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Full text of "Historia de la conquista del Perú, precedida de una ojeada sobre la ..."

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^: 



F 



^ 



HISTORIA 



DE LA 



CONQUISTA DEl PERÜ. 



TOMO I. 



HISTORIA 



i^ELA 




III riit 



psEGiDiDA n mí OJUDA somi u 



zBOKCtA sic íAten 



iPír to; $. J)rf0í0tt, 



«OCIO CORKESPOMSAI. DEL INSTITCTTO DE rRÁNCIA; IMDXVÍDÜO DB L* 
JU^AL ACADEMIA DE LA EISTOXtlA DE MADRID, kc, fcc 

.Tradaclda al easteikno por J. 6. I, 



<*Coiifé8tK cvmttlaatur opet, orbii«qn« raplaa» 
Accipit"— Claübiano, inRwfUk, i, v^lM. 

**So color d« rellffioa 
Vaü á bniear plata y oro- 
Del encubierto teioro. 

Loys os VeoA, Xljr—99 Mmido, Joru, /. 



^S'aDSEdQCD a» 



MEXI6Ó. 

M. ttafael, cultor, calle ée Cadctta H. 1S« 



'■ir ^ He, K.,tv.^ 



pULOíoaó. 



Las páginas mas brillantes de la historia de 
los hachos de los Españoles en el Nuevo Mari- 
do, son sin dúdalas que ocupan las relacit>nes de 
las conquistáis dé Méjico y del Perú; dos im- 
perios, (][ue á la mayor estension de territorio 
retinian una aventajada constitución social, 
y un notable adelanto en las artes de la 
civilización. Y ambas ocupan un lugar tan 
visible en el gran cuadro de la historia, que á 
pesar clel contraste que presentan en sus respec- 
tivos gobiernos, el nombre de la una recuerda 
naturaTniente el de la otra^ de manera, que 
cuando hice buscar éu España los materiales 
necesarios para liña historia de la conquista de 
Méjico, incluí también en mis investigaciones 
Ibs ^ue ittvieaan r^Iaeioa^on la conquijsta del 



VI PROLOGO. 

La mayoi* parte de estos y aquellos docu- 
mentos se sacaron del mismo depósito, dá decir, 
de los archivos de la Real Academia de la His- 
toria de Madrid, corporación encargada espe- 
cialmente de conservar cuanto pueda ser útil 
para esclarecer la historia de las colonias espa- 
/r ñolas. Los p apales de Mu&az componen tal 
vez la parte líias rióa de esta colección. Este 
distinguido literato, historiógrafo de las Indias, 
empleó cerca de cincuenta años en reunir ma- 
teriales para la historia de los descubrimientps 
y conquistas de los Españoles en América, ^ 
como trabajaba con autorización del gobierno, 
tenia para ello las mejores proporciones, go- 
íiando libré entrada en las oficinas publicas y 
colecciones particulares.de todas las principa- 
les ciudades del reino, tanto en la misma Es- 
paña, como en la inmensa estension de sus po- 
sesiones ultramarinas. El producto de, estos 
trabajos fué uiia magnífica colecciop ,de ma- 
nuscritos, muchos de los cuales tuvo la pacien- 
cia de copiar de su propia mano; pero no le al- 
canzó la vidgi para recoger el fruto de su labo- 
riosidad y perseverancia. Apenas habla con- 
cluido el primer tomo, qqe comprende los via- 
ges de Colon, cuando le sorprendió la muerte, 
y sus manuscritos, á lo menos la parte relativa 



l*RüLOGd. Vlí 

á Méjico y al Períi, fueron destinados á servir 
para los trabajos de otra persona; de un habitan- 
te del Nuevo Mundo á que ellos se referían. 

Otro sabio á cuyos tesoros literarios me con- 
fieso muy deudor, es el finado director de la 
íleal Academia de la Historia, Don Martin Fer- 
nandez de Navarrete. La mayor parte de su 
larga vida la empleó en reunir documentos ori- 
ginales para ilustrar los anales de las colonias. 
Aíachos de ellos insertó en su gran obra "Co- 
lección de los viages y descubrimientos/' la que, 
aunque muy lejos de haber llenado el plan que 
su autor se propuso, es de inmensa utilidad para 
el historiador. Siguiendo el hilo de los descu- 
brimientos, dejó Navarrete á un lado las con- 
quistas de México y el Perú para tratar de los 
viages de sus paisanos en los mares de las In- 
dias; mas permitió cortesmente que se copia- 
sen para mi uso, los manuscritos que poseía re- 
lativos á aquellos dos países. De estos manus- 
critos se lian impreso después algunos, bajo la 
dirección de sus sabios colaborp^dores Salva y 
Baranda de la misma Academia; pero los docu- 
mentos que él me cedió componen la parte 
mas importante de mis materiales para la pre- 
sente historia. . 

La muerte de este hombre ilustre acaecida 



VHí PROLOGO. 

poco tiempo después de comenzada mí obra, 
ha dejado en su pais un vacío no muy fácil de 
yenar. Entregábase con ardor á sus tareas li- 
terarias, y pocos han trabajado mas que él en 
dar á conocer la historia de las colonias; pero 
lejos de atender con esclusiva solicitud á sus 
propios proyectos literarios, estaba siempre 
pronto á estender sus simpatías y su ayuda á los 
de otros. Las distinguidas cualidades que po- 
seía, como hombre, realzaban su reputación co- 
mo literario: su benevolencia, sencillez de cos- 
tumbres, é intachable rectitud moral. Débole 
grandes favores, pues desde la publicación de 
mi primera obra histórica hasta el último dia 
de su vida, recibí constantemente pniebas de 
su sincero y eficaz interés en lá prosecución 
de mis trabajos históricos; y rindo con tanto 
mas gusto este merecido tributo á su mérito^ 
euánto que nadie podrá atribuirlo á lisonja. 

En el numero de las personas á quienes soy 
deudor de materiales, ciébo incluir el nombre 
dé Mr. l^ernáux Cdmpahs, tan conocido por 
sus fieles y elegantes traáiicciÓnes francesas de 
los manuscritos de Muñoz, y el de mi amigo 
Don Pascual de Gayangos, que bajo la modes- 
ta apariencia de ucta traducción, ¿os ha regala- 
do con trn ingeníi#9o y erudito oom^ntario w- 



PROLOGO. l|í 

hre la historia Árábigo^-Híspaua, colocáadose 
de esta manera eñ primera línea, en este difícil 
ramo de literatura, ilustrado ya por los traba-^ 
jos dé un Masdeu, un Casiri y un Conde. 

A }09 materiales que he sacado de estaur 
fuentes, be añadido algunos manuscritos im- 
portantes de la biblioteca del Escorial. £stos, 
qáe se reñeteü principaimeñte á la antigua or- 
ganización del Perú, formaban parte de la mag- 
nifica colección del L ord Kingsbormi gh, qols 
por desgracia ha corrido ia misma suerte qne 
la mayor parte de las colecciones literarias, dis- 
peic&ándt^Be después de la muerte de BVb ñobte 
autor. De idltos soy 4eudpr al kborioeo biblió* 
gvafe Mr. O'Rich, que se halla ahora en Lon* 
dres. Por ultimo, no d^o concluir sin m8K>« 
festar mi agradecimiento por otra especie de 
ttuxilio, á mi amigo el erudito bibliotecario ád 
Ateneo de Boston^ Carlos Fólsom, Esq., euyo 
conocimiento de las mas pequeñas padioulari- 
dades de la construcción gramatioal, y áe h, 
i^rdadera índole de nuestra lengua inglcisa/me 
han proporcionado é corregid mu;chos descui^ 
dos en que había caido, tanto en «sta obra eo«^ 
mo en las precedentes. 

De estas diversas colecciones he formado un- 
considerable acopio de manuscritos, de muydí* 



JL PRÓLOGO* 

Tersas especies y de origen el mas aaténticcn 
mercedes y ordenanzas reales, instrucciones de 
la corte, cartas del emperador á los grandes 
oficiales de las colonias, registros municipales, 
diarios y apuntes de particulares, y un cúmulo 
de correspondencia privada de los principales, 
actores de este turbulento drama. Acaso el es- 
tado de agitación en que se encontraba el pais, 
hacia que la correspondencia entre el gobierno 
de la metrópoli y los oficiales de las colonias 
faese mas frecuenteipero cualquiera que sea la 
causa, la colección de^manuscritos relativos al 
Feru, es mas completa que la de los referentes 
á MéjicoJde modo que no hay rincón, ppr os- 
curo que sea, en la vida del aventurero, sobre 
que no arroje alguna luz la correspondencia 
privada de aquel tiempo. El historiador tiene 
mas bien ocasión de quejarse del embarraif des 
richesses; porque entre la multitud de testimo- 
mos contradictorios, no es siempre fácil el des- 
cubrir la verdad, del mismo modo que la mul- 
titud de luces muchas veces deslumhra y extra- 
vía la vista del espectador. 
' fLa presente historia se ha escrito en lo ge- 
neral bajo el mismo plan que la de la Conquis- 
ta de Méjico. En el primer libro que sirve de 
introducción, he tratado de hacer una pintura 



PROLOGO. XI 

del gobierno de Jos' Incas, pam^ que el lector se 
mponga del carácter y condioion de esta raza 
estraordiuaria antes de entrar en la historia dé 
su co^niata, que ocupa losi libros restantes; 
cuyo asunto es predso coaivenir, enlqueapesar 
de las^ oportunidades qne presenta para laipüiM 
turáí. de los varios caraotéres, de dncidiaites.es? 
traordinarios y romaDo^cos^ y de las pintores* 
cas escenas delaiiíaturalezáv no. ofrece tantas 
ventajas al histpriadbr como el de la Conquista 
de Méjico. |Sin duda que el historiador y ^ 
poeta^ podrán hallar pocos asuntos mas á pro- 
pósito para ejercitar su pluma. La maírchá na-» 
tural de la narración es la misina que pudieran 
señalair las más ajustadas reglas del £(rta La 
conquista del país és el último fin qué < el lector 
tiene siempre á la vista. Desde el primer der 
sembarco de los Españoles en el territorio, sus 
aventuras posteriores, sus negociaciones y ba* 
tallas, BU desastrosa retirada, su reimíon y el 
último asedio, todo se encaimina á este gran re* 
saltado, hasta que tan larga serie de aconteció 
mientes termina con la tMaat de la capital. En 
la marcha de los sucesos todo va avanzando 
con paso firme á su conclusión. Es^ lina «nag* 
nífica epi>peya en la que no puede iiserma» 
completa la unidad de iateresu ^ 



r: 



En la Gonqáista del Perú, la aocion, eiit titíi 
íd que se fanda en la ruma del impeá<x de los' 
Inca», teniBna nrncha ante» que la uairracion.' 
£i resto de ella lo ocupan lai saiigríeiitas di*- 
semipnes ¿e los éotoqmstadDres, las que por suf 
Misma esexicia pocíría pacecer itnposibie el retí* 
nivlas en un ponto oéntcíco de iniefes.- Pacat 
conseguirlo es preciso qoe miremos masáHáde 
f ^ k pr^tntai oúda del imfp^lnKa indio* htssujtcmí 
\ i Á^ hm natxirales es tan solo el primer paso, á 
~^^ ^e debía seguirse la de los mismos, canqúistib-' 
dbras cetiirertidbs etí rebeldes^ basfa qne el do* 
minio de la corona quedase sólidaniente estaf 
blecido md poúa SkAo hñstá enioncesr puede 
decirse que éb tjonfpletólái adqabicion de esté 
Imperio ultsámamaarín^ j ¿jando la Tistáen esr 
te lejano .pnmto, se echará de ver qne todos .losí 
j^SQS soeesivos de la narraeloii van cendjacien-' 
do á am varntío yesdtado, emiaer¥ándos6'de est 
la in^lo la ttniídad ée mfeeras, casi ton aectcáa^ 
ÚBk en las eompoaidcmfis Mstéricas eomo en lai 

Ldbcamátiaas. JÉasta ^oé pin*o se haf a xKinio? 
giádo é«to en ia fmMitíse .tabira, toea» al iMf^ 
deridfri0> 

"^ JNb jié qQ& las Sifxaifcdes kayan t^ní^eiididd^ 
áasta aíiora mngnna )iisÉorlft de Ja úmi%táUñ 
ée\ Feru> fundada «a épOTiKtwiitw^ aatéaáatoa / 



.. >ROLOGO. Xllt 

íidn pfetémsiQün^i^ á la autdridad de irna coaipo- 
Mfcioa, clasica, como la: "Conquista de México/' 
- pdr Solis,'} Los Ingleses posfeen una de gtón 
mérito de la pluoía. de Robertsou, ci^jo bos- 
quejo; trazado con naano maestra, ocupa el lu- 
gar correspondiente en su graride obra sobre la 
. América-^Mi^ objetd ha sido presentar al públi^ J_ ^ / 
<jo lá misma rel^cibn tion todos sus romancescos 
detalles; no tan solo delinear los rasgos prine\' 
pales de la Conquista, sino idibujarlo todo con 
sus . colores naturales, de modo que fuese uca 
minuciosa y exacta pintura de los tiemposJCon 
este ohjet^o, en la composición de la obra mo 
he l^alido principalmente dé mis níanuscritos; he 
dejado que los actores hablen por sí mismos has- 
ta donde, ha sido posible, y sobre todo, he hecho 
con frcjCHencia uso de sus cartas, porque en la li- 
berí4d de la correspontiencia privada es en don- 
de debemos esperar que el coraron descubra con 
oías franqueza sus verdaderos sentimientos. He 
dado copiosos extractos dé éstas autoridades en 
las notas, tanto para corroborar el testo, como 
para que >ean la luz publica esas producciones 
de los distinguidos capitanes y hombres de Es- 
cudo dé aquel tiempb, que no son muy accesi- 
bles ni aun á loa mismos Españoles. 
Mr. Amédée Pichot, en el prólogo d# ta tra- 
1. 3 



XIV PROLOGO. 

ducclon francesa de la *-Con<jufeta de México," a 
infiere por el plan de la composición, que debo eq 
haber estudiado atentamente los escritos de su i 
paisano Mr. de Barante. El sagaz crítico acier* a 
ta, como es natural, en supoaerme familiariza- i^ 
do con los principios de la teoría histórica de j 
aquel escritor, con tanta habilidad esplieada en g^ 
el prólogo de sus "Ducs de Bourgogne." Y náas ^ 
de una vez he tenido ocasión de admirar la des- , 
treza con que él mismo pone en práctica su ^ 
teoría, sirviéndose de los toscos materiales de ,1 
un tiempo distante para construir ñn monumen- .^ 
to de ingenio que nos transporta de un golpe 
en medio de los siglos feudales, y esto sin la 
falta de armonía que generalmente acompaña á 
una imitación moderna de Ip antiguo. Del mis- 
mo modo he tratado de acertar con tá espre- 
sion característica de un siglo reiboto,é infun- 
dirle nueva vida al presentarla. Feroiné be 
desviado del plan del historiador francés ^^i ttn 
punto muy esencial. He dejado puestos los 
andamios después de concluido el edificio, es 
decir, que he manifestado al lector la marcha 
que he seguido para llegar á ims conduúbnes. 
En vez de exigirle quo admita bajo mi palabra 
mi modo de referir el suceso, he tratado de es*- 
ponerle las razones que hé tenido, para adop- 



PROLOGO. - XV 

tarlo. Por ixiectio de copiosa^ citas de los do- 
cumentos originales, acompañadas de noticias 
, críticas tjue le impongan de las varias iuflaen- 
cías, á que pudieron estar sujetos sus autores, 
jie tratado de ponerle pn estado de juzgar por 
81 mismo y poder revi3ar la sentencia del histo- 
riador, ó tal vez pronunciar otra contraria. De 
este modo podrá á lo menos conocer, lo dificil 
que es llegar á descubrir la verdad en medio de 
opuestos testimonios, y aprenderá á no confiar 
en jos escritores que deciden las dificiles dudas 
de lo pasado con lo (pe Fontenelle llama "un 
espantoso grado de certidumbre;" espíritu el 
nías opuesto al de la verdadera filosofia de la 
historia. 

£s preciso convenir, sin embargo, en que el 
historiador que refiere los ¿lucesos de uiia épp- 
ca distante, cuenta con algunas ventajas evi* 
dentes en el acopio de ms|iLuscril;o3 que tiene 
á su disposición, ep donde el di^ho de los ami* 
gos, rivales y enemigos, forma un saludable cor- 
rectivo mutuo; y también en el curso de los su- 
cesos, conforme fueroB ocurriendo, halla el me- 
jor comentario sobre el móvil que guiaba á los 
partidos. El actor, metido en el calor de la 
pelea, no puede observar mas que lo que pasa 
en un círculo muy limitado, porque los íj*ie le 



XVI rRüLOGO. 

rodean le impiden ver mas allá, y ademas le 
ofuscan la vista el humo y el polvo del comba- 
te; al paso que el espectador, cuyo ojo recorre 
toda la estén sion del terreno desde un punto 
distante y eleVado, abraza de una sola mirada 
todas las operaciones del campo, aunque en 
cambio los objetos aislados pierdan algo de su 
viveza. Por imis que parezca una paradoja, es 
cierto que la verdad que descansa en testimo- 
nios contemporáneos, es tan fácil de descubrir 
por el escritor de una época mas reciente, có- 
mo por los contemporáneos, mismos. 

Antes de conpíuir eátas observaciones, séa- 
me permitido añadir algunas que me concier- 
nen personalmente. En varias noticias de mis 
' escritos publicadas en el estrángeró, se ha di- 
cho que el autor es ciego, y mas de una vez 
me han hecho el favor de suponer que perdí la 
vista en la composición de mi primera historia. 
Cuando ha llegado á mis maño« alguna d^ es- 
i/ tas relaciones equivocadas, me he apresurado 
; \ á corregirla. Pero ahora se me presenta la 
. , rh"^ mejor ocasión de hacerlo, y lo deseo tanto mas, 
\ cnanto que me temo que algunas observacio-» 

nes estampadas en los prólogos de mis anterio- 
res obras, hayan dado margen á esta equivo- 
caciQH, 



i>RoLOGO. XVII 

Cuando me hallaba en la Universidad reci- 
bí un golpe en uno de mis ojos, de cuyas resul- 
tas vine ál cabo á perderlo. Poco después se 
vio atacado el otro de una inflamación tan 
fuerte, que por algún tiempo perdí también el 
uso de él, y aunque lo recobré después, el ór- • 
gano habia sufrido tanto que se quedó siemj)re 
débil, de modo que desde entonces me he visto 
privado kios' veces de su uso, por varios años 
■ seguidos, para todo lo que fuese leer y escribir. 
Durante uno de estos periodos de dolencia, re- 
cibí^ de Madrid los materiales para la ''Historia 
de los Re/es Católicos," y en la posición en 
que me encontraba, rodeado de mis tesoros ul- 
tramarinos y sin poder-asar de ellos, me aseme- 
jaba á uno qué se muei^e de hambre en medio 
de la abundancia. T^éndomé en este estado, 
me resolví á hacer que el bido desempeñase, 
si era posible, las funcionéis del ojo. Servíme . 
para ello de un secretario que me leia las di- 
versas autoridades, y cotí el tiempo íne fami- 
liaricé de tal modo con el sonido de las varias 
lenguas estráñas, (aunque es cierto que á algu- 
nos de ellos me habia acostumbrado antes por 
haber residido en el estrangero), que pude com- 
prender la lectura sin mucha dificultad. Con- 
forme- avanzaba el lector dictaba yo copiosas 



XVIII PROLOGO. 

notas, y cuando éstas llegaron á formar un vo- 
lúaien considerable, me las hice leer repetidas 
veces, liasta penetrarme de su contenido lo su- 
ficiente para empezar á componer. Las mis- 
mas notas ofrecian un medio fácil de referen- 
cia para apoyar el testo. 

Ocurrió después otra dificultad en el trabajo 
mecánico de escribir, que esperimenté ser una 
pesada tarea para el ojo, Consegují vencerla 
valiéndome de una Qiáquina como la que usan 

' los ciegos, la que me permitía trasladar mis 
pensamientos al papel sin la ayuda de la vista, 
y m^ servia igualmente en la lu:& y en las ti- 
nieblas. Los caracteres formados de este mo- 
do, se parecian bastante á unos geroglíficos; 

. pero mi secretario llegó á estar diestro en des- 
cifrarlos, é hice sacar una copia clara, (perdo- 
nando siempre una regular cantidad de faltas 
inevitables), para uso del impresor. He des- 
crito mi método con tanta minuciosidad, porque 
he advertido que varias veces se ha manifesta- 
do alguna curiosidad respecto de mi tofidm^ 
operandi e n medio de mis privaciones, y por- 
que el conocimiento de él podrá tal vez ser 

. útil á otros que se hallen en circiuistancias se- 
mejantes. 

Aunque me sentia animado al ver el visible 



PROLOGO. XIX 

adelanto de la obra, éste era por necesidad 
muy lento, Pero con el tiempo comenzó á 
disminuir la inflamación, y el vigor del ojo au- 
mentaba diariamente, hasta que por último se 
restableció «de tal modo, que pude leer durante 
varias horas del dia, si bien mis trabajos termi- 
naban por precisión con la luz natural No 
obstante, nunca pud^ pasarme sin el auxilio del 
secretarto y de la maquinita, porque contra la 
esperiencia general^ he hallado que el escribir 
es trabajo mas pesado para el ojo que el leer; 
observación .que. no pueda apUcarse, sin embar- 
go, á la lectura de manuscritos, y por lo mismo 
para ppder revirar con mas cuidado mi compo- 
sición, hice ÍQ(tprimir para mí un ejempiar de la 
"Historia de los Reyes Católicos" antes de en- 
viarla á la prensa para su publicación. Tal 
era el lisongero estado de mi salud, durante la 
comppsk^ion de la *'Copqiiista de Méjico," y 
satisfecho de haber llegado casi á igualarme 
con el resto de mis semejantes, apenas envidia^ 
ba la mejar fortuna, de los que podian conti- 
nuar sus estudios después de anochecido, ó has- 
ta una hora muy avanzada de la noche. 

Pero en estos dos ukimos años se ha verifi- 
cado un cambio muy notable. El ojo se me ha 
ido oscureciendo gradualmenter al paso que la 



XX PRÜÍ.OGO. 

sensibilidad de los nervios se liá aumentado de 
tal modo, que en el año pasado no he abierto 
un libro durante muchas semanas, y en todo ése 
tiempo no he podido usar del ojo, por término 
medio, mas de una hora cada dia. Ni puede 
animarme la engañosa esperanza de que daña- 
do como está el órgano, por haberle hecho tra- 
bajar.tal vez mas de lo que podia, llegue á re- 
cobrar el vigor de su juventud, ni servirme ya 
de mucho en mis futuras tareas üterarias. No 
sé si con estos obstáculos tendré valor de en- 
trar en un nuevo y mas estenso campo de tra- 
bajos históricos, como me habia propuesto. 
Acaso una larga costumbre, y el deseo natural 
de terminar la carrera que por tanto tiempo be 
seguido, podrían hacerlo en dei-to modo nece- 
sario,, ya que la esperiencia pasada me ha pro- 
bado que no es imposible. 

Por esta relación, (me temo que demasiado 
larga para su paciencia) el lector que tenga al- 
guna curiosidad sobré el asunto comprenderá la 
verdadera estension de los obstácultí^ con que 
he tropezado en mis trabajos históricos. Que 
no han sido muy pequeños, lo conocerá fécil- 
m^nte, cuando considere^que solo he podido ha- 
cer un uso muy Inhitado de mi ojo cuando me- 
jor lo U^i tepiíjo, y.quft.laiM.7or parta del tiem- 



PROLOGO, X%1 

po me be visto privado de él eateraüienite« Con 
todo, las dificultades con que he tenido que lu- 
char son inferiores con mucho á las que rodean 
é un ciego. No sé que exista al presente nin- 
gún historiador que pueda reclamar la gloria de 
haberlas vencido, mas que el autor de la ''Con- 
quista de*Inglaterra por los Normandos/' quien, 
para usar de su bella y sentida espresion, ''se ha 
hecho amigo de las tinieblas," y que á una filo^ 
sofia profunda que no necesita otra luz que ía^ 
del entendimiento, reúne una habilidad particu- 
lar para llevar á cabo las mas profundas y va^' 
riadas investigaciones, para las que se necesita 
de toda la atención y estudio de un literato. 

Creo que las observaciones que me he vistof 
obligado á alargar tanto, no serán atribuidas por 
el lector á un bajo egoismo, sino á su verdadero* 
origen; esto es, al deseo de corregir una interpre- 
tación errada; de que tal vez yo mismo he sido" 
causa inocente, y que entre algunas personas 
mX ha adquirido la reputación, (que no puede 
serm^^xadable, puesto que es inmerecida,) de 
haber vencido los incalculables obstáculos coi^ 
que tiene que luchar un ciego. 
Boston, 2 de Abril de 1847. 



- i 



DIVISIÓN GENERAL DE LA OBRA. 



LIBRO I 

Introducción, — Ojeada sobre la civilización 
DE los Incas. 



LIBRO n. 

Descubrimiento del Perú. 



LIBRO m. 

Conquista del Perú. 



LIBRO TV. 

Guerras civiles de los conquistadorecl 



LIBRO V. 

Pacificación del país. 



APÉNDICE. 



hístorU dé lA 

GORQOISTA DEL PER0. 



LIBRO I, 



idea de la civilización de los In*ca& 

CAPITULO I. 

Aspecto físico del país. — ^Orígen iw la CiviLiZACioit 
peruana.-¿Imp£Ri6 db los Incas.— ^Familia real.-o^ 

NOBLESA. 

Entre las muchas nacit^nes qde ocupaban el 
continente americano al tiempo de su descubrí* 
miento póY los Españoles, México y el Perú eran 
indudableiiiente las aos mas poderosas y mas 
adelantadas^ Pero aunque se asemejaban mu'^ 
tho eii feilanto al grado de civilización á que ha^ 
biati ÍÍégado$ respecto á ÍA tláturllléza de esta 
tiviiisacion liabia entre el^is una gran diferen- 
cia, y es niny natural que aquel que trata de es 



w^ 



CONQUISTA DEL PERÚ. 

tndiar la especie humana bajo el aspecto filosó- 
fico, esté deseoso de ir siguiendo los pasos álos 
esfuerzos que estas dos naciones hicieron para 
salir del estado de barbarie, y alcanzar un pues- 
to mas elevado en la escala de la humanidad. 
En una de mis anteriores obras he tratado de 
describir las instituciones y carácter de los anti- 
guos Mexicanos, y de referir la historia de su 
conquista por los Españoles. ÍLa presente está 
dedicada á los Peruanos, y si bien su historia no 
presenta tan estrañas anomalías y notables con- 
trastes como la de los Aztecas, es sin embargo, 
casi tan interesante como aquella, por la agra- 
dable pintura que ofrece de un gobierno bien 
■ sistemado y de costumbres morigeradas é indus- 
triosas, bajo el gobierno patriarcal de los Incas.^7 

El imperio del Perú al tiempo de la invasión 
de los Españoles, se estendia á la orilla del mar 
Pacífico, desde cosa del grado segundo de lati- 
tud austral, hasta el 37° de latitud boreal, cuya 
línea forma hoy dia el límite occidental de las 
modernas repúblicas áel Ecuador, Perú, Bolivía 
y Chile. Su anchura no es fáeil determinarla, 
porque aunque limitado al O. por el grande 
Océano, hacia el E. se estendia en muchas par- 
tes mucho mas allá de las montañas, hasta los 
Gonfinea de naciones bárbaras, cuya posición no 
cstfcáetfftminada con exactitud, ó cuyos nombres 
baa djBsapafrecido del mapa de la historia; de to- 



LIBRO I. — CAPITULO lé . 8 

do8 modos es indudable qa« su anchura era muy 
desproporcionada á su longitud. ^ 

El asnprfp rom^gr^fi^n del páis es müy notable* 
A todo lo largo de la costa solo se descubre una 
faja de tierra que en pocos lugares pasa de vein- 
te leguas de ancho, limitada en toda su estension 
por una colosal cordillera de montañas, que par- 
tiendo del estrecho de Magallanes, llega á su 
mayor elevación, (la mayor en todo el continen- 
te americano,) hacia el grado 7? de lat. S., ^ y 
después de cortar la línea, disminuye gradual- 
mente hasta reducirse á colinas insignificantes al 
entrar en el istmo de Panamá. Esta es la famo- 
sa cordillera de los Andes, o "montañas de co- 
bre," ^ como les llamaban los naturales, aunque 
con mas razón deberían haberles llamado "mon- 
tañas de oro/' Colocadas á veces en una sola 
hilera, bien que con mas frecuencia en dos ó tres 

1 Sarmiento, Relación, MS., (Ünirer». Geo^., eng. ttdsm*f 
cap. 65*^ — Ci€!l:a de Leotí, Cróni- book 86.) Pero otras medicio- 
ca del Perú, (Amberes, 1&54), nes mas recientes han demostra- 
cap. 41. — Garcilaso de la Vega^ do, que entre los quince y diez y 
Comentarios Reales, (Lisboa, siete grados Sur es donde el 
160P,) Parte 1, lib. 1, cap. 8. Nevado de Sorata se levanta á la 

Según este último autor, la enorme altura de 25.350 pies, y 

mayor anchura del imperio, no el Ilimani á la de 24.300. 

pasaba de ciento y veinte leguas. 3 A lo mends la palabra anta 

Pero es perder el tiempo querer de la que se ha creido viene el 

aplicar la crítica á la geografía nombre de Andes j en la lengua 

de Garcilaso. del Perú significa "cobre''. Gar- 

2 Según Malte Brun, los pi- cilaso, Com. Real., Parte 1, Ub, 
«pt mas elevados de esta cadena ^t ^^r l&r 

se encaentran bajo el Ecuador. 



4 CONQUISTA DEL PÉRÜ. 

líneas paralelas li oblicuas una á otra, al viajero 
que las contempla desde el Océano, parecen una 
sola cadena continuada, y los enormes volcanes 
qu'e "á los habitantes de la tierra llana se repre- 
sentan como masas aisladas, no son para él mas 
que otros tantos picos de la misma sierra. En 
tan inmensa escala trabájala naturaleza en estas 
regiones, que solamente viéndolo á gran distan- 
cia puede comprender hasta cierto punto el es- 
pectador, la relación de las diversas partes de 
un todo tan asombroso. Pocas obras de la na- 
turaleza son sin di^da tan propias para producir 
impresiones sublimes, como el aspecto de esta 
costa, conforme se vá presentando gradualmen- 
te al ojo del marinero que navega en las distan- 
tes aguas del Pacífico, desde donde ve elevarse 
montaña sobre montaña, hasta que asoma por 
encima de todaS la magestuosa cima del Chimbo- 
razo con su reluciente ropage de nieve, que he- 
rida por los rayos del so!, brilla por sobre las 
nubes agrupadas en derredor de él. ^ 

Esta configuración del país podrá parecer 
á primera vista muy desfavorable para la agri- 

4 Humboldt, Vuesdes Cordi- de ua filósofo y de un gruupin 

lleras et Monumen» des Peuples tor, y no» haceD sentir doblemen. 

Indigénes de rAmérique (París te que no nos haya comunicado 

JL810,, p. 108.— Malte Bruu, book los resultados de sus observacio- 

^- »es en esta interesante región 

Los pocos bosquejos que ha con la minuciosidad con que lo 

dado Humbolt de las vistas de ha hecho en la parte relativa á 

las cordilleras, revelan la mano Méjico. 



LIBRO I. — CAPITUÍ.O I. 5 

cultura, y la facilidad de las comunicaciones. 
La faja arenosa paralela á la costa, en donde ja^ 
mas cae la lluvia, solo se refresca por algunos 
insignidcantes arroyos, que forman un notable 
contraste con las enormes masas de agua que 
bajan por el lado oriental de la cordillera, y van 
á desaguar en el Atlántico. Las escarpadas 
pendientes de la sierra con sas hendidos costa- 
dos de pórfido y granito, y sus elevadas regiones 
cubiertas de nieves perpetuas, que resisten á los 
ardientes rayos del sol del Ecuador, y solo ce- 
den á la destructora acción de los fuegos vol- 
cánicos que encierran en su seno, podrian pa- 
recer igualmente desfavorables para los tra- 
bajos del labrador. Y toda comunicación en- 
tre las varias partes de tan dilatado territorio 
se creria imposible, á causa de la aspereza de 
aquella región, cortada por precipicios, impe- 
tuosos torrentes, y horribles quebradas ó hen- 
deduras cuya profundidad procura en vano me- 
dir el ojo del viagero cuando marcha por las 
tortuosas veredas que parecen suspendidas en 
el aire. * Sin embargo, la industria, casi pudié- 
ramos decir el ingenio del Indio, bastaba para 
vencer todos estos obstáculos de la naturaleza. 



5 "Ces crevasses «ont si pro- ponrroient y étre places saos que 

fondee,'* dice Mr. de Hamboldt leur cime dépasaát le ridcau des 

escogiendo eos egemplos con montagnes les plus voisines."— 

el acierto que acostumbra, "que Vue des Cordülére», p. 9. 
le Vésuve et le Puy-de-D6me 



6 CONQÜlStA UEL PERÚ; 

Por medio de un acertado sistema de cafiería^ 
y canales, los áridos terrenos de la costa eran 
refrescados por abundantes corrientes, que los 
cubrían de fertilidad y verdura. Formaron ter*- 
raplenes en las ásperas pendientes de lá cordi- 
llera, y como las diversas elevaciones producían 
el propio efecto que la diferencia de latitud^ 
se veia á un mismo tiempo toda especie de ve- 
getación, desde la exuberante fertilidad de los 
trópicos, hasta los escasos productos de los pai^ 

ses septentrionales. Rebaños enteros de llamas^ 
ó carneros del Perú, vagaban con sus pastores 

por inmensas soledades cubiertas de nieve, en 
las cumbres de las montañas que traspasaban 
los límites del cultivo. En las regiones alta» 
de las mesasj moraba una*poblacion industriosa, 
y entre las arboledas y jardines se veian ciuda^ 
des y pueblos, elevados muchos pies sobre la 
altura ordinaria de las nubes y como suspendi- 
dos en el aire. ^ Comunicábanse entre sí estas 
numerosas poblaciones por medio de los gran- 
des caminos que atravesaban por los puertos de 
las montañas, y proporcionaban un medio fácil 
de comunicación entre la capital y los mas re- 
motos confines del imperio. 

El valle del Cuzco, en la región central del 

6 Los llanos de Quito se ha- p. 48.) Hay otros valles ó me- 
llan á una altura de nueve á diez sas en este inmenso grupo de 
mil pies sobre el nivel del mar. — montañas que llegan á mayor 
(Condamine, Journal d'un Vo- elevacioii. 
J»g© á TEquateur^ (Pww/ 1761,) 



LlfeRO I.-^CAt>ITULO í; í 

Perú, como lo indica su nombre, ^ fué según di* 
cen la cuna de esta civilización. El Origen del 
imperio Peruano, como el de todas las demás 
naciones, escepto las pocas que como la nues^ 
tra, han tenido la fortuna de nacer de un pueblo 
civilizado en una época de ilustración,' se pierde 
entre las tinieblas de la fábula, que á la verdad 
son tan espesas en esta historia,* como en lá de 
cualquier otra nación del Viejo Mundo antigua ó 
moderna. Según la tradición mas conocida de 
los Euro])eos, hubo un tiempo en que laá razad 
antiguas del continente estaban sumergidas én 
lamas completa barbarie, adoraBan indistinta^ 
mente casi todos los obgetos naturales^ la gaer^ 
ra era su pasatieríípó favorito, y en sus bílnque-* 
tes humeaba la carne de los destrozados cautivos. 
Él gran luminar j padre de todos las hombres^ 
el sol, compadecido de su infeliz estado, envid á 
dos de sus hijos, Manco Capac y Manía Oello 
Huaco, pata que reuniesen á los naturales en 
poblaciones y les enseñasen las nrtes de \tt vida 
civilizada. La celestial pareja, hermanos y es?* 
posos al mismo tiempo, marchen poi" l^s eleva* 
das llanuras cercanas á la laguna de TPitícaca, 
hacia el grado 16 de lat. S. Llevaban consigo 
una barrita de oro, y tenian orden de fijar su re- 
sidencia en el punto en que este sagrado símbo- 

7 "CuzcOj que en la lengua Com. Real.; Parte J;lib. 1, cap. 
jparticular de los Incaa" dice Gar* 18. 



8 CONQUISTA DEL PERÚ. 

lo se hundiese en el suelo por sí solo. Obede- 
ciendo este mandato, continuaron su viage un 
poco mas adelante hasta el valle del Cuzco, la- 
gar en que se verificó el milagro, pues que la 
barra se hundid prontamente en tierra y desa- 
pareció' para siempre. Los hijos del sol fijaron 
allí su residencia, y en breve dieron principio 
al desempeño de su benéfica misión entre los ru- 
dos habitantes de aquel pais, instruyendo Manco 
Capac á los hombres en la agricultura, y Mama 
Oello ® á las mugeres en las artes del hilado y 
el tegido. El inculto pueblo escuchaba dócil- 
mente á los enviados del cielo, y reunidos en 
número considerable, echó los cimientos de la 
ciudad del Cuzco. Las mismas máximas sabias 
y benévolas, que dirigieron la conducta de los 
primeros Incas, ^ pasaron en herencia á sus su- 



8 Mama entre los Peruanos parte de las naciones de Europa. 
füigniñcaba "madre" (Garcilaso. Ni se limita su uso á los tiempos 
Com. Real., Parte I, lib. 4. modernos, pues la aplicaban del 
cap. ].) Es una coincidencia mismo modo los Griegos y los 
curiosa que esta palabra sea igual Romanos *' U <i/j^fK,tL <pCKí^ <íi" 
á la que usan los Europeos. No ce Nausikaa, hablando á su pa- 
lo es menos &in embargo, la que dre en el sencillo lenguage que 
se encuentra en su compañera 1% los versiíicadores modernos han 
voz p<?|9a, que entre los antiguos considerado demasiado sencillo 
mejicanos denotaba un sacerdote para ser traducido literalmente, 
de alto rango, lo que nos recu^r- 9 Inca significaba re^ 6 señor, 
da el papa de los Italianos. Am- Capac quería decir grande 6 po- 
bas naciones parece que la usa* deroso, Aplicóse á yarios de los 
' han para abrazar con ella el sen- sucesores de Manco, del mismo 
tido mas estemo délas relaciones modo que se añadió á los nom- 
paténtales, que es lo que indica bres de algunos Incas el epíteto 
•n «1 estilo familiar de la mayor Yupan^ que uf nifiea rico €» Ut^ 



UMO I,-«CAPITÜLO U 9 

cesares, y bajo su suave yugo, se fué estendien* 
do gradualmente por la dilatada superficie dd 
la tierra llana, una nación que dio pronto á co- 
nocer su superioridad sobre las demás tribus ve- 
cinas. Tal es la agradable pintura del Itrígf;f1 
de la monar quía P eruana, según le cuenta Garci* 
laso de la Vega, descendiente de los Incas, por 
cuyo medio ha llegado á ser familiar á los lecto- 
res Europeos. ^® 

Pero esta tradición solo es una de las que cdr- 
rian entre los Indios peruanos, y tal vez no la 
mas generalmente recibida. Hay otra leyenda 
que habla de ciertos hombres blancos y barbáí 
dos, que saliendo de las^ orillas de la laguna de 
Titicaca, consiguieron ser respetados y obedeció 
dos de los naturales, y les proporcionaron los 
beneficios de la civilización. Esto nos recuerda 
la tradición que existia entre los Aztecas respec-» 
to á duetzalcoatl, la benéiSca deidad, que bajo 
una apariencia semejante, vino del Oriente con 
igual misión de paz jiara los naturales. La aña- 
logia es tanto mas notable, cuanto que no hay in-* 
dtciiDS de que las dos naciones se comunicasen,^ 

daá viHudu (Ci«2a de Leo», ñas cualidadéé, etní nli tnbcito/ 

Crónica, cap. 41. — Gareílaso, hofiroM, oaiiqtie no exento de to- 

Com^ Real., Parte 1, fib. 2, caf . da sospeci», tá mérito de loé M* 

17.) Los diversos sobrenombreé getos á qnieñes se aplicaban, 

demndioa de los príncipes pe* 10 Com« Realv, pái^ 1, lib. 1 

Tvmnm, que leeaerdaii sos bue- cap. 9-16.> 



10 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ni aun siquiera de que la una conociese la exis- 
tencia de la otra. ^* 

La fecha que comunmente se señala á estos 
grandes acontecimientos, es cosa de cuaíiocien' 
tos años antes.de la llegada de los Españoles, ó 
á principios del duodécimo siglo. ^^ Pero á pe- 
sar de lo que agrada á la imaginación y de la j>o- 
pularidad que goza la leyenda de Manco Gapac, 
se necesita reflexionar muy poco para demostrar 
que es muy improbable, aunque se le despoje de 
la parte sobrenatural. En las orillas del lago 
Titicaca se hallan hoy dia estensas ruinas que 
los mismos Peruanos confiesan ser mas antiguas 
que la supuesta venida de los Incas, añadiendo 
que éstos derivaron de ellas su arquitectura. ^^ 

11 Estas diversas tradiciones, Helatious et Mémoires originaux 
todas de un carácter muy frivolo, pour sei-vir á Fhistoire de la dé- 
se hallarán en Ondegardo, Jleh- couverte dé TAm^rique, par Ter- 
cien, MS. — Sarmiento, Relación, naux-Compans (Parir, 1840). En 
MS., cap. 1. — Cieza de Lcon, el Informe de la Real Audiencia 
Crónica, cap. 105. — Conquista i del Pera ee fija la ípOca, con 
Población del Firú, MS.,^Decla- mas moderación, en 200 años án- 
ración de los Presidente é Oydo- tes de la conquista. Dec. de la 
res de la Audiencia Reale del Pe- Aud. Real., MS. 

rú, MS.,— todas autoridades con- 13 "Otras cosas ay mas que 
temporáneas de la conquista. E) dezir deste Tiaguanaco, que pas- 
cuento de los hombres bhmcos y so por no detenerme: concluyen- 
barbados se encuentra en la mn- do que yo para mi tengo esta an- 
yor parte de estas leyendas. tiguaila por la mas antigua de to- 

12 Algunos escritores retro- do el Perú. Y assi se tiene que 
traen la fecha hasta á 500 y aim antes qtic fos indios reynasseu 
650 años antes de la invasión de con muchos tiempos estavan he- 
los españoles (Balboa, Hi^toire chos algunos edificios destos: per- 
du Pérou, chap. 1. Velasco, que yo he oy do afirmar a Indios, 
Histoire du Royanme de Quito, que los Ingas hisieron los edifi 
tom. I, p. Bl, Ambo auct. ap. cios grandes del Cuzco por la 



LIBRO I.*— CAPITULO 1. 



11 



Cieitamente que esde todo punto imposible con* 
ciliar la fecha de su llegada con las de los suce- 
sos posteriores. No hay relación que dé á la di- 
nastía de los Incas mas de trece príncipes ante- 
riores á la Conquista. Pero este numero es de* 
masiado corto para llenar un espacio de cuatro- 
cientos años, y manifiesta, que sin esceder de un 
computo probable, no debe retrogradarse la fun- 
dación de la monarquía mas allá de doscientos 
cincuenta años; antigüedad ya creible y que aven- 
taja tan solo medio siglo á la fundación de la ca- 
pital de Méjico. La fábula de Manco Capac y 
de su esposa-hermana, se invento sin duda, pos- 
teriormente para lisongear la vanidad de los mo- 
narcas Peruanos y dar mas fuerza á su autoridad, 

fonna que vieron tener la mura- Garcikso de la Vega, el famoso 
Ha ó pared que se ve en este templo de' Pachacamac, no lejo» 
pueblo." (Cieza de. L^on, Cró de Lima, como una muestra de ár- 
nica, cap. ÍÓ5.) V. también Gar- quitectura mas antigua que la de 
cilaso, (Com. Real, part. 1, lib. los Incas. (Researches, Philoso- 
3, cap. 1), quien da, sobre la phical and Antiquarian, concer* 
autoridad de un eclesiástico es- uing the Aboriginal History of 
pañol, una noticia de estas rui- America, (Baltimore 1829) p, 
ñas, que en lo maravilloso puede 405). Si esto fuese cierto, servirla 
competir con cualquiera otra de de mucho para confírmar la opi-> 
laa leyendas de los frailes. Her- nion del testo. Pero Me. CuUoh 
rera habla de otras ruinas de una cae en un error por dejarse con- 
antigQedad tradicional semejante, ducir de un guia ciego como et 
(Historia General de los Hechos Rycaut el traductor de Garcilaso, 
de ios Ca^Uanos en las Islas y porque éste no dice que v\ tem- 
Tierra Firtífé.. del mar Océano, pío existiese antes del tiempo de 
XMadrid, 1730,) Bec. 6, lib. 6, los Incas, sino antes que el paia 
cap. 9.) Me. Culloh en unas fuese conquistado por los Incas. 
juiciosas reflexiones sobre el orí- Com. Real., j^art. 1; lib, 6, cap. 
gen de la civilización peruana^ 90, 
alega, apoyado en la autoridad de 



l2 CONaUISTA Í)EL PERl/. 

saponiéndole un origen divino. Será, por tántd/ 
acertado el decidir que antes del tiempo de los 
Incas^ habia en el pais una raza adelantada «n 
civilización, y de acaerdo con casi todas las tra-» 
diciones, debemos suponer que esta raza vino 
del lago Titicaca, " opinión que se encuentra 
apoyada por los magestuosos restos de edificios 
que aun se ven en sus orillas, después jdel trans- 
curso de tantos años¿ Cuál era esta raza, y dé 
donde vino, son cuestiones que convidan al an- 
ticuario, y ofrecen ancho campo á sus teorías. 
Pero es un pais de tinieblas á cuya entrada d«- 
be detenerse el historiador. ^* 



14 Entre otras autoridades 
en apoyo de e^ tradición, véan- 
se Sarmiento, Relación, MS., c. 
3, 4.— Herrera, Hist General, 
dec; 5, lib. 3, cap; 6.— Con^ 1, 
Pfi*. del Pirü, MS.— Zarate, 
Historia del Descubrimiento y de 
la Conquista del Perú^ lib. 1, cap. 
10, ap¿ Barcia, Historiadores 
Primitivos de las Indias Occiden- 
, tales (Madrid, 1749,) tom. III. 

Casi todas las tradiciones, aun- 
<)ue no todas, convienen en que 
Manco Capac, era el nombre del 
fundador de la monarquía perua^ 
na, si bien en su historia y en la 
pintara de su carácter se advier- 
te bastante discrepancia. 

15 Mr. Kanking, para quien 
és tan íücil, 

el aclarar un misterio 
como enhebrar una aguja, 
encuentra mny prdbable que el 
primer Idea del Perú fuese un hi- 



jo del gran Khan Kublai!" (His- 
torical Researches on the Con- 
quest of Perú, &c. by the Móguls; 
(London, 1827,) p. 170). Lad 
coincidencias son muy curiosas, 
aunque no nos aventuramos 4 
llegar de un salto á la conclusión 
de este atrevido autor. Todo li- 
terato convendrá con Humboldt 
en su deseo de que "algún tiajé- 
ró ilustrado visite las orillas del 
lago de Titicaca, el distrito del 
Callao, y los elevados llanos de 
Tiahuanaco, teatro de la antigua 
civilización americana (Vues des 
Cordilléres, p. 399,) á pesar do 
que los monumentos arquitectó- 
nicos de los aborigénes, descu^ 
biértos hasta ahora, han propor« 
clonado pocos materiales para el 
camino que ha de comunicar «i 
mundo antiguo con el nuevo ai 
través del tenebrosa abismó ^utf 
los sepaní; 



Libro i. — capitulo I, 13 

lEsta misma-oscuridad que rodea el origen def 
íús Incas, continua envolviendo sus añales, y taft 
imperfectos eran los medios de que usaban los 
Peru'anos para conservar la memoria de los he* 
chos, y sus tradiciones tan contradictorias, que 
el historiador no pisa terreno firme hasta llegar 
al siglo que precede á la conquista. ^^ Parece 
que los progresos de los Peruanos fueron al prití- 
cipío lentos y casi imperceptibles. Por medio 
de una política sabia y moderada, fueron suje- 
tando una por una á su dominio las tribus veci- 
nas, conforme éstas se convencían poco á poco áe 
los bienes que les proporcionaba un gobierno jus- 
to y bien organizado. Según se iban robustecien- 
do se apoyaban algo mas en la fuerza; y avan- 
zando siempre bajo los mismos caritativos pie- 
testos qué habian usado sus predecesores, pro-* 
clamaban paz y civilización con la punta de la 
espada* Sin ningún principio de adhesión entre • 

16 Y á decir verdad, liasta báras, y también por desgracia ei* 

Inucho mas adelante. Por ejem- las civilizadas. Agregúense á es* 

pío; Giircilaso y Sarmiento, las tósdct los demás escritores con< 

dos autoridades antiguas de mas temporáneos y del siglcr dgúíéin 

reputación, apenas tienen un pun- te, que tratan de los anales pehia^ 

io de contacto en toda su historia nOs, y nos hablaremos cOn ial cü* 

de los primeros príncipes perua- mulo de tradiciones cóntni^cto- 

nos. Según el primero, el cetro rías, que la critica se pieide ta 

pasó pacíñcamente de manO eíi conjeturas. Por fortuna esta in- 

mano, por toda una dinastía no certidumbre respecto de los bo- 

mterrmpida, mientras que el Otro cesoa históricos, no se estiende 

ddoma su rélacioií con tantas á la historia de las artes y le/es 

eonspiraciones, destronamientos que existiau á la llegada d« htfk 

/lé/ eluciones, cono suelen ocur- £spañol€9, 
/ " i ,ft ca«' fí>á3 «jas aaciónes bar» 



14 CONQUISTA DEL PERÚ. 

si, las naciones incultas de aquel pais fueron ca- 
yendo una tras otra bajo los golpes de los victo- 
riosos Incas. Sin embargo, hasta mediados. del. 
siglo XV no fué cuando «1 famoso. Topa Ynca 
Yupanqui, abuelo d^l monarca que ocnpaba el 
trono á la llegada d^ lots Españoles, pasó con sas 
ejércitos el terrible desierto de Atacama, y pe- 
netrando en la región meridional de Chile, fijó 
para en adelante los límites de su imperio en el 
rio Maule. Su hijo Huayna Capac, que poseía 
una ambición y un talento militar iguales á Ioj* 
de su padre, marchó junto á la cordillera hacia 
el Norte, y traspasando el Ecuador añadió al im- 
perio del Perú el poderoso reino de Quito. ^^ 

En el entretanto, la antigua ciudad del Cuzco 
habia ido creciendo en riqueza y en población, 
hasta llegar á ser una capital, tal cual convenia 
á reino tan dilatado y floreciente. Estaba situa- 
da en un hermoso valle de la región elevada, 
que á hallarse colocado entre los Alpes, se vería 
cubierto de nieves perpetuas; pero que en estas 
latitudes intertropicales gomaba de una tempera- 
tura betiigiia y saludable. Por el lado del Norte 
la defendía una elevada eminencia» ramificación.. 

17 Sarmiento, Relación, MS., nos otros, atribuyen la conquista 

cap. 57, 64>— Conq. i Pob. del de Chile á Yupanqui, padre de 

Piru, MB.-^Vdascó, Hist. de Topa Ynca. Las hazañas de es- 

Ctnito, p. 59. — Dec. de la Aud. tos dos monarcas han sido msz- 

Real., M8. — ^Garcilaso, Com. ciadas de tal modo por los dife- 

Real., Parte 1, lib. 7, cap. IS, 19; rentes analistas, que en cierta me- 

!ib. 8, cap. 6— S. nera han llegado á c«nfuadir las 

Este ultimo hbtoi'lador y~«igii* ^leriOiiM. 



LIBRO I. — CAPITULO I. 15 

de la gran cordillera, y la atravesaba un rio, ó 
mas bien un arroyo, sobre el cual habia varios 
puentes de madera cubiertos de grandes losas 
que facilitaban la comunicación entre ambas ori- 
llas. Las calles eran largas y estrechas, las ca- 
sas bajas, y las de la gente pobre eran de barro 
y carias; pero c(Mno el Cuzco era la residencia del 
monarca, le servian de grande adorno los esten- 
sos palacios de una numerosa nobleza, y algunos 
pesados fragmentos que se ven todavía incrus- 
tados en los edificios modernos, atestiguan la es- 
ten sion y solidez de los antiguos. ^® 

Para conservar la salubridad de la población 
habia espaciosas plazas, en donde 3e reunia la 
gente de la capital y de las pueblos distantes 
para- celebrar las grandes flestividades religiosas, 
porque el Cuzco era la "Ciudad Santa,'*-^^ y el 

18 Gaicilaso, Com. Real., red for centuríes. The great size 

Parte 1, lib.' 7, oap. 8-ll.*-Cie- of the stones, Ifae Tstfietjr of theif 

za de León, Crónica, cap. 92. shapes, and the inimitable work* 

"El Cuzco tuno gran manera manfihip thej display, give to the 
y calidad, denio eer fiudada por city tfaat intefestiiig air of anti- 
gente de gran ser. Auia gran- q'uity and romance, wbich filis the 
des calles, saino que eran angos- mindwithpleasingthoughpainfal 
tas, y las casas hechas de piedra reneration^ Memoirs of Gen. 
dura con tan lindas junturas, que Miller in the serrice ofthe Re-' 
ilustra el antigüedad del edificio,* publíc of Perú, (London, 1829, 
pues estañan p^edr^ tan grandes' 2d. ed.) to\ TL. p. 025. 
muy bien assentadas" (Ibid., 19 "La Impf rial Ciudad de 
ubi supra.) . . Compá/ese ésto Cozco, que- la' adoraua» los In- 
con la descripción que hace M2* dios como á cesa sagitada" Galr- 
1er de la ciudad, aegun existe ac- cÜaso, Com. Real., Parte 1, lib. 
tualmente. "ThewallflofmanyoJS a, cap. 20.— También Ondegwr- 
the houses have remained uimUe^ clo>/T{el. Seg., MS. 



16 CONQUISTA DEL PERÚ. 

templo del sol á que acudían los peregrinos des- 
de los mas remotos confines del imperio, era el 
edificio mas magnífico del Nuevo Mundo, sin que 
hubiese tal vez en el antiguo ninguno que le es- 
cediese en la riqueza de sus adornos. 

Hacia el rumbo del Norte, en la sierra ó escar- 
padas alturas de que ya hemos hablado, se ha-^ 
liaba una fortaleza cuyos restos escitan aun la 
admiración del viajero por sus estraordinarias 
dimensiones. *® Estaba defendida por una mu- 
ralla aislada muy gruesa, de mil doscientos pies 
de largo por el costado que miraba k la ciudad, 
aunque por ese lado lo áspero é inclinado del 
terreno era casi suficiente para su defensa. Por 
el opuesto, por donde era de mas fácil acceso, 
estaba resguardada por otras dos murallas semi- 
circulares del mismo largo que la primera. Me- 
diaba entre ambas paredes una gran distancia, 
así como entre ellas y la fortaleza, y el terreno 
intermedio estaba levantado de modo que las 
murallas sirviesen de parapetos para las tropas 
que se colocaban allí durante el asalto. La for- 
taleza se componia de tres torres, separadas ana 
de otra. La primera pertenecia al Inca y esta- 
ba adornada de un modo mas conveniente á la 

20 Véanse, entre otroB, las sitó el psús hacia la mitad del si* 

Memorias del General MiUer, glo pasado, no halla vocea con que 

arriba citadas, que contienen una espresar sn admiración. Voyage 

minuciosa j muy interesante no- to south America, eng. trans., 

ticia de la moderna Cuzco. ( Vol. (London, 1806,) boofc Vil, ich. 12; 

II. p. 223, et. seq.) UUoa que vi- ' 



LIBRO I. — CA >tJ ITULO I. 17 

habitación de un monarca qne á un puesto mili- 
tar. Las otras dos las ocupaba la guarnición, 
compuesta de nobles Peruanos, y mandada por 
un gefe de la sangre real, porque la posición era 
demasiado importante para coiftfíarla á manos 
mas plebeyas. La eminencia estaba socavada 
por debajo de las torres, y por medio de varias 
galerías subterráneas se comunicaban con la ciu- 
dad y los palacios del Inca» ^^ 

Fortaleza, murallas y galerías, todo se compo- 
uia de gruesos trozos de piedra, no colocados en 
hiladas, sino dispuestos de modo que los peque- 
ños llenasen los huecos que dejaban entre sí los 
grandes. Como no estaban pulidos sino sim- 
plemente cortados, salvo en los cantos que esta- 
.r han larvados con todo «fsm^ro, formaban una es- 
pecie d»5 pared rustica, y aunque no los sujetaba 
ninguna especie de mortero, estaban tan bien 
ajustadas y unidos, que era imposible introducir 
entre ellos la hoja de un cuchillo. ^ Muchas de 

21 Betenzos, Suma y Narra- ciones, Medallas, Templos, Edi- 
ción de ios lugas, MS., cap. 12. ficios, Antigüedades y Monu- 
— Garcilaso, Com. Real., Parte 1, mentos del Per6, MS. Este ma- 
lib. 7, cap. 27-29. nuscríto que perteneció en un 

La demolición de la fortaleza tiempo al Dr. Robestson, y se 
á que se dio principio inmedia- halla ahora en el Museo Británi- 
tamente después de la conquista, co, es obra de un autor descono* 
provocó las quejas de mas de un cido, probablemente del tiempo 
Español ilustrado, cuya voz sis de Carlos III; época en que ha- 
embargo nada pudo contra el es- bia mejorado visiblemente la czi- 
piritude codicia y de violencia, tica de los historiadores espaSo- 
V. Sarmiento, Relación, MS., les, según observa el sagaz Ihe- 
cap. 48^ rato á quien soy deudor de la oo^ 

22 Ibid., ubisupra. — Inacrip- pia que tengo. 



18 CONQUISTA DEL PERÚ. 

estas piedras eran de gran tamaño, pues tas ha- 
bía que no tenían menos de treinta y ocho pies 
de largo, diez y ocho de ancho y seis de grue- 
so. ^3 

Asombra ciertamente el considerar cc>mo es- 
tas enormes masas fueron arrancadas de su le- 
cho primitivo, y ea seguida labradas por un pue- 
blo que ignoraba el uso del hierro: cámo fueron 
traídas de canteras distantes desde cuatro hasta 
quince legttas, ^* sin el auxilio de bestias de tiro, 
tcansportadas por sobre ríos y barrancos, levan- 
tadas á la altura á que se hallaban en la sierra, 
y por último, arregladas allí al hueco que debían 
ocupar con la mas minuciosa exactitud, y todo 
sin conocer el usé de las máquinas y herramien- 
tas tan ^umiliiiMt á los Europeos. Dicen que en 
la construcción, de este edificio se emplearon 
veinte mil hombres, y que la obra duro cincuen- 
ta años» ^ Sea como fuere, en él vemos la obra 
de un despotismo que disponía absolutamente 

23 Acosta, Naturall and M o- 25 Sarmiento, Relación, MS.» 
rail Historie oí the East and West cap. 48. — Ondegardo, Reí. Seg.,- 
Indies, £ng. trans., (London, MS. — Garcildfio, Com. Real, 
1604, lib,, 6, cap. 14.— El mismo Parte 1, lib. 7, cap. 27, 28. 

mo midió las piedras. — Véase No hallando los Españoles co- 

también Garcilaso, Com, Real., mo esplicar la ejecución de esta: 

loe. cit. grande obra, con medios al pore- 

24 Oieza de León, Crónica, cer tan insuficientes, lo atrilraye- 
cap. 93. — ^Ondegardo, ReL Seg^ ron todo, segun costmnbre, al 
MS. diablo; opinión que Garcilaso pa* 

Dicese que aun se Ten mttchos\ rece dispuesto á adoptar. £1 

centenares de estos trozos de gra- autor de las Antig. y Monumen- 

nito, á medio labrar, en una crm- tas del Perú, MS., impugna esta 

tera cercana al Cuzco ivicií ron ki formalidad debida* 



LIBRO I. — CAPITULO I. 19 

de la8 vidas y haciendas de sas vasallos, y que á 
pesar de ser en general de un carácter suave, 
cuando ocupaba estos vasallos en su servicio, les 
estimaba en poco mas que los animales, en cuyo 
lugar les empleaba. 

Lá fortaleza del Cazco solo era una parte del 
sifitema de fortificaciones que los Incas estable- 
cieron en toda la estension de su imperio. Este 
sistema era una de las partes mas notables de su 
organización mf itar; pero antes de tratar de es- 
ta, será conveniente dar al lector una idea de sus 
leyes civiles y de la forma de su gobierno. 

El cetro de los Incas, si hemos de creer á su 
historiador, pasó sin interrupción de padres á 
hijos mientras duró la dinastía. Désele á esto el 
ccéditQ que se quiera, lo mas probable es que el 
derecho de sucesión tocaba al hijo primogéni- 
to de la Coya^ nombre que daban á la consor- 
te legítima para distinguirla de la multitud de 
concubinas que partian con ella el afecto del so- 
berano. ^ La reina se distinguia ademas, á lo 
menos en los últimos reinados, por la circunstan- 
cia de ser escogida de entre las hermanas del In- 
ca, costumbre que por repugnante que parezca 
á las ideas de las naciones civilizadas, tenia pa- 

26 Sarmiento, Relación, MS., cap. 12. ) Tal vez habrá confudido 

-^^cap. 7. — Garcilaso, Com. Real., la costumbre azteca con la perua- 

Parte 1, lib. 1, cap. 26. na. El informe de la Real Au- 

Acosta dice que el hermano ma- diencia afirma que el hermano 

yor.del Inca, le sucedía en el tro- sucedía á falta de hijo. I>«c. da 

no con prefbreama al hi|b. (lib. 6, la And. R^., MS. 



íiO COiNQUlSTA EL PBBÜ. 

ra los Peruanos la ventaja de asegurar un here- 
dero para la corona, de la raza pura celestial sin 
ninguna mezcla de barro terreno. ^"^ 

Desde muy joven se ponia al príncipe en ma- 
nos de los amantas ó sabios, como se llamaban 
los maestros de las ciencias entre los Peruanos, 
quienes le instruían en los mismos ramos de sa- 
ber que ellos poseian, y sobre todo en el compli- 
cado ceremonial de su religión, en que luego ha- 
bia de tomar una parte tan distinguida. Ponía- 
se también gran cuidado en su educación mili- 
tar, ramo de la mayor importancia en un esta- 
do, que con todas sus protestas de paz y de 
amistad estaba siempre en guerra para aumen- 
tar su poder. 

En^ esta escuela militar se educaba con los In- 
cas nobles de su misma edad, pues el nombre 
sagrado de Inca, origen de. no poca oscuridad eix 
sus anales, se aplicaba indistintanu^nte á todos 
los descendientes por línea masculina del funda- 
dor de la monarquía. ^ A los diez y seis años 
sufrían los discípulos un examen publico, dirigi- 
do por los Incas mas aní^ianos é ilustre», antes 
de ser admitidos en lo que puede llamarse la or- 

27 **£í sóror et conjux'^ — Se- del siglo XV. (Relación Prime- 

gun Garcilaso, el heredero pre- ra, MS.) Sarmiento, sin embar- 

guntívo se casaba siempre con go, confirma la estraña asevera- 

ima de sus hermanas. (Com. cion del historiador de los Incas. 

Real., Parte 1, lib. 4, cap. 9.) Relación, MS., cap. 7. 

Oudegardo refiere esto como una ^ Garcilaso, Com. Real^ 



mno 



jVacioñ introducida á fines Parte 1, lib. 1, cap. 



LIBRO I. CAPITULO I. 21 

den dé caballería. Mandábase alos candidaito» 
qae manifestasen su valentía en los ejercicios 
atlétioos de un guerrero, en la lacha y el pugila-' 
to, en correr distancias tan largas que exigiesen 
el empleo de toda su agilidad y fortaleza, en rí-^ 
garosos ayunos de muchos días» y en combates 
simulados, de los cuales, aunque se hacian con 
armas embotadas, resultaban siempre heridas, 
y muertes algunas veces. Durante esta pruebar 
que se continuaba duraste treinta dias, el real 
novicio no lo pasaba mejor que sus camaradasy 
9ÍBO que dormía en el duro suelo, andaba descaí-' 
zo y usaba un vestido común; método de vida 
que sé c»ia debía inspirarle sentimientos de hu-^ 
manidad hacia los pobres y desvalidos. Con to^ 
do este aparato de imparcialidad, es muy pro- 
bable que no será una injusticia el suponer, que 
los jueces, aunque no fuese mas que por un dis«^ 
creto principio de cortesía, descubrián y apre- 
ciaban con mas facilidad el verdadero mérito del 
heredero presuntivo, que el de cualquiera otra 
de sus compañeros. 

Concluido el tiempo señalado, los candidatos 
que se considemban dignos de ser admitidos á 
loe honores de su bárbara caballería^ eran pre- 
sentados £^1 soberano, quien se prestaba 6 tomar 
una parte principal en la ceremonia de la inau- 
guración. Comenzaba pronunciando un breve* 
discurso en el que después de felicitar á los io- 



22 CONQUISTA DBL PBRÜ. 

venes aspirantes por los adelantos que habiaa 
manifestado en los ejercicios marciales, les re- 
cordaba la responsabilidad qne traian consigo su 
nacimiento y su posición, y dándoles cariñosa- 
mente el título de ''hijos del Sol," les exhortaba 
á qae imitasen á su ilustre progenitor en su glo- 
riosa carrera señalada con mil beneficios para la 
humanidad. Los novicios entonces se acerca* 
ban uno á uno y se arrodillaban delante del In- 
ca; éste les atravesaba las orejas con un punzón 
de oro, el que se dejaba en la herida hasta que 
hacia una abertura bastante grande para qqe ca- 
rpiesen los enormes aretes, distintivo de la or- 
den, y que fueron causa de que los Españoles les 
llamasen arrimes. ^ Los que usaba el soberano 
eran tan pesados, que hacían crecer el cartílago 
hasta llegar cerca de los hombros, cosa que pa- 
recía una deformidad á los ojos de los Españo- 
les, y que la mágica influencia de la moda hacia 
que los naturales mirasen como una belleza. 

29 "Los cabaUeros de la san- *'La hacen tan ancha como una 
gre Real teman orejas horadadas, gran rosca de naranja; loe Seño- 
y de ellas colgando grandes ro- res y Principales traian aquellas 
detes de plata y oro: llamáronles roscas de oro fino en las orejas*' 
por esto los orejea los CasleUa- (Conq. i Pob. del Piru, MS. — 
nos la primera vez que los vie- También Garcilaso, Com. Real., 
ron** (Montesinos, Memorias Parte 1, lib. 1 cap. 22.) "El 
Antiguas Qiatoríales del Perú, que mayores las tenia*' dice uno . 
MS., lib. 2, cap. 6.) £1 adorno de los Conquistadores, "era mas 
qué era en forma de rueda, y tan gentil hombre entre ellos.** Pe- 
grande como una naranja, no dro Pizarro, Descub, y Conq» 
colgaba de la oreja sino que es- MS. 
taba embutido en el cartílago. 



LIBRO I.— <JAPITULO I. 28 

Terminada esta operación, uno de los nobles 
mas respetables, colocaba en los pies de los can-^ 
didatos las sandalias que usaba la orden; cere- 
monia que nos recuerda la de caizar las espue- 
las entre los caballeros cristianos. Se les per*^ 
mitia entonces que usatsen el ceñidor o bajada 
correspondiente á la toga viriU» de los Romanos, 
y denotaba que hablan llegado á la edad viril. 
Coronábanlos con guirnaldas df ílores, que en 
sus variados colores simbolizaban la humanidad 
y clemencia que deben adornar al guerrero, y 
mezclaban siemprevivas entre las flores, para in- 
dicar jue estas virtudes deben di^irar eterna- 
mente. ^ El príncipe llevaba ademas otro ador- 
no en la cabeza, que consistía en una franja o 
fleco amarillo que le rodeaba la frentq, hecho de 
la mas fina lapa de vicuña, y era el distinitivo par- 
tií^ular del heredero presuntivo. Venia luego to- 
do el cuerpo de la nobleza inca, y comenzando 
por el pariente mas cercano, se arrodillaban to- 
dos delante del príncipe y le prestaban homena- 
ge como á sucesor de la corona. Toda la reu- 
nión marchaba en seguida á la plaza principal, 
en donde con danzas, canciones y otros regoci- 
jos públicos se terminaba la importante ceremo- 
nia del huaracu. ^^ , 

30 Garoiiaso, Cam. Real., Seguia Féráandéz, los eaii¿« 

Parte 1, lib. 6, cap. 37. datos llevaban camisas blaQcag 

31 Ibid., Parte 1, lib 6, cap. con una co^ a como cruz bordada 

24-28. cu 1 1 poiie delantera* (Historia 



at CD3ÍCIÜISTA DEL FKItÜ. 

Lavsemejaliza que se enouentra entre estas ee^ 
iremonias y las qae se usaban para armar á w 
caballero cristiano de la edad media^ parecerá al 
lector menos sorprendente si reflexiona, que ta*» 
les analogías pueden encontrarse en las institu- 
ciones de pueblos diversos mas órnenos civfli- 
todos, y que es muy natural^ que naciones cuya 
principal ocupación es la guerra, señalen la épo- 
ca en que termina la educación preparatoria del 
guerrero^ con ciertas ceremonias adecuadas. 

Salido con honor dei esta prueba el heredercí 
presuntivo, ya se le consideraba digno de tomar 
asiento en el consejo de su padre^ y se le dabatí 
empleos de confianza deírtfo del reino, o mas 
generalmente se le despachaba á espediciones 
distantes para qüe^msiese en práctica en la» 
campos las lecciones que hasta entonces sola 
había estudiado en los combates simulados. Ha- 
cia sus primeras ariñas baja las órdenes de los 
mas famosos capitanes que habian encanecida 
en el servicio de su padr'e^ hasta que cuando ha- 
bla ya adelantado en años y en esperiencia, se 
le entregaba el mando, y como tíuayna Capac^ 
él ultimó y mas ilustre vastago de esta estirpe, 
.llevaba la bandera del arco-iris, que era la divi- 
sa de su casa,* mas aflá de los limites del ímpe- 
ttOy hasta la« mas lejanas tribus de la mesa. 

del PerUi (Sevilk, 1571,) Parte ceremoiim de caballería de I^ 
if Ub. 3y cap. &.} Casi bos llega- edad media.* 
figurar q^e se trata de ui» 



LIBRO í.— dAPÍTÜLO í. f$ 

El . gobierno del Pe rü era uq despotismo sua- / 
Ve en su carácter, pero paro y rigoroso en sa / 
forma. El soberano estaba colocado á una altu« 
ra inmensa sobre sus subditos. Hai^ta el mas or*/ 
guUoso de los nobles Incas^ que se tenia por 
descendiente de la misma divinidad que él, nó 
podía comparecer ante au presencia^ sino des^ 
calzo y con una ligera carga sobr^ sus hombros 
en muestra, de sumisión* ^ Como representante 
del solf era la oa1>eza del sacerdocio, y presidia 
las principales festividades religiosas. ^ Levan*- 
taba ejércitos y comunmente los mandaba en per«- 
86na. Imponía contribuciones, hacia las leyes 
y cuidaba de su observ^ineia^ nombrando jueces 
.que cambiaba ¿ su placer^ Era la fuente y orí^ 
gen de todas las cosas, de todo nxando, dignidad 
y aprovechamiento. En una palabra» y para usar 

3^ SmniM, Ctntq* éel Psirü» 33 Bolo presidia una, y estd 
Itb. 1, cap 11. — Sanniento, Re- no autoriza la absoluta de CarU, 
ilición, MS., cap. 7. de que la autoridad real y la sa- 
^Pov^iie verdiiderameiite t lo eerdotid estabiai uliidtt en el P^ 
que yo he averiguado, toda la ' r6. Después veremos cuál em 
pretensión de los íilgas fu6 una la posición importante 6 indepen- 
eubjeccion en toda 1* ^ttte, qlial cUeitte qaH bctt^abü el sumo sa- 
yo nunca he oído decir de nin- cerdote. **he sacerdoce, et l'Em- 
guna otra nación en tanto grado, pire étaient divises au Mexique», 
que por muy principal que un au lieu qu'ils étoient reunís aq. 

• señor fueáe, 4eii<Íe que entrává l*érou, lorsqu ' Angaste jetta Iw^. 

cerca del Cuzco en dierta señal fondemens de l'Empire, en y réu^ 

qña eslava puasf a m cada cami* nissant le sacerdoce á la dignit^ 

no de quatro qjie hay» Havia den- de Souverain Poutife,** Lettres 

dp ajjí de yeñir jcárgado hasta la Araéricaines, (Psjris, 1778,) trad, 

/ pX^sex^tiA del tuga, y allí dejaba franc., tom, 1, let, 7. 
iá ÁdjfgQ, y ^aeia m ^Mknciü,'^ 
(^degardo. Reí. Prlra., MS. 

I. 5 



J6 CONQUISTA DEL PERÚ. 

de la conocida frase del déspota europeo, **el 
Estado era él." 34 

El Inca cuidaba de manifestar la superioridad 
de su naturaleza, ostentando una magnificencia 
en su modo de vivir míiy propia para deslam- 
brar á su pueblo. Su vestido era de finísima la- 
na de vicuña, ricámentfe teñida y adornada con 
gran cantidad de oro y piedras preciosa a. Ro- 
deábale la cabeza una especie de~ turbante dé 
muchos colores, llamado 7¿¿»iim, y como insignias 
de la magestad, una faja como la que usaba el 
príncipe; pero de color carmesí, sobre la cual se 
elevaban dos plumas de un raro y cdrioso pája- 
ro llamado caraquenqúe, que solo se encontraba 
en un pais desierto situado entre las montañas. 
Era delito capital matarlos o cogerlos, pueía^ se 
reservaban con el esclusivo objetó de ádornairla 
cabeza del soberano. A cada liuevo monatca se 
le destinaba un nuevo par de plumas, y sus cré- 
dulos subditos estaban muy persuadidas 4e.qae 
solo dos individuos de la especie habian sido 
criados, para proporcionar esle sencillo adorno 
á la diadema délos Incas. ^ 

34 "Porque, el Inga daba á mili Indios, no habia ninguno en 

^entender que era hijo del sol, con su Reino que le osase decir que 

este titulo se hacia adorar, i gó- no lo hiciese" Conq. i Pob. del 

bernaba principalmente en tanto Piru, MS. 
grado que nadie se le atrevia. i 35 Cieza de León, Crónica, 

su palabra era ley, i nadie osaba cap. 114.— Garcilaso, Com. Real. , 

ir contra su palabra ni voluntad: Parte 1, lib. l,cap. 22; lib. 6, cap. 

aunque obieee de . matar cient 28. — Apolla, lib. 6, cap. 12- 



LIBRO i. CAPITULO I. 27 

Aunque el monarca-Peruano era tan superior 
al mas encumbradode sus subditos, á veces con- 
sentía ett mezclarse con ellos, y se tomaba gran 
trabajo en informarse por sí mismo del estado 
de la clase pobre. Presidia algunas de las fes- 
tividades religiosas, y en tales dias daba un con- 
vite á los principales individuos de la nobleza, 
y les obsequiaba,- según la costumbre de paises 
mas civilizados, bebiendo á la salud de aquellos 
que deseaba honrar mas señaladamente. ^ 

Pero el medio mas eficaz de que se valían los 
Incas para ponerse en contacto con su pueblo, 
eran sus peregrinaciones por todo el imperio. 
Hacíanse con gran pompa y magnificencia, de- 
jando pasar de una á otra varios años. Una nu- 
merosa escolta iba custodiando la litera o silla 
de manos en que? caminaban, toda cubierta de 
oro y esmeraldas. Dos ciudades designadas de 
antemano, tenían obligación de enviar los hom- 
bres encargados de llevarla, y á la Vt-rdad que 
no era empleo muy codiciable si, como dicen, 

36 Na era de esperarse que tre ocho y nueve de la mañana, 
se encontrara entre los Indios de y al ponerse el sol, lo que en el 
América esta cariñosa costumbre Cuzco se verificaba poco mas 6 
de nuestros antepasados loe Sa- menos á la misma hora en todas 
jones, que las caprichosas inno- las estaciones. El historiador de 
vaciones de la moda han hecho los Incas confiesa que aunque 
caer algo en desuso. Garcilaso eran moderados en el comer, no 
describe difusamente el ceremo- se iban á la mano en las copa?, 
monial que. se observaba en la pi^olongándose á menudo el fes- 
mesa del rey. (Com. Real., tin hasta muy entrada la noche. 
Parte 1, lib. 6, cap. 23) Las ho- Ibid., Parte 1 , Ub. 6, cap. 1 . 
ras de comer eran únicamenfe en- 



28 CONQUISTA DEL PÉRU. 

una caída era castigada de muerte. ^'^ Camina- 
ban con comodidad y ligereza, deteniéndose en 
los tambos o posadas construidas por el gobierno 
á la inmediación de los caminos, y á veces en 
los palacios reales, los que en las ciudades gran- 
des proporcionaban alojamiento suficiente para 
toda la comitiva del monarca. El pueblo forma- 
ba valla á los dos lados de los hermosos caminos 
que atravesaban la tierra llana, y quitaban de 
ellos las piedras y basuras, regándolos con flo- 
res aromáticas, y disputándose él honor de llevar 
de un pueblo á otro el bagaje. El monarca se 
detenia de cuando en cuando para escuchar las 
quejas de sus subditos, d para arreglar algunos 
puntos que habían dejado á su decisión los tri- 
bunales ordinarios. Cuando la regía comitiva 
marchaba por los estrechos pasos de las monta- 
ñas, se agolpaban los espectadores ansiosos de 
atisbar siquiera á su soberauQ, y coando levanta- 
ba las cortinas de su litera y se descubría á sii 
vista, se llenaba el aire de aclamaciones en que 
le deseaban toda suerte de prosperidades. ^ La 

-37 "In Icctícá, áureo tábida- piir,1567,fol.37.)-Zarate, Conn. 

to constratá, humeris fercbant; del Peni, 1 ib. 1, cap. lí. 

ín summá, ea erat observantia, Según este escritor los nobIc>s 

vt vultum ejus intueri máxime llevaban la litera, y habia mil de 

íncivile putarent, etinterbaiulos, ellos elegidos espresamente para 

• -quicunque vel leviter pede offeu- este humillante honor. Ubi supra. 

so hajsitaret, e vestigio ínterfice- 38 Las achunaclones debían 

rent." Levinus Apollonius, De rer sin duda tremendas, ai, como 

Peruvise Regionis Inventione, et dice Sarmiento, hacían á veces 

Rebus iiieAdcm |;est¡s, (Ant\'ei:- caor dpi cielo Jas aves. *'De ^g» 



LIBRO I. — CAPITULO I. 29 

tradición conservaba por largo tiempo, la memo- 
ria de los lugares eri que se detenia, y el senci- 
llo pueblo los miraba con reverencia como luga- 
res consagrados por la presencia del Inca. ^ 

Los palacios reales eran magníficos, y lejos 
de haberlos solo en la capital y en algunas de 
las principales ciudades, lo.s tenían distribuidos 
por todas las provincias de su vasto imperio. ^ 
Los edificios eran bajos; pero cogian una gran- 
de estension de terreno. Tenían algunas habi- 
taciones espaciosas, bien que la mayor parte 
eran pequeñas, y no se comunicaban entre sí, 
sino que todas tenian la puerta o un patio co- 
mún. Las paredes se componían de trozos de 
piedra, semejantes á los empleados en la forta- 
leza del Cuzco, de que ya se ha hablado, sin re- 
labrar, mas que en los costados que tocaban á las 
otras piedras, y esto con tanto primor, que ape- 
nas podian descubriré^ las junturas. Los techos 
eran de madera o de juncos, y han sucumbido á 
la acción destructora del tiempo, que ha respe- 
ta manera eran taa temidoa los puede ver el lector en el n? 1 
Reyes que si salían por el rey- del Apéndice, 
no y permitían alzar algún pa- . 39 Garcilaso, Com. Reat, 
no de los que iban enjas andas Parte I, lib* 3, cap. 14;— tib. 6 
para dejarse ver de sos vasallos, eap. 3,— Zarate« Conq. del Pera, 
alzaban tan gran alarido que ba- lib. 1, cap 11. 
£ian caer las aves de lo alto don- 40 Velasco ha dicho algo de 
. de iban volando á ser tomadas ú varios de estos palacios situados 
manos" (Relación, MS^ eap. en diferentes puntos del Reino 
10.) £1 mifuiio autor ha dado en de Quito. Hist. de Quito, tonl. 
otro lugar una relación mas creí- J. pp. 196—197.. 
bb de las marchas reales,^ que 



30 CONQUISTA DEL PEtlü. 

lado algo mas las paredes de los edificios. £1 
carácter del todo parece haber sido mas bien la 
fuerza y solidez, que.iin deseo de ostentar elegan* 
cia artística. ^^ 

Mas cualquiera que fuese la falta de elegancia 
en el esterior de las mansiones reales, quedaba 
mas que compensada por el lujo del interior, 
donde los príncipes peruanos ostentaban toda su 
opulencia. Las paredes de los aposentos esta- 
ban c:isi cubiertas de adornos de oro y plata. 
De trecho en trecho se veian colocadas en los 
nichos hechos al intento, varias imitaciones de 
plantas y de animales, curiosamente trabajadas 
de los mismos metales, y hasta en la mayor par- 
te del ajuar, inclusos los, utensilios destinados á 
los usos mas comunes, desplegaban la misma 
magnificencia. *^ Mezcladas con estos vistosos 
adornos, se Teian ricas telas de colores de la mas 

41 Cieza de León, dr^nica, do «re oro y plata, y esto no en 
cap. 44. — ^Antig. y Monumentos un lugar y en una parte lo tenia, 
del Perú, MS. — Véanse, entre sino en muchas." (Sarmiento, 
otras, las descripciones de las ruí- Relación, M8., tKp¿ 11.) Vean* 
ñas que existen de los edificios se también las brillantes descríp- 
reales de Callo, die% leguas al clones de los palacios de Vílcae, 
Sur de Quito, que han hecho, al O. del'Cuzco, que hace Cieza 
.prknero UHoa (Voyage tó S. de León, según le contáronlos 
America, b. 6, ch. 11,) y después Españobs que los vieron en to- 
cón mas esmero Humboldt Yues - do su esplendor. (Crdiiica, cap. 
des Cordilléres, p. 197.) S9.) Los viageros modernos ha- 

42 Garcilaso, Com. Real., cen mención de los nichos que 
Parte 1, lib. 6, cap. 1. todavía se ven ^i las paredes^ 

''Tanto que todo el servicio de (Humboldt, Yues des CordiHé- 
la casa del Rey asi de cantaras res. p. 197.) 
para bu vino, como de c4>cifuif te- 



LIBRO i. — CAPITULO I. 81 

selecta lana del Perú, y de tan bella apariencia 
que los soberanos españoles, con todo el lujo de 
Europa y de Asia á su di¡$posicion, no se desde- 
ñaban de usarlas, ^^ La servidumbre real se com- 
ponía de una multitud de criados que enviaban 
las ciudades y pueblos de las cercanías, las que, 
como en Méjico, tenían obligación de proveer al 
monarca de leña y otros narios artículos ca^a «I / 
consumo del palacio. -: ' . / 

Pero ningún lugar agradd tanto á los Incas f ' / 
para s<i habitación como el valle de Yucay, á co- 
sa de cuatro leguas de su capital. En este deli- 
cioso valle, encerrado entre los ramales de la 
sierra, que le protegían contra las molestas bri- 
sas del Este, y refrescados por limpias fuentes y 
claros arroyuelos, edificaron sus mas hermosos 
palacios. Cuando se fastidiaban del bullicio y 
del polvo de la ciudad, gustaban de retirarse allí 
á disfrutar de la compañía de sus concubinas fa- 
voritas, paseando por entre bosques y jardines, 
y aspirando sus perfumes que embriagaban los 
sentidos, y convidaban los miembros á un volup- 
tuoso descanso. AIIk también venían á gozar de 
sus lujosos baños, surtidos por aguas cristalinas 
que corrían por canales de plata á recogerse en 

43 '*La ropa de la cama toda las han traído para la cama del 

era de maiitin, j fregadas de lana fiey Don Phelipe Segundo" Crar- 

de YicuSa, qne es tan fina, j tan cilaso, Com. Real., Parte 1, lib. 

regalada, qne entre otras cocos 6, cap. 1. 
preciadas de aquellas tierras, se 



32 CONQUISTA DEL PEEU. 

depósitos de oro. Los espaciosos jardines esta- 
ban cubiertos de innumerables plantas y flores, 
que crecen sin trabajo en esta región templada de 
los trópicos, y á suí lado se veian cuadros desti- 
nados á una vegetación mas estraña, en donde 
^ lucian todos los diversos productos del reino ve- 
getal diestramente imitados en plata y oro! En- 
tré ellos se hace mención particular del maíz, el 
grano mas hermoso de la América, y se lalaba la 
destreza del artífice, que dejaba entrever en.me- 
dio de las anchas hojas de plata la maizorca de 
oro, y la delicada barba de la misma materia que 
flotaba con gracia en su estremidad. ^* 

Si esta deslumbradora piotura jKirece increí- 
ble á alguno de los lectores, tenga presente que 
las montañas del Perú brotaban oro; que los na- 
turales conocian el arte de trabajar las minasen 
grande; que ningún metal se convertía en mone- 
da, como después veremos, y que todo iba á pa- 
rar á manos del soberano, para que le emplease 
en provecho suyo, fuese en objetos de utilidad ó 
de lujo. Lo cierto es que no hay hecho mejor 
asegurado por el testimonio unánime de los mis- 
mos conquistadores, que tenian sobrada ocasión 

44 GarcUaso, Com. Real., pleada en tcNs edj&áw reai€« d« 

Parte 1, lib. 5, cap. 26; lib. 6, cap. - Tambo, en un valle no lejos de 

2. — Sarmiento, Relación, Ms., Yucay. (Ubi supra.) Los Es- 

.cap. 24. — Cieza de León, Cr6- pañoles son muy esciuables eti 

uica, cap. 94. haber demolido tales edificios , si 

Este último escritor habla de alguna vez llegaron á dar con 

mía mezcla en que elitraba una éllq\ 
parte de oro liquido, y fué em- 



LIBRO I.— CAPITULO I. 33 

de informarse! y ningún motivo de desfigurar los 
hechos. Los poetas italianos en sus pomposas 
pinturas de los jardines de Alcina y Morgana, se 
acercaron á la verdad mas de lo que se figuraban^ 

Lo que sí deberá sorprendernos es el saber 
que esta riqueza que ostentaban los príncipes 
peruanos era tan solo la que cada uno habia jun- 
tado para su uso. Nada recibian por herencia 
de sus antepasados. A la muerte de un Inca, sus 
palacios eran abandonados; todos sus tesoros, es- 
cepto lo que se gastaba en los funerales, sus 
muebles y sus vestidos, se quedaban como él los 
habia dejado, y todas sus habitaciones, menos 
una, se cerraban para siempre. El nuevo sobe- 
rano debia procurarse de nuevo todo lo necesa* 
rio para sostener el brillo de la dignidad real, 
fil motivo de esto era la creencia popular de que 
el alma del difunto monarca volvería, pasado al- 
gún tiempo, á reanimar el cuerpo, y deseaban 
que á su vuelta encontrase listas para recibirle 
todas aquellas cosas de que habia usado en vi- 
da. « 

Cuando moría un Inca, o según ellos decian^ 
*^ra llamado á las mansiones de su padre el 
Sol," *^ se celebraban sus funerales con la ma- 

45 Acosta, libu 6, cap. 12.— que moría en la batalla iba á ha^ 
Garcilaso, Gom. Real., parte jl, cer compañía al sol en su lucienv 
Ilb. 6, cap. 4. te carrera por el e¿»pijM;io. (Véa- 

46 Los Aztecas creían tam- se la Conquista de México, lib. Z 
U!en qne el alma del i^uerrero cap. 3.) 



34 CONQUISTA DEL PERÚ, 

yor pompa y solemnidad. Se extraían al cadlt- 
ver las entrañas, y se depositaban en el templo 
de Tampu, á cinco legnas de la capital. Con los 
cuerpos se enterraba una porción de joyas y va- 
jilla, y muchos de sus domésticos y concubinas 
favoritas, eran inmolados sobre su sepulcro. A 
mil llegaba á veces, según dicen, el numero de 
estas víctimas. *^ Algunas de ellas manifesta- 
ban la natural repugnancia á sacrificarse que en 
ciertas ocasiones se ha visto en la India en las 
víctimas de una superstición semejante; pero és- 
tos serian tal vez los criados inferiores, pues 
se verifico mas de una vez que las mugeres se 
diesen la muerte á sí mismas, cuando se les im- 
pedia atestiguar su fidelidad por este sacrificio 
conyugaL A esta triste ceremonia seguia un 
luto general ^ todo el imperio. Durante un 
año se reunia el pueblo en dias. señalados, para 
renovar las demostraciones de su dolor; hacían- 
se procesiones en que se llevaba el estandarte 
del perdido monarca; nombrábanse poeta»y tro* 
vadores que conservasen la memoria de sus ha- 
zañas, y sus cantos continuaban repitiéndose en 
las grandes festividades á presencia del monar- 
ca reinante, estimulando de este modo á lo» vi- 
vos con el glorioso ejemplo de los muertos. *® 

47 Conq. i Pob. del Piru, les de Hiiayna Capac, el último 
MS.— Acosta, lib. 5, cap. 6. de los Incas antes de la llegada 

Según Sarmiento, cuatro mil de los Españoles. Relación, 
de estas víctimas (por fortuna se- MS*, cap, 65. 
rá tal vez una exageración) tcrT- "' 48 Cicza de I^eon, Crónica, 
mentaron el brillo dé los funer»- cap. e2L**Garcilaso, Com. Real., 



híJ^RO I. — CAPITULO I. 35 

El cuerpo del Ipca difunto era cuidadosamen- 
te embalsamado y conducido al gran templo del 
ISol en el Cuzco. Allí, al entrar en el venerable 
santuario, podía ver el monarca peruano Las efi- 
gies de sus reales progenitores colocadas en dos 
bilerasunas enfrente deotras; los hombres álade- 
recha, y sus consortes a la izquierda del grande 
astro de oro que brillaba en el fondo del templo. 
Los cuerpos, adornados con el trage real que ha- 
bian usado siempre, estaban sentados en sillas de 
oro, con la cabeza i)iclÍQáday las manos cruzadas 
sobre el pecho, la faz con su mismo color oscuro 
natural, menos sujeto á cambiar que el tinte nías 
elaro del europeo, y su cabellera de ébano d de 
plata, iBégun la edad á que habían muierto. Par 
recia nna reCtnion de fi!elea devotos, absortos en 
la contemplación divina; tan naturales eran ssus 
formas y perfecta su coiiá^ervacion. Los Pema* 
nos fueron tan afortunados coma los Egipcios, 
cm el triste empeño de prolongar la existencia 
de los cuerpos mas allá de los límites que les ha 
señalado la naturaleza. *^ 

.Parte 1, lib. 6, cap.5.— Sannien- gardo corregidor del Cuzco des- 

to, Relación, MS., cap. 8. cubrió cinco de ellas, tres hombres 

49 Ondegardo, Reí, Prim., ydosmugeres. Los primeros eran 

MS. — Garcilaso, Com. Real., los cuerpos de Viracocha, del 

Parte 1, lib. 5, cap. 29. gran Tupac Inca Yupanqui, y 

Los Peruanos escondieron des- de su hijo Huayna Capac. Gar- 
pües de la conquista estad mo- cilaso las vio en 1560. Estaban 
jnias de sus soberanos, para que .cubiertas con las vestiduras rea- 
Ios Españoles no las profanasen les, sin mas insigcias que el Uau- 
con sus insultos. Sicndg Onde- fu en la cabeza, sentados, y co- 



36 CONQUISTA DEL PÉRÜ* 

Alimentaban ana ilusión mas estravagante to* 
davía en los cuidados qae les merecían estos 
despojos insensibles^ como si aun la vida les ani« 
mase. Una de las casas pertenecientes al difun" 
to Inca se conservaba abierta j ocupada por su 
guardia y servidumbre, con toda la pompa cor* 
correspondiente á la magestad. En ciertas y 
determinadas festividades, los venerandos cuer* 
^os de los soberanos eran sacados con gran ce- 
remonia á la plaza publica de la capital. £1 res'- 
pectivo capitán de guardias invitaba á todos los 
nobles y oficiales de la corte, y preparaba ban* 
X quetes á nombre de «u amo, en que desplegaba 
pi:^fasaiiiente toda la magnificencia de sus teso-» 
ros y "tal riqueza,*' dice un antiguo cronista, "ha- 
bía en esta ocasión en la plassa del Gnzco, en 
oro, plata y pedrería, como no la vio ninguna 
otra ciudad del mundo." ^ El banquete era ser* 
vido por los criados de las casas respectivas, y 
los convidados participaban del ftinébre festin 

mo 61 dice ^^ny al vivo, sin fat- ta %iie los vio pausados ya veit^ 

tarleíi siquiera tufl cabello ni una anos, los pinta todavia ea nn e»' 

pestaña." Cuando las llevaban tado de perfecta conservación, 

por las calles envueltas en nn^ 50 ^'Tenemos por muy cierto 

manta, para tüayor decencia, los que ni en Jerusatem, Roma, ni 

indios se arrodillaban en seña] en Persja, ni en ninguna parte 

de veneración, con muchas lá. del mundo, por ninguna repábli- 

¿rimas y sollozos, y aun se con* ca ni rey de él, se juntaba en un 

llovieron mas cuando vieron ngar tonta riqueza de metales do 

quitarse las gorras á varios eepa- oro y plata y pedrería como en 

fióles en prueba de respeto á los esta plaza del Cuzco; quando es- 

4ue fueron monarcas. (Ibid., ubi tls fiestas y atrás semejantes sé 

süpra.) Los cuerpos se Uevarotí haciaü.'^, ^artílíento, KeAacióqf^ 

d «spues á Lima; y el padre Acos- ttd.^ cap. 27, 



€ti presencia del real Cadáycr con tanta exacti- 
tud en el ceremonial díe la corte, como si el mo-» 
narea vivó lo presidiese. ^^ 

La nobleza del Perii se (íividia en do^ ordenes^. 
El primero y mas importante era el de los Incas^ 
que cotno se gloriacban de descender del mismo 
origen qa€ sa soberanfó, gozabaíí de uff refleja 
de stt gloria^ dortío lo» mfonartós pferüanos se 
aprovechaban con toda franqueza del dertecto 
de po^ligarniiay dejaban una posteridad de cieftta 
f á vetíes doscietitos hijosj^así poesy los nóbletf 
de sanare reatíf aunque tío se édmíprcfíifdiesén mai» 
Qníe los desiirendiefítes por íinéai rtíasculina,- llegan 
íotf á se'r €(ín el tiénpo muy numerosos. ^ &0 

51 ídem, Relacíbif, AÍS/, cap. 52 Garcilata^dic'e que mas ¿sí 

^f 527.- — ^^Ondégardo', Rél. Seg., trescientos. Tal número, aoií»' 

MS. qué al |»r0nto asusté, n^ es ia* 

Per6 según Sarmiento solo' sé créible, di, cémé Huajna Ca^' 

ifonralML dé este modo á los príñ- pac, tenían setecientas mugeres* 

éipés justos j taleréios, ''cuyas en su sé^hraDo. V/ Sarmiento, 

almas c^la el necio pueblo que Relación, MS,, cap. 7. 

|;ozában del cielo por suk Turát- 53 Gatcilésó üaémcioniii u¿fa- 

des, atmque 6ta cierto," segmi clase dé íncñBp&r privilegio, Á 

ttos asegura el mismo escrito^ quienes sé permiéauiBar del nom^^ 

^ue estaban ardiendo mientnEí tire y gozar dé muc^ de las in-' 

én los infiernos.*^ ''IKgd los (fue mnnidadés de los dé sangré' real/ 

^bieYído Bid(f en vida únenos y auÉniítié sol» déseeiidktf é4f Un' 

tldé^dsos, genérésoB con los In* grandes Tasáilos que sirvieron pri- 

dios en les hacer mercedes, per<f iHero á ISS ordénes de Mnnaf 

donadores de injurias, porque á Capáé. (Cdm. Réied., Parte 1, lib/ 

estos tales oanonizabiuDi en sa ce- 1, cap 22.) Sería de deseat que 

guedad por santos y honraban este hecho importante, á que Rtf 

sus huesos, sin entender que las refiere con frecuencia, se hallase 

ánimas ardún eta los infiernos, y confirmado siquiera por <ítn¿ tÉ^ 

éreian que estaban en el Áelo." tcmdaid. 
Aid,, ubi sapra. 

1 s 



88 CONQUISTA DEL FERU» 

dividían en diferentes ramas que remontaban su 
origen á un individuo diferente de la familia real, 
aunque ^odas venian á rematar en el divino fun- 
dador del imperio. 

Distinguíanse por muchos y muy importante» 
privilegios: usaban un traje particular: hablaban 
un dialecto propio de ellos, si hemos de creer á 
su cronista, ^ y tenian señalada para su manu- 
tención la mejor parte de las propiedades publi- 
cas. Los mas de ellos vivian en la corte cerca 
de la persona del príncipe, donde tomaban parte 
en los consejos y se sentaban á su mesa, d á lo 
menos comian de lo que el Inca les enviaba. So- 
lamente ellos podian desempeñar las principales 
dignidades del sacerdocio: se les daba el mando 
de los ejércitos y de las guarniciones distantes: 
eran los gobernadores de las provincias, y en su- 
ma, ocupaban todos los puestos de confianza y 
provecho. ^^ Hasta las leyes, tan severa» en su 
tenor general, parecen no haberse hecho para 
ellos, y el pueblo, haciendo participar á todo el 

54 "Los llagas tuvieron otra 55 ''Una sola gente hallo yo 
Lengua particular que hablavaA que era exenta; que eran los In- 
entre ellos, que no la entendían gas del Cuzco j por allí al réde- 
los demás Indios, ni les era licito dor de ambas parcialidades^ por- 
aprenderla, como Lenguage Di- que estos no solo no pagavui trí- 
vmo. Esta me escriuen del Pe- buto, pero aun comian de lo que 
ru, que se ha perdido totalmente, traían al Inga de todo el reino, y 
porque como pereció la repábli- estos eran por la mayor parte los 
ca particular de los Incas, pere- Govemador^ en todo el reino, 
ció también el Lenguage dellos.'* y por donde quiera que iban se 
Garcilaso, Com. Real., Parte I, les bacja mucha bonrra." Onde* 
líb. 7, cap. 1. gardo, Reí. Prim», M8. . * 

i 



LIBRO 1. — CAPlTül^ I. 90 

óráeu del carácter sagrado de que estaba inres- 
tfdo el soberano, consideraba que un noble Inca 
era incapaz de cometer un crimen. ^^ 

Formaban el otro orden de la nobleza los Ctt^ 
racas^ esto es, los caciques de las naciones eon- 
(inivstadas, o sus descendientes. Generalmente 
]ei3 dejaba el gobierno en sus puestos, y solo se 
les exigia que visitasen de cuando en cuando la 
capital, y que consintieran en que sus hijos fue- 
sen educados en ella como prendas de su fideli- 
dad. No es fácil definir la naturaleza y estension 
de sus privilegios. Su poder era mas o meno^ 
grande, según la estension de su patrimonio y 
el número de sus vasallos, y su autoridad pasa- 
ba de padres á hijos, aunque á veces el pueblo 
era quien escogia el sucesor. ^^ No ocupaban los 
jpuestos mas distinguidos en el gobierno, ni los 
inmediatos á la persona del soberano como los 
;}obles de la sangre real. Su autoridad era pu- 
ramente local y siempre subordinada á- la juris^ 
dicción territorial de los gobernadores de las 
provincias, que constantemente se elegían de en- 
tre los Incas. ^ 

56 i^Garcilaso, Com. Real., tre los hijos del difunto cuTd- 
Parte 1, lib. 2, cap. 15. . ca.— "En m¡n^" dice Ondégac^ 

57 Parece que en este caso do '^no habia un orden de suce- 
cra costumbre que el sucesor sion tan invariable que no pu- 
nombrado fuese prjBse&tado al diese ser cambiado á voluntad 
Inca para que le confirmase en del soberano." Kel. Frim., MS. 
BU <fignidad. (Dec. de la Aud. 58 Garcüa^o, Com. Real., 
Real., MS,) Otras veces el Inca Paite 1, lib. 4, cap. 10.— Sar- 
mismo escogia e) heredero de en- miento, Relación, MS., cap. 11. 



40 CONQUISTA DEL PERÚ. 

La nobleza Inca era sin dada la que consti' 
tuia la verdadera ftierza de la monarquía perua- 
na. Ligados á su soberano por los vínculos de 
la sangre, sus simpatías, y en gran parte sus in- 
tereses, eran comunes. Distinguidos del resto 
de los ciudadanos, tanto por su traje y distinti- 
vos particulares, como por su idioma y origen, 
nunca se confundieron con las otras tribus y na- 
ciones qñe se iban incorporando en la gran mo- 
narquía peruana. Después del transcurso de 
muchos siglos, todavía se distinguían de los otrq^ 
como un pueblo particular. Eran en aquel país 
para las razas conquistadas, lo que los Romanos 
para las tribus bárbaras delimperio ó lo que lois 
Normandos para los antiguos habitantes de las 
Islas Británicas. Reunidos en derredor del tro- 
no, formaban una falange invencible, que le pro* 
tegia, así contra la conspiracioh oculta como 
contra la insurrección declarada. Aunque su 
principal residencia era en la c^^pital, los había 
también distribuidos por toda la estension del 
país, en todos los empleois distinguidos y pun- 
tos fortificados, formando líneas de comunica- 
ción con la corte, por cuyo medio, la acción 
del gdbierno podía alcanzar á un mismo tiem- 
po á los puntos mas distantes del imperio. Dis- 
tinguíanse ademas por una superioridad intelec- 
tual, que no contribuía menos que su posición, 

— Dec. de la Aud. Real., MS.— 93.— Conq.. i Pob. del Piru, M?, 
Ciozfii áe hhon. Crónica, cap. 



CAPITULO I. — LIBRO I. 41 

á hacer que sn autoridad fuese respetada por el 
pueblo, y este era sin duda el mejor sosten de 
ella. Los cráneos de la raza Inca manifiestan 
una decidida superioridad en las facultades in- 
telectuales '^ sobre las demás razas del pais, y 
no puede negarse que este fué el origen de la 
civilización y adelantos sociales que elevaron el 
Perú á una preeminencia tan notable entre los 
demás pueblos de la América Meridional. De 
donde vino esta raza estraordinaria, y cual sea 
su historia primitiva, es uno de aquellos miste- 
rios que con tanta frecuencia se encuentran en 
los anales del Nuevo Mundo, y á cuya esplica- 
cion han contribuido aun tan poco el tiempo y 
los anticuarios. 

59 £1 Dr. Morton trae en su por cierte^ es mucho mayor que 
«preciable obra Tarios grabados el de los últimos, que es notable- 
de los cráneos de los Incas y de la meiite «|ado, é iadica «a escaso 
gente común del Pera, y se ad- éesarroUo intelectual- Crania 
vierte que el ángtdo facial de \6ñ fAmericana (Philadelphia, Í^J) 
primeros, aunque no muy grande 



OAPZTT7LO n. 



Clases del Estado. — Administración de Justicia. 

^^DlVlSlON DE LAS TiERRAS. ReNTAS Y ReGISTBO 

Civil. — Caminos reales y Correos. — Táctica Mi- 
litar, Y Política. 

Si la organización particular y única en su es- 
pecie, de la que puede llamarse la aristocracia 
peruana nos sorprende, nuestra admiración su- 
birá de punto conforme vayamos descendiendo á 
las clases inferiores de la república, y descubra- 
mos el artificio de sus instituciones, tan refinado 
como el de las leyes deja antigua Esparta, y aun- 
que por otro camino, tan repugnantes cofuo és- 
tas á los principios inseparables de nuestra na- 
turaleza. Licurgo, sin embargo, forma sus le- 
yes para un estado pequeño, al paso que las del 
Perú, aunque al principio se destinaron también 
para uno de igual clase, parecian poseer, como la 
tienda mágica de los cuentos árabes, una elasti- 
cidad sin limites, pues convenian del mismo mo- 
do al estado en su infancia que en su época mas 
floreciente. En esta aptitud, para acomodarse 
á los cambios de las circunstancias, se descubre 



LIBRO I- — CAPITULO 11. 43 

nna inventiva que indica no pequeños adelantos 
en la civilización. 

El nombre de Perú era desconocido de sus na- 
turales. Diéronselo los Españoles, y provino, 
ségun dicen, de haber entendido mal la palabra 
India, que significa "rio." * Sea como fuere, lo 
cierto es que los naturales no tenian otro nom- 
bre con que designar la multitud de tribus y na- 
naciones reunidas bajo el cetro de los Incas, que 
- el de Tavantimuyu, ó "las cuatro partes del mun- 
do." * Esto no debe coger de nuevo á un ciu- 
dadano de los Estados-Unidos, que no tiene otra 
denominación con que clasificarse entre las na- 
ciones, que la que toma de una de las partes del 
mundo. ^ El reino, según lo indicaba su nom- 
bre, estaba dividido en cuatro partes, conocidas 

1 PelUf según Garcilaso, es un traiisicion muy natural se corrom* 

nombre indio que significa "rio," pió después en Phiru, Piru, Pe- 

y lo-^HTofiri^ line de ios naturales ru! £1 primer libro de las Me- 

para responder á una pregunta morías, que comprende treinta j 

que le hicieron los españoles, dos capítulos, está destinado á 

• quienes se figuraron que este era tratar de tan precioso descubrí 

el nombre 4el país. (Com. Real., miento. 

Parte 1, lib. 1, cap. 6.) Seme- 2 Ondegardo, Reí. Prim.* 
jantes equivocaciones han da- MS. — Garcilaso, Com. Real., 
do origen á muchos nombre» de Part9*l, lib. 2, cap. 11. 
lugares, tanto en la América del 3 Sin embargo, un AmerUo' 
Norte como en la del Sur. Mon- no puede hallar alimento para su 
tesinos, sin embargo, niega que vanidad en la reflexión, de que él 
haya tal palabra india que signi- ha obtenido esdusivamente el 
fique "rio." (Mem. Antiguas, nombre de una de las cuatro par- 
MS., lib. 1, cap. 2.) Según es- tes del mundo habitada por tan- 
te escritor, el Perú es el antiguo tas naciones civilizadas. — ¿Pero 
Ophiry de donde sacó Salomón este nombre les fue concedido ó 
tantas riquezas, y que por una ellos se lo tomaron? 



44 . eoNaüiSTA del perú. 

por otros tantos nombres, á cada unade las cuales 
se dirigía uno de los cuatro caminos principales 
que partían del Cuzco, la capital ú ombligo de la 
. monrquía peruana. La ciudad se dividia asímis* 
mo en cuatro cuarteles, y cada raza de las varias 
que allí se reunian de los puntos mas distantes 
del imperio, vivia en el cuartel ntas cercano á su 
respectiva provincia. Todas continuaban usan- 
do su mismo traje provincial, de modo que era 
fácil conocer su origen; y así entre la heterogé- 
nea población de la capital como en las grandes 
provincias, se guardaba el mismo orden y regian 
las mismas disposiciones. iLa capital era verda- 
deramente una copia en miniatura del imperto^ 
Cada una de los provincias principales estaba 
á cargo de un yirey o gobernador, quien la re- 
gia con la ayuda de uno ó mas consejos para lo& 
diversos ramos. Los vireyes residian una parte 
del tiempo en la capital donde formaban uua es- 
pecie de consejo de estado del Inca. ' La na- 
ción se dividia en lo general en decurias o peque- 
ños grupos de diez personas; cada decurión o ca- 

4 Rid., Parte 1, cap. 9, 10. 5 Dec. de la Aud. Real., 

-r-Ciezade León, Crónica', c. 93. MS.— GarcUaso, Com. Real.» 

La capital se dividia ademas Parte 1, lib. 2, cap. 15. 
en dos partes, la alta y la baja, Esta noticia de los consejos la 
cnja división provenia, según di- debo á Garciláso, que mucha» 
cen, de que la población de cada veees llena los vacíos que dija- 
una de estas partes tenía un ori- ron sus colaboradores. Es dudo- 
gen diverso. También existia es- so si estos remiendos podrán re- 
ta dividen en las ciudades infe- sistir ka injurias del tiempo, con 
ñores. Ondegardo, Reí. Seg., -la misma firmeza que ^l resto ^ci 
M9«. la olíP»v 



LIBRO I.— CAPITULO II. 45 

beza de dee^tipria era superior á los otros nneve 
fnfiividuos^ y »a obligación consistía en cuidar 
tle que gozasen los derechos é inmunidades que 
les correspondían f pedir al gobierno que los au^ 
exiliase, si era necesario, y entregar los reos á ta 
;^usticia. Para que no anduviesen remisos en es- 
ta parte^ habia una ley que eh «aso de descuida 
les iiiiponia la misma pena que correspondía al 
culpable. Con esta ley encima, ya podemos fí^ 
guiarnos que no seria muy fácil burlar la vigi- 
laneiá de tín rriagistraáo del Perú. • ^ 

Dividíase ademas el pueblo en porciones de 
cincuenta, ciento, quinientos y mil íudividuos.r 
Cada división tenía su gefe á quien rcconoeiaUf 
los de inferior clase, y los de alta graduación 
gomaban de cierta autoridad en materias de po^ 
iicía. Por óltimo, todo el imperio se dividía en 
secciones o departamentos de diez mil habitan*' 
tes cada uno, con un gobernador escogido de en^ 
tre la nobleza Inca, á quienes estaban sujetos los 
curaca» y demás autoridades territoriales de stf 
demarcación. Habla adenim» en todas las ciudad- 
des y pueblos pequeños, tribunales ordinarios 
compuestos de magistrados que conocían dfe los* 
delitos leves, pues que los de mayor gravedad^ 

6. Déc. de la Aud. Real.^ i^n Jmndrtds y títhings! Pero' la 

MS. — llloiitesitios, Mem. Antí- ley sajona era mudbo mas hn- 

l^as, MS-, Ubi «; cap. 6.— Onde- mana, pues solo imponía una 

gardo, Rel..Prim., MS. multa al distrito en c(Ui» d»(^^ 

iQuc semejante era la división se ñiga$e~alg)in reo.- 
peruana, «^n la anglo-^ajona 



46 COiNQUISTA ܣL fERU. 

tocaban á los jueces superiores, que eran gene- 
ralmente los gobernadores o gefes de los distri- 
tos. Todos estos jueces tenían su autoridad y re- 
cibían su sustento de la corona, que los nombra- 
ba y destituía á su placer. Tenían obligación de 
terminar todo litigio di*.ntro de cinco días, con- 
tados desde que tomaban conocimiento de él. 
No había apelación de un tribunal á otro; pero 
se tomaban medidas eficaces para hacer que la 
justicia se adminístrase cumplidamente. Una 
comisión de visitadores recorría todo el reino de 
cuando en cuando, para informarse acerca del 
carácter y conducta de los magistrados, y cual- 
quiera falta o descuido acarreaba un castigo 
ejemplar. También se exigía á los tribunales in- 
feriores que mensalmente diesen cuenta de sus 
procedimientos á los superiores, y éstos infor- 
maban del mismo modo á los vireyes; de manera 
- que el monarca colocado en el centro de sus do* 
minios podía, por decirlo asi, tender la vista en 
derredor hasta sus mas remotos confínes, y des- 
cubrir y rectificar cualquier abuso que se intro- 
dujese en la aplicación de las leyes. ^ 
Estas eran pocas y escesivamente severas. 

7 Dec. de la Aiid. Real., MS. peruanos que-se enGuentran en 

— Ondegardo, Reí. Pñm. y Seg., las autoridades mas antiguas, son 

MSS. — GarcUaso, Com. Real., muy eseasas y no satisfacen al 

Parte 1, lib. 3, cap. 11-14. — historiador, y ni la íbcnnda ima- 

Montesinos, Mem. Antig., MS., ginacion de Garcilaso, ha alcan- 

lib. 2, cap. 6. zado á llenar este vacio. 

Las noticias de los tríbonales 



LIBRO I. — CAPITULO II. 47 

Casi todas pertenecían al ramo criminal, pues 
un pueblo que no tenia moneda, poco comercio, 
y casi nada que pudiera llamarse propiedad fija, 
necesitaba muy pocas leyes de otra especie* £1 
robo, el adulterio y el asesinato, eran delitos ca- 
pitales, aunque se señalaban prudenten^ente 
varias circunstancias atenuantes que hacian dis- 
minuir la pena. ^ La blasfemia contra el Sol, 
y el hablar irrespetuosamente del Inca; críme- 
nes que podian considerarse como de una mis- 
ma especie, eran castigados de muerte. El mu- 
dar las mohoneras, el interceptar el agua del 
vecino para introducirla en los propios terrenos, 
y el quemar una casa, se castigaba también se- 
veramente. El quemar un puente tenia pena 
de muerte, pues el Inca no consentia que se pu- 
siesen obstáculos á la prontitud de las comuni- 
caciones, tan esencial para la conservación 4^1 
orden público. Las ciuaades 6 provincias rebel- 
des eran asoladas, y estermiñados sus habitado- 
res. El rebelarse contra el ''Hijo del SoP' era 
el mayor de todos los crímenes. ® 

8 Ondegardo, Reí. Prím., de muerte. Con dificultad po- 

MS.-— Herrera, Hist. General, dría ponerse en ejecución esta 

dec. 5, lib. 4, cap. 3. ley^puesto que había en los sur 

El robo se castigaba con menos bnrbios de las ciudades un lugar 

severidad si el agresor lo habia destinado para habitación de las 

hecho para cubrir las necesida- prostitutas, 6 á lo menos se les 

des de la vida. Es una círcuns- permitía residir en ellos. Véase 

tancia singular que la ley del Pe- á Grarcilaso, Qom. Real., Parte 

r6 no hacia distinción entre la 1, lib. 4, cap. 34. 

simple fomi^^ion y d adulterio, 9 Saimiento, Relaeion, MS.« 

piles ambos delitos se cáfligabají cap. 3á; 



4fí CONQÜÍStA 1)ÉL PEÍtt. 

Podría parecer 6 primara vista qué íá netítí^ 
\\et y severidad del cddigo peraam) indicaban 
0n eniríáo social poeo aventajado^ en doinle no 
nt conocía €?«i conípplieíícioh de relaciones tf in- 
foreses/ que Hega á orearse eir on pueblo cirili*' 
Mdo, y que no hablan adelantado en la ciencia 
Ati la IcfifislaeíoTf lo 8u&!iente para íaíprender á 
ccotiomizar padecimientos á la humanidad, pro^ 
porcionando las penas á los delitos, l^ero las 
leyes del Perú no han de verse bajo el aspecto 
que consideramos las de otras naciones, fnno ba-' 
jo otro muy divcf^O/ Las leyes etnanaban del 
soberano, y ese soberano era d representante 
áe la divinidad, y en nombre de ella gobernaba:- 
por consiguiente, violar las leyes/ tío soíó eral 
un insulto á la magíístad, sino también un sacri- 
legio'. Mirada p<yr este lado, ía iñíenor ofensa 
níerecia la muerte, y pscrm la ñifayor ]i<^ podía ha- 
ber pena mas grave: ** Sfin embarga, en la aplí' 
éacion áe los castigos nxy n^mífestaban una crael- 
íad escesivá, tfi ácosfumrbraban prolongar lú 

"Y los traidores eirtrer ellos lia- nifíi^tíno.'' OndegardO; Reí. Prim*"' 

mava aueaes, i esta palabni es la MS. 

Aras abiltada de todas cuaalkspae- 10 ^castigo era rigiirosQ^qae 
den decir á un Indio 4el Perü'i por la mayor parte era de muer- 
que quiere dcteir traidor á su se- te, por liviano que fuese el delitA; 
dor," (Conq. i Pofa. del Per^, porque deziase que no los casti. 
K8.) ''£b las rebeliones y a];»-^ ganran por el delito que avian hc*- 
Dadentóis se hii^óli los castigos cho, ni por la ofensa agena, sino 
tan ásperos, que algunas veoes por haver quebrantado el manda- 
asolaron las provincias de tedot mientOi y rompido la palabra del 
'de ed»d mí ^edar laca» qve lo respectavan como á 



LIBRO I.---CAP1TÜLO II. 4& 

agonía de la víctima con esos esqaisitos tormén^ 
tos tan comunes entre las naciones bárbaras. *' 
Estas disposiciones legislativas pueden pare-* 
cernos muy incompletas y defectuosas, aun 
cuando solo las comparemos con las que tenian 
las razas semicivilizadas de Anahuac, en las que 
una serie de tribunnles de varias instancias y 
el derecho de apelación, prestaban una regular 
seguridad á la justicia. Pero en un pais como 
el Perú, en donde muy pocas causa» había qae 
no fuesen criminales, el derecho de apchicion 
era dé menos importancia. La ley era sencilla, 
su aplicación fácil, y siendo recto el juea habia 
tanta probabilidad de que el caso se senten- 
ciase equitativamente en la primera instancia 
como en la segunda. Ademas, la intervención 
" de la junta de visitadores y los informes i>eri<í* 
dicos de los tribunales, no eran pequeíHa garaii« 
tia de su integridad. La ley que exigía se dle» 
se la sentencia dentro de cinco dias, podría pa- 
recer poco conveniente para los complicados y 
difíciles trámites de nuestros tribunales moder- 
nos; pero en las sencillas cuestiones que se ofre* 
cian á los Peruanos, mayor dilación era inútil; 
y los Españoles que sabían bien los mai«a que 

Dios." Garciloso, C4>i» Real) P«r- otro sufrimiento quo la rergflon- 
te lih. 2f cap. 12. za que ocasionaba por lo que Me. 
11 £ca uno de los castigos Cnlloh le copsidera muy juHa- 
mas ccnuunes para las faltas lige- mente cpmo una prueba de deli- 
ras, el cargar una piedra en las cudeza y cultura, Researches, p. 



50 CONQUISTA DEL PERÚ. 

resultan de esos interminables pleitos en que el 
litigante victorioso queda no pocas veces arrui- 
nado, hacen grandes elogios de esta justicia ba- 
rata y espedita. ^^ 

Las leyes fiscales de los Incas, y las relativas 
á la propiedad, son la parte mas notable de las 
instituciones peruanas. Todo el territorio del 
imperio estaba dividido en tres partes; una para 
el Sol, otra para el Inca y la tercera para el pue- 
blo. Todavía está en disputa cual de las tres 
era la mayor. Las proporciones variaban consi- 
derablemente según las diversas provincias. La 
distribución se hacia siempre en verdad bajo el 
mismo principio general, según se iban agregan- 
do á la monarquía las nuevas conquistas; pero la 
proporción variaba según el mayor o menor nú- 
mero de población, y de la mayor o menor es- 
tension de terreno que por consiguiente se nece- 
sitaba para el sustento de los habitantes. '^ 

12 La Audiencia Real ie\ vemaeion del Inga, y' aun los 
Períí en tiempo de Felipe II (y Espafioles qne algo alcanzan de 
no puede haber mejor autorí- ella, es porque todas las cosas ri- 
dad)i atestigua en términos es- sodiehas se determinaban sin ha- 
presos lo barato y puntual de la cerles costas." Dec. de la Aud. 
administración de justicia de los Real., MS. 
Incas. "De suerte, que los vicios 13 Aeosta, lib. 6, cap. 15. — 
eran bien castigados y la gente Garcilaso, Com. Real., Parte 1, 
estaba bien sujeta y obediente; y lib.- 5, cap. 1. 
aunque en las dichas penas havia <<Si estas partes fuesen igua- 
escesoj redundaba en buen go- leí, ^6 qual fuese mayor, yo lo 
vierno y póHcia suya, y median- he procurado averiguar, y en 
te ella eran aumentados. . . Por- unaA es diferente de otras, y fi- 
que los Indios alababan la go- nalraénte, yb tengo entendido 



LIBKO I.— CAFITtLü H. 51 

Los productos de las tierras destinadas al Sol 
se empleaban en consefx'arlos templos, y en man- 
tener el costoso ceremonial del culto peruano 
con sa crecido número de sacerdotes. Las se- 
ñaladas al Inca servían para cubrir los diversos 
gastos del estado, para sostener el brillo de la 
pompa real y para la manutención de una nume- 
rosa servidumbre, y de toda su parentela. El 
resto de las tierras se dividía entre el pueblo ptr 
capitán en partes iguales. Mandaba la ley que 
todo peruano se casase en llegando á cierta 
edad, y cuando esto sucedía, el distrito en que 
habitaba le proveía de casa, las que, como se ha- 
cían de materiales ordinarios, flo costaban mu- 
cho. Señalábasele en seguida un pedazo de tier- 
ra que bastase para su manutención y la de su 
esposa. A cada hijo que nacía se le agregaba 
otra porción; pero siendo hija solo se le daba la 
mitad. Todos los años se hacia de nuevo la di- 
visión del terreno, y las posesiones del usufruc- 
taario se aumentaban 6 disminuían según el nú- 
mero de individuos de su familia. ^^ Lo mismo 
se observaba con los curacas, solo que atendí cu- 
que 8« hacia eonforme á la dispo- matrimonio, era, según Garcila- 
ncion de la tierra y á la eafidad go, ñmega y media de tierra. Otra 
de los Indios." Ondegardo, Reí. cantidad igual se agregaba por 
Prim.» MS. cada hijo yaron que nacia y la 

14 Ondegaido, Reí. Prím., mitad de ella por cada hembra. 
MS.— GarcÜBso, Com. Real., En el fecundo suelo del Perú era 
Parte 1, lib. 5, cap. 3. esta una ración muy suficiente 

La porción que se daba á cada pom rna fumilia. 



52 CONQUISTA DEL PBRU. 

do á la superior digoidad de que gozaban, se les 
señalaba una estension correspondiente. ^^ 

Una ley agraria mas completa y eficaz que es- 
ta no podria haberse discurrido. En los otros 
paises en que se ha establecido una ley de esta 
especie, no ha podido resistir por mucho tiempo 
á la marcha natural de los acontecimientos, y la 
mayor inteligencia y economía de unos, combi- 
nada con el desarreglo y prodigalidad de otros, 
han hecho que las cosas vuelvan á su curso or- 
dinario, y que ¿e restablezca la natural desigual- 
dad de fortuna». Hasta la férrea ley de Licurgo 
dejo de producir sus efectos pasado algún tiem- 
po, y tuvo qucMbeder al espíritu d'* lujo y de ava- 
ricia. La nación que mas se acerco á la Perua- 
na fué acaso la Judia» en donde cada medio siglo, 
á la llegada del gran jubileo nacional, volvian las 
propiedades á sus antiguos dueños. Pero en el 
Pefií se halla una diferencia muy importante, y 
es que no solo terminaba el arrendamiento, si así 

15 Ibid., Parte 1, lib. 5, c. 3. infonna que mientras vivían en 
Es raro que mientras se en- la corte) comian de la mesa del 
cuentran tantas noticias relativas rey. (lib. 6, cap. 3.) Todo esto 
al monarca Inca, se diga tan po- es demasiado vago. £1 qne estu- 
co de los nobles Incas, de sus dia la historia, debe conocer des- 
posesiones, y con qué título las de los primeros pasos, que de los 
poseían. S u historiador nos cnen- analistas contemporáneos, no hay 
ta qne tenian la mejor parte de que esperar noticias exactas, y 
las tierras del lugar en que resi- gracias que no sean contrndLcto- 
dian, ademas de la participación rias, sobre las leyes y costumbres 
que lograban en las del Sol y del de un pueblo bárbaro en un« 
Inca, como hijos del uno y pa- edad remota, 
rientes del otro. También no.s 



;7^\ 



LIBKO I. — CAPITULO II. 53 

puede llamarse, cQri el año, sino que durante es- 
te tiempo el arrendatario no tenia facultades pa- 
ra deshacerse de sus posesiones ni para aumen- 
tarlas. Al fin de este breve periodo se encon- 
traba exactamente ^n el mismo estado que al 
principio. Semejante orden de cosas podria pa- 
recer mtuy poco apropósito para que el labrador 
. lomase apego al suelo, y para crear aquel deseo 
de :adelantar, que es tan natural en el propieta- 
rio, y casi lo mismo en el arrendatario por largo 
tiempo. Pero el resaltado práctico de la ley pa- 

* rece haber sido muy diferente, y es probable que 
i causa del amor al orden y repugnancia á cam- 
biar que se observa en la legislación del Perú, á 
cada nueva división del terreno se confirmaba 
generalmente á los ocupantes en sus posesiones, 
de modo que el usufructuario por un año venia 

• á convertirse en pro¿)ietario por toda su vida. 

Los terrenos érañ cultivados únicamente por 
el pueblo. Atendíase primero á las tierras cor- 
respondientes al Sol, siguiendo luego con las per- 
tenecientes á los ancianos, los enfermos, las viu- 
das, los huérfanos y los soldados en actual ser- 
vicio; en suma á las de todos aquellos individuos 
de la comunidad que por impedimenlo'corporal 
o por otra causa cualquiera, estaban imposibili- 
tados de atender á sus propios ílegocios. Con- 
cluido estoj' se permitia al pueblo que trabajase 
en sus terrenos, cjida uno para sí; pero con la 



54 ' COXat-lísTA UKL PKUr. 

obligación general de ayudar al vecino siempre 
que lo hiciese necesario alguna circunstancia 
particular, cómo por ejemplo el verse con nn 
crecido número de hijos pequeños, "® Al último 
de todo se cultivaban las tierras de los Incas, lo 
cual se hacía con gran ¿eremonia por todo el ve- 
cindario reunido. Al romper el día se le convo- 
caba desde alguna torre o altura cercana, y to- 
dos los habitantes del distrito, hombres, mugares 
y niños, acudian vestidos con sus mas vistosos 
trajes, y engalanados con los escasos adornos y 
preseas que pd^ian, cómo para una festividad 
nacional. Trabajaban ^odo el dia con el mismo 
regocijo, cantando las canciones populares que 
recordaban los heroicos hechos de los Incas, ar- 
reglando sus movimientos al ^&Q|npas del coro, 
cuyo estribillo era generalmente la voz hailli o 
'^triunfo." Estos aires nacicbales tenian un no 
sé qué de duiee-y agrsdaUe) '^üe les' 'hacia muy 
apreciados de los EspaSñoIés^ y mas ^e ana can- 
ción peruana fué puesta en música por ellos des- 
pués de la conquista, escuchándolas los infelices 
naturales con un placer mezclado de tristeza, 
pues les despertaban recuerdos de lo pasado, 
cuando sus dias se deslizaban tranquilamente 
bajo el gobierno paternal de los Incas. ^^ 

16 Garcilaao refiere qae Huay- tierra del caraca. Ibid^ Parte 1, 

na Capac hizo ahorcar á un in- lib. 5, cap. 2. 

dio, por haber labrado la tierra 17 n>id. Parte 1, Hb. 5, cap. 

de un caraca sn pariente cerca- 1-3. — Ondegardo, Reí. Seg., 

no, antes que las de los pobres. 31S. 
La horca .*e levantó en 1» minina 



I.IJiUO I. — CAPITULO n. oo 

Un orden semejante se observaba, tanto res- 
pecto á las diversas manufacturas como á los 
los productos naturales del país. Los rebaños 
de llamas o carneros del Perú, pertenecían es- 
clusivamente al Sol y al Inca. *® El numero de 
estos animales era inmenso. Estaban distribui- 
•dos por las diferentes provincias, sobre todo én 
las regiones frias, y encargados al cuidado de 
pastores esperimentados que les conducian á di- 
versos pastos según cambiaban las estaciones. 
Cada año se enviaba á la capital un gran nume- 
ro de machos (porque estaba prohibido matar 
las hembras, para el consumo de la corte y para 
las fiestas y sacrificios^ religiosos. Las ordenan- 
zas para el cuidado y la cria de esto» rebaños, 
por lo minucioso y acertado de ellas, escitaron 
la admiración de los Españoles que conocían per- 
fectamente el modo de manejar los grandes re- 
baños de merinos trashumantes de su pais. ^' 

En la estación conveniente se* trasquilaban to- 
dos, y la lana se depositaba en los almacenes pú- 

1 SOndei^ardo, Reí. Vr., MS. ya singular ordananza íhé' an 
Con todo, el soberano solía á origen fecundo de pleitos des- 
veces recompensar á algún cau- pues de la conquista. Ibid. Ubi 
dillo principal, y aun á algún supra. 

plebeyo, por un servicio presta* 19 Véase principalmente la 
do, regalándole algunos llamas, relación del Licenciado Onde- 
aunque siempre en corto nüme- gardo, que entra en mas detalles 
ro. Los propietarios no podian sobre el gobierno de los rebaños 
disponer de ellos ni matarlos, si- del Per6, que ningún otro escri- 
ño que pasaban como las demás tor contemporáneo. Reí. Seg., 
propiedades á sus herederos; cu- MS. 






65 CONQUISTA DEL PEKU. 

bliccs, repartiéndose en seguida á cada familia la 
cantidad suficiente para cubrir sus necesidades, 
la qnc se entregaba á las mugeres que entendian 
muy bien sus oficios de hilar y tejer. Concluida 
este trabajo y provista la familia de un vestido 
ordinario, pero de abrigo y aproposito para el 
clima frío de las montañas, (pues en las regiones 
bajas, el algodón, dado igualmente por la coro- 
na, sustituía hasta cierto punto á la lana,) se exi- 
gía al pueblo que trabajase para el Inca. Pri- 
mero se determinaba en el Cuzco la cantidad de 
tela que se necesitaba, así como la clase y el te- 
jido, y en seguida se hacia el reparto entre to- 
das las provincias. Empleados nombrados con 
este objeto vigilaban la distribución de la l^na» 
de modo que el trabajo de los diversos artículos 
se encargase á las manos mas diestra^; ^ y no 
paraban aquí, sino que se pietiai^ fl las casas de 
cqaii db en cuando para ver si la obra se ejecuta- 
ba como era debido. Esta inquisición doméstica 
no se limitaba á las labores destinadas al Inca, 
pues vambien comprendia las pertenecientes á las 
familias, para cuidar de que cada casa emplease 
en su objeto las materias que habla recibido pa* 
ra'Su uso, de modo que á nadie faltase el vesti- 

20 Ondegardo, Re], Prim. y divídaos de la sangre real, que 

Seg., M SS. usaban vestidos mas finos que los 

En la fabricación de telas para permitidos á la gente común, 

el Inca iban inclusas las necésa- Garcilaso, Cora. Real, Parte 1, 

rías para el gran número de in- lib. 5, cap. 6, 



LIBRO I.— CAPITULO IL "57 

do necesario. ^^ Todas las mugeres tenían obli- 
gación de tomar parte en este trabajo» y habia 
ocupación para cada persona; desde la niña de 
cinco años hasta la anciana, matrona, cuyas en- 
fermedades no llegasen á impedirle el manejar 
una rueca. A nadie, sino á los viejos decrépitos 
y á los enfermos, se permitia en el Perú, que ve- 
getase en la ociosidad, sin comer de su trabajo. 
La pereza era un crimen á los ojos de la ley, y 
como tal severamente castigado, al paso que el 
amor al trabajo era elogiado publicamente y es- 
timulado con recompensas proporcionadas. 22 

El mismo sistema se seguia en los demás pe- 
didos dei gobierno. Todas las minas del reino 
pertenecian al Inca, y se labraban esclusivamen* 
te en provecho suyo, por personas peritas en 
esta clase de trabajos, escogidas de los mismos 
distritos en que estaban situadas las minas. ^ 
Todo Peruano de la clase plebeya era labra- 
dor, y esceptuando aquellos de que ya hemos 
hablado, debian procurarse su sustento cultivan- 

21 Ondegardo, Reí . Seg. cion la Audiencia Real en su in- 
MS. — ^AcoBta, lib. 6, cap. 15. fonne, MS, Sarmiento, (Reía- 

22 Ondegardo , Reí. Seg., cion MS., cap. 15,) y Ondegar- 
MS.— Gaicilaao, Com. Red., do (Reí. Prím., MS.,) que todos 
Parte 1, lib. 5, cap. 11. hablan de las minas cómo pro- 

23 Garciloso quiere hacemos piedad del gobierno y trabajados 
creer que el Inca recibía de los en su esclusiyo provecho. Sus 
curacas el oro y la plata que po- productos se gastaban Uberal- 
seia, lo cual le llevaban de rega- mente en regalos para los señó- 
lo los sefiores de vasallos. (Com. res principales, y en mayor can- 
Real., Parte 1, lib. 5, cap. 7.) tidad para el adorno de los tem* 
Comn^dieeatan ipyprobableasci'' píos. 



58 CONQUISTA DEL PEKU. 

do la tierra con sus propias manos. Una pe- 
queña parte de !a población se instrnia sin eni- 
bargo, en las artes mecánicas, entre las que se 
incluian algunas destinadas á producir objetos 
de lujo y adorno. La demanda de estos se li- 
mitaba casi esclusivamente al Inca y. á su corte; 
pero la ejecución de las grandes obras públicas 
que se veian por donde quiera en aquel pais,^ 
exijia mayor número de brazos. La clase y du- 
ración de los servicios que se necesitaban, se de- 
eidian primero en el Cuzco, por comisionados 
bien impuestos de los recursos delpais y del ca- 
rácter de los habitantes de las diversa» provin- 
cias. ** 

Estos informes se obtenian por medio de un 
admirable arreglo, de que apenas hay ejemplo en 
los anales de un pueblo semi-civilizado. Llevá- 
base un registro de todos los nacimientos y de- 
funciones que ocurrian enlaestension del impe- 
rio, y cada año se presentaba al gobierno un es-^ 
tado exacto de la población actual por medio de 
los quipos, invención curiosa que después expli- 
caremos. *'' A épocas señaladas se hacia tam- 

34 Garcilaso, Com. Real., ano, iiian<lava asentar en loa qui- 

Parte 1, lib. 5, cap. 13-16. — On- pos, por la cuenta de sus nndos, 

degardo, Reí. Prim. y Seg., todos los hombres que habían 

MSS. muerto en ella en aquel ano, y 

25 Montesinos, Mem. Antí- por el consiguiente los que ha- 

guas, MS., lib. 2, cap. 6. — Pe- bian nacido, y por principio del 

dro Pizarro, Relación del Des- alto que entraba venian coií los 

cubrimiento y Conqubta de los quipos al Cuzeo.'' Sanniento, 

Remos del Per6, M8. Relación M 8., cap. 16. 

''Cada provincia, en fin del 



LIBRO I. — CAPITULO II. 59 

bien una visita general de todo el pais para in- 
formarse á punto fijo de la calidad del suelo, de 
su fertilidad, de la naturaleza de sus produccio- 
nes, tanto minerales como vegetales; en una pa- 
labra, de todo lo que formaba los recursos físi- 
cos del imperio. ^ Provisto el gobierno de es- 
tos datos estadísticos, le era muy fácil, una vez 
determinado el monto de los pedidos, el distri- 
buir la obra entre las provincias mas propias pa- 
ra ejecutarla. El reparto de los trabajos lo ha- 
cían las autoridades locales, teniendo gran cui- 
dado de arreglarlo de modo, que al mismo tiempo 
que se escojiésen las manos mas expertas, á na- 
die tocase una tarea desproporcionada á sus 
fuerzas. ^ 

De las diferentes provincias del imperio se sa- 
caban personas aptas para diversos oficios que, 
según después veremos, pasaban comunmente 
de padres á hijos. De este modo, un distrito da- 
ba los operarios nías diestros par^ labrar las mi- 
nas; otro los artífices mas peritos en el arte de 
trabajar los metales, ó la madera, y asi de los 
demás. ^ El gobierno daba á los artesanos las 

26 Garcilaso, Com. Kea!., en muy flicil haveria en la divi- 
Parte 1, Kb. 2, cap. 14. gion y cobranza de los dichos tri- 

27 Ondegárdo, Reí. Prim., butos; porque era claro y cierto 
MS.— Sarmiento, Reí. MS., cap. \q que á cada uno cabía sin que 
^^' hubiese desigualdad ni engaño." 

"Presupueste y entendida 1^ Dec. de la Aud. Real., MS. 
división <j¿e eljnga tenia hecha 28 Sarmiento, Relación, MS., 



de su gedb,¿?5iW«í íjíie tepia ' cap, 15.~Ondegardo, Reí. Seg., 
puesta en el gobernó dé ella, 'MTS/" ■ *" " ' 



60 CONQÍV16TA DEL PERÚ. 

primeras materias, y á ninguno se exijia que em- 
please en el servicio público mas de una pa>-te 
de su tiempo señalada de antemano. Concluido 
su trabajo, le sucedia otro por igual término, y 
es de notarse que mientras estaban ocupados por 
el gobierno, eran mantenidos á expensas del te- 
soro publico, y lo mismo sucedia con los trabajos 
del campo. ^ El objeto de esta vicisitud del tra- 
bajo era que nadie resaltase recargado, y que todo 
el mundo tuviera lugar de atender á las necesi- 
dades domésticas. Según la opinión de un Es- 
pañol, juez competente en el caso, era imposible 
mejorar el sistema de distribución; tal era el es- 
mero con que estaba arreglado á la condición y 
bienestar del artesano. ^ En las ordenanzas dpi 
gobierno parece que se tuvo siempre á la vista 
la conservación de las clases trabajadoras, pues 
se dictaron con gran cuidado, para que aun aque- 
llos que fuese preeiso emplear en los trabajos 
mas'füertes é insalubres, como los de las minas, 
no sufriesen detrimento en su salud; lo que for- 
maba un notable contraste con la condición á que 
después se vieron reducidor bajo el gobierno 
español. ^^ 

29 Ondegardo, Reí. Prim,, ciatos indips, que a mi parecer 
MS. — Garcilaso, Com. Real*, aunque mucho se piense en ello, 
parte 1, lib. 5^ cap, 5, sería dificoltosq mejqrsirla CQQo- 

30 "Y también se tenia cuen- cida su condición y costumbres**' 
tu que el trabiyo que pasaban Ondegardo, Reí, Frim%, MS« 
iUese' moderado, j con el menor 31 "El trabajo de las minas," 
nesgo que fuese posible^ .... dice el Presidente del Consto 
£ciklBitíaU6nle& qi^ tuvieron de Iiuliasi '>?&tabade tal lOQdo 



LíSftO l.-^V\PlTVUS íi. W 

.7 tiaaparfe .(lelilí maii^aeJtúra& y de los pro-' 
diHstoa déla tí»rF» 86 Ucvaba al Giizcópaffa'ca*. 
bf kí ios í»edidas j3Rr'tíetlIaces dél Inda ydtr >M 
C0rtéi £1 r^8to/.qne era la mayor parte, ae guar^ 
daba en los almaeen^s que había: ven. todaé las 
provincias-!/. Ef an e^los unos edificio)» de piedra^ 
m^^y e9paeá9$a<=:i pcHeneeieoteaiahoa blSol y/ 
otros i^Ibcav.aiilífque.pareiTé qaa e) monatíetiipa-» 
seia el ma^or. mjmero^ £fiitabá mandado que coal^ 
qaierdéfíGit.jqne pudiese- haber ea los tribatos 
señalados aMtícaj^ se tomasede los graneros del 
Sol. ^ Pero este caso era «Miy difícil qué llega- 
se; piiesq.ae' la previsión del gobieirno casi síem*^ 
pte de^ai>a ua sobrante considerable en los pt^si-* 
tosrfialeS). qae*se trasladaba á otxos almacenes 
cuyo objeto era proveer al pueblo ? en tiempo d« 
escasez, y socorrer, f.tiaado se ofrecieseí á aque« 
lias, personas á quienes una enfermedad u otra 
desgracia, impidiera buiScar su sustentot costina- 
bre qae justifica en cierto modo la ai^crcion dQ 
Up docutnepto español, de, qqe^ de un modo o Áe 
otro, una gran parte de la* renta de los Incas ibía 

Arreglado!, que ánmgimtferamd- "C asi estd parte útl Itgt ito 

lesiÁ iú menos les acortaba la vi< hay dada aiM) qtté d6 tddas trt§ 

da." (Sarmiente, Relación, MS.^ era lá may«r, 7 «n Íóé depQpifotf 

cap. 15.) Párt tiá espaflol es lías- se pdrcCél^en que yo visité* mu* 

taute confesar. ^ ,. cho* en diférentee partes, é son 

"^ ■ Garciloso, Coni. Eéa)., nmyorefi fi nüas largos que n6 loa. 

Parte 1, lib, 5, Cap. 34. {Débttá dé sú religión siii comparación.'*;' 

9er cap. S.— T,) — Oüdégarila, Uwk\ ]gl«l. aegr, M^, 



oír CONQUISTA. DfiL PJ»Q. 

ét pETrmr Otra vez al ^dMv». ^ €uándd : ll^yairen 
les B^^iapoles enóontraroii estos aianaceiiet pto^, 
vistosídie todois los productos y manu^tetcim» 
éel pi^isrdemqiz, cocayquinuartekí^úe^ algodón 
y dé laáa de primoFá calidad, vasos y atensife)^ 
4c'órot5}^ata y c^re^ ea nfta pakibra> de;todoa 
-los artículos de lojó fué utilidad á qt>e aieíiiv^sa** 
iKt fLUdeiitot.de \o% Peroano^^, ^ Loa dep^sidoa 
áé.gnmo en pactioolar^ habríoB liastMkn nitt«ba» 
^^cea para et cons&mo de v«|'iíos,«iñoa:del dis^ 
trito coYr^MsjJondiente. ^ Los eaipleado» del go^- 
bserno ba^an ftnu^lmiento juñ- inventapio de ioa 
difcarente^ productor <}¿lpaiía, y de los pimtoqde 
dondf hal)ian venido; lo q^tó asentaban los^ gui^ 
pueamay^u^ eti sus registros; con adit^írabtere^*' 
laridad y exactíladi Sstos regis^s se enviaba» 
á ta capital y s0, presenj^aban^al Xn^a, ^aien de 
e^^e moéo podii^ imponerse con una isola niifada 
de ^odos los reiBuUados^ de la industria «aeíoiai, 

3^ "Totdos los dich93 tributos ba^ que faltaba tiempo parp ve- 
y'fi«rv|ciófi'qiié el ínga miponia lio y enÍBiidimientD para eom» 
y fUeya^f c^o fi|,Í€^e es evq» opi} p)reii<i^|r-, tantj^ ^op9; }ifV^o9 4^ 
eolor y para efecto del goviemo pósitos de barretas de cobre para 
J^q cwmMj 4fi todoa asjL ,ce«no \^ lu^^^^y ^: c^tpX^ i^^^Wf».^ 
1^ que se p,oi^ cttilepésUgs. Ip^»,- dí| vaf cyf^^e mj<^ y pl^a ^^ pJTft 
9^ co^i>^t5p^ fi[i§t^Bttj<i^««fr/ft lp«, . y pi^ ^h» aj(|i^ se J«ül6. eiM^ «o- 

Á^vÁ,. íleai,, MS, ^. . ' , , Descub. y Conq., ft^S. 

^;^, A^cq^U, liíjTg, CAp. 15. ?í3i. Hogt* panv d¿?ft' t^o^ú 

'"j<9 pp4r9 «iecir,;' dicf uap,. hiMi^fi^.^; <^.^f>.^^^ff!>4"'9¥^ 

de ios Conqu^ladoreii, 'lo^d^^. te^ia v¡¿ÓJ[^e e^ lve^jníf<>^*s 

sitos vide de ropaS y de todos mado. "£ ansi cuando ¿^ er«^ 

género<. de ropas y vestidos que menester se estaba eu los dep6- 

en este tiempo^ se hacían y usa- Fitos é h bia algnnaa veces comi- 



UBRO U— CAPITULO 11* 9S^ 

y ver liasta que punto correspondian coi) ias de-» 
raaird;^? desgobierno.^ 

Estos son algQiH>s ele los puntos mas notable^ 

de la legíslneion del Perú en 1á parte relativa á 

la propiedad, segiin^ nos. informan varios escrito* 

res qae e¿stán de aenerdo en el fondo, aunque di* 

fiersMa en I03 ]>oripenore8. Estas leyes son á la 

verdad tan notableí^ que . apena» puede creérsb 

qae hayan estado en vigor por muebo tienipo eif 

na imperio dilatado* Sin embargo, los Españo* 

les que Ueganm al Perú con tiempo para verla» 

todavía en práctica, son un testimonio intachable/ 

y entre ellos hubin iudividoo» que ocupaI)an uti 

puesto elevado en la magistratura, y que Ueva^ 

ban encargo especial .de au gobierno para impo^ 

neise del estado del pais bajo lo,, dotmnaeioñ de 

IOS antiguos aflores. 

Los impuestos que pesaban npbre el pneblo 
Peruano parecen haber sido bastaale gravólos* 
A él tocaba la carga, no solo de mantenerse á «i 
propio^ sino á todas his dema» élases diel esta-* 
do, porque los indiviiiuos.de la casa real, los no-< 
bles y basta los empleados ptiMicps^ y el ereci** 
do número de sacerdotes^ eranx exestos. do tTÍb«« 

da de diez años . . . Los quales *'Por tanta orden é cuenta que 

todos se hallovon llanos cuando AérikdificttltiMO' cMeMo mdarl^' 

llegaron los Espaqoles desto y de á «ntonder como ejlo» lo tienen 

todas las cosas nécesaria/f para la eh su cuenta é por registros é 

vida humana/^ Rei. Seg.» MS. por luemido lo maBifcstaron que 

36 Ondegardo, Kel. Pi-im., se pudiera por epten?o." .I<l6in,. 

MS.. ' RcL }?e-., JV13. 



64 CONQUISTA DEL t»ERÜ. 

to,,^ Ln oMigaeioii de cubrir todos los gastos 
del gobierno recaía enteramente sobre el pueblo* . 
Pero bien mirado, este estado de cosas ik) era 
diferente del que existió en otro tiempo en la 
mayor parte de la Europa, en donde, las clases 
privilegiadas pretendían, aunque no siempre con 
buen éxito, quedar exentas de llevar su parte 
de las cargas públicas. £ntre los Peruanos lo 
peor del caso era que no tenían modo de niejorar 
BU condición» Trabajaban para otros mas bien 
que para ellos mismos, y así, por trabajadores 
que fuesen, no podian añadir una pulgada de 
tierra a sus posesiones, ni avanzar un punto en 
\a escala social. El grande aliciente para des- 
pertar la actividad de los hombres, que es el de- 
seo de mejorar su suerte, no existia para el Pe- 
ruana; como nació así había de morir. Ni aun 
siquiera el tienjpo podía llamar suyo, pues te- 
nia que emplearle en trabajar para el gobierno 
único^medio que le restaba de pagar sus impues- 
tos, ya que no tenia dinero, y su propiedad de 
todas clases era tan reducida. ^ Así pues, no es 
maravilla que el gobierno mirase la pereza eomo 
uo crimen, piíes en realidad lo era contra el es- 
tado; porque desperdiciar el tiempo era casi lo 
mismo que deñraudar al tesoro público. El Pe- 
ruano, trabajando toda su vida para otros, po- 

37 GarcUaso, Comí. Real., Par- nona-s era eí tributo que se davc, 
to 1, lib. 5, cap. 15. porque elioa no posetan otra co- 

38 "Soto el trabajó délas per- ^a" Ofidegprdo, Reí PrUn.. M9. 



üria compctrarse á un criiuiDal empleado ea obras 
públicas, qae sabe muy bien, qae por útiles que 
sean sus fatigas al estado, á él de nada le sirven. 
Pero estacólo es la parte oscura. deWuadro , 
Si nadie podía llegar á ser rico en el Perú^ en 
cambio nadie podía tampoco llegar á ser pobre« 
IJn pr^go no podaría dktpár su hacienda en los 
desordenes, ni un atrevido proyectista empobre* 
cera su familia por meterse en. especulaciones 
aventuradas. £1 objeto /e la ley era introducir 
una constante aplicación al trabajo, y un manejo - 
moderado de los negocios. No se toleraba enel 
Perú ningún mendigo. Cuando por pobreza ¿ 
^or desgracias (pues cotí dificultad i>odiia ser 
por culpa suya) se veía reducido un hombre á 
carecer de lo necesario, se estendia el brazo de 
la ley páralaj^aüiiarle; no con el mét((mnó socbt'»^ . 
rb de la cariüad pjnyi^. ^, con el que imparte 
gota á gota por decirlo así, el áspero tesoro de 
^4a parroquia,'' sino de un modo generoso que 
UQ huinillaba al que le recílna, y le igualaba con 
el ¡resto de sus conciudadanos.^ 

Í39 ''Era tanta lit orden que degardo solo ve una astada de Sa- 
tenia en túdoa sus réinod y pro- tanas en esta disfrosicion de la ley 
vincias, que no consentía haver Peruana, que á los viejos, enfer- ^ 
ningún Indio pobre ni meneste- mos y pobres, hacia^e^ cierto mo- 
roso, porque havia orden i for* do independientes de btas hijos y 
inas para ellos,., sin que los pue- parientes mas cercanos, dt qoie- ' 
.blos reciviesen rexaeion ni rao- nef era mas natural que esp^ra- 
lestia, porque el Inga lo snplia de sefi auxilio; no hay medio mas se- 
•us' tributos.'^ (Conq. i Pob. del gnro 4e endurecer el corazón, 
Pira, M6^) £1 Í4eeneia4a On«> pteba él, como despojaría d« m- '' 



#8 %WN^UISTA Dfil. rKRÜ* * 

Eii süima, en <íl Porú áadie podia ser ni ricoití 
]>obre, sino que todos « podían gozar y gozúhiiw 
• en efucto, de lo necfesario* La ambitíion,la %r(^ 
rieiá, la inclinación ^ ea^mbiai?, y el espirita de 
inquietad y descontento^ pasiones qpve ^on tai^ita^ 
frecuencia agit?.n á los hombre»,^^no'^etíiíin est- 
irada en d corazón déi Perusino.i La cdndit^ion^ 
mis^iKi de su eJcistenejíji era esemcialmente dpües* 
tu á los cambios. Marttuvba porja* miema <s^ndfi^ 
p^tdonde habían n^arehadosti» padres, y por la 
mlsm» qtie habi^fi de piegtiií «ns hijes». El objetó 

. á0- Ids Incas era* iítfui(idit en siis sébdittys uñ es^ 
píritti de sosiego y otyeSeneía pasira^ una abáo- 

Juta *q^esc?encia al óMeh e^^stablecido, y 16 coH^ 
sigu^cfíort céinplet0l»fi^t¿. Los príñreros^ Empa- 
lióles qv^ visitaron -el pffstdftn esprésp testimonio 

do ai carácter del piij^blio, ni paeWó que \y&tó'^ 
cíese nt»8 c6ñt0nto ip^pr^ ^ suerte, y mas ádictd- 
á. sti gobiefOíd^ ^ . 

Los qtte desfonden de la exactitud de lo que 
se cuenta de la imííísirt* "P^ÉrÉfanav desetiharán 
sus dudas con dar \xí\ paseo por el pais. El via- 
ffcpo en^siue^r» »u«s wbre tqdo eñ la regtétf cerí- 

as «iiDpa40f<iuimafia% y coQckv. rá, ea donde el pueblo no tenin 

ye ámtnáo q|ie xHiigunaotrah€Ú- prapieda^r no qufiídaba ¿ \ob in- 

cunstaB^iá ha contribiúda mafr' é^ váiidos otro .reeurso/ quo i«cihir 

impedir la propagación del cmr. auxilio del gobierno,. 6 pereGor 

tianismo y- á debilitar su üiflaeor do bajoibre,. . . 
cfft entre los-natuzalee» (Rei Seg., .40 Ac&sta» lib. 6, cip». ll^, 15. • 

' Wf S.) Estas ideai?. sq9 bxgejpi^ -^Spinjii^irit^i Réhcjon; >ftg . . eí^. 

«as, pero en un pais como el Pe- 10. . .^ 



tf»í(te ki itíefea, niliélios récuéi<d<W iie.lo pas¿d<f;* 
rú^f^ de feíftji^íój^, paladbsV -í&i^feíleins, ande* 
nertaáj graúdes caülino» militares, acueductos 
y otrttfi ohH^ pdldicit^ qa* cnolqatéta cpie scit 
et g^tído dé íAleMgtíhéiti que téréléií en su eje- 
ctkkifis a^itítíratt púY^ ñúttiérój Í& sólido dé 
l^b «iártéi^iate^ y'Icí gi^¿»n(UoW M ^ian: Lá» 
ifiks^ «t^l^bléí^. dé MW Bón achso íbs c^áihinos" 
réíííéís^ dé lóíl qttéaruh quedan aíl^üriós ftk^nieti^i 
tó^tMÍsIlatitiá-o^ñ^^VGídos para atefírtiguar' ^ü an-^ 
tigua itíágtíificeheia'/ Hiábia ma<^fó^ caminos de- 
eátos qué ¿íHaabsn por divérsas^iKíftes de! ím- 
pé?t¡^; l>erdi(yá niftá ifttpdi-táfltés eítttf los dos que* 
iftaii flé^é QtFitd Ra^fa éíGúzéd, y s^paránctes^ 
de riuevd a! ^i^t dVi esta eapitaH^ eóñtiáuribari 
CMf dlréceí6rt>íil Sm hficla Chile. ^ 

Uño dte estás 'caüiinos iba poi lá sierra y cj 
otro por la marina; perb el primero era obra bíií- 
cho ni»s diftcit á cansa de ia ctast de tef retío 
por donde pásabíi. Atravesaba por sierras in- 
transitableer cubiertas de iaieve; babia legras en* 
teras dé g^fetíás í]ií)iéft¿^s ert lá rpcái^itá; puen- 
tes coigao^les rareciéiMiose sobre caudalosos rios; 
escaleras cortadas etí la piedra parí! trepar poi: 
169 pcecrpicios; barrancas de horrible ^profundi- 
dad ífetias de srffidamaínptosteriá; eto ftn, habían 
tropejtado con ^xxíaslas dificultades que abundan 
e* uña. tégíott agreste y raonfañosaí, eapaceí de 
. a,sustar al ingenicafo mas atreyjdo de los tiempo» 



moilernpSf y las. habían veneidp. La cstensiaa 
del camino, del que solo quedsin algauos frag- 
mentos aislados^ se regula en mil qainienta^ ó 
dos mil millas; y á todo lo largo de kh' i distan- 
cia de mas de una legua uno de otro, había pi- 
lares, de piedra por el estilo de losmijerosdo 
Europa. La anchura del camino no. paaaha de 
veinte pies. ^^ £1 pÍ9o era de grandes lo^as de 
piedra franca^ y á lómenos en algonus partes^ 
cubierto de n«a mezcla bituminosa, que el tiem^ 
po ha puesto mas dura quf la piedra iQÍsma. En 
algunos lugares en que habían. rellenado las bar- 
rancas con mamposteria, el embate durante si" 
glos enteros de los torrentes que se desprenden 
de las montañas^ ha ido carcomiendo gradualmen*^ 
te la base y ha dejado la parte superior suspen- 
dida como an ¿reo sobré el abismo: tal es la fir-,,, 
meza y adhesión de los materiales. ^* 

41 -fíi»e. de la Aod, Rea)^ Postaa que havift «n este camí-' 

MS. f no." Sarmiento, Relación, MS/ 

"Este camino hecho por valles cap. 60. ^ - 
Olidos y por sierras altas, por 42 'On avak fcoisblé les v^ 
montes de níeTe, por tremadales <1m et les ravins p«r de fraudes 
de ü^ua y por peña viva y j unto masses de ma^nnerie. Lé^ tor- 
unos üiri^sM por estas partes y rents qní descendent des han-^ 
ra Uau^ y empedrado por las la* téurs aprés des pluies abondan- 
«feras, bien sacado por las sierras, tetu avaient ereusé íes jendroits 
d^shechode, por las peñas tfoea- les moins solides, et^^étaient fra* 
Tado> por junto á los Rios sus yé une voie s<*iis le chemin,. le 
paredes, entre nieves cen escalo- ¡aissant aijpsi suspendu en Tair 
nes y descanso, por tedas pféiéá <;onime uh pont ííüt d*ane séiilo 
limpio biuTido descombra^^, 11^, P^'' (V«)|ffco, Hist. da aui-. 
no de aposentos, de. depósitos de te, iott. t,.p. 206.) Este escritor 
%5soro8, de Templos del Sol, de habla como lestigo oeular, pum 



ItnSlQ í.*r*CAPlT.üLO li. 69 

Sobre otras vertientes mas conijidei-abliís fijé 
preciso .copstr.air .puentes colgantes heeho^ der 
las solidas fíbrus 4el R^dgae^y, ó de.bejueos del 
paisi feíertes y tenaces en sumo gra^o^ Oon es- 
tos bejucos tejmn;cables_ tan gi'ue«os como el 
cuerpo de un hombre, y luego los tendÍ9,n sobre 
el ^o, haciéndolos |>asar en las dos oril las por so- 
bre unes macizos estribos de piedra, has^taquef 
dar aisegorados abajo en unos gruesos maderoa^ 
Reunidos muchos de^ estos ehormés* cables, for-* 
maban ya un puente, que cubierto «on un ei^ta--. 
rimado y defendido á loados lados por una ha- 
randillájde los mismos bejucos, proporcionaba pa- 
so seguro para ^l viajero» Como-estos puentes 
aéreos tenían á veces mas de >doscientos piéd. de 
largo, y sin .otro punto >de apoyo.qu^ la.&wdos esr 
tremidad^, forn^aban faáeis^ abajo 4ina onrva fot* 
midabíe, mientras que el movimiento que les im- 
primían «los pasos del viajero, les hacian oscilar 
de un modo mas espantoso todavía^ sobre to* 
do, teniendo a los pies un insondable abismo en 
cuyo fondo bramaba un impetuoso torrante. A 
pesar de todo, los Peruanos cruzaban sin temor 
por estos Kgerós aparatos, y aun los eonseryan 
los Espatioles en aquellos rios que, á causa de su 
profundidad o de la rapidez de su corriente, no 

examinó y midió diversos portes^ magniHca y d^ ios obstáculo» 

del damind^ á fines del siglo pa- con que hubo que I^ttclnr .en.su 

Bftdo. £1 lector español hallará ejeca(»on, en un trozo sacado do 

en el número^ del Apéndice nna Sanmento, «piien lo vi6 e» tiein- 

aniaíada dcátripcion dé esta obra po de lo» Inca». 



?0 CO.AQtl«TA. f)Eh W:RU. 

admiten tos ui^dios usuales de comuiik^a^ion. 
Las ag^as mas tendidas y sosegiida^se crazalmn' 
en balsasy embarcación que los natorat«$i usaban 
mucho, y á las que ponían vetas, siendo el ónico 
ejemplo de csla mejoKi en el arte de navegan 
que se e^^euentra entre los indios de AiAéric^. ^^ 
El otro camino real de loe Incas corría poir/Iiv 
tíer«a llana, entré los; Andes y la costa*. Bstaba 
coQStruiílo de diverso modo, según lo esigia la 
naturaleza ^\ terreno» La calzada iba ]idr . na 
elevado terrai>len con pamp^toa de Iodo á ambos 
lados, en que bábia plantados árboles y arbustos 
odoríferos que recreaban los sentidos ékl cámi* 
naiite con au perfume, y le i brindaban cqu sa 
so«nbria, tan agradable bot^o el ardiente sol de los 
t-rdpicós. £n algunos pédaaos de Uannta areno- 
sa con que solian tropénur, ya quie lo;fi¿So y de^' 
leznable del terreno no podia sostener camino de 
íiingona especiera lomeóos htiUiaaeltivado grao- 
sos pilotes, de los que se ven todaYÍ^. algunos, 
pora indicar al viaj^exo In rata que 'debía seguir. ^^ 

43 Garciloíto, Coui. RenL, cap. 60. — Relación del Primer 
Porte 1, lik 3;ca{F. 7. D^tflcubrmiíento derla Cosu j 

Pucde^e^e en.UuHilioldtaiia, Mar del Stur^ M&» 

noticm particular de estos pu^n- , Esté documento anónimo de 

. tes, seguii se ven íodaviu en vor túgm¡fi A» los prímerós couqnis- 

mof p9Ct^ dfl| P«rlí..^ (ViKs^dt^ .tiidores^ caatiene una noticiii ini- 

Cordillcres, p. 230, ct seq.) Ste- nuciosa y probablemente exacta, 

-^Dfloii descrié eon l^val-mipii'^ dtt I09 do» caAttoos reales, que el 

etesid&d hw bakaq. Renidei^e i» áitV>« vi6 en toda su gnuodeza y 

S*. Awíertc», y. ll\, p. Sait, et seq. ^f*» éUciwMta enlre los i»ay«re» 

44 «Cieza de León, €r6nka, maravillad del mundo. 



tíUm l.-*-CAl>fTULO ti. 71 

cfpalnlieRte ^ro alojamiento de los Ine»6 y de 
lá!^ persona* fpie viajaban' por astintds de g«riMev« 
ito, piles e^ el Peni había pocos viajei*©» deqtru 
das^. Atj^nos deesioa ^iáeios era» nMiy es^ 
téti^9) y í^ compooiftn d0 foitalezit, caart^e# y 
ot^ns olmí9 mitttaresy rodeadas de án pavapeto^ 
de piedlrái todo laqae abraasaba ana et^t^nsioo 
ctonsidemble deterrénoc Sstos, no hay dvida, 
que debían servir de alojaiQÍento á los ejéroitos 
impeYia^es ctianda rei^orrian el psási La eoosar- 
vaeicm do1o9 oaítni»os^^tnoipal«a estaba enoar? 
gada á los.distrilos pM' donde paaaboii, y en tiem^ 
pé de lod locas' había siempre «n goánr aúnievo 
do pef «k>ñas^empleadas eá ' tnantttñ^rUlt en buen 
éi^a^r l^'tí) era rnay 18^^ nh pms ef <}oe el 
dnido móáú de xi^¿!f era a píé| aqni^e díeen que 
loeeaiíiinos estaban^aa b^conalrnidos, quepo* 
dria rodaiti por ellt|s un eaivmife obn lantft seg^r 
ridad como pot lo§ mejores camino»; «de. Earo^ 
p^. ** Sia, embjíitgóí, ?n uña región en que Ips 
do» eVemoQ^M». dé ag«ia y -Üi^gd trabajan: aetív-at* 
iixe^t^ eji;i 1^ Qb^a^á^Q desttaccionij^eben ir dcca- 
yendo^pocá á poco^aií»lta una ^)ftf)fta«te' vi^Uiv« 
iíi^ A^ít )s^. ^MC¿¡AjjÍQ .bpjo la dominación de los 

> oo«<}i]istadocp9 españdleSy q*;^ aa cNaidiuriMi ^ 

*• ■ ' ' . f 

cttb./ikÍS.--Oieza'diéLéi»ft,€)t6^ Id^o, Coúw Bwai'.,; PMttJ^Ubi.^^* 
nica, cap. 3f.— Zarate, Ciíiiwj-. cup, 18» 



cQn?tinuar el admirable »i^epiaíqa,«^^tnfeleQÍeiTOrí 
}o3 Incas para m c4>íjímxy^cÍQn*^.M:^í^\Q$:rídMt^ . 
aislados; que tQda»vía se Ten aquí y alíi^.e^iftcíJifis^ 
fragmentos de los hermosos caQ^D09 Tómanos 
' desparramados por toda JiaEjurcpai «i^testigaaai 
su primitivs^ gratidei^ y haji. merece/los ^|(9h 
gios Üe qn viajero i^teligeBte,:ílo j^jy ¡Mrodiga eii 
alabanzas, el cual dice '^que los es^i^inpts 4e- los 
Incas pueden coatarjie eptreí laer ojbrajs ma« útiles^ 
y mas gigautesK^as^ue jamsLs hayan ejeefitadO' 
los honaibrj^^l ^ ; : i, . « r ;ii 

Los «obaraAós del Perú. nf>ejori»ron ^un i^as el. 
sistema de conMmeaoioa eatr^i^vis domimof^es* 
taUecieñdo correos, deKmisJno modq'qo^ lo^ Jii-t 
cieron los A^^teoas; pero-Ios I^tuaiios- los: tayiee 
ron bajo -tul plan más estenio, ien t^qs^k^. ca^. 
liiinos qtie eonduoían'áJa.icapitaJ. Mpor.to4o^ 
ellos se veiaa peqiieñ09^dijS^ios 4. cada cii^co 
millas, ^^.«n cada uno.de los cuales habiaún cier« 
to uumero de níenaajepos 4 chá$qui9i siempre pr/o^it 
tos á llevar las ordenes del gobiejcno. ^^ E^tás. 

46 "Ce'tte' chauséé, bordee acertfa déla dístánera que medía-- 
de grande! puorree de taíMe»-. peut H- enti^ fci4 . P!patp8# fi t la, mo^f . 
étre cam]^arée aai^ pías bellas parte d^ ellos ;io la estima viayor 
routesr des Romaitís que j 'ai viios dé fres cuartos de le^a.' He pre- 
en Italie, en ITrance et eií Es-, ferído^.la. aot^ñdad de Ondegar- 
pague, . . . Legrand chemin de áq, que en general eaciribe con 
rinca, un des ouvrages les plus mas conocimiento del asiento 'que' 
utiies, et'en mé'ñie teibpt des «IrMto de sos conlempecáiieo«<r 
plus gigantesques que les hom- 48 La palabra chasqui quiere 
mee aient executé." Humboldt, deeir^ ^egim Monteamos, [*e\ que 
Yuee des CordiUéres, p. '294. . recibe «ina coea" (9ieiif;^Anti> 

47 Di^rcpaa los ésc^íoi^ güíér, M8., dep. ÍXÍPcro.^WlI»- 



UBR6 \.—^VJyPltVLO It. 73 

firdencíí se enviaban vea*nalmente o por medio de 
quipoHy y á veces iban acompañadas de un hilo de 
la borla cilrmesí que el Inca llevaba en la cabe- 
isa, el cual era recibido en todas partes con, la 
misma sumisión que el anillo real de los déspo- 
tas de Oriente. ^^ 

Los chasquis usa1)aii un vestido particular que 
denptíiba su profesión: todos eran criados pnta 
este oficio, y escojidos por su fidelidad y lige- 
reza. Como la distancia que cada uno tenia que 
recorrer era corta, y tenia tiempo sobrado para 
descansar en las postas, corrían con gran velo- 
cidad, y los mensajes iban por todos los caminos 
reales -a rasión de ciento cincuenta millas diaria*. 
El encargo de los chasquis no se limitaba á llevar 
despachos, sino que muchas veces conduelan 
también otras cosas para ti uso de la corte^ y de 
este modo, los pescados del distante Océano, Ui 
*casa, las frutas y otros varios regalos délos paí- 
ses calientes de la costa, llegaban á la corte e» 
buen estado y se servian frescos en la mesa 
real* ^ Es c'osa.«otable que ios Mejicanos y Pe- 

ao, que es mejor autoridad en tra- Provincia d^ Mundo se ha y'v&íú 

táitdose de su leii^a, diee que tener á los t^rovissiones de su 

significa**^! qiíé cambia alguna Rei.'* Zarate, Cotíq. d«I Perfi, 

cosa" pom. Real., Parte Ijib. 6, lib. 1, cap. 10^ 

cap. 8. 50 Sarmiento,. Relación, ÜtS., 

49 "Con un hilo de esta Bof- cap. 18.— Doc, de la Aud. ReoJ.^ 

la, entregado á uno de aquellos MS. 

Orejones, governaban la Tierra, Sí bajrta la autoridad de Mon- 

i proveian lo que querian con ma- tesinos, hemos de creer que en la 

ior obediencia» que en ninguna mesa real se servia -pesGvAo cp'l- 

I. 9 ' 



74 



CONQUISTA DEL FERU. 



ruanos, sin ninguna comunicación entre si, cono- 
tiesen este importante establecimiento, y que 
existiese en do» naciones bárbaras del Nuevo' 
Mundo mucho antes de su introducción entre las 
civilizadas de Europa, ^* 

Por medio de este feliis discjirso de los Incas, 
las partes mas distantes del inmenso imperio pe- 
ruano estaban en íntimas relacione». " Asf pues, 
mientras que las capitales del mundo cristiano> 
separadas tan solo por algunos centenares de 
miHas, estaban en realidad tan lejos unas de 
otras como si hubiese un océano de por medio, 
las dos capitales del Cuzco y Q,uito, se comuni- 
caban fácil y prontamente, gracias á los^aminos 
reales de los Incas. Las noticias de tan graa nu- 
mero de provincias llegaban en alas del viento á 
la metrópoli peruana, que era el centro á donde 



do á cieiiléguasde la capital, á las 
veinte y cuatro, horas después tic 
sacado del Océano (Mem. Anti- 
guas, MS., li¿. 2, cap. 7.) Esta 
es demasiada celeridad para todo 
lo qne no sea calninos de hierro. 
51 £1 sistema de correos del 
Perú parece haber hebho grande 
impresión en los primeros Espa- 
ñoles que visitaron el pais, y pue- 
den vers^ copiosas noticias acer- 
ca de él en Sarmiento, Relación, 
MS., cap. 15. — Dec. de la Aud. 
Real., MS.— -Fernandez, Histo- 
ria del Perú, Parte 2, lib. 3, cap. 
5.— Conq. i Pob, dfíl Piru, MS., 
et auct. plurirois. 



- La inveaciou de los con*eos es " 
muy antigua entre los Chinos ^ 
tal vez mas entre los Persas.* 
(Véase á Herodoto, Hist., ITira- 
nia, $ 98.) Es coia muy singular 
qu€ una inreMipion destinada pa- 
ra el ser\'icio de los gobiernos 
desp<5ticos solo haya llegado á su 
perfección bajo los gobiernos li- 
bres, puesto que aquel fué el orí* 
gen del precioso siistema de co- 
municaciones que hoy liga todas 
las naciones cristianas como si so- 
lo fuesen un«* inmensa repébli- 
ca. 



Libro í .— c a p i t v lo i i • 75 

todas las líueaar de Comunicación venían á reu- 
nir^e. No podía haber un conato de insurrección, 
ni una invasión en la frontera mas distante, sin 
que al punto Uegasetilas nuevas á la corte y los 
ejércitos imperiales fuesen ya por los magnífi- 
cos caminos del país á sofocarlo, o repelerla. 

/l\:n airairable era el artificio discurrido por ios 
dépotos americanos para conservar la tranquili-" 
dad en^sus dominios! Esto nos recuerda algu- 

. nos estatutos semejantes de la antigua Roma, 
cuando en tiempo de los Césares era señora de 
la mitad del mundo. 

Uno de los principales objetos de estos cami- 
nos era facilitar las comunicaciones militares. 
Este era un punto muy importante de su organi- 
zación militar, tan digna de estudiarse como su 
administración civil. 

A pesar de las protestas de paz dé los Tñcas, 
y de la tendencia pacífica de sus leyes fundamen- 
tales, siempre estaban en guerra. Ella era la 
que habia convertido su mezquino territorio en 
,utt poderoso imperio, y una vez llegado á este 
, punto, la capital quedó segura en él centro sin 
que la perturbasen ya mas los movimientos mi- 
litares, y el pais gozo de los bienes de la tran- 
quilidad y el orden. Pero por sosegada que es- 
tuviese en el interior, no hay memoria de un solo 
reinado en que la nación no estuviese empeñada 
en guerras con las nacioneá bárbaras de la íVon- 



76 CONtH'íSTA DEL PKKU. 

tera. La Religión ofrecía tiii pfetesto plausible 
paralas coiitinaas agresiones, y disfrazaba la 
sed de conqui:^tas de los Incas á los qjos^de sus 
vasallos, y acaso también 'a los suyos propios* 
Como los sectario% de Mahoma, que llevaban la 
espada en una mano y el Alcorán en la otra, así 
los Incas del Perú, no dejaban arbitrio entre ado- 
rar al Sol o la guerra. 

Cierto es sin embargo que su fanatismo, o su 
•política, se manifestó bajo una apariencia riías 
maderada en ellos que en íos descendientes del 
profeta. A semejanza del gran luminar que ado- 
raban, emplearon la blandura, mas poderosa á 
veces que la violencia. ^^ Trataban de ablandar 
el corazón de las tribus salvages que les rodea- 
ban y ganarlas <5on muestras de afabilidad y con- 
descendencia. Lejos de provocar hostilidades, 
dejaban pasar tiempo suficiente para que produ- 
jese su efecto el saludable ejemplo de sus sa- 
bias leyes, confiados en que sus incultos vecinos 
se someterían gustosos á su dominación, por el 
convencimienio de los bienes que les procuraría. 
Si este arbitrio fallaba, adoptaban otras medidas, 
todavía de carácter pacífico, y trataban de ga- 
narles por medio de negociacion^.s, de una con- 
ducta conciliadora, y de presentes a los principa- 
les gefes. En una palabra, ponian en práctica 

5ñ "Mas se hicieron señores fuerza.". Oii'Jogardo, Reí. Prim.. 
«I pQucipio por maña, que por M9 



LIBRO I. — CAPITULO II. 77. 

para ensanchar sns dominios, todos los artificios 
familiares á los mas astutos políticos de un pais 
civilizado. * Si todos sus esfuerzos eran vanos, 
entonces se preparaban para la guerra. 

Repartian el contingente para el ejército en- 
tre todas las provinciíis, aunque señalaban ma- 
yor numero á aquellas cuyos habitantes seHenian 
por mas valientes. " Parece probable que todo 
Peruano qué llegaba á cierta edad podia ser lla- 
mado á tomar las armas; pero los soldados eran 
algo inas que una milicia bisoña, gracias á la vi- 
cisitud del servicio militar, y á los ejercicios fi- 
jos'que'das o tres veces al ihes tenian los habi- 
tantes de todos los pueblos. El ejército peruano, 
que al principio era muy corto, fué creciendo 
con la población, hasta- que en los últimos diasi 
del imperio, llego' áseír'muy numeroso, de modo 
que, según afirman los contemporáneos, podian 
poner en campaña sus monarcas nada menos que 
doscientos mil hombres. En su organización mi- 
litar mostraron la líHsma habilidad y Víuyor al (ír- 
den que en las derfias cosas. Las tropas se di- 
vidían en trozos á semejanza de nuestros bata- 
llones y compañías, mandados por oficiales que 

iban subiendo por grados, desde el último subal- 

f^ 
terño hasta el noble inca que tenia el mando ge- 

(\ 
neral. sí 

53 ídem, Kel. Prim., MS.^- 195.— Conq. y Voh. del Piíru, 
Dec. de la Aud. Real., MS. M8: 

5^ Oomara, Ofoaica. c(ip. 



78 CONQUISTA DEL PEKÜ. 

Sus anuas eran las que todas las nacioues ci- 
vilizadas y no civilizadas usaron antes de la in- 
vención de la pólvora, es á saber,» arcos y fle- 
chas, lanzas, dardos, una especie de espadas 
cortas, hachas de armas ó partesanas, y Jioudas, 
en cuyo manejo eran diestrísimos. Las puntas 
de sus lanzas y flechas eran de cobre, y con mas 
frecuencia de hueso, y las armas de los nobles 
incas estaban comunmente adornadas de oro ó 
plata. Deíendian la cabeza con capacetes, bien 
djB madera o de pieles de fieras, muchas veces 
ricamente aderezados con metales^ piedras pre- 
ciosíis, y coronados con el brillante plumag'e de 
las aves de los trópicas. Todos estos ador- 
nos, por supuesto, los usaban tan solo las clases 
distinguidas. El coniuA de los soldados vestia 
qI trage particular de &it».respecti vas provincias, 
y cubrían la cabeza con una especie de turbante 
de telas de diversos colores que producian un 
\dstoso efecto, tas armas defensivas eran ro- 
delas, paveses y un escaupil o sayo estrecho de 
algodón acolchado, lo mismo que lo usaban los 
Mejicanos. Cada» compañía tenia su bamdera 
propia, y en el estandarte imperial que descolla- 
ba sobre todas, brillaba un arco-iris, la divisa de 
los Jncas, coA que denotaban su^ derechos como 
raza celestial. ^^ 

i 55 Gomara, Crónica, ubi su- cap. 20. — Velasco, Hist. de Qui- 

P pra.— Samirií^o. Vd-^'-jon, Mí?., to, tcni. !., pp. 17C-17Í). 



> * Í.IBRO 1.— CAPITULO IK 79 

Gracia» al perfecto sistema de comuiiicacio- 

.nes establecido por todo el país, bastaba muy 
poco tftmpo para que se reuniesen los rempla,- 
zos de los puntos mas distantes. El mando del 
ejército se confial)a á un gefé esperimentado de 
la sangre real, aunque era mas frecuente que el 
Inca lo nvandase en persona. Las marchas se 
hacían con gran celeridad y poca fatiga para el 

. soldado, pues que por todos los caminos reales 
encontraba, á distancias fijas, cuarteles en que 
alojarse con mucha comodidad. Todavía se vé 
cubierto el pais de los restos de eslas obras mi- 
litares construidas de pórfido y granito, que la 
tradición asegura servian para alojar al Inca y á 
su ejércyto. ^^ 

Habia también á ciertas distancias almacenes 

* provistos de granos, armas, y demas^ pertrechos 
de guerra, para que el ejército se surtiese en su 
marcha. Los gobernadores tf nian especial cui- 
dada de que estos almacenes, que se habilitaban 
por cuenta del Inca, estuviesen siempre bien He- 
Este último escritor da un ca- . distnbuidos.por todo el pais eutre 
talogo de las ahnas de los, anti- Quito y Lima, que él ví6 en su 
guos Peruanos, que comprende visita á la América de\ Sur en 
casi todas las que conocen los 1737, de los que describe algunos 
soldados Europeos, salvo las de con gran minuciosidad. Mémoi- 
fuego. Es de alabar en él que las res sur quelques Anciens Monu«- 
omitíera. mens du Pérou, du ten^s des In- 

56 Zarate, Conq. del Perú, cas, ap^ Histoire de V Academie 
Hb. 1', cap. 11. — Sarmiento, Re- Royale des Sciences et de Selles 

'dación, MS., cap. 60. LetUes, (Berlin, 1748,) t. II. p. 

Condamine habla del gran nú- 133. 
mero de estos puntos fortificados 



80 COXQtJISTA DEL PEUU. 

nos. Cuando los españoles invadieron el. país, 
mantuvieron mucho tiempo stis ejércitos con las 
provisiones que en ellos encontraron. ^^ Estaba 
severamente prohibido al soldado pehiano el 
atacar ^de cualquier modo que fuese las propie- 
dades de los habitantes de los distritos por don- 
de pasaba. Cualquiera violación de esta arelen 
se castigábale muerte. ^"^ El sohlado se vestía 
y alimentaba con el trabajo del pueblo, j los In- 
cas resolvieron con mucjia justicia que no paga- 
se este beneficio con vejaciones. Lejos de ser 
el tjército imperial una gabela para los trabajcíi. 
del labrador, d una carga para su hospitalidad» 
podía atravesar el pais de un estremo á otro, sin 
mas molestia para los habitantes, que ]% que po- 
día causarles una caravana de pacíficos camer- 
ciantes á una revista de soldados de procesión. 

Tan luego como se declaraba la guerra, tra- 
taba el Inca de reutiir sus fuerzas lo mas pronto 
posible, para poder prevenirlos movimientos del 
enemigo é impedir cualquiera combinación con 

5T "E ánsi," dice Óndcgar- se entendió que si fuera menes- 

do hablando cómo testigo ocu- ter muchas mas nó ildtaran en e) 

lar, •'cuando el señor presidente valle en jwjuellos depósitos, con- 

Gasca passó con la gente de cas- forme á la orden antigua, porque 

tigo de Gonzalo Pizarro por el 6 mi cargo estubo el repartirlas y 

valle de Jauja, estuvo allí siete hacer la'cuenta para pagarlas." 

jicmanaa á lo que me acuerdo, se Reí. Seg., MS. 

hallaron en depósito fnaiz de 58 Pedro Pizarro, Descub. y 

quatro y de tf»ft y de dos años Conq., MS.— Cieza de Le^ti, 

mas de 15,000 hanegas junto al Crónica, cap. "44.— Sarmrema, 

camino, é allí comió Ja gente, y Relación^ íMS., cap, 14. 



UCKO I. — CAPITULO lí. 81 

1g¿ aliados. El descuidar esta últimii medida fué 
puntualmente la causa de que las diversas nacio-^ 
nes del pais, cuyas fuerzas reunidas eran bastan- 
tes para resistir ú los Incas, fuesen soanetiéndo- 
dose á su yugo una tras otra. Con todo, una vez 
puesto en campaña el Iiica, no se manifestaba 
nunca dispuesto, á sacar de sus ventajas todo el 
partido que podía, ni á reducir al enemigo á la 
última estremidad. En cualquier estado que la 
guerra se encontrase, siempre estaba pronto á 
escuchar proposiciorres de paz, y «i bien es cier- 
to que trataba de rendir á sus enemigos destru- 
yendo sus sembrados para acosarlos por hambre, 
también lo es que no permitía que sus soldados^ 
cometiesen violencias inútiles en las personas o 
propiedades. Se cuenta que uno de los prínci'» 
pes peruanos decia: "Debemos conservar nues- 
tros enemigos, o de lo contrario obraremos con- 
tra nuestros intereses, puesto que ellos y cuanto 
les pertenece há de ser nuestro muy pronto." ^^ 
Era una máxima sabia, y como muchas de su es- 
pecie, fundada tanU) en la caridad como en la 
prudencia. Los Incas adoptaron la política que 
un historiador romano atribuye á su patria, di- 
ciendo que mas gano por la clemencia con los 
vencidoí»', que conquisto eon sus legiones. ^ 

59 -'MandaViise que en los nocido, procuraban que la guftr- 
mantenimientoa>-y casas do los ra fuese la ma« liviana que ser 
enemigos se hiciese poco daño, pudiese.*' Sarmiento, Relación;- 
, diciendoles el Señor, presto se- -MS., cap. 14. 
rán cátos nuestrcB como los que 60 "Plus peno parcendo vie- 
ra lo ícn; cerno cfto tenían co- lie, quám \'jncendo impérrau 



82 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Penetrados siempre de este mi^mo espíritu de 
benevolencia, cuidaron con todo esmero de la se- 
guridad y buen trato de sus tropas, y cuando la 
guerra.se prolongaba demasiado, o el pais era in- 
salubre, no olvidaban relevar la gente con nue- 
vos refuerzos, permitiendo que los reclutas mas 
antiguos se retirasen á descansar á sus casas. " 
Pero al mismo tiempo que eran tan económicos 
de la sangre, así de sus vasallos como de sus ene- 
migos, no se detenian en tomar las medidas mas 
severas cuando les provocíiba á ello lo feroz ü 
obstinado de la resistencia; y en los anales del 
Perú se halla mas de una de aquellas páginas 
sangrientas cuya lectura nos hace hoy estreme- 
cer. Debe también advertirse que esta política 
humana, que he pintado como propia de los In- 
cas, no hay que buscarla en todos, y que no fal- 
ta en la estirpe real quien desplegara en todo su 
vigor ese espíritu atrevido y poco delicado que 
se encuentra generalmente en los conquistadores 
vulgares. 

La primera medida del gobierno después de 
reducido un pais, era introducir allí el culto del 
Sol. Edificábanse templos, y quedciban al cui- 
dado de un crecido numero de sacerdotes, que 
esplicaban al pueblo conquista/ío los misterios 
de su nueva fe, y le deslumhraban con su pora- 

auxisse." Tit. Liv., üb. 30. cap. 61 tiarcilaso, Com. Real., 
42. Parte 1, lib. 6, cap. 18. 



LIBRO I.— CAPITULO II. 83 

poso cerenioniaí, ^ Pero no por eso trataban 
con desprecio la religión de los vencidos. El 
principal culto de jia ser el del Sol; pero las imá- 
genes de sus dioses eran llevadas aíl Cuzco y co- 
locadas en uno de los templos para que fuesen 
contadas entre las divinidades inferiores del Pan- 
teón {^ruano. Allí se quedaban como en rehe- 
nes de la nación vencida, la que de ese modo se 
veria menos tentada de sacudir el yugo, puesto 
que al hacerlo debía dejar ;sus dioses en poder 
de sus enemigos. «* . 

Para el arreglo de las nuevas ccmquiaüta» ha- 
cian forniar los Incas un censo de la población, 
y^andaban hacer una escrupulosa, visita de to- 
do el pais, con el fin de imponerse de cuales eran 
sus producciones, y de la calidad del suelo. ** 
^Hacíase en seguida una división general de los 
, terrenos, bajo las misrtiás reglas que régian en el 
resto del imperio, y se demarcaba la .parte cor- 
respondiente al Sol, al soberano y al pueblo. La 
estension de esta ultima se calculaba por el mon- 
to de la pG^»tacion; pero siempre era igual la por- 
ción asignada á cada individuo. Puede pareéer 
estraño que haya habido un solo. pueblo que qui- 
siera someterse, pacíficamente á tal arreglo, que 

62 Sarmiento, Relación, MS., 64 íbid., Parte 1, lib. 5, cap. 
<«ip. 14. 13, 14. — Sarmiento, Relación 

aa Aconta, lib. 5, cap. 1^.— MS., cap. 15. 
Garcilaso^ . Com. Real -> Parte 1, . .. 1 

Ub. 5, cap: 12. . 



84 CONQOlStA UEL PKKÜ- - 

exijia un despojo. tan completo délas propiedad 
des. Pero e^ preciso teneV presente, que lo su- 
fría una nación conquistada, y que á la menor sos* 
pecha de intentar una resíistencia^ se le atemorí* 
2¡aba poniendo guarniciones en lo8' puntos mas 
importantes de su territorio. ^^. E« taróbiep pro- 
bable que los Inca* tiO hacían raas cambios que 
los muy precisos para sistemar el nuevo orden 
de cosas, y. que tmtaban en cuanto 'erapasiblef 
de adjudicar las posesiones á sus antiguos pro* 
pietarios* A los curacas particularmente, con- 
firmaban casf siempre en su autoridad, o cuando 
- parecía oportuno deponer al actual, hacían que 
le sucediese su legítimo heredero. ^ Manifcstiii- 
ban gran respeto á las antiguas costumbres y le- 
yes del país, en cuanto no se oponía á las leyes 
fundamentales de los Incas* No debe tampoco 
olvidarse, que las tribus conquistadas, estaban 
por la mayor parte muy poco adelantada^s en la 
civítizacion para tener aquel apego al suelo que 
distingue á las naciones cultas. ^^ Pero cnalquie^t 

65 Sarmiento, Rélacidn, MS.^ 1& hnmaiikbui, ^u'é k>a hombres 
tap* 19. soB bastante sabios- para admirsr- 

66 Fernandez, Hist. del Perú, mas que á sus bienhechores. Co- 
PorteS, lib. 3, cap. 11. mo Sarmiento, por ser Presiden* 

67 Sarmiento da una noticia te del Real Consejo de Indias y 
conlpleta y muy interesante, de haber venido al pais poco des- 
la política humanísima que si- pues de la conquista, es una au" 
gnieron los Incas en sus conquis- toridad dé mueho peso, y ademas 
tas, la cual forma un notable cou* su obra sepultada entre el polvo 
traste con- la conducto que co - de la Ubreiiá ^el Escorial e« cftsi > 
múnmente siguen esos azote? de desconocida, hn inserido el ca- 



1JBRQ 1.— ^CAPITULO II. 85 

rd que sea la causa á que se atribuya, es muy 
probable, que los estraordinarios estatutos, de 
los Incas se plantearon con poca oposición en lod 
territorios conquistados. ^ . 

Á pesar de esto, lo3 soberanos del Perú no se 
fiaron del todo en la aparenfe sumisión de sus 
nuevos vasallos, sino que, para asegurarla mas 
adoptaron varios arbitrios, demtisiado notables 
para que los pasemos en silencio. — -Inmediata- 
mente después de terminada una nueva conquis- 
to» llevaban á los curacas y.sus familias al Cuzco 
IK)r algün tiempo. Allí aprendían el idioma de 
la capital, se familiarizaban con los usos y cos- 
tumbres de la 'corte, así como con la política del 
gobierno, y obtenían del soberano Aquellas seña- 
les de distinción que podían serles mas Hsonge- 
nis y aticionarbs mas é su persona. Penetrado» 
de estos sentimientos, se les enviaba otra vez á 
g;obernar sus vasallos; pero dejando siempre en 
la capital á sus hijos primogénitos, tanto para 
que sirviesen de prenda de su fidelidad, como 
para servir de ornato á la corte del Inca. ^ 

Otro arbitrio usaron de un carácter mas origi- 

pltnlo e&toit) en el Apéndice nú* cas 'no 8o!o sin repugnatieia, »• 

mero 3* no con placer." Pero Velasco. 

(}d Según Velascc, ha 1 1 el aiitorí Jad moderna, creía con; 

poderoso estado de Quito, que facilidad, 6 contaba con que oa 

ya habí» adelantado lo sufíclente- lo harían sus lectores^ 
en la carrera de la civilización 60 Garcilaso, Com. ReuJw 

para quo sus habitantes cónocie- Parte 7. lib. 6. cap. 1*2: lab. ?, 

sen bien el derecho de- propíc- cap. *i. 
dídr adoiítíó Ia3 leyes dé los In- 

I. ia 



86 CONQUISTA DEt. PKRÜ* 

nal y mas atrevido. Tratábase nada meriosl qü¿ 
de hacer una revolución en el idioma del paÍ9. 
ta América del Sur, lo mismo que la del Norte, 
estaba dividida en una infinidad* de dialectos, ó 
mas bien lenguas diferentes, muy ^póc» pareci- 
das unas á oti-as. Esta circunstancia estorbaba 
no poco'al gobierno eti la adníiinlstración de t<ls 
provincias cuyo idioma no conocía. Tlesolvidse 
por tanto, sustituir á todas ttna sola lengua ge- 
neral, la quichua^ lengua de lá corte, Irf capital y 
c} pais vecino, el-raas rico y áj mismo tiempo ol- 
mas conciso de todos lo« dialé'ctos de 1a Améri- 
ca del Sur. Enviaron maestros á cada ciudad y 
pueblo del pais, con obligación de instruiir á to- 
do* los habitantes hasta 'iá lo« déla clase ínfiriía» 
previniendo al mismo tiempo que nafiie que ig- 
norase esta lengua podria llegar á ninguii puesto 
de honra ó provecho, tos curacaár jr otros gefes 
que residían en la capital se íamiliarizaban con 
este dialecto en su trato con la corte, y óuando 
volvían í. su tierra, lo usaban para conversar en- 
tre sí; cuyo ejemplo imitaban sus córmtivas, y de 
este modo el quichua se fué v^lViendb*'poco á 
poco el idioma elegante y de moda, del mismo 
modo que en Inglaterra, después de la conquista, 
afectaba usar el normando todo el que ¿aspiraba 
á alguna distinción.. De ésta manera, aunque 
cada provincia conservaba su lengua propiíi,, se 
creo un precioso medio de comunicación *eoa cu- 



y^Üfttixiltér puilleron fratai^ eníre áí, y el Inca y 
, sus d^legtido^, éoiñunícarse con todas; T<il era 
elestrtdo i^wcí ^utirdabíin !ás cosas a. la Htfg^dá 
de los Españoles. No' hay dtitla que en la histo« 
ría se halktii peeos e^etnpíós dé una áatoridád 
te nbsalatft, cxyixio el carabirtr el teugnage de üti 
iínpericí por la sola noluntad' de* sii ¿eñor. 'í* 

Pq«o meaos singular fué i^in embargo, otraíil- 
yetiéion de qae se valiet^n los Indas para asegu- 
rar la fidelidad de^us vasallosv Cuando una pat- 
te de la nación recien conquistada descubría sín- 
tomas repetidos de descontento, nó era raro que 
auna parte déla población que llegaba á veoe« 
á 4ic¿ roil o nías personas, se le trasportase é 
6tro puntó distante del reino bcnpado por vasa- 
llos antiguos, de cuya, fidelidad no podia dudarse 
lln? humero igual de estos "^e trasplantaba! al teif- 
ritorio qüie dejaron tfe^ooupado los primeros^ 
Por resukado-dd estos éambiosí quedaba la po- 
bkteionxompuei^ta de dos razas distintas, qtíé se 
miraban mütuanniente con una desconfían^ muy 
utíl para sofi>car buhltiuiera tentativa de sublé- 

' 70 IbicL, t'arte í, \\h. 6, cap. ^ querer deprender mas . lenguai 
35;li^.7, cap. 1» 2.— Ondegár- délas suyaa propias, Iob Reyfts 
do, Reí. Seg., MS., Sarmiento, pudieron tanto, quesalieron Ddn 
Rehiciou, MS., cap. 55. su intención y ejlos tubieroQ por 

''AuB' l& Criattu-a- no hal>iese bien de cumplir su mandado y 



do el Pecho de su. Madre tan de veras se entendió en ello, 

guando le comenzasen á mostrar ^ue en tiempo de pocos afíos se 

la X^engua que havia de saber, y savia y usaba una lengua en ma« 

aunque al priiicipio ín€ di6caltó- de mil y doscientaa leguas." Ibid., 

so, é muchos se pusieron en no cap. Hl. 



vacioti. Con el trascurso del tiempo, el ejeioplo 
de los btier^QS pr^Y.alecia al fip, pues tenia en su , 
apoyóla autoridad real, y la influencia continqa 
de las. leyes funUíimentules/é las que por grados 
se iban acostumbrando las razas estrangeras. Se 
despertaba poco á poco en. su pecho un espíritu 
de fidelidad, vy anteis que pasase una generación, 
ya i^e hsibiau mes^elado \y confundido todas las 
tribus como miembros de una mistma comunidad* 
'^ Perq á. p<}sar de esto, cada raza continuaba 
disting]qiéndos$?poj: suA'estido, paastoque según 
una antigua ley,, eada ciudAdano debía usar el 
tcage deja proviucia.de dxxndé era nataraL ''^ AI 
<polono trasladado de cate modos tampoco le que* 
daba el recurso de regresar á su pais natal, 
porque; otra ley prohibía que na^e cambiase de 
residt^acia sin permiso, ?^ y así quedaba fijado 
allí para -toda su vida* £1 gobierno peruano no 
tan Qolo señalaba á cada uno de »q$ subditos el 
punto en.qite debia residir, y los límites dentro 
de los cuates podia obrar^ sino que basta deter- 
minaba la naturaleza y calidad de &us acciones, 
librándole en cierto modo ^e toda responsabili- 
,dad personal, ya que dejaba de ser un agente 
libre. 
En la práctica de esta singular disposición cui- 

71 Ondegardo, Kel. Priiii., el Inca por muy Importante/' 
MS.— Fernandez, Hist. del Pe- Líb. 6, cap. IG. 

rfi, Parte 2, lib. 3, cap. 11. , 73. Conq i Pob del Pim 

72 . "Esto" dice «1 P. Acostn, M^. 
para el buín gcbií»inb. lo ^ñh 



Linw I.-r-CAPIlpüLO U. tí9 

duron mucho los Ipcas de combipar luista donde 
fuíjse posible la conveniencia y bienestar de los 
í^olonos con la ejecución de sa intento. Siempre 
atendiaaá que los mitimaes, como llamaban á es* 
tos emigrados, fuesen llevados á los climas mas 
semejantesal suyo, no trasladando los^ habitantes 
de ^paises. fríos á lo^ calientes, ni al contrario* ^^ 
Teníanse antes, ptesentes hasta sus ocupaciones 
ordinarias^ y establpcian al pescador en. las.cer- 
canias del Océano o de los lagos» mientras que al 
labrador ddban las tierras mas propias para ll€-> 
var aquellas semillas, cuyo cultivo le era mas co- 
aocido. 75 Y así, como machos, si no todos, mi- 
xao la^mjgraeion como nna calamidad, el go« 
bierno cuidaba de 4ar á los mitimaes pruebas de 
un^ atención particular,y concederles varios pri- 
vilegios é inmunidades para que mejorase sucon^ 
dipipn, y si posible ^ra, llegasen á cónfolrmarse 
con su si^erte*'^^ 

Aunque las leyes fundíimentales del Per« pue- 
dan haber sufrido algunas mejoras y modiiicacío- 

74 ''Trasmataban de laft ta- 75 Ondegairdo, Reí. Priin., 

les Frovinciú la cantidad de^n* Af8. 

te de í^ue de clki parecía convG- 76 Loa descendientes de eit- 

nir que saliese, á los cuales man- tos mitimaes se encuentran toda- 

daban ^«sar á poblar otra tierra ^ia en^Qnito, 6 ¿ lo menos se en- 

del temple y manera de, donde contr iban á fines del siglo pasa- 

salian, si Aria fría, si caliente ca- do, según Vclasco, distínguién- 

liente/ en donde les daban tienran dote con este nombus del resto 

y campos, y casas, tanto, y mas de la población. Hist. de Cliiito, 

como dejaron." Sarmiento, Re- two. I. p 17S. ' 
ncioú, M9», C3p. 10. 



tres, c a los reinado^ de sus diversos irianatcaif', 
tín cada una se descubre el husmo ¿aVácter del 
ürigíñaljCortto 'ai todas hubiesen sido vaciadái 
en un mismo molde. EÍ ihipeíio coiífórtíié se va 
fbrtaleciendo y ensanch¿índó suceáiVam«Óté,^tió 
es sino iíl desarrolló en grahdfe eseáládes jó qtre 
era al principio ^eií miniatura, así'conió se Sdicfe 
4iie en el seno de la seiníifá sfe encierra todo el 
ramaje del fdturo monarca de la' selva. Cada 
Inca que subía al trono, parecía nó desear otríi 
cosa que seguirlos pasos'de su predécésór-y lle- 
var á cabo stfsl pfoyfectos. Gniñdes éttipresas 
que comenaíaba uno de ellos, kis continuaba otro 
y venia á acabarlas uti terccm.- Obraíidotrsf to- 
dos bajo un plan fijo, sin aquellos riiorrmieñtds 
irregulares o tfetrogados (jiie revela la ínfltrencia 
de diversos agentes,. el estado pareeiá dirijído 
por una sola manoj-y . mítri^h^bá con paso firriie 
en su brillante carrera de civilizacíoii y de con- 
quistas, ^omo si la vida: de sus. diversos isiobe ra- 
nos nó hubiese.^ sido mas que.iui; largo y glorioso 
reinado. 

El principal objeto de estás leyes fandaTñen- 
tales era la conservacipn de la tranquilidad inte- 
rior; pero parecia que ésta sold podía eonsegtiir- 
se manteniendo la guerra en el éisferior. .Tü^an- 
quilidad en el corazón' de la monarquía y guerra 
en sus estremidades, tal era la condición del Pe- 
rú. Eñ esta guerra hallaba ocupación para una 



páHé deí payfJlo, y'pró¿üraí)á segúridíid átóAo?. 
con la conquista y civilización de sus bárbaros 
vifcíhós. Tddtí Inca, por blaiidb y benévolo* (juc 
fílese en su ^óbícífno interior, era un guerrei'o j 
mVAdab^á éW'iiíeiísona suá ejércitos. A cada reina- 
á6'^sé éátetidíkn 'ríiás y mas los líniites del impe- 
rio! CHfef todos íóh años volvía el victorioso rrto- 
ñai^ca á súcajíttát curiado de despojos, y seguí- 
do tfé^ Uña lüuitlttiad'e caiíáiliós íribütarios; f allí 
lé ácbjiHb con la pompa de un triunfo romano 
Stiá'^iiiHumetáAres habitadores saliáti á recibirle 
^ón 'ftáhderás, engalanados con los vistosoií tra- 
jtíáf ' dfe las diverjas proTincias, y sémbráfidó' de 
híiÁaá'y tl'tí 'flbWs Ik'sendá del veñcedót. Él In- 
tá," llevado en hoíhWos dfeíoá nobles en Su silla 
áé! óiíó/, iegúía en procesión áolemné bajo los ar- 
KroVtrlürtftílfei^, levantados en todo el camino, ñas- 
fh n^gaí al templo del Sol/ Allí él principé vic- 
toriosa, siñ'ácttínpanámientd,' porqué á todo él 
ilitíiida, tneittps al monarca, estaba prohibida la 
étií^Mü ^lí el i§ágrádo técinto, despojado de las 
Máigniáé rédlés, dés^ckl^ó y éón lá mayor hiimíK 
dad; isre ácei^ciába fila; Véneifableára, y ofreciasa- 
étóMés y accionéis dé g^keiás á lia gloriosa dei- 
4dd'()ue pt^otegi^ la» foirtúftasj de los Iricas. Con- 
dtiída eWa^tíeféffl.díiT*, iWpóMacibñ entera sé en- 
ttiegábá ái fegóüíyd) por toda la citidad se veían 
tn^^c^á^,' danzas- y banquetes, y celebráliíán cotí 
ilaminacioneif jfliintitíUriaá las m tona» d^l Inca 




9a , CONQüIsrA 0EL O-ERÍJ* 

y la agregación á sa imperio* de fin niievp terri- 
torio. "^^ ^ . . . ; 

Esta fiesta tien^ en jnucba paíKc aspecto di? 
\ina solemnidad religiosa, bie^. que todas las 
guerras peruanas tenian tani.bie.i) .un caréptex re* 
ligioso. La vida del Inca no era ptra cosa, que 
una larga cruzada contra los infieles» para estien-^ 
der el culto del Sol» sacar ^ las uácüones e.stra:* 
viadas de Jas tinieblas de. una grosera sup^F^U-* 
cion, y traerles á gossar de los beiieficips de. un 
gobierno bien organizado. Esta era. la "misiqu!' 
\\ fí \Ny ^el Inca, para valernos de «na frase, favorita 4^ 
k \? |ioy. También era e§ta la "misión" del cpnqaijs* 
^ Si/ |tador cristiano que invadid el iniperio de: este 
'^ jmismo monarca Indio: á la historia toe^ decidir 
«cual de los dos la desempeñó con mas fidelidad. 
Apesar de todo esto, los soberanos del. Perú 
no manifestaron una impaciencia pueril por en** 
sañchar su imperio. Concluida una campaña, 
Buspendian sus operaciones y d^aban pasar 
tiempo suficiei^te para qijie se asegurase una ooeh 
quista antes de en^prender otra, y en este inter* 
medio ocupaban el tiempo en la adminjstraeion 
de su reino, y en sus larga» peregrinaeioi^es, pa- 
ra ponerse en comunieacion mas inmediata coi^ 
su pueblo. También durante este tiempo sé ha- 
bian ido aoostumbriinda los nuevos vasallo» alas 
desconocidas leyes de su» señores. Aprendían 

77 Sarmiento, F«ljie¡(w,,MS., Pwte l.m ^, p%py IJ, 17t ib. (^, 



LIBRO I. — CAPITULO lí. 93 

á conocer el valor de an gobierno que les libraba 
de los males físicos inherentes á uiyestado de bar- 
barie; que protegía sus personas y les aseguraba 
una conipletji^rjh^ippemflt 1511 tojos los privile- 
gios que gozaban sus conquistadores^ y confor- 
me se familiarizaban con las estrañas leyes del 
pais, la costumbre, que es una segunda natura- 
le^ep, X^M Ivu5ia aíipioi^arse, á ella^r prpcisai^ente 
por su misma «ingiilaridad. ^ De -enie modo^ por 
grados y sin violencia, se fué levantando la ma- 
gestuosa fábrica del ipaperio Peruano, compues- 
to jje un gran, número de tribus independientes, 
mnctias veces hostiles unas á ptras, ytodas r4?u- 
uidas por la influeiic;ia de ^na mism^ religión, un 
misifiQ idioma y un misiiao gobiernOi, hasta for- 
mar, una sola nación, anknacja de ,un mismo es- 
píritu de ampr á sus leyes y d,^ firnae Jeali^d.á su 
soberano., j Qué contraste con la moDarqiiiV az- 
teca del continente, vecino,, que compuestia de los 
mismp^ elemei|tós heterogéneos, sin ningún prin- 
cipio interno de adher<^ncia, solo se sostenia por 
Ja presio^ esterna de la fuerza fisicfi! l»as cau- 
sas porqué l^ monarquía Peruana nQjsalió me- 
jor ^ibrad^i que sil. rival jen la lucha Ctpfi la civili- 
zacipji earopea* ya se irán yienáo ej discurso de 
esta obra* 






^tosw«i*FiBrtA».*4-yiltciKTÍris« »ift Sol;--» CASAKltli^- 

Es un hecho notable que 'tthíf gran parte de \'Ás 
tribus incultas que habitaban eí Vasto cónti'néh- 
te americano, por más supersticiones fídiciilas 
qtíe hubíé'sen introducido éii otros puntos de l^u 
¿rfee^cia, alcanzaron el coOoicimknto de uñérráñ- 
dé Esphntd,'CVeador'dél\itiiveráró/que siencíoiñ- 
nüátéríal por su propia éséticiá, tío dét>¡a inj*á- 
' riárselé tratando de revestirle de formaé Visibles; 
ni enceri-ár tátiipócó en los estrechos niuWs de 
úü templó al que con su inmensidad lleiiabá todo 
él espacio. Estas elévadaé ideasj tan su^eWoíés 
á' los áícancéádc una ititéíigéíifciíi' ¿ití' guMi ^tlo 
parece, sin embargo, que produjesen ¿ti lü prác- 
tica las consecuencias qtíe debían espérairsé: po- 
cas naciones* de ia América se ndhniféstarbü rtítiy 
solícitas de la conservación de un culto religio- 
so, ni §e vé que sus, creencias fuesen el móvil 
que les impulsase á obrar. 

Mas con los progresos de la civiHzacioni fue- 



^^íu 



< LIBIEO U— -CAWTlílXI n. 95 

i^dti éei»pettándos« peVo á ppcokleafimá&CQfifQr- 
íü^fs á la» qn^ trenes '4a9*ntition6s eult as? ptoTe- 
yerotí eonmatioftane^pam el sostea de un: cul- 
to lieliígiófeo, íy desíinarori un* cierto húmetp de 
- p^tsonás; ibftimndo tle-ellas uüb ciaseaepácada, 
pai^a qoe desempeñasen Isis eerenibniasje^t^Ue* 
^Jda8| q<)e en lo eom^lioado y pomf^oáo úo-temcan 
entrar en eo^ipameion ha^ta^oíerto punto» cAn 
las que usaban las nationes mas cuitas de la cvis- 
'tiáhdlid. Así scié^dwi: entre los pn^tv» qaé ha- 
%Íta%a^'Ia6 llanbt^ de lit América* Setentcional' 
é^tre Ió8 natdra^tes dc^ Bogotá, Quitoy y otas re- 
giones elevadas del co«»^ineb té aaslcal, y sobre 
fodó, éntr-e los I^üános^ qmeDMrataribuíaa^ios 
Hiñdadóres de su imperio un origéa divino; cu- 
yos estatutos llevabais el%séllo dela.díVinidad^ y 
éüyas'leyes interiores; así con^O'Su^ guerras es- 
-^.i'^ilgems, Be drrígian <i rnaatener y propagar su 
iretigion. EsJta era el ííbndafatento de supíoUtka, 
'yeomo «t^a condickiB iiksep»rable de sriexisten- 
eia socialr lEl ^obierÉor^de loslnba^tno era en 
su esencia mas qu^ urávpilra teocráciéj . ,. ^ 

Síú étnbar^Oj'aunque'etl la teoría, así cerno lín 
ia ][)ráctica, die.su sij^tenm: político, hacia la reli- 
gfíon úh papel tan notable, sü mitología, es decir 
esas fábaias tradicionales .con que pretendían es- 
;plicar loé mí stetíoS*éloíii terso, eran smttfaftien- 
tft pobr-es y .púerilpst Si se esceptga la qi^e tra- 
ta délos divinos fundadoirfes dé su intperí^yque 



06 Cd.>íitJhSlí*A DÜL PEHÜ. I 

es muy herniosa, apetíasise; hallará ,mia' de.sa^ 
iratdif^tone^ qnemer/Bsica tne»cjk>narae o que ayiii- 
clealgo á at^larai^ suiá autigu^datle», ó la Listo-* 
íia primitiva, del hombre. Entre las tradiciones 
de aliena itnporliancia, se .encuentra la del dilii- 
viO) qae tenían á semejanza de - dantits 0tra9 na- 
ciones de todas las partes del miíndo,» y qne rc- 
feriaíi con alganos^ pormenores, parecidos 4 los 
de lina leyeiida n^jieana^:^ 

Sus ideisús^ respecto ¿ una vida futura, son tnas 
dignas de Petición» . Admitian la existeiniem del 
alma de^ues de la mii&rte^ y jiintaménte creiail 
en la resurrección de los cuerpos. Señalaban dos 
lógíures&eparados para habitación de los buenos 
y de los malos, destinando á estos últituQs ei 
centro de la tieirra. Creían que los buenoj» pasa^ 
ban uaa idda vokptuoflra-y. tranquila en^edio 
del ocio y del descanso, que era todo lo que al- 
canzaban sus mas elevadas ideas de la fóUcidad^ 
Los malos tenían que ^expiar sus crímenes por 
siglos de trabajos^ 'forzados. A estas creencias 
añadían la de uft'mal principio ó espíritu, cuyo 
nombre era Capay, al cual nun?a trataron de 

i Contaban que déspties del Azüan. (Coñf. Aeosta, lib: 6^ cap. 
dihlTio, salieron siete personas . 19; ]ib. 7, oap. 2.«-Ondegardo, 
áe una cueva en donde sé ha- Reí. Prím, MS.) La historia del 
bian salvado, y volvieron tt po- diluvio 'se hofta referida con nfii 
Uar la tierra. Una tradición de chas variaciones e» los diversos 
los Mexicanos atribuia igualuien<* escritores, no siendo difícil des- 
te su origen y el de las ^ tribus cubrir en algunas los retnkltifo» 
oompaSeras^ á siete personas que de Ion ooiiveito». 
ealierott de otilas tootafl <;ttev^ de 



« LiMO Í»»KJAÍ?ITÜL0 lili 9t 

ILpiábar pdr medio de saérifiek^^ y que parece 
haber sido una imperfecta perwnificacion del 
pecado, q^e ejercía muy po^a influencia en sg 
conducta. * 

Esta creencia de la resurrección dé los. cuer- 
pos dio oca&ion al empeño con que trataton de 
conservarlos, por un métodOimuy sencillo, y ea 
nada parecido al prolijo erubalsamamiento de 
los egipcios^ el <^ual oon^is^ía en espqaer el ea« 
da ver á la acción del aire» que. en aquella^ mon^ 
tafias es saniamente seco, frió y rarificado. ^ Co- 
ícho treian que las ocupaciones de la vida futura 
eran muy semejantes á las* de esta^ enterraban ' 
ton los nobles que morían ana parte de sus ves* 
tidos^ sus muebles y muchas vecps sus tesorosi 
complttando la triste cerénion^a f^on el sacrificio 
de sus mugeres y criados favoritos, para que le 
hiciesen compañía» y le sirviesen en Us felices 
tegioncs de la eternidad. * Levantaban sobre los 
sepulcros unos terraplenes d montícijios de figu?; 

2 Ondegard^, Reí Ser;, MS., había de ser proporcionada á su. 

' -i-Gomara. Hist. de las Indi., capi condición én éste mundo. 

123,— óarcilaso, Com. Real;, 3 Tal jiarece ser á lo meno» 

l*arté 1, Ub» 2, cap. 2, T. la opmioil de Garcilaso, aunquó 

Podría fcreerse que tos Perua- algunos escritores hablan de re- 
nos de educación, si así pueden «ñas y otros ingredieútés par» 
llamarse, pensaban que las gen- embalsamar los cuerpos. El at- 
tes del pueblo so tenían alma, pecto de las momias reales Italia» 
feegan lo pbco qme nos dicen aéer- das en el Cuzco, según le des»' 
«a de caaj era su opítiion sobré criben OndegarÜo y GarcilMO, 
álflfttado de estás en la vida futa- hace muy probable qtia no m 
»a, al paso que se estienden tan- empleaba para sn coriserraoífiQt 
to sobre «I porvenir de los da^ee ninguna tubstancia éstr&Sa. 
ittrttngaick^ Tünf •téOs» ét^ 4 0»d^rdb, llel. Beét¡ Ué. . 

I* ii 



9é CONQtJIál'AtrEL reRU. 

tó irregular y é v^ces oblofiga, atmvesa<tes por 
galerías que ^t cortaban en ángiiloá feetosV Se 
ha encontrado en eMos gran ñámete dé ctíerpos 
secos á momias, á veces en pié, pero con nhis fre- 
cuencia sentados en la postará propia de los in- 
dios dé arabos continentes. Hánse hallado S ve- 
ces también inmensos tesoros en estos monum-en- 
tos, Ip que ha desf^rtaflo la codicia de otros es- 
peculadores para repetir lá^ «scavaoiones «dh éíí- 
peranzas de igual forlÉtna. Esté era^ ün jtfegd 
de lotería como el de bitsearnaínas; pel^ que rte- 
wlto mas desventajoso para tos jugsiddres. ^ 

Los Peruanos, Como tantas otras naci^es in- 
dias, reconoeiati uíi Ser Snprémb, creadoi^' y Gro- 
bernador del Universo, qué adoraba» bajo lo» 
nombres de Pachacamac y Viracocha,® •Á éste 

El" Licenciado dice que esta á. la conquista, sé sacaran 4© jas 

04»8tiimbre CMitinuó aun despites tAmbaa de los afrefedores de Tra- 

déla conquista, y que él había jiUó, tesaros valiosos en más d« 

salvado la vida á mas de uno de medio iiiillon de ducados (ceu- 

BBtoe domésticos, que había acü- vree, éd, par Llórente, *(I*trii, 

dido á él para que le protegiese, 1822.) tom.H, p, 193.) ¡El ba- 

cuandó Iba^ á sacrificarle á los ron de IJumboldt visitó en el 

manes de su difunto señor. mismo punto el sepulcro de un 

o Sin embargo, estas minas príncipe peruano, del cualsaoó 

sepulcr^es pagaban á veces el un Español en 1576 una canti- 

trabajo de la excavacipn. Sai- dad de oro d|?l yalor de un millón 

miento dice, que con los nobles ,de pesos. Vue des CordiUére», 

se enterraba algunas ocasiones p. 29- .,' % , 

una cantidad de oro del v^or de ,^6 Faehamac sigi^üfica |el que 

100,000 castellanos. (Rejacioa, mw^^ene ó da vida ^l uniyeísc." 

MS.^ cap. ^7;) y Juq^ C^iaas, aun- .El nombre 4^ est^, deidt^d se ex- 

que ño es la mejor. autoridad en presa á veces com.binanidb las 

tratándose de números, rtífie^e dos palabras Vüacooha y Pa- 

^ gue ezj los veíate años siguientes chaQipiac. • (V, Balbo^i, Hist, da 



LIBOO !• — CAPITULO 11% ItO 

•fier invisible no alzaron ningún templo^.cscepto 
nno en el valle que tenía el mismo nombre de 
aquella deidad, no lejos de ]a ciudad de Lima; 
y ^un este e^istia^ yapantes de que los locas su- 
jetasen aquel pais, siendo un lugar muy frecuen- 
tado por los peregrinos indios que veuiaa^ de los 
puntos mas distantes; circunstancia q^ie induce 
á sospechar* que si bí#ft ppr un efecto de su 
flexible po)ttÍQaylQi3 prÍBQÍpes pema^nos^ fomenta- 
■ron la adoración de este Grande EspirítUf no fué 
>«staMi^da por ellos, "^ • 
> La deidad ^qyq culto se rec<Hnendaha con mas 
empeño, sin: que dejasen jamas de establecerlo 
do quiera que penetraban s^a estandartes victo- 
ríososv era el Sol. £1 regia mas de cerca \on des- 
titeos de los JlhombreS) daba lúa y calor á to4a9 
las naciones, y vida á los vegetales; le reveren- 
ciaban como padre de su dinastia real y funda- 
dor de su imperio, y su» templos se* levantaban 
ey todas las ciudades y casi en todos los pue- 
blos, «en la inmensa estension del in»perío, sin 
que dqásen de humear en sus altares los bolo- 

PénK.S cbap. 6.~Aeosta,i¡b. 6, Conq., MS., cap. S7. UUoa da 

cap. 91.) Un anti^o Español noticia de tmas extensas ruinas 

encuentra en el significado ce- de ladrillo, que denotan proba* 

man de Viracocha, "espuma del blémente el lugar del templo de 

mar/' nn argumento para atribuir Páchacamac, cuyo «stado actual 

el origen de la civilización perua- atefitigua su ^ntígua' ipagnificen- 

aa á algan Tiajero que vino del cencía j solidez, Memoires Phs 

Vnjo Mundo. Conq^ j Pob. del losopbiinea, flistoriques, Phí«i- 

*P¡nl, MS. qties. (Parií», 1787,) traíf. Fr.p, 

7 Pedro Pizarro, Dcscnb. y 78» 



100 CONQUISTA DEL PERÚ. 

caustós; especie de sacrificio usado tan solo por 
los Perutinos entre las naciones semicivilizadas 
del Nuevo Mundo. ® 

Ademas del Sol tenían loa Incas otros objetos 
dé adoración, que de un modo ó de otro tenían 
delación con esta deidad principal. Tale» eran 
la Luna, su hermana y esposa, y las estrellas, 
queA'eneraban como p^rte de la comitiva de és- 
ta, aunque á Venus, la mas héirmosá dé todas, 
que ío^ indios llamaban Chasca, 6 **la de cabe- 
llos largos y crespos," la consideraban cómo pa- 
ge del sol, pues que le sigue tan de cerca al sa- 
lir y ponerse. Dedicaron también templos al 
trueno y al relámpago,^ los que mlj^abfíh como 
unos temible^ ministros del Sol, y al Arco-Iris, 
que adoraban como una emánacioH de su glorio- 
sa deidad. *® 

* 8 'A lo menos así lo dice el nes y de otras aun mas atrevidas 
Di. Me, Culloh, y ño paéde de- (V. Acosta, lib. 5, cap. 28); cau- 
searse mejor autoridad en tratan- ficándolas de invenciones de los 
dose de antigüedades americanas indios recien convertidor que de- 
(Researches, p«392)>>auáquépit» seaban agradar á sus maestros 
diera haber incluido también á . cristianos (.Com. Real., Porte 1* 
las naciones bárbaras. ]ib. ¿, cap. 5, 6; lib. % cap. 21.) 
. 9 . ^40s Peruanos expresaban La impostura por una parte y la 
el trueno/ el relámpago y el ra- credulidad por otra, hanproduci- 
yo con solo la voz lUapa. De do una abundante cosecha de ab- 
^ aquí dedujeron los Españoles que . surdos, que han recogido con to- 
. los naturales tenían conocimien- do esmero los piadosos antícna- 
to de la l'rhiidad. ''£1 diablo rios de las generacionet siguien- 
hurtaba de la verdad todo lo que tes. 

podia/' esclama Herrera lleno 10 La aserción de Gar^ilaso 

de santa indignación. (Híst. Ge-, (Com. Real., Parte 1, lib. 2, capt 

üeral, dec. 5» lib. 4, cap. 5). Gar- 1, 23^), de que loe onerp4w o«I«»- 

^ «Slasc »e borla de ^k^m dedoecicK %^ ^nm ob^ ciei«DexacMqi«ih 



LIBRO 1.— CAPITULO III. 101 

Ajdetnfts de éstas, indayeron los subditos dé 
los Incas en ^1 número de las deidades inferíores, 
mochos objetos naturales, como los elementos, 
los vientos, la tierra, el aire, las grandes monta- 
nas y ríos, que les infundian ideas de sublimidad 
y poder, 6 que suponian egercer de un modo u 
otro, ona misteriosa influencia en los destinos del 
hombre. " Adoptaron también una opinión, no 
del todo desemejante á la de algunas escuelas 
de la antigua fílosolSa, y era que todas las cosas 
de la tierra tenian su prototipo 6 madre^ como 
• ellos le lianíaban, lo que miraban como sagrado, 
pues que formaba es cierto modo su esencia es- 

mo coHM sagradas, pero no de mac y á Rimoc, el oráculo de la 
' adorscicm, se encueo^u centrar -, ^¡enm coman. La mitolo^ pe- 
dicha por Ondegardo, Reí. Seg., ruana era probablemente seme- 
MS., — Dee. de la Aud. Real., Jante á la del Hindostán, en don- 
MS.|--"Herrera, Hist. Gei^rali de á la sombra de dos, 6 cuando 
déc. 5, lib. 4, cap. 3, — Gomara, mas tres deictades principales, se 
Hist. de las Ind., cap. \2rlr^^ reunia otra multitud de inferiores 
podría aftadir, por casi todoi los que la nación adoraba como per- 
escritores de autoridad que he Bonificaciones de los Varios obje- 
consultado. La contradice tam- tos de la naturaleza, 
bien eh cierto modo la conJf^ion H Ondegardo, Reí. 8eg^ 
del mismo Garcilaso, de que los MS, 

Indios personificaban todos estos Estos objetps sagrados se Ha- 
objetos considerándolos como sé- maban huacas, palabra de amplí- 
res animados, y como á tales les gjmo significado, pues que cieno- 
dedicaban templos, con sus imá- taba un tanp^o^ u^ tumba, cual- 
genes figuradas del mismo Q^do ^^^ objeto natural notable por 
que la del Sol en el suyo, A la .^ tamaño 6 su form»; en suma, 
verdad que los esfuerzos del bis- ^na muchedumbre de significa- 
toriador para reducir el culto d^ ^^ que por su sentido contra- 
tos Incas al del Sol, no se conci- dictorio han introducido unacon- 
liab muy bien con lo qu«^en otro fusión imcalcuIaUe «n los esczi- 
lagar dice del hom^nage qu» toadtkft idffewíAdwmi y Tiaf#» 



piritoaL ^ Pero, su si^t^m.a religioso, lejo^ de 
Uniitur$e 4 esta multU^ ^^ ^bj^^^P^ 4^ <l^v()cioiT, 
era bai^ta^te ánapUo para admitir tc^^ía Um nu- 
merosas deidades de"'l^s;QacioH^fi con€^s^da$« 
cuyas imágenes eran Uev^d^s á la capital, y aUí 
costeabaq las respectivas provincias los crecidos 
gastos de su culto. . Este era un notable rasgo 
de política de los Incas, que asvsajbianconcialiar 
su religión con sus intereses. ^^ 

El culto del Sol er^ sin fo^a^gp el priueipia^l 

.objeto de la atención 4e 19$ Ijpca^y y gastabfin en 

él sumas inp^ensaf* El m^s antiguo, de tantos 

.templos cfijfno ]|íab^ d^i^cados.á.esta divinidad, 

estaba en la isla de T^itiaca* de donde suponían 

que habían sabido los. divinos fnndadoreer de su 

dinastía- Por esta circunstancia ejra estp templo 

i •• ■•■i, . . • ■ 

\ . . . 

12 "La ordeii por donde fun- Asi parece que lo consideró el 

daban sus huacas que ellos llama- Licenciado Ondegardo. "£ los 

vana las Idolatrías, hera porque ídolos estaban en aquel galpón 

decían que todaa criaya el Sol i |p[isiide de la ca^^a del Sol^ y cada 

que les dava madre por madre ídolo destos tenifi su servicio y 

que^. mostravan á la tierra, por- gasips y mujeres, y eíp la ciwa 

que decían que también tenia del Sol le iban á haq^r reyerep- 

madre, i al maís i á las otras se- cía lo^ que venían de ^u proyin- 

' menteras i á fas bvejas i ganado cía,, para lo cua] é sa/pri^cios^u* 

decjacn que tenían niadrte, i á la^ ge hachan prpveÍDii da, 9ft iviaps^ 

' tliocha queüs 61* brevaje ^e ellos tierra ordinaria S Vfniy abmi^K^ 

visto decían' qtte' el víiía^e favra tómente por Ic^ misma prd^^ que 

Vá ihadre í W^ettréiickLvkn^i Uá- lo hacían cuando estaba en la mi{i- 

mavail mtutík agttft íaüárt áéí'ñ' ma provincia, que daba ^n an- 

' n&gf^f i & cada coéa adortfttbi torídad ^ mi parecer é aun fuer- 

' destas de su nisnetá." Conq. i za á estos Ingas que cierto me 

Pob. delPiru, MB: causó gran admiración." ^1» 

*- Í3 "'Tc^o'VíTúrTo, Cfc^ti: y * Scg., MS. 



Qbjiptxy, á^ v^^y^iWtMÍQnf^úé\úat* Todo Id 
que le pertenecía, hasta los campos de (naÍ2:qu« 
;ro4e0bí9(Vk ^IterpplQ/jr.eran pjiopiedad saya, par- 
Ij^tp^liíaa.^ $Q santidad* El producto ^naal se 
.(lipt^iMuiácrn poquéñasporoiomes entre los ahño- 
• ceivets: púbtico$v lebma una reÜqtiía que babia de 
:8fiEtLficar. ej re$to del aicdpio. fil hombre qtte 
podtiit' conseguir pará.sú granero tina sola mazor- 
ca jder la QOdeeha. sagrada^ se consideraba feli¿. ^^ 
.. JPecoel nms üimóso de los templos Peruanoá, 
el oir^aiio.de la^/capital y la maravilla del ímpe- 
-rt9v^e£á(aba en el Cmea, y con las ofrendas suce- 
isipui dq Ips sobenanos llegrf á^ íal^ grado de^ríqüe- 
•sa^ qúeh&lhaasAísmCorícamhaf o «^iarrio de óro;." 
.'Sie? cómponk. de un edificio' principal y varías 
: capillas; y>e<ítificiog Hubaltemos qtv^ cogían una 
grande esfeiísion á^ terreno en el centro de la 
cáfidad^ rodeado- todo de una tapia de piedra, de 
ouyó ratíterifil erati^ también los edificio*. La 
eláad dé^ trabajó era la mísmia de q^e ya' se ha 
dado noticia al tratar de los otrosjedíficios pübli- 
QOA de aquel. país V y tan bien ejecutado, que un 
Español qué. le tío en toda su grandeza, asegura 
fg^ .nolo irecuesda dos edificios de JSspaña, que 
•en etíantoar trabajó de manos puedan coniparar- 
^e con éstje. ** Y sin embargo* este solido edifi- 

.. JA, , GarcÜMCki Com. Beal., so9, t^ Msoada de una mtira- 

P«^ l¡, üt). ^.jeapi 2^. -Hú fuerte, iabsa4d.tado el edi&ño 

15 ""iéma aete templo lor^jck- ^de-cwtewü wuyrexceJcnte ñe fina 

^fJPHÍt4.iBi» 4«;qu«tot> cieattík pa- piedra, muj bien pueata y. asen- 



104 CONavlSTA I>fiL PfiBU^ 

eso, magnífico bajo otros aspectos, e8tril>a tedia- 
do con pajaí .• ' ' 
.: £1 interior del templo era la parte lí^s digna 
de atención. Era; verdaderamente Wña mina dé 
oro. En la pared occidental se veia la imagen 
del Sol,, en form^ de una cara humana asomando 
por entre innumerables rayos de luz que partían 
en todas direcciones, del mismo modo que gene- 
' raímente . acostumbramos representar este pla- 
.neta^ La figura estaba grabada en una gruesa 
plancha de oro, oasi cubierta ^ esmeraldas, y 
piedras preciosas. ^° La ^olcK^acion de esta figu- 
ra era enfrente de la puerta oriental, para que 
los rayos del sol naciente cayesen sobré ella lue- 
go que salla, llenando todo el aposento de una 
claridad al parecer sobrienatura], que refle|ában 
los infinitos adornos de oro^ncrustados en el te- 
cho y; paredes. El oro era, en el lenguage figu- 
rado de aquel pueblo, ''lágrimas qne lloraba el 
SoU" " y par todo el interior del templo brillar 

tada, y algunas piedras eran muy que vi en Toledo, cuando fui a 

i grandes- -y, sob^rbiafi, no t^an presentar la primera parte de mi 

mezcla de tierra ni cal, sine Crónica- al príncipe D. Felipe»" 

ion el betún ^ue ellos suelen ha- Sarmiento, Kelauion, MS., c. 24^ 

«r sus edificios, y están jan bien 16 Conq. i Pob. del Pirn» 

ibrada^ estas piedras que no se MS,r-Ciezade León,. Crónica» 

. 3s parece mezcla ni juntura nin- cap. 44, 92. 

ama. En toda EspafSano he \is- ^'La fígura dd Sol, muy gran- 

I cosa que pueda comparar á es* de, hecha de oro obrada may pri- 

18 paredes y postura de piedra, mámente engaatinnda en mu- 

jao á la torre que Jiaman la Ca* chaa piedrM ricas.'' 19armmto, 

ihorra que está junto ccfq la lUladmif M3.,«ap.d4. 

wojf^ de Cordab^y « una i^bt» 17 ^1 ^ ovo wiwwwi» Mfi^ 



LIBRO K—- CÁPITTÍLO IIÍ. lOfl 

ban IjiS laminéis bruñidas y tachones, del precio* 
so metal. Las cornisas que rodeaban las pare- 
des del i^aatuario, eran del mismo material, y por 
el esterior daba vuelta á todo el edificio una aii* 
cha faja ó friso de oro embutido enlas piedras. ^^ 
Cerca del edificio principal habia varias capi- 
llas mas pejqueñas. Una de ellas estaba dedica* 
da á la laua^ deidad que -resvei^enGiaban en^ segun- 
do lugar, como madreirde Ipsln^eas. r Veiarsealli 
esculpida su figura, á semejanza de la del Sbl, .ea* 
unagraa lámiria qué ;eogia casi todo i^ frente del 
aposento. Pero est^t lámina era.de piala, lo mis- 
mb que los denias adoraos del ^^difieio, como 
mas conveniente á k apacible y 'plateada luz de 
este hermoso plañe ¿a. • Había otras tres cap'dlas; 
itñá dedicada á la multitud de 'estrellas ^ue for« 
map la luciente 'C0miti\%4e Id Heráiirña def Sol^ 
otra á los temibIes\mÍHÍ^tl*os de lá i^enganzia dl^ 
vina, el teueno;i(y él reUmpi^go, y la teveerá al 
arco-iris, cuya hermosa' imbj^en.usié veia pintada 
en la pared del edificio, con^cQlorejj casi tan vi- 
vos como los suyos propios* Ademas babia» 
otros varios edificios aislados, para habitación 

qne eran lagiferás que el' éb\ Ifó^ i medio de ancho, ílo mismo te- 

rstoa." CoMq. i fóp, del Firn, na^por dfe'deníró encadabohif^ 

jijg . ,-:.;..: ' ' 6'^¿^a y uposéiito/' (Conq. i 

18- Sarmiehlb, RelaciotJrMB^ Pob, del Pitu, MS.) **Tenta una 

^p. 24. — Aliú¿. y Monumentos cinta de planchas de oro» de an* 

del Perú, MS. éhor dé más de un palmo enlaza- 

"Cercada" junto á la techumbre das en las piedras.*' Pedro Pí- 

if unft^Uaéiu de oro ((• paiiao zarro. t)ü%rsih'f teína., Mi?. 



BOe COJÍQOISTA Wíi. PEftü. 

del ^ran numero de sacerdotes dedicsidos al ser- 
vicix) del templo. *^ 

Todos los vasos, adornios, y utensilios de cual- 
quiera especie destinados áuoos reli^^rosos eran 
de.oro. opiata. En el salón principal se veían 
doce iamensos vasas de eUeisitimo metal llenos 
de grano de mtciiis; ^ los incensarios psrn losp<er- 
fames; las vasijas para Llevar ^aguai las' cañerías 
s^ubterráneas .qoe ki conduciaD al templo y los 
dep,oitos en que se récojia, hasta los instr^mien- 
tos. é^ Q^ricttltana pava clenitiyo de ios jardines, 
todo era de' tan preciosa materia. En los jardí* 
aes, á semejanza de lo» ya descritos al trat^ dé 
'Uj^ palacios reales, briUaban Idis flores de oro y 
platH eo^ otras imijtdietonejí del reino, vegetal. 
También había anijU^s, <ntre Jojgi qne se hacia 
BOtar^l Ifyma con a<ilim^ de oro, eleentádoe por 
¿l:mi«me «stilo y coo tfultá per>feccion, 4ae no 
se sabia ^tie ádotnr ar niMsym. lo precioso' deLma^r 

terial ó la destr^zotNtei artífice. .^^ 

1 

Í9 Sanniento, Relación, MS., ^deeian que comiese." Conq. 

éap. 84.--GaroilaM>^ -Com. Real^ Pobi délPini, MS. 

Pdi^ 1, lib. 3, cap. 21.-rPc<^<^ C91B0 hnta los mas crédulo* 

Pizarso, Descub. y Ct>nq., MS. podritm tener alguna dificultad en 

fio "£1 bijüto del Sol texúan co!nfif>.iinar4e con el taioaSo^ qna 
muy grande de oro^.i.todo eUear^ a^Tíala este escritor, ha jt^eftai- 
yicio detta ot^ era de pirita 1 c^ do no eargaf con la responaabili- 
i tenían doze horonea de plata d«dde.^i^ria0 dunenaiones. 
blanca que dos hombres no aibra- 21 Levious Apollpnius, foL 
zarian ci^a uno quadrados, i e)ran 88. — Garcilaso,' Com. Real.^ Fa- 
inas altoa que uña buena pica te 1, lib. á, cap. 24^— Pedro Pi- 
donde ed^aras el inaiz que ha- zarro, Deacab. j Cóoq.» M8. 
vian de dar el Sot según elloa 



LIBEO I. — CAPITULO III, 107 

Si el lector cree ver en esta maravillosa pin- 
taba, tan soló una- descripción romántica de al- 
giiXí íabalófio El Dm-ado^ debe tener presente 
lo que ya qóeda dicho vA hablar de los palacios 
del Tnca, y consíidcraií que ^n estas que llama- 
ban '^Casas del Sor' venían á reanirse las ofren- 
das públicas y privadas de todo el impeirio. La 
coredalidad en ünos^y el deseb de causar admi- 
ración án^ otros/ pueden haber producido «tna 
güaiaide cxagumcion en las relacionfes; pero es- 
tando uñábithés los testimofiiOB contemporáneo» 
¿oesiihcil señalar á punto fijo la linea hasta 
donde üébé Uegát »uestro escepticismo. Lo 
(5lértó e% que 1^ dieslumbrante fMiitora quie ya Sé 
tíeéiío, eká apoyada en el testimonio de los qu« 
Vieron estrié edifióios cfl tod© sU'Cé^lendw, 4 
]^o^^ Üéis^uieb de haber sido despojados pdr ia 
eo^ieiadJe^stts paisanos. Mucho» de ion objetas 
da Valor fueron éntorraida» pot' Io& aaturaleat ó 
afrtéjados álos tiiM^ff Ihgos; pero q^daixm los 
#íifiotetítfeb parH até^tí^tíar ía antigua o J>ukn0¡a 
d^'^téí) tn^tiümentod^eU^so^. I^as 'eK>^asp^tt« 
tátüM d0s»^áteeieron>fmi^^^¿'^Jbrevepara apaga? 
^a sed de ooro de ló^ Conquistadores, que ha^ta 
arrancaran la« ísíJliflá'* 'cohHSiaS y í%s0s dfe oro, 
del teiQplo mayc^^ Úenando el hued' o ^¿í»í. yeso; 
Dáá^rtol Ynas bufratD, ^ero mas duradero, pues- 
to q^Vno téjrjlaÍ)atapoílic¡^^ ^ Y^uu^^spüeé^^^fi, 
r de su antiguo esplendor, eifto»VMé* 



los CONQUISTA bÉL Í»ÍERÜ. 

jrables edi^cioSi todavía incitaban al pilíage, pttéá 
sus dirruidas paredes eran uña cantera inagota-^ 
ble para la conistruccion de nuevos edificios. Eíi 
el mismo sitio en que brillo en un tiempo el es-* 
pléndido Coricancha, se levanta ahora la ma* 
gesttiosa iglesia de Santo Domingo, uno de loa 
edificios mas magníficos del Nuevo Mundo. Don« 
de ante'» brillaron los jardines de oro del templo^ 
florecen ahora el: niaiz y la «Ifalfaj y el fraile en» 
tona los salmos en el sagradq recinto que en 
otro tiempo ocuparon los hijos del Sol. ^ 

Ademas del gran templó habia una itifínidad 
de. templos inferiores y casas religiosas, tanto en 
la* capitaj como en los alrededores, en jiümeroi 
según dicen, de trescientos d feuatrociwtosj .^ 
porque el Cuzco ^era un lugar sagrada, que ve* 
neraban no solo como habitación de los IncaSi 
ftino tamjbien como la de todas las deidades que 
regián á las. infinitas naeionesdel imperio* £r^ 
la ciudad favorita del Sol; emtdonde se coftserva* 
ba su culto con todo esplendor, y en donde, co* 
mo dice un antiguo proúista, '^nq habia, fuente qi 
paso- ni pared qutí'^ dVjesen que tenisi miste* 
rio." ^* Y el ludio Xaíole qoe á.lo menos tina vet 

29 Miller*« .^moin, vol II. .^Uos:*.': Ondeado, Reí. Pliiiiu 

23 He^^a, 7 Hist. General, 24 "Qxte aquella ciudad M 

dee. 5, ¡xk*^f ^p* 3* Cu^co em pasa y Xfiora^a di; I^o^ 

"Havia en acuella dudad y lo- . «es, é ansi nó habia en toda ella 

goay media de la redonda ^ua- puente ni paso ni pared que bé, 

ti;»flMiit«B7teótoahic«<^dpnde dixeaea que tenia Buíieno.'' Oa»> 

M iMoaa mmSáw, jae gasta?» degaiég^ iMk ^ . AJ<<» 
SMioilft Mm <l» hádMáá «1 



UBRO K— CAPITULÓ III. 109 

ten su vida no habia hecho sa peregrinación á la 
Meca del Perú^ se consideraba desgraciado. 

fin las provincias habia otros templos y casas 
religiosas, y alguitos llegaban á rivaliaar en mag- 
nificencia con los de la capital. Las personas 
ocupadas en el servicio de éstos últimos, forma- 
ban por sí solas un ejército. A cuatro mil lle- 
gaba el número de las empleadas en Coricancha 
solamente, inclusos los sacerdotes. ^ 

La cabeza de todos, tanto en la capital como 
en el resto del imperio, era el Sumo Sacerdote» 
llamado Vülac Ümu. Solo al Inca era inferior 
en dignidad, y regularmente era elegido de en- 
tré sus hermanos d mas cercanos parientes. El 
monarca ie nombraba, y su empleo era vitalicio, 
siendo él quien á su vez nombraba todas tas dig^ 
bidades inferiores de su clase, que era muy nu- 
merosa. Los individuos de ella que oficiaban en 
el Cuzco enlá casa del Sol, se escogían precisa- 
mente de la raza sagrada de los Incas* Los mi* 
nistros de los templos de las provincias se toma* 
ban de las familias de los Curacas; pero el em- 
pleo de gran sacerdote en cada distrito estaba 
Reservado, para nn individuo de la sangre reaL 
Esta disposición tenia por objeto conservar la 

S5 Conq. i Ptb. del Plru, Cíeza efe León, Oraban & 40,000^ 
MS. (Crónica, cap. 8^,) Pavéié qoft 

Los sacerdotes y sirvientes em- todo cnanto pertenecía á'eslM ^a- 
pleados en el famoso templo de b^ del Sol era en grande escfila. 
V3cas en el catíium^ de Chile, for- pero debemos creer qne «eté i^ 
nÉitei un ¿jér<S&, m'^ÜidB^ m^ W'6r^, y ^^6^'\néÍK%fm: 



ilVO • ' CONQUISTA DEL ^ESV'. 

puresii de, la fé, y evitai- cualquiera alteración 
que .pudieni intraducirse en el pomposo ceremo- 
•niai que esta exigia» ^^ 

- £1 orden d^ los sacerdotes, aanque nnmeroso^ 
no tenia insignia ó traje particular qu^ lodistin- 
•gniese del resto del pueblo. Tan>poco era el 
•depositario delos.limitadoa conooimientos- de 
aquella náéion; no tenía á su cargóla instrnecion 
publica, ni menos desempeñaba. aquellas fnncio- 
fi^^ paí;roquiaIes, si ^sí pueden llamarse, que po- 
i),en aLsiacerdote ejp íntimo contíicto con. el pue- 
.bio, como sucedía en Méjico, Esta sin gvil^i4iLd 
debe atribuirse probablemente á la existencia de ^ 
u»a clase superior, como era la noblez^i inca, en 
lí^.^ualla.sajitidad del origen sobrepujaba de tal 
modo á tpdos los honores que los hombres pu- 
diesen ,ppi)ferir^ que ^n. cierta manera inon^poii-' 
yabp tpdarla vencracioi^ religiosa del piieblo, Es- 
t^. era.verjlHdeffUuente el orden sagrado de la 
. nnpiop. Cqalqtiiera de sus individuos podia en- 
t^ar^ a fgercer Ifis fujacLooQs sacerdotales, como 
njiflcliios Jo, hicieron, j sus itisignias y privilegios 
eran d^erpasiado conocidos. para^quiQ íuese.n^ce- 
sfirií) ptra distinción que le;» separase del resta 
del .pueblo.. ., . 

26, Sarmiento^Relaciqn, MS,. do nt lo eéla^an^lebiaii monte 

cap; 27. — Conq. ipob. del Perú, nerse de sus propias tíerras'<}ue, 

MS. ,^ .. si no se equivoca el autor, se les 

tos s^^^i'dctes seg^m Garcilaso repaxtian del mismo mpdo que 

^ ^ ^e mauteniíiu por cueuta'dél el resto de la hacíob. Com> Eoal'^ 

áq^j^ipi^^as.estabeB emj(>leadq^-^ Parte l,Jib. 5, cap. 8. . 
en eUervicif del templo. Cuan- . 



LIBRO I. — CAPITULO IIL 111 

Las obligaciones del saeerdotc se liinitabñii á 
servir en el templo, y ni aun su asistencia allí- 
era continua, sino que pasado cierto tiempo le 
relevaba otro compañero, sncediéndose así por 
til rno. Toda su instrucción ?e redticia á estar bien 
impuestos de los ayunos 'y fiestas religiosas, y de 
lasceremona^que acacia nna corre spondiíin. Por 
í frivolo qoe parezca tal empeño, no era empresa 
muy iikil, si se considera que el ritual de los In- 
ca» prescribía una multitud de {irácticas tan 
complicadas y minuciosas como nunca las hubo 
en nin^fia otra nación cristiana ó idolatra. Ca- 
da mes tenia su fiesta, ó fiestas, por mejor decir* 
Las cuatro principales estaban dedicadas al Sol 
y correspondían á las cuatro épocas mas nota- 
bles de su revokicion anual, los s(dsticios y los 
equinoccios. Acaso la mas solemne de las fes- 
tividades naiíionales era la del Raymi, que se ce- 
lebíaba-en el solsticio de estío, cuando el Sol, 
después de haber lleudo al estramo meridional 
de su cafíera, volvia para atrás cpmo para ale- 
grar coil su presencia los corazones de su pue- 
blo escogido^ Al acercarse este tiempo, todos 
los nobles de los diversos puntos del imperio 
acudían á hi capital á tomar parte en aquiella 
gran festividad religiosa. 

Desde tres dias antes se observaba un ayuno 
general y no se permitía encender fuego en las 
habitaciones. Llegado el dia de la fiesta, el In- 



112 CONQUISTA D»L raiiU. 

ca y sa corte seguidos de todos los habitantes 
. de la ciudad» se reunían en la pla%a principal anr 
tes de amanecer, para salodalr la salida del Sol. 
Llevaban todos sus mejores trajes, y los cdl^les | 
incaá campe tian unos con otros en el atarío de 
sus personas, marchando bajo lujosos pabellones 
de plumas y ricas telas, llevados por sos criados, 
de manera que la plaza y las calles que á ella 
desembocaban parecían cubiertas de un inmenso 
y magnifico toldo. Aguardaban allí con impa- 
ciencia la aparición de su deidad, y tan luego có- 
mo la apacible luz de sus primeros rayos venia á 
herir las torrecillas y edificios mas elevados de 
la ciudad, la multitud reunida prorrumpía en 
aclamaciones, acompañadas de cantos de victo- 
ria, y de la agreste melodía de sus tosco» instru- 
mentos, prosiguiendo en aumento conforme 9a 
refulgente disco aparecía por sobre la cordillera 
oriental, bañando con su luz á sus fieles adora- 
.dores. Después de las acostumbradas ceremo- 
nias de la adoración, el Inca ofrecía á la deidad 
suprema una libación de un gran vaso de oro lle- 
no del licor fermentado, de 'maiz ó de maguey, 
el que gustado primero por el monarca, se rc- 
pnrtia entre I09 individuo;» de la sangre real] 
Concluidas estas ceremonias, la multitud reuni- 
da formaba una procesión que se ponia en mar- 
cha para el Coricancha. ^^ 

27 Dec. de la Au<!. Real.^ ^ El lector hallará uaa de«cnp- 
ll8.-<-SaJnpten(o, Rckicio*, M9. rion brillante, y «o, may e\a^ 
tfp' af7- »«dit, éé Um fe^taj «ie JOtí \k i 



iilegados acierta distancia del espresado edi- 
ficio, todos se despojaban de sus sandalias» me- 
nos el Ineá y su familia» que no lo hacían hasta 
que llegaban á la entrada del templo, en d^nde 
solo estos augustos personages podian entrar. ^ 
Después de oraír un bnen rato, volvia á aparecer 
el soberano seguido de su corte, y se hacian in- 
mecUalamente los prepara tivois necesarios para 
eomenzar al sacrificio- Entre los Peruanos se 
componían estos de animales^ granos, flores y 
resinas olorosas^y áreces de víctinaas humana», 
en cuyo caso se^seojia poi lo general «n mucha- 
cho o una bernuisa doncella. Pero estos sacri- 
ficios eran muy í^os, y se reservaban para ce- 
lebrar algún grande acont^imiento publico, co- 
mo ui)ta.cp;roQ^Q\pn» el nacimiento del príncipe 
heredera, - <(.ií»psi^ ^an victoria. Por lo demás 
nunca iban acomjp^ñados de esos festines de Un- 
íTopógsfos tan comunes entre lo» Mejicanos, y 
entre las feroces tribus subyugadas pon los In^ 
cas. Ciertamente que las conquistas de estos 
príncipes podrían considerarse como un benefi- 
cio para tas naeiofies ioáias, aunque no fuese 
mas que por la abolición de la antropofagia y por 

nos, en la norela dé Mannoii. 28 "Ningún indio cornun osa- 

tel titulada Les Inau.^ El antot ba pasar por Ta calle del Sol cal- 

frances encontró en este pompo- zado; ni niugv^sMr aunque fuese 

80 ceremonial una introducción muy grand Señor, entrava en las 

muy á propósito para su propia catas del Sol con zapatos. " 

pompa ütaraxia. Toia. I. cbap. Conc(. i Pol». dd Pirn, líB. ^ 



h 



114 CüNaUlSTA DEL PBRl?. 

la ditoinacion que esperime&taban bajo sn go- 
bierno los sacrificios humanos. ^^ 

En ia fiesta del Rsiymi Ja victima era' por k) 
coman un. llama; y el sacerdote después de abrir 
el cuerpo, trataba de leer en' sus entrañas los 
misterios del porvenir. Si los agüeros eran des- 
favorables se sacrificaba otra víctima, con la es- 
peranza de hallar otra 'predicción ma« satisfac- 
toria. Los augures peruanos debian 'haber apren'- 
dido de los Romanos unaH)xiena' máxima;-.-con- 
siderar como fovorable todo agüero que estuvie- 
se de acuerdo con los intereses- de su pais. ^ 

29 Garcilaso de la Vega nie- tá ouanílo aun estaban en vigor 

ga redondamente que los Incas las* atitignas leyes, son mas dig- 

se 'mancharen con sacriñcios bu- nos de le en estas materias que 

manos, y por el contrario soVie- el mismo Garcilaso. Era níuy 

né que abolieron esta costumbre neturol ;q«« «1 descendiente de 

donde quiera que la encontr^on» los Jnciiíiy tratas* dejibertíir á sU 

«stablecida, en todas las próvin- raza de é^to. odiosa imputación, y 

cías qué conquistaron. (Com. no debemos culparle si en ciertas 

Real., Parte 1, lib, 2, cap. 9, et ocasiones en que se trata del ho- 

alibi). Pero en este punto im- ñor de su pais se mauiíiesta cie«» 

portante tientí en contra k Sar- go "como un topo." Es de jus- 

miento, ¡Relación MS., cap. 22., ticia añiviir q<ie las mejores Bato« 

— Dec. de la Aiid. Real., MS.,— ridades convienen en que los sa- 

Monteshios, Mem, Antig., MS!, caríflcios eran muy raros y eñ cor- 

lib» 2, cap. 6,^Balboa, Hist. da tonúqjero, resenrándoBe para lofs 

P6rou, chap." 5, 8,— Cieza de casos eslraordinarios que ss indi- 

León, Clónica, cap. 72,— Omle- can en el texto, 
gardo, Reí. Seg. MS.,— Acosta, 30 "Augurque cum esset, di- 

lib. 5, cap. 19,— y creo que si ^^re ausus est, oplimis auspiciis 

prosiguiera la averiguaciqn, po- ®^ ff^J^» H"® P»'^ reipublicaj salu- 

dria agregar á esta lista todos \oi te gererentúj." Cicero, De Se- 

demas escritores antiguos de su- nectute. 

toridad, entre los que se cuentan Es digna dé notarse la costum- 

*algunos que Iiribitudo verído al Ijre de in-speccionar las entrañas 

pais poco de.ipurs do la conqnis- de h«» víctimas paro deducir los 



trBRtri.-^CAPiruLo III. 115 

Ehceñdinse en seguida el luego por medio de 
un espejo Concavo, d'eintetal bruñido, que reu- 
niendo en úh punto los ríjyos del Sol sobre un 
rnoftton de algodón seco, le hacia arder muy 
profato. Bel* mismo arbitrio se valian los anti- 
guos Romanos en semejantes ocasiones, á lo 
menos en el reinado del piadoso Numa. Cuando 
ci ciielo estábil nublado, y la deidad ocultaba su 
faz á sus adoradores, lo que se tenia por mal in- 
dicio, se sacaba lumbre por medio de la fricción. 
El ibego'síí grado se confiaba á las Vírgenes del 
Sol, y si por descuido se apagaba en el curso del 
afío, tai suceso era mirado como una calamidad 
que anunciaba algún imprevLstobdesastre á la mo- 
narquía. ^ Una vez' encendido el fuego, se que- 
maba la- víctima en las aras de la divinidad. Es- 
te sacrificio ^lo era eí preludio de la muerte de 
una infinidad de llamai^, tomadas de losrebafios 
del 9 oí, con' los que-se formaba un banquete no 
solo para el Inca y su corte sino también para el 
pueblo, que en estás üéstas se desquitaba déla 
dieta á que se veia contienado el resto del año. 
lí^ambien se servia en la mesa real un sabroso pan 

pronósticos, por ser un ejemplo Plutarco, en la vida de Numa, 
muy raro, si no único, de este pinta los espejos ustoríos que usr- 
iiáb entne las paciones del Nuevo ban los Romanos para encender 
Mundo, aunque tan común entre el fuego sagrado, como u^os ind- 
ios puebles idólatrafi del Antigua, trumentos cóncavos de bronce, 
31 . > de figura triangular y no esférica 
'"Vigikmque sacraverat igi^em, como los peruanos. 
Exeubias divüm sétimas." 



Íl6 CONQtJlíSXA PRL P*B!tr^ 

Ó bizcocho de harina de maíz, amasad^ potíáé 

lindas manos de las Vírgenes del Sol. El Inca 

•presidia el banquete, y bebiacon sus nobles; en- 

viandoies vasos en que rebosaba el licor fermea'- 

tado del pais, y los festines del dia ternúnaban 

con danzas y músicas en la noche. TSÁ baile y la 

• bebida eran his distráccio»es fa visitas de los P^- 

ruanos» Estas diversiones ccmtimiaba]! por va- 

rips dias> aunque los sacrificios solo^leniaa lugar 

en el primero. — Tal cYa la gran festividad d*l 

Kaymi, y la llegfkla periodica.^de esta.fies^ j 

otras semejantes, distraia al pueblo y le hacia 

. mas llevadero el mongtono trabajo quelaMeyle 

prescribía. *^ 

En la distribución del pan y. del vino que s« 
hacia en esta fiesta principal, vieron lo? orto- 
doxos Españoles que llegaron pnmero alpaia 
una imitación de la comunión de los cristianos,^ 
y en la práctica de la confesión y penitencia que 
tenian los Peruanos aunque suncamente desfigu- 
radas, descubrieron ttambien una semejanza con 
otro délos sacramentos de la Iglesia. '^ Los bue*- 

32 Acosta, lib. 5, cap. 28, 29. instituyó, y usa bu sancta Iglesia: 

— Garcilaso, Com. Real , Parte especialmente el sacramento de 

1, lib. ^y'cvp.t^. communion que es el Taaa alto y 

' 33 ''Lo que mas admira es la diuino." Aeesta, Kb. 5, cap. S3. 

ixmidia'j' competencia dé Sata* 34 Henent, Hist. 'Genera}, 

nás eSf^qae no solo en ydolatrías dec. 5, lib. 4, cap. 4. — Ondegar* 

y sacrificios, sino también en do, Relación Prim., MS. 

^no modo de ceremonias, aya ^'También el sacramento de la 

rcfloedado nuestros sacramentos, coníésioh qaiso el mismo padr» 

que l60ii->Cbnsto nueptro seSor de uentíni levedur, y ám vm 



LIBRO I.— CAPITULO III* 117 

ñas de lo» padres eran^muy amigos<le encontrar 
tales coincidencias, mirándolas como una asAncia 
de Satanás, qne trataba d^ alucinaf á sos vícti^ 
mas imitando las prácticas mas sagradas delCrit*- 
tianismo« ^' Otros tomando distinto rumbo, se fí'^ 
gararon ver en estas analogías una praeba cvi* 
dente de que alguno de los primeros predicado** 
res del Evangelio^ tal vez un Apóstol, habia visi* 
tado estas distantes regiones y sembrado en ellas 
las semillas de la verdad. ^ Pero no es absolu- 
tamente necesario acudir al Príncipe de la Ti* 
nieblas d á la intervención de los santos para 
esplicar estas coincidencias, que se han encon- 
trado en paises muy distantes de la luz del Evan- 
gelio, y en siglos en que esta luz aun no habia 
aparecido sobre la tierra. Es mucho mas racio- 

ydolatra» hazene honrar con ce- geria dificfl decidir de qué parte 

rsmonia muy íemejante al v»o era mayor la superstición. 

de Io8 fieles." ^ Ac<>sta, , tib. 5, sa Piedrahka, el historiador 

cap. 25. de los Moscas, no tiene duda de 

35 No contento Cieza'de que este apóstol debe haber ^ido 

León con sus mnchar y xoaravi- Saa Bartolomé, de quien se sabe 

llosas relacianes de la influencia q^e hizo largos viages (Conq. de 

y aparición real de Satanás en Granada, P. 1, lib. 1, cap. 3). 

las ceremonias' de los Indios, t.os anticuarios mejicanos eonsi'» 

adornó su volumen con multitud ¿eran que Santo Tomás désem- 

ée grabados en madera que re- peñó la misma misión entre los 

presentan al Príncipe de las Ti- pueblos de Anahuac. De este 

nieblas en figura corporal con' modo se repartieron estos dos 

las acostumbradas añadiduras de Apóstoles el Nuevo Mundo, ó lo 

cola, uñas, Ax., como para dar menos la parte civilizada de él. 

snas (nertn á las homilías del tex- No nos dicen si vinieron por eí 

to. Lo» Peruanos veían en su testrecho de Behring 6 directa- 

Ídolo un Dios: el conquistador mente j^or el Adánti<;o. Velasco, 

cñs^óemo veía en él al Diablo., «seritorilelnglo XVIUtüedodii 



118 <:OiKQUSaTA del F£RU. 

nal ^1 a^ihúir ei^^toa pantos <le semejafiza, piuraf- 
mentía casuales, á la eanstitucion general del 
*hombre yá las . necesidades de su naturaleza 
moral, ^l . 

Otra analpgía singular con las instituciones de 
la Iglesia Católica, s^ vé en las Vírgeneys del Sol» 
llamadas por lo» Peruanos *4us escogi^aá." ^ de 
qiiienes ya antes he hecho mención. Eran estas 
unas doncellas jóvenes dedicadas al servicio de 
la divinidad, las qOíC desde una edad mny tierna 
eran sacadas de sus casas y llevadas á I09 con- 
ventos, donde quedaban al cuidado de cierta» 
señoras ancianas, llamadas mama co/mí^ que ha- 
bian encanecido dentro de aquellas paredes. ^ 
Bajóla dirección de tan respetables personas se 
instruian aquellas vírgenes sívgradas en sus de- 
beres religiosos. Sus ocupaciones consistian en 
hilar y tejer y con la ^na lana de la vicuña ha- 
cían los tapices del templo y los vestidos para el 
Inca y su corte ^°; pero su.primera obligación era 

de su venida. Hist. de Quito, ciliUio, Com. Real., Parte 1. lib. 

tom. I. pp. 89, 90. 4, cap. 1. 

37 Puetüou verse alguno» ^9 Ondegjardo, Reí. Prim., 

ejemplos que ilu^itrau este puutq MS. 

en la "Historia fle la Conqjuista , La palabra mamacona, quería 

de México," tbm. HI, bl6ui. Idel decir "matrona:" te primera par- 

Apéndfcc, puesto que en aquel te, mama, de esta voz compues- 

paia los mismos usos dieron uxq- tu dignificaba "madre" como ya 

tivo á las mi»m!i» inferencias de queda dicho. V. Garcilaso, Ccm. 

los Conquistadores. Real., P. rte 1, Ib. 4, c. !• 

35 "Llamó uase casa de escc- 40 Pedro Pizajro, Descub. y 

gidos; por<}ue las esevgian, ó por Conq., MS. 
{inage^ 6 por hermosura.' ' Giu> 



UBRO.I. — CAPITULO III. 119 

conservar el fuego sagirado. encendido en la fe8^ 
tividad del Baymi. Desde el momento en que 
entraban en a^uel recinto, cortaban toda relíi- 
jcioii con, el mando, hasta con sus amigos y pa- 
rientes. Soio el Inca y la Coya o reina, podían 
entrar en lugar tan sagrado. Vigilibafee con 
grande «smero la conducta de l^^s escogidas, y 
todos los aíios se deapachaban visitadores que 
examinasen Iqis, establecimientos é informasen 
sobre el estado que guurda,ban. ^^ ¡Ay de la po- 
bre doncella á quien sorprendiesen en alguna in- 
triga! Según la severa ley^ de los Incas, ella de- 
bía ser enterrada viva^, su amante ahorcado, y el 
pueblo á que ést^ pertenecía arrasado y *'sem- 
brado de piedras," para borrar, si era posible, 
hasta el recuerdo de su existencia. *^ Se,admira 
uno de hallar tan estrecha semejianza entre las 
instituciones del iiiflíp de América del antiguo 
S.Qmano y del católico de. nuestra dias. La cas* 
tidad y la pureza de vida son virtudes en la mu- 
ger,/que siempre han tenido igual estimación á 
los ojos del bárbaro y á los del hombre civiliza- 
do. — Sin embargo, elpai^adero délos habitan- 
tes de estas casas religiosas era de tod^ punto 
diferente. . , 

. El convento principaji ^el Cuzco se ¿ompbnia 

41 Dec. de la Aud. Rea!., Gatciíasa, Gom. Real., Parte 1, 

MB.' lib.4,cap. 3. 

J^ Baibou, Hist. dn Pérou, Segim él historfadw'dfelos In* 

chap. 9. — Fernandez, Hist. del- cas, mraca hübounn dtesHz efíi la* 

Perú, Parte 2, lib. 3, cap. li.— hértMaa cémunidad<ltt<^^''<!<^Í«^* 



\L20 üóNCtuiel'Á Mt PEiiü/ 

solamente de doncellas de sangre real, cuyo nú^ 
mero, según dicen llegaba á mil y quinientas. 
Los conventos de las provincias se llenaban con 
las hijas de los curacas y de los nobles inferio- 
res, y á veces se admitia alguna de las clases ba- 
jas del pueblo, cuando la recomendaba su gran- 
de hermosura. *3 Las **Ca8as de las Vírgenes 
del Sol" se componian de dos alas de edificios 
de piedra, que cogian una grande estension de 
terreno, adornados con la niisma magnificencia 
y costo que los palacios de los Incas y los tem- 
plos, y rodeados de tapias elevadas para impedir 
las m¡r2).das indiscretas. Dentro tenian todas las 
comodidades correspondientes á tan hermosos 
huéspedes, pues eran objeto de un especial cni- 
dado de parte del gobierno, que les consideraba 
como un ramo importante út\ histema religioso. ** 
Los habitantes de estod claustros no tenian, 
sin embargo, limitada su carrera, á la estrechez 

gar á la aplicación de este castí- aean idólatras 6 cristianos. En el 
go, aunque nos asegura, que Á caso presente se desvanecen con 
asi hubiese sido, el soberano "la el testimonio unánime de los que 
executara al pie de la letra sin re- tenian mejor ocasión de averí- 
mission alguna, como si no Aie- guar la verdad, y su improbabili- 
ra mas que malar un gozque." djídse aumenta al considerarla 
(Com. Real., Parte 1, lib. 4, cap. supersticiosa reverencia en qus 
3-) Otros escritores sostienen que era tenido el Inca, 
tatas Vírgenes no merecian «1 ti- 43 Pedro Pizarro, Desoub. y 
talo de Vestales. (V. Pedro Pi- Conq., MS.— GarcUaso, Com. 
zarro, Descub. y t!onq.. MS.— Real., Parte 1, lib, 4, cap. 1- 
Gomara, Hist. de las Ind., cap. 44 Ibid., Parte 1, lib. 4, cap. 
121.) £0 bastante común el ha- 5-— Cieza de Leonr Crónica, cap- 
ear estas imputaciones á los ha- 44. X 
HkttíOm dé las au^M relígiosájb 



tlBW J.— CAPITÜW lité 1211 

de jsoa }>ar«de^« Atinque écsm /Vírgenes del Aoifi * 
tanfbieh 'eran esposas del'Ioea^'y eníUega^ifei.á 
la edad nstíbü se mcojipn las mas hermosás.para^ 
so lec^o» y se J|rasladaban á sa sérrallcí* La^de ^ 
tae^on de este ;Ueg6'á>ser con elitíetápo, nd dé 
cient0$, siíko^de miles^ y para leídas había logat^ 
en los miiclias paAsüeios que^el rey tema por to^^ 
áotl pais. ;Caanda al monarea le pareoiaconr 
vraienté sBsminair su ntípero, la caneubma caydí 
eompañía ya no 1^ hacia ?alta^ volvía, no á su an^ 
tígaa cesidencia; sino á su casa^ en dónde atin« 
qae.fhese de la mas baja estraeeibn, se le dab» 
lo jieceáaiáo párá vivir con l,ajo} y lejos 4Ís coii^ 
siderafie>d¿shxmrsLda por el etnpleoqíle bátriif 
desempeñado, era venerada de todos eomo mpoí^ 
«aídeUrica. ^^ : 

'^ A los ^noUesi del Fetu, lo mismo que ai 8obe4 
rano», eara peniqtid|i ia poligamia^ peixi élpioeijiq 
pai* íiUtitdna se conteotabo en general con «ná 
inuger» >s^a ))ue así lo^exigiesen }a ley ó lanebe^ 
fid^^^^mm'J^ApxwBíiqufíiálej. iEl modo dedra^ 
cer los casamientos era tan original como las 
deras^s feyt^^ Je %qupl país. En un dia seSaiaáiO 
«e eonvocaba i todos los iáverie^ dé stmbossexc 

^ne se reuniesen en la ^laza principal de sqs 
ly^pjíQjtivp;^^ Pueblos. Paya ,C9ntrp,er maíriPQiuo 

45 Dec, de Ja Aud. Rj^al., Jíepa. Apúgw¡Bf^9.,lj¿.% «ap 

U Iv lili. ^ «ap; 4/~-i|l09Íétimi, 

I 18 



ISat CfONQÚISTA DEL PERÜ. ' 

n6 debía tener el hombre menos de Vein^^cuatccN 

anoss y iamiig^ diez y ocho ó veinte; -edad qae 

se consideraba necesaria para que fndAi^im gor 

bernar una familia. El Inea en.perscma présk-^ 

dih la reunión «dé sus parienles, y tomandoi por 

las mboós á las. parejas qae débian .umfse« iiaciá 

^e serlas* estrechasen mutáaiáente, y deckriabs 

qneilos contrayentes eran ya marido y mageri# 

Lo misDiobaeian los oujracas con los iadividoos 

de cm clase y de las inferioreis^ en:6us respecti^ 

vos distritos^ . Tal era el sencillo modo de celp- 

terar los matrimoaios en el Perú- A nadie Be 

permitía escoger esposa fuera del distrito á que 

perteta^eia, que comprendia generalmeate á* to-^ 

dos los de.su ülaagev ^ y solo enfavor delsobera'»* 

no podia dispensarse la ley natural, ó aló menoi 

ia ley ¿«nei^l de las nlacioisresv basta el pteñtd de 

{i^rmitirle el casarle con su propia hermaaai ^ 

Sin el consentimieflfto de los padres 00 había ína- 

trifflenio «válido» y ae* dice « también que consulta^ 

han la Voluntad de los cqntrayeiitei^; aunque si 

46 Según Garcilaso, la ley 47 Fernandez, Hist. del Pe 

Hispimi» q^e nadie sfe dasáse fae- tu; Parié 2*, Kb, 3j ttfp. P: * 

ra de sa .propio. liii%e^ pero, da- , \Elata' prá(^c|i, tan repujaste 

ban á esta severa ordenapza una á ^nue.8tra8 ideas que puede con^- 

intérpretaeíon muy liberal, puW Bideránef eóinb ibia vlofeícioé^ 'ík 

segon.él.dijpa, ]o^ .vecinos de .un ks leyes de la naturaleza, no de- 

> mismo pueblo; y aun todos los Jae mirarse como propia de los 

habittiátés desuna misma ^itovín- íncas, pues nof dadaron aprobar-» 

^ia, se consideraba^ como parlen- I^. algunas .de las ^ naciones maf 

* tí Coiñ/Keal.; Pafte í, líb. 4, cuUas deJa antigüedad. 



LIBRO I.— CAPITUW nU JfH 

se consideran las trabas que les imponian la edad 
fijada á éstos, sa libertad debía redoeírse ¿limi- 
tes bastante estrechos. Los distrítá>« teiúan 
otíligáclon de e^ficar una casa para^^da pareja^ 
^ la qne inmediatamente se entregaba la porción 
Nde tierra destinada para sn mannfeneion. La ley 
•del' Pérá proveia para lo ífattnro lo initsmoqne p^- 
ra lo presente, sin dejar nada á la ¿asualidad. 
Tales eran las sencillas ceremonias de los aia- 
trímonios peruanos, á qne se segaian la» fiestas 
celebradas por los parientes y amigos de las d^* 
posados, que duraban muchos dias; y como to- 
dos los casamientos se celebraban en un mismo 
dia, y como habia pocas familias qne no tuvie^ 
sen algún individuo de elía, ó pariente, interer 
sado en el negocio, resultaba «n festin general 
de boda en todo el imperio. ^ 

Las estrañas leyes de los Incas aobre el matri<- 
monio, caracterizan la índole de sn gobierno, 
«que en vez de limitarse ft los asuntos públicos, 
penetraba en los rincones inas escondidos 4e la 
Mda privada, iin permitir á hombre alguno, por 
insignificante que fbese, el obrar por si mismo, 
mi aun en aquellos asuntos personales en que de- 
hia suponerse que solo él, o cuando mucho sn 
ikmilia, debian interesarse. No habia Peruano 
bastante oscuro para sustraerse á la paternal vi- 

48 Qndegardo, Reí. 8eg., la And. Real., MS.— Montesmoi^ 
jlfS.-^jareUiuR), Com.^ Real., Mem^ Antigua^ MS.« lib. 9^ 
Fkite 1, Ub. 6, cep. 86.^-4>ec. dé oa-p. 6. 



^n todas las acciones !de su isfída,.i^ ló liicÑ^seír 

<*^ét)Ocerqbe d^pemiia de él r^rechament^. . X»a 

:,WfCñi^^á. absorbía sa existencia xotno i<idÍ¥¡fliio« 

'lia^ «ispeFaínz«s y temores/ ;sas álegrílis^ ¡y^ pi^isa* 

rés^ las mas delicadas simpatías del tíoifsmtí}, qoe 

ihoyep^- tanto dé manifestarse á ]&, luz, todo d&bia 

4r ánreglado áley,. siirpervitirie siqíúevst %^e 

tftwese feliz á su modo. jEI gobiernt) dQ los Ifioas 

era el mas saave; perolil mbmo tiempo el tinaa 

raíquiridor de todos los despotiimosT^ 






CAPITULO IV. 



Educación .-^Quipos.,— 'Astronomía .•*— Agricultura . 
Acueductos. — Gvano.-^Comestibles importantes. 

*'E1 saber no se hizo para el paebíb, sino para 
los de sangre ilustre. En las gentes debaja es- 
traccion no hace mas que ensoberbecerlas*, y tlíl- 
. verlas arrogantes y vanas. Estas nódébé/n rtfez- 
cíarse en los asuntos del gobierno, pnes'haiíán 
despreciables los oficios y cfaüsarlán pefjuicias 
al estado.'^ ^ Tal era la máxima favorita que rc- 
pétia muchas veces^Tópac tnca 'ítlpaiiqui, tino 
de los mas famosos príncipes perüanoar. l*uéde 
parecer estraño, que esta máxima se haya procla- 
mado en el Nuevo Mundo en dónde las éonstitu-- 
ciones populares han adquirido un dcsrafrcíllo 
nunca visto; en donde el gobierno depende ente- 
ramente del pueblo, y en donde lal leducaéioh, á 

1 *«No es licito que ensefi^ qu« aprendan los oficios de bus 
á los hijos de los plebeyos^ \n» padres: que el mandar- y ]^ner- 
ciencias qiie pertenescen á ! >M nar ao ea de phhBjüBt <|uo a»>ha- 
generosos y no mas; porque co- zer a^rauio al oficio,, y á la Re- 
mo gente baxa no se eleuen y pública encOmendarsétti a gente 
ejiséberuezciin, ym^noseahenj com«n/' Giif0tla8o,'C#Bi<>Ré&l.r 



ÍS6 CONQUISTA DSL PCRU. 

lo menos ep la parte septentrional del /continect-^ 
te, tiene por principal objeto el poner al pueblo 
«n estado de tomar parte en el gobierno. Esta 
tnáxima era sin embargo muy conforme á la ía- 
4ole de la monarquía peruana, y puede servir de 
•clave para espUcar su constante política, pues si 
bien esta velaba con incansable solicitud sobre 
sus subditos, ptoveia á sus necesidades físicas^ 
tío olvidaba la pat'te moral, y en todo mostraba 
los cuidados dé un padre con sus hijos; con to^ 
do, potos consideraba mascjue €omo muchachos 
,<ixj!k nunca habián de salir de este estado de pu- 
pilage para pensar y obrar por sí mismos, y cu- 
yos deberías debian reducirse á una implícita 
obediencia. . 

Tal érala humillante condición del pueblo ba- 
jo el gobierno de los Incas, mientras que lás.nu'- 
meiposas familias de sangre real disfrutaban de 
toda la instrucción que podía proporcionar el es^r 
tado de cultura á-que ha|)¡a llegado el pais, y 
mucho después de la <Jonquistase señalaban to- 
-davia los lugares en que habian existido los se- 
minarios destinados á su educación. Corrian és- 
tos á cargo de los Amantas o "saWos.," en los que 
se encerraba el escaso saber, si este nombre me- 
rece, que poseían los JPeruarioS, y eran los úni- 
cos maestros de la juventud. Era muy natural 
que el monarca tomase un grande interés en la 
instroedon de los jrfvenes de la nobleza, ^u«^ 



LIBRO I.---CAPITÜLO IV. 12? 

fin eran sus parientes. Díces-e que naachos prín** 
cipes peruanos edificaron sus palacios cerca de 
las escuelas para poder visitarlas con mas fací* 
lidad y asistir alas lecciones de los amautasrlai» 
que á veces apoyaban cotí algún seriüon de su 
propia cosecha. ^ En estas escuelas áe enseña* 
ban á los íeales pupilos todos los diversos ra*^ 
«IOS de saber que poseian sus maestros, en esh 
pecial aquellos mas apropiados á los puestos que 
hablan de ocupar en lo sucesivo. IBstudiabaa 
las leyes y los principios ¿e administtaciotí, ea 
* la que muchos de ellos hablan de tomar parte 
con el tietíipo. Instruíanles también c^n las cere* 
monias y ritos de la religión^ estudio muy ne«e* 
sario para los que debian desempeñar después 
las funciones sacerdotales. Aprendian igual* 
mente á imitar las hazañas de sus reales proge- 
nitores, escuchando las relaciones de sus hechos 
formadas por los Amantas. Les enseñaban ade* 
mas á hablar su dialecto particular con pureza y 
elegancia, y se instruían en la oscura eieneiade 
los quipos; medio de que se valian los Peruanos 
para comunicarse mutuamente sus ideas y tras»> 
mitirlas á las generaciones futura». * 
£1 quipo era uua cuerda «le cesa de áo¿ pies 

2 Ibid., Paité 1, lib. 7, cap. que mA reales progenitores ht- 

10. bian hecho edificar junto á las 

£1 descendiente de los Incas escuelas, para poder asistirá ellai 

da noticia de las ruinas que exis- con mas facilidad, 

•iian en su tiempo de dos palacios 3 Ibid., Parte 1, lib. 4« c. Ift. 

-A' • 



l!íS CONQUISTA DEL PEIIU. 

(Je largo, formada de hilos do colores, muy bien 
retorcidos, de donde colgaban á modo de fleco, 
otros hilos, también de colores, Uengs de nudos. 
La palabra quipu significa Ttudo. Los colotes de- 
notaban los objetos visibles, como el blanco^ por 
ejemplo, que representaba laplata^ y el amarillo 
él oro, &c. A veces sérvian- también para indi- 
car ideas abstractas, y entonces el hlánco signifi- 
caba /^az, y el encarnado^ guerra. Pero el objeto 
principal de los quipos era ejecutar las opera- 
ciones aritméticas. Los nudos servian de núme- 
ros, y podian combinarse de modo que represen- 
tasen cantidades hasta donde fues^ necesarib. 
í^or medio de ellos hacian sus cálculos con gran- 
de rapidez, y su exactitud está atestiguada por 
los primeros Españoles que visitaron el pais. * 
En todos los distritos había empleados con el 
título dé quipucajnayusy ó "guardaquipos," cuya 
obligación era inforhiar al gobierno sobre varias 
' puntos importantes. Uno tenia á su cargo las 
rentas, y daba cüéíita de las primeras materias 
que había distribuido entre las trabajadores; de 
lá cantidad y calidad de los artefactos que "con 
ellas se hablan labrado, así como dé los diversos 
artículos qtie se habían recojido en loTs almace- 
nes reales. Otro presentaba el registro de los 
nacimientos y defunciones, de los matrimonios, 

4 Conq. í Pdb. del Piru, MS., laso, Cgm. Real., Part© 1, Ctl» 6^ 
•— Sanniento, R^I., MS., cap. 9 cap. 8. . 
— Actíjtai lib. e, cap. 8.^<5ard- 



sias, y :dea^» d^taUe9>ri$}a)Uva0 á la poblaénm; 
dei reinp^ £49^ Í4fQri:ii^s»p^en;viaji)an,aniialmen* 
t& á: ia «ap^taj^ en donde se eoititei^aB; á Los¡ eiñ« 
pi^^dps que {M>$eian el ai^te de deseifnar catoé 
ps^urosi(rreg^stro{i. De::<^atQ modo.ae .eneoniraba: 
eC^pl^ierno CjOn.iipaipr^^&iiqt^a eoleccáofa de;datos 
estadísticos, y los m^^zos de hilos de nül colores 
reaqijio^.j conservftdps con tpdp esp»edro» foctia- 
ban loquee pu^de UaqiííirsearchiyQft «acipnalcfl;^ 
. Pero ei bien Ip^ quipos baidtaban.para loSí cál- 
culos aritméticos, de Iqs Peroaj^ps^ Jio-podiaa sér<^ 
vir pa.rá representar üa cot^pUc^ionide ideas 'ig. 
imágenes que e^p;r^sa laiescrjitwa. .:Sia)ettibteti 
gp^ auQ para esto podia^ ser la invjw»cÍoin:de ai*) 
guna \itil.id^, porqfiije;SMÍ»em^a.de la cc^reÉAnta^ 
cjiqp directo de jlp&.pbjetpd, y, aún d» tims^pMáSt 
idea^ abstractas, como^ arriba :,düír>Kis, era iéf^ 
graníle ^y»da para la n^Qfnoria>pfirii%edi0 dei^ldb 

« • ^ fM^V?^' • ^' :iiluü<(e«ta ' ti>d«. esto tefiián 4 sa oarigj) ^}iie' 
admirado dev U variedad de obje- i>o fué p.oco,;y ja?^ Jaih^ :9\g^úau 
thi ^¿y úótnpi^ndian eistos senci- claridad de íos estatutos que en 
]|p|i;W^alro(i,(^iq^en«iaveible.pa- tiempo de oadn^dnó sehabiair 
ra el que po , los hubiese visto." puesto.'' (ReJ. Prina.; WS»^ Tw» 

TÉki áqudla éiüdad se hallaron bien Sarmiento, Relación MS.; 
]i|liehQc )ráejiQ0 Q^R^aJw antiguos .«tp..9.-^iUo8ta,'fib. 6, cap. 8.-^ 
del Inga, asi de la religión, como Garqflaao, Xom, Real^. Parte jU 
dé1t}<)Vief4iO,y etracosáqusno lib. 6, cap. 8, 9.) Én algunas 
pudiera creiqr á' no la'iYipra; qúB '■ partes áé\ -Beru sé eñcusatran to« 
por hilos 7. nudos, sib hallan figu- d^vín .y^s^ios. d(B los ; q^os, 
^adás las l^yes y estatutos asi de pues los pastores llevan las.cuen- 
ki wviBOitiüNdja lo oflrs; f IM su* tas de sus ' níimeBP¿>8 íhebaiíos 
cesiones de los Reyes y tiempo por medio de ésta antigua tai^ 
(fise govemanm: y baHúáí lo qtte , itt¿6ea. 



18» CQPÍQÜISTAimii PÉtÜ/ 

asoeiacion de ideas* Así cada nudo' ó color te- 
cordaba lo que no alcanzaba á representar, del 
mismo modo qqe, para lísar de la espresion fa- 
miliar de un antiguo escritor, el número del* Man- 
damiento nos recaer da lo qae bajo^de él se tíos 
manda. Los quipos :Bmpleacbsdie este modo de- 
bían poBsiderarse eonio^ el arte tiinemonico de los 
Peruanos^ • 

Habia analistas en las pigincipalés provincias 
cuyo oficio era registrar todos, los sucesos im- 
portantes que en ellas ocurriesen. La historia 
del imperio coíria á cargo de otros empleados 
de mas alto carácter, generalmente arnautas^ y 
debian conservar la memoria de los gloriosos he* 
ebos del Inca reinante á de sus progenitores. ^ 
La relación formada por ellos solo podia tras-^ 
* mitiiNse por medio d^ la tradición Wal; pero los 
quipos servian al cronista para arregláis por stt 
^tden los acontecimientos, y ayudar á la memo- 
ria; y una vez aprendida la historia^ la continua 
repetición haéia que no se olvidase. El amanta 
la referia muchas veees á sius discípulos^ y parte 
por tradición oral, parte por signos arbítrarioi?, 
iba pasando la historia de geweradoif en genera- 
ción, con no poca dicrepaíicia en tes porruenoreSfí 
pi^ro e|i ej fondo con %astapte exílctitud. 

Los quipos peruanos eran sin. duda un pobre 
stistitjato para el aflfebeio, esa hermosa ÍAY«tieio« 

^ Ibid.) ubi tüpra» ^ '.;.¿i..: i.^^^J '.; :. 



LIBRO ll-¿tíA*!TÜtü1V; ISÍ 

que con solo nnos.podos caracteres simples ^oe 
r^>resentaii sonidos en vez -de ideas, consigue* 
ttSpresar las variaéionés mius imperceptibles de 
las ideas que puede concebir la mente humana^ 
La ínveitóon dé los Peruaítioserá^ también muy 
iffferior á los géroglíftcds, y auii á lac grosera es-' 
critura pintada de los Aztecas; pues este áltimo 
»rte, ,por insuficiente que fuese para espresar 
ideas abstractas^ á lo menos pódiarej^re^entar 
c4ti regular ésJaetltad^los objetos* Es unapme^ 
ba evidente de) q«e ninguna de estas dos naeio-* 
nes tenía'iiótícia de la otra, telver que los Pe^ 
^aanp^np tomaijou. na^a del sistema geroglifico 
^e los Mejicanos, ^nto mas cuanto, que existien* 
do en la América del Sur la planta del maguey 
á agfLvCf d^ ffUa podían haber tomado el mismo 
inaterís^l de quje foriEnaban; sus i^apas los* Azte^ 
«as,.!, .. '•:*■•* 

Es imposible contemplar isio^interes los esfuer- 
SS09 qijic; hacen las .naciones, tan; luego como ya9 
j^l^endo asi estado de barbarie,, para proQurarse 
algunos signos visibks.del pensamiento; pVecíO'^ 
80 medio de comunicaciqi^ ?iitre la mente de un 
ip4íviduo y las de tod^ la j^ociedad, ^^ Mta de 
pste m^dio ígis uno de los mayores obstáculo^ pa^ 

' ' 9^ ' ítíid., uM 8iiphl.'-^Dec. dé tas d!e cddrés (#aínpunt) t^át 0Í 

la And. Real.» M^.— rSBrmieQto 1190 ent^e las: tribus del JNofte ^ 

Relación Áf S., cap. 9. Améiica para conservar la m^ 

^ SedeactibreÉiB emb'át^dalgu- inoná^^ lofeitk^tádog y 4e'Otlr4 

p8ei|^anza£ntrelMfai|9U|¡y cjnw*.. ; ,.• ,.; ,.;.,. .,;^ ,; „ 
fmtaitíniBtí de %arta& de caen* 



1^ C«»ftVWT4 l!(W*.?Wir* 

ra ;)o8 {tr^gregos Je I» €ÍviUjsi)ei<ni. Sin élqaeda 
el pensamiento» ÍQtneo9o y mdrtfil por an rfiaefi^ 
eib, aptísionsKloieD lel peoJiode.^a aAtonití ,9o\a 
akanaa nl.coxto numero de per$ona8 giictie lo- 
deán, ren i^i^j de jüAmiUrp^ por 4tido .diiiniindd 
pafailmtr^r.Hiittllares.de úiilividaos, yamhát9r. 
ta á lás jg]í^er¿iAÍqne3 y^id^ns. Ifo 9ólp c»i ún 
elemei^o Ándi.speQsáJ>Pe de lawjjliBacion, 3Íno 
que pDirde eonaiderarfie iComoel Aermámetro «b 
etta; ,pnfl8 «il adelanto intdectnal jie nfa pneUe 
está CAÚ aicmpte tfi is«$$m.diiief[^taxonila mayoi! 
é menor fiusílidad de comonicar lais ideaiu ~^ 

Cardemos, sin embargo, de no apreciar el* sis- 
tema peruano en menos de lo que vale, ni nóS' 
ftguremos que los qnipos eran un instrumento' 
tan intítil en manos délos naturales eomo lo ses^ 
fia en las nuestras. • Es conoeidd el efecto -de la 
costumbre en. todas las operaciones mecánicas; 
y los Espaooles átestiguati unánimes la destreza 
y exabtitod ,de los Peruanos en esta. Tal des- 
treza íio efi mas sorprendente que lá fétffiñÉiA 
eon que, en áierza de kicoiítümbre, nos impone- 
tnos del eoiiténidodé una página impresa,- de una 
Érela mirada por decirlo así^ aunque contiene mi- 
les de caracteres distintos, y es preciso que el 
ojo is^eifijespbse .cada uno de ellos, y todo esto 
5in ^e en la imaginacrion del lector se porte el 
bilo de Iq9 p^Majni«l»tos«,No ^^j^^Qs.yjerriwies 
wa desprecio la inrentióB délos látdtyosv cOnei^ 



¿erando qae bastaba ptira desempeñar todos Io¿ 
eáleulos necesarios para los negocios de una 
gran nación, y que.por insi;ifícienteqae fuese, no 
era poco auxilio para formar las que aspiraban 
al nombre de composiciones litemrias* 

£1 encargo de conservar los anales de la na* 
cion, no perteaecia enteramente álos amantas. 
También tedian pavteen él los haravec$f ó poetas» 
que escojian los ilieidetiie^^ mas notables para 
asento de sus caociotie^ ó ron^ances, que se can* 
taban en las fiestas rjoales y en la me&a del la- 
ca. ^ De este modo se formo un cuerpo de poe- 
^ tradieional, ¿ semejanza del romance espar 
fíol y la balada. inglesa, por cuyo medio. se con- 
serva para las generaciones venideras el nombre 
de mas de un fiero caudillo, que habria caido en 
el olvido por íalta de cronista/ á no haber sido 
trasmitido á las generacionea venideras por es- 
tas rusticas melodías. 

La historia, sin embargo, no ganaba imiebo en 

. esta alian;^ con la poesía, pues los dominios del 

poeta se estienden á paises ideales poblados de 

sombras fantásticas que se parecen* muy poco á 

las frías realidadea de la vida. £n los anales p^-' 

8 Dee^ ée la Atid. Real., MS.- tnmtéreg nonnaiicloa. Gareilaqo 
-^GahrilaflO» C*». R«al., Parte da Ja trddmsmon de una de la* 
1, lib. 2f cap. S7. ^lieeeciUas líricat dm $us paisanos. 

La pitdabra haravoe signifiea .£b. Ufara y alegre; pero una 
-'^iifventor/* y ta^te en su iiouib£9 • mueitra lola y ^n eoi torno hm^ 
tomo en en ejercitid, estot poe* - pora fonnar «a jjniéio geii^wi^ 

t u 



134 eoiíQüiSTA imt pEfeü.í * 

rúanos pufedeft rerse en parte lOdéiRBctos de esk 
ta unión, ptres todos «II06 conservan hasta los úl** 
timos tiempos cierto aspéctofmarayiUoi^^ que sie 
inter.pone como ana neblina entreiél.uspectpdof 
y el objetOj y le impide 'distinguir» W falsb de lo 
verdadero. ' • , 

En el hermoso dialecto^ quichua hallaba el poé*- 
ta un lenguage muy propio ppra espresar stía 
ideas. Ya hemos visto las estraordinarias medi^ 
das que tomaron los Incas para esténder su 
idioma por todo su [imperio^ una vez arraigada 
en las mas distantes provincias, se fué enrique- 
ciendo con una gran variedad die voces estfanas 
é idiotismos, que ¿bajo la influencia de la corte y 
del cultivo d^ la poesía^ se fueron :n%ezclaado 
gradualmente hiista formar un coajuato hern^o- 
60; cfomo dfe maWial4SS toscos y ^símbolos se 
forma un bello mosako. El quichua Uejgo.á ser^ 
con el tiempo el mas copiosoy véariado y; elegan- 
te dé>to4ds tos diafe<et08. iuA aisepriciwo^^ ^ : 

9 Ondegaráo, Reí. Ptim.f andar por todas JJfthés én algu- 

MS. ' . ' ' Mis de la¿. cuates yi|,«Q ti. pca-- 

Síurmientas,e qmja, y con ra- diendo." Relación, MS., cap. 21 . 

zon, dé que sus compatriotas hu- '6egun VelaslíO, cuándo íos In- 

biesen permitido qiié fiubée ta,* • ctts liégahm' 4ién sns tr|t|i>ftt^t6s 

yendo en desuso, como había legiones á Quito, se quedaron 

cciido, un (Üftl«efo que hubiera íi- admiiMoB Jde' oír ¿tabUtft alJi un 

éo ttin «til pctrá eottMMsané eon dialecto del Quieliu^^MUiqij^a era 

líEl, ttittltítad dte tribus distintas de desconocido en el.|>448.'intj3rme- 

que se cótnponia elimperío. ^'Y £67 609» amgular si es cierta, 

emi fánt^ dl|0 q)U^ tUé hurto be- (Hist.- d« Quito, tom^J^ p. 185. > 

nofído phtu IM espoñoiM imvpr ^ £1 antoc^ dvtural 4« sw}uel pois, 

eeta lengua pues podían con ella {tuiff.b^t»^ . ^;filguaaa fueates 



A4i?xzfiis á^ la9 eom{)asíciopp& de que beiM^ 
hablado, dícese qUe. los Peruanos mauifest^ron 
cierto tatenl^.para ;las ^e|KesentacÍQjaes t^tra- 
.les. . No liabl^fnps de. esas ¿ridasi paaton^ÍQ$|B 
. que. solo agradan 4. IPjS, ojos, jr. que han sijdoVla 
diyer.siou favorita (le ipfis de una uacion inculta; 
las piezas .de loa Peruano», aspiraban al título d© 
. eoi^nposicifpni^s dramáticas, sqstenidas por ^1 diá* 
logo y la pintura, dp^osQifurac teres, cuyo argu- 
mento era 6 veces un suceso trágico y otras al- 
gún, jisuptp dp. aqiieljos que por su carácter li- 
gero y social perteiíeQen á la comedia. ^® De la 
ejecución de e^tas piezas ya no tenenoos modo 
de jtizgar, aunque es muy probable? que seria 
cual, correspondía á un |^^eblq medio civilizado. 
Mas cual quiera, qu;^ fuese el mérito del descjoi- 
^ peño, la sola inyeji.^on , de semejante pp/satie^i- 
. po, es un? p|ifu¿ba jlp pujiuraque distingue tL^n- 
rosamente á los Peruanos de las dQmaa.nacuh* 
nes de America>. cuya iónica diversi,Qfl|erj^, Ja 
guerra j los ejercicios qiue^ 6,elja se asemejan. 
. Par¿?ce que. el ingeijiiy de jips . I^pnianps se In- 
clinaba mas bien ,á.la pultui^a. y elegancia, y. no 
acuidades m^s. golijla^.^qu^ ^^eg;)iraja. ¡el buen 

hto se deseable «naeatrechaana- muchas Toees asieiita prop^ineMH 

I : . . kigi» «ntré 1» 'ciendiaí y i^orgtjú-' méá a¥8iiKadM cqi» wte eoiifiaiiza 

. SEOcioB «ociai de Q«ilo j tA Pér6; poco á propósito para ganarbí ám 

pero áii .einbaigOy se ceba dft nrev ras lectores, 

en 61 un deseó, e^ódettte. de. pr»- 10 Garedaio, Cmi. Jftéal., 

sentar las pretensiones de su paie nbi.supra. . 



136 CONQÜÍSTA PSL r£RU. 

éxito en piídos ramos mns importantes de la cíei?- 

' eia. En estos se quedaron muy atra» de varias 
naciones semicivilizadas del Nuevo Mando. Sa- 
bían algo de geografía, éh lo tocante á su pro- 
pio imperio, que á la verdad era bastante etíten- 

^ so, y construían ?us' mapas fcon líneas de relie- 
ve para señalarlos limites y localidades por el • 
miámo ejstilo de Icís* que antes se usalian para 
los ciegoé. En astronomía parece que no' ade- 
lantaron gran cosa. Dívidiah ei año en doce 

■ meses lunares, caáa tino con sú nombre particu- 
Ifir y su fiesta propia. ^* También tenían sema- 
nas; pero no se sabe á punto fijo de cuantos días, 
si de siete nueve "o diez. Como su año lunar re- 

* «ultaba precisanlenté m.'is corto que el verdade- 
ro, rectificaban sü calendario por jaedio de ob- 

"«ervaciones solares paralas que se valían de 

'tina s columnas cilíndrieasrepartidas por las tier- 
ra? altas al rededor del (íuzcd, que les servían 
píirá tomar los azimuts, y midiendo sus sombras 

' podian fijar la época exacta dé los solsticios. 
Para determinar los equinoccios ocurrían á un 
pilar solitario o gnomon, qué tenían en la plaza 
del gran templo, en el centro de un círculo atra- 
vesado for una linea recta tirada de oriesta á 



. U * Outl^gnrck), ReU Pnni., ta los nembrea de 1m i 
MS. . . :, las ocapscionoi qu^ les corres- 

Fernandez, que ae sqiaEta de pondáfai. Hist. del Perá«. fvt» 
b» dem«s au|ori4adea en fijar el. ^^^lib. S« «ap. 10* 
yrinejipio del aSo eaJimio;.apu&» . . 



ponienter Cuando el pilar no daba apenas som 
bra al mediodía, decían que aqoel día "se asen- 
taba el 8q1 con toda sn lax sobre aquella eoloni- 
na.*' ** Tenían especial veneración á la ciudad 
de Qttiti», porque eomo está casi bajo el ecua- 
dor, los rayos vertícales*del sol no daban som- 
bra alguna á mediodía, y por eso la considera' 
ban como un lagar favorito de aquella deidad^» 
Celebraban la llegada de lo^ equinoccios eon re- 
gocijos públicos, y ponían sc^re el pilar la silla 
de oro del Sol, y tanto entonces como en los 
solstieios, eoronabao las columnas con guirnal- 
das y ofrecían ftuta$ y flores, siendo esto un mo- 
tivo de fiesta para todo el imperio. Los Perua- 
nos arreglaban á estos periodos sus ritos y ce- 
remonias religiosas» y los trabajos del campo en 
que debían ocup$ucie>, El año comenzaba en el 
solsticio del invieroo. *' i , . 

Eti estas escasas noticias se comprende casi 
todo lo que sabemos de la astronomía peruana. 
Puede parecer estrañoque un pueblo que ya 

12 . GarcilatQ, Com. Real^ ropa, e» á saber, el de k cópula 

Parte 1, \i\k% cap. 2SWí6. de k catedvai de Florencia; fiíé 

Loj conquÍAtadoces empatióle» cenatrmde por el célebre Tdaca- 

echaron por tierra e«tp8 pUareSr bsIU, batía el año 1468, para de- 

porque olían á idelatria en los In- termina» loi^ golstieios y arreglar 

dios. . ¿duiénes merecían mejor las festividadesde la Iglesia; acaso 

el átulo de barbajas? * . por la misom é^eea loe Indios de 

13 Betanzos, Nar. de los In- América discurrían una cosa se* 

gas, MS., cap. 16— 3anmento, mt^taste. V. Tíraboschi, Storia 

Relación, MS*,, cap. $Í3.T*^A«esta della Leftteratnra Italiana, t#m, 

^ fib. 6, cap. 3. VU lil».; S, cap. 3, see. 38. 

El M>aa £ aw iq iw g »ai W l4» R» 



.t38 . CONl^ülSTA. DEL PJÚa 

había avanzado snsobeervaeiones hasta ese .pun- 
to, no. pa^cüse de allí» y que á pesar de lo que 
adeJbotp en la civilización, én. esta ciencia &e 
hubiese l^aedado tan átras, no solo respecto de 
Iqs M&jieanos, sino aun de los Moscas, qUe ha<- 

-hitaban con ellos las miomas regiones elevadas 

-de ia gran, mesa meridional. • fistos últimos ar« 
reglaban su. calendario bajo el mismo sistemado 
eicIo9y series pcirío^icasque los Aztecas, aproxi- 

. inándose aun mas al sis;tema adaptado por los 
pueblos del Asia. M . 
. ' Era de esperarse que los in<^s, que tanto se g4o- 

' riaban de ser hijos del Sol, hubiesen hecho un es- 
tndib partícolar de los fenómenos celestes y arré- 
jgjado su. calendario sobre principios tan^ei<3ntífí- 
eos como los de sus semicivjlizados vecinos. Ver- 
dad es qi^e un historiador novasegura que reunían 
los años en ciclos de diez*, cfento'y inil años, y que 

/por e^tos ciclos arre^süban su cronologia. ^^ Pe- 

> . r . 14 1^ los dos primeros iibros go y himinoso análisis.' Vuea des 

, fte la obraje PiedrabiU, obispo Coniü^res, p.244. 

de Pauamá, titulada, Historia Cíe- 15 Montesinos, Mem. Anti* 

peral 4e líis ConquMtas del Kne-. gutó, MS., tib. «, cap. 7. ' 

.voHegiiode Granada, (Madrid, ' '^Atenovó la «oitíputatíón de 

8,) se haitii una noüciade «s- los tiempos, que se iba peidien- 



ite pueblo iurterasoniet «s harto do, y se contaron en bu Reinado 

HOQXtm pera «ín duia sio «loanáan los años de d65 dias y seis horas; 

para knOs las autoridades. --^Mr: á los'anos'Siiladió decadas dé cKez 

4e H.iUnlv)l€Íttuv6,la.ábrtaaade años, á cada diez décadas una 

dar con un MS. compuesto por centinia de cien Wños, y á cada 

un eolesiástieo español reádmte dieii centurias una capachoata ó 

0n Saftte Fé^to Bogotá, relativo intíphuacan, que son 1,'00Ó años 

al CatodfWio.Mosca^ dol cual ha que quiere decir el grande ano 
hecho el filósofo pruRÍano un lar*<- dol'Solf «MicofittAttnr'lCA siglos y 



LIBRO I.-rlCAPITTyjLO IV- 189 

ro ^ta aseroien, aahqiie no improbable en sí 
-mi^mai deeeia&sa solamente en la aatoridad de 
ün escritor; dotaá!^ de* poca crítica, y tiene en 
eoQtra el silenfcio* de todas las otras autoridades 
mas antígaas y d]e mas peso, y la falta de un mo* 
nomento como los que se ban hallado de otras 
-naiek>n«s americfinas, qne atestigüe la existen- 
eia-de semejante calt^ndario. La inferioridad de 
-10$ Peruarios en este punto puede esplicarse en 
palote, iHiflexionando que sus sacerdotes siempre» 
eíanlncaSjnoblezfl llena de privilegios, y que pa- 
fft separarse y distinguirse del vulgo* no necesi- 
taban, tomarse el trabajo de sobrepujarle en co- 
noéitUientos. No sueedia lo mismo con el sa*- 
cerdeóte azteca, quien tenia que valerse de la es- 
casa ciencia que poseía para adivinar los miste* 
rios del ckia, y fundar sobre ella un falso siste- 
' ín^ astrológico, que le grangease el concepto de 
tener algo de divino en su naturaleza. Peri^el 
ttoMe inea^ era divino por nacimiento. El iluso- 
rio éátudio dé ia ástrologia qne cautiva tanto á 
' ün eápiritú inculto, no llamaba su atención de 
^'tóodo ál^no. Las únicas personas que en el 
Perú pretendian leer en el misterioso porvenir, 
eran los adivinos, que reunían á estas pretensio- 
nes.ií^ierta destreza ep el arte de curar, y se pa- 
recían á los hechiceros que se encuentran entre 
las tribiisindias. Este oficio se tenia en poco, 

Í09 sucesor mcjgt^i^liQ» 4^.ps Reyes.'* Ibid., loe. cit. 



140 CONQUISTA I>£L FEEU*. 

escepto entre las clases bajas, y se quedsba pi^ 
ra aquellos caya edad 6 enfermedades les impe- 
dian ocuparse en los otros negocios de la vida.** 

Los Peruanos conocían una ó dos eonstelaeio- 
n<?8, y observaron la marcha del planeta Venas» 
al que como hemos visto levantaron altares* Pe- 
ro su ignorancia de los principios fandamenta- 
Les de la ciencia astronómica» se descubre en. las 
ideas que tenian de los eclipsesv U>s que supo- 
nían indicar un gran trastorno en elplapeta^y 
cuando la luna sufría una de estas estrañas en- 
• * fermedades, tocaban sus instrumentos y llena- 
ban al aire de gritos y lamentos para despertar- 
la de su letargo, Tan pueriles iíleas forman un 
rato cbtitraste con el verdadero eoaoeimientp 
que de ellos tenian los Mejicanos, según se ad- 
vieirte por sus mapas geroglíficos.^ en que se ve 
pintada/on toda claridad la verdadera eausa de 
ejte fenómeno. " ' . 

Pero si los Incas no fueron muy «fortunados 
en escudrinar los cielos, dejaron atrás 6 todas las 
demás naciones americanas en el cultivo de la 
tierra. La agricultura se practicaba fiUí por 

16 "Ansí mismo les hicieron para trarajár, etHno maneAfl, co- 

. eeñilaír gente p:ira hechizeros jos 6 contrahechos, y gente aa á 

que también es entre ^ilos, uñciu quien faltava las fuerzas para 

público y oonoscido en todos...... ello.*' Ondegarcítf, Re!. Seg.» 

los diputadoti para ello no lo te- MS. 

nlan por trajjajo. porque ningiv 17 Véase el Códice Tel.-Re- 
no podií lene* '-semejante oficio ifiense, Parte 4, 14.«i. 22, ap- 
eo mo los dichos sino fuesen vie- Antiquitiea of MexUo» ▼•!• ^ 
j[o9 é yiejnsf y pereonaer inávüei LcodonylM^ 



prineipios q«e veirdadératiieiite pueden Uámiirse 
etés^fiebs, y ^Mi elalma de su distemiT político. 
Coaio^iio tenian eomety^io ^triingero, era preei« 
fto qáe la agrieultitra produjese !¿ lieeesario pa« 
fHiaá «absisteocia) para formar lag rentas del es* 
tado^ijr para üader entris» si sus eátiibiós. ,ifertío» 
.vtéto la» notables *tírdeaaBz;as qae tenian sobn^ 
^IrTepartintientdde las^ti^nrás al pueblo por par« 
^ iguales, las qú0bl mismo tiefnpó^ebdgíán cpxé 
todo ri mundov ni>0no» las elases privilegiadas, 
aiyqdnsef á «a cultÍTOi, ÚeAo cual el Inca mismo 
:difjba.elve)«triph>. ' Bn^na délas gandes festivi- 
dades,*' salía fuem del 'Ctissc^ acampanado de su 
>cói!te^ y en preMaeta de todo el pueblo^ rompía 
la-tierra eofiu»airbdO'de oto, (ó mejor dicho, coii 
ua iaflrtuuineiito' que ufaban en loga^ -de éste,-) 
-santifieaiifio de Mte -modo la ocupación del la- 
.btadmr, óbmoJa m»i digna de ser desempeñada 
poor los hijos del Sok ^ 

. '. iLarpfOleedon del ipobierno no se Imitaba é 
eéla deatostyáciidli poco costosa del fiívor réalr 
stno que se descí^bría ' en otras medidas, mas eft- 

18 Sarmiento, Relación, MS., con él a romper k tierra, i' lo* 

eApi IBí AÍBBió los demas' señores, para- 

Los nobles, según porree, Imi- qtnie de allí adelaiUe en todo «a 

taban én esta gran fiesta el ejem- señorío hiciesen lo mismo, i sin- 

pto dé «a. «edor. "F^istúáBá todo» que «1 inga hiciese esto no avia> 

las fiestas, en la (íltima llevaban Indio ^ue osase romper la tierra, 

muchos arados de . manos, los ni pensavan que produjese si el 

qualed áaúghútáetilé 'herun de Inga no la rotnpia primero i esto* 

oro; i heqUoa loí oficios, towava Vast© qua^to á las fiestas.*' C«iiq. 

«f Ifliga ttí tx^ i cbnlcjjJfi^ i TW. éél PSrtfí MS. 



cacej& pfira fusC^Uf^ .tos .trf|lHÓ<^ 4fl labrador* 
Una graa part^ (}e l4,r^9Íoa ai^HAida á !• Ofüla 
del ipar, ^u^ia imiie]M> por la falte de agua^ psea 
a]U ;lli:^€^ve po&o ó nada^ y iaA:pooa« Gonáepitea 
que: lü x(tcavíe9S|i^, o^mioaA tan eoiito irmcboj 
c^ ^1 rMindese |tL deseolgarse de las moatiañas» 
^e sicv.ende muy poca en taivgráade eateMíon 
de tei^riQiio. £1 ^^elo ?ra á la v^dad aorenoso yes^- 
téril en suvinay^rparte; piero había müdbw la^- 
g^x^H que todavía podriaa apc^veeharM» |mas so* 
lo ¡necesitaban ;Un r^go proporeíonado para pro»- 
dqcir gráfidos eoseoliaii, A9Ípni^<, Ufaron agua 
¿ esto^ dugareis ppr madío jJ^.magMfiébacanhlés 
y acu^dQcto9 sabterr4ne99»^niados.de grandes 
losas pe^feet^Qiei|t0 iiiiidHs:sift.morterov:l<>a qne 
admitÍ9f9 un gplpe 4^ agyia safieiefila pai^i que 
. bien. *dií>tnbiuida por .oU^^ i^aaales HtísBorai^ re- 
^9ejb94as\;las ti^r^s bl^aS' por donde .posaba. 
Algunas de estas acequias; aifah;inByt'largá89í' la 
^^^ ,atc97e4aba< el.4iMri(.Q'de (CóttdsiBnyn tenia 
fia pu^r^pieatas á qawaiitaai»Uki0. Saoibaitias 
.de algu^.lago elevado 4 (^pd8Íto.|iátaNil d^ en- 
medio de las montañas, é. iban aumentando el 
caudal de sus aguas con las de otros manantía- 
• les que encontraban en él camino al descolgarse 
de la sierra» Muchas veces era preciso abrir pa* 
so al través de las rocas, y eso sin el auxilio de 
instrumentos dé hierro; rodear montañas impe- 
netrables; atravesar rios y pantanos, y en fin. 



v^noer los mUmo^^QbBtáeaU» qaeen lapicnufi^ac^r 
QÍon. dé 8u» pfúrt«at9C|os caniipo/^. Mj^jf^^s Per 
ruanos se deleital^%|U parecci^ ea la<^lidi: cqfi las 
difioultades de Ifi ^Okatar^^za* Qe^qa de,.(/^ja- 
mfifca» se ve to(J§¥Í% ua c^óoq.ci^Ui^o ea ^».jrj(;>- 
ca» j^tte hÍ9Íe|:on pura, desago^tr un la^o» .cacado 
aas^agaas.eii la estocípa deJas Huvias^ ll^ajbfu^ 
Á tal alttt]sa qae a^ej^assab^n inundajr,los terrenos 
.cic^unyecino^. ^^ . 

Los conquistadores espaiip}es dejaroa . ^rr^- 
jdar B^ch^s de eslia/i[.^Qé$cs^& obras de los In- 
eas. .Ea aiguQos puntos porrea todavij^ las aguas 
p^r sus canales^ subtcarr^pe^ sin qu^^se sepa ya 
de donde Vii^ada» ai. por 4flade caq^inaa^ Otros^ 
aanque en parte d^$tr.!¡p4ps *y;,ei^olyada$ porlps 
. escombros y la TÍgQi;o^.yAg^tacioa dei pai^, .toda- 
vía revela tu c)j|irso..por la fi^rtilidad qu^ .en al- 
guno^ lugares oca^^^fy^n^.^TaJe^! spt^ las.i^^^qas 
. del yalle de Napca^ «ifio muj^.^jrtil.eninaediji?; 4e 
grandes jjed^aosde&ierÍKjis^ á, dJfl^f^)^\pgBi^'defde 
una distapei^ de^Oqui^c^d», ^?'PPj^$^^^{4¥^4^^,s 



19 Sanniento, Relación, M^«» po^ laderas dé los cibe^fts y hal- 
cap. 21. — Garcilaso, Com. RecJ., das de sierras j^ue esüín en los 
Parte 1, lib. 5. cap. 24. — Steven- vállesí y' pot' ellos mifonos atra- 
sen, Narrative of a Tweiity ' uiessañ muchas: unas per una 
' Vears* Re8Íden9e in S. America, parte, y otras Jfér la oti^a, qtie es 
(London, 1829.) vol. I, p. 412; j^ran delectkckiií caminar por 
ti. pp. 173, 174. * aquellos valles: ^ jorque párete 

**Sacauan acequias en cabos y qtie se anda entré htíertírs ¡f fio- 
por todas partes que es cosa es- ' testas llenas de fi^cüras." Ciérza 
traña afirmarlo; porque las ecba- ' de León, Ciánica, 8af. 66. 



uan por lugares altos y 'baxos: y 



* - ^^ 



144 túmtiBfktmi f«Rü/ 

de los IncíLSi de cuafró <5 tinca pies de profbídS* 
dad y tres de atrchüra, formadas de gíandes tr«-» 
%o3 de piedra sin mezcla alguna. 

Poníase él niayoi' ciiidadd eto que tdjSos lú» 
]^artíeipes de ía tierra por dotfde estas acequias 
pasaban, potasen de stjs ben^cíos» La ley mar* 
taba la cantidad de agua qué eorisei^poiidia á ca- 
da uno, y los afiélales reales vigílabaii la distri* 
bucion» y se percioraban de que se enrpleaba fieU 
mente en el riegb áe\ iexteoct. " 

Los Peruanos nianifestaron éi mismo carácter 
emprendefdor en sus arbitrios para reducir ácul- 
tivo las partes montañosas áeí su territorio. Ha-^ 
bia muchas stltuii'a» que áttnqtie áe buena tierra, 
eran demasiada escarpadas paarií pcNtérlas labrar^ 
ftieron por lo mismo formando terrafilenes^cott- 
tenidos con piedras grandes, que iban disminu- 
yendo conforme subian^doáiodaque mientras ki 
primera faja 6 eaiidén^ cóíaoc les Ñamaban los Es*» 
pañoles, podia comprender muchas caballerías 
dé tieffa, en éldltima apenas cabian algUfíras sub- 
cos de maisv ^ Alinas de estas alturas eran 

2$ Petbrd l^izarró*, t)e0cu¿. y Garcílaso, qñe íe deriva de Anti, 

Conq., MS. — Mexnoírs' of Geui- nomlire de una provincia situada' 

MiUer, vol. H. p^220. al £. del Cuzco. (Com. Itea]., 

2Í MiUer supone que por es- Parte 1, Yip. % cap. 1Í.) La pa- 
tos andénts dieron los Españoles labra Anta; que significa cobre^ 
•1 nombre de Andes á las Co'rdi- el que se encuentra en abundan- 
lleras de la América del. Sur. cia en varios puntos de aquel 
(jtferaoirs of Gen. MiUer, vol. país, puede haber dado Ongen< al 
II. p. 219.) Pero estd ifombre nombí^ deia provincia, si no di- 



tan peladas^ que deBptt^fr de fpñfiaf loü andencf» 
tenianí que i-abrirloseoó ui>a grti^^sa eapa de tier* 
ra yegetali antea deq-uepudiesiett ¿er útiles al 
labrador. ¡Corr tanta constancia así lacbaron los 
Peruanos contra los terrMes obstáculos que les 
opooia el terreno de su>pais! Sin las máquinas 
niínstrume&tos familiares á los Europeos, cadav 
isdinduo aislado hhhrh podido muy poco; pero 
obrando en grandes masas y bajó una misma di* 
rección, ¿onsigúíeron con su inaudita 'perseve- 
fancia llevar á cabo empresas que sdlo en pro-, 
recto, bastáírittn para desalentar á un Europeo. « 
Guiados por este mismo espíritíi de écouomia 
con que cjonsiguieron vindií^ar á la sierra de la 
opinión de esterilidad, discurrieron los Peruanos 
de&cavar el árido suelo de los valles, hasta daf 
con una capa en que se hallase alguna humedad 
' Batural. Estas escavncíones, llnmadas por los 
Españoles hayas, trnn muy grandes, pues cogían 
aveces mas de un acJre de tierra; stí profundidad 
era de quince áveiirte pies; y estaban revestidas 
por dentro todo al rededor de unapare^de ado- ' 
bes. El piso de la escavacion, bien preparado pri- . 
mero con un escelente abono de sardinas, peque- 
ñopezque abatida mucho en toda la costa, lo sem- 
braban en seguida de granos ú otros vegetales* » 

22 Memoirá óf Gen. MÜler, escavacioneg escitan tOijUi\ía íú 
ttW Biipra. -f. Garciftso , Com. j^mirácion a«I viagcro. V; Btm>r , 
Rwl., Parte 1, lib. 5, cap. 1. vemoii, Residence ¡n S. Amer- 

^ 23 CiezadeLeon, Cr6n., c.73. - lea, vol. J.p. 359.--TambienJWc/ 
UiiWfeíde i&|ü«IlBs antfeitAs bnllA', Itéfeitíic». p. *^. 
I^ 1» 



lios labradores per^axios coiiOGÍan nioy bien ' 
luis diferentes clames deubofios, y lo9 emplei^an 
con frecueoeía; «ircnnstancia drgna de notarse 
en el rko snek) de I09 trópicos, pues parece pro«' 
bable que no- íe nsd nii^^nna otra de los iacaltas 
tribas de América. Haeian grande t»o del prc^ 
cio$io escreBteíAo de Ia«< av«8 marinas llamado 
guano, que tanto hú llamado ultimamentt la aten- 
ción de los agrónomos, así de £aropaeomo de 
nuestro pais:, por su« propiedades stustaneiofias 
y estimulantes, que los indios, sabian apreciar 
debidamentse. Harlim^iQe en tan ^i^ cantidad 
en las isUtais de la costa, que de lejos parecían 
cerros, y el hallarse cubiertos de uta eüorescen* 
cía salina faé motivo d^*^ue 1^ Conquistadores 
les dierap.el nombre d<^ Sieanra Nevada* 

Los liicas tomaron sus acostumbradas precau- 
ciones para qvie los labradores go3aden del be- 
neficio de tan importante abono. 'Destinaron los 
islotes de la costa para el uso de loa dú»tritos 
roas inme4ia,tos; pero cuando la isla era nn: po- 
co grande, Ih repartían ^enUre varifos» señakmlo 
con toda exactitud los lín^^ites de cada uito. Cual- 
quiera u^rpacion de los derechoe ágenos era 
severamente castigada; y para la eonservasioR 
de laa^aifcs establecieron penas' lan severas, co- 
mo las que tenían los tiranos Normandos en In- 
glaterra paríi protejer su baza. A nadie se per- 
mitía abcH'dar á aquellas isla% dJütrajateeltimap^ 



de la;;G9i:iá se pena de mtierte, y en la misna pé»- 
na iaourria dafae mataba algona da aqaeUos pá^ 
jaros, en cualquier tiempo que fueae. "^ 

. Era de esperarse ^ae estando los Peraanos 
tam adelantados ea 4a agrieultuvé^ tuviesen al^*. 
¿a!n eonaoinikeato d«l avadoi instrumento de aso 
tan geai^ral entra laa naciones primitivas del oi»»« 
tínen^a xxrientaL Pero es preciso considerar quq 
no tenían 1^ reja de bierro del Hundo Antí)9;iio, 
Ai ánimaLes de tiro, que no se hallaban en nia-> 
g|Uia parte del Nuevo. £1 instrumento que usa^ 
baní era nqa gruesa ostacti paatíagudat atravesar» 
da q diei^ o'daco' pulg^as de. su estretao por 
otra piesa hoarisontod, donde el labrador ponía el 
piá y) haoi^ «Otrar It estaoa ea la tieria» Seis u 
ocbo hutafataaivahíiiitoli' ?lMi«iAft j|v»azar la eaitan 
ca» tiraado de ella* don cuerdas y masehaado al 
aasapas da sus oaotoa nftGÍonaleSi queeontonabab 
aeompaiados de ;}as mugeres, las que iban en 
pos dé los tirabajadoves para romper los terror 
nes coa sus rastrilk»< £1 Meto era blaacb y 
ofrectapoea resisiteueia, de modo qoe^coii la práo^ 
tiea adquiría en breve el labrador la daitMsa su-r 
$ciente pasarenuyv^r el terreno basta la profo«¿ 
didad ueoesaria, coa üaaflieilidad admirable. Bak 
te equivaliente del arada em una invemion bien 
to^pfi; l^ero es curioso eomo un ejemplo aislado 
entre todas las tribus indígenas, y puede ser que 

..a^.Ac^ibHUb. 4, Mtp. 9S.«-Garc|(M&, Con>. Uva!., Purt» 1, 



los ioMruBaentQs de toadeta Ijue en «a lugar in*» 
trodujeron 1<>3 conquistadores europeos do. le. 
fueran, muy superiores**^ 

Era póliticfi múj comande lo» Incais, después 
que :proveíat] de acequias, un pais desierlo de^ 
modo que quedaso.lisfo para los trabajos del la* 
brador^ el llevar alltuiia colonia de mitimaes que 
}o redujesen á cultivo, sembrando e/i él las &tm^ 
Ihis mas propias ]!^ará a^uel terreno; y de este 
modo, <il :mismo tieiiipo que atendían á la calidad 
de las tierras, se fomentaba entre las provincias 
eoniarcanuslel cambio de los diversos productos, 
que á causa de la configuración de aquel pais 
variaban nías que en ooalquiera otro en la mi»- 
ma estensien de terreivo. Pana facilitar e^tos 
eamrbios^de los productos de la agrieultorar se et^ 
lebraban- ferias tres* veces al mes en la» ciadc^ 
des mas populosas; perio como uo tenian niMe-* 
da, salo hacian ün corto comercio con el cambio 
de los respectivos productos.^ Ademas estaos íé-i 
vias eran otrostaBtod.dias de fiesta que servían 
de d^s^auso á los industriosos labradores. ^ 

y^ií^ fueron ']o«i arbitrios de .qi»e los ; ncas se 
T^alleron para ei, mejor aprovechamiento de su 
territorio, y aunque imperfectos, es precisó oon^ 
fesar qüi^ revelan un conocimiento de los princi- 
pios cientíBcos de la agricultura, que les da cier- 

25 .Ibid., Parte 1, lib. 5, c. 5. Parte 1, lib. 6, cap. 36; lib. 7, 
36 Sarmiento, llelaci<>ii,MS*, «ip* 1.— Hetreni, Hitt. ^«agml 
m^ 19.— -Garciiaflo. Com, ReaL, d»o. 5, libu 4, oanu 3l 



tuno I.-^APlTVLp It. Íí4^ 

fo derecho al títoio de nación civilizada. Culti- 
vado con perseverancia é inteligencia, no quedó 
una sola pulgada de terreno útil á que no hicie- 
sen producir todo lo que era capaz, sin que des- 
cuidasen de obligar á los sitios mas ingratos á 
que contribuyesen con algo para la subsistencia 
del pueblo. Por todas partes se veia la tierra 
cubierta de riques^a vegetal, desde los frondosos 
valides cercanos á la costa,, hasta los escarpados 
andenes de la sierra, que se iban levantando eo- 
mo usa verde piránaide cubierta de todo el lujo 
de la vegetación tropicaL 

La configuración del país era sumamente fa- 
vorable, como ya se ha dicho, para una infinidad 
de producciones, no tanto por su estension co* 
mo por las diferencias de altura, mucho mas no- 
tables aun que liii de Méjico, en las que se en- 
euentra^n todos los gibados de latitud desde el ecua- 
dor á los polos. Sin embargo,, aunque en esta re- 
gión la temperatura cambia á proporción de la 
altura, en cada lugar se mantiene casi la mlsitia, 
durante toda el año, y los habitantes no conocen 
aquellas agradables vicisitudes íe las estaciones 
que se esperlmentan' en latitudes templadas. Así, 
mientras que eí verano brilla en todo su esplen- 
dor en las ardientes regiones de la palma y el 
cacao á lai^ orillan del mar, en la estensa super- 
ficie de la mesa se siente la frescura de una eter- 
na primaveral y los elevados picos de la sierra» 



150 CONQUISTA t>ffL ÍERü- 

j^mas se despojan de stt blühco topaje del in- 
vierno. 

Los Peruanos sacaron el mejor partido de es* 
ta constante variedad de cKmas, si aáí puede lla- 
marse, cultivando los productos de todos ellos, 
j aquellos en particular que parecían mas á pro- 
prfsito para alimento del hambre. Así, en íás 
tierras bajas se veián crecer la yuca y el pláta- 
no, esa admirable planta que parece haber liber- 
tado al hombre de la maldición primera (si .es 
que no debe considerarse como un bien,) de ga- 
nar el sustento con el sudor de su rostro. ^ Con- 
forme va desapareciendo el plátano, entra en su 
lugar el maiz, la principal de las semillas de am- 
bas Américas, y que después de introducida en 
el mundo ántlg'uo se creyó indígena de él, por la 
rapidez con que allí se propagó.^ Los Perua- 
nos conocían muy bien los diversos modos de 
preparar esta ütil semilla, atinqué parece que no 

Í27 , Mr. de lianoiboldt prueba 23 El impropio uombre de 

la fecundidad del plátano hacien- ble de Turquie, manifiesta eK er- 

éó^^i ^tte ÉfX produete d»mpa- tdt pepular. Ma» Ib rapidez coñi 

rado con el del trigo .es como 133 que se propagó por Europa y 

á 1, y con el de la patata, como Asia después del descnbrímieiito 

44 á 1. (Éasai FoUtiqne mt lié dfr la América, es por si «ola una 

Royanme 4® la NoureUe ^pa- r^zon suficiente para probar que 

gne,(Paris 1827,) tom.lí.p. 389.) no puede haber sido indígena 

Es una equivocación él suponer' del Mundo Antiguo, y habewe 

que. esta planta no es indígena conservado desconoeidk) en todo 

de la América del Sur. La hoja i\ por tanto tiempo, 
del plátano se ha encontrado mu^ 
chas veces en las antiguas sepul- 
turas del Pei6. ' , 



Lifeitó i.-*cXpitüLo ly. 151 

hadan pan de ella tnad qcie en las fitísta»; saca* 
ban de las eanás una especie de miel, y del gtft^ 
no fermentado hacion un liéof embriagante á que 
se daban con tan poca moderación cotno los A^** 
tecas. •^ 

En el clima templado de la tierra alta tenian 
tí maguey, (agave Americana,) de cuyas estraór- 
diñarías propiedades conocían muchas, aunque 
no la mas importante que es la de proporcionar 
materiales para hacer papel. El tabaco se con- 
taba también entre los productos de esta región 
elevada; mas l¿s Peruanos se distinguían de las 
demás tribus Indias que lo conocían, en que só- 
lo lo usaban en polvo por medicina. ^ Seguta- 
mente fué esto, porque le reertiplaxaban en cuan- 
to á sus propiedades narcóticas, con la coca (Éry- 
throxylum Peruvianum) llamada cuca^ por los 
Tiaturales. Es un arbusto que crece hasta la al- 
tura de un hombre: sus hojas después de seca- 
das al sol y mezcladas con un poco de cal, for- 
man una preparación ¡rropia para mascar, muy 
semejante al betel del Oriente. ^* Con una corta' 

29 Acofita, Ub. .4, cap. 16. no, llamado sora, era tan ñieite , 

£1 jugo Bacariuo contenido en que los Incas prohibieron su uso, 

les cañas del maíz, •s mucho . jior lo menos a] pueblo. En cMe 

mas abundante en los paises si- caso parece que los subditos no 

•tuados entre los trópicos que en obedecieron sus prescripciones 

.tas latitudes septentrionales, de con la puntualidad acostuiúbffa- 

manera que <en aquellos se ve da. 

eon frecuencia á los naturales 30 Garciloso, Com. Red., 

^<íhupándola como si fuese cana Parte 1, lib. 2, cap. 25. 

de azúcar, l/no- de los licoves 31 Tcmbien* la hoJA picante 

fermeniadof que hacían del ¿ra- del beUl se m^cla con cal para 



259 OOXQtlIS'EA DEL MftlT. 

provisión de esta cuca y un puñado de mais fo9^ 
tcido, ci .indio de nuestros, tiempos icamim^ su» 
penosciS'jornadas'dia tra^ dia, sin fatiga, ó 6 lo 
meiios. sin«quejarse. £1 alimento ntias nutritivOr 
no le agrada tanto como este favorito naícptico. 
En tiempo (fe los Incas, se. dice que estaba' es- 
clusivameate reservado parala nobJeza, y si era 
a$¡, el pueblo gano un goce mas con la conquis- 
ta, y desde entonces lo usaron tantA que forma- 
ba uno de los ramos mas importantes de las ven- 
tas de. la corona. ^^ Sin embargo, se dice que es- 
ta yerba tan alabada de los iralids, reuma á las. 
propiedades calmantes del opio, los funestos 
efectos de la embriaguez, habitual, cuando se 
usaba de ella con esceso. ^^ 
, Mlá arriba en el declive de ks, cordilleras^ so* 
bre.lo^ límites del maÍ2t y la quinua^ grano pfire- 
cido al arroz q.ne cultivaban los indios en abun-- 
dancia, se hallaba la patata, cuya introduccioií 
en Europa forma época en hi historia de la agri- 
cultura. Bien fuese indígena d^l Perú o impor- 

mascarla. (Elphinsfone, History que da noticia la Revista Trimegi 
oflndia.iCLondon, lS41,)vol.I.p. tre Estrangera, (núm. 33) trata 
S31.) Es singular Mapemejauza largamente de los malignos efec- 
de dos puntos tm remoíos del toa del uso continuado^ de la cu- 
Oriente y Occidente, en estepla^ ca, que considera muy semejan- 
eer de ¿ociedad. * tes á los que resienten los toma- 
se Ondegar^o,l[^l.Seg.,MS. dí»res de opio. Es ^straño que 
— Acosta, lib. 4, cap. 22.— Sté- otios escritores no hayan hablado 
Tensen, Kesidence' in S. Amét** = con mas frecuencia de estas per- 
ica, vol. II. p. G»>. — Cieza de niciosas propiedades, que é lo 
León, Crónica, cap. 90. » que recuerdo naiálQ ha reparaée 
Í6 ün vií^goro (roeppff ^Jde-* hMTfcá'iOibrft cn^eíUw. 



I.IBRO I.-— CAFITVLO ÍY. ]¿S 

tada de Chile, lo cier1;o es gue en tiempo de Ips 
Incas era el principal producto de las llanuras 
altas^ y su cultivo llegaba en las regiones ecua- 
toriales, basta ^na aUura.que en. .las latitudes 
templadas de Europa pasaría muchos miles de 
pies del límite de las nie\ses perpetuas. ^^ Toda- 
vía mas arriba se veia brotar sin cultivo alguna 
que otra de estas plantas, entre los mezquinos 
arbustos que cubren ías magestuosas pendientes 
de cordilleras, los quj^ van disminuyendo gra- 
dualmente hasta convertirse en musgD y pajo- 
nsdi ék que envuelve como un manto de oro la 
base de ios inmensos conos que cubiertos de las 
ni^veti de los siglos, se pierden entre las regk>- 
Mé d0 eterna silencio. ^ , 

M ]IÍaltodnita,i»o6kS6; i tüiMé'deeritM prodücfdt inJígé- 

La patata, que encontraron los ñas y. de' otros muchos menos co- 

primeros descubridores en Chile, nocidos de los Europeos, no te- 

el Perú, Noeva Guanada, y por nía otros de grande importanda, 

toda la cordillera (le la A;^6rica los después d« la conquista se Jias 

del Sur, era desconocida en Mé- dado allí como en su suelo nati> 

jieo; otm pnil»ba 4e k» absoluta to. Tales soí^el oliVo, latni, la 

i^orapcia en. que . estaban una higuera, el manaano^ el naranjo y 

de otra las naciones de ambos la caña de azúcar. No se cono- 

contúMntes. Mr« de Hamboldt cía allí ninguno de los cereales 

que se ha aplicado tanto á la pri- del Viejo Mundo. £1 primer Irí* 

mítiva historia de este vegetal, go lo llevó una señora española 

cdya inflcienGia ha sido tan im- de Trujillo, que se tomó mucho' 

pprtante en la sociedad europea, trabajo en repartirlo entre losco-^ . 

supone que s^u cultivo en la t'ir- lonos; cosa que tampoco descui- 
ghiia, donde *erA ceiioeido de los - dó el gobierno, sea dicho en ho- ' 

primeros colonos, 4fhe haber ve- nof imyo. Llamábase María de^- 

nido de las colonias españolas del Escobar. La historia que se ocu> 

Sut. E8«tíiPolHi<jtie,tom'.^.'p. *pa tanto en celebrar los aztote» 

462. . . de la humanidad, dehia tainbitm' i 

35 Mientras que e} .Pero en somplacerse en conservar el nonr^ 



CAPILLO V. 



Carneros del Perú. — Grandes Cacerías. — Mantfac* 
TURAS. — Habilidad dé los artesanos. — Arquitec- 
tura. — RElfLEXIONXrd Ft!»Al/ÍÉS. ^ 

Vm. nacioR ^e había bocho taatos p4idgres¿# 
en la agríciütara» era de esperar qtie h«ibi%«e 
adelantado algo «ft las artes meoáftines^ eiipeeitil^ 
mente cuando, comp sacedla en el ¥etá^ ei» «^ 
tema de cultivo eacigía nó poeaüdestotea ^fík t\ 
trabajo de manos. Se ha notado que en la ma- 
yor parte de las nacioQ^ los progresos de la itt-^ 
dfistria (éiml, están en relación estrecha con los 
progresos en la labrans^- Tanto aquella cama 
ésta se dirigen al mismo fin, es décilr, á proveer 
primero á las, necesidades de La'vida^ Inego á las 
comodidades, y en seguida á lo superftoo, cuan- 
do la sociedad ha ad^la«tada ya algo mas. Ea 
llegando á avanzar !a una hasta aqnpl punto que 
arguye cierto adelanta en la civitimeion» la otra 
debe marchar natutaiifiente al mismo paso, á cau*> 
sa de que entonces crece-n los cousqiqm y sjb 
crean n<i«^« fiMesklades. Los subditos de los 
Incas, ea -^^ pasiva y, mmiiíé apUcaoiaa á Imt 



LIBRO ].-^*^APrrüLO 1^< li5& 

Uftbá}os mas hatnildes'qiie les llgai>ftn á su sne-^ - 
lo natal, se parqeian mas bien á las naciones' 
orientales^ corno loa indios 7 los Obiiidd, qu« á 
l0ft indiridaeis de la gistia familia ang4o-sajofiá , ' 
c^o carácter mas atrevido les bacía buscar su 
fortana en el teitipestao^o océano, y abrir co- 
mercio coa las reines mas ditítf^ntes del globo. 
Los Peroanosv aanqae poseian una larga 'estén- 
sion de costa, no tenian comercio estrangero. 

Para ana manufactavas^dOm^nticas contaban 
con la ventaja deimseer na nsaterial infinitamen- 
te ^snpeñov á tcidos los que ^conocían la^ demás* 
razas dá ocMitín^ite occidental. En lugar del' 
lino tenian^ eomo loa Aztecas,, nna tela que sa- 
bian tejer de las acilidaiíi Abras del magney; el al- 
godón creeia>en«bundiG(aoia en las tierras bajas 
y éalkates de la^co^tayy les proveía de un ves- 
tido propio para las tierral tem)iiadas| pero el 
llamea y las otras especies da ovejas del Perú les 
daban unvelloamayá proposito para el clima 
frió át la mesa^ <* vellón mas» dig^o de af)irecio/' * 
para servirnos de lfi|S( palabras < de nn escrita' 
iateligente, '«que el pelo del ^E^astor del 'Canadá, 
el vellón de las ovejas 'CtedmAicas, o el á& las ca-' 
bras de Siria*" * 

De la«caatn>variedftdM'die ovejas de( Fc^rd, , 

1 Walton f Hiátorical and crítor se reñere á Is^ lana d» vi-- 
UiéshnptímAísenftaiXéfMPér^-- tmtla, la «huí estiütatía-tTe tcrdaá* 

115.) Xa comparación de eet^ee* 



156 OONUÜltttA X>KL tnkijí 

e\ llama, que es la mas generalmente conocida^ 
es la menos apreciada por lo que respecta á la 
lana. Su destino principal es servir eomo bestia 
de carga, y aunque es algo mayor que las otras 
especies, parecia que por su poca íuerza y ta* 
maño no habla de ser á'propdsíto para este ser- 
vicio. Carga^ pocic) mas de cien libras^ y no ca« 
mina arriba de tres o cuatro leguas al dia. Pe- 
ro queda cong^ensado todo esta por el corto gas-^ 
to y trabajo que ocasionan su manutención y 
cuidado: bástale, para sn alimento el musgo y la 
escasa^yerba que crece en las ári<feis pendientes 
de las cordilleras. En la configuración de su es- 
tomago se asemeja al camello, de manera que 
pUede pasarse sin agua, no solo semanas sino me- 
ses efíteros. Supezameaponjosavarmaéade'Cfi» 
uña en el talón, muy propia para afirmarse en la 
nieve, nunca necesita herradura^ ni necesitan tasíi- 
p5co de aparejo ni de cincha para sujetar la carga . 
pues ésta descansa con toda seguridad sobre sx¿ 
espesa lana« Los llamas marchan en recuas de 
quinientos ó níil, y así aunque cada animal por 
si lleva poco, tantos pocos reunidos forman una 
cantidad considerable. La recua entera va mar- 
chando en el mayor orden á su paso natural, su- 
jeta á la vos del conductor, y pasando las noches 
al raso sin que le incomode para nada el frió mas 
intenso. £1 sagaz animalito solo reliusa marchar 
&uand0 siente una carga superior £ sus fuerzas,^ 



LIBRO 1. — CAPITULO V. 157 

y entonces ni golpes ni halagos consiguen hacer- 
le alzar del suelo.- Tan dócil y manejable como 
es generalmente, tan tenaz se manifiesta en, sos- 
tener sus derechos en llejjando este caso, * 

Distinguíanse lo:^ Peruanos de las demás nacio- 
nes de| Nuevo Mundo, en servirse de animales 
domésticos. Aprpvechar el trabajo del bruto 
para economi^íir el del hombre, es un elemento 
importante de civilización, inferior tan solo á la 
invención de las máquinas que sustituyan á en- 
V^aaáiSs. Farece, no obstante, que no dieron á 
estciÍMtntA importancia los antigups Peruano? co* 
mo Fos conquistadores españoles, y que el apre- 
cio que hacifin de este animal, lo mismo que de 
las oti:gg,,eappcies, erji debido principalmente ¿ 
sa tatl^ jEI gabierna cerno ya dijimos, poseia in- 
mensos rebaños de este **ganatlo mayor," ydel 
"ganado menor'Vo (flpacas, á cargo todos de sus 
respectivos pastores, quienes los llevaban de un 
punto á otro del pais, según cambiaban las esta- 
ciones. Estas marchas estaban arregladas de an- 
temano con la misma precisión con que el código 
de la mestay señalaba las del ganado merino de 
España, y cuando los conquistadores desembaí'-* 
carón en el Perú se quedaron asombrados al en- 

2 Ibid., p. 33, et Boq.— Gar- significa ''ganado/' (Ibid., ubi 

4nlaso, Com, Rsal., Parte 1, lib. supra.) Laa naturales no apro- 

8, cap. IQ.— -Acoata, Hb. 4, cap. Techaban la loche de sua aaim»> 

41' lea domésticos, y á lo que creo, 

Uama^ según Garcilasó de la ninguna triba üé kmk^ hocSl 

t id 



158 CONQUISTA DEL X^EUt. 

contr&r unos animales tan semejaiites á los Sayos 
en sus propiedades, y sujetos á unas ordenanzas 
ijue parecían haber venido de su patria. ^ 

No eran, sin embargo, estos animales domésti- 
cos los que producían la mas rica lana, sino las 
otras dos especies, los huanacos y ItíS vicuñas^ qtié 
vagaban en su nativa libertad por las heladas 
cumbres de las cordilleras, donde podía vérseles 
muchas vec^js trepar por los nevados picos que 
ninguna criatura viviente habita sino el cóndor, 
ave colosal de los Andes, que con la ayuda de '6ti^ 
poderosas alas se alza en la atmosfera á la alttn'á 
de mas de veinte mil pies sobre el nivel del mar. * 
En aquellos ásperos terrenos, el ganado salvage 
halla alimento siíficiente en el ícAw, especié de 
heno que se cria aquí y\.allí por todas las €um^ 
brés de la cordillera desde el ecuadoí hasta el 
cstrcmo de la Patagonia. Y como estos son los 
límites del territorio que rpcorre el ganado del 
Perú, que pocas veces o ninguna se áti:\eve á par 
sat la línea^ no parece abáurdo sttponer qué esta 
planta es tan necesaria para su eíKÍétéftéia, qué 
su falta es la principal tazón de que hó Se haya 

3 £1 juicioso. Ondegardo re- ció haber hecho ipiichas constitu- 

comienda encarecidamente a] go- cionés en diferentes tiempos é 

biemo español, que adopte mu* algunas tan útiles é provechosas 

chas de estas ordenanzas, por para su codservacion que con- 

ser perfectamente acomodadas á ' vendria que también ¿[nafdasen 

\m exigencias de los naturaljSB. agora." Reír Scg., M8. . 

'*En esto de los ganados- pares- 4 Malte Brun, book 86. 



LIBRO r.---CAriTüLO V. 150 

estendido el ganado á los paises mas^ septentrio- 
nales eomo Quito y la Naeva Granada. ^ 

Pero aunque vagaban de este fnodo sin dueño 
;por los inmensos despoblado^ de las eordiíleras, 
el campesino del Perú no podía eai^sr ninguno dé 
/sstos animales sálirages, pues, estaban prote- 
gidos por leyesTtan severas, cómo ios rebaños 
«mansos que pastaban eh los lugares mas cultiva^ 
dos ile la mesa. Lá caza del bosque; y de la moú^ 
taña, eraf tan propia dd gobierno como si la tu*' 
^esé encerratia ea un parque c> recogida en un 
redil. ^ Solamente se pemátia ooj^r la caza ea 
•ciertas ocasiones^ cuandii^se yeríficabaa eadaaño 
las grandes cacería^ bajo la dirección del Inca 
misáao, 6 de sus:.priacipales oficiales. Estas ca- 
tarías no se hacían en uu mismo punto sino una 
vez cada Cuatro ááos; tiempo que 'se eoairide^ 
yaba suficiente para dar liigar á qué s^ repüsíei- 
Se el destrono qué eausaíban. Al tiempo señala'» 
do todos los habitahl^s del distrito y de }oá itt- 
mediatos, hasta el núitieró decinctientSa' 6 seiTénta 
milhombres^ '' se distribuían eñ rueda fo'ñnamio 
nín larguisitno cordón que abrasase toda la tieií- 
ra destinada para la cacería. Los cazadores iban 

5 IchUf llamado en la Flora ¿n persona, si hemos cíe creer á 
Pemana Jarana, Ciase, Mónan* SámtíiBnto. ''De donde haTiéa- 
dría Di£3aiia. V. Walton, p. 17. dose ya jiintado cinqueinta 6 se- 

6 Ondegardo, Reí. Prim., senta mil Personas ¿ cien mil si 
JkfS. nitíndádo lépera." Relaeion^JMTS., 

7 Reuníanse á veces hasta cap. 13. 

cien mil, cuando #1 Inca pazaha .^.> ' ^ 



160 CONQUISTA DEL PERÚ. 

armados de picas y varas largas para levantar 
toda especié de caza, y registraban los bosque*, 
valles y montañas, matando las fieras sin miseri- 
cordia, y empujando los demás animales, c[ue por 
la mayor parte eran ciervos del pais, huacanos 
y vicuñas, hacia el centro del inmenso círculo, 
hasta que estrechándose este poco i poco, aque- 
llos tímidos habitantes de las selvas se veían re- 
ducidos á solo una V estensa llanura en donde la 
vista del cazador pudiera contemplar de un gol- 
pe todas> sus víctimas, que no tenían por donde 
escaparse tii lugar donde esconderse. 

Mataban ent^Mices los ciervos machos y algii* 
nos de los carneaos de mala clase; reservaban 
sus pieles pa'ra varios objetos de utilidad i que 
se .destinahai) ordinariamente, y la carne cortada 
•:en tiras sedtstribuiaal pueblo, que la convertía 
en charqui o tasajo del pais^ que era entonces el 
linioo, como es ahora el principal alimento ani- 
-mal de las. cflasesfíobres del Perú. ® 

Gasi todo el réstx) de los carneros^ que eran 
de ordinario treinta 6 cuarenta mil y á veces mas, 
lo dejaban ir después de tranquilado con todo 
/Qsmero, para que volviese á sub «plitarios alber* 
gues de las montañas. La lana que producían 
%e depositj^ba en los pósitos reales, de donde se 
repartía al pueblo á su debido tiempo. La de 
peor cla^e se empleaba en vestidos para el abismo 

8 m^éáiii¿ii. ; . . 



UBRO'l.— OAPIÍÜLO V. . 161 

pueblo; y la mas fípa era para los laeafff pprque 
solo á lQ6noblesincas.se permitia usar }o0 teji- 
dos finos de lana d^ vicqña. ^ 

Los Peraaiios eran, muy diestros en fabricar pa- 
ra la casa real diversos artefactos de este delicar 
do material, que bajo el nombre de lana de tigonia 
es tan conocido en los telares de Europa» Haeian 
de ella, chales^ mantos y^otra3 piezas de vestir 
para el monarca, y .alfombras, colchan y tapices . 
p^ra los palacios y templos. La tela era igual 
por ambos lados, ^^ tan delicada y l<i,strósa como 
la seda; y la viveza de sus colores escHó la ad* 
miración y la envidia de los fabricantes euro- 
peos* '^ Los Per uan9S fabricaban también telas 
de gran fnerza y..dura0Íon mezclando el pelo, de 
^tros animales con la lana, y eran también dies- 
tros en obras de pl^a, aunque no les daban tan- 
ta importancia CQvm los Mejicanos, á causa de 
la superior calidad de los materiaíe^i para otros 
trabajos, de que pírfian di^poqer, ^^ , 

9f Sarmiento, Relación, M8., "Ropa finisFima para los seño- 

loc. cit. — Cieza de.' Lexm.f^ Oróni- rea Ingas de lana d» las Víea- 

ca, cap. Sl.—Garciíaso, Com. nias. Y cierto fue tan prima es- 

Keal.y Parte 1, lib. 6, cap. 6, ta ropa como auran visto en Es- 

10 Acosta, Ub. 4, cap. 41. pañ^ por algfua que allá /ué 

11 "Ropas finísimas para los luego que se gano este reyno. 
Reyes, que lo eran tanto que pa- Los vestidos destos Ingas eran 
recian de sarga de seda y con co- , camisetas desta ropa: vnas^pobla- 

■ lores tan perfectos como se pue- das de argentería de oro, otras 

de% afirmar." Sarmiento, Reía- de eí?meraldas y piedras precio- 

cion, MS., cap. 13. gas: y algunas de plumas de aves: 

12 Pedro PisaiTQ, Deecub. y otras de solamente la manta. Pa- 



1<(2 COlJíaUISTA 0CL VWBLV. 

Manifestáronse los naturales igualmente dtes* 
tros en otrtis artes mecánicas. En el Perd todo 
individuo debía saber los diversos oficios qué sé 
necesitan para cubrir las necesidades domésti- 
cas, y como estas eran tan pocas entre los sen- 
cillos vasallos de los Incas, no se necesitaba per- 
d0r mucho tiempo en' el apr^ndizage. Pero si á 
esfo,sé redujesen sus^^delai^tos en las artes» nd 
serían muy grandes sin duda. Habia ademas iñ* 
diyjiiduos que se im^tmian perfectamente en aqpe^ 
ílos oficio's'n^cesario&i para sati^cer las necesi*^ 
dades de las clasesr aciimiüdadas, Estó§i oficios, 
lo noiismo que todas, las demás ptofesiones, par 
falMifi siempre en elPeni de pa4c«i^. á hyos; '^ la 
sej^racion de dttued'^Q este punto era tian nguz 
rosa oomó en él Egipto, o eri ^Hindostán* Si 
este fitistema no era itiúy fiüvorable á la órigÍBac* 
lidad, ó para dar vuelo al taleuto particular del 
' individuo, á ib menos tenia la ventaja de que cofa 
la continua práctica desde la niñez, llegaba e^ 
artista á adquirir una &cilidad estremada en la 
erjecucion perfecta de sus obras. " 

En los almacenes reales y tas huaeas 6 tumbas 
de los Inca?, se han hallado muchos objeto^ de 

tieiteta tan péiftctás colores de Seg., MSS.— Garcilaso, Com. 

carnfeflí, asstil, amarfllo, líegtOf y Rea]., Parte 1, lib. 5, c. 7, 9, 13. 

dé otras paerteéi qU'e véiléladenk^ 14 A lo menos tal era la opi- 

menté tíenbn ventaja á las de nion de los Egipcios, que atrí- 

Espaffa." ^ Giéása dé León; Cr6- Inúan á esta división de castas sa 

nica, csLp.' 114. ' particular destreza en las artes. 

^ 13 Ondégwdo, Reí. Prrni. y Diodoro de Sic, lib. 1, $ 74. 



LIB^O r.-^CAPlTULÓ V. 163 

r 

un trabajo delicado y curioso. Hay entre ellos 
vásoñ de oro y plata, brazaletes, collares y otros 
adornos para las personas; ntensilios de toda es- 
pecie, algunos de barro fino, y la mayor parte - 
de cobre; espejos de piedra dura jiulimentada ó 
de plata bruñida; en suma un infinidad de obje- 
tos, muciios de ellos de formas caprichosas qué 
reyelan tanta ingeniosidad como gusto é inventi- 
va. ^ La propensión de los Peruanos era mas 
bien á la imitación qué á la invención; á la 6nu- 
i^f delicadeza del trabajo, más que á la nove- 
dad y belleza de la forma. 

£s ciertaniente admirable que ejecutasen 
obras tan dificiles con solo las herramientais que 
conocian* Era fácil en comparación fundir y 
aroü^esculpir las sustancias metálicas, y ambas 
cosas hacian co^ gran perfección; pero lo que 
no es fácil de ésplicar es, que con la misma faci- 
lidad Cortasen las sustancias mas' duras, comolais 
esmeraldas y otras piedras preciosas. Sacaban 
gran cantidad de esmeraldas del estéril distrito 
de Atacama, y ésta dúrisinia materia parece qú'e 

15 Ulloa, Noiáciás Américíi- copiosa colección de adornos de 

liaéi, eñt 81. — Pedrp Pizarró, oro macizó de muy esquisito tra- 

Descab. y Conq., MS. — ^^Cieza bajo. Fé|o ál ir allá paira ezá- 

de León, Crónica, cap. 1141— minarlos, sttpo que acababan de 

Condamine, Mem., ap. Hist de fundirlos para enviarioa á Oarta- 

FAcad. Roy. de Berlin, tom. II, gena^ aitíiida entonces por ios In- 

p. 454.-456. gleses. Solo á costa de todas las 

Este 611imo escritor dice qñe demás artes, puede progresar el 

en la tesoreiia real de Quito se arte de la guerra. '" 

oos«erv6 por mucho ^m|io uAa . 



184 CONQUISTA DEL PEí^U, 

se ablandaba tanto entre las mf^no^? de los artis- 
tas del Pprú como si íliera barro. '^ A. pesar de 
todo esto, los naturales no conocían el uso del 
hierro, aiingue abunda por todíis partes, en su 
• territorio. ^"^ Sus herramientas eran de piedra, y 
mas comunmente de cobre; pero el materií^l de 
que echaban mano para sus obras mas difíciles 
era una liga de cobre con una pequeña porcian 
de estaño. ^^ De esta conaposicion resultalia uu 
metal poco menos duro qq,e el acero.. Ayudados 
de él Ios-artistas peruanos, no solo labraban el 
pórfido y granito, sino que con su paciencia y 
persever-ancia, llevaban á cabo obras que los Eu- 
ropeos habriau temido emprender. Entre las rui- 
nas de los monumentos de Cannar se v^n cabe- 
zas de animales con una argolla movible en la 
nariz, todo primorosamente labrado de una sola 
pieza de granito. ^^ Es digno de notarsti que en 
sus progres95^ enla carrera de Uí civilixacion, ni 
los Egipcios, ni los Mejicanos, ni los Peruanos, 

16 Tenían también turqiiesas, consigo á su vuelta á Europa una 
y hubieran tenido perlas, si jko . de estaa herrapiii^iitas de metsd; 
hubiese sido por la sensibilidad un cincel hallado en una mina de 
de los Incas, que no querían ar- j)lata de los Incas, ho lejos del 
ries£;ajr las vidaa de sus stoditos Cuzco^ Hecho el anéilisi^ se vio 

. en. tan peligrosa pes<^ería. A lo que coi^tenia 0,94 de cobre y 0,06 

menos [así lo afirma Gareiíase, de estaño. V.. Vues des Cor- 

Com. áeal., Pajte, 1, lib. 8, c. 23. dilléres, p. 117. 

17 *jVo teuift» henramieotas . 19 *'Qouiqu*il en aoit" dipe 
djB hierro niazero." Ond.e^ardo, Mr. de la Condimine, "nous 
Reí. Seg-,,.MS. — ^ílerrera, Hist. avons vu en quelques aitties rul- 
Generai, clec. 5, iib. 4, cap. 4 ne* des ornemens du.mcme gra- 

IS M. de üui¿lH>ldt trajo •Hj^ií^tiitoiiitíwtóiliwi 



LIÉRO I.-T^APITÜLO V. 165 

hayan descabierto el uso del hierro, que^eniafi 
ea abnodancia ea sus países respectivos, y qi^ 
todos ellos, sin comunicarse unos con otros^ Jia- 
yan discurrido en su lugar una curiosa mezcla 
de metales, de que hacían herramietitsis poco 
meno»,.duras que si fuesen de acero; ^ secreto 
qué los «oivílizados Europeos han perdido, á por 
mejor decir^. nunca han descubierto^ 

He hablado ya de la gran cantidad de oro y 
plata que se .labraba en objetos de lujo y utilidad 
para Ips Incas; aunque era poca en comparación 
de la que podían haber producidoras ricas mi* 
Das del patS|,y de la que después ha estraído 1% 
codieia de los blancos, mas inteligente y menos 
el&crupulosa. Los Incas recogían el oro en los 
depósitos de los ríos. También sacalmn mucho 
mineral del valle de Curim¿iyo al nordeste de 
Caxamalca, y dp otros sitios, y los productos de 
las mina« de plata de Porco en particular, eran 
muy considerables. Nunca pensaron sin embar- 
go, en abrir tiros para penetrar en las entrañas 
4e la ti^erra sino que se contentaban con luicer 
unas cuevas en las pendientes de las montañas,. 
ó cuando muchq abrían un canon horizontal de 
poca estension. Faltábales también el conoci- 
miento de los métodos mas á propcísito para se- 
parar el metal fino de la escoria con que se en- 

d'ftQÍxaaaz, dont lesnarinee per- ap. Hlst de TAcad. Roy* da Bar* 
ei| pártoient des aoveaux mo- Un, itoin.il. d» 452. 



106 CONQUISTA tJÉL jhBRli. 

cuentra mezclado, ni Conocián las propiedades 
del azogue, (que uó CíTftaseá eü el Perú,) como 
agente para efectuar esta separación. ^ Para fun- 
dir el metal se valían de unos hornos construidos 
en parages altos y descubiertos, dónde góplásen 
con toda libertad las fuertes b'fisai^ dé lá^ mon- 
tañas.* En una palabra, los súfrditos dé los In- 
cas con toda su constancia y aplicación, rto hi'- 
cieron mas qtle penetrar lá corteza que cttbre 
las auríferas caverna^ que yacen ocultas en las 
entrañas de los Aftdes. Pero con lo qwé reco- 
giaü de la superficie tenian bastante pai^á sus 
necesidades, porque ni eran un pueblo comer- 
ciante, ni conocian el uso de la moneda. '^ En 
esto se diferenciaban de los antiguos Méjican'os, 
que tenían una especié de' móileda corriente de 
trn valor constante. En un punto sí eran superio- 
res á sus riváleis de la ót^a América, pdes qué 
usaban de pesos pai^a fijar la cailtidad de sus 
mercaderiaá; cosa enterañienté desconocida de 
los Aztecas, ftüe los Peruanos los tenían, sé jirue^ 
ba con haberse enéontrátfo baláíiiías de plata su- 
mamente exactas en los sepulcros dé los Itícas. * 

iÓonquista de Méjico, Ixb. 1, ca- mucho íiaa estraño en un impe' 

pitólo 5. río grande y floreciente cbitti' él 

2X Gardlaso» Com. Real., Pera; el pais que encerraba en 

^arte 1, lib. 8, cap. 25. sus entrañas los tesoros que al- 

92 n>id., Parte 1, lib. 5, cap. gtui día se habian de deiratnar 

7; lib. 6, cap. 8.— Ondegardo, por la Europa para formar la ba- 

Reí. deg., MS. síí de su inmensa riqueza meiá» 

Esto, que á BcmapartiS lé |)«- UBk, / . • f * 

HédJI íii«»}é «íktáncíose de la 68 • ÜSÍ^a^'BíOlr AAiér^-^liSfk. 

pequeña isla de I^o Qhoo^ era 21. . :' * - ' 



LIBRÓ I'k-^ÁI^ÍTÜLO Y. 167 

Mas paira' juzgar de la eivilizáctcrú de xxn pae* 
blo por las obras qué dé él nos quedan, no hay 
cosa Qiejor qtie recurrir á su arqtiitectariEi, cien- 
cia que presenta un campo tan vastó para osten- 
tar lo grande y lo bello, y que al mismo tiempo 
tiene una relación tan estrecha con las comodi- 
dades de la vida¿ Ifb hay cosa én qué se prodi«- 
gueh con mano mas franca las riquezaiár del po- 
deroso, o que despierte mas eficazmente ' éFta- 
leftto inv'éíifor del artista. El pintor y él escultor 
ctíii solo su ingenió aislado, pueden producir 
obras deesquisita Ikelleza; pero solamente en 
los grandés'crtfácíoiiEís de la arquitectura es en 
donde eü ¿íért6 mi^dt^ sé descubre el genio de la 
Meíóii. Uú^ n^^ñnm^ñto» gñegos, egipcios^, sar^ 
taceiif#s*y ^ieó^ fí^uanto no éspliéan el carác- 
ter y eotidieion dé fé» |mebl<0S á que pertenecen! 
}^s monumentos déla China, la India y Centro- 
Anfféríca, rerélan todas lina nación c|Bíe todavía 
no ha Uegaréo á su miiatez^ en donde el estu*^ 
4Í0 no hacultÍTado la inkaginacion, y que pOr lo 
mismo, en sus mas felices concepciones, solo des- 
cubre aquello» esfuersos^ irregulares para llegar 
á lo bello, propios de tm pudblo semi civilizado. 

Aunque en hk arquitectura peruana se vean 
también en gehrirál loa misinos indicios de unes- 
tadp imperfecto, retieoe sin embargo su carácter 
partrctílar, y éste és tah tttíforme, qtte todos íoá 
edificios. ^^pcpUífTCti .el pais p^ec.en b^c^og^^^i* 



. 168 CONQUISTA DEL PERÜ. 

ünamistmTmano. ^* Son generalmertte de porfi- ^ 
do y granito, y muchas. veces de hidriHos. Estos 
pran unos trozos ca^Irados, mucho mayores que 
ftuestros ladrillos, hechas do un barro n)uy duro, 
. mezclado con cañas á yerbíos gruesas, y Qon e\ 
tien3i>o se'ponia«.ían diíroí^vque re»istiati igual* 
mcrUe a las lluvias y aun al soí devastador de 
ios trópicos. ^ Las paredes eran muy gruesas, 
pero l)ajas> pnes en general no se alzaban mas 
de doce á catorce pies, y rara vez so encuenti^ 
«oticias di: atj^tfn edificio que llegase á tení>r dos 
pisos. ^ . 

LasJiabitaciones no ge omujiicaUan uuas coa 
^tra#, íáino que por ¡o cora:iTí toiú^ig Jji pncna 
,pO¥ el pát(e^ Y como ¿io terfíin yeiitaiK|K nia^íer- 
turasi que supfíesen ¡jOi eii^tr la hi3i7í?!^t^rior so- 
lo podria entrar por el ofia* > de la pucrtíu I^a^ 
jambas de éstas se víhi i?icí?;can(^o conforme so- 
ben, de manera que ci dintel es miicho mas cor* 
tQ qtie el unibralr partifAalaridad que ^e. encuen- 
tra tatnhiea qr lá arquiteí^tara egipcia* La mji- 

S4 Es observación ác fínm- qu'un eeul architecte a construí* 
bo^dl^ ^'11 est imposible d'exftttd- ee grand nombro de monnmena." 
ner attentivement un seul édi£- Vuefi des C^rdiUérest p. ]97. 
ce du temps des Incas, sans re- 25 Ulloa que examinó aten> 
«onoitre le méme type dans tout lamente ekos ladrUlos, indica que 
les autres qui couvrent le dos des paik su composición, tan supe- 
Andes, sur une longueur de plus rior bajo todos aspectos á la nnee- 
. ¡S» quatre cents cinquante licúes, tra, debe haber babido 9^^ Be> 
depois mille jusqu'á quatre mille creto qutt se ha perdido. NoU 
ttétres d^lévation ^u dessns da Amer..ent., 20. 



Libro i.— capitulo v. 16 

yór parte de los techos ha desaparecido con el 
tiempo; algunos quedan en los edificios mas in - 
significantes, de una estraña íígura, a modo def 
campana, hechos.de una mezcla de tierra y gui 
jarros. Se supone, sin embargo, que en general 
ios haeian de otros materiales mas frágiles, co- 
mo paja d madera. Lo cierto es que varios edi' 
ficios de piedra de los mas notables, estaban te- 
chados con paja, y algunos parece que fueron 
construidos sin ninguna especie de mortero; y 
hay escritores que sostienen que los Peruanos 
no conocian mezcla ni argamasa de ninguna cla- 
se. ^ Pero en algunos edificios se advierte en- 
tre los intersticios del granito, un barro duro y 
pegajoso mesíclado con cal, y en otros, donde las 
piedras están tan bien ajustadas que no admiten* 
este grosero tnaterial, eí ojo del anticuario ha 
descubierto una especie de pegamento bitumi" 
noso, tan duro como la misma roca- '^^ Se ad' 
vierte la mayor sencillez ^n la construcción de 

27 V. entre otros AcoRta, lib^ melita imperceptible/' l^echo de 
6, cap. 14, y Robertson, History cal y de una substancia parecida 
of AmeHca, (London, 1796,) vol. á la cola, qué 'se adhería á las 
III. p. 213. piedras y las mantenía unidas c«- 

28 Ondegardo, Reí. Seg., mo si fuesen una sola pieza, sin 
MS.— ülloa, Not. Amer., ent. 21. que la'vista del obsiE5rvadí)r vulgar 

Humboldt que anaUz6 el cemt>n- pudiese percibirlo . C on esta coft- 

to de los antiguos edificios de Can- posición glutiziosa mezclada, coit 

nar, dice que es una verdadera ar- guijarros, haciao-los Incas oaa e*» 

gamasa formada de una mezcla de pecierde caminos nuMeadamizaéÍ$, 
guijarros y marga ( Vues des Cor- . tan duros y casi tan tersos comsf 

dilléres,p. 116.) £1 P. Velasco si fueran de mármol. Hápt éK 

w «ttMSo con ''um^pecj» dex;^ Quito. t<nn> i, pp. 126-^lf?©.» 

t. 17 



l'í'O CONQUISTA DEL PfefeÚ. 

los edificios, que por lo común no tienen ninguá 
adorno por fuera, aunque á vaces las piedras es- 
tán labradas eñ figura convexa con gran regala- 
ridad, y ajustadas con tanta exactitud que sería 
imposible conocer la uflion úi no fuese por las 
estriasí En otros, las piedras están en bruto, lo 
mismo que se sacaron de la catitera, sin forma 
alguna regular, y con solo los cantos labrados 
con el mayor esmero, Vie modo que ajusten per- 
fectamente unas con otras. No se hayan vesti- 
gios dé columnas ni arcos, aunque sobre estos 
últimos no deja de haber disputa. Lo que no 
tiene duda es, que aun cuando se acercasen algo 
á esta forma, dando mas d menos inclinación á 
las paredes, no conocian de modo alguno el ver- 
dadero principio del arco circular, compuesto de 
dovel^vs y apoyado en una clave. ^ 
\Lfis caracteres que distinguen la arquitectura 
peruana, dice un.distinguido viajero, "son la sen- 
cillez, simetría y splidezj ^ Podria parecer 
contrario á la filosoña, el eondenar el estilo pe- 
culiar de un pueblo como falto de gusto, solo 
porque sú tipo del gusto es distinguido del nues- 
tro. Sin embargo, en la composición de los edi- 
ficios peruanos se advierte una incongrxietíeia tal 

99 Coadamine, Mém., dp. ÜHoa,ToyngctoB. América, V6l. 

Híit de V Aosd. Iboj. de BerHii, í. p. 4B»->; Oi ia vg« rifó,Ítil. ¿e^., 

Ukm. II. p. 448.— Antlg. yMonft- MS. 
^ueiitosdel Pera/ MS.— ^Herrera, íio "Siitíplióhé, ajnnéWe, ét 

Hiflt General, tf»c. 5, fib. 4, c^- «ófidiié, VtiiHk W'-ÉíbiB carAclo 

4.— AWsfa, Vib. 6, c'ítp. 14.*- r«s pir Í^Af^i» m dbtírijjwm 



LIBRO I. — CAPITULO V. . 171 

que itidica un coiiDcimiento muy iin{»6H*eeto dé 
lúM ptímeros principios de arquitectara. Mien*- 
ti^s que'eon el ma9 esqúisito primor amontona'* ^ 
báñ esas inmrásas moles de pórfido y granito, 
eran incapaces de ensamblar dos maderos, y no 
cor ociéndo el hierro, no hallaron otro medio me* 
jor de tmir lasl vigas que atarlas con cnerdas de 
maguey. Era otro eontraste chocante el ver un 
fldsmo edificio techado de paja, sin una ventana 
que le diese luz, y revestido por dentro de bri-* 
liantes tapices de oro y plata! Estas son incon- 
secuencias de un pueblo inculto, en donde las 
artes solo han tenido un desarrollo parcial. No 
seiria dificil encontrar ejemplos de semejantes 
anomalias en la arquitectura y ectmomía domes* 
tica de nuestros antepasados los anglo-sajones 
y normandps, y estos últimos en época posterior* 
Mas sea lo qiie fuere, los edificios de los Incas 
^ran acomodador al clima» y muy é prop((sito pa-* 
ira resistir }os terribles sacudimientos del pais 
de los volcanes. I>ó acertado de su disposición 
se evidencia por el número de los qne^aun exis- 
ten» mientras que otras construcciones mas mo- 
derntrs de los Conquistadores, yacen por tierra 
convertidas teii ruinas. La devastadora mano de 
lód Conquistadores es cierto que ha pesado so- 
bre eMos vulnerables edificios, y eonisus estópi* 
áas y supersticiosas buscas de tesoros esconfii- 



172 , COüaÜISTA DBL PBRÜ. 

dos, han hecho mil veces mas daño qtie el tiempo 
ó los terremotos. ®^ Sin emfeairgo, aun qaeda db 
^ eíttos monumentos lo bastante para , llamar la 
atención de los anticuarios; solo los mas visibles 
se han examinado, y según las relaciones de los 
viagerds, aun hay otros muchos en los lugares 
menos frecuentados del pais. Contentémonos, 
con esperar que alguti dia se despertará, respec- 
to de ellos, ua espíritu de empi'esá, semejante 
al que con tan buen éxito ha explorado las mis- 

31 El autor anónimo de las triste indio, bajo el retumbante 
Antíg. y Monumentos del Perú, título de Señor 6 Inca. Dij© esta 
MS., nos dá, de segunda mano, , tantas veces, que al finunanoi^D 
una de esas tradiciones doradas esclamó Don Carlos: ** ¿queréis sa- 
que eh los primitivos tiempos fo- ber, señora, si soy rico 6 pobre? 
mentaban el "espíritu de aventura. Ya veréis como no hay señor iii 
El piensa que en este caso la tra- rey en el mundo que tenga mas 
• dicion es digna de crédito. De- tesoros que yo." Vendándole 
jemos al lector que juzgue por á entoncies ios ojoscon unpañuelOf 
mismo. la hizo dar dos ó tres vueltas, y 

"Es opinión bien fundada y tomándola de la mano anduvi«- 
generahnente recibida, que en la ron una corta distancia, y qnitó'^ 
fortaleza del Cuzco hay un salón le el pañuelo. i¡Cuál fué su ad- 
oculto en el que existe un ijhmen- miración al abrir los ojos! Ape- 
Bo tesoro, compuesto de las e0- ñas había andado unos «aantos 
gies de todoslos Incas, hechas de pasos y bajado uno^ cuantos es- 
oro. TodavÜi vive una señora, calones, y se encontraba en un 
(Doña María Esqüivel» espesa • gran salón cuadrado en donde 
del último Inca,) que ha visitado veia las estatuas de lo& Incas co- 
este salón» y le he oido contar de locadas en bancos todo alrededor, 
que modo la llevaron á verlo- cada una del tamaño de un ma* 

"Don Cár(os, esposo de esta chacho de doce años, y todas da 
señora, no gastaba un tren cor- oro macizo. Vio igualmente mu- 
respondiente á su elevado rango, chos vasos de oro ' y de plata. 
Reconveníale á veces por eÜo "Cierto" decia ella, "era uno de 
Doña María, diciendple que se los tesoros mas magnS6ooB det 
babmelti^aSedOisafláiidoacuboawt, xnnndoiV / ^ . ^ ^ 



LIBRO I. — CAPITULO V. 178 

t^ricN»as soledades da Yucatán y Centro-Amé- 
rica. 



No mé resuelvo a terminar este examen del 
gobierno del Perú, sin añadir unas cortas reflexio- 
nes generales sobre su carácter y tendencia, y si 
en ellas se encuentran repetidas algunas obser^ 
vaciones que ya antes haya hecho, espero se me 
disculpará, pues mi deseo no estotro que dejar 
en la mente del lector una impresión clara y 
distinta. * 

' Al practicar este examen no podemos menos 
de notar la falta absoluta de semejanza entre es- 
lías instituciones y las de los Azteca^, que eran 
el otro pueblo que en el continente americano^ 
marchaba al frente de los demás en la senda de 
la civilización, y cuya monarquía era tan notable 
en la parte septentrional, la como de los Peruanos 
lo era en la meridional. Ambos pueblos llega- 
ron á las elevadas llanuras de las cordilletas, y 
comenzaron su carrera de conquistas, probable- 
tnente en épocas no muy distantes una de otra.® 
"Y es digno de notarse que las regiones altas de 
las cordilleras^ hayan sido en la América el logar 
escogido por la civilización, en uno y otro he- 
misferio. 

' ' Las dos naciqnes siguieron en si) carrera mi** 
litar una política muy diferente. Lo» Aztecas 

33 Al*;©, cip- L 



174 <70N€^UISTA Ü£L PERÚ. 

animados de un inaudito espíritu de ferocidad, 
hacian una guerra de esterminio, señalando-sus 
triunfos con el sacrificio de millares de cautivos; 
al paso que los Incas, aunque proseguían sus 
conquistas con igual tenacidad, preferían adop' 
tar una política mas suave, sustituyendo la ne- 
gociación y la intriga á la violencia, y tratando á 
sus adversarios de manera que no quedasen pri- 
vados de los medios de subsistir en lo venidera, 

. y entrasen á formar parte del imperio como anai- 

^os, y no comojénemigos. 

El trato que daban á los pueblos conquistados 
no ofrece menor contraste, si se compara con el 
que acostumbraban darles los Aztecas. Los vasa- 
llos mejicanos sé veian oprimidos de escesivos 
tributos y de frecuentes levas; no segtténdia para 
nfida á $u bien estar, y llegaba la opresión has- 
t^ donde alcanzabíin á sufrirla las fuerzas del 
oprimido. 'Manteníanles sujetos y en continuo 
temor con las fortalezas y guarniciones, y les ha- 
cían ver constantemente que no formaban un^ 
liarte integrante de la nación, sino que eran tan 
solo un pueblo cojiquistado y sometido á su yu- 
go. Los Incas por el contrario, admitían desde 
luVgP á sus nuevos subditos ala participación de 
todos los derechos de que gozaba el resto de \» 
nación, y. aunque les obligaban á conformarse 
con las leyes y usos antiguos del imperio, Tigilu-^ 
ban ooQ una eapecie do patemdi solicitad sobre 



LIBRO I.-^CAPITULO T. 176 

íÉíti bienestar y seguridad personal, ligada de 
este modo aqueHaheterogénea poblsicion por el 
común interesi estaba animada toda de an mh'^ 
mo espíritu de fidelidad, que daba hueva Aierzá 
y estabilidad al imperio, á medida que iba eiman^ 
chando sus límites: no sacedia asi con las tribus 
qtie sucesivamente iban sometiendo ^á sn yugí^ 
los Mejicanos, porque como sol(!^ se rñantenian 
finidas por la fuerza física, estaban dispuestas á / 
separarse, tan pronto como esta fuerza llegase ú 
faltar, ^n la política de las dos naciones se vé 
el contraste drijprineipio del temory comparada 
con el del rtwtor. j 

Na se pareclM mas aquellos pueblos en loi» 
principales puntos de su sistema religioso* Toa- 
das las divinidades del Panteón Azteca partiei' 
paban mas ó menos del espíritu sanguinario dei 
temblé Dios de la guerra que las presidia, y fm 
ridículo ceremonial termina:ba casi siempre con 
^aérifitíos humanos y banquete de antropófago* 
lios ritos de los Peruanos eran de naturaleza mas 
inocente, pues se dirigian á un culto mfls e^pki^ 
tuaL ¿a adotacicm de los cuerpos celestes ei» 
iá qne mas se aproxima á la del verdadero Dios, 

porqtie al verlos márdiat por sus lueieiítes ^i^ 
fbüas, parecen l&» emblemas mas apropiados de ^ 

sa beneficencia y poder. 
Ambos pud>los manifestaron igual destreza en 

^8 obsas pequeñas de las artes mecénieas;pero en 



176 CONQUISTA DEL PEEU* 

la Gongtnzccion de grandes obras {publicas, como 
caminos, acueductos, canales, &c., y en la agri* 
cultura con todos sus pormenores, eran infinita- 
mente superiores los Peruanos. Es estraño que 
los dejasen tan atrás sus rivales eñ sus esfuer- 
zos para cultivar el entendimiento, y sobre todo 
BTí la astronomia y en el arte de comunicar las 
ideas por medio de caracteres visibles. Cuando 
consideramos el mayor adelanto^ de los Incas, y 
les vemos quedarse ,tan inferiores á sus rivales 
los Aztecas en estos'- puntos, solo podemos espli- 
cario reflexionando, que según todos los indicios, 
estos últimos debieron su ciencia á la raza que 
les precedió en aquel pais; raza misteriosa cu- 
yo origen y cuyo paradero en vano se afana el 
historiador por averiguar; pero que pudo ser 
que para libertarse de sus feroces invasores, bus- 
^ease un asilo, en las regiones del centro de Amé- 
rica, en donde hallamos en los restos de magní- 
ficos edificios, los mas bellos monumentos de la 
civilización indígena. A este pueblo mas ^ulto 
.es al ijue se asemejaban mallos Peruanos en su 
organización intelectual y moral, y 6 él debieran 
ser. com{>arados. Si hubiese continuado este^ 
99iéndose^l imperio de l^s Incas al paso que iba 
•Cuando sobretvino la invasión de los Esf)ajloles, 
las dos razas hubieran en breve venido é las ,ma- 
4£kOñf ói acaso habrían llegado á ser amigas« 
liOS;Mejicanasy 1m Peínanos, t^ui diferentes 



X.IBEO I.-**-CAFITüLO Y. 177 

en el'earéeter de su civilización respectiva, ig^ 
lloraban mutuamente su existencia, según todm 
probabilidad; y es estraño que durante la exis-- 
^eneia paralela de sus imperios.ninguna de aquc^ 
-lias semillaa de laé ciencias y las artes, que pa«> 
fian ÍMeiisihlémenté da unos pueblos á otros^ se 
abríétse enfñino á través, del espacio que separ»* 
ba las do» nacknes. Ellas son un ejemplo inte- 
resante de las diversas direcciones que puede 
ferntar el entendimiento humano, en sus esfuer^- 
zos para.salir de jas tinieblas de la barbarie ala 
\m de la civilización . 

Gomó ya he tenido ocasión de decirlo antetss' 
puede hallarse aun mayor semejanza entre la 
fo^nia de gobiepno.del Perú y la de varias mo- 
narquías absolutas del Asia oriental; de esos go- 
biernos »en que el despotismo se presenta bajo 
formas mas suaves, y en qué los pueblos reuflii- 
dos bajo el dominio patriarcal del soberano, pa- 
ve^en más bien miembros de una dilatada fami- 
lia.^ »Tales 9on^ por ejemplo, los Chinos, á quie- 
nes se parecían lo^Péruano» en la ciega obedí^sk* 
4$ía-á la autoridad, en el caráotér suave y algo 
obstinado, en la importancia, que daban á las for- 
mulas esteriores, en sjp respeto á los antiguoF * 
usos^ en su destreza para ejecutar obritas de 
poca importancia, en su inclinación á imitar mas% 
bien que á inventar, y en su inagotable pacien^ 



17B coNCiUiSTA 0fiL rftftir; 

•ciá^.que en la ejecución de empresas «tifieilta ao^ 
|dia peor otra espíritu mas eipprendedon ^^ 
• Major .era la semejanza con las naciones del 
Hindostán» en su división en clases, su adoraeios 
de los cuerpos celestes y de los elementos natu- 
rales, y su conocimiento de los principios* cien^ 
tíficos de la agricultuFa. A los antiguos Egip* 
cios se parecen también en los mismos pontos^ 
así como en las ideas de una existencia fatnra 
que les hacia considerar de tanta impoftaneia b 
conservación de los cadáveres» 

Lo que en vano buscáremos en la historia áel 
Oriente, es una cosa que se parezca á la eom* 
pleta intervención que tenian los Incas en todos 
los negocios de sus vasallos. La autoridad dét 
Inca podría compararse con la del Papa en ñus 
mejores dias, euando los rayos del Vatícatto ha*' 
ehm temblar toda ia cristiandad, y el sucesfir d)e 
San Pedro ponia el pié sobre las cordnas d^ kfs: 
pormcipes. Pero el poder temporal de los PafMW 
iera nulo, y toda su autoridad la debían á la opi«- 
«ton. Los Incas se apoyaban en ambas eoa»s^ 
Era una teocracia mas eíicaa que la de los JiMiee^ 

^ ^ 33 £1 conde Carli se ha en* para manifestar su respeto á ]& 
"tretenido en señalar los. direraos .ftgríeultnra; yobaenKabaalM-eoh- 
.pnnto^ de contacto entro los Chi- ticios y equinoccios para detejF- 
nos y los Peruanos. £1 empera- minar la épeea de sus fíéstAS re- 
#idorde'láOh&iia se titoMiaflfft» llgio8Q& Lto éd«MitalciiÉ^^Mb 
• 4d Cieh 6 del Sí4\ También euriosaa. Lettreí Am6ríc•ilMe^ 
tomaba el arado una vez al ano tem. IL pp. 7, 8. 
en pree^DcÍP do todo el pueblo 



porque si bien entre e^ós áTtirftos-la \tf tétfik 
igual atitoridad, ei intérprete y ejecutor de ^lá 
era un hombre como ios otros, siervo y repre^ 
Sentante de la divinidad. Ei Inca lio 90I0 erael 
representante Je !a divinidad, o su vicario en la 
tierra, como c. Aijia, sino la I>ivinidad misma: 
él era el legislador y la ley, y laTiolftcíon de su^ 
maíidatos era uti sacrilegio. Jamas kabo siste-^ 
toa de gobierno apoyado pn autoridad^mas ter- 
rible, ni más insoportable para los viasallos, por- 
que no solo se mezclaba en las acciones páMicas,. 
sino en la conducta privada^ en las palabras y 
hasta en los pensamientos de los sdbditos. 

Ño contribuia poco á la estabilidad y eficacia 
del gobierno, el que ademas del soberano, hubie* 
se una nobleza hereditaria que tenia el mismo 
origen 'divino, cuya nobleza, aunque muy inferior 
ú él» era todavía infinitamente superior al resto 
de la nación, no solo por su origen» sino también 
por su organización intelectual, según parece* 
£stos nobles eran los únicos depositarías del po» 
det, y coma una, larga práctica de muchas gene- 
raciones les había hecho familiarizarse con este 
encargo, y les habia gra"»geadp un completo as 
cendiente entre la multitud,, isran unos ágentl» 
diestros y muy propios para flevar fi éifecKí laa 
disposicíottes del gobierno. Todo loque iteáü- 
tía en la inmensa estension del ilUp^iáo, graeiUs 
Aliguen sjistenia'de 'eomuAveaeiones^'pfk$itba, por 



180 coNQUiatA i»BL PWfá}^ 

decirlo asi^ á lo$ ojos del monarca, y mil braaíM 
armados de una autoridad irresktible, estaba» 
prontos en^ todas partes á ejecutar su voldntact. 
¿No era éste, como hemos dicho, el mas gravoso» 
áanque el mas suave de los despotismos? 

Era el mas suave, precisamente porque la po« 
sicion tan elevada del soberano, y la sumisión 
absoluta y hasta supersticiosa del pueblo á su 
voluntad, hacian inútil el sostenerla con actos de 
violencia y de rigor. La gran masa del puebla 
debia aparecer á sus ojos como poco, superior á 
los brutos destinados á servir á sus ^placeres. 
Pero por su mismo desvalimiento les miraba con 
ojos de piedad, como un amo compasivo mira 
los pobres animales puestos á su cuidado, d mas 
bien para hacer justicia al carácter benéfico que 
se atribuye á jinchos de ios Incas, como un pa- 
dre ve á su joven y desvalida prole- Uno de lt>s 
fines principales de las leyes eran su conserva- 
ción y bienestar. No se permitía que el. pueblo 
se emplease en trabajos nocivos para su salud, 
ni que gimiese bajp él peso de cargas superio- 
res á sus fuerzas; triste contraiste con la suerte 
que le toco después. Jamas sufrid estorsiones 
públicas ni privadas, y con cariñosa previsión 
observaban sus necesidades proporcionándoles 
auxilios en la enfermedad y sustento en la sa- 
lud* El gobierno de los Incas, aunque arbitra- 
rio en sus formas, era verdaderamente patriií'f^ 
eál en ra espirito^ 



K^ esto, $io embhr^vñOiftei«eáentr8'ca9ai¿«^ 
gan9, £ivorable álá dignidad' dálknwlpré^^ ToA¿ 
lo que el pueblo obtenia^ eractoino un doQ'igiml' 
taitcf y no como un dereoUo. Caanléa una naieíóft 
entraba á fotrmar parte tlél imperio de lo« Ineaa, 
jse despojaba al panto 'ide todos loédeii'eehos m^ 
dividaales, hasta de áqUfiUoB qoemasiic^airog som 
al hombre* Poríconseoaencría de su .esttaólrdi- 
naria política, urv piieblo*ddelaatadq en civiltea- 
cion, diestro emlás^fábrieaii y fe ag^ieuhara,' no 
conoeiá el uso de 4a. moneda, oorñohetnos visto. 
No teBian oo)sa qne mereéie^e^i noiábre de pro» 
piedad; no podiati toniftr ningati oficio, íá eiííh 
prender nin^a trabajo, ];ii permitirse ninguna di» 
versión ftiera de lo espresamentc^ determinado 
.por las leyes^ ;No podían cambiar tampoco de 
residencia ni aan de traje, sin liceMia dei go- 
«bierno, y ni siquiera sp les permitía lo que se con* 
cede en oti309 paise» áüas clases mas abatidas; 
el escoger sus mugerds con tdda libertada Bl 
exigente' espírifa del ^fepMtsmo no qiiéYia d* 
quiera permitirles el ser feticéid^^ d<ksgraciadoa 
á m modo, sino eonforme lo¿ pxe^teribiañ las íé^ 
yes. La facultad del libre albedHáy derecho ines- 
timable é innato de todo s^er htaimano, no existia 
en«l Pera. '"^ 

El estrañ^o ttíeoanismo déla política peraaoa^ 
solo puede s^ei restiltado dé b comHimcion de 
10 fttensa moral y la £Lsiaa en el gobernanta» lui|r 



flF82 . COKaVIKT^ MUL PIRIA 

•& QQ grado fiáaf ejemplo. €n la historia del tóm- 
iéeT lA'x^ édlhb^inBntbrÁAo eb práctica eon 
Aetfíihnoh ásitod¡r<^pontapitb tiempo, en contradice 
je¿MiXK>&árai>ét^kto^ Ito.préoonpacíoired y hasta 
jk)s»iiIiwú3«'pdQoípÍQS^ nuestra, natuvaléza, es 
4iiia<ptaebsl!(lek]ué la oéndücta, del gobierno era 
fta general nbiaiy aiodemda«! 
.¿I^Ja .poUtieJ^ qne 'comnnmente segaian>los 
-Itréas.par^ pí»;1ronisl}k>8>^álale9 que poQian trai»- 
.tprn^r .^l.,ó;f^l^ j^ co^a^i san baena mcrestra las 
.m^didia.s :quie(.toins^rto< contra la poUreza y la 
.#^8}d«<]i. £0:e)laft vaian^y: con justicia, doa caa- 
i^« ]nay..príivci|^al^9:de diesoonteñto en. una po- 
J^j^iá^a )Ei4n)er{)$af . £1; p^esMó tema precisión de 
jl^^ptjeAeyíe^^ Wn^^mtisua actividad, no solo por 
e}bSLti^a^>9Íw ^xülitenia obligación de des^npeñar 
-ep M» QáMft, sino porque le empleaban en >Ias^ 

goandea . oUas ; publicas . que se ^cuentran por 
,die)(KiideciQ|uie]» «svaiiuel |iai9^ y c^ieen sa^aetcial 
ifirf:ado:)ieidiofid0ncia todavía revelan^«U;grallde- 
^tsa<pn9i^iiia» ^ Cierto ^*e i admiin el vi^ quería 
ídífifi^lto^ tfatferal de\ semcljantes émpipsasjiya 
-4l^ p(>Y^i9Í(ÍlH9&>g9faade Qoaaidosadaí la ímfievfeo- 

p^W,d^^í^\y^[;B,4q^n^,,.y^^^^ :1a hacia 

iffec^i: ^fts^^ftjgrpd^ ii^reibib^ la psolíticad^^ 

bierno. Los conquistadores españoles itOS- ana- 

jjgf au, ^vff^ íp^pja^wios 4^ Íl4i^ffteroe: conattui- 

^^o^ coftíaS^desf ttp^gB új^ fmájm d^ toa que 

JBH^J^"?S*^11W *l^4^- id?s4e , ed Cuzp.^,ar el 



UBi^O I.-^^AflTUl.O m. 188 

í^Úio:4j^1^s j«u^^ distancia de vario$o0Bh 
.t0][}ares de Iqgaasw, 3^ La plaza príi|0ipal déla 
(^pijtaL estaba pabie^rta.d^ i|i^a gruesa aapa de - 
ti[e^f a trai4^ cf^p graodí^imQ trabajo por las ás* 
j^ra^ suicidas di^ la^ cordill^i^f^, desde las disi- 
,\^t^ c^^Oft^$ del: mar Pacífico, ^ La 1 ey del Petó 
consideraba ^\ trabftjo np ;9olo como unfaedio^ 
jsif o eowp.un^li. . , 
; . >r^,9]lle^tor.popoo€ls|is divens^ medidas qae to- 
mKon.pQVjtra lappjbf j^za^ Eran tan acertadas, que 
^a1^, i^efti?^} ^teasipa del imp^iQ^ annqae ba 

;f34,. <']^iaji^y;pK^ci|)Al,int6|i> ,^pi4«y«eUeip6 á olrat partan 

to qae la gente no holgase .que por cosa de gran estima, é lalún-* 

itíraa' b¿uka á'qtie después *que dieron de arena de la costa de la 

á^lng&9 «staViéro» en f|acsba- n^, fs^nq hasta dos j^almoisy 

cer traer de Quito al Cuzco pie- medio en algunas partes, maa 

':drk' "qü^ Veiiiá de' protüicia éñ Sembraron pbr toda ella nm«hoa«. 

¡poytíipi* $«ii:Uw«r.ls4s^p'pBra ^asps de oro é plat^ y ipt»i«e- 

si 6 para el Sol en^gran (watidad, las y hombrecillos pequeños- de 

'^ del^Ciízco flevaiiá á' ^uito pa- lo mismo, lo qual se ha sacado 

{■adaniRniiD efecto; ;.; .y asi dfek- tn .ininha ciiittidad, qué todo. lo • 

tas cosas haciají los Ingas muchas hemos visto; desta arena estaba 

"dé '¿'ófeo i)rdveéh¿ ydeescesito toda ía pléid, quanflo yd ftd-á 

-tfití^ ¡ e» qae mim ooBpvdos ' gn^imd? «ittellifc. ciudad; é, si Éié 

las provincias ordinariamente, y verd|id que aquella se trajo de 

^tíi mí eitrfiS^ájo ¿rá causa d4jBU eÜos, afirman é tienen puestos en 

.|ni(^ÍB^va^Ío»,f')Cbftlgai!áf,R¿l- «WiTOgistrwi^i^Mreiidtma quería 

Prim., MS. — ^También Antig, y ansí, que toda la tierra junta tubo 

.jM(fii4Uwratoftd«lB«mfMM*' Bwqesüilid dé enttnder en ^Be, 
.'«.'/35! » £«te erapol^-de orplite- . povqise lei:$¡amfm ipvnde^.y no 

.'f|li9^te háblai|0to, pprqc^ 4>li- tie«e numero laa cargas qtea isn 

.r4«g«rdo retoj$> que cuApdp era ella eattaron; y la cocta por lo 

j^i^ff^x ^irQ^Of M99. d^- , loas oerea está mas démoheata 

.p^tfikrm, de aqaeÚafarfsna jan sin- leguas á lo que' oreo, y cieno jo 

(fifympYQ^áp yaso«( y. adornos de me satisfice, porque todos die«n 

i; (prtv,^^ t^ia^ ^<HMÍi0o loa na- que aquel .genero de arena^ ao io 

. ,t«r<a}e8. .ViQí»je ¡to^ aquella pla^a ¿ay hasta la costa." Reí. Seg., 



'5Í*.®fe^3íp^}^S^)^ifif^»i-!^.^^ ^s. 



cjí\*>.,i. 



1^4 -cóH^tíí^tA DEL íHiiábl 

Wa machósí'logftres'ábsolutámfettte éstciriles, riiff- 
gun individuo, ni aun el mas despreciable, pade- 
cía falta de alimento 6 dé vestido. El hambre, 
a«dtt4áti fedAiTiri^'^ií* 'todas laB déraas naciones 
americana^, j atítr en íds países' civilizados de 
Earopa en itqn ellos tiéthpos, era un mal deseo- 
«üocido en4b^ "do'rhiiiids délos Incáis. ' 

Los mas ilustrados de éntrelos* primero^ Es- 
liáflólJesVíé ^bbi'darorr ál í^erd; iasOmbrWdós al 
feónsiderár éí aspecto ídé abundancia y ptosperi- 
'dad que presentaba el país, y él admirable orden 
'ijne reinafba'eTi todas* las eosás, tto eseaseán sus 
inuéstras de admiración,, En su apinjion no poh 
áifü haberle discurrido mejor gobierno para 
jiqwpi puetilo. .'ContentQ$| con su suerte y. éstra.- 
'nos ¿ lo»' vicios^^ paira usar de las palabras de on 
distinguido escritor de aquellos tiempos^ el ci^- 
rácter ¡saavie y dooil de los Peruant>d era muy 
propio para recibir tas lecc^ojqies del cristijgín^- 
mo, si el pechiO de los Conquistadores se hubie- 
se ábrasadQ en cejó por. su cpñyersjípn^ yoo en 
^.¿eseosí de adquirir oro; ^ y un filosofo de tiem- 

.ttÜ^SG ^^i^^^BioB perÁaitíeraque PeriveI't«Étím«mo mat eBpr«- 

< >tab9 eran ijuleit' otín «elo ée . Cfis - so de las *viytiide8 de aquel pue> 
íTtiandBd, y bo coü i«mó dé túdi- bto, «a él de Mauoio] 9iem {L^ 
' cía, en lo pasadío, les SéYati-eh- guizamo, él último de lóa €on- 

< tBüB noáeia de nvt^stfír'wñgrááa ' quistáddreto espoifoles qué ee itt« 
«'ÍLeWgibn, era gettlte en qne bien ' dicairén en el Per6. En él preám- 
i Smpritííifera, ségiíji vemos por lo bulo de «u testamento, hecho, 

qne ahoi^a cbh la buena ordeñan- según dide para descargar ta 
' lia qué hay se obra." Sarttie^tibi - conciencia á la hora de hi muer- 



pos imisrecientesv en|asiiiismado' á iris td «té la pihu 
tura de i)rosperidad pública y de felicidad prima- 
da ¿n tiempa de loa Incas, que sa misma fanta- 
sía había trazado^no 8e4€^éne ün excUktñM qae 
,<*el hombre mor^ del Perora infihi!(dmeiite su- 
perior al Europeo." ^"^ 

Sin embI^:go» seni^jáiiles cons^ emendas : dífi- 
eilmente pueden conciliarse cenia teoría de go- 
bierno que he tratado de analizar^ jDondeino 
hay liheahidfiouo puede.liábermoráUdad^ don- 
de no hay tent^eion , es de poto mérito la tfit tucl. 
' Caandc^ la ley prescribe todo« los pasos y aeeio- 
m^y á la ley y no ah hombre debe^tpibtiirse Ip 
bueno que hoyu en la conducta. [ Si aquel ^d- 
biertió es mejor que menos se hace setitir;^ que 
80I0 usurpa déla natural libertad de los mjbdítos 
Jo muy, precisó para la sociedad; entonces, de to- 
dos los gobierilos que ha inventado el hombre, 

Incas aquella gento se djbtii^úía lo que «Tectivaiíiente lo eran. 
poY fiu' sobriedad 7 apli6ae(lm al' ' Sisa como fíiere, él todliiiíanio de 
trabajo; que I08 robos y líOshAf-^, u^ hombre , de eita cliwf^y'^n 
\ tos eran desconocidos; que lejos aquel tiempio, es demasiado nota- 
de tenei* una vida licenciosa/no ble y demasiado honorifícd para 
^ .había «a t^do ei.pais unit eola lp9 Pc^miuigs, j^ara. queiopaie 
prostituta, y que en todo reinaba e^ silencio ei historiador, y por 
^ , ' el mayor orden y la mas complé- ío mism« he insertado el docu- 
^ . 1^ sumisión 4 lai autoridad^ Ect^ menta ojigi^aH en el: Ápétíki» 
- * elogio» es casi imp.osiUe aplicar^ n<úm. 4.. ., . 
^ lo á una Ilación entera, é induce 37 ^'Sans doute libóme mo^ 
^ ■ á sospechar, qu« lleno de reibor- roi du P6i?oa Étoit iafíuimciéphift 
í^ dimientos por el trato que había perfeotioné que TEuropten*"* 
5 dado á los naturales, le parqcian Carli, Lettres Amérlcainés, Iojücu 
> y sos buenas cualidades mayores de 1.^^.2X5% 
^ 



^ dék Ferá éu él ^ua mea^ mexisoe nuestro wir 
miracionJ| ^.» *^ 
. íiú ^:£ieU eompceoidei! lel cáfrietermi tdla la 

imesÉra i!e|MjblioaJiii>ra, eiÍ3litV|ib».4odtí hoihbre, 
por baja que sea su condicitm^paede aspirará 
kiSi i^iineno^ pueatos del ef^tado^ielegh' su t&rre- 
rsi y labrar su: fortuna áüa modo;! en que la lil«s 
/del'Sahedtt en yrá^e odnQen>trarfte aóbreunos po- 
oofe cIscojidiMi) se difunde como la lu^ del dia^ie 
ilumina ignaleftenie á les pobres íyá lof9 xkos; ún 
d<>ndejelrcb.0qiAe de unos h(0íobi?p3/6<>»; otros dtói* 
r{iier.tá{/^i^9; :gené]tos«k.emula<áonvrsaca á li^^^tal^»* 
tos oow|tós>;y haee que poiig^^n ej^reMios toáás 
9VI8 facultades; en donde Ict eoneienciadesu líber* 
,tad produce "una eonfi^aa , m M í misipíLO. de$oo- 
. nacida de los tíia^áo^. vapalloa del df^^poti^mó; 
#Q'dopde>^ por d^cirlp d0 ^m ve»Jel gobierno &e 
ha hecho para el hombre, y; no eomo en el Perú 
en donde el hombre ptarecia hecho para eí go* 
bien^ El Nmevp-Mttndo é» el teatro en que se 
hí^ ensayado la práctica^ de estos dos sistemas 
pólftieos,' de tan "opuesté^aracter. El imperio 
de los Iñcaí^ ha pasadp sin dejar rastro de sí; la 
NC»tra;«&^perieheiá sigue todavía su marcha: ella 
ha de resolver el problema tanto tiempo ífflapu- 
-tildo en él ViejO' MtiAdo,.de la capacidad de los 
hombres para gobernarse; y j ay de la humani- 
dad si se malos^ra ! 



t . ** 

Jesiáo estáidé'sancráosofaKJQ laioflaeiiGia ^l^vó- 

-xáble' queiiiKftíleyfes'del {Mu^ ejtrciíanten el'*a|ft- 

^cf er. del; f)vr€rU0^ DkeH qae te; bebida y-jtísYmu 

ie eraa:lbaM|»la&8i«sí^ae'aiiiirititfn¿acm eseesó» A 

•«eáijejafiba ijieMois/sienfas 7 eseiaTos de otras^n^- 

-ek»iaes, craya-condidon ieB'ÍBi{(edíd .entripáosle 

á ooapkoíoiies.inaft<sérias>yiiias nobles, tonrieron 

que sustitüirldsi eoni otras: dbtráecidive» frívolab 

«i Isebsüalés. Undpüuyh pinina no ^s muy favo* 

]::aliie á logiíndi^sv^per^'qiie ilbs'viic^ieé tiempo de 

la Gotjqúiatb, :i)op ealübeti ¿cm lo» epitetOB de hol- 

:ga2»he$»disbIttto«y:é:itfii«ínt<hentcrj. ^ £1 e«pÉi«i- 

tn dé ind^end^nniai sifi^dtiída^ne no pedia |i&r 

^niay vi^o-eá Bn'jiaebiaqae: no tenia arraigo ¿I- 

' gnno 'ni deiieóhc^^^ersotralea qiie defender, y la 

. facilidadía€ni'qaei6edievGÍn ¿los inT^Bwes, (a«ln 

tetii&ndo én^nl^áemeibii &ü inferioridad reB)>é^- 

4iva/) i<idká'utía'»ftilta lá'ñiektable de aqnel sentí- 

vpiiento dé- jiaMotí«íftó¿, »<jae ¿onsidera la vida eo- 

oto poca í«Wtt^ ctimpáfrada eon la tíbéí-tad. ' 

' J^ío nof debéífiaosíjAísgaif-con demasiada 'dure- 

^ «a ¿ los In&iliteeg mtiifales ^r hai>(5r cedido *;al 

38 " . . . . emborrachábanse Estos ramalazos del severo 
■ Muy ú menudo, y é^ñ^o Bof^áJ cdÁíjáiétaáor manifiestan ulía íg» ' 
. . oj^^ft. U¡^ Iq ^xmf^ . deiáo»Í0: ]^ .yíiQif^ia á&am^mfpy ci»m ^ci las 
traía á la voluntad hacían, Eran instituciones de aquel pueblo, pa-* 
estos orejónos «inji)r,.jsQ])eibioau^ zaque merezcsu luucha confian- 
* presuntuosos .... Tenían otras za en lo que tocan á su carác^ 
^xuu^i^ maldades, que ^^oi" ser ter. ' . . ' . . / 
. muchas no las^digo." Pedro P¡- 



tcürreote de la civilisaeion europea. No debémo» 
deaconocer los importantes Resaltados positivoe 
^ue coQsigai($ el gobierno de los Iiwás. No den 
bemios olvidar qae bajo sa dominio» el mas infet^ 
liz del pueblo gozaba mayor suma de bienestar 
personal, á lo menosi mayor aüviode padecimieo- 
ios físicos, que las mismas clases en otras nacio- 
nes de América; mayor, acaso que gozaban loe 
individuos de su esfera en. mochos de I03. países 
de la Europa feudal. Las clases jmvilegiadas 
del })ais lüeieron bajo su gobierno grandes ade-^ 
lantos en muchas de las artes que distinguen, á 
un pueblo euIto« Echaron. Ips cimientos de un 
gobierno regidariaado, que en aquellos siglos de 
-violencia proeur<i a sua ];súbditos los inestima^ 
. hle^ bieaee de la paz; y la seguridad. ' La cons- 
tante política de tos Incas fhé sacando de su» 
. guaridas á las tribus ^^Ivages de los bosqueía, y 
agregándolas á los doi^jinios de la civilización; y 
<eoQ.e$tpB materiales formaron un floreciente y 
poderoso imperk)^ como no se * encuentra otro 
en la dilatada estension del continente aiaedca- 
' BO. Los defectos de su gobierno eran los de una 
legislación demasiado sutil y complicadas; defec* 
. tos que eran sin .duda los que menos podía te- 
- unerse encontrar entre tos inéBgemuí de Amériea 



Nota. — No me ha parecido necesario afargar 
esta Iiitrodiiccion entraiido en ua exáiíjen deJii^ 



ump I. — c^?i'?i;l,q,v* 180 

gefn dQ la^ivüízs^eitín peraána^eoi»0|^qtiQaf^|n^ 
parné á ^ Imtoria.úeJa civiU?¿a;<íion tpelicadi^. 
La Jbds^tpria del Perú presenta ^in duda macizas 
^iialo^ía» con mes. de un^ nación del. Ori^t^» 4c 
lias qup d^jo apuntadas al^un^s; bien que las 
prodazco no como pruebas evidentes de na orí* 
g^aeomun, sino porque son-:una muestr#de las 
^^inetdend^ que püédeit- resultar nataralment^ 
^fre, diversas naciones queban llegado al mis* 
m9, punto de éiviUzaci,o!><> E^tas, coincidencia» 
1^ Son lii tan namerosas nitan notables' ccftnoi las 
;que presentí^ la historia a^tepa* ,lia que se qd^ 
(Mij&nta en la astrói^rá^ía d^ ios Sleji^aáos rale 
por sí sola m^s^^ue .todas, las «üjtr^s. SigiJ^endo 
Ixasta dond^ alcaQ^ayrla lu^iqu^.nos.prestan' la3 
^^Ipgías de Isks iQjles de los Inca^Stlas y^moi» áir 
i^gifse h^cia el mismo ;rambo; y eomo s^m^ejan^ 
te, ay^rigg^cipn produciriai muy pocas cdsas que 
jgjirvi^s^». pairA.confiií«íi»r a vj^riar en algún puor 
^o si^tancial el, juifiio formado en 1í^ anterior di- 
Q^taiaiotk, po m^ ;h9(>pare(5idA i^oDiveiüejnte cansar 
coto cíHaalleetor^, 



Entre los escritores de i|uc me lie valido para 
formar esta Introducción de mi obrados dos maik 
distinguidos son Juan de Sariniento, y el Licen- 
ciado Olndegardo. Del primero no he podido re- 
cogef otras noticias, fuera de las que se encuea- 
tratt en sím propias escritos. E» el encabezar 



mle^^rto d0 su matiuscrito se titula l^residfcnle^el 
(^mtjó'áe Itidia^; empleo defraude importáis 
tia y que indióa en' la persona una gravedad áé. 
eisLiáeter y una oportunidad de a^uirir notíeiásv 
qm bacen dignas^ de grande confianza sü^ opi^ 
n^<»B sobre asuntos de las colonias. • : ; w. * 

'^arihiénto aumenta mucho susconodiMientaír 
i^n-^stas taüaterias con la visita que htxo ¿Í99m^ 
loiiiii¿ durante la admiiiistmcion de Gdsék -H^r 
biéndd formado el proyecto de escribir uim W» 
toria4e las antiguas leyes d0l Pété^' fué ai'Cttií^ 
X5Ó en 1®0, según «os refierevy^Hí obtuvo' los 
materiales para s« rélaeio» de bocar áé loc^mi^ 
ínos naturales* Su posición le pern^itia ácu^ii*^¿ 
kis fuentes masaut4í)tí^ás>- y recogió" die iosr mMék 
&ciiidf los mas insílrurdos deJ^i ra^a conquistadla 
lasitr^dkiones relativas á sus leyes y ásU^M^é^ 
riá KáfCionaL Iios quipos solo eran éonK)'tinim^^ 
pelrfeeto arte mn^monico> ségun ya heñios tisto; 
muy inferior a los^ geyogilñcos m^jicáüosi^qá^ 
lanería una d^caciotí Qo^inuaj üiric¿liÉei»té 
por medio de ella podian ser de aiguto diilidd4 
para la historia; y el. arte de descifrar estos nu-» 
dos se ^nó con tal abandono después de Is^ opn- 
quista,. que los antiguos analeis del.pais habrían 
perecido 'cdh la generación úriica depQsitáruá dp 
ellos/ é no haber sido por los esfuerzos d,é álgu-^ 
nos hombres ilustrados, que, como Saftníento^ 
conocieron la importancia de comumca»'se coij 



lo^' tiatoFakMn en aqnel penodd crítico, i^ra 
qae rere)a$en el eontenido de sns misteimsos 

' Paira dar maror auteiitiefdaá 6 sa obra^ ^riajiü 
SáarmiBnto por todo di país, estámiaií odn}: sui 
pifopiüg ojos los objetos mas interesantes^ y así 
pudo verificar por sí mismo, hasta donde ¿ra pCN 
•sibfe,'Ias ñotidias qne le dieron los natara;Ies« El 
-résttháda de sus trabajos ftié la obra titidadát 
^^Relacion de la snoesion y gobierno de 1«mi in*- 
^ fireñofeé natnraleí^ qne faeroo de las Provin*- 
dás deO Perd, y otras cosas tocantes i aqnel rei^* 
nov poír el lUtno* Señor Don Joan Sarmiente, 
Presidente del consejo Resd de Indias*'' 

JBstá la obra dividida en capifnlos y cbmpreí»- 

4e en el mannscrito eosa de onatoócientas pá|;i> 

S9fi ^n iblio^ La introducción est& ocupada con 

-lafi historias tradicionales: del origen; y príñderos 

uñados de Jbs Incas, llenai» como siempre ssír 

-máe^ en las antigüedad^ de ná pueblo bái^asQ^ 

de fábulas á. cual mas -estravagantésl Sin eei- 

bargo, estas pueril^ invencionea slin una mina 

iSaagetable para los atitieuarios,? que se han ñm- 

peñado en descifrarlas oscuras^ alegorías que 

nnb^ sacerdotes astotoshaoi inTentadóiparasim- 

bolifilur lot» misterios de la ereaciofi^ qn^. wral- 

^oan^;íaJ^ ¿ comprender. SéroBarmietttM^ioab- 

tenjia pjtHT fortuna, coui referir :simplem»teji<is 

fakila£í tradiciotaaies^ sijn: ienorja rtíbeolftWídii* 



/: De^de estas, regione» imaginarias desciende 
&9xmientQÁ>ttHteLtáe \vt for«nii.dQ' go^bierno dO 
los Peruanos, de su antigua política, de su reli- 
l^loii, de^Us >pr(^gfresós en las artes, espeeialmen* 
te en la' agrietara, y presenta una aoaliada pin- 
tura de la eiviliiaciott éqtké habián Regado bajo 
la dinastía dé los Incas. Estar jKirte dé. su obra, 
temo 'descansa éa ias Imejorcp autoridades, con- 
firmada^ enlmurihos puntos por sus prdpias ol>- 
selrvaeiodesyresr tóq: duda^ importisúittsimaj y está 
«écrittí al parecer eóiHánto respeto á la verdad, 
que inspira pl£(»a.:donfíáiiza 'di lecton'I ILa ultt** 
ma parte del manuscrito está destinada á la bis*- 
toria ci^^il delpais* Pasa con rapidé» pt>r los rei- 
fiadqa de los primeros Incas, que qittedhh fuera 
^ los estrechos dominios 'de la bistosia; pero es 
mus difuso al Hégar á los tres últimos reyes, qu^ 
por fortuna.' son «Ic^ mayores príncipes qué ocu- 
paron el s^lio del^Peróv ■STa 'testen e*a terreno ifto- 
me para el cronista, com|)£Írativániente hablan- 
do, porque loe sucesos. erasi demasiado recientes 
para estar desfigurados por las consejas del vul- 
go, qué brotan en torno de cualquier aconteci- 
miento d^ los tiempos antiguos; 'Su relación 
-termina ;al llegar á la invatíon délos Españoles, 
porque según Sarmiento, la Kistbria de ésta po- 
día quedar á cargo de sus contemporáneos qué 
figuraron én ellaj pero oxiyo gusto y educación 
^no eran muy á.propcí sitó para esplórar las anti«- 



LIBKO I.— CiPITüLO V. 19* 

La obra de Sarmiento estu escrita en un estil- 
lo claro y sencillo sin aqnel prurito de flores re- 
toricas tan coman ea sus paisanos. Escribe de 
buena fe, y al mismo tiempo que l^ce cumplida 
justicia al mérito y capacidad de las razas con-- 
quistadas, habla con indignación de las atroci- 
dades de los Españoles y de las. tendencias des^ 
moralizadoras de la conquista. Podría creerse, 
á la verdad, que fornia una idea demasiado ele*- 
vada de los progresos de la nación bajo el .go- 
bierno de los Incas; y es probable, que admira- 
da al descubrir en ella las huellas *de una civili* 
zacian primitiva, se prendó de su asunto, y por 
eso le vistió con colores demasiado vivos para 
los ojos de los Europeos. Pero esta -es una lal-, 
ta casi recomendable de que no participaron mu- 
cho los bruscos conquistadores, que echaron por 
tierra cuanto*hallaron establecido en el pais, y 
nada encontraron que admirar en él, como no 
fuese su oro. Debe convenirse ademas, que Sar- 
miento no trata de engañar al lector de modo 
alguno, y distingue lo que refiere de oidas de lo 
que vio por si mismo, con mas cuidado que el 
mismo padre de la historia. 

No se halla tampoco el historiador, español de 
todo punto libre^de la superstición propia de su 
tiempo, y muchas veces le vemos atribuir á la 
intervención inmediata de Satanás aquello», efec- 
tos que podian achacarse con igual fundamenta) 

I. IS 



194 OONQUISTA DEL PERU^ 

á la perversidíid humana. Pero estas ideas eran 
comunes en aquel sigla y participaban de ellas 
los hombres mas isabios qne en él florecieron; es 
pues, exigir demasiado de un hombre el pedirle 
que sea mas sabio que la generación á que'perte-r 
nece. Es bastante decir en elogio de Sarmiento, 
que eñ un siglo en que con tanta frecuencia an- 
daba unida la* superstición al fanatismo, él parece 
Jiaberse libertado de este contagio. Su corazón 
se conduele de los desgraciados indígenas, y sin 
que brille en ^su lengwge el entusiasmo religio- 
so del misionero, revela el alma generosa de un 
^lántropo que mira como á hermanps tanto a 
* los conquistados como á los conquistadores. 

A pesar de la importancia de la obra de Sar- 
miento por las noticias qué proporciona del Pe- 
rú en tiempo de los Incas, es muy poco conocida 
los historiadores4a han consultado raras veces^ 
y todavia permanece entre los manuscritos iné- 
ditos, que como diamantes en briito duermen en 
os polvosos salones del Escorial. 

El licenciado Polo de Ondegardo, que es el 
otro escritor de que hice mención al principío,- 
era un respetable jurista, cuyo nombre figura á 
menudo en los sucesos del Perú. No he podido 
averigtiar en qué tiempo arribo •por primera véat 
al pais; pero ya estaba allí á la llegada de Gas-^ 
¿a y áfe mantuvo en Lima durante la usurpaciótt 
de Cotízalo Pizarro. Cuando el astuto Cepeda 



LIBRO !.--« APltüLO té I9á 

traten dé recoger las firmas de los vecinos para 

el ih^trmnento en que se j)roelamaba la sobara-' 

hía de sa ^efe, remos á Ondegardo ponerse al 

frente de sus eompáñérds de profesión para re* 

si«tirá'iBiis pfeteilsiolies. Ala llegada de Gas* 

cá^ cdnéitiÜií en ser empleado eíi el ejército. 

^rminádn' la fébeíibn, ftié nombfadó cdrtegidoif 

de la Plátá, y de^pttes del Chizcd, en ectyo horí-< 

fteo puesto' jpárecéqtie se coiiservcí muehos añosi 

£1 ejercicio de sus fttncioiles jaditíales le paso 

en eJstyecfaa comunicación cOh los Indios, y así 

tti^o ^ña f»aená oportunidad de estudiar sus an-' 

tigfuás leyes y costiAnbres* Bupo conducirse con 

tal prudencia y i^nodéracidn, que no solo gano la 

confianza de i^é paisanos, sino también la de 

Io3 IitdSós; sin qné el gobierno descuidase de 

aprovecharse de su larga esperiencia al dictar 

las thedídas mas apropdsito pa^^ la buena admi-* 

ñistracion de las colonias. 

-' Las Relaciónese tantas veces citadas en esta 

historia, se escribieron á instancias de los vire-» 

yes: la primera va dirigida al Marqués de Cañe^ 

te, en 15dl, y la segunda, diez años después, al 

eondé de Wieva. ' Las dos juntas abuUan tanto 

éomo el manuscrito dé Sarmiento., y la segunda, 

éftciítft tanto tiempo después de la primera, sfe 

téiáeáte ya de la avanzada edad del autor, y es 

viíible en ella el descuido y desaliño de la re- 

flíiCeioní 



196 , CONQUISTA DEL PERÚ, 

Como esto^ documentos están escxitos.^n íbr^ 
ma de respuestas u los interrogatQrio^ ibrjrnados 
por el gobierno, podría par^cei; queios asiantos 
que se tratan, no tendrán.la variedad y eíf^epsion 
que pudiera desear 9I historiador mpdernQ. Ipas 
preguntas ciertaqaentc, se, reíiei;en en lo .pf-jnci- 
pal, á las rentas, tributos, ¿^q«,.eii ^ai palabra^ 
á la administracipn fipawiexf^ de Ip^ ^Pfí?^ X:^^ 
bre estos puntos oscuros son .mas circunsitan(?¡a'i 
dos los informes de Ondegardo., P^ro ; la ilus- 
trada curiosidad del gobier.no abrawba., unajeíi- 
fera mas^ dilatada, y en Ifis respuesta» teaiaiíjque 
ir inclusas muc^^s noticias %^bt^ la- politÍ4^ in- 
terior de los Incas, sus ley^s, mst^uinT^r^s ¡socia- 
les, religión, ciencias y. artes,. £n una palabra ío« 
bre todos los elementos de; la cjvilizacioft.. Las 
memorias de Ondegardo abrazan por , tapto» to- 
do el campo de las investigaciones de i^áJi^iBtO'' 
riador filosofo. ... 

Al tratar estos diversos asuntos, descubre On- 
degardo tanta sagacidad como erudición. Nun- 
ca esquiva la discusión por difícil que sea¿ y si 
bien asienta sus conclusipnes cpn cierto aire de 
modestia, desde luego se echa de ver que está 
bien persuadido de h^ber sacado su» informes 
de las fuentes mas auténticas^ Lo' jRaibaloso deja 
á un lado con desprecio; decide sobre -el : gri^do 
de probabilidíjd de los hechos que refiere, y don- 
de no ba podido llegar hasta la eviclenfeia, nsi lo 



LIBRO U— -CAPITULO V. ^97 

eaptOBe con la mafor buena fe. Lejps de dejar- 
le arrebatar del entusiasmo como un misionero 
bien, intencionado, pero crédulo, avanza con el 

• pa^o mesurado y firme de un abogado, para 
quien no es desconocido el laberinto de los tes- 
tijoaonips contradictorios y la inseguridad de la* 
tradición oral. Este modo circunspecto de pro- 
cjeder y la moderación 4e sn^ juicios, le hacen 
digno de ser preferido, como autoridad, á la ma^ 
ypr parte de sus paisanos que han tratado délas 
antigüedades de los Indios. 

Todos sus escritos respiran humanidad, la que 
se mnnifíesta mal particularmente en -lo sensi* 
ble que parece á las miserias de los infelices na-, 
tqralest á cuya antigua civilización hace plena 
justicia hast^ donde lo merece; denunciando al 
mismo tiempo, sin temor alguno, así^como Sar-- 
niiento, Ips escasos de sus compatriotas» y con- 
fesando la negra mancha que han echado en el 
honot de su nación. Pero al mismo tiempo que 
esta censura es el fundamento principal para 
condenar á los conquistadores, pues viene de 
bqea de un Español como ellos, también prueba 
que la España producía en aquel siglo de vio- 

, lencia, hombres buenos y sabios que se negasen 
á formar causa común con la licenciosa canalla 
que les rodeaba. Hay á la verdad, en estas mis- 
mas relaciones, pruebas bastantes de Ips ince- 
santes eetfiaerzos ¿«rl gobienio colonial, desde, el 



19?)' OOI<atJISTA UEl, Ptífetíi 

gobierno dd buen virey Bí éndózíi éil árféíáíítéi 
para impartir protección y aseguraí: los biéhífes 
de una suave legislación á los infelítíes natura- 
les. Pero los endurecidos Conquistadores f loa 
colonos, cuyo corazón solo el oro pddiá'síblatí- 
dar, eran un obstáculü casi iñsupef&blé á ¿tíd 
esfuerzos. ' * ./^ . :'.}í .' 

Los escritos d« Onctef ardo ticiiien lá tipreéia^^ 
fele cirCunátancia de estáf exentos de la supers-* 
ficion que era el oprobioso patrimonio' dé aque^, 
líos tiempos: supet'sticion que ¿onsistia ¿n lat &^ 
dlidad en creer lo Tnai-avÜlosOy sea que sé tra-» 
tase de historias de cristianos, ió dé getítifeájf 
pues que el ojo de la credulidad descubre tan 
pronto en las primeras la mano deí Todopodé-» 
roso, como en las ultimas la astucia de Satanás; 
Esta facilidad en ádmíSr la intetvericiotí de loíá 
espíritus, sean buenos rf malos, és uno dé los ca- 
racteres que distinguen ¿ los escritos del sigld 
XVI, y nada pódia haberlas Contrario al ver* 
dadero espíritu de las irivestigáciolíes filosófi- 
cas, ni menos conciliable con una crítica rátílb^ 
nal. Lejos de incurrir Ondegardó én esta debi-^ 
lídad, va derecho y ^in detenerse á su aáuntoy 
estimando las cosas en lo que Talen, por la^ siéir- 
cillas reglas del sentido coníun; ' Siémprtí coh^ 
serva ala vista el principal fin de Id que va és-* 
cribiendo, y lio se permite^' cómo los^parlerói^ 

>&ttígfa§ áé áíítiéiiít^épáaí; á ^Mrüém étí mu 



LÍBRO t.— ^CAPIÍÜLO V. 199 

üiultitüd de episodios inconexos qué Couf\indeil 
al lector, sin servirle para nada. 
, . Las memorias de' Ondegardd nd solo tratan • 
de las antigüedades deí |jaisí sitio de su condi-^ 
dori en la époCa én (Jue esoribiíi, y de los mejo- 
res medios de rerílediar los infinitos itíales que 
le afligian bajo el duro gobierno de sus conqais-^ 
tadores. Sus indicaciones están llenas de sábi^' 
dnria, y acoiisejá una políiiéai suave que conci- 
liase los intereses Áél gobierno coil la prosperi- 
dad y bienestar deí ultimo de sus vasallos. De 
este mddo, al mistíld tienipo que sus indicaeio- 
iiés inforinaban á suá contemporáneos del esta- 
do actual de los negocios, él historiádot moder-* 
ñóno le debe nienós por sud noticias dé los 
tiempos pasados. Herrera consulte) con frecuen- 
cia su manuscrito, y (íuando eí lector recorre las 
paginas del erudito historiador de las Indias, es- 
tá disfrutando, sin saberlo, los trabajos de On- 
degardo. Sus ¿preciables Relaciones sirvieron 
de este modo para las generaciories futuras^ 
aunque nunca han obtenido el honor de la im-^ 
presión. La ¿opia que poseo, así éomo la ' del 
manuscrito de Sarmiento, la debd al laborioso 
bibliógrafo Mr. Rich: ambas perteriecian á la 
magnífica colección del Lord Kingsborough í 
nombré que debe respetar siempre todo literatoy 
por sus constantes esfuerzos para ilustrar las 
árttígüéñüdé^ dé Ám6ríc¿. 



200 CO.NQUISTA DEL PCRU. • 

Debe observarse que lo« manuscritos de Ou* 
degardo, carecen de su firma; pero en ellos se 
encuentran alusiones á yark)s sucesos d^ la vi- 
da d^l escritor que no dejan duda de que á éP 
deben atribuirse. En el archivo de Simancas 
existe una copia duplicada de la Relación Prime- 
ra (*),. aunque sin nombre de autor, lo misnio que 
la del Escoria). M4ñoz la atribuye, á Gabriel de 
Roja^, conquistador distinguido... Este es eviden- 
temente un error, porque el autor d^ manuscri- 
to declara ser el mismo Ondegardot con decir, 
en su respuesta á la quinta pregunta, que él fué 
quien descubrió las momias lie los Incaa en el 
Cuzco; hecho que tanto Acosté como Garcilaso 
atribriyen al Licenciado Polo de Ondegardo, 
cuando fué corregidor de aquella ciudad. Si los 
Académicos de Madrid incluyesen en lo sucesi- 
vo estas Relaciones en su colección de manuscri- 
tos f r.epioscs que están publicando, deben tener 
cuidado de no caer en este error, llevados de la 
autoridad de un crítico como Muñoz, que tan ra- 
tas veces se equivoca en sus juicios. 

(*) Esta relación ha sido pn- "Koavelles Aúnales des Voya- 
bücada en francés por M. Ter- ges, de la géographie ét de rhis- 
naux en la colección titulada; toire," tom. 103.— T. 



LIBRO SEGUNDO. 



DESCUBROSIENTO DEI» PERT7. 



LIBRO SEGUNDO. 



Descubrimiento del PeitL 



CAPITULO I. 

Ciencia de los Antigtuos v denlos MotrERNos.-^ÁRTB 
DI LA Nayegacion.— «Descubrimientos Marítimos. 

-^ESPÍRITI/ DB LOS EsPAl^OLES. PoSttSIONSS BN El^ 

NuEYO-MUNDOr— RUMOIfES SOBRE EL PbRÜ> 

Cualquiera que sea et juicio que se forme 8(k 
he el mérito ccHnparativo de los antiguos y dé 
los modernos en las artes, la poesía, la elocuen-» 
cía, y en todo lo que depende de la imagínacfon^ 
ño puede haber duda que en las ciencias tienen 
que ceder la palma á los modernos. Y no podiaf 
ser de' otro modo. En los priníitivos tiempbíf 
del mundo, así como en los primeros anos de la 
vida, habia una cierta frescura en la hermosaí 
mañana de la existencia; los objetos que se pre-' 
sentaban á la vista tenian todo el brillo de la no- 
vedad; la belleza hacia mayor impresión en 16s 
sentidos, no embotados aun por el uso continuo, 
y el entendiniientó, guiado yúr nn g\iéi^'*fX¿t6' ^ 
mmál aun úó sé éñéüattaba cdííaftlpífló p)St 



204 CONQUISTA DEL PERÚ. 

las teorías filosóficas; lo sencillo andaba por pre- 
cisión unido con lo bello, y el espíritu de epicu- 
rismo,. originado de la saciedad, aurnio liabia co- 
menzado á buscar nuevos incentivos en lo fantás- 
tico y caprichoso. Los vastos dominios de la 
fantasía estaban todavía por esplorar; no se ha- 
bian. recogido aun sus nías brillantes flores, ni 
éstas se habian marchitado al áspero toque de 
los que se figuraban cultivarlas. El ingenio no 
estaba ligado á la tierra por las frias y conven- 
cionales reglas de la crítica, sino que con sus alas 
libres podia remonta^ su magestüoso vuelo y re- 
correr el inmenso campo de la creación. 

Mas no sucedía lo misitió con las ciencias. Era 
dificil que hubiese ingenio capazMe observar to- 
dos los hechos, y mucho menos que pudiese 
orearlos. No habia otro camino que irlos. reco- 
giendo poco á poco con trabajo y paciencia, se- 
guir fuesen resultando de una detenida observa- 
ción y de la esperiencia. El ingenio, sin duda 
que podia clasificar y combinar estos hechos de 
un modo nuevo, y deducir de sus combinaciones 
consecuencias nuevas é importantes; y en estos 
trabajos casi podia llegar á rivalizar en origina- 
lidad con las creaciones del poeta y del artista- 
Pero si la marcha de las ciencias era por preci- 
sión lenta, también era firme y constante, sin ad- 
mitir ningún paso retrogrado. Las artes pueden 
deca^; wuiudecen las musas; las facultades ii^ 




Lrfifio II,— cfAi^rTüLO I.- . 205 

telectaales dé una' nación llegan á caer eh una 
especie dé letargo; la nación misma puede desa- 
parecer siri dejar mas que el recuerdo de sü exis- 
tencia; pero los tesoros científicos, un¿ vez re- 
cogidos^ permanecen • para sieiñpre. Cuando 
otras naciones aparecen en la escena y la civili- 
ssacioA toma nuevas formas, los rhdtiuméntos del 
afte y las obras de imaginaciotí, producto de 
tiempos pasados, son úh obstáculo con que se 
tropieza en la senda del pro greso. Sobre ellos 
nada se. puede edificar, y ocupan un terréno'qne L^v-^ ' 
de buena gana aprovecharia él nuevo aspirante 
á la inmortalidad. Así pues, no hay otro arbi- 
trio que comeilzar de nüevo la obra desde el prin- 
^cípio, y es preciso qtie nuevas formas' de belle- 
' «a, no importa que isü mérito sea mayor ó menor, 
con tal que sean diversas dé las pasadas, aparez- 
can y vengan á colocarse al lado de éstas. Pero 
eü las ciencias cada piedra que se asienta sirve 
de basé para otra. La generación que llega pro- 
sigue la obra desde donde la dejo la pasada. Na- 
da dé retroceso; la nación podrá volver atrás, 
pero la ciencia sigue hacia adelanté. Cada paso 
' que llega á darse hace mas fácil la subida para 
el que 'viene detraía; el conístante iAvéétigaddr de 
la verdad va subiendo hacia los ciélds pasó á pa-» 
so, y coniforme asciende, su Horizonte se^ensan- 
cha, "y s» descubre á sii vista d tini verso bajo uo 
^ Upoto fauí^vo y mas brillante. • ' 

20 



206 CONQUISTA DEl. TERV. 

La geografía participaba como eranatqiral, d< 
las tinieblas que en los primeros 6Íglos rodea- 
ban todf^s los otros ramos de las ciencias. El 
conocimiento de la tierra solo podia jirovenir de 
un comercio dilatado, y ya se sabe que el comer- 
cio se funda en las necesidades facticias de un 
pueblo, 6 en ui^a curiosidad ilustrada, poco com- 
patible ccyi la primitiva condición 4e la socie- 
dad. En la infancia de las naciones, ocupadas 
las diversas tribus en sus querellas domésticas, 
rara vez tenian ocasión de estender sus escur- 
siones mas allá de la cadena de montañas ó del 
caudaloso rio, que formaban el límite natural 
desús posesiones. Es verdad que se cuenta de 
los Fenicios que navegaron mas allá de las co- 
lumnas de Hércules, y se engolfaron en el gran- 
de océano occidental; pero las aventuras de es- 
tos antiguos viageros pertenecen á las fabulosas 
leyendas de la antigüedad, y quedan fliera del 
alcance de los monumentos historíeos dignos 
de fé. 

Los Griegos, inquietos, arrojados y diestros en 
las artes mecánicas, tenian muchas de las cir- 
cunstancias que «e requieren para ser buenos na- 
vegantes, y dentro de los límites de su pequeño 
mar interno cruzaron por todas partes sin temor. 
Las conquistas de Alejandro fíieron aun mas úti- 
les para ensanchar los conocimientos geográ- 
ficos, j abrir ]as comunicaciones eop lof^/p^^es 



LIBRO 11.^ — CAPITULO I. 207 

lejanos del oriente; pero la marcha de un con- 
quistador es lenta comparada con la del viagero 
que no lleva tantos estorbos. Los Romanos eian 
menos emprendedores todavía que los Griegos, 
y menos mercantiles. Las adiciones á la masa 
de conocimientos geográficos siguieron el misr 
mo paso que las adquisiciones del imperio^ Pe- 
. ro su sistema propendia siempre á centralizar, y 
en lugar de estenderse y alejarse en solicitud 
de nuevos descubrimientos, todas las partes de 
aquel vasto imperio se volvían hacia la capital, 
como su cabeza y punto céntrico de atracción. 
£1 conquistador romane seguia su marcha po): 
.tierra y no por s^a, y el aguaces el gran cami- 
no que une las naciones, y el verdadero elemen- 
to del descubridor^ Los Romanos no eran una 
nación marítima. A la caida de su imperio, la 
ciencia geográfica no pasaba de un conocimien- 
to imperfecto de la Europa, y eso sin incluir su 
parte septentrional, y de una pequeña porción 
del Asia y del África; sin que tuviesen otra idea 
de un nuevo mundo al otro lado de las aguas 
occidentales, mas de la que podía darles la afor- 
tunada predicción del poeta. ^ 

1 La conocida pre^Bccion de Mo <í« !«« ■«'^a»» í"» müáñ^ á 

S^eoaen0aMede8,«aacaM>l8 luz «n lo» aigloé veniderot. 
lyaB notable profecía calnial de "Quibns Oeeanus 

que hay memoria, porque no lo- Vincula rerum laxet, et ingens 

lo anuncm con toda confianza que Páteat taQus, Typhisque Novo» 

se ensanchanan los limites del Detegat Orbec'* 
mundo conocido^ sino la existen- Acert6 el golpe el fil6M>fo mai 

^a de un Ntcer» Munda al otro bj^n que el poeto. ' 



208 CONQUÍSTA DEL PERÚ. 

Vino laego la edad media; esos áíglos ten^bro- 
soaicomo les- llaman, aunque en sus tinieblas se 
maduraron las semillas del saber, tjue en la ple- 
nitud de los tiempos habian de producir una ci-. 

. vilizaeíon nueva y nías ilustre. La organización 

^e lá sociedad vino á ser mas favorable á lá cien- 
cia geográfica. ' En vez de formar un solo impe- 
rio, degenerado y entorpecido por su misma des- 
mesurada grandeza, la Europa se dividió en va 
rios estados independientes;^ y como mucho 

. adoptaron una forma de gábierno liberal, sin- 
tieron todos los impul^áí naturales en hombres 

libres; y las pequeñas repúblicas deí Mediterrá- 
neo y del Báltico voínitároft enjambres de mari- 
neros, que tratanda de establecer un comercio 

'útil, ligaron "mutuamente todos los países sitúa* 
dos á orillas de los rtíarés def Enropa. 

Pero los adelantos qu^ se fueton haciendo en 
el arte dé la navegación, er método de com- 

í piítar el tiempo con niás exactitud, y^ sobre todo 
el descubrimiento do la? propiedades de la agu- 
ja magnética, (dieron grande imptilso á la ciencia 
dé la geógtáfia. En vez de' arrastrarse tímida- 
mente á lo largo de lá^ cosfad, ó de limitar sus 

, expediciones á los estrechos límites de los ma- 
res mediterráneos, podiaya el viagero desplegar 
atrevidamente sus velas y engolfara en él abis- 
mo, seguro de tener una guia que le condujese» 
sin temor de estraviar su camino en la inmensa 



LIBRO II. — CAPITULO I. 209 

estemsion de sus aguas. Contando con esteapo- 
yo, comenzaron á despertarse deseos de viajar 
por un rumbo nuevo, y el marinero volvia ya la- 
vista hacia otra senda que le condujese á las is- 
las de las especias, por un via distinta de la que 

• seguian las caravanas del oriente, atravesando 
el continente asiático. Las naciones ep que se 
desperté primero el ansia de los descubrimien- 
tos, fueron naturalmente la España y Portugal, 
que eran como las centinelas avanzadas del con-, 
tinente europeo y dominaban el gran teatro de 
los futuros descubrimientos. * 

Ambas naciones comprendieron toda la impor- 
tancia de su nueva posición. Durante todo el 
siglo XV no cesó la corona de Portugal de ha- 
cer esfuerzos para hallar un paso al Océano In- 
dico, doblando la punta meridional del África; 
pero los navegantes eran aun tan tímidos que en 
cada promontorio encontraban una formidable 
barrera y hasta fines del siglo no fué cuando el 
arrojado Diaz casi* dobló el cabo que llamó de 
las Tormentas* aunque el rey Juan II, con mas 
feliz augurio, le nombró cabo de Buena Espe- 

' ranza. Pero antes que Vasco de Gama se hubie- 
se aproveijhado de esté deseubrimientQ para des- 
plegar sus velas en el mar de las Indias, entro 
la España en su gloriosa carrera, enviando á Co- 
lon á probar fortuna en las dilatadas aguas de 
Occidente» 



210 CÓNaUISTA DEL PERÚ. 

£1 objeto de, este insigne navegante ^ra tana- 
bien buscar un camino para las ludias; pero por 
el Occidente en vez de por el Oriente. No espe- 
raba él ciertameiite tropezar en su camino con 
un continente desconocido, y después de repeti- 
dos viages se quedo todavía en su primer error, 
muriendo, como todo el mundo sabe, en la creen- 
cia de que la tierra por él descubierta era la 
costa oriental del Asia* Las empresas maríti- 
ínas de los que siguieron las huellas del Almi- 
rante llevaban el mismo objetof y el descubri- 
miento de un estrecho que diese paso al uiar de 
las Indias, era el estrivillo de todas las órdenes 
del gobierno y el fin de no pocas espediciones á 
diversos puntos del nuevo continente, que pare- 
. cia estender de un polo á otra «iis miembros gi- 
gantescos, fen el deseo de encontrar un paso pa- 
ra las Indias^ está la clave del. n^ovimiento ma- 
rítimo del siglo XV y la primerif mitad del XVI; 
esta era la idea dominante de todas las espedi- 
ciones de aquella épocsul * . 

En nuestros dias nó grácil comprender la re- 
volución que causó ep Europa el descubrimieii- 
to de la Apiéríca. No se trataba de la adquisi- 
ción paulatina de algan territorio vecino, ó de la 
conquista' de una provincia ó de un reino, sino 
de un Nuevo Mundo que de un golpe se abria á 
los Europeos^ Las especies de animales, los te- 
soros de las minas, los vegetales, el variado as- 



LIBRO II. — CAPITULO I- 211 

peeto de la naturaleza y el hombre en las dife«* 
rentes fases de la civilización, llenaban el espí- 
ritu de un lluevo orden de ideas qvte cambiaban 
ti giro habital del pensamiento y le metian en 
interminables conjeturas. El ansia de escudri- 
ñar los maravillosos secretos del nuevo hemis* 
ferio llego á tal grado, que las ciudades princi-'* 
pales de España estaban por decirlo así, despo- 
bladas, pues los habitantes se atropejlaban. ppr * 
ir á probar fortupa en el Océano. ^ Tenian i^ la 
vista un mundo que parecia uua tierra fabulosa, 
porque cualquiera que fuese la suerte del aven- 
turero, no dejaba á su vuelta de dar á sus rela* 
ciones un colorido de novela que inflamaba aun 
nías la ardiente imaginación de sus compatrio- 
tas, y fomentaba las ideas quiméricas de aquel 
siglo 4^ aventuras. Escuchaban sin perder una 
sílaba los cuentos de las Amazonas, que parecían 
reaUzar las fábulas clásicas de la antigüedad; 
las noticias de los gigantes patagónicos; las des- 
lumbradoras pinturas de El Daradoj en donde 
brillaban entre la arena las piedras preciosas, y 
se sacaban de los rios con redes los guijarros de 
oro del tamaño de un huevo. 

2 "El embajador veneeiaño en donde generalmente m em» 

Andrés Navagiero, <}ue vkj6 por barcaban, estaba tan pobre de 

España en 1525, hacia la época habitantes, que dice "que casi no 

en que nuestra ^relación comien- habían quedado en ladadadmuí 

2a, habla de lo que habia cundí- que mujeres." Yiággio fatto iat 

do el furor de emigrar. SeviHa, Spagna, (Vinegia, 1563,) fol. 15. 
•obre lodo, como era el puerto 



áí2 CONQUISTA DEL PERÚ. 

V Sin embargo, no queda duda de que estos aven- 
tureros no eran unos impostores, sino que se de- 

' jaban engañar ellos mismos con demasiada facili- 
dad por sú propia imaginación, al ver lo estrava- 
gante de algunas de sus espediciones, pues las 

' hubo en busca de la fuente de ia salud, del tem- 
pló de oro de Dobayba^ y délas sepulcros de oro 

' del Zenu; porque en su delirio se les figuraba 
ver oro por todas partes, y el nombre de Castilla 
del Oroj dado á la parte mas enfermiza y estéril 
del istmo, era un cebo irresistible para el des- 
graciado colono, que las mas veces en lugar de 
oro solo encontraba allí su sepulcro. 

• En estas regiones encantadas todos los accc- 
ísoriós contribuian á mantener la ilusión. Los in- 
cultos naturales, con sus cuerpos desnudos y shs 

' toscas arnías, eran poco á proposito' para opo- 
nerse á los gueirreros Europeos, todas caWertos 

' iie acero. La desigualdad era parecida á la que 

" vemos en los libros da caballerías, en los cuales 
lá lán¿a del buen caballero echa por tierra áe un 
^ólpe centenares de enemigos. Los peligros con 
qué tropezaba el descubridor, y los trabajos que 
pasaba, no eran nluy inferiores á los de un caba- 
llero andante. £1 hambre, la sed y la fatiga; las 
mortíferas emanaciones de los pantanps con sus 
enjambres de insectos venenosos; q1 frío y las 
nieves dé las montanas, v el sol abrasador de 
los trópicos, eran el patrimonio de todo hidalgo 



LIBRO II^-^CAPITÜLO I. 413 

que vetaiaiá bascar fortuna en el Naevo-Mando. 
Era la realidad de la fiecioa. La vid^ de los 
aventurero» españoles era an capítulo mas, y no 
el menos potable de los libros dé i^aballería. 

Kl carácter del guerrero participaba hasta cier- 
to ^Bto de los colores exagerados con que se 
pintaban sud proezas. Altivo y jactancioso, des- 
luti^br^do con' las halagüeñas perspectivas del 
porvenir, y con ñita absoluta confianza en sus 
propios recursos, no habla peligro que pudiese 
intimidarle, ni trabajo bastante á rendir sus fuer- 
ssas;' Mientras mayor; e) peligro, mayor atractivo 
ofreeia, porque su alma buscaba. impresiones 
faertes, y á una empresa sin peligro faltaba el in- 
centivo de lo novelesco, qué era indispensable 
^para ponerlos en acción. Mas en los motivos 
que les impulsaban á obrar se mezclaban de^ tm 
modo estraño, inñueneia» mezquinas con las mas 
elevadas; lo temporal con lo espiritual. El oro 
era el estímulo y la recompensa, y para conse- 
guirlo, su carácter injfiexible se paraba pocas ve- 
ce^ en los medios. La crueldad empeñaba su 
valQr«< y esta crueldad provenia/ por estraño que 
esto pai^zcá, tanto de la avaricia como de la re- 
ligioii, seguid se entaidia en aquellos tiempos: la 
religión del Cruzado¿ lEIsta era úiía capa muy 
eómod^i para uniíxi^ulütud de pecados, y los ocul- 
. taba h^ata a lias pjos del mismo que los cometía 
uKl Oaataltejaol, dem^iaido altivo parai&erhipócri- 



J 



yi 214 CONQmSTA DEL FERü. 

\^^ 1$ ^* cometió mas crueldades en nombre de la re- 
\ hi^ ligion» <lWe jamás, cometieron los idólatras, ó los 
:'¡ fanáticos musulmanes. Quemar un infiel era 

sacrificio agradable al cielo, y la conversan de 
los qué sobrevivían' bastaba para expiar los ma- 
yores delitos* Causa tristeza y disguiE^o consi- 
derar,, que el mas rígido espíritu de intoleráéia 
como el del Inquisidor ^n sú patfia y el del Cru- 
zado fnera de ella haya nacido de una religión 
que predicábalas: en la tierra á hi htmbrja de Sue- 
fka voluntadTj 
¡ Qué contraste entre estos hijos del mediodía 
i^ de Europa y las razas angla-sajonas que se es- 
p]arcieron por toda la parte seplentrional del 
nuevo continente ! No impulsaba á éstos áhi- 
avaricia, ni el especioso protesto del pro* 
sino la independencia religiosa y po- 
lítica. Por tal de conseguirla se daban por sa- 
y tisfechos cjon ganar una escasa subsistencia por 

. medio de una vida frugal y 'trabajosa. Nada pe- 
dían al suelo mas de los productos correspon- 
dientes ásus labores. No les inquietaban esos 
ensueños dorados con 'su engañoso 'brillo^ ni les 
arrastraban pox una senda inundada de sangre, 
á destronar monarcas que en nada les ' habían 
ofendido. Contentábanse con los progresos len- 
tos, pero sólidos de su sociedad. Sufrían con to- 
da paciencia las p^vaciones del desierto, regan- 
do el ár<bol de la libertad con sus lágrimas y con 






\^' jr yí^ la ava 
Jr y selitismo, 



m 



LIBRO Il.«--CAPXTUtO I. 215 

el sudor de su rostro, hasta que s^ arraigase 
profandamente en la tierra y alzase sus ramas á 
los cielos; y mientras tanto, las poblaciones del 
continente vecino, semejantes á la vegetación 
de los trópicos, adquirían en un dia todo su bri- . 
lio, pero desde su nacimiento descubrían los sín- 
tomas de una próxima decadencia. 

Parece una disposición especial de la Providen- 
. cía, que el descubrimiento de las dos grandes di- 
. visiones de la América hubiese sido hecho por 
las razas mas á propósito para conquistarlas y 
colonizarlas. Así Aié que á los anglo-sajones 
tocó la parte del Norte, cuyo clima mas frió y 
suelo mas ingrato, eran muy propios para que 
ejercitasen sus hábitos de orden y de trabajo; 
al pa^Q que la parte del Sur, con sus preciosos 
productos de los trópicos é inagotables tesoros 
núnerales, era un cebo muy propio para escitar 
la codicia de los Españoles, j Cuan diverso hu- 
biera sido el resultado, sila.nave.de Colon se 
hubiera inclinado un poco hacia el Norte, como 
él mismo pensaba al principio, y hubiese ido á j 
desembarcar su cuadrilla de aventureros á la I 
costa de lo que hpy «s América protestante ! 

El resultado de este afán de hacer expedicio- 
nes que dominaba^ á las* potencias marítimas de 
Europa en el siglo diez y seis, fué que antes de 
que pasasen treinta años desde su descubrimien- 
to, ya se habia reconoddo toda la estension de 



216 COWQÜláTA t)EL PERÚ. 

aquel' vasto continente, desde la tierra del La- 
brador hasta la del fuego; y en 1521 el Portu- 
gués Magallanes, al servicio dé^*í5spaña, resol- 
virf el problema del estreche^, y enconti^d el paso 
para las anheladas islas de las £specias en el 
mar de las Indias, con grande asombró de los 
Portugueses; que navegando en direccioi> opues- 
ta se encontraron en los antípodas cara á cara 
con sus rivales. Pero mientras que de este mo- 
do se recorfocia toda la costa oriental del conti- 
nente americano, se colonizaba k parte central, 
y hasta se habia llevado á cabo la admirable ha- 
zaña de la conquista de Méjico, no se habia'le- 
vantado aun el velo que ocüítabá' las doradas 
playas del Pacífico. ^ r;^ 

' Dé cuando eh cúaiido habiatt llegado á los Es- 
panoles rumores vagos de la existencia de vaia- 
. tos países en el lejano occidente, dónde abunda- 
' ba el precioso metal que tanto codiciaban ellos; 
pero la primera noticia clara que sé tuvo del 
' Éerufúeháciá el año de l5ll ^ coft motivo de es- 
tar Vasco Ñuneí; de ftalboá, el descubridor del 
toar del suf, pesando un poco de 6ró que habia 
recójido de los natuifáles. XJn joven cacique qde 
presenciaba laóperación, dio un golpe en Táé ba- 
lanzas con el puño, y espárcít^ él oro poif él suéío 
diciendo: "Si esto apreciáis tanto que por ella 
dejáis vuestras casas y hasta arriesgáis la vida^ 
'yo 08 llevare a unas tierras en donde se come y 



LIBRO II.— CAPITULO L 217 

se bebe en vasijas de oro, y este es mas abun- 
dante allí que el hierro en vuestro pais." Poco 

* 

después de recibidas estas sorprendentes noti- 
cias llevo á cabo Balboa la formidable empresa 
de escalarla muralla dé montañas del istmo que 
divide los dos grandes océanos, y entrando en 
las aguasVel Pacífico, armado de espada y rode- 
la, esclamo ^ en el verdadero tono caballeresco, 
"que tomaba posesión por el rey de España de 
aquel mar desconocido y de cuanto áél pertene- 
cía; lo que defendería contra todo cristiano o in- 
fiel que se atreviese á contradecirlo." ' ¡Todo 
el vasto continente y fértiles islas que bañan las 
aguas del Océano Pacífico ! El arrojado caba- 
llero no podia figurarse toda la estensidh de su 
compromiso. 

En aquel lugar recibió ya noticias mas cíaraa 
del imperio peruano, oyó referir varias pruebas 
de su civilización, y vio dibujos del llama, que á 
los Europeos les parecid ser una especie de ca- 
iflrello árabe. Pero aunque dir¡jÍQ su caravela 
hacia estas regiones de oro, y aun llevd siis des- 
cubrimientos hasta unas veinte leguas al sur del 
^ golfo de San Miguel, no estaba guardada para 
. él aquella aventura. El ilustre descubridor es- 
taba destinado á ser víctima de la miserable en- 

3 Herrera, Hist. General, na, Vidaa dp EspaSc^les célebre* 
. íec. 1, fib. 10, cap. 2.— Quinta- (Madrid, 1830,) tom, II. p. 44. 



218^ CONQUISTA DEL PERÚ. 

vidia con que una alma mezquina niira, Io& gran- 
des hechos de un espíritu superior. 

Las colonias españolas estaban divididas. en 
^ muchos gobiernos pequeños, que no pocas ve- 
ces se daban al favor, aunque eonio el desempe- 
ño de tales puestos era en aquella época bastan- 
te difícil, se reservaban con frecueneia para 
hombres prácticos y activos. Colono en virtud 
de su primera capitulación con la corona, tenia 
jurisdicción sobre los territorios por, él descu- 
biertos, que comprendian algunas de las islas 
principales, y ciertos lugares en el continente. 
Esta jurisdicción se distinguia de la de los otros 
ftincionarios, en cuanto que era hereditaria; pri- 
vilegio que después se crqyo escesivo para un 
vasallo, y se conmuto poc lo mismo jen un titulo 
y una pensión. Estos gobiernos coloniales se 
fueron multiplican giL con las nuevas cotiquistas,. 
y por el año d64D24^n que verdaderamente co- 
mienza nuestra relación, ya los habia en las i^a s^ 
en el istmo de Darien, jen la C0¿ta/^.la Tierra 
Firme y en las nuevas^conqcftstasntc Méjico. 
Algunos de estos, gobiernos no tenia» grande; ex- 
tensión, y otros como el de Méjico eran de) ta- 
maño de un reino: la mayorparte de ellos tenían 
en las tierras vecinas un campo ilimitado para 
estender sus fiescubrimientos, de modo que aque- 
llos pequeños príncipes pudiesen acrecentar sus 
dominios y enriquecerse á sí propipsy á sus cora- 



LIBRO lU — CAnTVVO I. 819 

pafiéto«J ' £8te sistekiiá era 6l mas fkvorable á 
ld8< intereses de la eo]:dtia, pnes mantenia siem'* 
pre^vÍTOi el espirita de empresa con el incentivo 
de nuevas Conquistas* Asi pneS) estos caudi- 
llo^s i militares, viniendo én sus pénenos domi* 
niirsrá toitta' disianciade la madre patria, gossa* 
l^^Md#.;Qii. podet 'jBiei|iejaiité al dé un yirey, y 
mii!eliii£í ifteeea le empleaban en dpidmir á los na* 
t\)raLei;'y:en tUraiaizat á sus propias compañeros 
de*«fi n^do ti&cesivo. Jkní era mvfy natural que 
so0()dieset en hombres de baja esfenai qué sin H 
edótasttfn* iiecesnria'para el des4-mpefio de un 
emfikb, se veían llamados repentinamente al 
ejbrcicio de ana autoridad, breve sí, pero libre 
de inoappiiBabiliiiadpori su .naturaleza. Soto has« 
ta «qiie jpassido algún ti^bapo se ftiwon conocien* 
do. t titos resultados por mía triste esperiencia, 
fué coando se tmt(( de contener á estos tiranue* 
los, estatblecíiendo tribunales en foxtna» llamados 
Audiencias Reales,. cottipu^stos dé hombres sá« 
l^s y deipesó, que interpusiesen el brazo de la 
ley á áJlo menósakaseu su voz para proteger, 
taato á los ilaturalés cómo £ los mismos colonos. 
f Entre ios gebemadores de laS colonias que 
debían el puesto que ocupaban á su posición en 
6u país, se jponlaba • Don Pedro Arias de Avila, 
llamado comunmeiite Pedrarias. Estaba casa- 
do con una hija de Doña Beatriz de Bobadilla, 
la famósai marquesa de Moya, tan conocida por 



280 ooiftQU^irÁ i>Bi. pvitVé ■ 

st^ amistad oon-I»a)i^L la Catoliéa, £^a homl^re* 
d^alg^Qa práctica militar y de bastaste «nergiap 
piero» s^giioii^e vio despaes er^ de índole maligna». 
y.la$ mala&t i&clinaeion^^ que ño se Le hobierao. 
notado en lao^euridad die iá vida priyada, salíe-t 
ro^á r^laeir» yaeaso aé desarrollaron ooii su re^ 
pentina eleyacibtí al poder; de la misma ménera»^ 
que. ios! rayos* del) sol qué inflpyen favorablemeii^ 
te en un teorreoo fértil y aceleran» la veg^taeioa^ 
cuando caen sphne.un patatam). lerantaii vaporesi 
pNe^titenteSty nocivos. A este hombre se entre^ 
gQfiel)distrito de Castilla del Oro» lugar ]ae Nu* 
ñe^ de Balboa liabia escogido, para teatro da gisr- 
d^seobrimientos^ / La buena fortana de esté út- 
timo despertó lá envidia de su' superior, porque 
el. mérito era suficiente delito á. lo» éjos de Pe** 
drüries; La trágica historia de^aquelntabaUero 
coaQfipOQde á uuii época alg6 lanterior á fat de 
(|ae. vamos á tratar, Piumais más diestras que 
la miaki i^ han ^^ríto ya, y aunque corta, eS' üaa 
délos episodíosi.maá brillantes en los anales de 
Ips coBqui&tadoi:«9. de AmérJBtta. ^ . 
. Pero si bien Pedrdrias; trataba de atajar h glo- 
riosa carirera de mi' ¿val, tío pot eso4Íejafaa de 
conocerla impoifta^^a de sus deseubrimieufds^ 

.4 >LÚ meaMttablét.aTelitúrá éé un misiiio méMáno','hkytt 
de Vasco Nuñez de Balboa han prestado aiiiato. .4 do» ^fwntftfl; 
sido escritas por Quintana, (Es- tan elegantes, . publicados casi ai 
paSÁles célebres, tom^'ü,) y por mismo tiempo y en lengnas dife* 
Irving en sus ''Compañeros de' rentes, sin ninguna comuiiiei^ 
Colon.*' Es estraño q.n« la vida cioa entre ]i>% autores. 



LIBRO IL-nPAPiTVW l\ 22Í % 

Degde luego conioció lo desfavorable que era la 
posición del Darien para eontiuuar las jBxpedi- 
cipne$ ^n el Pacífico, y siguiendo el consejo que . 
ya.habi^ 'dado Balboa,iÚ2:o mudaren 15Í9 su . 
nAci^nte capital» de las costas del Ailántico alas 
del Pacífico, al lugar en que estuvo antíguamen* 
te Panamá, un poco hacia el oriente de la ciudad 
qpe h€y lleva este noníbre. ° Este lugarinsata- 
bre,% tumba da mas de un deadichado. colono,/ 
era muy a proposito para el grande objetó dfc 
las eépediciones marítimas, y el paerto, á causa 
d« su posición central, eita el mejov punto de 
partida para dichas espedieiones, sea que se di*- 
rijiesen al Norte o al Sur, por toda la lai^ lí- 
nea de costase pprde^ullrir, bañadas por el gran^ 
de ooeano ni^MíMal. difas á pesar de esteven^ 
tajoso cambio Ae posición, pasaron varios años 
sin que los descubrimientos «tomasen el eamino 

5 La corte dio instrucciones ñez escribe, seria muy necesario 

teÉtniíitntes á Pedrarias para que que allí ha ja algunos i»tío» así 

fundare un establecimiento en el para deacubnr las cosas deL g9Íío, 

golfo de San Miguel, en confor- y de la- comarca del, como para 

imdad «on Jas indicaoioaes de] la contratación- de rescates de la» ' 

Vasco Nuñez, de que seria el si- otras cosas necesarias, al buen., 

tio mas apropósito para los des- proveimiento de aquello; é para 

cubniraentoit y el comercio>'eti él que^éstos ntrnoa aprovechen', es % 

mía del Sur» "El asiento- que se menester que se hagfui allá." Ca*. 

oviere de iiacer en el golfo de pítuld de carta escrita por el Rey 

San Miguel en la^ mar del Sor, Católico á Pedrarias IMvíIA) ap. 

debe ser en el puerto que mejor Navarrete, Colección de los Via- 

se hallare y mas conyencible pa- ges y Descubrimientos, (Madrid, 

rá'la contratación de aquel goUb, 18^,) tom. III. n6m. 3, p. 856. 
gorque segund lo que Vaseo Nu- 



B22 r CONQUISTA DEL PERO. 

del Perií. La atención se dirigía cstilusivameft- 
te faáeia el Norte, o mas bien hacia el Oeste, en 
cumplimiento de las ordenes del gobierno, qae 
no perdia de vista el hallazgo de un estrecho, que . 
según estaban todos empeñados, debía cortar 
por alguna parte aquel larguísimo istmo. Des- 
pachaban armada tras armada con éste vano ob«> 
jeéo, y Pedrarias veia cada año estenderse su» 
dominios^ úvl sacar gran 'provecho de sus nuevas 
adquisiciones. Ocuparon sucesivamente á Ve*» 
ragua, Costa Rica y Nicaragua, y por último^ 
8US bizarros caballeros se abrieron camino por 
entre bosques, montañas y tribus de salvagés 
guerreros, hasta que en Honduras se encontra* 
ron con los compañeros áe Cortés, conquiatado* 
r€8 de Jfféjiitu^ que habÍMi V.aj^do def»d^,ja..masa 
septentrional á las regiones del centro de Amén- 
ca, completando de ese modo la esploracion de 
aquel pais salvage y descoi^ocido. 

Hasta 1523 no se despacho una espedicion^en 
forma con dirección al sur de Panamá, al man- 
do de Pascual de Andagoya, caballero distingui- 
do de la colonia. Este géfe solo llego al puer- 
^to de Pinas, límite de los descubrimientos de 
Balboa, en donde el mal estado de su salud le 
oblig(í á reembarcarse, abandonando la empresa 
en sus principios. ® 

6 Según Montesinos, Anda- lio por ostenta^ la ligereza del 
goya quedó muy lastimado de re- brioso animal en preaeneia de los 
saltas de haber c^ido de su cabar -admirados indígenas. (Anales 



LIBRO 11.— CÁÍf»ltüLO I. a^ 

* 

. MaiB ioi»' rumores' ' sueltos de la €Í viliza($i6n y 
riqúeto, db una naeion jKklerosa del Sai:, llega- 
ban coMinaantente á oídos de los colonos» yd'es- 
pertaban ^ii» imaginaeionés dormidas, siendo á 
la verdad bstraño que se hubiese dilatado tatito 
tiempo una espedicion pOr aquel rombo* Pero 
debe tenerse j^resente, que te distancia y Verda- 
dera posisionde estd reino sólo se sabia por con* 
jetaras. Toda la tierra intermedia estaba llena 
de tribus' feroces y guerreras, y ademas el poco 
conocimiento quelos' navegantes españoles te- - 
nian de las costas tecinas y de sus habitantes, 
agregado á lo tempestuoso de aquel mar, (por- 
que habían hecho sus espediciones en la peor 
estación,) aumentaban las dificultades aparentes, 
y hacian desmayar hasta a los corazones mas 
esforzados. 

Tal fué el estado de las ideas en el pequeño 
puerto de Panamá, durante loa primeros años 
que siguieron á su fundación, j^n el entretanto, 
la. admirable conquista de Méjico dio nuevo im- 

del Perú, MS*, año 1524) Pero greso mas lisonjero para su va- 

el Adelantado en una relación de nidad que e^ otro mas general- 
sus propios descubrimientos, re-« mente recibido. Este documen* 

dactada por 6l mismo, no dice na- to* importante por venir de la 

da de este desgraciado ejefcicio pluma de uno de los primeros 

ecuestre» sino qu^ atribuye su en- descubridores, se conserva en el 

fermedad á haber caido én el archivo de Indias en Sevilla, y lo 

agua, en donde le faltó poco pa- publ.c6 Navarrete en su Colee* 

ra ahogarse, de cuyas resultases- cion de Yiages, tom. III. n6m, 7, 

tuvo enfermo algunos años^ mo- j). 393. 
do de esplicar su in^mpestivo re- 



984 CONQUISTA DEL PERV*. 

pulso al foror por los descubrinobientoe^y en 1524, 
hubo tros hombres, en quienes el espíritu aven* 
turero triunfo de todas las consideraciones de 
dificultado peligro que se'oponian^ála eje.cu** 
cion de la empresa. De entre ellos eligieron el 
que les pareció mas á proposito para llevarla á 
un felia desenlace. Este hombre era Francisco 
Pizarro; y como representó en la conquista del 
Peni el papel principal, lo mismo que Oortés en 
la ie Méjico, será preciso dar una breve ojeada 
á.la historia de sus primeros aQos« 



cApmTLo n. 



Francisco Pízárro. — Su juventud. — Primera e^edi- 

CION AL Sur.'— Al»UROI de los CA6T£LLAN0S.--rRB- 

friegas.- — ^Vuelta a Panamá. — EspEDigioN de Al- 
magro, , 

lSa4.— 1525. 

fisidó Francisco Pizarro en Trujíllo, ciudad 
de Estjremadara en España; no se sabe á punto 
fijo en (jué año, pero fué probablemente hacia 
1471. * Era hijo ilegítimo, y así no es ei^trafio 



1 Los pocos escritores que se 
atreven á fijar la fecha del xiaci- 
mieiito<de PizanOi lo haden de 
un modo tan vago y contradicto-* 
rio, que es imposible fiarse de 
'nisnoticias. Es ci<^ que Hér-^ 
rera dice positivamente que te- 
ñí» sesenta y tres anos cuando 
nnuié eñ eí de 1541. (Hist. Ge- 
luinl, dec. 6, lib 10, cap. 6.) Si' 
«8lo ei ñúf 99 preeiso retrotraer 
\sk fecha de su nacimiento hasta 
^1 «So de 1478. Pero GarcBaso 
«fce la Vega afirma que tenía maté 
^<e ciibSRenta aiTos en 1625. (Com. 
K*al., Parte 2, lib. 1, cap.H.) 
S«gim esto, su nacimiento es an- 
#eJáoi al aík) 1475. Fizarro y 



Orellana, á quien como pariente 
del conquistador debemos supo- 
ner mejoi* impuesto, dice que te- 
nia cincuenta y cuatro años en 
el. mismo año de 1525. (Varones 
Ilustres del Nuevo Mundo, (Ma- 
(drid, 1639,) p. 128.) Pero dice 
que al tiempo de su muerte la 
edad' Segaba á cerca de ochenta. 
(p. 185.) Considerando' ésta co- 
mo^ una exageración manifiesta 
para producir mayor efecto, co- 
mo lo pedia el pasage en que se 
encuentra, y conformándonos 
' con la primera aserción, la fecha 
de su nacimiento vendrá á ser la 
misma que señala el testo. Era, 
á la verdad, algo -^o para em- 



226 CONQUISTA DEL PJBRÜ. 

que sus padres no se tomasen el trabajo de con- 
servar en la memoria la- fecha de su nacimiento, 
porque pocos hay que cuiden de llevar un apun- 
te particular de sus deslices. Gtoíiíalo Pizarro, 
su padre, era coronel de infantería, y se distin- 
guió ^n las campañas .de Italia á las órdenes del 
^ Gran Capitán, y después en las guerras de Na- 
varra. Su madre, llamada Francisca Gpnzalez, 
era persona de condición humilde en la ciudad 
de.Trujillo.» " ' ' ^ 

Poco^se sabe de los primeros años de Francis 

- co, y esto poco no siempre merece crédito. Se- 
gún unos, sus padres le abandonaron, y lec^cba- 
ron á la puerta de una de las principales igleftias 
de la ciudad. Dícese también qqie.habria ppr^eci- 
do, si no le hubiese dado de mamar nna puerca. * 
Esta es sin duda una nodriza mas plebeya que la 
atribuida al niño Rómulo. La historia de la in- 
fancia de aquellos hombres que despueíi han al- 
canzado famarpor sus hechos, ofrece ancho cam- 
po para la invención, lo mismo que sucede con 
la historia primitiva de las naciones. 

' Parece fuera de duda que los padres del joven 

prender la conquista de un ixupe-. 3 '^JNació en 7fuxil]0, i ecbá- 

río^pero Cpbn era aun masyie- ronle á. la puerta de la I^kíeia, 

jo cuando comenzó su carrera. ' mamó una Puerca ei^rto9 días, 

2 Xerez, Conquista del Perú, no se hallando quien le quisiese 

- ap. Barcia, tóm. III. p. 179. — dar leche." Gomfu^ Hist. de Um 
' Zarate, Conq. del Perú, lib. 1, Indim, cap, 144. 

cap. 1. — ^Pizarro ^ Oreliana, Va- # 

roñes Ilui|}re«, {i, 1^. . . . ^ 



LIBRO IL-r-CAPITÜLO II* 32ff- 

Pizarro cuidaron raüy poco 4e él, y le í^^s^xpjx, 
crecer á lo natural. No aprendió á Jeer ,9Í.á esr . 
cribir, y su ocupación principal sq reducía á 
guardar puercos. Pero esta vida sedentaria no 
agrado al espíritu activo de Pia^rro, cuando em- 
pezó ,á crecer y á escuchar las relaciones^el 
Nuevo Mundo, que entonces corrían tanto y eran 
tan á proposito para cautivar la imaginación d^ 
un joven. Llenóse él también de entusiasmo, j 
como era de esperarse, y aprovecho una coyun- 
tura favorable para , abandonar su vil oficio y 
marcharse á Sevilla, que era el puerto por don- 
de todos los aventureros Españoles se embarpa* 
ban para ir á buscar fortuna en el Occidente. 
Pocos habria entre ellos que pudiesen volver la 
espalda ' á^u patria <^on menos sentimiento que 
Pizarro. * 

No sabemos en qué año se verifico tan impor- 
tante cambio en su suerte. Las primeras noti- 
cias que de él tenemos en el Nuevo Mundo, son 
ya el año 1510 en la Española, donde tomo par-, 
te en la espedicion que hizo á ürabá, en,laiTier-t 
ra Firme, Alonso de Ojeda, caballero cuyo caijéc-. 
ter y hazañas solo pueden encontrar ^pjaralejlo ^p 
las páginas de Cervantes. Hernando Cortés, c^- 

4 Segim el Comendador Ti- otros descabriddfeb ilustres, cu- 
zarro y Orellazia, Francisco Pi- y os buenos sucesos atribuye con 
zarro sirvió con su padre desde toda modestia á su pariente eo- 
muy joven en las gaerítut de ^ mea principai. yaNpM.fliiiUref» 
Italia, y después con CoIob y p. 1^7. . ^ - i* . 



228 CONQUISTA DEL PEftÜ. 

ya madre se apellidaba también PizarrOi y dicen 
tenia parentesco con el padre de Francisco, de- 
bía haberse agregado igualmente á la espedicion 
de Ojeda, pero se lo impidió una cojera tempo- 
ral. Si hubiese ido, la ruina del imperio Azteca 
habría quedado paramas tarde, y el cetro de Moc^ 
tezuma hubiera pasado paciñcamente á su pos- 
teridad. Pizarro participó de la mala suerte de 
la colonia de Ojeda, y con su prudencia ganó de 
tal modo la confianza de su gefe, que dejó á sa 
cuidado la población cuando fué á tas Islas en 
bus(ía de provisiones. El teniente permaneció 
firme en aquel peligroso puesto como dos meses, 
e&perando pacientemente que la muerte se lle- 
vase el número de colonos aeeefiíario, para qi^e el 
miserable resto cupiese en el único bajel que les 
quedaba. ^ 

Yémosle en seguida asociado con Balboa, el 
descubridor del Pacífico, y ayudándole á fundar 
sus colonia en el Darien. Tuvo la gloria de 
acompañar á este bravo caballero eii su terrible 
travesía por las montañas, y de ser por lo mismo 
de los primeros Europeos cuyos ojos gozaron 
del ansiado espectáculo del Océano del Sur. 

Después de la prematura muerte de su gefe, 
siguió Pizarro la suerte de Pedrarias, y este go- 

6 PÍ2»rre y Orellana, Varo> cap. 14.— Monteiinos, Anales, 
n68 liiutrea, pp. 121, 128.— Her- MS., aSo 151(K 
v«n^ ifilt General, dea. 1» Ub. 7, . 



LIBRO II. — CAPITULO II. 2f9 

bernador le empleó en varias espediciones mili*' 
tares, que si no le produjeron otra cosa, á lo me- 
nos le sirvieron de escuela para los peligros y 
privaciones con que habia de luchar después el 
futuro conquistador del Perú. 

En 1515 le nombraron con otro caballero lia* 
mado Morales para atravesar el Istmo y comer* 
ciar con los naturales de las costas del Pacifico. 
Allí, mientras se ocupaba en recoger algún bo- 
tin de oro y perlas, en las islas vecinas, al ten- 
der la vista por la confusa línea de costa que se 
perdia en la inmensidad de las aguas, brotaron 
tal vez en su imaginación las primeras ideas de 
emprender algún dia la conquista de las miste*- 
riosas regiones qué se estendian mas allá de las 
montañas. Cuando se mudó la capital de un la- 
do á otro del istmo pura establecerla en Panamá, 
Pizarro acompañó á Pedrarias, y se distinguió 
entr€ los caballeros que estendieron las conquis- 
tas por el Norte, sujetando las belicosas tribus 
de Veraguas. Pero todas estas espediciones, 
por gloriosas que fuesen, producían muy poco 
oro, y á la edad de cincuenta y cinco años, todo " 
lo que el capitán Pizarro poseía, era un pedazo 
de terreno malsano cerca dé la capital, y los re- 
partimientos de Indios á que le consideraron 
acreedor por sus servicios militares. * El Nue- 

6 "Teniendo su Casa/ i Ha- lea de la Tierra, porque siempre 
cienda, i Repartimiento de In- lo fué/' Xerez, Conq. del Pertt^ 
dio8>. como uno de foa principa- ap. Bitfcia, tom. III. p. 179^ 

I. 22 



i sal 



^0 CONQUISTA DEL PERO. 

_vo SfuDilo era ana lotería en la que eran tan po* 
} eos los premios grandes, que todas las probabi- 
lidades e3taban contra el jugador, quien, sin em. 
bargO) no se detenia en arriesgar en el juego su 
salud, sus bienes, y hasta una reputación sin 
tacha. 

Tal era la situación de Pizarro, cuando en 
1522 volvió Andagoya de su interrumpida espe- 
dicion al sur de Panamá, trayendo consigo las 
noticias mas completas que hasta entonces se 
habian recibido de la grandeza y opulencia de 
los paii^es situados mas adelante. ^ También 
por este mismo tiempo, las admirables hazañas 
de Cortés habian hecho grande impresión en los 
espíritus y avivado la sed de aventuras. Las es- 
pediciones al Sur eran el asunto ifavorito de las 
cenversaciones de los colonos de Panamá. Pero 
como la temible barrera de las cordilleras de- 
fendia aquella tierra de oro, todavía estaba ro- 
deada de oscuridad y misterio. Era imposible 
formarse idea de su verdadera distancia, y los 
trabajos y dificultades que habian encontrado 

7 Dico' Andagoya, que cuan- toda la costa de todo lo que des- 
do, estaba m Bifú ,rflefl|;i6 no* pttes se ha visto hasta el Cuzco, 
ticias muy circnnstanciadas del particulannente de cada provin- 
imperio de los Incas, de ciertos cia la manera y gente deÜa, por- 
TÍandantea que frecuentaban a- que éstos afcanzaban por yia de 
quellos plisen. ^'£n esta provin- mercaduría mucha tierra." Na. 
cia supe y hube relación, ana de Tarrete, Colección de Viages, 
los^eñores como de mercaderes tom. UL náni. 7. p. 4^. 
¿ iiiL6j:preÍat» que ellos teuituí, de 



LIBRO II. — CAPITULO II. 1881 

los pocos navegantes que habían tomado aqtiel 
rumbo, daban á la empresa un aspecto tan som* 
brío, que los mas animosos se habían retraído da 
entrar en ella. No consta que Pizarro manifes- 
tase grande interés en este asuntOi;íbíen que sus 
Tondos no eran tan abundantes que pudiese pen- 
isar en alguna cosa, sin grandes auxilios de otras 
pcrrsonas^ Estos los encontré en dos individuos 
de la colonia, los que tuvieron una parte tan im- 
portante en los sucesos posteriores, que mere-^ 
cen particular mención. 

El uno de ellos, Diego de Almagro, era un soL 
dado de fortuna, de alguna mas edad, según pa- 
rece, que Pizarro, aunque se sabe poco de su 
nacimiento, y aun su patria se disputa. Se cree 
que era dé Almagro, ciudad de Castilla la Nue- 
va, y qiíe tomó este nombre á falta de otro nie- 
jor, porque era espósito lo mismo que Pizarro, * 
Pocas noticias se encuentran de él hasta la épo- 
ca de que estaraos tratando, porque era de aque- 
llos hombres que la agit;3kcion de los tiempos re- 
vueltos saca primero á luz^ aunque quizá les es- 

8 ''Deciael que emde Jl¿ma- Este último escritor conviene 

gra,*^ dice Pedro Pizarro que ie en que los ascendiente! de AÍ- 

coztocia bien. (Relación del Des- magro son desconocidos; pero 

cubrimiento y Conquista de los agrega que si se ha de atender á 

Kejmos del Perú, MS.)»—V. tam- sus hechos, debían ser aquellos 

bien Zarate, Conq. del Perú, lib. muy nobles. No quedaría muy 

1, cap. 1. — Gomara, Hist. de las contento un genealogista con se- 

Indias, cap. 141.— Pizarro y Ore- mejante» pruebas, 
llana, Varones Ilustres, p. 21 J. 



232 <30NQÜ1STA DEt PERÚ. 

taria mejor quedarse en su primitiva ascimdad. 
Eñ su carrera militar se habia grangeado la re- 
putación de valiente soldado. Era franco y li- 
beral en su trato, de pasiones violentas é indo- 
mableí*, pero como sucede con las personas de 
temperamento sanguineo, no era difícil aplacar- 
le pasado el primer arrebato. Tenia en suma, to- 
do^s los defectos y buenas cualidades propias de 
un hombie, honrado por naturaleza, á quien la 
educación lia enseñado á moderarse. 

El otro individuo de la asociación era Hernan- 
do de Luque, clérigo español, que desempeñaba 
las funciones de vicario en Panamá, y ante» ha- 
bia obtenido la plaza de maestrescuela en la ca- 
tedral del Darien. Era según se advierte, hom- 
bre de rara prudencia y conocimiento del mun- 
do, y estas respetables cualidades le habian ia- 
do grande influenza en la pequeña población en 
que vivia, así como el manejo de los fondos; lo 
que hacia su cooperación de todo punto necesa- 
ria para el buen éxito de la presente empresa. 

Quedt) convenido entre los tres scícios, qne 
los dos caballeros contribuirían con su corto ca- 
pital para los gastos del armamento; pero Luque 
era quien habia de proporcionar la mayor parte 
de los fondos. Pizarro debia tomar el mando 
de la espedicion, quedando á cargo de Almagro 
el equipar y abastecer los buques. Los socios 
no encontraron dificultad éh obtener pívra su em- 



LIBRO n.— CAPITULO II. 



283 



presa la licencia del gobernador. Despaes del 
regreso de Andagoya había este proyectado otra 
espedicion;,pero nmrió el oficial á quien la tenia 
encargada, y no se sabe por qué motivo, abando- 
na su primera idea, y dejo de elegir para el efec- 
to á un capitán de tanta espcriencia como Pizar- 
rp. Probablemente no le disgustaba que otros lle- 
vasen la carga, con tal que una buena parte de los 
provechos fuese á parar á sus arciis: punto que 
no descuido en las capitulaciones.^ 

Contando ya con los fpndos de Luque y el per- 
miso del gobernador, no se durmió Almagro en 
los preparativos para el viaje. Compró dos pe- 
qneños buques, de los cuales el mayor lo habia 
Jj^^^ho^CQnstruir Balboa para si, con idea de des- 
tinarlo a una expedición semejante, y después 
de su muerte se quedó desmantelado en el puer- 
to de Panamá. Habilitóse ahora lo mejor qn^ 



9 ^'Asi que estos tres compa- 
ñercNS ya dichos acordaron de ir 
á conquistar esta provincia ya di- 
cha. Pues consultándolo con 
Pedro Arias de Avila que á lasa- 
son era gobernador en Tierra 
T^rme, vino en ello haziendó 
compañia con los dichos conipa- 
fferos con condición que Pedro 
Arias no havia de contribuir en- 
tonces con ningún dinero ni otra 
cosa sino de lo que se hallase en 
la tierra de lo que á 61 le cupie- 
se por virtud de la compañía de 
álli se pagasen los gastos que á 
el le cupiesen. Los tres «ompa- 



ñeros vinieron en ello por haber 
esta licencia porque de otra ma- 
nera no la alcanzaran.'' (Pedro 
Pizarro, Descub., y Conq., MS.) 
Andagoya, sin «mbargo, afirma 
que el gobernador estaba igual- 
mente interesado que los otros, 
tocándole á cada uno la ctiarta 
parte. (Navarrete, Colección de 
Viages, tom. Ill.nüm. 7. p. 422.) 
Mas importa poco saber cuál ñi6 
el interés primitivo de Pedrarias, 
puesto que renunció á 61 antis 
de que produjese nada la espedid 
^ion. 



234 eONQÜlSTA DEL PERÜ. 

permitieron las circunstancias, y los víveres y 
pertrechos se embarcaron con una precipitación, 
que Según se vio después, indicaba más celo que 
previsión en Almagró. 

Mas dificultad hubo en reunir el numero de 
personas necesario, porque no era fácil vencer 
Ik desconfianza que habia cundido respecto de 
espedicioTies por aquel ^rumbo. Hábia sin em- 
bargo en lá colonia muchos vagos que habían 
acudido á mejorar de fortuna, y estaban decidi- 
dos á intentarlo á todo riesgo. De semejante 
gente reunió Almagro un cuerpo de algo mas de 
cien hombres, *^ y estando ya todo listo, tomo 
Pizarro el mando y levando anclas salieron del pe- 
queño puerto de Panattia á mediados dte íídviém- 
bre de 1524. Almagro debía seguirle en otro 
buque nías pequeño, tan pronto como se pudiese 
despacharle. ^^ 

La estación era la peor' que podían haber es- 
cogido para el viage, porque era tiempo de aguas 

10 Herrera, que es el hiato- 11 En la fecha de esta espe- 
riador mas popular de estos acón- dicion discrepan, según costum- 
teciiiiientos, fija el número de los bre los autor«s, aunque los mas 
compañeros en solos ochenta, la ponen en 1525. Yo he seguí- 
Pero todas las otras autoridades do á Xerez, secretario de Pizar* 
que he consultado le hacen pasar ro, cuya relación se publicó diez 
de ciento, y el padre Naharro, años después del viage, y no era 
contemporáneo y residente en fácil que en tan poco tiempo hu- 
Lima, se estiende hasta ciento biese olvidado la fecha de un su- 
veinte y nueve. Relación suma- ceso tan memorable. (V. suCon- 
ria de la entrada de los Espa- quista del Perü, ap. Barciai tom- 
ñoles en el Perú, M9* IIT. p. 17^.) 



LIBRO If. — CAPITULO IÍ. 235 

eri quW interrampen la navegación al sur loái 
vientos contrarios, y la hiicen doblemente peli- 
grosa las tempestades q«e barren toda -aquella 
costaj'jpero los a vetttnreros ignoraban esto. Des* 
pues de tobar en las lillas de las Pertás, á póbáls 
leguas de Panamá, escala acostumbrada dé los 
navegantes,' atrfeveso el golfo de San Migué!, é 
hizo rumbo al sur para él puerto de Piñ&s, pro» 
montorio de la provincia de Biruqucte, hasta 
donde lleg({ Andagoya en sa viage. Antes de 
partir habia tomado Pizarro de este todos los in- 
formes que pudo sobre aquella tierra, y sobre 
el camino que debia seguir. Pero lo que Anda- 
goya sabia por esperienctá propia era tan póco^ 
que no podia servir de muc;ho «usilio. 

Do'blado el puerto de Pinas, eiitr<$ el bu<}ué 
en el rio Birú, cuyo nombt^ mal aplicado, creen 
algunos que dio origen al del imperio de los In- 
cas. ^^ Después de navegar por él dos leguas 
corriente arriba, echaron la ancla, y desembair- 
cando Pizarro todas sus fuerzas, menos lob^má- 
rinerosj se puso á la cabeza de ellas para explo- 
rar el pais. Toda aquella tierna cíO érla lÁas que 

un inmenso lodazal en donde las continuas Ilu- 

• I • ^ ' i ■ . ' 

En la Capitulación de Pizarro . pedición, como hecha co^ de 
eon la Corona, que no había yo cinco años antes. (V. el Apéndi' 
encaminado hasta después de e^- ce, n(!|m. 7.) 
críto lo que precede, parece que , 12 Zarate, Conq. del Per6, 
se fija el ano, porque en este ins* lib. 1, cap. I.-^Hentrtí HSit. Gé- 
trumentOi estendido en Julio de , nenü, dec. 3, Ub. 6, ««p. 13. 
1529, se habla de la primera es- 



280 CONQUISTA DEL P£RV* 

vías formaban charcos de agua Gorrompid»^ sien- 
do imposible afírmar el pié en aquel cenagoso 
suelo. £1 límite de aquel horroroso pantano eran 
eapesos bosques, por cuya maleaba hallaron gran 
dificultad en penetrar, y saliendo de ellos se en- 
contraron en unos cerros tan ásperos y pedre- 
gosos, que les destrocaban los pies;^ de manera 
que apenas podían dar un paso h)8 fatigados 
aventureros, cargados e^n la armadura d la 
gruesa chaqueta de algodon> El calor era á ra- 
tos sofocante,, y desmayados por la fatiga y la 
falta de alimento se dejaban caer en tierra ex- 
haustos de iuerxa?. Tales fueron los onriinofiO» 
principios de la espedieion al Perú. 

Pizarro sin emj>a^gp w, se desanimó. Trató de 
reanimar el aluitido espíriitu de sus soldado», y 
les suplicó que no se dejasen acobardar por difi- 
cultades que utik eorazou esforaado sabría vencer, 
recordando el ricp premio que aguardaba á los 
que permaneciesen firmes. Pero con todo, era evi- 
.dente que nada se ganaba permaneciendo mas 
tiempo en aquellos despoblados. Volviéndose, 
pues, á su buque, le dejaron ir con la corriente, 
y una ye;z en el Océano continuaron su derrota 
hacia el Sur. 

Después de, costear algunas leguas,, ancló Pir 
zarro frente á un lo^ar de no muy buena apa- 
riencia^ en donde tomc^ leña y agua. Alejándo- 
se entonces mas dé la costa, continuó siempre 



LIBBO II. — CAPITULO H. 237 

ea la misma dirección meridional; pero le de- 
tavieron las continaas tormentas acompañadas 
úc loa terribles traenos y torrentes de lluvia que 
solo se ven en las tempestades de los trópicos. 
£1 mar estaba furioso, y sus olas se alzaban co- 
mo montañas, amenazando ^ cada momento tra- 
garse la débil barca que se abría por todas par- 
tes. Biez dias fueron aquellos desdichados via- 
geros juguete de los enfurecidos elementos, y 
solo pudieron evitar el naufragio trabajando in- 
cesantemente con la energía que la desespera- 
ción inspira. Para; colmo de desgracias comen- 
zalx)n á, faltares los víveres» y estaban muy escii- 
4SIOS de agua, de la que solo hablan cargado unas 
cuantas pipas, pues Almagro contaba con ir re- 
novando sus provisiones en .la ribera. Habian 
consumido ya toda la carne, y se vieron reduci- 
dos á la miserable ración de dos mazorcas de 
maiz por cabeza. 

Acosados así por el hambre y los elementos, 
«e considei^ron felices en poder volver átras, y 
ganar otra vez el puerto donde últimamente ha- 
bían tomado agua y leña. £1 aspecto de aque- 
lla tierra no podia ser mas triste. £ra igualr 
mente bajá y pantáaosa que la que antes habian 
reconocido, y á lo largo de la costa solo se descu- 
brían hasta perdérsele viáta,bosquesespesos cu- 
ya estension era iinj^oBible calcular. En vano tra- 
taron los fatigados Españoles de penetrar en ^ 



v238 CONQUISTA l>EL PI^I7; 

laberinto de' aquella enmarañada espesura, por- 
que las enredaderas y gaias de las plantas que 
crecen vigorosamente en aquella región calien- 
te y húmeda, se habian enlazado de taLmodo 
con los enormes troncos de los árboles, que salo 
por medio del hacha podrían abrirse paso. En 
el entretanto la lluvia no aflojaba, y en aqael 
suelo empapado y cubierto de hojas, iapénaspo- 
dian tenerse en píe. 

Nada podia haber mas triste y desconsolador 
que el aspecto de estas fúnebres selvas, en don- 
de las exhalaciones que se alzaban del ^enchar- 
cádó suelo inficionaban el aire, y no permitían 
allí mas seres vivientes que millones de iiisec- 
tos, cuyas esmaltadas alas se veían brillar como 
chispas por entre los claros del bosque. Hasta 
los brutos parecían haber huido como por ins- 
tinto de este sitio fatal, pues los aventureros no 
llegaron á ver ave ni cuadrúpedo dé ninguna cs^ 
pecie. ün silencio sepulcral reinaba el fondo de 
^stas espantosas soledades; á lo menos no se es^ 
^luchaba otro ruido que el que habian Ia;s gotas 
de lluvia en las hojas de los árboles, y las pisa- 
das de los desamparados aventureros. ^ 

Enteramente desanimados por la apariencia 

13 Xerez, Conq.'' del Peni, Perú, lib. 1, cdp. 1.— Garcilaw», 

ap. Barcia, tom. III. p. 160.— Coin. Itéaí., Parte 3, li¿.l> cap. 

Relación, del Primer. Déacub., 7,— Henfera, Hiat. General» 4^. 

MS. — Montesinos, Anales, MS., 3, lib. 6,^cap. 13. 
iHo ^IS.^^ZánUbi C<n>4* M 



LIBRO IIt-r-CAPITüIX> U. 289 

de aqaellos terrenos, comenzaron i echar de ver 
los Españoles que nada habían adelantado con 
dejar el mar por la tierra, y comenziaTon á tcr 
mer seriamente el perecer de hambre en una rcr 
gion que no procuraba otro sustento siiu> algu- 
nas bellotas daqosaa que podían pillar aquí j 
alli en los bosques. Comenzaron i lamentüreíe 
de su mala suerte, echando la culpa de todos 
sus trabajos á su gefe, quien les había engaña- 
do con la pintura de una tierra de promisión que 
parecia. alejarse conforme ello» se le acercaban. 
Decian que era inútil luchar contra el destino, y 
qne era mucho mejor tratar de volverse á Pana- 
má con tiempo para salvar sus vidas, qu'C no 
quedarse allí esperando hasta moriiise de. ham- 
bre» , , ■ . 

Pero ya Pízarro iba preparado paira hacer 
frente á mayores calamidades, antes de decidir- 
se á volver á Panamá, sin recursos, sin crédito, 
y hecho un objeto de butla, como unrisionario 
que engancho á otros para una empresa sin te- 
ner valor paira llevarla á cabo. No le quedaba 
otro recurso que lo presente,^ porque retroceder 
era perderse. Por lo miamo empiece todos los 
argumentos que podm sugerir la avarinia é el' or- 
gullo humillado, para disuadir de -su proposito á 
sus compañdros; r^reaentoles que el desoUbii- 
dor debía aguardar aiem^e tale« fatij^as, y l^ 
recordó lo$^ brillan^^ hechos d!e «t|sgMibmf»ft£ti 



240 CONQUISTA DEL PERU« 

otros puntos^ y las continuas noticias que ha- 
bian recibido ellos misinos de paisets ríqaísimos 
en aquella costa, de los que podrían posesionar- 
se con solo uh poco de valor y de constancia. 
Mas como las necesidades presentes no admi- 
tían espera, resolvió enviar el baque á las islas 
de las Perlas, á cargar provisiones frescas para 
sus tropas, de modo que pudiesen seguir ade- 
lanté con nuevo brío. La distancia no era gran- 
de, y dentro de pocos dias podrian salir de tan 
peligrosa posición. El oficial á quien dio esta 
comisión se llamaba Montenegro, quien tomando 
consigo la mitad de la gente, después de recibi- 
das las ordenes de Pizarro^ levd ancoras é hizo 
tumbo para las isla» -de las Pedas* ^ - >« ¿^ 

Partido el buque, trató jel gefe español de es- 
plorar el país para ver si daba con algún pueblo 
d e Indios, donde pudiera encontrar refrigerio 
para su tropa. Pero fueron vanos sus esfuerzos; 
y no se hallo rastro de habitación de hombres, 
aunque á li^ vedad en medio de la espesa vege- 
tación* de los trópicos, la distancia de unas cuan- 
tas varaa basta para ocultar una ciudad entera. 
Lo único con que contaban aquellos aventureros 
para atimentarse, eran los mariscos que soUan 
encontrar por la ríbera, ó los amargos retoños 
de lafi( palmas^ y las bellotas y yerbas silvestres 
que credanpor aquellos bosques. Algunas ei^n 
t|n dafioM|f»^tte los* que comieron de ellas se hin- 



LIBRO II.— ^CAPITULO 11. 241 

chafon y padecían dolores iñsafribles. Otros 
prefiriendo la hambre á este miserable alimento» 
desfallecian y aun llegaron á morir de inanición. 
I^ero su animoso caudillo se esforzaba en conser- 
var su propio buen humor, y en reanimar el áni- 
mo* abatido dte su gente. Pattia con ellos liberal^ 
mente, sus escasas provisiones; no cesaba de 
buscarles alimentos; asistía á los enfermos, y ha- 
cia construir barracas en que alojarlos, para á lo 
metios ponerlos á, cubierto de los torrentes de 
lluvia. Con este vivo interés que manifestaba en 
sus padecimientos, consiguicí ganar sus volunta- 
des, y que le prestasen una obediencia que en tales 
eiróunstancias habría exigido en vano, valiéndose 
tan solo en su autoridad. Se pasaban los dias y las 
semanas sin que se supiese nada del buque que 
debia socorrer á los aventureros. En vano tendían 
la vista por la inmensidad del océano, esperando 
descubrir á los amigos que aguardabap. Ninguna 
sombra se dibujaba en el azul del distante hori- 
zonte, hasta donde no habla osado llojgar la cíp 
noa del salvaje, ni el hombre blanco habla tendir^ 
do aun sus velas á los vientos. Los que a), pripcl* 
pió se habían mantenido firmes, comenzaron i 
desmayar yién^dpie abandonados de «oa amigoa 
en aquellas eostas desoladas. Mas de veinte de 
aquellos desgraéiados habiañí pi'maettOf j los 
testantes ibs^ siyuéBdokjft á lgda frip fc ^ 



242 CONQUISTA DEL PERÜ. 

En esta crítica situación dieron aviso d Pi«nr 
ro lie que habían visto á lo lejos upa lüz por en 
tre unos claros del bosque. Ihteiresole sobre- 

' "manera la noticia, pues indicaba la cercanía der 
alg'nna población, y poniéndose á la cal>eza de 

' tinos cuantos compañeros, se dirigid á hacer un 

^reconocimiento por el rumbo que le indicaban. 
No le §?alio vana su esperanza,' porque después 
de atravesar por un espeso monte bajo, salid á 
un lugar abierto donde se vela un pequeño puc- 

'bio de Indios. Sus tímidos habitantes se pusie- 
ron en fuga á la repentina aparición de aquellos 
estrangeros, y los hambrientos Españoles se arro- 
jaron sobre él pueblo y se apoderaron de cuanto 
encontraron en, las chozas. Solo hallaron cosas 
de comer, especialmente maiz y cocos, y aunque 
el socorro no era muy abundante, llegaba en mo- 
mento tan oportuno, que nó podia menos de lle- 
narles de regocijo. 

* Los asustados indígenas no pensaron en íiacer 
resistenciaV pero como veián qué no s*é irataba 
de ófenrfef sus personas, fueron cobWndo. cón- 
Tííahza,*' y acercándose á )ó"s iJlgíñéós les pregun- 
taron ^ "¿porque no i§e estañan en sus casas la- 
brando sus tierras, sin andar robando álos qne 
en nada Tes Tiabiaii* ofendido?** '* Cualquiera 

pra. r N • )^' jBaatiiQentoÁ ac«noavPM|zido 

es .1 



LlfiROlI.«^A PITÓLO *ít dA3 

ih f}tie fuese la opinión de los Españoles en la enes- 

!p: tlon de derecho, ea seguro que por aquella vez 

? s! sentían no haber hecho lo que les aconsejaban* 

x: Pero los salvajes llevaban varios adornos de oro, 

k de buen tamaño, aunque toscamente labrados, y 

acf esta era la n^ejor respuesta á su pregunta. El 

lia oro era el cebo que inducia al aventurero espa* 

k ñola dejar una patria querida para irse á meter 

s, en aquellos desiertos. Los Indios confirmaron 

c á Pizarro las noticias que ya habia recibido tan- 

tas, veces, de un pais muy rico que quedaba mas 
al Sur, y íe agregaron que pasadas las montañas, 
^. se 'en:^ontraba i diejs jomadas de alli un poderos 

. so monarca cuyos dominios habia invadido otro 

mas poderoso, Hijo del Sol, " Q^uerrían tal vez 
hablar de la invasiop de Quito por el valiente 
Huayna Capac, que se verifico algunos años an« 
tes qu^ la espedicion de Pizarro. Por fin, pasar 
das mas de seis semanas, tuvieron los Españoles 
• * el gusto de v^er regresar la perdida barca qu^.se 



i; 



por me^io del l^ipia, comp diez tando, Paco la» incultas nació- 
Boles de altf habia un Rey mtty nea de laa cercáiúaa de Panamá 
poflfO|fBoj^i]^porf9p«n8X|[)tÍK aota terán Idois coiiíb««i ibiir* 
tañM^jr que otto maa p^dfroso estf revojocion, el lagCLT y twm* 
hífo* ábí Sot haVia veñioO dé'tóí- po en que habia sucedido, y por 
l^gfOfé-qpátMtié ^X1lkemfk"^^(, oi0iip««vlni«0paS»tettmpiio# 
(fie tenian muy sangrientas ba- podían entender bien las alaslo- 
taUas. ** (Montesinos, Anales, nes que á ella haeian en un dia- 
Hjlgl., «íd l&t^) La ipon^inita .Iwstn^doBConoéido, y bMUí U^mi 
de Quito por Huay|ia fa^, se ^lor s^fi^f^q^ W! B^^^**^ 
▼ei^có mas de treltíta aSos fldtes'^ ^ .m * * *a 



244 CONQUISTA D£L PERÚ. 

habia llevado á sus compañeros, y Montenegro 
entro en el puerto coniín abundante acopio de 
provisiones para sus hambrientos compatriotas. 
Horrorizados se quedaron los del buque al ver 
el aspecto que presentaban estos últimos, pálido 
y ¿esencajado el rostro, y consumidos hasta tai 
grado por él hambre y las enfermedades, que 
sus antiguos compañeros apenas podian recono- 
cerlos. Montenegro disculpó su retardo con el 
mal tiempo y los continuos vientos contrarios, y 
también él por su parte venia contando mil lá$* 
timas, dé la desesperación á que el hambre les 
habia reducido en su travesía á las Islas de las 
Perías. Pequeños* incidentes como los que he- 
mos ido refiriendo, son los que nos hacen com- 
prender el estremo S que llegaban los padeci- 
mientos de los aventureros esjAñoles, empeña- 
dos en' continuar la grande obra de sus descubri- 
mientos. 

Reanimados los Españoles con el sustancioso 
alinMBto que hacia tanto tiempo no lograban, 
y con la volubilidad propia de hombres de vi- 
da aventurera y vagamunda, olvidawn ad ptm* 
to sus pasadas fatigas, con el deseo de proseguir 
la comensada empresa. Reombareáadose, pnes» 
se despidió Pizarro dé aquel lugar de tantos su- 
Irimiaiitos, que infamó coa el «apropiado nomb^ 
de JhiertoMSMbnf, y déjiplego de nuevo sv^ 
velas á um bEÍaa faMoMhk %«# hm§tíii^úÍ¡K» 
tamente al Sun 



LIBRO 11.— CAPITULO II. 24S 

: Sr se hnbiéra engolfado atrevidamente en el 
océano en vez de pegarse á aquellas ingrata á 
costas, que tan mal le hablan pagado hasta en- 
tonces su trabajo, se habría ahorrado la repeti- 
ción de aventurad inútiles y fastidiosas^ y habria 
llegado a su destino por un camino mas corto. 
Pero los Españoles no querían apartarse de aque- 
llas costas desconocidas, ni dejar de tomar tier- 
ra en todos los lugares que podian> como si te- 
miesen que se les escaparía alguna región fértil 
o alguna rica mina si interrumpían en cualquier 
parte su minucioso reconocimiento. Debe te- 
nerse presente, sin embargo, que aunque noso- 
tros, familiarizados con la topografía de esos paí- 
ses, conocemos perfeetJimente el lugar á donde 
Pizarro se dirigia, él andaba vagando entre ti- 
nieblas, avatízado palmo á palmo» por decirlo así, 
j^in mapa que le guiase» sin conocer aquellos ma- 
res ni la dirección de las costas, y por último» 
^in otra idea del objeto que buscaba, sino que 
era una tierra abundantísima en oro» que estaba 
Aácia el Suh Aquello era buscar un El Doraday 
sobre noticias é informes, apenas mas fíp'cunstan- 
ciados y dignos de crédito que los que dieron 
origen á tantas espediciones á esta tierra de ma- 
ravillas. Solamente su feliz éxito, que es el me- 
jor argumento para convencer á la multitud, pu- 
do libertar de la nota de loctira á la espedicion 
de Fizarro.. 



246 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Continuando su derrota hacia el Siur con vien- 
to de tierra, se cncontrc), después de una brevQ 
travesia, frente á un pedazo de terreno despeja- 
do, o á lo menos no tan boscoso, que se iba ele- 
vando gradualmente según se alejaba de la cos- 
ta. Desembarcó con una corta partida, y ha- 
biendo andado un poco se encontró con un pe- 
queño pueblo de Indios. Estaba desierto por- 
que sus habitantes se habían huido á las monta- 
ñas al aproximarse los invasores, y entrando los 
Españoles en las habitaciones abandonadas, en- 
contraron una buena provisión de maiz y otros 
alimentos, y varios toscos adornos de oro de 
bastante valor. No era menos necesario el ali-* 
mentó para sus cuerpoSi.íque la vista del oro de 
ct(an3o en cuando para renovar su sed de aven- 
turas, ün espectáculo isín embargo, se presentó 
á sus ojos que les heló la sangre en las venáis; y 
eran varios pedazos de carne humaba que - esta- 
ban asándose juntp al fuego, confio los habian 
dejado los bárbaros que se preparaban sin duda 
á celebrar su asqueroso banquete. Copociepdo 
por esto los Españoles que habian dado con pna 
tribu de Caribes, pues era la única raz^ <19^,,^<^ 
sabia usábá el antropofagismo en esta parte del 
Nuevo Mundo, se retiraron precipitadamente á 
sus ernbarcaciónes. ^' Una triste familiaridad no 

47 f*Y em las Ql{|s de 1<| co- tre Dü Qonnb, que gafctbaj^ lastra 
mida, qne estabáK at fuego > en- Pies i.Maaoe de. Hon^bve, iSm 



UB&O II.--CAPITULO lU 247 

lea había heth/o ami indifárentes á tal espec» 
iaeulo, come sucedía á los conquistadores de 
JKéjico. 

£i.tieiBpo qoe hasta entooces había sido fa* 
yorable, se convirtió de repente en tempestaoso, 
Qpn violentos chubascos acompañados de true* 
Aos y relámpagoS|V la lluvia, como es común en í 
las tempestades délos trópico^, ya casi no baja« 
baeo gotas, sino en sábanas de agtta*\ A pesar 
de eso prefirieron los Españoles aventurarse en 
el agitado elemento, á permanecer en un lugakr 
^n que se practicaban tales ¿ibominaeiones. Pe* 
ro el furor de la tempestad fué disminuyendo po* 
CD á poG^ y la peqi^eña embarcación siguió su 
camino á lo largo de la costa, hasta que llegan* 
diE^fr^enteá una avanzada lengua de tierra, que 
Pizarro llamó Punta Quemada, dio orden de sol* 
tar el ancla. A la orilla del agua habia una an* 
cl;^a.faja de mangles, cuyas largas raices enlasMín* 
dase unas con otras, habian formado debajo del 
* agua una especie de enrejado que impedia el IÍt 
bj^e acceso á ^ cost^. Varias veredas que all'a* 
vesa|)an aquella espesura, hicieron conj^tOrAr á 
Pizajrr09(qu.e ej pais debia estar *']^fHtad|p%iy> m 
consecuencia desembarcó con )a mayor partd db 
sus fuerzas para explorar el interior, 
^^penaf^ habia andado, una; legua, cuando U 

d^náe oo]iocieh>ix, que aquellói Híst. <5ei;i2rii], dec, 3, lib. 8, cap 
Indios «rail Caribes," Qerranii U, 



/-^ 



948 CONQUISTA BEL TEKV* 

vista úé ana ciudad india, mayor qaé las que ha-^ 
bia hallado hasta entonces, situada en una emi- 
nencia y defendida por unas estacadas, le desen- 
gaño de que no eran vanas sus conjeturas. Los 
habitantes habian huido como de costumbre, pe- 
ro dejando en sus casas un buen acopio de piró- 
risiones, y algunos adornos de oro qvte los Espa^ 
ñoles no tuvieron escrúpulo en apropiarse. La 
débil embarcaeioi!^ át Kzarró habla quedado tan 
estropeada con tos borrascas que había resisti- 
do dltimamente, que ya no ofirecia seguridad pa- 
ra continuar el viaje sin recibir reparos de con*- 
sideraciofl, que era ioiposible hacer en aquella 
cesta desamparada. Determintí por lo mismo 
enviarla á Panamá con udos cuantos marineros» 
para que alli se carenas^» y .l^.inieii%yaiS( iras 
cuarteles en aquel lugar, qtne era muy propio 
para la defensa; pero antes despachx5 á Bfotite- 
Begro con una pertida, para que reconociese el 
pais y entrase si era posible, en relaciones coa 
los naturales. 

Eran estos de raza belicosa» y soiohabias 
abandonado sus habitaciones para poner en sal- 
vo sts Mugeres é hijos. Pero no habían perdi- 
do de vista los movimienjtois del enemigo» y cuan- 
do vieron qne sus fuerzas se dividían, resolvie- 
ron caer Sobre cada división por separado, antes 
que pudiesen reunirse. Así pues, tan luego co- 
mo Montenegro se empeña en los desfiladero» 



4ci üqtiellog elevados derros, qae se despreiufon 

cipimo ie$p<>loiie9>de^iáe ooiídiUene en esta parte 

4^imemtáiS9íU»rén*á&ia e$eoiílMtey despidie- 

jrotf Una iélom de fleehas y btros proyéétiles» con^ 

^eimatarov trayl españoles é hiriéi^ muchos, 

-nHÓBtras^haemnt^sonartos IÑMi^es veek^s c^n 

^aiajgfpéoai^ds áe gtumí: Sh^É^préfididoA los 

Españoles á lairepenttba üoóítOéfidtt d^ aquellos 

«gJvsrf» 'desüfidús, '^Alados de Vatios colores, 

y biáÁttdi^Eido ras arfíias; que sé yeian Vbotar por 

todábpartes ^kr entre ím árboles y malezasi se 

dedoiilénarbn>pbr un taieménto. Pero teuniéiH 

dése alpuatóy-eoiltestardti la descarga de sus 

agresores tMinolm de síis 'tiállestá^^ porquetas 

tropits de Pisfanrd no flévilbau 'armas de niego 

en e«l$L expedieidií, y cargando en Seguida con 

valor sobre el enemiébj-'^spada en mano, colisi- 

guíecbíK' ]ieeha2árle'''le!|8fta sus guaridas de las 

meniañiM. Masno «lonbiguieiron ot^o resaltado 

qué baceár eaoAiar el teatro de las operadones, 

y que cayesen sobre f^Bsrro antes qae su teniea^ 

• e pudieae soeorretie. 

Aprovechándose di súconióeimiento del ter- 
reno llegaron á tos euarteles del comandante 
nmeho aotés que M%mtenegro, aunque évte ha- 
bla écoatifMiiarebad&inmediatámtiite^n aquelte 
dirécoioB* Y saliendo de los bosqueé aqúellóé 
atrovidoB: sal«agea,aakidanm i lot 
c%m ña dilQvio de jpechas y (^NdMb 4^^ 



fl^usios péBelmrpn por ^s jtmtens de bi e(h 
'mM^> y las ;anafehnda8»coiUis íie iM^^i^liáUéros. 
J^c^a Piiarr^, qr^ 8ol4ajk>4e idemasíadii «spaáéñ*- 
.fia p^q . %|ie , le eog^os^a deBprfewéíéo; Reo- 
lú^n^Q Áít/^M genl^y resolvíanlo «sp«tittr eo- 

Ji^ y l^WQ^i^ ,^«neq^p len tos rntoi^: fpfsicio- 
;i)fis, l^os b^rbaro^, que^hf^biao avletüamlo. liashi 
9erca de la9 ¡^stacadi^f^, r#|4rocedÍ9ffOQ:d9ÍjfüWÍo8 
£spañ<>les . se iicrpjf|[ri9^ Al^ra e^n Jsa tisítente 
paadiUo:fí.la cabfM* . 9|[|ls vptvieÉda.hiMedjata- 
medilte i la.e^i'ga qm; e^raoa feroeiéad^ y dÍTir 
^ién^P^se a Piaiarroi qaeg^pa fiustUdad reoenocie* 
;rQn ser el gejfe por a^ altivo {Knrte y aire de au- 
;tar¡dad,le dt^sf^rgarotv^td jaube de proyeotiJes, 
que le hirieron aa^ o^eiios que en siete pMiteSv 
i pef?ir de sa arin^ui^.^i 

Incapaz de resistir f^>fy$fe Eis^paHel el tiape- 
tuofo ataque dirigido e)9ipi?esai»tftK á «a perso* 
na, s^fue retirapdd pomna ciiesiiaaba^Of defen-' 
4}én<^seJo^p4eá^ .^i«ei pi9^ eoA su f^apada y ro« 
déla, hasta que dio un paso enifalflo y eñjó* El. 
enemigo al2(4^^toOj(»e^jpi gKítudi^ triunfo» y los 
vías atrevidos se \e echaron .ctOfciJna para acabar* 
I9. P^^ Pifiairof e l^fts^ al puntoí en pié^ y echan- 
¿p.á ^rr^ c'fOi^ftt robusto brasBi^rá los dos prime- 
^{i^y eontijivo á los demás bia^ta.qtte.sus soldados 

vl^At**#' **«%» ««HW« -TaB«ll», .CSéliq- ;del P#rú, Hb. 1. 
na, MS.-?Xer^, Conq. del Pe- cap. l,.r-BaIboa, Hkt. du Pérou, 



llegaron á socorrerla. Admirados los b^rl^aros 
de, tanto valor comenzaroi^ á vacilar, ¿ Quy^ pali- 
to aeertd ¿llegar Mojifeoj^gro^y t(nn^U)4olp8p^ 
'la espalda paso elcolr^o.^^/sac^fa^it^ 6^a )p 
qaeabandonaf;on el campa {^r^/ft^t^t^^ameq^A jifp 
escaparon como mejaripci4i/^pr^ ¡4? laa ji)09|añQ||9. 
^£1 saelo qi])^d(j cubierto de ci^¿ver#§; pero la 
victoria se comprrf muy cara con \^ muerte de 
otros dos Españoles y ana nsialtítud de heridos. 
Juntáronse entonces. á deliberar* Aquella pcf- 
^pion había ya perdido todp sa mérito á 1os.(Cx|o9 
de^lo^ ^pa^ol^ pues era..la.primeia :ve« ^^ít 
^eacpntraban x^^gistencia en-^} cui^so 4^ f^ MP^ 
^dieioi^;. era ademas f^f»^^o l^^y^r < loñhpj^f4^^ 
,á algu^,para^e<f(eig^rp en^offifl^pticli^i^an can^tr 
sBf y Qo^pafTeeia pm4ente so^yir adelante ea.ua 
buque tan estropeado. Res^vieron por, tanto» 
el regresar y dar cuenta de sus operfi^iones al 
gobernadora, y aunque no sehabian renlíaadp laH 
jiisop jeras esperaiazas-4^ los^v^itureros, Pi^Mr 
Tfy creia q^^ lo bee^o4>astaba para demostrar }a 
impo^tfincia de la einjj^e^^; y^ conseguid. I^.cqoi 
per^^eion.de Pedrariaspv^.pfiaíipfpirla,^^^ q v.;> 
^^ ^Pizarro, empero, no podia.c^pr^pnnw^se cop la 
i^lea. de comparecer ante el gobernador,, en el 
estado que guardaba la empresa. Bispuso, puesy 
f^qe le 4ft5»ewbarcasea^,coa sus principales, eoni- 



'§S2 CONQUISTA DEL PERl). 

pañeros eüChícamá, lagar situado en el conti- 
tiente^ á ún^ corta distancia al O. de Panatná 
Desde éste lugar, % donde arriben sin novedad 
deiápacht( en el buqae á su tesorero Nicolás de 
Ribera, con el oro que Babia recogido, y ¿rden 
♦de presentar al gobernador una relación circuns- 
tenciádade sus descurbrimientos y del resultado 
de la esfíedicion. ' 

Mientras ésto pasaba. Almagro, el socio de 
PiSííirro, se hábiá ocupado asiduamente en des- 
pachar de Panamá otro buque para acompañar 
la e&(pedioton; pero á pesar de su actividad, has- 
ta mueho después áe la partida de su amigó no 
estuvo listo pata seguirle. Con el auxilio de Lu- 
que eonsigoitf ál fin habilitar una pequeña cara- 
vela, y formar un -cuerpode sesenta ó setenta 
aventureros^ la mayor parte de la geiíte mas per- 
dida de la colonia. Iliíó rtímbo en seguimiento 
de su compañero, con intenéion de alcanzarle lo 
xüas pronto posible. Por medio de señales en 
la corteza dé los árboles, convenidas de antema* 
no» pudo recotaoeet kni logares que habia visiüh* 
do Pizarro;.Puettb dé Pifias, Puerto de la Ham* 
bte; Pueblo Qu^Mádo, tocando sucesivamente en 
todos los puntos en que habiah tocado sus cotn- 
pátriot^s, aunque en tiiücho menos %empo. En 
el ültiiáo lugar de los mencionados, le reeibieroK 
los £o9eicm indigenaa ccm laa hiímiís demostea* 
I á Viado»^ «PfM ea él calo 



• 
•^ 



IIBRO Íll-^CAPITULO II. 253 

'5prese¿te, los Indios Ao sé atrevieron á salir de 
sus posiciones. Pero esta resistencia exaspero 
úé tal modo á Aímagí-o, que asalto la plaza es- 
pada eri mano, la tomrf, püáo fuego á las defen- 
sas y habitaciones, y ahuyento los infelices habi- 
tantes á los bosques. 

Cara le casto sin embargo sn victoria. Una 
herida de jabalina en la cabeza, le ocasiono una 
inflamación en tm ojo, y Üéspues de padecer mu- 
cho tiempo, acabd por perderlo. Mas á pesar 
dé sú herida, no dndo el intrépido aventurero eñ 
proseg;uir su viaje, y después dé tocar en varios 
punios déla costa, donde recogió un abundante 
botín de oro, tlegó á la boca del ño dé San Juan, 
h^cia los 4^ dé lat. N. Llamoié la atención la 
belleza del rííí'yio cliltívadó de sus riberas, en 
ias que se véran esparcidas muchas cabanas dé 
Indios que manifestaban cierta habilidad en su 
tednstruccion; denotando todo una civilización 
mas adelantada, jjue cuanto hasta entonces ha- 
bía visto. ' 

En medio dé su satisfacción, la suerte de Pi-;- 
zarro'y sd^ compañeros llenaba su ánimo de in- 
quietud; En* tantb tiempo no había encontrado 
rastro de ellos en la costa, y era claro, que o el 
mar losihábia tragado o habiañ regresado á Pa- 
namá: Esto le ■ parecía mas probable, puesto 
que elbuqueupodia }^ev pasado á su lado sin 
iieír v¡8*6, ya por la oíícuíMad tt(í*la líoühe, ó pót 
I. 24 ^ 



254 CONaUISTA DEL PEUÜ. 

lás densas nieblas que 6 veces ottbren aquelfagí 
costas. 

Persuadido de que asi era, ya no tuvo ájaioip 
para proseguir su viage, para lo que tamjK>co 
era nada á propósito su único baque con su es* 
casa dotación de gente. Resolvió, por lo misu 
mo» volverse sin mas dilaéion. Ea su travesía 
tocó en las Islas de las Perlas, y allí «upo el re** 
sultado de la espedicion de su amigOi y el lugar 
en que entonces se hallaba. Dirigió^ injne- 
diatamente á Chicamá» y los dos caballeros tur 
vierpn muy pronto la satisfacción de abra;Earsei 
y referirse mutuamente SM hechos y peligros^ 
Almagro volvia mejor proviato de oro que sii 
compañero, y en todas partea le habían confir- 
mado la existencia de u» opulento y podeP04O 
imperio en el Sur. Los de8cubriiaieuV>s d^ est- 
íos dos amigos estrecharon mucho «u intimidad 
y no vacilaron qn comprometerse^ mutnam^üt^ 4 
morir antes de abaldonar sfx empresa» ^ 

Siguióse una seria y detenida discusipu sobria 
el mejor modo dQ reunir U gentil que uecf^aita- ■ 
ban para tan formidable empresa* que ahora lea 
parecía mas formidable que antes. Decidieron 
por último que Pizarra se que(]^ia m ai^ actual 

harro, Relación Sumam, MS. — n^ 4^. 3, IH>. 8^ ^p. IX^^hPr 
¿árate, Conq. del Pero, loe. cít. vini» ApoUonius, fol, 12» — Go- 
««-Bidbim, Hitt dn Pénm, ^p. imiq, Wsí*in U» bidias» capit* 



LIBRO lI.«^-CAPITtrLO lU 

alojamiento, á pesar de que la humedad del 
ma y loss enjambres de insectos, le hacian inccf- 
modo y aun malsano. Almagro habia de ir á 
Panamá á presentarse ante el gobernador, y con- 
seguir, si posible eraj ¡^ue protegiese la conti- 
nuación de la empresai Si por este lado no se 
encontraba tropiezo, podia esperarse, contando 
con el apoyo de Luque, reunir los pertrechos ne- 
cesarios, mientras que el resultado de la recien- 
té espedicion era bastante favorable para atraer 
aventureros á su ba^dera# entre mjoia gente tan (m^K^ 
is^dmto do aventuras» que eiieo»t]ra^ placer en í^ 
el peligro, y que miraba la rida conso una cosa 
despreciable comparada con el oro/j 



OAPITXTLO III. 



El famoso Contrato.-t-Segunda Espedicion. — Reco- 
noce RüIZ LA COSTA. PADECIMIENTOS DE PlZARRO 

EN LOS BosauES.' —^ Llegada de nuevos refuerzos. 

>-^NüÉVOS descubrimientos y reveses. — PlZARRO EN 

LA Isla djbj, GAtLO../ ,, 

1526— 1527. 

A su llegada á Panamá se encontrcí Almagro 
con que los sucesos habían toméido un curso me- 
nos favorable de lo que él pensaba. El gober- 
nador Pedrarias se preparaba á ponerse á la ca- 
beza de una espedicion para ir á castigar un ca- 
pitán que se habia rebelado en Nicaragua, y su 
genio, que nunca era muy amable, se habia agria- 
do mas con la defección de aquel subalterno, 
y la necesidad en que le ponia de emprender una 
marcha larga y peligrosa. Así pues, cuando se 
le presentó Almagro pidiéndole que le permitie- 
se levantar gente para continuar su empresa, le 
recibió con manifiesto desagrado, y escuchó con 
frialdad la relación de sus pérdidas, manifestán- 
dose muy incrédulo respecto de sus magníficas 



LIBRO 11. — CAPITULO III. 257 

promesas para lo futuro, y concluyó por pedirle 
bruscamente cuenta d^las vidas que Pizarro ha- 
bía sacrificado á su obstinación, y que en el ca- 
so presente le habrían sido muy útiles para su es- 
pedicion á Nicaragua. Negóse redondamente á 
seguir protegiendo las descabelladas tentativas 
de los dos aventureros, y la conquista del Perú 
habría muerto en su cuüa si no hlibiese sido por 
la eficaz ayuda del otro sóck), Fernando de 
Luque. 

Muy distinto era el efecto que líabia produci- 
do la relación de Almagro en este sagaz clérigo 
y en el irritable gobernador. Sin duda que los 
resultados de la empresa, en cuanto á oro y pla- 
ta, h^bian. sido hasta entonces bien mezquinos , 
formando un triste contraste con lo grandioso 
de sus esperanzas; pero considerados bajo otro 
aspecto eran importantísimos, porque las noti- 
cias que los aventureros habian ido recogiendo 
á cada paso, confirmaban del modo mas esplíci- 
to las que ya antes se habian recibido de Anda- 
goya y de otros, respecte^ de un opulento impe- 
rio indio que existia en el sur y podia compensar 
el trabajo de conquistarlo, así como México ha- 
bla compensado á Cortés de sus fatigas. Pene- 
trado, pues, de las mismas ideas que sus socios, 
empleó todo su influjo con el gobernador para 
inclinarle á acojer mas favorablemente la peti- 
ción de Almagro; y no h^bia en la pequeña po- 



258 CONQUISTA DEL PERÚ. 

blacion de Panamá quien tuviese mayor influen- 
cia en las deliberaciones del gobierno que el 
Padre Luque, la qqe debia no menos á su carác- 
ter de sacerdote que á su discreción y recono- 
cido talento. 

Vencido Pedrarias d,e las rgizones o de la im- 
portunidad del buen Padre, accedió, aunque con 
repugnancia, ^la solicitud; pero al mismo tiem- 
po tuvo cuidado de manifestar su desagrado á 
Pizarro, á quien echaba la culpa de la pérdida 
de sus compañeros, nombrándole por adjunto á 
Almagro en el mando de la. proyectada espedi- 
cion. Este desaire hizo profunda, impresión 
en el ánimo de Pizarro, quien con razón ó «in ella 
entr(í en sospechas de que su compwero liabi^ 
solicitado del gobernador este nombramiento • 
Resfrióse su mutqa amistad por algún tiempo, 
aunque al fin se reconciliaron, á lo menos en apa- 
riencia, al reflexionar Pizarro que al cabo valia 
mas que se hubiese investido de esta autoridad 
á un amigo que á un estraño, o acaso á un ene- 
migo. Pero siempre quedaron en su seno las 
semillas de una continua desconfianza, que con 
el tiempo hablan de producir una abundante co- 
secha de discordias. ^ 

En los principios era Pedrarias interesado en 
la empresa, o por lo menos convino en tener de- 

1 Xerez, Conq. del Perú, ap. — Herrera, Hist General, 4ec. 3, 
Barcia, tom. III. p. 180.— Moa- lib. 9, cap. 13. 
•iuotss, Atmle^, MS., ftJSo lfí!fó. 



LIBUO lU — CAPÍTULO llU {2^ 

recho á las ganancias, sin haber contribviidp con 
un ducado para las espensas. Después consi- 
guieron que renunciase todos sus derechos alas 
utilidades que pudieran resultar; pero al hacer- 
lo manifestó un espíritu venal, mas propio die un 
mercachifle que de un empleado de alto rango. 
Propuso Á sus socios que le abonasen la suma 
de mil peso3 de oro en pago de su condescen- 
dencia, y ellos ^e apresuraron á asceptar la pro- 
puesta para que no los molestase mas con sus 
pretensiones. ¡Por aquella miseria renunció á 
su parte en el rico tesoro de los Incas! • Pero 
el golxernador no estaba dotado del dojQ de pro- 
fecía, y &u avaricia era de aquellas tan mezqui- 
nas que redundan en perjuicio propio. Había 
sacrificado al valiente Balboa precisamente cuan- 

Q A»i lo refiere Oviedo que nian haciendas para temar cok 
te haU6 presente á la entrevista provisiones y gentes que todo lo 
del gobernador con Amagro, en habían gastado, el dicho Pedra- 
^e se convinieron los términos rías de Avila les dijo, que ya el 
de la transacción. Este diálogo, no quería mas hacer compaSia 
bastante divertido y bien redacta- con ellos en los gastos de la ar- 
do por «1 aHiligao crotúaía, poe- mada, que si ellos querían volver 
de v^rse en el Apéndice, núm. á su costa que lo hiciesen; y ansí 
6. Yjh la Rdacion de uno de como gente que habia perdido 
los conquistadores del Per6, que todo lo que tenia y tanto h|kbia 
tanjtas veces he citado, se cuenta trabajado, acordaron de tomar á 
de otro modo ^1 asunto, y según proseguir su jomada y dar fin á 
«lila, Pedrarias se separó volun- las vidas y haciendas que Íes que* . 
taxiamente de la compañía dis- daban 6 descubrir aquella tiem, 
gustado por el mal aspecto que y ciertamente ellos tuviero|ai grao- 
presentaba e! negocio. "Vueltos de constancia y ánimo." Rel^r 
con la dicha gente á Panamá, des- cion del Primer. Desc^b.*.])!^. - 
trozados y gastador' que^a u.o.te- 



* 260 • CONQUISTA DEL PERÚ. 

áo le abria él camino para la conquista del Pe- 
ni y ahora sé empeño en amontonar obstáculos, 
cnando Pizarro y sus compañeros se preparaban 
á seguir sus huellas. 

A poco de esto, en el año siguiente, le sucedió 
en el gobierno Don Pedro de los Rios, caballero 
eordobés» Era política constante de la corte no 
"dejar que los gefes principales de las colonias 
ocupasen un mismo puesto tanto tiempo que lle- 
gasen á hacerse temibles. ^ En el caso presen- 
té habia ademas otros muchos motivos de dis- 

• gusto contra Pedrarias. El caballero que envia- 
ron en sil lugar llevaba instrucciones amplias 

-para procurar él bien de la colonia, y especial- 
mente el de los naturales, encargándosele su 

-instrucción religiosa como uno de los objetos 
principales, y declarando espresamente suliber- 

3 Yá'habiJ echado de ver es- imperio de los Incas. Vivió pa- 
^ ta política el sagaz Pedro Mar- ra averíguar y dejar escritas las 
tir. "De mntandis namque plae- njaravillas de 
risque giibernatoribus, ue lon^a 
nimis imperii aasaetudine inso- 
téscint, cogitatur, qui praecipue 
non fuerint prouinciarum domi- mas no le alcanzó la vida para 
teres, de hisce ducibus namque admjrar 

alia ratio ponderalur." (De Or- ^, _ ^ 

u *T /r» • •• iec^\ Ana \ Bl Owzco, del Perú la maraTilla, 
be Noto, (Pamu., ISST) p. 498.) pe Atah«iülpa«M noble y ríe. .1- 
No puede uno menos de sentir ^u». (j) 

• que eí filósofo que tan vivo ints- 

■ res tomaba en todo lo que suce- (*) La traducción de estos ver- 

sivaníente se iba descubriendo en sos, y la de todos l«s denvis q»e 

el Nuevo Mundo, muriese antes se hallan esparcidos en la obra, la 

*de que se hubiese roto el velo debo á la bondad del Sr. P*IC< 

que ocultaba á los Europeos el CoUadd — T^ 



Méjico la opulenta, 

Donde «n trono Mocteeama ssiente; 



LÍBRO II,— -CAPITULO IM. 25l 

tad personal como vasallos de la corona de Cas- 
tilla. Eá; preciso convenir en que las. providen- 
cias del gobierno español eran generalmente dic- 
tadas por una política, humana y conciliadora; 
pero la codicia de los colonos y la crueldad de 
]o§( conquistadores las hacian siempre ilusorias. 
Pedrarias gastó lo§ pocos añoS qqe . sobreviví© 
á este suceso» en mezquinas reiu^illas publicas y 
particularesi pues continuaron empleándole, aun- 
que en destinos no de. tanta importancia como 
los que hasta entonces habia desempeñado* Ne 
^s muy envidiable la reputación, que dejo á »a 
muerte, ocurrida poco, después: nos( le pintan co- 
mo bombre de espíritu.pusilánime, y al misno^ 
tiempo incapaz de sujetar sub pasiones^que des- 
pl,egD á pesar de eso cierta energía, ó mas' bien 
ardor para acometer nuevas empresas, que ha- 
bría producido, xesultados favorables si hubiera 
sido empleado- con acietto. Por desgracia le 
faltabal talento,! y lasinx^ supo iempiear esta cuali- 
dad en provecho de su patria ni en el suyo propio. 
Arregladas las .diferencias con el>goberjiador, 
y pbte^do su consentimiento para k empiresa, 
no perdieron tiempo los asoeiíados en hacfer los 
preparativos necesarios para ella. Su primer 
paso fué estender el memorable contrato que sir- 
vió como de fundamento para sus negociaciones 
futuras, y como en él se encuentra el nombre de 
Pizarro, parece probaii4e«<^^^<mte>^geft se hahia 



?2(RÍ CON^tTlSTA MIL PERÜ. 

trasladado á Panamá tan Ine^o como estuvo ga« 
nada la yol«ntad del gobernador. ^ En este ins- 
tramento, después de mvoear del modo mas so- 
lemne los nombres de la Santísima Trinidad y de 
la Virgen María Ntra Señora, se asienta, que por 
cuanto las partes tenían plenois poderes para des- 
ettbrir y coii<iaistar las tierras y provincias al 
mediodía del golfo, perteñeeiente»al imperio del 
Perú, y Fernapdo de Lu^ue había adelantado los 
fondos neeesai?!08 para la empresa en tejos de 
^om, hasta la suma de veinte mil pesos, se obli- 
gan mutuamente los coiitratantes á dividir entre 
iú pori parte iguales todo el territorio que se con- 
qnistase. £sta cláusula se repite luego muchas 
v«ees, en especial por lo tocante, á Laque, ^éa 
9e decida te&er derecho á la tereera parte de to- 
4j9fi las tierras, repartífliíeBtoS) tesoros de cual* 
quíecaí especie, oro, píate y piedrae preoiosas, y 
aña ül terdio de todos los vasallas, reatas y emo^ 
huaeiitos qite }nrovÍQÍesea de 1$;» mercedes que 
la eoiona pudiei«k baioer en lo suceeivo á caai^ 
quiera de sus dos soeios, para su propio apro- 
vecb«mieato, el de sus herederos, apoderadoSt 
^ representantes legales. 

4 Contra la major parte de nion da ademas major frobabilí- 

las autoridades, aunque no con- dad la fecha del documento, el 

tra. el juicioso Quintana, lie se- que «elo be bfdlado tu exUnso ea 

gliido á Montesinos en poner la Montesinos, j no en ningún otro 

celebración del contrato al prín- de los autores antiguos qtt« b* 

en ^•z diB la pnxata^, A«iüo^« 



ho$ ám eapitaoM 9e #am|irpnieten del modo 
i^as Bokicm^ 4 dedie9rs<9 M^usiyamente ala 
empresa ba^Mia Uewla á cabo, y en easo d« fal^ 
ifsa al <anv«iiiOi ^e.obUi^as Airembolaar á Luque 
4e dw adeUntoa, pava lo qw bifiotaeaii todo 
euftoto posean; 8Í£ado baalante esta declaración 
para ^|ae %»í se les obügna á efeo^aarloy lo mist- 
ólo ^ue 3i aa ja«a connótente hubáeae pasado 
acBfteaeia en ooiii(bra¿> 

liQa.gefea Pízwpo j Alaiagro jarafon fardar 
leligiosamentelo pae^o, en al nombvede IMos 
y de los 8anlo$ Eiaangeliosti poniendo la mano 
«otNre nn imsal y haoieiido aobre él ki seial de 
laissinta Crm^K SUm Baa? man- mayor firmeza al 
convenio, el Padre Luque administra la cornil^ 
moa á kis oontuatantes» dividiendo la hostía con^ 
«agrada.en trae pante^. goardaiiéa ana para sí y 
daado otra á cada nao doi loa doa «apitanes; 
m¿entraa que i los eiroani4M(Ma sé k« rodabifea 
las légriaiaSf dteA tm.hástonador» al preoenoiar 
Ms ^plemBseaeeiiémomascon qne estoa hombrea 
a^ sacrifieaban YOlnManaBsente'á'na^empefíoqae 
|iaá?eeía pono méaoa qoe locara. '^ 

Se estendid este instrumento en 10 de Marzo 
de 1526, y fué &rmado por Loque» siendo tasti^ 
§ois títeíB vecinos respetables de Panamá: uno de 

5 Monteaioos, eomo ^a 4ije, ajio 15^,} y puede y|er}o fl lef- 
ttaé por entero eite eetraordiiift- t9r 0x1 •! AjfMicf, ufmh^^ 
rio docamea)0; (Anakii, M8.> ..... .v 



364 ' COVWfiBYA 0EL ]^)BAU« 

ellos ñx'má por Pizarn» y otit> poír Almagro, á 
/caasa de que> ninguno de los dos saina firmar, 
segan se espresa. en ei misma instramento. ^ 

Tal fué el estraño «onvenio eA qae tres pe^ 
semas: osearas hicieron pedazos j se repartieron 
an imperio de coya estension^ poder, recursos, 
situación y aun existencia, solo tenian ideas va- 
gas y confusas: £1 tono de segiirídad y certe- 
za con que hablan de la grandeza de este impe- 
rio, y de, sus inmensos, tesoros, lo que después 
confir^maron Iqs sucesos, pero que entonces ape- 
aos: podian saber, ^ma un notable contraste con 
U ibdifereftcia é incredulidad qne manifesrtaban 
9obre ¡este puntoilodos los ^habitantes de Pa- 
namá. "^ . V ' 

£1. tono, religioso deldnstrumenta no es una de 
sus pajctioularidadea:meaos.notabies, sobre todo 
,si sie Qompspra con: la. inflexible política que si- 
^ier^OA en. la eooquista del país aquellos mismoB 
JiOmb^e^ q!ti9 lo firmaroi). ^'En'el nombre del 
DiosdePam" dice: el. ilustre historiador de la 
Amérícay.^^marotii u». contrato que tenia por 
objeto la matanza y. él saqueo/' ^ La refiexioa 

6 Sobre la cuestión de si Pi- dre Luque 6 loco, le llama Oviedo , 
zurro Había 6 n» escribir, lo quo - como m fhéran AÍn6nimo«. HisKh 
se ha disputado bastante, véase ríi| de las Indias, Isl^ o Tiem 
el libro 4, cap. 5, de esta historia. Firme del Mar Océano, MS., 

7 Al Padre Luque por sus in- Parte 3, Hb. 8, cap. 1. 
cansables esfuerzos en favor de '8 ' Robertson, América^ toI 
la espedicion, le daban, jugan'dó IH. p. 5. 

del vocablo, el apodo de kte^ Pé- 



LIBRO II. — CAPITULO III. 265 

parece justa; mas al criticar laiT acciones, así 
como los escritos, es preciso que tengamos en 
cuenta el espíritu de la época. ^ Era natural in- 
vocar el auxilio del cielo cuando la empresa He* 
vaba en parte un fin religioso. La religión fi- 
guraba siempre mas ó menos, cuando no fuesp 
sino en teoría, en las conquistas de los Españo- 
les en el Nuevo Mundo. Nadie duda que coa 
estas consideraciones elevadas se mezclabaa 
otras mas mundanas, en proporción del carác- 
ter de los individuos. Pocos son los que se pro- 
ponen pa«ar la mayof parte de su vida en conti-* 
nua actividad, sin que tengan en él cierto influ- 
jo algunos fines personales, como la fama, I03 
honores y las riquezas. Sin embargo, la reli- 
gión es la clave que sirve para esplicar estas 
cruzadas de América, por grande que fu^se la 
violencia en que se llevaron á cabo, y de esto ao 
queda duda al recorrer la historia de su origen; 
al ver la esplícita aprobación que merecieron á 
la cabeza de la Iglesia; la multitud de zelosos 
misioneros que seguían las huellas de los con- 
quistadores para recojer la rica cosecha de al- 
mas; las repetidas instrucciones de la corona cu- 
yo principal objeto era la conversión de los na- 

9 Un crítico imparcial debe apli- 

•*Leer debe las obras del ingenio car la misma regla á lai acciones 
Coa espíritu igual un juez idóneo. « ¿ i^g CBcrito«, y al jnzgar de la 
Al que animaba del autor lamente," i-j j i i j ^ » , 

moralidad de la conducta de cua|<* 

(íice el ilustre cantor de la Ra- quiera, debe tener muy presenttf 
zon. «1 espíritu de! ñglo que la diricia 

I. 25 



266 CONQUISTA DEL PERU. 

tárales, y las prácticas supersticiosas de aqudlos 
soldados endurecidos, que si bien pueden atri- 
buirse á fanatismo, las hacian con tal sinceridad 
que es imposible achacarlas á hipocresia. La 
cruz que enarbolaron y recorrió aquel desgracia- 
do pais abrasándolo y consumiéndolo todo, era 
una enseña de destrucción; pero siempre era la 
cruz, el signo de la redención del hombre, la 
única que podia librar de la perdición eterna á 
millares de generaciones que aun no habian ve- 
nido al mundo. 

ün hecho notable que hasta ahora se ha esca- 
pado á los historiadores, es que Luque no era 
el verdadero interesado en el contrato, sino que 
representaba á otra persona que habia puesto á 
su disposición los fondos necesarios para la em- 
presa. Esto resulta de otro instrumento, fir- 
mado por el mismo Luque, ante el propio nota- 
rio que estendic el contrato primitivo. Este do- 
cumento declara, que la suma de veinte mil jw- 
$os adelantada para la espedicion, la proporcio- 
no el Licenciado Gaspar de Espinosa, residente 
entonces en Panamá; que el vicaria obro tan so- 
lo por su orden y como agente suyo, y que por 
consiguiente, el dicho Espinosa, y no Qtra per- 
sona, tenia derecho á la tercera parte de todos 
los provechos que resultasen de la conquista del 
Perú, La fecha de este documento firmado, por 
tres testigos, uno de los cuales firma también el 



Libro ii.-^-^apitulo iii. , 267 

otro contrato, es de 6 de Agosto de 1531. ^^ El 
Licenciado Espinosa era un magistrado respeta- 
ble que habia desempeñado el puesto de alcalde 
primero en el Dañen, y tomado luego una par- 
te muy activa en la conquista y población de 
. Tierra Firme. Su caráeter y su empleo le gran- 
geaban mucha consideración, y no deja de ser 
estraño que se sepa tan poco acerca del modo 
con que le cumplieron un convenio hecho con 
tanta solemnidad. Probablemente le sucedió lo 
mismo que á Colon; que la inesperada grandeza 
de los resultados, impidió que se cumpliesen al 
pié de la letra las estipulaciones! pero por la 
misma causa no debe quedarnos duda, que los 
Veinte mil pesos del atre^4do especulador Je 
produciiian decente utilidad, y conio dirá lue- 
go la historial tampoco el buen vicario de Pana- 
má quedó sin recompensa. 

Terminados ya estos preparativos indispen- 
sables, no perdieron tiempo los tres socios en 
alistar su viagé. Compraron dos buques iñas 
grandes y mejores por todos estilos que los 
que sirvieron para la otra espedicion, y alec- 

10 £1 documento que ha he- en el colesío de Cuenca en Sar 

cho esta estraña revelación, se lamanca, se halla ahora en'Ma- 

encaentra en un manuscrito titu- drid, en la libreria particular del 

lado: Noticia general del Per6, Rej. Quintana estracta el docu- 

Tierra Firme y Chili, por Fran- mentó en sus Españoles Cele- 

cisco López Caravantes, fiscal de bres, tom. 11. Apéndice, nüm. 2, 

8. M. en estas colonias." Esterna» nota, 
nuscrito que antes se guardaba 



. 268 CONQUISTA DEL PERÚ. 

clonados por la esperieneia, cargaron mas pro- 
visiones , que antes* Publicaron entonces "la 
jornada al Perú;" pero los incrédulos morado- 
res de Panamá andaban remisos en acudir al 
llamamiento. De cerca de doscientos hombres 
que fueron en la primera correría, apenas que- 
daban las tres cuartas partes. " Tan espantosa 
mortandad, y el aspecto miserable y macilenta 
de los que sobrevivieron, hablaban mas alto que 
las exájeradas promesas y lisongeras esperan- 
zas de los aventureros. Habla con todo en aquel 
pueblo algunos individuos en tan mal estado, que 
en cualquier cambio estaban seguros de mejorar 
de condición. Muchos de lapripiera partida, y es 
estraño, se inclinaban á seguir la aventura hasta 
el fin, mas bien que abandonarla cuando comen- 
zaban á ver el horizonte mas despejado. De 
estas dos clases de gente consiguieron reclutar 
los dos capitanes cosa de ciento y sesenta hom- 
bres; fuerza de todo punto insuficiente para em- 
prender la conquista de un imperio. También 
caompraron unos cuantos caballos y un surtido 

11 ''Con ciento i diez hom- del Perú, ap. Barcia, tom. III. p. 

bres salió de Panamá, i fue don- 180. (*) 

de estaba el Capitán Pi^arro con (*) Segun.el testo de Xerez 

otros cinquenta de los primeros que cita nuestro autor, debiera 

ciento i diez, que con él salieron, dei6ir que solo quedaba ttna cuar- 

i de los setenta, que el Capitán ta partCf y no tres cuartas f por- 

AlmagrQ llevó, quando le fue á que no existían mas de cincuen- 

buscar, que los ciento i treinta ik ta hombres de los ciei;to ocbeLta 

eran muertos." Xerez, Conq. que eran. — N^ del T. 



LIBRO II.— CAPÍTULO III, 269 

de armas y municiones mejor que el pasado, 
aunque siempre muy corto. Considerando los fon- 
dos que tenian á su disposición, solo puede espli- 
car esta escasez la dificultad de conseguir todas 
estas cosas en Panamá, ciudad recien fundada, y 
en las distantes costas del Pacíftco, á donde solo 
se podia llegar atravesando la áspera cadena de 
montañas, lo que hacia muy difícil el trasporte 
de los objetos voluminosos. La desgraciada coin- 
cidencia de estar preparando al mismo tiempo 
el gobernador su espedicional Norte, debió ade- 
mas menoscabar considerablemente los ya esca- 
sos pertrechos que allí se encontraban. 

Tan mal provistos así se hicieron á la vela de 
Panamá los dos capitanes, cada cual en su buque, 
bajo la dirección de Bartolomé Ruiz; piloto in- 
teligente y atrevidp, y práctico ademas en la na- 
vegación del mar del Sur. Era nafural de Mo- 
guer en Andalucia, el plantel de las espediciones 
marítimas, de donde salieron tantos marineros 
para los primeros viages de Colon. Sin tocar 
en ninguno de los puntos intermedios de la cos- 
ta, en donde ya nada tenian que hacer, se apar- 
taron de tierra haciendo rumbo directo al rio de 
San Juan, último punto que habia reconocido 
Almagro. La estación era ahora mas propicia 
que la otra vez, y soplaban brisas favorables que 
les impelian directamente al lugar de su destino, 
adonde llegaron sin novedad dentro de pocos 



270 CONQUISTA DEL PERÚ. 

(lias. Entrando por el rio, vieron las orillas cu- 
biertas de habitaciones de Indios, y desembar- 
cando Pizarro con una partida de soldados, con- 
siguió sorprender una aldea y llevarse un copio- 
so botin de adornos de oro que halló en las casas, 
juntamente con algunos naturales. ^^ 

Alentados con este golpe, confiaban los dos 
gefes en que la vista de estosi ricos despojos no 
podria menos de atraerles algunos aventureros, 
y como ahora mas que nunca con ocian la nece- 
sidad de una fuerza superior para hacer frente 
á la población del pais en que iban á entrar, y 
que parecía ser ya mas numerosa, resolvieron 
que Almagro volviese con el botin y levantase 
refuerzos, en tanto que el piloto Ruiz en el otro 
buque reconocía el pais hacia el Sur, y recogía 
todas las noticias que pudieran ser útiles para 
guiarse en lo de adelante. Pizarro con el resto 
de la fuerza, debia quedarse cerca del rio, pues- 
to que los Indios prisioneros le aseguraban que 
no lejos de allí habla un terreno despejado don- 
de él y sus compañeros podrían estar con como- 
didad. Tomada esta determinación, se puso al 
punto en práctica. Acompañaremos primero al 
atrevido piloto, en su correría hacia el Sur. 
Siguiendo la costa del gran continente, tendí- 
as Ibid.,pp. 180, 181.— Na- cap. 1.— Herrera, Hist. General, 
harro, Relación Sumaria, MB. — dec. 3, lib. 8, cap. 13. 
Zarate, Conq. del Per6, lib. 1. 



LIBRO II. — CAPITULO III. 271 

das sus velas á un viento favorable, el primer 
punto en que Ruiz echo el ancla, fué enfrente 
de la isleta del Gallo, hacia los 2° de latitud N. 
Los habitantes, aunque no muy numerosos, se 
prepararon á recibirle hostilmente, porque la 
mala fama de los invasores se habia difundido 
por todo el pais y llegado hasta aquella isla. Co- 
mo el objeto de Ruiz na era conquistar sino re- 
conocer, no quiso enredarse en hostilidades con 
los Indios, y asi renunciando á su primera idea 
de desembarcar, levo el ancla y se fué costeando 
hasta la que ahora se llama bahía de San Mateo 
Conforme iba avanzando parecía la tierra mejor 
cultivada y la población mas crecida que antes, 
viéndose toda la orilla coronada de espectadores 
que i\o manifestaban temor ni intenciones hosti- 
les, y solo contemplaban asombrados el bajel de 
los blancos, que se deslizaba blandamente sobre 
las cristalinas aguas de la bahia, figurándoseles, 
según dice un antiguo escritor, álgun ser miste- 
rioso que habia bajado de los cielos. 

Sin detenerse Ruiz en estas playas amigas lo 
bastante para desengañar á la sencilla gente, sé 
desvio de la ribera engolfándose en el océano; 
pero no habia navegado mucho en aquella di- 
rección, cuando le dejo sorprendido la vista de 
un bajel que desde lejos parecía un caravela de 
buen tamaño, con una gran vela que le llevaba 
perezosamente sqbre las aguas. No se admi»-^ 



272 CONQUISTA DEL PERÚ. 

poco (le aquello el viejo piloto, porque estaba 
seguro de que ningún buque europeo, podía ha- 
ber cruzado aníes que el suyo por aquellas alta- 
ras, y ninguna de las nacionas indias hasta en- 
tonces ücscabiertas, ni aun los civilizados Meji- 
canos, conocían el uso de las velas para la nave- 
gación. Cuaiido se fué ajsercando echo de ver 
que era una grande balsa, formada de gruesas 
vigas de una madera ligera y porosa, fuertemen*- 
te atadas, y con un piso de cañas encima por via 
de cubierta. En el centro se levantaban dos más- 
tiles que vsostcnianuna velacuadrada de algodón, 
y tenia ademas una especie de timón tosco y 
una quilla movible liechA de tablones encajados 
entre los maderos, con jbuyo auxilio podian los 
marineros dirijir la embarcación, que marchaba 
sin cl auxilio de remos ni paletas* ^^ Este sen- 
cillo navichuelo bastabp paralas necesidades de 
los indígenas, y hasta el diaha continuado usán- 
dose; porque la balsa con sus chozítas de paja 
encima, suple todavía, á falta de otros medios 
mas cómodos de transporte, para llevar pasage- 
ros y equipajes poí los rios y costas de esta par- 
te del continente"" íimericano. 

13 '-Traiá sus mástiles y an- núm/ CXX de la Biblioteca Ihk 

tennR de muy fina madera y velas perial de Viena, MS. (*) 

de alcodon del mismo tírile de ,«. t^ ii- , 

, , , • „ ( ) Publicada en el tom. V 

iivideraque losn'icstros navio-s." , , « » • , -rx 

,, ■, , 1 1 i> • r> ele la Colección de Documentos 

Violación de les Trímeros Doscu- ^ , ,. • ,,. . , 

. . . ^ 1 T^ Tr T-í- Inéditos para la Historia d^ £a-« 

h:riiiciit:>H deF. Pizarro vDieyo ^ ,,, , .» -^. •• "^ *" 

., ' jT ^1^ pana (Madrid, 1844.) — T. 

<4t. Aliijaís'ro, sacada del coJ.ce * ^ ' ' . 



LIBRO II, — CAPITULO III. 27S 

Al abordar Ruiz la balsa encontró en ella va-* 
ríos Indios de ambos sexos, muy llenos de alba. 
jas, fuera de otra porción de objetos de oro y 
plata labrados con bastante industria, que lleva- 
ban para contratar en ' diferentes puntos de la 
costa. Pero lo que mas llamó su atención fue- 
ron los tejidos de lana de que iban en parte ves- 
tidos. Eran finísimos, primorosamente labra- 
dos con figuras de flores y aves de colores muy 
vivds. Vio también en el bote unas como balan- 
zas para pesar el oro. " La admiración que le 
causaban estas pruebas de ingenio y de civiliza- 
ción, tan superiores á todo lo que antes habia 
visto en aquella tierra, subió de punto con las no- 
ticias que recojio de los Indios. Dos de ellos ha- 
bian venido de Tumbez, puerto del Perú, y lé 
dieron á entender que en sus alderredores ha- 
í, bia infinitos rebaños de los animales que daban 
^aquella lana, y que en los palacios del monarca 
'él oro y la plata ^ran tan comunes como las 
maderas. Los Españoles escuchaban con avi- 

14 En una breve noticia de ropas» todo lo mas de ello muy 
esta espedicion, escrita al paré- labrado de labores muy ricas de- 
cer al mismo tiempo, que se ve- colores de grana y carmisi y azul 
rificó, ó poco después, se li^lla y amarillo, y de todas otras colo- 
una enumeración detallada de los res de diversas maneras de la- 
diversos objetos que se encentra- bores y figuras de aves y ani- 
ron en la balsa. *" Espejos guarne- males, y pescados, y arbolesas y 
cidos de la dicha plata, y tazas y trahian unos pesos chiquitos de 
otras vasijas para beber, traian pesar oro como hechura de ro- 
muehas mantas de lana y de algo- mana, y otras muchas cosas." 
don Y camisas y aljubas y alca- Relación sacada de la Biblioteca 
cérea y alaremei, y otras mucha» Imperial de Viena, MS* 



t74 CONQUISTA DEL FKRV. 

des estas relaciones, que tan bien se avenían 
con sus deseos. Aunque recelaba Ruiz que hu- 
biese en ellas algo de exageración, se resolvió 
á detener algunos Indios, inclusos los de Tam- 
bez, para que repitiesen á su gefe tan maravi- 
llosas noticias, y para que aprendiendo al mis- 
mo tiempo el idioma castellano, pudiesen ser- 
vir de intérpretes en lo sucesivo. A los demás 
dejó que prosiguiesen su^viage sin tropiezo. 
Continuando también el suyo el prudente pilo- 
to, llegó sin tocar en ningún otro puntp de la 
costa, á la punta de Pasaos, á cosa de medio 
grado de latitud Sur, habiendo tenido la gloria 
de ser el primer Europeo que cortó la línea, na* 
vegando hacia á este rumbo en el Pacífico. Es-* 
te fué el límite de sus descubrimientos; llegado 
allí, volvió la proa al Norte, y después ¿e algu^- 
nas semanas de ausencia, regresó al lugar en 
que habia dejado á Pizarro y á sus compañe- 
ros. *® 

Llegó á la verdad á tiempo, porque ya los áni- 
mos de aquellos aventureros se rendían a ios tra 
bajos y peligros con que habían t;enido que lu- 
is Xerez, Conq. del Pera, exactitud las fechas de. los anee- 
ap. Barcia, tom. III. p. 181. — sos de estas primeras espedició- 
Relacion sacada de la Biblioteca nes; pero estos antiguos cronistas 
Imperial de Viena, MS. — Her- no entienden de cronología, 7 se 
rera, Hist. General, dec. 3, lib. 8, guramente se les figuraba que 
cap. 13. como ellos conserv-aban tan fres- 

Uno de estos autores dice que cas en su memoria las fechas de 
gastaron sesenta dias en esta cor- los acontecimientos, lo mismo ha 
reria. Siento no poder fijar ci>n bia de soeeder á todos lot d«máf . 



LIBRO II. — CAPITULO III. 275 

char. Idos- los buques se puso en |marcha Pi« 
zarro para el interior, esperando hallar la tierra 
despejada que los naturales le habían prometi- 
do; pero á cada paso se iban espesando mas los 
bosques, y los árboles se elevaban á una altura 
no vista hasta entonces, ni aun - en aquellas fér- 
tiles regiones en que la naturaleza produce to- 
do tan en grande» ^^ Levantábanse á su frente 
montes sobre montes, á semejanza de las ondas ^ 
de un océano agitado, hasta perderse en la in- 
mensa cadena de los Andes, cuya heladas pen- . 
dientes parecían una cortina de luciente plata 
que unía los cíelos con la tierra. 

Para atravesar por estas espesas alturas, los 
tristes aventureros tenían que meterse en bar- 
rancos de una proñmdidad horrible, donde se ai- 
slaban las nocivas exh^la<^iones del empapado 
suelo mé;¿cladas con el aroma de las flores, que 
en aquellas espantosas simas ostentaban tddos 
los eolores imaginables; si bien pairecia rivalizar 
con ellas el rico plumage de los pájaros, de la 
especie de los papagayos, que volaban en der- 
redor. Millares de monos saltaban por las ra-^ 
mas dando agudos chillidos, y haciendo tan hor- 
ribles visages, que parecían los espíritus malig- 
nos de aquellas soledades. Del cieno de las 
charcas removido por los caminantes brotaban 

16 ''Todo eran montanas con árboles hasta «1 eielo!'' H«rrera, 
Hist. General, ubi suorm 



276 CONQUISTA DEL PERÜ. 

asquerosos reptiles; veian á veces el corpulento 
boa enroscado en los árboles y oculto en ellos 
aguardando el momento de lanzarse sobre sa 
presa; y los cocodrilos que tomaban el sol en la 
orilla de los rios 6 se deslizaban bajo del agua, 
se apoderaban de la incauta víctima antes que 
hubiese advertido su proximidad. " Muchos 
Españoles perecieron asi desdichadamente, y 
otros fueron sorprendidos por los naturales qae 
no perdian de vista sus movimientos, y aprove- 
chaban cualquiera ocasión de atacarlos con ven- 
taja. Catorce compañeros de Pizarro fueron co- 
gidos de un golpe en una canoa que fué á varar 
en el aluvión de un rio. " 

Para colmo de sus desgracias les acometió el 
hambre, y apenas podian ^ conservar la vida con 
el escaso alimento que -el bosque les procuraba. 
Pasábanlo á veces con las patatas ^que crecian 
sin cultivo ó con los cocos silvestres, y en la cos- 
ta con el salado y amargo fruto de los' mangles; 
aunque la^ cesta era todavia mas insufrible que 
los bosques, á causa de los enjambres de mosqui- 
tos que obligaban á los miseros aventureros á 
enterrarse en la arena hasta los ojos. Llegaron 
á tal punto sus padecimientos, que' solo pensa- 
ban ya en volverse, y todos los proyectos de la 
ambición y la avaricia se trocaron, menos en 

17 Ibid., ubi supnu Hist. dej^as Indias» cap. 108.^ 

18 Ibid., loe. cit. — Gomara, Naharro, Relación Sumaña, MS. 



LIBRO II. — CAPITULO ÍII. 2T7 

Pizarro y en algunos otros espiritas indómitos, 
en un deseo irresistible de regresar á Panamá. 
A este punto liabian llegado las cosas ctiando 
volvió el piloto Rüiz con la noticia dé sus pre- 
ciosos déscubrimíéntosv y poco después entro 
Almagro en el puerto con su buqtie cargado de 
provisiones y un crecido refuerzo de voluntarios 
El viage de este capitán habia sido muy dichoso. 
Cuando llego é Panamá se encontró en el gobier- 
no á D. Pedro de los Ríos, y anclo en la bahia 
sin atreverse á saltar á tierra hasta que el Padre 
Luque le diese algunas noticias sobre la dispo- 
sición que hallaría en el nuevo gobernador á pro- 
teger su empresa. Era esta bastante ftivórablc 
porque tenia instrucciones espresas de la corte 
para cumplir en todas sus partes el asiento he- 
cho con su predecesor. Al saber la llegada de 
Almagro, salió al puerto á recibirlo, maniífestán- 
dole sus deseos de facilitarle todo lo que necesi- 
tase para llevar á cabo sus intentos. Por fortu- 
na habia llegado poco antes á Panamá, ilna par- 
tida de soldados aventureros que ardian en de- 
seos de hacer fortuna en el Nuevo Mundo. Es- 
tos tragaron el anzuelo con mucha mas facilidad 
que los incrédulos colonos; de ellos y otros va- 
gamundos que andaban 'por la ciudad, reunió Al- 
magro un refuerzo alo menos de ochenta hom- 
bres, y con él y un nuevo acopio de provisiones. 

Ir 26 



S78 Conquista del ferü. 

se hizo otra vez á, la vela para el rio de Snn 
Juan. 

El arribo de nueva gente ansiosa de proseguir 
la espedicion; el carabio favorable que habla pro- 
ducido en su situación la llegada del bastimento^ 
y las doradas perspectivas délas riquezas que 
les aguardaban en el sur, produjeron el efecto 
que era de esperarse en los ánimos ai)atidos de 
los compañeros de Pizarro. Breve olvidaron los 
pasados trabajos y fatigas, y ton la volubilidad 
propia de aventureros y corsarios, pasaron al 
otro estremo^ importunando ahora al comandan- 
te para que prosiguiese la marcha, tanto cprao 
antes lo habiau hecho píira que se volviese. 
Aprovechando lo€^ dos capitanes esta favorable 
disposición de los ánimos, se embarcuron en sus 
buques, y guiados por el esperto piloto siguieron 
el mismo rumbo que él antes habi» llevado- 
Mas con estas dilaciones habian d^ado pasar 
la estación favorable para navegar oh estas lati- 
tudes^ que solo dura unos cuantos meses del año. 
Los vientos soplaban constantemente hacia «I 
norte, y no lejos de la ribera hallaron 110a fuer- 
te corriente en la nxisma dirección. Las mas ve- 
ces los vientos paraban en tenxpestades, y los 
tristes yiag^ros fueron por muchos diasr juguete 
de las enfurecidas olas, en medio de horribles 
tormentas de truenos y relámpagos, hasta que 
por fin hallaron un fondeadero seguro en la Isla 



LIBREO U.— CAPITULO Hl. ?7d 

á^l Gallo, donde ya liabia estado Euiz. Los Es- 
pañoles tomaron tierra porque ya su número les 
ponia á cubierto de un ataque, y como ios indí- 
genas para nada Ipn molestaban» fiue quedaron 
alli dosi semaiia^, para componer sus estropea- 
das embarcaciones y reponeri$e de las fatigas 
del mar» Pasado e$te tiempo eontinuarotí su 
viage hacia el Sur» l^asta qu^ llegaron á la bahía 
de San Mateo. Conforme corrían la costa se 
quedaban admirados, oomo ant^n le habia suce- 
dido á JLuiz, al ver por todas partes en el aspec- 
to del pais y de sjus habitantes, pridebas de una 
civilizaicion mas adel^^^tada. Por cualquier la- 
do que se tendiese 1^ vi$ta se veian señales de 
cultivo, y aun la costa tenia natural Wfeñte uüa 
apariencia mas agradable., parque en \ez del per^ 
petuo laberinto de manglares con sus toi^uosas 
raices entretejidas deb^ü^g» del agua cdmo para 
engañar y sorprender al aaVegante, la orilla del 
mar estaba qubie^rta de un mageatuoso bosque 
de ébanos, de i^na especie de caoba y de otras 
maderas duras, $uaceptibl$)s del mas brillante pu- 
limento. El sándalo y otrps muchos árboles 
balsámicos de nombres desconocidos, exhalaban 
su aroma á gran distancia, no en una atmosfera 
emponzoñada por la corrupción vegetal, sino en- 
tre las puras y saludables brisas del océano. En 
los c.laros se veían grandes pedazos de terreno 
cultivado, colinas cubiertas de niaiz y de patatas 



280 CONQUISTA DEL PEBU. 

y en las tierras bajas floridas sementeras de ca- 
cao.^» 

Los pueblos iban siendo cada vez mas consi- 
derables, y cuando los buques anclaron frente 
al puerto de Tacamez, vieron los Españoles una. 
ciudad de dos mil o mas casas, dispuestas en 
calles, y con una numerosa población amonto- 
nados en los suburbios. ^ Tanto los hombres 
como las mugeres llevaban adornos de oro y 
piedras preciosas, lo que puede parecer estraño, 
considerando que los Incas monopolizaban las 
joyas para sí, y para los nobles á quienes les 
parecia bien darlas. Pero aunque los Españo- 
les, habian llegado al límite septemtrional del 
imperio Peruano, no estaban en el Perú, sino en 
Quito, y esta parte de él llevaba muy poco 
tiempo de conquistada para que el sistema opre- 
sor de los déspotas americanos hubiese podido 
borrar enteramente los antiguos usos de sus ha- 
bitantes. AqueUa comarca era ademas abun- 
dantísima en oro, que recogían en los lavaderos 
de los rios, y es hasta el dia el principal pro- 

19 Xerez, Conq. del Perú, menciona ciudades dé 3.000 ca- 
ap. Barcia, tom. m. p. 181.— ' sas. "En esta Tierra havia ínn- 
Relación sacada de la Biblioteca . chos Mantenimientos, i la gente 
Imperial de Vieria, MS.— Nahar- tenía muy buena orden de vivir, 
ro , Relación Sumaria, MS .— ^ los Pueblos con sus Calles, i Pía- 
Montesinos. Anales, JVlS., año ^as: Pueblo havia que tenia mas 
1526. — Zarate, Conq. del Perü, de tres mil Casas, i otros havia 
lib.]^l, cap. 1.— ^Relación del Pri- menores.^' Coiuj. del Pero, ap. 
mer Descub., MS. Barcia, tom. III. p. 181, 

20 El «ecré tarto de Pizarro 



LIBRO 11.— CAPITULO III. 281* 

dittsto de Baracoas. También se encontraba allí 
et hermoso río de las Esmeraldas, llamado asi, 
por las minas de esta piedra preciosa que se en- 
cuentran en sus orillas, y que servian para acre- 
centar ebtesoro de los, Incas. 21 

Contentísimos estaban los Españoles, al ver 
aquellas pruebas evidente de riqueza, y lo bien 
cultivado de la tierra, les daba á entender que 
al fin habian llegado al pais que por tanto tiem- 
po les había deslumbrado con. su brillo y habia » 
sido el solo banco de sus deseos. Pero aun allí 
el espíritu belicoso délos naturales les reser- 
vaba nuevos disgustos, porque conociendo estos 
su propia fuerza, no se manifestaban dispuestos 
a 'humillarse á los invasores, sino que por el 
contrario, se desprendieron de la ribera varias 
canoas cargadas de guerreros, llevando por es- 
tandarte un busto de oro, y se amontonaron en 
torno de los buques con aire de provocación, y 
cuando comenzaron á perseguirlas, fácilmente 
se guarecieron entre los bajos de la orilla. ^ 

21 StevensoD, que recorrió vis¡tedít,'Mi€eelviagero,''owmg 

esta parte de la costa á prínc»^ to the, superstitious dread of the 

píos del presente siglo, habla lar- natiyes, who assured me that it 

. garaente de los tesoros vegetales was enchanted, and guarded by 

y minerales que encierra. A cau- an enormous dragón, which po.ur- 

sa de una superstición mas pro- ed forth thunder and lightning 

pía del tiempo de los Incas que on those who dared to ascend the 

de los nuestros, no hay quien tí- river." Residence in South Amer- 

site hoy la mina de esmeraldas, ica, vol. II. p, 406. 

cerca de Las EwmerMas\ tan fa- ^ "Salieron á los dichos na>- 

m osa en otro tiempo. ''Inever vios catorce canoas grandes con 



282 CONCiUlíSTA D£t PKRl/. 

• Eu ella se v^ia reüjii^idio otro destacamento piasf 
respetable, en.iiuniero, segUQ los autores espa- 
ñoles, de diez mil guerreros a lo meftos, ardien- 
do al parecer en deseos de trabar regida pelea 
con los invasores. F.uéle in^posible á Pizarro evi- 
tar enteramente las hostilidades, aunque desem- 
barco con una partida á fin de tener una confe- 
rencia con los Indios, y lo Jbtabriavt pasado míú 
lo3 Españoles^ ^co^ado^ por un enemigo atrevi- 
do y tan superior en número, si úp hubiese si- 
do por un ridículo accidente, que según lo| his- 
toriadores, aconteció á cieirta csballerq. Fué el 
aocidcAte Una caida del caballo, la qu^ espantó 
de tal modo á l<^ háxh^V^s^ que no aguardaban 
sem'^ante división d^ lo ^e ellos consideraban 
como solo un indivi^uQa flUj& llenos de terror 
volvieron tas espfildfts, y dejaron el camino espe- 
dito á lo3 cristianos para que se volviesen á sus 
bajeles. ^ 

muchos Indios dos armados de unos con loa otros, uno de aque- 

oro y plata; y traban en la una Uos de cabaüo cayó del caballo 

canoa un estandarte y encima abajo; y como los Indios vieron 

de él un bolto de un mucho dé- dinridiese aquel animal en dos psr- 

sio de oro, y dieron una vuelta á tes, teniendo por ciegrto-que todo 

los navios por avisarlos en mar ^tn una cosa, fué tojiito el miedo 

ñera que no lo« pudiese enojar, <ine tubieron que volvieron, las 

y asi dieron vuelta acia á su pue- espaldas dando voces á los suyos, 

ble, y los navios no los pudieron diciendo, que se habia hecho dos 

tomar porque se metieron en los Placiendo admiración dello; lo 

baxoa junto á la tierra." Reía- '^^^ ^^ ^^^ «» misterio; porque 

ciün sacada de la Biblioteca Im- ^ ao acaecer esto se presumo 

perial de Viena, MS. ^ue mataíran todos los cnsUa- 

23 "Al tiempo dó romper los J^»»-'' (Relación del Primef D*»-. 



LIBRO II. — CAPITULO lU 283 

Reqniéronse inmediatamente los Españoles en 
consejo de guerra. No habia duda que sus fuer- 
;5as eran de todo punto insuficientes para luchar 
cop aquel ejercito d-e Indios tan numeroso y bien 
organizado, y aun cuando saliesen victoriosos de 
4)9 sex'ia in^po^ible resistir dengues la tempesta^ 
que se iba á levantar contra ellos, en su marcha 
al inlcxior, porque el pais iba siendo cada vez mas 
poblado, y á cada cabo que doblaban veian nue- 
vas ciudades y pueblos. Lo mejor era, en opinión 
de los de espíritu apocado, abandonar la empresa 
enteramente como superior á isas fuerzas. Pero 
Almagro miraba la cosa bajo un panto de vista 
muy diferente. ^*Volv ernos" decia '*sin haber 
hecho nadaii^^a penlernafii y desboQjr^rnos^ 
Apenas hay uno de nosotros que no tenga acre- 
dores en Panamá, que esperan pagi^rse con los 
productos de esta esp^edicioii. Volvferhos aho- 
ra será ir á ponernos en sa» manos, para que 
nos envien á la cárceL Vale npias smdar erran- 
tes, pero libres en los bosques^ que yernos car- 
gadas de cadenas en los calabozos de Pana- 
má." ^^ El único arbitrio que les quedaba, según 

cub., MS.) Esta esplicacion del guerras paira esplicar triunfos se- 

terror pánico de los naturales es mejanteg. 

sin duda tan creifele, como la ^4 'iNo e» bien volv^ pp. 

^ - , ,, , , bres, á, pedir limosna, i morir en 

aparición del beUgero apóstol ^s Carceleti los qne tenían den- 

Santiago, dé que se sirven tantas jas." Hiriera, Hist. General,' 

veces los historiadores de estas dec. 3, Ub. 10, cap. 2. 



284 COiNQUISTA DEL PERÚ. 

él, era el que ya antes se habia tomado. Pi¿ár 
ro podia encontrar algiin sitio mas cómodo pa- 
ñi quedarse con parte de la fuerza, mientras 
que él iria por refuerzos á Panamá. La« noti- 
^cias que ahora llevaban de la riqueza de la tier- 
rii que habían visto por sus propios ojos, serian 
muy favorables para la espedicion, y harían for- 
mar otro concepto de ella^ lo que no dejaría 
dé atraer á sus banderas todos los voluntarios 
que necesitasen. 

• Mas por juicioso que fuese esté consejo, no 
era muy del gusto del otro capitán, quien no 
encontraba mueh^ placer en desempeñar la par- 
te que sienipíe le tocaba, de quedarse entre los 
bosques y pantanos, de aquelki tierra inhabita- 
ble. ■ "Todo eso está muy buena para vos," di- 
jo á Almagro, "que pasáis el tiempo de un mo- 
do bastante agradable, yendo aquí y allí con 
vHestro buque, u o» «leteis en-» Panamá á vivir 
en la abundancia; pera la cosa ea muy distinta 
para los que se quedan á enfermarse y morir de 
liambre en el desierto." ^ A esto respondió Al- 

25r. "Como iba, i venia en Io« á «qnellios cabaDeros andante» de 
Navios, adonde no le faltaba vi- q^^^ hace mención Hudibras, los 

tnalla, no padccia la miseria de , 

, - - ■ * . cuales. 

Ja hambre, y otras angustias que 

teniaii, í ponían á todos en es- Como piensan algunos, no eomiau 

trema congoja." Herrera, Hist. Bn los antiguos tiempos, ni bebianJ 

General, dec. 3, lib." 10, cap. 2.) Acaso pacería»,- 

Los comipañeres de Cortés y Pi- P^^iue al cruzar eatérUes regiones; 

^ ., ^ •' Vastos desiertos, densos matorrales 

zarro^por ilustres que fuesensus jamsss&s^roiífsfdñés; - 

lka-rí?a>. r-» ig^j-vlab^u con tcdo Mencionau-los históricos a nalesí. 



LIBRO II. — CAPITULO III. 285 

magro algo acalorado, piotestando que estaba 
pronto á tomar el mando de los valientes qne 
quisieran quedarse, si Pizarro no se decidla á 
ello. La disputa se fué agriando y de las palabras 
pasaron á las obi-ag, pues que ya ambos hablan 
puesto mano alas espadas, á no mediar el tesore- 
ro Ribera y el piloto Ruiz, que al cabo consiguie- 
ron apla caries. Poco trabajo costo á estos me- 
diadores pacíficos, que velan las cosas con ma» 
sangre fria, el convencer á entrambos caballeros 
délo desacordado de. su conducta, que debia in- 
faliblemente malograr la espedicion, con gran de- 
crédito de su» autores. Reconciliáronse al cabo, 
á lo menos lo suficiente en la apariencia, para 
poder seguir obrando de acuerdo. Se adopto 
entonces el plan de Almagro, y solo restaba en- 
contrar el lugar mas apropdsito para que Pizar- 
ro fijara sus cuarteles. 

Muchos dias gastaron en reconocer varios 
puntos de la costa por donde antes hablan pa- 
sado, pero en todas partes se encontraban ya 
alarmados á los indígenas, y tomaban una actr*- 
tud amenazante, qne su inmenso numero ha- 
cia temible. No habla que pensar en las tier- 
ras ma» septentrionales por que allí la natu- 
raleza con sos bosques y sus nocivos pantanos, 
hacia una guerra mas cruda aun que el hombre. 

Lo cual bizo qne autores muy seve- Q,ne tenían los buenos caballeros 
(ros Estómagos no mas para batirsot. 
Afirmen, siqi temor de desme&tirftét 



286 C0.NaiíI3TA DEL PERÚ. 

En esta diid^ se decidieron por la isla del Gp^Uo, 
porque á causa de su disí^ocia de la costa y de 
«u escasa potlacioa, les pajceci^i el sitio mas 
apropg sito para ellos, en el triste estado d^ 
abandono en qi;e iban á eacontrarse. ^ 

Mas apenas se divulgo el acuerdo de los dos 
capitanes, cuando ae majii.fegto sin enoibo^^o el 
descontento eutre los cQnjpañerosi, y especial- 
iTiente entre los que debií^n quedarse en la isla 
con Pizarra* "Como" gritaban es^to^, "¿se de- 
jarian acaso llevar á aquel trigite rincón á marir 
de hambre? Toda ja expedición habla sido un 
engaño de principio éfia. . Aquellas regiones de 
oro tan encomiadas, parecian huir ante ellqs, y 
el poco oro^que basíta eBLtóAe;e3,habiaB tenido la 
fojtuna de recoger, se había enviado á Panamá 
para engolosinar á otros bobos,. y que siguiesen 
su ejemplo. ¿Qué fruto habían §aoado hasta en- 
tonces de todos sus padecinrientos? El único te« 
soro que les quedaba eran sus arcos y flechas, 

36 -Pedm Pizárro, ' Descub. apaitarse de la costa s^ptentrio- 

y Conq. .MS.T-iRelacioat sJicadA .QtU d^ este continente- Dam- 

de la Biblioteca Imperial de'Vie- pieria pinta afligida de continuas 

na, MS.^ — Naharró. Relación Sii- lluvias; mientras que sus bosques 

MQwia, MS. -.-Zarate, Conq^ del impenctrabies y la, ferocidad de 

Perú, lib. 1, cap. 1. — Herrera, ^os ind^enas hablan contribuido 

Hist. General, dec. 3, iib. 10, ca- á mantener casi desconocidas 

pitillos. aquella r^iones hasta su tiempo. 

Fué ciertamente una desgra- Véanse sus Voyages andAdven- 

cia que Pizarro, en vez de avan- tures (London, 1776,) vol. I. 

zar con resolución hacia el Sur, ch. 14. 
ee mantuneao tanto tiempo sin 



LIBRO It. — CAPITULO III. 287 

y ahora querían abandonarlos an aqnella horro- 
rosa isla sin tener siquiera un palmo de tierra 
bendita |)ara dar sepultura á sus huesos," ^ 

Llenos algunos soldados de desesperación es- 
cribici-on á sus amigos informándoles de su tris- 
te estado, y quejándose amargani^ente de la indi- 
ferencia con que iban^ ser sacrificados á la obsr 
tinacion y codicia de sus gefes. Pero estos sa- 
bian muy bien que sus soldados adoptarían este 
arbitrio, y eran demasiado vivos para no ganar- 
les por la mafia, lo que hizo Almagro apoderán- 
dose de cuantas cartas encontró á bordo, cortán- 
doles así toda comunicación con sus amigos de 
Panamá. Ma« con esta medida violenta y poco 
delicada tío con^guirf m objeto, como sucede 
casi siempre á los que las emplean, porque un 
soldado-llamado Santvia se dio maña de meter 
Bna carta dentro dei¡m oyíIIo de algodón, el que 
etiviaron á Panamá de regalo para la esposa del 
gobernador, como una muestra de los productos 
de la tierra. ^ 

En la carta, que ademas del autor iba firmada 
por muchos de los soldados descontentos, pinta- 

27 ** Miserablemente morir ban cuenta de las hambres, muer- 
adonde aun no havia lugar sa- tes y desnudez que padecían, y 
grado, para sepultura de sus que era cosa de risa todo, pues 
cuerpos." Herrera, Hist. Gene- las riquezas se habian convertido 
ral, dec. 3, lib. 10, cap. 3, en flechas, y no habia otra cosa." 

28 ^'Metieron en un ovillo de Montesinos, Anales, M9., año 
algodón una carta firmnda de 1527. 

muchos en quo suniarianioii'.c dú.- 



288 Conquista del perú* 

ban con los mas vivos colores sus miserias, acu- 
sando á los dos gefes como autores de ellas, y 
suplicando á las autoridades de Panamá que me- 
tiesen lar roano en el negocio despachando un bu- 
que que les sacara qe aquel destierro, donde to- 
davía podrían encontrar vivos algunos. La epís- 
tola concluía con una copla en que figuraban á 
los dos gefes como á dos dueños de un matade- 
ro, dedicado el uno á recoger el ganado para que 
lo mate el otro. Los versos, que en su tiempo 
estuvieron en voga entre los colonos, aunque 
sin mérito alguno, eran los siguientes: 

Pues Señor Gobernador, 
Mírelo bien por entero. 
Que allá vá el recogedor 
Y acá queda el carnicero. ^ 

29 Xeréz, Conq. del Pera, — ^Balboa, Hist. du Pérou, cha|i. 
ap. Barcia, tom. III. p. 181. — 15. — Montesinos, Anales, MS.^, 
Naharro, Relación Sumaria, MS- año 1527. 



CAPITULO XV. 



Indignación del Gobernador. — Firmeza de Pizar-- 
Ro. — Continua el Viage. — Lisongero aspecto de 
TüMBEZ-—- Descubrimientos en la Costa. — Regre- 
so a Panamá.— Se EMBARCA Piííarro TARA España. 

1527— 15M. 

A poco tiempo de partido Almagro, despacho' 
Pizarro el navio que le quedaba, con pretesto de 
que se carenase en Panamá. Probablemente le 
decidlo á ello el deseo de deshacerse de algu- 
nos de sus compañeros, que por su insubordina- 
ción y espíritu turbulento, le servian mas bien 
de estorbo que de ayuda en la triste situación en 
que sé encontraba, y lo hizo con tanto mas gus- 
to cuanto que asi se disminuía el numero de bo- 
cas, circunstancia no poco interesante en aquella 
isla estéril donde tan difícil era procurarse el 
sustento necesario. 

ta llegada de Almagro y sus compañeros pro- 
dujo gran desaliento en Panamá, porque la car- 
ta que enviaron oculta en el o vil Jo de algodón 

llega á manos de la persona que debia recibirla, 
I. 27 



290 CONQUISTA DEL VEKV. 

y pronto comenzó á correr de boca en Boca sn 
contenido, con la exageración acostumbrada. El 
semblante pálido y descarnado de los aventure- 
ros era un comprobante de aquellas tristes noti- 
cias, y bastaba para desanimar é cualquiera, con 
lo que se hizo voz general, que los desdichados 
que habian sobrevivido á aquella espedicion, se 
veian detenidos contra su voluntad por Pizarro,^ 
y condenados á terminar con él sus dias en un 
islote desierto. 

Irritóse tanto el gobernador Pedro de los Rios 
al ver el resultado de la espedicion, y la pérdi-^ 
da de vidas que habia ocasionado á la colo- 
nia, que^e hizo sordo a las peticiones de Luque 
y de Aln^agro paria que continuase prestando 
su apoyo á la empresa^ rióse de sus doradas ilu- 
siones del porvenir, y »e decidió ppr A'^MÍP. ^ 
á enviar a un capitán á la isla del Gallo, coi? or- 
den de traerse consigo^ a todos los. Españoles 
que encontrase vivos en aquella infernal man- 
sión, S^^ alistaron al punto dos buques para es- 
le efecto, y se dio el mando de ellos a ujíj qaba- 
Uero cordobés, llaniado Tafur. 

Pizarro y sus cpnípafleros sufrían eiitjre tanto 
todas las incomodidades y miserias que ppdian 
e.sperar.se qii aquel estéril ppñf^sco 4 Qf^fi se^. ve- 
ian reducidos. Nada tíjjnian que tenderá ^ ver- 
dad de Iqs '* ndígena^, porque lj,í^l)Í£in^ abando- 
nado la is^ así que. la ociipajoi) Ips, blajQgqs; 



LIBAO II.— CAPITULO 1% 29% 

mas teniun que sufrir los trabajos del hambre, 
iimyores aun que los que antes habiun pasado 
en los desiertos bosques del eontinente vecino. 
Su alimento principal eran los caijgrejos y otros 
mariscos que podian kaltar recoi^riendo la rlbe^ 
ra. Como era el tiempo de aguas, se levanta- 
ban continuas tormentas de truenos y rayos, queí 
pasaban sobre la triste isla y descargaban uu 
diluvio en ella» Medios desnudos y muertos de 
hambre^ apenas habla uno en aquella reunión de 
aventureros que no sintiese estinguida en su pe- 
cho la antigua afición á lag empresas V aventad- 
ras, y que no considerase &n regreso á Panamá 
como el mas feliz desenlace que pedia tener 
aquella malhadada espedicion. Asi fué, que & 
la llegada de Tafuv con dos buques bien abas- 
tecidos de provisiones sintieron el mismo pla- 
cer que podría esperimetitar la tripulación de un 
buque náufrago al ver llegar uu socorro ines- 
perado; y la única idea que llenaba sus cabezas^ 
después de satisfechas las exij encías del ham- 
bre, era el embarcarse y dejar para siempre 
aquella aborrecida mansion^. 

Pfcra en los mismos buques recibía Pizarro' 
cartas de sus dos compañeros Jeli^agro y Luque, 
suplicándole encarecidamente que no se desani- 
mase en aquel apuro y se mantuviese firme 
en su primer proposito cmnque supiera i-eveniar. 
Volverse, le decian, en las circunstancias presen* 



292 CONQUISTA DEL PERÚ* 

tes, seria renunciar para siempre á la espedicion, 
y ellos se comproraetian solemnemente, si él per- 
manecia firme en el puesto, á proporcionarle 
dentro de muy poco tiempo los auxilios necesa- 
rios para llevarla adelante. ^ 

Bastaba este rayo de esperanza para el ani- 
moso espíritu de Pizarro, quien no se echa de 
ver que en ningún tiempo pensase en volver las 
espaldas. Si acaso lo pensó alguna vez, aquella 
carta de sus socios le acabo de decidir, y se pre- 
paro á correr la suerte de aquel juego en que 
todo lo habia aventurado. Cónocia sin embar- 
go, que suplicas y argumentos servirían de po- 
co con sus compañeros de trabajos; ni tampoco 
quería sin duda empeñarse mucho en convencer 
aquellos espíritus débiles, que volvían ia vista 
atrás continuamente, y solo le servirían de re- 
mora en sus futuras operaciones. Anuncio por 
lo misino su determinación en un tono lacónico, 
pero decidido, propio de un hombre mas acos- 
tumbrado á hacer que á hablar, y muy á propo- 
sito para mover el ánimo de sus insensibles com- 
pañeros. ] Sacando luego su espada, trazo con 
ella una linea en la arena en dirección de E. á O., 
y volviéndose háj^ el Sur,— **Camaradas y ami- 
gos" les áijo, *'de este/iado están los trabajos, 

1 Xerez, Conq. del Perú, ap. 1527.— Herrera, Hist. General 

Barcia, tom. III. p. 182^.— Zara- dec. 3, lib. 10, oap. 3.— Naharro, 

te, Conq. del Perú, lib. 1, cap. 2. Relación Sumaria, MS. 
— Montesinos, Anales, MS., año 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 293i 

el hambre, la desnudez, las lluvias, el desampa- 
ro y la muerte; de este otro el contento y el pla- 
cer. Allá está el Perú pon sus riquezas: aquí 
Panamá con su miseria. Escoja cada uno lo que. 
mejor convenga á un buen Castellí\j|o. Por lo 
que á mi toca, sigo mi marcha al Sur»" Dicien- 
do asi paso la linea. ^ I Sigui*oIe al punto el Va- 
liente piloto Ruiz, y luego Pedro de Gandia, na- 
tural, según se ve por su nombre, de una de'laa 
islas griegas. Pasiiron después otros once, ma- 
nifestando así su voluntad de seguir la buena o 
mala suerte de su caudillo. ^ La fama, para 
usar de las entusiastas espresiones de un anti- 
guo cronista» ha conservado los nombres de es- 
tos pocos "que rodeados de los mayores traba- 
jos de que hace mension la historia, y esperan- 

2 "Obedficióla Pizarro y an- satiiral de Candía." Moute&i- 
* tes que se ejecutase sacó un Pu- ^ nos, Anales, MS., año 1527. 
nal, y con notable ánimo hizo 3 Los nombres de estos treco 
con la punta una raya de Crien- compañeros fieles nos han sido 
te á I^oniente; y señalando al conservados en la, capitulación 
Mediodía, que era la parte de su hecha con la corona dos años 
-noticia, y derrotero dijo: Cama- después, en laque mereció una 
radas y amigos, esta parte es la honrosa mención su lealtad. Sus 
de ía muerte, de los trabajos, de npmbres no deben quedar oraiti- 
las hambres, de la desnudez, de dos en una historia de la Ceñ- 
ios aguaceros, y desamparos; la quista del Perú. Llamábanse: 
otía la del gustor Por aquí se ba Bartolomé Ruiz , Cristóbal de 
á Panamá á ser pobres, por allá Peralta, Pedro de Candía, Do- 
al Perti á ser ricos. Elicoja el que n^ingo de Soria Luce, Nicolás de 
fuere buen Castellano lo que Ribera, Francisco de Cuellar, 
mas bien le estubiere. Diciendo Alonso de Molina, Pedro Alcon, 
esto pasó la .raya^ siguiéronle García de Xerez, Antón de Car- 
Bartholomé Ruiz natural de Mo- rion, Alonso Briceño, Martin de 
guer, Pedro de Candi Griego, I^z y Juan de la Torre. 



994 CONQUISTA DEL PERÚ* 

do mas bien la muerte que las riquezas, lo pos- 
pusieron todo á la honra y siguieron á su caudi- 
llo, para ejemplo de lealtad en los futuros si- 
glos." ^ 

Aquel he^o sin embargo, no escita tal admi- 
ración en Tafur, quien lo miraba como una cul- 
pable desobediencia á las ordenes del goberna- 
dor, y poco menos que una locura, que infalible- 
mente debia de acarrear la ruina de los que to- 
maban parte en ella. Rehuso darle ni aun una 
sombra de aprobación j con dejar uno de sus bu- 
ques á los aventureros para que continuasen su 
viaje; y á duras penas consiguieron que partiese 
con ellos las provisiones que les habia traido. 
Estas contrariedades bo pudieron hacerles va- 
riar de proposito, y despidiéndose de los com- 
¡)añeros que se volvian, se mantuvieron firmes 
en su resolución de correr lá suerte de su Coman- 
dante. ^ 

Hay algo de sorprendente en el espectáculo 
de estos pocos hombres que con tanto valor se 
arrojaban á una peligrosa empresa, tan superior 

4 ''Estos fueron ]ps trece de ejemplo de lealtad en lo futuro.'* 

la fama. Estos los que cercados Montesinos, Anales, MS., ano 

de los mayores trabajos que pu- 1527. 

do el Mundo oírecer á hombres, 5 ZáratCf Conq. del Per6, 

y los que estando mas para espe- Ub. 1, cap. 2.— Montesinos, Ana- 

rar la muerte que las riquezas les, MS., año 1527. — ^Naharro, 

que se les prometían, todo lo Relación Sumaria, MS. — ^Her- 

pospusieron á la honra, y siguie- rera, Hist. General, d^ 3, Ub. 

ron ü 611 capitán y caudillo para 10, cap. 3. 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 295 

al parecer á sus faerísas, como cualquiera otra 
dé que puedan hacer mención los anales fabulo- 
sos de la caballería andante. Un puñado de 
hombres, sin alimento, sin vestido, casi sin ar- 
mas, sin conocimiento de la tierra en que se ha- 
llaban, y hasta sin un buque que los llevase á 
otra parte, se encontraban abandonados sobre 
qna solitaria roca en mrdio del océano, con el 
único fin de llevar á cabo la conquista dé un po- 
deroso imperio, arriesgando la vida en el empe- 
ño. ¿Hay algo superior á esto en los libros de 
caballerias? Aqui fué donde hizo crisis la suer- 
te de Pizarro. Hay momentos en la vida del 
hombre, qué según se desperdician o se aprove- 
chan, deciden de su suerte futura. ^ Si Pizarro 
hubiesci vacilado. un solo instante -en su heroica 
resolución, y aprovechado la coyuntura, que tan 
lisongera se le presentaba, de salir con su dis-* 

6 La viva imaginación de Bo- te á la Fortuna, disfrazada bajo 

jardo hallo medio de espresar es- la apariencia de la voluble hada 

te pensamiento tan común con Morgana* Quizá no desagrada- 

rara belleza, cuando representa rá al lector italiano que le traiga- 

á Rinaldo cogiendo por el cope- mos el pasage á la memoria.' 

'*Chi cerca iu questo mondo aver tesoro, 
O diletto, e piacere, honore, e stato, 
Ponga la mano a questa chioma d'oro, 
. Gh'io porto in fronte, e lo faro beato; 
Ma quando ha in destro sí fatto lavoro, 
Non prenda indugio, che '1 tempo passato 
Perduto é ttittó, e ñon ritorna mai, 
£d io ^ volto, e lui lascio con guai." 

Orlando Inkamobato, lib. 2. canto 8. 



296 CONQUISTA DEL PERÚ. 

minuida tropa de aquella situación desesperada, 
su nombre se habria sepultado con su fortuna en 
el olvido, y la conquista del Perú habría queda- 
do guardada para otro aventurero mas dichoso. 
Pero su constancia era tal como se necesitaba 
en aquella ocasión, y su conducta hizo ver que 
era proporcionado al peligroso puesto que ocu- 
paba, é inspiro á sus compañeros una confianza 
que era la mejor garantía del buen éxito. 

En el buque en que regreso Tafur con los. 
que quisieron seguirle, despacharon al piloto 
Ruiz, cojí el objeto de que ayudase á Almagro 
y á Luque en sus instancias para obtener nue- 
vos refuerzos. 

A poco de haber partido los navios, resolvió 
Pizarro abandonar unos cuarteles, que le ofre- 
dan muy poco atractivo, y en donde podría ser 
molestado por los antiguos habitantes, si estos 
llegaban á cobrar ánimo para volver viendo tan 
disminuido el número de los blancos. IFizo, 
pues, construir un tosco bote o balsa que les sir- 
vió para trasladarse á la isla de la Gorgonn, situa- 
da veinte y cinco leguas al Norte de la que de- 
la que dejaban. IHstaba cosa de cinco leguas 
del continente, y estaba desierta. Era sin du- 
da preferible á la isla del Gallo, porque era 
mas elevada y tenia algunos bosques donde se 
abrigaban ung, especie de faisanes y las liebres 
d conejos del pais, de manera que los Espaáo- 



LIBRO II.— CAPITULO IV. 29T 

Jes con sus Ijallestas podían procurarse alguna 
caza. De la roca viva brotaban limpios y fres- 
cos raudales que les prqveian de agua en abun- 
dancia, »i bien los aguaceros qué sin cesar caian 
les quitaba todo temor de perecer de sed. Al- 
go les protegían contia ellos las toscas barra- 
cas que construyeron, aunque aquí como en su 
antigua residencia, sufrían mucho por la mul- 
titud de insectos venenosos que brotaban por 
todas^ partes entre la maleza de aquel empapa- 
do suelo. En tan triste situación no omitió Pi- 
zarro ningún arbitrio para reanimar el espíritu 
abatido de su gente. Rezaban sin falta alguna 
las oraciones de la mañana, yjpor la tarde cantá- 
banla salve de Nuestra Señoira: observaban pun- 
tualmente los dias festivos, y el gefe no perdo- 
naba medio de dar á su empresa un carácter re- 
ligioso é inspirar a sus rudos compañeros una 
confianza en la protección del cielo que fuese 
capaz de sostenerles en tan críticas circunstan.- 
cias. "^ 

Su principal ocirpacion en aquella triste sole- 
dad, era tender continuamente la vista por et 
anchuroso océano, ansiando* descubrir la. prime- 
ra señal del socorro que aguardaban. Mas ayf 
que muchos meses pasaron, y nada se descubría-. 

7 ''Cada Mañana daban gra- cuetita-con los Viernes, iDomin- 

ciás á Dios: á las tardes decían la gos."' Herrera, Hist. Gen«ral^ ^ 

Salve, i otras Oraciones, por las dec. 3, lib. 10, cap. 3. 
Horas: sabian as Fiestas, i tenían • * - 



SíQS- cóíí<iüirrA DEL PERVU 

La, inmensa estension del oeéano lesi envolvii^ 
por todas partes, y solo por el Este divisaban 
las nevadas cumbres de los Andes, qnei heridas 
por los ardientes rayos del sol d^X ewador bri-^ 
liaban como una linea de f^e^o á lo largo de 
aquel inmenso continente. No s6 earcapaba á 
su vista penetrante la mas ligera mancha que 
apareciese en el lej»a,no horis^onte, y cualquier 
madero flotaste ó montOB de al^s que agita* 
sen las olas, se iea figurabii el ansiado navio; 
basta que al fin abrumadQ$ áo coatínuos desen- 
gaños, la esperaa^a se fué oaímbiando en duda 
que breve se convúrtió en desespeoracion, ® 

lAegó mientras taato ¿ Panamá el buque de 
Tafur, y las noticias que llevaba de la inaudita 
obstinación de Pizarro y de 8U8¡ compañeros, 
llenaron de indignaoicoft al gobernador, qiuien no 
podia menos de vei^ uu suicidio en. aquelk de- 
terminación, y pi>r 1<^ nii^mo se neg^ tena^men-^ 
te á seguir auxiliándola, unoa kombres que de 
tal modo se obstinaban en perderse. Mas á pe* 
sar de esto, Luque y Almagro ^. mantuvieron 
fieles á su compromi^^o. Hicieron ver al gober- 
nador, que si la cond;ucta de su compañero po^ 
dia calificarse de temeraria, su fin. era servir á 
la corona coatinuando la grande obra dé los des- 

. 8 ''Al cabo de machos Días pareeia, que. era el Novio.** Her. 

aguardando, estaban tan angne- rera, Histi General», dec. 3» Kb. 

tiados, que los salages, que.se 10,.cap» 4k ' 
hacían bien dentro de la Mar, les 



LIBRO IL^ — CAFITÜLO IV. Ü&d 

cubrimientos. Las instrucciones que recibió Rio$ 
al tomar posesión de au gobierno, le prevenian 
que ayudase'á Pizarro en su empresa, y aban- 
donarle ahora seria renundar á la única espe- 
ranza que quedaba de buen éxitQ, y cargar con 
la responsabilidad de su muerte y la de los va- 
lientes que le acompañaban. Estas reflexiouesf 
produjeron al fin su efecto en el espíritu del ma- 
gistrado, pties consintió, aunque con repugnan- 
cia, en que se enviase un buque á la Gorgona; 
pero sin mas gente que la muy precisa para tri- 
pularle, y con ordenes positivas á Pizarro, de 
que dentro de seis meses volviera y se presen'- 
tara en Panamá, cualquiera qu« fuese el resul- 
tado de su espedicióu. 

Obtenida de este modo la licencia del gobier- 
no, no perdieron tiempo los socios en despa- 
char para la isla un pequeño buque carado de 
armas y provisiones, tos infelices moradgres 
de aquel peñasco, en donde ya llevaban siete 
meses, ^ apenas podían creer á sus propios ojo» 
cuando descubrieron las blancas velas del bu- 
que que se deslizaba «obre las aguas. Y aun- 
que se disgusto bastante Pizarro al ver anclar 
el buque sin traerle gente de refreno para 
aumentar la suya, no pudo menos de recibirle 
con evidente satisfacción, por que con su auxi- 

9 "Estubieron con. estos tra- te meses." Montesinos, Anales, 
bqjos con igualdad áé animo si^í. ijS., año 15fÍ7. 



SOO CONQUISTA DEL PERÜ^ 

lio podía ya resolver el gran problema de la 
existencia de un rico imperio en el Sur, y pre- 
parar el camino para emprender mas adelante 
su conquista. Dos de sus compañeros estaban 
tan enfermos que se resolvió á dejarlos mien-^ 
tras volvia, al cuidado de algunos Indios ami-' 
gos que le habían acompañado, todo aquel tiem- 
po. Enbarcose en seguida con el resto de sü 
gente y los Indios tumbecinos, y alzando al pun- 
to las áncoras, dijeron adiós á aquel que ellos^ 
llamaban «'infierno" y que había presenciado tan 
inauditos padecimientos y tan heroica determi- 
nación. ^^ 

La esperanza henchía los corazones de todos 
cuando se vieron de nuevo libres sobre las affua& 

♦ o 

y conducidos por su antiguo piloto Ruiz. Este, 
siguiendo los consejos de los Indios, se propuso 
poner la proa á Tumbez para llegar de una vez^ 
al licQ imperio de los Incas, á aquel El Dorada 
que buscaban hacia tanto tiempo. Pasaron cer- 
ca de la terrible isla del Gallo, de que tenían 
tantos motivos para acordarse,, y continuaron 
apartándose de la costa basta que doblaron la 
punta de Tacamezr en cuyas cercanías habían 
desembarcado en el viage anterior. No tocaron 
en ningún punto de la costa, sino que continuar 

10 Xerez, Conq. del Pera, mana, MS.— Herrera, Hist. Ge*. 

ap. Barcia, tom. III. p. 182. — neral, dec. 3, lib. 10, cap. 4, — ^ 

Montesinos, Anales, MS., ano Pedro Pizarra^. Descub. y Conq», 

1527.— Naharro, Relación Su- MS- 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 3Í)I 

fon sin interrupción su camino, aunque algo con- 
trariados por las corrientes, asi como por el vien- 
to, que con pocas variaciones soplaba sicm])re 
del Sur. Por fortuna el viento era suave y el 
tiempo bonancible, de modo que su viage, aun- 
que lento, no era desagradable. Dentro de po- 
cos dias dieron vista á la punta de Pasados, tér- 
mino déla anterior navegación de aquel ¡úloto, 
y cortando la línea entro' el pequeño buque en 
aquellos mares desconocidos, que ninguna quilla 
europea habia surcado hasta entonces. Con- 
forme adelantaban echaban de ver que la costa 
iba perdiendo su elevación y su aspecto monta- 
ñoso, y al llegar á la ribera se convertia en lla- 
nuras arenosas, interrumpidas aquí y alli por ver- 
des sembrados notablemente bellos y frondosos, 
al paso, que las l^Jancas cabanas que cubrían la 
orilla del mar, y las humaredas que se alcanza- 
bíin á ver entre las distantes colinas, eran indi- 
cios seguros de una abundante población» 

Por fin, á los veinte dias de su salida de la 
isla, dobló el buque la punta de Santa Elena, y 
entro en las tranquilas aguas del hermoso golfo 
de Guayaquil. . Allí se veia toda la costa cubier- 
ta de pueblos y ciudades, apesar de que la ele- 
vada cordillera se alzaba bruscamente desde 
mny cerca de la orilla, y solo dejaba una angosta 
faja de verdura cortada de inume rabie s riachiie- 



302 cpXQUisTA DKL tkkú. 

los que después de íeríilizaHa ibriñ ápreeipifar- 
se al mar 

Los viajeros se fcncbntrabbti atiofá frente á 
frente délos mas encumbrados picos ^de aquélla 
magestaosá cadena de montañas. Él CHitiibó- 
razo, con su redóhdá cima, deséoirábd sobre to- 
das como una cúpula colossil, y el Cotópaxi aso- 
maba su jiütitá cohiea cubierta de bíanqüísimá 
nieve, que solo cede á la destructora acción üel 
fuego que encierra én sus entriínas; porqué éste 
pico es el mas tertíible dé los voícanek áe Aráé- 
xica, y estaba en espantosa dctividáá ^'á^iiá la 
época de que tratamois. Sfuy s^tiáfecÜos los 
Españoles con las muestras de civiliziieibñ que 
iban encontrando ácada paso, echaron pórulti- 
tima el ancla frente á la isía tVe Santa Clíirá, ^lue 
queda á Fa ebtrada de la bahia Bé' 1[*ükínltíei '^^ 

No encontraron allí hat)itatites;|íéf ó í(k Indios 
que llevaban consigo afirníaroh set íiq\iel tíi lu- 
gar adonde acudían con frecuencia los 1>élieosos 
moradores de la veciniá Má de Puna, j>afti dar 
culto á sus Dioses y ofreceirles áaeHficiok. So- 
lo bailaron los Españoles algunas piezas 3c oro 
de várfás figuras, téscáménfe labr^das> qfife se- 

II. Se§uu Garcílaso pasai'on toicesotí, en Fas opales es tan difi- 

dos años entre la salida de la Gor- cil fijar con exactitud una fecha, 

gona y la llagada á Tuúibez. ,á ¿ftitsa delsüéncio, toas bleoqa^ 

(Con). Real., Parte 2, lib. 1, cap. de las contradiccipnef de los tes- 

1>.) Tan groseras faltasr de ero- timonios contemporéiieos, como 

iiología lio se ven con frecuenüíi si los acontecuuientos hubiesen 

ni auu cu las relaciones de «stvs- piasa4o antes del dQÍiriD- 



LlBftO ll.-i— CAPITÜW lY. sea 

rían tul vez ofrendas hechas á In divinüiad india; 
peio se llenaran (}e regocijo iciiáiido l^s Indicas 
les asegararon, que en sm *eiud<id de Tumbes hs^ 
Harían grande abundancia de ese precioso n^etel. 
Ak asadana sigai^iite atraVtsaron la bj^hia 
para llegar á flM|«iel :paehlo. A^ que ^e faeroj» 
aeeix^iGindo, áescobriervaaona ciudad d^^stensian 
considerable üioin múJitií&s edificios ai jparecer á» 
mampostei^ia» situada en d jc^entúo de una her-^ 
mosa pradera, cuya ferfili'dad, qae eaalrastaba 
con la aridez de los sdrededpres, parjecia debar* 
8e á nu rieg0 «ibundante y bien distribuido. Le- 
jos todavia de la orilla, ¥Ío recir Pisearro liácia 
él \^ao:ias habas ¿grandes, las que re^ol^droa car- 
gaídeus de gttetjeros quie iban á una «erspeidicioii 
erontxa la isla de.Paná. Poniéoidose al hablarcon 
la fio tilia i ndia , eonviilo lá algunos de los gefes 
•á pasar áboidode suixuqae* iLosPeraanosimi- 
xában marajrüikcdixs todo x:iianto se psresentaba 
á su 'visrtd, y lo que ^ mas ttámaíba «u lotenckai 
^rsn sos piropies paítanos, qne 4»eTtat»e&t« «no 
é^perrtthmi encontrar ¿allí. Estos les refirieren 
el modo con^qae habían: caído ^n mtaavos ti« los 
estrangeros, á quienes ^pintaban como s^es ma- 
ravillosos, que no habi^in venido á ha4>«^ da^,, 
sino lian solo 6 conocer el país, y sus habitantes. 
El gefe español confirmo estus noticias, y pérsna- 
dio álosIndi<>sá que volviesen en sus balsas pa- 
ra que contasen á los de la oiudiid lo qne h-lbian 



4fe 

304 CONQUISTA DEL PERÚ. 

visto, pidiéndoles al mismo tiempo que le pro- 
porcionasen algunos refrescos, pues que su de- 
seo era entrar en relaciones amistosas con los 
naturales. 

La gente de Tambez estaba amontonada en 
la ribera; y contemplaba con indecible asombro 
el castillo flotante, que habiendo «oltado ya el 
ancla se mejcia perezosamente sobre sus amarras 
en la bahia. Escuchaban pasmados las relacio- 
nes de sus paisanos, y dieron al punto parte al 
curaca o ^efe del distrito, quien considerando 
á los estrangeros como á seres de naturaleza 
superior, se preparo inmediatamente á satisfa- 
cer sus deseos. No paso mucho sin que viesen 
venir hacia al bosque muchas balsas cargadas 
de plátanos, yuca, maiz, patatas, manzanas, co- 
cos, y otros preciosos frutos del . feraz valle de 
Tumbez. Traian también caza, pescado, y algu- 
nos llamas de los que ya Pizarro habia formado 
idea por los imperfectos. dibujos de Balboa, si 
bien hasta entonces no habia visto ningún indi- 
viduo vivo. Examino con grande interés este 
curioso animal, el carnero del Perú o el "peque- 
ño camello de las Indias," como le llamaban los 
Españoles, admirando mucho en el animal la 
mezcla de lana y. pelo de que los Indios se ser- 
vían para sus artefactos. 

Aconteció hallarse entonces en Tumbez un 
noble inca ú orejón, porque^como ya hemos di- 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 305 

cho, asi llamaban los Españoles á los individuos 
de su clase, por los grandes adornos de oro que 
llevaban en las orejíis. Manifestóse muy deseo- 
so de ver por sus propios ojos aquellos maravi- 
villosos estrañgerós, y con tal motivo se embar- 
co en una de sus balsas. Por su trage y por el 
respeto con que^le trataban los demás, fácilmente 
se echaba de ver que era persona de distinción, 
por lo que Pizarro le recibió con marcada defe- 
rencia. Le enseñó las diversas partes del navio, 
explicándole el uso de todo aquello que llama- 
ba su atención, y respondiendo á sus repetidas 
preguntas lo mejor que podia por medio de los 
intérpretes indios. El gefe peruano manifesta- 
ba grande ernpeño eli saber, de donde habian 
venido á aquéUas costas. Pizarro y sus compañe- 
ros. Respondióle el capitán español que era 
vasallo del monarca mas grande y poderoso del 
mundo y que habia venido á aquella tierra para 
hacer que se reconociese en ella, como era justo^ 
la soberanía de su señor. Venia también á sa- 
car á sus habitantes de las tinieblas del error 
en que estaban sumidos, tributando culto al de- 
monio que habia de arrastar sus almas á la per- 
dición eterna, y en su lugar les traia el conoci- 
miento del verdadero y único Dios, Jesucristo, 
para que creyesen en él y se salvasen. ^^ 

12 Referimos solo en com- iral, dec 3, lib. 10, cap. 4.— V. 
pendió este coloquio, que' trae también Montesinos, Anales, MS. 
largamente Herrera, Hist. Gene- año 1527.-- Conq. i Pob. del Pi- 



396 mSWl^TA DEL PÜRÜ. 

JBl príncipe indio escucho todo al parecejr con 
grítnde fitencion y íaiaravilla; pero no dio res- 
puejsta alguna. Tal ve? seria por qpe ni él, i?i 
sus intérpretes tenian idea distinta de est^ nue- 
vas doctrinas qwd se les anunciaban ex abrupü). 
P4ido suceder igualmente que no crieyeae quB 
habia en todo el munido otro príncipe mas pode- 
roso que el Inca, q á Ip menos otro que tuvie- 
se mejor derecho de gobernar aquellos doiixi- 
nios. Posible es también que no eMuyieae dis- 
puesto á convenir en qué el gran luminar qvie 
adoraba era inferior al. Dios de los Españoles; 
pero cualesquiera que fuesen . las ideas que re- 
volvió aquel bárbaro en su mente inculta, no las 
manifestó, .sino que mantuvo un discretp silen- 
cio, sin .empeñítrse en disputar o en convencer á 
su antagonista. 

"^ Quedo$e abordo del buque hasta la hora de 
comer, y se ^^nto en la mesa con los Españolea, 
mai3Ífe.s|4Qd<^e mpy sati^fee^ho de los estragas 
manjares y spbre todo del vino, que declaró 
ser infinitanfiente^gtuperíar á los licores fermen- 
tados de ^tt pai;3. Al despedirse ineto cortes- 
mente á los Españolees para que pasasen á Tiwn- 
bes5, y Pizarro le de/spacho regalándole, entre 
atra§ eosas, una hacha de hierro que le habia 
causado graade admiración, porque, como ya. 

» 

ni, MS. — Nahari-o, Relación Sumaria, MS.— Relación <lel Pirimer 



LIBRO II. — CAPITULO IV. - 307 

heñios yisto, los Peruanos, lo mismo que los Me- 
ji/j^nos, no conocían el uso del hierro. 

J^l sigpÍQnte dia envió é tierra el capitán es- 
pañol a uno de sus soldados llamado Alonso de 
Molina, acompañado de un negro que habia ve- 
nido de Panamá, á los que entrego' un regalo 
para el curaca, compuesto de algunas gallinas 
y cerdos, jambos animales desconocidos en el 
Nuey;o Mundo. Al caer la tarde volvieron los 
emisarios cardados , de frutas y verduras, que 
los benévolos habitantes enviaban á los del bu- 
que. M9J.Ina venia contando maravillas. Ape- 
nas ¡des^rpbarco, le rodearon los Indios que no 
h^Uabati como manifestar la admiración que les 
cansaban &n trage, &u barba y la blancura de su 
tez. Las raugevesgobre todo, se mostraban mas 
curiosas, y según se vé, sus atractivos y su afa- 
bilidad sedujeron enteramente^ Molina, q\uen 
tal VQZ:4aria á entenii^r .por su copducta el efec-^ 
to que le causaban, puesto que le invitaron a que- 
darse con ellíis, ofrecijendo daiie por muger una 
joven hewnosa. No les §orprendia menos el color 
de su compañero, y no pudiendo figurarse que 
fuese natural, se afanaban por quitar de su rostro 
la tipta que á su parecer le cubría, y como el 
negro lo recibia todo bien, con su natural buen 
humor, y se reiá enseñando sus blancos dientes, 
se llenaban de regocijo. ^^ También los ani- 

13 "*No se cansaban d« lüirarle, hrícVinle labar pnra ver si 



308 CONQUISTA DEL PBTRtr, 

males eran otro motivo de estrañeza, y cuando 
el gallo cantaba, aquella sencilla gente palme- 
teaba y preguntaba qué era lo que pedia. " Es- 
taba su imaginación tan trastornada con espec- 
táculos tan nuevos, que ya no eran capaces si- 
quiera de distinguir los hombres de los brutos. 

Condujeron luego á Molina alo habitación del 
curaca, cuya entrada guardaban porteros, vi- 
viendo el dueño rodeada de fausto, y servida en 
vagilla de oro y plata. Lleváronle en seguida 
á recorrer varios parajes de la ciudad, y vio una 
fortaleza, de piedra que aunque de poca eleva- 
ción, cogía una grande estension de terreno. ** 
Cerca de ella habia un templo, y las descripcio- 
nes que hacia de él y de sus brillantes adornos 
de oro y plata, parecieron á Pizarro tan exage- 
radas que comenzó á desconfiar de toda la rela- 
ción, por lo que j^ra cerciorarse resolvió enviar 
al dia siguiente otra persona mas juiciosa y mas 
digna de confianza. *• 

Eligió para desempeñar esta comisión á Pe- 
dro de Candía, el caballero griego que antes con- 

se le quitaba la Tinta negra, i él Pera. . . . Ya esta el edificio dés^ 

lo hacia de buena gana, riéndose, ta fortaleza muy gastado y des- 

y mostrando sus Dientes blan- hecho: mas no para que dexe de 

COS." Herrera, Hist. General, dar muestra de lo mueho que 

dec. 3, lib. 10, cap. 5. lüé." Cieza de León, Crónkn, 

14 Ibid., ubi supra. cap. 4. 

15 "Cerca del solia estar una 16 Conq. í Pob. del Piru, 
fortaleza muy fuerte y de linda MS. — ^Herrera, Hist. General, 
obra, hecha por loa Ingas reyes loe. cit. — Záfate, Conq. del Pe-- 
del Cuzco y señores de todo el YÍr, lib. 1, cap<,3» 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 309 

tamos entre los primeros que se manifestaron 
decididos á correr la suerte de su capitán. Fué 
á tierra armado de punta en blanco, como fton- 
venia á un buen caballero, con su espada en la 
cinta y su arcabuz al hombro. Quedaron des- 
lumbrados los Indios al verle venir, y su pre- 
sencia hizo en ellos aun mas efecto que la de 
Molina, porque los rayos del sol se reñejaban 
en su pulida armadura y hacian resplandecer 
sus arreos militares. Ya los que estuvieron en 
el buque les hablan hablado mucho del formida- 
ble arcabuz y asi suplicaron á Candia "que le 
hiciese hablar." Eligió este por blanco un ta- 
blón, y haciendo detenida puntería disparo su 
arma. La Ihimarada de la pólvora, la detona- 
ción del arma, y el ver caer la tabla hecha asti- 
llas, llenaron de terror á los naturales. Algunós^ 
cayeron en tierra cubriéndose la cara con las ma- 
nos, y otros se acercaron temblando al caballe- 
ro; pero al ver la tranquila espresion de su ros- 
tro fiíeron deponiendo poco á poco sus recelos. '^ 

17 Añaden también que de- se á sua pies, haciéndole mal fies- 

seoBos los Indios de cerciorarse tas. Los Indios mas asombrados 

de si el caballero español tenia que nunca, ya no dudaron de la 

algo de sobrenatural, le soltaron santidad del estrangero; y to- 

un tigre, ó mas bien un jaguar, mandóle en brazos le llevaron en 

que tenian encerrado en la forta- triunfo al templo. Muchos es- 

Isza. Mas D. Pedro, como buen critores contemporáneos refieren 

cristiano, puso la cruz que lleva- esta anécdota tan verosímil, sin 

ba al cuello sobre el lomo del la menor señal de desconfianza, 

animal, que olvidando al punto (V. Naharro, Relación Sumaria, 

8« natural ferocidad, vino á echar- MS.— Herrera, Hist. General, 



310 CONQUISTA DEL PEliU, 

Encontró allí Cahdia la misma liospitalidad 
que antes Molina, y siis descripciones de las nía- 
ravillas de aquel lugar íió iban en zaga á las de 
su predecesor. La fortaleza rodeada de una 
triple cerca de piedra, estaba defendida jrov una 
fuerte guarnición. El templo según él le des- 
cribia, estaba tapizado de planchas de oro y de 
plata, y á su lado habia una especie de conven- 
to destinado á las vírgenes esposas del Inca, 
quienes se mostearon muy deseosas de ver al ca- 
ballero. ÍVo se sabe á punto fijo si llegaron á 
satisfacer esta curiosidad; pero Candía daba no- 
ticias de los jardines del convento, á donde en- 
tro', y los pintaba cúMértós de imitaciones de 
frutas y de plantas, todas de plata y de oro pu- 
ro. ^^ También había visto trabajar á algunos 
* artesanos, cuyo único oficio parééia ser el fiíbri- 
car estos suntuosos adornos para las Caáas re- 
ligiosas. 

Quizá las relaciones de éste calialle'ro eran al- 
gún tanto exaj eradas. "^ ^iJIúy ñJíturál era que 

dec. 3, fib. 10, cap. 5. — Cieza de mismo, y otras muchas cosas á 
León, Crónica, cap. 54. — Garci- este modo, conque aficionó gran- 
laso, Com. Reales, Parte 2, lib. demente á sus compañeros á es- 
1, cap. 15.) A este último autor ta conquista." Montesinos, Ana- 
tal vez le referiría la anécdota el les, MS., ano 1527. 
hijo del mismo Candia, con quién 19 ^I Conquistador que he- 
se crió en la escuela, según dice, mos citado tantas veces en estas 
18 "Clue habia visto un jar- páginas, no parece estar muy He 
din donde las yerbas eran de oro ^cuerdo con los informesdel buen 
imitando en un todo á las natu- caballero, pues dice, que cuando 
raks, árboles con frutas de Uo después entraron los Españoles 



LIBRO 11. — CAPITULO IT. 311 

íás iliilestras de civilización que encontraban eñ 
la costa del Perú, hiciesen una viva impiresion 
eií hombres que salían de un horroroso desierto, 
en dónde habían estado sepultados seis meses. 
*Támbcz era sin embargo una ciudad favorita " 
de los príncipes peruanos, el punto mas inipor- 
'tante de la fiorilérá septentrional déi imperio, y 
muy próximo á las provincias do Quito reciente- 
mente subyugadas. El gran Tupac Yupanqui 
liabia construido allí uña fortaleza, y llevado una 
colonia de mitíníaes. Huayha Cápac había le- 
vantado él 'templo y él edificio qlie habitaban las 
Vírgenes del Sol, dotándolos liberalmente con la 
magniticencía propia de Tas casas religiosas del 
Perú. Varios ácuediictos conducían el agua á la 
ciudad, cuyo anieno valle y el océano que bañaba 
sus orillas, procuralian abundante sustento á una 
numerosa población. Pero despuc« 3e la con- 
quista, lá codicia áe íbs Españoles no anduvo re- 
misa e» despojarla de todas sus glorias, y me- 
nos de medio siglo después de aquella época fa- 
tal, solo podría adivinarse él sitio que ocuparon 
'i&us altivas torres y templos, por los montones 

en Tumbez, hallaron que la re- aun no habían visto entonces, 

lación de Candía, era mentira de "Lo ¿uaífuémentíraí porque des- 

■príncípío á fin, salvo en lo tocan- pues que todos los Espiaftóles en- 

'te al templo: auüque él veireraiio tramos en ella, se rió por vista 

confiesa, que lo que fiátaba én de ojos liaber ¿fientido en todo, 

Tuinbez, qúédd mas qiie coto salvo en lo del templo, que este 

pensado con la mü^ficencla de era cosa de Ver, 'átiúqtíe ínucho 

otras ciududed deJ iuipcrío, que más Be lo íq^ aquel encarecior 



312 CONQUISTA DEL PERÜ. 

de escombros que cubrian por todas partes eí 
suelo. ^ 

Los Españoles estaban para volverse locos de 
alegría, dice un antiguo escritor, al oir aquellas 
maravillosas descripciones de la ciudad peruana. 
Sus ensueños mas queridos iban á verse realiza- 
dos, y habían llegado por fin á aquel reino ima- 
ginario que les habia deslumbirado tanto tiempo 
con su fingido esplendor. Pizarro manifestó su 
gratitud al cíelo por haber coronado sus traba- * 
jos de un éxito tan feliz; pero se quejaba amar- 
gamente de la desgracia que, privándole de sus 
compañeros, le imposibilitaba de poderse apro- 
vechar por entonces de su buena suerte. Mas 
á la verdad que no tenia motivo para quejarse; 
y no falto quien viese en esta circunstancia una 
intervención directa de la Providencia para impe- 
dir toda tentativ^a de conquista en tanto que es- 
tas fuesen prematuras. El Perú no estaba to- 
davía dividido por las rivalidades de los preten- 
dientes al trono, y unido y fuerte bajo el cetro 
de un monarca guerrero, se habría burlado de to- 
das las fuerzas que Pizarro pudiera haber reu- 
nido. ''Fué sin duda obra del cielo," exclama 

lo que faltó en esta cmdadf se ha- habla de la vandálica inclinacien 

lió después en otras que muchas de los conquistadores á destruir 

leguas mas adelante se descubrió- los edificios antiguos, que ya es- 

Xon." Relación del Primer. Des- tabm convertidos en escombros, 

cub., MS. á pesar de estar aun tan reciente 

20 Cieza de León que recor- la conquista. <Jr6nica, cap. 67.. 
rió esta parte 4^1 pab en 1548, 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 313 

tin devoto fraile, *'quelos naturales le recibiesen 
con tanto amor y benevolencia, como el medio 
mas propio para fíicilitar la conquista; porque la 
mano del Señor les trajo á esta distante región 
para que dilatasen su santa fé y aquellas almas 
se salvasen." ^* 

Recogidos ya todos los informes necesarios, 
y después de despedirse délos de Tumbez pro- 
metiéndoles una pronta vuelta, levo Pizarro las 
áncoiras y puso de nuevo la proa al Sur, sin apar- 
tarse nunca de la costa, á fin de que no pudiera 
escapársele ningún lugar de importancia. Asi 
doblo el cabo Blanco, y después de navegar co- 
sa'de gradó y medio, gano el puesto de Payta. 
Los habitantes al saber su llegada, salieron en 
balsas á ver é los maravillosos estrangeros, tra- 
yendo consigo bueníj provisión de frutas, pesca- 
dos y verduras, y manifestando en todo la mis- 
ma hospitalidad que sus paisanos de- Tumbez. 

Después de detenerse allí algún tiempo y cam- 
biar con los indígenas algunos objetos de poco 
valor, continuo Pizarro su derrota. Navego cer- 
ca de cien millas á la vista de las arenosas Uanu- 
de Sechúra, doblo la punta de la Agujay siguió 
corriendo la costa que se desvia hacia el Norte, 

21 '*Y si le9 recibiesen con Dios era para que su santa fé se 
amor, hiciese su Mrd. lo que mas dilatase y aquellas almas se salva- 
conveniente le pareciese ai efec- sen." Naharro, Relación Suma- 
to de su conquista: porque tenia ría, MS. 
entendido, qii«í «1 haverlos traido 

I. 29 



314 CONQUISTA DEL PJÉRÜ.; 

eonducido siempre por brisas ligeras y.algoin- 
constantes. Tornóse ahora contrario el tiempo, y 
los viageros hubieron de resistir continuas ráfa- 
gas de viento que les alejaron de la tierra y les hi- 
cieron su juguete durante muchos dias. Mas no 
perdieron de vista la magestuosa cordillera de 
los Andes, que conforme avanzaban veían pro- 
longarse hacia al Sur, casi siempre á la misma 
distancia de la costa, sucediéndose una á otra las 
montañas con su blanco ropaje de ni^ve, á seme- 
janza de las olas ¿te un inmenso océano que se hu- 
bieran quedado heladas en medio de su fqria^ 
Con estas marcas á la vista no necesitaban los via- 
geros de estrellas ni de brújula que les guiasen. 

Luego que hubo calmado algún tanto la tem- 
pestad, volvió Pizarro á acercarse al continente, 
y fué tocando diversos puntos de él. En todas 
partes le recttrian éón ÍA fñismahospitalidad y sa- 
llan los Indios en sus balsas á saludarle, trayendo 
sus pequeños cargamentos de frutas y verduras, 
de las infinitas especies que produce con tal 
abundancia la tierra caliente. Todos ansiaban 
por conocer á lOs estrangeros, los "hijos del Sol" 
como ya comenzaban á llamar á los Españoles» 
por su color blanco, su brillante armadura y el 
trueno de que iban armados. ^ Habíanles pre- 
cedido también los informes nías favorables de 

S2 "Que resplandecían co- del Sof por esto." Montesinos, 
mo el Sol. Llamábanle? hijos Anales, MS., año 15^. 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 315 

SU humanidad y cortesía, cuyas naticias les ha- 
biaD ganado el corazón de los naturales incli- 
nándoles á tratarlos con toda confianza y afabi- 
lidad. Aquellos feroces soldados no habían des- 
cubierto todavía el lado sombrío de su carácter, 
porque eran demasiado débiles. Aun no había 
sonado la hora de la conquista. 

En todas partes recibía Pizarro las mismas 
noticias de un poderoso monarca que gobernaba 
aquella tierra, y tenia su corte en uno de los va- 
lles de las montañas interiores, donde vivía ro- 
deado de oro y plata con todo el lujo de un sá- 
trapa del Oriente. En los puntos de la costa don- 
de tocaron los Españoles, eseepto en Tumbez, 
apenas vieron algunas cortas cantidades de estos 
metales preciosos. Mas de un autor afirma, que no 
los codiciaban á lo menos que asi lo manife€itahan . 
esteriormente, siguiendo las instrucciones de Pi- 
zarro. No quería este que descubriesen su sed de 
oro, y llego hasta, á rehusar ios presentes que 
le ofrecían. ^ Es mas probable que no se pre- 
sentaron á sus ojos grandes riquezas, sino en los 
adornos de los templos y otras casas religiosas, 
que por entonces no se atrevieron á violar. 

23 Quería Pizarro dar á en- perlas que les ofrecieron, á íin de 

tender á los Indios, dice el P. que conociesen no era codicia, 

Naharro, que solo por su bien y sino deseo de su bien el que les 

no por buscar oro, habia venido habia traído de tan lejas tierras á 

á 8118 lejanas tierras. "Sin haver las suyas." Relación Sumaria, 

querido recibir el oro, plata y MS. 



316 CONQUISTA DEL PERÚ. 

No era de esperarse tampoco, que los ricos me- 
tales que se reservaban para los usos religiosos, 
y para las personas de alto rango, se hallasen 
con abundancia en las lejanas ciudades y aldeas 
de la costa. 

Mas lo que hasta allí habian visto los Españo- 
les, bastaba para probarles que no carecían de 
fundamento las relaciones de los Indios. Conti- 
núamele veian edificios de manposteria, advir- 
tiendo en los mas de ellos grande habilidad en la 
construcción, ya que no elegancia en la forma. 
Donde quiera que echaban el ancla alcanzaban á 
ver, en medio de la geifierál esterilidad de la tier- 
ra, pedazos de terreno cultivado, donde liician 
las infinitas variedades de plantas que se crian 
entre los trópicos. Las acequias y canales que 
se cruzaban por todas partes como un laberinto, 
formaban un acertado sistema de regadío capaz 
de baeer florido un desierto. En varios lugares 
donde tomaron tierra. Vieron el camino real de 
los Incas que iba por la tnarina y se perdia mu- 
chas veces entibe la movediza arena, donde era 
imposible encontar asiento, hasta que llegando 
á un terreno mas firme se convertía en una an- 
cha y sólida calzada. Semejante empeño en fa- 
cilitar á tanta costa las comunicaciones interio- 
res, era por sí solo una prueba no despreciable 
de civilización y de grandeza. 

Continuando siempre Pizarro su navegación 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 617 

al Sur, paso frente al lugar en que algunos años 
después habia de fundar él mismo la floreciente 
ciudad de Trujillo, y siguiendo adelante llego á 
la altura del puerto de Santa. Estaba situado 
en las márgenes de un bello y caudaloso rio, pe- 
ro el pais vecino era tan árido, que comunmen- 
te le escojian loa Peruanos para sus sepulcros, 
porgue hallaban acfuel suelo muy favorable pa- 
ra la conservación de sus momias. Tantas eran 
las guacas que alli habia, que aquel lugar mere- 
cía mas bien el nombre de morada de muertos, 
que de habitación de vivos. ^* 

Así que llegaron á este punto, á cosa de nue- 
ve grados de latitud meridional, los compañeros 
de Pizarro comenzaron a instarle para que no 
siguiese adelante. Lo hincho, decian ellos, «ra 
mas que suficiente para demostrar la existencia 
y determinarla verdadera posición del grande 
imperio indio que por tanto tiempo hablan bus- 
cado. Las fuerzas con que contaban no eran 
bastantes para poder aprovecharse de sus des- 
cubrimientQs, y por lo tanto no quedaba otro 
partido que volver la proa é ir á dar cuenta al 
gobernador de Panamá del buen resultado de su 

d4 ' ''Lo qiie mas me admiró, todo oabiertas de huessos de 

quando passe por este valle, fue muertos. De manera que lo que 

ver la muchedumbre que tienen ay en este valle mas que ver, es 

de sepoltnras: y que por tod^s las . las /lepolturas de lOs muertos, y 

sierras y secadales en los altos los campos que labraron siendo 

der valle: ay numero, grande de vivos." Cieza de León, Crónica, 

apartados, hechor á su usanza, cap. 70« 



318 CONQUISTA DEL PERÜ. 

espedicion. Conocía Pizarro la justicia de su 
demanda y accedió a ella. Habia navegado en 
aquellos mares desconocidos nueve grados mas 
allá de los límites de las anteriores navegacio- 
nes; las nubes que oscurecieron por tanto tiem- 
po su fortuna se hablan disipado, y podia pre- 
sentarse con la frente erguida ante sus compa- 
triotas. Así fué que sin mas dilación volvió la 
proa al norte y comenzó á deshacer su camino. 
En su travesía toca en diversos puntos donde 
ya habia estado anteriormente. En uno de ellos 
llamado por los Españoles Santa Cruz, le habia 
convidado á ir á tierra una India de calidad, y él 
le habia prometido visitarla á su vuelta. Ape- 
nas habia anclado el buque frente al pueblo don- 
de ella residía, cuando vino á bordo con una nu- 
merosa comitiva. Pizai'ro la recibió con la ma- 
yor urbanidad y respeto, y al despedirse le hizo 
varios regalos de gran valor á los ojos de una 
princesa india. Insto mucho al gefe español y 
á sus compañeros para que pasasen á hacerle á 
ella una visita, comprometiéndose á enviar á bor- 
do los rehenes necesarios para seguridad de los 
Españoles. Pizarro le aseguró, que la confianza 
que ella les habia manifestado hacia inútiles 
aquellas precauciones. Mas apesar de eso, tan 
luego como se desprendió el bote al dia siguien- 
te para ir á tierra, llegaron al buque algunos de 
^incii>ales habitantes para ser recibidos en 



LIBRO n.— CAPITULO IV, 319 

rehenes mientras volvian los Españoles; prueba 
notable de delicadeza, y de i'espeto al natura 
recelo de sus huéspedes. 

Hallóse Pizarro con que habían hecho gran- 
des preparativos para recibirle, de un modo 
sencillo y lleno de hospitalidad, que no ca- 
recia de gusto. Tenían dispuesta una verde 
enramada, entretegida de flores y yerbas olo- 
rosas que embalsamaban el aire con sus per-* 
fumes, y un abundante banquete compuesto 
de los alimentos usados en el país, y de fru- 
tas tan agradables á la vista como al paladar 
aunque los Españoles ignoraban su nombre y 
propiedades. Al banquete siguieron la música y 
la danza, ejecutada por una comparsa de mozos 
y de doncellas sencillamente vestidos,, en cuya 
favorita diversión nacional desplegaron toda la 
gracia y soltara de que eran capaces los flexi- 
bles miembros de los Indios del Perú. Antes de 
partirse espuso Pizarro á la amable India y á su 
comitiva, los motivos que le habían traído á aquel 
pais, del mismo modo que ya lo había hecho 
otras veces, concluyendo por presentarles el es- 
tandarte real de Castilla, que había sacado á tier- 
ra, pidiéndoles que lo alzasen en seHal de obe- 
diencia á su soberano. Así lo hicieron con mu- 
cha alegría, sin cesar de reír en el entretanto, 
dicen los cronistas, por lo que se echa de ver 
que tenían una idea muy imperfecta de lo serio 
de semejante cetemonia. Dióse por contento 



320 , CONQUISTA DEL PERÚ. 

Pizaj-ro con semejantes muestras esteriores de 
fidelidad, y se volvió á su buque muy satisfecho 
de la buena acogida que le habian hecho, y acaso 
meditando el pagarla después c«a la conquista 
y sujeción del pais. 

No se olvidó el geíe español de hacer escala 
en Tunibez á su vuelta. Allí algunos de sus 
compañeros, atraídos por el agradable aspecto 
del lagar y la buena disposición de sus morado- 
res, se manifestaron deseosos de quedarse, dis- 
curriendo sin duda que era mejor vivir allí don- 
dé serian personages de importancia, que ir á 
pasar una vida oscura á Panamá.. Uno de ellos 
era Alonso de Molina, el mismo á quien seduje- 
ron los atractivos de las beldades indias cuando 
saltó aquí á tierra la otra vez. Dióles licencia 
Pizarro, pareciéndole que no le vendria mal en- 
contrar á sú vuelta árgúrios'3e"sus propios com- 
pañeros instruidos ya en el idioma y costumbres 
dé los indígenas. Tomó además en su bu- 
que dos ó tres muchachos peruanos que le 
dieron, con el mismo fin de hacerlos instruir en 
el castellano. Uno de estos jóvenes, á quien los 
Españoles llamaron Felipillo, desempeñó des- 
pués un papel de alguna importancia en los 
acontecimientos posteriores. 

Saliendo de Tumbez los aventureros, hicie- 
ron rumbo directo á Panamá sin tocar en otro 
punto más que en la malhadada isla de la Gor- 



LrtÍRO II. — CAPITULO IV. 321 

gona para tomar á los dos compañeros, que 
allí dejaion por demasiado enfermos para poder 
navegar. El uno habia muerto, y recojido el 
otro, Pizarro y su puñado de valientes compa- 
ñeros, siguieron su viage, y después de una au- 
sencia, lo menos de diez y ocho meses, echaron 
felizmente el ancla en la bahía de Panamá. ^ 

feran sensación causo allí su llegada^ como 
era de suponerse. Pocos habia, aun entre sus 
mas fieles amigos, que no creyesen que habian 
pagado ya bien cara su temeridad, sepultados 
en las olas o sucumbiendo al rigor del. clima ó á 
los ataques de los naturales. En proporción á 
sus temores fué grande su alegría cuando los 
vieron venir, no solo sanos y salvos, sino con 
noticias positivas de las encantadas regiones que 
por tanto tiempo s^ habian burlado de sus es- 
fuerzos para alcanzarlas. Fué aquel sin duda 
un momento de inefable satisfacción para los 
tres socios, que á pesar de la maledicencia, de 
ia burla y de todos los obstáculos que la infide- 
lidad de los amigos d la indiferencia del gobier- 
no podia oponerles, habian perseverado en sa 
grande empresa hasta quedar establecida y ave- 
riguada ía verdad de lo que todos tenian por una 
quirnéra. Es suerte común de aquellos hombres 
superiores que conciben una idea demasiado 

25 Conq. i Pob. áel Pini, Descub. V Conq., MS,— Herré- 

MS. — Montesinoe, Anales, MS., ra, Hist. General., ¿ec. 4, lib. 2, 

año 1528. — Naharro, Relación cap. 6, "J. — Relación del Primer. 

Sumaria, MS.— Péító'Písíárfo; Descub., M&\ 



324 CONQUISTA I>EL PERÚ. 

misión como su compañero de armas, que conta- 
ba con una baena, figura y cierto aire de auto- 
ridad, sabia usar de buenos argumentos, y cuan- 
do se interesaba vivamente en un negocio, llega- 
ba á ser elocuente, apesar de los defectos de 
su educación* El clérigo se empeñaba á pesar 
de eso, en que se encargase lá negociación al Li- 
cenciado Corral, empleado respetable que re- 
gresaba á su patria á asuntos de gobierno; pero 
Almagro se' oponía abiertamente á esta deter- 
minación. Nadie según este, podia dirigir me- 
jor el negocio, que uno de los¡interesa'dos en él. 
Tenia en mucho la prudencia de Pizarro, su dis- 
cernimiento y su política fria y calculadora: ^ 
conocia bastante á su compañero para estar se- 
guro de que su presencia de ánimo no le aban- 
donaría en la nueva, y por lo mismo dificil posi- 
ción en que se iba áver en la corte: la relación 
de las pasadas aventuras debía causar mucho 
mas efecto is^alída de la boca de quien habia si- 
do en ellas el principal actor. ¿Quién como él 
pintaría los inauditos sufrimientos y sacíficios 
por que habían tenido que pasar? ¿Quién daria 
mejor razón de lo hecho, de lo que estaba por 
hacer y de los auxilios que para, ello se necesi- 
taban? Concluía, por lo mismo, con su acostum- 
brada franqueza^ pidiendo encarecidamente á su 

27 • *'E por pura importiiiia- tubo respeto é-tleseó honrarle.' 
cion de Almagro cupole á Fizar- - OviedO) Hút. áe las hsáia^ Md.r 
ro, porque siempre Almagro Ic Parte 3, lib. 8, cap. 1. 



LÍÉRO II. — ^CAPITULO ÍV. 33d 

(¿Ompañero que se encargase de aquella comisión; 
Conoció Piíarro la exactitud de los racioci- 
nios de Almagro, y aunque con evidente repug- 
iianeia, admitió un encargo menos conforme á 
sus incÜDaciones que una espedicion á los des- 
poblados. Mi>s trabajo costa xedueir á Luqae: 
**Plegue á Dios, hijos, les dijo, que no os hurtáis 
la bendición el uno;al otro, que yo todavía holga- 
ra que á lo menos ñiérades entreambos." ^ Pi- 
zarro se comprometió á mirar por los intereses de 
sus asociados lo mismo que por loS suyos propios. 
Pero es evidente qne Luque desconfiaba de Pí- 
¿arroi 

No dejó de haber sus dificultades para conse- 
guir la suma necesaria para equipar al comisio- 
nado, á fin de qué se presentase en la corte de, 
un moido conveniente: tan poco crédito asi tenisrn 
los asociados^ y tan poco era lo que se confiaba 
aun, en los resultados de sus importantes desou- 
brimientos. Consiguieron al fin niil y quinien- 
tos ducados, y eA la primavera de 1528, salió' 
Pizarro de Panamá acompañado de Pedro de 
Candiá. ^ Llevo también consigo algunos Indios 
asi como dos 6 tres llamas, varios tejidos finos 
y muchos vasos y alhajas de oro y plata, t^omo 
ínuestía^de la civilización del país y fiadores de . 
la verdad de sus maravillosas relaciones. 



Entre todos los que han escfrito sobre las an- 
tigüedades del Perú, ninguno ha adquirido tanta 

28 Herrera, Hist. General, buena voluntad D. Femando de 
dec. 4, líb."3, capr.'l. Luque.'* Montesinos, Anales^ 

29 ^^«ntaronle inil y qui- MS., año 1528. 

BÍeatüs V930B 4e oíro qué'dió de ' * . . ...... 

I. 30 



326 CONQUISTA DEL PERÜ. 

celebridad, ni ha sido citado con tanta frecuencia 
por los compiladores modernos, como el Inca 
Garcil iso de la Vega. Era mestizo, pues nació 
en el Cuzco, el año 1540, de padre español. y de 
madre india. Garcilaso de la Vega, su padre, 
pertenecía á aquella ilustre familia cuyas hazañas 
en armas y en letras, aumentaron tanto el lustre 
del periodo mas brillante de los anales de Cas- 
tilla. Vino al Perú con Pedro de Alvarado, po- 
co después de haber ganado Pizarro aquella 
tierra. Siguió siempre la suerte de este capi- 
tán, Y asi que fué muerto, la de su hermano Gon- . 
zalo, á quien se mantuvo fiel durante su rebelión 
hasta el momento de su derrota en Xaquíxagua- 
na, en donde Garcilaso tomó el mismo partido que 
la mayor parte de los de su bando, pasándose al 
enemigo. Pero esta muestra de lealtad, aunque 
le salvó la vida, fué demasiado tardia para in- 
demnizarle á los ojos del partido victorioso, y la 
mancha que se echó encima por la parte que tu- 
vo en la rebelión, fué un obstáculo con que siem- 
pre tropezó en su carrera, y aun pa&ó en heren- 
cia á su hijo, según se vio después. 

La madre del historiador era déla sangre real 
del Perú, sobrina de Huayna Capac, y nieta del 
famoso Inca Tupac Yupanqui. Garcilaso, al mis- 
mo tiempo que se manifiesta muy satisfecho 
de que corriese por sus venas la sangre de ^os 
civilizados Europeos, no se muestra poco drga- 



LiBao íi.— CAíitüLO IV. 32Í 

lioso de descender de la dinastía real del Perú; 
y así lo indicaba, mezclando su apellido can el ti- 
tulo propio dé los príncipes peruanos, y firman- 
do siempre Garálaso Inca de la Vega. 

Paso sus primeros años en su pais natal; don- 
de fué criado en la religión católica romana, y 
recibió la mejor educación que era posible pro- 
porcionarle entre el estruendo de las arnias y 
las continuas guerras civiles. Apenas habia eum- 
* plido veinte años, cuando dejo la América en 
1560, y se fijo desde entonces en España. Siguirf . 
allí la carrera militar y llegó áobtener el empleo 
de capitán en la guerra contra los moriscos, y 
después bajo las banderas de D. Juan de Aus- 
tria. Aunqae se porto con honor en su peligro- 
sa carrera, parece no haber quedado niuy satis- 
fecho del modo con que pagó el gobierno sus 
servicios. El hijo llevabia todavía sobre sí él bor- 
rón de la deslealtad del padre, y Garcilaso nos 
f^firma, que esta circunstancia hizo inútiles todos 
sus esfuerzos para recobrar el rico patrimonio 
de sn madre que habia recaído en la corona, **Y 
con todo esto pudieron los disfavores pasados 
tanto," nos dice, '.'qu^ no osé resucitar las pre- 
tensiones y esperanzas antiguas, ni las níioder- 
nas. También lo causó el escapar yo de la guer^ 
ra tan desbalijado y adeudado, que no éie ftié 
posible' volver á la C([>rte, sino acojcrme é lo» 
rincones de la soledad y pobreza donde paso una 



90B CONAliJl^TA I>£L FBHÍí. 

vida quieta, y p«.eí&eas comp lu>i)3i1(^ir^ déseñga&i* 
4o y de9p^didp dQ e^te laiiDdo. y de 90^1 madaa* 

El lugar qijie eUgio paca este oscioro retiro, 
nQ.fkfiwni, sin embargo, las. entraña^ de un de- 
9iecjtoi eomo, podria süpoiuerse el lector pcir este 
tonp dte resigaaeixiii, filosófica, sino la ciudad de 
Cómtoba, la alegre capital de los morimos en 
otvo. tiempo^ y todavía entoiices cJsUdadi firecnen- 
tada y bulliciosa* Allí se. et&pleaba nuestro filó- 
sofo en .sus trabajx]is literarios, tanta ma^ agra^ 
dables á su lastimado espíritu, cuanlo que su ob- 
jeto era perpetuarla menfH>ria de las antiguas 
glorias de su patria natural» y presentadas en 
su primitivo luatre y esplendor á lo$ ojos de so 
patria adoptiva. ^*Y no tengo razoj^ de quejar- 
«D«^'' diee en el prólogo d^ su Florida, '<de qu€ 
la fortuna uo me haya favorecido, pues á esto 
debo el haber e^pttado en una carrera literaria, 
que espero me dará fama mayor y mas durade- 
ra, que la que podian haberme dado todos sas 
fevores." 

En 1$09. did á luz la primera pa^le de su gran- 
de obra de los GomeTiiarios Realeo destinada á 
tratar de la historia del país en tiempo, de los In- 
cas^ y en 1616, pocoa meses antes de su muerte, 
aeabó la segunda parte^ que comprende la historia 
de conquista, la cual se publicó en Córdoba el afio 
siguiente. De este mo^o terminó el cronista sus 



tenta y aek añoa. ])«j(^ wia oirecid.a $WUA pa^ra 
pagar misas pojí si| alma, de lo (|aie ae ia^Sar^ 
que la^.ha de tomarse al pié de la letra lo q\^f 
de sp pobreza deda* {"aeiMi sefMiliádos soa 
reste»; en ki: catedral de C4téob^ en la capilla 
que aiiii. coasevya el n^oAie de Gíircilaso, y sor 
bré stt tumba se pcuo ana inscripción qcie ex*- 
pregaba el respeto y a^recáo general que se ha-t 
bia grangeado el historiad)Or^ por sus dástingui-* 
. das prendas como hombí» y como litetato. 

Lá Primera P^UFÍe de ht Comentarios Reajss está 
dedicada á tratar de la biatpria antigna del pai^ 
como ya hornos dicho, y presenta nn cuadro com- 
pleto de la eivilizaeion de los Incas: sin dada el 
mas completo, qae hasta la presóte se haya es- 
crito. La madce de Garcilasi^ solo tenia diez anea 
cuando suprimo Atahualtpa heradtx el ia^)eri0» 
6 porin^or decir, Jo usurpo^ seg^an decían los 
dé la facción día Cuzco* Tuvo ella la buena 
aúerte de éSíimpar de la imiiaiiza que, según el 
cix^niata» acabad con la cliayor parte de sus pa^ 
riente$, y después de la conquista continuó vi* 
viendo, con su hearmaño, en la antigua capital 
del reino. Su eanVer^aoion recaía naturalmenr 
te sobare los dichoi^oA tiempos del gobierno de 
los IncaS) y cualquiera puede íignrarseí que. en 
vez de haberse confundido eatoá recuerdos con 
el tiempo trascurrido, el pesar que les causaba 



1^ CONQUISTA DEL PERÚ. 

en sa triste estado presente la memoria de épo- 
ca ma« feliz, debia dar á sus descripción e,s mas 
viveza y algún tanto de exageración. El jrfven 
Garcilaso escuchaba atentamente estas relacio- 
nes que le recordaban la grandeza y las hazañas 
desús ilustres progenitores, y aunque por en- 
tonces no hizo uso de elias, se quedaron profun- 
damente' grabadas en su memoria para aprove- 
charlas en tiempo naas oportuno. C&ando, pa* 
sados ya muchos aóos^ se disponia en su retiro 
de Córdoba á componer la historia de su pais« 
escribió á sus antiguos compañeros y condiscí- 
pulos incas, para que le díeseií, sobre varios 
puntos históricos de importancia, informes cir* 
cunstancf ados que en España le era imposible 
conseguir. En su juventud fué testigo de los 
usos y ceremonias de siis paisanos; era perito 
en interpretar sus quipos, y muchas de sus an* 
tiguas tradiciones le eran faitoiliares^ Ayudado 
luego de las noticias de sus parientes y amigos 
del Peni, llegó á &miiiarízarse con la historia 
y leyeái de los Incas hasta un punto á donde solo 
podia llegar, quien como él se habia educado 
entre los Indios, hablaba su idioma y sentia cor-^ 
rer la sangre de ellos por "sus venas. Garcilaso 
era, en una palabra, el representante de la raza 
conquistada, y era de esperarse que su piticel 
dispusiese las luces y sombras del cuadro, de 
modo^iue produjesen un efecto muy diverso del 



LIBRO II.— CAPITULO IV. 331 

qtie liasta entonces liabian producido eñ manos 
de los conquistadores. 

Así sucedió hasta cierto punto, y aunque solo, 
se aprecien sus obras por el término de compa- 
ración que oifrecen para investigar la verdad, de- 
ben tenerse en grande estima. Mas Garcilasó 
escribía «n edad muy avanzada, después qué los 
escritores españoles liabiaa tratado mucho de 
aquellas materias. Era, pues, preciso que guar- 
dase ciertas consideraciones á hombres que go- 
maban en su mayor parte de grande aprecio, tan- 
to por sus estudios como por su posición en la 
sociedad. Su objeto, según afirma, no era tanto 
el añadir algo nuevo de su propia cosecha, como 
corregir los errores y equivocaciones en que 
aquellos incurrieron, por su ignorancia de la len- 
gua y costumbres úe los Indios. No se encerró, 
eia embarco, en tan t^strechos límites, y de los 
Copiosos jmateriales que habia recojido, forma 
^a obra <jue há sido una tica mina de que han 
sabido aprovecharse los modernos. Se le coiío- 
te el placer con que escribia, y cualquier asun- 
to que llega á tratar, lo ilustra y lo adorna con 
detalles tan variados y minuciosos, que deja sa- 
tisfecha la curiosidad mas exijente. De leer sus 
Comentarios á leer los escritos de los Europeos, 
hay la misma diferencia que de leer una obra en 
su lengua original*, á leerla en una mala traduc- 
ción. Los escritos de Garcilasó son un destello 
de la imaginación del Indio. 



ZS9 qONQ VISTA DEL PERÚ* 

Sus oomentarios, sin embargo, adoleeeo^ de 
un grave defecto, que la posición del autor ha- 
cia hasta cierto punto inevitable. Como se di- 
rijia á los ilustrados Europeos, ponía to4o em- 
peño en desplegar á sus ojos las antigu^^ glotis^s 
de su nación bajo su aspecto ra^ grandÍQ^p. 
Este fué el incentivo que 1q hizo e^aprendet sus 
trabajos literarios, para cuyo dps?i»pe6o. e^^taba 
muy lejos de ser bastante la educación que ha- 
bia recibido, por buena <{ue fuese pa^a tos ma- 
los tiempos que alcanzo. GareilasoescriiHcí pu^ 
para conseguir un objeto determinado. Presen- 
tóse en la arena como abogado de su, desgracia- 
da patria, para defender la eaosa de aquella ra- 
ssa abatida ante el tribunal de la posteridad, y 
así es que en todas las páginas de su obra se 
echa de ver el tqno exagerado de un panegírico. 
Nos pinta un estado de spci#dad co«io apeaas 
se atrevería ó figurárselo un filds^fo utopista, y 
convierte á sus reales progenitores en tipos de 
todas las virtudes imaginables. En sus páginas 
renace la edad de oro para una oacion que gosa 
de todos los bienes de la. paz y traaquilidadj 
mientras que sin cesar devasta sus fronteras 
una guerra de proselitismo; y aun las riquezas 
de la monarquía, bastante grandes de pipr sí en 
esa tierra de oro, las trasforma la ardiente ima* 
ginacion del cronista en las magnífte^a ilusiones 
de un cu^uto de bruja?. 



LIBRO IL— <?APITÜLO IV. 383 

Hay sin embargo un fondo d,e verdad .en sub 
mas estravagantes imágenes» y seria una injus- 
ticia suponer que el historiador indio no creia 
la mayor'parte de las estrañas maravillas que re- 
fiere. No hay éredulidad que iguale á la /le un 
neófito, que acaba de abrazar la fe cristiana^ 
Después de vivir largo tiempo eutre las tinieblas 
del paganismo, cuando hiere por primera ve^ 
sus ojos la luz de la verdad, se encuentra inca- 
paz de distinguir ^ verdadera miagnitud de 1q9 
objetos, y de separar lo, real de 1q imaginario-» 
Sin duda que Garcilaso no era un converso, por 
que desde su infancia se crip en la fe católica,;; 
pero vivia rodeado de ellos, y aun sus mismos 
parientes, después de practicar toda su vida If^s- 
ceremonias del paganismo, acababan de entrar 
por primera vez en el gremio de la Iglesia. . 1^1 
escuchaba las lecciones de los misioneros, aprep- 
dia de ellos a dar fé implícita á las paaravillosas 
leyendas de los santos, y á la§i historias,, no me- 
nos maravillosas^ de los triunfos que ellos mis- 
mos alcanzaran en las batallas espiritqales que 
les habia costado la propagación de la ñ. Acos- 
tumbrado así desde su niñez á ejercitar conti- 
nuamente su credujida^, perdió &u ra;$pn Ipt fa- 
cultad divina de distinguir la verdí^d de} erírory 
"y se fanjiliarizd tanfo con lo ^lilagroso, que con 
til tiempo, lo niilagroso dejo ya.de ser milagro. 

Mas si bien por esta cau^a hay que hacer granr 



334 CONQUISTA PEL PERÚ» 

des rebajas en lo qué el cronista refiere, existe 
siempre un fondo de verdad que no es difícil des- 
cubrir y aun separar de los caprichosos adornos 
que la ocultan, y después de descartar todas lag 
exageraciones del orgullo nacional, queda tod$* 
via gran copia de noticias exactas sobre las an- 
tigüedades del pais, que en vano buscaríamos ^n 
los escritos de ningún Europeo, 

Los de Garcilaso son el reflejo del siglo en que 
floreció', y hablan mas bien á la imaginación que 
á la sana filosofía. El brillante cuadro que sin 
cesar presenta, nos deslumhra; y nos embelesan 
los curiosos detalles y la animada charla con que 
llena el resto de sus página^. Interrumpe á ca- 
da paso la relación de los sucesos, para ventilar 
diversas cuestiones que sirven para esclarecer- 
los, con lo que evita la 'monotonía de la narra- 
ción y proporciona un agradable descanso á los 
lectores. Esto debe entenderse de la primera 
parte de su grande obra, porque en la segunda 
ya no habiíji motivo para semejantes investigacio- 
nes. El espacio' que ellas debian ocupar lo He- 
no con multitud de reminiscencias, anécdotas 
personales, aventuras episódicas, y un cumulo 
de detalles, triviales á los ojos de los pedantes, 
y que los historiadores han estado siempre dis* 
puestos á echar á un lado, como inconipatiUes 
con la gravedad de lá historia. Allí vemos á los 
actores de aquel gran dxama, en trage de casai 



LIBRO II. — CAPITULO IV. 335 

por decirlo así; nos imponemos de sus costum- 
bres privadas, escuchamos sus conversaciones 
familiares, y en una p^^labra, recojemos todos 
aquellos incidentes, insignificantes de por sí, pe- 
ro que en su conjunto forman una parte tan esen* 
cial de la vida y revelan el verdadero carácter de 
los p^rsonages. 

, Esta confusa mezcla de lo grande y de lo pe- 
queño, hecha sin ningún artificio, es uno dé los 
principales atractivos de las novelescas crdnicas 
antiguasj^sin que pierdan nada de su exactitud 
por mas que se aproximen bajo este aspecto al 
estilo ordinario de las novelas. En estos escri- 
tos es en donde debemos estudiar el carácter y 
la influencia del siglo. Los ap9líllados pápeles 
de estado, la correspondencia oficial, los regis- 
tros públicos, son útilísimos, indispensables para 
la historia. Ellos son e|t armazón sobre que de- 
be descansar esta^ el esqueleto que ha de deter- 
minar su fuerza y proporciones. Pero son tan 
inútiles como un montón de huesos deséarnados, 
si no hay quien les dé su verdadera colocación 
y íes inspire un sopló de vida, para que salgan 
de sus manos animados del verdadero espíritu 
del siglo. Mucho debemos al infatigable anti- 
cuario, que no descansa hasta echar con toda 
solidez y exactitud los cimientos de la verdad 
histórica, y no menos al filosofo analista que nos 
representa al hóihbre con su trage publico, o por. 



33fi <?ONQUIStA DEL PEÍtÜ¿ 

mejor decir^ vestido de máscara; pero no debe- 
mos negar nuestra gratitud á los que, como Gar- 
cilaso y mas de un romancero de la edad media^ 
han penetrado á la vida privada y dádonos una 
pintura, aunque se le suponga algo desfigurada, 
de todos los objetos, los grandes y los pequeños^ 
los bellos y los repugnantes, cada uno en su lu- 
gí^r 3t con s.u$ rerdaderos colores.. Seria vano em- 
p^p el de sujetar la ob a de Garcilaso al crisol 
de la crítica, oonsiderándolai como obra de arte* 
fero aunque en su composición quedan á un la-* 
do. todas las reglas del arte, no se sig'ue de eso 
que baya de faltar á los principios del gusto, 
porque su espíritu es conforme al espíritu del 
siglo ^n que fué eárcrita» Y el crítico que la coi>- 
deoa severamente con aireglo á, los ajustados 
preceptos dpi arte i halará tal deleité en su mi&^ 
mo candor y s^etícillez, que una y otra ve;í volve- 
rá á cebarse en la lectura de sus páginas, mien- 
tras que eeíba á un lado y olvida otras coraposi-' 
ciones mas clásicas y mas correctas^ 

Aunque tal vez me he estendido ya demasira- 
dp^ no nae decido á terminar este juicio crítico 
d^e Garcilaso, sin d^cir al^p de la tradweipn iur 
gjesa de su& Comentarios* , Ápareaio en el rei- 
nado de Jaime 11, y la debemos a la píun^^í del 
caballero Sir Pé^uI Rycaut^ Se iraprijuití en Lon- 
dres en 1,688, en .folio, con visibles pretensiones 
á e^cioB. de lujo, muy adornada de grabados e^ 



LiBíio IÍ-— Capitulo IV. 837 

iiíadera, y con un frontispicio en que se vé la es- 
caáliila y aun ridicula figura, no del autor, sino 
del traductor. La versión sigue la misma mar- 
cha del original, libro por libro, y capítulo por 
capítulo, notándose muy raras veces, aunque sí 
algunas, la libertad tan commi en estas antiguas 
traducciones de omitir o compendiar algún pa- 
sage. Cuando se aparta del original es mas bien 
por ignorancia que de intento, y si puede servir 
de escusa la ignorancia, le sobran al buen caba- 
llero los medios de defensa. Nadie que lea su 
traducción dejará de convenir en que conocia 
muy poco su propio idioma, y cualquiera que la 
compare con el original, echará de ver su abso- 
luta ignorancia de la lengua castellana- Tiene 
tantas faltas como renglpnes, y tales algunas, 
que harían avergonzar á un muchaho de escue- 
la. Mas son tantas las rústicas bellezas del ori- 
ginal, que esta traducción, mas rústica todavía, 
ha gozado de grande favor entre los lectores, y 
la versión de Sir Paul Rycaut, á pesar de su an* 
tigüedad, se ve aun ocupando su lugar en mufí 
de una librería, tanto públicas conío particula- 
res* 



31 



LIBRO T£RG£RO. 



CONQUISTA TSEL PSRU. 



'^}i: . ■' f * . .., i " ' ¡iXi l^X 



,'ii l-\ .■^, .*. jÍ J. U. t J*' w i -j» 



LIBRO TERCEM . 

CONQUISTA, DEL PERÚ. 
CAPITULO I. 

l^fiqiBiail^NXO DE JPlZARIWvBN.LA GoRTB.«*TC!APITyLA7-r 

cioN CON LA CORONA,— Visita el luoar db fiu na- 
cimiento. — Vuelve al Nuevo Mundo. — Disgustos 

aOÑ iái^MA6ftO.-''^'£B0EÍPJ¿'^XllEt>ICI0N. AVENTURAS 

Bií LA CoSTÁ.-^HAÍrÁl.lJAi^Wr LA láLA DE PüNA. 

1528.^1531; 

Pizarro y su compañero atravesaron el istmo 
para embarcarse en 'Nombre de Dios, y después 
de naa feliz travesía llegaron á Sevilla á princi- 
pios del verano de 1528. Aconteció hallarse 
entonces en el puerto el Bachiller Encaso, per- 
sona muy conocida en la historia de las cosas de 
América, por haber tomado una partelmuy ac- 
tiva en la colonización de lá Tierra Pirníe. Te- 
nia ciertas cuentas que arreglar con los primé- 
ros vecinos del Darien^ entre los que se contaba 
Pizarro, y asi apenas puso* este el pié en tierra^ 
cuando fué preso á instwcias dé Encisb, y meti^* 



842 CONQUISTA DEL PERÚ. 

do por deudas en la cárcel. De este modo Pizar- 
ro, que habia huido de su pais como un aven- 
turero desesperado sin casa ni hogar, se veia á 
su vuelta encerrada en una primos, después de 
una ausencia de mas de veinte años pasados 
casi todos en inauditos trabajos y padecimien- 
tos. Asi coiQénaalian á apíuneiat-Ste la fortuna que 
él creia aguardarle en su .patria. Este suceso 
escito la indignación pública; n\as apenas se su- 
po en la corte su llegada, y la importante mi- 
sión de que venia encargado, se libraron orde- 
nes paía que fuese puesto en libertad,^ y se le 
permitiese continuar su .camino. 

Hajlo Pizarro ají .^[nuM^a4<)r ep Toledo, de 
dondf^ Auy pccAtod^tiiaü Balar á.«aibar<^arse pa- 
ra Italia. En los prii»éros años de su reinado, 
no gustaba Carlos y de residir en España. Se 
bftHíüjia •eatQnc^ en el apogeo de su gloría, á 
q«te la faabian tíi^véáo sos ttianfos sobre «a va- 
liente competidor francos, áqmen acababa de^ 
derrotar y haiser püsionéro eh Pavia; y el ven- 
cedor 86 .dÍ8ípomá én acjpeUos iqomeiitos á pa- 
sHfc á üalía pbná rdeiUir ',1a corona impexial de 
mano9 djel^Sotnaa PoDtifiee.' Deslumhrado con 
sttí^ victorias y sir i^ébiánt» «i^raeiotial trono de 
Akiñaiiia^ se cu vaba Carlos rony poco de &U6 
dcfcftjjüftgs '{patrijBioiüales» porque se abda á se 
ambicien unacarrei^a mas brillan^ en el ancho 
campo de la pqlUica europea. HaictH eniúticets 



LIBRO III — CAPITULO L 343 

hablan sido muy insignificantes las sumas que 
había recibido de sus posesiones ultramarinas, 
para que las mirase con la atención que mere- 
cían. Pero cuando le pusieron á la vista la re- 
eiente conquista de Méjico y las brillantes es- 
peranzas que daba el continente austral, cono- 
cid toda su importancia, esperando sacar de 
ellas los recursos de que necesitaba para las 
costosas empresas en que le metia su iwnbicion. 
Dicí por lo mismo muy favorable acogida á 
Pizarro, que venia á poner a los ojos del rey las 
pruebas fehacientes de la verdad de los rumo- 
res sueltos qure de cuando en cuando habian lle- 
gado á Castilla. Examinó Carlos con grande in- 
terés los diversos objetos que le fué presentan- 
do; pero nada llamo tanto su atención como el 
llama, por ser la única bestia de carga conocida 
hasta entonces en el Nuevo Mundo, aunque al sa- 
gaz monarca le pareció mucho mas apreciable 
ppr las hermosas telas que se hacian de su largo 
vellón, que por su utilidad para el servicio domés- 
tico. Pero las diversas vasijas de oro y plata, 
y las deslumbradoras pinturas que hacia Pizar- 
ro de la abundancia de aquellos metales precio- 
sos* bastaban para dejar satisfecha hasta la co- 
dicia de un monarca. 

Lejos de turbarse Pizarro al verse en una si- 
taacion tan nueva para él, mantuvo su acostum- 
brada sereniiad, con^s^ervando en todas sus es- 
presiones, el decoro y la dignidad propios de un 



344 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Castellano. Hablo de un modo sencillo y res- 
petuoso; pero con todo el fuego y elocuencia na- 
tural de un hombre que .ha tenido parte, en las 
escenas que refiere, y sabe ademas qu,e déla 
impresión que haga en su auditorio', deprende m 
suerte futura. Tpdo escucharon con grande in- 
terés la relación de sus estradas aventuras por 
mar y tierra; sus peregrinaciones en los bosques 
o en los horrorosos pantanos de la costa, sin 
alimento, casi sin vestido, con sus pies desgar- 
rados y marcando sus huellas con. sangre; vié^o- 
do disminuirse cada dia sus pocos, compaüeifos, 
por las enfermedades y la muerte, y a pesar de 
todo, marchando siempre adelante con ingax4i.tO' 
esfuerzo, para estender el imperio de Caiptítte^ 
el nombre y poderío de su monarca; pero cuan- 
do llego á pintar su miserable sitnacion en aque- 
lla isla desolada, olvidado del gobiern9 y aban- 
donado de todos, menos de im puñado de yalieii- 
tes compañeros, el rey, aunque no se co|ímovia 
fácilmente, no pudo contener la^ lágrinaas. Al 
salir de Toledo recomendó Carlos los negocios 
de su vasallo al Consejo de Indias, en los térmi- 
nos mas favorables. ^ 

1 Pedro Pizarro, Doscub. y con mucko gusto, tratólo amoro- 

Conq., MS. — Naharro, Relación so, y dyole tiempo, especialmente 

Sumaria, MS.— -Conq. i Pob. del cuando le hizo relación de su 

Piru, MS. consistencia' y é& \ó9 trece com- 

"Hablaba tan bien en la mate- pañeros en ia^ Isla en ^ medio <le ' 

ria, que se llevó Iob aplausos y tantos trabajos." Montesinos, 

atención enTole(ío4onde el £m- Anales, MS.^ añt> 1528. 

pérador estaba» diólo audiencia , 



LIBRO ni. — CAPITULO I- 345^ 

Se hallaba por aquel mismo tiempo en la cor- 
te otro hombre que habia venido también del 
Nuevo Mando ájm negocio ¡muy feemejante; pe- 
ro cuyas brillantes proezas le habian adquirido 
' ya un renombre que eclipsaba en cierto, ^iq^o la 
nacient? reputación de Pizarro. Este hombre 
era Hernán Cortés, el conquistador de Méjico^ 
Habia. venido a poner un imperio á los pies de 
su soberano, y i pedir en recompensa, satisfac- 
cipupara sus agravios y premio para sus gran- 
des servicios*. El se acercaba al fin de ;su carre- 
ra, y pizarro comenzaba la ^uya; reuniéronse allí 
el conquistador del Norte y el del Sur; los dos 
hjOinbres destinados por la Providencia para áe^r 
troj^ las mas poderosas dinastías indias, y para, 
abrir, las. puertas de oro que impedian que los in- 
mensos tesoros del Nuevo Mundo pasasen á las» 
arcas españolas. 

A pesar de la recomendación, del emperador^ 
los negocibs de Pizarro. marchaban con la lenti- 
tud que se acostumbraba en la corte de Castilla; 
Veia írsele agotando rápidamente sus escasos re- 
cursos: por }os gastq» que requería su posiciou 
en la corte, hasta que. se vio.obligado al fin á re- 
poresentar, que si no se tomaba alguna resolución' 
en su asuntOí llegariael caso de que por favora- 
ble que fuese esta, ya no estarla en estado de . 
apro^charla. En vista de esto, la reina, que eS- 
tabíi encargada del gobierno durante la.ausenQÍa 



¡$46 CONQUISTA DEL PlSRU. 

de su esposo, agittf él ne¿oteio, y éiaS de' Jonid 
de 1529 8e ñrtú¿ lú tík^r&^úhle Capittiiticioii efi 
qtie -B^ deteifiaánilbáti ^las ftci^itadiés y prívilegioi» 
de Pízarro; 

Por dicho convenio se concedia á este capítáii 
el derecho de descubrir y conquistar eñlá pro- 
vincia del Perú, (llamada entonces Nueva Cas*- 
tilla, del mismo modo ^ueá Méjico sé Fe ái6 el 
nombre de Nueva España,) hasta la distancia de 
doscientas leguas al sur dé la ciudad de Santia- 
go. Se lé concedian ademas el título y hoho- 
res de G-obeinádbr yCíapitan Cteneral, y íós dó 
Adelantado y Alguacil niayorjpor toda su vida» 
con un sueldo de setecientos veinte y cinéo 
mil maravedís, y obligación de mantenener una 
servidumbre correspondiente á su rango. Que- 
daba facultado también para levantar ciertas 
fortalezas, de ctíyo gobierno se le hacia merced: 
para darlos Indios en encomienda, sujetándose 
á las leyes vigentes, y en suma, para ejercer ca-* 
si todas las prerrogativas' propias de ün virey. 

Su compañero Almagro obtuvo una declara- 
ción dé hídálgftiáy el títtilo de gobernador de 
lafiwrtaleza de Tumbez, con un sueldo anual 
de trescientos mil mará vedis. Lüs servicios dfe} 
respetable Padre Luque fiíeron recompensados 
coh él obispado de Tumbez, y el nc^braiñiento 
de Protector universal de los Indios del Péru. 
También se le asigíio un sueldo de mil dui^adds, 



LIBRO ÍU.-*CA TITULÓ U $it 

los que hablan de -salit) lo mkima que loá áe^^^ 
mas salarios y mereedes níeiietotuido» cm aq^el 
doeomeoto, de las rentas del lerritoyioeoifq^s* 
lado. 

Noqaedaton olvidadüS'^eti estas capitoláciO'- 
6es las demás personarque desempeñaron un 
papel secundario en ia eitpedieion. Úmií hé 
Hombrado Piioto mayor del mar del Sur eon uña 
deoente asignación; el mando de la aftillertti m 
áiá á Pedro de Candía, y los otros 6Me (;óm^ 
puteros de la Oorgona ftleron heehOs hidalgos 
los qne no lo eran antes, y caballeros los que ya 
tenían dicha ealíddd, eon- V^peranza adeinás dt; 
lograr ciertos empleos iQ^fticipales. 

Tomáronse también medidas tnuy Híberatos 
para procurar la colonlaáeíon del pais. Los 
nuevos cokmós quedaban én parte ex^ntosde al- 
gunas de las contribuciones m&s gravoátas ya esta 
blécidas, como por ejem])(o la ateíÉbaia. Los de- 
rechos sobre los metales preciosos e^ráidos de- 
las minas, quedaron reducidos al principio ¿tttt 
décimo, en lugar del quinto que pagábtotos mis^ 
mds metales cuando provetiían de réácdte 6 de 
botín. ^ 

Se euoarg() muy particularmente á Písearro 
que observase las leyes vigentes p^ra, el gobier- 
no y boen trato de los «atavalés^ yjse le eKÍ^¥ 
llevase conmigo un numero déterminadp dg reli- 
giosos, con quienois dcbíu aconsejarse en tos 



348 CONQUISTA DEL PERÜ. 

oa$o9 dudosos que se ofreciesen «n la conquista^ 
y eayos esfuerzos debían eneaminarse al bien 
y ala eonversion de losr naturales; al mismo 
tiempo que se p.ohíbia poner el pié en las nue- 
vas poblaciones á toida ckse de abordos y pro- 
ouradoríís, cnya presencia se consideraba perja- 
dicial a la buena armonía que allí debia reinan 

Pizarro se comprometió por su partea levan- 
tar, dentro de seiá meses de la fecha^ una faer^ 
za de doscientos cincuenta hombres listos para 
la campaña: de. ellos podía sacaí; ciento de. la» 
colonias*. El gobierno se obligó por Ja suya á 
ayudarle coa wa scmia ínsigtiáfieante . para la 
compra de artillería y amuniciones; y se estipuló 
porúltifño, que á lós^ i^s láeses de sa llegada á 
Panamá, debia de estar Usto Pizarro para em^ 
barcarse y da^ principio á la espedieion, ^ 

Estos fueron los principales artículos de la 
capítalacion, pw cuyo medio el gobierno de 
Castilla, con la sagaz política que solía usar en 
semejantes ocasiones, despertaba la ambición 
de los** aventureros con títulos retun^bantes y 
magnificas promesas cuyo cumplimiento depen- 
día del éxito de sus propios esfuerzos; pero 
cuidando en todo ^aso de no arriesgar él nada en 

2 £1 difunto D. Martin Fer- después pas6 al Archivo Generaí- 

naadez de Navairete, eopi6 para de Indias de Sevilla. A su atea-- 

e\x rica colección este interesante don debo la copia que poseo, y 

documento, qne antes se guarda- que puede ver impresa el lector 

ba en el añhlvo de Simíuicas, y en-éí Apéndice, baj0 ei núm. 7^ 



LIBRO ntw— capítulo í. 349 

la. empresa.. Ateodia skmpr^ á. apropiarse el 
fruto de los .tra^íaJQs agCEfeos; pero no pensaba 
nunca en fiyudar á l<)s gasto-s. 

Lo nias notable que hay.en eetaa estipulacio- 
neis, es el modo conqucise ctíjumttlaron en la per- 
dona.. de* Pjzarro tpdosjos puesto» hoiirodos. y lu- 
4?rativos»^m degar hiogujio para Almagro^ quien 
si no Jb^bia tenido una parte tan principal eh los 
trali^jos y riesgoa personales, había ayudado 
igualmente á llevar las cargas de la espedicion, 
y coni. sus esfuerzos de otra especio habia con- 
tribuido c^si, tanto coHío; él á¡ su buen éxito* Al- 
magro cedió /de muy buenja gana a.6u. amigo el 
puesto principal; pcird á la partida de Pjzarro 
para Esp¿ñ{|, qu^dd convenidoi que al mismo 
lierop9 quü solicitarla parai sí el nombramiento 
de gobjer^ador , y capitán general, pediría él de 
AdelaQta4^ paí^ m empanero,. También se 
comprometió á conseguir el obispado de Tum- 
bea, psira ^í yicarip ite Pauiuaá, y el oficio de^ Al- 
guacil Mayor para el piloto Jlüíz, 'Por lo que 
respe£>ta al obijitpado^ cumplió: su palabra» porque 
no era, rtiiiy ptopip de tm sol44tio'pedir una mi- 
tra; pero en vez de dar. á. las otras mercedes 
la distribución acordada, las torhrf todas para 
sí. ^ *!Es de notar que na,da prp^mjetio Pizarro cok. 
tantas^ veras á su partida, como negociar fiel y 
lealmente' en ñivor de todo^íoü! compañeros?. 

3 ^' Al "fin 86' capituló, *qu« Fjr.a^ci^oo PJjjarvtt-^negpiar^ 



350 CaS<4W»TA DEL PB¿Ü. 

GI soldado oronistü Pedro Ptzarro, afirma qtra 
sa pariente tmbajo miieho eo ki corte en favor 
de Almagro; pero no ie dio oídos el gobierne, 
dando por rason qne em)>l«os de tanta impor- 
tancia no podian darse á distintas personas. Los 
malos resuttacbs de este sistema se habían pal- 
])adp ya mas de una v«z en las c^onius, donde 
había producido rívalidades y fatales reyertas. ^ 
Asi es que Pizarro^ viendo que «¡a (iteodian á sus 
razones, no tuvo otro remedio que reunir los em- 
pleos en su persona» para evitar lé lotal ruina de 
sus proyectos. Otros historiadores contempo- 
ráneos na han admitida estas espficaeiones. Los 
temores que manifesté Lüque de un resultado 
semejante, al encargarse Piaan^o de aquella co- 
misión, fundados sia duda en uu prefondoee- 
Bocimiento del cac^eier de su $qcío, ik>s aMori^ 
zan á desconfiar de e^ta pretendida vindieaeioR 

Govemaclon para si: i para Die- compañeros ya dkho, y en el con- 
go de Akna^, el Adeltoita- aeja se le re^nclió qne ni hs- 
miento; i paní HemanduF de hu* bia Ju^ar de dar ^ellil^r^Km 4 
que, el obispado: i para Bartolo* dos compañeros á causa de qne 
iné Ruiz^ eV Afgineikizgo^ Maiers en Santa- iHarta «e ImbiH dado asi 
i Mercedes pa^ los cpie queipa* á éfkt cn^puSeíoii. j-i^\m N»» 
ban vivos, de los trece Compa- muerto a! otro. . . . Pues pedido, 
ñeros, aánoandcsieiiipre Fran* coino dígo, louóhas rfecéfe por !>• 
cisco Pi^aito, 4jue ted<i lo ^ue- Fni^icisep Pkpairp-Kr Hi fcfei«« 
ría para ellos, i prometiendo, que la merced á ambos companerofr 
nogocifaria halñieste, i sm nín- se le riei^ondró íá pidiese para á 
gana eautela." Herrenir Hist 6Íii^queee(laiÍ9,4o|ro, ^rTÍ^t^ 
General, dec. 4, lib. 3, cap. 1. que no había logar lo qne P^* 
4' T D. iPranciaco tiznrto y quenli, pidi6'¿# 1^ hiciese 1» 
pi4ió conforme á lo ^ue llevaba u^rced á él, j wi e|^ !• U'®-' 
ciíplttíía^ y (ftifeiitóQ dbSi i^ l>^1jb'. i ií^iif^ Ifr^. 



LlfiftO III. CAPltüLO I. 3S1 

ée 8tt tnsfB^Oy y áü conducta posterior, como ya 
ñmraos Ti«ttd<>, no e« totiy á pro[>ósito para 4¡s- 
imiiBiar noestra deseonñanza^ La virtud de Pizar- 
Mi^aei^eapaft deresÉstir titíá tentación, aun- 
«p»e foese umefafo ma^-ligera q«é^ la qae entonee$ 
te iisiiHaíte; 

f'tíéagraeíado «deiiia« «I aifórtunado caballa 
to eotí ei MMlo de Sanltiago, ^ y de le -pe^iníti^ 
haéef una variación may importante en el esca^ 
do de w £tmilia, pae» por parte de padre tenia 
ya defeeho á usar laa ^rmas de ella. Kl agüita 
negra con laa dos coloiiHias, qae eran las armas 
~del emperador; nua éiüdad india con un baque 
élo lejos y algunos Uafíias, con el fia de reoor- 
étff é\ carácter y <«ilio de sds^ hazañas: tales ^íh^ 
mn l6s^ bla^c^es^que se añadieron da nuem alai 
antiguas anwas de kNS PiíKMrro^ y pororta un h-^ 
U^n^ 0n el mtA í»e leiar qm f'baj^» los aaspieio« 
ée Carlos, y por la dttígencia, ¿t ingenio y é cm» 
ta de Piza^ro se habia descubíepte y^redueidé 
aq^^l |^s$^* dando aéí é entender los servicios 
^pasados y ^ü^Od del éonquisitad^r* ^ 

Concinid^fi todos estos arreglas á satisfbe- 
ck>n d« PnuxvOf ^salid de Toledo dirigiéndoee 4 

5 Xerez Cooq. del Peni, ap, 6 ^'Caroli Cosaria auspicio, et 

Barcia, tom: ill. p. 182.— Ovic- labore, ingemo, ac impensa Thi^ 

éo, HÍ0t. de las Inídiae) Mí^., cii PÍ9arro invita, et pacata,'* 

Parte 3, lib. 8, cap. 1. — Caro de Herrera, Hist. Gcnenil, dec, 4, 

Torres, Historia de las Ordenes lib. 6, cap. 5. 
Militares, (Madrid, 1089,) p. 113: 



352 CONQUISTA DEL PERIÍ. 

Trujillo, lagar de su nacimiento, doade s^. ima- 
ginaba seria toas fácil encontrar cpmpaneros pa- 
ra sa nueva empresa. Quizá no le desagrada- 
ría tampoco el presentarse allí ayentajado y en 
pr^iS'pera fortuna, o lo liienoa ei^; camino para 
ella, y si alguna vez la vanidad puede ser dis- 
culpable, k> es siu duda en ua hiom{][re, que na- 
cido en la osi^uridad,, sin ilimiHa,;a^gojs ni pro- 
tectores en t|ue apoyarse, se ha.bia labrado él 
solo sU'fortuna, y triunfado con su.s pr^opips re- 
cursos de todos los obstáculos que le opusieran 
los liombres y la naturaJLeasa* ..Tal era la posi- 
ción en que se encontraba, Pia^firrp guando, vol- 
vi<>,al lugar de su naeimientpr doude solo le co- 
■Hocian por un pr<ífugo^i»isei:able, sin casa que 
le abrigase, ]^adre que le reconociese, ni apiigo 
que le ayudase, Peroahora sí en encontró ami- 
bos y camaradáB, y Bio faltaban iquijenes exigie- 
^s^en 8;er reconocidos por pátíerites suyos, y par- 
licipar de la foittkma que. le ^(guardaba. Había 
entre estos, cuatro hermanos suyos; tres de ellos 
ilegítimos conEio él* El uno llamado francisco 
Martin de Alcántara era hermano suyo j>or par- 
te de madre, y los otros dos, Juan y Gonzalo Pi- 
55arro, lo eran por parte de padre. "Todos eran 
pobres y tan pobres como soberbios,'.', dice Ovie- 
do que los conocía," "y su codicia era igual á su 
pobrezar." ^ 

7 ''Trujo trea o cuatro hermanos suyos tan sobeirbios como po- 



LIBRO III.— rCAPITULO I. 853 

El cuarto hermano, llamado Hernando era d 
mayor de todos y el único legítimo; *Han legíti- 
mo," dice el mismo cáustico cronista, "en la so- 
berbia como en el nacimiento," Tenia una fiso- 
nomía vulgar y hasta repugnante, aunque en lo 
general no era de mala figura. Era alto, y co- 
como su hermano Francisco tenia una presen- 
cia magestaosa. ^ Reunía en su carácter al gu^ 
nos de los peores defectos de los Castellanos: 
altivo cual ninguno, injcapaz de sufrir nn agra- 
vio ni aun una sombra de ins^ulto; implacable en 
su resentimiento; inflexilile en aus determina- 
ciones y poco delicado en la elección de los me- 
dios para llevarlas á cabo. No habia piedad que 
detuviese su brazo; su arrogancia heria conti- 
nuamente el amor propio de cuantos le rodea- 
ban, y engendraba en ejlos un odio que con el 
tiempo no podia dejar de suscitarle mil contra- 
dicciones. En e3to se apaiplaba de su. hermano 
Francisco cuya afabilidad destruíalas díficuli- 
tades y ganaba la confianza y oooperacion to>- 
dos par^i su empresa. Desgraciadamente los ma^ 

bre.^, e tan ein hacienda eomo de^ berbia» hombre de aha estatura é 
seosQs de alcanzarlas'' Hist. de grueso, la lengua e labios gordas 
las Indias, MS., Parte 3, lib. 8, e la punta de la nariz con sobra- 
cap. 1. ' ' V da carne e encendida; j este fué 
8 El retrato que Ovie4o hace el desave^jidor y estorbador dc^l 
de él, no es de lo mas favorable, sosiego de todos y en espacial de 
y escribe como quien conoce bien los dos viejos compañeros Fran- 
aJ original, "E de todos ellos el . cisco Pizarro e Diego de Alma- 
Hernando Pizarro solo era legi- gro." Hist. de las Indias, MS., 
timo, e mas legitimado en la so- ubi supra. 



.^4 eÓNQÜISTA I>EL PERÚ* 

los consejos de Hernando tuvieron tal influen- 
cia en el ánimo de su hermanó, que este pagrf 
Wen caras las ventajas que le procuraban la es- 
traoráinaria capacidad de aquel y sü singular 
aptitud para los negocios. 

Apesar del grande interés que escitaron en 
todas partes las aventuras de Pizarro; encontrá . 
este grandes dificultades en cumplir con lo esti- 
pulado en la Capitulación^ respecto al numero de 
gente tjüe debia llevar consigo. Los que mas 
admirados s« mostraban al oir sus relaciones, 
no eran siempre los mas dispuestos á seguirle. 
Los inauditos trabajos que aguardaban á los 
aventureros en el Nuevo Mundo, les asustaban; 
y solo veianen las brillantes pinturas de los 
templos y jardines de ero de INimbez, una evi- 
dente ilusión de su esfraViada fantasia, y un ce- 
bo para atraer soldados á sus banderas. Dicen 
también- que no Irabriá podido conseguir Pizar- 
ro el dinero necesario, si no hubiese sido por el 
ojíort^iwo auxjlíó qire íe presto Cortés; natural 
como él de H/stremadura, sii compañero de ar- 
mas en otro tiempo, y hasta su pariente según 
algunos.* Nadie m«jor que él podia dar la ma- 
no ó un antiguo compañero, y quizás nadie se 
interesaba tanto en la fortuna de Pizarro, ni 
confiaba mas en el buen éxito de sus esfuerzos, 
cerno en el hombre que acababa de ganar un 
nombre inmortal en la nüsma carrera. 

D Fierro y OréUatfá, Vanmtis Cosbtíi^ jn 143. 



LIBRO III.— CAPITULO L 355 

Habían pasado ya los seis meses fijados en la 
Capitalacion, y la gente que había reunido Pi- 
zarro no llegaba al numero señalado* Con ella, 
sin embargo, se disponía á embarcarse en Sevi- 
llaíTen tres buques que tenia preparados; pero 
antes de que estuviese todo listo, le dieron aviso 
de qüfe les miembros del Consejo de Indias se 
proponían mandar visitar sus buques, para cer- 
ciorarse de sí estaban cumplidas todas las con- 
diciones de la capitulación* 

Temeroso Pizarro de que si la tal visita se ve- 
rificaba, ahogase su empresa en la cuna, no per- 
dió tiempo en levar áncoras, y pasando la barra 
de San Luoar, en Enero de 1530, hizo rumbo pa- 
ra la Gomera, una de las Canarias, dejando los 
otros buques al cuidado de su hermano Hernan- 
do. 

Apenas había partido, cuando llegaron los co- 
misionados á comenzar la visita; pero así que pu- 
sieron reparos *eii la gente que falta'ba, les enga» 
fiaron fácilmente, ó se dejaron engañar, con la 
disculpa de que los denlas iban delante en el bu 
que de Pizarro. Lo cierto es qae ellos se dieron 
por satisfechos y no pusieron ningún estorbo á 
Hernando, dejándole seguir su marcha para reu- 
nirse con su hermano en la Gomera, según te- 
nían convenido de- antemano. 

Después de un feliz yiage, llegaron los aven^ 
tureros á la costa del norte del gran continente 



856 COiVQUISTA DEL PERÚ- 

austral, y anclaron frente al puerto de Santa 
Marta. Tan malas fueron las noticias que reci- 
bieron allí de los paises á donde iban á entrar; 
de bosques llenos de insectos y serpientes vC' 
nenosais; de enormes cocodrilos que cubrían las 
márgenes de los rios, y de trabajos y peligros 
que sobrepujaban á cuanto su imaginación se ha^ 
bia fignrado basta entonces, que muchos de Íqs 
de Pizarro abandonaron sus banderas; y no con- 
siderándose seguro su capitán en aquej peligro- 
so sitio, se hizo á la vela directamente para Nom- 
bre de Dios. 

Poco después de su llegada á aquel punto, 
vinieron á verle sus compañeros Luque y Alma- 
gro, que habían pasado el istmo solo para oir de 
su propia boca los términos precisos de la Ca- 
pitulación con la corona. Grande fué el descon- 
tento de Almagro, como puede cualquiera fi- 
gurarse, al saber el resultado de lo que él mira- 
ba como una pérfida maquinaciojí de su asocia- 
do. "¿Así" le decia, "os habéis portado con uu 
amigo, que ha partido con vos los trabajos, los 
peligros y los gastos de la empresa; y esto ape-» 
sar de las solemnes promesas que hicisteis á 
vuestra partida, de mirar por mis intereses lo 
mispfio que por los vuestros? ¿Como queréis 
verme deshonrado á los ojos del mundo, con tan 
mezquina recompensa que, comparándolos con 



LIBRO III. — CAPITULO I. 357 

los vuestros, parece estimar en nada mis servi- 
cios?" 10 

Aseguróle Pizarro en respuesta, que habia 
:trabaja4o por él lo mismo que por tí propio; pe- 
jro que el gobierno se había negado á dar á dos 
.personas diversas^ empleos que tenian tan estre^ 
.cha relae|on, y que así no tuvo otro remedio que 
aceptarlo todo o rehusarlo todo. Trato de apa- 
ciguar á Almagro haciéndole ver que la tierra 
"era, hüstante grande para contentar la ambición 
de los dos, y que bien mirado, lo mismo era que 
él d Almagro hubiesen recibido aquellg^s merce- 
des, pu^esto que .cuanto él tenia, estaba. y esta- 
ría siempre á disposición de su amigo. Pero es- 
tas blandas razones no fueron bastantes para 
contentar al agraviado, y ambos capitanes se 
volvieron en breve á Panamá» abrigando en sai 
corazón^ si no jin^ enemistad abierta, á lo menos 
cierto despego de muy mal agüero para el buen 
\^xito de sus futuras operaciones* 
^^.Pero Almagro ^^ de ánimo generoso, y se hu- 
biera, aplacado con las especiosas razones de su 
rival, á np e^tar de por medio Hernando Pizarro, 
quien desde el punto en que se vieron trato con 
muy poca atención al viejo soldado, cuya mala 
traza no era á la verdad muy a proposito para 
inspirar respeto, y ahora le miraba ya con par- 

• 10 Herrera, Hist. General, dec, 4, lib. 7¿ cap; ^. — Pedro Pi- 
z^|r^o,,I>escllb. y Conq. MS. . , 



858 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ticular aversión considerándole solo como ttn 
estorbo que atajaba los vuelos a su hermano. 

Los amigos de Almagro, (y sus modales fran- 
cos y liberales le habíaTi gnnado machos,) m 
estsAan menos disgustados qae & de la insnfW- 
t>le arrogancia de este nuevo conipañero¿ De» 
cian á rez en caeUo que bástala sufrir la peifr 
dia de Pizarro, sin verse espoestos á *h)S Insul*- 
tos de sus hermanos, que Imbian venido á eari- 
qnecerse con los despojos de la conqtrista qué 
corrcspondiafr á su capitán. En breve llego i 
tal puntó la desavenencia, que Almagro hizo 
publica sii intención de proseguir la empresa 
sin contar mas con su antiguo socio, y aun llegó 
á tratar de la compra dé buques }>ara salir á 
ella. Pero Laque 'y el Lieeneiado Espinosa, 
que por fortuna hábia llegado entonces de San- 
to Domingo, raredfiaron para evitar na rompi- 
miento, el cual d«bia infaliblemente acattvjrla 
ruina del proyecto, j tío era dlflcií que se Heva* 
se también de encuentro á los mas interesados 
en su buen éxito. Consiguieron por fiti que so 
eÍBctuase una reconciliación aparente, pfcnne- 
tiendo Pizarro que renunciaría el título de Ad«' 
lantado en favor de su rival, y pedirla al Empe- 
rador que se lo confirmase; promesa, que desde 
luego se eehá de ver, no estaba muy de acuerdo 
con lo que antes bfiíbia dieho sobre la política 
que seguia la corona en la concesión de estos 



LIBRO Ili.— 'CAPítULO t. ' 859 

empleos. Se obligaba ademas, á pedir otra go- 
bernación distinta para su asociado, tan laego 
como él hubiese toraado posesión de la suya; y 
á no solteitar merced alguna para ninguno de 
sus heríttarios, hasta tanto que Almagro no que- 
dase satisfecho con lo que se le di^se; y por 
liltimo ratiftearon del modo trias espreso el anti- 
guo contrato, en lo respectivo ala división tfe los 
éespojí^s por partes iguales entre los tres aso- 
ciados primitivos. Esta reconciliación servia á 
lo menos de ponerles de acuerdo por entonces 
pfrra poder continuar la espedícíon; pero la lla- 
ga habiti cerrado en falso, y continuaba tan gra- 
ve como al prifícipio, es^perando solo la coop e- 
raei<>ñ de cualquiera ca«sa externa para abrirse 
d& nuevo mas enconada qoc nunca.. " 

Comen5ftaran inmediatamente los preparativos 
pa*a eí viage; pero, los óo^lraos de Panamá no to- 
maban mucho interés éñ el anunfo, porque te- 
dian demasilido prestantes (os trabajos de las 
anteriores esp^edfcione»^ parfe meterse en otwií, 
apesar del rico cebo con «jue in^eittabán enga^ 

11 Pedro Pizarro, Desciib, y dos entró de buena ñ en esta 

Conq., M8. — ^Naharro, Relación rfcconcifiaicion, porque el P. Lu- 

Sumaria^ MS.— Montéipiíios, \^- que e^joribid á Qi4e4e/ qup iOf 

nales, MS., aiio 1529.— Relación dos compaíieroB 1^ habían paga« 

del Primet. Descub., MS:— 25á- do ñi0 sefvieios <!bn iligratitad:— « 

rate, Conq. del Perú, lib. 1, eag, "Pato I<aque, coinpAS^ro du 

3.— Oviedpt Hist. de la? laárn^ estos capitajj^p, e.QJMJUja limpien- 

MS., Parto Z, Ut>« % c?ip. í . d» hiciexoQ ellos s!]» hecbos, pues* 

láf qóe parece cierto os, que t^ que é( unp eei otro se lo pa- 

p realííb'd ninjgüúó de ios so- g^iou co»n ingiitíttfde^^tía á mf 



960 CONQtriSTA pBL PERÚ. 

fiarlos. Algunos de los antiguos compañerOjS 
quisieron seguir la aventura hasta el fin, y de 
la provincia de Nicaragua^ vastago como recor- 
dará el lector, de la colonia de Panamá, vinie- 
ron, también algnqs voluntarios. Estas adicio- 
nes acrecentaron muy poco las fuerzas que Bi- 
zarro habla traído de España, aunque estas úl- 
en armsis, municiones y equipo, eran infinita- 
mente superiores á las que en otros tiempos ha- 
bia reclutado. El número total no pasaba de 
ciento ochenta hombres, con veinte y siete ca- 
ballos para la caballería. Se babia procurado 
tres navios, dos da ellos de regular tamaño, en 
lugar de los que habia tenido que dejar en Nom- 
bre de Dios, al otro lado del Istmo: armamen- 
to bien insuficiente para la conquista de un impe^ 
rio, y muy inferÍQr alo ciipitulado.^con la coro- 
na.' El intrépido capitán se proponía .comenzar 
con e^to lat operaciones, fiado en su buena 
estrella, y en las diligencias de; Almagro, que 
por entonces; se qneidaba en Panamá, para se- 
guii; prpcjarando refuerzos. ^^ i . 

El día de San Juan Evangelista se bendijeron 
las banderas de la compañía y el estandarte real 
en la iglesia mayor de Panamá; predicd un ser- 
món el P. Fr. Juan de Vargas, uno de los Domí- 

me lo escribió el mismo electo de soldadoó. Yo sigo aí secretario 

BU mano.'' Ibid., loe. cit. de Pizarro, Xerez. Conq. del Pe- 

12 Los autores discrepan, se- ru, ap. Barcia, tom. III. p. 182. 
gun eóstumbre, en el número de 



LIBRO Ill.r— CAPITULO I. 316 

nicos nombrados por el gobierno para las misio- 
nes del Pearú: díjose misa y se administra la co- 
munión á todps Jos soldados antes de entrar en 
la criizaida contra los infieles. ^^ Después de im- 
plorar de este modo para su empresa la protec- 
ción d^l cielo, se embarcó Pizarro con sus com- 
pañeros en los buques que tenia anclados en Pa- 
namá, y á principios de Enero de 1531 salirf del 
puerto la tercera y ultima espedicion para la con- 
quista del Perú. 

Pensaban encaminarse directamente á Tum- 
bez, cuya riqueza tanto les habia complacido en 
su anterior viage. Pero las corrientes y los vien- 
tos contrarios se burlaron según costumbre de 
sus esfuerzos, y después de una navegación, de 
trece dias, si bien mas corta de lo que otras ve- 
ces habia sido, ancló la flotilla en la bahia de S. 
Mateo. Pizarro, previa consulta con sus oficia- 
les, resolvid echar en tierra la gente para ir mar- 
ehamlopor la marina, mientras que los buques 
le irían -siguiendo á una distancia conveniente de 
la oostai 

13 '-El qual ha\iendo hecho celebró con toda solemnidad i 

bendecir en la iglesia mjayor iafl sermón que predicó el P. Prc- 

banderas i estandarte real día de sentado Fr. Juan de Vargas, uno 

San Juan Evangelista de dicho de los cinco religiosos que en 

año de 1530, i que todos los sol- cumplimiento de la obediencia 

dados confesasen y comulgasen de sus prelados i orden del Em- 

en el convento de Nuestra Señe- perador pasaban á la conquista." 

< a de la Merced, dia de los Ino- - Naharro, Relación Somariá^MS. 
eeutes en la misa cantada que «é 

L 3a 



3G2 CONQUISTA DEL PEItü. 

Mucho padecieron las tropas en aquella mar- 
cha, porque el camino se hallaba á cad» paso cor- 
tado de arroyos cuyos desemboques, á eaasa de 
las lluvias del invierno, se hablan convertido en 
espaciosos esteros. Pizarro que ya conocía al- 
go la tierra, sirviá al mismo tiempo de guia y 
de gefe de la espedicion* Siempre estaba pron- 
to á pres^tar auxilio 4onde era necesario; anima- 
ba á sus compañeros á v^ear d pasar á natío los 
torrentes lo mejor que podian, y alentaba & los 
abatido^ con su intrepidez y bueniíumor* 

Llegaron por jSn a un^ población considerable, 
que ya merecia el nombre de ciudad,' en la pro- 
vincia de Coaqiie. Los Españoles ^cayeron de 
impr^vi^o sotee el ptieblo, y lo» fadrbitaiites sin 
hacer resistéóciá» huyeron llcnbá^de -terróí ú lo* 
bosques vecinos, dejando en manos de los inva- 
sores todos sus bienes,^ qxté se hallaron ser de 
mast valar de lo que. se .pensaba. ''Dítbo® sobre 
ellos espada en raanoy ' dice eon eiertp candor 
lino de los Conquistadores, '"^rqué si supiesen 
los Indios nuestra venida, no tomáramos la caB- 
tidad de oro y esmeraldas que allí se encontró." " 
Otro escritor dice^ sin embargo» que los Indios 
se estuvieron quedos, "porque como no habian 
he^hQ ningnn daño á los blancos? se figuraban 

lá ' -PnesHegadosá eote pae- ra !a cantídáíl de oro y eemeral- 

. blú ^dé. OoaqiEe dieron rdesupito das que en él se tomaron." ?*- 

sin sabelio la gente dél porque sí ara Pizarro, Déseub. f C«nq.T 

e6tu\ieran avisados, no ee toma- MS. 



LIBRO III. — CAPITULO I. 363 

qae tampoco se ies haría á ellos, y que todo se 
redaeiria á un amigable trato." ^* Fundaban 
sin duda sus esperanzas en la buena íama que 
habian dqado los E^spañoles en 'SU anterior vi- 
sita; pero en esta v©2 recibió aquella sencilla 
gente un amargo desengaño. 

Los invasoi^s entraron en las desiertas h:dl>i'- 
tuL iones en donde, fuera de porción de teias de 
varias clases, y abundancia de bastimento, muy 
útil para sus hambrientos estómagos, hallaron 
XHla gran cantidad destoseos adornos de oro y 
plata, con* multitud de valiosas joyas, j^orque 
aquélla era la ti^^ra de las ^smeral^ui, en don- 
de mas abundaba tan preciosa piedra. Una de 
ellas q^e toco t Pizarro, hallada por estos alre- 
dedoires^eji^lfüfl tama/io de un huevo de paloma. 
Por á^^gxé^ 0||mHos soldados no conocían té- 
do su valor, y rompieron muchas por probarlas 
en yuú^iiies con el martillo. " Dicen que adop- 
taron e$te esttsirio foioáo de ensayarlas, por con- 
sejo de Fr. Regínaldo de Pedraz^., uno de los 
misioneros Dominicos, quien tes aseguro que asi 

15 Herrera, Hkt General, cieron los guardaron. Pero final- 
dec. 4, lib. 7y cap. 9. , mente muchos ovieron esmeral- 

16 Relación del Primer. Des- das de mucho valor, unos laspro- 
cuh., MS.— Zarate, Conq. del baban en yunques, dándélw con 
Perú, lih. I, cap. 4. martülos, diziendo que si era es- 

"A lo que se ha entendido en meralda no se quebraría: otros 

las esmeraldas ovo gran yerro y las despreciaban diziendo que «ra 

torpedad en algunas personas por vidrio." Pedro Pizarro, Descub. 

no conocellas. Aunque finieren y Conq., M»S. 
■ decir que algUHcs que las cono*- 



364 CONQUISTA DEL PERÚ. 

podrían distinguir las falsas de las verdaderas, 
porque estas ultimas resistirían al martillo. Se 
observo sin embargo, que el buen padre guardo 
las suyas sin sujetarlas á su ingeniosa prueba; 
pero como por causa de esto perdieron mucho 
de su valor las piedras, pues solo las miraban eO'- 
mo cuentas de vidrio, recojio y se llevo consigo 
una multitud de ellas á Panamá. ^" 

ToJas las alhajas de oró y plata que se cogie- 
ron en las habitaciones, se trajeron para reunir- 
ías en un solo montón: de ellas «e dedujo el quin- 
to de la corona, y el resto ló distribuyo Pizarro 
próporcionalmente entre sus oficiales y soldados. 
Este mismo método se siguió siempre en tales 
casos mientras duro la conquista. Todos par- 
ticipaban de los riesgos de la aventup, y tenían 
iguaí Interés en ella, 'y el liaber permitido que 
cada uno pillase por su cuenta, habria dado mar- 
gen á la insubordinación y á continuas, desave- 
nencias. Por lo mismo se mando á todos bajo 
pena de muerte, que entregasen al fondo común 
lo que habían cogido, fuese por vía de rescate o 
por la fuerza, y la codicia g^nei^l estaba dema- 
siado interesada en la puntual observancia de 
esta ley, para que le quedase alguna esperanza 
de eludir el castigo al desdichado que seatrevia 
á quebrantarla. ^® 

17 Pedro Pizarro, Descub. y 18 "Los Españoles laa reco- 
Conq., MS.— Herrérd, Hist. Ge- gieron y juntaron el oroyla jla- 
neral, dec^4» lib. 7, cap. 9. ta, porque asi estaba mandado y 



LIBRO III. — CAPITULO I. 



365 



Procediendo Pizarro con su acostumbrada po- 
lítica despacho á Panamá una gran cantidad de 
oro, cuyo valor uo..bajaba de veinte mil castella- 
nos; esperando que la vista de tan rico tesoro ad- 
quirido en tan breve tiempo, decidiría el ánimo 
de los que aun vacilaban en seguir sus bande- 
ras. ^® Y no iba fuera de camino, porque com o 
dice piadosamente uno de los Conquistadores^ 
"el señor fué servido de qiae diésemos coa este 
pueblo de Coaque^para que las gentes creyesen 
las riquezas de la tierra y acudiesen á la conquis- 
ta.-* 

Después de dar Pizarro algún descanso á su 
gente, continuó su marcha por la costa, pero yá 
sin la compañía de los b^eles que hablan vuelto 
por refiaev2os á Panamá*^ Encontraron cortado 



ordenado so pena de la vida el 
que otra cósá hiciese, porque to- • 
dos lo habion, de traer a monten 
para que de allí el gobernador lo 
repartfese, dando á cada uno con- 
forme ^ su persona y méritos de 
servicios: y esta orden se guardó 
en t6da esta tierra en la conquis- 
ta della, y al ijue seie hallara oro 



Jialló mucha chaqnira de oro y de 
plata, muchas coronas hechas de 
oro á manera de imperiales, y 
otras muchas piezas en que se 
avaluó montar mas de doscientos 
mili castellanos." (Descub. y 
Conq., MS.) Naharro, Montesi- 
nos y Herrera se contentan con 
decir que envió á Panamá en los 



6 plata estondido muriera por' tuques veinte mil castellanos. 



eüb, y deste modo nadie oso es- 
cdiifielld." Pedro Pizarro, Des- 
cub. y Conq,, MS. 

19 Muy grande debió ser el 
botin si, como dice Pedro Pizar- 
ro, uno de los conquistadores 
presentes, abordó á doscientos 
mil Castellaiios de oro. "Aqoi se 



^ **Fueron á dar en un pue- 
blo qu^ se decía Ooaque que fué 
nuestro Señor servido topasen 
con él, porque con lo que en el 
se halló se acreditó la tierra y vi- 
no gente á. ella." Pedro Pizarro, 
Descub. y Conq., MS. 



368 CONQUISTA DEL PERÚ. 

SU camino por desiertos de arena, la que levan- 
tada por el viento cegaba á los soldados, y no 
ofrecía piso seguro para hombres ni ammales. 
Los myos verticales del sol reververaban de un 
modo insufrible en aquella superficie arenosa, y 
eaian á plomo sobre las corazas de hierro y las 
chaquetas acolchadas de los soldados, hasta que 
el calor Casi sofocaba á las desmayadas tropas. 
Para colmo de sus males, se desarrollo en el pe- 
queño ejército una estraña epidemia, que con^s- 
tia en llenarse todo el cuerpo de úlceras o mas 
bien verrugas asquerosas, que si se cortaban, có- 
mo hicieron algunos, causaban una hemorragia 
peligrosa. Muchos murieron de esta terrible 
enfermedad, que atacab%,d^ ^^ modo tan repen- 
tino, é iba acompañaba de tal postración, que 
los que se acostaban sanos por la noche, á. la 
mañana siguiente apenas podian mover un bra- 
zo. ** Esta epidemia, que apareció entonces por 
^^nil»«ra vez, ;y^^^to^pue9 no ha continuado ^us es- 
tragos, se estericHíf por todo el pais, sin perdo- 
nar Indios niblaiicos. ^ Fué uno de aquelU>£( 
azotes que el ángel ei^terminador, que sigue las 
huellas de los cpnqiHstadores, descarga sobre l^s 
naciones que han provocado la colera del cielo. 
Pocas veces' esperimentaron los Españoles 

21 Naharro, Relación Suma- 22 GarcUaso^ Com. Real., 

ria MS.^Pedro Pizarro Des- p,^ g ^b. X, cap. 15. 

ciib. y Conq.jMS.— Moateano*,. ' *^ 
Anales, MS., año 1630. 



ufliioin,— <jAPiTüLo !• 367 

resistenoiai ni ¿un molestia, de parte dé Jos na- 
turales, iqaienes aleccionados con lo ocurrido en 
Coá^fae, 8e haian con isus bienes álbá bosques 
y mofttañá* vecinas. Nadie salia á recibir de 
paz i los estj?aivgero« ni á practicar con ellos 
•lo<s deberes de la hospitalidad, como en su pri- 
•mera vietiida. Ya ©o miraban á los blancos co- 
co á' s«res benéficos bajíidos del cielo, sino como 
dse^sinos crviel«¥ queinvulherables á los ataques 
áe los (ñdids, cabalgabap en unos animales fejx>- 
ces{ raas:l!ge!?os qae el viebto, y con sus armas 
-de fuegos esparcían el terror y la desolación por 
donde fiafsaban. E^ta fama que precedía por 
todas partes á !oí invasores, le^ enajenaba las 
volttntaí^ deitós indígenas, quiénes manifesta- 
ban ábiéiítaitíieiíte áu odio, ya que no podían opo- 
ner ninguna i^esiéiteneiá. Los soldados de Plzíar- 
ré rehdfidos potjáis? enfermedades y las fetigás 
áéh víage, y deéiengáñados, bien á su costa, dfe 
qHíe te pobreza dé tó tierra no *bástabe á ComJ)en- 
gar süs4y¿bfeiJD«i ma'ldisdan la horaden que se h«i- 
bii^n álistsído^nf^suJs batideras, y prineipaltnen- 
fefós de Nícarág^íí; dice? «n antiguo cronista, 
)ré*ct^í?daban íá büéña yida qtte pasaban en aque- 
lla tierra' de pt^Ttoision, y suspírlsiban continúa- 
mele poli volveí-se al paraíso de Máhoma. ^ 

23 '-Aunque ellos no ningu- Mahoma qu© era Nicaragua y ha- 
no por haber tienido) 'poique oo- liaron laiala alzada j falta de co- 
w» habían dejddo. et paraÍ89>(!!e • midosv y ^ ma^ parte -áe la 



368 CONQUISTA DEL PERÚ. 

En esta situación se encontraban los del ejér- 
cito cuando tuvieron el gusto de ver llegar un 
buque de Panamá que traía algunos refreseos, y 
ademas al tesorero, veedor, contadpr y otros 
oficiales realeo nombrabos para acon^ipañar la 
espedicion, y que no hablan venido con Pizar- 
ro por la precipitación con que este se embarco. 
El Consejo de Indias tan luego como supo esto, 
despacho ordenes a Panamá para q^ue no deja- 
-sen salir de allí los buques, pero el gobierno es- 
pañol, con mas cordura, revoco la orden, y se 
limito á recomendar á los nombrados: que apre- 
surasien su marcha para ir cuanto antes á oea- 
j)ar su puesto en la espedicion. 

Para entonces habían llegado ya los Españo- 
. le&^á Puerto Yiejo^ á^dpftd^ ge I^sw^pio en bre- 
ve otro pequeño destacamento mandado por on 
tal Belalciíaar, quien se distinguió después ma- 
cho en estas. campañas. Varios de los cpmpa- 
. ñeros de Pizarro se hubieran quedado allí de 
buena gana para fundar una colonia; pero aquel 
capitán pensaba mas bien, á lo menos por en- 
tonces, enconquistar que en colonizar, y así se 
propuso, como primera providencia, , apoderai- 
se de Tumbez que miraba como la llave del fe- 
rii. . Continuo', pues, su marcha hasta las cos- 
tas de lo que ahora se llama golfo de Guaya- 
gente enfenna, y no oro ni plata ver de adonde habían venido;' 
orno atrás faabien hallado, algu- Fedro Pizarro, Descnb. y Coi^» 
nos y todfl« se holgaran dfe vol- M8» 



LIBRO III. — CAPITULO I. 369 

quil, y llego frente á la isleta de Puna, situada 
á corta distancia de la bahía de Tumbez. El 
se figuraba que esta isla seria ün punto m«y 
conveniente para acampar, mientras llegaba el 
momento oportuno de dar sobre la ciudad dé 
Tambez. 

Los habitantes de la isla parecían bien dispiies-» 
tosa ayudarle, porque tan luego como supieron 
que se hallaba cerca, el cacique y algunos Indios 
principales pasaron en balsas á tierra firme para 
ir á dar la bienvennida á los Españoles. ' Pero 
ios intérpretes turabecinos que habían vuelto 
de España con Pizarro, y continuaban en el 
campo, le previnieron contra la traición que 
meditaban los Isleños, ú quienes acusaban de 
queret acabar de una véx con todos los.E?ípaño- 
les, cortando las cuerdas que sugetaban los npia- 
•derosr de las bfilsás, para que se ahogasen cuan- 
tos iban en ellas. Mas cuando Pizarro echo m 
cara al cacique, su perfidia, este la. negó con ta- 
les veras, que sin vacilar mfis el gefe español, 
se puso en sus manos con sus compañeros, y 
desembarcaron sanos y salvos en las riberas de • 
puna. • . 

Allí le recibieron con mucha hospit^litjad,. y 
le proprocionaron camodo alojamiento para' $u» 
tropas. Contento de tal modo á Pizarro aque- 
lla posición, que se descidió á mantenerse en ella 
hasta que pagase la fuerza áe las aguas, para 



S70 CONQUISTA DEL PERÚ. 

cuyo tiempo contaba que se habrían aumentado 
sus fuerzas lo bastante para poder penetrar con 
con» mas facilidad en el imperio de los Incas. 

La isla de Puna, situada en la desembocadura 
del rio de Guayaquil, tiene cosa de ocho leguas 
de largo y cuatro en su mayor anchura. En 
aquel tiempo estaba cubierta una parte de mag- 
níficos bosques, y lá otra reducida á cultivo, y 
cubierta dé plantíos de cacao, patatas y otros 
diversos productos de los trópicos; desde luego 
se echaba de ver que eran obra de una pobla- 
ción industriosa é inteligente en la agricultura. 
Los habitantes eran muy belicosos; pero sus 
enemigos los Peruanos les habián marcado con 
el epíteto de "traidores." La misma mancha ar- 
tojtjLn los historiadores -Romanos, quizá sin mas 
razón, sobre sus enemigos lo» Cartaginesa. Los 
indómitos y atrevidos Isleños hicieron una obs- 
tinada resistencia á las arínas de los Incas, y 
aunque- al fin habian cedido, se mantenían siem- 
pre en discordia y á veces en guerra abierta con 
sus vecinos de Tumb^. 

Apenas supieron estos últimos la llegada de 
Pizarro á la isla, cuando confiados seguramente 
en sus antiguas relaciones amistosas, pasaron 
á visitar á los Españoles en sus cuarteles* La 
presencia de sus aborrecidos rivales no fué mov 
agradable á los zelosos habitantes de Puna, y 
ya se les hacia pesado [que los blancos prolon- 



LIBRO íll. — CAPITULO I. 371 

guseii tanto su residencia en la isla» Conti- 
nuaban dándoleSy»in embargo, las mismas mues- 
tras esteriores de benevolencia; pero los intér- 
pretes de Pizarro volvieron á amonestarle que 
se guardase de la perfidia proverbial de sus 
hospedadores. Prevenido ya contra ellos el 
ánimo del gobernador ebn este aviso, vinieron á 
decirle que los gefes se' reunían para fraguar un 
plan de insurrección, y sin dar lugar á que re- 
ventase la mina cerco eí lugltr en que estaban 
congregados, é hizo prisioneros á todos los ca- 
ciques sospechosos. Hay escritor que dice que 
confesaron su delito; ^ pero esto.no está averi- 
guado, asi como tampoco el que meditasen se* 
mejante levantamiento.' ' El hecho en sí no deja 
á la verdad de ser baftante probable, aunque 
la declaración de los intérpretes enemigos, es de 
muy poco peso en este caso. Lo cierta es que 
á Pizarro i^o . le qu^dó duda de que existía la 
conspiración, y sin .mas examen entrego los in- 
felices prisioneros, q\x& serian hasta diez o do* 
pe, ÍL la craeldí»d de sus rivales de Tumixez, 
quienes inmediatamente los degollaron á su pro- 
pia vi^ta; ^ 

Con este insultó llegó á su colmo el furor de 

24 Xerez, <^onq. del Perú, principales, los cuales ellos ma- 
ap. Barcia, tom. III. p. 183. taban en presencia de los Espa- 

25 "Y el marques don Pi*áil- Soles, cortándoles lancabezasp or 
ciscó Pizarro por tenellos pot el cogote." PttdfoPfearro, Dea- 
amigos y eítnviescn de-paz cmn- cnb. y Conq., MS. 

d<> aBé paeaséu. lea. d?6 ulgíiiiote 



373 CONQUISTA DEL PERÜ. 

los habitantes de Puna, corrieron á las armas y 
se echaron llenos de desesperación sobre el cam- 
po dé lo»<Españoles, dando horribles alaridos y 
profiriendo espantosas amenazas. Tenian en su 
favor la ventaja del numero, porque eran algunos 
miles; pero sus contrarios contaban con las que 
dan las armas y la disciplina, y asi es que cuan* 
do los Indios asaltaron en tropel, los Castellanos 
les recibieron sin desordenarse con sus largas 
lanssas, yjles barrieron con las descargas de sus 
arcabuces. Las cortantes espadas de los Espa- 
ñoles destrozaban fácilmente sus cuerpos desnu- 
dos, y poniéndose Hernando- Pizarro á la cabe- 
za de la caballería, les dio una atrevida cargg y 
les desparramo por tadd|€l campo, hasta que al 
fin el temible escuadróla^ de acerados ginetes, y 
el estallido y el humo d^^las armas de fuego, les 
llenaron.de tertov y se pusifron en fuga, yendo 
á esconderse en la espesuraile los vecinoá bos- 
ques. Mas la victoria se debió en parte, si he- 
mos de dar crédito álos eonquistadores, á la in- 
tervención del cielo, porque dorante la batalla 
se vid en^el Bire á San Miguel con sus ángeles, 
luchando con el enemigo capital del género hu- 
mano, y alentando á los j&ristianos con su ejem- 
plo. ^^ 

26 La ciudad de San Miguel .tutétotico del milagro el he«ho 

fué llamada nú por . Pizarro en d^ existir una ciudad de este nom- 

memoria de este suceso. No fal- hre.-— "En la batalla de PuJiá 

ara ([tÚQn miré como testimonio vieron muchos, ya de los Indios, 



LlBKO III.-^CAPITCliO I. -^7S 

Bolo tres o. cuatro Españoles sucumbieron en 
el combate; pero muchos salieron lieridos y en- 
tre ellos Hernando Pizatro, quien recibió en la 
pierna un peligroso golpe de jabalina. No ter- 
mino la gfuerra con aquella bataUai porque los 
rencorosos isleños aprovechaban la obscuridad 
de la noche á el menor descuido d« sus contra* 
riosy para salir siktício^amente de sus guaridas 
y encajarse en el campo enemigo^ cortando ai 
mismo tielEnpo Lsis partidas sueltas» interceptan- 
do las provisiones, y manteniéndoles en continua 
ttlarniai 

En tan desagradable situación se encontraban 
los Españoles, cuando la vista de dos bajeles les 
lleno de regocijo. Veqia én ellos un retuerzo 
de cien voluntarios y algunos caballos para ia 
t^bálietídíi conducido todo por Hernando de So« 
to, capitán que después se hizo tan famoso pof 
Itabér- descubierto el Mississippi, cuya mages^ 
tuosa corriente nos oculta aun el lugar de sií 
sepultura; (*) mausoleo digno de las cenizas 

ya de ios nuéstréS) que había eii ' cistenos!' De aquí tomó D. Fran- 
el aire otros dos campos, uno ciseo Pizarro tanta devoción ai 
acaudillado por el Arcángel San santo Arcángel, qué prometió 
Mignel con espada y rodela, y llamar la primera ciudad qn^fun^ 
otrd por Luzbel y saa secuaces: dase de cu )|OS»bré$ eam|]íli61o asi 
maa apenas cantaron los Gaste- óttn^ v6reill^'ad$J#ote.** A(oii- 
llanos la victoria^ huyeron los dia*> tesift^ Auak»* M3«f «fi^ ld3(^* 
blos, y formando au gran tojebe*. (*y Cma4ó 6n Í543.mori6 
Uinoí, de viento, se oyeron en el .en l>i Florúia el Adelantado Heh 
aire tUtáS tfeAibles Voces- que de- nando de Soto, sus compaSeros 
cían, Vencistenos! Miguel ven- le dieron sepultura; pero recelan^ 

t 34 



4 



314 CONQUISTA DEL ^ERV. 

que enciíerra y monumento eterno de su glo- 
ria. ^^ 

Vínole perfectamente á Pizarro este refuerzo, 
porque eataba ya muy dhigustado de verse en 
aquella i^a, donde no sacaba prrio'V'eeiio álgciüo 
de las continuas ftitigas que se veía t»bli|^do ú 
soportar. Gon este auxilio, ya se 'ooiisíderabB 
bastá^ite fuerte para fpasar á k tí^rta firme y eo- 
meñisat Iii»s opei'aeWfies militares, «» di Terda- 
"dero teatro de las eonquistas y descubrimientog. 
Los indios de l^un^eK ya le liabian diefao que 
el pais se habia visto agitado mucho tiesnpo por 
guerraid civiles en^e los dos hijos del dilbnto 
monarca que aspiraban ál trono. Parecióle nnay 
imp<)rtán«e esta 'n^tici^a^ porqoe no habia olvi- 
dado él <{>a#tiiáo qnt Uíutó Cw^ de disensio- 
nes s^tni^janteiieiKlne ^ tiaeiones de Anah«ae. 
^yPor k>'qttfe'»e ad<^rtft, Fi^zarm tuvo é la vista 
1 el ej6tn^to de i|t|&ktstre predeeesoB, ^do soio «& 
/ ^sta odasioh, sino en oítras muchas* f^o sism- 
/ pte lie cpkeáó muy uiferior ásu modelo» porque 

do qvie Vob Indiiw ^e^amumi el %ncúeúttmLV9^ñáaB 'ommn ^ 
caAátwpñtBL «ilti^Mde, ce«io 7a tmnmtMtMswwen NdianOj Be- 
liÉblanihe^ho coii«ti«(»,-rewibn- ^lúiim €liu¿aria, vflfS,-^enq.y 
fon' >sa<MFlb y ^hairle >ai fbddo ^ Pob. d«l Pira, MS;*-*^PednTi' 
del Vio/JMI^6naáo «n ifii itmico tían«,^I>0Brab. jl ■ Céoq^ MS^ 

Bfli'l(y^yid(Mron<^<«¿rcilil»,lia :iAi{^ adtvl PlíBlor. 

lib. 7, c«p.B:-.fr. rf«í Sr.' i«8, il88. ¿..>. ' 

137 Lóft Boeéebs d*'f^ttiKíi'fe« 

1 



LIBRO III. — CAPITULO I. 375 

apesar del esfuerzo que muchas veces hacia pa"^ 
ra contenerse, su índole mas áspera, y su carác- 
ter mas feroz le arrastraban con frecuencia á ac- 
ciones tan opuestas á la buena política, que ja-| 
mas se las hah4a ^exqútido «^^Conquistador de 
Méjico, 



CAPITULO II. 



Estado del Perú al tiempo de la Conquista — Rei- 
nado DE HuAYNA Capac — Los Herbíanos Incas. 
Se disputan el trono— Triunfo y crueldades db 
Atahuallpa. 

Antes de seguir á Pizarro y sus compañeros 
en su entrada al imperio de los Incas, es preci- 
so instruir al lector del estado en que este se en- 
contraba entonces, porque los Españoles llega- 
ban precisamente al terminar una revolución im- 
portantísima; circunstancia muy favorable á sus 
designios, y sin la cual aquel puñado de aventu- 
reros jamas habría podido llevar á cabo su con- 
quista. 

Al terminar el siglo XV murió Tupac Inca Yu- 
panqui, uno de los ríias famosos "Hijos del Sol" 
que atravesando los abrasados arenales de Ata- 
cama condujo sus victoriosas legiones hasta los 
últimos confines de Chile, mientras que por el 
rumbo opuesto estendia su imperio agregándole 
las provincias meridionales de Quito. Su hijo 
Huayna Capac dirigid por este lado las opera- 



LIBRO III.— CAPITULO II, 377 

eiones militares, y después ocupo el trono por 
muerte de su padre, á quien no fué inferior en el 
valor ni en «1 talento para gobernar. 

Los ejércitos peruanos acabaron de sujetar 
durante su reinado el poderoso reino de Quito, 
que en riqueza y civilización llegaba á rivalizar 
con^l Perú, de manera que desde el tiempo de 
Manco Capac no habia hecho este ultimo una ad- 
quisición mas importante. El victorioso monar- 
ca pas¿ el resto de su dias en reducir las tribus 
independientes de las fronteras- de su imperio, y 
en asegurar sus conquistas introduciendo en ellas 
las leyes y costumbres del Perú. Puso grande 
empeño en terminar las grandes obras comenza- 
das por su padre, principalmente los caminos 
reales que iUoüMSlQMNt^A la capital; reformó 
'el sistema de correos; trabajó mucho en difundir 
la lengua Quichua por todo el imperio; introdu- 
jo grandes mejoras en la agricultura, y en fin, 
procuró el adelanto de todos los diversos ramos* 
dé industria doméstica, y trató de que se lleva- 
sen á cabe los bien concebidos planes que para 
el bien de su pueblo habian formado sus prede- 
cesores. En su tiempo llegó la monarquía pe- 
ruana á su mayor esplendor, y bajo su reinado 
y el de su ilustre padre avanzaba ya con tal ra* 
pidez en la carrera de la civilización, que pronto 
habría igualado á los mas ilustrados despotis- 
mos del Asia. Entonces, quizá, se hubiera vis- 



378 CONQUESTA ;DJEL P£RU. 

tp q^e ,esto3 Indios escedian en capncidiad i.tór 
dos Jos demás de aquel, con tíñante; pero en vea 
de esto, aguardaba ata(laíS 1^^ raí^Ug iniJias wa& 
s^eríte bi^n ¡desgraciada». : . ; • . ... 

iQosa de diez año^ antes;de4a;nxaerite deHaay- 
1^^ Capa(^, llegarpUi por ptíiftfíi^ ye^j lo^^blaiwjos 
é l9^ í^iPS^s a^^trftJies.d^l Pacido, Q^Walqe el 
primero qw pft-s© ^:gQlfod=€iS^ Mü^ueL y tuyo 
QotícÁ^s claras d^ imperio d^ Ip^I^o^ait Np se 
sabeá punto fijo p|i el ii(\oaarca ,lleg^;á saber el 
arribo de estop .avjentiqireros; p^ro sí es induda- 
ble, que le llegjaiKM) las aueva^. d^ la^pifiniera ^- 
pedi,cioii de. Almagro y Piajirípí cuando esfe yl- 
timo ^y^rx'4^ bas^^^el río de S^u JafLV^ á .co^a de 
.c\iatrp, gradas de latituid ; austrarl. Hizo, grande 
i^npresipB ;^t^ PP^^IIPMHP^^ ^^ Huiayi^a 
CapEC, porqj^re^ l^s<^dmirH.blfes>hazauas de los 
iny^^^oares, y en: ^us t^iibles y desepnocidas »r- 
japiaB, veia ^tras [tai^t^^s prueb^is de una civiliza- 
cipn io^n^taiipiente si^perior a la d^ sus prppios 
yaSfillos* Di^j.o, traslucir sus tejoaor^ <lp que c^l- 
g\m dia, tal vez ^p muy lejfino, vplvjlesep aquie- 
Uos ^strangexos . é hici^spn vaxsilar el , tj^onp de 
Jos Incas cpn. el poder, al pafecer spbrení^tur^l, 
de qu^. estaban do tardos. L; Para uuojp vulgar 
.aquellp.iipera n(ias quje ün Ujero,cel|ija apl^re 
1^3 lejanas crests^s de las. niantañas; ,pero para 

1 Sarmiento, escritor honra- contaron algunos Incas que lo 
. ¿o y verít^co, dice (¡ue aijí se lo oyeron. Pj^lacioD, MS-, c¿ip.;65. 



L1BK.O 1)1.— ^/iPITUi.O II. 379 

el^s^g^z moanro^i er^ ^1 primer anuncio 4e un^ 
horrible- t^pipei&tad, que ^e iba. acercando poco 
.ájK)C0;I^^;^jl««M^rgar coin ^odf^ «u fi;^^9bre 
líis %tijfes cí^iQÍ5|íaift^^e Ru imperw^ 
? jla&ta ^i4alvV>4<>^^.("i^y creil;>ie; pero algunaa 
Fje}^cÍQQC^i^^tigua8 gue-fa^ astado iquy . ^i^ vo- 
gfl» ^ .c<)Qte]»t4p4fiSe con e^tp, quieren hacer 
.(!|Qit^>rd^^,^8.pmi^era8,qoticias de ^la venida de 
hfs JSspap^Ies cpn^eiextQjs |)rondBticos muy anu- 
daos .en ;el pai^, y con visiones sobrenaturales 
que llep^aron de .terror á . tqdo el pueblo. Vié- 
roiBSie ¡cQ^Q^et^s encendidps atravesando los xuelos; 
súiti^jffln^ie .);er^enM^^QS;f l^Jiuua apareqio rodea- 
ba d(^j anillos di fttqgp4e, vfn;ÍQi? cplpr^^s; un r^t- 
yo cayó en uno de los palacios del Inca y le re- 
4ajp á eemzasy.yuna á^^ila perseguida por va- 
riqshiifóoae^, aznlayp ;reyo^^o y dan^p gjT^- 
nidos Mbr# la,|>la¿sa prini^ipal del Ca2cpi;baata 
que átravje^ad^ laTieina4e las aveB por las a^n- 
d^s garreas d^ rat perseguidores, cayó sin vida 
á los píes de los noiblies incas» quienes desou- 
báanieii todo esto tin aiiuncio de mi próxima 
ruina. £1 ipisixm Jluayna Capac, cuando sintió 
acercarsie su úl^^^ )ioj^a,.llar)ió á los.príiicipa- 
les gefes, y les anunció la destrucción del im- 
perio por ^ná r^;&|i 4^) eSitrangerqs blanco» y bqr- 
bados/pe^fque asi hsAian predicho los oráculos 
que sucederja al teirminax.el reinado del duodé- 
cimo Inca, y concluyó eiic?ir^inido á sus vasaHos 



380 CONQUISTA DEL PERÚ. 

que no se opusiesen á los decretos del cielo y 
que diesen obediencia á sus enviados. * 

Tal fué según cuentan, la impresión que caas($ 
en el reino el arribo de los Españoles, la qne 
nos trae á la memoria el mismo .terror supersti- 
cioso que ocasiona en Méjico su llegada. Pero 
las tradiciones de este pueblo descansan en me- 
jores autoridades que las del Per lí; estas en ul- 
timo resultado, se encuentran destituidas del 
apoyo de los testimonios contemporáneos, y so- 
lo tienen en su favor el simple dicho de un es- 
critor de la misma nación, que sin duda creyó 
encontrar en los irrevocables decretos del cielo 
la mejor escusa para la falta* de valor de sos 
]iaisanos. 

Pudo suceder también que Iqs. i:umore* Ma. la 
venida de unos hombres de -raza desconocida y 
misteriosa se fuesen estendiendo poco á poco 
entre las tribuís indias de la cordillera, y los co- 
razones de todos, aun de los más bravos guerre. 
ros, se llenasen de un terror vago é indefinible, 
presintiendo alguna inminente calamidad. Pre- 
ocupados de este modo los espíritus, era muy na* 

2 El Inca Garcílaso de la Ve- y sn aftn de engrandecer f ro- 

ga, re^re muy por menor eftas dear de nusterío todo lo relativo 

señales del cielo. (Com. Reak, no solo á su linage sino á lana- 

' Parte Ij lib. 9, cap^ 14.) Las ven- don entura. 6a obra ha iide U 

tájas.qon.que Ofite eatfrítor con- Tuentede pnaat». ftlao y veida* 

taba para descubrir la verdad, devAie ha dioho de los antigno^. 

quedan inas que compeiMláir Peruanos; ni»* despnes de tantd 

por BUS defectos periM»lii(lé8«|ii|o tie»mno, no es fítcú, por desgra- 

historiador, su credulidad pueril cía, el distinguir lo uno de lo otro» 



LIBRO ni. — CAPITULO II. 381 

tural que los sacudimientos que sufre con tan- 
ta frecuencia aquella región volcánica hiciesen 
en ellos una impresión desufsada, y que fenóme- 
nos que en otras circunstancias solo habriati 
llamado la atención por su estrañeza, se consi- 
derasen abérá por los supersticiosos adivinos co- 
mo avisaos del cielo, por cuyo medio anunciaba 
el Dios de los Incas la cetcañá catástrofe de su 
imperio. ' 

Tuvo Huayna Capac, según la costumbre de 
los principes peruanos, una multitud de concu- 
binas, y dejo de ellai^ una numerosa descenden- 
cia. El heredero dé la cordnaj hijo de su legíti- 
ma esposa y hermana, se llamaba Huáscar. ^ 
En la época de que estamos hablando, habia 
llegado á los ti^einta años de edad. Dé'spues de 
él seguiá ifanco Cápác, hijo de etra múger, pri- 
ma del monarca; este já ven principé tendrá des- 
pués que desempeñar ün papel de cierta* impor- 

3 Htiascarf ma la lengua qui- labonea eran tan gruesos eomo 

chua significa, i"Boga/' £1 moti- la muñeca. (V. Zarate, Conq. 

vo que hubo para dar éste nom- del Per6, Ub. 1, cap^ 14. — Gar- 

bre al principe heredero, no de- cilaso, Com. Real., Parte 1, lib. 

ja de ser estreno. Queriendo ce- 9, cap. 1.) EÜste último escritor 

lebrar . Huayna Capac . el naoi- gnpo estos ponnenoros» segttn 

miento del principe de un modo nos dice, por relación del In- 

estraordinaríó, hizo fabricar una ca viejo su tío; el que parece 

cadena do ero macizo para que haber sido bastante aficionado á 

la toviesen en las manos los Ho- referir^mara^ltas; biéxi qne no le 

bles, mientras que danzaban én faltaba quien se las creyese, por- 

las fiestas (](ue con tal motivóse que los escritores castellanos do 

oelebraron. La cadena tenia se- aquel siglo y el siguiente, han 

teéiéntós pies de largo, y los es- ' repetido* mil veces este cucntol 



382 CüNaUISTA DBL P£aU* 

Xaiicia en miestra hi^oria. Pero de to4o^ los 
hijos del Inca, el mas c].Kerido era sin dada Ata- 
liuallpa. Sa madre er^ bija del ultinio 8(^ 4t 
4Elaito, que.flegan caeataB murii$4e^sfiV9 pooo 
después de li conqoíista de su i;ein9 por I|iaa^ 
naCap^c. La ^iiie«sa-exa hermQsa/y el Ibci^ 
fuese por contentar &u. pasión,, d como 4iaen los 
Feruanos, para compensarle .en cierto* modo. b 
desgracia de sus padres, la recibió entr:e sus 
concubinas. Los historiadores de Quito afirman 
que fué su legítima esposa; pero esta dignidad 
estaba reservada, scigun los usos del in)p.erío, 
para las doncellas de la sangre 4e los Inc^. . 

Huay^ia Capae paso los. últimos añ<»s de. su 
vida en su iiuevo imperio 4e Quito, y ai9i ñié 
que Atahuallpa «e ciá(í á su vistayle acompañó i 
Ja guerra d^ie a^áñOsOomia en el mismo pleito 
de 43U padre, y dormía coa él ^n .la miisma tien- • 
-da. ^ La vívesca jdel muchacho, su valor y gene- 
rosidad le grangearon el afecto del anciano mo- 
narca basta 4;al punto «que xesolvio apartarse de 
los antiguos u^os y dividirán imfperío entre él y 
Huáscar su hermano mayor. En su lecho de 
muerte ^convocó á los principales geles, y decla- 
ro ser su voluntad que él antiguo reiqo de Qui- 

.4 ''AtabiJ]pa era bien quisto tp ahorque no le dejaba comer 

de los Capitanes viejos.de su Pa- otra cosa que lo que 61 le ddba 

dre y de los soldados, porque sín- de su plato." Sannieitfo, R^- 

dnbo en la guerra en su niñez y cion, MS., cap. 66. 
porgue él en vida le wo«tr6 tan- 



UB&O III.— CAWTULO H. 363 

(^ se dif^se n Atab«iail^ ifttíen en realidad ieak 
á él cierto derecho, por ser Ol paitmmomp de ««« 
f^dres. £1 resto de} imperio k> legaba á Huás- 
car, y reeooteiidaba •en^eeoidamente ttkw dos 
keli'iiiaiios q«e se ^eofiformasetirooo esta dispone 
Clon y víviesea^ea^mena^rmoiiía* Eiste éié «1 
últíoncí paso qae dU^el ilasüre mdiiavca» <el;ma3 
impolítico de tt>da «u vida siiiduda ttlgaail. Sn» 
ui^inias ¡palabras ^cbMon por cierra la» leyes 
fttndameiitfi^tes del impcario, y al anismo ^tieoipo 
^tie rec^mendiabia la concordia i los aocesores 
de stt^tfotio, dcgablí ealadiviáíoiirqAe de lél ha- 
hacia^ ka* semillas de «ma fonesta^se<n:éta que 
lardeo temprano :ddbÑm producir sus amargos 
frtttos. « 

Stk muerte aeaecro, ségim las conjeturas mas 
firdbables, á finés «de 1585; siete años eseados 
"antes díc la llegada ^e Piterro á Puauá ^ Las 

5 Ovieiíe, Híflt. de Ida bdin, - o^iraoiieB, viene é cémvenir con 

MS.» Fute 3, Ub.^» cap. 9.-^á- Balboft. (Hiit. de Unito, tdm, L 

rate, Conq. del Perú, lib. 1, cap, p. 232.) £1 doctor iRoberteon, ha- 

12.-<-^Sannie]U0| ^kicioa, MS., )^iendo dicho ptünero^qtie -Huay- 

cap. ^«^XereK, €enq. del P^^ na Capoc<iAiin6 en 1539, haÜa 

ru, ap. Barcia, tom. III. .p. 301. después de este suceso como 

'6 La fecha etaeta de este «n- ocurrido en 15S7. (Coiif. Amen- 
-ciBM, fiiuique ^tBM eeseaiw) 6 la rea» v«ol. HL rpp. %, 3$1.) £1 
conquista, qo está bieii determi- que alguna vez se hajra visto es- 
nada. iBidboa, 'coiiteaiporán:eo trtfviado'eñ^llaberintD cronol6- 
de los conquistadores, y que es- gico de los antiguos cronistas, no 
'cr!bi6^4fti Cltiito donde ellttea -^^péxitíatÁaeéikf^mréir á ve- 
imi^,!n'^one'.en 1805. 'I(ltlét. «)e8-^éii«ftidí«i»i»ii«s '^AMjwlbs 
'daY^oa, Uiap. )4l) "V^^éMo, '«etf l«M>eÉcrit«MM^tteile ^tén fye- 
reaidénte tambten'en^ni(e,\Me- cbtfAM'é fibnM^^le^pdr guias, 
pues de eiiuniaav lafc dh'ersas 



384 *CON<kÜlStA DEL PERÚ.' 

nueva» de SU fallecimiento llenaron de luto y de 
consternación á toda aquella tierra; porque ^i 
bien era duro y aun inexorable con el enemigo 
rebelde y contumaz; era un monarca valiente y 
magnáninio, y en todas sus providencias se des- 
cubría el espíritu- ilustrado de un príncipe que 
vela con igual solicitud por el bien de todos sus 
vasallos. Los de Quito, enorgullecidos cbn las 
señaladas pruebas de preferencia que les habia 
dado, fijando entre ellos su residencia y hermo- 
seando su capital, manifiestaron sin rebozo el do- 
lor que les causaba su jjérdida, y los del Cuzco, 
al recordar que couvsus armas y su talento había 
cubierto de glóriAá su pais, no le sentían y ve- 
neraban menos. '^ Las gentes tímidas y los hom- 
bres pensadores, dirigían con temor una mirada 
al porvenir^ y observaban con inquietud qué ya 
na empuñaría, el cetro del imperio una mano 
fuerte y esperimentada, sino que iba á verse di- 
vidido entre los dos príncipes rivales, natural- 
mente celQspa íUno de otro, y cuya, qorta edad 
les hacía mas accesibles á la perniciosa influencia 
de consejeros astutos y ambiciosos. El pileblo 
manifesté sn sentimiento, honrando de un modo 
estraordinario la memoria del difunto tn^a. Su 

7 Nadie dudtfrá de }a. ¥kO{»n' ' gtma te hiciese de qaalqaiera 
kuridad del ttonarca, ¿ lo menos edad, calidad y condición que 
entre el bello sexo, si es cierto Jo fue^se.'' Com, Real., Pitrte 1^ 
que cuenta GarcUaso de que "ja- .lib. 8, Cap. 7. • ...... 

mas negó petición que muger al- , « * • -. 



LIBRO III. — CAPÍTULO ÍI. 335 

corazón se quedo en Quito y su cuerpo fue lle- 
vado al Cuzco para colocarle en el gran templa 
del Sol, al lado de las de sus reales progenito- 
res. En ambas capitales de su inmenso impe- 
rio se celebraran sus funerales con sangrienta 
pompa; y dicen que muchos millares de concu- 
binas é infinitos criados y oficiales de palacio, 
manifestaron su sentimiento, o su superstición, 
perdiendo gustosos la vida para acompañar á su 
antiguo amo en las refulgentes mansiones de su 
Dios. 8 • 

Muerto Huayna Capac reinaron durante cinco 
años los dos hermanos, cada uno en la parte 
que le tocaba, sin recelo ni desconfianza, o por 
la menos sin chocar abiertamente. Parecia que 
los deseos de su padre se habian realizado del 
todo, y que arabos estados conservarían su in- 
tegridad é independencia y camo si nunca hubie- 
sen formado uno solo. Pero era muy fácil pre- 
setitir, que existiendo tantos motivos de descon- 
tento y abundando en ambos reinos infinitos cor- 
tesanos aduladores que tenian grande interés en 
fomentar estas divisiones, la paz de que por en- 
tonces se gozaba no podia.ser de larga duración. 
Y no habria durado tanto si no hubise sido por ^ 
la fedoíe pacífica y sosegada de Huáscar, que 
era realmente el único que tenia motivo de que 

8 Sarmiento-, Relación^ M'S., cap. 65.— Herrera,. Hist. Gen» 
lal, dec. 5, libi 3, cap, 17. ^ ■ . 

I. 35 



380 CONQUISTA DEL I'ERU. 

jarse. Tenia cuatro o cinco años mas que su 
hermano, y sin duda no le faltaba valor; pero 
era un príncipe generoso y condescendiente, y 
si no luibiese cedido á influencias estrañas, qui- 
zá se habría conformado con un arreglo, que 
por desagradable que fuese, era al fin la última 
voluntad de su padre á quien ya todos venera- 
ban como á Dios. Pero Atahuallpa era el rever- 
so de la medalla. Guerrero, atrevido y ambicio- 
so siempre andaba metido en empresas para acre- 
centar su territorio, aunque era bastante astuto 
para tratar de estenderse hacia donde quedaba el 
de su hermano. Aquel espíritu inquietp llego, 
sin embargó, á causar alguna alarma en la cor- 
te del Cuzco, y Huáscar se resolvió al fin a 
enviar un embajador á Atahtjiallpa» para recon- 
venirle por sus ambiciosas tentativas y. exijjtte/ 
que le prestase homenage i>or el reino de Qui- 
to que poseía. 

Asi lo cuentan unos: otros pretenden que la. 
causa inmediata del rompimiento fu(é el. . haí)er 
reclamado Huáscar el territorio deTuna^bs^i^ba. 
que sü hermano conservaba como parte de^t. pa- 
trimonio heredado. Poco inaporta ayeriguar cual 
fué el pretesto ostensible del choqnei PQrQ^^ 
a luellos príncipes se encontraban respeetiva" 
m«nte en una posición tan fqlsa, que tarde rftem: 
prano era preciso que viniesen á parar en un 
rompimiento. 



LIBRO III. — CAPITULO II. 387 

AI considerar que estas desaveDenciaB y todas 
las hostilidades á que ellas dieron lagar se ve^- 
rificaron en una época ya muy cercaba á la in- 
vasión de.losEspnñolesy admira la absoluta dis- 
crepancia icon que se hallan refet^das en los áu- 
toareíiu Unos diceni que en el priiner encuentro 
que tuvo Atahuallpa con los ejércitos del Cuaco 
fué denrotado y : hecho prisionero en Tümebatn'^ 
.ba, Ivigarrdél distrito de Tos Cañaris en el reino ' 
de .'Quito, que én otro tiemjpo fué la re sidencia 
fayorita de su padre. Repard de algún modo 
este contratiempo^ escapándole de : su prisión y 
volviendo á su'capital, donde en breve se vid de 
nuevo á la cabeza dé un numeroso ejéreitóvm:an- 
dado por los generales mas hábiles y esperiinen- 
tados del imperio. Ya hemos avisto que en vida • 
de m padre hizo el jdVen Atahualtpa mas de una 
campaña^ co» ^ellos^ y su franqueza y : afiíbilidad 
le habrán ganado el afecta de las -tropas. Eran 
estas la flor del grande < ejercitó dé los Iñeasr, ' y ^ 
se eom^ponian en^ sü ^ mayor pai^te ^de soldados 
viejosjí encaneddoft en el «ervido dé las ñrmas, 
que como en desempeño de su obligación habían 
permanecido tantos años en el norte, facUmente 
juraron fidelidad al nuevo soberano dé Quito* 
A su cabeza tenian dos gefbs de gran repntaeiot)» 
de conocida esperiencia en la mUiciiv, y que ha^ 
bian obtenido en alto grado la eonfianaa:del di^ 
funto Inca. El nombre ^eP uno era Qoizquix y 



388 COXaUISTA DEL PERÚ, 

el otro, que era tio materno de Ataliuallpa, se 
llamaba Chalicachima. 

Asistido de los consejos de estos esperinien- 
tados guerreros, se puso el jrfven monarca á la 
cabeza de sus tropas, y emprendió su marcha 
para el Sur. Apenas haMa llegado á Ambato, 
cosa de sesenta millas de distancia de su capi- 
tal, cuando se encontró con un 'numeroso ejér- 
cito qué su hermano enyiaba contra él, al mando 
de un distinguido gefe de la estirpe de los Incas. 
Empeñóse al punto un sangriento combate qae 
duro la mayor parte del dia, sirviéndole de tea- 
tro las faldas del magestudso Chimborazo. ^ 

El resultado de la batalla fué enteramente fa- 
vorable á Atahuaillpa, pues los Peruano^ fueron 
derrotados con grande mortandad y pérdida de sa 
caudillo. El príncipe de Quito se aprovechó de 
la victoria para p'lroseguir su marcha hasta lle^ 
gar á las puertas de Tumiebamba, cuya ciudad 
con todo el distrito de los Cañaris, aunque per- 
teneciente al imperio de Quito en otro tiempo, 
habian abrazado el partido de su rival en la pre- 

9 Garcilaso niega que hubie- Ambato, cuando el suelo se veit 

se otra cosa mas que unas insig- aun cubierto de las. osamentas de 

nificantes escaramuzas, antes de los que perecieron en la acción, 

la acción deciáiva que se dio en ^'Yo he pasado por este Pueblo 

las llanuras del Cuzco. Pero el y he visto el Lugar donde dicsn 

Licenciado Sarmiento que, se- que esta Batalla se dio y cierto 

gun él dice, recogió las noticias según hay la osamenta devieron 

de- estos sucesos de boca de los aun de morir mas gente de b 

actores que en ellos figuraron, que cuenW.^^ Relación; MS*r 

^adó por él campo de batalla dd tSLp.6^* 



LIBRO III. — CAPITULO II. 389 

gente contienda. Entro como un conquistador 
en la ciudad rendida; paso á cuchillo los habitan- 
tes, y la arraso hasta los cimientos con todos sus 
magníficos edificios, sin detenerle la considera- 
cion de que muchos de ellos habian sido levan- 
tados por ^u padre. Con el mismo rigor trató 
átodo el distrito de los Cañaris. Lugares hubo, 
según cuentan, en que salieron en»procesion los 
niños y mugeres con ramos verdes en las manos, 
para tratar de apaciguar su colera, pero el ven- 
gativo vencedor se hizo sordo á sus ruegos y su- 
plicas, y asoló todo el pais con el hierro y el 
faego, sin perdonar hombre alguno que llegase 
é caer en sus manos. *° 

El cruelísimo castigo dé los Cañaris, atemori- 
zó á sus demás enemigos, y las ciudades fueron 
abriendo u^Hgpikotra las puertas al vencedor, 
quien continuó su marcha triunfal hacia la me- 
trópoli del Imperio. Sus armas sufrieron un re- 
vés pasagero en la isla de Puna, cuyos atrevidos 

10 "Cuentan muchos Indios lo suplicaron, y con tanta humil- 
á quien yo lo ot, que por aman- dad, que bastara quebrantar cora- 
sar su ira, mandaron á un escua- zones de piedra; mas pocaimpre- 
dron grande de niños y á otro de sion hicieron en el cruel de Ata- 
hombres de toda edad, que satie- balipa, porque dicen que mand6 
sen hasta las ricas andas donde á sus capitanes y gentes que ma- 
venia con gran pompa, llevando tasen á todos aquellos que habían 
en las manos ramos verdes y ojas venido, lo cual fué hecho, no 
de palma, y que le pidiesen la perdonando sino algunos niños 
gracia y amistad . suya para el y á las mugeres sagradas del 
pueblo, sin mirar la injuria pasa Templo." Sarmiento, Relación, 
da, y que en tantos clamores se MS., cap. 70. 



390 CONQUISTA DEL PERÚ. 

guerreros sostenían la causa de sn hermano, y 
después de perder alíí Atahüallpa algunos dias 
dejo á los tnmbecino3, que desde el principio dé 
la guerra se habían declarado á su favof, el en- 
cargo de luchar con sus antiguos enemigés de 
Puna, y el siguió adelanljando hasta Caxamalca. 
Allí hizo alto con tin destacamento, y despíachó 
el grueso del ejército mandado por sus dos ge- 
neralesj con orden de marchar directamente so- 
bre el Cuzco. Parecióle prudente nó esponerse 
penetrando mas adentro en un páis enemigo, en 
donde una derrota pedia perderle, y fijando sus 
cuarteles en Caxamalca, quedaba ademas en 
disposición de socorrer á sus generales en caso 
de un revés, o en el ultimó estremo tenia espe- 
ditafa retirada á duit^,, par^ rehaceirse alííy 
comenzar de nuevo las hostiUd^HÜMMI^ 

Caminando Ids^dos generales á marchas foftsa- 
das, pasaron el rio Apurimác, y llegaron al fin á 
corta distancia de la cápithl del Perú. En el entre- 
tanto Huáscar no había estado ocioso. Al sa- 
ber la derrota de su ejército en Ambato, hizo las 
mayores difigencias páiria réclutaf gente en todo 
el pais. Por consejo, segün dicen, de los sa- 
cerdotes, ^ue soh sin diida los peores consejeros 
en tiempo de peligro, determina esperar ni ene- 
migó dentro de su propia capital, y hasta que 
este se encontraba ya á pocas leguas del Cuzco, 
no fué cuando el Inca se resolvió, tambieri por 



LIBRO III. CAPITULO II. 391 

consejo de aquellos santos varones, á salir de la 
ciudad y presentarle la batalla. 

Los dos ejércitos se encontraron en las llanu- 
ras de Qüipaypan, no lejos de la capital. Dis- 
crepan, como de costumbre, los autores en el 
número 'de gfente que de ambas partes comba- 
tía; pero las tropas dé Atahuallpa contaban con 
la inmensa ventaja que dan. la experiencia y la 
disciplina, y las de Huáscar por el contrario, se 
componían en su mayor parte de las levas he- 
chas á toda prisa en los' distritos vecinos. Ain- 
bos ejércitos peleaban con la desesperación pro- 
pia de hombres qiie conbcian bien que todo de- 
pendía del éxito de aquella acción, porque allí 
ya no sé disputaba la posesión de una provin- 
cia, sino la de todo ún imperio. Los soldados 
de Atahuallpa, engreídos con sus recientes vic- 
torias, peleaban confiados en la superioridad so- 
bré sos contrarios que yá habían probado ante- 
riormente, y los fieles Vasallos del Inca mani- 
festaron toda la lealtad y abnegación de quien 
considera su vida como úriá propiedad de su se- 
ñor. 

Peleóse obstinadamente desde el amanecer 
hasta ponerse el sol, y el suelo estaba ya cubier- 
to de montones de muertos y de moribundos, 
cuyas osamentas aun sé veían en el campo de 
batalla, mucho tiempo después de la conquista 
de los Españoles. Al cabo se declaró la fortu- 



392 COxNQUISTA DEL PERÚ. 

na por Atahuallpa, ó mejor diclio, la disciplina y 
la esperiencia militar produjeron al fin su acos- 
tumbrado efecto. Comenzó á introducirse el 
desorden en las ñlas del Inca y se hizo imposi- 
ble contenerlo. Sus tropas se desbandaron por 
todas partes, y los vencedores >se dieron al al- 
cance de los fugitivos. Huáscar trato igual- 
mente de escaparse con cosa de mil hombres 
que permanecían á su lado, pero fué descubier- 
to antes de abandonar el campo, su pequeña es* 
03lta se vio rodeada de enjambres de enemigos, 
y aquellos fieles soldados perecieron casi todos 
en defensa de su Inca. Fué al fin hecho prisio- 
nero, y los generales victoriosos marcharon in- 
mediatamente sobre la capital y tomaron pose- 
sion de ella a nonribre de su soberano* " 

Pasaban estos sucesos en la primavj^r^. del aüq. 
1532, pocos meses antes del desembarco de los 
Españoles. Recibió Atahuallpa en Caxamalca 
las noticias de la victoria que hablan logrado 
sus ejércitos y de la prisión de su infeliz herma- 
no, y al punto dio orden de que se le tratase con 
el respeto debido á su clase; pero que fuese lle- 
vado á la fortaleza de Jauja y alli se le guardase 
en un estrecho encierro. No se limito á esto 

11 Cieza de León, Crónica, te» Conq. del Perú, lib. I, cap. 12. 

cap. 77.— Oviedo, Higt. de las —Sarmiento, Relación, MS., 

ludias, MS., Parte 3, lib. 8, cap. cap. 70.— Pedro Pizarro, Des- 

9.— Xerez, Conq. del Pera, ap. cub. j Conq., MS. 
Barcia, tom; III. p. 202.— Z4r^. 



LIBHO III. — CAPITULO II. 393 

solo, si hemos de creer á Garcilaso de la Vega^ 
descendiente de la estirpe de los Incas, y por 
parte de madre, sobrino del gran Huayna Capac. 
Segan este escritor, Atahuallpa convidó á to- 
dos los nobles Incas á reunirse en el Cuzco pa- 
ra tratar del mejor modo de dividir el imperio 
entre él y su hermano; mas cuando estuvieron 
juntos en la capital, fueron rodeados por la sol- 
dadesca de Quito y asesinados sin piedad. El 
objeto de semejante perfidia, era acabar con to- 
da la familia real, de cuyos individuos cualquie- 
ra podia^legar mejores títulos ala corona que 
el bastardo Atahuallpa. Mas no pararon aquí 
las crueldades, sino que toda la descendencia 
ilegítima del Inca, es decir, los medios-herma- 
nos del monstruo, y en una palabra,, todos los 
que tenían una gota de sangre inca en las venas^ 
fueron comprendidos en la matanza; y con una 
sed de sangre, á la que en vano buscaríamos pa- 
ralelo en los anales del Imperio Romano ó ea 
los de la República francesa, mandó Atahuallpa 
quitar la vida por medio de lentas y horribles 
torturas, á todas kis muger es de la sangre real', 
á sus tias, primas y sobrinas,, y para aumentar el 
placer de su venganza, hizo que muchas de es- 
tas ejecuciones se verificasen á la vista de Huás- 
car, quien se veia obligado á presenciar el mar- 
tirio de sus esposas y hermanas, y á escuchar 



394 CONQUISTA DEL PERÚ. 

los gritos de ageniá con que en vano le llama- 
ban para que las defendiese! *^ 

Asi lo cuenta el historiador de los Incas, quien 
í^eguii dice, supo estas noticias, por relación de 
su madre y de su tk), que por ser entonces moy 
muchachos tuvieron la fortuna de contarse en- 
tre los pocos que escaparon de la matanza ge* 
neral de la fa:nilia. ^^ ¥ esto mismo han ido 
repitiendo después los mas de los escritores cas- 
tellanos, sin poner en ello la menor duda; mas 
una serie tal de atrocidades, cometidas sin pro- 
vocación y á sangre fria, repugna tanto á los 
principios de la naturaleza humana, y hasta al 
sentido común, que para darle crédito no débe- 
. mos contentamos congos testíYnoniqs ordinarios. 

En los anales de las naciones semicivilizadas 
se encuentran por desgracia ejemplos de seme- 
jantes tentativas para acabar áél todo con una 

12 Garcilaso, Com, Real.», ver^idad de torturas manifiesta 

Parte 1, Ub. 9, cap. 35-39. . que no carecía de inventiva el 

^'A - las muger^si , hc^qiiaQaB, escnlgr ómm kw su fpo, el.Bar- 

tías, sobrinas, primas h^rmapas y nu^or de estas matanzas de los 

madrastras de Atahuállpa, colga- cuentos de viejas, 

uan de los arboletir ; de mucl|2« 13^ "L^ . cr aBldad^s que . Ata* - 

horcas muy altas que hicieron: a huaHpa en los de la sangre Real ^ 

vnas colgaron* de los cabellos, a hizo, diré dé relación de mi m«- 

otras por.debajfp de,^s briiaoa,,y dre yde.vn hermano suyo, que 

a otras de ptrqs maceras fi^as, que serUai^ó Don Fernando Huallpa 

por la honestidad sq callan: da- Tupac Inca Yupanqui, que en- 

nanl^s.sns. hijuelos que los>tuuies-. tonoes eran- niños .de menos de 

sen en brazos, teoianlps hasta. diezjuiQs/' Ibid., Parte 1, Ub. ,^^ 

que se les cayan y se aporrea- cap. 14. 
nñn/' (Ibiá., ctLjt. á7.) Esta di- 



LIBRO III. — CAPITULO II. 395 

razu temible, qi^e ha llegado á. despertar los re 
celos de, un tirano; aunque es un empeño tan 
quimérico, cpmp el qnerer estirpar una planta . 
cuyas semillas ha esparcido el viento por todo^ 
lados. Pierp si Atahüallpa llego á tratar.seria- 
mente del eeternp^inio déla raza de los Incas, 
¿como es que setenta años después de la supues- 
ta notataassa, conviene el historiador en que exis- 
tjaix nada meno§ que seiscientos descendientes 
de Ici sangre, real pura sin mezcla de otra? ^^ 
¿Ppíq^é en .vez de litnitarse .los asesinatos á los 
desceniJientes legítin§K)s de la estirpe real, que. 
podían tener ma^ derecho á la corona que el 
us|i;^rpa(|or, alcanzaron á todos los que tenían la 
menor relación, con aquella raza, de cualquier 
modo que fuese? ¿Porqué fueron comprendi- 
das en la prostfíí^feioñ las ancianas y las donce- 
llas jóvenes, y porqué les hicieron sufrir taii crue; 
les é inútiles torturas, cuando era , evidente que 
unps seres tan inpfejeisívoa nada podiai|> haber 
hecho para provocar !a cólera y los recelos del 
tirano? ¿Pprque,. al miifmp .tiempo . que tantos 
cifan sacrificados por recelos vagos de un remo- 
to peligro,, dejo epn vida asa rival Huáscar,, ya 

14 , Asi 06 advierte po^. una , 40<} OYie4.o .dicQ que. Hnayna. 
peticioii de,cier^s mercedef^que .Ca|(^, "tu^p. cien bijoá .y ¡úJMf 
enviaron á Espanta en 160^ ñr* y lapiayor.paile de.ellpa son yi-. 
mada. por quijpe^os seaents^ y ^^.vos." Hist. de las lüOí»»,. Mfi.^ 
siete Indio» del lina¿« real d^l« . .Par|^ 3» |¡b^ ^r,?^f:P* V ' 
Incas. (Ibid.. Pan» í, liB. ^, cap. 



$06 CONQUISTA DEL PERtT. 

SU hermano menor Manco' Capac, que eran pre- 
cisamente los dos hombres que debían inspiraif 
mas temores al vencedor? ¿Porqné, en siima^ 
ninguno de los escritores aateriores á Garcilaso, 
que florecieron medio siglo ma& cercanos á estos 
s^ucesos, hace mención de tan maravillosa conse- 
ja? ^-^ 

Q.ue Atahuállpa cometiese algunx)S escesos, y 
que en algunos actos de crueldad inútil abusase 
de sus derechos de vencedor, no hay difícultad 
en creerlo; porque basta acordarse del modo con 
qiie trató á los Cañarisr lo que ni sus mismos 
apolagistas se han atrevido a negar; ^^ para con- 
vencerse de que te»ia una buena dosis de la ín- 
dole vengativa propia deaqtiellos,. 

"Hijoís del Sol, 'Cspíritu*:d5^fáego, 
Para quienes venganza virtud era." 

Í5 En vano he buscado un atreva á tanto como el Padre Ve- 

BÓto pasaje que apoye esta reía- lasco-, quien en un arrebato d(9 

cion en Oviedo, Sarmiento, Xe- leahad al monarca de Quito, coi^ 

rez, Cieza de León, Zarate, Pe- sidera la matanza de los Cañarís 

dra Pksarro, Gomará, &c;; escrr- como uña jnsta retribución de 

tores que Eorecicroa en aquel sus ofensa. . ''Si les aitteurs dent 

mismo tiempo, y tenian la mejor je yiens dé parler s'étaient trou- 

•oportunidad de informarse de lo vés dans %s mémes cireonstan- 

cierto. Es de advertir ademas, ees que Atahuallpa et avaient 

que todos ellos están muy bien éprouvé autant d'ofenses graves 

dispuestos á juzgar con toda se- et de trahisons, je ne croirai já-. 

vendad las malas cualidades del mais qu*íls eussent agi autre- 

monarca^ indio. menti*^ Htst. de Quito, tom.^ 

16 No hay nnm sote entre los p. 853i.- 
apólogistas de Atahuallpa que' se- 



Í.IBHO IIK — CAPITULO II. 397 

í*ero hay macha diferencia entre esto y las mons- 
truosas y gratuitas atrocidades que le imputan^ 
propias.de una alma diabólica, y que no deben 
admitirse por el simple testimonio parcial de un 
Indio, enemigo declarado de su familia; ni por^ 
que las h^yan repetido los cronistas castellanos, 
quiettcs exagerando loa delitos de Átahuallpa 
creeriah cohonestar de algún modo la crueldad 
con que le trataron los Españoles. 

Las nuevas del triutlfo conseguido volaron á 
Caxamalca, y causaron grandísimo regocijo uó 
solo en el campo de Átahuallpa sino en la ciudad 
y en todo el pais vecino, acudiendo todos apre- 
fiuradamente é felicitar al vencedor y á rendirle 
homenage. El principé de Ctuifo tío vacilo ya 
en ceñirse la borla colorada d diadema de los 
Incas. Su triunfo era completo; hábia derrota- 
do á su enemigo en su propio terreno; se habia 
apoderado de su tíapitalí habia puei^o bajo sus 
pies á su rivalí y ya empuñaba el venerado ce- 
fro de los Mijos del SoL Pero estaba decretado 
que la hora de su triunfo seria 1á de «u .mayo.i; 
liuniillacion.- No era Atahtiallpa uno de aque- 
llos á quiéries "los Dioses gustan de revelarse,'* 
según dice el poeta griego, ^"^ y no habia alcan- 
zado á penetrar Jos decretos del cielo. La nu- 

OAT2, flf, «. 161. 

t 3$ 



398 CONQUISTA DEL PERÚ. 

becilla que el ojo perspicaz de su padre había 
descubierto en el lejano horizonte, babiá ido en- 
grosando sin que Atahuallpa, empeñado en la 
lucha fatrieida, lo hubiese advertido, y ya entol- 
daba todo el cielo próxima á descargar una ter- 
rible tormenta; sobre aquella nación desventu- 
rada. 



GMLPtt'O'LÚlTi. 



ZABRa A RBCPNpCX^ XA TlEBRA,-:— FUNDA A SaN Mi~ 
GUEL* — ;MaRCHAAL INTERIOR. ReCIBE UNA EMBAJADA' 

DEL Inca,— Sucesos de la marcha. — Llega al pie 
i>ií LáB Aia>Ed. 

1832. 

Dejamos á los Españoles en la isla de Pana' 
preparándose á comenzar por Tombez la invar 
8idn del continente vecino. La distancia ha^ta' 
aquel puerto solo era de algunas leguán, y Pizar^ 
rtf'fhé allá en los buques eoñ la m^yor parte de 
sus b^ompañerod, quedando otros encargados áe 
ttatsportÁr'enlás^bálBas de los Indios él equipaje 
del geíe f los pertrechos militares. La primera 
de ertas eífibarcaciones que llegó á tiei*ra fbé ro- 
deada por tos naf orales, y tres Españoles que ba- 
ilaron en ella füerotí arrastrados á un bofs^ue 
cercano y aHí ái^esinados crtefmeAte. Lo^ In- 
dios cojieron luego otra bafea en que iBa el equi- 
paje de Ift^arjNo; pero los que Id custodiaban al- 
zardn U veos ¡lidMidO ayuda, y 898 griiM Ikga- 



400 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ron hasta donde estaba Hernando Pizarro, qnien 
con nn piquete de. caballería habia desembarca- 
do ya un poco mas abajo. Para llegar á donde 
se hallaban los acometidos tenia que atravesar 
un ancho estc(r0¿q|^ ]p^f«e|r«^i^(^ces la baja 
mar no tenia agua, y solo era un pantano blando 
y peligroso; mas sin pararse en el riesgo, arri- 
mó las espuelas á su caballo el atrevido capitán 
y se metió ^i nquel atascadero t^egoido de sus 
soldados; y aunque con el lodo hasta las cinchas, 
consiguieron atravesarle y caer de golpe' sobre 
los enemigos, que asustados de la r^rpentiqa apa- 
rición de los ginetes, huyeron precipitadamente 
á los bosques sin tratar íde oponerles resisten- 
cía. . . 

No eaíactl deesplipar.lacon4.aet9 de estos In- 
dios. 4e T.mabesf, si:6e ojüende 4 lasaraistosa-s re- 
laciones que ,habia^ entablado con loa Españoles 
en su primera visita^ y habían renovi^do ultima- 
miente en la is|a áe PpoL Pero el asombro de 
Píza^ro. sabio de p^nto al ^nttar en el.pu^blo y 
encontrarle no solo abandonado^ sino casi todo 
reducido á escombros. Cuatro o cinco casa9 par- 
ticulares délas «as sólidas, .el teniplQ mayor, y 
la fortaleza, y eso medio deribado y desnudo de 
toda especie de ador^o^; be aqui cuapto restaba 
para poder reconocer el sitio que ocupó la ciu- 
dad, y dar testimonio de su pasado esplendor- ^ 

* 1 XtréZy Coñq. del »Pera, ap, Baroia, Múm.W- 4)- TS3LÍ : . 



•n 



LIBKO lll. — CAPITULO 111. 401 

Tan triste espectáculo Uend de desaliento á los 
conquistadores, porque hasta los reclutas bisó- 
nos que nunca pisaron antes aquella tierra, ha- 
biiin oido contar maravillas de los tesoros de 
Tumbez, y venían muy confiados en desquitarse 
con ellos de las pasadasi iatiga¿. Pero el oro 
del Perú era semejante á una sombra engañosa, 
que después de arrastrarles tras sí por entre pe- 
ligros y trabajos inauditos, se desvanecía en el 
momento que trataban de echarle mano. 

Despachó Pizarro una corta partida de tropas 
al alcance da los fugitivos, la que después de 
unas ligeras escaramuzas hizo prisioneros algu- 
nos Indios, y quiso la suerte que entre ellps csl- 
yese el curaca del lugaif. Llevado á presencia 
del gefe español negó haber tenido parte algu- 
na en el recibimiento h<dstil que hablan hecho á 
los blaoeos, víiadíendo ^e t^odo era obra, de al- 
gunos picaros sin su noticia ni consentimiento, 
y anadia que estaba pronto á entregarlos para 
que fuesen castigador, si se conseguía descu- 
brirlos. Atribuía el estado de ruina en que se 
encontraba la ciudad á las continuas guerras con 
las belicosas tribus, de Puna, que al £Ln hablan 
conseguido apoderarse de la ciuda.d arrojando 

''Aunque lo del templo del pintaras y ricos m&tizes de colo- 
Sol en quien ellos adoran era eo- res, porque los hay en aquella 
sa de ver, porque tenia grandes tierra." Relación del Primer, 
edificios, y todo él por de dentro Descub., MS. 
y> de fuenv. pintado de.gyaUdes.. . , . . 



40S CX)«aUISTA IWBL PEKU. 

SUS habitadores- á los montes y selvas vecinas, 
porque el Inca cuya causa defendían, estaba de- 
masiado empeñado e&4ns propios contiendas pa- 
ra quie pudiere defenderlos de sus enemigos. 

No es muy seguro que Pizarro diese entero 
crédito alas escusas del cacique; pero supo di- 
simular sus sospechas y como el Indio ofrecia 
dar la obediencia por sí y por todos sus vasallos, 
el ^general español se confoT^mo de muy buena 
gana con echarle tierra al asunto. Parece que en 
esta ocasión eonocio por primera vez toda la im- 
portancia de ganarse el afecto de aquella gente, 
cuyo pais se habla atrevido á invadir, sin parar la 
consideración em los obstáculos casi insupera- 
bles, que debia vencer. Acaso á los eseesos de su 
gente en los primeros pasos de la espedicion^ 
se debia el haber perdido la confianza de los 
Tumbecinosy el que estos hubiesen tratada de. 
vengar sus ultrajes con aquella perfidia. 

Asegurados los Indios con repetidas prome- 
sas de perdón fueron recesando poco á poco 
al campof^ y ÍÍ2arix> irat<í de iníormai'se del pa- 
radero de los Españoles^ que habia dejado aquí 
en su prftííier viáge; pero no obtuvo ninguna res- 
puesta clara y satísfiíetoria. Quiénes decian 
que habian emfermado y muerto; quiénes que 
habian perecido en las guerras con los dé Punáf 
y no faltaban otros que afirmasen que habian 
pagado con la vida las libertades que se habian^ 



LIBRO ílí. — CAPITULO III. 403 

tomado con las mugeres del pais. Aunque era 
imposible averigaar la verdad, esta ultima supo- 
sición nb* era^caso ia menos fundada; p^ro eual- 
quiera ^ue fuese la causa y el modo, lo cierto 
era que ambos habían perecido. 

Tan funestas noticias acabaron de llenar de 
tristeza á los Españoles, sin que fueran parte á 
disiparla las deslumbradoras pinturas que lo$ 
Indios hacian de las riquezas de la tierra, y del 
boato y manificencia del monarca cuya corte 
quedaba allá lejos éntrelas montañas. Tampo» 
co quisieron dar crédito á un pedazo de papel 
que un Indio habia dado á Pizarro, diciendo ba« 
berlo recibido de uno de los Españoles que se 
quedaron en la tierra» y en el cual se leian estas 
palabras: "los que á esta tierra viniéredes, sa- 
bed, que hay mas oro y plata en ella que hierro 
en Vizcaya." Cuando los soldados vieron este 
papel no hicieron mas que burlarse de aquella 
invención de su comandante, que asi trataba de 
mantener despieitas sus esperanzas y cebarles 
en la empresa. * 

No tardo Pizarro en conocer que no le conve- 
nia prolongar su mansión en aquel lugar, porque 
el descontento pedia ir ganando terreno en sus 

2 Para lo relativo á los suce- Relación del Primer. Decub., 

soa de Tumbez, véanse Pedro MS. — ^Herrerá, Hist General, 

Pizarro, Descub. y Conq., MS. dec. 4, lib. 9. cap. 1, 2.^-Xerez, 

^Oviedo, Hist. de las Indias, Conq. del Perú, ap. Barcia, toso. 

M8., Parte 3) lib. 8, cap. 1.— III. p, 185. 



404 CONQÜtSTA DEL PERÚ. 

filas, sído distraía el ánimo de su ^ente con 
nuevas empresas que la matituvieseUíBn^' conti- 
nua actividad. A(as antes deseaba con ansia ob- 
tener noticias mas circunstanciadas que las que 
hasta allí habia recibido del estado que guarda- 
ba entonces el imperio peruano, de su faerza, de 
sus recursos, del monarca que le gobernaba, y 
del Itígar en que se encontraba este en iquel 
momento. Quería también, antes de decidirse á 
penetrar -en el territorio enemigo, elegir algún 
lugar pro|>io para fundar un pueblo que sirvie- 
se para facilitar la comunicación con las colo- 
nias, y de lugar de refugio á donde acogerse en 
caso de un descalabro. 

Resolvió, pues, dejar en Tumbez una parte 
de su gente y los soldados enfermos que no po" 
dian salir á campaña, y con el resto hacer una 
entrada i)ara explotar la tierra antes- de adop- 
'tái^iíih^iín plan de operaciones. Partít) á prin- 
cipios de Mayo de 1532, y emprendiendo por si 
mismo el reconocimiento de los llanos, despa- 
cho á Hernando de Soto con un corto destaca- 
mento á hacer otro tanto por las sierras. 

Durante la marcha cuido de que se observa- 
se la mas estricta disciplina, prohibiendo á sus 
soldados toda suerte de violencia, y castigando 
a los desobedientes del modo mas pronto y efí- 
ca?,-,^ lios Indios rara vez oponian resistencia, 

3 "Mandó^el gobernador por pregón 6 so graves peuas que no 



LIBRO III. — CAPITULO III. ' 405 

y cuando lo Iiacian costaba poco trabajo redu- 
cirles, porque Pizarrp se aplacaba alas prime- 
ras muestras de sumisión y no pensaba en ven- 
garse. Con esta política suave y liberal, reco-* 
bro en breve su. buen nombre entre los habitan- 
tes del pais, y consiguió borrar la impresión po- 
co favorable que Iiabia producido su conducUi 
en loa principios de la campaña. Cuando mar- 
chaba ppT entre la multidud de pueblos quejiak 
bia en los llanos entre las cordilleras y el mar, 
los vecinos salian á recibirle con agasajo y le 
ofrecian una sencilla hospitalidad^ procurándole 
buenos alojamientos . para sus tropas, y provi- 
siones abundantes, que tan poco cuestan en el 
productivo suqlo de la tierra caliente. En todas 
partes daba á entender Pizarro que venia en 
nombre del Vicario de Crista en la tierra y del 
mona/cade España, y exigia á los habitantes 
qqe les prestasen obedieAcia, como verdaderos 
hijos f{e 'la Iglesia y vasallo» de su rey y señoril 
Y como aquella ,^en te. rústica no hacía oposición 
á upa formula de que no entendía una sola síla- 
ba, les admitian conu) fíeles vasallos de la coro- 
na de Castilla, y sus señales de homenage, o 
aquella que los Conquistadores interpretaban* 
por tales, las asentaba y atestiguaba en toda 
forma el notario. ♦ 

le fue«e hecha fuerza ni descor- Hist. de loa Indias, MS., Parte. 3» 

tcsia é que se les hiciese muy lib. 8. cap. 2. 

buen tratamiento por los Espa- " 4 "É xnandabalea' notificar 6 

ñoles 6 sus criados." Oviedo, dar Éi ortte»der con las lerr^ia» «^ 



4ü6 CONQUISTA DBL perú. 

Después de gastar tres o cuatro semanas cü 
el reconocimiento, vino á convenir Pizarro en 
que el sitio 'mas aprdposito para su nueva colo- 
nia era á treinta leguas al Sur de l^umbez en el 
hermoso valle dé Tangaráíá, ctuzado por va- 
ríos ríos qué habrían comunicación coii el océa- 
no. Mandó, pues, que viniesen allí en los ba- 
ques todos los que se habían quedado en Tam- 
bez, y tan luego como llegaron se emprendió 
con todo ardor la formación *de la ciudad, del 
modo que paireció ' más coii Veniente á las nece- 
sidáides de la cüíotiia. Lót bosques vecinos die- 
ron madefa en abundancia y de las canteras que 
hábia' en ellos sacaron la piedra que neóésitaróii. 
Los edificios se ibáii levantaíido poco á poco, y 
algunos de ellos se distinguian pot su i^ólidéz, 
ya que ño por su elegancia. Fuéton los primeros 
la Iglesia, la alhdíidíga, él juagado y una foiftále- 
za. Sé organizó en seguida el Cüetpo ijiunieip^l 
•compuesto "de alcaldes, fegidoresjy los demas^ 
empleados dé costumbre, ttépartióée él téwitóíió 
adyacente entre lóá vetíinds,'y^se dírf á cada Ui)0 

requerimiento que su Magestad los regnos de CaatiUft i de León; 

manda que se les haga á los Iñ- respondieron que asi lo querían 

dkM para Huelles en c«iu)ciuiie¿- é fainaa, gaárduiífli é cni*{Üi« 

to de nuestra Santa ñ eatólica, y rían enteramente; e el -Gobema' 

requiríén'doles con la paz, é qué- dor los recibió por tales vasallof' 

Obedezcan á la Iglesia e Aposto- de sus líf a^efiladw pol* wüb pú- 

lica de Ronfa, é en lo temporal blico de notarios/' Ibid., M8., 

dto \» dbedieada á ta Mfq^eétftd ub! stípra; 

é ¿ lo^ Eij^s BUS éddéidt^éi en ' 



LIBRO líl. — CAPITULO llí. 407 

cierto numero dB tndíos páirai que íé ájradaseii 
en el trabajo; pórqáe cotiio dice el sébréfetió 
dé Kzarro, '^siendo iiidudílblé que I6S Vecinos 
no podían sostenerse sin los' servicios ^é Ibá tía-* 
turale^, los religioso^ y los oíiéiales de la espe- 
diciótí convinieron en qae el i^epattimieiito de 
los Indtós seria de macha servicio para ía pro- 
pagación de la fe y mtiy provechoso para' sas 
almas, porque asi se les instruía msÉs fácilmen- 
te en la verdadera religión.** * ' ' 

Tomadas estas disposiciones, en que sé aten- 
día con tanta escrupulosidad al bien espiritual 
de aquellos ciegos gentiles, dio Pizarro á su na- 
ciente población el nombre de feañ Migiiél, én 
agradecimiento de lós servicios que le hábiái 
prestado el santo eii sus batallas contr^á los de 
Puna. Con el tiempo se échcí de ver que el si- 
tio én que se fundo la ciudad era ihüy malsano, 
y asi ñié trasladada á las orillas del héi'mosó rio 
de Hura. La ciudad tiene toda Viai alguna faina 
por sus íSbricás auii^üe lia pelrdidb itiüéUci^ de 

5 Pedro Pizarro, . Descub. y * oír asi al s^rricio de Dios,, i faícKii 

Conq., MS. — Conq. i Pob. del de los Naturales, el Gobernador 

Pira, MB, — Cieza dé L«€m, Gt6* depositó ks Caeiqnes, i ládios én 

nica, cap, 55>~RcIacion del Prí- los Veciaos-de este Pueblo^ por* 

mer. Descub., MS. que los aiudasen a sostener, i los 

''Pérqtie Ids Te<£boB sía aiüdá; C&iítiftáds lés 'doeinAásbei) en 

í servicios de los Naturales no se nuestra Santa Fé, conforme á 

pedian soiteoer, ni pdblané e& los l)Iaiidámiebtoe de su JUtigéfe- 

PiwUd. iV ésta cftiiMé «ea t8d.''X«res»Caiq. del Peni, )í^. . 

«eiieido«ia«lSe|ígi08d,ydiild» Borcti, «tai. IH.^ ü^ ' 
Oftcialéy, que M' pueéi^ c(mTe- 



408 CONQUISTA DEL PERÍJ- 

SU antigua importancia; pero el.noípbre de San 
Miguel, que conserva hasta el dia>., recuerda la 
fundación de la priniera colonia europea en el 
imperio de los Incas. 

Antes de saUr de la nueva población, hizo Pí- 
zarro que todos^los adornos de oro y plata que 
hasta allí se habían cojido, se fundiesen para sa- 
car el quinto de la corona. El resto pertenecia 
á las tropas; pero consiguió de ellas que lo ce-^ 
diesen por aquella vez, asegurándoles que les 
pagarla de los prinieros despojos quehubiese^ ^ 
y con estos caudales y otras varías cosas que 
habla cogido en la campaña, despachó los buques 
á Panamá. El bsiber conseguido que sus solda- 
dos renunciasen un presente seguro por un por- 
venir dudoso^ es una ^prueba de que la antigua 
inclinación á las aventuras habia vuelto á rena- 
cer en ellos con nuevo vigor, y de que tenían 
como antes, una ciega confíapz^ de que el éxito 
eorresponderia á sus esfuerzos* 

En el pasado reconocimiento habia recojido 
el gefe español muchas noticias importantes so- 
Ifre el verdadero estado del imperio. Había 
averiguado el 'deseaíace de la contienda entre íos^ 
dos hermfano's Incas, y sabido qtie el vencedor 
e&taba acampado con sü ejército tan solo á diez 

6 '^E Racado el -quinto para prestado de los compañeros pa- 
ra Majestad, lo restante que per- ra se lo pagar del primer oro que 
teóeció al Ejéif Un 'd« la Con- se tobiese." Oviedo, ^I»t.- délas, 
quista, fli Gobernador le tomó India», M8., Parte 3» iib, B,ic. 9/ 



LlB¿0 ni. — CAPITULO III. 400 

o doce jornadas de Sáii Miguel. Láis relacioné^ 
qué le llegaban de la opulencia y poder de aqiiel 
inónárcay y de su riiaghíflcá capital del Sur, cór- 
fésporidíán perféclaménté á los ruráóres sueltoíj 
qiie antes habían ílegfado ásus oídos, "y eran por 
cbnéíguíénte muy própiáá para despertar lá co- 
dicia de los aventureros; pero también para re- 
bajar ün poco su confianza. 

En aquélla situación lé hubiera venido perfec- 
támehte a Pízáf ró cuq:lqtiíer refuerzo por insig- 
nificante qdé ftiésé, y para dar lugar á qué lléga- 
se retárdd su píírtid-a algunas semanas. Pero 
lo^ iéfaétioB rto llegal)&ii, y como tampoco reci- 
bía noticia ninguna de sus asociados, pens¿ y con 
Justicia, qoe seria más* {^eligh)!^ 1^ dilación que 
la itaárchá, porque dqüeltá iháécion fomentaría 
el descontento, y él bWo y fueria d^l soldado lib 
p^'dHaií reéi^tir á Iñí influencia del élimá. Po* 
Mró lado ño contaba én sus filas áifriba dé. áo^ 
ciéritós hombres, después dé dejar cincuenta pa- 
ra sé^aridad dé t^ nueva colonia, y era í la ver- 
dad una fuerza bien reducida para átirévérsé á 
emprender con ella la éón()ttistá de ün imperio. 
N6 halbiá duda dé qde en ve^ dé enc£íminarse dí- 
te etam^nte á donde isre hallaba él Inca, podía in- 
clinarse hicid el Síir y marchar axi derechura 
sobré istt opulenta c$ipital; pero cdn esto, solo con- 
seguiría retardar un poc(í el de^¿lace, porque 
i á que jpuntó del imperio podrís^ dirijiírsc ífék frc|. 
I. ^ 37 



410 CONQUISTA DEL PERÚ. 

le alcanzase el b^azo poderoso del monarcnt 
Ademas, adoptando este partido dejaba trasla- 
cir la desconfianza en sns propias fuerzas» y re- 
bajaba el aUp concepto de invencible, que hasta 
alli babia tratado de ganarse entre los habitan- 
tes, y que había sido el secreto de todo m poder, 
haciendo mas impresión en los espíritus que la 
multitud de combatientes y la fuerza física por 
sí sola. Y el peor resultado de semejante de- 
terminación,, seria disminuir la confianza de las 
tropas en si mismas y en su caudillo, lo que se* 
ria la muerte de la empresa. Por lo mismo aquel 
partido debia ser deseclitido, para no pensar 
mas en él. 

.Pero si bien Pizarro se decidió á marchar al 
inferior, no es muy StCguro que ya llevase me- 
ditado lo que debia hacer después. Con el lar- 
go tiempo 'qup ha traacpnrido desde estoft. suce- 
sos, ya no tenemos otra regla que sus hechos 
para poder juzgax> de sus designios. Por des- 
gracia no sabia escribir, y no ba dejado afxuntes, 
como lo$ preciosos Comentarios de Cortés, que 
.nos espliquen los motivos de sus acciones. So 
secretario y algunos de sus compañeros de ar- 
mas, refieren estas menudamente; pero no eran 
]as mas yece^ tan capaces de comprender é in- 
dicar el móvil de ella como pudiera haberlo he- 
cho el conquistador mismo. 

' PrUdo^eri que-f;! gefa español revolviese en 



LIBRO III. — CAPITULO III. 411 

súmente, quizá desde que estuvo en San Mi- 
guel,, la idea de dar un paso atrevido, un golpe 
de mano, que semejante al de Cortés cuando se 
UevQ á sus cuarteles el monarca azteca, infun- 
diese terror en lo^ ánimos del pueblo y decidie- 
se de jana vez la suerte de la jornada. Pero es 
mas jirobable qne solo pensaba por entonces en 
presentarse ante el Inca como representante 
pacifico de oüro monarca, y por medio de estas.- 
demostraciones de amistad, aplacar su crflera y 
aun disipar sos-sospechas. Una vez entabladas 
las relaciones con el príncipe, los sucesos pos- 
teriores irían indicando el camino que deberían 
seguirse. 

* Fox fin, él 2á de Setiempre de 1532, á los cin- 
co meses de 8.u desembarco . en Tnmbez, salid. 
Pissarro de .San Miguel al frente de su pdquéño 
escuadrón de aventureros, dejando muy encar- 
gado á los vecinos que tratasen con humanidad 
á los lodipa que tenian encomendados, y que se. 
nmnfrja^eii de modo que ganasen la voluntad de 
Iqs b^bitaptes de los alrededores, pues se inte- 
resaba, en pilo su propia conservación, la segu- 
ridad del ejército, y el buen resultado de k es-» 
pedición. , En la ciíudad quedaron el tesorero, el 
veedor y otros oíitiales reales, y el mando de la 
guarniciojí ae dio al contador Antonio Navar- 
VQ '^ .Tomadas estas disposiciones se puso el 

7 Xerez, Coiiq. del"Pcm, ap. Baicia, tcm. III. p. 187.--redro 



412 CONQUISTA D£L ÍKllü ' 

atrevido capitán á lu c^ibeza ^le $ú$ tropas, 7 
comenzó ¿internarse, encaminándose háciat el lu- 
gar eii donde, se^in informes, tenia sus ifeaiefiel 
Itlca. ¡Atrevido era en verdad el petietrár dé 
ese moéo con tin imñado de hotnbres hasta ú 
cora^son de nií pod«ro^ imperio, parsi presen- 
tarse cara á cata stnte el momafc^' r¿dio en su 
pi^io campos y rodeado ife la flor de stó cjér» 
cito» vietofiosos! Ya Pizarro había edperiment* 
tado'por sí mismo, y ifaas de una ves^, la dificml- 
tad de resistir ¿ las tribds bérbaras* del lierte, 
tan inferiores en fortaleasa y en mimería 6 Iñt 
agaerñáíís legiones del Pen^ pero oomv yu- 
otras veces he dicho, mientras mas se arrievg:»- 
ba en el jaegb, mayor atrMtiTO tétíla páwlos 
Etipañoles. Los triunfos que aleomasdron otrov 
ci^mpatriotas' suyos- éri dcetoii^s> ñ^(kt$é¡avtWff 
con mediosT: al parecer tan despropbmoiwdosv 
les inspiraban »nn eoiifianasaUiíQÍtadnren ácvMie^ 
na' estpella; y: eita cotifiansa teiíia ya péoú pitr* 
te en él érito. gr hufbíes«q vabHifdid' xinmimttín- 
to^ si se hubiesen d^^nido á ealéular Ids fMrcibti- 
Intidades, b!aJ»r¡an smeumbido' »m rétnodíoi píO^ 
que la sana razón era incapaK d^ h)KMr tétút^ t^ 
ivquellas dificultadas qué mío pdidla diav pot 
veneidus el espíritu de un caball^río áíídg;nte. ^ 
Después de cruzarlas mansas agUflsrd^étPioi^' 
sigaio avanzando el pequeño escuadran fór ún» 

PizíiiTo, Descub. y Conq., BIS.— avicJo. Ukt, ^ toltíta^, MS., 
Parte 3, Ubi 8, cap. 10, 



LIBRO lU. — CAPÍTULO IH. 4lí9 

tierra llana cortada á cada paso par los riaebne- 
ios que baj^biiQ de la& «i^ntarias vecinas. Todo 
el país estaba cubierto de bosques de árboles 
gigantescos é interrampidos de coaado en cvlw^ 
do por hileras de colinas estériles, que papfecian. 
ramales de los Andes y armaban entre si peqja«- 
ños valles aislados de siía^lar bellesa* SI si^e* 
lo, aunque refrescado rara ve^ por las aguas del 
cielo, era mitural mente iiBrtil, y se ver^tia/de rica 
verdura donde quiera que había atgusa biunte- 
dad, como en las márgenes de los ríos- La in- 
dustria de los habitantes habí^ sabido sacar é» 
aquellas aguas todo el piartida posible, y potf don- 
de quiera cruzaban ace(|uiai$ y canales, formando 
una inn^énsa red que cimbria los llanos y todo lo 
fertilizaba y embelleciaj^r Los suaves peri\»ni4»» 
de las fiares, embalsamibaii el aaréV y por é^il- 
quier lado se recreaba h vista en deliciosos v«r-: 
geles cargados de frutos' deseonooidosv y edlmpos 
cubiertos de las iafinil^^ espeoiesi de plofitaü^ 
que crecen et> el'ardíenteleliiiiitdeleciittdós, ydr 
nnadurás mieses que agHM>a< el más ligero soplo 
del viento. Los EspaScAes m esoonMalnusí eat 
un país doode laagríonltara había h^^ebonmyo- 
res progresQS que. en nj^gitno de Ids dedeübiev^ 
tos l)asta entofteeseala'AAtkénoavy ettatidoúban. 
caminando por este nuevo paraíso, su condición 
presente formaba uni^radabie contrasto eou lo- 
que antes habían padecido en los horribles dtr- 
siertós délos nlanglares. 

h- ■ 



414 CONQUISTA 'I5eL PERÚ. 

Agregúese é esto que |)or todas partes les da- 
ban íranea hospitalidad aquellas sencillas gentes, 
lo que sin duda era debido en sii mayor parte á 
la moderación con que se conducian los Españo* 
les. Estos parecian persuadidos de que solo 
ganando la voluntad de los habitantes podiar sa- 
lir con bien de un empeño fen que tan sin reflexión 
lo hablan arriesgado todo. En las mas de las 
aldeas, y en tddos los lugares de nlguna con- 
sideración, se veia una fortaleza ó Tambo desti- 
nado para^ alojar al Inca en suiá caminatas, en 
cuyas espaciosas estancias se acomodaban desa- 
hogadamente los Españoles, quienes se fueron 
alojando de este modo por todo el camino á cos- 
ta del mi$mo gobierno que se preparaban á der- 
ribat^;-^-- •; ■'>'■' - ■ ^ ■<- • • #^ 

Al quinto dia de la s£Uid(a ¿e San SÍíguel,"liízo 
alto Piíarro en uno de 'estos deliciosos valles, 
par^'dar algún descanso. 4 sus tropas y revistar- 
las connias^detem^iento.:' No pasaban por jun- 
to 4^ ciento ^séténtaii^ siete hombres, de los que 
sesentay fidete iban >á caballo. Solo contaba con 
tres arcabuceros en todo su escuadrón, y unos 
cuantos ballesteros, qpeientre todos no eran mas 
de veinte.'^ La trop* estaba en buen estado y 
ba^tantéibien equipada; pero el ojo perspicaz de 

6Í Oviedo,' Hist. dé las Indias, Relación del Primer Desjpub., 

Mé;, liártela, Kb, 8, caj>. 4.-^ 'MS. 

Nahurro, Jlelac Suiuaria, MS.¿ ,9 Eii el número de gente que 

— Couq. i Pob. dol Piru, MS.-;- llevaba Pizarro, no diícrepanlos 



LIBRO III. — CAPITULO IIL 415 

SU gefe advirtió con inquietud, que apesai- de 
lo empeñados que parecian todos en el asunto, 
habia algunos en cuyo rostro se retrataba el des- 
contento, y que si bien no se atrevían á manifes- 
tarlo abiertamente, estaban muy distantes de 
marchar con el entusiasmo de costumbre. Co- 
nociá que si este mal llegaba á declararse con- 
tagioso, daría en tierra con su empresa, y le pa-' 
recia mejor extirpar de una vez la gangrena á 
cualquier costa, antes que llegase á inficionar 
todo el cuerpo, y por lo mismo adopto un par- 
tido desesperado. 

Oónvocó á todos sus soldados y lee dijo, que 
las cosas se acercaban á una crisis en que iban 
á necesitar de todo su valor, y por lo tanto que 
no queria ver marchar en la espedicion á nin- 
guno que no ftiese con toda su^ voluntad y que 
dudase un punto del buen éxito; que si alguno 
se arrepentía de haber tomado parte en ella, to- 
davía no era tarde para que pudiera volverse; .. 
que la guarnición de San Miguel era muy corta, 
y que celebrarla verla reforzada. Los que de- 
seasen regresar á aquel lugar, podian, pues, ha- 
cerlo, y él les ofrecía darles tierras é Indios, lo 

autores tanto como acostumbran. Pera, ap. Barcia; tom. III. p. 

A la verdad «ra tan poca, que no 187,) á quien también siguieron 

cabia mucha diferencia, pues no Oviedo, (Hist. de las Indias, MS., 

hay quien la haga, subir á dos- Parte 3, lib. 1, cap. 3,) y el crí- 

cieutos hombres. Yo he seguido tico Herrera (Hist. Generalf dec. 

al secretario Xerez, (Conq. del 5, lib. 1, cap, 2.) 



416 • CONQUISTA DEL PBRU. 

mismo que á los demus vecinos, y con loa que 
le quedasen y quisiesen participar de su suerte, 
pocos o muchos, llevaría él á cabo su comenza- 
da empresa. '® 

Era esta en verdad unji proposición bien aven- 
turada en un gefe que ignoraba hasta que grado 
habría minado sus filas el descontento, y cuyas 
íUerzas eran ya bastante desproporcionadas á 
la empresa que acometía, para que pudiera des- 
hacerse de un solo hombre sin comprometer su 
dcguridad; Quiso sin embargo, no splo dejar- 
los en libertad, si no hasta quitará los descon- 
tentos el temor de la infamia, que tal vez pudie- 
ra detenerlos, y procurarles un preteaío plausi- 
ble para abandonar el campo, ponderando la 
falta de geute que liabia en la colonia de San 
MigueL' Mas apesar del camino qiie les abría, 
l>ubo tan solo nueve,, cinco de á caballo.y cuatro 
de á pié;, que quisieron aprovecharse del permi- 
so del general. Los demas< declararon en alt¿i 
voz que estabanprontos á seguir á su valiente 
caudillo, y sí algunos lo hicieron de mala gana, 
¿lo mefios perdieron el derecho de qiiejarse 
de^pueSf ya que voluntariamente habían renon- 

10 "Q^ae todos los qtte qui- con I09 .otros vedaos; 6 que con 

sieseiir volverse á la ciudad de los Españoles qu€ quedMcn, po- 

San Mi^^uel y aveciudars& alli C03 6 muclios» iría á conquistaré 

demás de les vecinos que aUí que pacifícar. la tierra, en demanda y 

dabap el Iqs depositaria repartí- persecución dol camino que lie- 

mientos de Indios conque ue sos- vaba." Oviedo, Hist. da las la- 

tuvieson como lo habia hecho diat^, MS., Parte 3, lib. 8, cap. 3- 



LIBRO III. — CAPITÜCOIII. 417 

etiídio fel iiermtsb ^e les ddhan'dér volverse. ** 
Este rasgo dé poiftíea' del astuto ca^tdti (trodtr- 
jo el niejor efefeto. As! af raneó de rais las se- 
milla» del deseonteiito,* quo si^iiibieseh quedaf^ 
de abahdomdas a si fAisnias^ abrían ido ere* 
skííMorea ike^reto y tñ fin hobienm proddeido 
QÉa rebfelíoii. Cortés forzó á sus soldadas á se^^ 
gmfU en áa^etai^edasiñr vaciiar, qoemándo sn'^ 
ulives y qfiitáfodiAes todé ihéláio de fetivida; 
Finaarro |9Dr el eolitrario abrió las pheHas á los 
deseontentos f AicflHó su( partidla. iAsnbbs j«ri^ 
gáifón bire^ ségari las diversas eireánstántias en 
qae se eiieoatrabáh>'y íMibos reclbieroft él pre^ 
mió de sit sagaéidádv 

Rtffcdstwido ihas bíení qire debilitadb ebff es<¿ 
tá^^ pérdida,' ¿bntiivtkóPi^ano' SU' eaihino' y at se* 
sméoáia dio vtstaf é WApnétíté llagado Xafá^; 
sitliaiJb' en un frondoso vaHe entrd nfontailasi 
Vmi fétBé de loit YfiMtsútéé hdbto sido Hevkdst 
á' engrosar lasrñlari de l0s ejéreifbs de AMidatt^ 
pa/ y ya- antes dudante su tifavesin hablan^ tenr* 
oeasiod los fispañotei^ de advertir hts vejaciones 
qtie el Idea habiir beel^ sufriré su j^ebio, purés 
dbjc^ cM d^iípobtKdds^ ai^fiHKk valfds para agré'^ 
^]ftg^^rte'á'i^tt8 6jérdit^3¿ jBl éufaéá del püe^ 
U'^redbió de paá á Piiáírío, y lttstto|ííis ik aío^ 
jítAn <iG¥fltf ^íetftplre éiViüilb dé los fón/to^ú^tote^ 

11 Ibid., lftS.;lioeí. cit'— ]||er- cap. 2.--^Xel?cz; Coüif; dé\ Mu^ 
1t^)téí Hiír. Généíal, déc. 5, lib. 1, ap. Barcia,^ toxn. líl. p. ÍB7> 



418 CONQUISTA DEL PERÚ. 

peáerias reales que se encontralmn en todos los 
lugares de. alguna. coQSideracíon. ^^ 

Petó aunque ya &e babiá pasado mas tiempa 
del qae al priocij)ib se creyó necesario para He* 
gar al campo teal, tos EspaíÍDles no advertían 
señales de sii eereariia. Al llegar á Zaran dije- 
ron á Pizarra que Jen an lugar vecino ; llamado 
Gata«i habia una guarnición de Atahúallpa. Des- 
pa^dral ptinto allá á Hernando dé Soto xon al- 
gunos soldado Si para que veriiicase un reoono- 
cámieiitó«y.Ie .trajese; noticias del aspedto que 
presentaban: las. cosas, y en el ejitretanto^élle 
aguardaría en^ Zaran» Dia á día se paso' tkam se- 
mana sin recibir noticias del' destacamento, y 
ya s¥i(tardl^n7jiiiin^ptrab£| ae^ios.temores á Piaar- 
rof tíuandoá.ia mañana deí; octavo dia vid venir 
^ Heifüando de Soto, trayeadíx consigo to men- 
sagero 4el Iftea. Era este personade calidad y 
tafaia sti íiíorre^pQrtdiente comitiva. Habia en-» 
cbntrádo á los Bspsiñoles^énlGaxsis, y venia aho- 
ra^ cdn ellos á traer la embajada de su soberano 
y un présente para ^1 ca^itaii españóL Se com- 
ponia este de do^.Va^os <Je piedfa te forfna de 
fortajessa» yaria/s't^Iasifd^ algodón bor<kdas de 
oro yíplatayy.undiporcion ,d^ pato» secos pre- 
parados de ua niodo partiéular, quef usaban ma- 
cho' ($omo sahumerio los nobles «leí; Petó. ^^. Ve- 

t'Conq* r Pob. del Pira» 13 ''Dos Fortalezas, á mane- 
-> I ": ; .... ra de Fnente¿ figuradas en Pie- 



/ 
LIBRO ni.— fCAFlíTOLO HI. 41*9 

i tombifga encargado ppr.sn scMloruJe felij^itsu. 
os estrangerps y darleii la bienvfti^fda^ convi:* 
ndolos á visitarle en supampo que .tema a|ei)r' 
do eiitre las montañas. ?^ . í , - - S 

Muy bien, conoció Pi^arro que ;«l,pbjeta 4^1 
ica en aqnel.tnensage, jqo era.tantp. eí ejiínipU^; 
tentarle, como jcl, informarse 4eria.í\ier,zi^ YJ^" 
tirsos de los inya^sores; pero,se.dio j¡)Qr fiatisfe- 
lio de la embajada y fingití no.penetiar ^i^^ver-» 
adero objeto. Obsequia al enviado del ij^ejor 
nodo que permitían las ciücanstapcias, y Ip ,tf^7 
ó,. dice uno de. los .Conquis^tadoreff.co^eLxjeS'; 
leto debido al em^bajador de tan -gran monar- 
ca. ** Pizarro le instaba para que, perm^nepi^- 

ira, ^n <{üe lietu» y dng ■ carga» ÁMñde tfae vitúk «argado éóní un 

de Patos, fiecos,. desollados, para . lico presente de toda es^fcj^ fl^^ 

que hechos polvos, se sahume caza, viva y muerta, vasos de 

con eU^s, poíqtie' asi se «m ¡en- &o y 'de' pkta^ esnieraMiw, túp^ 

tre los Señoreando su. Tierra: ^ ..4]U4^as,- 4^.^ d^e., cajpa^Q de dar 

que le enviaba á decir, que ¿1 materia para el mfls lindo capitn- 

ttenfe vohintail de aer sn Aihigi>, ^ Ib der fas Noches jirabes.* (<;om. 

i esperaUe de. Paz en Ca2(aroal-, ^^, Pute^^Uh. üt^cap. ^9). ¥s 

ra." Xercz, Conq. del Pern, ap. eí»traño que ninguno de los Con- 

Barcie, tora. III. p. 189. ^ quistadpres, y eso qno eran ba«; 

14 Pedro Pizarro, Descub. y tj»nte aficionados á estas golosi- 

Conq., MS. — Oviedo, Hist. de ñas, hable una palabra d$ ellas. 

las Indias, MS., Parte 3, lib. 8, No puede menos sino que el "tí» ■ 

cap. 3.^Relacion del Primer, tiejo" se propnso divertirse á 

Descub., MS. — Xerez, Conq. co«ta de su sobrino, y al mismo 

del Perú, ap. Barcia, tom. III. p. t&mpo á costa de la. mayor par- 

189. t^ de sus lectores, que admiten 

Garcilaso de. la Vega cuenta loa cuentoa dori^dos del Inca eoi 

que el enviado de Atahuallpa ha- mo he'thos histéricos indudables.. 

bló al ¿efe español en tono hu- ^ 15 . **l mandó, que le' dijpseA 

miWe y snpücante, como á, hyp. 4q eomer. á jt}, Á á Jps qii.e- con 

del Sol y del grnn Viracocha, él venían, í todo lo que huvíesen 



§€ééúh% EVpíñblbH itiíñiésíámi pero sé tié^o 
á ^rtí^ él íüñió, f sé cbiitétitb' ¿oh d|)i-ov^char 
hím él mhíf^i HtíBIpJtmóMÁñiús inforñies pu- 
do sobre el uso y destítící ¿é éúáYqulér dfa$etd 
¿ihráíád qtte HaMábá stí&téneídtí; sdbl'é él fiti que 
niéVinbUfh híÁ híkúéüs' en sti teñida á áqueHá re- 
gfdif, f m¡ié ío'é pmífeff dé afondé fénian. 

ÉÍ cáp«ari éápiTóbl tbiiiéiiió áü ¿tiriÓsidad eá 
fda&á ésléV fíKtíWál Eá dé advertir qtfe pítráco- 
mítíédréb iitítí loé iúditíé sé vWtian (í¿ los doá jo- 
Vétíeü ^e Sé Itev^áí^ñ édnsi^ Ic^ Ciístéllattos i 
íá \hiiaft* de kü^kiíteiiót és^fedícioíi. Kíarfo los' 
IHeVrf ISaálá Eájíiíñá^, y cótííd piisb grdú&é empe- 
ñó éfü éHsléithflej la! I^ngaa' ^st'éllatíá, pudiéróii 
servir ahora de intérpretes y facilitaron el trato 
¿bt\m tfíntórtíféé. Sil* servicios mértíií ié ¿rán- 
disima atilidad, y láNpcvyiaion del gefe espaííol 
^iftéaí «ihplilm^íit^réftotój^^^^ 

Al tiempo de partir /el . eaviaidó, le regalo Pi- 
ikM fltf ¿dft-6 ñépüñó enéttíhadtf, vrfríáásáttósí 

ÍSAMS, t%c8e^ bien'aj^bsen- bien e*n tóW los nák&iíef de 

t^oj; c¿^''ÉÍnl3iÍ¿J¿re8 dé An íá tierra/' (ílTeíacion deí Primer. 

'(^rá^ ÉhM:;\ pmdM^. ^ péB¿uK m.y Máieitoiio W, 

Nni; 1^ ¿Ü^chÍ) ¿iítp'. 199^1 taba á evitar qile iucAnieien fi 

¿Smiái itaiy bíéii ¿oSUím «m biei ri<ficürá¿. Praetfa de 

^&íoW,^t^Ítu^m¿íú^^ «floeá que éi tiééréítiS deFi- 

iSitíSóiliSioéiiX ¿k éidescví- zarro confunde constantemdtite 

máBSÁoáé tíímk tí^tf>¡tr¿ Sí noi^b» iíl ÚA c8Íí ét d« stt 

£¿ií^(l^iMíS¡Mim^fhít^ caj^ital. A Htk^ná' CápSi 0am 

flSgtyb Üiáftft, y fó/^íeáiañ ahí, «einpr'e ''Cuzco éí viejón' y jf 'si 

it^l28'q&lel Al AtUm M\ iSíó Únmí. «'Cazco ef ¿(Ico:' 



LIBRÓ líl.— capítulo III. 42Í 

y cuentas de vidrio, vistosas y de poco precio, 
otras bagntelas qne había traído espresamen- 
i de Castilla. Encargó'le dijese á su Señor que 
>s Españoles venían de parte de un poderoso 
lonarca que tenia su trono del otro lado de lo« 
lares; que ya habia llegado á ellos la fama de 
\s victorias de Atahuallpa, y que caminaban á 
nanifesfarle su respeto y á ofrecerle su ayuda 
entra sus enemigos; y por último, que estuvic- 
c seguro, de que no se detendrían en el camino 
ñas tierhpo del necesaríc/ para llegar á su pre- 
sencia. 

Enit(p luego Soto á referir menudamente todo 
o ocurrido en sú última espedición. Al entrar á 
Caxas encontró' á I03 habitantes sobre las ar- 
mas dispuestos á disputarle el piaso; pero consi- 
guió persuadirles de que sus intenciones eran 
pacíficas, y deponiendo la actitud hostil, reci- 
bieron á los Españoles con la misma benevolen^» , 
cia que les habían mostrado en todas partes^ 

Encontróse allí Soto con un recaudador dé 
tributos y de él supo que el Inca estaba acam« 
pado con un grande ejército en Caxamalca, lu- 
gar considerable del otro lado de las sierraSt 
donde tomaba actualmente los baños termales 
que allí se encuentran y constervan hasta hoy su 
antigua nombradla. Recogió al mismo tiempo 
muchos informes muy interesantes sobre los re- 
cursos y la índole del gobierno, la pompa de qdé. 
I. 38 



423 CONaUlSTA DEL PERÚ. 

se rodeab(i el Inca, y la severidad con que en 
to.das partes se hacían obedecer las leyes. De 
esto pudo cerciorarse por sus propios ojos, pues 
á la entrada del paeblo vio varios Indios muer- 
tos y col^adps por los pies, en castigo de cier- 
tos ultrajes que hicieron á las Vírgenes del Sol, 
que tenían una casa en aquellas cercanías. " 

De Caxas pasó Hernando á la vecina ciudad 
de Guancabamba, mayor, mas populosa y de 
mejores edificios que la precedente. Muchas de 
las habitaciones, en lugar de ser de adoves eran 
de piedras ajustadas con tanta exactitud, que 
era imposible descubrir las junturas. ^ el rio 
que atravesaba la ciudad vieron un puente, y el 
camino real que pasaba por aquel distrito era 
muy superior al que iba por los llanos y ya ha- 
bian visto Los Españoles. En muchqs parages 
ib^. levantado sobre el suelo á modo de arrecife, 
empedrado con gruesas losas, y con árboles y 
caños de agua á los lados, pam que el caminaR* 
te gozase ^e la sombra y pudiese apagar su sed. 
Vieron también los Españoles pequeñas casas, 
colocadas á cierta distancia una de otra, lasque 
seguí) les dijeron estaba.n destinadas para abri- 
go de los viageros, quienes de este modo podían 

17 "A la entrada del Paeblo Casa de las Mngeres ¿ dormir 
havia ciertps Indios ahorcados de con nna: al qual, i á todos Iw 
lofl pies: i supo de este Principal-, Porteros que consintieron, ahor- 
que Atabalipa los mandó matar, c6." Xerez, Conq. del Pern,ap. 
99Ív|Ue.uno d« ellos en^ó en la Barcia, tora; lU. p. 1^- 



LIBKO m.— CAPITULO in. 423 

atfaveaar ún gcau. molestia de on estreiHK» á otro 
del ÍQí)perío« '? En otra parte vieron u«a de los 
pósitos ó alniacenes reales. Heno, de granos y 
de vestidQS páralos ejércitos, y á la entrada de 
la ciudad repararon en uix ediüeio de piedra ocu* 
p^^do por un empleado publico, cuyo destino era 
cobrar alcabalas d derechos sobre los diversos 
articulos que entraban al pueblo ó salían de 
él. ^^ Estas noticias de Soto no solo confirma*, 
ban cuanto ya^abíau los Españoles del imperio 
de los Incas, smo que les daban mas aHa idea 
de sus recursos y buena administración. Tam« 
bien podrían al mismo tiempo haber hecho titu-* 
b^r en su rei^plucion á cora2sones menos esfot<» 
zadps.qoe los suyos. 

Antes de proseguir Pizarro su camino, despa* 
chd á Saii Miguel un enviado para que diese no- 
ticias de lo OQurrido hasta alli y llevase al mis* 
mo tiempo el presente del Inca y otras Varias eo^ 
sas que había ido recogiendo por el eaminov £1 
primor cpn que estaban trabajadas algunas de 

18 ''Tan pfor eatd camino ca- una easa al principio de una 
5o8.de agma de dofttde IO0 cami* puente donde reeide nn guardo 
nantea beben, traidos de su» na- ^ue recibe el Portaaego de todoa 
cimientos de otras partes, y á ca- los que van é vienen, é paganlo 
da joltmdii una casa á manera de ea la misma cosa que llevan y 
Venta donde se aposentan los ninguno puede sacar carga del 
que van é vienen.'' Oviedo» Hist. Pueblo si no la mete, y ésta eos- 
de la^ Indias, MS., Parte 3, lib. tumbre es allí antigua." Oviedo, 

'8, cap. 3. Hist. de las Indias, MS., ubi su- 

19 **A la entrada de este Ca- pra. 
núno^ en el Pueblo de Cajut está 



424 CONQUISTA DELl»ERU. 

ellaS) llamo mucho la aiencion cuando fueron 
presentadas en Castilla, y nada tanto como las 
ricas telas de lana bordadas de oro, que alli de- 
clararon no ser fácil distinguir de los tejidos de 
seda. Serian seguramente de la fina lana de las 
vicuñas, que hasta entonces no se habia visto en 
Europa. ^ 

Después de haberse informado Pizarro de cual 
era el camino mas recto para Caxamalca, hoy 
Cajamarca, continuo su camino dirijiéndose ha- 
cia el Sur con corta diferencia. El primer pue- 
blo de alguna importancia en que se detuvo fué 
Motupe, colocado en uña posición muy agrada- 
ble en un fértil valle encerrado entre colinas de 
poca elevación que se agrupan al pié de la cor- 
dillera. No encontró álli al curaca, porque ha- 
bia marchado á unirse al ejército del. Inca con 
trescientos de sus guerreros. Aqui permaneció 
el general cuatro días apesar dé la oferta que te- 
nia hecha de no detenerse para riada en el cami- 
no. La lentitud de sus movimientos solo puede 
esplicarse por la esperanza que tal vez conser- 
vaba todavía, de que le llegasen mas refuerzos 
antes de emprender el paso de las sierras. Nin- 
guno le llego, sin embargo, y siguiendo las tro- 
so ''piezas de lana de la tierr chaa laboras y figuras de oro de 
ra, que era cosa mueho de ver martíJIo de tal nu ñera agentado 
según su primor é gentileza, 6 no en la ropa que era cosa de mara- 
se sabían determinar si era seda villar." Oviedo, Híst de las In- 
6 lana segiin su fineza con mu- días, MS., P&rte 3, lib. 8, cap. 4. 



LIBRO III. — CAPITULO III. 425 

pas por nna tierra llana y arenosa, interrumpida 
á veces por verdes praderías de bastante esten- 
sion, regadas por las corrientes naturales, y con 
mas abundancia aun^por las acequias y cstnales 
de los Indios, llegaron al fin á las riberas de un 
caudaloso rio. Lo ancho y profundo de su cau- 
ce y la rapidez de su corriente hacian el paso 
harto difícil, y temiendo Pizarro que tratasen de 
disputárselo los Indios de la orilla opuesta, or- 
deno á su hermano Hernando que á favor de la 
noche lo pasase con un destacamento y asegu- 
rase la salida á tierra del resto de las tropas. 
Desde antes de anianecer comenzó Pizarro los 
preparativos del paso, cortando troncos de los 
bosíiues vecinos, para formar una especie de- 
puente flotante, sobre el xiual, antes que llegase 
la noche, pasaron todos felizmente, y los caba- 
llos nadando llevados por la brida. Mucho hu- 
bo qne trabajar aquel dia, y. Pizarro ayudrf á la 
obra como cualquier soldado, animando siempre 
á sus compañeros. 

, Al llegar á la ribera opuesta les informaron 
los que ya se encontraban allí, que los natura- 
les en vez de hacer resistencia, solo pensaron 
en ponerse. en fuga. Cojieron uno de ellos, y 
llevado á presencia de Hernando Pizarro, se 
negó á responder á las preguntas que le hicie- 
ron relativas al Inca y á su ejército, hasta que 
dándole tormento declaro, que Atahuallpa esta- 



426 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ba acampado con todo su ejército en tres divi- 
siones en las cumbres y llanos de Caxamalca. 
Agrego también que el Inca estaba ya impaes- 
to de la venida de los blancos y de su corto nu- 
mero, y que de proposito les dejaba llegar has- 
ta sus cuarteles, para hacerlos prisioneros con 
mas facilidad. 

Cuando Hernando comunico á su hermano esta 
declaración, le causo grande inquietud; mas los 
Indios fueron desechando poco á poco el miedo, 
y empezaron á mezclarse con los soldados. Vi- 
no entre ellos el curaca o el gefe del pueblo que 
habia estado en el campo real, y de él se supo 
que Atahaallpa estaba ert el pueblo fortificado 
de Guamaehucho, veinte leguas largas al Sur de 
Caxanialca, con un ejército que no bajaba de 
cincuenta mil hombres. 

Estas noticias contradictorias pusieron en 
gran perplejidad el ánimo del gobernador, y pa- 
ra desengañarse propuso á uno de los Indios que 
le habian acompañado durante casi toda la mar- 
cha, qua fuese de espía al campo del Inca, le 
trajese noticias de la posición que realmente 
ocupaba, y averiguase hasta donde le fuese po- 
sible cuales eran sus designios respecto de los 
Españoles. El Indio se neg<í redondametite i 
desempeñar esta peligrosa comisión, aunque se 
manifestó dispuesto á ir como mensagero auto- 
rizado del capitán español, 



LIBRO III. — CAPITULO III. 427 

Convino en ello Pizarro y le mando dijese al 
Inca, que iba marchando á encontarle con toda 
la presteza posible. Debia también informar al 
monarca de la consideración con que los Espa- 
ñoles hablan tratado á sus vasallos en todo el 
camino, y que ahora iban á ponerse en su pre- 
sencia con entera confianza de hallar en él la 
misma amistad y benevolencia. Una de las co- 
sas que Pizarro encargo á su enviado mas par- 
ticularmente, fué que observase si estaban guar- 
dados los pasos de la sierra y si se descubría 
algún aparato de guerra por aquellas inmedia- 
ciones. De esto ultimo debia dar aviso inmedia- 
tamente, por medio de dos 6 tres Indios ligeroá 
que llevaba consigo. ** 

Totnadas estas precauciones volvió á empren- 
der de nuevo su camino el precavido comandan- 
te, y al cabo de tres dias llegcí al pié de la sier- 
ra que mediaba entre Caxamalca y ellos. A su 
frente se levantaban como montañas amontona- 
das unas sobre otras, los magestuosos Andes, 
con sus faldas cubiertas de espesos bosques 
siempre verdes, matizados aquí y allí de floridas 
sementeras y de cabanas de labradores, como 
suspendidas eh lai^ nías escarpadas pendientes. 
Las altísimas cumbres cubiertas de blanca me- 

21 Oviedo, Hi8t.de las Indias, Relación del Primer. Descub., 
MS., Parte 3, lib. 8, cap. 4.— MS.— Xerez, Conq. del Perú, 
Coviq. i Pob. del Piru, MS.— ap. Barcia, tom. III. p. 190. 



428 CONQUISTA DEL PElíU. 

ve brillaban heridas por los últimos rayos del 
sol, y todo formaba ana mezcla tal de hermosu- 
ra y de grandeza, que no encontraría igual en 
ningún otro pais de la tierra. Las tropas espa- 
ñolas solo podían vencer esta terrible muralla 
natural, empeñándose en una multitud de pasos 
y desfiladeros, capaces de ser defendidos por 
un puñado de hombres contra un ejército entero. 
A la derecha tenían un camino llano y derecho, 
con árboles en sus orillas y tan ancho que po- 
dían pasar por él dos carruages de frente. Era 
uno de los caminos reales que iban al Cuzco, y 
por su hermosura y comodidad parecía convi- 
dar á las tropas y disuadirles de emprender el 
paso de los desfiladeros. Muchos había en efecto 
que opinaban porque el ejército tomase aquel 
camino y se abandónese la primera idea de ir á 
Caxamalca; pei^x Pizarro habia pensado de otra 
manera. 

Díjoles que los Españoles tenían ya divulgado 
por todas partes que su objeto era visitar al In- 
ca en sus reales, y que hasta se lo habían envia- 
do á decir así al Inca mismo. Si ahora variaban 
de dirección, este paso debía atraerles infalible- 
mente la nota de cobardía y el desprecio de Ata- 
huallpa, y así no les quedaba mas arbitrio sino 
emprender al punto el paso de las sierras y mar- 
char en derechura al campo real. **Cobrad áni- 
mo," les dijo el osado caballero, *^y marclíad.co- 



LIBIIQ. III.— ^CAPITULO III. 429 

mo buenos áokladosy sin.que os amedrente Amaes- 
tro corto numero. Porque en loa mayorcs^ apur 
ro») Bió3 pelea por .Iqs suyos» y bq dudéis que: 
abatirá el orgullo de los infieles y les traerá al 
conocimiento de la verdadera fe, que es el fin y 
objeto de nuestra conquista." '^ 

Pizarro poseia, á semejanza de Cortés,. cierta 
eloeuencia sencilla y vigorosa que llega al cora- 
zón del soldado mucho mejor que todas las flo- 
res retoricas y las arengas mas estudiadas. El 
era también uh soldado lo mismo que los otros^ 
y tomaba parte en todos sus gusto», sus ilusiones 
y sus reveses. Ni su rango ni su educación eran 
para enagenarle las afecciones del mas insigni- 
ficante de sus compañeros. Cualquier aconte- 
cimiento causaba en él igual impresión que en» 
los demás, y esta conformidad le ('aba un do- 
minio absoluto sobre ellos. *'Id por donde que- 
ráis y mejor os parezca," clamaron todos cuanda 
concluyo su breve pero enérgica alocución; "» 
cualquier parte os seguiremos de buena volun- 
tad, y ya veréis lo que somos capaces de hacer 

22 "Que todos se animasen ayuda de Dio« es mucho mayor», 

é esforzasen á hacer como- de y en las mayores necesi^dades so- 

ellos esperaba y como buenos corre y favorece á los suyos para 

españoles lo suelen hacer, é que desbaratar y abajar la soberbia de 

no les pusiese temor la multitud los infieles 6 traerlos en conoc¡«- 

qae se decía que habia de gente, miento de nuestra santa ík eajt6« 

ni el poco numero de los cristia- lica/' Oviddo, Ilist. «le \t» In- 

nod, que aunque menos fuesen é dias, MS., Parte 3, lib, 8, cap. 4. 
mayor el egército contrario, la 



430 CONQUISTA DEl, PERÚ. 

en servicio de Dios y del Rey" ^ Desapareció 
con esto todo asomo e duda y de vacilación, y 
no se pensó en otra eosa que en el prc^ximó pa* 
so de las sierras. 

23 '^Todos digeron que fue- to. i vería lo que catla nno de 

se por el Camino que quisiese i ellos huía en servido de Dios é 

viese que mas convenia, que to- de su Majestad." Ibid., MS., 

dos le seguirían, con buena vo- loe. cit. 
luntad é obra al tiempo de} efée- 



CAPITULO IV. 



Penoso paso de las sierras. — Embajadas de Ata- 
HUALLPA. — Llegan los Espajíóles a Caxamalca. 
— ^Envían vn mensaoe al Inca. — Entrevista con 
ESTE.—- Desaliento de Lps Españoles. 

1532. 

Reunió Piearro aquella noche una junta de 
sus principales capitanes, y en ella quedó resuel- 
to que él saldría en persona á reconocer el ter- 
reno con. la vanguardia compuesta de sesenta 
soldados de á pie y cuareata de á caballo^ mien- 
tras que el jresto del ei^cuadron mandado por su 
hermano .Hernando, se mantendria en la posición 
que ocupaba hasta recibir nuestras órdenes* 

Al roadiper el dia estaban ya sobre las armas 
el capitán español y su gente, dispuesto» á ar* 
rostrar las dificultadles de la sierra. Hallaron 
ser estas mayores de lo que se habían figurado* 
El camino iba rodeando por las faldas ásperas 
y pendientes de las montafias, para vencer me- 
jor de esta maneta los obstáculos naturales del 



432 CONQUISTA DEL PERÜ. 

terreno; pero eti muchos lugares era por nece- 
sidad tan esc^rpadOf que los gineies se veian 
obligados é echar pie á tierra, y trepar lo mejor 
que podiaui llevando sus caballos del diestro^ 
Sucedía también con frecueneia, cuando alguna 
eminencia o grueso peñasco avaniíaba sobre el 
camino? que este iba por el borde mismo del der- 
rumbadero, y el caminante se veia obligado á 
ir dando vuelta por el estrecho vuelo de la roca, 
apenas suficiente para su caballo, y pn donde un 
solo paso en falso le baria rodar, no cientos sino 
miles de pies, hast^ el fondo del abismo! Los 
fragosos pasos de la sierra, practicables solo pa- 
ra Indios medio desnudos y cuando mas para la 
firme y cauta muía, ammal que parece creado 
espresameHte p&ra los caminos' de* las cordille- 
ras, eran verdaderamente temibles para hom- 
bres armados y cargados de acero* A sus pies 
se abrian espantosas hendeduras ó quebradas, 
las que son tan enormes en esta cadena de tos 
Andes, que no parece sino que un sacudimiento- 
terrible ha apartado Jostnois tés tino de otro^ y e^ 
sus paredes perpfendieulares ;se deiseufovia lana 
grande e^tensicm de roca primitiva^ eubierta de 
la vegetacioaespontónea -áé los siglos, mientras 
que pc^r el fonáo del. tenebroso abisnao corrian 
los torioentes, que nacidos en las entrañas de ta 
sierra, bajaban á fertilizar los. valles y praderías, 
de la tierra caliente, antes de ir á perderse en el 
océano. 



LIBRO III. — CAPITULO IV. 433 

Casi todos estos pasos eran escelentes puntos 
de defensa, y cuando los Españoles se empcim-^ 
ron en aquellos desfiladeros, marchaban con la 
mayor precaución, temiendo á cada paso ver sa» 
lir á los enemigos de alguna emboscada. Creció 
su temor cuando al llegar al fin de una cuesta 
áspera y estrecha descubrieron una especie de 
fortificación toda de piedra que dominaba un re- 
codo del camino y parecia mirarles con ceño des- 
. de la altura. Conforme se iban acercando á ella 
aguardaban por momentos ver asomar por enci^ 
ma de las murallas las bronceadas figuras de los 
guerreros, y ya preparaban los escudos para re^ 
cibir laí descargas de proyectiles; ¡lorque la po»- 
sicion era tan fuerte que un puñado, de hombres 
resueltos colocados en ella, bastarían para ata»- 
jar el paso á un ejército; pero al encontrar desier- 
tas las fortificaciones, se alegraron no poco, y 
cobraron nuevo ánimo con la persuacíon de que 
el Inca no trataba de disputarles el paso, puesto 
que no lo intentaba donde fácilmente podría ha* 
berlo hecho con buen éxito. 

Desde allí avisó Pizarro á su hermano que 
le siguiese sin dilación, y después de dar algon 
descanso á su gente emprendió otra vez su tra« 
bajosa subida, de modo que antes de anochecer 
lleg<í á una altura defendida por otra fortifica- 
ción mas formidable aun que la procedente. Era 
de sólida manipostería, con la parte baja corta- 
I. 40 



434 CONQUISTA DEL PERÚ. 

da en la roca viva^ y todo labrado con tanta 
n^acstria como pudiera haberlo hecho an inge« 
niero europeo. ^ 

Allí pasó Pizarro la noche y al dia siguiente 
sin aguardar la otra división, prosiguió su ca- 
minOj empeñándose cada vez mas en los intrin- 
cados desfiladeros de la sierra. La temperatii- { 
ra había. ido cambiando gradualmente, y hom- , 
bres y caballos, en especial estos últimos, pa- 
decian mucho por causa del frió, pues se habían 
acostumbrado ya al clima caliente de los va- i 
lies. ^ La vegetación habia cambiado también , 
de aspecto, y la$ magníficas florestas que cubrían 
losf llanos se habian convertido en tristes boir 
qjues jde {unos, hasta que^ raa«' arriba ' hi*^légeta- 
cion; se reduela á multitud de plantas alpinas 
menguadas y marchitas, que parecen hallaren 
la atmósfera de estas elevadas regiones una 
temperatura análoga á su naturaleza. Diñase 
que casi todos los seres vivientes habian huido 
eomo el hombre, de estas espantosas soledades. 
Solo descubrian á veces alguna trepadora vicu- 
ña tendiendo la vista hacia abajo, desde un pi- 
cacho elevado á donde ningún cazador se atre- 
vería á seguirla. En vez de las tribus aladas 

'i - "Tan aucha la Cerca como ra ser mejor labrada la Cerca." 

^Jtlqnier Fortaleza de Eapaña, Xerez, Conq. dé\ Perú, ^). B>v* 

COA SUS Puertas; que si en esta ci»^ , tom. III. p, 192. 

'I*ie'rr5í o viese los Maestros, i Bcr- 2 ^'Es tanto el frió que h«<ie 

Cpsoienta^ de £cipañ4« no pudie* en esta Sierra, qtié.cboid los ca- 



LIBRO III. — CAPITULO IV. 435 

euyo brillante plumage relucía eMre las espe- 
sas florestas de los trópicos, solo veían ahora los 
aventureros al ave de los Andes, el asqueroso 
cóndor, qué hendiendo los aires mas arriba de 
, las nubes, seguía con lúgubres graznidos las 
liuellad á^l e^jéreito, como si el instinto le guiase 
^T la senda de la dangre y de la carnicería.' ^ 
. : Llegaron al fin á la ctuubre de la cordillera 
que era un páramo helado sin otra señal de ve- 
getación que los pajcmales, los que como rodean 
la bas^ de los picos nevados, vistos desde abajo 
parecen por su vivo color de paja iluminado por 
los rayos del sol, una cornisa de oro sobre uua 
torre de bruñida plata. Ei su^o era estéril co- 
mo- sucede generalmente en los distritos míne- 
los, y ya estaban cerca; de las minas de oro del 
camino de Caxamalca, tan famosasr en otro 
tiempo: 

^'Las rocas, las montañas. 
Que de piedras preciosas y metales, 
Henchidas las entrañas, 
En el alto' ecuador alzan riscosas 
Las frentes colosales." 

Pizarro determinó aguardar aquí la llegada de 
la otra división. El airé era delgado y frío; y 

balloá veíiian hechos al calor, que ou los valles haeia, ali^uuos de 
ellos se resfriaron." Ibid., p. 191. 



436 CONaUISTjt DEL PERÚ. 

los soldados plantaran siifi tiendas, hicieron lam^ 
brada? y se agruparon en torno de elki« pafá 
buscar algún reposo desp&es de sn fatigosa 
marcha. ^ 

Apenas habian descansado un rato c\]fóitdé 
Itegrf uno de los indios qtte fiíeron con el effvíáh 
do de Pizarro. < Dio razón al genera d^ no ha- 
ber encontrado gente áe gáetrá en todo el itón- 
sitOí y de que uña embajada d^ Alaliuatlpávéfiia 
ya en camino para el campó de los Es^ñded. 
Pizarro dispuso inmediatámentis que >la réfa- 
guardia apresurase la inai^h<% pori|lií Wo qa^ 
xm que los eml^ajadores peruanos le Hallasen 
con tan poca gente como la que entonces tétóa 
-coé3igo« ^' £1 resto del escuadronno eátatia may 
lejoss y llego en breve al caí»pOw • 

A poco llega también la embaj€¿da de lod fe- 
dios compuesta de un noble inca y dé Tartos 
acompañantes, que traian ajgunos llamas para el 
gefe Español. Tenia también encargado el mi- 
nistro dé salúcíarle á nombre de su señor, quien 
deseaba saber cuando ííegaríáñ los Españoles á 
Caxamalca, para prepararles todo ló necesario. 
Informo á Pizarro de que el Inca habla salido de 

3 "£ apQsetLtarcause loa £0- padecer rniícho. trabajo; y <i6^ 

pañoles en sus toldos ó pabello- á los 'Crístiaiiofl les pareció^ y aub 

neé dé algodón de lá tierra qne como era 16 cierto, no podía ba* 

llevaban, é haciendo fuegos, para bermas frío en parte de España 

defenderse del mucho frió que en invierno."" OViédo, líist. de 

en aquella Sierra hace, porque las Indiaá, HS., Fürte 3, Ub.S, 

sin ellos lio sé padi^an valor sin cap, 4. 



LIBRO III. — CAPITULO IV-. 437 

Guamachucho y se encontraba al presente con 
una corta fuerza en las cercanías de Caxamalca 
lugar famoso por sus manantiales de agua ca-^ 
líente. Era el Peruano de injenío despejado, y 
el capitán español supo de él muchos j)ormeno- 
res sobre las recientes discordias que habían 
afligido al imperio* 

Gomo el enviado ensalzaba hasta las nubes 
las proezas militares y el poder de su soberano, 
le pareció prudente á Pizarro darle á entender 
que n^ade eso le espantaba. Se mostró muy 
conten^ de los triunfos de Atahuallpa, y convi- 
no en qtif merecía un lagar muy distinguido en- 
tre los guerreros Indios; pero añadid al ihismo 
tién[ipó,'¿dini mas astucia' que cortesía, que era 
tan inferior al monarca de los blancos, como lo 
eran respecto dé él los mienores curacas de su 
país. De ello no podía caber duda viendo la 
facilidad con que un puñado de Españoles había 
recorrido aquel inmensa continente, ^jetando 
una tras otra, todas las naciones que habían 
^querido resistir á sus armas. Díjole que la fa- 
ma de Atabuallpalé despertó el deseo de visitar 
sus dominios^ y ofrecerle sus servicios en la guer- 
ra; y finalmente que si el Inca le recibía de pav. 
como el venia, no tendría inconveniente, por ser- 
virle, en diferir por íalgun tiempo su viage, cuyo 
objeto era atravesar el continente hasta llegar 
al otro mar. El indio, feegun dicen los oscrito- 



438 CONQUISTA DEL PERÚ. 

res castellanos, escucho asombrado las vana- 
glorias del Español; pero acaso era mejor diplo- 
mático de lo que ellos creiaa y comprendió bien 
que solo se trataba de intimidarse mutuamente 
con baladronadas. * 

A la mañana siguiente estaban las tropas en 
camino desde muy temprano, y gastaron dos dias 
enteros en atravesar los peligrosos desfiladeros 
de la sierra. Apenas habían comenzado á des- 
cender por la vertiente oriental» llego otro en- 
viado del Inca, trayendo un mensage parecido al 
precedente, y un nuevo regalo de carneros de 
la tierra. Era el misn[io nobLe que había visita- 
do á Pizarro en los valles, aunque ahora venia 
con mas autoridad, bebiendo el zumo fermenta- 
do del maiz llamado chicha^ que le presentaban 
sus criados en vaso^ de oro, cuyo brillo deslum- 
hraba á los codiciosos aventureros ^ Todavia 
estaba con los Españoles cuando yolvió el nien- 
sagero que Pizarro había enviado antes^ al Inca, 

4 Xerez, Conq. del Perú, ap. Este último autor en esta par- 
Barcia, tom. III. p. 193. — Ovie- te de su obra, ha hecho poco ms 
do, Hist. de las Indias, MS., Par- que copiar la de Xerez. Esta 
te 3, lib. 8, cap. 5. adopción de la obra del secreta- 

5 ^'Este Embajador traia ser- rio de Pizarro, no deja, sin em- 
vicio de Señor, i cinco ó seis Va- bargo, de ser 6til, porque con 
sos de Oro fino, con que bebia, menos tentación de abultar ó des- 
i con ellos daba á beber á los Es- figurarlos hechos, tenia muy bue- 
pañoles de la Chicha que traia^'' ñas oportunidades de averiguar- 
Xerez, Conq. del Perú, ap. Bar- los. 

cia^ tom. III, p. 193, — Oviedo, 
Hist. de las Ind. MS., ubi snpftt. 



LIBRO III. — CAPITULO IV. 439 

y apenas vio al otro Indio y advirtió el buen tra- 
to que recibia de los Españoles, sé lleno de ira, 
y le hubiera maltratado de obra á no haberlo im- 
pedido los circunstantes. Era cosa insufrible, 
decía, ver tratar con tanta honra y regalo á aquel 
perverso, mientras que él faabia estado á pique 
de perder la vida, por ir á desempeñar igual co- 
misión entre sus paisanos* Contó luego que al 
llegar al. campo del Inca, este se negó á recibir- 
le, so pretesto de que estaba ayunando y nadie 
podia verle: que no habian querido dar crédito 
á sus protestas de que venia por embajador de 
los blancos, y que si escapó con vida fué debido 
segurap^ente á haberles^ hecho entender, que 
cualqi^^ra injum- qaer^ibiese, la pagarían bien 
cara los embajadores peruanos que estaban en 
el campo de los Españoles. Concluyó diciendo 
que no podia caber duda de las intenciones hos- 
tiles de Atahuallpa, porque se hallaba rodeado 
de un poderoso ejército, acampado á una legua 
de Caxamalca en una posición muy fuerte, y en 
la ciudad no habia quedado uno solo de sus mo^ 
radores. 

A todo esto respondió el embajador del Inca 
con gran mesura, diciendo que el enviado de Pi- 
zarro debía haber contado de antemano con un 
recibimiento semejante, puesto que según se ad- 
vertid no llevó consigo las credenciales de su 
misión. Lo del ayxmo del Inca era verdad, y 



440 CONQUISTA DEL PERÚ. 

aunque sin duda habría consentido en recibir al 
mensagero, si hubiese sabido que venia de par- 
te de los blancos» no parecia conveniente per- 
turbarle en estos dias solemnes en que cumplia 
éon los preceptos de su religión. Las tropas 
que le rodeaban no se considerarían tan nunae- 
rosas si se reflexionaba que el Inca estaba em- 
peñado entonce» en una guerra muy importan- 
te, y en cuanto al abandono de Caxamalca, si los 
habitantes la habian desocupado^ era por hacer 
tugar á los blancos, que muy pronto deberían 
entrar en ella. « 

Estas esplicaeiones, aunque plausibles, no 
bastaban á tranquilizar al gobernador, porque 
estaba bien convencido del engaño y doblez de 
Atahualípa, de cuyas intenciones respecto de 
los Españoles habia desconfi^ido siempre. Mas 
como se habia propuesto mantenerse por enton- 
ces en buena armonía con el monarca, no estaba 
en el caso de revelar sus sospechas; y así es 
que fingiendo dar entero crédito á las palabras 
del enviado, le despacho con repetidas prome- 
sas de llegar cuanto antes á la presencia del 
Inca. 

Aunque la vertiente oriental de los Andes no 
es tan áspera y escarpada como la occidental, 
casi costo á los Españoles tanto trabajo la baja- 

6 Xerez, Conq. del Perú, ap. do, Hist. de las Indios, MS., ubi 
Barcia, tom. IH. p. 194.— Ovie- eupra. 



LIBRO III.— CAPITULO IV. 441 

lia de' la^ierfa como airtes la subida, por lo que 
al séptiiiiio dia se alegraron no poco^ al descu- 
brir el ameno valle de Caxamnalca que se esten- 
dia a«ufs pies eomo una Tica y variada .alfom- 
bra de verdura, foriMando estraño contraste con 
los osearos pieos de los Andes que se levantaban 
tadov al i?ed0dor¿ El valle es de figura ovala- 
da y tietie cosa de cinco leguas de largo por 
tre« de ancho. La mayor finura y curiosidad 
del trage de lo& moradores, así como la limpie- 
za y eoiHiC^idad de sus habitaciones, daban bien 
ciftro á entender que aquel era un puebla supe- 
rÍ0jF á los que hatóan dejado los Españoles al 
otaro lado de la sierra. ^ Hasta donde alcanzaba la 
vista se advertía labrstda y Cultivada con toda* 
.diUgeBcía la parte llana, y un caudaloso rio que 
atravesaba tas campiñas, servia para regarlas 
abundantemente por medio de canales y cañe- 
riaav Las heredades divididas por verdes setos 
y\dsboledas^se veian matizadas de sementeras 
defdiversas clases y colores, porque el suelo era 
fértil, y la temperatura, aunque no tan elevada 
eomo en las abrasadas regiones de la costa, era 
mas favorable para las producciones de las la- 
titudes templadas. A los pies de los aventure- 
ro» estaba la pequeña ciudad de Caxamalca que 
con sus tííancos edificios iluminados por el sol,. 
pareeiá u^ piedra preciosa engastada en las 

7 XenéZy Conff. dd Perú, qgp. Bama} tom. IIív p. 195. - 



442 CONQUISTA DEL PERÚ* 

sombrías vertiente^s déla tterra. A cosa de una 
legua de distancia, al otro lado del valle, se ii- 
visaban unas columnas de humo qae se remon- 
taban Jiastá el cielo, é indicaban el lugar de los 
famosos baños term^defir de que gustaban macho 
los príncipes peruanos. Mas también se ofre- 
eirf á la vista de los Españoles un espectáculo 
menos agradable, cual fué una multitud tan gran- 
de de toldos o pabellones blancos al pié de las 
colinas, que con estar amontonados unos sobre 
otros cogian un espacio al parecer de muchas 
millas. '^Espantados quedamos" exclama nno 
de los Conquistadores ^'al ver á los Indios ocu- 
pando tan soberbia posición. ¡Tantas tiendas y 
tan bien dispuestas coma no se vieron hasta en- 
tonces en las Indias! Aquella vista nos causo á 
todos bastante confusión y temor; pero ya era 
tarde para volver atrás, ni menos convenia ma- 
nifestar flaqueza, porque los Indios que venían 
con nosotros serian los primeros en acometer- 
nos. Así fué que con el semblante mas animo- 
so que pudimos, después de haber registrado 
muy bien el valle desde la altura, nos dispusi- 
mos á entrar en Caxamalcá.'' ® 

8 "Y eran tantas los tiendas ca se vió^ que nos causó á todoi 

que parecían, que cierto nos pu- los Españoles harta conftuioii y 

so harto espanto; porque no peu- temor; aunque no convenia moa- 

sabamos que Indios pudiesen te- trarse, ni menos volver atrás, po^ 

ner tan soberbia estanda, ni tan- que si alguna flaqueza en noio- 

. tv tiendas, ni tan á punto, \o tros sintieran, los minóos ís^ 

ctiál hasta alli en las lafliaff nao- qua llevábanos nos mataras. 



LIBRO III. — CAPITULO IV. 443 

No sabemos que sentiría el monarca peruano 
cuando se ofreció á su vista el belicoso escua- 
drón de los cristianos, que con banderas desple- 
gadas y relucientes armaduras, salian de lasosí- 
curas gargantas de la sierra y marchaban con 
marcial continente por los fértiles campos, que 
solo habian pisado hasta entonces los hombres ^ 
de color. Puede ser, como lo afirman muchos, 
que él Inca de proposito dejase penetrar los aven- 
tureros hasta el corazón de su populoso impe- 
rio, para apoderarse cotí mas facilidad de su 
perspnáí y de cuanto traián consigo, ® ¿O debe- 
ríase acaso, á un impulso natural de curiosidad 
y á las repetidas protestas de amistad de los Es- 
pañoles, el que les dejase llegar así hasta su pre- 
sencia sin^ molestarlos? Sea como fuere, es di- 
ficil que tuviese tanta confianza en sí propio, que 
no mirasecon cierto temor mezclado de respeto, 

ansí con animoso semblaute, des- aquel paso y por otros muchos 
pues de haber muy bien amalaya- tan malos como él, porque real- 
do el pueblo y tiendas que he di- mente, á lo que después se supo 
cho, abajamos por el valle abiijo, y averiguó, su intención era ver- 
y entrañaos en el! pueblo de Ca- nos y preguntamos, de donde 
jamaica.'^ Relación del Primer- veníamos? y (¿uien nos habla 
Desciib., MS. echado alli? y que queríamos? 
9 Esta era evidentemente la Porque era muy sabio y discreto^ 
opinión del Conquistador, cuyo y awiqut sin luz ni escriptura, 
zoanuscrito trunco es una de las amigo de saber y de sotil entendió 
principa1e9 autoridades para esta miento; y después de holgadose 
parte ^«nuestra relación. "Te- con nosotros, tomamos los caba- 
QÍendofios en muy poco y no ha- Uós y las cosas que á él mas le 
ciando oaeixta que 190 hombres aplacian,y sacrificar á los demaa*' 
©fchaWan de ojfondér, di35 ^gar^y Rí»l%cí6»i del Primer/ Descub., 
onsintió en qVie pásasetnos por MS'. 



444 CONQUISTA DEL PERÚ. 

á unos seres estraños y misteriosos, que venidos 
de un mundo desconocido y dotados de un po- 
der sobrenatural, habian atravesado desiertos, 
valles y montañas, sin que bastasen á detenerlos 
los obstáculos que les -opusieran los bombres'y 
Ta naturaleza. 

Pizarro en el entretanto dividid su gente en 
tr«s trozos, formóla en orden de batalUa, y siguió 
bajando por las laderas en dirección á la ciudad 
india. Nadie salió de ella á recibirle de paz, y 
atravesó las calles sin encontrar alma viviente, 
y sin escuchar otro ruido que el de las pisadas 
de los hombres y caballos de sü tropa, cuyos ecos 
repetían las habitaciones abandonadas. 

Era Gaxamalca un lugar bastante grande cod 
una población de cosa de diez mil habitantes, 
y seguramente na tiene tantos en el dia la mo- 
derna ciudad) de Cajamai'ca. ^^ Las ^asas en su 
mayor parte eran de adobe, con techos de paja 
o de madera. Algunos de los edificios princi- 
pales eran de piedra tosca y por labrar, y había 
también una casa, de las Vírgenes del Sol, y un 
templo dedicado á la misma deidad tutelar es- 

10 Según Stevenson, esta con predilección partíc^üar. Es 
ciudad cuenta, 6 á lo menos con- probable, sin embargo, que hoy 
taba hace treinta años cosa de sie- no conserva, relativamente ba- 
te mil habitantes de todas razas, blando,, la naisma ioijMirtascU 
Este viagero observador hace una que en tiempo de los Incat* RáBt 
animada descripción de la ciu- idence in SoUth America, vol 
dad en la que permaneció algún II, p^ 131.. 
tiempo, y parece haber mirado 



LiBiio íh.-^cAiM'rlJLo IV. 445 

te ultimó estaba medio' oculto entre úri bosque- 
cilio de ios subairbíos de la ciudad*. l?Or el la- 
dd inmediato al canipo dé los Iiídios kábia uña 
gran plaía de fbrma tHán^üldr, rodeada de edi- 
ficios bajos, qué eran unds espaciosos salónos 
Con anchas puertas ó aberturas á líl plaza*' Se- 
guramente estarían destinados para cuarteles 
de los soldados del Iñca.^^ A un estremo de la 
plasma, mirando hacia lá éanipiña, estaba una 
fortaleza de piedra, á donde se subia desde la 
ciudad pdr uila escalera también de piedra, y 
tenia ademas tina puerta falsa para el cattipo. 
itabiá igualmente otra fortaleza de piedra tosca 
en un terreno elevado que dominaba la ciudad 
y estaba rodeada de tres cercas circulares, ó 
rnas bien dicho, de una sola que daba tres vuel- 
tas en espiral. Era obra muy ftierte, y ninguna 
de las que hasta allí habian vijsto los Españoles 
les pai*eci(í de mayor mérito, tanto en la idea 
como en la ejecución material. ^^ 

AI caer la tarde, entraron los conquistadores 
en la ciudad de Oaxamalca. Era el 15 de No- 
vieUnbre de 1532. El eiela que se habift matí« 
tenido sereno durante todo el dia, comenzó á 
entoldarse y llegó á caer alguna lluvia mezda-* 

11 Curta de H«ni.' Piartarro, 12 <'F«ie^^afl non 'que entre 

ap. Oviedo, Hist.de las Indias, Indios^ no ae ;1ulii vialo telea.**' 

MS., Parte 3^ .lib. 3> cap/15— Xmres^, CoBii> del Peíu, ap. Bar- 

Xerez, Conq. dellPeru, ap. Bar- eia, t. IIl. p. 195— Relación del 

cía, tom. ni. p. 195. Primer. Deacub., Mfi. 

1. 40 



146 CONQUISTA DKL PEflU. 

da de granizo, po|rqae el frió era mayor deM 
acostuinbrado. ^'; Apesar de eso Pizarro desea- 
ba taptp. $5ercw»rse de las verdaderas inten- 
ciones delinca, que resolvió enviar inmediata- 
mente una embfiJBda á,su campo. Escojio para 
estíi coi^ision á Hernando de Soto, á. quien dio 
por escolta quince caballos; pero reflexionando 
después que hubo partido» que aquella fuerza 
era niuy corta en caso de que, los Indios inten- 
tasen algún atí^que, dio' orden á su, hermano 
Hernando de que fuera á reforzarle cojí t otros 
veinte gínetes. Este .capitán y uno de los que 
fueron con él, nos han dejado uwl noticia de su 
espcdicion. ^^ 

Una solida calzada condaeia de la. ciudad al 

13 "Desdé á poco rajCb c«-' do? en e»té capitalb y e! «guien- 
11^1^1196 á llover, j caer graDÍ90." te, en los ^uc tomó este caballe- 
(Xlerez, Concj. del Perú, ap. Bar- ro nna parte tan actÍTa. Tenien- 
oía, tora. II!. p. 193.) Caxamal- do en cuenta la parcialidad uievi- 
e^ en la lengua de los Indioa pig- taU» en pn actor pjhic|pal de M 
nifica "lugar de hielo;" porque escenas que refiere, no puede 
aunque su temperatura es por lo darse autoridad de mayor peso, 
común benigna y i^gradalje, es., El ini>itigaWe, OijUd^ que seha- 
tá sujeta á uuqs vientos fríos del Haba en S^nto Domingo, cono- 
levante, muy perjudiciales á la ve- di6 su importancia, y porfwtn- 
g^taoion. ^ieyei^n, R^ideiiOQ . nf^ fntíuy6e8tedocfif<iento^.«tt 
in South America, vol. IL p. grande obrí^ Hist. de las Iuília»k 
^: • ' /' ■"" ' ' • 'MS., Parte 3, libia, cap. 15 (•). 

,14, Caf^jdcv ,lf<}ni. .PiDMÍrp, El aui^r; anónimo de laKelacioii. 
M S . del Primer. Descubrimiento, M S . 

.,^jU c^rfa de.Iíeniand<LPi- m«j»b^jtaiul»e|icoiiJ|a.pa^' 
MW^JWíÍja4iai iUíal.Audien-! .^ r cart d H nisuidoFiztr- 

cuei?tr*, um relwiQíi éompleta ílS¿b;ía^5ft -2%^^^ 

de los cátrantS ruceaos contení- de Españolea céíebreaí^— N* M T. 



LfBiU> IjlI^^^^K^AFITUI^O IV. 447 

c$iiQ|)0.real atravesando :pQr lajs praderaS) y piOf ; 
elIarinaarcIt^Q a t^^o galoj^ la caballeta. Apraas' 
ba^ria^ andadp unaj^gaa Uegaroa frente a} eam^* 
ps^i!|^ntQ4}w«e esteudia por iBa/anaenas üAátkm 
del^'inontañpif Delante, denlas tiead^s, estaban 
clavadfis Jas lansa3 de los gfierreros^ y estos es- 
ta|l>afi picosos .finesa de. elilas, contemplando con 
awmb^o ly; en silencio el escaadron de iescris- 
UfjíioStjque. pasaba rapi4amenteá su lado como, 
ui^^atprj^adorM visión^ con grande le^truendo de» 
¿Mrxnasyycl^rine^-. 

I^legfiijon en breye los, Españoles á na. arroyo 
aiij»hor^ .pf ro poco profundo» qucí servia ,d|e ¡defen^^ 
saM c^^g^panusntOfdel Inca. Habáa un poi^nte 
de n^d.era para facilitar el paso, ma» deseon^n^ 
do ios Elf piiOoles.de su solidez, prefirieron entrar 
s^ftgjil^, yrll^xon sin dificultad á la orilla opues- 
ta* ,AH^ encontr^on junto á la entrada del poen-r 
te.nniejscu^dron da Indios sobre las armas; pero 
no. pusieron, impedimento á la^ maccba^de lo» 
Espapcdes;. y.estOi» ppj^. sudarte tenían órdenes 
e8tx:eeb^s,de.PiaarrQ, queá^la^v^rda^ en las cir^- 
can^tanpiaa pfie^en tes, eran cas^. inútiles,: de no: 
ofi^rider ni« jmo^sl^ á nadie, en el camino. Una 
de aquellos Indios les señalo el alojamiento don- 
de se Hallaba el Inca. " 

£ompoiitasetjeste«jde: un patio abierta'con un 

15? .FádxD.:FvBan!D« DdKufa. y C«ir|.f 9IB.«^Caxbi á9< Hero. 



448 C^NaüiSTÁBEL^ l*EfeÜ. ^ 

edificio péqiléfío ó sala de recreó én' el cétftro,y 
rodeado de portales, cbti ;üna ptíertá en lá parte 
de atrás qué caía a-ün jardini' -^LUk paredes es- 
* taban revestidas^de itn- especié defeátóco luátro- 
so, asíblaBet>eornótlé colotes,' y delante dd edi- 
ficio habia un grande estanque é doftde venian 
á parar dos cétños que le surtían dé agua éálien- 
te y de fria¿ ^' Todavía se Vé en- aquél Itfgár nn 
estanque de piedra qae'^bhsfetva él rioíhbre de 
"él baño del Inca,'* si biéñ •puede éüpbnérse que 
es de fecha mas reciente. " El patio estaba Heno 
deludióla nobleá véistídt)á de' gafe qíieliaciatt'la 
corte ál íncaj y de mugeres de lá cíásá real. No 
era dificil distingtiir éiítre tddírs'lá* persona de 
Atahuallpa, aunque estaba vestido' cóli ^más sen- 
cillez que los denlas, porque llevaba en W cabe- 
za la borla encarnada; qtié rodeándole la frente 
le bajaba hasta las cejas. Esta era la famosa 
insignia de' los linónárcas pej'uailos, y tío se babia 
atrevido Atahuallpa á ' cénfísela hasta déspaes 
de lá derrota 4e su hermano > Hua^cán' Estaba 
sentado enf ún cojín 6 banquillo' bájo,' "^or el es- 
tilo de los turcos y moros, y' le rodeaban con 

gráridé ceremonia Ids "nobles y gefés principales 

•■ ' - ■ . .:-.., . ■■:.. .'». -i. *^ti. j . •• • . 

16 Xerez, Cbnq. del Peni, quería bañíir 6 sus mageres que 
ap. Barcia, tom. III. p. 202. otra persóüa no osaba entrar en 

'-^Y al estanque Tenían doa ca- . él so- pfina- de'ía, .vida.'* . 9eA[o 
ños de agua, uno caliente y otró Pizarro, Descub. y Conq., MS. 
frío, y allí se templaba la una^con? 17 -StéveRSon, "íRetótóíce. iñ 
la otra, para quando el Señor se South Amerítfa, vol. TLp* W- 



LiBEo m. — crAPiT.üLo IV. 449 

colocados por el orden tiíie correspondia á su 
rango. ^^ . 

Los E&pañoles dirigieron todos la vista con 
grande interés 4 aquél príncipe.qae;habia gana- 
do el trono cxín.sa v^ilor y de. cuya crueldad y 
astucia tenian ya largas noticias. Pero en sa 
fisonomía no se retrataban ni las pasiones violen- 
tas ni la sagacidad que le atribuian, y aunque en^ 
su porte grave se descubría cierto .aire de auto- 
ridad propio de un rey, ño habia espresionen 
sus facciones, y solo se revelaba en ellas la apa- 
tia caxacterístiea de las razas americanas. Eñ 
el caso presente es de creer que ésta seria fingi- 
da en gran parte-, pues era imposible que el prín-* 
cipe indio contemplase sm interés ni curiosidad 
un espectáfi^ulo tan nuevo, y en cierto modo im- 
ponente, como era el dé estos misteriosos estran- 
geros, de los que no podian haberle dado cabal 
idea las descripciones que de ellos le hubiesen 
hecho antes. 

18. Xeréz, Conq. del Perú, con ütía corona en la cabeza, y 

ap. Barcia^ tpm. III. p. 164..— una borla que le salia deUa, y le. 

Carta de Hern. Pizarro, MS. cubría toda la frente, la cual era 

£1 conquistador citado tantas la indinia real,- sentado en una 
veces, describe en estilo sencillo^ . sillecita, muy baja del suele ^ como 

pero animado, el aspecto del mo- jos turcos y inores acostumbran 

narca peruano. "Llegados al pa- sentarse, el cual estaba con tanta 

tio de la dicha casa que. teniei de* magestad y aparatOi cool 'nunca > 

lante de ella, Timos estar en me- se ha visto jamas, pprque estaba 

dio de gran muchedumbre de In- cercado de mas de seiscientos Se- 
dios asentado aquel gran Sefipr ^ ñores dé surtiejfra.'* Relación 

AtabaJica (de quien tanta noticia, del Primer. IXeacub., MS. . . 
y tantas cosas nos habían dicho) 



450 CONQUISTA DEL PERU« 

Soto y Hernando Pizarro con solo dos oMres 
soldados mas se acercaron al Inca, y haciendo 
este último, una respetuosa reverencia, sin apear- 
se de su caballo, dijo á Átaliuallpa que venia de 
parte de su hermanó, el capitandoloB blancos, 
para informar al monarca de la llegada de éstos 
ala ciadaíl de Caxaoualca. Díjole tamMen que 
eran vasallos.de un. poderoso príncipe que tenia 
Sil trono del otralado de los mares, y habían ve- 
nido, atraidos por la^ fama de sus victorias, á 
ofrecerle su ayuda, y ¿instruirle en los dogmas 
de la . verdadera fe qoe ellos profesaban. Su 
hermano el general suplicaba por último á Ata** 
huallpa, que se dignase hacer una visita i los 
Españoles eh stts albjamiehtós* 

A todo esto no respondió el Inca una palabra 
ni aun siquiera dio á entender que lo compren- 
día, apesar de que FeKpillo, uno de los intérpre- 
tes de quien ya hemos hablado, le fué traducien- 
do todo. Mantúvose callado, con los ojos clava- 
dos en el suelo, y «olo uno de los señores que 
estaban é su lado respondía, "Está bien." Se- 
mejante silencio ponía en confusión y apuro á 
lo8< Españoles, pues se encontraban ahora tan 
distantes de cerciorarse de las verdaderas inten- 
ciones del Inea, como cuando estábanlas mon« 
tañas de por medio* ^* 

19' **1Mb cttdM por é( oidí»^ j^oe queriamo»» y v«r niMiv 
.con aer «V ÍQclitiaeicm pfégnntal'- ' p^nonuaj tébti\9ñ, tuvo tanta 
nos y saber de «JonJe veniamoa, aereaidacl en el rostro, y taat» 



Ij^JÍSro IIK — CAPITULO IV, 451 

TomóPaarüo de naevd la palabra, y del mo- 
dó nías cortés y respetuoso supHeo al Inca que 
les halase pí9r su propia b^ca; y^ les diese á co* 
üoeer. su voluntad. ^ Condescendió al fin Ata- 
huallpa en rfespoaderle, diciéndole con una lige- 
ra sonrisa. '^Decid á vuestro capitán que estoy; 
en. ayuno, y le acabiaré mañana por la iñañanai' 
Que entoitces le iré á visitar contilgunos de mis 
principales, y que en el entretanto se aposenta) 
en los edificio» públicos que están en la plaza^^ 
sin entrar en otro alguno hasta que yo vaya' y* 
dispoi^ laque se hade hacer." ^^ 

Hernaifedo de Soto, que como ¡ya heñios dicho' 
se hallaba presente 4 la entrevista, era el me- 
jor montado, y quizá el mejor ginete del e$eua- 
dTon de Fizarro. Observando que Atahuallpai 

gravedad en su persona, que no macana, que en bebiendo una ' 

quiso reeponder palabra á lo que* vez, yo iré con' aljpinoe destw : 

se decía, salvo que un Señor de principales mios á verme con él, 

aquellos que estaban par de él que en tinto' él se aposente en 

respondiat'tóen festá." Relación etós eaéa* íjto festón en la plaaa • 

del Primer. Descub., MS. que son cojimnes á todos, y que 

20 "Visto por el dlchp Her- no entren en otra ninguna hasta 
nando í»Í2am> que él no habla- que: Yo vfllf tí, que Yo mandaré lo 
ba, y que aquella tetccHra pereo- que se ha de hacer." Ibid., MS., 
na respondia de suyo, tornóle á ^^i supra. 

suplicar que. él hal^lase por su En esta singular- entrevista he 

bocay je respondiese lo que qui- seguido la relación del compa- . 

siesc." Ibid., MS., ubi supra. ^^^^ ^^ Hernando Pizarro mas 

21 "El cual- á esto volvió la ^i«« 9"^ ^^ <^« e»*® último, que 
cabeza é mkurie sonriendosey se representa á sí propio habían- 
le dij9: "Decid á ese capitun que ^^ «» "** ^^^^ señoril que huele 
.08 mubi9^«fié(. qQ» yo estoy e^ mucho á jactancia de hidaJgp. 
tyijioOr y le acabo tnaJíana por la 



452 CONQUISTA DEL PERÚ. 

miraba con atención el brioso corceH que hería 
la tierra con las manos y tascaba el freno con la 
impaciencia propia de un caballo de batalla, le 
aflojo la brida y arrimándole las espuelas, par- 
tió á todo escape por la llanura. Allí rolvién- 
dole y revolviéndole repetidas veces ya é un la- 
do ya á otro, lucio todos los movimientos de 
su hermoso corcel y su consumada destreza en 
la equitación. Detúvole luego de golpeen la 
fuerza de la carrera, de modo que casi le hizo 
tocar coii las ancas al suelo; pero tan cerca de 
la persona del Inca que parte de la espuma del 
bocado cayo en las vestiduras reales. Atabuall- 
pa conservó, sin embargo^ la misma inmovilidad 
y "compostura, aunque varios soldados al ver 
pasar cerca á Soto en su* carrera se «asustaron 
de modo que se hicieron á un lado llenos de te- 
mor; debilidad que pagaron bien cara, si como 
afirman los Españoles, Atahüallpa los hizo mo- 
rir la misma noche por haber manifestado fla- 
queza tan indigna delante de los estrangeros. ^ 
Ofrecieron luego refrescos á íos Españoles, pe- 
ro estos los rehusaron no queriendo apearse de 

32 Pedro Pizarro, Descub. y asi ío confesó el mismo Atahuall - 

Conq., MS.— Relación del Pfim. pa á los Españoles después que 

Descub., MS. fué hecho prisionero-^ — Con ra- 

"I algunos Indios con miedo, zon espantó á los Indios el caba- 

se desviaron de la carrera, por lo Uo de Soto, si, como dice Balboa, 

qual At^Jiuallpa los hi? o luego saltaba un. foso de veinte píég 

matar.'* (Zarate. Coñq. del Perú, con sü ginete completamente ar- 

lib. 5, cap. 4.) Xerez cuenta que mado. Ilist. du Pérou, chap. 32 



LiBHo iih^^CAPrrííLo IV. 45.Í 

siÉs^ MbaUos. No se negaron, sin embarg;o, *á 
probar la chicha que les presentaron eñ grandes 
vac^s de oro de ojinegras bellezas del harem;** 
y despnes de despediirse cortesmente del Inca, 
se volvieron los caballeros á Caxamalca, for« 
mando poír el camino mil estraños discursos so-* 
bre loqmtehabiafi' visto; sobre el lujo y opulen-' 
cía del monarca indiano; sobre su grande éjér'- 
cita, tan bien provisto y al paxecer perfectamen- 
te disciplinado; cosas todM que indicaban ma- 
yor iHvilizacioni y por consiguiente'mayor poder, 
quQ cuanto habían visto antes en los llanos de 
la costa» Y cuando comparaban todo esto con 
sus^reducidas fuerzas, y se veian ya taninterna^ 
do&que no podian esperar ser socorridos, cono- 
cían qné había sido una temeridad suya el me- 
terse de. ese modo hast^ el corazón de un pode- 
roso imperio, y se llenaban de .los mas funestos- 
presentimfentos. ^ Pronto cundid por todo el 
campéente pernicioso' espíritu de desconfianza, 

' 23 Relación del Primer. Des- mucho temor por ser tan pocos, 

cyh., Mfi^— ;Xere2^ Conq. del Pe< y estar tan matídos . en la tierra 

m, ap. Barcia, tom. III. p. 196. donde no podíamos ser socor^ 

5Í4 "Hecho esto y visto y ata- ridos." (Relación del Primer. 

layadQlagnuidesdtideleJMcíto.y Deeoub.» MS.) £1 miedo eia 

las tiendas qiie eran bien de ver, una sensación inusitada en el hi- 

nos volvimos á donde el dicho dalgo castel&no; pero si en esta 

capitán nos. estaba esperando, ocasión no sintió alguno, de^ia 

hartOf ' espantados de lo ()ue ha- parecerse al esibrzado caballero, 

biamoB visto, haciendo y toman- de quien dijo Carloa V: "que 

do entre nosotros muchos acuer-' ntinea habría despabilado una 

dos y opiniones de ío que se luz<^oh1os dedos.'* 
debía hacer, ' é'stíuldb todos con 



454. CONQUISTA US^h i*6ftü> 

qoe eAr veaside <U8ipí^]E|ir faé en aHmf^Q^^^^mwrxbi» 

een lo9 fnegps del 'ejéreito.pfímanojí^Han junto» 
unos á ¡otros," djce, \hj^,i^9iilg^ d0.ynU¡k^.*^como 
hís estrell^^ del cijeW/ ^- ' 

Uacorazon>Ii9Í»a slri lambiargfieii a(}»elkb.pei 
qpeftH tropa <|9^ nó.d;g^ba;6iitrad».RÍ altemor ni 
al ahatí^iieHLtOf J^stf^ejra: el' d^; Pí^^rro» : q^ies^ 
e^ 8ia,.i^enQrí s^; rfsgo^ija^, d(?::qikei hubteseí» 
llfsgfido la^ qp^sasf,/i|;pQSti^ a qw él Jmlaa; deiáea- 
do traerla^. E^t^ewj^H^i^iquf^ todp.<.ér0^.pe1i 
&i i^ GQtisegpia .que sna compsoeras (parftioipa^ 
c^a d^ w.firjaí^.r(»0QUwíofii> Sinjreseoriráles son» pro*- 
yeetAS ^efoé^ pues^ llegandoya iüimosi yatái^ast 
pidiéndoles ,q^e< iio «e montmBñn 'debeles onfmdd 
haii^aiUegado' lahoni de: encéoárar$ei?freiiíte b 
freinte Qpii -el ens^í^o^. i|li6;éHdabaa hugftando 
ba^is^ tap tp ! t i^miHiti ^^Cípn^adV le3 * de^iai t«eii. 
yosoftpp ]^i^pfi^}y f en(j^9fya PjroTÍééiiflhi qse; 
np^:h«.8a«e:S^' aalnw d^>t^»i)t$mblfSflipe]^& 
No ha de abandpnaimps abpji:a„tai]Qppqo» y 8Í 
el enemigo tíeiie ¿^su ifavor lai ventaja- dé sa 
inmenso numero, nosptro^ tenemo? dér nuestra 
parte el^ pod:eroso auxilio del ici^Io^ que rale' 
mas que todo.*' *• El 'ayenturérP español etíta- 

25. "Hecimos . la guardia/.eQ . de otrp^,. n^ parecía sii^o un cifjp 

la plaza, de, donde se yiap.lca muy estr¡eíl¿|p," Rc>5¡p^.. del 

faeios 4eV¿^iTl¿ d^ J08:Iii4Íft5,.| Ppmftí:- lírwi^b., W?-~ 
lo cual era co^a, espantaWi^xjm^f 26^, Xejre?,?. Cqxi^*.áti^f^tfh\ 

cerno estaban en una ladera la ap«Btircia,tom>IU.p.}97.— I<a^ 

mayor parte, y tan juntos unoi barro, Relación Sumaria, M S. 



LIBRO UI.—rCAPITÜLO IV. 455 

ba siVjetoáfJa' influencia Qombinnda .del espíri, 
tu caballeresCíO y del zelo religiosa. Éü la ho- 
ra del peligro,, este, era le ma^ .|)oderp30, y Pi- 
zarro que conocia bien el c^aráctqr de Iqs que 
mandaba, revivió en sus pechos Ifs medio apa- 
gadas ceniza^ 4^ ent^si^sipo, y, fortaleció sa. 
valoi: Tacilapte, preseatándoles la conquista bar 
jpiel a^ftecto de una verdadera eruza^ai* 

Coi^vpe^ en seguida una junta de sus o%iar 
le^.para discutir el plap.de operacione/B, ó naa¿f, 
bien para proponerles el extraordinario proyea-. 
to .que él hf^b^a con<^ebi^Q. . Tratábase nada me-* . 
nos.qijie de t^pde^. una re^ al Inca, y h^^erler 
prisionero a la faz de todo su ejército. Era, un 
proyeoto llet^dse peJUgro^s y ca9Í:.p!areeia un 
aborto de ^ des^speraciof^¿.pero la i>psicipn de 
los Españoles jera también desesperada* A donde 
quiiera que volviesen la vis^ solo descubrían in^ 
mine^tes/iesgos, y valia n^s hacer frente co- 
mQ;^ppibres al peligro., que hi^iir de él cobarde- 
mente cuando nobles, quj^aba ^rbi^rio para es- 
ca{>ar. 

Parala fuga,era ya df;|:^í^Jf^4otarde^^ ¿Y á. 
don^^ huirían? Ala primera se4al de r($ tirada^ 
se les echairia eneinaa el ejercito , d^ Jncs^, . El , 
- eneipi^io que, cfinoci^ n^U4^I^ mjejor.que ello^ los 
desfiladeros d« ^.siejpr^sp.aptipiparia á.j.;sus, 
movimiento^ ^oGJiíparia los p^so», y .su. niuche.-. 
dumbre les^oprin^if^ .por. todos lados;, mientras 



456 tiüxauístA del peúü. 

que el simple Kiécho de un movinliento retrogra- 
do, rebajaría la confianza, y Cdn ella la verdade- 
ra fuerza de sus soldados, duplicando al mismo 
tlertipo la del enemigo. 

Por otra parte, en la posiciotí en que se halla- 
ban, el mantenrrse mucho tiempo sin obrar, pa- 
recia igualmente peligroso. Aun suponiendo que 
la amistad con que al parecer les habia recibido 
Atahuallpa fuese sincera, no podían confiar en 
qtle seria de larga diii^dcicm. El continuo trato 
con los blancos le desengañaría muy en breve de 
que en sit naturaleza no habia nada de superior 
lii sobrenatural. Su reducida número le inspi^ 
raria desprecio, al misino tiempo que sus caba- 
llos, sus dfma»^y bngáges, éexiau.un cebo irre- 
sistible para nn monarca bárbaro» que cuando 
estuviese seguro de poder acabar con las perso^ 
lias, no tardaría en encontrar algún pretesto pa- 
ra ello. Bastante tenía ya con las medidas vio- 
lentas que los conquistadores habían tomador 
mientras venían atravesando por sus provincias. 

Y después de todo ¿qué razones tenían parí 
suponer qtte el ánimo del Inca les era tan favora- 
ble? Él era un príncipe' artificioso y poco deli- 
cado, y sí no mentían las repetidas noticias que 
habían ido recibiendo por el camino, siempre? 
vio de mal ojo la venida de los Españoles. Y 
era muy natural que así fuese. Sus corteses em- 
bajadas tío liabian tenido otro fin que engañar- 



Libro III. — capitulo iv, 45Í 

les para que pasasen las montañas, donde con el 
auxilio de sus guerreros faQÜmente podia haber' 
, acabado con ellosí Veianse así enredados en las 
redeá que les habia tendido el astuto monarca* 
Él único remedio, pues, era volver contra el 
Inca sus propias artes, y cogerle si ei'a pasible, 
eri sus piisnias redes¿ No había tiempo que per-^ 
der^ porque de un dia a otro podian llegar las 
legiones victoriosas del Sur y aupaeqtar todaviá 
mas la desigualdad entre ambas fuerzas. ... 

Él iiacer frente á Atahuallpa en campó abier-: 
to, era sin embargo sumamente peligroso, y aun 
cuando sé lograse ía victo'ria no era de creersje , 
que la peírsona del ínca, cuya captura era tatí 
importante, Cayese en nlanos de los vencedores*. 
El haber aceptado con tan poca , cautela la invif- 
tacion que le hicieron de venir a visitarles á sus 
alojurhientos, les própotciodába lá mejor oca- 
siorí de apoderarse de' tan estinoiable pre^a. Ni 
parecía él plan tan desesperado, si se tomaban 
en consideración las grandes ventajas que dabap 
á los invasores, su valor, sus armas, y lo repenti'* 
no é inesnerado del ataque., El solo hecho de 
obr'ar bajo un plan doncertadoi bastaba para que 
UQ peqiienó número de soldados pudiese ha6er 
freótíe 4 otro mucho iÉ&ayor. Ko efa tampoco 
necésaríodejar entrar ¡ala ¿iiulaJ toda la fuerza 
peruana ant^s de comenzar, el aííiqiie,. porque 
una vez asegurada la personíi del Inca, sus vas*' 
h 41 



458 CONQUISTA DEL TERU. 

■f.' • - ■ ' 

líos asombrados de tan estraño suceso, fueses 
pocos o machos, no tendrían valor para oponer 
mayor resistencia, y teniendo ya al Inca en sn 
poder, podría Piiárro dictar leyes al imperio. 
^ En é^te atrevido 'proyecto del capitán espa- 
/> \ ñol, se echa de ver desde luego que tenia muy 
I presente lá líiemot^hlé hazaña de Cortés, cuan- 
I do sellevrf el* monarca azteca a sus cuarteles* 
Pero aquef nd ii^ó de la Violencia, 6 alo meóos 
no' lo'hizo á viva fuerza, y obtuvo ía aproba- 
ción, aunque forzada, del monarca mismo. Era 
cierto también qué los resultados de aquella 
medida no fueron tales que convidasen á repe- 
tir la experiencia, porque eí pueblo se levantó 
en itiasá para acat)ár áf thismo ¿iempo con el 
' prínb?|fé y con sus raptores; mas estcí se debió, 
á id menos en parte, a la imprudencia de los úl- 
tiníós. Á los principios no pudo salir mejor, 
y una vez apoderado de la persona dé Átahuall- 
pa, Pizarró conñaDa párá lo démas en su propia 
prudencia.' Á lo menos iíe esta nianerá Valdría 
de la cnticá situación en qué se hallaba, consi- 
guiendo una preciosa* garantía dé sú segúriáad, 
^ y SI no lograba que el incat aceptase desde lue^o 
sus condiciones, proVábíéménté lo consigoiria 
cuándo le llegasen los réíTuerzos que a^úardl^ba. 
ttatDiéndo arregíádd l^iWro de'ésW niodo saa 
planes para el dÍ9 ^igménté, se di^olviií la jau- 
ta, y «1 ^fe áp ocup<í en tomar medidas para 



LIBRO III.— rCAPlTÜLO IV. 459 

la seguridad del campamento durante la noche. 
Hizo guardar las avenicKlT'de la ciadgd, y coló- 
có centinelas en diversos parages, especialmen- 
te en las alturas de la fortaleza, para que desde 
allí observasen la posición del enemigo, y die- 
sen aviso del íp^w^ j|)gv^e«^ ;gue pudiese 
turbar la tranquilidad de la noche. Tomadas 
estas precauciones, el gefe español y sus tropas 
se retiraron á sus respectivos alojamientos; i>e- 
ro no, para entregarse al sueño. A la verdad , 
que niuy tarde debieron concUiajr ^l^ sueóo Jos 
qx\0. salhiaQ eV golpe deois^yo ,qpe-d^bip. davse 
a la 4nliañaiia4rig«ii«nte; dia - que 4ba á deddir dé 
su suerte, coronando sus atíibiéiósás 'pretensio- 
nes del éxito mas feliz, á echando el último se-* 
\\q li su perdición y ruina. 

: ;í .í .1: ■ I» í'j 'i/ íííJih' í -" ; ''■'■' -i'----' '-Í-" • ' ' 

.- '.íi-r-- .ij -m:^' .:- v7 f .1. ',-•-- ^ i • > M. '.-.'■: 

■•í '": <•'';; vi;- «■• » .• !!.. ' j i,' . : i. ;í; -i' •.; ^ •. .'; v rt 
''Ji '.''<-. ■'■)■' \ <>>{ l-'i :, -'■>•" siiJ'í ..'-:•• '••; •'■ ' T 

^ '■• rw-rí-^il • '!o;í '«í:l :: ^i.j . . 'j - ;• • --'^í. i^vt,?! ««m 



. f ' >..'.. 






C^PITITLO T. 



*.) : •• 



f — — — — 

;.. :,. ,. ' ;í, '.^' •.. :.. '.. •.;.'■. .. ^ ' - 
Resolución desesperada de PizARBp. — ^Visita Ata- 

líúALLi^k Á tos Españoles'.— lloRRiBLE carnicería. 

^^QtJteDÁ l^RÍélÓi^Eiáo* EL'^ lÑdA.*-t4Í?ÓNDt<ÓTÁ' DE LOS 
C^N«IÍI¿TAD(^E9.^^1lf ApNIPK AS , FllQ»|;6tfLSi 9SL InCÁ. 

- > •.. :; i. ,•; ^'^ .■i'i532.---- • «^ y-- ^•^' • 

Las nubes de la tarde anterior se habían ya di- 
sipado, y el sol apareció puro y radiante á la 
mañana siguiente para alumbrar el día mas me- 
morable en los anales del Perú. Era un sábadoi 
diez y seis de Noviembre de mil quinientos trein- 
ta y dos. Apenas apuntaba el dia, cuando el sonoro 
toque de las trompetas llamtf los Españoles á las 
armas, y Pizarro, después de haberles impuesto 
en breves palabras del plan que habia discurrido 
para la sorpresa, comenzó á tomar las disposi- 
ciones necesarias. 

La plaza, como hemos dicho en el capítulo an- 
terior, estaba rodeada por todos sus tres lados 



LIBRO III.— CAPITULO V. 

de edificios bajos, compuesto^ de espaciosos sa- 
lones, con amplias puertas ó salidas á la plaza. 
Dividió, Pizarro su ca^Uería en dos trozos, po- 
niendo el. uno á cargóle su hermano Hernando 
y el otro al de. Soto, y ambos los Coloco en es- 
tos salones. En otro edificio apostó la infante- 
ría, reservándoí^e. veinte hombres escogidos pa- 
ra acudir con ellos á donde el caso lo pidiese. 
Pedro de Candia quedó en la fortaleza, con unos . 
cuantos solda,dps y la artilleria^ comprendiéndo- 
se por todo bajo este imponente nombre, dos 
pequeñas piezas de las llamadas falconetes. To- 
dos tenian orden de mantenerse en sus respec- 
tivos puestos hasta que llegase el Inca. Aun 
cuando este hubi^ese entrado ya en la gran plaza, 
debian todavía permanecer ocultos sin que qadie 
les^vi^se, hasU que se di^paras^ un arcabuz que, 
eradla señal convenida; entonces saldri?i,i^ repcn- 
tinaniente de su embocada, y darían espada en 
mano„ sobre Iqs Peruanos hasta hacerse dueños 
de la persona del Inca. La disposición de aque- 
llos gratides^alónés'ál Mismo hivel de la plaza," 
pareoiiBt imagioada espresam^ata para; un coup de 
thédtre. Pizarro'lés recomendó muy en particu- 
lar el orden y unaoberdienei^ ciega, para que en 
el momento^ del átáqtre 'no se introdujese la eon- 
fttsioii, Tqdo el. éxito 4^pendia de obrar de 
acuerdo, éo» prontitud y sangre fría. ^ 

1 Pedro. fízaiTO, Descub. y Conq.>.M8,'-'K«lao. del Prímci. 



CONQUISTA DEL PERÚ. 

andante procedió luego á examinar si 
estaban en líiien estado, y si los pre- 
' taíéS íTeTos caballos estaBÉl guarnecidos de cas- 
cabeles, para qué sii ruido aumentase el espan- 
to dé los Indios. También repartid comestibles 
en abundancia para. qué estuviesen las tropas en 
estado dé combatir con Vigor. Terminadas es- 
tás disposiciones céíebraron con toda solemni- 
dad el sacrificio '¿e lá misa los eclesiásticos qae 
iban con la expedición: rogaron al Dios de las 
bátaílas qué cubriese con ^u escudo á los solda- 
dos qué peleaban por estender el imperio de Ja 
cruz, y todos ¿ íina voz eníonaron la antífona 
^*Exsurgé\ Pbmihey^ '"Levántate, Señor, y jnzga 
tu'éausa;'* ^ Cualquiera les hábíiá'tomado por 

Iuiia ti'ópa dé mártiíés' prontos é dar sti vida en 
defensa de la fé;^ no por üná désenfrenád¿t tíiVA* 
ma dé ¿Ventureros qiie ¿té preparaban á cometer 
prio dé los ¿las áírocéá ácítos de perfidia de que 
háéé mención la íiístóría. Más sin eftibar^o, 

DescAlv;; MS. — ^Cerez, . Coijfl,-: :c|ia8;\áÉ?WW i jBang^: en !•» d»- 
del'Perui ip. Barcia, tom. IIl/p. "ciplinas que tomaron. Francis- 
]87.^0áita' áe I H«bi. 1 Pi£ank>r*^ai>'P^lrpo'«AiiB6 :iíi lóe^aaldaJofl 
MS.-— QTÍeda» .H^st. 4e laq^In- coIl.^maI^m^^ClfwtUI^a platica qn« 
dias, MS.,Parté^. líbié, cap.7.. ' les hizo: con ' que, í asegurarles 
2- ^Lwí lEiáetófeticftft i' Réll^Mod Eíiiesiakleos 4e 'piwte'íte Dioií 
giosp^M «¡duBaroñ jtt^.af4e% Jdeen Madre SaptwixpaUvictp-; 
noche en or^ionV pidiendo a , "a, am&necieron todos mni de- 
Dios 'él nítf to¿v§niente-'itlces;<>'^eeóét)é^dé dtf la^ttatalfa, diciendo 
á su sagrado serriqip» cíí^sp^o».,: K: ^^: "í:Mlirga;Pomiiie,r et 
de U £íí é salvación de tanto né- judica ceusam tñam." Naharro, 



LIBRO III*— CAPITULÓ V. 463 

etitre los>ieios del hidalgo castellano, caales-^ 
quiera ([xie fuesen, no debe coi^tarse la hipoere- 
siá. Estaba persuadliD de que combatía por"^ I 
la cruZ) y cuando en estos momentos de escita- . I 
cion recobraba esta idea todo' su vigor prin^i ti vo, I 
no advertia la mezcla de afectos terrenales que | 
le arrastraba también á la empresaV Inflamados | 
asi sus ánimos en celo religioso, los soldados de f 
Pizárro sentiaii renovarse su valor conforme sé 



acércáííá él momento crítico; y su géfe SLávirtiá \ 
con satisfacción^ que en ta hora del peligro sus : 
tropas se portarían como debia esperarse de 
ellas* V 

Estaba ya muy entrado el dia y aun no se no- 
taba ningún movimiento en el campo peruano, 
donde se hacían grandes preparativos para pa- 
sar á los cuarteles áe los cristianos con toda la ' 
pompa y solémhidád debiáá.' Á' poco recibie- 
ron lós Españoles un mensaje de Atahuallpa, 
quien informaba á su capitán de que tfaeriá ' 
consigo armada toda su gente, I0 mismo que los 
Españoles habían ido 4 verle. la tarde anterior. 
No era esta una naticia muy agradable para 
Pizarrp, aunque en realidad no tenia iuolívó pa- 
ra esperarse lo contrario^ Pero como el poner 
cualquier reparo podía dar á* réiíténder poca.* 
confianza, 6 infundir alguna sospecha dé %ns ■ 
dcáignios, se mostró muy satisfecho* del avisó 



464 CONQUISTA DEL PERU. 

asegurando al Inca, que de cuajcjuier raodo¡''que 
viniese le recibiría como á herniano y amigo. ^ 
Llegó el sol á la niita^e su carrera antes 
de qiie se pusiese en marcha la procesión de los 
Indios, y al fin á esta |iora ya la vieron venir, 
ocupancfo uHa gran parte de la calzada princi- 
pal. Venia .por delante un numeroso grupo de 
sirvientes^ cuya ocupacipn parecía ser el apar- 
tar del camino cualquier e.^torbo^ y hasta la me-, 
ñor piefirecilla. Por encima, de. aqudla multi- 
tud aparecía el Inca,, llevado en hombros de 
SUS principales nobles, mientras otros de la mis- 
ma clase marchaban á los lados de las andas; 
y eran tantos los adqrn«os d.e oro y pjata que 
traian en sus personas, que cpmp dice uno de 
los Conquistadores "relucían como el sol." * 
Per<o ^ íneiyór par^9^^^^ .In^9> ^^' 

taban ]íbr|na4^,^ áfilas i|i||]p|ediaie^jf^e^ fiel camino, 
y llenaban los .<;ampos hasta don^e alcanzaba 
la vista, * ,^, ,^ ^ _ .,...., _. . . , . 

*../ÍE)rgjQiberwf49rfreníop<íí^V/lS(^»l* W*?0 EisajTq;. t)«8ewlK. r 
Di á tu Señor, que venga en ho- Conq., MS. 
ra btóná 'coinb quisiere, que de ' ^ A los ojos dérConquistádér 
laiQanQmqttevi|úere.lo r^cebí' tant^ /Teces.. cüadov los gnene- 
ré como Amigo i Hermano." ros peruanos pasaban de 50.000; 
Xeréíz; CbiiqJdél Perú, áp. 6ai'- '^'más dé cinquenta mil que tenia 
cia;. toniM lá^ pi^W^-r-O^^'^it de.gwerrit'V <RjEÍa«ioii del fti- 
Hirt. de las Indias, MS., P^irte 3,. mer. Descub.^ MS.J El secreta- 
lib/8;'cáp.'7:-:iCartk ae^Hetn.'' ri<Í de ' PizaiVó :íós calculó '& 
Pi^KITD, M3. r. •:,'.>' f. ,;..3ÍM)OOciiimdi)l©sVi6»5aínpadOB 

4 VEra tanta lapatene^ia que en las laderas. (Xerez, Conq. del r 
traian de oro y* plata que era có- Perú, ap. Barcia) torn. IH* P- 
ea estraña lo que relucía con el 196.) Por mucho que agrade á 



Caand^ < ,la,r%ia caiiijbtiyifi llegó á <;osa' de mb« ' 
día milla 4e l^etudadj hizo nltpry Pí^^fo qué-^ 
do sorprendido al: ven qci# Ataiiciallpa'sié pnepá^ ! 
raba á armar sus tiendas como si pensare aWm-' ' 
par á l\w . A poco lleg^ an enviado á 'parti<?i|K*r 
a los EkSpañQtes, queellnca había resuelto p^-^ ' 
sar allí Ja : noch^ . paira rcuoi trar en ' la eiadírd á ' la' 
mai^íMia.isigííiien.te^ii..- í4:.í:;;?-Í' í'^.j ,■,).{ «- Ir. ..r -■* 

]AfAc]^€t di^gufeto oauBo'á Pizarro' éi9t^ noticiar' 
pues p^rticápabfi de la impaciencia gen^eral di - 
verilf^ ]ifntHad>.de,ulo9 movimieblos del lÁx». * 
La¿» jt^opa8Mbiaa>esta¡|dbo pobres lá« arrrird'd^sde'' ' 
la auüorar la oaba4le!ría;> montada j^ la iiifaütéria ' 
en a<MSi pñesíibs, espcTand'is^ ¡eilencitisfeirhénte stc ■ 
llegarla- . Reinaba el mayor sosiega en toda la ^^ 
cmá»i;^U^n ;soloíintóTmtilpMé'á^Véc^*»por loá"'*"^ 
gritQf;ílel«eá4infil» quedeSüe te tító ró lá for-*'' 
talega ;ayiaaba los movrmi^ntofil déíl ejétéitó iit-' " 
dio. Pizarro sabia n;(uy bien q.ue,,eA cp:^mg[$tanrr , ' 
cias tap.crítiiítSifMmo •qcfcelkis^nftdabay tanpa- ; 
ligroso' ctítft^ niálitéílér mucliq tiempó'al MÍdar Z 
do en la in(^ei[Udwmbi}^^,.y te0iia>qu€ sa arctorse •; 
apagasey BC conVittícáé tn esa escitacion nc|r-";* 
viosa que én íalés/ps^pós .^e apodera del pét\k&^ 
ma» esforíBádo; y <iiie^f ¡ftto és' tkhñójt se re| (isér , 
meja iJa^tánte,, « ' Jléspondia porJ Lo. mismo é ^ 

la imag i nacy i^ ^l- ijynwft gag /pn : fuenií'a^ iBjétcftdk 'Iwrrfeiií^V y' 
numero exacto). e^jnnyrMrikqiie». ^sordpiwdoe.^ .* : .. ••: • ^ j ■• .'•* 
pueda hacerio con seguridad, 6 oiDkeiPÉairo^^éuii'éí^^ ^^ 
cuando se trata de calcular la indio refirií^á Atahuallpa que los 



4M; CONQUISTA !>£!> PERÚ. 

Atabiiallpa trupllcandole qne vatíade de tesdih 
cioQ^ry mf^ii^táo qoe ya tenia todo diepuéstt^ 
para, jT^etcibirle y le espériba á cenar con él aque- 
lla hkh^^.^. ' 

E& efeetQ» este rmensaje biza cambiar de redo- 
lacipq aI' lacat y babiendó- levaintado oltraVez 
sa« tielidli9\«oatimiÓ4a mareba, avigánd¿ pri* 
mero al general que dejaría atra^ la m^or pwt* 
te 4^ t nw guerreros, y eúfraría á la eiüdadf éon 
8o)o 11I109: pocQi» : y : sin armase ^ pbf^tí^é' pí^efe- 
ria pii^qar i^ xiooM íén^ OaxabialbaJ Al Mismo 
tieippp' map^Q q^^ «^ pr/^parasen alojamieatod 
para 8Í y p^ra Bti cOJKntii/a en uiio 'de tós eilifi« 
ciosm^iisgr^pd^s, Uama40fla ^teasa die la eilie* 
bra'^ por tener una iserpi^nte esculpida éa k'pa- 
re4<i ,^ .?^o po4ia da«:M fioéieia wms agradable 
parar^^o^l EfpaikjitlQft. iFalreciii' que él moMréa 
indiq i^.da^a j^nsa.á* o^cor em ei laeo qnele 

blanooá'émáiMii ítákdÁíá>iiádd8 éti ' halúá iíé cenar hasta que foew." 
uno ^|lc^ fuiffníLpfH l«ip|B««, y ] -jOmá éa Hélhiir PifiúM, Mfi. 
líeiiof fcí miecZ^/lo que 119 distf; , 8 "m ^H^?T ^^TH' liM!90> ^ 
bamííditi de Ik'veridáá, anadé el "que venia sin armas. . E juego 
baei^fiaii$UQio(P6SGQbJf Ctniql, Atabaliira se Ü6ti6'para vtoir, ¿ 
MS.) .^eJjS: bUS la ¿xinte 0911 Uis anaas, 

7 " 'Pedro I^íarro, Descub. j é llevó consigo hasta cinco 6 se» 
Conq4lf3( i •'« -• : *teií indios siií aniun, sflvo qii6 

"Asentados sus tQl^o/Bj^pió A .4^f^*A^ W paAiis«tas tnótt' 
decir áí gobernador que' ya ^ra unas porras pequeñas, é hondas, 
tard#« qne! 61 queriaí detttSr allí» é bolsas uson piediii^A' ' Carta de 
que por la madaaa veraia: el go* Hem. Pizarro» MS. 
btnftí^, le envieja decir queis: - 9 Xere^^, Cbnq; del Pért,"*?- 
rogaba que viniese luego, porque Bareittj «otn. m. p. 199'- 
le esptsrab» . á ceittur, j qiie tib ' 



LIBRO iii,~<:apitulo V. ifíi 

habian tendido, y el fanático ayentureÍQ no po- 
dia menos de ver ,en todo ^sto la intervención 
inmediata de la Providencia. 

Es difícil esplicar esta condopta incierta y v^* 
cilante de AtahudUpa, tan pocp ^corre^ppndien-* 
te al carácter firnií? y ^treyidpjquie^le ^tribu- 
ye la historia. Ño hay dadaque al hacer ^qqe*'. 
lia visita á los Estpañoles proc^di^ pon entera 
baena fe» si^bien Pizarrp no iba aeguramenic; 
fuera de camino aj jnzga^ que la buena dispo- 
sición, del Inca no descansaba ;pn muy ^á\i'- 
dos fqn(jLameD;tos4, Tampoco, hay razón par^ sur 
pon^ qu^ desconfiaba 4ia. la.' sinceridad de los . 
estrangero8,.pae;s de ot^o.piodp no se hnbiei^a 
decidido ¿visitarlo siq armas» puesto que nihr 
gana ii^ce^id^ hstbia ^ ellp. Si al principio 
se propuso .venir con tod«^3u. gente^ íi;ijé. sin du- . 
da por desplegar toda la pp)i»pa . real, 4, p<ura 
manifestar mayor respeto á.lpa Esp^inples; pe- 
ro cuando se ^fífíidió á .^c^ptar la ^pupitalidad ,, : 
que ejstos le ofreciap, y pasar, la. uo^^c CJ?; jsfus - * 
cuarteles, le pareció mejor deshacerse ^ccasi.;. 
todas sus trp||ta8 y visitares jiji^ una man^a/iui^ 
les die^e.^á entender, confíj^^ itbspj^ulanijep^: en ,, . 
su bu^pa fé. . Era demasiado, pod^re^p K^cispe* 
tadq efi.g(j impfirio psjra qpe djese.fácijt,]9i|tr^^a [ 
en su ánimo á las sospechas, y sin duda no po- 
dia coR^prei^der el arrojo con que unos cuantpsj 
hombresi como eran ios que. se . hallaban en Ca«' 



46Í8 ' CÓNQÜÍStA DEL PÉRÚi 

Xatnalca, meditaban apoderarse de uíi gran íiid- 
nareá, rodeado' dé uh éjéircító victorioso. Ña 
conocia el carácter délos Españoles. 

Se acercaba ya' éi sol á sú tícaso cuando co- 
mdtócíá entrar la pro¿e¿ioti poÍ*'í¿'á puertas de 
la ciiidad. Teniaíl por ddante aíéuriós ¿entena^ 
reií de criado^ ápártaitdd todo estorbó del cami- 
no; y entonáií dó ' úY mismo tiempo ' cáíitd^ triun- 
fales, *^rio nádá ¿ráció^os paralóos que los o'ya- 
mos, antes efeparítosbS'poiHjiíe JVai-eciáá cóka in' 
femal." " Sfegdia»deBi)tiés dtrb¿ cuerpos de díá- 
tintád felaiaéáj-vestidbMáida úúó dé" diversa lira'^ 
ñera. Lb¿ trajes derlas unbé^^eran dd mtosá te-^ 
la dé cuadros blancos y rdjófe, á éemejanza dé üfr 
tablero dé ajedrez; ^^6troi& ibáñ íoátTs' ve^tidosí 
de*blanéo,lléf árido eft lás '¿Aánós^tiftos tóártfllors 
d méíz^s de^Iata í áe*'cóbre',**'y íai ^aírdiá», 
lo roisáiio qtié caarito's s^viári mas dé 'acerca al 
prhwiipe, sédfe'thi^úíatt f^óí ütíá ííbM'Váilí'múy 
rick/Ufená tí^'íufeídós'HdóínÓs; '^^ e^ íás oíejas 
traiáñ \úá endttñes^iíciljosi divisa dé ííis nbbíek 
del. Pero; ' ' ' ;■ '' '^'^^ -; - ^■'^''"\ "^^ -'••" ^• 

Elevado sóbrfe todiorfe^üiS' vasallos' H'-^tfíaéí In- 
ca Atahúatipá eh utía'síltó dfe"^^ nlatíbá dliteía, so- 
bré lu ¿ud hiEtbiá*úiió cdrtíó troto dé ofo líiái^izó 
de un Valor íriéstihiáblé: ^* tas áridas' ¿ataban 



^ no^ de cobre y plata. * Ibid., 



10 ^ Relación del Primer. Di 
cub., 5Í&. " " ' ' • ' r ^ " ^ no^*' efe* coVre *y *p] 

ll..J»Btocíí>rW>fó«dac«ino;r.MSv.*. ..S''*' -»T40"J c "^lOír- 
las casas de un ajedrez.*^ Ibid., 13 "£í asiento qtte traiaso' 
M8. bre las andas era un tablón éd 



Ltfiao in.*— CAPITULO- V. 4(19 

jarradas dé plumaV de mil In^illantes colores y 
guarnecidas de planchas» de oro y á& plata. " El 
trage que Vestía alíora el monaFca era mucho 
nias riéó qué el dé fe tarde anterlbr. Traia al 
cuello un collar de esmeraldas djs untaniaño y 
uh briltó 'estraórdinatíósf ^él eabello lo traía 
corto segfnti el usó desu ffjái^t^tVáCfrmido'de oro, 
y erící'ma 1^ WoVlá imrperiál t|ilie Id ce&ia la frente. 
El porte del* Inca thca mesürtído y magestapso, 
y desde ^u elevado aáiento do^ntamplaba 1^ mat- 
titud con un' aire dé coni postura, como do quien 
está acostumbrado ámandaiTr ( >' ' ' , • 
Asi que las prim^rtiái filas de Ja procésioa 'jcn^ 
traroii eW tsc plaza principal, (mayor^ segúaao 
áhti'gíió ¿ronfsta, qué ctial^bbra de 'las ¿e C^par 
fia,)*sfe ábríéírotí á uno y x>üro' lado para -qoe ;p9ir 
«ase 'Li ^comitiva* meA. Tod(i sie.hacia. can el orr 
deW^as admTráJbtei '«Déjate que ,dl mc^area 
«traT^Siaéé la ptesta, y no^sai'deseabria Un sbfe) 
t!a'^eltiñü». i€aaii4ó 'yaiJinMn entráSo ciooc^l^ 
«df^ biilldé' stis tr^saUos^^ se d^tavoi Atabnallpa, 
y téndietMld la víátá por (c^o^ lado»/ ptegontc^i^ 
*'¿D<íade estaii los esttangsarosW- : r » i -^ 

0X0 qtxe peae tirí ijtiíniál dé b'ro ' * -psígtio^'úe' laikÁiRÁ ttAórmt'fpkA" . 

25,000 Ilesos 6 di^iados." N'ahar- la." Xerez, Conq. del P^ru, ap, 

ro;ÉelacíonSü¿4arm/MS. -' .' 'éatóa/tók'ífí'pí.'ídtt •'> ^ *' 

14 "Luego venía mucha Gen- ^ 15 Pedro Pizarro, Descub. y 
le cbñ ArttíaduritSt ' Patehafi, i Ccínq., M3." 

Cofoh&á de*Oro i'Plata: entre ' '^Veiíiá tk ^énoaa dé ÁtabaU- 

estos venia Atabalivir, en tmá -H- ca; \n, Tual • tñdan -ochenta-fleño- 

tera, aforrada de Pluma de Pa- res en hombros todos bestídosdf 

I. -43 



EB^iielmomfofetoEray Vie«fit^ 4o VíiUwde, 

ae latíifdcp deSantftBoitiifiipo, capéllftn de Fi- 

Kiuaroiy^despaies obUspo del Cjuaoo* ♦M)ar#c»ó cw 

isaiwtíñaria, ó Rf«ai) dieea pUqa, 5^911 la Biblia, 

eu fl«ai»WP.y> aJ> Qíf*©iítfo,eo Jaot^í», y acercan- 

/dwe ftU.l*^^i«iqtimQ^%l¡^e venia de j?r^^^ su 

,coma*d¿tot«;v|MMíf^,.^»f|ÍM?í^ífl» lo« :dí^nag^ de la 

.vferdáÉLlel:a.ift^> cotí QlfVoi^líJetq liaí)^»u vejaWQ lo? 

Eaptóe^de^d^ ta», gmq 4istao^ia/ lU firaile 

-te-aspli<5á éq Mgwdalfirfi§j9í pv^ío ^'1 mia- 

üQÜ^ át ^Triqidadi y triando. J^scpsas desde 

el prineipio, comewwippí;:!» CJT.e^^n del hom- 

4MaBy.háld«.l»egt) jJ^aJíH ii^¥Jl%<:4f pu rederioion 

fM)» íes«(Míkst©vídf 1^ ívíftfii^ij^ y d,fí U; Ascea* 

. 4Íqa,ícá!iBá6í6l iSai»^¿Wjdí?¿f }\1 Apo>^.^^^^ 

. ^r«ai^VÍGaxfO)6ii l%ite^ír^«. JJ4S B«i?r P^^ ^ 
16b !siic^8ot««i.delr Af^óSoI,. Va«)ne^ i^fífeip* y J9«^ 
^mif' '4pie cbn eljtítiito d0 Pai^fi t^ieo; a«itprid«d 
<i^i»:0 'lodos Jos piddere^d^ Ia1iM?fa^ Vm M Ifti 
«l4«naB Papns lmbi«jai)iom«^^ nl mnfm$á(or 
,esiU|floI,.el vitínñX!if^:m9^)P^4fifo^An If^ tierra, 
^ra'jfRfliQeoftttlsteíír,y AÓpvirt^ 
les de aquel hevái^Sm^mÚimU^hj W:íg0n0(sú 

Es^mm^ Pi?5a4?r«,,.x^pií^,4 4€isew^o^ tapim- 
-tíéttHúie 'cámmtmi Gmu^^d «i^ fraile «i^Iícafl* 
do ai i^ijúii^^ p^^ que. ^ r^cibiQse de paj: 

una Ubr«» azul mu^ ;ncl^,,y.^l ,a1 c^ciUq im coBw d(í ^sni^rMdip 



dflbyifprnnrjuf0í idc&mi:^ 4ltal9to.rdl^,l9^TlllÍMr 
4ladf fl) caim> il«i»>KQI«^i]a«04¿<^táittórpi&^t«^^ 
pUlei rá IaéaplícbVdki^Ildf<^/ ^mi lisn ,Cr«Ífttmms 
creían en tii^^*J)Í9$k$'7 i^ilSliitBri^^I^IHit^i^ilf- 
trp.'W^ Lo;«pftíf 8f «*6fidtóffffftfec|wnftPt^5Íaé 
4ueiéLi)bjéfto deaqiuekdibfii)r«o .i[^» I#ük*^irbs 
á/qo¥aJbéka8e;tea<«QCóiui, f fi^eomoi^i^^e Ja iM* 
pféiiuiCfa.deMí ««tm^l)) í^Hov ,n([}i*;;MÍj.,;/ .»! 

. o9iM>y.&unpírndor«£]eiiPQ»cii «0qM>iKlíó¡iv[ASY0 it> 
fafi:diBa8crítrib0t&iáaidfti«fid«^ ^Shjitiigíbvmiic 

I6^^Moof<8Íilbi^dibeiqistfÍVIi)^iiréví^ém']^ itdMrtTtfe 

miento usado por ios Españoles ' tragedia^ y cuya narración mas 

año 1533.) Pero este requerí- mada p«r *'l<{fff^?}\V)'/W:{f ' 
miento, aunque absurdo en de- neral de ambos Fizarrós y del 
masin, no abrazaba iodps Ioí| pun- ^ef retario ^^er^z. , . , 
t9s 'd^l^a disertación tepíogicaíji^e ^ 'jff/'JPor ije^r píos trino y 
8^ atribuye al. capellán en esta '^ño', fli^o I)iqs jíes y uño^'son 




4if2 CONQUISTA DEL PEllü» 

ios J)ríiicii>es cte la tierra. Vafestro emperador 
podifáser tan grande : como yo: no lo dudo al 
ver que ha enviado sus vasaHos desde tan lejos 
al través de los mares, y me place tratarlo co- 
mo á hehnano* Eh cnanto á ése Papa de qae 
habláis, debe ser algan loco, pues regala tierras 
qae Éo le pertenecen. Lo que és mi religión/* 
contittúif diciendo j **no he de cambiarla por otra. 
Vncstfo Dios, ségán decis, fbé mllerto por loe 
mismos hombres que halñá eiíadó; pero el mío/' 
eonclay^, señalando á su Díosqa^ en aquel mo- 
tnéhto se ocaltaba ihagestoosamente tras las 
montañas, ^^tk mío' vive todavía en los cielos, y 
contempla desde allí 4 sps hijos." '^ 
Frogúntó enMncéa 4-Fray^ Vie«nté con qaé 
. áotoHdad décia a^QelIhs cosas. - El fraUe le 
•séñafó el libro qué tenía > en la huvaq. Tomó- 
lo Atahnallpa, \o\\i6 alganas hojas, y vinién- 
dósdle^sin doda' & lahiemoria el insaUoreciUdo, 
Iearroj<( al stielo con impÍMiiencia, y exclamo: 
:M0íeeídá vuestos compaft^rog <|oé ya meiarin 
Cttettta de todo lo qi»B han iie^bo en mis domi- 
nios. ' No me iré de aqai hasta que me den en- 
tera .satisfacción de todos los d^safaeros que 
lian'coriii^tidb/' ** . 

18 El lector haUará en el Á- 19 Algunos relaciones le atñ- 

j^émUce, bajo él nfin^rb 8, varios büyen habar ipsiiltado i los ti- 

trozos de MSS. contempoijl' pañoles en términos mas violen* 

neos, relativos á la prisión de t¿R. {Véase el Aj^éiuUu, n6ii>- 

AtahuaUpa* ' 8.)' Tero no es fiícil qne í» es*w 



LIBRO líl.-^CAPITüLO V. 473 

El fraile, stíriiáméirte escandalizado del poca 
respeto con que había sido tratado el sagrado 
libro, no hizo mas que alzarlo del suelo, y se 
fué para Pízarro á decirle lo que habia ocurrido,* 
anndiendb al mismo tiempo; "No veis q^e mién«> 
tras estamd^ aquí pelrdiendo el' tiiémpo en hablar 
cotí este peWo lleno de soberbia, viíiiien lod cam- 
pos llenos dé iTidios? Dad 'sobte ellos que yods- 
absuél Vo? ^ Entonces conocía ' Plzárró (j[üe era 
Helada la hora.* í)lo la señal convenida de agi- 
tar un pañuelo blanco en el aíte, é inmeditamen- 
te dispararon la artillería de la fortaleza. Salen 

meinentos dle agitaeioi^^e t«]]|;an Dfscub., M3.) £1 hútonador de* . 
bien presentes las palabras.— Se- be irse con .tiento j asegurarse 
gun otros, AtafafüaHpa ^'dejb caer bieii. antes de atHMr condacta 
el libro por casualidad. (Monte- . tan cUab6JLica, i|l Padr* YalTerde. 
0Ínoa, Analeá, MS„ año 1533. — Dos de los conquistadores pre^ 
Étñhúúi *fH^.'* díi Péróü, dhap. sen^> Pedro Pizarro y Xerez , 
Sl2«) Ma9 ateniéndpnps al tesd-. dicen simplieinente, qfia el fraile 
mouio de los testigos presencia- reérió al gefe el insulto hecho al 
les, resulta lo que va referido en 'sagrado? libro. 'Pero Hemán4o 
el testo* . Y ^i habló con al calor: Pizai-ro y el «uto^r de la^ "Aeta- 
<jue se le atribuye, no hizo mas ciou del Primero Descubrimien- 
ijue pagar en la ¿lisnia moneda. ' to,** ambos testigos de tista, 'y 
:W "ViátOíiastp por «I .FrayJie Jííiharro,JStote, Gdwara, Bal- 
y lo poco (][uc aprovechaban sus boa, Herrera, el Inca Titucuisi 
palabras, tomó su libro; ^ abajó '■ Vúpanqtíi, todos los cttfdeái saca- 

.8U 'cabeza, y fuese pai;a dondp, ron,»}» relM9ne9de:t^8tígpspvB. 
estaba ^1 í|«cho Pizarro, casi cor- senciales, refieren el qiso, con 
riendo, ydijole: No veis lo que' poca variación, coVifoñáe éé fck- 

> pasa< i^afa qué /cu&iis en eo»e-i }la en M testOi. Af as Oviedo peo- 
diiyientQ» y re^ii^rimieutos cou hija la relación de Xere^, y, Gar- 
este perro lleno de soberbia que cílaso de la Vega sostiene, qlie 
Tienen los campos' llónoB de; In- Valvetde no intentó nimca. irritar 

. dioat Sidid á él, que yo os ab- las pasiones de sus compañeros, 
guelvo." (Relación del Prñner. 



474 coNquiSTA pjs^h fbru. 

.^Qt^ncp^ f.i/^ piasen el capiton eapaáol y &w sol- 
49<d<>^i^^QzaiidQ el antigao grito áegnemi» 
VSíwitiagp y i eUQ3," ^1 que re$poodei| todos Io$ 
4e;ma8 JE}spañQl€^(ÍQ (a, ciudad, ^álien4o de tro** 
pq^.f^l^^plius;^ y/echgpdose ^re U imú^beduov 
breí 4^ 109. Imliqs, JOq)Í^o» estos 4e sorpresa, 
aturcü^oi^ cpne^estfaendp dje la ^tillería^y íU 
Iff^ ar.Qft))ijjQes<,. fiayps ^cos repetían coroo on 
tri;iex^p.l/[^ edi^cios yecinoj^i j c^a^ por }es 
üQb^s d? l^linop Que: envolviaiD la pki^a, se lie* 
papoof^e uíi t^rrqr pánico. En \í^o Uuscaban 
(dppde guareceré:^ contra í^^uella tormenta; qo- 
bles y plebeyos, todos caían pisoteados por ia 
cTibáílería qiíe repartía go}pfes á diestra y si- 
rfiie^tra sin pArdooacr á n^idiie, y l^., vista de las 
tetúcfentes espadas q&e n^ 'descansaban un mo- 
:mej3to, pooia W ¿ótóao al terror de los infelices 
. liiatdtáfes, qde por pjfiftiera veí veían el ginete 
y ajL4)abaÜo m todo $m fai:or« No hai^ian nin- 
^iia' resistchtíía, ni tenían arfnas^ con . que ha- 
ceí:la. El j^&capw er» in;iposibIe* porque la en- 
trada de la {)iaza esta&a <^bsfrtiida cfon los cadá- 
yprJe.s jdjC Jos primeros /q^e intentaron huir, y fué 
talla agonía d« los' dei)sa«, y tal la foria con 
,q\lp lés.acbiíaban 3U^ ependigos*. que un gran 
grapo de Indios vomfíio por la pMed de piedra 
3^ lVd^]que.4¿e^^^ un lado. Ca- 

^y<f al^ntin ecreaídejandaofi portillo de mas de 
fien pasos, por dónde se prejcjpitó la midtitad 



al x^at^jpo^^ persegaidoá , 9Íempre iLe c^^ por {q9 
de ciiballerr^t que $alta|Ado por eaciiiui d^e^ los e«^ . 
combro^ s^ dieron M uli^ancft d? los fagiUy/9/iy 
c\ii^rwxí4^ ^pr to4j?|S M^^ ^ iwrra 4^5; cadáver 
res." i. . ' : . 

En el^ exitreU^DÍQ ipl cofl]üb^tc, p ip^^ l)|ept la 
carnicería, ijóptipuífbíi jen tpdíf sjj f^rza-Moi^ 
la parte ^ionde ?p Jalaba el Iw^. . S.tt^ fiel^ 
iiobl^sre^^íd^s^jni derredor SH^^^ se jntofrpo^ 
nian entre .él jrlps acpmptedoTie^f y ^0, epipéíia- 
ban exL cacarlos 4^1^ siUas, á pe.^^^nte^^tabaQ 
61o menos cpn preseptar ^íis .pp^Jío^ jl las ^fj; 
padas, para que siryieseQ<íe j38evdo4 fa..fii»af 
do spberano. Dicep ^al^apps qije Uevjabjan í^r^ 
mas oculta debaj.Q.,4.e la^ ropa; p?;^ ú a^í er% 

' les sirvie^ron.d.Q'may poQo, pae^ho se diee (^ 
liicieran uso d^ ellapi. El aniípal jroas tíipi^ ^ 

•acierta á defenderse puand^t se VQ f^co^saíjip^^^ 
el RO haberlo beelio «9tQ9 ÍDfel,ioe.s> es prueba 
cilara de (j^ae no tenipn arofias^ ^ JÍIjjs Qpnjt^^^- 

Conq., MS. — ^XerQz, Coi)<][. del martillos 6 n^zas 7íe cobre, los 
' Vetfi\ áp. Barck, 'kmt/IIÍ. ' p.' '^tie mas bien 'ÚbVáiiáii por'aíclor- 
láíajr-lCr»rt|fc-^ íJjQifn.; FV»arWi- ijO:q¥ftp*ni.4«fejíi»?v-nFi^«irQf i 
MS^-rOvi^do, HUt. de las M-. Karr^ y otros «^rítorea^ mas mo- 
diás; MS., fdfte íí,"Iib. 8, cap. 7. demorf/díceií'qtíe lóá TiiMbé traían 
—Relación del Primer. Descub., cuerdas para atar ó los EspaiSo- 
9f S, — Zátate, Conq. Hel Perfi, les 'etiándo los hubiesen caútíVa* 
lib'. 2, cap. 5. — Instrucción del do.— Tatito 'Hernando Pizárro 
Inea Titucussí Ynpanqui, MÍS. como el secretario Xerez, cpn- 
a? Sepin él autor de la Re- vienen en que si traían armas vc- 
cÍDá áel Irimero Désétrtnrimiieti- nian ocultas bajo lorf vestidos; pe- 
to, algunos .llcVabaá tarcos yile- ro^otíio té Se^an i decir tjue 



*476 CONayiSTA D¿L PERÜ, 

ban sieiñpré deteniendo álds'''Oá¿téHdñós y 
• ásténdose dé sus cábaílos con la energía dé la 
mtierte, y apenas caia tino derribado, otro ocu. 
paba el lugar del muerto cóni|)^ñero, eon una 
lealtad que ienternecia. 

• - El* moriairca indio aturdido' y espantado, veía 
caer á i»ns fieles vásalloá eii torno suyo, sin acer- 
tar á cdniprerider lo que le pasaba. Las andas 
éti qué iba seútado, orscilaban á un lado y á otro 
sfégíin cfedia á- avanzaba' aquella' niasa de gente, 
yétcontéímpíaba'désáe allí la cercana ruina, co- 
mo inrt desamparado rríárinero, cuya barca agi- 
tad los enrúrécidos elementos, jve el reláampa- 
g<!>> y oye junto á sí el trueno, incapais de hacer 
irítíla para contrariar sli destino. Por ultimo, 
cáiisadós los ÉsiJáñóíés de Kerír y de matar y 
'Viétiáp'qité lial n'Qclie^^e,teniá^^éinf>a/^légarw a 
temtíif'qué áífin íbá á escapárseles' la deseada 
'preWáv y así algunos de éífos hicí ron uñ esfaer- 
'¿o desesperado pata poner t^erniinó á la contién- 
daj qoitaiido ia vida á Atafetmllpa- Pero PisKir-. 
/o que ¿ira eí, raías CQr.9anÍ3 4'9« P^^J'sPtiáVI^^^^^ gri" 
^to coto vo¿ estentdrca? "El^ue8|)recie efe algo 
. su yida; no hiera: aí Ipcá,"L^ y estendiendp el bra- 

..hiciesen usq» de | el)^^ y. c^jpip. el eix,i|uq ;|io ,js^ trat6 de híxcer le- 

.Inc^pnvncjó^qu^v^pdn? siu.ar- t^iste^^ 

mas, debe ^udarsede^su oser- ^^ \'^ marques áxó v^ces éi- 

cion p{ mas b^u deseci^irse ente- . .cieudo; Nadie hilera al indio so 
, rajiienté, Tofíias. las autoridades, ^penad^Javids^" .J^edro Fizaiio, 
,. sin esc^pcio^ ninjg^a, convienen . ,pe»cub.^y í Wtf..^-^ ' 



LIBRO III. — CAPICULO V. ÁlK 

zo para protegerle, fué herido en la mano poY 
uno de sas propios compañeros; la única herida 
recibida por uii Español darante todo aquél es* 
trago. ^ 

Lá lucha se enipefiJ entonces mas que nunca 
en derredor de la litera del monai^cá. Esta va- 
cilaba Cada vez mas, y por ultimó, iMértós ya 
chsi * todoé" los líobles qué la sostenían^ vino á 
tieVm con' videncia, y el príncipe india habría 
caído de golpe al suelo, siPizarrácon otros com- 
pañeros, hB hubieran templado la fiíerza de la 
caidá cogiéhdole entre sus brazos. Un soldado 
notnbrado Bátete, ^ \t arrancia al instante de lás 

. 24 ' |*or di0cor<|e8^ que euléil fca Jogiado mayor crédito, aim 

ios autores castellanos en otros en lo que toca á la conquista, que 

-póiilóf /' t»dúé i <M>iíüei}en -en «tta lak^rétaeionei de los CoMfoisfado- 

.hechí^ n^itaJ^le; qde é¿cef»,tuándo-. res qiistnoii, di6. rianda suelta á 

se el general, no soUo herido un su vena tommUiea al Ifegar á la 

solo Español en esta accttn. Pi- pHstéá de AtahoaÜpak^egiin él, 

j;|garriKiTÍ6 ^Vk ^^ nm^lpraobsay .|rat6, deíade el principio eb mo- 

c(>^cluyente de que los Eppaño- narca peruano á ' los invasores 

les estuvieron áqueí'cUk bajorfiC con gnin defefenéra, Icókno á'Ios 

protepcioii ^jjipecÍBÍ 'd(el ci^lo.^ V* ^fleicendiente^ 4e Yiracoclif^ ^»e 

Xerez, Conq. del Penif ap< Bar* según sus oráculos debian venir 

c^^m. III^pi 199. A tomar, posesión de aqa«lk[ tier- 

f;^< ;Efi^ soldado era Miguel ra^., Pero si el Inca les bubi^se 

£stet^:qiüoiv<Ainsi^v6,por mu- prestado tan ^sol^¡ero homena- 

(4iQ,tíempQ> difdfiQii.iiiiperi^lr gOj, jpo a^ lo hi^riaii 4eja4o ?n el 

. oomo trofeo de ^u baz«^i|a, segün tM^tero loa Cpnquistadores. Gar- 

Garcil^|o,.(Comt Beai, Par^.9r cifato liahia leido los pom^4ta- 

-lib. 1, cap. 27,) autoridad des- rioa de Corté^,^ <»oti»o lo dice en 

preciable en todo lo* relativo á sui^bra, y es. pi;ol^ble que por 

esMk parte de nue^Jr»' historia, haber hablado aquel general,; y 

Esto e^crítoi; gopular, ^uja> obra, con fundamento ai. parecer, 4e 

por el mayer conocimiento que una^auponiticion de, etíta especie 

61 tenia de las cosoa de su pais, que e:(istía entre los Azteéas, le 



f^]^'!''\PWP^i fwfi ,«t?9d^?Á<ío ^. un .edificio iiimíi- 

Cesó entonces toda sombra de resístencjiar y 
J^SrJIPe.'í^ ^ftiía^Fí^W, *?l.JJ?pa se eapairc^eron 

,enca»^^e j»/í^^^,n|^t^ejr nj^iíjoa flLÍ,aa Fftro^- 
«9^ est^|)fi.i;^|p,.y ;ya. jjádif! pfi^<^^^.qi^ ep 

-4^.ep.Ifts ,ijíijr^^4i*vc*p»^^ 8(5 Ilenarofl.dei tepior, 

.í^nxePílQ 4e sus p^rsejgjí^dfií^Si, qaj(?p<fs eja ^ ejo»- 

ricordia. Al fin la nocheí mas piadosa que ios 
1ióiriI)rés,''ci^tirfo "cbb lili í)ÍBDÍ¿ho ritópUb S loé fu- 

b^üi^' ir^ííkr %^^^ relación de Xkr^ktai, ^«áetti. 

jáíité'eniñ ?iétA, t'oh Ió'<í3al con- ' ü6 slíqül'tán agrtiaabíe'á láñna- 
.'Í3¿^a'aríff^tf tiélnpó ' fiébit- ''jBfiñacioin, qoéfUi é^Htnküesé- 

eVkn :á¿^á(iU^'kli^JíÍ^áák|^^^^^^ tsé'j^cb'ftotiértiéh' guilde MS^ 

''Éaíjéf cfeÓi¿fi"coif t^tíí^fií^Iííláti; áíf efeaifrxíiWretóvt) |itóa h» lec- 

"^ parqué á"jp6to ejrf^frfléfes^ <¥ile Hú)fí¡ÁÍtígTé&eé. ' ^ 

'-jréyiétiesflii á 1a¿ Üóiñtos^'^yérta ''-Se-^^Xeréí;' Ctfnq.'del Péiw, 

Únti'ídéM d^oh^rse á'lt>!(>décré- "api Báiftía>-ii>ttú UF. p. 19^. 

'• '-.'r' :r,l ■ .».. ■•: •,.. .■ . •. ¡f «: • - • ..-.; ., 



ujSRO iii.rr<?AWTi;M> v/ 479 

Un df;^ceiidieQte ie los Incas* mcqor autoridad 
qaeOarcila/so, bívce siíbir su púme^o ádlez fnil." 
La verdad s? h^lU gieiveralf^eat? eritrje Ips estre* 
nios. La matanza fué coutippa» > porque no ha- 
bía quien I? pusiera térmiu^^. Ní) djeberp .p^rer 
eer estrapp quf no^^ubie^ resistencia^ si; se paiiT 
sidera quilas. i^eUces víctimas no tenijai^ armas 
y qqe el estraño y e$|iaqtabl^ espectápalo que 
repentinamente se ^preseato i »u. vistj^ no^dejó 
lugar ni aun i la reflexión. "iE?i oiaraviUa," deciít 
un aatigup Inpa á un EspaSol, quien nos l.o. re- 
fiere, '^es jm^r^ villa que nuestrqs jiaisanos . per- 
dieren el: sentido, al y«r eorrer la san^r^ 9p^^ 
^f;»»f y al Inca,/cuy5ii pei::$Qi;^a adoramps todps, 
cocido jf Uevpdo por un puñado dp hoi^bj^s.?" ^ 

Q» jcaii^osQoo cvpadü» 99x1 '«tt totitQ pr«ly.o para a^pta^c.Ujp»* 

cabuces como quien mata evejás ciencia hasta del mismo Felipe 

— sin haeerlés nadfo resisteiieia )I, meM¿é j^mÁb apvéóki^ébH) 

i^np no ^ escapajrpn de m49: de di)^,i||i9^to.iU»t^txy|o,.j>or ^er,$f^ 

diez mil, doscientos.'' ' Instruc* autor un individuo de lá estirpe 

d«l &i«a 'ntÍK^u^i' MS. ■ ' réjU de lés IHéátfw ' >:< ' ''^ 

£s^ dpcvm^Qto ^i^e CftQAta 4f ^ í¡S, JM[on(esú;io^A^p^,HC9., 

doscientas páginas en folio, ^esta ano 1532. 

fnmadoi por pin ' Ineá peruano, '^ 'Según N^lmfro no ñsñité'iñu- 

nieto def gran Huayna Capac, y to á los Indios el estruendo oca- 

por cpinigni^ite sottei^o^de Ata- érnaadú por lá Tép«ntiMli «<H»tn«- 

Jmiritpa. «e ^■eribifittt^lSTO con tida d* teír Espa«i>lW, a«#]ue^ftié 

el objeto die «rspoaer á 8; JA. tal <*<j«e lo* bíblés íWk^ék» v^- 

Felipe II, ios UreétíoB de Tiht- jáñe a(bájé,<» c^nw» [¡a aparieíon 

cuassi y su familia á la niiuiificeii- ^fa/é^e^iÁ én el aire! duirailte |a 

«a reai. En cd* diaetttso éh su pek«; m lá 0al>er, uíkaifiuger tett 

Memorial el antor apvareduiiÉi nn'titfk» y á sa lado un ttabalten» 

•casÍQü pmiiecapitálur loe pini-' «ietido tpdo lié blanco y mtsala- 

cipaies 89006CS de loi^ ^^^^ éomm^ Qoco^l ttiao» om0 1» 



Mas aunque la matanza fué cóntiriiiít, durónauy 
corto rato. Todo el tiempo empleado en ella se 
redujo al breve crépiísctílo de los trópicos, que 
tío escede mucho de media hora; corto tiempo á 
la Verdad, pero bastante para dééidir déla suer- 
te del Perú y destronar la dinastía de tós Incais. 
Cumplió Pizarro aquella noche la palabtó que 
tenia dada aT Inca de ceñíár con "él. Sirvióse la 
cena eñ uno de los salones contiguos á íá plaza, 
que pocas" horas' jtntes hiibía sido el teatro dé la 
carnicería, y cuyo piso estaba toda vik ibúlDterto 
con los caldáveres jáe los vaáallos del Iiíca. El 
monarca cautivo tonáíí ¿siento al lado de su yén- 
cedoí. Seguií se eclíabá dé vér^ na c'omprendia 
aun tddft la estéñsíoh de áii desgracia, y sí la 
comprendía «lanifeMo ama admirable fQjrtaleJsa. 
"Son azares de la guerra;" deoiá, ^ y si hemos 
de dar: orédito.álQs Españoles, ,alab¿ la destreza 
con que habian 'conseguido opodéra^se dé éí á 
la faz de todo «tt: ejército. 2** Añadió que .desde 
que desem1>ai'eáron los TÉspáfiole^ teto fiótícia^ 
puj3btual^3 vde totjos sus paso^^^peDo , que su corr 

oi^vQ. (sin ^uá& el . valúente daüi- taíaléb.' Ralacioii: Btnnaiia, HS. 

tÍago).<|iii|»n 001^811 e8¡|i|da4^- > i^ '^Dniaidoque«raiuode 

pidiendo rayos, l^na-iá Los eiie- Guerra veDCBr^ y sdr <<rencido.^' 

migos y no l^a.dejabA hacer re- Herrera, Hisb Oeiiaral,: dee. 5, 

l^stencia* Refíere el b^en padxe Kb.'S^capi 1^ 
este mUiigr<> descansando: en el 30 '^Uaeiéndo adiniíacion de 

testimonio de tres frailes de. su iá traza qive tenia hecha.'*' KiJfi- 

orden, que ise halktron presenten *eioii ifel Brimer. /DesciLh^ MS. 

y Iftjjyeouuíecijt.éc'infinitiw na- ; ^.ii, ... ^.^ ..,^.., ¿..., 



to itómero le hitso formáf *aft contíeptd des prediri- 
We de 'SU poder. No le eábia d!uda dé qüe^cóH 
máoha fa^ilídacl podría ve tlcerl os con sus ftiet¿ 
zas superiores' ieuahdb ll'egíisen 4 Caxiimalca, y 
como desoaWvíer por sus pítjpioB ójtís <|»é ela- 
«5^^ g^ntefeíóíi, lesJIabla tfejírdo passtMas morir 
ta;níftd; con ínteRciün d'e «eparár • algunos para m 
servicio, y dcí^fmes de apoderarle de saá estra- 
ñas armáa y caballo»> dtit fuerte á ios demaj?. ^^ 
Jío deja de ser 'prababíe que tales fuesen las 
jtlteneiones de Aláliuallpat yosí se espliea su 
oi#siou eii guardur les pasos de Irt sierí^, don- 
de pfódria* iiaber éseojído tan» eseel entes puntea 
dé defen^áV Pero ij^e ürt principe ttin ástufe^ 
eOHib ¿os lé pihtari ;^éne^á}fYí^íite los Ci*n<5[aistá:^ 
Í¿res,'kíeié3e Una" éénfesioñ táü'inflisereta dé 
st^s'^eiisauiieñtas' ocultos,' no eslguatetente pro¿ 
báblev Paraentendfersé' éon el Infea em preciad 
ral0rse 4él interpreté-'^Pelipllte^» joven malicio- 
so aeguiipareee,!<|uei|áeria mal á Atahdallpa^ 
y cuyas íhlerpretácíonfes udmittan de bufettti'vo* 
luntad Im BspaFñoles, deseando' hallar en'^^ki^ 
algún! príétestó paiía «tts sangiríentas repíféísaüaá; 
'Atahuifdlpa^ Ségüa ya'seha dieho ei|iottS ptfr^ 
te, tenia éñtéinces^ eóhió treirith iifió* d(í edad; 
Era bien formado y inas rob^áfto-qué la generan 

' 31 "ir á lo qíie yo éiiíienáo," así, por-<}ne solóla mllagíosa a/iÍ- 
diceiufiQ.d^UosL'Ú^milistadtfas ,4H)d<ktéQia pcpslo iMbfmoftífiql' 
que renere esta convenacion, ''te- vado." Ibid., MS. 
^ia htt/K»l " molitoMi'-parft -íawírlqi j i^Z ' - ' ^ -^ » '- '• • • ' - ' 

I. 43 



182 .0Q.Nam9rA u£Uh i'£Ru< 

d€;,.y,§ij rflptro ^ppdrm llafinaívrse . fcMino)$o é aq 
tuviera loft ojos «n>gqÍHo)l^oft, te^ii» lft:*ai» 
^Í9^t;^;;efiprfsioi3i4ií feropi4Hfl>; Hajbíaba pau«a- 
cUmgie^^,; era gr^v€í ei^: ?u^,mQ4al^d, y coa «o* 
projio?; ¡A^ftsaUpfii 4ti0? b*#fi^ lía, ^|^y^erid^; 4¿^ 
que, con lo9 Esf^aAiiilcr^ a^ 9í40«trjs^iifablev y «mq 

y;^inie^t(^> y ae empep^H ^'disminuir, ya (lue 
PQ p<^i]a di^ii>4^]f^ dcjltjOdo,: la torirte» que anu* 
bj^íí^ ^ ^ fmn\ei dftl mo^arcaí ^ pe^^r d^ sa, : a|i*^ 

s« :£ib^tií,por 5us;í^Vie^^,^i<quj5: igij^al WSrte 
iL^^jtftj ^fr^do ,tft4Q« Jlo«,íaQiíAms» ^í&,íi*biaa 

y^p^daí 4 í^fip^is t^nj^ flor, pí^f í» i WPft^^t el 
©vív?ig^lio: y Ja. Sejigion, 4^^ Je^Hli^^te, . y A^ «w 
mavft viUai qjue l^sJílie^/irisip/adft t w^iii4o U pro* 
te^ia tab p^>d^r».§i? §áeDdp. . Jgl, v^j^tejiabiapef- 
milid#'#v|e,ia ^mkin d¡^ iAtftlm^lp^ fti^/jo Ku- 

ti|0s -o<w?itrííi Iw ¥f»pQñpl^^ . j ppii el diíípr««i« 

P9r ; !^l>flrt?Lba ,al;IfHí^ j é ^^^ ?o, .s^;deji^s^ abatir 

IftS cj^a 4e ín.^ole ifenerosa y &Q}p baci^n jfuerra 
¿ loa qcici li^ft) i^e^itltiaií^, pwdnoiifiBda siempre í 

33 Xerez, Conq. dfl Peni, tpnBitteiii, tfnirH^^. ÜB. 



esta po»derada benignidad. ' ''^ ^'^'■ 

patenté* wilagrw'aíjdfe^l^cítí^ 
de lá 't^^éVÍdie4iclá;:^ma9 ' ^ábrián ^tmtíMé coii' 
tü^te fitcilíáádt: dié W eñéhli^o 'feélÉisiiii«rése, f 
qüé'^<c^ñfiá%b €!ft qct^léis tMidriisí<réi8€fH<aabs' pa- 
ra acabar tttfcíj^reáJlempíiBéilSi 'F»ó qué di'tr¿^ 
tábkú^ <ái¿ Wüp áii»atíos,'éraí préie^ ^ qáe ptfiriesen 
ttñMM^ d'étba 'ptiH¿. <Qj«fe^ Sé MRabíiM etí e) ih^: 

niféYi^t^l^ i qü^ ^ éWBviefeéW : ' síeitoj[)iiéí H^^íftiMéé' 

Af ^uiillfla/f MmUfos^ñ (Mtéda^lá^ pré^üéicP 
H69 iíVo«pfas d{5 tow gefé ettl%dtt«)/»fe^rtíi'rt{'ít>i^ 
zatr6"a*ídé^bsítí6lit'i jr ei éréSa^tJe'^értfzd* -^üc 'fext 
Us ijí<íi^gi$dñtdi(^i^6iett«^>'dél;^é¿dd d»a,' tiíé^ HáJ 

33 *'NosQtro6 veamos de pie- antes lof per^opamos.", Ibid., 

daiáfcwiii¿«tóWÉ&iíif¿«8V«i. •tíiir.mVp.^*9.' '"''"' ''í' ■' 

á lo6 que nos la bac«ü, ^pudieo- ^izarro. D«tcub'^ v Cp^íu^ M^* 
delta aestruiA »e í^'h^^tófaV'' '' '"''^ ^' ''' ''^'' '•^''- -' 



delinca. .brhií?».:., >.v j::-;í .: .. ^ • ... 

er»o.f»pqhffgf!Sfi pQup^W^^n Aí.w»tar Ip» mu^r^ 
tffStyj^B^ d§|4e^ }4ec«aífr<,&ep«itur;>f^ ííxii^go des* 
^Pí'W%J?p4í<íílí?<>í?^)dfí.fr^^ , (&a^ailo8, 4 tos 
c^^tl-telfiftjftíí^towpp^uikiflasi^^^^ AíjahuaUp» ea 
l9s^bapw,íff»f%i,«eA0jftr jif4 Vptíoiyijídi^persar el 
rj5§fO;,j4fiJfW^,fi§9rg¡ftf,i>^uaps^,5qpQ a4jai se jnan- 
tsimn^ e^,lqs<4^ede(^<^p5A4p la c^ip4fld- : V , 
j. A^t^s^df¿l.l^ie4iQ di^ ireg]re9á ;^i :parti4^.í;ni- 
y^dp,c9ns¡gpí .m^k' tttríwu 4c .laftiq»; de;, íM»bos 
s#»Wi y ^trfti^^.iríttcM í>iinig0r§9.jr «mdas 
4íftL loftav lí9^, E$paSol,^st í np; íb^biftn , encontra- 
^ vm^mVh^pmh qWÍOP/gWVrerog pf ruaaos, 
5Vqn<ji(^enmHy<»PPflr^re% tiprimániera, perftcte- 
niefftfti9aWí*4ps,ryj§» sftíjrn^pr parte joyípes 
«!b"^íff3wji(pQrqi»eiíIf»s,5tiMpí|ft vM^ftp?* e^íatea 

t;}c^:jB^já^imp ,ftpíj>fpsf4er;ftíaív^ey* Jía babii> 
Spfe qi|p -q9^?i^p ,9ja, Jugar, pofqw. a<3i JC<io»<>- 
qan9(faji^tQrjy(i^4,peJa.'^^ 3ol, y 

ea del lugar de su prisión mientras que con- 
templaban a,l9s ^b^n^ps Qp;^ .qp^. ftsjlppie de re- 
Y^reheiaimpertieibsj^, por'4iftÍ>eifie urréjada á 

iB}ecútói^empf^^tKtfÍi<r¿fí^ *! ;'^ ^; ^ ; 

35 pesde entonces, dice Onde^ardo, los Españole:» que ha*ia 



LIBRO m.-r-CAPlTULO V. 483^ 

EL uúnieEó dé prÍ8ÍóDeso»¿tidio8tefatitaa gran^ 
d6.i]pie:aIgunos de Jós»C/Ooqaífitadare& fueron de. 
opiaióii que sé Jes «tataseyó e lo menos que >sé> 
les eortasea' las maaos pa^^tiíiiatilisarlesé infinta 
dir terroií^á sus :paiBanos^^;l^£8ta propiieata' 
vino* Jsm ■ éódafde vln hez. dé Imí dK^üdds^pera 
basta el qae¡ llegaseh áibaderh)^ pcnrá eonc^er de 
qné eküse ée getrle jse componía la tropa de Pí^ 
zarüo. ;j £1 mpitan áeseeb¿ la pr^posieion eomo 
imfK)lkiéá.é inhumaRfty y deápachó loS'Indios^á' 
süS casas, asegsmrándalesiqiiio im» se ^faatia dWft^' 
alguno á;qiiien-^no ''opusiese resiateneía á los* 
blaneo^^:;iC^n^e>ryé iwaiémbárgoan numera «»- 
f^esite: patTar^l su^rvjicip de* lo^ Conquistadores, 
qtiie^c^s .qn^ddroQtitHn b^Qii;lmbUitadQii ení esté> 
pili9t^ríF^I^}bHsta el iiA^ tjríst^ spldadotenia una. 
sa^ir]«rií|umbre f¡m pudicdra haber le dnvidiadoi uri; 

.f{Iiall«iii^la9 £«pa.goIes en ilüs eer^oiue dii^t 

allí hablan sido' conocidos con el 30 '*Aígiinós fueron de opi* 
nmabrtiótí'kKibudoa;^ fUerfxn 41h4 : tiion^ « 4^6 • «laCttÉi^n > ár 'todos Itís ; 
madps por, los n^^ti^rales Virato- ^Hombrea de Querrá, ó, |e^ .c^rH'' 
chas,, aludiendo al color blanco de sen las manos." Xérez, (jonq. del 
esta.di'ri&idad. la genterdéi Cfi»-Í * > Pém; bp. Bfe^cia'^ t. III. p. 290.'.' ' > 
co '.qne, np . tw ^ nf «chp amor al, ,27 . "C^da :E8pap.Ql de^losj^qu» ^ 
Inca cautivo/ ^'miraba á los es- alii iban tomaron para si muy 
trakgermr* ^ce. el áttfór, '^comb 'gta» éantidad táiite quei (¿éiíio' 
Á enviados del mismo Viracocha" andaba todo á rienda suelta havia 
(R^: FfiiiXv'M6<():.£i4o!iiOÍ -traer español jqne tenia- idociieirtas pie- 
á lfi.i9Q»ion»-.«<iiart»U|»i^ritieito, 6 ZJ^Tdá^Iudios^i Indias dj» seiivt«<' 
nMMrbÁeu fúreottu^liitt la^falé dii' cic^.'^ ,C4m<f. i Bob^del PJrtt/'M8) 
ló8/ait»|Pfai; glf ^^ dQ ¿qüa il'i^> - 

piteri^liViate'^titrailfero //-/•.'" - '♦.---* j.--*.: •: 



486 eoMQcnBtrA Bi^c; PfiR0 

oampametila naoiémsaa mbóSM de UamaR, dicte- 
tinAdas paltas ei!jodBflafii& de lá.^ortei ,Ii09 mas 
djB eilos^ «»{ dispéirsaro»^ «y sr ^volvienni ¿isa» 
montañas n)iÉiyfi(i(:aiivqi]^ jFiaaxmÁ hina reser* 
\^tvm:giím nhbkrá' fMSLréi gaste delejército* 
YrA^i^mml^^V' i9«ictos^ pdrq[ü& iino! éé los Cm^ 
qúistadiW6$ dkae^ qúe^habiá áias^^iqne) $e ikia» 
Uibíaiii€Íepítt)r]Rloih0ap0ta eserpéoro» del Féró.^ 
Lon £s{mSók«j pr^oeidi^róft t k la tenl&d 'coa tan 
pp^^ prf visibit ón <$l ^a&imio de aqnellóa 8m<« 
maJíM, qtie^'dMtcoí denpoéo! tiempo los ¿na^níd* 
CMfr¿ba&o»lHáadoa.4^dB;tqQtQ:esm«ror 'por el g^^^ 
bierno paraaflky, <casl habitfn^ «tosáipctt^f ida^^ ^ ' 

deliiídsr, tvJQc^iokmigCK'Uti ^Qdpidisb^lbfOtfh -m'^^i* 
bajas/ de^ícírb»yíplatiáT«y ^ewite dliiS' elí servició 
de' raesai dci JiíeaJ duycr itatqafitd'iy '^i»o ia^^^^ 
grande admiración á los Españoles. Todtf es- 

bien se cogierpnjj j los ripos despojps,:hallados 
en' lo&tCtterpoft'derlosdnobles <qii6í peteeiéroii: en 
la inát¿ii2ia,:se c^^ IU^sly isiég^tiiró ¡iará pro^ 

ceder 4 su divi^n; mai?iadel9ftte« JQn laeindad 
dé • e^xátfld^^ ikñlbfeñ' las tro|ía^ aU 

maeenes pcovisto&de aropaAodevUina y algedoAt 

to i; oiimiBc m áá..y XeMls^ G«iiq;v *>*'(Htsti»i{w:hM4MCnikn todos 
del;P^Km;fa|K/'BfÍEóia>tiMii.qr..p;' si¿ Mrfé < fis^HlKo^iiit JabmÜcm 

' 39 Ciera de Loon. Créntca, c. Conq- i J^bi ái* Ifvroi MÉK 



LIBOO lll,r*--CAPITÜLO ?. 48T 

la masr^ab y viatasa que hasta éntcmeea áai)ian[) 
vii3tQ4 estaban apiladas^ ifesd^ el snela hasta 
el techo y en taa gran cantidad, que después de^ 
que oad» «9Ídado.;j[ijQjb0 :toinadb cuantb^ 
no Mi.ád^^tia<|i^e lidbtiesé dtsminotdo «I tcohi 

, lie :1>vie»it '9;iijaa halnria marchado > Pizarra ai: 
pAinto áobr#k oapital^.pte'o la distancia era gran- 
de y su faeneai mtiy peqoio&a^ . . Tendía ademas que 
separar de ella la guardiar necesaria para ctia-: 
t^di^K al Inca, y recelaba ittterriar9« Bdas ea uü 
ioiperiiD taofaelrte y populoso, llevando consigo 
aquélla íiaporta^te presa* Asi es que deseaba 
congsainde aiasía algún mlev^ sreíherKo de las ct^ 
lpQÍa»5 y^nvifí \xn tarree» 6 da» Btigiielpaiía quej 
iuf0rmas^4los£spaüoie«i do sii buena fertuaa»: 
y.pire^linta^q at niísfn0 tíenipó si habia^ llegado; 
alg^ .buque ide- Pa&amá> £a el latcírmedloi > 
di^sieaqdo tei^er^eda Ga^i^ano^lca: lo mas necesario, 
para un ejército crístianoi emplea si^.gente ea 
ley^i^tar tUna ig)e5Íai»,o.tal >fez.di^pondria'papa el 
e/e^tí> jalgan edificio indio,, e» dond^ Iqa frailas . 
Domíoícos Q^Iebi^^bap el ssieniíicHó de la misa e;onf . 
toda sokíi|(imd^, JUas dirruidas carcas de, al ? 
ciudad se íQe^^ftgcrarpn tambifiív cpp. pas^olid^a 

'4{i 7íiQTmij€qi^ii M. Fmu iona j 8jífo<io«r]árii»:en)ti«i'grari. 

pp. Barcia, tom. III. p..20O. cantidad, que. ^ |DÍ.^aireG||Br fiie- 

S'egttn ¿l*Cohqíi&tftdo# aiióiiU rán'mendstpr "muchos ' navios eñ 

nyiálipbiklc^siiláanUt-l^amxpi^ qn^^^ienijli." Beta^ioodelPfev* 



tas' 



muchos navio*. , *;T9d«». «»• »S^ l?««?«^» W^- 



488 COWQDrSTA BEL PEEÜ^ J 

que ánües^ y «íl breve desaiparecieron liásia los 
menores. Vestigios de & tormenta qaé acababa de 
sufrir. '•;■' '■ '•/ '^j-í-^' • "' 'i- - .- ••• 

.NatardJ maolio Atáhii^(|»a án tl^scabrir ul 
tr«>r«s [ del ' zelo religioso •qu'e >pareeia-^ Mimar á 
los Conquistadores, otro apetito oculto, mas' po- 
deroso en M ni^áyor pavte de eltbs q«re ^Id )?etigf4n 
y eLdeseo de la fatnal < Em '«i^te el aVnoi:^ al ^ro, 
y resolvió aproveícliarse de él ip^ía^coíise'gQíir su 
libertada El estado crítico de siks negocios exi» 
gia que esto se hiélese^ cuatí to aiitei^. Desde la 
derrota y prisión de sti hprman'o Huasoar lo ha* 
bia mantenido bajo buena giaaiiiaí á disposición 
del vencedor. ' Se hadaba' entpbcei^e^Anadatnar* 
c», w> l«3<>s de Caxamalea^ y Atiahaallp^i íeüiia, 
no sin liiotivof, que » cuando Be é*p¿rei>es%liriaá* 
nuevas de sú propia prisión, ijoríciiapiede Huás- 
car eoftfacílidttd á ^s guardas^ se fugag-e, y v;ol^ 
viese á ettiiTUñarér^eetrd gití^eft^r'ya rival- -qué 
selo'ül^ptttase;'' i^-'- .-'i'-i'-^r-^ m- i : . •:.; ...i 

'CJon la ésperatiiíav piieé, de ébüségirir sii' íii- 
tcfíto, recurriendo á laaVamiAdé siís g^árfa- 
dores, tln^ día dijo fi Ffearroque st^deria poner- 
le en libertad, ét sé'dóñ^j)rót»fetiaíá iéUbrii- de oro 
el^piéo del a^ó«éntd^éh qúe-^é-'háínábati; Esca-' 
charon esto los circans1antesboií> una sonrisa de 
iíicredulidaiá, y Viendo el In_c?i q^^.nó fe ,i:ea{)Qa- 
dkrli) toBtiñff o diciendoy "que ©Oitsolo^ctibritia 
el suelo, sirio que tíenarria;:'ét^^a^^^ 



V 



UBjR.ÍKíIIÍYTf-lgAPníJl.Q V. 489 

hii$o,iio$( s^üal^ftJái poi^ed. Todod ge ijiinüiiiñ 
aMlnbFadQa^yc>>l^idl$$ah$m {aquella ootao U lo^ 
oai< JAct^fie^ deii ua ibámbi^e >¿ cpiien >eL déBeo" > d^ 
r^Qobrftr; ff II 'Ubedrtadí 1 é > itngide reflexionan < Hobre 
lo que promete. Mas sus pal^i^íra^fosi^Koiren 
gra)ide;d:add áJíisamro/'j íCoiífoTtbé habiatido^n- 
tpria4adQ9e eú el/pab^í/mileliOAdei Joqti&lialúá 
^i^tQiiy jQu^ndoi J>$kMa'OÍda, «onfirn^bakis dora? 
dí^^^rcílíi^^iQnqs de, l<^^,|;^soro^ d^l Pe^iiu que. á/lo^ 
prfiieTpio*á reéíbierá, El' üiisitó)' Atóliuallpa le 
tía)[)ía iie^io la V llínUaijite pÍDti\?ft deiáfif rit 
queeas de sU' éh íjitaJ} e?n donde tó • tefehitmbré dé 
los Jcfíiplos ;^si¿ír ifWYÍJsítrtOj aé píroi {as parjedes 
(Hibiertas de 'tíljpicfésv y el piso embutido de tro^ 
icos áeí^ismo ipetal^' j¿ eíá. preciso q^ejod^ 
lo tuviese algún fundamento; De todoawo 
lo irpa^ sejgpfcj'fí^^ M Juca, 

por^^e euando» Hienos^/ de esa manem podía Ve- 
cojer ííe un^^^^ tado'el oíq que este ]?QS?ía» 
evitfíAdos^e <iu« los irnturalefe* lo hartasen i ^es- 
' tíóri^iesen: ' '^ 4¿«Á^^"5 

huallp»? ^hizo traaar * una linea roju r á la altura 
qué' indico él' Inca7y'hiarido";m^ el ¿otario asen^ 
ta«e 6n toda forma los.términos de la propuesta. 
Et-a|)oSeíit^q tó^^^^ áiez y siete píes Üe'ari- 

cho^<íVéi«tey.doatte Íargp,iy k^allufasde la^señal 
roja era de tres 'vát^;^^ ^^^;:^?ÍJ^Í^ 

41 He adoptado las dlraensioues apuntadas por el secreta.- 



'490 cokQmstk £^L rai^i/. 

llenarse dé. ótínr, pera na ftmdido^y ted^*ei4te á te- 
jos, '&iiv)'én lá misma fornlaí en qae vitóese ^ ía- 
bmdojpara qub los hueoo^ ftíeseri en fávdr' del 
IncíiJ Gonvitío .^deiftas^'^a' llettar dos •véccjs' de 
platav eá lb8.mi»9iástcrimiío8) unk' pi^d eontá* 
guamas péqaeña, y pidiá jdásimesedpdra cum- 
plir IftpEometidós.:^ '" ' ^í . •' 
.; Apenas delebrádo él ofmvesifo, dés;^chd el 
Inca sus enviado» al Cuaco y á los otros luga- 
res prmtípáles de sm reino, có» wdefi de <jüé ée 

rio X«re¿. (Oóiiq. áe\ Pera, ap. fbnnidiid por lotí'áútígnoe ¿ronis- 
Bwcia,. lom. )P. p. 2Q^) Stqgiui ' ,taa (Cwf- Ped^ Pwjroj . íNíe» 
¿emanjio Rzarro ej aposento ,. ci^, y Codí^., »^S.— part^ d« 
tenia íltieT©' piéa de ito, pero ' ' Hertí i ' Pizaito ; ' Má. — Xe'rez, | 

t^^\Dí»y(^o.áfihr$fi ptr f^^ líGopij.; fífi\ ppr»¿ ap. fiwrciff^ nU | 

y siete 6 diez y ocho de.ancjio- supra. — ^aherro, RelacíoQ Sn? | 

(Üdrtá; MIS.) 'Bastante glande es ínariá, MBl— Záráté;' <^onq. del 
y^elcé^Iw}Q;i»p^inK>íefaíloe;j^ ! .Pfr(i^ iil>;<^íca¿, 6.rt€r»bmt 
Dice, Stavenson > que todavía Hlat^ d^e hs ludias, cap. ,114. — 
enserian, mi ciiá^ó grande', !p^- ^ Herrera, Hist Genera,' dec. d, 
terd^Untígiio' pidaAitH qu?ifPÍinre,.liU %iéfip4»l.):L o .'>. * ' ' 
ahora ^d^ habitación al cacique Tanto Naharro como Heirer^ 
Astopñcu-, en «1 citát eéttitopre- afirman que roarfo prometió a! 
8o'elriéfgisafi^^Ipw,j"3f;ai^de'^ l^naa 8«¿ .)ib^f| .pí i9iU0plift 1^ 
que todavía se descubre la linea^ con^icipnes. No confiíi^nan esto 
trazada 'én la pared; '(Aes!deiice los otros cronisáis; pero tampoco 
íq Soiuth; Americio vqü.jH. p* djui'á enteQftevqQ^.ei.E^aid 
162^.]^ Se vc^n hoy e^.eiPerü desechase la propuesta. T, como 
muchas' mihas toñtempóMneas' Pizarró urgía á su prisionero pa- 
4? JajQonqvi^ta,: y ;9o e^ijprjQfti^- 1 ra.'quv cuttfplies^rpor m piarte el 
ño que se hub^ese^ conservado )a cq^ti^to. debió. §ei[ Ymo, Jfi.int^U? 
memoria de un lugar taii nota- geiick tacita,'' si no ésprésa, efe 
blei 89«9i^u]ii sfo fuf I? ! «y» ' 999 ) jque <ál la cnm^licili : pba fb s«|^ 
como un recuerdo ¿rato p^aial^y^ Ñ9,,^f^. <^f^!^l<^ .de .modo éipm9 
Españoles. '' ^ ' -^ > •- qué el Inca hubiera' entregado 

' 42l Jjá tííae&em dá q*^ fr^m así QÁúftW :t¡fv¿:Ui kábtiMüL* 

tran refJwfídci cba notable cbn- 



libro: ui*-i-OAMtüiiOV. 491' 

rocogiesc^ todos lol^: adornos y utensilios de orp 
de los paláeios ireales^ de k>^ templos y de los^ 
doRía^f «difi^k)s^ f&iU^ííf&iy de >eévia&ré«i sibf dila^ 
cion á Caxaraarca. E¿^ el» eri^eítatí^o tei^id' vi-^ 
VF^yifó cott: tesíEápáadleá; firáfado ebñ jel reispeto 
débidoi'¿s«^ fatigo), y g02aijd<> dé «oda la Hbeitail 
cofl^iatibl^ ém hí seguridad dé' sd '|)ersona^ Aun^ 
quiemoiíé íe permitía saliir, noí» se le eqhároii 
p4FÍ6ie^n^svypcMli^ pa^e^^se por ra a^oi^ehto, b^* 
jo }a dofftihtiá V)ga!^Miu<de fid cetitinei^, que eo« 
ndcia deírftasladó \k ! irtiportáttdtt itel reafl prisio^ 
&e][o pai^i d^s«o|dar»eini <m doknnoinkirto. Le 
periintiaii cámoatcar ^eoQ eos miigeres favoritas, 
y Pizararp.caidabaíde'qcic padie&ie»» ápértarbar^ 
le en; su-enebarro;. i^Bds.yaéallós entraban libre'» 
ment(f á v¿ide»>y/c^Hf4lm*T6Kiiiaiii> áiKÓ^itarle mn^ 
ehoc ifedíos)ncibIBe^qaé'le1raiálL préáentee y ée 
dolian de la desgraciada aderttf die rá Señor. £11 
tflletf oeiasiomsieLilias piMJbei?08o<de sus: rasadlos 
BO> se. atreisía.á entrar ¿ sa préseiicsa stnidespo^ 
jarse-pdmemií dsB'^u «aislado ;y iomarmí^ e^rga 
áiatieslasi/ 0]h siecñal de respeto.^ Los Españoles 
velan eon^tsiaeha' canosid^d'esAas miiestrasi de 
ttomen^geíy é ims'^ic^de jsoiritisionseiriálpQr.uiiá 
Pjarte^ y el í^irp c^e absc^luta indifejr^pcia con que 
éisaAireoibida^ ipoi: IfkQirsk^iMVCiQ m^.i(>psa.Qr4ioa;-! 
ria, f^ íbtM^arbrt uti^ idék rñtiy eteVáda dé uit prfñ - 
<Hp0t^«: ajiwiv^a jyírjriste ft^íjí^.ftctti^í, sal^a ins- 
pirar taírésíiéttiíll^^ eulMiWÉ/'^ feraií tidtatbsloií 



492 CONQUISTA DEL \ PERU^: 

que vienian á hacerle Ja corte y tan grande d 
amor' qne V stis vasallos ! mostraban al monam 
cautivo, que al fi^ii sus. caf cfíleros empezaron i 
verlos «con c^ierta ^Qseopfi^nasa.v:^^ > , ,^^, 

No4espt;QjeÍ0 Piísarrp tan,b«e:i|a .pporíapídíwl 
de ooiriíinicat á iiu pj^isÍQnerp JaSfV^r^dips teye- 
lada^s, y ii$opiado d^ su capeüan.^l P^cfóe Yalv^r- 
de fíe pusieron á, trabajar m obra tan meritoria. 
AtaUuáUpa les escuchaba con pacient^ia y al pan 
recer cop atenoion; pefo nada le.hizq tanta^fuer- 
za cqma el arguRient;o cpn que eert^ pn disear^ 
so el soldado controversista;. -que el Dios que 
adoraba Atahuallpa no {>odia;\ser el verdadero, 
pues habia permitido que cayere en manos de 
BUS enemigos.' • El desgraciado» monarca' veco^ 
noeió la fuerza del argaimento^;y/QOíife«u quo en 
efeeto su DicKi le había ábandenado: cuando mas 
necesitaba de stt ayuda. ^ i) i ; 

MaS.el :raodo í €on q=»e tiratába é «a ihermano 
Huáscar ea aquellos mismos dias prueba ciar^ 
mente, qnie.por mas «respeto ; que ; nmnifestase a 
sus maestros, tas doetrín^is del eristíanismo ha- 
blan penetrado muy >pi>co«n su .corazón* 1?^" 
luego como supo- Huáscar:!» prisión) de s« rÍY'al 

43 Relación del Prijper. Des- Gobernador le nabia dicho: que 
cub.,' M8. — ^Nahárrb/ Relación ' bien- corióoia qué aquel qiwltó- 
^UBMvria, M3r— ;Záraí0[, Qqnq. .biaba, en su Idolp,, .n9 «« ^j^ 
del Petú, lib, 2, cap. 6. . verdadero, pues tan poco le aiu- 

44 "I mas d9« AtaBaíipa>tni« -d^'i^Xere», Cóaq^-d^^étii^íí 
j^TJb^^jp^ntadí^ (to lo i^u*; b1; narria, lpui^ill.p.563^ . -^ - 



LIBRO 1I1-— CAPITULO V. 493 

y «1, enorme rescate que ofrecía porque le. solta- 
sen, comenzó según iiqui^l habla previsto, á ha- 
cer t<>da cíasele esfuerzos para recobrar su U?- 
bertad, y envió o trató de enviar un mensaje al 
eapUan español, ofreciéndole un rescate mucho 
mayor que el prometido por Atahnallpa, quien 
conao AUHca habia residido en el Ctizco, no sabia 
cuantos eran los tesoros que allí habia,, ni el lu- 
gat en donde se guardaban. 

Supo todo.esto Atahuallpa por medio de las 
personas que custodiaban á su hermano, y avi- 
vados los antiguos recelos con esta noticia, lle- 
garon á su colmo con haberle dicho Pizarro que 
pensaba hacer que su hermano Huáscar viniese 
á Caxamalca, para poder examinar por. si mis- 
mo la cuestión^ y decidir cual de los dos tenia 
mejor derecho al cetro de los Incas. Pizarro 
conoció desde el principio las ventajas que de* 
bÍ9r procurarle esta contienda, pues podía hacer 
inclinar la balanza al lado que le parecise, arro- 
jando en ella, su espada. Aquel que hubiese 
obtenido el cetro por su coopenicion, quedaría 
reducido á un mero instrumento de sus miras, 
del que se valdría para hacer su voluntad, mu- 
cho mejor que gobernando en su propio nom- 
bre. El lector recordará que el mismo camino 
siguió £4uardo I en los asuntos de Escocia, y 
otros muchos monarcas antes y después de él; 
y*aünque no es fácil que unjSQldjaáo sin iQtrjis 
I. 44 



. ] 



4dá . CONQUISTA DEL PERÚ. 

recordase estos ejemplos, Pízárro era demasia- 
do vivo y perspicaz j)ara que necesítase, por lo 
menos en este punto, de las lecciones de la 
historia. , • 

Macho alarmd á Atahuallpa esta djetermina- 
«ion <iel capitán español, pttes temía que la de- 
cisión fuese favorable á Huáscar quien dejando 
á parfc sus'derechos, podría ser mas .útil para 
. instrumento de los conquistadores por su caréc- 
ter blando y flexible. Por ío mismo y sin du- 
dar por mas tiempo resolvió, apartar de una 
vez dé aquel estorbo, hiandando dar muerte á 
su hermanó. 

Sus círdenes fueron puiítualm'ente. ejecuta 'as, 
y el desdichado príncipe fqé ahogado, segan se 
^ dijo, en el rió de Andamarc^ declarando al 
tiempo de espirar que Iqs biuncQ^^ ve^ga^riün su 
- muerte y que su rival npje sobreviviría mucho 
tiempo. ^ Así pereció el deisgracij^do Huáscar, 
el heredero le^ítim9 del trono de Jos Incas, en 
la primavera de su vida,ry al empexar su reina- 
do; '^Muy corto fué este; pero bastante largo 
para que luciesen sus buenas prendas,' aunque 

'45 Muy discordes están los peral, dec. 5, lib. 3, cap.3.~Xe- 

- kistoríadores sobre la clase de rez, Ooiiq. ^l Péhi, ap.' Battia, 

, ,muertie qufi sufrió Hua9car, y el tom. UI.. p. 2Qi^r^F9áro Fiíar- 

lugar en que se veriñcó. Todos ro. Desctib. y Conq., M9. — ^Na- 

conyieuen en ló principal, es de» .hiirro, Relación láifiñaría, MS.— 

. ,e,if, ^ que. le dieron. muerte tío- ZÁnJt^^ poxj^* 4|^ ^f>^> ^}h.^' 

enta por instigación da su her- cap. 6.— lastntc.- ¿el Inig» T^- 

íiáw. XfenTHertera/Hilrt. (&B- ¿ñas», M8.- ♦" 



LIBRO m.-^CAPITULO V. 495 

m iadole Manda y gmierosa* era poeo apropo^ 
ftito:para oponerse. úr€tírÁt%^ fiero • y atrevido 
degtt hermano. T^ai e9 elretrato q^M^Jla^iie^ 
jadq él Jos croniflítas iadios^ y eaateUaoos; toaseis 
de advertir que los. primaros perteneeMoi á Ja 
ftimiliade Hjaascar, y Ids segundos oiertamen-- 
te> qiie no querían bien.áAtabaaMpa. ^ v 
. Al Yceibir esit principe, la. notíiáa de la muer- 
tet^e Haai|c|ir dio maestras dejSorfHreaa y pso- 
funda indi^afion^. ManddUanuiriiiniédá»ta«a»- 
te á, Pizarro y le díd pittte de, aquel attceM o^tn 
espresiónes del oaaybr pesar. EL capitán espa- 
ñol na queria^l piriniñpio dax" ctéditoi ala funes« 
ta noticia, y di}0: secamente, al .'Inea, que eñ 
imposible que su. hermano fuese muerto, y qae 
elle respondería de su vida. ^''^ A esto replicc^ 
el inca asegurándole repetidas veces la verdad 
del suceso y añadiendo que lo habian hecho sin 
su conocimiento los guardas ¿e Huáscar, teme- 
rosos de que se les escapase aprovechándose de 
« 

46 Tanto GorcUaso déla Ve- go ensalzando el bello carflcter 

ga como Titucuasi Vopanqni, de m rival, para que formase 

eran descendientes de Huayna contraste con el suyo. 
Capac, de la sangre pura perua- 47 "Sabido esto por el Oo- 

na; enemigos naUírales por lo bemador, mostró, que le pesaba 

mismo de su pariente de Quito, mvcho: i dijo que era mentira,, 

á quien miraban como á un usur- que no le habian muerto, que lo 

pador. Quiso la suerte que to- trujesen luego yívo: i sino, que 

case á Atahuallpa sufrir la inva- ¿1 mandaría matar á Atabaliba.''- 

sion de los Castellanos, y es na-" Xerez, Conq. del Peni, ap. Bar- 

tural que estos tratasen de oscu* cía, tom. Ul- p* 2(H. 
recer la reputftdon de ra enemi- 



406 CONQUISTA DEL PERÜ. ' 

los dístarbios del impeFio. Deispaes de hsice)r 
variar pesquisad^ halló Pízárro que no quedaba 
duda de la muerte de Huáscar. El que los ofi- 
ciales de AtahUallpa . la hubiesen ^ecutadc^ sin 
su orden empresa, daba tan solo á entender, 
que al tomar esta resolúciony^o habían hecho 
tal vez otra cosa que anticiparse á los deseos 
de su señor. £ste crimen, qu^ á nuestros ojos 
parece mucho mas horrible por el parentesco 
que mediaba entre * ambos principes, no debió 
parecer tan ¿'rave á los Peruanos, en cuyas'cora- 
plicadas familias los lazos de la fraternidad de- 
bieron ser muy défáles; demasiado débiles para 
que pudiesen detener el brazo del déspota que 
deseaba dejar libre áe ^torbbs su camino. * 



CAI^ITOLO VI. 



LlBGA Eh OSO FABA EL RESCAyB.-^^VlAOE A PaCHACA** 
MAC-^DssTUVCC^ON OEL IÍM)I10.-^El CKENBRAIi FAVO- 
RITO DEL I|«cA. — Vida oe este en»v enciebbo.— Con-' . 

pUCTA DE L<^ ENVIADOS EN EL CVECO. LlEOABA DE 

Almagro. 

1633. . 

Machas semanas se habían pasado desde que 
los enviados de Átahuallpa nalieron en basca del 
oro ^la plata qao 4ebiailrBÍ¥vir para bu rescate; 
pero las distancian eran 'gt&ñdes y lás remesas 
llegaban de tarde en tarde. Se componían estas 
principalmente dé vasos y utensilios, tan grue- 
sos y pesado)sr,que algunos tenían basta dos o tres 
arrobas de peso. Otros dias solían llegar pie- 
zas valiosas treinta o cuarenta mil pesos de oro, 
y á veces hasta cincuenta ¿ sesenta mil. Ibánse- 
les los ojos á los Conquistadores tras áp aquellos 
relacieñtés mbntoneá de oro, que traían en hom- 
bros los cargadores indíoSi, y después de tomar 
razón de ellos, se guardajban en lugar seguro» 
custodiados por una guardia respetable. Ya oo- 



498 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Oienzaban ó creer que el Inca cumpliría sus mag« 
DÍfícas promesas; pero sa avaricia en vez de sa« 
ciarse con la vista de una riqaeza tal como an* 
tes no se hubieran atrevido á jSgpicársela, no hi^ 
zo mas que avivarse y sé volvieron aun mas exi- 
gentes. No querían tomar en cuenta las distan-* 
cias y las dificultades del camino» y murmura- 
ban abiertamente de la lentitud con que se eje-^ 
cutaba/i las <írdenes del rey. laiegaeon á acu* 
sar á. Atahuallpa 4eTliaber^Í9e«rrídQ esta estra* 
tagema con el fin de, tener un pretesto para co« 
muniearse'Ctm sus sábditos de los lugares dÍ9- 
tantes; y de obrar con la ma'yor lentitud posible 
con el objeto de ganar tiempo para llevar á efec- 
to su6 designios. Corrieron voces de que los 
peruanos trataban.de levantarse, ^)^ los Españo- 
les temian continuamente un ataque general y 
repentino a sus cu^rjeles. . Sus nueyas adquisU. 
ciones no habián hecho mas que aunientar sus 
recelos, y,á spmej^nza de un avaro temblaban 
en Qiedio de sus ^tesoros. * . 

Pizarro dio parte ásu cautivo de los rumores 
que corrian entre los soldados^ añadiéndole que 
uno de los lugares señalados para la reunión de 
los, Indios, era la yecipa ciudad de Guaniachucho. 
Atahuallpa le escucho muy admirado, y lleno de 
indignación ne^o el carjjo que le,haciaj por fal». 

líb. 2,-cap. 6.-7Ííaharro, Ririacr' p.ÍKW. 



LlBttO III. — CAPITULO VI. 498 

aode príneipíóáfin. '*]NThguno de miB vasallos/*^ 
dijo, <^se atrevería' á tomar las armas, ni aun á 
mo^^er na dedo siii que yo lo mandase. '^Me te* 
neis en vaestro poder," añadió; ''¿y ao esítá mi 
vida i vuestra disposicioa? ¿dué mejor seguri- 
dad queréis de mi buena fé?" Hizo ver entonces 
al capitán español que habia algunos lugares sur 
mameflte didtBBtesr que si bien por la posta y 
remudando correos, pit>dia ir un mensaje de Ca- 
xamalea al Cusco i^n cinco días, se necesitaban, 
seoianas para qi;i.e un. cargador pediese andar la 
misnia: distancia con una pesada carga acuestas. 
<<>I}fas para que os.desengañeis," concluyo dicien* 
do,'**de que obro de buena fé, quiero que enviéis 
algunos de loa i^uestros al Cus^co. Yo les. daré 
un salvoconducto, y cuando lleguen allá, ellos* 
mismps podran dar traza de que se ejecuten mÍ9 
<kdéne^, y se desengañarán por sus propio» ojos 
de que nó hay quie)i piense en bostilízaTOS." No 
podia Atabuallpa ofrecer mas, y Pi?;arro acepto 
al punto, deseoso de oonse^uir informes exactos 
^ ¿egutos sobre el ei^tadodel pais» ^ 

Aut€s de que saliesen estos comisionados. ba« 
faia enviado el capitán español á su hermano 
Hernando con cosa de veinte caballos y algunos 
de infantería, para que verificase un reconoci- 

2 Pedro Pizarro, Dedcnb. y 203, 204,— Naharro, Relaeíotí Su- 
Conq., M8.-^Xerez, Conq. del maris, MS. 
Perur^ap. B^ia, (om/lK.yp. 



3£W coNQUisa>A i>el perú. 

miento kasta la vecina ctttdad de Gúamacknchoi 
y averiguase si tenia algan fundamento la espe- 
cie que corria de hal>er allí úná reunión de tro- 
pas.» Toíb lo hallo tranquilo^ Hertoando, y los 
naturales le recibieran de paz- Pero «intes fle 
salir de allí recibió nuevas ordenes de su herma- 
no para qué 'se adelantase hasta Pachacamac, 
ciudad situada en la costa^ á ci^m leguas' lo me- 
nos de Gaxamalca. Era fhmosa por hallarse en 
ella el gran templo del Dios del mismo nombre, 
que los Peruanos adorabaincomoá Criador del 
universo. Díeese que cuando estos llegaron por 
primera vez á aquella tierra, ya encoíitraron allí 
altares iabrados^ en honor de está divinidad, y 
era tanta la veneración en que la tenia'n los mi- 
tumles, que los Incas en veí dé empeñarse en 
abalir «u culto,- tuvieron por mas prud^ente elclc- 
jarqueícontinuase mezclado con el del Sol que 
ellos introdujeron. En la^ aitürás que domina- 
ban la ciudad de Páchacamac se veian juntos 
ámh€>s templos, y cada uño se eñriqnecía con las 
ofrendas de sus respectivos de votos. **Fué sin^ 
gú?lar cóm^ierto,"' eselama tiii antiguo escritor, 
"por cuyo medio el enenligo común recogía do- 
ble cosecha dé almas." ^ 

3 "El demonio Pachacama quedauan las animas de \cfi sim^ 

alegra cpn ^ste ^ CQ|ieiert<)t| afir-, pies malauenturados presas en sn 

man que mostraiia en ^sus ríes- ^oder.'* Cieza de I^eon/ Cróni- 

puestas gran contento: pues con ca» caí)' 72. , . . • 
lo-nno yja otro era el seruido, y 



UBRO III.— CAPITULO VI. 601 

Mas el templo de Pdcbaceinaeconserv<:( siem- 
pre su nombradla, y los oráculos que' salían del 
oscuro y misterioso santuarío no gozaban de 
menos reputación entre loi» naturales de Távan- 
tin8süyu{nomhie que'signifíca "las cuatro parteas 
del mundo/' y era el del Perú en tÍ4?mpo de los 
lDca3) que los de Delfos entre los Gríegosí. Des* 
de las regiones mas distantes acudían peregrinos 
a aqueliugar santo, y la ciudad de Pachaeamac 
vino á ser para los Peruano9> lo. que la Meca pa- 
ra los Mahometanos» o Cholula para los pueblos 
de Anahuac. El santuario de k divinidad, en- 
riquecido con los dones de los peregrinos, llego 
á ser con el tiempo uno de los mas opulentos 
del imperio, y deseoso Atahuallpa de reunir su 
res(?ate lo mas pronto posible, insto á Pia^rro pa- 
ra que enviase allá una partida, y pusiese enco- 
bro los tesoros antes que los sacerdotes tuviesen 
tiempo de ocultarloi^. 

La jornada era harto penosa. Anduvieron las 
dos terceras partes del camino por las cumbres*^ 
llanas de las cordilleras, interrumpidas solo por 
algunas crestas de las montañas que no estorba- 
ban poco la marcha. Por fortuna en muchos 
trechos se aprovecharon del camino real del Cuz- 
co, "y no hay otro en toda la cristiandad," excla- 
ma Hernando Pizarro, "que iguale á este cami- 
no de las sierras." * En algunos parages las su- 

4 *^£] camino -de los sierra» es cosa de veij porque «a ver* 



502 CONQüíaiTA-DfcL PERÚ. 

bidáseran tan escarpadas, qtie había sido nece- 
sario formar escalones para que ^diesen' vencer- 
las loé camiifantes, y 'aunque á itna y otro. lado 
estaban resguardadas con pretilesT de piejlra, cos- 
tea mucho trabajo cousegui? que las i^abiesénlos 
caballos. A cada paso ^e habitaban el eáinino 
cortado por ríos y arroyos; pet^ todos eotisiK 
puentes de madera ((de piedra, aunque álganas 
veces bajaban les %ori*e|>tes con tanta faria por 
las pendientes de las - nioíitaflas, qué no faabia 
otro modo dé ^áéarlos si no ei?a por lospeligro- 
sos puentes de bejucd, qtie tódavia no eran muy 
conocidos de los El^pafioleSi En ambas orillas 
estaban' muy bién^aSegtirados en robui^os estri- 
bos de piedr'a; pero como na sehabian hecho mas 
que pata los viajeros de á pié y los'^llamas, yá 
primera vista p^ifecián muy débiles, dudábanlos 
•Españoles en aventutárse á pasarlos con sus ca- 
ballos. Laesperiencia, sinemb^r]^, ptohó'mrq 
-pronto que eran- capaces de sostener un peso 
mucho rnayor, y aunque bs viajeíos «edesraw- 
ciari con el' movimiento^ de tan largas sdjas, y 
miríiban con 1» cabeza fffástormida el impetóo- 
so'totrente que pagaba por^lébajoviinaprofnn- 
didád de ciento d mas pifes^ toda laeid>aUería pa- 
-sá sin accidente* ttfguho. ES' de notar que en ti- 
tos puéhtes eucdutr^r^fií empleados ptt^fltospor 

dad en tierra tan fiñgoea oa U moios caininoe, toda la wv^ 



LIBRO IH.— CAPITULO Vi. ' 508 

el gobierno par* dobiar pefage é toÜos loB pasá- 
gerós. * 

Admira¿o'« queda)*ón todos lo« ' EBpañoks al 
verlos mtichos y gráfidos rebaños de llamas que 
hallaron paciendo llr me^aina* yerba que se cria 
eh las regiones efetailas de los Andes. Vieron 
algnnós^ encerrados en cercas; pero eoRiomente 
andaban sueltoí al cuidado de sits pastores. Allí 
supieron por primera vez los Españoles que se 
cuidaban tanto estOíí animales, y trashumaban 
con tanta' ptíntmiMad como'en su tierra los' nu- 
merosos rebaños de rberiiios; « 

Los Uátiós*de las ctimfore» y sus descensos, se 
hallabaír cubiertósdepííebloá y ciudades^' algunas 
de extensión couBideMble, ypor todcis lados sé 
veialabrada la tierra con el mayor esmero. Ha- 
Ma isemeateras de'^ifaa^^^ 'diversos 

estados de esta- planta: desde verde y tierna, 

^ 5 ""íoííos ios arroyos tienen ííeni. >izárro,MS.— También 

^iyáeiite» de piedni 6 'de ütó^im: Reí. ;del Fríiner. Déscnb., MS. 

en un rio grande, qpe era intoy 6 El impresor de la escelen- 

candaloso é niuy grandé/quepa- te traducción de Xerez por Mr. 

»imoadoai veces, háílátíios páen- ' T^rnaiijc^ompans, d«í6 ¿capar 

te««de.re4.qiie es co8i('oiaa*avi- «narwibk feírata eíi la relación 

llosa de ver; pasamos por ejlas de estk jornada.— "On trouve sur 

ioB cábbllo&j; tienen encada pasa- toutc larótité beaticbnpde poys, 

je dos puentes, la una,jjol;,d*nde de toas." (Relatlon de la Con- 

pa^a la pnte común, la otra por (jué^e du Pérou,. p. 157.) El ha- 

áoiwte paxk el étííior ' dé ^ tó tíéftra ber jíuÉístó '¿í^cs en* vefc de 'pattij 
6 sus ^apitafiefl: e^^s ^énei^ eien^. ^ pqáú^ daf motivo á que 4»! lector 

pre cerrada é indio^qu^ la gup- creyese qne había cerdos en el 

gt) de los que paaaa.** Cart3|!d« 



604 CONQUISTA DEL PBRÜ» 

haiiita amarilla y pronta para la cosecha. Cuan- 
do bajaban á los valles y profundas cañadas 
qoe divideii ' las cambres de las cordUleras,' se 
encontraban con la vejetacion de un clima roas 
cálido, que deleitaba la vista con la riqueza y 
variedad dé stis colores, J e<nbriagaba los sea- 
tidos con sus perfumes. A la natural feracidad 
del suelo se agregaba qd riego abundante y 
bien distribuido, porque allí no se desperdiciaba 
una gota del mas pequeño arroyuelo que bajase 
de. los Andes, y en los andexíes formados en las 
pendientes de las montañas no se veian ma^ que 
jardines y vergeles cargados de los frutos de di- 
versas latitudes. Los Es|)añoles no se cansa- 
ban de admirar ía industriia con que aquelloii 
naturales habian sabido aprovecharse de los 
dones» ^e la naturaleisa^ 6 ^uxplic Bu.&lta eaJos . 
lugares en que anduvoímiift«iesq«ina. 

Fuese por respeto á los mandatos del Inca, o 
por el temor que sus propias haeañas habian 
causado en toda aquella tierra, lo cierto es que 
los Conquistadores fueron recibidos de paz por 
cuantos pueblos pasaron, hallando prevenidos 
en ellos alojamientos, y víveres sacados de los 
bien provistos pcísitos que habia por los cami- 
nos. En las mas de las ciudades salían los ha- 
bitantes á recibirles con músicas y danzas, y 
cuando continuaban su. «marcha se presentaba 



LIBRO líI*-r-CAPlTU,^0 VI. 505 

un Báratro, suficienlie djq. robustos, cargadores 
para.He,var: aquestas, qI bagagj^r ^; 

Pqr, ultimo, desgues de a-lgun^s semanas,.de 
viqge, j)íií:tp;Piei)oso á peisar d^íodos ^stos au- 
xilios, dio. yist« Pifsarírq ^ la .ciucla5d de Pacha- 
camap^ Era ^n lugOT .de .bastanjte .población, y 
sus principales, edificios de .mucha solidez. El 
templo de .1^ div\njidad twl;^lar eva un vasto edi- 
ficio, de ^/edxa?» ó ma^l?ieu,fl^^.raoptonj^ edi- 
fi,<ii9s, qaeví|gíri{p<qido^' e.a,d^l*redor .de#uua 00)0- 
nia,'ppre!cia^ antQs t^ij^ ; fortaleza qije pna casa 
religiosa. .jP»^r9 aunque J^SjPftif^de^neraix^e pje- 

(Ira/los^tecbp^.sQloj.ef^í^^^e. lÁgev^ :P?J?> 9!?^^ 
es cpstqmbjce 91J Ips^ pai&^s^p ,4Q,nde rara vez 
o nunca llueve, y en donde por consiguiepfe el 
pr^ncÍRal.flb^^toi d,el,, t/jphp.^.i^^. d^efe^der. de los 
ardqfe^dííl; soL, . n. ;> •' . . ■ '■\ : • . 

Al p^re^e^tarse, H^rna^do P|z^rrp fj¡L hv entra- 
da del^^í^ploji le atajfirpn^el.paso los port^rosj 
pero ^ dic^^iíjip , '/^q^e ^ hajiíia . ai\d^dQ ^ dem^sjL3ipdQ 

p^rajqu^,,^9]bftr^j^í5,/?^ti\y4gase,,un,.sa^^^ 
dip,'víSe,3l)7;id>pa§iq:pflv,,en m§dio,dc jbIIqs, y.^se- 
gijidp de,)Su, g^nte fq^.^ijbijendo.pQp upa galei:ía 
ha^ta sií»li>:¡eí^ lo masj3iltp,4el monte á. yina^pla- 
zoleta, en cuyo estremo habia una como capilla, 
con la pu^íW mtty í^dprnada jW ped^azW 

7 Gaita 4Íeoil«i!n; aPiaimro, jll,]p^. 2^56^ 207 i-^R»^^^^^ 

I." '' ■' ''•' ■■-■■■" ■•■"■'■45^- '-■ ■ 



.608 CONi<2iUiS|TA-IWELi PCB.U. 

Viendo los seirciUog.ní^tuKaJes^. que el.cielo no 
.^Riíi.í:¿iyq^^pw*a loSrClonflni«tfiulares,,:yTqíie el fio- 
der der sUf 1)^95 no. alcanzabavá4«)ip.e4iria profa- 
«nacW .4e>su santuario, faeraaa:cudiexidoy len- 
tregándose, á-los e^.^raflg^rog|, a ¡quienes, miraban 
ya cwxjiexto teiíKior. yfr,e;^eto^upersticioso. Pi- 
^a^rose jaipj:Qy|ee|io de, «^ta ¡disposición para ar- 
rancarle§, si era. posible,. de. Ja idxdattria, y aun- 
.qu^ po.era^pr^edijcador^pproaujiKjio .un discurso, 
lo mas edificante sin duda qu^ podiaTesp^carse 
de. Ufi, soldado! /® -y j]pr ultimo le$.;ep6eñá.á per- 
i^igparse, íjcomo . pr^s^ervatiyo eficaz.^ f^a Jo su- 
cesivo contra los» ardide,s dcAdemonio. " 

Pero sus tareas espirituales.no absoVbian de 
tal manera Ea atención rdel capirtan español, que 
se olvidase de los ^negocios , temporales qíie le 
hablan traido á aquel lugar. Sintió gran pesa- 
dunibre al sabei;. que íiabia llegado demasiado 
tarde, y que l(»s sacerdot'es.devPacliacamac, sa- 
bedores de .su venida, hiibian recogido la mayor 
parte del pro, y.marchádqsecon él antes de su 
líeffada. Pasado tiempo se desenterro alguno 
en las inmediaciones. ^^ La cantidad que seha- 

10 ''E á falta de predicador y Francisco de.Godoy, /-otrM 
]es hice mi sermón, diciendo el sacaron gran summa Ae oro y 
engalgo' en qiié'yiyjaa.'' CUH\ta ''4)laU'4e -io^ventormiBi^ V 
de Mojen . . PivArro, M-S . .c^vit. ^^ps^ouaje y. ti^ne l^r <^' 

a^^, Barciíí, toj»;. III.. p. 009. - ^*da, a«'j¿erde,"'Cie«»4eI/Mi> 

12, ''Y aliado los aiempog Qi^émia, -oap. 7% 
pos el capital) RodrigaOngofiez, 



LIBRO III. — CAPITULO VI. 50 9 

Uo ahora fué sin embargo éonsitierable, pues no 
bajaba de ochenta nliil castellanos j suma que en 
otro tiémjio se hubiera considerado mas que su- 
ficiente ^para compensar inayóres trabajos, que 
los sufridos en esta vez. Pero los Españoles se 
ha|)ian •femiliárixado con el oro^ y exaltada su 
imaginación por kis novelescas aventuras en que 
se hatóan visto empeñados, se ' eritregába á «n- 
sneñoá'qüe todo él oro del Péru ^penaá alcanza- 
ba árrealiaar. 

' Híko sin embitrgO' Hernando en- 6 sta espedi- 
cion una presa que casi lle^o áconsolarle.de^la 
pérdida del tesoro que -se le habia escapado. 
. (Jusaínda estaba- todavía en Paehacctmae, supojque 
. el' ^aecal. indio Chiallctícbkna scf hallaba con 
.fuetzasoonsiderablesjenlas, cercanía» de Jauja, 
ciuidíui faerte situada á grande distancia entre 
lasmdntaóas. Est^gefe, pariente cercano de 
Atahuallpa, érí|í,el mas esperimentado de sus 
generales, y en unión de Quizquiz, que se htilla- 
. ba en el Cuzco, h^bia conseguido en e| Sur las 
victorias; que colocaron al. Inca sobre el ti'ono. 
Por ^u cuna, su talento y su larga esperiencia, 
. se le consíderí^íia;; cómo el primer vasallo del 
• reino, y Pizarro'oónocia lo importante que era 
asegurar su persona. Viendo que el Indio re- 
'hUrSabaveTse.con él á^ su vuelta; detérmino mar- 
char en ' derechura á^ Jauja ^y prenderte en sus 
propios Cuarteles. Semejante proyecto,, consi- 



510 . CONQUISTA DEL PERÚ. 

derandp la enorme desproporción de las fuerzas 
podría parecer desesperado aun para Españo- 
les. Pero su fortuna les liabia dado tal con- 
fianza, que ya tenían á menos el calcular los ries- 
gos. 

El camino de las sierras ofrecia ahora mayo- 
res dificultades que en la marcha precedente. 
Para colmo de los trabajos de la caballería, se 
consumieron las herraduras de sus caballos, pa- 
deciendo mucho los cascos de los animales por 
lo desigual y pedregoso del terreno. Hierro no 
lo había, y solo podían echar mano del oro o de 
la plata. Urgidos por las circunstancias tuvie- 
ron que resolverse á ello, y Pizarro hizo poner 
herraduras de plata á todos los caballos de su 
tropa. Los artífices in.^i^s se encargaron de la- 
brarlas, y salieron tan bien, que mientras duró 
aquellajornada continuaron sirviéndose de aquel 
precioso metal á falta de hierro. " 

Jauja era una ciudad grande y populosa, aun- • 
que se hace duro dar crédito á lo que afirman 
los Conquistadores, de que diariamente se reu- 

13 ^'Hicieron hacer herrage Relaciou del Primero Descubrí- 
de herraduras é clavos para sus miento, M9., dice que herraron 
Caballos de Plata, los» cuales hi- lo^ caballos con plata y cobre. Y 
cieron los cien Indios fundidores otro conquistador asegura que fué 
muy buenos 6 cuantos quisieron con oro y plata. (Relatione d'nn 
de ellos, con el cual herrage an Capitano Spagnuolo, ap. Rami»- 
du^vieroii dos meses." (Oviedo, 8Ío,^avigation¡e Viaggi) Vene- 
" Hist. de las Indias, MS., Parte 3, tia, 1565, (tom. III. fol. 376.) To- 
líb. 8, cat) 16.) El antor de lo, dos convienen c4i la plata. 



LIBRO rti. — CAPITULO VI. ^ 511 

nian en^a plaza cien mil personas. ^^ Díjose allí 
que el general indio estaba acampado á ppoas 
millas de la ciadad con un ejército de treinta y 
cinco mil hombres. Costo algún trabajo conse- 
guir que se prestase á tener una entrevista con 
Pizarro, quien le hablo cortesmente.y le instó 
para que volviese con ^1 á los cuarteles castella- 
nos, dándole á entender que asi lo mandaba el 
Inca. Desde que este fué preso, Challcuchima 
no se habia resuelto á tomar ningún partido. La 
prisión del Inca por unos hombres que.parecian 
caidos de las estrellas, de un modo tan estraño 
é inesperado, y precisamente cuando triunfaba 
de sus enemigos, habia trastornado eompletfi- 
mente al general peruano. ' No habia discurrido 
ningún medio para restituir la libertad á Ata^ 
kuallpa, bien que ni aun sabia si una tentativa 
de esta clase seria de su aprobación. Obedeció, 
pues, sus órdenes porque de todas maneras de- 
seaba tener una entrevista con su soberano, y 
Pizarro logró su objeto sin necesidad de desen- 
vainar su espada. Cuando el Indio tenia que 
hacer frqnta al blanco parece que sentia la su- 
perioridad de su inteligemcia, del misnio modo 
que la mirada firme del calcador, dicen que hu- 
milla y subyuga las fieras de la selva. : 

14 '^£ra mucha la Gente de Plaqa Principal cien mil Peno- 
aquel Pueblo, y de sus Comár- ñas." Estete, ap. BaAia, tom. Ilf. 
cas, que al parecer de los Espa- p. 230. 
ñolcs, se juutabaii' cada di?, en la 



&12 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Vino Challcuchiiiía seguido de una hamerosa^ 
comitiva, én tinas andas que-'t^aiíití én hombros 
sus vásalfós,'y cüátidó iM é'áitóhátido cob los Es- 
pañoles,' le recíbiáhlo^ habitantes de los pue- 
. bíos por flotidé píásaba con áquellas^uestras de 
respeto qué sbld 'Sé Üañ-á tos 'íaVoritss'del mo- 
nairca. Mas toda está pompa desíipáYfecio «n 
cuatito llégcí* á la pífésénciá'*á'el ihcét, áéúuáe. en- 

' tro'cóh los pié^ descalzos, y etí los'hoihlbros una 
*f)equéña éárgá^t^úé ié áíó'iitró dé sus^irvientes. 

' Cüaridó ésttívá'áe'íatite^aéPiíiicá,' 'alzo la« mano» 
Til cíelo el áuóiSntí gü^h-eró^j'y'esclanfíá; "¡ojalá 
liubieráé to estado aqdí^'*^uéest(j na*htiMera sti- 
cedi<Íb!'* y árfodilÍándóíse> bescí laá- maños'y pies 

' de sa Señor, revalidólos cótí'kus lágriníás. Atá- 
huallp<i!por stí pairte ¿o ttiSniféstó la hienór emo- 

''4itid, lii dio uias' muestra^ dé cfónltéúto al ver de- 
lante de sí á su' córi^^efó'íátóVifo, qü^ el dáifle 
tainenvénídá'/' La íriáldtíd^^ fohna- 

-ba'estí*an'o Gontr'áste con'el'léal'éiitiTsi'asnio del 

"vasallo ^' "';'''' ■ -\' ' *''^'' ' •;•■ '■ ' '■ •■ ' 
'L'íi gémrqúTa dbríhcalé porriá a una inmensa 

"distancia íBob'fe'er Mfe^kítiW 'de' 'SUS v^ y 

''t6s'*Espá*n6leV tuVífeíiófr'híhá 'dé' uná^ vez ocasión 
de kamiráí^y jf/tédoritíilío' (Jíié aún éri'thfedíd de 

* SU iníbrtu'ñió COTÍ servaba 'sdbre'sü^ptíéblo, y el 

T- 15,* Pci^o PizaiTOj.De&cub. y ^^sclai^ia. Estete, "que »o se ha 

Conq., MS. . r, ^. yisto después que las Indias se 

"Aquí se ha visto una cosa,V ,4pscu|3nerou.:| jíbid., p. ^31. 



LIBRO lU.— CAPi'TüW VI. ...$13 

respeto y ,íemor .con^qpe todos ; se. ilpgakan á él. 
. Pedro ,Eizarro j r^fi^^rje ; ,vim . eutrevi^ta,; á ^¿ue r,s,e 
Imlló. I^re^sejitje, .eDt,re . A3bahjií^l]pa:.y . uxio .,de Iqs 
prijacipale^ wUes,' que íhalua.,Ci9»Bisegwdo.Jii^n- 
cia para hac^r un ¡via-gf la.|-go,;,c9p, l,v C:<ptqdi,^ipii 
dje Yply€;r,pai:a,,c^^ef:tQ](iÍEfc.,,. I^l^fgOí «iii:.emlííii:;g;o 

un ,pqco,4fispp9s d€iltipippo,'ifijxi4?i>»!Í>í*J«Pí^^^<^í^- 
.tars9 á sui.S9l?jfi:^i;io.,cop,..iiii|a .jp^qaeña.jOifrfn^a 
pjrppiáato»?^,.Je tiEífliiblí^l^^n t{in ^fuerf^Ui^s roííi- 

consigo en tifejcra.. Pp;q s^ ^gñprjJe^.r^Gib^^'/afa- 
bleraenije^y lpide;ípachp^sin¡^^^^9e¡li^e.reQq|lre^lcion 
^Iguaa. ^f. . ; . . . . 

CQntíj;ipaÍ3fti^|gi^<i;ipi:?.)lQ?; . JE^pajSoJes, jtf at^jj^o 
cop. e\.mJL^mo íeísp€^tPí4 ,;A4shJíp\lpa, ,ílja^jey#Qn- 
4e,á jugará Ips díldps y.a^ijiaal i^jedrez, jaegp 
mas coqap^ic^do eq qpiejUpgQ í^,§er>m9y.^^ftrQ, 
Tgustaiidof de4ipt?5E^e^,qon e^, 1^3,li|j:g5^^^Jb^ovaa.de 
s^i .cautb^idad,. pon¡?ui? pnop^ps v^allcis.conper- 
yaba hasta dpttde jera ..posible. la aatígaa a, pompa 
y etiqueta. Sus efsposas y ooacplbiji^.le siQrvian 
aomode.c^stj^nibife.^a.lja.ix^^ lOíde- 

mas que se, le o^(^cia. ^Ep, la||^53;a,4w®j^*^ 
sé haJlaj[)a^ siempre. de,|:^ua¡rfliaí ^|gunop 4^, sjas 
noblesj.p.ero jam?^» ^ci aU;?vian ár^px^xá ^u pre- 
sencia sin ser llamados, y cuando lo liacian, te- 
rilan que'''sti1étárá<? 'd^laá lAisrijási' formalidades 
humillantes L^Qnsiafria el i imtnjerí)? de j^as vMa- 

16 Pedro Pízarro, Descttb. y Conq^, MS. • ' 



514 CONQUISTA DEL PERÚ. 

líos. El servicio de su mesa era de oro y plata, 
sus vestidos, que mudaba con frecuencia, eran 
de lana de vicuña, tan fina que parecía' seda, y á 
veces solia ponerse otros hechos de pelo de 
HKirciélago, tan suaves y lustrosos comp tercio- 
pelo. Conservaba todavía el llautu^ que era una 
como banda finísima de diversos colores que da^ 
ba varias vueltas al rededor de la cabeza, y aun 
la borla encarnada, cuyos hilos entremezclados 
de oro le eaian sobre lasxejas. Gustaba de con- 
servar las insignias'de la magestad aun después 
que habia perdido el poder. Nadie podia hacer 
uso de ningún trage ni mueble que hubiese ser- 
vido al Inca, sino que cuando lo desechaba, se 
guardaba en un lugar á proposito, y después se 
quemaba. Se hubiera tenido por un sacrilegio 
el destinar á usos profanos, cualquiera cosa que 
h abiá sido santificada por el contacto del Inca. '^ 
Poco después de estar dé vuelta la partida 
que fue á Pachacamac, regresaron también los 
tres enviados que habian ido ai Cuzco, dando 
míiy buena cuenta dé su comisión. Por respeto 
alas ordenes' áel Inca, y por eí temor que ya 
inspiraban los Españoles en toda áqiiella tierra, 
fueron recibidos de paz en todas partes. Los 

Í7. Esta descripción d|9 , las .dad. .^pomo su carío«^retecion 
costumbres y modo de vivir dé es todavía poco conocMa, he co- 
Afíüfua]l|Hi,- está tomada de Pé-* locado el pesaje órí^nal "en «1 
dro Pizarro, quien trató muchas Aféndketrxiüs>. 0. 
veces con el durante su cautivi-. " . 



LIBRO m. — 'TíAPlTÜLO VI. 515 

tiatiírales les llevaban en hombros en las hama- 
cas ó literas del país, y cómo en sajornada no 
tuviemñ qué apártai*se del camino real, encon- 
trando en él á distancias fijas cargadores indios 
qué relevüíén á los otros, anduvieron las dos- 
cientas leguas que hay hasta el Cdzéo, no solo 
sin molestia, sino eorí el mayor regaló. Pasaron 
por muchas ciudades consideraMesi y siempre 
fueron tratados por los Indios como Seres supe- 
riores á ellos. ' En el Cnzco fueron mayores las 
fiestas, y' mayor el agassijoí con que les íecibie- 
ron Tos naturales, hospedándoles magnífieameri- 
te y apresurándose á prevenir sus menores ne- 
cesidades^. ■'•■'■.' 

Confirmar^rt* á Pizarró sus enriados todo lo 
•^pe ahté^hábia oido ré-ferir de l^ población y 
riqueza de la ciudad. Aunque habían perma- 
necido en ella íná^ de una se mana ^ no habían 
téiiidó te^nido tifemp6^ piara Verla ^toda. El templo 
mayor del Sol estiába literalmente cuWerto de 
ptóndhás 4e oro; «fitraron adentro y vieron kis 
tnomias reales^ sentadas cada tma en- su sillón 
giiarn)3cido de bro, y vpstídatí de suiítuosós ro- 
pagéife^. 'Los Espacies ttvder^n la delicadeza 
de res^p^tarlas como se lo tenia encargado el In- 
ca; pero exigieron qité sé arrancasen las lámi- 
nas-de oro ijue cubrian |as paredes^. Los Pe- 
ruanos obedecieron mily de ínálágahk'las rfrde- 
iic^ duelas pw el fecí^. partí' despojar él- templp 



,516 CONQUíSTA-DEL PERü- ^ . 

nacional, que :to4o. js^ecino. de. la ciudad miraba 
con pficKicular pirg^llo y ve^era^iQp. .l¡)e mejor 
voluntad se (prestaron á ayudar á los Conquista- 
dores en la. atarea de qjaitarilos adornos de otros 
edificios,. cuyo. oro, sin ,eratbarga, ^f.a.,d€^ mucho 
menos valor por e^tar imiy ligado- ^® - 

Setecientas plapphas, aycapcaípn del templo 
del. Sol, y aunque eiegurami^n te, no. Sjerianrauy 
gruesas, las .CfPmpa^íin á. iinas. talólas ^e caja d^ 
diez O' doce pulgaí aS; de >a?ichQ- ^^ üiia.coriii^ 
de oro puvo, rqd^eaba el ^di£eio} pero e«taUa tan 
-bien, as^egui^f^da en>la piedra, que por fqrtjana,xe- 
sigtia. a lo3 esfuerzi;>s,qjae .Jii^ieípn p?Li;a. . arran- 
carla. Los Españoles se quejaban del pppp eni- 
pcílojiue tomaron los Ji[i4ifts.eE^ ^q^iell^a ql^ra de 
deatríiccion, y d0cian»qu9'np,les habian d^j^do 
ver otros ;par4J)^9 de ía citidad en que: habia. edi- 
ficios .eon,. gran cantidad d^íOriO y aplata. X.o pier- 
io es, que mf5ndQ;la co^nision qi|^ Uey^aban: h^r- 
to desagradable d^. por 8Í,íellosf€oiísiguieroa. ha- 
cerla injsoportable. por élM£íQ4oj^Qn. que la des- 
.««jpeñaroni- Los jenviadds.exan lM>iftb?eSr.de ba- 
ja. ralea, y desyancKjLdos por los honores qflt« je- 
eibian. : de los natat!ates, U^diron. é creerlos nxe- 

18= Reí.' á'^in Capit. Spaga.,' 19 -"I Se Itó Chapas, de oro, 

a^, li^muaio, Jtpia. IIL foL 375. , quje jBsta. ci^a t^nia, q^oitiroi^ se- 

— Pedro Pizarro, Desc. y Con^., tecientas Planchas. . . . á'ináñe- 

MS.-*- Herrera; 'Hiett- • <Greiiéial, ía de Tablas^e Oáxas d« á tre% 

dec, 5, lib.. g, cap.4%. 13.-.<* ). i á qttütro. palearos de largo-J^ .Xe- 

(.*) Esta cita está evidentemeite ícz, Cqjiq. del Peni, ^p. Barcia, 
^rra4«; eiitiejido <itHs '.^He le^.'»^^ '. iá» -n- Q« 
^ib. 5, cap. 1 y íí.-i? deff. ""^í *"• f' '^^' 




LIBRO ni. — CAPITULO Ví^, 517 

recidos, y despreciaban á los pobres Indios co- 
mo á gente muy inferior ala europea. No solo 
mostraron la mas repugnante rapacidad, sino 
que trataron á las personas mas distinguidas 
con descarada insolencia. Dicen que llegaron 
hasta á quebrantar la clausura de los conventos, 
lastimando las ideas religiosas de los Perpanos 
por sus escandalosos tratos con las Vírgenes 
del Sol. Los moradores del Cuzco llegaron 
con aquellos ultragcs á tal grado de exaspera- 
ción, que habrían acabado con los emisarios, si 
no hubiese sido por el gran respeto que tenian 
siempre á las ordenes del Inca, en cuyo nombre 
venian los Españoles. Lo que hicieron fué re- 
cojer á toda prisa el oro que bastara á conten- 
tar á sus importunos huéspedes, para verse li- 
bres de ellos lo mas pronto posible. ^ Pizarro 
cometió una gravé folta en escojer á «emejan- 
tes hombres. Había caballeros en su escua- 
drón, que según lo habian demostrado otras 
veces, sabian conducirse de otra manera por 
respeto á sí pro])ios ya que no por respeto á 
los naturales. 

Los enviados trajeron consigo, fuera de la 
plata, doscientas cargas de oro. ^^ Esto produ- 
jo Herrera, Hist. General, Pera, ap. Barcia, ubi supra.) Di' 
tibi supra. ce que 6ada carga la traían cuatro 

21 Así lo ^ice el secretario indios. " " Cargas de paligue- 
de Pizarro. "I vinieron douien- res, que las traen quatro In- 
tas cargas de Oro, i veinte i cin- dios.'' £1 significado de la voz 
éo de Plata.'* (Xerez, Conq.^ del paligucres^ que no es castclía» 

I. 46 




518 • CONQUISTA DEL PERÚ. 

cia ya un regalar aumento en lo entregado por 
Atahuallpa, y aunque el tesoro no llegaba toda- 
vía con mucho á la sefíal, el monarca se alegra- 
ba al ver que se iba acercando la hora de re- 
cobrar su libertad. 

Poco antes había ocurrido un suceso que 
cambio la situación de los Españoles, é ioflayó 
de un modo muy desfavorable en la suerte del 
Inca. Fué éste la llegada de Almagro á Caxa- 
malca, con un refuerzo considerable. Este ca- 
pitán, á costa de infinitos trabajos, habia conse- 
guido alistar tres navios, y reunir una fuerza 
como de ciento cincuenta hombres, con los que 
dio á la vela de Panamá á fines del año presente. 
En el camino se le agregaron otras tropas pro- 
cedentes de Nicaragua, con lo que llegó á con- 
tar en su escuadrón ciento -cincuenta hombres 
de á pié y cincuenta de á caballo, bien provis- 
^tos de anuas y municiones. Ln escuadrilla iba 
dirigida por el esperimentado piloto Ruiz; pe- 
ro después de pasar la bahía de San Mateo, tu- 
vo que ir avanzando nluy poco á poco janto á 
la costa, luchando como siempre contra los vien- 
tos contrarios y las corrientes, y sufriendo todos 
los trabajosjconsiguientcs á tan dilatada navega- 

na, es dudoso. Mr. Temaux- í»*»» cou cuya voz tiene cierta 

analogía (*). 
Compaw supone con butante ^.^ M..B.tur.lme|»r«.»P.- 
»g«úo«dad. que debe hiÜH,r .i- l^^-VJ^'^í'^'llm^'cW 
do alguna cosa jmrtcídaé paUrt' de Iju UttoBi(m> bieo c(foot}A9- !>- 



LIBRO 111. CAPITULO VI. 519 

cion. Sea cual fuere la causa, no halló Almagro 
quien le diese noticia de Pizarro, y sus soldados 
se desanimaron de tal modo, por ser la mayor par- 
te novicios en la carrera, que cuando llegaron á 
Puerto Viejo, quisieron abandonar la espedi- 
cion y volverse á Panamá. Por fortuna un bu- 
que de la escuadrilla que habia -despachado Al- 
magro á Tumbez trajo nuevas de Pizarro, y de 
la colonia fundada ^n San Miguel. Muy satis-^ 
fecho Almagro con tales noticias, continuó su 
viage, y logró por fin llegar á San Sliguel, con 
toda su gente, en los últimos dias del mes de 
Diciembre de 1532. Allí supo que Pizarro des- 
pués de pa«ar las sierras, había conseguido ha« 
cer prisionero al Inca, y á poco le informaron 
también del enorme rescate que este habia ofre-. 
cido por su libertad. Almagro y s^us compañeros 
quedaron asombrados al recibir estas ^nuevas, y 
al ver un cambio en la fortuna de su socio, tan re- 
pentino y maravilloso que parecía cosa de ipaágia. 
Al mismo tiempo recibió un avi^o de los colo- 
nos aconsejándole que no se entregase en poder 
de Pizarro, porque era público que le tenia ma- 
la voluntad. 

Apenas llegó Almagro á San Miguel, cuando 
volaron á Ca^amalca las nuevas de su arribo» 
acompañadas de una carta reservada de su se« 
cretario Pérez dirigida á Pizarro, en que le de- 
cía que su compañero no era venido con inten- 



y 



520 CONQUISTA DEL' PERÚ. 

cion de ayudarle en sus empresas, sino con el 
fin de formar una gobernación separada. Pa- 
rece que ambos capitanes se hallaban rodeados 
de hombres m^ezquinos y desasosegados que se 
empeñaban en enemistarles, esperando sin duda 
el sacar provecho de su rompimiento. 

Por esta vez, sin embargo, no tuvieron éxito 
sus infames maquinaciones. Pizarro se llenó 
de regocijo al saber la llegada de un refuerzo 
tan considerable, cpn el que ya podia seguir 
aprovechando su buena fortuna, como tanto de- 
seaba, y continuar la conquista del pais. De la 
esquela del secretario apenas hizo caso, puesto 
que cualquiera que fuese la' intención con que 
vino Almagro, Pizarro estaba seguro de que al 
ver la riqueza de la mina que él habia descu- 
bierto^ no tardaría en venir é ayudarle á traba- 
jarla. Tuvo, pues, la generosidad (por que lo 
es seguramente el sobreponerse á las sugestio- 
nes de una mezquina rivalidad, para escuchar 
las razones de la sana política) de mandar un 
espreso á su antiguo camarada, Convidándole 
con mil protestas 'de amistad, á venir á Caxa- 
malca. Almagro, cuyq carácter franco y nada 
suspicaz ya conocemos, recibió aquella carta con 
la misma disposición de ánimo con que fué es- 
crita, y sin detenerse mas que lo muy freciso, 
emprendió su marcha al interior. Pero antes 
de partir de San Miguel, descubierto ya el infa- 



LIBRO IIL CAPITULO VI. 521 

me manejo de su secretario, le hizo pagar su 
traición haciéndole ahorcar allí mismo. ^ 

Llego Almagro á Caxamalca á mediados de 
Febrero de 1533. Los soldados de Pizarro sa- 
iJieron á recibir á sus compatriotas, y los dos 
capitanes se abrazaron cordialmente con visi- 
bles muestras de satisfacción. 'Echáronse en 
olvido todas las pasadas diferencias, y no piare- 
cian pensaren otra cosa sino en ayudarse mu- 
tuanfiente, para aprovecharse del brillante cam- 
po qué se abria á sú ambición en la conquista 
de aquel imperio. 

Habia sin embargo en Caxamalca un hombre 
que miraba la llegada de los Españoles, de muy 
diverso modo que los paisanos de ellos. Este 
hombre era Atahuallpa, qftien solo veia en los 
recien venidos un nuevo enjambre de langostas 
que caía sobre su infeliz nación, y consideraba 
que mientras se multiplicasen de ese modo sus 
enemigos, seria mas difícil el recobrar su liber- 
tad, ó el conservarla si llegaba á conseguirla. 
Una circnstancia ocurrió entonces, insignifican- 
te de por sí, pero que abultada por la supersti- 
ción, vino á poner el colmo á la angustia del 
monarca. 

Vieron unos soldados en el cielo una figura 

22 Pedro Pizarro, Descub. y Sumaria, MS. — Conq. i Pob. 

Conq., MS.— Xerez, Conq. del det Pirn, MS.— Relac. del Pri- 

Peni, ap. Barcia, tom. III. pp. mbr. Descub., MS. — Herrera, 

204, 105. — Naharro, Relación Hiet General dec» 5, lib» 3, c» 1. 



522 CONQUISTA DEL PBRU. 

estraña; una especie de meteoro, ó tal vez un 
cometa, y la mostraronn á Atahuallpa. Este 
la estuvo contemplando con atención durante 
algunos minutos, y al cabo esclamd, '^que una 
cosa semejante se babia visto en el cielo po^ 
co antes de la muerte de su padre Huayna Ca- 
pac." *^ Desde entonces se apodero de él una 
profunda tristeza, y se lleno de dudas y temo- 
res vagos sobre el porvenir» Así sucede que en 
tiempos de peligro, el alma» lo mismo que los 
sentidos, recibe al punto las mas ligeras impre< 
siones, y á la menor alteración en el curso ordi< 
nario de la naturaleza, que én tiempos comunes 
á nadie habria llamado la atención, el espirita 
supersticioso luego se afana por encontrarle sig- 
nificado, y alguna, relación, sea cual fuere, con 
su propio destino. 

23 Reí. d'un Capit. Spagn., ap. Ramusio, tom. III. fp!» 377. 
— Ci^a de Leop, Cr6nSca, cap. 65, 



CAPITULO Vil. 



Valor inmisnso del Tesoro.-— Su distribución entre 
LAS Tropas. — Rumores de un alzamiento. — Pro- 
ceso DEL Inca.-^Su ejecución.— ^Reflexiones. 

1533. 

La llegada de Almagro cambio del todo los 
proyectos de Pizarro, porque ya con sa ayuda 
podía comenzar de nuevo la campaña, estendien- 
do sus conquistas hacia el interior. £1 üuico 
obstáculo con que tropezaba era el rescate del 
Inca. Los^ Españoles babian esperado con pa^ 
ciencia hasta que la vuelta de los enviados al 
Cuzco aumento considerablemente el tesoro, si 
bien aun no llegaba á la linea demarcada. Ya 
entonces su codicia se sobrepuso á su paciencia, 
y comenzaron á clamar porque se procediese al 
punto á la distribución del oro. Esperar por 
mas tiempo, decian ellos, solo serviría para pro- 
vocar un ataque de los enemigos, atraídos por 
tan brillante cebo. En tanto que el tesoro per- 
maneciese así, ningún individuo conocía su va 
Ipr, ni sabia lo que debia tocarle de él. Era me- 



524 CONQUISTA DEL PERÚ. 

jor distribuirlo al punto, y que cada uno guarda- 
se y defendiese lo suyp. Habia ademas algunos 
que deseaban volver á su patria, llevándose su 
oro á donde lo creyesen seguro. Pero estos eran 
pocos, comparados con los muchos que solo an- 
siaban por salir de Caxamalca y marchar desde 
luego sobre el Cuzco. Creian estos que en la 
capital, les aguardaba mas oro del que podrían 
conseguir alli deteniéndose por mas tiempo; 
mientras que debian aprovecharse hasta las ho- 
ras para impedir que los habitantes escondiesen 
sus tesoros, como ya habian dado muestras de 
querer hacerlo. 

Ninguna razón hÍKO tanta fuerza en el ánimo 
de Pizarro como esta ultima, y bien conocia que 
sin ganar la capital, no podria llegar é hacerse 
dueño del imperio. Quedó, pues, tO(lo allanado 
para que inmediatamente se hiciese el reparto 
del tesoro. 

Mas antes de proceder á ello era preciso re- 
ducirlo todo á barras de una misma ley; porque 
el rescate se coriiponia de una multitud de pie- 
zas cuyo oro no era todo de igual pureza. Ha- 
bia entre ellas copas, platos, salvillas, vasos de 
todas formas y tamaños, alhajas y utensilios de 
los templos y palacios reales, tejas y planchas 
para adorno de los edificios públicos, y curiosas 
imitaciones de diversas plantas y animales. En- 
tre las plantas la mas notable era la cafla del 



* LIBRO ill. — CAPITULO Vil. 525 

maíz con su mazorca de oro asomando entre las 
anchas hojas de plata, y con su barba también 
de plata colgando en el estremo. Llamó tam- 
bién mucho la atención una fuente con un bri- 
llante surtidor de oro, y varios pájaros y anima- 
les del mismo metal jugueteando en sus aguas. 
La delicadeza del trabajo en algunas jBguras, y 
la belleza é ingeniosidad de la forma, escitaron 
la admiración de jijieces mas competentes que 
los incultos conquistadores del Perú. * 

Antes de destruir estas muestras de las artes 
indianas, ^e dispuso enviar algunas de ellas al 
emperador, rebajándose su valor del quinto real, 
con el objeto de que sirviesen de pruebas de la 
industria de los naturales, y le diesen á conocer 
el valor de sus nuevas conquistas. Se escogie- 
ron las mas l^ermosas preseas hast^ completar 
el valor de ciep mil ducados, y se nombró á Her- 
nando Pizarro para que las llevase á España. 
Iba también encargado de conseguir una audien- 
cia del emperador^ para poner á sus pies aque- 
llos tesoros, y hacerle al mismo tiempo un rela- 
ción de los hechos de los Conquistadores, pidién- 

1 Relatione de Pedro San- Heraba á Cagtilla, y menciona 

che,, ap. Ramusio, Viaggi, tom. diversos vasos de oro finísimo 

III. fol. 399. — ^Xerez, Conq. del primorosamente labrados y cin- 

Peni, ap. Barcia, ton. JII. p. celados, de doce pulgadas de al- 

233.— Zarate, Conq. del Peré, to y treinU de vuelo. Hist. de 

l¡b. 2, cap. 7. las Indiai, MS,» JPar« 3, Ubai.íi¿ 

Oviedo vi6 en Sant» Domingo cap. 1&. 
las cosas que Hernaado Pizarra 



526 CONQUISTA DEL PERÚ. g ' 

dolé que les acrecentase sus 'poderes y dignida- 
des. 

No habia en todo el ejército un hombre maj 
aproposito para esta comisión que Hernando Pi- 
zarro, por su educación y conocimiento de los 
negocios; ni quien pudiera manejar el asunto, 
con mas probabilidades de buen éxito, en la al- 
tiva corte castellana. Pero hubo ademas otros 
motivos para que se acordasen de él en esta oca- 
sión. 

La llegada de Almagro al campamento revi- 
vió la antigua rivalidad mal apagada tn el pecho 
de Hernando, y le causo harto disgusto, que no 
se cuidaba de ocultar. Consideraba que solo 
habia venido á participar de los despojos de la 
victoria, y á defraudar á su hermano de los ho- 
nores que le pertenecían. En vez de correspon- 
der, como debiera, al ¡cordial saludo que le hizo 
Almagro la primera vez que se vieron, el altane- 
ro hidalgo no hizo mas que guardar silencio. 
"Causó grave disgusto á su hermano Francisco 
esta conducta, que amenazaba revivir sus anti- 
guas discordias, y consiguió que Hernando fue- 
se con él al aposento de Almagro y allí disculpa- 
se en algún modo su descorteaia. * Pero ape- 
sar de esta, reconciliación dparente» el general 
juzgó que debía aprovechar a(|uella coyuntura 
para alejar á su hermano del tcjatro de la goer 

3 Herrera, Hift. Gcim-al, d«c. 5, lib. ), cap. 3. 



LIBRO III. — CAPITULO VII. 527 , 

ra, en donde su genio inquieto hacia mas daño 
que provecho sus distinguidos servicios. ^ ¡ 

La operación de fundir las piezas fué encar- | 

gada á los plateros indios, quienes dé este modo i 

se vieron obligados á destruir las ohras de sus i 

propias manos. Trabajaban dia y noche; pero \ 

era tanto lo que se había de fundir, íque gasta- | 

ron un raes entero en la operación. Uña vez redu- 
cido todo á burras de igual ley, se pesíiiron escru- 
pulosamente en presencia de los veedores rea- 
les. Hallóse que el valor total del oro subia á 
un millón trescientos veinte y seis mil quinien- 
tos treinta y nueve pesosde oro, que teniendo en 
cuenta el mayor valor de la moneda en el siglo 
diez y seife, equivaldrian probablemente en nues- 
tros dias á algo menos de qvince millones y iimiio 
de pesos, ^ La cantidad de plata se estima en cin- 

3 Según Oviedo, convinieron Para reducir las sumas de que 
en que del rescata del Inca se se hace mención en esta obra, 
daria á Hernando Pizarro nila me he aprovechado, como lo hi- 
parte mayor de la que le corres* ce antes en \fi Historia de la Con- 
pondia, con la esperanza de que quista de México, de los trabajos 
viéndose tan rico se le quitaría: la del Sr. Clfmencin, secretario 
gana de volver nunca al Perú, que fué de la Real Academia de 
"Trabajaron de le embiar rico la Historia de Madrid. En, el to- 
por quitarle de entre ellos, y por- mo sestb de las Memorias de la 
que yendo muy rico como filé Academia, escrito todo por él, 
no tübiese voluntad de tomar á incluyó este distinguido literato 
aquellas partes." Hist. de las In- un curioso ensayo sobre el valor 
dias.MS., Parte 3,lib. 8, cap.l6. déla moneda en el reinado de 
4 Acta de Repartición del los Reyes Católicos. Aunque es- 
Rescate de Afehualpa, MS. — X^ te período (el final del siglo dé- 
rez, Conq. del Peru.Ap. Biarcia, 01190 quinto) sea algo anterior á 
tóm. III. p. 292. la tfbnqui«ta dtel Ftírtí; dDto tbdo, 



528 CONQUISTA DEL PERÚ. 

cuenta y un mil seiscientos diez marcos. La 
historia no hace mención de un botin semejante 
repartido entre tan corto número de soldados 
aventureros como los conquistadores del Perú, 
y ademas en la materia mas fácil de cambiar, 



•US cáleulos bastan á nuestro pro* 
pósito, porque hasta entonces no 
había alterado mucho el valor de 
la moneda española la afinencia 
de los metales del Nuev^o Mundo 
como sucedió después. 

Al tratar de las monedas de un 
siglo remoto, debemos conside- 
rar en primiBr lugar el valor in- 
trínseco de la pieza, es decir, el 
valor que deriva del peso, ley, 
&c., del metal, circunstancias que 
se determinan fiícilmente* Lue- 
go hay que averiguar el valor co- 
mercial ó estimativo de la mone- 
da; es decir, el valor fundado en 
^una comparación de la diferen- 
cia entre la cantidad de mer- 
cancías que podría comprarse con 
una suma determinada en aque- 
llas tiempos, y la que se conse- 
guiría con la misma en nuestros 
dias. En esta última averigua- 
ción se tropieza con graves obs- 
táculos, por la dificultad de iia- 
Ilar un artículo de comercio que 
pueda considerarse como la ver- 
dadera regla del valor. El trigo, 
por ser de cultivo y uso tan ge- 
neral, ha sido comunmente pre- 
ferido por los economistas p^a 
base de sms cálculos, y lo -mismo 
ha hecho Clemencin. Tomando, 
pues, el trigo por base, ha trata- 
do de fijar el valor de las princi- 



pales .'monedas que corrían en 
tiempo de los Reyes Católicos. 
En su tratado no hace mención 
del peso de oro^ en que se espre- 
saban casi siempre las cantidades 
á principios del siglo décimo ses- 
to. Pero fija el valor, tanto in^ 
trínseeo como comereial del ca«- 
tcÜano, el que varios de los es- 
critores prímitivos como Oviedo, 
Herrera y Xerez, convienen 
en considerar como exactamente ^ 
igual a\ peso de oro. Del resulta- 
do de sus cálculos aparece, que 
el valor intrínseco del castellano, 
espresado por él en reales de ve- 
Hon, es igunl á tres pesos iie- 
te centavos de nuestra moneda, 
mientras que el valor comercia! 
es casi» cuadruplo, ú anee pesos 
setenta y siete centavos ^ igaal á • 
dos libras esterlinaSt doce cheli- 
nes y seis pcniqtbeSé Consideran- 
do este como e¿ 'cüIot aproxima' 
tivo del peso de oro, á principios 
del siglo XVI, el lector podrá 
calcular por sí salo e\ valor en 
aquel tiempo de las sumas men- 
cionadas en el discurso de esta 
obra, pues la mayor parte van 
espresadas en esta, moneda. 

Me he estendido de intento en 
esta esplicacion, porque en isi 
anterior obra me cení al valor co- 
mereial de la moneda, y por s«r 



Libro iii.— capitulo vii. 529 

t asi padiera decirse en moneda efectiva. El oro 
era el gran fin de las espediciones españolas al 
Nuevo Mundo, y es cosa notable que lograsen 
tan cumplidamente su objeto. Si se hubiesen 
dirigido como los Franceses, Ingleses, y Holan- 
deses, á las costas del continente septentrional, 
¡cuan di\''ersos habrían sido los resultados! Es 
cosa igualmente digna de notarse, que esta ri- . 
queza adquirida de un golpe les deslumhro, y 
desviando su atención de las verdaderas fuentes 
de la prosperidad nacional, mas lentas, pero mas 
seguras y duraderas, se les ha escapado al fin de 
las manos, dejándoles reducidos á ser una de las 
naciones mas pobres de la cristiandad. 

Ofrecióse en seguida otra nueva dificultad al 
tratar de la división' del tesoro. Los soldados 
de Almagro pretendían tener parte en él: pero 
como igualaban y aim escedian en número á los 
de Pizarro, la ganancia de estos últimos iba á 
sufrir una diminución considerable, si se accedía 
á su pretensión. "Verdad es que no estábamos 
aquí caando se tomc) al Inca," decian los Alma- 

€8te mucho may«r que el iiitrín« dicándole ctiaitto podría corn* 

■eco fundado en la ley y peso prar con una suma dada, se le 

del meta), creyó tm ingenioso da la mejor idea del valor de ea- 

correspoiisal que daba al lector ta stcma, siguiendo en esto el 

una idea exagerada del valor de principio de la vieja máxima^ de 

las sumas mencionadas en la HudihraSf aunque espresado á la 

obra. Pero á mi me parece que inversa: 

al lector solo le interesa este va- *'¿Q,ué es lo que valen las cosas 

lor comparativo 6 comercial; in- Sino eí dinero qué do^t?'' 

I. 47 



530 CONQUISTA DEL PERÚ. 

gristas á sus camaradas, '*pero nos ha tocado á 
todos por turno el Custodiarle después que fué 
preso: os hemos ayudado á deíender vuestros 
tesoros, y gracias á nuestra venida podéis ya se- 
guir adelante y afirmar vuestras conquistas. To- 
dos hemos abrazado uña causa común," añadían, 
"y debemos partir por igual los provechos*" 

Lt)s soldados de Pizarro no podian conformar- 
se en manera alguna con este modo de mirar 
el asunto, y alegaban que el convenio de Ata- 
huallpa solo fué celebrado con ellos: que ellos 
habian cautivado al Inca, habian conseguido el 
rescate, y en una palabra, habían cargado con 
todo el riesgo de la empresa, y no tenían volun- 
tad de partir ahora sus provechos con cualquie- 
ra que hubiese llegado después. — Eran fuertes 
estas razones, no puede niegarse; y }>or último 
convinieron los dos gefes, en que los Almagris* 
tas renuneiarian á sus pretensiones por una 
cantidad fija, no muy considerable, qued^n(}oIes 
la esperanza de labrar su fortuna pc^r sí mis- 
mos, en la nueva carrera que se les presentaba^ 

Arreglado pacíficamente de este modo tan de- 
licado negocio, trato 4t- Pizarro de proceder 
con toda solemnidad á la división del rescate 
imperial. Se reunieron las tropas en hí plaza 
mayor, y el general español, "según Dios nues- 
tro Señor le diere ó entender teniendo ooncien^ 
bia," dice el dücumento, "j)idió jpara lo rn^jojf 



LIBRO III. — CAPITULO VII. 53J 

hacer, el ayuda de. Dios Nuestro Seüor é invQr 
co el auxilio divino. ^ Semejante invocíiciou 
podrá parecer algo fuera de proposito tratándo- 
se de la repartición de un botin tan ilegalmen- 
te adquirido; pero ciertamente si se tiene en 
cuenta Iq- grandeza del tesoro, y la facultad qq^e 
se r( inervo Pizarro de distribuirlo según los mé- 
ritos de cada individuo, poco» actos de su v¡d^ 
llevaban consigo mayor responsabilidad. De líi 
sentencia que iba á pronunciar pendía la saerte 
futura de cada uno de sus compañeros, y en si} 
mano estaba el hacerlos pobres d riqos para to-r 
do el resto de su vida. 

Apartóse primero el quinto real, rebajando de 
él la remesa hecha ya á España. La parte qu? 
se reservo Pizarro para sí ascendió 4 cincuenta 
y siete mil doscientos veinte dos pesos (fe oro^ 
($ 667.780) y dos mil tres cientos cincuenta naar- 
cos de plata. Tocóle ademas el asiento d tro- 
no del Inca, de oro macizo, valuado en veinte y 
cinco mil pesos de oro ($ 291.750). A su hermano 
Hernando se le señalaron treinta y un mil ochen- 
ta pesos de oro ($ 362.703), y dos mil trescien- 
tos cincuenta marcos de plata (♦). Soto recibid 

5 Ac^a de Reparticion del da de Fizarro,) ¡solo íse díf^rou 4 

Rescate, MS. Hernando Pizarro mil dp$cieu- 

(*) ^egun el Acta de Bepar- tos sesenta y siete niarcpsde pla- 

ticion del Rescate^ publicada por ta y no dos n)il tre5CÍepito;5 cin- 

Qtnintana, (E&pañoles Célebres, cuenta como dicp ft} aii^pr^ %^y^ 

tona. II. p. 407. Ap. G? á la Vi- tal rcz jncTvrvi^ en ccrtP 'jnjvc- 



532 CONQUISTA DEL PERÚ. 

diez y siete mil setecientos cuarenta pesos de 
oro {$ 207.025), y setecientos veinte y cuatro 
marcos de plata. La mayor parte de los de á 
caballo, que eran sesenta, recibieron á razón 
de ocho mil ochocientos ochenta pesos de oro 
($ 103.629), y trescientos sesenta y dos marcos . 
de plata, aunque algunos tuvieron mas, y otros 
mucho menos. De infantería se contaron por 
todo ciento cinco hombres. A la quinta parte 
de ellos toco á razón de cuatro mil cuatrocien- 
tos cuarenta pesos de oro ($ 51.814) y ciento 
ochenta marcos de plata, (**) es decir, la mitad 
de lo señalado á la caballería. ^ Los demás reci- 
bieron una cuarta parte menos, aunque aquí tam- 
bién hubo sns escepciones, y algunos tuvieron 
que contentarse con una parte mucho ma^ pe- 
queña del botin. * 

A la nueva Iglesia de San Francisco, el pri- 
mer templo cristiano del Perú, se donaron dos 
mil doscientos veinte pesos de oro ($ 25.907). 

caciou por ser este el número de (**) Ciento ochenta y uno, 

los que se dieron al gobernador, segun^el Acta» — N. del T. 

que le precede inmediatamente ^ ]^^ pormenores de la dU- 

en la hsta. En obsequio de los • ^^^^^^^ ^ encuentran eu el 

lectores, he reducido á nuestra a * ^ i n _»•• ji» 

, ' Acta de la Rcparttcxon del Resca- 

moneda comente el valor de las , : ^ ^ ^ ,., ^ 

, , , te, m^trumento estendido.y fir- 
porciones del rescate que men- , i -i i i:»i 

*^. , . , , mado por el escribano real. El 

Clona el autor, apreciando el »c- , * ^ , ^ . 

. ^. , /*~ documento es, pues, de anton- 

so de oro en los $11.67 que este , , . , , , , 

, ^ , . t ^ dad irrecusable, y es uno de los 

le señala, sin entrar en el examen »«oi-i j i i • j ht - 

-,',., , , MSS. de la colección de Muñoz 

de la debatida cuestión sobre el .. , 

„ escojidos para mi. 
valor de aquella moneda, — N. 

del T. 



LIBRO ilU — CAPITULO VIÍ. 533 

e 

La suma señalada á los de Almagro, no fué escesí- 
va, si no paso de veinte mil pesos (I 233.400), "^ y 
la que se reservó para los colonos de San Miguel, 
que solo fué de quince mil pesos, ($ 175,050) no 
podemos atinar porqué fué tan pequeña. ® En- 
tre ellos había ciertos soldados que desde el 
principio de la espedicion se apartaron de ella, 
coíno el lector recordará, y se volvieron á San 
Miguel. Estos á la verdad no tenian derecho á 
ser considerados en la división del botin; pero la 
mayor parte de la colonia se componia de invá- 
lidos, hombres cuya salud se habia arruinado en 
los trabajos pasados, y apesar de eso, con un co- 
razón firme^y entusiasta prestaban aun buenos 
servicios en su puesto militar de la costa. No 
es fácil esplicar qué motivos pudo haber para 
que perdiesen su derecho á una remuneración 
coinpetente» T; / 

Nada se habla ejiel^ repartimiento de la per- 
sona de Almagro, quien según el tenor del con- 
trato primitivo tenia el mismo derecho que su 

7 <'Se diese ala gente qiie tí- 8 ^'£n treirita personas que 

no con el capitán Diego de AI- quedaron en la ciudad de San 

magro pata ayuda á pagar sus Miguel de Piura dolientes y otros 

deudas y fletes y suplir algunas que no vinieron ni se hallaron en 

necesidades que traian veinte mil la prisión de Atahualpa y toma, 

pesos/' (Acta de Repartición del oro porque algunos son po- 

del Rescate, MS.) Herrera 'dice bres y otros tienen necesidad, 

que se dieron á los de Almagrp, señalaba 15,000 pesos de oro pa- 

cieu mil pesos. (Hist. general, ra los repartir su señoría entre 

dec. 5, lib. 2, cap. 3.) Pero es- dichas personas.^^ Acta de R^- 

to no consta en el instrumento, partición del Rescate, MS. 



534 CONQUISTA DZL PERÚ. 

compañero á los . despojos. Tampoco se hace 
mención del otro asocií^do Luque, ^lunqijLe é es- 
te ya no le servían de nada las riquezas de este 
mundo, poirque habia fallecido poco antes que 
Almagro saliese de Panamá, ^ sin que alcanzase á 
ver el feliz éxito de la empresa que á no ser por 
sus esfuerzos hubiera naufragado, ni á saberlas 
hazañas y crímenes de Pizaryo. Pero el Licen- 
ciado Espinosa, á quien él representaba, y qae 
según parece fué quien adelanto las sumas nece- 
8 arias para la et^edicion, vivia aun eii Santo 
Domingo, y lo« derechos de Luque pasaron áél 
sin duda alguna. Mas desp\;ies del trascurso de 
tanto tiempo, no puede uno aventurarse á deci- 
dir apoyado tan solo en testimonios negativos, y 
debe admitirse que el no haber llegado hasta no- 
sotros ninguna queja 4e.losJ9diyiduos presentes, 
ni de los cronistas contem¡^ora,ueos,^ forma una 
fuerte presunción cu favor d© la equidad con qu^ 
en lo general procedió Pizar^o al hacer la distri- 
bución. ^® 

í 9 Montesinos, Anales, MS., dos. conquistadores que lo habian 
año 1533. ganado todo. ?on su trabajo. (Reí 
10 Es verdad qi^e el "capitán d'un .Capit. Spagn. ap. Ra- 
Español **- variar veces citado , musió, tom. JII. fol. 378, 379.) 
quien nos dice fué uno de loe Muestra el autor en toda su Re- 
nombrados para guai'dar el teso- laeion una buena dosis del espi- 
ro, se queja de que muchos va. rita codicioso y poco delicado 
sos de oro y otras alhajas se que- que distingue é los Conquistado 
daron sin dividir; injusticia pjai- rea del Perú. 
pable, pegim 61. para los hpura- ^ 



LIBRO III.— CAPITULO VII. 535 

Píirepía qae concli^ida la reparticioü del rescá- 
tela nf|d£^ detenía á los Españoles pav^i proseguir 
sus conquistas y emprender su marclia al Cuzco. 
Pero ¿que se habia de hacer con lá persona de 
Atahuallpa? Para resolver esta cuestión, todo 
lo que era provechoso era justo. " Ponerle en 
libertad, era dar suelta ^l hombre que debía ser 
precisamente su mayor eneniigo: al que por su 
nacimiento y dlgnidjid real reuniria en derredor 
suyo toda la nación, dispondría de todos los re- 
cursos y arbitrios del gobierno, y aun con solo 
su palabra reuniría todo el valor de ^\^ pueblo 
contra los Españoles, retardando de esa njanera, 
si no impidiendo del todo, la conquista del país. 

Por otro lado, el mantenerle cautivo er^ aca- 
so igualmente perjudicial, porque para custodiar 
un prisionero de tanta importancia era preciso 
dividir las tropas de tal modo que vendrían 4 
quedar muy debilitadas; y era de temer que tod^ 
su vigilancia no alcanzaría á impedir que Jes qui- 
taa^n elpreso en los peligrosos pasos^de la3 naon- 
tañas. 

El Inca por su parte, pedia con instancifi su 
libertad. Era cierto que aun no habia entrega- 
do por completo el rescate que ofreció, y es du- 
doso si habría llegado á hacerlo, conaiderando 
las dificultades que oponían los sacerdotes, quie- 

11 'I esto tsnia por jii3t<), AV\7Arrf^. Hist. general dec. 5. 
pues era provechoso." Talca U^^ *V >'»|>. 4. 
)a opinión que Herrera ainhvj'^ 



"538 CONQUISTA DEL PERÚ. 

nes parecían mas inclinados á ocultar las rique- 
zas de los templos, que á despojarlos de ellas 
para contentar la codicia de los estrangeros# 
Desgraciadamente también para el monarca in- 
dio, mucha parte del oro, y precisamente el de 
mejor ley, vino en planchas o tejos delgados y 
macizos, los cuales, aunque de gran valor, ayu- 
daban muy poco para acrecentar el montón, á 
causa de su figura. Pero la cantidad entregada 
ya, era enorme, y el Inca podia alegar que hu- 
biera sido todavia mayor á no ser por la impa- 
ciencia de los Españoles. Dé todos modos era 
un rescate magnífico, como jamas lehabia paga- 
do hasta allí ningún otro príncipe ni potentado 
de la tierra. 

Estas razones esponia Atshuallpa á varios 
. oficiales españoles, y especialmente á Hernando 
de Soto^ á quien trataba con mas familiaridad 
ffxe áP¡zá'rt*&?' áfoto puso en conocimiento de 
su gefe las demandas de Atahnallpa; pero este 
evitaba dar una respuesta clara, y no quiso des- 
cubrir los negros proyectos que en su mente re- 
volvía. *'^ Poco tiempo después hizo que el no- 
tario estendiese un instrumento, en que daba al 
Inca por libre de toda obligación en lo tocante 
- al rescate. Mando que se publicase á son de 

12 "I como no hondabaii los rando eu ello." Herrera, ubi 
designios qué tenia le replicaban; sápru. 
pero él respondía, que iba mi- 



IJBRO in.— CAPITULO VII. 637 

trompeta en el campo; pero declard al mismo 
tiempo sin rodeos que la seguridad de los £spa« 
ñoles exigía que el Inca continuase preso, hasta 
tanto que con la llegada de nuevas tropas se au- 
mentase la fuerza de las suyas. ^^ 

Mientras esto pasaba, volvieron a tomar cuer- 
po entre los soldados los antiguos rumores de un 
alzamiento délos indígenas, y corrían de boca, 
en boca, creciendo algo á cada nueva repetición. 
Decían que un poderoso ejército se reutíia en 
Quito, país natural de Atahuallpa, y que treinta 
mil Caribes venian caminando en auxilio suyo. ^ 
Los primeros Españoles colocaban sin distinciom 
á los Caribes en todos los países de América, 
pues les tenían particular horror como á raza de 
antropófagos. 

No es fácil averiguar que origen tendrían es- 
tos rumores. Había en el campanoento .un |;ran. 
numero de Indios que pertenecían al partido de 

13 "Fatta qnella fusione, il lo que obra contra los Conquis- 

Govematore fe':e un atto innan- tadores, puesto que la ReloHone 

zi ai notare nel quaTe liberaua il es de un secretario de Pizarro, y 

Cacique Atabalipa et Tabsolue- está autorizada con las firmas del 

ua della promessa e parola che general y de sus principales o^'- 

hauena data « gli Spagnuoli che ciales. 

lo presero della casa d'oro c'ha> 14 ''De la Gente Natural Quito 

ueua lor concc9?a, flquale fece vienen doscientos mil hombres' de 

publicar publicamente a suon di Guerra, í treiuta mil Caribes que 

trombre nella piazza di quella comen Carne Humana." Xe»- 

cittá di Caxamalca. ** ( Pedro rez, Conq. del Peni, ap. Barcia, 

Sancho, Reí. ap. Ramusio, tom. tom. III. p. 233. — ^V. también 

lil. fol. 399.) La autoridad es Pedro Sancho, Reí. ap. Ramu* 

irrecusable, á lo menos para todo sio, «bí supniv 



538 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Huáscar, y por consiguiente querían mal á^Ata- 
huallpa. Pero ^n mayor enemigo era Felipille, 
el intérprete tumbecino efe que ya hemos hecho 
mención. Este joven se habia apasionado de 
una concubina del rey, y aun dicen qne le sor. 
prendieron con ella, ^^ Esto llego á oidos de 
Atahuallpa y lo sintió vivamente, esoIamaBdo, 
**que el haberle agraviado de ese modo una per- 
sona tan vil, era ana mas insufrible que su pri- 
sión," ** y dijo á Pizarro, **que según la ley de los 
Peruanos, el castigo de esta culpa no se xeducia 
á quitar la vida al delincuente, sino también á 
toda &u familia y parentela." ^^ Pero Felipillo 
era demasiado útil á los Españoles para que le 
despachasen con tan pocas ceremonias, ni acaso 
creyeron tampoco de tal grav/edad una ofensa, 
que, á ser cierno lo que dicen, ellos mismos au- 
torizaban con su propio ejemplo. ^^ Mas Felipi- 

15 ''Pues estando asi atrave- mente Zarate, Noharro, Goma- 

s^se un demonio, de ujia lengua ra y Balboa, todos contemporá- 

quc se decia Felipillo, uno de los Qeos, aunque no presentes en el 

muchachos ,que el Marqués ha- ejército como Pedro Pizarro. 
bia llevado á España, que al pre- 16 "Dicieudo que sentía mas 

s^nte era lengua y avadaba ena- aqi^el desacato que au prisión." 

morado de una muger de Ataba- Zarate, Conq. del Peki, lib. 2, 

lipa." Pedro Pizarro, P^scub. cap. 7. 
yConq., MS. 17 Ibid., loe. cit. 

£1 amor y el malicioso ar/lid 4® 1^ "£ le hablan tomado sos 
Felipillo, que 4¡luiiitana cree se mugeres érepartidolasensupre- 
fundan principahnei^te en la au? sepcia 6 usaban de ellas de sus 
toridadde Garcjlaso, (V. Espa- aduUejrios." Oviedo, Hist de 
ika^^ C^^brpa, to^^ It p. ¿JO, ]5^I|i^íi|^, ftJS., Parte 3. lib. a 
nWa.) los espi'eiían muy <jlvV ^í^í!* ^' 



LIBRO III.-^CAPÍTLUIO VII. 538 

jlo conoció muy pronto la ávers^ibn con que/lt^ 
miraba el Inca y desde aquel mornento le jurcí 
odio mortal. Por desgracia, sa índole maligna 
halló en bfeve ocasión de manifestarse. 
. Las voce» que corrian del alzamiento de los 
indígenas, señalaban por autor de él á Atahaullá- 
pa. Challcuehima fué interrogado sobre este 
punto, pero declaró que nada sabia de tal pro- 
yecto, cáliftcándolo de una perversa calumnia. 
Pizarrosa quejó después ál Inca misino, refi- 
riéndole los rumores que circulan y fingiendo 
darles. crédito. **¿Clué traición es esa, le dijo, 
que meditáis contra mí? ¿contra mí que siempre 
os he honrado, y me he fiado de vuestra pala- 
bra como si fuerais mi hermano?" "Sin dada 
os chanceáis" le suplicó el Inca, quisn acaso no 
conocía toda la importancia de su confesión," 
siempre me habláis d^ burííia. ¿Quiénes somos 
yo y mi gente para conspiraf contra hombres tan 
valientes como son los Españoles? No os chan- 
ceis d^ ese modo, o^ lo suplico." '^ "Esto d\jo," 
añad^ el secretario de f izarro, '*sin mostrar tur- 
bación, sino riendo para 4¡simular su maldad 
de que los Españoles quedaron espantados de 
ver en un bárbaro tanta prudencia." ^ 

19 "Burlaste conmigo? siem> me digas esas burlas.'' Xerez. 

pre me hablas cosas de burles? Coaq. delFeru. ap. Barcia, tom 

Qué parte Mimos Yo, i toda mj HI- p. 534.- 

Gente, para enojar á tan valien- 20 Ibid., loe. cit. 

te? hombres como vc^iotrcp^ .No 



640 CONQUISTA DEL PERÚ. 

Pero según lo probaron los sucesros posterio- 
res, no habla Atahaallpa á Pizarro con artificio* 
sino con la convicion de su pfopia inocencia. 
Fácilmente descubrid ^ sin embargo^ los motivos 
y acaso las consecuencias de esta acusación. 
Veíase rodeado de estrangeros, sin poder cotí* 
tar con ninguno para pedirle consejo ni protec- 
€Íon, y miraba abrirse á sus pies ün negro abis- 
mo. La vida de un monarca cautivo, es por ió 
común bien corta, y la suerte de Huáscar de- 
bió servir de ejemplo á Atahuallpa para coa- 
vencerle de la verdad de esta aserción. Mu* 
eho lamentó entonces la ausencia de Hernando 
Pizarro^ pues, por estraño que ptirezea, aqud 
altivo hidalgo se compadecía de la suerte del 
real cautivo, y le trató siempre con tal atención 
que ganó de un modo particular el afecto y con* 
fianza^ del Indio. Este siir embargo^ no omitió 
esfuerzo alguno para desvanecer las sospech«is 
del general y asegurarle de su inocencia. "¿No 
soy,'' decía á Pizarro, '^un pobre cautivo en vues- 
tro poder? ¿cómo podría yo abrigar los desig- 
nios que me imputan, cuando yo seria la prime- 
ra víctima de la insurrección? Muy poco cono- 
céis á mi pueblo sí pensáis que se hará seme- 
jante cosa sin orden mía, cuando en mi tierra," 
añadió con algo de hipérbole, "ni aun las ave» 
»e atreverán á volar si yo no quiero." ** 

21 jarate, Coéwj» del Perú, \ih.% cap. 7. 



LIBRÓ in.-*cAPiTULo vn. 541 

Pero estas protestas de inocencia de poco 
servian para con las tropas, porque entre ellas 
segnian tomando cuerpo á cada instante ios ru- 
mores de un alzamiento genetal, de los Indios. 
l)ecíase que ya habia reunida una fuerza consi- 
derable en Guanaachuchó, á menos de cien millas 
de distancia del campamento, y debia aguardar- 
se por momentos el ataque» Las riquezas que 
los Españoles liábian amontonado, eran una 
presa bien codiciable, y el temor de perderla 
acrecentaba su alarma. Dobláronse las patru- 
llas; los caballos se mantenían constantemente 
ensillados y enfrenados; los soldados dormían 
con sus armas^ y Pizarro hacia sus rondas con 
toda puntualidad, para ver si cada centinela vi- 
gilaba su puesto. En una palabra, el peque- 
ño ejército se hallaba listo <5omo para resistir 
un próximo ataque. 

Cuando los hombres se hallan atormentados 
del miedo, no suelen pararse en los medios, con 
tal que desaparezca la causa que lo produce 
Comenzáronse á oir murmuraciones, mezcladas 
de amenazas contra el Inca, autor de estas ma- 
quinaciones, y muchos empezaron á pedir que 
fuese sacrificado á la seguridad del ejército 
Señalábanse entre todos Almagro y sus solda- 
dos, pues como no hablan presenciado la captu- 
ra del Inca, no les causaba compasión su des- 
gracia, y solo le miraban como Ujj estorbo, an- 
I. 48 



542 CONQUISTA DEL PEllU. 

siosos como estc'iban db ir á buscar fortunu en k 
tierra adentro, ya que tan poco les había tocado 
del oro de Caxamalca. El tesorero Riquelme 
y los demás oficiales reales, les ayudaban. Pi- 
zarro habiu dejado á estos señores en San Mi- 
guel, porque no les agradaba tener sobre si 
£íquelIos espias; pero se habían venido al cam- 
pamento con Almagro, y pedían con empeño la 
muerte del Inca, como indispensable para la 
tranquilidad del ¡)a¡s, y ventajosa para la co- 
rona. ^^ 

Pizaro escuchaba, u fingía escachar con dis- 
gusto estas siniestras sugestiones, y mostraba 
grande repugnancia á adoptar medidas extrema» 
contra su prisionero, ^ Hábia unos coantos, y 
entre ellos Hernando de Soto, que fomentaban 
estas ideas, y eran de opinión que los delitos de 
Atahuallpa no estaban tan probados que jus- 
tificasen la adopción de tales medidas. En es- 
te estado se hallaban las cosas, caando et gtk 
español resolvió enviar un corto destacamento 
a Guaraaihucho, para exploraría tierra, y ave- 
riguar qué fundamento tenían lo» rumores de 
una insurrección. Enearg<ís« la espedicion á 

22 Pedro Pizarro, Descub. y 23 ** Aunque contra veluntad 

Conq., MS.-— Relaciofi del Píi- del dicho tío verna^or, que nun^ 

mer. Deacab., MS*— Pedro San- ca Mtubo bieii Cto éíoJ* lUU- 

cbo, Reí., ap. üamnsio, tom. III, cion del Primer. Descub., SÍS- 

fol. 400. IgUftlmeme Pedro Pizarro, Deflch 

Todos estos fiogetos oe iiaUa* j Conq. M8.^Pédro Stítéifi, 

bau entoLC^ en el campamento. llcU &p* Ramusio, ubi sopra. 



UBHO Ilí, — CAPITULO VH. 543 

Hernanndo de Soto, y como la distaueia lio era 
^randbse aguardaba qué estarii^ de' vaelta den- 
tro de pooósidias. ' , , 

Partido e.Bte oficial,; en vez de disminuir la 
agitaoiosi de los ^soldados, fué creciendo hasta 
un grado, que no p«idiendo Pi^arro resistir á 
sus importunidades, consintid en que se forma- 
se procesó al Ineá. Era mas seguro observar 
las formalidades de un proceso, y era ademas 
preciso para salvar las apariencias. Organizó- 
se el tribunal presidido por ios dos capitanes, 
Pissárro y Almagro^ &n cridad de jaeces: se 
nombro un fiscal que pidiere por la corona, y 
S6: señalo defensor aHeo/ • 

..Itooeeraii los cargos presentados, conthra el 
Inca« estendidos ^i £brma de interrogatorios. 
'XtO0 principales eran, que habiá usurpado la co- 
rola y asesinada á su bermano Huáscar; que ha^ 
bifi ..dilapidado los caudales públicos desde lá ei^ 
tra^a de los ^^paioles^prodigándolosá sus pa- 
rientes y favoritos; que era idolatra y ad^Jtero, 
pvie$.yivia públio^mi^nvte con; un gj^an numero de 
mugeres, y pot último, que habfá tratado de fo- 
mentar u,n¿t insurrección contra los Españoles*. ^ 

24 Gárcilaso de Vega espe- hso tema escelentés oportunidar 

dlica los oaifgos hechos al Inca, des de adquirir míbrmes, y cuan« 

(Cóm. Reai., Parte 2^ Ub. 2, cafp. do no hay motivo para mentir, co - 

I 37.) Quisiéramos verlos porme- mo sucede en esté caso, puede 

i -norizados por alguno de loa ao- atío fiarse de él. — Varios éscrito- 

tores de la tragedia; pero Garci- re» contemporáneos como Go- 



541 CONQUISTA DEL PERIT. 

Estos cargos, casi todos relativos á costombreí 
del pais ó á las personales del Inca, sobre lo cual 
era claro que los Conquistadores no tenian juris- 
dicción alguna, son tan absurdos, que provoca- 
rían á risa si no cansasen ana impresión mas se- 
ria. El ultimo cargo era el único de importaD- 
cia en semejante proceso, y la debilidad de él 
puede inferirse por- el cuidado que tomaron de 
darle fuerza con los otros. Bastaba oir especia 
fícar ios cargos, para conocer que la suerte del 
Inca estaba ya decretada. 

Examináronse varios testigos indios, y dicen 
que cuando era n^oesario su testimonio sofria 
una alteración considerable al ser interpretado 
por Felípillo. Pronto se dio fin á la información, 
y según dice uno de los secretarios.de Pisarro, 
'^siguióse una discusión muy acalorada sobre el 
daño o provecho que podría resultar de la muer- 
te de Atlahuallpa.'' ^ Aquello se reducia ya á 
una cuestión de conveniencia. Declaráronle al 

mam, Oviedo y Pedro Sancho, 8, cap. 22.) La mayor parte de 
Gonvieneii en el hecho de haber- los autores concuerda eii¡Ioi dos 
se entablado un proceso en for- caraos principales, á saber, el 
ma contra él monarca indio . asesinato de Huáscar y la cons- 
Oviedo le califica de ^'un proce- piracion contra los Españolea, 
so mal compuesto y peor escrito, 25 '-Doppo Tessem moho dií- 
•seyendo uno de los Adalides un pntato^ e riígionato del daimo et 
inquieto, desasosegado 6 desho- ytile che saria potuto auaenire 
nesto clérigo, y un Escribano fal- per il viuere o moriré di Atabali- 
to de conciencia, é de mala ha- pa, fu risoIutochesifaceseegittB- 
bilidad, y otros tales que en la titia di lui." (Pedro Sancho, Rcl., 
maldad concurrieron. " ( Hist. ap. Ramiisio, tom. III. fol- 400.) 
de las Indias, MS., Parte 3, lib. Así se esjwssa un CBcritor q«e 



LIBRO IIl. — CAPITULO Vil. 645 

fin reo, aunque no nos dicen si de todos los de- 
litos que le imputaban, y fué condenado á ser 
quemado vivo en la plaza principal de Caxamal- 
ca» debiendo ejecutarse la sentencia aquella mis- 
ma noche. No quisieron ni aun aguardar el re- 
greso de Soto, cuando era evidente que los in- 
formes que este trajese, liabian de ser muy úti- 
les para corroborar o desvanecer los rumores 
que corrían del alzamiento de los indígenas. Era 
conveniente conseguir que el Padre Valverde 
aprobase lo hecho, y así le enviaron una copia 
de la sentencia para que la Brmase, lo que bizo 
sin vacilar, declarando "que en su opinión el In- 
ca merecia la nauerte." ^* 

Hubo, sin embargo, en el conciliábulo militar, 
algunos que sé opusieron á «stas medidas vio-' 
lentas. Decian que era cosa indigna pagar de 
ese modo los favores que les habia hecho el In- 
^, quien hasta entonces solo habia recibido de 
ellos males. Consideraban las pruebas presen- 
tadas como de todo punto insuficientes, y nega- 

puede considerarse como el ecof quel tempo se rítrouaua in ques- 

d« Pizarro, Según dice, el con . to essercitíy, & il padre fra Bríaii- 

ciliábulo que discutióla "cues- te di val Verde." — Ibid., ubi su- 

tion de la utilidad" se compouia pra. 

de "los oficiales reales, los del 26 " Respondiáy que fiíma- 

ejército, un cierto doctor letrado ria, que era bastante, para que el 
, que acertó á juntarse con ellos, , Inca fuese condenado á muerte, 

y el Reverendo Padre fray Vi- porque aun en lo exterior quisíe- 

cente de Valverde."— "Hauendo ron justificar su intento." Her- 

congregato gliofficiali di sua rera, Hist. General, dec. 5, líb. 

Maesta, & i capitani della sua 3, cap. 4. 
tompaghia, & vn Dottore che in 



546 COxXQUISTA DEL PERÚ. 

ban que semejante tribunal tuviese autoridad 
para llamar ájuítio aun príncipe soberano en 
el centro de sus propios dominios. Si se em- 
peñaban en formarle proceso, anadian, era preci- 
so enviarle á España, para que el emperador 
conociese de su causa, pues era el único que te- 
nia poder para sentenciarle. 

Pero los de la niayoria, que era de diez con- 
tra uno, desvanecieron estas objeciones. decla- 
rando, que no cabia duda de que Atahuallpa era 
delincuente, y que estaban prontos á cargar con 
la responsabilidad de su castigo. Que se envia- 
ría al emperador una relación circunstan ciada 
de todo lo hecho, y que de ese modo veria quie- 
nes eran fieles servidores de la corona, y quienes 
sus enemigos. La disputa se aclarrf tanto que 
llegó á temerse un rompimiento escandaloso, 
hasta que convencidos los del partido mas débil 
de que toda oposición era inútil, al fin callaron 
aunque no, se convencieron, y hubieron de con- 
tentarse con estender por escrito una protesta 
contra todo lo ejecutado, que en su opinión iba 
é cubrir de ignominia á cuantos tomaran parte 
en ello. ^ 

27 Garcilaso noa ha conser- sin duda razón en nCgar el de< 
vado los nombres de algunos de recho de semejante tribunal para 
los que resistieron con tanto va- ponerse á juzgar á un príncipe 
lor, pero con tan mal éxito, al independiente como el monarca 
clamor general que pedia la san- peruano; pero no iban tan acer- 
gre del Inca. (Com. Real., Par- tados en suponer que el empe- 
le 2, lib. 1, can. 37.) Teiihn rador su amo tenia mejor dere- 



LIBRO Ul. — CAPITULO Vil. 547 

Cuáudo se intimo al Inca la sentencia, perdió 
enteramente el ánimo* A la verdad, hacia ya 
tiempo que aguardaba semejante resultado, y 
aun así lo habia dado á entender á las personas 
que le rodeaban; pero hay mucha diferencia de 
mirar tal suerte como probable, á tenerla ya por 
cierta, y ademas verla tan próxima y cerciorarse 
de ello de un modo tan repentino. IJsta convic- 
ción aterradora le a:batió del todo por un mx>men- 
to, y con lágrimas en los ojos, esclamó: ^'¿Qué 
hemos hecho yo ó mis hijos para que me traten 
de esta muñera? Y que lo hagáis vos," añadid 
dirigiéndose á Pizarro, "vos á quien mi pueblo 
ha tratado con tanta amistad y benevolencia, con 
quien he partido mis tesoros^ y que no habéis re- 
cibido de mí sino beneficios.*' Pidió luego con 
has espresiones mas patéticas que se le perdonase 
la vida, ofreciendo dar cuantas prendas se le pi- 
diesen para lá seguridad del último Español del 
ejército, y prometiendo dar un rescate doble del 
entregado, con solo que se le diese tiempo para 
reunirlo. ^ ^ 

XJh testigo de vista nos asegura que Pizarro 
sé mostró muy conmovido cuando se quitó de la 
presencia del Inca, á cuyas suplicas no podia aoc- 
der contra el clamor general del ejército, y lo 

oho. Vatel (lib. 2, eap. 4,) con- 28 Pedro Pizarro, Descub. y 

deaa espresamonte este preten- Couq. MS.— Herrera, Hist. Gé- 

dido proceso de Atahuallpa, co- ^^,^1, dec. 5, üb. 3, cap.4.— Zá- 

1110 una violación manifiesta del ^^^^^ ^onq. del Perft, lib. 2. 

derecho de las naciones. cap. 7 . 



548 CONQUISTA DEL PERÚ. 

qne él mismo pensaba sobre la tranquilidad del 
pais, ^ Viendo Atahuallpa que le era imposible* 
ablandar el ánimo del Conquistador, recobró su 
habitual entereza y se resignó á su suerte con to- 
do el valor de un guerrero americano. 

La sentencia del Inca se publicó á son de trom- 
peta en la plaza principal de Caxamalca;. y dos 
horas^ desj^ues de anochecido se juntaron los Es- 
pañoles en la plaza á lá luz de las. teas, para pre- 
senciar la ejecución de la mandado. Esto pa- 
saba el 29 de Agosto de 1533. Sacaron á Ata- 
huallpa con grillos y esposan, porque le tenias 
cargado d^ cadenas desde que se alborotó el 
ejército por los anuncios del ataque de los natu- 
rales. Iba á su lado el Padre Fr. Yicente de Yal- 
verdcy tratando de cousolarley conseguir al mis- 
mo tiempo, si era posible, que en esta hora pos- 
trera abjurase sus errores y abtazase la religión 
de los Castellanos. Quería que el alma de su 
víctima se librase en el otro nuindo, de la terri- 
ble espiacion,, á que eaeste habia condenado con 
tanto gusto el cuerpo mortal. 

Durante el encierro de AtahuaUpa, el fraile le 
habia esplicado repetidas veces los dogmas del 
cristianismo, y el monarca indio comprendía ceft 
mucha facilidad lo que le enseñaba su maestro. 

,29 *' Yo vide llorar 9Ímarqué8,[* el riesgo que había en la tierra 

dice Pedro Pizarro, ''de pesar si se soltaba." Descub^y Conq., 

por no podellc dar la vida porque M S . 
cierto temió los requerimientos y 



LlftRO líl. — ÓAPltÜLÓ vil. Sátí 

Pero este no había consegaido convencerle, j 
aunque le escuchaba con paciencia, nunca se ha-* 
bia mostrado dispuesto á abandonar la fe de sud 
padres. £1 dominico hizo la última tentativa 
en esta hora solemne, y cuando vio á Atahuall- 
pa atado al poste y redeado de los haces de leña 
que iban á alimentar la fúnebre hogera, empuño 
la cruz, y le pidió que la abrazase, y recibiese 
el bautismo, ofreciéndole que de hacerlo así la 
cruel muerte á que habia sido condenado, se le 
conmutatia en otra mas suave por medio del 
garrote. ^ 

El desdichado monarca pregunto si aquello 
era verdad, y confirmándolo Pizarro, consintió 
en renunciar su religión y recibir el bautismo. 
El Padre Valverde desempeño la ceremonia, y 
el nuevo converso recibió el nombre de Juan de 
Atahuallpa, por celebrarse la fiesta de San Juan 
Bautista el mismo dm en qire se verifico este su^ 
ceso. ^* 

Atahuallpa manifestó ser sn rolunrtad el que 

30 Xerez, Conq. del Pera, daado vueltas á esté jwlo se aprié- 
ap. Barcia, tom. III. p. 234.— fa la cuerda y resulta la sufoca- 
Pedro Pizarro, Deseub. y Conq. ción. Probablemente se verifi- 
MS.— Conq. i Pob. del Piru, MS. cariaasí la ejecución de Atahuall- 
— Pedro Sancho, Reí., ap. Ra- pa. En España, en vez de cuev- 
musio, ton. IIL fol. 400. da, se emplea un cellar de hierro 

El garrote e» un géaero^ de su- que por medio de um. tomilto 

plicio que se ejecuta por medio oprime la gargaiítá det p«(»ente. 

de una cuerda que rodea el cue- 31 Velasco, Hist. de Quito, 

lio del criminal con un palo atra- tom. I. p. 372. 
vessdo ^l\ l'l i^'f^^ de atrás, t 



550 "CONQUISTA DEL PERÜ. 

sns restos fuesen llevados á Quito su patria, 
para que reposasen allí junto á los de sus ante- 
pasados por linea materna. Volviéndose luego 
á Pizarro lé pidió, como por ultima suplica, qtie 
cuidase de sus hijos pequeños y les tomase ba» 
jo su protección. ¿No hallaria por ventura entre 
aquellos feroces soldados que le rodeaban, nin- 
gún otro á quien pudiese recomendar su fami- 
lia? Acaso creyó que no hábria otro mas ca- 
paz de protejerla, y que su ultimo deSeo espre- 
sado de un modo tan solemne en aquella hora, 
seria respetado aun por su vencedor. Reco- 
brando entonces su estoica serenidad, turbada 
por un momento,* s« entrega en manos de sus 
verdugos, mientras que en derredor suyo los 
Españoles rezaban en voz baja el' Credo por el 
descanso de su alma. ^ ¡De esta manera, y co- 

.32 '^Maquwido se lo vidde . MS.— -Zarate, Copq. 4d Pert, 

apressare per dover esser morto, ib. 2, cap. 7. 

disse che raccomandaua al Go- La muerte de Atahuallpa tiene 

uematpre i suoi pipcioli íigliuoU muchos puntos desemejfui^con 

che volesse tenersegli apresso, la de Caupolican, el gran gafe 

& con queste vltime parole, & auracano, según se halla referida 

dicendo per Tanima sua H Spag- en el poema histérico ;de Ercilla. 

nuoli che chatio all'iHlonio il Ambos abltusar4>n feu el cadalso 

Credo, fu súbito affogato." Pe- Ja reK^on de sus conquistadores, 

dro Sancho, Hel., áp. Eomasio, aunque Caúpolicañ no logró tan 

tom. III. foi. 399. buena fortuna como el monarea 

^erez, Conq. del Perú, ap. peruano, porque su conuQBrsioií 

Barcia, tom. III. p. 334.-*-Pedro no le libró de las torturas de la 

Pizarro» Descübv y CoiK{.,M8.-<- mas inhumana muortek Fueem- 

N&harro, Relación Sumaría, ül^í 8. palado y asaeteado. AqueUw 

— ^Conq. i Pob. d^ Piru, MS.— vigorosos versos pintan tan al vi- 

Relacion del Primer. Descub. vq el carácter de estos primiti- 



LIBRO iíl. — CAPITULO VIL 551 

mo un vil malhechor, pereció el último de los 

Incas! 

Ya he hablado antes de la persona y cualida- 
des .dé Afahuallpa. Era de rostro hermoso, 
aunque tenia una esprésion demasiado fiera pa- 
ra ser agradable. Su cuerpo era robusto y bien 
proporcionado; su porte magestuoso; y en su 
conducta, mientras estuvo en poder de los Es- 
pañoles, se notaba cierta cortesania, mezclada 
de un ligero tinte de tristeza que le daba mayor 
atractivo* Le acusan de cruel en sus guerras, 
y sanguinario en sü venganza. ^ Puede ser 
cierto; pero el pincel de un enemigo es fácil que 
recargue las sombras del retrato. Confiesan 
que era animoso, entendido y franco. ^ Todos 

vos aventureros, en que el fana- 234.) Xerez era el secretario 

tismo del cruzsído andaba mez- particalar de Pizarro. Sancho, 

ciado con la crueldad del con- que sucedió á Xerez en el ofício 

quistador, y son tan análogos al cuando este marcbó á Espaüa, 

caso presente, que de buena gana paga un tribate mas decente é 

citaría yo el pasage entero, si no la memoría del Inca, quien con- 

me lo impidiera su mucha estén- fia, "habrá alcanzado la gloria, 

sion. V. La Araucana, Parte 2^ pues murió arrepentido d€ su» 

canto 24. culpas^ y en la verdadera fé de 

23 * 'Así pagó," dice Xerez, Cristiano." "Iddio jo conduca 

' "les gandes males, i- crueldades alia sua gloria, & con pura pe- 

(^ue en sus Vasallos havia hecho; nitentia de &uoi peccati, &> vera 

porque todos á vna voz dicen, fede di Christiano prese questa 

que fue el máior Carnicero, i rootte." Pedro Sancho,'Rel.,ap, 

cruel, que los Hombres vieron; Ramusio, tom. III. fol. 399. 
- que por mui pequeña causa aso- 34 ''£1 era muy regalado, y 

laba vn Pueblo, por vn pequeño n^uy Señor, " dice Pedro Pizarro. 

delito, que yn solo Hombre de (Descub. y Conq», MS.) **Muí 

f 1 lloviese cometido : i mataba dispuesto, sabio, animoso, frau- 

diez mil Personas." (Conq. del -co," dice Gomara. (Hist. de las 

Perú, ap. Barcia, tom. III. p. Indias, cap. 118) 



552 tíONQÜlSTA DEL I*E£tÜ¿ 

convienen en que mostraba singular penetra-» 
cion y facilidad para comprender. Sus hazañas 
Como guerrero, no dejan duda acerca de su va- 
lor. Lo que mejor lo prueba es la resistencia 
de los Españoles á devolverle su libertad. Cau- 
cábales temor el haberle de tener por enemigo, 
y le habian agraviado demasiado para creer que 
podría continuar siendo su amigo. Sin embar- 
go, siempre se porto como tal con los Españo- 
les, y estos le pagaron con la cautividad, el des- 
pojo y la muerte. 

El cuerpo del Inca permaneció toda la noche 
en el lugar de la ejecución. A la mañana siguien- 
te fué llevado á la iglesia de Sart Francisco, y 
alli se celebraron sus exequias con toda solemni- 
dad. Pizarro y sus principales oficiales se pu- 
sieron de luto^ y las tropas asistieron con devc- 
to recogimiento al oficio dé difuntos que dijo el 
P. Valverde. ^* Interrumpióse repentinamente la 
ceremonia por el ruido de muchas personas que 
sollozaban y daban grandes gritos á las puertas 
de la Iglesia. Abríérofise estas de golpe, y la na- 
ve principal se llenó de Indias, hermanas y ma- 
geres del difunto, que rodearon al puiíto di ca- 
dáver. Clamaban que no era este el modo de 

á5 Eí secretario SaUcho pa- í>údo haber sufrido, puesto que 

rece ser de opinión que con es- de un golpe le elevaron con elki 

tos honores ílíínelM-es quedó Ata- basta igualarle con lo» EspaiSolea 

huallpa ampliamente recompen- Ibid., loe. cit. 
sado de todaslas irjnstiqiis que 



LiSrO III.-^CAI^lfÜLÓ Vlli So3 

6elebrar Ids funerales de dn Inca, y maiíífesta- 
ron su intención de Sacrificarse sobre su tumba, 
para ií á hacerle compañía eri la tierra de los 
espíritu^. Ofendidos los circunstantes de tal 
escándalo, hicieron entendéis á las mugerés que 
Atahuallpa habia níüerto en la fe de Cristo, y 
que el Dios de los cristianos aborrecía semejan- 
tes sacrificios. Expelieron en seguida á todas 
ellas de la iglesia, y algunas se fueron á su casa 
y se dieran mueíte á sí mismas, con la vana es- 
peranza de ir á acompañar á su querido esposo 
en las relucientes moradas del Sol. ^* 

has restos de Atahuallpa, apesar de lo dis- 
puesto por él fueron sepultados en el cementerio 
de San Francisod. ^"^ Pero según euentan, cuan- 
do los Españoles salieron de Caxamalca, fué sa- 
cado de allí y llevado ocultamente á Quito en 
cumplimiento de sus deseos. Los colonos de 
tiempos posteriores creyeron que con su cuerpo 
debieron enterrarse algunos tesoros; pero 2)or 
mas que escbararon el terreno, jamas encontra- 
ron ni los tesoros, ni los restos del monarca. ^® 

36 Relaéioñ del Primer.'Des- 37 '*0i dicen los indios que 

cttb., MS. eatá su sepulcro junto á una cruz 

Véase el Apéndice, N. 10, don- de Piedra Blanca que está en el 

de he insertado varias relaciones cementerio del Convento de San 

contemporáneas de la ejecución Francisco." Montesinos, Ana»- 

de Atahuallpa^, que por hallarse les, M S., año 1533. 

manuscritas ño pueden ser con- 38 Oviedo, Hist. de las In-' 

sultadas con facilidad ni aun por días, MS., Parte 3, lib. 8, tap. 22. 

los mismos Espafioles. Según Steven^on,'' ín the cha- 

I. 49 



554 CONQUISTA DEL TERC. 

Uno o dos día» después de estos trágicos si;* 
cesos volvió de su espedicion Hernando de Soto. 
Llenóse de asombro y de indignación cuando 
supo lo que se habia hecho durante ^u ausencia/ 
Fué inraediatan^ente á buscar á Pizarro y le en- 
contró, según dice el cronista, *'con un gran som* 
brero de fieltro puesto en I4. cabeza pof luto, y 
muy calado sobre los ojos," ^ y con las mayores 
muestras de dolor en so trage y continente. 
**Grande temeridad ha sido la vuestra," h dijo 
Soto sin mas preámbulo; ^^AtahuaJlpa l>a sido 
vilmente calumniado. No liay ua soJ^o enemigo 
en Guamacbuchoy ni los Indios sueñan en adzur- 
se. Todo lo he hallado de paz en el camino, y 
nadie i^e ha molestado. Si era precira proc^ 
sar al Inca, debia habeifsele mandado é (^astíU? 
para que el emperador le juzgase. Yq ine ktt- 
hiera comprometido á ponerle á bwdo sin m»- 
go.^* 40 Pizarro confesó que haUia obrado co« li" 
gerezs^ y dijo que l^ habían engallada Riqnd- 

pd beloDging^ t& the tommon de losa que está es hi cárcel de 

gaol, whicfa waa fcxnnerly part df Cbsaraalea^ sobre \ñ txsáídtgO' 

khe pralace tbe altar stauds on tbe Raron á Atahuallpa/'' (Analesr 

stone o« whích Atahualípa was MS», an» 15^.) — A|^e«w pw^ 

placed bytheSpanMircfe and stran- den se* mayores la igjtotaimhT 

gled; añd under which he waa la esadolidchd. 
buried." (Residence in South 39 Oviedo, I£p^ de las IndiM^ 

America, vol. lí. p. 163.) Mon. MS., Parte 3, lib. 8, aif . 22^ 
tesinos que eseribié^ i»as de un 4K> Rwd,! M^n wb* 8ii|pnv— 

siglo después de la Coíiquifaía, Pedro» PizítíJio, f>e§<;ubr J Gouq- 

nos dice, "que aun rq de*ci»í)ren MS.--V. ^ ^^^f«9,Pí. l^ 
manclias de aapgr^ en una gran- 



LIBRQ IU.-*-CAPlTyLO MU 5S5 

me» Valverd^ y losdemaB. Tales ineaipaeioaes 
U^gl^fon pjoBto í oídos del tesoseifo y del dom^ 
nico» qqieD0s ¿ 9U i?e2 $e es&asanuí eekaiido en 
9U car^ la eal^a á Pixarro como á único reiipoo- 
sable de aquel beciiOé La disputa tomo eoerpo, 
y |o9 eifit^tosjtaotes les oyeron desmentirle v^ 
ria^ veoea W0b a otros. ^ Esta i^neilla vulgar 
^ntre k^isfg^fea, ei^fándoaiui tan reciente el oasOr 
ei$ la ipej^r pri^ba de la iniquidad de tu manejo 
y de 1^ ia^encia del Inca, 
flsi trato d^do* á Atahuallpa es sin dada de 
prmbipio á fin, uno de los mas negros eapítnloe 
de la Jbi^toria dolonial de EspañmTI P^rtn en- 
contrarse enella^matanzatmas en grande» y eje* 
cucioi»es aconp^pañadais de mayor refinamiento de 
eraelda4<»' Pero, los ensangre^tadoe anaks de 
la con^quista, fio presentan ot^o ejemplo seme* 
jante de i^na pers?Qacion preme&tada y siste-^ 
mática» no contra un ene^go, sino eonixa qoie» 
se habia portado siempre como ^migo y como* 
bienbecbor. 

Desde él punto en q«e Pixarro y sus eompa^ 

41 BBtééMrafiOBaces^M wh peles pei'soit&gvs qne fignraron 

cuentra referido ^^n Oviedp; ^o en eUoa, los tiMtimonioe ^joe e«* 

en el cuerpo de la narración sino co^ió, aunque no siempre con 

en nñó de esos capitulos adieio- mucho discernimieaitb , forman 

nalep en f|U0 jiQiontona los dota* un» autini^td resp^tabie. El 

lies mas inconexos, aunque á ve- lector hallará colocada la reía* 

-ees may miporfanfes, relativos á cion que da Oviedo de la muerte 

los principales acontecimieiitos del Inev, ei| el ApMmt N. 1(^, 

de su historia. Como Oviedo entre los otros pasajes ralativos 

traté familiarmente á lotr princi- á csfa cntágtaofe. 



356 COíVQü'íSTA DEL P£ftÜ. ' 

fieroSj llegaron á entrar á dande alcanzaba el 
poder de Atahuallpa, los indígenas se declara-» 
ron i&us:;a]»igósr; Lo primero que hicieron losí 
Españoles- ál pasar las sierras fué cautivar al 
monarca y asesinar á sns vasaUos. El apode- 
rarse de la persona del príncipeí p&dria vindi- 
carse por los^ que piensan que el fin jastifiea los 
medios, alegando que era indispensable para 
hacer que triunfase la Cruz. VPerp no puede 
disculparse de este modo la matanza de un pue- 
blo dé«iarmado é inofensiv^^ crueldad tan atroz 
coiifio superfluaTT 

Aproveóharoñ los Castellanos la larga prisión 
del Inca para arrancarle su» tesoros^ por tantos 
naedios como la codicia sabe sugerir. Durante 
este funeste periodo, él se mapejó siempre con 
notable: generosidad y buena £§. Dio paso libre 
á los Españoles por toda la estension de su im- 
perio, y les proporciona cíianto necesitaron pa- 
ra llevar á caíbo stis designios. Logrados estos, 
ya solo fué para ellos un estorbo, y entonces, 
apesar de la promesa, clara o implícita, de res- 
tituirle! su libertad, (y ya hi^mos visto que Pizar- 
ro por un acto solemli^ le déclart5 libre de toda 
obligación en lo re^Iativo al rescate) fué arras- 
trado ante un tribunal de burlas, y bajo pretes- 
tos tan falsos como frivolos fué con leñado á 
una muerte horrible. La conducta de los Es- 
pañoles para con su desgraciada víctima, respi- 
ra de principio á fin barWridad y mala í^. 



LIBRO lil. — CAPITULO Vlí. 5St 

No es fácil absolver a Rzarro del cargo de ser 
en gran parte responsable de esta conducta. 
Sus defensores se han einpeñado en soi^tener 
que la necesidad le hizo seguirla á despecho $ru- 
yo» y especialmente, en taoiuerte del IncBi ce- 
dio con mucba repugnancia á la importunidad 
de otros» ,^ Pero tras de ser esta una apología 
bien insuficiente, el historiador que puede com- 
parar los varios testimonios contemporáneos 
vendrá á parar á un resultado muy diverso. Pa- 
ra él será cosa clara, que Pizarro habia conocido 
desde los principios que era indispensable qui- 
tar de enmedio á Atahiíallpa para que su em- 
presa se llevase á cabo. Preveía el odio que de- 
bia acarrearle el dar muerte ásu realx^áutiyo 
sin un motivo justific^idO) y al mismo tiempo 
que se afanaba por hallarle, rehusaba cargar 
con la responsabilidad del hecho, prefiriendo el 
cometerle por deferencia á las sugestiones dé' 
otros, mas bien que á las suyas propias. Como 
muchos políticos perversos, quéria aprovechar 
los frutos de una mala acción, y .que otros car- 
gasen con el odio dé elláú 

42 '-Contra su voluntad sen- cho, Reí., ap. Ramusio, tom. IlL 
tenci6 á muerte á Atabalipa/^ -iM. 399.) Hasta él tmBino Ovie- 
( Pedro Pizarro, Descub. y Conq. do parece dispuesto á admitir co.- 
MS.) — "Contra voluntad del di- mo posible, que acaso los otros 
cho Gobernador.'' (Relación del ' engañaron á Pizarro. "Qué tam-' 
Primer. Descub., MS.) "Anco- bien se puede creer que era en- 
ra che molto li dispiacesse di ve- ganado." Hidt.. de las Indias, 
nir a questo alto." (Pedro' San- í<^MS., Parte 3, lib- 8, cap. 95. 



558 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ho$ secretarios áe Pizarro dicen qae Alma* 
gro y m» soldados fueron los primeros que cla- 
maron por la muerte del Inca. Apoyábanles 
con iodo esfuerzo el tesorero Riquelme y los 
oficiales reales, que la consideraban como indis- 
pensable para el piovecho de la corona; y por 
ultimo los rumores de la conspiración hicieron 
que Ion soldados absasen también la voz, de ma- 
nera que Pizarro, á pesar del cariño que profe- 
saba á su prisionero, no pudo menos de consen- 
tir en que se le iormase causa. ££ra necesario 
guardar la formalidad de un proceso, para dar 
una apariencia de justicia á un acto semejan teT 
No queda duda de que¿. solo se trataba de una 
Y^fiaL form^Udadv cuandipKse adviei^tc la indeeo^ 
rosa precipitación con qUje procedieron, babien-' 
do bastado, un solo día para examinar los tes<- 
tigoe, pronunciar la sentencia, y ponerla en 
ejecución. La complicación de cargos con que 
intentaron agravar todo lo posible el delito del 
acusado, produjo por su misma multitud un 
efecto contrario, y solo sirve para* conocer que 
de antemano tenian determinado perderle. Si 
Pizarro repugnaba tanto como parecia, el que 
íUese declamado delincuente, ¿porqué dlejó á 
Soto, el mejor amigo de Atahuallpa, en el mo- 
mento preciso de comenzarse' la averiguación? 
¿Porqué se cjecutrf la sentencia tan de plano, 
que no se diese lugar í que el regreso de aquel 



LiBko III. — CAPiTüLovn. 559 

capitán probase lo infundado del cargo princi- 
pal, qqe era á la verdad el único que tocaba á 
los Españoles? La insigne farsa del luto y del 
sefitimiento que aparentó Pizarro, quien con 
estos honores al difunto quería manifestar el 
respeto que le tuvo cuando vivo, fué un velo 
demasiado trasparente para que pudiese enga- 
ñar ni aun al mas crédulo. 

Estas reflexiones no tienen por objeto el dis- 
culpar al resto de la tropa, y especialmente á Ios- 
oficiales, porla parte que les toca en la infamia 
de esta acción. Pero Pizarro, como gefe del 
ejército, era el príncipal responsable de sus me- 
didas. El no era hombre que se dejase arreba- 
tar de las manos su autoridad, ó que cediese ti* 
midamente á sugestiones agenas. Durante toda 
su carrera pública siempre le vemos obrar, tan- 
to el bien como el mal, con la misma política fria 
y calculadora. 

Muchos han referido un cuento que atribuye 
las causas de la conducta de Pizarro, á lo menos 
en parte, á resentimientos personales. Dicen 
que el Inca pidió á uno de los soldados españo- 
les que le escribiese ^n la uña el nombre de su 
Dios. £1 monarca lo mostró sucesivamente a 
varios de sus guardas, y como al leerlo pronun- 
ciaban todos la misma palabra, quedó el bárba- 
ro muy complacido de lo que para él era poco 
menos que milagroj y no tenia cosa semejante 



SGO CONQUISTA DEL.PERÜ- 

en la ciencia de su naciera. Cuando mostró lo 
escrito á Pizarro, este gefe pernaaneció mudo, y 
conociendo el Inca que rio sabia leer, miró des- 
de entonces con desprecio á un capitán que j^a- 
recia menos instruido que sus soldados. No acer- 
tó á ocultarlo del todo, y sabedor Pizarro de la 
causa, nunca olvido ni perdono el agravio. ^^ La 
anécdota no se funda en la mejor autoridad. Po- 
drá ser cierta; pero es inútil el acudir á resenti- 
mientos personales para esplicar la conducta de 
Pizarro, cuando están ala vista tantas pruebas 
de una política siniestra y deliberada. 

Mas todos los artificios del caudillo español 
no alcanzaron á conseguir que sus paisanos di- 
simulasen la atrocidad de su eionducta. Es. 09-, 
sa singular el observar la diferencia entre el to- 
no dé los primeros cranistas del hecho, cuanto 
estaba aua reciente,, y el que usan los que escri- 
bieron después, cuando el trascurso de algunos 
años habia deseubierto ya él giro de la opinión 
publica. Los primeros confiesan descaradamen- 
te el hecho y le defienden como proyechoso, ya 
que no necesario, desatándole al mismo tiempo 
en las mas ásperas censuras contra el carácter 
de la desgraciada víctima. ^* Los últimos por lo 

- 43 Trae esta anécdota Garci- frenados epítetos que Xerez pro- 
laso, (Com. Reaí, Parte 3, lib. 1, digaá la<jruéldad delinca. Su 
cap. 38,) y no se halla en ningún r^acion se imprimió en España 
otro escritor de la época, á lo en 1534, ea decir, el año siguien- 
que entiendo. ' * te a\ de h ejecución. Oigamos al* 
44 Ya he apuntado los desen- otro secretario, Sancho. "Este 



LIBRO III. — CJAPITÜLCÍ VII. 56Í 

Contrario^ al misirld tic^mpo que disminuyen lo^ 
errores del Inca, y hacen justicia á su buena fe, 
condenan sin reserva á los Conquistadores, aña-» 
diendo que el cielo les manifestcí bien á las cía-» 
ras su reprobación, castigando á todos con una 
muerte prematura y deitastrosa. ^ La posteridad 
ha confirmado en todas sus partes la sentencia 



soberbio tirano habría pagado la 
amistad y buen trato que recibió 
del Gobernador y de todos no- 
sotros, con la misma moneda con 
que acostumbraba pagará los su- 
yos, sin que en nada faltasen, es 
decir, haciéndolos morir." "dues- 
to snperbo Tiranno in sotisfatio- 
ne delle molte buone opre & 
buon trattamento che sempre del 
Gouematore & da ciascpno de 
gU SpagnuoH delb sua compag- 
nia haueua ricevuto: il pagamen- 
to delle quali secondo íl suo di- 
segno haueua da esser delle sor- 
te, & maniera che egli soleua dar 
a i Caciqui & Signorí diel poesi, 
facendo gli vccideré senza colpa 
o cagione alcuna." (Fedro San- 
cho, Reí., ap. Ramnsio, tom. IIL 
fol. 399.) <'Merecia la muerte," 
dice el antiguo Conquistador es- 
pañol antes citado, "y toda aque- 
lla tierra se alegró de que se le 
quitase de enmedio. " *'Della 
morte di questo Cacique si alle- 
gro tutto quel paese." Reí. d'un 
Capit. Spagn. ap. Ramus¡o,tom. 
III. fol. 377. 

45 ''Las demostraciones que 
después se vieron bien manifies- 



tan lo mui injusta que fué^ . . . 
puesto que todos quantos enten^ 
dieron en ella tuvieron después 
mui desastradas muertes," (Na- 
harro. Relación Sumaría, MS.) 
Gomara usa de un lenguage se^ 
mojante. ''No ai que reprehen^ 
der á los que le mataron, pue» 
el tiempo, i sus pecados los .cas-» 
tigaron después; cá todos ellos 
acabaron mal.'^ (Hist. de laá Ití* 
días, cap. 118.) Según el pri- 
mer antor, Felijpillo pagó poco 
después la pena de sus delito», 
pues le hizo ahorcar Almagro en 
la jomada de ChÜe, y entonce» 
"según dicen algunos confesó que 
habia trastornado las declaracio- 
nes favorables á la inocencia de* 
Atahuallpa, volviéndolas contra 
aquel monarca.^' Oviedo, harto> 
inclinado las mas veces á escu- 
sar los excesos de sus paisanóa^ 
condena sin reserva toda esta ma- 
niobra, (V. Apéndice, N. 10), la 
que según otro contemporáneo, 
"mueve á compasión á cualquie- 
ra que tenga un chispa de huma- 
nidad en su pecho." Conq. 
Pob. del Piru, MS. 



$6a 



coNauísTAr w:l perú. 



de los coatemporáneos, 
I Atah^aUpa se có&isidera 
\ mancha iQdeleble dé laa 

Naevo Ma^odo. 

iñ Ctui^tana "es de ello ' un 
distinguido ejempto. £n tdda 
8U biografía de Pizarrp, (Espa^ . 
ñoles célebres, tom. II.) el escri- 
tor se sobrepone á la influencia 
de las preocnpa^iolies iiacteBa<^ 
las que obfleureoea con O-ecneny. 



*^ y la pemeaiicion de 
con jnstieia cémo una 
armas españotks en el 



cia los ojos de sus paisanos, em- 
piiSa Ift balanza de la crítiea fas 
t6ríca cpn mano imparcial, y con- 
dena del modo mas terminante* 
á los adores de estas trágicas es- 
éenas. 






CAPITULO vm. 



Desórdenes en el Peru.^Marcha al Cuzco. — En- 
cuentro CON LOS naturales. — Challcuchima mue- 
ñít QUEMADO.— Llegada al Cuzco. — Descripción 
• de la Ciudad. — RiQüfi2!A qne se encontró allt. 

1^533—1534. 

El Inca del Perú era soberano de su reino en 
toé» taf eetétíi^iotí dcy'lfc palabra. Prestábanle 
Tina obediencia tan ciega sus vasallos^ que nin- 
gun déspota llego jamás á conseguirla igual de 
Pos suyos; porque su autoridad alcanzaba á lo 
mas decreto de ta conducta, y hasta á los pensa- 
mientos de lo9 individuos.^ lia reverencia con 
que le trataban, era mayor dé la que corcspon- 
dia á un ser humano. ^ El no era tan solo el 
gefe d^l estado, sino el putttcb á donde todias sxis 
leyes venian á reunirse conjo á un centro co- 
muQ; la clav^ del «4ifício político, que debia des- 
moronarse J)pr su propio peso, tan luego como 

1. '*Eni tanto el temor y res- casen y matasen 6 despeñasen la 

peto i)ue estos naturales tenían á haci^n sin poner en ello escjasa 

ÍPíi^falfW"^" 4ic9, Í*edro Pizarro, ni delación.** Descub. y Conq r 

"q«c nvndándoles que se ahor- ^f jj. 



564 COXQÜISTA DlS,L PEÍiÜ. 

aquella faltase. Así siiceditf á la muerte de Ata-» 
hua]}pa¿ ^ Su muerte ño solo* dejo el trono va- 
cante y sin un sucesor conocido, sino que p6t el 
modo con se verifico^ dW á conocer á los ^Perua- 
nos que ya empuñaba el cetro una mano mas 
poderosa que la de sos Incas, y que la dinastía 
de los Hijos del Sol ¡babiá aéábsÉdo para siem- 
pre. 

Convencidos de ello los Peruanos, se siguie- 
ron las consecuencias que debian esperarse. 
Trastornóse el hermoso orden de las antiguas 
leyes, tan luego como faltd la autoridad que cui- 
daba de su conservación. Los escesos á que ios 
Indios se. eotregafon faetón mayoress, á causa 
de la sujeción no común á que antes se vieron 
condenados. Quemaron pueblos,. saquearon tem- 
plos y palacios, y ocultaron o se repartieron el 
oro que en ellos encontraron. Cuando los Pe- 
ruanos vieron la importancia qua daban sus con- 
quistadores al oro y á la plaata^ conmenzarofl á 
mirar con a;precio estos metales», y siendo asi 

d Oviedo cuettta que el v«r- Inca, debemes ^pan^ lo^i^^ 

dadero nombre del Inca era Ata- informado. Dice qne sus paiía- 

balivaj y que los Españoles lo so- nos creían, que cuando cantaban 

lian pronunciar mal, porque pen- los gallos que llevaron al P^i^ 

saban mas en adquirir oro, que los Espailoles, pronanciaban el 

en el nombre del que lo poseía, nombre de AtahUallpa; y añade 

(Hist. do las Indias, MS., Parte el historiador que él, junto con 

3, lib. 8, cap. 36.) Apesar de . otros muchachos indios cob¿W' 

eso he proferido la autoridad de dpulos suyos, los solían aoit^ 

(rarciiaso, á quien por ser Pe- por las calles. Com. Real, "a 

ruano y pariente próximo del 1, lib. 9, cap. 23. 



Liniio in. — CAPITULO v£ií. 505 

que antes solo scrvian para el lujo de los monai*- 
ciis y tic los templos, ahora los ocultaban ya, cu- 
terrántiolcs en las cavernas y en los bosque?:, Dí- 
joíse entonces que el oro y la plata que escondie- 
ron los indígjenas, csccdiá con mucho al que los 
Españoles hubieron á las manos.. ^ lias provin- 
cia? lejanas pegaron la obediencia' 4 los' Incas 
I>os generales que mandaban ejércitos lejo.^ de 
h\ cajMtal comenzaron á obrar j:or sí fo!os. Ru- 
i.ninavi, comandante de las fronteras de Quito, 
t,ratq de separar este reino del imperio peruano, 
y devolverle su antigua independencia. En una 
palabra, el pais se pncontraba en aquella situa- 
ción en que Iqis cosas antiguas van pasando, y 
líjis lluevas aun no están estabíecidas. Era v^ír- 
daderamente xina revolución. - 

Pizarro y sus compañeros autores de esta re- 
volución, perman^ecian en el entretanto en (.axa^ 
malea. El primer paso del gefe español fue 
noiwbrar sucesor á Atahuallpa, porque le par'e- 
cia mas fácil el gobernar u la sombra de la ren¿- 
rada autoridad que los Indios acostumbraban r.es^ 
pQtar hacia tanto tiempo, y no Ife fue. ílificil ha- 
llar un sucesor. El heredero legal de la corona 

ti Algunos cádqiiHH cfijofon Unte^ (Ovié^pr flwt. de lai Ui. 
á Ben^Ujazor el conqnisMoftle dias, 31^.. Piirt^'fl, ^h . 8, C4p, 
Quito., que lo que el Inca había *22*.) V..tanibien^ Pedro Pizarfo- 
dado á los Esi)añbleá era como " . ítesólib. y* Cóiwf., Ma.*-»ReIi» 
ttna tgC^ZQtcfíMff «moiz cotnpararj <*iH»i)4el P^rímerí De^cub;, MS.j 
dac^n^I montón que tenia de- . . 

r, ' ' 50 



566 CONQUISTA DEL PERÚ. 

era un hijo segundo de Húáyna Cápac líamádo 
Manco, hermano legítimo del desdícliádo Etuas- 
car; pero Pizarra conocia n>uy poco el modo dé 
pensar de atjuel príncipe, y no se áetüvó en dar 
la prefereacia á un hermano de Atáhuáílpá y 
presentarles á la nobleza iridia para qiíe récofno- 
ciese en él á su Inca futuro. Nada sabemos del ca- 
rácter del joven Toparca, quien acaso se confor- 
mariá sin repugnancia cbri uhá suerte qué, por 
humillante que pareciese hasta cierto puftto, era 
mas elevada de lo que .'podría haber esperado, 
siguiendo su curso tegular los acontecimientos; 
Se observaron hasta donde las círcunsWñciáS lo 
permitieron, las ceremonias acosturnbradás en 
la coronación de un príncipe peruano; el con- 
quistador ciño las sienes (leí jcívenlníca con la 
b(yrla imperiuli y en. seguida reeibio éh jiiríitó^n- 
to 3e sus vasallos indios. Fué ííien<¡!r la feís- 
tencia áe estos á prestarlo, pórq'úte 'casi'tó'dds 
los que se hallaban en el cámpámeííto jícirteiie- 
cian al pai:tldo de Quifío. * \ " 

Ya solo sé pensó eníóncés ién^ílégar étmtili 
antes al ,Cuzco,cíÍ5'cajfa ciuá.^d co^^^ \é 

tropas las descripcVoiiés más briírántés; (fécftlsé 
qvievsu^ limpias y pateciQSf.reales deslombraban 
coh isl brillo del oko y 'plata de (pe éstabím <5o- 
biertps. Con la iniíagmacioii exaltadla por tales 
nbticiáá, salieron Piratro y -sws tconípaiícros • 
priuci/nos de Setiembre Úeín eniííad ífctlíití* 



LlttBíO IUtrrH3A^iTVW> VIH. M7. 

tmiUu»ilug:ft<^lp<M^ai$iismpfe.iiieiiMN:^)de«pQr>bah^ 
9J4é^Xed^w4f^ 'hf^fíí$Qím9^n md8^estilaóaBiy< san^ 

éi^CQsi qfdAíetttosi bomíbr|es,' pn^ieüdqse ealcm^ 
liy^ f !la jdai) JiáleÉíat en «erea» ilie< «ná teroerai pavtei 
XododMeinfMrei»díemQ ilaiiilafeftaiUfea 
8Ífl9nKK.lb8iisoÚaáb». éeRiipnro pofqHe'espenw 
ban aumentar las riquezas que ya poseian, y loé 
die.íA^lliiBgrdtpoYqiia 'OOfotehanicón>qpei0n<lO'^u- 
tim^o tMdríaa en :los i éeapkijos flá niisQM i]f>arie 
q^^^'^jpismerM CcMik|ilistadordi/'i ^ Elij(¿iren 
IlkMyMf^yjjejo gt^narbl Ghallei^bkñainuMrcharaii 
tRi|[tbibiii en^qiis/ \MÍmé tcotv 4na iranverdSKÍ «¡onm-^ 
ti vá f de itasallo^ ^« CBn i tanta pomp» i y* apnráto có^ 
m^ siitedaTÓa goísas^bde una> láu^oridád e^cti^* 
vBii?» Hasta He^r- al iCmi¿o^ <«nia qü« itíarehár 
la tropp «por (éi eiimlnoTeaI''4^*Íói^ Incusa qué ibaf 
pó^tlas omnbre»id0'lM'Clordfllem^/. > 6tt ahdttu^á: 
ed^aioasiiiMAnypveniáiniibfife^ áaiiq«ie'iS6gU4i>la'd«t4 
fte^dfiAecDeno mladv^ertiatn'gU'iftoiíilraMióií'lndií 
oi;ipeifeos¡ Qbin[eÉo.i^i>Pftsabai^á't%¿¿s per vérlll^ 
Uanda)yih€nmosbs^fid0iiAerki ^imtiyraléíbaí pnéóp^ 
doaiQSlokfliosal' ^fagttvo^d^irMi veí^s iba 'siguieiiH 

•*rf'í »*>!!'•. »:ir^'>*t 'í ''•J'!í:i'i- ':.>.'.<'•:.■;' '.•';*.' ü--'. miíu 
4' Los "pnmeros conquista- Conq., BIS.— Naharri^. RélafíoiÉ 

dores," según G^éfltüo, eráüi aniñan} ^'M^-^l^^ov dimcbo; 

respetados ^ ^ ^ ^Wí^ífn P?^)^?? « ^^'^-f^WWWiííffnv^ W- J^^'í- 

qu^ vinieron después, aunque 400. 

onnjonito ^tí^rtíí'iitíMiT^^'áe 6' <^áto<}«»ekéaífaino"de^*a 

inferior calidad y menos ricos traza y anchura' hecho á mano.'' 

qv» los.segcmdofc -. Coto. « Red., Relacíwi'del -f^Vwér.'í'Ifescub., 

Parte X,Jib.7,.t*|>.!d. » S M^fl.. ^T 

5 Pedro Pizarro, Desciib. y V ♦ V 



lio ol'cur^o ife mr ¿torréente' 4^ e' l'odéti^á- 1h bint^e 
careomidu de niguita ro<i¿t,' donde ajiéria» po^ia 
asentarse él pié^^efriótriid, mpínúó ki^^iei*ra era 
tanlescaEp¿da4«ic| ya páreeiá imposiMe> el pasa^ 
mn«:adelanie; eLcamino :se«N^oniodalia<fMlfi3 dem* 
gnaldades^ natUraiés ¡del t^ecrena é iimt ru^deando 
lais altaras qae <noipcíáiaá sattirié etv iitiea ri^* 

ta*i V iJ.ii-J'U'l íi ; 'MJp -i.V :• i i* í.' 'li.^i. ,J' V. í . • 

;.Pearbíaunqpeltodo'«^rhlin'COti^tlraidó^lldní ^lu-' 
oko lioo^'^em 9¡h einlfai>i^ uh^patto^ibíry 'difteil 
pavi i Ikil cábhilearíiiM Il^i»ia'it abierl¿t'ié$ealíoii«^ 
effiriaá riKiatañasí f>oró Ibi Bl'oi» de la 'piedra ^^^r-*^ 
t^n \o^' 'Q9<9QetSjéilo3.cnUaU«»j y-^apasac .desque 
1^ gififit^^ : enchapa. • ptó . a¿ i tior»a y> ka ; Heraban 
dd.^ípíltA'qií padpciaa iriueborlof^ lainiríialíec^ tm. 
s^ip: esfiierzqs ;parn a&sKn^sHr lQ»){ií|e^« \, El cami- 
no fi^/pqn^jtVaido pnKagOTto.de áipió y parrt el 
%<jiK) llfifti^, yJ»iym<^janbe^ia íde afarga; {irbpia 
pf^^9, itr^vnsitarfM^i^i ¿1^ imilla, (fítiiie jyi ssó^aR ¿muta 
dQ. qqe ;pp¡jirj ^ ^4>toilQe6 1 r «aveeian rjas « onnentttreros 
^§Pi^íio]^^. >.{^<Mi>u^ai:«ra«a'eas^ualrdad,« la Espa- 
ña, er^fil, p«|i^4en}a6 iibvlaísvyrde este modo «d 
píovej.ejront uítty» p«oaéo:oeü;,€Í Pora dH 'animal 
qne parece haber sido criado espresanieiite. p;ü' 
rjija^ dijSÍQÍles^píi^j0kí dj^. lasisierrasii '■.• . ,: 

'TrtJpl^ii^abáiítaiTÍbiert a íftct^iiJo con otros' ob?- 
t.ái;^iÍ0Sj:.f?n, |^^,C!iiirdab>so3..ioi;iiefifte«iiqite sie«de»* 

7 í'Einiinchaa parteif vkiHÍo I9: . ^ . : P«dro l^aucfao; RéL , . n^ 
que está adelante, parecíf cosa üiir' Ramiisio, tom.itfl fbic 404. • * 
. pos'fliblB poderío pnsar/'Ibid.MS / -1 '>^'-- ' ->vh«<T -i 



LIBltÓ fie»— KíAPItÜLO VMí. '506 

(üi^'igábah^ cbtt ímpetu-^ kié iA¿nd(^^. Pavu atrá^- 
vesarlds soto tkibii!í:pnentes' colgantes do bejd¿ 
eos, <2uya débil maletia se fué roffipWndo á'pocó 
tiempo con el tramitó de*' ki taballéíía,' y '«\«e- 
darÍM Uenoá de ag'éjeno^qné hacían mucho mati 
p€fl¡gro80 el ]xi8o¿ ' Bn tiileí^ eásós tuTÍerciti por 
iiirejof']o»£$pa6ole8el atraVessir los rics enból- 
gai), y Io8 eahallos Iq6 pasah^li a i^ado, itevándq* 
ío*>del' dtostirov.*, flor todo- el camino' oncon'^ 
traron fambod i[{ ca^nrs'de pisistilsparkiilojá^mi 
fo de los correos résílíJ.V estáítílecrdós á distan- 
cias fijíVs; y almacenes *de gitanos y 'otras cOsas 
acopiadas ' én las ciudades 'iMricííiales^^pÜra él 
/íonsuiuo dé lósí ejércitos indios. •'t;óá''Í5s'¿íañó- 
les cuiííatóH dc' aprovecharse ' d!c ' 'la ' ¡irtidlírtté 
préx'ísión'dergobíifrnó pérdano. ' ^/. ---^ > 

Desi^uc's de urláfii.^tidiosa marcha en V'cjitó 
phso por ' varios piicliló^ y cirtdádes de álguníi 
cdiisídétácíbnV síeiido las principales Gdáma'cHu- 
ehó y fedáhuco,- dtó vista Pi¿arí*o al ridcí Valle 
de Jauja, 'iíuránfé ta matchá, aíínqucí'hártó' 
fastidiosa, no pa«aroíi muchdÉMrabájo.«Í f rféépto 
al vencer las emudaft crestas de las cor^diHeras 
que á veces se les atravesaban e^ su camino; as- 
perezas en j^ue se ven engastados como perlfis 
los hermosos valles esparcidos por estas regio- 
nes elevadas, , Érf los pui^ríps de las siéi-ras les 
molesto a veces el fno, p«es qu<e< {Mira xamimir 

9 Ibid.,iib¡ mtj¡fr:i. — l^^lacion del Primer. De?ci|l»., MS. 



4ii^& íijft.ligeííi,&qj^ Uflv#>{|» c\w^igO Qlsll^^e 
muy n*e^«ri«t.y. n¡.;>wji»»i^9WríMy0iúaivpr«yif^- 
t&% jdj9 yü^^9" Vr t JiflDs MÍfc^te?i: Itftlajdo^ , )¿te Jas 
jiaantajña».iP«Mtrs^]>ao: pQ% ©nitre: la? ,gi;íipWL€i s^t 

y#^tídf]i3' fm^ Á' I» li^mi :f^ acasto^l^iado» il m 
thtíiA) ealierntei^padeeian * mucho .nüfesk.' [IWae« 
que:eHito9 £apaíi<rieé>.effci jgbaLik^líesfaarzo.djd 
euetpo y-tíl-éiA ]es|)&ritUi: Il> qae 4toitt&clalica«f 

te IfijnarcJja, jj^.ajqiasr de,i;pja vf^^p .^ 

r;^stJfQ .de ijljlqs ^^ jas aíjd,^^¿que|if{\^as^^y pu.9ij- 

busca; y 'solían y^)r.^l^9.n^^ .gpr^tií^^ 

(i9^o jpuJ¡>^QÍlil;^p .,e^ .el^ },]QXÍ7¡f^nt^,,(^e jse 

^esy^^ecian . tap ^ Pfgíj ;QC^ípQ. ia|^::|^.sp^^,oíes jip 

W^íd^rf HSrre»r¿)^* ¡R^^m^^h ÍP, .^«^ÍPPí:^." H 
^q^x^pe.síí^^jr¿9^(li^^^ dei 

Los Españoles se acercaron al no, cuya cor- 
nenie aumentada por las nieves derretidas es- 
tapa entonces muy ancha, aunque no profunda; 

19 ''La notte donmrono tutti ne da^mangiare." feóro Sancho, 
iií'4úáfá-áti/iía¿í¿áWiaa^áip^^^ 

t«jaIci»«H:«opT!i<Urneaej,ne-pw: ^Oi.n íí' ^--.r»*; / ii '»?^ »!• '" 
hebber sonuenimiento di legne 



Liíjílo fu.-T-7C^.piTpLQ Yin. $71 

^^lp,^ei^ yel-pgaa,, lYjpar^^^^^ nado, jpartp ya- 
d^9.a^^o lo in^^c¡r..^i|i^. pudieron, .paparon ía ori- 
llj^,Qpuesta._ p.p^^Qpnqer^^^^ í^ídips por e^- 

tí^ resaelta^^ipjteri^inaci^^^^^ t^ny^n fvinda- 

Pí?f^J}f.^ .^??Wi§^i4ü PÍ5?^?í^'pf- :Mj^hh4^' 

b^.alas áíps fuffitivosi, pero el caballo y su ffine- 
te Qran mas liff^ros aún, y los victoriosos perse- 
fi^aidores tomaron sangrienta venganza . del ene- 
miffo, por haberse atreyido á pensar siquiera en 
oponer resistencia. , , . 

Jauja era una población considerabre, y ya an- 
t^s hicimos mención de ella con mptivo de ha- 
ber espado allí Hernando Pizarro. Se Jiallaba 
situada en un frondoso valle fertilizado por mil 
aceauias que los indastriosos labradores , indios 
sacaban^ deljrio principal que corría piansajrneíte 
por entre las praderas?. Habia en. la ciudad va- 

*<'..l >..} 'U.^.if:: 'ti r .' .i"v -H .•)■'•■'•! •:• ■ y,-.- »•.; •»•; ' 

rips ^spi^fjicjsos e^^pips (L?,..j)jiedra tó^ url 

templo (jue Blpj3jnz.9\ci(5rta fa^ tiempo, de los 

d^^ y ,^e^si;.s paisanos,, destro^na^oíi ni.viy.Cjii breve 
á las divinidades paganas, y colocaron en su lu- 
gar las sagr«da9^^tiniágenes díd la ..Vírgenr y del 

Nífio-'íéstiis;^ 7'"^ -•'■'' ••...:--'.-• ^ ••■-••'•- 

Resolvió Pizarro ¿eteniers.e..fillí algunos días y 



573 cóNQtnsT^A biríV f EKtl: ' 

fundar üiúi colonia eépííuola.^ Ccmsidei^bÁ »scf 
aquella (tria pósícloií'miíy vent;tjosa'pani itiáñte- 
iVer sujetos* álóá Ihdios íle'la'^íerlra; y qiie servi- 
cia al mismo tiempo para fiíclfttar fas conVunicsf- 
cíónéskíónia costa.' En éí entretanto det¿rnií- 
ño enviar a ^otocón sése'ñíá'cátó'lltí^pafa qutí 
¿e' adelantase á ¿s^rfórár tasietóVé fóéresé rbpó- 
íiéi' Ids puentes qiíé é\ éíiéiíílgólfi'aDÍa destruidlo. '' 
Partió desde luego' esté diligente capitán, pe-* 
ro tW>pezo con graves obírtáéufóé en" kü máréhíi* 
Según i«^'anz'at)á er'án' rtias ctáríts'y' ínás 'fre- 
cuentes las\séñates de Vifémígós.' 'feícontnibít 
pueblos' queni'aíío^, puentes destruidos, y gilic- 
sas rocas y arboles esparcidos por el caminó pa* 
ra estoÁar el paso á la 'cauáTÍería! AÍ 'acercar- 
• »e á Víl€ás,Tugár importante eii Ófró fieñipo, pe- 
ro que 'hoy ha 'desaparecido' ya dé) * mápá, luvd 
en un desfíladeíó un reñido eh'cüentiró con ló^ 
naturales, el qué'lc costo la vida de dos d tres 
soldados. *JLa per Jidit era* ^bíeií coirtaí "nias por 
pequeña' que fuese, ía sentían vivjhnenté los Es- 
peinóles, acoátunibrados cbnió ya éstabíín hacia 
taiitotienipoV a no'cn^óntfhr resistencia. * ^ 
CaiTliimndó sieiiipre adelantc/'^iasü et cáj^ifátí 
r- bspañol el rio AbancaY, f l;f caíídhlosá ' cótrien- 

I U €altftdoJa Ji«»úclRÍyfté^ ;riinA)iÁf9^.Mlfdrrefa^ HJst txei 
^¡Diiento de l«i ciudad de Xauxn, neraJ,. dec. 5, líb., 4^^ ffw. 10.^. 
M S. --Pedro Pizarro, Desciib. y Relación del Primer Detcút.* 
CofiqÍ,.MS.-i-C«Ííq. í'Pob. ad'^'MS': ^ i 



LIBRO UI¿-frCAFITü(.0 VIU. 573 

te/del ApwrÍBtoévy al llegar ulii §icrra de Vil- 
caccíngasupo que vina - rcunionr considerable de 
ImlifkSr le agttoifdaba 'en. las: peligróos gargantas 
de UM montañas. / La sierra dUtaba algnna^ ln" 
guas del Cuzco, y deseoso el comandante de pa- 
^nrrisnante^iqafe ce^rrasie^la noche,3e naetio eaellu 
íi)í<;(6»8^hlenid^mente con au s . .caballos can sa do& . 
Gtm^dof le vieroHí y^ bien internado en laá pe- 
(kegeístusv VQFedúus; vina uube de guerrér^xs. ; aniia^ 
dft«iiiií^<pfir«cifin bíotíijr de cadaignita y do ca- 
djii matorral de )l9.siefnii llenó ei aire ;Coni sus 
alj9xi4pa»de gafsertii) ! y eayó do «golp^^, rtomo uti 
tprjr^fíte, die,'SUH^níiaiitana^9 sobre- ilo» Españoles 
c|fii9áb9$>b^fiia4aDdo4as pendientes eóa mucho tra- 
bajo. Fué el ataqae/tanJinpQtuoso:que ni hom- 
brciD. ni Qfibalilas pudieroa resistirlo j y cayendo 
la^iipriinenta fUa» soliere/ las que veman detras, hi* 
cier9A.gen6Eai>eL desbarato y la consternación. 
Ea vano. intentfi 'Soto restablecer el. orden, y 
cargar si. fuem ppsilde sobre los acometedores. 
Aquella 'pttbe de proyeelilesliaeiaperderel tino 
yeLgobiecnd á los. caballos, y los desesperados 
indígenas lesíagainráíban por las piernaspara impiCr 
dírles que oontítiuasen soliendo poiT la áspera ve- 
redaí >Copoció entonces Sotoque era> perdido si no 
lograba ganar Uña mesetti quese deseuMa á po^- 
ca^isctancia^... AiliÍQíio u su gente con el ¡uitiguo 
gritode guer!i:a,{jque g^ieiupre llegaba al corazón 
denlos Españoles: hinco Ihs espuelas en los hija- 



574 . GONQÜlStA afil.'PBIrtJ^- . 

res" de su ñiti^db coreefy y aytMhMkn «Qá kikcfí 
por sus solidados, vompicí por^iitt^laismdtediim^ 
bré de güetferos ápüt^étidolosá^di'e'Stra y sintes^ 
Ira faas^ta que ni ñú eotisigai¿ versé en Ift^ Ihcm* 

ra. •. •■ ^ .. •'.-.;. '•.')■, i:^r :: 

Allí como por. túútno coti'viemo, «q deitwnerc» 
ambas partes álguitosimomentoi^. Por «iiniedfo 
del llano eorria xrnsrmyó en. el cual ahM^v^Mron 
los Eispañoles'^as cáb»Uos^'^ y baihi'eiido^otoid^ 
aliento líís anim^losv dio' S*ld bou teídaisu igen- 
te una carga deseísptgáidaiiaieníeiiUgo;» Los in- 
trépidos Indigis Yesi^tienm el aboque lion^áiítte- 
za, y aun era dudoso el reimltiido de( eomhati^ 
eua)idó las sombras de la nbobeésvolnetoii y 
sepai-aron á los combatientes!. ; '{. '> 5'-* . i, 

Losdosejéreito» déj«trdn'ieiitaii«l¿B el onApo 
y se «itaaroniá tiroide Aecha uno dé otm, 4e )im* 
nera que en (el silenció td^^la'«kobhé>se<ipodi«m 
ia Y9zde Ibs soldado)^ jde Qili[ibas><e»lii})ameiitM* 
Peroíse peosaba'ebi'elUis de muy direrse modo. 
Los Indios. UeBÓs íde Tégocijo ' x^ob 'bw ipwé&gCjF^ 
triunfo, agutt'rdabbn muyMSEfiadbs bftmfldaBa'sw 
guieute par^ iCoixi[ldie!ta«le; • «fSvtre^^lojGt £8^fto^ 
lee por lo odntoqnov ^^á pmpovcobiiado^^dtsa*^ 
liento.' No ; esperabaii' <dncofftmr • semejanKeé»^ 
pirita de reisi^iencra euf un enemigó' baista^entcm* 
ees tau sumiso^ Hahian per4iiaM vapiós'eémp»' 
ñerosvy una die ellos <babía 9«cUeiifil»do;al>golpc 

IS Pedro Sancho, Reí., ai». Ramusio, tom. III. Ál 405. 



IJBRO til.^CAPltütO TflI. 5tS 

de ütiaUiídliíi pféi'náha 'quie le llfenflió lá'-^elb^za 
liaéta la barlíaj Ib que' fiaba claró ítidíeio defl po- 
der del íifriia,'y dé la róbiistéví del btózo qdé th 
hi'átiéjábk.? También 'halriá'hmiw^rtb'Vilri^s cíi- 
balídé, caVá piértlMíi era' déiilid^ c^ú ál par de 
la afe uh girféte, *p5r?á dificultad 5^'er^ciddsi eos- 
Ios Aé cbhaáéíífós á teñtd ttistatlfetó; * Apfeli'afe 
q'Érédtí caballo lil ^6Mádd qué nd ssUJ^Se herida, 
yltíé Iridios íamigó^ sáKfelroñ^^tódátiá pédi- libía- 

áó^j' ■■■.■■■■■>' '^^ •••••• •^ • •• . 

• A'jüz^r por'lÁ olísllíiriácíbh áéVái^qxxe y poi-í 
tíeño orden qtíé ^¿ giiH^dó éñ él, eta de 'éreeráe 
qate le líabia dírié^idó'ál^íííi ' ^éfe es^érirnentÁdo 
en la milicia, iácáidó él géfíéírar íhülo Qtíiiqúiz,' 
qítiién ^ d^ciá ^üfdábsi fiééóVnen'do fedn i¿ia fuer- 
aá cónBÍdei^áíble Krs rfWétf édorfes áeliJazto. 
• Bien qtfe iw leMtás'eñ *á* ^oto j ustós ttiótivo» 
'de télnb'r pái^á'eí dia líl^iéíite, trattí, como hom-^ 
íwede 'Víílor, iie ittíuwiir ánimo ^á sus tropas. 
3ijé\é^qwé d ká(:biá^>dei'n)tifidoai énen^igocuah'- 
dó »tíd 'e^baílld^ é^átalyañ'fa^ádt^ <ytM\ aj^olán 
das g^'s^tdpj^s ¥aef2;a^, ^«á^oídeho; mías fáoil 
el' sáiir'^thtGTrsr i victotíb^ps, caandb nfno& y oíbros 
M^hftbián«y<^bbhiÜor >uon ima ínofchb 'de^ reposd; 
tíifeótó'étttMhdólfe's MálWlsriiO tíéWjid Mqiü^ p^íe- 
»eri ^tí cdáflUtízaén d'T^dojM^]^^ liumía 
abandonaría á sus siervos fieles en la necesidad." 
£1 rétoltftéofjustifícd :rla cofifianza d« Soto len 
este oportuno auxilio . ^ . 

13 Ibid., loe. ciu 



576 C0NQÜÍ81M DEL PERÚ. 

Dciraute^su ma relia había Qnvúulo de cuan- 
do éri (iiiaiido a Pizarro^ noticia;5 del estado ame-, 
uazantc de la tierra, hasta qne.al eaba este ge-, 
fe jhubo de -alarmarse seriamente y comeiizp 
á temer que su oficial tuviere qae .sucumbir u 
un enemigo tnu superioa? en .nuiacco.í. tlizQ.sa^ 
lir por lo tanto áAlmíigro con qa$i todos^loe; ca* 
bellos que rcíjtuban, para que fu^ise a soeor^-crle^ 
sin darle ninguna infantería á fin de qnQ mar-« 
chase mas á la ligera. Este activo capitán, agui- 
joneado por las nuevas q^ic ibajr.ecibiendo por 
el camino, hacia marchas forxa4as y tuvajla 
fortuna de llegar al {>ié tde Ja -siprra de.Vilca^ 
conga la misma noche de 1;\ í^cc'qn* . ... . 

. Sabedor del encuentro ocurrido, siguió ade* 
lante sin detenerse,- aunque, »g?5. caballos esta^ 
ban rendidos de tanto cami^aiv La noche era 
sumamente oscura,:. y teme uóSoíAlwAgro de ár 
á tro|>ezar con el cainp0.:«f)einigpi y doáeoso 
ademas de uoticiar á Sotcque ya le tenia cerca, 
hi20 tocar Jas trompetas, hasta qué corriendo 
su sonido por los desfiladeros de las montafias 
sacó del suefio ,á sus compatriotas, para cuyos oi- . 
dosfué aquella la música mas ddiciQsa. .Coi^tes- 
tátonle al punto con sus clarines^yea breve tu- 
yiej.Qíi ^1 gusto de abrazar ; á s^is libertadores, '^ 



: 14 Pedjfo PÍzarro, Descmb. y C^^üq.» ^S.^Hei^ara,' Iftót, Ge- 
neral, dec> 5^ lib. 5, <^p. 3, , . . 



ÚBRO III.— ^CAPITULO VIII. 577 

Ifa cualquiera podrá figurarse dual seria el 
desaliento de los soldados peruanos, cuando á la 
primera luz de la mañana vieron reforzadas de 
aquel níodo las filas délos Españoles. Era inútil 
el pelear contra. un enemigo á quien el combatir 
daba nuevas fÜferzas, y que parecia multiplicar su 
numero á su antojo. Así fué que ya no quisieron 
renovar el combate, sino que aprovechándose de 
aiía espesa neblina que cubría las laderas de los 
cerros, abandonaron el campo y dejaron abiertos 
los pasos á los conqutstadoi'es. Los dos oficiales 
continuaron eiítonccs su iríarcha, hasta que sa- 
caron sus tropas dfe la sierra, y habiendo elegi- 
do una posición segura resolvieron aguardar allí 
la llegada de Pizarro. ^^ 

El general en gefe permanecia en el entretan- 
to en Jauja, adonde fueron á inquietarle las mas 
desfavorable» nuevas del estado del pais. Has- 
ta allí todo lo habia conseguido casi sin apelar 
á las armasy y por lo mismo la resistencia de los 
indios le cogia tan de sorpresa como á sus ofi- 
ciales. Según parece no comprendía que el ca- 
rácter mas bland(»,- puede cansarse al fin de la 
opresión, y que si alguna cosa podia sacar u los 
indígenas de su natural apatía, era el ver ajusti- 

15 Refieren con mas ó me- MS., — ^Relación del Primer. Dei- 
nos prolijidad el encuentro de cab., MS.,~^Pedro Fizarro, Des- 
Soto con los Indios, Pedro San- cub. y Conq., MS.,— todoa ell^s 
cho, Reí., ap. Ramusio., tom. III. individuos pertenecientes al ej6r- 
fol. 405,— Conq. i Pob. del Piru, cito. 

T. 51 



678 CONQUISTA DEL PERÚ. 

ciar como un malhechor al Inca, á quien todos 
miraban con tan profanda veneración. 

Recibió, pues, con mucho placer las noticias 
que le trajeron de la* retirada dé los Peruanos; 
mando decir una hiisa y que se ofreciesen so- 
lemnes acciones de gracias alciek), **por haber- 
se mostrado tan propicio á los cristianos en es- 
ta grande empresa," Él Español fué siempre 
un cruzíido. Era en el siglo XVI lo que Corazón 
de León y sus bravos caballeros fueron en el XII, 
pero con e^ta diferencia: el caballeiro de aquellos 
remotos tiempos combatia por la cruz y por la glo- 
ria, mientras que el oro y la Cruz eran el santo y 
seña de los Españoles. £1 espíritu mercan tií ha- 
bla ajado algo eL espíritu 'caballeresco; pero el 
fuego del entusrasíhó féligiósd, árdííi tan vivo 
bajo el sayo acolchado del conquistador de Amé- 
rica, coího bajo la armadura de lacero del solda- 
do de la Palestina, - '' 

Sospechábase y con fundamento que alguna 
persona de autoridad h^lbiá organizado, o á lo 
menos fomentado aquélla resistencia de los in- 
dígenas, y las sospechas decayeron en el cautivo 
Challcuchima, á quien acusaban de mantener 
una coxrespondeEcia. secreta con suední^erado 
Quizquiz. Pizarro se presente) al Indio, y acu- 
sándole de autor de la conspiración, le echp en 
cara, como-autes habia h^ió con su rey, la in- 
gratitud conque Imhia pag^do^el generoso trato 



LIBRO III.— CAPITULO \llfi 579 

recibido de los Españoles. Concluyo su coa- 

' versación notificándole, que si no hada que los 

Peraaii^os depusiesen las armas y se. sonietiesen 

• ^l punto, le haría quemar vivo tafi Itiego eomo 

llegase á los cuarteles de Almagro* ^® ' 

El capitán indio escucho esta terrible ánoená- 
za con la mayor serenidad. Negd haber tenidcr 
corres[K>ndencia alguna con sus paisanos, y aña* 
dio que preso como se hallaba, no tenia poder 
para reducirles á s\imision. GalM entonces obs* 
tinadamente, y Pizarro nollevd adelante el iásun- 
to. ^^ Hizo, sin embargo, doblar lu guardia del 
preso y le echo cadenas. Era aquello muy mal 
indicio, y así se anuncid ,también la muelrte de 
Atahuallpa« 

Antes de salir de Jauja tuvieron los Españo- 
les la desgracia de que muriese su hechura, el 
~ joven Inca Toparca^ Las sospechas recayeron 
según costumbre sobre Challeuchima, á qui^i ya 
habian dado los Españoles en cargar todos los 
pecados de su nación. ^^ Fué aquel un contra*' 
tiempo para Pizarro, porque contaba obrar en 

16 Pedro Pizarrot Descub. y muy distantes' de estar conven* 
Conq , MS.— Pedro Sancha, cidas-del delito de Challcuchhna. 
Reí., ap. Ramnsio, tom. IIL fo!. «'Publico fue, aunque dello no 
406. ubo averiguación ni certenidad, 

17 Ibid., ubi aupra. que el capitán ChaJiconiman le 

18 A juzgar por el lenguage abía dado ierbas o a beber con 
de la carta diiíjlda al Eiüpérador que murió." Carta de la Jfust. 
por la mumcipalid&d de Jauja, y Reg. de Xanxa, MS. 

las tropas mismas se hallábfin 



580 ' CONQUISTA DEL I^ERU. 

lo sucesivo á la sombra de esta irrisoria mages* 
tad. 1» 

Parecióle, mas prudente al general no espo- 
nersi^ á perder sus tesoros llevándolos consigo^ 
y por lo mismo los dejo en Jauja al cuidado de 
unos cuarenta soldados, que allí quedaron de 
guarnición; Ningún suceso de importancia ocur- 
rió en el ^unino, y Imbiéndose junt;ado Pizarro 
con Almagro, ambas fü&rzi%s^ reunidas entraron 
á poco en el valle de Xaquixaguana, á cinc» le- 
guas del Cuzco^ Era e^e uno de aqtiell^» sitios 
amenos ocultos en el con^zon de los A^ndes, cu- 
ya hermosura parece mayor poor el cpn,ttáste que 
forman can le áspero y agreste del terreno q«ie 
los circunda. . Por medio del valle atravesaba^ 
un rio, que facilitaba él riegb de la tierra y la 
ifianteaiá otÉbierta de perpetua verdura; y la rica 
y floreciente vegetaban a pareeia; cúmo ün jar- 
din cultivado' con esmero. LaJbelIeza de aqtiel 
sitio y su deliciosa freseuTa, le haeian muy pro- 
pio para habitación ' de los Bobles peruanos, y 
Iss faldas de los cenros se veid» eubiertas de 

19 Según Velasco, Toparca, gado á defeft<L«r á Aiahttallpa y 
á quien él da otro nombren, ax- á su familia «bar tanto ardor co- 
rancó de sus sienes con despe- nHi^si se lo Mibiesen encargado 
cho la diadema que le diera Pi- espresamente. Sus autoridad^, 
zarro^y murió t^e pesaduiiibre á . cuando se difua apuntar algunas, 
las pocas semanas. (Hist.deCUü- es tan raro que le saquen airofo 
to, tom. I. p. 377. ) Este escritor . de sus empeitoSi que es- «ariea^« 
que era un jesuíta xlé Ctuito, pa- do el fiarse de sus diehos. 
rece cómo qtte se considera obli- 



LIBRO UíJ^—CÁ^ÍTVhO vuí; ' 581 

casas de campo que les servían para ir á pasar 
en ellas los ardores del^ verano.^ Una ciénega 
de alguna estension^ foj^mada en el centro dd vía- 
lie por ios frecuentes desbordes de las aguas^ 
desfiguraba en algosa hermosura; pero loa ar- 
quitectos indios se dieron^ maña para construii:^ 
una so'lida calzada revestida de gruesas piedras, 
que atravesando por en medio deL pantano, iba- 
á reunirse con el camino reah ^ 

Piza^ro se dcrtuvo en este valle algunos días, 
durante los cuales se mantavieroní sus tropas á 
costa de los bien provistos almacenes de los In-- 
cas. Su prfraer paso fué formar proceso á CflialU 
euchimat si puede decirse qu.el^ubo proceso don- 
de la sentencia iba por decirlo así, inclusa en 
la acusasion. No pos dicen qué pruebas se pre-^ 
sentaron; pero sí que fueron bastantes.paraconi- - 
vencer á los oficiales españoleare q^ue. el capi- 
tán indio era deüncuente. Tampoco es dé todái 
punto increible que Challcacsbima finteo tase se*- 
cretan>eiite una insurrección, del pueblo, «uyo 
resultado debía ser lá libertada de sa patria y la 
suya propia. Fué condexiaido á -ser quemado allL 
mismo. * 'Pareció á algunos cosa, fuerte," dice. 
Herrera; "perolosxjíte signen laa ra»;íones de e&- 

20 "Auia en este valle muy zes." Cieza de Leou, Crónica, 

snmptuosos aposentos y ricos cap, 91. , ^ 
adonde los señores del Cti'^cq s&- Í¿1' Ibid,, ubi sup^Q^ 
lian á tomar sus pla^er^é y ¿ola- 



582 •CQNQÜISl'A DEL PiSaü. 

tador á todo ciernia ioá ojos." ^ No se echa de 
ver á primera vista porqué preferian dar los Esr 
pañoles á sus víctimaseste cruel género de muer- 
te; tal vez seria porque los Indios erau infieles^ 
y desde lo antiguo se consideraba el fuego co- 
mo el castigo propio del infiel} para simbolizar 
las llamas inextinguibles que le aguardaban eu 
las habitaciones de los condenados. 

El P. Val verde acompaño al gefe peruaao. has- 
ta el lugar de la ejecución. Según se vé, siem- 
pre »e hallaba presejité ¿n;est6 momenlb térri-'. 
ble, ansioso de aprovecharlo, .si era posible, pa- 
ra conseguir la ^joñversion de la víctima. Pintó- 
le cónlos mas negros oólorej» 'el harcibl&d;^stiaa. 
del infiel, que solo podia go^ár de las inefables 
glorias del paraíso, regenerándose en las aguas 
del bautismo. ^ Según parece no le ofrecití nin- 
guna connmtacion del castigo de este mundo. 
Pero, sus arguín.entos se estrellaron en su cora- 
zón endurecido, y el Indio le respondió friatpen- 
te, **que no comprendía la religión de lo&bian* . 
COS." ^ Puede, pjerdónérsele que no compren- 
diera las bellezas^ de una religión que al parecer 
había producido para él frutos jan amargos. 
Mostró en medio de sus tormentos la fortaleza 
oaracterístíca del Indio americano, cuyo sufiri- 

22 Hist General; dec; 5,;lib. Ramufio, tom , UI. fol, ,406. 
6, cap^ 3. ' , 24 ' Ibid;, 1q¿. eit 

23 Pcdrp S3nchi>, Reí., ap. ... 



LiBKO lll.— CAPITULO VIlI.. 58*' 

miento triunfa siempre de la 3aña de sus enemi- 
gos, y exhaló el ultimo' aliento invoeandó el nom^ 
bre de Pachacamac. Sus propios paisanos'tra- 
jeron la leña para encender la hoguera en que 
fué consumido. ^* 

Poco después de este trágico suceso, sorpren- 
dió á Pizarro la visita dé un noble peruano^ que 
llegó con grande pompa seguido de una nume- 
rosa y lucida comitiva. Era el joven príncipe 

• Manco^ hermano del desgraciado Huáscar, y 
heredero legítimo de la' corona. Puesto ea pre- 
sencia del gefe Español, le declaró sus pfeteur 

- siones ^I trono, y pidió la ayuda de I03 es^tran*^ 
geros. Dícese que habia pensado resistirles 
|)or la fueraa, y aun había favorecido los ata- 
ques (Jue recibieron en el caiñino; pferó qué mi- 
rando ser inútil la resistencia, habia adoptado 

; esta prudente medida con gran disgusto de lsu8 
nobles, quienes tenian mas resolución que éL 
Sea como fuere, Pizarro escuchó áu demanda 
con particular placer, porque descubría en él 
un nuevo vastago del tronco real, que le sería 

' mas ütil para conseguir sus fines, que cualqi^ie- 
ra otro de la familia de Quito, la cual fagrada- 
ba muy poco á los Peruanos. Recibió por lo 
mismo al joven con grande afccto,.y po se detu- 

35 Ibid.i lock cit^>Pedro Pi^ dor está tan ea^opeaido en e&td 

zarro, Descub. y Conq., MS. lugar, que mucjiíi parte de^u-nar- 

El manuscrito de! conquista- raciott est i borrada enltjf amen te. 



584 CONayiSTA DEL PERÚ. 

Vo en asegurarle, que so señor, el monarca de 
Castilla, le bábia enviado espresameiite á aque- 
Ha tierra para vindieíir los derechos de Huás- 
car á la corona, y castigar la usurpación de su 
rival. ^ 

Continuo Pisíarro su marcha llevando cansiga 
al príncipe Indio. Detúvole algunas boras una 
partida de indígenas que le aguardaba en la ve- 
cina sierra. Siguióse un reñido encuentro, en 
qufr los Indios mostraron grande valor, y oca- 
eionaron una ligera pérfida a los Españoles; 
pero «stos al fin los rechazaron y se abrieroi^ 
paso por el desfiladero, sin que el enemigóse 
atreviese á seguirlos en el llano. 

Llegaba ya la noche cuando los Conquista- 
dores dieron vista al Cuzco. ^ El Sol ponien- 
te iluminaba con sus últimos rayos la ciudad 
imperial, doqde habia tantos altares destinados 
á. su culto. Las filas de edificios bajos, que 
aquella pálida, luz hacia aparecer eqmo de pla- 
ta,.llenab.an el fondo del valle y las faldas de las 
montañas, cuyas confusas formas asomaban os- 
curas por sobre la hermosa ciudad^ como para 
defenderla de la profanación. que le amenazaba. 
Eca ya tan tarde que Pizarro resolvió diferir su 
entrada hasta la mañana siguiente» 

26 Pedro Saiicbo, Reí., ap. 27 ^' Y dos boras antes qne el 

Rikáiusio, tom. III. fo!. 406. — sol «e pusiese, IIe;§;aron á vista de 

Pedro Pizarro, Déicub/y Conq/, Ja ciudad del Cuzco." Relacio n 

3ÍS. del P)rimer. Descub., MS. 



.LIBRO UÍ.-^CAPITÜLO VIII. 

Aquella noche se "glKirdó en el Gamf»»men1ia 
la mayor vigilancia» y loe soldador durtriiepórf. 
con sus a^nnais» Pfero se pasó- sin ntoguna^ mo- 
lestia por parte áxA enemíigo, y nraV tcmprailo» 
al dia siguient^^ que era el 15' éé PfovieiAbí?^ 
de 1533, se preparó Fiaarro «verificar su eiK 
tr^a en lá capital del Felrui ^ 

Dividio^se el petjueño ejército en? feefei^ fi*o?o«,^ 
ireservándose él general para» sí' el mando ddk 
centro, llamado "la batalW Llenaba lo^ subiu*- 
bios una inmenisa mdltitiid de indigeaiáis» qa«í 
habian ácudido'de la éiaidády de lo» akedo-^^ 
res á iH*eséndiar aqtDel espectáculo piomiioso, y^ 
tan estrado para- elio^. Tcíd6# fijabah' lor ojo^ 
ei^ los^ estrangerds con ansiosa; eul'to^dad) por- 
que la fama dé su* inereibles hechos^ h{Él^a> ai- 
canzado hasta los^ confines mab rerootoí' del hn*^ 
perio» Miral^n con asombro m& i^eludiesies* 
armaduras y sufirrostros blances^' que pareciaií» 
acreditarles de verdadero» Hija»' del Sk)l, y es^* 
cuchaban con cierto temer iníéefinibie el 9onoro> 
sonido de Jas- trompeta»^ que se difundia per 
la&calle^ déla ciud)S^; y el ruido de las písadsm* 
de los caballos, que hacián estréüiecer el piso 
apesar de su solidez. 

El general español se encamino en - derechu^' 

23 ' Los cronistas no están d« ' las se^ida» eñ el testos la teik- 
airuerd^ en la fecha. No puede cion de Pedix) Ssnéhú y la cáflá 
h<lbdr mejores autoridades qtié' del ájrolítámien^Mé J4iiija, 



586 CONQUISTA DEt PÉRÜ. 

ra á la plaza principal. Estaba rodeada de edi- 
ficios bajos, y'entre ellos había varios palacios de 
os Incas. Uno de ellos, coifstruído por Hnayna 

• ^Capac, estaba coronado de uiía torre, y ocupa- 
ban la parte baja uno o mas 'inmensos salonea, 
como los que yá describifnos en Caxamalca, y 
allí celebraban sus fiestas los nobles 'peruanos, 
cuai^do el tiempo era desapacible. Tales edi- 
ficios proporcionaban cómodo alojamiento para 
las tropas, aunque durante las primeraa sema- 
nas viyierQii éñ 1¿ plaza bajo de sus .tiendas, 
con «US caballos ensillados, y prontos á conte- 
ner Cualquier moviniiento de Jos habitantes. ^^ 
Aunque la capitalde los Incas ño igualaba al 
iamoso El Dorada que né hablan figurado en 
sus crédulas fantasías, asombro á los Españoles* 
por la hermosuira de sus edificios, lo largo y re- 
gular de sus cáUes, y el buen orden y apariencia 
de bienestar y aun lujo, que se notaba en su nu- 
merosa población. La ciudad dejaba muy atrás 
á cuantas hasta entonces habían visto en el Nue- 

. vo Mundo. Su poblacipq^fué calculaba pot uno 
de los Conquistadores en doscientos mil habtian- 
tes, y en igual numero lá de los suburbios. ^ No 

29 Pedroí Sancho, Reí., ap. des edificios i comarcas, quando 

. Ramusio, tom. III. fol. .407.— los Españoles entraron la prime- 

■Garcilaso, Com. Real., Parte 1, ra vez*en ella havia gran canti- 

lib. 7, cap. 10.— Relación del dad de, gente, seria pueblo de 

Primer. Descub., MS. . mas ^e 40 mili véciñbs^solamen- ' 

.30 . '* ISsta eyidad era muy . te toque tomaba la ciudad, que 

grande i muí populosa de gran- arravales i emnarca en derredor 



UJBKO 111. CAPITULO VIH. 578 

he hallado ningún otro escritor que confirme esr- 
te cálculo. * Pero por mas exagerado que se le 
suponga, no hay duda (|ue el Cuzco era la metro- 
ppli de un grande imperio, refeidencia de la cor- 
te y déla primera nobleza: allí acudían los ar- 
tífices mas diestros y los "obrííros de . todas cla- 
ses, á cuyo talento daba ocupación la casa real; 
habia ademas en la ciudad una numerosa guar^ 
nicioñ, y finalmente en ella se reunían todos los 
emigrados de las provincias mas distantes. Co- 
nocíase desde luego el lugar á (¿ae /perleñéeiá 
cada individuo de esta heterogénea población, 
por su vestido particular,, y principíilmente por 
el adorno de la cabeza, que con sus variados 
colores prodttciívttn efecto pintoresco- ¡en los 

• grupos y reuniones de las calles. El orden y 
decencia qu^ reinaba en esta numerosa reunión 
de gentes tan diversas, probaba la escelente 
polícia de la capital; y el úniéo juido . que tur- 
baba el reposo de los Españoles, era el bulli- 
cio de los. festines y danzas, que con. dichosa 

del Cuzéo á 10 ó 12 leg[u£is creo cuatro mil casab, al tiempo de la 
yo que havia doscientos mil In- ocupación, y *eñ los suburbios 
dios porqué esto era lo jmas po- .die2 y nueve ó veinte mil. (Car- 
blado de todos estos reinos." ta al Emperador, MS.,20deMar- 
(Conq. i Pob. del Piru, M8.) Se zo de 1539.) Puede ser que so- 
cálenla que un pecinOf representa lo incluyese en su cálculo los edí- 
comünménte cinco habitantes-j— ficios principales, y no creyó qu» 

* Mas el P: y alverdé, en una car- merecían mencionarse las chozas- 
ta eecñta algunos anos después, de adobe que. cotnponian la ma- 
.feold caleiiía en la ritjdíKl tres .6 yor parte de u.naemdad peniaOA. 



fi^ COÑQUIíStA DEL PÉRüV 

indiferencia, prolongaban los indígenas h^éU 
uña hora muy avanzada de la ñoclie. '^ 

iios edificios principales, y habia niuchos; eran 
iodos 4e piedra, ó á lo nrfenos la parte estérior.^ 
Entre los mías notables se contaban los palaciósr 
reales, (porqtíe cada soberano construia para sí 
tino nuevo,) y áüriíjije de poca áltuira cogian una 
grande estensiotí de terreno, ^üs pcfedes esta- 
ban á veces pintadas o teñidas de colores muy 
vivos, y nos dicen que \íís portadas soliaa ser 
también de nmi-riiol de colores^ 33 «*Lá cantería 
de ésta ciudad,-*' dice otro Conquistador, "hace 
gran ventaja á la de España, aunque carecen de 
teja, que todas las casas, si no es ]a fortaleza 
que' ei^a hecha de a!¿oteas,' son cubiertas de pa^ 
jti, aunque' tan primamente puesta que parece^ 
bien." ^* El hermoso clima del Cuxco no exigía 
materiales muy solidos para defenderse de la? 
injurias del tiempo. 

3Í "Eran tantos los atambo- della cittá dipinte e lauorate, cf 

i^és que de noche se oían por to- di piétra: et la miglior d'esse é la 

das partes bailando y cantando y casa di Guainacaba Cacique rec- 

bebiendo, qiie toda la mayor par^ chio, et la porta d'essa é di mar 

te de la noche se le pasaba en mo blanco et roseo, et d^altri ev- 

ésto cotidianauíente." Pedro Pi- lori." (Itúd., ubi supia.) l^ 

zarrb, Déscub., y Cóiiq., MS. edificios soliaíi ser de piedra firan- 

32 "Lamaggioirpartediqüe»- ca. Acaso habría meídado coa 
te: case sonó dt pietra, et l'ahre con ella algún pórfido de la* 
hannó la meta delfíi facciata di montañas veciitfls, el qtt^ P*^^^ 
pietn.^' Pedro Sancho, Reí., ap. mármol á los Empanóles. 
Ramudo, tom. in. fol. 413. 34 Relación del Primer. V^ 

33 ''Che sdno le principali cnb., MS. 



LlBÜO IIl.-^.€tAJPlTüL0 viir* 589 

til edificio, mus importaóte eradlo dada laibr- 
tslleza colocada iBobre una firme roca^ qae domi-' 
naba arrogante toda la ciudad. Era de piedra la* 
bifada, y ajustada cóntánto esmero» que era impo- 
iriMe descubrirlas juntarás de los diversos trozos. 
Contaba para su defensa con tres parapetos semi- 
eireularea formados de troníos de piedratan gran- 
des, que se asemejaba á la clase de obra que los 
arquitectos conocen con el nombre de Ciclopédi- 
cas. La altura de lafortalezaéscedia á laque da- 
ban comunmente los Peruanos á sus edificios, y 
de lo alto de la torre gozaba el espectador de una 
magnifica perspectiva, en ([ue mescladas con la 
Tcrdc alfombra del valle se véian las quebradas 
y asperezas de las montañas vecinas, con sus 
rocas, bosques y torrentes, y en primer término 
la hermosa ciudad; formando todo el conjunto 
mas encantador, rodeado del subido azul de un 
cielo de los trópieos. 

Las calles eran largas y estrechas, dispuestas 
can la mayor regularidad, y se cortaban en án* 
gulos rectos» De la plaza mayor partían cuatro 
CiaUes principales, que se dirigían i lo3 caminos ' 
reales del imperio. La plaza, y mucha parte de 
la ciudad, estaba empfsdrada con guijarros pe- 
queños. '* Por medio de la ciudad pasaba un rio 

35 Pedro Sancho, R«l., ap. Xanxa,'' porque confirma algu- 

lUmasio, tom. IH. ubi supro. no§ de los interesantes {^ormeno» 

Merece citarse nn pasage de res que constan en el testo, j es 

i a ''Corta del Ayuntamiento de muy buena autoridad . ** Esta 

L 53 



390 CONaUISTA DEL PERÜ, 

de agua para^ o mas bien un canal, cayos borded 
estaban revestidos de piedra por una distancia 
de mas de veinte leguas. ^* Para facilitar el trán- 
sito de una parte á otra de la población, habia 
varios puentes construidos también de grandes 
losas. 37 

En tiempo de los Incas, el edificio mas san^ 
tuoso del Cu^zco era sin duda el gran templo del 
Sol, revestido de planchas de oro, como ya di^ 
jimos, y rodeado de conventos y habitaciones 
para los sacerdotes, con sos jardines y patios 
atestados de: oro. Ya los Conquistadores se ha* 
bian llevado los adornos de la parte ésterior, es- 
cepto la cornisa d,e oro, que engastada en las 

cibd^d es la Uíi^jor e maior que en 36 *'Uu río, el cual baja por 

la tierta ae ha visto, i aun en In- medio de la cibáad y- desde qne 

dias: e decimos a Y . M. ques tan nace, vdña de veinte le^as por 

• hermosa i de t?n buenos edifi- aquel valle abj^o donde hay mu- 

cíos que en España seria muy de chas poblaciones, va enlosado to- 

ver; tiene las calles por mucho do fxor elsiwlo, 7 las bammcas 

concierto empedradas ¡ por me- de una parte y 4e otra hechas de 

dio dellas un caño enlosado. La cantería labrada, cosa nunca vis- 

pia&:a es hecha en cuadra i empe- t^, hí oída/' Rotación dfi Pri^ 

dcada de quijas pequeñas todas, mer. Descub., MS. 

todas las mas de las casas son de 37 Él lector hallará en este ca- 

Señores Principales hechas de pítalo algunas repeticiones de lo 

cantería. Está en una ladera de que dije en laintroduéeion, sobw 

un zerro en el cual sobre el pue- el Cuzco en tiempo dejos Incas, 

blo esta una fortaleza muí bien Pero Ib que aquí voy apuntando 

obrada de cantería, tan de ver ae ha tomad» en su mayor parta 

que por Españoles que han anda- de otras fuentes, y era mdispen- 

do Reinos ^traños dicen no ha. sable incurrir en algunas repeti- 

. ver visto otro edeficio igual al de- clones para dar ana idea bien da- 

Ua." Carta de la Just-. y Reg. de ra de la capitaK 
Xauxa, MS. 



LIBRO III.-HCAPITÜLO VlII. 691 

piedras» aun rodeaba el edificio principal. Es 
probable qne las noticias de sus riquezas, que 
tanto crédito lograron entre los Españoles, és- 
cedian mucho á la realidad. 8i no era así, los 
indígenas lograron su empeño de ocultar sus te* 
soroé á los invasores. Mas aun quedaba mucho 
no solo en la gran **casa del Sol" sino también 
én los templos infóriores, que se veían por do 
quiera en la capital. 

Al entrar Pizarro en el Cuzco hizo publi- 
car una <írden mandando á los soldados que 
respetasen las habitaciones de los vecinos. ^ 
Pero los palacios eran muchos, y los soldados 
no tardaron en saquearlos, lo mismo que las ca« 
sas religiosas. Los adornos interiores forma- 
ron un botin considerable. Quitaron también 
las joyas y ricas preseas que adornaban las rea** 
les momias del Coricaneha. Irritados de que 
los naturales hubiesen escondido sus tesoros, 
llegaron alguna vez á darles tormento, para con- 
seguir por la fuerza que revelasen el lugar en 
que los tenían. ^ Turbaron el reposo de las 
sepulturas, en que los peruanos depositaban á 
veces sus objetos mas preciosos, y obligaron á 
las tumbas á que entregasen sus cadáveres. Los 
rapaces Conquistadores no dejaron lugar que 

38 ''Pu60 mandó el Marques Pedro Pizarro, Descub., y (-onq. 

dar un pregón que ningún espa» MS. 

ñol. fuese á entrar en las casas de 39 Gomara, Hit>t. de las In 

loa ¿naturales $ tomalles naJa." diaá, cap. ICíi. • , 



0p eacu^Hni^en^ y » Mebes.ti:o|)ezabaD con uqq 
ríen npuim yqu^.reoompí^nmiba >M» trs^lMioB. ' 
. ^^ »9(Q9< aufva cQn^ftoa á flti mud$^» f 9AQnt 
traron vafrigs^^v^i^s jje Pm puro, uiqsMWj^n^^ »i*r 

otriJts jai^ii^al^M ;Bfttr^Jos.dQf^9^;se ballaroii 
^i^f^trA) llaiXMMt de ^ro j (^íq^s o ^j^fve estatuas de 
j^i^ger, iMPií» fle,orory,otrfií^ rtfi íplatí^t'"íqae aolo 
el verlas" dice con cierto caQ^eíTi^Qo^^ios Cpa- 
qaistedQj:^, f'^^^tie^í-o cp^a HXk^ ^iQgf ftW." El 
o4f)i)sefii|L^.du4a delgado,. >pfirqtt^ las figurín» 
etan toda^ del tamagainattAiriK), y par bab^^ fe- 
servado algunas, para, id quinto. rjeaU qo (^ fun- 
dji€^r0A, sino qttí^v$^:osviam» a fií^a fm : co5Wi^.«3ta- 
baflt.f . I«aAalfOM0naa/QSjUüi)aikllí3no8.de ^uticiilos 
iiiuy .etULrio^oii; mt^taa xlá»al^dooy déí iilmna ri- 
e^^menle ítfididaa>8aDdfdiaa'd»iqre'y zBpatos.4.elo 
aiísmo.pa]ra)latsfmigeflrfls,.y Meaüdosiformados en* 
teramento de cfaiiquitia de curo. ^^ Déspiteoiavon los 

40 "Et fra l'altre cose singo- das." Relación del Primer Des- 
lari, érav^derquott^ctiétrati di pub., M8; 
fin oro n^oljo &^m^, ^t lO.ó 3^ .41 ''Hatún^fisí inicmó o(n» 
statae di donne, della grandezza muchafii plumas de diferentes co- 
delle donne dí quel paese tutte lotea para este efecto dé hacer 
(i' oro ñno, codi foeDe etben Ikté ropas que vestían los aeiores y 
comd se fosisero viue. . • • Qu^s- ^^uoros, y no o^o, ea los tiem- 
te furono date nel quinto che toe- pos de sus fiestas: había tanibien 
caua a S. M." (Pedro Sanóho, raantiis hedías de chaquira de 
Reí. , ap. Ramusio, tom. UI. foi. oro y de plata que eran unas cuen- 
409.) ."Miiohas estatuas y figu- tecitas muy delicadas, que pares- 
ras de oro y plata enteras, heefaa cia eosa de espantó ver ^o he- 
fe forma toda, de una muger, y chura." Pedro FizaírO, Descub. 
del tamaño delln, muy bien labia- yConq..'Mg. ^ " " ' 



LÍ^SLQ hiU-r^C,AflT]}UO VIH. 3SS 

Q^mr m^A'^ aro, ^ Y» ,Ueg() ^1 ^f^ippfí, ftn 
qae b^bi^i^w .preferida el igr^Rp. 

dicí á 1$^ griüB^e^ esp^dB^i^i^ 4^ ^a Eis^píiwJeg* 
PeraiBsta falta ;e r«ofiGfli¿ cfQnlqs 49^p^j<?^ d^P. 
fpieran tif cojieado en .i^verg^ p^r'9J^ 4^F5f^e! 
lan^s^cha* Eu un lo«¿^r, .pKMr ejofnplp, JiMIf^coa 
diez .t:ibIoB^6 9 bticriig 4^ rpl^tn 9fi^ci.2S2^/ e^ifla 
uno de veinte pies de largo n^o 4e :^o.C(lio y do^ o 
tres pulgadas de.grue^^. Les t^pi^g de^tin^i^P^ 
para adornar la j^asa de }jn opble, ^^ 

Reuniosd en un &olo oíontQn, tqdo el oro j^cor 
gido,, 8eg.an se babia heQho anteen G<9x;^m^l^t 
y d^pue« de apartar para ^J rpy alguif^ pií^sfgp 
de hs ma? curips^i^, ¿^ eutr^gu el re^to^á loa 
pls|terQ8 indios pap<i qfte fundiéndole le T^uje- 
sen á barras de igual ley. JUa repfirtipion de lo3 
despojos se hizo bajo el mv(kQ pi? que ante^, 
Habia cuatrocientos ochenta 48fAl(|^49^, ÍR<il4*^ 
la guarnición de Jauja, y er,a preciso dar. sji par- 
te á ca^a uno; á los de ci^ajleuia se d^ doble 
que á los de infantería. Los qu,e s(s b^ilar^Q 

42 Ondegárdo, Reí. Priin. M8. y de anehór de uno, y de gordor 

43 "Pues an^a^do ya b\i#fQM>- ^s t^m 4edo4 : di nfttici» .4$Uo id 
do maíz ó piras cosaa para co- Marques, y él y todps los demás 
mer, acaso entré en un buhio don- que con el estaban, entraron á 
de hallé estos tablones de plata vello." Pedro Pizsrró, Descub. 
que tengo dioho, qae. eran li^ta y Conq., MS. 

diez; y de largo tenían veinte pie» 



594 CONQUISTA DEL PERÚ. 

presentes á la di visitan del botín, no convienea 
en la (saintidad á que ascendió. Unos afirman que 
fué mayor con mucho que el rescate de Atahuallpa 
y otros sostienen que fué mucho menor. Pedro 
Pizarro dice que á cada hombre de á caballo, to- 
caron seis mil pesos de oro, y la mitad de esta 
suma á los de á pié; *^ aunque Pizarro hizo la 
misma distinción que antes, teniendo en cuenta 
la calidad de los individuos, y sus respectivos 
servicios. Pero Sancho, escribano real y secre- 
tario del comandante, valúa el todo en una suma 
mucho menor, no pasando según él, de quinien- 
tos ochenta mil doscientos pesos de oro, y dos- 
cientos quince mil marcos de plata. ^ Como no 
existe ningún instrumento-auténtico, no podjEjmos, 
determinar quién se acerca mas á la verdad. Mas 
debe tenerse presente qué la relación de Sancho 
va refrendada por Pizarro y el tesorero Riquel- 
ittc> y por lo mismo es cosa segura que aquella 
faé la suma de que los Conquistadores dieron 
cuenta á la corona. 

Maá cualquiera que sea el cálculo á que nos 
atengamos, aquella cantidad reunida á la recoji- 
da antes en Caxamalca, habría bastado para sa- 
ciar la sed del hombre mas codicioso. La re- 
pentina adquisición de riquezas tan inmensas 
por un puñado de aventureros desalmados, y en 

44 Desciib. y Conq., MS. Ramusio, tom. III. fol. 409. 

45 Pedro SfiTr-ho, Tícl. np. • 



LIBRO III. — CAPITULO VIII. 595 

una forma tan fácil de cambiar, pro4ujo el efec- 
to que era de esperarse en honfibre^ poco acos- 
tumbrados á verse con dinero. Con ellas pudie- 
ron entregarse al juego, pasión tan fuerte y tan 
común entre los Españoles, que puede Uaiaarse 
vicio nacioiiaL (*) £n un solo dia se perdian y 
se ganaban fortunas enteran, que hubieran.. bas- 
tado para asegurar por toda la vida la subsisten- 
cia de sus poseedores; y hubo jugador desespe- 
rado á quien un golpe adverso de los dados, ó 
un albur desgraciado despojó en pocas horas del 
fruto de años de trabajo, y le. obligo á comenzar 
de nuevo sus rapiñas. Entre ellos se hace men- 
ción de un soldado de caballería llamado Legui- 
zano, á quien toco en la división de los despojos 
la figura del Sol esculpid» ©" ^^ plancha de oro 
bruñido, que cubría la pared de uno de los apo- 
sentos del gran templo, y que por al¿lin motivp 
acaso por su notable hermosura, no fué fundida 
como los demás adornos. Esta rica presa, per- 
dió aquel desperdiciado en una sola noche, de 
donde vino después el proverbio español, yu^^ga 
el sol antes que amanezca. ^^ 

(*) £1 autor nos pennitirá le lo» Estados-Unidos , las vimoc 

hagamos advertir» que si bien en abrirse en parages públicos con 

España y en las Amérícas espa- licencia del gobierno americano, 

ñolas ha habido siempre, por des- ó quien pagaban una fuerte pen- 

gracia, casas de juego, porque gjon, concurriendo á ellas dia y 

jamas en pais alguno se ha podi- noche una multitud de individuos 

do desterrar semejante vicio , pertenecientes al ejército invasor. 

siempre existieron ocultas y per- f^, ¿d j". 

seguidas; pero cuando se apode- 40 Garciliso, Com. Ral. 

raron de esta capital las tropas de ^ arte I, lib. 3, cap. 20. 



596 CONQUI3TA DEL PERÚ, 

El efecto de tal recargo de metales preciosos 
se sintió al puntóí én los precios. Los objetos 
maé comitnes solo se conseguian por samas ex- 
horbitantes. Una mano de pajpel valia diez pe- 
sos de oro; una botija de vino, sesenta; una es- 
pada, éuarenta, ó cincuenta; unac'apa, ciento^ y 
á veces mas; un par de borceguíes costaba trein- 
ta ó cuarenta pesos de oro, y un bu^n caballo no 
se conseguía por menos de dos mil quinientos, 
y hubo algunos que se vendieron aun mas ca- 
ros. ^"^ Todos los objetos subieron de precio, 
confbrme detílinaron eí oro y la plata, equivalen- 
tes de todos ellos. £nuna palabra, parecía que 
en el Cuzco; el oro y la plata eran las únicas co- 
sas que no haciaiü rico á un hombre. Hubo al- 
gunos, sin embargo, bastante juiciosos, que qui- 
sieron regresar á su" patria conten tártdose con 
lo ya adquirido. Sus riquezas les bastaron pa- 
ra vivir allí con desahogo, como personas distin- 
guidas, y al mismo tiempo que despertaban la 
envidia de sus paisanos, les incitaban a buscar 
fortuna por las mismas vias. 

47 Xerez, Coaj. del Peni, ap. Barcia, toin. III. p. 233. 



GAPlTUtQ iáC. 



Coronación ml Nuevo Inca . •^— «.Oiioaniíacíon tí^t 

ATUNTAMIENTO.--PENOSA MátRCHADSA^ VÁRALO. — 'B« 
OKIBffSÚGOK PlSSABRO*-*-^I>J7BA0fON DB Lfftfá.-*--^ 
liSieifAnQoPlZ^BÍltO AtEwAÑA-xHfiXNBAiCIONXWIB CátÜSiA 

OflQ X Lp3 PlZ^RRQS. 



1534-1535. 

Heclia la división del botin, eí primer caída- 
do del capitán español fué colocar al Inca Man- 
co én él trono, y conseguir qué le reconociesen 
sus vasallos. Les presento, pues, ál joven ¡irm- 
cipe como á su futuro soberano, hijo legítimo 
de Huayná Cap|ic y heredero por consiguiente 
del cetro de los íncias; y el pueblo recibió aque- 
lla noticia con entusiasmo por el apego que te- 
nia á la memoria de su ilustre padre, figurándo- 
le que todavia les iba gobernar un monarca de 
la antigua dína«^ia del X^iizco^. 



698 CONQUISTA DEL PERÚ. 

No se perdonó medio alguno parsi hacer que 
el pueblo se mantuveise en esta ilusión, obser- 
vándose puntualmente en la coronación toda^ 
las ceremonias acostumbradas. El principe guar- 
dó los ayunos y vigilias, prescritas para estos 
casos, y el dia señalado se' juíitaron en la gran 
plaza del Cuzco la nobleza, el pueblo y todos 
los Españoles, á fin de ser testigos de la última 
ceremonia. Celebró la misa públicamente el 
Padre Valverde, y el Inca Manco recibió la bor- 
la ó diadema imperial, no de manos del sumo 
sacerdote de su nación, sino de la» del Conquis- 
tador Pi^arro. Los señorea indios prestaron en 
segiíida su homenagé en la forma acostumbra- 
da, y luego el notario real leyó en tdz alta la 
escrituira en que se declaraba la SQpri^niaeía de 
la corona de Castilla» y se exigia que todos los 
presentes prestasen obediencia á su autori- 
dad. Un intérprete esplicó el requerimiento, 
y se ejecuto por todos la ceremonia del ho- 
menagé, alzando dos ó tres veces el estandar- 
te real de Castilla. Manco y el capitán espa- 
ñol bebieron chicha en un vaso de oro, y habien- 
do abrazado cordialmente el ultimo al nuevo mo- 
narca, los clarines anunciaron que la ceremonia 
estaba concluida. ^ Mas aquel estruendo no 
era señal de triunfo, sino de Immillacion, por- 
que proclamaban que el estrangero armado ha- 

1 Pedio Pizarro, D««ciili. y Reí., ap. Bamusio, tom. lll- iol 
Coxx^., as>. — Petfro Saiwho; 407. 



LIBRO 111.^— CAPITULO IX. 599 

bia pisado ya los palacios de.los Incas: que la 
ceremonia de la coronación eirai una- pompa va- 
na; que su príncipe no eta ya nías que un mero 
instrumento en manos de sus vencedores, y 
que la gloria de los Hijos ^del Sol, habia acaba- 
do para siempre. 

El pueblo, con todo, se entregó fácilmente á 
esta ilusión, y se mostraba dispuesto á conten- 
tarse con esta sombra de su antigua independen- 
cia. Celebróse el advenimiento del joven mo- 
narca con las fiestas y regocijos de costumbre. 
Sacaron á la plaza Ias momias de sus reales pro- 
genitores con todos los adornos que les queda- 
ban,, acompañada cada una dé su respectiva ser- 
vidumbre, que cuidaba de desempeñar todos los 
oficios servHes, como si su amo viviera todavia 
y pudiese apreciarlos. Cádá espectro de aque- 
llos tpmó asiento en el festin; mas ay! que la 
mesa ya. no se veia cubierta de la espléndida va^ 
jilla con que en otro tiempo se adornaba en las 
grandes festividades. Los convidados bebieron 
largamente á la memoria de los ilustres finados, 
y á la comida siguió la danza hasta una hora muy 
avanzada, continuando noche tras noche la des- 
cuidada población aquellas fiestas, como si los 
conquistadores no estuviesen apoderados de so 
capital. ^ ¡Qué contraste con la conducta de 
los Aztecas en la conquista de México! 

2 Pedio rizoiTO, üe.^cub. 7 ''X'Uego.por lamaüana iba al 
Conq-, MS. ' cníerraniTcnto donde estaban ca- 



000 doxo^üsrrA ^£L i^BRtli 

Trí^ó laego Pizarra déjotgqnizár^.n el Cqzco 
ttn goH^no municipal por el mismo estilo que 
los de las ciudades dp España. Nombra dos al- 
€|alde« y oeho regidores, inelayendo entre estos 
últimos á sus dos hermanos Gronzalo y Juan. El 
24 de Marzo de 1534 tomaron todo^ p¡osesi<^Q, y 
prostaf oú juramento con gván solemnidad en la 
plaza principal del Cazeos eil presencia de ^Es- 
pañoles y i^eruanos, como si el gcíneral quisiese 
dar áéntepder á estos con tales ceremonias, que 
si bien en la apariencia conservaban sus anti- 
g;ua9 leyes, el verdadero poder había pasada ya 
á manos de sas conquistadores. ^ Convido á los 
Españoles á aviecindarse en. el lugat, haciendo^ 
les liberales conceisiottes de terrea^ y casas, 
para lo que oontdbaeon los muchos f^aílaeibsy 
edi^cioS'póblicps délos Ineas; y de esta mane- 
ra, raas.de uahidalgo que en su tierra era tánpo- 
breque no hallaba teclio que le cobijara, se encon' 
trá ahora heoho dueño de una habitación magní* 
fica, que hubiera alcanzado para alojar la servi- 
da uno por orden embalsaipados 3 Pedro Sapcho, Reí. , sp. 
como es cKcIm, y asentados eneas Raícnusio, tom. líl. foí. 40^^-- 
sillas, y eon mndia v^ne^eWP 7 M<)Pitfsi|iQSi Amles, MS., aíio 
respeto, todos por orden leus sa- 1534.-^Actto de la fundación del 
caban de allí y los traían á la cju- Cueco, MS. 
d^d, teptii^4o cada uno su lüera En «ste instrumcnito, pertene- 
y Umhrea con su librea, que le cjente ¿ la colección de Muñoz, 
trujesen, y ansi desta manera to- g© hallan los nombres no solo de 
do el servicio y ^dexessoB como m lo^ magistrados, sino hasta de los 
estubiera vivo." Relación <lel vecinos qae formaron la primera 
Primer. Deseob., MS. población de la capital cristiana. 



LIBRO irí^-*-CrAl'lTil5LO IX. 601 

¿ambwíá?eiiajptmeipo.^' Desde ecrfcmües, dice 
.«» {^n6gcK> trdnisia^ Píaarri» qAie liabia usad© 
lm*a¿iaUí rá título militar de ^'iCapitaH General," 
«e'hiz© d«r el d^ '/Gobemad^r" ^ Arnb;)s se le 
i^OoaeAiikik ei>'4a¡DétliiIa réaL ^ 
, ! En difidÍQi de sos negocien. temporales no se 
olvidaba este geíe dé la propAgajcio» áe la 
ftr) El Bidre Yolverde presentado para el obis- 
p«4o del Cuisfttt j coíifirmado poco después, por 
tíiPapaí se dispuso á canmenzaF el" desempeilo 
lie las ObUgációaes de su empleo. Etigióseairi 
sitio eafrénte de la plaza para la cateiral áe ssiv 
4^Qpeai«^i y á poco tídmpe se^eva^td on espacio- 
JW monas4ierio sobbe la» íainí» d«l magBÍfico 
(lifn^i)> det Sfil. Los niateriales antiguos sirv^ie- 
xjQti pel^a la o^^nstrucdoh de Ifís nuetas paredes: 
qIí altar qpiet^ó col oteado- en él mismo sitio en que 
datps brUlabalaneludieti te imagen de la deidad 
peruana, y los frailes de San^to^ Dsmingo transi- 
taban por loa 4}Iaiiist»as del templo indiano. ^ 
Para (¡ué la transformación fuese completará la 

■'4 Actto áe ia fan(|ifcipii del be el estado de U ciudad poco 

Cuzco , MS .—Pedro Pízarro , despue^ de la cónquiáta y enu- 

Dfescub, y Coríq. MS.— Gareila- mera con haría prodigalidad los 

so, Cbin, Hefil., r-, 1, Üb- .7 cap. nombres de los caballeros á qui«- 

9; ct seq,. nes locaron los edificios. 

"^ Cuando un edificio era dema- 5 Montesinos, Anales, MS^, 

siado grande, como succdia con ano 1534. 

algutkos templos y palacios, se 6 Garcilaso, Com. Real, P. 

adjudicaba á dos y aun á tres I, líb. 3, cap. 20; lib. C, cap. 21. 

conquistadores para que íe dívi- — Naharrb, Relación Sumaria, 

dteséH émíe sí. GárcáKso descrí- US. * * ^' * * " ' 

I. 53 



602 COAQUIgTA DEL PEAIX. 

casa de las Vírgenes del Sol; 8ttstitayer<^.tiii mo^ 
nasterio de vírgenes cristianas, ' ¥oco é jpoeo 
se fueron viendo iglesias y monasterios en Aon* 
de estavieroh antes los edificios antígáoSi y los 
pocos que dejaron en pié fueran despiojados de 
la5 insignias del paganismo, y quedarán bajo la 
protección de la cruz. 

Los frailes de Santa pomúigo, los de )ii Mer^ 
eéd y otros niisioperos» se entregaron entone^ 
con gran celo á la obra dé la conversión.. Ya 
hemos visto qae fel gobierno exigiá de Pizarro 
qtíe llevase consigo un cierto nunieró de religio* 
sos» y cada btíque que se despachaba des^u^i^y 
llevaba un nuevo refuerso d¿ sacerdotes. Na 
mm- todos ellos cómo el obispo del Cüzeo^ ni 
tenían el corazón tan endurecido por ¿1 íanfitis- 
IpOy que no dieran etitrada á la corapasipn haeia 
los infelices indígenas.^ La mayor parte <»raii 

7 Ülloa, Voyage to S. Amcr- quistadore» se dejaren preocupar 

íca, bopk 7, cb. 12. - en íkvór d* elli». '- '\ « ' 

"Las vírgenes indias»" dioe^ 8 £b preciso, pÍ9 einbiir||i^ 

autor de la Relación del Prime- hacer justicia á Valverde, ádrir- 

ro Descubrimiento, "vivian eu tiendo que no se «sji^ijesfuii así 

castidad y santamente."—* Tin- respecto áe él, los fieros soldados, 

gian guardaban virginidad," dice de la Conquista. JEj a^iutamien- 

Pedro Pizarro, "y ser castas, y to de Jauja en una caria á la cop- 

mentian porque también se en- te, califica al Dominico de sa/cer» 

volvian con los criados y guarda- dote insftrmdo y ejemplar,. <jpe 

dores del Sol."--¿A quien creer? había sido de mucho 51911^11^)0 41' 

■—•En medio de opiniones tan los Españoles. "E*^ p^rso^^ de 

contradictorias podemos admitir mucho ejemplo y, doctrina i cqji. 

la mas, favorable á los Peruanos, quien tds Españoles han teni^ 

No hay hepgo de qm toCe»? ¿u% copf líe}^/' ^^^ ^M 



LIBRO ni. — CAPITULO IX. 603 

hombres de gingalár humildad, que segaian las 
huellas de'los conquistadores, para ir sembrando 
las semillas de la veirdad, y con el celo mas desin- 
teresado se consagriaban esclusivamente á la pro- 
pagación del £vangeiio. Con sus trabajos apos- 
tólicos dieron á conocer que eran verdaderos sol- 
dado á de la Cruz, y que no era un vano alarde 
ei empeño tan decantado de plantar sus estan- 
dartes en el corazón de las naciones paganas. 

Las oonquistas de los Españoles se distinguen 
muy honrosamente délas de otras naciones, por 
sus esfuerzos para convertir á los iafieles. Los 
Puritanos, con igual celo religioso, trabajaron 
comparativamente poco en la conversión del In^ 
dib, dándose á lo que parece por contentos 6on 
haber conseguido para sí propios, el inaprecia- 
ble privilegio de adorar á Dios á su modo. Otros 
arenturerod que entraron en el Nuevo Mundo, 
haeian tan poco caso de la religión, que no debía 
aguardarse de ellos que de esfoirzasen mucho 
por esteiiderla entre los i^lvages. Pero los nii* 
sioneros españole» han mostrado en todos tienr^ 
pos el ma« sivo interés |>or el bien espiritual' de 
los indígenas. Merced á sus esfuerzos se le-^ 
vantaron iglesias magmficasy se fundaron eseue* 
las de primera^ letras, y nc^ perdonaron medios 

Just. y Reg. de Jauja, MS.) Y derechos naturales de los indi- 
sin embargo, esto no impide que f^ewLi. 
desconociese casi enteramente loa 



aigiin(^¡para -dif^iílíUt'j yor .todas paíteseV coñooi4 
mieiito:4j:e ]^^ .yej-dades 'r^ligiQ^^. (Penetraron 
si^lo» '^a 'lfi^íVfeg¿<i)Of^>ií>íis:r€(nikQta$;G ÍA^cctí&ible», 
ó^como.el.be^^ficOjlliíi Cí^sa^.eipi (Jiimanái y lo^ 
J^ev»Ha$ ^Hí.fjl, Piar^gtmy . y Jas: Gatífoínias, r^u- 
níeroajiíSjiS (ii-seípulos itidiofí. §ii^ ,po:blác¡anejs,. 
rj^íiiwáéniílQJies ^ivl^'4 ciyil, ;;En:todp tienipo han 
estado prontoS; estos valerpsos sacerdotes á a|- 
zar su VOZ; contra lí^s crüeldade^s do Ips.conqui^- 
t^dí^resj (fcoptr^ila avaricia DjO menos ^fístrqíc- 
tora de>lQ3 pploaQ^, y.auaado sus. reclamos, ^co- 
m^jsucedta cqn. íreciieftcia, i^aíla poílian conse- 
guir* »o' por assQ dejaban de consoljar al afligido, 
eL^;í|efi3pd:0 al pqbre, indio á. coofornifirse,con &u 

s}iei^*t€|,,é ilus^fa^4^>^*? J^^Vív^^ílí^ inteligencia. 
cu?n la revelación de ana vidf^ fet^ra nifis justi'. 
íip^^a y. ma^iÍQliXf Al ?-§Qor|'ejf Jps. sang^rientos 
a»ítlee:^d.e«lsi§íAQl<)oifis Q§j^^i,polas, se alivia eí.:CQ- 
razQn,al reflexioí^ar, conjo ¡es jiis^Oj/Cjue Ií^ ijiis- 
mft ní^^Íoi?.quQ p^d^cía ajjuelIo^.Qruelesopnquis- 
tadQreSi e^Jivijiba. tarriJ[)iieq sup ben^é^ficps ¡misione- 
roa, jy^ difaadia .I3. lu? de J a, ^civiliaiÉíi^ion cristiana 
haisth ía^ regjojnes ipji^distaiitesdelJVueYQ Mun- 
do,; ....;■..• : ^ -; • ■ • ,• _ 

•Mijentras.Qi.goberaadtíri .<jae así Jje lUiiojive- 
mpa en í\d^i#íií^) se U^tll^b^a tn .el , CmWj^hile- 
garon repetidas noticias de hallarse por aque- 
llas comarcas una fuerza respetable jn^iñdada 
por el general Quizquiz. ííisjo, pwé*; salir á 



^ 



LIBRO ni.— :C4PiTüLo IX. ^0$, 

Almagro con algunos de. á caballo y un número 
considerable de Indios auxiliares mandados por. 
el Inca Manco, con .encargp ,de dispersar los. 
enemigos, y coger si era posible al comandante» 
Man^po sí^lio con tanto mas. gusto á esta expedi- 
ciQft, cuanto qqe los enepiigos era.n soldados de 
Q.uitp,!y. lo. mismo que sti gefe,Tio le veían con; 
líbenos. pjos,: , . . 

Marchando Almagro con; su acostumbrada ra- 
pidez^, no tardo en veíüi: » la« manos con d ca- 
pitán inílip. Varios choques sangrientos tuvie-r. 
r9n logar al retirarse el ejércitp de Quito á 
Javija, y.cercadeallí, se decidió la suerte de la» 
campfjña en qn combaje general, quedai^do en* 
tprapíe^te derrotados ;lp$ indígenas» Quizquia* 
huyo ilQ$rlI^nps de Q^fp, y allí hizo todavía 
frente con ind.omable talor á^Ias armas españo- 
Isis, ha^tii que sus propios toldados, cansados de 
una .guerra taalar^a é in^uctosa le asesinaron. 
4 sangre fria. ^ Así acabo el ultimo de^ las dos 
generales de Atahuaplla, I03 qne, á haber esjta-^ 
do su nación animada del. mismo espíritu que 
ellos, habrian resistido poriinudbo tiempo y cop 
buen éxito á los invasores» 
. poco antes de que es|o sucediese y hallándo- 
se todavía en el Cuzco ;el gobernador, le llega-^ 

9 Pfedro Pizárro; Descub. y '20. — Pedro Sancho, Reí., ap.. 

Conq., MS.— Naharro,ReMou Ramusio, tom- lü, foi. 406.-^^ 

Sumaria, MS. — Oviedo, Hist. de Relación del Primer. Descub,, 

las Indias, MS., Parte 3, lib» 8, c. MS. 



608 CONQUISTA DEL ÍERü. 

ron las nuievas de un suceso de mas gravedad 
para él, que todas las guerras de ios Indios. Lo 
que lé anunciaban era el arribo de uii tírecido 
numero de Españoles conducidos por- D. Pedio 
de Alvarado, el mismo capitán que á las <ítdef- 
nesde Cortés acababa de gíin^r tan nhoténdra- 
bre en la conquista de Méjico. E«te caballero 
después de hacer en España un brillante caéa^ 
miento, cual mereciá por su nacimiento y su 
grado en la milicia, habia vuelto á sti goberna- 
ción de Guatemala, y un vez allí, los mTtgnífifcod 
informes que diariamente recibía de las conquis* 
tá dé Pi^arro, llegaron á despertar su avaricia. 
Aquéllas conquistas, seguii le decían, Se limita* 
ban basta entonces al Pero, permaneciendo to* 
daVia intacto el reino fin Quito, antigua resi- 
dencia de Atahuailpa» donde sin dada tenia 
guardada la mayor parte de sus tesoros; Fin* 
guiendo creer que estie i>aÍ8 caía ftiera de H 
jurisdicción del gobernador, hizo tomar el rum- 
bo de la América Meridional á una numerosa flo- 
t^, que destinaba para las islas de la Especería, 
y en Marzo de 1534, tomo tierra en la bahia de 
Caraques, con quinientos hombres, la ittrtad de 
á caballo, y Hodos perfectamente provistos de 
armas y municiones. Hasta entonces no se ha- 
bia vi^to en los mareis del Sur un e^iiuiadrCMi tan 
numeroso j ni mejor pertrechado. *^ 

10 Los historiadores no convienen en el aütaero; pefo de 



LIBRO III.— aiPlTÜLO ix. 607 

Aunque aqaello era una invasión manifiesta 
del territorio concedido á Pizarro por la coro- 
na, no tuvo escrúpulo Alvaradó en marcliar di- 
rectamente sobre Quito. ' Contando con el aü- 
xilib deún guia indio se determino á totnár el 
eamíno recto póf Jas sierras; travesía sumfeirheli- 
te dificii, auR escogiendo la edtátiion ní^ favo- 
rable.' í' ' ' 

Pagado el rio Dable se le huyrf el guia, dé ma- 
nera que Alvaradó ie hállrf eñ breve perdido en- 
tre las ítortttosás sendas de léi ¿ierra, y como 
iba subiendo cada tes; inas^sé vio al fin rodeado 
denievesy hielos, que su gente, sacada la mayor 
parte dé las tierras calientes de Guatemala, nb 
era capaz de resistir. Grecia el frió, y líegó'á^ 
tal esttemo, que paralizaba sus movimientos y> 
apenas les permitía el andan hoé de á pié ^^ 
se aliviaban cdn la fatiga de la marrcha; peroí üT-* 
gunos ginetes llegaron á quedarse helados en las 
sillas. Los miserables Indio^, sin abrigo, y mas 
sensibles al frió, perecián á centenares. Vetti-^ 
da la noche se abrigaron como pudieron los Es- 
pañoles con las pocas tiendas que traian, reeo* 
giendo para encender fuego la escasa leña que; 
hallaron; de este'modoy casi sin aliento^agdar^ 
daron sanados én triste, silencio, la llegada del 
día. Ma« la nueva luz, no les trajo ñlngan eon- 

uftb inibiinacion judicial hbCÜa "230 de cíibaHeila'.-^Wormftcioá 
en -Guatemala, resulta t|ue eran hecha en 3amibg»/SeV 15,; 1^96, 
por todo 500 hombree, de ellos M?". 



eos CONQUISTA DEL PERÚ. 

suelo, y al iluminar con sua pálidos, rayos aque- 
lla. escena de desolación ,,110 hizo otara eos» qiie 
presentarles con mas clapic^ad los desastres de 
Ib, terrible «oche. ^ Siguieron^ siaeinlmrgo, es- 
ftMTzáDdoae por vencer los' Puertos fiíetados, 
quedando tristemente marcado el camino qué'ise* 
guian, por las armas/ Vetíiidás, preseas, y Wms 
despojos de la campaña que quedaban tirados^' 
y adeii^aí^ por loé cuerpos de muertos d de los 
infi^lices que (iejabari áíaándonhdos á pqrecftr 
ea* aquella soledad. Mas los Cc>haHos. muertos 
nd pcrmaneciari por mucho* tieñipo efnr el suelo; 
pprque ,l0s hambrientos solda.doé' sé ; echaban 
s^l punto sobre ellos y !o^; devoritbati medio cru- 
do$. Eítos infelices, -ó semejáMia de lo» voraces 
cóndores. que re \x»leafbán SrbaBdadw sobré siss^ 
Qíifcíezas, se 'abalanzaban á loa mas ininundos- 
alimentos j para satisfaber líis insuflriblesiekigenw 
cias del Hambi-e. ' 

l>eseo«o; Alvarado de salvar el botin .que b^- 
bw a^lquiridof en los principios, dé la jornada, 
hizo pregonar publicamente iquecadá-unopo- 
diatoraar de las- cargas el aro qfae quisiese,, 
pagando tan solo el qjLiirita real. Per® los sol- 
dador no se. aprovecharon del permiso) y solo 
reáporidieron buiiándose, *«q«e ei ^^téatáeromo 
era -comicr*^^ Viéronec, .sin embaída en áqueliiá 
ie:jctrpmidad ^ñ que parecian ya rolos hasta, lo« 
vínculois de la naturaleza, varios ejemplos de 

f 



LIBRO III. — CAPITULQ.IX. 600 

l^íalt^íl qu,e cpgrnuev.en: ide soldados que per- 
diaa la.yJLd^Q^g^xilmQdo.á sa^^ y dq 

padlres,y espqsoSji '(^porque algunos caballeros 
traían consigo s^u3 miig^jres) giie en vez de pen- 
s?^r eu^^t propia, ^9|l y ^cion, pr,eA?rian mas bien 
qp^cjfix^ej^y pQíCíf.ejí: sepi^ta(|los en la pi/eye con 
lo§^ obj^tQs piífs qperidos de sp coraaon. 

Para cplípo.de desgracias, d^irante muchas 
diíis no ceso de llover sobre pilos aLxexi^ y jceniT-. 
za^,, (Míe les cegaban y les impedían casi del toda 
la, respiración. ". Seguramente prayepdria este, 
fcnom,eno de algana erupción dellyanjQ Cotopar^, 
xij pl mí^herroiosoyel mas terrible de los vol? 
canes, dfí ^iTjLérica^, que á las dpee legajas sflí^u-. 
(leste de C^uito leví^pta su oijgullpsa cabe^ lauí- 
chp. mas allá del límite de la^ niicves perpetua»* \^ 
Al tiempo de la expedición de AJlvarado se en^-^ 
coatvaba prí>cisam.ente en eri^pífipn^, la mas anti- 
gua de que hay memoria^ aunque no la primera. 
sil? d^uda.. " Dtestie aquella éppea se ha manteiji- 

'Ül ^CoBÉen¿6 á'lfevef'tSéQÍi 'iilidni'«l otzv espresan el uom* 

del pidpil^^e^ Ovijíd^ "i^ue ce,- bre,. Hjiiuib<üdt adinite la Qpini^n, 

gaba á hombres y caballos, de general, de que hablan del Coto- " 

liifitt^ra 4uelo9 átboiles y matós; paxí. ftegekrclieá, I. 123. 

estallan cubiertá)iid0 polvo.*' Hist. 13 £|¡a liiM^ieioii muy esteii'>. 

de las Indias, MS., Parte 3, lib. dida entre los naturales, que un 

8, cap. 20^ euojnne trozp de pórfido que pe- 

IS GaTf^lasp . die« qn^ h Uu^ ve. CM^ d^ ^ bate dd cqiu), fu^ 

vía de ceniza yenia del «'volcan arrojado en u|ta erupción oc^rrif 

de (^iJÜto."(Com. Real., Parte da al tíemgo. d« la muerte de< 



2, lib. 2, cap. 2.) Ci^za, d/e Lepi) Atahu^Upa^TrPei'o tradición ne^ 
ííecoutentacondet;ir que do.* 'uno., 
de lofl volcanes 'de iquella* re- 
gión.'' (Crónica, cap. 41.) Ni ^1 



ííecoutentacondet;ir quedQ.**uno.. mf jante apenas |[Uede tener cáf. 
de lofl volcanes de iquella*re- bida en la historia. 



ÍIÓ CONQUISTA DEL PERÚ. 

do en cdíitinúa agitación, lanzando sus fliegós á 
inedia miUía de altdra, vomitando torrentes de 
lava qué han' sepultado pueblos y ciudades, y 
conmoviendo- sin Cesar la tierra con ruidos sub- 
teíráneoí^ qué á mas de cien leguas de distancia 
Í»arecian descat-gas de artillería. " Los compa- 
ñeros de Alvarado ignorantes de la causa de es- 
te fenómeno, al verse medio enterrados en la 
nieve, cosa nueva para éílos, y rodeados de una 
atmosfera de ceniza,* perdieron el tino en Aedio 
de esta confiísion de los elementos, que pare- 
cían haberse conjurado para acabarles. Había 
entre ellos algunos antiguos soldados de Cortés, 
endurecidos por mil penosas marchas y mas de 
Utia san^ríduta batalla contra los Aztecas; pero 
confesaban ^tíe esta guerra de los elementos era 
átrpe'riof á fodó. * ' 

Alváradó, en fin, después de íatígas inauditas 
c(ue pronto iban ya á rendir aun á los mas robus- 
tos, sali(í de los Puertos llevados y entra en las 
elevadas UaauíHS cercft d« Eiabamba,^ isituadíis 
á maff de nueve mil pies sobre el nivel del mar 
Pero la cuarta parte de su lucido ^ército,. y m^* 
de dos mil indio» auxiliares, (juedaron en los 

- 14 Hállase utei deficripcio» TEquateur, pp. 48-55, 156-160.) 

muy detailacta de 'esta fomlda>' Este último viagero habiera tra- 

ble montaSa por Mr. de Ham- tado do trepar por ías paredei 

boldt (Reséarííhes, I, 118, et casi perpendiculares de! críter, 

seq.;) y otra áUn masisiréttBftlan* pero nó ¿ubo tíadití bástanla 9ttt- 

ci«da por Cobdamiae. ( Vbya^ i vidd p^a se|;iiiile' ' 



LIBRO *IU— ^cAMTUtO Ik. 611 

HM^^es pata allmeíifd4}éíl6iíi Mitres. 'De ifes^sa- 
1)aHo^ pereeití taniWeii él mayor nutafiero;y los 
qoe esoapai-ójft cíCrtí vida, taptó hombres como ca- 
ballos^ salieron todos masK) í&enos estropeados 
pdr «üfrio, el hambre, y la estrema fatiga. — ^Tal 
iüé ei teirifble paso d4 los Puertos Nevados, que 
hé referido sottíñtQnieDte eomo un episodio de 
la conquista áki Pera, pero feuyá relación detia- 
Jlada» aunque todo doro pocas sémafias, daría 
mejor idea deius di6cuhúdes con qtíe tropeza- 
ron k>s Españoles, qti0 voldménés enteros llenos 
áe híDSÉrTracipn de hechos ordinarios. ^ 

Así ^ue Alvarado, dd^ues dé dar tin desean- 
6^ 4 sus dhíitidas trofmis; tómeme á marchar por 
lá inmenfea' llanura, *é quedo asombrado ál des- 
eabfiír 6iii lati^rva í(i¿ácas huelks de caballos^ 
Era claro que ya aníes-ilabian llagaido alK Espa^ 
ñoles^;y qué después dé trafeaját y padecer tan-' 
to,'otfós'se le habi^n «ídelantado éh íú coiifqüis-: 
la de'Qttiio. Ma« condené que itos-^ténga- 
Hiosium poco i éspUcaí^ cottio sucedió esto. 

15 La relación mas conipleta las Indias, MS., Parte 3, lib. 8, c. 

y asas animada de la marchad de 90, — y Carta de Pedro de Alva- 

Alvar^dpi «s sin disputa la 'de rado al Emperador,, San Mi|piel, 

Hepera,^ quien parece haber om- 15 de Enero, 1535, MS. 

puñado para escribirla, la mtslna ' Alvarado en la carta citada, 

limpio», c^ qHja. Ti^^ Í4*¥^ 4W" *W ^ c^^lf^P^ ^V^ í * ífíjleccipn 

cribió ia marcha de Aníbal yor de Muñoz, espone al emperador 

los AJpi^s. (f^yfir Gei^fSf^al, dec,5j^, lofi motivos de su espedicion c.on 

lií). 6, cap. 1, ¿I 7, 8^ 9.) V,. tsmr, no poco descaro. En este docu,- 

bien Pedro Pizarro, D^scttb, y cuenta hablo, way por encima do . 

Co9(|., ÜQ.fm^Ovndo, Hist. de su marcha, tratando priBcipaK 



613 caníQui^TA- jiLEL funVi* 

ba ca4^dig 1^ eiudad de S§Q Miguel, ¿meo pQ^i^ 
to por eutonded en aquella eost^t; (|in90y:al tnsn»*^ 
po de salir de Caicíanial^^, dejarl» al «nidadodé 
una4)jer«0QQ d^ ^ooíianza. F\mQ parai eli« los 
ojos ea Sebastian de BenajíieaíKar^ oártÁUerOjqoíf 
llegQ^d^spues á figurar e«b!prÍ03ieiaüma;^ntr!d 
lo» coDq;UÍ$.ta4ói:e9 de la Ameiiiea MendioosiU p#r 
»i\ y^Ior, i^usitalent^^y sulerueldadi» Xaí$ ápé^. 
ñas híibia tooií^do pos^sioado su gobiejfito, tGnairt 
do, le Uegaroa, lo^mismo que ¿ Alvaradb, tales 
noticias de is^6. riquezas d0 Quito^ qthe; ^w^ ¡rebdl^ 
yio a emprender su conqui&ta CQn.las; faer^as 
\que mandaba^ aunque no teaia ordenes para ello^ 
Puesto á la cabeza de unos eiento, cÍBea^nta 
soldíido*, de á,pié.y de á tfttelloí y deí un carecí-» 
do Eumfro 4e Indáos atni^i^Sj, encumbró la cor^* 
dilJiera hasta, salir á ^i^^ llanuras d«,QmiQ;pof lui 
camino mas breve y ^e^ujo que el ^seogidatpeír 
Alvarado. jBn los llaiu^s d^ Rfoban»ba^6neoQ^ 
tro al general indip It#ii»inavi» y tiívo coo él al« 
gunas refriegas con vario suceso, hasta que sien- 
do el valor igual,, triunfo la ^ii^eiplina, y el vie- 
torioso Bénalcaajar enarbolo el et^tnnd^rte dfe 
Castilla en los antiguos torreones de AtahuaU^ 
pa. En liondr de su general Francisco PííárrO' 

mente de los negociaciones con tnei sitiiestit» w6tíh h GO)iclti«ta: 
Altaagro, yendo acompañadas úé ]wi CfSñqeÁstScáBxjsá. 

ens observacibnea de mil infór- ' ' - • ^ •»'• • ' ^' 



Aiáú la ciudad él nombre de S«n Francisco de 
;^Hiiít9. rC¡n«sole no obstaste htlrtapeisadümfcTe 
. ^haávieeltc? ^wb> ó Inen ernTÍ ^alsh» las' noticias ie 
i«»>riqQbef5afli^ (fe^taaiiabídir^sidD escondidas por 
lo» habitantes.» La ciudad; filé lo óiíi!edqiRé«gtt- 
i0.4^ eóoJQsljvietDiaasi; iti aom1r«8Íri4a porili á'qae 
^^i^ Uídm sttjmloh .fiffefflras UobrelldVcíba eti- 
te^íS^Ipe io= ¡mejor, qiiie piMÍi^ recibió • 7ii>tiérsis de 
4Mje! 911 gafe AJmagro seacer^íAÍtat í* ' > 

M^ilietí s^ spií^o en él Cti^'co lá éspedííiíon de 
áiiv^rifdo,'«ali(> kliiiagro eH flircéeibri a San ]tfi- 
'9«el'es(m'fí»a teérta ftieriá^-^péiiáándo teforzaí- 
fai alK,'y mttréhar 4wi"9eg>mda contra los iñVaso- 
re»¿ Pío qüiedó poco asórribi-adó 'críañtfó* lleg<^ 
-é lá eiudiad) y éopb qae no estaba 't^éllh sn' go- 
bernador/ H^udo^o Almagro de tó pureza de 
sus mtetiefoird9, tió VácHdj eoín !a fogosidad prb- 
fii» de 1« jik^eAtud, algo apagada en A^efdatJ 
por ios' achaques deia yéjeís, en meteifse por 
las moRtofiai^ éií htístú dé^'Bennicazar. 
' Venciendo el r^uelto veterano con su aéosr 
*>tttiiftbtaéa: energía das dificultades dé )a marr 
«eha, dentro jde'pde^as remanas se halló (sén su 
4r<»pa €0 lá0 > ele vsid«8 Usuras de fCiobamba, 
au«t({ue «tt el cmAino Hubo de resistir rtias de ím 

-16 Pedro PizaiT«, D.e^cul). y t\e Ua Iiwliag, M9., Parte 3, l^b. 
X/OHi^., MS".--tíerreríi, Hist. Ge- 8, cap. Id.— Cart^Je BenalcazV; 
^tK0i¿4«e.5r.Ub;4r«a^<n, ISr-MS. ' * - -> :. - - 
lib. ,6, £ap. 6, 6 — Ovie4o^ J^Ualr. ,.' ^ -y .^^ : -r^^ ^.. 

I. H 



Vigoroso ataque de los hatcuraleá^ bayo- válcwr'^y 
eoastnncia resaltaban más eonpipara&s •«bn^la 
iisdiferejiciade.lQé iPernanos* - P^ro ana no lia- 
vbia llegado para estod. la hora de ::mapife^ar 
. el fwgojqiae eri sJiá jiedhós aiidia^ * ^ ^ 

No.terdp AlñiafgtO{,ea ver übgar á Riobamba 
al gofeernaddr 4q Sao Miguel» quien mg4 y acá- 
'^o de bufona íe, el Jbiaber llevado nin'ghnai-itftéii- 
cion torcida al^eiii^pirender sin círden^^ &qdél)a 
entrada^ Y^ pon est^ refuerzo, esperó trai^ui- 
lamente e\ capitán psjiaño¿l la llegada, de AlWi- 
x^dQ' h^^ trx^l?^? : ^^ ^*^ . último, ; awaiíae mas 
{iialtfj^tadas, > ^^ran s^i^pe^riores en pqmero y icb 
equipóla ^^ 4® -^c^ nval, Cujapdp se Kallaron 
frente á- frente m lo^.- i^rtken^igii^ Ual3iOJ3;de Rio- 
.bamha^ parcjcia: inevitable vm cOnAateugngmá* 
to,. que proccirara á )os .^^t^ral^ la «siáirfae- 
^cion dé ver,vengadjO^,«n» agrayiasrpet' lé» lús- 
n^os qu^ se los hUiei-on. ^I^üyq A^lxs^groii0 que- 
ría que las ee^sas viiM^'S§^4rtaMé|jmiHPk ; 
. . , Comen^^arqn, püps# í leía nego^jiaei^^eis, y <ada 
piarte alegfib^llp^ dciT^cboB iqji^ if^em te«^ á 
. aq^#la,pmTi«reífu £p; ^l^iiti?etaJiito,.las tropas 
de ^Iv^rado tra^ba;» : e(ml&hnBtnentú eaxi Ja« de 
Almagro^ y esieu^b^bg^^alli 4ale$ reluciaoes «b^las 
riquezas y maravillas del Cuzco, ' que ya mu- 
elíbs se inclttoban á pa^átaé fi }a$ filas dé Fi- 
zarro. Hasta su vmm> oa^dílto» cei^veMido 
di* que la posesión de Qníto'Trb híi$tfi?}.V á rom- 



Mglít^f (eiiiei^datf éoU i^e faá^iá' procéáittó, 

M|0httibirf)ii»pilé^t¿í' 9«'é¿tm6 dé 'é^sité 'hiodcs 

imnlcrjofi't f$tAú9 -ek túéÉiñóW,^ f 9é conviho pdt 
pmcí^^id^ %ti ^ éí f éf^&fadw piag^ía '¿'AlVu- 
ifidWK Iñelí «íil^ jpá^ efe >oiVH'''Mi^pn>n¥kiá)ttoké 

y tdil^«)ldmi»ni^^i^s'y^%tirétíhds! dé gitéml 

lorii/yA ^lttnlá^<Jtte•^éd6irf'Wl»jfegd; Sí bieH^'ifrfei 
c4da^>>ii(^; atéa^ztot^ai á á^bñl^^i^ü^ «éséfM^^o^: 
e«meltlid¿ d trti««d6, '4«i^ ^^í^sn^o ap'ersb- 



.;-í. 



17 Cot^l. i Pob. de) Pira, que tomarla, ^annqiiele resy^faba 
BtS:-^i¿hini\i,'^élaM(¿i Stim^-- ¿tt^e'pértíídáá ¿l/ío mkiiíó qae 
ria, MS.— Pedro Pízarro, Des- á la corona oor el malogro de su 

íkr'ranin'ro yéináa ino- 



fiaii iÉtónWiíI, «ec. 6, Uh:'6, cap. dSáíatfieíiitef. ^áiú Úh Ahrárádo 

S-lO.-^iédb, llfef.'*ela«Irii rf^12tti¿í«aor/%8.y Ahlia^fo: 

ÜasrMW:; Fteé 3,' ffiy/Sfif.' ckp. tW^émtjáiioV s^ySeiie 4ue'l& su; 

aOÍ-^átte'-fle' 'BenidÜaiiir, MS.* ■* pagaáfc^jíá treá^vecea mas áfé 

* 'rfóeÉtáií'dé\icteí!rdo Ibséácn- lo q»e merecía el arrtíaihfeiitü; 

tt^re«%iHa'áííhá'iiíi¿adááAlva. ^' «éí; %f*tíf SácHñtío;''» á^ 

íwlé pó^ 'nñi«mnÜ&cibiti p^rtf *^^lite^o-ai?'fei'¿¿i,qimiiutt- 

«íütb^feít»' eMh ^Alíia^rtt *eft ¿tu *á ^' ¿¿m ¿' óíií^ Vét^**' 

«¿HÍá'0<lttfpMéfórf'dÍ8édbbci^ í9^0Í&ñ^Btfmf^jí-iftL^^\s^' 

te faaste kkorá t lq# B^ánáflo*: ta^or eáslfeHank)! 'Cédñn de Bie¿¿ 

tí^/^üVUneír én lá siíma ^ada é6 iAlMe^o d ÉaipMÍhr;*1Ím,? 

«fd'térflo.-Alránttlb'ii laétfflÉÍ Otet.l«,'l3!Í4.* v 'i . • ^ 

4»^Wííl4bé916í-otr^^ñ^¡Ae' -'■ ''^ • -^- r^ - i- »>».,• urr r:; 



ro^ai^ha parfi la pQst^ p^ii; fi. ^c^p yi|ii|9^^: pqr 

r;a:.coAciU^rs^ pl efecto 4e Ui pobIiK)ÍKMi Müg^Wi. 

J^t^9/fSy^^^^\^9^f^^ 8(Wado9ífífraí4iie;«i«t 
T^^Ví n de gjgiarnvf ipn, y yd;^ jpri^cij^ pum ^ «ÍN^ 

Jil^^^j han^i Jí>PÍ?-. : Allí 4^^^ obs^qwd el {«íiieipe 

l5^,qap 3^^ pia^,apiii^ii^n80rn4ll^W. di^ fteif^», F 
sfiJfíí^Wejr^ ^eac^rcwlpsí. p^r«^ dfiapPJMle^ jtfe 
§)tw deUc^^![Jp8.;Vp)lo3^Sílas,.y%«5i)i$?iss ly <}«mPI^ lefi^ 
pesies de furpe^Qs 4^ P/eru: c^.^^^aw p«lM 
montañas* ^® 



/ 



de Jauja, .]^]ÍS^.-pfc^«n.4^ ?"- quien h» yitio lo ^^.jr^Jier^ j 

m§r. I>Q«5i(b*, : MS, T^.H^nrf rt, iy> trafa .^e encañar á n^e. ^ 
Üist. Gene|ral,496- 5» lib. 6, pap. Tansbien e^ Jai^ teniiina al 

l^.-^MonMno^ Aai^, M8^ etcnba^of lÍpáiQ, SÁucbo su. Jl^ 

añ9.1^. :, j . :i j /«cwm, c|U0. abraza,. t^i p^fMo 

A(]^ ^, fin reggniinym^i^ie ii muclia iqaa oor^o que ki pceca- 

sus trabogoa el au^or 4e la £fi^ deq^, ^f^ro. que ea.^tfn aut éitfi c^ 



0MM» (26Í Priiaem Iksfvftrimi^nto. como e||a. £ataii«a(«ft0ii puedo 

delFfíru, MS^tonUs veeea ci|»* coii9Íderiu»6 com .49||u^ad d^ 

do en. el curso /le eato obra. . Bu i^^cÍiq ^^o,B9r f«r /^^ áá se- 

esaótor ^le í\úoíd y obseryUdoi*» ciet¿io deftzarco, y e^ta^re- 

y aunque participa de la tonílen- frj?fi$idfi por- este.- Ea. cvideivie 

cia nacional á «sag «aj y recar- <^ íQdfi^v qn^. .^p^p^nhaj??»^ 



LIBIDO |Íl.-;-7GAmptO IX. 61? 

^bac^maic, 4onde Jcepibid la agradable noticia 
M cifinvenio.QW AJwajdo* y 90)99. despa^» h 
yi»itó 9jrt.9 eabal^ro en pprspna,mite8 de;einlMir- 

Qf)i£ip[ib<l? ipf^t.^^ ^ iK)t4 darant^ la entr^vis- 
Vjk la maypf, cortesía y tmn : cjordiálidad, ; puesto 
9U/9 y,5f,?}p e^ií?tia jentre. jtíloa AÍngijuí a^otiyo de 
disgusto;; y .eíf d,e ^upp^r.^c;, qae s^.cqateniplar 
ri^u fi^fitaaaippt^-|Co^ go «sca,9p interés, habie©- 
dp ai^ba3,alc,an2|adi> ^an aUp.JT^ppmbre en l^.á^T 
jPjQra.^enda de las aventarsi.8.|Es verdad que Alva^ 
rado ganaba algo en Isijppmparacion, poriíj^ae si 
bi^i) el pprtQ de Pisearro Qp parecia; de autoridad, 
no, t^pia la gentileza ni los modal^Sr afables y 
qprtesanps^^del conquistador. de Guatemala^ que 
no menos que la blancura da su tez y sos dora- 
dos cabellos, le ganaron entre los A^ec^as el s<^ 
bre.nombre de Tonatiub j» «'íiijo del Sol." 

..Tojio eifa ahora fiestaaíy iregocijo^ en la anti- 
gua eiiidad de j^achacam^c, y en vez de los cap: 
tar^^y 4^ los. s^ri^cios ala divinidad infíiaqu^ 



gnnáéé rebajas en etta pof eau- ^ iiidttte fit>n denuuúam molts- 

sa de lu ong^n, pu98 ha de.cQn- fia en su, empeño .d^ paliar lee 

siderarse como \ la esplicacion Éechos culpables de los'Conquis- 

que da Pizarro de sus propios tadores. , ^ ' 

hóchosi y Á fé que algunos de A Ramusio aom^ deudores 

ellos necesitaban bastante de una de U publicación de este dia- 

apologia. Es preciso añadir para i|o. .^ Sus ilustrados trabajos nos 

bacer justicia al geceral y al se- min conservado mas de una pre- 

cretarío, que la J^Ulacion no diJSe- dosa pi^dacdon couteinpo/&- 

ete en lo sustancial de las otras nea, aunque tradncidas á otr^ 

historias contemporáneas, y que lengua. 



618 CONQUISTA DEL Í»ERÜ; 

üé ^felan allí' con táhtá frfeíítíenciá; Ves^óttaba ¿ft 
^odo fágaí- eléstráendó^flé *K>s tbtóeós y'de tóé 
cáñiis ala moTOcai'(5on qae '!ds beliéosíó^ aven- 
tureros gustaban de recordar las diversiones &^ ' 
voritas dé'sd país nutáf. Oonéitíi¿ás Ik^ fie^^s 
fee vdlVie Alvarado á'su gobernación' dé €raáte- 
m'al¿, en dotitfe 'sd éspffitü inquieto' íe rtiétlíí muy 
pronto criíiaévaS^ 'empresas que aí cabo' atajaron 
su azarosa cartera, áu es^ediciori ál I^eru pin^ 
la Júúj bien su cátócter. Con ía injusticia pot 
Tbase y ía temeridau'jíór guia, lió és maraVÍHíi 
que acáWse mPe'fizniehtel i^ * | --r^ " 

Para este'tiempo pdáiayá d^^ que íá *con^ 

quista del l^eru estaba terminada. ' Es verdad 
quie én él íñíéríór aun oponian resistencia ai¿u* 
nás tribus bárbaras,'" y qué sé dio ^comisión ¿ 
Alonso de A I varado, capitán prudente y dé con- 
fianza, para que' 'las íedüjese.' fiénaléizaf^se 
mantenía encuito, Quyo gobierno le di (^ des» 
ptieVia corona. " A^lí^Wfiánzábá cada Vez nías d 
doniíriib de los Españoles, y ál niismo' éempó 
est)endia<8«i8 eonqmátas -por el norte. Feare «1 
Ciízcq, la ¡ainti^tiÉi, f yeijersídá capital 'dé la mó- 

19 lyaharro, Relaciori,pujna- cfirpada ep la Nueya GáUcia. Por 
ria, MS.— Pedro t*izarro; pea- únaestrana coincidencia subeBa 



cub. y Conq.i MS.-i-Cp^'a de esposa pereció el miamo anq» en 

Francisco '.'Pizarro al Señor 'a^ Guatemala en ^ " prjopia carty 

Molina, MS. ^ * qiie fué árirebatfli^ipo'' "'^^ *^'* 

Alvaradb ín¿ri5 en '1541'' por iTiÜa qi^ J)aj6.a€ las montañw 

Laber caido sobre él un caballo! vecinas.' 

queriendo iubir una cuesta" eer- ' - '" 



Cl^koMIh — CAPITüiÓ IX. eW 

'tíai^ttia^ eBtübn ganada: los ej'éreítos át AtaiittáH^ 
pa d«f roítaAds y disptsrsos; él ihij^trio délos In- 
cas dfestf ulrfo, y el príncipe que enlpafraba el 6e^ 
tiró peruano, ládld era riña sombí^ dé monarca, 
^éüjelo á la volontad de sa vencecbr* . '^ 

Lo íprlmero que hÍ2o él gebérnkdoi* faié eseo^ 
ger un sitio aproposito para la ftitura eapita} • 
d6 esteintaénso imperio ultráilítarino. El Cuzco 
sumido tehtre las montañas, r\ó convefaía á Bh 
dñeblo cOtüemanté, por su mtfeha distáikeia d^ 
píéostá: la pequeña -colonia dfeSiii Miguel que- 
daba demasiado al Norte, y valia mejor elegir ün 
ipdnto más céntrico, quetíó seria difícil hallal: en 
alguno de los ftrtíles Talles de la eo9tá« Tal 
éni, por'ejemploV el de Pachiicamatíj donde se 
hallaba éntonccia; Piíárro; peco después de hü 
maduré examen prefíri<( el t^He dé Rinme, sitütt^ 
A6'íitÍ"^ófeo riias ál norte. Debia su nombre, 
que ^ti lengua Quichua significa, "el que habla,^* 
Á tiíír fáthbso jiÍoIó^ á' ciiyé saflttiáíi<y tfeu^iaft « 
gran núnteíro loislltidios, por los a&mados oraci«- 
los qtie pronunciaba. Víi eandatosb rio 9trét^^ 
filaba el valle, y los Indios según sú costumbre, 
lé líabi^n ¿atigrado^ en knil paytes dividiéndole 
^ ^multitud de tirroyuelos que serpenteaban pot 
Ta-s hermosas pradfeífes.* . ^ «i - 

Escojid Pi^jarro pajra asiento, 4^ su nueva ca- 
pital las orillas de este rio, á dos leguas de su 
giQl^cadt^ra,. I^.Gual forma una: pomada ensé;*' 



^ jC^NQUISTA DEL PERi;. 

pada^par^i; abrigo de las ejiubarcacioní^s^ que , ql 
ojp preyíspr.dei fundador, y^jfi^ ya^^f^^av, .^a, , sus 
^gus^s. . Por Jiallarse agiiji^l^lugar ,.ei^. e|^ centro 
del imperií>, era i^.uy^.prppjq ;par^ jfesidencp 
del Virey de} Perú, pfie^ d^csdeallí podia;comuni- 
caJTse fafiilmj?gte con tQ4qs Jqs.|)iU^to^.c|p]Lp^is, y 
• yigil^if 4Jqs Xn^iog., .AwyPftue.^l vaUej solo, dista- 
bíi.4el<?cua^or doce grí^doB a.^ ^ur^g^stba .de 
i^9 clim^ de^dQW),^;tan:te^ipladQ.jft9)C,Ias fres- 
cas, bribas que sc>pla^)fin 4lQl,pceapp.íí 4^, Io,f.. pi- 
cos llevados,; qiie.6^ calor e^a fXf,uffho ipaep.9V. , que 
en !(^txq^ p^i^es sitiados 4 Jgqafiívtitud, ¡En ki 
CQstí^! pupea IbjevBj^p^rp, sup.l^ e^ta falta up^ ne- 
blifna jiiw©4a qne, duraivte .,fl verajío se ^tiende 
spbre.el valle, le defiende;de ,1qs rayoj^.del .a^- 
difceníj^ so][^y,sin^qfiefS^,^dyiqrt^, i^^ lo» 

capítpQ^j l«s viste d^ jríca*v,erdara, . 
• Pjj^arrq dÍQ í j^m nneva oapital,el,noml^re de 
<l%<étd^J^ ih^ lo^ jBeyeí, por babjeriafundado, se- 
g^B áíc^g el d¡£^ • de. la Epif^nja,, (5; de .Ener9 4e 
4íí35i aupqup oír^^ soístMfifRp^ q#p .^se dií^ &e 
4eter«jinp el aliento, pups la fuadacicm no tuv© 
Ittgar hasta doce diag .después* f* Blas el ^pm- 
bve cásibélláno eay.g eü deai^SQ ja^üin^iai^tef díf; acsir 
JMurse la primera generación, y preyí^lecjtf el de 
Lima, por corrupción del i^m]>^Q'máio,íU»Hig»^ 

20 Así lo dice Quintana, si- irrecnsáÍJÍe'. Eiq)ftndle¿ Célebres, 
gttieníio al Padre Bernabé CoIm) ^ tem. IL.p«. 25Q,: tiola. ■^. ' [..-.. 
«niu libro. titulado FttM(/acioii</c ^l En los MSS./de los prr- 
timay que él califica de autoridad mero« eoBqnisttdoíés&e edú 4» 



, La planta. d^^J^ pobUcion s¡e tra^a Cf n toda re- 
^ujari(l|ijl..^ J]^as caU^^/tira^a? 4 jco^dl y. carta- 
das en án^ulíf. recto, ,s.e (l'^arjQji , ü9.as ^apc^as ,áp 

espacio sáficient^ ^n|£re. ijfjfi^jptrí^s • paf^ ,p^^^ 
jpubUcasy jf^dinesdel^s casas partijii4^^e^..,l4a 
planta formabs^ un triángulo pon eír^^j^or^^s^* 
cuyas ^iji^a^ debían re||)aftjjr|j^^pojr^.caj^^^ A^ PÍfi" 
dra, en tp^íisMas calles principajt^^s, coa-^i ^P ^^ 
n^ue,cada^upQ pudiese regar eVp^^a;?Q d9,t^.rr.cop 
contiguo á su habitación.* , . : 
^ ^ Tan luego c9n^9^:e^^beí:iia4or e^epgio el si- 
tio j. determinó la planta, d^ te|<Hudad# dio'.prin- 
jC^pib 4 las trab?^os con.sa afip9tui»bx^da ac^vi- 
il^tí*.^. ífiizo v|Bnirjá Ip^Sj^Bv^ip^ ifi W*^?, d^ treinta 
^^ua^ a la redonda, j^fura .fju;^ Ip .ayuda^^fl,. y las 
niismos Esp^Qoles tfe suplicaron e^Q . ieoipef^ ^ 
la obra bajo la dirección ^Je su ffefe. Todos de- 
jajron la espada del conqnistador y tq^va^rpil l^s 
herramientas del artesano. El campo sq Tctri 
cubierto de un enjambre :de trabajadores; dijir 
fflenJte.s, y el :estruendQ .d^.lHgu^^*r¿^ se Jiabia 
convertido en ^1 inocente bullicio de una pobla- 
ción.actiya.^y^ciipadív :^ La cátedra)». . el ,paIaQÍp 

ver al punto com« deade m«j al "Así mismo ordenaron que m 

•ftmmpiOf lu' áplOMíD^' Aí^^^ii pái»tisen al -pueblo q^ue-'tenürn en 

«nplapitó el'prikníliirá^iiombfe it¿- itiinsa poblado á este Vallé d^ 

•éif. .**^ «d. ndniliá* a« p*fil6 á Lima donde agota es esta tinéüL 

limmy fiíndé la 4m«3ad-qié hbi ^i lo^ ](«fto i ^nS' se V(>bl^/' 

-fiwfés ríiueh a^ota' aa," (Fedré Conq. i M)/trel VWn M8. " 

Pizairo«De6Cub..;!!C«ái^vMft;^ - "»^'- ' '•'* ^ ' * 



4^ yCqiXWl&TA, J)B*,Pgft#! 

i^j^J^ cqrte iffijQÍío .mejpr,q;»ejr?SQ#oJÍMIoail0«íf y 
cuando las circun&^Qqv<^,iPri^ol3f}ig^binh á*]¡e^ 
pfljr ,f5tt ari;qgíjpc|^ flaivitia j^ e^i ^pMéA^^filiÁlliila- 

y de 9U^.pí?<iu«Hq^«Gflfi(}Tp% Ja«íifetí|gií»í|fcopfc^ 
biaif gí^j^^cido, la« j4Ífií^Hf^le|i i<ttt0;tm««Í0)«»irki 
jprjsipp del p^ipc^ij^e ^e^uwf^f.rA^^tit^aí&mi^^- 
ifatf. Nx) pu4o referir ^^aits^M last^iMlt^ * 

. es^ jjoifelip mpnarca, pqrq^fi>Qiinijiahabíailla^* 
dx> 4 su QQticiai e$te' trj^eo.^qttteeiiñieiilis Odiii^ 
rido d^spuc^s 4p. ^í fi3FÜ4a* Fp^fJeíf^ba^.dk^jci^ 
ballerQ; la, fertilidj^d de la Uerca y la attttikro»iii^ 
sus (labitante^f c^amo.s^.ecbBl|^i4^'V^i^'^vl<>^ 
adelantas q^ue ,^bipn hei^oea vannaAiítea me^ 
Canicas» y.e^ prueba ^; j^Do^moatro 'las telaa de 

.al^(>dpj^,7 de l^aca, x JbiS.j^reiS^Q^os :tSiso» decoro 
y plata.^ . p^iüabande ^^grk U>ft!«goa íM mé* 
Darca cuando puso la vá^ta-^n^^ttoa «tttímos^ El 
era dema^^iado pe^spíx^az para np^^^tnaaief f apra* 
£iar en todo, si? yaV;^r l^s veii,i6ya8 q«e ;(leMa 
traerle la cpnquis^^le.un pavs tan fettík y rWo en 
producto^ de la tief fia;, pero » aeeaMít^ba «Ipé* 
rar mucho tiempo, para que comenzasen 4 serét 
provecho, y asi 4ebeii^a.s diifimuLarle que ie\ean- 
sasen mayor cionteato la^ noti^^as que ¿aba Pi- 
^arro de sus riquezas nainerales, pofqtie sus atn-^ 
Viciosos proyectos habian agotado eleris^r jo ij»-. 
periaH y la lluvia de oro que tan iiBpensadtoieiH^ 



Li*it»"iii;^*^<$APt'riíi:6 Ix. 625 

4e?ie-éaki fenciraavle parceiá ti ti medio muy opor- 
4»iQfd0 llenarlo eín demorai 
•/: Gécios) |k>r taiiítoy no se detato en cbnoedielr 
éftrastoW jiídio el -afortilfíáido áv^éntiirero. Con- 
^tmó ^t modo tñas esplitiito tddtís laé ' meree- 
dea iiíicfaa» ante¿ é Firaricisco Pízari-o y á sus 
i|qoM»fif7 eiysaiichcí otfbs setenta leguas hacia 
elSur 1» gobernación del primero. Por esta 
-vez lui^a» olvidaron tampoco los servicios de 
Almagiro, y obtuvo licencia para descubrir y 
eonqoi^r hasta dbseiehtás leguas, comenzadas 
acortar desd^ donde acabase por el Sur la go 
h€Jma(AatíáeFii'Aríyoi ®^ Para darles Carlos aun 
mayones pruebas de sU satisfacción, se' dignd 
escribir una earta á los dos capita:^es, felicitar.* 
do^es por sUs, hazañas, y a^radéciédoles sus 
aervicios^ Este aiéto de justicia en ñivor de Al- 
magro, seria muy honroso para Hernando Pi* 
B8rr0i> teniendo en cuenta las'pá^siotíéá ^ue en- 
tre ellos había; si no lo hubiese hecho así obli- 
gado por la presencia en la corte de los agen- 
tes del mariscal, que, cómo ya hemos dicho, 
eataban prontos a llenar cualquier hueco que 
dejase en sos relaciones, el enviado. 

- 04 Bb la mCtceé réál se di6 dio, tuvo tan mal resultado com« 
el nombre de Nuev:» Toledo i. la . la f rimera, y todavía se conoce 
tierra que debía ocupar, coipo con el nombre de ^Chile la eot^ 
ya aKtae se^habladado el de Nae- clia faja de tierra fértil entre los 
Ta Castilla á las C9^qiiiftes4e Pi* * Andas je la «osta; que sé Mtíen^ 
acarro. Pero esta tentativa para de hacia el Sor del graa^^tír 
ctaplttur él primkiTtf wxmbn iti- s&Qt«, 



.6S6 CONQUISTA PEL PSfiU* 

Ya hemos d^ saponejr.qae ea madia ¿e tan* 
tas mercedes, este oo volvio.con .la» n^anos var- 
cias. Le dieron alojamiento como á, criado de 
la casa real: hiciéronle mQVced . del^'háhilo.de 
Santiago, la mas^ estimada d€^ las. orden/éis mifih 
tares españolas: ot>tuyo. licencia para alistar una 
.flota y tomar el mando. 4e ellar y se mando» é 
los oficiales reales de Sevilla que ^votaciesea 
sus proyectos, y le facilitasen, su. embarque pa* 
xa las Indias. ^' . , - . 

La llegada de H^ernando Pizarro, y las wa^ 
vas divulgadas por él y sus c<;NQ»,paáeraBv kC^aíiS^ 
ron una sensación en los Espaóoles.eoioo.na.sQ 
babia visto desd^ el prim;^r via^e de, Colon* - £1 
descubrimiento del. Nuevp .Jki^ndo llend laa , ea^ 
bezas da espierwzas sin K^aites d^ riqueza) pe^ 
ro^ cada nueva es^edicioa ^io ha^ia. skdo no 
nuevo desengaño. Aun ^ cqnqi^i^tH (ki M^eo, 
si bien escito la admiracipi^ gf i^ii| eomo . lui 
hecho ilustre y niaravillo^o,i no había p^j^odui^i-r 
de el oro que tqdos aguardaban. Las voj^gpür 
ficas promesas I^ech^s por Fr$jí>eiseQ ^zaiueo 
en su último. viage ¿la penuis.ula9.no «habÁa»*Ue^ 
gado á revivir la confianza de susí comf^atOAtaa, 
incrédulos ya á fuerza de desengsvño/s.r lio úni- 
co real y verdadero eran las difieoltades de la 
empresa, y lá.desconfianza.g^ue^j.^e. m^^^ifesT 
td miiy bien ea.ei corto número* de ijidividuos, 

25 Herrera» loe ;it. ,. ^ .,, •; f^ . .ri» . . ui.- 



j Min/esto8 déla getrte tnds pefdíida, qae qnn 
sdffioron'emíibitfcaírse hn aquella a;yénturá% 

ptomensaíst Ysí nd feabía; que dar créidit<) á Ia$ 
iÍMÍT¿dar0 Téiaei4»iéi$ de los avéntairerpí^, sino at 
O1Í0 '^ftámmíOf qrie teman á la vista eón tal abuii^ 
(kmciui '''Todos, pues, dñrígierosi la vista aloeei« 
dieDtl^ EI^ píódigo' arrainado creyá encontrar 
allí' el ca«iÍRD pard rehaeer sá fqrtiiiia con la noisw 
ma presteza cion qne la ludiia dilapidado. Et 
xo09etiátren vezr de irábnsisar las' preciosas 
iD^reknéíasdélorientev se dirigió ai lado opues- 
to^ pensando lograr mayores gatiaacias donde los 
objietoa de primera necesidad alcanzaban precios^ 
tan-e^horbitefite»^ El caballero ansioso de gcini^ 
glofifi y riqaezas^ boñ su éspada,.se figturó haber 
hallado un escelente teatro para sus hazañas en: 
las euHibr^s de los Andes. Conoció entonces 
Hernando Pizarro que su hermanó tuvo razón 
en dar licencia para que regresasen ¿ su patria 
á oUMito«r ^dlidós lo solicitaron, persulidido de^ 
que Uis -riquezas' qiue allí osténtase» atraeríam^ 
diez^ hbmbres' á sus bandera»;^ por cada ano qne* 
las aJ^andonaise. 

I>e esta manera^ ien Muy bféve tieropoi se en^ 
contró- aquel ccballéro don el miando de la* ar- 
mada más íraxtierosa y mejor equipada que aba* 
SQ habia salido de los puertos de Espami desde 
la famosa de Ovando en tiempo dé los Rere»' 



92a ..POKiQ,UlSTA DHLi PBBil/,f 

CMoliqQiP* ;Nií f^é; tampoooteísitaf tmis ^ifttrjtonftda; 
que aqueUii* j^pieaa$ salió. Hernanfid á la muir 
s^br^vijaoqiin t^níipeí».tad t»n furiosa qite le obli- 
go iáave^I^i- «il puerto waiisii flota para reparar- 
la» íAlfiopmio aUraye«;at etiooiania, yjaQeló.ski 
Boyedad anilla ¡{ieqnefia: báúá cde^ Nombre de 
Dio«. ' > Oehio inada habki aHi| preciado para 
recibirle, y se vi<5 obligado á detenerse algún 
tiénarpd antes idetjpóder pusárlas sierras, lá fal- 
ta, de. pirotísiohes causo graTedaño ¿su gente. 
LlegároB á tal extremidad que devoraron con 
aB9Ía,Ios' aliinénjfcí^-mas: rejpuguaii tes, é hidalgo, 
hnboique cuáato tenia ahorrado ga¡s*t¿ en' pro- 
curarse unia^ subsistencia misera'ble; En pos 
del hambre- aJeifáieron las enfermedades como 
eS'de supox^erse, yímuchos de los infelícee aven- 
tareros no. pudiendo resistir el ardor del clima, 
perecieron desdichadamíente á los primeros pa- 
sos de su carrera* f 

...Sucedió allt loque con tanta ff^uencia se ve 
efl/]a!hÍ8toría ^e. áae conquistas db Ibibf Gspanoles. 
Unos po)cos, mas dichosos que los demás, alcan- 
zan algún premio inesperado, y una multitud, 
atraída por la buena fortuna de estos, se arroja 
á seguir sus» huellas. ; Mas los primeros que 
viníeronarrebataron ya los ríeos despojos mas 
fáciles de lograr, y los que llegan después tie- 
nen que ganar sus tesoros á costa de largos y pe- 
nosos esfuerzos. Muchos regresaron u su pa- 



LlBllO III. — CAPITULO IX. 629 

tria abatidos y sin dinero, y otros se quedaron 
allí á acabar sasdia&enla desesperación. Cre- 
lan cavar una mina de oro y no nucian mas que 
cavar sus sepulturas. 

Mas no todos los que iban con Pizarro corrie- 
ron ía misma suerte. Muchos de ellos pasaron 
el Istmo con él hasta Panaqiá, y llagaron opor- 
tunamente al Perú; allí en los estrañoa lances dé 
las guerras civiles algunos alcanzaron puestos 
honrosos y lucrativos. Entre los que prime x^o 
tónjajrpn tierra en el Perii, iba un enviado de los 
agentes de Almagro para informí^rle de la dis- 
tipffuida merced que le hacia la corona. Reci- 
bió esta no.ticia en el momento mismo de su en- 
trada en «1 Cuzco, en donde Juan y Gonzalo Pi- 
zarro, en cumplimiento de las ordenes de su her- 
mano, le recibieron con todo respeto y al pimío 
le entregaron el gobierno de la capital. 

Al verse Almagro honrado por su soberano 
con un empleo que le hacia independiente del 
hombre que tanto le habia agraviado, se lleno 
de soberbia, y proclamo que ya no reconocerla 
superior en el ejercicio de su autoridad. Va- 
rios compañeros suyos fomentaban estas ínfulas 
de soberano, y le repetían que el Cdzco baia al 
Sur áe la gobernación de Pizarro, y por consi- 
guiente quedaba dentro délos límites de la con- 
cedida al mariscal. Entre los que así se espre- 
saban, había varios soldados de Alvarado, qufe 



é30 CONQtnStÁ DEL PERÚ. 

aanqne de mejor blase qtíe los de Pizarro, no lle- 
gaban con mucho ala disciplina de estos, y hechos 
á militar á las oídenes de nn gefe tan poco de- 
licado, no oonocian ya límites á su licencia « ^ 
Tenian en nada á los vecinos indígenas del Cuz- 
co, y no contentos con los edificios públicos, 
echaron mano de los particulares que mejor les 
parecieron, apropiándose sin m«s ccreimonias 
cuanto encontraron en ellos, y mostrando^ en 
una palabra, tan poco res^ieto á las piersonaá y 
á las propiedades, como si hubiesen tomado la 
plaza por asalto; ^'^ 

Mientras pasaba todo* esto en ía antigua capi- 
tal del Perú, el gobernador se mantetiia en Li- 
ma, y allí fueron á catisarie grave inquietud las 
noticias que recibió de- las mercedes hechas á 
SU' compañero. Aun no sabía por* entonces que 

36 En punto á disciplina ef an casas de mucha ropa i algunas 

el reveliBo de los conquistadores' oro i plata i otras muchas cosas, 

del Perú» si bo^ el dicho de Pe* i las que no estaban bien llenas 

dro Pizarro, quien afirma que las enchian de lo que tomaban 

ninguno de sus compañeros se de las demás casas de la dicha 

habiera atreyido á tomar ni una ciudad, sin pensar que en ello 

mazorca de maiz sin permiso de hacian ofensa alguna Divina ni 

su gefe. "Que los que pasamos humana, i porquesta es una cosa 

con el Marques á la conquista larga i casi incomprensible, la 

no ovo hombre que- osase tomar dejaré al juicio de quien mas en- 

una mazorca de maiz sin licen- tiende aunque en el daño resce- 

cía." Descúb. y Conq., MS. bido por parte de Jos nutarales 

27 "Se entraron de paz en cerca'de-este artículo yo sé har- 
ía ciudad del Cuzco i los salie- . to por mis pecados que no qui- 
ron todos los naturales árescibir siera sabea* ni haber visto," 
i le? tomaron la Ciudad con toda Conq. i Pob. del Piru, MS. 
quauto havia dentro llenas las 



LliBRO íll. — CfAPlTlTLO IX. ÍB3Í 

SU jurisdicción se Uabia alargado otras setenta 
íegCiai^ hacia el Sur, y recelaba, lo misino qué 
Almagro, qtití la capital de los Incas ño quedase 
legalícente dentróxleWús actúales límite». Com* 
prendió desdfe luego todo el dañó qué le resul- 
faíia átí cáef é^á opulenta ciudad en niaños de 
su rival, por el ancho' eampo que sé le abfia pa- 
ra i^aoiar su Codicia y la dé sus secuaces. Co-* 
noció que en las circunstancias presentes na con- 
venia permitir que Almagro se anticipase á to- 
mar el mando, al que tiasta entonces no tenia 
atín derecho, puesto que las céduTas en que se 
' contenia la concesión se hallaban todáyiá en Pa- 
namá en poder de Hernando Pizarro, y lo único 
que haliia Itegadó al Perú era una copia d^ urf 
resumen dé su contenido. 

Sin pérdida de tiempo envió", pues, órdenes 
al Cuzco para qíie sus hermanos volviesen á en- 
cargarse del gobierno: se discurpatóa al mismo 
tiempo con Alma:gro, sopréfesío dé no ser con- 
veniente qiie cuando le llegasen sus poderes íé 
cogiesen yá gobi^rnándo, y concluiarecomendán-. 
dolé que cnanto antes se partiese á su Conquis- 
ta del Sur. . 

Péfo'm el mariscal ni sus aniíigos pedieron 
cOTifoirmatse con renunciar taii f&cilmenfé el man- 
dó qiié consideraban pértenecerle de justicia. 
Los Pizarros por su parte no cesaban de instae 
para que se les efttfe^se, y la- di^ifei se fir^ 



632 CONQUISTA DEL PBRÜ. 

j • * • ' ... 

acalorando mas y mas. Cada partido tema »arf 
adictos; ía ciudad sa dividid. en bandos, y (?1 
ayuntamiento, los soldados, y aun los Indios to^ 
maro^n ¿)arte ^n la cuestión del piando. Ya He-' 
gabán las cosas al estremo, y np faltaba mucho 
para venir á las manos, cuando Pizarro ^ per- 
sona se presento en la capital. ^ 

Sabedor de las fatales consecuencias' qué lia- 
bian producido sus drdenes^marcho con toda di- 
ligencia al Cuzco, y allí fué recibidp con mues- 
tras de la mayor alegria, tanto por los, Indiós^ 
como por los Españoles mas inoderados que de- 
seaban conjurar la tempestad que á todos ame-, 
nazaba. piriffiíise primeramente el goberna- 
dor á Áím^agro: le abrazo con aparenté eordia- 
lidíad y le pregunta lá causa de las presentes-di- 
sensiones. Respondióle el mariscal echando la 
culpa á los Pi2arros; pero aunque el. gobernador 
los répréberidio con alguna aspereza por sus arre- 
batos, pronto se echo de ver que les daba la ra- 
zón, y el riesgo de una ruptura entre los dos aso-' 
ciados vino á ser mas inminente que nunca. Por 
fortuna pudo evitarse por esta vez, gracias á la 
mediación de algunos amigos de ambos» jti^^s dis- 
cretos que sus gefes: con su ayuda pudo al fi» 
llevarse á cabo la reconciliación, JbaJQfippdÁQip- 
nes iguales en sustancia á las del primer «eonve- 



niOi 



2S Pedro Bz^Jto, T>^cub. y iiera\, decl 5, íb; 7/ dap. 6,— 
Conq., MS^^Hérriíra, Hist. Ge-. Có¿V i Pók del Pililo MS. 



LIBKO IH.-r^CA,PITULO IX. 4533 

Of^ejfji^ífrpp jjr^metaiflepte. íojapjtei^er .firme é 
ioviplí^Me si;j,.mjutpa,¡ aflii^tad, a^ij^gando^ upa . 
claasujlí^ (j¿^^ fto, da^upa idea in^iy, favorable de 
Iqs cf>ntrataote|9| ej;4.^aberi qu^ pinguno. de los 
do^ ^iú^ la^l ,á^\ QtJfo i^i^Jq cal4mpiaria, J^^P.^" 
cialp^nte. eo,su& «af;t^j^s fil emperfidor. Se obli- 
garon ademas á.po tene:^^ ^omuoicacioD^iflj^jjina 
con d goJ^iei:pp,sin,.Qonq?ii9Íento del otro i^soc^a;^ 
^^r sf. ?^^ MJf W9r cp,p vinieron ^n partir por mitad. 
los^l^t<^si y prpvechps^.^e ^ps fijturos^ jdescijbri* 
miQOtps, Pedjan al cielo ^on las ma^ ^^ijves 
impjfecacioije^j.que .de^cargí^se s\\ colera sobre 
aqviel íjue faltífse á este cpnyqnio, y^ l,e castigase 
con. la pérdida dp h^^^ead,^. y vid¿aíeix,cfte mpnj , 
do, y con la eterp^, p^^^icion .pn^pl y^^d^ro- ^ 
. Para afirmarsfi aun mas en 1^ ob^efyaaci^ d^l^ 
cofitratp^.lo jur.aroft.ft9leinnera,entp, s¡9^re l^jiof- 
tia pQn¿jagi:ada, que t,eni¿a ejc^^la^^juí^pofi^ eJ.f.^jl^^F- 
tolomé 4e S0goy^9, .í},uvíw^tpja.nik^.^v]p,^ijfi,í>ar, 
ra^concluijT la. ceremonia, , El 11 jie Jgnip ^^p^ 
1535. a ^QB^td el escribano todo lo practicadp ^^ 
los artífiulos de la capitulación, en up instruipen- 
to íTíiUfiíjado por multitud de Jestigps, ^ 

. 29 ^'£ suplicamos á sn infini- 'Cién¿s.'**Capittilacia]r entre. Pú 

ta bondad qu^ á qualquier de nos zarro y Almagro, 12 de Junio, 

que fuere en contrario de lo así 1535, MS. 

convenido, con todo rigor de )iiB- 30 Est» notable docnuienk), 

ticia pernútfi lán {i^rdiciou de bvl cuyo ongiualse.gjaarda en el ar- 

ánima, fin y< mal acavamieuto de chivo de Simancas, puede verlo 

8u vida, destruicion y perdimien- el lector por entero en el 4péj^- 

ro8 dQ au f^milia^, boivaa y ba; dtc^'[bajo d ntoero 11« 



034 ■ CONQUISTA BEL PCatT^ 

De esta manera creian los dos antiguos ca- 
maradas, que después de haber roto los lazos de 
la amistad y del honor, podrían unirles de nue- 
vo los^ sagrados vínculos de la religión. El solo 
hecho de haberse visto obligados á írecúrrir á 
tan extraordinario arbitrio, debid haber sido pa- 
ra ellos la mejor prueba de su inutilidad. 

Poco tiempo después de ajustadas las diferen- 
cias, publicó el mariscal Iti jomadíi de Chile, y 
hubo muchos que, atraídos por la franqueza de 
su trato y su liberalidad que rayaba en profasioD, 
quisieron seguirle en una espedicion que no dti- 
daban iba á producir mas riquezas que las ba- 
iladas en el Perú. Enviaron por delante para 
preparar el camino al ejercita, á tres Españoles 
con dos Indios, Paullo Topa hermano del Inca 
Manco y Villac XJmu, el Sumo Sacerdote. Sa- 
lió en seguida uit destacamento de ciento cin- 
cuenta hombres al mando de un oficial llamado 
Saavedra, y Almagro se quedó á reunir aun ma$ 
reclutas; pero antes de completar su numero se 
puso en marcha, por no considerarse seguro al 
lado de Pizarroxon la poca gente que le queda- 
ba. ^^ £1 resto de las fuerzas debia seguirle tan 
luego como se acabase de reunir. 

31 "E! Adelantado Almagro ya hemos dicht)^ y dice» <jae por 

después que se vido en el Cuzco ser avisado dello ttnné la fot^T 

descamado de su jente temió al se fti6 al pueblo de Eawa dende 

Marques no le prendi^ese por la» estaba su Capita» Saavedra. 

.alteracioiles pasadas que había Oonq. i Pob. de( Pira, JfS. 
tenido con sus hermanos como 



LiftRp II V — CAPITULO. i;c. .085 

Libre 35a el gobernador de la mplesta compa- 
ñía de su rival, se volvi