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Full text of "Historia de la Guerra Hispano-americana"

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^H 1907 


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GOKlllU IllSMNO-AMliftlCAN'* . 





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HISTORIA 



KHtril.i por Enri(]up Mendoza y Vizcaía 



SH> FRANCISCO G. COSMES 



cci. jv Ec íi A cíc >.■ 



DEL SR ALBERTO LBDUC 



1^ Sd'.ciú: eipedil fi7i Ift LlbToríi de S. Jesi Uantiturr. P 3 Bas, 
a ? i32. TTlnldai Calende, T¡. t, ví Amarle» 



MÉXICO 



, SA3iia.&r-.-H- COlwiS'ASriA,. E3DlXOIÍEe 

Aplfiadn poaul «11- 



^ 




PROLOGO. 



I sin justicia i>l conttíclu fnlro Españu y \oí Esta- 
S los Uniílos liu ntrüido Ins mlraclus del mundo enteru. 

gL()3 hombrea reflfxivos de Eurojia y América cspe- 

rab;iii, cun el curaxón pal pita lite, el resultado de una lucha 
que, en rouh<lad, no era otra cosa que el certamen en que dos 
I razas, esencialmente antagónicas, se disputaban la supreinacíu 
a e! Continente descubicrlo por Colón, y en los varioa su- 
cesos de unü gnorra que, tanto por su duración cortísima, 
, como por descaso número de los combatientes parecía de po- 
ca monta, veían no la guerra misma, síno la solución de este 
problema que lleva un siglo de planteado: ¿ejercerá ú no el Sá- 
jonismo, la hegemonía en esta parte del mundo? 

Y la espectaliva imsiusa de lo que la suerte de las armas 
decidiera, era mayor todavía en los pueblos latino americanos, 
que, aunque obligados por el Derecho Internacional á guardar 
correcta ocLítud de neutralidad, no podían presenciar sin emo- 
ción profunda el desenlace del drama quo habría de decidir 
de sus futuros destinos. Do todos esos pueblos, el nuestro ea 
éI que, por razón de bu situación geográfica, ha manifestado 
mayor anciedad por los resultados de la pelea; y conocerla en 
todos sua detalles es una necesií^ad imperiosa, no de curiosi- 
dad histórica ó de nílfxiones lociológicas, sino de interés 
vital. 



AllA muy en el fondo de nuestros coiazones do mexicanos, 
de hijos de los vecinos de Cliurubusco y del Molino del Uey, 
pnlpilaba muy vivo el deseo de que las armas españolas (lusie- 
aen un valladar insuperable al coloso íinglo-sajin. Del Irtuníb 
de ellas, del castigo de la arrogancia y de la avidez uorte-aine- 
ricana, dependía el que México tuviese un plazo de medio si- 
glo de seguridad, dunmte el cual, organizándose y robiisle- 
ciéndose á la sombra de una polltic» juiciosa y progresista, 
prodría seguramente constituirse en potencia capaz de defen- 
der su exislencia como nación, 

El Dios do los Ejércitos, como diria el Presidente de los 
Estados Unidos en sus proclamas, atribuyendo á causus me- 
tafísicas sucesos que la tienen natural y muy clara y eviden- 
te, se declaró resueltamente partidario de los norte-america- 
nos. A pesar dol lieroismo de los soldados y de los marinos 
españoles esc Dios parece que decidió que en las altas esferas 
políticas de ü)spaña existiese un liastio profuiido y un cansan- 
cio invencible en cuanto á las cuestiones coloniales se referJa, 
y ese cansancio y ese hastio, los cuales bacían considerará los 
políticos de la Madre Patria como una lürluna la pérdida de 
las Antillas, que tantos quebraderos do cabeza les producían y 
^tantos sacriñcios estériles á la Nación, determinaron la pre- 
mura con que, casi sin combates, ó combatiendo únicamente 
por salvar, el honor de las armas y la dignidad nacioual, el 
Gabinete presidido por Sagasla abandonase la partida, co- 
menzada con los ojos puestos, no en la victoria, sino en una 
paa que diese un pretexto honroso para el abandono do las 
colonias de América. No es España cierlamenle, lá cual, en 
realidad, gana con la pérdida de Cuba y de Puerto Rico; es 
la raza latina de Europa y América la que algún día pedirá 
al actual Gobierno Español, y ante el tribunal de la Historia, 
estrecha cu'mla de su egoísta conducta. Aunque, si hemos de 
ser justos, tendremos que confesar que esa raza habría podido, 
ó por lo menos debido hacer algo en pro de su propia causa, 
y no dejar á España sola en la palestra, como dejó á México 
en 184G. 



I 



No cabp duda, pues, que en el sentido político, la cuestión 
de la hegemonÍR sobre el continente americano se resolvió en 
favor del sajonismo. No liahrá ya <|u¡en dispule h los Estados 
Unidos \a supremscía sobre las naciones de origen español. 

¿I'ero con esto quedó deílnitivamente resuello pÍ casop No 
encontrara ya el espíritu yanqui resistencia en su obra de sa- 
joniíación de la América. 

lün el orden pníilico, en el de la fuerza de las armas, quí- 
I&8 en el del comercio, no cahe duda. Pero en otro orden, en 
el moral, en el de las costumbres, en el de la civilización pecu- 
liar del latinismo, todavía hay mucho que decir. Moratinente, 
España nn está vencida en América. 

Las cuestionas de conquíst», de gobierno, do dominio pn- 
liticD se resuelven en una sola batalla, no así bs morales, las 
da civilización, que requieren un combate incesante durante si- 
glos enteros, y que, á las veces suelen resolverse en el senti- 
da de la victoria do los vencidos por !.i fuerea délas armas. No 
aoonloció otra cosa con los bárbaros vencedores del Imperio 
Romano. Los conquistadores fueron conquistados por aque- 
llos mismos que se doblegaron bajo el yugo; y, quizi^s sean 
buenos deseos de nuestro ferviente latinismo, pero no deses- 
peramos de la causa latina en América, & pesar do la reciente 
derrota de Espoña. 

lín el punto verdaderuinenle importante, en el de laiuduen- 
cia moral del espíritu que la Madre Patria, semejante en Amé- 
rica á Koma en el mundo antiguo, supo infundir á los pue- 
blos de este Continente, la victoria no es aun del sajonismo. 

Uien puede España haber perdido sus últimos pedazos de 
tierra en esta parte del mundo que pobló con su sangre y 
cultivó con su genio. No por eso habró sellado el acta de de- 
finitivo divorcio de las naciones que son sus hijas. Su espíri- 
tu, esparcido desde México hasta el Cabo de Hornos, con su 
lengua, con sus costumbres, con su religión, seguirá impe- 
rando á pesar de todas las victorias del sajonismo en el terre- 
no de los hechos. Todavía habrán de transcurrir muchos si- 
glos sin que deje de ser la América Española una prolooga- 



8' 

tro espíritu, nuestra lengua, nuestras costumbres y nuestra 
civilización, latinas todas ellas, sean arrastradas por la olea- 
da del Norte. 

España vencida en el campo de los hechos, sigue siendo 
la dominadora de más de las tres cuartas parles del Conti- 
nente Americano, en el terreno moral. 

FRANCISCO G. COSMES, 



INTRODUCCIÓN. 



Ardua y (difícil nos parece la tarea de esciibir la histo- 
Hría de la guerra hispano-americana en estos tuomeii' 

s que humea en los campos de batalla la sangre de 

dos pueblos amigos: cuando la suerte ha sido adveriia á la ua- 
dóti tiadicionalmente uoble y valiente, ligada á uuestra raza 
por el oiigen, lleoa de heroísmo aun en la adversidad, para la 
cual, boy lo mismo que ayer, no tenemos mas que palabras de 
admiración y respeto; cuando los tratados de paz y la cesación 
de las hostilidades na bastan aun á extinguir por completo los 
brfos de los antagonistas: cuando aun llegan basta nosotros lo» 
bélicos sones mezclados con los ayes desgarradores de las ma- 
dres, de las viudas y huérfanos, que lloran, maldiciendo el pa> 
so por la desolada tierra, de ese monstruo de las aberraciones 
humanas que se llama la guerra. 

Ante el sombrío cuadro que se desarrolla á nuestra vista eu 
los campos de batalla, parecería mejor correr un velo oble el 
luctuoso pasado y relegar al mas hondo olvido estos hechos in- 
faustos, extravíos de la humanidad, reiterados al presente, pa- 
ra baldón de la cultura moderna, con la misma insensatez con 
que acaecieron en los pueblos antigaos. 

Sin embargo, el cúmulo de versiones que llegaron hasta no- 
sotros durante el curso de la guerra, absurdas algunas, contra- 
dictorias muchas é inexactas las mas; las dificultades con que 
se tropieza para restablecer la verdad de los acontecimientos, 
apoyándose sólo eu las noticias cahlegráficas, úuica fuente que 
basta boy las ha suministrado á la mayoría del público; y, £• 
nalmeute, el deseo de presentar un resumen ordenado y bre- 
ve de estos acontecimienlos, con la mayor claridad y exacti- 
tud, útil para aquellas personas cuyas ocupaciones no les per- 
miten dedicarse á la lectura de una obra completa sobre la ma- 
teria, nos han decidido á afrontar las escabrosidades de seme- 



Nossi Bee. Obock, Sultanat D' Aujouan. Tahit!, Islas de Reu- 
niód, Sauta María y ííayolte, eu África. Ea ludosiaa. Co- 
chincbioa. Annam, y Tanquiu, en Asia; la Guayana, las islas 
Guadalupe, Martinica. San Pedro y Miquelon, en América; 
las islas Marquesas y Nueva Caledonia en Ocianfa. De la mis- 
ma manera que Holanda, Portugal, Alemania, Dinamarca, 
Suecia, Noruega y casi todas las nsciosies europeas. 

Así es que siil apreciar otros funUameiitos. podemos asegu- 
rar que España poseía sus colonias, con el mismo derecho que 
poseen Us suyas Inglaterra, Francia, etc., etc., y por lo mis- 
mo, teiiirt de htcb'i que conservarlas España juiga vulnerados 
sus derechos de soberanía ¡lobie Cuba, por los Estados Unidos, 
desde que el centro de la Junta Revolucionaria Cuhaua se es- 
tablece en Nueva Vork, y la «leticióo del Gobierno de li^paña 
es atrailla mas i'uertiriuente desde que el envío de numerosas 
expedicione.i &libusteras tiene lugar en la Unión Americana. 

Este país declina las responsabilidades nsegurandú constan* 
tementí que>l Gobieruo. á pesar de su vigilancia, no tiene co- 
nocimiento de tales expediciones. Algunas notas diplomáti- 
cas se cambian en e.ste sentido, sin más resultadoqne la prose- 
cución de las ya dichas expediciones, y ami las colectas pú- 
blicas (]e fondus hechas e» favor de la guerr&de rebelión coutra 
España. 

Con los trastornos consiguientes á las revueltas, empiezan 
á sufrir los intereses de los extranjeros en Cuba; ellos se que- 
jan á sus respectivos gobiernos; se envían algunos buques pa- 
ra proleger á lo.s nacionales quejosos, y entonces surge un de- 
plorable incidente, diabólico, diremos mejor, que vienen á ha- 
cer el papel de la chispa elétrica eu uu depósito de algodón 
pólvora 

Non referimos á la destrucción del buque de gusrra ameri- 
cano iiMaiiieu ocurrida en ia bahía de la Habana la noche del 
15 de Febrero de i8g8 y á la muerte de 366 marinos, causada 
por una explosión á bordo. 

Inlítiles fueron las pesquisas de ambos gabieruos para des- 
cubrir la verdadera causa de !a catástrofe: el pueblo de los Es- 
tados UuidoB sigue en la creencia de que el «Maineí fué des- 
truido por algunos fanáticos partidarios de España; mientras 
los españoles afirman que la explosióu obedeció á descuido ó 
impericia de los encargados de manejar las maquinsrias ó á 
una pérBda estratagema de los cubanos para precipitar la gue- 
rra. 

En vano se nombraron comisiones de ambos países para in- 
vestigar el verdadero origen de la hecatombe. La comisión es- 
pañola, nombrada al efecto, resolvió que la cansa de la des- 
trucción del buque, fué interior; la americana, nombrada por 



13 

el Gobierno de Washington, decidió que la causa fué exterior, 
esto es, que la explosión fué motivada por un agente extraño. 

Haciendo una digresión sobre este punto, nos permitimos 
recomendar la lectura de los documentos que en el lugar co* 
rrespondiente aparecen en la obra y los cuales darán materia 
para establecer una fundada opinión sobre las causas que de- 
terminaron esa sentida catástrofe 

Vienen en seguida algunos incidentes diplomáticos, que 
aunque de poca importancia intrínseca, son de gran signiñca- 
ción por su trascendencia y cuyo resultado final fué la declara- 
ción de la guerra entre España y ios Estados Unidos, justa- 
mente deplorada por todos los hombres sensatos de uno y otro 
país. 

¿Cuál de las dos naciones representaba en esta lucha los fue- 
ros de la razón y de la justicia? 

Nosotros no lo hemos de decir. Decídanlo más bien el con- 
junto dt; hechos que relatamos, las opinones de los paises qne 
permanecieron neutrales, y las de algunos pensadores eminen- 
tes contemporáneos, las cuales van insertas en nuestro libro. 

Es ardua y difícil, repetimos, nuestra tarea, pero á ella es- 
tamos alentados por el deseo de que nuestro humilde trabajo 
eontribuya á la sublime enseñanza que á las naciones, lo mis- 
mo antiguas que modernas, ha proporcionado siempre la histo- 
ria propiamente dicha. 



CAPITULO I. 



Igtn ik U* Uirnreiidiii cotru B*|>*h> y lu« Kolaitna II ii i' lo*. —Agenten iincrlca 
1109 «n Culis. — Dnnmnilu ¿ K>l<iha. — U LnUiauy !■ F><)rj<lit.— FiRtuU 

r»vjr(Ii> U imurriirm u— Kxptdlíioiea <I> Xinúo Upm — Apoyo do loa 

I, 

lli. ptlncipio de las desaven«ucÍ3s cutre Hspa&a y los 
H oslados Unidos puede decirse que data del año de 
1800, cuando poco después de emancipada esta na- 
;ión.erope:!Ó á hacer una activa propaganda en lolas 
Vas coiouiasameticanas para instigarlas á que sacudiesen el ya- 
go del dominio Kspañol. 

A este fin se euvinruu á los agentes americanos Pillee, Lewi^ 
y Creik á que recorrieran nuestro país, así como Cuba y Puer- 
to Rico, predicando las doctrinas de Jacobti ^Qnroe(i)y toman- 
do ¿ la vez una multitud de datos relativos á su nque/.a, co- 
mercio, defensa de sus pueitos y elementos de guerra, los cua- 
les datos, sí Se tiene tu cuenta que á la s.-izóu dirigía Estados 
Uuidos reclamaciones contra el Intendente español en la Lui- 
siana, por motivos que se verán en seguida, no podía disimu- 
larse que el móvil que guiabt á aquel gobierno á tomarlos, uo 
era otro que el de istar prevenido para el caso de un conñicto. 
que desgraciadamente lietnos tenido que píeseociar a! fin, si 
bien uu siglo más larde. 

España accedió íl aquellas reclamaciones y tuvo que perder 
]a I.uisiana debido á uní clbala del coloso aventurero Napo- 
león Donaparte. á quien fué cedida por el débil Carlos IV, & 
cambio de un reino que jamás llegó á poseer Espafia, el de 
Kirmts. 

Vinieron en seguida otras demandas de loa Estados Unidos, 
por el heclio de haber consentido España en sus puertos laa 



(Ij Kombnh Uuii^tro !• HvU.'iiiioi y tai» UrJs rtaaidciito Jo U UvpiíUii 




presas de guerra de los corsarios franceses, demandas de que 
pronto no fueron ateudidas, pero tampoco se rechazaron coa 
energía, siendo aplazada su resolución para más tarde, Entre 
tanto los Estados Unidos se apoderaron deAmaliayMovilacon 
pretexta de retenerlas en depósito, mientras se conteiítalia á sus 
reclamaciones, aunque en de&nilivi no volvieron ya á poder 
del Gobierno de la corona. 

^^l aquella época era tolerado en la Unión americana el con- 
trabando con las colonias españolas del continente, y lodo el 
que qnecia lebelarse, encontraba en uquel país apoyo y pro 
lección decididos. 

Por el tratado de 1795 había concedido España á los Esta- 
dos Unidos un depósito por tres nños, en Nueva Orlems, á ori- 
llas del Míssisippí, para facilitar la salidit del país de sus pro- 
ductos, y queriendo dar una muestra de benevolencia, que no 
fué sino de debilidad, consiutió en admitirlo otros cmco años 
más, stn nuevo permiso. Pero como el Intendente de la Lui- 
siana notase que tal depósito era cansa de los continuos con- 
trabandos de que hemos hablado, lo suprimió repentinamen. 
te, lo cual fué pretexto para las reclamaciones entabladas por 
loa Estados Unidos. España dando otra prueba de debilidad, 
restableció Inegu el depósito. 

Hn 1804 el mismo Jacobs Mouroe fué enviado á España co- 
mo representante de América, con facultades para arreglar las 
diferencias pendientes entre ambos países, mds habiendo exi- 
gido concesiones'y franquicias imposibles, no se llegó á una 
solución satisfactoria y el enviado tuvo que regresar á su país 
siu haber terminado su misión. 

España solicitó entunct^.'^ de Francia su opinióu respecto á 
los puntos objeto de sus diferencias con los Estados Unidos, y 
aquella nación por medio de sn comisionado Mr. Tuilleyiand, 
decíalo las demandas americanas cjmo absurdas pceteuciones 
destituidas de razón. 

Seguían propalándose con gran calor por toda la América las 
doctrinas de Mouroe, cuyas tendencias en el foado eran des- 
pertar las ideas de rebelión contra el Gobierno de la Península 
y hacer la independencia de todcs los dominios españoles- 

Sin duda inspirado en ellas el Gobierno de Washington, pro- 
puso á España la cesión de la parte occidental de la Florida; 
más fué enérgicamente rechazada esta proposición, lo cual con- 
tribuyó á acabar de convertir á aquella República, en un cen- 
tro de maquinaciones hostiles al poder colonial, continuándose 
las misiones laborantes con más ahinco. 

A la vez que se había enviado á México al teniente ameri- 
cano Pik.e, se mandó al caraquense Miranda á Venezuela, uao 
y otro con expediciones que, si no iban en son de guerra, sí 




llevaban corao áoico punto de mira el iusurreccionar estas co- 
lonias españolan, provistos de toda clase de elementos para ba- 
(rigorosa propaganda, ayudados por los periódicos de 
la Unión, 

España tuvo conociraieiito de semejantes trabajos, y sus efec- 
tos desastrosos para la Penírsnia se dejaron sentir desrte luego. 
Con esle motivo ordenó á su representante en Washington, 
gestionara diplumúlicamente la conservadóit de las colonias,, 
ssf como 4iie se impidiese por todos los medios la orgntiizacióii 
y salida de expediciones. Él representante, que lo era Don Luis 
de Onts, trabajó empeñosamente en su delicado cncaigo, aun- 
que sin éxito alguno: las expediciones continuaron, como se ve- 
rá en seguida, y les intrigantes gestiones que el Gobierno ame- 
licaKo bacía para apropiarse la Florida, dieron por fio el resul- 
tado, y el 17 de Julio de iSjt le fué entregado este hermoso 
territorio. 

II 

Kl primer movimíetilo formal en íavor de la independencia 
de Cuba debió tener lugar el 17 de Agosto de 1823. 

Agentes norte y suJ-nmericaiios babÍHii inmigrado á U Isla 
y trabajaban secretamente para atraer á sns doctrinas á todas 
las clases sociales. 

Eran en sn mayoría partidarios de Bolívar, por lo cual aquel 
movimiento fué designado más tarde cou el nombre de Conspi- 
ración dt lüs Soles de Bolívar. 

Contaban con algunas armas y municiones y sobre todo con 
el apoyo moral de Norte América, qne sea por la prensa 6 por ' 
medio de sus agentes losexcitabaá seguir el ejemplo de los de* 
más reinos americanos ya emancipados eu aquella lecha. 

Ksta conspiración fué descubierta casualmente por un escla- 
vo que era el prensista de la imprenta donde se hacían las ho- 
jas de propaganda. Este, sin calcular las consecuencias de su 
acción, extrajo furtivamente una 'prueba de la proclama y la 
llevó á mostrar á su prometida; la cual prueba, pasando por 
distintas manos, no tardó eu ir á dar á las del General Vives, 
actual gobernaute de la Isla. 

Se descubrió que estaban de acuerdo en la conspiración más 
de setecientas personas; se les r^cogleton varios impresos, ar- 
mas, banderas, etc. y todos los promotores fueron puestos eu 
prisión y castigados severamente. Según las declaraciones de 
los acusados, la conspiración tenía por objeto la independencia 
de Cuba. 

Cou el escarmiento producido por los castigos del Geueral 
Vives se calmó por entonces la excitación, y cesaron los esfuer- 
zos para difundir la idea de rebelión durante ftlgunoa años, ao 



ocuiiieiido entre tatito sino ligeras teulativas de muy poca ¡01* 
pQitaucia. 

No pasaba lo mismo en Estados Unidos, donde cou franque* 
za se formaban juntas de simpatizadores con la insurrección y 
se contribuía públicamente para ayudar á aquella causa. 

Eu 1843 traj't uo pocas dificultades y cüuipHcaciones al go- 
bierno de ta Isla la difusión de las doctrinas abalicionistas de 
la esclavitud, que contaban muchos proséliteseutte los mismos 
cubanos. 

Tres años más tarde se propuso desembozadameute la Idea 
de auexióu de Cuba á los Kstados UnMus, cuando en 1846 el 
senador Mr. Yule, de la Florida, propuso á la Cámara la com- 
pra de la Isla. Tan arraigada estaba en la opinión pública la 
jdeade anexión, que fué preciso qu'^ lus periódicos de Cuba 
desvaneciesen las falsedades publicadas por la prensa america- 
na al afirmar que las negociaciones eu esle sentido, prospera- 
ban en K'^paña. 

En aquella ¿poca el ex-geueral español Don Narciso López, 
acérrimo enemigo de los ictereses coloniales y fiel ejecutor de 
sus propias ambícioues, babfa emprendido, de acuerdo con al- 
gunas suciedades secretas cubanas y atuericauas, extensos tra- 
bajos en favor de la Insurrección. 

En 1848, siendo Gobernante de Cuba el Conde Alcoy, obser- 
vó que eu poco tiempo desembarcaran una multitud de indivi- 
duos sospechosos, que no eran otros que los emisarios norte- 
americanos ¿ ingleses que llevaban el encargo de sublevar los 
•habitantes de Cuba y proclamar la anexión á los Estados 
Unidos. 

Se había puesto á la cabera de los alborotadores el expresa- 
do Narciso López que intentó con mal éxito un levantamiento 
eu Trinidad y Cienfuegos; fué descubierto por Alcuy con mu- 
cha oportunidad y sofocado completamente. 

Huyó López al extranjero para continuai en su empresa, 
ayudado por la propaganda que hacían los apóstoles america- 
nos y por las sociedades secretas de que hemos hablado. 

Trató de organizar una nueva expedición en la isla del Gato 
(Cat island) del grupo de las Bahamas, hoy propiedad de In- 
glaterra, donde varios aventureros americanos y descontentos 
españoles te reunieron para invadir á Cuba, de acuerdo cou el 
partido exaltado de la Isla. Pero no fué tampoco llevada á 
efecto esta expedición. 

Los agentes del Conde Alcoy tuvieron noticlas'oportunas de 
los prepararivos, y mediante enérgicas protestas al Gobierno 
americano se consiguió que fuera disuelta la reunión y aun, 
que ofreciera el mismo Gobierno impedir la formación y salida 
de Duifvas expediciones, del territorio. 



I 



Sin embargo de estas promesas, poco creídas, se pidió & Es- 
paña el aumento del ejército de la Isla y algunos vapores más, 
para resguardarlas costas, temiendo que e! Gobierno de Cuba 
fueraánecesitarmiiy pronto deestosrefaerzos, como asi sucedió. 

III 

I^pcz á su vez recibía fondos de los patriotas cubanos y or- 
ganizaba una segunda e:tped¡clóu en 1849, que había de man- 
dar él en persona. Reclutó al afecto sus partidarios entre la 
gente i^e peores costumbres de los Gstados Unidos y los envió 
á que le esperasen en la isla Redouda, que debía ser el punto 
de partida. 

Hl Gobierno americano, ante las enérgicas protestas de Es- 
paña, y no pudieudo pasar desapercibida aquella expedición, 
compuesta tu su mayor parte de corsarios y piratas, la mandó 
disolver. 

No desalentado López y queriendo evitar & toda costa la des- 
moralización de sus prosélitos, logró colocar un empréstito en 
los Estados Unidos de dos millones de pesos a/ US por denlo, 
garantizado con la propiedad de^Cuba, é bÍzo renacer el entu- 
siasmo entre aquellos aventureros, dándoles luego algunas pa- 
gas da marcha. 

Les recogió en seguida juramento |de cumplir su palabra y 
les proveyó de cartas de naturaleza americana, cualquiera que 
fuese su nacionalidad, como una salvaguardia para el caso de ^ 
caer en manos de los españoles. 

Cou objeto de aumentar López el número de sus adeptoa se 
valió del ardid de iiacer creer al público que la expedición se 
dirigía á los placeres de oro de California, con lo cual pudo 
llegar basta uuos seisclfiutos diez nombres el número de eu- 
gancbados. 

Atravezó la expedición el seno mexicano y tras una breve 
estancia en Cabo Catoche, Yucatán emprendió, et camino de 
Cuba, haciéndose á la vela los días 15 y 16 de Mayu de 1850. 

El vapor español «Pizatro» tenía órdenes del Capitán Gene- 
ral de Cuba de salir al encuentro de la expedición, de la cual 
ya se tenía noticias. Así lo verificó y el mismo día pudo apre- 
sar en Coutoy á una barca y uu bergautfn-goleta cou la co- 
rrespondencia, y algunos expedicionarios armado^^. La mayor 
parte de ellos no pudo ser capturada porque había salido de 
Yucatán uu día antes, en el vapor "CreoIc" donde iban López y 
quinientos de los suyos, que desembarcaron en Cáidcuas, des* 
pues de varias tenlacivas, «1 19 de Mayo. El Gobernador T 
Frftndftco Ceiruti se puso tu mediatamente á la cabeza de di 
cillete hombres, única fuerza de que por el momento pudo d 



poner y tras una corta refriega fué hecho prisionero. Loa inva* 
sores se apoderaron de los fondos de la aduana y cocoetteroQ 
depredaciones en la ciudad. 

En la tarde fué atacado López por otra pequeña fuerza espa- 
ñola que había llegado á Cárdenas con objeto de auxiliar á 
CeiTUti, y la cual fué también vencida, por su pequeño Dame- 
ro. No obstante, se reembarcó violentamente López rumbo á 
Cayo Hueso, por haber notado pocas simpatías dd vecindario 
hacia su causa. 

Los Cónsules españoles en Estados Unidos informaron en- 
tonces al Gobierno de la Isla que, según los datos recogidos, 
se sabía que si la expedicióu de López hubiese sido secundada 
por los habitantes de Cuba, habrían salido de Nueva York, 
Boston, Nueva Orleaus y oíros puertos, cerca de diez mil hom- 
bres á apoyar la revolución, tan luego como se hubiera recibi- 
do esta nueva. • 

Las protestas y quejas que se dirigieron al Gobierno de ta 
Unión por parte del de España con ese motivo, fueron tales y 
tan justificadas, que se logró por el cónsul de Nueva Orleaus 
que López fuese detenido y procesado. Mas "omo de las averi- 
guacioues practicadas en la institucíóu de ese proceso, resultó 
que en la expedición de López estaban complicados muchos 
altos funcionarios americauos, tuvo que sobreseerse la causa, no 
sin el escáudalo cousiguieute. 

Esle resultado estimuló á López, como era natural, á la cou- 
tlouación de sus empresas. 

Por aquel tiempo permanecía abierto eu Texas uu pdbitco 
alistamieuto para Cuba. Figuraba como director de aquel cen- 
tro revolucionario Mr, Walker, el mismo Gobernador del Es- 
tado; con el pretexto de invadir á Haiti se hacían en realidad 
los preparativos para una nueva expedición á la gran Autllla. 

En uno de los vapores que hacíau la travesía de Nueva Yoik 
á Chagres navegaba á priucipios de Diciembre del misno año 
(1850) el ya famoso Garibaldi, á quien se propuso de parte de 
la Junta americana el mando de la proyectada expedición; más 
él se excusó por estar aun pendiente, según dijo, de los suce- 
sos de su país. 

Al llegar el año de 51 no había sido posible á los empresa- 
rios obtener dtuero para la realización de sus proyectos. Poco 
después, que en parte fué veut ido este obstáculo, no pudo supe* 
rarse el que presentaba la actitud resuelta del Gobierno de Was* 

ll).En lo» ¡leriiSdico» ite Nu'vm Orieans «¡iirtcieron bo eje afio Isi liatudí ki 
percDHJM de loi EsUdas Uní Job que estaliKU cctnplicuLoa eo tos projectoi 
anxiuuÍBUs tía Lúptü Eniro rlloi tlr. Qiiittm»D Gabcmidcr de la Lniííai». 

L« ifíroift aaiel liifitorikdor Justo Zuigaa» «n bu obra "Lh ímurreccioDet ea 
Cub«." 



Siogtóti, que por eatonces amenazó á los Bllbusteros con privar- 
los de sus derechos de ciudadanos americanos, siendo este el 
motivo para que los invasores escogieran como punto de reu- 
nión y partida, las costas de Yucatán, Esta vez el ministro me- 
xicano D Mariano Yañez, cumpliendo las promesas de impar- 
cialidad de su gobieruo á España, impidió que se llevase ¿tér- 
mino la expedición. 

Esta serie de dificultades hizo que fueran suspendidas las 
I tentativas de invadir á Cuba, por entonces. 

IV 



Los trabajos de los anexionistas nu cesaban empero. Valién- 
I dusede los operarios americanos que trabajaban en los campos, 
I hacían grandes esfuerxos por dlfuiidir el espiritn de Íii.-urr«c- 
I ción. 

Desde Abiil de 1851 el Capitán General, que lo era D. José 
de la Concha, logró interceptar una correspondencia en la cual 
y bailó el hilo de una verdadera conspiración. En ella se deslg- 
i nabau como promotores de un cercana levantamiento á D. Joa- 
E quín Agüero y Agüero, á Quesadas, Betancourt. y Recios; su- 
po también por los expresados documentos que los puntos se- 
Saladas para la sublevación eran Nnevitas, Trinidad y Puerto 
Príncipe. 

Con estos datos ordenó Concha la prisión Inmediata de los 
complicados, llevándose á efecto á fines del mismo mes, con 
excepción de la de Agüero, señalado como jefe del levanta- 
miento. Este al saber la prisión de sus compañeros trató de 
ocultarse al principio, pero más tarde resolvió lanzarse solo á 
la revolución, y al efecto, reunió todos sus soldados que llega- 
ban al número de 43 

Eran estos en su mayoría jóvenes cubanos pertenecientes á 
distinguidas familias, llenos de bríos y fanáticos por su causa. 
El 8 de Julio, después de haber pernoctado en Sabanilla del 
Pontón, lugar distante á cuatro leguas de las Tunas, eutraron 
á esta población á las dos de U mañana. Debido ala obscuridad, 
i la falta de disciplina y á que habían penetrado por disliatos 
nimbos, ya en las calles de la población se tomaron unos á 
otros por enemigos y rompieron el fuego entre sí Iluyeroa 
en seguida al campo abandonando algunos heridos, que hide- 
rou recojer los vecinos. 

Este lamentable error hizo que la fuerza se redujese á vein- 
tisiete Individuos los cuales se replegaron á los bosques para 
lehacerse. 

A fines del mismo mes, como salieron de su escondite, fue- 
roa perseguidos y cercados por el Capitán español Codus, has- 



ta obligar & reiidiise á los jefes Casteüsnos, Za>us, Beaat'ldc 
y más tarde á Agüero y á D. Tomás Beiancourt. 

Fueron conducidos á Pu;rto Príncipe, > se les sometió á U 
Consejo de Guerra el cual los sentenció á pena capital, A út 
tima hora sólo fueron ejecutados Agüero .Betaacouit, Zayas; 
Benavides; los demás alcanzaron indulto. 

Escucharon con gran serenidad su sentencia de muetU 
Agüero invitó á sus guardianes á tomar un refresco, y bríitdi 
por que lerrutnarau las difereucias entre americanos, españole 
y cubanos. Zayas antes de recibir la descarga gritó cou fcierzi 
"Viva Cuba libre.» 

Los demás comprometidos en este tevantamiento sufrieron Ii 
misma pena en otros lugares de la Isla. 

Poco inñuían seguranieute estos sucesos en el ánimo de I 
pe£ y los suyus, que continuaban los aprestos de una expedt 
don. Esta la hizo preceder el mismo I.ópe2 de las noticias u 
absurdas, favorables á su causa y publicadas en los períódlúo 
auexionistas americanos; las cuales repercutiendo en lii Isla 
volvieron á López tan abultadas y desconocí da<i, que ellas fiu 
Ton la causa que determinó el ej'Üogo de su azarosa vida. y li 
captura completa de aquella desgraciada expedición, i 
vamos á referirlo. 

El examen de la correspondencia volvió & darle á Concha c 
resultado que buscaba. Por este medio se puso al tanto de lo 
preparativos para la expedición. 

Se hizo ésta á la vela en los primerus días de Agosto. Gni 
cuatrocientos cincuenta bombres y llevaban consigo gran can 
tidad de municiones de boca y de guerra. 

Según los rumores que se habían hecho circular, se sabía diu 
el sentimiento de rebelión era general eo la Isla, que la Haba' 
na se había levantado en armas y estaba en poder de los iitsa 
rreclos. Tales noticias eran creídas con fe ciega por López. 

Dicho esto, no parecerá extraño que el día 1 1 fueran avista* 
dos por e! vigía del Morro dos vapores que eran los de la expe 
dicióu de López, que intentaba desembarcar en la Habana^ 
Mas como uo viese en la costa uiugún indicio de que la dudat 
estuviera en poder de los rebeldes, tuvo que dirigirse al Morri- 
llo de Manimani, punto cercano á Bahía Honda. 

Taii luego como se supo eu la Habana, salió el A'jarrw e 
persecución de López, quien al saltar á tietia pudo notar st 
error, al ver que era recibido fríamente por los habitantes de 1] 
isla ; algunos campesinos hicieron fuego sobre sus soldados y a 
internarse en la costa, hallaba las villas desiertas. 

Mientras 150 individuos vetifí'^aban el desembarque, lApta 
con Io= 300 restantes había ocupado Las Posas, donde íntiúi 
atacados inoptuadnmeute por el General Eua, á quieu se aol^ 



I 



33 

después el Coronel Morales, d 15 poniendo entre ambos de una 
fuerza de cerca de 2000 liombres, ciento cíiii:uen:a caballos y 
cuatro piezas de artillería. Hicieron abandonar sns posisiones 
al enemigo, que hnyó al campo. 

Kl día 17 fueron sorpreiididoB en el Cafetal Rosales y tuvie- 
ron una acción muy reñida en la cual quedó fuera de combate 
el General Ena. 

Después de otros eacuentros habidos eu Aguacate, San Cris" 
tóbal y el Rosario, fueron los insurrectos perdiendo terreno y 
cayendo prisioneros en manos de sus perseguidores, hasta que 
al fin el 24 de Agosto, en un tugar del camiao de Santa Cruz 
de los Pinos i Pinar del Río, fué capturado López con siete de 
los suyos que le acompañaban, por medio de una emboscada 
que prepararon los cabos de ronda españoles Zea y Castañeda, 
y se les trasladó á la prisión del castillo del Morro. 

Fueron seutenciados á la última pena y ejecutados el 19 de 
Septiembre de 1851, así como cincuenta ñlibuteros americanos 
tnás, frente at castillo de Atares. 

Castañeda el aprensorde Ivópez fué alevosamente asesinado 
tres años más tarde por loa partidarios de éste, (i) 

La ejecución de filibusteros americanos irajo algunas diñcul- 
p tades al Gobierno de España en sus relaciones con el d; los Es- 
tados Unidos. Esta^ llegaron á tal grado de tirantez, que el Con ■ 
sul en Nueva Orleans tuvo que abandonar su puesto y aun 
fueron enviados algunos buques de guerra americanos para apo- 
yar las demandas de una explicación por el hecho mferido. No 
obstante, la claridad con que aparecía la justicia por parte de 
España hizoá aquella nación deponer su actitud y al año si- 
guiente volvió el Cónsul español á Nueva Orleans y los buques 
de guerra fueron retirados. 

El año de 1852 fué notable por l.i actividad en los trabajos 
de la Sociedad secreta ¿a Estrella Solitaria. Bstendía sus ra- 
mificaciones desde Nueva Orleaus, donde estaba su matriz, á 
cerca de cuarenta ciudades americanas. Sus socios se obhgabati 
á coadyuvar personal y moralmente á que todos los pueblos de 
lii tierra i;ozasen de libertad. Contribuían cada mes con una 
cantidad la cual se invertia en armas, víveres, etc., para los in- 
surrectos. 

El Capitán General D. Juan de la Feítuela, encargado en- 
tonces del gobierno de la Isla, ejercía una escrupulosa vigí- 
[láñela. Hizo varias apreheucioues de agentes extranjeros insu- 



r (1> HktlánJOM CuUKadk *aVl 
d*(Ul I3a»0utuli "" ' 

Tldríerk da 



id da "Mirt* y Rnlnn" an U Habioa, U tw- 



tulita lio 1154, faé matrta por un iliinro qna, i UrnTÍi ilc U 
vanlsm», r«cibi6 ea el Cfineo, d^&ndo^ mtiuta en ú acto. 



rreccioatilas y aaa de mcjeresqueMocupslm] en fibricarou^ 
tBcfaos para h» rifles que se «pentum de loa gstadoa lliiido*. 

Bctks apfebettciooea dieron por resultado el desrabrímicnto 
de otn coospiradóo lUmada á^Pozas Dulas, BtribnidsftlGaa- 
de de e»te nombre, cuñado de López. 

El >3 de Febrero del año siguiente faeion sentenciadas dfes' 
penoaas acusadas de aer los promotores de ts njutpt ración. 
DeésUs faetón ejecntadas D Fraucbco Vald¿z, D. Bdoarda 
del Cristo. D. Manuel Hernández Perdomoy D, Joan Alvares. 
Loa demás estaban prófagos. £1 conde de Pozos Dulces fatái^ 
poiUdo i ta Pentn&uU. 

Siendo enmocen presidente de los Estados Uoidoa Mr. Pier- 
ce, le íaé diitjida una peticióu por los aatxionistas en U que 
ledsnabsn »u a[>oyo para apoderarse de Cubs. Hí de Dotarse 
que UI petición cstnricra necundada por algnuos senadores 
ameiicanos. 

A principios del año de 1854 sargia nn tucidei:;e que rolnó 
i poner cu peligro la armonía entre las relaciones diplomáticas 
de España y Bsudos Unidor. Este incidente fn¿ el del vapor 
anerrcano •Black Warrior.. 

Cedamos la palabra á un escritor con temporil neo qne lo jk-- 
fiere de esta manera: 

«El 38 de Febrero de 1854 fondeó en la bahía de la I 
el vapor americano Black Barrior, mandado por el 1 
Bollock quien al recibir las ÍDEtmcctones escritas para ajastav 
sos manicbras en el noerto, así como se practicaba en lodos los 
puertos españoles, se negó á enterarse del documento, sin de- 
volver por cunstguieate el duplicado cual se te exigía, con 1a 
firma de quedar impuesto de cuanto en la inslTucción se deter> 
minaba; a»í como se negó á presentar el manifiesto de la cain 
del buque y á manifestar si iba ó no de trándto, diciendo SMO 
que esuba en lastre. Excitados cou tal proceder la curiosU 
y el amor propio de los empleados fiscales y comunicando el he- 
cho por el resguardo á la aduana, ordeuó el admiulstrador d 
¿Sta, 1). Mariauu Adriansens, en vista de la resistencia de Bb— 
llok, qoe se verificase la visita de fondeo, y apncibido en el 
Ínterin el capitán del vapor, pidió, algunas horas después de 
fondear, permiso para salir del puerto. Peto las órdenes de la 
Hacienda siguieron adelante, y verificado el reconocimiento 4. 
visita de foudeo, resultó que estaba el buque cargado de pacas 
de algodón y no de armas como se había corrido la voz. Bitj 
vlsl* de esto y cou arreglo ala instrucción de aduauas, se le, 
bteo presente al consignatario la multa en que el capitán llsblft 
incurrido y se le propuso, pata evitar conflictos, que adicÍ0Dat& 
á la relación de rancho la carga del buque, á lo que contestó 



. «5 

descortesmente aquél, entablando protestas con verdadero ca- 
tacter de amenazas » 

■He dicho que el capitán del Black Warrior habfa pedido 
permiso para salir del puerto, á lo que se le conteütó que pro- 
cediendo con arreglo á la ley la descarga del buque, se le haría 
la gracia de permitirle seguir su viaje, siempre que prestara la 
correspondiente fianza; el Consignatario Tyng se negó y el ca- 
pitán Biillock abandonó el buque al ver á lo que se le obligaba, 
no queriendo presenciar la descarga ui ¿I ni el cónsul de los Gs* 
tados Unidos, resuelta por los funcionarlos de Hacienda vein- 
tiséis horas después del fondeo, en lugar de esperar á las cua- 
renta y ocho prescritas eu la citada instrucción de aduanas.» 

Estos son los hechos, motivo después de complicaciones In- 
ternacionales, que llegaron á tomar un carácter grave. 

El Presidente de los Estados Unidos Mr. Pierce, en sumen- 
saje de 1854, llaujó á la cuestión del IVortior un casiis belli. 

España con su reconocida falta de energía en sus gobernan- 
tes, admitió pagar la indemnización exljlda por el dueño ó ar- 
mador del buque y que ascendió á S 53;í»«> 



% 



CAPITULO II. 



61UITH Mpiratütt imariüuik — Cniuka de mU (ucm é influjo sobre U ic 
viÚD d« Un Antillu aspküulu. — SuiCo ÜDmiD^a y Piiatta Rioc 



I 



I 

\ guerra intestina que asoló en los años siguientes á 
I !a gran República, inüiiyó de una maiiera especial en 
I la insurrección de Santo Domingo, Puerto Rico y Cu- 
I ba, porque se quiso tomar como causa de ella la abo- 
lición de la esclavitud, tan debatida ya por entonces en aque- 
llas islas, cuyos habitantes eran muchos esclavos. 

No fué esta en realidad la cansa eficiente de la guerra de se- 
cesión. Re había venido creando una división profunda entre 
los habitantes de los Estados del Sur de la Unión y lo^ del Nor- 
te, nacida de la diversidad de razas, de carácter, ocupaciones, 
etc. 

Bran aquellos en su mayoría ricos agricultores que por tos 
abundantes frutos que les prodigaban sus campos, vivían con 
gran desahogo, con opulencia sí se quiere; guardaban nua po- 
sición comercial preponderante sobre los del Norte y muy su- 
perior á la de ésto.s, que eran industriales y comerciantes casi 
todos. Además, los unos eran de origen latino y franco- latino, 
en tanto que los otros eran sajones y anglo-sajones. Ln religión 
de éstos era la protestante, los del Mediodía eran caiólicos. 

La diferencia de origen. la índole, de aspiraciones y de reli 
glón hizo pues robustecer cada día aquel inveterado antago- 
nismo, basta que el Incidente de la abolición de la esclavitud, 
lo transformó en odio mortal, surgiendo entonces la guerra. 

Para contrarrestar el domioio de los surianos acogieron con 
gran empeño sus competidores del Norte el proyecto de abolir 
U esclavitud, que á la vez qae les atraería el aplauso del mun- 
do dvtlízado, conquistándoles el título de filántropos, era en 
realidad un rudo golpe á su poderlo, porque millares de I09 



trabajadores del Sur eran esclavos, quienes por su actitud para 
las faenas agrícolas y por lo exiguo de los salarios con que se 
les retribuía, formaban el elemedto principal de la riqueza de 
aquellas comarcas. 

Inicióse una activa lucha por los habitantes de los Estados 
septentrionales contra la esclavitud. Se enviaron agentes ex- 
pensados por ellos á los campos del Sur con la misión de suble- 
var y líberlar á lus esclavos, (i) originándose no pocos desór- 
denes. 

Llegaron las elecciones de 1860 y en ellas designaron sus res- 
pectivas cnudidaturas los partidos republicano y demócrata: 
éste á Douglas y Jhouson para la presidencia y vice-presiden- 
cia de la República y aquel á Breackiuridge y Laue, para los 
mismos cargos, respectívameute, Peio ni unas ni otras prera- 
lecieniH porque un tercer partido medio, llamado de la UdÍÓD 
con^litucJouat que propuso á Mr. Bell, les disputó el triunfo, 
sin obtenerlo tampoco: éste fué en favor de AbrSbam Lincoln, 
candidato de los republicanos de Chicago, que tuvo uua oía- 
yoria de 1,866,157 votos, contia 1-375. '57 que favorecieron á 
Douglas. 

Derrotados los demócratas del Sur con la elección de Lin- 
coln, á quien se conocía ea todo el pafs como furibundo aboli- 
cionista, tío trataron ya de ocultar su hostilidad al resto de 
aquella nación y quisieron llevarla luego á las vías de hecho, 
cumpliendo sus antiguos deseos de emanciparse. 

La Carolina del Sur fué el primer Estado que euarboló el 
estandarte de la rebelión, proclamando su independencia el 20 
• de Diciembre de aquel año. Le siguieron los Estados de Geor- 
gia, Alabama, Missisippi, Florida, Texas y Luisiana. 

El resto de la República trató de impedir se llevase acabóla 
escisiÓD. Es uotable que esta vez no se inspirase la nación ame- 
ricana en el mismo criterio con que intervino en uue.stra cues- 
tión de Texas, ni en la de Cuba, últimamente pues en lugar de 
concederles la libertad que reclamaban estos Estados, empren- 
dió contra ellos una sangrienta lucha para subyugarlos. 

Tal fué el principio de aquella guerra formidable que asolÓ 
á ese país durante cuatro aSos. siendo á la postre derrotados 
y sometidos los surianos. 

El objeto de este libro y sus dimensiones nos impiden seguir 
paso á paso U relación de aquellos hechos sangiientos á cuyo 
epilogo precedió el asesinato del mismo Lincoln por el actor C. 
Wiikes Bottb, la noche del 15 de Abril de 1865, mientras ce- 
lebraba los triuufos de las armas federales en el teatro Pord. 

(1) Udo d( eato* •gentes, &cuuijo ilp ssiliciiin, fui- Juz^Bilo el 2 dv TUeitmbrt 
do 1859 y aiiorcAJo gd C'harlcstou por santunci» d«U Corto dol Kitudo do Tír- 
{¡iaift, ■[jiabaila por «) gobeiuidor tíi. Wue. 



39 

Los Estados del Sur, üegúa bemos dicho estabnii poblados 
por descendieutea de la TazK latina, con identidad de intereses 
y costumbres á ios pueblos la ti ao -americanos del coutinente. 
La derrota de los eonrederadossíguíñcdel exterminio de la pri- 
mitiva raza colonizadora; la supresión del elemento hispaao la- 
tino en la conformación política de aquella República, O en otros 
términos, se dio un paso más hacia el cumpHuiíentodeese vie- 
jo fenómeno ob^ervado en la historia, lo mismo en los países ci- 
vilizados que salvajes; las razas septentrionales irrupcionan ó 
invaden de tiempo en tiempo el resto del mundoy loduminau. 



II 



Efectiva fué la influencia de la guerra uorte-americana so- 
bre las Antillas españolas. El año de 1863 estalló la insurrecclÓD 
en Santo Dumíngo, en la parte de la Isla reconquistada cuatro 
años antes por España- Un año más tarde se habia extendido 
la guerra á todas las provincias, aieado imposible por entonces 
para el gobierno peninsular sofocarla debido á la situación 
anormal porque atrivesaba. 

En Enero de 1865 el Capitán General del ejército D. Ramón 
María Naivaez presi;ntó á las Cortes el proyecto deabandonar 
la Isla (sin ruborizarse, dic: cou iutencióu un historiador ibe- 
ro) que filé aprobado y sancionado el 10 de Mayo de aquel 
año. 

Don Francisco Serrano, antecesor del entonces Capitán Ge- 
neral de la Isla de Cuba, D. Domingo Dulce, se declaró en Es-« 
paña partidario de las reformas antillanas. Tomó dos veces la 
palabra en e! Seuado con objeto de defender los -nlerescscuba' 
nos. B&IJ contribuyó á alentar al partido descontento, que tra- 
baiabn por la insurrección. 

Dulce empleó en Cuba una política tolerante y conciliadora 
á la cual es atribuido el desarrollo de las coaspiraciones. Enea* 
recio en eíie año al ministro D. Leopoldo O'Donell la ingente 
necesidad de que se plantearan cuanto antes las reformas pedi- 
dos por los nativos; la cual demanda dio por resultado que el 25 
de Noviembre autorizara el Gobierno al expresado ministro, pa- 
ra abrir una información sobre las bases en que deberían fuU' 
darse leyes especiales para el gobierna de Cuba y Puerta Ríeos 
constituyendo una junta, compuesta de personas nombradas 
por el gobieroo y veintidós diputados, dieciséis cubanos y 
seis portorriqueños, elegidos por los habitantes de cada isla. 

Estas refirmas, que se pretende sólo hayan sido un pretexto 
de los deseosos de la independencia, para conseguirla despat' 
no se llegaron á implantar como se verá adelante. 



1 iiils fm el G«iwral Prian. o6sci£ o^ e 






íw .'> qSMétcctt (k^cciul*. El U«Tq«é»i 

l«en>i, ^... ..,.-.^, ..-y^fiol «a f»r{*. esaaaiealM i s« golMn 
tn 2f it* IÁ»fo, ^n* l«ot* «ori ci — fidedigmt de exútir pábNcMi 
IraraJM ea lúa EsUdos Ual4o> para «pcxlerarw de Cab*. 

VeiiñcVÍM Im «t«cción de Um coisisíoDedns de las Aautlas par 
ra discutir la^refonnu, qaadódcfroU'ioelbaDdo cooservadar, 
y «I trlnn(r>, 4 fjv(>r de Im refonstttaj, qar preleodian Uanto 
fforala fie U Tsla coa txtiaaióa da los peninsaUres en loa car- 
|[ff* (•ólfUffnt, 

Hii triunfo pr»:)pit6 el relevo de D. D;>niÍDgo Dalce. siendo 
MK«dld(> por el neatTíl D. Prancisco Lersandi. quien sigaíÓ 
una condncta eonlrertei la de ao predecesor. Combatió acre- 
nunle i Im farormlilaa, mandó clausurar sus clubs ó comités, 
que ante* halidin celebrado libremente y ordeuó la prisión de 
tfKloa ton fltmpalízadorc*. scfí alados como vagosó víciososjr de- 
parto i ciento »r«eata y lelft de ellos á la lila de Feíoando Poo, 
donde fueron rettiegndos. 

Una pauBJeia animación alentó en su obra loa descontentos 
de espnna aMnlj<;rHe lo<i aticesoü OcttrrídoK en Uadríd el 32 de 
Junio; parn Volver A ahatime con la nueva del fracaso de la re 
VuluclAii y de linberaldo deportado el general Prim. su pro- 
uiutiir, 

Le* It^tndoPí Uolíloa ejercen una ve/, más su perniciosa lo- 
(Yueticla pn la propagncióu de la idea de iiidependeucia de Cu*' 
lia, con motivo d' Ioh eNCandalosos sucesos ocurridos en Nueva 
Otlcan» ivciviitrmiMite. 

Itn aijlirlla ociiojóu decía k\ Minijttro de las Colonias el reprC' 
Klltliule cRpnnol tD Waaliluittou, que «si en otro tiempo el ele 
utctltu rillbuNlciu lie lo* «meiicanoit era lo principal y la cons- 
(ilracií'iii liiirtli>r de la Itla lo accesorio, esta vez sucedía esen- 
cialmente jo continilo, piulletido n-iegurar que en Cuba existía 
ys el toen principal de una revolución que tenia enlace coa los 
Mioe^ON ili! la pasada guerra auictícaua, y aute Is cual los tra- 
battin dr lo» iMnlinentatcM eran secundarlos.* 

Leisiinili Uié pi'on liciiipo después sucedido en el mando (U 
CuIm pnt |) Jo4ijiiii) del Maniaiio, y cotonees precisa mente s& 
militó vn lÍT^paAa U Juuta de iororinación & la cual coocurrlan 
tatiañnlea. oulwniMy prnloiilqueflos. Al principiar susaesjoaes 
<)Uiao oir la upiulóu d« algunos fuocionanos de Uu qoe bateas 
e«Udo en Cuba, ciinio el duque de la Tone y D. Domingo DoU 
c«. )%«tv tVtlimo dio MI opinión en favor de las retorraas, optaa~ 
<Si> por la aboitci&n innediaia de la csclarilnd. 



Trabajó la junta seis meses, y regresaron los comisionados 
á las Antillas sin baber obtenido un resultado práctico que de- 
jara satisferbos á los partidos conservador y reformista, 



III 



En ISOli fe intentó por Goicoiuía y el general Quesadas ha- 
cer estallar la guerra en las Autíllas, principiando por Pnerto 
Rico: tjo pasó este intento de haber expedido Hlguna.s piocla- 
mas y de activar la cínrulacióu del papel moneda de Cuba. 

El 7 de Junio del año siguiente promovieron los descontentos 
una sedición militar que fracasó y fué motivo de la expulsión 
de muchos complicados en ella. 

El lo de Septiembre publicó el comité revoluciouario de Nue- 
va York una proclaca fechada en Cuba el 1 6 de Julio, que ter- 
minaba con estas Palabras: «Viva Cuba libre. Viva Puerto Ri- 
co libre y muera España para siempre en América.» 

Los jefes revolucionarios de Puerto Rico señalaron los dtas 
de la gesta de San Juan en 1867 para dar el grito de rebelión, 
pero tuvieron que aplazarlo por haber sobrevenido contrarieda- 
des, no siendo la menor los fuertes terremotos que hubo en la 
Isla y que amedrentaron á los conspiradores. 

Por ñu pudieron reunirse en San Thouias, más tarde, los días 
9. 1 r y 16 de Diciembre, con los vocales por Cuba de la junta 
de Nueva Vorlc. D. Manuel Macías propuso dar principio á la 
revolución eu Puerto Rico, antes que á la de Cuba, y D. Dí^ 
mingo GoicouTÍa ofreció un cargamento de armas que iba á re- 
cibir de los Estados Unidos. Según comunicaciones que se le- 
yeron, D. Miguel Aldana y Morales Lemus debían dar el grito 
to en Cuba en Septiembre ó en los primeros días de Octubre 
próximos. 

Debido á la complacencia de las autoridades se propalaba en 
público la causa de la libertad. En las reuniones, en los cafés, 
en los clubs y periódicos se hacía ostentación de los proyectos, 
se discutían los planes y hasta se celebraban los triunfos, que 
tenían por seguros los conspiradores. 

En Lares, el Bartolo, MubíoI y Pezuela CPuerlo Rico) no se 
daban punto de descauso en los preparativos y con pretexto de 
las fiestas de San Juau, solemnizaban el principio de la revolu- 
ción por Ib indepeudeucia. 

Cinco días después de haber dado eu Cádix por el general 
Tícete el grito de rebelióu, ó sea el i3 de Septiembre, tuvo 
principio el movimiento separatista en el pequeño pueblo de 
Lares, suticipáudose al señalado que fué ei 39 poc haber sido 
descubiertos. 



3' 

ReantcItM los revolacionarios eo el cafetal del BUiencADO Mr. 
Bcugnun. en el Barrio de Farntas, jurisdicción ()e Mayagites, 
al frente de 150 hombrea marcharoii al de D. MaDuel RoJBS. 
cometienijo en el camino actos desordenados. Allí se lemntS 
tina bandera roja ccn esta tnscti[>cióu: «Muerte 6 Libertad. Vi- 
va Paerto Rico,* y se dirigieron á Lares poíesioii ándese áel 
gobierno y casa del Ayuntamiento, nombraudo autoridades & 
ana aátfli-9 y aprútionaudo á muchus esparioles. 

Como presidente de aquel improrisado gobierno se nombróá 
un D. Frauciico Ramírez, comerciaBlemulalo. A coottntiadóo' 
se expidieron los miini6eatos. 

At liguieule día 34 se dirigieron los ínsurgeotes, qne Uegft- 
rOB ya A 700. al iniDedinto pueblo de Pepino con objeto de to- 
marlo y establecer utro gobierno, pero bastó uaa pequeña r«- 
■UtCDCÍa que enconltnTOO en sus babitantes para il es in oral izar- 
los y hacer que huyeran á los bosques. Al recibirie esta noti- 
cia en Lares hicieron otro tanto los sublevados, abaadoiWUldt] 
U plaza. 

Mas tarde fueran capturados en su mayoría y otros se pre- 
seularoii voluntariamente acog:iéiidose al decreto de la amols- 
lía cnnced'da por el (¡obierno peninsular. 

En Espaíia tenía Ingar á la sazóu el alzamiento ep Cidix 
Bcaudillado por Prini y Túpete, al cual, así como li 
posteriores ocurridos en oquellos días, se debe el advenimiento 
■ 1 poder del partido en cuyas manos estaba el Gobierno peoin.* 
salar al sobrevenir la guerra cuya narración es el dbjelo dees 
^e libro, el mUmo pattido de quien tan amatyameote se quejl 
ahora aquel país. 

A D. Práxedes Mateo Sagasta le vemos figurar entoaces kI 
frente por primera vez, del gobierno de Sevilla, por encargo de» 
lajutita de aquellaprovincia; mas tarde pone en sus manos Is 
cartera de gobernación su correligionario Prim, después de 
eliminado el ministerio González Bravo. 

Aquel pattido que el pueblo español elevara triunfante ea 
hombros, librada apeusslabataliadeAlcoIea— simulacro, ■ 
bien, de resistencia de parte del Gobierno^levando consigo tO' 
das las simpatías, representando las aspiraciones legitimas 
aquel que destrozó la última tama de los Borboues y la relego 
al olvido en el palacio de Pau, morada de Enrique IV en oln? 
tiempo, es ahora victima de la más acre censura, escarnecido, 
lnsnlta:lo, increpado sin miramiento alguno, llevando en 
hombros la inmensa responsabilidad del desastre reciente. 

Grande en por cierto el descontento del pueblo español para 
con su actual gobierno, tan grande, que quilas no haya ear 
cilto todavía la itUima página de este libro, cuando los nombres 
de sns Secretarlos pasen á la historia. 



33 

Coincidieron con el movimiento de la Peníasula las revolu- 
ciones de Puerto Rico y la de Cuba. Los gobiernos de una y 
otra isla no tuvieron noticia de los sucesos de Septiembre ocu- 
rridos en Bspaña, sino hasta el día 7 de Octubre, mientras que 
los revolucionarios lo supieron casi inmediatamente por sus 
corresponsales de Estados Unidos, y gracias á la organización 
masónica que tenia impuesta por los propagandistas ametica- 
nos; así es que pudieron hacer sus preparaiivos sin ser moles- 
tados por la autoridad. Había logias que Irabajahan incesan* 
temente en Puerto Piíncípe, Tunas, Manzanillo. Bayamo y 
Holguín. 

El día 9 de Octubre que se constituía en Madrid el gobierno 
provÍMonal, se reunieron en el ingenio del Rosario (Cuba) 
Céspedes, Aguilera. Marcano, Izaguirre, Peral y los García, 
El jefe bayamés Licenciado Carlos Manuel Céspedes, que eu- 
cabe;raba el pronunciamiento, supo que se Uabía dado orden de 
aprehenderlos, por lo cual aceleró la ejecución de sus planes, 
reuniendo á sus piincipales caudillos de la insurrección en su 
residencia el ingenio de la Demajagua, donde juraron vengar 
I08 agravios á la patria y lucliar hasta triunfar ó morir. 

Los iniciadores de la subkbación, en numero de treinta y 
siete, (i) se dirigieron al pueblo de Vara. Era su propósito apo- 
derarle de Manzanillo pero no lo hicieron, aunque tenían se- 
guridad en el éxito, debido á que Céspedes temió que sus sol- 
dados, eolregándoi^e á los actos vandálicos, desprestigiaran su 
cauas > dificultaran el reclutamiento de gente. , 

En esa pequeña población de Yara se imprimió é hizo circu- 
lar la primean proclama que se llamó 'Manifiesto de la junta 
revolucionaria de Cuba á sus habitantes, al gobierno y á to- 
das las naciones.' 

Cambiaron pues de itinerario y al siguiente d(a tuvieron el 
primer choque cnn las tropas enviadas por el Gobernador de 
Bayamo, haciendo algunos prisioneros y retirándose al campo. 

El 37 se habían sublevado las jurisdicciones de Jlguaní, 
Holguin. Las Tunas y Bayamo; atacaron á esta última pobU- 

(1) Lotfxlriniudo y*r>qne<il d(* 10 de Uetubra de 1808 proel mm «ron Ikía- 
dtpondiner» ile Cuh* fueroo: 

C>rln« MuaoBl d» Cdipcdra, Manuel Catr», Durloloní Mm/í, Umfu Muí. lU- 
TmI U*>«. U«nacl SociTr^. Antcl .HMdra, Jnkn Kdi. Emiliano QueU Putód, 
Bmilio Tuamrn Jdiin llill. Un Mftruann. Manuel Uedin*, J*im« Sintieilebín, 
B>fMl ToriM Gariils, Jm6 Birul ¥iuuirrf . Kraeeiato UBn.i«o. F6IÍ1 M*re>- 
no, Ignacio Marttan Roquv, AeuKfn Valerio. rtanoÍMO V lecntc AfuUera, Ju*e 
Píru, Ktfaal Üarmau, Manuel SantitttebsB, Auralio Torrt». Bartolent Labr»- 
da. MiRa«l (iarcf* I'*TiÍii, ¡'«dra Uipedci Cutílla, Frueiacn Cíaptdc* C*Millo, 
BaHq<i« da! CmIiIIo, iota B^aet foUaco, Amador Cailillo. Joa« K^raol Udrto 
íFMnciaíoCníion, . , , , 

[Hoj* impr.aarn \ot E. Usidoi eoBmimariadi) rl UrMr ani'eriario d« U iD- 
iBrresmía da isce). 



34 

clon el día siguiente, cerca de 5000 hombres, que tomaron la 
plaza. La fuerza que la defendía era de ciento veinte infantes 
que encerrados en el cuartel que les servía de inerte, resistie- 
ron con heroicidad cuatro días, hasta rendirse por mandato 
del gobernador Udeata. 

Alentada la revolución con la toma de Bayamo pronto se 
extendió desde el Oriente hasta el Camagiiey. 

El general Lersundi publicó un bando en el que señalaba 
penas severísimas á los promotores y coadjutores de la insu- 
rrección, al cual contestó Céspedes expidiendo órdenes ternji- 
nantes para que fuesen castigados con todo rigor los que sir- 
vieran de guías ó exploradores á los soldados de Espa&a. 




U Kiiprr» diiiilsB te.— Intervención de lo» EaUdga I nidbs cnu motivo 
il(> twi tli<pnsiuk)na< coiitrn Im iiiiinrr«atai. — Otiüion en Uvvr do U litier- 
|u] ilfl '.'til)».— Otro mddmtí ittUriiauiQDBl.— Projuniclunn do p».— Kl 
GcDcril Mutlou Oanipos. — Tiiriniuo de la guerra. 



insuirectos hicierou de Bayaino el ceatro <le sus 
i (iperaclones. 

Lersundi fué sucedido en Enero de ese año por I). 
SI'^°'i>i><S'> Dulce, aütiguo Capitán Geiieral de la Isla. 

Concedió iiu plaito de cuarenta días para que los rebeldes de- 
pusiesen las armas y aun envío una ccmJsióu á C¿spedes para 
ponerle laü bases de un arreglo que diera fin á la gnerro, pe- 
ro el caudillo insurrecto nada quiso admitir que no fuese la ab- 
soluta independencia de Cuba. , 

No pudo además llegarse á un arreglo durante el armisticio 
concedido por Dulce con este objeto, porque dos emisarios in- 
surrectos fueron asesinados de un modo inexplicable mientras 
se dirigían á Puerto Príncipe & acelerar las negociaciones de 
paz; á ese suceso deben añadirse los ocurridos en el tenlro Vi- 
llanueva <Ie la ITnbana. donde se trabó una tucba á balazos eu- 
treel público y la guarnición española, asi como las escenas 
sangrientas que en las calles se repitieron frecnentemeute. 

Por tanto, lejos de licuar á un avenimiento continuó la lu- 
cha con más fnería, Hl Conde de Valmaseda, ul frente de las 
tropas es|ja0o1as, principió cu Diciembre una activa campaña. 
Recouqulstú á Uayamo y cbtuvo las primeras victorias en R{o 
Salado y Cauto embarcadero. Los inatuiectos al retirarse de la 
ciudad de Bayamola Incendiaron. 

R1 r'gnf D.-iri r.'[iriiiur aquelli^t: ncto-í vandálicos k aumciaó 
ualuialnirof'- dv p;iite '!<: luK eip:<Gales ^¡u el éxito esperado. 
Se 1cva»[ai')'> en ciiici villas tres nnl iudividiK.s di culor, nd- 
birté(tdwri« A C¿<pede%. que ptaclaiuabj la abult -ló:; Je la escla- 



36 

vitud en e! territorio donde suponía ejercer jurisdiccióu: coatí- 
DUBion tos JDcendios y asesinatos en Hayari. Jiguaní y Balre 
mieutras el Capitán Generai deportaba á la isla de Fernando 
Poo á doscientas cincuenta personas, acusadas de sospechas de 
complicidad con los rebeldes, y determinaba la confiM^acióu de 
las propiedades de los reos políticos, así como délos simpatiza- 
dores con la revolución, (t) 

El decreto de confíscación expedido entonces proporcionó á 
los Estados Unidos coyuntura favorable para iumiscoirse eu 
los asuntos de Cuba. 



II 



r.I cónsul de Matanzas Mr, Hall envió al Ministro de Re- 
laciones lixleiiores Mr. Fish, una copia del decreto, lo cualdló 
por resultado que el Gobierno americano manifestara en una 
nota al represtntante español, que el Presidente Crant habfa 
visto con desagrado taldocumenloy que ttnía esperanzas de qtte 
futit modificado, en cuanto se refiriera á propiedades de ciuda- 
danos americanos en la Isla ; también se reprobaba en dicha no- 
ta la conducta de Valmaseda que en la última proclama había 
hecho pública declaración de que emplearía el rigory el exter- 
minio paia acabar con la insurrección. Condenaban los Estados 
Unidos este proceder eu nombre de la humanidad y de los in- 
tereses civilizadores. 

Los insurrectos no quisieron perdei 
para conseguir el apoyo del gobierno i 
de la junta de Nueva Yoik, pusieron e 
cursos para inclinarle en favor de la ei 
sultado. 

El Ministro americano en España. Mr. Sickles. recibió órdenes 
para intentar, cerca de los poderes constituidos de la Peiiiusu- 
la, un cambio en el tnodus vtventii de los habitantes de la Rran 
Antilla. Estíi gestión practicada con el presidente del Consejo 
de ministros D. Juan ['rim, dló por resultado que Mr. Sickles 
contestara á su gobierno haciéndole saber que ia Regencia es- 
taba dispuesta á aceptar fus buenos oficios en la pacificación 
Cuba y aiíu conceder á los cubanos la autonomía ó la iodl 



■ una ocflsióu tan bella 
anieiicano, y por inedto 
u juego toda clase dere- 
in^iucipación, no sin re- 



tí] Ucchoi 



Fin'ginlPí k obu: 






B mil frccuencÍB que «n la que deauM paile de l> griD 1 



J7 

MBdencia slemj re que éstos depusieiau su actitud hostil y qne 
irsquelcoQtÍDuo ¡Dsulto, aquel gritode ¡muerau 
los españoles! Que estaba autorizado para establecer las bases 
de una convencióu cuyos detalles se arreglarían oportiiuaiuei)' 
te, siendo estas las proposicloues cardinales: 

/ " ¡.os insurrectos depondtán las armas. 

2 "* España concederá simulláneanienie una amim/fa absolu- 
ta y completa. 

j " ¿¡pueblo de Cuba votará por sufragio universal sobre la 
atestiSn de su independencia. 

y " Si la mayoría opta por la independencia, España la con- 
eeder4 Privio el eonsentimienlo de las Corles. 

Cuba pagará un equivalente satisfactorio garantizado pot los 
Estados Unidos. 

Refiriéndose el representante americano el 20 de Agosto de 
aquel año (69) á un telegrama de sn gobierno, en el que se !e 
encarecía la urgente decisión sobre los preliminares de este 
convenio, manifestó á Mr Fisb, que había celebrado otra en- 
trevista con Prim, en la cual, después de enterarse éste de la 
opinión de Washington respecto de las proposiciones la y ja, 
en las que se estipulaba que los cubanos depondrían las armas 
para declarar luego por medio del voto quienes erau adeptos á 
la separación, con&rmó que estaba dispuesto á acordar las ba- 

IBCS de un arreglo para la independencia de Cuba, (i) pero que 
i;ilo podía dar por sí la sanción de un tratado á aquel arreglo ni 
ijSometerlo á la aprobación de las Cortes, mientras los Insurrec- 
't05 permaueciesen con las armas en la mano. 
, La enérgica actitud del pueblo español, que rechazó unánime- 
^nente tales arreglos, cuando se bubieion publicado, obligó á 
los Gstados Unidos á suspender por eutoncea las negociaciones 
i^TB realizar su antiguo sueño de oro. 
■ 

Seguía entretanto la guerra más encarnizada cada vez. Los 
batallones de voluntarios enviados de la Península continua- 
ban llegando, en tanto que tos Insuneclos obtenían ayuda de 
la junta de Nueva York por algunas pequeñas expediciones fi- 
libusteras. 

(1) Lm biatariiulateaMpalialM pratcnden qu« Mloi irrínUí as Jfbliin loh- 
BkcnM i Prim, y que ni el Aliniíleria ni 1> Üegeneii participaba d de aui opiDí"- 
nu. El cnlane» CkpiUn seucral de Caba, D. Antonio CibalUro <■« Kodaa, ilir. 
mó dcapnAi en Madrid «nIoKilonri del "Cantra Iliapano Ulira-Uarino." qne 
fl poeeta ana carta drl ueneril Prim, que le diriRÍd al entablarae lat neradaoie- 

_ -^ í. at.i.i__ _.!_.:__ 1 1 ._ í _._11_ J_ I. 1.1. 1 1„ S'...J„ lt_T.ln. . •- 



kM de Sieklaa, rolatira 1 la Tonta 6 oeeióa de U lili 
lacnal la pedí* *u airnda para preparar alH la* 1 
Ckballno r*eba(d la prepueaU eoa inditaacidD. 



i loa Etlado* Unido* j «a 



38 

Las protestas del Ministro español en Washington obtigaron 
al Gobierno á detener y á hacer prisioneros á los que flolaban 
embarcaciones con elementos de guerra; pero al mimo tiempc 
di6 entonces una prueba más de su parcialidad en la cuestión 
cubana. 

Con destino á la vigilancia de las costas de Cuba, Españi 
había mandado construir en Nueva York treinta barcas cañe 
ñeras, que el gobierno americano mandó secuestrar, aparentan' 
do creer que se destinaban á la guerra con el Peiú y en cum' 
plimiento. se decía, de las leyes de neutralidad; lo cual no fnc 
sino resultado de las intrigas de los laborantes americanos, 
puesto que las barcas iban con efecto á Cuba y no al Perú, 
CvJiilia !a cual nació.i no existía guerra; además era inconcuso 
que no iiían al Perú desde el momento que su construcción nc 
les ptrinití.i á e^as embarcaciones que pudiesen doblar el cabe 
de llornos. 

La misma prensa americana condenó este proceder. Entre 
otros periódicos, el «World» se expresó en estos términos: 

«El Pt-TÚ ts una potencia que se halla en paz. Cuba no es 
una pctencia en el sentido literal de la palabra. Si el Presidentl 
Grant ti^ne pruebas de que las cañoneras van á ser emplea* 
das contra el Perú, ha hecho bien al embargarlas; pero si no 
las tiene, y se ha puesto en conivencia para secuestrar los ba- 
ques qii'^ estaban destinados á las costas de Cuba, so pretexte 
de la violación de las leyes de neutralidad, su conducta es des 
honrosa y viola la primera obligación de los neutrales.» 

Atacrtron los insurrectos algunas poblaciones de Manzanillo: 
sin éxito, entre ellas las Tunas, en cu^'O asalto tomaron par- 
te el i^ ^*e Agosto las Amazonas cubanas. 

Céspedes, contestando á las medidas de la autoridad, ordena 
el iucendio de todos los plantíos de cítña. Fueron incendiadas, 
además, 15anao, Guairaaro y Cíiscorro. 

I). Ai:tc;nio Fernández C:il>allero de Rodas que desde Juli( 
había sucedido al General Dulce en el mando de Cuba, &egu{l 
luchando contra la revolución ayudado por los batallones d< 
voluntarios así de la Isla cerno peninsulares. líl número desoí 
dadís en Octubre de 6.7 era íle So.oco, los cuales á pesar d< 
las e^ítií^'ls circunstancias por qiK- ;itraves:»l)a la Península, nc 
(Ujayo»! lie auníentarsc- corst.'inteUHnte. í^ólo de España habíai 
<K'semb:ircíi<lo 26 batallones v 25 e>ciiadrones que sumaban 
34,5<<^ ;>!aza!j. Se habían recibido también I4buques. 20 caño 
nes Kru;>p. 25,000 fu>iles de distintas marcas y 5,000 kilógra 
mos de pólvora, á lo cual haj- que añadir las treinta barcas ca 
ñoueías construidas en Nueva Yoik, que al fin fueron devuel 
tas. 



39 

Habiendo las autoridades prorrogado el término para que se 
aco){>^rBti al decreto de amnistía los Insurrectos, se presenta- 
ban de cuando en cuando pequefiaa partidas. No obstante, tai- 
d6 todavía ocho años cuatro meses en pacificarse la Isla, á pe- 
sar de las medidas dictadas pnr la autoridad y de I05 abundan- 
tes refuerzos que se recibían sin iuterrupcíón. 

Incontables fueron en este tiempo las escenas de sangre, ho- 
rror y desolación que á diario tenían lugar en el campo de la 
guerra. Villas, ingenios y caseríos incendiados, p.<ci¿cüs ha- 
bitantes asesinados con crueldad, mujeres y niños aliopetlados 
y vejados, multitudes vagando por los bosques, desnudas, bam- 
bríentas, siguiendo i los reb;ldee ó bien huyendo de ellos, Cit- 
silamientos de prisioneros, sin interrupción por uno y otro 
bando y olvido de todo seutiuiiento humanitario- 

Lss pasiones llegaban á su más alto grado de excitación, y 
tanto es así, que el historiador imparcial se halla perrlejo ante 
las notas contradictorias y falsas que en sus partes oficjalea pu- 
blicaban uno y otro partido, 

Sumando por ejemplo el número de bajas que durante la 
guerra afirman los partes españoles haber hecho á los rebeldes, 
resulta una cifra monstruosamente inexacta, mayor á la de los 
habitantes de la isla, capaces de pelear; en otros términos, de 
ser exactos esos partes tendría que haberse terminado con la 
población de toda Cuba. Tenemos á la vista un parte oficial 
correspon diente á la segunda quincena del mes de Diciembre 
de 71. época en que se aseguraba que la revolución se había 

fÍ extinguido. El parte á que aludimos dice: "resultado de 
[s acciones hnbidas en )a quincena; muertos al enemigo 164, 

prisioneros 605a, pesentados 556. • Lo cual es absurdo. 

Por su parte los insurrectos eran también amigos de las ma- 
'es exageraciones. Rn la comunicación que Céspedes dirigió 

presidente Gract, le aseguraba que su^ejército era de 60,000 
ibrea bien disciplinados, que una escasa minoría no parti- 
cipaba de sus Ideas, que estaba su gobierno establecido formal- 
nente con sus Cámara? legislativas, sus ministerios, etc, , lo 
cual no era sino empírico. 

Esta circunstancia, así como la de ser extraíia al plan de es- 
te libro la narración circunstanciada de los sucesos de la gue- 
rra discidente, nos excusande describirla punto por punto. 

t/is jefes principales fueron siendo ejecutados á medida que 
^Ctfan en manos de sus perseguidores: Gjicouria, Céspedes, 
Agi^amoote, Donato Mármol, Covadas, Castillo Mota, Betao- 
I, Agüeros, Salomé Hernández, Marcauo, Rosas y otros, 
BO existían ya et año de 74 al tomar poseción del Gobierno de 
I* Isla por tercera vez D, José de la Concha. 



En el mensaje que el Presidente Graut dltigió al CongretO 
americano en 1875 se quejaba de Is continuacióu de aque- 
lia gaeira, Jacualcou las circu^tandas que ta acompañaban era 
— decfa — uua ofensa á las leyes de la humanidad. También 
se bacía saber en dicbo mensaje que España babía pagado i 
los Estados Unidos 80.000 pesos de indemaizactóo á las fami- 
lias de los tripulantes del Virgintus. 

En los años de 76 y 77 se preseolaron muchos insuirectOS; 
deponiendo las armas; algunos de ellos iban acompañados d 
sus familias. Eu los paites que rendían las tropas espaSolasse 
hacía mención de gran número de mujeres y niños; enire loé 
presentados. 

Empegaba pues la pacificación. 

£1 general D. Arcenio Martínez Campos, ayudado del gene> 
raljovellar, ft;é quien tuvo la forluna de llevar acabo los aire 
glos para terminar con I» guerra de rebelión, f 1) 

El expresado gobernante hizo proposidooe* á loR jejés n 
beldes para que se ajustara un tratado de paz y se suspeodíe 
ran las hostilidades. 

Confcrendó persona! mente con Máximo Gómez, jefe «moa 
ees de la insurrección y logró después de varias eutrevista 
que sehrtuara un tratado cuyas bases eran: 

Primera. — h^ isla de Cuba recibirá la misma orgaiitzaci6n 
política y administrativa que tiene Puerto Rico. 

Sfgiinda. — Amplio perdón para lodos Ins delitox poUtlcc 
desde 1868 y libertad para los que estén sufriendo settl^DCÍa y 
para los prisioneros políticos y perdón general para lo» di 
lores de las filas españolas. 

Tercera. — Se dará libertad á lt:s negros y chinos qtie e 
eu el campo insurgente. 

Cuarta. — Ninguna persona que leconoxcaal gobierno espaSo 
en virtud de este tratado, podrá ser obligada ¿ hacer la goem 
á no ser que se establezca la paz eu todo el territorio. 

Quinta — A todas las personas que desean salir de tn islas 
les darán medios para hacerlo, sin entrar en poblado, tA iuf I( 
desean. 

Sexla. — Se hará la capitulación de cada fuerza en lugan 
despoblados donde se depositarán las armas. 

Séptima.— "BX general en jefe espaSol, con objeto de £ic)lita 
la adhesión de otros departamentos á estas condiciones, C 
libre paso para todas las vías terrestres y uiarítimu. 

(1) El scrreto pira haber alcanzado el ^xita en la*iiu'iGc»ci¿n d«lal 
qtic hkl)i>ii p'dida cibteuiT bom ptcdeceioTM, fu'', cc^n urKiiranlMU 
. >. ._<_. -^e Uti^iiiez Campí» dan^ grnesu lUnita i lo* Jel«a jfl 



I 



Octava. — Las bases anteriores se consideran generales para 
todos los departamentos de esta Isla que acepten las proposi- 
ciones. • 

Este tratado se firmó el día to de Febrero de 1878 y se dio 
orden de que !as hostilidades fuesen suspendidas ea toda la isla. 

El tratado se firmó en el punto llamado el ZanjÓU, por lo 
cual es conocido con este nombre. 

No todos los jefes insurrectos estuvieron conformes en las 
bases que Gómez aprobó, propuestas por Maitínez Campos. 
Por las dificultades que los rebeldes tenían para reunirse, así 
como por la gran extensión que éstos dominaban, no fué po- 
sible comunicarles la noticia de Ja celebración de los tratados 
de paz, sino basta muchos días después. 

Algunos de los jefies á quienes no se les había consultado SU 
parecer para firmar el tiatado, se dieron por ofeudidos y ñoqui* 
steron observar sus bases. Hstre ellos el más notable quizás 
fué Antonio Maceo, á quien veremos figurar eu prímeT térmi- 
no durante la segunda insurrección. 

Este valientejefe tuvo algunas entrevistas, si n ó conferencias, 
con el General Martínez Campos; pero 00 quiso tratar del asun- 
to de la pacificación de la Isla. 

En iSjS que fué entrevistado por un repórter del World, ma- 
nifestó BU grande entereza para seguir combatiendo, á pesar 
de que se hallaba, en los momentos de la entrevista. beHdo en 
veintidós distintas partes del cuerpo, á consecuencia de los com- 
bates empeñados últimamente con los voluntarios. De estas 
lesiones dieciseis eran de bala, y las demás de machete. 

Las decantadas reformas, prometidas desde tantos años antes 
uo se llevaron á cabo, ó mejor dicho, no se (rato de ponerlas 
en práctica sino hasta diez y siete años después, que ta guerra 
separatista hÍKo explosión de nuevo, según lo veremos en el 
capítulo que sigue. 

La insurrección que terminó en 78 costó á España mucho 
dinero y muchas vidas. De 300.000 voluntarios enviados en el 
transcurso de 68 á ^8 sólo quedaban al fin de la guerra 130,000; 
es decir, había desaparecido más de la tercera parte. 



Además de las expediciones que hemos citado ya detallada- 
mente, en la imposibilidad de publicar una nota completa men- 
cionando cada una, haremos constar sólo algunas de las prin- 
dpales fletadas en tas costas americanas, durante la primera 
insurrección. 



Sabido es que estas expediciones eran por lo get 
diadas furtiva me 11 te. apelando é. mistificaciones y engaños pa- 
ra evitar fuesen estorbadas á su salida ó al desembarcar en 
Cuba. 

A muclios de los vapores que las conducían se les cambiaba 
el nombre ó la baudera, ó ambas cosas-, la mayor pane eras 
destinadas á uu supuesto consiguatario, con la manÍfe§taci6o 
de dirigirse á un lugar lejano de Cuba; trasbordaban su carga- 
mento en alta mar á otro buque prevenido de antemano, el qoe 
lo conducía á su verdadero destino. 

Por tal razón no dejaban buella de su salida ni su desembar- 
co, porque éste se verificaba en un tugar despoblado de la cos- 
ta cubaua. Gran parte Iban en goletas ó barcas sin nombre 
6 lo ocultaban cuidadosamente sus fletadores. 

Les escritores españoles que describen el principio de aque- 
lla guerra dicen, como O. Emilio Sonlére, que •dianameata 
salían expediciones,' lo cual, prescindiendo del sentido hiper> 
bolleo de la frase, dá una idea de la mucha frecuencia con que 
se repetían. Por este y otros fundamentos no es aventurado 
afirmar que los datos que publicamos en seguida sólocompreo- 
den una pequeña parte del total de expediciones babídaseotos 
cuatro primeros años de dicha guerra. 

Para que se vea el valor de los servicios que á los insurrectos 
hacían los simpatizadores americanos, hay que notar que algo- 
ñas de estas expediciones costaban millones de pesos, y los ar- 
> tfculos de guerra se remitían en cantidades fabulosas. La ex- 
pedición del «Arago.» por ejemplo, que está muy lejos de ser 
la más importante, llevaba 6.000,000 de cartuchos metálicos, 
10,000 fusiles, doce cañones de á 6 y á 12, 2,000 arneses cota* 
plctos y varios proyectiles sólidos y huecos para los cañonet. 

No creemos ocioso hacer constar estos apuntes que re\-elaa 
lo que en el curso de este libróse baila patentizado: los ene> 
mtgos de Kspaña encontraron desde un principio grande apo- 
yo ea los Estados Unidos. 



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CAPITULO IV. 



Uartín» QunpM, pacifi¡Mdar de U lala. — SegimdA iuiinrrscci<5n cuti>n&, — Jcfna 
nirolucion«riiia. — Airtitml dt Esi»ft««nleel movimiento. — Segnndo mkDtio 
(leí Umcrt) M^rtluit CaoipeB— rrimn dt Rivc:a y Wcjlet.— El l'imii- 
íleiirn V I-I S'iiíJo «inovifluio il«»pnielii>ti U eondupü del Gener»! Weylut 
en Cutí*,— Ksuds de ]• glicr» de Inaunvcción «1 tho de 1S97- 

I 



JN grandes muestras de alegría fué recibida la noti- 
cia de lEttetininacióa de la guerra por todos los ha- 
bitantes de la Isla. 

Aquel pueblo Iras nueve años de constante lucha. 

bentiase ya exangüe, ávido de recobrar su tranquilidad y de 
volver al camino de la paz benéfica que te relubililnra en sus 
Inmensas pérdidas, causadas por la tea Incendiaria y por la d*- 
vaslacióii que tras .if babfan dejado las hordas de faragidos, 
mezclados, para confundirse, cou los patriotas. 

Aquellas ramiliashuérfanas, aquellas hogaresdesiertos, aque- 
llas tribns acéfalas, clamaban piedad de uno á otro confín de 
Ib Antilla, y pedíau en nn tono más conmovedor que el que pu- 
dieran baber empleado lodos los oradores del niuudo, el térmi- 
no de tanta crueldad y desolación. 

El general Martínez Campos fué el afortunado gubernanteJl 
quien cupo la suerte de realizar en pocox meses lo qae sus an- 
tecesores no babUn logrado en varios sños. 

Uniendo la severidad á los bálagos fué poco apoco dome- 
ñando á aquellas huestes retaacias á todo lo que significara ce- 
Jar un punto en sus propósitos, hasta conseguir que acudieran 
dóciles á su llamado, para firmar las bases de un convenio 
amistoso. 

El pueblo le aclamó entonces llamándole el héroe de la paz. 
Fué objeto de múltiples manifestaciones de gratitud por haber' 
pnesto fin á aquella guerra que amenazaba acabar con los ba> 
hitantes de la comarca. 



46 

Pera celebrar este plausible scontecimieuto se orgauizaroa 
festejos públicos. 

Desgraciada mente aquella paz no fué tan duradera como ha- 
bría sido (le desearse. Los jefes insurgentes que no qiiií¡Jerou 
adherirse al tratado de Zaujón. emigraron de la Isla para con- 
tinuar paulatinamente sus trabajos separatistas, en las juntas 
revolucionarias de Estados Unidos. 

Algunos escritores españole» así lo comprendieron y encare- 
cÍhii uI goijlcinij la necesidad de implantar en Cuba las soñadas 
reformas, ya que no la autonomía. Kl escritor J. Sednno dijo: 
"la guerra de Cuba está aniquilada, está vencida, pero no está 
muerta y no lo está por culpa del gobierno, ni lo estará mien- 
tras no se cambie de conducta." (i) 

Desde poco tiempo después de firmada la capitntación por 
Máximo Gómez, se reorganizó la Junta cubanadc Nueva Voife 
y se empezaron á reunir fondos para el envío de expediciones 
filibusteras cuando llegase la ocasión propicia para reanudar 
la guerra. 

Hsta Junta tenía ya entonces delegados en nuestro país, en 
Colombia, Brazil, Venezuela, Perú y casi todas las repúblicas 
sud -americanas. 

No cesaron por completo las tentativas de invadir á Cuba y 
resucitar la revolución. Durante los dieciseis años que liansca- 
frieron de una á otra guerra, hubo pequtños levantamientos 
sin importancia, except] uno verificado en 1884, que llegó á 
lomar serias proporciones, pero fué extinguido al cabo. 

guando el tratado del Zanjón cumplía exactamente dieciseis 
años de terminado, estalló con más fuerza la refolución cu- 
bana. 

Las primeras noticias que se publicaron & este respecto afir- 
maban que una partida de bandoleros había aparecido en la Is- 
la y que su única misión eran el robo v el pillaje; poco después 
se supo que no una, sino varias gavillas merodeaban en los ca- 
minos cometiendo toda clase de depredaciones é infundiendo Ib 
alarma entre los pacíficos habitantes. 

Que no era esta la verdad de lo ocurrido en Cuba lo demos- 
trattan claramente dos hechos muy significativos. Hl uno era la 
¡Dusiiada festinación con que se discutían y aprobaban eo las 
Cortes las reformas para la Antilla, siendo inmediaumeute 
"probadas y puestas en practica, á la sazón que circulaban loe 
nimores sobre tales desórdenes. El otro hecho correlativo fa¿ 
el nombramiento del general Maiiinez Campos pata Capitán 
general de la Isla. 



(IJ Bailio Soulírt. "tlid 



a Ita intuirFceionM ile Cuba." Tomo II. 1 



47 

En efecto, se trataba de reprimir no ja Ins correrías de unos 
cuantos foragidos sino el reuaciiiiícnCo déla íiisuirección. y con 
este motivo, á la vez que se planteaban Us reformas pedidas ha- 
cia tsnio tiempo, que quitarían el pretexto de \n revolución, 
se enviaba al Mariscal Martínez Campos, único que liabfa po- 
dido extinguir eu poco tiempo la pasadü guerra, y cuyos bue- 
nos servicios tenía muy preseutes el gobierno españul. 



II 



Er« en realidad el peligro tiiás serio de lo que al principio 
se su|!u»o: lus jefes rebeldes Barl'ílomé Mas^ó. Ati'.oiuo I.ópe/. 
Amador Gnerrn, Santos Pérez Colona, Manrara, Mito. Rabí, 
Dr. Juan Gu.ilbetto Gómez, Martí y otros habían dado el gri- 
to insutrecto eu el pequeño pueblo de Baire, secundados por 
muchos de sus partidarios. 

El luovimíeuto principió con gran fnerza. A fines del mes de 
Febrero había sobre las armas 6,oou rebeldes con municiones 
suficientes de boca y de guerra, y se afiliaban por centenares 
los descuuteulos. De la junta de Nueva York se haliíau reci- 
bido provisiones y armamento americano y continuábase ayu- 
dando por todos los caminos al movimiento. 

El i6 de Abril de aquel año llegó á la Isla el general Martí- 
nez Campos, nombrado para dirigir las operacioiie-i, y pocos 
días después contaba con 40,000 voluntarios enviados de Espa- 
&a, Tambi¿u el general Primo de Rivera tomaba poseslónade 
su mando, 

Máximo Gómez que había permauecido fuera de la Isla de- 
sembarcó el mismo mes, procedente de Santo Domingo, trayen- 
do algunas tropas y provisiones. 

V.oh-ieron pues á desarrollarse escenas idénticas á las de la 
insnrríícción pasada. Se inició la más ruda campafia con- 
tra los rebeldes á qnieoes ae trataba como bandidos; ellos por 
su parte no queriendo desmentir este dictado, se hubierou de 
«Utrej;ar A toda clase de excesnM y depredaciones, incendiando 
las sementeras y hoatili/.ando á todo el que no St^ alistaba en 
sus filas. 

El general Martínez Campos publicó desde luego una pro- 
clama excitando á In sumisión á la autoridad é imponiendo se- 
veras penas á los que contribuyeran directa ó iudirectameute 
¿ la continuación de lu guerra, y después de dlclad-ix estas me* 
didas emprendió la campaQa personalmente, con mucha acti- 
vidad. 

Sus esperanzas fueron tales al principio, que eu unj 
lilcsción oficial aseguró al gobierno de Gspuña qu« ll 



48 

rión eia obra de pocos meses, pues babía destruido los pijucl- 
pnles focos del desorden. 

Casi al tuismo tiempo el jefe rebelde Guerra enviaba el si- 
guiente mensaje á su correepousal en Cayo Hueso: 

«Diga al Herald prevenga á nuestros numerosos amigos en 
los Estados Unidos que no crean lodos los cuentos sobre derro- 
tas de revolucionarios, inventados diaiiamente pnr Us aulott- 
dades españolas, pues son absolutamente fa|t.as Nuestra situa- 
ción) es muy satisfactoria y para mediadcíi de Junj 
raos en campaña 30.000 hombres. i> 

El periódico referido envió poco después á dos repreaentai 
tes suyos á España, con objeto de que inquiriesen el verdndi 
estado de la opinión de los hombres promineutes, sobre lu cues- 
tión de Cuba. I,os enviados especiales del ífetald pudieron c 
probar que existían el) Eipaña dos sentimientos que doiui 
ban á todos los demás á snber: un deseo general de cullivaí 
las más amistosas relaciones con los Estados Unidos y una de 
cidlda y unánime resolución de que España uo se deshiciera 
de la isla de Cuba por niiigilu motivo. 

Tal fué el resultado de las consultas hechas á Cánovas di 
Castillo, Sagasta, Moret, Castetar y á los jefes de la opOsi< 

III 

A fiues del año de 95 el ministro españolen Washington S 
Dupuy de Lome, describiendo el c.irácter político de la gtlffTÍ 
de Cuba, la posibilidad de extinguirse y la influencia amerll^ 
n#, se expresaba en estos térmiuos: 

"V.» lusurieccióu cubana es un fracaso. Mas suponiendo ^H 
mañana triunfara y se realizase la absoluta i u de pendencia C 
Cuba, el resultado sería la división de la Isla en dos goblen 
el de Oriente que formaría una república negra, y el de Ocd'^ 
denle, con una república blanca. El alzamiento es puray si^^ 
plemeote una iusurrección negra, aunque 00 he de negar qn 
haya blancos identificados con el movimiento, porque íh 
habrá visiouarios, criminales y vagos dispuestos á tomar pnfl 
en cualquiera reyerta. • jt 

•Cuanto más adelanta el movimiento, más claro se v« vieti^ 
que sus jefes son criminales y que su obra se dirije prindpi 
mente contra la propiedad particular. La grau mayoría de I 
población cubana no simpatiza con ellos. Casi todos los cabed 
lias de más ¡mpoitaticia son negros; el único blanco de cttantl 
en las filas insurrectas es Máximo Gómez, y estoy persuadid' 
de que ha recibido $ 45,000 por sus servicios. No es la prim 
vez que se ha vendido, y el general Marlfuez Campos ptu 
probarlo. 



I 



49 

. Los tasurrectos se propone» ahora enviar á Cuba á Caüxto 
Garcfa, porque compieuden la necesidad de tener más jefes 
blancos, por el efecto que esto ba producido en el exterior. 

«García debe la vida á Espeña, su hijo fué cuidado por nues- 
tro Gobierno, y después de todo no tía titubeado en fallar á su 
palabra de honor. García es un monumento viviente de la cle- 
neocia española. 

"Hay muy poco peligro de que los Estados Unidos reconoz- 
can como beligerantes á les rebeldes, que no son otra cosa sino 
merodeadores dedicados á destruir sin consideración ninguna 
más las propiedades de americanos y Cubanos que las de espa- 
ñoles. La razón por la cual los rebeldes quieren que este país 
los reconozca, es porque de este modo esperan fomentaran es- 
píritu de malquerencia, y, finalmente, la guerra entre Espeña 
y los Eslados Unidos, para que los soldados americanos vayan 
á pelear por ellos. 

«Estos conspiradores contra la pRz de las dos nacÍO[)e.<i saben , 
muy bien que las fuerzas españolas se encuentran y marchan 
sobre el enemigo, éste .se fracciona en pequeñas partidas que 
huyen. Si los Estados Unidos reconocieran el estado de beli- 
gerancia ala insurrección, España adquiriría el derecho de bi- 
sita en alta mar. En viitnd dfl mismo, e! de registrar, y regis- 
traríamos á los buques sospechosos que se dirigieran á Cnba, 



Las pretensiones de los insurrectos no se inspiran en 
il« buena f¿, no siendo otra cosa que esfuer^oi, apenas disfráza- 
los, para enredar eu graves dificultades á los dos gobiernos, , . 



MuchHs personas preguntan: ^eu qué consiste que el Gene- 
il Martilles Campos no concentra sus tropas, marcha contra 
las gueri üas y acaba con la insurrección? Tanto valdría que 
yo pregur.tara por qué el Jefe de policía de Nueva Yirk no se 
pone á la cabeza de numerosas fuerzas de policía anifarmada y 
marcha contra los criminales que infe.stan la ciudad, acabando 
de una vez contra las trangresiones de la ley? Cada vez que las 
fuerzas espsñidas se conceutreu y marchan sobre el enemigo. 
'éste se fracciona en pequeñas partidas que huyen y se ocultan 
en loa montes. Kuestras tropas no pueden estar á la vez en to- 
las partes, 
■ Las partidas ó guerrillas se ptesentau"ubrepticiainente en tal 
cual lugar, robando y quemando á su paso y cuando se envía 
na columna á castigarlos, se desvanecen. Es cosa difícil el 
coger á las guerrillas y bien claro lo ha visto el Gobierno ame- 
ricano en sus luchas con los indio.i. lio quiere decir que entre 
los insurrectos no haya hombres valientes, ni que no peleen de 
vez en cuando; pero sus operaciones do constituyen verdadcia 



guena Los rebeldes y sns jefes negros ao se dedican & peletr 
conlia los soldados de BspaSj, sino más bien á peijodfcor I* 
propiedad patticular. 



■ BspBfia ha envisdo á Cnba 190.000 bombre de bopa y el 
mes entrante se enviarán 7.000 más. en adicióa á ua tegímieDto 
de antllería montada y á un batallón de señales. 

• España tiene toda clase de elementos para sofocar la ídsH' 
rreccióu; los rebeldes uo tienen la menor probabilidad de éxito, 
y es cuestión de tiempo el <iue. agotados sos recursos, se entie* 
gueu. La masa general de las partidas podrá hacerlo sin temor, 
pero los cabecillas, responsables de los crímenes cometidos, 
serán csslign(lr><i severninente. 

■ Ccmpieiido luuy bien los seutÍmtenlo<s qne lian impulsado 
á muchos ciudadanos de este pafs á hablaren favor de lo que 
crefan una lucha por la libertad. Pero el verdadero carácter d« 
la rebelión 110 se puede ocultar y se va comprendiendo. Bl Go- 
bierno de los Estados Uuidos ha manifestado honrosas dispo- 
siciones á cumplir las obligaciones que le imponeu sus Uaiadot 
con España; más sin que pretenda formular censaras cdi 
tosas, parece que las leyes del país son bastante eláatlcu 
pata permitir que personas que un día se denominan cubaaM 
y al día siguiente ciudadanos americanos, tengan esiabledüs 
en Nueva Voik un centro desde el cual llevan adelaole de la 
manera más pública, operaciones dirigidas á perturbar el sode- 
go del territorio de una nación que está eu paz con los Estados 
Unidos. 

■España A traído á Cuba á un estada de gran prosperidad. 
Recuérdese lo que era Santo Domingo bajo España y mírese 
el estado en que se haya hoy. 

■Lo mismo digo de los países de la América del Sur, baUan- 
do desde luego con el respeto debido á esos jóvenes gobiernos. 

«La mayor desgracia que podría sobrevenirle á Cuba s«íl 
perder la protección de España. Aií lo comprende la mayoifl 
del pueblo cnbauo, y por eso no simpatUa con los nhá" 
des.« 

A fines de Enero fué removido de su puesto el general Mar-; 
Ünex Campos, quien at ser entrevistado por uur^^^riVr, d^o:>yi 
no soy Capitán General. Ahora soy an particular, y puedo á» 
cir á U. qne mi rem»ci&n ne dará ios remiioáos que se oáñ ' 
cande.» 

IV. 

-. ]?aé nombrado interinamente el general Marín y tt pr^ncttiio* 
éit Febrem He qf> bs nncohró al general Ü. Valertaiiu \/*j\ 
pnia i{ne )>[.isi(;niese la catnpriii. 



5» 
Cuando desembarcó en la Isla se expresó en estos términos 
''A cerca de su misión: 

*I,a aitnaciÓD es muy grave; con el enemigo á sóÍo nueve 
millas de la capital; con el espíritu de las tropas españolas ba- 
jando más cada día; con el ejército inútilmente subdivídido 

■ en pequeños destacameutos, no es pcsibte que baya un peor es- 
Vtadode cosas.» 

B. No repetiremos aquí las proverbiales medidas ext lemas áque 
R apeló el Geueral Weyler, sólo diremos que at ser publicado el 

bando cu que las anuociaba, obtuvo como contestación otra 
proclzma de Máximo Gómez, en que le bacía saber que si fu- 
silaba á todos los piisioneros de guerra, él, (Gómez) en justa 
m represalia, haría fusilar también á todos los españoles que vi- 

■ ni eran á sus manos. 

H Se expidió por Weyler el memorable bando que disponía la 
f concentración en las ciudades, de todos los campesinos y en ge- 

oeral de cuantas personas residiesen en el campo, las cuales 
deberían refugiarse dentro de las líneas españolas, para ser pro- 
tegidas. Todos ios [pasaportes y salvoconductos fueron decía- 
lados nulos, y conforme á una segunda disposición, todoet que 
desease viajar por el interior, tendría que solicitar pasaporte, 
dando garantías de su persona, objeto de su viaje, papeles etc. 
Y por fio expidió uu tercer baudo por el cual delegaba pode- 
res y focnltades extraordinarias en el ramo judicial, á los di- 
s Generales y jefes del ejército, con objeto de juzgar su- 
mariamente á los reos políticos. 

A! día siguiente se leía en los periódicos este cablegrama de 
Lia Prensa Asociada: ' 

■Hl l>residente Cleveland está muy indignado contra los ban- 
f dos publicados por el General Weyler en Cuba. Los considera 
bárbaros y contrarios á todas las reglas de un estado de hosti- 
lidades entre naciones civilizadas. 

>L& medida que todos los habitantes de los cauípor abando- 

»Deo sus propiedades y se pongan al abrigo de las líneas espa- 
fiolas, y que de no hacerlo así serán considerados como rebel- 
des y tratados como tales, la considera como altamente atenta- 
toria, sobre todo en el caso de ciudadanos amerícauos, que 
poseen valiosas propiedades en los campos.* 
En 21 de Febrero comunicaba lo siguiente, ccn motivo de los 
debates en las Cámaras, para la adopción délas iresoluciones,» 
el representante de la Prensa Asociada; 
•Las probabilidades de nna guerra con España, como renul- 
tado de la adopción por el Senado de la ■■resoUicióui' recono- 
ciendo la'beligerancia de los revolucionarios cubanos, han con- 
vido ayer á todo el país desde Alaska hasta la Fiorida: y 
discurso del senador Morgan ha sldoel tema cbligmlo de 
todas lascotiversaciones. 



n 



52 

"En general no es una sorpresa para el país el que se Uegae 
á reconocer la beljgeraacia délos Tevolucion arios, porque tal 
reconocimiento es el deseo claramente expresado hace mticho 
tiempo de todo el pueblo americano. 

■ En cuanto á los temores de que sobrevenga una guerra con 
España, con motivo de tal reconocimiento, el senador Lodge 
dijo ayer qne es el deber de los Estados Unidos obrar Grmeoien- 
te siu vacilaciones y de una manera efectiva y agregó «las pa- 
sadas relaciones entre los Estados Unidos y España no presen- 
tan lazo alguno de gratitnd, de consideración, ni mucho menos 
de intimidad ó de sangre, para hacernos vacilaren lo que de* 
bemos hacer.» 

■Entre los asertos del senador Morgan ñgura el de que Es' 
paña, al ña y al cabo, agradecerá á los Estados Unidos el que 
le ofrezca una oportunidad de declararte la guerra, 'porqae de 
esa manera se desembarazará de Cuba con cierto decoro." 

«La idea de una guerra con España, dijo Mr. Morgan, uo 
debe hacer vacilar al Congre.so en adoptar la resoluctóu, que 
reconoce la beligerancia de los cubanos hacia los cuates hay la 
obligación de parte de los Estados Unidos de ayudarlos á Sñ. 
lir de la insoportable tiranía qne, justamente, quieren sacudir.. 

"Mr. Pratt preguntó qué efecto tendría In aprobación de la 
resolución sobre beligerancia, sí el presidente Cleveland lenie- 
ga la suya. 

'Mr. Morgan contestó que la cuestión es muy delicada y que 
^ merece ser estudiada. 

"Mr. Hale dijo: «jo creo que la guerra con EspsSa tiene que 
ser el resultado de una resolución que, en este sentido, tome- 
mos.» 

"Mr. Morgan continuó diciendo que «es evidente que el or- 
gullo de España está en juego en la pérdida de la isla de Cuba; 
pero que también lo es que preferirá perderla en una guerra con 
los Estados Unidos y no porque los cubanos se la arrebaten.' 

■ El uiismo senador cuando continuó su discurso se quejó de 
la condición de [os cubanos en aquella guerra, llevada i cabo 
coutra ellos por el general Weyler con toda clase de actos de 
exterminio, hasta convertir la isla en un cceanü de sangre. 

Los diarios de Madrid y de la Habana contestaron á las fra- 
ses de Morgan en un tono áspero y vehemente. 

/¡I Imparcial de Madrid acusó al Sr. Cánovas del Castillo 
de tener un exceso de paciencia cou "esos yankees.<¡ 

El mes siguiente se observaba ya en toda España ua morl' 
miento antiamericano. 

En San Sebastián se había abierto una suscripción para la 
compra de buques. 



53 

3n Toledo, Málaga, Cádiz y Salamanca, hubo maniresta- 
Clones antiamericaDas muy vehementes. 

Estas demostraciones desordenadas aumeotarou desde que 
el 6 de Abril siguieote se aprobó por la Cámara de represeu- 
Untes americamis el recoooc i miento de la beligerancia cubana. 

Poco después de esa fecha se abrió en Estados Unidos una 
suscripción & ua empréstito de 2 000,000 de pesos sobre bonos 
de ia República Cubana, con gran éxito. 

Desde California á Maine hubo demanda por elloa y se pu- 
dieron colocar á 62j4 centavos en cada peso, por término me- 
dio, y en muy poco tiempo. 

Las alarmantes noticias propaladas por los periódicos amerí- 
cauos en Abril de 96 contribuyeron no poco á aumentar la ti- 
rantez de las relaciones diplomáticas entre España y los Esta* 
dos Unidos, así como también, el haber sido expulsados el mes 
siguiente por el General Wcyier tos periodistas corresponsales 
del IVorlii y el fournal, de Nueva York. 

Citaremos dos despachos de la Agencia «Panamerican News 
Burean» fechados el 39 de Abril, que refieren dos estupendas 
historias, sin otro resultado que el que acabamos de indicar; 

oNueva York, Abril 29. — La legación española en Washing- 
ton y el Cónsul General de Bspaña en este puerto acaban de 
descubrir un plan fraguado por cubanos para volar uu buque 
de guerra español y al mismo tiempo interceptar uno de los 
vapores trasatlánticos españoles y apoderarse de una fuerte su- 
ma de oro que el gobierno español envía para pagar á sus tro- 
pas. 

•■Tratábase además de apoderarse del puerto de Nuevitas 
haciendo ciertos movimientos en la parte oriental de la Isla á 
fin de provocar la concentración de tropas en aquel rumba para 
debilitar la vigilancia de la trocha." 

A la vez se cruzaba el otro mensaje, do meaos alarmante, 
fechado en la Habana. Su conleaido era este: 

■Ayer á las 11 y 30 de la mañana ocurrió una explosión que 
.se cree fué de dinamita ó de algún poderoso explosivo en el 
palacio del Capitán General. 

■Las averiguaciones practicadas revelan que la expIosi6:i oca- 
rrjó en una covacha en la parte baja. Una parte del edificio que- 
dó convertida en un montón de escombros; las paredes que no 
cayeron están cuarteadas. 

•Ud cajista de la imprenta de la capitanía general fui he- 
rido. 

■Al principio se creyó que había hecho explosión una <te Ua 
calderas de vapor; pero á poco no cupo duda alguna que U ex- 
plosión había sido causada por cierta cantidad de dtaamUf 
Ignórase todo pormenor.» 



54 

Reproducidos ambos telegramas por muchos periódicM de 
tratados Uuidos y de otros países caiisaion gran »n«acidn, y 
más cuando ocho días después, aún no se publicaba la comple- 
ta rectificación de tales falsedades. 

Otro iacideiite notable fué la captura de la expedición fili- 
bustera que conducía el vapor americano «Corapetilor.» por las 
circunstancias que la acompañaron. Sus tripulantes eran casi 
todos americanos y al ser capturados se hizo fuego sobre ellos, 
dando muerte á seís. Los demás fueron puenins en la pri^tóo 
del Morro y juagados por nn consejo de guerra. 

Llamó eutunees la aleución qtie al mismo tiempo que el tD(- 
niíitrn amejicano en la Habana, pedia ciertas explicaciones tJ 
gobierno de la 1^1 a sobre el caso del "Compelitor," recibiera 
orden la escuadra del Norte Atlántico para reunirse en Toinp- 
Icíusviile, 



Entre tanto la guerra continuaba en Cuba con más encarni- 
zamiento por una y otra parte. 

Los siguientes datos de origen español, reveUn que la *CIÍ- 
vidad de la campaña en aquella segunda levolnción hiibfa an- 
mentado en 1896, Estes dato:', ccnfr< nladcs con los (íe otras 
fuentes, resultan acordes. Del 34 de Febr<^ro que empezó ta 
gnerra á Diciembre 31 de 1895 las bajas del ejército revolucio- 

Muertos: 26 jefes y oEciales y 1 190 soldados. 

Heridos: 358. Prisioneros: 4 jefes y oficiales y 330 bombres. 

Hasta el día último de Abril, en los caatro meses transcurrí* 
dos del año de 96, tuvieron además estas bajas: 

Muertos: 37 jefes y oficiales y 3085 hombres. 

Hejridos: 12 jefes y oficiales y 1618 hombres. 

Prsionerns; 12 jefes y oficiales y 350 bombres. Además de 
13 jefes y oficiales y 670 hombres que se rindieron. 

Su cuatro meses de 96 tuvieron pues los rebeldes 3123 muer* 
tos; en tanto que en poco más de los diez meses anteriores so- 
lo habían tenido I3t6, ó sea siete veces menos, próximamente. 

El total de bajas habidas en los catorce meses, en las filas 
insurrectas, es de 4338. 

En cuanto á las de los espaiíoles, según los mismos datOB 
oficiales, de fueute española, habían sido, desde el 24 de Fe- 
brero de 95 en que estalló la guerra, hasta el día último de 
Marzo de 96, las siguientes: 

Muertos por efectos del clima y de accidentes de la guerra: 
3 gf tírales, jgjtfes, 272 cficisles y 4892 hombres: total. S'99- 




I 



55 

cirias dea una ¡dea oo sólo del crueuto sacríGcio queá 
C(i taba la guerra, sino tambiéa de la actividad con que 
eran dirigidas las operaciones por el general Weyler, según 
hemos dicho. 

Cou todo, no rué este el peiíodo álgido de la lucha, como se 
verá en seguida. 

Este militar cuya extremada rigidez se ha querido traducir 
en crueldad, no fué á hscer la guerra, según su? mismas expre- 
siones, «con caramelillos,» eí>to es. las medidas severas no es- 
casearon en todo el tiempo que la campaña estuvo dirigida poi 
él. Tenía órdenes del gobierno español para acabar con la in- 
surrección, y cumplía con ellas fielmente. 

Hoy que el éxito de la guerra no ha sido de España, se oyeu 
entre sus raismu.i compatriotas, muy duras recriiuÍuacÍone-i á 
SU pr( ceder, 

Pero (Son fundados los cargos que se le hecení 

Una de las cnestiones más viejas eu el mundo es, sin duda, 
la de, basta qué punto permiten los usos de la guerra emplear 
loa actos de crueldad. El que dispone de la tuerxa puede trans- 
gredir los usos y costumbres, ya que no se puede decir las le- 
yes de la guerra basta el límite que marque su voluutad. Yco- 
mo no se crea que esto es una mera teoría, recordaremos el he- 
cho de haber disparado la artillería alemana contra las ambu- 
lancias de la Cruz Roja, eu la guerra franco-prusiana. Recorda- 
remos los hechas que hemo.s narrado en la guerra de los Hstadoa 
Unido*, que se ahorcaban en las plazas públicas, después de 
confiscar sus bienes, á los part'datios de la abolición de U es- 
clavitud, ó los abolicionistas ahorcaban á sus enemigos. 

En nuestro país, ¡no tenemos una multitud de hechos análo- 
gos al de la ejecución de los jovencitos practicantes de medici- 
na, de ios mártires de Tacubaya, que en el largo periodo des- 
graciadamente fecundo en guerras, que acabamos de pHScr, se 
desarrollaron? 

No creemos asista pues ningún derecho de reclamar una con- 
ducta humanitaria á los que se lanzan á la guerra. La guerra 
es en sí misma el trastorno, la anarquía de todos Ifs derechos. 
El juez de ella es únicamente, lo ha sido y io será, la fuerza. 

Forestas mismas consideraciones lio creemos haya asistido 
DÍngún derecho á los Estados Unidos para inmiscuirse eu la 
cuestión de Cuba, so pretexto de las crueldades cometidas por 
Weyler. 

Los actos de crueldad no fallan en ninguna guerra, mas cuan- 
do esta es de larga duración. 

Weyler redobló sus esfuerzos para extinguir la insurrección 
á fines de 96. Después de haber establecido la línea de dcfettu 
llamada la Trocha, que dividió tas provincias sublcvadudt 



I 




56 

paite pacífica, inmediaU á la Habana, tlev6 á térmtao rápida- 
mente la leconcentTación de los catnpesicoa eo Us ciudades 
protegidas por la guarnición española. 

Eslabieció en la Habana el centro de §tis operaciones y co- 
municaba por telégrafo sus órdenes á los jefes españoles envía- 
dos á distintos rumbos para combatir á los insurteclos. 

Con estaH medidas, así como con la deportación á Fernando 
Poo de algunos presos polElicos y miembros de la prensa de la 
Habana, se creyó que la revolución estaba próxima á ler- 

Las expediciones filibusteras coulinuaban con pequeños in- 
tervalos. El ■Tbree Priends.uel «Laureadany el -Bermuda» ba- 
bisQ desembarcado grandes cargamentos y dieron margen á laa 
reclamaciones del ministro español Sr, Dupny de Lome díriji- 
das al gobierno americano, y como consecuencia de éstas, el 
primero de dichos vapores fué decomisado eu Jacksonville por 
orden del Ministeiío de Hacienda. 

En Noviembre del año á que venimos baclerido referencia 
presentaron al Ministerio de Relaciones de Estado-^ Unido» va- 
rías reclamaciones los ciudadanos americanos residentes eu Pi- 
nar del Rfo. lugar en que se había localizado la guerra. 

Pedían se les indemaisara de tas pérdidas que la revoludóa 
lea había ocasionado. 

El presidente Cleveland viéndose cohibido por numerosas 
peticiones de la Unión americana, pidiéndole fuese reconocida 
la beligerancia de los cubanos ó la intervención t-n la guerra 
de Cuba, no quiso tomar ninguna determinación. En visl<4 de 
lo manifestado por Weyler al gobierno español, eu cnanto á U 
terminación de la guerra en la Navidad, optó por esperar el 
resultado de la lucha. 

El gobierno español ante aquella actitud de los Estados Uni- 
dos, recomendó al general Weyler que redoblara sus esfuerzos 
para acabar con la insurrección cuanto antes, Y asf lo hito ea 
cumplimiento de las órdenes recibidas. 

El jefe insurrecto que mayor resistencia había hecho á ]as 
fuerzas españolas, distinguiéndose por sus actos de 7alüren los 
combates librados contra las huestes que mandaba, era enton- 
ces José Antonio Maceo, que no había querido someterse al tra- 
tado del Zatijóa cuando terminó la guerra pasada en 78. 

Maceo era hermano de otros seis jefes que por aquellos dUa, 
habían ya sucumbido todos, peleando en las filas de la insu- 
rrección. Iba siempre á la cabeza de sus soldados y contaba ys 
con 15,000 hombres que lo seguían. 

Logró sorprender la vigilancia española y trasponer el Cdrco 
llamado la Trocha, y fué el primer jefe rebelde que lo hacía 
basta entonces. 



57 

Weyler ordenó la persecución de este caudillo, personalmen ■ 
te, y eo los primeros días de Diciembre pudo ser muerto en una 
emboscada á donde lo condujo con falsedad un Dr. Zertuche, 
que era su médico de confianza. 

Muerto este jefe, así como lo habían sido ya antes Martí, 
Delgado, López Coloma, Serafin Sánchez y otros, se esperó más 
aún en la completa paciñcacióu de la Isla. 

t,\ día lo de Diciembre se presentó al Senado americano la 
siguiente proposícíóo, subscrita pot un senador de apellido 
Cullon: «Resuelto:» 

Por el Senado y la Cámara de Diputados que la extinción 
del derecho español y la terminación de la dominación españo- 
la en las islas que forman la entrada al golfo de México son ne- 
cesarias para el bieuestar de aquellas islas y el bienestar de los 
Estados Unidos. 

■En la guerra actual que ba durado 2: nie.ses, España ha des- 
perdiciado ioo.ooo,ooode pesos, y llevada al campodebatallaá 
300,000 hombres y niños, y como be dicho anles, yo creo que 
es deber de los itstados Unidos hacer uso de su gran poder pa> 
ra declarar y sostener como una prerrogativa de derecho que 
pertenece al republicanismo en general y á esta República en 
particular, que uo debe continuar esa masa de ruinas en las 
aguas de las Indias Occideutalcs, (cuyas olas tocan en uuestros 
puertos) por más tiempo que el necesario para acabar la guerra. 

■Y si eso no da resultado podríamos considerar la convenieu- 
cia de comprar la Isla pagándola bien. Ya de eso se trató du- 
rante la adiuiuistracióu pasada. Y no es que queramos el terrl* 
torio, lo que queremos es que el mal tenga un justo arreglo y 
termine. Hagamos que esto tenga fiu pronto. Que cese el de- 
rramamiento de sangre y que se glorifiquen la libertad y la hu- 
ma nidad." 



VI 



Al priocipiar el año de gy las probabilidades de pacificar la 
isla de Cuba se multiplicaban ajuicio del CAbíuete Español. 

A raí/, de los triunfos obtenidos por el ejército sobie los re- 
beldes, se preparaba el envío de nuevos refuerzos para el ejér- 
cito voluntario, que linuiciiiMiía cu diez 6 quince tuil hombres 
más, con lo cual. dml,. iJia revoluciona- 

rias que iban perdiei" 'Aadose ana re- 

cursos, uoeraunsim¡<: iniiqlwDe patrió- 

tico de España el supui.^. -¡^^ «i..v.. ..-. ..^^... ^neMdAQdelas 
lluvias se habría logrado la icinitiai^iii* •'•^ •■ t/i'em stn dada. 



No contaba Bspaña para obtener estos resultados, coa la lo» 
gereticÍB de los Estados Unidos, q\ie, aunqae era solamente 
moral cotonees, bae{a eu la práctica muy embarazosa la con- 
ducta que debiera seguir con los insurrectos. 

Por nua parte la creencia arraigada cou firmeza así en el go- 
bierno como en el pueblo, de que el abandona de la Isla Íin< 
pilcaba la de.sbonra de la nación, no le permitía ceder un panto 
en el ejercicio de sus derechos sobre la colonia. Por otra, la per- 
sistencia en su maoeía de obrar respecto á los asuntos de Cu- 
ba le traería irremisiblemente un conflicto con los Sstados Uni- 
dos, que habían manifestado por medio de su presidente y mu- 
chos diputados y senadores, que si el &a de la campaña contra 
la insurrección uo estaba próximo, interveadrfan francamen- 
te, lo cual era imposible que lo tolerase España siu declararles 
la guerra. 

En este estado, continuaba la gestación laborante no ya eo 
Nueva Vork, Cayo Hueso, Nueva Orleans, Boston y las ciu- 
dades donde tenía juntas el partido revolnciouatio, sino hasta 
en los lugares más apartados. 

Hombres políticos de todas clases discutían públicamente los 
asuntos de la isla de Cuba, se adherían á la causa de los revo- 
lucionarios y condenaban la conduela de España, porque no 
había tratado en extinguir aquella guerra. 

Uno de los diarios americanos >E1 New York Journal" tuvo 
ocasión de recoger, en diversas entieviatas con los gobernado- 
res de los Editados de la República, sus opiniones respecto de 
la guerra de independencia de la Isla. 
• He aquí sus respuestas: 

El Gobernador Mathews, de Indianópolis: Favorezco resuel- 
tamente [a idea del inmediato reconocimiento de Cuba. I7o 
creo que seiía necesario tomar algunas medidas en el sentido 
de positiva intervención, pues si nuestro Gobierno llega á reco- 
nocer la independencia de la Isla, millares de hombres y millm- 
res de doHars serían puestos á disposición de la causa de esa in- 
dependencia. 

El gobernador Pingrie, de Michigan: Yo por mi parle favo- 
rezco la idea de la compra de Cuba por los Estados Unidos si 
no se puede terminar la guerra de otra manera; esto, probable- 
mente nos costará menos que emprender una guerra. 

El Cobernador Budd, de California: Si las atrocidades de que 
faemos tenido noticia son ciertas, el congreso debería proceder 
prontamente á reconocer los derechos de beligerancia de los li- 
bertadores de Cuba. ■ Jamás habrá paz en Cuba hasta que seao 
reconocidos los derechos de independencia. 

El Gobernador Evans, de la Carolina del Sur: Favorezco 1^ 
Ideft del reconocimiento de lus cubanos como beligeranUé; 







59 

Cuando hagamos este reconociinieoto, les prestaremos laiubiéo 
ayuda material y no veo que cosa más pudiéramos hacer por 
ellos. 

El Gobernador Mitchel, de la Florida: Favoreico de todo 
corazón todo aquello que pueda ayudar á la independencia de 
Cuba. 

El Gobernador Reufren, deOkIahoma-. Creo que este país de- 
bería reconocer los derechos de la beligerancia de ios cubanos. 

El Gobernador Aitgeid, de Illinois: Favore/co la idea del 
reconocimiento de loa insurrectos cubanas por los Estados Uni- 
dos, Tengo fé ciega en toda la América y en el pueblo dellU- 
uois, que con gusli luchará por la causa de la humanidad. 

El Gobernador Haslings. dePensylvania. Si la noticia refe- 
rente á la cobarde manera como fué muerto Maceo es cierla, 
opino por la intervención de este país, lanío reconociendo la 
beligerancia, como prestaudo ayuda material á Cuba para que 
logre su independencia. 

El Gobernador Holcomb. de Nebraska: Nuestro Gobierno 
debería reconocer los derechos de beligerania de los revolucio- 
narios cubanos. Su valiente Incha, por tanto tiempo sostenida 
para libertarse del yugo de la opresión europea, les concede el 
derechoá las simpatías de todo americano. 

Gobernador dé Missouri: Favorezco la ¡dea de ayudar mate- 
rialmente á la beligerancia délos cubanos, para ayudarles á la 
guerra de su indepeudencia, 

Gobernador Franklio, de Arizoua: Favorezco la idea de la 
indepeudencia de Cuba, pero no favorezco la de la intervención 
del Gobierno de los Estados Unidos. 

Gobernador Richards, de Mont:ina: Según mi opinión, los 
.cubanos deberían ser reconocidos como beligerantes, abrigo la 
iperanza de que obtengan su independencia. 

Gobernador Morrill, de Kausas: Mis simpatías e»'áD eute- 

mente del lado de los cubanos en la lucha por su iudepen-- 
dencia. 

El gobierno de los Estados Unidos debeifa prestarles cuanta 
ayuda pudiera y que fuera compatible con nuestros tratados 
con España y con el derecho internacional. 

Contestaciones pateci J.is á las anteriores fueron enviadas por 

1 gobernadores de Wisconsiu New. Hampshire, Wyoming, 
'irginia, New México, Colorado, Virginia occidental, Nevada, 
'irgiuia, Wasbin— "■■ ^ 'i-'-- - 

Cuando fiieruij -. opiniones por el periódico 

referencia, no .neblo español ninguna sor- 

reja, couiu eta '1' ■■ lüzÓD á que ya poco antes se 

dado otro pa.->o tan» diícrtamenle encaminado & la usnr- 
lÓQ de lofl derechos de la soberanía de EspaBa. 



6o 

El seiiador Cameron había preseuUdo á la cotnisiÓD de Re< 
laciones Exteriores en Washington nna proposición lefereole 
á la indepeodencia de Cuba, que fué aprobada y le encierra en 
estos dos puntos: 

■Que los Estados Unidos de América reconocen la Indepen- 
dencia de la República de Cuba. 

■Que los Estadas Unidos harán cesar la guerra actual entre 
España y Cuban 

En contraposición á estos precedentes del conflicto Inlertia* 
cioual aparecía la cordura de Mr. Cleveland, que no qtllso 
echar sobre s( la responsabilidad de haber sancionado la inde- 
pendencia de Cuba. Todavía más, hizo comprender á los partí 
darios de la causa cubana que las negociaciones en aquel senti- 
do, lio avanzarían un punto mientras el fuese Presidente de los 
Estados Unidos, y alejó por entonces los temores de goerra, 
conjuraudo el peligro hasta concluir su período eu Marzo, qoe 
desgraciadamente se aproximaba. 

Rl Sr. D, Autoulo Cánovas del Castillo Presidente del Qa- 
bínete español, seguía una linea de conducta no menos razona- 
da y juiciosa oponiéndose por todos medios ¿ las pretensiones 
délas masas populares que pedían ya desde cutonces uu rom- 
pimientocon los Estados Unidos, 

■■Mientras yo sea primer ministro, dijo eu aquella ocaSlÓn. no 
provocaré ningún conflicto con los Estados Unidos, para defea* 
der siempre la dignidad y la soberanía española. Estoy firme- 
mente resuelto á seguir esa linea de couducta, siendo esta ni 
última palabra. 

Pero las instituciones republicanas por una parle, y lafkta> 
lidad por otra, ai rehataron de sus respectivos puestos en poco 
tiempo á aquellos dos hombres, cuya permanencia en elpoder 
hubiera hayado quÍ7.ás la solución al problema, que no baila- 
ron sus sucesores. 

No intentamos a6raiar que Sagasta y McKl^ley bayatl ets- 
pujado á la lucbn á sus respectivas naciones: no abarca el plsd 
de este libro la explosión de nuestros propios juicios y mDCtu) 
menos sobre una teoría que no podrá .ventarse jamás sólida* 
mente y con la que estaría muy enlazada tal juicio. PorqnB 
equivaldría á resolver esta cuestión: si Cleveland y Cánovas 
hubiesen continuado en el poder, ¿habría habido guerra? Na- 
die lo podría decidir con certeza. Se podrá conjeturar contáis 
6 menos aproximación un resultado, pero no con exactitud, da* 
do el sinuúmero de circustaucias desconocidas que nodrlaa to> 
brevenir después, influyendo cada una aisladamente ó ea COD- 
junto para determinar soluciones distintas al problema. 

Las mismas multitudes que obligaron á McKinley y ftSf- 
gnsta á declarar la guerra, habrían quizás hecho otro tanto oQU 



I 

I 



6i 

Cleveland y Canoas. Según hemos visto en Us anteriores pá- 
ginas no eran realmente los gabienios los provocadores de la 
guerra entre ambos psi'ses, si iio la seguedad inconsciente de las 
clases Dumerosa^, que amontonaba ofensas tras ofensas, snar- 
decieudo las p<isio:ies y exaltando los ánimos. Por el contrario, 
ellos redoblaron siisestiter/.DS pnra oponerse al desbordamiento 
del odio y el'dcseo de venganza que sentían crecer en su derre- 
dor, permaneciendo Impasibles, esperando tranquilos la soñada 
solución del canñicto, que no se presentó nunca, 

Uniforme se levantava el clamor pública en uno y otro país 
gritando: guerra! guerra! 

Solamente una que otra voz, dévíl. aislada, se atrevía ape- 
nas á Indicar solución js queevilaseo la guerra. 

Kl Sr. Pi y Margall fué noo de los poquísimos españoles que 
madurando sus opiniones á la luz de la fría razón, aconsejaron 
al Gobierno no ir á la guerra. 

El diario Rl Liberal A^ \&.^^úA. indicó también entonces la 
conveniencia de pagar inmediatamente las irjdemníxaciones re- 
clamadas por el gabiernn americano en ovbio de dificultades. 

Pero la obsecaciói de los que formaban el mayor número, en 
tugar de oir eios :• itílof concejos, llenó d^ improperios á aque- 
llos que tuvieron el valor civil de sugerirlos, opoi:iéndose á la 
avalanrlia popular. 

Llegó el mes de MarK.i de 97 WÍUÍam M;Kiuley ocupó la 
silla presidencial de los Estados Unidos, llamado por la elec- 
ción que acihabí de virificiris tres meses antes. 

L« guerra de Cubi pacícfa por cntoncei locar á su término. 

El G.>t)íerno e.spafiol. esperaad) en In inmediata pacificación • 
aprobó y trató de implantar una parte de las reformas proyec- 
tadas nuevamente, en la convicción de que esta medida com- 
pletaría la sumisión de aquellas provincias agitadas todavía 
por las revoltosos. 

No habían cesado aún por completo las escaramuzas en San- 
tiago de Cutía y en Pinar del Río, .sobre todo. Uua de las pri- 
meras providencias del Gobierno de McKinley fué U de aten- 
der á los amer'canos necesitados residentes en Cuba, En su men- 
SBJcde Marzo recomendó al Congreso In apr^bición de un cré- 
dito de 50,000 pesos con este objete. Rii el mismo meii:: aje de- 
claró que no abrigaba el mdri miníino temor de que las buenas 
relaciones existentes rntrc Bspañay América del Noite llega- 
sen á alti-rarfle prrr e:lt^^ces. 

Pi"' ' . ' ' . . . .- 1 1 lo americano 

la re ' cubauos, pu- 

do V t i-nle, que no 

quiso - ' había ftidoini- 



62 

El día anterior al en que Tué aprobada laf^ia'Ma re5oIucí4n, 
había atiuDcJado el general Weyler en Cuba oñcialiueate, la 
pacificación de la mayor parle de la Isla. 

El Presidente McKinley deseando obtener luforraes exactos 
de la .situación de la isla de Cuba y el estudo de SU revohición. 
había enviado á Mr. Calhonn, con el encargo de.toniar infor- 
mes detallados y rendirlos en breve al Gobierno, El emisirio aa 
hizo más que avivar los odios existentes ei\ire americanos y 
peninsuUies, por sus imprudentes gestiones, denunciando al 
Gobiernu español como encubridor de la verdadera situación en 
Cuba, que según él, era desastrosa y muy lejana de le pacifi- 
cación, que había asegurado Weyler. 

Ocioso será agregar que los insurrectos cobraron nuevos brfo9 
con la presencia del enviado americano, al conocer sn inclina- 
nación á la causa de la independencia. El dfa 4 de Junio regre- 
só á Nueva York Mr. Callinnn. llevando el resultado de sos 
informes acerca de Cuba. Kn ellos ponderaba la liiste condición 
á que estaban reducidos los americanos en la Isla, y U necesi- 
dad de que los Estados Unidos inteivínitran en la terminación 
de aquella guerra, á toda costa. 

Uca leclaniación más fné presentada por el gobicrnn de 
Washington, por la muerte del Doctor Ricardo RuÍk acaecías 
en Cuba. 

£1 25 del mismo mes de Junio de 97, fueron absueltos en 
Estados Unidos los filibusteros que conducíen muDÍcicnes y 
armas rata Cuba eu el vapor DauniUíS. apresado por el era- 
cero "Wilmington" antes de desembarcar. 
• Kl juez declaró que no había pruebas suficientes para con- 
firmar su culpabilidad. 

El día Sde Agosto fué asesinado el primer ministro del Ga- 
binete español Sr. Cánovas del Castillo, por un aiiarquit^ta lla- 
mado Miguel Auge! Golli. Le sucedió en su puesto el General 
Azcárraga, interinamente. 

En Septiembre manifi-staba el Cónsul general de Estados 
Unidos en la Habana. Mr. Fitzbug Lee, á su llegada á Nue- 
va Yoik: -Nada anunciaba el fin próximo de la guerra en Co- 
ba cuando abandoné la Habana. Los negocios están paraliza» 
dos y no hay ni la menor esperanza de que mejore la situación ■ 

Apoyándose sin duda en los datos comunicados por el Cón- 
sul, el gobierno de \Va$hingtcn decidió enviar una nota at de 
España declarando que \i\ prolongación de la guerra en Caba 
perjudicaba notablemente el comercio y la industria de los Hi- 
tados Unidos é insistiendo en que se deberla remediar cuanto 
antes tan desastrosa situación. 

Esta nota fué presentada á fines de Septiembre por el Minis- 
tro americano Woodford, al Duque dcTetuán, Ministro de Re- 
laciones en Madrid. 



Ea seguida se presentó de : 



la reclamación de 75,000 



I 



ividad de las negociaciones diplomáticas con les Esta- 
dos Unidos se calmó un poco á fines de Septiembre, por la re- 
nuncia del Gabinete español presidida por Ascárraga. Bl 5 de 
Octubre se reiutegró aquel cuerpo, presidiéndolo como primer 
Ministro D. Práxedes Maten Sagasta, que inmediatamente dis- 
puso el relevo del Generl Weyler en Cuba por el general D. 
Rainóu Blanco. 

Hasta fines de ese mes pudo ser contestada la nota del go- 
bierno aniericauo, por el de Madrid. 

Bu esta conte.stación .se enumeraban los sacrificios hechos 
por España paia concluir la guerra de Cuba yse describían las 
reformas que se iban á implantar á la llegada de Blauco; con- 
cluía con fsta frase: cE^paÜB no admite ni admitirá qne una 
nación extranjera intervenga en sus asuulos.» 

Cuando ati^i no liabiau transcurrido cuatro dias de la llega- 
da del geiitral Blanco, ya liabía enviailu e^te militar iiu men- 
saje «I Gabinete español en el que manifestaba que £e Iiabta 
formado una f.tvnrable opinió'i de las fjcilidades para sofocar 
U guerra completamente. Kntre lauto los periódicos españoles 
aseguraban que la pasrficacíón de Cuba era imposible, mien- 
tras los Estados Uuidos ayudaseu á la insurrección por medio 
del ñlibuslerismo. 

£1 general Blanco exponiendo la táctica que seguiría en la 
campaña contra la revoluciÓQ, dijo cu la Habana e! 3 de No- 
viembre en la noche, ante numerosos amigos suyos: «La con- < 
ducta militar que observaré es bajo todo punto diferente á la 
que usó el general Weyler. Haré guerra á muerte al euemlgo 
peto jamás verteré sangre de mujeres y niños.» 

Y efectivamente inició una política de conciliación, opuesta 
en todo á la de Weyler. 

Después de haber publicado uu decreto de amnistía para los 
presos politices, hizo suspender los efectos del bando de la con- 
centración; ordenó asimismo se procediese á la replanlación in- 
mediata de los campos y abrió subscripciones públicas para so< 
correr al sinuómcro de necesitados que hahid en In Isl.i. 

A continuación se decretó la libertad ' ■ s del 

'Competitor» así como otros muchos am ? en 

las prisiones de la Habana. Eso.t booiu ino 

«1 decreto de autonomía de Cnh.i, rjüc p/. Oo- 

biemo peninsular, causaron muy íh; ni impicsióu en io^ K:.m- 
dos Unidos, 

I,a prensa madrilefia atacó rud.-.ii;>jntc al OjIi .» 

por la aprobflción del decreto de iiutonnuiio, 1- 
era autorizar la desorganización de la Patria, 



64 

En et primer mensaje siiuat, el presideale MoKtuIey míñl^ 
Testaba á priacipios de Diciembre que debería el pueblo ameri- 
cano abaudonar por entonces la idea de intervención en Cuba 
aute la conducta biimauitaria de] general Blanco y la libertad 
de los americanos piesoíi&n la Isla. Tampoco aceptó el recono- 
cimiento de la beligerancia, creyéndolo peligroso para el país. 
El mensaje concluía con estas palabras: 

• Si más tarde dok vemos obligados á intervenir en nombre 
de la civilización y de la bnmanidad. será preciso que esto sea 
sin provocación de nuestra parle. Es necesario, en una palabra, 
que observemos una conducta neutra, con la ieguridad de que 
nos aprobará el mundo entero, i 

Los insurrectos se negarou'entretanto á aceptar la autonomía 
concedida por Hspaña y continuaron oponiéndose á la domina- 
ción. 

La noticia de haber sido aprobado por el Gobierno español 
el decreto concediendo la autonomía, no produjo pues el efecto 
deseado. 

Al principiar el año de 1898 ta guerra de insurrección, que 
uuos dos meses antes parecía haberse extinguido, volvió á ha- 
cerse sentir en algunas provincias. 

E/)s trastornos consiguientes, ocasionados así á los nativos 
como á los extranjeros que residían en Cuba, dieron lugar ¿ 
uuevas quejas de los ciudadanos americanos, las cualts obraron 
de tal suerte en el ánimo del Gobierno, que se resolvió adoptar 
de nuevo la política de intervención, si loa atentados conti- 
nuaban. 

Esta actitud del Gobierno americano fué conocida por los ha- 
bitantes de la Antilla poco después, causando un desastroso 
efecto en el ánimo de los españoles, á la vez que alentaba á 
los rebeldes en la prosecución de la guerra. 

Por eso cuando á fines de Febrero hubo en la Habana ntta 
explosión de un buque americano, no faltó qnien calumniara 
á los españoles llamáudolos autores de tamaña desgracia. 




CAPITULO V. 



— iCuíl (aá \i •.■*«** deUc 
Üorknill >nbrcddÍetiníDi1e 
(«dos LTnidM jiiie*B llegida 



I 

aias nueve y treinta y cinco minutos de la'uocbe del 
][ 15 de Febrero de 1898, el acorazado cMaíneu de Ja 
N armada uorte americana, hizo explosión en la liahía 
yde la Habana, perdiéndose totalmente y causando 
numenisas víctimas. 

La primeras noticias oBciales enviadas á Watliington al Se 
cretario Long por el coinandanle Sigibee, capitán del buque, 
dicen: el «Maineu casi sumergido; ni> se encuentrau á Jhenktns 
ni á Meirit; hay pocas esperanzas de eucontrRrlos! se sabe que , 
veinliciintr» oficiales se han salvado; de los tripulantes, diez y 
ocho se encuentran heridos á bordo. 

«En el vapor «City of Washington» de la Ifnea Ward, en el 
hospital y en los hoteles, se encuentran cincuenta y nueve, por 
lo que hasta ahora se sabe. Los restantes perecierou á bordo ó 
cerca de) «Maine». 

■Se calcula el número de los que sucurahieron en 353; los 
daños fueron en los compaitimíentos de los tripulantes, 

■ Pienso mandar á todos los heridos al hospital de la Haba- 
Da. — GrmadoSigbee.B 

A las once y cuarenta de la mañBOft «leí ultno^ía t6 de Fe- 
brero, el sub secretario de 1 
siguiente despacho de la H>bi 
el accidetile. — Nadie coaoce d j 

El mismo día 16 por U Urdajl 
Prensa Asociada, se recitHcroa é 
cablegramas; *B1 vicecónsul Spi 
sesalvatou. Bl capitáo Slgtibec se'eneoQlrnlx 



66 
do ocurrió U explosión y esto aconteció en la proa del bnqae. 
No tengo soipethas. dijo, y he kablado ton varios oficiales lo niS' 
mo gue con marineros.» 

Otro despacho, fechado el mismo día, dice: 
■ Kl cructro español Alfonso XIII que se encontraba aocla* 
do cerca del uMaine» echó sus botes y salvó á treinta y sl«te 
tiijiulantes del buque americano. 

sSe cree que el or(gen fué la explosión del caldero del dína- 
mo de la máquina. El capitán Sigsbee se niega á hacer una de- 
claración sobre el desastre ha- ta que no se bagan las iavestjgft- 
clones necesarias. 

nEI gran nútneio de muertos, obedece á que la mayor paite 
de los marineros, estatian durmiendo ai estallar la explosión.» 
Un cablegrama de Madrid recibido en México, el mismo día 
i6, dice: 

•La noticia sobre el desasiré del 'Maine* causó honda impre- 
sión en esta ciudad, y se ha sentido mucho este incidente. Se 
publicó una nota semio-6cÍal á este respecto y el gobierno ex* 
presó MI pesar por la caiástrofe al Ministro Woodford.» 

Pocos (i las 'después, el Ministro americano en México, Mr. 
Powtl Claytoii, interrogado por un repórter, de un diarlo moy 
poco simpático á la cau^a española, refiriéndose al deplorable 
accidente, dijo; 

«Ni por lui momento supongo que los españoles teugan algo 
que ver con lo ocurrido. Los dos países conservan una paz ma- 
tua, y semejante arción habiía sido muy impolítica. 

Si el puerto de la Habana está defendido con torpedos, in- 
dudablemente el Maine fué guiado á alguna porción salvado 
ra. Esto I mrece comprobar el hecho de que cl buque de guerra 
«spaííol "Alfonso XIII" estaba anclada muy cerca del Maine. 
Solamenle en tiempo de guerra los torpedos son dirigidos i 
los puertos y en semejante condición, no pueden ser tocados 
por un navio. JgnalmcrtU no es creíble que un torpedo fuera «»■ 
viada del puerlo, porque esto inipticAría que les españoles íeníúK 
en su poder todas las ¿aterías de los puertos. 

• Algunas cabezas calenturientas, pueden haber salido en un 
bote y colocado un torpedo; pero esto sería muy difícil fuuerh 
sin ser cogidos, porque indudablemettte los vigilantes del fifaitltf. 
estaban ctimpUendo su tarea. 

Interrogado sobre el mismo asunto el Sr. Marqut^s de Bcn^ 
dat\;t, ministro de Espiifta en Míxico, dijo que •¿•y niilíftftB 
manera se inclinaba d creer en I.i teoría del torpe>'' 
otnis r.izones espuso la de que el «Alfonso Xfl 
guerra español, se encontraba anclado estrechaiii 
ne^' y lo mlís probable era que también el buque 
biese sufrido ;i verías áser un torpedo la causa de tj 
Y pora confirmar las palabras del Sr. Ministro (te ] 



67 

1^ producimos el siguiente mensaje fecha i6 de Febrero y del mis- 
mo origen que los anteriores, es decir, de la Prensa Asociada: 

«Corrió gravísimo peligro el crucero Alfonso A7// debido á 
lo muy cerca que estaba el Maine, sia embargo maniobró con 
tanta habilidad, que anclado junto al Maine, soltó sus botes, y 
tomó activo parlicipio en el empeño de rescatar á los tripulan- 
tes ayudado por los botes de los demás vapores españoles.» 

La prensa toda de la Península á su vez comentando el su- 
ceso pone de relieve los altos sentimientos de la nación espa- 
ñola, como se verá por las siguientes líueas de «El Liberal" fe- 
cha 17 de Febrero: 

■ Una catástrofe de esa naturaleza, reclama los derechos de 
la humanidad, y los rencores de la política deben callar ante 
ella. Tales calamidades, interesau á lus dos países, aunque es- 
tén divididos y sean rivales, pues ellas hieren á la gran familia 
humana. 

"Nuestra noble uacióa haciendo un paréntesis á todo otro 
sentimiento, no puede menos que lamentar este accidente." 

Honda impresióu causó en Madrid la noticia del desastre, 
especialmente en los círculos diplomáticos. De ello se podrá 
JBzgar por el siguiente cablegrama de origen americano, asf 
como los que citaremos, fechados en aquella capital el iS de 
Febrero: 

«Todos los miembros del Gabinete y el cuerpo diplomático 
dejaren sus tarjetas en la legación americana expresando SU 
condolencia por el desastre del Maine y por las pérdidas de vi- 
das.' 

El presidente McKinley con fecha rg, envió el siguiente des- 
j>flcho á su ministro en Madrid; "Washington — ^D. C. Woodford 
V31inlstro, Madrid. 

I Sírvase manifestar á Su Majestad, mis agradecimientos por 
ríos mensajes de condolencia y simpatía que manifiesta en un 
telegrama que se acaba de recibir. — Firmado, McKinley.a 

También de la Habana el Capitán Ceneral Blanco, envió un 
mensaje al encargado de negocios de EspaTia en Washington, 
en nombre del gobierno colonia! sollcitaudo que'se sirviese 
manifestarla condolencia del Gabinete, por el desastre. 

El mismo Capitán General aseguró que según los iuformes 
porél obtenidos, "la causa de la |>rimera explosión, fué origi- 
nada, por seiscientas libras de pólvora de algodón y la otra por 
las bombas y cartuchos.» 

En 21 de Febrero, el comandante Naval de la Habana de- 
claró que «existen pruebas de que ningún pescado muerto vino 
á la superücie después de la explosión que hundió ^ Maine, 
y al ocurrir el desastre, no hubo el menor levantamiento de 



agua, que hubiere seguido indudablemente sí ésta hnbieñ 
do causada por una explosión submarina." 

A mayor abunda miento, un notable malino noTte-ameiicaDO 
el V ice-ai mirante Eiben, declara, según se lee en na telegrama 
fechado ese día ea Nueva Yoik, que el Maine voló por explo- 
sión originada en sus propios almacenes y que esas cosas y* 
hau sucedido antes.» 

Eu la misma fecha el capitán Sigsbee, comandante de] Mai- 
ni, telegrafió al Departamento de Marina, «que diariamente 
recibió nuevas muestras de simpatía y oftectmientos de ayuda 
de parle de las autoridades españolas.* 

En 32 de Febrero que se tuvo ya en Madrid un {nforine par- 
cial de los buzos, el Sr Sagasta declaró, «que por el exámea 
que han hecho del casco y del interior del buque, el desastre re 
conoce por causa algiíu accidente dentro det mismo buqae. ■ 

El propio día 22. se publicó el siguiente despacho: «dos ca- 
jas de diez pulgadas con municiones se encontiarorr, uiia era de 
las que hicieron explosión y la otra estaba llena de pólvora.' 

Le Temps, periódico francés de reconocida Imparcialidad, di- 
ce en su número correspondiente al 22 de Febrero: 

"No dudamos por un solo justante qne el Gobierno espafiol 
sea inocente en esta catástrofe que tanto se ha lamentado, y no 
encontramos palabras para condenar á aquellos, que por inte- 
rese.s mezquinos, intentan manchar la boura de una ntición, no- 
ble por excelencia, airtjándole á la cara la comisión de ua cri- 
men tan afntaiorio como el que dá lugar á este artículo. De- 
jemos que las cosas tomen sn verdadero curso, y al fíit veretoos 
que la cduía sólo fué un accidente imprevisto.» 

Con fecha 33 de Febrero, el corresponsal de la Prtnia AsO' 
ciada en Wa^hiDgto^. telegrafió lo siguiente al Burtau Central 
en Nasbville: 

fUü diplomáticu que go/.a de la entera confianza del Minis- 
terio, y que interpreta la actitud del Gobierno, me dijo esta 
maüann que {anio el Presidente McKinhy, eomo todos ios mient* 
iros de su Gabinete, tienen amplias pnteoas de que la explesOn 
del Üíaine nofné causada pof un acto, en el cual haya íenify iH- 
gerencia el Gobierno español,» 



ri 



La excitación popular eu Estados Uaidos, obligó á ambos 
gobiernos á nombrar comisiones investigadoras para descubrir 
el verdadero origen de la catástrofe. 

El 34 del mismo mes de Febrero llegó á la Habana el remol- 
cador «Right Arm,» para dai principio á los trabajos déla 



Corte Naval lovestigadora americana, que duiaron basta el l6 
de Marzo. Antes de eutrar en conjeturas, bueno es citar un úl- 
liino telegrama relativo al asuuto, y fechado el 31 de Maizo en 
Cleveland. Ohío, dice asi: 

"Mt. Fraiik H. Monis, cuarto auditor del MlDislerio de Ha- 
cienda y amigo íutlmo de! Presidente McKiuley, hablando so- 
bre el desastre del Maine dijo que: «cualquiera que haya sido 
la causa de la catástrofe, el Presidente y los mioislros están 
seguras de que el gobieíoo espaiiol no ha tenido la menor In- 
gereucifi en el asunto.» 

Prr todos los despachos citados, de origen americano, se ve- 
rá que no hubo absolutamente nadie que no estuviese confor- 
me en que, fuera del incendio antes ó después de la explosión, 
todo pattió del propio buque; una de las conjeturas es que la 
explosión fu¿ (te los turpedos que llevava consigo el buque, lo 
que DO deja de ser ba^t3nte verosfmil. pues lo más probable es 
que el Maine no tuviera torpedos Whiteheads ni Howell, por 
lo que, con los que se iba á maniobrar debían ser los fijos, que 
lo.i ameiicanos cargan con dinamita, con lo que, y más si hubo 
antes una explosión de cakl^TH-. que iIícih el clii-qne iincial, no 
hay que buscar otra causa á la cntáslrcf:. 

Otra conjetura es la de haberse inflamado el combustíbfe li- 
quido qne para pruebas tenía á bordo, lo que cabe en lo posi- 
ble, sobre todo si era como experimento y no tenia todavía las 
instalaciones que son necesarias para un huésped tau peligroso. 
No es tampoco despreciable la conjetura de que la explosión 
de la caldera fuese de una de las que haya tenido con fuegos 
retirados, si el buque estaba con ciertas precauciones, fuegos 
retirados que son siempre del mayor peligro. 

Queda por último otra conjetura, que más que ninguua pue- 
de estar cerca de la verdad, y es que el buque se conservara en 
sou de combate, con municiones repartidas por las cubiertas, 
lo que en momeutos de combate es tan sólo de relativo peligro, 
porque todo el mundo está en su puesto; pero si este sistema 
se convierte en constante, y además se quiere aparentar que se 
vive vida normal, y hay foizosamenle descuido délas prerauclo- 
nes y entonces el peligro es InmiDetite. 

Es indudable que Ut lempesUddeQdia qoe se desariolló en 
los Estados Unidos «I _e^B|^JH||t|^ de la comisión In- 
vestigadora, dio oc*!-,^^^^^^^^^^»' - 
no de su bandera k l^^^^^^^^^^^frl Gobierno á decla- 
rar ana guerra, q 
dl dcexplicar poro 
Con tal motivo y 4 
brela explosión de* 
dI un momento ctL 



7° 

extenso y concienziiilo mtícnlo que sobre el asuuto escribió el 
teniente coronel J. T. Bucknill, y quí fué repn^ducido por ca- 
si todos los diarios frauceses y por algunos norte americanos, 
"El filio lie la Comisión invesligaiioia. dice, e* (Je tal impor- 
tancia, que sus individuos deberán oÍr con paciencia el siguien- 
te examen 6 critica de su trabajo emprendido con nn espíritu 
amistoso, por uno que desea únicamente cooperar en el esclare 
cimiento de la verdad del desastre del Mame. Con que única- 
menle consigamos refular la certeía del fallo de la Comisión 
americann, hübremos realizado una obra meritoria, que tiende 
á h-icer desaparecer la profunda aversión á España, que hoy 
prevalece en los Estados Unidos. 

■ El Comité de Investigación trabajó durante veintitrés días, 
y su informe ocupa aSr páginas de pequeños caracteres, cons- 
tituidas en fiu mayor parte por un registro de las pruebas tes- 
tificales realizadas. Antes de entrar en el examen de este regis- 
tro, que en su perfección abraza mult'tud de opinioneí y de 
experiencias, y qne por consiguiente, es á m^ínudo confuso y en 
ocasiones contradictorio, bueno será refeiir ligeramente algu- 
nos hechos anteriores á la catástrofe. 

"Durante algunos años, la rebelión de los cubanos contra 
Kspañi. había recibido auxilio de los agitadores americanos, 
auxjlioqueel gobierno de Washington no había podido im- 
pedir. 

•En los comienzos del presente año existfa ya cierta hostili- 
dad, entre las dos naciones, cuando el 34 de Enero, recibió Mr. 
,Lee, cónsul general de los Estados Unidos en la Habana, el si- 
guiente telegrama del Departamento de Estado en Washington: 
«Este gobierno tiene el propósito de reanudar las amistosas vi- 
sitas navales á los puertos de Cuba. Con este objeto, el Maiae 
irá á la Habana, dentro de uno ó dos días. Ruego á V. prepa- 
re un amistoso cambio de cortesía con las autoridades. — Firina- 
do— Day.» 

• El cónsul I^ee. contestó lo siguiente; «Aconsejo se retrase 
la visita, seis ó siete días para dar lugar á que la úitima exci- 
tación desaparezca. Veré á las autoridades y comunicaré im- 
presiones. El Gobernador General está fuera y no volverá has- 
ta dentro de dos semanas, necesito saber el día y la hora de la 
visita. — Firmado. — Lee. 

"El General Lee, fué á Palacio por la noche y leyó el tele- 
grama á las autoridades. Al otro día. telegrafió en cifra lo si- 
guiente: 

oHibana, Enero 25. — En una entrevista entienden aulorida» 
des que los Estados Unidos se proponen fines ulteriores al en- 
viar el buque. Dicen que entorpecerá autonomía, que produci- 
rá excitación y probablemente maulfestacioues. Piden que uo 



I 

I 



se realice liasta que puedan tener instrucciones de Madrid y 
añaden que si la visita es con fines amistosos el relrazo no ten- 
drá importancia.— /.«. 

Y después añadió, el mismo día: «Barco llegó sin novedad 
á las oiict de la mañana de hoy; ba^ta aliora do ha habido ma- 
nifestación." 

■E«los incidentes, parecerá que no tieoeii nada que ver con 
nuestro estudio; pero demostraré á mis lectores, que tuvieron 
señalada influencia en el hallazgo principal del Comité ameri- 
cano, de que el Maine fué destruido por «la explosión de una 
mina submarina, situada bajo la quilla del barca, explosión 
que levantó el casco 30 pies sohre su posición normal» casi al 
nivel del bastidui tjúraero r8. Esa mina ha debido ser inny 
l^ande y esta deducción implica necesariamente: 

19 Que la mina fué colocada antes del 14 de Enero, 

30 O que la mina fué colocada secretamente junto á la boya 
no 4 ea la Ache del 24 de Enero. 

39 O que se realizó esa operación después de anclado el bu- 
que. 

Respecto al primer punto, sí el puerto estaba minado antes 
del 24 ¿por qué se realizó esta operación y por qué razón ha- 
bría de practicarse? 

«El puerto déla Habana es pequeño. I,a extensión que pre- 
senta ha^Ia tres brazas de profundidad, no tiene masque una 
milla de anchura, y además un banco de arena, que partiendo 
del S— K, la hace aiiu más pequeña. La embocadura del N — O 
DO tiene en su mayor parte, en una extensión de ocho cables, j 
más que una anchura de un cable. V ahora preguntó: (Qué 
minero submarino que esté eu su juicio, va á minar la parte 
Interior de un puerto de esa naturaleza ó va á colocar una mi- 
na cercu de la boya no 4? Seiía lo mismo que colocar una mi- 
na, frente al muelle no i de los doclsí de Pottoioutb, y aun- 
que muchos y muy hábiles ingenieros, han estudiado los me- 
dios de defender este puerto, e^toy seguro que ninguno, ni aun 
eo sus uiomeutos más angustiosos, propuso minar las aguas 
interiores, frunteiizas á los muelles. 

■Si las autoridades de la Habana, querían defender el puer- 
to, mientras pudieran resistir, era lo más fácil hacer minar la 
estrecha y larga entrada. TQdoU«b|J0 posterior de esta clase, 
se baria evidentemente iiiJaitK^^J||¿|||fcJ^tVlle á U ciudad 
que se extieude exl ' 

lado de la entrada <i 

• En una palabra, I 
Habana estuviese n ' 




to, aSat}Ír(a que el puerto un hubiera podido minarse de esa 
tnaDeTS, sin que la ciudad entera tuviese conocimiento de ello; 
y era evidente después del desastre que ni las personas caMeje- 
ras, ni el mismo cónsul Lee, sabrían nada de tales trabajos. 

«Por consiguiente, sería completamente pretensioso suponer 
que el interior del puerto estuviese minado, cuando se anun- 
ció repentina é inesperadamente á las autoridade» españolas. 
el envío del Aíaine dieciocho horas antes de su llegada. 

"I,a misma palabra inesperadamente, que emplea el Gral. Lee, 
atestigua de sobra estj. El Gobernador General eMaba ausente, 
y el mismo cónsul Lee, no fué cousultsdo de antemano. 

"Eslo nos lleva á examinar el segundo punto: ¿es, cuando 
menos, probable que íe tuviera preparada de antemano una 
pcdeiciía mina, para colocarse fu un momeuto dado en nn de- 
terminado punto del puerto? De ser esto cierto, ¿con qué obje- 
to habría de haberse hecho ette preparativo? Semejante idea 
exije un gran esfuerzo de imaginación y es difícil creer que 
lit9 autoridades españolas, en ausencia del Capitán General, 
preparasen rápidamente un plan y llevasen á calw el nefasto 
propósito de destruir un buque enviado para realizar «na vi- 
sita amistosa, por una nación con la cual, el gobierno de la Me- 
trópoli, deseaba á toda cesta evitar un cou9Ícto, 

• Pero si la mina no hubiera estado lista, la operación de car- 
garla, cebarla > disponer los cables, habría exigida cierto tiem- 
po, además de que su embarque en una Isncha de vapor ú otro 
cualquier barco á propósito y su colocación en las cercanías ét 
la boya w: 4 hubiese necesitado el concurso de nuoierosos npe- 
ratios: la operación de emplazar habría habido que realizarla 
• á 300 yardas de los rauelies ¿ 400 del buque alemáa GuisenaH 
y á 350 del crucero español Alfooso XIIL 

«De seguro hubiera sido imposible conseivar secreta esta 
operación, y sobre todo durante algáu tiempo. 

"Respecto al punto tercero, las anteriores deducciones canda- 
cen sólo á esta conclusión: que si el dictamen de \t ComUiÓn 
es exacto, la mina debió colocarse bjtjo el buque, después data 
llegada de ést» á la boya, 

«Sólo con examinar la prueba testifical, se adquiere la etia< 
vicción de que se observaba á bordo una extremada vigilaticia 
especialmente de noche, habiéndose establecido dobles gtiaf 
días y patrullas para estar prevenidos á la menor alantia f 
puestos en servicio todos los boles próxim^s al buque. 

■ Nada resulla en dicha prueba más claro, que I» pcrnuadád 
existente en los tiipulautes del Maine. rfesde el Comandante 
hasta el último grumtle, de que el puesto era de peligro, ui» 
mandóse las oportunas precauciones, aun cuando ignoro si ir 
lausaron las redes contra torptdos. 



73 

■" «El capitán Sigsbee, después de detallar las precauciones 
que hab{an adoptado, coticlnta diciendo: 

"F.l sentido de todas mis órdenes, tenía por objeto el qae eonsi' 
aerásemos el Maiae en una situación gue exijfa extremada vigi- 
íancia.» « 

■Había centinelas en la proa y en la popa, uti contramaestre 
y uo grumete en el puente, otro grumete en la popa, un cabo 
encargado de vigilar especialmente el costado del buque que 
miraba al puerto, un oficial en el puente, y un contramaestre 
con orden de vigilar el costado del buque que daba al mar; 
una guardia vigilaba constantetnente por !a noche; los centine- 
las tenfan las armas cargadas, ele, etc.; precauciones contra 
los que traían fardos, suponiendo que podrían emplear dlnami- 
tA 6 otros explosivos, 

■Entre los supervivientes que prestaron declaración, algunos 
pensaban que el barco fanbía sido volado por un torpedo, otros 
qne había sido cañoneado por una artillería gruesa, demostran- 
do que oficiales y soldados estaban persuadidos de los supues- 
tos peligros de su situación. 

■Bn estas circunstancias es muy improbable que haya podi- 
do colocarse una mina poderosa después de la llegada del Afai- 
ne i 6o 6 ■JO pies de la boya cuarta, junto á la cual e«taba an^ 
ciado el buque por la cadena de estribor, lisiando la boya su- 
jeta sin duda como es costumbre, con dos anclas, con objeto de 
mantenerla en la misma posición, hubiera sido preciso colocar 
la mina bajo las naricea de los centinelas de popa y de proa, 
y debe recordarse que las fases de la luna fueron lassiguJentes: 
primer cuarto, 29 Enero;. luna llena, 6 Febrero y Último cuan- 
to, 14 Febrero. 

■Con todas estas circunstancias es rauy difícil creer que pu- 
diera haberse colocado una mina tau cerca del barco siu que se 
supiese. 

■En un meetiug celebrado recientemente en el "National Ci- 
vic Club,» de Brooklyn, mi amigo el Capitán Zalinski, que da- 
ba aquel día una conferencia, describió la mina que pudo colo- 
carse fácilmente y hacer explosión bajo el Maine. La descrip- 
ción no acompañaba al folleto de esta conferencia y después de 
^ leerla, quise darme cuenta de la mina que pudo producir la ca- 
tástrofi^. según la comisión, y que pudo ser colocada fácilmente, 
Kgún el Capitán Zalinski. Una mina poderosa exije una car- 
g8 de pólvora de gran fuerz.i, pero no un alto explosivo; debfa 
ser una mina dt y " Miora bien, suponiendo que no 

fué colocada Ai- -. ya he demostrado las dificul- 

tad» que ge opi.: ^ ser lauzada? 

• Segurament:- _ Jiicla entre loa fondos del bu- 

~l que y el lodo no ¿a püdiio icr mayor de 14 pies, distancia que 



^ 



74 



apeou parecerá bastante psra ser responsable de un levanta* 
miento de 30 pies en la qnilla. Por lo tanto nna mina, de ha- 
ber sido lanzada, no debió hacerse á una profundidad que la 
hicieran embarrancar en el lodo. Su subraersióu se fijaría ea 
algo próxiitío al calad» del barco, y su resultado sería ona 
gruesa ola y no una quilla doblada. La idea de una mina So- 
tante es, en mi euterder, insostenible en lo referente al Afaime. 

■ Para reasumir nuestro examen diremos: \o Que es una lo* 
cnra suponer que pudo colocarse una mina cerca de la boya 
número 4, formando parte de un sistema de defensas submari- 
nas, ó que este sistema pudo colocarse sin que nadie lo supie- 
ra, aún sin conocer sus detalles. 

«39 Que es inconcebible que se colocase ea aquel sillo una 
mina en la noche del 34 de Enero. 

"39 Que es absurdo suponer que se colocase una mina des- 
pués de! 24, á 60 pies de un buque cuidadosamente vigilado y 

«49 Que la suposición de una gran mioa flotante es también 
intolerable. ■ 

Después de leer el concienzudo artículo del teniente coronel 
Bucknill, (aúu babrá losensatos que ere »□ que el Afatni fué 
volado por una mina submarinaí 

ni. 

As( es que, según las declaraciones del Coronel Bucknill, del 
vlce-almirante Hrbeu, del corresponsal de la Prensa Asociad», 
y del mismo capitán general, la explosión no pudo reconocer 
como cansa un agente externo. Todavía más. se señaU ese 
agente: uno de los peligrosos explosivos que llevaba á bordo 
el buque. 

Pero supongamos por un momento que la catástrofe hubiese 
provenido de una causa exterior, ¿bastaría este sólo hecho pa- 
ra hacer responsable á Kspaña? 

Restaría probar que la cansa exterior obedeció á un acto in- 
teligente, que este acto inteligente fué de un español, y qoe 
habiendo sido de un español, la responsabilidad es de toda la 
nación ibera. 

Los Estados Unidos han declarado oficialmente que la causa 
de la destrucción del Maine fue externa, y de una manera tá- 
cita han inferido quo la responsabilidad toca á España, al con- 
siderarlo como el punto principal de las resoluciones del Sena- 
do Americano, que dieron lugar al uHimalum. También se in- 
fiere esta responsabilidad del becho significativo de haber man- 
dado grabar en las galletas con que se proveyó después áÍ<M 
soldados que marchaban á la guerra, estas palabras: ■Acordaos. 
,del M ainea remember Ike Maine. Cuyo sentido implícito í ta- 



tened pre- 
valor y" 
cobarde- 



75 

tencional es este: «Acordaos que 266 marinos hermanos, han 
sido muertos en la destrucción del Maine por un agente extra- 
ño; y ahora, que vaii & pelear contra España, es tiempo de ven- 
gar su muerte. 

Siempre que llevéis este alimento á vuestra boc 
senté este suceso: que él sirva para aumentar v 
para no tener piedad de q^uienes os hao ultrajado i, 
mente, » 

Indica pues este hecho que había la convicción o&cial de que 
Bspaña había sido causa de la destrucción del actjrazado ó al 
menos que de ella era la responsabilidad. De otra miinera no se 
explicaría el sentido de la frace Remember i/ie Afaine, caando 
los americanos marchaban á la guerra dos meses después. 

Concediendo que este agente hubiese sido un acto de un es- 
pañol, se obra con gran injusticia al pedirle cuentas de ello á 
toda la nación. ¿Acaso ha declarado Francia la guerra á Italia 
al saber que Cesario Santo, asesinó á su inolvidable presidente 
Sadi Carnot, era italiano? El daño, la ofensa moral, es muy 
comparable. 

jAcaso declaró España la guerra á esa misma nación porque 
Cánovas haya sido muerto á manos de un bandido italiano? 

La Austria ¿declarará por ventura la guerra ala misma in- 
fortunada Italia, por ei alevoso y cobarde asesinato reciente- 
mente cometido en la persona de la emperatriz Glizabeth? 

Demostrado que el gobierno americano tenía la convicción 

de que Bspaña era responsable del sentido accidente, hay que 

suponer en aquel gobierno mucha malevoleucia ó falta de crl- 

I terio para conceptuar á España, es;decir á sus mandatarios, ca- ■■ 

paces de cometer un crimen tan cobarde y nefando. 

¿Se creerá por ventura que el general Blanco, ó queSagasta 
ola Reina Regente ordenaron la destrucción del Afaine? 




CAPITULO YI. 



Infliuiidi lie li destrucciiln del "Usine" en li ga«rr& lit(i¡»na-ami>iii:>iia. — Htn- 
«^B del PreeidrDte McKínIey al Congreso ■mericann. — Rosolncinnei á^l ñe< 

nulo —EidtícWa popular ■"--'-■- 

VM demoscracioneB intí -au 



— E'.ultiaiaiiini— Eítitode IoíMídUIk» — Ni 



I 



fainos vis'o eu los capítulos antetitires á qué grado de 
citaciú-ji habían llegado los ánimos en las clases nu 
llmeroKas de tina y otra nación, cou motivo de las de- 
jS mostraciones hostiles que se habían hecho mtituamen- 
te. asi como por los incidetites de las discusiones en las cáma- 
ras auxericanas. 

La mítica bastante lamentada c^tástrof^ dd Maine, vino pues 
á comunicar este depósito de ext>I«sivos coaja corriente eléc- 
trica, y loi fílales resultados no st hicieran -sperar. 

Kl cuiigrcio americano & quien el populachi, poseído de íd- 
dignación, compulsaba, exigió, por decirlo asf, del presidente 
McKinley la comunicación del inolvidable mensaje de 1 1 de 
Abril, en el que declarase la ingente necesidad de intervenir 
cuanto antes en la guerra quo se librabn en Cviba e.itre espa- 
ñoles é insurrectos, psra pr)rt=rU fin y garantir los l-itereses de 
loa ciudadanos de los Estados Unidos. Bastante fnerou discu- 
tidas y condenadas á la Ihe de la lógici y del derecho de gen- 
tes, laü especiosa^ razonen que alegara Mr, McKínley para de- 
fender tan injusta intervención y disculpar un verdidem alen- 
tado contra la soberanía de Esp^iñi. Por lo mismo no in^istire- 
nios en protestar y noscontracrtmoa á narrar los hechos, con 
el laconismo cuníucente i nmistru prupójllo, 
H£ aquí el coDteaída dul niensaie: 

■Obedeciendo al prce. tjue ordena al 

Presidente dar tnfomi cíi tierupo, so- 

bre el e-itado de la situ tisidcración de 

algunas medidas, que ju<^.i.r i.vys^u»-. c - .;c mi deber hoy 



CubS' 



78 

áíü. dirigirme á ese poler, con nioiivn de la grave ociáis que i 
lim suscitado éntrelos Estados Uní Jos y España, sobrfvenlda 
por la insurección que dala desde hace tres años en 1h IsU 
Cuba. 

«Procedo de esta manera, por las relaciones ínlimas qU' 
ligan con la cuestión cubana, v es necesario que nuestro 
bienio adopte uaa política qu- esté de acuerdo con los pre 
tos impuestos ñor los fundadores de la República, y »elig1a( 
mente observados por los administradores anteriores, Iiasta 1 
fecha. 

■ La actiin! revftUició'l noes masque la sncesión de ntras jn- 
suireccioiies se'iiej:intes, qne se han llevado acabo en CobS; 
contra el domjiiio español, desde medio siglo tu, U^ ciialeí 
han ocasionado á los Estados Unidos niuclios gastut par* bd 
respetar las leyes de la neutralidad. 

■ Estas mismas le han causado al cnmercin amertcann 
de.s pérdidas, trayendo por consecuencia la indignación entrt 
los ciudadanos; agregad.i á esto la manera ciuel, bárbara y sal- 
vaje de coducir la guerra, ha herido los corazones y of^udido 
las simpatías humanitarias de nuestro pueblo. j 

• Desde que comenzó la presente revolución, esta nacíór^ 
visto desaparecer las riquezas de esa isla á impulsos de I 
guerra sin igual en lo- anales de la historia de Cub.i. y siit 
mejaura entre las guerras contemporáneas de los pueblos! 
luchan por su libertad, 

oNnestrn pueblo^a presenciado descender deídí la opul 
cia basta el gradomás ímümo de miseria á los habitantcíi;^ 
comercio lucrativo arruinado, y al pueblo perecer pír milla 
de hambre y de miseria. 

«Nosotros luismos nos hemos visto obligados á obs^r?; 
lia estricta neutralidad que nuestras propias leyes ordenan, ip 
ra evitar cualquier acto que podría c.ilÍ6carse como ana ftyii| 
á los cubanos. 

■ Nuestro comercio ha sufrido, el capital invertido pOr ntiíS- 
tros conciudadanos en Cuba se ha perdido casi, pero el temple 
y paciencia de nuestro pueblo ha sido puesto á prueba t^n pe- 
nosamente, hasta producir peligrosa inquietud entre nuestroa 
propios ciudadanos, que han encontrado de modo inevitable 3^* 
expresión en la representación nacional; de modo que se ím 
pora en el conjunto de nuestro ser político, acrecenta la att 
ción y queda 6rme en el camino de esa franca devoción al ai 
Unto interior, qne se convierte en propio interés por la ríquei 
nacional, cuya máxima primera ha sido evitar todo > 
con las potencias extranjeras. 

■Todo esto debe necesariamente haber despertado nueal 
ansiedad, y por lo taoto, ha provocado el mayor interés de g 



I 



te de esií gobierno, lo mismo que del de tni predeceíor, en este 

«Hd Abiil de 1S9Í los males que reiientía nuestro país por la 
guerm de Cuba, ge hicieron tan onerosos, que el Presidente 
Cleveland hizo un esfuerzo para conseguir la paz por medio de 
la intervención de este gi;bierno. que tendiera á un liouorabla 
arreglo de la contienda eotre España y su colonia rebelde, so- 
bre las liases de uu programa efectivo de gobierno propio para 
Cuba, bajo la bandera de la soberanía de España. 

■Fiaca^ó ante la repulsa del gobierno español, que estaba 
entonces pn el poder, que 110 quiso tomar en cuerna ninguna 
forma de mediación, oi siquiera uu plan cualquiera de arregla 
que no se basara en la sumisíóa completa ds los insurrectos, y 
solamenle entonces sobre tales bases podría España conceder 
algún arríglo. 

"Ln guerra ciuiiuuaba síu abatirse. 

"La rcsísteucia de los insurrectos no disminuía de ningún 
■ modo. 

"Los esfuerzos de España se aumentaron con el despacho de 
nuevos cunúngenles á Cuba, y con la adicióu á los horrores da 
la lucha, de una nueva IJ inhumana fase sin precedentes en la 
historia mu.lerna de U civilización, en los pueblos cristianos. 

"La política de desvastnción y reconcentración inaugurada 
porel bando del Capitán General pubücado el 31 de Octu- 
bre de iS96en la Provincia de Pinar del Río, se extendió después 
& toda la isla, á donde alcauzaba el poder de las armas españo- 
las por medio de ocupaciones militares. 

"Tudos los habitantes del campo, inclusive los que se dedi- 
caban francamente á loa trabajos de agricultura, fueron recibi- 
dos en el interior de las ciudades guarnecidas ó en plazas aisla- 
das defendidas por las tropas. 

"El tráfico y cambio de provisiones de todas clases, quedó 
piohibidü. 

"La llama del incendio se extendió por todas partea; loa mo- 
linos y los ingenios fueron destruidos, y en poco tiempo todo lo 
que pudieran conducir á la desolación y á la ruina y destruir 
lo útil para la vida del hombre, ó para su alimentación, fué 
ejecutado por una y otra parte de los dos contendientes que le- 
DÍan puder ásu disposición. 

"Cuando hace un año la actual admínistraciól] se Iilxo cargo 
de la cosa pública, la llamada concentración fc había hec' 
efectiva en la mejor paite de las cuatro provincias occidentfl' 
Santa Clara, Matanzas, Habana y Pinar dtl Rio. 

■La población agrícola estimada en 300.000 ó minhlblt^ 
foé encerrada en las ciudades ó en sus inmediatas cent 
privada de los medios de subsistencia, destitaida de loa 



a cifra de muertos Iba 
n las cifras máf prudcD 
>Ias. la raorUÜd^a 
j coasecueacia-':. exc«i 



masprudcD- ai 
i los desgi^^^fl 



de vivir, abandonada eoteramente y expuesta á las tais espan- 
tosas condiciones. 

«Como se extendióla escasez <le aliinenlos con la devaslactón 
de lo:" campos de prniiucción. la pobreza y !a necesidad I legaron 
liasta la miseria y el hambre. 

•■Un me*, después de otro mes 
aumentando. En Marzo de 1897. se 
tes tomadas de fuentes oGciales esp; 
los reconcentrados por el hambre y 
del cincuenta por ciento. 

'NintjÚM auxilio práctico se acordó para alivia 
ciados. 

«Las ciudades atestadas sufriendo ya la grau carestía no pu- 
dieron darles ayuda. Las llamadas zonas de cultivo quedando 
en el área de los ctntros militaren, cerca de las ciudades y ft 
tíGcaciones fueron un remedio ilnsnriu para los pacientes. 

«Siendo los infortuuadus en su mayor parle, mujeres, niSi 
y viejos desesperad!. s. debilitados por las enfermedades y, 
hambre, no podían haber cultivado el suelo sin herrnmíenl 
útiles para su sostén. 

■ Entre tanto, la situación militaren la isla había adqníj 
un nctable cambio. 

"La Fxtraordinütía actividad que caracterizó el seguudo a] 
de la guerra, cuando los insurrectas invadieron aún los tiai 
ahora indífensos cnmpos de Pinar del Río. y llegaron en _ 
de tuina y destrucción basta los muros de la misma ciudad de 
la Habana, ha degenerado en una lucha vulgar en las piovii 
cias del centro y oriente de la Isla. 

■ Las armas españolas recobraron eu cierto punto Pinar 
Rio y parte de la Habana, pcio bsjo las condiriones ext! 
de la población rural, sin iumediata mejoría de I1 
productiva. 

• Aun parcialmente restringidos así. los revoluci 
tuvieron su propia ccnquisla y sumisión, adelaotada por Bsi 
fia como la esencial y única base de paz, que parecía tan 1< 
del principio. 

■En este estado de cosas, mi administración se encontró fren- 
te al grave problema de su deber. 

Eu mi mensaje de último Diciembre, revisé la situtciós y 
señalé los pasos dados para evitar el choque, que habría el ca- 
mino para alguna forma de bonrrosos arreglos. 

"El asesinato del Sr. Cánovas del Castillo produjo un cam- 
bio completo eu el gobierno español. Esta nueva administn* 
don que llevó al poder al partido libeial, trató de implantar 
una nueva politicade reforma eu Cuba y Puerto Rico, cooce* 
dleodo la autonomía. 




'L>s insinuaciones del Gobierno becbas por medio de nues- 
tro Enviado, con el fin de mejorar ínmedtala y positivamente 
la situaclóo de la Isla, aunque no aceptadas en todo, íie admi- 
tió una cierta forma de mediación, y fueroii contestadas alegan- 
do que se daiía á Cutía un gobierno autonómico, sin esperar 
que la guerra terminase, y que la guerra seria conducida de una 
manera más humana. 

• A fínes de Noviembre ya no habla ningún cíndadano ame- 
TÍC8U0 en las prisiones españolas. 

«Mientras las negociaciones se llevaban á cabo aumentó el 
desamparo de los desgraciadas reconcentrados, y el estado de 
estos llamó seriamente la atención. Esta medida de socorro 
puesta en práctica por el Cónsul General, fué recibida con gra- 
titud. Los esfuerzos hechos por el Comité Central, fueron de 
benéficos resultados. Se hicieron los arreglos necesarios para 
el transporte de las provisiones á Cuba. 

'El Presidente de la Cruz Roja americana y representantes 
de oirás sociedades, v'sitaroii generosamente la Isla y obraron 
de conformidad con los cónsules. 

'Lh guerra en Cuba es de tal naturaleza, que parece imprac- 
ticable la subyugación y el abatimiento de uno de los dos par- 
tidos contendientes, por medio de un triunfo militar. Alterna' 
tivaniente prevalece el agotamiento físico de una ó de otra par- 
, te, ó quizas de las dos. Tan espantosos resultados de la pre- 
sente lucha tiíiicn que .ser debidamente considerados con equi- * 
dad }>nr todo el mundo civili/.ado, y más que todo, por los Es- 
tados Unidos afectados y lastimados, como lo están hondamen* 
te en su íntima existencia • 

Con tales ideas, dijo el Presidente, que había sometido el 27 
de Marzo, proposiciones finnlef al gobierna español relativas á 
uu armistido. hasta el !'• de Octubre, para las negociat ' 
paz. medianre sus buenos uncios. 



■ La respuesta del Gabinete español, recibida el jr 
do — continuó— ofiece como medios de pa/ tn Cutaa. 
establecimiento ai depattanienlo del G' i 
to fuera necesaria la coucutreucía de i.->! 
los rexnlladus finales, aparte de lasfacn!. 
Constitución al Gobierno Central, no mc<igM;tuar^ 1 ■ 

«Como el Patlamento Cubano no jc reun 
Mayo próximo, el Gobierno español no o 
sn parte á la aceptación definitiva de la 
dades, si fuera pedida por los JnEurrccloi 
jefe á quienes obedecen, y á quien tocir 
nar la dutaclóu y condiciones del aimU 



del pasa- 
confiar su 



82 



camino direclQ de 1 _ 

I español, se pensó haber 



_ a esta última resolución eu el 

V su acuerdo recibido por el Ejecutb 
terminado todo esfuerzo. 

"En mi mensaje anual de Diciembre último, dije: «De las ex- 
presadas medidas emana ei reconocimiento de los insurrectos 
como beligerantes, la recomendacióu de la indepeudeucia de 
Cuba, Ift intervención neutral para terminar la guerra, impo- 
niendo racionales compromisos entre los contendientes. -ó la in- 
tervención en favor de uno 6 de otro partido. 

"fío hablo de anexión forzosa, porque eso no puede tomarse 
en cuenta. Según nuestro código de moralidad, sería una cri- 
minal agresión. 

■En tal vitud, considero estas proposiciones á ta luz de las 
palabras correctas del Presidente Gran t, pronunciadas en 1875, 
cuando después de vaiios añcis de sanguiuatia deslrucción y 
bárbaras crueldades en Cuba, llegó á la conclusión de que el 
reconocimiento de la i ude pendencia de la Isla era impractica- 
'ble é indefendible, y que el reconocimiento de la beligerancia 
no cslaba gaiaulizailo pui los bcchos, conforme á los textos de 
las leyes internacionales. 

«Comenlé especialmente el último aspecto de la cuestión, se- 
ñalando la inconveniencia y los peligros positivos del recono- 
cimiento de la beligerancia, que al añadir á los ya pesados car- 
gos de la neutralidad en nuestra propia jurisdicción, no podía 
de ningúu modo exterderse nuestra influencia á oñcios efecti- 
vos en el campo de las hostilidades. 
, «Desde entonces nada ha ocurrido que haya hecho variar mis 
Opiniones á este respecto. Reconozco ahora plenamente que It 
promulgación de una proclama de neutralidad que podría tita- 
larse el reconocimiento de la beligerancia, no conduciría á nin< 
gún fin, pues nosotros trabajamos para la pacificación de Cu- 
ba, y para que la miseria que afiige á los habitantes de la Is- 
la, cese.» 

Volviendo sobre el reconocimiento de la idependencia 
presente gobierno insurrecto, el Presidente lomó como prect^ 
dente el mensaje de Jackson, dirigido al Congreso el 2 1 de IXd 
clembre eu 1836 sobre el reconocimiento de la independen^' 
de Texas. 

Continuó Mr, McKinley: "En la contenida entre España y 
las colonias sublevadas nos mantuvimos alejados, y no sois- 
mente esperamos hasta que los nuevos Estados estuviesen en 
la posibilidad de protejerse ellos mismos, sino que hasta que el 
peligro pasó, 

■Entonce; fueron reconocidos. Este fué también el curso 
nuestra política para México. Si es cierto que con re;. 
Texas la autoridad civil de México fué expulsada, el cj 



Is- 



invasor derrotado, el jefe de la República capturada y todo su 
poder aniquilado por el gobierno organizado en Texas, por 
otra parle, exístfa en apariencia una inmensa desigualdad en 
las fuerzas físicas contra Texas. 

'La República Mexicana, bajo un nuevo jefe, trató de inva- 
dir nuevamente para recuperar su antiguo dominio. 

■Una nueva invasión de Texas fué organizada, y nuestro re* 
conocimiento de independencia en una crisis semejante, pudo 
apenas considerarse como concordante con aquella prudente re- 
serva con la que nosotros hemos tratado siempre semejantes 
cuestiones. 

■ El decreto de España para la suspensión de hostilidades: 
fué sometido al Congreso para que lo tomase en consideración, 
anotando que sí esta medida es de benéficos resultados, se ha- 
bitan logrado las aspiraciones de paz que quiere nuestro pue- 
blo Si fracasa, habrá otra jnstiñcacióu para a&anzar aúu más 
nuestra acción manifiesta.» 

El incidentedel «Maine» figura notablemente en el mensaje. 

Argulle el Presidente que la destrucción del buque eu el 
puerto de la Habana, muestra á España incapaz de garantizar . 
la seguridad de los barcos extranjeros. 

•España ha negado toda relación con aquel desastre, y ha 
ofrecido someter á arbitraje todas las diferencias que pudieran 
surgir de aquel asunto. 

El Presidente dijo que bajo ningún concepto piensa que fue- 
se sabio ó prudente reconocer la independencia de la llamada 
república cubana. 

Tal reconocimiento era innecesario y no incapacitaba á los 
Estados Unidos para Intervenir y pacificar la isla. 

Sobreesté particular, el Presidente dijo: iSujetar hoy áeste 
pafs al reconocí miento de cualquier Gobierno particular en Cu- 
ba, podfa comprometernos á interrumpir las condiciones interna- 
cionales, obligándonos con una organización casi desconocida. 

■Eu caso de intervención, nuestra conducta estaría sujeta á 
aprobar y desaprobar tal gobieruo, quedaríamos sometidos ásti 
dirección y á asumir su simple relación de amistosa alianr-a. 

■Cuando aparezca, sin embargo, que hay en la Isla un go- 
bierno será pronto y rápidamente reconocido.it 
^El Presidente dijo que quedaban eu la alternativa de la in- 
tervención para terminar la guerra; ó como imparclal para luí' 
poner un compromiso racional entre los contendientes, 6 como 
■liados activos de una ú otra parte. 

•I<a forzosa ¡atervencíóii de tos Estados Unidos como neu- 
trales para canlener la guerra, de acuerdo coa los amplios dJc 
tados de la humanidad, y siguiendo muchos precedentes hiato- 
xkos, en que mucboS Estados vecinos han Intervenido para re- 






prítoir.desefpersdos sacrificios de vida, en confiicu» eotn^t^PI 

convecinos, es justj&cabk en el tareco iuteroacioii»!. --f^t^ 

«HI campo de semejante intervención puede lessumic^ecplll^ 



sigue: 



itlMERü: 



ipoi la causa de la hatuauidad y para poner fin á las baiM* 
j'ies, derramamientos de sangre, escaoeses y bonibles tttufias 
que hof eJiisteii allí y que las paites cu el conflicto sottltíea^ 
paces ó no quieren detener 6 mitigar. -■ ■ •• ■ '-'i- 

■Ss sobre todo uuestio deber, porque la raz6a llaúiK A flaüfr^ 
tras puertas. " ' >' --^j 

SEGt-NDO: 

«Debemos á nuestros coBciudadanos en Cuba auxilio y pro- 
tección, y la indemnización por la vida y !a propiedad que nin- 
gún gobierno puede afat darles ó concederles, y con este obje- 
to acabar con las condiciones que loa privan de toda protección. 

TERCERO; 

«El derecbo de intervenir puede justificarse por los muy se- 
rios perjuicios al Aimercio. al tráfico, y á los inlereses de nues- 
tro pueblo, y por destrucción de la propiedad y desolación de 
la Isla. 

CCAETO: 

."Lo que es de mayor importancia: la actual coudlcitill de Joe 
asuntos cu Cuba, es uua constante amenaia á nuestra pAZ 'in- 
terior, y ocasiona á este gobierno enormes gastos, 

Estos elementos de peligro y de desorden ya citados y cooor 
cidos por trágicos acontecimientos, han movido profunda y 
justificadamente al pueblo americano. Va transmití al Con- 
greso el informe de la Corte Naval investigadora sobre el desas- 
tre del fMaiueo ocurrido en et puerto de la Habana, en la no- 
che del 15 de Febrero. 

«La deslruccióu de aquel hermoso buque cansó pésima iíji- 
presión é indecible horror, y ai'iu mayor, al dir su fallo la Co- 
misión investigadora de que la explosión fué exlerna, ocasio- 
nada por una mina submarina. 

•iNc> se señalan aún las responsabilidades: éstís se Sjarán 
más tarde. 

iNo cabe' la menor duda que el desastre del "Maioe" obede- 
ce á UBB CBÜsa exterior. Esta circunstancia demuestra que el 
Gobierno español no puede garantizar la seguiidad de Itis bU; 
ques de la marina americana en el puerto de la HabátlBr^ábé 
se dirijan con una misión de paz. España ba pedido á'este Gil- 
biertio que la cuestión del «Mainc" se someta al arbitraje, pero 
W'fleclaiÓ que no había tenido TeB{iaesta,& este mAisaje. . . . 




i BXA-Urgft expedeocia h* prubaJo iiuc el uHuui .U- n<ttiint 
I jM» ttxraiaai la guerta, no piicdr . < t il» 

I ia insurreociúu posliá euo«udt;i>L itaU 

' estaciofles; pero no hk &iJo »i>ii. ' '>Ut 

oo puede cxtLogoirse por los aviu..!-- , 

■ l/t tínica esperanza de auxilio y de ii.i)0»i) tU' iuiat.:tiL>dk'Íált 
que uo puede pialongarsc. c& 1a paciGcMclóii de Ciibu. l{n ugttl- 
bre de ia bauauidad, eu iiombie de lii civiHrArl^n. cu nombr* 
de los intereses amerieaao.s t|uc ; ' ' ' ' litty 

el deber de hablar y bocci que i i 

• KnvisU deestoshccIiO-iy d>- . in «| 

Congreso autorice y faculte al Tu . . i '■' 'M- 

dldasy asegure la completa terminaLtóii ^k lu.i Iiü^uliJinii;! oft> 
tre el gobierao espaüol y el puoblo cubano, a^l cuino \m» iJ<M 
se establezca un gobierno permanente, capni' rtp rrwixrrvHr fl 
orden y observar sus obliRiiíioiif ■■■' ■■■ ■ '■ ■ ■n-iiido 

la pax y 'a tranquilidad, djiii1<< ' , Ih» 

mismas que uosotros goxniuos, <iAm 

uavales y militares de losÜstmio i i i:oa 

tal Su. Pur inteiés huiUNnilarlo, y uarii <<>n-.i'Miii luí vuliiM de 
IpB necesitados en la Isla, rccomlaiuu que lan dlntrlbudón da 
los socorros continúe y que «e vote una leaoluclón, para <tOC<vl 
fíesoio público socorra a csoh ciudadang*. 

■La resolución esti ahora en inauos del Cougtuo, Üt noa 
solemne respOD^uihilldad pijra v»i*Olunt. 

■He agotado todos Io6 esfuerzos para mcjorai la tcrlttli «on- 
dldÓB de los asuütoa quc ctt^n peudictilet, l'repArado 4 cuo^ 
.pli( todas lasobligacloacKijuí- me Impone laConitlluclóa y l«^ 
leyes, espero vuetUra revoluciún. 

■Ayer, y al citar preparado ya el antetiot nwna^* y fj/lclal 
informacíói], íai recibido pof mi cl ultimo dccrcln de la JL^lna 
Regente de Eupa&a, dirigido al Gtal. illauco, p«r» pitiiiirar y 
EacÜitar la paz. proclaiuaiido la «uipeuai^a dr li'>MÍl!-lH'f>^; á$. 
talle» qoe todavía ao ae me luiii cumjinlr^ '^ 

■Esti drcuDitaoda, conodraacoMtd' r . uUa, 

atoj aexttro que recibirán de voaolrui ■ - "t fp 

Ua sai^Bita* dellbcradooca en qiw vil» í • 
^crta medida citrileoc tmesM /«H»lt4/l'/c, 



Mb reagudo auot/aa laptiacioiMí», ' 
asante de la paz. SI fracuan. aoianwat 



rC-de JLbcU ¿d comente afiv. y jtor mta nayM^' 
j US votM contu tcfÍDU y ^ctc. 



- (rMiuw 

ite algnlítcafÍJi Mía jua- 



4 



8« 



1 

que bao eXlH 



'Bn virtud de las espantosas condiciones que b 
por más de tres años ea la Isla de Cuba, tan cerca de n»e«H 
propias fronteras, que han conmovido el sentido moral <lel pt 
blo americano y han sido para la civilización una desgrac 
evidenciada en la destrucción de un acorazado americano. O 
i66 de sus oficiales y tripulantes, al estar haciendo una vi*i 
amistosa eii el puerto de la Habana; en viilnd de que tal est 
do i!0 puede prolongarse por mas tiempo, según se ha asettl 
do en el mensaje que el Presidente de los Estados TTnídos e 
vio al Congreso el 1 1 de Abril de 1898, sobre el cual se ha b 
sado la actitud de las Cámaras; por lo tanto, se resuelve: 

Primero — Que el pueblo de la Isla de Cuba tiene deree' 
debe ser libre é independiente y que e! Gobierno de los E 
Unidos reconoce, por consignienle, á la República de Cuhi 
mo el verdadero y legal gobierno de aquella i: " 

Segundo — Que es un deber de los Estados 
el Gobierno de la Uoióu, debe, por lo tanto, pedir que í 
bierno de España abandone de una vez su autoridad y b' 
bieruo en la Isla de Cubi, y retire sus fuerzas de tierra ^ 
de Cuba y de las aguas cubanas. 

Tereeio. — Que el Presidente de los Estados Unidos sea y í 
de directamente facultado para usar todas las fuerza;) t 
y militares de los Hstados Unidos y llamar al actual serviCÜn 
la Uuión americana á las milicias de algunos Botados hasta doi 
de sea necesario para llevar á cabo estas resoluciones. 

Citarlo. — Que por consiguiente. los Estados Unidos desechi 
toda disposición o intención de ejercer soberanía, jutisdlcci^ 
Ó dirección sobre dicha Isla, excepto pnra la pacificación ( 
ella y aseguran su determinación cuando ésta sea complicad 
se deje el Gobierno y dirección de la isla á su propio pueblo. 

Las anteriores resoluciones enviadas á U Cámara dedtpoti 
dos para su examen y sanción, fuerou aprobadas por gran ni 
yorft y devueltas al senado el 19 del mismo Abril, paraqi 
firmadas, pasasen al Presidente para su promulgación. J|Í 

Entre tanto, en España reinaba un furioso enatdecimij| 
contra los americanos, habiendo ocurrido graves mOtlfltiB| 
diversos puntos de la Península, entre estos el más gravéÍR 
uno que sobrevino en Málaga y que dio por resultado U mñe 
te de un negro servidor del Consulado Americano, á manos < 
los amotinados. 

En la misma fecha el Cónsul General de España en Nuei 
York, M. D. Arturo Baldasano y Topete, anunció en el ped< 
dico las "Novedades" que los españoles que desearan salir c 
la Habana podrían hacerla el día siguiente en el vapor I 
má. en la inteligencia de que el Gobierno pagaría el pai 
ios que careciesen de recursos. 




87 

El día 3o se verificó la solemne apertura de las Cortes espa- 
fiolns en Madrid. 1^ ceremonia revistió un brillo y una suntuo- 
sidad verdaderamente indescriptibles. La Reina Regente de 
España Doña María Cristina, y su augusto hijo el niño rey 
Don Alfonso XIII fueron frecuentemeute vitoreados por la 
distinguidísima concurrencia que lleuaba el recinto de la Re- 
preaentscióo Nacional. 

La Soberana leyó su discurso desde el trono; á su dítecha 
estaba el Rey. El Sr. Sagasta se encontraba jinito al Rey. 
Anunció qu; el Gobierno ha convo'ado á ias Cortes paia de- 
fender ios derechos de España y se refirió & los esfuerzos del 
Papa y \ns potencias pata lograr el sostenimiento de la pnK. 

Hi2o una reseña del curso de las relaciones entre Españ» y 
los Estados Unidos, demostrando que España no ha omitido 
esfuerzo alguno compatible con sus derechos, para pacificar sus 
colonias y mantener relaciones amistosas con los Estados Uni- 
dos mientras que esta nación insistió eo encontrar un pretexto 
para intervenir en las relaciones entre España y sus colonias, 
y esta insistencia se acentuó más desde el advenimlnto del Pre- 
sidente McKínley á la presidencia americana, pues con amena- 
X»s y notas diplomáticas procuró intervenir en el arreglo de la 
cuestión cubana. Tanta bn sido esta insistencia, que los Esta- 
dos Unidos han puesto oii^^táculos á España, cuando ha estado 
próxima á lograr la pacificación de Cuba. 

El discurso, además, hizo presentes todas las concesione.s he- 
chas á los Estados Unidos, y agregó que España hubiera ido 
más adelante si los Estados Unidos hubieran respetado su so- 
beranía eu Cuba; asimismo hizo notar el he,cho deque América 
ha demostrado marcada hostilidad á España desde la promul- 
gación del armisticio, y concluyó exhortando á todos los par- 
tidos para que. unidos todos al rededor del trono hicieran fren- 
te al enemigo que amenazaba herir el honor de la patria. 

Gran entusiasmo reinó en las Cámaras después que la Reina 
terminó la lectura de su mensaje. 

Durante su lectura fué interrumpida varias veces por pro- 
longados vivas á España y al Rey. 

Promulgadas las resoluciones del Congreso Americano, se 
formuló el ullimalum para ser dirigido al Gobierno de Madrid. 
El texto del documento dado á la publicidad por la Secreta- 
ría de Relaciones, el día zt es como sigue: 

«Ayer, jo de Abril de 1898. á las ti a. m.. el Ministerio de 
Relaciones notificó los propósitos de este Gobierno entte^aodo 
al Ministro de España una copia íe Isa Instrucciones enviadas 
fl Mluislro Woortford, en Madrid, y copla de las rewilucioaea 
' probadas por el Congreso de los Estados Uuidos el día 19 dd 
Wríente mes. 



Después de recibir estos docu meatos, el Müiistio e«|>^Qllf 
licitó de e&te depar lamento sus pasapprles, de que íu¿ p^ouj 
ayer tafde. £1 JJioistio Woudford en Madrid recibió n) mia 
tiempo iastruccioaeü para hacer ídéutica notificación al C 
bierno español. 

He aquí el texto del meosaje dirigido al MiaistiOL "AímíJ^ 
de 1898. Woodford, Ministro, Madrid — Se ba prQpqrcioiu 
usted el texto de las resoluciones aprobndas por el CougtM 
\qs Estados Uuidos el 19 del actual en relación con la pífiií 
ción de la Isla de Cuba. Obedeciendo e£« acto, el FTe£\ie¡o^^i 
deua queintnediatameote comu'-iique dichas te»oÍuclop'e5 al ( 
bierno de Madrid, acompañando un aviso de este Gobierna 
Gobierno de Espa&a para que renuncie á su gobierno y ai^tf 
dad en Cuba y retire su fuerzas militares y navales. A) áati 
te paso, el Gobierno de los Estados Unidos prolestftCiae nofl 
ne intenciones ó disposición de ejercer soberanía, jurisdicci^ 
dominio eu la Isla, excepto para pacificarla y afirmar &u dt^ 
minacióu; que cuando logre su objeto abandonará la Istd 
ayúdala á sus habitantes bajo !a clase de gobierno Ubre ¿] 
dependiente que deseen establecer. Sí al dar la bors del mea) 
día del sábabo próximo, el día 23 de Abril, no se La comunicado 
á este Gobierno una respuesta satisfactoria i e»(a demauda y, 
resoluciones, por Us cuales se obtenga la pacificación de Cyj 
el presidente procederá en ei acto y sin más aviso, liná,. 
uso de Itis facultades que le otorga et Congreso en dicbaan 
luciones á lievarlasá efecto.— (Firmado) ShnmaH. 



El Embajador de Francia, Mr. Cambon, y el Mít 
Austria, Mr. Henegemuller, se encontraban en la I^gad 
de España cuando el Sr. Polo Bernabé recibió la copla dcQ 
timatum, Inmediatamente se hicieron arreglos para coodM 
los muebles y enseres de la Legación de Españi á la de 4 
tris; estos incluían los arcbibos y la bandera española. £1 \ 
bajador de Francia y el Ministro austríaco obraron juntad] 
te eu el manejo de los asuntos de España entretanto. 

El Sr. Polo Bernabé, á pesar de que había perdido I 
perauza de evitar la guerra, mantuvo la más discreta r 

En el exterior de la Legacióu encontrábanse uo teuieafl 
un oficial de policía, de guardia. . « 

A las diez y media, bora en que se presen taiou los U¡t(t|a 
de Francia Austria y Bélgica, aún no se tenía aotici^ fit^nf 
se habían fiirmado las resoluciones, Atas'ti soa.^^in 



» 



9Í(í»<í C»*>'*'«P*> ^feí -Míoistérto' áe Rdatíiiriefi sé pfetehtSjl^, 
la Legación y de utia mañera iflCotiVéáiente, dijo 4ué féaía-fiD 
mensaje del Miuisterio para e! Ministro de Espafia; el Sr. PÓlt^ 
Bernabé pidió permiso a! Embajador francas, con quién eiá 
edos mom«nt(}9eslab9 ocupado y recibió al mensajero en eloóJ 
nMdOT; vló la cubierta, y notando que era el ultímatuní, dijo 
al mensajero que esperase la respuesta. Esta ya estaba prepa- 
rada. No fué una oontestacíón al ultimátum, sino una solicitud 
d« 9119 "pasaportes. Hé aqní el texto de U solicitud; ' 

«líCgaciáii de España», Washington, Abril 20 de 1S9S. — Sr.' 
Secretario: Las resoluciones adoptadas por el Congreso de lo* 
Bstados Unidos de América y aprobadas hoy por el Presidenta 
Son de tal naturaleza, que mi permaueneia en Washington se 
hace imposible y me obliga á suplicar & usted me exHendarntó 
pasaportes. La protección de los intereses de España sé.hit 
encomendado al Embajador de Francia y al Ministro de Aus- , 
ttla-Udgtfa. Con esta ocasión, por cierto bastante penosa p?-:^ 
ni mf, tengo el honor de reiterar á osted las muestras de mt 
mayor consideración. — Luis Pola Bernabf. — Al Hon Jolm 
Shetman, Secretario de Relaciones Exteriores de los Estados' 
Unidos, u 

La carta fné enviada al Ministerio de Relaciones, por el Mi- 
nistro, y volvió á reunirse con sos amigos, esperando recibir 
aus pasaportes. Inmediatamente cesó la calma en la Legación 
y se hicieron ios preparativos para la partida y el envío de ex- 
tensos cables á Madrid. Todos los efectos oficiales y personales, 
ya desde tiempo empacados, fueron sellados y lacrados. 

Se hicieron arreglos con el ferrocarril y estaban listos para 
partir el Ministro Polo Bernabé, el primer Secretario, Sr Juan 
Otiboc, los segundos secretarios Sres. Pablo Soler y Acqueroní, 
el tercer secretario Sr. Balarza, los attacliés, los Sres. Pía y 
Almeida, el attaché militar, Capitán de la Casa, el attaché na- 
val, teniente de Carrasta. 

Después de abandonar Wasbíngton el Ministro Polo, hizo 
pública su partida. Estas peraDQas se dirigían, sin pérdida de 
tiempo, á España. Además dé ta nota, solicitando sus pasapor- 
tes, el Ministro español acusó recibido del ultimátum. 

Xa exitacióu de la ciudad hizo al edificio de la legación ser 
el centro de curiosidad de gran námero de gentes. 

La solicitud de! Ministro español para obtener sus pasapor* 
tes, se prove>6 á las la. 45 entregándoselos al Sr. Polo un men- 
sajero (un negro) del sub Secretario Day. 

Los pasaportes iban acompañados de una nota del Secreta- 
rio Shermao, en que le expresaba su profundo sentimiento por 
haber sido conducido á dar este paso. 

En la misma noche el gobierno americano trasmitió á su 
Ministro en Madrid el General Stward L- Woodford, para que 



90 

lo presentase al de Españí,. el texto del ultimátum. Mr. Wood- 
ford coatestó con el siguiente despacho: 

Moraenlos antes de preseoUr al gobierno espiñol el uütmu- 
tum délos Estados Unidos, fní notificado que las telaclones di- 
plomáticas entre las dos naciones quedaban rotas; he recibido 
mis pasaportes, entregado la Legación al Embajador de Ingla* 
ierra y salgo para Parfs.» 

Efectivamente, el Ministro Americaao se puso en camino y 
el siguiente día 33, llegó i la frontera. El tren que lo cocducfa 
fué atacado varías veces á pedradas, siendo necesario que lo 
protegiese la guardia civil con los marrazos desenvainados. 

La excitación aumentó considerablemeate, á causa de que en 
Valladolid, pretendió aprehender la policía a un miembro de 
la Legación americana apellidado Moreno, á lo cual se opuso 
resueltamente el Gioeral Woodford. 

En varias ocasiones ocurrieron incidentes más ó menos gra- 
ves. Los estudiantes del colegio milita' de Segovla subieron 
& la plataforma del tren gritando ¡viva España! Desde Tolosa 
á San Sebastián un fuerte destacamento de policía custodúba 
el tren. 

En los momentos de entraren territorio francés, estaudo el 
tren detenido, se agrupó numerosa multitud y empezó á pedir 
que hablara Mr. Woodford y á preguntarle si tenía algoqoe 
decir. Este hizo, una significativa señal de asentimiento, y ba* 
biéndose restablecido el silencio, salió á la plataforma se descu- 
brió cortesmente y dijo: —; Adiós! 




CAPITULO VIL 



Li nliilailek HBb«n«iielCousul Lea. — RompiniieiiU) delulinatílMules. — 0»p. 
tur» de la barca eipaCinla Bit«nar entera. — SatíiU (ie U cicgvlrB amcrican*- 
— Elbloinioo Jo Cuba— 0i'cl»(»d iieg del Gabisrno e»i>«í>ol y rUI llener»! 
BUdco. — Las nolencliu te duclaran neutrales — NueVd preclama ila Me- 
Kinley. 



a solo los Ministros de las dos nacioaes enemistadas 
I tuvieron que soportar las destemplanzas de la plebe 
al abandonar sus respectiva' cancillerías, según he- 
s visto; los Cónsules generales se encontraron en la 
misma penosa situación, y aun, muchos particulares que los 
acompañaron al retirarse. 

Pero ninguno de aquellos personajes se vló tan groseramente , 
denostado como Mr. Fitzbugh Lee, ponsul americano en la 
Habana, sin duda por la activa participación que había tenido 
en la cuestión cubana, cuyo desagradable epílogo se iba á pre- 
sentar. Cuando se dirigió de su residencia al vapor que debía 
conducirlo á los Estados Uoidos, asi como á sus compatriotas 
que se embarcaban con él, fueron todos silbados y apedreados 
por el camino. De la multitud salían gritos de «fuera de aquí, 
yankees cochinos,» y otros parecidos. 

liste incidente contribuyó no puco á que, cuando el Cónsul 
General de la Habana fué recibido en audíeucia privada por el 
Presidente McKiiiIey, diese muchos exagerados informes de la 
situación, inspirados en el deseo de concitar las iras del pueblo 
americano contra los españoles, por el efecto de indignación y 
el deseo de venganza que en su ánimo habían producido aque- 
llos actos. 

Antes que la solución pací&ca del conflicto internacional se 
hubiese hecho imposible, comenzaron los preparativos de gue- 
ira en los Estados Unidos. Desde el año anterior, y bajo la dis- 
culpa de que los buques eran recientemente comprados y debfa^ 



KasKyarat la puntcrfir de stii cañonea, se pni^tci 
ros simulacros de combate en los ejercicios de tiro al blaiwc 
Hn Bspaña poiel contrario, se hacían, sio precípiudÓD, eoo! 
posttiras y reparaciones, cuando la guerra estaba en víspen 
de declararse y aún, muchos de sus navios concurrleTOo á| 
lucha con serias averías en sus máquinas, según tendrtm08a¿| 
slón de verlo después. -■ 

Esta nación c<^[iró algnnos, á últliiia liora, abligada á d 
cerlo, mis bien por los doiiatfvo* qué líbefafmeme poofas 49 
disposición cotí este objet) las colonias de la América Í*^M 
que por haber premeditado la guerra naval. 1^ 

Debemos mencionar las fuertes sumas enviadas por las «A 
crípdoaes de la colonia argentina, y la mexicana especialmci 
te. que en dietintas partidas y ocasiones llegó á remitir un mi 
1I6d de pesos, y habría continuado la colecta para contríboii 
la compra de buques de guerra, si ésta no se hubiese declai 
y la actitud neutral del gobierno de nuestro país no lo ha) 
impedido. 

Las dimensiones de este libro no nos permiten, como I 
ramos, reproducir aquí la distribución que se bisú de. l' 
liosos donativos, muchoadeloscuales, nosólofaet 
prar buques de guerra, sino también para aliviar 1*1 
miseria que había en las clases meucsterosas de CObjC 
decir que además de metálico, se enviaron mncha! 
víveres consistentes en harina, semillas de lodas clases, etc. 

Los Estados Unidos compraron en Abril los buques *Pní» 
«St. Lou¡s,« .-SL Paul» y «Nitcbroy,» ni 

El día 32 se declararon las hostilidades oScnliiKiita leotl 
uno y otro país. ' iisd* 

£1 primer acontecimiento de la guerra fué la oaptim, vrtlG 
cada por el cañonero americauo Nashvllle, de la barca espa6t 
la «Buenaventura" que con un cargamento de doelas se dirigí 
á Vera cruz. 

Era la "Buenaventaroj' una embarcación de cien toneladas, 
tripulada por veinte marineros. Kl cafionero americano comer 
z6& dispararle granadas, apenas le dió vista, muy cerca é 
Cayo Hueso, por lo cual hubo aquella de rendiree friendo COt 
ducida al puerto por su apreheusor. 

Esta presea que se reputó injnstanieute consamada, por c 
conocerse aún la declaración de guerra, dio origen Á las f>rotei 
tas de los dueños de la "Buenaventuraa sin que nada hubiera 
obtenido, á pesar de lo justificado de la reclamación. Por I 
demás, vino á inñuiren tas gentes supersticiosas, goienet 
auguraron nada bueno para los españoles, de, uoa ¿uerEii^f 
oomenzsba con la pérdida de una barca c^oMÉm*^ 
«gnificativo. i'^eulsopa 




I 



Bo el mismo 4(a se co^en^ó á hacerse á U .n^ I4 (scf^^a 
KfiéHcadá def jTorte Atlántico, z'arpaiKÍó á las 5.45, a- m- cpH; 
^ñiubo al eslrecíio de la Florida, que es el puiílo por doude ae . 
:iiQT eicteiisiÓD de luar entre Cayo Hueso y la Ilaijana. 
" Estaba compuesta la escuaclta del buque almirante acoraza- 
db «Nueva Yoik.B el "lowa» y el «I^ndlatu» ios crttceroS|«M,«- 
blead,* ■Delroil" y "Nansviüe," los «ailiierós «Puritaii.í'nHe- 
leca,» •Witlmiugton.i' «Crístine," «MachlasN y nlíew-Port,» el 
monitor "Auphitrite,'' el «Mangrove.» el ^May fiover" y los tor- 
deros "Cussing," "Dupout," "Pbrler» y "Footering." 
Fué tambiéu firmada en igual fecha pot e! Ptesidenle Me- 
f&inlejr la proclama eu que tiollflcaba á las nflcfoiieS el Woqiíeo 
,*del Puerto Óu la Habana por la escuadra ameri'can%. 

SI documento dice á la tetra. ' ' 

Bl Presídeme de los Kstados Unidos de América proclaiDB,' 
jne facultado pnt laa resoluciones del Congreso aprobadas el 
dta 20 de Abiil 'la 1S93, se dirigió al Gobierno dd España de- 
mandando á diclio Gobierno que renuncie Su autoridad y go- 
bierno eu la Isla de Cuba y retire sus íueTMs militares y nava- 
Íes de Culia y sui a;;iias; y que habiendo sido facultado para 
bacer uso ds lan fuerzas navales y mltitares de los Estados vnl*' 
["dos, y eo caso necesario, hacer uso de las guardias narioiíales 
'délos hitados, para llevará efecto esta proclama, el Presi- 
dente considera necesario iniciar y sostener el bloqueo He fa 
ooBtm Norte de U Isla de Cuba, incluyendo todos los puertos de 
4fctu costa entre Cárdenas y Bahía Ilotida, y el puerto de Cien- 
fuegos eu la cosía sur de la Isla de Cuha, por lo tnnto yo Wi- 
Jliam McKinley, Presidente Constitucional de los EiladoaUní- * 
dos, con el fio de llevar á efecto las resoluciones menctonadas, 
por este acto declaro y proclamo que los listados Unídna de 
América han instituido y raantendnín el bloqueo de la costa 
Norte de !a Isla de Cnba, incluyeiiiío los puertos en dicha cos- 
ta entre Cárdeuax y Babia Honda, y el puerto de Cienfuego» 
«n la costa de Cuba, Cuniplieuáo con lax Uyes de lo» Bstndo^ 
Unidos y la ley de las naciones aplicable á este caso, una fuer-' 
xa suficiente se colocará para evilar la entrada y salida de "btl-' 
ODea á dichos puertos. Cualquier buque neutral que *e acerque 
o qu« fotenle s.-ilir de u» puerto sin pr¿vio aviso ó conocimteil* 
ti>del ealableci miento del bloqueo, serA oportnnnmeotí adver* 
MdO pocel Comandante de la escuadra bloqueadora y regislrt^ 
rí en BUS libros el hecho y fecha de la advcrlenda, y si éñVé' 
mÍMOO buque intentara entrar en alguno de loü puertos blo- 
queartores será capturado y enviado al puertci más cercano par» 
instrtiirle causa contra el casco y carsainento romo presa, al 
ee que así se estima convenicate. Baques «éntrales que se'tfo-' 
Cdeatreu «n dichos puertos íendráu un plazo de 30 dfaa piSV 
Mtir, contados desde el eslablccimlcolo del bloqueo. ' '" ' ' 





Y para lu constancia y fines consiguientes, firmo la presto 
te proclama y ordeno sea sellada coa el sello del Gobierno de 
los Estados Unidos. 

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo de la ciudad de 
Washington, este día 33 de Abril de 1898. A. D. y 1 22 de la 
Independencia de los Estados Unidos. 

(Firmado). IVm. McKinley." 

II 



Por im paite, el Gobierno colonial publicó un manifiesto en 
Cuba, protestando contra la interreacián de los Estados Dai* 
dos la cual se efectuaba precisamente en loi mometitos de iota- 
gurar el nuevo régimen que garanlia ampliamente la libertad 
política de U Isla, y cuando se iba á elegir el primer parla- 
mento colonial que reemplazaba la soberanía de Espaüa por 
medio de la autonomía. 

Kl manifiesto despees de agregar que los americanos no te- 
nían Otro propósito que la auexlóa de Cuba concluía con estas 
palabra»: 

■ Es deber de todos los hHbiUntes rechazar la invasión. Re- 
cordad la conducta de los defensores de la Habana contra It in- 
vasilón Inglesa de Abermasle.> 

El Capitán General Blanco publicó también un decreto dero- 
gando el que concedía perdón á los insurrectos y sujetando f 
la ley marcial á todos los culpables de traición, crímenes con- 
k tra la paz ó contra la nación, revueltas, sediciones, etc. 

Loa aprestos para la defensa de la Habana se hacían con gran 
nctivdad, tas baterías se alistaban y los ayudantes de órdenes 
corrían eu todas direcciones llamando al ejército £ las armas. 
Lr artillerÍH de tas fortificaciones fué minuciosamente revi&u- 
da y lOB artilleros recibieron consignas de hacer guardia sobre 
los CBKnneK tuda la noche. El General Btauco salió para Santa 
Clara que se encontraba revuelta, y el Gobernador Militar, Ge- 
neral Arólas, asumió el mando de la Habaua. 

Los insurrectos continuaban haciendo oposición a) régioea 
autonómico implantado por España, alegando que faltaba el 
verdadero gobierno independiente; y que aquel sistema repre- 
aentaha la continuación del dominio colonial. Asi es qoe tA» 
luego como fueron derogados por el general Blanco los dccre* 
tos de amnistía y perdón por los delitos políticos, volvíerou á 
Mumlr su carácter intransigente los revolucionarios y se maal- 
üularou ableitameute aliados de los amencamos, proyectando 
por entonces un ataque sobre la Habana, que csperat>aa leria 
secundado por la escuadra bloqueadora, para obrar en cotDbl* 
nación. 




95 

La Caaía Q^n'a/ del Gobierno de Madrid, publicóel stgulcn- 
I te decreto, con fecha 34. de Abril: 

[ «Las relacioues dipioniáticas con los Estados Unidor están ro- 
[ tas y el estado de guerra ha comeitzado entre ambas naciones. 

Se han suscitado numerosas cuestiones sobre !a ley interna- 
cional, las cuales tienen que ser definidas con precisión, prin- 
cipalmente porque la injusticia y la provocación proviene de 
nuestros adversarios, y ellos son los que por su conducta detes- 
table ban originado este grave conflicto. 1 

£1 mismo día la escuadra americana apostada frente á la 
Habana, se puso en líuea de combate, encabezada por el cruce- 
ro almirante "Nueva Vorlc> y dió gran presióu al vapor de sus 
máquinas á eso de las cuatro de ia tarde. 

£1 motivo de aquel movimiento fué el haberse avistado un 
buque entre la Habana *y Matanzas que parecía caminar con 
rumbo al Este, Bien pronto los buques americanos se pusieron 
í la caía dejando atrás á todos el «Nueva York< que marchaba 
con mayor velocidad. Los artilleros de éste recibieron orden 
de cargar y estar alerta Después de algunos nudos recorridos, 
se distinguió perfectamente la bandera española que flotaba so- 
bre el buque perseguido, el cual á todo vapor pretendía alcan- 
zar agUH de poco fondo. 

Cuando se encontraba ya á tres millas de la costa, y á una 
del Nueva York, empezó á disparar sobre el barco espaSol, que 
I era el «Pedro de Bilbao.» Este se paró y fué apresado por los 
\ americanos. 

Fueron también apresados los buques «Jover» y «Remus" en ^ 
las mismas aguas. El primero, español, fué conducido con el 
«Pedro» á Cayo Hueso. El segundo, alemáu, después de haber 
justificado que ignoraba la declaración de guerra, fue puesto 
eu libertad. 

La escuadra española apostada en Cabo Verde, esperaba ór- 
denes para marchar, y el Almirante Cervera mostraba gran 
Impaciencia por eutrar en acción 

El Capitán General de Cuba, Sefior Blanco, telegrafió á BU 
gobierno que los buques españoles podían ser ulilizados en cual- 
quiera otra parle fuera de la Habana, porque este puerto se bas- 
taba para su defensa. 

L« cuestión de subsistencias se iba volviendo difícil á con- 
secuencia del bloqueo. Los víveres Iodos encarecían notable- 
mente, y la carne era un artículo verdaderamente difícil para 
su adquisición. 

Con fecha a6 la Gaaln O/Sríai del Gobierno biilánico publi- 
có una proclama de neattálldad definiendo la actitud de laa 
autoridades Inglesas con lesMeto á los subditos íngloei duran- 
te la gncna entre GipiSi yv ' lados Unidos. 



Bl OobietnO «pailolebvió tcmbiéii i les púlenciasUnR cir- 
cular expresando su sentimiento por la dura n^esidad de verse 
obligada á apelar á la Fuerza para repeler la escaiidaloRS a^Te- 
sión <le lo3 KstadoE Uuidos y defender la ioiegridiid oscional 
y la dignidad liistÓT-ica del patrio suelo^ 

1.a cÍTCtilar ^-ontinúa así: «La btstorní ofrece pocos ejempto» 
en que le razón sea lan evidente de una psite, j el nllTaje tan 
niarcadQ de ia oirá. 

España tiene de su paite la razón, el proceder correcto y la 
prudencia, mientras que los Estados Unidos no tienen d« la 
saya más que dealvallad é impulsos de desmedidas nmbick»nes.>> 

Después de referirse á la execrable conducta del Oeoeral 
Filzhugb Lee. la nota reproduce el texto de las resolncionefi 
del Congrest) marcando las t'iUimas palabras •cquio tratando de 
litiertai á los cubanos > 

Se predice también que Cuba no se declarará pacÍG:&da has- 
ta que esté lista para manejarse por sí misma. 

La nota da detalles de la ruptura de las negociaciones entre 
Kspaña jr los £stados Uuidos, terminando con la siguiente de- 
claración: 

rr£l pueblo español espera el ataque cou tranquila serenidad 
decidido á vender caras sus vidas y á defender con energía sus 
derecbos de perinauecer en América. Confía que en esta obn 
tendrá el apoyo de los cubanos que hnu permanecida fieles, ^B^ 
vola de loa mismos espadóles. > ' '• '* '*' 



■'■-"W'líl MiniíteTki de Guerra y Marina de Estados ÜnMíijí 'm 
'Héí*tÍttgifta fá'itíayor actividad. A la vez que babía sido fiiafcifí- 
cada la proclama del presidente McKinlcy llamando á taa.aí- 
mas á los voluntarlos, £e4iab(a dirigido un mensaje al Coiii^»- 
ro Dewey, que se bailaba entonces en e! mar de la Cbioa, ptra 
que alistase su escuadra y se dirigiese sin pérdida de tleiqpp & 
atacar á los buques españoles surtos en la bahía de M^antlá'^tl 
Archipiélago Filipino, y tomaiá posesión— si el éxito no leei^i 
desfavorable— de la capital de aquellas islas. | '. 

Al mismo tiempo se preparaba la expedición ?nvásoraá¿Ca- 
ba que babía de desembarcar eii un puerto de la cosía oqeá'tal, 
provista de gran cantidad de municiones de boca y de gijwoí, 
y se hacían arreglos para que las fuerzas de los' InsU^rectfís 
apoyasen el desembarco, 

É! Ministerio de Relaciones había entrado también eij i)ii 
período de gran actirlilail. con motivo del aviso £ las tiactcúiú 
asf del rompltnle^tD. ^e 1»B liástIlldEde5, cofóo -dc^ blti^viww 



97 

La d«clat8cióa da gnerrafue cotauulcada por la siguiente 
nota: ■ 

uMinislerig de Relaciones. Abril 25 — El CooRreso aprubáel 
día 30 de Abril uua resolución ref&ieaK á la Intervcncióa para 
la pacificadón é iiidependencta il« la. Isla dt Ciiba.< Bl Gobier- 
go ^paüol coD fecha 21 de Abril iaíoinióal MioiíitTO ameiioa- 
nO eti Madrid que consideraba esta re:>oiuci6u equivalente á 
una declaración de guerra, y que por 1" t anto. retiraba ásu Ml- 
uifitco eu WaiibiugtOQ, tcruiíiando así todas las relaciones di- 
plgináticas. 

"Por esta razón el Congreso aprobó hoy una resoluciÓD de- 
clarando que un estado de guerra existe entre ambas naciones, 
incluso el día 21 de Abril. 

■ laíonnad al Cobierno ante el cual estáis acreditado quease- 
gure la neutralidad en la presente guerra. [Firmado] Sli^man.» 

EA sigui(.-nle dia se publicó en Washington una uueva pro- 
clama del Presidente de la Uuión Mr. McKinlcy, cuyu texto 
damos á conocer. 

■ Proclama del Presidente de ios Estados Unidos; fin virtud 
de un acto del Congreso aprobado el 25 de Abril de 1898, eu 
que se declara que la guerra existe y que la guerra ha existido 
deade el 31 de Abril A. D. 1698 incluso el mismo día, entre tos 
SatadoB Unidos y el Keino de Kspaña y en virtud de que se 
desea que esta ^erra i:ea conducida basada eu los principios de 
arnonfa con la presente opinión de las Dacionve, y :^a>icionadoK 
por el último sistema ya anunciado de que la política de este 
gobierno Beta la de no recurrir al corso, sino sujetarse alas 
OondicÍDnes del Tratado de Patls. por lo tanto, yo Wm. Me-* 
Kinley, Presidente Constitucional de los Estados Unidos de 
América, eu virtud de las facultades que me conceden la Cons- 
titución y las leyes, por lo tanto, declaro y proclamo: 

*Ptimeto. La bandera neutral ampara las mercancías eaemt 
gas, con excepción del contrabando de guerra. 

*Segundo. Las luercancfas Deuirales que no sean contrafant* 
do 4e guerra, no pueden ser confiscadas aunqufl estéa bajo la 
bandara enetniga. 

TerterOy Los bloqueos para que sean obligatorios, deben ser 
efectivos. 

CUarÍQ. Los buques mercantes espaiíoles. en cualquiera de los 
puertos ó agU'is dentro de los Estados Unidos, se les permiti- 
rá basta ei 21 de Mayo inclusive, descargar y zarpar de dichos 
puertos ó aguas; y si estos buques son escoutrados en alta mar 
por cualquiera de los buques de los Estados Unidos, ae les per- 
mitirá continuar su viaje, si después de visitados aparece que 
sus cargamentos fueron lomados á bordo antes de la expiración 
del plazo indicado, siempre que ninguna de las cláusulas ante- 
llores pueda aplicarse á bateos españoles, teniendo á su bordo 



L 




98 

oficiales en el servicio militar 6 naval del enetnigo, ni carbóo, 
excepto aquel que sea necesario para el viaje íi otro artículo 
prohibido ó contrabando de guerra 6 que lleven algún despa- 
cho del 6 para el gcbierno español. 

'Quinto. Cualquier buque mercanle español que liaya zarpa- 
do antes del 3i de Abril de 1898 de cualquier puerto extranje- 
ro para los puertos ó aguas aniericaDas, se le permitirá entrar 
á estos puertos ó aguas, descargar y salir sin ser molestado; si 
alguaos de estos buques son encontrados en alta mar por los 
buques americanos se les permitirá continuar su viaje ácual- 
quier puerto que no esté bloqueado. 

*Sex(ú. Se ejercitará el derecho de vista con estricta sujeción 
á los derechos de los neutrales y los viajeros de los vapores co- 
rreos no serán interrumpidos, salvQ,que existiesen sospechas de 
que violan las leyes con respecto al contrabando ó bloqueo. 

(Firmado) Wm. McKinley. 

■Dado eo ei Palacio del Poder Ejecutivo en Washingtou á 
los veintiséis días de Abril de 1898. 

Las declaraciones de neutralidad en Frauda, Austria, Por- 
tugal, Japón, México y algunos países sub-americanos se fue- 
ron haciendo sucesivameute en los días inmediatos. Alemania 
manifestó que reservaba sus derechos para adoptar una deci- 
sión, y no fué sino algún tiempo después cuando se declaró 
también por la completa neutralidad. 

Mientras estos sucesos se desarollaban en América, prepa- 
*rábanse otros más sensacionales en las posesiones españolas de 
Asia. 

El Comodoro americano Jorge Dewey al mando de una po- 
derosa escuadra se acercaba á Filipinas. Kl Almirante espa- 
nal Montejo, cuyo heroísmo había de dar carácter á la página 
xak'i épica de esta historia nefasta, se preparaba para salir á sa 
encuentro comandando una ñotílta de barcos de madera, tri- 
pulados por hombres que habían hecho previamente el sacrifi- 
cio de su vida en aras del amor á la patria y del honor español. 




' rñneipii Ik guana. — Breve rajctl» histiirio» do l«i lalw Filipinaa. — Ei iirimer 
combate naval. — C nio «riiii loa biicjties eijubaleí j cdrao Im anerícAnoa qua 
lUmlMtiBroD. — DescrijiciÚD da U batHlIn •)« C»TÍte. — Valerosa «ondoi^U do 
los eipi&olci- — MitBcte riel <^s[ñEBD Cadarbo Ecy — Bnqa» cvhado^ á piqu«. 
— Partea oñríftlu ila U bst&lU. — Opini' u de un eierltoi frtncéi», tulige p»- 



Bl estado de guerra existía ya de hecho entre España 
1 y América, En los dos coutiuentes se creta que el 
U ptiiner cañonazo iba á resonar de un momento á otro, 
_^^^__ ~e supuso que los buques americanos próximos á 
Ib lula hubieseu roto el fuego sobre uno de sus puertos y que 
el primer combate tendría lugar en la costa cubana, en el gol* 
fo de México ó en tierra de la misma Autllla ó, en todo caso, 
ec algún punto del Atlántico. As( es que la noticia de que la 
prímertt batalla se había verificado el 19 de Mayo en Manila, 
Se recibió con verdadera sorpresa. 

Los sucesos posteriores desarrollados en el Archipiélago £lí- 
pino le bau dado grau siguiñcación en la política interuacio'- 
iia1; por lo tanto creemos oportuno, antes de hacer la descrip- 
ción de la memorable batalla, decir dos palabras acerca de su 
geografía histórica y política. 

Las islas Filipinas se bailan situadas en la parte septentrio- 
nal del Archipiélago asiático. Las roilea por el Norte y Oeste 
el mar de ia China; por el Este el Océano Pacífico y por el Sur 
«I mar de Célebes. La tierra más próxima al Norte es la isla 
Fonnosa, al Este, las islas Palaos; al Sur, las islas Célebes al 
Oeste el Borneo y al Oeste la Cochinchina.^En cuanto á la 
distancia con España, la más corta para la navegación es de 
16.580 kilómetros á través del Canal de Suez y de 25,000 pot 
el cabo de Buena Esperanza,— Las 1,400 islas que forman el 
Arcbiptélago filipino, se dividen en cinco grupos: Luzón, (la 



más Importante), Blsayas, Paragua, Jol6 y Mlndaoao. Alg^atit 
vez se han visto obligadas las autoridades militares de estas 
dos últimas provioclas, á reprimir eDerglcameute los desmanes 
y fechorías cometidas por ciertas iiordas levantiscas y rapaces, 
pertenecientes casi en su totalidad á la raza musulmana, pop 
qoe la gran mayoría de la poblacióu isleña se compone de mí- 
layos, cuyo carácter dócil y sumiso se ha hecho siempre nota- 
ble, dando por lo tanto muy poco que hacer á las autoridades 
de la Colonia. En estos ultimes años ha habido algunns rebe* 
liones de los naturales, instigados por las tenebrosas maqalna- 
ciones de las sociedades secretas que tanto abundan en la Isla. 

El gobierno peninsular recuerda ahora el pérfido proceder 
del Dr. Rizo, así como el del célebre revolucionario Emilio 
Aguinaldo. Este, habiéndose obligado á no hacer armas contra 
España, recibió, según convenio, gruesas sumas de manos de) 
ex Capitán general Primo de Rivera, juró y dló su palabra de 
honor entonces, de que no volvería á tomar parte en la revoló • 
cióu, para acaudillar después á los insurrectos en el movimien 
to sedicioso que estalló no hace mucho. No es e^te el único 
caso de perfidia que se registra eu la historia de Ins revolucio- 
nes coloniales. El ex-Capitán general Martínez Campos pagó 
también bastante cara la conducta traidora de los jefes iam- 
rrectós cubanos en 78, (i) sin obtener mejores resultados. 

Las Islas Filipinas fueron descubiertas en 1521 por los lo - 
signes navegantes Magallanes y Etcauo, durante el reliudo de 
Felipe II cuyo nombre Ilevau eu honor de este monarca. 

D. Luis Velasco, segundo virrey de la Xueva España, faé 
quien organizó la expedición que habla de conquistarlas, y 
uombró jefe de ella á D. Miguel López de I^gozpi, El d(a zt 
de Noviembre de 1563 salió dicha expedición de1 puerto de 
Navidad y después de tres meses de oavegaclóu llegó á Fili- 
pinas el 13 de Febrero del siguiente año, procediendo desde 
luego á la conquista, que debido á su habilidad, pudo llevarse 
á cabo sin tropiezos y el día 15 de Marzo de 1871 tomó pose* 
stón de ellas á nombre del Rey de España 

Las Filipinas tienen una extensión territorial de 398,773 ki- 
lómetros cuadrados; en la actualidad su población es aproxi- 
madamente, de unos 7.000,000 de habitantes, los que peiteae- 
cen eu su gran mayoría, como antes dijimos, á la raza malaya. 
Bl elemento peninsular, uo predomina aquí como sucede en 
Cuba. El país es sumamente fértil y rico; la agricultura es la 
fuente principal de esta riqueza; las producciones de café, cs- 
cao, tabaco, vainilla, etc. y muy particularmente sus madens 

:g la piibliwdo par rl Siftot Duimyda LoiiM, Mí- 
„ n, etponi'odo «II jaido 1 ' ' ' .. . - 

a ü pd^na 4S de eiU libro. 




T7V- 



I 



101 



preciosas, fratts tropicales y plantas textiles, son exportadas 
en grandes cantidades á los mercados de Europa y Norte Ame- 
llen. 

A ra{z del levantamiento iniciado en Bairc (Isla de Cuba) ha- 
ce tres años, llevóse á cabo otro semejante en esta apartada re- 
gión de Oriente, siendo en puco tiempo sofocado por las ague- 
rridas buestes del General D. Camilo Polavleja. Después han 
vuelto los belicosos isleños, capitaneados siempre por el cabe- 
cilla Aguinaldo, ábacer armas contra España. Últimamente 
tomóla insurrección mayores proporciones debido á la Inter- 
venclóu armada de los Estados Unidos. 

No es esta tampoco la primera vez que las islas Filipinas se 
ven atacadas por Invasores extranjeros. El año de 1763 arribó 
al Archipiélago una escuadra inglesa, al mando del almirante 
Jorge Cornish y del brigadier Drapier, quienes intimáronla 
rendición de Manila, bombardeándola al ver su resistencia. I,a 
pusilanimidad é Ineptitud de su Gobernador General, el arzo- 
bispo Rojo, hicieron que el Consejo de administración y gobier- 
no, unido á las principales autoridades militares y civiles, nom- 
braran entonces Gobernador y Capitán General interino á D. 
Simón Anda y Salazar quien supo maoteuer en las Filipinas el 
prestigio y dominio de España. Debido á su valor y patriotis' 
mo, á pesar de hallarse Manila en poder de los invasores ingle- 
ses, el nuevo Capitán General logró organizar un pequeño ejér- 
cito voluntario, con el que pudo encerrar al enemigo y derro- 
tarlo completamente, subsanando asi el error y las debilidades 
del arzobispo Rojo, que ya había subscripto el acta de cesión * 
de la capital del archipiélago filipino á la gran Bretaña. 

Hecha poco después la paz con Inglaterra, D. Simón Anda 
y Salazar entró en Manila al frente de sus tropas, cuyo contin- 
gente se componía de 5,800 hombres sin disciplina, pero anU 
mados por el más leal y ardiente patriotismo. 

n 

Declarada á Bspafia la guerra por la Repábllca de Norte* 
América, parece que se bahía meditado con anticipación, muy 
á la sordina, dar un golpe seguro sobre las posesiones cipaGo- 
las en la Oceanfa, que nadie se hubiera esperado jamás, pues- 
to que el motivo que tuvo esa nación para emprender la gue- 
rra, fué darle ¡a libertad A Cuba. 

Él Gobierno de Washington libró sus ordenes al Comandan- 
te de Ib escuadra americana eu el mar astático, prevlnléndolt 
qne á la mayor brevedad se dirigiese con sus naves rumba al 
Archipiélago ñliplno, de cuyas costas no se encontraban en- 
tonces muy distante. 




102 

Cumplidas estas órdenes, se avistaron poco tiempo despnffl 
en aguas filipinas los buques de guerra americanos, al mando 
del Comodoro Dewey, y cuyas fuerzas navales eran las sígo'eo* 
les: el «Olympia" buque almirante, cructro protegido de prime- 
ra, de 5.880 toneladas, ir nudos de velocidad; 4 cañones 8 pul- 
gadas; 10 cañones de tiro rápido de 5 pulgadas; 4 caüones d« 
6 libras, 6 de una libra y 4 ametralladoras. «Baltiroore,' ciiice* 
ro de segunda clase, con 4,600 toneladas, 20, 6 nudos de vrlo- 
cidad. 4 cañones de 8 pulgada-*, 6 id. d.* 6 pulgadas, 4 c«fio- 
ues de 6 libras de tiro rápido; tí cañones de 3 libras, 2 oañunes 
de t libra, 8 pulgadas y 3 ametralladoras. «Boston,* cracero 
de segnnda, con 3. 1S9 toneladas; velocidad ^5 nudos; 3 ca- 
ñones de á 8 pulgadas, 6 cañones de 1 6, 4 cañones de 6 libras 
de tiro rápido. } de ¿ 3 libras, 3 de á una libra, i de á 8. 3 d» 
á una pulgada, y dos ametralladoras. nRaleigh.» de segunda 
clase, velocidad, tQ nudos, un cañón de seis pulgadas, 10 ca- 
ñones de 3 pulgadas de llro lápiJu, S cnñones de 6 libran, 4 
de Hbray 4 ametralladoraíí. "Cnncord.» de tercera clase, con 
I. 700 toneladas, 17 nudos de velocidad, 6 cañones de 6 pulga- 
das, 3 cañones de 6 libres de tiro rápido, 3 de 3 libra.*, un ca- 
ñón de I libra y 6 ametralladoras. "Petrel,» de cuarta clase coa 
890 toneUda.>^; 13 nudos de velocidad, 4 cañones de 6 pulgadas, 
2 cañones de 6 libras de tiio rápido y 4 ametralladoias. Acom- 
pañaban á estos buques de combate los Iransportex armados, 
• Helene," (Zapliii» y "Nasliani.u el guarda costa «Me Cttllouglt* 
el carbonero «Sabn" y el buque de provisiones «Seafarer.» Bí- 
• tos dos últimos, as( como el 'Zaphir' y ■Nashani» no tomaron 
participación en la contienda, permaneciendo á alguus distan- 
cia fuera de la linea de combate. 

A ña de que se pueda juzgar con toda coucíencla ó impai- 
cialidad del sangriento drama desarrollado en Cavile en los 
primeras horas de la mañana del día to de Muyo damos á con- 
tinuación un pormenor del niímero y calidad de buques espa- 
ñoles que hicieron frente al poderoso euemigo. Fueron estos 
barcos: el «Retoa María Cristina,» buque almirante, de 3 450 
toneladas, botado al agua en 1 88 1 ; con una velocidad de 1 7 na- 
dos; 6 cañones Houtoria de 5. 2 pulgadas, a cañones de 3.7 pul- 
gadas, 3 de 2. 3 pulgadas de tiro rápido, 6 cañones de I 4 pul- 
gadas y dos ametralladoras. «Castilla,» Crucero de segunda cla- 
se, construido en el año de 18S1, de 3.342 toneladas, 3 cañones 
Krupp de 5. 9 pulgadas, 3 cañones de 4. 7 pulgadas, 3 cañones 
de 3. 3 pulgadas, 3 cañones de tito rápido y 2 ametralladoras. 
«Velasco.B cañonero que se hallaba en la ensenada de BacooT, 
reparándose, de 1.512 toneladas, 3 cañones Uontoria de 5 9 
pulgadas, 2 cañones Armsttong de 7 pulgadas y 2 ametra- 
lladoras. «Don Antonio de Uüoa;» de 1,130 toneladas, 10 nudoa 



103 

de velocidad, con 4 cafiones Honloria, de 7 pulgadas, 3 caño- 
nes de 3 pulgadas y dos smetralladorss. 

■ Don Juan de Austria,* de 113a toneladas, 11 nudos de ve- 
locidad, 4 cañones Honloria, de 7 pulgadas, 2 cafiones de tiro 
rápido de 2 pulgadas, i cañóu de 15 pulgadas y 2 ametrallado- 
ras. "General Lazo,> cañonero de 524 toneladas, 10 5 nudos de 
velocidad, 2 cañones Houtoria de 4 7 pulgadas, 1 de 3 5 pul- 
gadas. 2 cañones pequefios de tiro rápido y 1 ametralladora. «Bl- 
cano," de 520 toneladas y 10 nudos de velocidad, 3 cañones 
de 4.7 pulgadas, i de 3.^ pulgadas, 2 cañones pequiños de 
tiro rápidu y 1 ametralladora. «Marqués del Duero,» aviso de 
400 toneladas. q6 uudos de velocidad, con i cañón de 6.3 
pulgadas, 2 cañones de 4 7 pulgadas y i ametralladora. «Isla 
de Cuba, u crucero de 33 clase de 1,400 toneladas, 10.5 nudos 
de velocidad, 4 cañones Honloria de 4.7 pulgadas, a cañones 
pequeños y a ametralladoras. «Isla de LtizÓn." de 1030 to- 
neladas, 9.6 nudos de velocidad, 3 cañones Hontoria de 4.7 
pulgadas, 2 cañones de 3 5 pulgadas y 2 ametralladoras. -Isla 
de Miudanao,' vapor- correo de la Compañía Trasatlántica, 
que no tomó ningún participio en el combate, lo mismo que el 
trasporte 'Manila,* los cuales permanecieron fondeados en la 
ensenada de Bacoor durante la contienda. Todos estos barcos, 
excepción hecha de los cruceros «Reina Maiía Cristina,' >D. 
Antonio de UUoa» y «D. Juan de Austria" eran de madera y ca- 
recían dei blindaje de protección. Algunos de ellos se encontra- 
ban en muy mal estado, resultando casi Inútiles para el ser- 
vicio. 

En cuánto á su armamento, debemoa hacer constar que muy 
pocos fueron los que llevaron cañones de tiro rápido. Sólo el 
buque 'Heina María Cristina* poseía !os cañones de [4 centí- 
metros, que era lo que más valia del artillado de la flota espa- 
ñola. Adolecía ésta también de la falta de un cuerpo piáctico é 
idóneo de maquinistas, pues en la premura con que se procedió 
á su organización hubo necesidad de echar mano de tiombres 
que nunca habían sido marinos de guerra L'^s cuerpos de con- 
destables y artilleros también fueron muy deficientes, y algu- 
nos reclutados á última hora; el desastre tenía pues que resul- 
tar no solamente probable, sino ineludible [>ara Kspaña. 

Bu resumen, cinco fueran las naves españolas, que represen' 
taren algún valor efectivo en esta hecatombe, las que eu con* 
{unto sumaban 1 1 , 390 cahatlo.t de fuerza, 13371 toneladas, 76 
cañones, t.875 tripulantes y la millas de velocidad el de ma- 
yor andar. 

La escuadra norteamericana se componía en su mayor parte, 
de cruceros protegidos y moderuos. con una velocidad media 
de algo más de 17 millas, y de cañoneros de primera, con un 



total de 31,410 tooeladas, 49,390 caballos de faerza, 163 bocas 
de fuego (la mayor parte de tiro rápido) 1,750 plazas á bordo, 
montando el (Olyuípiai- 4 formidables cañones de 30 ceotdne- 
tros; los cañones fueron gobernados por artilleros ingleses cúd- 
tratados entes de zarpar del puerto de Hong Kong la escnadm 
norteamericana, por el Gonsul de e.sta nación. Mr. Wildaio, 
quien ofreció á las bhte jackfU británicos 500 dollars mensuales 
en pago de sus servicios. Debemos bacer constar también qae 
dlcbos marinos ingleses eran en su mayorta desertares de la 
escuadra de la Gran Bretaña. Tal es la versión de uti subdito 
francés que se encontraba en el logar de los acontecí tu ientos, y 
que á contiuiiación trascribimos. 

HI día 35 de Abril, á medía nocbe salió el Contralmirante de 
U escuadra española D. Patricio Moatojo de la bahía de Ma- 
nila para el puerto de Subic, acompañado de los cruceros «Rei- 
na María Cristina,» »D. Juan de Austria,» "Isla de Cuba,« «Isl* 
de Luzón,° aviso -Marqués del Duero" y el •Castilla,» 

Este último viejo navio, se hallaba en malísimas condiciones 
á causa del deterioro completo del cnsco, que le Impedía cari 
todo movimiento; sólo pudo ser utilizable, á medias, como nni 
ineficaz batería flotante. 

El día 26 celebró en Subic el Contralmirante una confereD- 
cia con el Capitán de navio, Sr. del Río, sobre el estado en qoe 
se encontraban las obras de defensa de ese puerto, por donde se 
vino en conocimiento de la deplorable situación en que se ba 
liaban. Se procedió inmediatamente á reparar el mal en lo que 
•fuese posible, puesto que se acercaba la hora de presentarse la 
armada enemiga en las aguas del Archipiélago. Como se com- 
prenderá, estas improvisadas defensas resultaron iasuficientes 
en virtud de la violencia con que se llevaron á cabo. 

Era tan lamentable la situación que guardaba el crucen 
nCastilla,» que á consecuencia de la corta travesía verificada pa- 
ra llegar á Subic, hacía mncha agua cuando arribó á este puer- 
to, al grado de que fué necesario taparle las hendiduras que 
presentaba, con cemento, operación que tardó algunos días lo- 
grándose al fin que quedara el buque casi estanco, pera mate- 
rialmente imposibilitado para utilizar su máquina. 

En las primeras horas de la mañana del día 27 los barcos 
referidos se dirigieron á la parte Suroeste del puerto precitado 
á fin de cubrir sn boca que era donde se hacía más indispensa- 
ble la resistencia. B1 "Castilla" se retiró sobre el extremo No- 
roeste de la Isla Grande para defender con sus fuegos la entra- 
da del Oeste. La del Este quedaba cerrada con los cascos de 
algunos barcos mercantes echados á pique con tal propósito. 

Con profundo desagrado notó el Contralmirante Montojo que 
üo habían sido montados, como lo esperaba, los cañones ca U 



E105 
iicho más aúa aumentó su disgusto al manifestársele 
,__ _ rfan más de mes y medio ea estar emplazados dichos 
cafiones. 

La defeDsa de torpederos fué nula porque se dudaba de sa 
eficacia para proteger la rada. No defendida ésta bajo tal me* 
dio, ni por laij baterías de tierra, tenfa que resistir la escuadra 
con sus escasos elementos el formidable ataque de la nota OOT- 
teamericana, en un leducidfsimo círculo. 



I 



III 

Abrigaba aúu la esperanza Montojo de que el enemigo no se 
dirigía al puerto de Subic, dándole de esta manera tiempo pa- 
ra prepararse algo mejor y poderle hacer frente ea condiciones 
menos desfavorables; pero estas esperanzas se desvanecieron 
bien pronto. Al día siguiente recibió del Cónsul españolen 
Hong-Kong un telegrama que textualmente, decía: "Escua* 
dra enemiga salió á las dos de la tarde de la bahía de Mirs, y 
según couñdencias, se dirige á Subic para destruir nuestra es- 
cuadra y después marchará sobre Manila.» 

El telegrama demostraba que el enemigo conocía perfecta* 
mente los movimientos de la escuadra española, así como tam- 
bién sabía que carecía de medios de defensa el fondeadero ó 
puerto de Subic. En efecto, estos pormenores le fueron comuní* 
CRdos al Comodoro Dewey, jefe de las fuerzas navales america- 
nas, por varios agentes y espías chinos, japoneses y británicos. 

^1 día iS de Abril el Contralmirante Montojo convocó á jac- 
ta extraordinaria de comandantes, y todos, á excepción del je- ■ 
Je del arsenal de Subic, Sr. del Río, opinaron que la situación 
era Insostenible, y que debían trasladarse á la batería de Ma- 
nila, para aceptar allí el combate en condiciones más favora- 
bles. Esta resolución contrarió muchísimo al comandante del 
arsenal expresado, y no comprendemos qué motivos hubo de 
tener por apoyar su opinión puesto que realmente la bahía de 
Manila ofrecía mayores ventajas á la escuadra, que las que pu> 
diese tener el puerto de Subic. 

Como se había convenido y resuelto el d(a 39 abandonó la 
flota el puerto de Subic, y se dirigió á Manila, descebándose Ib 
Idea de apostar los buques cerca de esta última ciudad, porque 
lejos de defenderla, provocaría el bombardeo de la plaza, que 
hubiera sido desastroso. Se optó pues, unánimemente, por to- 
mar posiciones en el fondo de Cañacao, con el menor calado 
posible á fin de poder combinar los fuegos de la escuadra COQ 
los de las baterías de punta Saugley y del «UIIob.» 

DÍ6 luego el Contralmirante Mootojo orden al comaadante 
St. del Río ds que concentrara todas sus faenas ea el ponto 



io6 

más coaveuiente y estratégico del arsenal de su mando, asf co- 
mo para quemar, sí era necesario, las existencias de carb¿a al- 
macenadas eii el depósito, antes de que cayese éste en poder 
del enemigo. Fué despachado para Maulla el «Dou Juan de 
Austria" con el objeto de que se reuniera el mayor número de 
cUalanas. cargadas de areua, para que sirviesen de defensa á ts 
linea de flotación del "Castilla'' que como antes dijimos carecía 
de movimiento, y protegerlo en lo que fuese posible contra los 
torpederos y granadas enemigas. 

En la tarde del citado día ig fondeó la escuadrilla hispana 
en el seno de Cañacao, y el siguiente, 30 de Abril, quedaron 
establecidos en línea de combate el «María Cristina, > •Castilla,* 
•Don Juan de Austria,» «Don Antonio de Ulloa,» 'Isla de Ln- 
zón,» «Isla de Cuba» y «Marqués del Duero,» mientras que el 
transporte «Manila» iba á reunirse en el foudo de la ensenad* 
de Bacoor con los cañoueros «Velasco» y "1,920, > que como jra 
refeiimos primero, ae hallaban en reparaciones. 

A las siete de la tarde fué trasmitido de Subic un telegrama 
anunciando que la flota enemiga había entrado eu el puerto á 
las tres, y no encontrando allí 4. Montojo y su escuadra como 
esperaba, había ordeuado el Comandante Mr. Jorge Dewey, 
saliera inmediatamente para la bahía de la capital Supina. 

Llegaba á la bahía el trasatlántico «Isla de Mindanao* ácn- 
yo capitán aconsejó Montojo salvara su navio partiendo en el 
acto rumbo al puerto de Singapore; pero la falta de la autoriu- 
ciÓQ respectiva de la compañía Transatlántica, no decidió de 
pronto al capitán, y al fin se refugió con su bnque en tas laale- 
• diaciones de Bacoor. 

A eso de la media noche oyéronse cañonazos hacia la isla del 
Corregidor, y á las dos de la madrugada del día 19 de Mayo, 
recibió Montojo aviso telegráfico del arribo de la escuadra ame- 
ricana á dicha isla. Ayudada por sus potentes proyectores, di- 
rigió sus fuegos á las bateiías de! Corregidor. lamed i ata mentí 
dló aviso e! jefe de la armada, Sr. Montojo, al comandante del 
arsenal, capitán Sostoa, y al gobernador de la plaza de Carite, 
general Don Tomás García Peña, á fio de que se proccdíesesln 
pérdida de tiempo á cargar la artillería y que todos los oficia* 
les, soldados y marineros estuviesen en aus puestos. Prevenida 
la escuadra para el combate coa los fuegos avivados, sÓlo Se 
esperaba ya por instantes la llegada de la flota enemiga. Los 
barcos comandados por el Coutraimiraate D. Patricio Montojo. 
habían sido pintados antes, de un color gris obscuro, y se les 
despojó de toda obra muerta, masteleros y botes, con objeto de 
evitar; en cuanto fuese dable, el efecto de los proyectiles y as- 
tillazos del invasor norteamericano. Kste apareció al 6n, Erante 
á Carite, á las tres de la madrugada. 



rio? 
Uds hoia después se hizo la señal de zafairancbo de colába- 
te. Pocos mometitos autes de las cinco distinguió el «Dotí Juaa 
de Austria" la escuadra enemiga, y pasados algunos Instantes 
se avistó desde á bordo, algo confusa, pero dispuesta ya en lí- 
nea de batalla como á cinco rail metros distnnte de la española. 

Formaba en primer lugar el buque insignia "Olyrapia." se- 
guían el "Baltimore," "Boston,- Concord," -Helene.» "Petrel" 
y Me CuUongli", permaneciston fuera de la línea los transpor- 
tes "Zaphtr» y «Nasbani.» Alas cinco y cuarto de la mañana 
rompió el fuego la Batería de lu Punta Sangley. y cuyos pri- 
meros proyecHIes tío alcauzarnn al enemigo: sus cañones eran 
dos de quince centímetros, sistema Ordofiez. y de los cuales 
nada más uno tenía su boca de fuego en dirección á la flota da 
Dewey. Pocos momeiuo^ después abrió también el fuego una 
de tas baterías de Manila, y antes de tas seis, una vez ya liecba 
la seña), lo veriñcó la escuadra española, respondiendo inme- 
diatamente la enemiga. 

El combate fué ttitablado. El ruego de los norte-americanos 
era rapidísimo; se vela la flota española materialmente evuel- 
ts en un diluvio de proyectiles, muy particularmente el "Cria- 
tloa," que fué en el que concentraron sus fuegos los contrarios. 
No había transcurrido mucho tiempo cuando una granada ame- 
ricana hiío explosión en el castillo del "Reina Crislinn," ma- 
tando ó hiriendo á casi todos los individuos que prestaban aus 
servicios en lof cuatro principales cañones del buque; hizo 
también grandes aveí las en el pato trinquete, y los fragmen- 
tos del maderamen destrozaron paite de los timoueles que go- 
bernaban el puente, por lo cual tuvo necesidad de tomar la 
rueda el teniente de uavío D. José Nuñez que con gran sere- 
nidad permaneció en su puesto, gobernaudo hábilmente el ti- 
món, hasta que terminó la sangrienta refriega. Estalló otra gra- 
nada en el soyado del "Crlstioa". y originó el encendió de los 
masteleros de la marinería, no causando grandes daños por ha- 
ber sido pronto sofocado. 

La escuadra americana avanzó bácia la contraria, y afinando 
su puntería, disparó sobre ésta una verdadera lluvia de me- 
trallas con sus magníficos cañones de tiro rápido; causó mu* 
cbaa bajas y do pocos desperfectos á los iufuitunadoü navios 
españoles. 

"El Cristina,» también recibió una granada formidable que 
le destrozó por completo el servo-motor quedando sin gobierno 
por algunos momentos, mientras se procuraba engranar su rue- 
de mano, y al llevarse A cabo esta operación explotó otra gra- 
nada en la popa de la nave, que dejó fuera de combate á nueve 
■ americanos, y mny mal herido & un segundo teniente. Otra más 
bizo astillas el pico del palo meanna, arrastrando la bandera y 



toS 



la icsIgnU del contra almirante Moutojo, las cuales fuerotí re- 
puestas inmediatamente. Nuevas granadas reventaron ea dl»- 
tlBlas partes del buque y algunas de pequeSo calibre atavesa- 
ron sus chlmeness, á la vez que erau petfoiados los gnardaco- 
lores poi otra de las granadas, que dejó fuera de rombate á 
no condestable y quince hombres sirvientes de la aitilletía. 

h,l cañÓD de proa de estribor quedó inutilizado por un grueso 
proyectil. Otra granada atravesó el costado reventando en el 
soyado y causó un espantoso incendio á bordo mientras segafa 
la tempestad de granadas y bombas de lodos calibres, desear* 
gadas sobre ei buque almirante. Por 6ltiiuo. una bomba expío- 
slva revenló en la cámara de oficíales, convertida en bospfial 
de sangre provisionalmente. El estrago que produjo fué horro- 
roso: los infelices heridos que allí se curaban fueron muertos 
unos y mutilados otros, sembrando el pánico y terror consi- 
guientes. Por todas partes se oían ayes lastimeros de dolor lan- 
zados por las débiles voces de los heridos que se mezclaban con 
las más terribles deno^taciones de los qut; se retorcían horrible- 
mente mutilados, en los charcos de su propia sangre. Es impo- 
tente la pluma para transcribir al papel el cuadro de horror qne 
se desarrollaba en aquellos momentos supremos. La sangre hu- 
mana corría aún tibia y humeante á caudales sobre la cubierta 
del navfo-insignla español y 1os fragmentos de los cuerpos des- 
trozados de sus defensores se veían por todas partes, muchos 
de ellos palpitantes todavía. Un infeliz americano, fué alcanza- 
do por un casco de granada que le desgarró el vientre por com- 
pleto echándole fuera los Intestiucs; el héroe con pasmosa y 
t aterradora serenidad se recogía éstos con una mano, mientrú 
que con la otra apo> aba su fusil en un montón de cadáveres 
descargándolo furio.so sobre el enemigo, 

Episodios semejantes, llenos de valor y de entereza, abtiada- 
ron en esta memorable jornada, mas á pesar de tanto heroísmo 
derrochado y de tanta sangre generosamente derramada, todo 
al fin resultó inútil. 

Hablemos de la catástrofe del "María Cristina». Decíamos 
que este barco había sido presa de las llamas, y para agravar 
más su precaria situación, el único cabo de cañón fué al 6n ani- 
quilado por un proyectil que le originó gravísima betlda, de- 
jándolo fuera de combate. No quedó ni un sólo hombre Ileso 
á bordo del buque almirante español, porque hasta el Jefe de !• 
fióla Don Patricio Montojo, resultó con una serla contusión n 
la pierna izquierda. 

En semejantes ci re un; tandas resolvió abandonar al iCiisti* 
na,» después de recojer su insignia y bandera, que material* 
mente se encontraban ya acribilladas á cañonazos; sus cfistadH) 
chimeneas y arboladuras, envueltos por las llamas, y ftien de 



109 

combate casi toda su dutaciÓQ, así como la mayor parte de la 
oñcialidad. 

El contralmirante Montojo hizo señales al mismo tiempo al 
•Isla de Cuba» y al ■LHEÓnu para que acudiesen á recoger los 
reatos de la tripulación, y una vez llevada esta maniobra á 
cabo por los bntes del «Cuba," «Luzón» y «Marqués del Duero,» 
el 'María Cristina,'- fue echado á pique por sus denodados de- 
fensores, á ñn de que nada pudiese aprovechar de él el enemi- 
go. El Contralmirante Dou Patricio Montojo arboló inmediata- 
mente su insignia en el crucero «Isla de Cuba". El heroico co- 
mandante del «Reina Cristina" Don Luis Cadarso y Rey íoé 
herido por una granada mientras dirigía las maniobras de sal- 
vamento á bordo del navio. 

Fué uno de los jefes de la armada que más se distinguieron 
durante el combate. 

Cuando había perdido toda esperanza de salvar su buque, no 
quiso salvarse tampoco. Aceptó voluntiriamentí la muerte y 
se hundió con él. en compañía de sus marinos muertos y heri- 
dos, bajo lao prnTutididades del océano. 

Bl 'Uon Antonio ¿i Ulloa* se defendió uo menos heroica- 
mente: con do.<i únicas piezas de que pudo disponer y coa quiíi ■ 
ce hombre.^ para los servicios indispensables de tan escasa arti- 
lleiia, ui/o frente á los gruesos proyectiles del «Olympiai y del 
"Concord," que no tardaron eu causarle rumbos en bu línea de 
Solación y en echarlo á pique poco.s momentos de.spués, Fué 
muerto su bravo comandante, lo mismo que aquellos denoda- 
dos marinos. 

■ El Castilla» luchó con tesón, pero su artillería fué pronto 
inutilizada por las metrallas enemigas y sólo del cañón de po- 
pa pudo servirse hasta el fin. Corrió este buque la misma suer- 
te que \on otros; inceudiado por las granadas americanas fué 
echado á pique por su comandante D. Alonso Morgado, que lo 
alMadonó á tiempo, salvando al re^to de la tripulación de uoa 
macera ordenada. 

Sus bajas fueron de 32 muertos y qo heridos. 

Bl "Don Juan de Austria," con bastantes averías y muchas 
bajas, y teniendo las carboneras incendiadas, acudió cu auxi- 
lio del "Castilla," pero poco, mejor dicho, nada podía hacer cd 
favor de este uavío, por las condiciones lameutable. eu que se 
encontraba. 

El "Isla de Luzóu" tenía también trescañones desmontados, 
y serias averías en su casco y arboladura, y por último el "Mar- 
qaís del Duero" quedó con sus máquinas inservibles, lo mismo 
que uno de sus reductos y el cañóa de proa. 

A las echo de la mafiaua suspendió el fuego la escuadaa eae- 
■iga, dando entonces orden Montojo que los buques que aun 



quedaban, fnesen á tomar posislones en la ensenada de Bacoor, 
y resislieseu allf hasta el último extremo al enemigo. 



IV. 



Tres boras después se rennud6 el combale, la escuadi 
ricAna formó un estrecho círculo con el objeto de acabar coi» 
loe restos de la flota española, lo cual cnuslgnió después de 
Doos caantos disparos, por la escasa resistencia que pmlo pre- 
sentar con los pocos cañones que auo conservaba niuntados. 
Habla llegado el fin del desastre, el epílogo del saugrlenTo dra- 
ma: no era posible sostener por más tiempo tan Irtst^ &ituaci6D. 
Todo se había perdido en Filipinas para España, menos su ho- 
ñor y su dignidad. Sns bravos y nobles hijos fueron vencidos, 
es cierto, pero jamás por cobardía ó falta de patTÍotÍHmi>: te- 
nían obligación de luchar basta morir, pero nunca )>e les po- 
dría exigir que alcanzasen la victoria. Heroísmo faé el habCT 
preferido hundirse ciu sus buques antes que dejarlos en peligro 
de caer en manos del enemigo. 

Las bajas españolas, según los datos oficiales que hemoK te- 
nido á la vi.sta. asceadieron á 6i8 hombres entre jefes y oficia* 

te. [.] 

La población de Cavite también sufrió no poco á caasa ad 
bombardeo de que fué víctima. 

De los buques españoles que tomaron parte en la refriega OB 
pudo salvarse uno solo. 

Veamos ahora el parte oGcial comunicado por el Comodora 
Dewey al Ministro de Guerra y Marina de los Estados Unidos. 

El primer mensaje enviado ¿Washington, dice; 

"Manila. Mayo ro. — Escuadra llegó á Manila al amaaeccr 
hoy. Inmediatamente trabó combate con enemigo y destruya 
los siguientes buques e^ipañoles: "María Crislina," "Castilla" 
"Ulloa", "Isla de Cuba" "General Lazo» "Duero" "Correo." 

(1) Ea t.-<i(niD al núnrru de biji» que hubo en l> bal.rU ¿e C»vite !aB«iealral 

K:te> oRcúloa. coma re yÍ. orin de9aeur<ie>. Ucbí'mn) dnrchur el del CooM»*' 
WBf qne nfiroia que mtttt futton líO !*■ ripiÜDlif; y dobriuo* dearghiirip 
qne e> IAbÍco «nponer en él ¡^nonincit de la qaa ocuirU en lo* bnquu eBMngM 
que na e«tur¡i^ron bajai ■»■ drilenri. 

L* eifrt lijada por el Onberpidnr General dx Filipina!, que ham (utiir el al* 
mero de bajii i 61(1, nna par<<ce U oiát teroaiuiil. atudD el miamo mtDuje T*fn- 
■eroD da (Carite i Manila lOOü RiarÍDa) de U ea«u*3ra dtettaUí. lo cual indlee 
que da ISIS, iotal de platas i buido de loa narfo* eipaflulca, debemoa rertu lOUO 
que reKT««aron 1 Manila, quedando en canspcuencia S7S. de loa qn* na habla (t 
aeniaje. aaf ea que aalemi'Dte SST. Ddinerii que ei exaJFridi), rcaulla queipcda- 
rltn en Cavile cor olma diarinCiu aelitor. j 9i8 Mritn la* bajía rn nnúinea. 

Ademla. loa daloi que lii mué adquirido poateri armen te. eennraian la nailiuA 
del mensaje riel (ioberiiader de Filipinae. 

Por tn qun liaw ü la* iiija^ americanaB no henot eneantrado haata ahon nala- 
que caniTadiga !• vertían de que ral» ae redujeran i leU marinoa herido*, 



Itl 



"Velasco," BMiDduno,' un transporte y batería notante en Ca- 
vile. Esctiadr» nmeiicana ilesa, sólo unos cuantos inaiinos lige* 
ratnente heridos. {Juico medio coniimicaciáii es telegrafiar á Cón- 
sul americano en Houg-Koiig. Comuuiciiréaie couél (firmado) 
DewejM- 

El día 7 de Mayo se recibió dicho mensaje, y i continuación 
este oír»: * 

• Cavite, Mayo 4. — Long Ministro Marina. — He tomado po- 
sesión de estación naval de Cavile, l!>las Filipinas y destruido 
sus forl i Giraciones, He destruida sus fortificaciones á la entrada 
de la liubfa que la protegen. Tengo domiuadá la bahía, puedo 
tomar la ciudad en cualqui'rr momento. La escuadra bien, ma- 
rinos en excelente salud y espíritn. Las pérdidas españolas son 
consideriibles, aunque no se sabeu todas. 150 muertos, entre 
éstos el Capitán del "María Cristina." Estoy ayudando á prote- 
ger á los enfermos y heridos españoles que se encuentran en los 
bospiUies dentro de nuestras Uneac. Gran excitación reina eu 
Manila. Protegeré á los exiraujeros.— ZJíWíy.u 

El Gobernador General de Filipinas telegrafió de Manila, el 
mismo dfa 7, ¿ Madrid lo signleale: 

■ El enemigo ha tomado á Cavite en el arsenal estableciendo 
un ciiniplelü bloquea. Se dice que á pedimento de los cónsules 
extraujuros, los americauos uo bombardearán la capital. (Ma- 
nila) ¿ condición de que ya uo baga fuego sobre los buques 
americanos, que se encuentran fuera de tiro. Un mil mariaos 
de nuestra escuadra destruida llegaron ayer. La.t pérdidas de 
nuestra escuadra ascienden á seiscientos díeíiocfao. ■> 

La Embajada de Francia recibió en Washington otro despa- 
cho referente á la batalla, concebido en estos términos; 

"Seis cruceros y cañoneros españoles tomarou parte en el 
combate. El primer ataque dio principio entre 8 y 9 de U ma- 
Sana del 19 de Mayo. 

Los buques americanos avanzaron eu línea de combate foi- 
toaudo una V algo abierta, encontrando á la escuadra espaSo- 
la que formaba línea de combate en figura de Y invertida, el 
crucero Almirante "María Cristina" del Almirante Montojo, 
encoulrándose eu el ápice. Este buque fué el centro del fuego 
que quedó acribillado y se fué 6. pique, por los cañones del 
"Concord." Se dice que recibió 100 proyectiles de cañones de 
tiro rápido de 5 y 6 pulgadas en dos minutos, á una dlslaacla 
de 1,000 yardas. 

Después de que se notó que el buque almirante estaba fuera 
de combate y que el almirante Mootojo lo abandonaba en un 
bote, el fuego se concentró sobre el crucero "Don Juan de Aus- 
tria," que fué destrozado: su capitán, primer o&cíal y más de 
usa tercera parte de su tripulación, perecíerou. Al buque (le 



112 

mftdera "Castilla" el fuego convctgente del enemigo, pronto lo 
iDCendíó y echó á pilone. 

La lácttM adoptada por el Comodoro Dewey, parece qne fti¿ 
el método que se considera como el mejor por las autoridades 
□avales en Europa, y que consiste en elegir un buque y coo- 
centrar todo el fuego sobre él. 



ximbate adoptada por los espa- 
:Dtras que la del Coinodoro Oe- 
] la linea de combate, concentre 



La formación di 
ñoles, es la táctica antigua, a 
vrey permite que cada buque 
m fbego según se le ordene. 

Se desprende de la pérdida de los tres buques espafioles mis 
grandes, que Dewey escogió á éstos, uno tras otro, descargas* 
do sobre ellos una lluvia de metrallas, que en poco tiempo los 
puso fnera de combate. 

El primer encuentro, agrega el mensaje, duró 40 minntos 
después del primer disparo: parte de este tiempo s« ocupó ea 
tomar posiciones para el mejor éxito del plan de atacar á ttno 
después de otro da los buques más impoitantes. Parece qoe el 
segundo encuentro se ocasionó por la aparición de algunos ba- 
ques españoles, que sin duda se encontraban cruzando runa de 
ia bahía y que entraban en el puerto en esos momentos." 

Las siguientes palabras del contralmirante Montojo, después 
de la batalla, revelan el magnífico comportamiento de sos ma- 
rinos y U imposibilidad de haber siquiera resistido mu ¿xito: 
"Todos los jefes, o&cíales, maquinistas contramaestres, oon- 
destables, marinos.y soldados, decía el Almirante español, has 
rtvalizado en sostener con honor el buen nombre de la marina 
en esta triste jornada. La insuficiencia de los buques que com- 
ponEan mi pequeña escuadra, la falta de personal de todas ds* 
ses, especialmente de condestables y artilleros de mar, !■ esca- 
sa Idoneidad de algunos maquinistas imprcvi^ados, U cssf ca> 
rcDCÍB de cañones de liro tapido, las triplicadas fuerzas del ene- 
oigo, y la ninguna protección déla mayor parte de nne«tJOsbB> 
qnea; todo contribuyó á hacer más cruento el sacrificio qne hi- 
cimos cu aras de la Patria y para alejar la eventualidad de los 
honores de un bombardeo á la casi inerme dudad de Uat " 
OMI el convencimiento de que al medir nuestras escasas fue 
con las muy superiores del enemigo, íbamos £ una muerte 
segura, y por de contado á perder todos nuestros bnqoes o 
desgraciadaments ha sucedido." 



A fin de rendir homenaje á Ib joslicia. y al verdadero ai- 
rito, traoscrJblmos en seguida un notable trabajo de qoe es 
sntor el distinguido oficial de la armada francesa que se ocntts 



"3 

JSjS el modesto pseudónimo de "El teniente X" y que ba 
presenciado los sucesos y i~onocJó perfectamente á las personas 
que en ellos figuran. Dicha labor literaria fué publicada el 15 
de Agosto de 98, con el ({tulo de "La Guerra en filipinas," y 
apareció eu la acreditada publicación francesa "La Revae de 
Parfa.*' 

Hl articulista no siente la menor inclinación hacia España — 
según él miümo afirma con entera franqueza — y no pocos de 
sus juicios respecto deesa nación aparecen demasiado duros. 
Por esto precisamente no es sospechoso su testimonio cuando 
reconoce que el valor y las cualidades militares de los españo- 
les fueron puestas á prueba en aquella memorable jornada. Es- 
te trabajo del referido escritor francés contiene implícitos, car- 
gos muy severos contra el gobierno español que nada hizo de 
su paite para salvar á la nación de la deshonra. 

He aquí algunos fragmentos: 

"Miércoles. Mayo 11. — Los españoles pretenden que harán 
una resistencia desesperada y no cederán hasta el último mo- 
mento. Manila tiene quizás, más recursos de los que se creía. 
La ciudad, amurallada, se tausforma en cindadela y servirá 
de reducto á la defensa. Los oficiales de marina salvados del 
desastre de Cavile, pasan á servir con las tropas de tierra. No 
parecen tener apego á la vida. Entretanto, basta ver tas miradas 
que dírije á estos valientes un inglés ó un americano, para com- 
prender que los desprecian. Es el desprecio del lico por el po- 
bre, del bien vestido por el andrajoso. Verdad es que el espa- 
ñol devuelve el desprecio al .sajón, pero no deja de comprender , 
que éste es inconcebible y que el aspecto le favorece. El Inglés 
produce, cierlamenle, el efecto de un hombre lico, fuerte, inte- 
ligenle y mejor apercibido para vivir, así como, al fin de cuen- 
tas, el que hace más honor á la vida. Pero el español, aúu en 
el momento en que le condeno, suscita la idea del bombr* he- 
roico. 

"Nó, no permitiré que eu mi presencia se calumnie á España. 
Nada tengo de común con este pueblo: mi ra/.ón le rechaza, 
mis sentimientos le tienen repugnancia, mi espíritu no le tiene 
piedad, y hasla estoy persuadido de que sus desdichas son un 
justo castigo: pero nadie se burle del aspectlvo furioso que sien- 
ten los españoles por la muerte. Todos los pueblos tienen 3Ui 
turbas que convierten eu vicios ridículos las mas hermosas vir- 
tudes nacionales. Nosotros tenemos tos patrioteros de dublé j 
los trágicos saltimbanquis; los ingleses tienen sus tenderos hi- 
pócritas y sus usureros políticos; no es, puea, extraño que los 
españolea tertgan sus falsos caballeros. Pero sería menester no 
tener corazón de hombre para uo honorarios como á nobles ven- 
cidos. Estos hombres aman au patria y su espada infinitamente 



114 

más que la vida. IrSn á la muerte con gran júbilo y no la sen- 
tirán siquiera. Bspiran acribillados de heridas sin poferir una 
palabra, sin hacer un gesto, sin implorar esa gota de agua que 
hace soñar con el paraíso á los agonizantes » 

«lueves 12 de Mavo. Les he visto maniobrar, v he conocido 
yapíkccs de todas calañas. No hay que esperar de ellos ni justi- 
cia, ni reserva, ni la menor moderación, ni la menor generosi- 
dad. Hasta hoy respondían á todo:» ¡Tenemos el dolía rs! sin sos- 
pechar qué repugnancia produce esta contestación á los espíri- 
tus grandes \' A las almas nobles. Ahora añadirán: ¡Tefiemos 
cafionesf* Con estos, dos argumentos convertirán en derechos 
todas sus concupicencias. Los wi/iAws, son alemanes nerviosos. 
Los alemanes lienen siempre á mano un texto para legitimarla 
violencia que les conve.iga. Los yafikees tendrán siempre una 
máquina: sea el pueblo, al que los Presidentes lamentarán ver- 
se forzados á obedecer, sea el Dios del Capitolio, que sólo cono- 
ce á su gente. Las Repúblicas de América, después de su anti- 
gua Metrópoli, serán las primeras en experimentarlo. A Euro- 
pa le llegará su vez, por haber abdicado, manteniéndose apar- 
tada de la guerra, y sobre todo si deja á los yafikees poner pié 
en las Filip¡n;is. El asunto de Cavite fué un violento combate 
de artillería en que uno de los beligerantes tenía todos los ca- 
ñones y el otro le servía de blanco. Los americanos prodigaron, 
según consta, los proyectiles disparando 3,000 cañonazos. Des- 
pués les faltaron las municiones. Esto se llama proceder más 
que á la ligera. Han tenido más suerte que destreza. Es cierto 
, que un cañoneo intensísimo, como aquel, es de un efecto abru- 
mador cuando el enemigo es débil y no tiene los elementos pa- 
ra responder, pero en cualesquiera otras circunstancias es una 
táctica absurda.» 

"Antes de zarpar de Hong-Kong los americanos, embarcaron 
artilleros ingleses, desertores de la armada británica. Así se ex- 
plica la seguridad del tiro americano en el combate de Cavite; 
sus piezas estaban dirigidas por bine jackets: á cada desertor 
se le sedujo mediante un sueldo de quinientos dollars al mes. 
como si fuera un almirante. Me resisto aun á creerlo: la inso- 
lencia de estos procederes sajones es demasiada. Pero la histo- 
ria no rechaza lo inverosímil. Los ingleses y americanos, entre 
sí, son como los bávaros y los prusianos: se odian pero son de 
la misma familia v se entienden contra los demás. Los ameri- 
canos, el día mismo que hicieron la paz con Inglaterra, hace 
más de un siglo, estaban dispuestos á ayudarles para arrojar á 
los franceses de Canadá, si lo hubieran necesitado los ingleses. 
Es preciso cerciorarse de si el hecho es cierto. Inglaterra no 
protestará, puesto que han sido los Estados Unidos los que lle- 
varon esos marineros. 




US 

vicio de España, oi siquiera buiítera logrado salir del puerto de 
'"Hong-Kong: se le hubiera ahorcado alH njlstno. Amijulcii 
el Cónsul Wildam lia manejado los hilos principales de la en 
presa americana en el mar de la China. Kl es quieu -la dirige, 
quien merece estatuas, y teniéndolas, se honrará en él á la ma' 
Tina, pues el Cónsul Wildam es un antiguo oScial de la escua- 
dra norteamericana. Con tres docenas de* hombres de este tem- 
ple distribuidos hábilmente en todos los países, la nación que 
los nombre se hallará por doquier en su casa. El Cónsul Wil- 
dam, siendo como es americauo puro, es el prototipo de ese ins 
trnmento peligroso y admirable que se llama el Cónsul de lu' 
glaterra, ó sí se prefiere, del republicano de Roma, i 

Hace notar tambi¿u el entendido escritor que hubiese sido 
preferible para España no tener escuadra en las Filipinas, á te- 
nerla en tales condiciones, porque los barcos de madera sólo 
sirven para incendiarse. También señala el "Teniente X" como 
uu error gravísimo é imperdonable, el envío de los buques de 
Cervera á Cuba, que debieron haber sido mandados al Archi- 
piélago raagaliánico, segCín los más rudimentales principios de 
'ft ciencia militar.') (i) 



í <1) VUie »1 lia de ette libro los juiei 

ntro» d' Ubom. dÍAliiiguiíJD miembro 
iciAn del anlvriar «pítalo, t c 

a elurtíeulo "ConcluBiím." Por no interrumpir el ordeo croni 
10 aparece piiblicido* en tile Iut;>r, como hubiéraTnoa deietdo. 



iitidoi por uno áe nuestroi 
catonia (spanola i quion 
rma aparece al calce de dichc 



campa. 



^«-í^iSÜVt^i-^ 



CAPITULO IX. 



idn im^rJckaaínbrBU b(tktlt di Cifiu — Bl camiindkBlD ilel "Ujd AntO- 
ijo il>? UIIai," «uoumbfl herúi cimente. — 'Los huquva que lomitfun pirte tm t 
iomlule. — Lm inaarrpclos orrecea a;iid*r ■ lo* ameriennoi en su ■[■que lo- 
>re Cub«.-SueMo* da li U .btti..— Actitud de 1>i nkCionM europ.'u.-Nue- 
'■■ pri-uidegu.Trit.— Diiturbio* ea EUpitfl>.~Auqui rmliiruia eo Ciirde- 
i««.— Lili «metiModa son reehsiiduc ea San Juan do l'aerlo Kieu,— Oiieur 
lodcMr. Charoberlain. 



obligación que tiene el historiador de citar á cada 

Maaso las fuentes de donde toma los datos que apoyan 

, aparece más clara tratándose de hechos 

muy recientes, comosoD los que referimos, y más aún, 

cuando el orígen de los documentos que consultamos es espa- 
ñol 6 americano, generalmente. Equivale á decir, que por ahora 
es difícil establecer la verdad, absoluta hasta en sus últimas 
detalles, de los sucesos de la guerra hispano americana, cuan- 
do las versiones que se refieren á ellos son españolas ó ameri- 
canas, de cuya imparcialidad dudamos, con fundamento. 

No es tiempo todavía de que sea abogada la luñueucia de 
las pasiones exaltadas por la lucha. 

En la imposibilidad de disponer de otro testimonio que no 
sea el de los mismos antagonistas, transcribiremos las fL^laclo- 
nes de uno y otro, al ocuparnos de los diversos hechos de ar- 
mas que tuvieron lugar. 

La narración de los sucesos de Cavite que aparece en el ca- 
pítulo anterior es, con excepción de los partes cablegrafieos, 
de origen español. Veamos ahora la versión americana cotna- 
nlcada al gobierno, y á ano de los pilocipales diarlos: 

•Hong-Kong, Mayo 8: 

Debido á que el cable entre este pnerto y las Filipinas se en* 
coentra cortado á considerable distancia de la capital filipina, ha 
habido dilaciones para recibir una narración detallada del com- 



ii8 

bate, y hasta ayer que llegó el bote despacho: tMcCnllough» 
pudieron conocerse los detalles completos, pero debido á acn* 
mulactón de mensajes en la oficina del cable, no fué posible 
transmitir más que una breve relación de los sucesos. 

Al fin del combate, el Comodoro Dewey ancló su escuadra 
frente á Manila y envió un mensaje al Gobernador General 
Agustín, anunciándole el bloqueo del puerto y agregando que 
si se disparaba un solo cí-ñcnszo srbre sus buques atacaría 
todas las baterías al icdcdcr de Manila. 

Se cor firma el irfi-rme de que ni un solo hombre á bordo de 
la escuadra americana fué muerto, ningún buque salió averia- 
do de importa rcia v se lamente se*s marinos resultaron heridos 
á iKírdo del crucero "Bal ti more*. 

CiK^rulo '.a esci:?dra americana salió de este puerto, el pri- 
mer pi:rt.> cv»e tccó fué el cabo Bclinao. El Comodoro Dewey 
deseaba que les jefes insurrectos que iban á bordo desembar- 
ca* .^n p.tra cercicrarse de las fuerzas de los rebeldes, de sas pe- 
sie:: ::es y ce suí intenciones respecto al cambio de gobierno. 

El Comodoro se opuso seriamente á que los insurrectos co- 
meiierac excesos de ninguna especie. Los jefes insurrectos se 
negsr:n á Crsetiibarcar. y los buques americanos costearon lar- 
go tiempo s:a peder encontrar á los insurrectos en la playa. Bl 
Crmodoro Dcwey llegó frente á Subic. distante 38 millas al 
Ncrte de !a b ib:a de Maní! a. eí sábado 30 de Abril y envió á 
los c:i:cer»/s •Bi:ti::ioreí y ^Concord- para reconocer el campo 
e=r-*:*i:o No ecccrtrarou buques españoles fuera de la bahía 
de M-ir.:!A y e: Co=:o¿oro resolvió arriesgar el paso sobre las 
s::^s de 1a erir-crj y entrar á U bahía esa misma noche, pro- 
tegido per !a obscuridad de ésta. 

£1 r'.an ¿e ccmbáte adoptado por el Almirante Sfontojo era 
el ¿e =:¿c:ener ¿ sus buques más pequeños dentro de la bahía, 
rrc:ec^ics rcr us rompe-c!as v las fortificaciones de Cavite;los 
'r::curs =:is erizies cruzaban :ren:ei Manila y Cavile. La es- 
cuiiri i=:e::ca=i en:ró i la bahía el sábado por la noche. No 
lij.i rjirr"=yi esiibleciia nitir-ipccobabía proyectadoies. Una 
cJii>7i ^-e silij ccr li cbi:3er.ea del »MjC::IIough» denunció 
li r:e<tf=jii ie li escuiiri eze=:*ga. En las primeras horas de 
!i —-f-i-i. .■e¿c,i":i¿::A li 7c¿^:c:J3 de la esc aadra americana, 
e". -\:c-:: M^::í C::¿::=i' :c=:r:ó el i-iego y los demás bn- 
c.ii'^ • ":a:e::¿s ie li c\:s:a >:5:v.:erc- su remplo. Cnacdo la es- 
-~;::í i^er.j.mi j:z:trr; ju> ev:.Uw.:r¿5. irezte ai corso ^ue 

yiuvi» s-e l¿Tiz:: uzimang^ade agua que 
.' el í:* : -:cd::::i; cor la explosión de 









11') 



1 éntrfida de U escuadra americana á la bahía se efectuó 
de la maorra siguiente: el crucero "Olympia» abría la marcha 
seguido por los cruceros iB^ltituore». "R'tleigh,* iB iston* y 
•Concotd.i el caüonero «Petrel,» el bote despacho iHugh Me 
Cullongh* y los transportes «Nashaai" y "Z^pliire, que cerra- 
ban la marcha. £» columna sencilla marcharon basta ponerse 
freote á MauJla. dando el frente á los buques españoles. La es- 
cuadra española rompió el fuego á 6.000 yardas de distancia, 
pero el Comodoro Dewey no dió orden de bacer fuego sino has- 
ta encontrarse á 4.000 yardas de su adversario, que fué cuando 
dió principio la batalla. 1<;I crucero almirante iMaiía Cristina», 
scompañadode «Doa Juan de Austria,» «Don Antonio de Ulloa.» 
■ Isla de Luzón» y «Mindanao», se encontraban formados en H- 
H;a de combate fuera de Cavile, mientras en el interior de la 
bali(a se encontraban cuatro cañoneros y un torpedero. Enton- 
ces los buques americanos hicieron varias evoluciones pasando 
seis veces frenttr á los buques españoles sobre los que descarga- 
ron una verdadera lluvia de metrallas. El crucero «María Cris- 
tina.» quedó Hcribiilado, una desús chimeneas fué volada y 
principió el iiiííendio á bordo. Poco después el "Castilla» co- 
menzó á arder quedando totalmente destruido hasta su línea 
de flotación. "Don Antonio deUlloa» fué el buque espnñol que 
dió roas que hacer lí ln.s mnericanos y dió muestras de un valor 
de^sperado. Su comandante al ver que su buque estaba de- 
saslrozameute despedazado por las metrallas americanas, vieu- 
do, la imposibilidad de mantenerlo á note, clavó su bandera 
en el palo mayor y se hundió con toda su tripulación, pelean- 
do como héroes hasta el ñu. Su casco fué, acribillado por ¡as 
balas americana<) y su cubierta fué barrida por completo; pero 
sin embargo de ésto, los españoles, aunque su buque se hun- 
día á sus pies, coutiuuaron disparando sus cañones bajo cu- 
bierta hasta que el buque se sumergió en las aguas de la bahía 
arrastrando consigo á un grupo de héroes de su patria y defen- 
f^ores de su honor. 

Durante el combate, no torpedero español cruzaba las aguas 
de la playa, intentando acercarse á los buques americanos; pe- 
ro pronto fué descubierto y materialmente fué despedazado por 
los cañones americanos. El «Míndanao,» en este ínter, se enca- 
minó hacia la playa, y se varó para evitar irse á pique, pues 
estaba haciendo agua, y los demás buques pequeños buscaron 
refugio Iras del rompe-olas. 

El combate que priocipío á las 6.30 se suspendió á tas ít.30, 
para contiuuarsc al medio dfa. 

Alas dos p. m., los cruceros aConcord* y «Baltimore.» hícle- 
í ron callar las baterías de Cavile, dejándolas convertidas en ua 
L montón de escombrosconla^baudera blanca Sotando sobre ellos. 



B1 ersensl aidfa, y avu «xplosián amnentó la teníble mor- 
tandad entre los defensores de Espafia en tierra. Sobre las aguas 
veíante ios caicos de les buques españoles incendiados ó dea- 
liuidcs, mientras el •Baltimore* había recibido pocas arerfas. 

Una granada española bÍzo explosión á sn bordo causando ta 
explosión de sus tnnniclaties qne tenfa sobre la cubierta é hirió 
á seis de sus marlcofi. Varias balas españolas pasaron á una 
peligrosa pioxÍDiided del Comodoro Dewey. pero estas, poco 6 
ningún daño causaron si "Olympia". Por otra parte, cerca de 
150 bcmbres peiecieion á bordo de los buques españoles. 

El Almirante Montojo trasladó su bandera al crucero "Isla 
de Cuba" cuando el "María Cristina* comenzó á arder, pero 
también el "Isla de Cuba" fué destruido. El «María Crratinan 
I^erdió á su capitán, piin er oficial, al capellán y contramaestre, 
debido á una metralla que derrunrbÓ el puente. A bordo del 
"Castilla" se registraron cerca de cien muertosy más de sesen- 
ta salieron heildos. Algunos oficiales americanos estiman et 
número de marinos españoles heridos durante el combate, eo* 
«ásdemil. 

El «Olympia» fué tocado cinco veces en su parte superior. 

Aunque los cífiones Krupp, situados en la espl añada de 
Manila, sostuvieron un fuego nutrido sobre los buques ameri- 
canos, el Comodoro Dtwey no contestó á él y poco después 
esas baterías en&rbolaiou la bandera blanca en señal de rendí* 
ción. 

Los fuertes á la entrada de la bahía fueron desarmados el 
miércoles, después de capitular. 

Después de terminado el combate, el Comodoro Dewey eo- 
vio un ultimátum á las baterías de tierra, diciendo que 6 cesa- 
ban de bacer fuego ó las bombardeaba. 

Después propuso á las autoridadeb españolas que continua- 
ran en el poder bajo la bandera americana, mientras se termi- 
naba la guerra; peto las autoridades españolas retardaron SU 
contestación y estuvieron telegrafiando á Madrid. Los ameri- 
canos solicitaron, hacer uso del cable y como esto se les nega- 
ra, lo cortaron, dejando así á Manila sin comunicación. 

Duranle la batalla, el vapor inglés "Esmeralda" se presentó 
á la entrada de la babta y uo crucero americano salió á so en- 
cuentro creyendo que fuera algún buque español; pero al des- 
cubrir la bandera Inglesa se le amonestó para que se retirase. 
El "Esmeralda" se retiró 10 ó r5 millas al Norte de la bahía.* 

Del mít^mo origen es la descripción de las escuadras, qne 
Insertamos en segnida. 







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Por lo que hace ¿ los acoutecimientos de Cuba podemos ase- 
gurar que ia guerra había empezado, casi al mismo tiempo que 
en Manila, aunque no hubleüe tenilo lugar un encucutro de la 
importancia de aquel. 

Desde el día 26 de Abril el General Blaoco telegrafió á Ma- 
drid, queuu cañonero americano, que intentaba hacer un des- 
embarco cerca de Mariel. fué rechazado por las fuerzas espa- 
ñolas. 

Hl cañonero, que trataba de hacer uu teco uocí mié uto en la 
costa, fué bruscamente atacado por las baterías de tierra, esca- 
pando por milagro. 

Los insurrectos comunicaron al gobierno de Washington sn 
• l'-ci'sión de cooperar con el ejército americano que debía inva- 
dir á Cuba. XJo'i \ fes Calixto García y Máximo Gome/., por 
medio de emisarios, hicieron saber su resolución y enviaron ade- 
más muchos informes, descripciones del terreno y mapas de 
la costa cubana, señalando los lugares más á propósito para 
que las fuerzas americanas penetrasen á la Isla. Se convino 
en que el desembarco se verificaría en la segunda semana de 
Mayo y los insurrectos lo apoyarían desde la costa, impidiendo 
el ataque de las fuerzas españolas que pudieran presentarse. 
También esperaban á la expedición algunos guías, conocedo' 
res del terreno; la expedición misma traía otros á bordo, . 

Ku la Habana todos los habitantes sospecho.sos por sus opi- 
niones así cubanos como peninsulares, fueron obligados á uni- 
formarse, declarando el Capitán General que aquellos que se 
resistiesen á usar el uniforme militar español, serían considera- 
dos como partidarios del ejército invasor. Muchos cubanos ha- 
bían ofrecido ya, desde antes de ser publicado este bando, que 
prestarían sus servicios para rechazar la invasión americana, 
unidos á los españoles. De esta manera el puerto de la Habana 
parecía estar defendido por un numeroso ejército, que algunos 
emigrados hacían subir á 150,000 hombres, al hablar de las de- 
teusas de la capital de Cuba. 

Bl 30 de Abril un navio americano fue atacndo por las ba- 
terías de la costa de Mariel, durante un reconocimiento que ha- 
cía; se le obligó á retirarse después de haber contestado débil- 
mente. Otro buque de guerra fué igualmente rechazado en la 
bahía; de Cieufuegos cuya entrada trató de franquear. En el 
mismo lugar se efectuó al día siguiente la captura del vapor 
español «Argonauta," que conducía municiones de guerra. A 
pesar de su reaistencia desesperada, fueron hechos prisioneros 
sus tripulantes y llevados al fuerte McPherson. 



'24 

AlgQuos tiroteos de poca importaocia se repitieron en'l^ 
días siguientes, s!n que nioguDO de ellos presentara el carácte 
de an encuentro formal. 

Autorizadas opiniones navales creyeron que eran probables 
dos capturas importantes: la del oAlfonso XII> que se bailaba 
entoaceseo las Barbadas, de paso para Cnba, con un carga> 
mentó de víveres, y 500,000 pesos; y la del lOregón,» que pudo 
baber sido apresado por la escuadra espaüota de Cabo Verde, 
según se le llamaba. 

Este buque en compañía del cañonero (Marietta' conducfan 
al «Nitcbroy recientemente comprado al Brazil. hada las eos- 
tas americanas. Sin embargo ni una ni otra captura fué inteti- 
tad>i. 

Notable íué por aquellos días la actitud resueltamente hostil 
á España y favorable á los E<itádos Uuidos que Inglaterra asu- 
mió. Los discursos pronunciados por L^rd Salysbnry jr Ut. 
Cbamberlain aplaudiendo de una manera indirecta la interven- 
cióo de los Estados Uuidos en Cuba é impugnando la conduc- 
ta de España, causaron gran sensación en toda Europa. 

líos no sólo Inglaterra volvió las espaldas á E'tpaña después 
I del desastre de Manila. Fné de observarse cómo el cambio se 
Operó bruscamente en otras naciones que antes le habían oía- 
oiíesLado sus simpatías. 

En cuanto á lo demás, la actitud de la Europa puede vcfseen 
las siguientes frases tomadas de los principales periódicos. 

Con la única excepción de Austria, á Espsñi se te censuró 
por el desgraciado éxito del combate de Mauila. 

El Viena Fremhlatt dijo; los americanos no han ganado glo- 
rias en la victoria de Manila, pues todas las ventajas estaban 
en su favor y nada en contra de ellos. El mismo diario agrega 
que los españoles lacharon como héroes y en realidad iaé ttaa 
derrota. 

La Freipresit: las potencias serán responsables en lo futuro 
si no median y evitan la matanza de un pueblo ya gastado en 
las guerras civiles é impoteate para entrar en nna contienda 
con nna gran nación. 

Le Figuro dijo: el gobierno franréi na puede apoyar á una 
nacióa que pof sf sola 00 puede defenderse. 

Le Sfiir: los americanos han juzgado á Francia con premura 
al creer que el pueblo francas está dispuesto á tomar la paite 
■ de España. 

Le Salfi¡: con otro combate acabarán las ilusiones de España, 
y lu dificultades con los Estados Unidos se arreglarán eoton- 
oes amigablemente. 

La Prensa de Rusia unánimemente elogi<^ á los marinos ane- 
ilcaiKis y dijo que el resultado de la batalla de Uaaila fu¿ tal 



ceno se esperaba. Favoreció U ccapsción permanente de Pili 
plnss por ios aiBericanos. 

// Pipólo Romano, de Roma, dijo que la derrota de Manila 
fué el principio del fin de la guerra entre España y Estados 
Unidos. Ha enseñado á los españoles lo que antes no sabían, y 
es: que los americanos son guerreros y marinos. Además, ha 
demostrado á Europa y al mundo entero que los Estados Uni- 
dos están mejor preparados que España, para la guerra, que 
ésta última ha foriado. 

La prensa inglesa rebozaba de alegría. Es posible que no es- 
tuvieran mas satisfechos, si ellos hubieran ganado la batalla. 

El ManchesUr Guardia» dijo que esa victoria es digna de la 
raza anglo-sajona, y enseñará á las naciones á respetar á los 
americanos. Agregó que Inglaterra es ta única nación euiopea 
que comprenile á los americftuos, puesto que por sus venas cir- 
cula la misma sangre y tiene las mismas aspiraciones. 

El Daily Graphic publicó un extenso editorial exhortando al 
Gobierno para que hiciese lo posible por la formación de una 
alianza con los Estados Unidos. 

La Pall Malí Gasttle preveía en la victoria americana en las 
Filipinas una nueva potencia al/arse eu el horizonte europeo. 
América, dijo el Gazetlr. tendrá que contarse con ella ea los 
movimientos europeos del porvenir- 
La miRíiii- prensa madrileña no se resignaba ante los sucesos 
de Pílip!n-.s Algunos periódicos echaban el peso de la respon- 
sabilidad sr>bre el gobierno, otros le increpaban duramente, en 
tanto que los carlistas promovían algunos disturbios en las pro- 
vincias. 

Kl día 7 de Mayo tuvo lugar una escena violenta en la Cáma- 
ra de Diputados. Un diputado de apellido Mella tomó la pala- 
bra y echó en cara al gobierno de la Regencia el desastre sufrí- ' 
do. con frases tan duras, que tocaban aun alas augustas perso- 
nalidades de la Reina y su hijo. 

El Presidente del Consejo de Miuistros, Sr. Sagasla, spoya- 
do por la mayoría de la Cámara, protestó en medio de la ma- 
yor confusión. I.os republicanos tomaron la parte de los carÜs* 
tes. El Presidente de la Cámara pidió al Sr. Mella que retirata 
sns palabras, á lo que el Diputado se negó redondamente. 

El Presidente llamó al orden al Sr. Mella tres veces, dicien- 
do que su negativa á retirar las palabras que acababa de pro- 
ferir, era ofensiva á la actual dinastía. Entonces pidió á la Cá- 
mara la expulsión del miembro que ofendía á la dinastía. Se 
puso á votación en media de la mayor excitación y resultó la 
expulsión del Sr. Mella por 199 votos contra 19; los carlistas 
y republicanos votaron juntos. Al anunciarse el resultado de 
la votación, los carlistas y republicanos salieron de la Cámara, 



126 

Los carlistas declararon que no volverfan á la Cámara bn 
que se permitiera el regreso ¿ ella al Sr. Mella. 

Como se repitiesen los disturbios, «n alguoBS de liu provía- 
cias fué declarada la ley marcial. 

III 

La escuadra bloqneadora verificó tres capturas más: el ber- 
gantín 'Lorenzo* apresado por el 'Montgonier)', ■ cerca itc la 
Habana; venía dvl Río de la Pinta coa u» cargamento de car- 
ne seca. >E! Esparteroi balandra pescadora aprehendida por 
et "Morrilli) á tres millas de Mariel, y la tercera fué la goleta 
■ Uadre de Dtos> cargada de pescado, la apHsiouó el «New 
Port." 

El primer combate formal en aguas de Cubi se efeclnó el 
día II, en la bahía de Cárdenas y en Clenfuegos, que intenta- 
ron los insurrectos descargar ocho boles grandes fletados COn 



Ayudados por los buques americanos q'.ie disparaban sus ca- 
ñones de continuo sobre Cienfuegos, se acercaron á 1 1 coMa 
con el fin de lograr su objeto, pero varios batallones de infante- 
ría hicieron fuego sobre tos bate^, los que se retiraron tnttie- 
diatamente. Al mismo tiempo las baterías de los fuertes y otras 
á lo largo de la costa hicieron fuego sobre los americanos, que 
se retiraron, pero intentaron tiuev.imente desembarcar á orillas 
^el río Tremao. volviendo á ser rechazados. 

El despacho en que escribe el General Blanco el combate de 
Cienfuegos, dice: 

■Los americanos arrojaron como unns seiscientas granadas al 
intentar efectuar un desembarco coa grandes botes remolcados 
por lanchas de vapor. 

• Algunos de los botes desembarcaron á sus hombres, pero los 
últimos fueron enérgica y victoriosamente recbaíadoM. todos 
á lo largo de la línea. 

■Viéronse obligados los americanos á embarcarse de ituevo & 
toda prisa, y tuvieron pérdidas considerables en las cincd ho- 
ras que duró la pelea. Se retiraron en dírccclóu del Oe^te, 

• Se dtó la embestida de acuerdo cou las bandas de insurrec- 
tos á quienes se puso en fuga. 

"Las pérdidas españolas consíslieron en dos muertos y cator- 
ce heridos.* 

Poco después penetraron al interior del puerto de Cárdenas 
los cañoneros «Wílmington," «Hudson» y el torpedero ^Wlns- 
lew ■ Entraron al puerto cou el propósito de acometer á cier- 
tos cañoneros españolea de que se tenía noticia que andaban 
por allí. 



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I 



I 



127 

üú los descubrteron los americanos sino cnando los espafio- 
les rompieron el fuego. Las baterías de la costa de Cárdenas 
sostuvieron el tiroteo de loa cañoneros. 

Comenzó \a pelea á la una y cincuenta minutos p. tn. y du- 
ró coran por espacio de nna hora. 

Resultaron beridost R. K. Cox, Artillero; D. McKeon. Cnar- 
tel nidestre. el Mayor Patterson, el fagnnero F. Gray y el 
teniente J B. Bernandoii Todos ellos están beiidos levemente, 
excepto Paltetsoii, cuyo estado es grave. 

Terrible fué la lucha mietitraa duró- El "Wilmington» y el 
"Hüdsonn rompieron el fuegn sobre los barcos españoles que 
estaban en los diques. Se inició el tiroteo á una distancia de. . . 
3.500 yardas. 

Algunos minutos después llegó el "Winslow» y tomó parte en 
la refriega. En unos instanles se reconcentró en él toda la aten- 
ción de los cañoneros españoles y baterías de la playa; por 
donde quiera llovían sobre h1 torpedero balas y granadas. 

Sostuvieron aun el fuego el «Wilmington» y el "Hudson," 
pero no pudieron evitar los tremendos estragos del tiroteo, que 
privó de la existencia á algunos de los tripulantes del torpedero. 

A las 3 y 55 minutos p. m, estalló una bomba en el «Wins- 
low" y le bizo pedazo^ la caldera, á los pocos instantes empe- 
zó el barco á dar vueltas. Hubo algunos momentos de fatídica 
suspensión; se dejaron oír gritos de triunfo de los españoles 
que estaban en los cañoneros y en las baterías, y se desató de 
nuevo el huracán sobre el indefenso barco. 

El cañonero «Hadsom que estaba A poca distancia, voló á 
socorrer al ■Winslow,» se le acercó á toda prisa y probó á sal- 
var á la amenazada tripulación. 

Hasta este momento, si se exceptúa el disparo que hizo pe- 
dazos la caldera del "Winslow," el fuego de los españoles ha- 
bía íido itiútil; pero como el «WinslüW" estaba dando vueltas 
en el agua, se puso más al alcance de los tiros y descargaron 
sobre él otra lluvia de proyectiles. 

En los momentos en que el cañonero había arrojado nn cable 
para salvar á la tripulación del "Winslcw" cayó una granada 
sobre cubierta matando á W. Bagley teniente abanderado y 
cuatro ranrinos más. 

La ciudad y los cañoneros españoles sufrieron pequeñas ave- 
tUs. 

También dice el despacho del General Blanco qae á la vez 
que estaban atacando el puerto de Ctcnfuegos, atacaban igual- 
mente el de Cárdenas y conlíntía: 

«Uno de sus buques mayores ancló como á una milla de los 
muelles, y en seguida int'eutó el enemigo desembarcar tropas, 



128 



pero nuestras fuerzas, compuestas de voluntacios y de dt>s com- 
paStas de iofaoteiía lo obligaron á desistir de su propósito. 

■ Nuestros cañoneros inutJlizaroa uno de los deatrttctores del 
enemigo y forzaron á los buques restantes de U escuadra á 
abandonar la bahía. 

■ La guarnición tuvo cinco heridos, y como diez lo fueroa i 
bordo de los barcos. 

■ Fué poco el daño causado á la ciudad, no obstante que ca- 
yó una granada en el consulado inglés. 

■ El ataque se había proyectado en cooperación con tas tro- 
pas insurrectas que fueron derrotadas recieutemente'en San Uj- 
gnel. 

>He dado la enhorabuena, tanto á las tropas como á los ba> 
hitantes de la ciudad, por la prueba inequívoca que han pro- 
porcionado de f.\i lealtad á Kspaña. 

■ Muchos fueron los americanos que, al intentar el desembar- 
que, cayeron bajo el fuego español. 

"En Cárdenas perdieron la vida dos de los habitantes, heri- 
dos por los proyectiles del enemigo » 

Al día siguiente al en que se recibieron noticias de Manila 
de que el Comodoro Dcwey había tomado la plaza, los subdi- 
tos alemanes residentes en esta ciudad, enviaron urgente de- 
manda al gobierno aUmán pidíemlo protección contra el bom- 
bardeo y peligros que con ían de ser saqueados por los indígenas. 

La respuesta fué inmediata. Hl cónsul alemán recibió ins- 
trucciones para oponerse enérgicamente á toda dcva&taciÓQ 
inútil que no estuviera conforme á los actos de guerra, y que 
se opusiera al desembarque de tropas americanas sí ¿atas no 
eran suficientes para mantener el orden; que protegiese las vi* 
das é intereses de los alemanes y que fijase el total de los per- 
juicios sufridos por Alemania. 

Eu el Ínterin tres Embajadores, sin incluir & Sir. Julián 
Pauncefote, hicieron representaciones amistosas al Ministro de 
Relaciones Mr. Day, recordándole que conforme al mensaje del 
Presidente McKinley, la lihertad de Cuba era el único objeto 
de la actual guerra, y que por lo tanto, el bombardeo de los 
puertos cubanos solamente aumentaría las miserias del pueblo, 
y sería contrario á los sentimientos expresados por los Estados 
Unidos. Se le recordó que los derechos de los residentes earo* 
peos debían ser respetados. El Presidente McKinley se impre- 
sionó con este argumento y entonces fué cuando se dió orden 
de levantar parcialmente el bloqueo de Cuba y se proyectó el 
ataque de la escuadra española. 

El ejército invasor al mando del general Miles recibió las 
últimas órdenes para embarcarse rumbo á Cuba, y á pesar de 



las protestas contra los bombardeos, se dio oiden al A.l[iiiranle 
Satnpson de atacar á Pueito Rico. 

Bsta orden fué cumplida el día [3 en las primeras horas de 
a mafiana. 

A las tres se tocó llamada general á bordo del 'lovím y ae 
di6 piincipio fi las maniobras de alistarse para el combate. Los 
tripulantes estaban anciosos por entrar en él, A esa bora no se 
veían señales de defensa en las fortiQcaciones. 

El combate principió & las 5. 15 a. m. y terminó á ias 8. 15 
Las baterías del enemigo no cesaron de hacer fuego ni fueron 
calladas. 

A las cinco y minutos, el «lowa» se encaminó Á In cnsta. Sú* 
bitaraente viró y presentando un costada alas forlificacicnes, 
les descargó simultáneamente todos sus cañones. Durante 14 
minutos no cesó de hacer fuego, entre tanto el "Ntw Yoilc» y el 
"Indiana" y otros buques dispararon sobre losfueites. El «Icwa» 
se volvió hasta donde estaba situado el 'Warapatuclc ■ Pocos 
mohientos después regresó hacia la costa. 

Los fuertes concentraban sus fuegos sobre el «Terror» que se 
encontraba á 700 yardas de la costa. Todos los buques de lí- 
nea pasaron frente á las baterías sin hacer caso á loa disparos 
de los fuertes. 

A los heridos se les auxilió en el acto. 

A las 7. 40 el Almirante Sarapsoo hizo señal de Nuspender el 
fuego y retirarse. 

El «I(,wa» encabezó la retirada, el "Terror» fué el último «n 
alinearse, pues 00 vio la señal y continuó el fuego durante me- 
dia hora. • 

Los buques que tomaron parte en el combate fueron: "I' wa," 
"Indiana," "NewYork. " "Terror, ","AtnphiirÍle," "Montgo- 
mery," "Wampatuck" y "Porter." 

El fuego de lus españoles fué nutrido á la vex que terrible; 
pero casi todos sus disparos estuvieron fuera de blanco y los 
únicos buques tocados por las balas españolas fueroo el "Níew 
York" y el "lowa," Estos se acercaron á los fuertes hasta po- 
nerse bajo sus cañones. 

Los españoles pelearon como valientes. Una de las torres del 
"Amphitrite" se descompuso durante el combate, pero fué re- 
parada en el acto. 

Las metrallas pasaban á torrentes sobre los buques. 

El castillo del Morro, al Este de la entrada de la bah(a, fué el 
punto objetivo de los artilleros americanos. El Almirante 
Sampson y el capitán Evans se escaparon de sufrir heridas gra- 
ves por las astillas <]ue volaban, pues estaban sobre el puente 
del "Icwa." 



I30 

Bl mar estaba algo agilsdo, lo que bacía nn poco difícil «pan* 
tar con certeza. 

Nubes de polvo indicaban donde cafan las balas antertonas. 
Las balas silbaban sobre las cabezas de los españoles; pero é«- 
tos continuaban al pié de sus cañones. 

Las bajas de los amerionos consistieron en dos niaertoa y 
siete heridos. 

El anterior relato del bombardeo fué coninnicado por el re- 
presentantede la Prensa Asociada á bordo del "towa." 

En aquellos -lias fueron conocid&s las frases del orador Clian- 
berlain. Ministro de las Colonias inglesas, cansando una pro- 
ftinda impresión en todos los c!rculo« diplomáticos. 

He aquí algunas de ellas contenidas en el famoso dUcnm 
elogiando la política de Hjorá Saliabury: 

■Allende los mares existe una nadón potente y ^enemsa. 
que habla nuestra propia leugn.i y n^ció de nuestra raza, qoe 
tUne intereses idénlicna á los nuestros. 

Puedo aventurarme á decir que, terrible comoes lagaerra.y 
por terrible que si^a con las modcruaf máquinas de destmcciáa 
y muerte, aún á ccsia de una guerra, tendría cuenta y por ana 
grande y noble cau.-^a !a bandera de las franjas y estrellas oo- 
defliá lado á lado de la bandera inglesa sobre ana alianza aa- 
glo-americane.» 

El discurso produjo gran entusiasmo y aplausos ensordece- 
dores interrumpían constantemente á Mr. Chamberlatn. 

•La gran Bretaña, declaró, no debe rechazar Ja allaaza «m 
una nación, cuyas simpatías é intereses están con ella.» 
, Este nuevo desengaño de la tan decantada justicia de loa in- 
gleses, impresionó hondamente si gabinete español, que empe- 
zó á comprender, aunque tarde, que España se bailaba sola, 
frente á un enemigo poderoso, sin más apoj-o en toda la ctuo- 
pa, que el platonismo de la Austrio. perdida la esperanza que 
le hubiera inspirado la conducta ambigua de Alemania, al des- 
cubrir que el motivo de su misterioso sileucío era el interés co- 
mercial de sus fabricantes de cañones. 



CAPITULO X. 



[ UoTJaiieiito de 1u cseiW(lrM.--Fr»o*a<i de ta príntr* TXp«tici''n para invadir i 
Cuba <L* «tuaeiún en Hanila-Crínt an el Oab¡n«t* tapa Aal — Huero mi- 
iilrterio. — Rífiítrtoa para Dfwey.— Ictitml de loa iniurnvtoa Hlifúno* — 
Nueva prodama de MoKiiile?. — Llegada de Genera |con »q «scuadra á 
Santiago deCuba.— TanUtiraa dedcMmbwL-naamerícanw. 

I 



I 



*.s liioHO lomo sf luvifTon noticiiis en Madrid dtl 
hninbardeo lie Sun Juan de pucno Rico, el Almirante 
IJcrmíjo. Ministro de Marina, comunicó portclígra 
f.> instriiL'cione.s al Comandante de la escuadra esp.i- 
t d^ Cabo Verde ¡i fin de que se pusiera en camino para 
Allullas. 

nr >u parte el secreuirin de Marina de los Estados Unidos 
ordenó retardarla salida del ejercito de invasión hasta que el 
ir.inte Ccrvcra hubiese entrado en algún pueno de Cuba 
t) puerto Kico, tratando de evitar un encuentro con su escua- 
dra, 

noticia del triunfo cspaftol en Cárdenas caus<) eran entu- 
siasmo en Madrid, asi como el rumor, que corría muy valido, de 
que la esc-uadra de Cerv~era no solamente iha A hatir i la de 
Sampson, sino que lambión bombardearla los puertos de Rsta- 
dos Unidos i-n el Allántieo, imilandu la condact:i dt- Tos mari- 
nos americanos que atacaron inopinadamente & Puerto Rico, 
La falla de aviso, que precediera u1 ataque de San Juan, in- 
dignó A los habitantes pacíficos de la ciudad. En las Cortrs de 
Madrid hubo enérgicas protestas contra aquel acto, en pugna 
con los usos de guerra observados entre nacione» cultas. El 
Ministro de Guerra, General Correa, manifestó •:n plena sesión 
que «la conducta de los americanos era la de unos bandidos, y 
que el gobierno español pondría el hecho en conocimiento de 
los potencias.! 

Gran actividad se desplegó en los ministerios ilc Guerra y 
■Marina de una y otra nación en los dfas subsecuentes al bom- 
'" " de Puerto Rico. Después de haberse comunicado ("irde 



> ::>. -i- • .j ■*- •:. r. :• J--.:j-;- rf» p?r ::t? escuaJras^ enemúra-. 

• : rr:r. ir* O á j;:s:.ir .r. :•: J ; JíÜí: -rnvi.t la escuadra á^ Cadi; 
'.'. r-.^rJ j-:I Almir.ini.' C¿.Ti.ir.i ^.:^ ácbi:t ir á Manürvá des-- 

K'i': i :' jmii.k''^!* -«í.-j^Jr.i •--.- Ar'r.j. • omponer de los buque? 
«^ !•..:•» «1Vj:1:^« \'.> \':..: .tíji^ *Al:on>o XII' «Patriota» v 
«•^.LpiJ '• H-r-r Jc> Vi!:im.- J--- la I:nr.i Hanihurz Afn^ncantí 

Por i '■ á^j;- t-.' .á '.! Almiraii'/ Crrvera cumplía fielmente e! 
rr^jram:! 4.3- •?■•* i»? ri.ih'fí' ^eñ:i'aJo. y ens i- notarse que debido 
¿ -ru prjJ-^-r.:- •.^^^.J.J..^4 l.i^ rr. mí j'pr.iá pcrni.inecícroiTcn el mi^ 
¿r«r. jr •♦ecr'r'.o A rv5*»r Je Lf? n*jti.;i.is ir'-CU2nte5 de Io> perió 
i:.''y<. \ :.il pjntu IlriiO á iunorarse la ruta de la escuadra y 
erj m! f'\ r7i:n:s:vno ^ue vnvolvía su^ movimientos que se le lia- 
r2 *• p'jr vil^u'". :»'5 \.i e^: ni ira fantasma. í-n raz'.'in á las contra- 
Jiciortis v-:r.¡>n-r> ^ue circi^Liban ;:f'»peo:o á >u paradero. 

El Mini-í'íri:' imrrir.ino puJo .iw-ri^uar después de mucho? 
J:^- y -;on ^'r.m :r.i^.iJD. qur I.i m f.Tci >n.iJ.* escuadra se din- 
g;á ú la:? cOíias de Terránoví y qa-.- en seguida iría directa- 
mente á PonlanJ. Bo-ton Newport ú. orro puerto de Xorte 
América. Fué ontrciriadn est.t noticia p^r otros despachos que 
anuncÍLiron su- ■♦/divamente el pa?o de la escuadra por el Oeste 
d_- Ja Martini ::x, pc>r frente X la.'- costas de X'enezuela y luego 
p:T U> Jel Br ;zii. a>ícomo que >- dirigía á Cuba. 

Inmí.'Jj.itain'rnte rocibiú :ivi»o ¡a c'scuaJra que se llamO voian- 
(e. ai mando Jvl Comodoro Schley, de que debería hacerse á la 
mar p.ira ^alir al encuentro de Cervcra. 

H : aquí rl mensaje de la Prensa Asociada que anunció la 
>.iliJ:t. con fecha 14 de Mayo: 

«La í.>cuadra volante, el mando del Comodoro Schelej, se* 
hiz'.» hoy á la mar á las iS y X'^ en punto, llevando órdenes se- 
creta. •>. 

• La es*_uadra se compone de los sii^uientes buques: de pri- 
mera claree: • Broklyn> y «Massachuetts» de segunda clase; el 

• Texas, > yatch protegido, «Scorpion» *Collier* y «Sterling.» 

'El Comodoro Schley rrcibiú las órdenes de Washington es- 
ta mañana á las diez. 

«Se ne:^ú á divulgar el destino de la escuadra. 

«La combinaci'3n de los acorazados y cruceros se considera 
como muy formidable, y el calibre y número de los cañones se 
considera superior -i los de cualquiera otra escuadra semejan- 
te del mundo. 

• Se cree que el New Orleans» y el «Minneapolis» partirán 
más tarde para incorporarse A la escuadra volante.» 

Los americanos habían logrado cortar dos de l<^ tres cables 
qu<' llegan á Cienfuegos el día anterior. La operación les eos- 



^ 133 

ló baüUintc cara, porque algunos soldados irspaíloles que se ha- 
blan ocultado en l¿ costu los atacaron rudamenle y 1 pesar 
del fuego de los cañones americanos no cedieron en su ataque; 
murieron seis americanos v más de doce resultaron gravemen- 
te heridos. 

Un mensaje de la Habana dio cuenta el mismo día 14 de ha- 
ber siJo rechazados nuevitmenic- losiimericanos, dice asi; 

■ Desde el amanecer de hoy, cinco de los buques deJ enemigo 
han intentado protejer el desembarque 1íe americanos, pero es- 
tos han sido rechazados y obh'gados á reembarcar. Como no 
tenemos buques disponibles, las tropas en las costas seguían 
los movimientos de lo» americanos y evitaron su desembar- 
que. Dos americanos cayeron prisionerosi, un oficial espaflol 
fué muerto y varios soldados," 

Esie mensaje se refería evidente al fracaso de la expedicián 
Dorst, que i-n otro despacho americano hallamos relaíada de 
esta maneni: 

*Cayo Hueso, Mayo 15.— El vapor «Gussie» que salió de 
Tampu el 10 del corriente con dos compaflias del I' de Infan- 
tería escoltando 7,000 rifles y 200,000 cartuchos para uso de 
los insurrectos en la provincia de Pinar del Río. se estuvo á lii 
capa frepte á las costas de Cuba, el jueves, viernes y sábado, 
acompaftado del caflonero auxiliar «Manning' procurando efec- 
tuar un desembarque, pero todos sus intentos fueron Taños. 

• El capitán J. H. Dorst, del Estado Mayor del General Miles 
y es-Ataché militar de la Embajada americana en Viena, te « 
nía bajo sus órdenes esta expedición, que regresó esta maña' 
na. Su comandante que se en adentra en extremo mortificado 
por su fracaso en cumplir con Ta misión que se le encomenda- 
ra, rehusó hablar sobre el asunto y sólo admitió su fracaso; di- 
ciendo que el .Guss¡e> regresará á Tampa. 

«Antes de abandonar las aguas cubanas, la expedición Dorst 
tuvo una escaramuza con la caballería española, cerca de Ca- 
bafla.s, á 15 millas al Oes.e de la Habana, donde se hiüo un In- 
tento para desembarcar parte del cargamento. 

lEl viernes por la mañana, el Capitán Dorst abandonó el 
proyecto de desembarcar en ese punto y se hizo A la mar rum- 
bo al Este, para Matanzas, donde se hizo otro intento de desem- 
barcar la carga en Punta Maya, una milla distante de la en- 
trada de la bahía; pero tambiín este intento fué en vano. 

•El •Gu.ssie> y su acompañante se encaminaron hacia la cos- 
ta, y cuando estaban á dos millas de la playa, una terrible des- 
carga de fusilería les anunció que allí .se encontraban las tro- 
pas españolas dispuestas á darles cordial bienvenida, si se atre- 
vían á desembarcar. 

iparece que los españoles recibieron avístj del proyccUdo 
.barque en e-^os puntos. "^ 



>3< 

•Drapué-s de estos dos fracasos, el CJipiÜn Dorst rtíioMS- 
abandonar la idcíi, y regresó A este puerto, como ya se tu di- 
cho. 

'DiKcil seria encontrar un arupo de soldüdostiur inostraraii 
tanta contrariedad como los que vfní;tn S bordo del •Cíuvsje.» 
Tenía órJenes y no hablar tina sola palabra sobre rl fracaso 
de la expedición, y cuando el boie de la Prrnsa Asociada »e 
acercó al 'Cíussie. los, soldados comesiaban conMlendo A las 
preguntas que se les fractan. 

• Poco después d^ su llegada el capitiln Dorst üattf^ á tierra 
y por leldgrafo comunicó al Ministro de la Guerra,' el fnicíso 
de laespedición." ■ 

Las fuerzas españolas tenían previo conocimiento de los 
puntos de desembarque convenidos entre los insurrectos y los 
americanos, y A esto se atribuye el gran número de homhn% 
destinados á la defensa de los inismos- 

Diez días antes de la salida de la expedición á Cayo Hueso: 
el Gpnerai Delgado, de las fuerzas insurrectas de la provincia 
de Pinar del Rfo, había convenido coa los americanos qac ésta 
debería desembarcar en ta costa cerca de Matanzas, y qae de 
ahí los insurrecios conducirían las armas y municiones ni cam- 
pamento de Máximo Gómez, lo cual, debido á la nctívidAd de 
los españoles, no se pudo llevar A cubo. 

Las escuadras continuaban Jos aprestos para entrar en ac- 
ción muy pronto. El 15 de Mayo zarparon de Curacaoe! »ln- 
I fanta María Teresa* y el 'Vizcaya* para alcanzar á.la flota 
de Cervera que se dirigía á Cuba. 

Al mismo tiempo el -Oregon- habla salido de Bahía, Brazil, 
para acompañarse del 'Marieua* y del «Nitchroy- cun únlc> 
ncs de incorporarse todos A la escuadra de Sampson. - ,. 

II 

Por más que los iiltimos despachos del Comodoro Dewey 
aseguraban que él podía tomar la ciudad de Manila en un mo- 
mento dado, no hubo ninguna otra acción naval ó en tierra, 
con este objeto, más aún, los mismos mensajes concluían afir- 
mando que la situación era insostenible si no se le enviaban 
pronto refuerzos. 

El General Augustin, notificó al Gobierno español que po- 
-dría resistir por algún tiempo á los buques americanos. 

Quizás este informe del Capitán General de Filipinas haya 
servido para escusar la negligencia del Gabinete español en rj 
envió de refuerzos para recobrar aquella colonia; la anrnciada 
salida del Almirante Cámara con su escuadra no llegó ¿ rea- 
lizarse, por más que el gobierno americano no hacia ningún 
misterio del próximo envío de grandes refuerzos á Dííwey 



'35 

La expedíctón llevarla gran caniidiid d* municiones y 
14000 hombres, 9000 voluntarios y 5000 regulares. El jefe de 
U expedición serla el general Merrit. El primer convoy debía 
hacerse A la vela el 25, en los vapores «City Of Pelcim iCity oí 
Sydney y «Australia.. Esia debía ser la primera de las tres 
proyectadas expediciones. 

Los (recuentes cambios que había tenido el Gabinete español 
ó como se les llama —las crisis— motivaron \nn punible é 
inexplicable conducta En cada formación Je un nuevo gabine 
t**e resentía profundamente la raarclia de los negocios públi 
cos:.el entrante, no quería hacerse solidario délos actos del ^a 
bínete que salfa, empezaba por desaprobar lo hecho y proyec- 
taba nuevas reformas para Cuba y Filipinas, etc. Sólo de esta 
manera se comprende la serie de torpezas cometidas por el 
Gobierno espaflol en el proceso de esta guerra. 

El 17 de Mayo el Gabinete habla sido reorganizado bajo la 
presidencia de Sagasta, por los siguientes personajes: 

Ministro de Relaciones, Señor Romero Girón. 

Ministro de Guerra, General Correa. 

Ministro de Marina, Seflor Auñón. 

Ministro de las Colonias, Señor Gamaito. 

Ministro de Obras Públicas, Duque de Amodóvar. ^ 

Ministro de Hacienda, Señor López Puígcerver, 

Ministro del Inierior, Señor Capdepon. 

El nuevo gabinete desplegó una gran actividad en la deten 
sa de los puerios españoles. Se ordenó fuesen colocadas min.-Ls 
en casi todos y en algunos de ellos se hicieron instalar torpe • 
deros. 

El envío de la escuadra A Filipinas seguía discutiéndose. 

Entretanto la expedición americana se hixo á la vela de) 
puerto de San Francisco, como se habla anunciado. 

El despacho referente á la salida decía asi: 

"San Francisco, Mayo 25.— Hoy en la larde salió de este 
puerto el primer ejército ainericano con rumbo á playas ex- 
tranjeras. A las 4 p. m el Grcneral de Brigada Anderson hizo 
«eflales desde el puente del «Australia» al «City of Pekín» y al 
'City o( Sydney,» para que se pusiesen en movimiento. 

'La señal fué obedecida y pocos momentos después se en- 
contraban en camino para Manila.» 

El ler Batallón de voluntarios d- California, se embarcó 
en el vapor.>Ciiy of Pekin- en el -City of Sydney» el ler. Ba 
tallón de voluntarios de Oregon, el 14 de Iníamerta regular y 
una compañía de artilleros. 

El jefe insurrcto AguinaldqgjtpaaiH fl Comodoro Dewey su 
deseo de obrar en combinacroít con « para atacar A Manila, 
desde poco tiempo después del cofAbate de Cavile. El jefe 



«36 

americano no aceptó por de pronto la oferta de A^^naldo pe- 
ro tampoco quiso obrar en desacuerdo con él. La actitad de¡ 
Comodoro alentó á los revolucionarios, quienes creyéndose 
apoyados moralmente por la nación americana, redoblaron sos 
ataques contra las autoridades de la colonia, originándose mn 
chos atentados y represalias contra los españoles de aque- 
llas islas. 

El Capitán General Augustfn comunicó al gobierno de Es- 
paña que los elementos de que disponía eran insuficienfespara 
contener á los insurrectos y demandó el pronto envío dcTe- 
fuerzos. Na ha llegado á nuestras noticias qué hizo el gabine- 
te de Sagasta en obsequio de aquella razonada indicación de 
su gobernante filipino. 

Ill 

Una nutwt proclama del Presidente McKinley fué expedida 
llamando 75,000 voluntarios más á las armas. 

El día IM de Mayo recibió el Mini^'tro de Marina en Madrid. 
Señor Auñón, el siguiente despacho del Almirante de la escua- 
dra española, fechado en Santiago de Cuba, anunciando su 
arribo:'^ 

«Esta mañana, sin incidente alguno, llegué á este puerto 
acompañado de mi escuadra.» 

La Reina Regente envió sus felicitaciones á Cervera pbr el 
término de su viaje y su entrada en Santiago. 

£1 gobierno americano continuó recibiendo de sus agientes 
noticias contradictorias ?n cuanto al paradero de la flota espa- 
ñola, y no fué sino hasta cinco días después, cuando se ratificó 
la noticia de estar en la Bahia de Santiago todos los buque.< 
de Cervera. 

En el tiempo que había transcurrido desde el bombardeo de 
San Juan no cesaron los ataques á las costas de Cuba de parte 
de los americanos, con el objeto de efectuar desembarcos. 

El punto de la costa cubana elegido para penetrar á la Isla 
fué la bahía de Guantánamo, inmediata á Santiago de Cuba. 

Una de las más formales de estas tentativas, fué la de que tu- 
vo lugar el 1^> de Mayo en el mismo punto de Guantánamo. 
Dos buques americanos trataron de apoyar otfo desembarco 
sin éxito. Un batallón de infantería que vigilaba la playa, en 
combinación con el cañonero español «Bandera,» rechazó á los 
invasores causándoles no pocas bajas. La tentativa fué repeti- 
da obteniendo idéntico resultado. 

Por entonces se dio la ordeq ala escuadra de Sampson para 
que bloqueara el puerto'de Snüago de Cuba. La situación de 
Cervera. considerada como muy peligrosa por las autoridades 



137 

parecl.1 á mui.'h.is persgn;i3 unj prudente medida d'A 

te, que replegado á los fuertes de ticrr.i se habfa hecha 

y difícil de ser vencido y que entre tanto oblignba á la po 

rosa escuadra enemiga á vigilarlo dfa y noche por mucho 

m, á lo menos mientras se putliera haber hecho efectivo el 

iqueo de Santiago, lo cual habría sido una cosa difícil. 

"n los últimos dfas del mes de Mayo, llegaron i Washington 

pcedentes de Cuba, dos oficiales del Estado Mayor del Gene- 

il insurrecto Calixto García, con ciertos despachos privados 

sie jefe y facultades para conferenciar á nombre del ejér- 

a revolucionario con el gpbiemo americano. La conferencia 

|l verificó con el secretario Alger y en ella expusieron los je 

cubanos que contaban con cerca de 25,000 hombres bien 

ñipados los cuates cooperarían con las fuerzas amerícana:> 

(i invasión. También se trató de la ayuda que los cubanos da- 

n á los americanos en el desembarque que iba á. tener tugar 

Ida, poniéndose de acuerdo en cuanto á la hora y el lu- 

r de la playa en que'd«berian reunirse los dos ejércitos, 

El teniente Coronel Cortijo, cuñado del General Weyler y 

. García julien que hablan sido capturados á bordo del 

¡argonauta» fueron canjeados por los corresponsales «merica- 

sThrall y Johues, después de varios días de gestionar el 

Dije las autoridades americinas. 



r 

\ 






CAPITULO xr. 



I At>i|ueiS*iiti*)ji> ili Cuba pnr loa W]ii»i knipriutno». - Rumureí il> ¡uu.^lli 
' iliinirntodel "liatiimtc" — Prinifr desembarco itc irnpKi ■mcrícaiiu i¡u( 

!>■.— üoopvnciíii da)'» insiirrecMi. —Rantwi^ de Cuh* iHiniInnli-ado n 

vinK'DtF. — Atiqiici Ciiinancr*. 



I 



v rudo ataque Je metrüDu tuvo lui^ar t^l liiii 31 de 
I Mayo á íds dos de la tarde por la escuadra del Como- 
I doro Schley contru los huques del ftlmivante Cerve- 
I, cstmnonados en el puerlo de Santiago. 
Hl Ministro de Marina americano afirmó después del comha- 
le que súlo haWa sido un rcconocimienio para descubrir el nu- 
mero y silnación de las baterías de tierra, para naadurar el plan 
. de penetrar -I la bahía la flota del Comodoro. Sin embargo, fui 
n ataque formalmente contestado por las baterías y loshuqtics 
espnfloles y que ocasiona pérdidas materiales por ana y otra 
parte, según lo refieren los mensajes quf A conlinuacífln trans- 
;■ cribimos: 

'va York, Junio 2. -Frente A Siinti.igo, junio ]"— (vía 
1 Kingston.)— La primera batalla en la cual lu escuadra .imeri- 
n midió sus fuerzas contra los buques espaftoles apoyados 
L por baterías modernas, ha tenido verificativo y los honores cs- 
y tSn de parte de los americanos! 

Los tres mejores buquesde la escuadra americana,— el- lowii,> 
• Massachusiis> y -Nueva Orleans- fueron los elegidos par,» 
rl combate 

Durnnle cincuenia y cinco minutos, esta larde estuvieron 
combatiendo contra el •Cristóbal Colón,* buque Insignia del 
Alminmie Cervera,y las fortificaciones poderosas de Im entra- 
dii imposta de la bahía de Santiago de Cuba. Tres de las cuatro 
baterías fueron apagadas con cerc« de cincuentii disparos. 





•iMás tarde el Comodoro Schley resolvió cercionirsc tíenorii' 
vitmtme si todos los buques de la escuadra del AHmirame Cei- 
vera se encontrab.in dentro de l.i bahía, y dio órdenes ni cru. 
cero "Miirblebead," para que se acercara lo má>í posíWe ni ca- 
nitl y viera cuantos buques se eniontraban dentro. 

•Tan pronto como el "Miirble head" descubrió la cotocactáD 
de los buques españoles, saliii .1 la mar para dar parte al Co- 
modoro Schley 

• La escuadra esp.íflola constaba de los cruceros de prímern 
"Cristóbal CoWn," el buque insij^nia del Aluiíranlc Cervera. 
'■Almirante Oquendo," "Vi .cava" é "Infanta María Teresa" y 
los destroyers "Plutón" y "Furor". Los buques americanos 
■Brooklyn" y " Texas" estaban anclados como á dos millas al 
Este, tomando carbón. Kl "Haward," "Harblehead." "Crislfne" 
y "liarle" se encontraban más distantes. 

• A la boca de la entrada del puerto se encontrab.i el "CrisK^ 
bal Colón." 

• Cuando el "M:LSSchusett4," caminando á razón de 16 nudos 
por hora, se encontraba como á 4.000 yardas de la entrada del 
puerto, usa nube de humo se levantó sobre la proa del buque- 
insignia, y uno de los cartones de 8 pulgadas hizo el primer 
disparo que dio principio al combato. Antes de que pudiera 
seguirse la trayectoria de la granada y aijles de que los es- 
pafiolcs pudieran contestar, uno de los cañones de 21 pulgada» 
de la proa del acorazado "Massachuseits" fué disparado. El 
proyectil cayó cerca de la popa del "Cristóbal Colón." Ya & 
esta hora los españoles estaban listos para combatir. 

• Las tres baterías del lado Este y otra en la isla en el centro, 
rompieron el luego. Los cañones del "Cristóbal Colón" hirie- 
ron fuego nutrido. El "New Orleans" ^.on sus cañones de 6 pul- 
gadas, cargados con pólvora sin humo, hinn varios disparos. 

■ El "lowa" les siguió; el capitán Evans esperó hasta poner- 
se Irente al "Cristóbal Colón" para disparar con esito sus fa- 
nones de 12 pulgadas de proa 

• Los tres buques comenzaron después á disparar juntos. 

•Las balcrfrs espaftolas mejoraron su puntería durante el se- 
gundo paso de los buques americanos. Varias metrayas caye- 
ron cerca del "lowa" y "New Orleans" y una en peligrosa proxi- 
midad del "Massachuselts." Estas metrayas fueron disparadas 
por las baterii* del lado Oeste del canal. 

•Una de las metrayas del "lowa" cayó sobre el "Cristóbal Co- 
lón." Por algunos momentos pareció que el buque estaba in- 
cendiándose; pero las llamas fueron sofocadas inmediatamente 

•Después de 35 minutos de continuos disparos las dos bate 
rías, al lado derecho déla entrada de la bahfa, lueron apa- 
gadas. 



Cinco minutos después se .«píiaiV Ui hiiii 



nlaislíiilH r 



imo minutos No hubieron 
Los buques americanos re- 



I 



iro. 

•La batalla durú cincuentii 
bajas del lado de los f 
soltaron sin averías.- 

• A bordo del bote despacho iic la Hrensa Asociiida ■Daiidy,- 
(rente A Puerto Antonio, Junio 10. (dilaiado en transmisión) - 
Ayer en la tarde, la escuadra mandada por Srhley, atacó las 
baterías de Santiago, combatiendo también con la escuadra <\r 
Cervera, que se encuentra en el puerto 

• El buque almirante espaAal «Cristóbal Colón,- fm? locadn 
dos veces por los proyectiles del •Massachuseits- 

•Las baterfas espaflohts fueron destrozadas por el (ueno del 
crucero -Nueva Orlcans.» 

•Los espafloks dispararon certa de 300 proyictiles, y los 
americanos como ana cuarta pane menos de ese número. 

•Durante una hora el -Massachusetts,> "lowa,. «Nett-OrUans' 
y «Vixen' buques pertenecientes i la escuadra del Comodoro 
Schley, midieron sus fuerzas con la escuadra del Almirante 
Cervéra y con las biterfas de tierra que protejen l:i entrada de 
la bahia de Santiago de Cuba, lugar donde se encuentra el Al ■ 
mirante espafio!. Este es el primer encuentro de las fuerzas na- 
vales que ha ocurrido y no ha sido más que un preludio de se- 
rios acontecimientos para fines de la semana • 

• Poco antes de las diez de la mañana el Comodoro Schley se 
pasó del <Brooklyn> A bordo delacorazudo «Massachusetts* 
donde permaneció durante el combate, on.irbolando la bandera 
de almirante. 

• A la una de la tarde sehi/olascflaldesdeel -Massachuseits* 
para formar en línea de combatey el «lowa,' «New Orleans» y 
• Vixen- tomaron sus posisiones. Kl •Massachuseiis* caminaba 
á media máquina hasta encontrarse á unas quince millas dis- 
tante de la entrada del puerto; entonces viró y se dirigid hacia 
la bahfa. El «New Orleans- scyula muy de cerc <t al abanderado 
y el •fowat venía como á media milla detris 

• El abanderado aumentó su velocidad yprontu caminaba á 
razón de diez nudos por hora. 

•Más y más se acercaba á las baier ja.%, y ¿* los ansiosos vigías 
& bordo de los demás buques americanos les parecía que nun- 
ca haría fuego. De repente, y cuando se erKontraba como á 500 
yardas de la entrada de la bahfa, se levantó una enorme nube 
de humo blanco y amarillo sobre la proa del abanderado y sus 
cationes de trece pulgadas dispararon dos metrallas, que, pa- 
sando por encima délas colinas, una délas metrallas tocó al 
crucero español 'Cristóbal Coldn.i que se encontraba anclado 
en la entrada 



t4í 

•En seguida se dispararon los caftonMde las torrecilla^ 
proa y las metrallas cafan cerca del 'Colrtn • 

•Las baterías de tierra comenzaron A hacer fnego sobre < 
• Mass^chiisetts,' pero el buque estaba fuera del alcance desús 
cartones y entonces dirigieron su fuetio sobre e! crucero < New- 
Orleanfi.» Kste crucero tenía ftrdenes de empeñar combate con 
Ira l!(s batería» y atraerse el fueeo de éstas lo más que fuera 
posible. Sus instrucciones se llevaron ;-l pié de la letra Su pri- 
mer disparo descubrió A una bateiía situada sobre una loma 
más allá del castillo del Horro, 

"Dos disparos mSs hicieron volar pedazos de los muros rfel 
Morro. En seguida el "New Orleans" dirigió sus fuecos sobre 
las baterias, Cada disparo que hacía causaba dafto íí los e.^a- 
ñoles 

"El "lowa" s¡i£uió á estos buques y dedicó su atención i los 
buques dentro de la bahía. Sus metrallas de doce pulgadas 
caiancerca de los buques españoles. El "Cristóbal Colón" nosa- 
lió averiado y sostuvo su fuego hasta mucho después de qtíe 
los buques americanos se encontraban fuera de su alcance. 

'*E1 "Towa" al mando del Capitán Ewans. el " Massachusetls" 
mandado por el capitán H'eirinson, el "Texas" dirieido por el 
1 apitán Philipps, y el "New Orleans" por el capitiin W. Folgcr, 
sostuvieron terrible fuego sobre el castillo del Morro, Socapiía 
f Puma Gorda, durante dos horas y sus proyectiles de enorme 
• calibre causaron terribles estragos A las defensas de la entrada 
del puerto. Los muros de Socapila y el Morro quedaron con- 
vertidos en polvo, y los artilleros y tropas de Infantería de los 
españoles podían verse refugiados detrás de las lomas cerca- 
nas. El crucero auxiliar que se unió á la escuadra del Como- 
doro Schley antes de que comenzara la batalla, fué tocado por 
las bombas españolas, v está seriamente averiado. Fué el "St. 
Paul." 

"Los buques españoles desde el interior de la bahía, después 
de ajusiar su línea de proyección, dispararon sobre los buques 
americanos sus proyectiles pasando por encima de las lomas," 

Veamos a hora los siguientes pnrtts del combate; de fueniee»- 
paflola: 

"Habana, Julio 10— El siguiente es el parte español que con 
relación al anuhciado combate en Santiago de Cuba, se pubticA 
en esta ciudad: 

"La escuadra americana compue.sta de los simiientes buques: 
"towa," -Massachusetts," "Texas," •Broklyn." -NewOrieans," 
. -Marblphead," •MineápoHs," y oíros cru-^eros. á demás de va 
rios buques pequeños, tomaron posiciones del día Líl de Mayo 
al Oeste de la boca del canal de Santiago, Los cinco primeros 
buques mencionados rompieron el luego. El crucero español 
.Cristóbal Colón," queestaba anclado cerc.i di- Punta Gorüa, 



'43 

podfa verse desde el mur. El fuego de los americanos fué con 
testado por el castillo del Morro, la Socapita, PUnta Gorda, las 
balerías de tierra y el crucero 'Crisiúbal Colón.i La escuadra 
americana hizo 70 disparos con proyeciilcs de calibre 32, sin 
atusar el menor dafio. El bombardeo duró noventa minutos. 

•La escuadra americana se retiró llebádose un trasatlántico 
armado de crucero auxiliar, con graves 3vería.s Tres bombas 
hicieron explosión sobre la popa del acorazado •towa.' 

«Otro de los buques está in rendiéndose. Varios proyectiles 
americanos cayeron dentro de la bahía cerca de los cruceros 
espaftoles. 

•Gran entusiasmo reina en Santiago.^ 

•Habana, Junio 1".— La escuadra volante americana al man- 
do del Comodoro Schley, compuesta de acorazados y cruceros, 
atacó las fortificaciones de Santiago de Cuba. Nue.stro a-."ora- 
zado «Cristóbal Colón- guardaba la boca del canal, protegido 
por el fuego de las fortificaciones. El enemigo fué rechazado 
con graves averías, (firmado.) Ma5tehol.a.. 
■ El Almiranse Manterola era unv comandante de las fuerzas 
vanales de España en aguas cubanas*. 

Se vé pues por los anteriores despachos qusno se trató de 
un simple reconocimiento según Schley aseguró en su parte 
oficial al Ministerio de Marina, sino de un combate formal, 
siendo la victoria espaflola. 

El mismo parte de Schley concliif a con estas palabras: «estoy 
cerciorado de que la escuadra de Cervera estí en Santiago. • 

Según hemos dicho ya en otro lu^ar, sólo se esperaba saber 
i pumo fijo el paradero de la escuadra española para movili- 
zar el ejército americamo de invasión. Asi fué que al recibirse 
esta noticia se hicieron los preparativos para el violento envfo 
de las tropas A Cuba. 



II 



Se empezaba 4 sentir la influencia de un partido deseoso de 
la paz en España, en vista de las inmensas probabilidades que 
habla para la victoria por parte de los americanos, y de la con 
vlcclón de que prolongar la guerra sería acrecer la indemniza- 
ción que se cobrara. A los oficios amistosos del Vaticano, 
Francia. Austria y casi todas las naciones auropea.s correspon 
dio Espafla manifestando que ella estaba dispuesta A aceptar 
la paz siempre que sus condiciones no fueran incompatibles 
con el honor nacional. La actitud de los americanos, por el con- 
trarío, quitaba toda esperanza de paz, En Washington se afir- 
jnaba que cualesquiera negociaciones de paz eran todavía pre- 
maturas. 



144 

El día 3 de Junio fué liundido el buques carbonero americano 
■Merrimac» por el teniente constructor naval T Hobson, joven 
de 24 años, }• seis tripulantes, Á la entrada de la bahía de San- 
tiago en un hijear del canal dondi^ la profundidad es de unas 
cuantas brazas y la anchura de 300 yardas. El Almirante Samp- 
son que ordenó la operación de echar el buque á pique, intentó 
impedir el paso de la escuadra de Cervera con el obstáculo que 
Á la navc'^acióu presentaría el casco sumergido. La operación 
fué felizmente ejecutada: Hobson por medio de una explosión 
de torpedo hundió el barco en el lugar escogido, salvándose 
milagrosamente. El y sus compañeros fueron recogidos por el 
Almirante Cervera y hechos prisioneros de guerra. 

La acción de Hobson fué muy celebrada en Estados Unidos 
por el arrojo grande que significaba, y no se haJbló de otra co- 
sa durante muchos días. Su celebridad ha venino A opacarse 
un poco desde que Cervera, sin haber removido el ^Merrimac» 
salió sin ninguna dificultad de la bahía cuando lo intentó, co- 
mo luego veremos. 

La vanguardia de la expedición á Cuba se encomendó á un 
uuerpo de ingenieros que debía desembarcar en Aguadores, al 
Este del Morro cerca de Santiago de Cuba. La expedición 
que se compondría de 15000 hombres más, debía desembarcar 
poco después 

Con el objeto de apoyar el desembarque se hizo un nuevo 
itaque sobre Santiago, más formidable que el anterior 

El combate principió el día 6 á las 7 y 45 de la mañana y du- 
ró hasta las 11. 

En esas tres horas, los americanos sostUTieron nutrido }' efi- 
v:az fuego contra las fortificaciones del Morro, Socapa, Punta 
Gorda y Cfhco Reales, además de bombardear á los buques del 
Almirante Cervera que se encontraban dentro de la bahía. 

Cerca de mil seiscientos proyectiles fueron lanzados por los 
.añones de la escuadra americana durante las tres horas que 
duró el bombardeo. 

El castillo del Morro y las fortificaciones de Socapa y Punta 
Oorda quedaron muy deterioradas. 

La escuadra española se acercó á la boca interior del canal 
que conduce á la bahía, }• los americanos concentraron su fue- 
¿o sobre los buques, resultando que el crucero -Infanta María 
Teresa^ fué tocado. 

Los americanos principiaron su ataque en Aguadores, lugar 
donde se efectuó el desembarque de las tropas. 

Las tropas insurectas atacaron por tierra á la ciudad, al mis- 
mo tiempo que la flota americana atacaba por mar. 

Debido al ataque simultáneo de la escuadra, se logró desem- 
barcar en Aguadores á ochocientos expedicionarios. Los insu- 
rrectos al mando de Calixto García atacaron también á los in- 




I 



>re&. Asi cü que Un fuerzo^ esp^flolas se v-e(anatacadiis por 
tres enemigos á la vea: lá <r4cuaJrt, los insurrectos y los sol- 
dados americanos. 

El combate futí t-ncamiiüido y sangriento. tl<* aquí lo» par- 
tea oficiales t-H extracto: 

•Habana, Junio 6.— Dvtalles Oc lucnte esp^iüola recibidos 
hoy en esfa ciudad relativos al bombardeo de Santiago de Cu- 
ha por la escuadr;i americana ocurrido esta mañana, dicen qut- 
lotí americanos dispararon cerca de 1,600 proyectiles de todas 
clases. El fuego fué contestado por el Castillo del Morro y tas 
otras baterías. Al medio día se inició otro bonmbardeo sobre 
Aguadores al Esie de Santiago. Los españoles afirman haber 
recibido ambos ataques. 

• Admiten que el Castillo del Morro resultó algo averiado y 
que el crucero -Reina Mereedwi» tuvo averias de poca impor 
tancia. 

•El comandante MilÍLir de Santiago' ai rendir .su parte dice 
qne el fuego de Irá americanos no desmontó una sola pieza de 
artillería y agrega qne nueve de los buques americanos draa- 
parecieron A la vista antes de obscurecer. 

'Según el parte oficial las pérdidas del ejército e^paflol as- 
cienden A un soldado muerto, un Jefe, cu&tro oficiales y veíntt- 
das soldados heridos. Las pérdidas en las fuer/as navales as- 
cendieron a un Comandante, un oficial y cinco marineros muer- 



•Madrid Junio 7.— El Almirante Cervera telegrafié) que sei» 
buques americanos bombardearon á Santiago y las fcrtiftcacio- 
nes de las costas. Tres oficiales fueron muertos. Un oficial y 
siete soldados salieron heridos éntrelas tropas. Las averias 
causadas al caiitUIo del Morro y las fortificaciones de la Soca- 
. pa fueron insignificantes. 

•Cabo Haitiano, Junio 7. -Las últimas noticias que acaban 
de llegar, demuestran que el Coronel Ordóftez, Capitán Sán- 
c|)ez y los Tenientes Iriíar. Pérez yGarcfa, resultaron herfdos 
durante el combate de Santiago. Los españoles alegan que 
únicamente un soldado tuí muerto, pero las bajas A sus fuer- 
zas navales son tal cual se dijo antes.» 

Siguiendo nuestro sistema de transcribir los narniciones de 
uno y otro con.batieme, copiamos en seguida la americana: 

•Abordo del bote -despucho lUandy- de la Prensa Asociada 
trente á Santiaj^o de Cuba, lunes [al medio día] vía Kingston, 
Jamaica, Junio 7 [el martes al medio día. j— La escuadra ameri- 
cana sostuvo hoy en la maflana un combate con las vatcrfa^ 
i:spaflolas que defendían lu entrada del puerto de Santiago de 
Cuba y despue-s de tres horas de bombardeo acallaron c 



146 

(lose las bat<^rfas 'Estrella» y •Catalina,» dos de tos principalor 
fuenes. 

•La escuadra formada en doble linea de combate i una dfo- 
tancia de seis millas frente al Moiroyá las seis de la maflana 
se dirigiú hasta colocarse á una distancia de trex mil yardas 
de la costa, Al «Broktyn» le segían el ■Marblehcad,* -Texas.» 
• Masachussetts» dÍrÍ)^éndosc hacia el Oeste. La segunda linea 
estaba formada por el New York> seguido por el Neor ,Or- 
leans,*Iowa' y "Oregótn dirigiéndose hacia el Oeste. El'Vlxen» 
y iSwance» se encontraba á alguna distancia á la izquierda. 
KI "Dolphin" y "Porter hadan iguales movimientos en el flan - 
co derecho. 

"La Unea encabezada por el "New York," atacó las nuevas 
bulerías de tierra cerca del Casiillo del Morro. 

"La línea formada porel "Brooklyn." se situó frente h las 
haterías Estrella y Catalina. vA las nuevas baterías de tierra, 
A lo largo de la costa. 

"Las baferfas espaflolas permanecieron calladas. Es dudoso 
saber si á los españoles les fué posible determinar el carácter 
del movimiento debido á la densa neblina y pesada niebla qac 
reinaba en la mañana. 

"Repentinamente se laní;6 una bomba de doce pulgadas que 
cayó Frente á la batería Estrella, destruyéndola, instantánea- 
mente comentó el fuego de parte de ambas escuadras. U del 
vice- -Almirante Sampson y Comodoro Schley y un torrente del 
bombas cafan sobre las baterías espaflolas, 

"Los españoles contestaron inmediatamente, pero su artille* 
ría era mny débil. 

"El humo cubría con densas nubes á los buques. 

"No hubo maniobras de parte de la escuadra los buques per- 
manecieron en sus lugares primitivos haciendo fuego continuo. 

"Los buques se encontraban cerca de la costa, y por esto se 
es dificultaba á los artilleros americanos llegar hasta las bate- 
las situadas en la colina. 

"Antes del bombardeo se dio orden para evitar el fuego s<^ 
hre el castillo del Morro, pues el Almirante americano había 
sido informado de que el tetiiente Hobson y los otros prísione- 
neros del "Merrimac" se hallaban allí. 

"A pesar de esto, el castillo del Morro sufrió algunas averías 
La linea del Comodoro Schley se movía cerca de la costa y 
haciendo fuego á corta distancia. El "Brooklyn" "Tex.is" causa- 
ron^frandesdañosálas baterías españolas, acallándolas pronto. 

"Mientras los buques sostenían el fuego con las fuertes bate- 
rías, el "Swance" y "Visen" sostenían combate con las peque- 
ñas baterías frente á ellas, logrando en poco tiempo silenciarlas, 

"El "Brooklyn" se acercó á ochocientas yardas y entonces 
la destrucción causada por sus cañonea y los del"Marblehead''y 



'47 

•Tesas- tué verdaderdmenie lerriblf. En pocos minutos las 
obras de madera d? la Esire Un se incendiaron y la b;tierfa aca- 
lló sus fuegos. Al Este del «New York, y -N'ew Orlenns» silen- 
ciaron la batería Cayo Smíth y en seguida las otras balerías. 
La puntería no resuUii tan certera debido á la ek-vatión de los 
cañones, muohas bombas cayeron y los artilleros espartóles si: 
retiraron. 

• Poco desputfs Uc las nueve tesó el fuego y los buques se re- 
tiraron en pcrfecio orden, para evitar el uso de iasbaterfasdtl 
puerto. Entonces el fuego se asemejaba á la prolongada rever- 
beración del trueno del rayo, y las metrallas locaban las bate- 
rías espafinlas con terrible efecto. Rl incendio estalló en los 
fuertes de Catalina, acallándose los caflones espaftoles, El fue- 
go de la escuadra continuó liiista las diez de la maHana, hora 
en. que los disparos espartóles ce.saron por completo, y el Al 
mí'ante Sampson dio la .sertal 'ceseel combate.. 
•En general, los tiros de la escuiidra fueron muy destructores. 

"Muchas de las baterías han sido reducidas & silencio y las 
fortificaciones <HslrelIa> y 'Catalina' han salido tan .iveriadas, 
que es dudoso si éstas podr-ln ser reparadas para que vuelvan 
& prestar servicios efectivos durante la guerra. 

-Despuísque la escuadra se retirú, tos espartóles regresa- 
ron á algunos de los cartones y dispararon doce bombas sobre 
lii escu;idra. sin causarle daños. Una de las bombas cayó cerca 
dtí un buque carbonero. * 

■ Durante el combate ningún buqui- auhú averiado, ni ningu- 
na desgracia ha habido que lamentar - 

El primer desembarco de tropas americanas de invasión que 
permaneció en la costa sin reembarcarse no se f crificó sino 
hasta el día 12. El teniente coronel Huntington, al mando de 
800 hombres de infantería de Marina que desde el día 7 hablan 
salido de Cayo Hueso en el vapor -Panthcr- hicieron algunas 
tentativas apoyados por la escuadra, pero no fu¿ sino hasta 
aquel día cuando lograron sallar ú lierr.i y tomar posesión de 
un campamenio español donde encontraron tres obuses, varías 
armas y municiones y el pabellón español i/ado, asi como una 
bjtndera del tercer rcgiiuiento del príncipe. 

El punto escogido, al Este de l:i r;ida áv Gnaniánamo, es un 
punto eslraiégico seguro y A propósito paní fondear, diiíta cua- 
renta millas de Santiago y e-íiaba defendido por unos cuantos 
soldados españoles, que aun cuando de prento se retiraron, 
\'olvleron luego & atacar rudamente ¡i los recien llegados. 

Tan luego como se rcíicibió la noticia de haber desembarca- 
ilo'las tropas de avanza Ja, se puso en marcha el resto del ejér- 
cito de invasión compuesto de 15 regimientos de Intanterfa de 
Knea 3 de voluntarios del Estado de New Vorb y una del Miissa- 
total infaoterta 561 oficialws. y IQrTOQ de tropa. 



148 

Seis regimientos de Infantería de línea y un regimiertto de 
voluntarios: total de caballería 168 oficiales, y 3,1-^^ ^^ tropa. 

Ingenieros, dos compartías, 9 oficiales y 250 ae tropa. 

Cuerpo de señales: 2 oficiales y 50 hombres. 

Artillería, cuatro baterías de campaña con U oficiales y 323 
hombres. 

Dos baterías de sitio con 4 oficiales y 132 hombres. 

Estado Mayor Especial: 15 jefes y oficiales. 

Servicio de sanidad y ambulancia. 

Total general: 773 oficiales y 14, 610 individuos de' tropa. 

Estas tropas fueron conducidas por treinta y cinco transpor- 
tes resguardados por doce buques de guerra. 

La expedición salió de Tampa, Florida el día 14 á las nue- 
ve de la mañana. 

En cuanto á las demás tentativas de los buques americáhos 
para hacer penetrar soldados en la Isla, podemos asegurar que 
en la semana que precedió al desembarco en Aguadores, dia- 
riamente se hacían esfuerzos infructuosos y algunos de ellos 
costaron caro' A los buques. 

III 

Una semana después de haber :alido la e.xpedición para Fi- 
lipinas se hizo á la v^\ la segunda. El jefe de toda la expedi- 
ción, General Merrit, acompañó á los transportes que salieron 
de California. 

Era indudable que al recibirse estos refuerzos en Manila se 
intentaría luego la toma de la ciudad. Pero un incidente im- 
previsto difitultó las operaciones del ejército americano y em- 
barazó mucho la conducta del gobierno. Este incidente fué la 
opo.sÍGÍón que Alemania manifestó á cualquiera medida violen- 
ta que se intentara en Manila por Dewey ó las fuerzas de tie- 
rra que iban en camino. La intervención de Alemania fué acen- 
tuada por la concentración paulatina de su flota en la bahía de 
Manila. El día 10 de Junio, se hallaban fondeados los siguien- 
tes cruceros de primera clase alemanes: «Augusta,» «Irene,» 
•Gefion» y ^Cormorán.» ^ 

El «Kaisser» acorazado de primera, iba en camino.. 

Conviene recordar que Alemania hasta entonces no había 
hecho sino declaraciones verbales, por medio de si»*represen- 
tantes, sobre la neutralidad que observaría en la guerra. Esto 
dio origen á serios temores de que una nueva complicación sur- 
giera con dicha potencia. 

En cuanto á la escuadra española de Cámara, desde los pri- 
meros días del mes se hizo á la mar llevando órdenes selladas; 
pero una semana más tarde se supo con sorpresa que había re- 



¡resado sin noveJaJ, y que su programa requería ir á pracii> 
ar ana serie de maniobras, las cualps di6 pot lerminadaít con 
US regresos. 

Por lo demás tos movimientos de esta escuadra eran Uin mis- 
teriosos como los de la de Cerrera, aunque algunas autorida 
des navales opinaron que en visia de los desperfec'tos de los 
buques de Cámara, no era un mísierio la causa de su inmovi- 
■iOn, puesio que antes de emprender una larga travesía ne- 
cesitaba repararlos. 

Efeclivamenle, la escuadra de Cámara cuyos barcos princi 
pales adolecían de descomposturas, estaba, & mediados de Ju- 
nio, reparándose en el puerto de Cadiü para emprender su via- 
je ,1 Cub.o, seuún las Ordenes del gobierno, de las cuales pare- 
cía en espera. 

Por lo que hace ^i la camparla en Cuba, la activa cooperación 
de los Insurrectos lué descubierta por los espadóles de Santia- 
gíTy Gunntámano desde el día 8. Un despacho del correspon- 
sal de la Prensa Asociada frente á Santiago de Cuba, fechado 
el 10 de Junio dice lo siguiente: 

• En estos últimos dfas la actividitd de los españoles ha sido 
particularmente notable. V.iliéndose de bueyes han estado 
transportando artillería á las fortificaciones, en l:is que los sol- 
dados trabajan en colocarla, y ha habido otras seflales mani- 
fiestas de que los españoles están preparando una resistencia 
desesperada. Fácil es que trasladen á los fuertes algunotí de 
los Cañones de ios buques que estaban al mando de Ctfvera. 

• Los insurrectos, en número de 5.000, se han apostado en una 
montana situada hacia el Occidente: pero 2.0O0 de H los care- 
cen de armas. 

■El General Máximo Gómez, que se haya ahora como á 150 
millas en lo interior de la Isla, está actualmente en camino pa- 
ra la costa. 

•El Almirante Saropson está cooperando activamente con 
los insurrectos. Ayer estuvieron á bordo del «New York« el ca- 
becilln Miniet, de las fuerzas rebeldes ysu Estado Mayor, y tu- 
vieron una larga conferencia. Los oficiales navales han esta- 
do emprendiendo expediciones, sobresalientes por su audacia, 
para mantener la comunicaciiín con los insurrectos y desem- 
barcarles armas. Han sido los barco* «Swanco y •Vixem los 
que principalmente se han dedicado & esa tarea. El teniente 
Sharp, del "Vi.'(en> y el sub-b-omandante Delhanty. del «Suwan- 
ce,- han tenido que desempeflar-diariamcnte importantes co- 
misiones, y las han llenado todas con feli¿ éxito. 

•Ha consistido principalmente la t; rea en llevar y traer men- 
sajes; pero el "Swance. ha estado ocupado en asuntos de ma- 
yor importancia. Este barquito cartonero ha desemb;wcado 300 




I50 

bultos de armas pequeñas y municiones, 300 rifles de Spring- 
field^ 100 carabinas^ 2,000 machetes, con equipo y provisiones. 

•« Fueron entregados estos objetos ayer miércoles, como Á 15 
millas al Oeste de Santia^jo A «00 insurrectos que bajaron á la 
playa dejando en la montafii el grueso de la fuerza. 

•Fué penoso el desembarco pero se verificó sin ninguna in- 
terrupción. 

-^Refirieron los insurrectos que diariamente hay encuentros 
entre ellos y los españoles. 

*^Se ha recibido absoluta confirmación del anunciado desem- 
barque de tropas american.is en Agfuadores. Las fuerzas mili- 
tares españolas hicieron un supremo esfuerzo para evitar el 
desembarque, pero fueron rechizadas, experimentando pérdi- 
das de consideración, por las tropas americanas ayudadas por 
las fuerzas insurrectas. Se sabe que los americanos se unieron 
el lunes con el General García y en la <ictualídad se encuen- 
tran atrincherados cerca de la ciudad Los españoles están com- 
pletamente encerrados y su rendición no es sino cuestión de 
tiempo. No cabe la menor duda que los diños causados á los 
españoles en el bombardeo de Santiago por la escuadra, fué 
mayor de lo que se .supuso al principio.» 

Al Ministerio de Marina americauo se había comunicado con 
fecha 10 el parte oficial del desembarco cerca de Guantámano 
y se agregaba en el mi.smo mensaje que los americanos incen- 
diaron un pequeño pueblo que hallaron primero á .su en- 
cuentro. 

El último cable que unía á Sa'ntiago de Cuba con el resto del 
mundo fué cortado^ realizándose la operación de manera de 
entablar fácilmente la comunicación en un momento dado. 

Los americanos, con inmensos trabajos, lograron posesio- 
narse del Caimanera en la costa inmediata á Guantámano auxi- 
liados por los di.sparos del -Dolphin.> Sin embargo tardaron 
tres días de combate continuo para que su posesión se hiciera 
indisputable. Los españoles dueños del campamento que á su 
llegada encontraron los marineros abandonado, no tardaron 
en retroceder emprendiendo un vivo ataque contra los invaso- 
res que sostuvieron el fuego con trabajo. 

Una relaciiin del corresponsal de la Prensa Asociada dice así: 

"Campamento de marinos de los Estados L^nidos junto al 
puerto de Guantámano, lunes 13 de Junio á medio día. Mensa- 
je del 'Wanda,» bareo de la Prensa A.sociada:vía Kingston Ju- 
nio 14. á las 7 a m— Después de dos noches de reñido comba- 
te, flota aun la bandera americana en tcrritoria cubano, sobre 
el campamento del batallón de marineros, quienes aseguran 
que lo conservarán allí hasta que lleguen las tropas. Así pues, 
ha tocado á los marineros lo más difícil de la pelea, la situa- 
ción es grave, están ya desfallecidos á fuerza de pelear, ata- 



•51 

ques casi incesanies. Muy pocas probabilidades tienen de des- 
i-unsar óde dormir, y no se sabe A punto (ijo cuando llegará fl 
uuxUio. Si no fuera por los cañones prolectores de la escuadra, 
el reducido grupo de marineros habría sido ya exterminado 
por las fuerzas espartólas de Santiago de Cuba, cuvo número 
es incomparablemente superior. 

'Puede ser que legren conservar su posición, pero les es im- 
posible ir adelante mientras no les llegue el reíuerzo. Las tien- 
das de campaña de los soldados hacían pensar al principio en 
un dfa de fiesta; pero hoy se ha convertido la ilusión en reali- 
dad horrenda. El menor movimiento en el campamento es co- 
mo una señal para que hagan ejercicio al blanco los españoles 
cuyos fusiles estriados, tienen un alcance mayor que los nues- 
tros 

■Es imposible estimar con exactitud el número de la fuerza 
enemiga, sólo puede decirse que es crecido. Como dos terceras 
partes de esas fuerzas, rodean el campo noche por noche con 
un circulo de muerte, y el tiroteo de los MaUssers es vigoro- 
sbitimo. 

• Por la noche pelean los sitiadores, pelean al estilo de los in 
dios: cada yarda de chaparral es una emboscada, 

■Después de! primer ataque el sábado en la noche, el coronel 
Huniington decidió que se hiciera una nueva n;ntat¡va el do- 
mingo por la noche y ordenó que se formasen trincheras por 
todos los lados del campamento, y en ellas esperó la mayor 
parte del batallón la embestida la últína noche. 

■Verificóse ésta poco después del obscurecer y desde esc 
momento hasta la venida del nuevo día hubo un (utgo conti- 
naudo'y & veces nutridísimo. 

•Los americanos por su parte, tuvieron dos muertos y cua- 
-iro heridos. Los muertos fueron el Sargento Enrique Goode, 
j,'de los soldados de marinos, atravesado de un balazo en el lado 
I derecho del pecho; el soldado raso Tauman, que Uin pfonto co- 
mo fué herido cayó por tierra y murió instantáneamente. 
"Los heridos son: el soldado rasn Wallecc, que rodó de la aJ- 
. tura y se rompió una pierna; el de igual clase, Martin que re- 
cibifi un balazo en una pierna; el de la misma graduación, Rai- 
bury, herido con bala en un brazo, y el de empleo de Igual ca- 
[ tegorla, Burk, herido también de un brazo. 
I "La primera acometida de los espuflole.s fué á las3 p. m., y 
[ el ñllimo tiro disparado por ellos ñ. las 3 a. m. En cl transcur- 
L'SO de la noche arremetieron los cspafRiles contra el campa- 
I memo de los marineros que estaban en la costa, y el "Marble- 
[ head," creyendo que los americanos hablan sido desalojados, 
" \as6 varias bombas al lugar; sin embargo, íué/epelitlo el em- 
destacamento den '"" i— "-• 



'52 

nn el campamento. Las bombas del Marblehead hicieron ex- 
plosión entre los soldados navales. 

*'La refriega fué la primera de la guerra en que los cubanos 
tomaron parte en ayuda de los americanos, y su cooperación 
no fué muy brillante que digamos. En momentos en que^ por 
la tarde estaban los marineros haciendo fuego sobre una par- 
tida reducida de españoles que apareció á corta distancia del 
campamento, los cubanos se pusieron á disparar en desorden 
y mandaron una descarga que precisamente iba á causar estra- 
gos entre los americanos. Casos hubo de gravísimo peligro, y, 
sin embargo, nadie re.sultó herido. 

Parte oficial español de la acción de Caimanera. 

"Caimanera Junio 13. 

"Al comandante General de la División Militar de Santiago 
de Cuba. 

"Al amanecer del sábado, siete buques aparecieron en el 
puerto de Caimanera y dispararon sus ametralladoras y toda 
clase de proyectiles sobre la playa del Este y Cayo Toro, has- 
ta que incendiaron el frente en la plaza del Éste y las -casas de 
pilotos fueron ocupadas después por destacamentos de mari- 
nos americanos. 

"El cañoneo continuó con más ó menos intensidad hasta las 
cinco de la tarde, pues la playa del Este estaba solamente de- 
fendida por dos cañones antiguos y trincheras de arena, así 
que el destacamento nada podía hacer contra los buques^ que 
hacían fuego sobre ellos por todas partes. Por último se reti- 
raron á Managua y Cuzco, sin que dejaran de hacer descargas. 

"Desde ese momento los soldados ocuparon Punta Caracotes, 
observando los movimientos de los buques que ocupan todo el 
exterior del puerto, con una verdadera flota de buques, unos 
armados y otros auxiliares. También he tomado el paso del 
Enano. 

"Permaneceré en Caimanera y solamente abandonaré ese 
puerto cuando lo estime necesario. 

"No he podido resistir á los americanos con sólo el fuego de 
fusilería. ** 

"Los fuertes Sandoval y Cayo Toro han disparado sos caño- 
nes, pero sin efecto; pues los buques enemigos se pusieron fue- 
ra de su alcance tomando posiciones en el canal del centro. 
Tengo noticias de que los insurrectos, en Baracoa, por señales 
que les hacen los buques americanos, se han acercado á la ba- 
hía. Desde el sábado los americanos han cortado los cables y 
no he podido repararlos. 

"Los bomberos gozan de buena salud y mantienen magnifi- 
co espíritu. Continúo dando solamente medias raciones y de 



>53 

r esie modo lendrí sulicienie para un mes más. No tengo haritia 
tii modo de conseguirla, pues como he dicho anieriorrnentc, ha 
ce mucho lícmpo no hay granos. También estamos esca- 
s de quinina, pero me he posesionado de una botica y tendré 
[ suficiente provisión de esta droga-para un mes. La ciudad es- 
¡ tá sufriendo grandes privaciones. Hoy se encuentra en el puer- 
to un gran buque acorazado el "Oregon" acompañado de otros 
siete buques y un transporte el "Sain Paul." 
"Me regreso á la Caimanera después de despachar al porta- 
I dor con este parte. El mensajero es de mi entera coafianza, 
pues siempre ba prestado buenos servicios. Encarecidamente 
lo recomiendo A su Excelencia en caso de que llegue sin nove- 
1 dad. [Firmado) Félix Paranjau, Comandante déla segundaBri- 
l gada de la divisi ón de Oriente del Ejército Español en Cuba. 




f CanUuiwu liM><.-oiii1'atTH en iiu«iitá 
•Ix I* eariiailn aajiunnU ile rui 
inruiíinil matido d»l Cen.r»! SUfCrr — 9<' iii. 



Dilidl nf>ii.-i»i, CD M«]iíU.— ÍUIi.l* 
- DestinliJitfo rii Ciil* 'I» loa tneír*^ Ar 



I, 

¿ que xarpaba para M inJla| la segunila expedí 
¡flcióii del puerto Je Snn Francisco, se ort;apÍ¿:iba rApi- 
.' la que habla de invadir á Puerto liioo. 
ji-nt-ral Shatier, jefe de! ejército invasor de Cu- 
o i'on ansia por los marinos americiinos que sl- 
tJiubian posesionado deunapein^fta piircii'in de terreno en Cuan- 
klAnamo; seguían resistiendo eon grandes pérdidas, el incesante 
I ataque ilc las tropas españolas, y entre ellas t-xi^lla el temor 
I Je que si el cjértitu de ocupai'ii'.n tardaba muclio tiempo, qui- 
I zAi no encuntnise vivo & uno solo, á pesar de la eooperacii'm 
I Jr los insur recios, lí tendrían que repk-i;arsc .-1 los buques. 
Hasta la t<Tcera noche, los americanos pudieron dCseunsai 
poco tras de nna refriega interumpida apenas, durante los 
|tr(» dfas último». 

El U por la tarde los marinos itmerícimos con la coopera- 
ción de los insurrectos cubanos atacaron al campamento espa 
Lftol, situado como A cinco millas de las trincheras americanas. 
rLíis tropas españolas constaban de 400 hombres de tropas re- 
Igulares; los americanos destruyeron el campamento y cegaron 
Bvl pozo que les .surtía de ai^ua. Un americano y varios cuba- 
mi» resaltaron heridos. Dos cubanos fueron muertos. 

Al dia siguiente A las cinco de la maflana el enemiuo hixo un 
|ataque inesperado sobic la retaguardia y flanco ¡j-quicrdo ti? 
P)as tropas americanas. Cuando las avan^tadas vinieron en <ttt 
I Auxilio, las guerrillüs españolas se deslizaron pi>r dcntrn de 
|eUii4 y se pusieron como ú cien yardas de distancia, A il>?o 



156 

'jii«- 'fi I.i'i (M'n<híT;is am<ricana.s se disparó accidentalmente 
un I lile í|ii'- lo , hi/o cn*í-r que habían sido descubiertos y rom- 
pí» rori til) h*rril)lr lirolí-o qur no causó daño alguno. Entonces 
l'M aiiHT¡i';uios loni.iron sus posiciones de defensa <* hicieron 
!i íiilí" i\ l;is/.Mi<Trillas. 

Aíl'-iii.'is, l.is pic/as di' artillería Hilera montadas en distintos 
.in;',iilos sobn* I.is irinchrras y las ametralladoras, enviaron 
una vinladt ra lluvia ilc balas dentro de los chaparrales donde 
t liaban apostados los españoles, quienes se dispersaron en to- 
das ilirereioiK N. Al^fuiiüs de los españoles mantuvieron sus po- 
siiioin-s por r\ 1 lauco izquierdo. \\\ auxiliar *Panther» hizo va- 
I IOS disparos sobrí' el cneniij^o mientras los marinos se ocupfi- 
h;uk rn r«*cha/ar r\ atai|ue de la retaguardia. 

I, os cubanos qui' laii valientemente se batieron la noche an- 
irrioi". con diliculiad fueron obli^jados á tomar parte en la cs- 
earamu/a di' la mañana. Varios de éstos se negaban á entrar 
i*n combate y sus oficiales ;\ puros cintarazos les forzaron á 
i'ombalir. 

l\l numero de tropas insurrectas, se^íún Calixto Garcia ma- 
intcstó en una comunicación al ^nieral Miles, enviada con su 
;vpiesenianie Hernández, ascendía á ^\000. los cuales puso á 
Niss ordenes .mticipadamente para atacar á las fuerzas espa- 
•Vlas 

Vnies del viv rnes 17 de Junio, que era el día desiiinado para 
M líciiad.i de las tropas de Shaíter. fueron reforzados los ma- 
'. »!\es pvM" l.'W cubanos más al mando del jefe Rabí. pudienJo 
xx- Vv'>i^iir mejor al ataque de los españoles 

l'l J.'.i le l.i escuadra del \ ice-- Almirante Sampson bombar- 

J.vv' i^c'. ieii.'v!a \e.' l.is b.itenas de Santi.ii^o de Cuba. Duran- 

.• .ii^M'Ms Iv.MMs acr'.bi'.lv las bater-.a^ .i derecha é izquierda, y 

N.^'. i!e.e'".v' de»*.» c!*. p.i.' .' ca^^v'/.o dv^ M.^rro. d .^nde estaban pre- 

>.>> v'! le-v. tv.c Heb<e'^ v <.:< ce.r.p.e^.LTOs 

Tc! \^ n;-i.- Imcc .1 'i <.ci:.iC',- V. ;^". Mar'l.i .mpc-.^raba cada 

."• í\''*.:c-.*J.^^ P,w.'\ '*:: ui.i \i V v.Lvi id r^r .uua y los insurrec- 

-X ;.v^: .■.•••.i. ^.- :•.;■" . v-i'.. i'?'. .'.*■..•.." U-* b! .\;;:co c*jy-.>< desos- 

v.'^^^ :v^;.\.;.i.*^ ^- ''' .•:.;.*■• >.-;— ^^r::::^: v ^\:: e:d<: Cuba. En 

:" ■■-:• N. .;-• :v.v ' \ J. ^;.l*V' í M'* ^v.i::i; .:. Fs^.l'^-■ como por 

^: - : n" :// / \: . •■- . ■ .^.^ ,:;' efíiro^ .'v^or^.i-^z^s ir comer 

,* -r.* 'V.* •.*'.*^ ^',* ".'■■.' ' '. ■•■il'.' e*c • .:: ' •: iS:u .Jra — :omo 
■ . . ^' '.. . . * .'. C- " ■ -. -v- . : :••: .< ^ .v s -■ rrvrirr^íonarse 

V . i^ .' .- --V.-..-; ;• ,:-■-■.>.: .\ :.;-:.-i :s:-1"í:os coa- 

Tt Je la 



.. -ii . 






157 



• l.os vnluni.irios, protec't'<'s por aljjunos cafioneros que se 
«nvinron á la laguna en busca de alimentos para la ciudad, n;- 
sresaron hoy, dando cuerna del fracalso de su misión. 

•Se concede tamhit-n oficialmente que las tropiís espaflolas 
han estado sin alimenin durante las últimas treinta y seis ho- 
ras. 

"Se admite también onctalmenic que l.-js tropas en número 
de 36,000 carecen en absoluto de víveres, 

• Los rebeldes ganan terreno contínuameme. 

• La flotilla española no pudo electuar el desembarque á p<- 
sar del prolonyado luego de los cartones. Sin embargo, ningu 
no de los que resistieron el desembarque fué muerto. Esto des- 
vanece la última esperanza de provisionar la Capital de las Fi- 
lipinas. 

"Diiranle el curso de la semana pasada, todas las guarnicio 
nes fueron atacadas simultáneamente. ^ 

"Los insurrectos se han unido en la sección al Norte de Pa- 
sig y en la orilla del rio de Pasig, desde donde han rechazado A 
los caíioncros españoles hasta Deya. 

"La zona de hostilidades de los insurrectos es en extremo 
defensiva pues está cubierta de densos bosques, teniendo 
inniimerables emboscadas naturales, asi como trmchenis. Las 
ifppfls españolas son valerosas y heroicas hasta la desespera 
cIiln;pero se encuentran en una condición desoladora debido 
i tu falta de alimentos. 

"Todas las compañías españolas no han tenido que comer 
durante dos días, y algunas de ellas literalmente est.1n perecien ■ 
do Es un cuadro desastroso. 

"Los campesinos asisten por caridad á los soldados que pe- 
recen y algunos soldados ingleses convidaron ayer á los solda- 
dos que custodiaban & la ciudad; compraron por algunos cheli 
nes todo lo que tenía un fondista y lo repartieron á los solda- 
dos que dijeron era el primer alimento que tomaban desde hacia 
'nlglinos días. 

"Una persona hizo notar que hay gentes que merecen ser 
linchadas por permitir este estado de cosas. 

■^c vé i los oficiales pasear diariamente por los cafi^s y bou- 
Icrars, y charlar con los ingleses mientras que los hombres que 
tienen & su cargo están pereciendo de hambre, 

•'Ayer los insurrectos atravesaron el río Zapote y descendie- 
ron también de la laguna para atacar A los españoles por el 
flanco y les tomaron algunos cañones. 

"Los españoles hicieron ttna buena resistencia hasta que se 
ordenó retirada, probablemente por no ser suficiente sus mu- 
niciones. 

«Es imposible comprender címo pueden abandonarse sin 
■sin combate tan magnificas posiciones. 



ITvS 

Los rebeldes iom;iron hoy las l*¡iias. Prajjue, Tulagro, Míii- 
J.iv V I^ineda, todas tn la línea de las costas. 

-Los españoles perdieron diez y nueve hombres entre muer- 
tos y heridos y 7,0*^)0 volvieron aquí sin daños. 

<Hn Calocíín, estancia del ferrocarril de los suburbios, hay 
todavía aljtjfunas tropas muy mal atrincheradas 

La aldea está llena de rebeldes, y la línea del ferrocarril se 
ha roto y desprendido por los insurectos que han prometido, 
volverla á colocar cuando termme la guerra. 

< Muchas tropas de naiivos no ocultan sus intenciones de de- 
sertar. 

«Hay una disputa furiosa por refugiar detrás de los viejo.s mu 
ros y en la ciudadela por (ordenes del Gobernador, á toda ]a 
población de la ciudad. 

-El Capitán General formó un consejo de j^uerra en el cual 
se propuso la rendición, porque la resisten :ia es enteramenf*. 
inútil; y un deplorable derramamiento de sanj^re y los esfuer- 
zos heroicos no servirían de nada por la ftilta de provisiones y 
la pequenez de la fuerza. 

^Los insurrectos no esperan más que la orden para avanzar 
Nobre Manila. 

'La familia del General Agustín lué capturada por los re- 
beldes..- 

Hasta entonces, qu<* se recibieron i-sias noticias y otras se- 
mejantes en Madrid, se acordó el envío de la escuadra de re- 
^ Nerva á Minila. 

La tarde del 17 de junio zarparon de Cádiz los si^uiences 
buques c Car los V, <Pelayo,: -Rápido.- 'Patriota," 'Audaz,» 
Osado,- 'Prosperina. (liralda, -Prelado, que conducía á 
su bordo al Ministro de Marina Capitán Auñon. • Alfonso Xlli,- 
"Covadonga," Antonio L<'>pez," Isla de Pinos," Buenos Aires-' 
y San Francisco." 

Los últimos tres transportes iban car;;ados con tropas. Los 
primeros pasartn frente al Peñón con rumbo á Cartajíena. Es- 
tos buques formaban la escuadra de reserva de Hspaña, al man- 
do del Almirante Cámara. 

Los despachos que á cuniinuaiién copiamos, bosquejan el 
vetado de la opinión pública de Hspaña. 

''Madrid. Junio 17.- Gran entusiasno se manifiesta en toda la 
• iudad con motivo de la calida de la escuadra Je Cádiz. L*n 
sentimiento optimista n( expresa en el pórtico y corrillos del 
palacio de la.s Cortes. 

"En esta ciudad se di.;i que la escuadra del Almirante Cáma- 
ra se compone de más de JO buques, incluyendo cruceros auxi- 
liares y es ai^re^'a que lleva una inm-nsa cantidad de material 



iSLU), Tanibk-u sí: su 
O sf cDiniciitre en alta 



159 

L di- guerra, itn-lusivi* un misterioso txplosiM 
iuna que la escuiídrn se dividirá cujintlosf 
nar y se dirigiríl A rumbos distimos. 

«Unnuevocfintinyeme de tropas st- e.st.1 alistando bajo liit^ 
f b.inderas y se demuestra mucha actividad en los Ministerios 
I de Gtierra y Murina., 

•Los trabajos en lis fortificaciones se activan día y noche, y 
[ se alinna que str csuí formando una tercera esruadru, compites 
1 ta del 'LepantO', Cardenal Cisneros, «Alfons-o XII- y otros 
[ írurcros auxiliares. 

«Cíidiz será el rende/vous de esa escuadra y corre la imprc 
I siín general que una g:uerra dcfen-siva serA la del porvenir. St* 
Tiinimcia semi oficialmente que el t;ob¡Tno no cuenta ya con i-l 
ft:ipoyo de las Poienciiis, ni aun Alemania, ¡1 pesar de sus in 
Imeiisos intereses Cn las l-"ilip¡nas, podnl liMcer aluo en favor 
Ide lispafla.» 

A la salida de Cámara .se publicó esiK mensaje en la capiía) 
I americana: 

•Washington, Junio 7.— Tan pronto como la escuadra que se 
encuentra en Santiago sea destruida 6 capturada, se ordenar.^ 
al Cpmodoro Schley, que vuelva ¡i HjTOpson Road;^ con el oh 
^' jeto de reorganizar la escuadra evolucionada. 
' Se asegura que se Iraia de encomendar A Schley la larva 
* mis importante referente á la guerra, la de atravesar el AtlAn 
> tíí o con una grande y formidable escuadra dr buques de giu 
I rra para ir 4 atacar en sus propias aguas .-1 la cscua .Ira espu- 
I flcla de reserva. 

«Semejante flota do tendría igual en la guerra moderna, y si- 
I glln les oficiales, se pondrá al cuidado de Schley. 

«Estl medida no se pondrá en práciica si la rc-^erv.i cspaft" 
fin no mostrase intenciones d^ seguir ¿ Cervera, 



■El Woqueo déla Habana, que iba ;í cumplir dus n)'-ses J.- 

{establecido, no era lan absoluto como se creta. .Mgunas cmbat 

alciones españolas lo hablan burlado y .1 eso se debe qut dc*- 

^ti<?s de tanto liempo no se hubieran a^'otado los medios de 

f subsistir de los habitantes de la ciudad, 

La carne se vendía á cincuenta eenlavos la libra, la maniaca 
•de puerco al mismo precio, rl arroz & veinte ccniaviiK, lo«ctl| 
" S precios indicaban que habla escacís de estos iinl'^idos, p 
\ DO ciirencia absoluta de ellos. 

Otro tamo podía decirse del bloqueo de Santiago de ( 
, techa (18 de Jüoioj el vapor e 



i6o 

C'oiu'tp* ¡líH hiulanJí» 1.1 \ i^ilaniia ik los buqui*>; amei ¡canos 
Jrs<'nib:ir«í'» rn í.ís Tuiía^ lui ur.in oaruamcnlo de provisiones 
iiahiciulo /arp.ulo s}r Kinj^slon. 

\i<u\ noiitia ijiio IK-Líf'» A oídos J«'I jefe de la escuadra blo- 
IM'-.idor.i, \\\/n ijiK- la viiiilancia se redoblara en todos los bu- 

«.JUv'S. 

Cr.in einpeñ) in.miíe>iah;in la-^ autoridades americanas por 
1 eanje Jv I unii'nii- lf!)bsun y su> arrojados compañeros pre- 
sos en el castillo del Morro, l-'l (ieniral Blanco no quiso acce- 
der lue;»oálas reiteradas p(iie¡one>. americanas en este sentido. 
hasta no reeil">ir ('rdench de Madrid. MI extraordinario interés 
¡nani restando p«>r su reseaic, hacía á las autoridades españolas 
luponer que se pudi< ra sav-.ir uran partido de este canje y ma- 
Juraban la manera d .* olnener de él todo el provecho posible. 
Ksia fué la razón de hahersv* reihazado al principio las pro- 
puestas ik" libertad para II<.íbson 

E] día 1¿1 eonií-nzó en la playa d^.- Baiquirí, inmediata á San- 
ia lío, el desemi'íareo de las tropas del íieneral Shafter. Puestos 
de aeuenlo los dos jefes americanos decidieron simular un vio- 
lento ataque al puerto de Cárdenas, con el objeto de atraer á 
lo> españoles hacia aquel punto. Mientras se efectuaba esta 
opt ración los transport^-s espi-raban, sin presentarse en San- 
t¡a.:;o. Al fin rl día 20 en la noche fueron avistados, y al día si- 
guiente principiaron la> maniobras del desembarco continuan- 
do el 22. 

VA Secretario Alí^^er n eibiO el siguiente mensaje: 

f Playa del Kste, junio 2. AI Ministro de la Guerra Was- 
hintXton. I.)e l^aiquirí, Cuba 22. Desembarco en Baiquiíí csfti 
mañana con éxito, 

Muv poca ó ninguna resistencia 'firmado) *Shaftcr». 

Fd Ministro Lonjí recibió un mensaje mAs extenso de Samp- 
•lon á las 6. íSO p. m. 

■ Ante\s de desembarcar hicieron algunos disparos sobre e' 
v(?c¡ndario el Xueva Orleans- el 'Metroit* el 'Cristine». el 
'Wasp" y el 'Swance. Se hizo una demosiratrión sobre C.'iba- 
ñas para llamar la atención del eneMnii;o. El «Texas* atacó la 
hatería del Oeste. 'J'uvo un muerto. 

I.as minas submarinas se han sacado del canal de Guantá- 
namo, donde se ha estableeido la comunicación telc|yfnifica.- - 
.iMrmado": Sampson. 

Otro mensaje de la pren>a decía: 

Baiquiri (Cuba;, Junio 22, vía Kingston. -í^ as tropas ame- 
ricanas están desembarcando en l^aiquirí, Á 17 millas de San- 
liairo. :<,000 hombres han saltado ya ú, tierra, protcíjidos por el 
Uw^^o de la escuadra que al mismo tiempo est¿\ bombardeando 
i* Aí;uadore\s. ■ 



Antes de prindpiar et desembarque se ' notfl una mimerosn 
[ luerza de tropas españolas, terca de ta costa, cu las imediacio- 
I CCS de Aguadores, Obrando de acuerdo con los iní^trucdoni*» 
\ del General Shaftt;r, los cubanos atAcaron<á lo& cspaAoIcs por 
I Is retaguardia. Los buqacs amcrícnnos bombardearon la costn 
[ al mismo tiempo. Las trop;is americanas atacaron entonces A 
I los cspafloles, y desembarcaron, cogiéndolos enirc dos fuegos. 

[ El Almirante Cervera obedeciendo A una disposición del ca- 
pítáa General Blanco ordenó que una fuerza compuesta de ma- 
'-rinosdc su escuadra se dirigiera .1 tierra pan ayudar Alas íueh 
[ zas espailolas A rcchaxar al encmiyo. 

Los americanos, que no habf.in encontrado resistencia debido 
I al bombardeo de la escuadra sobré Siboney y Guantínamo, s'- 
K'Vieron atacados bruscamente por una fucnta espartóla con la 
■cual se (rabo un recio combate hasta que llcgC la noche. Ha 
rblan desembarcado ya 3,000 soldados. Cuando las tropas ame 
I rleanas continuaron de.sembarc.indo, los españoles se batieron 

I retirada, ordenadamente, teniendo que abandonar algunos 
r puntos estratégicos A los invasores 

Entre tanto la escuadra de Cámara continuaba su ruta hacia 
ffl Oriente, iíl Jia 'JO se encontraba en Cartagena y continuó 
F luego su marcha bacía el Canal de Suc/, 

El 24 .se publicó este mensaje: 

•Washington, (imio 24.— Ya no se duda aquí de que la cscua- 
Ldra española deCádií se dírije con rapidei: al Oriente, 

• En las costas del Mediterráneo, los a^jemesde confíanza del 
CGobierno están observando el movimníento de buques y apro- 
vechándose de toda tnfonn;»ción fidedigna. 

•Asi es que miando llegó lioy la noticia por conducto de es 
Itos agentes, de que se avistó anteayer la escuadra en Fantcla- 
Iría, los oficiales .se inclinaron .1 aceptar la aíirmadón como in- 
\]udable. 

•Según las cuentas de los oficiales de marina, la eiciiudr« M 
VMtcontrarfa ya cerra de Candis, al Sur de Grecia, 

•Avanzando la escuadra llojfarfa A Puerto de Siiid A la en- 
Itraida del canal de Suez próximamente el luncí ó mane*) 

• Desde este punto, no.teirecqur la escuadra española avnn 
e más, porque »c expresa confídenctalmeme que todo mo vi' 

F miento español no es mAM que aparente, para «atisfacer las 
I mis exigentes demandas del pueblo espuAol, y eitpccfalmenie 
[ del partido clerical que al^o haría por siilvar d tas riliptoas y 
1 i Espaftii 






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i' ri' , ri»..' ;:r.'Jo •. :• lo^am^ni* :i: íi^ri- r*il P- !.i'. ieia, t.\- Ministro 
'!' I;: ^/ .' rr.j y '-.'.-f/ipit/írj ^> n'r;<I. J- la*» rílipina>. p'jr habvr 
tr ;»»;■:'/ I.« p'i/ ' ofi 'I j'f'r in-urr' « lo Aiiuin.ilJ''». Ak-trO que c<t 
[..H ^u ' '/: r'impi'Jo -/• forrri'jI''i • uinJo rL>p;;ii:i v^peraba que lo> 
t\'i*- * íi»'*n' "'. ' siribifi fi -ii -.'-rvi.io -^ofor.iriar. ]:i rebelión por 

■»i ' 1 f #' n'i;il hijhiír;i p' vm.uViido lit-l ;'i las iniJiviones dv'l 
• l''íi ito, Ají'iinal'Jo no viviría lioy para ¿lyudar A la Jejtíradii- 
t lóii íl'- l'.spana. KohIíJo liir iutc-rrumpiJn i n '.sia pane de si: 
'Ir.i III .o < 011 ;.?rilos d<' no «^ 4Írrio.> 

Tihi ' .( «n;! di- ronfu-íión si;iuió á la sesión qu»' hubo de sus" 
|i«ii'lírM I' iMi)oralin<iítí- V «uando se* reanudó, Robledo pro 
{'iinii'i ,i] íjoliií-rno si d<seaba la paz ó la guerra. Si era la jfue 
II. I, <líiii;in'!ó qiK- t-oiUí'stara fl ;xf>bierno qu<í jd^arantías podía 
nÍMi í I ,il |»;i¡'. 4l«' ipu' si-ria capa/ de continuar la «guerra, que 
li.i-.la la {*•( ha no había rcsnilado más qur en pérdidas de vidas 
V aj'oi.iminii») del lesoro, ruinosos eompromisos y humillario- 
III-' 



1 63 

Si el ijobietno Jcsi-a l,t paz, añadió, {por quí no lo dice da 
ra y terminaniemente/ Robledo aconsejó aJ gobierno que si 
deseaba la pa/ sería priiJcnie tratarla directamente con los 
Eütados Unidos, pues las potencias ie pedirtaii una comisión 
por su mediaiucSn 



El día 27 de Junio zarparon de San Francisco Calíloi-nia A las 
2, 30 P. M. los transportt's "Cilv of Para." "Ohio," "Morgan 
City" é "Indiana," buque insignia, rumbo & Manilii, llevando .) 
bordo 6,000 soldados para rcfor/ar al Almíraute Dewey. 

HI mismo día ae recibíú en Madrid la noticia de la llegada di- 
1a escuadra de Cámara á Puerto Said, Egipto. 

Por lo que hace á las operaciones de desembarco en Cuba. 
cOnüDuaban con toda actividad, lín Baiquirf súlo quedaron el 
30 y el 9" de caballería custodiando el desembarqué, mieatras 
se dirigían violentamente hacia Santiago los dem¿ls regimien 
tos. Tomaron el camino de Baiquiri Jjara^uay. Cuatro batt 
rías de artillería y varias ametralladoras se pudieron montar 
sobre las lom:is que dominan la bahía de Santiago, y en gene 
ral fueronse ocupando poco á poeo todas las eminencias que 
circundan la ciudad. 

Entre tanto los buques de la escuadra volvieron A bombar 
dear íl Aguadores durante las primeras horas de la maflana. 

Entre Stboney y Baiquiri esuba acampado el General cspa 
ftol Rubín, con íucrzas do San Femando. Talavera, Provisio- 
nal de Puerto Rico y dos compatUiís moviliiadas. Parte dd ba 
tallón Provisional se había situado en la arquei^e Sex-illa, poi 
donde forzosamente tenían que pasar las tropas americanas en 
9U avance. Desde los días 23 y 24 sostuvieron el fuego délo* 
americanos vatientemente & pesar de que el segundo día per 
manccicron sin iom.ir .-ilimento A consecuencia del incesante 
ataque del enemigo. Al fin las trop;i.i españolan tuvieron que 
rtlirarse á Sanlíajío de Cuba á las cinco y media de la tar 
de después de un combate casi no Interrumpido de 48 horas. 

El enemigo acampó en loa alto.^ de Sevilla, extendiendo sus 
avanzadas ha.sta el poio Desde allí prepararon el ataque para 
el Caney y Santiago. 

Para reconocer y estudiar el terreno y cerciorarse bien dt la 
posición de las tropas espaflolas elev.i'ron e| día 31 un globo 



164 

cautivo. Iban en él dos americanos. El cable á que estaba su- 
jeto el globo amarraba en el campamento. 

Desde allí, asestando en todas direcciones largos anteojos, lo 
examinaban todo á su sabor. 

Se hicieron al globo algunas descargas de fusilería, pero los 
proyectiles no les alcanzaban. 

Continuaron estas operaciones hasta que comenzó el ataque 
■d Cañe}-, y simultáneamente á las posiciones de San Juan. 

Ocupaba la posición de Pozo Blanco, así como la de los Altos 
de Sevilla por las avanzadas de los americanos, una guerrilla 
de voluntarios que defendían ésta última tuvo que huir al apro- 
.Kimars^l enemigo. 

De entre los soldados heridos y convalecientes que se haya- 
han en el hospital de Pozo Blanco, fué necesario nombrar cua- 
tro secciones para que acudiesen á oponerse d los movimien- 
tos (Je invasión. 

Atrincherados lo mejor que pudieron se desplegaron ocupan- 
do los puntos más importantes. 

Fueron tan certeras las primeras descargas, que los soldados 
americanos se detuvieron y hasta hubieron de retroceder un 
tanto. Peq> esto duró apenas un instante ó hicieron funcionar 
algunas piezas de artillería y ya no hubo defensa posible. 

Una granada derribó por completo el cobertizo en donde va- 
rios tiradores españoles e«taban parapetados: cayeron confun- 
didos entre| los escombros y muchos quedaron allí muertos. 

Un guardia civil de segunda, joven decidido, se puso á la ca- 
beza del puñado de compañeros que allí quedaba y se encargó 
del mando. Se llamaba Raimundo Braña Alonzo. 

Pelearon aún todo lo posible, pero era tal la granizada de ba- 
las, que en breve quedaron deshechos. 

De los 38 que formaban la primera sección sólo quedaron 
cinco. Al retirarse, una descarga de los americanos dejó al 
bravo guardia acompañado únicamente por un soldado; ambos 
para no caer pasioneros corrieron al portillo de Caney. 

A Pozo Blanco llegó por la noche el batallón de Talayera, 
pero sus esfuerzos para hacer retroceder á los americanos fue- 
ron inútiles. 

Las fuerzas insurrectas al mando de Caixto García habían 
seguido acudiendo á unirse al ejército de invación. El siguien- 
te despacho del corresponsal de la Prensa Asociada en el cam- 
pamento americano describe así las operaciones de los insu- 
rrectos. 

«Jaraguay, Junio 26 vía Kingston. Junio 28. — El General 
Calixto García al mando de 5,000 hombres que se encontraban 
en las montañas de las cercanías de Santiago de Cuba fueron 
conducidos á este ptmto á bordo de los transportes americanos. 



M.isd.. :,;.K>j rvK-ia.-s. rn In l.iului.:,Ul.- 
■i-'narns en l,i pan- Sur .le h\ \>U. pr.nin. 
C'.ih.i. SI- iHiuomnin nvonvomr.uios rn A i 
Trt'i L'n;irt;i'* partes Je é-ilos i'M;tn arin.i.los 
pero estiin i\isi di'snuJiis l,.i m.iviM p.tnc 
"stan (amilinnxaJos iiiii lus nut.nins Je i;ii 
ios i.'spaflolt.\s y ooiiocco loJos lus .aiiiiiu'^ 
montaña^. Con el objoíD ik- pinuiír las ;ii;i 
^oliri' Síintinyo, so oiivii'i un Ji'>t.Lo;inu'iiiii I 
para liar l;i alarmii i'n va.soJii|iir las tropa 
tusen dar sorpresa C> fíeiliiar una unií'in ilc 
liae^O con las tropíLS il'l lii'neral l-'.-iiiri'! 



I1.1,.s p.V 

, p..r I |. 



w!BC»*fJ*í5<.***«*=>%'**w«*Ü***'^«3*C^^ 



CAPITULO Xlll. 



I^I* iiicii«dr« d' Cámtr» en Oriente — -DifiüultAili 
Filipinai, — Iioa aiuericRno» «a Sintisgo 
defensa iIb lan eajH&aleB — Ualallu lU L'a 
■lo UD testi^a [iruendal. — Deetruc^íún di< 
nftn -til Capitán KvíH» .Id ■lovv».- 



ai-\. San Ju»ii v C«iios»- — ReUlu 
U" cmivUt de"C.T.-era.— ít«r» 



9 ahlpgnimas tediados en Port Said, Egipto, el 30 dv 

■ lo comunicjiron que la poderos^i escuadra espafto- 

nviadu para socorrer & los esforzados defensores 

i de Manila y mandada por el AlmiranicCííraara.seen- 

lomraba andadií en aquel puerto, en espera de proveerse de 

riirh..n y obtener el permiso necesario de la Compartía del Ca 

nal de Suez para atravesar este cuñal y navegar hícia el pun- 

f LO de »u deslino Así era en efecto. 

El Gobierno egipcio, sujeto al protectorado int;lc's, notificó 
Bul Almirante Cámara que la presencia de su escuadra en Pon 
S&id con^itituia una violación de las leyes sobre neiitr:ilidad, y 
■^Ue en consecuencia los huquc'í deberían hacerse A la mar. Al 
I mismo tiempo se ordcmi al Gobernador de Port Said, que e^ 
■lorbase su aprovisionamiento de carbón que hacia la flota, y 
Lnpremiasc al Cónsul español para conseguir la salida de éste 
CircuW otra versión, relativa A que la flota de Esparta no se 
•liubfit podido proveer de carbón en Hi;ipto, porque entre tumo 
r«e negociaba el permiso de! t'.obierno para verificarlo, cl Crtr 
P J*Ul americano en Pon S.iid habla comprado J-i.OOtt Kniiladas 
|dccombuMÍble que había en el puerto y constituían hi íow) 
texifitencia dt! articulo. Se artadla que los Estado.-. Vnhl 
^r|.3n aprovechar este carbón para remitirh' .il Com«i 
fwey a l'ilipinas, lo mismo que p.-ira .^onsciA.n una 

Wevisión de que to necesitíise la encuadra ili- W,- 
[quiera buque americano 



1 68 

Tucsc cual fiura la causa, el Almirante español Cámara lu- 
«haba con inmensas dificultades en su travesía ,y frente á Port 
Said Hc^ó á resolver el abandono de sus torpederos, para que 
reiiresaran á Kuropa y continuar hacia Manila con su escua- 
dra muy debilitad;!. La si^ruiente nota oficial trasmitida del 
Cairo el mismo día puede dar idea de lo crítico de la situación. 
Dice así- 

jLos buques di* j^uerra españoles que comprenden la escua- 
dra del Almirante Cámara están trasbordando el carbón traído 
por los transporte.^ españoles. Kl Gobierno ha notificado qui- 
no puede permitir semejante operación y debe suspenderse in- 
mediatamente. Al mismo tiempo ha notificado al Almirante 
que deberá abandonar Port Said, pues el límite de 24 horas ya 
.^e ha excedido considerablemente. 

Por conte.stación á la notificación^ los españoles dijeron que 
.sus buques necesitaban repararse y comenzaron á descargar el 
larbón tomado á bordo con objeto de hacer las reparaciones.* 

líl P de Julio los buques del Almirante Cámara se habían 
retirado del Puerto y entrado en el canal de San l'rancisco pa- 
ra recibir earbón de los barcos españoles «Colón-» y *Covadon- 
lía,* entrados la víspera en el C mal de Suez. La operación del 
transborde de combustible duró todo el día si<íuiente. 

Entre tanto los acontecimientos en Cuba tomaban ma^-or im- 
portancia cada día, preparándose lo primera acción que .sería 
decisiva en el éxito de la jij^uerra. Desde el 2*^ de junio el Ge- 
neral Shafter, Comandante de la poderosa expedición ameri- 
cana desembarcada en Santiaj^o, avanzó al frente de una pe- 
queña escolta hasta Caney, ciudad de poquísima importancia si- 
tuada al Noroeste de Santiago Kl cuartel «^a^ncral fué estable 
4 ido en el campo no lejos de allí, y principiaron las disposicio- 
nes para el combate haciendo adelantar los cañones de sitio á 
la vanguardia; Bien pronto la línea americana quedó extendi- 
da desde frente á Caney hasta frente á Santia^^o. 

El 1« de Julio, avazaron sobre Santiago los americanos, alia- 
dos con los instirretos al mando de Calixto García. El Gene- 
ral Kent dirigió el ataque sobre Aguadores, en tanto que los 
Generales Lawton y Wheeler, secundados por Calixto García 
y el resto de divisiones del ejército americano, se arrojaban so- 
bre Santiago. El combate fué terrible particularmente en Sevi- 
lla punto cercano de Aguadores. Los españoles se batían como 
Icones sin desanimarse por la superioridad en el número, en las 
armas, en las posiciones y aprovisionamiento que sobre ellos 
t.nían los americanos. La lucha comenzó por un ataque *;obre 
Cañe}- punto de partida del camino carretero que vaáSantíago 

El estrago causado sobre las fuerzas del General americano 
K'ent. sobre los cuales concentraron su fuego los españoles, fué 



w 

te. sifnJü pri'ciso que los reíoríaran Lawton, Wlwelrf y 
I (liircia, para que "i^uellos se vit- f«n ohlíK^tlos A ceder el terrc- 

dcfendiiíndalú paso .1 p.iso. 

Las fuerzas de marenire tanto, secundaban el iiinque deno 
[ dadamente. Mic-niras el foiura Almirante Sampson aiTasab;i 
f casi, con la superioridad de suscanonesy proyeL-lilesrolosales, 
k las baterías que acab abiin de ser reconstruidas en el puerto, la 
I floNn del Almiranw cspiftol Ccrvera lanxuba una lluvia de me- 
I tralla sobre las tropas iimericanu». Al anochecer el Gobierno 
» de Washington era in formado de que los cspafloles cedían sus 
1 posiciones después de batallitr el df;i entero reftídamente, su- 
F friendo mAs de mil bajas el ejírcito americano. El <Vesubius- 
t disparando con dinamíla. produjo el pinico entre los habitan 
\ tes de Santiago. 

He aquí el parte oltcíal del r.eneral Shafter: 
■ He tenido recio combate hoy, el que durO desde las S a. ni, 
[ hasta el obscurecer. 

1 lemos ocupado las trincheras exteriores del enemigo. No hay 
Kinás de tres cuartos de milla de distancia entre mis line:;$ y la 

■cinciad. 

La división del denend Lawton y la Brigada del íleneral- 
l'Bates. ha estado combatiendo todo oí día y A las cuatro de I.i 
(tarde tomaron Caney. 

Durante la noche estarán vn mareliíi y.ivan/arán sobre S.in 
■lintro. 

Lnis tropas senín atrincheradas allí y con 
f^ideritblemente reforzadas. 

La bmalla .le continuará probablemente mañan.t al uma- 

Lms pérdida.i americanas son considerables. Algunos las cah 
Bcutan en 1,ÍK)0 entre muertos y heridos, (lírmadoi Shafter. 

Con diferencia de pormenores el Gobierno de Madrid fui iii- 
[lormado d<: la batalla el mismo día, confirmando la fatal no- 
icin de haber sido rechazados los defensores de la Isla. Kn cuan- 
tío ni número de bajas sufridas por los espaflolesse hacía lie 
" [fir li dos mil entre muertos y heridos, pero se aclaró Jcspuf ■; 
^ue esta cifra era e.^ajerada cu una tercera parte ú lo menos. 
• El 2 de julio se reanudií el combate con mayor ardinticntOiJ 
ntinuó el día entero Todavía sin que se tuvii-rrt ntititiSiT 
fe'aahington del resultado, se re-'ibi<j un "i ' ' " ■" r^r 
Shiifter pidiendo al gobierno con loda ui - 
n reíueriío de miídicos militares, lísi i 
iomediatamenie con el envío del buqu'- i 
nacho» cirujanos y aun tenía rtrdencs i 
Ftierte Monroe. despertó la mayor an 
ftincrican.i, por saber el nüni-ro de i 
no* dos dfas de incesante batallar 




I70 

El ejército ;»meric;ino combatió con firmeza con el propósito 
de apoderarse de las posiciones españolas interiores. 

La batería del Capitán Grimes bombardeó durante una hora 
uno de los suburbios de la ciudad. I^a caballería de la división 
del General Summer y la división del General Kent, avanza- 
ron sobre la batería de San Juan al mi'dio día. posesionándose 
de ella antes de la puesta del sol. La divi.síón del General 
Lawton y la batería del capitán Caprons cfesalojaron á los 
t\spaftoles de Caney. 

Los regimientos 6* y U'y^ atacaron las trincheras dellado 
liste y después de reñida lucha tuvieron qué ceder los espa- 
ñoles, quienes se batieron en retirada hacía Santiago. 

La batería del Capitán Panckhurst situada sobre una loma 
bombardeó la parte del Este d** la ciudad de Santiaffo. Las li- 
neas de defensa españolas por ese lado quedaron completamen- 
te destrozadas. Los españoles pelearon valientemente. 

El parte del combate dirijido al Gobierno de ^íadrid, fué 
i^oncebido pn los términos sigfuientes: 

«El ejército del General Shafter compuesto de 17,00(» hom- 
bres de infantería v S2 cañones de sitio de varios calibres, ata- 
í'ó las posiciones españolas frentí* á Saniiajro. ayudado por 
<>00 rebeldes al mando de Calixto García. 

<Los españoles apenas contaban 6,000 hombres, la mayor 
parte voluntarios. Nuestras tropas pelearon con heroico valor, 
í-a retirada se hizo en perfecto orden. Nuestras pérdidas son 
con.siderables. Las del enemijío .son enormes. La li.sta de nues- 
tros heridos incluye al General í-inare.s, Coronel Ordóftez y 
Mavores Azaraz v Oneira. 

«El ataque de los americanos sobre Caney fue severo La po- 
sición estaba defendida por el Gfneral Vara del Rey con 500 
hombres. Al principio fué rechazado el enemigo, pero renovó 
su ataque.» 

Un despacho posterior dice: l-os americanos peleaban de 
continuo. Los españoles se defendieron heroicamente. Nues- 
tros heridos son numerosos é incluyen al General Vara del 
Rey y al Mayor Domín^^ez. 

La lucha se hace difícil, 2,000 españoles tienen que hacer 
trente á 25,000 hombres del enemigo.» 

El triunfo de los americanos en Santia^ro no estaba aun ase- 
iTurado, sin embarijo. Su posición no era tan ventajosa como la 
de los españoles, y de haber continuado el .^itio en estas condi- 
ciones, es probable que el ejército americano habría tenido quí- 
reembarcarse antes que le lletraran refuerzos. Pero la fortuna 
que en todo le fué contraria á la noble España durante esta j^nie- 






171 

, preparó las cosa^i de otro modo, como veremos .'idelanRv 
Por ahora reproducimos el simiente informe del fieinnil Shat- 
ItT que prueba la verdad de esta aseveración. 

• Playa del Este, lunio 3.— Al Ministro de la tiueir.n. W:\b- 
hinjrlon,— Nuestras tropas rodean la ciudad de Santiago porel 
Norte y Este, aunque nuestra linea es di5bil. Al acercamos á la 
riudiid hemos encontrado que las defensas son tan poderosas 
que me serií imposible tomar la población por asalto con mis 
fuerzas actuales. Nuestras bí-jas hasta hoy pueden ascender .1 
mil; pero aun no llegamos al fin. Poca enfermedad, fuera de in- 
olaciún debido al es^tremado calor y las fatigas de la batalla, 
que existe ent^e tas tropas. El General Wheeler estágravemen- 
ic enit rmo y hoy será conducido al hospital. El Genera! Voun^í 
tambiiín se encuentra enfermo en cama. El General Hawckins 
CRtAliiieramente herido en un pié. Lii conducta y espíritu d- 
nuestras tropas son magníficos -Firmado íSirArTEti.i' 



Veamos ahora lo que pasaba en el campamento e.spañol. 

Las trincheras americanas se habían construido durante los 
Jias r 2 y 3 de Julio en el punto llamado el Portillo de Caney, 
tM.i openición que para los espafloles hubiera sido laboriosí- 
sima por encontrarse agotados por falta de alimentos resullil 
ídcil para los americanos que poseían unos iipura ios, especie 
Je íirados, con lus cuales rApida y i<Jmodamente removían la 
tierra. 

En los tres dfas se libraron combates aunque de poca dur.i- 
iHón, 

El coronel español Aldea ocupaba con algunas fuerzas las 
trincheras más avanzadas. 

El día '¿pidió el enemigo parlamento. 

Los parlamentarios, dos ó ires oficíales, se avi.saron prime- 
ramente con Aldea, Pedían que fuese enviado A Santiago de 
Cuba un oficial espnrtol conduciendo unos pliegos. Comen;(ú i 
gestionarse ya emonces, por lo visto, la capiiulaci('>n- Los plíi- 
gos fueron enviados, pero como no obstante eso coniinuasen 
en el campamento americano los trabajos de íortÍ/ic;icióii y tuf 
cesase contra las tropas españolas un nutrido tiroteo, el w 
le coronel de caballería Pascual 1 lerrera Oriais, que dd 
la segunda linea de defensas del Portillo, dió-oieow^ 
comprensible hecho al coronel Aldea. 

Le ordenó éste que fuera sin pírdida de tiempO-í 
ciar con el jefe de Estado Mavor de las tiopa*í aiH" 
\0 hÍKo el señor Herrera. 



—Me sorprende y cxirafla— le dijo— que fiabia 
fl tucgo «ti las Itntas espaAolas en virtud del parlamesto por 
vos pedido, conliníien %*uesiriis ttopas no soto dedicrdnJose J 
lo* trabajo» de (oriiliciii.-iiJn, lo cuales quehrani-ir cuanto la» 
Iryes mllil.irní ordrnnn, sino tambit'n haciendo fuego. 

El jefe ampricnfto inandr> se suspendiesen aquellos trabajos 
asf como que tesasen )0A dÍ!q>aros. 

Los referidos pliegos del ejército americano los recogió tm 
olicial espaftol y lo lli-vii .■! su destino. Estaban dirigidos al 
General Toral, que ya entonces asumía el mando de general oi 
irje déla provincia 

lil día 34 las cuatro y media de la mañana, rompió el enemi- 
go un nutrido fueteo sobre lab trincheras espaAolas en exten- 
dían considerable; contestaron aquellas tropas con igual ener- 
gía. El Portillo fué valientemente defendido. La artillcrfa de 
que disponen los españoles en el Portillo de Caney la forma- 
ban ocho cartones, dos de tiro rápido y seis antiguos de los lla- 
mados i/r/)/í(c/i. En los tres días citados se hicieron con el lo* 
m^s de 300 disparas. 

Los Jefejt americanos pidieron de nuevo parlamento al Gene- 
ncral Toral y un nuevo pliego le fué enviado. Aunque la sus- 
pensión de las hostilidades dun^ h.isia el dia 10, los americanos 
continuaban haciendo fortificaciones y cuando terminii el ar^ 
mlstino ya hnhfan colocado hasta bO caflones. 

Hl memorable combate de Caney tuvo lugar el mismo día 
que se verificó la batalla de Santiago, 

Un testigo presencial espaftol lo refiere de e.sta manera; 

•Fué uno de los combales en que mayor heroi.smo demostra- 
ron nuestras tropas, 

El día !=■ de Julio li t;(s 10 de la mafl.ina coraeiiíaron el ntaqnc 
itl pueblo las lucrías yankees. Consistían éstas en dos colum 
ñas perfectamente armadas y equipadas. Nuestras fuerías. 
mandadas por el heroico General Vara del Rey, no pasaban de 
4r>3 hombres, que formaban S compaflias del batallón Je la 
Constitución y algunas guerrillas. Ni un solo cañón habla en 
el poblado. 

Los yankees en cambio tenían numerosas piezas de ortiUe- 
rfa y disponían tambi<5n de cnballeria. 

Kolo el íuogo con verdadaro encarnizamiemo por ambas 
partes, largo rato permaneció indeciso el resultado. Sufrimos 
dolorosas bajas pero los yankees las tenían tambitín conside- 
rables. 

Era comandante militar de Cacey el capitán de l:i guanUn 
civil D. Manuel Romero Villegas. 

Ul mismo d(a l^comemtado ya el combate, se ofrectú á ir 
desde Santiago A desempeñar dicho cargo 

—En buen momento llega usted,— le dijo Vara del Rey. 



'73 

—Vengo voluntario, mi general— contestó.— Hay que estíir 
:'t lo bueno y á lo malo. 

Era Caney para el ejúrcíio yankee posición imporuntlsima, 
un punto avanzado que convenía ocupar, arrasar hacer desa- 
parecer, á fin de poder avanzar sobre Santiago de Cuba. 

De ahí los desesperados esfuerzos que para defender huelan 
nuestras tropas y el empeño del enemigo en lanzarlas de allí, 

El General Vara del Rey, jefe de las fuerzas, fué herido en 
las dos piernas mientras practicaba un reconocimiento en per 
.tona en nuestras filas. 

Prosiguió la lucha en el Caney encarnizadísima. 

Hubo rasgos de valor por parte de nuestros soldados, muy 
grandes. Sin embargo, hubo que ceder ante el peso abrumador 
de tantos miles y tan continuo y nutrido fuego. 

A las 4 de la tarde cuando los 453 hombres habían quedado 
tan mermados en número, que solo una tercera parte existían, 
se dispuso la retirada. 

Por el camino det Cristo se dirigieron unos cuantos super- 
virienies con dirección á Santiago de Cuba. Iba á su frente el 
coronel Puñet. 

El resto de las destroíadas fuerzas marchó por el camino de 
Cuevitas. • 

Por alli iban también para Santiago los camilleros que con- 
ducían vivo aún entonces, pues sólo estaba herido en las pier- 
nas, al General Vara del Rey. Era una tristísima comitiva. 
Detrüs de las camillas seguían unos 50 ó 60 soldados heridos, 
l'enos de sudor y de polvo, manando sangre las heridas recién 
recibidas. Unos caminaban A pie, otros d caballo, en acémi- 
las, etc., Y muy pocos pudieron llegar á Santiago. 

Los yankees, al ver desfilar á aquellos infelices no se mo- 
vieron & compasión, sino que lanzaron sobre ellos infinidad de 
proyectiles. 

Muchos cayeron muertos y algunos pocos, que no reeibíe- 
ron lesión alguna en el terrible combate anterior, fueron heri- 
dos entonces. 

El comandante militar de Caney señor Romcix) Villegas^ se 
retiró el último cuando vio que ya no le quedaba que hacer 
allí, montó á caballo y partió lí galope para Santiago. Avan- 
zó poco trecho; una bala de Mausser le atravesó de lado á lado 
peoetrílndole por un homóplato. Dos balas mataron ú su caba- 
llo y éste y su ginete rodaron por el suelo. 

Acudieron algunos soldados norteamericanos y un oficial y 
el seflor Romero fué reducido á prisión; le condujeron ü un 
vivac del campamento de los yankees y le curaron con la ma- 
yor solicitud y esmero dos médicos del ejército. Sólo le hicie- 
ron prisionero para poder curarlo. 



'74 



■vado haiW ct softor Komero 
el re>-¡<^n tt-rminnilo comt»- 



lin el mismo vivac á que fué lli 
Á 30 espartotes heridos lambiOn er 
le de Caney. 

Figuraba entre ellos don Antonio Var;i di-l Rey, hermano y 
ii>-udante del bravo ;;eneral que ac;ib.lba de íalk*«r, Ptrro Ó 
sobre vi vitj. 

También estaba alli herido el encargado de la estncMÍn tele- 
gráfica del Caney sertor Manzano, que s<* hubia batido con de^ 
nuedo. 

Fueron trasladados al siguiente día iil ■Hospital de sangre 
que la Cruz Roja yankec tcnta esiabieoido en la iglesia tlH C»- 
ney. 

En la acción de este nombre fallei-ieron, .'itlemás iiel Gvner»! 
don Joaquín Vara del Rey, los oomandames don Rodrigo Agüe- 
ro y don Rafael Aragiin, el caplldn don Antonio Vara del Rey 
y los tenientes don Eduardo Domínguez, (iimbién ayiídanlc 
iiel general; don Alfredo Vara del líey, sobrino de íste. don 
Pedro Fuentes, don Manuel Morak-s. don Antonio fíubio, don 
Segundo Ltanes, don José Marquine/. y don Enrique Cusaditval. 

Por Su heroísmo merece especial recuerdo el factor del Ca- 
ney seflor C.aray, que combaliú en primera linea y inurid he- 
roicamente Recibió tres baía/os. 

Resultaron heridos de más 6 menos cuidado los capitanes 
don Manuel Romero Villegas, don Isidro Arias y don Baldo- 
mero Vigo. y los segundos tenientes, don Inocencio Rojo, don 
Antonio Martínez, don Domingo Murillo, don Manuel Esiévez, 
, don Lorenzo Salinas y don Domingo Muñoz, éste último de la* 
jruerr illas volantes. 

El médico militar don Ángel Rodrigue/ I ué también hcríilo 
ruando se dedicaba A practicar la curación de un soldatto en el 
mismo campo de batalla. 

El testigo presencial citado prosigue así su narnicic>n; 

• Los yankees también tuvieron pérdidas importantes; con(e> 
saron ellos mismos haber tenido m.ls de 1,500 bajas entre mnef- 
tos y heridos. 

Nuestras tropas gastaron en el combate del Caney, que como 
dejo dicho durtí 10 horas, 80,000 cartuchos Mausser y Re- 
mington- 

En el hospital de sangre de la Cruz Roja, permanecieron Km 
heridos españoles hasta el día 5 de Julio. 

El enemigo había tenido muchas bajas en el Caney y el ata- 
que .-i Santiago de Cuba, realizados ambos en un mismo dia, y 
necesitaba de todos los médicos; resolvióse por esto á enviar 
nuestros heridos á Santiago de Cuba, para que allf fuesen cui- 
dados, fué un acto de humanidad que mucho agr;idecieron lofi 
pobres enfermos. 



Kl General yanqui envió un oficial ¡i participar at General 
gobernador de Santiago si quería recogerlos, se le contestó 
iifirmalivamente y el traslado se verificó. 

Fueron llevados los heridos A nuestro campo en carros faci- 
litados por los yanquis; estos carros eran unas amplias, cómo- 
das y excelentes ambulancias arrastradas por poderosos caba- 
llos percherones. 
Entregados los heridos A las autoridades espaflolas los yan 
rquis se retiraron. 

I .N'o habla en el Caney ni en las inmediaciones de Santiago 
lalambradas para facilitaPíel paso. Se habían en un principio 
|L-olocado contra los insurrectos cubanos, pero se les hiío des*, 
[parecer por inútiles al desembarcar los yanquis, para poder 
I construir trincheras. 

Fué el combate del Caney uno de los m;is sañudos en la guerra 

Un detalle; defendiú aquel punto el bainllón de la Constitu 

l«áún. núm. 29. y fui tal su heroísmo que los soldados yanquis. 

I'terminando el ataque, disputaban comprar los números dt 

metal dorado, distintivo de dicho cuerpo que los individuos d>-1 

Dísmo llevaban en las solapas de las blusas 6 chaquetas de ra 

lyadtllo. 

» — ;0h, Constitucii'ml ¡Oh, Ciiney'. esclamaban— í*>:/o.v/- re 

Alli tuvieron los norteamericanos muchas baja.s: hubo bata 
Lón que quedó reducido A \'2 hombres y un oficial; tas núes 
Iras fueron también muy dolorosas, 

j El Caney e.staba defendido por 400 hombres, la división yan- 
Itui que atacaba el poblado se componía de más de 12,00(' 
[Sombres. 

En cuanto á la muerte del General \*ara del Hey nos dijeron 

(ue recorría con una pequefta columna el día I" todas las avan- 

' xadas. cuando en un encuetro fué herido en las dos piernas 

Se retiraba dn sus tropas é ¡ha en una camilla desjpués de ha 

ber sido curado, cuando los yanquis recrudecieron el aiaqu' 

con ímpetu. Mataron ;í los camilleros que lo conducían y ¡'i un 

I sobrino del General que era ayudante suyo i!- hirieron tambiOn 

U gravemente al capitán ayudante, hermano del General y lia 

T Diado don Antonio. 

V El bravo Vara del Rev recibió un balaio mS'í. Ef proytefíl 
Ue penetró por un ojo. 

Las (uerzas se retiraron romo pudieron, y rl . 
fiotros muchos, quedo abandonado, le recoijieron Im- 
í dieron sepultura en un camino 

Después, cuando supieron de quien w n 
rraron y lo condujeron al Cementerio de*. ■ 
Jios honores de ordenanza. 

Tuvieron los yanquis cu el ataqueíiCan 



Nopaedtín convoneeise de que hiibia »llf dtftnitiiciKlo Wpn- 
hIaUo 400 hombres nnda mds; creían que cr;m ;il^nos miles.* 

Circulóla noticia, crefda todavía mucho liempo desputís de 
!.t guerr.T, de qutr i-l General Ptindo al frente de (j,000 hombres 
.icudla en auxilio del General Liniíres, á morcbaa fnriadnuí E.v 
to era inexai.-to. 

Los esperados retucr>;os salieron el 22 de Junio dcManxanilIu 
<rn mediiis brigadas, una mandada porel Generul Ruiz KnAor 
y compuesta por los batallones de Puerto Rico y AlcAotora, y 
li» otra por Escario con el regimiento de Isahel la Cat'tlica y H 
hntullón de And;tlua'.i, alternando entir .í vanguardíay á ma- 
toiardiít- 

Al llegar i Bayamo se entcniron de que estaba ocupadM por 
ios insurrectos. 

El General Rafloy se ofreciú ;í tomar la población y después 
de haberse nombrado veinte hombres de cada batallón con <«*. 
te objeto, apoyado por 400 cabitllos y otras íaerati de rcsenra 
dio el asalto con buen «ísiio. Los insuirecios apcna& presenta- 
ron re.si5t encía. 

Las fuerzas españolas continuaron su marcJiít lomando Je-s- 
de Figuani hasta Palma Sorfano todas las postdoat:s de los 
insurectos. 

Sin embargo, cuando se pusit-ron ú las úrdeocs de Toral oi- 
tos refuerzos. puede decirse que ya era larde: las necoriaetoncs 
para la capitulaciún estaban casi terminadas. 

Las fuer/;i5 que defendían A Santiay:o cuando el Gcoc-nil Va- 
ra del Rey fué muerto, súlo eran ;i,000 hombres. 

Posteriormente llegó el coronel Aldea con 1,000 soldados; 
Kscario con 5,000 y Kuíi Raftoy con 'i,000. 

Se reconcentraron ademas allí otros -,000 y pico de soldadoK. 
que guarnecían los fuertes de los alrrededores. 

Había un total de 11, 'TOO hombres 



U.\ relato de un testigo preicnctal que tomil pane en la btta- 
lía, en el ejército español, continúa de esta manera. hahlMida 
de los combates de San Juan y Canosa: 

■Estos dos combales fueron verdaderamente terribles. 

Sólo puede compararse la defensa heroica que de las trítKlie- 
ras situadas en las lomas de San Juan y Canosa hicieron un 
puñado de valientes, con la que del poblado de Caney llevuron 
A rabo con un coraje y un denuedo que asombraron ni «mu- 
l£0. Otros cuantos valerosos soldados. 



Como yn liero dicho, ambos importanics cómbales, los prin- 
.'típales que en I» i:;imp;irla hubo, ocurrieron en un mismo dí;i 

Dixididos 16s norte americanos en dos numerosas divisiont-s, 
aUt.-;iro/i simultáneameiiie, >;n compiíaas masas, con trop;tódc 
refresco y abunJante iiniller(;i at Caney y ií las trincheras di- 
San Juan. 

Estas dominaban ivSamt:igo y constituían con lis del fu<r- 
' le de Canosa su principal ú mejor aún, su únicii dcfcnsii. 

Roto el tueyo ;i las seis de la maíiana en Caney se corriiJ d 
San Juan. 

A las dieü de la m:iñuna comeníí aquí el ataque. 

Sólo hiibia emplazadas en estas trinc-herus dos píe/as de mon- 
larta, de tiro rápido 

Estaban alh Ordoflej: y el General Linare.s con su ;iyudunte 
*eñor Arraií y defendían l.is trincheras la tercera compañía de 
Puerto Rico, >egunda de Talavcra y 18 caballos de este ülii- 
iflio ruerpo, 

Comenzú el ataque 

Por una parte y por otra íie hacía un luego horroroso. Lo> 
yanquis avanjtaban casi á pa^o libero, baja la cabeza y con ci ' 
fósil preparado, los que iban & vanguardia disparaban; los de- 
más adelantaban sin soltar un tiro apresuradamente, dando 
estentóreos ¡hurras! 

I^s bucen nuestros soldados la justicia de reconocer que sf 
halieron entonces como unos valientes. 

, La defensa de la trinchera fué heroica. El fuego de íusílcrfa ' 
*ra nutridísimo, incesante, pero no bastaba ¡I contenerla vic- 
Menta <* impetuosa arremetida de los norteamericanos; estuvie- 
;»oo¿stos d raya sin embargo, sin poder avan/ar un paso, tv 
,*o!viéndose inúiilmcnto y sufriendo no pocos bajas merced A 

•B certeros disparos que con las dos piezas de montaña se les 
hacían. 

Dirigía personalmente el fuego en estas baterías el coronel 
Ordofiei. 

Tenían los yanquis entonces ndmirabkmí tiif lituaJas, mí> 
pie/as rodadas de 12 y hacfan con ell.is m^ir --.i Ji - 

lea era desmontar nuestros dos caflones, > lia- 

ron-, mataron, sin embarijo, al capitán y .1 : tuc 

atU estaban, quienes cayeron al ptf de los ^ 
exitar álos soldados y de repetir »ún eo^ f; 

— ¡Fuegol iFuego) •ptf ' 

Pesgraciadamenic lotí cuAonev cáltll 
los yanquis tenían par» avarmr fu' t 
'jtcabado las municionen de Im dos 1 

>n ya inútiles. 

Ocurrió esto .-i las tre.s de la. laní 



1/8 

FVi'JÍI es suponer la r;ibi:». ía dcseáptraciún Je lo.s soldados, 
%obre rodos Je lo> artillero.s. I.os yanquis cargaron furiosa- 
mente. 

Comenzaba á evacuar la trinchera la compañía de Puerto 
Rico que e^vtaba mermadísima; habían muerto el capitán y los 
dos oficiales que la mandaban, por lo cual dispuso que pasase 
á la se^nda línea de fuego^ ó sea á las trincheras del frente 
Caney, que estaban detrás de la de San Juan. 

l>e un bala/o fué muerto entonces el teniente de Talavera 
señor X'alk-. 

Quería el tnemigo apoderarse Je los dos cañones, que ya no 
disparaban. Xuestos soldados se lanzaron sobre uno de los ca- 
ñones, lo desr.iontaron presurosos y abriéndose paso escapa- 
ron con él, llevándoselo sobre sus hombros, no obstante estar 
rendidos de fatigra. E\ oiro cartón ijuedó i-n poder de los nor- 
teamericanos. 

Fué imposible hacer más. 

í^os yanquis ocuparon la trinchera medio Jestruida ya, y lle- 
na de cadáveres de uno y otro ejército, elavando sobre un mu- 
ro una bandera. 

Continuó luego el ataque en la cegunda línea de fuego, en 
las trincheras de Canosa, donde murió el Coronel Bustamante 
y el comandante Manso, y salieron heridos F^inares, su ayu- 
dante Arraiz v otros. 

La trinchera de las lomas de Canosa era muv estensa. La 
defendían dos compañías de Talavera y hasta mucho tiempo 
después no se envió allí níngün refuerzo. 

A la primera descarga murió el capitán señor Manso, de un 
batazo en un ojo, mandando dos oficiales y ochenta soldados. 

Del hospital Je Santiago se enviaron entonces á la trinche- 
ra 181) soldados, que apenas se hallaban convalecientes de sus 
heridas, y una guerrilla movilizada. 

Cayeron heridos sucesivamente el comandante señor Busto 
el teniente señor Bolívar. 

Linares se paseaba examinando el campo desde nna meseta 
Je la trinchera y de pronto .^e acercó á unos oficiales, á pié, y 
les dijo: 

Estoy herido, pero no importa; vosotros seréis los defenso- 
re^ de la plaza. 

Cuando estábamos quebrantados en absoluto y habíamos 
g;iStado dos cajas grandes de municiones, llegaron una compa- 
ñía de Puerto Rico v una sección de marina desemb ircada de 
la escuadra y mandada por un señor Bustamante. 

Anochecióy .se su.spendió el fuego, que se hizo al siguiente día 
más horroroso. La sección de marí.ios se batió con verdadero 
í'oraje.de (*00 hombres de q^e constaba sólo quedaron unos 30 




oraeíiaJo el jefe Bustninanie :it c;iDilán Cioní 
leva»« la fuerza dt- marina en ayuda de T;i!;iveTa Citando Gon- 
tíi\ex se accrcrt á i'i poco tiempo despui^> y le^ detla. mi corom-I 
fstA cumplida la orden, recibió Busta mante un b laxo. 

El coronel del baialli^a de Simancas, D. josí Baquero Mar- 
ines, jefe de un secior deiiichera, desapareció ejiíre los es- 
tombros al entallar allt una granada. 

No ha vuelto í saberse de íl. 

La trincliera de Canosa no lleet'> .1 rendirse; se suspendió t-l 
iiego en viriud de órdenes deí genet :il Toral al hacerse la ca- 
?itu1ariún. Sólo entonces pudieron ocuparla los yankees 

Por la noche antes de entrcg;irla, quisieron tomarla sorpren 
diendo Á yus dclensores algunas fuerzas de caballerfii, y aunquL' 
lograron penetrar fueron rechinados A bayonetazo?. 

Cuando loda lucha hubo terminado, Ioh soldados yankees se 
tccrciban A los nuestros. A saludarles y feljcitarles díindoles al 
«■opio riempo rom, pan y otros víveres.* ; 

IV 
Vamos ii referir ahora el aconiecimientn más desastroso de 
til (fuerra. el que fué causa de la terminación de ella, porque 
ú fin se puede decir .iI pod.T naval de España, y el que como 
Inis inverosimil fué recibido por todos los que ansiaban et 
(riunfo del derecho sobre la fuerza. Desde el lunes 4 dejulic* 
tomenzó £1 circular rápidamenie en esta ciudad la infausta no- 
iicra de que la escuadra española, surt i en lu Bahía de S mtia- 
í) «1 mando del Almirante Cervera, habla sido destruida lu- 
talmente por los americanos, que se eneonirahan trente A ella. 
y A las órdenes del Contralminuite Sampson y cl. Comodoro 
ahcley. Tan m.-tj^na, tan inesperada, tan irreparable er.i aque- 
1.1 catástrote, que nadie quería creer en ella. ;Ci5mo podía ser 
que Cerrera tan hábil marino y t.nn valiente soldado, conocien- 
do fielmente la situación de su Ilota y la superioridad del trne 
migo, se hubiese lan<?ado en uní aventura tan descabellada, 
como era la de abandonar la bahía custodiada por acorazados 
poderosísimos y cuyos cartones lanzaban proyectiles de una 

Kitencia verd' deramente irresistible? V -íin embarco así (uí. 
iotentado por superiores órdenes, que la disciplina le ni ohibia 
discutir ill el bi/an o .Mmiranie esp iflol se lanxó ú la mar en 



.0 Hemquf Ucnmop^n. 

InclU KfJquBBl Almiti 

TÍmiAn er« de que il kIi»") 

' Hlbana. Junio >».—C*i 

la U ciudiil ron» 

drt qua limíitr !*■ ri 

qn'iún «n ttW mn I 

tÍ6a tmn |riii*, purdc 



>1 eumbiad* anM da U mIM* de Orvrri. 
« e*d*r antv to incrítahta, lunqu* ra ci'ii. 
■tn do S*otiatn KtU ■nirguiUda ron *u t»~ 

>, Ssnliica. — Kl CapíUn (iearrul n* ¡utorai* nof 
1, Mtinyiiin nnM> d<r proríaionH, qui>ipn- 
w marinni i rríjol**. y i* lii* *«Idadai< t armí: y 
■(■ Bo ilurirta marba lirmpo. Sirado la )iiu*. 
fallad* pio*i*Un>-r la ciudad trtidtá igur 




l8o 

pl4*no iKi, coa toiLiü -iiw <-mb;irv-iidoncs. sín otro nobela' t^uí! 

rumplir con su deber, sin oira espef-iaiiva qui- morir peleando. 

HI Ji;i 4 (ué conoijído jquf wn boleitn publicado en Washia^ 
Ion til d(;i (inleríor. oontcniendo el siguiemr pane oficial: 

«La escuadra fsp.'inn[;i írn-nK^ t-stapar de la hahia deSan- 
ifuyo ;i las ■'. 30 de la marlar.a dtr «ycr A laa dos de la tarde cl 
■Criitúbid Colón" eniallií :i sesenta millas a\ Oeste de Sanlúl- 
t'O. arrii'i su b;indera y se rindit'i 

TFiidirM A Mr ■handani'la p«r U guirníciin. mirchi 
cnn N MCiMx if prOTiiianH en la i-acuailrk. el paem 

»u(l>r del «nemíeo. aii ■irmeiAo s^rU en eitrinao gimrr, ■■nm qns rvi» nnaB 
■Itaeo qu" iinti'd m» ¡nrnrní" diirallid*inenre «obre U «íImcíAd, H<' pedido >l C>. 
mandtnlo it>' Ib «liaeidn naist que rlndii p»Ce, y he ««bida qiM H bloqueo «da en 
la noche, ea lan «atricto qav no bajr pvríbilidad de feriarla: «íd eoibargo. m mKV- 
■aiin hacer alpn Prncuraré rnriar á D*ted tnw d cuatro haqaoa Pi'ni •«•(k eon- 
' ite qiia iiated le enniilnieara eonaiao puea so deaen hai'er nniia a¡n eonaal- 
iD ualed. La aíiuaeiiin tirne qnE ler mi* clara para uaud qiti- para mi, puM 
n al aUio de Ina aconli'cimíaarna. y ai ualed ré manera alauna de n'-jorai U 
iii>EO que niF ¡nrurmc In mlla pronta qiie le ai<a po^íbic. — ' Maale- 



"Saaliaso Jun 


a á4.-Almira 


nte Mantem) 


Apnatad 


rru Haba 


«a.-Miopi. 
loqueo. La* 


m.mBiq«e.eff.i 


mpuaible p,ra 
emo. abordo 


0. hnqueeen 
alcantartn «a 


el pnertu 
ra todo el 


r..r»rel 
tneadeJu 


proriainnea que f 


io^peroeiM 


qae para i-aa lecha r\ lilio h 


hri ooneluid 


; wUn aembrandob 


.ri.-doi Bui- 


tamantcprro hay 


tadarlauna. 


nt.ra.la al Kate 


M cabo 


Smilh. Mi 


feliciUd». 


n<HRoreM.ríIlant 


combate del 


■leabel lib- 


■Orrrera 






' nahana Junin 


W de 9-. -de 


eral Linarea 


-Santias 


.-Uiea i.«redalAlmI 


rantc Cerrera que 


d^a^con-KS-r 






oaplaMadt 




-mbiín. qd.- y 


rreo debo d' .r eae pun 




pnitna. 1 ni 


da «ir ■ donde 1- 


paretca más n 


«irlonn. pnrq 


ue au po* 


ciín en e« 


iinda de pen«ar, n Bxne«<tam'-n 










U noche paaad 


habfa aoto ■! 


le buqtiM al 


, mieotr 


a que en C 


enfbesoabs- 


bi. [rea y aquí nu 


te. k p«ar de 


o enal el ' M 


anteridrn 


«el -San 




<^ue aali^r.in t laa 


dn* rf» la mafia 


na, pudieron 


Tonar el 


bloqueo coa 


I.cíUd.á.- 



Blanco —llábana — üolando jads. 
«dora á aiete boquea en Santiafu, el )[obierno pJeiiM (¡ue 
e* una i-xci-lenle ocaiiún para que nnea'ra eacuadra pueda huir. — Correa.*' 

"Santiaeo Junio '5 de 9' -^apitio General Blanro.— I l'or inlermedia del Al- 
miranre Manterol*. Jefi'del Apoaladcrol- Habana— Uetde el illtiir 

di uBied. he recibido i ' '' 

deipacbn de uttud en el i 
primera carta indicaba cui 



Ücae 



n riiati 



a bloquead. 

ia^mrUadet 
lia. PorUlraj 



del Ueneral Linares, tmanítiíndoma m 
le mi parsi'cr acerca de I* •iluaCJÍB Bb «al 
I la preaent' oeaaiAa entraif en detellM. No 
. baya «ido Buiíct rv-lueida i «alo iiete bo- 
.. orincipa1r« eolamenti-, rcpri'i'nlaii noafaer* 
>fa Li falta de oaBone* de ([ran alcanse en laa forti- 






modo aeiriiro. la pérdida d' l> 

nena, lo eji-eutaré, A mi modo de pcnaar 
de que «o me ordenó reñir aqnf.aat e» ^ 

aerí influí.— "Correrá.* 

"S.nliaco. Junio SGite 98.— Capittn I 
me ordena ponerme bajo aui Ard>-nea C' 
ISTí. lo que baso con el mayor plaoer. 



le eatin aiempre i la boea del puerta s oon 
il impaaible eeaapar lio praeentar batalla 
Ilativa para dejar ea le pnerto. traería «m- 
a eacuadra, la muerte de casi toda la irt* 
jo mi refponeabilidadi pero «i attei lo Mw 
r. la pérdida de la eacuadraera eefuTvdik- 
gii-> la (rairdad de la BÍtuaoÍ6n pr«MBte, 
II debo 6 no ír í nale «aerifieio qoe jo a 

(¡enera) Blaneo. II a baña. -BI Oobtenift 
) deereto de No>ie«br« IS dt 
< mi deber j dar>! i Vá. ¿m~ 



KI'InlanLi M.iria Turesu- "Oqucndo" y "Viüc.iya" se vi 
obligados d cncalUr, fueron mccndiadoK, siendo después 
tíos por los cañones de nuestros hU4Ue-s como á veinte n 
distanic de Siintiago. 

El •Furor- y el -Pluiún' fuerun de^iruído^ ¡i vHntiei 
millas del puerto. 

Nuestras hujas L-onsisHrn t-n un muerto y dos lierido> 



Ie>. n 



e ealtn 



... _ lie KapiIlB Dot ft 

d«l "OqUBDda" no •■!( n bu«niM j ha Drd< 
DWra<lBni|)alM»Mtin fufr* defervícÍD 
pal, Kl fondo del "VíKiny*" riii lorio 
Tvreia" tiiine poco* cBnonea úfilea ; ln> d 



)vH HuriKiriidp Mtiirre NntliiK'ini* •!> 
'OH fe focuenlrin «beoluTamciiie inúii 
Irm bueniHi. * ctun ile la l'altii de inr 
AoDPi Honiarii ilc ■'■tonr ecnlflnFIro 
'nido que letn camlilailn»: un irin nd 
Al ' Coliib-' le r.lu .0 balería prioi-i 
r ha^rdidu «i lelMÍdad, Kl "M*rf 









.... bioqi 

tcAUtÍTaparaileiai cEie p_ .. .,_ 

ta dfilriioeiín . Una grin parle de mía mariner'» eai 

{uarnioidn d» U ciudad. El dia 33 rati»\i<-ré rom» n 
Í«nio loa inrorniei eoB'enidM en rl »i|uiente trlrgí 
•I nar. ha capturado Baiquirf. Unr eapiorari MEnrit 
hrttiante deren>a que le aoaiandrl. .Kjer rinro bitatlnn 
Uefirtn i tiempo para prolongar la avnnU p«r(|t 

Ma do (alfar la ciudad. Como ' ' ~ 

par bMaialrieircunatanriii. 
osaidad. y deatruir loa buau» 
parecer que eniá de acui-rdo ei 
-•■Cerre - 



mediata, tesura y abaolu- 



1. "Ei «ni mig'n etTl ei 
:e SibancT i leaar de h 
ralierondeMalKanilIu 



nipotibt* par 
Maa miafuer 



indaniea de todoa 



• baqui-i>. KrpP' 

id. Junio 2it de 08 —['apilan Oenfral Blanco^ tlabaní— KIUoMer- 
no oreo que en ta primera oportunidad lodos lo» hiiqtiea de Ib «icuadra i'i 
■quelloi cn^aa cODdioioneaofrezEKn Ueaperanna de poder aalv^rae, dejen . 

•1 poerto j quB ae dé al Almi: •••---. i --- ■ . .. 

cWn qae Ib pareic» — Corroa.'' 

"Habana, Janio 26 d<! DS ~ A 

lelegrAitia». Correep^ndo alian 

eer pneato bajo mi* órdenes, mi 

aldere nii'- como cumpaí^ero que cumo j^ro mo ¡larece que uattru andera 
un poco laa díricílwdw para Salir de sánUng), N" baj neceaiiUilde palear 
Todo lo que ae le pMe i usted c> a-illr de la pr it\6n en (lue la eaouadra ae 
Mcentra. j no crau que eato aea loiposUile ai usted t-e aproiacha de oir- 
CUDaiatidM oportUDM tales comoun* R' chroMouta, un tlenpu tetniH-aino 
10, etc. &■! podrí iiated burlar la TígUancíti del «nemiiio j lomar rl i-atnlni 
que mejor eitime. Además, en raso de que sea lürpreriTíiUi. ri-t imtili que li 
puntería es Incierta eu la nncbc; auoqueloa Iii.ljhm ' .. '. i-iio 

éitaa 00 lerán de importancia (toando se tiene er. i'iri 

de la escuadra. L'aled me dice qne la p(< 
(-«•« aatcd deilruiria <• la aacuedra, * e> 
lateóte salir puesii 



id para aeguir la dlreo- 

'erft.— Santiago — Rrcil>l ausdoa 
liafacoión que>XpieJ-B nrted al 
iij liui rado 7 de»eo quu mecon- 



f^ 



talla, o 



ando 11 






U deslrnooiflo de loa 

padlara auaeder. i' 

«•« impusieron cumo cuodictÓD para 

cuadra que eataba encerrada en eae ; 

a«rla mu/ dlflcll, aun sdiuUlendo la 

qnc esliendo an una noche obscura r 

cono la partida ú rtdnooifin t«mpi>ii 



■ pi' 



prtd 



^ b..j... 



niijos»: t:ucnian por ritt 



-tdotwtos que se t-nv-ucniran A bordo de mUb tugues Emrc 
los pri«ionvros st encucnira el Almir;inii* Ccrvrra. (Fimi^do i 
S:tinpson.' 

Gran pAHc de hi colonia cspañ<3ta de México, irlos numerOMi* 
sÍmpaiÍ7¡idore<i con (]u¡'en euenn l;t causa de Espüfta, se nega- 
ban á d.ir iTítIitn A la noiivi.i, con tanuí mAs r.izán, cuati 

que* *i)tri*r«n rrande* átiio'. l'na pruaba de wu. •■ l> «alida da »q«i <r* 
■•41 M'-ttie»!!»"" T ilitl ■-«nlo Uaaiinfn- k prtat da los ti na re {■•qacahln- 
QQ'K'iDrv*: la ■•tHa -ivl Tiitltinia Concepuibo" j 1> lleiiida dai -'R*wa 
CrMin*" 4 <.:i*ufuai;u> auan'lu habla trel tiaqiie» c[i>irn[|{ijii, .-íl laa ta/jan 
■ it>ran lap'nfa'lii» lo alicúo iiicuji. an cuiilfiiiiar puatto •^DhaoBi, at aft«l»«l 
Tidnel miiail . Mrí> ')>^m*lrn'>o y Ja tcncrra ■« c<>n*ldHra>Ía Ivnviaada aa 
far.ir ■!«! Poeiniirci. En o-io* tnameDlos unían ]«* n4thODe> -ta la (larra Ua 
nao Aja Ih "Ira. la an la eacuailra de iinteil; an elU m4 aananaHo «I bo o 
lie latiiclfin «Hn.ealnJ »e«iir> ■!« qu« U>tPd cmpreiiilf. BI liahioraAaad. 
la aiioB-i •iiilni/in; U 'ioticidanoma nffece ningatiadmU, pnrijae fo ia*K 
t(raa roifiaaM FD el éxito. Dejo o'^mpletamanta i l« <1l*eíVLÍVa ila u-t* 
vi onran qu< ■erairi.aii» cuando varioi tiiiqiiaa (eogan lUc Mt ■acrifioad-* 
C<i-.tia uoa Hltal IsvarabU, -(rba •U^¡r ú iiitwl 'juc *l Cai>ÍtAn >t*l rniircr» úinia 
"llb'r." hftrxpr'milolaopiíiiúi] 'le 'Jiie la M'uiarapii«.ifl -rr<.-liia[ la aalWla -k 
Santi>|tt *in «xiiaaera» igraniUs plifCroH. — Blanco •< 

~iitBii*rn. J nnia (7 de 9' — Cipiíán tívaeral SUnco — Utbana— Sg «-kirra' 
■Ifaiar abraan nii wdcr. Miiehaa g racial pnr aa* oaríHMa* fraao. Ilahatia i 

ineliairma ani> 

.l-iiȒ*<l-m>d 

•^KDtH'f-ntM qie ju. ' 

rl manito •!« mío eariiai 
onmn uaa nrd<m ptr» m 

cun Iw úrJaim rieuate 

* ItuFCii * B*Inl •e-irra coaHrmar laordrn de satida d-l pwrto. (wrqw* ao a*U 

«•catada «a tírmin'" lapüritm, j ninrhn mr apenarla al no ialerpreiar •«• 

* rdmea i!nrr»etai«wnfH — "Orirra." 

itinliifD Juni.i:«'U9.i — Caplr*n rjcneml lllancc— iltbaoa.-B< ¡«Msblc 
rwflibarejr ¡ai furriM Hf laeiCHidr» d^i Aimirant" U'hlt» ba>ia i|n« llacara 

Ilabtni. Jnnln ifl di> Sü — Aimiranti^ Or>«r» —Saattac» —lleva ■ajanr 
- lopa<ihleU>i>u>,'ión 'leStntiaao. K<laj hanifndo toda ln ' 



■ubvrdinado, Canaldern -u Id-eram 
ul rinnd «nliflilarí *t\ lienanl Lía*- 
ue laltAron alierra, du coarvraiiikt 



.•ibic<. I- 



ir la defeflaa 



r la! I 



I logra 



> I* 



inurlii. parriendn para donde ui 
!■ eoii* M cnnipliqaen, idn •) i 



iirilanlaa de l'M huqiir 



diiita canürmarán nin «u* a<i~- 



o 28 da 90 -Capiiin Uonera 
f rppfilrlo rii'i'di' la palabra "i 



ri'pvca á CM piiniu 



ne^ndtdna para iier i.iti'li 



183 

cablegramas de Europa se afirmaba que l,i 
Escuacirii de Cervera hubla logntdo escapar de la bahía df San- 
|ag;o, después de un combate furioso con los barcos americ; - 
os. dirigí endose ¡I todo vapor hacia el Oeste, En Madrid mií> 
ao prevaleció cun tul insistencia esta noiída-que buho públiciis 
ni testaciones de regocijo para celebrarla, Pero el siguicnie 
ablegramn de la Prensa Asociada no dejii litgar á ninguna 
uda. 

'Madrid.Julio 5.--E1 Presidente del Consejo de Ministros, 
íeRor Saga^ia, anuncia oficialmente que la escuadra de1 Al- 
liranie Cervera ha sido derrotada; que el •Almirante Oquen- 

• fui incendiado; el ■Infanta Marfa Teresa» echado il pique, 

que el almirante Cervera es hoy prisionero de guerra de los 
íiericanos,. 

He aquf los detalles del combate: 

Cuando Cervera hubo.recibido el día 2 de Julio la ratifica 
H}n de ta orden dada por el General Blanco para que saliera 
e la bahía, se dispuso A la fu^a. 

Hubiera emprendido la marcha por la noche, según el creyú, 
iás conveniente, pero el General Linares le ordenó que no- 
Dliera sino hasta el día siguiente ¡i las nueve de la mañana 






o.íúl- 



haltrí d« nalir d«) punrli 
ro iB'-Tii^blí;.— ' Orter»." 
Hilinna, Julio 1 =it> BH.—Almlriinle CerT«ni.—9>DtÍ>(o.^I]a Unida nalici* 
I a»»»! <IbI rnprniKu á (ii-nr de la* heríioM rtf'iHrir» Ht Hi tV'nai de lua Trapo 
I Sanliaco, y dQ ica-rdo k'on 1» ir>t(rueci«a<-R del Oobierno, iinleil debe tmín ■ 
,>G>r A nqnello* dri la» trÍ|iuUnle« que dcsenlMTCRraa. > ipruiechkfM de Ja 
liuBt* np«riuniitad |>«r*«alirdel pucrtueon Itxlo* lus liuquea, Tomiri uil«d 
l^lB quB luied erem mi* aoDieniente, y ijui-da aated anroriKado pira di-jir en 
puerto aquvIliiB liuqui'a, qne por T'tin du *u ptH'o ludar li ntni rainnva, n» 
nrirl*a la paiibiJídid de tKtpir. Üebo inlorinar t uated que en Cienru»oa. 
(■ini>al> haj >r» liuqiii-a meiniKoe bloqu'nndni'l |iucrto, f rrrnte t U llibana 
>T niK'Te. ntNKugo de elte* ie ioportaneia — BUnm ' 

Sanliaa», Julia 1 ° du S^,— Capilln Uenural ÜJaitco —liaban* —Como con- 
üUoeidn •fe mi Iplrgram* de ayer, debo inrorniar 1 u*trd qui^ el Ucncral Lí na. 
a me con ■'■•(a que ao pandr d>-t(ilvarme mia marino* porgue aoupan poiioianca 
lo larsn de 1. linea d» Sutt« ) ri !"■ Iri^-^h-r'. j q,,^ ,-,<,.■ r.->\Ti,r,. U >t<.p^l■ 



r,.eKO f rn !™. Iri-^h-r.. 
_... por Wpu.ii.i. f.r.rln- ,•* 

p>idr*aalirdel pnerto. B-pri.. i, .• ■!■ ■ 

Sanliaso. Julm 1^ de M — t''i '' 
10 dKl neniril Toral tiene ...r-.l 



iaqo"_< 



nelloa 



. lad«lüen<^ralToral, y n 
tan»'ipinan d« lami-namani- 
"Habaaa, Jiilio 3 d* j» — Wn.i 
it* tiM marión* j («Igi del pa • 
IContu puAngr lllra.«l He ii' i 
hraiquoinaribiH !■ >r»lt* '1.- 
t* para queOorrer* «r ilmiH i 
Madrid. J>,lir.a,_C.o„„„Ií,., 

I4* lnitraceionMda.ífl» al \]¡ 



i84 

hora on que podrí.i sorprender .1 los marinos americanos, quie- 
i'.es, por ser domingo, estarían entrenzados á los oficios divinos. 

Así, pues á la hora convenida y aprovechando la ausencia 
del Almirante Sampson que había abandonado momentánea- 
inentr la encuadra bloqueadora á bordo del «\e\v York.» para 
ir á inspcceionar las operaciones militares en Santiago, se hizo 
rn el buque iusif^nia la señal de ponerse en marcha, y á 1;ls 
fiueve en punto la escuadra espartóla abandonaba el puerto de 
Santia^^o donde había perm mecido seis seman¿is. 

Encabezaba el desfile de la flota el María Teresa,* buque 
¡nsit^nia; le seííuían por orden el X'izcaya,'» el *Colón» y el 
•Oquendo como á un cable de distancia uno de otro, y los ca- 
zatorpederos I Pintón- y Furor. 

Pas<) el ^Teresa- sin dificultad, lo mismo que el resto de la 
escuadra, el obstáculo que se había creído presentaría el -Me- 
rrimac,» hundido por el teniente llobson, pocos días antes. 

La posición de la escuadra de Sampson era un semicírculo 
tormado por el 'Brroklyn,* 'Texas, Mova,- -Oregón.» «In- 
úiana^ y (iloucester.- lil N'ew Y'ork,- navio Almirante, for- 
maba entre el í^Brooklyn y el «Texas.^ pero á la hora del 
combate se hallaba ausente, scs^ún hemos dicho. í;>ualmente 
el *MassachiisettS' y el Marblehead» se hallaban en Guantá- 
namo. 

Cuando el Almirante Cervera se con vencií'i de que había 
sido descubierto por lo-i navios enemigos, que aparecían al 
frente, formando un cerco de ocho millas, dio orden de que su 
ñuquc rompiera el fue^o. Todos los demás caminaban con toda 
1 i fuer/a de sus máquinas, tratando, ante todo, de escapar. 

Los navios bloquead ores que habían descubierto a los bu- 
ques enemií^os desde su aparición en la boca del canal, se mo- 
vían también á toda m;'K(U¡na para ponerse en línea de com- 
naie. 

Kl Comodoro Schley, que tripulaba el «Broklyn,- en ausen- 
cia del Almirante Sampson, asumió el mando, ú la vez que el 
■ Resolule» partía, con toda su velocidad, á dar parte al Almi- 
rante Sampson de que el enemigo pretendía alejarse. 

Tna vez fuera dt.- la rada los buques españoles trataron de 
tscapar, doblando por su derocha, á la izquierda de la escua- 
dra bloqueadora. 

Kn raz«)n á su velocidad, pronto cambiaron de posición: el 
5 Colón- y el \'izcaya, como má< veloces, se pusieron á la 
vaniruardia dejando frente á la flota al ^Teresa* y al «Oquen- 
J.o* que por lo mi^mo fueron las primeras víctimas. 

Kmpezaron á atacar al Teresa el Indiana > y el ' lowa> 
siéndooste el que acert») primeraincnt».* un disparo en Ltl buque 
:nsii:nia esparto!. 



185 

' Los navios amcrkiinns tuvieron que dí-scribir una curva para 
ir en pi-rsecución de la escuadra luiiitiva, porque trataban de 
<'vitar p1 efcoto de las haterl.is df tierra, especialmente de la 
üpI Morro 

El tOregon. y el «Texas- env¡ab;in sus granadas contra e! 
-Viücaya. y el -Colíni si bien este último media hora después 
de su salida de la bahlfi, iba poniéndose fuera del alcance dr 
sus persecuidores. 

Entretanto f 1 -Marta Teresa» que como hemos dicho, habfa 
recibido una granada del «lowa,* fué alcanzado por otra me- 
tralla del .Indianar que produjo el incendio a bordo consuma 
rapidez. 

A Ins iJiej! y quince minutos e] -Teresa' lenfa la mayor par- 
tí' de sus cañones desmontados y un violento incendio habla 
invadido todos sus departamcnlos: empezaba i hundirse. En- 
tonces el Almirante Cerver:i cediendo amelo imposible, deter 
miní embarrancar su buque y asi lo verificú en las rocas di- 
Nimn-Xima. ;i seis millas de Simiisico, arriando su bandera. 

El Almirante abandon<'j el último el navio; saliií .-I nado ft la 
playa inmediata ;iyudado por un hijo suyo, oficial de su mis- 
mo buque; mas viendo que el -Gloueesier» inviú sus boles pa- 
ra salvar i los náufracos, se rindió el teniente Morton y se 
hizo conducir prisionero al referido buque. 

Al ser recibido en el portalón le estrechó la mano el coman- 
dante y le dijo: ■Saludóos Scrtor, Habéis sostenido un combate 
i-omo ninguno se vio en cí mar. 

El 'Oquí-nJo- fué avenado lambii'n muy pronto por los pro 
vectiles del 'Brooklyn,* -Oreeon,' «tow-af é -Indiana." Uno de 
ellos determinó la explosión de la santa b.lrbara y produjo el 
incendio rápidamente. Luego hicieron e.iplosión sus propios 
torpedos. 

A las 10 y 30 a. m. ó sea un cuarto de hora después del 
"Teresa," el "Oquendo." completamente dcsti^ido, arrió su ban- 
dera y enarboló la rendición, embarrancando en el lugar de la 
i'OHta llamado .luán Gonz.llex. 

FuiTa de combate estos dos buques, rl luego americano se 
concentró en e! "Vi/caya" que en pos del "Colón" amerutziihtt 
cscapa,se de su alcance. 

El "Oregon" y el "Texas" lo perseguían mus i 
tallido de las baterías indicaban que los pfuy< 
hacían explosión en el interior del buque, 
"Furor" pretenden entonces acercarse al "VIw 
t(ue el "lowa" refofKaba el ataque del "OregOlí 
y mfts tarde el "Gloucesier " 

El "Vizcaya" continuaba haciendo fucgQSOlH 
con objeto de fa^precer el avance di' 



1 86 

imposible Kl "Gloucesier/' á la vez que recibía una descar^fa 
de toda la seíjfunda batería del '\'izcaya.- se puso frente á los 
t«)rpederos á fin de impedirles el paso. El •Oreiron • y el »lowa» y 
el Texas ' descaríraron entonces una lluvia de metrallas y balas 
sobre el • \'izcaya, precisamente á tiempo que el Almirante 
vS.tmpson, á bordo del Xew York llojiíaba al teatro de la guerra- 

Kl cVi/A-aya,» bastante avenado ya, tuvo aún que hacer fren- 
to á un enemigo m.ls: el Indiana que lleg» .-í reforzar el ataque 
no sin haber antes dejado fuera de combate á los torpederos, 
combinando sus fuegos con los del -Gloucester.» 

Tanto el -[•'uror* como el Pluion fueron víctimas de explo- 
siones en sus propios almacenes, determinadas por los fuego« 
enemigos. 

Kl resto de las tripul:u*iones :pues la mayor parte pereció) sr 
echó al mar para íranar la playa á nado, mas fueron recogido» 
los nííufragos por los botes del v Gloucester.^ 

A las 11 y 15 a. m. el Vizcaya arrió la bandera que había 
defendido tan heroicamente y embarrancó en Aserraderos, .1 
quince millas de Santiairo. Su tr¡pul:ici<'in fué recogida por el 
f íowa,* el íKricson- y <'l líi>i que se apresuraron fi socorrer 
i\ los náuírairos. 

Debido á li snptrjoriJ.iJ d« su miquinaria el Colón continua- 
]iii su marchci y Á o^a hora aventajaba seis millas de distancia 
a! Brookiyn. lisie buque, ••! *Orcüon. el Texas- y el *Io\va' 
daban caza al úliinio d<.* la escuadra española, que por su Hge-' 
reza parecía iba á escapar: p«T0 no fué así. T.a ler.litud decre- 
eiente de sus disparos indicaba el terrihl*' efecto de los del ene- 
migo, hasta que al fin uno de los proyectiU^s del Oregon» de- 
terminó una explosión que hizo asomar las llamas sobre cubier- 
t:* Kl capitán del Colón » dt)n Kmiiio Moren se vio pues oblí- 
íiudo á virar hacia la playa, comprendiendo que todo había 
concluido. A la 1 y 20 p. m. se rindi*'» en cal! ando en Río Tor- 
quino. 
Su tripulación fué conducida á bv^rdo del \e\v York'» 
Una narración americana dice :\<\, aprop<'»siio del "Colón" v 
el heroísmo de Cervera 

"Kl "Cristóbal Colón" era el navio almirante de la escuadra 
e^pafiola y el único que, por su veloci Jad >uprema, se esperaba 
que se salvaría. Por esta razón, deseando ligar al suyo el des- 
tino de lo^' otros, el almirante CiTvcra transfirió su bandera al 
infanta "María Teresa" á cuyo bordo esperaba sobrevivir ó pe- 
recer más claro: asociarse á la suerte deparada i\ los que m;ls 
riesgo iban corriendo en una tentativa circundada de peligros. 
K-^ta acción valeros,». esta abnegacii')n ejemplar, parecen ser 
i.iracterísiicas en el caballeroso Almirante. 



De su preaonda de espíritu y de su intrepideí en 1 1 tentiidv,'» 
rustrada de su salida de la Rada de Santiago, sólo se dirA que 
lomb.'Kíii contra elementos muy superiores y que su acUlud en 
in combate tan desigual es un hecho disi injíui'lo en los anales 
de la histüria naval. 

Las dotaciones españolas se batieron con el heroísmo tradi- 
iHonal.conel mismu denuedo de las de Nfanila. De los 2.110 
hombres del Almirante Cer\-era. algo mAs de seiscientos pere- 
cieron id pié de laa baterías, heridos unos por el fuego ameri 
cano, victimas otrOs de de la explosión de santa Bárbara A bordo 

Los puentes de los cruceros españoles quedaron cubii-rtos de 
cadáveres. Tuvieron entre muertos y heridos 1 -IJOO bajas; de 
iste número 6O0 coiresponde í los muertos y 1,400 fueron he 
chos prisioneros. También sobre el mar se veían flotar nume 
rosos restos humanos. 

La humareda duc despre-idian los buques incendiados i;ubna 
gn espado de cuatro millas. 

He aquf el parte oficial del Almirante Cervera. 

•Playa del Este, Julio -I de 9s.— CapitSn General Blanco. 
^ab:tDa.~Salf de Santiago de Cuba ayer por la ni;iñ-'uia con to 
"a escuadra y después de combate desigual y contra fuerzas 
veces mayores que la mía, toda mi escuadra quedó des- 
truida, habiéndoles dado orden de que cncayaran sobre las ro- 
cas. El "Marta Teresa- el rOquendo- y el -Vixcaya' hicieron 
íxplo.'iiún y el "Colón" segii i me informan los amerioimos. em- 
barrancó y se volcó; los destoyers hicieron explosión, Aim no 
sé el número de los que hayan perecido, pero .-I no dudarlo pa 
sarán de seiscientos los muertos y los heridos son muchos, aun 
gue no en tan gran proporción. Nosotros los supcrvivienicís 
5s prisioneros de los americanos. Mi gente se portó con 
gran valor y se han conquistado las alubsinza^ del enemigo. Al 
comandante del "Vizcaya" se le permitió retener SU espada 
Estoy altamente satisfecho de la generosidad con que nos ir3 
ta el enemigo. Villamil se cuenta entre los muertos y creo La- 
zaga también pereció. Knfre los heridos se encuentra Eulnie 
, liemos pi:rdido todo y necesito fondos.— Címpí-». 



He aquí la descripción que hace de la memorable 
Eikpitán Evans, del -{Dwa,! la cual es. áín duda. In i 
Hada: 

•Cuando el primer buque del Almirante T 
proa á la entrada de la bahfa de Santiago, 
«sos momentos se encontraba sentado en el pul 



Je (íuprra "Iowa> gritó: {tjué es aquel punto neero que se do 
titea en la biHJi de la harra> 

lín un momento la tripulación del 'lovía- estaba en soá pa» 
tus respectivos, y la aproximación del buque enemigo era seAiil 
iBda á la vez por un;i espesa nube de humo que anunciaba e- 
primer caflonn/o de alarma, ¡1 las nueve y irelnia minuttM ik 
1.1 muítunn. 

A la saltón yo me encontraba en mi camarote, y al oír el di> 
paro precipíteme A la cubierta, y en el acto comenzó la maní»- 
bra de guerra; el timbre de señales ordenó a) maquinisl;i ninr 
char A plena velocidad; cargué el timón A estribory en brete* 
instantes el «lowai cruzaba los limites de proa del •Inbnti 
Mnria Teresa.- H primer buque de Iü escu:idra enemisA. qw 
nuijcíluosaracnto s,atla de la hahia de Santiago de Cub-i. Luego 
que los movimiVntns del 'lowa- fueron conocidos del enemigo 
el 'Marín Teresa, rápidamente so escabuyú hada cl Oeste, mtó 
ttn tanto fuera de tiempo, pues una metralla de doce pulgadu. 
hibilmente lanzada del caAón frontero hacia su terrible e\pIo 
sión en la proa del elegante buque espaftol. 

¡Entablóse 1.t luchal y esta constituyó ua verdadero esfvi: 
liculo. 

La salida de la hermosa, pero infortunada escuadra enetnjgai 
en perfecta columna, equidistante, aumentaudo su velocidad il 
trece nudos, era soberbia 

EJ 'lowa,. desde ese momento no cesó de hacer fue:go con 
sus caftones de grueso calibre; siempre adelante de) iMarlN 
Teresa." obÜRindoK- A mantener su proa ¡\ estribor y pfom- 
rando con mis caAones de proa, echar i pique aao dé los bu 
qaes que tomaban la descubierta, el >OregiJn,« el «Indiana,' 
el *BrDokl>-n* y el -Texas,* por su parte hacfan excetenlr 
trabajo con sus cañones de grueso calibre. 

Hn un cono espacio de tiempo, relativamente, todos los bu 
ques enemiíos hablan sahdo de la barra, y se hito casi inipo- 
^Me p^ra el -towa» poder destruir el primero A se^ndo boqur 
eoemügo, dada la inferioridad de locomo^ii^n 1 los cruceros es- 
pAOoles. 

A esa hora, despuiSs de la salida de la escuadra del Alitttrftii- 
te Cerver.i, ía columna enemiga se encontraba 1 diez mil jar 
das de nosotros, casi poniéndose fuera de tiro certero. Vo ba 
bfa tiempo que perder, y cargué el timón á estribor. Tirando 
rápidamente, para descangar sobre H •María Tere:sa> uaajoiB- 
plcia andanada de los caAone-i de ese lado del <Iowa.t qmeo. 
rolvteMlo 1 lomar su posición con soma presteza, dirigió su 
proa al segando crucero que posaba el 'Oqucndo,» r de>car 
gá sobre éste sos gruesos caAoacs áci (reme. 



t89 

is maquinas, duntnu- e^tas ni.miobras, movían sus vxvtn- 
lü con unii velooiilaJ veniginosa, imprimiendo á nueMm 
buques un avance de proa lan fuerte, que las turbulentas olas 
ti liendiil.is hasta llevar su espuma sobre el putme; en t:in 
lo que el lOquendo» y el -María Teresa- disparaban sobre mi 
buque "lowa" una verdadera granizada de bombas, cuyos es 
traigas sólo fueron sencídDS en las chimeneas y el palo mayor. 

El "Cristóbal Colón." siendo de mAs rápido andar que el res 
to de la ilota española, presto dejó á sus compañeros A retn- 
)^ardia, haciendo poderosos esfuerzos para escaparse. 

Este crucero al p;isar frente al "lowa" colocó dos metralla-* 
Je á seis pulgadas -ron magnífica puntería en nuestra proa por 
el lado del estribor; una de éstas atravesó de parte ;í parte 
nuestra caja impermeable, derribó la defensa y fué á reventar 
en el interior de los camarotes de proa, causando estragos do 
consideración; la otra pasó el casco á la altura de la linea de 
flotación y se fué á alojar cerca de la caja impermeable, dnndf 
aún permanece. 

Una vez que era imposible para el -lowai la destrucción di- 
alguno de los cruceros espafloles, que habían avaraido mu 
cho adelante del «Oquendo,* determiné cortar el paso á éste y, 
para el efecto, cartrué el timón d estribor y gané la paralela del 
buque enemigo; colocándose el 'lowa- A mil cien yardas di" 
distancia y disparando todí la naterfa, inclusive los cartones de 
uro rápido, hice suspender un lanto la marcha del <Oq«endo 

Ei resultado de esta descargí fué aterrador! 

Muchas bombas de & doce y de A ocho pulgadas víéhos que , 
hicieron explosión dentro del casco del buque, y pronto las Uji 
mas y el humo comenzaron á envolverle. 

Pasado que hubo el pánico lits máquiníis del -Oquendo- 
volvieron á funcionar, y list j alejóse del >Iowa> para en mala 
hora pasar frente al 'Oregon- v el -Texas,- que á su turno des- 
cargaron sus baterías sobre el enemigo 

En esos momentos el grito de alarma de nuestro vigfa anun 
ciaba la aparición de dos torpederos destructore», un cuarto i 
estribor y A cuatro mil yardas de distancia. 

Inmediatamente fué abierto el fuego sobre i 
tralla de doce pulgadas destrozó completamente la popa de 
uno ... AI mismo tiempo que hacfa explosión nuestra bomba 
en el bote enemigo, una, lanzada pur ellos, pasAba A mujr)! 
eos pies sobre mi cabeza. ~ 

(Bravo! esclamé . . . ese parecí- s.-«ber mucho de 
.. En la horrible revuelta de tos i rucero* qui: en (lt»on 
xaban, se mox'fa de uno i otro lado el pcqueflo « "" 
ora diparundo sobre un crucero, ora sobrtr un tt 
sando estragos por todas parles donde liabfü Mií 



hacer tiro. Fué una virdiiütni maravilla c|ue no liubit»'^ (JJC- 
ilnúo (lesirutJo por el chaparrón de inc'trallas que en su derre- 
dor hacia e.\plosíán. 

l.;i sangrienta lucha lumaba íncremmio por insiiiiitc& El 
í Viiícay.i» se dctendía con desesperación y loi^ró colocar alga' 
nos proyectiles en la cubierta del «[Dwar; durante quince minu- 
tos él cañoneo, por ambas partes, lle^6 á au máximun Je ac- 
ciún. 

Hl 'Vlxcaya- con asombrusa rapidez disparabn sobre el 
"lown" más sus proyectiles no fiusaban electo alguno debido 
A su mala dirección; en cambio las bombas del buque ameríca 
no visitaban cdn suma frecuencia los flancos del crucero cspa^ 
íiol que al pasar frente al «Orejón' recibiú de ¿ste una com 
pleta granizada de bombas. 

Los esir^yos del combate empegaron :i hfr palpablr*: el 'In- 
fanta Marta Teresa» y el 'Almirante Oquendo. alejándose de 
la columna del cnemiyo, ponía su proa con rumbo A la playa, 
envuelto en espesos nubarrones de humo producido por el in- 
i-endio. 

El •Tejtas> el -Oregon- y el «lowa- atacaban sin tregua i 
los buques españoles, los cuales en pocos momentos quedaron- 
convertidos en in(orm.-s masas de hureí) y fue^o, arriando su 
bandera, 

Presto el «María Teresa» desplegó su bandera blanca, á la 
vcí que su tripulación en i-ompleto desorden, se precipitaba i 
la mar. Pocos minutos dcspu<!i la "S,mia BArbar^" de iste her 
^ moso buque producía una formidable explosión. Bsto pasaba 
veinte minutos después que fué disparado el primer calloiuuto 
de esa memorable .icción n>ival. 

Hn segundo término, y A una aparente larga distancia, el 
"Brooklyn" y el "Cristóbal Colón" ocupábanse con matemática 
prt'cisión en cambiar metrallas mutuamente. 

Cincuenta minutos después de haber disparado nuestro prí 
mer proyectil, habla otro crucero fuera de combate: el "V'ljca- 
va" lamido por Ins llamas di- igfa su proa hacía la playa de Ase> 
rraderos, donde al fin encontró su último lecho de drseanso. 

Sabiendo que yo no podía dar alcance al "Cristóbal CoUn," 
y que el -Oregon» y el "Brooklyn" indudablemente podían, en 
comp^iftia del "Ww York," siendo éste el quem;)s s«- acercaba 
a él, resolví acudir al llamamiento de la hum;inidad, y me alle- 
uué a aquel brillante y bravo cuerpo de marineas que babfan 
rendido su bandera á la escuadra americana, al mando del Al- 
mirante Sampsoo. Así fué como la proa del "lowa" se dírigiA 
haci.-i el "\'Ü!caya" cuyo casco estab;i envuelto en lart^a^tianus. 
Mi buque avanzó hasta donde la prolundidad lo permitía y ea 
seguida se larifnron iodos tos botes para socorrer A los vcnd- 



191 

estaban ahogando pir doi-cna.s. Los que por sus ho- 
rribles heridas, no hablan podido echarse al juar, se retorcían 
desesperadamente sobre la cubierta del cniceroespaftol, pre. as 
del fuego que los asara, vivos afín. El nfimero de valientes ren- 
didos era (grande. 

Al mismo tiempo que me acercaba á impaiir auxilióse los 
marinos españoles, descubrí que unu partida de cubanos desde 
los ¡irrecifes haofa fuego sobre aquelloi desafo rtunados náufra- 
gos que- luchaban cuerpo á cuerpo con la muerte, arrollado^ 
por las enormes olas que con furia reventaban en las rocas 
abruptas de la playa. 

Esto no duró mucho tiempo, pues tres ó cuatro bombas de 
grueso calibre se encarearon de calmarla furia de los que bien 
pudiéramos, por la barhiírif que cabe en el acto, llamar sal 
vajes. Lo que .1 mi pesar no pude remeJiar. fué la mutilaeiún 
de tanto hombre cometida por la tremenda cantidad de enormes 
tiburones. 

Estos sires inhumanos se encontraban en un alto grado di' 
cxttacíiln producida por el espectáculo que ofrecía el mar timo 
ensangre y los ayes supremos de dolor salidos de los moribun 
dos vaHenies. 

Mi tripulación activa, bien pronto había recogido algunos 
centenares de náufragos, y pude á la vez socúrrer A los que se 
quemaban en la cubierta del crucero "Vizcaya"cuyos pequeño? 
almacenes hacían explosión á conos intervalos causando ho 
rrorosos estragos en el buque. Mis botes regresando con su„ 
carga humanaformabanunlargo cordón y presto se llenó la cu 
bieria del 'lowa- con la fuerza española, siendo de notar que 
todos, desde oficiales á marineros, estaban completamente des 
nudos. Lsts piernas de algunos de ellos estaban enteramente 
destrocadas por el contacto de las metrallas, y otros estaban 
mutilados de una manera inconcebible. 

En el fondo de los botes había tres 6 cuatro pulgadas de stin- 
gre; en muchos viajes llegaban algunos cadáveres sumergidos 
cnitquelrojo imponente líquido. Estos bravos luchadores muer- 
tos por la querida patria, fueron despué.s sepwl''"^'^- ■■■^" '■— 
honores militares debidos, por los tripulantes del '■ 
píos de heroísmo, ó mejor dicho de fanatismo pui 
jamás babfan sido llevados al terreno de la práei[ 
llevaron por los valientes marinos españoles. Un^ 
el brazo izquierdo completamente arrancado de - i 
so descamado pendiendo solamente de pequt-ftos [ 
piel, enteramente desnudo, bañado en «;io"..- 
estáica. subió la escala y al pisarla cwbi' ■ 
drd y saludó á mi tripulación con tan h': 
nos sentimos altamente conmovidos. Oif i 




gó, metido en una charca de sanare, c . - , ■ 

ciimente: fui ;ii;iilo con un cable ¿ izado á bordo sin profrrír 
Uíia sola queja. 

Gradualmente se fué llenando la cubierta de espaflqics; cl 
maderamen siempre blanco y limpio, se vela rnionces, KHaV 
mente rojo de sangre, y ya plenamente ocupado por los rendi- 
dos, era casi difícil reconocer en el .lowa- un buque de gavrtñ 
americano. 

La san ¡re imperaba por doquiera, y después de algunas ho- 
ras de fatigas nobles, docientos setenta y dos hombres dcsan 
dos recibían agua y atim^ntos, de aquellos que pocoí mínalos 
ames, les hablan enviado verdadera lluvia de metrallas que 
sembraban desolación y ruina. 

Para terminar aquella faena llegú al último bote conduciendo 
al capitán del ■Vizcaya," señor Eulale, para quien se Itevú uoa 
silla, pues evidentemente estaba herido. Todos sus of iciuJe» y 
marineros al verlo llegar se apresuraron A darle la bicavcnida. 
cuadrándose y presentaron armas luego que se desató la silbi 
de la carrucha. El capitAn Eulate, poco á poco se puso en pií 
me saludó con grave dignidad, desprendió su espada de! cinto 
llevó su guarnición A la altura de sus labios. la hesú rereren 
tcmente y con los ojos brotando lágrimas me la enlregiiüi 

Aquel hermoso acto quedará indeleble para siempre en mi 
memoria. Saludé al valiente espaflol y no acepté su espüdu. 
Un sonoro y prolongado Ihurra¡ salió de la tripulación del "lo 
* wa" Luego tomaron mis oficiales al capitán Eulate c/i sitia df 
manos y lo condujeron .1 un camarote ya dispuesto, para que 
el médico le reconociera las heridas; ya que íbamos A bajar di 
la cubierta una formidable explosión, que hi^o vibrar las capas 
del aire á varias millas en rededor, anunciaba el fin del "Vi» 
caya." El capitán Eulate volvió la cara y exlcndiendo los bra 
Kos hacia el lugar donde se produjera la detonación grito: "A 
dios "Viücaya" ya "y los sollozos ahogaron sus pa- 
labras. 

La guerra habfa entonces asumido otro aspecto; el pagacior 
del "lowa" ordenaba la distribución de uniformen entre Aqae- 
lia multitud de hombres desnudos y presto las provicioncs re- 
paraban los cuerpos fatigados del combate. 

Como viera yo que la tripulación de los dos primeros buqacs 
echados á pique no habta sido visitada por lu.^ nuestros, pase 
la proa hacia donde se hallaban. A poco andar encontré al 
"Gloucester" que regresaba trayendo al Almirante C«r\"era i 
sus oficiales yun gran número de heridos, muchos de cmcmi en- 
teramente mutilados. Varios prisioneros que ganaron )a playa 
fueron muertos por las balas cubanas. 



193 

En seguida el "Hawartl" n-i-ogióla tripulación ít('l"Aliiiiriin- 
e Oquendo" y de) "Infanta Marfa Teresii" y cerca ya de me' 
E.-L noi-hf, el primero di: estos buques tenia á su bordo nove 
lientos setenta y seis prisioneros de guerra estando lifridomín 
«nsiderable número de ellos. 

Con respecto á valor y energía nada hay rrgistrado vn lai 
Ktginas de la historia qut- pueda ser un simil ron la iucirtn del 
"Umiranie Cervera 

SaliiV como éí perfectamente lo -sabia, con la plena convii 
ion de i^ue su flota qucdatíi destruida por la escuadra nmeri 
»na; mas tenía la esperanza de poder salvar al -Cristiihal Oi' 
fln- debido á su gran velocidad. Et espectAculo que ofrecían 

s dos torpederos desti uctores, meras cdscara.s de papel, mar- 
liando á todo vapor bajo la granizada de bombas enemigas en 
o día, ".ólo se puede describir de esta manera: un acto en 
il y ordenado por el General Blanco; Ih misma frase encaj-i 
leriectamente con respecto A todo mo^-imienio de la escuadra 
spaAola: heroísmo en su m.ls alto grado. 

En contraste con los candentes arranques de los espaAolc« 
estaba el efecto del frío y deliberado trabajo yanícec. 

La escuadra americana permanecía sorda A todo sentimiento 
mmaniíario; al parecer vitaba allí para combatir y dcsiniir, y 

ij fué que al entrar en zafarrancho de combate, diae<i »in pfe- 

ij al enemigo; mas esta crueldad trocóse en genproea corlr 

a cuan presto amaron *u pabelIOn 1<« i-spaílolf:', r *fn apa 
tonnmíento diré, qoe si en alguna memorable tornada cupo rl 
rntimienio de humanidad, é-Hf fué demooirado por lo* ame 
¡canos. 

El Almirante CTi'eru fué trasbordado A mí )iu<jue de) iClou 
■ que lo habia calvado de una muerte «rj^ura Al «altar 
Obre cubierta fn^ recibido mtlitarmenle por un completo rMa 
*D mayor del Comandante y Ioa artiUerm ók} 'Iowh.* Con lo* 
jstrot ennegrecidos por la pólvora, lalieron i'All (I''»Jltfd<'ii A 
U la bienvenida ai valiente marino, que en traje Interior únl 
Uiente y nm la cahe/A dr»i.iibÍfTta tcravefflefifpittabJi rl p4ien 
e del boque Yau:*>doT. 

i'.¡-i' l'.ri ]'' I •l'.w... ' (I •iru'-'i) 1'- l.< 'J'l ■C,^„a 
* proffiímp. ■ I. 

•f mpe»o'> 
ed val: 

»pk«l U ■- . -, ..^- w.. : lU 

e c4tU tmiiéíi^ lii't «Hrriio ■*? í.rtv^m. • <i(t-tHuU 




raiaoU,*» 



'94 

Til «!ow,i itisparú treinta y una n 
cuarenta y ocho, de ¡1 ocho, iloscicniíis sticma tie Á ruatro. mil 
sesentii proyefíiles de A seis librns y ciento veinte de á una 
libra. 1,05 oficiales del •Vizo.iya> me dijeron que lea había sidt» 
imposible sujetar A sus artilleros imle sus i-aftunt» respevtÍ\xiK 
debido al nutridísimo fue^o de los liuques 3roerícano>>. 

El ¡njuu que nrrojabiin las mangueras, mezclada con lasa» 
gre que abundantemente man:iba de las heridas de lus espadó- 
les, daba i la cubierta de sus erueeros un j&peeio imponcmr 
y desolador. Fracmenios de seres humanos yacían va t-onli» 
siiSn entre los caflones enemigos, y á cortos inierA'iiIo» tas nic 
trallas sembraban el pánico. 

Por las cavidades de uno de los costados del «ViwjayS' 9c 
escapaban enormes lenguas de fuego que enrosrílndose en 1» 
cubierta, tostaban los cuerpos de los moribundos que desespe- 
radamente pedían socorro con lastimeros ^n^los. 

Las explosiones de los buques encallados se sucedían sin trc- 
Kua y cada conmoción de estas era seguida de inmensos ayw 
de martirio. 

De los cañones de seis libras fueron disparados cuatrocicnto» 
cuarenta proyectiles. En la parte superior de la torrecilla los 
artilleros no descansaban un instante disparando sin cesar con 
los cartones de á libra. Las bombas enemigas cruzaban silban- 
do por encima de los artilleros sin que estos siquiera se aga 
chasen para esquivar sus ^rolpes. 

Uno de estos aguerridos hombres, cegado complctumeolf 
por la pólvora, permanecía sobre la manivela de sus caftoaes de 
A doce, maniobrando al acaso, sin que humanos esfueríos bw- 
taran á desprenderlo de su puesto. Otros, carbonizados casi, 
con un pañuelo mojado sobre la cara, con dos agujeros para I"* 
ojos, disparaban metralla con una presteza increíble. 

Como los cañones de á seis estaban tan cerca de los de k 
ocho, no se podía permanecer entre ellos con seguridad, y asi. 
cada vez que eran disparados los de grueso calibre sí ordenaba 
A los artilleros de los primeros retirarse; mas estos se negaban 
A obedecer aquella orden y seguían en su sitio enxiando chapa- 
rrones de bombas. Cuando los cañones de ú ot-ho pulgadas 
eran disparados, la conmoción ern tan terrible, que repelía áb 
parada de artilleros de los caflones de menor calibre A una dis^ 
tancia de diez pies, cual si fuesen de papel. jNada importaba) 
Estos, sordos como un canto, debido & las tremendas vibracio- 
nes regresaban furiosos .i sus caflones y. .1 su vez. hacían fue- 
go sin cesar, hasta que por ultimo, por la íuería, eran arrastra- 
dos de sus puestos, 

Tal encarnizamiento y tal bravura eran (recueniementc ob- 
servados en todos los cruceros empeflados en la reíríega^ 



195 

Durante la permanencia del Almirante Cervera en el «lowa,- 
de todos se hizo amar Nos dijo que desput^s que rtvibi\^ \a \m 
den de marcha del Gral. Blanco que efectuaría la noche \W\ 
día 2 de Julio pero que el Gral. Linares se lo impivliv^ d»ciiMi 
dolé: «Espere vd. hasta mañana en la mai\ana, q\ie A esa hoia 
los sorprenderá cuando estt^n entre^iados al servicio vUvino« 
pues es domingo. 

• Para terminar mi mal trazada descripcii^n ai;reyaM^ qur, el 
«Indiana» fué tocado dos vecs» el *(>rei;on» tres y t*l 'lowa» 
nueve veces Con respecto A los otros buques anterlcanos, no 
podría yo fijar sus averías, pues esc» toca :\ s\is capitant«M tes 
pectivamente.» 

Hasta aquí la narración del capitAn lívans. 

Los marinos españoles supervivientes al dt sastre ahí inaii 
que el capitán del *'Oqueodo" Don Juan ile l.asaua se sui<iih> 
antes de declararse prisionero. 

El comandante Villamil, segundo de C'ervera, y ¡r\r tlr la l(o 
tilla torpedera, pereció á bordo del "Philón." Villnntll era !«• 
conocido en España como el perito más eniini'ni»* «n nwilrria 
de explosivos aplicados á la guerra naval. 

De la tripulación del "Oquendo" que s<* coniponla il«' 4M7 
personas, sólo se salvaron cinco. 

líe aquí los nombres de los jefes y oíiriaies hcchoN pi ihioiir* 
ros. 

Del '* María Teresa." Almirante. 1). Pan* nal Cnvífa í'api 
tan, Me Choron; Pagador, Mellado; Inúruit s: |{iitqu<-t/in, t$ 
naz. Cerón, Cervera, Carrasco; Cadí*t<', Mormo. 

Del '*Vizcaya:" Capitán Kulat*' ^iH-rído); hi yiuiuUi ( .ipilAn 
Roldan. Tenientes Capríle.s, Quoríja, L<ujo, Pahon y *'..iiii /i, 
Guardias Marinas: Ca.stro, Castaft'da, Sínu^tti, *-iohf iiii, ^ .i|<' 
Uán, Bie<5a; Cirujano, Jurada; (iadí'tí-;*. Moihí-., M,ih)óm, Vi//.* 
Quezada, Tossi, Obertín y IJ'nfííz: iníant'fla 'I' MifMia ' .ip< 
tan Bel'-ato. 

"Cristóbal Colón*" Comod'^ro, Don )'/;*y' P,ir< 'I* >,, ' .i|/ii.i»i I/. 
Emilio Monru; Capitán d" infanf'-ría J* M.iímm f * '/íi. / * m» n 
tes: Brutón, Cal y V:ir«"\*>. ( \t*i\iínii Uun* / '.mI,ím»íwiI' ', 
Arancibia. L'rrbíi. í'^'^wi^r, ' ohutnW.t.., •.* ^/un'ío f 11*11*11*1 M» 
nes^s: Cajy-IIán. <,r*/%' ro íir/* ut* f '/^ ' Im|/' II' 

Caza-torp''>'ro *í'éror í'fn'tt*' t n\i*i ín;/'h»'i'i * *'» 



CAPITULO XIV. 



rMr«iiil»f .1* ríicli.iSn lie Síuiíb^o.— Ccnxiiidrow de l> (H'idiila di- la cmu»- 
(ira «puRoU — DificiiHsdM tn l« ccn iinituióii fnn K>j<«rii — RvikIiiíiíd <ie 
Sunriígo — Ií»9*s do I* ('«[ÁtiilaciAn.— Cmn lis hoiti1i<l4<lC!»— C>iñtulwi«)i 



■ os pliegos, que hemos \?sto en el capilulo artcrior 
¡|:iue enviií al General Toral el jefe americano Sbafter, 
I.onieníanta demanda de la rendición y también el 
viso de que, si no se accedía á su solicitud, bombar- 
.dearja U ciudiid. Como el General Toral por s( solo no pudiese 
resolver nada respecto á la rendición sin comunicarlo antes ;i 
Madrid para obtener instrucciones, la respuesta que fnvió al 
General americano no fué la que ¿sie deseaba, esto es, no de- 
Cidlu !a capitulación, pero indicaba se debían suspender la^ 
|)OSt11idades para dar tiempo A que las mujeres, niños, ancianos 
y no combatientes se pusiesen á salvo del bombardeo, caso de 
que para el plazo fijado por Shafter no hubiese decidido nada 
icl Jefe español., 

Al día siguiente se intimú de nuevo al General Toral, jete 
^e la guamieión de i-santiago, la rendición de la plana, y como 
respondiese con tina negativa firme y enérgica, más de quince 
mil personas embargadas por el piínico intentaron salir de la 
ciudad huyendo de los horrores del bombardeo y del hambre. 
.Ancianos decat entes, mujeres llevando en brazos .1 sus crtos, 
nifkos de poca edad, si' dirigían .1 Caney, A San Luis y oirás 
puntos en busca de pan v de seguridad. 

He aquf las comunicaciorcs cambiadas con tal motivo C 
los jetes de ambos ejOrcitos: 

"Cuartel General de las tropas americana», cercii-0 
Sanjuan, Isla df Cuba, julio a de 18W K. a. «•- " 
(Junte en jefe de las tropas espaflola.s.—SantÍai^^ 
llonMe veré obligado, si usted no rinde Up" 
dearta, Ruego .-I usted informe .1 los ciudat 
estranjeras y ;i la» mujeres v niños que debrtl'1 



1 98 

nudad antes ce la una del día de mañana.— De usted respetuo- 
so y ohedicnit- servidor- /?. IV. Shafter^ Mayor General del 
ejt'Tcito de los Hstados I 'ni dos '* 

La siguiente ts la eontestaoión que por conducto del Coro- 
nel Dorst recibió ,i las seis y treinta p. m: "Santiago de Cuba, 
2 p. m Julio !1 — A su excelencia el Gral. en jefe de las tropas 
de los Estados Tnidos: Río de San Juan.— Tengo el honor de 
responder á la comunicación de u^tcd fechada hoy á las 8. 30 
p. m. y rev'ibida á la una de la tarde, en la cual demanda Ud. la 
rendición de la ciudad, y/ en caso contrario, me anuncia que 
bombardeará la ciudad y que debo avisar á los extranjeros, 
mujeres y niños, qut- abandonen la ciudad antes de la una de 
la tarde de mañana. 

Ks mi deber decir á Ud. que esta ciudad no se rendirá, y 
que informan'» á los Cónsules extranjeros y habitantes, del con- 
tenido de su mensaje —De Ud. respetuosamente. Toral, Coman- 
dante en jefe del cuarto cuerpo del ejército." 

El día 24 se n-anudó, pues, el combate en, vista .de la negati- 
va de Toral. 

El resultado inmediato de la irreparable pérdida de la escua- 
dra española fué que los americ: iios pudiesen emprender sus 
operaciones de sitio sobre Santiago con toda calma y seguridad 
porque lejos de que hubiera buques que los molestasen con sus 
disparos desde la bahía, contaban con la cooperación de su es- 
cuadra que podía causar, y en efecto causó, grandísimo daño 
entre los combatientes españoles. El Gobierno de Washington 
desplcj^ó la mayor actividad en enviar á Shafter todos los re- 
fuerzos po.sibles y desde el 6 del mismo mes de Julio comenza- 
ron á zarpar transportes de Tampa conduciendo soldados, arti- 
llería, y provisiones de boca y guerra en gran cantidad. 

• Por lo que hace A la rendición, el jefe de las fuerzas de San- 
tiago no sabía que partido tomar. El no podía admitir la capi- 
tulación sin recibir antes de Madrid la orden correspondiente, 
V como el cable que cojnunicaba á ^^'lntiago con la capital de 
España estaba en poder del enemigo, no podía valerse de él 
¡)aja resolver tan difícil situación. 

Mientras tanto el General Shafter puso una nueva comuni- 
cación A Toral m:inifestánd( le que con objeto de facilitar la 
salida de los no combatientes, extranjeros, mujeres, niños, etc. 
concedería un nuevo armisticio hasta el día 10, en cuya fecha 
iba á continuar el bombardeo si no hubiere recibido aviso de 
que la capitulación era aceptada. 

El General español reunió á lo5 principales jefes y oficiales 
de su ejército para consultarles sobre la determinación que se- 
ría prudente tomar en la imposibilidad de comunicarse con d 



tiobtemodc K^r "' ' r.^.-^ .."• «.. ' "''niinrou'MIr i|((v- *' i. 

Mas como i m ^n aimpiirM* \ ln" 

probabüidades > ^.mJü OI.i í-B Uvoc \(«' 

los invasores. tlei.iJ:.Jic .1 („;;or.il l\-i,il ,1 solWiUir vi |wrAtUv< 
dff los americanos (Kira toniuitictrs* con *■! drurrul UlAn^o >' 
para usar el cable y consultar d M.-iiin<J U MttiiicUvn. itUcniíftii, 
sf llegaba el termino propuesto. 

EstJi tregua fué muy íavoniblc »i KwsoWmJw HiArriiui»»" 
que se enconinibao en cxtrfino UliitaiJiM. con \a\ roptis \\\u- im 
liíibfan podido cambiar en varios días de lluviti. comptoinmtn 
ternojadns, y resiniiendo ya b^^untcs fn(prim-d.ulri I.i'xpt'ii.l- 
dtcos alemanes que son los ^uc con mA-. impiircijil|i|<iil \ ' nm 
pftteniria han trfii;ido de lodo lo rcliitivii j liv yut-rrn Iilspumi 
americarta, aseguraron por esos dla^, i|ui- •*! ImimíhIiikíh d-' 
Santiago se hubiera proloni¡iulo por ulutinuH Hi-ii)anti»i t'l t)iii 
■jio americnno. CKíenuado por las (iiiitfiíK y djc^miidn pnr ln» 
eníermedades habría tenido que n-emhíircnrtí" CuAtll" |i«h(f 
ra mejorado la situacji^n de Ini* i )tp<i noloM lOn «jiic Iti* conii* to 
este (fircl Por desgracia pnrfcdi drcrrliiJo di- dillM mu 
no que todo tes liabria di* ser lainl. 

El dfa S los americano» proporción» ron rmplnidow del mhU' 
para que pusieran en conniníracirtn & Um «sprinolof) tan >ti u" 
bierno, á efecto de obtener Insiniccione» precbíi» ndirt- 1« i'otí 
duela qup se debía seguir. Lo* le|e(íraft'*ia<i entraron en >tiiii 
liat^o ye-ítuvieron funcionando, pero niidii mr obUivo. I'.l 'iiihl 
neie español gestiotuj entre tanto iiltliidantente iOtt WnnIiIiiu ' 
ton. que el armisticio »e prolonsaru por dli-/ dlH« par» lifltltm 
las negociaciones de pa/ 

El 9. en vista de no h . /■ 

piarte ilelns españoles. i " 

opúra cl bomhard»-^' ■ " 

actividíid h— ' ■ ' ■ '■'■'• 

Wyn" y los s' ' " ' ' " 

TDOdOf'J Sí-lU' I "I 

iOaá/Cj cotn '- 

raadopDf'-l' '• 

mMMidHkrdev 



^«pulcaiJa-- ■ 





ims, picaban que Uis metrallas caían cas( raD |^¿ft I 
tiro y A 1.1 izquierda de los espartóles. 

Al mismo tiempo las baterías de tierní dispArahan UTrlNc 

carga de metralla sohrelas lincas espartólas. Esta-; ¡t'- ' 

i4e.sde el primer ataque, rompieiidn el luego de art . 
sóbrelas trincheras enemigas. También hubo ch i 
silería, si bien mAs escaso* La iníerioridad del arm : 
cía que el darte causado por los sitiados no estuviera i-n nl.i 
(■i''m con el que ellos recibían de lo? sitiadores. 

El dfa 12 lué enarbolada en Santiago la bandera páriaroen- 
lariít, 

El corresponsal del Tintis de Londres, que fué el mismo que 
sirvió de intérprete en la conferencia que tuvo lugar el dfa 12, 
refiere así la entrevista de los jefes de ambos ejército^; 

•Avanzamos hasta la mitad del camino entre las trinctiera^ 
espartólas y americanas, y allt encontramos un oficial espaíVol 
y su escolta, y también el arzobispo de Santiago, acompartudo 
de dos sacerdotes. 

•Hl documento que el oficial nos cntregij estaba dirígttlo al 
comandante general de las tropas americaivis, y solicitaba na» 
fmrevisia con ¿1 para el siguiente día. 

•Terminado esto, se adelantó el arzobispo y manifestú <|uv 
liHbia acompaftado al parlamentario con objeto de sOliciinr noto 
rización para atravesar las lineas americanas, enaniíindeSU 
■-uras y ^ monjas, Alcgi'j que, tratándose de no combatiente», 
' entendía que e.stabanenel mismo caso que los que habían mi- 
lido de la ciudad. 

t>i]0 tambi'.'n el arzobispo que en ti bombardeo del ili.i an- 
t..^r¡or hablan sido demolidas varias cas.is, por lo que creía 11^ 
irado el caso de transLtdarse él y tos suyos á lugar seguro. Tra- 
duje esta petición al oficial americano, que me rogó informara 
4l arzobispo de que su petición sirria transmitida al t^^neral 
Shafter, y que, según toda probabilidad, se le coni:*dcrfa en el 
;ii!lO la autorización necesaria 

El arzobispo rogú entonces que 1.-» respuestn se enriara por 
duplicado, mandando un ejemplar al General gobernador de b 
plaza y otro A él 

La acción dd ar^obúspo, ejerciii, sin duda alguna, poderosa 
influencia en las autoridades espartólas de Samiago, 

Aquella tarde el General Linares, aunque desde el P de lu- 
lio en que fué herido, habla entregado el mando activo df b> 
tuerzas al General Toral, envió un largo cablegrnin I " ' ' 
Vo pude ver una copia de e-sie documento, Rl Gt-f 
manitestaba que su situación en "^.intiago era inip 
tenia muy pocas prov islones, y que no le quedaban 



■ la población le habla abando- 



' mis 4ii<í para aljíuiios días; que la población li 
nado y que tambiOn el ckTo amena/aba aiisemnrst:, 

•■Indicaba la diferencia entre el sitio de Santiago y el sitiw 
de Gerona, pues en esta ciudjid. todo el mundo, sin exceptuar 
las mujeres y los niflos. habla cooperado á la defensa. Final- 
mente, ofrecía sacrificar su reputación y sacrificarse é\ mismo 
haciendo la entrega á los aroericanos. 

A este despacho no recibió contestación de Madrid, pero al 
Ja siguiente, e! General Blanco, á quien también se habla di- 
ifpdo el General Linares, le autorizó & hacer la capitulación.» 
El cerco de la Ciudad se habfa completado, entretanto avan- 
on las fuerzas americanas al mando del general Lawton ha- 
la parte Norte. El General Toral deliberaba sobre las pro- 
licíones que se le hablan hecho para obtener la rendición, y 
icuraha comunicarse con el Capitán (it-neral. Al terminar il 
vista de que Shaftér en cumplimiento de lo que se Iv 
leñaba de Washington, exigía la rtndición incondicional de 
plaza y la guarnición, el jefe español decidió mantenerse fir 
iiie lia«ta el último extremo y asi lo comunicó. I.os «mericano;. 
sú dispusieron para el asalto. 

í-.\ \:í tuvieron una tonlcr.cncia los generales ShafierWlu-ekr 
y Toral, manifestando este último que estaba Etutori/ado por 
^ gobierno para proponer su retirada y la entrega de la bahía 
del puerto, la posesión oriental de Cuba y las municiones do 
_ ierra. Los generales americanos en virtud de sus instruccio. 
ñes contestaron que no podían tratar sino .sobre la rendición 
itc\ ejército, el cual ofrecía el Gobierno de Washington comhi- ' 
cir por su cuenta A Espafla. Toral pidii'i un phuo de veimicun- 
iro horas para consultar A Madrid, sobre esta proposición de 
trasladar íí la Península .1 los delcnsores de Saniiauo, 

A primera hora del día II, teliyralió el General Shafler ni 
Gobierno americano, que el comandaoic dr las iropa.t espafio 
las en Santiago aceptaba la rendición de la planta nombrando 
comisionados para ultimar Lis'bases respectivfls, Este arreglo 
comprendía á mds de la ciudad, toda la parte oriental de la Is- 
la de Cuba, desde Aserraderos, punto situado en la cosui Sur. 
hasta Sagua en la costa Norte, vía Palma; cMensión de terri- 
torio en ía cual se encontraban operando en tota! del cuarto 
cuerpo del ejército espai^ol. El Almir.uiif Sampson exigió de 
^Shalter que no se terminara la capitulación sin estipular la 
ta remorión de las mina.s puestas ;¡ la entrada de la 
ía, y lu evacuación de los tuerte» que habían disparado con- 
sus buques. 
El mismo día tn que el <;eneral Toral aceptó la rendición de 
fuerius, bajo lu condición de tcrtranütadadas Á KspaOa, el 
■neral Shafter declaraba que tma considerable parte de su 
■i-rito se hallaba iti(esi.id,i J" íícIm'- inuarill.i y querrá oece- 



y 1 
■ ne; 





o proceder < 



n pt-rüida Je 



tmpp i 



émharcar I 



hada E.siados l'ni Jos lompu-ndiemio »|m;. de no hacerlo .isí se* 
rfnn (liexmaiJas itremisiblemente por la epidemia. 

A la veit lomiiba toda clase de mtdida- p:ir.i impedir 1j pro- 
pa§!acJón de In fiebre am.irilla 



Hemos vi«to i|Ue los soldados del cjfrdto q(i« dcfrndid 1 
Saniiago. y los habitantes de la ciudad, no contaban ya con 
medios de subsistencia para oponerse /i la rendicii'm mncbo 
tiempo; hemoíi visto el denuedo con que fué defendida la phua 
á costa de tanta sangre española; hemos visto la yrandc s«p^ 
ríoridad del cjt^rcito deShafter. no sólo numíriea sino también 
y principalmente en los clemenios de gtierní de toda< clasf», y 
hemos visto, por lUíimo, que Toral recibe de Madrid por me- 
dio del General Blanco la orden Je rendirse. No obstante, cuan- 
do fué publicada por la prensa la noticia de la lat^itulacii'in de 
Santiago, una '.empestad de ira.s populares ,se desai«> conini H 
¡efe español que rindiera el territorio. 

Los preparativos que hacia la tercera escuadra americana. 
al mando del comodoro Wastson para su viaje íl través del 
Atlántico, no eran un misterio para nadie. Se sabia que )■*» Or- 
denes expijdidas por el departamento de Guerra se referían al 
bombardeo de puertos españoles, si era posible vencer notes í 
la flota del Almirante Clmara, lo cual era de llamar la aicnciún 
cuando se arreglaban ya por conductos extra ofitriale» Its lia- 
tndos de paz. 

\o cesaban tampoco de alistarse las tropa* de inv;i-^idn para 
la campaña en Puerto Rico. 

Los arrejílos de la capitulación lueron, pue», terminados rf 
día 14, entre los comisionados de Shafter y los tic Toral. 

El territorio rendido abarcaba .',000 millas cuadradas, difsde 
Aguadores, ITi millas al Oeste de Santiago, hasta Palma Soria- 
no y Sagua. al íflorte. excepción hecha de Holauin. Quedaban 
15,000 soldados españoles prisioneros, debiendo entregar sus' 
armas; este número aumentó después hasta ¿S.OOO. 

El general Miles, que desde al principio lué encargado de la 
dirección de la campaña en Cuba y que enionces se hallaba en 
playa del Este, punto no lejano de Santiago, comonicó, á Was- 
hington la siguiente nota referente a la rendición, el día U en 
la noche: 

• Ministro de la guerra Washington. I-reme d Santiago.— 
El General Toral, Comandante de las tropas españolas, ha ren- 
dido formalmente al ejército de su mando, á oondicti^ de que 
éstas sean enviadas á España. 



303 

íefal Shaíter nombrar.! comisiones para llevaí 
Ktrpgá formal 

i parte del ejército está infestada de fiebre amarilla, y ^'' 
bi esfuerzos para aislar á los atacados .1 bordo de los buques 

Wpiíales. 

Se hacen arrecios para llevar ñ cabo inmediaiameme ciiai- 
quiera , orden del Presidente rt de usted, (firmado) AWso» ,-1. 
ifíírs Comandante en Jefe del Ejército de los Estados Vnidos.* 

He aqiii \n. comunicación de Toral al jefe americano; 

• A su E-o-tlencia el Comandante délas tropas americanas. 

Esicleniísimo seflor Ustoy iiutori:ado por el Gobierno patn 
lapititliir Tenit», pues, el honor de ponerlo en vuestro conoci- 
nuiento y solicitar se sirva dcsit^nar la hora y lu^ar donde mi-^ 
comisionados conferenciarán con los de Vuestra Excelenvsi. A 
efecto de que formulen los puntos de la capitulación sobre lav 
bases convenidas en esta fecii.a. 

A su debido tiempo debo manifestar que deseo saber la ri-s"- 
Ilición del Cobierno americano respecto al reereso del ejfircitn 
con el objetq de anot.irla en el acta de la capitulación. Al mi- 
mo tien.po apelo i. la galantería y yracia de vuestra extelcnci.i 
hacia los saldados españoles que se les permita regresar ü l-i 
Penfnsula con sus armas 

" Tengo el honor de ofrecerme ,'i sus órdenes.— ./o^t' Toral, Ge- 
neral en jefe del Cuarto Cuerpo del Ejército.— Al Gencf^il 
Sbafter, Comandante en Jefe de las fuerzas americanas.- 

Por es'a comunicación vemos que el gobierno de ^f¡ld^ld 
ordenó la capitulación, y por consiguiente, que se comete una 
eran injusticia con hacer responsable solamente al Cencrn) 
Toral 

Hs Ik-ijada la ocasión de rectificar una inexactitud afirmada 
por el Oneral Shafter en un despacho que publicó i-l Mini"il' 
vio de Guerra el día Ifi. Dice asf: 

•I-os listados Unidos convienen en conducirá K-^piiftii y A !■< 
mayor brevedad posible, todas la» tropas e»paflolaH rn liiA di> 
iritos rendidos; las tropas se embarcarán en e) puerto iniUcti 
cano al punto que guarnezcan; los oficiales eupiiflolr» nmiril» 
ránsus armas al cinto; los oficiaIcH y las hopa» lotiHcivunlit >>u'> 
efectos personales; al Comandante csp.ifti'l sr 1.- tiiilDl I* .i pai .i 
sacar los archivoi^ militare» deloH dl»ini<i>> i> ii>lld<i-t, \i\» linpn' 
voluntarias y fiuerrillas que deseen pcrm/ini'i ■ i i ii 1 1 i 'I >, i" 
drán hacerlo entregando sii.s armiiJt; Iuh lidi' ■ i ■ ' 
drán de la ciudad con honores de lii uuciia, ' '" 
' QMS en un punto determinado, mieniin* llry > > 

CObiemo de Washington. hablíndoM' coiut'init" >r" t..- 

sionados americanos rccomrndnrAii al ||i>bli'i no \\\w w pvntlU* j 
álos españolea llcv;ir }> KHpl«lt.A lii» iiiiilri* iilti' liwi vttlIVIttVIMtl*^ 
te han defendido. 



Este punto depende do la voluniad del Gobfehio de Wa^o 
ton. 

Me tomo la libertad de llamar la ateación & que entre mili 
i/c los soliítiiios vi'Hifiíios según dice el General Toral, /uty 
I a lie ¡2,000 que no hiin hedió uniólo disparo. Ascienden 
cerca de 2i,t)U0 el nünero de üotdado^ que habrán de tran.s{: 
larse .1 España, según el cálculo del GeneraJ Toral. (Pirmiid 
ir. Ji. Slm/ter, Mayor General.. 

En quL* punto se encontraban esos doce mil hombrea que s 
Dicicron un solo disparo, y quú disculpa icndrfn la rundidJi 
i;n este caso? 

Entretanto había sido declarada la ley marcial por el C 
bierno español en toda la Península, estableciendo la rí^uj 
censura de la prensa, mientras se lerminabün los arreglo» de i 
capitulación de Santiago. 

Las bases fueron sancionadas el di:i l(> por el Gobierno c 
Madrid y eran las siyuienies: 

•Primero. Las hostilidades cesarán inieniraj se llegue I 
acuerdo formal de la rendición. 

Segundo. La rendicjiín incluye la rendición de las iropu»e 
paftolas y material de guerra dentro de los limites delap 
vincia. 

Tercero, Los Estados L'nidos. transportarán li Esparta, p 
.-tU propia cuenta, todas las tropas espafiolas que se rindan, «i 
harcándose éstas en el puerto más próximo ai lu^;(r de su n 
di don. 

Guano, Los oficiates guardar.ln sus armas a! cinto y tosw 
dados sus electos personales, 

Quinto. Después de la rendición, las tuer/iu* espaJiolns ant 
liarán á la remoción de tas obstrucciones A la navegación «i t 
entrada del puerto de Santiago. 

Se-vio. Dcspué,s de la capitulación, el Cumitnüante e^pafU 
entregará im inventario de la.s armas y municiona de gucr 
.laí como el roll de las tropas en el Distrito. 

Séptimo. Al General español se le permliini conserrar U 
:irchÍvoH militares de la Provincia. 

Octavo. Todas las guerriiras y voluntarios que deseen pef 
manecer, bajo su palabra de no volver á tomar armas c 
los Estados Unidos, podrán huctrlo 

.Voveno. Las cropns españolas marchiirán fuvxi de la cinJit 
con todos los honores de la guerra, deponiendo sus armus, J 
las que dispondrá el gobierno de los Estados L'nidos, Los a 
misionados americanos recomendarán á su Gobierno <)aé «sü 
.irmas sean devueltas á aquellos que tan heróícamenle las liOi 
defendido • 



«i5 

Kstiis bases habían sido discutidas el dia anterior por los co- 
misionados de ambos ejércitos y !a sanción fué comunicada X 
Cuba el 17. 

I,1oj;ahan entonces A Ann.'ipolis en la costa amt-TÍcana á bor- 
do del crucero "Si. Luuls" el Almirante Cervcra y sus valero- 
sos marinos como prisioneros de guerra, 

1.a list_a entregada al General Sh.iíter por el General Toral, 
de los soldados rendidos que habrían de transportarse á Espa- 
fla, alcanzaba A 22.78<} el l'í de Julio, 

Éste dia salió de San Kranciscq una nueva expedición para 
Dewey en cl transporte .Pensylvaniu,. compuesta de 1,500 
hombres al mando del coronel Kessicr. 

A la vez hacia sus últimos preparativos para zarp;tr de Sibo- 
aey A bordo del ■■rucero "Vale" la expedición ¡nvasora de Puvr- 
lo Rico al mando del General Nelson A. Miles, 



He iiqui los mensajes oficiales canibÍ;idosi entre el Gabinete 
' fspafíol y las autoridades raílitarefi de la Habana y Saniiajío 
-obre la rendición: 

•Habana, junio V de '>S.-Gral Correa, Minitro de la (luerra, 
Madrid. —El ejército siempre disjiuesto para cualquier sacrifi- 
Lcio en bien de la nación, permanece intacto en los actuales mo- 
Tftentos y estd lleno de espíritu, pues todavía se sostiene c"n 
Kigor en Santiafi;o de Cuba. Después de brillantes batallas en 
kiás que aunque se fia perdido algún terreno, ha disputado con 
valor el terreno palmu á palmo, al enemigo se le han 
fcausado grandes bajas. Es mi opiíiión que ía miyoria de la--¡ 
(«lases militares, no escucharían co.i paciencia proposiciones de 
I.^az, mucho menos escucharían proposiciones para abandonar 
lifl territorio qui; el ejército ha defendido con tanto ahínco. Con 
R^ro visiones v municiones, podríamos mantener nuestras posi 
1 ciones durante muchos meses y la victoria costaría muy cara 
lal enemigo, aunque la absoluta posesión del mar, que go^fan 
lios americanos, harta penosa la e.xistcntia por la falta de pro- 
í risiones. Las batallas son en extrehio dilfciles por razón de la 
■ escasez de municiones, y el gobierno se vé constantemenle es 
Kttirbado debido á las frecuentes perturbaciones del orden pi'i- 
K'blico. En resumen, permítaseme decir, que cl ejército en mayo- 
I Vía. desea la guerra por el honor de las armas así cómo por 
propio honor; y que serla en extremo penoso para ellos abando- 
nar al enemigo sin combatir, la tierra que han conservado du- 
rante tantos aítos á costa de su preciosa sangre. Esta es la opi 
nión y yo tambíé i íoítcngo que csia e-^ la mía, —Bliimo.— 



Iríd, .lulio 1:2 Jo'Kl-Gipit.-in Ccneral Blam-o, ' 
-Recibí su telegrama N° 202: me sorprende mucho qu* »ian- 
do salvado el honor de su ejírciio indomable, como A no dii 
darlo to estii, para gloria de la naciOn. las fuerzas de Santiago 
tn&istun en la continuación de la guerra en la que con toda 
seguridad no pueden ya ganar más laureles ni llegará crtro re- 
sultado que el de ser compelidos ú rendirse en poeo tiempo, de- 
bido A la falla de proviBiones y municiones- Xo es de creerse 
que el enemígu conociendo la lamentable situación de nuestras 
tropas de Santiago, se dé prisa paní sufrir y arriesear ntieviis 
ptlTdídas, especialmente desde que estando en posiciAnpor me- 
dio del bloqueo, de impedir la llegada de soctiri^js. ellos pue- 
den posesionarse de la isla sin más sacrificio de sangre por su 
parle. 

Tampoco puede explicarse el motivo de l:i tenacidad dcus 
It-d en mantener una posesión en esa tierra ingrata que nos 
recha/a v hace odiosa ante nosotros por su di seo de separar- 
se de la madre Patria. Vo creo que el ejército preferíria aban- 
donarla, á la ruina y desolación que lanta insistencia .-icarrea 
ria al desgraciado país que en vista del pon enir que lu aguar- 
da, clama por pa/ con honor. 

El actuitl momento será el que debe asegurarse. -Sea lo que 
fuere, y sin dejar de sentir en el fondo de mi corazAn el ver 
dadero orgullo de un espafkol y soldado, los exoeUos se-Dllmien- 
los de nuestro ejército si mal concibo y dedu/.co que se permf- 
tirA que sus nobles fines intervengan con la disciplina y que 
l(* soldados no olvidarán sus deberes de obediencia y sumi&ión 
¡i los dcj'retos del Gobierno, dándoles aquella atención que se- 
guramente conservara el honor del ejército, Vo creo por lo tan- 
to, que cualesquiera sean los decretos del gobierno, el i-jérctio 
los ejecutarií y no prentendenl constituirse en «na amc-nazs 
para la nación de esta suerte, acarreando sobre si mismo la 
grtn desgracia de tener que rendirse for talla de provisiones 
y otros medios de sostén. 

Sin embargo, deseo tener absoluta seguridad de esto, y li^ 
led. sólo usted puede dármela. 

Tenga usted la amabilidad de comunic-'irmi'lo tan pronto co- 
mo sea posible, pues estos son momentos críticos.-- Correa. 

Habana. Julio 13 de 98.-General Correa, Ministro de la Gue- 
rra, Madrid.- Los asuntos que discute en su telegrama confi- 
dencial niim. 107, dirigido á mi, siendo de suprema gravedad é 
importancia y como los genenUes en su mayoría se encueotrnii 
«úsenles al frente de sus mandos, no me será posible responder 
¡i usted hasta mañana. Ruego d usted escuse esta cori-t demo- 
ra que confío será para bien.— Blanco." 

"Madrid, Julio 12 de 9fj. - Blanco Capitán (General, liaba 
na.— Los americanos, dueños absolutos del sitio, sabiendo por 



ao7 

experiencia lo costoso que ha sido pnra ellos trabar combíilo 
coa nuesiros bravos soldados, se liinitnrAii en lo de adelante 
de extender y estrechar el bloqueo, y A bombardear los puer 
tos al mismos tiempo despachando buques para atacar Puerto 
Rico. Las Canarias, las Baleares y Jiiin las ciudades de la cos- 
ta de la península, esperando que ayudados por los Indios to- 
m.irán posesión de las Filipinas v sepummenic perturbarUn el 
orden público en la naciún. 

El inequívoco deber de cualquier Gobierno es el evitar se- 
mejante 6 irreparable mal buscando por todos 1"b medios el fin 
deun combate tan desigual t orno desastroso. La pazpuedeobic- 
ne:se hoy bajo condiciones que serían aceptadas y honorables 
para el ejército, pero una vez que Cuba haya sido redunda por 
el hambre, el Puerto de Manila perdido, una parte si no toda la 
Isla de Puerto Rico ocupada y la mayor parte de nuestras ciu- 
dades importantes de la costa sean bombardeadas, yu no serü 
posible pensir en la paz. La descompostura y ruina sería el re 
sultado. Confío en vista de estas razones en que U. y los gene- 
rales bajo sus órdenes á quienes nuestras instituciones, y sobre 
todo, nuestra querida patria les son tan caras, sabr&n responder 
á la disciplina del siempre valeroso ejército y rendir obediencia 
á las resoluciones del Gobierno respecto A la paz. Kápero con 
verdadera ansiedad su respuesta, que le ruego me envíe cor 
toda prisa..— Sagastii.' 

«Santiago, Julio 12 de 98.— Capitán General Blanco, ll.i 
baña.— Y Gral. Correa Ministro de la Guerra, Madrid -Aun 
que postrado en cama por gran debilidad y atroces dolores, l.> 
situaciún de nuestras aguerridas tropa» ncupn mi pcniamienl" 
i tal grado que creo de mi deber imponer A \'uehtrii líxcelí» 
cia y al Ministro de la Guerra, del istiido de coiiin l-tl ionio en 
realidad son. Las lineas del encmiud jic encui-ntran uiu.v t't'riii 
de la ciudad por ra/ones de la naturjileía del tt-rreiio, y lo* 
nuestros se encuentran exiendiJojt ü 14 klli^meiroii de Jutaml» 
de la poblaciún. Las tropas eütAn d^hllen y ei Iii man n\ lonsi' 
derable proporción; no se les envía A lii» liímpll ilc» piT l>t nc 
cesidad de tenerlos en la^ trínrheriu. I >iirantt' Lfi i)liini>i> t ilu 
te horas ha llovido torrenclalmenle y la» ttopiis en l.t> ti lii< h» 
ras están sin protección algunu contra d elemeniii, le^ i-» hiu 
ta imposible secar sus ropas, se mnniicnen uiiii umt-nn' con 
arroz, varios de los JefcH han muerto, iiuhIioh nflcliih'» «e en- 
• £uentran heridos enfermos ó han deüiipareildo. 

Bajo estas circunslanoias, es imposible quen-r Inrmtii el tliio, 
M-que al intentarlo nuestras fucrítat» cureceríun de imu tercrm 
¡Une de su número que no podía salir y non verlimiOM OebiliUl- 
" B por los bajas que nos causara el eneinlijo. reaull<*nilo un ver* 
,jlero desastre sin salvar como IJd. lo desea, nueMro dieima- 
^ batallan. Para poder balir protetjtdoit por la dkvisiún de HOl* 




308 

guín seria necesario que Ijis Uneuíi dcJ eminigo s"; roí 
para hacer esto en combinación con los refuerzos del RDlgÜÜ 
neceMtarfan una marcha forzada de ocho dfas y l.t conduocJún 
de gran aintidad de raciones que apen.is podrían hacerse. En 
tal x'irtud, la situación lia llegado A una crisis aguda, ti McriB- 
cio sería inútil. El enemigo ha comprendido nufstnt situacídn, 
V estando establecido tan cerca de nosotros, puede ngoi^ nue» 
iras luerza* sm exponer las suyas como se hizo ayer bombar- 
deándonos por tierra y á grande elevación por mar sin qu<? pu 
diéramos ver sus baterías. Parece que la escuadfa enemiga ha 
fijado lit direcciíSn pues que bombardea la ciudad por secciones 
ton precisión matemática. 

La ciudad de Santiago no es Gerona, un punto ¡lEnurnllado, 
parle del lerritorio de la metrúpoli defendido palmo á palmo 
por sus propios hijos incluyendo anc anos, mujeres y níflos, 
quienes ayudaban y exponían sus vidaji impulsados por el sa- 
crosanto ideal de la índependeniia y estimulados por la espe- 
ranza de auxilib que al fin les llegó Este es un lugar solitario, 
el completo éxodo de sus habitantes tanto cubanos como es- 
pañoles, incluyendo aun los empleados piiblicos; sol.imcnte 
permanece aquf el clero y éste principió A salir ayer con el Ar- 
zobispo á la cabeza; estos defensores no pueden comenzar ya 
una campafla llena de entusiasmo y energi.:. Han estado Iiichíin- 
do durante tres años contra el clima, privaciones y fatigas y hoy 
se encuentran colocados en las tristes circunstancias de no te- 
ner ni alimento, ni fuerza física, ni medios de recuperari-i. 

El honor del ejército tiene sus limites y apelo al buen senti- 
do del Gobierno y al de la nación entera para que diga si estas 
sufridas tropas no le han mantenido incólume tantas veces des- 
de el 18 de Mayo, cuando se vieron sujetos al primer bombar- 
deo. Si se hace necesario que hagamos un sacrificio por razones 
que yo ignore, 6 si se hace necesario que alguna otra persona 
asuma la reponsabilidad que he anticipado en mis tclegranwí 
anteriores, rae ofrezco lealmente al altar de mi patria, ó si por 
otra parte se desea, retendré el mando con el objeto de Eirniar 
la rendición, pues mi modesta reputación es de poco valor coíD' 
parada con los intereses de la nación. Linares • 

Habana, Julio 14 de 9fi.— Sagasta, Madrid.— La opinión que 
prevalece entre la generalidad del ejército en Cuba y de la qw 
nosotix>s, todos los generales, participamos, demanda la conti- 
nuación de la guerra. Creemos nosotros que el honor del ejérci- 
to demanda mayores sacrificios, pero el ejército jam:ls se pre- 
sentará como obstáculo para el cumplimiento de las órdenes 
del gobierno, las que obedecerá como es de su deber h.*(cerlij. 
Profundamente agradecido estoy por las ír.ises alhagador.tsqne 
se sirve dirigirme en su telegrama fecha 12 del corrientei pero al 
mismo tiempo me apena en extremo tener que informar áUd 



ao9 

que no me será posible coniÍr.uar por mAs tiempo Á U cabra 
de esie ejército, en caso de que el Gobierno resuelva solicitar 
la p^iz.— Blanco. 

■Habana, Junio 17.— General Com:;i, Ministro delaGu^rra^ 
¡Uadrid -~L:% rendición de Santiago se efectutV esta maAxna sin 
la menor interrención de mi autoridad, segt\n los informes que 
be transmitido á Ud. A pesar de este desmembramiento de \> 
isla, el ejército continúa lleno de espfntu y la j;uiTr4 poilrta 
continuarse si usted nos enviara prov isioncs que seria conve- 
niente hacer por conducto de buques bajo la proleccóni df la 
bandera neutnil: al mismo tiempo buscando la manera Je en- 
caraos municiones. La caída i e Santiago no vntraAa en si 
venliidera importancia militar y puede decirse que la guerra 
en realidad no ha principiado todavía. Hace varios días cavii 
instrueciones para la concentración de las divisiones de Holgufn 
y Puerto Príncipe, para maniobrar de acuerdo con los movi- 
mientos del enemigo. La campaña decisiva tendrá que hacerse 
tíe este lado de la trocha, y el enemigo tendrA que sufrir gravea 
Perdidas para poder penetrar á esta sección, — B/(«(rt>. 



La institución que se llama de la Cruz Roja, cuya sublime y 
filantrópica misión consiste en auxiliar á los heridos en el cam- 
po de batalla impartiéndoles loda clase de cuidados, prestó^ 
grandes ser^■ic¡os no siilo íi los heridos en los combates, sino 
también A los necesitados que por la escasez de víveres esta- 
ban 4 punto de perecer. 

De estos desgraciados había algunos millares en el territorio 
rendido y fueron de mucha importancia los servicios que aque- 
lla asociación les impartió. 

Después de la batalla naval fuera de la bahía de Santiago 
acudió á socorrer ú los lieridos un buque hospital fletado por 
la misma asociación de la Ci^z Roja. 

Según hemos dicho, h escuadra espadóla al mando del Al- 
mirante Cámara tuvo que regresar i las costas de España des- 
pués de haber entrado en el Canal de Suez, El permiso para 
haber entrado y regresado luego por aquella posesión inglesa 
costó d Esparta IbOfiOo pesos oro. 

La flota americana del Comodoro Wastson recibió instruccio 
nes de permanecer á la espectativa para en caso de que la es- 
cuadra de CAmara intentase dirigirse á Cuba saliera A m en- 
cuentro para destruirla. 

Entre tanto la expedición que habla de invadir i I 
co se hahfa alistado y et 21 de Julio 4 la? tres de )a b 




í.o ii la mar en Siboney; Cuba, un convoy corapiicslo del 'Mas. 
sachusett,* e) •Cincinati* y el •AonApoliS' y además cuatro 
barcos nuxitiares. el "Gloucester.* el «Guasp.» el •Leitlcn* y rl 

•El Vale* L-onducla la mayor parle de lus tropas cuyo núme- 
ro ascendía íl 3.000 hombres. 

A! tercer d/a se organiüú otra espediciiin llev;mdo 4.000 hcmv 
bres mas. 

Las noticias de los triun'os obt;:nidos por el ejército america- 
no en Cuba, influyeron grandemente en el Animo de Dewey 
para normar su conducta respecto á Utoma de Manila. 

El 17 de Julio iinunciú .1 las fuerzas espantólas que aún que- 
daban en la ciudad que si en término de sei; días no se remitan 
bombardearla la ciudad. Mas con esperanza del anunciado 
.irribo de la escuadnide Cámara no quisieron rendirse los espa- 
ñoles á pesar de líis continuas molestias que les causaban las 
huestes de Aguinaldo, que pedían tamnién la rendición desde 
muchos días ame^. 

El día 23 de julio comunicaba el Gencal Shafier el sij^uieato 
mensaje de Santiago de Cuba: 

•El teniente Miles llegó hoy procedenie de San Luí* y Las 
Palmas d donde fué á recibir las armiis de las tropas españo- 
las rendidas según el tratado con el General Toral. 

•El número de hombres rendidos p.is.in del anunciado por cl 
lieneral Toral, asciende d 3,00,i regul.ires y 300 voluntarios Jos 
que han rendido sus armas 
• «Tres mil rifles fueron entregados, los que serán conducidos 
á esta dudad. 

•Según parece, el número de tropas que habrá de embarcarse 
para España, pasard de 24,090. Hay cerca de 12,000 en este 
punto, 3,000 en San Luis. 6,000 en Guantánamo. y más de 2,060 
en Sagua y Baracoa. — (Firmado).— S/íii/'Ící'.í 

El día 26 la expedición de Puerto Rico desembarcó en Gua- 
naca. El siguiente mensaje oficial da cuenta del desembarque: 

«Saint Thomas, Julio 26.— Hoy ú las 9.15 a. m. llegó la expe- 
dición. Desembarque efectuóse sin novedad. No hay histerias 
en Puerto Guanaca. El «Gloucester» entró .1 labahm y desem- 
barcó una compafila de infantería al mando de los Tenientes 
Huss y Wood, quienes dispersaron .■i un destacamento de espa- 
rtóles. Enarbolamus bandera americana. Los transportes de- 
sembarcaron á las tropas í.in oposición alguna ayudados por los 
botes del •Massachuseiis.- 

El día 26 fué presentado al Presidente McKinley un mensaje 
por el Ministro francés en Washington, Mr. Jules Cambon so- 
licitando á nombre de España la terminación de la guerra y en 
solicitud de las demandas que para restablecer la paz hiciera 
el gobierno americano. El Presidente contestó que eonsultarfa 



I) el consejo de Mini-stros y daría su resolución :i ;ti|U(.-1 asun- 

ftsin pL'rJida Jp liempo. KI documento que M Cambon etiirt- 

S á Mr. McKinlty, esiá concebido on los siguienieft terminote 

' -Los gobiernos de los Estados Unidos y de [tspafta, esUln 

por desgracia, empefíndos en una guerra originada á consc- 

rueni'ia de haber pedido el gobierno norte-amerik.-ano que En 

paña abandonase su dominación en la isla de Cuba, demandi 

ísta ii que España no quiso someterse: 

»lin la lucha armida, resultado de esta negativa, reconfKe 

ispona haber sido vencida. 

*Los perjuicios que le lia caasado esta guerra son grandes, y 

cree llegado el momento de poder pedir dignamente á losKsia- 

s Unidos isu cooperación, con objeto de terminar la guerra; 

por lo tamo rueya que se le den .1 conocer, por medio del lím 

Kjador de Francia en Washinston, las condiciones que exigirá 

e KspoAa el gobierno de listados Unidos, para concluir la puz.' 

^ Por lo que hace á la guerra en Cuba no babía cesido, escep 

bnndo en el territorio rendido. Las tropas americanas y la ct-- 

ladr» habían conseguido la rendición de otras poblaciones in 

Kdiatas á Santiago y algun:is distantes como la de Gibara. 

■1^1 fiebre amarilla causaba entre las tropas americanas gran- 

i estragos. El siguiente boletín publicado por el General 

wlter el dta 2 de Agosto da á conocer la terrible proporciiíji 

1 que la epidemia se habla desarrollado entre las tropas en 

Siba. alcíinxando una cifra alarmante: 

«KI estado sanitario de las tropas el día 31 de Julio es como 
: Total de enfermos, i,'2^. Total atacados de fiebre, 3,lfil. 
^sos nuevos de fiebre, 653.- Atacados de fiebre vueltos al ser- 
cio. 722. Muertes ocurridas el día 30 de Julio: ti soldados r.i 
i. 4 artiUer js y un sargento de caballería. Vn soldado muri» 
b herida causada por su propia mano.- 
lAl tener conocimiento de este mensaje dispuso el Secretario 
Tí la Guerra que las tropas avanzaran A un punto del interior 
í la Isla ll.imado San Luis, para cambiar su residencia. Pero 
espui!s, y antes dt- recibirse la respuesta de HspaAa, se ordcnA 
I reemharouf para Estados Unidos de tas tropas americanas 

e hablan necho la campa/ta en Santiago. 
PLas propo.siciones que los Estados Unidos preaenuron á E-- 
"acornó respuesta í la deminda de pi/ hecha por" el Mi 
tetro fi anees Cambon, fueron tr.insmitid.is á Midrid y puestas 
Hdiscusión por el Gabinete Sagasta Sin embargo, la respacsln 
"e España tardó en comunicarse mis de una semana, lo cual 
©suponer que tales proposiciones habían sido rechazadas. 
fSe solidió desde luego por parte del gobierno de la Penfnsul.t 
(fue cesaran las hostilidades mientras se discutían \as bases d'- 
lapa»; el ejército americano continuaba sin embarijo su* ope- 
raciones en Puerto Rico, Cuba y Manila. 



En I'iierio Rico aunque fué reoh.i/aiio el cuerpo Je vanguar- 
dia que internó desembarcar en Puerto Ponce, pudo al (in lie 
varsc A cabo esta maniobr^i dos días míU larde auxiliadas las 
tropas por los buques de guerra que lo ;icompaíló y por fin la 
plaza tic puerto Ponce fué tomada. 

En Filipinas tuvo lugar tm sangriento combine el día 31 úv 
Julio enlrc americanos y esp ifloles. A Iíí llegada de la tercera 
expedliiiin de tropas americanas los voluntarios españoles, in- 
dignados, decidieron atacar las trincheras enemigas y asi lo ve- 
rificaron en el punto llamado Malate, cerca de Manila. Las tro- 
pas españolas que formaban la guarnídúi. de Manila atacaron 
d campamento americano. Las tropas espartólas pasaban df 
3,üW. Cargaron repetidas veces. El fuego de los americanos 
rompió el centro de las fuerzas espitñolas retirándose éstas. 
Mis tarde hicieron un segundo ataque, retirándose después á 
los matorrales, desde donde sostuvieron nutrido tiroteo. Odtfe 
americanos resultaron muertos y treinta y siete heridos. Las 
pi5rdídaA de los españoles no fueron grandes. Durante el com- 
nate los rebelde.-i permanecieron neutrales, 

Kl parte americano de la batalla dice lo siguiente: 

■Las tropas del General Green en número de 3,UO0 habían 
estado avanzando y atrincherándose. La llegada de la tercera 
ospedifióD cnfurcciiJ á los espaílok-s y resolvieron d;tr batalla 
;i las tropas americanas antes do que el campamento Dewty 
íuera reforzado. Las irmcheríis americanas se entendían desde 
rj. playa en un tramo de 3O0 yardas al flanco izquierdo de las 
tropas insurrectas. Kl domingo, siendo d(a festivo para los rí- 
licldes, el flanco izquierdo se retiró, dejando expuesto el flanco 
derecho de las tropas americanas 

Las compañías A y E del batallón 11° de Penaylvaniay la 
Hatería de Uiha recibieron órdenes de reforzar ese punto. 

En medio de un aguacero torrencial, los tropas españolas en 
número de 3,000 intentaron .sorprender el campamemo ameri- 
cano. La.s avanzadas viéronsc obligadas 3 refugiarse dentro de 
las trincheras, las que fueron usall;id:is. 

Las tropas de Penáylvania no se movieron y resistieron con 
tenacidad al enemigo á pesar del nutrido fuego de fusilería qtie 
sobre ellos caía. 

No se veia m.ls que el fulgor de los disparos de los rifles 
Maiisser de los españoles. Los americanos se lanzaron sobre 
las tropas asaltitntes. La Batería de Ulha se distinguió, pues 
tuvo que arrastrar sus cañones por entre lodazales donde I;ís 
I!ie?.as se hundían hasta el eje de cureña. Dos cañones hicieron 
un movimiento de flanco haciendo terrible fuego sobre las tro- 
pas españolas, las que se retiraron en desorden. La infantería 
americana había agotado sus municiones, por lo que no persi- 
guió A los que se retiraban. 






SI3 

■tiiüADtC la ñbchc los tispañoU-s recogieron sus múerttís. L _ 
Umericanos muertos Tueron enterrados al dfa síguitntc. Dur^m- 
6 la noche dci día 1° de Agosto se coniinuO la luchn; pero I03 
bpaAolfs hacían firego de cuñón, la batería de Vtah responj" 
t el fuego de la artillería duró una hora. 
ÍLosniuertos americanos ascienden A I3y en los hospílj 
Tay dieií hombres gravemenle heridos. ^^^^ 

t El d(a 4 de Agosto se verificó un tercer desembarque de l^^^ 
s en Puerto Rico, llegadas en los vapores <St. Louis» v -St. 

íaul.. 

f Todavía en e.sta fecha se lihrú un combate en Matanzas, Cti- 

1, entre españoles C- insurrectos, siendo éstos derrotados. 
I Era de notarse por entonces el cambio operado en la opiniíín 
l^ública en cuanto al restablecimiento do la paz en líspafta. En 
a capital se discutía en todos los circuios poliiícos y se e.xpre- 
taba claramente el deseo de que lerminara aquella serie de ca- 
lamidades que la guerra había iraido. Va no se impugnaba du- 
famente al que se atrevf-i ,1 pedir paz, como antes sucedió, y 
exceptuando el elemento militar, que permanecirt basta el (in 
Jehacido á todo arret;lo psra obtener la paz, podJu decirse que 
El seniimienio público estaba en favor de ella. 
* Las sesudas renesiones de Pi y Margall resonaron entonces 
e nuevo en los oídos Jet pueblo pero esta vez no parecieron 
^A una locura como antes de ir ú la guerra. 
' El Protocolo que contenía las proposiciones para el restable- 
cimiento de la paz y que era el objeto de lo discusión del Ga- ' 
jiinete de Madrid sufrir algunas modificaciones por una y otra 
liarte. 
> Por fin fué aprobado y se hizo público su contenido en la.s 
los naciones el II de Agosto. He aquí el te.Mo de Protocolo: 

Esparta renuncia A todo título y derecho de soberanía en 
lisia de Cuba 

|2* La Isla de Puerto Rico y las demAs iilas en las Antilla,i 
Ae basta hoy han reconocido la soberanía de España y tma de 
a islas del grupo de las Ladronas, á elección de lo.s Estados 
fllidos, serín cedidas por Hspafla á tos Estados Unidos. 

i Los Estados Unidos ocuparán y reiendrím la bahiii y 
Jiídad de Manila, mientras se concluye el tratado de paz el 
pAl deierminaiil el dominio, disposición y Gobierno de las is- 
B Filipinas. 
tí»? Cuba, Puerto Rico y las otras Anlüliis espaftoI;ts.:erAn 
wBCuadas inmedialamente por España, y los comisionados se 
poibrariln dentro del término de di'iK dios y se reuniriln dcn- 
odcl termino de treinta días después de firmado el Protocolo 
^ la Habana y San. Ulan de Puerto Rico para arreijlar y eje- 
lar toi^ detalles do la ojecuciún, 



214 

5*^ Los Estados Unidos y España nombrarán cada una no 
más de cinco Plenipotenciarios para nej^ociar v concluir el tra- 
tado de paz. Los Plenipotenciarios se reunirán en París antes 
del día 1® de Octubre próximo. 

6* Al firmarse el Protocolo, se suspenderán las hostilidades 
y se darán órdenes á este efecto, tan pronto como sea posible á 
cada gobierno comunicarse con los comandantes de sus fuerzas 
navales y militares. 

En la misma fecha se publicó una proclama de McKinlev 

ordenando la suspensión de las hostilidades. 

El Protocolo fué firmado por Mr. Cambon representando A. 
España y Mr. Alger en representación de los Estados Unidos. 



\^ 



Si la comunicación cablegrálica con Manila no hubiesr rsia 
do interrumpida, .se habría evitado un nuevo y supcrfluo derra 
mamiento de sangre, en la toma de esa ciudad por los ameri- 
canos. 

En efecto, el día 12 fué trasmitido un mensaje al General 
Merrit, ordenándole la suspensión de las hostilidades en virtud 
de los tratados de paz con Espaüa; mas el mensaje llejy:ó á su 
destino el día 16, esto es, cuando ya se había consumado la 
capitulación de Manila, tras un largo y sangriento combate. 
^ Desde el día 6 de Agosto el comodoro Dewey demandó la 
rendición de la ciudad obteniendo del Comandante español una 
enérgica negativa. 

El General Augustín que había renunciado el puesto de Ca 
pitan General, recibió órdenes de rendirse, las cuales se excu- 
só de cumplir -por no estar ya al frente de las tropas. Se ha ase- 
gurado en España que dicho General será juzgado por un Con 
.sejo de Guerra por haber desobedecido una orden superior. 

Dewey fijó un plazo de cuarenta y ocho horas para que se 
le resolviera acerca de la capitulación que solicitaba, y enton 
ees el Comandante español pidió una tregua para hacer que se 
pusieran en salvo las mujeres y los niños. 

El asalto de la ciudad debería pues tener lugar el día 8 á me 
dio día, que espiraba el plazo fijado por los americanos, pero 
habiendo conferenciado Dewey y Merrit, jefe de las fuerzas de 
tierra, acordaron diferirlo hasta el día 13. 

En esta fecha no habiendo obtenido respuesta afirmativa en 
cuanto á la rendición de l^ ciudad, en la mañana se formó en 
línea de batalla frente á Manila la escuadra americana. El «O- 
lympia» fué el buque que hizo el primer disparo contra el fuer 
te de Malate. Las bombas de los americanos no alcanzaban á 



215 

' Hipar n! blanco, y se gastó algiin tiempo en ponerse Á ilistant:i;i 
L-onveniente para hacer tiro. En segnitia el "Callao." uno de los 
cañoneros expresados por Dewey, avanzú hasta ponerse junto 
á los fuertes y les mandó nutrido fuego. El fuerte dej<'> de con 
iRStar, pero disparó sobre las tropas americanas que cstuhan 
embistiendo contra las trincheras españolas. Después de una 
hora de combate, se ordenó que suspendiesen el fuego los bu- 
ques americanos, en atención A que el fuerte no respondía. 

La escuadra continuó haciendo disparos hacia el lado Sur dr 
U ciudad para despejar el canáno á las tropas americanas que 
daban el asalto, las cuales abantaban á medida que el campo 
iba siendo despejado por los españoles. 

A [a vanguardia de las tropas iban las baterías l'iah y As 
lor, pero como la primera tenia cañones de mucho peso no pu- 
dieron arrastrarse por los pantanos, continuando solo la bate- 
ría Astor á quien tocó la parte más ruda del combate. La se 
guian el 23° de línea y los voluntarios de Minnesota, á lo largo 
del camino de la margen derecha del río Pasig, á dond'> ya l.i 
escuadra no pudo prestar ayuda alguna. 

Al llegar i la unión con el camino de Cingalon la vanguard¡.i 
sorprendió las poderosas trincheras de los espaitoles. Inespera 
damente, los españoles hicieron una descarga terrible sobre 
los americanos matando á los artilleros de la batería de A^tor 
y á un soldado de los voluntarios de Minnesota La batería se 
- »Ii5 obligada á retroceder debido al mortífero fuego de los es- 
pañoles dejando abandonados dos cañones. Pero á tiempo llega ' 
ron las reservas al mando d¿l Coronel Overshine y con e,ste 
auxilio los artilleros lograron recobrar sus piezas haciéndolas 
funcionar nuevamente con más vigor. 

Los españoles se vieron obligados á retroceder hasta reple 
frarse dentro de la parte amurallada de la ciudad. 

El combate duró hasta la tarde. Convencidos los españoles 
de que sería inútil continuar por más tiempo haciendo resisier- 
cia á costa de tanta sangre, resolvieron rendirse después de ha- 
ben hecho una heroica defensa. Se enarboló pues una bandera 
de tregua por los españoles. 

El Cónsul velga de Manila. M. Andree, fué á bordo del 
<01ympia> y volvió con un teniente americano á donde e-stab:i 
el gobernador militar español, que confino en rendirse. 

El General Merritt se encaminó al palacio i las 3 y 30 mimí 
t09 y allí halló á los españoles formados en linca de bat.illa 
Los soldados rindieron sus armas, pero los oficiales obtuvieron 
el permiso de conservar sus espadas. 

La "Cruz Roja" dr California prestó valiosa ayuda A los en 
termos y heridos. 



316 

Pírfíetft orden reinó en Manila en la nochi- del 13 de Agosto, 
pues los americanos entraron á la ciudad y se pusieron guar- 
dias en turno de l:is atsas de iodos los extranjeros, con el fin 
de impedir que fueran saqueadas. A los insurrectos no so les 
pcrmititi tomar parle en ti ataque de la ciudad, sino que se les 
mantuvo á retaguardia de los americanos. Para evitar derra- 
mamiento dr sangre, se les vedó que entrasen & la ciudad des- 
pués de la rendición, como no fuera sin armas. 

Antes de capitular, los españoles quemaron el transpone -Ce 
bú" en p1 rfo Pasig. 

Kl General Merrill asumió el mando como Gobernador 
militar. 

Un despacho de Manila, fechado el dfa 18 dice que el núme- 
ro lolal de bajas por parle de los americanos en el ataque y to- 
ma de la ciudad, futf 46 muertos y 100 heridos 

Los espafloli's tuvieron 200 muertos y 400 heridos. L»s ame- 
ricanos trataron de no causar destrozos en la población y res- 
potar .1 los no combatientes; cinco rebeldes fueron fusilados 
por haber üiiqucado una casa. 

Kl general Merrilt publicó una proclama decretando que el 
eobierno provisional y l.is autoridades locales conservaran sus 
puestos y todo permanecería invariable. 

Una nueva proclama declaró que cualquier habitante que se 
resistiese A reconocer A las autoridades actuales sería tratado 
como infractor d"* la ley 
* El General Jardenes tuvo una entrevista con un representan- 
te de la Prensa Asociada en el curso de la cual dijo, que sa- 
bia que la lucha no ofrecía nin^ma esperanza, pero que trató 
de resistir A los americanos en nombre del honor; pi ro qoe es- 
taha decidido il rendirse por cuidado de los no combatientes, y 
que aplaudía la humanidad que hablan mohatrado los america- 
nos. 

KI General Augustfn no quiso presenciar la rendición de la 
ciudad que hubiera soportado aquel sitio proloneado por más 
de tres meses. Poco antes logró que se le admitiera á bordo de 
un vapor alemán, en compañía de su familia y su ser%'idumfere 
emprendió el viaje A Hong-Kong. 

Nombradas las comisiones respectivas por uno y otro ejér- 
t-'ito para discutir las bases de la capitulación, éstas llegaron A 
un acuerdo el día siguiente y la rendición se llevó A cabo. 

He aqui el parte oficial que recibió cuatro días después cl 
Gobierno de Washington. 

Parte oficial del Almirante Dcwey relativo A la rendición de 
Manila. 

•Manila, Agosto 15. - Al Ministro de la Marina.— Washington. 
~Lti ciudad de Manila se rindió boy A las cinco Oe la lardi- 



ai7 

i lis fdtrrza^ americanas de mar y tierra, después de un .luq'jc 
combinado Uno división üe la esiuadm bombanicd los fuer- 
tes y irinchoras de MuUlc ^ se:i el tado Sur de la ciudud, re- 
chazando al enemigo, mientras nuestras tropas avanraban por 
ese mismo lado y al mismo tiempo. La bandera americana fué 
enarbolada por el Teniente Brumhy. Hicimos cerca de 7.OO0 
prisioneros. La escuadm sufrió al^n;«s bajas, fnode los bu* 
, ques salii5 averiado. 

1 El dia 7 del actuaVel General Merrit y yo demandamos la 
' rendición de la plaza, pero el gobernador general se negó A ca ■ 
pitul a r. — [ F i rm a do ) . — A-ao. . 

— ■Hong Kong, Agosto 20.— Al ayudante General Corbin.— 
Washington.— Las siguientes son las bases de la capitulación de 
Manila: — Los subscritos, nombrados para las comi.siones que 
han de terminar las bases de La capitulación de la ciudad y 
defensas de Manila y sus suburvios y las tropas españolas esta- 
cionadas allí, de aci.erdo con el arreglo conveiiido el día ante- 
I rior, entre el Mayor General Wesley Merrit. General en Jeíe 
^ de las tropas de los Estados Unidos en las Filipinas, y Su Ex- 
celencia D. Fermín Jardenes, General en Jefe interino de las 
iropiis españolas en Filipinas. 

' Todas las tropas españolas tanto europeas como nativas 
capitulan con la ciudad y sus defensas con todos los honores 
de la guerra, depositando sus armas en los puntos designados 
por las autoridadus de los Estados Unidos, y permanecerAn en 
los cuarteles y bajo las órdenes de sus oficiales y Sujetos A las 
órdenes de las autoridades citadas hasta la conclusión de la pa» 
I entre las dos naciones beligerantes. Todas las personas in'-lui- 
* ' 5 en la capitulación permanecerán en Luzón; pero los oficit ■ 
\-ies harán uso de su casa habitación la que será respetada 
y mientras se observen las ordenanzas prescritas por su gobier- 
no y leyes vigentes 

2' Los oficiales retendrán sus armas al cinto, cabalgaduras 

y propiedades personales. Todos los edificios públicos y pro 

piedades públicas por lista detallada strán entregadas A lo.s 

oficiales designados por los Estados Unidos 

3° Dentro de diez dias de la fecha si- entregará A los oficia- 

KlCS de los Estados Unidos, una lista completa y por duplicado 

fr délas tropas rendidas y las propiedades pübUcas y material de 

K~|r(ierTH que se incluyen en la capitulación. 

' Toda cuestión relativa á la r<>partición de las tropas es- 
f ^taftolas ó sus oficiales y sus familias, deberán someterse al Go- 
I ¿temo de los Estados Unidos en Washington. Las familias es- 
rpsñoias podrán salir de la ciudad en cualquier tiempo que lo 



2l8 

deseen. La entrega de las armas á las tropas españolas se efec- 
tuará cuando estas evacúen la isla 6 lo hagan las tropas de los 
Estados Unidos. 

5° Los oficiales y tropas del ejército español incluidos en es- 
ta capitulación serán provistos, según cu rango, por el gobier- 
no de los Estados Unidos de las raciones y toda ayuda necesa- 
ria tal cual si fueren prisioneros de guerra, hasta la conclusión 
del tratado de paz entre España y los Estados Unidos. 

Todos los fondos en la Tesorería española y todos los fondos 
públicos serán entregados h las autoridades de los Estados 
Unidos. 

7° Esta ciudad, sus habitantes, igls.sias, sus instituciones de 
enseñanza y las propiedades particulares de toda prescripción 
quedarán bajo la protección y honor del ejército de los Esta 
dos Unidos.— (Firmado) E. N Green, Brigadier General.— B. 
L. Lamberton, Capitán de Navio de la Marina de los Estados 
Unidos de América.— Charles A. Witter, Teniente Coronel. 
A.— H. Crowder, Teniente Coronel y Asesor. -Nicolás de l;i 
Peña, Auditor General. — Carlos Reyes, Coronel de Ingenieros, 
—José María Oriatu, Jefe de Estado Mayor.— (Firmado) Merritt. 
Mayor General.» 

El día 21 llegaron á Manila los transportes «Puebla» y «Perú» 
teniendo á su bordo á las tropas de los Generales Ottis y Huges 
las cuales una vez desembarcadas aumentaron la numerosa 
guarnición de la ciudad. La toma de Manila por los americanos 
alentó á los insurrectos de las demás islas á la rebelión contra 
la autoridad española. Algunas ciudades fueron tomadas des 
pues por los rebeldes, los peninsulares maltratados y encarce 
lados los inofensivos religiosos. 

A fines de Noviembre de 98 había en las prisiones de los re- 
beldes filipinos más de 6,000 españoles, por cuyo rescate pedían 
una fuerte suma. 

En los tratados de paz de España con Estados Unidos se es- 
tipuló la libertad de los prisioneros políticos así españoles como 
cubanos y filipinos, por lo cual lo de exigir dinero por la liber 
tad de los españoles no pasó de un buen deseo de los revolu 
cionarios. 



CAPITULO XV, 



I Bruñido tn I'aiI" -if laa KonuNionBs espal 
Udo« (le paz ~Rcsiiltai)i> <lc las cor 



«.-Oiiinio 




I 



iiiibradiis las comisiones respeciivas por una y otri 
nación, dieron priocipio á sus labores en los prime- 
ros días de Octubre, Las conlerencias tuvieron lU' 
_ I yar en el suntuoso edificio del Ministerio de Relacio- 

■í en París. 

La Comisión americana presidida por el Juez y ex-MinÍstro 
Willam R. Day la componían los senadores C. R. Davis, W. 
P. Tuye, Weneiew Read y G. Qray. El Secretario lo fu^ Mr, 
Moore. 

En cuanto :i la española, cuyos nombramientos fueron acepta- 
dos con visible repugnancia después de grandes instanci.ts de 
parte del Gobierno, la formaban el Sr. Montero Ríos, comopre- 
tiidente, y los señores. General Cerezo, Arbazu/a, Garnica y 
WÜUumitia. Secretario Sr. Ojeda. 

Las discusiones se prolongaron por más de dos mese?, aun 
cuando el resultado se esperaba pocos días despuís de haberse 
reunido los comisionados. 

El primer punto objeto de disensión para las comisiones fu¿ 
el porvenir de Filipinas. Los americanos, & nombre de su Go- 
bierno exigieron la sesión del archipiélago á la cual con pal- 
niMÍa justicia y ale^fando razones fundadas en el derecho in- 
tMUacional, pretendieron oponerle los españoles. 

La misión de los representantes de España y Norte Améri- 
ca era fijar en un texto conciso y detallado el Protocolo que dos 
meses antes se habfa firmado en Washington. Descender .í 
Iñt' minuciosidades que aquel documento no pudo abarcar 
debido i la premura con qjc las circunstancias exigían se ter 



220 

minara, en bien de los intereses de los beligerantes. Se tenírt 
que desarrollar los puntos que esencialmente ó en extracto cons 
taban ya en el protocolo, sin añadir nada diverso, sin alterar lo 
esencial de él. 

Por esta razón, además de la j^rapide injusticia que envolvía 
\a. demanda americana sobre las Filipinas, pareció A los comi- 
sionados españoles que era apartarse de las estipulaciones con- 
tenidas en el Protocolo el exigir una nueva y capital concesión 
que cambiaba radicalmente la índole del convenio primitivo. 

En efecto, en el artículo 3° del Protocolo relativo á Filipinas 
nada se dice de su adquisición por los Estados Unidos y si se 
establece que será ocupada la capital del Archipiélago por la^ 
fuerzas americanas así como la bahía de Manila «mientras se 
concluía el tratcido de paz.» 

Los comisionados españoles rechazaron naturalmente la in- 
noble proposición americana, lo cual vino á entorpecer la mar 
cha de las negociaciones al grado que, no queriendo ceder ni 
los americanos en su injusta demanda ni los españoles en con 
cederla, se llegó á dificultar una solución pacifica, ó loque es 
lo mismo, no quedaba otro camina que el de continuar la güera. 

En tal extremo los comisionados americanos presentaron un 
memorándum A sus colegas españoles retirando con exigencia 
la cesión del archipiélago y señalando un plazo perentorio de 
una semana para que se contestara á sus pretensiones, asegu 
rando que en caso de no accederse á ellas, darían por termin.i 
das sus labores y lo notificarían á su gobierno para que se con 
tinuaran las hostilidades. 

En tal extremo, y ante la imposibilidad material de i^.spaña 
para aceptar la prosecusión de la guerra, tuvieron que ceder 
los comisionados ante la fuerza bruta, tolerando, pues no puedr 
decirse que ha\'an aceptado, la expoliación consumada por el 
vencedor. 

La prensa francesa fué la primera en hacer notar la aberrii 
ción americana. 

«Le Temps- dijo con fecha 30 de Noviembre: 

iLos americanos realmente intentan abandonar la doctrina 
Monroe? ó ;intentarán todavía sostener esa insostenible doctri- 
na? De las últimas noticias que tenemos á la mano, se deduce 
que los americanos están atacados de fiebre territorial. ;l)ónde 
acabará todo esto? 

tSi los americanos se proponen mezclarse en el Asia, ;quc 
impedimento hay que les prohiba mezclarse en el África? En 
nuestra opinión, las Potencias cometieron un error irreparable 
cuando se negaron á evitar la guerra ibero-americana.» 

•Le Figaro» opina que ho}- que la guerra se ha terminado 
Inglaterra y los Estados Unidos tendrán sus dificultades con 
motivo de ía división de los despojos. 



221 

•Es increíble, dice, que el inieré.s de Iiii^kiicrra ha\a sido 
puramente por amor á sus hijos rebeldes. La ínglalera no está 
establecida bajo estos principios. Muy pronto demandará su 
parte de los despojos, y es de preguntarse que los yanques en 
medio de su desmedida ambición están dispuestos á dar al Cé- 
sar lo que es del César. \o tendremos mucho que esperar, 

«Le Soleil* dice: Xo tardará mucho on son^r la hora en que 
los americanos recibirán el condif^no cast¡t:jo por su ambición. 
Las Filipinas serán para ellos una inversión mu3'cara. Las Fi- 
lipinas «irruinaron á España y esas mismas islas serán los arre- 
cifes donde la nave de la nación americana va á estrellarse. 
Los Estados l'nidos se han apartado de los ¿gloriosos principios 
que la hicieron tan grande, y su expiación será segura, aunque 
t:il vez no tan pronto.* 

Allanada la dificultad que presentó la cuestión filipina para 
tórmino de his negociaciones de paz, éstas avanzaron rápida- 
mente. A fines de Noviembre pudieron llegar á un acuerdo fi- 
nal y el día 30 se convino en las bases del Tratado, que debían 
redactarse para s^r firmadas en seguida. 

Los artículos que abraza el Tratado son diecisiete y se re- 
lacionan con los I untos siguientes: 

Art. 1*^ España renuncia á su soberanía sobre Cuba. 

Art. 2^ España cede á los Estados l'nidos la isla de Puerto 
Rico, y las otras islas que c.^tán bajo el dominio de España en 
las Antillas, así como la isla CVuan del grupo de las Ladronas. 

Art. 3^^ Cesión del Archipié'lago filipino, mediante una com- 
pensación de 20.0u0,00ü de pe^os. 

Art. 4^^ Contiene los detalles relativo.^ á la cesi<'»n de iMÜpi- 
ñas, la liberación de los españoles prisioneros de los tagalos, etc. 

Art. r»* Se refiere á la cesión de los cuarteles, del material de 
jjuerra, de los almacenes, de los edificios y de todas las propie- 
dades pertenecientes á la idministración española en l'ilipinas. 

Art. ó*' Contiene la renuncia de ambas naciones á toda re- 
clamación mutua. 

Art. 7'-* Concede á España durante «-I término de diez año.s. 
los mismos derecho.-^ que á los listados Unidos para su cv>mt'r 
cío y su navegación en l'^il ¡pinas. 

Art. y^ Se refiere á la libertad de todos lo.s priNiOnt r-Js .1* 
¿iUerra hechos por España, así como de los individuo.^ apr«h«n- 
didos por crímenes ó delitos políticos cometidos m l¡is CmIomI.i-n 
cedidas á los listados l'nidos. 

Art. ^♦'^ (Garantiza los dereehos le^.-tles de lo-> t^pañ"!.. -s rr>i 
dentes en Cuba. 

ArL 10" l^stablece la lihertad religiosa en l'ilipin.i- \ »'»ni 
de los mismos derechos á todas las Iglesias 

Art. 11' Se refiere á la eomposiciíMi de i'»J i vi i-^ ■ -i ini>ii 
nales en Puerto Rico v en Cuba 



222 

Art. 12^ Se refiere á la Administración de la Justicia en Cu- 
ba V en Puerto Rico. 

Art. 13^ Concede á España, durante cinco años, la conserva 
ción de sus derechos de reproducción y de autores, en los te 
rritorios cedidos, así como la admisión, libre de gastos, de li- 
bros españoles en dicho territorio. 

Art. 14® Trata del establecimiento de consulados españoles 
en los territorios cedidos á los Estados Unidos. 

Art. 150 Concede al comercio de España, en Cuba, en Puer- 
to Rico y en Filipinas, el mismo tratado que al comercio de los 
Estados Unidos, durante diez años. Los buques españoles ser*1n 
considerados como costeros. 

Art 16^ Estipula que las obligaciones de los Estados Uni 
dos respecto á los ciudadanos españoles y de sus propiedades 
en Cuba, cesarán cuando los Estados Unidos abandonen la au 
toridad que van á ejercer sobre la isla^ 

Art. 17<^ Dice que el tratado debe ser ractificado por los dos 
Cxobiernos durante los seis meses que seguirán á la fecha de l.i 
firma de las dos comisiones. 

El tratado se firmó el día 10 de Diciembre de 1898 á las 9 v 
15 minutos p. m. 

En el mismo documento se hizo constar una valiente y enér 
gica protesta de España contra la conducta de los Estados 
Unidos, que contiene, entre otras, estas frases: 

-Las concesiones que nos han obligado á hacer, nos afectan 
menos que el insulto lanzado á nuestra patria por el Presiden- 
te McKinley en su mensaje al Congreso, respecto al incidente 
del "Maine," y nos proponemos de nuevo intentar someter la 
cuestión á un tribunal internacional, compuesto de Inglaterra, 
Francia y Alemania, para que determine quién ha de cargar 
con la responsabilidad de la catástrofe.» 

Y en otro lugar dice la protesta, sobre el mismo asunto. 
*España ha propuesto el arbitraje; pero los Estados Unidos 
se niegan á concederle el derecho que se otorga á los crimina 
les, á saber, el de defenderse. 




-«M«» v-> otio s.-»— -oí 



CONCUTSION. 




orno en los niom» ntos que t^*rminnm(>s la seufunda 
edií'iún déla Historia Je la CiiUTra Hispano Amtrira- 
na, apenas acababa de firmarse el tratado deF'arís, pa- 

ra concluir la pa/, nos vimos en el caso de apelar 

al testimonio de la prensa para reunir las incompletas notas 
que publicamos en el capítulo anterior relativas á dicho trata- 
do, en la imposibilidad de disponer de otras Tuentes históricas. 

Al cerrar nuestro libro no quedamos en la comisión de que 
él no pueda contener quizás altri'm error, pues no v-reemos qui- 
los libros históricos no contengan errores. 

Al gran historiador Cesar Cantú lo hemos visto al juzgar á 
D, Benito Juárez incurrir en tales inexactitudes, que un hijo 
de este hombre célebre los ha hallado insultantes y aun calum 
niosos á la memori.a de su pa» re. 

Nosotros hemos procurado despojarnos de toda pa.sión en el 
i-urso de nuestro trabajo, ahorrando las propias simpatías, mu 
chas veces, que el pueblo español nos inspira y con el cual fra 
ternizamos porqiu' pertenece á la misma raza latina, así como 
por la identidad de creencia, costumbres é índole. 

Con todo, á pesar de hab( r suprimido nuestros propias jui- 
cios; Á pesar de omitir los comentarios á que se presentan mu 
i'hos episodios de la i;uerra, la .sola narracjí^n (!<• los sin» •>,«»>, 
descritos creemos cjue constituye el mejor comentario v la mi;'i> 
enér«jfica de todas las protestas que pudieran hacerse c(>mra la 
cadena de injusticias y atentados de qu'- ha sidt> víctima h'*^ 
pafia. 

Nosotros hemos luchado por dejar i^onsimiada la \ < td i<l ^•t- 
brelos heehos hi'^líM'icos porque, rep(Mifno->. iM'rcmov 1 i in« j-m 
protesta, aun cuando la lii^iurivi que ('Tmin.mio^ ir-iiva i»'» di. 
iurosü recuerdo para lo^ lun-nos hijos de l'-pañ.i 



224 

Sólo nos resta consagrar los últimos rcn^ílones de nuestro li- 
bro al homenaje de tantos marinos como sucumbieron, márti- 
res del deber y el patriotismo, en las batallas de Santiago y 
Cavite, no menos qut- al de los soldados muertos (*n la épica 
defensa de Cañe}' y Santiago. 

Sus nombres quedar.in n^splandecientes en los bronces de la 
historia y su patria los cubrirít agradecida con el manto de la 
inmortalidad. 

Cumple también á nuestro propósito insertar á continuación 
algunos documentos, de origen español, que dan i\ conocer el 
verdadero estado de la opinión pública respecto á los tristes 
sucesos, que acabamos de referir. 

Kn ellos damos lugar preferente al juicio crítico del Señor 
Andrés Barral Arteaga, distinguido miembro dt- la coljnia 
ííspañola en la ciudad de México, \' á quién debemos la narra- 
ción de la batalla en que fué destruida la escuadra en Cavite 
según manifestamos en el lugar que corresponde. 




' Opinión Española sobre la Guerra 



Vamos A pe rmÍiÍrii')-« h.wer un Ueero esamen de los iintece 

denles de la uuerr i hisp^nn amerii.':iti!) y sus r(«ult;idos, procu 

r^ndo demostrar que h\ cau^a del desastre sufrido por Espafi;i 

no ha '^iJo oira qup la inepiUud dP su Gobierno 

Mienir;is pstuvn .i1 (rente del Gobierno español el malogrado 

1 4 innlvídahle Cánovas del Cistillo la previsión y el acierto guin- 

[ ba(t los «fios de aquel respetihle cuerpo. Podíamos decir qur 

1 entonces E-ip.ifta no lenla ni prnvoc;iha la guerra y sin embar 

I ¿a.t^knaba l^i-' prer¡iuciones qne la prudenria aconsejo; en otros 

1 Urinjnos. se disponía A la (¡fuerra. conforme á aquel apotegma 

I Antiguo: «Si vis pacem para bcllum:- es decir. estab;t prevenida 

I contra eu^lquiera emergencia. 

Ante los densos nubnrronesque t-mpezfiban áobsrurecer <-Í 
I cíelo de nuestra p;itr¡T el Gabinete Cánovas gestionó la compra 
I de buques de guerri pocí> antes de su trágica muerte en el e^ 
\ lablecimienio b.-ilnenrio de Santa Águeda. 

^Por qué el Gabinete suce.sor no dirt cima d estas gestiones- 
No lo sabemos; pero nadie nos podr.1 dar una respuesta que 
I disminuya en algo siquiera, los graves cargos hechos al Gabi- 
nete de Saijasta oor su falta de palrioiismo. 

Nadie .■«"e expli'-i. sin pensnr involuntariamente en algun.i 

traición, cómo aqu^los arréelos para la compra de buques de 

, guerra h ivan sido abandonados en víspera del conflicto con lo-- 

Efltados Unidas. • 

Con la desaparii-ión de Qinovas del Castillo principian l"^^ 

errores v las torpezas del Gobierno. 

El gabinete presidido por D. Práxedes Mateo Sagasta aban- 

, dona la política de su predecesor y si rué una linea d«conduCT.i 

opuesta á los intereses de la Nación. 

No asf el Gobierno americano que mientras ensaya la punte 

L rí* de los cañones de sus numerosos buques de guerra, aleccio 

nnba al cónsul Wildam en Hong-Kong y al ministro Woodfonl 

en Espafla para que obrando de concierto con los plane.-í idea 

dos por McKinley preparasen el resultado que l¡i diplomai'i;i 

maduraba desde mucho liempo antes. 

El cónsul Wildman que estaba muy cerca de nuestro Archi 
piélago Kilipino. conoció á la perfección la falta de defensas en 
estas colonias y 'a casi nulidad de nuestra escuadra de Manila, 
«ostuvo constante comunicación con el Gabinete de Washint 
ton, desde el puerto de Hong-Kong, teniendo á aquel muy al 
corriente de lodo lo que se relacionara directa O indireciamen 
te con la guerra. Hl infatigable cónsul no d.ú ni por un mo 
mentó tregua d sos labores; pues logró por medio de astuci.i - 



2 26 

Ó poi el dinero cerciorarse minuciosamenu- de la verdadera si 
tuación de Filipinas, ayudado por los numerosos agentes chi- 
nos é ingleses, pródigamente retribuidos. La atracción d% los 
artilleros británicos para Ui escuadra Otuey, fué uno di* sus 
golpes más audaces. 

Parece cosa averiguada, que por desgracia aún no se extir- 
pa por completo en nuestro país esa maldita raza de los Oppas. 
Los sucesos que todos los españoles hoy lamentamos, han ve- 
nido á revelarnos tan dolorosa realidad. Ks necesario abrir unn 
minuciosa averiguación y tomarles cuenta estrechísima á to- 
dos los individuos, sean quienes fueren, los cuales hayan toma- 
do algún participio en los acontecimientos que tanto han cons- 
ternado y aún consternarán á Kspaña. La síilud nacionaí así lo 
exige y lo reclama. 

¿Qué medidas toitió nuestro actual Gobierno para conjurar la 
horrorosa tormenta que amenazara á la X;iciór? Xinguna, 
absolutamente ninguna. Se nos objetará qur fuimos estrecha- 
dos y compelidos á la guerra; más debemos h.«cer constar que 
nuestros políticos no agotaron todos los recursos de la diplo- 
macia para evitarla, puesto que no nos encontrábamos en con- 
diciones de poderla aceptar con alguna probabilidad de buen 
resultado. Tampoco admitimos la hipótesis, de que el pueblo 
orilló al Gabinete de D. Práxedes á aceptarla. Lo único qiw 
hizo Sagasta fué llevar á la Nación á la contienda, no por sa- 
tisfacer la voluntad del pueblo, en el ca.*^o problemático que t'-s- 
te realmente la hubiese deseado, sino más* bien por salvar á l:i 
^ctual dinastía irremisible y grandemente comprometida al no 
atender á las justas exigencias del país, hondamente indignado 
con las humillantes pretensiones del G.ibinete de \/ashington. 
Creemos que la Patria está sobre todas lns t onveniencias, y 
ella es 1^ que debe tener en todos los cjisos y circunstancias, el 
lugar preferente. 

Y suponiendo, sin conceder, que el pueblo positivamente 
hubiese comprometido y obligado al Gobierno á recoger el 
guantf arrojado por el coloso norte americímo, ;se había pues- 
to ese mismo Gobierno á la altura de su misión, dadas h\s cir- 
cunstancias por que atravesaba el país desde que se inició la 
revolución antillana? No; la América del Norte ya nos tenía de 
clarada tácitamente la guerra desde hace mucho tiempo, de 
mostrándonoslo con toda evidencia al impartirle franca pro- 
tección á la guerra de Cuba. Pero nuestro apático Ciobierno no 
se preocupó ante el grave problema presentado á nuestra Na- 
ción. No solamente dejó de evitar el mal, pero ni aún siquiera 
lo había previsto, como era su obligación. La malhadada auto 
nomía concedida sin previo y concienzudo examen á los des- 
contentadizos cubanos, fué el principio do nu( stro calvario, por 



a?7 

más que &c- proclamara en enfático dbi-iirño, dicho en Zarítg*'- 
za por U. Siyiimundo MOreí, que la untoiiomin era ¡a paz 

¡Qué preparativos tenia hecho nuestro Gobierno ante la íne 
rjtable perspectiva de la guerra? ¡íolemne burl:il ni Cuba ni 
Ptierio Rico, ni mucho menos las lejanas Islns Filipinas po- 
aefan los mas indispensables elementos de defensa, llegándose 
hasti) ignorar rt dejar de advenir la anticipada permanencia de 
la escuadra americana en las aguas asiiliicas, que debfa causar 
bien pronto nuestro primer desastre. Rl crimin.Hl abandono del 
Minislro de la Guerra almirante Bermejo, fué tan grande que 
permJiiü zarpase del puerto de Cádi?: la escuadra de Cerver.i 
llevat do tan solo Ireittia cartuchos por pieza de artilteria No 
menos Jesdiibada fué la láLtica que observara su sucesor el 
Ministro, c;ipii,ín de navio, D. Ramón Auflón. 

Es cosa comprobada que la escuadra carecía de larbón y mu- 
niciones, faltánd' lesa tos cabos de cartñn la instrucción neee- 
sarii^ y la practica indispensable para el buen manejo de la ¡ir 
tíllerfa, y era tan notoria la carencia de esos conocimientos en 
dichos cabos, que tan solo habían hecho tres disparos, mucho 
tiempo antes con los cañones de 14 centímetros, y aháOlutaroen- 
- íe ninguno con los de 28; esta aseveración ha sido* ratificada 
por los mismos oficiales de nuestra Armada. -;Querría decimos 
el Sr. Ministro de Marina, para qué servirán esos barcos ense- 
nlejanlps condiciones? ¿Quién ordenó á Cervera saliese de las 
posesiones portuguesas de Cabo Verde, y quién, por último, 
dispuso entrar 3 la ratonera de Santiago la escuadra de >u , 
mando, para abandonar mucho tiempo después esa bahía, y 

r destrozada por la formidable flota de Sampsor? L'sted Se- 
flor Auflón y el general Correa así como su predecesor de Ud. 
él almirante Bermejo, son reos convictos del feo crimen de lesa 
patria. 

Ineptitud é imbecilidad supinas se necesitan para proceder 
con la punible torpeza con que ustedes han procedido en toJo 
lo relativo d la desastrosa guerra que ha llevado á nuestro in- 
fortunado país á la deshonra. A' qué diremos de nuestros mag- 
nates políticos, qué hemos de decir de esa turba inlecta y dañi- 
na que á su debido tiempo desoyeron las incesantes indicacio- 
nes de nuestros cónsules, y délos marinos agregados íi la lega- 
ción española de la República Americana , cuando estos btienos 
ser^'idores de la Patria anunciaron al Gobierno los preparati- 
vos y planes de lucha, del Gabinete de Washington, con tres 
afios dS anticipación? Tan indigno proceder no puede calificar 
se sino con los más duros y enérgicos epítetos. La maldición 
que arroje sobre ellos nuestra patria sería débil y benigno cas- 
tigo, dada la magnitud de sus delitos 



2.8 

Hemos hablado de las pésimas condiciones y deficiencias de 
la escuadra de Cervera, que era. como si dijéramos, lo más 
florido de nuestra Armada. ;SerA necesario añadir al<runa sí- 
laba respecto á los apolillados tablones, que manteníamos en 
las Filipinas? Indudablemente que es inúiil haWar dr ello 

Inconsecuente r\uestro Gobierno no sólo con las leyes de la 
estrategia sino hasta con el sentido popular, que bien claro 
veía la inutilidad de nuestra pequeña escuadra en airuas c\ih'\- 
ñas, señalando, en medio de halacadorí» esperanza, la ruta del 
Cabo y el mar de las Indias, á fin de llegar todavía X tiempo 
para ven^íar la hazaña del comodoro lor^re Dewey. Poco hu- 
biera hecho en Manila el contralmirante D Pascual Cervera, 
si nos atenemos, como es natural á la situación que jruardaban 
sus navios, pero menos, muchísimo menos, llevó á rabo en su 
encierro de Santiago. Nos causa profunda y verdadera indig- 
nación tener que recordar la tan cacareada esenadra de Cáma- 
ra, pero el deber que nos hemos impuesto no*; f.bliL^'^ recordar- 
la, aunque sea contra nuestra volunta i. 

Mucho tiempo antes de que nuestro.^ indefensos barcos de 
las Pilipií/as fuesen destrozados por los grandes cruceror. nor- 
te-americanos, el contralmirante Monto jo había redamado con 
toda oportunidad el envío de un crucer(^ de combate para re- 
forzar en lo que fuera posible, su importante escuadra. Nuestro 
Gobierno no se ocupó absolutamente de la suerte ile este bra- 
vo marino, abandonándolo á sus propias y escasas fuerzas con 
las que tuvo necesidad de hacerle frente al poderoso enemigo. 
Nuestras murallas de la capital del Archipiélago habían sido 
no sabemos por qué desartilladas, cambiándc^e las mejores pie- 
zas á Subic no para montarlas como era natural y preciso, 
atendiendo á la defensa de este puerto, sino para dejarlas tira- 
das y abandonadas entre la arena. Al país se le engañó misera- 
blemente ofreciéndole con bombo inucitado que se enviarían 
con toda oportunidad refuerzos á Filipinas, de mar y tierra, 
alentándonos legítimamente los españoles con la iniciación de 
la partida la escuadra de Cámara del puerto de Cádiz con 
rumbo al Archipiélago filipino. Pero nuestro regocijo pronto 
había de trocarse en profunda indignación, porque contra todo 
lo que nos e.sperábamós, y aunque, efectivamente zarpó dicha 
escuadra hacia el Oriente, su gira expedicionaria se concretó á 
visitar las aguas egipcias no pasando de Port-Said, regresando 
inmediatamente á la Península, después de haber realizado tan 
inútil viaje, costándole éste á la Nación mucho dinero, porque 
además de los gastos indispensables, hubo nece«:idad de pagar- 
se 80,000 duros por derechos de tránsito á la Comp-iñíu de] Ca 
nal de Suez. 



229 

B Tieron en la necesidad de luchar casi constantemente sin re- 

r su paga, haciendo frente, llenos de resiguaci6n, al hambre, 

a más espauloaa miseria, y á lodo género de eufeimedades que 

melmente los diezmara. Al infortunado y heroico general Va- 

"ra de Rey se le abandona en Caney 4 la cabeza de un puñado 

de valientes, lo mismo que a! general Linares. 

Otro lauto acontece con el pundonoroso general D. Basilio 
Agustín en las Filipinas, que nunca llegó á recibir los refuezos 
que el gobierno le ofreciera, viéndose al fiu obligado á abando- 
nar el país, después de sostener desigual y heroica lucha por es- 
pacio de tres meses consecutivos, uo autorizando de este mudo 
con fiu presencia la capitulación de Manila, y evitando al mis- 
il tiempo más derramamiento de sangre, cou la proIoDgacióa 
de una resistencia inútil. Sería Imposible para nosotros señalar 
Hinto por punto, todos y cada uno délos desmanes y errores 
;ometÍdos por nuestros gobernantes, pues necesitaríamos ocu- 
r muchas páginas, y se baria interminable este libro. Básteme 
•cir, por última vez, que ellos esclusívameute son los respou- 
lables de todas nuestras desgracias y calamidades. Tenemos 
' además la convicción de que no está lejano el día en que la luí 
de la verdad se abra paso, y eutonces nuestra desventurada 
hBspaña conocerá á sus pérfidos servidores. No nos hacíamos la 
Tloslóu de poder vencer al enemigo, porque éste era superior 
1 número y en elementos, pero tampoco hubimos de au- 
ranemos que nuestro Gobierno había de buscar una paz tan 
Beolgrante, aceptada por el Gabinete de Washington, cuando 
■óu teníamos fundadas probabilidades de continuar luchando, 
i nó para vencer, repetimos, sí al menos para conseguir mayo- 
más honrrosas ventajas, al firmar el abominable Protoco- 
I, Bs dolorosamente cierto que nuestro aniquilamiento en el 
mar habla sido completo, pero todavía nos quedaban en Cuba 
más de cíeu mil hombres dispuestos á pelear hasta el último 
momento, el cual ejército había originado no pocos descalabros 
Tá Us huestes enemigas, máxime cuando éstas comenzaban & 
diezmarse á causa de las numerosas enfermedades producidas 
jior la falta de aclimatación. Aunque no nos deslutnbran loa 
L galones ni las charreteras debemos hacer constar que el ejército 
Iba estado á. la altura de su elevada misión, habiendo cumplido, 
a lo general, con su deber luchando hasta morir cuando era 
reclso, y obedeciendo con toda disciplina las órdenes superio* 
B aunque éstas pugnaran con sus conviccioues y principios. 
Nuestros hombres de Estado, uo teniendo armas posibles con 
3lue defenderse, pretenden ahora lanzar sobre el ejército el 
mbenito de In deshonra y del ultraje, descargando en él sin 
^ItstJciB dí razón el peso abrumador de todas Ins responsabilida* 
roes. LoB que nos encontramos separados de las altas e-f-iosdel 



230 



Poder, los que vivimos alejados del círculo impuro, corrompi- 
do de la política, no podríamoü justiñcadameote hacerle car- 
go á la digna inatitucióti que nos ocupa, principalmente cuan- 
do sus hechos y honrosos antecedentes históricos la poueu al 
abrigo de toda sospecha; los tuií'Dios jefes y oficiales norteame- 
ricanos, y aun la prensa blspanófoba é iracunda de aquel país 
han beciio merecidos elogios de la bizarría con que lucharoa 
nuestros soldados y marinos, á quienes llamó el Emperador 
Guillermo II: "iVaüeules, pero desgraciados!" 

De la actual política del gobierno ni aun siquiera podemos 
esperar ya las atrevidas empresas y loa idealismos, desorgani- 
zadores, pero graudes y generosos de tiempos no lejanos, por> 
que en medio de sn decreptitnd carece de ánimo y de entereza, 
y sólo tiende á su propia couservación antes de coasentir ser 
noblemente vencida, en los rudos pero honrosos embates de la 
lucha. El desenlace de los acontecimientos que hoy lamenta- 
mos puede sernos tal vez ventajoso. Con el pretexto colonial 
se imponía la necesidad de mantener constantemente sobre las 
armas un numeroso ejército, que originaba graudes mermas á 
nuestro exhausto Tesoro nacional. Por el mismo motivo nos 
hacíamos la ilusión de poseer una escuadra que no existía, y 
que sin embargo su presupuesto cuesta á la Kación muchos 
millones de pesetas. Ahora no debeu de pesar sobre el país 
esas gavetas. No es necesario ya sostener tantos soldados, uí 
conservar tampoco esos cascarones viejos que hoy yacen en SU 
mayor parle en las profundidades de! Océano, 

No sufrirían más las desventuradas madres que veían con ho- 
rror el alistamiento de sus hijos para irle á servir al Rey ea 
las apartadas y mortíferas regiones de sus dominios, donde tan- 
tos infelices perdieron su extsteucia sin que hubieran recibido 
los últimos consuelos que les impartiera una mano amante y Cft- 
riñosa. Por el contrario, bendecirán á Dios una y mil veces por 
haberlas librado de tan cruel y tremendo azote. Los que lamen- 
taráu profundamente la pérdida de nuestras colonias, son esa ca- 
teiva de hambrientos individuos, que como aluvión desenfre- 
nado irrupciouaban constantemente los principales puestos en 
la administración pública debido al punible favoritismo del ca- 
cicazgo. Ya no habrá para ellos la facilidad que antes tenían 
de enrriquecerse de la noche á la mañana ni de regresar con 
humos de grandes señores á la Metrópoli, para disfrutar enell* 
e\ /amiente que les proporcionara el no despreciable producto 
de su insólita rapiña. Nuestras provincias de Castilla y Extre- 
madura, y otrasmuchas. poseen extensas y fértiles llanurasdoD* 
de con el esfuerzo de la laboriosidAd y hi constancia, pueden 
alcansar magníficos y honestos resultados. Ahí es á donde de- 
bendirigirsus miradas todos aque!lo3 sujetosque ayer esquihaa- 



231 

rail sin escrúpulos, Us cxfaabeíantes fuentes de riqueza de nues- 
tros tesoros ultrsmaxinos. El Gobierno que venga á levantar á 
la España de esa abrumadora postraclóu que enerva su vigor y 
su grandeza, al optar por una política de sabia reconstitución 
ecouómica, debe tambíéu transformar cuanto antea esas espa- 
das y bayonetas, hoy cesantes, en arados y demás implementos 
propios para nuestra abandonada agricultura. 

La humanidad en general ganaría no poco si se realizara el 
actualmente debatido proyecto de desarme universal; todos 
esos brazos paralizados, todas esas energías sin acción podrían 
tener brillante éxito si se emplearan en el desenvolvimiento y 
desarrollo de la industria, las artes y la agricultura. Nuestro 
país debe ahora acomodar su vida á la situaclóti de ingente 
estrechez en que se encuentra, pero, por supuesto, sin renun- 
ciar ni uu solo instante á sus elevados destinos, aviniéndose 
resignado á los iufortuaios y á la desgracia que hoy lo agobian 
sin clemencia. Ahora más que nunca debemos aplicar los gran- 
des remedios á nuestros enormes males, poniendo en armonía 
los medios con el ñu, cosa :n que jamás hubimos peusado an- 
tes. Habernos vivido en uu sueñu profundo y constante, y hoy 
que nuestros delirios de grandeza se han convertido eu terrible! . 
y espantosas realidades, nos asustamos con nuestras desgracia» I 
y miserias, y aún queremos desfallecer abrumados por el enorme 
peso de nuestros infortunios. Descalabros quizás más Importao- 
tes y dolorosos hemos sufridos antes, sin haber dado muestras 
tan marcadas de abatimiento y de desesperación. Perdimos en , 
los reinados de los Felipes, á loa Países Bajos, á Portugal y Gl- 
braltar; más tarde hubimos de renunciar á nuestra soberanía 
sobre Ñapóles, Sicilia y Tánger, empezando después, durando 
el reluado el Carlos III, la desmembración del entonces nuestro 
vasto imperio americano, perdiéndose éste, casi en su totalidad, 
por el imbécil y pusilánime Fernando VII. 

No son, pues, nuevas nuestras desdichas y por más que és- 
tas uos sean profundamente sensibles, repetimos, no debemos 
renunciar al imperio de nuestra legendaria grandeza. Todas las 
prHcipales naciones han sufrido su Watetloo; y tras {te ese 
doloroso vía a-ucis que pone hoy á prueba nuestra entereza y 
abnegación, pueden ocultarse no lejauos días de bienestar, para 
nuestra Patria. 

Es menester que todos nos decidamos á emprender la árdna, 
pero grandiosa tarea de nuestra reconstitución interna y de 
nuestra rehabilitación ante el mundo entero. Hay que salvar 
los restos de nuestro patrimonio nacional proscribiendo pan 
siempre efa maldita política que nos ha perdido y aniquilado 
constantemente. No debe Kspaña, no puede resignarse nuestro 
país á las abyecciones de sus desastres actuales, cuando por 



2J2 

forluna aún no llega al completo ngotamieato de sus graudes 
elementos de vida. Poseemos todavía las Baleares, las Canarias 
y las plazas del Norte de África, que es hacia dnnde debemos 
diiigir nuestras aspiradoues predilectas, después de atender con 
esmero á todas nuestras necesidades interuas. 

Profunda Indignación nos provoca el inicuo proceder de Nor- 
te América, cuyo país, atrepellando á la raión y á la justicia, 
viene á airebatarnos villanamente lo que hubimos de Ciiuservaf 
por espacio de cuatro siglos, y á la fiitizs de nnestra pro- 
pia sangre. Es una burla sangrienta el atreverse á tomar en 
.aerío. los puerllex pretextos dados piir aquella Nación parí 
sancionar aute la faz del mundo ku p¿r&da conducta. Ks un 
sarcasmo inaudito el LOii.siderar tjue t.se país proceda de buena 
fe, llevando su nobleza hasta d sacrificio, en aran sacrosantas 
de la bumauided. Nó, uo es punible que el c¡ne cono/ca el cspí* 
titu de ese pueblo fnniorlal, que el que haya estudiado su índo* 
le y su histida, lo considere dotado de las grandes virtudes y 
lo juzgue capaz de practicar el bien, á ci^sta di> sn% intereses y 
conveniencias. Antes que los Estado.s Unido-i declarasen injus- 
tamente la gneira á K^paña, los hombres pTominente:.sde nquel 
país llenaban de elogios á los principales jefes de la insurrección 
cubana; hacían notar las buenas cualidades que adornaban á 
los Maceo, G6meí, García y demás c(»l>ecinas, considerándolos 
dignos de que el Gobierno de Washington le.s concediese la be- 
ligerancia. Poco después, no satisfechos \os vanÁrees con esa pre- 
rrogativa hacia los cubanos, hicieron formal promesa de que l« 
Grande Antilla se haría independiente de la Metrópoli, arras- 
tiando A nuestro país á desigual y ventajosísima contienda, se- 
guros ya det triunfo, dada la supeiioridad en número y en ele- 
Es, por último, invadido el suelo cubano y cuando apenas 
las huestes del general Shafter huellan con sus disformes plan- 
tas las vírgenes playas antillanas, y sin conocer á fondo á los 
que fuesen poco tiempo antes motivo de su admiración y sim- 
patía, se desata dicho general americano en terribles imprope- 
rios contra los jefes cubanos, los liaras un bato de bandidos. 
La bombástica y exagerada prensa americana viene después á 
corroborar las opiniones del general Shafter, y aparecen furi- 
bundos artículos en los diarios más caracterizados, tales como 
el "Sun," el «Tribunew y el «Herald." diciendo que sólo se pue- 
de comparar á los cubanos con las f>ie/es rojas é igorrotes y 
agot.in contra ellos sus dicterios. 

Ese cambio tan intempestivo de los noitearoericanoi no oos 
sorprende. Procuraron atraérsela simpatía de los ¡fWíi/VVoí en- 
dulzándoles Á éstos la boca con la ralel de su decantüda liber- 
tad, y una vez que ya no ucceMtaron de ellos, los ninltrntan y 



233 



desprecian. DueSos hoy áe la sjtuacióu como lo estáa en el Ar 
chipiélago ItawaÍDo harán de la infeliz anlilla lo que más cua- 
dre con sus planes de sórdida ambición. 

Pocos, muy pocos pen.sabau en la Unió» NoiteBmericana co- 
mo el honrado escritor Mr. Cullius, que decía al príucipta de 
U guerra. «Si no fuera por este hecho (el hecho de darle á Cu- 
ba la independencia) nuestra guerra con Qspaña seiía el pilla- 
je de \m ladrón audaz y poderoso.» Esla elocuente fffl:ía del 
referliio escritor aniericauo es tan terininanle cjue uo da lugar 
á comentarios, Caste recordar el injusto despojo de que Méxi- 
co fné víciiraa en 47 para que pueda comprenderse la verdad 
que en el fguHo encierran iaa palabras de Mr. Collius, t-n este 
arranque de cínica franqueza. Alenladu huy ese país cun su 
nueva victoria, y no habiendo tenido, durante la guerra COU 
España, ni siquiera uua protesta por p&rte de la Europa, que 
era la única que pudo haber puesto coto á su incalificable con- 
ducta, fácil es comprender el género de pulitica que ha de ob- 
servar en el poiveuir. La integridad y soberanía de la Amólica 
española están gravemente amenazadas. 

Dueños los uorte-americauos de la llave del G»lfu mexicano 
y del Océano Pacífico; teniendo eu consideración sus proyectos 
sobre el Canal de Nicaragua, su preponderancia cumercial y 
marítima en C*ntro América, y contando como cuenta con 
una formidable escuadra, próxima á aumentarse enormemente 
CX)n nuevos y poderosos cruceros v acorazados, no creemos pe- 
car de pesimistas al prever que en no lejanas días proseguirá el 
invasor Tío Samuel su marcha triunfal hacia el cabu he Hor- 
nos. Creemosde rigurosa justicia, antes de terminar estos ren- 
glones, consagrarle un merecido elogio á nucsitos compatrio- 
tas dignamente diseminados por la bospitalarin tierra hispano 
americana, quienes con generoso y noble desprendimiento acu- 
dieron al llamado que lea hiciera la Patria, contribuyendo to- 
dos, ricos y desheredados, con su óbolo paraloscuantiosos gas- 
tos que originó la guerra, movidos por el más leal y ardiente 
patriotismo. La distinguida y numerosa colonia de la Repú- 
blica Argentina se hizo notable por su esplendidez, poique 
además de haber enviado á nuestra corte gruesas sumas de dt> 
ñero, acaba de regalar á la Nación el magnifico crucero 'Rio 
de la Plata.» construido á sus expensas. Acciones como estas 
Qo necesitan encomios; se recomiendan ampliamente por ai mis- 
mas. 

V sin embargo, el esfuerzo hecho por los españoles ausentes 
de la Patria, 00 alcanzó todo el esplendor qne nosotros misi 
hubiéramos deseado. jPor qu¿* Porque á través de la ínme 
distancia que nos timtu de los patrios lares, trasl ociamos la L>« 
fame perfidia de nuestros gobernantes, y oomprendtamos, "~ 



^ 




254 

nos de iodlgnactóii. que todos nuestros sacrificios resuttArfu 
estériles, dada la actitud deoigrante j desdichada asumida por 
Sagasla, ante el sangriento ultraje inferido al país, por et impío 
invasor norteamericano. El desenlace funesto de tos cucesos iril- 
no á corroborar nuestros dolorosos presentimientos Nuestra 
consternación es hoy general, pues la herída fué tremenda y de 
difícil cicatrización. ¡Quiera Dios que pronto se disipen los dea- 
sos nubarrones que opacan en estos momentos el cielo esplen- 
doroso de nuestra adorada patria! 

Andrés Barral ArUaga. 



Protestas de la Colonia Española en México. 



Insertamos á contÍDuadóa algunas de las numerosas protes- 
tas publicadas por la colonia española con motivo del desastro- 
so ñn que la guerra tuvo para España, y las condiciones ooe- 
rosas del Protocolo. 

t^ mayor parte están escritas en un tono demasiada vehe- 
mente; pero ellas dan idea del grado d« excitación á que habta 
llegado el ¡sentimiento público, y por lo mismo, las Insertamos 
& pesar de la destemplanza que se advierte en el lenguaje de 
todas ellas: 

• Proltsla de la (Joloola Rüpatiula de Laguna del Carmeilt 
EsladoiieCaniperht. 

Si cada protesta nuestra hiriera de muerte á los culpable*, 
aeotiríamos al menos el placer de la venganza; pero quienes e»- 
cuchan con incomprensible estoicismo, ajeno á nuestra laxa, loA 
sollozos de la Patria avergonzada, oirán con la misma impasi- 
bilidad y culpable indiferencia cuantas enérgicas protesta? se 
hagan contra ellos. 

Tiene un límite la conciencia humana, que cuando por él 
camino del vicio llega basta él, olvida, embotada por el crl* 
men, teda noción de dignidad y no queda ni Patria, ni familia, 
ni nada; un paso más y allí están el cadalso y el oprobio. 

Pata los que envían tropas y barcos al matadero en nombre 
del honor nacional, sepultado de antemano por ellos, cualqaler 
castigo es Inmensamente insuficiente para vengar acción de tal 
magnitud. 

Las madres españolas, á imitación de las lacedemonlas, 
caer á sus hijos sobre el campo de batalla y se resignan á tan 




grandioso sacrificio. jPor qué tanto herotsma, por qi 
grandeza^ ¿Porque viva ta Patria, y ea cambio, ¡cuatro mfSe* 
rabies llevan al mercado todo nuestro tesoro de dignidad! ¡Nísal 
ditos sean! ¡monstruos del siglo, maldición de nuestra historia! 

Si tuviéramos en nuestra mano un manubrio mágico para 
atormentarlos, no aflojarfamos jamás, y allí con inmenso pla- 
cer escucharíamos los eternos y horripilantes alaridos de Infer- 
nal desesperación. Todo, todo es pequeño é impoteute para 
formular el castigo que merecen los que han vendido nuestra 
bandera y humillado el honor de nuestros soldados. 

Y en tanto el pueblo, atrofiado, al parecer, sumida en in- 
concebible marasmo, busca una frase para darle nombre en el 
círculo de las conveniencias nacionales á tan criminales atenta- 
dos. ¿No habrá en nuestra querida España de legendarias gran- 
dezas un genio que, á imitación del Eruto de Roma, enseñe al 
pueblo el puñal sepultado en el corazón de nuesCra Patria? i Afa, 
si surgiera, ¡qué hermosas guillotinas se levantarían para los 
Tarquinos de Madrid. 

Laguna del Carmen, Octubre 3 de 1898. — M. Onliérrez C, 
Tomás Molina, D. Carbajal, R. Gomales,/. M, García L., 
Luis Rodrigues, José Rico, Mateo Ruis C. R. L. Ansoleaga. 



Protesta de Orlzaba, üstado de Veracraz. 






L 



La colonia española residente en este Cantón de la Rept 
ca Mexicana, movida & impulsos del más ardiente patriotismo, 
del que tiene dada señaladas pruebas, protesta de la manera 
tnás enérgica contra ta conducta Infame del actual Gobteroo 
español presidido por Práxedes Mateo Sagasta; que este grupo 
de hombres trabajadores y ajenos á todo color político y mise- 
rias de partido, no vacila en presentarte ante nuestra Ñaclóa, 
siempre heroica, como el más criminal, cobarde é inepto <Ie 
cuantos gobernantes registra la historia Patria; y en todos sna 
actos, siendo el más saliente, el más fansto giro dado á la guerra 
presente con los Kstados Unidos de Norte América, desde an- 
tes que hubiera sido declaiada por dicha República, sin el más 
leve motivo que la justifique, y sólo contando con el muy efi* 
caz apoyo del traidor Sagasta, que se le impartió aúu mas efi- 
caz del que los mismos yankees apetecían. No cabe disculpa 
alguna á tan gran criminal, porque ante los liechus son inútiles 
todos los argumentos, por pruebas tau plenas como evidentes, 
se derivan de aquellos, y forman por si solos el proceso con- 
denatorio. Si el jurado y la defena tienen en él participa* 
clon, servirá únicamente, de fórmula indispensable para cubrir 
el expediente. 



«36 

Bajo tales conceptos, vertidos después de maduro examen, ; 
puesta la mano sobre el corazón, uosotros. como pequeña frac- 
ción del pueblo espaüol que es el componente psra juzgar los 
delitos de lesa-paltia, y antes de que nuestra gloriosa bandera 
bicolor quede iiunjillada, pedímos: la pena capital aplicada *io- 
coDllnentl» á Práxedes Mateo Sagasta por traidor consumado, 
y para todos los Ministros — que todavía hoy preside con escán- 
I dalo inaudito— la qne arrojen loa autos det sumario rápido que 
f 4eberá incoarse desde luego con sujeción á los prescripciones 
del Código Militar, por lo que corresponda á sus respectivOB 
cargos, lo mismo que á todos los individuos que de cualquiera 
manera hayan coadyuvado á Ir formación del por siempre odio- 
so protocolo, orlUaudo á la Nación para que acepte tan vergoa- 
zosa paz sin ejemplo. 

En tal virtud, suplicamos á todos tos verdaderos españoles 
de allende y aquende eJ Océano, lo misino que á los nacidos eai 
esta Rep6blJca y á los que se hayan diseminados por todo el 
mundo, se adhieran á nuestro propósito, y al de que jamás .re 
nunciaremoa á la soberanía española en todas y cada una de as 
posesiones ultramaríuas que pretenden arrebatarnos, alevosa, 
cobarde y Itaidoramente, esa República anglo-sajona formada 
de remiendos y que tanto y tanto nos debe; á tal grado, que 
nuestra Patria es su más importante acreedora. 

Que el yanki no ha vencido en esta guerra injustísima con 
España, ya lo hemos visto; que nunca nos vencerá solo, si per- 
manecemos unidos con la fe en Dios y en nueslras tradiciones, 
, está fuera de toda duda; y además, ninguna nación, por muy 
poderosa que sea, tiene derecho á inmiscuirse -en los asuntos 
peculiares de la nuestra. En todo caso, vencer 6 morir con glo- 
ria es nuestro deber, que cumpliremos siempre, lloarándola 
memoria de nuestros antepasados. 

Por último, sólo nos resta lanzar la voz estentórea y tan es- 
tridente, que repercuta en ambos continentes. ¡Viva España! 

Orizaba, Septiembre 27 de 1S98. — José Díaz Merodío. — Pe- 
dro Díaz Merodio. —José Soler.— F. Arredondo. — Antonio Her- 
nández. — José Ruiz y Ruiz.— José Nieto.— Emilio Nieto, —Ma- 
nuel- López. — Alfredo López.- Felipe Gómez Sotres,— Isitlro 
Villamonte.- Manuel Noriega,— Eduardo Ablega.— Lorento. 

González ^Juan Gavito Sotres, — Inocencio Cueli. — Francisco 

Valle.— Z. B. Roca.— Juan Lorenzo. 



Protestas de TIulnepanlla. EHtudo de México. 

Los que suscribe», miembros de la Juuta Patriótica españo- 
la de esta localidad, y eu represen tacíóa de todos los españoles 
residentes eo este Dislrito, mauifiestan: que han visto en la 
preusa, publicados los términos de la paz ajustada entre los 
miembros del Gabinete español, presidido por el Sr. D. Práxe- 
des Mateo Sagasta y el Gobierno de los Eítadoa Unidos; y con- 
siderando: Primero: que el Protocolo de la paz ajustada, con- 
tiene la deshonra de la madre Patria, pues además de renun- 
ciarse la soberanía que ejerce eu la Isla de Cuba, consiente en 
la anexión á los Estados Unidos de la Isla de Puerto Rico y 
una de las islas Ladronas, y subordina esa propia soberaufa, á 
los deseos de los nortea [uericaoos, en las islas Filipinas, y todo 
esto sin haber sido vencida ea la guerra á que fué injustamen- 
te obligada en defensa de sus derechos y de su repetida sobe- 
ranía. Segundo: que los hechos del. Gabinete español como la 
recisión del contrato celebrado con la casa de Anpaldo para la 
adquisición de varios huques de guerra, efectuado por el Sr. 
Cánovas del Castillo, de imperecedera memoria, ejecutada por 
el Sr. Miaistro Moret, el abandono de las fuerzas españolas en 
Filipinas; !a destrucción de la escuadra del vnlieute é infortu- 
nado Almirante Cervera, mandándole salir de Santiago de Cu- 
ba á pesar de sus observaciones y otros muchos bechns, deno- 
ta que si no estaba obligado con los enemigos de la Patria, los 
favorecía con su apatía, imprevisión y falta de píttriotlsmo. , 
Tercero: que la guerrra sostenida hasta aquí, ha estado subal- 
ternada eu todo el Gabinete español, sin tener los Jefes de los 
diversos cuerpos de Ejército, libertad de acción en sus movi- 
mientos, ni protección alguna en los momentos más precisos 
para combatir con éxito a] enemigo. Cuarto: que la destrucción 
de la escuadra Cervera y la capitulación de las fnereas en el 
puerto de Santiago de Cuba, cuyo beclio se escribirá en la His- 
toria para baldón del Gabinete del Sr. S»ga«ta, no ponen i Es- 
paña eu la imposibilidad de continuar defendiendo su sobera- 
u(b y sus derechos, y mucho menos se le puede declarar venci- 
da en la lucha, iSnico caso en que se vería obligada á someter- 
se á la ley del más fuerte. 

Protestamos de la manera más enérgica y solemne, contra 
los términos vergonzosos contenidos eu el protocolo de Paz, 
ajustada entre el Gabinete Español y el Gobierno de los Esta- 
dosUnldos de Norte-América. Excitamos muy fonnatmente á la 
Junta Patriótica de la capital de la Rnpúbllca, para que se di- 
rija á las Cortes de Madrid en nombre de la Colonia de Méxi- 
co, á fin de que por ningún motivo consienta en la desmembra- 



1 



clon del territorio español, vigile por la houra dt la Patria, y 
rechace, con la Indigoacióo que merece, ese Protocolo vergon- 
zoso de paz, y así raismo. para que excite á todas las Juntas 
Patrióticas de la República y á todos los españoles, sea cual 
fuere el lugar de su domicilio, á que ayuden á !a Patria en es- 
tos momentos de prueba por que atraviesa, con sus intereses, 
con su sangre, ó con lo que puedan, para salvar de la deshonra 
que quieren imprimir sobre su frente un puñado de malos y 
raido res hijos. 

Presidente, Vicenle Pérez, — Secretario, /osé Cayeja. 

Protesta de Tuxpan. Estado de Veracrnz. 



La pequeña Colonia espailota radicada en este puerto, no 
puede ni debe guardar silencio ante los vergonzosos episodios 
que se vienen desarroilendo en nuestra desventurada Patria, por 
los gobernantes decrépitos y traidores en cuyas manos cayó la 
dirección del Gobierno, después de la inolvidable tragedia de 
Santa Águeda. Así como respondimos al grito que se nos diera 
el año de 1ÍÍ95, iniciando cuantiosa susciicióu para el aumento 
de nuestra infortunada escuadra, y más tarde para ayudar al sos- 
tenimiento de nuestro ejército de operaciones en los campos de 
Cuba, hoy que vemos defraudadas todas nuestras esperanzas, 
con la mayoría de nuestros buques de guerra en el fondo de los 
mares, con nuestros valientes marinos prisioneros del enemigo, 
con nuestros soldados en camino para la Peufnzula después de 
haber dejado la dignidad de la Patria en poder de los yankees, 
cx>n la entrega de los Maüsser que les diera España para morir 
defendiéndola; después de tantos desaciertos transmitidos ato- 
do el mundo por boca de! vencedor, inculpando vencidos y ven- 
cedores á los Ministros de la Corona de faltos de talento para 
dirigir la campaña, de energías para el mando de los subalter- 
nos y de valor para levantar el espíritu de ese pueblo español, 
que tiene páginas en su historia como las de Zaragoza, donde 
se fusilaba al que hablara de capitulación, hechos como el sitio 
del Peiú. donde el inmortal Rodil nos dejó escrito con torren- 
tes de sangre un Código por el que deben regirse nuestros Ge- 
nerales para la rendición de una plaza española; después de esos 
hechos tan gloriosos para el pueblo ibero, no puede tener nues- 
tro labio otra expresión con que anatematizar al Gobierno res- 
ponsable que la de ¡traidores! 

Santiago de Cuba, Ponce, Mayagiiez, Vauco, Juana Díaz, 
Arroyo y Guayama, son plazas que representan una poblacióa 
de más de doscientos mil habitantes. ¿A cuántos iuvaíores se 
han rendido esas poblaciones? ¿por qué lo hicieron? pam qué 



239 

sirvieron Blanco en Cuba y Macías en Puerto Rico? Par» nada; 
para presenciar el despojo de los últimos girones que nos que- 
dan en America, vendidos en la Corte por nn poKtico tan io- 
fame como aquel Obispo D. Oppas. de inolvidable recuerdo. 
Para eso han servido Blanco en Cuba y Maclas en Puerto Rico. 

El pueblo español yace en el mayor de los letargos. ¿No ha- 
brá un Weyler que lo despierte? ¿Ya no quedan en nuestra ado- 
rada Patria descendientes de Daoiz y Velarde? ¡Oh, si los ha- 
brá! entonces , . . .presenciaremos en las postrimerías del 
siglo XIX las enseñanzas que dtera al mundo el gran pueblo 
francés, al terminar el pasado siglo. 

Que venga la redención, sí para conseguirla se impone un 
nuevo noventa y tres, ¡¡bendita sea!! 

LuisMonlolo.— Silverio A. GuHérrez.— Bernardo Arteaga. — 
M, González — Emilio Cervio.— José Mesequer.— ^Jesús Ortlí. 
—Emilio González. —Tomás de la HuerU.— J. Huerta. —Ricar- 
do Gómez, Juan Astorquiza.— Braulio García.— Alejandro Ba- 
da.— José Fernández Noval. — José Lorenzo. — Dionisio P. Ma- 
rañóu.— Daniel Díaz.— Aquilino Folgueras, —Santos González 
_Pedro Mester.— Jo'é Viñas.— Fermín Fernández.- Claudio 
Valdéz.— Faustino Fernández. — Piímilivo Rodríguez. — Pas- 
cual Borque. — Gerardo Folgueras. — Matías del Foyo.— Fran- 
cisco C. Ferrando.— Antonio Sierra.- Carlos Lorenzo. —José 
Arzuaga.- Antouio Peña.— Adolfo Fernández Madrero.- José 
Granda. José F. Fernández. - Ramón Tato de la Fuente. - 
Antonio R. Pena. -Pedro G. Blanco.— Francisco Luiña. 

Prolest» lie la Cnloola Español» en Malfbnala 
Hiifl Lai8 Potosí. 



Los que suscribimos, en vista de las noticias que respecto á 
a paz entre los Estados Unidos y España publican los perló- 
IJcos eapañole.s de México, acordamos protestar, contra los ac* 
tos del Gobierno que actualmente rige los destinos de nuestra 
querida Patria, pur creer que al ser aceptadas Ixs proposiciones 
generales que para la terminación de la guerra ofrecen los yan- 
kees, se menoscaban la honra de España y la gloria adquirida 
por ella durante siglos de heroica lucha. Ño pretendemos que 
todos los españoles residentes en esta República sean de nues- 
tro modo de pensar; á los que estén acordes con nueslra protes- 
ta invitamos á que lo hagan constar á fin de que allá eu uuea- 
tra Patria, sepan el modo de pensarde los) que á miles de leguas 
lloran las desgracias inherentes á la guerra y se avergüenzan 
il saber que van á ser despojados de pedazos queridos del te- 
ritorio español. 



240 

La actual contienda la originó la decantada independencia 
de Cuba; en las bases propuestas por los Estados Unidos para 
la paz, no se conforman éstos con pedir dicha independencia 
contraria á los deseos de la población culta de la Isla; piden 
también la cesión de nuestra fiel Antilla, Puerto Rico, amada 
pos España por su adhesión, y una de las islas Ladronas, del 
archipiélago Carolino, al cual defendimos en época no remota 
contra las intenciotxes de una poderosa nación europea. 

No nos ha sido favorable hasta ahora la suerte en la guerra; 
pero por períodos más críticos pasó España y supo salir de 
ellos con el honor que la nación requería. 

La Colonia Española de México, en varias ocasiones felicitó 
al Gobierno de España por sn valerosa actitud frente á otra 
nación mucho más poderosa; ahora, al ser aceptada las condi- 
ciones de paz impuestas, iniciamos esta protesta contra la acep- 
tación de ellas por el Gobierno de España, por creerlas humi- 
llantes para el valiente pueblo español. 

Suyos affmos. attos. S. S. Q, S, M. B.— Valentín Fernández. 
—Dámaso Ortíz.— Andrés Senosiaín.— Antonio Gaverre.— Juan 
M. Escajadillo.- Miguel Ga veré.— José Díaz Cazares.— Fran- 
cisco Quintana.— Manuel Aranda.— José García. -I. Narezo. 
—José Pérez y Pérez. -Indalecio de la Torre. — R. Galnares. 
—Germán Martínez. - FelipeOrtíz. — Manrique Diez. -Enrique 
Calzada. —Joaquín Calzada.— Adolfo Dou.— Juan Puente— M. 
Romano. -Anastasio Cueto.— Santiago Vi vaneo.— Eustaquio de 
Cos.— Ceferino Guillen. -José R. Augelina.-Juan G. Marroquín. 





Prologo 3 

Introducción 9 

CAPITULO I. 

Origen de las diferencias entre España y los Es- 
tados Unidos. — Agentes americanos en Cnba. 
— Demandas á España. La Luisiana y la Flo- 
rida. — Francia juzga absurdas las reclamacio- 
nes americanas. — Primeros movimientos en 
favor de la insurección. — Expediciones de 
Narciso López. — Apoyo de los Estados Uni- 
dos á los filibusteros , 15 

CAPITULO IL 

Guerra separatista americana. — Causas de esta 
guerra é influjo sobre la insurrección de las 
Antillas españolas. — Santo Damingo y Puer- 
to Rico.Grito de Yara. — Coincidencia con los 
sucesos revolucionarios de la Península.— « 

Caudillos cubanos insurrecto.s 27 

CAPITULO IIL 

Continúa la guerra disidente. — Intervención de 
Los Estados Unidos con motivo de las diposi- 
ciones contra los insurectos. — Gestiones eu 
favor de la libertad de Cuba. — Otro incidente 
internacional. — Proposiciones de paz. — El 
General Martínez Campos. — Término de la 

guerra 35 

CAPITULO IV. 

Martínez Campas, pacificador de la Isla, — Segun- 
da insurrección cubana. — Jefes revoluciona- 
rios. — Actitud de España ante el movimiento. 



Segundo mando del General Martínez Cam- 
pos. — Primo de Rivera y Weyler. — El Pre- 
sidente y el Senado americano desaprueban la 
conducta del General Weyler en Cuba. — Es- 
tado de la guerra de iasurrección en el año de 

1897 45 

CAPITULO V. 
I Destrucción del acorazado «Maiae» en la Habana 
— ¿Cuál fué la causa del accidente? — Opinión 
del teniente- coronel J. T. Buckuill sobre el 
dictamen de la comisión investigadora ameri- 
cana. — Los Estados Unidos juzgan llegado un 
"casus belli''. — Injusticia de su proceder . . 65 
CAPITULO VI. 
Influencia de la destrucción del "Maine" en la gue 
rra hispano-americauo. — Mensaje del Presi- 
dente Mckinley al Congreso americano. — Re- 
soluciones del Senado. — Excitación popular. 
• — El Ultimátum. — Retiro de los Ministros. — 
Nuevas demostraciones anti-americauas . . 77 
CAPITULO VIL 
La salida de la Habana del Cónsul Lee. — Rom- 
pimiento de las hostilidades. — Captura de la 
barca española Buenaventura. — Salida de la 
escuadra americana. — El bloqueo de Cuba. — 
Declaraciones del Gobiprno español y del Gene- 
ral Blanco. — Las potencias se declaran neu- 
trales. — Nueva proclama de Mckinley ... gi 
CAPITULO VIII. 
Principia la guerra, — Breve reseña histórica de 
las Islas Filipinas, — El primer combate naval. 
— Como eran los buques españoles y cómo los 
americanos que combatieron.— Descripciones 
de la batalla deCavite.— Valerosa conducta de 
los españoles.— Muerte del Capitán Cadarso 
Rey.— Buques echados á pique, —Partes oficia- 
les de la batalla,— Opinión de un escritor fran- 
cés, testigo presencial 99 



[ capí 



CAPITULO IX. 

rersión ímerkaoa sobre la batalla de Cavite.— 
El comandante del "Don Antonio de Ulloa,'' 
Sacnmbe heroicamente. — Los buques que to- 
maron parteen el combate.— Los insurrectos 
ofrecen ayudar á los americanos en su ataque 
sobre Cnba.— Sucesos de la Habana. —Actitud 
de las naciones europeas.— Nueas presas de 
guerra,- Distuibios en España.— Ataque re - 
chazado en Cárdenas. — Los americanos son 
rechazados en San Juan de Puerto Rico.~ 

l¡ Discurso de Mr. Chamberlain 

1 CAPITULO X. 

jdíovimiento de las escuadras. — Fracaso de la pri' 
mera expedición para invadir á Cuba. — La si- 
tuación en Manila.— Crisis en el Gabinete es- 
pañol.— Nuevo ministerio. — Refuerzos para 
Dewey.—'Actitud ds los insurrectos filipinos. 
Nueva proclama de McKinley.— Llegada de 
Cervera con su escuadra á Santiago de Cuba 
— Tentativa de desembarcos americanos. . . 



131 



CAPITULO XT. 
Bitaque á Santiago de Cuba por los buques ame- 
ricanos.- Rumores de paz.— Hundimiento del 
"Merrimac» — Primer ¿esembarco de tropas 
americanas en Cuba. — Cooperación de los in- 
surrectos. — Santiago de Cuba bombardeado 
nuevamente. — Ataque á Caimenera .... 139 
CAPITULO XIL 
Continúan los combates en Guau táñame — . 
Difícil situación de Manila. — Salida de la 
escuadra española de reserva. — Desembarco 
en Cuba de las fuerzas de invasióu al mando 
"del General Shafter. — Se prepara un ataque 
combinado á la ciudad de Santiago.— Las de- 
fensas españolas.— Primeros combates con el 

^o del ejército americano 155 



244 

CAPITULO XIII. 
La escuadra de Cámara en Oriente.— Di ticulta* 
des para continuar su ruta hacia Filipinas. — 
Los americanos en Santiago.— Su ataque á la 
ciudad.— Épica defensa de los españoles.— 
Batallas de Caney, San Juan y Canosa.— Rela- 
to de un testigo presencial.— Destrucción de, 
la escuadrv'. de Cer vera.— Narración del capi- 
tán Kvans del **Iüwa.'' 167 

CAPITULO xiy. 

Demandas de rendición de Santiago.— Consecuen- 
cias (le la perdida de la escuadra española. — 
Dificultades en la comunicación con España. 
— Rendición de Santiago.— Bases déla capitu- 
lación. Cesan las hostilidades. — Capitula- 
ción de Manila 197 

CAPITULO XV. - 

Reunión en París de las comisiones españolas y 
americanos para ultimar los tratados de paz. 
—-Resultado de las conferencias.— Opiniones 
de la prensa sobre la conducta de los Estados 
Unidos.— Firma del Tratado.— Protesta de Es- 
paña. . 219 

Conclusión 223 

Opinión española sobre la guerra 225 

Protesta de la colonia española en México . . 234 





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