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Full text of "Historia de la guerra europea de 1914 : ilustrada con millares de fotografías, dibujos y láminas"

UNIVERSITY LIBRARY 

UNIVERSITY OF ILLINOIS AT URBANA-CHAMPAIGN 

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HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 



HISTORIA 



DE LA 



GUERRA EUROPEA 



DE 1914 



ILUSTRADA CON MILLARES DE FOTOGRAFÍAS, DIBUJOS Y LÁMINAS 



TOMO PRIMERO 




PROMETEO 

SOCIEDAD EDITORIAL 

Qermanías, F S.— VALENCIA 



ll^ól^v 




BLASCO IBANEZ EN LA PLAZA DE UNA ALDEA DEL ARGONA BOMBARDEADA POR LOS ALEMANES 

* I Fot. ,7. Francli) 



ÍNDICE 



Págs. 

Introducción 9 

EL PRÓLOGO DEL DRAMA 

I. — El atentado de Serajevo 13 

II. — Las reclamaciones de Austria. ... 19 

III. — La alarma en Europa 25 

IV. — Negativa de Austria á una petición de 
Rusia. — Alarma en París. — La con- 
testación iiumilde de Servia. — Aus- 
tria declara la guerra 27 

V. — La hora grave. — Optimismos y pesimis- 
mos.— Las primeras manifestaciones. 54 
Vl-VII. — Los trabajos de la diplomacia. ... 58 
Vil!. — El presidente Poincarc interrumpe su 
viaje. Alarma general. — Los antimi- 
litaristas de París 44 

IX. — Austria declara la guerra á Servia. . 47 
X. — Actitud de Rusia. — Su movilización 
parcial. — Inutilidad de las gestiones 
pacificadoras. — Las naciones empie- 
zan á arruinarse. — Llegada de Poin- 
caré á París 51 



Pásrs. 



XI. — Declaraciones de Inglaterra sobre la paz. 
— La situación en Londres y París. 
— Movilización rusa. — Reclamación de 
Alemania. — Vanas esperanzas de con- 
ciliación. — Las naciones se preparan 
para la guerra 57 

XII. — Los bastidores del drama. Despachos 
de Guillermo II y el zar. — La conducta 
del kaiser. — Unanimidad francesa. — El 
ciudadano Hervé y la huelga general. 
— El caricaturista Hansi 65 

XIII. — Alemania declara el «estado de amena- 
za» en todo el Imperio. Un discurso 
del emperador. — «Ultimátum» alemán 
á Rusia y á Francia. ¡Es la guerra! — 
Entusiasmo en Rusia. Serenidad de 
París 70 

XIV. — Asesinato de Jaurés 75 

XV. — Los bancos de París. La moratoria. — 
Orden de movilización general. — El 
gobierno habla á la nación.— La acti- 
tud del gobierno ingles.- Estado de la 
opinión en Inglaterra. — La prensa fran- 



Págs. 



P4?s. 



II. 

III. 
IV. 

V. 
Vi. 

vil. 



VIII. 



IX. 
X. 



XI. 
XII. 



cesa y la prensa alemana. — La movi- 
lización rusa. — La última esperanza de 
paz desvanecida 82 

EL ROMPIMIENTO 

El 2 de Agosto 92 

Primeras hostilidades. Los grandes su- 
cesos del día 99 

-La violación del Luxemburgo 103 

-La unanimidad de Francia IIÜ 

El entusiasmo de París. — Los extranje- 
ros 116 

La muchedumbre y la Estación del Este. 127 
Continúan las hostilidades. Manifiesto 
del zar al pueblo ruso. — La retirada 
del embajador Schoen. Un artículo 

de Clemenceau 154 

Los trabajos pacificadores de Jorge V. 
Actitud de Inglaterra.— Maquiavelismos 
de la diplomacia alemana. Sus inten- 
tos para «comprar» la neutralidad in- 
glesa 142 

-El 3 de Agosto en la Cámara de los 

Comunes 147 

-Sucesos del 4 de Agosto. — La firmeza 
de Bélgica. Declaraciones de Sazo- 
nof en la Duma. Atropello de embaja- 
dores en Berlín. Entusiasmo en Bru- 
selas y en París 156 

-Memorable sesión del Parlamento fran- 
cés 166 

-Rompimiento de Inglaterra y Alemania. 182 
-El pueblo inglés y la guerra 188 



XIII. — La defensa de Bélgica. — Alocución del 
rey. — Palabras de Guillermo II y de 
su canciller. Falsas noticias acerca 
de la situación de Francia. 

XIV. — Los belgas y su rey 

XV.— El general Joffre 

XVI. — Los responsables de la guerra. . 
XVII. — Los apologistas de la fuerza. . 

PUEBLOS Y MONARCAS 



194 
201 
218 
256 
252 



I. -La raza prusiana 258 

II. — Los Hohenzollern 262 

III. - Bismarck y la grandeza de Prusia. 274 
IV. — La guerra de 1870 y el Imperio de Ale- 
mania 290 

V. — La política interior de Bismarck. — Or- 
ganización del Imperio 515 

VI. La política exterior de Bismarck. . . 524 

Vil. — La marina alemana 333 

VIII. — El ejército alemán 545 

IX. — El espionaje alemán 374 

X. - La juventud de Guillermo II 595 

XI.— Él 408 

• XII. — La historia de Calígula en Alemania. . 440 
XIII. — La Alemania que se ve y la que no 

se ve 452 

XIV. — El pangermanismo 465 

XV. — El «brillante segundo» 491 

XVI. — La Medicina y los dos emperadores. . 515 

XVII. Francia 518 

XVIII. — Rusia y el paneslavismo 548 

XIX. — Servia y Montenegro 564 

XX.— La guerra 578 





ARTILLERÍA GRUESA ALEMANA. EL GIGANTESCO MORTERO UOWITZER, DE 21 CENTÍMETROS 



INTRODUCCIÓN 



No hay en la historia de la humanidad guerra 
alguna que pueda compararse con la presente. 
Las grandes invasiones de los bárbaros que 
dieron ñn á la llamada Edad Antigua; las avalanchas 
galopantes de los hunos y de las hordas mongólicas; 
los choques europeos que por su duración recibieron 
los títulos de Guerra de Cien Años y Guerra de Trein- 
ta Años; los avances arrolladores del turco hasta los 
muros de Viena; las campañas de los reyes españoles 
contra medio mundo; las conquistas napoleónicas que 
durante quince años trajeron trastornado al conti- 
nente; todos los hechos de la historia belicosa de los 
hombres, palidecen y se achican frente á la guerra 
de 1914. 

Un día de esta guerra equivale, por sus pérdidas 
en hombres y dinero, á un mes ó un año de las guerras 
famosas de otros tiempos. Las grandes cabalgadas de 
jinetes vándalos y hunos, exageradas por el terror de 
los cronistas y los medios de subsistencia de aquellas 
épocas, tal vez fueron menos importantes numérica- 
mente que las cortinas de caballería que esparcen 
como simples avanzadas los ejércitos del presente 
para ocultar sus movimientos. 

Esta es la primera guerra que hacen los pueblos 
con ejércitos formados por el servicio obligatorio; el 
primer choque de naciones enteras puestas sobre las 



armas. Hasta hace pocos años los ejércitos se contaban 
por miles de hombres; hoy se calculan por millones. 
Antes podían desarrollarse las guerras y durar años y 
años sin que por esto se paralizase la vida productora 
de los países beligerantes. Mientras en un lado de la 
nación peleaban los militares de oficio y una minoría 
de ciudadanos reclutada por la suerte, el resto del 
país proseguía sus trabajos ordinarios, sin otra altera- 
ción que la de una lógica inquietud por el resultado 
de la lucha. Muchas veces acababan las gentes por 
familiarizarse con esta situación anormal. Ahora la 
guerra paraliza por completo la vida económica, siendo 
esta catalepsia tanto más profunda cuanto más rica y 
vigorosa es la nación. Fábricas y talleres se cierran 
por falta de brazos; todos los hombres, desde los diez 
y ocho años á los cincuenta, van al combate; los fe- 
rrocarriles no existen para el tráfico mercantil, pues 
emplean todo su material en el transporte de comba- 
tientes, armas y bestias; los puertos se convierten en 
lagunas muertas, con archipiélagos de navios inmó- 
viles y silenciosos y rosarios de minas sumergidas que 
obstruyen sus bocas de acceso. 

Las batallas duran meses y se extienden en un 
frente de centenares de kilómetros, abarcando los lí- 
mites de varios Estados. Las vías férreas funcionan 
incesantemente á espaldas de los ejércitos en lucha, 



10 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 




CALLE DE AMBBRBS BOMBARDEADA I'OR LOS ALEMANES 



(Fot. liül) 



transportando á enormes distancias los combatientes, 
según las imperiosas necesidades de la oportunidad 
táctica. El mismo soldado que dispara su fusil entre 
las fronteras de Alemania, Francia y Suiza, monta 
rápidamente en un vagón y va á disparar de nuevo á 
orillas del mar del Norte. El alemán que pelea en las 
trincheras de la Champaña, se ve tres días después 
luchando en Polonia á orillas del Vístula. 

Nunca se han visto chocar y morir tantos hombres 
juntos en un terreno de operaciones tan vasto. 



La mitad aproximadamente del género humano 
está en guerra en estos momentos directa ó indirec- 
tamente. De los 1.700 millones de seres que consti- 
tuyen la población del globo, 8ri4 millones (entre me- 
trópolis y colonias) se odian y gastan su dinero para 
exterminarse. 

¿Cuándo se conoció esto en la Historia?... 

Quince millones de hombres están hoy sobre las 
armas, y antes de pocos meses tal vez serán veinte. 
Con sólo que la guerra se prolongue un año, llegarán 
á ser 25 ó 30 millones los combatientes: cifra mons- 
truosa con la que jamás soñaron Aníbal, Alejandro y 
Bonaparte. 

La guerra de 1911 es la más estupenda y loca ma- 
tanza que pudo imaginar el espíritu de destrucción 
que de vez en cuando desorienta y enloquece á la 
humanidad. 



No menos espan- 
to infunde el pen- 
sar lo que esta gue- 
rra significa para 
la vida económica 
de los pueblos. 

Antes de que se 
declarase, y antes 
también de que na- 
die pudiese sospe- 
char su repentino 
y absurdo estalli- 
do, la situación 
financiera del mun- 
do civilizado no era 
próspera. La gue- 
rra balkánica ha- 
bía trastornado el 
organismo finan- 
ciero internacio- 
nal, que es de gran 
delicadeza, como 
toda máquina gran- 
de y complicada. 
La circulación de 
valores entre las 
naciones sufría 
cierta parálisis. A 
esta situación esta- 
cionaria había que añadir el trastorno en los negocios 
de América, producido por las revoluciones mejica- 
nas y la crisis económica del Brasil y la l\(])ública 
Argentina. 

Los poderes financieros estaban buscando un re- 
medio para res- 

tablecer la cir- 
culación de va- 
lores, cuando la 
gran guerra ha 
venido á hacer 
más penosa la 
situación. 

Todos los cam- 
bios internacio- 
nales aparecen 
dislocados; las 
grandes Bolsas 
están cerradas; 
los pagos entre 
lasnaciones(aun 
aquellas que se 
mantienen en la 
neutralidad) re- 
sultan difíciles, 
si es que no es- 
tán suspendidos; 
el dinero se ha uno de los pórticos de la catedral 

ocultado* el oré- de rbims despi-és del bombardeo 

(De L'lUiistiation) 




HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



11 



dito no existe. ¿Caánto va á costar 
esta guerra monstruosa, desencade- 
nada por el imperialismo?... 

Paul Leroy-Beaulieu, el sabio eco- 
nomista, en un discurso ante la Aca- 
demia de Ciencias Morales y Políti- 
cas de París, ha hecho el presupues- 
to del actual conñicto. 

«Basándonos — dice Leroy-Beau- 
lieu — en que el sostenimiento por 
término medio de un soldado moder- 
no, con sus armas y demás efectos, 
representa un gasto diario de 12 fran- 
cos á 1'2"50 por hombre, para las 
cinco naciones participantes de la 
guerra actual (Alemania, Austria, 
Inglaterra, Rusia y Francia), y eva- 
luando la duración de esta guerra 
sólo en siete meses (que es lo que 
duró la guerra de 1870-71), se llega á 
un total aproximadamente de 3.5.000 
millones. 

»Pero hay que añadir á esta cifra 
los gastos de otros pueblos compro- 
metidos en la lucha (Bélgica, Ser- 
via, Montenegro, Japóo) y de los Es- 
tados neutros que han tenido que 
movilizar sus tropas, gastos que re- 
presentan en bloque de 3.000 á 4.000 
millones; se llega de este modo á un 
total de 38.000 ó 39.000 millones, 
sólo para los gastos inmediatos de la 
guerra. Pero una vez terminada ésta 
sobrevendrá un período de transi- 
ción, que puede durar cuando menos 
dos meses, y que añadirá todavía 
4.000 ó 5.000 millones á los gastos 
efectivos del conflicto.» 

Del mesurado cálculo de Leroy- 
Beaulieur esulta que el sostenimiento 




CASA DE AMBERES DESTROZADA POR TN 0BÚ3 ALEMÁN 

En el último piso un dormitorio en desorden con una cuna próxima á caer. En el primer piso 
un salón. En el piso bajo un café 




DESPUÉS DE LA BATALLA DEL MARNE. UN CAMPO SEMBRADO DE CADÁVERES 

(Fots. Rol) 



de la guerra actual costará de 45.000 
á 50.000 millones, si es que sólo dura 
siete meses. 

Pero por desgracia, todo hace pre- 
ver que durará algo más, ¿y quién 
sabe hasta dónde puede aumentarse 
esta cifra enorme de millones?... 

La tenaz Inglaterra, que llega 
siempre al último límite cuando su 
cólera fría le hace adoptar una reso- 
lución extrema, ha declarado que la 
victoria será del pueblo que en medio 
de la ruina universal pueda disponer 
del último millón. 

«El dinero— come dice el citado 
economista — es sobre todo necesario 
al iniciarse la guerra para su pre- 



12 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 



paración, y al final para su liquidación. En principio, 
resulta menos necesario durante el curso de ella para 
su sostenimiento.» 

Y como único consuelo en medio de este cuadro de 
horrores económicos, Leroy-Beaulieu, al ocuparse del 
triste porvenir que nos aguarda, termina así: «Las 
sociedades modernas tienen tal fuerza de renovación 
y de progreso, que cada pueblo, haciendo un llama- 
miento al conjunto de sus fuerzas nacionales, puede 
soportar el fardo de los gastos, con grandes sufrimien- 
tos ciertamente, pero sin llegar á verse aplastado por 
completo.» 

Esta guerra europea es ya una guerra mundial. La 
gran batalla de razas que se desarrolla en el centro 
del viejo mundo se ha esparcido fragmentaria por todo 
el planeta. Los japoneses baten á los alemanes en las 
costas de la China; las tropas sud-africanas de los alia- 
dos invaden las colonias germánicas; hombres de di- 
versas razas y colores, venidos de los lugares más 
remotos de la tierra, dan su sangre en los campos de 
Europa á la gran cruzada contra el imperialismo; los 
navios armados se persiguen por todos los mares del 
globo; se agitan las aguas con las explosiones ocultas 
de los torpedos; suena el cañón á lo largo de las cos- 
tas de América, en las soledades del Pacífico y entre 
los paradisíacos archipiélagos del mar de las Indias. 
Las naciones tituladas neutrales pueden á duras 
penas mantenerse al margen del conflicto. En unas, la 
tradición política y el entusiasmo del pueblo pugnan 
por vencer la prudencia de los gobiernos, queriendo 
pasar de la inercia actual á una actividad belicosa. 
Otras, por su posición geográfica, atraerán segura- 
mente la invasión y el atropello de un imperialismo 
que no reconoce derecho ni respeta compromisos, y 
para defender su 
existencia ten- 
drán que salir 
forzosamente de 
la neutralidad. 

Nuevos com- 
batientes entra- 
rán en la lucha. 
Son muy conta- 
dos los pueblos 
de Europa que 
lograrán vivir 
aparte de esta 
conflagración 
mundial. 



Vamos á rela- 
tar el desarrollo 
y los horrores de 
unaguerramons 
truosa entre to- 
das las guerras, 




que empieza en 1914 y nadie sabe cuándo terminará. 
«La Historia es una resurrección», decía Micholet. 
En la presente Historia no hay que resucitar nada. 
Los hombres y los hechos están aún con vida ante 
nosotros. No hemos de interrogar á muertos, forjando 
hipótesis sobre su inmovilidad silenciosa y el brillo 
enigmático de sus ojos empaüados. Los que nos rodean 
están vivos ó son moribundos que aún pueden hablar 
y dicen la verdad de los últimos momentos. 

Las ciudades incendiadas; las muchedumbres pa- 
cíficas en pavorosa fuga, dejando á sus espaldas la 
casa en escombros y los parientes fusilados; los mo- 
numentos arquitectónicos que respetaron los siglos 
bárbaros y acaban de ser suprimidos para siempre 
por el ojo y la mano de un artillero que se cree civili- 
zado; todos los horrores de una guerra que puede lla- 
marse única, están ahí, á corta distancia de nosotros, 
como testimonios de deshonra, justificando el anate- 
ma, el grito generoso de la indignación. 

Procuraremos ser imparciales en nuestro relato, 
aunque jamás historia alguna, en sus deseos de im- 
parcialidad, ha llegado á librarse de las influencias 
de la pasión. Somos hombres de nuestra época; vemos 
dolorosamente cómo en unas cuantas semanas se han 
suprimido varios siglos de trabajo y de progreso, y no 
podemos permanecer fríos é impasibles ante estas 
maldades irreparables de la más desatentada de las 
ambiciones. La humanidad parece retroceder á la 
época de las cavernas. La ciencia, raptada y violada 
por el antiguo bárbaro, le sigue y le ayuda como una 
esclava triste. ¿Van á morir también — como mueren 
los monumentos y los hombres — las más nobles aspi- 
raciones de la humanidad?... 

¡Una guerra mundial, una guerra cuyo término 
nadie conoce, cuando los hombres creían en la paz 

más que nunca, 
y guiados por la 
ciencia y el arte, 
que, según Goe- 
the, no tienen 
patria, avanza- 
ban hacia la ma- 
yor perfección 
posible, hacia la 
ciudad futura 
soñada por este 
poeta generoso 
y humano, del 
que son nietos 
espurios los in- 
telectuales ale- 
manes que ahora 
glorifican lasha- 
zañas bárbaras 
del militarismo 
de su país como 
algo divino! 



FAMILIAS DE CAMPESINOS BELGAS QUK HUYEN ABANDONANDO SUS CASAS ANTE LA 
APROXIMACIÓN DE LOS ALE.MANKS i,l'"ul. Rol) 




VISTA GENERAL DE SElíAJEVO. CAPITAL DE LA BOSNIA 



El prólogo del drama 



El atentado de Serajevo 

EL 28 de Junio de 1914 la ciudad de Serajevo (1) 
fué testigo de un suceso que en el primer mo- 
mento no tuvo mayor importancia que cual- 
quiera de los numerosos atentados personales del fa- 
natismo patriótico, pero que veinte días después sirvió 
de pretexto para iniciar la guerra europea. 

Serajevo es la capital de la Bosnia, vasto territorio 
que, en unión con la Herzegovina, quedó anexionado 
al Imperio de Austria cuando ambos dejaron de perte- 
necer definitivamente á los turcos. 

Bosnia y Herzegovina viven hace tiempo en una 



(1) Esta ciudad, que goza ahora de una celebridad mundial 
& causa del atentado que dio pretexto á la guerra europea, es 
conocida con diversos nombres: Bosna Serai. Seraio, Seraievo. 
Sarajevo y Serajevo, procedentes todos del primitivo titulo de 
Sera'í que le dieron los turcos á causa del gran Serrallo ó pala- 
cio que hizo construir Mahomed 11, y en torno del cual se ele- 
varon ochenta mezquitas y numerosos bazares. 



situación semejante á la de Alsacia y Lorena. La ma- 
yoría de sus habitantes son de raza eslava, servios 
por su origen y sus afectos, y su deseo vehemente es 
unirse á la Servia libre, vivir bajo el gobierno de Bel- 
grado. Cuando estos dos territorios fueron emanci- 
pados por Europa de la dominación turca, lo lógico 
hubiese sido permitir que se incorporasen espontá- 
neamente á la nación constituida por sus hermanos 
de raza y creencias religiosas. 

Pero el Imperio austriaco ha sido insaciable en sus 
apetitos de anexión. Constantemente derrotado ea los 
campos de batalla desde hace más de un siglo, busca 
en las intrigas diplomáticas y los compromisos se- 
cretos un medio de adquirir nuevos territorios, con- 
solándose así de las victorias que nunca obtuvo. Su 
fidelidad á la Triple Alianza la ha cobrado con cre- 
ces, haciendo que Alemania le apoyase con su enorme 
poder y sus amenazas cada vez que solicitaba una 
anexión. Nunca ha combatido en las guerras moder- 
nas contra Turquía, y siempre á la hora del reparto 
se ha llevado la mejor presa. 

Contra toda razón histórica y étnica se anexionó 
á Bosnia y Herzegovina, pretendiendo hacerlas aus- 



14 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 




UNA VISTA DE BBI.CUADO 
En el fondo el puente del ferrocarril que ponía en comunicación con Austria y que ahora está roto 



triacas. Contra toda lógica quiso fundar recientemente 
el pequeño reino de Albania, dando su corona á un 
principillo alemán, empresa que ha costado mucha 
sangre y dinero para venir a terminar de un modo 
grotesco. 

Bosnia y Herzegovina sobrellevan con impaciencia 
la dominación austriaca, aprovechando todas las oca- 
siones para protestar contra ella. Su rebeldía sorda es 
semejante á la de los alsacianos y 
loreneses, pero más violenta y ra- 
dical en sus procedimientos de ac- 
ción, por la diferencia de sangre y 
de costumbres. Una sociedad cons- 
piradora, la Narodna Obrana, pare- 
cida en sus fines á la Liga de Pa- 
triotas de Francia, une á los servios 
de las provincias anexas con sus 
hermanos de Belgrado, militares, 
profesores, estudiantes, patriotas 
entusiastas que sueñan con recons- 
tituir la «Gran Servia» de otros si- 
glos, dominadora de toda la Europa 
oriental, y que casi se apoderó del 
Imperio de Bizancio. 

Estos servios anexionados al Im- 
perio austriaco tienen otros moti- 
vos, además de los de su origen, 
para mostrarse hostiles al domina- 
dor. Austria imita los procedimien- 
tos alemanes en Alsacia, fomen- 
tando una emigración de austriacos 
á Bosnia y Herzegovina. Gentes de 
los diversos Estados de su vasto 
y descosido Imperio se trasladan 
á estos territorios, ocupando los 



mejores puestos bajo la protección del gobierno y 
haciendo una guerra sorda á los antiguos pobladores 
de sangre eslava. Los croatas, gente violenta que 
siempre dio el contingente más bravo á los ejércitos 
austriacos, habitan también la Bosnia, pretendiendo 
oprimir á los de origen servio con un mal disimu- 
lado apoyo de las autoridades. Austria, en vez de 
unificar á sus pueblos bajo la igualdad de la paz, 




TIPOS DE ALDEANOS SERVIOS 



HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



15 




PLAZA TERRASSIE, LA PRINCIPAL DB BELGRADO 



procura separarlos fomentando los odios de raza, para 
sostener de este modo su autoridad central, caduca y 
vacilante. 

Los austríacos trasplantados en Bosnia son se- 
mejantes á los alemanes establecidos en Alsacia y 
Lorena. Bullen ruidosos y entusiastas al amparo del 




EL EMPBltADOl: DE AfSTHlA Y MC l'AMll.IA 



Á SU izquierda Is duquesa de Hohenberg y su marido el archiduque Francisco Fernando, asesina- 
dos en Serajevo. Á su derecha el archiduque Carlos Francisco y su esposa Zita de Korbón y Parma, 

actuales herederos de la corona (Kots. Külj 



dominador, organizando manifestaciones de lealtad y 
adhesión al gobierno, pretendiendo hacer creer que 
no existe antagonismo entre el país y las autoridades, 
que todo el pasado está en el olvido, que sólo unos 
cuantos locos sin importancia persisten en los anti- 
guos odios... hasta que un hecho ruidoso se encarga 
de revelar el fuego oculto tras de 
esta fachada alegre, las fuerzas hos- 
tiles é irreductibles que siguen agi- 
tándose en el misterio. 

Otro núcleo de poblacióu impor- 
tante existe en Bosnia y Herzegovi- 
na como una raza aparte, pero pací- 
fico, conciliador, poco afecto á las 
aventuras y los peligros, deseoso 
de reposarse, en una tranquilidad 
propicia á los negocios, de las perse- 
cuciones sufridas en otros tiempos. 
Son los judíos de origen hispánico; 
los «españoles», como los llaman en 
todo el Oriente de Europa; hebreos 
expulsados de la península ibérica 
que aún guardan en la sinagoga y 
en la intimidad de sus viviendas, 
como idioma del hogar, un caste- 
llano anticuado. 

En Serajevo son muchos miles. 
Representan lo mejor del comercio, 
exhibiendo en los rótulos de sus tien- 
das apellidos españoles de rancio sa- 
bor. Su cultura ha creado bibliote- 
cas, en las que figuran los mejores 
libros escritos en castellano. Ade- 
más, han fundado varios periódicos, 
que aparecen impresos en caracteres 



16 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 



hebreos, pero que están redactados en nuestra lengua. 

El «español» de Bosnia y Herzegovina, cuyos ma- 
yores recibieron asilo del turco en estas tierras cuando 
fueron expulsados de la Península, permanece al mar- 
gen de toda agitación política. Bastante quehacer 
tiene con defenderse de los ataques del antisemitismo, 
difundido en toda Austria por el apasionamiento reli- 
gioso. 

Su placidez de buen comerciante sólo se altera con 
una melancolía soñadora cuando habla de los <afíanda dirifíida 
contra Austria-Hung-ria. es decir, los trabajos realizados para 
separar de la monarciuia austro-liúngara territorios (jnc le per- 
tenecen, y lamenta además, muy sinceramente, las cojisecuen- 
cias funestas de esta labor criminal. 

»E1 liobicrno real servio lamenta (|ue oficiales 3' funciona- 
rios servios hayan colaborado en esta propaganda, poniendo en 
peligro las buenas relaciones de amistad y de vecindad á las 
que se había comprometido solemnemente el Gobierno real ser- 
vio en sus declaraciones de 31 de Marzo de 1909. 

»E1 (iobieruo servio, que des- 
aprueba y rechaza toda tentati- 
va de ingerencia en el destino 
de los pueblos de cualquit!ra 
parte de Austria-Hungría, con- 
sidera como un deber advertir 
del modo más categórico, á los 
oficiales y funcionarios y á toda 
la población del reino, que en 
adelante procederá con la ma- 
yor severidad contra las perso- 
nas que se hicieran culpables de 
semejantes trabajos, y que em- 
pleará todas sus fuerzas en pre- 
verlos y reprimirlos.» 

Esta declaración será puesta 
en conocimiento del ejército 
real i)i>r medio de una orden del 
día de Su Majestad el rey de Ser- 
via y pulilieada en el órgano oli- 
cial del ejército. 

Además de estas exigen- 
cias, el gobierno austro- 
húngaro formuló otras, aiin 
más severas. Según ellas, 
el reino de Servia debía 
comprometerse á lo si- 
guiente: 

1." A suprimir cualquiera 
publicación que excite el odio y 
el desprecio hacia la monarquia 
austro-húngara, y cuya tenden- 
cia geni^ral se dirija contra la in- 
tegridad territorial de aquélla. 

2.° A proceder inmediata- 
mente á la disolución de la aso- 
ciación denominada Narodna Obrana, confiscando todos sus 
medios de propaganda, y procediendo de la misma suerte con- 
tra las demás sociedades y asociaciones servias que se dedican 
á combatir á Austria-Hungría, 

El Gobierno real servio adoptará las medidas necesarias 
para que las sociedades disueltas no ])uedan continuar su fun- 
cionamiento con distinto nombre y forma. 

3." A eliminar iiunediatamente de la instrucción pública de 
Servia, tanto en lo que se refiere al cuerpo de profesores como 
á los medios de instrucción, todo lo que sirva y pueda servir 
para fomtiiitar la propaganda contra Austria- Hungría. 

4." A alejar del sím-vícío militar y la administración en ge- 
neral á todos los oficiales y funcionarios culpables de propa- 
ganda contra la monarquia austro-húngara, cuyos nombres y 
hechos se reserva el Gobierno austro-húngaro por ahora para 
comunicarlos oportunamente al Gobierno real de Servia. 

5.° A aceptar la colaboración en Servia de los órganos del 
Gobierno austro-húngaro para la supresión del movimiento 
subversivo dirigido contra la integridad de la monarquía. 




ALEJANDRO, PRÍNCIPE tlEREDBRO DE SERVIA 



G.° A abrir una investigación judicial contra los cómplices 
del com[)lot de 28 de Junio que se encuentren en territorio ser- 
vio. Tomarán parte en esta investigación funcionarios delega- 
dos del Gobierno austro-húngaro. 

~.° A proceder urgentemente á la detención del comandante 
Voislav Zankositcli y del llamado Milán /igaiiovitch, empleado 
del Estado servio. eoiiipi-Diiietidos ambos en el proceso de Se- 
ra j evo. 

8." A imiiedir con mediilas eficaces el concurso de las auto- 
ridades servias en el contrabando de armas y explosivos á tra- 
vés de la frontera, y á licenciar y castigar severamente á los 
funcionarios de servicio en la frontera, en .Scbabetz y Loznica, 
culpables de haber a\ udado á los autores del crimen de Sera- 
jevo facilitándoles el paso de la frontera. 

9," A dar explicaciones al Gobierno austro-húngaro sobre 
los conceptos injustos vertidos por altos funcionarios servios 
tanto en Servia como en el extranjero, los cuales se han ex- 
presado, no obstante su carác- 
ter oficial, después del atentado 
de 28 de .lunio. en términos hos- 
tiles hacia la monar(|nía austro- 
liúngara. 

10. A advertir inmediata- 
mente al GobieriKi austro hún- 
garo la ejecuciíhi de todas las 
medidas coni|)reiididas en los 
artículos precedentes. 

Aquí termina lo más in- 
teresante de las exigencias 
contenidas en la Nota, pero 
todavía el gabinete de Vie- 
na colocó al iinal un llama- 
miento importante, pues 
tiene un verdadero carác- 
ter de iilUnuitiiDi: 

Kl (iobieruo austro- húngaro 
espera la respuesta del Gobier- 
no real servio, lo más tarde has- 
ta el sábado 2.") de este mes. á 
las seis de la tarde. 



Un plazo de 48 horas fué 
todo lo que pudo conceder 
Austria para contestar á su 
petición repleta de amena- 
zas. Dos días nada más para 
decidirse entre la paz y la 
guerra, para salvarse del 
peligro de una invasión, 
publicando inmediatamen- 
te en el D'mriu Oficial la más humillante de las cons- 
tricciones que se ha impuesto jamás á gobierno al- 
guno. 

Hay que fijarse en el alcance de las imposiciones 
austríacas. Todo lo referente al esclarecimiento del 
crimen de Serajevo, aunque formulado en un tono 
irritante de amenaza, podía aceptarlo el gobierno de 
Servia, deseoso del esclarecimiento de los hechos, 
para demostrar la inexactitud de las encubiertas acu- 
saciones dirigidas contra él. Pero ¿y la exigencia de 
separar del servicio á todos los oficiales y funciona- 
rios civiles que se hubiesen expresado alguna vez en 
contra de los gobernantes austro-húngaros, enemigos 
constantes de la raza servia?... ¿Y la pretensión inau- 



HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



23 



dita de intervenir los delegados austriacos en la vida 
interior de Servia, constituyendo una especie de Inqui- 
sición para perseguir á todos los que no se mostrasen 
afectos al Imperio? 

Con la aceptación de las peticiones austríacas, todo 
lo mejor del pueblo servio quedaba á disposición de la 
venganza del Imperio. Jefes del ejército, magistrados, 
profesores, periodistas, iban á ser perseguidos en su 
propia casa, no por el atentado de Serajevo— pues esto 
es de lo que menos se acordaba ya el gabinete de 
Viena— , sino por lo que habían escrito ó habían ha- 
blado durante diez años en defensa de la raza eslava 
y en pro del engrandeci- 
mieoto de su patria. 

A pesar de lo desmesu- 
radas que resultaban estas 
exigencias, equivalentes 
casi á un suicidio nacional, 
el gobierno de Belgrado las 
aceptó casi por completo, 
como se verá más adelante. 

Servia deseaba la paz, 
aun á costa de su dignidad. 
Quiso sacrificarse antes de 
que sus intereses de peque- 
ña nación produjesen un 
conflicto europeo. 

Quien no quiso la paz y 
deseó el rompimiento y la 
guerra desde la presenta- 
ción de su Nota fué Aus- 
tria-Hungría. 

Los hechos que relatamos 
á continuación lo demues- 
tran claramente. 

El Imperio austríaco, 
eterno derrotado en todos 
los campos de batalla, se 
mostró desde el primer mo- 
mento altivo, atropellador, 
irreductible. Tenía enfrente 
á un pueblo valeroso, pero 
pequeño. Además, el Im- 
perio aliado, la fuerte Alemania, estaba á sus espaldas 
para protegerle y aconsejarle. 



III 



La alarma en Europa 

Fué el jueves 23 de Julio cuando el gobierno aus- 
tro-húngaro presentó á Servia una Nota amenazante. 
Al día siguiente (viernes 24 de Julio) el ministro 
de Negocios Extranjeros de Austria- Hungría, conde 
Berchtold, por medio de los embajadores de su país 




PEDRO I, REY DE SERVIA 



ante las potencias europeas, puso en conocimiento de 
éstas la Nota «verbal» dirigida al gobierno de Bel- 
grado, acompañándola de otro documento en el que 
intentaba explicar la actitud adoptada por el gabinete 
de Viena. 

Estos documentos fueron dirigidos á los gobiernos 
de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Rusia y 
Turquía. Un detalle digno de tenerse en cuenta: Fran- 
cia fué la primera potencia que recibió las Notas de 
Viena, y las recibió con una gran anticipación sobre 
las otras naciones. Los diplomáticos de la Triple 
Alianza tenían prisa indudablemente en enterarla del 

conflicto, para saber cuál 
sería su actitud. Detrás de 
Austria estaba Alemania, 
todavía oculta, pero dis- 
puesta á mostrarse con ges- 
tos de amenaza tan pronto 
como cualquiera potencia 
intentase amparar á la pe- 
queña Servia. 

El documento austríaco 
adjunto á la copia de la 
Nota dirigida á Servia co- 
menzaba recordando á las 
potencias que el gobierno 
servio en 1909 había reco- 
nocido la anexión al Impe- 
rio de Bosnia y Herzego- 
vina, y luego decía así: 

Al día siguiente de este reco- 
nocimiento. Servia ha empren- 
dido una política encaminada á 
inspirar ideas subversivas á los 
servios de la monarquía austro- 
húngara, preparando de e.ste 
modo la separación de los terri- 
torios austro-húngaros limítro- 
fes de Servia. Servia ha sido el 
hogar de una agitación crimi- 
Tial. No tardaron á formarse so- 
ciedades y agrupaciones que de 
una manera franca ó clandesti- 
na se han dedicado á promover 
desórdenes en el territorio aus- 
tro húngaro. Estas sociedades y agrupaciones cuentan con ge- 
nerales y diplomáticos entre sus miembros y hasta funciona- 
rios del Estado y jueces; lo más saliente del mundo oficial y no 
oficial de Servia. 

El periodismo servio está por completo al servicio de esta 
propaganda dirigida contra Austria-Hungría, y no pasa un día 
sin que los órganos de la prensa servia exciten á sus lectores al 
odio y al desprecio contra la monarquía vecina, y á atentados 
dirigidos más ó menos abiertamente contra su seguridad y su 
integridad. Un gran número de agentes sostienen por todos los 
medios la agitación contra Austria-Hungría, corrompiendo á 
la juventud en las provincias limítrofes. 

En la mañana del mismo viernes 24 de Julio, el 
embajador de Austria- Hungría en París, conde Szec- 
sen de Temerin, se apresuró á presentarse en el Mi- 
nisterio de Negocios Extranjeros, dejando una co- 



'i4 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 



pia de ambas Notas á 
M. Bienvenu-Martin, 
ministro accidental, 
pues el ministro titular 
y presidente del Conse- 
jo de ministros, M. Re- 
ne Viviani, estaba fue- 
rSi de Francia desde el 
1(5 del citado mes, 
acompañando al presi- 
dente de la Hepública 
en su viaje de visita 
á los soberanos de Ru- 
sia, Noruega y Dina- 
marca. 

Inesperadamente se 
presentó por la tarde 
en el mismo Ministerio 
el embajador de Ale- 
mania, M. de Schoen. 

Tambic^n éste tenía que hacer una comunicación po- 
cas horas después que el representante austriaco. 

M. Bienvenu-Martin lo recibió en presencia de 
M. Felipe Berthelot, director adjunto de negocios po- 
líticos y subsecretario accidental. Los dos diplomáti- 
cos franceses presintieron que algo de grave impor- 
tancia estaba próximo á salir de labios de su colega 
alemán. La Triple Alianza iba á manifestar su verda- 
dero pensamiento. Y el embajador Schoen, lentamen- 
te, con cierta tristeza, comprendiendo la importancia 




Kl. (IKMCUAI 



l'ITMlv. .IKl' 
DEL BJÉUClTi 



de cada palabra caída 
en el silencio del des- 
pacho ministerial, el 
valor representativo de 
cada línea para la tran- 
quilidad de Europa, 
leyó su breve Nota. En 
ella el gobierno de Ber- 
lín declara: 

1." Que !i|)rii('l);i cu .su 
l'diuloy en su l'orm;i la Nota 
(liriffida por Austria á .Ser- 
via. 

2.° Que espera que la 
discusión quedará locali- 
zada simplemente entre 
Viena y Helj^rado. 

3." Que si una tercera 
¡yoteiicia intentase interre- 
nir en la discusión, podría 
resultar de esto una tensión 
ffrare entre los dos grupos de potencias que existen en Europa, 

Terminada la lectura se hizo un silencio penoso. 
Luego el embajador y los dos franceses se saludaron 
fría y cortésmente al separarse. Sabían lo que repre- 
sentaba esta Nota. Podían considerarse ya como ene- 
migos. El papel que Schoen guardaba en un bolsillo 
al retirarse equivalía á un deseo manifiesto de rompi- 
miento. O una inmovilidad deshonrosa, ó la guerra. 

Iba á llegar para Europa el momento temido por 



13 DM1, ESTA 1)1 
O SEKVIO 




ARTILLERÍA SERVL\ 



HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



25 




UN ESCUADRÓN DE CABALLERÍA SERVIA 



(Kut. Kol) 



unos y ansiado por otros durante cuarenta y cuatro 
años. 

a 

Este acto diplomático produjo estupefacción al ser 
conocido en París y luego en muchas capitales de 
Europa. 

El imperíalismo germánico hablaba de pronto con 
una clarídad brutal. O Rusia abandonaba á los ser- 
vios, que son de su raza, dejando que Austría los 
aplastase con su superíorídad, ó Alemania, caso de no 
ser así, avanzaría en apoyo del Imperío aliado, pro- 
duciéndose como con- 
secuencia la guerra eu- 
ropea. 

Y lo que hacía aún 
más trascendental di- 
cha actitud era que 
Alemania se apresura- 
ba á notificar esto á la 
República francesa an- 
tes que á ningún otro 
país, con la clara in- 
tención de prevenirla 
del peligro que corría 
manteniéndose aliada 
de Rusia y dejando que 
ésta interviniese en de- 
fensa de los servios. 

Resultaba visible que 
todo el asunto austro- 
servio, la presentación 




EL GENERAL HOTZENDORF, JEFE DEL ESTADO MAYOR 
DEL EJÉRCITO AUSTRÍACO 



de la Nota amenazante á Belgrado, el plazo inaudito 
de 48 horas para contestarla, la rapidez en comunicar 
á Francia lo ocurrido con una amenaza de parte de 
Alemania, era un plan concertado de antemano por 
los dos Imperios para intimidar á la alianza franco- 
rusa ó infligirle la humillación de una huida, abando- 
nando ambas naciones á Servia en manos de Austria, 
ó separándose Francia de Rusia, en cuyo caso ésta 
tendría que batirse sola con la Triple Alianza. 

El texto de todas las Notas de Austria estaba re- 
dactado por el conde Esteban Tisza, el primer minis- 
tro de Hungría, diplo- 
mático agresivo y rudo, 
en estrecha relación 
con el gabinete de Ber- 
lín y ganoso de imitar 
las glorias de su com- 
patriota Andrassy, co- 
laborador de Bismarck 
y uno de los fundadores 
de la Triple Alianza. 

Los gobiernos de Aus- 
tria y Alemania apare- 
cían francamente uni- 
dos, pero no para una 
solución conciliadora. 
Deseaban valerse de 
esta circunstancia, que 
les parecía favorable, 
para imponer á las po- 
tencias adversarias 



26 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 




i—Él 



LA CUESTIÓN DEL ITLSTBR 
Bendiciendo las banderas de losfregimicntos de voluntarios 

una humillación''mortal. Austria quería aprovechar el 
momento para librarse por siempre de la vecindad 
molesta de Servia, suprimiéndola... Alemania acep- 
taba igualmente la buena oportunidad, para que Rusia 
se cubriese de vergüenza abandonan- 
do á un pueblo eslavo ó fuese á una 
lucha armada, para la cual — según 
su creencia— ni ella ni su aliada Fran- 
cia estaban en condiciones' de prepa- 
ración. 

o 

A pesar de los deseos de rompi- 
miento que animaban manifiestamen- 
te á los gabinetes de Viena y Berlín, 
muchos creyeron que durante las 48 
horas concedidas por Austria ú Servia 
las potencias de Europa conseguirían 
resolver el conflicto pacíficamente. 

Sir Edward Grey, con toda la au- 
toridad que proporciona la represen- 
tación diplomática del pueblo britá- 
nico, estaba trabajando por alcanzar 
una solución favorable, no sólo cerca 
del gabinete de Viena, sino con el Im- 
perio alemán, que había adoptado esta 
cuestión como si fuese suya. 

Nadie podía creer que Alemania 
aceptase abiertamente la triste misión 
de guardar arma en mano todas las 
avenidas para impedir la intervenciún 



de la justicia, mientras Austria es- 
trangulaba á la pequeña Servia. 

Se dijo además que Guillermo II, 
aunque aprobaba el ulriniatum aus- 
tríaco, no había conocido su texto en 
el primer momento y que al leerlo lo 
juzgaba severo en demasía. Algunos 
hasta esperaban que influyese bonda- 
dosamente en el ánimo del emperador 
de Austria, haciéndole aceptar una so- 
lución pacífica. 

¡Vanas ilusiones! El momento es- 
cogido para el vltimatii m daba á sos- 
pechar las verdaderas intenciones de 
los dos Imperios. Todo se mostraba 
favorable para ellos. Las potencias 
adversas á su política dominadora se 
veían en una situación difícil. En In- 
glaterra la cuestión del Ulster amena- 
zaba con una guerra civil casi inme- 
diata. Un verdadero ejército de irlan- 
deses protestantes, enemigos de sus 
compatriotas católicos y autonomis- 
tas, esperaba armado y disciplinado 
el momento de sublevarse contra el 
gobierno. En Rusia acababan de es- 
tallar huelgas imponentes y la crisis 
obrera iba tomando el carácter de una 
rebelión. El presidente de la República francesa y el 
jefe del gobierno, ministro de Relaciones Exteriores, 
estaban navegando en el mar Báltico de vuelta de 
Rusia, lejos de su país y privados de iutervenir eficaz- 




LOS VOLUNTARIOS DEL ULSTER 



HISTORIA DB LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



2? 



mente en su dirección. Estas venta- 
jas eran en gran parte previstas y 
en otra parte fortuitas, debidas á la 
casualidad; pero todas por igual ser- 
vían á los intereses y las arrogan- 
cias austro-germánicas. 

Un deseo más vasto y no menos 
generoso que el de vengar el asesi- 
nato de Francisco Fernando impul- 
saba á los dos Imperios. El inespe- 
rado suceso de Serajevo les había 
servido de pretexto inicial. 

Unas semanas después la casuali- 
dad volvía á trabajar en favor de la 
Triple Alianza, poniendo á su alcance 
las potencias del Triple Acuerdo en 
una situación embarazosa, preocu- 
padas de su vida interior y sin poder 
atender libremente á los asuntos ex- 
teriores: Inglaterra en los comienzos 
de una guerra civil; Rusia con ame- 
nazas de revolución; Francia casi 
sin gobierno. 

Llegaba para Alemania — cuando 
menos podía sospecharlo — la ansia- 
da ocasión de abatir de un golpe (el 
golpe rápido y fulminante de su tác- 
tica militar) á las potencias adver- 
sas, eterno obstáculo de sus ensue- 
ños de dominio universal. 

La reclamación de Viena á Bel- 
grado no era mas que el primer epi- 
sodio de algo más grande concebido 
bajo la inspiración de las circunstancias y pronta- 
mente ejecutado. 

Raramente volvería á presentarse una ocasión tan 
favorable para obligar á las naciones hostiles á humi- 
llarse ante la Triple Alianza y reconocer su superio- 
ridad. 

Y si intentaban resistirse á la humillación... ¡la 
guerra!... una guerra iniciada con rapidez, de seguro 
é inmediato triunfo sobre unos enemigos que, por el 
momento, estaban dispersos, sin preparación, ocupa- 
dos en sus cuestiones internas. 

Por esto la diplomacia de Viena á cara descubierta 
y la de Berlín con sus ocultas inspiraciones sólo qui- 
sieron conceder plazos de breves horas para respues- 
tas que exigen maduro examen. 

Por esto trataron la suerte de los pueblos con la 
rapidez de una operación de Bolsa, disponiéndose 
para la guerra antes de conocer la suerte de las peti- 
ciones austríacas, con el deliberado propósito de tener 
por inaceptable y ofensivo lo que pudiese contestar 
Servia. 

¡O la sumisión ó la guerra!... Pero á toda prisa; en 
el curso de unas cuantas horas; antes de que las po- 
tencias contrarias hubiesen podido agruparse y po- 
nerse de acuerdo. 




EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA, M. POINCARE, CON EL ZAR 
DE RUSIA, AL DESEMBARCAR EN PBTERHOF 



IV 



Negativa de Austria á una petición de Rusia. — Alar- 
ma en París. — La contestación humilde de Servia. 
— Austria declara la guerra. 

Llegó el sábado 2.5 de Julio. A las seis de la tarde 
expiraba el plazo de 48 horas exigido por Austria para 
recibir la contestación del gobierno servio. 

El telégrafo había hecho conocer en la noche ante- 
rior un intento de intervención de Rusia. El gobierno 
ruso, por medio de su embajador en Viena y del em- 
bajador de Austria en San Petersburgo, rogó al gabi- 
nete austríaco que prolongase por unos días el plazo 
concedido á Servia, alegando la escasez de tiempo 
que representaban 48 horas para el estudio y res- 
puesta de las numerosas reclamaciones contenidas 
en el ultiinatmii . 

Los periódicos de Viena, al comentar la petición 
de Rusia, dijeron así, reflejando la voluntad de su 
gobierno: 

El gobierno austro-liúnt^aro ha rehusado acceder á la peti- 
ción (le Rusia de un nioiio tirme, pero cortés. 

Kl gobierno austro-húngaro se mantiene y se mantendrá en 
el punto de vista siguiente: que el arreglo de sus cuestiones 



28 



VICENTE BLASCO IBAÑEZ 







EL DEFENSOR DE SEUVTA. El, ZAR DE UÜSIA, NICOLÁS II 



con Servia constituye un asunto que no interesa á nadie mas 
que 6. Austria-Hungría y á Servia. La monarquía austro-liún- 
gara está decidida desde el principio de la cuestión á mante- 
nerse en este punto de vista, xean cuales sean las circunslan- 
cias. y (í rechazar loda lentalira de intervención. 

La actitud de Austria era clara y firme. Conceder 
un plazo más largo equivalía á dar tiempo á la diplo- 
macia europea para mezclarse en el asunto. Y de per- 
mitir una intervención extranjera, tendría que mode- 
rar sus propósitos, aceptando las explicaciones de 
Servia y una solución pacífica. No; el asunto intere- 
saba á los dos gobiernos únicamente. Debían dejar 
solos al Imperio enorme, de peso abrumador, y á la 
pequeña nación predestinada á la muerte. 

Rusia, protectora natural de los pueblos eslavos, 
no tenía por qué intervenir — según el gobierno aus- 
tríaco — en este conflicto, originado realmente por un 



antagonismo de razas. Debía presen- 
ciar con indiferencia cómo sacrifica- 
ban á uno de su sangre. 



París empezó á alarmarse con es- 
tas noticias. 

Presintieron muchos que algo muy 
grave iba á ocurrir para la paz de 
Europa. El gobierno ruso no podía 
tolerar fríamente que Servía fuese 
atropellada y sacrificada, y una in- 
tervención suya contra el Imperio 
austríaco arrastraría á Francia como 
aliada, y haría avanzar igualmente 
^^^ por el lado opuesto al Imperio ale- 

S^W man, surgiendo la guerra inevita- 
IjliS blemente. 
' Muchos, con ün optimismo senti- 
mental, se oponían á esta idea, como 
si la guerra fuese algo monstruoso, 
impropio de nuestros tiempos. Espe- 
raban una mediación, á última hora, 
de las potencias. Confiaban en los 
consejos de Alemania á su aliada... 
¡Todo menos la guerra! 

En unas cuantas horas la amenaza 
del conflicto europeo ganó la aten- 
ción de París, haciendo pasar á se- 
gundo término otro asunto que traía 
preocupados ú los parisienses, y por 
acción refleja á una gran parte del 
mundo, pues sabido es la resonancia 
mundial que adquieren todas las 
ideas y sentimientos de la metrópoli 
francesa. 

Se estaba desarrollando on aque- 
llos días la vista del proceso de ma- 
dame Caillaux, autora de un aten- 
tado mortal contra el periodista Cal- 
mette, director de Le Finara, á raíz 
de la campaña hecha por éste contra su esposo, el 
ministro Caillaux. El proceso había caldeado los áni- 
mos. Desde meses antes, la opinión aparecía dividida 
en Francia, según las opiniones políticas de unos y 
otros. La discusión de un simple delito tomó, por la 
categoría de las personas que figuraban en él, la im- 
portancia de una lucha de partidos. Las sesiones de la 
vista del proceso terminaban tumultuosamente fuera 
del Palacio de Justicia, cou luchas entre los opuestos 
bandos, heridos y cargas de la policía. 

Esta efervescencia, que empezaba á recordar la 
época tumultuosa del proceso Dreyfus é iba marcando 
una separación entre avanzados y conservadores, fué 
tal vez apreciada en Viena y Berlín como una demos- 
tración más del desconcierto en que vivía Francia y 
su imposibilidad de defenderse por medio de una acción 
unánime. 



(I'ol. Meurisse) 



HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914 



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El kaiser dando la mano al general francés Pau en las üllimas maniobras militares 
celebradas en Suiza 



»E1 Gobierno real deplora sinceramente las consecuencias 
terribles de esta actividad criminal. 

»E1 Gobierno real lamenta que ciertos oficiales y funciona- 
rios servios, según se desprende de lo que comunica el Gobier- 
no imperial y real, hayan participado en dicha propaganda, 
comprometiendo las relaciones que se había obligado á guardar 
el Gobierno real en su declaración de 31 de Marzo de 1909. 

»E1 Gobierno servio, que desaprueba y repudia toda idea de 
intrusión en el destino de los habitantes de todas las regiones 
de Austria-Hungría, considera como su deber advertir oficial- 
mente á los oficiales y funcionarios y á toda la población del 
reino, que en adelante procederá con todo rigor contra las per- 
sonas que resulten culpables de semejantes actos y los repri- 
mirá enérgicamente. 

»Esta comunicación será puesta en conocimiento del ejér- 
cito real por medio de una orden del día, publicada á nombre 
de Su Majestad por el principe heredero Alejandro. Dicha co- 
municación será impresa en el próximo número del Boletín 
O/ciul del Ejército.» 

Además, el Gobierno real servio ofrece someter en la pri- 
mera sesión de la Shoupchtina (1) una enmienda á las leyes de 
prensa, castigando los artículos que sean susceptibles de pro- 
ducir sentimientos de odio contra la monarquía de Austria- 
Hungría. Del mismo modo perseguirá todo lo que tienda contra 
su integridad territorial: 

1." El Gobierno real se compromete, con motivo de la revi- 
sión de la Constitución que ha de efectuarse en breve, á intro- 
ducir en el artículo 22 una enmienda que permita secuestrar 
dichas pul)l¡cacioncs. lo que no es posible aliora, según los tér- 
minos cat(;góricos del citado artículo, todavía en vigencia. 

2.° El Gobierno imperial y real no ha ofrecido todavía al Go- 
bierno real servio la prueba de que la sociedad Narodna Obrana 
y las otras sociedades similares han cometido hasta el presente 
actos criminales por medio do sus miembros. Á pesar de esto, 
ol Gobierno real aceptará la petición del (iobieruo imperial j- 



A>iTE.S DB I,A GTIKKUA 
|EI kaiser saludando al zar de Kusia 



(I) Shoupchtina es el uombre del I'.-irl,imento servio. 



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VICENTE BLASCO IBAÑEZ 




EL PRESIDENTE DE LA UEI'ÚULICA FRANCESA, 51. I'OINCAUÉ, CON EL I'IU^CU'E DE CALES, AL DESEMBARCAR EN INGLATERRA 

(Fot. Rol) 



real y disolverá la sociedad Narodna Ohrana y cualquiera otra 
que pueda promover aifitacióii contra Austria. 

',i.° El Gobierno real servio se obliga á eliminar iiniKMliata- 
meiite de la instrucción pública de Servia todo lo iiue pue