1) Herrera, Renjesal, Llórente, Oarcia Pí-IíK/', 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 99 

Tendremos ocasión de decir después como continua trabajando 
'■1 antiguo obispo de Chiapas hasta su muerte en favor de los in- 
dios, ya por medio de sus escritos, ya interponiendo su influencia 
con el gobierno de la metrópoli, en todo aquello que podia me- 
jorar su condición (1). 

Mientras se verificaban aquellos sucesos en la corte, en Gua- 
temala los interesados en mantener el régimen opresivo, resul- 
tado natural dé la conquista, se empeñaban en desacreditar al 
celoso funcionario que llevando á debido efecto las leyes de Bar- 
«•elona. liabia dictado ya, y lo que es mas puesto en ejecución 
varias disposiciones favorables á los naturales. Nos referimos al 
presidente Alonso Ldpezde Cerrato, objeto por aquel tiempo 
de graves acusaciones, que no debemos pasar en silencio, pov 
mas «pie parezcan dictadas por la pasión y por el interés. Es- 
sensiblc encontrar entre los que se esforzaban en desacreditar 
■S Cerrato, al valiente veterano de las guerras de la conquista 
y su verídico historio'grafo Bernal Diaz del Castillo, que hacién- 
dose eco del rencor de los encomenderos, en cuyo número se con- 
taba él mismo, dirigió al emperador Carlos Y desde Guatemala,, 
i'on fecha 22 de febrero do 1552, una extensa exposición 6 mt?- 
morial de agravios, en forma de carta, que no llegó á noticia de 
ninguno de nuestros historiadores. (2) 

Comienza diciendo que ha servido al emperador desde su mo- 
cedad hasta ahora que está en senectud, y que por la fidelidad 
«juc le debe, como también por ser regidor de esta ciudad da 



( 1 ) Ea la junta de Valladolid el Dr. Sepúlveda alegó como prueba do la 
protervia de los indios, la muerte qu9 habian dado los de la Florida íi 
Fr. Luis Cáncer, religioso dominicano que había ido á predicar el evangelio 
en Hijuella tierra. El ardiente defensor délos naturales de América, contestó 
qne aunque aquellos indios hubieran dado muerte á todos los frailes de Sto. 
Domingo y á San Pablo con ellos, esto no aumentaiúa en un ápice el dere- 
cho que antes habia para someterlos por la fuerza, que era ninguno. 

('2) Debemo-s el conocimiento de este documento importante ala reciento 
publicación que con el titulo de "Cartas de Indias" ha hecho el Miuisterio 
de Fomento del gobierno español — Madrid 187 T. 



100 HISTORIA 

Guatemala, está obligado á hacer i^aber como se procede en el 
gobierno y administración de estas provincias. 

Dice que en el año anterior, (1) estando él en España, vino 
por presidente de la audiencia el licenciado Cerrato. Que este 
funcionario dio al principio buenas muestras c indicios de ser 
un celoso y cumplido gobernanta: pero que después lia faltado 
á las ordenes é instrucciones del gobierno de la metrópoli, ha- 
• ciendo todo lo contrario «de lo que le estaba prescrito. Que así se 
ha visto en lo relativo á las tasaciones de tributos, pues habién- 
dosele prevenido que viese las tierras y sus labranzas, crianza, 
trato y grangerias, y que casas hay en cada pueblo, para asig- 
nar los tributos conforme á esos datos y "(¡ue hus encomende- 
ros se sostengan según la calidad de cada cosa; lo (pie hizo fué 
estarse en su casa, y la tasación se practicó no sabe por que re- 
lación y cabeza; por manera (pie á unos j)ueblos dejó agrá viadps 
y á otros no contentos; porípio hay pueblo que no tiene la ter- 
cia parte de gente y posibilidad de otros, 6 echó tanto tributo 
al uno como al otro." Agrega (jue le han dicho que Cerrato man- 
da á la corte todas las tasaciones, como si allá In viesen expe- 
riencia de lo que es cada cosa y de sus circunstancias. 

Ilespecto á la instrucción que se le había dado para que en 
los aprovechamientos de las tierras prefiriese á los coníjuista- 
dores pobres y casados y los ayudase lí establecer sus hijns, di- 
ce que fué como si se le hubiese dicho: •*niira (|ue todo lo bueno 
que hobiere y bacare en estas proYÍncias, todo lo deis á vues- 
tros parientes; 'pues habia dado á dos hermanos suyos, á una 
nieta que casó aquí, á un yerno y á sus criados y amigos los me 
jores repartimientos; y no sabemos, añade, cuando vendrá otra 
barcada de Cerratos á que les den ind¡(js. Que para poder ha- 
cer estos favores á los suyos y darles apariencias de legalidad, 
admitió de nuevo en la audiencia al licenciado Juan Rogel. á 
quien habia quitado la plaza de oidor cuando le tomó residen- 
cia: y que ha oido decir que para tenerlo á su devoción le di- 
simuló muchas cosas, diciendo: "azme la barba" (2) 



{1) Es equivocación de Bernal Diaz; fué en el de 1548. 
(2) Alude sin duda al antiguo adagio «astellaDO que dice: "hazme la 
barba, hacerte hé el copete.' 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 101 

Que ;í un oidor llamado Tomas López, que es de buena con- 
ciencia, y á lo que parece, celoso en el cumplimiento de las rea- 
les órdenes, para quitarse de él, por esto y porque no quiso 
dar indios u un hermano suyo recien llegado de España, lo man- 
<ló íí Yucatán con cuatrocientos mil maravedís de salario, ade- 
más del que tenia señalado. Que esto lo habia hecho para que- 
darse solo 3' mandar a su placer, pues el otro oidor, licenciado 
Uamirez. se iba á Castilla. Dice también que con el mismo ob- 
jeto habia mandado antes al citado Ramirez i Nicaragua, con 
siete pesos y medio diarios sobre su sueldo y con orden de que 
los pueblos lo mantuvieran, como habia de hacerse también con 
L(5pez. Añade que Cerrato tiene muy buena retórica y palabras 
muy afeitadas y sabrosas y sabe dorar muy bien con la péñola 
(1) lo que hace; y que como alcanza en la corte reputación de 
muy buen juez, se atreve á todo. Que si algo ha servido es u 
costa de la real hacienda y de dar indios á sus deudos, pues en 
poco tiempo los ha hecho ricos "3' anda á vivo te ¡o doy, y bulla 
el cobre y sus deudos prosperen y el gane honra." (2) 

Que acusaba á los gobernadores anteriores de "que robaron é 
hurtaron é hicieron cosas feas, y él nada de eso ha hecho, pues 
no recibe presente ni de una gallina, ni ha requebrado á la mu- 
ger de ningún vecino; y con esto dice el buen viejo que hace jus- 
ticia, y no vé que es mas un solo repartimiento de los que ha 
dado á sus deudos, é no atiende á esto, é mira á los otros éá su 
gallina é á lo mas que sobre ello dice." 

Cuenta en seguida que cuando algún pobre conquistador vá i 
pedirle que lo ayude para sostenerse con su mujer é hijos, si es 
casado, "le responde con cara feroz, con unos meneos y en una 
silla que aun para un ombre qne no sea de mucha arte no con- 
viene, cuanto mas para un presidente, y le dice: ¿quien os man- 



(l) Pluma. 

(2^ Alusión al juego tan coiaocido de soplavivo te lo doy d- , cnya anti- 
güedad no8 hacen ver estas palabras de Bernal Diaz. 



102 UISTORIA 

do veui?^ á conquistar? ¿Mandóos Su Magesfad? Mostró sk vnrt'i. 
Anda que hasta lo que habéis robado.'' 

Se queja de que los naturales andan otiv-.-u.- > holgazuiie>. qut' 
han atrasado en el conocimiento de la fé, que debían tener mas 
policía, hacer mas sementeras y cnanzas, y en todo andan atra- 
sados, por causa de no entender bien Cerrato estas cosas. 

Dice que para juntar los pueblos se habla valido de dos frai- 
les mozos y un criado suyo, que es relator, y que en un pueblo 
llamado Zampango hizo secretamente que se juntaran los indios 
y lo pidieran por gobernador perpetuo. 

Que los indios son tale?, que por un poco de vino pedirían 
por gobernador á Barbarroja, cuanto mas íÍ Cerrato-, especial- 
mente si se los dicen aquellos frailes mozos. Que al mismo tiem- 
j)o escribía al emperador pidiendo licencia para volverse á'T^^- 
paña, íí fin de que se creyese que no era obra suya la solicitud 
de la gobernación perpetua; "porque es viejo de machas mañas 
6 artes é usa de ellas." 

Que las drdenes de S. M. son mny jastas y muy buenas; pero 
que en e.^^tas provincias las tuercen y hacen lo que quieren. Acu- 
sa á loé frailes de tener la ambición de señorear la tierra; dice 
que ellos con esta mira, Cerrato con la de enriquecerse y enri- 
quecer ¿(sus parientes, y alguno do los oidores "por tranípiillas 
de no s6 qué cuentas, 6 porque sabe que los frailes lo entienden 

é saben su motivo, é no lo hagan saber á S. M., . . esta Real 

Audiencia se dexa mandar dellos; y frailes mandan vuestra real 
justicia é jurisdicción, 6 ansí anda desta manera." (1) 

Añade que sabe de cierto que Cerrato ha escrito al emperador 
que los repartimientos que ha dado lí sus parientes son de poco 
provecho, "6 había glosado .sobre ello palabras muy doradas." 



fl) Lo que dice Bernal Diaz respecto á nno de loa oidores y las Iranqui- 
Illa déla cuenta, debe referirse á la que dio el licenciado Ramirez de los fon- 
dos invertidos en la expedición al Perú, que segon 86 decia, no había sido 
muy satisfactoria. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 103 

Que 80M los mejores que lia habido en estas provincias, y todos a 
una niauo; que el menor de ellos es mas para esta tierra que en 
(1 Perú diez mil pesos. Que se le murió un hermano y dejo á una 
hija que le quedó sobre tres mil pesos de renta cada año. 

Concluye pidiendo al emperador que revoque todo lo que ha he- 
dió Cerrato; y que por cuanto hace treinta y ocho años que él sirve, 
lo mande admitir en el número de los criados de la real casa. En- 
<'arga que su carta no vuelva y caiga en poder de Cerrato, como 
ha sucedido con otras del cabildo, y pide al emperador "no mire 
í la mala polizia de las palabras; que como no es letrado, no 
lo sabe proponer mas delicado, sino muy herdaderisimamenta lo 
que pasa .'^ 

Tal es, en sustancia, el largo memorial en que Bernal Diaz exha- 
la sus quejas contra el presidente Cerrato. Ni es ese tampoco el ú- 
üico documento de acusación que nos haya quedado contra aquel 
funcionario. Se registra en otra interesante colección que nos ha 
proporcionado ya no pocos datos, (1) un extenso fragmento de ex- 
posición dirigida al emperador por el cabildo de Guatemala, que 
contiene acusaciones semejantes a las que hacia Bernal Diaz. Dí- 
^j en los concejales que Cerrato "ni es para ser juez, ni para elh> 
tiene parte; porque le falta ciencia, paciencia y conciencia.'' Que 
■'todo está caidoy no se puede levantar, por estar perdido y des- 
truido;"" que 'no parece que fué enviado este hombre sino para 
poner fuego á esta tierra;" que "se enemistó con el obispo porque 
le reprendió su manera de procedei", y estuvo muchos dias sin ir 
á misa ala iglesia mayor." Quejanse de la ligereza con que los 
frailes escribieron á la corte en favor de Cerrato y atribuyen á 
parcialidad é interés los informes de los oidores en el mismo sen- 
tido. Dicen que el licenciado Ramírez no se atrevía á decir la ver- 
dad, por no dar cuenta de cincuenta mil pesos que habia gastado 
en la expedición al Perú, y acusan al presidente de atender tan 



(1) Colección de documentos antiguos del ayuntamiento de Guatemala, fur- 
inada por D. Rafael Arévalo, impresa por D. L. Luna, 185T. 



104 HISTORIA 

solo á sa propio interés y al de sns deudos en los repartimientos 
de indios. 

Contra estas acusaciones tenemos el testimonio uniínime de los 
cronistas, que ¿fcaban el celo y la integridad de Cerrato. Las Ca- 
sas, en uno de los opúsculos que dejamos citados, pinta con el mas 
negro colorido la conducta de todos los í^obernadores de las Indias, 
exceptuando de esa amarga censara al virey de Nueva España, 
Di Antonio de Mendoza, al presidente de aquella audiencia, T). 
Sebastian Ramirez y al licenciado Cerrato, que lo era de la de 
Guatemala. Xiraenez dice que abr¡(5 caminos en todas estas pro- 
vincias; y en efecto, consta que habiendo sido autorizado pnra «ras- 
tar mil pesos de oro en esos trabajos, ademas de lo <|ue estaba 
destinado á obras públicas, cumplid exactamente la disposición, 
dándole el rey las gracias por su celo. Que no fué menor el que des- 
pleg(5 en el manejo de ia real hacienda, se deja entender por el he- 
cho de haber sacado libres en solo tres provincias sesenta mil p»-- 
so8deoro(l) 

Veamos lo que se hacia, entre tanto, en Guatemala para aliviar 
la desdichada situación de los nativos. 

Uno de los establecimientos que acreditan el celo de los misio- 
neros dominicos en favor de aquella clase desvalida, es la funda- 
ción, que se hizo por aquel tiempo, de un hospital destinado ex- 
clusivamente para la asistencia de los indígenas en*'onnos. Em- 
pleados en la construcción de los edificios públicos y casas parti- 
culares de la ciudad, que venia levantándose desde lo41, se les 
imponía, según dice un cronista, trabajos superiores h sus fuerzas; 
habiéndose suscitado éntrelos vecinos una especie de emulación (> 
competencia para la pronta conclusión de aquella obra. Mal ves- 
tidos y esca.samente alimentados, los indios adelantaban poco en 
los trabajos; tanto que según el autor lí que nos referimos, seis 
peones nativos hacían menos que uno solo de España. írrital)a es- 
to á los castellanos, que sin atender á la causa de la diferencia, no 



(1) García Pelaez, Men. tom. 1. ® cap. 33, hace mención de este hecho, 
refiriéndose auna real cédala de 1552. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 105 

escaseaban los malos tratamientos á aquellos miserables, muchos 
de los cuales enfermaban y morian sin amparo alguno en las o- 
))ras en que seles ocupaba. (1) 

Para proporcionarles algún alivio dispusieron íos dominicos la 
creación de un hospital, bajo la advocación de San Alejo, extran 
¡ero en m ¡propio país ^ como habian venido a serlo los indios des- 
pués de la conquista. Recogiendo algunas limosnas, se dio prin- 
cipio á la construcción de la casa, en la plaza de la Candelaria, 
trasladándose después .el hospital á un sitio mas cercano á Santo 
Domingo, á fm de que los frailes pudiesen asistirlo con mas facili- 
dad. Fué el mas empeñado en esta obra de beneficencia un fray 
Matías de Paz, á quien se veia muchas veces atravesar las calles 
de la ciudad, llevando sobre sus espaldas á los indios enfermos y 
llagados, para trasladarlos al hospital. Pronto fueron tantos los que 
acudían á la casa, que no cabian en las salas, aunque estaban las 
camas muy unidas; y como en aquel tiempo la urden no poseía en 
(Guatemala la riqueza que llegd ú tener después, fué necesario o- 
(Uirrir á la corte en solicitud de algún auxilio para ayudar á sos- 
tener el establecimiento. Bien acogida la petición y con informe fa- 
vorable de la audiencia, se mandcj librar de la caja de bienes de 
difuntos de Sevilla la cantidad de quinientos pesos de oro para la 
fábrica del edificio. Ademas encargo el rey al presidente y á la 
audiencia que favoreciesen el hospital de los indios de Guatemala 
y que se pusiera un repartimiento* de ellos en la real corona, asig- 
nando de los tributos que habian de pagar seiscientos pesos anua- 
les para ayudar al establecimiento. 

Pero la ejecución de estas benéficas disposiciones vino á retar- 
darse por cierta solicitud del Sr. Obispo ^íarroquin. que^ con 



(\) "Cada vecino quería darse mas priesa que el otro en acabar su casa, y 
como estas ventajas habian de ser á costa de los tristes indios, liabialas tam- 
bién en los malos tratamientos, y faltándoles el sustento, enfermaban y mo- 
rian muchos, arrimados á las paredes, tendidos por aquellos suelos ó en los 
hoyos que hacían para sacar la tierra de las tapias." 

(Remesal, Hist. de Chiap. y Gaat., Lib. IX, cap. XXI.) 



la mejor intenciou estorbó el cumpliinieuto de las órdenes lavora- 
bles de la corte. Cuando se recibieron estas en (tuatemala, se o- 
cnpaba el prelado en edificar otro hospital para españoles, (lUC se 
proponía sosteirer con sus propias renías: y como la casa que 
construía era bastante capaz, consideró ((ue incorporándose am- 
bos establecimientos y aplicando al hospital común que se ibrmu 
ra los recursos decretados por el re^ , podrían asistirse mejor y 
con menos costo los cnlermos, (pie no en establecimientos separa- 
dos. Kn consecuencia, el obispo ocurrió aja corte solicitando la 
reunión de los hospitales y ofreciendo rf la corona el patronato del 
de Santiago, que tal era el nombre del que estaba levantando pu 
ra españoles. Pidió el rey inlbrme á la audiencia y dio comisión 
al presidente para que aceptara en su nombre el patronato. Mas 
al tratar de llevar á cabo la reunión, los indios se negaron á ser a- 
sístídos junto con los españoles, diciendo que si se les obligaba ú 
ir al otro hospital, ú pesar de estar enfermos so levantarían de las 
camas ú matarlos. 

Alista la mala disposición de los nativos y habiendo dirigido, al- 
gunos años después, nueva solicitud lí la corte los frailes de San- 
to Domingo en favor del hospital de los indios, volvió ú conceder- 
le el rey los seiscientos pesos anuales de subsidio. Los dos esta- 
blecimientos continuaron separados durante mucho tiempo, hasta 
que se reunieron en uno solo, por el año 1685. 

Abolida la esclavitud de los indios en virtud de las ordenanzas 
de liarcelona, puestas en ejecución en estas provincias con no pe- 
queñas dificultades, aunque no tantas ni tan graves como las que 
se experimentaron en otros reinos de América, la necesidad de 
atender á los trabajos agrícolas y al servicio personal de los es- 
pañoles sugirió por aquel tiempo un arbitrio que algunos autores 
han considerado como una esclavitud distrazada y de peores con- 
secuencias quizá que la que acababa de abolirse. Tal fué el de los 
"maiulamientos,'^ ó distribuciones de indígenas que hacían las jus- 
ticias entre los españoles, por semanas ó por meses, para que tra- 
bajasen por im corto jornal en las labores del campo y prestasen 
sus servicios en las cocinas y en las caballerizas. Kste sistema lla- 
mó desde luego la aten';ion del gobierno de la metrópoli, que se 
esforzó en hacerlo cesar, aunque inútilmente, puessubsisti»^ duran- 



DK LA AMKKICA OEATRAL. 107 

le todo el tiempo del régimen colonial, y ha subsistido, mus 6 me- 
nos limitado, hasta en nuestros mismos dias. 

En providencias dictadas en el ano 1552, después de prevenir 
el rey á esta audiencia que cuidnse de que los indios no se en- 
tregaseu ú la ociosidad, prohibía expresamente que se les hicie- 
ra trabajar en las casas de los españoles, á menos que se presta- 
ran voluntariamente y pagándoles muy bien sus salarios. (1) 
Tendremos ocasión de hacer ver que esas disposiciones fueron 
eludidas por los gobernadores y pobladores españoles y que el 
gobierno mismo acabó al fia por consentir y autorizar los man- 
damientos. 

Habrá podido deducirse de lo que dejamos referido acerca de 
los acontecimientos que tuvieron lugar en el pais durante la 
conquista y en los primeros años que siguieron ú ella, la influen- 
cia que ejercian las órdenes mona'sticas y el papel importante 
<iue representaron en la historia de aquella época. Catequistas de 
los indios y protectores suyos contra los abusos de los encomen- 
deros, los frailes representan -el elemento humanitario y civiliza- 
dor en aquellos dias aciagos para los nativos de América. La 
historia no puede ni debe desconocer la importancia de ese ele- 
mento ni guardar silencio sobre acontecimientos que hoy pueden 
parecer triviales y que no lo eran ciertamente en los tiempos de 
que se trata. 

De este número fueron las disenciones que surgieron entre 
las dos órdenes priucipales, dominicos y franciscanos, desde los 
primeros años de su establecimiento en el país; disenciones que 
llegaron a tomar un carácter grave, que mereció la atención de 
la autoridad local y del gobierno de la metrópoli, en la época á 
la cual hemos llegado en nuestra narración. 

Rivalizando en el empeño de convertir á los indios, dominicos 
y franciscanos se disputaban los pueblos y contendian hasta sobre 
las localidades en que debian edificar sus -respectivas casas. Mur- 



(Ij Solürzauo, Política Indiana. Lib. 2.^ capitalo.> u. - y 6.- García 
Pelaez, Memorias, tom. 1.® cap. 2(!. 



^ 



108 HISTORIA 

muraban los unos de los otros, se lm^;¡au la guerra en el pulpito, 
los españoles seglares se dividían en bandos, siguiendo ya jÍ los 
de esta, ya á los dé aquella urden; las pasiones se enardecían y 
se olvidaba el tbjeto principal á que debían consagrar sus tra- 
bajos. Una cuestión filólogo-teológica que se suscitó por el año 
1551, acabó de envenenar los ánimos, tan mal dispuestos ya y 
estuvo á punto de originar algún desmán en Ja colonia. Pedro 
Hetanzos, (pie se había señalado por su celo en el cate(|UÍsmo y 
dedicación al estudio de las lenguas indígenas, aprendiéndolas 
perfectamente, según los cronistas de su orden, (1) y muy poco, á 
juicio de los escritores dominicanos, (2) compu.so un arte de los 
idiomas (piicli<í, cakcb¡(|uel y tzutohil, (¡wo si era tal cual lo asegu- 
ra V^azquez, revela un estudio paciente y laborioso y puede con- 
siderarse como el ])unto de partida de trabajos ulteriores en 
materia de lingüística guatemalteca. Ordenó Hetanzos las dife- 
rentes partes de oración, distinguiendo el nombre, no por las 
desinencias, ni por l»i declinación, sino por la anteposición de par- 
tículas, para expresar el género, el número y el caso. Dividió 
los verbos en activos, pasivos, y neutros; y encontrando en aíjue- 
llas lenguas algunos que no creyó poder asignar lí ninguna de 
aquellas categorías, los llamó absolutos. Aplicó á todos partícu- 
las, según sus clases; descubrió otras interpuestas entre los sus- 
tantivos y los adjetivos; encontró la etimología de las voces y lo 
ordenó todo con método claro y suscinto. Aprovechó Betanzos 
la idea de otro filólogo inteligente, el padre Parra, (|uien perci- 
biendo en boca de los indios ciertos sonidos que era imposible 
expresar bien con los signos del alfabeto español, inventó cuatro 
caracteres nuevos, (3) con los cuales se figuraban dichos sonidos 



(1) Vázquez, Crónica, Lib. I, Cap. XXV. 

(2) Remesal, Hist. de Chiap. y Guat. Lib. X, Cap. IIX. 

(3) Cinco dice Vázquez, de quien tomamos estos datos; pero en un anti- 
guo vocabulario manuscrito, sin nombre de autor, que comprende las tres 
lenguas quiche, cakchiquel y tzutohil y que es probablemente una de las co- 
pias que se hicieron del que compuso Betanzos, encontramos únicamente 
cuatro. 



DK LA AMERICA CENTRAL. 109 

V que vinieron á ser generalmente adoptados pordos los que 
escribieron las lenguas indígenas. 

Formó Betanzos un copioso vocabulario de las tres lenguas: 
quiche, cakcliiquel y tzutoliil, con sus correspondencias castella- 
nas, del cual se hicieron varias copias, y compuso también un 
catecismo con la doctrina cristiana en los tres idiomas, que de- 
bía servir á los misioneros en la enseñanza de los indios. Una 
palabra de este libro hizo estallar la mina de la animad versión, 
mal oculta hasta entonces bajo las apariencias de fr^rnidad mo- 
nástica, entre dominicos y franciscanos. Juzgó Beffiízos impro- 
pio que los doctrineros hicieran uso, para designar al Ser Supre- 
mo de la voz Qahovil que significa ídolo en las tres lenguas, y 
rinpleó la palabra castellana Dios. Luego que comenzó á circular 
el catecismo, que se imprimió en México, los frailes dominicos se 
pronunciaron, en sil mayor parte (1) contra* 61, y comenzaron á 
desacreditarlo en conversaciones particulares y en los pulpitos, 
con todo el ardor que se mostraba por aquellos tiempos en con- 
troversias de esa clase. Defendíanlo con igual calor los francisca- 
nos y la contienda se hizo cada dia mas violenta. No se hablaba 
<le otra cosa en calles y plazas, y la mayor parte del tiem- 
po, dice un cronista, se les iba á los frailes en consultar le- 
trados, formar memoriales, presentar testigos y hacer informa- 
ciones, (2) con loque traian cansados ya á la audiencia y al obi<^- 
po, que acabaron por mostrarse desfavorables á unos y otros, co- 
mo diremos luego. 

Pero antes de referir aquellos acontecimientos y de hacer ver 
las malas consecuencias que produjeron, debemos decir que 
el presidente Cerrato, cansado sin duda de luchar con tantas 
dificultades, pidió permiso para volverse á España. El rey co- 
misionó para que le tomase residencia al Dr. Dn. Antonio Tio- 



(1) Decimos '"eu su mayor parte," porque no l'altnron entre los núsmos 
dominicanos sujetos autorizados, como Fr. Tomas Casillas, visitador y de.s- 
pues obispo de Chiapas, que adoptaron la opinión del franciscano Jíetanzos. 

(2 ) Remesal, Hist. de Chiap. y Gnat. Lib. X, cap. III. 



lio HISTOlilA 

driguez de Quesada, oidor de Méxiqp. que debía al ini^ínío liem- 
pó ejercer interinamente las funciones de capitán general y pre 
sidente de la audiencia. Entablóse el juicio: daba Cerra to 8us 
cuentas inny cumplidas; pero íiillecio antes de (pie terminara. (1> 

Fue uno de los mejores, si no p1 mejor presidente que tuvo en 
aquel tiempo el reino de Guatemala, Contra las acusaciones inte- 
resadas de sus detractores, los encomeaderos, protestan los an 
tiguos cronistas españoles que hacen plena justicia á su rectitud 
y elogian su gobierno, y el analista de los cakchiqueles, <|uc 
menciona m nombre coa respeto y gratitod, como padre y pro- 
tector de los nativos. 

El I)r. Ilodriguez de Quesada comenz(5 tí desempeñar la presi 
dcucia, en propiedad, el 14 de enero de 1554. Agitados los uni- 
mos con las cuestiones de los frailes, tuvo el nuevo presidente 
que luchar con las rfliücultades que originaba aípiella situación. 
Sin tomar partido ni por unos ni por otros, culpaba igualmente 
;( ambas órdenes y unido con el obÍ8|)0, eomenzó pronto .í mos- 
trárseles desfavorable. 

Los españoles vecinos de la capital, que veian formarse la tem- 
pestad y temieron su.s consecuencias, trataron de ponerse ú cu- 
bierto de sus estragos y fueron desamparando la ciudad poco sí 
poco, retirándose <*on sus familias ú los puebloH de sus encomien- 
das. Llegó esta emigración á punto de no quedar en la capital 
mas <|ue catorce sugetos principales, que permanecieron, obliga- 
dos })or el desempeño de las alcaldías, regimientos y otros car- 
gos municipales «jue les estaban encomendados, (¿uiso el presi- 
dente contenerla por medio de au auto eo que la prohibía con 
penas muy severas; pero esto no bastó, y tuvo í|ue desistir de 
su empeño, tenieroso de (¡ue .se le malinformara con la corte. (2) 

Entre tanto el obispo, que veía los pueVdos sin doctrina, pues 
Jos ([ue debían dársela .se ocupaban únicamente en sus querellas 
y rivalidades, comenz<5 á ocupar en los curatos á algunos clérigos 



(1) Reme-sal, Hist. Lib. X, Cap. XViU. 

(.2) Fuente.s, Reo. flor. M. S., Parte IT. Cnp. XX TI. 



m: LA AMÉRICA CENTRAL. 111 

i|ue habían venido ;í la diócesis, y que, según parece, no eran 
sugetos d9 la mejor conducta. 

Llegó esto a noticia del gobierno de la metrópoli, junto con las 
quejas de los frailes por el poco afecto que les mostraban tanto el 
itbispo como la audiencia y su presidente, y dirigió el rey una 
LM'dula al tribunal en que decía haber sabido con desagrado que 
i'l obispo no trataba de la manera coveniente a los religiosos 
lie Santo Domingo, San Francisco y San Agustín: (1) vejándolos 
y molestándolos sin causa alguna. Agregaba estar informado 
de que se habían establecido en el reino muchos clérigos facine- 
rosos y de mala vida y ejemplo, prófugos de otros obispados, 
entre ellos algunos que untes habían sido frailes. Prevenía al 
))residente y á la audiencia tuviese el mayor cuidado en que 
el obispo tratara bien a los frailes, corrigiera a los malos clérigos 
que se estraviaran, expulsando á los conocidamente viciosos, 
como también á los conventuales de otras partes que hubiesen 
tlesertado de sus claustros. (2) 

En los mismos términos, ó algo mas explícitos respecto u la 
jnala conducta de los clérigos, se dirigió el rey al obispo, en cé- 
dula de la misma fecha. (3) 

Esas disposiciones, cartas del soberano á los prelados de las 
órdenes monásticas en que los excitaba á cesar en sus querellas, 
cuyas causas dice, eran insignificantes, y el tiempo, que todo lo 
enfria, apaciguaron al Wn aquellas discordias, de las cuales nada 
dicen ya los cronistas al referir los sucesos de aquella época 



(1) En este punto estaba el rey mal informado, pues no habia en el pais 
P frailes agustinos. Estos vinieron á establecerse en Guatemala hasta el año 16 1 0. 

(2) Real cédula de 22 de mayo de 1553. Rec. flor. M. S. loe. cit. 

(3) Id. id. Fuentes Rec. flor.' Part. II, Cap. VIII, dice que esos clérigos eran 
genoveses y portugueses que habiendo venido al Perú y no pudiendo perma- 
necer allá, se vinieron á Oaatemala, con poco sanas intenciones. Agrega que 
aquellos eclesiásticos se ocupaban en diferentes grangerias impropias de su 
estado y maltrataban á los indios. Transcribe otra real cédala, anterior á la 
que citamos en el texto, dirigida al obispo Marroquin, en que se le prevenia 
reprimiese á los tales clérigos y evitara que vejasen á los naturales. 



112 HISTORIA 

Como una novedad digna de atención se menciona el iiaber 
llegado entonces ú Guatemala los dos primeros relojes de torre 
qne hubo en el pais. Tan importante se consideró (y no dejaba 
de serlo realmente) el qne tuviese el vecindario aquella comodi- 
dad, que expidió el rey una cédula, dirigida al presidente y ú la 
audiencia, en que prevenía se pusiera un reloj, pagándose la 
tercera parte de su precio de penas de cámara. (1) Dictóse esta 
disposición íí solicitud del dominicano Domingo de Azcona, que 
trajo un relm grande para Guatemala y otro para Coban. 

También aebemos consignar que por aquel tiempo se estable- 
cieron las primeras cátedras de gramática latina en (luiitcmala. 
Desde el ano 1548 habia prevenido el rey, á solicitud del obispo 
Marroquin, que se fundara dicha cátedra, asignando al profesor 
que la sirviera la renta de una de las prebendas de la catedral. 
Pero habiendo pasado algún tiempo sin (pie so llevara á electo 
la disposición, suplieron los frailes dominicos la falta de esa en- 
señanza, dando las lecciones u todos los que acudían lí oirías. Esa- 
fue la primera medida en favor de la instrucción pública en 
el pais, y la base de un colegio y de la universidad <pie se esta- 
blecieron mas tarde. No debe olvidarse que en aquella 6poca 
y durante nmcho tiempo después, se consideró, tanto en Kuropu 
como en América, el estudio de la gramática latina como el fun- 
damento indispensable de toda instrucción superior. 

Los misioneros dominicos (pie hablan conquistado pacífica 
mente la Verapaz. procuraban siempre continuar reduciendo 
las tribus bárbaras que habitaban en los territorios situados 
al norte de aquella provincia. Uno de los mas activos en esta o 
bra era íray Domingo de Vico, que se habia dedicado con tanto 
empeño á los idiomas de los indios, que llegó á hablar hasta siete 
de ellos y compuso en aquellas lenguas diferentes tratados que 
no han llegado hasta nosotros. Cuéntase que era tal su aplicación 
á ese estudio, que navegando una vez con varios (compañeros 
suyos con dirección á la isla de Santo Domingo, .sobrevino tan 



(1 Eeal cédula de í» de junio, 1553, Remesal, Hist. Lib. X, Cap. ílí. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 113 

deshecha tempestad, que estuvo á punto de perderse el buque. 
En aquel conflicto, y cuando todos los pasajeros estaban poseí- 
dos de terror, aguardando la muerte, el padre Vico, sentado 
tranquilamente sobre cubierta, se ocupaba en estudiar un vo- 
cabulario de la lengua de la isla, y no suspendió su tarea, 4 
pesar de las reconvenciones de los otros frailes. 

Dos ó tres veces se habia internado ya en la provincia de A- 
calá, fronteriza con la Yerapaz 3' poblada por los tacándonos ; 
habiendo logrado reducir á algunos de estos a recifcir la fé y ú 
que formasen un pueblo regular, que servia de punto de partida 
para las entradas que continuaban haciéndose en el territorio de 
los inñeles. 

Disgustados estos con aquel establecimiento, resolvieron des- 
truirlo y matar al padre Vico en cuanto se presentara la oca- 
sión. Xo tardó el mismo misionero en proporcionárselas." Kesol- 
viu ir á defender el pueblo amenazado y salid de Coban en 
principios de noviembre de 1555, acompañado de un padre 
López y de veinte 6 treinta indios cobanenses cristianos, que se 
empeñaron en servirle de custodia. Informado de esto el cacique 
de Chamelco, Don Juan, gobernador de la Yerapaz, salid al cami- 
no y rogd encarecidamente á los misioneros desistiesen de su 
empresa. No habiendo logrado disuadirlos, reunid unos trescientos 
moldados y con ellos fué escoltándolos, á pesar de las instancias 
que le hacian para que se retirara. 

Encontraron el pueblo tranquilo, pues los indios conjurados, 
al saber que acompañaba á los misioneros el gobernador con 
gran número de soldados, huyeron á los bosques, quedando sola- 
mente en la población unos pocos, disimulando su propdsito y á 
la espectativa de lo que ocurriese. Eugañado Yico con aquellas 
-apariencias y convencido de que los infieles no acudían á la mi- 
sión, por miedo de la fuerza del gobernador; viendo, por otra parte, 
<|ue no habia mantenimientos para tanta gente y temiendo que esto 
diera ocasión á algunas extorsiones al pueblo, rogd de nuevo con 
instancia al gobernador que se retirara. Hízolo al lin el cacique 
con mucha pena, y aunque dejd algunos soldados para resguardo 
de los misioneros, no ocultd á estos la convicción que tenia de la 
catástrofe que se les preparaba. Después de haberse privado de 

mST. DE LA A. C. 8 



114 HISTORIA 

aquel medio de defensa, el misionero, creyendo inspirar mayor 
(»onfianza á los bárbaros, (|nitó á los indios de Cob^n (jue le lia- 
eiancompañia las espadas y rodelas que llevaban. 

Al saber que el cacique se babia retirado con sus fuerzas, los 
lacandones que estaban ocultos salieron de los bosques, y jun 
tándose mas de mil, en t^írmino de una hora, invadieron el pue- 
blo, á la madruij^ada del 29 de noviembre. Un indio de Coban. 
hombre muy enérjico y valiente, llegó á advertir d Vico do lo 
<jue ocurr¡|| Díjole que habian pagado fuego íÍ la casa, pero (|ue 
como estaba cubierta de palmas verdes, el incendio caminaba 
despacio y daba tiempo. Le pidi(5 una espada y una rodela y ofre- 
cia atravesar el grupo de los lacandones (;on los dos misioneros y 
ponerlos en salvo. No quiso el padre aceptar la oferta; entreg«j 
las armas al indio y le dijo que procurara .salvarse. IIízolo así 
el cobanense, y rompiendo como un león la turba do lo<?amotina- 
ílos, ])udo escapar, aunque no sin varias herida 

El dominicano bajó jí la plaza solo, pues .su roiiipanLK» ¡uaba- 
ba de retirarse á descansar, habiendo pasado ambos la noche en 
vela. Atravesó el grupo de los barbaros, (|ue le dispaniron al«ru 
nas flechas, auníjue sin tocarlo y logró entrar en la iglesia. Pe- 
ro lue^o advirtió que esta ardia también y volvió á salir ú la 
plaza. Al verlo dispararon'sobre él los lacandones y le clavaron 
una Hecha en la garganta. En aquel momento salia de la casa el 
otro misionero, á quien tiraron también, penetníndole la barba 
una de his saetas (jue le arrojaron. Sin hacer cuenta de su herida, 
acudió á auxiliar al padre Vico, que estaba tendido en tierra y 
desangrándose. Unos muchachos indios que servían en la igle- 
sia, procuraban resguardar a los frailes, y uno de ellos, habiendo 
encontrado á mano una rodela, cubria con ella a! padre Vico, 
irritado al ver esto un jefe de los bíírbaro?. mandó á los sayos 
que se apoderaran de aquel mozo. luciéronlo así, y llevándolo 
medio arrastrado, los lacandones le abrieron el pecho y .sacándo- 
le el corazón, lo ofrecieron al sol. En aquel momento espiró el 
padre Vico. Su compañero atravesó muy despacio el grupo de 
los amotinados, que dejaron de tirar desde el momento en (jne 
sacrificaron al muchacho, y tomó el camino de í'oban. Pero muy 
pronto encontró otra partidade lacandones que dispararon '•obr» '! 



DE LV AMÉRICA CENTRAL 115 

tal cantidad de saetas, que pronto quedo todo cubierto de ellasy 
cayó sin vida. Igual suerte corrieron casi todos los indios coba- 
nenses. escapando únicamente de aquel desastre unos pocos de 
estos que ¡uidieron huir con los soldados que dejo Dn. Juan y 
tres muchachos compañeros del sacrificado. 

Luego que tuvo noticia el cacique, gobernador de Yerapaz, de 
lo sucedido en Acalá, resolvió castigar á los autores del atenta- 
do, y reuniendo como cuatrocientos hombres, entrd con ellos en 
las tierras de los lacandones, los alcanzd en los montes y dando- 
Íes batalla, mató cerca de trescientos. Posteriormente, queriendo 
completar el castigo, repitió las entradas en Acalá y Puchutla, ha- 
ciendo en ellas á los bárbaros todo el mal que le fué posible. (1) 

Por conclusión de lo que tenemos que referir relativamente al 
año looo diremos que el rey, deseando aliviar en algo la condj- 
cion de los indios del reino de Guatemala, dispuso exceptuar del 
pago de tributos á los pobres, declarando que debian conside- 
rarse como tales aquellos cuyo haber no llegara á seis mil mara- 
vedis. Atendida la correspondencia de esa moneda con el peso 
de oro de aquella época, la cantidad designada equivalía como á 
trece pesos dos reales. Mandó también que á los mismos indios 
pobres se les exceptuase de todo derecho de arancel en los tri- 
l'iniales civiles y eclesiásticos, y que á los que poseyesen un ha- 
ll r de mas de seis mil maravedis, no se les cobrase mas dere,- 
(Iios que los acostumbrados en España. (2) 

Y Yü que tocamos este punto de la mayor ó menor riqueza de 
los naturales del reino en aquella época, diremos que uno de los 
runos de agricultura á que se dedicaban por aquel tiempo era 
el del cacao, que ademas de proveer al consumo interior, se ex- 
portaba en cantidad considerable para las provincias de Nueya 
Iv'ípaúa. 

Inspirado por las erradas ideas económicas que prevalecían 
en aquella época, el vireyde México, Velasco, se creyó autorizar 



(i; Remesal, Hist., Lib. X Cap. YII. 

(2; Real cédala de 5 de julio de 1555. Remesal, Hist. Lib. X Cap. VIII. 



IIG HISTORIA 

do 'S. tasar el precio ú que dobia venderse el cacao de (íuatomala 
V lo fijo en un real por ciento ochenta almendras, que saiia la 
carga á diez y seis pesos, cinco y un cuarto reales. El ayuntamien- 
to de la capital, que consideró muy bajo este pi-ecio, acordó, en 
? de noviembre de 1553, enviar un apoderado lí México t|ue re- 
clamara contra aquella onerosa tasación. (1) Así ponían r«'moras 
al comercio de los frutos del pai? las medidas inconsultas de los 
gobernadores de las provincias, como si se tratase de pueblos 
cstraños entre sí, olvidando qnennos y otros formaban -part*' de 
una misma nación. 

Tal vez para corregir ese y otros abusos semejantes, se expedí 
»m la real cédula de 18 de diciembre del mismo año. (*2) en 
'que se dispuso "que los mantenimientos, bastimentos y viandas se 
fíudieran comerciar y traginar libremente por todas las provin- 
cias de las IndiíTS," imponiendo penas tí las JHsticins. ('on»*^ir.s y 
I-articulares que estorbasen aquel tráfico. 

FiSta franquicia era tanto mas necesaria tí la*í provincias qué 
coraponian el reino de (Juatemala, cuanto que su comercio con 
\¡x metrópoli liabia quedado reducido por aquel tiempo al que s 
f.acia muy de tarde en tarde jíor medio de la flotilla (pie venia lí 
ios puertos del norte de la provincia de Honduras. Así podria al 
menos Guatemala cambiar sus productos libremente' con la 
otras colonias del continente y con las Antillas, ó islas de Bario 
vento, como las llamaban entonces. 

Por fortuna la facultad délos cabildos de informar al rey direc 
tamente respecto al servicio público y í( las necesidades del pais, 
labia sido confirmada recientemente por real cédula de 17 de 
abril de aquel año; y así podria sin duda el de Guatemala 
elevar su queja al soberano contra la disposición del vir^y de 
México áque hemos hecho referencia. 

Lo que puede dar, en falta de otros datos, alguna idea de la ri- 
queza pública de estas provinr-ín^ pn a^jupllo- tir'fnjto* os íA pro- 



(1) Acta del cabildo de Guat. García Pelaez. Mem. Tcm. I. cap. XXYl^I 

(2) Ley 8 ^ , tít. 18, lib. 4 = . de la líec. de Indias. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 117 

diivi'to de los diezmos. Este irapuesto dá la medida de la cantidad 
de los frutos cosechados é indica con alguna exactitud el estado 
déla industria agrícola. Así lo consideró Humboldt, que se valió 
del dato que le suministraban los diezmos de Nueva España ea 
los años de 1771 á 1790 para apreciar el adelanto de la agri- 
cultura del pais en aquel periodo. 

Los de la provincia de Guatemala, que, como es sabido, com- 
prendía la actual república de este nombre, con Chiapas y Soco- 
nusco y la que hoy es república del Salvador, se remataron en 
15 !j por la cantidad de 2515 pesos de oro. En 1553 la suma 
aparece mas que duplicada, pues ascendió á 5300, (1) lo cual 
indica un progreso notable en poco tiempo. 

Si la agricultura iba recibiendo algún impulso, las costumbres 
públicas y la seguridad en las poblaciones y en los campos esta- 
ban distantes de ser satisfactorias. Infiérese esto de los conceptos 
de un auto acordado de la audiencia, fecha 18 de abril de 1556, 
que expresa la gran necesidad que hay en la capital, en las 
demás ciudades, villas y lugares de la gobernación y su distri- 
to de {)erseguir y castigar los malhechores, ladrones, forzadores 
y salteadores de caminos " por haber, dice, mucha gente perdida 
que anda vagando por esta tierra, de los del Perú j Nueva 
España.^' Habla en seguida el auto de alteraciones, robos y estu- 
pros que ha habido con frecuencia; y para remediar el mal dis- 
pone se establezca el tribunal de la Hermandad, como lo había 
en México y en las demás provincias de Nueva España. Deberían 
ser alcaldes de la Hermandad los que lo hubiesen sido ordinarios 
el año pasado, nombrándose los respectivos alguaciles y otros 
oficiales. 

No debía el tribunal conocer de delitos cometidos por indígenas, 
que continuaban sujetos ú la jurisdicción ordinaria. Subsistió esa 
institución en Guatemala durante mas de un sido. 



(1) Acta del cabildo eclesiástico, García Pelaez, tom. 3. ^ cap. 95. 



CAPITULO VI. 



Proyecto (lo cnagonar los encomiendas i'u^ imiios. - obHcivmiwui.s imiuWliii 
■ de Las Casas contra aquel pensamiento.— Prohibición ú los reinos de In- 
dias de comerciar con extrangeroa— Abdicación de Carlos L— Cédula re- 
lativa úlos perjuicios que causaban los lacandones. — Proclamación do Fe- 
lipe II en Guatemala.— Escasez de fondos del ayuntamiento.— SolicitudeH 
y ({uejas de ésto al rey sobre diversos pantos. — Muere el presidente Uodri- 
gnez de Quesada y recae la presidencia en el oidor mas antiguo, riumiro/ 
do Quiñones. — Trata esto funcionario de dar cumplimiento ú una real cé- 
dula sobre conquista de los lacandones.— Prepárase la expedición.— Ven- 
tajas que se ofrecen á los que tomen parte en ella.— Se organiza el ejér- 
cito.— Púnese en marcha hacia Comitlan y pasa al territorio de los lacando- 
nes. — Toma y destrucción de la población principal. — Posa el ejército á 
• otros pueblos y se ve en gran peligro á causa de una sorpresa.— Regresa ú 
, Guatemala. — Los lacandones vuelven á poblar y continúan hostilizando á 
. los pueblos cristianos. — Inutilidad de la expedición de Ramirez.— Entrada 
del cacique de Chamelco al territorio de los lacandones, por la parte de Ve- 
rapaz. — Continua Ramirez en la presidencia hahta que viene d hacerse car- 
go de ella Ñoñez de Landecho.— Malos manejos de este funcionario. — In- 
formes favorables del ayuntamiento. — Encomiéndaselo la gobernación y ca- 
pitania general. — Continua cometiendo abusos. — Disposición favorable ii 
los indios, con el objeto de facilitar las reducciones. — Establecimiento de 
un obispado en la provincia de Verapaz. — Medidas dictadas para continuar 
la conquista y colonización de Kueva Cartago, 6 Costa-Rica.- Ptostableci- 
miento de los gremios. — Propone el ayuntamiento al rey que el comercio 
de España con el Perú se haga por Puerto-Caballos y otro de los del mar 
del sur del reino de Guatemala. — Propone igualmente cierta medida para 
castigar á los hijos de conquistadores que se casen contra la voluntad de 
sus padres.— Solicita que todas las provincias sujetas á esti audiencia 
reconozcan á la iglesia de Guatemala como metrópoli. — Pide que se man- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 119 

de hacer una tasación definitiva de tributos y que se proporcionen algu- 
nas rentas á la corporación. 



(1556—1560.) 



Eu contraposición á la medida que exceptuaba á los indios po- 
bres del reino de Guatemala del pago de tributos y de derechos 
de arancel en los tribunales civiles y eclesiásticos, medida bene- 
ficiosa k los nativos, concibió el gobierno de la metrópoli, en el 
año 1556, un proyecto que si se hubiese llevado á cabo, les habría 
sido muy perjudicial, dando el carácter de perpetuo á un mal que 
era ya no poco grave aun en la condición de temporal que habia 
tenido hasta entonces. 

Tal era el pensamiento de que la corona enagenara las enco- 
miendas, que se trató de poner en ejecución por aquel tiempo, 
entre otros arbitrios para proporcionar recursos al erario. Ven- 
díanse en Castilla hidalguías, títulos, señoríos, alcaydias, regimien- 
tos y otros oficios: ¿cdrao no habia de pensarse en vender en 
América las encomiendas de indios? 

Por fortuna para estos, el mismo campeón que habia defendido 
victoriosamente sus derechos, pocos años antes, en la junta de 
Yalladolid, volvió á salir á la palestra, levantando la voz alta y 
vigorosamente contra la proyectada enagenacion. El antiguo 
obispo de Chiapas escribió un folleto "'Sobre la potestad sobera- 
na délos reyes para enagenar vasallos, pueblos y jurisdicciones;'' 
escrito notabilísimo, en que adelantándose á su siglo, atacaba 
el principio, generalmente aceptado entonces, del poder absolu- 
to de los soberanos sobre las vidas* y haciendas de sus vasallos 
y enunciaba las ideas mas avanzadas del derecho público moder- 
no. Negaba Las Casas la facultad de hacer tales enagenaciones 
sin consentimiento de los subditos; decia que la voluntad de la 
nación era el origen de la autoridad de los reyes, príncipes y 
magistrados; que estos jamas debían considerarse superiores u 



120 HISTORIA 

las leyes, y sentaba otras proposiciones que ^i las leyéramos sin 
saber quien fuese su autor, las atribuiríamos mas bien á un miem- 
bro de la Convención francesa de 1782, que no á un friiile espa- 
ñol del siglo XVI. (1) 

Debemos suponer que aquellas observaciones fueron atendidas, 
paesto que no volvi(5 á hablarse ya de cnagenacion de onr-oniion- 
das de indios. 

Entre las disposiciones emitidas por aquel tiemi)o para el go- 
bierno de las colonias, encontramos una que revela el espíritu 
meticuloso y exclusivista que animaba á la metrópoli; tal fué 
una real cédula emitida el seis de junio de 155G y confirmada 
por otras posteriores, en que se imponia pena de muerte y per- 
dimiento de bienes á todos los que trataran y contrataran con ex- 
tranjeros de cualquier nación; cambiando (> rescatando oro, plata, 
piedras, perlas, frutos y otros géneros y mercaderias. (2) Vere- 
mos mas tarde que á pesar de haberse reproducido do tiempo en 
tiempo esas prohibiciones, no pudo impedirse el comercio de las 
colonias con los paises extranjeros, y el gobierno ospafiol mismo, 
mejor inspirado, tuvo que tolerarlo. 

En enero de 1556 tuvo lugar an acontecimiento memorable 
para España y sus dominios de América. El emperador Tiíplos 
í, en cuyo nombre y bajo cuya autoridad fueron conquistados los 
reinos mas importantes de Nuevo Mundo, renuncio la corona en 
sa hijo Felipe II. El mismo soberano comunicd el suceso "al 
concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y 
omes buenos de la ciudad de San Salvador de la provincia de 
Guatemala," con fecha 16 de aquel mes y año y al siguiente día 
á la ciudad de Santiago; pero no .se pre^'ono ni se celebró la 
exaltación al trono del nuevo monarca, hasta mediado el ano 
1557, como diremos luego. 

Ausente de España el rey, gobernaba en su nombre la í>rin- 



(1) Opúsculo 6 ° . en la "Colección de las obras del Venerable Obispo de 
Chiapas," publicada por Llórente, París, 1822. 

^2) Es la ley 8 « , tit. 13, lib. 3 ^ . Rec. de Ind. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 121 

cesa viuda, su hermana, que dirigió, el 22 de enero de 1556 una 
cédula al presidente y oidores de la audiencia de los Confines, 
(nombre que se daba todavía ú la de Guatemala,) relativa á 
los perjuicios que causaban lí los pueblos pacíficos de la provincia 
de Chiapas los indios barbaros que poblaban el territorio conti- 
líuo, conocido con el nombre de el Lacandon. Según los informes 
recibidos, no habia año en que no destruyesen alguna población, 
siendo ya catorce las que tenian arrasadas, entre ellas una que 
no distaba mas que quince leguas de la cabecera de la provincia. 
Los infieles, decia la real cédula, vinieron de noche á dar 
sobre el dicho pueblo y mataron y cautivaron mucha gente, y de 
los niiíos sacrificaron sobre los altares y les sacaron los cora- 
zones y con la sangre untaron las imágtrnes que estaban en la 

iglesia quemaron esta y las casas del pueblo y se llevaron 

mucha gente presa á su tierra. (1) 

Hablaba en seguida de la inseguridad y zozobra continua en 
<{ue vivian los habitantes* de los pueblos pacíficos fronterizos con 
el territorio de los lacandones, teniendo necesidad de pasar las 
noches en los montes, por temor de las irrupciones de los bár- 
baros. Anadia la princesa no haber recibido aviso del presiden- 
te y de la andiencia acerca de aquel estado de cosas, y les manda- 
ba seguir las informaciones del caso y castigar severamente ú 
los autores de aquellos atentados. 

Esa real cédula fué de aquellas que se obedecían y no se cum- 
plian, según la formula tan frecuentemente usada en aquella 
época; siendo preciso que dos años después se repitiera la drden, 
para que se organizara la expedición contra los lacandones. 

En sesión de 25 de mayo de 1557, acordó el ayuntamiento de 
Guatemala alzar pendones por el rey Felipe 11. Dispuso se 
hiciese el estandarte con las armas reales y las de la ciudad, 
que le habia concedido la reina Doña Juana desde el año 1532. El 
ayuntamiento resolvió ponerse de acuerdo con la audiencia y con 
el presidente para acordar las ceremonias de la proclamación. 



(1) Remesa!, Hist. de Ghiap. y Guat. Lib. X, cap. X. 



122 HISTORIA 

El 2G de julio, reunida la corporación, formadas en la pla- 
za mayor las compafíias de infanteria y caballería, ante un nu- 
meroso concurso, ansioso do presenciar un acto que tenia lugar 
en el país por la primera vez, el escribano de cabildo leyó la carta 
del emperador, que los concejales besaron y pusieron sobre sus 
cabezas. En seguida, tomando el pendón el regidor mas antiguo. 
Francisco López, lo sacó al balcón de las casas consistoriales y 
dijo en alta voz: Gttateniala por el rey D. Felipe nuestro .señor, rey 
(le Castilla y de Lean y de las Indias. 8e celebró función religiosa 
en la catedral; por la tarde se repitió la ceremonia de la procla- 
mación, se llevó en triunfo el estandarte real por las calles, y 
en la noche hubo iluminaciones y otros regocijos. Así celebró 
Guatemala un acontecimiento que por desgracia no debia mejo- 
rar la suerte de esta remota porción de los vastos dom¡ni(»s del 
nuevo soberano. 

La ciudad costeó a(|uellas fiestas, para lo que fu6 necesario 
que el ayuntamiento revocara una disposición que prohibía hacer 
gasto alguno extraordinario, mientras los fondos no estuviesen 
libres de ciertos compromisos. Tan destituida de recursos supo- 
nía el cabildo en aquellos tiempos ú la ciudad, (jue aseguraba en 
una exposición dirijida al rey en 18 de febrero de 1658, quo no 
tenia propios ningunos, ni hasta entonces se le hablan dado ni 
repartido; siendo así que los tenian las demás ciudades de In- 
dias. Solicitaba, en consecuencia, se le asignase una renta de mil 
pesos anuales sobre indios vacantes, que no hubiesen sido enco- 
mendados. (1) 

Y sin embargo, no era cierto que no se hubiesen asignado fondas 
de propios iíla ciudad, pues consta que desde los tienipos j^rimi- 
tivos, al hacerse la fundación, se señalaron cuatro solares, de los 
cuales uno era "para propios de la ciudad." En sesión del O de 
noviembre de 153(), se dispuso contratar la construcción de unas 
tiendas, cuyos alquileres correspondían á aquel fondo. Trasladada 



(\) Colección de documentos antignos del ayuntamiento, paleografiada 
por Arévalo, 1857. 



DE LA AMIÍRICA CENTRAL. 123 

después la población al valle de Panchoy, en 1542, se destinaron 
cuatro cuadras junto á la plaza para propios de la ciudad. En 
ellas estaba la ciírcel, el tajón, ó carniceria pública y varias ca- 
sas y tiendas de alquiler, todas con el escudo de armas de la ciu- 
dad, para indicar que pertenecían ¡x ésta. (1) Consta igualmente 
que en enero de 1557, se comenzaron ú acensuar aquellas tien- 
das con la cantidad de docientos pesos que fué necesario tomar 
á usura, para proveer a los gastos de la construcción de un mata- 
dero público. 

En la misma exposición en que pedia el ayuntamiento fondos- 
para la ciudad, hacia al rey otras solicitudes para remediar 
algunos males que experimentaba la colonia. Quejábase de la 
dificultad que tenian los conquistadores }- antiguos pobladores 
pobres para establecer convenientemente á sus hijas; obligándo- 
los esto á volverse á los reinos de España, después de haber resi- 
dido por veinte o treinta años en estas provincias. Para remediar 
mal, proponian se fundara un monasterio, donde se recogiesen 
dichas jóvenes, como también una casa de asilo é instrucción 
para mestizos y mestizas hijos de conquistadores y pobladores 
españoles non mujeres indígenas, los cuales, por falta de e- 
ducacion, cometían muchos desafueros. Queria la corporación 
que el rey creara y dotara esos establecimientos. 

Exponía igualmente que habia en el reino muchos de esos 
conquistadores y pobladores antiguos que aunque tenian indios 
de repartimiento, era en tan corto uúmero, que no alcanzaban 
á mantenerlos;)' cuando acudian á la audiencia para que se les 
diesen mas, ó se les prefiriese para los corregimientos, ayudas 
de costa y otros aprovechamientos, se les contestaba estar prohi- 
bido por Su Magestad el dar mas indios ni ocupar en empleos á 
los que ya los tuviesen. Solicitaba el ayuntamiento la derogatoria 
de esa prohibición. 

Quejábase también de que sin embargo de estar dispuesto por 
el rey que nunca faltaran de la audiencia al menos dos de los oido- 



(1) Isagoge bistorica, Lib. 2 ^ • cap. 5 ^ . 



124 HISTORIA 

res, se ausentaban de la ciudad, quedando muchas veces uno so- 
lo, que nombraba el acompañado que mejor le parecía, lo que re- 
dundaba en perjuicio de los litigantes, por el retraso de las causas. 
Pedia que se remediara aquel abuso, y también solicitaba que los 
asuntos de gobierno y la facultad de encomendar indios, estuvie- 
sen en una sola persona y no en cuatro, por lo que no linbia la 
conformidad conveniente. 

Aquella exposición del aviuitJiiiilt'iiii» luc a reposar iraiKjuila- 
menteen las carpetas del consejo de Indias, sin que se tomara en 
mucho tiempo resolución alguna sobro las diversas solicitudes que 
contenia. El nuevo monarca, que se hizo notar, durante su largo 
reinado, por el sistema de postergar la resolución de 'las peticio- 
nes de las ciudades de la peninsuía, no halúa de prestar mas fácil 
oido á las de sus remotas colonias del nuevo mundo. 

El 28 de noviembre de 1558 manó el presidente Rodrigue/ de 
Quesada, y recayó el gobierno en ol licenciado I*edro Uamirez 
de Quiñones, uno de los oidores nombrados desde que se estable-, 
cid la audiencia, de la que habia venido á ser decano. Con este tí- 
tulo se hizo cargo de la presidencia, con arreglo á las ordenanzas. 

Uno de los asuntos en que tuvo que ocuparse desde luego, \'\\6 el 
de promulgar y dar cumplimiento á una real cédula digirida á la 
audiencia desde marzo de 1558, en la que se hacia nílacion de 
la de 155G, respecto ú los excesos qne cometian los lacandones, 
3^ se prevenia se les castigara severamente. Como no se sabia 
<|ue se hubiese cumplido aíjuclla orden, y antes bien tenia el go- 
bierno de la metrópoli nuevos informes del obispo y de los frailes 
dominicos de Chiapas, de que los lacandones .seguian matando y 
robando á los habitantes de los pueblos cristianos, prevenia se 
les sacara de los puntos donde estaban encastillados y se les tras- 
ladara á otro que parece era el territorio de ^Tabasco, aun<pie la 
cédula no lo mencionaba expresamente. 

Decia también que si para dar cumplimiento á aquella orden 
era necesario emplear la fuerza, facultaba al presidente y ala au- 
diencia para que les hiciesen guerra, no obstante la disposición 
del emperador que lo prohibia; y que á los que fuesen cautivados, 
se les hiciese esclavos y en calidad de tales pudiesen servirse de 
ellos los que los tomaran. Para que la expedición fuese menos gra- 



DE LA AMERICA CENTRAL. 125 

vosa al tesoro real, disponia la misma cédula que los españoles 
de Guatemala y Clüapas que tomaran ú su cargo la empresa, se 
repartiesen los tributos que se asignaran á los lacandones que se 
mandaba trasladar á otro sitio, y que disfrutarían de esa gracia 
durante su vida. Por último, concluía recomcudandoque la guerra 
se hiciese con el menor daño posible de los naturales. 

A pesar de esta recomendación, se vé cuan pronto habían cam- 
biado las ideas en la ccrte respecto al punto de la reducción de 
los indios por medio de la fuerza. Contradiciendo formalmente las 
ordenes del emperador y cuando aun vivía este en su retiro de 
Yuste, se manda hacer guerra á los nativos de una comarca del 
nuevo mundo, y lo que es mas todavía, cautivarlos y servirse de 
ellos como esclavos. He ahí destruidas con una sola plumada las 
diversas órdenes que prohibían la esclavitud de los indios bajo 
cualquier pretexto que fuese, y derogada una de las mas impor- 
tantes de las célebres ordenanzas de Barcelona, que hemos citado 
tantas veces en los primeros capítulos de este tomo. 

¿Pero que mucho que los consejeros de la corona opinaran por 
que se hiciese la guerra á las lacandones y se les cautivase, si los 
mismos frailes dominicos, defensores acérrimos hasta entonces del 
cateípiismo pacífico, juzgaban ya que era no solo lícito, sino obli- 
gatorio al príncipe hacer la guerra á aquellos infieles? En efecto, 
en capítulo de la orden celebrado en Coban el 28 de enero de 1558, 
una de las dudas que se propusieron fué la siguiente: "¿Si aho- 
ra le es lícito á nuestro rey hacerla guerra á los indios de Puchu- 
tla y Lacandon, no porque son infieles, o porque comen carne hu- 
mana, sino porque quemaron muchas iglesias de los pueblos veci- 
nos, quebraron las santas imágenes, sacrificaron á sus ídolos so- 
bre los santos altares niños hijos de cristianos, 3' sobre la misma 
cruz, y por otras muchas maldades que entonces hacían?*' Res- 
pondieron los padres del capítulo "que no solo le era lícito al rey 
hacerles guerra, sino que en conciencia estaba tx ello obligado y 
para defender tí sus subditos, totalmente destruir á los de I.acan- 
don yPuchutla.^' (1) 



(1) Remesal, Hist. de Cliiap. y Guat. Lib. X, Cap. IX. 



126 HISTORIA 

Eldia 3 de enero de 1559 se publicó solemnemente, por voz do 
pregonero, en la plaza mayor de Guatemala, la real cédula en que 
se disponía se hiciese la guerra á los lacandones. La idea de ir lí 
l)elear con los infieles y la esperanza de los honores y recompen- 
sas con que se premiaría á los que tomaran ]>arte en la empresa, 
contribuyeron á determinar á muchos de los hidalgos guatemalte- 
«'os á alistarse bajo la bandera que levantó el oidor líamirez de 
(guiñones, nombrado para ir al frente del ejército como capitán 
general. . 

Aunque letrado, pareció este sngeto el mas a' propósito para 
mandarla expedición, 3'aquo habia mostrado aptitudes para le- 
vantar fuerzas y hacer la guerra, en la jornada al Perú. «>n auxilio 
de Gasea, de que hemos dado noticia en otro capítulo do este vo- 
lumen. 

Los escritores antiguos que reüercn esta expedición ;í la liona 
de los lacandones, consignan lo» nombres de varios de los vecinos 
de (íuatomahí que concurrieron á ella. Ademas de I). Juan de 
(ruzman. á quien se encomendaron las funciones de maese do cam- 
po y de Nicolás López de Yrarraga, que fué desempoilando la de 
alférez mayor, se menciona lí Francisco (íjron, Carlos ¡Jonifaz. í). 
('arlos de Arellano, 1). Felipe de Mendoza. Juan Vázquez Corona- 
do, Gaspar Arias Diívila, (iaspar Arias Hurtado, Alvaro Dorrogo, 
Gaspar Perozde las Varillas, Alonso (rutierrez de Monzón. Juan 
<le Morales, Juan Méndez de Sotomayor. Gregorio de l*olan<'o, 
Melchor Ortiz do la Puente, Alonso Hidalgo, Sancho de Baraona, 
Pedro de Baraona, su hermano, y Francisco de Baúuelos. 

Cada uno de estos caballeros llevaba consigo tres ó cualio es- 
pañoles mas íiue les servían y eran gente de guerra. D. Francisco 
de la Cueva, cuñado de Alvara<lo. que por su edad no podía ya 
tomar parte personalmente en la expedición. onví(í dos .solda- 
dos. (1) 

El entusiamo inflamaba los corazones, y no se refiaraba en ga.s- 



(]) Remesal, Hist. Lib. X, Cap. XI. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 127 

to ni sacrificio para procurar equipos j arreos militares. Hubo 
jíiuchos que, por ser pobres, tuvieron que empeñar sus casas, á fin 
de obtener dineros con que costear vestidos, estandartes, caballos, 
armas y plumages; y ni ellos mismos ni sus descendientes pudie- 
j-on en muchos años libertarlas de aquellos gravámenes. Verdad 
es que la vanidad de los patriotas debi(5 quedar satisfecha, pues 
•parecian en las reseñas, dice el cronista que refiere aquellos su- 
cesos, soldados viejos de Italia." 

Alistáronse mil indios de la provincia de Guatemala, gente ro- 
Imsta y vali-ente, aunque poco lucida y aseada, y ochocientos de la 
de Chiapas; los cuales parecieron mejor que los guatemaltecos 
cuando se reunieron. Ni dejaron tampoco de alistarse muchos es- 
pañoles residentes en la misma provincia de Chiapas, cuyas fuer- 
zas mandaba uno de los principales vecinos de Ciudad-Real, Gon- 
zalo de Ovalle. 

Se acopiaron víveres en abundancia, que se compraron á ten- 
deros españoles, y á muchos indios seles tomaron sin pagárselos. 
Lanzas, arcos, Hechas, rodelas, escaupiles ó cotas, caperuzas, ban- 
deras, tambores, trompetas y los nuiformes con que vistieron ií 
los indios, todo fué costeado por sus respectivos pueblos. Lleva- 
ba cada soldado una calabaza que tenia doble destino: el de vasi- 
ja para agua y el de salva-vidas en las lagunas y los rios que tu- 
vieran que atravesar á nado. Conduelan también dos bergantines 
en piezas, para armarlos cuando fuese necesario. Era considerable 
el número de los indígenas que seguían al ejército, conduciendo a 
hombros el tren, á pesar del capítulo de las ordenanzas de Barce- 
lona que prohibia emplearlos en aquel ministerio. 

Dirigiéronse cíComitlan, (provincia de Chiapas), donde el oidor 
general en jefe pasó revista a las tropas. Bendijo las banderas el 
obispo de la diócesis, que en obsequiar á los expedicionarios gastó. 
según se dijo, mas de loque le producia su renta endósanos. 

Emprendida la marcha, iban los indios chiapanecos haciendo de 
gastadores, talando los montes, que estaban completamente cerra- 
dos, y asi fueron abriendo camino al ejército, que empleó quince 
dias en llegar á orillas de una laguna donde estaba el pueblo prin- 
cipal de los lacandones, y que un autor moderno cree no era otra 
(jue la del Peten (1) 

(1) García Pelaez, Mem., tora. 1. ^ , cnp. 2\. 



128 HISTORIA 

Diccse que la isleta estaba completamente ocupada por la pobla- 
ción mas grande y otras pequeñas que la rodeaban, de manera que 
no quedaba lugar ñipara sepultarlos cadáveres, que eran arroja- 
dos al agua 3' servían de alimento á los peces, ]>or lo que rehusa 
ron comerlos los españoles. lios indios que iban con el ejército fue 
ron, como debe suponerse, menos escrupulosos. 

Las casas de la población principal parecian grandes, de buena 
fabrica y blanqueadas. Sus moradores, aunque vieron que los ene- 
migos que se aproximaban eran numerosos, no se acobardaron; y 
antes bien, conüados en lo fuerte de su posición y en que todas 
las tentativas anteriores para dominarlos hablan sido inútiles, hi- 
cieron poco caso de los (jue llegaban. 

De buen agüero habia sido, ademas, para ellos la circunstan- 
cia de que habiendo logrado unos indios apostados en una huer 
ta cerca de la laguna. a|)oderarsede un negrillo esclavo que eii- 
trd d coger unas mazorcas de maíz, lo sacrificaron, sin que los e> 
panoles pudieran impedirlo. 

Algunos de los habitantes del pueblo llegaron en canoas y ha- 
blaron con los españoles, pregan tiíndoles r(ue «juerian y ípie bus- 
caban en su tierra. Agregaron (|ue ellos deseaban la paz y la a- 
mistad de los blancos, y que abrazarían la religión que estos pro- 
fesaban. Pero todo a(|uello no pasaba de ser una pura ficción y ce- 
lada que ponían los indios u los invasores, pues cuando estos les 
pidieron canoas para pasar a' la población, les llevaron once úni- 
camente, diciendo tío tenían mas, lo cual no era verdad. Kl obje- 
to de los bárbaros era que los españoles se embarcaran por pe- 
queñas secciones, é ir dándoles muerte al llegar á la isletü 

Pero durante aquellas conferencias, los castellanos habían arma- 
do y aderezado uuo de los bergantines que llevaban en piezas, y 
entrando en 61 algunos soldados, lo echaron al agua con gran vo- 
cería y algazara. Los indios, que dieron caminar á toda prisa hacia 
su isla aquel mónstpo marino, cargado de gente armada, que tal 
áeb\ó parecerlcs una embarcación tan superior á sus pequeñas 
canoas por sus dimensiones y aparato de velas y cordage, e- 
eliaroü áhnir por un rio; pero no pudieron hacerlo tan de prisa 
que no capturaran los españoles unos ciento cincuenta, entre e- 
llos el cacique y el gran sacerdote de los lacaudones. Los chiapa- 



1)K Í.A AMERICA CKXTRAL. 129 

llecos, nadadores muy prácticos, contribuyeron mucho ala captu- 
ra de aquella gente. 

Ocupada la población, el ejército castellano despojd las casas 
de cuanto había en ellas de algún valor, y en seguida les pegaron 
fuego. El oidor Ramírez mando una partida de treinta hombres 
en seguimiento de los fugitivos; pero no pudieron darles alcance. 

Destruida la población de la laguna y habiendo echado á pique 
el bergantín, se dirigió el ejército á otra llamada Topiltepec, ca- 
minando sin las precauciones que la disciplina militar debió ha- 
berles sugerido, ya que atravesaban tierras de enemigos. Asi fué 
que de repente se encontraron detenidos en un punto estrecho 
por una partida como de ochenta lacandones que les dispararon 
una rociada tal de flechas, que puso en grave conflicto á los expe- 
dicionarios. Muchos fueron heridos, entre ellos el maese de campo 
I>. Juan de Guzman; y quizá habrían perecido todos, á no haber- 
seles agotado los pro3'ectiles á los indios. Siguiólos Gabriel Me- 
xia con veinte españoles y cien indígenas auxiliares; pero no pu- 
do darles alcance. Los castellanos encontraron desierto el pueblo 
de Topiltepec; pero con provisiones abundantes, que les fueron 
de mucho auxilio, pues sus víveres estaban agotados. Pasaron en 
seguida á Puchutla, población edificada también en un islote en 
una laguna, teniendo que construir lanchas para llegar al pueblo, 
pues el otro bergantín, que llevaban en piezas, habia sido 
abandonado en las selvas. 

Los indios de Chiapas guiaban las embarcaciones con mucha ha- 
bilidad. Sirviéndose de unos hacecillos de caíias para mantenerse 
sobre el agua, con una mano guiaban la balsa y con la otra ma- 
nejaban el arco y la flecha. Los de Puchutla echaron al agua mul- 
titud de canoas con gente armada, empeñándose un combate cual 
no lo habían visto hasta entonces ni han vuelto á verlo después 
aquellas pacíficas y tranquilas aguas. De cuando en cuando dispa- 
rababan los chiapanecos sus flechas sobre los salvajes y se zabu- 
llían para defenderse de los tiros de estos. Otros resguardaban á 
los españoles mientras cargaban sus mosquetes; habiendo indios 
que nadaron hasta una legua en aquel ejercicio. 

No pudieron los bárbaros resistir á las armas de los europeos. 
Espantados por los disparos de los arcabuces, huyeron, dejando 

HIST. DE LA A. O. 9 



130 HISTORIA 

sóbrelas aguas los cadáveres desús oompafieros. Ix)S españoles o- 
ííuparon el pueblo, que encontraron sin habitante ni objeto alguno, 
pues los que por su edad ó por su sexo no pudieron armarse para 
el combate, salieron con anticipacioo, llevándose lo poco que pu- 
diera tentar la codicia de los invasores. 

Dando por terminada la campana, el oidor capitán general dis- 
puso regresar á Guatemala consns ciento ciücaenta cautivos. Tu- 
vo cuestión con el obispo de Chiapas, fray Tomas Casillas, sobre 
si habian sido bien ó mal hechos; pero el oidor se los ti-ajo ú la 
ciudad, de donde no tardaron en fugarse. El cacique lo habia he- 
cho ya desde el camino. 

Algunos de los españoles que hicieron la campana, fueron |)n> 
miados por sus servicios. Otros gastaron tiempo y papel en ha- 
cer informaciones para acreditar sus méritos y obtuvieron j)rome- 
sas de grandes repartimientos, que no se supo si se cumplieron ñ 
no. Se perdonó parte del tributo á los indios de Chiapas, y u mu- 
chos de ellos premió ademas el oidor regalándoles espadas y ala- 
bardas, que algún tiempo después les recogieron, diciendo que no 
eran armas aquellas para andar en manos de indios. Todos lleva- 
ron á sus casas algunos objetos como botin de guerra. (1) 

Costó al tesoro real aquella campaña cuatro mil (|UÍuientos )><-- 
sos de oro de minas, (2) y habiendo el oidor presentado sus cuen- 
tas, resultó alcanzado en quinientos cincuenta y cinco poso-?, seis 
tostones y siete granos. 



(l) Cuenta Bemesal, de qoien tomamos los (lato« relativos á la campafia 
•leí Lacandon, que nn indio qne no pudo hacerse de objeto alguno que poder 
llevar á su casa, llenó de piedras nn c7ii(juifi'áite, ó cestillo, y cubriéndolo cui- 
dadosamente, cargó con él, y al llegar á su pueblo, lo presentó a su niuger, 
que salió á recibirlo y tuvo mocho gasto, imaginando quH el envoltorio con- 
tendría algún tesoro. Descubierto «í1 contenido del cesto, fué tal la cólera déla 
muger, que arrojó á la cabeza del marido los mismos guijarros (¡ne U- llf-v^liíi 
como recuerdo de la expedición. 

{2) Remesal estima cada pe^o de oro en 4.'>(» maravedíí», cálculo mas bajo que 
el que hemos hecho, siguiendo á otros autores. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 131 

Al mismo tiempo que el oidor Ramírez hacia aquella entrada- 
ai Lacandonpor la parte vecina á Chiapas, el cacique de Chamel- 
(•0, gobernador de la Yerapaz, bautizado con el nombre de D. 
.luán, que era mu}' afecto á los misioneros dominicos, entraba tam- 
bién en las tierras de los lacandones, por la parte que lindaba 
con su gobernación. Habiendo dado batalla á los de Acalá, los 
venció, ahorcó ochenta de los principales y se llevó ciento ochen- 
ta cautivos, con lo que completó la destrucción de aquel pueblo, 
que el mismohabia comenzado cuando fué á castigar á los que die- 
ron muerte á los misioneros Vico y López. 

Los lacandones del territorio limítrofe con Chiapas volvieron á 
ocupar sus pueblos y reedificaron las casas que hablan destruido 
los españoles, continuando sus hostilidades á las poblaciones ve- 
cinas, con lo cual la expedición de Ramírez vino a ser com- 
|)letamente inútil. 

Habiendo llegado el oidor á Guatemala en el mes de abril de 
a([uel aúo, (I-jóQ), volvió á hacerse cargo de la presidencia, em- 
]>leo que desempeñaba con mucha rectitud, imparcialidad y celo 
del bien público. La satisfacción de los colonos españoles y de los 
nativos era general; pero desgraciadamente duró poco, pues a- 
l)enas hablan pasado cinco meses desde el regreso de Ramirez, 
vino á hacerse cargo de la presidencia de la audiencia real, el li- 
cenciado Juan Xuñez de Landecho, que observó en el desempe- 
ño de estos empleos una conducta diametralmente opuesta á la de 
sus tres antecesores inmediatos. 

El 2 de setiembre fué recibido el nuevo presidente, y desde lue- 
go abrió el juicio de residencia, pues según las instrucciones que 
traia. debía tomarla á Ramirez de Quiñones. Habiéndola dado 
este funcionario muy cumplida, y estando nombrado para la au- 
diencia de Lima, fué á embarcarse en Acajutla, acompañándolo 
el mismo Landecho y muchos vecinos principales de la ciudad, 
que quisieron dar J Ramirez aquella prueba de gratitud y apre- 
cio. 

El nuevo presidente, aunque no traia el cargo de gobernador j| 
capitán o-eneral, cuyas funciones debia desempeñar la audiencia, 
comenzó desde luego á mostrar decidida tendencia á arrogarse 
una autoridad absoluta, y, lo que era peor todavía, á hacer muy 



132 HISTORIA 

mal uso de ella. Necesitando persona constituida en alta dlirnidad 
que lo auxiliase en la ejecución de sus protervos designios, hubo 
de encontrarla en el doctor Antonio Mexia. miembro de la au- 
diencia, con quien se unid intimamente, hostilizando y despre- 
ciando á los otros individuos del tribunal. Logru también poner de 
su parte á los oficiales reales Antonio de Rosales y Juan de Cas- 
tellanos, con lo que podia disponer con libertad de los caudales 
públicos. Rosales, pretextando 6 padeciendu realmente algunas 
enfermedades, no eoncurria jÍ su oficina, supliéndolo un hijo qne 
tenia, llamado Gaspar, mozo atreviao y nada escrupuloso, á quien 
confiaba el presidente comisiones importantes. Encargado de co- 
brar los tributos y manejando otros ramos de hacienda, podiaii 
disponer de los fondos reales y los empleaban en especulaciones 
aventuradas, por mar y por tierra, con escándalo y dú^^gusto de l(»s 
vecinos. 

El Antonio Rosales formaba parte del ayuntamiento desde el 
año 1558, en calidad de regidor perpetuo, y por su medio el pre- 
sidente estaba informado de las resoluciones secretas de la corpo- 
ración y aun iufluia en sus acuerdos. Tanto por esto, como también 
probablemente, por componerse el cabildo do encomenderos, ;í 
quienes se permitió' recrecer los tributos que pagaban los natura- 
les, hubo de mostrarse decididamente favorable j( Landecho. (1) 

No habian corrido cuatro meses desde la llegada de este fun- 
cionario, y ya el ayuntamiento dirigía al rey una exposición eu 
que no le escaseaba los elogios, diciendo que "en el desempeño 
de su cargo se aventajaba á sus predecesores." No era iK^)ca ala- 



(1; El regidor Fuentes, parcial siempre por el ayuntamiento, por lo.^ cci;- 
quistadores y antig^ios pobladores, no dice que oquel cuerpo abrazara el par- 
tido del presidente, á quien juzga con severidad. Pero las exposiciones del ca- 
tñldo al rey, de que hacemos mérito en el texto, prueban incuestionablementí; 
que el ayuntamiento hizo cuanto le fuó posible para recomendarlo. Kn esos do- 
cumentos se le llama Martinez de Landecho, quizá por error de copia. IjOs ci 
aistas dicen Nuñez. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 133 

baaza esta, procediendo de los que acababan de dar un testimonio 
j)iiblico de estimación y aprecio al oidor Ramirez, antecesor in- 
mediato de Landeclio. 

Pedia el cabildo con instancia se concediese la gobernación al 
nuevo presidente, de coya providencia, se esperaba, según decia, 
el mejor gobierno de estas provincias. Esa carta, que contenia o- 
tras solicitudes, como luego diremos, fué entregada al mismo pre- 
sidente, (por cuyo influjo puede suponerse seria escrita), para que 
la remitiera al rey con su correspondencia. 

La idea de que el gobierno político y militar del reino estuvie- 
>o en una sola mano, y no encargado á los cuatro o cinco sugetos 
(¡ue componian la audiencia, no parece que fuera desacertada, puea 
de esa manera habría mas unidad, prontitud y reserva en las re- 
soluciones. Pero los elogios a Landecho con que se acompañaba 
la solicitud, le quitan el carácter de desinteresada que sin esta 
circunstancia pudiera considerársele. 

^[ientras venia la resolución del rey, el nuevo presidente ejer- 
cía una autoridad poco menos que absoluta y cometía no pocos a- 
busos. Consentía que los litigantes lo regalaran y obsequiaran y 
muchas veces recibía de ambas partes á la vez. Advertíase prin- 
cipalmente ese mal manejo en todo lo que se referia á los indios, 
;í quienes extorsionaba de todos modos; y se mostr*aba hostil á loa 
obispos del reino y á los frailes, protectores de la clase indígena. 

Si de tal manera procedía Landecho cuando no era mas que 
presidente de la audiencia, se deja entender que sus malos mane- 
jos y su arbitrariedad subirían de punto, cuando se le concedió 
la gobernación, que el ayuntamiento habia solicitado para él. En 
cédula de 16 de setiembre de 1560 le de6ia el rey: "xVveraos a- 
cordado que vos tengáis la gobernación y proveáis los reparti- 
mientos que seovieren de encomendar y los otros oficios que se 
ovieren de proveer, ansicomo lo ha hecho hasta aqui toda esa au- 
diencia; por ende, por la presente vos damos facultad y poder 
para que vos solo tengáis la gobernación, ansi como la tiene nues- 
tre visorrey de la Xueva España."* (1) 



fl) Cit. por García Pelaez, IVIeru. Cap. XIX. 



134 HISTORIA 

De esta manera, el gobernador y capitán general di' (iuaiema- 
la venia a ser un verdadero vire}-, sin el nombre. 

Por los años de 1559 y 1560 se continuú el establecimiento de 
Corregidores, que como queda dicho, dejó muy adelantado el pre- 
sidente Cerrato. En cédula de abril de 59 se prohibió tí la audien- 
cia proveer los cargos de alguaciles en los distritos de los corre- 
gidores, por corresponder esta facultad lí dichos funcionarios; y 
en setiembre siguiente se le previno que no mandase á tomar re- 
sidencia íi los alcaldes mayores noiiibrados por el rey, por tener 
estos su autoridad directamente del soberano. Por otra cédula de 
julio de 1560 se viene en conocimiento de que por no haber al- 
calde mayor en San Salvador, se daba jurisdicción al de Acaju- 
tla sobre aquella ciudad, y al de üsuliitlansobre San Miguel, don- 
de tampoco lo había. (1) 

Pero la institución de aquellos funcionario.s, que fué de verda- 
dero provecho jÍ los naturales durante la presidencia de Cerrato, 
vino lí serles gravosa y á aumentar sud padecimieutos bajo la de 
Landecho. Siguiendo el ejemplo de este, los corregidores opri- 
raian á los indios y los extorsionaban con exacciones indebidas, 
sabiendo que en todo caso podian contar con la impunidad. (2) 

En febrero ^e 1560 emitió Felipe II una disposición favorable 
& los naturales de sus dominios de Indias. Hemos dicho que se 
babia procurado con empeño la reducción il poblaciones grandes 
y ordenadas de los que vivian dispersos en los bosques, ó despar- 
ramados en rancherías cortas, que ocupaban grandes iíreas de 
terreno. Expu.simos también las dificultades que se pulsaron pa- 
ra la ejecución de esta medida, y que una de las principales con- 
sistia en que se privaba á los indígenas de las extensas porciones 
de tierra que tenian. Para obviar ese inconveniente y facilitar 
las reducciones, previno el monarca que no &e les quitasen las 



(1) Id. id. 

(2) Fuentes, Rec. flor. cip. XVII , lib. IX. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 135 

lierrasy grangerias que tuviesen en los sitios que dejaran (1) 

Los misioneros cuidaban de que esas reducciones se hicieran 
con la menor molestia de los naturales que fuese posible. Los o- 
bligaban, ademas, á que construyeran sus casas con algunas co- 
modidades y cuidaban hasta del aseo y limpieza de sus personas. 
En unes del año de 1559 resolvió el rey, previa consulta del 
< onsejo de Indias, separar la provincia de Verapaz del obispado 
<le Chiapas, á que pertenecia por entonces, y que tuviese obispo 
])ropio. Sin elementos suficientes para organizar iglesia y sin que 
;>udiese esperarse que hubiese á quienes conferir órdenes, el pre- 
ado de la nueva diócesis no tendria probablemente otra función 
•piscopal que ejercer, que la de administrar el sacramento de la 
•onfirmacion tí los habitantes de la provincia que hablan abráza- 
lo el cristianismo. No parece, pues, que la necesidad ó la conve- 
niencia de los fieles hubiesen justificado aquella institución; y qui- 
zá fué su principal objeto premiar á los dominicos, (entre quienes 
iiabria de elegirse el nuevo obispo), por sus trabajos en la con- 
iuista pacífica de aquellos pueblos. 

Consultado fray Bartolomé de Las Casas sobre la persona á 
[uien convendría nombrar, designó á fray Pedro de Ángulo, de 
ijuien hablan los cronistas de su orden como de un varón piadoso 
y dado al estudio, y como uno de aquellos que don mas empeño 
hablan procurado el catequismo de los infieles. 
• Recibida en Guatemala la cédula de nombramiento, en princi- 
pios del año de 1560, no fué bien acogida por los superiores in- 
mediatos del electo. Ya sea que se hubiese suscitado alguna emula- 
ción, ó por cualquier otro motivo que no se puntualiza, lo cierto 
es que hubo por parte de los frailes constituidos en autoridad, 
formal empeño en que el padre Ángulo no admitiera la mitra. 
Llegaron las cosas á punto de que tuvo éste que abandonar su 
convento y trasladarse en calidad de huésped á la casa del presi- 
dente de la audiencia. 



<1) Ley IX. Tit. III, Lib. VI, Rec. de lud. 



136 HISTORIA 

Al impetrar las bulas, debía remitirse ú Roma una información 
sobre la vida y costumbres, aptitud y méritos del presentado. La 
instruyó el presidente, acompañado de un doctor Blas Cota, por 
estar á la sazón los oidores suspensos cu el ejercicio de su cargo, 
y declararon varios testigos autorizados, uno de ellos el licencia- 
do Marroquin, obispo de Guatemala, quien hizo un cumplido c- 
logio del padre Ángulo, diciendo que ningún otro sugeto podría 
desempeñar mejor que 61 las funciones de obispo de la Yerapaz. 

El 21 de abril de 1560 aceptó formalmente el nombramiento, y 
en seguida, pareciéndolc que la residencia en la casa del presi- 
dente no le dejaba la necesaria libertad para cumplir las obliga- 
ciones de su estado, hubo de trasladarse al convento de San 
Francisco. Enardecidos los ánimos de los qae se oponían á que 
fuese obispo el padre Ángulo, y saliendo la cuestión del rccúnto 
délos claustros, como sncedia regularmente en aquellos tiempos, 
estuvo apunto de cansar una conmoción seria en la ciudad. Para 
evitar que las cosas llegasen á una extremidad desagradable, de- 
terminó el padre Ángulo volverse á México, jÍ cuyo convento de 
dominicos pertenecía, y estando allií, recibió despachos del con- 
sejo de Indias en que se le prevenía fuese á hacerse cargo del go- 
bierno de su diócesis, mientras le llegaban las bulas y podía 
consagrarse. ^ 

Obedeció la orden, y volviendo á Gaatemala, organizó su casa 
episcopal, con alguna ostentación, según parece, y .siguió jí Vera- 
paz. Allií no le faltaron desagrados, pon|ue continuó la oposición 
por parte de los dominicos establecidos en la provincia, que pre- 
tendían renuncíase el obispado. Tuvo, ademas, el disgusto de ver- 
se abandonado por los eclc-íiásticos que había llevado de Guate- 
mala, y á quienes no agradó el clima, según dijeron. Acompaña- 
do de un solo capellán, estando en Salamá bueno y sano, lo asal- 
tó la muerte repentinamente, en principios del año de 1562, sin 
mas anuncio que un líjero desvanecimiento de cabeza. Asi acabó 
sus días el primer obispo de la Yerapaz; iniciándose la nueva 
iglesia, como se vé, bajo malos auspicios, nuncios de su corta du- 
ración. (1) 

Debemos decir cual era en aquella época (1560), la situación 

(1) Kemesal, Hist. de Chiap. y Gnat., Lib. X cap. XV. 






DE LA AMERICA CENTRAL. 137 

de la parte del pais conocida con el nombre de Costa-Rica, don- 
de ocurrieron sucesos de que corresponde dar noticia en el punto 
al cual hemos llegado en nuestra narración. 

En el capítulo XYII del tomo primero de esta historia hicimos 
mención del asiento 6 convenio celebrado por el rey con Diego 
(í utierrez para la conquista y colonización de la provincia de Car- 
tago, desde la bahía de Cerebaro hasta el cabo Camarón; y agre- 
gamos que cuando se hizo este asiento, una parte del pais habia 
sido ya conquistada y poblada por españoles. 

Parece ser que el mismo Gutiérrez tampoco adelant(5 mucho 
en su empresa, 6 que no pudo conservar lo poblado y conquistado, 
pues la audiencia de Guatemala mandó, en el año 1560, á su fis- 
cal, el licenciado Juan Cavallon, con el empleo de alcalde mayor 
de Nicaragua y con el encargo especial de organizar una expedi- 
ción á la Nueva Cartago. El alcalde mayor envió una partida de 
españoles al mando de un clérigo llamado Juan de Estrada Eúva- 
go, los cuales fueron por mar; ofreciendo Cavallon ir por tierra á 
reunirse con ellos y ayudarlos en la empresa. No se sabe que lo 
hubiese verificado; pero si que Rávago y su gente fundaron en la 
bahía de San Gerónimo, una población con el título de villa del 
Castillo de Austria. 

Por una real cédula del mismo año 1560, sabemos también que 
el capitán Francisco Vázquez de Coronado habia conquistado y 
colonizado la parte de la provincia hacia Nata, en virtud de asien- 
to hecho con el rey; y que habiéndola perdido, la recobró por a- 
qael tiempo, tomando posesión de un puerto á que dieron el nom- 
bre de Landecho, en honor del presidente, y que se llamó después 
la Caldera. 

Referia la misma cédula que unos indios comarcanos con la 
provincia de Cartago, llamados Chomes, habian solicitado la paz, 
y que las autoridades «apañólas los prove3^eron de iglesia, sacer- 
dotes y ornamentos. Ponderaba el rey la riqueza de la tierra, por 
los informes que se le habian dado y decia que en ella habia mas 
oro que .en cualquier otra parte. Esas noticias hicieron que se 
cambiara el nombre de Nueva Cartago, que tenia la provincia, 
por el de Costa-Rica, que ha conservado aquella parte de la 
América Central. 



138 líISTORIA 

La institución de los grénaíos. establecida en Espaúa con el ob- 
jeto de protejer j de impulsar las artes, fué introducida eu Guá- 
rnala desde los días inmediatos subsiguientes á la conquista. Los 
artesanos tenían sus alcaldes, veedores, maestros, oticialos y exa- 
minadores propios; pero suced¡(5 que siendo los (pie ejercían esos 
oficios pertenecientes á la clase de primeros pobladores, conside- 
raron luego como mejor v mas productivo el tener indios de en- 
comienda, que no el de continuar en las ocupaciones de sastres, 
zapateros, albañíles, herreros etc. Voco jÍ poco fueron abandonán- 
dolas, hasta llegar el caso de no haber ya quien quisiera dedicar- 
se lí ellas. Para remediar este mal, que no era de poca considera- 
ción, se apelú al arbitrio u.sual cu aquellas tiempos, el de obligar 
'd los artesanos lí continuar en sus oficios, amenaziíndolos, en caso 
de no obedecer, con la pC-rdida de las encomiendas. Pero á la 
cuenta este arbitrio no hubo de ser eficaz, y se recurrió al de pro- 
curar que los indígenas, los negros y los moztizos aj)rendieran a- 
quellas artes, tan útiles y aun necesarias á la sociedad. Asi fue- 
ron tomando parte aquellas clases en el ejercicio de tales profe- 
siones, y con el objeto de impulsarlas y protejerlas, se procur(5 el 
establecimiento de los gremios que habian desaparecido. 

En noviembre de 1500 se formaron las ordenanzas del de za- 
pateros, concurriendo al efecto al cabildo, los españoles, que eran 
ya pocos, indios, negros y mestizos x|ue ejercitaban el oficio. Las 
diversas razas que formaban la población aparecían bajo el pie de 
la mas completa igualdad, sin otra e.vcepcion ípic la de no permi- 
tirse á los esclavos el ejercer el oficio de maestros; y no fu6 sino 
hasta algún tiempo después que comenzaron á marcarse entre e- 
llas diferencias que estableció la sociedad y que autorizaron y 
sancionaron las leyes. 

En el aíio de 1559 se ocuparon a«i la audiencia como el ayun- 
tamiento en un asunto de bastante interés para el pais; íÍ saber: 
el proyecto, promovido desde muchos años antes, de que el comer- 
cio de España con el Perú, que se hacia por Nombre de Dios y 
Panamá, viniera á hacerse por Puerto-Caballos y algún- otro de 
la costa del sur del reino de Guatemala. Esa idea habia sido ini- 
ciada por Montejo poco después de la fundación de Comayagua, 
considerándose equivocadamente la distancia entre uno y otro 



1)K LA AMÉRICA CENTRAL. 139 

mar por la parte de Honduras, mucho menor de lo que era en 
realidad. El ingeniero Juan Bautista Antonelli, que estuvo en 
Guatemala por el año de 3542, estudio' el proyectó y le encontrc) 
.araves inconvenientes, por lo que no volvid a hablarse sobre el 
particular. Pero en el citado ano 1549 vino á Guatemala un es- 
pañol emprendedor, llamado Juan García de Hermosilla, y este 
promovió de nuevo el asunto con empeño. Se alegaba el mal cli- 
ma y otros inconvenientes del istmo, y no vacilaban en asegurar 
que la navegación desde el golfo de Fonseca hasta la costa del 
Perú, podia hacerse en menos tiempo que desde Panamá, 

El rey previno á la audiencia siguiera una información sobre el 
proyecto; y aunque el mismo Hermosilla fué á España á promo- 
ver el despacho de la solicitud, como representante del cabildo, no 
hubo resultado. Mas tarde volvi(5 á promoverse con empeño, co- 
mo diremos oportunamente. 

Hemos dicho que el memorial dirigido por el ayuntamiento de 
Guatemala al rey, en que elogiaba á Landecho y pedia se le en- 
cargara á él solo la gobernación del reino, contenia otras solicitu- 
des de la corporación. Una de ellas era referente á los malos ca- 
ífamientos que solían hacer los hijos de los conquistadores, jóve- 
nes que careciendo de una educación conveniente, no observaban 
la mejor conducta. Proponía al rey que dispusiera que casándose 
im hijo contra la voluntad de su padre, pudiera la audiencia, á 
solicitud de éste, privar á aquel del derecho á la encomienda de 
indios, que debería pasar á otro hermano. 

En memorial del mes de junio de 1560, el ayuntamiento propu- 
so también al monarca una medida importante; tal fué la de que 
todas las provincias que estaban sujetas á la jurisdicción de esta 
audiencia, reconociesen como metrópoli á la iglesia de Guatema- 
la, á quien llama la mas antigua y la mas honrada después de la de 
México. En aquel tiempo la iglesia de Honduras era sufragánea 
de la de Santo Domingo; la de Nicaragua de la de Lima; la de 
Chiapas, (con Soconuzco) y la de Yerapaz, de la de México. Esta 
disposición monstruosa, atendidas las distancias, presentaba el 
grave inconveniente de dificultar mucho los recursos, en caso de 
que hubieran de interponerse. Pedia, pues, el ayuntamienlo, aun- 
que de una manera indirecta, la erección en Guatemala de un ar- 



140 HISTORIA 

zobispado que compreudiese todas las diócesis de las provincias 
sujetas en lo civil á esta real audiencia. 

Otra de las solicitudes era que se mandara liacer. después do 
maduro examen, una tasación definitiva de los tributos, porque 
la manera en que se hacia ocasionaba mucho disgusto a los enco- 
menderos y desasosiego á los naturales. 

Insistia por último, en lo que tenia manifestado antes: en la ne- 
cesidad de que se proporcionasen algunas rentas al ayuntamiento, 
que muy poco 6 nada podía hacer en bien de la i-epúblieu. por 
falta de recursos. 



CAPITULO VII. 



^ uclve el cabildo de Guatemala á escribir al rey en favor del presidente Lan- 
declio. — Solicitudes de la misma corporación al soberano sobre diferentes 
materias. — Muerte del obispo, licenciado Francisco Marroquin. — Llegan á 
la corte quejas de los malos procedimientos del presidente. — Nómbrase 
visitador y juez de residencia al licenciado Francisco Briseño. — Se demo- 
ra su venida por falta de buques. — Continúa el mal gobiei-no en Guatema- 
la. — Medida hostil al ayuntamiento por parte de la real audiencia. — Llega 
ti licenciado Bríseño. — Falsa tradición respecto á e.ste funcionario. — La au- 
diencia se niega á salir á recibirlo y lo hace el ayuntamiento. — Abre el juicio 
de residencia. — Mal aspecto que presenta contra el presidente y oido- 
res. — Ocultación y fuga de Landecho. — Fin desastrado de este funciona- 
rio. — Driseño hace parecer el caudal que dejó en la ciudad é indemniza 
con aquel fondo á algunos de los agraviados. — Deposición y multa á los 
oidores. — Traslación de la audiencia á Panamá. — Quedan algunas de las 
provincias del reino de Guatemala sujetas á ésta, y otras á la de Nueva Es- 
paña. — Línea divisoria. — Nombramiento de Juan Bustos de Villegas para 
gobernador de Guatemala. — Muere antes de venir á tomar el cargo y con- 
tiniia gobernando el licenciado Briseño. — Los indios de Ahnolonga recla- 
man privilegio para no pagar tributo, y se les concede. — Nuevas solicitudes 
del ayuntamiento, entre ellas la de que los indios no paguen diezmos. — 
Envia un procurador especial para que reclame la reposición de la audien- 
cia. — Solicita que las encomiendas de indios se concedan por tres vidas. — 
Proyecto de abrir la barra del rio Michatoya. — Camino carretero de Izta- 
pam á Guatemala. — Propone el procurador Marroquin cierto servicio pe- 
cuniario para la concesión de las encomiendas y no lo obtiene. — Preferen- 
cia de los conquistadores y antiguos pobladores y sus hijos para los car- 
gos municipales. — D. Bernardino de Villalpando es nombrado obispo de 
Guatemala. — Carácter y procedimientos de este prelado. — Seculariza las 
doctrinas de los pueblos de indios.— Nombra curas, sin previa presentación 
al vice-patrouo ,real. — Celebra un sínodo sin las formalidades legales^ — 



142 HISTORIA 

Breves de Pió V. y reales cédulas que los acompañan. — Publica Brisoño es- 
tos documentos. — El obispo sale á visita y muere repentinamente. — Real 
cédula de Felipe 11. en que censura la conducta del prelado. — Nuevas ins- 
tancias para el restablecimiento déla audiencia. — Toma á su cargo el asun- 
to el antiguo obispo de CUiapas. — Obtiene un resultado favorable.— Muer- 
te de Las Casas. — Se manda agregar ciertos territorios do los obispados de 
(íuatemala y Chiapas al de Verapaz.— Revoca el Rey esa dispo.sicíon. 



(15GI— lóOT.) 

Kl ayuntamiento de Guatemala volvió á escribir al rey. cu el 
mes de mayo de 15G1, repitiendo los elogios y recomendaciones 
«le Landecho, que tenia ''tanto valor y merecimiento, como para 
•gobernar las provincias del Perú." Daba las gi-acias al soberano 
porque le había encomendado á él soloja gobernación; decia que 
liabia remediado doncellas pobres, hijas de coníjuistadoros. que 
estaban sin dote, provisto al pueblo de mantenimientos baratos, 
(|ue faltaban untes, y ijue sustentaba mucha casa, en el real 
.servicio. Concluia indicando (pie el .salario que tenia el presidente 
era poco; las cosas que venían de España, caras, y que pura vivir 
eon el honor y limpieza que se requería, se le debía aumentar d 
sueldo. 

Volvía ií proponer lo de la fundación de un monasterio, donde 
pudiesen recogerse las hijas do conquistadores y antiguos pobla 
dores pobres, y que dotara el establecimiento con la renta nece- 
saria. Insistía en la urjencia de que se hiciese merced á la ciudad 
de algunos recursos, pues carecía aun de los medios de enviar 
uu procurador á la corte; repetía la instancia sobre lo de trasla 
dar el comercio de España con el Pera á Puerto-Caballos y otn) 
<le los del sur del reino de Guatemala, que promovía en la cor- 
te Juan García de líermosílla, é insinuaba la conveniencia de la 
])erpetuídad de las encomiendas, pidiendo que mientras se resol- 
vía este punto, se prorogasen al menos f)or dos vidas nia.«. 

Nos llamaría la atención que firmaran esa carta, en que se ha- 
cían tales elogios de Landecho, personas tan caracterizadas como 
Don Francisco de la Cueva, Bernal Díaz del Castillo, Francisco 
del Valle Marroquín (hermano del obispo) y otros, si no recordá- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 143 

laníos que aquel presidente se había mostrado muy favorable á 
los encomenderos, recreciendo los tributos, con perjuicio de los 
indios. 

Cuatro dias después de haber firmado los individuos del ayun- 
tamiento aquella carta al rey, dieron poder á dos vecinos de la 
ciudad, Juan de Guzman (sin duda el que habia hecho de maese 
de campo en la jornada al Lacandon) y el Dr. Blas Cota, (que 
habia servido como acompañado al presidente durante la suspen- 
sión de los oidores,) para que fueran á la corte y presentaran al 
vey el memorial del cabildo é instaran verbalmente por el buen 
despacho de las solicitudes que en él se hacian. 

Pero parece que los procuradores no participaban de las ideas 
<le los individuos del ayuntamiento con respecto á Landecho.y que 
sus informes fueron enteramente contrarios á lo expuesto en la 
carta de que eran portadores. Entendió' el cabildo lo que pasaba 
y escribió de nuevo al rey, con fecha 26 de enero de 1562, pro- 
testando contra cualquier informe en contrario que hubiesen dado 
sus procuradores, movidos, decia, por interés particular; reprodu- 
ciendo los elogios á Landecho y reiterando las solicitudes conte- 
nidas en el memorial de 17 de mujo anterior. (1) 

Un año después (enero de 1563,) vuelve el cabildo á escribir 
al rey; pero ya no contiene su carta el menor elogio de Lande- 
<ího, y ni se le menciona siquiera. Antes bien suplica se dé ente- 



(1) Coleecioú de documentos del archivo del ayuntamiento de Guatemala, 
por Arévalo. 

Fuentes, en los capítulos XYII y XVIII del Lib. IX, 11* parte de la Recor- 
dación florida (M. S.) supone graves discordias entre el presidente Landecho 
y el ayuntamiento, desde el aíio 1560; y aun indica que el obispo Marroquin, 
que tampoco corria bien con el presidente, estuvo á punto de ir á España co- 
mo procurador del cabildo y con encarg-o de hacer ver al rey la mala conduc- 
ta de aquel funcionario. Los memoriales del ayuntamiento que citamos y ex- 
tractamos en el texto, están en completa contradicción con las aserciones 
del ci'onista ; y siendo documentos de carácter oficial, hemos debido atener- 
nos á ellos. Puede inferirse, sí, de otras cartas posteriores del cabildo, (como 
lo hacemos notar en seguida,) que mas tarde se alteró la armonía entre el 
presidente y el ayuntamiento. 



144 DE I.V AMKRICA CENTRAL. 

ro crédito á todo cuanto digan y expongan de su parto los pro- 
curadores que tiene en la corte, personas antiguas ambas, dice, 
y que conocen bien las necesidades del país. Llama la atención 
ese silencio sobre un punto <iue el ayuntamiento había turnado 
tan ú pechos, pues no dirijia carta al soberano desde que estaba 
aquí Landecho, que no contuviese elogios y recomendaciones de 
este funcionario. • • 

Se quejaba amargamente en el memorial de que muchos sujetos 
que no eran descendientes de conquistadores ó antiguos poblado- 
res del pais, ocurrian al rey y al tonsejo de Indias con falsas 
relaciones de supuestos méritos, y obtenian, mediante ellas, c6- 
duhis para que se les diesen aquí encomiendas de indios, li oficios 
vacantes, con perjuicio de las familias de los (jue liabian derra- 
mado su sangre en la conquista, (5 ayudado ú fundar los prime- 
ros establecimientos españoles con su sudor y trabajo. 

El rey había dispuesto que uno de los individuos de la audien- 
cia anduviese siempre visitando los pueblos á que se extendía 
su jurisdicción, con el objeto de ver sus necesidades y proveer 
de remedio á ellas, üecia el ayuntamiento que esa medida, lejos 
de producir el bien que de ella debia esperarse, estaba originan- 
do males, f)orque las mas veces eran los encargados de esas vi- 
sitas los oidores mas modernos, que como inexpertos é ignoran- 
tes de las cosas de la tierra, tomaban providencias desacertadas, 
especialmente en materia de tasación de tributos. Representaba 
como un mal para los mismos indios el que se les relevase de 
aquel pago, ó que se les disminuyese demasiado la cuota, por 
que así se entregaban enteramente á la ociosidad, ú que eran, 
decia. muy propensos. Pedia se encomendase al oidor mas anti- 
guo la comisión de recorrer todos los pueblos y hacer una nueva 
tasación de los tributos, que no se alterara en algún tiempo; ú 
fin de evitar que los indios estuviesen ocurriendo continuamen- 
te á la audiencia, gastando sus escasos recursos y muriendo por 
los caminos, "¡mbioidos por religiosos y otras personas apasio- 
nadas. " 

En 12 de lebrero siguiente voIvííj á escribir el ayuntamiento 
al rey, manifestándole que muchas personas llegadas reciente- 
mente á estas provincias, seguían informaciones para comprobar 



HISTORIA 145 

méritos imaginarios y que con ellos ocurrian á la corte solicitan- 
do gracias, con perjuicio de los descendientes de conquistadores 
y antiguos pobladores. Para remediar ese abuso, pedia que no 
.-e concedieran tales mercedes, sin oir á los procuradores que te- 
nia el cabildo en España, quienes podrían informar en cada caso 
conforme á la verdad. 

Quejábase, en seguida, de los religiosos, que se entrometían 
en las elecciones de los cabildos de indios, por sus fines particu- 
lares, haciendo nombrar alcaldes, regidores y otros oficiales de 
justicia á aquellos que les convenían, aunque no fuesen los mas 
idóneos. Solicitaba que el soberano diese orden para que se evi- 
tara ese abuso, haciendo que los frailes se ocuparan exclusiva- 
mente en las cosas de su ministerio. 

En conclusión pedia que las demás ciudades y villas del reino 
contribuyesen á los gastos en enviar y mantener procuradores 
en la corte, y que no pesara únicamente esta erogación sobre el 
ayuntamiento de Guatemala. Si los beneficios que tales represen- 
taciones debian reportar eran generales, correspondía á todos 
ayudar á los gastos que ellas ocasionaban. 

Xo consta que alguna siquiera de esas diversas peticiones 
del cabildo hubiese sido despachada favorablemente. 

El viernes santo, día 18 de abril de 1563, murió en Guatemala 
su primer obispo, el licenciado D. Francisco Marroquin, de quien 
tantas veces hemos tenido que hacer mención en el curso de esta 
historia. En muchas ocasiones mostró el prelado guatemalteco su 
amor y caridad hacia los naturales, si bien no tan vehemente co- 
mo el del venerable obispo de Chiapas, no menos sincero y deci- 
dido que este. Promovió lajnstruccion de los pueblos, estable- 
ciendo, seírun lo aseo;ura un escritor moderno, una escuela de 
primeras letras y una cátedra de gramática, aunque no hemos en- 
contrado otra noticia de ese establecimiento. (1) Consta, sí, que 
habiendo promovido, sin resultado favorable, la erección de una 
universidad, asignó en su testamento veinte mil pesos y unas 



(1) JaaiTos. Hist. de Guat, Cap. H. Trat. III. 

HIST. DE LA A. C. 10 



146 HISTORIA 

tierras que poseía en el valle de Jocotenango. inmediato a la ciu- 
dad, para que se fundase y se dotaran cátedras en que se enseña- 
sen las ciencias mas necesarias. Edified á su costa un buen hos- 
pital y un colegio para ninas huérfanas, según el mismo escritor: 
hizo todo el bien que le fué j)os¡ble, y si como hombre que era, 
pudo incurrir en errores, como se advertirá en lo que de él deja- 
mos dicho, la historia debe hacer plena justicia áJa rectitud de sois 
intenciones. 

Protector de los indios, od»8u calidad de obispo, tenia que ver 
por éstos y defenderlos contra sus pro¡)¡os compatriotas los espa- 
ñoles; y por otra parte, ocupando un puesto elevado y teniendo 
<|ue tocar continuamente con presidentes, oidores, ayuntamiento 
y encomenderos, debía contemporizar con éstos, si no quería hacer 
imposible, como sucedió á Las Casas, el ejercicio de sus funciones 
pastorales. Su posición era difícil entre aquellos encontrados iu- 
tereses; pero su buen juicio, carácter recto y tolerante al mismo 
• tiempo, supieron triunfar de aquellos inconvenientes y hacer que, 
respetado casi siempre por todos, fuesen atendidas sus indicacio 
nes con deferencia. Después de gobernar la diócesis durante 
treinta y tres años, bajó al sepulcro acompañado de las bendicio- 
nes y las lágrimas de los indígenas que lo amaban y veneraban 
como á un padre. 

La noticia de los malos procedimientos de I^andecbo y de los 
individuos de la audiencia de Guatemala, llegó al fm á oídos del 
rey; siendo probable que uno de los que informaron sobre el par- 
ticular fuese el regidor Francisco del Valle Marroquín, que pasó 
Á España como procurador del ayuntamiento en febrero de L5GIÍ. 
Queriendo poner remedio á los abusos de aquellos funcionarios, 
expidió, en 30 de mayo de aquel año,' una cédula en que nom- 
braba al licenciado Francisco Briseño para que viniese á tomar 
residencia al presidente, oidores, fiscal y escribanos. Desgracia- 
damente la ejecución de esta providencia hubo de demorar- 
se mas de un año, por falta de buMiip^ mw vinií^ríin «U» K^horui 
á los puertos de este reino. 

Continuó, entre tanto, el mal gobiernu en Guatouiala; y la au- 
diencia, enteramente sometida al presidente, y secundando sus 
miras aviesas, procuraba remover todo lo que pudiera hacer opo- 



I 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 147 • 

sicion á los abusos. Se deja entender que la armonía que había 
reinado al principio entre el presidente y el ayuntamiento, dejó 
de existir. Hemos visto que ya no lo elogiaba al rey, como antes, 
en sus cartas, y encontramos ademas un auto acordado de la au- 
diencia, fecha 20 de enero de 1563, en que prevenía que el es- 
t^ribano del cabildo se presentara cada raes ante el tribunal d 
dar cuenta de los acuerdos de la corporación. Ese acto de hosti- 
lidad y desconfianza fué reclamado por el ayuntamiento como 
contrario á sus libertades. 

El 2 de agosto de 1564 llegó el licenciado Briseño á Guate- 
mala, y aunque Fuentes dice que había cierta tradición relativa á 
la manera en que hizo su entrada i la ciudad, nos inclinamos á 
creer, con un escritor moderno, (1) que esa tradición tiene mas 
de novelesca, que de histórica. Supone el autor de la Recorda- 
<-ion que el visitador se introdujo en la población ocultamente; y 
hospedándose en el convento de la Merced, reveló bajo mucha 
reserva al prelado quién era y el objeto de su misión. Dice que 
en seguida, paseándose por las calles y plazas, en traje de color, 
se mezclaba en los corrillos y escuchaba las conversaciones, á fin 
de formar juicio del estado de las cosas. Duró aquella ficción unos 
quince días, al cabo de los cuales, pretende el cronista que se fué 
Briseño al pueblo de Petapa, á seis leguas de la ciudad, desde 
cuyo punto anunció á la audiencia su llegada. No quiso ésta sa- 
lir á recibirlo, y después de algunas contestaciones, entró acom- 
])añado por el ayuntamiento, que salió á su encuentro en corpo- 
ración, aunque no era esa la costumbre; pero quiso manifestar, 
con aquella demostración especial, su satisfacción por la llegada 
del juez visitador, y hacer un acto de agasajo que contrastara 
con la frialdad y descortesía de la audiencia. 

Briseño, después de haber servido corregimientos en España y 
ocupado una plaza de oidor en Santa Fé de Bogotá, se habia 
hecho eclesiástico y recibido órdenes mayores. Desde que llegó 
á Guatemala, abrió el juicio de residencia contra el presidente 



(1) García Pelaez, Mem. para la historia. 



,148 HISTORIA 

é individuos de la audiencia real, y ana dejó entender (|U0 tenia 
orden de trasladar ésta ú Paiíama. 

Pronto pudo advertirse en el público que el juicio presentaba 
nial aspecto para Landecho. Súpolo éste y se le dijo que el visi- 
tador trataba de arrestarlo y que se le impondría una multa de 
Xreinta mil pesos, para indemnizar con esa cantidad aljíunos de 
los daños que habia hecho, así tí la hacienda real como lí los par- 
ticulares. Al entender esa disposición, el presidente tom(5 el par- 
tido de fingirse enfermo y de no dejarse ver de nadie, y con to- 
do sigilo comenzó á preparar postas para irse á la costa del nor- 
te. Hízolo así, saliendo de la ciudad disfrazado y caminando con 
mucha diligencia, Wegó pronto al embarcadero, donde no encou- 
iró mas que un botecito muy poco seguro, pero (jue se decidió á 
tomar, temeroso de que lo persiguieran. So dice íjue el In'.ntivo 
llevaba consigo alguna cantidad de ore 

Por desgracia suya sobrevino un recio temporal, y perdida la 
mal segura embarcación en que navegaba landecho. naufragó, 
sin que se volviera ú saber de él. Así pagó aquel mal aconsejado 
presidente sus abusos y sos desafueros. 

Fuentes, propenso siempre á suposiciones extrañas y absurdas, 
dice que tal vez aportó á tierra de ingleses que "lo sacrificaron ú 
sus fantasmas y se lo comieron;" figurando á aquella nación, so- 
lo por no ser católica, como las tribus idolatras y y aiitropófagas 
del Lacandon ó de la Talamanca (1.) 

Sabiendo Briseño que Landecho habia dejado caudal conside- 
rable en la ciudad, en poder de algunos particulares, hizo publi- 
car censuras contra los que teniendo aquellos fondos, no los pre- 
sentasen; y con este apremio, muy eficaz en aquellos tiempos, lo- 
gró que entregaran los dineros, con los cuales se verificaron va 
ríos reintegros á personas á quienes Landecho habia de.-<pq¡ado 
de sus haberes y al tesoro real. íjue habia defraudado oseandalo- 
samente. 



(1) Rec. flor. cap. XVni, Lib. IX. Part. II*. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 149 

Los oidores, cuyos delitos se consideraron menos graves, fue- 
ron despojados de sus plazas (con excepción de uno que la conser- 
vó) y multados el que mas en nueve mil pesos y el que menos en 
tres mil. 

El 19 de noviembre de aquel año (1564) se publico en Guate- 
teraala la real cédula que disponía la traslación de la audiencia á 
Panamá; y el oidor que no habia sido depuesto, un Dr. Barros, fué 
el encargado de conducir á aquella ciudad el sello real. 

El castigo impuesto al presidente y á los oidores, fué un acto 
de justicia y de reparación que hacia honor al gobierno de la 
metrópoli, y muy propio para servir de correctivo á los abusos 
á que eran siempre propensos aquellos funcionarios, cuya arbitra- 
riedad era tanto mas atrevida, cuanto mas distante veian al sobe- 
rano á quien representaban. 

Pero por desgracia aquel acto, tan digno de alabanza, fué se- 
guido de otro á todas luces injusto y nada conveniente, como fué 
el de la traslación de la audiencia á Panamá. Como si estos po- 
bres pueblos hubiesen tenido la culpa de los desafueros de los 
que los gobernaban, así se les castigó, privándolos del medio de 
obtener pronta justicia#y obligándolos á ir á buscarla en tierras 
extrañas, de que los separaban enormes distancias. 

Quedaban sujetas á la audiencia de Panamá las provincias de 
Honduras y Nicaragua; y ala de México las de Guatemala, Chia- 
pas, Soconuzco y Yerapaz. Un visitador que se encontraba á la 
sazón en México, no pudo menos que representar al rey contra 
semejante monstruosidad; y el que habia venido á Guatemala en- 
cargado de la ejecución de tan injusta y absurda disposición, no 
levantó la voz para combatirla, á pesar de que veia de cerca sus 
inconvenientes y los males que de ella se originarían á estas pro- 
vincias. He aquí un cargo severo que la historia debe hacer al li- 
cenciado Briseño. 

Suprimida la audiencia, quedó éste con el empleo de gobernador 
y capitán general únicamente; y aunque el rey, por cédula de 17 
de mayo.de 1564 nombró para estos destinos á Juan Bustos de 
Villegas, que era gobernador de Tierra-firme, habiendo muerto 
inopinadamente. á causa de una caída de caballo, continúo Briseño 



150 HISTORIA 

con el mando. (1) El gobierno de éste comprendía las provincias 
de Chíapas, Yerapaz, Soconuzco y Guatemala, hasta la línea (jue 
partiendo del rio de Ulua o Lempa, pasa i>or Gracias y termina 
en la bahia de Fonseca. (2) 

Por aíjuel tiempo quisieron los oficiales reales obligar á los in- 

. dios de Alraolonga (Ciudad Vieja de la Antigua) ú pagar tributt» 
á la corona, como lí los otros nativos q^e no estaban encomenda- 
dos. Resistiéronlo aquellos indios, alegando estar exceptuados co- 
mo descendientes que eran de los mc;¿icanos y tlascaltecas que 

^ trajo Alvarado como auxiliares cuando vino á con(|UÍsíar el pais. 

j Insistiendo los empleados de la real hacienda en quo el privilegio 
liabia cesado ya y que no podian gozar de él los que lo preten- 
dían, se Ilevd el asunto á la audiencia de México, la que decidió 
en favor de los reclamantes. Extendiéronles una provisión en que 
88 les declaraba exentos del tributo, la cual, lujosamente encua- 
dernada, han conservado los agraciados hasta nuestros dias. 

En este mismo ano escribía el ayuntamiento al rey, dando no- 
ticia de la muerte del obispo y de las cláusulas de su testamen- 
to en que asignaba ciegos fondos para establecimientos do utili- 
dad pública en la ciudad. Pedia que el nuevo prelado fuese cual 
convenía al real servicio y bien del paft,(sol¡citud que de poco 
8irvi(5, como veremos luego), y (pie esta iglesia se elevase al ran- 
go de metropolitana. Decía saber que había empeño en (píela pro- 
vincia de Soconuzco, que estaba sujeta en lo eclesiiístico al obi.s- 
pado de Guatemala, se agregase al de Verapaz, lo que ofrece- 
ría graves inconvenientes. Indicaba el mal resultado que tenia 
el que viniesen á gobernar el reino jueces nuevos y que venían 
siempre con gran acompañamiento de sirvientes no experimen- 
tados y favoritos á (|uienes preferían á los primeros poblado- 
res del pais. Debería elegirse para estos cargos á los que ya 
hubiesen venido á las Indias, 6 estuviesen aquí. 

Decía también haber sabido que los prelados del reino solíci- 



(1) Jaarros, Hist. de Guat. Part. III, Cap. I. 

(2) García Pelaez, Mem. Cap. XXXUI. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 151 

taban que los indios pagasen diezmos lí la iglesia, como los es- 
pañoles, lo que no era en manera alguna conveniente, y suplica- 
ba no se accediese á la solicitud. En fines del mismo año, (1564) 
Yohió el cabildo á dirijirse al rey, dando noticia de la llegada 
de Briseño y del celo y rectitud con que habia procedido en la 
residencia del presidente y los oidores. Pero al mismo tiempo la- 
mentaba la providencia, publicada y ejecutada un mes antes, de 
trasladar la audiencia á Panamá, é instaba por su restablecimien- 
to. Tan interesante consideraba el cabildo el asunto, que envid á la 
corte como comisionado especial para que solicitara la reposición 
de la audiencia, á Don Diego de la Cerda, quien debería proce- 
der de acuerdo con el otro procurador que tenia el ayuntamiento, 
Francisco del Valle Marroquin. 

Repetía la solicitud sobre lo de que se extendiesen las enco- 
miendas ú los nietos y volvia á instar para que no se consintiera 
on que los indios pagaran diezmos á la iglesia. (1) 

El procurador Marroquin tenia instrucciones para promover 
con empeño lo de las encomiendas, como asunto en que estaban 
tan interesados los miembros del ayuntamiento y los demás des- 
cendientes de conquistadores y antiguos pobladores. Pero, según 
escribía al cabildo, en julio de 1564, ni aun se liabia atrevido á 
hacer al consejo indicación alguna sobre el particular, vista la ma- 
la disposición que mostraban por entonces los individuos de aquel 
cuerpo hacia los españoles residentes en las Indias. Como prueba 
de su aserto, decía que los procuradores de México se habían re- 
tirado sin obtener la menor concesión en el mismo asunto de en- 
comiendas. Comenzaba ya, pues, á advertirse como lo observa un 
autor moderno, cierta diferencia entre los españoles residentes 
en América y los que permanecían en España. (2) 

Por aquel tiempo comenz(5 á tratarse con empeño de un pro- 
yecto importante, que si bien no se logro llevar á cabo, no por 



( 1 ) Documentos del archivo municipal de Guat. Colección de Arévalo, 
N.*** 10, 11, 12 y 13. 

(2) Garcia Pelaez, Mem. cap. XLIV. 



152 HISTORIA 

eso debe pasarse desapercibido ya que acredita el celo con que 
cuidaba el ayuntamiento de Guatemala de promover todo aque- 
llo que podia conducir al bien público y adelanto del pais. Tra- 
tábase de volver á abrir la barra del rio Michatoya, donde esta- 
ba situado el puerto de Tztapam, en el Océano Pacífico, y por el 
cual se hacia el comercio de la provincia de Guatemala con Pa- 
namá y puertos del sur de Nueva Rspaiía. Afjuella barra había 
estado expedita en otro tiempo, dando fácil acceso á embarca 
cienes pequeílasTíiue remontaban el rio, con gran comodidad de 
los traficantes. Se contaba también por cnt(5nces con la ventaja 
de un camino carretero á Guatemala, que abrió á su costa un 
sugeto activo y emprendedor, llamado Antonio de Salazar, á 
quien se concedió privilegio exclusivo por tres años para usar de 
dicho camino; debiendo quedar después abierto á la generalidad, 
sin restricción. 

El proyecto para abrir la barra del Michatoya, consistía en 
hacer que se le incorporara el Guacalate, otro rio que entra tam 
bien en el Pacífio á poca'distancia. Se contaba con que aumen- 
tado así el volumen de las aguas, este seria bastante para lim- 
piar la barra y volver á darle la hondura suficiente para (|ue pu 
diesen entrar las embarcaciones. 

Gobernando Landecho, se habia promovido este proyecto, y 
el rey le previno siguiese una información sobre su practicabili- 
dad; y después, en enero de 1505, pidió el ayuntamiento al rey 
algunos auxilios pecuniarios para tratar de ponerlo en ejecución ; 
pero nada se hizo, y aun se dejó perder muy pronto el wimíno 
carretero abierto por Salazar, á quien corresponde la honra de 
haber hecho, mas de trescientos años ha, la primera obra de esa 
clase en el pais. Veremos que volvió á promoverse, de tiempo 
en tiempo, el projecto de abrir la barra del Michatoya; pero 
siempre sin resultado favorable. 

El procurador que'el cabildo de (íuatemala tenía en la corte 
no descuidaba el asunto de las encomiendas, á pesar de la mala 
disposición que habia advertido en los vocales del consejo de 
indias. Con la idea de facilitar la consecución de la solicitud, le 
ocurrió proponer un servicio pecuniario por la concesión, y par- 
tiendo del principio que setenta y dos encomiendas que habia en 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 153 

la provincia de Guatemala, prodacian 80,000 ducados al año; 
cuarenta de la de Chiapas, 20,000; cuarenta de la dt- San Salva- 
dor, 30,000 y otras tantas en San Miguel, 8,000, lo que hacia 
138,000 ducados; propuso que se darian 200,000 á la cámara 
del rey, con tal de que se concedieran las encomiendas por tres 
vidas. El consejo de Indias, dando una prueba de rectitud digna 
de elogio, no solo no acept(5 la oferta, sino que reprendió áspera- 
mente al procurador por haberla hecho. 

En el mismo año (1565) expidió el rey una cédula en que pre- 
venía que para los cargos de alcaldes ordinarios de las ciudades 
de las Indias fuesen preferidos los conquistadores y primeros po- 
bladores y sus hijos, ix los peninsulares nuevamente establecidos 
en estos reinos. Sin embargo de esta disposición, parece ser que 
desde aquellos tiempos comenzó á observarse la alternativa en- 
tre unos y otros, para el ejercicio de esos cargos, aunque mas por 
deferencia de los preferidos en las reales disposiciones, que no 
porque se considerase a los recien venidos con pleno derecho á 
los oficios de república. 

Para ocupar la silla episcopal, vacante por muerte del licencia- 
do Marroquin, fué nombrado Don Bernardino de Yillalpando, 
obispo de Santiago de Cuba, que vino á tomar posesión del cargo 
en el año 1565. Desde luego llamd la atención del vecindario el 
numeroso acompañamiento del prelado, en el cual habia clérigos, 
seglares, mujeres españolas con sus criadas & y el gran tren que 
traia. La comparación de aquel fausto con la sencillez de su an- 
tecesor no pudo dejar de ser desfavorable al nuevo obispo; pero 
si no hubiese sido mas que inclinado á la ostentación y a la vani- 
'dad, el mal no habria sido muy grande. No era así por desgracia, 
y pronto comenzó una serie de desagrados que se prolongaron 
-por espacio de tres años, presentando un carácter bastante grave. 

Desde luego mostró su propensión á recibir obsequios y no vi- 
sitó sino á aquellos que le regalaron, portándose con los demás 
.desabrido y nada cortes. Y no solo habia que halagarlo á él mis- 
mo de aquel modo; que también se hacia preciso agasajar y obse- 
quiar á un sobrino seglar que tenia, muy entrometido, y á quien 
el tio toleraba mas de lo que fuera justo. 

Dícese que era el obispo de carácter terco y muy pagado de su 



154 HISTORIA 

opinión, pues solia decir que "siempre que se liabia í^uiadu por 
sn propio dictamen, en cualquier materia, habia acertado; y cuan- 
do lo habia hecho signiendo consejo ajeno, le habia salido mal." 

Lo primero que emprendió aíjuel prelado fué secularizar las 
doctrinas de los puel)los de indígenas, 6 sea quitar los curatos 
á los frailes y encomendarlos á clérigos seglares. Y hay que ad- 
vertir que los eclesiiísticos de esta clase qtie habia entdnces en 
el pais eran, en su mayor parte, portugueses y genoveses proce- 
dentes del Perú, sugetos de muy escasa instrucción y no de la 
conducta mas recomendable. 

Fundiíbase Villalpando al tomar aquella medida, en ciertas 
disposiciones del concilio de Trento. publicadas en a(iuel mismo 
año, y que él interpretaba arbitrariamente. Hizo salir ú varios 
frailes de los curatos, y como los clérigos erau pocos, tuvo que 
echar mano, á fin de llevar adelante su propdsito, de los preben- 
dados mismos de su iglesia y ocuparlos en el servicio de las par- 
roquias. El tesorero, el chantre y dos can<5n¡gos fueron nombra- 
dos curas, y les dio colación sin consentimiento ni noticia del 
gobernador, eo qaieo residia el vice-patrotmto real. 

Ea vista do procedimiento tan irregular, le mand(5 hacer Bri- 
seno un requerimiento judicial para qoe hiciese la presentación 
de los curas en debida forma y elegir él, en nombre del rey. 
á los que considerara mas dignos. E.sto irriten al obispo, que no 
solo se ne^íj á obedecer, sino que se desató en imposturas /• in- 
sultos contra el gobernador. 

De todo esto hubo de darse cuenta al rey, como taiiiliien de 
un incidente que causó no poco escándalo en la ciudad, y fué el 
haber declarado el obispo nulo el matrimonio que él mismo habfa 
hecho, de una joven que trajo de Espafla, por la que mostraba mas 
deferencia de la que era regular y li quien caso con uno de sus fa- 
miliares. 

Quejóse también el gobernador de í|ue el prelado se habia i>er- 
mitido celebrar un sínodo, sin previo permiso de la autoridad 
real, hollando los derechos del patronato, de que se mostraban 
siempre tan celosos los monarcas españoles. Informado de aque- 
llos procedimientos del obispo de Guatemala, Felipe II ocurr¡(» 
al papa, Pió V, quien expidió dos breves, con fechas 24 de mar- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 155 

zo }• 17 de Julio de 1567 y en los cuales prevenía expresamente 
que pudieran los regulares ejercer el oficio de párrocos, como an- 
tes de la publicación del concilio. Remiti(5 el re}' aquellas dispo- 
siciones pontificias, previniendo su puntual observancia, y que no 
se diese colación de los curatos á los ele rióos, sin que fuesen pre- 
viamente presentados al vice-patrono real. (1) 

Con las cédulas que contenían esas disposiciones venia otra 
muy agria y destemplada y en la que se liacian los cargos mas 
graves al obispo. Briseño hizo publicar los breves y las cédulas 
por voz de pregonero, lo que fué un golpe mortal para el pre- 
lado. Lleno de enojo y pesadumbre, salió de la ciudad con pre- 
testo de ir ú visitar la provincia de Cuzcatlan, y caminando á 
grandes jornadas, llegó á Santa Ana, y encerrándose en un cuar- 
to por la uoclie, no quiso tomar alimento alguno. Al siguiente dia. 
advirtiendo los pages que no llamaba, aunque era tarde, entra- 
ron al cuarto y lo encontraron muerto en su cama, frió y rígido 
ya el cadáver, lo que les dio á entender que habia dejado de 
existir á poco de haberse acostado. 

Como un documento histórico interesante y que hasta ahora 
no ha sido publicado, trascribimos á continuación la cédula de 
Felipe 11, de que hemos hecho mérito. Decia así: 

"El Rey 

Licenciado Briseño. Nuestro Gobernador de la provincia de 
Guatemala, ó en vuestra ausencia, al Presidente y oidores de la 
dicha provincia. A nos se ha hecho relación que a causa del po- 
co cuidado que Don Bernardino de Villalpando, obispo de esa 
provincia, tiene de castigar los delitos y excesos que los clérigos 
de su obispado cometen, é haciendo malos tratamientos á los in- 
dios naturales y otras personas, de que se siguen graves incon- 
venientes 3' daños, en escándalo y mal ejemplo de los pueblos; y 



(1) Cédalas de 21 de setiembre y 3 de noviembre de 156T. Fuentes, Rec. 
flor. (M. S.,} Cap. VI, Lib. X. 



156 HISTORIA 

• 

que aunque muchas veces se le lian dado probados y vcrüioados 
los dichos delitos, no los ha castigado, sino con solo llamar á lo- 
dichos clérigos y condenarlos en alguna pena pecuniaria para 
su cámara, tornándolos luego á dejar en el mismo partido en que 
antes estaban, ó en otro meior, si con inteligencia o intereses que 
dan lo saben manejar; y así los dichos clérigos viven muy libres 
y esentos, entendiendo la forma con que han de negociar con el 
dicho obispo, porque los provee, aunque tengan muchos defectos 
y sean portugueses y genoveses indignos del cargo que se les da. 
y que en otro tiempo fueron desterrados de esa tierra; y que vis- 
to esto se han ¡do de ese dicho obispado muchos sacerdotes anti- 
guos y beneméritos; por lo cual, y ponjue los mas de los preben- 
dados de esa iglesia estíín proveidos en algunos partidos del di 
cho obispado, como son el tesorero y chantre, y Francis(;o Her- 
nández y Hernando de Céspedes, caodnigos, no hay en ella el 
servicio que conviene y solia tener; y que aunque se le ha reque- 
rido eoD una nuestra cédula que baga residir á los dichos preben 
dados, como son obligados, no lo ha querido cumplir, ni tampoco- 
tiene el cuidado y cuenta que conviene en el edificio de la dicha 
iglesia, aunque hay harta necesidad de ello, por estar cubierta d( 
paja; y habiéndose celebrado sínodo en esa Provincia, y requi- 
riéndosele por parte de nuestro fiscal que conforme á una nues- 
tra real cédula, antes que el dicho sínodo se promulgase ni usase 
de él, se enviase al nuestro Consejo de las Indias, para (pie en él 
fuese visto y proveído acerca de él lo que conviniese; no lo habia 
querido cumplir el dicho obispo, y hace otros malos tratamiento- 
á los rejiosos de las órdenes, quitando á los de la de San Fran- 
cisco los pueblos de nuestra real corona, que tienen muchos años 
ha, á su cargo; y que no ha salido á visitar el dicho su obisjíadf) 
hasta ahora poco ha que con mucha codicia de interés fué en 
viando personas adelante para que diesen á entender á los indios 
(jue le ofreciesen mucha cantidad, que ha sido causa para que los 
indios digan que les va á comer sus gallinas y rccojer cacao y 
tostones, y le tengan poca reverencia y amor; y que así mismo tie- 
ne en su casa ciertas mujeres que no son sus hermanas ni primas, 
y que la una de ellas es de edad de diez y ocho anos y poco ho- 
nesta, por cuya intercesión y de un sobrino suyo del dicho obis- 



DE LA AMÉRICA CEÍÍTRAL. 157 

po. con dádivas y presentes lian de negociar con él los que quisie- 
ren conseguir algo; y que á la dicha moza la liabia casado con un 
criado suyo, 3' después tuvo forma de echar al marido de esa ciu- 
dad, so color de que no se habia podido ca.^ar con ella por ciertas 
causas que le opusieron, en mal ejemplo de los vecinos y natura- 
les de esa tierra; y me fué suplicado lo mandara proveer y reme- 
diar como conviniere; y porque sobre lo que toca á dicho obispo 
enviamos á mandar al arzobispo de México que con todo cuida- 
do provea á una persona que vaya á esa Provincia y por via de 
;-ita haga una información de todo lo que ha pasado acerca de 
' susodicho, y hecha la información, le dé traslado de las culpas 
<|uo contra él hubiere y reciba sus descargos, y lleve todo ante el 
dicho arzobispo, para que habiéndolo visto, provea lo que conven- 
i:a al servicio de Dios Nuestro Señor, y nuestro, y buena admi- 
nistración de la iglesia y obispado, y buen tratamiento de los na- 
turales: y de lo que así hiciere 3' proveyere envíe ante Nos al 
dicho consejo de las Indias relación particular de ello. Y porque 
podria ser que en algunas cosas de las susodichas hayan sido cul- 
|)adas algunas personas legas en esa tierra, y hallando serlo pro- 
cedáis contra ellos por todo rigor de derecho, haciendo y admi- 
nistrando justicia en el caso, y siendo necesario, os doy poder 
( iimplido. Fecha en Madrid, a 30 de agosto dé 1567 años. — Yo 
FJ Rey. — Por mandado de su Magestad. — Francisco cíe Erazo:' 



Para no interrumpir la narración de los acontecimientos sobre- 
venidos con motivo de la mala conducta del obispo Villalpando, 
reservamos para este lugar el hacer mención de otros incidentes 
((ue ocurrieron al tiempo mismo que se cruzaban aquellas cues- 
tiones. 

La traslación de la audiencia ú Panamá comenzó á producir 
muy pronto los inconvenientes (jue de tan inconsulta medida de- 
bían esperarse. Para la apelación de las sentencias que pronuncia- 
ban aquí los alcaldes ordinarios, 6 el gobernador, en su caso, los 
interesados tenían que andar cuatrocientas o quinientas leguas, 
(según fuesen los puntos de su residencia), mal gravísimo para 
estos habitantes, que comenzaron pronto aclamar por el remedio. 

El procurador del cabildo instaba por el restablecimiento de 



158 HISTORI.V* 

la audiencia; y ademas los dominicos escribieron al antisruo obis- 
])0 de Chiapas, recomendiíndole que interpusiera su valinnento pa- 
ra que se atendiese la solicitud. I^s Casas, que vivía retirado en 
Toledo, tomando en manos el asunto con su acostumbrada eficacia, 
no quiso fiar de otros el desempeño del encarjro: y a pesar de 
so avanzada edad, pues contaba ya mas de noventa años, hizo 
viaje Á Madrid y promovió activamente el regreso de la audien- 
<'ía á Guatemala. 

Las razones en que* se fundaba la pretensión eran tan obvias, 
y fueron expuestas con tanta claridad y acierto, (¡ue influyeron 
favorablemente en el línimo del rey y el de los consejeros. Las 
(.asas obtuvo al menos nna promesa formal de que el asunto se- 
ria bien despachado. Satisfeclio con este resultado, lo asalt<> la 
muerte, después de una ligera enfermedad, lí fines de Julio de 
1666. Quiso ser sepultado pobremente; pero todo Madrid, dice 
un autor moderno, (1) asistió jí sus exequias, dando asf un testi- 
monio público de su estimación y su respeto por a(piel hombre 
extraordinario, que fu6 uno de los mas notables de su tiempo. 
Vino u Guatemala á la edad de cincuenta y siete años fué nom- 
brado obispo cuando contaba ya setenta y muri(' lí la de noventa 
y dos, en servicio de (luatemala, como observa el escritor <;itado. 

•'Siete viajes t( las Indias, dice uno de sus bridgrafos, siete re- 
gresos Á España; innumerables travesías del norte al sud y del 
oriente al poniente de un Xuevo-Mundo vastísimo: otras muchas 
en nuestra penfsula; la predicación continua en las Indias, la 
composición literaria de tantas obras, los peligros gravísimos en 
que se halló, las persecuciones que se promovieron contra él 
por parte de interesados muy poderosos; las calumnias y male- 
dicencias á que debid satisfacer, son otros tantos testimonios de 
la solidez de su virtud, como de la fortaleza de su carácter, al mis- 
mo tiempo <iue su larga vida (en medio de continuas y largas 
agitaciones y fatigas de alma y cuerpo) testifica también lo mucho 
que le habia favorecido la naturaleza en su complexión y física or- 
.üanizacion.'' (2) 



(1) García Pelaez, Meu,. Caj». Wll. 

(2) Lloreute, Vida del obispo de Chiapas. al frente de 808 obras. 



UE LA AMERICA CENTRAL. 159 

Otro incidente que ocurri(5 bajo el gobierno del obispo Yillal- 
jiando, fué uno al que á'ió lugar la pretensión del que habia su- 
cedido al padre Ángulo en el de Verapaz; á saber: que se agre- 
garan á esta diócesis la sierra de Sacapulas, los partidos de So- 
loma y los Zacatepequez de los Mames, separándolos de la dió- 
cesis de Guatemala, y el de Soconuzco que debia segregarse del 
• le Chiapas. Fundábase el prelado de Verapaz en la cortedad del 
iciritorio que comprendia aquella iglesia; y aunque el procurador 
del ayuntamiento de Guatemala en la corte, Don Francisco del 
\'alle Marroquin, se opuso decididamente á esa pretensión y sos- 
tuvo con empeño los derechos del obispo de Guatemala, sea por- 
(|ue estaba éste malquisto con los individuos del consejo de Indias. 
«> porque consideraron justa la solicitud, la despacharon favora- 
bh'mente, en ausencia del rey, mandando agregar á la diócesis de 
Verapaz el territorio de ciento cuatro leguas de longitud 3' rnas 
de trescientas de circunferencia. 

Cuando volvió el re}', renovó el procurador sus instancias, que 
:il)03'aban personas de consideración, y después de largos deba- 
tes, se mandó reincorporar aquellos territorios á las diócesis de 
<ine habían sido segregados. 



CAPITULO VIII. 



NómbrauKe ios letrados qne debian componer la roal andicncia.— i'uculudes 
que se dan al presidente.— Se prohibe la portación de armas á ciertas cla- 
ses del vencindarío. — Reincorporación de Soconazco al distrito do la au- 
diencia do Guatemala. — Instalación de ésta y primera providencia que dic- 
ta.— £1 ayuntamiento solicita del rey que mande venir mil negros para los 

. trabajos de la agricultura.— Escasez de brazos en aquellos tiempos.— Nue- 
vas dificultades relativas á la concesión de encomiendas do indios.— (¿neja» 
del ayuntamiento al rey sobro este asunto. — Ilesidencia do Brisefío. - P^n- 
sayo del establecimiento del juzgado do provincia. — Opúnese el ayunta- 
miento y se manda cesar. — Cuestión entre el ayuntamiento y el presidente 
González sobre jurisdicción de los alcaldes de Sonsonate.— Corsarios fran- 
ceses amenazan á Puerto-caballos. — Ofrécese el ayuntamiento á acudir á 
la defensa. — Viene á hacerse cargo de la presidencia el Dr. Pedro de Villa- 
lobos. — Demostraciones de regocijo con qne se lo recibo. — Reprueba el rey 
el gasto hecho en aquellas fiestas. — Residencia del Dr. González. — El ayun- 
tamiento e.-cribe ol rey elogiando la conducta administrativa de aquel íau- 
cionario. — Nueva solicitud sobre encomiendas y sobre que se diesen los be- 
neficios simples del obispado ú hijos de vecinos de la ciudad. — Importancia 
de esta ijdea. — Empéñase el presidente Villalobos en la construcción do 
puente?, abertura y reparación de caminos. — Impuesto sobre el vino, — 
Cuestión relativa á la laguna de Amatitlan y al derecho de pescaren ella.-- 
Aserciones contradictorias sobre esto asunto, — El ayuntamiento solicita 
permiso para el comercio con la China.— Reclama contra un impuesto que 
gravaba la exportación del cac-io. — Solicito que no se pague mas que el 
diezmo pt)r la extracción de la plata de las minas.— Quéjase del alto precio 
de Irts bulas de la Cruzada y pide se modere. — Opóneuse algunos ayunta- 
mientos al nombramiento de corregidores. — Informa la audiencia al rey so- 
bre la necesidad de hacer una fortificación en Trujillo, — Escasez de trigo. — 
Prohíbese U salida de este grano. — Temblores de tierra.— Ruina de San 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 161 

Salvador. — Abundancia de la carne y de frutas de Castilla cultivadas en 
el pais. — Dificultades que sobrevinieron con motivo de las reducciones de 
pueblos de indígenas. — Almojarifazgos y alcabalas. — Establécense en el 
pais. — Derógase la prohibición de que se abligue á los indios a trabajar en 
la construcción de casas de los españoles. — Nómbrase sucesor al presidente 
Villalobos. 



(1568—1578.) 



El procurador del cabildo en la corte, Don Francisco del Valle 
Marroquin, continuó gestionando para que se llevase á debido 
efecto el restablecimiento de la audiencia. Todavía pasaron casi 
(los años desde la muerte de Las Casas hasta el dia en que se 
expidió la real cédula nombrando los que debian componerla. 
Ivj mayo ó junio de 1568 (1) se dictó la resolución, nombrando 
el re}' para presidente al Dr. Antonio Gronzalez, oidor de la 
cbancilleria de Granada; para oidores a los licenciados Jofre de 
Loaisa y Valdez de Cárcamo, j para fiscal á Cristóbal de Ar- 
gucia. (2) 

Encomendaba la cédula el gobierno del reyno al Dr.Gronzalez, 
sin participación alguna de la audiencia y tal como lo tenían 
los virreyes de Nueva Espaila. Igual facultad se le daba expre- 
samente respecto á repartimientos de indios y oficios que hubie- 
sen de proveerse; stn que en ninguno de estos asuntos se mezcla- 
sen los oidores, que deberían limitarse á la administración de la 
justicia. 

La disposición era general; pues por cédula de 28 de noviem- 
bre de aquel año, (1568), se daba á todos los virreyes y presi- 
dentes de audiencias la facultad de dar las encomiendas de in- 
dios, sin otra restricción que la de preferir á los sugeíos mas be- 



Cl) En 28 de junio, según Remesal; 31 de mayo dice García Pelaez, y 
Fuentes 2 de Junio. 

(2) Garcia Pelaez, Mem. Cap. XXII, dice que antes no habia fiscal; pero 
•es un error, pues consta que lo liabian sido el licenciado Juan Cavallon y 
■otros. 

HlSr. DE LA A. C. II 



162 III.STORIA 

neméritos, y entre éstos á los descendientes de descubridores!, ]ia- 
cificadores y primeros pobladores. (1) 

Al mismo tiempo que se dictaban esas providencias lavorubles 
á una de las clases sociales en (pie estaba dividirlo el pais, se to- 
maban algunas que denotaban cierta desconfianza respecto á otras 
clases. Una cédula del 10 de diciembre del mismo año prohibía 
á los mulatos y zambaigos (2) la portación de armas, y jÍ los 
meztizos se les consentía con permiso de la autoridad. 

Desde líntes que vinieran ú Guatemala los individuos de la 
nueva audiencia, dispuso el rey, por cédala de 25 de enero de 
1500, (jue la provincia de Soconuzco, (|ue en los primeros tiem- 
])0s habia pertenecido ¡í Guatemala y después scparádose de es- 
te reino é incorporiídose, de (5rden real, al virreinato de Nueva 
España, volviese á quedar sujeta á esta audiencia. 

Previno igualmente, sin aguardar ú ípie vinie.sea aquellos fun- 
cionarios, que el presidente nombrado pudiese conferir los cor- 
regimientos y alcaldías mayores; pero no las gobernaciones de 
Hondura.s, Costa-Rica y Soconuzco. El rey mismo habia provis- 
to para el gobierno de Costa-Uica lí Perafan de Ribera; pero '<- 
te no se daba prisa á venir á posesionarse del empleo. 

El dia 5 de enero de 1570 llegaron á la ciudad el nuevo y.v"- 
sidente, los oidores y el fiscal recientemente nombrados, trayen- 
do el sello real, símbolo de la autoridad soberana. La alegría y 
el consuelo que experimentaron los habitantes de la capital y lo» 
de las provincias del reino, fueron correspondientes al deseo cpie 
habia de ver restablecida la audiencia. Se abri(í ésta el 3 do 
marzo siguiente, y dio principio lí sus trabajos, dirijiendo oficio.*? 
á. los de Nueva-España y íierra-firme, para<pie lo remitieran to- 
dos los expedientes que pcrteneciau lí estas provincias. La au- 
diencia de México no quiso enviar los de Yucatán, sin embargo de 
que esta provincia habia instado por depender de Guatemala, co- 
mo cuando se restableció la audiencia de los Coníines, y preveni- 



(1) Está incorporada en la ley 5*, tít. S^ lib. 9- de la Rec. de Ind. 

(2) El hijo 6 hija de indio y negra. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 163" 

do el rey acudiese aquí con sus asuntos, luego que hubiese cami- 
no. La comunicación estaba expedita; pero la verdad era quejí 
las autoridades locales de Yucatán convenia reconocer por supe- 
rior á la audiencia que por mas distante podia vijilar menos sus 
operaciones. 

En 12 de marzo escribió al rey el ayuntamiento dándole' noti- 
cia de la llegada de la audiencia y del contento que el suceso 
cansaba en todo el pais. En la misma carta solicitaba que el rey 
dispusiese que se enviaran mil negros, ofreciendo pagar á razón 
de ciento veinte ducados por pieza; pero esta solicitud no fué 
atendida. 

La importación de esta clase de trabajadores estaba prohibida 
por cédulas reales de 1526 y 1532, no obstante las cuales ha- 
bian venido, y, como vemos, se pedia al mismo rey que los man- 
dara. Provenia esto, sin duda, de la necesidad de brazos para 
los trabajos de la agricultura. La reacción favorable á los indios 
que venia verificándose desde algunos años, llegaba á ser ja, 
como sucede regularmente, exajerada; y de consiguiente, perju- 
dicial. No habia facultad- para obligarlos á ningún género de tra- 
l)ajo, ni propio ni ageno, y con esto ellos se limitaban á l^s cor- 
tas faenas indispensables para proporcionarse su miserable sus- 
tento: y el pais, que habia de deber su desarrollo y su prospe- 
ridad á la minería y á la agricultura, se encontraba completa- 
mente falto de medios para promoverlos. 

El asunto de las encomiendas de indios continuaba causando 
■ sazones al ayuntamiento. Yenian de Españíí frecuentemente 
personas que obtenían allá, por empeños y favor, reales cédulas 
jiara que se les encomendasen en estos reinos los indios que va- 
caran, ó les proporcionaran otros aprovechamientos. Esto venia 
á crear una situación no poco molesta á los antiguos conquista- 
dores y primeros pobladores, cada uno de los cuales vela á §u 
lado un individuo que aguardaba y probablemente deseaba ^u 
muerte, para ocuparla encomienda que dejarla ^vacante. Quejá- 
base de esto al rey el .ayuntamiento, como también de que se 
])refiriese para estos beneficios á personas que nada hablan lin- 
cho por la conquista y colonización del pais. Decia Bernal Dia/ 
por aquel tiempo, que de los que hablan militado á las órdenes 



164 HISTORIA 

de Hernán Curié.^, no quedaba ya ina> «jiu- él y otros cuatro, 
♦iíuy viejos, enfermos, cargados de familia, con muy pocos rceur 
sos y pasando la vida con muchos trabajos y miseria. Es necesa 
rio confesar que el gobierno español de aquella 6poca no se ha 
cia notar por su liberalidad para premiar los servicios de los (\uv 
i costa de su sangre le habían conquistado grandes imperios en 
cl,nuevo mundo. 

El Doctor González traia, como todos los presidentes, la co- 
misión de tomar residencia á su antecesor, y la dio Briseíio nniy 
ftalisfactoria. con escepcion de un punto que el juez resoh ¡(> de- 
jar u la decisión del rey. Fué este el de haber dispuesto de algunas 
encomiendas de indios en favor de nietos de los poseedores, lo 
cnal, como hemos visto, no era permitiílo hacer. Se alegaba ípic 
< 1 los casos ocurridos se hablan presentado tazones poderosa- 
(^ue justificaban la medida: no obstante lo cual, el nuevo presi- 
dente no quiso tomar sobre sí la resj^nsabilidad de aprobar 
aquellos actos. Tanto mas. cnanto que el fiscal de la aud¡enc¡:i 
itabia puesto demandas á aquellos lí quienes se habían adjudica 
do las encomiendas, para que las dejasen, por haber sido ¡legal 
la concesión.. La medida fuC* revocada; pero mandó el re\' se 
diesen otras encomiendas á los qw deUinfi sor í1«<'.'>í'i<1"< '1" i-is 
que les había concedido j^risefio. 

A poco de instalada la nueva audiencia, se «lió priiK ipio ul 
establecimiento del juzgado de provincia. Uno de los oidores se 
constituía en la plaza pública dos veces por semana }' allí, pro 
tnbvnnli, oía demandas y pronncíaba fallos de que ])odía apelar-^ 
se á la audiencia. El ayuntamiento, celoso siempre de sus prero. " 
gativaa, rió en aquella novedad nn ataque á la jurisdicción de 
PUS alcaldes ordinarios, encargados de administrar justicia en 
4)rimera instancia, y reclam(> contra ella, alegando (jue la corte- 
tlad del vecindario la hacia innecesaria. Como la disposic'on pa- 
rece haber emanado íínicamente de la audiencia, con el íin lau- 

Mable de facilitar la administración de justicia, y no del sobera- 
do, hubo de suprimirse por entonces aquel eiLsayo de juzgado de 

•provincia, para establecerse mas tarde formalmente, como veré 

txios á su tiempo. 

Mas grave y larga fué otra cuestión que se suscitíí por aquel 



ÜK LA AMÉRICA CKNTRAL IGS" 

tiempo entre el mismo ayuntamiento y el presidente González, 
con motivo de haber pretendido la villa de Sonsonate que sus al- 
caldes ordinarios tuviesen jurisdicción en los pueblos de enco- 
mienda situados en aquel distrito. Se mando oir al ayuntamien- 
to de Guatemala, y éste sostuvo que sus alcaldes ordinarios, co- 
mo corregidores del valle, eran los únicos que podian ejercer ju- 
risdicción en los pueblos de encomienda situados en el distrito 
de Sonsonate. Sin duda hubo de parecer al presidente que esto 
era extender demasiado la circunscripción del valle de la capi- 
tal, pues dispuso que se hiciese lo que pedian los de Son- 
sonate, con gran desazón y clamor del cabildo de Guate- 
mala. (1) ' 

En principios de enero de Í572 el presidente González ilamd 
ú algunos individuos del ayuntamiento y les dio noticia de que 
hablan llegado á Puerto-caballos tres navios franceses y una cha- 
lupa con corsarios luteranos, que venían á ver que daños podiao 
hacer en el país; y que era necesario prepararse á rechazarlos. 
Se reunid el cabildo, y dada cuenta del asunto, acordaron ir á de- 
cir al presidente que estaban prontos los concejales á acudir 
ú la defensa con sus armas y caballos; pero que se debia nom- 
brar un oidor que se pusiera al frente de la expedición, y desig- 
nar al individuo del mismo ayuntamiento que debiera hacer las 
funciones de alférez real. Parece que el presidente no se mostrd 
muy dispuesto á adoptar aquellas indicaciones, pues según dije- 
ron los regidores que se avocaron con él, contesta secamente 
que no liabia lugar. Tampoco hubo ya necesidad de que se veri- 

I* ficara la expedición, pues los corsarios no intentaroH saltar á 
tierra. 
Cuando ocurrió aquel suceso, se sabia ya en la ciudad que 
estaba nombrado un nuevo presidente, lo cual fue de mucha sa- 
tisfacción para el ayuntamiento y principales vecinos, que no 
perdonaban al Dr. González el haber resuelto en sentido contra- 



(1) Fuentes, en el capítulo XI, Lib. X de la Recordación (M. S.) 8e ex 
tiende mucho sobre esta cuestión y pretende que la razón estaba de parte del 
ayuntamiento de Guatemala; lo que no parece fundado. 



166 HISTORIA 

rio á las pretensiones de la corporación, la cuestión sobre los 
pueblos de encomienda de Sonsonate. Acordaron hacer al suce- 
sor un recibimiento solemne y comenzaron á disponer las fiestas, 
con la intención tal vez de molestar con aquellos preparativos al 
presidente González, que los presenciaba. 

El 26 de enero de 1573 hizo su entrada pública el Dr. Don 
Pedro de A^illalobos, que de oidor de la chancilleria de México, 
habia sido promovido ú la presidencia de la de Guatemala. Las 
fiestas fueron muy lucidas; con encamisadas, canas, en quo los ji- 
netes ostentaron su destreza; corridas de toros, fuegos artificiales 
por las noches &. (1) El ayuntamiento no tuvo escrúpulo de gas- 
tar en aquellos regocijos sus escasas rentas, lo cual desagraden al 
rey, y á\ó motivo á que mas tarde se expidiera una cédula pro- 
hibiendo severamente emplear los fondos de propios en recibi- 
mientos de presidentes, obispos, oidores, &. 

El Dr. Villalobos tomó resideocia á Goaziíez, quo la dio muy 
satisfactoria; y lo que hay digno de notarse es (pie el ayunta- 
miento", que tan resentido se moítr<5 en principios del afio de 'á([\w\ 
presidente y que hizo tanto para festejar la llegada del sucesor, 
en octubre siguiente escribió al rey, dando noticia del buen re- 
sultado del juicio de residencia, elogiando á González y aHadicn- 
do que aunque no le hablan faltado émulos que intentaran mali- 
ciosamente hacerle daño, no se le hizo cargo grave, de lo (jue 
habia recibido la corjjoracion particular contento. (2) Continúa 
discurriendo sobre el inconveniente de dar oidos á quejas de 
particulares y de hacer frecuente mudanza de los que gobiernan, 
lo que indudablemente alndia al corto período del gobierno del 
Dr. González. En vista de esto, dudaríamos de la mala vo- 



(1) Foentes, Record, flor. (M. S.) cap. X, lib. X, dice qne se dieron corri- 
das de toros, en virtud de permiso del papi, concedido en nna bala expedida 
á instancia y ruego del procurador general Lope Rodríguez de las Varillas, y 
que permitia expresamente aquella diversión en la ciudad de Santiago do 
Guatemala. 

* (2) Colección de documentos del archivo del ayuntamiento de Guatemala, 
por Arévalo, N. ° 17. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 167 

hmtíid que mostró el cabildo á aquel funcionario, si no estuviera 
probada con el testimonio de escritores antiguos, y si no la confir- 
mara el hecho de las demostraciones inusitadas con que celebrd 
la llegada del sucesor, hasta el punto de ser severamente repren- 
dido por el rey. Por lo demás, no debe sorprendernos demasia- 
do esta contradicción, pues habian pasado ya diez meses desde 
id cambio de presidente, y el ayuntamiento solia variar con faci- 
lidad, como lo vimos por sus informes relativos á Landecho. 

Insistía el cabildo nuevamente en su carta del 15 de octubre 
(le 1573 en suplicar al soberano que se diesen las encomiendas 
de indios á personas beneméritas, y agregaba que C(mvenia que los 
beneficios simples del obispado se fuesen proveyendo en hijos de 
Tecinos de la ciudad, de los cuales habia ya algunos que tenían 
las aptitudes y estudios necesarios para desempeñarlos. 

Es la primera vez que vemos aparecer en un documento ofi- 
cial un reclamo á favor de los españoles criollos, estableciendo 
ya cierta diferencia entre estos y los peninsulares. Como ella ha 
de ir marcándose cada vez mas, hasta producir, con el lapso del 
tiempo, una escisión completa,que influyo no poco en la separación 
de este reino de la madre patria, conviene que no pase desaper- 
cibido un hecho que nos indica desde cuan remota época venian 
creándose los elementos de aquella evolución histórica. 

Uno de los asuntos á que dio especial atención el presidente 
Villalobos, desde los primeros dias de su gobierno, fué la repa- 
ración de caminos y construcción de puentes en los rios que difi- 
cultaban el tráfico entre las provincias del reino. Faltando recur- 
sos para estas obras, se discurrió un impuesto, ó como se decia en- 
tonces una sisa de dos reales á cada botija de vino de las que se 
importasen para el consumo del pais, y que deberla producir se- 
tecientos pesos. Se deja ver que no podi^ hacerse mucho con tan 
♦pequeña suma; por lo que hubo de aumentarse mas tarde. (1) 



(1) Fuentes dice que en el mes de noviembre de 1573 se dio principio, por 
-disposición del ayuntamiento, á la construcción del magnífico puente de los 
• Esclavos; pero parece que hubo de suspenderse por algún tiempo y que se 
•«qntinuó después. 



168 HISTORIA 

La recaudación de aquel impuesto sobre el vino, como la de lo? 
demás une constituian el tesoro público, estaba encomendada lí 
los oficiales reales, funcionarios que reunían á este cargo, el de 
jueces en materias de hacienda y de reg:idorcs del ayuntamiento, 
por nombramiento real. Estaban confundidas, pues, las funciones 
económicas con las judiciales y las mnnioipalos qno ojorcinn ;í la 
vez las mismas personas. 

En aquel mismo año 1573, dice el autor de la Reronhi ion flo- 
rida que se suscitó al ayuntamiento un largo litigio por donde 
menos lo esperaba; i sab t: sobro la posesión de la laguna de 
Amatitlan, que tenia, asegura, desde la conquista, por estarden- 
tro de su jurisdicción; y en virtud de cuyo derecho la liabia po- 
blado de peces qoe hizo llevar del mar del sor, echando \\\\\ 
albarrada en el desaguadero, para que no se saliesen por el rio. 
Añade que habiéndose establecido en aquel pueblo un convento de 
dominicos, pretendieron éstos derecho i la laguna y lí la pesca. 
lo que resisti(5 el cabildo, dándose así logar al pleito. 

En aquel tiempo estaban ausentes de la ciudad algunos de los 
regidores, y aunque se les llamtJ, para que so tratase del asunto. 
no concurrieron. Entonces dispuso el cabildo llamar once caballe- 
ros particulares, cuyos nombres menciona, siendo uno de ellos el 
licenciado Don Francisco de la Cueva, hermano político de Al va- 
rado, (que debia ser ya muy anciano), y con estos sujetos se dis 
cutid el punto. Los dominicos llevaron el asunto á la audiencia, 
que pronunció sentencia favorable al ayuntamiento, quedando és- 
te en posesión del derecho de pesca. 

Reraesal 'dií otra versión muy diferente del mismo asunto. Dic^' 
que el presidente Cerrato concedió la laguna ú los dominicos, y 
que uno de los frailes, llamado Diego Martínez, fu«- (|uien hizo lle- 
var en botijas, del mar del sur, los peces conocidos con el nom 
bre de mojarras, pues líntes no se criaban en el lago, sino otros 
muy pequeños. Que el cabildo les quit(^ después la laguna á los 
frailes, por estar dentro de su jurisdicción y aplicó lí los fondos 
de propios el producto de la pesca. Difícil es acertar con la ver- 
dad entre aserciones tan contradictorias. Así debió sin duda de 
parecerle al rey, á quien se pidió la decisión del punto, y que 
dispuso sabiamente que el derecho á la pesca en el lago no pee- 



DE LA AMERICA CENTRAL. 169 

teneciese ni al a3^untamjento ni á los fraile?, sino á los habitantes 
<lel pueblo de Araatitlan y á los de Petapa. 

El lago objeto de tan agria cuestión, tiene unas tres leguas de 
largo y una de ancho. La pesca que se hacia en él era por aquel 
tiempo abundantísima, y no solo de mojarras, que son unos peces 
de ir.uy buen sabor, sino de pepescas, que aunque mucho mas pe- 
< plenas, son también muy gustosas; y de camarones y cangrejos. 
Con todo esto se surtia la capital; y ese ramo, con la sal que ex- 
traían de las playas del lago, constituía el único artículo de 
íomercio de los habitantes de Araatitlan, Petapa y otros pueble- 
cilios inmediatos. 

Se procuró por aquel tiempo obtener permiso para establecer 
el comercio con la China, habiendo facilidad de mandar allá algu- 
nos navios, según decia el ayuntamiento al re3^ Anadia que la 
concesión del permiso seria parte á que se descubriese "alguna 
manera de granjeria para la contratación, y alguna salida para la 
gente desocupada que habia en la ciudad, así de naturales, como 
de forasteros."' Pedia, pues, según parece, permiso para hacer el 
comercio con la China, antes de que contara el reino con artícu- 
los que pudieran llevarse á aquel país. La solicitud fué denegada. 

En la misma carta decia el ayuntamiento que en la provincia 
no habia mas fruto de la tierra de algún valor que el cacao, y que 
su producción se habia reducido mucho. Quejábase de un im- 
puesto con que se le gravaba á su salida y reclamaba su aboli- 
ción. Solicitaba igualmente que no se pagara al tesoro real mas 
(jue el diezmo sobre el oro y lit plata que se extrajeran de las 
minas; pues el rey habia dispuesto se hiciera así durante seis a- 
ños, pero solo sobre el primero de aquellos metales preciosos; y 
con eso los oficiales reales cobraban el quinto sobre la plata. El 
presidente, queriendo favorecer la explotación de las minas, en 
la que fundaba el país sus esperanzas, dispuso que no se pagara 
mas que el diezmo sobre la plata; dando fianzas los mineros dere- 
poner la cantidad, en caso que el rey no aprobase la disposición. 

Otra exacción de que se quejaba amargamente el cabildo era 
la de la limosna por la bula de la cruzada, que se habia publi- 
cado recientemente en Guatemala. El valor de esas bulas era de 
dos pesos, de uno, de cuatro y de dos reales, respectivamente. 



170 HISTORIA 

Pedia que se pusierau todas (nn'nos las últimas) por la mitad del 
precio. 

El presidente procuraba runiiauar el establecimiento de cor- 
regidores, principiado o generalizado, como dejamos dicho, desde 
el tiempo en que gobernaba Cerrato. Pero en las ciudades uu 
poco numerosas, y en los pueblos que estaban bajo su jurisdic- 
ción, lo resistian los ayuntamientos, porque aquellos funcionarios 
coartaban la autoridad de los alcaldes ordinarios; y aun se ha- 
blaba ya eii España de suprimirlos donde hubiese corregidores 
asalariados; y así se habia mandado hacer eu el Perú. En el a- 
fio 1575 se nombraron corregidores para San Miguel y Zacate- 
coluca y se opuso el ayuntamiento de San Salvador, (]Uo escribic^ 
al de (liíatemala, interesiindolo para qoe apoyara su reclamo. 

La necesidad de fortificar de algún modo los puertos del nor- 
te, comenzaba á llamar- la atención do la autoridad superior del 
reino. En informe al rey, de aquel mismo ano, proponía la au- 
• diencia que se construyera en Trujillo un baluarte, en que cal- 
culaba se gastarían ochocientos ducados; (pie se enviasen cua- 
tro piezas de artillería de buen tamaño, que alcanzaran ú defen- 
der el puerto, y que se gastaran doscientos ducados al año en 
reparos del fuerte y en municiones. Por las sumas y piezas indi- 
cadas, se ve que se trataba únicamente do una fortificación muy 
provisional. 

El país experimentó algunas calamidades ])or aquel tiempo. 
Siendo muy escasas las cosechas de trigo, faltó este artículo y se 
prohibió bajo penas severas que se llevase á las provincias, aten- 
diendo solo á la conveniencia de la ciudad. Un ministro de jus- 
ticia fué en comisión del ayuntamiento á recorrer los pueblos de 
los valles de Mixco, Petapa, Sacatepequez y Pinula, donde se 
cultivaba, y á embargar todo el que habia, para evitar que lo lle- 
vasen á otras partes. 

Hubo también fuertes temblores de tierra que causaron daños 
de consideración en los edificios de la capital y arruinaron com- 
pletamente la ciudad de San Salvador. La audiencia envió un 
comisionado que consolase a los habitantes de aquella población 
y que les ofreciese los auxilios que pudieran necesitar; mas no 
se dice que pasara la demostración de aquella simple oferta. 



DE LA AMERICA CENTRAL 171 

S¡ como queda dicho, se siutid en aquellos años mucha escasez 
de trigo, en cambio habia extraordinaria abundancia de carne. 
Los ganados se habían multiplicado prodigiosamente, en parti- 
cular hacia las costas del mar Pacífico. En el año 1576 seda- 
ban en Guatemala veintiocho libras de carne por un real. 

llabia también, desde algún tiempo atrás, grande abundancia 
de frutas de Castilla. En Honduras se cogian dos cosechas de u- 
vas en el año. Los limones, naranjas, cidras, granadas, higos y 
otras se daban mii}^ bien, lo mismo que la caña de azúcar. 

En el año de 1577 se dio parte al re}' de los graves inconve- 
nientes que estaban produciendo las reducciones de los pueblos 
de indígenas. Aunque, como dijimos al tratar de esta materia, se 
procedió á verificar las reducciones con circunspección y pru- 
dencia, la medida llevaba en sí misma un principio de injusticia 
que debia hacerla odiosa á los nativos. El mal consistía en que 
privaba á los pueblos de grandes extensiones de propiedad terri- 
torial que poseían antes de las reducciones. Al agruparse en una 
sola población diez, veinte y aun treinta ó mas, venían a poseer 
en común un solo ejido, sin. que se aumentase su extensión pro- 
porcionalmente. Así fué, por ejemplo, que al formarse el pueblo 
de Chichicastenango, con cinco grandes y otros tantos pequeños, 
quedaron abandonados los diez ejidos que tenian y no contaron 
ya sino con uno solo. Lo^mismo sucedió en Zacapulas, donde se 
agruparon veintidós, y en Nebali, donde se formó una sola po- 
blación con treinta y dos. Esto dio lugar á que muchos indígenas, 
no queriendo permanecer en las nuevas reducciones, y no permi- 
tiéndoseles volver ix las antiguas, fuesen emigrando y abandonan- 
do el pais; desapareciendo, en consecuencia, muchos pueblos de que 
se hace mención en las crónicas al hablar de los primeros años sub- 
siguientes á la conquista, y de los cuales poco menos de un siglo 
después no quedaba ya mas que la memoria. Felipe II previno 
ala audiencia que se emplease la coacción para retenerlos; pero 
este medio no produjo el efecto deseado, y" después hubo de ape- 
larse á otro arbitrio, como diremos á su tiempo, aunque ya bas- 
tante tarde para poner remedio al mal. 

Una de las condiciones de los convenios, ó asientos, como se 
les llamaba, que hacian con el rey los conquistadores y i)r¡me- 



DE LA AMKKllLV CKNTKAI.. 172 

ros pobladores que venían á estas tierras, era que estarían esen- 
tos de todo pago de alcabala en su tríífico interior y de todo al- 
mojarifazgo sobre sus mercaderías. En los primeros años v míen- 
tras no estaban bien establecidas las colonias, se obserY(5 reli- 
giosamente aquella estipulación; pero mas tarde, cuando se con- 
sideró que las cosas estaban ya bien asentadas,, se eslablccid pri- 
mero un derecho ó almojarifazgo sobre los artículos que se en- 
viasen de unas provincias ai otras, contra lo cual reclamó el 
ayuntamiento de Guatemala inútilmente. Después, no fue ya esto 
solo, sino también una alcabala de dos y medio por ciento eñ 
España ú los efectos que vinieran á las Indias, y un cinco por 
ciento que debia pagarse nqní ;í su entrada. M i< ím-I.' s»> dnpli 
carón ambas alcabalas. 

Hn el ano lo70. considerando justo el rey <|i¡o sus va.-allosde 
estos reinos contribuyeran á los gastos generales do la monar 
quia, mandó establecer la alcabala interior, en cédula dirigida ú 
la audiencia de Guatemala, en que se dccia estar ya esa contri- 
bución entablada en Xueva-Espana. 

Estaba prohibido por antiguas (|is|)osíciones reales obligar á 
los indios ¿(trabajar en la construcción de las casas de los españo- 
les; no pudíendo emplear en este servicio sino á aquellos que 
Muisiosen prestarlo voluntariamente; y eso, pagándoles muy bien 
sus jornales. A pesar de esa prohibición, el ayuntamiento de 
Guatemala había reclamado contra una medida del presidente 
(pie los exceptuaba de tal servicio en la capital, y se mostraba re- 
suelto ¿seguir la reclamación ante la audiencia en toda'^ ^ii< ins- 
tancias. 

El re}^ derogo la prohibición y permitió expresamente que se 
les ocupase en obras particulares de los españoles y en las públi- 
cas, como fuentes, puentes, puertos y caminos; con tal de que se 
les hiciese trabajar con moderación y que se les pagase bien y en 
mano propia. Los indígenas del barrio de Candelaria de la ciu- 
dad tenían una cédula (lue los exceptuaba de aquellos servicios; 
y como el cabildo no quería pasar por esto, mandó instruir una 
iníormacion secreta, para probar que la tal cédula había sido op- 
tenída mediante falsa información, y seguida ante un alcalde indí- 
gena que no tenia autoridad para recibirla. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 173 

El presidente Villalobos iba á ser reemplazado. i)ues desde 
el 13 de abril de 1577 habia expedido el rey ima cédula nom- 
brando para que lo subrogara al licenciado Garcia de Yalver- 
de, que presidia la audiencia de Quito. El cabildo escribió al rey 
elogiando ú Villalobos, especialmente por su empeílo en abrir 
nuevos caminos, en reparar los qne habia y en la construcción de 
puentes. Su conducta administrativa habia sido, en lo general, 
recta y encaminada al buen servicio público, según decian los 
capitulares. 

Juarros dice que Garcia de Valverde vino u hacerse cargo del 
jnando en febrero de 1578; pero una carta del ayuntamiento al 
rey, fecha 24 de marzo de 1579, asegura que íné en noviembre 
de aquel año. Fuentes pretende que Villalobos gobernó hasta el 
aílo 1583. O hay error en la copia del manuscrito que tenemos 
si la vista, ó el autor de la Recordación estaba equivocado; pues 
la citada carta del cabildo prueba de una manera indudable que 
Valverde vino en noviembre de 1578. 



CAIMTI LO IX. 



El liceaciado Valv^nla toma po^osion de la ¡«i.;-..- ..v.i. — ]....>i<u,i. i.»i « /ulím 
el fiscal de la aadiencia. — Un corsario ingles) amenaz-i por las costiLS dd 
nprte.— Francigco Drakc aparece por la» del sur. — Tómanse medidas activa» 
para la defensa del país.— Se arman dos navios y van linsta Acapiilco tu 
bnsca de los corsarios. — Represan sin encontrarlos y ee manda poner proso 
al jote de la expedición. — Los dueños de minas en Honduras solicitan 
aaxllio» para explotarlas. — Pido el aynntamiento al rey próroga de la con- 
cesión del pago del diezmo en vez del ipiinto por el oro y la pinta.— Vuelve 
á promoveráe el proyecto de la canalización de la barra del Michatoya.- 
Concédeu.se repartimientos do indios para los ti'abajoH man urgentes de la 
agricultura. — Prohíbese la elaboración del afiil y el aynntamiento ropro.s<íii- 
ti contra esta medida. — Establecimiento do los jueces do milpas prohibi'lo 
por el rey.— Reclama el aynntamiento so lo confirme la facultad do instruir 
informaciones contra los individuos de la audiencia. — Promueve la croi- 
cion de universidad. — Importancia del aynntamiento. — Los presidentes ^ 
arrogan la facultad de aprobar las elecciones de alcaldes. — Anula V.alveri' 
la que se hizo en el afio 1.582.— Proceso y sentencia del nombrado.— >le<li- 
das del gobernador de Nicaragua para defender aquella provincia, amena- 
zada por corsarios.— Disposición relativa á los fondos de comunidud.- 
Disminucion de la población indígena. — Informes sobre malos tratamientos 
H los naturales,— Contradícelos el ayuntamiento. — Comercio con E^pafia. — 
Severidad excesiva de las leyes penales. — Suplicio del fuego.— Es arreba- 
tndo á la justicia un reo condenado á ser (juemado vivo.— Autorízase á lo- 
presidentes para aprobar las elecciones de alcaldes de los pueblos inmedia- 
tos á la capital. — Facultad análoga concedida á los corregidores. — Aumén- 
tase el tributo que pagaban lo.s nativos. — Amenaza de nuevo el ingles Dra- 
ke por el sur.— Medidas que se toman para la defensa. — Pide el cabildo al 
rey armas y municiones.— Abandono en que estaba el puerto de Golfo- 
dulce. 



BE LA AMERICA CENTRAL. 175 

El licenciado Garcia de Valverde torau posesión de la presi- 
dencia, gobernación j capitania general del reino, en el mes de 
noviembre de 1578, como queda sentado en el capítulo prece- 
dente. 

Ocurrieron en los dias mismos de su llegada serios desagrados 
con motivo de cierta enemistad entre los individuos de la real 
audiencia y su fiscal, licenciado Eugenio de Salazar. No atre- 
viéndose los oidores ú proceder directamente contra este minis- 
tro, encontraron eu Don Diego de Herrera, uno de los alcaldes 
ordinarios de la ciudad, un instrumento dócil de sus malos de- 
signios. Hicieron que instruyera una información en que se le im- 
putaba y pretendía probársele que favorecía indebidamente á los 
parientes de su mujer y la remitieron ú España. Vista en el conse- 
jo de Indias, este tribunal, 6 porque no consideró fundados los 
cargos, ó porque juzgó que el alcalde habia excedido los límites 
de su jurisdicción, reprobó lo hecho y dio orden á la audiencia 
para que castigase á Herrera. (1) 

A otro asunto mas grave hubo de atender el licenciado Yalver- 
de en los primeros días de su gobierno. Túvose noticia cierta de 
que un corsario ingles, llamado Guillermo Parker, después de ha- 
ber asaltado y robado la isla española, ó Santo Domingo, habia 
aparecido en las costas de Honduras, amenazando las poblaciones 
del litoral, y con el intento, sin duda, de atacar y pillar la floti- 
lla que en aquellos mismos días debería llegar de España con mer- 
caderías para el consumo de estas provincias. 

En sesión del 3 de enero de 1579, el ayuntamiento, alarmado 
con la noticia, acordó solicitar de la audiencia que suspendiese 
un llamamiento (jue había hecho al gobernador de Honduras pa- 
ra que se presentara en la capital, con motivo de ciertos pleitos, 
pues se necesitaba su presencia en aquella provincia. El presi- 
dente y la audiencia no atendieron á la solicitud, y no habiendo 
quien proveyera ú la defensa de las costas, los piratas tomaron 
y saquearon la ciudad de Trnjíllo. 



(Ij Fuentes, Kec. tíor, Lib. VII, Cap. XIIL 



17G iiK<roKiA 

Tres meses después de haberse verificado aquella iiivasiou de 
corsarios ingleses en las costas del norte, araenaz(5 otra mucho 
mas seria por las del sur. Francisco Drake, hijo de un pobre ma- 
rinero del Devonshire. nacido cu la cala de un navio y marino 
desde su infancia, estaba destinado á ser el mas célebre de los de 
su tiempo y a traer el pabellón ingles á un océano donde era 
desconocido. Después de haber asaltado y saqueado algunas pobla- 
ciones españolas de la costa del Darien, se avocd con la reina 
Isabel y fácilmente pudo hacer entrar en sus planes á aquella so- 
berana. Su carácter atrevido y odio á los españoles le hicieron aco- 
ger favorablemente á aquel medio corsario y medio pirata, de síni- 
mo levantado y de ideas ambiciosas, y le proporciono cinco bu- 
ques, con los cuales se atrevió á seguir la ruta marcada por el 
célebre Magallanes. 

Tomó y saqueó las poblaciones indefensas de Chile y el Perú 
situadas en la costa del Pacífico, como también algunos navios 
españoles (pie venían á Pauamá con metiílico y raercaderias, y 
en seguida avanzó hasta las playas del reino de Guatemala. (1) 

El presidente, la audiencia, el ayantamicnto y los vecinos 
principales de la ciudad dieron en aquella ocasión una prueba 
de patriotismo, de actividad y de eyerjia, digna de todo elogio. Kl 
pais estaba completamente desprevenido para hacer frente á un 
peligro como el <iue lo amenazaba. Xo había buques, ni armas. 



(1) El Sr. García Pelaez, ftl dar noticia de estos naceaoB, (Meni. cap. 
XXIX, ) confunde completamente las épocas. Dice qne por aquel tiompo, 
(1578) comenzaba á decaer la marina cRpafíola y á levantarso la inglecín, a8¡ 
por haberse perdido la armada invencible, como por haber ílorecido Francis- 
co Drake, quien apresó loa restos de aquella gran escuadra y vino ú ensanchar 
con ellos el corso en los mares de las Indias. Qne en 1.078 pasó el estrecho di; 
Magallanes y entrando en el mar del sur, recorrió las costas hasta Guatema- 
la. En esto hny un notable error de fechas. Drnke hizo su primera expedición 
en 1578, y la armada invencible fué enviada por Felipe II en 1588, diez años 
mas tarde. No pudo, pues, haberla hecho con los restos de aquella armada, 
como dice el autor de las Memorias para la Historia de Guatemala. Drake, ya 
con el grado de Contralmirante, mandó una escuadra en la flota destinada pol- 
la reina Isabel para combatir con la armada invencible. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 177 

-;i municiones, ni un cuerpo de milicias de que pudiera echarse 
mano para una expedición. Todo esto se proveyó en el menor 
tiempo posible. Pudieron conseguirse tres navios y una lancha 
pertenecientes á unos mercaderes, y con gran trabajo se fundie- 
ron cinco piezas de artillería, grandes y de bronce. Enviaron á 
México por otros cañones pequeños, haciendo traer también es- 
meriles, mosquetes y pólvora y organizaron doscientos soldados, 
que se embarcaron en los buques, al mando de un Don Diego de 
Herrera, que habia venido de España quince años antes con el 
empleo de gobernador de Honduras, y no sabemos si seria el mis- 
mo Á quien el rey habia mandado imponer un castigo por la infor- 
mación contra el fiscal Salazar. 

Salieron en busca del enemigo, navegando mas de trescientas 
■oguas, hasta el puerto de Acapulco, sin dar con él; y encontran- 
;io un navio que venia de la China, fueron informados de que no 
estaban los ingleses por aquellas costas. Con esta noticia, y lia- 
iíiendo enfermado muchos de los expedicionarios, decidió el que 
hacia de general que regresaran, y así se verificó. El presidente 
Val verde tuvo muy á mal que no hubiesen continuado hasta la 
ensenada de California, donde suponía deberían estar los ingle- 
ses, y mando poner preso y procesar á Don Diego de Herrera, 
(jue permaneció en la prisión durante algunos años. 

Las dificultades de todo género que el presidente Yalverde 
tuvo que vencer para organizar y equipar aquella expedición, 
pueden fácilmente considerarse. El haberlas superado y haber 
salido en busca del primer marino del siglo, que tenia á sus ór- 
denes cmco navios de la armada real británica, son cosas que ha- 
cen honor ú aquel funcionario y lí los que lo secundaron en la 
empresa. 

Hiciéronse por aquel tiempo importantes descubrimientos de 
ricos minerales de plata en la. provincia de Honduras, sobre lo 
cual escribieron al rey tanto la audiencia como el ayuntamiento. 
Los dueños de esas minas ocurrieron ií la autoridad superior de 
Guatemala, representando la necesidad que tenian de brazos y 
de azogues para llevar adelante la explotación de aquellas fuen- 
tes de riqueza. En los primeros años de la colonización española 

II [ST. DE LA A. C. 12 



178 HISTORIA 

el beneficio de los metales preciosos se hacia ]>oy medio del Inogo. 
(1) Mas tarde oomenzo á emplearse algún azogue, que se traia de 
España, de las minas de Almadén; pero el que venia era poco y 
caro; basta que decubiertas en el Perú, en el año !566, se traia 
ya el azogue á Honduras, donde se vendía d razón áe sesenta du- 
cados, ú sean ciento treinta y siete pesos cuatro reales el (piintal. 
J)ecia la audiencia en su informe al rey que las minas de (íuas- 
corán y las de los cerros de San Marcos, Agaltera, Tegucigalpa y 
Apazapo. daban generalmente jí razón de seis á diez y mas onzas 
por quintal, y «¡ue dejaban de trabajarse por falta de operarios y 
de azogue. Pedia se dispusiera que del reino del Perú se trajesen 
cada año trescientos quintales, que serian muy bien pagados en 
Honduras. (2) 

Cumplidos los seis años por los cuales había concedido el n>y 
la gracia de que se pagara el diezmo y no el cjuinto del oro y la 
plata (pie so fundieran en el país, solicitó se proroguscn por el 
tiempo que el mismo rey fuese servido, para que así se anima- 
sen los dueños de minas sí seguir su explotación. Se otorgó hi 
concesión por un nuevo término de diez años. 

Otro asunto que ocupaba de tiempo en tiempo la atención do 
la audiencia y del ayuntamiento, era el de la canalización de la 
l)arra del rio Guacalate. Habiendo prevenido el rey ú la prime- 
ra desde el año 157ü que informara acerca de la practicabilidad 
del proyecto, de su mayor u menor utilidad y de su (!osto, no 
vino lí evacuarlo hasta en el de 1580, De él resultaba que ada- 
mas de liaberse instruido información .sobre el particular, había 
ido el presidente mismo, con uno de los oidores, a examinar los 
ríos y el estero que formaba el puerto de Iztapa, y encontraban 
la obra de fíícil ejecución. Echándose en el estero, donde desa- 
gua el Guacalate,el rio Michatoya, que entra á unos mil pa.eos 
de distancia, el caudal de agua «pie formarían los dos reunidos 



(1} Herrera, Hist. gen. de las IdcI., Dec, \in, Lib. II, Cap. XV. 
(2) Gdi-cia Pelaez, Mem., Cap. 73. 



DE LA AMERICA CENTRAL. l79 

ya, ahondaría la barra. Esto daría lugar á que pudiesen cons-- 
truirse en el mismo estero navios de gran porte, que tendrían ya 
facilidad ])ara salir al mar, medíante la hondura de la barra. La 
localidad presentaba, ademas, muchas ventajas para la construc- 
ción de buques, por haber cerca grandes arboledas, mucha pez y 
abundancia de maguey y pita para jarcia. Eecomendaba, pues, 
la audiencia aquel proyecto, como de grande utilidad pública, 
y en el mismo sentido se expresaba el aj^untamiento, refiriéndo- 
se a él. Sin embargo de esas recomendaciones, nada se resolvió 
por entonces, y el proyecto volvió á promoverse mas tarde, como 
luego diremos. 

Los españoles establecidos en el país no dejaban de solicitar, 
apremiados por la necesidad, repartimientos de indios para los 
trabajos de la agricultura. No pudíendo negarse de una manera 
absoluta á tales demandas, y queriendo siempre evitar la repeti- 
ción de los abusos de que habían sido víctimas los naturales, hi- 
zo el re}- una distinción entre trabajos mas ó menos urgentes. 
Consideraba la siembra de granos y la crianza de los ganados 
como indispensables y permitía que pudiese emplearse en ellos 
•d los indios. Calificaba de menos urgente el cultivo de las viñas 
y olivares y el del jiquilite de que se extraía la tinta añil. Se ve 
por una carta del rey, del año 1581, haberle informado la au- 
diencia que desde pocos años antes habían descubierto los espa- 
ñoles que habitaban estas provincias, el añil, que producía una 
planta que se daba con mucha abundancia en las tierras calien- 
tes. Que habiéndose destinado á los indios á ese trabajo, se ad- 
vertía que les era muy dañoso, y con esto se había prohibido em- 
plearlos en él. El rey aprobaba esa disposición; sin embargo de 
(jue el ayuntamiento representó contra ella, asegurando ser exa- 
gerado lo que se decía del daño que causaba á los indios aquel 
trabajo. Ponderaba la necesidad que tenía el reino de explotar 
aquel ramo, ya que los crecidos impuestos establecidos última- 
mente, habían hecho imposible la exportación del cacao á Nueva 
España, y pedia se siguiese una información, para averiguar si la 
elaboración del añil era tan perjudicial á los indios como lo su- 
ponía la audiencia. 

Se daba á entender en el informe de ésta que los españoles 



180 HKSTORIA 

habían descubierto el aúil por aquel tiempo, y eso no era exacto. 
Hay datos de que los indios conocían desde Jntes de la concjuis- 
ta, la propiedad tintíjrea de las hojas del Jiijuilite y (jue hacian 
ui?o del tinte, aunque preparándolo de im inmlo divcM-so del que 
emplearon después los españolo ~ 

Autorizados el presidente y la audiencia para ocupar ú los in- 
dígenas cu las faenas agrícolas nms necesarias, discurrieron la crea- 
ción de unos funcionarios especiales, á quienes dieron el nombre 
cíe jueces de milpas, que recorrían los pueblos y obligaban ¡í los 
indios lí hacer plantaciones no solo de maiz. sino de trigo, cacao 
y otros artículos de los que no estaban expresamente prohibidos. 
Esta institución fué origen de nuevas vejaciones á los naturales; 
y sabiéndolo el rey, expidió, en 8 de junio de 1581, una c<'- 
duhi prohibiendo expresamente el nombramiento de tales juec* 
de milpas; disposición que se incorporó de.'ípucs en la llecopilu 
cion de las leyes de Indias; (I) dejando el cuidado de entender 
en el particular lí las justicias ordinarias, como estaba man- 
dado. (2) 

En memorial do primero de al)ril de lüf>l, el ayuntamiento ex- 
puso largamente al rey la necesidad de que conservara la corpo- 
ración el derecho de instruir informaciones sobre asuntos concer- 
nientes al bien común, aun cuando tuviesen que hacerse contra 
íüdividuos de la real audiencia. El cabildo habia estado en pose- 
sión de ese derecho importante; pero sucedia que habiendo re- 
probado el consejo de Indias la que instruyó en el ano loTO el 
alcalde Diego de Herrera contra el fiscal Salazar, los oidores to- 
maban [lié de aquel hecho para considerarse exceptuados de ta- 
les informaciones. El ayuntamiento hacia observar í|Uc ese recur- 
so era un freno para los malos funcionarios,' y que si se quita- 
ba, abusarian mas libremente de lo que habian solido hacerlo. Se 



(\) Ley XIX (N^ XVIII, como dice equivocadamente García Pclat-z) tít. 
XVn, Lib. IV, Rec. de India?. 

(2) Leyes XXVIIL Tít. II, Líb. V v H. Tít. I, Lib. VIL 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 18T 

mostraba resuelto ú continuar usando de aquella facultad y pe- 
dia al rey una declaratoria expresa que la confirmara. 

En la misma carta promovia el ayuntamiento un asunto impor- 
tante i)ara el pais: el establecimiento en Guatemala de una uni- 
versidad, como la había fya en México. Decia que en algunos 
conventos de frailes se daban clases de gramática y de lógica y 
exponía las ventajas que reportaría el reino de la creación de up 
plantel de enst-íianza superior, para el cual se contaba ya con 
elementos suficientes, y que se sostendría, asignándole alguna en- 
comienda de indios de las que quedasen vacantes. La audiencia 
informaba favorablemente respecto al proyecto; pero no debia 
realizarse sino hasta cerca de'un siglo después; tal era la lentitud 
con que se procedía casi siempre en la resolución de los asuntos 
de mayor ínteres para la colonia. 

Los presidentes de la audiencia acostumbraban concurrir á la 
sesión en que el ayuntamiento de la capital hacia anualmente la 
elección de alcaldes ordinarios, cargos de mucha importancia en 
aquellos tiempos. Hemos visto que el cabildo, ademas de tener 
jurisdicción en un vasto territorio, ejercía funciones no solamen- 
te municipales, sino gubernativas, no estando por entonces bien 
deslindados los límites de las atribuciones de las autoridades. 
Debia ser, pues, y era en efecto, muy importante el papel que 
hacia en la administración'' un cuerpo como el cabildo de Guate- 
mala, compuesto de los principales y mas ricos vecinos, á quienes 
abonaba '^1 prestigio de la descendencia de conquistadores y pri- 
meros pobladores del pais. De esto puede inferirse que los cargos 
del a^'untamiento, que daban poder é influencia, debían ser muy 
codiciados, y mas especialmente los de alcaldes ordinarios, por 
ser estos los jefes de la corporación. 

Muchas veces habían influido los presidentes en aquellas elec- 
ciones, con disgusto de los capitulares, que veían restringida la 
libertad del voto; 3' habiéndose (juejado al rey, había expedido una 
cédula en el año 1565, en que prevenía se dejase al cabildo hacer 
sus elecciones de alcaldes libremente. 

No obstante aquella disposición, continuaban los presidentes 
en posesión de la facultad de aprobarlas u reprobarlas, y así se 
verificó en la del 2 de enero de 1582, que presidid el licenciado 



182 HISTORIA 

Valverde. (1) Obtuvieron mayoría de votos AUbuso do Hidalgo }- 
Don Diego de Guzman, almirante de la mar del sur, personage de 
grande importancia en el país, que habia servido ya el cargo eu 
el año 1577. (2) 

Sabiendo que este caballero tenia causa pendiente en la audien- 
cia, por haber herido en riíia en el pueblo de Izalco, ((lue era de 
«u encomienda) á un tal Gómez Diaz de la Reguera, (3) consideró 
Valverde nula la elección hecha en él, y así lo declaro al ayun- 
famieato, mandando se procediese á elegir á otra persona. Como 
el presidente, al hacer vcrbalmente aquella manifestación, se 
tímitó Á decir que el nombrado tenia cansa criminal pendiente, 
pidi(5 el alguacil mayor, Juan Orozco de Ayala. (pie se agregara 
el proceso, con el fin, según pj^rece, de que no pudiera suponer- 
se qtfe estuviese Guzman acusado de un delito deshonroso. IIí- 
Tose así, y se procedió á nueva elección, obteniendo los votos 
Luis de Gamez. A continuación, el Gómez Diaz de Reguera, no 
contento con el desaire hecho á Guzman, se preseirtó delattíndolo 
de abusos cometidos por 6\ mismo, por sus criados y calpixque» 
0) en la encomienda de los Tzalcos. Decia que de ocho años lí 
aquella fecha, que tenia Don Diego la encomienda, habia estable- 
cido eu aquellos pueblos muchos tratos y contratos, vendiendo 
*oda clase de mercaderías; que tenia carniceria pública, donde 
vendia carne de reses flacas, obligando á los indios de su onco- 
ínienda á que se la compraran. Que maltrataba á los mercaderes 
españoles, como si tuviera para ello autorización del rey, y que 



(1) Villalobos, dice Faentes; pero es una equivocación evidente. Quien 
gobernaba entonces era D, Garcia de Valverde, y el mismo cronista lo di- 
ce así en algún otro de los tres voluminosos tomos manuscritos de su obra 
que tenemos á la vista. 

(2) Juarros, Tabla de los alcaldes ordinarios de Guatemala, Hist., Cap. 
VI. trat. ni. 

(3) No fué por los malos tramientos á loa indios de su encomienda, como 
dice Garcia Pelaez, (cap. XXXIV.) El proceso que se le instruyó por esto fué 
después de anulada la elección, como decimos en seguida. 

(4) Recaudadores de los tributos que se pagaban á los encomenderos. 



DE LA AMEIÍICA CENTRAL. 183 

coataudo con el decidido apoyo del alcalde mayor del partido, 
hacia cuanto le parecia bien, seguro de que los indios no se que- 
Jarian, por temor. Anadia que todos los años quitaba á los indios 
mas de ciento sesenta cargas de cacao de las que debian pagarle 
como tributo, y que cuando fué como capitán de guerra á la defensa 
de las costas de San Salvador contra el corsario, saqueó aquellos 
pueblos, imponiéndoles una contribución de mas de tres mil qui- 
nientos pesos. Concluia pidiendo se declarase que Guzman liabia 
jterdido por sus abusos y extorsiones á los indios el derecho á la 
encomienda de los Izalcos. 

El real acuerdo nombró al regidor del ayuntamieato Francisco 
del Valle Marroquin, juez especial para seguir la causa contra el 
reo; y como fueron probados algunos de los captíulos de acusa- 
ción, lo condenó á pagar cincuenta mil maravedis de multa, á per- 
der las armas con que delinquió en la riña con Reguera y á que 
no llegase, durante cinco años, al pueblo de Izalco, ni á una legua 
en contorno. Fueron también condenados y penados otros dos 
sugetos como cómplices; y el reo principal j otro de los acusados, 
en las costas del proceso. 

La elección de alcalde hecha en Alfonso de Hidalgo al mismo 
tiempo que la de Don Diego de Guzman, resultó á poco igualmen- 
te desacertada, pues hubo necesidad de deponerlo del cargo y 
mandarle que arrimara la vara, por auto de la real audiencia, y 
a causa de un delito que habia cometido. Pero lo que no podemos 
dejar de encontrar extraño en esos actos de energía y de recta 
administración de justicia, es que la audiencia se creía dispen- 
sada de puntualizar la falta que castigaba; pues el auto decía úni- 
camente que se despojaba á Hidalgo de la alcaldía por un delito, 
sin expresar cual fuese. 

En este mismo año 1582 se tuvo aviso en Nicaragua de que 
se habían visto en la costa del sur diez navios grandes de corsa- 
rios,* que amenazaban el país. El teniente de gobernador y capi- 
tán general de la provincia, Silvestre de Espina, resolvió defen- 
derla é hizo muchos aprestos de guerra, organizando fuerza de 
españoles é indios flecheros y acudió con ellos al Realejo á res- 
guardar el puerto y ua galeón del rey que estaba construyéndo- 
se. No hubo necesidad de hacer uso de la fuerza; pero las medí- 



184 HISTORIA 

das dictadas acredilan el celo y energía del teniente de gober- 
nador. 

El fondo llamado de comunidad se hallaba establecido desde 
muchos años atrás en los pueblos de indígenas, y consistía al 
principio en real y medio que daba al año cada individuo para los 
gastos comunes. Después se mando que en vez de esa cuota, la- 
brara cada indio diez brazas de tierra al ano para maiz; previ- 
niendo una cédula de 4 de junio de 1582 que se contituara ha- 
ciendo así. (1) 

Un hecho que se hizo notable por aquellos tiempos fué la dis- 
minución de los indios tributario?, l'na real o'dula de 27 de ma- 
yo de 1582 supone, según informes dados al rey. que había des- 
aparecido ya en algunas tierras mas de la tercera parte de la 
población indígena. Atribuíase ósto á los malos tratamientos de 
los encomenderos, y así lo decia expresamente la cédula, trazan- 
do en breves pero enérgicos rasgos un cuadro do los sufrimientos 
ii (|uc sujetaban lí los natarales, que nos causaría horror é indig- 
nación, si no consideráramos, como consideramos, muy probable 
que hubiese mucho de exagerado en los informes comunicados jC 
la corte. 

Somos informados, decia el monarca, que en esa provincia se 
van acabando los indios naturales de elía, por los malos trata- 
mientos qoe sus encomenderos les hacen, y «lue habiéndose dis- 
minuido tanto- lo.s dichos indios, que en algunas tierras faltan mas 
de la tercia parte, les llevan las tasa.s por entero, que es de tres 
partes, las dos mas de lo que .son obligados tí pagar; y los tra- 
tan peor que esclavos, y que como tales se hallan muchos ven- 
didos y comprados de unos encomenderos á otros, y algunos 
muertos á azotes, y mugeres que mueren y revientan con las pe- 
sadas cargas, y jí otras y á sus hijos los hacen servir en sus gran- 
gerias, y duermen en los campos y allí paren y crian mordidos 
de sabandijas ponzoñosas, y muchos se ahorcan, y otros t'oman 



(1) García Pelaez dice qoe esto equivalía á qoe diera cada indio media fa- 
nega, que valia entonces dos reales. La real cédula forma la ley XXXI, tít. 
IV. lib. VI de la Rec. de Ind. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 185 

yerbas venenosas, y rjue hay madres que matan á sus hijos en 
])ariénflolos, diciendo que lo hacen por librarlos de los trabajos 
<iue ellas padecen.' 

Parécenos estar leyendo algún capítulo del libro de la IJestrui- 
' (071 (Je las Indias de fray Bartolomé de Las Casas. Sin negar que 
los encomenderos tuviesen siempre decidida propensión á abusar 
de los naturales y lí extorsionarlos, como lo hemos hecho notar re- 
petidas veces en el curso de esta obra y seguiremos consignándolo 
cuando corresponda, admitiendocomo cierto el hecho de las ven- 
tas de indios que se hacian unos á otros, pues de esto hay datos 
irrecusables, debe lijarse la atención en la procedencia de aque- 
llos informes. El rey no decia quien se los hubiese trasmitido; pe- 
ro por un memorial del ayuntamiento dirigido cuatro años des- 
pués, se ve que procedieron de algunos clérigos y frailes, fuente 
sospechosa, tratándose de esta materia. 

Anadia la cédala que no eran solamente los indios encomen- 
dados H paticulares, las víctimas de aquellos abusos, sino tam- 
bién los que pertenecían á la corona y estaban en administración. 
Prevenía se privase de las encomiendas y administraciones á 
dos ó tres en cada provincia, para que el castigo de éstos sirvie- 
se de ejemplo y correctivo á los demás. 

El ayuntamiento de la capital contradijo terminantemente 
aquellas acusaciones. ''Semejantes malos tratamientos, decia, en 
esta tierra no se tiene noticia que se hayan hecho, antes los ve- 
cinos y encomenderos y otras personas de esta ciudad y provin- 
cia acostumbran con mucho cuidado de mirar muy particular- 
mente por el aumento y conservación de ellos, tratándolos mu}^ 
bien, como cosa que tanto les importa y como V. M. lo tiene 
mandado. Y porque la relación que á V. M. se hizo contenida en 
la dicha real cédula, se entiende ser siniestra y en ofensa de esta 
provincia, nos ha obligado á hacer información, como se ha he- 
cho de pedimento de esta ciudad ante esta real audiencia, la cual 
va con ésta; y por ella Y. M. mandará ver como los naturales 
de estas provincias son muy bien tratados y conservados en ser- 
vicio de nuestro Señor y de Y. M.; y no de la manera que á Y. 
M. apasionadamente informaron.'' 

El 6 de febrero de 1581 fu»' sentenciado á muerte un español 



180 HI^TUlílA 

por homicidio perpetrado en un indígena, previnieudo la senten- 
cia que se le sacase á caballo por las calles y en seguida «e le 
cortara la cabeza en la plaza mayor. Mal se aviene, sin duda, 
esajusta severidad con lo de matar » azotes á los indios y reven- 
tar á las indias ¡i fuerza de cardarlas, de que habla hi real cédu- 
la; haciendo todo eso impunemente, como se deduce de aquel 
documento oficial. 

A pesar de todo, y dando por sentado que presidentes como 
Cerratoy sus sucesores (con excepción de Landecho), no habrían 
tolerado abusos de la clase de los que enumera la cédula de 27 
de mayo de 1582, el hecho de la disminución de los indíjícnas 
era innegable, y como se ve, no lo contradecía el ayuntamiento. 
Sin recurrir a' imaginar actos de crueldad que no habrían tenido 
razón de ser, establecida y afirmada ya la autoridad de los es- 
panoles, la emigración originada por las reducciones de pueblos 
y la situación desdichada y abyecta de la raza conquistada })o- 
drian explicar suficientemente aquella decrcceacia de la pobla- 
ción indígena. 

El comercio que se hacia por aquellos tiempos con España, es- 
taba reducido á dos 6 tres navios que venian cada año á los 
puertos de Honduras, haciendo la mayor parte d<íl camino en 
conserva de la flota destinada lí Nueva-España. Traian esos bu- 
ques los "diferentes artículos que necesitaba esta colonia, y tí su 
regreso llevaban oro, plata, añil, cueros, zarzaparrilla, cañafís- 
tola y otros productos. Ilabia años, como el de 1582, en (|uc no 
venia un solo navio de l']spaña; y entonces había necesidad de ha- 
cer Venir los efectos con gran costo y pérdida de tiempo, de Méxi- 
co y reino de Tierra-firme. El ayuntamiento, cjue no dejaba de 
promover cuanto interesaba al país, escribió al rey en noviembre 
de aquel año, suplicándole mandara que no dejasen de venir los na- 
vios, lo cual corría á cargo de la casa de la contratación de Sevi- 
lla, y que se evitara que persona? particulares, movidas })or su pro- 
pio ínteres, impidieran la venida de los baques, como se decia ha- 
ber sucedido aquella vez. 

Por aquel tiempo presentaba todavía la legislación penal el 
carácter bárbaro que se observa en el célebre código de las Par- 
tidas. Ademas de que estaba en práctica el tormento como medio 



F 



DE LA AMERICA CENTRAL. 187 

de prueba, se aplicaban frecuentemeale como pena las mutilacio- 
nes de miembros y aun el fuego. En diciembre de 1583 fué sen- 
tenciado a ser quemado vivo en Guatemala, el indígena Juan 
^lartin. reo de pecado nefando. Conducido el 10 de dicho mes al 
lugar donde debia ejecutarse la sentencia, hubo un gran tumulto, 
que capitaneaban cuatro clérigos y siete seglares, los cuales se 
arrojaron sobre los que custodiaban al reo, quitaron la espada 
al alcalde y proporcionaron la fuga al indígena. Capturados los 
cabecillas de aquel motin, fueron condenados á destierro los ecle- 
sia'stícos y á pagar quinientos ducados de multa los seglares. (1) 

Hemos dicho que los presidentes estaban en posesión del de- 
recho de aprobar o no las elecciones de alcaldes que hacia anual- 
mente el a^nmtamiento de la capital. Xo pareciendo esto suficien- 
te, un auto acordado de 26 de febrero de 1585 previno que con- 
firmasen también la de los alcaldes de los pueblos situados den- 
tro de cinco leguas de la ciudad. Los corregidores deberían con- 
firmar las de los pueblos que estuviesen a la misma distancia de 
!as cabeceras respectivas. 

En mayo del mismo aiío se mandd por otro auto acordado, au- 
mentar la cuota del tributo que pagaban los indígenas, que habia 
sido hasta entonces de doce reales los hombres y un peso las 
raugeres. 

Aquella era una medida favorable a los encomenderos, que sin 
embargo, no les compensaba el perjuicio que les hacia la negativa 
del consejo de Indias á conceder la prdroga de las encomiendas 
por una vida mas, como en México, Perú y Nuevo Reino de Gra- 
nada. El cabildo dio instrucción á su procurador en la corte, con 
íecha 30 de mayo de aquel año (1585.) para que repitiese la so- 
licitad; pero no obtuvo resolución favorable. 

En el año 1586 volvió Francisco Drake á hostilizar los esta- 
blecimientos españoles en las costas del Atlántico. Después de 
haber ocupado y saqueado la isla de Santo Domingo y atacado 
inútilmente á la Habana, pues no logró rendirla, resolvió volver 



(1) García Pelaez, Mem. cap. XXXIII. 



188 HISTORIA 

á probar fortuna en el Pacífico, y crnzando de nuevo el estrecho, 
vino á aparecer en las costas de la provincia de San Salvador. 

Todo el país ^e alarm<5 con la noticia y se trató de allec^ar 
medios de defensa. El presjdente se dirigi(5 al ayuntamiento, re- 
(juiriendo la cooperación de los vecinos principales y (jue se 
alistasen bajo las ordenes de ciertos capitanes riue tenia nombra- 
dos para la expedición. Esto dio lugar ú largas cuestiones, pues 
el cabildo sostuvo que de no ser el presidente mismo el que fue- 
ra como general, dcbia ir por capitán de los capitulares y enco- 
menderos de la ciudad uno de los alcaldes ordinarios. I^a cues- 
tión se prolonga durante muchos dias, y al fin paró en (¡ñe la 
capital envi(5 cincuenta hombres armados li Acajutla, y con esto 
se declaró que habia cumplido; manifestándose la audiencia sa- 
tisfecha. 

En aquella ocasión se organizaron on la capital cien hombres 
do caballeria. armados de lanza y adarga, y (piinientos de infan- 
tería, de los cuales doscientos llevaban arcabuces y los demás 
picas y otras armas enastadas. Pasaron revista 6 hicieron simula 
ero degaerra durante cnatro dias; mostrando regalar pericia en 
aquellos ejercicios. 

No fueron seguramente ^olo aquellos cincuenta hombres de la 
ciudad de Guatemala los que acudieron á la defensa de aquel 
puerto amenazado. Hay un documento oficial, de fecha posterior, 
en que aparece que el capitán Francisco de Santiago levantó (jui- 
nientos cincuenta hombres y acudió con ellos, como maese de 
campo, á guarnecer la villa de la Trinidad (Consónate) y puerto 
de Acajutla. Que en el campamento que formó en aquel lugar, lle- 
gó a reunir sei-scientos soldados españoles y mas de ochocientos 
indios y mulatos y que socorrió á una osmadra qn^ por íkjik'I 
tiempo vino del Pera. (1) 

El presidente, para ayudará los gastos de aquella expedición, 



(1) Auto de nombramiento de jaez de milpas, expedido el 29 de jallo de 
1648 á favor de Don Francisco de Santiago, nieto del que fué como maese de 
campo á Sonsonate con las fuerza?; levantadas para la defensa de aquella pro- 
vincia. Citado por Garci» Pelaez, Mem. cap. XXIX. 



DE LA AMEKK'A e KNTiiAL. 1S9 

f lió mano de seis mil pesos que habia eu las cajas reales: y pa- 
ra reponerlos, puso a contribución á los encomenderos, y aun se 
proponía hacer que los vecinos todos contribuyeran á sufragar 
los costos de la empresa. Esto dio lugar á contestaciones muy 
agrias y aun a la prisión de dos ó tres personas que se opusieron 
ií la medida. (1) 

El cabildo de Guatemala, desde que tuvo noticia de la inva- 
sión de la i^la de Santo Domingo por Drake, temiendo que pu- 
diera hostilizar lí este pais, se dirigió al re}' en un largo memorial, 
en que exponía el estado de deficiencia en que se hallaba el 
reinó con respecto á elementos de defensa. La mayor parte de 
los vecinos eran, según decia, hombres adiestrados en el ejerci- 
V) del caballo y que algunos tenian lanzas, cotas y adargas; ar- 
ii as que hablan empleado hasta entonces en la pacificación del 
pais; pero que no eran suficientes para resistir á un enemi- 
go como el ingles Drake. Suplicaba se remitiesen doscientos pe- 
tos fuertes que pudieran servir para soldados de á pié y de á 
caballo, quinientas celadas ó morriones, cuatrocientas cotas y 
otros tantos arcabuces con sus aderezos. Decia que la mayor par- 
te de estas armas las comprarían los vecinos, y lo que no se ven- 
diera quedarla á cargo del presidente y gobernador del reino, 
para armar la gente en caso de necesidad. 

Manifestaba a continuación que no habiendo logrado fabricar 
pólvora por falta de salitre, y habiéndola en México en abundan- 
cia, convenia se previniese al presidente y gobernador de Guate- 
mala hiciera venir cada año doce quintales de ella, lo cual seria 
suficiente para los arcabuceros. 

En seguida exponía el cabildo que la situación de este reino, 
en medio de otros dos tan importantes, como eran el de Tierra- 



(1) Fuentes, Rec. flor. (Part, II,Lib. ^'11, cap. XIV,) preteude que Dra- 
ke desembareú eu un surgidero de la costa Uaiuudo Tonalá, y que se iuternó 
á una hacienda, donde hizo violencia á cierta señoi-a viuda, de lo que resultó 
un hijo que á poco 'paí^ó de esta vida á la otra. No seria tan á poco, pues pu- 
do tener sucesión, ya que añade el cronista que él, goberunndo la [MOvinoia 
de Sonsonate. alcanzo á conocer á un nieto de Drake. 



190 HISTORIA 

íirme y el Perú y el de Xueva-Espafia, exigía que sus vecinos 
estuviesen bien armados y ejercitados para cua^iuier evento. 
Que á doce leguas de la ciudad, en el mar del sur, luibia un 
puerto por el cual i)odian fácilmente invadirla corsí\rios como 
ürake, y ademas estaba el de Acajntla, d treinta leguas: el del 
llealejo, lí cien. )* los de la parte del norte: Trujillo, Puerto- 
caballos y (iolfo-dulce. Que á éste no podian entrar sino em- 
barcaciones muy pequeñas, por su poca hondura, y quo conven- 
ílria (jue hubiese en él alguna defensa; porque era una especie do 
lonja donde se reunian todas las mercaderias que llegaban de 
los puertos de Hondura^, y en seguida se trasportaban en muías 
ú la capital y otras ciudades del reino. Que no habiendo en di- 
cho puerto mas (¡ue un hombre que tenia el cargo* de recibir 
los efectos, lo cual ejecutaba con el auxilio de sus sirvientas, ha- 
bía sucedido ya que un ladrón, que apareci(5 en una lancha, nial 
armado, entró en el golfo, robó el dinero del rey quehabiaén el 
pnerto procedente del almojarifazgo, y el que encontró de parti- 
culares, como también el vino y comestibles «pie necesitaba. 
Agregaba el cabildo que porque no quiso Dios no pegó fuego ;i 
qucl ladrón á las casas del puerto y á los efectos (pie estaban dc- 
|)ositados y que valían unos cíen mil pesos. Que con poca dilicultad 
ludria levantarse en el golfo alguna obra de defensa, pues ti 
punto era naturalmente fuerte. 

Hacia otras indicaciones rcspeciu .i mejoras M cumino del 
golfo, en lo que podrían emplearse quince 6 veinte negros cpie 
se comprasen, con cuatrocientos pesos que pagaba anualmente el 
comisionista del golfo porque se le permitiera ocuparse en el envió 
y recibo de los efectos, y por último concluía solicitando lo 
que tuntas veces había pedido inútilmente: que se le diera algún 
auxilio, por no tener la ciudad fondos í)ara sus mas precisas 
atenciones. 

Como se ve por e.sa exposición, el gobierno, no solo no tenia en 
aquello, época un solo empleado, ni un guarda siguiera en el 
(Iolfo-dulce, donde venían á depositarse todas las mercaderías 
que llegaban de los puertos de Honduras, procedentes de Hspafia, 
sino que aun el comisionista particular que servía al comercio 



DE L.\ AMÉRICA CENTRAL. 101 

istodiando los efectos y despachándolos al interior, tenia qne 
pagar cuatrocientos pesos anuales al rey porque se le permitiera 
a<|uel servicio! Parece imposible que llegara á tal punto la igno- 
rancia sobre los mas simples deberes de un gobierno. 



CAPITULO X. 



Imposiciou de tributo á la poblaciou de color. — Se procura trucr negros pa-- 
ra los trnbnjos agrícolas.— Empc-ñaae la audiencia eo coartar alguuas do Ihs 
facultades del presidente. — Innovación en materia de tratamíeutoi).— Un oi- 
dor hoHtiliza al presidente Valverde. — Condescendencias do ónto con los 
franciscanos— Informa el ayuntamiento en so favor. — Viene á huccrso cargo 
de la presidencia ol licenciado Podro Mallen do Kaeda. — Ruidosa residen 
cia de Vakerde. — Intrigas del confesor de Mallen. — Cuestión con los fruINs 
de San Francisco y con el obispo.— Entredicbo.—Kl ayuntamiento informa 
al rey en favor del presidente.— Se dú principio al comercio con la China. — 
Trabajos en el puerto de Iztapa y en el del estero del Salto.— Así gnn no ni 
nynntnmionto para fondos de propios el prodocto de ciortnH oncomiendas. 
Nuevas vejaciones á los indioa— Declaratoria de baber succedido el rey do 
Espafía á los principes indios en ol seAorio del territorio.— Aumóntaso la 
cuotn del tributo que pagaban K>8 iudioe.— Puente de Uos Esclavos.— Deiia- 
parición completa de la marina mercante del paÍ8.--Sus causas. — ConcluBÍon 
del gobierno del liceiftiado Mallen de Kneda. — Nuevas cuestiones con los 
frailes de San Francisco. — Nombrnniiento del doctor Francisco de Sandé 
para la presidencia. — Leyenda relativa á Mallen.— Sentencia extraña do la 
audiencia eu una causa criminal.-- Invnsion de Puerto-caballos por uboh cor- 
sarios franceses.— Conducta enérgica del comendador Carranza. — Renue- 
va el cabildo la solicitud de que se concedan las encomiendas por trex vi- 
das. — No lo obtiene y pide la perpetuidad, mediante un Hcrvicio pecuniario. 
—Cuestiones entre el presidente y el ayuntamiento, por haber vendido el 
primero los oficios del fiel ejecutor y alférez real. — Concluye el gobierno del 
doctor Sandé y entra á subrogarlo el oidor mas antiguo, licenciado Abauu- 
za.-:-Qiiejai< del ayuntamiento contra eAe funcionario. — Fundación del se- 
uiinuriü tridontino en Guatemala. 



(loST— 1.')97.) 



DE LA AMERICA CENTRAL. 193 

Auiuentaia en las provincias del reino la población de perso- 
nas de color, y no estando estas sujetas al pago del tributo, se 
tiató de establecerlo, aunque no en la cantidad de un marco de 
j»lata, que prevenía una real cédala de P^elipe II, de 27 de abril 
(le 1574, general para todos sus dominios de Indias. En un auto 
a -ordado expedido por la audiencia, previo informe del tesorero 
ele la hacienda real, se dispuso que los negros y mulatos libres 
pagasen cuatro tostones anuales los varones 3" dos las mujeres; 
\ en junta de hacienda de 23 de enero de 1587 se acordó enco- 

endar á alguna persona la recaudación de aquel tributo, abo- 
nándosele un tanto por ciento, que no debia pasar de la tercera 
jiarte de lo recaudado. 

Se procuraba al mismo tiempo aumentar el número de negros 
-clavos, para suplir la falta de los indios en los trabajos de la 
.^^ricultura. En aquel mismo año (1587) solicitó el ayuntamiento 
de la audiencia que procurara se trajesen quinientos, para ocu- 
parlos en la elaboración del añil, j ofreciendo pagar su valor 
en el término de cuatro años. Se elevó la solicitud al rey. y el 
cabildo pidió, por medio de su procurador en la corte, que man- 
daran un buque cargado de ellos. Aquella pretensión no fué 
atendida. 

La audiencia mostraba por aquel tiempo bastante propensión 
;í coartar las facultades del presidente. Xo solo tenia este funcio- 
nario voz y voto en materias de justicia, sino también en las ape- 
laciones que se interponían ante el tribunal en asuntos de gobier- 
no. Desde el año 1586 se le disputaba este, y habiendo el fiscal 
preguntado a la audiencia de México cual era la práctica en 
aquella chancilleria, con el informe de esta, se acordó nega'rselo, 
en auto de 13 de abril de 1587. (1) 

Hubo también desde aquel año una innovación en los trata- 
mientos que se daban al mismo presidente, <í los oidores y al 
ayuntamiento. El primero de esos funcionarios habia recibido 
en los tiempos primitivos, alternativamente, los de muy magní- 



(l) García Pclaez, Mem. cap. XXXIII. 
HIST. DE LA A. C. ' lü 



194 .HISTORIA 

lico y muy ilustre, y los mismos se daban á los oidores. Los alcal- 
des se titulaban muy nobíes. y señores simplemente los regido- 
res; recibiendo el dictado de ilustres, cuaiido los presidentes to- 
nian el mismo, con la anteposición del adverbio muy. Pero todo 
esto cesó desde el citado año, y comenzó u usarse un estilo mu- 
cho mas sencillo. Desaparece desde entonces todo tratamiento. 
Los presidentes no son ya mas (\\\c el doctor u el licenciado Fu- 
lano; y alcaldes y regidores, sin aditamento alguno, los individuos 
del cabildo. Esto no debia durar mucho tiempo, y mas tarde ve- 
remos restablecidos algunos de los antigaos tratamientos y aun 
usados otros mas pomposos, tanto para dirigirse lí las corporaci"- 
nes, como II los funcionarios principales. (1) 

Amargó mucho los últimos dias del dilatado período presidí ; 
cial del liccaciado García de Valverde cierta oposición, ó mejor 
dicho declarada hostilidad de uno de los oidores, el licenciado 
Alvaro Gómez de Abaunza, que no perdonó medio para moles- 
tarlo y aan logró sascitarlo ndvf r-nrios ontiv^ !> f.íms miembros 
de la audiencia. 

Habiendo venido una real cédula en (|ue se di.sponia se ía- 
bricasen conventos de regulares donde íuese esto necesario. ^'! 
presidente Valverde, que era muy afecto á los franciscanos, ! • 
mó tan ú pechos la ejecución de esta orden, que hizo construir 
uno suntuoso en la capital, y con tal empeño hubo de tomar la 
obra, que aun él mismo, olvidado de los respetos de« su posición 
y atenciones de su empleo, hacia de .sobrestante en ella. 

El oidor le hizo varias advertencias acerca de la inconvenien- 
cia de aquellos actos; pero inútilmente; y eco esto no se recataba 
ya en motejar agria y publicamente la conducta del presidente. 
No limitándose lí estas censuras, dirijió al rey un largo memorial 
en qtie pintaba á aquel funcionario como un hombre que se ocu- 
paba únicamente en fabricar iglesias y conventos y en co'ncurrir 
;í congregaciones y cofradias, con abandono de los deberes impoi- 
tantes de su cargo. Decia que gastaba en aquellas obras, sin rní- 



(1) Garcia Pelaez, Mem. cap. XXXÍV 



DL LA AMERICA CENTRAL 195 

ramiento alguno, los dineros de la real hacienda, y que se le vela 
trabajando materialmente "'como un péon, lleno de mezcla y pol- 
vo y dando materiales por su mano á los artífices frabricadores. ... 
niezcla'ndosc con gente vulgar y muy común, en auja ocupación 
se divertía, con dispendio y pérdida de los negocios importantes 
de las provincias numerosas del reino, lo que hacia detenido y 
suspenso el despacho de las materias políticas y militares." Agre- 
:j;aba que era tal su intimidad con los frailes, que muchas veces 
asistía al coro con ellos; y que no hacia escrúpulo de asignarles 
como limosnas algunas encomiendas vacantes, con perjuicio de la 
leal hacienda; todo lo cual lo tenía sin aceptación y mal visto. 
Pruébase ser cierto lo que decía Abaunza.con lo que acerca del 
presidente Valverde refiere un escritor, gran panegirista suyo. 
Entro el Sr. licenciado García de Valverde á la presidencia, como 
sí precisamente se le hubiese dado para edificar iglesias y monas- 
terios de religiosos de X. P. S. Francisco.'" A continuación lo 
elogia por lo de hacer de peón en los trabajos de albañileria, y 
agrega : "Veces hubo que encontrándose algún indio llevando 
mezcla 6 ripio con el presidente, se la echase encima, (siendo no 
muy ageno de presumirse que lo hiciese adrede,)}^ el buen caba- 
llero, sin darse por entendido, se apartaba á limpiar el lodo y 
polvo que se le había pegado."' (1) 

Agregábase á esta enemistad, la de algunos de los encomende- 
ros, por haber venido á méoos los productos de varias encomien- 
das, con motivo de nuevas tasaciones de tributos, hechas durante 
el gobierno de Valverde. (2) 

Para contrarrestar aquellos informes, probablemente, dirigió 
el ayuntamiento al rey un memorial en que sin negar lo de las 
devociones del presidente, decía que tenia mucha experiencia de 
negocios y prudencia para gobernar, suplicaba que no fuese re- 
movido del empleo, pues siempre era peligrosa la venida de nue- 
vos írobernadores, que venían acompañados de parientes y ami- 
gos á quienes repartían los beneficios y aprovechamientos. 



1) Vázquez, Crónica de la provincia do Guatemala, Lib. 2. " , Cap. 1-t. 
;j) Fuentes, Rec. flor. (M. S.) cap. XVII, lib. X. 



(1) 
( 



190 HISTORIA 

Piste ocurso del cabildo fué inútil, pue- a ...- m,^ ...^.-o \ iiu) 
por sucesor del presidente el licenciado Pedro Mallen de Kueda. 
que de oidor de la chancüleria de CJranada. fué promovido S la 
presidencia de esta audiencia real, do (mivo d.'^tlnn t.»m.' p<w.>si(>n 
el 21 de Julio de 1589. (1) 

Plncargado de tomar residencia á \ al verde, ubru» ci juicio. 
durante el cual desplegaron los adversarios de a(juel funcionario 
toda la safia de qne estaban poseídos, no contentos con vtrlo 
despojado del mando, fallo de recursos y de apo3'os, anciano y 
tan enfermo, que murió a' los dos meses de instaurado el Juicio. 
Siguió no obfctaute esto, la causa, sin que 1» muerte misma del 
residenciado aplacara la enemistad de sus émulos. 

Unióse el principal de ellos, el oidor Abaunza, en amistad es- 
trecha con un fraile franeriscano llamado Diego Merchante, (jue 
liabia venido con el cargo de confesor del nuevo presidente y 
que pronto dejó ver ser hombre ambicioso, de canícter díscolo, 
intriirante y falso. Tenia este sujeto mucho valimiento con Mallen. 
y por su medio llegó pronto Abaunza á adquirir también la in- 
íluencia que ambicionaba, dando modo de ayudar eficazmente en 
la pesfjuisia de los actos de N'alverde. 

• Ocurrió á poco tiempo de la llegada del presidente Malkii un 
incidente que complicó mas las cosas. £o a(]uelIos dias iban á ce- 
lebrar capítulo los frailes franciscanos y en él debia ha- 
cerse la elección de provincial. Aunque desconocido, sin antece- 
dentes en el pais y no incorporado siquiera entre los de esta 
provincia, tuvo el confesor del presidente la idea de solicitar el 
cargo y Mallen apoyó decididamehte la pretensión. No pudieron 
negarse los capitulares y contestaron al candidato que presenta- 
ra al menos las licencias con que había venido al pais, documen- 
to indispensable para proceder sí la incorporación. Xo pudo ha- 
cerlo, y celebrado el capítulo en el tiempo prefijado. recay(> en 
otro la elocrion. Tomólo á desprecio el rencoroso frail*' <' lii/n 



(1) 1588 dice Jnanos: pez-o está equivocado. Por un memorial del avnií- 
tamiento al rey, fecha 28 de febrero de 1.590, (Colee, de Arévalo) se ve que 
Mallen de Rueda liabia tomado |>osesion el 2\ de Julio del afio anteiior. 






])E LA AMÉRICA CENTRAL. 107 

])rop Jsito de vengarse, aunque disimuM su enojo por lo pron- 
to. Continuó visitando ú los franciscanos con frecuencia, y para 
inspirarles confianza, se mostraba disgustado de Mallen y los 
provocaba á que se externasen contra él. Parece que no advir- 
tieron la celada, y dando en ella, censuraban la conducta del pre-í 
sidente, (jue era informado de todo por el confesor. Esto fué pre- 
disponiendo mas y mas á Mallen, que no aguardaba sino una 
ocasión oportuna para mostrar su enojo á los franciscanos. 

Presentusele ésta con motivo de haber tomado el habito como 
novicio en el convento, un tal Alonso Duarte, antiguo depen- 
diente de Val verde y á quien se suponía al corriente de los se- 
iietos de su difunto patrón. Quiso Mallen extraer del convento 
á aquel joven, y pidió su entrega al guardián, Fr. Francisco Sal- 
cedo, hombre generalmente respetado, por su edad como por sus 
virtudes. Contestó el guardián que si Duarte había cometido al- 
uun delito, se le manifestase cual era y que lo expulsaria; pero 
que si se le necesitaba simplemente para tomarle declaración, po- 
dria verlo el presidente mismo, ó el escribano de la causa, el dia 
<iue gustasen. 

Esta respuesta, aunque muy en el orden, irritó a Mallen, que 
inmediatamente llamó al sargento mayor del batallón de la 
ciudad y le previno estuviese por la tarde en el patio de palacio 
con cien hombres armados. Hizo llamar a los dos alcaldes ordi- 
narios y al oidor Alvaro Gómez de Abaunza y con todos ellos se 
dirijió á San Francisco. Mandó rodear el convento con parte de 
la foerza y entró con los demás soldados y con sus acompañan- 
tes. Esparcida en el vencidario la voz de que el preside.'ite iba 
á demoler el convento, se reunió una multitud de gente en laa 
inmediaciones. Informado de lo que ocurría, el obispo, Don Fray 
Gómez Fernandez.de Córdova, (1) acudió también a' San Francis» 
00, pues conociendo el carácter violento de Mallen, temia se pro- 



(1) Este prelado, que dicen era descendiente del f^ran capitán, gobernabii 
la diócesis desde el año 1574, en que lué trasladado de Nicaragua á Gua- 
temala. Era en todo el reverso de su antecesor, Villalpando. Tendremos ocaJ 
sion de dar noticia de algunos de los hechos do este obispo. . 



198 



HISTORIA 



dnjese algún fuerte desagrado. VA presidente y los .-...o- c.-mban 
en la celda del guardián, mientras los ministros de justicia bus- 
caban al novicio Alonso Duarte. Habiéndolo encontrado, lo con- 
dujeron a' presencia de Mallen, que mandó lo despojasen del híí- 
bito. Como no lo hadan los ministriles con la prontitud que qui- 
siera el presidente, se arrojó sobre el joven y dijo en altas vo- 
ces y touo colérico: "yo os desnudaré de ese suco de maldades y 
cobertor de ladrones," y le arrancó la tónica i pedazos. Visto esto, 
el guardián le dijo que se contuviera y le recordó la inmunidad 
del claustro; y al oir el irritado presidente aquellas palabras, las 
contestó con una bofetada al que las habia pronunciado. Puede 
considerarse el escándalo y el alboroto que causó aquel hecho. Los 
franciscanos se dispusieron á dejar la ciudad y salieron inmedia- 
tamente con dirección á México, mientras el obispo logró con- 
vencer al presidente de que le entregase á Duarte para Ih'varlo 
i la cárcel de su palacio. 

Kl vecindario principal de la ciudad, alarmado con la salida de 
los frailes, acudió á suplicarles que regresaran á su convento, lo 
que consiguió al fin. Entre tanto Mallen, disgustado de que el 
novicio hubiese sido sutraido ú su autoridad y aconsejado i)or su 
confesor y por Abaunza para ípic lo reclamase, hízolo asi, pidien- 
do al obispo la inmediata entrega del reo. Negóse el prelado, y 
entonces el presidente entró en la residencia episcopal con gente 
armada, sacó violentamente al joven Duarte y lo lii/o encerrar 
en la jaula de la cárcel de corte. 

El obispo, herido en lo mas vivo con aípiol ¡nsnho, riiiniiin» un 
entredicho, quedando en el acto cerradas las iglesias y prohibida 
fa celebración de los oficios en toda la ciudad. El di.sgusto y la 
alarma del pueblo fueron grandes, y comenzaron á estallar en 
voces su>)versivas, clamando porque el reo fue?e restituido lí la 
autoridad eclesiástica. El presidente permanecía firme en su reso- 
lución y calificaba en términos severos la conducta del obispo, 
á quien llamaba públicamente "traidor y amparador de judios, 
que impedia el real servicio y el castigo de los malhechores.*' 

Alarmado Abaunza con el giro que tomaban las cosas, y te- 
miendo el resultado, pues los demás oidores estaban mal con el 
presidente y lo mismo los vecinos principales, á quienes injuriaba 



DE LA AMERICA (EXTKAL. 199 

nii los epítetos de sediciosos y ladrones, araeiiazáiidolos con en- 
viarlos á España, procuró un avenimiento, avocándose con el 
•líispo y haciéndole ver los males que orijinaba el entredicho. 
Le insinu(5 que si no lo levantaba, se exponía á que se le estraña- 
>e del pais, y como el prelado era hombre anciano y enfermo. 
]>arece hubo de entrar en temor y alzó la censura impuesta á la 
< iudad, cuyo vecindario no debió haber sido hecho responsable 
4e los actos del gobernante. (1) No se dice cual haya sido el 
'1 esenlace de la cuestión respecto á la prisión de Duarte; pero sí 
parece que no fué entregado á la autoridad eclesiástica. (2) 

El ayuntamiento de Guatemala escribía al rey respecto al pre- 
sidente Pedro Mallen de Rueda, en términos diametralmente o- 
puestos á los que al hablar de aquel funcionario emplean los cro- 
nistas de quienes tomamos las noticias que preceden. Desde que 
llegó á sustituir á A'alverde informó el cabildo en su favor, y 
continuó haciéndolo así hasta que regresó á España. Nada dijo 
la corporación acerca de los escandalosos sucesos á que dio oca- 
sión la prisión del novicio Duarte, que con tanta minuciosidad re- 
tieren los autores citados, limitándose á alabar, en general, la rec- 
titud de sus procedimientos, el cuidado que mostró en el manejo 
de la hacienda pública y en la administración de justicia. Decia 
(jue habia embellecido la ciudad con nuevos edificios; dado las 
encomiendas, oficios y aprovechamientos á personas beneméritas 
' hijos quietos de conquistadores. Lo alababa también por el 
empeño con que atendía á las obras públicas. "Los caminos se 
andan, decia, los puertos se abren, los frutos de la tierra se cojen 
en abundancia, respecto de haberlo asi proveído y mandado.'' 

Durante la presidencia de Mallen, se obtuvo, según parece, el 
permiso para el comercio con la China, pues el cabildo informa- 
ba al rey, en carta de 28 de febrero de 1590, que se habia dado 
principio á él. 

Comenzó á trabajarse también por aquel tiempo en el puerto 



(1) Yazquoz dice que el obispo no llegó á poner la censura, aunque pensó 
liacerlo. En este punto seguimos la relación de Fuentes. 

(2) Fuentes, Reo. flor, cap. XVITE, Lib. X. 



200 HISTORIA 

de Iztapa, según el proyecto de que hemos hecho mención y quo 
aprobd al fin el rey, autorizando al cal)ildo ])ara vender dos de 
sus regimientos y aplicar el producto á a<]uella obra. 

Descubrieron ademas otro puerto, siete leguas mas arriba del 
de Iztapa* hííeia Acajutla, que llamaban el estero del Salto, y 
habiendo examinado el fondeadero, encontraron que tenia capa- 
cidad para buques de cien toneledus, suficiente para los que por 
entonces arribaban á aquellas costas. Se comenzó ú trabajar tam- 
bién en utilizar aquel puerto para el comercio con el IVrn. con 
Nueva-España y con la China. 

Obtuvo también el ayuntamieiií". 'II urtud de --lí.^ ii]Hi¡üa 
solicitudes para que se le asignasen algunos fondín? para propios 
de la ciudad, la concesión de la mitad del tributo del primor 
año de todas las encomiendas que quedasen vacantes en la pro- 
vincia de Guatemala, de cuya gracia gozaria durante diez anos. 
Pero luego hubo de advertir que el producto de aquella conce- 
sión no alcanzaba á llenar las necesidades de la capital y pidió 
que se hiciera extensiva á la.s encomiendas que vacaran, no solo 
en la provincia, sino en todo el reino, y que fuese por veinte 
años. 

A pesar de las medidas dictadas por el gobierno de la mctrú- 
I)oli con el fin de impedir que se abusara de los indios, los espa- 
ñoles encontraban siempre la manera de hacerlo, por medios in- 
directos. Dábanles cantidades de dinero adelantadas, ó efectos 
de (jue quizií no tenian necesidad, á los cuales se fijaba precio, y 
que debian pagar con su trabaje. Cuando estaban para saldar la 
cuenta, les renovaban los anticipos, y en algunos pueblos haciaii 
que se obligasen con escritura pública al desquite de lo que reci- 
bian. Con esta priíctica iba perpetuiíndose el servicio de los in- 
dios, que una vez comprometidos, tenian (jue sufrir no j)0cas ex- 
torsiones, según lo consi«rnaba una real c'dula de 10 de febre- 
ro de 1590. 

En el capítulo III de este tomo hemos' referido una decla- 
ratoria hecha por el sínodo celebrado en México en el año l'54íj, 
en que se reconocía el señorío de los príncipes y señores indios 
sobre sus estados; lo que naturalmente, suponía el dominio de 
tales príncipes sobre los territorios del pais. Si por el momento 



DE LA AMERICA CENTRAL. 201 

toleró el rey de España la proclamación de ese principio, él no 
debía continuar por mucho tiempo formando parte del derecho 
público de la nación. En cédula de 1. ® de noviembre de 1591 
se expresú Felipe II en los términos siguientes: "Por haber yo 
sucedido enteramente en el señorio que tuvieron en las Indias 
ios señores de ellas, es de mi patrimonio y corona real el señorio 
de los baldíos, suelo é tierras de ellas que no estuviese concedi- 
do por los señores reyes mis predecesores." (1) 

He aíjuí destruido completamente el principio reconocido por 
el sínodo mexicano y despojados los príncipes indíjenas del do- 
minio de la tierra: y aun parece que el presidente Cerrato se 
habia adelantado á hacer una declaratoria en idéntico sentido. 
(2) Como quiera que sea, esto era una consecuencia natural de 
la conquista, y de los derechos que, según las ideas reinantes en 
aquellos tiempos, se deducian de ella. 

Los gobernadores españoles, representantes del soberano, es- 
taban desde autes de la expedición de esa real cédula, en pose- 
sión de ia facultad de adjudicar las tierras como mejor les pare- 
cía, y acostumbraban hacerlo, aun sin oir á los ayuntamientos, 
de JO cual se quejaba el de Guatemala. Un autor que dice haber 
visto original la cédula de 1. ^ de noviembre de 1591 en el ar- 
chivo parroquial de Pínula, asegura se deducia de su contexto 
que los españoles habían ocupado ya en aquellos tiempos la ma- 
yor y mejor parte de toda la tierra, sin que los concejos é indios 
particulares tuviesen lo que habían menester. (3) 

Por algunas necesidades extraordinarias que sobrevinieron á 



(1) Solórzano, Política ioJiana, lib. 2, cap. 19. 

(2) García Pelaez, (Mera., cap. 24.) cita un auto de encomienda de 27 
de febrero de 1647 y un nt)mbramiento de corregidor de Totonicapam, de 16 
de abril de 1649, en que se menciona esa disposición de Cerrato. 

(3) Garda Pelaez, agrega que la cédula está mutilada en- la ley 14, tifc. 
1 2, lib. 4. ° de la Rec. de Ind. í^lla previene sin jembargo, que los vireyes y 
gobernadores den á los indios lo que buenamente necesiten para sus ejidos, 
l^ropios y labranzas particulares. 



202 HISTORIA 

la raouarqaia por aquel tiempo (1), se hizo necesario arbitrar re- 
cursos, y no fueron olvidados los dominios de Indias. Kn la mis- 
ma lecha que dejamos citada en el párrafo anterior (1° de noviem- 
bre de 1591), expidió el rey otra cédula en que mandaba au- 
mentar, en una quinta parte y por el tiempo que fuese su volun- 
tad, los tributos que pagaban los indios del Perú. Nuevo Reino 
de Granada y Tierra-firme. En Guatemala, donde los tributarios 
pagaban á razón de doce reales al ano. habria sido el aumento 
de dos reales y trece maravedís; pero no fué así, pues la misma 
cédula prevenía expresamente que tanto en Nueva-Espana como 
en Guatemala, pagasen sobre sus tributos cuatro reales mas. 
lo que llamaban el tostón de servicio. Esa disposición continu«> 
rigiendo, y la encontramos incorporada en la Recopilación de In- 
dias, (ley IG, tít. 5. ® Hb G. ® ) donde so provicn»» de nuevo su 
exacta y general observancia. 

En el año 1592 se conclnyd el pnente de los Esclavos, el (rn- 
bajo mas importante en su género hecho en el pais desde la con- 
quista hasta la época presente. Levantado .sobre uno de los rios 
mas peligrosos por las grandes crecientes que suele echar duran- 
te la estación de la.s lluvias, estrf sólidamente construido de pie- 
dra de sillería y mezcla, con 128 varas de largo por 10 de ancho y 
un buen pasamano por ambos costados. Descan.sa sobre once ar- 
cos y tiene una firme punta de diamante, que disminuye la vio- 
lencia de la corriente y hace que los grandes maderos (jue suele 
arrastrar, pasen longitudinalmente bajo los arcos, sin daííar la 
construcción. Cuando se concluyó esta obra importante, que ini- 
ció y llevo á cabo el ayuntamiento de Guatemala, eran alcaldes 
ordinarios Juan Rodríguez í'abrillo de Medrano y Rodrigo de 
Fuentes y Guzman, y la dirigieron los arquitectos Francisco Ti 
rado y Diego Felipe, (indios probablemente.) Se co^ó, corno 



(1) Segaramente á consecuencia de la guerra con Francia, que estalló 
inmediatamente después del asesinato de Enrique III, y por profesar su here- 
dero la religión protestante. La liga de los soberanos católicos proclamó jefe 
al rey de España Felipe II, qnien llevó la guerra á Francia. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 2Ó3 

dejamos indicado, con el producto de un impuesto de dos rea- 
les sobre cada botija de vino. 

En la época á que hemos llegado en nuestra narración hablan 
desaparecido por completo los restos de la marina mercante 
que tuvo el pais en otros tiempos, y :uni los elementos con que 
.<e contaba para construir y equipar embarcaciones en las costas 
del mar Pacífico. Hemos visto que Pedro de Alvarado construyó 
dos armadas y expedicionó con ellas; que mas tarde salió de los 
))uertos del mismo océano una expedición en auxilio de la auto- 
ridad lejítima del Perú: que en tiempos mas recientes se envió 
otra en persecución de Drake y por último que aun no hacia mu- 
cho se habia ensayado el comercio con la China, en buques de 
hijos del pais. Todo esto habla desaparecido por el año 1594. El 
ayuntamiento de Panamá escribía al de Guatemala quejándose 
de que en aquella ciudad y su distrito faltaban los artículos de- 
consumo mas indispensables, como trigo, harina, cebada y otros 
irranos ; sebo, cecina y carnes de toda especie: azúcar, conservas, 
frutas y legumbres: cosas todas que abundaban en Guatemala y 
que podían venderse allá con estimación si se llevaran. 

Atribula el ayuntamiento de Panamá la falta de comercio en- 
tre esta y aquella costa á la incomodidad de los puertos y á que 
no habia personas que se animaran á emprenderlo. Mas la caren- 
cia absoluta de embarcaciones se deja entender por la circuns- 
tancia de que hubo necesidad entonces de que un piloto, llama- 
do Martin de Salas, construyese un navio en Panamá y viniese 
con él á cargar los efectos que aquí sobraban y que allá hacían 
falta. 

Un autor que escribía en tiempos posteriores (1) discurriendo 
sobre la desaparición de la marina mercante del reino, la atribu- 
ye, en parte, á los piratas que siguieron infestando las costas del 
sur hasta fines del siglo XVI, después de las expediciones de 
Drake. quien les enseñó el camino por el estrecho de Magalla- 



(1) Eclievers, "Ensayos mercantiies,'" op úsenlos impresos en Guatemala 
en lUl V 1742. 



204 HK--TOKIA 

nes. Hostigados los habitantes del litoral coa aquella plaga. 
abandonaron sus establecimientos y se retiraron a vivir en el 
interior. Mas convincente parece otra cansa que atribuyo á atjuel 
hecho el mir^mo escritor; á saber: la falta absoluta de protección 
'd la marina de Gnateniala por parte del gobierno, que la di»j 
bastante amplia al Perú y Xueva-K^paña y que nada, absoluta- 
mente nada hizo para fomentar •» conservar siquiera la de estas 
provincias. 

Debemos (k*.. ,.c w.., .^lu\ tí la presidencia dt'l licencia- 
do Pedro Mallen de Uaeda. punto sobre el cual encíontramos re- 
laciones <'ontradictoria8 y hasta una especie de leyetida proba- 
blemente falsa y que ha repetido un escritor modí'nio » uva obra 
eMh bastante generalizada (1) 

Parece ser í^ue los franciscanos. íjue atribulan al coulcsor del 
•presidente, Fr. Diego Merchante, los desagrados que les ocasion(5 
la prisión del novicio Daarte, encontraron como devolver ai aipicl 
las molestias que les ocasionara, exijiéndole la exhibición de las 
licencias con que habia venido a las Indias. Mostrándolas Mer- 
chante, el provincial de San Francisco declaró que eran falsas 
y que estaba suplantado el sello que las autorizaba. Por este 
delito y otros de que se acusaba al confesor del presidente, se le 
redujo ú formal prisión en San Francisco. Este hecho hizo que 
estallara de nuevo la colera de Mallen, que volvió á entrar en el 
convento con gente armada y rompiendo las pnertas de la pri- 
sión, extrajo de ella á Merchante y se lo llevó consigo. "Aquí, 
(exclama el cronista franciscano \'azquez, retiriendo aquel suce- 
so,) el valerse el provincial de las bulas apostólicas: el llamar el 
presidente cómitre al provincial, y sí fuerza de gente él y .sus 
aliados romper la celda, sacar al maldito fraile y llevársele á su 
palacio, como si triunfara del turco, ó redimiera de las mazmor- 
ras de Argel un captivo." (2) 
Los franciscanos lograron hacer llegar al virey de México y 



(1) Jaarros Hist. de Gaat. 

(2) Vázquez, Crónica de Guat.. Lib. II cap. XX. 



DE LA AMKKICA CENTIIAL. 205 

il rey. cariasen que les referían aqaellos sucesos, que tuvieron 
lugar á fines del año 1590: pero no fué sino hasta a,o;osto de 1592 
(]ue lleg(5 el doctor Francisco de Sandé, oidor de Xueva-España. 
para pesquisar, corao visitador y juez de residencia nombrado 
¡lor el rey, la conducta del presidente Mallen. Hicieronsele, se- 
. un los escritores citados, los mas gra\ es cargos y depuesto de 
la presidencia, fué provisto parU ella el mismo doctor Sandé. (pie 
la tomó en agosto de 1594. 

Fuentes 3' Vázquez dicen (y esta es la que hemos calificado 
<le leyenda) que el presidente Mallen se vio acometido de una 
enfermedad que lo hizo perder totalmente el juicio, y que ha- 
liiendo caido en una especie de idiotez, salia desnudo por las 
calles de la ciudad y vagando algunas veces por los campos, cual 
otro Xabucodonosor, se apacentaba con las yerbas que cogia, sin 
distinguir las inocentes de las venenosas, hasta morir aquí mi-, 
.-erablemente. 

Decimos que este hecho es una pura invención, porque se sabe 
(|ue Mallen volvió á Plspaña, lo que no niegci el mismo Fuentes y 
agrega que tal vez alia seria donde perdió el juicio. Permaneció 
en Guatemala-, concluida la visita y causa de residencia, hasta 
febrero de 1595, pues en 16 de dicho mes escribía al rey el 
ayuntamiento: "Desta ciudad va al presente á esatierra el licen- 
ciado Pedro Mallen de Rueda el cual ha ejercido sus car- 
gos con mucho cuidado, buen gobierno y cristiandad, como V.^I. 
entenderá de los papeles de su visita, que agora se euvian por 
el doctor Francisco de Sandé ...."' 

A pesar de tan terminante aseveración del cabildo, que des- 
vanece por completo la idea déla demencia de Mallen y de las 
extravagancias que se le atribuyen, no tuvo inconveniente el 
autor de la Historia de la ciudad de Guatemala (1) en consig- 
nar la noticia, que vi j en las crónicas de Fuentes y de Vázquez; 
aunque repetimos que el primero, después de darla, manifiesta 
dudar de su certidumbre. 



(1) .Tuarro8. Hist., cap. 1.^ Tiat. 3. 



20G HISTORIA 

Parece que al principio del gobierno del presidente Saiidé, la 
audiencia estaba reducida ú éste y al doctor Alvaro Gúnjez de 
Abaunza. probablemente por falta ó por suspensión de los demás 
individuos do ella. Hay noticia de una sentencia que pronimcia- 
ron el presidente y el licenciado Abaunza en causa instruida á 
un individuo de la ciudad de San Miguel, acusado de haber dado 
muerte á su mujer. Faltaban pruebas, y exponfti el tribunal la 
dificultad de lograr la confesión del reo por medio del tormento, 
}>or no haber ni personas oi intítrumentos ú propósito para aplicar- 
lo. Discarrierou. pues, que el tormento mas eficaz seria condenar- 
lo á muerte en última instancia, auncpie no hubiese pruebas; <|ue 
lo llevasen al patíbulo, y que si confesaba el delito á la vista del 
suplicio, se ejecutara la sentencia, y si do lo confesaba, se le vol- 
viera Á la cárcel. No se dice cual fuese el resultado do la prueba; 
pero cualquiera (pie haya sido, lo <pie debe extrafiarse es que 
haya habido un tribunal «jue permitiese jugar naí con una cosa 
tan seria como la pena de muerte, y «|ue si el hecho llegó á no- 
ticia del consejo de Indias, no hayan sido severamente repren- 
didos los fjue discurrieron tan impropia liccion. 

Las poblaciones de la costa del norte de la provincia de llon 
duras, volvieron á verse por a(|uel tiempo asaltadas por corsa- 
rios. Continuando la guerra entre España y Francia, aparecie- 
ron, á mediados del ano 1590, delante de I'uerto-caliallos, cua- 
tro buques de corsarios franceses, que desembarcaron, robaron 'é 
incendiaron la población, poniendo en fuga ú sus habitantes. L'n 
comendador Carranza, cjue estaba á la sazón en a(|uella cosía, co- 
misionado por el presidente Sandé para reparar el camino de 
Puerto-caballos, encontrándose en San Pedro Zula cuando inva- 
dieron los franceses, y sabiendo que se disponían á marchar so- 
bre aquella población, dispuso escarmentar á los corsarios y lo 
puso en ejecución de una manera <|ue acredita su valor y activi- 
dad. Reuniíj unos pocos españoles, unos cuantos vaqueros y ar- 
rieros del lugar y un cuerpo de indios flecheros de I 'lúa. y ha- 
biendo puesto una emboscada ú los corsarios, fueron sorprendidos 
y les quitaron como cuarenta muías y caballos que se hablan ro- 
bado. En seguida fué sobre ellos el comendador con el resto de su 
luerza y se situó en una posición favorable. Los franceses, auní|ue 



DE LA AMERICA CENTRAL 207 

segim parece no liabian desembarcado sino en niiinero de trein- 
ta, estaban armados de mosquetes. Rompieron ei fuego; hirieron 
tres de los de Carranza y se retiraron para buscar refuerzo. Pe- 
ro el capitán español no les dio tiempo. Los atacd vigorosamen- 
te y los puso en fuga, matando unos cuantos y tomando siete pri- 
sioneros. Estos se cangearon por algunos de los vecinos de la 
población, quer hablan capturado los corsarios, que tres dias des- 
pués alzaron velas y se retiraron. 

Xo abandonaba el ayuntamiento de Guatemala su pretensión 
en punto a encomiendas, renovando de tiempo en tiempo la de 
t|ue se diesen por tres vidas, la del poseedor actual, la del hijo 
y la del nieto; pero esta solicitud escollaba siempre ante la fir- 
meza que mostró el consejo de Indias en este punto. Así, vemos 
que en instrucción comunicada en 1595 á los vireyes y gobernado- 
res que tenian facultad de encomendar, se les dejaba en entera 
libertad para disponer de tales concesiones, sin mas coartativa 
(|ue la de asignarlas á los hijos y nietos de descubridores, paci- 
íicadores, pobladores y vecinos mas antiguos. (1) 

No obstante aquella negativa, volviú el ayuntamiento á pre- 
tender la perpetuidad de las encomiendas, ofreciendo cien mil 
ducados por algunas de ellas: pero inútilmente, pues la propo- 
sición no fue atendida. 

El presidente Sandé tuvo cuestiones con el ayuntamiento:, 
primero por haber dispuesto del oficio del fiel ejecutor, que el 
cabildo nombraba hacia mas de cuarenta años, y que vendií» 
el presidente, dando voz y voto en las sesiones al que lo remató. 
Después, por haber vendido también por cinco mil ducados el 
cargo de alférez real ú un mercader llamado Francisco de Mesa, 
que lo compró para un hijo suyo, que lo desempeñarla cuando 
tuviese la edad requerida, sirviéndolo entre tanto el mismo. De- 
cía el cabildo que el mozo que había de ser alférez real era tan 
desbaratado y jugador, que á petición de su propio padre, habia 
mandado la justicia que nadie tratara con él, publicándose esto 
por pregón en la ciudad. Que el Francisco de Mesa se habia en- 



(1) Está incorporada en la ley V, tít, VIL lib. VI, de la Roe. de Ind. 



208 llISTOHIA 

soberbecido de tal modo con él cargo de alférez, que aiui con el 
ayuntamiento se mostraba insolente; por lo que concluia pi- 
diendo que se le diese el empleo al mismo cabildo, que lo tomaiia 
por la cantidad que liabia dado Mesa y cincuenta ducados mas. 

El doctor Sandé fué promovido líla presidencia del Xuevo-rei- 
no de Granada y salió de Guatemala el ü de noviembre de loOii. 
quedando el «robierno al oidor decano, licenciado Alvaro Gómez 
de Abaunza. Kl nyuntamif^nto tuvo muy pronto motivos de (piejn 
de este funcionario, pues habiendo quedado vacantes varios em- 
pleos, no los proveía, y lo mismo unas siete ú ocho encomiendas 
de indios. Esto cedía en j)erjuicio de los vecinos descemlioti- 
tes de conípiistadores y antiguos pobladore.><. en cuyo favor abo- 
gaba siempre el cabildo. 

I» manifestó así al rey en un memorial, en (juc decía ianii)i('ii 
que Abaunza andaba enemistado con mucha gente principal, quf 
lo tenia recusado en sus pleitos, por lo que se hacia preciso orga- 
nizar la sala con algún otro letrado. Acusábalo al mismo tiempo 
<le (jue no siendo mas que encargado de la presidencia como oidor 
mas antiguo, llevaba el sueldo integro del empleo (cinco mil du- 
cados) y que durante cierto tiempo habia cobrado seiscientos pe- 
sos de oro de minas como presidente 3' trescientos como oidor. 

Por este tiempo .se verificó en la ciudad de Guatemala la fun- 
• dacion de un colegio bajo el título de la Asunción de Nuestra 
Señora, que hizo el obispo Don Fr. Gómez Fernandez de Córdo- 
ba, en cumplimiento de una real cédula de 22 de junio de loíi'i. 
(|ue prevenia se estableciesen seminarios en todos los obispados 
de las Indias, conforme á lo dispuesto por el Concilio de Trento. 
Kl mismo prelado formó los estatutos de dicho colegio, «jue tuvo 
que luchiir en los primeros anos subsiguientes á su creación con 
las dificultades que debía encontrar en aqaella época un estable- 
cimiento de esa clase. íl ) 



(1) Jnarro» difie ({ue el seminario tri<leiitino de Oaatemala fué fuudatlo 
por los añi>s lOOtí. García Pelaez, hablando de este establecimiento, dice: 
"Ei Sr. ob¡s|K> Córdoba lo fundO y le dio estatutos en 24 de agosto de 1597 ;" 
y luf^go itñade: "Uninformede la aadiencia de 13 de mayo de 1600, dice: 
este colt-gio te fundó en cuatro de henero del afio mil y quinientob y noventü 
V ocho." 



CAPITULO XI. 



Eí doctor Alonso Criado de Castilla toma posesión de la presidencia. — Honras 
fúnebres de Felipe II.— El cargo de alférez real en almoneda pública.— So- 
licítalo el ayuntamiento. — Muere el obispo Fernandez de Córdoba.— Situa- 
ción del seminario que fundó. — Se hace extensiva á los morales y árbo- 
les de lino la prohibición del plantío de viñas y olivares. — Las provincias 
de Nicaragua y Costa-Rica mas favorecidas que la de Guatemala en punto 
á comercio. — Se erigen fortificaciones en el desaguadero de la laguna de 
(rranada y en la Talamanca. — Venta de varios oficios concejiles y de 
provisión real. — Quéjase el cabildo sobre la falta de fondos de propios y 
pide próroga de la concesión de encomiendas vacantes. — Solicita igual- 
mente que no se le estorbe el poder instruir informaciones contra el pre- 
sidente y los oidores. — Pide la supresión del empleo de corregidor del 
valle de Guatemala. — Se queja de que el presidente j-^ la audiencia le es- 
toi'ban el que mande procurador a España, de que se dividen las enco- 
miendas entre varias personas y de que no se hace entre los descendientes 
de conquistadores y primeros pobladores la repartición anual de cier- 
to fondo destinado al" efecto. — Solicita se Hombren para gobernar el rei- 
no presidentes militares. — Opónese el cabildo al restablecimiento del juez 
de provincia. — Quéjase de que el presidente y oidores no permiten á los 
concejales llevar cojines á la iglesia, y de que han ocupado parte de 
la cárcel de corte para ensanchar su habitación. — Pide confirmación de 
un impuesto sobre la carne y repite la solicitud de próroga de la conce- 
sión de encomiendas vacantes. — Solicitud inconveniente del cabildo para 
que se prohiba la exportación del cacao á Nueva-España. — Se da prin- 
cipio á la fabricación de pólvora en Guatemala. — Reos sentenciados al 
suplicio del fuego y á tormento. — Repítese la prohibición de emplear á los 
indios en los trabajos de las minas, si no es por un año. — Solicita el cabildo 
la erección de la iglesia de Guatemala en metropolitana. — Cuestiones con 
e\ obispo Don Fr. Juan Ramírez. — Carácter de este prelado. — Hostilidades 
de piratas en las costas del norte. — Descubrimiento del puerto de Santo To- 
mas de Castilla. 

(159S— 1G04.) 

HIST. DE LA A . C. l'i 



210 HISTORIA 

El doctor Alonso Criado de Castilla habia sido nombrado presi- 
dente de la real audiencia de Guatemala desde el año 159G; pe- 
ro no vino á hacerse cargo del mando hasta el 10 de setiembre 
de 1598. Viniendo del Perú, donde habia estado ocupando mvA 
j>laza de oidor, desembarcó en Acajutla y tuvo que detenerse 
aljrunos dias, por enfermo, en la villa de la Trinidad (Sonsonate.) 
La aiidiencia comisiontj á Don Diego de Guzma», (el mismo sin 
iluda que habia sido procesado cuatro años atrás por abusos en 
la encomienda de los Izalcos) para í|ue fuese ;í recibirlo. Este 
nombramiento dio materia á coestiones en la audiencia; pero la 
disposición se sostuvo y el nombrado fné á desemp^ífíar su en- 
cargo. 

Poco tiempo después de posesionado el nuevo presidente, se 
recibió noticia oticial del fallecimiento del rey Felipe II, cuyas 
honras fúnebres se celebraron con solemnidad. Decia el ayunta- 
miento al nuevo soberano que ninguna ciudad de las Indias ha- 
bia aventajado lí Guatemala en sus demostraciones de sontimioii- 
to, "ansí en el mucho gasto que hizo, como en la autoridad de la 
real audiencia y de todo el estado cclesiíístico y secular que á 
ellas acudió." (1) En seguida se alzaron pendones por el nuevo 
rey, y aunque esta ceremonia correspondia al alférez real, sin 
duda no (pusieron qne lo hiciera el que habia comprado el carero 
contraía voluntad del ayuntamiento, y con í|uien este tenia serias 
desazones. Alegando el deseo de dar mayor solemnidad al acto 
levantó los pendones el presidente ipismo. 

El alferazgo estaba mandado sacar á pública almoneda, por 
sentencia que habia pronunciado en revista el consejo de indias, 
en el ocurso hecho por el cabildo. Instaba este porque se le re- 
matara en los cinco mil ducados que por él habia pagado Fran- 
cisco de Mesa, que lo poseia hasta entonces y que continuó con 
61 hasta el ano K.Ol 



(1) Esto no psisa de ana jactancia patriótica de los concejales, que no ha- 
bian visto lo que se^habia hecho en otras cindades, ni era fácil tuviesen noti- 
-cia de ello. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 211 

Eq el 1598 murió el obispo Fernandez de Córdoba, que gober- 
nó la didcesis por espacio de veinticuatro años. Era un varón 
apostólico, querido y respetado por sus virtudes, entre las cuales 
resplandecia especialmente la caridad. Dejó fundado un monas- 
terio de monjas de la Concepción y el seminario trideutino de 
(|ue hemos dado ya noticia. 

Vivia este [Uantel trabajosamente, con ocho colegiales de beca, 
(pie llamaban mayores, y siete que usaban solo el manto y que 
denominaban menores. De esos alumnos se sustentaban cuatro 
de lo que les sumistraban sus familias, y á los restantes, que eran 
pobres, los mantenia el establecimiento con gran dificultad. La 
enseñanza que se les daba se reducía á la gramática latina y al- 
i^unos principios de teología. Tenían la casa y contaban con el 
producto de unas pocas tiendas que estaban en la misma cuadra. 
FA ayuntamiento escribi(5 al rey exponiendo la necesidad de que 
prestase algún auxilio al colegio y pedia se le asignasen los no- 
venos de los diezmos del obispado, que estaban vacantes hacia 
.siete años. (1) 

El Gobierno de la metrcjpoli habia prohibido que se ocupase 
'.[ los indios en la plantación de viñas y olivares. La providen- 
cia tenia un doble objeto: excusar las vejaciones á los indígenas 
y que no se propagara el cultivo de frutos que podían perjudicar 
el comercio con España. En el año 1601 se hizo extensiva esta 
prohibición, como también la de plantar morales y a'rboles de li- 
no, á todos los vireinatos y gobernaciones de Indias. 

Las provincias de Nicaragua y Costa-Rica estaban mas favo- 
recidas que las de Guatemala en punto á comercio, pues conta- 
ban con el de Panamá y Portobelo, donde se celebraban gran- 
des ferias cada vez que llegaban navios de España. Para la defen- 
sa de las costas se construyó en la Talamanca, (provincia de 
Costa- Rica) el fuerte de San Ildefonso, y en el desaguadero de 
la laguna de Granada (Nicaragua) el de Santa Cruz. La Tala- 



(1) Documentos del antiguo archivo del ayuntamiento de Guatemala. 
Colee, de Arévalo. 



212 HISTORIA 

manca había sido conquistada y poblada de españoles, Imcia el 
aíio 1598, por Don Juan de Ocon y Trillo, que gobernaba por 
aquel tiempo la provincia do Costarica. (1) 

Por aquel tiempo se «reneralizó la venta de ciertos oficios (» des- 
tinos públicos, prevenida |X)r disposiciones reales. Ya en aíios 
anteriores se habían mandado vender dos regimientos de la ciu- 
dad; pero en cédula de noviembre de 1601 se declararon vendí- 
bles todos los oficios de provisión real y concejil que no tuviesen 
anexa administración de justicia. 

Mandado despojar del cargo de alférez real Francisco de Mesa. 
que lo había comprado por cinco mil ducados, se lo vend¡(> el 
ayuntamiento ú Don Diego de Guzmau, por la misma cantidad. 
Kntdnces pretendicj Mesa la vara de alguacil mayor de corte, con 
el fin, según decia el cabildo, de continuar molest!Ín<lolo. Apa- 
reció como postor Don Antonio Vázquez <le Coronado, en (piien 
se remató por treinta y on mil tostones, precio excesivo, pues el 
ayuntamiento mismo declaraba que no valdría veinte mil. Sin 
embargo, todavía propuso Mesa (pie se abriese el remate, olrecien- 
do la cuarta parte mas. Kl presidente consideró que no conve- 
nia aceptar una propuesta que tenia por móvil miras aviesas y 
resolvió remitir la resolución del asunto al consejo de Indias. 

La enagenacion de los oficios estalm prevenida como un recurso 
importante para la corona. Las veintinueve leyes de «lUc consta 
el Título XX de la Recopilación de Indias contienen todas las 
disposiciones emitidas sobre la materia, desde el reinado de Do- 
íia Juana, madre de Ca'rlos V, hasta el de Felipe IV. 

El ayuntamiento, en memorial dirijido al rey en 2í) de abril de 
1601, repetía sus quejas sobre la falta de fondos de propios, lo 
cual no le permitía atender á las necesidades mas urgentes de la 
ciudad. Decía que sus entradas ordinarias no llegaban á seiscien- 
tos ducados al año, y que la concesión de la mitad de la renta 
de un año de las encomiendas vacantes, hecha jmr el anterior 
monarca, le producía seis mil pesos. Había el cabildo empleado 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 213 

aquellos tbndo.'í, parte en adquirir algunas posesiones, y parte en 
imposicioues á censo. Pedia la proroga de la gracia 'por otros 
diez años. 

Se quejaba de que la audiencia le habia prevenido no hiciese 
uso de la facultad que le concedía una real cédula de Felipe IJ, 
para poder seguir informaciones, á petición de parte, por agra- 
vios que hubiese inferido la misma audiencia á personas par- 
ticulares. Ese recurso era indudablemente un correctivo á los 
abusos de autoridad, y el único camino que tenia el común de) 
pueblo para hacer llegar sus quejas al soberano. 

Por otra cédula del mismo rey estaba prevenido se nombrase 
corregidor del valle de G-uatemala, empleo que el cabildo con- 
sideraba no solo inútil, sino perjudicial, porque coartaba la ju- 
risdicción de los alcaldes ordinarios, con la cual bastaba, según 
«lecia el ayuntamiento, para las necesidades de la ciudad. Estaba 
mandado que ese empleo se diese á personas beneméritas; pero 
no se hacia así. y siempre andaba entre parientes y paniagua- 
dos de los presidentes. Solicitaba el cabildo la supresión de aquel 
cargo, con lo que ahorraria el tesoro real trescientos cincuenta 
pesos que se pagaban al corregidor y se evitarían las cuestiones 
que continuamente se suscitaban entre aquel funcionario y los 
alcaldes, por competencias de jurisdicción. Veremos después cual 
fué el resultado de esta solicitud del ayuntamiento. 

Se quejaba también la corporación de que aunque deseaba ha- 
cia mucho tiempo enviar procurador á la corte y lo habia inten- 
tado, encontraba siempre oposición en el prtísidente y los oido- 
res, por sus fines particulares. Pedia la facultad de poder nom- 
brar su representante, sin necesidad de la aprobación del presí 
dente y la audiencia, y pagándolo de los fondos de propios. 

En otro memorial de la misma fecha (29 abril 1601) sé queja- 
ba de que el presidente habia dado en dividir las encomiendas, 
distribuyendo entre diez (5 doce la que dejaba vacante un indi- 
viduo. Esto debia tener por objeto favorecer a' mayor número 
de personas y no acumular los favores en unas pocas manos. El 
cabildo alegaba que el procedimiento dejaba á los descendiente» 
de conquistadores y primeros pobladores en incapacidad de po- 
der sustentarse y cumplir con sus obligaciones. Pedia que no 



214 HISTORIA 

se despedazaran las encomiendas, sino que se dieran íntegras 
alosmas beneméritos, como estaba mandado; pues de este modo, 
aiíadia, "los vasallos tendrán mejor ánimo cadadia de aumentar 
á V M. su reino, descubriendtf nuevos mundos para oeupallos en 
vuestro real servicio." 

Se ve que aquellos buenos españoles de principios del siglo 
]ÍVII. no carecían de ideas levantadas, al menos cuando se tra- 
taba de consignarlas por escrito. Pero la diferencia que había 
entre los ilustres aventureros de mediados del siglo XVI. y sus 
hijos, pudo advertirse en la segunda aparición de Drake, cuando, 
por etiquetas y rencillas, se negaron ú acudir ú la defensa del 
pais, redimiéndose de aquel patrídtico servicio con mandar á su 
costa cincuenta hombres á Acajutla. 

Mas adelante insistía el cabildo en ponderar las necesidades 
de las familias de conquistadores. Había un fondo, (consistente 
en los tributos de ciertos pueblos, qne se destinaba ú socorrer 
anualmente á dichas familias, lo cual hacían los presidentes en 
Vísperas de Navidad. Muchas veces no se cumplía con esta dis- 
pt)s¡cion y se daba otro destino ai aquel dinero, de lo cual se (luc- 
jaba el ayuntamiento, reclamando el cnmplímiento de lo man 
dado. 

Pedia igualmente que se envíase ú gobernar este reino presi- 
dentes de capa y espada (1) porque cada día había rebatos de 
enemigos, y estando algunos de los puertos muy distantes de hi 
capital, no podía el presidente acudir personalmente a su defensa 
con la prontitud deWda. Siendo militar, sabría dictar las preven- 
ciones convenientes para el resguardo de las costas. 

Desde el establecimiento de la colonia todos los presidentes, 
con excepción de Alvarado, habían sido gente togada, licencia- 



(1; No de capacidad, como leyó García Pelaez y lo dice en el cap. íi6 de 
8U8 Memorias. Llamábase en España Ministro de capa y espada al que no 
era letrado ni vestia toga, usando el traga común, que era la capa y ademas 
la espada, que no convenia á loa letrados. Lo que queria significar el cabildo 
era, pues, presidentes no togados, sino militares, como lo dice claramente 
mas adelante; no presidentes de capacidad, pues esos no habían faltado. 



DE LA AMERICA CKXTRAL. 215 

dos ix quienes se promovía regularmente de otras audiencias 
de Indias 6 de España, á la presidencia de la de Guatemala. 

f]l laborioso y concienzudo compilador de noticias, Sr. Garcia 
Pelaez, de quien tomamos muchas veces datos interesantes y á 
fiuien de tiempo en tiempo tenemos también que rectificar, no 
sabe ú que atribuir el que no se hubiese mandado á gobernar 
este reino presidentes militares. Que no era porque se conside- 
rase interior el puesto, lo deduce de las dotaciones asignadas así 
^í ésta como á otras presidencias de América. La de Guatemala 
tenia cinco mil ducados; (1) la de Panamá cuatro mil quinientos; 
la de Santo Domingo cinco mil (que deberían remitirse de Pa- 
namá, si no los habia en la isla); la de Nueva-España cinco mil; 
la del Perú treinta mil, &. Y nosotros agregaremos que el go- 
Itornador y capitán general de la Habana tenia dos mil pesos, el 
de Santiago de Cuba mil ochocientos; el de Puerto-rico mil seis- 
cientos ducados; el de Venezuela seiscientos cincuenta mil mara- 
vedís & &. No era, pues, inferior en cuanto á sueldo á muchas de 
las presidencias y gobernaciones de Indias la de Guatemala. 

El único resultado de aquella solicitud, según el citado escri- 
tor, fué que á poco empezaron á venir presidentes, no militares, 
sino títulos de Castilla y caballeros de las ordenes, y continuaron 
viniendo hasta después de mediados del siglo. A esto atribuye 
también el que se haya acabado al espíritu militar en el pais, y 
([ue los vecinos no quisiesen ya ser soldados, como sus mayores, 
sino caballeros de órdenes, como los jefes que los gobernaban in- 
mediatamente. 



(1) £1 presidente de la audiencia de Guatemala, que tenia ademas el car- 
go de gobernador y capitán general, era pi'ovisto por ocho años. Se asig- 
naban dos mil pesos al gobernador y capitán general de Comayagua; dos mil 
ducados al de Costa-Eica; mil pesos al de Honduras, mil ducados al de Nica- 
ragua; seiscientos pesos al de Soconuzco; seiscientos sesenta y siete, seis to- 
mines y cuatro granos al alcalde mayor de Verapaz; ochocientos pesos ensa- 
yados al de Chiapas; doscientos ducados al de Nicoya; setecientos pesos al 
de Zapotitlan, ó Suchitepequez; quinientos al de San Salvador y cuatrocien- 
tos al alcalde mayor de minas de la provincia de Honduras. 

(Ley 1. «« , tít. 2. « , lib. 5. <= , Reo. de Ind.) 



216 HISTORIA 

La v.erdad es que el sentimienio marcial so fué acabando des- 
de que no tuvo ya ea que ejercitarse. Hemos visto el entusiasino 
con que fué acogida la idea de la expedición al territorio de los 
lacandones, en 1559; pero después de aquella malograda empresa, 
no habia vuelto á haber otra que pudiese despertar el espíritu 
guerrero, con escepcion del pasco marítimo emprendido en busca 
de Drake, en tiempo del presidente Valverde. 

Volvia á promoverse la idea del nombramiento do un juez ó 
alcalde de provincia, que administrara justicia en primera instan- 
cia. E\ ayuntamiento se oponía lí este proyecto, ])or las mismas 
razones alegadas cuando se ensayó aquella novedad al restable- 
cerse la audiencia. Celoso del ejercicio do sus atribuciones y sos- 
teniéndolas con la tenacidad que inspira el espíritu de corjiora- 
cíon, no queria nada que pudiera disminuir 6 coartar en lo mas 
pequeño la jurisdicción de sus alcaldes. 

Eso mismo sentimiento ocasionaba que el cabildo hiciera por a- 
«piel tiempo objeto de reclamo al rey una atribución harto iiisignili- 
«•antc y pueril, que por un principio no menos mcz(jU¡no, le dispu- 
taban los oidores. Tal era la facultad de llevar almohadillas á la 
iglesia para arrodillarse en las funciones á qte concurrían juntos 
la audiencia y el ayuntamiento. La primera habia dado en man- 
dar quitar los cojines á los concejales, alegando que el uso era po- 
co respetuoso, estando presente el tribunal. Por mas (jue no poda- 
mos hoy adivinar en que podria disminuir la autoridad de la 
audiencia el (¡ue los miembros del ayuntamiento no hincasen las 
rodillas en el duro 5uelo, la verdad es que en aquellos tiempos 
no eran esas cuestiones tan triviales y ridfcnlas como ahora 
nos parecen. El cabildo pedia al soberano que expidiese una cé- 
dula especial sobre lo de las almohadillas; pero no se áió aton- 
cion alguna tí semejante solicitud. 

En el memorial que la contenia' encontramos otra, á propósito 
de la cárcel de corte, que nos da una idea de la estrechez y 
pobreza con que vivían en aquellos tiempos los principales fuy- 
eionarios del reino. Decía el cabildo que Guatemala tenia una 
cárcel de corte, si no la mejor, de las buenas que habia en las 
Indias, porque estaba en un cuarto de las casas reales, como en 
México, "y en los otros tres cuartos, añadía, viven, el presiden- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 217 

te y dos oidores. Y es ansí que ido que fué el doctor Sandé, 
presidente que fué de aquella audiencia, quedaron gobernando los 
oidores, y por acomodarse todos en las dichas casas y no pagar 
alquiler, (juitaron Jos aposentos de la dicha cárcel y la dejaron 
hecha un calabozo, que para hombres que han de justiciar es muy 
malo.'' 

Se ve que el presidente y dos oidores ocupaban tres cuartos 
(^0 las casas reales- o palacio de la ciudad, (antes de que se levan- 
tara el que se arruinó en 1773,) y que hubo tiempo en que para 
liaber de acomodarse todos, que no pasaban de cinco personas, 
( 1) fué necesario reducir la cárcel de corte. El presidente y capi- 
tán general del reino tenia, pues, en aquella época, por toda habi- 
tación, una sola pieza; lo que nos parecería increíble, si no lo en- 
contráramos apoyado en el dicho del ayuntamiento. 

Agregaba éste que ningún mal ocasionarla el que los oidores 
no viviesen en las casas reales, como sucedía en México; antes 
por el contrario, era de grave inconveniente el que habitasen en 
ellas "porque los oidores con ropa se van á ver al presidente y 
se están con él la mayor parte del dia y de las noches, y es cau- 
sa de que los litigantes no puedan tratar de sus negocios.'' Que- 
jábase del retraso de los asuntos; porque el presidente, si iba 
un dia al despacho, dejaba de asistir cuatro. Es de advertir que 
no tenían aquellos funcionarios mas obligación que la de concur- 
rir tres horas diarias al tribunal. Con presencia de esta queja, 
pidió el re}' informe á la audiencia, y el resultado fue aumentar 
una plaza de oidor á las que j^a existían. ^ 

Los presidentes Mallen de Rueda y Sandé hablan dispuesto 
que sobre cada veinte arrobas de carne que se pesaran en la car- 
nicería pública, se abonaran tres reales al ayuntamiento, que 
debia proporcionar edificio, jiferos (matadores,) hachas, carretas 
y un recaudador encargado de recoger el precio de las reses y en- 
tregarlo á los dueños. Pedia el cabildo al rey que confirmase 
aquella disposición, y repetía la solicitud de la prdroga. por diez 



(1) El presidente, tres oidores y el fiscal. 



218 HISTORIA 

años mas, de la concesión del producto de eucouiiendas vacantes. 

Si debemos tributar nuestros elogios al ayuntamiento |x>r el 
celo con que promovía algunos proyectos de interés público, no 
podemos hacerlo así cuando vemos que procuraba y obtenia una 
prohibición de que se exportara para Nueva-Espaúa el cacao que 
se cosechaba en el reino, si en cambio de 0\ habían de venir efec- 
tos, como sucedía, y no dinero. La supina ignorancia (jue rei- 
naba en aquel tiempo acerca de ciertas materias, puede disculpar 
únicamente esas absurdas prohibiciones. Se consideraba (|ue la 
verdadera riqueza consistía en la moneda, y si no veían llegar 
esta, preferían hacer un enorme perjuicio al principal de los 
artículos de exportación con que contaba el país, privándose al 
mismo tiempo de artefactos de que tenían gran iio('(\«¡(ui(l. pues 
ya hemos dicho que caHÍ no venían do España. 

Por aquel tiempo (1001), comenzó á fabricarse puisi.ia cn Gua- 
temala; siendo el primero que se ocnpcJ en esta industria, un Diego 
Mercado, que pretendía tener la fiíbrica en su propia casa, en el 
centro de la ciudad, lo que no se le consintiu. (1) 

En noviembre del mismo año sentenció la audiencia al supli- 
cio de fuego y confiscación de bienes lí los indígenas de Chi(iui- 
mula Don Pedro de Carranza (sin duda algún cacique) y Juan 
ücelo, reos de pecado. nefando, y á Andrés Pérez á tormento de 
cordeles, agua y toca, reservada la cantidad al señor oidor que 
asistiese á verlo dar. (2) 

Una real cédula de 27 de noviembre de 1602 repetía la pro- 
hibición, tantas vcces'hecha y tantas de.'satendida, de dar repar- 
timientos de indios para la labor y beneficio de las minas, si no 



fl) Hemos visto que el cabildo se quejaba de que aquí no podia fabricar- 
se pólvora, por falta de salitre, y pedia al rey la hiciese venir de México. 
A la cuenta Diego Mercado sabia que el nitrato 'de potasa puede encontrar- 
se en los escombros de los edificios y así podría procurárselo. 

(2) El tormento de cordeles, llamado también de cuerdas y vueltas, con- 
sistía en constreñir ó apretar los miembros del reo con cordeles. El de agua 
y toca en hacerle tragar unas tiras de gasa muy delgada junto con cierta por- 
ción de agua. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 219 

era por término de un aiío, y mientras los dueños se proveían de 
negros para que las trabajasen. Mas al mismo tiempo venia una 
(5rden para que se reuniese reservadamente una junta de perso- 
nas competentes, que deliberaran sobre si convendría prorogar 
el término de la concesión; previniendo se hiciese lo que dicha 
junta considerara mas prudente. 

El autor de la Recordación florida da noticia de frecuentes hos- 
tilidades á los puertos del norte de la costa de Honduras, por 
parte de piratas ingleses, franceses y holandeses, que dice tuvie- 
ron lugar en los últimos años del siglo XYI. Después de mencio- 
nar la invasión de Puerto-caballos por Guillermo Parker, quien 
tomo una cantidad considerable de añil, zarzaparrilla, cueros, bál- 
samo, liquidambar, cacao, vainilla y otros artículos valiosos que 
estaban allá aguardando la flotilla de Honduras que debia llevar- 
los á España, añade que escarmentado por aquel suceso el presi- 
dente Criado de Castilla, dictó sus providencias para que estu- 
viese prevenida la gente de Trujillo, Olancho, Yoro y otros pue- 
blos de la costa, para el evento de que se repitiese la invasión. 

Sucedící así efectivamente; pues por el año 1600 volvió á apa- 
recer delante de Puerto-caballos la misma [escuadra de Parker, 
aunque ya no al mando de éste, que habia muerto, sino acaudilla- 
da por otro pirata, llamado Antonio Serly (probablemente Sher- 
ly.) (1) Hizo éste, sigue diciendo el cronista Fuentes, desembar- 
car trescientos cincuenta ingleses, á quienes aguardó la infan- 
tería del puerto, que no pasaba de sesenta hombres. La caballe- 
ría, que constaba de ciento veinte jinetes armados de lanzas y 
medias luna», se emboscó en cierto punto, para atacar por la re- 
taguardia al enemigo. Así sucedió en efecto. Avanzaron los 
piratas sobre los infantes españoles, disparando á la vez unos y 
otros su mosquetería. Pero en el mismo instante cayó de impro 
viso la caballería sobre los ingleses, haciendo grande estrago en 
sus filas. La infantería cargó de nuevo sus armas y volvió á ha- 
cer fuego sobre el enemigo, sin darle lugar á recobrarse del ter- 



(1) Según el copista de Ximenez, D. Juan Gavarrete. 



220 HíííTORIA 

ror que les L'au.<«j el re})eiit¡iio, vij^oroso y no esperado ata(|ue de 
los caballos. Perdieron los piratas cuarenta y siete hombres, y 
temiendo mayor desastre, se reembarcaron a toda prisa. 

Este hecho no tiene nada de improbable, pues sin embargo de 
que dice haber sido el número do los invasores casi doble del 
de los defensores del puerto, la circunstancia de contar ('stos con 
un pequeño cuerpo de caballeriay el haber sorprendido y corta- 
do ¿(aquellos pueden explicar muy bien el resultado del combate. 

No nos sentimos inclinados sí prestar igual acenso sí otro hecho 
de armas que ú continuación retiere el mismo autor y que pre- 
tende haber ocurrido en el mismo puerto en el año 1C03. Dice 
(|ue estando un capitán llamado Juan de Monasterio, júven de 
veintitrés afios y de gran valor, cargando dos y)U(iues (pie de- 
bían llevar á España los productos del reino, tuvo noticia de 
(pie se aproximaba una escuadra del enemigo, con línirao de 
atacar el puerto. Monasterio armó en guerra sus dos naves y pre 
paró su gente, (no dice el número), haciendo que se confesaran 
todos, como prepariíndose tí un combate que habia de ser mortal. 

Pronto asomaron los p¡rata.s, que traían nada m<ínos que ocho 
navios de cuatrocientas toneladas cada uno, y cinco lanchas, 
todas cargadas de gente, ascendiendo la fuerza á mil cuatrocien- 
tos hombres. Mandaban la cscuadrfi, según el autor do la Me- 
ronhcion, un pirata ú quien 61 llama Pi^-depalo, y cuya nacio- 
nalidad no indica, y otro de la misma profesión, conocido ron 
el nombre de Diego el mulato, criollo de la Habana. 

Doblando la punta de Caxinas, entraron en el puerto, donde 
los aguardaban las dos naves de Monasterio, y al avistarlas, 
cayeron sobre estas las de los piratas, disparando sus cañones, 
y apoderándose luego de uno de los boques españoles. Quiso en 
seguida abordar lí la otra, donde estaba el capitán; pero aquel 
¡(jven, á quien el cronista pinta como un héroe de los tiempos 
antiguos, recorria su buque, armado de espada y broquel, y dic- 
taba sus disposiciones con tal serenidad, valor y acierto, que 
tres veces fueron rechazados los enemigo.*». Viendo esto los pi- 
ratas, llamaron en su auxilio al resto de la escuadra, que no to- 
maba parte en la refriega, y aun al buque mismo de los españo- 
les que había sido capturado, y en que hicieron entrar gente 



DE LA AMERICA CENTUAL 221 

-uva y embistieron con nuevo brio al buque, que continua defen- 
diéndose, sin querer rendirse. Duraba el combate desde las sie- 
te de la mañana é iba ya a caer el sol. No quedaban á Monaste- 
lio mas que cinco hombres; 61 estaba herido y su embarcación 
muy maltratada. Fué, pues, capturado y conducido prisionero 
con sus pocos soldados á bordo de uno de los buques de la es- 
cuadra enemiga, donde estuvo un mes, y no pocas veces amena- 
zado de perder la vida en manos de aquellos desalmados, que 
mostraban muy poco ó ningún respeto por el valor heroico del 
joven capitán español. 

Tal es la relación de Fuentes, (1) que sustancial raen te repite 
Juarros, (2) aunque sin decir de donde la toma. Antes que aquel, 
habia referido el hecho, casi en los mismos términos, el cronista 
Uemesal. (3) que vino á Guatemala el año 1613. es decir, diez 
>ülameDte después de la fecha en que se supone haber ocurrido 
el suceso. A pesar de esto, nos parece difícil que una sola embar- 
cación, tripulada por unos pocos hombres, por mas denodados 
({ue se les suponga, hubiesen podido'resistir un dia entero áocho 
navios y cinco lanchas con mas de mil hombres. Y nos afirma en 
la idea de que debe ser esto una pura invención, el no encontrar 
una sola palabra del suceso en las cartas que el ayuntamiento d¡- 
rijia al rey, y que no liabria dejado de referir un hecho tan ex- 
traordinario y honorífico a la gente del pais. Los cronistas Xime- 
nez y Vázquez, contemporáneos de Fuentes, guardan completo si- 
lencio sobre el suceso y por último encontramos en las ^lemorias 
de Grarcia Pelaez una noticia que viene á dejar en la categoría de 
una simple leyenda el combate naval del 18 de febrero de 160;> 
delante de Puerto-caballos. Dice este escritor que á fines de fe- 
brero de 1G03 llegó á Puerto-caballos el capitán Juan de Monas- 
terio, con mercaderías de rejistro, en un navio y un bajel; y que 
sabiéndolo en Guatemala, entraron en cuidado, por el riesgo que 



(1) Recor. flor. Lib. VI, cap. V. 

(2) Hist. de Guat. Trat. V, cap. Mil. 

(3) Crón. de Guat Lib. XI, cap. XX. 



222 HISTORIA 

corrían así los buques, como los efectos. Que con esto el cabildo 
dispuso, el le5 de marzo, ir en corporación á ver al presidente y 
;í la audiencia y representarles los graves danos (pie hacian los 
corsarios en Puerto-caballos y Golfo-dulce y suplicarles man- 
dasen poner guarnición en ellos; como también rpie nombraran una 
persona de confianza que viese un puerto que decian habia eu la 
punta de Manabique. Parece que quien á\ó noticia de ese puerto 
fué un antiguo piloto, muy práctico en las costas de Honduras, 
llamado Francisco Navarro. 

Mientras meditaban lo que deberían hacer respecto lí la soli- 
citud del ayuntamiento, Monasterio desembarca sus mercaderías 
sin el menor accidente y habiéndolas traído ú la ciudad, le deco- 
misaron parte de la carga, porque venia fuera de registro. En es- 
to anduvo ocupado el capitán hasta «1 nios do julio do aqnel 
año. (1) 

Se v(;, pues, cuan diferente es esc hecho de la liazana (pie re- 
fieren Remesal y Fuentes }' que reprodujo Juarros. Mientras 
estos autores suponen á Monasterio peleando con los piratas y 
prisionero durante un raes, desembarcaba sus efectos tranquila- 
mente, los traía y entendía en el decomiso de muchos de ellos. 
\jA hazaña cambia completamente de carácter, y el jdven capitán 
de veintitrés ailos, que peleó como nn héroe contra ingleses y fran- 
ceses, (así lo dice Remesal) viene á quedar reducido u un siniple 
mercader con sus puntas de contrabandista. Quizá toda esa histo- 
ria de la batalla naval del capitán Monasterio en el año 1G03, no 
sea otra cosa mas ípie una confusión con otro encuentro, bastante 
l)arecido, que se dice haber tenido lugar :í mediados de 1607 y 
de que daba noticia el ayuntamiento en carta al rey, (|ue aunque 
sin fecha en la colección impresa, se deduce de alguno de sus pa- 
sages que áMó ser de dicho año. Trataremos oportunamente de 
ese acontecimiento. 

El cabildo habia hecho ya, como dejamos dicho, alguna indi- 
cación al rey sobre la necesidad de que la iglesia de (ínatemala 



(1) Garci» Pelaez, Mem. cap. XXX. 



DE LA AMKRFCACENTRAL. 223 

se erijiese en metropolitana. En memorial de 2 de mayo de 
1604 hizo la solicitud de una manera directa, exponiendo deteni- 
damente las razones que aconsejaban, aquella medida. De los 
cinco obispados que por entonces había en el reino, tres de ellos, 
esto es, los de Guatemala, Yerapaz y Chiapas, eran sufragáneos 
del arzobispado de México. De los otros dos, el de Honduras lo 
era del de la isla de Santo Domingo, y el de Nicaragua del de 
Lima. Se deja ver cuanta molestia y gastos originaria á los liti- 
gantes que tenian que interponer apelaciones, el ocurrir á lugares 
tan distantes, por malos caminos, y algunos, como los de Hondu- 
ras y Nicaragua, teniendo que ir por mar. 

El ayuntamiento pedia, pues, que la iglesia de Gruatemala se 
elevase a metropolitana, quedando dependientes de ella las de 
Honduras, Nicaragua y Chiapas y suprimiéndose el obispado de 
Verapaz, que no era ni necesario ni conveniente; dando origen á 
continuas cuestiones entre el clero secular que formaba el cabil- 
do eclesia'stico y los frailes dominicos, establecidos en la misma 
ciudad de Coban, donde residía el obispo. 

Suplicaba que si se accedia ala solicitud, se nombrase arzobispo 
;í Don Juan Fernandez Rosillo, obispo de Verapaz, de cuya vir- 
tud, letras y buen proceder hacia muchos elogios, y que aunque 
estaba mandado trasladar al obispado de Michoacan, se prestarla 
á quedarse en Guatemala. Y como la silla de esta di(5cesis esta- 
ba ocupada por Don Fr. Juan Ramírez, el cabildo allanaba las 
dificultades, sujiriendo la idea de que se destinase á este á Mi- 
choacan, 'o á otra parte, anadia, donde sirviese á nuestro Señor 
sin las inquietudes que ha tenido desde (lue vino a esta tier- 
ra." (1) 

Por lo que dicen los cronistas respecto al obispo Ramírez, hom- 
bre virtuoso y caritativo, pero en estremo ignorante y tal vez un 
poco terco, suponemos que las inquietudes de que hablaba el ca- 
bildo eran ciertas cuestiones que dicen tuvo con una de las dig- 
nidades de su cabildo, que se le descomidió y á (juien castigó 



( 1 ) Doc. del archivo Jel ayunt. N ® . 41. 



224 HISTORIA 

con mucha severidad. Tuvo también disgustos con el presidente, 
oidores y aj untamiento, porque pretendía que en las asistencias 
de tabla, ^n la catedral. Je habían de recitar la doctrina cristiana, 
como si fuesen niños de la escuela, lo cual molestó, naturalmente, 
á aquellos funcionarios. El resultado de esas cuestiones fué (juc 
el obispo determinó tr;isladars<^ a San Salvador y no volver n 
Guatemala. (1) 

Va\ cuauto ú la solicitud del cubildi) relativa a que se erigiese 
la iglesia de Guatemala en mctro{)oli tana, á pesar de la justicia 
de la pretensión y de la solidez de las razones en que se fundaba, 
hablan de pasar todavía ciento cuarenta anos antes de que obtu- 
viese despacho favorable. 

En otro memorial de la misma fecha, (mayo 2, 1604) pedia el 
cabildo al rey algún auxilio para el colegio de niñas de la ciudad, 
que no contalia |)or entónceH con mas renta (pie la de ochocientos 
ducados. Ksta solicitud no tuvo mejor suerte qae la relativa al ar- 
zobispado. 

Como dejamos dicho al referir lo ocurrido con el capitán Mo- 
nasterio, se hizo desde entonces la indicación de que había un 
surjidero de mny buenas condiciones en la punta de Manubíque. 
y se solicitó el nombramiento de persona que fuese á examinar- 
lo. I'^to sucedía á mediados de marzo de lOOlJ. En mayo sÍLmíen- 
te, volvió lí instar el ayuntamiento y propuso fuese á desem[>üriar 
la comisión el oidor Alvaro Gómez de Abaunza. El presidente 
objetó la indicación, alegando falta de fondo» y pretendiendo (jue 
los men-aderes los proporción u.»*en. Negáronse éstos, diciendo 



(1) Remesa!, Cron. tle Ouut. lib. XI, cap. X\. Ximencz (M S.y Urou. 
de Gnat. lil). IV, cap. XI. Rtllere uno de los cronifitoH una on(*cdotft del 
obispo Rntuirez qae maestra caanta era la simplicidad de aquel prírUdo. Ha- 
bia prohibido que los clérigos de la diócesis moijta.><en en bestias do color, 
debionflo hacerlo solo en negras. Un día vio á nn clérigo en muía tordilla, y 
letoiivinit-udolo \K)r hal>er infrinjido la orden, le contestó el otro, (qne sin da- 
da coDociíi l)i».'U al obispo) "que no hnbia tenido dinero con que mandarla 
teñir."' Prejíuutole entonces el buen sefior que cuanto necesitaba para mandar 
teñir la muí»; y diciéndole el clérigo la cantidad que le ocurrió, se la mandó 
dar de .su rt-iita. previniéndole que no vohnera á faltar á lo dispuesto. 



DE LA AMERICA CENTRAL 225 

(jue ellos pagaban exactamente los derechos de entrada por sus 
mercaderías que introducían por Puerto-caballos j Golfo-dulce; 
y que al rey correspondía fortificar y dar seguridad á- aquellos 
puertos, como lo había hecho con los de Veracruz, Portobelo, la 
Habana, Santo Domingo y Puerto-rico. En estas y otras cuestio- 
nes semejantes se paso el resto del año, sin que se diese provi- 
dencia para el reconocimiento del surjidero de Manabique. 

En 1G04 tomo el ayuntamiento el asunto con mayor empeño, 
nombrando al acalde 1. ^ , Don Esteban de Alvarado, y al regi- 
dor Don Carlos Vázquez de Coronado, para c^ue fuesen ú prac- 
ticar el reconocimiento. Se destinaron á los gastos 1250 tostones, 
de fondos de propíos. Los comisionados pidieron instrucciones al 
presidente, y éste los remitid al cabildo para que se las diese. En- 
cargóse á dos vecinos particulares que las extendieran, y salid la 
com isioD, que pronto dio buena cuenta de su encargo. El T de mar- 
zo encontré el excelente puerto indicado por Navarro, á que da- 
ban el nombre de xVtique, (6 Amatique) que se cambió en el de 
Santo Tomas de Castilla, por el día en que se descubrió y por el 
apellido del presidente, que á la verdad no parece haber hecho 
mucho en el asunto. El rey gratificó aquel servicio, dando al al- 
calde Alvarado tres mil tostones de renta en encomienda de in- 
dios Y al piloto Navarro mil doscientos. Al presidente Criado de 
Castilla se le tuvo también muy en cuenta, pues pocos años des- 
pués lo llamó al supremo consejo de Indias, dignidad de que no 
gozó, por haber muerto; y entonces el mérito del padre fué recom- 
pensado, (dicen los autores, aunque no explican como) en el hijo, 
Don Andrés de Castilla. (1) 

La importancia que se dio á este descubrimiento se explica fá- 
cilmente, si se atiende -á las ventajas naturales del puerto de 
Santo Tomas, á la mayor facilidad de defenderlo de las incursio- 
nes de los corsarios y piratas y a la menor distancia a que queda- 
ba de la capital, comparado con Puerto-caballos y la Caldera, en 



(1) Remesal, Crón. de Gaat. lib. XI, cap. XX, Herrera, Dec. VI, lib. III, 
cap. XIX, Juarros, Hist. deGuat. trat. V, cap. VIII; García Pelaez, Memo, 
rías, cap. XXX. 

HIST. DE LA A. O. 15 



226 HISTORIA 

I^unta de Castilla, que hasta entonces habían sido los mas trecuen- 
tados por las naves de rejistro que venían de España y que llama- 
ban la flotilla de Honduras. Se abrió un camino de herradura 
hasta la capital, por las montanas que salen ú Escpupulas y Chi- 
<|U¡mula. V aunque el presidente «rastü en el una irran suma de 
dinero de la hacienda real, nunca jiasó de malo, ajrregtíndose á lo 
fraí^oso de 61, lo despoblado y falto de forrajes para las recuas 
que conducían los efectos: circunstancia^ que inlluyeron en que 
muy pronto se abandonase el puerto cuyo d.^.-nl.! nnjont'» <.» hw- 
bía considerado tan importante. 

La población de Puerto-caballos fu»'' trasljuladu a Santo Tonius. 
como también una tribu de indios que llamaban Loquehuas, (1 ) 
y vivían en la falda de la serranía de Esquipalas, entre Puerto- 
caballos y Santo Tomas. Estos índíf^enas, que eran unos doscien- 
tos y habían sido medio cate(|uizado8 ya por un clérigo, por dis- 
posición del obispo de Ilohduros, fueron trasladados i Santo To- 
mns donde acabaron en breve. 



(1) To(¡ueguai>, escribe Remosal, y Qaroia Pelacz Tei¡ue.guaa. Adoptatno» 
eo el texto la ortografía del mantiAcríto de X i M>'n</ -opisi-l*» por Don Juan 
Gavarrete, qae escribe íx>quehuas. 



CAPITULO XII, 



La alcabala. — Sobre que Jebia pagarse. — Solicítase en van o' que no se esta- 
blezca en Gnatemala. — Proroga el rey la concesión de que se^'pague el déci- 
mo en lugar del qninto del oro y de la plata. — Nueva disposicion_para que 
se establezca la alcabala. — Empadrónase para el cobro á la población de la 
ciudad. — Kesultado del empadronamiento.— Alcabala de los corregimientos 
y '"del viento." — Producto de los diezmos en el año 1604. — Trátase de exi- 
jir el tributo á la población de color y se desiste de la idea. — Cuestiones en. 
tre el presidente y el cabildo por el nombramiento de corregidor del valle, 
y por redacciones en los tributos. — El ayuntamiento da noticia al rey de 
un combate naval que tuvo lugar en el puerto de Santo Tomas. — Insta el 
cabildo para que el comercio de España con el Perú se haga por Santo To- 
mas y la bahia de Fonseca. — Keíiere otro combate en el mismo puerto. — 
Solicita el cabildo la abolición de la sisa impuesta á la cañe y al vino. — Pi- 
de renovación de la gracia respecto á que se pague solo el décimo del oro y 
de la plata y propone otras medidas de ínteres público. — Suprímeí?e el 
obispado de Yerapaz y se reincorpora esta provincia á la diócesis de Gua- 
temala. — Comienza á importarse en Guatemala el vino del Perú. — Pide el 
ayuntamiento que no se permita su introducción. — Aumento extraordinario 
del precio de la carne. — Medidas del ayuntamiento para procurar abastece- 
dore?!. — Los diezmos en el año 1(}09. — Disminución del comercio con Espa- 
ña.— -Camino de Santo Tomas á Guatemala.— Se abandona y vienen las 
luercuderias por Golfo dulce. — Recomienda el ayuntamiento el puerto de la 
bahia de Fonseca como el mas á propósito para la descarga de los navios 
de la China.— Prisión de los alcaldes y regidores en el año 1610.— El presi- 
dente limita ú cierto número de sujetos la eleccioii de alcaldes para 1611. — ■ 
Se queja el ayuntamiento de que el presidente queria poblar una villa en el 
valle de Mixco. — Corto número de individuos á que habia quedado reduci- 
da la audiencia. — Exijencia indebida del presidente respecto á las personas 
á quienes daba encomiendas.— Calamidades en la ciudad en el año 1610. 



(1604—1(310.) 



228 HISTORIA 

Desde el año 1576 estaba prevenido por una cédula de Felipe 
II que se pagase en Guatemala la alcabala mandada establecer 
en los dominios de América por las leyes que forman el título 
XIII del libro VIII de la Recopilación de Indias, como lo estaba 
en los de España. 

Según esas disposiciones, deberui i..i-,íí\-m* a la real hacienda 
el dos por ciento sobre toda compra y venta, trueque ó cambio 
que se hiciese por toda clase de personas, con escepcion de unas 
pocas, sobre todos los objetos de labor y crianza y por todos los 
tratos y oficios que produjesen utilidad. Los encomenderos sobre 
lo que compraran y vendieran en los pueblos de sus encomien- 
das, y cuando les pagaban los tributos cu dinero y no en especie: 
los mercaderes y traperos, á quienes se cobraría cada cuatro met^t^s 
sobre lo que hubiesen realizado; los plateros, talabarteros, her- 
radores, y toda clase de artesanos, sobre el valor de sus manulac 
turas. Debería pagarse la alcabala sobre el tído de Castilla y 
de la tierra que se vendiese por mayor 6 al menudeo; sobre el 
aceite, vinagre, frutas verdes y secas y demás cosas de comer: 
sobre las sedas, brocados, paños y lienzos; sobre la carne viva y 
muerta, pieles al pelo y curtidas; sebo, lana, azúcar, miel y ja- 
bón; sedas crudas y tejidas; mantas, algodón, azogue, plomo, co- 
bre, acero, hierro, alambre, pescados, paños, frazadas, sayales, 
bayetas, jergas, cáñamo y lino; cañafístola, jenjibrc y otras dro- 
gas y especias; añil, zarzaparrilla y palo; cera, toda clase de 
plumas y cosas hechas de ellas; cal, piedra y arena; piedras pre- 
ciosas, perlas, aljófar y vidrios; loza, jarros, tinajas y otras va- 
sijas; madera y tablas; casas, heredades, estancias, chozas, escla- 
vos y censos; ajuar de casa, tapicerías, vestidos y todo lo demás 
que se vendiera ó trocara en cualquiera forma. Se cobraría tam- 
bién la alcabala de los frutos y esquilmos, de las heredades y 
huertas y otros bienes; de todas las obras de mano que se ven- 
diesen; de las recuas de muías, caballos, carneros k. Estaba man- 
dado que los que debían cobrar y administrar la alcabala hicie- 
ran ncjmina de todos los vecinos estantes y habitantes, españoles, 
mestizos, mulatos y negros libres que viviesen en los [)ueblos, 
chacras, estancias y huertas, á fin de exijirles el pago. 

Mu enero del año 1577 comenzó á tratarse del establecí m ¡en- 



DE LA AMERICA CENTRAL. 229 

to de esta renta; pero la pobreza de los habitantes y la situa- 
ción decadente á que habia llegado la colonia, oponian un obs- 
táculo serio Á la ejecución de aquella medida. Por eso fué que en 
febrero de 1578 solicitó el cabildo la abolición de la alcabala, 
lo cual no se logró, concediendo el rey en cambio el que conti- 
nuase cobrándose el décimo del oro y de la plata que se extraje- 
sen de las minas, en lugar del quinto. A pesar de la negativa, 
pasaba el tiempo y no se daba providencia en Gruatemala para 
formar los encabezamientos, 6 padrones de las personas á quienes 
debia comprender aquel impuesto. No se habia perdido, sin duda, 
la esperanza de que se exeptuara á este pais de aquel pago, 
pues de tiempo en tiempo volvía á ocurrirse á la corte, solici- 
tando la derogatoria de la cédula de 1576, 6 por lo menos que 
las alcabalas no tuviesen aquí el carácter de un impuesto per- 
manente. 

En esta situación continuaron las cosas hasta el año 1602, 
en que vino otra cédula en que se prevenía al presidente y á los 
oidores formaran el encabezamiento por alcaldias mayores, ó 
como mejor les pareciese, para el repartimiento y recaudación 
de aquel impuesto. No pudiendo excusar ya el cumplimiento de 
la orden, tomó á su cargo el cabildo el formar el padrón de la 
capital, encargando la operación á un alcalde y dos regidores, 
que deberían hacerlo por barrios, cuadras y casas. El primero de 
que hay noticia en los libros antiguos de cabildo es el del año 
1604, que dio por resultado ochocientas noventa cabezas de fami- 
lia, población española y de color, pues los indios no debian pagar 
alcabala. Considerando que á cada cabeza correspondian cinco 
individuos de familia, se computó la población en 4,450 habitan- 
tes; y dejando aparte las familias é individuos notoriamente po- 
bres, se hizo el repartimiento de la manera siguiente: 

vecinos: tostones. 

76 Encomenderos 590 

108 Mercaderes 2346 



A la vuelta 2045 



230 



) HISTORIA 




Dl' la vuelta . . . 


. . . 2045 


13 Tratantes 


. .. 25 


13 Pulperos 


(52 


22 Dueños de obrajes (de anib 


.■A 


10 Dueños de trapiches. . 


. 132 


11 Cereros y confitero? 


74 


7 Herreros 


15 


10 Viudas de trat< 


43 


7 Molineros 


39 


8 Caleros y tejeros . 


;;i 


82 Labradores 


. . 500 


33 Criadores de ganado 


. 220 


70 Oficiales de diferentes oficio 


115 



4500 



Esta pequeña estadística nos da una idea de lo que era la po- 
blación española y de cídor de la capital del reino en el año 1001 
y de los medios de subsistencia con que contaba. Tenemos (¡ue en 
47G vecinos acomodados, Labia únicamente 70 encomenderos, nú- 
mero que no parece excesivo, si se considera que no habiendo pa- 
sado ochenta años desde la conquista, debian existir muchos de los 
hyos de los conquistadores y primeros pobladores, que eran los 
que disfrutaban de las encomiendas. Entre mercaderes, tratantes, 
pulperos y mujeres viudas que compraban y vendían, se conta- 
ban 144, mas de la cuarta parte del total de los contribuyentes. 
Estos solos pagaban mas de la mitad de la renta: 2470 tostones. 
Habla 22 dueños de obrajes de añil, que tenian sus haciendas en 
los distritos de Guazacapan y Jalpatagua y pagaban 254 tosto- 
nes; 10 trapicheros con 132, y 7 dueños de molinos de trigo con 
39. Los labradores eran 82, con 509 tostones, lo que no deja de 
parecer excesivo, si se trataba, como debe suponerse, de agriculto- 
res en pequeño. Los criadores de ganado eran 33 y pagaban 220 
tostones. Los vecinos artesanos, á saber: cereros, confiteros, cale- 
ros, tejeros, sastres, zapateros, lierreros, espaderos, bordadores, 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 231 

e.-jcultores. pintores, canteros y guanteros, (1) habiendo ademas, 
líos boticarios, un abogado y un escribano, eran por todos 102 
contribuyentes, que pagaban 265 tostones al año. Siendo la alca- 
bala de un dos por ciento, los 4,500 tostones á que ascendia ve- 
nían á representar un movimiento de riqueza anual en la ciu- 
-lid. de 225,000 tostones. 



( 1 ) No deja de ser interesante el saber como se distribuían en el año 1G04 
los profesores de artes liberales y mecánicas en la ciudad. El Sr. García Pe- 
laez los divide en españoles, negros y personas de color, infiriendo que per- 
tenecían á estas dos iiltimas clases aquellos cuyos apellidos no iban precedi- 
dos de la preposición de. No podremos decir hasta que punto sea exacta la 
observación. A creerla, resultaría que no habla mas que treinta y tantos es- 
pañoles y sobre cincuenta sujetos de las otras clases que ejercían las artes. 
Trescindiendo de la especificación, diremos que las profesiones se dividían de 
la manera siguiente: 

Plateros 4 

Orífices 2 

Escultores 5 

Pintores 3 

Sombrereros 4 

líarberos 8 

Espadero 1 

Talabarteros 5 

Polvorista 1 

Carpintero 1 

Batíoja : 1 

Zapateros 18 

Calceteros 2 

Violero (músico que tocaba viola?) 1 

Guanteros 2 

Cereros 8 

Sastres 8 

Cantero 1 } 

Herreros 3 

Sedero 1 

Comidero I 

Albañil 1 

Confiteros . . 2 

Herradores 4 

87 



23'^ HISTORIA 

Se contaba ademas con la alcabala de los corregimiento?, que 
suponemos seria la misma contribución, que se pagaba en las de- 
mas provincias, y con la que llamaban del viento, nombre que se 
daba al almojarifazgo de entrada, ó derechos de importación. 
García Pelapz da ú entender que todas estas alcabalas reunidas 
produjeron el año 1604 catorce mil tostones, lo que daria nueve 
mil quinientos jÍ la de corregimientos y á la del viento. Cartorce 
mil tostones de producto de tres de las rentas mas importantes 
de todo el pais en on año, era una cosa harto miserable. 

Sin embargo, hay un dato que da una ¡dea algo menos desfa- 
vorable de la producción del pais en general en aíjuel mismo año 
1604, y es la cantidad en que se remataron los diezmos. F\\6 de 
22,500 tostones. Esa suma representa algo menos de la décima 
parte de la producción agrícola de Guatemala y el Salvador en 
el año; pues es bien claro que el diezmero sacariaal menos una 
tercera ó cuarta parte mas del valor que habia pagado 

En virtud de una real c(?dula de 1601 que pro venia se exi<;ie- 
se el tributo á los negros y mulatos libres, lo mismo (juc ú los in- 
dios, se trat(5 de formar en el año 1604 un padrón de las perso- 
tfts que estaban en el caso de pag^arlo; pero uno de los oidores 
hizo presente la difícultad do levantarlo y el poco provecho que 
sacarian las rentas de aquella contribución, y con esto se prescin- 
did de la idea. 

Las minas habian venido á monos por aquel tiempo, y el dine- 
ro que corría era procedente del Perú y de X»iova-Kspana, 
de donde venia en cambio del cacao y del añil. I'ero aun estos 
ramos habian decaído mucho, por el abandono en que dejaban 
los indios las plantaciones, sobre lo cual se quejaba al rey el 
ayuntamiento, pidiéndole dictase medidas severas para í(ue se 
les pudiese obligar á continuarlas. 

La jurisdicción municipal del ayuntamiento do (iuiitemaia. 
que como hemos indicado, era muy extensa, habia comenzado ú 
ser disminuida por aquel tiempo. Se le quitaron los partidos de 
Sonsonate y Suchitepequez y al nombrarse corregidor del valle, 
se le quitaban también los de Sacatepequez y Chimaltenango. Ya 
hemos dicho que los presidentes que precedieron á Criado de 
Castilla habian estado en posesión y en uso del derecho de nom- 



DE LA AMÉRICACENTRAL. 233 

brar para aquel empleo, y aun el cabildo mismo, en uno de sus 
memoriales al rey, decia que liabia una cédula que atribuía CFa 
facultad al presidente, sin mas condición que la de dar el cargo 
á personas beneméritas de la ciudad. (1) 

En virtud de ella, sin duda, confirid el doctor Castilla aquel 
cargo á un sobrino suyo, de lo que se quejd el cabildo al sobe- 
rano. Al examinar el asunto se prescindid, probablemente, de la 
disposición que permitía hacer aquel nombramiento y se tuvo pre- 
sente tan solo otra anterior, de abril de 1572 que lo prohibía. En 4 
de noviembre de 1604 expidió el rey una nueva cédula en que re- 
probaba terminantemente el hecho, anulaba el nombramiento y 
})revenia se dejase al cabildo en posesión de la jurisdicción délos 
pueblos del valle. 

Mas aquella cédula fué de las muchas que se obedecían y no 
se cumplían; pues dos años mas tarde, estaba todavía el sobrino 
del presidente en posesión del corregimiento del valle y llevaba 
en la ciudad vara alta de justicia, con desprecio de las reales dis- 
posiciones y del cabildo por cuya contemplación se habían dictado. 

Quejosísimo estaba este de la real audiencia por ciertas re- 
ducciones hechas en las tasaciones de los tributos que pagaban 
los indios, tanto á la corona como a particulares. Insistía en que 
esto se remediara, no menos que lo del dividir las encomiendas 
entre varios sugetos, sobre lo cual una vez y otra había re- 
clamado al rey. 

En memorial de 18 de mayo de 1606 repetía aquellas solicitu- 
des, como también los elogios que en otros anteriores tenia he- 
chos del nuevo puerto de Santo Tomas y las recomendaciones en 
favor del presidente, á quien atribuía modestamente el cabildo 
el honor del descubrimiento. Decia que se estaban experimen- 
tando ya las ventajas de hacerse la descarga de los buques por 
Santo Tomas, pues en aquel mismo ano había llegado al puerto 
un ladrón con dos naves, un patache y cuatro lanchas; que no 
estaban allá mas que dos naves y un patache nacionales, y que 



1) Doc. del arch. del ayuntam. de Guat. Colee, de Arévalo N" 38. 



234 HISTORIA 

sin embargo, se defeudieron muy bien y el enemigo se retir(5 con 
mucha pérdida, lo cual no hubiera podido hacerse en Puerto- 
caballos. 

Llegada la noticia á la ciudad, el presidente dispuso enviar y 
lo hizo efectivamente con bastante diligencia, alguna fuerza de 
infantería y pertrechos; pero este auxilio no llegó a' ticm|X) de evi- 
tar un segundo asalto que habiadadoel enemigo; aun(|ue no con 
mejor éxito (|ue el primero, tí lo que parece. 

Enelaüo 1G07, y con el entusiasmo que habla aun pui- el puer- 
to de Santo Tomas, renaci<5 en el íínino de los individuos del ayun 
tamiento uua idea roas patriótica que realizable y (|ue se había 
promovido ya en aü<w anteriores. Tal era la de obtener una re- 
solución del soberano para que el comercio de Espafia con el 
Pera y demás reinos situados en las costas del Pacífico, dejase 
de hacerse por Nombre de Dios y Panam:í y tomase la via de 
Santo Tomas al golfo de Fonseca. 

La idea de establecer la comunicación interoceánica á través 
de lo que hoy se llama Centro- América, es autiíjuísima y puede 
decirse contemportíuea de la conqaista. Prescindiendo de las 
tentativas hechas de tiempo en tiempo, y de que hemos dado no- 
ticia en el cnrso dé esta obra, para buscarla natural por la par- 
te de Nicaragua, se sabe í|ue el gobernador de Honduras, Don 
Francisco de Montejo, i>or los años 153G, indico al rey la conve- 
niencia de que la contratación entre los dos mares se hiciese por 
Puerto-caballos y It^ bahia de Fonseca, pasando por la vilja de 
Comayagua, que acababa de fundarse. Se consideraba el camino 
por esta parte menos dificultoso y menos expuesto á las muchas 
enfermedades que sufrían los que transitaban de Nombre de 
Dios a Panamií; y la navegación mas breve, (sin duda \H)r mas 
directa), desde la bahía de Fonseca hasta el Callao. Nada se hizo 
por entonces, sin embargo; y veinte y tantos años después, en 
lüo9, es ya el cabido de Guatemala, pronto siempre á imaginar 
ó prohijar proyectos de cierta magnitud, el que toma por su 
cuenta el pensamiento. Parece haber sido su promotor un Juan 
García de Herraosílla, que lo hizo con tanto empeño, que obtuvo 
se instruyese una información sobre el proyecto y con aquel y 
otros documento.s pasu á España como procurador j comisionado 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 235 

dei cabildo. Todavía en el año ló62 estaba tratándose el asunto; 
pero no se obtuvo resolución íiivorable. (1) La provincia de Ni- 
caragua no \i6 con agrado la idea, que consideró seria la ruina 
de su comercio, y propuso á su vez que se hiciese el transito por 
el rio San Juan. 

El resultado fué que nada se hizo y que no parece haberse vuel- 
to á promover el proyecto hasta el año 1607, que se reprodujo 
con motivo del descubrimiento reciente del puerto de Santo To- 
mas. Ponderaba el cabildo las conveniencias del lugar, "por su bue- 
na capacidad, y natural fortificación, piedra, terruños y maderas 
<iue tiene tan acomodadas para ello y para astilleros de navios." 
Alababa el clima j la fertilidad del suelo, agregando que de 
aijuel puerto á la bahía de Fonseca no habia mas que unas sesen- 
ta leguas, y que haciendo navegables los rios que habia en una 
y otra costa, podria quedar reducido el camino de tierra á unas 
veintiséis leguas. Debe suponerse que se trataba de una via muy 
fiirecta desde Santo Tomas á la baliia de Conchagaa y por el tra- 
yecto mas corto, pues de otro modo no podria comprenderse que 
hablara el cabildo de un camino de sesenta leguas. 

Hacia presente la facilidad para el comercio con la Plabana, 
pues no pasarla la navegación de doce á quince dias. Este punto 
era tanto mas interesante, cuanto que por aquel tiempo presenta- 
ba alguna actividad el tráfico entre este reino y las Antillas. Per- 
mitido desde algunos años antes, en 1 607 se expidió una real cé- 
dula en que se prevenía que las cosas de comer, que se hubiesen 
traido á las islas de Barlovento y no se necesitasen en ellas, 
pudiesen llevarse a otras partes de las Indias. A esa libertad del 



(1) El Sr. García Pelaez dice (cap. XXVIII) que en el año 72 vino á 
Ouat^mala Juan Garcia de Hermosilla á proponer la idea y que solo pedia 
al cabildo poder para seguir los autos; pero en esto debe haber error de fe- 
cha; pues consta, como decimos en el texto, por los memoriales del cabildo 
al rey (Colee, de Arévalo) que desde el año 1559 habia venido Hermosilla á 
proponer el pensamiento; que fué á España á solicitar la aceptación en nom- 
bre del cabildo y que estuvo ocupado en esto hasta por el año 02, y sobre es- 
ta intervención de Hermosilla nada dice el autor de las Memorias. 



236 HISTORIA 

comercio entre estas provincias y las Antillas, debe atribuirse la 
abundancia de ciertos artícalos en nuestros mercados, corao el 
vino, del que habia provisión considerable en tines del siixlo XVI 
y principios del XVII. Se vendia tí catorce reales la botijuela y 
hemos visto que se habia establecido nn impuesto de dos reales 
por botijuela, al principio, y que después se aumenten, (nun(pie no 
se dice en cuanto) destinándose el producto á la construcción de 
puentes y apertura de caminos. 

Volviendo al puerto de Santo Toin..-. ii leria el ayuntamiento 
que en aquel mismo año (ItiOT) estando en el puerto dos ó tres 
embarcaciones pecinenas, con solo treinta y cinco 6 cuarentii 
hombres y muy poca ariilleria, habian aparecido ocho naves ho- 
landesas del conde Mauricio, (1) las mas de cuatrocientas 6 qui- 
nientas toneladas, con mucha artilleria y mas de mil hombres, y 
(|ue habiendo avanzado sobre las del país, se colocaron estas 
al abrigo de un morro 6 peñaaoo grande de picdm y aislado que 
Hay cerca de tierra y en tres brazas de apua de fondo, situando 
parte de su artilleria en aijuella obra de defensa natural. Se em- 
prendió el ataque y el resaltado fué, según decia el ayuntamien- 
to, nn completo des(;a1abro para las arcas holandesas, de las cua- 
les una fué echada ú pique y las deroas se retiraron con no po- 
cas pérdidas, siendo insignificantes las que sufrieron las embar- 
caciones del puerto. 

Sin embargo, inferimos de nna eépecie bastante vaga que 
añade á continuación el memorial del cabildo, í|ue los holandeses 
hicieron en la costa todo el daño que pudieron; pues hablando de 
la necesidad de fortificar el puerto con algún reducto y la arti- 
lleria corresi)ondiente, decia: '*Y ansí se llevaron (ihora mas do 
ocho mil dineros en los frutos de la tierra. íjikí aun no había 



(\) Debe ser, aunqne no se dice, el conde Manricio do Nassau, hijo de 
Goillermo el Taciturno, nombrado Efltatader de Holanda, siendo todavía 
muy joven. Este célebre capitán hizo nna guerra encarnizada á lo» españoles 
por tierra y por mar, hostilizando á la marina de aquella nación en los ma- 
res de las Indias, precisamente por el tiempo en que se dice haber venido una 
escuadrilla suya á Santo Tomas. 



DE LA AMÉRICA CEINTRAL. 237 

acabado de llegar la deraas hacienda, y quemaron la población 
del puerto y las casas que habia en el golfo." ¿Qué mas habían 
de hacer los enemigos, ni para qué necesitaban dt^tenerse, des- 
pués de haber tomado los efectos que habia en el puerto, incen- 
diado la })oblacion de Santo Tomas y hasta las casas que quedaban 
•MI el Golfo-dulce? Así, el gran combate, que refiere el cabildo, 

itre los treinta y cinco ó curenta hombres del pais con mil y 
;¡iitos de la escuadrilla holandesa, quizá no pasaria de una es- 
aramuza, á que dio el patriotismo de los concejales las propor- 
ciones de una batalla y de una victoria naval. 

Desde Guatemala acudió nente en auxilio de las poblaciones 
de la costa, recayendo el servicio en los encomenderos, que sufra- 

iron el gasto. De esto se quejaba el cabildo, haciendo presente 
al re}' que no era justo se les impusiese aquella obligación, una 
vez que los mercaderes pagaban á la real hacienda sus dere- 
chos, y que ú la autoridad y no a los particulares correspondía 
el dar seguridad á los puertos. 

Indicábala conveniencia de queloS buques que vinieran de Es- 
paña co!i efectos a Santo Tomas, fuesen de calado conveniente pa- 
ra que pudieran flotar en tres brazas de agua y ponerse á cubier- 
to junto al morro, y que trajesen alguna gente y buena artille- 
ria, pues con esto y la fortificación que se construyese en el 
mismo morro, 6 en tierra, tendrían la conveniente seguridad. 
Pedia cuatro piezas de bronce de cuarenta ó cincuenta quinta- 
les, (habia ya otras cuatro buenas), algunas balas, mosquetes y 
arcabuces, pues los que aquí se hacían eran costosos y no buenos. 

Después de haber expuesto así detenidamente todo lo rela- 
tivo á Santo Tomas y sus mejoras y al proyecto de que se hi- 
ciera el tránsito del comercio por aquel puerto y alguno de los 
dé la bahía de Conchagua, ideas que jamas «deberían realizarse, 
se ocupaba el ayuntamiento en otros asuntos de conveniencia 
mas positiva para el pais. Se quejaba de la sisa puesta por el 
presidente al vino y á la carne, pedia su abolición y que por 
punto general se prohibiese á los presidentes el crear impues- 
tos nuevos, sin autorización del rey. Pedia se prorogase por otros 
yeinte años la concesión (cuyo término estaba ya concluido), de 
que del oro y la plata que se extrajese de las minas no se paga- 



238 iiisTouiA 

ra mas qne el décimo y no el quinto, lo que daría ali^un aliento 
ú las empresas de esta clase que andaban tan decaidas. Se que- 
jaba de qne la audiencia habia nombrado nn Juez especial en co- 
misión para que tomara cuentas al t'iel ejecutor, lo cual era con- 
tra las ordenanzas y en daño del cabildo. Pedia continuase la 
práctica de que los presidentes, como vice-patronos reales, eüirie- 
sen para los beneficios eclesiásticos entre los sujretos (]uo presen- 
taran los obispos, y no como estaba sucediendo, que muchos pre- 
tendientes ocnrrian directamente al rey, en solicitud de tales 
nombramientos, que obtenían, sin el conveniente conocimiento 
de las personas y de los beneficios que se les adjudiraban. Reco- 
mendaba los servicios y méritos del oidor decano y acusaba al 
obispo Don Fr. Juan Ramírez de qne traia inquietos i( los pre- 
bendados con pleitos que les habia movido y que en sus sermo- 
nes decia cosas muy duras y ofensivas contra aípiellos sujretos, 
contra los individuos del ayuntamiento y vecinos principales 
de la ciudad; y pedia como gran favor que se le trasladase á otra 
parte. Solicitaba la concesión de alguna renta para aumentar los 
fondos de propios y qne hiciese el monarca á la ciudad otras mer- 
cedes que tenia muy merecidas, decia, por su lealtad y servicios. 

A estas solicitudes agregaba otras de diversa naturaleza y que 
hacia el cabildo, por ese espíritu celo.so con que defendía siem- 
pre los fueros de la corporación. Decia que el presidente obliga- 
ba Á los concejales á marchar como soldados de infantería ó ca- 
ballería en las procesiones de la semana santa, castigándolos con 
prisión (5 multa si faltaban. Que el alguacil mayor de la audien- 
cia quería preceder á los alcaldes ordinarios en los actos públi- 
cos y que la misma audiencia se negaba á dar asiento antes de 
los abogados al procurador síndico del ayuntamiento, cuando te- 
nia que alegar en estrados en nombre de la corporación. Herida 
en lo mas vivo la nimia susceptibilidad de los ediles, pedían con 
instancia al cey una declaratoria que conservara incólumes los 
privilegios del cuerpo que representaba á la ciudad. 

Otro suceso que tuvo lugar en aquel año (1607) fué la supre- 
sión del obispado de Verapaz, que habia subsistido con muchas 
dificultades desde su fundación, en 1550. Como dijimos al dar no- 
ticia de la erección de aquella nueva diócesis, la disposición no 



DE LA AMERICA CENTRAL. 239 

])arecia jostificada por la necesidad, ni había los elementos indis- 
])ensables para mantenerla. Agregábase á esto que los mismos 
frailes dominicos residentes en la provincia aumentaban con sus 
<elos y sus pretensiones las dificultades con que tenian que lu- 
char los obispos de la Verapaz. Informado el rey de todo esto, y 
lio estando provista la silla desde el año anterior, por la promo- 
ción de Don Juan Fernandez Rosillo á la de Michoacan, dispuso 
la reincorporación de la diócesis al obispado de Gruatemala, que- 
dando la administración de los pueblos de la provincia á cargo 
«le los dominicos, como antes. 

Por aquel tiempo comenzó á ihaportarse en Guatemala vino 
del Perú, donde sin duda no se habia cumplido tan exacta- 
mente como aquí la prohibición d,el plantío de la viña y la drden 
para destruir los existentes. El ayuntamiento habia hecho traer, 
por via de ensayo, unas trescientas botijas que estaban en Sonso- 
nate: pero llegadas aquí, hubo de examinarse el vino y se le en- 
contró descompuesto, por lo que se dispuso venderlo á razón de 
veintidós tostones, ó sean once reales botija. No obstante aquel 
mal resultado, en 1607, el presidente Criado de Castilla concedió 
permiso para que se trajese vino del Perú, lo que alarmó al 
ayuntamiento, por el daño que, según decia. cansaba á los natu- 
rales. Comisionó al síndico de la corporación para que con el 
parecer del letrado de la ciudad, hiciese las gestiones conve- 
nientes. Ya veremos después el comercio del vino del Pera 
permitido y prohibido alternativamente, y apuntaremos también 
la verdadera razón que motivaba el que se prohibiese su impor- 
tación. 

Otro artículo de general consumo que experimentaba por acjuel 
tiempo muchas fluctuaciones, era la carne. Los ganados se hablan 
multiplicado tanto, que, como dejamos dicho, se vendian ú pre- 
cios ínfimos, y la carne se expendía al menudeo en las carnicerías 
da la ciudad, á fines del siglo XVI, desde veintiocho tí cuarenta 
libras por un real. En los primeros años del XVII hubo de ad- 
vertirse un cambio notable en el particular. Subió el precio del 
ganado y de consiguiente también el de la carne. En noviembre 
de 1609, según los libros de alcabalas, se vendieron mil cabezas 
á razón de cuatro tostones cada una; 200 cueros de toi-o por 



240 HISTORIA 

300 tostones y 200 de gauado vacuno ú ciuco reales. No era, 
pues, extraño que Ja carne se vendiera ya en el mismo año 
á catorce libras por un real. El autor de las Memorias para 
la Historia de Guatemala, al tomar en cuenta aquella al/a del 
precio de la carne en el mercado, dice que no debe atribuirse 
á la escasez de ganado, sino ú la sisa establecida sobre la venta 
del artículo. Según hemos indicado ya, se creó dicha sisa des- 
de el año 158G, y con diferentes alteruativas, subsistía en el de 
1609. Pero como no era mas (|ue de cuatro libras, no nos pare- 
ce suficiente razón para explicar una alza tan considerable, co- 
mo lo era la de mas de la mitad en el precio de la carne entre 
los últimos años del siglo XVI y los primeros del siguiente. 

Ello es que en aquel año no había quien quisiera hacer postu- 
ra al abasto de carnes de la ciudad, á pesar de que se habia lla- 
mado por pregón á los abastecedores. Ku el mes de febrero se 
recurrió aU arbitrio de atraer á los postores con una especie de 
prima, ofreciendo al que rematara el ramo cinco n)il tostones 
])restados, para devolverlos el día de navidad del mismo aúo, 
dando fianzas á satisfacción del cabildo. Es probable que haya 
habido postores, pues en setiembre siguiente se repitió la oferta 
por cuatro mil tostones al que se comprometiera a surtir las car- 
uieerias durante el año lOLO y basta las carnastolentlas de 1011. 
Aquellos préstamos se hacían con c! • • ] ' I- !»■•■' d'- (lifiiiitos 
y con el de alcabalas. (1) 

Hay un dato sobre el producto du Jos diezmos en este ano 
1000, y es el que da Ilemesal al hablar de la cuarta que percibía 
el obispo Ramírez. Dice que eran 12,000 tostones, de donde se 
infiere que el monto total del diezmo era en aíjuel año de 48,000 
tostones, ó sean 24.000 pesos de oro de minan. (2) 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 83. 

(2) Garcia Pelaez, Mem. cap. 95, supone el peso de oro de minas de 
aquel tiempo, equivalente á trece y un cuartillo reales de nuestra moneda. En 
-el tomo 1. ^ de esta obra dejamos consignado el valor comercial que otros 
autores suponen al peso de oro en la época de la conquista, ó algunos años 

antes. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 241 

El comercio con España había sufrido por aquel tiempo una 
gran baja. Hay noticia" de las importaciones hechas en el año 1609 
por el puerto de Santo Tomas, y se ve que el valor de los efectos 
introducidos fué solamente de 62,831 tostones, poco mas de una 
cuarta parte solamente de lo que importaban las mercaderías que 
estaban en Golfo-dulce en 1586. 

Para que pueda formarse alguna idea de lo? precios de ciertos 
artículos, diremos cuales fueron los de venta de algunos de ellos. 

Artículos. Tostones. 

1 20 quintales de hierro 24,000 

2 id. id. id. y dos de herrage caballar. 711 
]8 pares de chapines y 12 resmas de papel. . . 231 

100 botijas de vino 1,250 

200 id. id. id 4,500 

150 id. id. id 2,250 

No estíí especificado el precio de venta de otras mercaderías. 

El Sr. García Pelaez dice que no es de extrañar que disminu- 
yera la cantidad de efectos traídos aquel año por los buques, que 
venían de España, pues habiéndose expedido drden para que ca- 
da una de aquellas embarcaciones viniese armada con ocho caño- 
nes grandes tíe bronce, el lugar que ocupasen en los buques haría 
falta para las mercancías. No nos parece muy convincente la ob 
servacion, porque es bien sabido que la carga ocupa en los bu- 
ques las escotillas, y las piezas de artillería, cuando suelen lle- 
varlas las embarcaciones mercantes, van sobre cubierta. 

Hemos indicado que el camino que se había abierto por dispo- 
sición del presidente desde Santo Tomas hasta Guatemala, pre- 
sentaba muy poca comodidad, así por lo (quebrado como por la es- 
casez de forrages en todo o la mayor parte de su trayecto. Estas 
razones hicieron que se abandonara mu}^ pronto y que se dispu- 
siera hacer uso del que conducía tí Golfo-dulce, abriendo una via 
de comunicación desde un lugar llamado Rancho quemado, á tres 
leguas de la boca del Golfo, hasta Santo Tomas. Pero este cami- 
no ofrecía tantos inconvenientes como el otro, y aunque algunos 

HÍST. DE LA A. C, 16 



242 }ii!<K»KiA 

arrieros habiau sido obligados á truginarlo. hubieron de perder 
muchas de sus muías y sufrir grandes atraaos. Lo que se hizo fué. 
])ues, que los navios desembarcaban las niereaderias en Santo 
Tomas, donde las tomaban botes pequeños que las conducían á 
( Jolfo-dulce. Se ve que aquellos trasbordos debían ser gravosos 
y molestos al comercio y producir al fin el abandono del nuevo 
puerto, á pesar de todas sos ventajas. 

K\ ayuntamiento, en memorial de 29 de abril de IGll, reco- 
mendaba al rey con mucho empeño el puerto de Fonseca, en tér- 
minos de la ciudad de San Miguel, y ú cien leguas «le (ruatema- 
Va. Decía que estaba situado en una comarca bien abastecida de 
pan y de ganados, así de su propia cosecha como de las provin- 
cias de Nicaragua, Comayagua y Gracias. Que el puerto había 
«ido sondeado dos veces y encontrádose que era e.xeloiite fon- 
deadero, por lo que l«) consideraba el inas lí propúsito para la 
descarga de los navios que venían de la Chino, así por su seguri- 
dad, como por la abundancia de material iMira construccionen na- 
vales que había en sus inmediaciones. 

En el mismo memorial refiere ciertos incidentes graves que 
habían ocurrido en el año anterior y dado luj^^ar ú fuertes desa- 
grados entre la real audiencia y la corporación. Sucícdiú que «Mia- 
■ tro vecinos principales de la ciudad dirijieron al ayuntamiento 
peticiones para que las encomiendas de indios se les diesen á 
ellos, por ser hijos de conípiístadores y jiersonas beneméritas. 
Habiendo dado curso el cabildo a a(|uellas solicitudes, la audien- 
cia hubo de tomar el hecho como un agravio y mandíí pren<ler 4 
los alcaldes y regidores, que estuvieron arrestados y eon «guardia 
tlurante algunos días. 

Kn seguida, acercjíndOvSc la »'1«,*(míuií «ic ai<jal«U'- oí*li¡iari<>.> pa 
m el año 1011, el presidente, mal dispnesto ya respecto del ayun- 
tamiento, le intimó por escrito íjue debía hacerse difha elección 
entre diez sugetos cuya lista acompaña, declarando anticipada- 
mente nula y de ningún efecto la que se hiciese en cualquiera 
otra persona. Kl doctor Castilla decía tener una real cédula que 
lo autorizaba á obrar libremente como gobernador, >m que Ja 
audiencia tuviese que intervenir en sos actos gubernativos, ni 
se pudiese apelar de ellos ante el tribuna!. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 243 

Esa cédula a que se referia el presidente, era la de 7 de agosto 
de 1596 en que se liabia hecho su nombramiento. Se le encomen- 
daba en ella la gobernación del reino para que la ejerciera como 
los vireyes de Xueva-España. ''Y ansi, decia, por la presente os 
nombro y elijo por mi gobernador de la dicha provincia y distrito 
de la dicha audiencia, y os doy facultad para encomendar. ... y 
mando á mis oidores de la dicha audiencia que libremente os de- 
jen entender en las dichas cosas de gobernación. ... sin que se 
entrometan en ello ni en cosa alguna tocante al gobierno. . . . '' 

Inferir de esa cédula que el presidente tuviese una autoridad 
absoluta y omnímoda en asuntos de gobierno, era violentar el 
sentido de la disposición. En los mismos términos se hacian siem- 
pre los nombramientos de presidentes de la audiencia y gober- 
nadores del reino, y jamas les habia ocurrido por eso estar auto- 
rizados legalmente para coartar la libertad que tenia el cabildo 
para hacer sus elecciones y que le estaba asegurada por otras 
disposiciones reales no menos terminantes que aquella. 

El ayuntamiento reclamaba, pues, que se respetasen sus atri- 
buciones y remrtiú al consejo de Indias los autos que se forma- 
ron con motivo de aquella disposición del presidente Criado de 
í.'^astilla. Represento los inconvenientes que se seguirían de que 
los presidentes estuviesen investidos de aquel poder absoluto y 
pedia al rey un remedio eficaz y pronto que cortara el mal. 

Se quejaba de que el mismo presidente trataba de poblar una 
villa en el valle de Mixco. en la jurisdicción municipal de la ciu- 
dad, reuniendo en ella á todos los vecinos y labradores de la co- 
marca. El objeto de aquella medida seria probablemente, aunque 
no lo dice el cabildo, el sustraer aquellos habitantes ú la juris- 
dicción de los alcaldes ordinarios de Guatemala, pues ti la crea- 
ción de villas de cierta importancia seguia el nombramiento de 
corregidores, y así Imbia dado en hacerse en otras partes. Por eso 
el ayuntamiento, celoso siempre de su autoridad, se oponía ií 
aquella creación. 

La audiencia estaba reducida por aquel tiempo ú dos oidores. 
Muerto nno de los cuatro que formaban el tribunal y estando 
oíro ocupado en hacer visita en las provincias de Nicaraga y 
Costa- Kica, no quedaban sino dos, pues el presidente hacia mas 



244 HISTORIA 

de un año que uo concurría al despacho por enfermo. Pedia el 
ayuntamiento al rey que dictara las providencias del caso, ;í Un 
de que la administración de justicia no continuara experimentan- 
do retraso. 

Repetía la solicitud, que ya habia hecho anteriormente, do que 
se estableciera en el país una universidad, donde pudieran reci- 
bir grados los que se dedicaban á las letras. 

Se quejaba de que el presidente, cuando daba algunas enco- 
miendas de indios, imponía ú los agraciados la obligación de ocur- 
rir á la corte por la confirmación, lo que les era sumamente gra- 
voso, tratundo.se muchas veces de encomiendas cuyos productos 
eran insigniücantes. 

Vemos por el mismo memorial del ayuntamiento que el año 
1610 habia sido aciago para Guatemala, por haberse sufrido una 
gran escasez de víveres. Confesai)a ademas que los indios ¡bau fal- 
tando de tres años á aqaeila fecha, y pedia que lí los que queda- 
ban se les obligase como tintes á prestar sus servicios en las se- 
menteras y crianza de los ganados. (1) 



(I) Colee, de doo. del archivo de Guat. N. ® 40. Entre e.sto documento y 
el que le sigae en la Colección de Aróvalo, hay nn vacio nada mimos (jue de 
treinta y seis ailoe, pnes de 1611 pasa á 1647. Ka nna lábtima qno (^ucdo en 
JDlanoo tan gran espacio de tiempo en nna colección do documentos tau inte- 
resante, y que es nna fncDt« de noticias que difícilmente pueden encontrarse 
í-n otnis partes. 



CAPITULO XIII. 



Trabajos de los frailes dominicos para conquistar á los indios choles y de los 
franciscanos en la Tologalpa.— Pleito entre el gobernador y el obispo de 
Honduras. — Viene á hacerse cargo de la presidencia Don Antonio Peraza. 
— Individuos que componian la real audiencia en aquella época. — Funda el 
presidente la villa de la Gomera, y la erige el rey en título de Castilla, 
dándose a Peraza el de conde de la Gomer». — Rebájase el tributo que pa- 
gaban las indias. — Vuelven los franciscanos á hacer entrada en la Tologal- 
pa y termina la empresa de una manera desastrosa. — Se prohibe la impor- 
tación de vinos del Perú. — Courirma el rey la facultad de los alcaldes de 
Guatemala de dar mandamientos de indígenas para los trabajos de la agri- 
cultura. — Cuestiones graves á que da origen la recaudación de las alcaba- 
las; venida del visitador Ibarra y resolución del rey sobre aquellas con- 
tiendas. — Aumento de los negros en el pais, temores que inspiran y provi- 
dencias que se dictan sobre el particular. — Decrecimiento de la población 
indígena. — Disposiciones relativas á matrimonios de los naturales. — Se dis- 
pone dar á usura los fondos de comunidad. — Se repite la pi'ohibicion de 
que se nombren jueces de milpas. — Producto de la alcabala interior en el 
distrito del valle desde 160i hasta 1813. — Causas de su aumento en el iitimo 
año. — Alcabalas de los corregimientos y alcaldías mayores desde 1615 a 
1620. — Derechos de impoi-tacion desde 1614 á 1620. — Alcabalas del distrito 
del valle en el mismo período. — Comercio entre Guatemala y el Perú. — . 
Honras fúnebres de Felipe III y proclamación de Felipe IV en Guatemala. 
— Entrada de franciscanos en la Taguzgalpa y término desastroso de aque- 
lla empresa. 

(1611—1622.) 



Continuaban por aquel tiempo los trabajos de los misioneros 
para reducir pacíficamente y catequizar las numerosas tribus in- 
dígenas que exasperadas por los abusos cometidos durante la 



246 HISTORIA 

conquista, se habían remontado en las selvas, donde llevaban una 
vida ndmade y salvaje. 

El autor á quien hemo^ citado frecuentemente cu l^U' tuiuo di- 
ce, hablando de las naciones indígenas desparramadas en la costa 
de Tezulutlan: "La población fujitiva que escapa y sobrevive al 
exterminio, reducida á tribus errantes, sin sociedad, sin edificios, 
sin sementeras, sin trojes, sin corrales de cuadrúpedos, sin jaulas 
de aves, sin utensilios de labor y de industria, se halla en la 
inclemencia, en la indigencia, en el sobresalto; sin asiento, sin se- 
guridad, sin reposo, incapaz de domicilio y de propagación. Dea- 
aparecen los templos, las ciodades, las provincias y aun los huer 
tos y caminos; y la tierra, dntes habitada y culta, se cambia en 
dilatados desiertos y bosques apenas interrumpidos por ranche- 
rías volantes, sin otros nombres que los de familia, ni otro título 
de nación que el de Choles: no ya valientes 6 industriosos, sino 
tímidos y sal vages." (1) • 

Un autor antiguo dice que esta oacion ocopalM. u.. >.. ..¡.u.V do 
la conquista, todas las tierras que comprendieron después Chiqui- 
mula de la Sierra, Es(|uipulas, Acásaguastlan y las montanas cjue 
estiín sobre el Golfo-dulce. Quo después se extendieron algo hií- 
cia las montañas que están mas aliií del Golfo y rio que llaman 
del Castillo, sobre la provincia de Yerapaz y mas aun hiícia el 
Peten; pero la mayor parte, eran los que ocupaban las tierras de 
Chiquimula, Esquipulas y Acásaguastlan. (2) 

Los dominicos, establecidos en la Verapaz, procuraban siem- 
pre atraerse lí aquellos indios, envijíndoles como presentes ins- 
trumentos de labranza y utensilios de uso doméstico, que ellos 
estimaban mucho. Así fueron prestándose al trato con los es- 
pañoles, viniendo varios caciques á los pueblos donde residian 
los misioneros y mostrando alguna disposición á abrazar el cris- 
tianismo. Lo único que no los dejaba decidirse á hacerlo, era el 
temor de que una vez cristianos, los españoles entrarían en sus 
tierras, idea que les causaba horror. 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 40. 

(2) Ximenez, Hist. lib. í. ^ , cap. 3.° 



DE LA AMÉRICA CKNTRAI,. 247 

El presidente Criado de Castilla, sabida la buena disposición 
(le aquellos caciques, les raandd regalar cuarenta hachas, otros 
tantos machetes é igual número de sombreros. Varios de 
ííllos recibieron al fin la nueva fé y fueron bautizados con nom- 
bres cristianos, á que se anteponia el tratamiento de Do7i, muy 
poco prodigado en aquellos tiempos. Algunos fueron conducidos 
á la ciudad, donde el presidente los hizo vestir de seda, á la es- 
pafíola. y recorrían las calles, con gran admiración de los vecinos, 
<:|ue se apresuraban á obsequiarlos. 

Casi al mismo tiempo que los dominicos adelantaban en la con- 
(piista pacífica de las tribus establecidas en territorios vecinos 
ú la Verapaz, emprendian los franciscanos la de la Taguzgalpa y 
la Tologalpa, en la costa de Honduras aquella, en la de Nicara- 
gua ésta; comarcas vecinas y separadas por el rio Segovia. Pobla- 
das antes por indios civilizados, estaban ya abandonadas de sus an- 
tiguos habitantes, que por miedo á los 'españoles, liabian adopta- 
do la vida errante; y aunque en diversas épocas se intento ha- 
cer algunas entradas en aquellas tierras, no se obtuvo un resulta- 
do favorable. Los indios huian de un punto á otro, dejando bur- 
lado el empeño de los que pretendían traerlos a la vida civil y á 
la obediencia de las autoridades españolas. 

Por los años 1607 y 1609 recibid el presidente. Criado de Cas- 
tilla, cartas del rey, en que se le prevenía procurar la conquista 
pacífica de la Taguzgalpa y la Tologalpa. En 16 10 tomaron á su 
cargo la empresa los franciscanos Yerdelete y Monteagudo, que 
entrando por el rio Segovia, acompañados de un capitán llamado 
Alonso Daza y de otros tres españoles, dieron con la tribu de 
ios lencas, que los recibieron de paz. El Daza debia ser hombre 
no poco malicioso, pues al ver que algunos de los indios iban 
pintados de diversos colores, con las orejas y narices horadadas 
y pendientes de ellas huesecillos y piedrecitas, y en las ma- 
nos unas lanzas de madera tan dura como el acero, tuvo muy (i 
mal todo aquello y dijo que eran señales de traición y doblez 
de ánimo. 

A pesar de esto, los misioneros formaron dos reducciones con 
los indios lencas, los taguacas y otros que llamaban mexicanos y 
comenzaron á instruirlos y bautizarlos. Pero pronto fueron aban- 



248 HISTORIA 

donando las reducciones, y aunque lo-í frailes apelaron al arbitrio 
de tomarles en rehenes sus hijos pequeños, esto no impidió que 
una noche cayesen los bíírbaros sobre las dos nuevas poblacio- 
nes y las redujesen á cenizas, escapando con »rriin dificultad los 
misioneros y el capitán Daza. Con esto resolvieron regresar tí 
Guatemala íÍ dar cuenta de lo ocurrido y pedir una fuerza que 
los acompañara en otra entrada que se proponian hacer en el si 
guíente año. 

En el IGll sentenci(5 en súplica la real audiencia un pleito 
ruidoso, del cual do dan pormenores los antiguos cronistas. Fnó 
íí lo que parece, una cuestión entre el gobernador de la provin- 
cia de Honduras, Don Juan Guerra y Ayala, y el obispo de 
aquella diócesis, Doo Fr. Gaspar de Andrada. No se dice lo qne 
haya dado origen li la contienda; pero sí se sabe que el goberna- 
dor hizo sufrir al obispo una larga y estrecha prisión, y habién- 
dose quejado éste ú la atftliencia, fué preso lí su vez el gol)erna- 
dor. Ki tribunal confirmó la sentencia de vista, dando por coin- 
purgada la culfia del acusado con la prisión padecida, con i¡i ¡x'r- 
dida de sus salarios y con las costas del proceso. La tradición ha 
adornado aquel incidente con pormenores probablemente fabulo- 
sos, ó que no constan, al menos, por el dicho de ningún escritor 
.luarros, haciendo relación de los obispos de Honduras, mencio- 
na íí fray Gaspar de Andrada, .-in decir una sola palabra de 
la cuestión con el gobernador. El mismo silencio guarda Yazípiez. 
Á pesar do que a<|uel prelado era fraile de la orden cuya cróni- 
ca escribía dicho autor. 

En el mismo año (1611) vino á hacerse cargo del empleo de 
presidente de la audiencia, gobernador y capitán general del rei- 
no, Don Antonio Peraza, Ayala y Rojas, (¡ue habia estado desem- 
peñando el de gobernador de una de las provincias del virreina, 
to del Perú. Traia comisión para tomar residencia á su antece- 
sor, y cuando estaba éste diíndola, murió en la capital. El nuevo 
• presidente no era letrado, por lo cual no tenia interven- 
ción en materias de justicia: pero la audiencia estaba completa 
por entonces, y no baria falta su voto. Constaba el tribunal do 
los siguientes sujetos: doctor Diego Gómez Cornejo, decano; doc- 
tor Pedro í^anchez A raque, licenciado Don Gaspar de Zúñiga 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 249 

doctor Matías de Solis Ulloa y Quiñones; licenciado Juan Maldo- 
iiado de Paz y el fiscal, licenciado Antonio Coello. Fué uno de 
los primeros actos del nuevo presidente el poner en ejecución 
varias reales cédulas que prohibían se avecindasen españoles y 
personas de color en los pueblos de indígenas. Como se hubiesen 
leunido muchos de aquellos en el de Zapotitlan, cabecera de 
hi provincia de Suchitepequez, el presidente resolvi(5 removerlos 
de allá y formar con ellos una nueva reducción, á que á'ió el 
nombre de villa de la Gomera, que subsiste hasta hoy, en el de- 
partamento de Escuintla. 

Xo sabemos si porque hubo de considerarse aquel hecho como 
un servicio muy importante, ó porque se quisiese premiar otros 
méritos de Don Antonio Peraza, lo cierto es que la villa fué eri- 
jida por el rey en título de Castilla, en favor del que la fundo, á 
quien se ái6 desde entonces el título de conde de la Gomera. 

Este mismo presidente, en los primeros tiempos de su gobierno, 
liizo ensanchar é introducir agua en la plazuela de Candelaria, 
on la ciudad de Guatemala, por lo que generalmente se le dio 
desde entonces la denominación de plaza del conde. 

En este año se rebajó el tributo que pagaban las indias. Era 
de dos tostones y quedó reducido á uno. El de los varones conti- 
nuó siendo de tres. Los indígenas de Costa-Rica, que aun no es- 
taban completamente sometidos, eran exceptuados del tributo. (1) 

En el año 1612 resolvieron los franciscanos, de acuerdo con el 
presidente, hacer una nueva entrada en la provincia de la Tolo- 
galpa, dándoseles una escolta de veinticinco hombres, al mando 
del mismo capitán Daza, que los habia acompañado en la entrada 
del año anterior. Siguiendo el propio rumbo que la vez primera, 
se encontraron de nuevo con los lencas y los taguacas, algunos 
de los cuales se prestaron á abrazar el cristianismo y formaron 
con ellos varios pueblos. Llamaron á los misioneros otros indios 
que habitaban mas hacia el interior de la tierra, y aunque ellos 
disponían ir, no quiso Daza, sino adelantarse él con sus soldados 



( 1 ) García Pelaez, Mena. cap. 35. 



250 HISTORIA 

y ver cual fuese la verdadera disposición de los naturales. Los 
encontré en actitud hostil, y recurrió al arbitrio de hacer unos 
cuantos disparos al aire, para intimidarlos. Ix)s indios se retira 
ron, no sin dar muerte á algunos espaüoles, lo (jue diú ocasión ú 
que éstos los persiguieran y tomaran al<¡:uno.s prisioneros. Tin 
soldado traia cautivo á un indio tan valeroso como osado, que ha- 
bía quitado la vida á dos españoles. Keconvíoolo por esto el sol- 
dado, y quien sabe en que términos seria, pues el indio contest»» 
con una bofetada ú aquellas reconvenciones. Irritado el español 
0>n el insulto, Mamó á uno de ens compañeros, y forcejando los 
dos con el indio, á quien dieron algunas coces y bofetadas, logra- 
ron atarle fuertemente la roano izquierda tí la cintura con uim 
liga. En seguida cometieron la barbarie de clavarlo al tronco de 
un árbol (>or la mano derecha, con una herradura de caba- 
llo y ocho clavos, y allí lo dejaron hasta (¡uo espir«í. sin (¡ue su- 
piese nadie aquel hecho atroz. 

Encontraron los taguacas el cadúw. r..,i i.i nuiíio (lavada «mi 
el tronco del árbol todavia, y creciendo extraordinariamente 
su saña contra los españoles, procuraron tomar vi-nganza. Al 
efecto se dirigieron en aire pacífico á las reducciones que habiun 
formado los mi.<«¡oneros, donde se hallaban é.^tos con el capitán 
Daza y los soldados, y usando de un engaño, pidieron perdón 
por la resistencia que habian opuesto anteriormente y solicita- 
ron que volviesen á penetrar en las localidades que ellos ha- 
bitaban, pero sin armas, porque no (|uerian guerra y su inten- 
ción era recibirlos de paz. ('orno Daza y los mismos frailes 
ignoraban lo del indio de la mano clavada, no concibieron sos- 
pocha alguna y convinieron incxiutamentc en lo que proponían 
los taguacas. Avanzo Daza con sus soldados por un rio y los 
siguieron los franciscanos. A poco recibieron una carta del 
capitán en que les decia que habia encontrado á los indios 
disgustados; pero no hacia otra explicación. Resolvieron seguir 
adelante, y encontraron ocho canoas con dos indios cada una. 
los cuales les dijeron que el capitán los llamaba, y que no les 
habia escrito por estar ocupado en arreglar algunas cuestiones 
suscitadas entre los mismos naturales. No recelaron los frailes 
y continuaron navegando rio abajo, hasta un punto donde la 



DE LA AMÉRICA CENTRAL, 351 

¡rieuíe hacia uua vuelta. Eatónces se presentó uq espeta- 
calo terrible á los ojos de los misioneros. Innumerables in- 
dios pintados y con penachos de plumas, tenian grandes picas 

; las manos, j en una de las mas altas estaba clavada la cabe- 
z¿i del desdichado Daza. En otras se veiau manos de españoles, 
una de tantas con lí,erradura y clavos. Los misioneros no pudie- 
ron hacerse ilusiones sobre la suerte que les esperaba. Los la- 
guacas asaltaron las canoas y les dieron muerte. Igual suerte 
corrieron los soldados, con excepción de unos pocos que no con- 
fiando en los indios, hablan tenido la precaución de llevar sus^ 
armas. Tal fué por entonces el fatal resultado de la tentativa he- 
cha para someter las tribus errantes de la Tologalpa. (1) 

Hemos visto que el ayuntamiento de Guatemala se habia pro- 
nunciado contra la introducción de vinos del Perú, considerán- 

los dañosos á los naturales del pais. Habiendo ocurrido al 
. . y solicitando la prohibición de aquel comercio, la idea en- 
contró apoyo en los mercaderes de Sevilla, que remitían vinos 
a' estos reinos, j en el consulado de la misma ciudad. Expresa- 
ban estos con franqueza la verdadera causa de su oposición, que 
era el temor de que viniendo vinos del Perú, tuviesen menos 
pronta salida los que se enviaban de España. Emitió pues, el 
roy, en 17 de diciembre de 1614, una disposición que prohibía 
• remitiesen á Panamá vinos del Perú, mandando decomi- 
.-ar el que se trajera á pesar de la prohibición y dividirlo, apli- 
cando una tercera parte de él á la real hacienda, otra á obras 
públicas y otra al juez que sentenciara la causa y al denunciante, 
por mitad. Aquí, como se ve, no solo se premiaba la delación, si- 
no que se estimulaba el celo de los jueces, exita'ndolos indirecta- 
mente á condenar á los acusados. 

En otra cédula de 1.8 de mayo de 1615 dice el rey que por parte 
de'la ciudad de Santiago de Guatemala se le habia representado 
que los vinos que algunas personas llevaban del Perú al puerto de 
Acajutla. por ser fuertes, nuevos y por cocer, causaban mucho 



(1) Véase todo el lib. 5. ° trat. 1. © Segunda Parte, de la Crónica d< 
"Vázquez, y el cap. 41 de las Mem. de García Pelaez. 



252 HISTORIA 

daño á los natnrales, "qne se acababan muy aprisa;" ademas de 
ser causa de que tantos minos se llevasen de España, con per- 
juicio del comercio y reales derechos. Prohibia, en consecuencia. 
la importación de aquel artículo y mandaba decomisar el que se 
introdujera, que debia distribuirse de la manera prevenida res- 
pecto al que se llevara á Panamá. (1) 

Los alcaldes ordinarios de la ciudad se consideraban con dere- 
cho, en concepto de corregidores del valle, para dar niauíhunien- 
tos de indígenas, destinados á los trabajos de la agricultura. La 
^^diencia les negó esta facultad, y habiendo ocurrido el ayunta- 
miento al rey, e.\p¡d¡(5 C>stc una cédula, en el año 1010, en que 
los confirmaba en el derecho de hacer tales repartimientos. Con 
csCo, el cabildo nombra repartidores que distribnycscD los indios 
de su jurisdicción entre las personas que los solicitasen. 

Ocurrieron durante la presidencia del conde de la Gomera 
(iiertos acontecimientos de los cuales no tenemos cabal noticia, 
por la reserva meticulosa de los antiguos cronistas que, 6 callan 
los sucesos, ó si los mencionan, es tan brevemente, (pie no pode- 
mos formar ¡dea ni del origen de los hechos ni de sus circunstan- 
cias. I/Os que se aventuraron ú decir algo, no están acordes en las 
fechas. Ximenez refiere quu en el año 1614 tuvo principio en la 
ciudad de ( í uatemala una gran discordia y pleito que duro hasta el 
de 1G20, en que mandó el rey que se recogieran todos los auto^^ 
que se habian levantado y se guardaran bajo tres llaves en (I 
convento de Santo Domingo. 

E\ caso fué que vino como visitador y juez de residencia del 
presidente el licenciado Juan de Ibarra, quien desempeñó t:ui 
ma' su encargo, que promovió un grande alboroto y .se alteró se- 
riamente la tranquilidad del vecindario. El autor á quien citamos 
agrega que el conde habia mostrado alguna codicia en el ejercicio 
de su empleo y que la justicia no .se administraba con la rectitud 
debida. Que de esto tomaron pié el -oidor Araquc y otros indivi- 
duos para conjurarse contra aquel funcionario y calumniarlo en 



[l) Ley XVIII, lib. IV, tít. \VTíT I?ec. de Ind. 



DE LA AMERICACENTRAL. 2Ó3 

ol juicio de residencia, por medio de testigos falsos. Esto aparece 
coíiiplicado, no se explica por qaé, con una cuestión que el mismo 
oidor Araque tuvo con la autoridad eclesiástica, por haber queri- 
do prender á un clérigo que notificaba una censura á las personas 
que concurrian á una procesión el jueves santo, á lo que siguió 
el entredicho en la ciudad. Ximenez atribuye la enemistad del 
doctor Araque con el presidente, á que éste procuraba refrenar 
al oidor, que era hombre de pasiones violentas. Habia cometido, 
agrega el cronista, terribles desafueros, desbalijando correos y 
o}>rimiendo á todos, hasta el punto de hacer violencia á una se* 
ñora principal. (1) 

Garcia Pelaez asigna por causa de aquellas ruidosas cuestiones 
la exijencia en el cobro de las alcabalas, que hizo necesaria al fin 
la venida de un visitador, que fué el licenciado Juan de Ibarra, 
oidor de México. Supone que llegó este funcionario á Guatemala 
el año 1621, en lo cual está en contradicción con Ximenez y 
con Juarros, como luego veremos. Agrega que á los tres dias»de 
haber llegado el juez de residencia, fueron confinados al pueblo 
de Jocotenango, (un barrio de la ciudad), el presidente y los 
oidores y que permanecieron allá durante tres meses, hasta que 
concluida la visita, volvieron á ocupar sus enpleos. Que no por 
esto disminuyó la eficacia en la exacción de las %lcabalas; que 
>e mandó prender á uno de los alcaldes y á dos regidores comi- 
sionados para recaudarlas; que varios vecinos fueron ejecutados 
por rezagos y preso por alcances el contador del ramo. Que el 
visitador se tomó tres rail ducados de la caja; que pidió contra 
él el fiscal ante la audiencia, y el visitador multó al fiscal en dos 
mil ducados, lo que no se hizo efectivo. Que fué asesinado el 
mercader Francisco Manuel, (no dice por quien), que andaba mez- 
clado en aquellas diferencias, y un clérigo diácono procesado por 
palabras contra uno de los oidores. (2) 

Juarros es aun mas lacónico respecto á aquellas turbuleneiais. 
Dice "que por algunas turbaciones que se ofrecieron en tiempo 



(1) Ximeuez, Hist. de Guat. y Cliiapas. lib. 4. - , cap. 4; 

(2) Garcia Pelaez, Mem. cap. 33. 



254 nisTORi 

íjne gobernaba el conde de la CJoniLTa, vuid «ii' visiimior ci iit*«'n- 
ciado Juan de Ibarra, quien puso las cosas en peor estado; sus- 
pendió del empleo al conde. ípiien se retiro al pueblo de Patulul. 
dejando la República dividida en bandos y con las armas en la 
mtino, hasta que restituida la tranquilidad, se repuso al conde en 
la presidencia, el año de 17, y goberncí hasta el de 20." 

He allí lo que tenemos respecto á aquellos graves aeonteci- 
mieotos. Fncnteí», contemporjíneo de los sucesos, guarda silencio 
respecto jí ellos, y los voluminosos autos levantados, que nos da- 
wlan datos importantes sobre «-1 incidonto. desaparecieron, proba- 
blemente para siempre 

Délas relaciones que dejamos extractadas puede inferirse que 
hnbo bastante exigencia por parte del presidente para el cobro 
de las alcabalas; que se puso mal por esto con el ayuntamien- 
to; que el visitador juez de re.sidcncia acab($ de envenenar los 
.íniTnoH. bastante enconados ya; qne el conde de la Oornera se 
sínccr<5 do cargos graves que le dirijian sus enemigos, il quie- 
nes apo^'aba el oidor Araque; que la autoridad eclesiástica to- 
mó cartas en las cuestiones; y por último, que el rey (luiso cor- 
tar con un golpe de autoridad aquel nudo de pasiones y de in- 
tereses encontrados, mandando encernir los autos y uno nn <(> 
volviese líhaDiardcl asunto. 

Paparemos lí dar noticia de otras dificultades que surjicrou por 
a(|uel tiempo, d cansa de la falta de brazos para los trabajos de la 
agricultura El numero de negros llegados á este reino era ya muy 
considerable en la <*poca en qne vino íÍ gobernar el conde de la Go- 
mera. Visto que el rey no hacia la menor atención á las solicitu- 
des del ayuntamiento para que mandase venir á estas provincias 
buques cargados de ellos, se los procuraban los particulares. En- 
contramos noticia de tiempo en tiempo de barcadas de negros 
llegadas a Santo Tomas y tí Trujillo: aprovechjíndose de estas úl- 
timas los mineros de Honduras para sus trabajos, y supliendo 
con negros la falta de los indios. Comenzaban á inspirar temores 
de que quisiesen alzarse, como hablan pretendido hacerlo en 
Nueva- España. Muchos de ellos, deseosos de recobrar su libertad 
natural, huían lí los bosques y se organizaban en partidas, y co- 
mo esto sucedía también en otros reinos de América, se dictaron 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 355 

^ ibre el particular las veintinueve leyes que están recopiladas en 
todo el título V del libro VII del código de Indias, en las que se 
disponía, entre otras cosas, levantar fuerzas contra ellos, perse- 
guirlos, proceder contra los cabecillas sin forma de juicio y des- 
hechas las partidas, devolver los esclavos á sus dueños y vender 
h)s mostrencos por cuenta de la real hacienda. 

Dieron aviso al presidente de que muchos negros cimarrones 
estaban poblando en las inmediaciones de Golfo-dulce y en otros 
puntos; pero no se dice que se hubiese procedido contra ellos de 
la manera prevenida en las leyes citadas. • 

Se tendria aquí tal vez alguna tolerancia con los "negros, por- 
que muchos de ellos se utilizaban en los trabajos de la mineria y 
de la agricultura, supliendo, como dejamos dicho, la falta de los 
indios, que iban desapareciendo rápidamente. En Honduras era 
notable su disminución desde fines del siglo anterior, y en Soco- 
nuzco no se contaban ya en 1618 mas que dos mil tributarios, 
habiendo faltado una tercera parte de la población indígena que 
«|ued(j á la provincia después de la destrucción sufrida en la 
época de la conquista, que fué muy considerable. 

Sucedía esto, no obstante el empeño con que se procuraban los 
matrimonios en la clase indígena; empeño que alguna vez fué 
considerado exesivc por el gobierno de la metrc^poli; que hu- 
bo de expedir una cédula vituperando la festinación que ponian 
los encomenderos en casar á los indios antes de la edad nubil, por 
el ansia de tener mayor número de tributarios. En el año 1618 
•se emiti(j otra disposición para remediar un mal opuesto; esto es, 
la tardanza de los indígenas en contraer matrimonio, para excu- 
sarse del pago del tributo. Se prevenia que tributaran los que tu- 
ieran diez y ocho años y se encargaba á los curas procuraran 
casarlos en cuanto tuviesen la edad competente. 

Ademas del tributo que pagaban á la corona ó á sus respecti- 
ívos encomenderos, tenían que contribuir los naturales al fondo 
de comunidad de .sus pueblos coiuo dijimas en el capitulo IX de 
este tomo. Desde que se crearon los cabildos de indígenas, 
í fué estableciendo que los habitantes de ca<la población 
pagaran un pequeño contingente anual para los gastos co- 
munes, proporcionándose á los ayuntamientos, (mientras el fondo 



256 llIslOKlA 

«/atuvo á su cargo), caja» para guardar •acjucllos dineros y libros 
-en que se llevaban las cuentas de ellos. 

Sin embargo de que el objeto de la creaiiou de este londo ha- 
bía sido el procurar la mejora de los ])ueblos de indígenas, no se 
empleaba en ese destiuo, dejando aumentar las cantidades. En el 
año 1619 se discurrid darlas ú usura, con lo que sucedia que acu- 
mulándose lo.s iutereses al capital, venían á tener los juieblos que 
contabau con muchos habitantes, fondos de comunidad bastante 
considerables, que do poseían las ciudades de los españoles. 

Se tenia también bastante emi>eri0 en que los naturales se de- 
dicaran á los trabajos de la agricultura, y se crearon según lo 
niauíreslamos en el mismo capitulo IX, unos comisionados con 
el nombre de jueces de milpas, (¡nstitucion que no hubo en 
otros reinos de Indias, (juo recorrían los puebloH y obliga- 
ban u los indios tí hacer plantaciones de maíz, trigo, cacao, iV. Se 
dieron quejas al rey sobre los abusos de que eran víctimas los in- 
dios ü la sombra de esta institución, y la prohibi<5 por la c(}duln 
<|ue dejamos citada. Continuaron, sin embargo, los jueces de 
milpas, no haciéndose caso de la prohibicioo, como sucedía 
ronchas veces con las disposiciones reales, y se repitió en otra 
cédula de diciembre de 1619. Ya veremos depues que esta reso- 
lución fué abi^)gada y reproducida alternativamente en ios años 
subsiguientes. 

El producto de la alcabala en el distrito que comprendía el va- 
lle de la ciudad experimentó una baja considerable después del 
año 160 1 en que, como dejamo.s dicho, comenzó u cobrarse aquel 
impuesto. Piemos visto que produjo entonces 4500 tostones; vea- 
moi cual fué el rendimiento de ios afios subsiguientes: 



A5Í0S. 


To.^TON'ES. 


i6or, 


1 422. 


160G 


2463. 


1607 


. 1975. 


1608 


.. 1914. 


160!) 


... 1935. 


1610 


ir,48. 



^ de la america central 257 

Anos/ Tostones. 

IGU 1394. 

1612 1262. 

1613 5195. 

Llama la atención el producto del último año de los mencióna- 
los, que es considerablemente mayor que el de los anteriores, Re- 
tí exionando sobre esto, recordamos que por el año 1613 tuvo lu- 
Liiir la exigencia en el cobro de las alcabalas, a que se atribulan 
las alteraciones que sobrevinieron en el inmediato 1614. Es pro- 
bable, pues, que el rendimiento extraordinario de esa renta que 
<e observa en aquel año, liaya sido efecto del empeño que se puso 
en la recaudación. Sucedió también que se aumentaron las alca- 
i»alas de la ciudad, pues se necesitaba enterar en cajas 16,000 
tostones, que debian salir de las alcabalas de corregimientos, de 
hi del viento, y lo que faltara debia repartirse en la ciudad y ^u 
distrito, hasta completar la suma. 

Xo hay noticia de lo que hubiesen producido las alcabalas de 
los demás corregimientos y alcaldías mayores en los mismos 
años; pero sí de sus rendimientos en otros períodos. Diremos por 
ahora cuales fueron los de los años 1615 á 1620; debiendo adver- 
tir que esos productos son los que se obtuvieron en la subasta del 
ramo. 

Años. Tostones. 

1615 2560 

1616 2665 

1617 2665 

1618 2666 

1619 2666 

1620 2500 

Veamos ahora cual fué el producto de la alcabala del viento, 
ó sea derechos de importación, en la misma época: 

Años. Tostones. 

1614 TOOO 

1615 '000 

HIST. DE. LA A. C. l'J' 



258 HISTORIA 

Años. ' Tostones. 

1C16 ^m^ 

1617 'OÜO 

. 1618 t'»000 

1619 .. 7S00 

1620 '000 

El crecimiento deMos productos de la alcabala interior de la 
ciudad y su distrito continutí siendo notable en los años que si- 
guieron al 1013, como puede verse por los siji^nientes datos: 

A Sos. Tostón Ks. 

1011 TI"^'' 

leíó 

161 '■• II '■'•■'•"> 

1017 '. lili! 

lOls lti:Ml 

161!' KilVJ 

KVJn . 1LM71 

Y todavía continuó aumentando en los anos sucesivos. La cau- 
sa ó causas del crecimiento de osa renta, deben buscarse en las 
razones que dejamos indicad;.- 

El reino de Guatemala hacia por atjucl tiempo algún comercio 
con el del Perú: pero desgraciadamente el gobierno de la metro- 
poli dispuso restringirlo en el año 1620. sin que podamos expli- 
carnos el motivo de semejante disposición. Por una real c^^dula do 
28 de marzo de aquel ano, se |)rohibiü el despacho de bu(jucs de 
estos puertos con dirección al Perú, permitióndose únicamente 
(jue de aquel reino viniesen dos de doscientas toneladas, cada 
año, con doscientos mil ducados, para emplearlos en comprar lo» 
productos de estos paises. Esa medida, no solo era una restricción 
al comercio, sino también un golpe á la marina mercante de (ína- 
temala, que casi extinguida ya, tenia que dr.«aparecer por com- 
pleto, bajo el peso de tales prohibiciones. 

Ea el año 1621. con noticia del fallecimiento de Felipe III. 
acordó el ayuntamiento hacer honras fúnebres por el monarca 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 25 9^ 

difanto y celebrar con grandes fiestas la proclamación del nuevo 
soberano. Como los fondos de propios estaban comprometidos al 
pago de cinco mil ducados en que Iiabia rematado el cabildo 
el cargo de alférez real, deuda que no habia podido satisfacer en 
veinte años, hizo abandono del alferazgo y contd ya con algunos 
recursos. Fué autorizado para invertir mil ducados en las exé- 
(juias y dos mil tostones en las fiestas de la jura, que consistieron 
en paseo por las calles con un carro forrado de alfombras y se- 
das, mascaradas, toros, juegos de cañas, en que tomaban parte los 
encomenderos y vecinos principales, y una representación que 
hacian los indios de las inmediaciones de la ciudad y que llama- 
ban el Volcan. (1) 

En 1622 emprendieron dos frailes franciscanos, Martínez j 
Vaena, la entrada en la Taguzgalpa, y aprovechando una fraga- 
ta que mandaba á Jamaica desde Trujillo el gobernador de Hon- 
duras, Juan de Miranda, desembarcaron en el cabo de Gracias á. 
Dios. Penetraron un poco en el interior, acompañándose de cua- 
tro indígenas de la Guanaja. y avocándose con la tribu de los pa- 
yas, fueron bien recibidos. Formaron un pueblo á que dieron el 



(1) Fuentes consagra gran parte del capítulo 6. -' del libro 16 de la Ite- 
cordacion forida á describir la fie&ta del Volcan. Consistia ésta en la repre- 
sentación de una batalla que él refiere, siguiendo á sus autores indígenas, qoe 
dice liaber tenido lugar en el volcan de Quezaltenango y que dio por resultado 
la prisión de los reyes Sinacam y Sequechul. (Cahi-Imox y Tepepul.) Fign- 
i-abau los indios un volcan con grandes madero?, vestidos de yerbas y de lio- 
res, donde ponían muchos animales, y en la cima una casilla que llamaban la 
casa del i*ey. El gobernador indígena de Jocotenango, que representaba ú 
Sinacam, entraba en la plaza, en andas, con corona de oro, cetro y un abanico 
de plumas, y seguido de mas de mil indios embijados y con arcos y flechas. 
Colocado Sinacam en la cima de la montaña, llegaban los indios de la ciudad 
vieja, descendientes de los tlaxcatlecas, y emprendían la lucha con los del 
rey, al son de una multitud de instrumentos nacionales, y do los alaridos de 
los combatientes. Terminaba la fingida batalla con la captura de Sinacam, á 
quien se conclucia, atado con una cadena de oro, á presencia del presidente, 
representante del monai-ca español. Aquella fiesta era, según dice Fuentes, 
muy vistosa y animada y acudia á verla el vecindario entero, que ocupaba el 
centro de la plaza y varios tablados que se levantaban en los contornos. 



-!50 liK-TOUIA 

nombre de Xarua, é internándose aun ma?, hicieron nuevas re- 
ducciones. Pero estas y aquella tardaron poco en verse abundo 
nadas de sus pobladores. Sin desalentarse por esto los misione- 
ros, caminaron por espacio de treinta leguas mas; dando con una 
tribu llamada de los guabas, que recibiéndolos de paz, se presta- 
non jí abrazar el cristianismo y á formar un pueblo. Continuaron 
avanzando li;ícia adentro del pais. y se encontraron con los alba- 
tuinas, (jue también lo.s acogieron favorablemente, aun(|ue hay 
motivo para creer que aíjuello no era mas que con el deseo de ins 
pirar confianza, pues habían formado ya la resolución de sacrili- 
( arlos. luciéronlo así efectivamente, pues una noche cercaron los 
albatuinas la casita cjue habitaban los franciscanos, y apodera'n 
dose de ello?, les dieron la muerte mas cruel y bárbara que pue- 
de imaginarse. Ese fué por entíínces el resultado de la tentativa 
hecha por aquel tiempo para conf|uist;ir pa?íncamonte las tribus 
nómades de la Taguzgalpa. (1 ) 



(1) Vazqaez, Crúnicft, Parto *J. * libro 



CAPITULO XIV. 



Alteraciones en la provincia de Costa-Rica. — xVumento de la población more- 
na en el pais, é importancia que va adquiriendo. — Restablecimiento de los 
jaeces de milpas.— Producto de la alcabala de la ciudad en los años 1621 
á 162G. — Rendimiento de la de los corregimientos y alcaldías mayores desde 
l(i21 á 1625. — Lo que produjo en el mismo período la alcabala del viento. — 
Nueva solicitud sobre perpetuidad de las encomiendas. — Argumentos en 
pro y en contra del proyecto. — Prevalece la opinión contra la perpetuidad. 
— Concluye la presidencia del conde de la Gomera y viene á gobernar el 
reino el doctor don Diego de Acuña. — Demostraciones extraordinarias de 
regocijo público con que se le recibe. — Productos del diezmo en 1627. — 
Pide el rey cierta cantidad anual á Nueva-España y á Guatemala. — Nuevos 
impuestos para cubrirla. — El ayuntamiento celebra el nacimiento del liere- 
dero de la monarquía. — Decrecimiento de la raza indígena en Nicai-agua. — 
Quejas del procurador de aquella provincia. — Disposiciones reales diríjidas 
á remediar los abusos. — Establecimiento de la media annata. — Entibada do 
misioneros dominicos en el Manché y mal resultado de la empresa. — Man- 
da retirar el rey la flotilla de Honduras. — Situación lamentable del comer- 
cio del i*eino. — Termina la presidencia del doctor Acuña y viene á subro- 
garlo don Alvaro Quiñones Osorio. — Nuevo género de abusos de los enco- 
menderos y disposición dictada para evitarlos. — Medidas de desconlianza 
con respecto á la población de color. — Restricciones al comercio por el Pací- 
fico. — Reclama contra ellas la provincia de Nicaragua. — Decrecimiento de 
la raza indígena en San Salvador. — Providencias dictadas por el presiden- 
te. — Funda la población de San Vicente y se le da el título de marques de 
Lorenzana. — Atribuyese la disminución de los naturales al cacao y al vino 
del Perú. 

(1623—1635.) 



La provincia de Costa-Rica, á pesar de liaber sido la primera 
por donde comenzó la conquista, estaba muy distante, un siglo 



262 HISTORIA 

después, ue encontrarse pacíficamente sometida lí las autoridades 
españolas. 

Hemos dado noticia de que uno de sus gobernadores sometió 
la Talamanca, donde se levant(5 el fuerte de San Ildefonso. En 
ICIO se liabian sublevado los indios de los contornos, dado muer- 
te al gobernador, Diego do Soxo, á los demás espaiíoles y gente 
de color y reducido •.{ conizas la cjudafl. respetando el castillo 
únicamente. 

En 1G22 continuaban sublevados los indios, pues gobernando 
la provincia Don Alonso de (luzman y Casilla, hubo de proce- 
sarlo la audiencia por faltas en el ejercicio de su empleo, y ha- 
biendo dispuesto llamarlo, el ¡'presidente se opuso S. su ve- 
nida. Fundaba su oposición en que el gobernador estaba ocu- 
]>ado en la pacificación de aquellos pueblos, habiendo reduci- 
do ó castigado ya á ranchos denlos rebeldes, lo que habia sido 
aprobado por el rey; y (¡ue^si se le hacia venir, haria i;raii fulla 
.allú, por ser muy diligente y perito en cosas de milicia 

Hemos dicho que continuabajaumentando la población morena 
del pais, merced ú la llegada frecuente á los puertos del norte 
del reino, de navios cargados de aquella clase de inmigrantes. 
Ya las autoridades no disimulaban la alarma que les causaba el 
hecho y se oponían á que se admitiesen aíjuellas gentes en el pais. 
Entonces se recurri(5, sin duda, al arbitrio de hacerlos entrar de 
contrabando, pnessolia suceder que traian los buques, escondidos, 
mayor número (¡ue el que declaraban 8U.s manifiestos. Kü uno de 
tantos de los que vinieron por aquel tiempo eran 182 los decla- 
rados y 212 los que venian fuera de registro. 

''Guatemala, decia*un viajero que estuvo por aquel tiempo en 
t'l pais, sin embargo de que no tiene armas ni municiones de guer- 
ra, se puede considerar bien fuerte por la raza de negros esclavos 
<iue hay en las estancias y obrajes de añil, y aunque do tienen 
mas armas que machetes y pullas ó lanzas para pullar el L^anado, 
son tan desesperados que la misma ciudad de (iuaiemala los ha 
temido muchas veces, comojtambien los mismos amos.' (I) 



^I) Gage.'jViages, tomo 2. ® cap. 2. ® 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 263 

Y es lomas estraño que a pesar de los recelos que causaban, se 
les emplease en el servicio de las armas, ocupándolos en la guar 
iiiciou y defensa de las costas, (donde vivían regularmente,) en 
caso de invasión o amenaza de enemigos. Con la introducción de 
aquel nuevo elemento en la población del pais, liabian venido 
tbrraándose, desde algún tieraj)o, por el cruzamiento con las razas 
indígena y española, nuevas entidades etnológicas que iban ad- 
quiriendo importancia en la colonia. El ejercicio de las artes 
pasaba poco á poco á sus manos, abandonado por los naturales 
y desdeñado de los españoles. 

En Junio de 1626 expidió Felipe IV una disposición permi- 
tiendo en Guatemala los jueces de milpas, abrogando la que pro- 
hibía el nombramiento de tales funcionarios. Concedió el rey el 
restablecimiento de aquellos jueces, en virtud de representa- 
ciones del cabildo, en que aseguraba que cuando los habia, esta- 
ba la fanega de maiz á cuatro y cinco reales: y suprimidos, se 
elevaba el precio á dos y hasta cuatro tostones. 

Que abarataran los granos habiendo funcionarios especiales 
corapeterdemente autorizados para obligar á los indígenas á cul- 
tivarlos, era muy natural; pero lo que se deseaba por parte del 
gobierno de la metrópoli al prohibir los jueces de milpas, era 
excusar las 'vejaciones que imponían á los nativos, so protesto 
de apremiarlos á que hiciesen aquellos trabajos. En eso no se fijaba 
el ayuntamiento, que, por regla general, atendía siempre de pre- 
ferencia íi los intereses de los pobladores españoles, y no se consi- 
deraba obligado á cuidar con el mismo celo, como hab|;ia debido 
hacerlo, del de los indígenas. 

Dijimos en el capítulo anterior cual habia sido el producto de 
las alcabalas hasta el año 1620, y ahora debemos decir cuales 
fueron los repartimientos de esta contribución en los cinco o seis 
años subsiguientes, pues ya dejamos indicado que aquel impuesto 
variaba, según subían 6 bajaban los otros. El caso era llenar 
cierta cantidad; y sobro lo que rendían las alcabalas de corregi- 
-mientos y la del viento, se hacia el reparto de la de la ciudad, 
hasta completar la suma. Tenemos, pues, el siguiente cuadro de los 
repartimientos: 



2 g4 historia 

Años. Tostones. 

1621 13,072 

1622 17.080 

1623 n,.Ml 

1624 . . h'.ni:; 

1625 . . 11. -J^;; 

1626 17.22:5 

La alcabala interior de la ciudad y so distrito resulta cuatrí- 
j)licuda en el espacio de veintidós años, y no poniue liubiese en - 
cido proporcionalmente la riqueza del pais y aumentado el mine- 
ro de contribuyentes, pues sncedia precisamente lo contrario 
Todo había disminuido: los encomenderos, los mercaderes, los due- 
ños de estancias y obrajes de añil, de injenios de azúcar y de mo- 
linos de trigo. Los artesanos aparecen en los empadronamiento- 
de 1626 en números mucho menores que aquellos con que figu- 
raban en 1*604. 

En la alcabala que se recaudaba en las alcaldías mayores \ 
corregimientos que no eran el del valle de (Juatemala, se advci 
tia una disminución sobre los productos del período transcurri- 
do desde 1615 á 162d. Faltaba la causa que había hecho .su- 
bir extraordinariamente los productos de la ciudad,» y se marca- 
ba la decadencia de la riqueza pública en un corto espacio de 
tiempo. Veamos, si no, cuales fueron los rendimientos de aquell:i 
rrnta en cinco años. 

. A^os. ToSTOIfES. 

. 1621 2000 

1622 No hubo postura y solo se cobraron 1000 

1623 id. id. 1000 

1624 (arrendada. . 1330 

1625 1200 

El resultado que se obtiene, comparando dos quinquenios, es (jiu' 
el de 1G16 á 1620, produjo 13,102 tostones, y el de 1621 á 1626 
6500. 



DE LA AMÉRICA CEXTRAL 265 

La alcabala del viento produjo en el quinquenio: 

Años. Tostones. 

1621 6000 

1622 4400 

1623 3500 

1624 3880 

1625 3500 

Total 21280 

E[ quinquenio de 1016 á 1620 habia dado 33,300. 

A'olvian á suscitarse de tiempo en tiempo pretensiones sobre 
el asunto de las encomiendas. Hemos visto que el ayuntamiento 
de Guatemala aprovechaba cualquiera oportunidad para reclamar 
al rey. por medio de su procurador en la corte, ya la pro'roga 
de la gracia por una vida mas, ya la perpetuidad, ofreciendo ser- 
vir con cantidades de dinero, con tal de obtener la concesión. 

Se habia elevado al rey, por parte de los encomenderos del 
Perú, un memorial en que se solicitaba la perpetuidad de las en- 
comiendas de aquel reino, y esto alent(5 al cabildo de Guatemala 
para renovar. sus pretensiones, tantas veces dirijidasal consejo y 
otras tantas desechadas. 

La idea de la perpetuidad de las encomiendas, tan combatida 
por el célebre obispo de Chiapas, fray Bartolomé de Las Casas, 
habia venido á ser, por uno de esos fencjmenos que suelen pre- 
sentarse en el mundo, preconizada y defendida por ofro fraile . 
que fué sucesor del protector de los indios en el obispado de 
Chiapas, y mas tarde (de 1621 á 1630) prelado de Guatemala. 
Fra}^ Juan Zapata y Sandoval, natural de México, publico' uu 
opúsculo, en idioma latino, cuyo objeto principal era probar que 
tanto los beneficios eclesiásticos, como los empleos civiles de In- 
dias, debian conferirse á los nativos de América. (1) 



(1) El título de aquel escrito notable era el siguiente: De jKstiiia (listri- 
butiva et acceptione i^ersonarum ci opposita; Diceptatio pro Novi Indiaruní 
Orbis rerúm moderatorihus, summisque regalibus. Kdit Pentiio, 1009-4. 



26G HISTORIA 

Ademas de sostener esa tesis, justa y patriótica, defendia el 
autor en el mismo tratado, como hemos dicho, la perpetuidad de 
las encomiendas de indios, apoyándose en los sij^uientes argu- 
mentos: 1.® Que los conquistadores y primeros vecinos habían 
pacificado y poblado estos países á su propia costa. 2. ^ Que así 
como era perpetuo el servicio que hablan prestado al rey, ga- 
nando para él un imperio, debia ser perpetua la remuneración; es- 
to es, la concesión de las encomiendas. 3. ® Que así como en Es- 
paña, al reconquistarla de los moros, se hablan concedido seño- 
ríos en las tierras recobradas, de la misma manera debian con- 
cederse las eocomiendas en las Indias, que eran una dependencia 
de aquella. 4. ® Que si eu la península los títulos y mayoraz- 
gos daban fuerza y estabilidad al trono, lo mismo» harian en la.'^ 
Indias las encomiendas. 

Los que se o¡K)nian lí la perpetuidad alegaban: 1.® Que así 
como había importado al rey la adquisición del nuevo mundo, le 
importaba 8u conservación; y que premiando a(|uel servicio cori 
gracias perpetuas, se privaría del medio de premiar «'>stc aun 
temporalmente. 2. ° Que los productos de las encomiendas de- 
bian servir, no solo á la corona, sino para los gastos en la propa- 
gación do la féy conversión de los naturales. 3. ® Que si los enco- 
menderos, aun siendo temporales las concesiones y sin juriíídic- 
cion sobre los indios, los oprimían y vejaban de modo que habia 
sido necesario prohibirles la residencia en los pueblo.s de éstos, 
mucho mas lo harian, dúndoles las encomiendas ú perpetuidad, 
sometiendo á los nativos á aquella especie de vasal lage. Que si 
bien era* cierto que las Indias eran una dependencia de la P>spa- 
ña, la distancia que mediaba entre la metrópoli y sus colonia.s 
haría mas soberbios y desafectos al .soberano á los que debian es- 
tar muy .sometidos y colf/ados de las reales mano?. 



Escribió ademas el obispo Zapata y Sandoval : Cartas al Conde de la Gome- 
ra, presidente de Guatemala, sobre los indios de Chiapas y Cartas al Jley só- 
brela Visita y extado de la Diócesis de Chiapas. Eá sensible que no ha- 
yan llegado hasta nosotros esos opúsculos, que serian interesantes para la 
Historia de Guatemala. 



DE Us. AMÉRICA CENTRAL. 267 

A'emos crecer y desarrollarse el espíritu de desconfianza y re- 
celo por parte de los españoles peninsulares respecto á los que 
liabian nacido en las Indias; marcándose jn la división entre unos 
y otros, y siendo fácil preveer desde entonces que raas tarde ó 
mas temprano acabaria por producir una escisión completa. 

Prevalecid el dictamen de los que opinaban contra la perpe- 
tuidad, y lejos de concederse ésta, se dispuso que ingresara al te- 
soro real la tercera parte de las encomiendas que vacaran. 

En el año 1627 terminó la larga presidencia del conde de la 
( íomera (1) y vino á subrogarlo Don Diego de Acuña, comenda- 
dor de Hornos, en la orden de Alcántara. (2) Xo se sabe porqué, 
el cabildo dispuso celebrar con extraordinarias demostraciones 
de regocijo público la posesión de este funcionario. En sesión de 
10 de mayo de aquel año dispuso que el alcalde ordinario raas 
antiguo, que era también alférez real, saliera acompañado de dos 
sugetos principales á recibir y cumplimentar al presidente al 
pueblo de Petapa: y aunque se mandó entregar 500 tostones á la 
<?omision para sus gastos, no quiso aceptarlos. Acordó igualmente 
(jue la infantería hiciera las salvas que tuviera á bien ordenar el 
señor conde de la Gomera, presidente, gobernador y capitán ge- 
neral: que el dia déla entrada, desde la oración de la noclie has- 
ta las diez, hubiera luminaria general en la ciudad, mascarada, 
dos carros triunfales, y que en uno de ellos los mismos individuos 
•del ayuntamiento, con sus capas blancas prendidas, representa- 
ran un coloquio por las calles. En el otro carro iria la música. 
Al siguiente dia, desde las dos hasta las seis de la tarde, se eje- 
cutaría en la plaza mayor, en un anfiteatro cubierto con doble 
toldo y adornado con colgaduras de seda, la representación del 



(1) Gage dice que este presidente, siendo ya muy viejo, se retiro á las 
islas Canarias, su patria, rico de muchos millones; exajeracion evidente, 
contra la cual protesta lo que sabemos de la pobreza del pais eu aquel 

I -tiempo. 

(2) Juarros dice que este presidente se posesionó del mando en el año 
-1626; pero es una equivocación; fué en el mes de mayo ó principios de junio 
^ae 1627. 



268 HISTORIA 

Volcan, el Juego del Estafermo (1) y Juego ele cafiaí^, con libreas 
de raso 6 tafetán de la China. Otro día corrida de toros, paseo v 
lanzada; comedias en el patio de las casas reales y combate de 
un castillo con una serpiente de pólvora; en todo lo cual habriau 
de gastarse cinco mil tostones de los fondos de propios, líízose 
esto á pesar de que liabia diferentes reales cédulas que prohibian 
emplear los escasos caudales de la corporación en fiestas de reci- 
bimientos de presidentes, obispos, oidores, &; pero como se ex- 
ceptuaba en aquellas disposiciones lo que fuese permitido expresa- 
mente, de allí venia el que se hacian aquellos gastos, mediante el 
j)crmi.so de la audiencia. (1) 

Hay noticia de la cantidad en (pie se remataron K)s diezmos 
del obispado de (luatemala en el ano 1027; dato que, couu) deja- 
mos apuntado en otra parte, puede servir, en falta de otro'». para 



(1) TernToa ticrivii la voz Kstah-ruio il« «lu.s puliiDniM lUnmimn .^Im r / //i". 
estar firme. Segaa el Diccionario dü la Academia (edición do 1783) el Esta- 
fermo es ''la figara de un hombre armado, que tiene embrazado nn escudo 
en la mano izquierda, y en h derecha ana correa con nnnH' bolas pcniliíntes, 
6 anos saqnillos llenos de arena, la caal está espetada en nn mástil, do mane- 
ra que se anda y vuelve á la redonda. Pónese en medio do una carrera, y vi- 
niendo ú encontrarla los que juagan, ó corren, con la lanza puesta en el rÍHtro, 
lo dan en el escudo y le hacen volver, y al mismo tiempo sacude al que pasa 
un golpe (si no es muy diestro), con lo que tiene en la mano derecha, y con 
esto hace rcir á los que están mirando este j negó y festejo." García Pelaez 
transcribe esta definición del Diccionario como descripción del Estafermo, y 
en efecto de una idea completa del juego. 

(2) Adán Smih, citado por García Pelaez, dice que en el Perú y en otras 
provincias de la América española se gastaban sumas enormes en los recibi- 
mientos de los víreyes y preí<identes, y añide que esos gastos no solamente 
eran una pesada contribución sobre los ricos del pais, sino que coadyuvaban 
á fomentar la vanidad y la extravagancia en todas las clases del pueblo, acos- 
tumbrándolas al dispendio y á la ostentación. Hablando de la América ingle- 
sa dice el mismo escritor que el ceremonial que se observaba en el recibimien- 
to de un nuevo gobernador, en el de la apertura de una nueva asamblea y , 
otros de esta especie, aunque bastante decente, ni se hacia ni se perra ¡tia ha- 
cer con una pompa ostentosa, costosa y extravagante. 

La diferencia está sin duda, en la que hay en el carácter de una y otra ra^ 
za, que se marea así en lo grande como en lo pequefi>o. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 269 

ilciilar la producción agrícola de la provincia. Se remataron en 
ií>,0-j-j pesos, cantidad que lójos de indicar un desarrollo de ri- 
'jueza, da mas mas bien la idea de que iba ésta decayendo. En 

1 útimo año de que hay noticia respecto á producto del diezmo, 

1 de KíOO, fué de 24,000 pesos. 
Estando los productos del pais en tan decadente situación, vino 
todavia á gravarlos un nuevo impuesto en el año 1629. Expidió 
el rey una cédula en que pedia al vireinato de Nueva-España y 
al reino de G-uatemala 250,000 ducados anuales durante quince 
anos, que deberían salir de algunos ramos cuyos productos fue- 
sen fijos y seguros. El ayuntamiento ofreció dar por la ciudad y 
su distro 4,000 ducados anuales; asegura'ndolos con un impuesto 
• le dos reales sobre cada botija de vino que se importara, otro 
(ie cuatro reales sobre cada cajón de añil que se exportara y 
otro de dos reales por carga de cacao. 

Gravada la ciudad con la obligación de pagar esos cuatro mil 
cljacados durante quince años, el ayuntamiento, que habia tomado 
^n arriendo la alcabala interior por diez rail tostones, pidió al 
rey y obtuvo que se le rebajasen dos mil. Y como los im- 
puestos establecidos no produjeron lo que se esperaba, en el 
año 1031 acordó el aj'untamiento que se duplicara la alcaba- 
la interior por quince años, para poder pagar los cuatro mil 
íUicados. Tino á ser, pues, de un cuatro por ciento y producía 
<liez y seis mil tostones. 

Entre tanto el cabildo de (xuatemala, á pesar de sus penurias y 
diticultades, no se limitaba ya á festejar á los presidentes á su 
llegada y á celebrar las proclamaciones de los reyes cuando su- 
bían al trono, sino que quiso en el año 1630 hacer grandes fiestas 
con motivo del nacimiento del príncipe heredero de la monar- 
<iuia. (1) A pesar de la prohibición de que se emplearan los fondos 
de propios en tales festejo?, pidió el cabildo licencia para gastar 
cinco mil pesos de á ocho reales, y tuvieron lugar las fiestas en el 
mes de setiembre, poco mas ó menos bajo un ])rograma igual al 



Llamábase Baltasar Carlos. Murió ú la edad de veinticinco años. 



270 HISTORIA 

<|ue se había acordado tres años tintes para las del presidente Acu- 
ña. Pero ya en esta ocasión aparece la parte mas i)udiente del ve- 
cindario rivalizando con el cabildo en las demostraciones de júbilor 
pues los mercaderes del barrio de Santo Domingo dispusieron ce- 
lebrar el suceso por su propia cuenta en el mes de octubre si- 
•^uiente. tetaba habitado aípiel barrio por los mas ricos ve- 
cinos de la ciudad, descendientes de conquistadores y primeros 
pobladores, muchos de los cuales se ocupaban en el comercio. "Hu- 
bo, dice un antiguo cronista, muchas representaciones, y las fía- 
las fueron de lo mas lucido qoe se ha visto en esta ciudad. (1)" 

Lo que dejamos dicho en otro lujrar acerca de hi disminución 
de la raza indígena en las provincias de Honduras y de Soco- 
nuzco, se observa también en la de Nicaragua. Los corregidores y 
alcaldes mayores obligaban á los indios tí sembrar y a las indias tí 
hilar y tejer en provecho de aquello.s funcionarios. Si los indios se 
quejaban, ú se traspapelaban los memoriales (¡ue dirigían, 6 no 
se hacia cuenta de ellos, l'n procurador de Xicarngua hacía reli^- 
cion al rey de estos abusas en el año 1031, añadiendo (|ue los 
corregidores y alcaldes mayores eran mercaderes públicos (pie se 
ocupaban únicamente en tratar y contratar, atendiendo lí su pro- 
pio provecho y no al bien del país que les estaba encomendado* 
Estos abusos eran causa de que los indígenas emigraran lí otras 
parles, ó se remontaran en las .selvas, aumentando el número de 
la población nómade, que, como hemos dicho, erraba por algunos 
puntos de acpiella provincia. Kl gobierno de la mctrúpoli dic- 
taba providencias para remediar el mal; pero desgraciadamente 
aquellas disposiciones escollaban en el ínteres de los que estaban 
llamados a ejecutarlas. 

El mismo procurador de Nicaragua se quejó -de la poca justicia 
que se observaba en la adjudicación de las encomiendas, y sobre 



(1) Ximenez, Hbr. 4. ^ cap. 66. Dice este antor qae en aqaellas rcpresíín- 
taciones tignraron el emperador Carlos V, Francisco I de Francia, los tre.«* 
reyes magos, los doce de la faraa y "ios dos de la vida airada," que eran dos 
pereonages muy gordos y flemáticos. Es extraño que el anecdotista Gago, 
que se. hallaba por entonces en el pais, pase en silencio aquellas fiestas. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 271 

esto reconvino el rey al presidente, diciéndole que no debian 
darse, como se hacia, á sus parientes, criados y allegados y á los 
de los oidores y fiscales. 

Siendo cada dia mas apremiantes las necesidades de la monar- 
([uia española, se arbitraban recursos para aumentar el ha- 
ber del tesoro real, y regularmente se hacian extensivos aque- 
llos arbitrios ú los dominios de Indias. Así fué que en el aiio 
1631 expidió Felipe lY una cédula previniendo el pago de una 
inedia annata sobre cualquier oficio ó cargo, merced ó aprovecha- 
miento (que no fuesen eclesiásticos) que concediese el monarca 
mismo, ó los consejos, vireyes, capitanes generales y otros mi- 
nistros. Consistía este nuevo impuesto en el pago de la mitad del 
sueldo de un año que correspondia á cada empleado; y debia sa- 
tisfacerse enterando la mitad al recibir el título, despacho ó pro- 
visión del empleo, y la otra mitad al transcurrir el año, dando 
fianzas del cumplimiento de este compromiso. Naturalmente las 
encomiendas de indios estaban incluidas en la disposición; regu- 
lándose el producto de un año y cobrándose sobre él la media 
annata en la forma establecida. Los títulos que expedía la autori- 
dad á los artesanos para que pudiesen ejercer sus oficios, estaban 
.-sujetos á aquel pago, como los de los abogados, escribanos y 
otros. 

Los misioneros dominicos habían continuado en su empeño de 
extender la conquista pacífica entre las tribus bárbaras situadas 
al norte de la provincia de Vera paz. Adelantando sus trabajos 
entre los indios del Manché, hablan logrado formar varios pue- 
blos y avisaron al alcalde mayor que podia tomar posesión de 
ellos en nombre del rey, como lo hizo en efecto aquel funciona- 
rio. Este hecho fué suficiente para ((ue se perdiese lo adelantado 
á costa de algunos años de trabajo. Alarmadas las tribus de los 
raopanes ó itzauos y temiendo que los dominicos llegasen á sus 
hierras, comenzaron á sembrar la desconfianza entre los indígenas 
^reducidos. Después pasaron á las amenazas, con lo que dispuso 
el presidente Acuña mandar á Don Martin Alfonso de la Tobilla, 
con unos veinte hombres, para que resguardarse las nuevas po- 
blaciones. Un número tan corto de soldados no podia imponer 
\d las numerosas tribus indígenas que hablan tomado una actitud 



272 IIISTOKIA 

hostil. Una noche, reuniéndose mas de mil, cayeron sobre las 
reduccionc?, mataron dos españoles de la escolta y apuradamen- 
te pudo escapar el capitán Tobilla con los demás y con los frai- 
les. Después repitieron el asalto y uniéadose los mismos reduci- 
dos ú los invasores, quemaron los pueblos y dejaron desiertas 
aq^iellas comarcas. (1) 

En el año 1633 expidió el rey una disposición que fué el últi- 
mo golpe al comercio directo que hacia el reino con Rspufia; tal 
íuc la supresión de la flotilla de Honduras; acordándose «jue las 
dos naves que la componian, se agregaran á la ilota de Nueva- 
E.'ípana; que las de particulares í|ue pudieran venir, lo hicieran 
directamente, sin inclinarse hacia Yucatán y que los fondos per- 
teneciente» al rey, que; se reunieran en las cajas de Guatemala, 
se despucharan por tierra á Veracruz. 

liOS comerciantes de Guatemala, al ver esta disposición, debie- 
ron calcular, como observa con razón (¡arcia IVlaez, que si la 
plata de S. M. no estaba segura en los puertos del reino ni en los 
buques, tampoco lo estarían las mercaderias de los particulares'; 
y tjue valia mas, para evitar riesgos, seguir el camino (|ue habian 
de llevar los fondos del rey. He ahí. pues, resuelto que el couíer- 
cio de las provincias centrales de este pobre reino tendría que 
hacerse por el largo camino de tierra que hay desde Guatema- 
la hasta Veracruz. 

En enero de 1634 terminó la presidencia del doctor Acuna, y 
vino ú subrogarlo Don Alvaro Quiñones y Osorio, que no era le- 
trado como su antecesor, pero sí el mas condecorado de los pre- 
sidentes que hasta entonces habia tenido el reino. (2) 

En el recibimiento de este presidente se hicieron exactamente 
las mismas fiestas que en el de su antecesor, acordando el ayun- 
tamiento un gasto de cuatro mil tostones. 



(1) Ximenez, Hist. de Chiap. y Guat. (M. S.) Segunda porte, lib. 4.° 
cap. 68. 

(2) Era caba,lIero de la orden de Santiaj^o, señor de la casa y villa de 
Lorenzana. valle de Arriaza {no Riaco. como dice Jaarros) y Colladella, gen- 
tíilhombre del rey é individuo del consejo de hacienda. 



DE LA AMERICA CENTRAL. . 2/3 

En un auto acordado de la real audiencia expedido pocos me- 
ses después de posesionado el presidente Osorio, se procurd po- 
ner remedio á un nuevo género de abuso de que eran víctimas 
los indios por parte de los encomenderos. Consistia este en la 
práctica' introducida y generalizada de suministrarles dinero 6 
mercaderias por cuenta de trabajo, y obligarlos a' servir indefi- 
nidamente para cubrir aquellos anticipos, o el valor de los artícu- 
los que se les suministraban. Venia á suceder así, que, so color 
de favorecerlos dándoles dinero 6 artefactos caros y que no nece- 
sitaban, los obligaban siempre á servir, pues cuando iban desqui- 
tando se renovaban los anticipos y continuaba la obligacion.de 
pagarlos. El auto acordado á que nos referimos, (19 de julio de 
1G34) prevenía que se pusiera término á aquel abuso. 

Hemos indicado ya la desconfianza 3^ ^1 recelo con que la au- 
toridad de la colonia veia los progresos que hacia la población 
negra y mezclada y dijimos algunas de las providencias dictadas 
para contrarrestar la influencia que iba adquiriendo aquel nuevo 
elemento en la sociedad. Repetíanse aquellas disposiciones de 
tiempo en tiempo, prohibiéndoles la portación de armas y 
el montar en bestias que no fuesen mulares. Bandos de buen 
gobierno publicados en Guatemala en junio y julio del mis- 
mo año, (1634), repetían aquellas prevenciones. Y sin embargó, 
por una inexplicable contradicción, se ponian las armas naciona- 
les en manos de aquellas personas, se les enseñaba á manejarlas 
y se les infundía cierto espíritu belicoso, haciéndolos militares. 

Hemos mencionado también las restricciones impuestas al co- 
mercio del pais que se hacia por el mar del norte, y ahora debe- 
mos decir que no dejaban de imponerse también al del Pacífico. 
Sucedni que habiendo limitado el gobierno de la metrópoli el 
tráfico entre el Perú y Nueva-España en los mismos términos en 
que lo habia sido el de este reino con el primero de los dos men- 
cionados, no se cumplía con la disposición de que no pasasen 
anualmente del uno al otro mas que dos navios, no con moneda ni 
con metales en pasta, sino con mercancías. Abusando del permiso 
como tenía que suceder en países donde el comercio andaba res- 
tringido, dieron en llevar mercaderías de la China, lo que pare- 
cid muy mal al gobierno y prohibió absolutamente todo tráfico 

HIPT. DE JjA v\.tC. 18 



274 HISTOUIA 

entre ambos reÍDOS. A Guatemala alcnnztS también aljruna juirte 
de aqnellas medidas proliibitivas. Los buqnes que regresaban 
al Perú y alumnos que eran despachados de cuando en cuando 
de una provincia del reino sí otra, con solo el |>erniiso de los oti- 
ciales reales de los puertos, fueron acusados de hacer ol comer- 
cio de artefactos de la China y obligados á no salir sino con li- 
cencia del gobierno, que debia solicitarse por escrito y pr<n'i<i ro- 
jistro de los corregidores respoctiv» 

Claro es que semejante disposiciiMí w-mu a ^ri ui:i\<'m-iiii:i. v» 
mejor dicho equivalía á nna ¡)rohibicion absoluta en aquellas pro- 
vincias, como la de Nicaragua, por ejemplo, donde por la distan- 
cia á la capital, era casi imposible que los mercaderes ocurrieran 
por el permiso del gobierno para despachar sus buqnes. Hubo, 
pues, de hacerse una excepción en favor de éstos, permili<^'ndn- 
les pudiesen continuar expidiendo sus efectos con solo la licen- 
cia de (os oficiales reales, 6 de sns tenientes, con tal de qoe no 
llevasen géneros de la China. Mediante esta disposición, pudo la 
provincia de Nicaragua mantener su comercio con Portobelo y 
Cartagena, li donde enviaba artículos de mantenimiento, trayen- 
do en retorno efectos de Castilla. O) 

Hemos visto que la población indígena disminuía en las jm'o- 
vincias de Honduras y Nicaragna, lo mismo que en Soconnzco, 
y ahora debemos decir que sucedía otro tanto en la de í^an Sal- 
vador. Atribuíase esto á las vejaciones que les hacian sufrir los 
españoles y aun los negros y mestizos que se avecindaban en sus 
pueblos, contra las reales prohibiciones. Porque es digno de no- 
tarse que la raza mezclada que se había interpuesto entre los 
españoles y los indígenas, era considerada inferior sí los primeros, 
pero superior á los segundos, que do antiguos señores del país, 
descendieron á ocupar el último puesto en la escala social. Los 
llamados ladinos, ya fuesen hijos de españólese indias, ya de ti' - 



(1) García Pelaez, hablando del comercio qae hacia por aqael tiempo 
Granada, dice, (Mem. Cap. 69) que "aqnella opulenta y marítima ciudad en- 
viaba innumerables fragatas a Portobelo." La expresión parece un poco hi- 
perbólica. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 275 

ixros é indias, se consideraban y eran reputados por de mejor 
clase que los indios puros, sino por la autoridad y por la legisla- 
ción, que tendían evidentemente á favorecer álos últimos, sí por la 
opinión pública, para quien el aborígena vino á ser algo como los 
f)arias de la India oriental, o como los ilotas en la Grecia an- 
tigua. 

En el año 1G35 el presidente Quiñones Osorio mando que los 
alcaldes mayores de la provincia de San Salvador echaran, den- 
tro de tercero dia, a los españoles, negros y meztizos que sé 
habían avecindado en muchos pueblos, con casas que compraban 
ó alquilaban. Agunos es})añoles que tenian' haciendas de añil en 
esa provincia, acostumbraban, concluida la temporada, ir á vivir 
<'n los pueblos de indios, con sus hijos y negros esclavos, "lo que 
ha sido y es, decia un auto acordado de la real audiencia, una 
de las causas mayores de la destruicion y asolamiento de los 
lugares de los indios." En consecuencia, se les previno saliesen 
inmediatamente de tales pueblos 3' no volviesen á ellos, aun cuan- 
do dijesen que era por muy poco tiempo, y que se avencindaran 
en las poblaciones de españoles. 

Compelidos á abandonar su residencia en aquellos lugares, se 
reunieron, por disposición del mismo presidente, unas cincuenta 
familias españolas délas que se dedicaban á la fabricación del añil 
en aquella comarca, y fundaron una nueva población, áque dieron 
el nombre de San Vicente de Lorenzana (1635). El rey, queriendo 
premiar aquel servicio, agracio al presidente Quiñones Osorio 
con el título de marques de Lorenzana. 

Y no solo á las vejaciones de los españoles atribula la autori- 
dad, por aquel tiempo, la mas o menos lenta disminución de la 
población indígena; sí que también á otras causas que á la verdad 
no parece debieran influir en ella, como se suponía. Atribuíase el 
mal al cacao y al vino del Perú. Un auto acordado de gobierno 
de o de setiembre de 1635 decia: '-que por cuanto S. M. tiene 
prohibido se tragine y traiga cacao del reino del Perú, por hár 
berse experimentado el daño que la bebida de dicho genero cau- 
saba á los indios naturales de estas provincias, por la mala cali- 
dad del cacao, que á consumido y acabado la mayor parte de Jos 
([ue hahia en la provincia de Niciragna y jurisdicción de la villa de 



276 HISTORIA 

Sonsonaie, ordenaba á los alcaldes mayores de las villa? del Rea- 
lejo y Sonsonate, impidiesen su introducción." 

Y ya pocos años antes habia prevenido la real audiencia, 
ti pedimento de su fiscal, que se quemara cierta cantidad de cacao 
del Perú traida por un negociante al puerto de Acnjutla. 

No creemos que el cacao de Guayaquil tuviese en aquel tiempo 
la propiedad nociva que le atribiiian a(|uellas disposiciones de la 
audiencia; y su completa inocuidad actual parece una prueba de 
que por entonces no dcbi(5 ser on veneno tan activo que acaba- 
ra con la mayor parte de los indígenas de una provincia. 

Que los cosecheros de cacao en Nicaragua y en los Izalcos 
fuesen perjudicados con la introducción del del Perú, era muy 
natural, y tal vez esa fué la causa verdadera de tales prohibicio- 
nes; pero que fuese aquella inocente bebida un elemento tan ac- 
tivo en la destrucción de los indígenas, he allí lo que no puede 
concederse. 

Del vino se decía también que ayudaba á acabar con los in- 
dios. El mismo auto acordado del cual dejamos transcrita una 
parte, so expresaba en estos términos: "se ha experimentado el 
mucho daño que la bebida de este género cau.sa ú. Iob indios na- 
turales de estás provincias, que á conmimido la innyor parte, y 
que les es á los dichos naturah'>* '1'' ^""f* fhnio y pcrjnir/o (jvp pI ir 
á los obrajes de hacer tinta añil 

Tenemos, pues, que el cacao del Perú habla acabado cdn la 
mayor parte de los indios de las provincias donde se consumia y 
que el vino de la misma procedencia habia hecho exactamente 
lo misino. Perece Mgico deducir que ambas causas reunidas no de- 
bieran haber dejado un solo indígena en aquellas localidades; 3^ sin 
embargo, tanto el cacao como el vino del Perú continuaron impor- 
tándose en Guatemala, ya de contrabando, ya permitido.^, sin que 
por eso se extinguiera la raza aborígena, ni experimentara mas 
detrimento que el que originaban cau.sas mas eficaces de destruc- 
ción que las que andaban buscando por aquoljf»^ ticiripos lo^; (pn; 
"ejercian la autoridad en el pais. 



CAPITULO XV. 



Nuevas providencias dictadas para evitar vejaciones á ios indios. — Disposicio- 
nes sobre vagos. — La armada de barlovento. — Contribuye Guatemala á sus 
gastos. — Creación de nuevos impuestos. — Continiia haciéndose el comercio 
por Veraciniz y por Nicaragua y Cartagena. -Propagación del ganado. — Po- 
blación y riqueza del pais. — El cacao. — Prohibición del de Guayaquil.— Los 
impuestos para la armada de barlovento. — Los fondos de comunidad de los 
pueblos de indígenas. —El presidente coarta la libertad de las elecciones 
municipales. —Restablécese el comercio con el Perú. — Establecimiento del 
papel sellado. — Administración de justicia. — Los trabajos de la elabora- 
ción del añil, causa de la disminución de los indios. — Otras causas que in- 
fluyeron en esto. — Nuevas invasiones de corsarios. — Asaltan el puerto de 
Goltb-dulce. — Socorro tardio que se dispone enviar. — El presidente inter- 
viene en las elecciones de alcaldes, coartando la libertad del ayuntamiento. — 
Cuestión entre el obispo y el cabildo eclesiástico. — Termina la presidencia 
del marques de Lorenzana. — Muerte desastrada de este funcionario. — Jui- 
cio de los escritores acerca de él. — Viene á hacerse cargo del gobierno el li- 
cenciado Diego de Avendaño. — Invaden los corsarios el puerto de Trujillo 
y destruyen la población. — Falsa alarma en Guatemala. — El nuevo presi- 
dente procura coartar la libertad del cabildo en punto á elecciones. — Otras 
divergencias entre el mismo funcionario y la corporación. — Falta de comer- 
cio con España. — Escasez de algunos artículos, uno de ellos el vino. — So- 
licita el cabildo se revoque la prohibición de que se importe el del Peni. — 
Punciones de duelo y de regocijo público. — Siguen los corsarios infestan- 
do las costas. — Se dispone la compra de algún armamento. — La defensa 
del pais abandonada á los particulares. 



(1636—1644.) 

Hemos mencionado anteriormente la práctica introducida en 
este reino, como en otros machos de las Indias, de que las auto- 



278 HISTORIA 

ridades diesen á los españoles repartimientos ó mandamientos de 
indígenas, asi para los trabajos del campo y délas minas, como pa- 
ra diferentes servicios domésticos. El rey dictaba de tiempo en 
tiempo disposiciones que o prohibian acuella practica, ó la regla- 
mentaban de manera que se evitaran las vejaciones que ú favor 
de ella se hacia sufrir ú los nativos. Desgraciadamente unas y 
otras providencias quedaban regularmente sin efecto, y continua- 
ba el sistema de repartimientos, sin mas ley que la voluntad de 
los alcaldes mayores y corregidores. Las mujeres uíismas estu- 
vieron sujetas á ellos, y en el año 1G3G fué necesario que ex- 
pidiera la audiencia un auto acordado de gobierno proliibiendo 
repartir las indias en calidad de molenderas de maiz, y [)revinien- 
do fuesen restituidas á sus casas las que 4>^tMv ;..<..„ «Miipltvidns en 
aquel servicio en las de los españoles. 

Continuaba también, á pesar de las prohiliicioncs de <|ue he- 
mos hecho mención en el capítulo anterior, el sistema de su- 
ministrar á los indios mercaderías á sabidos precios y hacer 
que las pagaran en trabajo. Dedúcese que sucedía asf del mismo 
auto acordado, en que se relaciona que los alcaldes mayores de la 
provincia de Suchitepequez, repartían autoritativamente entre los 
naturales, mercaderías que no necesitaban, adjudiciíndoselas ú pre- 
cios exorbitantes, que debían satisfacer en cacao, en la época de 
las cosechas. Y á pesar de lo terminante de las prohibiciones, el 
abaso continuo; siendo necesario que se repitieran posteriormen- 
te, como se \erá á medida que adelantemos en nuestra narración. 

Debemos hacer notar que el auto acordado de 12 de agosto de 
1G36, fué expedido en virtud de un memorial dirigido ala audien- 
cia por los indígenas de la provincia de Suchitepeíjuez, y que esta- 
ba firmado por Don Antonio Velazquez, indio principal. (1) 



íl) García Pelaez, Mem. cap. 37, al hacer mención de este hecho, obser- 
va que varios caciques y principales de los pueblos de indios hablan aprendi- 
do¡á escribir. Cita en apoyo de su aserto las tres relaciones históricaa que men- 
ciona Fuentes y un documento de posesión <ie dos caballerías de tierra adju- 
dicadas en 159.5 al común de Santa Catarina Pínula, en que aparece la firma 
del cacique Don Pedro Pérez de Espinal, despaes de la del oidor comisionado 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 279 

Couteoia también el mismo auto acordado ciertas preveDciones 
<-ou respecto á vagos y mal entretenidos, dirijidas especialmente 
contra la población de color; disponiéndose que se obligara á ta- 
les personas á ocuparse en algún oficio, ó en el cultivo de la 
tierra. 
H|. Empeñada la España por aquel tiempo en una guerra formida- 
^^ble con la Francia y con la Holanda, tuvo necesidad de redoblar 
la vijilancia sobre sus posesiones del nuevo mundo, expuestas á 
las asechanzas de sus enemigos. Dispuso situar una armada 
en el archipiélago de las Antillas, haciendo que las colonias que 
iban á ser directa ó indirectamente favorecidas, sufragaran los 
uastos de dicha escuadra. Hubo de tocar á Guatemala alguna 
parte en aquella erogación. En virtud de una real cédula dirigida 
al presidente y audiencia del reino, se estableció, en el año 1636, 
un derecho de exportación, á que se aló el nombre de bar- 
lovento, por estar su producto destinado á ayudar íí los gastos de 
la escuadra que debia operar por aquel rumbo. Consistía en cua- 
tro reales sobre cada cajón de tinta añil, dos sobre la carga de 
cacao, dos sobre la arroba de grana silvestre, un real por cada 
cuero de ganado vacuno, un real sobre la petaca de brea, sobre 
la de tabaco y sobre cada arroba de zarzaparrilla que se expor- 
taran de estas provincias. Esto, sin perjuicio de que el ayunta- 
miento de la ciudad continuara pagando los cuatro mil ducados 
anuales que se habia comprometido en 1629 á satisfacer duran- 
te quince años. 

Y todavía con la escuadra que estacionaba en las Antillas, no 
contaba el comercio del reino con la conveniente seguridad en 
el golfo de Honduras, y continuaba prefiriendo el largo rodeo 
hasta Teracruz, y también adoptaba frecuentemente la via de 
Nicaragua, por el lago de Granada y rio San Juan, para en- 
viar los efectos á Cartagena. Las provincias de Guatemala, Sau 
Salvador y Comayagua hacían el comercio por aquel punto, á pe- 



para la adjudicación. A su debido tiempo diremos lo que refiere el mismo 
Fuentes acerca de la extraordinaria habilidad caligráfica de un indio que vi- 
via en San Francisco Panajachel por los años 1696. 



280 HISTORIA 

sar de la enorme distancia que se necesitaba recorrer, y liasta 
los fondos del rey se despachaban alpunas veces por la misma 
rata. (1) 

Uno de los ramos de riqueza que habian progresado por aquel 
tiempo era el ganado. Habia estancias donde se criaba, en las 
inmediaciones de Guatemala, en el camino del (xolfo-dnlce y sobre 
todo hacia las costas del sur, donde estaban los principales cria- 
deros y agostíideros. Las habia también en las provincias de San 
Salvador, Comayagua y Nicaragua, de tal suerte que somataban 
las reses mas que por interés de la carne, que estaba sumamente 
barata, por el de los cueros, que se enviaban íÍ Rspana. donde se 
vendían con estimación. (2) 

La baratura de los artículos de general consumo debia ser cau- 
sa eficiente para el crecimiento de la p(3blac¡on. Sin embariro. nos 
parece muy poco probable (|ue la de la ciudad do (iuateniala 
hubiese aumentado en la proporción que se deduce de lo que 
dice á este respecto el autor á quien venimos citando. Supone 
que el vecindario constaba (entro los anos 1(>27 y 1(137) de 
unas cinco mil familias, sin contar doscientas de indígenas que 
habitaban en el barrio de Candelaria. Hemos visto que del em- 
padronamiento hecho en 1604 para el repartimiento de la alca- 
bala, no resultaron mas (lue 800 familias. /.Seria probable, pues, 
que en menos de treinta aiios hubiesen aumentado á í'iíií'n ?íiil'? 



(1) Cuenta Gage qae encontráoilo.se <'l en ííniníKli afio 1«;.T; entraron 
en un dia 300 malas procedentes de San Salva. l(jr y <lf; Comayagua, carga- 
das de añil, grana y caeros, y qne tres dias despno» llegaron otra» tr* s n-cna^) 
de Guatemala, una de las cuales llevaba dinero do las rentas del roy y laü otraH 
dos cargadas de aziicar y de afiil. 

(2) Refiere el mismo viajero citado últimamente que un solo dueño di; 
hacienda en la co.sta del snr tenia cuarenta mil cabezas de ganado, ademas 
de las roses cimarronas, que era preciso cazar, por temor de que se multipli- 
caran demasiado y dañaran al ganado man.sa. Añade que en una feria en la 
villa de Petapa vio comprar seis mil cabezas, á nn solo hacendado, y qne se 
las pagaron á diez y ocho reales. Dice también que habia gran abundancia de 
carnero en Mixco, Pinula, Amatitlan y otros lugares y que era imposible en-, 
contrar un pobre en el pais, porque con medio real tenia carne, pan de maíz. 
(tortillas) y cacao para una semana. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 281 

Por mas baja que supongamos la cifra del empadronamiento, no 
})udo serlo tanto, tampoco, como para que pudiéramos atribuir á 
esa circunstancia la diferencia que se observa entre ella j el cál- 
culo de Gage. A ser este exacto, pues, Guatemala debería tener, 
cuando él la visitd, unos 25,000 habitantes, lo que nos parece ab- 
surdo. Por la cifra del empadronamiento, eran únicamente 4.450. 
Y ya hemos hecho notar que en el año 1626 se advirti(5 una dismi- 
nución considerable en el número de encomenderos, mercaderes y 
tratantes, hacendados, artesanos y demás contribuyentes. ¿Como 
se explicarla, pues, un aumento, y aumento tan extraordinario co- 
mo el que seria preciso suponer, si admitiéramos que la ciudad 
tenia diez años después cinco mil familias? 

Dice el mismo viajero que la riqueza de la ciudad era grande; 
que en el tiempo en que estuvo él habia cinco comerciantes cada 
uno de los cuales tenia quinientos mil ducados de caudal, y mu- 
chos que tenían veinte, treinta, cincuenta y hasta cien mil duca- 
dos. (1) 

Aunque no tenemos noticia de lo que importaba en aquellos 
tiempos la producción de cada uno de los ramos que constituían 
la riqueza del pais, todo conduce á creer que era el cacao el mas 
valioso de los artículos de comercio con que contaba el reino. Por 
los años 1576, en que visitd el oidor García del Palacio Ja pro- 
vincia de los Izalcos, se cosechaban en solo cuatro lugares de 
ella, según testimonio de aquel funcionario, mas de cincuenta mil 
cargas de cacao, á las que supone un valor de quinientos mil pe- 
sos de oro de minas. (2) 

Posti^riormente y adelantado ya el siglo XVÍI, aunque debe 
haber disminuido la producción de aquel artículo, pues el ayun- 



(1) Tal vez haya también exageración en ese cálculo de Gaj^e. Aunque por 
aquel tiempo la riqueza estaba menos repartida que en la época presente- 
atendida la condición en que se hallaba el pais, nos parece dudoso que hubise 
en la ciudad 'os capitales que supone, y que no dejaban de ser considerables, 
pues se trata de ducados, que vahan once reales fuertes y un maravedí. 

(2) Informe al rey por el licenciado Diego García del Palacio, publicado 
por Mr. Squier, Nueva York, 18G0. Dice el oidor que él contó aquellos habi- 
tantes y les repartió el tributo. 



282 HIéTOKIA 

tamiciito de Guatemala estimaba en 30U,UU0 poi^os unidamente el 
valor del cacao que se cosechaba eu todo el reino, se ve que no 
carecía de importancia. El autor de las Memorias para la His- 
toria de Guatemala supone que por el ano 1G38 se cosechaban 
en el pais unas 25,000 cargas, ai las que da no ya el valor de 
diez pesos que les atribula el oidor Palacio sesenta anos atrás, 
sino el de treinta, término medio del que tuvo el fruto en diver- 
sos años por aquellos tiempos. Si habia disminuido, pues, consi- 
derablemente la producción en pocos aúos. en cambio habia tripli- 
cado el precio. A.sí es que el autor citado supone al artículo un 
valor de 750,000 pesos; por loque bien puede considerarse seria 
el principal de lo3 de exportación en aquella época. 

So insistía en que no se permitiese la entrada del de (inaya- 
quíl, alegando el daño que decían cansaba á los indios: pero el 
presidente Lorenzana no hubo, sin dada, de considerarlo así; y 
tomando en cuenta que la prohibición procedía nnícamonte de la 
audiencia y no de disposición del re}', resolvícj enviar jÍ España 
las diligencias instruidas sobre este asuoto. 

En el año 1039 dispuso el virey do Nueva-España, como ge- 
neral en tierra de la escuadra de barlovento, enviar un comisiona- 
do á Guatemala para (jue recaudara los impuestos destinados 
á ella. El cabildo recibió muy nml la dis[)08Íciou y la reclamo, 
así á la audiencia como al rey. Este reformo el acuerdo, previ- 
niendo al virey entrase en convenio, 6 como se decía euto'nce», 
en asiento con la ciudad, sobre lo del derecho de barlovento. El 
resultado fué que el ayuntamiento se comprometió ú pagar cua- 
tro mil pesos anuales durante quince años; pero á poco de cele- 
brado este contrato, llegc^ de España un individuo que habia com- 
prado el oñcio de recaudador del mismo derecho por tres mil pe- 
sos y pedia se le pusiese en posesión del cargo. Por mas justa que 
fuese la reclamación, el ayuntamiento se opuso á ella y ofreció re- 
sarcir al interesado los tres mil pesos en que habia comprado el ofi- 
cio. Insistió éste en sostener su derecho y alegaba que en el asien- 
to celebrado por la ciudad con el comisionado del virey, habia le- 
sión enorme, pues los impuestos debían producir una cantidad do- 
ble de la convenida. La audiencia no quiso resolver la cuestión, y 



DE LA AMERICA CENTRAL. 283 

habiéndola sometido al virey de México, éste sostuvo, natunil- 
inente, el convenio Lecho con su comisionado. 

El rey por su parte dispuso, en setiembre del mismo año, ven- 
der sesenta mil ducados de renta de juros sobre las cajas de Gua- 
temala, que eran los mismos que se habia obligado á enterar en 
<iuince años el ayuntamiento, con motivo del pedido del año 
1G29. Así se multiplicaban inconsideradamente las cargas sobre 
ol reino, harto agotado 3'a, negociándose los productos futuros, 
liara salir de los apuros del momento. 

Los fondos de comunidad de los pueblos de idígenas, que co- 
jno hemos dicho, eran ya cuantiosos, pasaron también á formar 
parte de la hacienda pública, pues se mandó en el mismo año 
{1G39) que los recaudaran y administraran los oficiales reales, 
dejando á los cabildos únicamente el derecho de petición, que 
bien se comprende no habia de ser muy eficaz. 

Se observaba al mismo tiempo tendencia por parte del presi- 
dente á coartar la libertad del sufragio en el iinico cuerpo elec- 
tivo que habia en esa época en la ciudad: el ayuntamiento. Has- 
ta entonces se habia limitado el representante de la autoridad 
real á presenciar las elecciones anuales de alcaldes y a confir- 
marlas, después de practicadas; pero en aquel año (1639,) el es- 
cribano de cabildo, después de recibir los votos, se acercó al pre- 
sidente y le dio cuenta en secreto de la elección, 5' no se anunció 
ésta, hasta que lo permitió el mismo presidente. Desde entonces 
quedó entablada aquella práctica, y si bien se interrumpió algu- 
nas veces, en virtud de reclamaciones del cabildo, volvió á ob- 
servarse en lo de adelante, sin objeción por })arte de aquel cuer- 
po. (1) 



(1) En un curioso libro manuscrito de 192 páginas en 4. ® , que lleva el 
título pedantesco de Norte Político para zondar con acierto los asentados // 
contingentes Biimbos, que ofrece en sus Instables ondas el tirmpo al Jiuxo de 
sus accidentes: Al curial esmero demarcados de el Capitán Don Francisco 
Antonio de Fuentes y Guzman, Rexidor perpetuo de esta M. N. y siempre 
Leal Ciudad de Guatemala, nuevamente transuntado en ella en el año de 
1730 por Don Pedro Ortiz de Lettona, Correo mayor y Rexidor de dicha ciu- 
'dad, se dice, hablando de las elecciones de alcaldes, que reco<?ida la votación, 



284 msTOiUA 

Para evitar el contrabando de mercaderias de la China y de 
Castilla que solía hacerse en los buques que regresaban al Perú, 
se impusieron, como dejamos dicho, ciertas restricciones y requi- 
sitos, y no bastando, lleg j á prohibirse el tráfico entre los doj* 
países. Así las cosas, vino provisto virey del Perú(lG39) el mar- 
ques de Mancera, (Toledo), hombre de ideas elevadas, i^ue al pa- 
sar por Panamá escribió al presidente Lorenzaua deplorando la 
incomunicación de aml)os reinos y excitándolo á restablecer el 
comercio bajo él pié en que estaba anteriormente. I^a idea fué 
bien acoj^ida, y desdo luego previno el presidente de Guatemala 
que en las licencias que se expidieran á los navios, íra<;atas y otras 
embarcaciones que se rejistrasea en los puertos del sur, no .so^ 
consignara ya la prohibición de ¡ral Perú. 

A par de aíjuella d¡si>osicion favorable al comercio del reino-, 
tomada autoritativamente por el respresen tanto de la autoridad 
real en el país, tenemos <\nc consignar un nuevo gravjímen esta- 
blecido en aquel mismo año y (|ue venia á pesar .sobre todas las 
clases de la sociedad. Nos referimos al uso del papel .sellado, 
prevenido generalmente para todos los dominios de Indias, por 
cddula de 28 de diciembre de 1638 (1) y «n píírticnl.ir para 
Guatemala en otra de IG de abril de 1639. 

Se establecían cuatro sellos con los números 1.® 2.^ 3. ® y 
4. ® , y en ellos debian extenderse, respectivamente y bajo pena 
de nulidad, multas y aun castigos corporales en caso de reinci- 
dencia, los contratos, instrumentos, autos, escrituras, ])rovisiones, 
y demás recaudos <|tio se hiciesen. El plicíro íMiitin di) <(']]<i 1. ^ 



"el Señor Presidente manda se le dé qaenta, lo qaal el Secretado hace en se- 
creto, y el Señor Presidente la manda pnblicar." Se ve, paefi, que hasta el año 
en que se copió el libro de Faentes, continuaba la práctica á que aludimos oa 
el texto. 

El Norte Político puede ser considerado como el libro de las ordenanzas y 
ceremonial del antiguo ayuntamiento y es un documento histórico muy inte- 
resante. El título que dejamos transcrito es una muestra del pésimo estilo- 
usado en Guatemala por aquellos tiempos, y corre parejas con ei de la Jtecfyr- 
dacion Üoiñda del mismo antor. 

(1) Vino á ser la ley 18 del título 23, liW. 7. - de la Recop. de Ind. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 285 

valia veinticuatro reales; el del 2, ^ seis; el medio pliego del 3. ^ 
un real y el del 4. ° un cuartillo. En papel de esta clase debían 
extenderse los documentos de los indios, de los pobres de solem- 
nidad y de los soldados en servicio activo. El papel sellado servia 
únicamente para un biennio, v no llegó á Guatemala hasta en 
1640. 

El ayuntamiento suplicó al rey la suspensión de aquella pro- 
videncia, en razón de la pobreza suma y miseria de la ciudad y 
las provincias; que con aquella nueva carga y después de tantas 
plagas como habian caído sobre ellas, acabarían de perderse y 
aniquilarse. La reclamación no fué atendida y el uso del papel 
>ellado quedó establecido desde entonces. 

Muy triste idea habremos de formar de la administración de 
la justicia en aquella época, sí debemos dar crédito al dicho del 
viajero ingles á quien hemos citado ya varias veces en los últi- 
mos capítulos. Dice que cuando él estuvo aquí hubo mas causas 
criminales que nunca, por muertes, robos y cohechos, y que no 
' 'bstante esto, ninguno de los reos fué ahorcado, desterrado, pre- 
-o 6 multado; pues cada uno salia del lance por medio de 
regalos. (1) 

La falta completa de una estadística de los tribunales no per- 
mite juzgar de la mayor ó menor exactitud de esa observación; 
pero sí se sabe que dos años después de haber salido del país el 
autor de ella, y gobernando el mismo presidente y la misma au- 
diencia, fué condenado un reo de homicidio á muerte de horca, 
llevándolo al patíbulo arrastrado por las calles y haciéndolo 
cuartos luego que lo ejecutaron. Un mes después de aquella eje- 
cución fué condenado á muerte un reo de hurto y falsedad y otro, 
por los mismos delitos, á 200 azotes, á que le quitaran los dientes 
y á diez aiíos de presidio. Por lo raénos no podrá decirse que 
hubiera poca severidad en las penas. 

Una de las causas que parecen haber influido en la disminu- 
ción de la población indígena en ciertos puntos de la provincia 



(1) Tomas Gage, Viajes. Tom. 2. ~ ('a^ 



28i) HISTORIA 

de Guatemala y en otros de la de San Salvador, fué el cií)j)lear- 
los en los trabajos de la elaboración del añil, á pesar de las dis- 
posiciones dictadas de tiempo en íiemj)o con el fin de que se les 
excusara de aquella ocupación. Hemos visto que en el año IGO-l 
habia en la capital 18 dueños de obrajes de añil, que tenían sus 
plantaciones en Guazacapan, en la costa de Escuintle, y en Jal|»a- 
tagua. Las habia también en número considerable en los distritos 
de San Mi;?uel. San Vicente y Sonsonate, de la provincia de 
San Salvador, y en todas aquellas haciendas se obligaba á los in^ 
diosií un trabajo excesivo, según se ve por autos acordados de la 
audiencia en que se relieren los abasos lí (loe se les ^'-ujetaba en 
aquellas plantaciones. Agregan que muchos pueblos ípicdaron ex- 
tinguidos, no conservándose de ellos sino los nombres, y que los 
propietarios de las haciendas inmediatas ocupaban las tierras 
como baMi-.K ^ím n)i'ilÍ!-!;>>4 ni i'iihir ••?) <'omp"<i<M<»i| í-Mti ol go- 
bierno. 

Pero no era solamente en los trabajos d<'l afíil tlon<U' se consu- 
mía la población indígena, ni era este un mal peculiar del reino 
de Guatemala. Se experimentaba como aquí en otros reinos de las 
Indias y se atribula al excesivo trabajo con (pie los cargaban 
en las diferentes labores del campo ,{ que los destinaban y en 
el rigor con que les exijian el servicio personal, á pesar de to- 
das las leyes reales y acuerdos de las audiencias (pie los f>ro- 
hibian. (1) 

Los corsarios y piratas no dejaban de molestar los puertos 
del norte del reino y las islas de la bahia de Honduras, á cuyos 
habitantes se acusaba de encubridores de los enemigos. Entabló- 
se una averiguación sobre aquellos hechos, y en (consecuencia de 
ella, se di-^^iKo iir, jO» ilí><nl'»';n- m 1m^ ]);|l>itíintí's <!'• 1m- i<l;i< v 



(1) Solórzano, Política Ind'uma lil>. U. - , cap. .">, atribuye Ift Jismioucion 
de los indios á los malos tratamientos y á Ihh largas ausencias que se les 
obligaba á hacer de sns familias, dejándoles apenas tiempo para vivir con sus 
mujeres. Ximenez, Hist. de Chiap. y Guat. lib. 4. ® , cap. 3. ® , da razón de 
muchos pueblos de indios que estaban muy disminuidos en los partidos de 
ChiquimulíV, Esqnipulas y Acasaguastlan. Habla de otros que habian desapa- 
recido por completo, ya por invasiones de enemigos, ya por erjfermedades. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 287 

trasladarlos á la tierra firme, resolacion funesta á aquellos infe- 
lices habitantes, que se ejecuto mas tarde, como diremos á su 
tiempo. 

Entre tanto, invadido en aquel mismo año el surgidero de Grol- 
fo-dulce por los piratas, el presidente Lorenzana salió con 400 
hombres y se detuvo quince dias en el pueblo de San Lucas. 
Después avanzó hasta Mixco, á seis leguas de la ciudad, y de 
¡illií dispuso regresar, calculando que cuando llegara al Golfo ya 
-cria tarde. 

Y lo habría sido efectivamente, pues los enemigos saquearon la 
jioblacion, llevándose todas las mercaderias que estaban allá, que 
eran muchas, y en seguida dieron muerte á tres españoles. (1) 

Continuaba la tendencia á coartar la libertad de las eleccio- 
nes que hacia el ayuntamiento. Para la del año 1641 present(5 
'•I presidente una lista de catorce individuos dentro de los cuales 
(lebian elegirse precisamente los dos alcaldes; advirtiendo, sí, que 
aquel hecho no quedarla como precedente para lo sucesivo. El 
alférez real protesto y apelo de la disposición del presidente; 
pero la audiencia declaró que solo el consejo de Indias podia re- 
vocarla. 

Se .suscito en el mismo año (1641) una grave cuestión eclesiás- 
tica. Recibid el cabildo testimonio de una cédula en que nombra- 
ba el rey obispo de la diócesis al doctor don Bartolomé Gon- 
zalos Soltero y mandaba trasladar á la de Arequipa al doctor 
don Agustín Ugarte y Saravia. Sin aguardar mas. el cabildo de- 
claró vacante la silla de Guatemala, cuya determinación fué de- 
clarada nula y de ningún valor por el obispo. Fundábase éste 
<>n que no habiendo recibido aun las bulas pontificias de su pro- 
moción á otra diócesis, no podia considerar disuelto el vínculo 
con su iglesia. Encaprichado el cabildo, entabló ante la audiencia 
el recurso de fuerza, y ésta, como era de esperarse, decidió con- 
tra la pretensión, y que el obispo no hacia fuerza. (2) 



(1) Ximeaez. Hist. de Chiap. y Guat. (M. S.) Part. '2. ~ cap 

(2) Juarros, Hist., trat. 3. ® , cap. 2. <=> 



288 HISTORIA 

Eq el año 16 i2 torminu la presidencia del marqués de Loren- 
zana, viniendo á subrogarlo el licenciado D. Diego de Avendafio, 
oidor de la chancilleria de Granada. Los antiguos cronistas elo- 
gian la inteligencia, don de gobierno y dedicación á los negocios 
de que dicen dio pruebas Loreuzana durante su administración; 
y en este ponto están de acuerdo los que muy frecuentemente an- 
dan discordes en lo demás. (1) 

Después de haber dado su residencia, que fue, según dice uno 
■de aquellos escritores, muy ruidosa, aunque no explica por qué, 
y que le tomo el obispo dé la diócesis, D. Bartolomé González 
Soltero, comisionado al efecto por el rey, se embarcó con su fa- 



(1) Alndiiti.... ,i i .,. h.vr. j. .. .\.wiunez. Esto i..wi...> -> < aIíliicIc hurtante 
liablando del preoidente Lorenzana. Doapnes de alabar sn gran capacidad, di- 
-ce qno era macha sn expedición y diligencia para el despacho de los negocios: 
que aun cuando estuviera ooniiendo, ó en la cama, firmaba los acuerdos y ofi- 
cios; quo cuando salia en coche llevaba recado de escribir y deNpuchaba al- 
gunos nsnntos; quo hacia mucho aprecio de las letras y de los quo ius profosu- 
bnn; que fué amigo de juntar dineros y qne reprendido frecuentemente por los 
predicadores, no se enojaba, diciendo qne en eso hacian su oficio. Agrega (pie 
sus despachos y cartas se guardaban cdn- grande estimación y como modelos 
de correspondencia oficial y quo escribió an discarso nmy erudito sobro la 
perdición do Kspafia. Dice también Ximenez que el presidente Loreuzana está 
retratado muy al vivo en un cuadro en la portería de Santo Domingo y en 
otro en la Merced. 

Fuentes elogia su talento y dedicación á los negocios públicos; pero agrega 
"qne siempre fué notado de capríchoao y de atender á las fisouomias para 
amar ó aborrecer." 

Gage lo llama D. Gonzalo de Paz de Lorenzana y habla de él en términos 
nada favornblea Dice que "entró cou tan grande avaricia en el destino, como 
nunca se babia visto otro. Prohibió el juego en las casas do los particulares, 
donde se juega mucho, no por I» aversión que tuviese al juego, sino porque 
tenia envidia á los que ganaban; dando cartas para jugar; porque en una sola 
noche hacia usar d lo menos veinticuatro juegos de cartas, y tenia un paje 
que cuidaba bien de hacer entrar eu una caja exactamente el importe de cada 
baraja, que no era menos de un escudo por cada una, y algunas veces suce- 
día el tener que dar dos, por respeto y consideración á su persona; de suerte 
qne por este medio ganaba el beneficio de los jugadores, y se disputaba mu- 
chas veces con los mas ricos habitantes de la ciudad, cuando no veuian á 
jugar. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 289 

iiiilia con dirección ú Panamá. En el golfo del Papagayo, á con- 
secuencia de un recio temporal, se abrió la fragata; pero pudo 
repararse algnn tanto y continuar la navegación. Estando ya 
como á cincuenta leguas de Panamá, creció el peligro, y el piloto 
del buque lo hizo presente al marques, ofreciéndole ponerlo en po- 
co tiempo y con toda seguridad en la isla de Coiba, cercana ya á 
la tierra firme. Dícese que el desdichado D. Alvaro se obstinó en 
no aceptar aquel medio de salvación, y que encerrándose en su 
cámara con su esposa é hijos, aguardó tranquilamente á que se 
consumara su ruina, como sucedió en efecto. La fragata se perdió 
y no escaparon del desastre mas que cuatro personas. (1) 

El licenciado Avendaño, sucesor del marques de Lorenzana, 
habia sido promovido á la presidencia y capitanía general de 
Guatemala, en premio de un servicio importante; tal fué el de 
haber abierto las bocas de las minas de azogue de Almadén, en 
España. (2) Permaneció algunos dias en la ciudad vieja, antes de 
tomar posesión de sus em.pleos, y allá se le hicieron las fiestas 
de toros, cañas, alcancías, volcan, comedias j otras con que lo 
ob.^equió el ayuntamiento, sin que dejaran de hacerse al mismo 
tiempo en la nueva ciudad demostraciones de atención al presi- 
dente Lorenzana. (3) Para sufi-agar los gastos de las fiestas en 
la recepción se acordaron cuatro mil tostones y se pidió el des- 



(1) IJn año antes el marques de Lorenzana Labia hecho construir en la 
cat^jdral de Guatemala un monumento sepulcral, con una estatua en que es- 
taba representado hincado de rodillas, y en el cual se leia la siguiente ins- 
cripción: 

"Aíüjrus, Marchio de Lorenzana, harum Goatemalentium Proviiitiaruin á 
pace el bello Eegüque Senatus Magistratus Supremus. Fielate et lieligione itw- 
tus hoc erexit ccenotaphlum; sarcophagum ignorat. MDCXLI. 

La suerte le tenia destinado, en las aguas del océano, un sepulcro mas vas- 
to que el estrecho monumento que se hizo erigir él mismo en la basílica gua- 
temalteca. 

(2) Ximeuez, Hist. de Chiap. y Guat. (M. S.) Part. 2. «» , cap. 81. Dice es- 
te autor que Avendaño tenia en su escudo de armas siete bocas de minas, eu 
memoria de aquel hecho. 

(3) Fuentes, Rec. flor. (M. S.) Part. 2. « lib. 1. ©, cap. 2. ^ . 
HIS-T. DE LA A. C. ^^ 



290 HISTORIA 

embargo de los fondas de propios, que esta))au consignados lí la: 
satisfacción de algunos compromisos. 

Pocos meses después de haberse posesionado do la presidenciír 
el licenciado Avendano, fué invadido el puerto de Trnjillo por 
una partida de corsarios cuyo jefe se dijo era un holandés. I^a 
población constaba por entonces de mas deciento cincuenta ve- 
cinos españoles (andaluces y vizcainos.) fuera de los indígenas y 
personas de color. Estaba fortificada con un reducto en <iue habia 
diez y siete cañones buenos y algunos pedreros y contaba con al- 
guna guarnición. El gobernador estaba ausente y no se toniarou 
sin duda medidas muy eticaces y acertadas para la defensa, pues 
los enemigos desembarcaron por un punto donde no los espera- 
ban. La resistencia fue insignificante, y la población (luedó eit 
breve talada y saíjueada, sin (|ue se repusiera en iimrlios unos di* 
aquel desastrt 

Alarmados los línimos de los lialíitanles de la ciufhul con la noticia 
del suceso de Trajillo, daban fácil asenso fí cualquier rumor (pie cor- 
riera sobre invasiones de enemigos extranjeros. Asi fué que en lof^ 
mismos dias inventaron unos malévolos que los corsarios holande- 
ses habian invadido el puerto de Iztapa y (pie se dirijian .sóbre- 
la ciudad. La noticia se esparcid nna noche, y la autoridad, con 
inconcebible ligereza, le á\ó crédito y mandó tocar sí rebato, sem- 
brando el terror y el espanto en la población. Alistáronse fuerzas 
y marcharon inmediatamente al encuentro del enemigo; mas ha- 
biendo llegado hasta el puerto mismo, nada encontraron, porque- 
nada habia. Kl cronista que refiere aquel epi.sodio lamenta (pie no 
haya podido aviriguarse el autor de la falsa noticia, para (jue 
se le hubiese impuesto el condigno castigo, \)ov el susto causad(^ 
al vecindario. (1) 

El presidente Avendano no dejd de mostrar la misma tenden- 
cia á invadir las facultades del ayuntamiento que habian mani- 
festado sus antecesores. En mayo de 1043. faltando uno de los 
alcaldes, se arrogó el derecho de llenar la vacante y notificó &l 



(1) Ximenez, Hist. de Chiap. j Gaat (M. S.) Part. 2. * , Cap. 7Pa 



DE LA AMERICA CENTRAL. 291 

cabildo el nombramiento del sujeto designado. Alego' la corpo^ 
ración que le tocaba elegir el sustituto del alcalde, y el presiden- 
te replicó que las elecciones anuales correspondían al ayunta- 
miento, y las otras á él como gobernador; conminando con mul- 
ta de doscientos pesos, si no se obedecia. En el curso del año fal- 
lecí alcalde segundo, y etónces permitió el presidente que eli- 
uiera el cabildo, pero por delegación suya. El alférez real recla- 
mó la vara, en virtud de tres cédulas anteriores; pero no se hizo 
caso de ellas, y ha^ta que se incorporaron en la Recopilación de 
Indias quedó establecido que el alférez debia desempeñar la al- 
caldía en caso de vacante. 

Y ya liabia ocurrido también en aquellos mismos dias otro con- 
flicto entre el presidente y el cabildo, con motivo de medidas au- 
toritarias de aquel funcionario en perjuicio de los derechos de la 
corporación. Se trataba de los gremios de artesanos, que debían 
regirse, según sus ordenanzas, con cierta independencia de la au- 
toridad civil, y mas bien como una rama de la municipal. Pero la 
tendencia de los presidentes á arrogarse facultades que pertenecían 
al cabildo venia, como queda dicho, mostrándose desde algún tiem- 
po. En marzo de 1643. visitando el alcalde con el fiel ejecutor y 
el veedor del gremio de los artesanos que labraban y vendían la 
cera, las tiendas de éstos, el presidente les mandó cesar la visita 
y llevarlos presos, nombrando un reveedor, con agravio de la 
corporación y del gremio. Reclamó el cabildo sus derechos y al fin 
vino á hacérsele justicia, reconociéndole la facultad de hacer exa- 
minar á los oficiales y raaestros*artesanos y de expedir títulos 
á los últimos. 

Dejamos dicho en otro capítulo que el cabildo tuvo la idea 
poco acertada de oponerse a la importación del vino del Perú; 
bajo pretexto de que era dañoso á los indios, y en realidad con 
la mira de que no se consumieran en el pais mas vinos que los 
de España. Vimos que el rey, accediendo lí la solicitud del ayun- 
tamiento, prohibió la introducción del vino del Perú, obligándo- 
se la Casa de la Contratación de Sevilla á que vendrían todos los 
años dos naves á los puertos de Honduras, con vinos y mercade- 
rías. Pero sucedió quo multiplicándose los corsarios en nuestras 
costas, df j iron de venir aquellas embarcaciones, y solo muy de 



292 HISTORIA 

tarde en tarde se animaba algún negociante particular ú hacer el 
viaje por su cuenta y riesgo. Esto produjo una grandísima esca- 
sez de ciertos artículos, uno de ellos el vino, lamen tiíndose en- 
tonces la inconsulta solicitud del cabildo para su i)rohib¡ciün. Y 
no porque hubiese dejado de venir por completo, pues siempre 
se recibia ocultamente, aunque en certa cantidad y que estaba 
muy distante de llenar la necesidad que se experimentaba. Con 
esto hubo de resolver el cabildo, en mayo de 1043, dar instruc- 
ciones á su procurador en la corte para que solicitara la revoca- 
toria de la prohibición, y lo único que logrea fué que sa petición 
quedara olvidada durante cuatro años y al cabo de ellos se le 
diera curso, comenzíindo á formarse expediente sobre la materia. 
Esto, cuando la falta del vino era tal, que dejaba de celebrarse la 
misa en los pueblos de indios, y se vendía á veinte pesos la boti- 
ja, que á principios del siglo no valia sino ))oco mas de la mitad. 

En medio de sus penurias y escaseces, el aynntamienlo, siem- 
pre Citen toso, aprovechaba cualquiera oportunidad para celebrar 
funciones, ya de duelo, ya de regocijo. En el ano 1043 hizo hon- 
ras solemnes con motivo de la muerte de la reina, csj)0sa de Fe- 
lipe IV, gastando en ellas mil pesos de sus exiguas rentas, y en 
seguida celebrd la entrada de la presidenta. Doña Ana de Ren- 
tería, con fuegos artificiale» y otros festejos. 

Entre tanto las costas estaban plagadas de corsarios, el comer- 
<j4o arruinado y el pais todo en la mas completa decadencia. El 
presidente había mandado entregar doce mosí|ueíeH al alcalde 
mayor de Santo Tomas, que no impidieron, por su|>ues(o, <jiie 
.aquel funcionario fuese tomado prisionero en la primera entrada 
que hizo el enemigo. 

Al fin en junta de hacienda de 22 de febrero de 1644 vieron las 
cosas con alguna mas seriedad y acordaron un gasto de quince 
mil pesos para comprar mil armas de fuego en Veracruz. Lasque 
obtuvieron fueron en mucho menor número que el proyectado, y 
tuvieron que pagarlas á veinticinco y á treinta y tres i)esos. Des- 
pués consiguieron ciento veintitrés mosíjuetes por 4136 ¡lesos, 
hicieron alistar algunos que estaban sin uso y se compraron 
1200 lanzas, chuzos y desjarretaderas. 

Los corsarios no se limitaban ya á buscar las mercaderías en 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 293 

las costas y á bordo de las embarcaciones, sino que también se in- 
ternaban en sa persecución. Esto hizo necesario que los convoyes 
de muías que conducían la carga de los buques de Santo Tomas 
hasta Golfo-dulce, para tomar el camino de (luatemala, fuesen es 
collados por soldados á quienes pagaba el comercio real y medio 
diario. Mas tarde, abandonado el transporte en acémilas, por lo 
desprovisto del camino, y conducidas las mercancías de Santo 
Tomas al Golfo en lanchas ó botes de poco calado, dieron tam- 
bién los corsarios en entrar á perseguirlas en la laguna, lo cual 
hizo necesaria la construcción de algunos reductos. Una nave ho- 
landesa quedó varada en la entrada del Golfo, y no pudiendo 
hacer uso de sus piezas, las ech(5 al agua, enterrándose de modo 
(jue nunca pudieron encontrarlas. 

Habian levantado en el golfo un fuertecito á que dieron el 
nombre de Bustamante; pero no tenia cañones, y los mosquetes 
no podían impedir el paso del enemigo en lanchas á cierta dis- 
tancia. Construyeron, pues, un reducto en frente, levantando 
trinchera y abriendo un foso de 170 pasos. Mando el presidente 
que se alistaran dos mil indios flecheros de Verapaz para ir á cu- 
brir aquel punto, y previno al alcalde mayor alistara toda la 
gente que pudiese y que marchara á la costa, á las ordenes del 
oidor Don Antonio de Lara Mogrovejo. Enviaron cien hombres 
á Santo Tomas, y á Trujillo seiscientos de San Salvador y San 
Miguel, reuniéndoseles otros ciento cincuenta de Tegucigalpa; al 
mando toda esa fuerza del gobernador de la provincia, Don Melchor 
Alonso Tamayo; pero este funcionario no quiso que pasaran de 
Comayagua. Los corsarios repitieron la invasión, que no debi(5 
haber sido muy formal, pues pudo hacerle frente el vecindario, 
rechazando á los enemigos, que dejaron en su fuga algunas ar- 
mas. (1) 

Ocupadas por aquel tiempo las pequeñas Antillas por naciones 
que tenían guerras frecuentes con p]spaña, y retiradas las dos 
naves armadas que traian mercaderias, quedaban los esta- 
blecimientos del litoral del golfo de Honduras mas expuestos 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 30 



294 HISTORIA 

que antes á las invasiones de los corsarios. Este reino carecía 
de un cuerpo de tropas regular y organizado, pues aunque se 
mencionan companias de intanteria en las fiestas reales v recibi- 
mientos de presidentes, debian estar compuestas de gente colec- 
ticia, tomada en la ocasión y que se volvia ú su casa concluido 
aquel servicio. Lo cierto es que en las invasiones de corsarios 
que ocurrían, se llamaba á los encomenderos y demás vecinos, 
obligando ii los acomodados á costear sus armas. En junio do 
1644 se dispaso pedir al vecindario un donativo para cubrir 
el gasto íjue iba á hacerse en armamento y soldados, sin perjui- 
cio de que repusiera el comercio la cantidad de 3350 pesos (jue 
se hablan tomado de la caja real para mantener cuarenta solda- 
dos que estuvieron en Trujillo, aguardando unos buques que de- 
bían venir de Rspaña con mercancías. En el mismo ano se dis- 
puso hacer al vecindario otro pedido de 1500 pesos para com- 
prar dos mil libras de pdlvora, y habiéndose enviado á Trujillo 
<Mncuenta arcabaces para la defensa del puerto, se previno al 
gobernador los entregara á personas que pudiesen pagarlos d cos- 
to y costos. Por último, considerando el presidente indispensable 
fortificar alguno de \oa puertos del norte, y habiendo escrito al 
rey sobre el particular, se le contest(5 previniéndole designara el 
que debiera elegirse, y que propusiera los fondos para su- 
fragar los costos de la fortificación, con la advertencia de que 
en ningún caso deberían salir de la hacienda real. (1) 

La defensa del país estaba, pues, entregada completamente al 
cuidado de los particulares. Sin soldados, sin armas, sin pertre- 
chos, sin jefes militares, lo extraño es que la España haya con- 
servado esta colonia, que tenia, á muy corta distancia de sus cos- 
tas del norte, enemigos audaces, ambiciosos, acostumbrados á la 
guerra y á ({uienes habria costado muy poco apoderarse de 
ella. (2) 



(1) Garcia Pelaez, Mem. cap. 58. 

(2) Diversos pasages de la obra de Gage no parecen tener otro objeto que 
■el de excitar á las naciones extrangeras á venir á apoderarse de este pais. Pon- 
dera las riquezas de los templos y de algunos particulares y pinta como la em- 
presa mas fácil el ocupar el reino, que dice (y era la verdad), estaba completa- 
mente indefenso. 



CAPITULO XYI. 



Expedición de Don Diego Ordoñez de Villaquirán en busca de los indios Cho- 
les.— No los encuentra y se da el título de adelantado de "el Próspero." — 
Excursión en las selvas de un oficial y dos soldados de Villaquirán. — Se 
uniforma el impuesto destinado para contribuir á los gastos de la armada 
de barlovento. — Reclama el cabildo se alivie á la ciudad de los gastos que 
ocasionaba la bula de la cruzada y de la erogación del papel sellado. — 
Rentas públicas. — Producto de la venta de los oficios de los ayuntamien- 
tos del reino. — Se repite la prohibición de que los españoles y ladinos vi- 
•Yan en los pueblos de los indios. — Antiguas ordenanzas relativas á la for- 
mación de nuevas poblaciones. — Retraso en la recaudación de la alcabala 
intei'ior. — Prisión de los alcaldes y regidores. — Manda ejecutar el presi- 
dente las disposiciones dictadas para hacer salir á los indios de las islas de 
Roatan y Utila. — Rivalidades entre españoles peninsulares y criollos. — Al- 
ternativa de alcaldes. — Discordias á que da lugar la elección del año 1647. 
— Reclama el ayuntamiento que no se concedan encomiendas de indios á 
personas residentes en España.— Continúan las dificultades para hacer el 
comercio por ambos mares. — Solicita el cabildo que vengan todos los años 
dos navios á recorrer los puertos del norte. — Continúan las discordias entre 
los vecinos principales.-- Se manda amparar al cabildo en la posesión del 
producto del impuesto sobre la carne y sobre el vino. — Producto del diez- 
mo en el año 1648. — Situación apurada del reino. —Remisión á España de 
productos de encomiendas. — Nuevos partidos en que se divide la población. 
— Muere el presidente Avendaño y recae el gobierno en la audiencia real, 
bajo la presidencia del oidor decano, Lara Mogrovejo.» — Solicita de nuevo 
el ayuntamiento que se restablezcan los jueces de milpas y que se derogue 
una disposición que mandaba enterar en las cajas reales el quinto del pro- 
ducto de encomiendas. — Se recobra la isla de Roatan, desalojándose de ella 
•á los ingleses. — Relación circunstanciada de la ca«Qpafia. 



(1644—1650.) 



296 HISTORIA 

Desde el año 1635 se había dado cuenta al rey de las tentati- 
vas hechas por los fr.iiles dominicos para reducir á los indios 
cholos cuando gobernaba el reino el presidente Criado de Casti- 
lla. Fué comisionado para dar esle informe un i>adre Mo- 
ran, que pas(j á Flspaña con el cariícter de procurador de la pro- 
vincia; y alia tuvo ocasión de habh\r del asunto con un sujeto 
llamado'Don Diego Ordonez de Villaquinín, caballero de la (5r- 
den de Calatrava. Debiji ser éste iino de los infinidos pretendien- 
tes que andaban en la corte procurando colocación, pues al oir 
lo de los Choles, discnrri(5 ofrecerse á hacer la reducción, gas- 
tando en la empresa hasta treinta mil pesos de su propio peculio. 
Claro es qne una proposición semejante no podia dejar de ser 
bien acogida. Aceptcfee, faó nombrado Villafiuiraín acalde mayor 
de Ciudad-real y se le ofrecieron grandes moiicdcs. con tal (|uo 
llevase á cabo lo de la reducción de los chol» 

Pero los anos pagaban y Villaquirán en lo (|uc menos pensaba 
era en poner por obra la prottietída coní|UÍsla. El padre aforan 
le reclama enérgicamente el cumplimiento de la promesa» y ha- 
biendo llevado el asunto hasta el con.sejo de India.s. se le exigi(> 
cumpliera lo ofrecido y se le embarg«>en garantía la renta de una 
encomienda de indios que tenía en el pueblo de Mita, en la pro 
vincia de Guatemala. Tuvo, pue.M, el alcalde mayor que esforzar- 
se para organizar la expedición, y en el ano 1014, snUó del i)ue- 
blo de Ocozíngocon alguna gente que pudo reunir, y se intern(> u- 
nas quince leguas en las selvas, sin encontrar el menor vestigio de 
población. Al parage donde llegd pu.so por nombre el "Próspero," 
y como el rey le había ofrecido el título de adelantado de las 
l'erras que descubriera y pueblos que pacificara, no tuvo reparo 
en hacerse llamar desde entonces "el adelantado del Próspero." 

Hizo salir alguna gente á explorar el país, y regresaron sin 
haber encontrado habitantes, pues para eso habría sido preciso 
que se internaran como sesenta leguas. Entonces determinó el 
adelantado volverse ó. Ciudad-real, y como la gente se manifes- 
tara disgustada de la resolución, echó bando en que prevenía 
que todos regresaran, bajo pena de la vida á los que rehusaran 
obedecer. Sabiendo que era muy capaz de ejecutar la amenaza, 
emprendieron la marcha, con excepción de un alférez, un sargen- 



DE LA AMERICA CENTRA!^ 29T 

to y un soldado, que burlando la vijilaneia del jefe, se procura- 
ron un poco de niaiz y pusieron por obra la atrevida resolución 
de internarse solos en aquellos bosques despoblados. Llevaban 
consigo un indio de Pochutla llamado Francisco Cortés, que era^ 
bastante prííotico en aquellos parajes; y tuvieron la curiosidad, 
muy rara en soldados de aquellos tiempos, de consignar sus ob- 
servaciones en un diario, que algunas personas vieron después. 

En él referian aquellos intrépidos españoles los trabajos que 
sufrieron durante un mes que anduvieron perdidos en los bos- 
ques, sustentándose con frutas silvestres y carne de monos, pues 
pronto se agotó el escaso bastimento que pudieron tomar al se- 
pararse de Villaquiráu. Cuidaron de consignar también los rios, 
esteros, lagos, riscos y montañas que iban encontrando, y decian 
que una tarde se vieron asaltados de tal multitud de murciélagos, 
que la espesa nube que formaban aquellos animales interceptaba 
la luz del sol. Contaban también haber encontrado en una cueva 
un enorme lagarto, hecho de barro y todavía fresco, lo que les 
causó tanto mayor asombro, cuanto que no habia de aquella clase 
de barro en las inmediaciones, ni criatura humana que pudiese 
haber ejecutado la obra. Por supuesto la credulidad de aquellos- 
buenos viageros no dejó de asignar una causa sobrenatural al 
incidente. 

Lo cierto h\é que cansados de su larga é inútil excursión, y 
temerosos de caer en manos del adelantado del Próspero, resol- 
vieron tomar hacia Tabasco, y después de caminar diez dias, die- 
ron con el pueblo de Tenozic, donde descansaron; pero teniendo- 
que salir en seguida, en busca de víveres, pues el lugar estaba 
desierto. 

Yillaquirán hizo una nueva entrada dos años después; pero- 
no con mejor éxito que la primera vez, aunque, según el cronis- 
ta á quien seguimos en esta narración, le sirvió para alegar mé- 
ritos y obtener favores de la corte. (1) 



(1) Ximenez, Hist. de Gaat. y Chiap. parte 2. '=* cap. 78. Refuta el cro- 
nista las relaciones de Cogolludo "Conquista de Yucatán," lib. 12, cap. 2. ° y 
siguientes v de Villagutierre, "Conquista del Ahitza," folios 105 y 166, que a- 



298 HISTORIA 

Los impuestos creados para que el ayuntamiento de Guatema- 
la ])udiera cumplir el compromiso de enterar cuatro mil pesos 
anuales para contribuir á los gastos de la armada de barlovento, 
no alcanzaron á suministrar la suma que se necesitaba. Knt^^nces 
se apelo al arbitrio de aumentarlos, uniformando aquella contri- 
bución, que vino a' ser de cuatro reales sobre todas las cargas, 
cajas, fardos, niar(|uetas y petacas que teniau antes uno y dos 
reales, agregando el achiote á los frutos que debian pagar aqnol 
derecho de exportación. 

Se dispuso ademas (|ue si aun con esc aumento no alcanzaba 
el producto de los impuestos á completar los cuatro mil pesos, 
se recargara la aleaba iuterior hasta llenar la cantidad. La idea 
•de que un impuesto de cuatro reales sobre cada bulto de los que 
se exportaran pudiera no llegar ú cuatro mil pesos, eaUi de- 
mostrando cuan miserable era por aquellos tiempos la agricultura 
del país. 

Por otra parte reclamaba el cabildo se alivíase lí las rentas 
de otras cargas que pesaban sobre ellas, como los gastos que exi- 
gia la bula de la cruzada, (¡ue hacia necesario mantener muchos 
empleados, y el papel sellado, queexijia un tesorero y veinte mi- 
nistros subalternos. Con respecto á la administración de la bula, 
proponía que se rematara en el mejor postor, como se hacia en 
México, y por lo que hace al papel sellado, instaba porque se 
suprimiera, y si esto no era posible, que corriera el ramo ú cargo 
de los oficiales reales. (1) 



segara están llenas de errores y fals6«la<1e«. A propósito de la conducta de Vi- 
llaquirán dice Ximeuez que lo de sa segunda expedición fué uiia(|uimera para 
cumplir cou S. ^L y conseguir otros gobiernos "que es lo común y lo que hacen 
todos, y aun muchas veces todo lo fingen, aunque ceda en descrédito de otros, 
como lo hizo Don Sebastian de Olivera en la Verapaz, con lo que consiguió 
la alcaldía mayor de Qaezaltenango, sobre que no merecía sino muy severo 
castigo, por lo mal que obró allí; y otro caballero q-^e hoy vive que habiendo 
obrado una maldad en la villa de Sonsonate, se le premió con la capitanía del 
Peten, y habiendo allí obrádolas peores, en deservicio de ambas Magestades, 
se le díó la alcaldía mayor de Verapaz, y habiéndolas obrado allí excecrables, 
que ni un luterano, hoy se halla premiado con la de San Antonio. Así parece 
que obraba este caballero (Villaquirán) &." 
(1) García Pelaez, Mem. cap. 32. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 299 

Ademas de las alcabalas, el estanco de naipes, el papel sella- 
do, las vacantes mayores y menores, las mesadas eclesiásticas, la 
tercera parte del producto de las encomiendas, las medias anna- 
tas, los novenos decimales (1) y otros ramos, contaba la real ha- 
cienda por aquel tiempo con otro ingreso de alguna considera- 
ción. Tal era el producto de la venta de oficios de los diez y seis 
cabildos de españoles que habia en el reino, que aunque variaba 
éegun los años, puede formarse alguna idea de él por lo que did 
en el decenio de 163G á 1645. He aquí cuales fueron esos pro- 
ductos, en aíjuel período, según un autor bien informado. (2) 

El cargo de alférez real de la ciudad de Guatemala se remat(5 
en 4,000 ducados (de 11 reales y un maravedí, que son $ 5514 

El de alguacil mayor 14000 

El de depositario general 14250 

12 regimientos, á razón de 2000 cada uno 24000 

El de provincial de la Hermandad 8000 

El de escribano de cabildo 11000 



$76764 



Tal fué el producto de la venta de los cargos municipales de 
■la ciudad de Guatemala por aquellos tiempos. Veamos ahora los 
de los otros cabildos del reino. 



(1) El producto del diezmo se dividía en cuatro partes: una de estas per- 
tenecía al obispo y otra á los prebendados que formaban el cabildo eclesiás- 
itico- Las otras dos partes restantes se subdividian en nueve porciones, de las 
•cuales dos pertenecían al rey, en reconocimiento del patronato, y se entera- 
ban en las cajas reales. 

Las vacantes mayores y menores de que aquí se liabla eran las de los be- 
neficios eclesiásticos, cuyas rentas ingresaban, en todo 6 en parte, en las cajas 
reales, cuando no estaban ocupados. 

Las mesadas se cobraban de todas las dignidades, canongías, raciones y 
medias raciones, oficios y beneficios eclesiásticos, curatos y doctrinas, al pro- 
veerse por el rey, ó por los vireyes y gobernadores. 8e calculaba la renta y 
emolumentos del beneficio en un mes, y su importe se enviaba á España, 
siendo de cargo del beneficiado los gastos de remisión. 

(2) Don Jaan Diez de La Calle, oficial 2. ® de la secretaria del consejo de 
Indias, Memorial publicado el año 1640. 



300 HISTORIA 

El cargo de alférez real de San Salvador $ 3 000 

Alguacil mayor . . 7000 

8 regimientos, á razón de $ 1260 . . 10000 

Depositario general 2^70 

Provincial He la Hermandad v o^fril>anode rahildo 2000 



$ 22875 



El cargo de alférez real de San Miguel ^ "»00 

Alguacil mayor i;578 

Depositario 700 

G regimientos, ú 476 cada uno.. . . 2800 

]*rovincial de la Hermandad 2r)00 

Alcaldes de ella y escribano de cabild i;{98 



$l2:nn 



La razón, en globo, de los demás ayuntamientos da el resulta- 
do siguiente: 

El de Sonsonatc $ 0:íOO 

El de la Ciudad-real de Ohiapas. 10014 

El de Coraayagua 5325 

EldcTrujillo 2035 

El de Gracias. . . 0050 

El de San Pedro Zula 105 

El de Xerez (sin ro</ímí<'nfns v psíTÍlianM 710 

El de Olancho. . 175 

El de León de Nicaragua '^825 

El de Segovia 3395 

El de Granada 16122 

El del Realejo 4350 

El de Cartago (Costa-Kica ) 2820 

$71186 

Recapitulando esas cifras, tenemos que diú en dio/ ailüSJ la ven- 
ta de oficios de los ayuntamientos: 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 301 

Guatemala $ 76764 

San Salvador 22875 

San Miguel 12376 

Los demás ayuntamientos 71186 



$183201 



Como puede advertirse, el ayuntamiento de Guatemalala pro- 
ducia mas que trece de los de las provincias, lo que da idea de 
la importancia que tenia ya la capital con respecto á las otras 
poblaciones. Pueden también servir esas cifras como indicacio- 
nes del rango que ocupaban aquellas. Después de Guatemala 
venian San Salvador, Granada, San Miguel, Ciudad-real, León, 
Soníonate, el'. 

Eq el año 1646 expidió el rey otra cédula en que repetía la 
prohibición de que se avecindaran españoles y Jadióos en los 
pueblos de indígenas. Para que aquella medida fuese eficaz, ha- 
bría sido preciso que la autoridad á quien se encomendaba su 
ejecución, hubiese puesto algún empeño en que se formaran nue- 
vas poblaciones con los habitantes a quienes se mandaba expul- 
sar de las de los indios. Pero no era así, í)ues no se hace men- 
ción sino de la fundación de un pueblo de negros en la costa del 
sur por el presidente Peraza y de otro de españoles en la provin- 
cia de San Salvador por Osorio; hechos que se consideraron tan 
importantes, que fueron premiados con la concesión de títulos de 
■Castilla, honor que no se habia otorgado a los conquistadores del 
pais. 

Y no podia atribuirse aquella omisión á la falta de reales 
disposiciones que estimularan y facilitaran la formación de po- 
blaciones nuevas. Pastaban vigentes unas ordenanzas expedidas 
por Felipe II, en que reglamentaba la manera en que debería 
procederse en el particular, previniendo que como hubiese trein- 
ta personas que estuviesen dispuestas S reunirse para poblar en 
un sitio sano, se les permitiese, fijándoseles un término prudente 
-dentro del cual deberla tener cada vecino diez vacas, cuatro 
^bueyes, dos novillos, una yegua, una puerca, veinte ovejas, seis 
gallinas y un gallo, con lo cual se les señalarla un ejido de cuatro 



302 HISTORIA 

leguas en cuadro. Todavía, si no se reunían los treinta vecinos, 
pero sí un número que no bajara de diez, cumpliendo las demás 
condiciones, se formaria la población, dándole el terreno (jue le- 
correspondiera proporcionalmente. Por último, aun en caso de 
que no hubiera quienes se obligaran á llenar los requisitos, con 
solo que se reunieran diez hombres casados, se les darían tierras 
y permiso para elejir alcaldes y ministriles de justicia. 

A pesar de todas esas racilidadevS, lo que se observaba era (jue 
desaparecían muchos pueblos de indígenas y no se tbrniabau po- 
blaciones nuevas. 

Habiendo terminado en 1G47 los qaioce años durante los cua- 
les debía pagarse doble la alcabala ÍDterior, al arrendarse eu 
aquel año hubo de hacerse por ocho mil tostones únicamente. 
Pero sucedía que los pagos de esta contribución andaban muy 
retrasados, á causa de la pobreza del vecindario, ascendiendo 
la deuda ú 38.050 tostones. Esto dio lugar lí que se autorizara 
Á los oficiales reales i reducir ú prisión tí los alcaldes y ú los re- 
gidores, por no haber hecho efectiva la exacción. 

Por aquel tiempo dispuso el presidente Avendafio poner en 
ejecución las dis|)Osiciones dictadas cuatro años antes para tras- 
ladar los habitantes de las islas de la bahía de Honduras u la 
tierra firme, ú fin de (|ue los corsarios y piratas que infestaV)an 
aquellas costas, no encontrasen el abrigo y recursos que de gra- 
do 6 por fuerza les proporcionaban los isleños. Fnc nombrado 
para ejecutar a(|uella deportación, un D. Juan Ordofiez de Ko- 
luaua, que debia llevar sesenta hombres de la ciudad y veinte 
que irían dePuerto-caballo.^^.Ya en una entrada anterior se habían 
hecho salir como setecientos habitantes, talando las sementeras 
que tenían y destruyéndoles las casas. En esta segunda entrada 
se hizo salir á los que quedaban en Roatan y T'tila. despoblando 
las islas y sujetando ú sus inoraderos á. grandes privaciones. (1) 

Marcándose cada vez mas la rivalidad entre los españoles 



( 1 ) García Pelaez, Mem. cap. .37, acuerdos de la junta de hacienda de 22 
de febrero de 1644, 11 de abril de 1647 y auto de nombramiento de Romana 
de 10 de marzo del mismo ai o. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 303 

peninsulares y los nacidos en el país, que llamaban criollos, y 
reclamando ya estos sus derechos con cierta energía, había sido 
})reciso hacer algún caso de sus pretensiones. Con el fin de satis- 
facerlas en alguna manera, se había establecido por costumbre, y 
no por ley, la alternativa entre peninsulares y criollos en las 
elecciones de alcaldes ordinarios. Era esto, sin embargo, origen 
de intrigas y cuestiones y áió lugar al fin á que se formaran dos 
bandos opuestos, que se mostraban intransigentes en sus preten- 
siones. En las elecciones de alcaldes para el año 1647 se decla- 
ró la rivalidad, encabezando el partido de los criollos Don Diego 
de Padilla, caballero rico, y perteneciente a una de las familias 
principales; y según se decía, de carácter terco, violento y dís- 
colo. Había sido alcalde en 1643, y se le atribuyeron ciertas in- 
quietudes que por entunces se experimentaron. Con noticia de 
que pretendía ser electo en 1647, la audiencia expidid un 
acuerdo en que recordaba aquellas desazones, acusaba á Padilla 
de querer introducir diferencias entre los españoles nacidos en 
Europa y los criollos; agregaba que pretendía de nuevo la elec- 
ción por medios públicos y secretos, con el fin, sin duda, de se- 
guir fomentando aquellas discordias y concluía suplicando al pre- 
sidente procurara que la elección se hiciera con toda libertad, no 
permitiendo fuese electo Don Diego de Padilla. 

Parece algo extraño se recomendara la libertad del sufragio y 
que al mismo tiempo se pretendiera que el presidente no permi- 
tiera la elección de determinada persona. Padilla no fué electo; 
y como veremos después, su nombre volvió á aparecer mezclado 
en las revueltas que tuvieron lugar mas tarde. 

Otro asunto que ocupaba por aquel tiempo la atención de las 
autoridades del reino, era la provisión de las encomiendas. Que- 
da dicho en otro capítulo de este tomo que el ayuntamiento se 
había quejado al rey de que se concedieran íÍ personas que las so- 
licitaban en la corte y venían á aguardar que vacaran para ocu- 
parlas. Pero ya no era esto solo; sino que se daban lí muchos que 
jamas habían venido ni vendrían á estos reinos. El cabildo ins- 
truyo á su procurador para que reclamara contra aquel procedi- 
miento, que consideraba injusto y perjudicial ;í los descendientes 
de conquistadores y antiguos pobladores; y si bien acojió el rey 



304 HISTORIA 

favorablemente la solicitud y expidid nueva cédula repitiendo 
¡las disposiciones anteriores para que tales sugetos fuesen preteri- 
dos en la provisión de encoiuiendas, como también en la de cor- 
regimientos y otras gracias, el mal continuo, como veremos des- 
pués. 

El comercio seguía haciéndose con gran dificultad [>or \ rra- 
•crnz y por ]\inamá. Kii junta de hacienda celebrada el 1) de le- 
brero de 1G47 se dijo que el añil se conducía á a<|ael puerto en 
molas, con un flete de treinta y tres y treiuta y cuatro pesos. Eu 
otra junta de 15 de mayo del mismo afio, dio cuenta el presiden- 
te de haber recibido comunicación del virey de Nueva-Kspaña, 
eu que le manifestaba que do habiendo llegado aquél aúo la.s 
naves de Filipinas, 1« recomendaba comprara |)or cnenlu del rey 
dos de 250 toneladas arriba y que las enviara á Acapuico, para 
mandarlas á aquellas islas. Que 8i oo podian conseguirse sn\uiy 
pasara el encargo al virey del Perú. Kn el acto se despachó cor- 
i-eo á Acajutla, previniendo se embargara cuah|uier fragata (juo 
hubiera y ()ue en seguida fuera al Uealejo, donde se sabia estaba 
un navio prepariíndose para regresar al Perú, y que lo despacha- 
ran pronto al Callao con la comunicación al virey. Xo se dice cual 
baya sido el resultailo de aquellas disposicioues. (1) 

El comercio por el norte cootínuabu cortado, á causa de las 
incursiones de los corónos. El cabildo instruyó ú su procura- 
dor eu la corte (mayo de 1047) para que solicitara viniesen to- 
dos los anos u recorrer las costas y puertos de Honduras, dos 
galeones de la armada de barlovento, los cuales recibirían en Tru- 
jillo ó en Santo Tomas los dineros con (pie contribnia (íuutemala 
al sostenimiento de aquella e.scuadra. Pedia tun)l)ien que en cuso 
de que no vinieran los dos galeones, se autorizara al presidente 
para emplear aquellos fond«)S en ¡a defensa de los puertos. 

El comercio de Guatemala se quejaba de las pérdidas (^ue le 
hacian snlrir los corsarios y aseguraba que habían ascendido en 
'dos años ú cuatro millones. (2) 

(1) Garcia Pelaez, Mem. cap. 53. 

(•2) No erpresi de <{ue. dice Garcia Pelaez. Debian ser de pesos ó de daca- 
4ost pues es bieu sabido que a«nii no se contaba por reales. 



DE LA AMERICA CENTRAL 305 

Podemos inferir la poca arraonia que reinaba por entonces 
entre los vecinos principales de la ciudad, del hecho de ha- 
ber sido llamados varios do ellos al acuerdo, el dia 8 de octu- 
bre de 1G48, i)ara amonestarlos sobre la necesidad "de que con- 
servaran la paz 3' la buena amistad. Uno de los llamados, un 
Don Juan de Sarmiento, se hizo esperar demasiado y fué recon- 
venido con aspereza por el presidente. "Esta audiencia y real 
acuerdo, le dijo, está representando á S. M. inmediatamente; y 
pudiérades haber obedecido luego el llamamiento, como persona 
de tantas obligaciones; y la grosería de haber hecho aguardar 
tanto tiempo á estos señores, se os hubiera castigado sacándoos 
quinientos pesos, si no estuviérades alcanzado." (1) 

Queda dicho que los impuestos establecidos sobre el vino y 
sobre la carne se destinaban desde luego á la mejora de los ca- 
minos, construcción de puentes y otras obras púb'icas de esta 
naturaleza. Y todavía en el año 1608, trata'ndose de abrir ca- 
mino del puerto de Santo Tomas á la capital, mandd la audien- 
cia aplicar á aquel objeto el producto de la sisa del vino y de 
la carne. Pero corriendo el tiempo, vino á ser este uno de los 
ramos de propios del ayuntamiento; y aunque el presidente 
Avendaño quiso disputárselo al cabildo, fué amparado en la po- 
sesión por reales cédulas de 20 de octubre y 6 de noviembre 
de 1648. Debia aplicarse á las necesidades comunes de la ciudad 
y á los gastos inexcusables de fiestas, obras públicas y otros. 

Por entdnces se remataba el abasto de carnes de la ciudad y 
pueblos del valle en almoneda pública, adjudicándose al que 
ofrecía darla mas barata y se comprometía á pagar mayor can- 
tidad al ayuntamiento. 

El producto del diezmo fué en aquel mismo año (1648) algo 
mayor que lo había sido en todos los anteriores, pues se rema- 
tó en 28,500 pesos. Sin embargo, no revela este dato un desar- 
rollo satisfactorio de la producción agrícola del pais, ya que 
apenas excede del producto del propio ramo cuarenta y cuatro 
años atrás, que habla sido de 22,500 pesos. 



(l) García Pelaez, Mem. cap. 33. 

HIST. DE LA A. C. 20 



306 HISTORIA • 

La situación del reino se hacia mas y mas apurada cada dia, 
agreg{índose ií las causas generales de penuria que dejamos apun- 
tadas, la circunstancia de que hasta las encomiendas mas j)roduc- 
tivas se escapaban de las manos de los hijos del pais y de los pe-*» 
ninsulares residentes en ól y pasaban á las de personas que vivian 
en España y que jamas habían venido ú América. ;,Qué mas? Iíastl^ 
los funcionarios mas elevados de la monan|UÍa tenian rentas de 
encomiendas de indios en Guatemala, o cédulas para cpie se Íes- 
dieran en cuanto vacaran. Teniíínlas casi todos los individuos 
del consejo de Indias y algunos del de Castilla. Habla una en- 
comienda que rentaba diez mil ducados anuales, concedida á 
persona que vivía en Kspaña. Ello es quo según decia el ayunta- 
miento á su procurador en la corte, en carta de 3 de mayo de- 
1640, de algún tiempo ú aquella fecha habian ido de Guatema- 
la á España roas de cuarenta mil pesos de rentas do encomien- 
das. ^ 

Semejante estado de cosas fud exasperando cada dia mas á los 
criollos, que veían disminuir la consideración (pie se tenia al 
principio lí los descendientes de conquistadores y primeros po- 
bladores, y hacer muy poco caso en la corte de derechos ((ue 
ellos estimaban indi.scutibles y que el gobierno de la metro' poli 
consideraba ca.'-í extinguidos con el transcurso del tiempo. 

Había traído este ademas, poco á poco, la formación de un 
nuevo elemento social, la clase criolla que no podía alegar des- 
cendencia de ronquisíadores y pobladores antiguos; pero (pie no 
careciendo de ím|K)rtancia por su fortuna y posición, pretendía 
abiertamente los cargos y honores que habian sido hasta enton- 
ces privilegio exclusivo de la otra clase. 

De esto dimand el (}ue se formaran entre los mismos criollo.c» 
partidos que vinieron a hacerse vehementes en sus odios y que 
estuvieron á [uinto, en época cercana, de recurrir á la fuerza pa- 
ra sostener sus pretensiones. 

El 2 de agosto de 1640 muriú el presidente Avendafio, que 
Labia gobernado con mucha rectitud, prudencia é integridad, 
punto este último sobre el cual insi.^ten particularmente los cro- 
nistas, alabando su delicadeza y su desinterés. Llevaba estas 
cualidades al extremo de rehusar los ob.sequios mas iosignifican- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 307 

tes y sencillos: ofreciendo esta conducta un contraste notable con 
la de algunos de sus antecesores. 

Tomó el mando el oidor mas antiguo, Don Antonio de Lara 
Mogrovejo, fundándose en una cédula expedida el año 1640 pa- 
ra Panamá, y coraenzú á hacer nombramientos militares. Pero la 
audiencia le hizo observar que aquella disposición no era aplica- 
ble á Guatemala, y convencido de la justicia de la observación, 
hubo de limitarse á presidir la audiencia, que torad el gobierno. 

El ayuntamiento instaba de tiempo en tiempo porque se res- 
tablecieran los jueces de milpas, á fin de que se obligara á los in- 
dios á dedicarse al trabajo, para lo cual se mostraban muy remi- 
sos. Decia la corporación que estaban habituados á sustentarse 
mu}' escasamente, haciéndolo por lo regular con raices; y en esto 
parece que había exajeracion, pues se tienen datos de que el consu- 
mo de la carne, tanto de res como de carnero, era considerable 
en los pueblos de indígenas por aquel tiempo. 

Tampoco perdia de vista los intereses de los encomenderos, 
l)id¡eudo al rey cuanto podia mejorar su condición. Se habia de- 
rogado la disposición en virtud de la cual se aplicaba á la real 
caja la tercera parte de los productos de las encomiendas, y eu 
sustitución de este gravamen, se mandó que se pagara únicamen- 
te el quinto. En memorial de 27 de mayo de 1650 suplicó el ca- 
^bildo la abolición de este gravamen. (1) 

I Gobernando el reino la audiencia, por muerte del presidente 
Avendaño, tuvo lugar (año 1650) un suceso importante, de que 
da noticia circunstanciada el cronista Fuentes y que repite J nar- 
ros. Aludimos al recobro de Koatan, de que se hablan apoderado 
los ingleses. (2) 



^ 



(1) Documentos del antiguo archivo de Guat., N. ® 48. 

(2) Fuentes dice que esta ocupación fué en el año 1642 y que continua- 
ron eu ella hasta el de 1G50; pero esto no se aviene bien con la constancia 
que hay, por documentos oficiales, de que en 1647 se hizo una expedición a 
Roatan y se sacó de allí á los pocos indios que quedaban. Es verdad que los 
mismos documentos dicen que se trataba de desalojar al enemigo de las islas 
de Roatan y Utila. Es pues probable que desalojados (n 1647, volvieron los 
ingleses á apoderarse do Roatan; y en efecto consta que desde 1640 los corsa- 
rios entraban en las islas de la bahia de Honduras y salían de ellas cuando 
querían. 



308 HISTORIA 

Aquella isla es la mas importante de las del archipic'lago de 
Honduras; tiene de 45 d 50 millas de largo y de O lí 10 do an- 
cho y está lí diez y ocho leguas al nordeste del puerto de Tru- 
jillo. (1) El peligro, pues, de que un punto tan cercano á la eos-* 
ta estuviese ocupado por el enemigo, era grande, y al fin hubo 
de llamar seriamente la utcncion de las autoridades. Pusiéronse 
de acuerdo los presidentes de Guatemala, de la Habana y do 
Santo Domingo, y el segundo envió cuatro navios de guerra, bien 
armado^ y pertrechados, al mando del general Don Francisco do 
Yillalba y Toledo. 

Los ingleses hablan levantado una larga trinchera, con su cor- 
respondiente foso, para la defensa del desembarcadero; y auníjue 
Villalba intent(5 sorprenderlos, saltando en tierra una hora líntes 
del toqne de diana, no pudo tomarlos desprevenidos, por la im- 
prudencia de 8U gente, que no guardo silencio. Dada la alar- 
ma, se cubrió la trinchera de soldados, que al acercarse los 
españoles, dispararon sus armas, aunque sin causarles mucho 
daño, probablemente porque la falta de luz impidió á los ingleses 
dirigir sus tiros con acierto. Continuó el combate, y al aclarar, 
advirtió el general español que un lado de la trinchera no es- 
taba cubierto y mandó un oficial con treinta soldados lí que pro- 
curara cortar al enemigo por aquel punto. Pero esta operación 
no tuvo mejor resultado que la proyectada sorpresa; pues el 
piquete se encontró con un pantano que hacia imposible el acce- 
so por aquella parte. Siguió el ataque durante todo el dia, sin^ 
que los españoles obtuviesen ventaja importante; por lo cual al 
entrar la noche, encontriíndose ya sin pólvora, determinó Villal- 
ba reembarcarse, como lo^ hizo, dirigiéndose con .^us navios ai 
puerto de Santo Tomas. 

Mandó inmediatamente al capitán Don Elias Bulasia con des- 
pachos en que referia al presidente lo sucedido en Roatan y pe- 
dia le enviara las municiones de que pudiera disponer, lo que .'•e 
hizo efectivamente, remitiéndole quince botijas de pólvora y seis 



(1) Juarros, Hist. de Guat. T.-at. 1. ^ cap. 3. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 309 

quintales de balas. Se alistaron y salieron de la ciudad cincuenta 
soldados, al mando del capitán Don Martin de Alvarado y Guz- 
man, á los que se agregaron en el camino otros cincuenta de 
Chiquimula, á las ordenes del capitán Don Juan Bautista Cha- 
varria, y siguieron á Santo Tomas, donde se incorporaron á las 
fuerzas de Yillalba, que ascendían ya á cuatrocientos cincuenta 
hombres. 

Saliú la escuadrilla sin pérdida de tiempo con direccion'á 
Roatan, y no queriendo el jefe expedicionario intentar un nuevo 
desembarco por el punto elegido la primera vez, se decidid 
á penetrar por otro desembarcadero, que juzgó estarla menos 
defendido. Pero su cálculo resultó completamente equivocado, 
pues los ingleses, mas prácticos que los españoles, sospecharon 
la resolución de Yillalba y tenian el puerto perfectamente res- 
guardado. El combate fué en(?arnizado, haciendo el enemigo una 
obstinada resistencia, hasta que abriendo brecha en la trinchera 
con cuatro piezas de artillería que llevaban los españoles, pudie- 
ron penetrar en el campamento del enemigo. Continuó allí la lu- 
cha, hasta quedar hecha pedazos la fuerza de los ingleses; pero 
los que salvaron en el combate y la población que no habla to- 
mado parte en la pelea, tuvieron tiempo para trasladar al otro 
puerto cuanto poseían, hasta los muebles de las casas y lo que 
tenian dispuesto para comer aquel dia, y se embarcaron. 

Entre tanto los españoles emprendieron la marcha á la pobla- 
ción, sin un guia y en una comarca que les era enteramente des- 
conocida. No tardaron en perderse, teniendo que caminar nue- 
ve dias, á la ventura, bajo un sol abrasador, molestados por una 
inagotable plaga de bichos y desgarrándoles los pies y las pier- 
nas multitud de espinas de coyol que abundaban en la isla. 

Llegaron al fin de tan penosa marcha á la población, que arra- 
saron é incendiaron y llevándose á los indios, regresaron á San- 
to Tomas en fines de agosto de aquel año (1650.) 

Así terminó aquella campaña que si bien acredita el celo de 
las autoridades que la ordenaron y el valor y sufrimientos de los 
soldados que la llevaron á cabo, no da una idea ventajosa de los 
talentos militares del jefe que la mandó. Poco mas de un siglo 



310 HISTORIA 

liabia bastado para que se advirtiera la falta de capitanes como 
los Alvarados, Cristóbal de Oiid, Gil González Dávila. Francis- 
co Fernandez de C(5rdova y algunos otros que dieron muestras 
no solo de valor y audacia, sino de pericia militar en la guer- 
ra de la conquista. 



CAPITULO XVII. 



Beneficio ele las minas en Honduras. — Falta de moneda y arbitrio á que se 
apela para suplirla. — Dificultades relativas á las piezas peruanas llamadas 
mociones. — Dispone el rey una nueva venta de renta de juros sobre la caja 
de Guatemala. — Alternativa para las prelacias entre españoles peninsula- 
res y criollos. — Extraordinaria abundancia de lluvias en 1652. Inundación 
en Chiapas. — Continvia haciéndose el comercio por Veracruz. Costo de los 
•fletes. — El oidor encargado de la presidencia manda reedificar el castillo 
del Golfo dulce. — Organiza algunos cuerpos de milicias. — Vuelven á susci- 
tarse dificultades respecto á la moneda. — Pragmática de 1650 mandada 
observar en Guatemala. — Dictanse algunas disposiciones que no ponen 
término al conflicto. — Tiene á hacerse cargo de la presidencia el conde de 
Santiago de Calimaya. — Hácesele un recibimiento menos ostentoso que el 
<le sus antecesores. — Eemesas de fondos de Guatemala á España, desde 
164T á 1655. —Situación en que encuentra los ánimos el nuevo presidente. 
— Toma parte por uno de los bandos y se ocasionan graves turbulencias. 
— Muere el conde de Calimaya y recae el gobierno en la real audiencia. — 
Contratiempos que experimenta una fragata de Filipinas. — Nómbrase pre- 
sidente de Guatemala el conde de Priego; viene á hacerse cargo del em- 
pleo y muere en Panamá. — 'Continúa gobernando la audiencia hasta el 
año 1658 que viene á hacerse cargo de la presidencia el general Don Mar- 
tin Carlos de Meneos. — Promueve el ayuntamiento la fundación de la uni- 
versidad. — Colegios que habia en Guatemala por entonces. — Solicita el ca- 
bildo que se abra el comercio con el Perú, sin limitación alguna. — Comercio 
•con la Habana. — Quéjase del juzgado de provincia y pide algunos i-ecursos 
para aumentar los fondos de propios. — Terremoto en San Salvador. — Divi- 
sión territorial del pais. — Nuevos arreglos respecto á corregimientos. — Don 
Kodrigo de Arias Maldonado reconquista la provincia de T«lamanca. — 
Piérdese pronto el resultado de aquellos trabajos. — Trátase de enviar uu 
navio á Filipinas.— Falta de pilotos. — Vuelve á suscitarse la cuestión de la 
moneda. — Resolución que se adopta. — Introducción de la imprenta en Gua- 
.temala. — Primera pieza que se da á luz. 

(1'651— 1663.) 



312 HISTORIA 

El beneficio de las minas continiiú en la provincia de Hondu- 
ras con alternativas, durante los últimos años del sijrlo XVI y 
principios del XVII. Descubierto el riquísimo mineral de oro 
que llamaron el. Corpus, en jurisdicción de Choluteca, fué tanta la 
abundancia del precioso metal, que Wegó á dudarse que tuose 
oro. Se establec¡(5 en el lugar caja real, con los oficiales corres- 
pondientes para el cobro de los quintos; pero no duro mucho tiem- 
po, pues un siglo después de su descubrimiento, producía ya muy 
poco. 

La falta de brazos y la de a/.ogue eran inconvenientes graves 
para el beneficio de las minas en Honduras, como advertimos 
en otro capítulo de eote tomo. La del azogue pudo remediarse, y 
llegó el caso de q«ie ya no tuviese en que emplearse el íjuc liabia, 
como sucedió con unos 000 quintales que estaban en Comayafíua 
el año 1C36 y que se trató de enviar á Guadalajara. Kn 1040 ya 
86 solicitaba otra vez el azogue, prueba de que ]»»< (r;il»ajos de 
roinas habían recobrado alguna actividad. 

Faltando la moneda acuñada para el pago de los operarios, la 
necesidad sugirió la manera de suplir la falta. Cortaban las 
planchas de plata en hojas ()equcñas y esas .corrían en las com- 
pras y ventas y eran aceptadas por los jornaleros on pago de su 
trabajo. Sabiendo esto la audiencia, trató de remediar el abuso y 
previno que la tesorería de Nicaragua, en vez de mandar mone- 
da acuiíada de las rentas de la provincia, la remitiese ú Teguci- 
galpa, para que se entregasen al oficial real (jue residía en las 
minas y éste la cambiase por las planchas de plata que corrían. 
Pero aquello no bastrt, pues consumida la moneda que se remi- 
tió de Nicaragua, todavía pidieron á Guatemala de las minas de 
Tegncigalpa, treinta mil pesos, y no pudieron enviar.se mas que 
seis mil. Esto da ú entender que había por aquel tiempo fiorfa 
animación en las labores de las minas de Honduras. 

Guatemala carecía entonces de moneda propia, teniendo (|ue 
valerse de la del Peruy Nueva-EspaSa, que era la que corría ge- 
neralmente. Pero en el mes de abril de 1052 determinó la junta 
de hacienda que ja no se recibiera aquella moneda en la caja 
real, sino solamente cuando fueran los indios á hacer algunos 
pagos. Semejante disposición donde no corría casi mas moneda 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 313 

que aquella, era absurda, y dio lugar á una exposiciün de los ofi- 
ciales reales, que manifestaban á la audiencia la imposiblidad de- 
cumplirla. ¿Cómo harian efectivo el cobro de lo que adeudaban 
al tesoro real los que no fuesen indios, si se proliibia recibirles 
en pago la moneda que abundaba mas? Por otra parte, las piezas 
peruanas que circulaban eran, según aseguraba la exposición, de 
mu3' buena ley, pues se habían ensayado ya.. El tesoro estaba abru- 
mado de deudas; para cubrirlas tenia que hacerlo en aquella 
moneda, y seria grande injusticia obligar al público á recibirla, 
y rehusarla cuando fuesen á pagar con ella. La resolución que re- 
cay (5 fué que los oficiales reales certificaran, dentro de segundo^ 
día, los débitos del fisco y los géneros que habia que rematar. 

Veremos en lo de adelante que este asunto de la moneda con- 
iinnó originando dificultades en los anos subsiguientes. 

Negociada ya una vez cierta parte de las rentas de Guatema- 
la, pareció cómodo volver á hacerlo en mayor cantidad, y se 
mandaron vender cien mil ducados de renta de juros, lo cual 
se hizo efectivo. En el año 1652 los comisionados para recaudar 
aquellos fondos habian recibido los sesenta mil ducados manda- 
dos vender en el año 1639, los cien mil y unos 17,930 tostones 
mas, que acordó devolver la junta de hacienda. Para hacer efec- 
tivas aquellas cantidades habia sido preciso repartirlas en todas 
las provincias y costó mucho trabajo reunirías. 

Como una prueba mas del espíritu que animaba á los criollos, 
por aquel tiempo, y de la energía con que reclamaban ya el de- 
recho á tener parte en los cargos y honores, diremos que no 
era solo entre los seglares en quienes se advertía esa tendencia. 
En los claustros mismos se formaron partidos de peninsulares y 
criollos, reclamando los segundos el derecho de alternar con 
los primeros en las prelacias. Llevado el asunto tí la corte, decidió 
el rey en favor de los nativos del pais, sobre lo cual el cabildo 
de Gruatemala dio las gracias al monarca, en memorial de 28 de 
enero de 1652. (1) 



(1) El primer criollo nombrado provincial de los dominicos fué Fr. Jacin- 
to Díaz del Castillo y Cárcamo, nieto del conquistador Bcmal Díaz del Casti- 
• lio, y sug-íto recomendable por sus virtudes y letras. 



314 HISTORIA 

Aquel año fué notable en Cíuatemala y en otras poblaciones 
del reino por la extraordinaria abundancia de las lluvias, que hi- 
cieron crecer mucho los rios y ocasionaron i)erJuicios de conside- 
ración. Donde se hizo sentir principalmente el estrau'o \\\6 en 
Ciudad-real y en varios pueblos de la provincia de Chiapas. Va\ 
el mes de octubre se vio materialmente inundada la ciudad, lí 
causa de que se obstruyeron ciertos desagües naturales que 
tiene el valle donde está edilicada, y mientras pudieron e.xpedi- 
tarse, la población se yi(5 eo un verdadero contlicto. Fué nece- 
¿ario caminar i)or las calles en botes y asf se salvaron los habi- 
tantes y pudieron poner en seguridad sus intereses. 

El comercio segnia haciéndose ya ¡>or los puertos de Hondu- 
ras y el Golfo-dalcc, exponiéndose al peligro de los corsarios y 
piratas que infestaban aquellas costas, ya por Veracruz, sopor- 
tando el enorme flete de tierra que era preciso pagar j)or esta 
vía. Los caudales del rey eran generalmente despachados ]K>r 
* Veracruz, consultando jí la mayor seguridad, y por los aúos 1051 
y 1652, puesto el viage en pública licitación, se ofrecid un su- 
geto Á llevar por sesenta pesos la carga de cuatro mil, y ademas 
una comisión de ciento treinta pesos sobre toda la remesa. No 
habiendo sido aceptada, la modificij y se convino en pagarle á ra- 
zón de setenta pesos por carga, sin comisión. 

Entre tanto el oidor Lara Mogrovejo, encargado de la presi- 
dencia, atendió con empeño ala mejora del fuerte del (íolfo, tí fin 
de (|ue las embarcaciones que traian mercaderías de Santo Tomas 
contasen con algún resguardo. El rey nohabia consentido en que 
se aplicasen ú este objeto los productos de los impuestos destina- 
dos á la armada áe barlovento, y así fué necesario echar mano de 
los situados de Santo Tomas y de Trujillo, no sin oposición por 
parte de otro de los oidores. Al fin el fuerte quedo reedificado y 
tomó desde entonces el nombre de castilo de San Felipe de Lara, 
en honor del oidor encargado de la presidencia. Fué nombrado 
castellano Juan deVeraza, que continuó desempeñando al mismo 
tiempo la alcaldia mayor de Amatique, que estaba á su cargo. 

El oidor presidente pu.so particular empeño en organizar algu- 
nos cuerpos de milicias, compuestos de la ¡)arte de la población 
-que procedia de españoles, indígenas y africanos, y era al mismo * 



I)t LA AMERICA CP^XTRAL 315 

tiempo, la que se ocupaba en las artes útiles, pues los españoles lia- 
bian abandonado, como dejamos dicho, su ejercicio, y no se mostra- 
ban dispuestos tampoco al servicio militar. 

En el año 1653 auraentarcm las dificultades con respecto á la 
moneda. Se habia introducido macha de baja ley fabricada en 
el Perú, y en cambio se llevaban la mexicana, que no tenia 
falta. Eq consecuencia, se dispUvSO poner aquí en ejecución una 
pragmática que habia expedido el rey en el año 1650, en que se 
prevenía que las piezas peruanas de á ocho reales corrieran so- 
lamente por seis, y la de á cuatro por tres. Esta disposición, que 
debía producir gran perturbación en las transacciones, estaba 
ya en práctica en otros reinos de América, y por eso era que la 
moneda de esa clase habia acudido aquí en cantidad considera- 
ble, pues corría por su valor nominal. Se disponía que los que 
no quisieran sufrir la pérdida de la diferencia, llevaran la mone- 
da que tuviesen á la real caja, donde se ensayarla, y las piezas 
que tuvieran la le}" correspondiente, se reducirían á planchas y 
se mandarían reacuñar á donde hubiese casa de moneda. 

Claro es que esta disposición no remediaba el mal, y lo cierto 
es que la pérdida que se experimento fué considerable, pues la 
moneda peruana tuvo que correr con la baja prevenida en la 
pragmática. 

Parece que el mal procedió de un abuso escandaloso cometido 
en el Perú, donde se estaba acuñando la moneda mezclándole 
una quinta parte de mal metal. El castigo impuesto al autor del 
fraude fué severísimo, pues se le condenó á ser quemado vivo. 

A la sombra de aquella moneda viciada, se introdujo otra com- 
pletamente falsa, ]a que se mandó recoger dentro de quince días, 
amenazando con proceder contra los que la conservaran, pasado 
aquel plazo. 

A las piezas de á seis y cuatro reales llamaron vulgarmente 
mociones. Muchos, no queriendo perder, las fundían y reducían 
á barras para exportarlas, ó las convertían en vajilla. 

Esa moneda no era redonda, pues según dice García Pelaez, 
habiendo conseguido un moción, encontró que tenia la figura de 
un pedazo de tiesto, con las armas de la casa de Austria y el 



31 G HISTORIA 

nombre de Felipe IV por un lado, y por el otro una cruz, las ar- 
mas de Castilla y León y el milésimo 1650. 

En el mes de mayo de 1054 vino á hacerse cargo de la pre- 
sidencia de la audiencia real, Don Fernando de Altarairano y 
Velasco, Conde de Santiago Calimaya. El ayuntamiento no quiso 
apelar, para el recibimiento, á las tiestas acostumbradas de 
máscaras, comedias, canas, volcan y fuegos artiliciales. despresti- 
giadas ya, según el mismo escritor.á fuerza de repetidas.Se acordó 
un recibimiento mas sencillo.pues coasistid únicamente on un ban- 
quete con que se le obsequicj en .locotenango y un caballo con 
silla y telliz, que se compró para la entrada, librándose los gas- 
tos sobre el fondo de la licencia de tabernas y postura de carnice- 
rias. Dícese que el gasto vioo lí ser como la mitad del que se ha- 
cia tintes en aquellas funciones. 

Hemos reservado para este lugar el dar noticia de las remesas 
de fondos que se hicieron de la caja real de Guatemala á Vera- 
cruz para ser enviados lí Rspana, durante los nueve años corri- 
dos de 1G47 á 1G55. Por desgracia los datos que suministran los 
libros de actas de las juntas de hacienda son muy incompletos. 
y debemos limitarnos á las indicaciones que ofrecen a<|U('lIos 
documentos. 

En marzo de l<i47 se 1¡Í)imm"; •»"> niw^ po^oí» pnm or!tf'r:ii -<• cii 
la caja de Veracruz. 

En enero de 1650 se dieron cuatro librauíieiitos: uno por 
20,000 pesos; otro por 4,000; otro por 2,000 y otro por 10,000. 

En marzo de 51 se puso en publica subasta la conducción de 
los fondos, y se remató tí razón de setenta pesos carga de 4,000; 
pero no se dice que cantidad se remitió. 

En octubre de 1651 y enero de 1653 se permitió enterar en 
A^eracruz, en cacao, el producto de los tributos de Soconuzco; pe- 
ro tampoco se expresa el monto de ellos. 

En abril de 1653 se remitieron $ 93,856. 

En febrero de 54 se expió un libramiento por T.-jíXí pesos y en 
26 del mismo mes y año otro por $ 84,510 4 rs. 

En mayo de 1655 hubo otro libramiento por $0,803. 

Tenemos, pues, que hay razón de haberse remitido en los nue- 
ve años corridos de 1647 á 1655, la cantidad de 256,759 pesos,. 



I 



DE LA AMERICA CENTRAL. 317 

.sia contar con lo que se remitió en 1651, que no se ex- 
presa, y sin tomar en cuenta el valor de los tributos de Soco- 
nuzco, enterado en cacao en Veracruz. Correspondía á unos 
28,528 pesos anuales. García Pelaez calcula una remisión de cin- 
cuenta mil pesos cada año, tomando en cuenta, sin duda, los 
productos que no están expresados. Y hay que advertir también 
que en aquellos años se hablan hecho exacciones extraordinarias. 

El conde de Calimaya encontró los ánimos de los vecinos bas- 
tante divididos y exaltadas las pasiones con motivo de los parti- 
dos de españoles peninsulares y criollos y subdivisión de estos 
últimos en otros dos bandos ó parcialidades que se disputaban 
los cargos y los honores que habia por entonces en el país. Des- 
<i"raciadamente los escritores antiguos se limitan á hacer algunas 
indicaciones vagas sobre afiuellos sucesos, y los modernos se mues- 
tran igualmente reservados. Juarros dice "que en tiempo de este 
presidente hubo unos escandalosos bandos y duelos entre las fa- 
milias nobles de Gruatemala que mutuamente se pretendían des- 
truir, y que el presidente se ladeo al partido de los Mazariegos, 
lo que le ocasionó varias pesadumbres." (1) 

Fuentes no habla de Mazariegos, sino de Padillas y Carranzas; 
'•familias, dice de pensamientos inquietos." Acusa de haber atiza- 
do las discordias al hijo del presidente, adelantado de Filipinas, 
y agrega que el principio de las grandes turbulencias que se ex- 
perimentaron durante la presidencia del conde de Calimaya, pro- 
cedió de haber sustraído con astucia Don Diego de Padilla, 
jefe de uno de los partidos en que se dividia el Avecindarlo, el 
libro donde se apuntaban las deudas de juego en el Palacio, y 
ofrecídose á sacárselo Don Tomas de Carranza, hombre de carác- 
ter feroz. El resultado del incidente fué que los que manejaban al 
presidente, (contaba ya mas de setenta años de edad) lograron ha- 
cerle firmar la orden de conducir á Padilla al castillo de San Fe- 
lipe, donde murió á poco tiempo, á iníluencia de la insalubridad 
del clima. No tardó en seguirlo el mismo presidente, abrumado 



(1) Hist. de Guat., trat. 3. ° cap. 1. 



318 HISTORIA 

bajo el peso de los años y de enfermedades graves que padecía. 
•Aírrega el cronista que faltando el motor principal de las discor- 
dias, fueron calmando estas, hasta recobrarse la tranquilidad. (1) 

Ximenez, autor tan minucioso respecto S algunos puntos, guar- 
da completo silencio sobre los graves acontecimientos ocur- 
ridos durante los tres años de la presidencia del conde de Cali- 
maya. 

El ún'co soceso que refiere es el de ciertos contratiempos <|uc 
experiment(5 una fragata Humada Victoria, que habiendo salido 
de Filipinas por el mes de mayo de 1656, fuó combatida por re- 
cios temporales, y perdido el derrotero, vino lí tocar en las cos- 
tas de este reino. Sabiendo la llegada de la embarcación :í las 
playas de Zaeatecoluca, el alcalde mayor de San Salvador le en- 
vió agua y víveres, y siguiendo en busca del puerto de Aníai)a- 
la, volvieron á perderse, hasta <|ue salid un negro con una 
lancha y condujo lafregata, que logrd arribar lí dicho puerto, en 
mayo de 1657, después de un afio de trabajos y tribulaciones y 
con pérdida de ciento cincuenta personas de las que iban á bordo. 

La audiencia, desde que tuvo noticia de (|Uo la fragata andaba 
perdida |)or las costas, puso órdenes á los corregidores y alcal- 
des mayores para que la socorrieran, estimando (pie su perdida 
importaría mas de cien mil pesos al tesoro. Los oficiales reales 
se oponían lí que los au.vilios se erogaran de la caja real; pero la 
audiencia, menos mezquina (pie los empleados de hacienda, llovó 
adelante su determinación, la (jue fué aprobada mas tarde por el 
rey. 

Por muerte del conde de Calimaya habia recaido el gobierno 
en la audiencia, y pronto tuvo que dictar providencias para res- 
guardar las costas del sur, f>or donde amenazaron los piratas. Se 
armaron los habitantes de F^cuintepeque (Escuintla) y .«u distri- 
to y acudieron á las bocas de los rios, por donde se temia pu- 
diesen los enemigos intentar un desembarco; pero parece que to- 
do ello no pasó de amenaza. 



(1) Rec.Jlor. M. S. Part. 2. ^ cap. 2. ^ 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 319 

En el año 1G58 fué nombrado presidente y gobernador deí 
reino Don Gerónimo Garcés Carrillo de Mendoza, conde de Prie- 
go, quien Wegó u Panamá' con su familia, en camino para Guate- 
mala; pero habiendo muerto en aquella ciudad, continuó gober- 
nando la audiencia. 

A ñnes de 1 G58 se recibió noticia de que hablan llegado á los 
puertos de Tierra-firme los galeones del rey y que en ellos venia 
Don Martin Carlos de Meneos, que habia sido general de aquella 
armada y estaba nombrado presidente de la audiencia, goberna- 
dor y capitán general de Guatemala. Con el nuevo presidente 
venia el obispo electo, Don Fr. Payo P^nriquez de Ribera (1) y tu- 
vieron que detenerse en Panamá, por estar adoleciendo de graves 
(enfermedades la numerosa familia del presidente, que perdió al- 
gunos de sus individuos en aquel puerto. 

Entre tanto el aj'untaraiento dispuso los festejos con que debia 
recibírsele, volviendo á los toros y caiías, y al caballo, con su 
montura }' telliz, como en la entrada de su antecesor; pidiendo 
permiso á la audiencia para gastar dos mil pesos en las tiestas. 

Entrt5 el presidente el 5 de enero de 1659 y probablemente 
no se hicieron las demostraciones de regocijo acordadas, pues un 
escritor, testigo ocular del suceso, habla de "lo funesto de la en- 
trada á quien servia de aparato festivo lo lúgubre de las baye- 
tas;'' (2) aludiendo sin duda á los trajes de luto de la familia del 
presidente. 

E\ ayuntamiento promovía por aquel tiempo la fundación de 
una universidad, asunto que, como dejamos dicho, habia mereci- 
do ya la atención de las autoridades locales y sobre lo cual se 
hablan dirigido solicitudes á la corte. Los dominicos tenian esta- 
blecido desde anos antes el colegio de Santo Tomas con al- 
gunas cátedras, y habiéndose expedido la ley 2. '^ , tít. 22, lib. 



(1) Era hijo de Don Fernando Enriquez de Ribera, duque, de Alcalá y 
virey de Ñápeles, y de Doña Leonor Manrique de Lara. Siendo fraile de 
San Agustin, fué nombrado obispo de Guatemala, y de aquí pasó á ser arzo- 
bispo y virey de México, cargo que desempeñó durante ocho años. 

(2) Fuentes, Rec. flor. (M. S.) Tart. 2. «^ , cap. 1.° 



320 HISTORIA 

1, ® de la Recopilación de Indias en que se docia estar permi- 
• tido que hubiese estudios y universidades en varias ciudades que 
mencionaba, una de ellas la de Guatemala, y (|ue se «íanarau 
cursos y diesen grados en ellas, se entendicj que esto debia re- 
ferirse al colegio de Santo Tomas, y el obispo de la diócesis dio 
en él grados de doctores y de bachilleres ú varios sugetos. 

Por aquel tiempo abrieron los jesuitas un colegio en Guate- 
mala, y aunque había Uíia ley que permitía se confiriesen grados 
en los establecimientos literarios de aquella i^rden que estuviesen 
á doscientas millas de distancia de alguna universidad, no los 
dieron, por estar en posesión de esta facultad el colegio de los 
dominicos. Posteriormente cesaron los estudios en éste y ent(>n- 
ees confirieron grados en el de los jesuitas. Andando el tiempo 
se procun' formalizar el de los dominicos," que contaba ya coq 
fondos suficientes; se establecieron ciítedras y se admitieron ocho 
colegiales; mas no por ésto se dejaba de promover la fundación 
de una universidad formal, á la que serviría de base el colegio 
de Santo Tomas. 

A este fin se encaminaban las solicitudes del ayuntamiento 
hechas al rey en los años 1052 y 1059, refiriendo en la primera 
haber muerto, en 1040, Pedro Crespo Xuares, correo mayor, (pío 
habia dejado 20,000 pesos para aquella fundación. Indicaba tam- 
bién que la concesión no se habia logrado, por los malos informes 
de los je«uitas, (pie estaban empeñados en que continuase su co- 
legio confiriendo grados, y anadia (|ue se habían remitido infor- 
mes favorables de la universidad de México, de la audiencia y 
del obispo de Guatemala. (1) 

El asunto quedó en ese estado por eotóncejí, y aun habían de 
pasar diez y siete afios líntes de que se obtuviese el estableci- 
miento de la universidad. 

Promovía al mismo tiempo el ayuntamiento que se abriese 
el comercio con el Perú, al que se habia opue.-to antes, con poco 
acierto, la corporacioü. r'nanl > se decreto la prohibición de aquel 



(1) Doc. del ant, arch. de Guat. N. ® .51. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 321 

trafico, el consejo de Indias se comproractid á que la casa de 
la contratación de Sevilla enviaría todos los años dos navios y un 
patache con vino, hierro y las demás mercaderías de general 
consumo en estos reinos, y que on retorno llevarían los frutos 
del pais, especialmente la tinta añil, artículo tan estimado en Eu- 
ropa. El compromiso se cumpli(5 durante algún tiempo; pero en 
1059 hacia mas de veinte años que hablan dejado de venir los 
navios de Castilla, por temor á los piratas que infestaban las cos- 
tas del norte. Esto tenia al reino en suma pobreza, sin poder 
dar fácil salida u sus productos, pues hemos visto que se veia 
obligado á hacerlo por el largo rodeo que era preciso dar para 
llevarlos á Veracruz 6 á Granada, y careciendo de artículos de 
primera necesidad, como el vino y el aceite, que no podian traer- 
se de tanta distancia sino con enormes gastos. Instaba, pues, el 
cabildo porque se abriese el comercio franco y libre con el Pe- 
rú, reducido por entonces a los dos bajeles de 200 toneladas que 
debian venir cada año con 200,000 ducados y llevar en retorno 
Jos productos del pais. 

En ese año 1659 se fué á pique frente al puerto, (Acajutla, 
sin duda) uno de los buques del Perú, y en consecuencia subi^5 
de tal modo el precio del vino, que valia una botija sesenta pe- 
eos; y así continuó hasta que llegd el siguiente año otro buque 
y bajó el precio á diez y once pesos botija. 

Estaba franco el comercio con la Habana, en virtud de una 
real cédula de Felipe III, (1) y en este mismo año 1659 se men- 
ciona la llegada á Puerto-caballos de una fragata de aquella pro- 
cedencia, que venia á cargar frutos del pais y h la que se pidió 
llevase los soldados de uno de los galeones que habia naufra- 
gado en el Grolfo. 

Yolvia á quejarse el ayuntamiento del juzgado de provincia, que 
coartaba la jurisdicción de los alcaldes ordinarios, abriendo tes- 
tamentos, discerniendo tutelas, haciendo inventarios y ejecutan- 
do otros actos que correspondían á dichos alcaldes. Y como la au- 



(1) Es la ley 33, tít. 33, lib. 9. ® de la Rec. de Ind. 

íffIST. DE LA A.. €- 21 



322 HISTORIA 

diencia era la que ?jombraba a dicho juez no podía esperar 
el cabildo hiciese justicia á sus reclamacioues. Aoudia, pues, 
al rey para que mandara cesar a(|Upl abuso. Le pedia tam- 
bién algunos fondos para el cumplimiento de sus grandes obliga- 
ciones, pues por falta de ellos tenian muchas veces que suplirlos 
los capitulares, lo que se les hacia ya muy oneroso, en el e.^tadt» 
de pobreza a que habia venido el pais. Indicaba (jue se le asig- 
nase el producto de algunas encomiendas va'^antes, rcrmso :v 
que, como hemos visto, se habia apelado ya otras veces. 

El dia 30 de setiembre de IGóO hubo en la ciudad de Sau 
Salvador un violento terremoto, que redujo ú escombros la igle- 
sia parroíiuial y amenazij con destruir la población. Kl alcalde 
mayor recogió un donativo de mil pesos para comenzar la ree- 
dificación de la iglesia y solicitó se exceptuase por algún tiem- 
po á aqnel vecindario del pago do alcabalas. Se atribuyó oí 
terremoto al volcan en cuya falda es(ií construida la ciudad. 

I*]n la época u que hemos llegado en nuestra narración ha- 
bia experimentado alteración notable la división territcuial del 
pais. A mediados del siglo XVI se componia de treinta y dos 
provincias, cuatro de las cuales, li saber: Coinayagua, Nicaragua, 
Costa-Kica y Soconuzco, tenian título de gobiernos y eran jjrovis- 
tos por el rey; nueve eran alcaldías mayores; esto es: San Salva- 
dor, Ciudad-real, Teguciga^pa, Sonsonate, Verapaz, Suchitepe- 
quez, Nicoya, Amatique y el real de minas de San Andrés de Za- 
ragoza (en Honduras.) Para las seis primeras también nombraba 
el rey. Las diez y nueve restantes, á saber: Totonicapan, Quezal- 
tenango, Atitlan, Tecpan- A tillan óSoloM, Escuinlla,(¡uazacapan, 
Chiquimula, Acasaguastlan,el Realejo.Matagalpa, Mouimljo, Chon- 
tales,Quezalguaque,Tencoa,QueiK), Chirripo,I*acaca, Ijarraz y el 
valle de Guatemala ei-an corregiraienos. Estos y las tres alcaldias 
mayores que no proveia el rey, eran de provi.xíon del [)re.sidente, 
con excepción del corregimiento del valle,que como es sabido,e8- 
taba á cargo de los dos alcaldes ordinario» de la ciudad, que lo c- 
jercian por turno, seis meses cada uno. 

El decrecimiento de la población, por la desaparición de mu- 
chos pueblos de indígena?, habia ^vetiido disminuyendo algunas 
de las provincias, de modo que á mediados del siglo XVII se hi- 



DE I.A AMERICA CENTRAL. 

zo ya necesaria una nueva división territorial. Se agregaron po 
blaciones pequeñas á otras mas. numerosas, y suprimiéndose al. 
giinos corregimientos, vinieron á quedar reducidos al número de 
trece. Mas tarde hubo nuevas supresiones y otras reformas de 
la división territorial del pais, como diremos oportunsmente. 

En el año 16G0 estaba de gobernador de Costa-Rica Don Ro- 
drigo de Arias Maldonado, que habia succedido á su padre Don 
Andrés, en aquel cargo. El joven Arias, deseoso de ilustrar su 
nombre con alguna hazaña que lo hiciese digno de recordación, 
determina emprender la reconquista de la Talamanca, cuyos ha- 
bitantes se hablan alzado de nuevo algunos años antes, sustra- 
yendo el territorio á la autoridad de los españoles. Veintiséis tri- 
bus de aborígenas, distintas unas de otras, ocupaban la vasta 
extensión de tierra conocida con el nombre de Talamanca. Don 
Rodrigo la recorrió al frente de las fuerzas que levantó y man- 
tuvo á su propia costa, gastando en la empresa como sesenta 
mil pesos. El resultado fué satisfactorio, pues redujo los indíge- 
nas del pais á la obediencia de la autoridad, fundó algunos pue- 
blos, levantó templos é hizo entrar á los bárbaros de aquella re- 
gión en la vida civil. El rey recompensó aquel servicio agra- 
ciando al joven Arias Maldonado con el título de marques de Ta- 
lamanca, honor que le liego en los momentos en que abandonaba 
el mundo para vestir el hábito de belemita. Por lo demás, los tra- 
bajos del conquistador de la Talamanca vinieron á perderse á 
poco tienjpo de haber concluido su gobierno, asolándose los pue- 
blos que habia fundado y continuando los aborígenas en su vida 
errante y salvaje en aquellas selvas, á donde tuvieron que ir á 
.buscarlos desi)ues los misioneros, como diremos oportunamen- 
le. (1) 

La comunicación entre f]spaña y Filipinas se hacia en aquel 
tiempo por México. En fines del año 1660 se recibió en Guate- 
mala aviso oficial de que estaban detenidos en aquella ciudad 
el gobernador, los oidores y algunos religiosos que iban á Fili-, 



(1) Juarro8,*trat. 5. <^. cap. 19. Molina, Bosqaejo de Costa-Rica, pág. 81 



324 HISTORIA 

pinas y no podían continuar su marcha por falta de embarcación. 
El vírcy, que daba la noticia, encargaba al presidente remitiera i( 
Acapulco un navio de trescientas toneladas, que recibiría á bor- 
do i los detenidos y continuaría su viaje á las islas. En los 
puertos de la provincia de Guatemala no habia embarcación de 
que echar mano; pero en el Realejo estaba acabando de construir 
el capitán Antonio Rodríguez un navio adecuado para la expedi- 
dicion, que estaba destinado al Perú, y otro el maestro ma- 
yor Juan Granados, igualmente á proposito por sus dimensiones 
y seguridad. Habiéndose encargado el asnnto al gobernador do 
Nicaragua, resolvió éste embargar el navio de Rodríguez, lo que 
objetaron los vecinos del Realejo y los dueíios de la carga que 
debía llevar el buque tli Perú. Hacían presento éstos que el na- 
vio y los que se embarcaran en él, corrían mucho riesgo, por no 
haber piloto praíctíco en la navegación de Filipinas. Instruyéron- 
se las correspondientes diligencias y se remitieron al virey de 
Nueva- Es paña. 

Se desprende de estos datos que las autoridades locales tolera- 
ban el trjífico de este reino con el del Perú, Á pesar de las pro- 
hibiciones y de la limitación del comercio jí dos navios anuales 
con 200,000 ducados de mercaderías, y se ve también que habia 
ido acabando la gente de mar, pues no se encontraba ya uno so- 
lo íjue pudiese servir de piloto en una expedición lí Filipinas, 
carrera que era frecuentada un siglo atrás. ( 1 ) 

La cuestión de la moneda continu(5 originanfio diliciiltadcs gra 
ves; pues las disposiciones dictadas sobro el particular en el año 
1653, que dejamos mencionadas en este mismo capítulo, no reme- 
diaron el mal. En el ano 1661 pidid la audiencia informes sobre • 
el asunto á varios empleados y particulares, que los emitieron en 
diverso sentido. Unos opinaban por la prohibición absoluta de los 
mociones, y otros, con mase(iuidad, profK>nian que se llevaran á la 
real caja, donde deberían ensayarse, cambiándose, según su valor 
lejítimo, por moneda buena. Pero como la viciada que circulaba 



i\) García Pelaez, Mem. cap. .54. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 325 

era mucha y en la caja no liabia la cantidad que se necesitaba para 
el cambio, se tomú el partido de prohibir la circulación en absolu- 
to, con gran perjuicio del público. Veremos que no terminó con 
esto la cuestión, y que mas tarde vovid á suscitarse, como tenia 
(jue suceder, pues el mal quedaba subsistente y debia reaparecer 
bajo otra forma. 

El año 1663 hace época en nuestra historia, pues entonces fué 
cuando se hizo uso por primera vez de una imprenta traída tres 
años antes. Pertenecía á José Pineda Ibarra, cuyo nombre mere- 
ce conservarse en nuestros anales. La primera pieza que se ím- 
prímí(5 fué un tratado teoMgíco de 728 páginas "en columnas de 
letra clara y uniforme, bien cortado, encuadernado y asentado 
como en Europa,'" según se expresa un e^ritor moderno. (1) 

México tenia imprenta desde antes del año 1622; Lima desde 
una época anterior á 1633, y aunque mas tarde, vino Gruatemala á 
partitícipar de aquella ventaja, de la cual estaba en posesión la 
Europa desde unos doscientos años antes. 



i 



(1) García Pelaez, Mera, cap, 85. Este autor incurre en error manifiesto 
al asentar que la "primera pieza" que se imprimió en Guatemala fué cierta 
exposición que dirigió al rey el presidente Alvarez. Esto sucedió en 
1667, y el tratado teológico se habia impreso en 1663. Garcia Pelaez cita á 
Ximenez; pero éste no dice que la exposición de Alvarez haya sido la primera 
pieza que se imprimió. 

Cita el mismo autor otro volumen que se imprimió en 1673,que contiene la 
relación de las fiestas de la canonización de San Pedro Pascasio, "dispuesta, 
dice, por fray Roque Nueñz, sugeto de vasta erudición mitológica y otras 
bellas letras, que emplea muchas piezas de poesia, propias y agenas: entre és- 
tas puede citarse una canción fúnebre ala muerte del santo mártir, hecha por 
el padre fray Miguel del Valle." 

Copia el señor Garcia unos diez y ocho versos de la canción, en los que 
campea el gusto extragado y las imágenes absurdas del estilo llamado gongo- 
rino. Hay entre ellos algunos que ni siquiera constan del número de sílabas 
que deberían tener para ser verdaderos versos. 



CAPITULO XVHT. 



El presidente Méuc. ..^^^ulgana atención .. Lis. — 

Peligro qne corrían laspBesiones eApaftolas.— La ciudad do Oranadi inva- 
dida por ooraaríoa ingleses que saquean la población.» Solicitan los vecinos 
se dicten algunas dispocieiones para la defensa de la ciudad. — So pide in- 
forme al gobernador de Nicaragua, que lo ewite Indicando los puutos dol 
rio Sun Juan que convendría fortificar y los fondos de (ino podría ocharso 
mano para la obra. — El ayuntamiento de Granada propone arbitrioH para 
sufragar el gasto de las fortiñoaciones.— Se discute el asunto en juntas de 
'hacienda, se resuelve la construocion de los fuertes y se acuerda establecer 
algunos impuestos para costearlos.— Morosidad en llevar á efecto aquellas 
diiiposicioneff.— La provincia de Costa* Rica amenazada por los corsarios, 
Felicita auxilios.— Se autoriza al gobernador para hacer uso do los fondos 
del rey y se dispone enviarle desde luego algunos recursos. — Desembarca 
el coronel ingles Mansfield con fuerzas y penetra en el terrítorío. — Fuga 
precipitada de los invasores.— Junta de guerra celebrada f!n Guatemala con 
motivo de aquel suceso. — Diversidad de pareceres. —Oposición á que se /,'as- 
ten los fondos del rey en preparativos de defensa. — Anuncia el prcsideuto 
su resolución de pasar á Nicaragua. — Objétase este proyecto; celébranse 
nuevas juntas ó insiste el general Meneos en llevar á cabo la expedición. — 
Nombra al oidor Gárate auditor de guerra é inspector de los trabajos de las 
fortificacioDcs de San Juan. — Niégase éste á admitir el nombraruiento yape- 
la ante la audiencia. — Se recibe noticia de estar nombrado un nuevo pre- 
sidente y desiste el general Meneos de la proyectada marcha. — Largo via- 
je del presidente Alvarez. — Preparativos para su recibimi<íUto.— Rehusa la 
audiencia recibirlo como gobernador, hasta qne presenta el nombramiento 
de juez de residencia. — Proyecta el presidente nna expedición al territorio 
de los lacandones. — Exposición que dirijo al rey proponiendo las condicio- 
nes de la empresa. 



(1664—1607.) 



DE LA AMERICA CENTRAL. 327 

El general Meneos, primer presidente militar que tenia el reino, 
^lió desde su llegada alguna atención á la defensa de las costas, 
reuniendo elementos de guerra, y procura también alistar armas y 
municiones en la capital, echando mano para estos gastos de los 
Ibndos de barlovento, con calidad de reintegro. 

Ilabia sobrados motivos para temer hostilidades algo mas se- 
rias que las anteriores. No eran ya únicamente expediciones 
desautorizadas las que podian amenazar los puertos del norte; 
eran escuadras formales inglesas, francesas, holandesas y portu- 
iíuesas las que atacaban los establecimientos españoles del litoral 
del Atlántico. La isla de Jamaica, objeto de la codicia de los in- 
gleses, habia sido ocupada y recobrada alternativamente, hasta 
quedar en 1658 convertida en colonia bfitánica y expulsados de 
ella con crueldad los habitantes españoles. A poco hostilizaron las 
poblaciones de la isla de Cuba y algunas de las de la península 
de Yucatán, y se veia en el mismo peligro la provincia de 
Nicaragua. Era considerable el numero de fragatas con caudales 
cuantiosos tomadas por el enemigo en aquellas costas desde el 
año 1640; pero las amenazas eran ya mas serias, y desgracia- 
damente casi no se contaba con medios de defensa. El resultado 
en caso de invasión no podia menos que ser funesto á los nicara- 
güenses. 

Así sucedió efectivamente. El 29 de junio de 1665, á las dos 
de la mañana, una partida de 120 corsarios ingleses, al mando 
de un individuo llamado Eduardo David, subid por el rio San 
Juan, cayó sobre la ciudad de Granada y la ocupd sin la menor 
resistencia. Se apoderaron de todo el oro y plata en moneda y en 
vajilla que encontraron, de las mercaderías, ropa de uso y demás 
objetos de algún valor, y cuando hubieron saqueado la población, 
se retiraron, llevándose prisioneros á varios de los principales 
habitantes; se situaron en una isla que está frente á la ciudad 
y continuaron amenazando con arrasarla por completo. Trataron 
muy bien á los indios con quienes tuvieron que tocar, ofrecién- 
doles que volverían á establecerse definitivamente en el pais, y 
que entonces no habria ya justicias que los obligaran al trabajo, 
que no pagarían tributo y que tendrían completa libertad para 
<?jercer su antigua religión. Según informd al presidente elgober- 



328 HISTORIA 

nador de Nicaragua, no falto alguna gente perversa de la misma 
población que ayudara á los corsarios en el saco de los tem- 
plos y de las casas. 

Mas que el rico botin obtenido en Granada, estimó el Jete de 
los corsarios el haber podido reconocer la entrada tí la laguna 
y sus isletas, y según dijo, se próponia volver con mas gente pa- 
ra pasar al mar del sur. 

Los vecinos de Granada, bajo la impresión del terror (juc les 
causd la invasión, no pensaban sind en abandonar el lugar, caso 
de que no se tomaran alguna.s disposiciones para el resguardo 
de la ciudad. (1) Habiendo manifestado al presidente esta resolu- 
ción, ofíci(5 este faocionario al gobernador de la provincia, el 
maestre de campo Dcd^Juan Fernandez de Salinas y Corda, ca- 
ballero de la orden de Calatrava y adelantado de Costa Uica, 
previniéndole informara que clase de fortiíicacíon convendría le- 
vantar, que punto del rio seria el mas á propc^sito, (jué costo po- 
dfia calcularse al fuerte, qué número de soldados se necesitariart 
para custodiarlo y de qué recurso.s podria echarse mand para la 
obra. 

El gobernador evacod el informe después de haber oído el pa- 
recer de algunos pilotos y personas experimentadas, y dijo que 
en la boca del Brazuelo, que está al nordeste, debía levantarse 
una torre, y en la de Taure, al éste, una atalaya grande, ({ue sir- 
viese de vigia. Que la una y la otra se comunicarian de dia y de 
noche con ciertas señales; siendo suficientes para guarnecer cada 
una de ellas, cincuenta hombres, inclusa la plana mayor. Que en 
la torre deberían ponerse cuatro piezas de artillería y dos en la 
atalaya, con algunos mosquetes, esmeriles y otras armas; debícn- 



(1) Aunque Jnarros asegura ' Hist. de (iunt.. trat. 1-, cap. 3. ^ ) que 
en esta época existia ya en el rio de Sun Juan "'an fuertezuelo lIatn»do Sau 
Carlos, que tomaron los ingleses," no encontramos en otros autores la men- 
ción de tal fuerte, y mas bien dan á entender que no habia obra alguna de 
defensa. Con la noticia de la invasión de Granada, se trató en Guafemal» 
de disponer se construyese fortificación en el rio San Juan y se pidió informe,, 
como se verá, al gobernador de la provincia. Este indicó los puntos que de- 
bían fortificarse y no dijo una palabra del fuertezuelo de San Carlos. 



1)E LA. AMÉRICA CENTRAL. 329 

do subir á una y otra obra de defensa por escalas de cuerda. Y 
en cuanto al costo, por lo que habia podido averiguar con alba- 
ñiles y otros inteligentes, se necesitarian unos doce mil pesos pa- 
ra ambas construcciones. Para obtener los recursos indispensa- 
bles, indicaba que convendría echar mano del producto de las 
encomiendas de aquella provincia y de las otras del reino, pues 
todas estaban interesadas en que se resguardase aquella entra- 
da. Ofrecia ir personalmente ú dirigir los trabajos de la construc- 
ción de los fuertes y defenderlos, si se le proporcionaba la gente 
que habia pedido. Acompañaba al informe un mapa del rio y la 
laguna, con una parte de las costas del norte y del sur y un dise- 
ño de las fortiíicaciones proyectadas. (1) 

El ayuntamiento de Granada envié á Guatemala su síndico 
procurador con un memorial ó representación en que proponía 
diferentes arbitrios para obtener los fondos que deberían desti- 
narse lí la obra. Indicaba que podría cobrarse cincuenta pesos 
ú cada fragata que saliera para los puertos de Tierra-firme; un 
peso por cada botija de vino; cuatro reales por cajón de tinta y 
un real sobre cada zurrón de sebo, petaca de cebadilla, (2) cajón 
de tabaco, quintal de jarcia, y á este respecto sobre los demás artí- 
culos de exportación. Proponía también que pagara dos pesos cada 
fardo de mercancías qae se importara; otro tanto los géneros que 
se embarcaran en el Realejo, Acajutla, Nicoya y Caldera, y dos 
reales la muía que se despachara a Panamá. Por último decía el 
ayuntamiento que como el reino todo estaba interesado en evitar 
que se repitieran las invasiones, deberían contribuir de alguna 
manera las rentas generales de todas las provincias y destinarse 
los productos de algunas de las encomiendas vacantes á })ropor- 
cionar los fondos que se necesitaban. Y como los arbitrios indica- 
dos no podían suministrar de pronto los recursos, se tomarían de 
la real caja, á tíiulo de suplemento. Un comisionado del ayunta- 
miento de Nueva Segovía se presenta en Guatemala, con encar- 



(1) García Pelaez, Mera. cap. 59. 

(2) La raíz de la yerba llamada eléboro, que pulverizada se voüdc en las 
farmacias. 



330 HISTORIA 

go de apoyar las propuestas del cabildo de Granada, y se re- 
cibieron también cartas de algunos vecinos principales do a(iuo- 
11a ciudad, en que se interesaban f>«>r c] nr«ínto y lavíM-;»!»!'' «l'^s- 
pacho de la solicitud. (1) 

En vista de todo, y de las reales cédulas do diversas fochiis (juc 
prevenian el resguardo de las costas, dispuso, el presidente con- 
vocar junta de hacienda, el 13 de octubre de aquel año (1665), 
y que deliberara sobre los puntos siguientes: 1. ® Si se levanta- 
rian las fortificaciones propuestas por el gobernador de Nicara- 
gua. 2. ® Si para costearlas se ecliaria mano de las rentas rea- 
les en calidad de suplemento y 3. ® : Qué arbitrios se adoptarían 
para crear un fondo con que se repusiora lo que se tomara de las 
cajas. ^ 

Los vocales de la junta esluvitrou do acuerdo in cnanto al 
primer punto consnltado; esto es, qne debían levantarse las tbrti- 
ficaciones; pero no suced¡i5 lo mismo al tratarse del segundo. El 
oidor Gúrate se opuso decididamente á que se tocaran las rentas 
reales, proponiendo (jue los encomenderos y los ricos de la pro- 
vincia sufragaran los gastos; y como habia algunos que gozaban 
las encomiendas desde España, se obligaría a los que los repre- 
sentaban Á qne contribuyesen con lo que les correspondiera. Se- 
gún expuso el oidor, los vecinos de Nicaragua eran los mas ri- 
cos y los que mayor comercio hacian en el reino en aí|uclla ópo- 
ca. Indicd también qne podia pedirse nn donativo voluntario á las 
demás provincias, 6 insistid en que por ningún motivo debian 
ocuparse los fondos del rey, siní^ remitirse inmediatamente ¡i Es- 
pana, donde tanta necesidad habia de ellos. (2) 

El presidente cortd la dificultad manifestando que eia m-» nh; 
levantar las fortificaciones en Nicaragua, pues sabia que los cor- 
sarios se proponían hacer nueva expedición, trayendo mil y qui- 
nientos hombres. Dijo que debian librarse ocho mil pesos de las 
cajas de aquella provincia á disposición del gobernador, para quo 
cuanto antes diera principio ¡i los trabajos, reintegrándose con el 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 59. 

(2) Id. id. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 331 

fondo que se creara al efecto, y que si no estaban repuestos 
cuando debiera hacerse la remesa á España, él los suplirla de su 
propio caudal. (1) 

Cuatro dias después volvió íÍ reunirse la junta para deliberar 
y acordar los arbitrios á que debería recurrirse á fin de reunir los 
fondos necesarios a la construcción de las fortificaciones en el rio 
vSan Juan, y se acord(5 gravar los frutos del pais que se expor- 
tasen por ambos mares, como también los efectos de comercio 
que se introdujesen por los puertos del sur. Se dictaron las órde- 
nes convenientes para hacer efectivos esos impuestos y se nom- 
braron comisionados especiales que los recaudaran. (2) 

Tal fué el resultado de las deliberaciones de los funcionarios 
principales, en las que se advierte algún celo por el bien públi- 
co, sobre todo en el presidente, que haciendo á un lado nimios 
escrúpulos ,se decide á que se eche mano de las rentas reales, 
comprometiendo su propio haber para reintegrar lo que debia re- 
mitirse á España. 

Pero contrasta con aquel celo la morosidad de las autoridades 
locales de Nicaragua, que dejaron pasar cinco 6 seis meses sin 
dar principio á las fortificaciones proyectadas. En efecto, por el 
mes de abril ó mayo de 1666, se recibieron en Guatemala comu- 
nicaciones de Panamá, avisando, con referencia á noticias de 
Cartagena,que hablan aparecido á la vista de aquel puerto.catorce 
buques enemigos, que parecían tener la intención de dirigirse á la 
laguna de Granada. Poco después se recibió carta del goberna- 
dor Salinas, en que refiriéndose á un aviso del de Costa-Rica, 
Don Juan López de la Flor, decia que el enemigo habia desem- 
barcado en el puerto de Matina, á doce leguas do las bocas del 
rio San Juan, y que parecía ser su intención hacerse de basti- 
mentos y aguardar que crecieran las aguas del rio, para subir 
por él al lago de Granada. 

El gobernador Salinas, que hasta entonces no habia dado prin- 
cipio á la obra de las fortificaciones, pedia se le remitiesea dos- 



(1) Ll iíl. 

(2) Id. id. 



332 HISTORIA 

cientos hombres, para defender algan punto del rio. pues aunque 
tenia alistados unos cuatrocientos, andaban muy distantes, carc- 
cian por completo de disciplina y era gente que no inspiraba 
confianza, pues algunos de ellos liubian ayudado a los corsarios 
ingleses en el saqueo de (r ranada. Se oyó ol voto del real actuer- 
do, y convocada nueva junta de hacienda, se resolvió enviar jÍ Sa- 
linas alguna parte de la gente qne pedia, pues cuatrocientos hom- 
bres no habria sido fiícil, y autorizarlo para qu(* tomara tres mil 
pesos del fondo de barlovento, con calidad de reponerlos con los 
recursos acordados para costear las fortiftoaciones: aviniéndose 
desde luego el presidente á aguardar que se yerificarael reintegro 
.de esos tres mil pesos, para que se le pagasen los ocho mil (pie 
él suplía. A poco avisó Sklitias liaber dado principio á las fortifi- 
caciones con setecientos pesos que liabia en aquella caja, y se 
dieron órdenes para (¡no se le remitieran fondos. 

Por el mes de abril recibieron el presidente y la audiencia co- 
municaciones directas del gobernador de Costa-Rica, en que avi- 
saba haber sabido por el de Chiriquí y por el cura de un pue- 
blo lindante con la Talamanca, que estaban en varias ensenadas 
de la costa treinta y ocho embarcaciones enemigas: que habia de- 
sembarcado alguna gente en una punta de tierra llamada Doype, 
donde construian casas y levantaban un fuerte; siendo su objüto 
. invadir la provincia por aquel punto y dirigirse al mar del sur. 
Agregaba que en Veragua habian capturado lí cuatro ingleses, y 
puestos en el tormento, declararon qne habia caton-o buques en 
la isla del Naranjo, con el intento de atacar a rortobelo y pasar 
después a Panamú. 

Dado conocimiento de estos hechos á la junta de hacienda, en 
29 de mayo, declaró ésta que la provincia de Costa-Rica debia 
considerarse en caso de invasión, y su gobernador autorizado pa- 
ra hacer uso de los fondos del rey, para rechazarla. Calculando 
que quizá no los habria en aquellas cajas, se dispuso se remitie- 
sen á Nicaragua ocho mil pesos del fondo de barlovento, por si 
se necesitaba de aquellos recursos. 

Por un informe posterior que dirigió al rey en 1719 el gober- 
nador Don Diego de la Haya Pernandez, se sabe que el 17 de 
abril el corsario ingles Mansfield, (Maníles y Masíied en la obra 



DE LA AMERICA CENTRAL. 333 

de García Pelaez), desembarco á la cabeza de setecientos ú ocho- 
cientos hombres en el puerto de Matína y se dirigid á Turrialba, 
á siete ú ocho leguas de Cartago, capital de la provincia. No pu- 
do hacerse otra cosa para resistir aquella invasión que mandar 
al sargento mayor Alonso de Bonilla con pcho soldados, pues no 
habia mas tropa ni con que municionarla. Mansfield se encontré 
en el camino con una india y esta le dijo que la gente del pais 
estaba situada en ciertos puntos estrechos, donde los aguarda- 
ban para atacarlos, y sin esperar mas ni averiguar la verdad 
del dicho de aquella mujer, resolvió volverse á Matina, como lo 
hizo, contra el dictamen de sus oficiales. Dejd en libertad á unos 
prisioneros que habia tomado y dijo que volveria con mas gente 
ú ocupar la ciudad de Cartago y el puerto de Caldera. Se atri- 
buya aquella retirada á milagro y estableció el cabildo de Carta- 
go una función votiva que se celebró durante algunos años en 
el aniversario del suceso, (1) 

Sabido en Guatemala, el presidente convoco el 12 de agosto 
junta de guerra, a que concurrieron los individuos de la audien- 
cia, el obispo, los oficiales reales, los alcaldes ordinarios, alcal- 
des mayores y algunos capitanes y vecinos notables de la ciu- 
dad. (2) En ella manifestó el general Meneos, después de referir 
los acontecimientos que quedan indicados, que habia resuelto ir 
personalmente á Granada, á pesar de su avanzada edad, y que 
deberian acompañarlo dos compañías de voluntarios de la ciu-- 
dad, pagadas, y si era necesario otra de San Salvador, suplién- 
dose de la real hacienda los fondos indispensables para la expe- 
dición. 

El oidor Garate, que por lo visto estaba siempre dispuesto a 
objetar las disposiciones que anunciaba el presidente, convino 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 60. Molina, Bosquejo de Costa Rica, pág. 88, 
66 refiere á Documtntos inéditos. J narros Hist. de Guatemaln, trat. 1" cap. 3^ 

(2) García Pelaez dice que no concutrdau los fechas do la invasión con 
las de las juntas en que se trató del asunto y cree que aquella debe haberse 
verificado noel 17 de abril, sino el do julio. Sin eaibarp:o, el gobernador 
Haya decía haber tomado el dato do los libros antiguos del cabildo é infor- 
mádose de personas de mucha edad. Ademas, Don Felipe Molina, refiriéndose 
á documentos inéditos del archivo de Indias de Sevilla, conviene eu que la 
invasión de Mansfield fué el 17 de abril de 1666. 



334 HISTOIUA 

en el riesgo que corrían las provincias de Nicaragua y Costa- 
Rica, aunque el enemigo, decia, no habia penetrado en ellas co- 
mo soldaJo, sino como corsario ó como ladrón ratero. Afiadiu 
que las precauciones acordadas le parecían suficientes, y que no 
era necesario enviar trppas, pues solo en Granada habia mas de 
400 hombre? dispuestos -S tomar las armas y mas de 1500 en to- 
da la provincia, que podían disciplinarse. Que*habia armas y to- 
da clase de municiones, y que lo n-lativo a ln<- •••...mo (Nhin (\\<- 
cutírse en junta de hacienda. 

Expusieron so parecer los demus vocales, y según \nu\o ad- 
vertirse, el desacuenlo entre el presidente y los individuos de la 
audiencia era completo. I^sto acabó de marcarse en una junta de 
hacienda (jue celebraron el 17, en la cnal el oidor G arate insis- 
tid en que no debía tocarse ni un maravedí de las rentas reales 
¡tara la defensa de las provincias amenazadas, pues no Re estaba 
on el caso de "invasión actual," único en cpio segnn las <5rdene8 
del rey podía hacerse nso de tales fondos. 

Kl firesidente combatió aíjuellas razones, manifestando la ur- 
gente necevsidad de acordar medidas preventivas de defensa, lo 
cual no podía hacerse sin algún gasto, (jue no debía excusarse, 
pues sí el enemigo llegaba u apoderarse de aquellas [irovincias, 
seria muy difícil recobrarlas, ann -"o.xIm ... .,j,i¡,^..i^p„ t.ui.o l.,^ 
fuer/as y el caudal de las ludias 

Parece que habría debido e.«perarse, después de una asev<Ma(i«jn 
tan alarmante, íjue .se dictase una resolución pronta y enérgicii pa- 
ra poner en estado de defensa las provincias de Nicaragua y 
Costa-Kica: pero no fué así. Pasaron cuarenta dias sin que se 
hiciera nada, á pesar de que los gobernadores dirigían una 
comunicación tras otra pidiendo socorro. Se celebró nueva junta 
de hacienda el 27 de setiembre, y en ella se pusieron á dis- 
cusión y votación los cuatro puntos siguientes: 1.® Si enfer 
mandóse y muriendo la poca gente que tenía el gobernador de 
Costa-Rica, se le mandarían cíen hombres, pagados, y de donde. 
2.® Si podría gastarse lo preciso é ínexcu'^able de la hacienda 
real en mantener la guarnición que el gobernador de Nicaragua 
tenía en el rio, para evitar que por falta de pago se desbandara 
y lo dejara solo. 3. ^ Sí podían calificarsd de vagas las noticias 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 335 

de invasión, y si estando como estaba el enemigo en la costa, de- 
bia aguardarse que penetrara en el pais para enviar socorros, que 
seguramente Uegarian tarde, atendida la distancia. 4. ^ Si por 
excusar el gasto de alguna parte de la hacienda real, deberían 
ponerse en peligro las dos provincias y en necesidad de hacer 
mayor erogación para recuperarlas, empleando fuerzas de estos 
reinos y de España. 

Como era de esperarse, tomd la palabra el oidor Gárate y repi- 
tió los argumentos que había hecho ya en otras juntas, insistien- 
do en que no debian tocarse los dineros de la real hacienda, por 
no haber ni en Nicaragua ni en Costa-Kica invasión actual. 
Añadió que según se sabia, los fuertes casi no estaban empeza- 
dos y que se había gastado ya mas de lo que se pensaba. Que los 
recursos destinados á proporcionar fondos no producían lo que 
debieran, por incuria de los encargados de la recaudación; y por 
último, que debía darse cuenta al rey de la situación de las cosas, 
para que determinara lo mas conveniente; manteniéndose, entre 
tanto, en los puntos amenazados la mas esmerada vigilancia, es- 
tando prevenidos con armas y municiones. Esto, dijo, era cuanto 
correspondía hacer, y que las contingencias y malos sucesos que 
ocurriesen, no podían ser á cargo de la autoridad del reino. 

Otros de los vocales de la junta se adhirieron al parecer de 
Gárate; pero el presidente expreso no estar de acuerdo con la 
opinión de la mayoría, ni podía convenir en que las medidas de 
defensa y los gastos que exijian se dispusieran cuando estuviese 
ya invadido el territorio; que atendiendo á la obligación que te- 
nia de defender el reino, había resuelto marchar luego á Grana- 
da, á pesar de sus setenta años y de sus achaques y que daría 
cuenta á S. M. de lo que hiciera; con lo cual se dio' por termina- 
do el asunto. 

Molestado, sin duda, con la tenaz oposición de Gárate, quiso 
el presidente castigarlo, y al siguiente dia le extendió el nom- 
bramiento de auditor de guerra y superintendente de los trabajos 
de la fortificación del rio San Juan, debiendo acompañarlo en 
la jornada y víjílar la inversión de los fondos destinados íÍ la 
construcción de los fuertes. Notificado el nombra ínicnto, contestó 
Gárate que consideraba el encargo no correspondiente á la ma- 



336 HISTORIA 

gistratura con que estaba investido, y suplic(5 que se le excusara. 
El presidente proveyd que se estuviese á lo mandado: Garato 
apeló ante la audiencia, y ésta otorgo la apelación, lo que debia 
retardar naturalmente la expedición proyectadi 

Alarmado el vecindario pacífico al ver el ^iro qiu' tomaha la 
divergencia entre las dos autoridades superiores del reino, co- 
menzó lí buscar la manera de cortarla. El ayuntamiento pare- 
cia ser el llamado jí interponer sus respetos, y considerando que 
•el camino mas llano era hacer desistir al presidente de la expe- 
dición, el 12 de octubre comisionó lí algunos de sus individuos 
para que avocándose con aquel luncionario, le manifestaran las 
consideraciones que militaban contra el proyecto. Expusiéronle 
la falta que baria su persona en la capital del reino y el retardo 
que con su ausencia sufriría el despacho de los negocios; (pie las 
providencias acordadas ya eran suficientes para la defensa de 
las provincias amennz.ida9, y (pie un viajo tan largo, en «pie debía 
tocar en puntos malsanos, expondría su salud y la trafuiuilidad 
y buen gobierno que bajo su mando disfrutaba el reino. 

Probablemente no habrían sido bastantes aqnellas considera- 
ciones á hacer que el general Meneos variara de resolución; 
pues había hecho cuestión de amor propio el llevarla jí cabo; 
pero un incidente imprevisto vino á cortar la dificultad, ('uafido 
mas acalorados estaban los líniraos con el asunto de la expedi- 
ción, resuelto Meneos íÍ emprenderla y tí obligar a G árate á 
que lo acompañara y la audiencia jÍ defender ^ éste y oponerse 
á que se le hiciese violencia, se recibió noticia de qne estaba 
nombrado un nuevo presidente y que vendría pronto ¡í hacerse 
cargo del gobierno. VA general desistió de la expedición á Nica- 
ragua, y las disposiciones de viaje tuvieron ya por objeto su 
regreso á España. (1) 



( l ) En dos diversos pasajes de eu HisiorÍA dice Jaarros qoe el presidente 
Meneos fué á Granada y desalojó de allá á los eneoiigoa (Trat. 1.® cap. 
^.° y trat. 3. ® cap. 1. ® ) En el segando hace aquel escritor tal confusión 
de los hechos qne parece dar á entender que Meneos y su sucesor fueron 
juntos á la expedición. "Habiendo los ingleses, dice, por el mes de junio de 



I 



I 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 337 

Ademas de los hechos de este presidente que dejamos men- 
cionados, debemos decir que el cronista Fuentes refiere que en 
una ocasión (no puntualiza el ano), queriendo los indios de Alo- 
tcnango, pueblo inmediato á la ciudad, hacer uno de sus bailes, 
que llamaban el Oxtun, no quiso el presidente permitírselos, pues 
tales entretenimientos estaban prohibidos, suponiéndose que re- 
presentaban cosas supersticiosas del tiempo del gentilismo. Em- 
peñados los indios en bailar el Oxtun, llegaron á ofrecer al pre- 
sidente mil pesos porque se les permitiera hacerlo; lo cual, dice 
el cronista, despertó las sospechas del general Meneos, que man- 
dó castigar severamente á los solicitantes, para ejemplo de los 
demás. Añade que en aquel baile, en que los indios danzan con 
trage y figura de demonios, hacen "cosas increíbles,'' y que 
se preparan á él con ayunos y ceremonias, no juntándose con 
sus mugeres y guardando silencio durante algunos dias. 

Es lástima que no haya explicado el cronista las "cosas increí- 
bles" del Oxtun, que acaso seria el mismo baile con recita- 
ciones que tradujo el abate Brasseur y que él llama el baile del 
7\m. La parte recitada de esas danzas versaba sobre asuntos 
históricos, ó leyendas nacionales; pero los españoles, dispuestos 
siempre ú ver la intervención del diablo en todo lo que no en- 
tendían, prohibieron los bailes, y como lo hizo Meneos, hasta 
<íastigaban á los indios por su empeño en conservar aquellos re- 
cuerdos de su antigua historia. 

El presidente nombrado era Don Sebastian Alvarez Alfonso 
Rosica de Caldas, caballero de la orden de Santiago, señor de 
la casa de Caldas y regidor perpetuo de la ciudad de León. 
Hizo el viaje de España lí Veracraz y de allá á Guatemala por 
tierra, enfermándose tres veces. En Oaxaca tuvo que detenerse 
sesenta dias, de los cuales cuarenta pasó en la cama. Hacemos 



1GG5, apoderadose del fuerte de Sin Carlos, que defendía la entrada á la pro- 
vincia de Nicaragua por el rio de San Juan y saqueado la ciudad de Grana- 
da, pasó el Presidente Meneos y su sucesor á dicha provincia y lograron de- 
salojar al enemigo." Ya queda dicho que en 16G5 no habia tal fuerte de St-n 
Carlos y que Meneos no fué á Nicaragua. 

HIST. DE LA A. C. 22 



338 HISTORIA 

mención de estas circunstancias porque ellas nos liacen ver euaii 
larp^a y penosa era en aquella época la jornada entre España y 
Guatemala. 

Desdé que se tuvo noticia de que venia el presidente; acordt) el 
ayuntamiento las ceremonias y festejos con que debía recibírsele. 
En sesión del 26 de Noviembre y cuando el nombrado estaba 
todavía muy lejos de (ruatemala, dispuso se le hiciesen tres cum- 
plimientos: uno vn Tecpan-Atitlan, á donde irían dos capitula- 
res á darle la bienvenida; otro en Patzun. yendo un alcalde y 
cuatro regidores á besarle la mano, y el tercero á su llegada, 
acordiíndose un gasto de 500 pesos para un baníjuete en las in- 
toediaciones de la ciudad; presen tiíndolc el cabildo el caballo 
lujo.samente enjaezado en que debía entrar; mandando poner lu- 
minarias ca la noche y haciéndose al siguiento din l'^s- p'jocijos 
de costumbre en tales ocasiones. 

El seiíor Alvarez no lleg(5 sino hasta mediados de enero de 
1667. La audiencia, que según lo h.4cia siempre, debía enviar una 
comisión para recibirlo á una jornada de la ciudad, disponién- 
dole comida para ese día, se encontraba en imposibilidad de ha- 
cer esto último, por({ue el fondo de que se hacían estos gasto» 
era el de multas y penas de cámara, y á la sazón, no tenia un 
coarto. Acordó, pues, que el ayuntamiento, sin perjuicMo do las 
demostraciones prevenidas, dispusiese comida en Patzun, Patzicia 
y Chimaltenango, bajo pena de cien ducados de malta á cada ca- 
pitular, si no obedecían la disposición. Se conformt5 el cabildo 
aunque bajo protesta y aeordf' dos mil pesos para los gastos to- 
dos del recibimiento. 

Los desagrados se mezclaron pronto ú las demostracioiios de 
cortesía, pues desde el 17 de enero, estando el nuevo presiden- 
te en Jocotenango. barrio de la capital, le suscild una prrave cue.s- 
•tion el mismo oidor (rárate que tantos disgustos había ocasiona- 
do al general Meneos. El señor Alvarez reraitíú sus despachos á 
la audiencia y examinados éstos, hizo observar Gíírate que no 
veniuu mas que los de presidente de la audiencia y capitán ge- 
neral y no el de gobernador, y en seguida el fiscal, licenciado 
Don Pedro de Miranda Sintillan, pidió pue se declarara vacan- 
te la gobernación y que entrara á desempeñirla la real audien- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 339 

cía. Después de algunas coatestaciones, remitió el nuevo presi- 
dente el despacho en que se le nombraba juez de residencia de 
su antecesor, y como el qtíe desempeñaba esta comisión, ejercia 
siempre el gobierno, ya no hubo dificultades é hizo su entrada el 
18. El presidente debió quedar desde entonces resentido con el 
üscal, pues así lo da íÍ conocer cierto procedimiento harto severo 
que usó después con aquel funcionario, como diremos oportuna- 
mente. 

Parece que en el camino, ó en la ciudad, luego que llegó á ella, 
refirieron al presidente lo que se habia hecho para conquistar las 
comarcas pobladas por los choles y los lacandones y el ningún 
resultado de tales tentativas. Aquella relación hubo de inflamar 
su celo, y sin detenerse á investigar si habria asuntos que mere- 
ciesen de preferencia su atencioft, proyectó desde luego una ex- 
pedición á las tierras de aquellos infieles. 

A los doce dias de su entrada a la ciudad, dirijió el presidente 
Alvarez al rey una larga exposición, que comenzaba con un 
preámbulo en que describía la comarca de los lacandones y de- 
cía las tentativas hechas en diversas épocas para conquistarlg^. 
Incurrió el mal Informado presidente en esa parte de su escrito 
en errores geográficos é históricos que señala el autor á quien 
debemos el conocer aquel documento interesante. (1) 

En catorce ó quince párrafos de que consta la exposición, 
ademas del preámbulo, exponía el Sr. Alvarez las que pudiéra- 
mos llamar bases de la empresa que proponía tomar a su cargo; y 
lo que era mas aun, costearla con sus propios fondos. Ofrecía po- 
ner en las cajas de Guatemala treinta mil pesos de á ocho reales 
para los gastos de la expedición; de los cuales enterarla desde lue- 



(1) Ximenez, que lo inserto íntegro en el cap. 18, lib. 5. ® de su Historia, 
inédita hasta ahora. Aunqne la exposición se imprimió en la oficina de Pine- 
da Ibarra, como dijimos en otro Ingar, no creemos haya llegado hasta nues- 
tros dias un solo ejemplar de aquella edición. Juarros no la cita, pues por 
mas que parezca extraño, no conoció la importante obra de Ximenez, que 
pudo haber visto en la biblioteca del convento do Santo Domingo; y García 
Pelaez lo único que dice de ella es que fué lo primero que se imprimió en Gua- 
temala, lo cual, según dijimos ya, no es cierto. 



340 HISTOUIA 

go la mitad, para que se compraran armas, caballos y municiones 
de guerra, y la otra mitad un año después. 

Por lo demás, pedia todo lo que era indispensable al buen 
éxito de la empresa, 6 conducente lí él. Autorización para levan- 
tar fuerzas; nombramiento especial de capitán «reneral de la expe- 
dición; facultad para emplear á los indios en la conducción de ví- 
veres y para abrir caminos; que se le proporcionaran misioneros 
que procurasen catequizar ú los infieles, y que conípiistada la co- 
marca de los lacandone8, quedara bajo la jurisdicción do la au- 
diencia de Gnat<»mala, con el nombre de provincia de Caldas, 
(uno de sus apellidos) en memoria de que la liabia parificado, y 
8U8 habitantes libree durante dos años de todo pago de rribnto. 

Pero no era solo aquella recompensa, puramente honorífica, 
laque esperaba el presidente, pues en el paírrafo 14.® déla 
exposición decia que el rey habría de darle su l'é y palabra real 
de concederle las mercedes qoe tan justamente se le deberian, 
por conseguir lo que otros no pudieron, y también lí los qne lo 
hubiesen ayudado; poniendo en consideración de S. M. "los mu- 
'chos gastos que tendría (|uc hacer, la mucha hambre, sed, calor, 
descomodidades y pelijíro de vida, pues en la tierra caliente del 
Lacandon hay plaga de mosquitos, vívoras, alacranes, talages y 
otras sabandijas que molestan los cuerpos gravemente, cuyas 
mordeduras y picazones, si con brevedad no se pone el remedio 
que se usa, allí mueren luego; cuando con descanso y utilidad 
podía estar ejerciendo su oficio." 

En el párrafo 15. ® decia haber traido de España dos sobri- 
nos, Don Bernardo Alvarez de A'^aldes y f)bre^'on, y Don San- 
cho Alvarez de las Asturias, como también un nietecito de tier- 
na edad, llamado Don Sebastian, hijo primogénito de Don Ilodri- 
go Alvarez de las Asturias, conde de Nava, y de una hija suya; 
y pedia que si perdia la vida en la empresa, se les diese alguna 
ayuda de costa para volverse á España, como también á oti-ns 
cuatro sugetos principales que mencionaba, y que habían venido 
formando parte de su casa y familia, fjue constaba nada menos 
que de diez y siete individuos. Concluía manifestando (pie envia- 
ba poder en debida forma a' cuatro personages de la corte, pa- 
rientes suyos aJgunos de ellos, para que en su nombre extendíc- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 341 

ran la escritura correspondiente, en que se hiciesen constar las 
condiciones bajo las cuales eraprenderia la expedición al pais 
de los lacandones; y no satisfecho con haber dirijido al rey aque- 
lla exposición, escribi(5 en iguales términos al conde de Peña- 
randa, presidente del consejo, y á otros individuos del mismo 
cuerpo. 

Cual haya sido la resolución que recayo en la exposición del 
presidente Alvarez, nunca llegd á saberse; pero se deja entender 
que ó no fué favorable, ó que el documento quedd olvidado en 
las carpetas del consejo de Indias. Lo cierto es que no volvid á 
hablarse de tal expedición á los lacandones, y el presidente 
emplecj su actividad en otra empresa de muy diverso género, 
como veremos en el capítulo siguiente. 



CAPITULO XIX. 



ActÍTante los trabajos de la oonstrucdon del fuerte en el río San Jaan. — 
Empeño que toma en esto el gobernador Salinas.— Se dá á la fortificación 
el nombre de castillo de San Carlos de Aastria.— Nombra el presidente go- 
bernador interino á Pon Francisco de Yaldes, mientras se ocupa Silinaa 
en la obn de la fortificación. — Acnsaciones de Yaldes contra Salinos. — 
Encuentran apoyo en el presidente AWarez, que nombra un juez parcial, 
despoja á Salinas del gobierno y le embarga los bienes.— Quéjase ÓHto ú la 
aadienda, qne reprueba lo practicado y dicta algnnas providencias para la 
continoacion de la cansa.— Exasperado el presidente, manda prender á 
Salinas y resnelve ir á Nicaragua. — Dirígele la audiencia un requerimiento 
para qne desista del viaje. — El presidente dicta providencias contra el oi- 
dor Garete.— Represéntale el ayuntamiento la Incoveniencia do su vinje, 
y previene el presidente que lo acompañen el alcalde y el regidor que le 
presentaron la exposición.- Resultado insignificante d^ la expedición del 
presidente Alvarez á Nicaragua.— £1 consejo de Imlias manda se imponga 
una multa al oidor Garete. — Empéñase el presidente en la reconstrucción 
de la catedral. —Incidentes qne revelan la poca armonia que reinaba entro 
el presidente y los oidores. — Procedimientos de aquel contra el fiBcal de la 
audiencia, á quien manda á un presidio, donde acaba sus dias. — Reprueba 
el rey la conducta de Alvarez y nombra al obÍBpo Santo Matbia visitador y 
juez de residencia, con el cargo de gobernador y presidente de la audien- 
cia real. — Abre el juicio, retírase Alvarez muy enfermo, á un pueblo; vuel- 
ve á Guatemala y muere antes de terminar el juicio.— Renuévase !a dispo- 
sición que limitaba el comercio entre el Perú y el reino de Guatemala. — 
Desagrado que causa esta medida. — Represéntase contra ella inútilmente. 
— Impuestos á los artículos de Guatemala que salían por Veracruz. — Pri- 
meros avances de los ingleses en territorio del reino. — Tratados entre la 
Espofia y la Inglaterra de IG67 y 1»)70.— Establécese formalmente, por cé- 
dula de 1G71, el juzgado de provincia. — Prohíbese el comercio del reino 

f^ con los puertos del sur de Nueva España. — Sumas que percibían los presi- 
dentes por los repartimientos de indios del valle de la ciudad. — Sueldo de 
aquellos fanoionaríos. — Nueva invasión de Granada por corsarios ingleses. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 343 

— El general Escobado viene á hacerse cargo de la presidencia, goberna- 
ción y capitanía general del reino. — Pasa á Granada á examinar la fortifi- 
cación, y dispone se levante en otro sitio.— Providencia sobre el fondo de 
repartimientos de indígenas. —Lo que pagaban éstos en aquel tiempo. — 
Restablécese la fiesta del aniversario de la primitiva fundación de la ciu- 
dad. — Fiestas reales. — Consulta el presidente la erección de algunas villas. 
— Producto de la alcabala. — Se encarga su administración á los oficiales 
reales y se manda establecer una aduana. — Prohibición del comercio con la 
Habana. 



(1668—1676.) 



Auuqiie como dejamos dicho ea el capítulo anterior, el presi- 
dente Meneos no llegd á realizar la proyectada expedición á 
(j ranada, parece que solo la noticia de que iba á visitar la? for- 
tificaciones del rio San Juan, estimuM á las autoridades de la 
provincia é hizo que se activaran extraordinariamente los tra- 
bajos. 

Según una carta que escribid al rey aquel mismo oidor Garate, 
opositor perpetuo en las juntas de guerra y de hacienda, el go- 
bernador Salinas tomo con tanto empeño lo de los fuertes del 
rio, que se constituyo personalmente en el lugar, donde permane- 
ció durante cuatro ó cinco naeses, en cuyo tiempo, anadia el oi- 
dor, no se desnudo ni de día ni de noche^ consagrado exclusiva- 
mente á los trabajos, en que tomaba parte como cualquier oficial 
mecánico. Pero no fué, como se habia proyectado, en la boca del 
rio donde se levantó la fortificación, á la que se ái6 el nombre 
de San Carlos de Austria, sino en otro punto que el gobernador 
juzgo mas á proposito. 

Como tuvo Salinas que situarse á cincuenta leguas de Grana- 
da,y su ausencia habia de ser larga,el presidente dispuso nombrar 
para que lo subrogara en el gobierno, á Don Francisco de Valdes, 
corregidor del partido de Subtiava; pero siempre á las órdenes 
de aquel. Mas vino á suceder que el sustituto se convirti(5 en 
émulo ó mas bien enemigo declarado del propietario, y procurc5 
desacreditarlo en relaciones que dirigi(5 á Guatemala, criticando 
agriamente todas sus operaciones. 



344 HISTORIA 

Bn aquellas circunstancias se hizo cargo de la presidencia y 
capitanía peneral del reino Don Sebastian Alvarez, y como este 
funcionario era hermano político de Valdes, se vino éste inme- 
diatamente lí Guatemala, con el prop(5sito de proscíruir y llevar 
adelante, aprovechando aquel parentesco, las hostilidades contra 
Don Juan de Salinas. Hallaron sus informes buena acojíida en 
él íínimo del presidente, que presentó al acuerdo una exposición 
contra el gobernador de Nicaragua, en (pie le hacia cargo de es- 
tar levantando las fortifícaciones en un punto del rio San Juan 
que no era el convenido y de haber gastado en ellas gruesas su- 
mas. 

Probablemente no mo8tr(5 la audiencia mucha disposición á 
secundar los procedimientos contra Salinas, pues en seguida co- 
men7.(5 el presidente jÍ obrar en el asunto de propia autoridad 
y de una manera que puede calificarse de violenta, si fue cierto 
lo que a.seguraba el oidor Grfrate, que informaba al rey de aque- 
llos sucesos. 

Decia que había nombrado el señor Alvarez un jaez parcial, 
ligado con Don Francisco de TaMes y enemigo de Salinas, para 
que fuese á seguir el asunto en Nicaragua, y (|ue des|>ojando á 
este del cargo, mando se le embargaran los bienes y nombrcj go- 
bernador Á su cuñado. 

Salinas vino á quejarse tí la audiencia del violento despojo de 
su empleo; recusiJ al juez y pidi<5 el desembargo de su haber. 
El tribunal mandó se le restituyese en el oficio que desempeña- 
ba, diú al juez por recusado, comisionando al oidor Don Benito 
Novoa Salgado para que fuese á hacer la pesquisa y al sargento 
mayor Juan Márquez Cabrera, gobernador de Coinayaí^ua, que 
se encontraba á la sazón en Guatemala, para que pasara íÍ exa- 
minar las fortificAcioncs del rio San Juan. 

Esta resolución irritó sobre manera al pre.s¡<lente, y por un 
golpe de autoridad, se avocó los autos y comenzó J proceder, sin 
dictamen de asesor, mandando reducir á prisión á Salinas, to- 
mándole confesión y recibiendo la causa á prueba. En oposición 
decidida con la audiencia, no tenía empacho en manifestar públi- 
camente que procedía de aquella manera por haber ocurrido el 
gobernador en queja ante el tribunal. Mas aun, anunció 1» 



I 



DE LA AMERICA CENTRAL. 345 

determinación de ir á Nicaragua y examinar por sí mismo las 
fortifioaciones. 

Y estaba resuelto efectivamente á emprender aquel viaje 
de mas de doscientas sesenta leguas, tanto se habia encapricha- 
do el presidente en imponer á la'audiencia y castigar al goberna- 
dor de Nicaragua. Hizole aquella un requerimiento para que per- 
maneciese etj la ciudad, representándole el embarazo que origi- 
naba la salida de un presidente y los inconvenientes que produci- 
rla; pero lejos de atender á la observación, previno al oidor Gá- 
rate, (como en idéntica circunstancia lo habia hecho el general 
Méncoi), se dispusiera á acompañarlo en la expedición. Suplico 
Gárate de la providencia, y el resultado fué que dictara el pre- 
sidente otro auto de tal naturaleza, que puso á aquel en el 
caso de asilarse en la casa de los jesuítas, de donde no salió, si- 
nd después de haber ofrecido obedecer la urden de ir á Nica- 
ragua. 

El presidente habia dispuesto salir el 7 de noviembre. El 4 
se reunió el ayuntamiento y acordó dirigirle una exposición en 
que le representaba los inconvenientes del viaje y de la ausencia 
dilatada que habria de hacer; insistiendo particularmente en los 
peligros á que expondría su salud en los malos climas de algunos 
de los lugares donde tendría que tocar. El alcalde 1.® Don 
Juan de Roa y el regidor Luis López de Andavide fueron á 
presentarle, en nombre del cabildo, el pliego que contenía la 
exposición. 

El resultado de aquel paso fué enteramente contrario á lo que 
el ayuntamiento se proponía, pues el irascible presidente inter- 
pretó mal la exposición y dijo que se había querido motejar sus 
resoluciones y darle una lección sobre la manera de gobernar. 
Mandó que se celebrara cabildo extraordinario el día 5, y en él 
hi2o notíücar al alcalde y al regidor que le habían llevado el 
pliego, se preparasen a acompañarlo eu la expedición, alistán- 
dose dentro de veinticuatro horas. Salieron en efecto el 7: pero 
les permitió regresaran de Petapa, pueblo cercano á la ciudad. 

La expedición del presidente Alvarez á Nicaragua tuvo por 
resultado que se ratificaran unos testigos que habían declarado 
contra el gobernador Salinas, que se exijieran cuentas i( éste del 



346 HISTORIA 

dinero invertido en los trabajos de la fortificación y proponer 
que se construyeran en sitio diferente. 

Alvarez d¡rigit5 una carta al rey, que firmaron también los oi- 
dores Novoa y Medina y el fiscal Miranda, en la que pondera- 
ba la importancia de la expedición y las grandes sumas del te- 
soro real que se habrían malgastado, si no hubiese ido él á Nica- 
racagua. Anadia haberlo auxiliado eficazmente en la elección del 
sitio donde debia erigirse definitivamente la fortificación, el capi- 
tán Martin de Andujar, ''persona de toda satisfacción, ingeniero 
y con celo del servicio de S. M." Pero el oidor y el fiscal (?on- 
signaroD al pió de la copia de la carta (pie queden en el archivo, 
qne no estaban de acuerdo en lo que se dccia en ella acerca de la 
importancia de la jornada. 

La resolución del cousojo de Indias fué que se pidiese informe 
al presidente Alvarez sobre sus procedimientos con el gobernador 
Salinas; y respecto á la fortificación, que oyéndose al general Men- 
eos; pasara el expediente al coodcjo de guerra. Se dis[)UMo también 
que se exijierao quinientos pesos de multa al oidor Gurate por ha- 
berse negado á acompañar al ))residente Meneos á, la proyectada 
y no verificada expedición ú Nicaragua. (1) Tal fué el resultado, 
harto mezquino por cierto, de aquellas ruidosas controversias. 

A su regreso de Nicaragua, resolvió el activo presidente ocu- 
parse .en una empresa de muy diverso género; tal fué la de la 
reedificación de la catedral, edificio muy antiguo, cubierto de 
madera, que amenazaba ruina en algunas de sus partes y que 
se trataba de reparar. Don Sebastian fué. de opinión que debia 
demolerse y levantarse otro nuevo desde sus cimientos; idea (pie 
pareció al obispo, (Dr. Don Juan de Santo Mathia) al cabildo y al 
público, mas atrevida que practicable, no contándose con recursos 
de ninguna clase para llevarla ¿í efecto. Pero el presidente no 
era hombre que volviera atrás, una vez tomada una resolución. 
Contra el parecer de todos, dÍ8pu.<*o echar abajo el templo, aun- 
que en algunas partes se hallaba en buen estado, y trabajaba 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 61. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 347 

personalmente en la obra como un peón, estimulando el celo de 
los operarios. Dirigid la nueva construcción el mismo capitán 
Martin de Andujar que habia ido á examinar las fortificaciones 
del rio San Juan; j debe confesarse que á aquella despótica re- 
solución del presidente Alvarez debió Guatemala el haber tenido 
una de las mas hermosas catedrales de la América española. 

La falta de armonía entre aquel funcionario 7 la real audiencia, 
que se habia dejado ver en el incidente del gobernador Salinas, 
tuvo ocasión de marcarse después en ciertos incidentes que ocur- 
rieron. Sucedió un dia que el oidor Gárate, por un arranque de 
vanidad, se presentó en el paseo de Jocotenango en un coche 
tirado por cuatro muías y con dos cocheros montados. Ofendióse 
de esto el presidente j mandó publicar bando en que prohibía 
se hiciese aquello, bajo ciertas penas, siendo la disposición gene- 
ral y exceptuando de ella únicamente al obispo de la diócesis. 
Otro dia, yendo el presidente á pié por la calle, hubo de encon- 
trarse con el coche del oidor Xovoa, y porque éste no hizo dete- 
ner el carruage, le impuso una multa de doscientos pesos. Que- 
jóse el oidor al consejo de Indias, y vino aprobada la resolución 
del señor Alvarez, calificando el hecho de Novoa, de falta á la 
cortesía y al obsequio que debia á su presidente. Sin embargo, 
se prevenía se le devolviese la multa, considerando, sin duda, 
que estaba suficientemente castigado con la demostración. 

Ocurrió en los mismos dias un hecho mas grave y que tuvo 
resultados mas trascendentales. Descubrió el presidente que el 
fiscal de la audiencia, Don Pedro de Miranda Santillan, daba 
cuenta secretamente al rey de sus procedimientos, y esto le 
causó la mas viva irritación. No pudiendo proceder contra él 
por aquel hecho, acusó d Miranda de tener tratos y contratos 
con los enemigos del rey, (no se dice quienes fuesen éstos) y lo 
sentenció á presidio en el castillo de San Felipe del Golfo- 
dulce. Refiere esto último uno de los antiguos cronistas. (1) 
Juarros pretende que se probó al fiscal el delito de baratería y 



(1) Ximenez, Hist. de Giiat. y Chap. lib. ñ. ® . cap. 



11). 



348 HISTORIA 

que por 61 fué destinado al presidio del Golfo, en lo que. añade, 
se excedi(5 el presidente. (1) Ambos, autores y García Pelaez 
convienen en que el liscal muriú ú poco tiempo en el castillo, no 
habiendo podido resistir el clima de aquella costa mortífera. (2) 
El ayuntamiento escribití al rey elogiando al presidente, dis- 
culpando sus procedimientos con el üscal y recomendando mu- 
cho al letrado que había nombrado para que deFenípenara interi- 
namente el empleo. Don Caírlojj Coronado y Ulloa. (J) Pero en 
la corte se habian recibido otros informes que referían el hecho 
de diferente manera y estos fueron mas atendidos (pie los del ca- 
bildo. Kn cédula de O de. mayo de 1670 decia el rey "(lUc no fué 
menor el exceso que ejecutó (el presidente Alvarez) en la pri- 
sión del fiscal, imbiandole ú. un castillo tan remoto, con las cir- 
cunstancias referidas, (de estar la fortaleza á ochenta leguas de 
la ciudad y de haber privado al preso de todo comercio humano 
para que nadie le hablara ni lo socorriera): pues aunque sus pro- 
cedimientos merecían castigo, no le era permitido al presidente 
hacer tan violenta demostración, ni tuvo autoridad para ejecutar- 
la en un ministro tí)gado nombrado por mí, y parte de su misma 
audiencia: pues es cierto que si procediera con alguna justifica- 
ción y no apasionadamente, se contentara con hacer la averigua- 
ción y dar cuenta al consejo." 



(1) Hist. de Gtiit. trat. 3.«, cap. 1. « El delito de bürnteria es, aegxxn 
dice EBcríche, (Dicciunarío de legÍHlacioa) "el fraude ó engaño que se come- 
te en compras, ventar ó trueques." 

(2) £1 sefior Pelacz trauscribe una real cédula de 6 de mayo de 1670 en 
la que, entre otras cosas, se dice que el presidente Alvarez mandú al castillo 
de San Felipe á Don Pedro Miranda de Santillan, qne &, la sazón era fíncal 
de aquella audiencia y ya es oidor de ella. Dos párrafos mas ahajo dice el 
mismo autor, refiriéndose á carta del padre Manuel Lobo, qne Miranda mu- 
rió en el castillo el 9 de octubre de 1669. ¿Cómo pudo, pues, ser oidor de la 
audiencia de Guatemala en majo de 1670? Esta contradicción no llamó la 
atención del autxDr de las Memorias para la Historia. Por nuestra parte cree- 
mos que el tiscal Miranda murió efectivamente en el presidio en la fecha qne 
se indica, y que en la real cédula que cita García Pelaez debe haber alguna 
equivocación. 

(3) Doc. del ant. arch. de Guat. N. « 52. 



I 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 349 

Después de esa exposición de los hechos, contenia la real céda- 
la el Dombramieüto de presidente de la audiencia, visitador y 
juez de residencia á favor del obispo de la diócesis, doctor Don 
Juan de Santo Mathia, que se hizo cargo inmediatamente del em- 
pleo y comenzó desde luego ú desempeñar la comisión de la vi- 
sita. 

Mandó retirar al residenciado a un pueblo distante de la ciu- 
dad, donde permaneció enfermo mas de año y medio, viniendo 
en seguida al hospital de Belén (1) en Guatemala, y cuando se le 
agravó la enfermedad lo trasladaron á casa de un vecino particu- 
cular, donde murió antes que terminara el juicio. (2) 

La disposición que limitaba el comercio entre este reino y el 
del Perú á dos navios que debían venir todos los años con frutos 
de aquel pais y doscientos mil ducados para comprar los produc- 
tos de estas provincias, estaba vigente; pero el tra'fico no se re- 
ducía a aípiellos dos buques. Era bastante frecuente el que habia 
entre los puertos del Realejo y Acajutla y los del Perú, y las 
autoridades de uno y otro reino disimulaban aquella infracción 
de las reales disposiciones. Supo el consejo de Indias lo que pa- 
saba, y se renovó, en 12 de enero de 1667, la orden terminante 
para que el comercio entre Guatemala y el Perú se limitara á 



1) randado pocos años antes por Pedro Betancourt, c-ólebre por su cari- 
dad y otras virtudes que le alcanzaron el respeto y la veneración del pais. Mu- 
rió el 2.Ó de abril de 1667 y se le hicieron solemnes funerales, con aMstencia 
del presidente, de la audiencia y del pueblo que lo consideraba como santo. 
Algún tiempo después, promovida la canonización de Pedro Betancourt, expi- 
dió el papa Clemente XIV, el 25 de Julio 1771, un decreto en que declaró sus 
virtudes "en grado heroico." Era natural de Canarias y residió quince ofios 
en Guatemala, á quien adoptó como su segunda patria. 

(2) Ximenez, Hist. de Chiap. y Guat. (M. S.) lib. 5. ® , Ciip. 20. 

El cabildo eclesiástico, reconocido al servicio que pestó el presidente Alva- 
rez en la reconstrucción de la catedral, le erigió una estatua en una de las 
capillas del nuevo templo, con esta inscripción: Douñnus Sebastian ((s Alcarez 
Alfonso Rosica de Caldan, liujuH regalis Cancelario PtwsfS, harum provin- 
ciarum Generalis Dux quem tota ütius fnDiifycrafl tpn^pl! fa^ricti ('in),i;i,m 
in^ta a ratorem da mat. 



350 HISTORIA 

los dos navios anuales. Acertó á llegar esta real cédula en 
momentos en que fondeaban delante de Acajutla dos bu(|ues dtd 
Perú, convino, vinagre, aceite, aceitunas y una regular cantidad de 
plata en barras y en moneda, para comprar los frutos de la tier- 
ra. La autoridad local, con mejor criterio en el particular (jue la 
de la metrópoli, disimuló el í|ue se desembarcaran a(iuellos artí- 
culos y hasta qne se habia hecho esto, dio publicidad i la real 
cédula. 

KI desagrado qae cansó estJ á todaa las clases sociales, fué 
grande; pues se la consideralMi y con razón, como ruinosa para 
el país. Hubo de apelarse al recurso acostumbrado, el único que 
podia adoptarse para evitar el mal. Por iniciativa del ayunta- 
miento, se formó un expediente en que se hacia constar las con- 
secuencias desastrosas de la medida y se remitió al consejo con 
informe de la audiencia de 20 de junio de 1668. "El vino que 
viene de esos reinos, decía, es cierto no es bastante para el sus- 
tento de estas provincias, así porque no vienen naos todos los anos, 
como porque lo gastan muy de ordinario todo linage de hombres 
y mugeres, chicos y grandes, y con lo sucedido este «no tí la 
nao que vino de esos reinos, que cercada del enemigo en el (lolfo- 
dulce con diferentes bageles, se vio obligada, siendo de mucho 
porte, y con buena gente, lí levar anclas de noche, hacerse á la 
vela y procurar escaparse, con este suceso se intimidan y raras 
veces se venín naos de Castilla en este distrito. . . .&." 

El resultado de la solicitud fué que se dirigiera Á la casa <lc la 
contratación de Sevilla una real orden, con lecha 22 de junio 
de 1()7(), en que se prevenia al presidente y oficiales reales de 
dicha casa cuidasen de que no dejaran de venir á estas provin- 
cias naos con vino, vinagre y demás artículos, -á fin de que no 
padeciesen necesidad. El permi.so pedido para hacer un comercio 
franco con el Perú, fué denegado, y las cosas se quedaron como 
estaban antes. 

Recibida esta negativa en Guatemala, no se desalentó el ayun- 
tamiento, tintes bien pidió }' obtuvo jierraiso del presidente para 
celebrar cabildo abferto y continuar tratando el asunto. Acordó- 
se insististir en la solicitud, ofreciendo un donativo hasta de ocho 
mil pesos porque se despachara favorablemente; pero nada se lo- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 351 

gró, sino que se repitieran las ordenes á la casa de la contrata- 
ción para que enviara los buques con mercaderías j que del Perú 
vinieran únicamente los dos navios de doscientas toneladas con 
mercaderías y doscientos mil ducados. 

Guatemala no tenia aun consulado de comercio que promovie- 
ra estos asutos. pues aunque habia solicitado su erección desde 
el año 1647, se le negd, en virtud de informes contrario? de la 
casa de la contratación de Sevilla y del consulado de México. 
Pretendía este último ejercer cierta autoridad en Guatemala, 
pues sucedi(j que habíen'do convenido con el de Sevilla en que se 
pagarían 125,000 pesos por cada flota que viniera á Yeracruz, 
dispuso se cobraran diez pesos á cada cajón de añil, tercio de 
grana silvestre, cajón de chocolate, cajón de vainilla y dos á cada 
carga de cacao que llevaran las flotas. Hizo esto el consulado 
de México, sin oír siquiera al comercio 6 á las autoridades del 
reino de Guatemala; siendo así que los frutos gravados oran pre- 
cisamente los que se enviaban de estas provincias á Yeracruz 
para embarcarlos en las flotas. Resolvió, pues el cabildo recla- 
mar contra aquellos impuestos y pedir que se moderaran. (1) 

Hacia algunos años que los ingleses establecidos en puntos po- 
co distantes de las costas de Guatemala, no se limitaban ya á 
perseguir las embarcaciones españolas en los mares, sino que ha- 
bían comenzado á entablar el corte del palo campeche en terri- 
torios de la península de Yucatán. Comenzaron en el cabo Cato- 
che y después se extendieron hasta las márgenes del rio AValís, 
viniendo á sancionar en cierto modo, aquellos avances los trata- 
dos entre la Gran Bretaña y la España de 1667 y 1670. Hace- 
mos mención de estos hechos, porque ellos sirvieron de punto de 
partida á la ocupación de una porción considerable de territorio 
del reino que se verificó mas tarde. 

Hemos dicho que el ayuntamiento de Guatemala resistía el 
juzgado de provincia, pprque coartaba la jurisdicción de los al- 
caldes ordinarios; y á fuerza de instancias hechas al rey por mc- 



(1) García Pelaez, Mem. cap. Gl y 64. 



352 HISTORIA 

dio del procurador que mantenia eu 1í^ corto, había logrado que 
se suprimiera. Pero seguramente la audiencia peilia por su par- 
te el restablecimiento del juzgado, pues se babian recibido cédu- 
las en que preguntaba el rey los motivos que determinaran la 
supresión. ]*arece ser que por el año 1GG5 fnncionaba do hecho 
el juzgado de j>roviucia, que al tin vino lí quedar rormalnieute 
autorizado por cédula de 24 de noviembre de 1G71. 

Eu ella se disponía que los oidores de Guatemala, en concep- 
to de alcaldes del crimen, pudieran conocer de todas las causas 
civiles en el distrito de las cinco leguas; tocándoles en aquel 
juzgado, acumolativamente con las justicias ordiuariius, la deter- 
minación de las causas civiles, apertura de testamentos, inven- 
tarios y diacernimiento de tutelas. (1) 

Se repitió en aquel aúo (IG71) la prohibiciou do comer- 
ciar coa el Perú, y aun con la Nueva EUpana, pues una cédula 
ijuc se reGere á ese particular dice no ser permitido el comercio 
por el sur en general. Alega que perjudicarla ú los imp<;rtadores 
españoles qne enviaban i(us mercaderías á Tierrafírmo y que^e 
cometerían fraudes en los puertos de Nicaragua. No podía ya, 
pues, comerciarse en lo sucesivo con los puertos mexicanos de la 
costa del Pacitico, lo cual se había hecho hasta entonces librp- 
'"**"te. ,,.,,.. 

Y sin embargo, ea probable que aíjuella disposición, como Qt^$8 
que tenían el mismo carácter restrictivo,, haya cedido ante la ley 
mas imperiosa de la necesidad, y experimentado excepciones en 
la práctica. Hay constancia de que dos años después de expedida 
la cédula en que se hablaba de no deber consentirse el comercio 
por el sur, se hizo una reir.esa de azúcar de (Juatemala á Acapul- 
co, (2) probablemente con permiso de la autoridad, que muchas 



(1) La ley I. *, tík. 1», lib^ 2. ® de la Rec, <le Ind. contieoe ígaal dispo- 
sición pora todos los Ingarea donóle no hnbieee alcaldes del crimen. Los oi- 
dores debían administrar justicia en la plaza, los martes, jueves y sábados de 
cada semana, y sus sentencias eran apelables ante las mismas audiencias, co 
teniendo voto el oidor qne las hubiese pronunciado. 

(2 ) Cuatro mil arrobas cosechadas en el ingenio que tenia en jurisdicción 
dó Petapa Don Joan de Arrivillaga. 



DE LA AMLRICA CENTRAL. 353 

veces no podia aplicar ea todo su rigor disposiciones dictadas en 
España con poco miramiento á los intereses de la colonia. 

Se recibió en este mismo año otra cédula en que prevenía 
el rey se le informara acerca de un hecho que se le había 
denunciado, y era que los presidentes del reino percibían cierta 
:suma por los repartimientos de indios del valle de la ciudad; y 
<|ue solia ascender á cinco y seis mil pesos anuales. 

El hecho era cierto, tan cierto que el presidente Meneos saca- 
ba tres y cuatro mil pesos de los repartimientos, según dijo el 
oidor Gárate en una carta al rey; y Alvarez, su sucesor, no tuvo 
empacho en escribir al mismo rey que había percibido aquellos 
gages, como sus antecesores en el mando, "para poder servir á 
S. M. con mas limpieza." 

Hecha la averiguación por el obispo presidente y por la au- 
diencia, resultd que lo que obtenían los presidentes por reparti- 
mientos de indios eran cinco 6 seis mil pesos anuales. 

A proposito de esta exacción, cita el autor de las Memorias 
para la Historia de Guatemala ciertas especies que consigna Ga- 
go en su obra y en las que incurre en algunas equivocaciones, 
como le sucedía con frecuencia. Decía el viajero ingles que los 
presidentes tenían 12,000 ducados de sueldo por el rey; pero que 
con el comercio que hacían y regalos que recibían podían perci- 
bir dos tantos mas. Xo es cierto que el sueldo de los presidentes 
fuese de 12,000 ducados. Eran 5,000. García Pelaez considera que 
con lo de los repartimientos de indios del valle, y el producto de 
comisos y multas sí se completarían los 12,000 ducados de que 
hablaba Gage. 

Añadía este autor que los oidores tenían 4,000 ducados de 
<ueldo y 3,000 el fiscal, y que uno de los individuos de la au- 
diencia le dijo que los empleos eran mas honoríficos en Lima quo 
en Guatemala; pero aquí mas productivos. (1) 

En el año 1670 volvieron á invadir los corsarios la ciudad de 
Granada, entrando por el río San Juan-como la vez pasada; pues 



(1) Vkjes, tom. 2. = , cap. 1.° 
HIST. DE LA A. C. 23 



354 HISTORIA 

*'vivian, dice Ximcuez, tan descuidados, que n¡ un vigía íeuiau.'^ 
(1) Cometieron muchos ultrages, asf en los templos como en las 
casas particulares, y se retiraron sin (pie nadie los molestara. 
Se ve, pues, que de nada servia la fortificación levantada en el 
rio con tanto costo y qae había sido objeto de tan acaloradas 
contiendas. 

No se áki) 'ji... .. fué el jefe ^.m , aj^iuincií la invasiuii; pero es 
probable que haya sido el ingles Juan Morgan, pues este corsa- 
rio estuvo hostilizando las costas del norte desde el ano 1008 
hasta el 1671, en que, atravesando el istmo, ocupó, saqueó y redu- 
jo Á cenizas la antigua ciudad de Pananiu. Kn seguida volvió á 
amenazar los puertos de Nicaragua y Costa-Rica, enviandose gen- 
te de Guatemala para la defensa de aquellas provincias. 

En real cédula de 29 de octubre de 1671 fué nombrado presi- 
dente, gobernador y capitán general del reino Don Fernando 
Francisco de Escobedo, general de artillería, gran cruz de la orden 
de San Juan, Á que debia sin duda él tratamiento do o.xcelencia 
que se le daba, y bailio de Lora. Llego en febrero de 1072 y í'nr 
recibido con las ceremonias y festejos de costumbre, en los que 
se gastaron, como en otras festividades semejantes, dos mil pe- 
sos de los fondos de propios del ayuntamiento. 

VÁ nuevo presidente traia encargo muy especial d.- ir a reco- 
nocer el rio San Juan de Nicaragua y disponerla fortilicacion que 
conviniera levantar allá definitivamente. Emprendió, pueH, la 
marcha y tomd las medidas convenientes j)ara la jironta cons- 
trucción del fuerte. La obra se hizo con empeño, como que á los 
tres años se habia concluido el castillo, que tomó por entonce 
el nombre de la Concepción, que dejó después por el del rio. Es- 
taba situado en frente del raudal de Santa Cruz, doce leguas 
abajo de la laguna de Granada y veintiocho arriba del mar. Era 
de figura cuadrilonga, con un caballero y cuatro baluartes, fosos 
&. El mismo presidente Escobedo formó unas ordenanzas por las 



(1) Hist, Ub. 5. o , cap.:21. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 355 

cuales habia de regirse el fuerte, cuya construcción corri(j á cargo 
del gobernador de la provincia, Don Pablo de Loyola. 

Los repartiraieutos que se hacian de los indios para las la- 
branzas á que se dedicaban los españoles, producían, como que- 
da dicho, un fondo de alguna consideración. Los propietarios á 
quienes se repartían, estaban obligados á pagar medio real á la 
semana por cada indígena, y habiéndose advertido que el pro- 
ducto de este impuesto no era corto, se dispuso, en real cédula 
de 30 de noviembre de 1672, que aquel fondo entrara en las ca- 
jas y que lo administraran los oficíales reales. 

Se consideraba, y con razón, que aquel medio real salía del 
trabajo del operario indígena, pues el español tema cuidado de 
descontárselo en el salario que le pagaba. Durante diez y seis 
semanas en el año debía prestar cada indio aquel servicio, y 
de consiguiente pagaba una contribución de ocho reales, la que 
unida á doce de tributo, cuatro del tostón que llamaban de ser- 
vicio y dos del fondo de comunidad, venia á hacer la cantidad 
de tres pesos dos reales al año. 

En compensación estaban esentos de alcabalas y otros im- 
puestos, pagaban costas judiciales muy moderadas y el papel 
sellado (jue empleaban en sus negocios era el de ínfimo valor. 

El presidente Escobedo, que debía ser inclinado á restablecer 
las costumbres antiguas, según observa García Pelaez, advir- 
tiendo que habia caído en desuso la celebración del aniversario 
de la fundación de la primitiva ciudad, en Tecpan Quauhtemalan, 
mandu que el 24 y 25 de julio se hiciese la fiesta y paseo acos- 
tumbrado en otro tiempo, con el estandarte real, como se hacia 
el día de Santa Cecilia, ea memoria de la segunda fundación, en 
Panchoy. 

Hubo ademas el G de Noviembre del mismo año (1674) solem- 
nes fiestas reales, con motivo de que cumplía trece años el 
monarca reinante, Carlos IL En los cinco días de las fiestas, hu- 
bo corridas de toros, carreras, sortija, estafermo, luminarias, &, 
todo lo cual describid en verso el cronista Don Francisco de 
Fuentes y Gruzman, cuya poesía corre parejas, por lo alambicado 
y conceptuoso, con la prosa de la Recordación. Puede servir, sin 
embargo, el poemita de Fuentes como un recuerdo curioso de 



356 HISTORIA 

las costumbres de la é|)Oca y una noticiu do las [m ,,.. »(ue 
figuraban entüncés en el país. (1) 

A pesar de las repetidas disposiciones (|uc prohibían el que se 
avecindaran los españoles, mestizos y otras razas en los pueblos 
•de los indios, continuaba este abuso y daba lugar á inconvenien- 
Xq3 que llamaron la atención del presidente Rscobedo. Tra- 
tando este funcionario de orjrauizar algunos cuerpos de milicias, 
tuvo ocasión de informarse de las condiciones de los pneb'os, y 
encontró que en algunos aun de los mas cercanos lí la capital, 
como Amalillan, P^cuiutla y Peta(>a, se infringia escandalosa- 
mente aquella prohibición. Los habitantes españoles y ladinos 
que residían en ellos, no se sujetaban d las autoridades localec, 
(|ue estaban ejercidas por indígenas, y aí<í cometían inipuncinon- 
te muchos desafueros. 

Comprendió Escobedo la netc^iiJad de |)Oi.i . i. ai» »li.> .. a.|iu 1 
mal y dirigió al rey una consulta, en que proponía se eri- 
giesen aquellos pueblos en villas, con gobierno particular que 
comprendiera á toda clase de habitantes. Kl asunto estuvo du- 



(1) Al fin del lomo 1. ® de la Recordación florida que ha pablicado e»te 
afío en Madrid la Sociedad de loa amerícanistaa, por nn niantincríto que 
existe en la bibliotoca real, y que remitió el mismo autor al rey, á quien de- 
dicó la obra, corre entre las Adiciones y AclaracUme*, bajo el número III, la 
descripción de la fiestas reales escrita en veroo por FuentcH, y ((uu lleva el 
siguiente titulo: "Fustas beíoj», ks oenum» día», y narnvAS i'OMi'Arf (■kl(3ra- 
DA8, A rEUZíwnoe TBCZK iSos qne se le contaron á la M«gef«tud do nue«tro 
Rey, y Sefior Don CXbloS Sboukdo, qne Dios guarde: Por la Nobilmma y 
siempre leal Ciudad de Quatnnala. Dkdícalas I ai ohMequiosa, y reverente 
Musa del capitán Don Francisco Anlonio de Fuentes y fiuzman, I{(t/id/)r per- 
petuo de dicha ciudad, al IlnstrÍHimo S<;fior Don Fernando Francisco de Ei*- 
cobedo, Sefior de las villas de Samayón y Santiz en la Religión de Señor San 
Juan, General de la Artilleria del Reyno de Jaén: Presidente, Gobernador y 
Capitán General de estas Provincias etc. Con Lic'e.ncia, Eo Guatemala, por 
losf.pii de Pineda ¡tmrra. Impresor de Libros, Afio de 1 675." 

"Consta esta obra poética de diez y siete hojas impresas, en cuarto y sin 
paginar: las nueve primeras comprenden los preliminares, inclusa la hoja de 
portada, y las otras diez el poemn." 

En el capítulo 81 de las Memorias de García Pelaez está equivocada la fecha 
de las fiestas reales del cumpleaños de Carlos II. Dice que tuvieron lugar el 
6 de entro de 1675, y no fué sino el 6 de noviembre de 1674. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 357 

rante algunos aíios en el consejo de Indias, como sucedía de or- 
dinario, y no fué sino hasta cinco después que se resolviíj en el 
sentido que proponía el presidente; pero no se ejecuto la dis- 
posición. 

El producto de las alcabalas iba siendo cada día mas conside- 
rable; á punto que en algún año había ascendido la de la ciudad 
y su distrito á 25,000 pesos. Estaba prevenido ya que maneja- 
ran este fondo los oficiales reales, inhibiendo al ayuntamiento 
de su recaudación y administración. Se había mandado estable- 
cer una aduana con un oidor como comisario de ella, y que cor- 
riese también á cargo de los oficiales reales el cobro de los de- 
rechos destinados á la escuadra de barlovento. 

Al mismo tiempo continuaba en práctica el absurdo sistema 
de poner obstáculos al comercio entre unas y otras provincias, 
por favorecer los intereses de los negociantes de Sevilla, que 
pretendían tener el monopolio del tráfico con estos países y no 
cuidaban siquiera de surtirlos de las mercaderías que necesita- 
ban. Cinco ó seis años se pasaban por aquel tiempo sin que vi- 
niera á los puertos del reino una embarcación de España. 

Hemos dicho que había estado abierto el comercio con la isla 
de Cuba, y en efecto venían frecuentemente fragatas de la Haba- 
na á la laguna de Granada, y solían arribar también algunas á 
Puerto-caballos. Pero sucedió que en fines de 1675 hizo el comer- 
cio de Sevilla cierto arreglo, en virtud del cual se comprometía íi 
despachar, durante cinco años, embarcaciones á Yeracruz, exi- 
jíendo, entre otras cosas, que no habían de venir buques de la 
Habana ni á aquel puerto ni á los del reino de Guatemala. Sin 
oir á las autoridades ni al comercio de estas provincias, se con- 
sintió en lo que exíjía el de Sevilla, y por cédula de 10 de febre- 
ro de 1676, quedó prohibido el tráfico entre la Habana y Guate- 
mala y privado este país de aquel medio de surtirse de ciertos ar- 
tículos y de dar salida á algunos de sus frutos. Veremos en lo 
sucesivo los esfuerzos que se hicieron durante muchos años para 
obtener que volviera á permitirse aíjuel comercio y el mal resul- 
tado que tuvieron esas gestiones. 



CAPITTTO XX 



Incidente relativo ai oario luidlo, —i uíi.1íuu.ii .1. .<i ui..>vi- 

versidad de Gaatemala. lítion de haber tomado el gobicr- 

00 de la monarqaia el r> ' > de cnroes eu la ciudad y em 

algunos puebloe. — Tribuí los libres.— HoBÜlidndos do 

loa inglegea establecido* en .Jwiiiiucn. lulrodúcenae en tierrns do la Vorapaz 
y del Laoaodon. — Vejadones á Tiageroa y negociantes paciñcoH.— Prülube 
el gobierno de la metrópoli los repartimientoa de hilados y tojido8 á Ina 
indias do eataa provincias.— Acusaciones contra el presidente y loa oidores. 
—Viene el licenciado Don Lope de Sierra Osorio como presidente interino 
y con el encargo de residenciar al general Esoobedo. —Sale este funciona- 
río de la ciudad, y cuando regresa, viene un buque á llevarlo á España, por 
baber recaído en él el gran priorato de Castilla, en la orden do Malta. — 
Real cédula en qae se previene ae tomen providencias para evitar el abuHo 
qna hacen los indígenas de la chicha.— Alcaldes y provinciales do la her- 
mandad. —Organizanse compañías de milicias de morenos y pardos on loa 
barrios de la capital y en algunos pueblos.— Vuelve á tratarse de solicitar 
el comercio libre con el Pera. — No se obtiene resultado favorable. — Solicita 
el rey un donativo voluntario.- Ofrece el vecindario de la ciudad 20.000 
pesos, con tal que se conceda el comercio libre con el Perú.— Quéjanc la 
audiencia de faltaa de respeto y cortesía por parte de los vecinos. — Orde- 
nanzas relativas á los repartimientos de indios.— Publicase la Recopilación 
de Indias. — Pretende el ayuntamiento que se prohiba la introducción dol ca- 
cao del Perft. -Estreno de la catedral y fiestas con qne se celebró. — Acn<'rdan- 
ae algunaa medidas de defensa para el puerto de Malina; poro no so ponen 
en ejecución. — Corsarios ingleses saquean é incendian la población dol puer- 
to de Caldera. — Viene el licenciado Augurio y Álava con el cargo de presiden- 
te interino, á concluir el juicio de residencia del general Escobedo. — Reú- 
nense tres presidentes en Guatemala. 



(1676—1681.) 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 359 

En el mes de febrero de 1677 iba á hacerse á la vela en 
Puerto-caballos para volver a' España, un navio llamado "El 
Gran San Pablo," con cantidad considerable de productos de es- 
tas provincias. Tuvo noticia la autoridad superior del reino de 
([ue algunas embarcaciones enemigas se preparaban á atacar el 
navio, y expidió (jrden al gobernador de Honduras, Don Fran- 
cisco de Castro Ayala, para que pasara inmediatamente al puer- 
to, hiciera descargar "El Gran San Pablo, y que doce piezas 
de artilleria que llevaba, se colocaran en una plataforma que 
se levantara en tierra para defender el buque y el puerto, si los 
enemigos intentaban el asalto. 

Cuando llegú la orden habia salido ya el navio, que en efecto 
fué atacado á poco por tres embarcaciones inglesas, de las cua- 
les se defendió vigorosamente, causándoles no poco daño con su 
artilleria, y arribando en salvo al puerto de Cádiz. (1) 

Habiendo reiterado las súplicas al rey para que concediese 
el establecimiento de universidad en Guatemala, se habia man- 
dado crear una junta compuesta del presidente, el oidor decano, 
el fiscal, el obispo y el deán del cabildo eclesiástico, con encar- 
go de examinar el asunto, "pesando los provechos y los daños 
que la fundación pudiera ocasionar." 

Opin(5 la junta, como era de esperarse, que el proyecto, lejos 
de haber de producir mal alguno, seria fecundo en buenos resul- 
tados; y con este informe expidió el rey, á consulta del consejo 
de Indias, una cédula, fecha el 31 de enero de 1676, en que man- 
daba erigir en universidad el colegio de Santo Tomas de Gua- 
temala. Era condición expresa que seria el rey patrono del es- 
tablecimiento, colocándose en el edificio las armas reales, y le- 
yéndose las siguientes materias: leyes, cánones, teología dogmá- 
tica, teologia moral, medicina y dos cátedras de lenguas indíge- 
nas. Se asignaba á cada una de las dos primeras la dotación de 
500 pesos anuales; á cada una de las segundas 250; á la de medi- 
cina 400, y 200 á cada una de las de lenguas. (2) 



(1) Ximenez, Hist. lib. 5. « cap. 30. 

(2) "Prontuario de las leyes patrias anteriores á la índependeDcia" por el 
licenciado Don Mignel Larreynaga. Juarros, Hist., trat. 2 =* . cap. 5. ° 



360 HISTORIA 

Fué recibida e.-ta disposición con general aplauso, como que 
respondid al voto de las autoridades y del público, expresado 
(le muchos modos durante un siglo. Nombróse una comisión que 
entendiera en la preparación del edificio, lo que se ejecuten, cons- 
truyéndose las aulas, salón de actos, capilla &; pero no fué sino 
hasta dos años mas tarde que se procedió i( la oposición pública 
para dar las cátedras, como diremos oportunamente. (1) 

Habiéndose celebrado cu Guatemala, como (pieda dicho, el dia 
en que Ctírlos lí cumplid los trece años, debia celebrarse con 
roas solemnidad aquel en que el hipocondriaco y pusilánime mo- 
narca tomaba en sos débiles roanos las riendas del gDbicnio. Los 
leales vasallos que tenia en esta parte remota de sus vastos do- 
minios, no estaban llamados á prever los males que acarrearía á 
España aquel reinado. Veian cu el joven soberano al represen- 
tante cuasi divino de la autoridad, y le tributaban el ciego home- 
nage de su respeto y de su amor, importiindoles muy poco sus 
circunstancias personales. Las escasas rentas del ayuntamiento 
suministraron cuatro mil duros para las fiestas, de los cuales se 
emplearon mil en fuegos artificiales; rail en premios para los ca- 
balleros que se distinguieron en el juego de la sortija; mil en la 
colación y refresco y mil en nn carro, encamisada, colocpiio y 



(1) La rivulidaii entre domimcoH j joHuitfis parre»; haber contribuido ú re- 
tardar la coDceeiou del establecimiento de la anivurttidad, pues nna y otra 
urden teniau eropefío en qae sus colejios continuaren conñriendo grados. 
Ximenez, escritor dominicano, cnenta nna anécdota relativa á este asunto. 
(Hist. lib. 4 ^. cap. 77. M. S.) Dice que los jennitas estabnn tan distantes de 
creer que se obtuviera la erección de la uoiversidad, que el 18 de octubre de 
167G celebraron en sa colejio con gran solemnidad el inicio o apertura del 
curso, subiendo á la cátedra D. Nicolás Roldan con capelo y borlas de doctor, 
pues conferian ya los grados mayores. Tresdias después lueron los jesuitas á 
festejar el suceso á un molino que tenian en las inmediaciones de la ciudad, 
*' y estando en la íiesta y merienda, afiade, entró el correo con la nueva de 
la erección de la niiiversidad, con que se volvió de hieles el convite." 

Lo que nos parece extraño en esta anécdota es que la cédula, expedida el 
31 de enero, no haya llegado á Guatemala hasta el 21 de octubre; pues no 
fiolian tardar tanto las comunicaciones de España. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 361 

volcan. A la fiesta del ayuntamiento siguió la de los gremios 
de artesanos, que fué también muy lucida. (1) 

Después de haber habido época, como queda dicho en otro 
lugar de este tomo, en que no se presentaban postores para el 
abasto de carnes de la capital, tomd este ramo, que pertenecia 
íí los fondos de propios del ayuntamiento, bastante importancia, 
y entonces se le quit(5 á la municipalidad, destinándose con el 
nombre de situado, tí los gastos de los castillos del Golfo-dulce 
y de Granada. En los años de 1675, 76 y 77 fué rematado el 
abasto de la ciudad y de les pueblos de Santa Maria y San 
Juan del obispo, por tres mil pesos; el de un año de los de Mix- 
co, Santiago y San Lucas por cuarenta; el de San Martin por 
veinte, y el de algunos pueblos de la costa de Escuintla por 
treinta. 

Dijimos ya como se tratd, por el año 1601, de entablar el tri- 
buto de los negros y pardos libres, idea que fué abandonada 
porque el producto que diera dicho impuesto, no compensaría los 
gastos que se hiciesen en el empadronamiento de los tributarios 
y en la recaudación. Andando el tiempo, volvió á promoverse el 
proyecto, considerando que aquellos vasallos del rey debian tri- 
butarle, como los indígenas, sin embargo de que estaban sujetos 
al pago de la alcabala, como los españoles. Hubo, pues, de esta- 



(1) Parecerá un poco crecida la suma de mil pesos destinada á fuegos 
artificiales; pero hay que advertir que en aquellos tiempos Ihs piezas de pól- 
vora que se exhibian eran varias y de no pequeñas dimensiones. Castillos de 
seis T siete cuerpos, buques que los atacaban, árboles, serpientes y otras re- 
presentaciones ardian en la plaza en una sola noche. El contrato para los 
fuegos de las fiestas de que hablamos en el texto, se hizo constar en escritura 
pública. 

Garcia Pelaez hace notar que mientras se destinaban mil peso.s» á fuegos 
artificiales y otro tanto para colaciones, no se encuentran señalados cien pa- 
ra la orquesta. Consistia ésta en arpas, vihuelas, violones y rabeles, según ve- 
mos por la descripción de las fiestas de la canonización do San Pedro Pas- 
casio, en la que pondera el autor, en el estilo hiperbólico de aquel tiempo, la 
dulzura y consonancia de aquellos instrumentos. El primer organista que tu- 
vo la catedral fué Antonio Pérez (1548). Siguió Gaspar Martínez (lóTl) que 
no solo tocaba, si que también construía los órganos. 



362 HISTORIA 

blecerse aquel impuesto, y hay noticia de que produjo en el aiio 
1676 el del valle de la capital oOO tostones y que habia 378 
de rezagos; otro t^into dio en el de 77. El de Chiqnimula de la 
Sierra producia por ent(5nces 300; 701 el de Soconuzco y por ese 
estilo otros. Esas cantidades eran las (pie se obtenian en los re- 
mates del ramo, pues aquella renta, como otras muchas en aquel 
tiempo, estaba sujeta al sistema de licitación, y se adjudicaba al 
mejor postor. 

El establecimiento de los ingleses en Jamaica de una manera 
formal y con gobernadores nombrados por la corona, fn^' duran- 
te algún tiempo un vecindario funesto para las costas del norte 
del reino de Guatemala. Sin defensa de ninguna clase, debían ten- 
tar la codicia de los aventureros, que lójos de ser reprimidos, 
eran alentados y aun autorizados por el gobierno de la isla. La 
corte de España dirigía de tiemjK) en tiempo sus quejas jÍ la 
de Inglaterra, y ésta removía al gobernador, como sncedicj con 
lord Windsor en 1663; pero vinieron otros, como Moddyford y 
Linch, que siguieron los pasos de sn antecesor. El t'illimo comi 
sion(5 al pirata Juan Morgan para qae hostilizara los estableci- 
mientos españoles de Maracaibo, Granada, Panamá, Portobelo y 
í'hagre, lo que motivó su remoción del empleo, en 1673, á so- 
licitud del gobierno español. 

No fué sino hasta algún tiempo después que vino por gober- 
nador de Jamaica el duque de Albemarle, con instrucciones de 
exterminar u los piratas, lo que ejecutd, según relicre Alcedo, 
ahorcando á cuantos pudo haber á las roanos. 

Habiendo quedado desiertas las islas de la bahía ííc iíonduras, 
por la traslación de sus moradores lí la tierra firmo, arra.^adas las 
casas y destruidas las sementeras, los corsarios no podían ya 
buscar refugio en dichas islas. Entonces procuraron introducirse 
en las costas de Verapaz y tierras del Lacandon, donde encontra- 
ron abrigo que les proporcionaban los habitantes del Chol, Man- 
ché, Mopan y Típu, on toda la zona que se extiende desde 
Golfo-dulce hasta Yucatán. 

Ximenez inserta una relación minuciosa y detallada del misio- 
nero dominicano fray José Delgado, que paso de la Verapaz lí 
Yucatán en principios del año 1677, buscando camino para aque- 



H DE LA AMÉRICA CENTRAL. 363 

lia provincia. El presidente Escobedo, que había sido goberna- 
dor de ella, antes de venir aquí, tenia empeño en que se abriera 
el camino y animó al misionero a que verificara la expedición, 
dííndole también cartas para las autoridades de la península. En- 
contró Delgado el camino al Chol mas expedito de lo que espera- 
ba, á causa de que el alcalde mayor de Yerapaz, Don Sebastian 
de Olivera, lo liabia tragínado con frecuencia, entablando tratos 
de cacao con aquellos indígenas. En seguida señala el derro- 
tero que siguió desde el Manché hasta las márgenes del rio 
Texach, á ocho leguas del mar. En una ranchería del camino en- 
contró tres españoles de Yucatán que habiendo sido robados 
por los ingleses, habían ido á refujiarse en aquellas selvas. 
Continuaron el viaje juntos y un día de tantos los asaltáronlos 
ingleses y se llevaron á los españoles. Pasados algunos días, les 
dieron libertad y volvieron á renunirse con el misionero, con- 
tinuando juntos el viaje a Bacalar. Llegados á orillas del río 
Texach, se vieron asaltados de nuevo por cinco ingleses, uno de 
los cuales disparó una carabina, atravesando una posta el brazo 
del misionero. En seguida lo ataron y lo suspendieron por los 
brazos á un árbol, exijiéndole dinero. Como Delgado no los en- 
tendía, pues apenas hablaban castellano, lo golpearon con la cu- 
' lata del arma y amenazaron con matarlo. Por fortuna le hicieron 
comprender por señas lo que deseaban; el misionero llamú á un 
muchacho que llevaba una caja que contenia su equipaje j les en- 
tregó la llave. Tomaron sesenta pesos en reales que contenia, 
un cáliz, ornamentos sacerdotales y toda la ropa de uso. A los 
españoles de Yucatán les quitaron unos tercios de cacao, y des- 
pués de tenerlos á todos atados durante el día, los llevaron á 
una isleta del rio donde tenían sus ranchos. Dieron cien azotes 
á cada uno de los seglares con un látigo de piel de manatí; 
pero ya no tocaron al dominicano, contentándose con hacerlo 
objeto de sus burlas y bufonadas. 

A los tres días lo condujeron á la población principal donde 
residía su jefe, llamado Charpa, (¿Sharp?) un ingles de buen pa- 
recer, que en pésimo castellano interrogó á Delgado, in(iu¡ríendo 
cuantos españoles iban, cuantas flechas, lanzas é indios llevaban. 
Informándosele que no eran mas que los que allí estaban, los 



364 HISTORIA 

mando soltar nueve dias después, en la playa de la bahía del 
Espíritu Santo (B.icalar), donde cojian el ámbar, y pudieron 
continuar su marcha; expidiéndoles Sharp un pasaporte para 
(|ue no fuesen molestados, en caso de que encontraran otros in- 
gleses. 

Los qne sujetaron á tales Vejaciones al misionero y tí los 
mercaderes pacíficos que lo acompafiaban, eran subditos de la 
corona britiínica: pei-o convertidos en aventureros y piratas, sin 
mas ley que su capricho y reunidos para vivir del pillaje, en 
aquellas comarcas indefensaH. 

En el afio 1G78 dicti5 el gobierno de la metrópoli providen- 
cias para evitar el abuso que coraetian alguiios corregidores, al- 
caldes mayores y curas doctrinero:?, de obligar á las indias tí hi- 
lar y tejer, distribuyéndoles aquellos trabajos por via de reparti- 
miento. 

Se habian dado al rey unios informes respecto al pr»'sidtMiio 
Eacobedo, siendo su acusador el obispo de la diíJcesis, Don Juan 
de Ortega Montañés, que inforracj también contra los oidores, 
aunque no se dice cuales fueron los capítulos de acu.sacion contra 
aquellos funcionarios. El resultado íné que se nombr(5 al licen- 
ciado Don Lope de Sierra Osorio, presidente de la audiencia de 
Guadalajara, para que viniera á hacerse cargo interinamente del 
gobierno y abriese el juicio de residencia, (1) Para venir á Gua- 
temala tuvo que hacer el presidente Osorio un camino de sete- 
cientas leguas. (2) 

E-ícobedo salió para Comiyagoa el 26 de diciembre de 1G78, 
y los oidores Don Francisco Roldan de la Cueva y Don Benito 
Novoa, para Panamá y Santo Domingo, respectivamente, mita- 
tras se entablaba y seguia el juicio. "Muy bien se lo tenian mere- 
cido todos, dice el cronista que nos proporciona estos datos, y 
aun mayores castigos, por las iniquidades que habian ejecuta- 
do." (3) 



( 1 ) Ximenez, Hist. de Chiap, y Gaat , lib. 5. ® , cap. 35. 

(2) Fuentes, Rec. flor. M. S. part. 2. « cap. 2 ^ 

(3) Xiuaenez, loe. cit 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 365 • 

Escobedo, que cuando vino á gobernar al reino tenia una for- 
tuna que le permitió invertir 55.000 pe.sos en el templo y hospital 
de convalecientes de Belén, se hallaba destituido de recursos al 
iniciarse el juicio de residencia. Vino á sacarlo de la apurada si- 
tuación en que se encontraba la circustancia de haber recaido en 
él el gran priorato de Castilla.en la urden de Malta, de que era ca- 
ballero. La orden envió un buque con expreso y único encargo de 
llevar al general Escobedo. que después fué llamado al consejo 
de Indias, donde tuvo ocasión de prestar un servicio importante 
a Guatemala, como diremos oportunamente. (1) 

El exceso con que se entregaban los indígenas á la bebida de 
la chicha, brebage regional que acostumbraban desde antes de 
la conquista, hubo de llamar al fin la atención de las autorida- 
des. En real cédula de 14 de Junio de 1678 se previno al presi- 
dente que, de acuerdo con el obispo de la diócesis, pusiese remedio 
al abuso de aquella bebida; pero sin prohibirla. (2) Consignamos 
e.^ta providencia, que es la primera que encontramos dictada por 
el gobierno de la metrópoli para reprimir la embriaguez en la 
raza indíjena. 

El cargo de alcaldes de la hermandad, que como dijimos en u- 
no de los capítulos anteriores, correspondía á los que hablan sido 
ordinarios en el año que acababa de pasar, habia venido á ser 
de libre elección del cabildo, que escogía a los sujetos que consi- 
deraba mas adecuados para el desempeño de aquellas funciones. 



(1) Cuenta Ximenez en otro capítulo de su Historia que el prf ;?idente 
Escobedo tenia un sobrino llamado Don Pedro de Escobedo, que observaba 
una conducta niuj- poco regular, lo que debia ocasionar disgustos y conipro- 
djísos al tío. En una ocasión, yendo en coche el Don Pedro, atropello á una 
señora llamada Doña Maña Marroquin, y Ic derramó, (dice,) los sesos. A los 
ocho dias pasó en coche con los mismos caballos por el lugar de la catástrofe 
y habiéndose asombrado los animales, lucieron pedazos los cristales de la car- 
roza. 

El joven Escobedo, según el mismo cronista, murió desastrosamente en Es- 
paña, algunos años después. 

(2) "Prontuario de las leyes patrias anteriores á la independi-ncia" por 
el licenciado Don Miguel Larreynnga. 



366 HISTORIA 

Después se introdujo el de alcaldes provinciales de la misma her- 
mandad, oficio vendible, que se remató en el año 1G79 en Don 
Sebastian de Aguilar, por seis mil pesos. Debia comprender su 
jurisdicción los contornos del valle de Guatemala y los corregi- 
mientos de Escuintepcíjue, Guazacnpan, Chiquiraulay Acazaguas- 
tlan hasta el Golfo-dulce. 

Continuaban, rIq embargo, nombrándose simples alcaldes de 
la hermandad, y fué necesario poner coto á abusos que cometían 
algunos de estos funcionarios, recorriéndolos pueblos de los in- 
dios y llevándose los ganados, so protesto de que no presenta- 
ban las marcas que acreditaran la propiedad de ellos. 

Iban organizándose las compañías de milicias en los barrios 
de la capital y en algunas de las provincias, según se ve por cier- 
tos datos que consigna un escritor moderno. Hay constancia de 
que en 20 de mayo y 21 de junio do 1070 se pagó la medía an- 
nata por los nombramientos de capitán y sargento del barrio lla- 
mado del Tortugucro: y en 28 de setiembre y G de octubre por 
iguales nombramientos para las compaiíias de los barrios de San 
Sebastian, San Gerónimo y San Francisco. Kn 23 de agosto se 
pagó media annata por el despacho de alférez de la í-ninfuínía 
de la villa de Xerez de la Cholutcca. (1) 

Y hay que advertir <|ue todos esos cuerpos de milicias estaban 
compuestos, no de españoles, sino de morenos y pardos; de suer- 
te que estos formaban ya, por aquel tiempo, no solo las guarni- 
ciones de los puertos, sino las del interior. 

En el año 1679 volvió á promoverse el asunto del comercio 
con el Perú, pues venia luchando desde algún tiempo, según ob- 
serva García Pelaez, la consternación y el dnspecho del vecin- 
dario de Guatemala, con la gravedad y la parsimonia del conse- 
jo de. Indias. (2) El a^'untamiento, promotor incansable de me- 
joras y adelantos, proyectó que se celebrara una reunión nume- 
rosa en palacio y en presencia del presidente, para tratar del 



(1) Grtrcia Pelaez, Mem. cap. 49. 

(2) Memorias, cap. 51. 



DE LA AMÉRÍCA CENTRAL. 367 

asunto y nombrar persona que fuese á España con el carácter 
de procurador extraordinario, á solicitar activa y enérgicamen- 
te, entre otras concesiones, el permiso para que viniesen vinos 
del Perú, sin restricción alguna. Celebráronse dos cabildos pre- 
paratorios, uno ordinario en que se designaron cuatro sugetos, ' 
dos españoles peninsulares y dos criollos, entre los cuales se es- 
cogerla el que habia de ir; y otro extraordinario y abierto, á que 
concurrieron muchos de los vecinos, y en este se propusieron ya 
tres peninsulares y tres criollos, para elegir entre ellos el pro- 
curador. Fueron los primeros el capitán Don Melchor de Men- 
eos, designado por quince votos; el capitán Don José de Aguilar 
y Rebolledo, alcalde mas antiguo, con 10, y el general Don Lo- 
renzo Ramírez de Guzman, con 9. De los hijos del pais fueron 
nombrados: el capitán Don Francisco Antonio de Fuentes y 
Guzman, (el cronista), con 16 votos; el capitán Don Fernan- 
do de la Tovilla, con otros 16 y el capitán Don Isidro de Ze- 
peda, con 12. Pero cuando debia esperarse que la probabilidad 
de obtener aquella honrosa comisión halagase á los sugetos de- 
signados, y mas particularmente á los criollos, sucedió, por el 
contrario, que en el acto mismo comenzaron á alegar razones pa- 
ra no ir á España; con lo que no volvií; á hablarse de la proyec- 
tada junta para tratar del asunto tan importante de que se es- 
tableciera un comercio amplio y franco con el Perú. (1) 

Esto sucedió en el mes de marzo de aquel año (1679). En cam- 
bio, en mayo siguiente, el presidente Sierra Osorio convoco junta 
en palacio, á que concurrid la audiencia y todos los vecinos ricos 
de la ciudad, á quienes notifica el presidente una cédula del rey 
pidiendo un donativo, en que cada cual daria lo que pudiese, 
según sus proporciones. 

Puede considerarse que á pesar de la acendrada fidelidad de 
aquellos vasallos, no les seria muy agradable que en vez de la 
junta en que debian ellos acordar la solicitud al rey de con- 
cesiones en favor del pais, se les llamara á otra para pedirles 



íi; García Pelaez, Mem. cap. 51. 



368 HISTORIA 

dinero. No dejaron de exponer desde luego algunos de los pre- 
sentes la dificultad en que se hallaba el vecindario de obsequiar 
los deseos de S. M., por la suuia miseria á (pie estaba reducido 
el reino, con la caída del precio de los frutos de la tierra y 
"prohibición de los vinos del Perú, de que se había ocasionado 
la total ruina y destrucción de estas provincias.' Pero añadieron 
que deseando mostrar su celo y prestación á cumplir la volun- 
tad del soberano, ofrecían servirlo con veinte mil pesos, siempre 
que se les concediese permiso para comerciar con el Terú, hasta 
en cantidad de cuatrocientos mil pesos cada año; pudíendo venir 
vinos de aquel reino, al ro<;nos cuando no los iiubie.«e de iiSpaila. 
Acordaron dar instrucciones al procurador que tenia el cabildo 
en la corte para quo se obligara al pago en su nombre, ofreciendo 
que se enterarían los veinte mil pesos en la cnja real de (luate- 
mala, luego que hubiese sido otorgado el permiso referido. 

Nada obtuvo el ayuntamiento por entonces; y como veremos 
después, volvíú lí promoverse dos años mas tarde este mismo 
asunto, que debía seguir ocupando al consejo de Indias, por una 
parte, y á las autoridades de (luatemala, por otra, durante 
treinta y nueve años, untes de quedar resuelto definitivamente. 

I^a autoridad se mostraba nimiamente celosa do sus prerogati- 
vas y demasiado exigente en punto á demostraciones exteriores 
de respeto y cortesía por parte de los particulares, l'n auto 
acordado del 18 de setiembre de 1G70 extrañaba que algunos ve- 
cinos de la ciudad ()ue yendo en coche ó á caballo, se enron- 
trabaii en las calles con oidores que iban á pié, no se detenían ni 
hacían parar á sus cochero.-»; sobre lo cual se dictaban las provi- 
dencias del caso,haciendo el asunto cuestión nada menos que de 
conservación de la tran<|uilidad pública. 

Los rp[)artimientos de indígenas para las labores del campo, 
estaoan permitidos y se acostumbraba hacerlos, mediante cierta 
cuota que percibían, como dejamos dieho. las autoridades de los 
pueblos, y que los presidentes mismos no habían tenido escrúpu- 
lo ríe recibir, hasta que se mandú cesar este abuso. 

Mas «omo sucedía que aquellos repartimientos venían á ser 
origen de vejac¡(.nes á los indios, encargó la audienr-ia. en el 
mes de marzo de 1680, á uno de sus individuos, el licenciado 






DE LA AMERICA CENTRAL. 

Chacón y Abarca, que redactara unas ordenanzas, lo cual hizo, 
disponiéndolas en veinticuatro capítulos, cuj-as disposiciones prin- 
cipales eran las siguientes: 

Se empadronarían los habitantes de cada pueblo, y ocurrirían 
todos los domingos, para que se señalasen, por cuartas partes, 
los que debian ser repartidos. Pregonado el turno, los designadas 
no podrían ausentarse, pues deberian ir al siguiente dia á ocu- 
})arse en los trabajos á que los destinara el que obtenía el re- 
partimiento. 

E jornal que debía abonárseles era de un real diario, o sean 
seis á la semana. El repartido no podía desertar á media semana; 
pero el propietario tenia facultad de despedirlo, sí no le convenia. 

Estaba éste obligado á suministrar la herramienta ú los tra- 
bajadores. 

Quedaban exceptuados solamente del repartimiento los go- 
bernadores y alcaldes en ejercicio, y no era causa de excepción 
el que el indígena fuese propietario. Escusábanse del servicio los 
enfermos, y estaba prohibido á los sanos redimirse de él pagan- 
do los seis reales del jornal, 6 dando gallinas 6 frutos. 

Se prohibía el abuso de obligar á las mujeres a redimir á sus 
maridos ausentes, como también el tomarles prendas de sus ca- 
sas para hacerlos volver; y no se permitía que de los seis reales 
del jornal del trabajador se tomase para pagar al escribano que 
formaba el padrón. 

Los repartimientos estaban á cargo de las justicias ordinarias, 
que nombraban unos cumisionados que llamaban jueces reparti- 
dores, y eran pagados del fondo mismo que se formaba con el 
medio real que daban las personas á quienes se concedían los 
repartimientos. (1) 

En el año 1680 hubo un acontecimiento importante para todos 
los dominios españoles de Indias: tal fué la conclusión y publica- 
ción de una recopilación de las cédulas, cartas, provisiones, or- 
denanzas, instrucciones, autos y otros despachos expedidos para 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 36. 

HIST. DE LA A. C. 24 



370 HISTORIA 

el bueu gobierno de estas colonias, desde la época de la conquista. 
Jurisconsultos competentes y experimentados venían trabajando- 
desde el aiío 1552 en a(jueila obra; que es un monumento impor^ 
tante, por cuanto en él estiín consignadas todas las disposioionos 
dirijidas á la administración civil, militar, económica, inunicipa) 
y aun eclesijística de h^< vn^tos <1«>mini<>< «pío t<Miia l:i Kspaña on 
el nuevo mundo. 

A pesar del cuidado y diligencia (|ue presidieron a' la redac- 
ción de ese C(5digo voluminoso, no han dejado de notarse en él 
algunas imperfeccíoDCs, inevitables en obras de esa clase. Sin 
embargo, la Recopilación de Indias es un trabajo de grande inte- 
rés, donde el filosofo, el jurisconsulto y el erudito pueden estu- 
diar con provecho el espirita que presidi(> al gobierno y admi- 
nistración de las posesiones »-sf)ariolas de América desde el reyna- 
do de Carlos I hasta el de Carlos II, en un lapso do tiempo de* 
cerca de ciento sesenta años. 

La Recopilación de Indias contiene varias di.N|n.M( kuics espe- 
ciales relativas al reino de Guatemala, algunas de lan cuales^ 
hemos tenido ya ocasión de citar en el discurso de esta obra. 

El ayuntamiento de Guatemala reclamaba con empeño, como- 
queda asentado, el que se concediese un comercio y tnítico ampli(^ 
y franco entre este reino y el del Perú; pero con una inconse- 
cuencia que no puede explicarse sino recordando la ignorancia 
que prevalecía en ciertas materias en aqnellos tiempos, exigia se- 
[nisiesen cortapisas lí aquella libertad, no permitiendo la entra- 
da al cacao de Guayaquil, que venia aquí de triínsito para la 
Nueva España. 

En 27 de febrero de 1G80 el procurador síndico dirijió una ex- 
posición al cabildo, manifestando que estaban en camino para la 
ciudad, procedentes de Acajutla y Amapala, seis mil fanega.*? 
de cacao que hablan Helgado en dos fragatillas del Perú, con re- 
gistro tan .solo de doscientas. Alegaba (|ue aquel era un artícu- 
lo prohibido, y (jue el daño que se causaba al reino de (ruatema- 
la era irreparable, pues no le quedaba ya otro trato que el del 
cacao con la Nueva España. 

Pero el síndico incurría en una equivocación al decir que es- 
taba prohibida la introducción del cacao del Perú en Guatemala^ 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 371 

No liabia reales cédulas que estorbaran expresamente aquel co- 
mercio, siempre que se hiciese en los dos buques que podian ve- 
nir anualmente con doscientas toneladas de mercaderias. Asi fué 
que la reclamación para que se estorbara el transito del artícu- 
lo, no fué atendida; y lo único que pudo hacer el ayuntamiento 
fué continuar sus gestiones, hasta obtener mas tarde la prohi- 
bición, como veremos oportunamente. 

En octubre del año 1G80 estaba terminado el edificio de la ca- 
tedral, comenzado á levantar de cimientos, como queda dicho; 
en el de 1669. Se dispuso la inauguración para el 6 de noviem- 
bre siguiente, celebrando al mismo tiempo el cumpleaños del rey 
Carlos II y su matrimonio con una princesa de Francia. Las fies- 
tas duraron ocho dias, siendo en parte religiosas y en parte pro- 
fanas. La gente mas rica y notable de la ciudad y los menes- 
trales desplegaron gran lujo en los trages y joyeria que llevaron, 
como también en las danzas, juegos, saraos, banquetes, comedias, 
y fuesfos artificiales muy costos. Hay una curiosa descripción de 
aquellas fiestas, de la cual hizo Juarros un extracto .que repro- 
dujo García Pelaez, y que da idea de su esplendidez. El autor 
de la relación calculo qne se habían gastado mas de cincuenta 
mil pesos en altares, fuegos, comedias, galas, jaeces, libreas, en- 
camisadas, y danzas; y qne el valor de las joyas, preseas, perlas, 
pedrería y alhajas de oro y plata que llevaban los que figuraron 
en las encamisadas, saraos y carreras, pasaría de medio millón 
de pesos. (1) 



(1) Tenemos en nuestro poder el manuscrito orijinal de la descripción de 
las fiestas d^l estreno de la catedral, con que uos obsequió una persona par- 
ticular de esta ciudad. Lleva el título de los dos himeneos místico y real; dias 
coronados con que se celebró la Dedicación de la Iglesia Cathedral de Guate- 
mala, deíide 6 de Xoviembre de 1680; con los geniales años y felices Bodas de 
la Calhólica Magettad de el Rey Nuestro Señor Don Carlos Segundo, que Dios 
guarde. 

Es un cuaderno en folio, de 80 hojas, sin paginar, escrito en letra muy di- 
minuta. 

La copiosísima erudición sagrada y profana de que usa con exageración el 
autor, Don Diego Félix de Carranza y Córdoba, (cura de Jutiapa) hace poco 



372 HISTORIA 

Los pobladores del litoral de la provincia de Costa-Rica con- 
tinuaban amenazados por coráarios ingleses, y sus gobernadores 
acadian de tiempo en tiempo á la corte, por medio de represen- 
taciones, en qae exponiaii el peligro que corria el pais y recla- 
maban se les proveyese de algunos medios de defensa. El maes- 
tre de campo Don Juan Francisco Saenz, gobernador por los anos 
1677, pidió autorización para levantar dos pequeños fuertes en 
•el puerto de Matina y una guarnición de cien hombres que los 
defendiesen. Se decretó de conformidad; pero ni los fuertes se 
<:onstruyeron, ni lacompañia lleg(5 á organizarse, sino hasta cin- 
co años después, habiendo reproducido la solicitud el goberna- 
dor Don Miguel Gompz de Lara. 

Igualmente indefensas las cortas del Pacífico, se veian expues- 
tas á las agresiones de los enemigos, como sucedió en el aíio 
1681, que asalto el puerto de Caldera el corsario Sharp, sa- 
queando é incendiando la |>ob]acion. 

Ka aquel mismo año vino con el cargo de presidente y gober- 
nador interino y con el de vi.sitador general lí concluir el juicio 
de residencia del presidente Kscobedo, el licenciado Don Miguel 
de Augurto y Álava, caballero de la orden de Alciíntara y oidor 
de México. El señor Sierra O.sorio, que comenzó y no concluyó 
aquella visita, se volvió á E<*paña, y pronto tué llamado al con- 
sejo de Indias, donde, lo mismo que su antecesor, tuvo ocasión 
de mostrar mucho interés y empeño en favor de los asuntos de 
Guatemala. 

Rl Sr. Augurto fué recibido con menos pompa que aljiiui.».-, <le 
sus antecesores, aunque no faltaron ni el besamanos, ni las corri- 
das de toros, ni el caballo enjaezado, ni el banquete; pero todo 



grata la lectura de este manascrito, qne contiene, por lo demás, noticius muy 
cariosas, qne dan idea del estado de la capital del reyno y de su vecindario 
principal en aquella época. A continacion de la parte descriptiva de las fiestas, 
cstÁ una comedia, de cuatro que se representaron y qne lleva el título de 
La Matriz coronada. Tiene tres actos, está en verso y hablan en ella los si- 
guientes personajíes: " Celio, galán; Patricio, cortesano; Artemio, maestro; 
Fabrilia, dama; Volupcia, criada; Cu-jhara, gracioso; músicos." 



i 






DE LA AMERICA CENTRAL 



373 



I 



ello con mas modestia que otras veces, como que no hizo el ayun- 
tamiento mas gasto que el de mil quinientos pesos en aquellos 
festejos. 

Encontráronse en aquella ocasión, según observa Xinienez, 
tres presidentes: el general Escobedo, propietario y suspenso, 
"que después de haber peregrinado por Coma3'agua y Nicaragua 
vino á Guatemala, en donde se hallaba en esta ocasión pobre y 
desamparado de sus amigos al estilo del mundo; pero con un co- 
razón magnánimo en que se conocia que no lo engrandecian los 
puestos, sino él á ellos. Hallábase Don Lope de Sierra Osorio, 
que vino por presidente interino á tomar la residencia u Don 
Fernando y habiéndolo promovido á oidor de Granada, vino el 
dicho Don Juan Miguel ala presidencia interina, mientras se a- 
justaban los negocios de Don Fernando, No se habian visto tres 
presidentes en Guatemala, y en pocas audiencias habrá sucedido 
semejante concurrencia.*' (1) 



(1) Hisi de Chiap. y Gaat (M S; lib. 5^. cap. 3T. 



CAPITULO XXI, 



ProvUion de las cát«dra« de la auivcrsiUad. —No aprneba fel rey la de algu- 
ona de ellas y se fijan edictos en México j Madrid, llamando opositores. — 
PreséataDse y se les adjndican las clases.— Se da principio á los estudios 
con catedráticos interinos.— Uno de los oidores forma los estatutos ó cons- 
litaciones de la Qniversidad.— Modifícase, por indicación del presidente, la 
forma altematÍTa de los alcaldes peninsnlares y criollos.— Trátase de desa- 
lojar á los ladinos de los pneblos do indígenas del valle da la ciudad.— No se 
cumplen las providencias dictadas al efesto.— Inobservancia general de lus 
disposiciones sobre vecindario de ladinos en pneblos de indiof. — Vuelve á 
sQScitarse la onestion del comercio con el Perú. —Gestiones del procura- 
dor del ayuntamiento en la corte.— Viene á hacerse cargo de la presiden- 
cia, gobernación y capitanía general del reino Don Enrique Enríqnez de 
Ouzman.— Reclama de nuevo Guatemala, aunque inútilmente, que vengan 
de tiempo en tiempo algunos de los buques de la armada de barlovento 
á recorrer las costas del norte del reino. — Dedica el nuevo presidente su 
atención á los hospitales; ensancha y reúne los de Santiago y San Alejo.— 
Nuevas entradas de misioneros dominicos en tierras del Manché y del Chol 
y mal resultado de aquellas empresas.— Vuelve á promoverse ante el con- 
sejo de Indias el asunto del comercio entre Guatemala y el Perú.— Auxi- 
Hhu eficazmente al procurador los consejeros,^ general Escobedo y Sierra 
Osorio y fiscal Balverde.— Resultado poco satisfíictorio de aquellas gebtio- 
nes.— Solicita igualmente vuelva á abrirse el comercio con la Habana. — 
Nuevas hostilidades de los corsarios ingleses en territorio de Costa-Rica, 
en León y en Granada. Amenazan la capital del reino y se toman medidas 
de defensa. — Otros corsarios entran por el Golfo-dulce.— Graves disencio- 
nes del gobernador de Soconuzco y el alcalde mayor de Ciudad-real, con «1 
obispo de la diócesis, Nufiez de la Vega. 



(1681—1686.) 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 375 

Aunque desde el mes de diciembre de 1678 se abritj la oposi- 
ción á las cátedras que debian establecerse en la universidad de 
Ouatemala y fueron provistas en diferentes sugetos, se quejd al rey 
el señor Álava de la festinación con que el presidente interino y 
visitador nombrado, Don Lope de Sierra Osorio, habia procedido 
en el asunto. Decia aquel funcionario que estando él para llegar á 
la ciudad dentro de pocos dias, debió haberse suspendido el asun- 
to, hasta que se hubiese hecho cargo del mando. (1) 

El rey aprobó la provisión de una de las cátedras de teolo- 
gia, de las de filosoña y lenguas indígenas; pero declaró nula la 
<ie las de instituta, cánones y medicina; previniendo se pusiesen 
edictos en México para la provisión de aquellas asignaturas; 
resolución que no era ciertamente muy lisonjera para Guatema- 
la. En México no hubo opositores, y dada cuenta al rey, dispuso 
se fijasen edictos en la corte, lo que considera Juarros muy ho- 
norífico á la universidad de Guatemala, sin fijarse en que el he- 
cho de ir á buscar profesores á otra parte, manifestaba poco con- 
cepto de los hombres de letras del pais. Agrega el mismo autor 
que leyeron de oposición sugetos lucidísimos de Salamanca, ve- 
rificándose el acto en la sala del consejo de Indias, y que fué ad- 
judicada la cátedra de cánones al doctor Don Bartolomé de 
Amézquita; la de leyes al doctor Don Pedro de Ozaeta y la de 
medicina al doctor Don Miguel Fernandez. 

Sabiendo cuan exiguas eran las dotaciones asignadas á aque- 
llas cátedras, se extrañará hayan hecho oposición á ellas perso- 
nas de las circunstancias que dice Juarros concurrían en los su- 
getos que las solicitaron y obtuvieron; pero las determinó segu- 
ramente el haberse ofrecido plazas de oidores á los catedráticos 
<le instituta y cánones, cuando hubiesen desempeñado las clases 
durante cinco años. 

La provisión de una de las dos de teología hecha en Guate- 
mala, no fué aprobada por el rey, á causa de que habia sido 
«no de los opositores Don José Baños, doctor de la universidad 
de Osuna, arcediano de esta iglesia y predicador de S. M. Con- 
sideró el consejo que se le habia hecho agravio no dándole la cá- 



(1) Ximenez, Hist., lib. 5. ® cap. 36. 



37G HISTORIA 

tedra, y mandase proveyese en él, nombrándolo ademas, primer 
rector de la universidad de San Carlos de Guatemala. (1) 

Mientras llegaban los catedri(ticos propietarios, se dio princi- 
pio i los estudios el 5 de enero de 1G81. con profesores interi- 
nos y mas de setenta estudiantes, di(ndose al acto la mayor so- 
lemnidad posible. Habiendo prevenido el rey se formasen los 
estatutos o constituciones de 1a universidad, se encargó de hacer- 
los el oidor Don Francisco de Sarasa y Arce, (\\n} los remitió al 
consejo en aquel mismo ano 1681 

La alternativa de españoles peninsulares y criollos para los 
oñcios de alcaldes, aun(|ue iotroducida por In costumbre, y no por 
la ley, habia merecido la aprobación del consejo, como una me- 
dida justa y conveniente, y continuaba en pr^tica. Al comenzar 
el año 1682, el presidente Álava propuso se modificara la for- 
ma de dicha alternativa, ejerciendo durante seis meses cada uno 
de los dos alcaldes la presidencia del cabiido. Aceptó la idea el 
ayuntamiento, á condición de que se diese cuenta al consejo do 
aquella reforma, que estuvo en práctica por espacio de tres anos; 
pues no gobernando ya el presidente fin«« Ií I'íIím liitríxltuldo, 
86 volvió á la pr;(ctica antigua. 

Todo el título 3.® del libro 6. ® de la Uecopilacion de Indias, 
recientemente publicada, contenia las diversas disposiciones emi- 
tidas de tiempo en tiempo respecto á reducciones y pueblos de 
indígenas. Kn la ley 21. «* estaban recopiladas las reales cédulas 
que prohibion lí los españoles, negros y mestizos avecindarse en 
|)ucblos de naturales, así por las vejaciones que aquellos causa- 
ban á éstos, como porque los inducían, dice, tí la ociosidad, les 
infundían errores y les enseñaban malas costumbres. Prevenida 
la exacta observancia de la Recopilación en todos los reinos de 
Indias, venia lí renovarse aquella prohibición, y á hacerse indis- 
pensable su obediencia. Se hablaba, pues, desde luego, de desa- 
lojar á los españoles y mestizos avecindados en los pueblos de 
Petapa, Amatitlan y Escuintla, y agregarlos ya al de las Vacas, 
ya á la capital, ó de formar con aquellos habitantes poblaciones 
nuevas, como estaba mandado. 

( 1 ) Juarros, Hist. trat. 2. ^ cap. 5. ^ 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 377 

Xo faltaban para esto tierras realengas inmediatas á los pue- 
blos de donde debia desalojarse á los españoles y mestizos; 
pues las habla cerca de Petapa y Araatitian y de Pínula, cuyo 
ejido se habia mandado ensanchar, en recompensa de haberle 
prohibido el cultivo del trigo, previniéndole se dedicara única- 
mente al del maíz (1). 

Pero esta cuestión del desalojo de los españoles y mestizos de 
los pueblos de indígenas, estaba ligada con otra muy grave en 
aquel tiempo y que afectaba vivamente los ánimos de las perso- 
nas que ejercían la autoridad y los de los vecinos de la capital. 
Tal era la de la desmembración del corregimiento del valle de la 
ciudad, que habia resistido el ayuntamiento contra todos y que 
reproducida de tiempo en tiempo, ponia en efervescencia á la so- 
ciedad. 

Hemos visto que se hablan mandado erigir en muchos pueblos 
villas con gobiernos particulares; pero en el distrito del corregi- 
miento del valle no se habia llevado á efecto la providencia, y 
las cosas continuaban como antes. 

Publicada la Recopilación y queriendo poner por obra el des- 
alojo de los españoles y mestizos que vivian en pueblos de indí- 
genas, hubo de tratarse también de llevar á cabo la erección de 
villas y creación de un nuevo corregimiento en los pueblos del 
valle de Guatemala. Para señalar el d.strito que habia de abra- 
zar, se comisionó á uno de los oidores, que recorrió los pueblos 
y averiguó la población, asi de ind/geuas como de ladinos, guián- 
dose por los padrones que formaban los curas para saber los que 
estaban en aptitud de comulgar en sus respectivas feligresías. 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 124, menciona esa prohibición, sin decir qué 
la motivó. Agrega que las sementeras de trigo producían á la comunidad de 
Pínula 655 tostones y las de maíz solo 150, y que sin embargo, se llevó ade- 
lante la medida. 

Es bien sabido que el trigo se cultivaba en el valle de Mixco, Pínula, Peta- 
pa y Amatítlftn. Gage hace mención de dos cosechas: la del f r eme s ir i o, qne se 
cogía á los tres meses de sembrado, y la del común, que se cortaba después 
de navidad. 



3/8 HISTORIA 

Obtenidos los datos, se nombró corregidor; pero subsistid poco 
tiempo y logró el ayuntamiento, á fuerza de siiplioas, (|iie se vp- 
incorporasen aquellos pueblos en el corregimiento del valle. El 
resultado de todo esto vino á ser la inobservancia general de las 
leyes que prohibían el vecindario de ladinos en pueblos de indí- 
genas y el que se descuidara enteramente la formación, de po- 
blaciones nuevas, pues no liabia ya necesidad urgente de ellas. 

En el ano 1681 liabia vuelto á suscitarse la cuestión del co- 
mercio con el Perú. El procurador que tenia la ciudad en la cor- 
te escribió al ayuntamiento, informiíndole que el consulado de 
Lima pedia al consejo se otorgara el permiso para el despacho 
de vinos y frutos de aquel reino al de Guatemala; pero cesando 
la obligación de remitir 200,000 ducados. En vista de esto, el 
cabildo acordó escribir al rey y al fiscal del consejo, diciendo 
que de no concederse la permisión de los vinos sin limitación al- 
guna, es decir, sin rebajado los 200,000 ducados, no se aceptaría 
la merced. 

Mas tarde se dispuso decir al agente que obligara á la ciudad 
lí recibir hasta cinco mil botijas de vino de España, á trece pesos; 
y que respecto al comercio con el Perú, pidiese que se permitie- 
ra la venida de un navio con 200.000 ducados y frutos, (inclu- 
sos los vinos, sin duda) con excepción del cacao de Guayaíiuil; 
y que de los puertos de este reino fuera otro con géneros de 
Castilla y de la China y frutos de la tierra. Que hacitndoso la 
concesión en los términos expresados, pagaría el ayuntamiento 
los 20,000 pesos ofrecidos al rey; y que en caso de no hacerse 
así. pidiera que se cerraran por completo á todo comercio con 
el Perú los puertos de Acajutla, Kealejo y demás del reino; exi- 
giendo que el consulado de Sevilla se comprometiera á enviar 
cada dos años doce mil botijas de vino, que pagaría la ciudad (1). 

Ya veremos como la energía que mostró aíjuella vez el cabil- 
do produjo un resultado algo favorable. 

En fin del año 1G83 vino á hacerse cargo de la presidencia 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 51. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 379 

D. Enrique Enrique/ de Guzman, caballero de la orden de Al- 
cántara, individuo del consejo de guerra^ y de la Junta de In- 
dias y armadas. Desembarc(5 en Puerto-caballos y fué recibido 
con demostraciones semejantes á las que se habían hecho á su 
antecesor. 

Las arbitrarias exigencias del consulado de México respecto 
al comercio que hacia Guatemala por Yeracruz y lo costoso de 
aquella carrera liacian que se procurara restablecer el tráfico 
por los puertos del reino y que se clamara porque se le diera 
la conveniente seguridad. El avuntaniiento encargó á su agente 
en la corte solicitara formalmente del rey la expedición de una 
cédula en que se previniera que algunos de los buques de la es- 
cuadra de barlovento vinieran á nuestras costas siempre que fue- 
se necesario, para limpiarlas de los piratas que las infestaban. 
Uno de los individuos de la corporación, negociante español pe- 
ninsular, dijo en cabildo abierto que se celebró para tratar de 
esta materia, que él podría justificar que en el espacio de trein- 
ta anos había contribuido el reino de Guatemala á los gastos de 
la armada de barlovento, con mas de ochocientos mil pesos, 
sin que hubiera sido jamás de utilidad alguna parala defensa de 
los puertos. 

Xo podremos asegurar que no hubiese exageración en eJ di- 
cho de aquel concejal; pero fuese poco ó mucho lo que pagaba 
Guatemala, era de estricta justicia que hubiese i-eportado algún 
beneficio de la escuadra que contribuía á mantener. Desgracia- 
damente aquella reclamación, como otras hechas anteriormente 
en el mismo sentido, no fué atendida, y los corsarios y piratas 
continuaron molestando á mansalva las embarcaciones que se 
aventuraban á arribar á las costas del norte. 

Uno de los asuntos á que consagró su atención el nuevo pre- 
sidente, fué la mejora y ensanche de los hospitales de la ciudad, 
cu3'a situación estaba distante en aquella época de ser satisfac- 
toria. El antiguo de Santiago, fundado para españoles por el obis- 
po Marroquin, no contenia mas que cuarenta camas }' ocupaba 
un local insuficiente. Estaba también el de San Alejo, estable- 
cido, como queda dicho, para indígenas, y cuyo estado no era 
tampoco el que convenia fuese, á pesar de algunos auxilios que 



380 HISTORIA 

le había mondado dar el rey, lo nii.«mo (jue al otro. Estaba re- 
comendada en va rías, cédulas la unión de ambos hospitales, y 
no se habla efectuado, hasta que la hizo el presidente Kuriíjuez, 
comprando dos casas couiiguas ni de Santiajío. con lo que pu- 
dieron reunirse y com¡)letarse el número de setenta camas. Kn 
esta mejora y on la construcción de una entermeria amplia y ca- 
moda, se invirtieron cinco mil pesos, que diu <le su pn»pio pecu- 
lio el presidente. Para ensanchar aun mas el edificio y poner 
doscientas camas, llamó en su auxilio al ayuntamiento. Rstos 
dos hospitales reunidos se pusieron al cuidado de los frailes de 
San Juan de Dios, establecidos en la ciudad desde el aúo 103G, 
y que tenian ya Á »u cargo el de Santiago. Petaba también el 
de San Pedro, para clérigos, fundado en 1063, que corria ú car- 
go del cabildo eclesiástico; y el de convalescientes, fundación, co- 
mo dejamos dicho, del venerable Pedro lietancourt. Estos con- 
tinuaban manejiíndose por separado (1). 

Hemos dado cuenta de tentativas hechas por los misioneros 
dominicanos establecidos en Verapaz, de continuar las reduccio- 
nes de indios infieles que habitaban al norte de aquella provin- 
cia. Repetíanse de tiemfK) en tiempo aquellas tentativas, y aun- 
que lograban al pronto los misioneros catequizar al^^unos indios 
salvajes y formaban poblaciones regulares, desapareeian estas 
de la noche á la manana, viendo.se los frailes obligados á huir 
para salvar la vida. 

En una de tantas entradas hechas por los dominicos en tier- 
ras del Manché, hablan logrado formar varias pueblos; pero la 
codicia del alcalde mayor de Verapaz, D. Sebastian de Solivera, 
arruinó la empresa, según asegura un cronista dominicano. Su- 
jetó aquel furxMonario á los indios á grandes extorsiones, lí pun- 
to de exigirles por un machete un xipifjuil de cacao, ó .**ean ocho 
mil granos; ó una cantidad de achiote equivalente. Con esto los 



(1) El cronista Vazqaez, refiriendo en su obra (trat. 2. ®, cap, ?,ñ) la rfíu- 
nion de los hospitales, equivoca la fecha del suceso, suponiendo, no sabemos 
porqué, que se verificó en el año 1íj7^. 



DE LA AMERICA CENTRAL. 381 

mancheses, auxiliados por los yaxanos, tribu vecina, se alzaron 
y se dis|)ersaron. sobreviniendo luego r^na- epidemia en que mu- 
rieron cuatrocientos niños, y que consumó la dispersión (1). 

En el año 1685 los padres Agustín Cano, Delgado y otros que 
conocian perfeetamente el idioma de los choles, penetraron muy 
adentro de las tierras de estos. Un indio bravo, descendiente de 
caciques, armó el arco y aprestó las flechas para disparar sobre 
los misioneros; y lo habria ejecutado, á no impedírselo veinte in- 
dígenas de Cahabon que llevaban los frailes en su compañia. Lo- 
graron estos reunir hasta trescientos choles, con los que forma- 
ron un pueblo, al que se agregaron después familias de los jec- 
tanes, uchines, jichelnées, cantees, canatzines, piaces, (íhumpa- 
naes, chumquices, matcines y otrus. 

Aun cuando sea anticipando un poco los sucesos, diremos que 
cuatro años después fué incendiado aquel pneblo y los misioneros 
tuvieron que huir desnudos para salvar la vida. Los indígenas de 
Cahabon, no queriendo acompañarlos en nuevas expediciones, 
pidieron permiso para entrar á recoger á los dispersos, y habién- 
doseles concedido, pudieron reunir en diferentes entradas que 
hicieron, hasta trescientos choles, que situaron en el valle de Ur- 
ran, entre Rabinal y San Raimundo, donde existe hoy el pueblo 
llamado Santa Cruz del Chol (2). 

La actitud un poco enérgica que habia tomado el ayuntamien- 
to en el asunto de la permisión de la venida de los vinos del 
Perú, sirvid al menos para dar algún aliento al procurador que 
tenia la ciudad en la corte, que promovió el negociado en el con- 
sejo, conforme á las instrucciones que se le comunicaron en el año 
1G83. Habia la circunstancia de que servia la fiscalia el licen- 
ciado D. Diego de Balverde, que habiendo sido oidor en Guate- 
mala, estaba en aptitud de juzgar, con cabal conocimiento, de la 
razón que asistía á este reino al solicitar la permisión de los 
vinos del Perú. Eran también individuos del consejo el gran 



(1) Ximeaez, Hist., cap. 23 á 39. 
(2; Garcift Pelaez, Mein., cap. 40. 



382 HISTORIA 

prior de Castilla, general Escobedo, y D. Lope de Sierra Oso- 
rio, que habian sido presidentes de Guatemala y que la sirvie- 
ron eficazmente en aquel asunto, como luego diremos. El pedi- 
mento de Balverde fué favorable, en parte al menos, á la soli- 
citud; pero siendo necesario siempre oir al consulado de Sevi- 
lla, reprodujo este todos los argumentos que se habian empleado 
desde algunos años antes para hacer que se mantuviese la prohi- 
bición. 

Por desgracia el fiscal Balverde se enfermó en aciucUos días, 
y los interesados en que no se hiciera la coDcesion se dieron ma- 
ña para que pasara el asunto al de la cruzada, que puso, según 
decia el agente, el pedimento mas agrio que 61 hubiera visto. 
Considerando el negocio en peligro de ser mal despachado, pre- 
sentó memorial pidiendo el expediente y se le mandó entregar. 

Lo estudió con el mayor cuidado, viendo todo lo que so ha- 
bía hecho en la materia desde el año 1620, y rpiedó asombrado, 
decia. de la injusticia de las resoluciones dictadas, toda vez ipie 
era manifiesta la imposibilidad de que se mandaran vinos de 
líspana i Guatemala. Redactó el procurador un memorial ajus- 
tado á los hechos, haciendo relación exacta de todo cuanto ha- 
bla pasado, mencionando las representaciones de la audiencia, 
de los presidentes, obispos, cabildo y comunidades, y respondió 
Á los argumentos del consulado de Sevilla. 

El príncipe presidente del consejo (1) conferenció con el ge- 
neral Escobedo y D. Lope de Sierra Osorio, que le ca pusieron 
la justicia que asistía á Guatemala. Extendió el primero (Esco- 
bedo) un informe en el mismo sentido, y Osorio lo confirmó 
verbalmente en todas sus partes. Llamáronse los autos, y pidió 
el procurador se discutiera en sesión pública. Hízose asi, con- 
curriendo el procurador del ayuntamiento. Mauifestíirou algunos 
de los individuos del consejo extrañcza de que ú pesar de la 
prohibición de llevar á Guatemala vinos del Perú, se hubiesen 



(1) Debía ser este príncipe presidente, de qaien habla el procurador sin 
nombrarlo, D. Vicente de Gonzaga. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 383 

admitido en los puertos y pagado derechos, que percibiaa los 
oficiales reales, lí lo que el procurador se avanzo á replicar, que 
en efecto no se habian cumplido ni podian cumplirse aquellas 
cédulas. Apoyó Sierra Osorio, agregando que tales disposiciones 
no podian ponerse en ejecución, j)07- inicuas. Dijo mas el procura- 
dor: (jue el consulado y la casa de contratación de Sevilla siempre 
luibian engañado al consejo, suponiendo remesas de vino que no 
habian hecho. Que desde el ano 1647 hasta el 67 no remitieron 
mas que treinta y cinco mil botijas, y del 1673 al 79 cuatro mil 
y quinientas. Con esta manifestación, apoyada en documentos 
irrefragables, reconoció el consejo la razón que asistía á Guate- 
mala 3^ la injusticia de las células prohibitivas. 

Decia el procurador al cabildo (jue habia debido prescindir 
de la solicitud respecto á mercaderías de la China, pues los con- 
sejeros rechazaban con horror semejante pretensión, y que se 
habia limitado á insistir sobre lo de la permisión de llevar al 
Perú las de Castilla. En apoyo de esta demanda hizo presente 
que en estas provincias no habia minerales, ni de donde pudie- 
ra venirles plata, si no era del Perú; y que los frutos de la tier- 
ra no eran aqui suficientes á cubrir el valor de los vinos y otros 
artículos que vendrían de aquel reino (1). 

Extrañó mucho el consejo la idea consignada en el memorial 
; del procurador, por instrucción expresa del cabildo, de que si no 
se accedía á la solicitud, era preferible se cerrara por completo 
el comercio con el Perú; y explicó que la razón de decir esto 
era porque de ese modo, ya que no habia de haber un comercio 
franco entre los dos. países, al menos se evitaría la entrada del 
cacao de Guayaquil. El Sr. Sierra Osorio apoyó el pensamiento 
con calor y aun se propasó, decía el agente del cabildo, al de- 
fender la justicia que asistía á Guatemala. Los consejeros todos 



(1) No era exacto que no hubiese minerales en el pais, como decia el pro- 
curador del cabildo. Se explotaban escasamente, pero no íUlttiban; y la prue- 
ba 68 que establecida años después la casa de moneda, hubo suficiente oro y 
plata que acuñar. 



384 HISTORIA 

dijeron que en ningnn caso debería permitirse que se cerrara el 
comercio entre Guatemala y el Perú, porque este país tenia 
necesidad de la brea y de otros artículos de que lo proveía a- 
quel. 

Discutida la materia detenidamente, se votd, y el resultado 
fué se consultara al rey permitiese (jue vinieran cada afio del 
Perú Á (luatemala dos navios con vinos y doscientos mil duca- 
dos de plata para comprar frutos de estas provincias; que esta 
concesión fuera perpetua y que no se permitiera traer cacao de 
Guayaquil. Rsía prohibición era extensiva á toda la costa de 
Nueva España. 

Todavía encontré oposición esta consulta del consejo entre las 
personas que rodeaban al monarca; pues según decía el procu- 
rador, por influencia del duque de Medinacelí y de D. Josí* de 
Veytía, que era secretario, se redujo la concesión A tres anos. 
Por supuesto no se hablaba de permitir el comercio de merca- 
derías de la China y de Castilla entre Guatemala y el Pert'i. 

Lo obtenido era bien poco, pues casi no se diferenciaba de lo 
que existía, y asi hubo de comprenderlo el procurador del ca- 
bildo, que '(|ued(5 tan desazonado con el exiguo resultado de tan- 
to trabajo, que tuvo la ¡dea de no sacar el despacho ni enviar 
la concesión jÍ Guatemala. Sin embargo, tanto el general Ksco- 
bedo como D. I^pe de Sierra Osorio, le aconsejaron que lo re- 
mitiera, pues quedaba abierta la puerta para hacer nuevas so- 
licitudes. No se exigió el donativo de los veinte mí! pesos ofre- 
cidos por el cabildo, ni Iijhria 'íiílo jn-»'> <'^' 'irlo \)<)r í:iii rnoz 
quina concesión. 

La parte mas interesante par.i Guatemala en la c«''-liijii de 21 
de mayo de 1(585, que se expidió en virtud de aquella consul- 
ta del consejo, era la que prohibía la importación del cacao de 
Guayaquil, medida reclamada tantas veces por el ayiintumiento. 
Pocos días después de recibida, llegó á Acajutia un buque pro- 
cedente de aquel puerto con tres mil veinte cargas de cacao, (1) 



(1) La carga se compouia de sesenta zoutles de 400 almeudras cada uno. 






DE LA AMÉRICA CENTRAL. . 385 

j el oficial de la aduana permitió que pagados los derechos, 
continuasen para Nueva España. Con noticia del hecho, el rey 
mandó multar al empleado en quinientos pesos; y sin embargo 
de aquella severidad, siguió llevándose cacao de Gua3'aquil á 
los puertos de Nueva España, porque la necesidad es superior 
á las prohibiciones, y se sobrepone á ellas cuando no se les re- 
conoce un principio de justicia, como sucedía en aquel caso. 

Instaba también el procurador que tenia el cabildo en la cor- 
te porque volviera á abrirse el comercio del reino de Guatema- 
la con la Habana, sobre lo cual se le hablan dado instrucciones, 
y aun escrito el cabildo al rey directamente. En esta preten- 
sión, como en la del comercio del Perú, el Sr. Sierra Osorio 
apoyaba muy eficazmente al procurador y abogaba por los in- 
tereses de Guatemala. Pero el consejo no precipitaba jamás sus 
resoluciones; y la solicitud corria todos sus trámites muy des- 
pacio. 

Las provincias de Nicaragua y Costa-Rica hablan continuado 
sufriendo las hostilidades de los corsarios y piratas ingleses, asi 
por los puertos del norte como por los del sur. En el año 1683 
habiendo avistado en aquellas costas seis navios grandes de 
enemigos, D. Melchor de Meneos y D. Juan González Batres, 
vecinos de Guatemala, que habían acudido á Nicaragua con gen- 
te por disposición del capitán general, mantuvieron cincuenta 
hombres á su costa, mientras duró el peligro. 

En 1685 entraron los ingleses en territorio de Costa-Rica por 
el puerto de Caldera, y apoderándose de la ciudad de Esparza, 
la saquearon é incendiaron, como también los pueblos llamados 
Garavito y Aranjuez, de numeroso vecindario, á cuyos habitan- 
tes indígenas se llevaron como esclavos (1). 



lo que venia á ser 24,000 granos. Según una sentencia de la audiencia real, 
aprobada por cédula de 9 de agosto de 1684, la carga debia pesar sesenta 
libras. ^ 

(1) Informe del obispo de Nicaragua al superíor Gobierno, de 18 de mar- 
zo de 1T83, cit. por Garcia Pelaez, Mem., cap. 62. 

HIST. DE LA A. C. 25 



386 HISTORIA 

En el mismo año invadió la ciudad de Ix»on una partidu de 
piratas ingleses, (quizá los mismos que estuvieron en Ksparza) y 
filé saqueada, sin (pie pudiera impedirlo un cMiorpo detroptis (pie 
estaba ú la vista (1). 

Tam[>oco escapó Granada en aquella ocasión, pues hal)iondo- 
desembarcado el 7 de abril en el puertecillo llaumdo Escalante, 
situado en el mar del snr á veinte leguas de distancia, una par- 
tida de piratas ingleses y franceses, cuyo niimero no llegaba lí 
400 hombre?», marcharon sobro la ciudad, lliciérons.» en esta al- 
gunos aprestos de defensa, levantando en la plaza una trinchera 
cuadrada, defendida con catorce cañones y seis pedreros. 

A ])esar de tan formidable bateria los enemigos asaltaron In 
plazíi el dia í) y se apoderaron de ella sin mucha dificultad; pro- 
]>oniendo al siguiente rescate al vecindario, anunciando ({ue de 
no pagar cierta suma incendiarían la población. Creyeron lo» 
vecinos ípie aquello no pasaría de amenaza y no di<T(>n provi- 
dencia para entregar el rescate; pero luego vieron arder la igle- 
sia de San FraDcisco y diez y ocho casas de las principales; des- 
pu<>s de lo cual se retiraron los enemigos; sin mas pérdida (pie 
la de trece hombres (2). 

Aun la capital del reino parece haber corrido peligro de ser 
invadida en aquella ocasión, pues se tuvo aviso de que intenta- 
ban los corsarios desembarcar en Iztapa y marchar sobre (íua- 
temala. Ton la noticia se reunió la junta general de guerra y 
acordó hacer plaza de armas el pueblo de Kscnintla, convoca'n- 
dose las com|>añiaa de españoles y pardos de aquel partido, tres 
de la ciudad de Guatemala y cinco del valle. Fué nombrado pa- 
ra TunndMr ^'<U\ fiK»r/a í>. Melchor de Meneos v Mf'drano. í| mis- 



il) Alcedo, cit. por Garda Pelaez, loe. cit. Segnn una información instrni- 
da en la diría eclesiástica de León, en 13 de febrero de 1744, la invaHion 
de la ciudad en 1685 fué por el estero de! fuerte. Af^rega que al aviso de la 
vigia en la sorpresa de la ciudad, tocó la caja de guerra Doña Paula, mujer 
de D. Antonio del Real. 

(2) D. Gerónimo de la Vega y Lacayo, Reprefsentacion al rey, del 19 de 
tnaro de 1759, cit por Garcia Pelaez, loe. cit. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL. 387 

1110 sugeto que había acudido tres años antes ;í la defensa de 
Nicaragua. Hizo levantar trincheras en los pasos estrechos del 
camino y mostró mucha actividad y celo en el desempeño del 
encargo. Permaneció Meneos en Escuintla hasta el 23 de no- 
viembre, que filé llamado á Guatemala por el presidente. 

Después se recibió noticia en la capital de que los corsarios 
ingleses habian entrado en el Golfo-dulce con veintiuna pira- 
jiuas, y que se disponían á subir el rio Motagua é internarse eo 
las provincias de Yerapaz. Se mandaron alistar dos compañía» 
de soldados y se nombró al mismo D. Melchor de Meneos para 
que fuese con ellas y la mas gente del país que le pareciese, a 
impedir las hostilidades que pudiesen intentar los enemigos (1). 

Graves discusiones ocurrieron en los años 1685 y 86 entre el 
obispo de Chiapas Xuñez de la Vega y el gobernador de So- 
conuzco. cuyo origen fué el haber mandado despojar este fun- 
cionario á la iglesia del pueblo de Mapastopeque de una hacien- 
da perteneciente á cierta cofradía. El prelado previno la devo- 
lución de la finca y excomulgó al gobernador, que ocurrió á la 
audiencia en solicitud de una carta de fuerza, que le fué otorga- 
da para el caso de que el obispo no le concediera la apelación 
que había interpuesto de la sentencia y no le levantara la excc- 
munion. 

Xotíficada la expedición de la carta al obispo por el alcalde 
mayor de Ciudad-real, contestó que absolvería al gobernador de 
Soconuzco, si lo pedia y que la apelación sería otorgada, aña- 
diendo que una declaratoria de fuerza expedida ligeramente no 
era agena a' las censuras. 

Esta contestación exaltó á los individuos de la audiencia que 
lanzaron segunda provisión en que bajo la fórmula respetuosa 
de ruejo y encargo, que se usaba con los prelados eclesiásticos, 
se le conminaba con una multa de 500 pesos de oro y se le 



(1) Consta todo lo referente en el texto de un despacho de general para 
lina expedición al Peten, expedido, algún tiempo después, á favor del mismo 
Meneos, y que cita García Pelaez. 



388 HISTORIA 

amenazaba con extrañamiento y con la ocupación do sus tem- 
poralidades. Contest(5 el obispo que estaban mandados ent rojear 
los autos al apoderado del gobernador y mandado absolver es- 
te de la excomunión, luego que restituyese la haciei.da de la 
<;ofradia. Que su persona estaba ú disposición de los que l'uosen 
á prenderla y sus cortos bienes prontos u entrar en la eu»'nta 
del pago de la multa; pero que en su diócesis y fuera de ella él 
tenia derecho para apercibir ú sus expulsores. 

Despachtíronle la tercera provisión, lí la que contestó: que si 
el apoderado del gobernador no ocurría por los autos pura se- 
guir la apelación ante el metropolitauo, ni solicitaba absolución, 
restituyendo ó prestando caución juratoria de restituir la ha- 
cienda, no era culpa suya; y (jue si se le expulsaba iria lí poner 
á los pies del trono lo que hacían ios ujínísiroH de S. M m su 
real nombre. 

liSa tercera provisión le fué notiíicada también por el alealde 
fuayor de Ciudad-real, y por lo pronto (juedaron las cosas en 
aquel estado. 

Mas tarde, vino ya una disposición del rey mismo, a' (juien se 
habia dado cuentn del asunto, en la que rogaba y encargaba al 
obispo al>8olviese al gol)eroador, prestando caución de restituir 
la hacienda á la cofradía, inandúndoselo un juez competente. 
Replicó el prelado que no era eso lo que correspondía |)or dere- 
cho, sino prestar canción de estar ú lo juzgado y sentenciado 
por el tribunal. 

Kn enta situación las cosas, embargaron los bienes y rentas 
al obis[)0, quien escribió luego á uno de los oidores, (jucjiíndose 
de la injusticia del procedimiento. Kntonces se dirigió al prela- 
do el presidente Enriquez, proponiéndole que levantara la ex- 
comunión al gobernador y que se depositara la hacienda. Acce- 
dió el Sr. Nufiez de la Vega, siempre (|ue el de¡)ósito fuese á 
satisfacción del mismo presidente y del cura del pueblo á cuya 
iglesia pertenecía la cofradía. 

Pero la autoridad local de la provincia parecía distante de to- 
do espíritu de conciliación y mientras se cruzaban esas cartas 
cutre el presidente de la audiencia y el obispo, intimaba á este 
el alcaide mayor de Ciudad- real, .saliese de la ciudad y de su 



PE LA AMÉRICA CENTRAL. 389 

distrito, sin dar lugar ó. que se ejecutara la orden por medios 
violentos. 

El día 15 de setiembre le dirigió el último requerimiento pa- 
ra que saliese del obispado, y á las dos de la tarde hizo tocar 
los tambores en la plaza y publico un bando en que prevenia 
que al dia siguiente por la mañana se presentasen todos los ve- 
cinos con las armas que tuviesen, bajo pena de la vida y se- 
cuestro de sus bienes. Reuniéronse en efecto como estaba pre- 
venido, y sin duda hubieran jirocedido á lanzar al obispo, si no 
se hubiera decidido este á enviar recado al alcalde mayor, bu?*- 
cando algún arreglo, á fin de evitar mayores males. Se prestt> 
este funcionario y quedó convenido que el gobernador deposita- 
ria la hacienda 3^ recibiría la absolución, desistiendo de la ape- 
lación interpuesta y dándose cuenta al presidente y lí la au- 
diencia. 

F,\ asunto llegó también á conocimiento del consejo de Indias, 
que lo pasó á su fiscal. Vino este funcionario haciendo larga 
relación de los hechos, inculpando los procedimientos de la au- 
diencia al librar las cartas de fuerza, no menos que los del go- 
bernador de Soconuzco y alcalde maj'or de Ciudad-real, pidien- 
do se procediese contra ambos funcionarios. Pedia también se 
rogara y encargara al obispo absolviera al gobernador, prestada 
la caución prescrita. 

Cuando el consejo se ocupaba en examinar el asunto, llega- 
ron las cartas del presidente de Guatemala y los autos, con la 
providencia de que no se llevase á efecto el extrañamiento del 
obispo, y todo fué aprobado por el rey, con lo que terminaron 
aquellas ruidosas desavenencias (1). 



(1) García Pelaez, Mem. cap. 88. 



FIN DEL TOMO SEGUNDO. 



índice del tomo II. 



HISTORIA 
DE LA AMERICA CENTRAL. 



I 



CAPITULO I. 



Las nuevas leyes. — Creación de una audiencia en los Confines 
de Guatemala y Nicaragua.— Sus atribuciones. — Disposi- 
ciones en íiivor de los indios.— Prohibición de hacerlos es- 
clavos,— Se manda poner en libertad á los que se hubiesen 
hecho contra las reales órdenes anteriormente expedidas. 
— Ordenan que no se cargue á los indios, sino en caso de 
mucha necesidad, y sin peligro de su vida y salud.— Pro- 
hiben emplear á los indios libres, en la pesca de las per- 
las, contra su voluntad.— Disponen que los vireyes, gober- 
nadores, oficiales reales, prelados, monasterios, &, no ten- 
gan indios esclavos, y se ponga en libertad á los que tu- 
vieren.— Se manda poner en libertada les indios esclavos 
que no sean bien tratados por sus timos. — Disposición pa- 
ra que no se encomienden en lo sucesivo por ningún títu- 
. lo, incluso el de herencia.— Compensaciones á les conciuis- 
tadores y primeros pobladores ;í quienes se quitaron los 
indios de encomienda.— Formalidades que deberían obser- 
varse en lo sucesivo en los desculn-imiento?. — Prevención 
relativa á los ocursos al rey y al Consejo de Indias. — Sen- 



pajinas. 



índice 



PAJINAS. 



«ación que cansan en América las nuevas leyes.— El Pa- 
dre L&9 Casas concluye su tratadlo do la Destrnicion de 
lan //ídio*.— Reflexiones acerca de e^te escrito. — Se tie- 
ne conocimiento en (tuatcmala de las nuevas leyes. — Ir- 
ritación contra Las Casas.— Carta del Ayuntamiento al 
rey, quejándose de este misionero. — Niimhrasele obispo de 
Chiapas.— Designación de las personas que debiaii com- 
poner la Audiencia de los Confines. — Sc>nálase el lugar de 
su residencia y se demarca fu jurisdicción.— El cabildo 
de Guatemala «lisponc enviar á la Corte procuradores tjue 
representen contra las nuevas le}'cs. — Elíjenso diversas y 

DO aceptan l:i romi-iion , . 

.1542—1543. De 3 á 2\ 

CAPITULO lí. 

Llegan los oidoree á ViIltdoUd de Comayagut y encuentran 
una inTitacion del presidente Maldonado.para que vayan 
á Gracias. — Pasan á esta villa, donde se instala nueva au- 
diencia.— Habitación y traje de los letrados que la com- 
ponían.— Opinión de Humlmldt sobre la conveniencia de la 
unión de estas provincias en un solo reino. — Previéne- 
86 al adelantado .Montejo ({ue deje el cargo de goberna- 
dor de Yucatán, Cozumcl, Cliiapas y Honduras.— Objeta 
Montejo la orden y conviene la audiencia en qnc conserve 
1a gobernación, resamiemlo el tribunal la administración 
do justicia de aquellas provincias— Continúa tratando el 
cabildo de Guatemala do enviar á P>paíia procuradores 
' que represcbten contra las nuevas leyes.- lUzones que »o 
alegaban contra ellas.— Matrimonios de los principales ve- 
cinos de la ciudad. — Cuestione* sobre el envío de los co- 
misionados. —Salen estos para España y pasan á Gracias 
á conferenciar con el presidente y los oidores.— lical es cé- 
dulas concediendo títulos de hidalgos á algunos caciques. 
— Publícenlas los frailes dominicos y se siírue una infor- 
mación contra ellos. — La audiencia representa contra al- 
gunas de las nuevas leyes.— Continua la conqui.^ta pacífi- 
ca de Tezulutlan.— .\contecimientos de Chiapas: llega el 
nuevo obispo y es recibido con desagrado. — Providencia 
sobre confesores y prohibición de absolver á los que tu- 
viesen indios esclavo?. — Niéírase el deán a obedecer la or- 
den, manda el obispo reducirlo h prisión, alborótase ei 
pueblo y jwne en libertad al preso. — Los amolmados in- 



DEL TOMO SEílUXDO. 



PAJINAS. 




vaden la casa del obispo, lo insultan y amenazan con ma- 
tarlo. —Entereza del prelado. — Los vecinos de Ciudad-Keal 
tratan de hacer salir al obispo y á los frailes, privándolos 
de recursos para subsistir. — Se trasladan á la villa de 
Cliiapa.— Dispone Las Casas ir á Gracias á dar cuenta á 
la audiencia del estado de los pueblos de su diócesis.— 
Visita al paso las reducciones de Tezulutlan. — Keúnense 
en Gracias tres obispos y representan contra los abusos 
de los encomenderos.— El memorial de Las Casas. — Vio- 
lencia del presidente Maldonado con el obispo. — Considé- 
rase ;í aquel excomulgado: extraña satisfacción queda, me- 
diante la cual se le declara absuelto. — Carta insultante de 
un prebendado al obispo de Chiapas. — Representación del 
Cabildo de Guatemala contra las nuevas ordenanzas. — 
Carta interesante del obispo Marroquin al emperador so- 
bre aquellas leyes y otras materias. — Medida que propone 
en favor de los indios.— Cabildo abierto en Ciudad-Real, 
irritación contra el prelado y medidas acor<ladas contra 
él. — Resuelve regresar á su diócesis; emprende la marcha 
y al llegar captura unos indios puestos en atalaya.— Con- 
voca una junta en Ciudad-Real.— Lo que ocurrió en aque- 
lla reuion. — Los españoles invaden armados la posada del 
obispo, lo injurian y amenazan. — Cálmanse los ánimos y 

los amotinados dan satisfacción por sus actos 

1544—1545 De 22 á 51 



CAPITULO iir. 

isposiciones del gobierno de la metrópoli para qu3* se hi- 
ciese una nueva tasación de tributos. — Demora en la eje- 
cución de esta providencia.— Se comisiona al oidor Rogel 
para que la ponga por obra. — Va el oidor á Ciudad-Real; 
lo que dijo á Las Casas.— Sale para Méjico. — Prudencia 
y tino con que desempeña Rogel su comisión. — Tributos 
que se pagaban en Chiapas. — Los encomenderos y los do- 
minicos descontentos de las medidas del oidor.— El obispo 
de Chiapas en México. — Mala disposición contra él. — De- 
clara excomulgados al virey y al visitador.— Sínodo á que 
concurren los prelados de Guatemala y Chiapas y los de la 
Nueva España.— Materias que se trataron. — Declaracio- 
nes importantes respecto al señorío de los príncipes indios. 
— Prohibición de que se trate en el sí/iodo el punto de 
la esclavitud. —Se establece un formulario para los confe- 



ÍNDICE 



PAJINAS. 



sores. — JuDtas en Santo Domingo, promovidas |x)r Las Ca- 
sa?.— Lo (pití se resuelve en cuas. — Kevooa el emj>era«lor 
la cláusula de las nuevas leyes relativas á encoinien<ias 
vacantes. — Sucesos tlei Peni; conmociones á que contribu- 
ye la publicación lie las nuevas leyes. — IjOS cuu<lillos tie 
los doe bandos contendientes piden an.xilio :í lu audiencia 
de los Confines. — K.xpe<licion tlcl oidor Uamirez al Terii 
con fuencns y recursos do estas provincias. — Las Casas re- 
suelve volverse á España, renunciar el obispado y traba- 
jar allá en favor de los indios.— Previene la observancia dil 
rormnlario de conresores.— Acüsasele do sostener piinci- 
pios subversivos y se le llama á ilar explicaciones ante el 
consejo de Indias. — Restablece ti rey en sus cat'icazKO» ú 
algunos príncipes indios n quienes so habia despojado de 
ellos.— Cámbiace el nombre de la provincia de T^zulutlan 
por el de "Verapai.''— Nombramiento de un juez i>cs<j»i- 
sidor para Chiapas y del licenciado Cerrato para jucx de 
rci«idencia y presidente do la audiencia de los Confines. — 
Rectitud del ooevo presidente.— Declara libras la mayor 
parte de loa esclavos en Qnatemala. — Dispone la ejecución 
de la real orden para la expulsión de los españoles de la 
provincia do Teznlutlan.— Despoblación de la Nueva Se- 
villa 

'..1546-1548. De 58 á 71 

• CAPITULO IV. 

Oraves acontecimientos en Nicaragua.— La audiencia do los 
Confines despoja dc^us encomiendas á la familia iVA go- 
bernador de la provincia, Rodrigo ile Contreras.— Kl con- 
sejo de Indias aprueba la resoucion. — Irritación de los 
despojados contra el obispo Valdivieso. — Conducta poco 
prudente de aquel prelado.— Proyectan los Contreras ase- 
sinar al obispo. — Reúnen gente en Cranada. — Juan Ber- 
mejo toma parte en el plan y sugiere :í Hernando de Con- 
treras la idea de levantar fuerzas, ir al Peni y hacerse 
proclamar rey. — Acepta Hernando la proposición, van los 
conjurados á León y a¿íe?inan al prelado.— Saquean su ca- 
sa, apo(l(Tanse del te.^oro real y mandan capturar dos bu- 
ques surtos en cl Realejo.— Toman á (íranada y regresan- 
do al Realejo, se dirigen á Panamá. — Toman unos buques 
anclados en la bahía, desembarcan. apoil«*ran.«e de la ciu- 
dad y la saquean. — Bermejo intenta ahorcar al obispo, ai 



DEL TOMO SEGUNDO. 



H ^ff 



tesorero y :í un oficial y lo impide Contreras.— Salen los 
facciosos en bu«ca del presidente Gasea. — Armanse los ve- 
cinos de Panamá y se disponen á resi^tir á los Contreras. 
— Atacan los biuiues de é.«tos que se hiil>ian quedado en la 
bahía. — Combates entre las fuerzas de la r-iudiid y los fac- 
ciosos. — Son rechazadas aquellas; pero vuelven á la carga 
y obtienen un triunfo completo.— Prisioneros de los rebel- 
des conducidos á la ciudad. — Crueldad atroz que ejecuta 
en ellos el alguacil mayor Alonso de Yillalba. — Fuga de 
los dos hermanos CoLtreras y fin desastroso de ambos ca- 
becillas.— Traslación de la audiencia de los Confines á la 
ciudad de Guatemala. — Medidas del presidente Cerrato en 
favor de los nativos. — Xombra un juez que vaya á poner 
en libertad á los indios esclavos de la provincia de Chia- 
pas y á reformar los tributos. — Como desempeña el juez 
ambas comisiones.— Alegría de los indios. — Medidas dic- 
tadas para el arreglo de las poblaciones indígenas en va- 
rias provincias del reino. — Nuevas disposiciones favora- 
bles á los indios. — Establecimiento de cabildos y corregi- 
dores 

1549—1550 De 72 á 95 

CAPITULO V. 

Su disputa con el Dr. Se pul ve d#. 
— Informes de los encomenderos de Guatemala contra el 
presidente Cerrato. — Carta de Bernal Diaz del Castillo al 
emperador. — Memoria del ayuntamiento. — Establecen los 
frailes dominicos un hospital para indios. — Creación de o- 
tro para españoles por el obispo Marroquin.— Pretende es- 
te prelado que se reúnan ambos establecimientos. — Resfs- 
tense los indios y continúan separados. — Mandamientos de 
indígenas. — Cuestiones ruidosas entre dominicos y francis- 
can(>s. — Quiere Cerrato volverse á España.— Comienza á 
dar residencia y muere.— Entra á subrogarlo el Dr. Rodrí- 
guez de Quesada. — Continúan las cuestiones entre las órde- 
nes monásticas.— Emigración de los españoles de la capital, 
— Reales cédulas relativas á clérigos. — Primer reloj de tor- 
re que hubo en Guatemala.— Estudios de Gramática lati- 
na. — Entrada de los dominicanos Vico y López en tierr8s 
del Lacandon; muerte que dan los bárbaros á estos misio- 
neros y á algunos indios pacíficos de la Vera paz. — El caci- 
que de Chamclco persigue y derrota á los autores de aque- 



INDICB 



PAJINAS. 



II08 asesinatos. — Real resolución exceptnan<lo «le tributos 
y (le derechos de arancel en los tribunales á los indios |kv 
bres. — Declara quienes del»en considerarse como tales y 
previene que ;i los indios ricos so cobren únicamente los «le- 
rechos acostumbrados en Kspaña.— Comercio del cacao. — 
El ayuntamiento de Guatemala reclama contra una disposi- 
ción del virey de Mé.xico que tljrt precio á esto artículo. — 
Keal cédala que previno la libertad »lel ct)morcio de abas- 
tos entre una.s y otnw provincias.— Otra que confirmaba la 
facultad de los cabildos de informar ol rey directamente ko- 
brc asuntos de intert^j publico. — K.<lado de la a^^ricultura, 
deducido del monto do los diezmos. — Delitos piiblicos.— 
Establecimiento de los tributos de la Hermandad 01: um\o 

el reln" ^. 

.1561—1655.1.. Do IMi á 117 

Proyecto de enogenar los encomion«lns de mMios, — (»l)servK- 
clones notables do Lis Casas contra aquel jicnsamicnto. — 
Prnliibicion ai Ioí reinos «le Indias de comerciar con e.x- 
trangeros. — Abílicacion de Carlos I. — CAlula relativa sí 
los pcrjuicUis que causaban los laoandones. — ^^Proclam ación 
de Felipe II en Guatemala. — K^casez de fomlos dol ayun- 
tamiento. —Solj^itudes y quejas do tUla al rey sobre di- 
versos puntos.— Muere el presidente Iloilriguez de Quc- 
sada y recae la presltlencla en el oiilor mas antiguo. Ra- 
mírez de Quiñones. — Trata este funcionario do dar cum- 
plimiento lí una real ct^dula sobre conquista de los lacan- 
candoncs.— Prepára.ic la expedición. — Ventajas que so o- 
frecen á los que lomen parte en ella. -Se organiza el ejér- 
cito. — Póne.se en marcha hacia Comltlan y pasa el terri- 
torio de los lacandones.— Toma y destrucción de la píjbla- 
cion principal. - Pasa el ejército á otros pueblos y se ve 
en gran peligro á caus.n de una sorpresa. — Regresa á Gua- 
temala. — Ijos lacandones vuelven á poblar y continüan 
hostilizando á los pueblos cristianos. — Inutilidad de la ex- 
pedición de Uamirez. — Elntrada del cacique de Chamelco 
al territorio de los lacamlones, por la parte de Verapaz. 
— Continúa Ramírez en la presidencia hasta que viene á 
hacerse cargo de ella Nunuz de Landecho. — Malos mane- 
jos de este funcionario. — Informes favorables del ayunta- 
miento. — Encomiéodasele la gobernación y fíinitíinia ge- 



DEL TOMO SEÍÍUN'DO. 



PAJINAS. 



neral. — Continúa cometiendo abusos.— Disposición favora- 
ble á los inilios, con el objeto de facilitar las reducciones. 
— Establecimiento de un obispado en la provincia de A"e- 
rapaz. — Medidas dictadas para continuar la conquista y 
colonización de Nueva Cartago, ó Coí-ta-Kica. — Restable- 
cimiento de los gremios. — Propone el ayuntamiento al rey 
que el comercio de España con el Perú se haga por 
Pueito-Caballos y otro de los del mar del sur del reino de 
Guatemala. — Propone igualmente cierta medida para cas- 
tigar á los hijos de los conquistadores que se casen con- 
tra la voluntad de sus padres. — Solicita que rodas las 
provincias sujetas á esta audiencia reconozcan ú la igle- 
sia de Guatemala como metrópoli. — Pide que se mande 
hacer una tasación definitiva de tributos y que se propor- 
cionen algunas rentas á la corporación 

155(;— 1560 De 118 á 140 

CAPITULO VIL 

Vuelve el cal>ildo de Guatemala á escribir al rey en favor 
del presidente Landecho. — Solicitudes de la miíma corpo- 
ración al soberano sobre diferentes materias.— Muerte del 
obispo, licenciado Francisco Mrrroquin. — Llegan á la cor- 
te quejas de los malos procedimientos del presidente. — 
Nómbrase visitador y juez de residencia al licenciado 
Francisco Bi-iseño. — Se demora su venida por falta de bu- 
ques.— Continúa el mal gobierno en Guatemala. ^Medida 
hostil al ayuntamiento por parte de la real audiencia. — 
Llega el licenciado BriseSo. — Falsa tradición respecto á 
este funcionario.— La audiencia se niega á salir á recibir- 
lo y lo hace el ayuntamiento. -Abre el juicio de residen- 
cia. — Mal aspecto que presenta contra el presidente y oi- 
dores.— Ocultación y fuga de Landecho.— Fin desastroso 
de este funcionario. — Biiseño hace parecer el caudal que 
dejó en la ciudad é indemniza con aquel fondo á algunos 
délos agraviados. — Deposición y multa á los oidores.— 
Traslación de la audiencia á Panamá. — Quedan algunas de 
las provincias del reino de Guatemala sujetas ;í ésta, y 
otras á la de Nueva España. — Linea divisoria. — Nombra- 
miento de Juan Bustos de Villegas para gobernador de 
Guatemala. — Muere antes de venir á tomar el cargo y 
continúa gobernando el licenciado Briseño. — Los indios de 
Almolonga reclaman privilegio para no pagar tributo, y 



ÍNDICB 



PAJINAS. 



pe les conceile. — Nuevas solicitmles ilel nynntamicnto. en- 
tre ellas la «le que lod indios no paj^uen diezmos.— Knvia 
un procurador especial para que reclame lu reposición de 
la audiencia.— Solicita que las cncomion<ias de indios se 
concciian por tres vidas. — Proyecto de abrir la barra ilel 
rio Micliatoy a. — Camino carretero de Iztapam á Uuate- 
mala. — Troiíone el procnrador Marroquí n cierto servicio 
pecuniario para la concesión de laR encomiendas y no lo 
obtiene — rreferenctu du Itis coiKjuiritadorcH y antiguos p'>- 
bladorcs >• híis hijos para los cargos municipales. — D. Uer- 
nardino de Villalpando es nombrado obi.xpo de (juatcma- 
la. — Carácter y pnK'cdimientos «le este prelado. — Secula- 
riza las doctrinas do los pueblos de indios. — Nombra cu* 
ras, sin pn^ia presentación al rice-patronato real.— CV- 
lebra un ^ínodo sin las formalidades legales. — Breves de 
1*10 V y reales C4^dulas que los acompañan.— Publica Hci* 
iM;no estos documentos. — Kl obis|N) sale á visita y muero 
re|)entinamcnte.— Ileal cédul^ de Felipe II en que censu- 
ra la conducta del prelado.— Nuevas instancias para el 
restablecimiento de la audiencia.— Toma á su cargo el 
asunto el antiguo obis|x> de Cliinpa.t.— Obtiene un resulta- 
do ravorable— Muerte de Las Cusnjí.— Se manda agregar 
ciertos territorios de los obispados do (luntemala y Chia- 

pas al de Vera paz.— Ilovoca el rey esa disposición 

!í)fil-lí)67 h- III á 159 

Nómbransc los l«Hrados que debian com|)oner la real au lien- 
cía.— Facultados que se dan al presidente.— Se prohibe la 
fx>rtacion de armu.x á ciertas clu.'^es del vecindario. — lie- 
incor[)oraciun de Soconuzco al distrito de la audiencia de 
(fuatemala. — Instalación de é-^ta y primera providencia 
«pie dicta. — Kl ayuntamiento solicita del rey que mande 
venir mii negros para loe trabajos de U agricultura. — Es- 
casez de brazos en aquellos tiem|K)8.— Nuevas diticultades 
relativas á la concesión de encomiendas de indios.— Quejas 
del ayuntamiento al rey sobre este a8unt4X — Residencia 
de IJriserio.— Ensayo del establecimiento del jjtzgado <ic 
provincia.— Opónese el ayuntamiento y se manda cesar. — 
Cuestión entre el ayuntamiento y el presidente González 
sobre jurisdicción de los alcaldes de Sonsonate. — Cijrsarios 
franceses amenazan á Puerto- caballos. — Ofrécese el ayun- 



DEL TOMO SEGUNDO. 9 

PÁJ1XA8. 



tamiento á acudirá la defensa. — Viene á hacerse cargo 
de la presidencia el Dr. Pedro de Villalobos.— Demostra- 
ciones de regocijo con que se le recibe. — Reprueba el rey 
el gasto hecho en aquellas fiestas. — Kesideiicia del Dr. 
González. — El ayuntamiento escribe al rey elogiando la 
conducta de aquel funcionario. — Nueva solicitud sobre en- 
comiendas y sobre que se diesen los beneficios simples del 
obispado á hijos de vecinos de la ciudad. — Importancia 
de esta idea. — Empéñase el presidente Villalobos en la 
construcción de puentes, abertura y reparación de cami- 
nos. — Impuesto sobi-e el vino. — Cuestión relativa á la la- 
guna de Amatitlan y al derecho de pescar en ella. — Aser- 
ciones contradictorias sobre este asunto. — El ayuntamien- 
to solicita permiso para el comercio con la China.— Re- 
clama contra un impuesto que gravaba la exportación del 
cacao. — Solicita que no se pague mas que el diezmo por 
la extracción de la plata de las minas. — Quéjase del alto 
precio de las bulas de la Cruzada y pide se modere. — O- 
pónen^e algunos ayuntamientos al nombramiento de cor- 
regiilore?. — Informa la audiencia al rey sobre la necesidad 
<le hacer una fortificación en Trujillo.— Escasez de trigo. 
— Prohíbesela salida de este grano.— Temblores de tier- 
ra. — Ruina de San Salvador. — Abundancia de la carne y 
de frutas de Castilla cultivadas en el país.— Dificultades 
que sobrevienen con motivo de las reducciones de pue- 
blos de indígenas. — Almojarifazgo" y alcabalas. —Establé- 
cense en el país. — Derógase la prohioicion de que se obli- 
gue á los indios á trabajar en la construcción de casas 
de los españoles. — Nómbrase sucesor al presidente Villa- 
lobos 

1568—1578 De 160 á 1' 

CAPITULO IX. 

El licenciado Val verde toma posesión de la presidencia. — In- 
formación contra el fiscal de la audiencia. — Un corsario 
ingles amenaza por las costas del norte.. — Francir-co Drake 
aparece por las del sur. — Tománse metlidas activas para 
la defensa del pai-». — Se arman dos navios y van hasta A- 
capulco en busca délos corsarios. — Regresan sin encon- 
trarlo-» y se manda poner preso al jefe de la expedición. 
— Los dueños de minas en Honduras solicitan auxilios pa- 
ra explotarlas. — Pide el ayuntamiento al rey pióroga de 



PAJINAS. 



10 ÍNDICB 

la conresion del pago del diezmo en vez del (luinto por 
el oro y la plata. — Vuelve á promoverse el proyecto 
de la canalización de la iMtrra del Micliatoya. — Concí^ 
dense repartimientoi de indio:* para los trabajos mas ar- 
géntea de la agricultura. — rrohíln'se la elalwracion del 
afíil y el ayutamiento representa contra esta meditla.,^ 
Establecimiento de los jaeces de niilftas prohibido por el 
rey. — Reclama el ayuntatniento 8e le contirme la facultad 
de instruir informacione.'* contra los individuos do la au- 
diencia.— Promueve la oreacion de lu universidad.— Impor- 
tancia del ayuntamiento. — Lo8 presidentes so arrogan la 
facultad de aprobar \aa elecciones de alcaldes. — Anula 
Valverde la que se hizo en cl año 1582.-— I'roceso y sen- 
tencia del norohrailo. — Medidas del gobernador de Nica- 
ragua para defemler luiuella provincia, amenazada por 
corsarios.— I)Í5|N)sicion relativa á los fondos de comunidad. 
— Dismioucion de la población indígena. — Informes sobie 
malos tratamientos á los naturales.— Contradicelos el a- 
yuntamicnto.— Üomercio con Kspafla.— Severidad e-xcpsi- 
va de las leyes penales. — Suplicio del fuego. — En arreba- 
tado á la justicia un reo condena io r ser quemado vivo. 
— Autorizase á ios presidentes para aprobar las eleccio- 
nes de alcaldes de los pueblos inmediatos á la capital— Fa- 
cultatl análoga concedida á los corregidores.— Auménta- 
se el tributo que pagaban los nativos— Amenaza de nue- 
vo cl ingles DrakA por el sur. — Meditias <|ue se toman 
para la defensa.— l*ide el cabildo al rey armas y municio- 
ues.— Abandono en que estaba el puerto de Golfo^lulce. . . 
1 .T»- — ! ■«■ Hp 17t íí 191 

CAITrULO X. 

Imposición de tributo á la población do color.— Se procura 
traer negros para los trabajos agrícolas. — Empéñase la 
audiencia en coartar algunas de las facultades del presi- ^ 

dente.— Innovación en materia de tratauíienlos.— Un oi- 
dor hostiliza al i)residente Valverde. — Coudosjccndencias 
de é.-íte con los. franciscanos. — Informa el ayuíilamiento 
en su favor.— Viene á hacerse cargo «le la presidencia el 
licenciuílo l'edro Mallen de Kuedu. — Kuiílora residencia 
de Valverde. — Intrigas del confesor «le Mallen. — Cues- 
tión con los frailes de San Francisco y con el obispo. — Kn- 
tredicho. — El ayuntamiento informa al rey en favor del 



DEL TOiMO SEdlNDO. 



l)rosÍilent.e. — Se «la principio al convircio con la China. — 
Trabajos en el puírtode Iztapa y en el eát.ero del Salto, 
—Asígnase al ayuntamiento para ftmilos «le pro[>ios el pro- 
ducto de ciertas encomiendas. — Nuevas vejacioius á U'H ■ 
indio.s. — Declaratoria de haber suiicedido el rey de E^pañü 
li los príncipes indios en el sefiorio del territorio. — Au- 
méntase la cuota del tributo que pagaban l»s imlio^. — 
l*uenre de los Ksclavo.>j.— Desaparición c(unpltta de la ma- 
rina mercante <lel pais.—Sus causas.— Cnnclusion del go- 
bierno del licenciado Mullen de Rueda.— Nuevas cuo.-tio- 
nes con los frailes de San Fiancisco. — Nombrumionto del 
Dr. F'rancisco de Sandé para la presidencia. — Leyenda 
relativa á Mullen. — Sentencia extraña de la audiencia en 
una causa criminal. — Invasión de Puerto-caballos por unos 
coj-sarios franceses. —Conducta enérgica del comendador 
Carranza. — Rínueva el cabildo la solicitud de que se con- 
ce lan las encomien'las par tres vidas. — No lo ol)tieiie y 
pide la perpetuidad, mediante un servicio pecuniario. — 
Cuestiones entre el presidente y el ayuntamiento, i»or ha- 
ber vendido el primero los oficios del tiel ejecutor y al- 
férez real. — Concluj'c el gobierno del doctí)r Sandé y entra 
H subrogarlo el oidor mas antiguo, licenciado Abauíiza. — 
Quejas del ayuntamiento contra e.-tc funcionario. — Funda- 
ción del seminario tridentino en Guatemala 

1587-159T De 102 ú 20S. 

CAPITULO XI. 

El doctor Alonso Criad''' de Castilla toma posesión de la 
presidenciii. — Honras fúnebres de Felipe II.— El cargo de 
alferf-z reiil cu almoneda pública.— Solicítalo el ayunta- 
miento.— Muere el obispo Fernandez de Córdoba. — Situa- 
1 nación de! seminario que fundó. — Se hace extensiva á los 
miiudes y arbohs de lino la prohibición del plantío de 
A-iña^ y olivares. — Las provincias de Nicaragua y Costa- 
Rica mas favorecidas que la de Guatemala en punto á co- 
mercio.— Se erigen fortificaciones en el desaguadero déla 
laguna de Granada y en la Talamanca. —Venta de varios 
oficios concejiles y de provisión real.— Quéjase el cabildo 
contra la falta de fundos de propios y pide próroga de 
la concesión de encomiendas vacantes.— Solicita igualmen- 
te (jue no se le estorbe el poder instruir informaciones 
contra el presidente y los oidores. — Pide la supresión del. 
TOMO II. 26 



12 ÍNDICE 



empico «lo corrcí¿í"lor ilel valle de fíuatemahí-— Se qiu'ja 
de que el presidente y la niidicncia le eslni han el que 
mande píXKMirador á K^puña, de que ne dividan las oncu- 
«niciidaa cutre varías perHona.s y de que no ro hace entre 
\ui deKO^ndiefite»» du conqui.stadui'e^ y prirueroü pobla lo- 
res la repirtu-ion anual de cierto Tondo de^tinudu al elec- 
to. --Salicita 8C nombren^para goliernar el reino presiden- 
tes niiütan i^. — OpÓMCtc el cabildo al restablcciiuiento del 
jura •<« provincia.— (^uéj»:»e de que el presidente y oid(»- 
rCí* no peruiiteu á l<r>* conc<'j«tl»'s llevar cí»jiuos á la igle- 
«la, y de qtie lian ocupado parte de la chircal de corto 
pura ensianrhar «u habitación. — I*idc (^uitirniaeion de un 
iuip«c«<t<i Hilire la carne y repite la solicitud de próroga 
•de la C4inQLMÍ4in de tfnc<>mienda.H vacantes.— Solieiiud in- 
•convenitMile del cabildo para quo .«c prohiba la exporta- 
•cion dt*( c--acao á Nueva Kspafta.— So da principio á la fa- 
briencioa »lc pólvora en OuaterHala.— Ileo^< sentenciado» 
al Kupliciu dül tueiroyá tormento. — Kcpltese la prohibí 
•cion d<! emplear ii los indios en los trabajos do la<* mi- 
uaíi, ai «o C!i por un año.— Stdicita el cabildo la erección 
•de U ixIcsJa de Guateninla en metropolitana. — Cuoi^tíones 
•con el ohtstM) Don Fr. Juan lUmirez.— Carácter de o.<<to 
{trelado.- üostilidadcH de piratas en la costa del norte. 
— Descubrimiento del puerto <le Santo Tt>nias do (/as- 
tilla 

;— 1C04. De -JOO íí •22í; 



(A.'-lil I.o MI 

Ija alcabala.— Sobre que dobla paparse. —Solicítase en va- 
no que no se establezca en (íuuteninla.— Proropa el rey la 
couc<y«Í4m de (|ue se papnc el décimo en lugar del (piinlo 
del oro y de lii plata. — Nueva disposición para <pie .«c es- 
tablezca la alcabala.— Empadrónase para el cobro á la 
población de la ciudad. — Resultado del empadronamiento. 
— Alcabala de Io« correfrimientos y ^'del viento." — l'ro«lnc- 
to délos íliczmo? en el ano 1604.— Tnílase de exiifir el 
tributo á la población de color y se desiste de la idea. — 
Cueátionc!! entre el presidente y el cabildo por el nombra- 
miento de^ corregidor del valle, y por reducciones en Ids 
tnbutos. — El ayuntamiento da noticia al rey de un con - 
bate naval que tuvo lugar en el puerto de .^anto Tomas. 
— Insta el cabildo para que el comercio de E.-ipaña con el 



DEL TOMO &F(;UN'I)0. ^^^^^B ^^ 



Peni se liajía por Santo Tomas y la bahia de Fonseca. — 
Ketiere oti o combate en el mismo puerto.— Solicita el ca- 
bildo la abolición de lu sisa impuesíta á la carne y al vi- 
no.— Pide revocación de la gracia respecto á que se pan- 
gue solo el dí^cimo del oro y de la plata y propone otras- 
medidas «le interés público. — Suprímese el obispado de 
Verapaz y se reincorpora esta provincia á lá^íliócesis de 
Uuiitemula. — Comienza á importarse en Guatemala el vi 
no del Perú.— Pide el ayuntamiento que no se permita su' 
iniroduccion. — Aumento extraordinurio del precio de la 
carne.— Meiüdas del ayuntamiento para procurar abaste- 
cedores.— Los diezmos del «ño 1609. — Dismiimcion del co- 
mercio con llspafia.— Camino de Santo Tomasa Giiate- 
nuila.- Se aliandonan y vienen las mercaderias por Golfo- 
dulce. — Kocomienda el ayuntamiento el puerto de la ba- ^|É 
hia de For.seca como el mas á propósito para la descar- 
ga <le loá navios de la China. — Prisión de los alcaldes y 
regidoras en el año 1610.— Kl providente limita á cieito 
nún)oro de sjijoto.s la elección de alcaldes para IGll.— 
Sí; queja el ayuntamiento de (pie el presidente qucrin pn- 
blnr una villa en el valle de Mixco.— Corto número de 
individuos a (pie habia quedado reducida la audiencia. — 
l'^xijencia indubida del presidente res^iecto á las personas 
á quienes daba fucomiendas. — Calamidades en la ciudad en 

el año l()iO 

10(!4 — 161^ De 227 á 244r 



CAPITULO XIII. 

Trabajos <le lo.s frailes dominico-* para conffnis<tar á los indior* 
Choles y »le los tVanciscan» s en la Tolostalpa, — Pleito entre 
el goberiuidur y el obispo de Hondura.-^.. — Viene á haceise 
cargo déla presidencia D. Antonio Peíaza.— Indivi.iuosque 
componían la real autiiencia en aquella (íj)(»ca. — Funda el 
presidente la villa de la Gomera, y la erige el rey en. títu- 
lo de Castilla, dándose á Peraza el de conde de la Gomera. 
— l\el)ájase el tributo que pagaban laí* indias. — Vuelven 
los franciscanos á hacer entrada en la Tologaljia y tern)i- 
na la empresa de una manera »lesa>tiosa.. — Se prohibe la 
importación de vinos del Perú. — ConMima el rey la facul- 
tad de los alcaldes de (íuatemala de diar m-andamientos 
de in<lígenas para los trabijos de la agricultura.— Cues- 
tiones graves ;i que da origen, la recaudación de las alca- 



14 IXIUCR 



halas; ver.itla «leí visitador Ihnrrn y resolución «leí rrv po- 
bre aquellas ontiemliis. --Aumento ilc los negros rn el poi?, 
temores que inspiran y p'Ovi<|«»ncin8 que se tlietan hohro 
el particular. — DcHírecimi^nto Ho la i>oh1:»cion in«lí>jen». — 
I>ó»p<>K:ciones relativas ¡i inutrinionioH ili* Ion naturales. 
— Stí íU.scone «lar a' u<<ura lo-» ronil4« ile eoinuirulad.— So 
r.»pitc la prrihibicjon il»? (]u«! se nombren jueces d" niilpns. 
-IVoílucto lie la aleahula interior en ol «lístnto «leí vulle 
4lc«k<! 10()4 hasta 1613— Caiishs «I»' su aumento en el úl- 
tiiuo afto. — Alcahiiins «le los corre;riiiii«'nl«»s y alcnldins 
iU!«>ore» «Icsíle liíl:*) i 1«20.— Dereclms «le importación 
«Icwle Híl4 ií 1020 —Aleábalas «Inl «listrit«> «leí vallo on el 
niismo peí íf)«lo.— Comercio entro Ouatvinala y el rcrú.-— 
H^wrus Liebres «le Feli|H; III y proiílninaclon «le Fcli|»*' 
IV oti t|PfteuiOl:i. — Kntroibi «le rinne¡,'<ranos «mi Isi Tülmi/- 
Kalfiay termino de8ai*r.rni(n «le aquella cmpre.'^i 
1»M1 -}r,-j-2 

CAPITULO XiV. 

AUerac¡(Ni09 en In 'pm^noin <le Costa-Rica. — Aunoento «lo 
U poblueion morena «n el país. 6 imporiancia que va ul- 
qiiírí"n>la. — Kr*<tabliH;imiento «le los jiiccc:! «le milpas — 
IViMlucto i|i> la alcabala «lo la ciudad en los años 1^21 á 
l»i2«i. — Kendimientf) «le la du l«»s correKbuícntos y alcul- 
<li«í» mayore-í «loátlu 1<>21 a UJ -'.'), — lyi que pnx lujo en el 
niÁR lu» pen'oilo lu alcabala del viento. — Nueva í»oru:itu«l 
-t««lire per;M>iuidu«l «le las encomiendu.M. — Argumentos en 
.firoy en contra liel proyecto.— rrevídecc la opinión contra 
la pei'|»ctuiila«l.— C«>ncluye la prc<i«leneia «leí con«le de la 
-Cloiiiera y viene á g(»ljeriiar el reino el doctor Don Diego 
•<1:3 Aouñj. — Demostraciones e.xtraordiuarias de regt>cij«> 
imhUco con qne se le recilie. — rnwluclos «leí diezmo en 
16-Íl.---Pide el ivy cierta cantidad anual ;í Nueva Kspa- 
•«4 y J» («uateniala. — Nuevos imps^^í^tos para cubrirla. — 
Kl «yuntaurt«Mit«> celebra el nacimiento «leí here«lcro «le la 
monarquia.— Decrecimiento «le la raza in«lígcna en Nica- 
nigua. - Quf jas «leí proeura«lfir do aquella provincÍH. — 
l>ispoi<ic¡onej5 reales «lirigidas á remefliar l«»s abusos. — K«- 
tjclileciin lento «le la nic«l¡a annala. — Eiitrada <le misioneros 
íkwiínicos en el Manchí* y mal rcsulta«l«) «le la enijuv-sa. 
— Manda letirar el rey la tlotilia de Honduras. — Situa- 
•cjon lainctitable del cooicrcio del raioo. — Termina la prc- 



PAJINAS. 




* 




DEL TOMO SKGUXDO. ir> 

PAJINAS. 

t^ideneiü del doctor Acuñar viene á subrogarlo I). Alva- 
ro Quiñones üsorio. — Nuevo género de abusos de los en- 
comendero? y dispo.sicion dictada para evitarlo?.— Medi- 
dlas de desconfianza con respecto íí la población de color. 
— Ilesfriccione» al comercio por el Pac fico. — Reclama 
contra ellas la provincia de Nicaragua. — Decrecimiento 
•de la raza indígena en San Salvador. — Providencias dic- 
tadas por el presidente. — Funda la población de San Vi- 
f- cente y se leda el título de maniues ile Lorenzana. — A- 
É tr¡bvíye^e la <lisminucion de los naturales al cacao y al 

C vino <lel Peni ' 

t 1Ü-23-1G3:) De 261 á 27ti 



CAPITULO XY. 



Nuevas providencia? dictadas para evitar vejaciones á los ¡n- 
<lios. — Disp«i*iciones sobre vagos. — La armada de barlo- 
vento. — Contribuye Guatemala á sus gastos. — Creación de 
nuevos impuestos. —Continúa haciéndose el comercio por 
Veracruz y por Nicaragua y Cartagena.— Propagación del 
ganado. — Población y riqueza del pais. — El cacao. — Prohi- 
bición del de Guayaquil. — Los impuestos para la armada 
de barlovento. — Los fondos de comunidad de los pueblos de 
indígenas. — El presidente coarta la libertad de las eleccio- 
nes municipales. — Restablécese el comercio con el Perú. — 
IC-tablecimiento del papel .sellado. — Administración de jus- 
ticia. — Los trabajos de la elaborocion del añil, causa de la 
disminución de lo's indios. — Otras causas que influyeron en 
esto. — Nuevas invaciones <le corsarios.— Asaltan el puerto 
■<le Golfo-dulce. — Socorro tardío que se dispone enviar. — El 
presidente interviene en las elecciones de alcaliles, coartan- 
<lo la libertad del ayuntamiento. — Cuestión entre el obispo 
V el cabildo eclesiástico. — Termina la presidencia del mar- 
ques de Lorenzana. — Muerte desastrada de este funciona- 
rio.— Juicio de los escritores acerca de él. — Viene á hacer- 
se cargo del gobierno el licenciado Diego de Avendaño. — 
Invaden los corsarios el puerto de Trujillo y destruyen la 
población.— Falsa alarma en Guatemala. — Kl nuevo presi- 
<^ente procura coartar la libertad del cabildo en punto á 
<?lecciones. — Otras divergencias cutre el mismo funcionario 
y la corporación. — Falta de comercio con España. — Esca- 
sez! de varios artículos, uno de ellos el vino.— Solicita el 
cabildo se revoque la prohibición de que se importe de el 



16 ÍNDICE 



PÁJIVAS. 



Peni.— Funciones tle tinelo y «ic regocijo público. — Si^ruon 
los corsarioá infestando las costas.— Se dispone la compra 
de algún armamento.— Jja defensa del pais abandona á los 

particular'"- 

1 '.:56— 1644. ! >.} *JT7 'áj LMU 

CAPnTT.o XV r. 



Expedición de I>. Diego Ordoftcz de Villatjuirán on bn«<*a 
de los indios cholea.— No los encuentra y »c da el título 
de adelantado de "el Próspero."— E.Kcurfilon en las selvas 
de un oñcial y dos solilados de Villaquirún.— Se uniforma 
el impuesto de.Htinado pora contribuir á loo gastos do la 
armada de barlovento. — Reclama ol cabildo so alivie ;i 
la ciudad de los gastos que ocasionaba la bola de la cru- 
zada y de !a erogación del papel sollado.— Rentas piíbli- 
cas. — PriHlucto do la venta do los ofkios tic los ayunta- 
mientos del reino.— Se repito la prohiMeion de qué loses- 
pañoles y ladinos vivan en los pueblos de indiot».— .Vnti- 
tigua4 ordenanzas relativas á la formack)» (he nuevas po 
blacionef. — Retra.so en la recauílacion de la alcabala in- 
terior— Prisión «le los alcaldes y regidores.— Manda eje- 
cutar el presidente las disposiciones dictadns para hacer 
salir á los indios de las islas de Roatnn y Ttita. -Rivali- 
«lades entre españolea peninsulares y crWlos. — Alternati 
va de alcaldes.- Discordias íí que da higar la elección 
del afio 1647. — Reclama el ayuntamiento que no se .con 
cedan encomiendas de Indios á personas residentes en Ks- 
paña.- Continiian las diflculta<les para hacer el comercio 
por aml)08 mares.— Solicita el cabildo rjuc vengan todos 
los años dos navios á recorrer los puerto» del nort-».— 
Continúan las discordias entre los vecinos principales. — 
Se manda amparar al cabildo en la posesión del prodn»;- 
to del impuesto sobre la carne y sobre el vino.— Príx I ne- 
to del diezMio en e! año 1648.— Sitaacion apurada del rci 
no. — Remisión á España de productos do encomiendas. 
— Nuevos partidos en que se divide la poV>lacion.— >ruc- 
re el presidente Avendano y recae el gol)icrno en la au- 
diencia real, bajo la presidencia del oidor decano, Lara 
Mongrovcjo. — Solicita de nuevo el ayuntamiento que -e 
restablezcan los jueces de milpas y q\w se derogue una 
ílisposicion que mandaba enterar en las cajas recios el 
quinto del producto de encomiemla?. — .Se recobra lia isla 




-^ 



DEL TOMO SEGUNDO. 17 

PAJINAS. 



i 



<le Roatan. dcsaloja'ndosc do ella á los ingleses. — Relación 

circunstanciada de la campaña 

1644—1650 De 195 á :ll<> 



CAPITULO XVII. 



ficio de las minas en Honduras. — Falta de moneda y 
arbitrio á que se afiela para suplirla.— Ditioultades rela- 
tivas las piezas peruanas llaina«las mociones. — Dispone el 
rey una nueva venta de renta de juros sobre la caja de 
Guatemala. — Alternativa para las prelacias entre espa- 
ñoles peninsulares y criollos. — Extraordinaria abundancia 
É de lluvias en 1652. — Inundación en Cliiapas. — Continúa 
hacie'ndose el comercio por Veracruz. — Costo de los tletes. 
— El oidor encargado de la presidencia manda reedificar 
el castillo de Golto-dulce. — Organiza algunos cuerpos de 
milicias. — Vuelven á suscitarse dificultades respecto á la 
moneóla. — Pragmática de 1650 mandada observar en Gua- 
temala. — .)íctanse algunas disposiciones que no ponen tér- 
mino al conflicto — Viene á hacerse cargo de la presiilcn- 
cia el conde de Santiago de Caliraaya. — Hácesele un re- 
cibimiento menos ostentoso que el de sus antecesores.— 
Remesas de fondos de Guatemala á España, desde 1647 
á 1655.— Situación en que encuentra los ánimos el nuevo 
presideiite.— Toma parte por uno de los bandos y se oca- 
sionan graves turbulencias. — Muere el conde de Calima- 
ya y recae el gobierno en la real audiencia.— Contratiem- 
pos que experimenta una fragata de Filipinas. — Nómbra- 
se presidente de Guatemala el conde de Priego; viene á 
hacerse cargo del empleo y muere en Panamá. -Continúa 
gobernando la audiencia hasta el año 1658 que viene á 
hacerse carero de la presidencia el general Don Martín 
Carlos de Meneos.— Promueve el ayuntamiento la funda- 
ción de la universidad. — Colegios que h^bia en Guatema- 
la por entonces. — Solicita el cabildo que se abra el co- 
mercio con el Perú, sin limitación alguna.— Comercio con 
la Habana. — Quéjase del juzgado de provincia y pide al- 
gunos recursos para aumentar los fondos de propios. — 
Terremoto en San Salvador. — División territorial del pais. 
— Nuevos arreglos respecto á corregimientos. — Don Ro- 
drigo de Arias Maldonado recon(juista la provincia de Ta- 
lamanca. — Piérdese pronto el resultado de aquellos tra- 
bajos.— Trátase de enviar un navio á Filipinas. — Falta 



18 ixniCE 



ele püofoj». — Vuelve íi sincitarso la ruoí»tion ilo la mone- 
da. — Kosolncion que so ailopta.— Iniro«iuocion «lo la ""- 
prentu en («ualemalo.— Primer» pie/.a que se «la á lu/ 



CAiM-rru) xviir. 



ía (iifsiii.rriie Móací».-* proLa al;rnna ntcnc¡<»n a la ilefon«a «le 
laM cosla.«.--rclijfn» (|uc uun ian la» p<»scH«>ii*>8 cspaAolas. 
--La ciu<la«l »le (iruita<la inva<ti«lu |)or oür!<aru)s injflescs 
(]uo saquean la |Kil)lacion.~Sulicit4in lo.s vtcinit.s se «lieten 
ulgunaM <li.<'|M>i<ict(>ne.H para la ileren.>«a «le la ciiulail. — So 
pille inlornie al ^»l>crna«lnr «le NMcara^uo, que \o emite 
Inilicando l<iti puuUM «lisl rio San Juan que «Min vendría t'nr* 
titicar y Ux< lonihiH «le «piM |><>dría echur.se mano para la 
obra. — Kl tivuntamienUí df (jrana«la profiono arbitriort pu- 
ra i>ulra}f»r el gaüt» do lan Ibi tiflcacionrM —So «lÍHCiito el 
attunto en juntaif üo liaciemlu, ao re;)uulvo la coiiHtruccinn 
de loM luei tt'h y ae auuerda c»i4iblecer aigunoA Ímpue.«to:« 
parir «^Oftearloü.— Morfi.si>hi<l en llevar á eroclo at|uella8 
dl.<<po9lcione>«.— La pnivintla do C«witn-Ki<.'u amennzuila |><>r 
c<»r.'>ari()!«. Hulicila auxilios*. — So aulnríza al Kol>ornu<lai- pa 
ra hacer uno tie lod rond«».H «leí rvy y i<o di.«|)ono enviarlo 
desde lue^o alf^unos recur.Hoy. — Doziembarcu el coronel in- 
gles Manstleld con i'uor/.as y (lenoira en el tPrrJtori«>. — 
Fu>;a precipita«la de Ion invamneí'.— Junta «le guerra co 
¡ebratta en (jualemula con motivo do a(|uel suceso. — Di- 
versidatl de pareceres.- üpo.sic¡ou á que se gasten \ni fon- 
dos «leí rey en prepara ti vo.s «le «lelonHa.— Anuncia el f»»e- 
sidente f u re>»olucion tle pu.-ar á Nicaragua,— ObjíHase O!-- 
t o proyecto; c<-lébran<<e nuevus juntas ó insiste el general 
Mímico.** en llevará cmU» la e.\|>ed¡cion. — Nombra al oi«lor 
(jarato auditor ile guerra é inspecUir «le los trabajos de las 
t*ortitieaci«»nes do San Juan. — Niégase éste á admitir el 
nombramicnt4> y apela unto la au iicncia. — So recibe noti- 
cia «le e;*tar n«)ndjra«lo un nuevo presidente y "le.si.»fte el 
general .Meneos de la proyecta«la niarclia. — Larjío viajo «leí 
pn\"*i(U'nie A-lvarez. — I'reparotivot» para fiu recüiimiento. 
— llehufa la ainlieiicia recifúrlo como goberna«lor, ha.sta 
que presente el nombramiento «lo Juez <lo iv.sitlencia. — Pro- 
yeeta el presidente una e.xpodicion al territorio de ]í»s ¡a- 
<;andoue.<. — E.\|K)siciou que «lirije ai rey pro|K)niendo las 



'\JIN-.KS. 



T)KL TOiMO SEGUNDO. 



condiciones de la enipre?a 

1G(U— 1G67 Do 32(5 á ;Ul 



CAPITULn A IX. 

¥' _Actívan.'íc loa trabajos de la construcción del fuerte on el 
>;> rio San Juan. — Empeño (jue toma en esto el gobernador 
% Salina?. — Seda á la Ibrtiticacion el nombre de castillo de 
í| San Carlos de Austria. — Nombra el i)residorite gobernador 
' interino á I). Francisco de VaMes, mientras se ocupa .Sa- 
linas en la obra de la fortificación. — Acur^acioncs de Val- 
des contra Salinas. —Encuentran apoyo en el presidente 
Alvarez, que nombra un juez parcial, despoja á Salinas 
del gobierno y le end>arga los bienes. — Quéjase é-te á la 
p audiencia, que repruel^a lo practicado y <licta algunas pro- 
^' videncias para la continuación «le la cau-a. — Exasperado 
el presidente, manda prender á Salinas y resuelve ir á Ni- 
caragua. — Dinjele la audiencia un re«pieri i.iento para que 
desista del viaje. — El presidente dicta providencias contra 
el oidor Gárate. — R>^preséntale el ayuntamiento la incon- 
veniencia de su viaje, y previene el presidente que lo a- 
compañen el alcalde y el r» gidor que le presentaron la ex- 
posición, — Resultado insignificante <lc la expedición dvl 
presidente Alvarezá Nicaragua. — El consejo de Indias man- 
da se imponga multa al oidor Gárate. — Empéñase el presi- 
dente en la reconstrucción de la catedral. — Incidentes que 
revelan la poca armonía que reinaba entr^' el presidente 
y los oidores. — Procedimientos de aquel contra el fiscal 
de la audiencia, á quien manda á un presidio, donde aca- 
ba sus dias. — Reprueba el rey la conducta de Alvare/ 
y manda al obispo Santo Mathia visitador y juez de 
residencia, con el cargo de gobernador y presidente de 
la audiencia real. —Abre el juicio, retírase Alvarez muy 
enfermo, á un pueblo; vuelve á Guatemala y muere antes 
de terminar el juicio. —Renuévase la disposición que limi- 
taba til comercio entre el Perú y el reino 'd« Guatemala. 
— Desagrado (pie cansí esta medida. — Rspreséatase con- 
tra ella inútilmente.— Impui stos á los artículos de Guate- 
mala que sallan' por Veracruz. — Primeros avances tie los 
ingleses en territorio del reino.— Tratados entre la Espa- 
ña y la Inglaterra de 16f)T y 1670.--Establécense forma!- 
* níente. por cédula de 1671, el juzgado de i)rovincia. — 
I'rohíljese el comercio del reino con los puertos del sur 



•JO ÍNDICE 



<le Nueva K^paña.— Sumas que percibían los presúlentes 
IK)r los rei»art¡mient08 del valle de la* ciudad. — S^veldo de 
aquellos runcioDarios.— Nueva invasión de Granada por 
corsarios ¡n;á:leses.— El general Kscobedo viene á hacerse 
cargo de la presidencia, gobernación y capitunia íroniM-al 
del reino. ^Pa!?a á (tranada á examinarla torlitlcacion, y 
dis|)one se lc%ant4í en otro sitio.— IVovidencia s-ibre el fon- 
do «le repartimientos de indígenas. — Lo que pagaban éstos 
en aquel tiempo.— Kc«tabU?ceíKí la fiesta del aniversario de 
la primitiva fiindacion de U ciudad. — Fiestas reales. — 
C^unsulta el presidente la erección de algunas villas — Pro- 
ducto de la alcabala. — Se encarga «le .«*u a«lministrncion á 
'1«»s ortc i ales reales y se manda establecer una a«luana. — 
Pn^hibicion del cuinercio ctm la liaban :> 



I'.UlNAS. 



1«Ü8-1G7«5 ... :>T** 



CVIMTlLo X.\ 



lnritlen»e relativo al navio "Kl (íran San Pablo."— Funda- 
ción <le la nniversiiiad de Guatemala. — Fieütas con ocacitm 
dd hal>er tomado el gobierno de la monanjuia el rey Carlos- 
II.— -Abasto de carnes en la ciutlad y en algunos pueblos. 
— Tributo «le los fiegros y pardos libres — Hostilidatles de 
los ingleses establecidos en Jamaica. — Introdüconse en lle- 
ras de la Verapoz y «leí Lacandon. — Vejactooes á viageros 
y negociantes pacírtcos. — Prohibe el gobierno de la metró- 
poli los repartimicnt4)s de hilados y tejhlos ú las in«liuH de 
4*stas pn»vnicias. — Acusacion«?s contra el presidente y los 
oi«lores. — Viene el licenciatlo I><jn L«)pe de Sierra O.-orio co- 
mo presidente inti.'ríno y con el cargo de resiilenclar al go- 
neral K."<col)e«lo.— Sale este funcionarlo «le la cui«lad, y 
cuando regresa, viene un buque á llevarlo á Kspaña. \n)r 
haber recai<lo en él el gran priorato de Castilla, en la ónien 
«le Malta.— Real cé<iulu en que se previene .so toMien provi- 
dencias para evinar el abuso (}ue hacen los indígena^ «le la 
chicha. — .\lcal«les y provlnclahís de la hermanda»!.- Orga- 
nízansc compañías «le milicias «le morenos y panlos en lo» 
Imrrios «le la capital y en algnnos pueblo.^. — Vuelve á tra- 
tarse «le solicitar el comercio líhre c«»n el Peni. — No se 'ob- 
tiene resulta«lo favorable.— Sítlicita el rey un donativo vo- 
lunt^irio. — Ofi-cce el vecímlario «le la ciu«lad "¿0.000 pesos, 
«?on tal «lue se concída el comercio libre con el Perú. — (Qué- 
jase la audiencia de faltas de re.«peto y cortecia por parle 



ím 



DEL TOMO SEGUNDO. 21 

PAJINAS. 



I 



(le lo? vecino?. — Ordenanzas relativas á los ropartiniioiitos 
<le indios. — Publícase la recopilación de Indias.— Pretnmle 
el aviintainiento que se prohiba la intr«duccion del cacao 
del Perú. — Estreno de la catedral y tiestas con que se ce- 
lebró. — Acnérdanse algunas medidas de defensa para el 
puerto de Malina; pero no se ponen en ejecución. — Corsa- • 
rios ¡nocieses saquean é incendian la población del puerto de 
Caldera. —Viene el lioenciado Augurto y Álava con el en- 
car<ro de presidente interino, á concluir el juicio de residen- 

y cia del g>^neral Escobedo. — Reúnense tres presidentes en 
Guateuiala 

, 1676—1(581 De 3.5S á 3< 

í CAPITULO XXI. 

I'rovision de las cátedras de la universidad. — Xo ap'-webacl 
rey la de algunas de ellas y se fijan edictos en Me'xico y 
Madrid, llamando opositores. — Presenta nse y se les abju- 
dican las clases. — Se da principio á los estudios con cate- 
dráticos interinos. — Uno de los oidores forma los estatu- 
tos ó constituciones de la universidad. — Modifícasp, por 
indicación del presidente, la forma alternativa de los al- 
caldes peninsulares y criollos.— Trátase de desalojar á los 
ladinos de los pueblos de indígenas del valle de la ciudad, 
— No se cumplen las providencias dictadas al efecto. — 
Inobservancia general de las disposiciones sobre vecinda- 
rio de ladino^ en pueblos de indios. — Vuelve á su-^citarse 
la cuestión del comercio con el Peni. — Gestiones del pro- 
curador del ayuntamiento en la corte. — Viene á hacerse 
cargo do la presidencia, gobernación y capitanía general 
del reino Don Enrique Ehriquez de Guzman. — Reclama de 

* nuevo Guatemala, aunque inútilmente, que vengan de 
tiempo en tiempo algunos de los buques de la armada de 
barlovento á recorrer las costa«< del norte del reino, — 
Dedica el nuevo presidente su atención á los hospitales: 
ensancha y reúne los de 8antia<j:o y San Alejo.— Nuevas 
entradas de los misioneros dominicos en tierras del Man- 
•ché y del Chol y mal resultado de aquellas empresas. — 
Vuelve á promoverse ante el consejo de Indias el asunto 
del comercio entre Guatemala y el Perú.— Auxih'an eficaz- 
mente al procurador los consejeros, general Escobedo y 
#ierra Osorio y fiscal Balverde.— Resultado poco satistac- 
torio de aquellas gestiones.— Solicita igualmente vuelva ú 



'11 



abr¡r:5C el cnmcivo con la llahana.— Nuevas hostiliilntles 
»le los coi-jianoí? inirle:«cs en territorio «hB Coytü-Uií'a. ou 
León y en (¡rninnla.— Alnenazan ia ca[>ital «U'l reino \ t^c 
tomíin meiliílas He «let'.;n<a. —Otrosí cor.-*ttrlo3 entran |H)r el 
OoltíHiulce. — (ürnv6i« ili^encioneí del jíoberiftnlor «lo Soc'o- 
nuzoo }■ el (licaMu mnyor «ie Ciuilnfí • ••' •■ ' "»»-"' •• 
la tlióoc.'^i:', Xiinez ile la Vej^a