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Full text of "Historia de la isla de Cuba"

THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 




UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



10001351065 



This book is due at the LOUIS R. WlLSON LIBRARY on the 
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HISTORIA 



ISLA DE CUBA 



D. JAGOBO DE LA PEZUELA 



ACADÉMICO DE LA HISTOR^ 



TOMO SEGUNDO, 




J. 



MADRID 

CAKIjOS BAILIiY-BAlLLIEBE 

LIBKERO DE CÁMARA DE SS. MM., DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL, 
'CONGRESO DE LOS SEÑORES DIPUTADOS Y DE LA ACADEMIA DE JURISPRUDENCIA 
Y LEGISLACIÓN 

Plaza del Principe Alfonso , núm. 8. 

parís, i LONDRES, f NUEVA-YORK, 

B. Bailliere é bijo. | H. Dailliere. j Bailliere hermanos. 

laes. 

Derechos reservados.' 



V 




fflSTORIA 

DE LA ISLA DE CUBA. 



LIBRARY 

UNIVERSITY OF NOr.TH CAROLINiP 

CHAPEL HILL 



'Madrid : 1868.— Imp. de Bailly-Bailliere. 



h/77é 

HISTORIA / ¿ 



DE LA 



ISLA DE CUBA 



POR 



D. JACOBO DE LA PEZUELA 



ACADÉMICO DE LA HISTORIA. 



TOMO SEGUNDO 




MADRID 

CÁELOS BAILLY-BAIIiLIEBE 

LIBRERO DE CÁMARA DE SS. MM., DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL, 

DEL CONGRESO DE LOS SEÑORES DIPUTADOS Y DE LA ACADEMIA DE JURISPRUDENCIA 

T LEGISLACIÓN 

Vldza del Príncipe Alfonso j núm. 8. 

parís, i LONDRES, [ NUEVA-YORK, 

J. B. Bailliere é bijo. | H. Bailliere. ( Bailliere hermanos. 

1868. 

Derechos reservados. 






t! 



fflSTORIA . 

DE LA ISLA DE CUBA 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Gobierno de D. Gaspar Ruiz de Pereda.— < Santiago de Cuba.— Minas de cobre.— 
llesidenles extranjeros. — Conjeturas sobre la población de la isla. — D. Alonso 
Henriquez de Armendariz, obispo de Cuba. — Su inlolerancia. — Pretende 
trasladar la catedral á la Habana. — Excomulga á Pereda y á los seglares de la 
capital. — Quejas de Pereda al Uey. — Muerte del Gobernador de Santiago. 
— Estado de aquella ciudad. — Gobierno de Sancho de Alquizar, sucesor de 
Pereda. — Avenida del Cauto y sus consecuericias. — Fomento agrícola.— 
Muerte de Alquizar. — Interinidades de mando. — Contrabandos. — José Fur- 
tado. — Gobierno de D. Francisco de Venegas. — Empieza el reinado de Fe- 
lipe IV. — Armadilla. — Incendios en la Habana. — Waufragio de una flota. — 
Muerte de Venegas. — Gobiernos interinos de Damián Velazquez de Contre- 
ras y de D. Francisco Abad. — Proyectos de obras públicas. — Hostilidades de 
los holandeses. — D. Pedro de Fonseca gobierna en Santiago. 



Con la flota que de Cádiz iba á Nueva-España llegó 
el 16 de junio de 1608 á relevar á Valdés, su sucesor 
D. Gaspar Ruiz de Pereda *, caballero de Santiago, natu- 
ral de Medina del Pomar y antiguo empleado en la admi- 
nistración de los ejércitos. 

El capitán Francisco Sánchez de Moya que seguia 

* Habia salido de Cádiz el 4 de abril Comisario en los ejércitos. Después de 

en los galeones de D. Gerónimo de Por- regresar de Cuba á España no aparece 

tugal. Sirvió muchos años hasta capitán su nombre en ningún documento, ni 

en las guerras de Flandes y luego de publicación de su época» 



fin 



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6 HISTORIA 

explotando las minas de cobre de Santiago, no osando 
expedir remesas de mineral por temor de los corsarios, 
solicitó que Pereda previniese buques armados que fue- 
ran á buscarlas. Andaban cruzando entonces entre los 
cabos de Cruz y de Maisy dos naves de piratas y habian 
caido en su poder algunas presas. Hizo en efecto preparar 
Pereda «dos navichuelos muy bien puestos» que fueron 
á recoger los minerales y á cuyo bordo pudo al mismo 
tiempo trasladarse á aquel destino su primer goberna- 
dor Juan de Villaverde Ozeta. Esta corta expedición 
obtuvo el mejor éxito, recogiendo los cobres y logrando 
apoderarse por sorpresa de uno de los dos barcos pira- 
tas^. Villaverde comenzó allí á ejercer su cargo en 2 
de diciembre, y pronto inauguró la larga serie de com- 
petencias entre los gobernadores de Santiago y los capi- 
tanes generales, pretendiendo desde luego ejercer en su 
distrito el vice-patronato real en la provisión de vacantes 
eclesiásticas. Y en cierto sentido se fundaba; porque, so- 
bre tan esencial punto de gobierno ultramarino, en la cé- 
dula de la división de la isla en dos jurisdicciones ni se 
habia indicado nada. Corrían á la sazón parejas los des- 
cuidos de la gobernación superior con los de la inferior. 
Desde la conquista se propuso España monopolizar 
exclusivamente cultivos y comercios en sus nuevas po- 
sesiones ; y en la observancia de ese principio la imi- 
taron la Francia y la Inglaterra asi que adquirieron 
colonias en América. Pero ni puede un individuo labrar 
solo un vasto campo , ni aquella metrópoli bastaba para 
cultivar, colonizar y explotar una gran parte del mun- 



' Todos sus tripulantes fueron ahor- ciones de Pereda en el Arch. de Indias 
cados. Así resulta de yarias comunica- de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. 7 

do. Desde 1 502 se habia ordenado al comeníJador 
Obando , acaso para expulsar de la Española algunos po- 
cos colonos italianos, compañeros del gran descubridor, 
que no consintiera ningún extranjero en aquel suelo; y 
que, si se hallaba allí alguno avecindado, se le despidiera 
forzándole á vender sus bienes. Aunque luego esa pro- 
hibición no fuese nunca una verdad absoluta en las islas 
de América, y en el continente mucho menos, continuó 
mas ó menos observada hasta que en 1557, en vir- 
tud de contratas diversas del gobierno con negociantes 
extranjeros, se admitió en los puertos coloniales á los 
que con licencia del Rey se presentaran con negros ó 
mercaderías registradas por la Contratación , con la cláu- 
sula forzosa de vender sus cargamentos precisamente 
en los puntos á donde iban destinados. Al paso que las 
potencias europeas, con armamentos y corsarios en 
tiempo de guerra, y en el de paz con sus piratas, se lla- 
maban á la parte en los descubrimientos, ya colonizando 
por las playas septentrionales del nuevo hemisferio, ya en 
los islotes que los españoles desdeñaban, los portugueses 
empezaron desde 1 581 á eludir las prohibiciones que 
también les comprendían, aunque entonces fuesen subdi- 
tos de un mismo soberano. A veces con licencia perso- 
nal del Rey , otras por tolerancia de los oficiales de la 
Contratación y de los generales de las flotas , lograron 
introducirse muchos en las ludias , especialmente en las 
Antillas y en Panamá, á donde los llamaban la pesquería 
de perlas y su señalada aptitud para esa industria. Pero 
llegó luego la intrusión de los extranjeros en el comercio 
americano á prohibirse tan severamente, que se amenazó 
en 1 .' de noviembre de 1 607 « á los generales y almi- 
» rantes que los consintiesen, con la privación de oficios; 



8 HISTORIA 

»y hasta con pena de muerte á los capitanes, pilotos, 
» maestres, contramaestres de naos que los llevasen sin 
» licencia. » Habia Pereda traído estrecho encargo de 
cumplir esa orden limpiando la isla de toda gente extra- 
ña ; pero embarazóle un laberinto de perplejidades para 
ejecutarla , porque el absurdo de la providencia dima- 
naba de la imposibilidad de su cumplimiento, como aquel 
gobernador nos lo demuestra en el párrafo siguiente de 
su carta al Rey de 25 de noviembre de 1609. «He ido 
» enviando á España á cuantos e podido aver ; pero no 
» por esto se remedia , porque cada dia cargan más y se 
» ofreszen nuevos inconuenientes. El primero es si bas- 

> tara para dejallos estar que haya diez años que vivan 
h en la isla , aun cuando no haya mas que uno que es- 
» ten cassados. Acá los letrados interpretan que esto es 
» bastante ; con lo cual casi ninguno viene á ser com- 

> prendido. Lo segundo : si también lo an de ser los del 
» Algarbe que pretenden ser exemptos por cierto empeño 
» ó derecho antiguo. Y es el principal que no se les 
» admiten las prouanzas de testigos sino las fees de 
j> rexistro de los navios, ó de uecindad, ó del tiempo en 
» que se cassaron. Las prouanzas son como ellos las 
» quieren; el fiscal les crehe i yo no puedo atender á 
» sustanciar la caussa. Con todo esso e echado á dos por- 
» tugueses después de auerlos absuelto el teniente por 
» haber sabido que sus prouanzas eran falsas. Fuera 
» desto, en la audienzia son muy amparadas las caussas 
1» de los portugueses , etc. , etc. d 

En cerca de dos años, á dos solos individuos se redujo, 
pues, una persecución que comprendía en la sola isla 
á centenares. 

El solo resultado de esas prohibiciones, mal ó bien 



m LA ISLA DE CUBA. 9 

cumplidas por los gobernadores, era entorpecer la colo- 
nización y los progresos que marcaba la naturaleza mis- 
ma en las provincias americanas, y sobre lodo en Cuba. 
Por otra parte, Pereda ejecutaba con tal puntualidad las 
órdenes del Rey, que no permitía entrar en la Habana á 
las naves registradas por la misma Casa de Contratación 
cuando pertenecian á armadores extranjeros, y así se 
ahuyentó del puerto alguna parte de su corto tráfico. 

Corrió también aquel gobernador con mas útil encargo, 
aunque no con mejor éxito. Por falta de sujetos aptos 
no pudo ilustrar al gobierno con noticias estadísticas de 
la población que en su tiempo habia en la isla. Sus con- 
jeturas la hacian pasar de veinte mil habitantes, entre 
españoles, mestizos, negros é indios; y concedían mas 
de la mitad de ese guarismo á la sola capital, con las 
haciendas de su cercano territorio. Algunos grupos de 
míseras cabanas en los puertos de Matanzas , de Bata- 
banó, del Mariel y Bahía-Honda, algunas familias que 
vivían de pesca, y cuando podían de contrabando , com- 
ponían la única población que se albergaba en toda la 
parte occidental de Cuba. Por el opuesto extremo, Bara- 
coa, su mas antiguo pueblo, era una ruin aldea, y no la 
llevaban aun grandes ventajas Puerto-Príncipe , Sancti- 
Spiritus y San Juan de los Remedios, que empobrecidas 
por su incomunicación y falta de comercio, carecían á 
veces hasta de vino y hostias para decir misa ^. Santiago, 
preferida víctima de los temblores de tierra y los piratas, 
estaba reducida á poco mas de mil moradores de toda 
especie, y de estos la mayor parte residía en las hacíen- 

^ En el Arch. de Indias de Sevilla hay varías comuDicacíones de Pereda 
referentes á esa materia. 



lo HISTORIA 

das ó en las minas de cobre, á tres leguas de la ciudad, 
donde con el atractivo de la explotación ya se formaba 
un pueblo. Habíanla ido desamparando sus vecinos 
é ídose á Bayamo que, situado en lo interior, era un re- 
fugio mas seguro de las vandálicas sorpresas de los ex- 
tranjeros y la segunda población entonces de la isla por 
su riqueza pecuaria y su comercio de reses y corambres. 
Aunque mas expuesta á insultos, teníase á la de Trini- 
dad por la tercera , porque su comercio clandestino con 
las islas y aun con la Tierra-Firme la favorecía , y se ha- 
blan librado sus vecinos de las duras persecuciones de 
Poago y de Contreras á los rescatadores. 

Según noticias dadas por Pereda en 24 de noviembre 
de 1609 , existían entonces en la isla seis conventos: 
tres en la Habana, el de San Francisco con un hermoso 
templo construido en los últimos gobiernos anteriores, el 
de Santo Domingo, el de San Agustín con una humilde 
iglesia ; otro de la Merced en Trinidad , y dos mas de la 
de San Francisco en Santiago y en Bayamo. 

Con el conciliador obispo Cabezas \ á lo menos en los 
principios de su gobierno, no turbaron á Pereda compe- 
tencias con la jurisdicción eclesiástica , aunque las susci- 
tase el tribunal de la Inquisición de Méjico ^ nombrando 



* véase su biografía en la pág. 216, la Habana. Luego, en 24 de febrero de 

tomo I. del Dice. Geog.» Est.^ Hist. de la 1612, fué reconocido en su lugar, con el 

Isla de Cuba por el A. de Comisario, el Dean de la catedral de 

^ Desde 3 de diciembre de 1610 tuvo Santiago, Francisco Ortiz. El obispo 

la Inquisición un representante oficial Armendariz que en 7 del mismo mes y 

en ia Isla. Lo fué Juan B. Guilisasti, año habia tomado posesión de su silla, 

que en aquel dia presentó su título de solicitó y obtuvo luego que las funcio- 

familiar y notario de la de Méjico, que nes de inquisidor se cometiesen siem- 

so lo habia expedido en 5 del anterior pre á uno délos miembros de su cabildo 

setiembre, para que lo ejerciese desde eclesiástico. 



t)É LA ISLA DE CUBA. H 

comisarios del Santo Oficio en la isla , primero al guar- 
dián de San Francisco de la Habana , después al provisor 
de Ja diócesis. Pero no duró en Cuba la armonía entre 
el poder espiritual y el temporal sino mientras aquel 
prelado siguió en la diócesis. Promovido en junio de 
1610 á la de Goatemala, le reemplazó después en la de 
Cuba el P. Carmelita D. Alonso Henriquez de Armenda - 
riz % obispo in partibus de Sidonia, de una de las prime- 
ras casas de Navarra , aunque natural de Sevilla , igual 
á su antecesor en la pureza y en su literatura mas 
aventajado , pero de índole irascible y recia , y con un 
prurito de regentear sin límites. Armenda riz fué recibido 
en la Habana con solemnidad el día 7 de febrero de 
1612, habiéndose demorado en España mas de un año 
después de su consagración. Contuviéronle los bríos 
algún período la cortesanía y las deferencias de Pereda. 
Mas no habían de llegar las del gobernador hasta pos- 
poner su representación y atribuciones á las crecientes 
exigencias del nuevo prelado. 

Redobló Armendariz sus memoriales y diligencias en 
Santo Domingo y en la corte para que se trasladase á la 
Habana la catedral y el asiento de su mitra. El desam- 
paro , la distancia , el peor clima , la menor población, 
el mayor peligro de invasiones de piratas en Santiago, 
eran los motivos alegados para una pretensión cuyo 
éxito habia ya parecido á Cabezas tan seguro, que des- 
linó todos sus ahorros á fabricar en la Habana una mo- 
desta casa con el título de palacio del obispo , la misma 



^ Véase su biografía pág. 43 , tomo I Eclesiásticos j etc. de Sevilla por Ortiz 

del Dice. Geog., Est., Hist. de la Isla de de Zúñiga se refieren también en algu- 

Cuha por el A., y JiiW. Hispana ISova nos pasajes á este prelado, denomi- 

por D INicolás Antonio; los Anales nándole obispo in partibus de Sidonia. 



12 Histonu 

que aun subsiste en pié en la mas antigua parte de la 

calle llamada de los Oficios. 

Desde que sospechó Armendariz que el gobernador, 
interesado en apartar de la capital una autoridad mas 
caracterizada que la suya, habia informado al Rey en 
sentido contrario á su proyecto , ya no guardó con él 
atención ni miramiento. Subió de punto su soberbia 
cuando se presentó en la Habana un delegado eclesiás- 
tico del arzobispo metropolitano de Santo Domingo á 
oponerse á la erección de la iglesia mayor en catedral, 
que ya tenia dispuesta. Ya no perdonó ocasión ni medio 
de ofender y humillar á los seglares ni á Pereda. En una 
fiesta que se celebraba en aquel templo, al gobernador 
y al ayuntamiento que la presidian , les despojó en pú- 
blico del asiento y lugar donde se colocaban de ordina- 
rio, para dárselo á los canónigos y clérigos. Pereda disi- 
muló el ultraje ; pero elevó enérgicas quejas á la au- 
diencia y aun al Rey. Hasta que se resolvieran, acordó 
con el cuerpo municipal no asistir más los dias de fiesta 
á la iglesia donde el obispo celebraba , sino á la de San 
Francisco, mientras el regidor Nicolás Carreño, comisio- 
nado en Santo Domingo por el ayuntamiento, daba cuenta 
á aquel Primado de los desafueros de Armendariz. 41 
saber este que se seguían contra él gestiones , esperó la 
primera oportunidad para lanzar sus anatemas sobre el 
gobernador, sobre el ayuntamiento y sobre el pueblo 
entero. 

El dia 2 de febrero de 1 61 4, el de la fiesta de la Can- 
delaria "^ , apareció fijado en todas las puertas de las igle- 

' Sobre este incidente se encuentran en las Memorias de la Sociedad Patrió' 
en el Arch. de Indias de Sevilla varias tica de la Habana. 
eartas de Pereda y aun algunas noticias 



DE LA ISLA DE CUBA. 13 

sias un decreto de excomunión contra Pereda, con las tre- 
mendas condiciones de « cessatio á divinis d y de « par- 
ticipantibus.j» Por ellas se cerraba de hecho al goberna- 
dor y á sus gobernados la entrada de los templos , se 
negaba el entierro en sagrado á los cadáveres , la admi- 
nistración de sacramentos á todos ios que no fueran ecle- 
siásticos, y en la época de mas fervor en las creencias 
ortodoxas , se trataba á una ciudad católica como á una 
población de herejes. Armendariz, ensordecido á toda in- 
tercesión y súplica , se marchó á los lugares de la tierra 
adentro, dejando á la Habana consternada con sus rayos. 
« Los clérigos, escribió Pereda al Rey, vinieron á mi 
» cassa con cruz cubierta y la apedrearon; y la absolu- 
» cion desta censura la resservó el obispo para sí , sin 
» señalar el lugar á donde se le auia de hallar para acudir 
j> al remedio. Solo se lo daba para que la pudiesse alzar 
)• al prouissor con ciertas condiciones , no solamente 
» injustas y agrauiantes, pero impossibles; y aziendo yo 
» diligencias con él como Juez para ello , atento á la 
» larga distancia en que están el obispo y el Metrópoli - 
» taño y el dessairado estado en que se hallaba esta 
> república sin offizios divinos, i enterrándose los muer- 
» tos en el campo, le requerí á dicho Dean Prouissor 
» con una real prouission de auxilio de fuerza para que 
» prozediesse á su cumplimiento. Se procuró exemptar 
» diziendo era comissario del Santo Offizio , i como tal 
i> me excomulgó de nuevo; e hizo poner otro papel en la 
» puerta de la iglesia mandando me tuviessen también 
» por excomulgado por el Santo Offizio , aunque al fin lo 
» vino á revocar passados algunos dias. El ruido que con 
» esto se ha hecho y la indezencia con que ha passado 
» en un lugar como este , ha sido de manera que m 



14 HISTORIA 

» puedo escusarme de dar cuenta á V. M. para que 
s> ponga el renaedio; y estimara que V. M. me permi- 
» tiera acudir á Su Santidad para que mandara averi- 
» guarió todo. Estoy tan satisfecho de que en estas cos- 
j» sas, de mi parte no solamente no se ha passado de lo 
» justo, ni de lo precisamente necessario, que no dudara 
» de hacerlo si no mirara á que el obispo es pressentado 
» por V. M. y tiene título de su Consejo. » El arzobispo 
metropolitano levantó las excomuniones de Armendariz 
y de su provisor, pero sin imponer correctivos ni á uno 
ni á otro. 

Su muerte, ocurrida el 27 de setiembre de 1612, 
libertó al primer gobernador (j¡e Cuba Juan de Villa verde 
de chocar con el imperioso obispo , cuando fué á visitar 
su catedral y los demás pueblos de aquella jurisdicción. 

La creación de una autoridad independiente en lugar 
tan ruin y abandonado como Santiago lo era entonces, 
de nada habia servido para reanimarlo. En vano se habia 
esforzado Villaverde en traer á aquel vecindario aguas 
potables de un cercano rio. Se vivia en él con tal mise- 
ria y desamparo que ni médico habia que visitase al que 
enfermaba. La sanidad del pueblo estaba encomendada 
á una curandera, de nombre Mariana Nava^, que 
recibia del ayuntamiento cien ducados anuales de sala- 
rio. Al morir Villaverde se encargaron del mando polí- 
tico los alcaldes ordinarios Gabriel Santiestéban y Simón 
Merino , y el capitán Pedro Romero Tamariz del de las 
armas j hasta que de orden de la audiencia fué aquel 
gobierno encomendado, en 23 de marzo de 1615, al 

« Véase la Memoria Histórica de la hacia 1820 por el antiguo secretario del 
Catedral de Cuba^ obra inédita del obis- gobierno de Santiago de Cuba D. José 
po Morell de Santa Cruz y adicionada Emigdio Maldonado, 



DE LA ISLA DE CUBA. 15 

capitán administrador de las minas del cobre Francisco 
Sánchez de Moya. En el poco tiempo que corrió á su 
cargo devoró un incendio mas de cuarenta casas en San- 
tiago : nuevo impedimento para el auge y desarrollo de 
una población tan desafortunada. Relevó á Moya en 20 
de mayo de i 61 4 el capitán Juan García de Navia, nom- 
brado gobernador de Cuba por el Rey, resultando así in- 
fructuosas las repetidas gestiones de Pereda para que 
los gobernadores de la Habana , como capitanes genera- 
les , nombraran por sí mismos á los de Santiago , como 
antes de la división de la isla en dos jurisdicciones. 

Fuera de las discordias que suscitó el obispo, ningún 
incidente hizo notable el gobierno de Pereda , que tras- 
pasó su término ordinario por las instancias del ayunta- 
miento de la Habana para que le fuese prorogado. 

Relevó á Pereda en 7 de setiembre de 1 61 6 el capitán 
Sancho de Alquizar ^ que en los galeones de Cartagena 
vino de desempeñar otro mando en Tierra-Firme. Sin 
haber dejado fenecida allí la ruidosa residencia de Ber- 
rio, su antecesor en Venezuela , tuvo Alquizar que ocu- 
parse algunos meses con la de Pereda, cuyo despacho no 
le fué difícil. 

Vimos ya como por la parte oriental de la isla , un 
solo pueblo se habla preservado de invasiones de piratas 
y de incendios, aunque no de aflicciones de otro género. 
Allí Bayamo solo prosperaba cuando las iras de la natura- 
leza remataron lo que las de los hombres habían comen- 
zado. Sobrevino á paralizar su crecimiento y arruinarlo 
una calamidad irremediable. El.Cauto, el mas caudaloso 



3 Véase su nota biográOca pág. 17, tomo I del Dice. Geog.j Est., Hist. de la 
Isla de Cuba por el A. 



16 HISTORIA 

rio de la isla , recibiendo en su ancha madre muí tu dde 
corrientes tributarias , reparlia la fertilidad por riberas 
hermoseadas con campos cultivados. Veíanse allí algunos 
ingenios rindiendo azúcar tosco, pero bien vendido y aun 
alguna plantación de añil dotada de cincuenta esclavos *®. 
La profundidad de aquel cauce permitía que por su mar- 
gen navegasen en una extensión de veinte leguas bu- 
ques de mas de doscientas toneladas , hasta su confluen- 
cia con el Cantillo, que, fertilizando seis leguas mas 
arriba al llano de Bayamo, sacaba en lanchas desde muy 
cerca de la población los frutos y los efectos de la tierra 
para cambiárselos por artículos de Europa. Así reunía 
aquel pueblo á la seguridad de su situación mediterrá- 
nea, las ventajas comerciales de la marítima. Tan tenaces 
fueron allí las lluvias en el otoño de aquel año, que á 
fines de setiembre el Cauto y sus afluyentes se derrama- 
ron con avenida formidable. Los campos se convirtieron 
en lagunas, y sus labranzas, sus fábricas, sus animales 
desaparecieron con ellos casi enteramente. Palmas y ce- 
dros seculares, arrancados por la violencia de las aguas, 
y mas de treinta buques, unos contra otros estrellados y 
deshechos, sumergiéronse en la profundidad del cauce y 
le atascaron : perenne estorbo opuesto desde entonces á 
la navegación del Cauto , al porvenir y al fomento de 
Bayamo. Aun hoy, á lo menos hace pocos años, conti- 
nuaba todavía encajado en el fondo de la embocadura 
del Cantillo el casco de un bergantín^ que no habían 



'" Sobre aquella desgracia y algunos Figueredo. Las Memorias de la Soc. Pa- 

detalles de la historia particular de triólica de la Habana han publicado aN 

Bayamo > tuvimos ocasión de exaroínar gunos apuntes históricos sobre aquella 

hace muchos años una memoria inédita antigua población. 



y juiciosamente redactada por el Lie. 



DE LA ISLA DE CUBA. 17 

logrado desprender de allí dos corrientes y dos siglos. Si 
algún tanto resucitó después la agricultura en tan fe- 
cundo territorio, se perpetuó un terrible estorbo á la sa- 
lida de sus frutos, y durarán las consecuencias de aquella 
avenida desastrosa hasta que no se emprenda con acierto 
y recursos eficaces, de los que son tan comunes en Eu- 
ropa, la útilísima limpia de aquellos dos rios navegables. 
El cuidado y dirección de las minas de cobre habían 
seguido á cargo de la capitanía general, aun después de 
dividida la isla en desgobiernos, lo mismo que todo lo 
de hacienda. Fenecida la última contrata, renovóse otra 
á poco de llegar Alquizar con el contador Juan de Egui- 
luz , que se comprometió por ella á remitir anualmente 
dos mil quintales de metal á la casa de fundición de la 
Habana ó directamente á España , según se le ordenase. 
Pero el nuevo convenio no tardó en ser quebrantado, 
unas veces por falta de buques para la remisión de 
minerales , otras por la inseguridad de las costas , mu- 
chas por falta de brazos para el laboreo , siempre por lo 
defectuoso de los instrumentos, y por la ignorancia de 
los operarios que dirigían la explotación. 

Alquizar dio su nombre á uno de los mas hermosos 
territorios que están al poniente de la Habana porque 
fomentó en él una hacienda; y se formaron también algu- 
nos ingenios en su tiempo con algunas introducciones de 
negros de un nuevo asiento celebrado por el Rey con el 
portugués Antonio Rodríguez de Elvas. Los pocos des- 
cendientes que quedaban de la raza indígena , inútiles 
para la dura tarea de los ingenios y aun para las labran- 
zas ordinarias, ó se aplicaban al servicio doméstico ó 
seguían reunidos en Guanabacoa, pobres, perezosamente 
y sin industrias. 

mST. DE CUBA,— TOMO II,— 2 



18 HISTORIA 

Murió Alquizar en la Habana el 6 de junio de 1619; 
y no estando aun previsto , ni dispuesto nada sobre el 
orden de sucesión accidental del mando , el ayunta- 
miento, después de gobernar durante un mes con el 
licenciado Diego Vallejo, teniente general y auditor del 
difunto , tachóle de incapacidad y de vejez , poniendo el 
gobierno militar como el político en manos del castellano 
del Morro, Gerónimo de Quero ^S el 6 de julio. Aprobó 
la audiencia la elección de los municipales ; pero sin de- 
mora representó Vallejo al Rey su agravio y sus dere- 
chos. Atendida su reclamación, después de largas dila- 
ciones , recibiósele como gobernador político interino en 
el ayuntamiento el 3 de julio de 1 620 , quedando Quero 
con el gobierno militar, y multados en cien pesos los 
regidores que le habian conferido con sus votos las dos 
jurisdicciones. Pero fué poco duradera la satisfacción 
dada á Vallejo. Cuando la recibió , estaba ya nombrado 
un nuevo capitán general que apresuró su viaje, siendo 
muy urgente su presencia para cortar las desavenencias 
y desórdenes inherentes á tales interinidades y divisio- 
nes de gobierno. 

No andaba el de Santiago de Cuba tampoco mas tran- 
quilo. Año y medio antes que Alquizar había también 
muerto allí García de Navia, y sido reemplazado en 20 
de agosto de 4 618, por el capitán Rodrigo de Velasco, 
gobernando entretanto los alcaldes con animosidades y 
debates. En lugar de residir Velasco en la cabecera de 
su jurisdicción, se trasladó á Bayamo, y muchos de aque- 
llos vecinos le imitaron, reproduciéndose así en aquella 



'* Véase su apunte biográfico en la pág. 326 del tomo IV del Dice. Geogr., 
Kstad. , Hist. de la Isla de Cuba por el A, 



DE LA ISLA DE CUBA. 19 

ciudad otra emigración, no motivada ahora, como antes, 
por invasiones de piratas. 

Con palabras textuales del antecesor de Alquizar, 
quedó explicado en su lugar que habia multitud de ex- 
tranjeros en la isla y la inutilidad de las gestiones para 
su expulsión ; porque los más eran casados , y hacia ya 
muchos años que tenian domicilio establecido, con fami- 
lia y propiedades en el país. Entre ellos era el mas nota- 
ble entonces el portugués José Furtado , sujeto enreda- 
dor y malicioso, que por sus relaciones con maestres de 
muchas naves que iban y venían, se daba maña para in- 
troducir con gran provecho suyo contrabandos, así en la 
Habana como en otros puertos, ya por su cuenta, ó ya in- 
teresando en sus tráficos á las personas de mas viso. Ha- 
bia tenido este Furtado gran mano con Alquizar, capitán 
de galeones largo tiempo. Después de su muerte continuó 
su influencia con los que provisionalmente manejaron el 
gobierno, y sobre todo con los clérigos y religiosos, dis- 
puestos á lucros y solturas, cuando el rígido Armen- 
dariz los perdía de vista al recorrer su diócesis. No se 
empleaban solo en contrabandos los manejos de Fur- 
tado, se extendían á los depósitos de fondos del ayun- 
tamiento , de limosnas y jornales de los indios , que se 
invirtieron con frecuencia y bajo su dirección en usuras 
y granjerias de toda especie. 

En la larga residencia que luego le tomaron al di- 
funto Alquizar y á los gobernadores interinos, á pesar 
de las precauciones con que Furtado se prevenía siempre, 
resultó culpado en multitud de fraudes y torpezas , y se 
le puso preso en él castillo de la Fuerza , en el encierro 
mismo de los condenados al último suplicio. Creíase que 
recaería contra él esa sentencia en el procedimiento que 



20 HISTORIA 

le instruyó Damián Velazquez de Contreras^^, asesor del 
sucesor de Alquizar. Pero por la activa protección de los 
PP. Dominicos y algunos extranjeros residentes, se 
fugó del calabozo en julio de 1622, y se salió del fuerte 
saltando por una tronera y escalando el foso^^ Prendió 
inmediatamente el capitán general é incomunicó á ia tropa 
que estaba de servicio en el castillo al ocurrir la fuga; 
publicó bando para la persecución del reo, ofreciendo 
dádivas al que le descubriera y graves castigos al que le 
ocultara. Formóse para averiguar los pormenores de la 
evasión otra causa casi tan complicada como la que ha- 
bia motivado la prisión. Mas todo fué infructuoso. Años 
después se descubrió que lo habian ocultado en su con- 
vento aquellos religiosos ; y que al cabo de algunos me- 
ses de escondite , había podido fugarse de noche y dis- 
frazado, embarcándose en una de las playas inmediatas 
en una lancha que lo trasbordó á una galera de cor- 
sarios. 

Con la causa de Furlado principió en 1 4 de agosto de 
1620 sus actos de gobierno el nuevo capitán general 
D. Francisco de Venegas ^\ general de galeones , y pro- 
cedente, como su antecesor, de Tierra-Firme , en donde 
mandaba hacia trece años las galeras destinadas en los 
puertos de la América central á perseguir á los cor- 
sarios. Llegó á la Habana seis dias antes que los galeo- 
nes de Cartagena , apresurándose, como se lo previno el 

12 Véase SU noticiabiográfica, pági- el capitán general Venegas reflriendo 

na 645, tomo IV, Bicc. Geog., Est.s Hisl. h fuga de Furtado y sus inútiles provi- 

de la Isla de Cuha por el A. dencias para su captura. 

^3 En nuestra colección se baila co- ** Véase su noticia biográfica, pági- 

piada del original existente en el Ar- na 6í5, tomo IV, Dice. Geog.^ Esl., Hisl, 

cbivo de Indias de Sevilla la carta que de la Isla de Guia por el A. 
en 3 de agosto de 1622, dirigió al Rey 



DE LA ISLA DE CUBA. 21 

Rey, á poner término á las rivalidades y cuestiones de 
Vallejo y Quero. Pero para iniciar la residencia de* Al- 
quizar y otros funcionarios, tuvo que esperar á que 
viniese su teniente general y auditor, Damián Velazquez 
de Gontreras, que era el portador desús despachos. 

Después de ejercerlo tanto tiempo y con fortuna, no la 
tuvo Venegas al trocar el mando de susjguarda-costas por 
otro á la sazón nada halagüeño. Desde junio diezmaba á 
la Habana una epidemia de fiebres perniciosas que duró 
hasta noviembre y arrebató también á la flota muchas 
víctimas; y mientras tanto, algunos de aquellos buques 
que se llamaban «la Armadilla» y que en lugar de aquel 
jefe entró á mandar Martin Vázquez de Montiel ^^, des- 
pués de ahuyentar de las aguas de Venezuela á tres 
urcas de ingleses y holandeses y perseguirlas luego por 
el Archipiélago, las obligó á refugiarse en la Tortuga, isla 
adyacente á la Española ; y allí el % de enero de 1 62¡1 , 
desbarató á su gente en tierra. El resultado del triunfo 
de Montiel fué apoderarse de sus tres embarcaciones y 
de todo el fruto de sus latrocinios , degollarles cerca de 
trescientos hombres y conseguir con ese ejemplar afor- 
tunado, que por las Antillas no se dejase ver ni un cor- 
sario en aquel año, 

Gomo ya se ha visto por la Gédula de división de la isla 
en dos gobiernos, no quedó mencionada en ninguna de 

'^ Montiel y su segundo Benito Arias glés y de otro francés de mayor porte, 

Montano salieron de Cartagena en 28 cañoneándolos y abordándolos. «Fueron 

de octubre de 1620 con tres pequeñas » muchas las muertes que se izieron, 

embarcaciones armadas con 23 cañones » tanto que se enrojeció lámar.» Así 

entre todas y con menos de doscientos dice la Relación de este suceso que , por 

hombres. D«spues de muchas hambres lo notable del hecho , se imprimió me- 

y trabajos se apoderaron el 2 del si- ses después y que existe en el cóiiice 

guíente enero junto á la isla Vaca de núm. 3 de Misceláneas de la Biblioteca 

una urca flamenca , de un corsario in- de San Isidro de Madrid. 



22 HiSTORÍÁ 

SUS demarcaciones la villa de San Juan de los Remedios; 
y alegando hallarse los pueblos de Trinidad y Sancti- 
Spíritus fuera da los términos jurisdiccionales fijados á 
la Habana y á Santiago , hiciéronse independientes sus 
justicias ordinarias , no reconociendo mas superioridad 
que la de la audiencia. Por falta de estadística y aun 
de nociones geográficas de las provincias de Ultramar, 
se* cometían entonces en su gobernación peregrinas 
omisiones ; y por espacio de doce años se aprovecharon 
aquellos vecindarios de su supuesta acefalia para fomen- 
tar sus tratos clandestinos. Venegas que habia traido las 
mas estrechas órdenes para perseguirlos, ó para que no 
los continuasen confiados en su supuesta independencia, 
dirigió al Rey instancia sobre instancia para que los 
declarara de su jurisdicción , como á todos los demás de 
la isla. Lograron sus esfuerzos que por Cédula de 9 de 
julio de 1621 , la ciudad de Trinidad y las dos villas 
volviesen desde entonces á pertenecer á la capitanía 
general de Cuba ; pero no pudo conseguir Venegas que 
las prerogativas del gobierno de Santiago se variasen. 
Así se expresaba una de las cláusulas del nombra- 
miento de Yenegas : « Habéis de estar advertido que en 
» ninguna manera habéis de locar á las caxas por ningún 
» casso ni para ningún effeto que sea , ni serviros de los 
» indios, ni ocuparlos en vuestro servicio, con apercibi- 
» miento de que se os hará cargo de ello en vuestra 
» ressidencia.j> En efecto, durante el gobierno de Alqui- 
zar y de sus interinos sucesores , muchos indios aptos 
para trabajar habían sido arrancados de su indolente 
morada de Guanabacoa para servir de balde á los alcal- 
des, á los regidores , á los castellanos, al gobernador y 
á sus tenientes. Venegas sin extinguirlo, interrumpió 



DE LA ISLA DE CUBA. 55 

este abuso en la causa que fulminó contra FurJLado y sus 
consortes, aunque aquel fuese uno de los mas leves deli- 
tos demostrados en un procedimiento que preocupó á 
todo el vecindario de la Habana durante mucho tiempo. 

Muerto Felipe III en 31 de marzo de 1621 , se le 
celebraron honras con la suntuosidad posible en las igle- 
sias de la isla, después de haberse solemnemente procla- 
mado en su capital el 1 6 de julio á su hijo y sucesor 
Felipe IV, monarca de mayores cualidades, pero tan 
indolente y menos afortunado aun que su padre. 

La representación enviada á aquel soberano diez y 
siete años antes por el ayuntamiento y por Valdés, solici- 
tando la creación de arbitrios para sostener una arma- 
dilla permanente por las costas, no tuvo resultado hasta 
la venida de Venegas. Trajo este cuatro galeras nuevas; 
y reforzando sus tripulaciones con gente escogida del 
presidio, estableció con real autorización uii nuevo im- 
puesto llamado derecho de armadilla, que fué un recargo 
de nada menos que un dos por ciento sobre el valor 
de los artículos de introducción de mas consumo. Igual 
gabela se estableció al mismo tiempo en Santo Domingo, 
cuyas costas debian resguardar también las galeras de 
Venegas. Como ese arbitrio , por la escasa importación 
comercial de las dos islas, no fuera suficiente, hubo 
que aplicar á sostenerlas el valor de algunas presas, y 
fueron tan útiles en Cuba que tres años después ^% en 6 
de agosto 1 623, decia Venegas : « Cinco navios repartidos 
» por la costa del S. y N. de esta isla he traido cuatro 
» meses y por la del norte de la Española, y no han en- 
> centrado enemigo ni tenido noticia de él. Sin rece v ir 

'^ Copiada en la Golee, del A.. El original én el Arch. de Indias de Sevilla. 



24 HISTORIA 

3> daño han recogido todas las fragatas y navios del trato 
» que en los años anteriores recevian tanto. Ansimesmo 
» salieron otros dos el 4 de este mes á ponerse en el pa- 
» raje de Cayo Romano y Lobos , á donde de ordinario 
» han recevido muy grandes daños los navios desta isla y 
i> de Canarias que por allí es fuerza que pasen, ansi para 
j> su descarga en este puerto, como para Campeche y 
» Nueva España; y espero en Dios que no lo han rece- 
» vido y que tampoco lo recevirán de aquí en adelante 
i> por la diligencia y cuidado que en esto pongo desde 
» que llegué á gobernar en este puerto. » 

El viernes 22 de abril de i 622 *^, entre ocho y nueve 
de la mañana, se prendió en la capital fuego á una 
casa de una calle que llamaban del Molino, cerca de la 
plaza ( en el extremo de la que se llama hoy de la Mu- 
ralla). Quizá porque no anduvieron diligentes ó atinados 
en cortarlas, las llamas, avivadas por una recia brisa, 
devoraron en menos de dos horas cinco manzanas ente- 
ras (cinco cuadras) del riñon del pueblo, las noventa y 
seis casas que mediaban desde la marina hasta su térmi- 
no en el campo. El incendio, siguiendo la dirección del 
viento que reinaba, dividió á la ciudad con una franja de 
fuego que, después de consumirlo todo , se propagó á los 
bosques y consumió mas de una legua de esos follajes de 
monte bajo, que se llaman maniguas en la isla. Inefica- 
ces todos los esfuerzos del vecindario para oponerse á 
sus progresos , concretáronse á salvar á los niños , á los 
viejos y á los impedidos, con los muebles, las alhajas y 
ropas mas precisas; y ocurrieron pocas desgracias per- 



*^ Véase carta original de Venegas Arch. de Ind. de Sevilla, copiada en 
al Rey en 23 de abril de 1622, en el nuestra Colee. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. ' Sí) 

Sonales. En el parte que dio Venegas ^^ de ese -accidente 
desgraciado, se revela que en los cuatro años preceden- 
tes, en otros varios incendios, hablan desaparecido de 
la población otras cien casas; «y, «dijo aquel gobernador, 
« ninguna ha vuelto á reedificarse por imposibilidad de 
» sus dueños ; y ansi queda el lugar tan despoblado y 
» falto de alojamiento para los vecinos y moradores de 
» él, como para los soldados que sirven en las compañías 
»de la Punta y Fuerza vieja. Además, siendo esto 
» pasaje tan continuo de galeones y flotas, fuerza es que, 
í imposibilitados de hallar aquí reparo en los dias que 
» se han de detener, se resientan de esta falta. Lo que 
» mas confuso me tiene es no poder averiguar el princi- 
» pió de ninguno de estos incendios ; ni desde que hay 
» población en este lugar, se ha podido hallar el origen 
» de una desdicha á que tan sujetas están las casas de 
» esta paja que llaman guano ; y ansi he mandado 

* prevenir en todas ellas tinas de agua y escaleras y va- 
» ras largas del grosor de picas. Tengo la infantería 
1» rondando por cuartos en el lugar ; y con todo eso me 
» tocan alarma dos ó tres veces al dia y me hazen tener 
» el caballo siempre ensillado para acudir al remedio. Y 
» el cabildo, habiendo visto la ruina tan grande que le 
D queda, rae ha pedido suplique á V. M. les haga raer- 

> ced de prestarle por diez años cincuenta rail ducados, 

* obligando las mesmas posesiones que se hubieren de 
y> reedificar con este empréstito , pues ninguno ha de 

> disponer de ninguna cantidad ; y la confianza que á 

* ellos y á mí nos queda es que en otros lugares de rae* 

** Véase, en el Arch. de índ. de gas al Rey. Estay otras se hallan co- 
Sevilla , las cartas originales de Vene- piadas en la Colee, del A. 



26 HISTORIA 

> nos importancia han recevido el mesmo beneficio 
» que agora esperamos de tan poderoso Rey como V. M.» 
No fué desatendido el ruego; vinieron socorros de di- 
nero , y las casas se reedificaron con presteza ; pero con 
el afán de repararlas pronto, así para acomodar á los del 
pueblo como para especular con la posada de los pasa- 
jeros de las flotas , se volvian á techar con aquel guano 
lan barato, en cuya fácil combustión residía todo el 
misterio de los incendios que dio á cavilar tanto á Vene- 
gas. Fracaso fué aquel que retardó algún tiempo el vuelo 
de la Habana , cuando desde el año antecedente ese 
mismo capitán general y el municipio habían aumentado 
la población, recogiendo de Guanabacoa y otras localida- 
des mas de quinientos indígenas en las viviendas de la 
capital. 

Un quebranto mayor que el incendio de la Habana, 
porque era irreparable y sacrificó muchas vidas y cau- 
dales, ocurrió el siguiente otoño, desapareciendo con una 
tormenta equinoccial en los arrecifes de los Mártires 
algunos de los buques que con las flotas del general 
D. Lope Diaz de Armendariz, marqués de Cadereita *', 
volvian ricamente cargados para Cádiz y Sevilla. 

Insertemos aquí, sin alterar su viejo texto, una rela- 
ción contemporánea del desastre : 

«Domingo 21 de agosto llegaron al puerto de la Habana 
los galeones de que era general el marqués de Caderei- 
ta, y almirante Tomás de Larraspuru, y la flota de Tier- 



*^ Éste personaje fué luego víréy de Indias y llevaba de almirante al gene- 
Méjico y uno de los mas notables de la ral de galeones Tomás de Larraspuru. 
corte de Felipe IV. Cuando ocurrió el = Véase el tomo III de Disertaciones 
naufragio de la flota era ya capitán ge- sobre la historia de Méjico^ por D. Lú- 
peral de la Armada de la guarda de las cas Alaman. 



DE LA ISLA DE CUBA. 2? 

ra-Firme, su general Juan de Lara Moran, y su almi- 
rante D. Pedro Pasquier. 

»Se hizo saber por un bando, que la partida seria el 28 
del mismo , para lo que se aprestaron de todo lo nece- 
sario; mas por el temor á la conjunción de setiembre 
que tienen los prácticos, confirmado por la experiencia, 
se hizo junta de las personas mas entendidas, y se acordó 
suspender la partida hasta el 3 de setiembre; al fin to- 
davía de muchas dudas, el general se determinó á salir 
en persona el 4 de setiembre en una chalupa, yendo á 
cada galeón á mandarle levar. Salieron ocho galeones de 
plata, tres paquetes y diez y nueve naos mercantes ; sin 
embargo que creyeron barloventear, no se recogieron, 
porque el dia se mostró apacible y sereno. Creyendo no 
avria novedad, siguieron su ruta, de modo que al ama- 
necer se hallaban muy distantes de la Habana y cerca 
de la sonda de la Tortuga y bajos de los Mártires. 

))Por la mañana, comenzó la tormenta casia la misma 
hora de la conjunción por el nordeste, arreciando por 
instantes : tanto que, calados mástiles y aferradas velas, 
cual procuró correr por donde el viento le dio lugar, 
cual esperar de mar en través ; mas como la noche vino 
tenebrosa , comenzaron los naufragios , perdiendo las 
velas y árboles , y todo sin poder socorrerse unos á 
otros. 

i) El primero de los galeones que varó, fué el de Santa 
Margarita, y en uno de los cayos de los Mártires se hizo 
pedazos y se desbarató ; y por averse hallado cerca dos 
navios pequeños , se salvaron mas de sesenta personas 
en tablas y cuarteles, los que supieron y pudieron nadar, 
los más fué gente de mar, y solo escaparon gente de cuen- 
ta, como el capitán D. Bernardino de Lugo, un sargento 



Sá Historia 

y un ayudante de piloto. Sucedió el dia 5 por la mañana. 

» El mismo dia á las seis se perdió el galeón Nuestra 
Señora de Atocha , almiranta de flota , con tanta breve- 
dad que en una hora se fué á pique; ahogáronse el al- 
mirante, capitán, unos caballeros de Sevilla y los pasa- 
jeros del Perú. 

» En el mismo dia á las siete de la mañana, varó en la 
Tortuga el galeón Rosario, su capitán Miguel de Chavar- 
reta ; y habiendo sido este galeón de quien menos espe- 
ranzas se tenian, fué el mas afortunado, pues no perdió 
un hombre , porque varó cerca de una isleta á donde 
lodos salieron y sacaron lo que tenian sobre cubierta, é 
hicieron una barca de los pedazos que hablan quedado 
de la que llevaban. En el mismo dia se juntó á ellos el 
capitán Juan de Vargas , á quien el marqués habia man- 
dado para ver el estado de las naos perdidas ; el mismo 
capitán envió toda la demás gente de este galeón y la 
de un paquete que se perdió cerca de allí , en otro 
cayo, y él se quedó á sacar la artillería y plata , y últi- 
mamente llegó eM7 á este puerto con toda la plata. 

«Acerca de la plata de la almiranta, el mismo Vargas 
dio esperanzas de sacarla, porque estando allí cinco 
dias, pudo sacar dos piezas de artillería de encima del 
alcázar, pero no pudo encontrar á la Margarita. 

DSe perdió una fragata portuguesa de la propiedad de 
los Montieles de Cartagena; mas la gente que iba en ella 
se salvó y los recogió el almirante Tomás de Larraspuru. 

2> Perdiéronse también tres naos de Juan Ayala, Gas- 
par González y Virgilio, sin escapar ni gente ni nada. 

í)Los demás galeones, paquetes y navios fueron arri- 
bando al puerto aunque no vieron á la capitana, y tam- 
bién se hallaron en gran peligro. En la misma noche 



DE LA ISLA DE CUBA. Ü9 

entró el galeón Santana la Real, del cargo de D. Diego 
Enriquez, desarbolado. Por la noche del mesrao dia 
llegó el galeón de la Candelaria, su capitán Miguel de 
Redin , su dueño el capitán Vargas , desarbolado y ha- 
ciendo agua. Fué el que llevó la noticia de la desgracia. 
Y en fin , fueron entrando las denaás naos y paquetes, 
y entre ellos la capitana de Tierra-Firme , llevando al 
capitán Vargas, pero todos desarbolados y muy averia- 
dos. Murieron ahogados entre otros muchos el almirante 
D. Pedro Pasquier, quince clérigos y ciento veinte y una 
persona en solo seis naos. 

))La pérdida de hacienda fué muy grande: júzgase 
por la de plata, oro, perlas, grana, añil , tabaco, co- 
rambre y otras mercaderías y naos perdidas , en más de 
cuatro millones ; habiendo escapado del galeón Rosario 
mas de medio millón , pues iban en él trescientas cin- 
cuenta barras y cien mil pesos de reales, y solo se per- 
dió una barra. La flota de Nueva España, su general 
Fernando de Sosa, y almirante D. Antonio de Lira, tam- 
bién se fué á pique , salvándose veinte personas en una 
barca, entre ellas el capitán; ahogáronse noventa, y los 
que pudieron salvarse, anduvieron seiscientas leguas en 
veinte y un dias , que arribaron á la Habana. 

))La pérdida que tocó á Nueva España fué de ocho mil 
ochocientos veinte y un pesos en reales ; de Marcos Blan- 
quete, trescientas arrobas de grana fina, seiscientas de 
grana de Campeche, cuatrocientas veinte y una arrobas 
de añil de Honduras que iban repartidas en tres galeo- 



nes ^^ » 



2" Véase, en el núm. 11 de manus- baña á ppcos dias de ocurrido el ñau- 
critos de la Bibliol, de San Isidro de fragio, 
Madrid , esta relación escrita en la Ha- 



30 HISTORIA 

Casi todo el año de 1623, D. Pedro de ürzúa y el ca- 
pitán Gaspar de Vargas con prácticos , con buzos y todas 
las prevenciones necesarias, consagraron sus esfuerzos á 
salvar algunas reliquias del naufragio. Pero hubieron 
con poco éxito de arribar á la Habana por agosto á 
reparar sus propias miserias y averías, para poder regre- 
sar á España con la flota de D. Antonio de Oquendo. 

Todo el verano que precedió á aquel siniestro fueron 
en Cuba las lluvias tan copiosas y continuas que se des- 
hicieron con una avenida del rio Chorrera las compuertas 
y paredones de la zanja. Mientras se esforzaba el muni- 
cipio en corregir las consecuencias de ese nuevo con- 
tratiempo, húbose de dejar la acequia en seco y de 
reducir al público como en otros tiempos á proveerse 
del agua llovediza. 

Venegas, abatido por una enfermedad de consunción, 
encargó el 16 de marzo de 1624 á su lugar-teniente 
el doctor Velazquez de Contreras que ejerciese sus fun- 
ciones. La muerte no puso fin á sus dolencias hasta el 8 
del siguiente abril. Contreras se sobrepuso con firmeza 
á las oposiciones que se solían levantar contra las au- 
toridades interinas. 

Merece mencionarse que cuando los juicios de resi- 
dencia de los gobernadores eran tan severos , no resul- 
tara en el postumo que se formó á Venegas otro cargo 
que el de haber sacado de la flota sin licencia los ochenta 
y cuatro mil ciento doce reales que importaron las 
urgentes reparaciones hechas á las represas de la zanja 
que desbarató aquella avenida. Como solo de regulari- 
dad habia sido esa falta , y se justificaba con la urgencia 
del motivo, mandó el Rey que los bienes de la fianza se 
entregaran á su viuda y heredera doña Ana Maído- 



DE LA ISLA DE CUBA. 31 

nado *S pero imponiéndola de multa cien ducados. En 
aquellos juicios no se perdonaba nada á veces; en otras 
ocasiones se perdonaba todo; y los abusos, tan origina- 
dos de las debilidades de los hombres como de los de- 
fectos de las instituciones y las cosas, casi constantemente 
se reproducian. 

Venciendo obstáculos y resistencias logró Contreras 
dos objetos proyectados y suspendidos desde las épocas 
de Maldonado y de Valdés. Uno era la fábrica de una 
cárcel nueva, que, paralizada muchos años, fué sacada á 
pública subasta y rematada por Pablo Pedroso ^^, capitán 
de una de las compañías del presidio; y el otro, la 
adquisición de solares para la fundación de un convento 
de monjas, que solicitaron Pereda y el ayuntamiento, 
así por devoción, como porque la ciudad no careciese de 
un refugio para doncellas sin dote ni hermosura , ó para 
las que, con ambas condiciones, renunciaran voluntaria- 
mente al siglo. Para la obra del convento habia Pereda 
recogido mas de cincuenta mil reales de plata con do- 
nativos voluntarios , cuya suma siguieron aumentando 
por el mismo medio Alquizar y Venegas. Fué aquella obra 
calculada en trece mil quinientos pesos; pero no estando 
aun completados, tardó algunos años más en fabricarse. 

Al morir Venegas entregó el doctor Contreras el go- 
bierno militar al castellano del Morro Juan Esquivel de 
Saavedra ; pero tiempo después de saber la audiencia la 
muerte de aquel jefe, olvidando lo dispuesto por el Rey 
cinco años antes para casos tales, envió para reemplazar 
al difunto al licenciado Juan Riva Martin, que se apa- 



=" Hija del antiguo gobernador don ^^ Tronco en la Habana de numerosa 
Juan Maldonado Barnuevo, y opulenta descendencia, 



52 HISTORIA 

recio en la Habana por febrero de 1 625 con la provisión 
de aquel tribunal. Después de largos debates y contes» 
taciones, y á pesar de la resistencia de Contreras, el 
municipio, temeroso de las iras de la audiencia, fran- 
queó el gobierno al nuevo funcionario en 3 del inme* 
diato marzo, sin que su competidor ni sus muchos par- 
tidarios consintieran en reconocer su autoridad. Luego 
Contreras , á fuerza de protestas y de exhibir las cédulas 
que interpretaban la cuestión en su favor, obtuvo ser 
repuesto por el mismo ayuntamiento en 6 de junio. 

Estaba á la sazón bien lejos el estado de las posesio- 
nes españolas de permitir tan peligrosas discordias y ex- 
cisiones en sus gobernantes. 

Desde que empezó á debilitarse el poder naval de 
España con la destrucción de la armada que se llamó 
la Invencible en el canal de la Mancha, habia tenido su 
principio el de tres potencias marítimas que se conjura- 
ron desde luego para abatir aquel coloso. La marina 
comercial de Francia é Inglaterra no esperó á que se 
formase en las dos naciones la de guerra para descubrir, 
colonizar y piratear en América contra los españoles, 
todo por obra é interés de armadores particulares. Hasta 
las agresiones del famoso Drake , aunque auxiliadas 
después por la reina Isabel, arrancaron de esa iniciativa 
y del concurso de los interesados en el éxito de sus 
empresas. 

Aquellas naciones, por su geografía y extensión lito- 
ral, por su crecida población, por sus muchos y exce- 
lentes puertos, y por la necesidad de traficar, la tuvie- 
ron también de armar fuerzas navales que protegieran 
su comercio y lo extendiesen. 

Pero en la historia de los pueblos no hay ejemplo como 



DE LA ISLA DE CUBA. 53 

el que presentaba la Holanda en este tiempo. Reducida 
su superficie continental á un territorio que por las inun- 
daciones y crudeza de su temple no ocuparon las armas 
españolas, entouces dominantes en todo el que consti- 
tuye el actual reino de Bélgica, los príncipes de Orange 
y los rebeldes de la antigua Flandes habian formado 
de aquel rincón una potencia, que, aunque la menor y 
mas combatida en toda Europa, fué luego la primera en 
el mar por más de medio siglo. Solo explicaba ese fe- 
nómeno la naciente Holanda con el instinto de su inde- 
pendencia nacional, origen de su unión y de elevadas 
inspiraciones en los pueblos. Sin hablar ahora de los 
esfuerzos de los holandeses para constituir su gloriosa 
autonomía, solo nos referimos al poder naval que crea- 
ron entre dificultades y obstáculos sin cuento. 

El éxito con que los ingleses y franceses habian cor- 
seado ya en las aguas del continente americano, indujo 
á varios armadores holandeses á imitarlos desde 1 574. 

En este año, ya después de lograr algunas presas 
sobre los españoles y los portugueses, se fundó en Ams- 
terdam una asociación de navegación y corso, que se 
llamó Compañía Holandesa de las Indias occidentales. 
Después de varios logros de sus armadores, principal- 
mente por los llamados Leyen, Bircker y Heemskerk, 
que luego fué el primer almirante de su patria, se re- 
unió un corto capital de poco mas de millón y medio de 
pesos, que en pocos años se acrecentó á fuerza de 
presas. 

Por el tiempo á que llegamos, y con ese solo origen, 
el poder naval de Holanda se acercaba á su apogeo. 
Una escuadra de sesenta buques llenos de gente y de 
cañones á las órdenes de Willekens y de Pitt Hein se 

HIST. DE CUBA. «TOMO 11. — 3 



34 HISTORIA 

presentaba sobre el Brasil, dominio entonces del mo- 
narca español, y se apoderaba de sus principales pue- 
blos marítimos, Bahía, Rio-Janeiro, Fernambuco. Te- 
nia que apurar Felipe IV sus esfuerzos para lanzar so- 
bre ellos una escuadra que, mandada por el mismo 
capitán general de la armada del Océano, es decir, de 
todas las fuerzas marítimas de España, D, Fadrique de 
Toledo Osorio, se apoderó en aquel litoral de las guar- 
niciones holandesas y alejó sus naves hacia el mar de 
Europa. 

Alternativamente Inglaterra, Holanda y Francia, y 
algunas veces las tres juntas, se armaban contra Espa- 
ña, cuyas pasajeras paces con esas tres naciones durante 
siglo y medio no tuvieron otro carácter que el de tre- 
guas. Diez años antes, un armamento holandés habia 
invadido á Puerto-Rico, aunque rechazado por los es- 
pañoles y saliendo herido su caudillo de manos del va- 
leroso gobernador Juan de Amezqueta; y ahora, cuando 
trastornaban á Cuba las rivalidades de sus gobernantes, 
los corsarios de las tres potencias ligadas entre sí , esta- 
bleciéndose en las islas abandonadas de San Bartolomé, la 
Tortuga y San Cristóbal, y alzando en ellas varias forta- 
lezas, se habían enseñoreado del mar de las Antillas. La 
segunda de aquellas islas, la Tortuga, como se explicará 
mas adelante, fué el futuro nido de la asociación formida- 
ble de piratas que con la denominación de Flibusteros, 
etimológica délas palabras inglesas «fly boats, » ó barcos 
ligeros de que usaban, esquilmó tan audazmente y tanto 
tiempo al archipiélago y aun á las costas de su vecino 
continente. El gobierno de Santiago , el mas vecino y 
mas expuesto en Cuba á sus feroces invasiones, no con- 
taba mas fuerza armada regular que veinte arcabuce- 



DE LA ISLA DE CUBA. 35 

ros , á duras penas extraídos de la guarnición de la Ha- 
bana por Rodrigo de Velasco, á quien habia Yenegas 
compelido á ir á su puesto , dejando la residencia de 
Bayamo. 

El mar estaba plagado de enenaigos, y la armadilla, 
refugiada ó en la Habana ó en Santo Domingo, era 
harto débil para combatirlos. Bloqueaban las costas de 
Cuba las naves holandesas. Hasta los mismos galeones 
y las flotas, para no caer en sus manos, tuvieron que 
alterar el orden y las épocas de su salida de los puertos. 
Estaba nombrado para reemplazar á Venegas desde 
i O de noviembre de \ 624 el gobernador de Cartagena 
D. García Girón de Loaysa ,-que con los galeones arribó 
á la Habana al terminarse julio. Pero habia Girón re- 
nunciado el nuevo cargo; se lo significó al ayuntamiento, 
y continuó después su viaje á España ; no ocurriendo 
entonces mas mudanza que la del relevo del castellano 
del Morro Juan de Esquivel por el capitán Cristóbal de 
Aranda, que lo sustituyó también en el gobierno militar. 
Entró en el de Santiago en lugar de Rodrigo de Ve- 
lasco, en 16 de noviembre, el capitán D. Pedro de 
Fonseca Betancourt, caballero de Santiago, contador 
de rentas y alguacil mayor de la inquisición de Ca- 
racas. 

Las fuerzas navales holandesas que con frecuencia 
cruzaron aquel año y el siguiente de un hemisferio á 
otro, tenian toda la América en alarma. Una escuadra de 
doce galeones y veinte fragatas y pataches , dirigida por 
Hans Van-Dort, después de batir y arrasar el fuerte 
de la Margarita , en Costa-Firme , y de ser rechazada en 
el de Araya, sorprendió cuatro fragatas mercantes que 
iban de Santo Domingo para España ; echó á pique á 



36 HISTORIA 

dos y apresó una , logrando refugiarse la otra en Car- 
tagena. 

Aunque fugándose su tripulación en unos cayos , una 
de las del tráfico de Cuba fué también apresada por 
los holandeses que , doblando el cabo de San Antonio, 
arribaron á hacer aguada y leña en el puerto de Caba- 
nas el 9 de junio de 1626. Al saberse en la Habana 
por los marineros escapados la proximidad de un ene- 
migo poderoso ^^ « acudieron con mucho cuidado los ve» 
o> cinos , en número de mas de seiscientos hombres en 
«cuatro compañías, y solo fué menester darles armas 
» de fuego. » Al momento destacó Aranda á una de cien 
arcabuceros que se dirigió á aquel paraje «á fin de 
»que, si saliessen á tierra algunos enemigos, les pu- 
»diesse tomar alguna personado quien saber cuánta 
>) gente era y lo demás que conuiniesse. » Pero no estu- 
vieron los holandeses mas que tres dias en aquel puer- 
to. Después de recoger algún ganado de una hacienda 
próxima , dirigiéronse á las mismas aguas de la Habana, 
en donde estaba detenida parte de la flota ; y favoreci- 
dos por tiempo bonancible, permanecieron mas de un 
mes bloqueando á la plaza estrechamente y con tantas 
demostraciones de atacarla , que llegaron á trocar dis- 
paros con los fuertes. Animóse el vecindario con el buen 
ejemplo de Aranda y de Contreras, aliviando desús fa- 
tigas á la tropa todo el paisanaje distribuido en los pues- 
tos que le fueron señalados. Sin desistir de su afán de 
apoderarse de la flota , murió al frente de la Habana el 
2 de julio el almirante holandés de resultas de una he- 



- 23 Véanse las cartas de Contreras y Aranda al Rey en el Arch. de Ind. 
Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. 57 

rida recibida el año anterior en Puerto-Rico, peleando 
cuerpo á cuerpo con el gobernador Juan de Amezqueta. 
Su desgracia desanimó á los cabos de su escuadra, que 
cinglaron pocos dias después hacia Matanzas para re- 
poner allí su aguada. A duras penas lo lograron , por- 
que el destacamento que envió Aranda á observarlos les 
apresó una lancha con siete hombres y rechazó á sus 
otros botes con alguna pérdida. Dejaron en aquella playa 
cincuenta y dos españoles que llevaban prisioneros , y 
embocando por el canal, volvieron hacia Europa. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 



Gobierno de D. Lorenzo de Cabrera. — Reparaciones de los castillos de la capital. 
—Otras providencias— Obispo D. Leonel de Cervantes. — Principios del lujo 
en la Habana. — Imperiosidad de Cabrera. — Guerras con la Holanda. — Al- 
mirante Pitt Hein. — Combate entre la flota de Honduras y los holandeses.— 
Se salvan varios cargamentos con las disposiciones de Cabrera. —Apodérase 
la escuadra holandesa de la flota de Veracruz. — Hostiliza Cabrera al ene- 
migo en el puerto de Matanzas. —Acusaciones contra él en la corte.— Ex- 
pedición de D.Fadrique de Toledo.— Arroja á los corsarios extranjeros de las 
islas de San Bartolomé y de San Cristóbal. — Naufragios en el canal nuevo de 
Bahama. 



Sabida en Madrid la renuncia de García Girón , nom- 
braron capitán general de Cuba en 20 de junio al corre- 
gidor de Cádiz y gobernador de su castillo de Santa 
Catalina , D. Lorenzo de Cabrera y Cor vera *, maestre 
de campo y caballero de Santiago, que con gran peligro 
de caer en manos de los holandeses , llegó á servir su 
empleo el 1 6 de setiembre, relevando al mismo tiempo 
á Contreras en la tenencia general y auditoría , el licen- 
ciado Pedro Nuñez de Melian , mas adelante oidor en 
Goatemala y Méjico. 

Mandaba la flota en que llegó Cabrera el marqués de 
Cadereita, encargado por el Rey de examinar con el 

* Véase su artículo biográfico en la pág. 217 del tomo I del Dice. Geog.yEst., 
Éist. de la Isla de Cuba por el A. 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 59 

nuevo gobernador las obras de la plaza , para que am- 
bos de concierto propusieran las reformas y arreglos que 
necesitasen. Una escuela de medio siglo de pelear en 
Flandes, siempre defendiendo plazas ó asediándolas, 
tenia muy generalizadas las nociones de fortificación 
entre los militares españoles, para que Cabrera y el 
marqués en 1 626 se conformaran con las obras levan- 
tadas por Tejeda desde 1 589. Oigamos los reparos que 
Cabrera puso , especialmente en las del Morro ^. « Las 
» cossas de la guerra y fábricas hallé como que no 

> avian tenido dueño propietario en tanto tiempo , con 
)) muchos mandones y pocos trabajadores. En ellas se 
» trabaja agora con voluntad y desseo. Se han comen- 
í zado á levantar parapetos y á abrir cañoneras en la 
j» plataforma de la Fuerza vieja y lo mesmo se aze en 
» el castillo de la Punta , que una y otra lo hablan bien 
» menester, para cubrir la gente que en ellas a de estar 

> cuando se ofrezca la ocassion. El mismo defeto tiene 
i) la plataforma que está al pié del Morro, que se reme- 
3> diará cuando no haya rezelo de que algún temporal 
» de norte coja la obra fresca y la deshaga. En él ha 
2> visto el marqués de Cadereita otro defeto bien grande 
» en los parapetos que miran al puerto , los cuales 
» están tan altos que para poder mal asomar la artillería 
» la subieron sobre unos tablados de tres cuartas de 
» alto , incapaces de poderse jugar con ellos por ser 
» cortos y angostos y además estar podridos. Y habién- 

> dolos mirado en compañía de los castellanos, sargento 
» mayor y demás offiziales, háme parescido se abran 



^ véase la primera de las cartas de de Sevilla; casi todas están cop. en la 
Cabrera al Rey en el Arch, de Indias Colee, del A. 



40 HISTORIA 

I» cañoneras con una vara de boca y tres y media de 
]> rama ; de manera que siempre puedan dar vista los 
» cañones á cualquiera parte del puerto donde se quieran 
» apuntar. Esto se va haciendo. = También sabe el mar- 
» qués que una partida de negros que se truxeron há 
D mas de treinta años, están ya imposibilitados de tra- 
» bajar y aziendo mucha costa. Dos plazas he reformado 
» tocante á ellos : una que aquí llamaban mayordomo 
» de los negros, y otra de despertadero y que los llevaba 
» á misa , y sabe Dios si la oiria el que para ello estaba 
* nombrado. Estas plazas importaban mas de cien duca- 
> dos al año. Y ansi mesmo se ha reformado el sueldo 
» del maestro mayor, que era de ochenta escudos de á 
» once reales al mes, dejándole en cincuenta. También 
» he reformado la plaza de cirujano de los negros que 
» importaba su pedazo, sin ningún fruto por haber un hos- 
» pital que V. M. sustenta, etc., etc.» Además de estas 
enmiendas y reformas, recelando Cabrera dbn razón que 
los holandeses regresaran con mayores fuerzas á esperar 
á ia flota, ó acometerla dentro de la misma bahía , or- 
denó que en la fundición se fabricara una enorme cadena 
de cobre para cerrar la entrada entre los dos castillos. 
En breve tiempo todo el espacio de ribera que se exten- 
día entre la Punta y la referida fundición, quedó prote- 
gido ^ por un (ftrincheron de muy ancha tapia, detrás 
» del cual izieron las compañías de los capitanes Her- 
» nando de Barreda y Jacome Justiniani dos cassas 
» grandes que les sirviesen de cuartel en casos de rebato. 

3 Véase la primera carta de Cabrera mo LXXXIX, de la Colee, de D. J. B. 

al Rey, y una relación contemporánea Muñoz en la Bibl. de la Rea! Acad. de 

de las prevenciones militares de Ga- la Hist. de Madrid. 
brera que inserta al folio 190 el to- 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 41 

» Iziéronse troneras en el trincheron y se colocó al mo- 
j> mentó en cada una una pieza de artillería.» Simultá- 
neamente lleváronse á remate las obras que en la Punta 
estaban sin concluir ; los aposentos para el castellano y 
oficiales de la fortaleza y el almacén de víveres, des- 
pués de reformadas todas sus baterías y sus troneras. 
Solo en fuerza de la penuria y por falta de operarios no 
se terminó un camino cubierto p^ara el Morro. 

Estas prevenciones imprevistas en el reducido presu- 
puesto de la plaza , siempre cubierto con retardos y 
tropiezos cuando la flota venia de Veracruz , costeáronse 
no obstante , así con los fondos que de diversas rentas 
y procedencias habia depositados, como con auxilios 
voluntaria ó forzosamente dados por los vecinos, ya en 
esclavos trabajadores , ya en dinero. Cabrera sin licen- 
cia de la corte , ni noticia del virey de Nueva España, 
se permitió aumentar por sí la guarnición, creando en la 
plana mayor de la Punta nuevas plazas, y haciendo ve- 
nir de Cádiz mas de treinta mosqueteros y artilleros. No 
admitía contradicciones su índole arrebatada y dominan- 
te , ni de los castellanos de las fortalezas , ni de los ofi- 
ciales reales , ni de los alcaldes y regidores , ni de los 
eclesiásticos , ni del mismo obispo. 

Verdad es que no ejercía ya esta dignidad en Cuba el 
intolerante Henriquez de Armendariz, en cuyo tiempo no 
tuvieron con él los funcionarios militares, civiles, reli- 
giosos y seglares , otros períodos de sosiego que los que 
empleaba aquel prelado en sus fatigosas y evangélicas 
visitas por los campos. Promovido á principios dé i 624 
al obispado de Mechoacan en Nueva España, fundó des- 
pués en Méjico el colegio de San Ramón, destinando en 
él tres becas para los naturales de su antigua diócesis, 



42 HISTORIA 

que estuvo sin prelado hasta que por setiembre del 627 
reemplazó á Armendariz el doctor D. Leonel de Cer- 
vantes S obispo anterior en Santa Marta. Antes que este, 
estuvo destinado para Cuba el agustino D. Gregorio de 
Alarcon ^ que salió de Madrid á embarcarse á pié y 
descalzo , pero que en lugar de mitra , ni tumba halló 
siquiera , porque murió en su navegación al avistar á 
las Antillas y fué arrojado al mar su cuerpo. Cervantes, 
de carácter mas suave y flexible que Armendariz, nin- 
guna competencia tuvo con Cabrera. Ausente de la Ha- 
bana casi todo el poóo tiempo que fué obispo, lo pasó, 
ya en Santiago ó en Bayamo , ya visitando otros lugares 
déla isla. Promoviósele en setiembre de 4 628 al obis- 
pado de Guadalajara, y años adelante al de Oajaca, am- 
bos en Nueva España, y todos los vergonzantes y pobres 
de Cuba conservaron el recuerdo de su caridad y des- 
prendimiento. 

Aun no se barruntaba la terminación de la guerra de 
España con Holanda. Cabrera, previniéndose contra to- 
das las hostilidades calculables , abasteció las fortalezas 
con grandes acopios de maiz , cazabe , arroz y salazones 
recogidas en las haciendas inmediatas á la Habana. Pa- 
saban ya de trescientas cincuenta las que habia de todas 
clases en la parte occidental de la isla , y ningunas tier- 
ras le quedaban ya que mercedar al municipio cuando 
se le comunicó después un decreto real de 22 de agosto 
de 1629 suspendiéndole la facultad de mercedarlas que 
recibió con sus primeras ordenanzas. 

Con la primera extensión que tomó su agricultura 



* Véase su noticia biográfica en la Esl. , Hist. de la Isla de Cuba por el A. 
pág. 381 del tomo I del Dice. Geog., ^ Véaseid. id. enla pág. 10 deid. id. 



DE LA ISLA DE CUBA. 43 

empezaron á marcarse las tendencias á la profusión y al 
lujo en aquella capital. Los vecinos de fortuna ya osten- 
taban multitud de platos en sus mesas , menos delicados 
que abundantes ; vestian con todo el lujo compatible con 
el calor del clima, y empleaban muchos esclavos en el 
servicio de sus casas. Ni ellos ni sus damas andaban por 
la calle sino en silla de manos ó á caballo con vistosos 
^ jaeces. No habia espectáculos públicos , ni teatros ; pero 
los bailes y las mascaradas menudeaban, y tal era el 
desenfreno por los juegos de envite de naipes y de da- 
dos, sobre todo en las permanencias de las flotas, que 
se veian muchas fortunas perdidas con la misma facili- 
dad que otras ganadas. El juego estaba mas que consen- 
tido , estaba autorizado. Al gobernador, á los castellanos 
y á los oficiales se les toleraba tener partidas en sus ca- 
sas y sacar de ellas derechos. El lujo de Cabrera fué 
mayor que el de sus antecesores cuyos gajes hablan sido 
siempre mayores que su escaso sueldo. En las relaciones 
de este tiempo se repara que el primer carruaje que se 
ostentó en las calles de la Habana fué una carroza en 
que salia á pasear Cabrera con su deudo y amigo el ge- 
neral de galeones D. Juan de Benavides. 

Aunque afable aquel gobernador y aun obsequioso 
con los que se avenian á sus deseos, no era la comuni- 
cación con él buscada por los que tenian que contra- 
riárselos, á veces obligados por los deberes de sus car- 
gos. Algunas reflexiones motivadas por órdenes violen- 
tas , algunas demoras en su cumplimiento, habian acar- 
reado arresto ó prisión á sus autores , fueran quienes 
fueran. Su mismo teniente general Mellan , amedrenta- 
do con sus ímpetus , se esforzó en pasar de oidor á Goa- 
temala , consiguiéndolo al año de venir y reemplazan- 



44 HISTORIA 

doIe el licenciado Manuel Muñoz de Herrera. Se ausentó 
Cristóbal de Aranda de su castellanía del Morro temeroso 
de choques y atropellos , sucediéndole como interino el 
anciano y condescendiente Mateo de Baraona. Con un 
gobernador como Cabrera ni aun se atrevieron los ecle- 
siásticos ^á murmurar aquella voz de excomunión, tan 
tremenda para sus antecesores , y para él sin fuerza ; ni 
las justicias , ni los contadores y oficiales reales á oponer 
resistencia á sus disposiciones. Sin brazo izquierdo y 
desfigurado su rostro por heridas , imponían su bronca 
voz y sus arranques. Todos le obedecían con sumisión, 
aunque algunos acechasen la oportunidad de hacerle 
daño. 

Como se temia, los holandeses dirigieron en 1628 
nuevas expediciones sobre América. Una de veinte ga- 
leones y varios buques menores con mas de tres mil 
hombres de desembarco se apareció en el archipiélago 
por junio, gobernada por Pitt Hein , de los primeros ma- 
rinos de guerra en aquel tiempo. Así que los vijías de 
las atalayas de la isla anunciaron á Cabrera su presencia, 
apresuróse á enviar avisos á Cartagena , Veracruz , Hon- 
duras y Campeche, para que sus gobernadores retarda- 
ran la salida de los barcos que debían reunirse en la Ha- 
bana como siempre , y formar allí la flota de retorno en 
aquel año. Hasta nueve barcos ligeros despachó para la 
Sonda de Campeche y el golfo Mejicano ; mas con tal 
desdicha , que el enemigo apresó seis y quemó uno. De 
los demás regresó otro con mil riesgos , sin poder dar 
con la flota de Veracruz ni trasmitir avisos , y uno solo 

8 El mismo Cabrera expuso su estado Arch. de Indias de Sevilla y cop. en la 
físico en una relación de sus servicios Colee, del A. 
que dirigió al Rey. Se halla orig. en el 



DE LA ISLA DE CUBA. 48 

pudo llegar á Cartagena para detener allí á la flota lla- 
mada de Galeones. No tuvieron esa suerte los buques 
de Honduras y menos ios de Veracruz : sin presumir 
ningún peligro asomaron aquellos por la costa septen- 
trional de Cuba , y ya como á una legua del Mariel des- 
cubrieron virando y acudiendo á todo trapo hacia ellos á 
nueve enormes urcas. Al punto el capitán D. Alvaro de 
la Cerda , que los dirigia, ordenó que las naves mercan- 
tes , por ser de menos porte y cala , continuaran su der- 
rota ciñendo la costa por sondas donde no pudieran na- 
vegar la urcas , mientras él con sus dos galeones, apro- 
vechando un O.E. favorable , corrió paralelamente á 
atravesar la linea holandesa descargando su artillería 
por ambas muras para refugiarse en la Habana , si po- 
dia '^. Era el solo partido admisible en lan estrecho lance. 
Las naves mercantes, aunque casi todas maltratadas por 
la artillería holandesa, lograron fondear en la Habana en 
la tarde del 1 ." de agosto. Pero de los dos galeones, su- 
friendo vivísimas descargas y repetidos abordajes, el 
que D. Alvaro montaba tuvo que rendirse ya sin arbola- 
dura, ni quedar á bordo gente ilesa que le defendiera; 
y el otro (la almiranta), poco menos destrozado, escapó 
como pudo á embarrancar aquella noche en la caleta de 
San Lázaro á tiro del castillo de la Punta. Habría sin 
remedio caido también en poder del enemigo, si no se 
apresurase á socorrerle de orden de Cabrera con tres 
embarcaciones y ciento cincuenta hombres de su guar- 
nición el sargento mayor Diego Vázquez Hinestrosa, que 



' De todos los detalles referentes á tensión varias cartas de Cabrera al Bey 
las hostilidades de los holandeses con que existen originales en el Arch. de 
las flotas y embarcaciones de los espa- Indias de Sevilla y que en parle se ba- 
ñóles en esta época, se ocupan con ex- lian copiadas en nuestra colección. 



46 HISTORIA 

rechazó valerosamente á las lanchas holandesas. Cabre- 
ra, que presenció todo el combate, después de amparar 
á los heridos y á los náufragos , se dio tal diligencia, 
que antes de amanecer quedó toda alijada la preciosa 
carga de la nao almiranta, y los fardos de añil , grana, 
cacao y otras ricas mercancías fueron embodegados y 
puestos á enjugar en los almacenes por mandado suyo, 
aunque sin intervención ni conocimiento de los oficiales 
reales. Sus desafectos se aprovecharon después de un 
descuido tan natural en un caso tan crítico para pintar 
como ofensivo cargo aquel servicio. 

Pit Hein ^, sabiendo que la flota mas interesante, la de 
Veracruz, no habia aportado aun á la Habana, recon- 
centró sus buques , bordeó delante de ella desde el 26 
al 29 de agosto y cruzó á esperarla entre los setenta y 
seis y setenta y ocho grados de longitud y veinte y 
tres y veinte y cuatro de latitud. Logró descubrirla, 
al anochecer del 5 de setiembre , dirigiéndose á aquel 
puerto con once embarcaciones mercantes y cuatro ga- 
leones á cargo de D. Juan de Benavides. Aunque era 
el viento escaso , favorecido el holandés por la ligereza 
de sus buques, maniobró para interponerse entre los ga- 
leones españoles y la costa, y así navegando paralela- 
mente y con las proas hacia el canal , pasaron unos y 
otros ante el Morro en la mañana del 6. Reflexionando 
que si se introducia en las estrechuras de Bahama era 
perdido, tomó Benavides en la tarde del 7 una resolu- 
ción menos difícil y menos desastrosa, si la intentare el 
dia anterior al pasar á la vista de la Habana, la de for- 

8 Véase la biografía de esle almirante genérale, publicada por Didot en Paris 
holandés entre las págs. 623 y 626 del en 1861. Está llena de errores. Hay 
tomo XXIV de la Nouvelle Biographie otras muchas noticias suyas. 



DE LA ISLA DE CUBA. 47 

zar la línea del enemigo y ampararse en el puerto á toda 
prisa, Pero lo que aun era posible el 6 junto á la Haba- 
na , ya no era practicable el 7 al frente de Matanzas, 
bahía deshabitada, sin defensa, ni reparo entonces. Hu- 
biéranle allí amparado una guarnición , un pueblo amigo 
y tres castillos; aquí sin tropa, ni gente, ni defensas, 
tenia que caer en manos de los holandeses con la misma 
facilidad que en el canal. Tres de los galeones, todos de 
menos porte y menos piezas que los enemigos, trabaron 
con ellos cerca de Matanzas desigual pelea , no por dis- 
putar un imposible triunfo, sino para asegurar los teso- 
ros de la flota, ganando tiempo para desembarcarlos. 
Pero era este objeto tan difícil como el otro. Los ho- 
landeses con veinte y cuatro navios que pasaban de 
seiscientas toneladas y de cuarenta cañones de mayor 
calibre , seguían interpuestos y cerrando el paso de la 
bahía. Después de recio lidiar y repetidos abordajes, se 
incendió la almiranta española de D. Juan de Leoz y 
fueron apresados por Hein dos galeones y la mayor 
parte de los ricos cargamentos españoles, mientras Be- 
navides con el otro y algunos barcos que apenas habían 
tomado parte en el combate logró entrar en la bahía. En 
vano se esforzó en salvar toda la parte de caudales del 
' Rey que con él iba. Hein acudió tras él con tal presteza 
y tan de cerca á cañonazos, que apenas pudieron echarse 
en tierra algunas barras de oro y plata , siendo muchos 
de sus tripulantes y soldados cogidos por los holande- 
ses. Sufrieron con esa pérdida, el Erario gran quebranto, 
y amarga desolación los españoles. Tras de morir mas 
de trescientos en la acción , contándose de heridos doble 
número, se perdieron todos los galeones, y de los buques 
de' la flota se salvaron solo tres que con el terral y las 



48 HISTORIA 

sombras de la noche pudieron virar y refugiarse en el 
puerto de la Habana. La mayor parte de los cargamentos 
de grana , azúcar, oro y plata cayeron en poder de los 
holandeses , que , generosos y humanos en aquella oca- 
sión con los rendidos, salvaron mucha gente. Todos los 
pasajeros , todos los heridos se llevaron de orden de Pitt 
Hein á tierra. Y mientras tanto algún paisanaje armado 
y dos compañías de mosqueteros , que á toda prisa había 
destacado á aquel lugar Cabrera, arcabuceaban sin res- 
piro ni descanso á cuantos holandeses intentaban bu- 
cear las cajas de oro y plata que los de Benavides arro- 
jaron á la bahía por no podérselas llevar á tierra. La 
escuadra holandesa consagró diez dias á reponer su 
aguada y leña, curar sus numerosos heridos, tomar 
cuenta y hacer reparto del botin y reparar sus muchas 
averías; siendo todo este tiempo hostilizada por el desta- 
camento de la Habana, que impidió á lo menos el buceo 
y la saca de algunos despojos de la flota. La gloria naval 
de Holanda ganó poco con que cuatro galeones, el que 
más de treinta y cinco piezas , tuvieran que rendirse á 
veinte y cuatro que pasaban de cuarenta y llevaban á 
su bordo un número mucho mayor de combatientes; 
pero la parte que correspondió á su tesoro en tan gran 
presa, le permitió fomentar su poder y prepararse luego 
á nuevos intentos y expediciones contra América ^. 

Los avisos que dirigió Cabrera á Cartagena desde Ba tá- 
bano y Cabo Corrientes al general Tomás de Larraspu- 
ru, impidieron, como dijimos, su salida, y preservaron 
á su flota de la catástrofe que habia destruido á la de 
Benavides. 

3 Véase la pág. 433 del primer tomo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 49 

Con la de este caudillo desgraciado , se perdieron los 
situados de la isla. Pero no reparó Cabrera en medios 
para procurar al presidio su estipendio, echando indis- 
tintamente mano de lo depositado en arcas reales para 
otras atenciones y aun de algunos fondos de particulares. 
Por lo demás, apenas lastimó aquel golpe al tráfico aun 
escaso de los habaneros, que no perdieron sino algunas 
cortas consignaciones de cera , harina y otros productos 
mejicanos. 

Fué cebo harto átrayente el de aquel botin ganado á 
fuerza de ventaja, para que á la primavera siguiente los 
holandeses no volvieran al mar de las Antillas á renovar 
sus presas, acaudillados no ya por Hein *% sino por Cor- 
nelius Jols ", no menos célebre que aquel en los fas- 
tos navales de su patria. Pero Cabrera , convencido de 
que de la pérdida de sus avisos dimanó en el año ante- 
rior la de la flota, no omitió medio para que ya se supiera 
en Veracruz y en las demás estaciones navales la prevista 
reaparición del holandés. Desde el 11 de mayo (1629), 
recibió las cartas en que el gobernador de Santiago D. Pe- 
dro de Fonseca Betancourt ^^ se la anunciaba. Cornelius 
Jols , después de pasar todo el verano por la costa occi- 
dental de Cuba, ya reponiendo aguada y leña en Cabanas, 
en Bahía Honda é isla de Pinos, ya reconcentrando su ar- 
mamento de veinte y siete urcas y galeones, ya subdivi- 
diéndolo en grupos desiguales, no logró mas fruto que la 



*" Véanse en Laet, Novus oriis , \[- ** Véase Leclerc, Históire des Pro- 

bro XV, cap. XXII : Memorabile faci- unces Unies. Lib. VI. 

ñus Petri Heynii; Leclerc , Históire des *2 Véase su noticia biográfica en la 

Provinces Unies, lib. VI, y Van Has- pág. 373 del tomo II del Dice. Geog.» 

seldt, Bélgique et Eollande, en el Uní- Est,, líist. de la Isla de Cuba por el A. 
verso Pintoresco. 



HIST. DE CUBA.— TOMO 11.— 4 



50 HISTORIA 

captura de algunos barcos costerizos. Cansado de esperar 
las flotas, se presentó sobre la Habana el 29 de agosto 
con la mayor parte de sus fuerzas y formal designio de 
atacar la plaza. Aunque sus vecinos en todas las alarmas 
anteriores habían acudido armados á su puesto , obede- 
ciendo á los bandos de Cabrera ^^, « echóse de ver aho- 
» ra,i> dice una relación contemporánea, « el puntual cum- 
» plimiento de sus órdenes en las muestras que el dicho 
í) gobernador hizo pasar á todas las compañías, que ese 
«halló todo ajustado hasta en los forasteros (los del 
» campo), que muchos no tuvieron armas de fuego por 
í no haber todas las que eran menester, por cuya causa 
» se tienen pedidas á S. M#, y sirven en las ocasiones con 
» picas ínterin llegan las que se aguardan de Castilla.» 
El 1 .° de setiembre dos grandes urcas se acercaron tanto 
á la embocadura del Chorrera , solo defendida por cien 
soldados y un reducto con alguna artillería, que se 
apresuró Cabrera á reforzar el puesto con un destaca- 
mento de doscientos voluntarios de á pié y sesenta de á 
caballo. Pero sin emprender hostilidades, se retiraron las 
dos urcas y también fué rechazado por el Morro un 
galeón que se acercó á disparar contra él algunos tiros. 
Continuó la escuadra holandesa una semana sin apar- 
tarse de las aguas de la plaza. Por fin, el 8 de setiembre 
se perdió de vista , y aquella noche se refugió en el 
puerto con bandera española una de sus fragatas, de la 
cual se habían apoderado por sorpresa ciento doce cas- 



*' Entre los pocos documentos de la mo LXXXIX una relación contempo- 
numerosa Colee, de D. J. B. Muñoz en ranea y sin nombre de autor de las pre- 
la Bibl. de la Real Acad. de la Hist. venciones militares que tomó entonces 
de Madrid que sean posteriores al si- Cabrera. Está copiada en nuestra co- 
gió XVI, aparece en el folio 190 del to- lección. 



DE LA ISLA DE CUBA. 51 

tellanos prisioneros. Estos anunciaban, según la misma 
relación refiere, «que los holandeses hablan tratado de 
D atacar (á la plaza), pero que desistieron en vista de 
í) lo bien apercibida que estaba y del gran soldado que 
í tenia por gobernador.» 

Sus servicios militares no preservaron á Cabrera del 
resentimiento y de los tiros de sus ofendidos y contra- 
rios ; y no fué en verdad muy acertado para defenderle 
su manejo en el gobierno político. Reinstaló de su pro- 
pia autoridad en su puesto al contador Eguiluz , suspen- 
dido por el Rey hasta que se feneciese cierta causa que 
se le seguia por varias faltas en el cumplimiento de su 
contrata de las minas del Cobre; y dio lugar con esto á 
que Pedro de Armenteros ^S que sustituia al encausado 
en la contaduría , muy apoyado por el consejero D. Car- 
los Coloma , representara á la corte con mucha reserva 
aquel exceso y otros. En las secretas denuncias de Co- 
loma y Armenteros aparecen los primeros textos refe- 
rentes á las exportaciones de tabaco que ya se sacaban 
de Cuba en aquel tiempo. Escribióse en una de ellas 
que Cabrera, sin licencia de la Contratación ni del virey 
de Nueva España , á quien debia estar sometido en mu- 
chos casos, habia enviado á Canarias de su cuenta, á 
fines de 1 629 , una fragata cargada de doscientos mil 
pesos de tabaco, que le habia traido en retorno otra 
carga de los mejores vinos de esas islas. Cabrera ^^ sin 
negar el hecho , atenuó luego su culpa , demostrando 
que «todos los caudales de la ciudad, si se juntaran, no 



** Carta de P. de Armenteros y Guz- '^ Cartas de Cabrera al Rey. = Ar- 
man en 11 de junio de 1630.=Or¡ginal chivo de Ind. de Sevilla y copiadas en 
en el Arch. de Ind. de Sevilla y copia- la Colee, del A. 
da en la Golee, del A. 



52 HISTORIA 

«compondrían aquella suma.» Asimismo se le acusó 
en Madrid de haber permitido que, cuando los holandeses 
bloqueaban á la plaza , entrara en ella una armazón de 
negros que fué vendida sin registro ni conocimiento de 
los oficiales reales. 

Con acriminaciones de tal peso mandó el Rey, á con- 
sulta del Consejo, en 22 de junio de 1630, que el fiscal 
de la Audiencia de Santo Domingo D. Francisco Prada 
se trasladara á la Habana á residenciar á Cabrera y com- 
probar los hechos. Pero tan descompuesto y arreba- 
tado era su temple, que, por temor de una violencia, ni 
se atrevió el mismo fiscal á notificarle su comisión y las 
órdenes del Rey hasta que llegó á sucederle otro gober- 
nador : solo ese fué el origen de la saña que desplegó 
después en sus procedimientos contra el residenciado y 
sus parciales. 

A pesar de sus reveses marítimos no estaba aun tan 
abatido el poder naval de España que permitiera profa- 
nar y robar sus posesiones ultramarinas por un enjambre 
de holandeses y corsarios que, siendo protestantes, 
reunían á sus ojos al carácter de enemigos el de herejes, 
provocando con él toda la furia de una potencia enar- 
decida entonces por la ortodoxia mas vehemente. En el 
espacio de cinco años, aquellos republicanos atrevidos se 
habían apoderado de las ciudades de San Salvador y 
Fernambuco en el Brasil ; habían saqueado á la de Lima 
en el Perú, y conseguido enormes presas. Luego una mul- 
titud de aventureros ingleses y franceses, trabajando 
por su cuenta, pero con manifiesta protección de sus 
gobiernos, habían fundado colonias y aun alzado fortale- 
zas en las islas de Nieves y San Cristóbal, en el archipié- 
lago de las Antillas*, y en sus surgideros organizaban 



1 



DE LA ISLA DE CUBA. 55 

con quietud y sia obstáculo sus excursiones de rapiña. 
Felipe IV hizo un esfuerzo para aprestar en Cádiz y en 
Sevilla una imponente escuadra de veinte galeones, 
muchas urcas y pataches, y nueve mil hombres de 
desembarco. Confirió su mando á D. Fadrique de To- 
ledo, marqués de Villanueva de Valdueza ^% el mas 
notable de los marinos españoles de aquella época , con 
el título de Capitán General de la Armada y Ejército del 
mar Océano ; y le dio como segundo ó maestre de 
campo general á D. Antonio de Oquendo, célebre por 
sus hazañas y servicios. Salieron de Cádiz estas fuerzas 
en los primeros dias de agosto sin que llevara mas ins- 
trucciones D. Fadrique que las de un pliego cerrado 
que debia abrir cuando estuviese á la altura de Cana- 
rias. En la relación que de sus primeros sucesos remitió 
este general al marqués de Cerralvo ^^, á ia sazón virey 
de Méjico, aparece que aquel pliego «no declaraba ni 
» especificaba más sino que fuese en busca del enemigo 
)) á las islas de que se hallaba apoderado y procurase 
» echarle de ellas, d El primer ministro y favorito de 
aquel Rey, el Conde -Duque de Olivares, que habia 
extendido la orden , ignoraba hasta la situación y los 
nombres de esas islas. D. Fadrique, sí, se presumía cuá- 
les serian. Cuando se aproximaba ya á reconocerlas, en- 
cargó á su almirante Melchor de Vallecilla que se ade- 
lantara con un galeón, una urca y dos pataches de 

*« Véase su biografía después de la marqués de Cerralvo , avissándole de lo 

nota final de este capítulo. subcedido a la armada desde que salió 

'■^ Véase, en la sección de raanus- de España hasta que entró en Cartage- 

critos de la Bibl. Nac. de Madrid y en na. Este largo documento está copiado 

la Colee, de id. del Depósito Hidrográ- en la Colee, del A. Véase también la 

fico, la Relación enviada por D. Fadri- biografía de D. Fadrique después de ia 

que de Toledo al virey de llueva España, nota final de este capítulo. 



54 HISTORIA 

construcción extranjera y con pabellón holandés á ex- 
plorar la isla de Nieves, en cuyo surgidero descu- 
brió fondeados «cuatro naos grandes y cinco menores 
» de corsarios. » Se apoderó Vallecilla de la mayor al 
abordaje y sucesivamente de otras seis ; pero dos de 
menos calado lograron escapar entre unos bajos y llevar 
aviso de la aparición de la armada española á San Cris- 
tóbal. El mismo dia, el 1 7 de setiembre, se hizo Oquendo 
dueño por asalto del fortin, armamento y almacenes, 
que sin aguardar al lance abandonaron sus setecientos 
defensores; y no queriendo D. Fadrique dar lugar á que 
reforzasen los corsarios su resistencia en la otra isla, 
cayó sobre ella el 18 con lo demás de su armamento. Re- 
partida en dos colonias de ingleses y franceses y resguar- 
dada naturalmente por lo escabroso de sus costas , de- 
fendíanla dos excelentes fortalezas, la de Charles, per- 
teneciente á los primeros, y la de Richeheu, que los se- 
gundos guarnecian, contando entre una y otra mas de 
tres mil aventureros aguerridos y de cien cañones con 
todos los repuestos necesarios. Mientras que D. Fadrique 
con Oquendo , los maestres de campo Murga , Oteiza y 
Mena y un cuerpo de igual fuerza batian y dispersaban 
á los que se opusieron á su desembarco, los buques 
vomitando balas y metralla sobre los dos fuertes, les 
forzaron á rendirse á discreción el 25 de setiembre, 
cuando todo estaba ya dispuesto en tierra para darles el 
asalto. 

Dos mil y trescientos prisioneros ingleses, franceses 
y flamencos, ciento setenta y tres piezas de artillería, 
siete navios y un buen acopio de armas, pólvora y 
tabaco fueron el resultado que con su disciplina y su 
valor consiguieron los vencedores en menos de veinte 



DE LA ISLA DE CUBA. BB 

dias de operaciones y de cien hombres de pérdida. Fué 
aun mucho mayor, porque los extranjeros perdieron con 
estas islas mas de veinte millones en propiedades, y 
como una renta anual de dos que les rendia aquel capi- 
tal. Dejaron sosegado algunos años al mar de las Anti- 
llas; y en Inglaterra, en Francia y en Holanda, al ver 
que á los que se cogieron , en lugar de quemarlos por 
herejes, se les dejó regresar á su país en los mismos bu- 
ques apresados , reconocieron que eran los españoles 
mucho mas intolerantes que inhumanos. 

Toledo pasó á mediados de octubre á invernar en la 
Habana y Cartagena con su escuadra, precedido , desde 
primeros del mismo mes, por uno de sus buques con 
el nuevo jefe nombrado en reemplazo de Cabrera. En su 
travesía logró nuevas capturas de corsarios , y con su 
afortunada expedición tomó Cuba algún respiro de la 
larga serie de sobresaltos que habia estado sufriendo. 

Pero ni aun en esos dias felices fué todo fortuna. A 
fines de octubre salieron de la Habana dos galeones del 
maestre de campo Antonio de Oteiza con tropa , víveres 
y municiones para los olvidados presidios de la Florida, 
y vararon desdichadamente en el canal nuevo de Baha- 
ma. Se salvaron las tripulaciones y la tropa con sus 
equipajes en los buques que envió D. Fadrique á socor- 
rerlos , pero por algunos meses fué preciso ocupar en 
el paraje del naufragio muchos brazos para sacar la ar- 
tillería. 



Caprichosamente y sin la menor averiguación de la verdad, 
exageraron los escritores extranjeros las pérdidas de la flota apre- 
sada en Matanzas. Las invenciones de los primeros fueron repe- 
tidas sin examen por los que les siguieron al tratar del mismo 



86 HISTORIA 

asunto. Pero á todos ellos excedió en serenidad M. Alfred de Lacaze 
en su biografía de Hein , entre las págs. 623 y 626 del tomo XXIV 
de Idi Biographie ^enemíe , publicada en París por Didoten Í86i. 
Supone que se apoderaron los holandeses de diez y ocho galeones, 
cuando no iban en la flota mas que cuatro , y en realidad solo apre- 
saron dos; porque el de Leoz se incendió, y el de Benavides se fué 
á pique, habiéndole dado barreno sus mismos tripulantes. Todos 
los buques eran quince. Tres mercantes se refugiaron en la Haba- 
na ; y el valor de las presas logradas por Hein no pasó de lo que en 
su lugar dejamos detallado en la pág. 433 del primer tomo de esta 
obra. Los datos oficiales de donde proceden los nuestros son mas 
creíbles que los que solo derivan de caprichos. Pocos hechos histó- 
ricos se pueden esclarecer mejor que la desgracia de Matanzas. Se 
explicó toda , con los detalles mas prolijos , en la larga causa que de 
orden del Rey se formó al general de la flota perdida D. Juan de 
Benavides Bazan por el ñscal del Consejo de Indias D. Juan de 
Solorzano Pereira. (Véase su biografía en las págs. 559 y 560 de 
nuestro Dice. Geog., EsL, Hist. de la Isla de Cuba). Consta también 
hasta en textos extranjeros, que el mismo Hein se sonrojó en 
Holanda de los aplausos que le prodigaron por haberse apoderado 
de dos galeones y algunos barcos mercantes con una poderosa 
escuadra de seiscientos veinte y tres cañones , dos mil seiscientos 
cuarenta y cuatro marineros y ochocientos ochenta y cuatro sol- 
dados. 

Recórrase la voluminosa causa seguida á Benavides y el largo 
alegato de Solorzano en el tomo en foUo de sus obras en la Bibho- 
teca Nacional de Madrid y en muchas partes , y se disipará toda 
duda. Por mucho que se comprenda la perturbación y el senti- 
miento que causó en España aquella pérdida, no hubo razón capaz 
de justificar el atentado que con todas las formas jurídicas se come- 
tió con Benavides, á quien de orden del conde-duque de Olivares 
se puso incomunicado y preso á su llegada á San Lúcar, encerrán- 
dole en el castillo de Carmona. Sobre su larga prisión se hallan 
detalles en un manuscrito coetáneo acumulado en 1794 por don 
Martin Fernandez de Navarrete á la colección de MMSS. del De- 
pósito Hidrográfico de Madrid. Ortiz de Zúñiga guarda en sus 
Anales de Sécula un silencio riguroso sobre la causa y suplicio de 
Benavides, aunque fuera vecino de aquella ciudad, natural de 
Baeza , y de las mas antiguas familias de Andalucía. Pero resulta 
de aquel documento, procedente de la Biblioteca del conde de 
Águila, que Benavides permaneció preso en Carmona hasta el 16 de 



DE LA ISLA DE CUBA. 57 

mayo de 1634. Desde la víspera y con imponente comitiva liabia 
ido de orden de la audiencia á sacarle de su calabozo el oidor 
D. Antonio de Torres , que le trasladó en su coche á la cárcel de 
Sevilla, por la tarde del siguiente dia. Allí se le notificó su senten. 
cia de muerte , «que oyó , dice aquel documento, con toda humil- 
»dad, » no ocupándose ya mas que de prepararse para su penoso 
trance. La mayor parte de la población de la capital de Andalucía y 
su próxima comarca se aglomeró á presenciar el trágico fin de un 
general antes arrogante , de buena edad y digno de envidia , que 
se presentó á su vista el dia \ 8 encanecido , pobremente vestido 
de jergueta negra , con su cruz de Santiago en la muñeca y mon- 
tado en enlutada muía. De esta suerte recorrió las principales ca- 
lles y plazas de la ciudad hasta llegar á la de San Francisco, donde 
le esperaba el cadalso cubierto de bayetas negras. Hasta doscientos 
cincuenta religiosos de las comunidades de Sevilla le acompaña- 
ron con cirios encendidos. El duque de Veragua y la nobleza sevi- 
llana le dispusieron á Benavides suntuosos funerales. Esa expre- 
sión del sentimiento público , fué una protesta muda contra la ti- 
ránica barbarie de Olivares, que hizo castigar como delito lo que 
solo fué una desgracia inevitable. Aunque el almirante D. Juan de 
Leoz , prisionero mucho tiempo de los holandeses , luego salió ab- 
suelto, fueron muchos los comprometidos en la causa de Benavi- 
des. A D. Lorenzo Cabrera, preso también así que llegó á España, 
en el mismo castillo de Santa Catalina de Cádiz en donde habia 
mandado , le juzgaron separadamente. Gracias á sus antiguas proe- 
zas, á la protección del duque de Medinasidonia . de D. Fadrique 
de Toledo y á las representaciones de muchos de la Habana, logró 
salir absuelto de toda culpa y pena en junio de \ 634 , aunque 
inhabilitado para servir oficios en las Indias. 

Así aparece en un curioso manuscrito en folio que con el título 
de Secretaría del vireinato de Nueva España se halla en la Biblioteca 
de S. M. 

Ya que debimos meijcionar en el capítulo anterior á D. Fadrique 
de Toledo, procuremos reparar con su sucinta biografía el olvido 
que cometieron con él nuestros historiadores , como con otros mu« 
chos personajes históricos de España. 

D. Fadrique de Toledo Ossorio, nacido hacia 1580, fué hijo segundo 
de D. Pedro, quinto marqués de Villafranca, y de doña Elvira de 
Mendoza , hija de los marqueses de Mondéjar ; y si nobleza obüga, 
correspondió bien ala suya, dedicándose desde su primera juven- 
tud á combatir en el Mediterráneo contra turcos y berberiscos en 



88 HISTORIA 

las galeras de Ñapóles, cuando gobernaba su padre en aquel reino. 
Llevaba ya años de mandarlas y de ganar presas y gloria contra los 
infieles, acaudillando también alas de Malta en ocasiones, cuando 
en 1618 le elevó Felipe III á capitán general de la Armada del Océa- 
no; cargo entonces el mas importante en la marina. Le incumbía 
todo el gobierno de las fuerzas navales , que , además de custodiar 
las costas de la península contra los armamentos extranjeros, te- 
nían que abastecer á Flandes , reforzar con auxilios de gente á las 
tropas que allí beligeraban y atender á multitud de operaciones en 
tiempos de alternadas guerras con holandeses, ingleses ó fran- 
ceses. Como no nos proponemos escribir mas que un resumen de 
la vida de D. Fadrique , tan merecedora de un especial libro , nos 
reduciremos á indicar sus principales incidentes. 

En 9 de agosto de 1620 , cuando salla de Cádiz á esperar con 
nueve galeones á los que venían á reunírsele de Lisboa con su se- 
gundo Yallecilla , tropezó cerca del cabo de San Vicente con treinta 
y una urcas holandesas, y las acometió , apoderándose de tres des- 
pués de una reñida lucha. Les echó á pique dos y les incendió 
otra , obligando á huir á todas las demás. 

Dos años después fondeó con su armada junto á la misma costa 
de Inglaterra y muy cerca de Dover, « con lo que, » dice elP. Sosa, 
t< puso en gran cuidado á aquella isla , aunque su intento era bus- 
» car al holandés. » Viendo que no se atrevía el enemigo á salir del 
refugio de sus puertos, dio la vuelta D. Fadrique para España ; y en 
20 de octubre del mismo año sorprendió y destruyó en el estrecho 
de Gibraltar á toda una armada berberisca, que se proponía hacer 
un desembarco en la costa de Andalucía , aprovechándose de la au- 
sencia de la armada en las aguas de Holanda y de Inglaterra. 

Por este y otros muchos servicios posteriores, coronados siempre 
por el éxito, le confirió á fines de 1624 Felipe IV el mando de una 
imponente expedición naval hispano-portuguesa , destinada á ex- 
pulsar del Brasil á un poderoso armamento holandés de mar y 
tierra que se habla apoderado de los principales puertos de aquel 
reino , entonces dependiente de la corona de España. Salió de Cádiz 
D. Fadrique con cuarenta galeones y cerca de ocho mil hombres de 
desembarco el U de enero de 1 6215 y pudo decir luego como César: 
Veni, vidi, vici. 

Después de fondear el 28 de marzo en la bahía de Todos los San- 
tos y de vencer la resistencia de la plaza de San Salvador, con su 
rendición se apoderó de mas de tres mil prisioneros holandeses , de 
doscientos cincuenta cañones, diez y ocho banderas, considerable 



m LA ISLA DE CUBA. 59 

acopio de municiones de boca y guerra y siete embarcaciones ene- 
migas. Le bastó un mes para conseguir este resultado , aunque no 
lograse luego dar alcance á una numerosa escuadra holandesa que 
se presentó en aquellas aguas el 22 de mayo para auxiliar álos que 
ya se hablan rendido. Y menos le favoreció la suerte al regresar á 
España, perdiéndosele en crudos temporales muchos buques, la 
mayor parte portugueses, antes de llegar á Cádiz y á Lisboa. 

Terminada aquella expedición, continuó desempeñando D. Fadri- 
que con fortuna su antiguo cargo de capitán general de la armada 
del Océano. En multitud de referencias y encuentros de las fuerzas 
navales españolas con las de Holanda y otras, en los años de 1626, 
27, 28 y 29 , no aparece uno siquiera en que no salieran vence- 
doras cuando las acaudillaba el mismo D. Fadrique. 

Años atrás se habia casado con doña Elvira Ponce de León, hija 
de los duques de Arcos, y ya llevaba el título de marqués de Yi- 
llanueva de Valdueza por merced de Felipe IIL Los intermedios de 
libertad que le dejaban los cuidados de su cargo venia á pasarlos en 
su casa , establecida en Madrid , donde le miraba el Rey con una 
benevolencia que pronto inspiró celos á su valido y ministro el 
conde-duque de Olivares, aunque nunca gestionase en la corte 
D. Fadrique sino por asuntos de marina y sus atribuciones. 

Hallábase en Cádiz á principios de junio de 1630, cuando, sin ex. 
pilcársele en las órdenes que le comunicó aquel ministro, ni en su 
correspondencia confidencial , cuál fuese su destino, se le mandó re- 
unir con premura en aquel puerto todos los galeones, sin excluir á 
los que debian custodiar en aquel año á las flotas de Cartagena y 
Veracruz. Así que tuvo dispuesto su armamento, á fines de aquel 
mismo mes, salió para Canarias, en cuyas aguas se le mandaba 
abrir un phego reservado. Contaba la expedición de diez y siete 
galeones y algunos barcos armados, además de los mercantes de 
las flotas. Pero, además de la marinería , llevaba mas de siete mil 
infantes; y sobre todo la guiaban á sus órdenes los mejores cabos 
de la marina nacional , su almirante Melchor de Yallecilla y el fa- 
moso Antonio de Oquendo. 

Lo singular fué que en el pliego reservado, abierto junto á Te- 
nerife, se le prevenía á D. Fadrique, entre otras cosas, que arro- 
jase á los enemigos de las islas , sin indicarle cuáles eran estas , y 
remitiéndose para los demás detalles á unas instrucciones reserva- 
das del Consejo de Indias que le entregarían separadamente, y que 
no le entregó nadie. 

Solo sabiendo de sobra cuáles eran , D. Fadrique y sus cabos pu- 



60 HISTORIA 

dieron llenar su comisión , arrojando de algunas Antillas á los pi- 
ratas extranjeros, que ya las tenían fortificadas, apoderándose de 
sus fuertes y cañones, de sus*depós¡tos y aun de sus personas en 
setiembre de 1 630. 

Aquella fué en América la postrera hazaña de Toledo. Después, 
conservando siempre el cargo de capitán general de la armada del 
Océano, todavía le vemos vencer al almirante holandés Gornelio 
Jols y defender en otros encuentros, siempre afortunados, las cos- 
tas de Fiandes y de España. 

Menos feliz que en el mar estuvo luego en sus intentos en la cor- 
te, donde pasó el invierno de 1633 á 1634, interesándose con calor 
por la suerte de sus protegidos el desgraciado D. Juan Benavides 
Bazan y D. Lorenzo Cabrera , capitán general que habia sido en 
Cuba y sometido á largo juicio por los motivos que se explican en 
el cnpítulo anterior. Este último, aunque al cabo libró bien de su 
causa, sufrió muchas tribulaciones y disgustos; y al primero, como 
vimos , le cortaron la cabeza , porque no logró salvar la flota de Ve- 
racruz , defendiéndola con cuatro galeones contra veinte y cuatro 
urcas de Holanda. 

Después de haber llevado por entonces D. Fadrique con su ar- 
mada á Fiandes al cardenal infante D. Fernando de Austria, her- 
mano de Felipe IV, cuando fué á encargarse del gobierno de aque- 
llos Estados, el conde-duque de Olivares se propuso alejar de Ma- 
drid á aquel general , dándole un cargo mas lejano. Aconsejábale 
esta precaución la misma benevolencia con que le miraba el Rey y 
su deseo de übrarse de emulaciones inquietantes. 

Habiendo vuelto los holandeses á apoderarse de varios puntos 
del Brasil, resolvió Olivares que otra vez fuese D. Fadrique á arro- 
jarlos de aquella costa , á fortificar sus plazas y poner todo aquel li- 
toral á cubierto de nuevas agresiones. La comisión , además de in- 
grata, no era breve. D. Fadrique, según se deduce de los papeles de 
los Jesuítas, le respondió al ministro omnipotente que, por invaria- 
ble que fuese su voluntad de servir al Rey, no era de hierro; que 
llevaba mas de treinta años de navegaciones y batallas, y que, ade- 
más de su salud, reclamaban su permanencia en Madrid los cuida- 
dos de su familia y de su casa.. Desentendiéndose de estas razones 
Olivares y posponiéndolas á las del servicio, recurso eterno de al- 
gunos ministros para cohonestar torcidos fines, hubo de añadir á 
D; Fadrique que era en el servicio del Rey en donde habia alcanzado 
su caudal y sus honores. A esta razón le contestó el interpelado con 
viveza : «Que él habia servido á S. M. gastando su hacienda y der- 



DE LA ISLA DE CUBA* 61 

» ramando su sangre, y no hecho un poltrón como el Conde-duque.» 
Así aparece textualmente en la carta que desde Madrid y 1 2 de julio 
de \ 634 dirigió el P. Damián de Valdivia al P. Pereira , del convento 
de Sevilla- Véase pág. 80 del tomo XIII del Memorial histórico es^ 
pañol. 

A consecuencia de este diálogo, el irritado Conde-duque arrancó 
del Rey un real decreto para su prisión y causa por desobediencia 
á S. M. Desde luego se le puso preso en su casa con guardas de 
vista; pero á los pocos dias salió desterrado para su posesión de 
Santa Olalla, en Andalucía, sin perjuicio de que siguiesen contra 
él los procedimientos decretados. Su tio el duque de Alba, su her- 
mano D. García , el marqués de Viliafranca y todos los Toledos que 
figuraban entonces en la corte, tomaron la ofensa de D. Fadrique 
como propia, protestaron contra aquella injusticia abiertamente y 
salieron desterrados de Madrid. 

Solo á fuerza de imposturas podia resultar criminal el desterrado 
en la causa que se le formó ; y con todo se le condenó á mediados 
de noviembre á una multa de diez mil ducados , á diez años de des- 
tierro de los reinos de Castilla , á privación de todas sus mercedes, 
encomiendas y rentas, y á inhabilitación para todo cargo público- 
Basta este incidente para completar el retrato político de Olivares, 
del inspirador de esa sentencia. Al saberla D. Fadrique cayó en- 
fermo; y de poco mas de cincuenta años murió 10 de diciembre, 
y no en su posesión de Santa Olalla para donde habia salido des- 
terrado, sino en su misma casa de Madrid. Sin duda se le levanta- 
rla el destierro. Véanse, en el tomo referido del Memorial histórico 
español , las cartas dirigidas por los PP. Damián Valdivia , Sebastian 
González y Francisco Vilches al Prepósito de jesuítas en Sevilla. 
D. Fadrique fué enterrado en la bóveda del colegio de ese orden, 
donde su hijo mayor, niño aun , le habia precedido cuatro meses 
antes para que nada faltase á sus postreros sufrimientos. 

Su viuda doña Elvira, entregada desde entonces al dolor, ni puso 
la planta fuera del palacio de los marqueses de Viliafranca , donde 
residía, hasta que después de derribado el odioso Olivares del po- 
der, la nombró Felipe IV, en consideración á su aptitud y á sus vir- 
tudes , camarera mayor de su segunda esposa doña Mariana de Aus- 
tria, cuyo alto cargo seguía aun desempeñando siendo ya viuda 
esta reina y gobernadora de España en 1676, cuando elP. Sosa pu- 
blicó su Noticia de la gran casa del marqués'de Viliafranca. 

De su matrimonio con ella, además del hijo que murió en agosto 
de 1634, dejó D. Fadrique dos hijas y un hijo, que fueron: doñí^ 



62 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

Elvira, casada con D. Juan Henriquez de Cabrera, almirante de 
Castilla; doña Victoria, casada con el primogénito del duque de 
Arcos, y otro D. Fadrique de Toledo Ossório, que nació en Madrid 
el 27 de febrero de 1635, sesenta dias después de la muerte de su 
padre. 

Antes de su matrimonio también habia tenido D. Fadrique, de 
sus relaciones con una dama principal de Cádiz , otros dos hijos 
varones : D. Pedro , que fué deán de la catedral de León , comen- 
dador de Lopera en la orden de Calatrava y abad de Alcalá la Real; 
y D. Iñigo , que , después de haber servido con distinción en mu- 
chas guerras, era maestre de campo y gobernador de Oran en 1676. 

El hijo postumo de D. Fadrique heredó en \ 649 los títulos y es- 
tados de Villafranca por haber muerto sin sucesión su tio paterno 
D. García , siendo luego uno de los principales personajes de su 
tiempo y también un general de marina distinguido. En \ 663 se le 
dio el mando de las galeras de Sicilia , con las que socorrió á Gan- 
día , y tuvo muchos encuentros en el Mediterráneo con los berbe- 
riscos. Fué después virey de Ñapóles y de Sicilia , elevándosele en 
1673 á capitán general de la armada del Océano. En 1691 llegó á la 
última dignidad con el nombramiento de consejero de Estado y 
presidente del Consejo de Indias. Al llegar de Francia Felipe V, le 
nombró mayordomo mayor, y luego, al trasladarse á ItaUa, el mar- 
qués de Villafranca fué uno de los ministros de la Junta de go- 
bierno del reino durante la ausencia del monarca. Cargado de hon- 
ras y dignidades murió este segundo D. Fadrique en Madrid en 9 de 
julio de 1705. 

Los libros y papeles que podrían consultarse para escribir la vida 
de los dos D. Fadriques , padre é hijo, si no se descubren otros, nos 
parecen los siguientes : 

Las relaciones que existen en la Colee, manuscrita del Depósito 
Hidrográfico de Madrid. 

La referida Noticia de la gran casa de Villafranca , por el P. Geró- 
nimo Sosa, impresa en Ñapóles en 1676. 

Las cartas de jesuítas que contiene el tomo XIII del Memorial 
histórico español , publicado por la Acad. de la Hist. 

Algunos manuscritos de la Bíbl. Nac. de Madrid. 

Las págs. 3 , 4 , y 5 del tomo II de la obra titulada Hijos ilustres de 
Madrid, por D. José Antonio Baena. 

Varios avisos de PeUicer publicados en los últimos tomos del Se- 
manario erudito de D. Antonio Valladares. 



CAPÍTULO TlíRCERO. 



Gobierno de D. Juan Bitrian de Viamonte. — Procedimientos contra Cabrera 
por el oidor Prada —Es este depuesto y preso. — Obispo Lara.— Se determina 
en la isla la jurisdicción del vice-real Patronato eclesiástico. — FortiGcaciones. 
— Hostilidades de los holandeses. — Primera organización de las milicias — El 
asesor Reje Corbalan. — Cuestiones de Bitrian con el marqués de Cadereita. — 
Es promovido á la presidencia de Santo Domingo. — Varios gobernadores de 
Santiago. — Gobierno del capitán general D. Francisco Riaño. — Reformas ad- 
ministrativas. — Derecho de Armadilla. — Estudios mineralógicos cerca de 
Santiago.— José Hidalgo. — Refuérzíinse los holandeses en América. — Origen 
de los piratas flibusteros. — Los galeones vencen á la escuadra holandesa en 
las aguas de Cabanas. — Adelantos obtenidos en el gobierno de Riaño. — Fá- 
brica de buques en la Habana. 



En 7 de octubre de 1630 , relevó á Cabrera el almi- 
rante de galeones D. Juan Bitrian de Viamonte y Navar- 
ra S caballero de Calatrava, pasando aquel inmediata- 
mente preso al castillo de la Fuerza á disposición del fiscal 
de su causa D. Francisco Prada. Guando le leyeron la 
orden , dijo en el mismo ayuntamiento que solo al Rey 
Felipe IV, su señor, obedecía. Como teniente general y 
auditor interino de Bitrian quedó aquel dia instalado un 
natural de la Habana, el licenciado Pedro de Pedroso, 
reemplazándole algunos meses después en propiedad, 

* Véase su biografía en las págs. 186 y 187 del tomo I, Dice, Geogr. , Est.j, 
Hist. de la Isla de Cuba por el A. 



64 HISTORIA 

D. Francisco Reje Corbalan. Pero quien realmente go- 
bernó en el primer período que siguió al relevo de Ca- 
brera^ fué su juez de residencia Prada , siendo Bitrian 
muy apocado , de físico enfermizo y el mas propio para 
que le dominase un togado entremetido. 

Indignó tanto á la corte la pérdida de la flota de don 
Juan de Benavides, que fué este general encarcelado así 
que en el verano de 1629 aportó en Cádiz. Fulminó- 
sele una causa, en la cual no se omitió ninguna diligencia 
para atribuir á su conducta los efectos de una desgra- 
cia inevitable y de la incuria con que el negligente conde- 
duque de Olivares dirigía las cosas de la Armada. 
Por necesitar su torpeza y su orgullo un holocausto, 
cortó en Sevilla la cuchilla del verdugo una cabeza 
encanecida en el servicio y los combates. 

De los largos procedimientos que le siguió luego en 
España el alcalde de casa y corte D. Gerónimo de Ave- 
llaneda Manrique, resultaron contra D. Lorenzo Cabrera 
duros, deshonrosos cargos; no habiendo sido nada 
generoso en suavizarlos Prada , el que inició los autos. 
Además de las inculpaciones de Coloma y Armenteros, 
le suscitaron las de haber sustraído el cargamento de la 
almiranta de Honduras, que zozobró en la caleta de San 
Lázaro ; haber hecho bucear y recogido por su cuenta 
parte de las barras y valores que arrojó Benavides en 
la bahía de Matanzas, cuando allí se perdieron sus 
galeones ; haberse apropiado para su uso las casas del 
ayuntamiento que servían de cárcel , y colocado los pre- 
sos en otro alojamiento. Remitido Cabrera preso á Es- 
paña con la flota en el verano de 1631 , el recuerdo de 
sus proezas , los ruegos de su esposa y el patrocinio de 
D. Fadrique de Toledo y del duque de Medinasidonia 



DE LA ISLA DE CUBA. 65 

le hicieron absolver después de algunas culpas ciertas y 
de otras inventadas ^. 

No contento con agravar los cargos contra el residen- 
ciado suscitándole innecesarios incidentes , extendió el 
fiscal Prada su ojeriza contra cuantos con él tuvieron 
conexión ó trato. Apenas quedó oficial, regidor, notable 
ó funcionario, á quien en sus autos no enredase, multase 
ó encarcelase. Puso embargos arbitrarios en muchas 
haciendas ; y la libertad individual solo la consiguieron 
los que, viendo el remedio muy remoto, la compraron con 
dádivas y cohechos. La poquedad de Bitrian todo lo 
perraitia y, pretextando la independencia de autori- 
dad con que Prada funcionaba , ninguna cortapisa puso 
á los manejos del fiscal , ensordeciéndose á las quejas. 
Llegaron sin embargo tantas á la corte y á la audiencia 
de las personas mas autorizadas de la Habana y aun del 
ayuntamiento en cuerpo , y tan fundada estuvo la del 
alguacil mayor Alonso Velazquez de Cuellar % descen- 
diente colateral del adelantado de este nombre, que 
destinó á escucharlas aquel tribunal al visitador general 
D. Antonio Hurtado. Pero distraído este juez en Tierra- 

2 Según carta de Bitrian al Rey en <iue sin poderle probar que resultase 

20 de enero de 1631 , copiada en núes- ningún cohecho. En el párrafo 411 del 

tra Colee, de la original en el Arch de curioso manuscrito, que , bajo el epi- 

Ind. de Sevilla, una de las calumnias grafe de Secretaria de Nueva España^ 

levantadas á Cabrera fué que, habiendo existe en la Bibl. particular de S. M., 

embarrancado en Batabanó, perseguida se citan consultas del Consejo de In- 

por los holandeses, una embarcación dias en mayo , junio y agosto de 1631, 

en que Miguel Casares Chacón condu- indultando á Cabrera de toda condena y 

cia quinientos negros á Veracruz, dis- alzándole la suspensión de su empleo, 

puso aquel gobernador que se quedaran aunque con la cláusula de no poder 

en la isla, porque no podian continuar ejercer oficios en las Indias, 
ásu destino. Los hacendados se apresu- ^ Véanse los libros de actas y el to- 

raron á comprarlos; pero se calificó moWláel^iS Memorias de la Sociedad 

aquella providencia por los acusadores Patriótica de la Habana. 
de Cabrera como atentado venal , aun- 

HIST. DE CUBA. TOMO II. — 5 



66 HISTORIA 

Firme con otros graves cargos , delegó esta comisión en 
el licenciado Juan de Rivera , que se presentó á ejer-* 
cerla el 22 de mayo de 1632. Aprisionó á Prada, le- 
vantó los embargos y entredichos que habia puesto , y 
dejó libres á los presos ; pero aunque le secuestró lo que 
pudo de sus efectos y sus bienes, como lo mejor ya lo 
tenia puesto en salvo el encausado , no alcanzaron para 
la restitución de sus multas arbitrarias , y la reparación 
de sus ofendidos no pudo ser completa. 

Los excesos de Prada , inquietando á los pudientes 
,del país, influyeron casi tanto como las alarmas sucesi- 
vas de los últimos cinco años, en el retroceso y abandono 
que se advirtió durante ese período en las haciendas y 
labranzas. Después de tener los labradores que trocar el 
arado por las armas , un magistrado venal y revoltoso 
habia estado año y medio atribulando á los pocos que se 
hallaban en situación de fomentarlas. Pudo , con todo, 
con las existencias de cobres sobrantes de la fundición, 
dar cumplimiento Bitrian á un real decreto de 7 de 
marzo de 1630, ordenándole que á todos los dueños ó 
«señores de Ingenio» que lo solicitasen, se les repar- 
tiesen anualmente cincuenta quintales de aquel metal al 
precio de nueve ducados cada uno. Con este auxilio y la 
facilidad de fundir y fabricar los artefactos y utensilios 
para elaborar azúcar en aquel establecimiento del go- 
bierno , se armaron algunos ingenios más en los cuatro 
años siguientes. Se necesitó todo ese tiempo para reparar 
las consecuencias délas pasadas alarmas de enemigos y 
de los trastornos que habia causado Prada. 

Nombrado para suceder á D. Leonel Cervantes en la 
mitra de Cuba desde enero de 1 629 , el comendadof 
de la Merced en Olmedo D. Gerónimo de Lara , habia 



DE LA ISLA DE CUBA. %7 

retardado su venida hasta saber la caida de Cabrera, sin 
tomar el báculo hasta el 30 de noviembre de 1 630. Bajo 
pretexto de visita, residió en la Habana este prelado, 
luego desavenido con Bitrian por su entretenimiento en 
cosas temporales , y nada querido de sus diocesanos sin 
exceptuar los eclesiásticos, por su índole innovadora y 
quisquillosa. 

Declarado privilegio exclusivo de la corona el patro- 
nato de todas las iglesias de Indias , casi después de su 
descubrimiento, previnieron repetidas Reales cédulas que 
no se fabricasen templos sin licencia suya , ni se pro-^ 
veyesen de prelados por el Papa sin previa presenta- 
ción real; que los prelados no pudiesen nombrar para 
dignidades y prebendas á ningún presbítero sin el mismo 
requisito; que obedeciesen al patronato representado 
por los gobernadores temporales ; y que, en los casos 
dudosos , expusieran sus derechos al Consejo de Indias, 
antes de disponer ninguna alteración. Hasta fines del si- 
glo XVI era tan poco lo que se habia pensado en Cuba, 
que sobre lo del patronato y asuntos eclesiásticos no se 
comunicaron á la isla todos los preceptos que regían en 
otras diócesis de América. Este fué el incontestable orí- 
gen de los desafueros de los obispos Ramírez, Sarmiento 
y Díaz Salcedo, y de los escándalos á que dieron después 
margen las violentas exigencias de Armendariz. En mal 
hora se propuso imitarle en muchas cosas el nuevo 
obispo Lara, y gobernar la mitra con independencia del 
gobernador, porque llegó casi con él una Real cédula 
extendiendo á la isla todas las providencias que regían 
en las demás diócesis americanas, y variando el orden 
hasta allí seguido en la inversión de diezmos. Vino 
además á la Habana un nuevo auditor, D, Francisco Reje 



68 HISTORIA 

Gorbalan *, que inspiró al gobernador la firmeza necesaria 
para sostener su carácter device-patrono. Eleváronse por 
su dictamen al juicio de la corte todas las pretensiones de 
Lara sobre quitar y poner párrocos, alterar conventos 
y aun muchas prácticas del culto público. Las provi- 
dencias del gobierno cortáronle les vuelos. En el si- 
guiente julio le significó Bitrian, de orden del Rey, 
que se trasladara á su Iglesia episcopal para ejem- 
plo de sus prebendados, y que no siguiese desam- 
parada con su ausencia. Marchó Lara después á visitar 
su diócesis procurando en balde recoger á muchos frai- 
les ^ de otras islas que «andaban vagamundos y dispersos 
i> por toda ella, viviendo con toda libertad y escándalo.» 
Llevaba pocos meses Bitrian ^ de gobernar, cuando le 
mandó avisar el Rey que <f en Holanda se armaban nue- 
» vas naos de guerra contra algún puerto de las Indias y 
» que se previniese á repeler sus ataques.» Se le mandó 
reemplazar á los cumplidos de la guarnición, y con este 
fin y el de aumentarla, llegaron á la plaza con la flota de 
Cádiz doscientos soldados que habia pedido antes Ca- 
brera y algún repuesto de armas. Bitrian mejoró además 
las defensas de las fortalezas, reforzando sus baterías 
con cincuenta y seis cañones excelentes que se habia n 
salvado del naufragio de los galeones de Oteyza "^ en los 
bajíos de Bahama. Algunos meses después también 
llegaron de Sevilla cincuenta artilleros veteranos. A 
consecuencia de varias representaciones hechas al Con- 

* Fué luego muchos años magistrado al Rey en el Arch. de Ind. de Sevilla. 
y gobernador de Caracas, donde dejó ^ jj^ [¿^ \^ [¿^ 
excelente nombre. VV. Barait, Hisío- ' Véase la carta original de Bitrian 

ria de Venezuela, y Alcedo, Diccionario al Rey en 29 de junio de 1631 , en el 

de América. Arcb. de Ind. de Sevilla, copiada en \9, 

5 Véanse cartas originales do Bitrian Colee del A, 



DE LA ISLA DE CUBA. 69 

sejo por el Procurador general de la Habana Simón 
Fernandez Leyton, enviado á la corte por el ayunta- 
miento , se previno á Bitrian que construyese el camino 
cubierto del Morro y continuara otras fortificaciones pro- 
puestas por su antecesor, sin esperar á que la presencia 
de los enemigos le obligase á precipitar esas obras mala- 
mente. Reconocidas y calculadas todas ellas, tanto por 
el gobernador como por el marqués de Cadereita, el 
maestre de campo D. Luis de Rojas , á la sazón de tránsito 
en la Habana , y el contador Diaz Pimienta, se compu- 
taron todas en cincuenta y tres mil setecientos cincuenta 
ducados, quedando terminadas en los tres siguientes 
años con negros , galeotes y caudales que Veracruz su- 
ministró en las flotas. 

Ocho urcas holandesas % dos de mas de quinientas 
toneladas, todas de treinta á cuarenta piezas y con 
ochocientos combatientes , sin poder regresar á Europa 
por el mal estado de los cascos, eludieron á fines de 1 630 
la persecución de D. Fadrique de Toledo , ocultándose 
en la isla Baca , adyacente á la costa septentrional de la 
Española, y como á cuarenta leguas de una de sus pun- 
tas llamada la Beata. Allí después de carenarse algunas, 
contando con la ausencia de la escuadra española, con- 
cibió su comandante la arrojada idea de salir al encuen- 
tro de la flota de aquel año. Dirigióse por la costa meri- 
dional de Cuba , dobló por primeros de marzo el cabo 
de San Antonio , estuvo cruzando por su meridiano mas 
de un mes , y el 1 7 de abril se asomó á la vista de la 
Habana, cuando ya Bitrian, muy prevenido* tenia arma- 



^ Véase, en el Arch. de Indias de Rey en 29 de junio de 1631. Está co= 
Sevilla, la carta original de Bitrian al piada en la Golee, del A. 



70 HISTORIA 

das las milicias y todo muy dispuesto para rechazar una 
agresión. Hasta ellS de mayo permanecieron los enemi- 
gos por el horizonte de la plaza, aunque sin oponerse á 
que sucesivamente entraran en la bahía las mismas flotas 
de Veracruz , Honduras y Campeche que habian estado 
aguardando; porque venian mejor preparadas para pelear 
que en lósanos anteriores. El 19 se arrimaron á Matan- 
zas á recoger aguada y leña; y cuando el 2¡1 , de orden de 
Bitrian , corria allí por tierra á hostilizarlos el capitán 
D. Gonzalo Chacón ^ con cien soldados y otros tantos mili- 
cianos , regresaba el holandés á su anterior crucero, sol- 
tando en aquella bahía á treinta y siete prisioneros de un 
buque del tráfico de Puerto-Rico que el dia primero del 
año habia apresado. Trece dias siguió contemplando de 
lejos á la Habana sin intentar hostilidades y sin que se 
traslucieran sus designios. Era ya el 4 de junio, cuando, 
recelando la persecución de alguna armada, enderezó 
hacia el canal con rumbo á Holanda ; y lejos de lograr 
ninguna presa por las aguas de la grande Antilla, dejó 
en los bajos del Caimán una de sus urcas zozobrada, 
de la cual hizo extraer Bitrian treinta cañones. 

En lo restante del mando de Bitrian ocurrieron por 
las aguas de Cuba pocos encuentros con los holandeses, 
que inútilmente contraían entonces sus esfuerzos á ase- 
gurar sus conquistas en la costa del Brasil. La almiranta 
de galeones de Cartagena peleó el 9 de agosto de 1 633 
con una urca suya de mas porte. Ambas naves se sepa- 



. ^ Tronco de la distinguida fanailia ha- Flandes, habia sido condenado á servir 

bañera de este nombre y de los condes su empleo de capitán de infantería en 

de Casa-Bayona. Este D. Gonzalo, á el presidio de la Habana, como solian 

consecuencia de un duelo con un supe- llamar entonces á las guainiciones de 

rior suyo, hallándose en campaña en los puntos fortificados de América. 



DE LA ISLA DE CUBA. 7l 

raron maltratadas ; pero murió el almirante español don 
Miguel Redin ^^ de un cañonazo, y su galeón se reunió en 
la Habana el dia 14 á los demás que le estaban espe- 
rando desde el 7. 

Por primera vez se ve en los documentos de este 
tiempo aplicado el nombre de milicias al paisanaje 
armado de la plaza y su comarca. Bitrian las organizó ^* 
todas en seis compañías. A pesar de su vejez conservó 
en el mando de ellas á Barrera y Justiniani , que las ha- 
bían dirigido con acierto y valor en todos los ante- 
riores casos de peligro. Encargó dos á Francisco Diaz 
Pimienta y D. García Gerdeña ; y de otras dos nuevas 
que creó con ginetes campesinos , nombró por capitanes 
á Juan Sánchez Pereira y á Diego Vázquez Hinestrosa, 
acreditado por sus servicios en la armadilla de Venegas, 
como capitán á guerra en Baracoa, y en el socorro de las 
naves de Honduras, También mandó aquel gobernador 
que se organizasen dos en Santiago, otras dos en Bayamo 
y una en cada uno de los otros pueblos, que con el nom- 
bre de capitanes á guerra gobernaban en la parte militar 
dos oficiales reformados de la guarnición de la capital. 
Por mas que se esforzó Bitrian en que se estipendiaran 
estas compañías, el Rey se excusó de pagar plazas de mi- 
licias, como no fuera en ocasión de alarma; y retiró álos 
gobernadores la facultad que antes usaran de cubrir las 
vacantes de oficiales, reduciéndosela á la de proponerlos. 



*" Véase , en el Arcli. de Ind. de Se- á la organización do milicias en el ter- 

villa, la carta original de Bitrian al ritorio de la Habana, y de una corapa- 

Rey en 13 de octubre de 1633, copiada nía llamada de forasteros ó de gente del 

en la Colee, del A. campo de la capital, cuyo mando dio á 

" Entre otras, la carta de Bitrian al Melchor Pérez de Borróte. —Véase la 

Rey en 29 de junio de 1631 , da cuenta original en el Arch. de índ. de Sevilla 

de varias providencias suyas referentes ó la copia en nuestra Golee. 



72 filSTORIA 

Deseando proporcionar al procomún rentas de pro - 
pios, intentó alterar Bitrian las mérceles de tierras conce- 
didas al ayuntamiento, proponiendo que contribuyesen 
sus usufructuarios *^ por cada legua cuadrada con doce 
pesos anuales aplicables á los atrasos de la ciudad y á 
los constantes reparos que exigia la zanja. Ocho meses 
después, en 1 2 de junio de 1 634, repitió el Rey una nue- 
va orden para que cesara toda nueva concesión de tier- 
ras y se le remitiera detallada noticia de todas las merce- 
dadas, expresando su extensión, su situación y los nom- 
bres de los favorecidos. Pero por entonces no produjo 
esa providencia mas efecto que enajenar al gobernador 
la voluntad de los capitulares y adjudicatarios. No omi- 
tió paso su procurador en Madrid para pintar á Bitrian 
con el juicio trastornado, como inhábil para el mando y 
como incapaz de sobreponerse á casos arduos. Se in- 
sinuó en el Consejo de Indias que padecía de accidentes 
epilépticos ^^ que no podia fijarse una hora seguida en 
los negocios ; que manifestaba inconexión en sus ideas , 
cuantas especies pudieran, sin herir su nombre, promo- 
ver su relevo sin cumplir el tiempo prefijado para la 
duración de los gobiernos de Indias. 

Más que las intrigas de Simón Fernandez Leyton, 
agente del municipio de la Habana en Madrid , le preci- 
pitaron sus desavenencias y encuentros de jurisdicción 
con el marqués de Gadereita, que habia sucedido á don 
Fadrique de Toledo en el mando superior de la armada 
Americana. Unas veces porque intentaba depositar en los 

*2 Véanse los libros de actas del el Arch. del extinguido Consejo de In- 

ayuntaraiento de la Habana. dias, en un deparlamenlo del palacio 

*3 Todos estos pormenores resultan llamado de los Consejos. Después, toda 

en la causa de residencia del gobierno aquella documentación fué trasladada al 

de Bitrian, que se hallaba en 1852 en Arch. delnd. de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. 75 

castillos prisioneros holandeses; otras por distraer, de las 
costas de la isla las galeotas de armadilla destinadas á 
ellas, Bitrian defendió siempre sus derechos, bien aseso- 
rado por el entendido Corbalan; pero todo sin evitar su 
remoción, que fué endulzada con el ascenso á la capita- 
nía general y presidencia de Santo Domingo. Por la in- 
fluencia de aquel magistrado no fué su gobierno estéril 
en beneficios para la isla : se mejoró la condición de los 
restos de la casta indígena, se administró alguna justi- 
cia, y la exacción de la Sisa se aplicó con pureza, tanto 
á las reparaciones de la zanja como á las de las veredas 
y avenidas de la plaza. 

Cuando se confirió á Bitrian la capitanía general de 
Cuba, habia sido nombrado para el gobierno de Santiago 
el almirante de galeones Juan de Acevedo ^*; pero falleció 
en el mar cuando iba á recibirlo, y por ausencia de Fon- 
seca gobernaban aquel territorio los alcaldes ordinarios, 
y en lo militar el capitán de las milicias. Sin sorpresas, 
ni ataques de enemigos , pero no sin rivalidades ruines y 
disgustos, corrieron con ellos un largo período desde que 
se supo en Madrid la muerte de Acevedo hasta que pudo 
llegar á sucederle , á fines de 1 633 , el valeroso capitán 
Juan de Amezqueta ^^, mezquinamente premiado con 
aquel gobierno por el triunfo que contra los holandeses 
consiguió años atrás en Puerto-Rico. Lo renunció á los 
pocos meses, y al siguiente año le reemplazó en el puesto 
el capitán D. Pedro de la Roca y Borja ^% caballero de 

'* Véase su apunte biográfico en las todas las publicaciones históricas que 

págs. 1 y 2 del tomo I, Dice. Geojr., hay sobre Pueito-Rico. 
Est. , Hist. de la Isla de Cuba por el A. *« Véase su noticia biográfica, p. 336, 

'^ Véase su nota biográfica, pág. 27, tomo IV, Dice. Geogr. ,Est.j Hist. de la 

tomo I , Dice. Geogr. , Est. , Hist. de la Isla de Cuba por el A. 
Isla de Cuhá por el A. «^Hablan de él 



74 HISTORIA 

Santiago , primer gobernador notable de aquel pueblo. 
Durante su mando, mucho mas duradero que los anterio- 
res, se dotó á aquel punto de la primera guarnición fija 
que conoció , aunque solo de noventa plazas veteranas; 
progresó la explotación de cobres ; se construyó una 
cañería para traer á la ciudad las aguas de la fuente cer- 
cana de San Pedro (obra vanamente emprendida antes 
por el obispo D. Juan de las Cabezas), y se alzó una 
fortaleza, que se llamó del Morro, en una altura, domi- 
nando la entrada de la bahía : todo con anticipos del 
Erario y dando orden el Rey para cubrirlos con los fon- 
dos que á la Habana venían de Veracruz ; pero fueron 
esas primeras obras insuficientes para obtener el fin pro- 
puesto. 

A la nave en que venia de Cádiz á sustituir á Bitrian 
el maestre de campo D. Francisco Riaño y Gamboa", 
caballero de Santiago, el 5 de octubre de 1634 la es- 
trelló una tempestad sobre la costa del Mariel. Desnudo, 
hambriento, sin salvar mas que su persona y sus pa- 
peles, se hubiera presentado el 23 á ejercer sus funcio- 
nes en la Habana , si los municipales no le socorrieran 
con ropa y con comida ^^ 

Noticioso el Consejo de Indias del desorden con que 
andaba en Cuba todo lo del fisco desde 1624 en manos 
de los contadores y tesoreros Francisco Castañeda, Pe- 
dro de Armenteros y Lázaro Yañez de Minaya, había 
elegido á Riaño para que arreglara la administración y 
les tomase cuentas. 

Antes de detallar las innovaciones que introdujo en 

" Véase su biografía en las págs. 349 *» Véanse los libros de actas del 
y 350, tomo IV, Dice. Geogr., Est., ayuntamiento de la Habana. 
üist. de la istú dé Cuba por el A.. 



DE LA ISLA DE CUBA. 7S 

ella, cuadra aquí un resumen de los principios que 
dirigían entonces á la de todas las posesiones españolas. 

Ün siglo habia corrido ya desde que estaban conquis- 
tadas, y en lugar de modificarse con muchos desengaños 
el antiguo sistema colonial , gradualmente iba tomando 
un carácter dia por dia mas prohibitivo. El error no se 
daba por vencido en su impotente lucha contra la natu- 
raleza y la fuerza de las cosas. Ni España, ni sus minis- 
tros, ni sus Reyes comprendian las consecuencias de ese 
choque absurdo, porque no existian aun en lengua alguna 
escritos propios para iluminarlos. Aunque se patentizaran 
en muchos casos prácticos , no podian aun calcularse los 
efectos de la prohibición absoluta. En la política de exclu- 
sivismo y celos que la habia engendrado y que era el alma 
de las relaciones internacionales en Europa, se considera- 
ban las colonias como haciendas de particulares, cups 
productos debian reportar solo y directamente sus Metró- 
polis. Esta fué la causa que inspiró al gobierno español su 
pertinaz afán en separarlas del trato y contacto de los 
demás pueblos. Cierto es que desde la conquista, España 
no habia cometido aun el desacierto que otras naciones, 
de crear compañías privilegiadas para explotar el tráfico 
con ellas. Pero sin librarse después de la misma aberra - 
cion, cometió el de circunscribirlo todo aun solo puerto 
de la península, Sevilla, desde donde las casas armado- 
ras , tan interesadas en concertarse y combinarse unas 
con otras, dirigían sus expediciones en flotas escoltadas 
por galeones, con el número de buques convenido, en fin 
con todas las pautas, las ideas, los principios y consi- 
guientemente con los monstruosos provechos de una 
compañía privilegiada en gran escala. 

Así , pues, pasar á las Indias no era entonces el medio 



76 HISTORIA 

mas certero para hacer fortuna. Llegábase mas cómoda 
y brevemente á la opulencia , matriculándose en el 
comercio de la ciudad privilegiada, á pesar de los exce- 
sivos gravámenes que sufrian la mayor parte de los 
efectos comerciales al recibirse y al enviarse. Los resul- 
tados inevitables, infalibles de tal régimen, eran que las 
posesiones de ultramar estuviesen siempre mal provistas 
de artículos de industria europea ; que pagaran á pre- 
cios fabulosos las remesas que recibian y que vendiesen 
muy baratas las que despachaban para España, porque no 
tenian cabida en las flotas casi nunca todos los destinados 
á exportarse. En cuanto á los efectos ulteriores materia • 
Íes y morales de un sistema tan desgraciadamente con- 
cebido, así en los nuevos países, como en su Metrópoli, 
mas fáciles eran de comprenderse que de calcularse. La 
historia de los pueblos cultos no recuerda ejemplo de un 
monopolio mas tenaz, trascendental, pernicioso y dura- 
dero. Aun tenian que transcurrir dos siglos para que á 
fuerza de pérdidas y golpes lo destruyesen la práctica y 
la ciencia. Letra era aquella que no habia de entrar mas 
que con sangre. 

A mediados del siglo xvii apenas ascendían á veinte 
ncil toneladas ^^ los efectos comerciales que se despacha- 
ban en las flotas y buques de Sevilla para surtir á todo 
un continente que se extendía de polo á polo; y en un 
guarismo tan escaso para tantas posesiones , muy ruin 
habia de ser la parte que cupiese áCuba, víctima primera 
de aquel sistema absurdo y deplorable. ; Cuántos trastor- 
nos engendraba en la vida económica de sus dos docenas 
de miles de habitantes 1 Los usufructuarios de las mas 

*9 Véanse los apéndices á la Historia ria filosófica y política de las Indias por 
de América por Robertson , y la Histo- Raynal. 



DE LA ISLA DE CUBA. 77 

vastas haciendas mal hablan de pensar en dar extensión á 
sus labranzas, cuando carecian de salida los frutos de sus 
campos; y cerrada la puerta al comercio , tenia que 
estarlo también para la agricultura. A excepción de 
catorce á quince ingenios que entre todos no rendían la 
cantidad de azúcar que produce hoy uno solo , redu- 
cíanse las empresas rurales al cultivo de pequeños pre- 
dios , destinados al consumo ordinario ; y tenia que se- 
guir siendo la ganadería el ramo preferido, por requerir 
su fomento menos fatiga y desembolsos que los otros, y 
contar sus productos con el consumo de las flotas. Los 
dueños de ingenios conseguían muy rara vez que, des- 
pués de cubierto el consumo doméstico de azúcar, salie- 
ran en aquellas expediciones todos sus sobrantes. Esca- 
seaban así de numerario con frecuencia, y tenían á veces 
que cambiar azúcar por un reloj , un carruaje , una 
alhaja , un artículo de lujo. Las mismas dificultades que 
impedían á veces el uso de lo supérfluo á las clases 
acomodadas, tenian que vencer también las menestero- 
sas y las medias para conseguir los artículos útiles y 
aun los necesarios; y el resultado era que lo que no se 
obtenia por las vías permitidas , se tenia que buscar 
por las vedadas. Cuando llegó Riaño , el contrabando 
estaba ya mas regularizado é introducido en todos los 
lugares de la isla que antes de la despiadada persecución 
de Valdés, Poago y Manso de Gontreras. 

Sin facultades, ni aun competencia para remediar esos 
conflictos naturales , pero guiado Riaño por instintos de 
orden , concretó sus miras á tomar cuentas á los emplea- 
dos de hacienda , á variar su personal , cobrar atrasos á 
los deudores del fisco y establecer arancel fijo de dere- 
chos de importación y de consumo. Casi exclusivamente 



78 ' HISTORIA 

le ocuparon estos trabajos todo el período de su mando, 
mientras su teniente general y auditor el licenciado Pe- 
dro Valdés Villa viciosa dirigía los asuntos de justicia. 

Respecto al primer punto, á la toma de las cuentas, 
aunque no sin algunos resultados, tuvo que apelar 
Riaño á medios represivos y violentos que ocasionaron 
algún incidente deplorable. Al alférez Agustín Pérez de 
Vera, enviado á Sancti-Espíritus á ejecutar sus providen- 
cias^^, le mataron allí á lanzadas á últimos de enero de 
1 637. De orden de Riaño y con título de su teniente ge- 
neral en todo aquel territorio , acudió á ese pueblo con 
alguna tropa el capitán Melchor Reyes de Toledo; pero 
los delincuentes se fugaron antes que llegara, y por mas 
esfuerzos que intentó para su prisión , quedó impune el 
delito. 

Pasemos ahora á las variaciones introducidas en la 
hacienda. Desde un principio intervenían y revisaban 
los gobernadores las cuentas de los oficiales reales en la 
isla para enviarlas luego á la aprobación de la Contadu- 
ría de Méjico. Pero, ya porque no permitiera la distan- 
cia vigilar á los funcionarios de lugares tan lejanos, ya 
por negligencia y por corrupción no pocas veces , no se 
tomaban nunca en las épocas marcadas, ni aun se repa- 
raban en aquella oficina principal con oportunidad para 
corregirlas y hacer efectivos los alcances. Un regalo, un 
empeño dirigido por el interesado al funcionario que in- 
fluyese en las resoluciones , dilataba la revisión de 
las cuentas de Cuba largos años ; y no era raro que, 
cuando apareciese el alcance , hubiesen desaparecido 

2" En las cartas de Riaño al Rey, muchos ocasionados por la severidad 
originales en el Arcb. de Ind. de Se- con que se realizaron los débitos al 
villa, se detallan este incidente y otros fisco. 



DE LA ISLA DE CUBA. 79 

hasta del mundo el oficial real , el deudor y hasta las 
fianzas. Así lo acreditaban dos ejenoplos entonces muy 
recientes, los del tesorero Lupercio de Céspedes y del 
contador Juan de Eguiluz. Creyó Riaño que se extin- 
guirian esos abusos estableciendo en la Habana una con- 
taduría que interviniese, ademas de las cuentas de los 
pueblos de la isla y la Florida , todas las de las islas de 
Trinidad y Puerto Rico. No fué su pensamiento aproba- 
do sino algunos años adelante, aunque desde 1637 au- 
torizó á Diego López de Tapia para ejercer aquellas atri- 
buciones fiscalizadoras. De este principio nació después 
la idea del establecimiento de un tribunal de cuentas en 
la Habana. 

Obtuvo Riaño mejor éxito en plantear sus aranceles, 
recibidos sin disgusto por la moderación de las tarifas, 
y aprobados por el Rey en 1 4 de setiembre de 1 635 con 
el nombre de arbitrio de Armadilla. Igual encargo ha- 
bla recibido su antecesor Venegas , muerto sin cum- 
plirle. Desde entonces se reformaron todos los gravá- 
menes sobre las introducciones del pais en los términos 
que siguen. 

El Fisco percibía un real de plata por cada cuero, 
cada cerdo , cada tortuga fresca que se traia para el 
consumo ; medio real de plata por cada arroba de taba- 
co, carne, pescado , grasa, sebo y víveres salados, por 
fanega de sal y por quintal de palo ó de madera. 

A la introducción de mercaderías de Nueva España 
se impusieron : tres reales de plata al petate ó fardo de 
harina común ; diez y seis al cajón de jabón y demás 
mercaderías indistintamente ; cuatro á cada saco de ha- 
bas, fríjoles, garbanzos, anises, lentejas y vituallas; 
doce al costal de lana , y cuatro al de galleta , siem- 



80 HISTORIA 

pre que no pasaran de las dimensiones ordinarias. 

A los géneros de Campeche se impusieron : ocho rea- 
les de plata á todo fardo común ; uno á cada quintal de 
palo de tinte ; medio á cada fanega de sal ; veinte á cada 
centenar de gallinas. 

Aplicáronse los mismos derechos á las introducciones 
de Honduras y Caracas , señalándose separadamente el 
de diez y seis reales de plata á cada zurrón de grana ; 
dos á la arroba de zarzaparrilla ; dos á cada corambre; 
dos á la botija ó arroba de bálsamo y de líquidos; diez y 
seis reales á la fanega de cacao , que pesaba ciento diez 
libras, fuese indistintamente de Maracaibo, Guayaquil, 
Tabasco y Rio de la Magdalena. 

Ademas se impuso sobre todos los géneros de cual- 
quier procedencia de América que no fueran determina- 
dos ni previstos en el arancel, un dos por ciento del ava- 
lúo que se les calculara , percibiendo igual derecho el 
fisco en todos los decomisos de productos coloniales. 

Tales fueron los arbitrios planteados para conservar la 
Armadilla de galeones guarda-costas, y que, como todas 
las contribuciones , que casi nunca cesan con el motivo 
que las dicta, se aplicaron á otras necesidades después 
que aquellos buques desaparecieron. Por lo demás , en 
nada se alteraron con los aranceles de Riaño los dere- 
chos anteriormente planteados sobre productos y consu- 
mos. Los de la importación y exportación para España 
siguieron como antes. 

Mientras dirigía en Santiago la obra del castillo de San 
Pedro de la Roca, habia descubierto el maestro mayor de 
fábricas de la Habana, José Hidalgo, que en ciertas fal- 
das de esa gran cordillera de montañas , no lejana de 
íiquel pueblo, que se llamó después Sierra Maestra, exis- 



DE LA ISLA DE CUBA. 81 

tian vetas y muestras de cristal de roca , materia rara y 
tan apreciada entonces en España como un metal pre- 
cioso. Era Hidalgo hombre de curiosidad é inteligencia, 
y Riaño muy investigador para desperdiciar la ocasión 
de un buen descubrimiento. Pasó , pues, á intentarle en 
el verano de 1637 aquel maestro mayor con la gente, las 
herramientas, y los recursos necesarios, y «después de 
j» inumerables trabajos padecidos en desiertos y de mu- 
i> cha ambre y desnudez» logró dar con la buscada 
veta. Favorecióle el gobernador de Santiago, Roca de 
Borja, para continuar su exploración con peones, yuntas 
y carretas de las minas del Cobre; y por estos medios lo- 
gró Hidalgo extraer un gran fragmento de cristal que, á 
fuerza de muchas semanas de fatiga , se pudo arrastrar 
hasta Santiago. De allí por mar le trasladaron á la Ha- 
bana, de donde fué llevado á Cádiz en el siguiente año 
en una de las urcas de la flota. Pero mucho mas que 
por la importancia de un hallazgo que resultaria no ser 
cristal de roca, cuando no se volvióá hablar más del in- 
cidente , fué provechosa y útil la expedición de Hidalgo 
por sus apuntes detallados sobre la topografía , produc- 
tos naturales y minas de aquel pais. Riaño remitió al 
gobierno el diario de su viaje, que fué el primer escrito 
curioso y razonado ^\ que se formó sobre las condiciones 
físicas, la historia natural y mineralogía de tan impor- 
tante territorio. 

Deplorable era el estado en que la minas de cobre se 
encontraban. En los primeros años habia el arrendatario 
Eguiluz cumplido con tropiezos la condición mas esen- 



2' En el Arch. de Ind. de Sevilla se encuentran los papeles relativos á las 
exploraciones de Hidalgo. 

HIST. DE CUBA. -TOMO II. — 6 



82 tílSTORlA 

cial de su contrata, la de poner anualmente en la casa 
de fundición de la Habana , por su cuenta y riesgo, dos 
mil quintales de metal. Sin embargo de lo que le favo- 
reció la negligencia de los antecesores de Riaño en to- 
marle cuentas y obligarle á cumplir su compromiso, ha- 
bia muerto antes de llegar este gobernador, dejando sus 
asuntos embrollados, y sus dos hijas y herederas en pleito 
una con otra. Riaño, antes de desenredar el arduo 
asunto de las minas , nombró para que fuera á adminis- 
trarlas á D. Pedro de Lugo Albarracin^^, « de las perso- 
» ñas mas inteligentes en fundiciones y metales que ha- 
» bian pasado á las Indias. » En esas minas á la verdad, 
mas que tierra se pisaba cobre ; pero para beneficiar- 
las se tenia entonces que seguir luchando con tro- 
piezos invencibles. Con los pingües y recientes descu- 
brimientos de Pasco, Potosí, Huancabelica , Gftanajato 
y otros puntos de la América española, se habia desarro- 
llado de repente la explotación de minerales , pero de 
oro y plata, y no de los de cobre, que, confundido siem- 
pre como el hierro con otros elementos terrees , distaba 
mucho de corresponder al laboreo con la profusión y 
munificencia que las otras. Los mineros se agolparon 
como era natural en las localidades que brindaban mas 
premio á sus esfuerzos ; y servia de poco que hubiera 
en las minas de cobre de Santiago un administrador in- 
teligente, como Manrique de Rojas, Eguiluz y los que le 
hablan precedido en esa empresa, si carecía no solo de 
algunos obreros de experiencia, sino hasta de jornaleros 
medianamente prácticos. Albarracin, después de largos 
reconocimientos, reveló en sus informes la abundancia 

^< (4artas originales de Riaño al Rey, en el Arch. de Ind, de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. ^ 85 

inagotable de las vetas y la realidad de una riqueza que 
se palpaba sin sacarse. Se animó tanto con sus anun- 
cios Francisco Salazar, uno de los dos yernos de Egui- 
luz, que, aunque resultó alcanzada por el fisco la heren- 
cia de su suegro por mas de su valor en las cuentas toma- 
das por Riaño , solicitó y consiguió sustituir á aquel mi- 
nero en la administración del cobre; pero no realizó des- 
pués sus esperanzas. 

Luego que Oquendo ^^ y D. Fadrique de Toledo se au- 
sentaron del mar americano , reinsistieron los holandeses 
en avasallarlo con el mismo imperio que antes , pero sin 
iguales logros. Habia sido muy cara la lección de la 
flota perdida cerca de Matanzas para que los españoles 
no hubiesen aprendido á organizar sus avisos y vijías, 
á armar mejor sus flotas y á navegar mas prevenidos. 
Aquellos aun conservaban varios puntos litorales con- 
quistados en el Brasil por una segunda expedición. 
En i 637 iban ya á expulsarlos de una vez del país los 
esfuerzos de los portugueses, cuando el mismo Mauricio 
de Nassau, el personaje mas marcado de los Paises- 
Bajos , desembarcó en aquellas costas con una poderosa 
armada, y volvió así á desplegarse el poder de los holan- 
deses en América. 

Otro peligro iba muy pronto á amenazar á Cuba con 
mas constancia aun y mas de cerca. Tantas veces habrá 
de mencionarlos esta crónica, que debemos explicar aho- 
ra el origen , el establecimiento y las primeras empre- 
sas de los famosos piratas flibusteros. 

Cierto hidalgo normando , llamado Vaudrosques Diel 



'^ Por ser muy conocido este famoso nacionales no insertamos ninguna noli- 
general de marina en nuestras crónicas cia biográQca concerniente á él. 



84 HISTORIA 

de Enambuc ^S emprendedor y aventurero , vendiendo 
su flaco patrimonio, armó en Dieppe por su cuenta 
en 1 625 , un navichuelo, y se vino á las Antillas á pro- 
bar fortuna con el corso. Echó el ancla en San Cristóbal 
y fundó allí esa colonia de corsarios y piratas cuyo pri- 
mer vuelo cortó cinco años después, como hemos visto, 
la expedición de D. Fadrique de Toledo. Pero pronto 
retoñaron sus reliquias en la misma isla , en la de San 
Martin y la Martinica , cuya colonización hablan los es- 
pañoles desdeñado sin calcular las consecuencias de un 
abandono tan irreflexivo. En esta última murió Enambuc 
en 1636, dejándola ya defendida con una buena forta* 
leza y un enjambre de normandos y extranjeros. 

Hermanas en geografía, clima, productos y belleza 
las dos grandes Antillas , cubrían á la Española como á 
Cuba mantos perennes de verdura , tierras tan lozanas 
y fecundas y mas accidentadas, bañándola ríos mas cau- 
dalosos. Pero de sus condiciones físicas sacaron sus colo- 
nos menos logros que los de la otra , así por el rigor del 
clima, y apartarse aquella isla de la navegación trasatlán- 
tica , como por excitarlos siempre á abandonarla la cer- 
canía de un continente de mas risueñas perspectivas y 
el yugo de una Audiencia gravosa y dominante. Origina- 
ron estas y otras causas , que á principios del siglo xvii 
los pueblos y los fundos que aun se fomentaban allí, 



" Pedro Vaudrosques Dield'Enam- de sus hechos y aventuras el P. Char- 

buc, natural de Dieppe, fué el funda- levoix , Dutertre, Boyer, Peireleau, 

dor de las primeras colonias europeas Dessales, en sus historias de las Antillas 

de las islas de San Cristóbal y la Mar- francesas; Vilet, en su Ilisíoria de 

tinica, confundiéndose, á pesar de su Dieppe j y la NouveHe Uographie géné- 

nobleza, entre la gente perdida con que rale^ publicada en París en 1858 por 

se formaron. Su biografía se encuentra Didot, bajo la dirección del doctor 

en diferentes diccionarios ; y dan cuenta Hoeffer. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 85 

se circunscribieseu á la costa meridional y á los contor- 
nos de la ciudad de Santo Domingo. Yermas ya enton- 
ces las haciendas primitivas de Velazquez y otros con- 
quistadores, no era ya. mas que un desierto todo el litoral 
que se extiende desde cabo Tiburón y Artibonito, do- 
blando el cabo septentrional de San Nicolás hasta la 
bahía de Manzanillo. Viviendo aun Enambuc , muchos 
aventureros desavenidos con su disciplina y llamados 
por la amenidad de esos lugares, se instalaron en ellos 
para vivir allí sin régimen ni freno. Empezaron desde 
luego á merodear impunes en los hatos y ganaderías de 
los colonos españoles y á cazar reses huidas, con las 
cuales emprendieron una industria doble y provechosa : 
salaban las carnes, secaban las pieles y luego ven- 
dían ambos artículos á los corsarios y á los barcos 
traficantes. En el antiguo dialecto de la Normandía , de 
donde los más eran oriundos, llamábase á este ejer- 
cicio homanner, voz que así se encuentra registrada 
en el Diccionario de la lengua francesa y que tradujeron 
usualmente los españoles con la de « bucanear, » sin que 
la haya reconocido el de la suya. Llámeseles por esto 
bucaneros á los advenedizos foragidos que se habían 
aposentado en la Española. 

Pero no conformes todos ni aun con aquella vida de 
soltura , tan acomodada á sus instintos descompuestos, 
y ofreciéndoles el mar mas perspectiva de rapiñas, 
armaron luego como pudieron , sin escrupulizar nada en 
los medios, algunos barquichuelos; y los mas atrevidos 
diéronse á piratas, eligiendo para guarida y receptáculo 
de presas esa isla llamada la Tortuga, fronteriza á Puerto- 
Paz y á unas dos leguas de la costa septentrional de Haití 
ó Santo Domingo. Con la figura horizontal del mismo an- 



86 HISTORIA 

fibio cuyo nombre lleva, con tierras fértilísimas, con 
veinte leguas de circunferencia y tan escabroso aborde 
que solo es accesible por una mala rada al Mediodia , no 
cabia para su objeto elección mas acertada que la de 
una isla tan céntrica en el archipiélago, y además tan 
al alcance del amparo de los vecinos bucaneros. Los 
piratas que pasaron á habitarla empezaron á llamarse 
tflibusteros,» voz cuya etimología procede de las dos 
inglesas fly y boals , en español flibotes ó barcos ligerí- 
siraos que usaban. Ya la tenían cubierta de plantíos á 
principios de i 638 y con un castillo alzado para prote- 
ger su solo fondeadero , cuando algunas fuerzas de la 
flota que venia de España con el general de galeones 
D. Carlos Ibarra ^^ hicieron un desembarco en la Tor- 
tuga, arrasaron caseríos y plantaciones y pasaron á 
cuchillo á cuantos opusieron resistencia , estando la ma- 
yor parte de los flibusteros ausentes en sus incursiones. 
Campeaba entre ellos un mulato corsario de la Habana, 
llamado Lorencillo, que huido por sus fechorías y temible 
por su conocimiento de las costas , buques y haciendas 

28 Este general de marina , de los de 1637 con los galeones y las dos flo- 
de mas concepto en su época, nació tas, que contaban cincuenta y dos velas, 
por los años de 1583 de linaje distin- llevando de almirante á D. Pedro de 
guido. No se ha escrito ninguna noticia ürsúa. Después de su triunfo contra los 
especial suya. Se necesitarla recorrer holandeses en las aguas de Cabanas 
las publicaciones históricas que tratan sostuvo otros combates no menos glo- 
de los sucesos navales de su época para riosos contra los mismos enemigos , y 
formar su biografía. Era caballero de murió de sus heridas en Barcelona en 
Santiago y vizconde de Centenera cuan- 1641. Véanse las págs. 558 y 259 del 
do, al conferírsele al marqués de Cade- tomo I de la Biblioteca marílima de Na- 
reita el vireinato de Nueva España, se varrele, los tomos XXXI , XXXII y 
le elevó á capitán general de la Armada XXXIII del Semanario erudito de Va- 
de la guarda de las Indias , con la cual Hadares, y varios de los papeles de Je- 
hizo con suerte diferentes viajes tras- suitas publicados por la Keal Acad. de 
atlánticos. El mas conocido fué el que la Hist. en 1861 en el Memorial histó- 
emprendió desde Cádiz en 1.° de mayo rico español. 



bfi LA ISLA DÉ CUBA. ^f 

del litoral de Cuba , habia cobrado fama por su audacia 
y sus empresas. 

A pesar de la superioridad naval que recobraron los 
holandeses en el mar de América con la reciente expe- 
dición de Mauricio de Nassau sobre el Brasil, la flota de 
aquel año llegó sin tropiezo alguno y sin retardo á los 
puertos á donde iba destinada. Hubiérala sin embargo 
á su retorno amenazado otra catástrofe como la ocurrida 
diez años antes en Matanzas, y mayor aun, porque sus 
cargamentos eran ahora mas numerosos y opulentos, á 
no precarverla muy á tiempo la eflcacia de Riaño, el 
valor de Ibarra y sus marinos, y la prudente previsión 
del marqués de Gadereita , que era entonces virey de 
Nueva-España. 

Gornelio Jols ^% que habia llegado á almirante de Ho- 
landa con sus proezas, y á quien llamaban los españoles 
Pié de Palo por reemplazar con una pierna de madera la 
que habia perdido de un balazo, salió en mayo (1638) 
del Texel con diez grandes galeones , y reforzándose en 
las Antillas con seis más y con los flibusteros , ansiosos 
de vengar su descalabro en la Tortuga, asomó en julio 
por el canal de Bahama y poco después por eí horizonte 

*^ Gornelio ( Cornelisz ) Jols fué mas escuadra y fuerzas muy superiores á las 

conocido en su tiempo con el mote de que allí pudieron oponerle, murió en 

Pié de Palo que por su propio nombre, aquella misma isla en el siguiente mes, 

Habia perdido una pierna de una bala arrebatado por una fiebre maligna. A 

de canon siendo ya comandante de un sus hechos navales y su vida se refie- 

navío. Se distinguió en la campaña ma- ren con frecuencia, Van de Sande, en 

ritima del Brasil contra portugueses y sus Anales de la Compañía holandesa de 

españoles; aunque en general estuvo las Indias occidentales ; Leclerc, en su 

poco afortunado en sus encuentros con Historia de las Provincias Unidas (Ams. 

Oquendo é Ibarra, tanto en Europa terdam, 1728); Chapuis, en la //wío* 

como en América. Después de haberse ría de las guerras de Flandes ; La Neu- 

apoderado, en octubre de 1641, de la viile, en la de Holanda» y otros muchos 

isla portuguesa de Santo Tomé con una historiadores. 



88 ^ HISTORIA 

de la Habana. Con fuerzas sobradas para ejecutarlo, 
era su designio manifiesto sorprender á cualquiera de 
las flotas del continente que acudian por ese tiempo 
separadas á reunirse en aquel puerto y seguir juntas á 
Cádiz. Aunque Pié de Palo apostase sus corsarios en los 
cruceros convenientes para interceptar los avisos de Ria- 
ño, y estuviese casi bloqueada por los buques holandeses 
la salida de aquel puerto , logró zarpar silenciosamente 
para Veracruz la noche del 26 de agosto con un buque 
ligero el inteligente práctico Francisco Poveda ; y mu- 
dando diferentes veces de derrota , por medio de bajeles 
enemigos , llegó á aquel puerto el 21 de setiembre tan á 
tiempo, que iba ya á hacerse á la mar para la Habana la 
flota mejicana, cuyo numerario solo ascendía á mas de 
veinte millones de pesos. Poveda pasó á Méjico, y al mo- 
mento revocó el virey las órdenes para la salida de los 
buques. 

No tuvo D. Carlos de Ibarra ^"^ tanta suerte. Saliendo 
por aquellos días de Cartagena con siete galeones carga- 
dos de riquezas del Perú y cuatro urcas sin recibir avi- 
sos ni conocimiento exacto del peligro , se le incorporó 
cerca del cabo de San Antonio un patache armado de la 
Isla Margarita ; y se esforzaba el 30 de agosto en apre- 
surar su movimiento hacia la Habana, retardado por un 
recio S.E., cuando divisó antes de anochecer á Pié de 
Palo sobre la costa de Cabanas con todos sus galeones 
reunidos y otro barco más. Reprimiendo sus ímpetus 
de arrojo, la responsabilidad de los caudales que llevaba 
prescribía á Ibarra evitar tan desigual combate , y este 
fué el unánime dictamen de sus cabos. Pero no le per- 

" Véase el documento que se expresa en la nota 29, pág. 90. 



DE LA ISLA DE CUBA. 89 

mitió Pié de Palo ejecutarlo , ansiando unos tesoros que 
idealmente se habian ya contado y repartido sus mari- 
nos. Al amanecer del 51 aparecieron sus diez y siete 
galeones formados en dos líneas paralelas, interceptando 
el rumbo de los españoles que no contaban mas que siete 
con tripulaciones incompletas, cargas embarazosas para 
la prontitud de las maniobras, cuatro urcas mal armadas 
y el patache. 

Ibarra formó al momento su línea de batalla, exten- 
diendo sus bajeles de manera que presentaran al enemi- 
go todos los costados para recibirle con todas sus des- 
cargas. Pero así que llegó á tiro, el mismo Pié de Palo 
con el suyo y cinco de las mejores de sus urcas , se ade- 
lantó al instante á acometer á la capitana y á la almiranta 
de los españoles, las dos presas que mas le interesaban: 
ordinariamente no cargaban mas que moneda acuñada y 
barras de oro y plata. Recibiéronles brava y diestramente 
Ibarra y D. Pedro de Ursúa, á pesar de la excesiva ven- 
taja de los holandeses en buques, engente y en cañones, 
pues solo en el de su caudillo habia cincuenta y seis en 
ambas muras, todos de calibre desde veinte y veinte y 
cuatro, y los demás contaban pocos menos. Los galeones 
de Sancho de Urdanivia , Jacinto Melendez , el marqués 
de Cardeñosa, D. Pablo de Contreras y Juan de Campos 
valerosamente se esforzaron en contener á todos los de- 
más bajeles enemigos durante las ocho horas que Ibarra 
y Ursúa sostuvieron una lid tan desproporcionada como 
heroica. Allí todo ese tiempo, sendos torbellinos de 
humo revueltos por el relumbrar y crujir de los disparos 
ocultaron una escena de esas horrendas y grandiosas 
que ni los pinceles de los grandes maestros consiguieron 
imitar en lienzos. Estrechadas la capitana y la almiranta 



90 HISTORIA 

cada una por tres galeones , bordo á bordo, y enredando 
el de Pié de Palo su bauprés en la jarcia de trinquete 
del de Ibarra , ni una vez sola descargaron los españo- 
les sus ai mas y sus piezas sino á la voz, con oportunidad 
y con acierto ; ni tampoco hubo holandés que saltara á 
sus cubiertas sin ser inmediatamente degollado. La infan- 
tería española que presidiaba entonces los bajeles , era 
la misma que batallaba en Fiandes y en Italia, y así ven- 
cía en el mar como en los llanos. Exhausto de fatiga y 
aun de sangre con una grave herida Pié de Palo, frus- 
tradas sus repetidas tentativas para incendiar los galeo- 
nes españoles , con mas de cuatrocientos muertos ^* y 
muchos mas heridos dentro de sus buques, varios de 
estos haciendo agua , y con todos sus aparejos destroza- 
dos , desistió por la tarde de su intento ; pero no sin ser 
perseguido por Ibarra , que también herido de una bomba 
que reventó junto á él, todavía se sostuvo en pié y 
mandando. Tanto como su intrepidez , su disciplina les 
valió á los españoles la palma de este día y la conser- 
vación de sus caudales, mas no sin mucha pérdida. 
Solo en la capitana « murieron veinte y tres personas 
» sin hablar » y hubo cincuenta heridos incluso el gene- 
ral. Poca menos gente había perdido la almiranta cuyo 
intrépido comandante Ursúa quedó también herido; pero 
la tuvo aun mayor en averías, porque quedó desapa- 
rejado ^^ « de la cebadera y la vela del trinquete y con 

2» Véanse Leclerc, Ilistoire des Pro- «la Relación que embió a S. M. el mar* 
linces UnieSs y Van de Sande, Anales (¡ués de Cadereitaj virrey de Nueva Es- 
de la Compañía holandesa de las Indias paña , dando cuenta del feliz subcesso 
occidenlales. que ha tenido esta Monarchia en la de- 

'3 Véase, para lodo lo referente á tención de esta flota, por el gran peligro 

este combate naval, olvidado ó igno- que tenia de los enemigos enelcaminoi 

rado por todos los cronistas españoles, i cómo la armada de Jos galeones del 



DÉ LA ISLA DÉ CUBA. 9Í 

i> un fuego difícil de apagar, » el galeón del bizarro Ur- 
danivia. Haciendo por todas partes agua y ya sin bauprés 
ni arboladura tuvo que refugiarse al dia siguiente en el 
inmediato puerto de Cabanas después de trasbordar su 
plata. Bordeando tres dias inútilmente y viendo Ibarra 
que la tenacidad del S.E. le impedia continuar el rumbo 
hacia la Habana , viró hacia Veracruz el 4 de setiembre 
con buen tiempo y sin tropiezo, pero no sin trocar aun 
algunos cañonazos con los holandeses , bastante escar- 
mentados para no renovar ningún combate serio, aunque 
reforzados después de su derrota por algunos flibusteros. 
Pero el valor de tales auxiliares no servia para funciones 
ordenadas, sino para golpes de mano y de sorpresa, en 
coyunturas muy propicias. 

Al saber Riaño la entrada en Cabanas de Urdanivia, 
temiendo que los holandeses acudieran á arrebatarle 
su galeón, se apresuró á enviar tropa, paisanaje y mu- 
las á recoger sus fardos y su artillería. Puesto á flote el 
buqué con su ayuda y las reparaciones mas urgentes, 
en cuanto se limpió el horizonte de enemigos, pasaron 
á ampararle de la Habana dos galeotas de la armadilla 
y le trajeron salvo al puerto de la plaza. Cantóse en Mé- 
jico el Te-Deun por el feliz suceso de la flota , celebrán- 
dose con grandes regocijos , y premió Felipe IV el he- 
roísmo de Ibarra y sus marinos con encomiendas, grados 
y pensiones ; recompensa justa de una hazaña que 
reservó grandes tesoros á su exhausto Erario. Pasaban 



general D. Carlos de Ibarra la defendió folio de nuestra Colee, se publicó en 

con su acostumbrado valor i el de sus Madrid en 1639, en la imprenta de 

famosos capitanes i valientes soldados, yy Diego Diaz. Puede \erse en la Bibl. 

Este documento contemporáneo, cuya Nac. de la misma corte y aun en la 

copia ocupa cuarenta y tres páginas en Bibl. de la Real Acad. de la Hist. 



92 HISTORIA 

de treinta millones de pesos en metálico las riquezas que 
llevó después Ibarra á España; y sin embargo no se 
remitieron á la Habana, ni aquel año ni al siguiente, los 
míseros situados de la plaza de Cuba y la Florida. 

Aunque mas breve que los ordinarios, porque no trajo 
tiempo señalado , fué el gobierno de Riaño de los mas 
activos y útilmente empleados. Se recaudaron atrasos de 
importancia y se arreglaron las rentas bajo el pié que 
se tenia por mejor y mas provechoso en aquel siglo de 
absurdos económicos. 

La fundación del convento de monjas de Santa Clara, 
proyectada desde el gobierno de Valdés y retardada por 
la insuficiencia de los donativos , se adelantó en el suyo 
hasta comprar los solares en ocho mil pesos , acopiar y 
pagar los materiales y dejar la obra emprendida. Se 
organizó una compañía de sesenta ginetes asalariados 
para dar destacamentos y partidas en las calas y fondea- 
deros en la costa de la plaza. Se adelantaron con esmero 
todas las obras incompletas del Morro y de la Punta con 
las no terminadas reformas de Cabrera que habían sufrido 
mycho con un monstruoso temporal de norte el 4 de 
enero de 1636. En fin, empezóse á despertar en Cuba 
tal espíritu de corso que , aun con número inferior algu- 
nas veces, los corsarios cubanos hacían rostro á los fli- 
busteros que hormigueaban por sus costas* 

Andrés Manso de Contreras ^\ saliendo de la Habana 
en una de sus frecuentes correrías á proteger la entrada 
de una nave que venia de Veracruz con galleta para los 
castillos, viéndose acometido en el puerto de Santa Cruz 
ó Boca de Jaruco por una urca y un patache , aunque 

^0 Véanse las cartas de Riaño al Rey en el Arcli. de Ind. de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CÜ6A. 95 

con menos gente y piezas , se apoderó del patache al 
abordaje y obligó á la urca á alejarse á todo trapo. Ray- 
nal, OExmeling y otros cuentistas ponderadores de las 
hazañas de los flibusteros, bien cuidan de omitir este 
y muchos lances comprobados en archivos mas fidedig- 
nos que los suyos. Sus decantados héroes solo solían 
acometer á los indefensos ó á los desprevenidos. 

Desde 1618 se habia creado en la Habana una base 
duradera para estimular el corso entre sus residentes, 
ün armador de Cádiz, Alonso de Perrera ^^ habia obte- 
nido asientp, como entonces se decia, en 4 de noviem- 
bre de 1 61 6 , para fabricar en aquella capital á expen- 
sas de la renta de averías , cuatro bajeles destinados á 
la defensa de las costas y á la navegación entre Santo 
Domingo y Veracruz, Con esa contrata corrió luego el 
antiguo general de galeones Juan Pérez de Oporto, que 
ocupado en esos tratos, alternativamente residió muchos 
años en la Habana y Cádiz. Fueron muchos los buques ^^ 
que se construyeron desde 4 620 á 1640 en el modesto 
astillero de Perrera y Oporto, que ocupaba entonces todo 
el espacio de ribera que se extiende desde el actual mué- 



2' Véase el tomo de manuscritos de escribía, «fabriqué en la Habana; y 

la Bibl. particular de S. M., titulado «tan fuerte y buena que es de mas de 

Secretaria de Nueva España. » 45,000 ducados, » etc. Véase doc. 28 

32 En carta al Rey de 11 de octubre del tomo XXIV de la Colee, de ma- 
de 1624 ya decia el general de gáleo- nuscritos del Depós. Hidr. de Madrid. 
nes Tomás de Larraspuru, que llegaba En el doc. 30 del mismo tomo aparece 
con doce galeones y dos pataches car- un asiento del capitán Francisco Díaz 
gados con doce millones ochocientos Pimienta, vecino de Sevilla, para fa- 
treinta y un mil quinientos un pesos bricar también en la Habana dos galeo- 
fuertes de las flotas de Nueva España y nes del porte y medidas que fijase la 
Tierra-Firme, añadiendo, entre otras Juntado guerra de Indias, adelantan- 
cosas, que su capitana, su almiranta dosele veinte y cuatro mil ducados de 
y el galeón Santa Ana se hablan fabri- á once reales de plata, 
cado en la Habana. « Esta capitana, » 



94 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

lie de la Machina hasta la alameda que llaman hoy de 
Paula, saliendo de esa fábrica hasta galeones de los me- 
jores para viajes trasatlánticos. La escasez de aquella 
renta y la irregularidad en los pagos á los contralistas 
por la Casa de Contratación de Sevilla dieron luego fin 
á un establecimiento que no renació hasta un siglo des- 
pués , por sensible que su falta fuese para la defensa de 
las costas, para el aumento de la marina y para las 
reparaciones de los buques de las flotas. Desapareció 
precisamente cuando iba á ser mas necesario, cuando se 
iban pronto á enseñorear de las aguas de Cuba enjam- 
bres de piratas. 



CAPÍTULO CUARTO. 



Gobierno de D. Alvaro de Luna.— * Fortificaciones. — Persecución de extranjeros. 
—Agresiones de holandeses. — Bartolomé de Osuna, gobernador de Santiago. 

— Incidentes.— Gobierno de D. Diego de Villalba.—Flibusteros. — Epidemia. 

— Milicias. — Hostilidades de los piratas. — Gobierno de D. Francisco Xel- 
der. — Contrabandos. — Corso. — Son expulsados los bucaneros de Santo Do- 
mingo y de la Tortuga. — Epidemia. — Muerte del obispo, del gobernador y del 
auditor.— Interinidades— Gobierna en Santiago D. Pedro Bayona.— Capitán 
general D. Juan Montano. — Los ingleses se apoderan de Jamaica. — Fortifi- 
caciones. — Muerte de Montano. — Interinidades. — Naufragios. 



Tomó el mando de la isla eli 5 de setiembre de 1 639 
el maestre de campo D. Alvaro de Luna y Sarmiento \ 
hermano del conde de Salvatierra , que vino con él como 
virey de Méjico y siguió para Veracruz en los galeones 
de D. Gerónimo Gómez de Sando val. En los que regre- 
saron luego para España , se embarcó Riaño autorizado 
por el Rey para no esperar en la Habana al juicio de 
residencia con que se justificó luego su conducta. 

Mas que de la preferencia dada por Riaño á los asun- 
tos económicos , según sus instrucciones, se resentia el 
estado de la plaza de la falta de subsidios de Méjico, ca- 
reciendo los tres fuertes, no solo de sus repuestos fijos de 
víveres, sino de los pertrechos, armas y municiones 

• Véase su nota biográfica, pág. 331, tomo JJI, Dice, Geogr., Est,, Hist, de la, 
ftladeCubapor el A, 



96 HISTORIA 

necesarias, A pesar de la penuria en que halló Luna las 
cajas, así que recibió de Veracruz los alcances déla isla, 
logró en menos de un año abastecer las fortalezas y ter- 
minar completamente todas las obras del Morro , que 
quedó ya á fines de enero (1640) con su puente levadi- 
zo , su camino cubierto , su rastrillo y sus puertas her- 
radas de madera. 

Persuadida ya la corte con las sucesivas demostracio- 
nes de Venegas, de Cabrera y de Bitrian de la importan- 
cia de una plaza donde parte del año se guardaban mu- 
chos caudales del Erario, y de la necesidad de amura- 
llarla , desde i 635 se mandó que el virey de Méjico au* 
mentara los situados de Cuba con la suma de treinta mil 
pesos anuales para emprender esa fortificación indispen- 
sable. Pero Riaño, distraído por otras atenciones , por- 
que le pareciese el subsidio insuficiente para una obra 
tan extensa, ó por carecer de ingeniero que la trazara y 
dirigiese , la dejó en mero proyecto , y prefirió aplicar á 
la reparación de la Armadilla los fondos que cobró de los 
deudores de la Hacienda. Aunque fuese hermano suyo, 
no obtuvo Luna del virey el envió completo de los sub- 
sidios vencidos para la muralla desde que se ordenó su 
fábrica , ni aun el de los corrientes. Le respondió inspi- 
rándole esperanzas que ni en su tiempo ni muchos años 
después se realizaron ; y solo consiguió que llegaran en 
su tiempo con regularidad los situados ordinarios. 

Entregadas las cosas de justicia á su auditor D. Fer- 
nando de Aguilar, y prefiriendo ocuparse en las de guer- 
ra , determinó Luna concluir un torreón que habia co- 
menzado su antecesor á alzar en la embocadura del 
Chorrera y fortificar con olro la caleta de Cojimar, los 
dos fondeaderos mas inmediatos á la Habana por el Este 



DE LA ISLA DE CUBA. 97 

y el Oeste. Desde la época de Valdés ya se hablan levan- 
tado allí reductos y puestos de vijías. Un ingeniero con 
él venido, llamado Juan Baptista, dirigió estas obras, ter- 
minadas ambas en menos de cuatro años, costando no 
pocos esfuerzos que las cajas de Méjico abonasen su gasto 
por fracciones. 

Desde que devoró un incendio en tiempo de Venegas 
gran parte de la capital y aclaró un espacio vasto en el 
bosque que la circundaba, la vegetación robusta de sus 
cercanías habia vuelto á cubrirlo en pocos años. Abra- 
zábanla otra vez por todas partes densos arbolados y es- 
pesuras de follaje impenetrables , solamente abiertos por 
las sendas que conducían á las estancias y vecinos pre- 
dios. Luna , mientras faltasen las murallas , veia la prin- 
cipal defensa de la Habana en ese mismo bosque, por 
mas que fuese causa de su debilidad y de un constante 
riesgo , pudiéndose incendiar todo en pocas horas. Así 
cometió el error de prohibir que le cruzasen mas vere- 
das que las indispensables para el tránsito y subsistencia 
de la plaza. Llegó á imponer hasta pena de la vida al 
que volviese á abrir las que él hizo cerrar y aun al que 
penetrase en aquel monte. 

Poco después de su llegada á la isla estalló en la Pe- 
nínsula metropolitana la formidable insurrección de Por- 
tugal , y empezaron los subditos naturales de ese reino 
á tenerse en España y sus dominios por rebeldes. Ya 
hemos visto que existian no pocos en la grande Antilla 
y que , como vasallos de su mismo Rey , hablan eludido 
con su permanencia el rigor de una legislación que se la 
prohibía á los extranjeros. 

Dividiéronse con aquel fatal acontecimiento dos na- 
ciones que llamaba á componer una sola su identidad de 

HIST. DE CUBA. —TOMO II. — 7 



98 HISTORIA 

razas, geografía é intereses. Mas de dos siglos han pa- 
sado desde la emancipación de Portugal , y aun no está 
cicatrizada la herida que la monarquía española recibió 
con ella. Expidiéronse en 1641 las órdenes mas duras 
para la confiscación de bienes y la expulsión de todos 
los portugueses de las provincias de Ultramar; y no fué 
por cierto de los mas contempladores al ejecutarlas el 
gobernador Luna , que antes de recibirlas habia expulsado 
de la Habana y otros pueblos á franceses, ingleses, ho- 
landeses y cuantos extranjeros habia en la isla, ó como 
náufragos, ó como desembarcados de las flotas. Su pre- 
sencia en el país , mas ó menos tolerada por sus antece- 
sores, talmente dio que recelar á Luna, que no viendo en 
ellos mas que espías, hízolos buscar uno á uno por las ha- 
ciendas y los caseríos. A los oriundos de naciones beU- 
gerantes entonces con España los envió como prisioneros 
en las flotas. A los demás, ínterin podian ser extrañados 
á otras partes, les prohibió poner la planta fuera de la 
plaza ^ « bajo la pena de doscientos azotes y diez años 
» de galeras. » A todos los que no se presentaron á su 
llamamiento, se les dio caza en los montes como si fue- 
sen reses huidas. Con sus violencias logró Luna un resul- 
tado que sus antecesores no obtuvieron ó no intentaron 
conseguir tampoco. Los efectos inevitables y forzosos de 
esa persecución fueron que , por una parte se agriara el 
encono de los corsarios y piratas extranjeros contra los 
pobladores de Cuba, mas expuestos desde entonces á 
sus iras y venganzas; y por otra, se hiciese sentir mas la 
ausencia de los expulsados, en los tráficos y ordinarios 
cultivos de la isla. Desde antes de la persecución contra 

^ Véanse, en el Arcb. de Ind. de Sevilla, las cartas de Luna al Rey. 



DE LA ISLA DE CUBA. . 99 

los portugueses, todo el año de 1640 hormiguearon los 
flibusteros y escuadras holandesas por la costa septen- 
trional , y sobretodo en las aguas de la Habana, co- 
giendo muchos barcos de su tráfico con Veracruz , Hon- 
duras y Campeche. El almirante Jols, con iguales de- 
signios que Pitt Hein y otros marinos holandeses, y con 
mas fuerzas que en anteriores ocasiones, asomó el 4 de 
setiembre, como á dos tiros de la plaza, ostentando 
treinta y seis embarcaciones , las más urcas. Pero como 
á los anteriores comandantes de su misma bandera, tam- 
bién se le frustraron ahora sus proyectos. Luna, al saber 
su arribo á las Antillas, con Poveda, Andrés Manso y 
los corsarios mas prácticos del puerto , habia oportuna- 
mente despachado los avisos necesarios á Veracruz y 
Cartagena; y esta vez se salvaron sin necesidad de bata- 
llar los galeones que Sandoval tenia á su cargo. 

La perseverancia de los holandeses en cruzar por el 
horizonte de la Habana , ya mas ó menos cerca, ya con 
mayor ó menor número de velas, infundió serios rece- 
los de que se resolvieran á expugnarla. Luna , como si 
le sobraran muchas fuerzas para cubrir la ciudad y los 
tres fuertes , por no desamparar las obras de los dos for- 
tines , cometió el error de destacar á la Chorrera y á Co- 
jimar dos centenares de soldados, tan insuficientes para 
proteger aquellos puntos si fuesen atacados, como nece- 
sarios para la defensa de la plaza en caso de invasión. 
Bien es que la creyó segura, cerrando la entrada de su 
puerto con cascos de embarcaciones llenos de guano, 
brea y otras materias combustibles , dispuestas á encen- 
derse al primer intento que emprendiera el enemigo para 
forzarla. 

Entre tanto Jols con sus amagos tuvo una semana en- 



100 HISTORIA 

tera al vecindario y á la tropa á medio sueño y sin sol- 
tar las armas. EM O , después de algunos disparos con- 
testados por el Morro , cingló hacia barlovento , y el 1 i 
por la tarde , con profundo regocijo del gobernador y de 
los españoles, rompió tan recio temporal, que dispersó 
las naves holandesas y estrelló á algunas urcas en la 
costa, ahogándose muchos de sus tripulantes. Solo en- 
tre la Habana y el Mariel embarrancaron cuatro buques. 
El sargento mayor D. Lúeas Carvajal que de orden de 
Luna acudió con gente y prevenciones á los lugares del 
naufragio, regresó á los pocos dias con doscientos sesenta 
y un prisioneros ^, diez y siete excelentes piezas de 
bronce, cuarenta y ocho de hierro, dos pedreros, un es- 
meril y gran cantidad de pólvora y pertrechos, sin con- 
tar otros despojos útiles que se recogieron de los barcos. 
La Punta y el Morro recibieron al momento más y mejor 
artillería de la necesaria para sus baluartes y cortinas. 
Presentóse de nuevo la armada holandesa ante estos 
fuertes el 20 de setiembre, y una lancha, con señal de 
parlamento, se acercó á entregar á otra del puerto una 
carta de Jols escrita en latin para el gobernador, propo- 
niendo el cange de los náufragos por los prisioneros es- 
pañoles que llevaba. En la misma lengua y con la corte- 
sía correspondiente contestó Luna al mensaje , pero ne- 
gándose á la petición por haber mandado el Rey que to- 
dos los prisioneros holandeses se enviaran á España en 
los galeones. Dirigióse Jols en seguida á Matanzas á re- 
novar aguada y leña. Desembarcó, puso á contribución 
algunos fundos comarcanos ; y á los dos dias se hizo á la 
mar dirigiéndose al canal , después de haber soltado allí 

^ Véanse, en el Arch. de Ind. de Sevilla, las cartas de Luna al Rey. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. .101 

á los prisioneros cuyocange habia propuesto, y que eran 
unos frailes y un centenar de tripulantes de varios barcos 
del tráfico apresados por los suyos. Uno de aquellos re- 
ligiosos participó á Luna que llevaba ideas el holandés de 
caer sobre Santiago de Cuba para apoderarse de los 
azúcares y cobres que allí habia. Sin demora pasó aviso 
aquel gobernador á Roca de Borja para que se previ- 
niese á la defensa. Pero Jols ni tocó siquiera en aquel 
territorio, dirigiéndose á Hessinguen para no volver ya 
jamás á América. 

En todo aquel año y en los «os siguientes tan infestadas 
estuvieron las aguas de la isla de enemigos, y sus comu- 
nicaciones tan interceptadas, que ni vinieron las flotas en 
las épocas comunes, ni se recibieron los situados, ni se 
pudieron activar las obras de la Chorrera y Cojimar por 
falta de recursos. No aportaba barco mercante ó costero 
sin ser esquilmado por corsarios, y así llegó á la Habana 
casi en cueros y dos veces robado en su corto viaje de 
Santo Domingo, el oidor D. Pedro Salazar, encargado 
de tomar la residencia á Riaño. Poco era que la arma- 
dilla, reducida á dos galeotas, cruzase sin cesar entre 
Matanzas y elMariel, y peleara casi diariamente; porque 
la costa de la Habana solamente era la resguardada. La 
guarnición no respiraba , unas veces saliendo en estos 
buques, otras por tierra á cargo de los capitanes Juan 
de Esquivel y D. Martin de Ávila Manrique, siempre con 
fatiga, muchas veces con peligro y muy raras con fruto. 
Por lo común, cuando llegaba á las caletas ó puntos in- 
vadidos, ya hablan desaparecido los corsarios y no se 
descubrían mas que sus huellas ó sus víctimas. Ellos 
eran los que por el N. y por el S. , en toda la costa me* 
dianera , dominaban los surgideros y los cayos. 



102 HISTORIA 

Por agosto de 1643, arribaron los galeones que vol- 
vían de Cartagena con el general D. Pablo de Contreras 
y se remediaron provisionalmente las urgencias de la 
plaza. Con ellos vino el capitán Bartolomé de Osuna, 
nombrado para suceder á D. Pedro de la Roca Borja en 
el gobierno de Santiago de Cuba. Su breve permanencia 
en la Habana fué marcada por un nocturno duelo que 
tuvo con el capitán de galeones D. Diego de Egües *, á 
quien hirió tan gravemente que no pudo seguir su viaje 
á España hasta un año después. Osuna, llevado ásu des- 
tino por una de las galeras de la armadilla que fué á 
Santiago á recoger los cobres, relevó á Roca el 20 de 
diciembre y no dejó allí mas recuerdos de su nombre 
que una hermosa vivienda de recreo que labró cerca de 
aquella ciudad en el hato que llaman de Santana. Veinte 
años después la arrasaron los corsarios. 

El obispo Fr. Gerónimo de Lara, que desde que perdió 
sus competencias con Bitrian habia visitado toda la isla 
y vivido mas en paz con los gobernadores , limitó sus 
pretensiones á trasladar su catedral á la Habana , donde 
moraba de ordinario, por mas que los mandatos reales 
ordenasen que los prelados residieran en Santiago. En 
aquella capital murió en la noche del 22 de junio 
de 1644. Fué larga su vacante y notable por los esfuer- 
zos repetidos, pero vanos, que hicieron los canónigos, no 
sin razones muy fundadas, para que se trasladase á aque- 
lla capital el asiento diocesano. Hasta fin de enero 
de 1646 no fué nombrado sucesor á Lara, recayendo 
la elección en el inquisidor de Córdova D. Martin de 
Zelaya ^; y tan poco codiciada seguía siendo la mitra de 

* Después fué general de los galeones, lomo IV, Dice. Geog., Est. , Ilist. de la 
^ Véase su apunte biográfico, p. 692, Isla de Cuba por el A. 



I 
I 



DE LA ISLA DE CUBA. 103 

la isla, que la renunció aquel eclesiástico, por quedarse 
de canónigo maestre-escuela en Salamanca, continuando 
seis años las iglesias de Cuba y la Florida sin prelado. 
Algunos meses después de morir aquel obispo, queda- 
ron instaladas las monjas de Santa Clara en el mismo 
convento que hoy ocupan. Desde que se proyectó hasta 
que se ejecutó , no costó su fundación, incluyéndose los 
donativos para dotes, mas que unos sesenta mil pesos 
escasos. Por ocho mil se había comprado en el corazón 
de la ciudad todo ese vasto espacio que ahora costaria 
millones. 

Las flotas de D. Lorenzo de CórdovayD. Pablo de Pa- 
radas, durante los años de 1646 y 1647, á la ida y á la 
vuelta hicieron en la Habana largas estaciones, y se re- 
cibieron los situados con regularidad en esos años. Aun- 
que en cada uno no pasaran de ciento veinte mil pesos, 
de ios cuales noventa mil se aplicaban al pago de la fuerza 
armada y el resto á las fortificaciones y gastos de la fun- 
dición de artillería, pudo sin embargo el ingeniero Juan 
Baptista concluir entonces los torreones déla Chorrera y 
Gojimar, honrándose al primero con el nombre de cas- 
tillo de Santa Dorotea : mezquinas obras ambas y solo 
útiles entonces como puestos de vijía ó para resistir á 
enemigos despreciables. 

Con un norte muy recio aparecieron el 31 de enero á 
la entrada de la Habana algunas velas de la armada de 
indias, ahora gobernada por aquel ürsúa que se distin- 
guió con tanto brío en el combate que años atrás sos- 
tuvo Ibarra contra Pié de Palo. No permitió el temporal 
que fondearan aquel dia la mayor parte de sus naves 
obligadas á apartarse de la costa , hasta que calmó el 
tiempo en 1," de febrero, en cuya noche la capitana y 



104 HISTORIA 

un patache rezagados vararon en los arrecifes de la 
Punta. Volvió el tiempo á aborrascarse y pidió socorro 
Ursúa , acudiendo al momento á aligerarle con boles la 
t^opa y marineros de la plaza. Se encendieron fuegos 
en la playa y dispuso Luna que se depositaran las car- 
gas en aquella fortaleza ^. Pero tenazmente se rehusó 
á abrirle la puerta á aquellas horas, su comandante 
Felipe de Lazcano , terco vizcaino , aunque se lo ordenó 
Luna en persona hablando con él por un postigo y 
acompañado de los que le alumbraban con antorchas. 
Olvidando que debian abrirse á todas horas cuando las 
urgencias del servicio lo exigiesen y por mostrar un 
celo excesivo sosteniendo que de noche tenian que estar 
cerradas, fué Lazcano preso y encausado por desobe- 
diente , y lo remitió Luna á España con los galeones en 
julio del mismo año. 

Por no recargar la crónica se omiten muchos encuen- 
tros insignificantes que ocurrieron mandando Luna entre 
los barcos españoles y los flibusteros , siempre heroicos 
con las naves mal armadas del tráfico interior de las 
Antillas, pero siempre menguados y cobardes con las 
de la armada y las galeotas de la armadilla de Andrés 
Manso. Duró el mando de aquel jefe mas de lo ordinario 
porque pidió el ayuntamiento que se prolongase, para 
que también continuara en sus funciones su auditor Fer- 
nando de Aguilar, que fué muy estimado. 

El maestre de campo D. Diego de Yillalba y Toledo ', 



8 En la Colee, de Muñoz, en la Bibl. ' Véase su nota biográfica, pág. 665, 
de la Keaf Acad. de la Hist. , hay una tomo IV, Dicc^ Geogr.j Esl.j Hist. de la 
copia de un testimonio de la causa que Isla de Cuba por el autor. 
Luna mandó formar á Lazcano con este 
motivo. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 103 

caballero de Santiago, relevó en el gobierno de Cuba á 
D. Alvaro de Luna en %1 de setiembre de 1647, y 
también sucedió á Aguilar en la tenencia-asesoría gene- 
ral, el licenciado Francisco de Molina. 

Sin que la amenazaran entonces armamentos extran- 
jeros, Cuba continuó viendo sus costas plagadas de pi- 
ratas. Los flibusteros de la Tortuga, aunque con barcos 
miserables, la mayor parte sin cubierta, huyendo siem- 
pre de los buques españoles bien armados , acometían 
con resolución á los mercantes que andaban rezagados 
y parecían poco dispuestos á la resistencia. En los casos 
de penuria y hambre , que eran para ellos muy frecuen- 
tes , no hacían aquellos bandidos distinción ninguna de 
bandera. Caían sobre los indefensos de cualquier nación 
que hallasen, aunque fueran de la suya propia ; pero so- 
bre los de España en todo tiempo, sin distinción de caso 
y circunstancia. Si hemos de creer á Raynal, los flibus- 
teros, la hez de las naciones europeas, para dar un colo- 
rido de justicia á sus depredaciones y maldades , se arro- 
garon el derecho de vengar todas las que los conquistado- 
res cometieron en el Nuevo Mundo con la casta indígena. 
La Francia y la Inglaterra, que entonces y después come- 
tieron en sus establecimientos coloniales mayores excesos 
que los españoles , sin haber tenido que luchar para su 
adquisición lo que ellos, creían ya con una fe tan intere- 
sada como ciega en las exageradas relaciones del P. Las- 
casas, traducidas ya en varías lenguas extranjeras. Pero 
parece mas natural que obraran los piratas antes que en 
venganza ajena por satisfacer la propia , porque los 
trataron los españoles desde un principio sin misericor- 
dia. Cuanto flibustero caía en sus manos, irremisible- 
mente moría ahorcado. En Santo Domingo , en la Ha- 



106 HISTORIA 

baña, Puerto Rico y otras plazas, infinitos recibieron de 
este modo el castigo de sus crímenes. El patíbulo les 
esperaba siempre armado. Dos estampas antiguas hemos 
visto representando á aquella capital de la Española en 
el siglo xvu y figurando en ambas aquel trágico aparato 
como si fuese un monumento público, un edificio indis- 
pensable para la población. 

Una nave flibustera de mayor porte que las que solían 
usar esos piratas , después de apresar dos barcos coste- 
rizos de Cuba, tuvo la arrogancia de insultar á la Ha- 
bana cruzando á fines de agosto de i 648 un día . entero 
á la vista de los fuertes, sabiendo, por supuesto, que no 
estaban entonces en el puerto las galeotas. De orden de 
Villalba ^ salieron á cazarla dos buques mercantes con 
algunas piezas y soldados. Huyeron los flibusteros como 
siempre en tales casos ; pero habiendo tenido que arri- 
bar á una caleta sus perseguidores, vararon; y sin duda 
se perdieran si no se apresurara el gobernador á despa- 
char otras embarcaciones á salvarlos. Para reintegrarse 
délos desembolsos que tuvo que anticipar por esa causa, 
impuso luego Villalba una sisa sobre el vino, contribu- 
ción que subsistió y se aplicó después á otras urgencias. 

Como si para afligir al país no fuesen suficientes las 
depredaciones que sufrían sus costas y la penuria del 
vecindario y guarnición con los retardos de ios envíos 
pecuniarios de Yeracruz, en la primavera de 4 649, 
sobrevino á consternarla una epidemia horrible. Desde 



• Véanse los libros de actas del ayun- veinte años se conservaban en el archivo 

tamiento de la Habana y los cuadernos de esa oficina, estaban carcomidos, in- 

de la antigua escribanía de gobierno que completos y casi ilegibles en su mayor, 

funcionaba entonces como secretaría, parte. 
Los pocos cuadernos antiguos, que hace 



t 



( 



DE LA ISLA DE CUBA. 107 

la de viruelas que diezmó á los nacientes pueblos de la 
isla á principios del siglo xvi, no habla conocido mas 
contagios y enfermedades que las inherentes á su clima 
cálido y las fiebres malignas del verano del 1620. La do- 
cumentación del gobierno de Villalba no detalla ni aun 
explica los síntomas del mal que entonces se sufrió en 
muchas poblaciones costerizas del continente y que se 
supuso introducido en la Habana por buques de Carta- 
gena y Portobelo. Pero tampoco deja presumir con 
prueba alguna, que aquella afección fuese la fiebre ama- 
rilla , que se hizo mas de un siglo después endémica en 
la Habana. Una tercera parte de su población fué devo- 
rada desde mayo á octubre por una especie de fiebre 
pútrida que arrebataba á los atacados en tres dias. La 
terapéutica ensayada á tientas por algunos facultativos 
tanteadores y algunos curanderos contra una enferme- 
dad desconocida, la exacerbaba en vez de curarla, so- 
bresaltando al enfermo con la idea de que los remedios 
aplicados no fuesen mas que ensayos para llegar á des- 
cubrir el verdadero. Villalba ^ que se condujo con ce- 
lo, humanidad y desinterés acercándose á los invadi- 
dos , distribuyendo regalos y socorros á los pobres , é 
improvisando varios hospitales , cayó también enfermo 
por agosto y logró salvarse á fuerza de cuidado. Go- 
bernaron durante su enfermedad el auditor Molina lo 
político, y lo militar el castellano del Morro D. Lú- 
eas Carvajal. Perecieron en aquella crisis desastrosa ese 
mismo auditor, que cayó para no levantarse cuando 



8 Esta peste de fiebres pútridas habia El ayuntamiento de la Habana dirigió 
afligido á Veracruz y oíros pueblos de al Rey una carta en 16 de julio de ltí49, 
Nueva España en el verano anterior, encomiando la conducta de Villalba. 



108 HISTORIA 

Villalba entró en convalecencia , y los tres licenciados 
Pedro Pedroso, Fernando de Tovar y Pablo Laza de 
Olivares, que por muerte de Molina sirvieron sucesi- 
vamente su destino, un alcalde y muchos funcionarios, 
una tercera parte de la guarnición y el vecindario , y 
mayor número aun de los tripulantes y pasajeros de la 
flota. Su general D. Juan Pujadas, por no alterar el orden 
de su escala y movimiento, tuvo la imprevisión de esta- 
cionarla en un puerto infestado. Todo el que pudo se 
ausentó á las haciendas comarcanas. Pero mejor ejemplo 
dieron esta vez los religiosos recibiendo en sus conven- 
tos á los enfermos pobres , amparándolos, y hasta lle- 
vando ellos mismos á los muertos al campo que se 
señaló por cementerio. Por su caridad evangélica res- 
plandeció entre todos ellos el P. Antonio de Jesús Ma- 
ría. Cuando pasados aquellos días tremendos se cele- 
bró en la parroquial con un Te-Deum la desaparición 
de aquel azote , supo recordarlo con palabras adecuadas 
á sus obras y al lenguaje del siglo de Cervantes. « Lio- 
» raban^** los mas tiernos niños su horfandad,»dijo aquel 
religioso en una oración fúnebre, « los mas robustos 
«jóvenes su desamparo, y su viudez muchos que aca- 
» baban de celebrar sus bodas. No hay casa donde no 
» haya duelo , y en muchas no quedó ni quien llorara. 
» jó señor! ¡Cuántas veces vi cadáveres privados del 
» infausto beneficio de la sepultura , y deseando mi com- 
D pasión dar los hombros al helado peso , la necesidad 
» de los que agonizaban me limitó á encomendarlos á 
» vuestra clemencia I » 



"^ Véase, en el tomo LWi de la Acad. de laHist., el sermón del P. Je- 
Colec. de Muñoz de la fiibl. de la Real sus María. 



DE LA ISLA DE CUBA. 109 

Entregados al nuevo auditor propietario D. Cristóbal 
de Aragón los asuntos de justicia y contenciosos, todo el 
tiempo que en su convalecencia consagraba á las aten- 
ciones de su cargo, lo empleó Villalba en ampliar mu- 
chas troneras en los castillos de la Punta y de la Fuer- 
za, abrir un foso al de Cojimar y dar dirección á las 
excursiones de Andrés Manso, Jara y Mezquia, que 
mandaban las galeotas y los buques corsarios de la Ha- 
bana. Las bajas que sufrió la guarnición con la epide- 
mia , se reemplazaron en 1650 por oficiales y soldados 
enviados de Veracruz y Cádiz. Por no recargar la narra- 
ción suprimimos detalles parecidos unos á otros de mu- 
chas correrías de los corsarios habaneros de aquel tiem- 
po, limitados á guardar la costa septentrional entre Ca- 
banas y Matanzas. Sostuvieron combates repetidos y á 
veces muy felices. Raros eran los que regresaban á la 
bahía sin traer colgados de sus arboladuras, como tro- 
feos de sus victorias, los cuerpos de los flibusteros apre- 
sados. 

Villalba, para atender también por tierra á la defensa 
de los puertos mas vecinos contra aquellos malhechores, 
organizó una compañía de ginetes milicianos, cuyo 
mando confirió al vecino mas pudiente entonces de la 
Habana , Martin Calvo de la Puerta" , fundador muchos 
años después de una obra pía que perpetuó su nombre 
en aqueUa ciudad en donde habia nacido. 

Ni bastaban las fuerzas de aquel gobernador á cubrir 
atenciones mas lejanas , ni le inquietaban por otra parte 



*• Este parece que fué el fundador noticia genealógica en las págs. 245, 
de la antigua y distinguida familia de 246 y 247, tomo I, Dice. Geogr., Estad.^ 
este nombre en la Habana. Véase su Hist. de la Isla de Cuba por el A. 



lio HISTORIA 

mucho las que cometían aquellos bandidos en lugares dis- 
tantes de la Habana. Por últimos de agosto de 1652 una 
banda de los de la Tortuga penetró en el desamparado 
pueblo de San Juan de los Remedios *^ y sin la menor 
oposición ejerció las mas crueles represalias sobre un ve- 
cindario desarmado y débil. La mayor parte de los ve- 
cinos se fugaron con sus familias á los montes; pero la 
custodia y las alhajas de la Iglesia, los viejos y mujeres 
que se hablan quedado, fueron inhumanamente condu- 
cidos á la Tortuga, donde tenian ya establecido el depó- 
sito principal de sus rapiñas. De aquellos prisioneros al- 
gunos se rescataron luego por dinero ; pero aquellas in- 
felices fueron víctimas de la lascivia de sus opresores. 
Por única venganza de este insulto se limitó Villalba á 
disponer, de acuerdo con los eclesiásticos, que se hicieran 
rogativas y saliera una procesión á pedir á Dios que los 
piratas devolviesen la custodia ^^. Por sagrada que la 
alhaja fuese, se podia reparar su pérdida con otra; y sin 
embargo , inspiraba mas dolor que la de la libertad , de 



** En 10 de setiembre de 1652 dio » hora de gusto y salud hasta que mu- 
conocimiento oficial Villalba al muni- » rió. » Empleó todos sus recursos en 
cipio de la Habana de la invasión y des- reemplazar aquella alhaja con otra que 
gracias de San Juan de los Remedios, hizo fabricar en Méjico. El escrito coe- 
Véase, en los libros de actas de aque- táneo á que nos referimos contiene al- 
11a corporación, la de aquel dia. gunas curiosas noticias estadísticas de 

*3 Véanse los libros de actas del ayun- la isla en este tiempo. Confirman las 

tamiento de la Habana y un escrito coe que en capítulos anteriores dejamos 

táneo, cuyo original existe en el Arch. apuntadas, y también se ajustan con 

de Ind. de Sevilla, hallándose copiado las contenidas en el Memorial informa- 

en la Colee, de Muñoz y en la nuestra, torio al Rey por conducto del secretario 

El obispo D. Nicolás de la Torre, «con del Consejo de Indias, por Juan Diez 

» los sentimientos que de un prelado tan de Lacalle. Véase en la Bibl. Wac. de 

» docto y santo se pueden creher, desde Madrid y en la de la Real Acad. de la 

« el robo de la custodia de la iglesia de Hist. 
»San Juan de los Remedios no tuvo 



DE LA ISLA DE CUBA. Hl 

la fortuna , del honor y de la vida de los desdichados 
sorprendidos. 

Halagaba á los municipales y notables de la Habana la 
amenidad y la llaneza de Villalba, asistiendo sieaipre 
afablemente á sus distracciones y banquetes; y así se 
explican los públicos elogios que le tributaron en dife- 
rentes sesiones del cabildo y las repetidas recomendacio- 
nes que dirigieron en su favor al Soberano. Pero tuvo 
menos mano el gobernador con D. Pedro Santa Cruz, 
que fué el primer contador del tribunal de cuentas que 
ejerció en la Habana esas funciones con arreglo al plan 
que habia propuesto Riaño , y con los oficiales reales 
Diego Arias Maldonado y Juan de Arechaga, aunque no 
fuesen dechados de pureza los dos últimos. Resentidos 
estos funcionarios porque no se habia Yillalba opuesto á 
la severidad con que el difunto Molina habia empezado 
á intervenir en sus manejos y sus cuentas, elevaron al 
Rey contra él serias denuncias de desórdenes positivos 
ó supuestos, y de introducciones y ventas clandestinas. 
Le separaron á consecuencia de estas quejas, cometién- 
dose el cargo de residenciarle al oidor de Santo Domingo 
D. Francisco Pantoja de Ayala que á la sazón desempe- 
ñaba otra comisión semejante en la provincia de Cam- 
peche. 

Desde el 24 de marzo de 1 652 y á los ocho años de 
vacante, estaba ya ocupada la mitra episcopal por el 
doctor mejicano D. Nicolás de la Torre ^*, á quien su su- 
cesor Morell, en su relación de los obispos de Cuba, de- 
signa como « muy humilde y bueno; » y le recomenda- 
ban á la verdad honrosos precedentes. Habia reedifica- 

** Véase su nota biográfica , página 594, tomo IV, dice. Geogr.j Estad., Hitt. 
de la Isla de Cuba por el A. 



112 HISTORIA 

do escuelas públicas destruidas por una inundación en 
Méjico y fabricado cuatro templos nuevos, siendo deán 
del Cabildo de aquella capital y rector de su univer- 
sidad. 

Fué Villalba reemplazado en la tarde del 28 de marzo 
de 1653 por el naaestre de campo D. Francisco Xel- 
der ^^ caballero de Calatrava , que traia consigo de au- 
ditor al licenciado Gonzalo Serrano. 

Por julio y agosto del mismo año con iguales estragos 
que en la Habana, afligieron á Santiago y á Bayamo las 
mismas fiebres que sufrió la capital tres años antes; 
Cuantos pudieron huirse al campo á tiempo lograron 
evitarlas. En vano el almirante D. Felipe de Rivera ^% 
que desde eH6 de abril de 1649 reemplazó en aquel 
gobierno á Osuna , ayudado de algunos buenos vecinos 
y eclesiásticos, agotó todos los medios de oponerse á la 
epidemia , donde se carecía de un regular facultativo y 
aun de las medicinas necesarias. Xelder, para preservar 
á la capital de un nuevo azote , acordó con el cabildo 
que se cortara toda comunicación con los demás pue- 
blos de la isla ; y procuraron imitar el mismo ejemplo 
las justicias ordinarias de Trinidad, Sancti-Spíritus, 
Puerto-Príncipe, Baracoa y Remedios. 

Tomó Xelder calor en lo tocante á fortificaciones, y so- 
licitó del virey con mucho empeño el' pago de los treinta 
mil pesos anuales mandados abonar desde 1 635 para 
atender á las de la muralla. Pero no era su objeto le- 
vantarlas. En cuanto reconoció aquel gobernador la to- 



*« Véase su nota biográGca escrita *6 y éase su nota biográfica, págs. 355 

con la inicial G. en lugar de la X. , en y 356 , tomo IV, Dice. Geogr. , Estad., 

la pág. 385 del tomo II del hice. Geogr ^ iHst. de la Isla de Cuba por el A. 
Estad., Hist. de la Isla de Cuba por el A . 



DE LA ISLA DE CUBA. 113 

pografía y contornos de la plaza , concibió un pi'oyecto 
muy diverso y nuevo*'', que le pareció mas practicable y 
propio para su seguridad , suponiéndole también menos 
costoso : el de aislarla por medio de un canal que em- 
pezase á abrirse por la caleta de San Lázaro y terminara 
en el fondeadero que se llama hoy de Atares. Completá- 
base el plan de Xelder coronando la orilla del recinto con 
una gran trinchera y estacada que la defendiese toda. 
Recibido su pensamiento con aplauso por el municipio, 
se lo comunicó al Rey este cuerpo en i / de abril de 
1654 con las mas vivas instancias, pero sin conseguir 
resolución. 

Xelder, mas precavido y menos franco que Villalba, 
esmerándose en tener á los oficiales reales por amigos, 
consiguió interesarlos en muchas entradas fraudulen- 
tas*^. A las diez de la noche del 25 de junio de 1653 y 
con antorchas encendidas, Arechaga y Arias Maldonado, 
los mismos denunciadores de aquel gobernador, de 
acuerdo con el nuevo y con el factor de registros, intro- 
dujeron en el puerto un navio que venia de Canarias 
con quinientos negros que no pertenecian á los asentis- 
tas de aquel tiempo. Registraron solamente cincuenta 
de los peores , y todos los demás se ocultaron y ven- 
dieron á buen precio, anhelando los propietarios comar- 
canos esos brazos para dar extensión á sus cultivos. Sal- 
vador Alonso , que era el capitán de aquella embarca- 
ción, logró este contrabando cohechando á los empleados 
que intervinieron en su entrada ; y de orden de Xelder 



*' Véanse los libros de actas del ayun- i8 Véanse los cuadernos de la anti- 
tamiento de la Habana y cuadernos de gua escribanía de gobierno de la Ha- 
8U escribanía de gobierno. baña. 

HIST. DE CUBA.— -TOMO II,— 8 



HA HISTORIA 

se habian retirado de las fortalezas con anticipación los 
centinelas y vijías que pudiesen estorbarla. 

Si no con integridad y con pureza, obró alo menos 
con singular celo en la persecución de los piratas. Man- 
so, Jara y Miguel Mezquía, en frecuentes y afortunadas 
excursiones, ya con las galeotas , ya con lanchas y gente 
del presidio, muchas veces sorprendieron á los que se 
introducian á robar por las haciendas que se fomenta- 
ban ya hacia Rio Blanco, los Puercos y Bocas de Jar- 
neo. Siempre llevaron sus instrucciones^^ y derrota tra- 
zadas por el mismo Xelder, y siempre volvían de esas 
expediciones con los prisioneros colgados de las vergas. 

Señaláronse los principios de 1654 con accidentes tan 
funestos para los flibusteros como felices para las islas 
españolas. Después que en el anterior murió de la epi- 
demia que padecieron entonces las Antillas el presidente 
de Santo Domingo y recayó ese cargo en el oidor don 
Juan Montemayor ^\ indignado este con los insultos y 
robos incesantes de los de la Tortuga, organizó contra 
ellos una corta expedición de doscientos veteranos y qui- 
nientos voluntarios. Tan recia y acertada fué la batida 



" Id. id., id., y cartas de Xelder al aquella ciudad; siendo general de la 

Rey, originales en el Arch. de Ind. de gente de tierra Gabriel de Roxas Valle 

Sevilla. Figueroa , y déla armada de la mar el 

20 Véase, en el Arch. de Ind. de Se- maestre de campo D. Juan de Morfa* 
villa, en la Colee, de Muñoz de la Bibl. geraldino. Este documento refiere el su- 
de la Real Acad. de la Hist. y copiada ceso con los mas minuciosos detalles, 
en nuestra Colee, la Relación de lavic- sin que en sustancia contradigan aque- 
toria que han tenido las cathólicas ar- líos hechos Charlevoix, Dutertre ni los 
mas de S. M. (Q. D. G.) en la recupera- cronistas de los flibusteros, como Ar- 
cion de la isla de la Tortuga, mandada chenholtz , OExmelin y otros. Aque- 
executar por el doctor D. Juan Francisco Ha relación se halla también en el có- 
Montemaijor de Cuenca, gobernador ca- dice núra. 8 de la Bibl. Nac. de Ma- 
pilangeneral de la isla de Santo Domingo drid, impresa por Francisco Facundo 
y presidente de la Real Chancilleria de Carvajal. 



DE LA ISLA DE CUBA. 115 

que emprendió contra ellos el capitán D. Gabriel de Ro- 
jas Figueroa, caudillo de aquella corla fuerza, que en no- 
viembre y diciembre expulsó de la Española á los feroces 
bucaneros establecidos en sus costas , resuelto á dar re- 
mate á su campaña con la conquista de aquella isla así 
que adquirió dos buques que logró apresarles. No era ya 
la Tortuga un simple refugio de piratas. Levasseur, fli% 
bustero célebre é inteligente en obras, habia alzado para 
defender el acceso de su única caleta, una cindadela cua- 
drilátera con cuatro bastiones y artillada con cincuenta 
piezas del mayor calibre de aquel tiempo. Se habia ya 
. apropiado el Rey de Francia aquella usurpación de una 
horda de facinerosos , y los gobernaba en su nombre 
M.Timoleonde Fontenay, prostituyendo con el mando 
de aquellos malhechores el hábito de San Juan de Jeru- 
salen que le cubria , antiguo emblema de los cruzados 
en mas caballerescos tiempos. Obedecíanle á la sazón tres- 
cientos foragidos muy resueltos y casi otros tantos buca- 
neros prófugos , y dos baterías avanzadas defendían las 
avenidas del castillo. Bajo sus mismos fuegos contesta- 
dos por cinco buques mal armados, desembarco Rojas 
su hueste el 8 de enero ; y penetrando en la isla á la 
carrera , logró apoderarse en los siguientes dias de las 
dos baterías que abandonaron los flibusteros después de 
una débil resistencia : siempre flojos para hacer rostro á 
enemigos regulares. Evacuaron asimismo la reciente 
población de Gayonne ocupada sin demora por doscien- 
tos hombres del capitán Juan de Morfa Geraldino, Gon 
fatigas inauditas lograron los españoles elevar los ca- 
ñones recogidos hasta la cúspide de una eminencia ás- 
pera y fragosa que dominaba á la misma fortaleza. Esa 
ardua operación se practicó de noche, á brazo, en si- 



H6 HISTORIA 

lencio y con tal éxito que, formado allí un reducto á 
la ligera , al alborear del 1 4 barrió con sus certeros fue- 
gos á cuantos franceses asomaron por las plataformas 
del castillo. A pesar de sus protestas de defender el 
puesto á todo trance, apresuróse entonces á pedir una 
tregua el sorprendido Fontenay <c para que le enviasen 
» los sitiadores un capellán que consumiese las sagradas 
> formas del oratorio por haberse ausentado el que te- 
» nia. » En este tiempo hasta los flibusteros , cuando 
les convenia , la echaban de devotos. Incapaz de, ne- 
garse á un ruego de tal clase, Rojas suspendió las hosti- 
lidades por un dia para romperlas con mas vigor el i 6. 
El 18 después de haber rechazado dos salidas de los 
sitiados, tuvo la indiscreción de conceder á aquellos 
bandidos cargados de delitos una de esas honrosas capi- 
tulaciones que solo reservan las leyes mihtares para 
tropas regulares y disciplinadas. Fontenay y su segundo 
Thibault , asesino alevoso del mismo Levasseur y de 
otros de sus compañeros , salieron de aquella cindadela 
al frente de trescientos treinta bandoleros , tambor ba- 
tiente y bandera desplegada , como subditos que eran 
ya del Rey de Francia. Según la relación de Rojas ^ no 
costó tal resultado mas que dos muertos y algunos he- 
ridos á los españoles , al paso que tuvieron los piratas 
treinta de los primeros y cincuenta y tres de los segun- 
dos. Habiendo precedido reñidos choques al suceso, no 
nos parece tanta diferencia de pérdida nada verosímil; 
pero como quiera , con su resultado se libraron los de 
la Española del padrastro de tan modesta ladronera ; ad- 
quirieron ocho embarcaciones , setenta y siete piezas de 
artillería, una buena fortaleza, fructíferos plantíos , pro- 
vistos almacenes , un excelente ingenio en zafra , algu- 



DE LA ISLA DE CUBA. 117 

nos esclavos y la posesión mas adecuada para resguar- 
dar las costas del N. de aquella isla. De toda edad y 
sexo capitularon para embarcarse para Europa mas de 
quinientos extranjeros, cediéndoles Rojas para su trans- 
porte sus dos mayores buques. Del infame Thibault , que 
se hizo cargo de uno de ellos, desde que después aban- 
donó sin víveres ni amparo á cien criaturas y mujeres 
en los áridos bancos del Caimán al S. de Cuba, jamás se 
volvió á hablar. Fontenay, que iba en el otro barco, en 
lugar de trasladarse á Francia como habia pactado, 
aunque caballero de San Juan, quebrantó su juramento, 
se reforzó con algunos bucaneros y procuró algunas se- 
manas después reconquistar su fortaleza , siendo ver- 
gonzosamente rechazado por el centenar de españoles 
que habia quedado guarneciéndola. 

Por Cuba difundió gran regocijo la conquista de Tor- 
tuga, y en la Habana se cantó el Te-Deum por el obispo 
Torre. Preparábase pocos meses después el buen pre- 
lado á recorrer su vasta diócesis, cuando le acometió allí 
una enfermedad que puso término á sus dias el 4 de ju- 
lio, siendo su cuerpo sepultado en la parroquia de Gua- 
nabacoa, lugar de su predilección, de donde algunos 
años adelante fué trasladado á Méjico, su patria. 

A fin de abril de 1654 aportaron á la Habana muchas 
naves y galeones que venían del continente con enfer- 
mos. Se opuso Xelder con firmeza á que desembarcaran, 
y mandó armar un barracón á orillas del fondo de la 
bahía que les sirviera de hospital sin comunicarse con 
el pueblo. Resultaron, sin embargo, ineficaces sus medi- 
das para preservarle de un nuevo contagio que, aunque 
con menos furia que la vez primera , inmoló desde mayo 
á setiembre muchas víctimas. 



118 HISTORIA 

Murió Xelder, no del mal general, sino de fulminante 
apoplejía el 23 de junio de 16í>4 , y siete dias antes que 
él habia sucumbido á la epidemia su auditor Serrano. Al 
dia siguiente se reunió el cabildo municipal á elegir á los 
que habian de reemplazarles; y el mismo 24 resultó ele- 
gido para el gobierno político, por mayoría de votos, el re- 
gidor mas antiguo Ambrosio Sotolongo^^ Pero cuatro dias 
enteros duraron los debates para la elección del gober- 
nador militar interino. El castellano del Morro, Pedro Gar- 
cía Montañés, alegaba * derechos superiores como jefe del 
puesto mas importante de la plaza. El capitán José de 
Aguirre^^ creia tener sobre él la preeminencia por su ma- 
yor antigüedad en el empleo. Ambos contaban entre los 
capitulares amigos y parciales, y hasta el 28 no fué 
nombrado Montañés entre gritos y protestas. No quiso 
Aguirre reconocerle como jefe, y la guarnición se dividió 
en dos bandos. Los piratas , las fiebres y las interinida- 
des causaron gran confusión todo el resto de aquel año 
y parte del siguiente; siendo tres las autoridades que 
mandaban y tan afligidos entonces y tan pocos los que 
obedecían. No tardó en ocurrir luego también variación 
de autoridades en Santiago llegando á reemplazar en 4 
de setiembre á Juan de Rivera el sargento mayor don 
Pedro Bayona Villanueva^^ mozo de tanto brio como es- 
pediente. 

Desde aquel puerto escribió al ayuntamiento de la Ha- 
bana el maestre de campo D. Juan Montano Blazquez ^*, 

2' Véase su apunte biográfico, p.S62, ^^ Véase su nota biográfica, p. 169, 

tomo IV, hice. Geogr. . Estad., Hist. de tomo I, Dice. Geogr.^ Estad. » Hist. de 

la Isla de Cuba por el A. la Isla de Cuba por el A. 

22 Véase su apunte biográfico, p. 5, " Véase su nota biográfica, p, 102, 

tomo I , Dice. Geogr , Estad. , Hist. de tomo IV, Dice. Geogr. , Estad , Hist. de 

la Isla de Cuba por el A. la Isla de Cuba por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 1Í9 

que estaba nombrado capilan general de la isla y que con- 
tinuaría por tierra su camino, y llegó en efecto á recibir 
el mando el 8 de junio de 1655. Las actas de aquella 
corporación le designan como « gran soldado ; j» y real- 
mente , mandos tan aislados y azarosos como el de Cuba 
y otras posesiones de Ultramar no mas se conferian 
entonces que á cabos y oficiales muy probados ya en 
las perpetuas luchas que sostenían en Europa las armas 
españolas. 

Con Montano vino como auditor y teniente general 
el licenciado Diego Rangel ^^, que con mas juicio que 
salud para ejercerlos, acumuló después sobre estos car- 
gos ordinarios otros mas delicados y espinosos. 

Desde que antes de concluir su tiempo le relevó en el 
gobierno D. Francisco Xelder, había permanecido en 
aquella capital Villalba esperando las resultas de su jui- 
cio de residencia , sin ocuparse de las desavenencias de 
los gobernantes sino para denunciar uno á uno sus 
desórdenes. Los oidores Pantoja y D. Gerónimo de Ál- 
zate, sucesivamente nombrados por la audiencia y el 
consejo para correr con su procedimiento, el uno porque 
murió, y por ser mas necesario el otro en Santo Domin- 
go, no llegaron á entablar contra él sus diligencias; y fué 
Rangel el encargado de formárselas y residenciar por se- 
parado á los oficíales reales y los demás acusados por 
Villalba. A su llegada, este maestre de campo quedó 
arrestado en su vivienda bajo pleito homenaje ^% que 

2^ Véase su apunte biográfico, p. 339, desde la Habana. En este documento, 

lomo IV, Dice. Geogr., Estad. , HisL de copiado en nuestra Colee, explica el 

la Isla de Cuba por el A. estado de áu causa de residencia, los 

^* Véase, en el Arch. de Ind. de Se- motivos de su larga detención y las 

villa, la carta original qie en 8 de torpezas que se cometían. 
marzo de 18S5 dirigió Villalba al Rey 



120 HISTORIA 

prestó en manos del general de galeones, marqués de 
Villarubios; y envolvió en su causa, una de las mas rui- 
dosas de aquel tiempo , á los primeros funcionarios y 
notables de la Habana. Esclareció á la larga que habia 
sido incauto y negligente mas que impuro ; purgó mu- 
chos descuidos , allanándose á restituir al fisco algunas 
sumas ; y puso también en evidencia las concusiones y 
torpezas de su sucesor y de los encargados de la Ha- 
cienda. Arechaga y Maldonado, ya muy comprometidos 
ambos en los autos residenciales del difunto Xelder que 
emprendió Rangel en cuanto concluyó los de Villalba, 
fueron inmediatamente depuestos y encausados con em- 
bargo de sus bienes. La muerte libertó al primero de 
la ignominia de una sentencia degradante ; pero el se- 
gundo sufrió largas prisiones y amarguras. Ni su caudal, 
ni su carácter de familiar del Santo Oficio preservaron 
tampoco á Salvador Alonso , el introductor de los negros 
de Canarias, de la severidad justiciera de Rangel; al 
paso que Villalba , después de inevitables inquietudes y 
quebrantos , logró ser promovido á un gobierno, mejor 
que el de Cuba , en Tierra-Firme ^'. 

Después de sacrificar en un cadalso á su infeliz rey 
Carlos I, engrandecía ios destinos de Inglaterra con 
el título de Lord Protector , el famoso Cromwell , que 
de la oscuridad se habia elevado á la cumbre del poder 
por su genio y su audaz hipocresía. Los vastos dominios 
coloniales de España, su debilidad para defenderlos 
todos y el desarrollo de las fuerzas navales de la gran 



" Sin embargo, su juicio de resi- á que le condenaron antes. Véase Se- 

dencia no lo falló el Consejo en definí- cretaria de Nueva España , en la sección 

tiva basta 24 de diciembre de 1664, ab- de manuscritos de la Bibl. de S. M. 
solviéndole de un pago de 6,200 ducados 



bíE LA ISLA DE CUBA. 1^1 

Bretaña facilitaban á tan ambicioso personaje e:xtenso 
campo para corregir con alguna conquista provechosa 
las páginas mas tristes de la historia de aquella gran 
potencia. 

En los años anteriores muchos aventureros ingleses 
se habian apoderado en las Antillas de las de San Cristó- 
bal y Barbada , isla de ocho leguas de extensión , y no 
lejana de la Martinica, que, asemejándose á un bosque 
impenetrable que surgía del piélago , fué llamada de 
aquel modo desde 1625, por su descubridor Guillermo 
Courten y después colonizada por el conde de Carlisle, 
Pero ya necesitaba la Inglaterra mas colonias que algunos 
islotes y que sus pobres establecimientos en el norte del 
nuevo hemisferio. En la primavera de 1655, una escua- 
dra de cincuenta y seis embarcaciones, mandada por 
Guillermo Penn , llevando abordo mas de cuatro mil 
hombres de tropas regulares á cargo del coronel Vena- 
bles, republicano ardiente, se reforzó en aquellas islas 
con cinco mil flibusteros y corsarios y con un número 
considerable de trasportes. La conquista de las islas de 
Cuba y Santo Domingo era el objeto principal de este 
armamento que , favorecido por los vientos , sorprendió 
á la capital de la segunda con su inesperada aparición 
el dia 23 de abril. Gobernaba allí entonces el presidente 
D. Bernardino de Meneses, conde de Penal va, sin con- 
tar en la plaza mas tropa veterana que trescientos infan- 
tes desigualmente armados con lanzas, mosquetes y 
arcabuces. Pero la inminencia del peligro transformó á 
todos los habitantes en soldados ^^ siendo los oidores los 

28 Véase la Relación de la victoria pañola contra la armada inglesa de Gui- 
que han tenido las armas de S. M. en la llermo Penn; embiada por el Sr. D. Ber- 
ciudad de Santo Domingo de la Isla Es- nardino de Meneses Bracamonte , pre- 



122 HISTORIA 

primeros que, con D. Juan Montemayor á la cabeza, 
organizaron la defensa de la capital, ínterin corrían 
avisos á excitar el valor y la fidelidad de los colonos. 
Penn se dirigió á desembarcar á unas diez leguas hacia 
barlovento contra el dictamen de Venables ; y echando 
todas sus tropas en las incultas playas de Xaina y Nigua, 
á algunas leguas al O. de la capital, el ardor del sol, la 
sed y el hambre las maltrataron tanto como los ataques 
imprevistos y las bien dirigidas emboscadas de los espa- 
ñoles. Antes de que pudieran incorporársele los contin- 
gentes milicianos de Azua , Santiago de los Caballeros y 
otros pueblos , el maestre de campo D. Juan de Morfa 
Geraldino, con menos de doscientos soldados y otros 
tantos lanceros voluntarios de la tierra , no dejó respirar 
á ios invasores un dia solo. En primeros de mayo 
rechazado Venables de un ataque sobre Santo Domingo, 
muertos su segundo , muchos de sus principales oficiales 
y mas de mil soldados , tuvo que reembarcarse preci- 
pitadamente dejando dos cañones, varias banderas, otros 
efectos militares y mas de doscientos prisioneros en 
poder de Peñalva y Geraldino. Sabiendo el presidente 
que la expedición iria á vengar su afrenta intentando 
alguna sorpresa mas feliz en Cuba ó en Jamaica, se 
apresuró á comunicar á los gobernadores de ambas 
Islas los avisos necesarios. 



sidenUdeta real audiencia j goberna- varias publicaciones inglesas que he- 
dor y capitán general de dicha isla, mos recorrido, y se refieren al descala- 
Este documento, cuya copia ocupa vein- bro que sufrió aquel armamento en 
le páginas en folio., de nuestra Colee, Sanio Domingo. Al contrario, dos his- 
se encuentra en la sección de manus- lorias de Jamaica, escritas en el pasa- 
critos de la Bibl. Nac. de Madrid y en do siglo por Edwards, y un autor anó- 
la Bibl. delarealAcad. déla Hist. No nimo que se titula antiguo oficial de 
destruye sus asertos ninguna de las dragones, vienen á confirmarlos. 



DE LA ISLA DE CUBA. > 123 

En Baracoa, en Santiago y en Bayamo repartió Ba- 
yona á los vecinos que se presentaron á pedirlas cuan- 
tas armas hubo , y se preparó para una campaña de 
partidas y sorpresas , siguiendo el buen ejemplo de 
Geráldino en la Española. Mas que con la mano con venia 
coger aquella ascua ardiente con tenazas. Los eclesiás- 
ticos, los ancianos, las mujeres y los niños se retiraron 
á las minas del Cobre y haciendas del campo. 

No recibieron sin embargo oportunamente aquellos 
avisos los habitantes de Jamaica para que pudiesen con 
tiempo prepararse á recibir al enemigo. Colonizada des- 
de 1509 esa isla por Juan de Esquivel, Francisco de 
Garay y ü. Diego Colon, habian llamado al principio mu- 
chos pobladores su ventajosa situación geográfica y la fe- 
cundidad de su suelo: tanto que al promediar el siglo xvi, 
contábanse ya en ella cuatro pueblos, mil setecientos ve- 
cinos, gran número de haciendas y hasta cinco templos 
sufragáneos de la diócesis de Cuba. Sin embargo, como 
el territorio carecia de minas y especerías , no siguió la 
población tomando vuelo después que los españoles des- 
cubrieron y sojuzgaron al continente. Pero vivian aque- 
llos colonos á sus anchas con el producto de sus fundos 
y aun de sus tráficos prohibidos, especialmente en la 
capital, que era Santiago de las Vegas, residencia habi- 
tual de sus autoridades. Les respetaron piratas y corsa- 
rios, hasta que en 1596 Antonio Shirling, uno de los 
capitanes de la última expedición de Drake á América, 
hostilizó á Santiago y se apoderó de algunas embarca- 
ciones de la isla. Otra invasión mas dura sufrió en 
1635. Quinientos ingleses mandados por el pirata 
Jackson se apoderaron de aquella pequeña capital, sin 
encontrar apenas resistencia armada, y su vecindario 



i 24 HISTORIA 

tuvo que librarse de un despojo general con un res- 
cate. Desatendidas después por incuria del gobierno 6 
los apuros del erario las solicitudes de los jamaiquinos . 
tocante á guarnición y fortificaciones, el temor de nue- 
vos atropellos habia ya por este tiempo reducido su 
número á tres mil de cada clase , edad y sexo. Mas de 
la mitad eran de color ; no existia guarnición ninguna 
en toda la isla, ni aun armas habia allí suficientes para 
unos cien vecinos escasos que pudiesen empuñarlas , ni 
habia tampoco mas fortificación que un mal reducto 
abandonado. Nada sabian aun aquellos habitantes de la 
invasión de Santo Domingo; y sin aviso alguno dormían 
con el mayor sosiego , sin soñar siquiera que se estu- 
viese en guerra con la gran Bretaña , cuando al ama- 
necer del 20 de mayo se apareció delante de aquel pue- 
blo la expedición de Penn , y desembarcó Venables sin 
oposición sus tropas y sus feroces auxiliares. El gober- 
nador D. Juan Ramírez de Arellano les salió al encuen- 
tro sin embargo con una corta comitiva , y no pudiendo 
rechazarlos, supo á lo menos morir á los primeros tiros. 
Pero ni dio su noble sacrificio tiempo para que pudie- 
sen los vecinos huir todos al campo. Los flibusteros, 
siempre cobardes para guerrear contra enemigos animo- 
sos como en Santo Domingo y la Española , dieron allí 
pruebas crueles de su vil ferocidad, forzando mujeres 
indefensas y degollando débiles ancianos. Penn , Vena- 
bles y Doiley, con todo su puritanismo religioso, les 
agradecieron su cooperación tolerándoles entonces todos 
los excesos. 

No faltaron escritores tenidos por ilustres que , al re- 
ferirse á la conquista de Jamaica, convirtiesen en pura 
gloria para la Inglaterra los efectos incalificables de la 



DE LA ISLA DE CUBA. > 125 

negligencia, del abandono y de la imprevisión de Es- 
paña, ó de la debilidad de su gobierno en aquel tiempo. 
El declamador Raynal, sin detallar jamás los hechos y 
arrastrado por su ciego encono contra un pueblo, que, al 
adquirir el hemisferio americano, decayó y se empo- 
breció para que se enriquecieran y engrandecieran otras 
potencias europeas , atribuye en el tomo V de su « His- 
toria filosófica de las Indias» las violencias de aquellos 
agresores á la rabia que les causó el que burlaran los 
vecinos sus esperanzas de saqueo, poniéndolo todo á buen 
recaudo mientras los entretenian con súplicas y prome- 
sas de rescate ^^ Los textos originales del archivo de 
Indias de Sevilla y aun los de varios extranjeros, entre 
ellos el P. Dutertre , confirman claramente que ni San^ 
tiago de las Vegas era plaza , ni habia en ella tropa 
alguna, ni vecinos bastantes para oponerse á una agresión 
tan imponente , ni hubo lugar tampoco á pedir treguas. 
Pero no tiene aquel escritor reparo en añadir que <f los 
2> agresores , con la furia de encontrarse allí sin subsis- 
» tencias y sin las comodidades ordinarias de la vida 
» en aquel ardiente clima , recibieron orden de estermi- 
» nar á los habitantes de aquella isla desgraciada;» por- 
que no tenian para sus agresores lo que no creian nece- 
sitar para ellos mismos. Para disipar toda sospecha de 
parcialidad, dejemos que un historiador inglés de los 
mas juiciosos y hábiles nos califique sin pasión la ale- 



29 Aunque escritas con gran parcia- Indies^ by Bryan Edwards. — Eervcy's 

lidad, por sus detalles sobre la inya- Naval History o f Great Britain. hondón, 

sion de Jamaica merecen consultarse, 1781. — Hisloire de ¡a Janmique» tra- 

enlre otras varias , las tres siguientes ducida del inglés por M"*, antiguo ofi- 

obras : The History^ civil and commer- cial de dragopes. Impresa en Londres, 

ciah ofthe British colonies in the West 18S1. 



126 HISTORIA 

vosía que en plena paz cometió Cronovell entonces contra 
España : «Cuando llegó á Europa, > dice D. Hume , « la 
» noticia de tan intolerable violación de los tratados , los 
» españoles declararon inmediatamente la guerra á los 
» ingleses , apoderándose en todas partes de sus buques 
> y mercaderías. Quedó destruido el ventajoso comercio 
» que mantenía con España la Inglaterra, que perdió en 
j> pocos años mas de mil quinientas embarcaciones. Blake 
i> á quien Montagne se asoció en el mando de las fuer- 
i> zas navales, recibió orden de prepararse á nuevas hos- 
» tilidades contra los españoles ; pero muchos oficiales , 
» poco convencidos de la justicia de esta guerra, devol- 
» vieron sus despachos y se retiraron. Juzgaban que la 
» voluntad de sus superiores no era suficiente para jus- 
» tificar una empresa que hollaba todo principio de 
» equidad, » 

Pero aunque tan vergonzosa para los ingleses la con- 
quista de Jamaica , no la completaron sin sangre ni tro- 
piezos. Algunos centenares de españoles acaudillados 
por Francisco Proenza y Cristóbal de Ysasi , quedaron 
disputándosela entre los montes y las asperezas , mien- 
tras muchas familias de colonos venían á refugiarse á Tri- 
nidad , á Santiago y á Bayamo con los hijos y la viuda 
del gobernador Arellano que tan hidalgamente había 
sabido perder la vida con aquel puesto ^\ 

Al saber de boca de los mismos prófugos el éxito de 
la expedición de Penn sobre Santiago de las Vegas, y los 
progresos de Doiley , sucesor de Venables, en la ocupa- 



3" Véanse las crónicas inglesas ex- por Montano, Bayona Villanueva y 

presadas en la nota anterior y las nu- los generales de las flotas. Toda esta 

morosas cartas escritas en esta época documentación original se halla en el 

al Rey por el virey de Mueva Kspaña, Arch. de Ind. de Sevilla. 



i 



DE LA ISLA DE CUBA. 127 

cion de una isla tan vecina , justamente alarmado Mon- 
tano, convocó eliO de setiembre á los capitulares y 
notables de la Habana , y les anunció que aquellos inva- 
sores con quince galeones , veinte barcos de piratas y 
tropas numerosas, después de dar remate á aque- 
lla conquista, emprenderían sin demora la de Cuba. 
Libró ^* al momento ochenta y cinco mil pesos sobre las 
cajas de Méjico , como subsidio extraordinario ; armó 
precipitadamente las milicias; abasteció los castillos; 
exigió que se dispusieran acopios de ganado y víveres 
en las haciendas comarcanas y que se aumentaran los 
sembrados de yuca , maiz y arroz , mientras que á su 
intimación acudian los hacendados con esclavos , made- 
ras y herramientas á los reductos y parapetos que hizo 
alzar por la costa é inmediaciones de la plaza. Llegó á 
imponer veinte ducados de multa y aun la pena de pér- 
dida de sus estancias , á los que en ellas no sembraran 
los granos y las raices prevenidas. 

Viendo que de la armadilla de Cuba ^^ no quedaba ya 
mas que una galeota en estado de servicio, expidió el 
gobernador algunas patentes de corso á Thomé Rodri- 
guez , á quien nombró capitán de la gente de mar en la 
costa del S. de la Habana , y amplió el mismo permiso 
á tres ó cuatro corsarios más que lo solicitaron. 

Pero la nube de Jamaica no descargó entonces sobre 
Cuba , y si aseguraron sus invasores su conquista , fué 
por la apatía y la falta de bien concertadas combinado- 



8' Véanse los libros de actas del en el puerto de la capital el antiguo 

ayuntamiento de la Habana y Tarias taller de construcción naval establecido 

cartas de Montano al Rey en el Arch. en 1618 por Perrera, y puesto después 

de Ind. de Sevilla. en actividad por Pérez de Oporto y 

32 Por este tiempo no funcionaba ya Dia? Pimienta, 



128 HISTORIA 

nes entre el virey de Méjico y los demás gobernadores 
de la América central. Iban ya á abandonar su presa los 
ingleses, temiéndose que vinieran á arrancársela, y diez- 
mados por el clima, por la escasez de subsistencias y 
por las escaramuzas continuas de Proenza é Ysasi, 
cuando lograron descubrir y sorprender en los montes 
donde estaban escondidos los ganados de los jamaiqui- 
nos ; y este auxilio y la vergüenza de volver á su país 
tan afrentados , les decidió á no desasirse de una presa 
que tan importante fué después para Inglaterra. 

Mucho más que con una adquisición tan fácil , echaba 
entonces Cromwell el cimiento á la futura supremacía 
marítima de la gran Bretaña con su célebre acta de na- 
vegación. Después de reservar con ella exclusivamente 
á los subditos ingleses el cabotaje , la pesca y el comer- 
cio de su metrópoli y colonias, permitia aquel célebre 
decreto que pudieran estas traficar con ella libremente 
sin mas trabas que el pago de racionales derechos de 
aranceles. Gigantesco salto de progreso era este en unos 
tiempos en que así en España como en Francia con res- 
pecto á los islotes que poseía, seguía oprimiendo al 
comercio ultramarino el ciego yugo de los monopolios 
y compañías privilegiadas. Bastaron breves años para 
que se engrandecieran maravillosamente los estableci- 
mientos ingleses del continente septentrional de América, 
entonces tan mezquinos; se convirtiera la desdeñada y 
áspera Barbada en una isla opulenta ; improvisaran los 
ingleses una marina mercante tan activa como pode- 
rosa , y finalmente para que dejara de ser español y 
empezara á ser inglés el mismo Atlántico. 

El establecimiento de los ingleses en Jamaica muy 
de cerca amenazaba á la seguridad de su vecina Cuba 



DE LA ISLA DE CUBA. 129 

tan poco poblada aun , y con una guarnición tan despro- 
porcionada á su extensión y tan disminuida con las pes- 
tes y el constante movimiento que exigian sus multi- 
plicadas atenciones. Montano y Bayona no perdieron 
tiempo en representar á Méjico y á España su urgencia 
de auxilios y refuerzos. Sin conseguir que se aumentara 
la mezquina dotación de los presidios , obtuvieron á lo 
menos reemplazar sus bajas en el resto de aquel año con 
trescientos infantes que envió el virey de Veracruz. 
También se pagaron los atrasos del situado con ochenta 
mil pesos que trajo de la misma plaza en julio el gene- 
ral de galeones marqués de Montealegre, además de 
sesenta mil que se consignaron á Bayona para acalorar 
la resistencia de los desamparados jamaiquinos. Milagro- 
samente arribó á la Habana Montealegre sin tropezar 
con Penn que, dejándose en Santiago de las Vegas las 
tropas de su expedición y retornando á Inglaterra con 
su escuadra , dobló el cabo de San Antonio un dia antes 
que aquel general, eH9 de julio, y cruzó por el hori- 
zonte de la Habana el 21 y 22 sin sospechar que iban 
á entrar en su puerto horas después los tesoros que ve- 
nían de Veracruz. 

Resolvió Montano emprender la grandiosa obra de 
las murallas de la Habana. Para costearla contaba úni- 
camente con la esperanza de los auxilios que le debian 
llegar de Méjico. Hasta recibirlos, con algunos arbi- 
trios que discurrió^ empezó á abrir los cimientos para el 
muro hacia la parte del sur de la ciudad, á orillas de la 
bahía , después de desmontar los arbolados que por allí 
alcanzaban hasta muy cerca de las casas. Pero ni aun 
para esos trabajos preliminares fué bastante el impuesto 
de medio real de plata por cada cuartillo de vino del 

HIST. DE CUBA. — TOMQ II. — 9 



150 HISTORIA 

consumo que habia establecido Villalba con un objeto 
análogo. En vano se esforzó en continuar una obra tan 
costosa ; no pudo conseguir á fuerza de gastos sino algu- 
nos acopios de piedra y de fagina, y preparar hornos de 
cal. En vez de ayudarle á tan urgente objeto, una junta 
de guerra ó de defensa de las Indias que se habia creado 
en Madrid le pidió informes sobre el plan de fortifica- 
ción que habia propuesto Xelder para Matanzas, punto á 
la sazón casi desierto. El gobernador, después de reco- 
nocer personalmente aquella bahía , se fijó mas en la 
necesidad de concretar todas las miras en amurallar á la 
capital , y reclamó con viva instancia que se le empeza- 
ran á remitir caudales para los trabajos. Insistía con 
afán en su proyecto cuando cayó enfermo en la semana 
santa de 1656, y sin resignar el mando en nadie, el 19 
de junio terminó la muerte sus dolencias. 

Inmediatamente se encargaron del gobierno político, 
el auditor Rangel , y del militar José de Aguirre , con 
animada oposición de otros oficiales y capitulares, aun- 
que habia sucedido con real título á García Montañés ^^ 
en la castellanía del Morro ; y por lo tanto le correspon- 
día sin cuestión racional el mando interino de las armas. 

Lisonjeábase Aguirre con que se aprobarían de una 
vez los proyectos de Montano y llegarían fondos para 
empezar á ejecutarlos , cuando recibió una cédula , or- 
denando que se suspendieran las obras empezadas , cri- 
ticando que se hubiera desmontado por Montano el bos- 
que llamado de Peña- pobre; y juzgando que podría 
servir de defensa una espesura susceptible de ser redu- 
cida á cenizas en momentos. Lo verdadero era que re- 

33 Véase su apunte biográfico, p. 383, tomo II, Dice. Geogr.j Ejíad,, Hist. d,e 
la Isla de Cuba ]^0T el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 151 

huia el gobierno ejecutar las obras , temiendo que su 
costo disminuyese sensiblemente los caudales de las flo- 
tas en medio de los apuros del Erario. 

Reforzados con cien hombres que de Cuba se le envia- 
ron por Aguirre y por Bayona y doscientos que recibió 
de Santo Domingo y Puerto-Rico, siguieron Proenza é 
Ysasi haciendo frente al invasor muchas veces con en- 
cuentros favorables , pero nunca con resultados decisi- 
vos y para la inferioridad de sus fuerzas imposibles. Dio 
sin embargo su resistencia uno muy ventajoso , el de 
permitir que salvaran los colonos en Cuba sus familias 
y la parte de sus caudales que podian llevarse. Defenso- 
res de aquel país conquistado, dos desconocidos labra- 
dores justificaron con sus hechos la confianza de aquellos 
colonos y merecieron la honra de que confirmara el Rey 
sus títulos. Con tan pobres medios , en salvar á la tri- 
pulación cuando la nave zozobraba , á la verdad no hi- 
cieron poco. 

Desde principios de 1 656 habia sido ascendido á capi- 
tán general de la provincia del Paraguay el gobernador 
de Santiago D. Pedro Bayona Villanueva , que respondía 
del completo recobro de Jamaica si se le confiaban si- 
quiera dos mil hombres. Mandó el gobierno que se 
pusieran estas fuerzas á sus órdenes ; pero el virey y los 
gobernadores que debían reunirías con sus respectivos 
contingentes , ni instrucciones siquiera recibieron para 
cumplir con aquella orden ; y Bayona se consumió de 
impaciencia muchos meses esperando los piquetes que 
debían llegarle de Cartagena , Campeche y Veracruz 
para formar su expedición. Reducidas sus esperanzas á 
un socorro que recibió de Cádiz de ciento cincuenta 
hombres que quedaron de guarnición fija eu Santiago, 



132 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

tuvo que renunciar á sus proyectos, y el Rey que deplo- 
rar la pérdida de aquella posesión tan importante. 

De los galeones de Montealegre que habían salido de 
la Habana para España el dia de año nuevo de 1656, 
varó lastimosamente al desembocar el canal en el paraje 
que llamaban de los Mimbres el que montaba el almi- 
rante D. Matías de Orellana, mientras seguían nave- 
gando los demás sin divisar sus señales con la niebla. 
El gobernador de Cartagena , el primero que supo esta 
desgracia, despachó con toda premura seis fragatas á 
cargo del capitán Juan Somovilla Tejada. La nave estaba 
cargada de riquezas. Habian conseguido sus esfuerzos 
recoger cuatrocientos setenta y cinco mil ciento cuarenta 
y seis pesos en barras finas y en alhajas , cuando sobre- 
vino una tormenta que le forzó á refugiarse en Puerto- 
Rico. Pero como distaba mucho la cantidad salvada de 
completar la perdida en aquel buque , por cédula de 1 8 
de enero de 16o7 se ordenó á Aguirre y á Bayona que 
auxiliaran á Somovilla con tres fragatas del tráfico de 
Cuba en los buceos que continuó allí felizmente aquel 
marino, extrayendo cerca de un millón del anegado casco. 

Rangel , hombre de justicia y orden, procuró enmen- 
dar abusos. Como el eclesiástico que desempeñaba la 
judicatura de Cruzada , por propia autoridad se hubiese 
ampliado á sí mismo su jurisdicción hasta entender en 
las causas de abintestados y mostrencos , cobrándose un 
tercio de los valores que representaban , dio Rangel 
cuenta á la audiencia de este exceso con testimonio de 
las sumas recaudadas con gran quebranto de la Real 
Hacienda; y el juez de cruzada, depuesto inmediata- 
mente de su encargo, en parte restituyó las sumas 
usurpadas. 



CAPÍTULO QUINTO. 

Gobierno de D. Juan de Salamanca. —llelajacion. —Muerte del obispo don 
Juan Montiel. — Estado eclesiástico. — Muere también el obispo Reina.— 
Cultivo del tabaco. — Vuelven los franceses á apoderarse de la Tortuga.— 
Nueva invasión de Santiago de Cuba. — Población de la isla.—- Breve gobierno 
de D. Rodrigo.de Flores.— 'El obispo Saenz de Mañosea. — Cuestiones entre 
Flores y varios funcionarios. —Vuelve Bayona al gobierno de Santiago. — 
Causa de D. Pedro Morales. — Refuerzos.— 'Gobierno de D. Francisco Dávil a 
Orejón. — Proyecto de murallas para la Habana. — Invasión de Sancti-Spi- 
ritus. — Reinado de Carlos II. — Horrores de los flibusteros. — Fortificacio- 
nes.— Asesinatos cometidos por el pirata Ñau.— -Invasión de Morgan en Puer- 
to-Principe.— «Excelentes providencias de Dávila. 

Comenzó á gobernar en 5 de marzo de i 658 el maes- 
tre de campo D. Juan de Salamanca \ caballero de Gala- 
trava , y continuó Rangel en la tenencia general y audi- 
toría, ocupado con la residencia del difunto Xelder, mas 
fecunda aun en incidentes que la de Yillalba. 

Poco civil, nada eclesiástica, toda militar era la histo- 
ria de aquel jefe , señalado capitán en Flandes , preso y 
herido de Rocroy , y puesto allí con frecuencia en pasos 
arduos por el mismo Cardenal-Infante y D. Francisco 
de Meló, su sucesor en el mando de los Países Bajos. Y 
desde su llegada á Cuba, sin embargo , le preocuparon 
menos los peligros que la licencia de costumbres y los 
vicios de sus moradores. Así lo confiesa el mismo Sala- 

• Véase su noticia biográfica , p. 393, lomo IV, Dice. Geogr. > Estad, i HisU de 
la Isla de Cuba por el Ai 



134 msTORíÁ 

manca en pliego de su puño de 1 .** de noviembre de 

aquel año y dirigido al Rey, con tan cabal caligrafía, 

que ni la del Torio y de otros consumados pendolistas la 

aventajan. 

La empresa de la reforma moral de la isla habíala 
acometido el canónigo de Calahorra D. Juan Manuel 
Montiel ^, hombre de vivir £^ uslero, que nombrado obispo 
de Cuba y llegado á la Habana por setiembre de 1657, 
cuando se preparaba á corregir escándalos generales en 
todos y más entre los eclesiásticos, murió en los dias últi- 
mos de aquel año , de una enfermedad violenta y breve 
que pasó por envenenamiento. 

«Reconociendo entonces,» escribió Salamanca^ al Rey 
á poco de llegar, « la relajación en que vivian estos natu- 
2> rales en todo género de cossa, se ha puesto el remedio 
» conueniente para que esta república imite en lo político 
» á la de los reinos de España ; y llegándose á obrar 
» pecados públicos y escandalossos , desterré á algunas 
j) mujeres amanzebadas con hombres cassados. Obligué 
» á los dueños de las negras y mulatas á que las tuvies- 
» sen dentro de sus cassas y no las diessen permission 
» para vivir fuera de ellas , ni irá los ingenios y corra- 
» les , que la daban con facilidad y gusto ; porque estas 
» esclavas daban ansí á sus amos jornales muy ventajo- 
» sos á los que ganaban en esta ciudad ; y para ganarlos 
)) era preciso que fuesse con ofensa de Dios , ansi por lo 
» que ellas obraban, como por lo que hurtaban los negros 
» á sus amos para dar satisfazion á estas mujeres. De- 



2 V. su apunte biográfico, págs. 102 Rey en I.** de noviembre de 1688, orí- 

y 103, Dice. Geogr. , Estad. , Hisl. de ¡a ginal en el Arch. de Ind. de Sevilla y 

Isla de Cuba por el A. copiada en la Colee, del A, 

' Véase la carta de Sal&mflncá al 



m LA ISLA DE CUBA. l5á 

» seando continuar el remedio , se encontró con muchas 
» que tenian amistad con eclesiásticos , y habiendo 
» intentado desterrar á algunas por su demasiada disso- 
» lucion , después de hauer preuenido á otras se abstu- 
)) viessen de amistades ilícitas ; fué preciso cessar en una 
1» obia que fuera tan del servicio de Dios ; porque se 
» empezaron á amotinar los eclesiásticos, hallando pa- 
» trocinio en su juez , tomando por pretexto que quería 
* introducirme en jurisdizion agena y no veneraba la 
» dignidad sacerdotal : ageno esto de la verdad , pues 
» bien se ve que yo procuraba el remedio , desterrando 
» á las mujeres sin tomar ni por escrito ni de palabra 
i> los nombres de los tales. Me paresció mejor resolución 
» aguardar al prelado que aventurar un motin en esta 
1» plaza. Suplico á V. M. se sirva mandarle que venga 
j» cuanto antes para que se ponga remedio á cossa tan 
í grave ; porque el obispo D. Juan de Montiel, cuando 
» llegó á tener noticia de estas cossas y á hacer la vis- 
» sita de sus subditos, murió con celeridad y, según dice 
i> el vulgo (que podrá ser que por otra vía haya llegado 
i> á noticia de V. M.), ayudado, como suele suceder en 
j) las Indias, etc. » 

Así como se puso de frente Salamanca con los vicios 
de los mas obligados á dar ejemplo de virtudes , tam- 
bién les atacó en sus intereses proponiendo al Rey , en 
carta déla misma fecha que la precedente, la erección de 
dos nuevas parroquias. No existían mas que las dos crea- 
das un siglo antes, cuando el gobernador D. Diego de 
Villalba,alver que no bastaban para el culto público con 
el aumento de la población , edificó en el barrio dicho 
entonces de Campeche , un nuevo templo llamado del 
Espíritu-Santo , el que con el mismo nombre subsiste 



136 HISTORIA 

hoy mejorado. Logró esta obra con limosnas de los par- 
ticulares y otros donativos, pero sin erigirse en parroquia 
independiente, solo se declaró tenencia de la parroquial 
mayor, es decir nueva localidad constituida para la 
administración de sacramentos como sucursal de su 
matriz y sin disminuir los derechos de su párroco. Pero 
no alcanzaba este remedio mas que á la capital. Vivian 
y aun morian sin auxilios religiosos muchos habitantes 
de los ingenios y estancias del territorio mismo de la 
Habana. Así se lo representó al Rey Salamanca, propo- 
niendo la erección de dos nuevas parroquias que podian 
dotarse desde luego con los mismos rendimientos de las 
demás, que ya pasaban de cuatro mil pesos. Indicó tam- 
bién la urgencia espiritual de crear otra por tierra 
adentro *; « porque,» anadia, «en mas de ciento veinte 
» leguas que hay desde aquí á Sancti-Spíritus , vive la 
I» gente que habita en los hatos y corrales en gran bar- 
» baridad , sin que haya en esa distancia una hermita ; 
» y por la cuaresma solamente se les envían unos cléri- 
» gos que confiessan á algunos para cobrar después de 
I' cada dueño de hato ó corral , dos pesos por cada 
)) español y uno por cada negro , con el título de limos- 
» na , á lo que yo llamara simonía. No sé si otros go- 
» bernadores han hecho esta representación á V. M. ; 
i> yo quedara con grande escrúpulo de no hacerla. » 

Logró poco Salamanca con demostrar desórdenes del 
clero cuando se favorecía lo mismo que á los mejores, á 
sus mas indignos individuos. El canónigo de Puebla, don 



* Ya era general en la isla entonces ginales de Salamanca al Rey en el 

llamar genéricamente tierra adejitro á Arch. de Ind. de Sevilla. Algunas, y 

todos los puntos, pueblos y haciendas esta entre ellas, se halla copiada en la 

de lo interior,— Véanse las cartas ori- Colee, del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. l57 

Pedro de Reina Maldonado % natural de Lima, que desde 
fines de abril de 1658 estaba elegido obispo para Cuba, 
no llegó á la Habana coa la flota de Ver acruz hasta agosto 
del año siguiente, ni vivió tampoco lo bastante para 
secundar los proyectos reformadores de aquel goberna- 
dor. Murió el 9 de octubre de 1 660 , sin que variasen 
las costumbres, ni se emprendieran nuevas fundaciones. 
El tabaco , descubierto por Colon en Cuba , apenas se 
apreció en Europa en el curso del siglo xvi mas que 
por sus virtudes medicinales. Esta rica planta, que los bo- 
tánicos llaman nicotiana, colocándola en la clase de pen- 
tandrya monogynia^ fué introducida en Francia en 1 560 
por Juan Nicot , cuando regresó de su embajada de 
Lisboa ; y del apellido de su introductor tomó el nom- 
bre científico. Propagáronla después en Inglaterra sir 
Walter Raleigh y varios navegantes en Holanda, trayén- 
dola de Virginia, territorio al norte de Florida, y de las 
costas del Brasil. Pero con justicia se prefería por mas 
lozana y de mayor aroma la que ya se cultivaba á prin- 
cipios del siglo XVII á orillas del Guanabo y Canasí , en 
la costa del norte, y del Arimao , del Caracucey y de\ 
Agabama, en la del sur de la isla de Cuba. No se previo 
ni aun mencionó siquiera tan preciosa especie en las 
disposiciones comerciales de Indias , hasta que en cédula 
de 20 de octubre de 1 61 4 , además de declarar libre 
su siembra , se ordenaba á los agricultores que enviasen 
registrado á la Contratación de Sevilla todo el tabaco 
que sobrara del consumo de la isla y de las provincias 
productoras. Ya vimos cómo en 1629 D. Lorenzo de Ca- 
brera habia enviado á Canarias un cargamento, que 

^ Véase su apunte biográflco, p. 342, tomo IV, Dice. Geogr., Estad. s Hút. 
de la Isla de Cuba por el A . 



138 HISTORIA 

hubo de ser allí bien apreciado, cuando ya por aquel 
tiempo le enviaron de retorno una expedición de ricos 
vinos, aunque no de doscientos mil pesos de valor, 
como le acumularon sus acusadores. El tabaco , sin ha- 
berse generalizado aun en todas partes, se usaba en 
polvo y se fumaba en muchos pueblos de América y de 
Europa. Sin acudir á los archivos, demuestran la verdad 
de este hecho hasta las mismas artes. Apenas hay cua- 
dro de costumbres de Théniers y otros célebres pintores 
de la Escuela flamenca en el siglo xvii , que no repre- 
sente entre sus figuras a algunos fumadores. Ya era el 
tabaco en Cuba un renglón del cual vivian muchas fami- 
lias, cultivándolo con poco espendio en las vegas ó ribe- 
ras de los ríos. La primera disposición publicada en la 
isla con referencia á tan útil ramo agrícola , pertenece á 
Salamanca, que en 1 5 de octubre de 1 659, y á petición 
del ayuntamiento de Trinidad, permitió que se extendie- 
ran las siembras por las vegas incultas que no se desti- 
naran á otra clase de labranzas por los usufructuarios 
de las mercedes de tierra donde radicaban ; y mandó que 
les pagaran al año los vegueros una corta renta con 
acuerdo estimativo de unos y otros. 

Deseando aplicar Felipe IV los recursos que le que- 
daban de hombres y dinero á la sujeción de Portugal, 
esforzóse en ajustar honrosa paz con sus demás contra- 
rios. Consiguió celebrarla por noviembre de 1659 en el 
célebre tratado de los Pirineos con el mas poderoso de 
sus enemigos, con el joven rey de Francia Luis XIV, que 
casó entonces con su hija la infanta doña María Teresa. 
Mas no logró por eso que cumpliese su yerno con lealtad 
algunos compromisos de aquel pacto. 

Al mismo tiempo que se aliaba al rey de España con 



DE LA ISLA DE CUfeA. 159 

los lazos de la amistad y el parestesco , uno de sus sub- 
ditos, llamado Du-Rausset,salia de Francia con nombra- 
miento y comisión de aquel monarca para reconquistar 
y gobernar á la Tortuga ^. Desembarcó antes en la costa 
septentrional de Santo Domingo, donde en mayor nú- 
mero y con recursos superiores á los que años atrás 
allí tuvieron, se hablan vuelto á establecer los bucane- 
ros. En aquel litoral organizó Du-Rausset un cuerpo" de 
seiscientos hombres escogidos ; y para no alarmar á la 
corta guarnición de la Tortuga , lomó la precaución de 
desembarcar su tropa en lanchas por entre las breñas 
de la escarpada costa de aquella isla. La condujo por la 
noche silenciosamente á la eminencia que dominaba á 
aquella cindadela , solo custodiada por unos cien infan- 
tes descuidados, inclusos los que, por no estar de servi- 
cio, pernoctaban en el pueblecillo de Cayona. Du-Raus- 
set sorprendió sin tirar un tiro á la batería avanzada 
de la fortaleza y dormidos con toda confianza á los 
que la guardaban. Luego sus pocos defensores, des- 
pués de matarle alguna gente, tuvieron que ceder á sus 
intimaciones. Tres oficiales y setenta y seis hombres 
fueron dirigidos á Baracoa en los barcos de Du-Rausset 
por la primavera de 1 660 con arreglo á la capitulación 



^ Véase pág. 28, lib. vii, tomo II de Luis XIV lo hizo encerrar en la Bastí- 

la Histoire de Saint-Domingue por el Ha. Aquella conquista de la Tortuga 

P. Fr. de Cbarlevoix. Este Du-Rausset por Rousset tuvo lugar en 1660. Des- 

ó Du-Raussey , natural de Perigueux, pues le sucedieron en el mando de aque- 

y que se titulaba señor de Moussac y lia isla, y siempre con nombramiento 

de Rausset, no pudo sobreponerse en del rey de Francia, su sobrino Laplace 

la Tortuga á las competencias y exci- y el caballero Bertrán de Ogeron , que 

sienes entre los ingleses , franceses y fué el Terdadero organizador de aquc- 

holandeses, de que se componia late- Ha colonia de bandidos y el fundador 

mible hueste con que la conquistó por también de varios pueblos de la costa 

sorpresa. Volvióse á Francia, en donde francesa de Santo Domingo. 



140 HISTORIA 

que habían pactado, y luego se trasladaron de allí á Santo 
Domingo. No tardó la Tortuga en convertirse otra vez 
en una poderosa colonia de bandidos ; y á su sombra 
los bucaneros , llamados también « Hermanos de la cos- 
ta , » fueron improvisando pueblos y plantíos por todo el 
litoral de la Española en tierras y con daño de sus pro- 
pietarios, por mas que fuesen subditos der suegro y del 
aliado del que llamaban su Rey ellos. Mientras Luis XIV 
se desentendía de las reclamaciones de Felipe IV con no 
reconocer á los bucaneros por vasallos suyos , echaban 
allí rápidamente los cimientos de la colonia mejor que 
poseyó la Francia. Así fueron naciendo Puerto-Paz, San 
Nicolás, el Guarico, Gonaive, Petít-Grave, San Marcos y 
otros pueblos en terrenos que la escasez de brazos de los 
españoles no les permitía colonizar, porque tenían en el 
Nuevo Mundo mayor extensión colonial que las demás 
naciones juntas. 

Poco antes que los bucaneros reconquistaran la 
Tortuga , había sucedido en el gobierno de Santiago 
de Cuba el capitán D. Pedro de Morales á Bayona Vi- 
llanueva. Desde que hubo de desistirse de la de Ja- 
maica por falta de fuerzas disponibles en las posesiones 
españolas, y la forzosa retirada de Proenza casi ciego, 
se desanimó su compañero Ysasi, y se vio aquel territo- 
rio mas que nunca amenazado y circuido de enemigos. 
Uno de los jefes de la expedición conquistadora de Ja- 
maica , créese que Doiley, su primer gobernador inglés 
después de Penn , aunque su nombre no aparece en nin- 
gún texto, con diez y ocho velas y novecientos hom- 
bres bien armados desembarcó en la embocadura del 
riachuelo de Aguadores al anochecer del i 8 de octubre 
de 1662. Proyectaba apoderarse de los azúcares y co- 



DE LA ISLA DE CUBA. 141 

bres que hubiese en Santiago y saquear la población. No 
eran flibusteros aquellos , sino ingleses aguerridos y li- 
cenciados después de dominada aquella Antilla. De su 
desembarco recibió aviso Morales en las primeras horas 
de la noche. Aunque con pocas fuerzas, al abrigo de un 
fuerte con alguna artillería , bien pudo prepararse para 
una lucha defensiva, recordando el reciente y prove- 
choso ejemplo de Peñalva en la Española contra otra in- 
vasión mas imponente. Contaba con doscientos soldados 
de la guarnición y armamento pasadero para otros tan- 
tos vecinos y emigrados de Jamaica. Aquella misma no- 
che se apresuraron las familias á ponerse en salvo , es- 
condiendo ó llevándose las cosas de mas valor á las ha- 
ciendas comarcanas. Pero, por mucho que apretase el 
lance , no cabia allí partido mas atropellado ni funesto 
que el que tomó Morales , fiado en bravatas del paisa- 
naje y de los emigrados, fatuos destellos de patriotismo 
que solo sabe aprovechar para los riesgos la acertada 
dirección de un buen caudillo. Alejándose de su apoyo 
natural, del castillejo, con mas temeridad que prudencia 
se dirigió el gobernador al amanecer del 19 con ciento 
setenta soldados y pocos mas paisanos á esperar á los in- 
gleses que habian acampado aquella noche en el raso 
llamado las Lagunas. 

Triples estos en número y bien armados con petos y 
mosquetes, al divisar aquella flaca hueste, la acometieron 
con tal resolución, que aquellos naturales, ya en armas 
y condición tan inferiores, no se atrevieron á esperar 
el choque. Dispersáronse desordenadamente en varias 
direcciones después de disparar una descarga, y la in- 
significante guarnición del Morro, compuesta de un al- 
férez y treinta hombres, espectadores del desastre, se 



142 HISTORIA 

apresuró á evacuar el puesto. Al medio dia penetraron 
los ingleses en Santiago sin oposición , apoderándose de 
lo poco que no se pudieron llevar sus moradores. Tarde 
procuró enmendar su yerro Morales que , aunque en- 
fermo de la vista, se esforzó en reunir dispersos, situán- 
dose los dias siguientes por el Caney y Sierra Maestra, 
hacia donde acudieron las familias prófugas, mientras 
los invasores irritados , por no hallar en el pueblo ni el 
arca de la Hacienda, que con veinte y cinco mil pesos se 
habia salvado á tiempo , ni otro botin que algún azúcar, 
todo lo entregaron á las llamas , empleando buena parte 
de su pólvora en volar el castillo del Morro ó de San 
Pedro de la Roca. La catedral , á duras penas reedifi- 
cada por el obispo Cabezas y sus sucesores , el domilicio 
de los gobernadores, construido por Osuna, el hospi- 
tal, lodo fué destruido por su saña. Sirvió de blanco un 
mes entero á la furia de los hombres aquel pueblo, 
víctima por otra parte antes y luego de la ingrata natu- 
raleza de su suelo. 

En mala situación sorprendió "^ á Salamanca la noticia 
de la desgracia de Santiago , entrado ya noviembre. Su- 
fría la Habana gran 'escasez de víveres ultramarinos y 
de harinas sobre todo; era el preciso tiempo de las 
siembras ; los milicianos andaban con ellas por los cam- 
pos, y no habia aun aquel gobernador convalecido de 
una enfermedad reciente. Sin embargo no omitió dispo- 
sición ni medio para abastecer las fortalezas. Hizo que 
el ayuntamiento enviara á Veracruz dos comisionados 
solicitando que en cualquier época del año pudieran ve- 
nir cargamentos de harina y otros víveres para aquella 

' El 2 de noviembre llegó á la Habana esta mala noticia , comunicada por 
el teniente á guerra de Bayamo, 



DE LA ISLA DE CUBA. 143 

plaza. Convocó á los milicianos que todo lo dejaron por 
acudir á su llamamiento presurosos ; les repartió algunos 
arcabuces y hasta mil armas de fuego; y formando un 
cuerpo expedicionario con quinientos de ellos y doscientos 
soldados del presidio salió acaudillándolo en socorro de 
Santiago, precisamente el mismo dia que los ingleses la 
evacuaban, el 15 de noviembre. Después de marchas pe- 
nosísimas supo en Trinidad el reembarque de los ene- 
migos, y retrocedió Salamanca con su gente hacia la Ha- 
bana, en donde por su ausencia habian quedado gober- 
nando lo militar el castellano del Morro, y la político el 
licenciado D. Nicolás Muñoz, que habia reemplazado á 
Rangel tres años antes en la asesoría ó tenencia general. 
Poco fruto sacaron los ingleses de sus destrozos y 
horrores en Santiago. Se redujo su botin á algún azú- 
car, algunos esclavos sorprendidos, las campanas de las 
iglesias y la poca artillería del Morro. El hambre les 
obligó á evacuar la población y reembarcarse. Aunque 
desobedecido por los regidores y vecinos principales, 
Morales con su poca tropa , los emigrados de Jamaica y 
algunos voluntarios de Baya mo apostó en la entrada de 
la hahía y surgideros aledaños algunas partidas que es- 
torbaron la introducción de víveres á los invasores y 
hostilizaron sin cesar á sus destacamentos. Un grito de 
furor se alzó contra él por los capitulares y pobladores 
de Santiago á la vista de sus hogares derruidos ó incen- 
diados. Acumulaban á la temeridad é impericia de su 
gobernador lo que también fué efecto de la indisciplina 
ó cobardía de los gobernados. Hasta la tropa propendió 
á la sedición , falta de prest y dispuesta á amotinarse 
por su sargento mayor D. Francisco Fernandez de Ve- 
lasco, cuando Morales, hombre de resolución y receloso 



144 HISTORIA 

de que intentaran deponerle, aprisionó á este oficial 
personalmente , al tesorero Francisco López , á los dos 
hermanos regidores Pedro y Agustin Ramos , al deposi- 
tario general Pedro de Fromista y á otros alborotadores. 
Pero como ni localidad para cárcel habia quedado allí 
siquiera, todos los presos se fugaron, cuando, compro- 
bado su delito de sedición , iba ya á sentenciárseles á 
muerte. 

La invasión de Santiago sirvió de algún estímulo al 
virey de Méjico para cumplir lo prevenido en muchas 
órdenes del Rey enviando caudales á la Habana para 
que se alzasen sus murallas y se librara de insultos como 
aquel, tan importante puerto. Ofreció en efecto remitir- 
los, y se prevenía ya Salamanca á comenzarlas , cuando 
cumplido su tiempo de gobierno, recibió en mayóla 
nueva de que su sucesor se hallaba en Cartagena de In- 
dias, disponiéndose á venir con los galeones, y le reservó 
la iniciativa de la empresa. 

En medio de los sobresaltos y desastres que la pérdida 
de Jamaica atrajo á Cuba, hizo á esta isla el beneficio de 
aumentar su población con brazos útiles. Pasaba de 
treinta mil habitantes por entonces, habiendo también 
conseguido Salamanca que un navio del asiento de ne- 
gros que á principios de setiembre de 1 662 se refugió en 
la capital sin víveres y lleno de averías, vendiera á un 
precio racional á los vecinos un cargamento de tres- 
cientos. 

El maestre de campo D. Rodrigo de Flores Aldana S 
caballero deAlcántara, que , según el tenor de su nom- 
bramiento de 1 2 de setiembre de i 66'2> , habia servido 

^ Véase su apunte biográfico, p. 37í , tomo II, Dice. Gcogr., Estad., Hisl. de 
la Isla de Cuba por el A. 



DJE LA ISLA DE CUBA. 145 

con señalado valor y estimación, relevó á Salamanca 
en la capitanía general de Cuba el 15 de junio del año 
siguiente. 

D. Luis Coronado reemplazó entonces también como 
auditor al licenciado Muñoz Gadea, encargado de formar 
causa á Morales por su conducta en el calamitoso lance 
de Santiago, aunque tuvo que tardar mucho en empren- 
der su diligencias. Traia el nuevo auditor otro cargo 
mas odioso, el de pesquisar criminalmente, por sus ma- 
nejos durante el mando de Salamanca, al contador don 
Antonio de la Vega y Noroña y al tesorero Juan Beni- 
tez, ambos acusados al Rey por el fiscal del Consejo de 
Indias, D. Gil de Castejon, como interesados y encubri- 
dores de entradas clandestinas de cargamentos extran- 
jeros. En la misma acusación fueron envueltos los capi- 
tanes de las naves y cuantos habian tomado parte en la 
compra de las mercaderías. La Habana, que apenas res- 
piraba de esa clase de trastornos en las residencias de 
Villalba, Xelder y los anteriores contadores, otra vez sir- 
vió con esta nueva causa de mísero teatro á denuncias, 
prisiones, costas y querellas. Todo era escribir, todo de- 
claraciones y apercibimientos, padeciendo los inocentes 
las mismas ó mayores angustias que los criminales. 

Después de tres años de vacante, también llegó á ha- 
cerse cargo de su diócesis en 6 de agosto el nuevo 
obispo D. Juan Saenz de Mañosea % mejicano de purí- 
simas costumbres y bellos precedentes, pero sin firmeza 
para hacer imitar su buen ejemplo. Después de emplear 
algunos meses en el arreglo de algunos pleitos y cuestio- 
nes del clero de la capital , se trasladó á Bayamo. Los 

^ Véase su noticia biográfica en las págs. 607 y 608 del Dice. Geogr.y Estad., 
Hist. de la Isla de Cuba por el A. 

HIST. DE CUBA. -TOMO II. 10 



146 HISTORIA 

canónigos, refugiados en aquella ciudad desde la inva- 
sión é incendio de Santiago, rehusaban regresar á su 
desamparada y destruida Catedral ; y queria el Prelado 
levantar sus ruinas y agrupar á su alrededor á los sa- 
cerdotes mas llamados á asociarse con él para tan santo 
empeño. 

La obra de las murallas , el objeto preferente y esen- 
cial , continuaba sin emprenderse seriamente: eludía el 
virey, con pretexto de otras urgencias y de la fortifica- 
ción de Veracruz, el cumplimiento de sus promesas an- 
teriores. Flores, que solo por acudir á una tarea tan im- 
portante, había renunciado á otro mando mas ventajoso 
en Tíerrafirme, enardecíase de impaciencia al ver que 
iban á inutilizarse ó á perderse los grandes acopios de 
cal, piedra y madera que Salamanca y él habían re- 
unido y continuaban aumentándose. Y entre tanto apenas 
se hablaba mas que de las presas y ventajas de los in- 
gleses y corsarios en el mar de las Antillas, conse- 
guidas mucho menos con su audacia que por descuidos 
de los capitanes y marinos mercantes españoles. Con in- 
flexible rigor procedió aquel gobernador contra algunos 
rescatados que se habían dejado tomar sus cargas sin 
hacer defensa, y á todos los envió presos á Sevilla con 
los autos. 

Entretanto, el capitán Diego de Arana, caballero de 
Santiago, que á fines de agosto de 1663 se encargó de 
la contaduría de rentas en reemplazo del depuesto Vega, 
dirigió al Rey contra Flores Aldana graves y sentidas 
quejas. Acusóle de haberle forzado á distraer de las 
cajas cuarenta y cuatro mil pesos, destinados á otras 
.atenciones para dar siete pagas más á la guarnición, que 
en el anterior agosto había recibido trece juntas á 



BE LA ISLA DE CUBA. 147 

cuenta de las atrasadas. Representó que no habia sido 
su interés por el soldado la causa de pagos tan violen- 
tos, sino el de que la tropa toda se surtiera de una 
tienda de ropas que era suya y uno de sus protegidos 
despachaba. Tal era el temor del tal Arana á los ímpe- 
tus de Flores, de temple parecido al de su antiguo an- 
tecesor Cabrera, que no se atrevió á enviar su memorial 
por los buques de la flota cuya correspondencia solia ser 
registrada, y lo dirigió en un bergantín que sin tocar en 
la Habana mojaba en Matanzas, y partió en el siguiente 
enero para España. Pero Flores, que ya estaba destinado 
de capitán general á Yucatán, se justificó luego sin difi- 
cultad y salió de este incidente sin tropiezo. 

Seguia entretanto en el gobierno de Santiago D. Pe- 
dro de Morales entre amarguras é inquietudes, sin que 
al licenciado Muñoz Gadea le hubiesen aun permitido sus 
achaques comenzar su residencia. Hasta el i 9 de 
marzo , no salió de Cádiz el que debia venir á suce- 
derle y restituir en aquel territorio algún sosiego. Era 
el mismo D. Pedro Bayona Villanueva , promovido ya 
á maestre de campo , que venia en el galeón Santa Ana 
y otros dos bajeles con un nuevo capitán general y tres- 
cientos hombres de refuerzo. Pero los vendavales con- 
trariaron su navegación hacia Canarias, y un mes de cal- 
mas en el golfo le forzó á arribar á Santo Domingo á 
tomar agua después de haber perdido dos oficiales y 
once de su tropa. En junio así que saltó en tierra apri- 
sionó á Morales ^^ con arreglo á las órdenes que traia. 

*° Entre otras cosas, al dar cuenta »de Morales; y le tengo assegurado 

Bayona al Rey de su llegada en 8 » hasta que llegue su juez de residen- 

del mismo mes, escribió lo siguiente: » cia.» Véase la original en el Arch. de, 

" luego que salté en tierra prendí Ind. de Sevilla. 

» la persona del gobernador D. Pedro 



148 HISTORIA 

No solo seguían aun allí sin repararse los destrozos 
de los invasores, sino que la tropa estaba sin pagar, no 
se cubrian las cargas públicas, los vecinos pudientes 
andaban huidos , y todo lo demás en deplorable estado. 
En los seis años que habia durado el gobierno de Mora- 
les, solo se habían remitido á Santiago de Cuba cien mil 
pesos ; y forzosamente mitigó después tan pura excusa los 
cargos que se le acumularon en la causa. Pocos años des- 
pués murió en Madrid del todo ciego. Con otros cien mil 
pesos que se le enviaron de la Habana , logró Bayona 
licenciar á los cumplidos, reorganizar la nueva guarni- 
ción en tres compañías de á cien plazas cada una, y pre- 
pararse á las nuevas obras de defensa que por sus indi- 
caciones y sus planes hablan sido aprobadas en la corte. 
Allí fué recibido por D. Juan Saenz de Mañosea, que 
presuroso de acudir á Santiago á reparar los desastres 
de su iglesia , ayudó á restituir algún orden á las cosas. 

Habia salido de Cádiz con Bayona y otros trescientos 
hombres de refuerzo para el presidio de la Habana el 
maestre de campo D. Francisco Dávila Orejón y Gas- 
tón", el año antes nombrado sucesor de Flores, al sa- 

" véase su biografía, pág. 240, capítulos lo termina Dávila con las si- 
tomo I[, Dice. Geogr.s Estad., lUst. de guíenles exclamaciones, dando á co- 
lalsla de Cuba por el A. —En una de nocer con ellas su predilección por la 
las dos obras que dejó escritas este ex- capital de Cuba : «¡Oh Habana! ¡Puer- 
celente militar y funcionario, y que se »to ilustre ! Seguro reposo de los ma- 
hallan en la Bibi. Nac. de Madrid, apa- » yores tesoros que ha visto el universo, 
recen cuatro capítulos con los títulos «¿quién te pudiera dar á conocer....? 
siguientes: Descripción de la llábana y »Te considero en tu propia instancia, 
de la Isla de Cuba^ y Consecuencias, » que , aunque no eres ignota, yo te he 
cuyo último epígrafe sirve para tres, «tenido por buena suerte debajo de mi 
Tanto por la exactitud de sus deflnicio- «cargo, medante el desvelo que me 
nes y noticias, como por la claridad de » cuestas. No solo conozco lo que eres, 
su lenguaje, los hicimos copiar para » pero también lo mucho que intrínse- 
nuestra Colee. Kl último de aquellos » camente vales. Contémplete el fiel de 



^ DE LA ISLA DE CUBA. 149 

berse su renuncia. Una comunicación que dirigió al 
ayuntamiento de aquella capital desde Santiago y sus 
honrosos precedentes le prepararon buena entrada en 
ella, relevando á aquel jefe en 30 de julio de 1664. 

Por los mismos dias también llegó la flota y se reci- 
bieron de Veracruz los situados para la isla. Permitió 
este auxilio que con el refuerzo de gente desde luego 
se ocupara Dávila en licenciar ó reenganchar á los cum- 
plidos y reorganizar la guarnición en siete compañías de 
á cien hombres cada una , cubriendo las vacantes de ca- 
pitanes y oficiales con los que venian acompañándole. 

Animado por una cédula de 3 de diciembre de 1663, 
ordenando que se fabricaran las murallas , esforzóse 
también sin perder tiempo en principiar una obra tan 
urgente, y continuó acopiando materiales. Pero ignoraba 
aun los tropiezos que en ella le esperaban. A instancias 
de su antecesor Salamanca, muy celoso en promoverla, 
el virey habia enviado á la Habana en abril de 1 662 á 
D. Marcos Lucio, ingeniero acreditado en Nueva Espa- 
ña, para que, examinando la situación y estado de la 
plaza, acordase con el gobernador el primer plan de la 
obra. Lucio ponderó la exorbitancia de los gastos que la 
muralla acarrearla , y solo se fijaron ambos en ampliar 
las fortalezas, levantar algunos parapetos y construir 
en la caleta de San Lázaro, á distancia de un tiro de 
arcabuz de la Punta , un fortín ó castillejo como los de 
la Chorrera y de Cojimar. No satisfacía este pensamiento 



»dos riquísimos reinos, balanzas que » pueden hacerte padezer, pero no va- 

«remiten el precio que contienen » 1er menos ; pues siempre su gravedad 

«para ofrecerlo á su legitimo dueño. »assegurará poder y riquezas al que le 

»Las alteraciones á que estás sujeta «poseyere.... ,» etc. 
»con la diulur-nidad de los tiempos.. . 



150 tílStORIA 

á un vecindario ya anhelante, después de tantos sustos, 
de dormir al abrigo de murallas. Creyó Dávila que los 
escrúpulos del ingeniero se disiparian ofreciéndole para 
la obra un auxilio de noventa mil pesos. Propúsole redu- 
cir el plan á ceñir de baluartes y cortinas el perímetro 
del pueblo , que no ocupaba entonces mas espacio que 
el comprendido entre las calles que hoy se llaman de 
Gompostela, Luz y el Empedrado. Pero aun con esta 
reducción le pareció á Lucio aquella suma muy insufi- 
ciente. Calculaba que en toda la población , ni en toda 
la isla, habría elementos para fábrica tan vasta y dis- 
pendiosa, persuadiendo después al virey que ni el mismo 
Guanajuato bastaria á costearla con sus ricas minas. 

Tanto Lucio como el marqués de Mancera *'\ que des- 
empeñaba entonces aquel cargo, dirigieron representa- 
ciones á Madrid para que se desistiera de un proyecto 
que suponían ruinoso ó impracticable. Pero en sentido 
contrario demostró á la corte Dávila , con mas sóli- 
das razones y gran práctica en obras militares, que no 
seria tan arduo ni tan caro proteger con aquel reparo 
indispensable á una plaza ya reconocida como antemu- 
ral y llave de las Indias , y como depósito forzoso de las 
riquezas que salían de todas ellas. Explicó también que 

*2 D. Antonio Sebastian de Toledo, esa superior gradugicion militar cuando 

marqués de Mancera, grande de Espa- se organizaron las tropas españolas bajo 

ña, ocupaba entonces aquel cargo, y el mismo pié que las francesas á prin- 

despues fué muchos años virey del Pe- cipios del reinado del Felipe V. Du- 

rú. Este personaje, que yivió ciento rante las vicisitudes de la guerra de 

once años, y que, según la* Memorias sucesión, cuando entró en Madrid el 

del duque de San Simón , no podia reci- archiduque de Austria, no pudo conse- 

bir ningún alimento que contuviese ha- guir que le reconociese como soberano 

riña de trigo, luego desempeñó siempre el marqués de Mancera , á quien su ex- 

en España los principales empleos del tremada ancianidad no habia permitido 

Estado, siendo de los primeros capita- ausentarse de la corte con los demás 

nes generales de ejército que recibieron dignatarios de aquel monarca. 



m LA ISLA Dé cuba. 151 

CQ breves años bastada para la realización de tan útil 
pensamiento una consignación anual de cien mil pe- 
sos , donde sobraban materiales , voluntad y brazos. El 
mismo se prestaba á dirigir y concluir todas las obras; 
y, confiando mas en la eficacia de sus mensajeros que 
en la de cartas que quizá no serian leidas , envió al ca- 
pitán D. Ambrosio Gálica á exponer sus razones al 
virey, y despachó á Madrid con su correspondencia al 
capitán Daniel Rivera. Por desdicha, la urca Margarita 
en que salió este oficial con sus papeles, fué apresada ya 
en las aguas de Cádiz por los piratas argelinos, y toda su 
tripulación hecha cautiva. 

Tanto mas urgia que se resolviese una cuestión de tan 
alto interés para la tranquilidad y el porvenir de un 
pueblo entero, cuanto que la situación del pais se iba 
haciendo mas difícil* y azarosa , la de sus autoridades 
mas comprometida y mas amarga. Poco importaba que 
en Europa tuviera España paces con Francia é Inglater- 
ra , si la seguían hostilizando ambas potencias en Amé- 
rica , ya dueñas absolutas de Jamaica , de Barbada , de 
la parte occidental de la Española , de todas las demás 
Antillas, menos Cuba y Puerto-Rico, en fin de toda la 
costa del continente septentrional que se extiende desde 
el cabo de Florida al polo. La Francia , que aun se de- 
cía amiga , á las apremiantes reclamaciones del ministro 
D. Luis de Haro por los atentados de sus corsarios y fli- 
busteros sobre las tripulaciones y buques mercantes es- 
pañoles, contestaba imperturbable : que obraban sin co- 
nocimiento ni intervención de su gobierno, y que S. M, 
Católica era dueña de castigarlos con sus fuerzas. Y 
mientras tanto, una compañía privilegiada , con autori- 
zación del mismo Luis XIV, ademas de activar la coló- 



152 HISTORIA 

nizacion y el tráfico en las islas y países ocupados , to- 
maba á los mas de aquellos mismos corsarios y flibus- 
teros á su sueldo ^^ . 

El segundo dia de Pascua de Natividad de 1665 cele- 
braban en paz la fiesta los vecinos de Sancti-Spíritus 
cuando supieron que venian sobre ellos mas de tres- 
cientos flibusteros que el francés Pedro Legrand acaudi- 
llaba. Habian penetrado doce leguas tierra adentro sin 
haber en la costa un vijía que lo avisara. Los inva- 
sores les quemaron, dice Dávila, <f treinta y tres ca- 
» sas con todas las demás hostilidades y sacrilegios de 
j» semejantes accidentes; y aunque desde que llegué á 
« esta ciudad tenia muy preuenido al teniente y vecinos 
» de aquellos lugares que nunca dejassen los puertos y 
9 entradas de la tierra sin vijías; y tuviessen sus armas 
» con la misma prevención que si. hubiera declarada 
» guerra, paresze por las circunstancias del subceso que 
i> lo omitieron. Passaron los enemigos doce leguas tierra 
M adentro y en su retirada ocho sin que les costasse una 
» gota de sangre, habiéndose ocupado un dia natural 
» en el saqueo , y teniendo aquella población mas de dos- 
» cientos cincuenta hombres de armas y muchos escla- 
» vos capaces de llevarlas. Parece que Dios, por justos 
» juicios , les cegó el entendimiento y la razón para que 
» olvidados de su obligación y del amor á su patria , la 
)) desamparassen y se refugiassen como alarbes á los mon- 
))tes, sin hacer ninguna demostración para su crédito. 
«Señor, es grandísimo desconsuelo saber que en Eu- 
» ropa tenga V. M. assentadas paces con los príncipes del 
» Norte ; y que en América anden ejecutando por mar y 

'3 Carta de Dávila al Rey en 30 de del A. de la original en el Arch. de 
enero de 1666, copiada en la Colee Ind. de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. 1S5 

D tierra estas hostilidades , sirviéndose de los pretextos 
» que mas favorecen á sus intentos sin ninguna justifica- 
)) cion ; pues por parte de los vasallos de V. M. se cum- 
2> pie en todo con los tratados de paz, sujetándoles la 
)) obediencia á no excederse en cosa alguna. » Pocas 
mas que las casas incendiadas contaba Sancti-Spíritus; y 
la que no fué pasto de las llamas fué saqueada. Dávila, 
en medio de la penuria que volvió á ocasionar el re- 
traso del situado, les envió algunos peones y socorros; y 
el obispo Saenz de Mañosea se esforzó en atender á los 
reparos de una iglesia que su antecesor D. Nicolás de 
la Torre habia fabricado allí con sus limosnas. 

Después de medio siglo de reinado habia muerto Fe- 
lipe IV el17 de setiembre de 1665, dejando una corona 
harto pesada para las sienes de un enfermizo infante de 
cuatro años, vastago postrero de una espirante dinastía. 
Habia recibido un imperio aun opulento y poderoso ; y 
lo dejaba disminuido y trastornado, sin erario, sin sol- 
dados, sin marina. Cómo andarían entonces las comu- 
nicaciones de un continente á otro, con los mares plaga- 
dos de corsarios y armamentos extranjeros, se explica 
con decir que pasaron siete meses antes de recibir Dávila 
la noticia oficial de una novedad tan importante. El 9 de 
mayo hizo proclamar en la Habana al nuevo rey Car- 
los II con toda la .solemnidad que permitió en aquellos 
días la venida de un situado de los ordinarios , único 
fruto conseguido en Méjico por las pretensiones de Gáli- 
ca. El pueblo, acongojado por pérdidas y lástimas dia- 
rias, estaba mas dispuesto al luto que á las galas. En la 
parada de aquel día ^* se presentaron , sin embargo , en 

** Véanse en los libros de actas del cuadernos de su antigua escribanía de 
ayuntamiento de la Habana y en los gobierno Tarias noticias de esta fiesta. 



1S4 HISTORIA 

la plaza de armas, la que se llama hoy de San Francisco, 
dos compañías de milicianos de á caballo, cuatro de in- 
fantería veterana y otras cuatro de pardos y morenos li- 
bres, mandadas todas por el sargento mayor D. Geróni- 
mo Luque Salazar. 

Desde que empezaron los flibusteros^^ á contar con 
resguardos tan seguros como la Tortuga , la parte occi- 
dental de Santo Domingo, la Barbada y Jatnaica, en 
donde los ingleses les protegían abiertamente , no eran 
ya partidas aisladas de piratas, k medida que la marina 
de guerra española desaparecía, sin cesar se les iban 
afiliando turbas de ingleses, holandeses y franceses 
atraídos por la soltura, la independencia y el pillaje. 
Para adquirir mas fortaleza comprendieron la necesidad 
de concertarse y de adherirse unos á otros , creciendo 
su poder con sus necesidades y sus aspiraciones. Exi- 
gieron entonces á la tierra, y no solo en las islas, sino 
en el litoral del mismo continente , el botín que ya en 
el mar no les bastaba. Campeche, Tabasco , Honduras, 
Nicaragua, Nueva Granada, Costa-Rica, Santa Catalina, 
Santa Marta, la Guaira, Cumaná y toda la costa de Car- 



*s Véanse Histoire des Aveniuriers nosos por el esclarecimiento de la ver- 

Flibustiers qui se sont sígnales dans les dad, fantasean á su albedrío las narra- 

Indes , par A. 0. OExmeling. (2 vol. clones y detalles de los hechos, inven- 

^Paris, 1699 ). — //isíoíre des Coló- tando á veces algunos. También con- 

nies Européennes , traduitede Tangíais tienen curiosas referencias de aquellos 

de W . Bvück.— Histoire des Flibustiers famosos bandidos del Océano estas otras 

par J. W. á'Xrcheñhollz. — Uerveys's dos obras , aunque con los mismos erro* 

Naval History of Great Britain. (Lon- res que las precedentes: 

don , 1781 ). —Kennet's Compleat His- Uves and voyages of Drake^ Caven- 

tory of England. ( London , 1706). dish and Dampierre .- including view of 

Aunque estas sean las principales the History of Buccaneers (Edinburgh). 

obras extranjeras concernientes á los Histoire des pirales et corsaires de 

flibusteros, hay que consultarlas con l'Océan et de la Mediterranée , par P. 

reserva ; porque sus autores, nada afa- Christian. (París , 1833). 



I 



m LA ISLA DE CUBA. l8S 

tagena, ademas de las Antillas españolas, sirvieron por 
ese tiempo de sangrienta escena á hazañas calculadas 
siempre sobre pueblos desarmados, desapercibidos ó 
impotentes. Acaudillaban ordinariamente á las expedi- 
ciones flibusteras , ya Legrand , el devastador de Sancti- 
Spíritus, ya Mombars, otro francés á quien el novelesco 
Raynal y otros franceses apellidan el exterminador de 
los españoles, sin que ni siquiera le mencionen estos en 
sus crónicas; ya Miguel del Basco, Fonqué, Brouage, 
Luis Scot, Mansfield, los terribles holandeses Juan Da- 
vid y Vand-Horh , el inglés Morgan, que los sobrepu- 
jaba á todos en audacia y en fortuna ; en fin el feroz 
Ñau, llamado el Olonés , que les excedia en ferocidad y 
en avaricia ^^ . « Cuantos golpes dieron estos desalmados 
i> extranjeros , » refirió el mismo Dávila , « los empren- 
» dio la codicia, los ejecutó la osadía y los coronaron el 
«descuido, la desunión y el desprecio que se hizo de 
3> este género de piratas, á los cuales dio principio la si- 
)) mulada ambición de los príncipes del Norte sus due- 
j) ños , que no pudiendo introducir en América el co- 
» mercio que tanto han pretendido , ni tenido causas 
j) justas para la guerra , nos la han hecho por medio de 
» estos piratas con nombre de levantados , fomentándo- 
» los sus gobernadores con órdenes é instrucciones se- 
» cretas ; lo cual , junto con el embeleso que los vasallos 
1» de S. M. han tenido en estas partes, es causa de nues- 
» tros males. » 

La pluma se resiste á referir los horrores y saqueos 
que perpetraron aquellos hijos de naciones que se pre- 
ciaban ya de ser las mas humanas. Para detallarlos seria 

'B Este troi&o pertenece ai documento mencionado en la siguiente nota. 



166 HISTORIA 

menester mojarla en sangre. En los años de 1 665 y 66 
esquilmaron de Cuba solamente mas de doscientas ha- 
ciendas en costas sin defensa aun contra aquellos en- 
jambres de bandidos. No les bastaba incendiar los case- 
ríos, arrebatar los esclavos y hasta los animales y los 
muebles. Las esposas de los inofensivos labradores ser- 
vian también de pasto á la lascivia de los flibusteros , y 
hasta sus hijos de prenda de rescate á su sed de oro. Dá- 
vila y Bayona en vano se esforzaron , uniendo á sus 
preceptos envíos de municiones y armas , en formar una 
colonia militar en cada pueblo. Solo infundían valor sus 
acentos á los que los oian. 

En la Habana, el 1 .° de abril de 1 667 el obispo Saenz 
de Mañosea , los municipales , los funcionarios , los 
notables y aun el pueblo entero escucharon la vehe- 
mente excitación ^'^ hecha á su patriotismo por aquel 
veterano, exasperado mas aun por la debilidad de los 
aislados pueblos, que por la impunidad de los ultrajes 
que estaban recibiendo. Después de trazar el doloroso 
cuadro de una metrópoli atacada en Europa por tres 
grandes potencias y sin cesar hostilizada en América 
por sus expediciones , sus corsarios , sus piratas , « ya 
» no es tiempo, les dijo, de perder los dias, los meses y 
»los años. Bastante nos han prevenido nuestros enemi- 
» gos, cuando solo los de Jamaica nos han arrebatado mas 
» de cincuenta embarcaciones con mas de tres mil hom- 
» bres que las guarnecian; cuando en la Tortuga y costa 
» de la Española los franceses con doble número de gente 



*' Este discurso de Dávila se escri- se encuentra también en la Colee, de 

bió é insertó en los cuadernos de la an- Muñoz, en la Bibl. de la real Acad. de 

tigua escribanía de gobierno de la Ha- la Hist. 
baña. Una copia del mismo documento 



DE LA ISLA DE CUBA. 157 

«que los ingleses de Jamaica, enemigos irreconciliables 
» en Europa, se confederaron aquí para invadir á la isla 
»de Santa Catalina, gloriosamente restaurada por el 
)) presidente de Panamá y el gobernador de Cartagena. 
» No nos fundemos ya en su desunión para omitir dili- 
1» gencias que conduzcan á nuestra seguridad y conser- 
» vacien, cuando con tales avisos nos anuncian la quema 
» y el saqueo de esta ciudad. Sobran ya para no per- 
D der mas tiempo y ocupar el que nos queda en la de- 
» fensa mas segura y eficaz, como lo será infaliblemente 
í el ceñirla de trincheras y faginas de quince tercios de 
» grueso y un estado de alto ; lo cual nos dará un foso 
1» en lo profundo y ancho de la misma proporción que 
)> la trinchera. Esto y el foso, con buenas y fuertes esta- 
» cadas, bastarán no solo á defenderla de piratas, sino 
» de un ejercito regular. Se dispondrá como si fuera 
» una muralla real: que si desde cincuenta años atrás 
)) se hubiera principiado, hallárase hoy esta plaza la mas 
» fuerte del mundo , y sus moradores con ánimo mas 
» quieto. Señores , la obra de la trinchera que propon- 
)) go , repartida por compañías, dueños de ingenio y 
)> personas que puedan ejecutar la porción que se les se- 
)) ñalare, según su posibilidad y gente, se puede levan- 
» tar en treinta dias ! No tiene mas arte que cavar la 
« tierra y ponerla amontonada en orden. Y si no se con- 
» sigue en treinta, se conseguirá en sesenta ó en el tiera- 
» po que se pueda, y de forma que, sin ser de piedra, 
» pueda quedar muy fuerte; pues he visto muchísimas 
» plazas en Europa y algunas ayudádolas á conquistar y 
» otras á defender, que solo tenían las murallas de tierra 
» y resistieron muchos dias á ejércitos veteranos. » 
Mas elocuente aun que estas razones era el espectá- 



158 HISTORIA 

culo de ceotenares de labradores que de la costa acudían 
á refugiarse á la ciudad, y de un rebaño de mujeres 
despojadas y ofendidas, que con sus desnudos hijos en los 
brazos acababan los piratas de soltar en las playas de 
Mariel, conmoviendo el corazón con su miseria, su aba- 
timiento y su vergüenza. De los cinco mil vecinos que 
la capital contaba entonces, no se desentendió ni uno si- 
quiera de contribuir con su peculio ó con sus brazos á 
la común seguridad y defensa. Los mismos eclesiásticos, 
tan inclinados en América á eliminarse de las cargas de 
las demás clases, ahora inspirados por un prelado gene- 
roso, tampoco se excusaron. Para que no se enfriase el 
entusiasmo, Dávila que tenia bien estudiado el plan de 
la obra, en dos dias, sin ayuda alguna de ingeniero, con 
una actividad extraordinaria, fijó por si mismo los corde- 
les para abrir los fosos ; y al tercero los estaban ya exca- 
vando dos mil peones, unos á jornal y otros gratuitos. 
Oficial acreditado en las campañas de Flandes , Cata- 
luña y Portugal, supo aplicar entonces á la práctica las 
teorías de un tratado sobre las « Excelencias del arte 
militar » que habia escrito y dado á luz siendo goberna- 
dor de Gibraltar. 

D. Gabriel de Villalobos, marqués de Barinas ^% que se 



•8 Sobre este escritor, natural de por D. Gabriel de Villalobos, marqués de 
Venezuela, y sus repetidas denuncias Barinas. Año de 1690. Toda la parte de 
sobre abusos y fraudes en los gobiernos este libro que se refiere á Cuba está 
de ludias, se encuentran algunas no- dividida por poblaciones y materias, 
ticias aisladas en la sección de manus- Ocupa diez y nueve hojas la copia que 
critos de la Bibl. Nac. de Madrid y aun de ella se sacó para nuestra Colee, fin- 
en varias colecciones de documentos de tre los muchos errores de las Grandezas 
la Real Acad. de la Hist. En aquella de Indias habia grandes verdades que 
se encuentra su principal escrito ti tu- acarrearon á su autor persecuciones 
lado: Grandezas de Indias ^ estado ecle- muy amargas en los últimos años del 
siástico, poUtico y civil, apuntes de ellaSj reinado de Carlos II. 



DE LA ISLA DE CUBA. 159 

hallaba en la Habana en aquel tiempo , en su libro de 
Grandezas de Indias^ censuró con la acritud que caracte- 
riza sus escritos, que extendiese aquel gobernador á mas 
de cuatro mil varas la traza del recinto. Montano, el 
ingeniero Lucio y Salamanca habian dibujado diferentes 
planos que, reduciéndole á menos de dos mil, iban á so- 
focar en tan estrecha faja á un pueblo que llamaban su 
geografía y porvenir á tanto crecimiento. Dávüa , mas 
perspicaz que su censor y sus predecesores, viéndole ya 
brotando savia entre contornos cubiertos de ¡cultivos, si 
dio doble extensión á sus murallas fué para que no pu - 
diera ser toda circunvalada ni aun por los mayores arma- 
mentos de su tiempo; fué por que, juzgando defendido 
su puerto por sus tres castillos , aquella mayor amplitud 
de su recinto contribuiría ademas á su defensa con 
sembrados de raices y legumbres. El tiempo justificó 
después su previsión de muchos modos. 

Mientras que en el resto de aquel año se terminaron 
las fortificaciones pasajeras que propuso y que la segu- 
ridad del pueblo reclamaba, también se empezó con 
afán á trabajaren la obra permanente de los muros, sin 
esperar apuel gobernador á que el virey y la corte 
aprobaran sus diseños , ni enviaran ingenieros. El mal 
era que los noventa mil jornales ofrecidos por el vecin- 
dario y el arbitrio de medio real por cada cuartillo de 
vino que se introducía , si alcanzaban para emprender 
una obra de tal monta, distaban mucho de bastar á 
rematarla con el corto auxilio de la anualidad empezada 
á remitir de Veracruz. 

El maestre de campo Bayona Yillanueva también se 
babia ocupado sin descanso en fortificar el puerto de 
Santiago con los peones y materiales que encontró y el 



160 HISTORIA 

dinero que tomó de Méjico. En aquellos años fueron 
obras suyas una reedificación amplia del Morro , y esos 
tres castillos llamados la Punta , la Estrella y Santa Ca- 
talina ^^ que aun subsisten defendiendo aquella bahía. 

Pero mientias se fortificaban las dos poblaciones prin- 
cipales, crecia el furor de los piratas en las costas y aun 
contra los pueblos del interior de la isla. Por agosto de 
1667 el feroz Francisco Ñau, el Olonés ^^ se ocultó con 
dos embarcaciones entre los cayos fronterizos á la villa 
de San Juan de los Remedios en acecho de algún buque 
de los que solían cargar en aquel puerto cueros, azúcar, 
carnes ó tabaco. Consternáronse aquellos vecinos al des- 
cubrir que tenían tan cerca al mas desalmado de los 
flibusteros. No dejaron salir del surgidero ningún barco, 
y , careciendo de toda fuerza armada , se apresuraron á 
avisar á Dávila, que, al saber la osadía del Olonés, des- 
pachó á darle caza á una galeota con alguna gente y diez 
cañones. Advirtiéndole de este riesgo sus espías , y aun 
de que la armadilla de Santo Domingo se aparejaba 
también á perseguirle, propúsose el Olonés eludir el 
peligro á fuerza de audacia. Una noche que estaba la 
galeota de la Habana anclada en la boca del riachuelo 
de San Juan , se acercó el pirata con dos lanchas y de- 
sembarcó su gente en dos mitades en las dos riberas. 
Con el mayor silencio improvisó dos parapetos de tierra 
y piedras; y en cuanto amaneció, los flibusteros por 



19 «En la boca del puerto fabricó las Hago de Cuba desde 1492 hasla 1747, 

» fortalezas de la Punta, la Estrella y por el obispo D. Pedro Morell de Santa 

«Santa Catarina, y en esta ciudad Cruz. 

»unas murallas con que circunvaló el ^o Véanse, entre Ins obras exlran- 

» conyento de San Francisco, llaman- jeras citadas en la nota de la pág. 134 

» dolas castillo. » = Véase la Relación de este tomo, las de OExmeling y Ar- 



histórica de los gobernadores de San- chenhollz. 



DE LA ISLA DE CUBA. 161 

ambas orillas empezaron á disparar sobre la galeota sus 
mosquetes. Sorprendidos los españoles y sin descubrir 
enemigos, descargaban á la ventura sus pedreros, sin 
causar á los del Olonés el menor daño. Cuando después 
de algunas horas de combate conoció el pirata por el 
clamor de los heridos que los de la galeota habian su- 
frido pérdidas, se metió en las lanchas que habia escon- 
dido entre los mangles, y con ciega temeridad se lanzó á 
abordarla con su gente ilesa, logrando apoderarse de ella 
después de una viva resistencia. Allí se puso entonces 
en escena uno de los episodios mas horribles de la vida 
de aquel facineroso. Después de degollar á los heridos, 
cuando esperaban los demás prisioneros encerrados en la 
bodega sufrir la misma suerte, un negro se arrojó á sus 
plantas ofreciendo comunicarle noticias importantes si 
obtenía la vida. Así que le prometió Ñau que no le mala- 
ria, declaróle al flibustero que el gobernador de la Ha- 
bana habia mandado que no se diera cuartel á ninguno 
de los suyos , y que él mismo habia venido destinado á 
servirles de verdugo. Exasperado entonces de furia el 
Olonés, solo pudo aplacarla atravesando uno por uno con 
su misma daga á los treinta y tantos españoles que que- 
daban vivos, y encargó después al negro que regresara á 
contar al mismo Dávila el acto de que habia sido testigo 
y su resolución de no dejar con vida al castellano que 
cayese en su poder. Felizmente para la humanidad^ el 
mismo Ñau cayó poco después en el de los castellanos que 
le hicieron morir quemado vivo en Nicaragua ^^; y Dá- 



2* Véanse varias biografías de este que publicó la I^ouvelle Uographie géné- 

pirata en muchas de las obras referen- rale , impresa recientemente en París 

tes á los flibusteros que quedan men- por Didot, bajo la dirección del doctor 

clonadas en las notas anteriores, y la Hoeffer. 

HIST, DE CUBA, TOMO II, — 11 



162 HISTORIA 

vila , en respuesta á su brutal mensaje , hizo ahorcar 
mas de trescientos flibusteros en la Habana y en dife- 
rentes puntos de la isla durante el resto de su mando. 
Exigian esa hecatombe los manes de tanto español ase- 
sinado y la necesidad de refrenar con el temor á unos 
bandidos que eran la afrenta de la civilización y de su 
siglo. 

Otro flibustero de mas nombre , á quien tan oportunas 
represalias volvieron sin duda menos sanguinario, rea- 
lizó en Cuba al siguiente año (1668) otro golpe mas 
osado. El famoso inglés Enrique Morgan ^^ á mediados 
de marzo reconcentró en la isla de Pinos y los cayos de 
la costa meridional un armamento de doce velas y se- 
tecientos piratas aguerridos, entre ingleses y franceses. 
Lisonjeaba á su temeridad aventurera el pensamiento de 
desembarcar en la playa de Batabanó y sorprender á la 
misma Habana, dirigiéndose á atacarla por tierra para 
evitar el fuego de los tres castillos. Pero algunos amigos 
reflexivos le informaron del número y organización mi- 
litar del vecindario, de la fuerza de la guarnición, de 
la vigilancia y cualidades del gobernador ; y mejor acon- 
sejado moderó sus aspiraciones el pirata. 

Después de su capital, el pueblo que entonces provo- 
caba en Cuba mas la codicia de los flibusteros, por la ex- 
tensión que empezaba á tomar su comercio de ganados 
y corambres, era Santa María de Puerto-Príncipe; y este 
fué el que Morgan escogió por presa. Al amanecer del 



22 Todas las obras que tratan de los sin embargo, la Nouvelle Uographie gé- 

flibusteros, y aun muchas crónicas ge- nérale por el doctor Hoeffer, y hUis- 

nerales, mencionan con mayor ó menor toire des pirales et corsaires de l'Océan 

extensión los principales hechos y em- et de la Medilerrance por P. Christian. 
presas de este célebre pirata. . Véanse, 



DE LA ISLA DE CUBA. 165 

28 de aquel mes desembarcó su gente en la caleta de 
Santa María. Al saltar en tierra , un prisionero del pais 
á quien obligó á servir de guia logró fugarse y dar aviso 
de la próxima agresión de tan temible gente á un vecin- 
dario que, por su situación mediterránea, era el único 
en la isla preservado hasta allí de vandálicas visitas. El 
alcalde , hombre animoso y diligente , mientras las fami- 
lias que pudieron se retiraban precipitadamente con sus 
esclavos, escondiendo su dinero y sus alhajas, distribuyó 
éntrelos vecinos las pocas y malas armas que tenia, y 
logró reunir setecientos de toda condición y color sin 
otros cien montados en jacas y aun en muías. 

Los enemigos , deseando apresurar su ataque antes 
que con el aviso del guia pudieran prevenirse para re- 
chazarlo , con lal diligencia se movieron , que á la pri- 
mera luz del 29 aparecieron avanzando en bien formada 
masa por el llano donde está asentado el pueblo. En el 
número poco se diferenciaban las contrarias huestes; 
pero en homogeneidad, en práctica, en armamento y en 
destreza era el contraste inmenso. Los ginetes principe- 
ños cerraron sobre los de Morgan al momento con mas 
bravura que orden y buena dirección; pero los flibuste- 
ros, mas diestros en las armas y en los movimientos, no 
solo recibieron la carga sin descomponerse, sino que, 
destacando dos piquetes de mosqueteros sobre aquel es- 
cuadrón de paisanos mal armados, los sacrificaron en po- 
cos minutos con certeros tiros. En aquel breve, pero re- 
cio choque perecieron el alcalde que hacia de caudillo 
principal y también muchos vecinos , aunque no sin ma- 
tar y herir á algunos enemigos. Lo restante de la lasti- 
mada caballería se dispersó al instante por los campos. 

Por desanimador que fuese el desenlace del primer 



164 HISTORIA 

encuentro, los demás defensores de Puerto-Príncipe 
no se acobardaron. Les alentó la vista de sus esposas, 
de sus hijos y su propiedad amenazada para defender 
los intereses que estimulan mas al corazón del hom- 
bre. Combatieron valerosamente, primero á la entrada 
de la población, y después desde las mismas casas. Irri- 
tado Morgan con su resistencia, hízoles saber aquella mis- 
ma tarde que si no se rendían á discreción, se prepararan 
todos á morir dentro de los edificios incendiados. Esa 
amenaza de un pirata tan capaz de ejecutarla decidió la 
rendición. Los principeños , menos algunos que consi- 
guieron escaparse, se sometieron á los vencedores. 
Luego de enseñoreados estos del pueblo, encerraron 
á todos sus habitantes en sus dos iglesias y, desta- 
cándose por los contornos, no hubo efecto ni cosa de va- 
lor que se salvara de su rapacidad. « Mientras tanto,» 
dice OExmeling, satélite y cronista de los piratas de 
América, « olvidaban en su encierro á los hambrientos 
» prisioneros que se morian de inanición. También los 
» atormentaban para que dijesen dónde tenian sus alha- 
))jas y sus muebles. » Por último, cuando ya no les que- 
dó que robar, les exigieron crecidos rescates por sus 
personas, amenazándoles con llevarlos presos á Jamaica 
ó incendiarles sus moradas. Comisionaron entonces los 
prisioneros á cuatro de ellos mismos para que fueran á 
solicitar los rescates exigidos entre los que pudieron sal- 
var sus intereses y se hallaban huidos. Pero no pudiendo 
realizarlos y temiendo Morgan que les llegara socorro, 
determinó reembarcarse satisfecho con quinientas reses 
de ganado vacuno, cuya salazón y trasporte á los bu- 
ques corrió de cuenta de los principeños. 

En sus bienes no sufrieron entonces gran menoscabo 



DE LA ISLA DE CUBA. 165 

los de Puerto- Príncipe; pero lloraron la nauerle de mas 
de cien personas; siendo, si no insignificante, muy infe- 
rior la pérdida de los agresores , ya contenidos en sus 
violencias y matanzas por las saludables y justicieras re- 
presalias de Dávila Orejón. 

La inesperada y seria invasión de aquella villa ins- 
piró en la Habana y en Santiago tanta alarma como in- 
dignación. El 8 de abril, á los pocos dias de evacuado 
Puerto-Príncipe, escribia á la Reina gobernadora Bayona 
Yillanueva^^: «La continuación de los navios ingleses 
» y franceses por esta costa, reconociendo sus puertos, 
» aguadas y monterías, deja presumir que habiendo sa- 
i> cado de Puerto-Príncipe tanta cantidad de carnaje, 
j> sea en prevención para mayores designios ; de lo cual 
» doy cuenta al gobernador de la Habana... Señora: 
» habiendo discurrido sobre el suceso de Puerto-Prín- 
» cipe y que aquellos vecinos han sido siempre intere- 
» sados en aquel género de rescate con los piratas , me 
D ha parescidó conveniente mandar parescer ante mí al 
» sargento mayor y al alcalde ordinario para oirles , ha- 
» biéndoles ya hecho cargo de lo mal que han obrado y 
» ver qué descargo podrán dar, cuando en aquella villa 
» hay tan crecido número de gente y cuando con la 
» oportunidad que ofrecen los terrenos y fragosidad de 
T> los montes en una dilatada marcha de catorce leguas, 
» aquellos naturales , tan prácticos y exercitados en las 
» montañas , con dos tercios menos de gente , pudieron 
» haber degollado al enemigo. Si la casualidad lo pidiese 
3» serán castigados para servir de escarmiento álos demás 
» lugares que ya han tomado por estilo cederá cualquier 

2* Véase la copia original en el Archivo de Indias de Sevilla. 



166 HISTORIA 

j> número de enemigos, sin arriesgar las personas por 
» causas tan relevantes como la defensa de su patria y de 
1» su Rey. » Bayona rectificó este juicio luego que com- 
prendió que en Puerto-Príncipe ochocientos labriegos 
mal armados forzosamente habian tenido que ceder á 
otros tantos piratas aguerridos. El alcalde y el sargento 
mayor fueron absueltos. 

La causa que se formó entonces á los funcionarios de 
Puerto-Príacipe y otras pesquisas de aquel tiempo, diri- 
gidas por los comisionados de la audiencia, siempre con 
vejámenes y costas, dieron margen entonces á que Dávila 
representase al Rey la conveniencia de privar á aquel 
tribunal de un privilegio que, con depresión del capitán 
general de Cuba , inferia daños y dejaba en la isla tris- 
tes rastros. Tan buen éxito lograron las razonadas ges ■ 
tiones de aquel jefe, que el 6 de mayo de i 669 ya de- 
cretaba una real cédula que en lo sucesivo las causas de 
Cuba que llegaren á la audiencia y necesitaran volver 
á la Habana para ampliarse , todas fuesen remitidas al 
gobernador sin enviar jueces comisionados. No fué ese 
el solo beneficio de la administración de Dávila en lo 
gubernativo. 

Con la blandura del obispo Mañosea siguieron muchos 
abusos en la diócesis. Uno niuy perjudicial fué suprimido 
por aquel gobernador, el que pasaba con la administra- 
ción del convento y rentas de las monjas de Santa Clara. 
Fundado desde 4 644, como se dijo, habíanse apropiado 
su manejo años atrás los PP. Franciscanos . El dote pri- 
mitivo exigido desde la fundación á las novicias, no pa- 
saba de dos mil ducados, ni debia exceder de cincuenta 
el número de las observantes. Luego de apoderarse 
aquellos religiosos de la administración de la casa, fue- 



DE LA ISLA DE CUBA. 167 

ron alterando sus estatutos. Gradualmente fueron ha- 
ciendo indefinido el número de monjas y elevando su 
dote á cinco mil ducados. Así se explica que contase 
aquel convento en 1668, mas de cien religiosas , y que 
ya excediesen á los ingresos mismos del fisco en toda la 
ciudad los que allí lograban aquellos monacales de una 
orden mendicante y excluidos por su misma regla de 
toda propiedad y peculio. Aunque ya sin la cooperación 
de aquel prelado, promovido desde 1667 á la mitra de 
Goatemala, moderó Dávila ese exceso, mandando la Reina 
á sus instancias en 22 de noviembre del 69 que se ob- 
servasen con el mas escrupuloso rigor los estatutos de la 
fundación de Santa Clara. 

Desde que se empezó á crear riqueza en Cuba , raro 
era el propietario que muriese en la isla sin destinar á 
fundaciones y beneficios eclesiásticos una parte de su he- 
rencia, influido por clérigos y frailes. Pero entre las fun- 
daciones de la época de Dávila , aplauso y gratitud per- 
petua mereció á la Habana la filantrópica y útil manda 
pía que se creó en aquellos dias. Su amigo el capitán y 
regidor Martin Calvo de Arrieta , por testamento del 1 
de aquel mismo mes y año, estableció una imposición de 
cien mil pesos para que, con cinco mil de renta perma- 
nente , se adjudicaran cada año cinco dotes de á mil á 
cinco doncellas huérfanas y pobres : generosa aplicación 
de un capital modesto que, en cerca de dos siglos, ha pro- 
porcionado industria y bienestar á mas de mil familias. 

Aunque protegió Dávila el cultivo del tabaco, tan pre- 
ferido y al alcance de los labradores de toda condición 
y medios, impidió prudentemente que sus siembras se 
extendieran por la circunferencia de la plaza con perjui- 
cio de otras de mayor necesidad, aunque de menos 



168 HISTORIA 

lucro. Cumpliendo con sus instrucciones D. Nicolás Calvo 
de Arrieta , comisionado en Madrid para las cosas de la 
isla , obtuvo que se promulgaran en 30 de marzo de 
aquel año dos cédulas prohibiendo el cultivo de la rica 
planta en un radio de cuatro leguas de la Habana , y 
que se fabricaran mas casas con techos de guano dentro 
de la plaza : providencias que dieran mejores efectos y 
luego excusaran grandes daños, si los gobernadores su- 
cesivos hubieran vigilado su observancia. 

Pasados ya los cincos años de su tiempo de gobierno, 
fué Dávila promovido á la capitanía general de Vene- 
zuela en i 670, sin que le perjudicaran en su honrosa re- 
sidencia algunos venenosos tiros. Dejaba emprendida y 
caminando la grandiosa obra de las murallas de la Haba- 
na ; la agricultura de su territorio adelantada con ne- 
gros registrados que habia logrado introducir ; las cos- 
tas inmediatas respetadas con algunas galeotas que pu- 
dieron adquirir los armadores; y de tal modo hermanó 
la bondad con la justicia, que ochenta años después, 
guiado el escritor Arrate por esas tradiciones que suplen 
en los pueblos á la historia durante muchos lustros, no 
mencionó en su «Llave de Indias» sino con elogios el 
nombre de un gobernador tan señalado. 

También dejó de gobernar en Santiago por entonces 
Bayona Villanueva , relevándole en mayo el castellano 
del Morro D. Andrés Magaña. Habria dado remate á la 
fábrica de los tres castillos en su tiempo, á no andar el 
virey marqués de Mancera tan remiso en suministrarle 
los auxilios decretados para aquel objeto por la corte. 
Quedaba, sin embargo, el del Morro á punto de con- 
cluirse y con la imagen de aquel maestre de campo pin- 
tada á caballo sobre su puerta principal. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. Ié9 

Con estrechuras y zozobras como las de esta época, 
se admira que, conquistada Jamaica, asaltada Veracruz, 
insultados muchos puertos en la América central , y 
dominando el mar Antillar piratas y extranjeros, hiciese 
Cuba aun mas que conjurar peligros y tormentas. Al 
animoso genio de su gobernador lo debió principalmen- 
te. Previno y reconcentró sus elementos de defensa , y 
levantó al espíritu público de su abatimiento, inspirando 
así á armadores vecinos de la Habana , de Trinidad y 
Santiago , y aun á muchos navegantes, un afán de cor- 
sear contra los enemigos desconocido en la isla en 
anteriores épocas, aunque no hubiese ya astillero, ni 
facilidad para construir bajeles. Con corazones , brazos y 
armas para pelear contra los flibusteros , hasta los mas 
humildes buques del comercio le parecieron útiles á 
Dávila. Después de pedir y recibir licencia para dar 
patentes de corso á los maestres de nave que las solici- 
tasen, distribu yóselas á los mas capaces de aprovechar- 
las bien, ofreciéndoles por premio de sus hechos el 
valor de las dos terceras partes de las presas que lo- 
grasen. 

Catorce ó quince no mas fueron los buques españoles 
que corsearon en los dos últimos años del mando de 
Dávila por las aguas de la isla y de Jamaica , dirigiendo 
sus empresas, unas veces Felipe Geraldino, otras Thomé 
Rodríguez y los hermanos Vázquez, y otras el valeroso 
sargento mayor de la plaza de la Habana Marcos de 
Alcalá ; y no logró contenerlos toda la energía del go- 
bernador de aquella nueva posesión inglesa Thomas 
Linchs. Muchos documentos del archivo de Indias de 
Sevilla lo acreditan. Según una relación posteriormente 
dirigida por el Consejo de indias al capitán general de 



170 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

Cuba , solo á los de Jamaica les tomaron los siguientes 
buques, algunos de mas de doscientas toneladas : Peter, 
lacrease, Susanne, Anne, Mary and Rose, Beginning, 
Lennox, Virgine, Greysound, Freeship, Sea Fiower, 
Sewell, William, Gatron, Flyship, Rebecca, Oppenwell, 
Corinne and Mary, Walker, Fox, Normand, Dillon, 
Ciarke, Browne, Parke, Coffin , y aun más que aquel 
documento no menciona. 



CAPÍTULO SEXTO. 



Gobierno de D. Francisco de Ledesma. — Fort ficaciones. — Corsarios. — Obispo 
Vara Calderón.— Terremoto en Santiago de Cuba. ^- Amago de invasión.— 
Rechazan los de Puerto-Príncipe á los flibusteros. — Escuadra francesa de Es- 
trées.— Contrabando. — Gobierno de D. José de Córdova. — Pers^^cucion del 
contrabando. — Sínodo diocesano. — Muerte del obispo Palacios. — Golpes de 
los corsarios á los flibusteros.— Excesos del vicario Garahondo. — Muerte de 
Córdova. — Abusos del gobernador de Santiago Guerra. — Le releva D. Gil 
Correoso.— Interinidades en la Habana. —Desórdenes. — Los flibusteros. —Te- 
meridad del corsario español Corso. 



En 6 de mayo de i 670 reemplazó á Dávila , que salió 
para Cartagena en los galeones , el maestre de campo 
D. Francisco Rodríguez de Ledesma \ caballero de San- 
tiago, encargándose interinamente de la auditoría el li- 
cenciado Antonio Tapia Gatategui hasta la llegada de 
D. Antonio Ortiz Matienzo. 

A pesar del calor de Ledesma en activar la fábrica de 
las murallas, se la paralizaba en ocasiones la irregulari- 
dad de los envios de Veracruz. Estando ya cumplidos los 
noventa mil jornales ofrecidos por el vecindario , careció 
de fondos para el pago de los peones, hasta que en 
agosto le remitió el virey la consignación del año ante- 
rior y cuarenta y cinco mil pesos más á cuenta del cor- 

* Véase su nota biográfica, pág. 512, tomo m, I)icc> Geogr,^ Esl.^ Hist. de la 
Isla d" Cuba por el autor. 



17S HISTORIA 

riente. Por setiembre de 1771 llegaron también de Ve- 
racruz para las demás atenciones otros ciento cincuenta 
mil pesos ^. Así pudieron adelantar entonces rápidamente 
los trabajos. Negándose el gobernador de Santiago, don 
Andrés Magaña % á privarse del ingeniero de las obras 
de aquel puerto para que le emplearan en las de la ca- 
pital, cinco años enteros estuvo el mismo Ledesma di- 
rigiéndolas con mas precipitación que solidez, hasta que 
vino á continuarlas en 1674 el ingeniero D. Juan Cis- 
cara, en lugar del capitán de caballos Juan B.Rugiero, á 
quien el Rey habia conferido aquella comisión sin que se 
presentara á servirla. No existia aun el cuerpo faculta- 
tivo de Ingenieros; y se cometían entonces sus atribu- 
ciones á cualquiera oficial que diese pruebas de en- 
tenderlas. 

Residiendo ó transeúnte por aquellos años en la Ha- 



2 En h Instrucción que dio el virey 
de Méjico, marqués de Mancera , á su 
sucesor el duque de Veraguarse en- 
cuentran, entre otras, las dos siguien- 
tes notas marginales : 

» Consta por certificación de oficiales 
reales de la Veracruz de 22 de agosto 
de 1673 haberse remitido á este presi- 
dio en el tiempo del marqués setecien- 
tos cinco mil seiscientos cuarenta y un 
pesos fuertes , seis tomines y tres gra- 
nos, ciento cincuenta qq. de pólvora, 
cincuenta de plomo, cincuenta y nueve 
de cuerda, cincuenta de alquitrán, 
\einte y tres de azufre, cincuenta de 
salitre, dos mil trescientos qq. de biz- 
cocho , seis piezas de artillería y cua- 
trocientas balas. 

» El gobierno del marqués duró des- 
de 1.0 de agosto de 1664 hasta 22 de 
octubre de 1673. » 



Tratándose de Santiago de Cuba, 
dice la segunda nota ; 

«Consta por certificaciones de oficia- 
les reales de Méjico y Veracruz de. 
7 de febrero y 22 de agosto de 1673, 
haberse gastado en este presidio, du- 
rante el gobierno del marqués doscien- 
tos veinte y seis mil trescientos cua- 
renta y un pesos fuertes y remilído- 
sele treinta infantes, doscientos qq. de 
bizcocho , sesenta de pólvora , cuarenta 
de plomo, dos piezas de artillería de 
bronce, dos de fierro y cuatrocientas 
balas de su calibre. » 

La Instrucción del marqués de Man» 
cera se publicó en la Col. de docs. inéd. 
del Sr. Baranda y otros de la lleal Aca- 
demia de la Historia. 

3 Véasesunotabiográfica, pág. 556, 
tomo III, Dice. Geogr., Estad. ^ iHst. de 
la Isla de Cuba ^or e\ X. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 175 

baña D, Gabriel de Villalobos, en su libro de Grandezas 
de las Indias , que mejor mereció llamarse de « Mise- 
rias, » difamó sin piedad á Ledesma y á los capitulares 
de su tiempo como depositarios de los fondos de las 
obras. Escribió que recibían para ellas anualmente de 
Veracruz treinta mil pesos sobre quince mil que rendía 
el arbitrio de la sisa sobre el vino; y que se hicieron 
abonar también por el virey seis mil más para demoler 
un cerrito á sotavento del Morro que no podia perjudi- 
car nada á sus fuegos , cuando con mas razón pudieran 
emplearlos en hacer * « cortaduras en una loma que do- 
» mina al castillo, pudiendo el enemigo batir desde ella 
1) la ciudad y el mismo castillo ; por lo que convendría 
i) que S. M. mandase reconocer este inconveniente para 
» que no suceda con aquella fuerza -lo que en Porto- 
» belo. » Esa loma era la misma que corona hace ya 
cerca de un siglo la fortificación de la Cabana. 

Sin negarle el acierto de la observación á Villalobos, 
hay que rebatirle la malicia de aquel cargo. Errar pudo 
Ledesma que, por causas que se explicarán después, du- 
plicó su tiempo de gobierno ; mas no era índole la suya 
para disimular desperdicios de unos fondos de cuya pro- 
lija inversión tenia que responder después en residencia; 
y si algunos se manejaron con buena cuenta y razón en 
aquel tiempo eran los destinados á las obras. Aunque en 
los diez años que duró su mando nunca recibió con re- 
gularidad las remesas del virey, teniendo con frecuen- 
cia que recurrir á anticipos y préstamos gravosos, logró 
terminar en ese espacio siete baluartes y mas de cin- 



* Véase en la Biblioteca Nacional de Madrid Grandezas de Indias y la copia 
e la colee, del A. 



174 HISTORIA 

cuenta mil varas cúbicas de cortina , poniendo las más 
de estas obras en defensa. Dejaba que desear la fábrica, 
sí, por la calidad de los materiales y los peones, y más 
por la precipitación de la tarea; pero á la simple vista 
la masa de la construcción justificaba la inversión de 
las sumas aplicadas; y nada injusto fué que algunos 
propietarios recibiesen luego una compensación de seis 
mil pesos por los jornales de sus peones empleados en 
la demolición , acertada ó mal dispuesta, del cerrito que, 
según Villalobos , « no era padrastro para el Morro. » 
A pesar de sus denuncias, el monarca y el Consejo repe- 
tidas veces dieron gracias á aquel gobernador « por la 
» actividad , esmero y economía que empleó en la obra 
» de la muralla. » Y pudo justamente aplicarse la si- 
guiente reflexión que dejó escrita su antecesor Dávila : 
« Rara desdicha es que los que somos gobernadores en 
> las Indias padezcamos por conceptos inciertos lo mis- 
» mo que si fueran verdaderos. » 

Desde el año de 1668, por el tratado de Aix-la-Cha- 
pelle, se celebraron paces con la Gran Bretaña, sin que, 
según su costumbre , suspendieran por eso los corsarios 
sus hostilidades ordinarias en América. Como si forma- 
ran potencia reconocida por todos los pueblos, decian 
que ningún plenipotenciario los representó en las con- 
ferencias del tratado. Harto Dávila de hacer patentes sus 
alevosías, les había excitado á que corsearan á los pocos 
que podían en Cuba emprender esta clase de jornadas 
á su costa ; y le imitó Ledesma , extendiendo sus li- 
cencias á algunos capitanes mercantes de la carrera de 
Honduras y Campeche. Se siguieron distinguiendo entre 
aquellos corsarios Felipe Geraldino y el sargento mayor 
de la Habana Marcos de Alcalá, logrando encuentros muy 



DE LA ISLA DE CUBA. 175 

felices con los enemigos entre cabo Catoche y cabo Cor- 
rientes. Fueron los de Cuba tan afortunados, que solo á 
los de Jamaica les arrebataron , siempre en franca lid, 
nueve bajeles y por ciento veinte y seis mil pesos de va- 
lor de cargamentos. Linchs , el gobernador de aquella 
isla, aunque remiso en precaver sus causas, anduvo dili- 
gente en denunciar á su gobierno aquellas represalias. 
Pero lejos de prohibirlas, la Reina Gobernadora doña 
Mariana de Austria mandó á Ledesma que auxiliara al 
capitán general de la Florida D. Manuel Zendoya en su 
persecución contra advenedizos y piratas. Este jefe con 
un corto armamento de Veracruz expulsó de aquel terri- 
torio á unos aliados que, mientras reclamaba su gobierno 
indemnizaciones al de España , establecían allí sin su 
consentimiento una colonia \ la de Santa Elena. La Ha- 
bana cooperó para esta empresa con dos transportes, ví- 
veres y algunos voluntarios. 

Habia hecho menos inhumanos á los flibusteros el ri- 
gor de Dávila, pero no menos audaces. Ya no asesinaban 
á los rendidos y á los indefensos; pero seguian sus de- 
predaciones , sus robos y sus atropellos sobre las muje- 
res; y las embarcaciones del tráfico de las posesiones 
españolas tenían á veces que (ietenerse meses enteros en 
sus puertos. Aunque desasosegado y desprovisto entonces 
el gobierno de Madrid , contribuía tanto á su pobreza la 
inseguridad del mar de las Antillas, que hizo un supre- 
mo esfuerzo para que la antigua armada de Barlovento, 
dos veces extinguida por su abandono y negligencia , se 



g s Véanse la Inslruccion del marqués Florida por r.árdenas Cano también 

de Mancera al duque de Veragua y sus contiene muchos detalles sobre los via- 

cartas al Rey en el Archivo de Indias jes y usurpaciones de los franceses en 

de Sevilla, El Ensayo Cronológico de la aquella región. 



176 * HISTORIA 

volviese á reorganizar, aunque hubiesen ya desaparecido 
los Oquendos, Ibarras y Toledos para acaudillarla, y hasta 
los más de sus galeones, sin que se fabricaran otros nue- 
vos. Mientras se habilitaban ó construían algunos en los 
astilleros de la Península , consiguió á fuerza de afanes 
é industrias el presidente de Panamá D. Antonio Fer- 
nandez de Córdova reunir una escuadra que impusiera 
algún respeto á los piratas , añadiendo á la armadilla 
de Cartagena, el navio San Jorge de doscientas cin- 
cuenta toneladas y apresado á los ingleses , otro mayor 
que compró en Portobelo, y otro que se construyó luego 
en Campeche. El puerto de la Habana empezó á ser desde 
aquel año el apostadero natural de una escuadrilla, mas 
útil por el porte de sus buques para operar contra ar- 
mamentos regulares, que para perseguir flibusteros y 
corsarios que entraban y sallan por todas partes con sus 
barcos chatos. 

A mediados de febrero un pirata desconocido sorpren- 
dió á la desamparada villa de San Juan de los Reme- 
dios, sin que tomaran las armas los vecinos, ni hiciesen 
la menor oposición. No asesinó á nadie; pero robóles 
cuanto pudo, y les arrebató catorce mujeres que algunos 
dias después soltó en la playa cuando se le llevaron sus 
rescates. Afeó Ledesma á aquella gente su ruin porte, 
comisionando para enjuiciar y castigar á los culpados 
al licenciado Tapia Catategui. Pero forzosa fué alguna 
clemencia con los que tan recia y tristemente acababan 
de purgar su culpa. Entonces , aunque sin efecto, fué 
cuando aquellos pobladores entablaron sus primeras 
pretensiones para que se les permitiera trasladar su re- 
sidencia á lo interior de la isla. 

Aun estando reunido el armamento de Cartagena ya 



DE LA ISLA DE CUBA. 177 

por ese tiempo , una fragata mercante que salió de la 
Habana para Campeche en junio de \ 673 fué rendida 
al abordaje por otra de quince cañones de ingleses y 
franceses, que mandaba un flibustero criollo de la Haba- 
na, llamado Diego Grillo. Algunos criminales de las co- 
lonias españolas ingresaron en una asociación , que sin 
reparar en la naturalidad de los individuos era el re- 
fugio de los malhechores de todas las naciones cuan- 
do tenían valor y no tenian conciencia. Reforzado con 
otros flibusteros pocos dias después, volvió á vencer el 
mismo Grillo en el canal junto á la costa donde hoy está 
Nuevitas, á un navio y dos fragatas con veinte y cuatro 
cañones , otros tantos pedreros y ciento cincuenta entre 
marineros y soldados que habia despachado Ledesma á 
perseguirle. Mas de treinta mil pesos le valieron aque- 
llas presas al bandido. Pero deshonró su triunfo dego- 
llando á unos veinte que entre sus prisioneros resultaron 
ser peninsulares, y dejó á los demás libres en tierra. Al- 
gunos meses después y no lejos de las mismas aguas le 
degollaron también á él los españoles. 

Para reemplazar al obispo Saenz de Mañosea, promo- 
vido á la mitra de Goatemala, se habia consagrado para 
la de Cuba al trinitario provincial de Andalucía D. Alon- 
so de los Ríos y Guzman ^,que por junio de 4 671 se pre- 
sentó en Santiago á acelerar la reedificación de aquella 
iglesia. Pero entabló desde luego sus gestiones para que 
le volviesen á Castilla ; y cuando supo su elección para 
el obispado de Ciudad-Rodrigo, se encaminó á la Habana 
donde se hizo á la vela para Cádiz con la flota, por 

^ Véase su nota biográfica , p. 3o5, tomo IV, Dice. Geog. , Est. » EisU de la 
Isla de Cuba por el A. 

HIST. DE CUBA.— TOMO II,— 12 



178 HISTORIA 

agosto del año siguiente. Mas adelante llegó á ser arzo- 
bispo de Granada. Representando Ledesma los perjui- 
cios de la prolongación de las vacantes de Prelado, nom- 
braron sucesor de Rios al canónigo de Avila y capellán 
de honor D. Gabriel Diez Vara Calderón ', que arribó á 
su catedral el 6 de setiembre del 73 y adelantó su 
nueva fábrica hasta que se dirigió á la Habana por no- 
viembre. Canonista austero y ajustado, bastóle una 
ojeada sobre los eclesiásticos y comunidades para pene- 
trar que su reforma era un deber imprescindible. Con 
mas medios entonces que las demás clases para contri- 
buir al bien común, solo les faltaba en general á los ecle- 
siásticos y monacales virtud para darles buen ejemplo. 
Según lo comprueban los archivos y lo consigna Villa- 
lobos , veraz en cuanto á datos estadísticos , ya poseían 
entonces en el territorio de la capital un millón cuatro 
cientos cincuenta mil quinientos pesos, sin las consigna- 
ciones del diezmo y de cruzada , ni los derechos parro- 
quiales. £1 obispo Vara, después de amonestar con ener- 
gía á las comunidades y á los sacerdotes, salió de la Ha- 
bana para la Florida el 1 8 de agosto de 1 674 á visitar 
aquella sección apartada de su diócesis, conocida solo por 
uno de sus antecesores un siglo antes. Según Morell, hizo 
allí « tres conversiones muy numerosas de gentiles y bau- 
í> tizó tres mil ciento cincuenta y dos.» Oigamos á aquel 
obispo dar cuenta á su Primado ^ de su viaje y después 
de la situación eclesiástica de Cuba en 8 de junio de 
1657 ^ « Después de ocho meses que he gastado en la 

' Véase su nota biográfica, p. 241, que contiene la colección de Muñoz en 

tomo I, Dice. Geogr.j Estad.» Hist. de la la Bilioteca de la real Academia de la 

Isla de Cuba por el A. Historia con posterioridad al siglo xvi. 

' El arzobispo de Santo Domingo. Se halla copiado en la colección del A. 

9 Este documento es de los pocos 



DE LA ISLA DE CUBA. 179 

» visita de la Florida volví á esta ciudad en 49 de abril 
» y se ha hecho provecho, á pesar de muchos malos es- 
» clavos que dejé castigados y han intentado darme ve- 
» neno, de que me ha librado Dios. No he podido dejar 
» de prohibir que se hable en las iglesias con mujeres y 
^ » se arrimen á los altares, en que habia grande abuso; y 
» no menor en hacer trabajar á los esclavos en dias fes- 
» tivos, en vestirlos con ropas de colores y en la falta de 
» doctrina que se remedia. — El. lugar de Guanabacoa, 
» á dos leguas de esta ciudad , fué el último de mi vi- 
» sita, y no habia sido visitado desde 11 de octubre de 
» 1 657 por mi antecesor D. Juan Montiel , sin haberse 
» tomado cuentas de la hacienda de la iglesia en diez y 
» ocho años. Ella sin ornamentos; el pueblo sin doctri- 
í na; muchos amancebamientos. Es pueblo numeroso y 
1) se ha remediado lo posible. — Dejé sacados los cimien- 
» tos de cuatro varas de sillería del fuerte real de San 
D Pedro ^^ que he hecho á mis expensav'5, y ya tiene seis 
» varas sobre el suelo , faltándole solo dos del cordón y 
j) remate. Es capaz de cien hombres. Este fuerte y la 
» visita de la Florida, donde he mantenido á mi costa una 
» compañía de infantería del presidio de San Agustín 
» casi ocho meses, limosnas, regalos á caciques é in- 
» dios, ornamentos de tres iglesias que he fundado y dos 
K embarcaciones de ida y vuelta me han empeñado en 
j> mas de once mil pesos. Doy gracias á Dios porque, en 
D veinte meses que há que entré en este obispado, he vi- 
)) sitado á todas mis ovejas. » 

A su regreso de Florida no se conformó Diez Vara con 
poner á raya á su alrededor á clérigos y frailes. En los 

*o Eo San Agustín de la Florida. 



180 HISTORIA 

pueblos de Indias y mayormente en la Habana estilaban 
celebrar las noches de San Juan y de San Pedro con 
músicas, bailes y altares en las casas, y grandes masca- 
radas á caballo. Sabiendo que con la libertad de los dis- 
fraces se ridiculizaban sus sermones , la devoción del 
gobernador, las particularidades de algunos funcionarios 
y aun de los primeros personajes de la corte , se enar- 
deció el obispo hasta enviar familiares y comisionados 
para disipar los corros de farsantes y suspender funcio- 
nes domésticas " « bajo pena de excomunión mayor y 
» quinientos pesos de multa para la obra de los muros.» 
Puesto de acuerdo el gobernador con el prelado , aque- 
llas disposiciones se cumplieron. Formóse causa contra 
el alférez Francisco Saldaña y aun contra el auditor Or- 
tiz Matienzo , porque usaron de razones algo libres con 
los comisionados del prelado. Tuvo Matienzo que pagar 
su multa de pena sin librarle ni su carácter de caballero 
de Santiago , ni su empleo. 

Resuelto á moralizar á sus diocesanos , convocó el 
obispo á sínodo. Pero antes de celebrarlo segó la parca el 
hilo de los dias de este reformador casi tan pronto como 
los de Montiel ; y los mismos rumores de veneno acom - 
pañaron á su muerte, acaecida en la Habana el 1 6 de 
marzo de 1676. Estuvo vacante el obispado hasta junio 
de 1 679 en que llegó á ocuparlo un mejicano , el provi- 
sor de Puebla, D. Juan García Palacios ^^, que celebró al 
año siguiente el sínodo decretado por su antecesor, sin 



" Véanse los libros de Adas del *2 y^age su nota biográfica, p. 176, 

Ayuntamiento de Ja Habana, cuadernos tomo IV, Dice. Geogr., Estad., Hist. 

de la antigua escribanía de gobierno, déla Isla de Citftaporel A, 
y real cédula de 13 de marzo de 1676. 



DÉ LA ISLA DÉ CUBA. 181 

manifestarse luego por eso riguroso en hacer observar 
sus estatutos. 

Por orden del difunto Vara Calderón , habla permane- 
cido en Santiago el provisor Francisco Ramos redoblando 
esfuerzos para terminar la nueva catedral que, según 
Morell, se abrió al culto el 24 de febrero de 1675, des- 
pués de haber costado cincuenta y siete mil pesos. La 
modestia de su valor nos revela la de la obra. 

Hasta la naturaleza de aquel suelo se asociaba allí á la 
penuria de los tiempos para aconsejar que no se fabrica- 
sen grandes edi6cios. Tres años después '^ entre nueve 
y diez de la mañana del 1 1 de febrero de 1 678 , conmo- 
vió á aquella ciudad y sus contornos un violento terre- 
moto. Se repitieron durante media hora las oscilacio- 
nes ; y á pesar de la solidez del nuevo templo , der- 
rumbóse su capilla principal muriendo entre las ruinas 
ía devota María Ochoa , tenida allí por santa. La suya 
fué la sola desgracia personal que hubo que deplorar, 
aunque durante treinta dias se sintieron aun algunas 
conmociones. Las obras de los fuertes que se alzaban sin 
interrupción sobre las eminencias que orillan á la bahía, 
apenas padecieron. Solo se resquebrajaron algunas casas 
mal construidas , la nueva catedral , y la iglesia y con- 
vento de San Francisco. 

Seis meses después de aquella desgracia natural, pre- 
senció Santiago un hecho de singular género ; y si an- 
tes y después no se probara en muchos incidentes, bas- 
tara ese hecho solo para patentizar cuál era la índole mi- 



'3 Véanse en el Arch. de Indias de \dL Relación Histórica de la catedral de 
Sevilla las carias originales del gober- Cuba por el obispo Morell de Santa 
nador de Santiago de Cuba al Rey, y Cruz. 



182 : HISTORIA 

litar de las agresiones flibusteras. Aunque con la protec- 
ción de la Francia hubiese crecido el poder de los piratas 
y dirigieran ya sus expediciones acreditados oficiales, 
como jamás contaron para el éxito sino con la debilidad 
de sus contrarios ó la impresión de la sorpresa, la casua- 
lidad mas imprevista frustraba algunas veces sus pro- 
yectos. M. de Pouancey *% su jefe superior, anhelando 
recobrar con alguna agresión de importancia lo que so- 
lian arrebatar los de la Española en sus acometidas 
á sus bucaneros, puso á cargo de su segundo Franques- 
nay un armamento de ochocientos flibusleros escogi- 
dos para que sorprendieran y saquearan á Santiago* 
Se iba reponiendo la población en gente y en rique- 
za, así con las familias jamaiquinas que acrecían su ve- 
cindario , como por el contrabando con Jamaica y Cu- 
razao. El 27 de agosto desembarcó aquella fuerza en 
las primeras horas de la noche en la misma caleta que 
ahora se llama de Justicia. No habia en la playa mas 
viviente que un vijía que, en lugar de velar, dormia en 
su choza. Era un mozo de trastornado juicio y de nom- 
bre Juan Perdomo , á quien despertaron los mismos in- 
vasores para que les sirviese de conductor, y con él se en- 
caminaron inmediatamente hacia Santiago. Como la es- 
trecha senda por donde iban, algunas veces se dividía 
en ramales paralelos; tenian que ir marchando en dos 
hileras. Aunque una hermosa luna los favoreciese, al re- 
volver de un bosque, en cuya salida volvían los senderos 
á reunirse, sucedió que los de retaguardia tropezaron de 



** Sobre este incidente no contienen de Saint-Domingue, el obispo Morell en 

nada los documentos oficiales de este su Relación histórica de la catedral de 

tiempo que hemos recorrido; pero lo Santiago de Cuba Y algunos otros tex- 

refieren el P. Gharlevoix en su líistoire tos. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 185 

repente con los de la vanguardia, y, tomándose por ene- 
migos unos á otros , empezaron á tirarse. El guia Perdo- 
mo, entonces, ó por demencia ó con estudio, lanzó el 
antiguo grito de guerra de los españoles. «Santiago, 
Santiago, cierra España; » y supuso Franquesnay en el 
primer momento que los mismos á quienes iba él á sor- 
prender, le sorprendian. Reconoció pronto este error; 
pero como ocurrió ya cerca de Santiago; y contando con 
que los habitantes y la tropa se habrian puesto en alarma 
al oir el fuego, juzgó mas acertado reembarcarse á la 
ligera que insistir en atacar á un pueblo que podian de- 
fender entonces trescientos soldados , otros tantos peo- 
bes de las obras y multitud de vecinos armados. Al sa- 
ber sus habitantes por Perdomo la sorpresa de que se 
habían librado, atribuyeron su suerte á milagro de una 
imagen del Ecce-Homo , hallada ilesa en los escombros 
de la capilla derribada por el terremoto; y desde enton- 
ces se la consagró una función solemne el mismo dia 28 
de agosto. 

Desde setiembre anterior se hallaba allí mandando el 
capitán D. Francisco Guerra de la Vega, sucesor de 
D. Andrés Magaña á quien habia mandado procesar 
Ledesma por el auditor Matienzo, á consecuencia de va- 
rias introducciones fraudulentas. Magaña pasó á Madrid 
donde murió á los pocos años enteramente ciego. 

Otra invasión *^ mas seria que la de Franquesnay 
aconteció meses después por los centros de la isla. El 



*^ Véanse las cartas originales de Grammont y de sus empresas y ayen" 

Ledesma y de Guerra de la Vega al turas contienen detalles todas las cró- 

Rey en el Arch. de Indias de Sevilla, y nicas sobre flibusteros que en su lugar 

asimismo les libros de actas del ayun- expresan las notas anteriores, 
tamiento de Puerto-Príncipe. De este 



184 HISTORIA 

caballero de Grammont, después de saquear algunos 
pueblos indefensos de Costa -Firme, á pesar de su nobleza 
y de estar en paz España con la Francia , desembarcó 
en la Guanaja el 21 de febrero de 1679 , con un cuerpo 
de seiscientos flibusteros, presumiendo sacar mejor par- 
tido que Morgan de Puerto-Príncipe. En cuanto apareció, 
avisaron los vijías á los vecinos muy á tiempo para que 
pusieran en salvo á sus familias , su dinero y sus ga- 
nados. Mejor prevenidos esta vez y con un piquete 
veterano que desde la primera invasión habia estable- 
cido allí Bayona, se dispusieron á hostilizar de otro 
modo á los franceses , abandonándoles la población de- 
sierta. Grammont, no encontrando ni víveres en ella, no 
la ocupó mas tiempo que el indispensable para regis- 
trarla. Su serenidad y la disciplina de su gente le pre- 
servaron de perecer toda en la retirada ala Guanaja, ha- 
ciendo siempre rostro á mas de seiscientos entre peones 
y ginetes que , ya por ambos flancos ó por vanguardia 
y retaguardia , simultáneamente la fueron tiroteando. Ni 
un paso dio sin verter alguna sangre. Tan acosado se vio 
Grammont al llegar junto á la playa, que tuvo que impro- 
visar el 25 una trinchera para proteger el embarque de 
sus flibusteros. Pero con todos sus esfuerzos para estor- 
bárselo y rendirlos, solo consiguieron los de Puerto-Prín- 
cipe degollar á machetazos á los destinados á la defensa 
del reducto para proteger el embarque de los otros. Tan 
recio fué el combate que , sin los heridos embarcados, 
quedaron allí setenta muertos de los invasores. Sesenta 
y siete perdieron los del país, contando los de color , y 
los fallecidos después por las heridas. Este fué por for- 
tuna el postrer acto de aquella serie de acometidas, 
robos y atropellos con que los piratas extranjeros, ape- 



DE LA ISLA DE CUBA. 188 

llidándose ya corsarios, ya Hermanos de la costa ó fli- 
busteros, afligieron á la indefensa Cuba durante siglo y 
medio. Por experiencia propia reconoció Grammont, uno 
de los de mas renombre entre ellos, que no vivian ya 
allí los españoles con el descuido que en las demás par- 
tes : provechoso fruto de las providencias tomadas por 
Dávila y que observó luego Ledesma. Aunque no sus 
costas ni sus buques , á lo menos los pueblos internos de 
la grande Antilla en adelante fueron respetados. 

Hasta en sus aguas perdieron por este tiempo los 
piratas y extranjeros su pujanza , aunque tanto decre- 
ciese entonces también la de España en otras partes. Tu- 
vieron que detenerse en la Habana lo mas del año de 
1 773 los galeones, advertido su general D. Diego de Cór- 
dova á consecuencia de una real cédula de 1 1 de setiem- 
bre del año anterior, en que avisó á Ledesma la Reina 
gobernadora doña Mariana de Austria que se preparase á 
repeler cualquier ataque de las fuerzas que aprestaba una 
compañía francesa , explotadora á la sazón de las islas 
y territorios usurpados en las Antillas por la Francia. 
Se le anunció también en aquel mismo documento que 
se prevenía esta última potencia á aliarse con la gran 
Bretaña para hostilizar las flotas y posesiones españolas. 
Pero no llegó esa alianza á ser un hecho. Los buques 
ingleses que se presentaron en el archipiélago no hicie- 
ron mas que llevar refuerzos y colonos á Jamaica, Bar- 
bada y otras posesiones ; y entretanto, Geraldino, Marcos 
de Alcalá y los dos hermanos Francisco y Miguel Váz- 
quez , corsarios insignes de este tiempo , seguían apre- 
sando embarcaciones lo mismo á los contrabandistas 
jamaiquinos que á los flibusteros. Facilitaron sus esfuer- 
zos y felices golpes que se introdujesen en la Habana 



186 HISTORIA 

muy cerca de mil africanos de la contrata de Domingo 
Grillo. Ya para que no los siguieran los españoles ahor- 
cando á ellos, dejaron de asesinar los flibusteros á los 
que cogian ; se respetaron las vidas de unos y otros; 
y las obras de la muralla se abreviaron , destinándose á 
sus trabajos en clase de forzados á los prisioneros que 
apresaron aquellos corsarios , y á los contrabandistas y 
enemigos extranjeros que caian en poder de nuestros bu- 
ques. Así lo dispuso una real cédula dirigida en 1 .° de 
febrero de 1675 al virey de Nueva España, al capitán 
general y á los generales de las flotas y galeones. 

Guando cumplió Ledesma el término ordinario del 
gobierno, habia sido nombrado para sucederle el general 
de galeones D. Alonso de Gampos Espinosa , cuyos des- 
afortunados encuentros con los flibusteros exagera tanto 
OExmeling, el cronista de esa chusma. Pero ni de don 
Alonso, ni del navio que le llevaba, volvió á saberse más; 
y á esa desgracia debió aquel jefe su continuación en la 
capitanía general de Guba , nada grata á los que se aco- 
modaban mal con su rigor y su firmeza. 

Un armamento del conde d'Estrées, enviado por 
Luis XIV á América para arrojar de sus establecimientos 
á los holandeses , íntimos aliados de la España entonces, 
se apareció delante de la Habana el 1 8 de octubre de 
4 679 con ocho navios de alto bordo y varias velas de 
transporte. Pretendió d'Estrées ^^ con insistencia, pero 



'6 Juan de Estrees, de la ilustre españoles. Antes y después de ascender 

familia de este nombre, era coronel á teniente general en 1654, concurrió 

de infantería desde su primera juven- á multitud de batallas, siendo hecho 

tud. Perdió el brazo derecho en el sitio prisionero por los españoles en el sitio 

de Gravelingas en 1644 , y fué promo- de Valenciennes. Estrees presenta el 

\ido á mariscal de campo por su con- fenómeno de un general de tierra que 

duela en la batalla de Lens contra los obedeciendo á su aücion á las materna- 



DE LA ISLA DE CUBA. 187 

amigablemente , fondear en el puerto á hacer aguada y 
leña y reparar algunas averías. Pero sabiendo que venia n 
en aquella escuadra mas de tres mil hombres de tropas 
escogidas, le rehusó Ledesma la entrada inexorable- 
mente. Repetidas órdenes del Rey á los gobernadores 
de Indias con respecto á armamentos extranjeros , fuesen 
amigos ó enemigos , les prescribían esta conducta . D'Estrées 
se conformó con ir á hacer sus reparaciones á Matanzas 
por algunos dias, manteniéndose ese tiempo sobre las 
armas las milicias como si se recelara aquel gobernador 
algún ataque serio. El peligro que pudo correr la Ha- 
bana entonces y los armamentos que se hacian en Fran- 
cia, decidieron á la corte á reforzar en el siguiente año 
á la guarnición de aquella plaza con los trescientos 
hombres mas que Dávila habia reclamado como indis- 
pensables para su defensa. 

Entretanto los holandeses, so color de aliados, intro- 
ducían en Santiago, Manzanillo, Trinidad y Baracoa 
copiosos contrabandos. Seis corsarios de Flesinga y de 
Zelanda, cargados de mercaderías, entre ellos el Brand- 
tuyer del capitán Urghongs y el Cordero blanco, las 
cambiaron en el mismo puerto de Santiago por azúcar, 
mieles y corambres, sin que en la causa que mandó for- 



tícas y á la cosmografía y enamorado los principales combates navales de su 

del servicio de la marina afmada , re- tiempo. Regresó de nuevo á las de 

sucitada entonces en Francia por el cé- América en 1676 para expulsar á los 

lebre Golbert, se transformara de re- holandeses de Cayena, causándoles 

pente en general de mar. JNombrósele también desastres en Tabago y Cura* 

vice-almirante en 1668, y poco des- zao. Después concurrió á los bombar- 

pues fué enviado á proteger los esta- déos de Argel y de Túnez. En 1681 fué 

blecimientos franceses en América y promovido á mariscal de Francia^ sien* 

oponerse á los intentos de los ingleses, do gran cruz del Espíritu Santo- y de 

En las aguas de Europa se halló en S. Luis. Murió en 19 de mayo de 1707, 



188 HISTORIA 

mar Ledesma resultase luego nada contra el gobernador 
Guerra, que toleró cuando menos las introducciones. 

Perdida la esperanza de que asomara por alguna parte 
el desaparecido D. Alonso Campos, se nombró en reem- 
plazo de aquel capitán general al maestre de campo don 
José Fernandez de Córdova Ponce de León ", que le 
sucedió el 31 de agosto de 1680, acompañándole como 
auditor el licenciado D. Manuel Murguía y Mena. 

Se habia marcado el largo gobierno de Ledesma por 
el incremento de las siembras de tabaco y del contra- 
bando extranjero , á pesar de sus esfuerzos para repri- 
mirlo. Era tan manifiesto que, al llegar Córdova , con 
frecuencia aportaban á Matanzas buques holandeses como 
si fuera puerto suyo. So color de reponer la aguada ó 
reparar averías ^^, desembarcaban fardos en los rincones 
de la bahía donde los recibian personas apostadas, ocul- 
tándolos pronta y diestramente antes de recibir aviso el 
gobernador de la arribada y de permitir lo que no debia 
negarse. Creyó Córdova extirpar aquellos fraudes esta- 
bleciendo en aquel puerto un piquete de tropa veterana 
que diera guardia en todo buque que se presentara. Pero 
así solo logró aumentar el número de los interesados en 
que continuaran , porque el silencio y la tolerancia de 
los del piquete se compraban. En otras partes, mien- 
tras Córdova mandaba perseguir á los contrabandistas, 
Guerra desembozadamente seguía en Santiago prote- 



«■^ Véase su noticia biográfica, p. 143, lierabre de 1681, de 6 de agosto de 

tomo II, Dice. Geogr.» Estad. » HisL de 1682, de 13 de setiembre de 1682, de 

la Isla de Cw&aporel A. 21 de mayo del mismo año,*y otras mu- 

'* Véanse, en el Arch. de Ind. de chas referentes á los contrabandos de 

Sevilla, las cartas originales de Cor- esta época y á las providencias que 

dova al Rey de 10 de octubre d« 1680, tomó para su represión, 
de 23 de mayo de 1681 , de 14 de se- 



i 



DE LA ISLA DE CUBA. 189 

giéndolos , á pesar de la reciente causa que se le habla 
formado de orden de Ledesma. Imitaban esta conducta 
sin ningún escrúpulo las justicias ordinarias de Trinidad, 
y el teniente y los alcaldes de Puerto-Príncipe. Se habia 
extendido la afición al lujo á todos los lugares, siendo 
las ocasiones de satisfacerla con los buques registrados 
tan escasas, como frecuentes las de los contrabandistas 
de Holanda y las Antillas extranjeras. 

A los dos meses de llegar (10 de octubre de 1680) 
participó Córdova ^^ al Rey los adelantos conseguidos por 
su antecesor en la fábrica de las murallas, y que apro- 
ximadamente quedaba terminada la mitad de una obra 
tantos años retardada por parecer tan dispendiosa. Con 
arreglo al plan aprobado solo faltaban entonces para la 
conclusión completa del recinto, dos baluartes, una cor- 
tina y un frente de baluarte. Continuó el ingeniero Cis- 
cara dirigiendo estas fortificaciones con negros puestos 
á jornal por los vecinos , con algunos trabajadores vo- 
luntarios y con porción de galeotes y confinados que 
venian de Méjico, y llamaban en la Habana <f guachi- 
nangos. » Prosiguieron las obras con calor, habiendo 
recibido Córdova de Veracruz los atrasos de la consig- 
nación de las murallas y además dos mil zapas y qui- 
nientos picos , aunque se trasladara á Santiago por al- 
gunos meses el ingeniero Ciscara, solicitado por aquel 
gobernador para reparaciones urgentes en las defensas 
que se seguían alzando en aquel puerto. Con el fin de 
acelerar la conclusión del recinto de la capital , autori- 
zóse á Córdova para realizar un arbitrio , dos años antes 



'9 véase, en el Arch. de Ind. de Sevilla, la carta original de Córdova al Rey 
en 10 de octubre de 1680. 



190 HISTORIA 

discurrido por Ledesma, el de medio real por cada cuar- 
tillo de aguardiente que desembarcara. Pero, por útil 
que fuese la aplicación del nuevo impuesto , por encare^ 
cer ese renglón de general consumo, repugnó á una po- 
blación y un territorio donde no existían aun alambi- 
ques, ni se consumían mas líquidos alcohólicos que los 
que se recibían de Europa. 

Con la flota que llegó de Cádiz á mediados de 1681 , 
quedó al fin reforzada la guarnición de la capital con los 
trescientos hombres , tantas veces solicitados por Dá- 
víla y Ledesma como prometidos por la corte ; pero ni á 
la mitad de aquel número llegó el refuerzo verdadero, 
porque como ciento cincuenta se aplicaron al reemplazo 
de cumplidos, y apenas quedó constando la guarnición de 
unas seiscientas plazas efectivas. Escasa hueste para los 
cuidados y alarmas de aquel tiempo. 

Insistente en perseguir sin tregua á contrabandistas 
y piratas , Córdova recurrió á todos los medios para 
armar dos pinazas ^*^ con artillería y cincuenta marineros 
y soldados de tripulación. Pero el vecindario que en los 
cinco años que duró su mando contribuyó con cua- 
renta mil pesos de donativos para las misiones de jesuítas 
de Méjico, apenas auxilió al gobernador con una cuarta 
parte de esa suma para defender sus personas y sus bie- 
nes con aquellos barcos. En la generalidad de los pue- 
blos españoles influía entonces mas el sentimiento re- 
ligioso que el de la defensa propia. Para entretener 
aquellas embarcaciones discurrió Córdova otro arbitrio, 
peor recibido todavía que el del impuesto sobre el aguar- 



'" Véase, en el Arch. de Ind. de Sevilla, la carta original de Córdova al Rey 
en 14 de setiembre de 1681. 



DE LA ISLA DE CUBA. 191 

diente, una contribución anual sobre los puestos públicos 
y tiendas. Por esos medios no reunió mas que unos cua- 
tro mil pesos en el primer año ; y siendo tan corta suma 
insuficiente park costear la construcción y sosten de las 
pinazas guarda-costas, aplicó otra contribución á los mo- 
linos y siembras de tabaco ; arrendó el consumo de nai- 
pes en la Habana en trescientos' pesos anuales , y final- 
mente impuso un real sobre cada cabeza de ganado de 
cerda ó vacuno que se consumiera. Sin alcanzar al lleno 
de su objeto , estos arbitrios bastaron sin embargo para 
enemistarle con los contribuyentes, y sobre todo con los 
eclesiásticos. Llovieron contra él denuncias y acusaciones 
en la corte , mediaron protestas y contestaciones, resul- 
tando, empero, que sin vulnerar el crédito de Córdova, 
tres años después aprobó el Rey todas sus providencias, 
exceptuando, sin embargo, la de incluir en las nuevas 
cargas á los eclesiásticos. 

También el Consejo de Indias aprobó ^^ la mayor 
parte de los capítulos del sínodo celebrado por el obispo 
Palacios en 2 de junio de 1 680. Pero desestimó dos pun- 
tos que afectaban á los privilegios del Patronato real : el 
de arrogarse la mitra el de la fundación de cofradías, 
y el de prohibir á las mujeres de color salir de sus casas 
después de anochecer. Palacios murió en la Habana el 
i .* de junio de 1 682 , ignorando los informes contrarios 
á su sínodo que habia dirigido Córdova á la corte y que 
acabaron de enajenarle el espíritu del clero, tanto como 
sus impuestos y la represión del contrabando. 

Excediéndose, entretanto, su celo á sus deberes y 

2' Véase la real cédula de 12 de escribanía-secretaría de gobierno de Ja 
agosto de 1682 en el Arch. de Ind. de Habana. 
Sevilla y en los cuadernos de la antigua 



192 HISTORIA 

aun á sus recursos , fué el primero aquel bravo ada- 
lid de Portugal é Italia que tomase en Cuba la ofensiva 
contra los piratas. Después de expulsar de la Habana con 
mejor fin que discreción á los extranjeros que encontró, 
suponiéndolos espías ó cómplices de los flibusteros, 
indignado ^^ al ver ociosa la armada de Barlovento me- 
ses enteros en Cartagena y otros puertos, cuando roba- 
ban los enemigos á mansalva por las costas, socorrió 
con un barco armado que fletó, los presidios de Florida ^^ 
cuyo situado acababan de apresar. Preparó después 
contra ellos algunas expediciones con buen éxito. La 
mas notable fué la que salió de la capital en mayo de 
1 683 , compuesta de doscientos hombres , una piragua y 
la galeota guarda- costas, llamada Nuestra Señora del 
Rosario. Dirigióse contra la isla de Sigualey ^^, una de 
las Lucayas , donde ya estaban poblando los corsarios 
franceses para formarse allí otra madriguera mejor aun 
para sus empresas que la de la Tortuga. Los capitanes 
Gaspar Acosta y Tomás de Urubarru, que dirigieron 
aquella expedición , arrasaron con poca resistencia á la 
nueva colonia , haciendo algunos prisioneros , pero sin 
que el valor de sus presas les indemnizara de los anti- 
cipos de aquella jornada. 

En julio del año siguiente, una sola piragua, pero 
con tripulación muy escogida, se dirigió á la isla de 
Pinos, donde anclaba una fragata del holandés Lorenzo 



22 Véase, en el Arch. de Ind. de Se- ^4 j)og cartas originales de Córdova 
villa, la carta original de Córdova al al Rey contienen algunos detalles de 
Rey en 8 de julio de 1682. esta pequeña expedición, á la cual se 

23 Véase, en el Arch. de Ind. de Se- refleren también algunos cronistas ex- 
villa, la carta original de Córdova al tranjeros de las Antillas, y aun D. José 
Rey en 7 de agosto de 1682. Martin de Arrate en su Llave de Indias. 



DE LA ISLA DE CUBA. 193 

de Graff, que, á pesar de su intrepidez, cortó el cable 
sin pelear y tan de prisa que ni aun se detuvo á reco- 
ger alguna gente que tenia en tierra haciendo leña y 
que le fué apresada. 

En el siguiente agosto sorprendieron las piraguas de 
Córdova una introducción de negros emprendida por 
tres curas , el comisario del Santo Oficio José Garaondo, 
Francisco Diaz de Sá y Juan Ferro ^^ Lograron los con- 
trabandistas ocultar la mayor parte de los africanos; 
pero les decomisó el gobernador algunos, destinándolos á 
la muralla. De los autos resultó evidente la culpabilidad 
de los nombrados. Pero no pertenecían á la jurisdicción 
del gobernador ; y por estar entonces sin prelado , tam- 
bién se quedaron sin castigo. 

Mal queriente por sí y de hondos resentimientos, 
de muy útil arma le sirvió luego á Garaondo su repre- 
sentación de Inquisidor en la isla para mortificar al go- 
bernador en muchos pasos. En la publicación de los 
edictos de la fe , que solian celebrar solemnemente los 
inquisidores en los dominios españoles, le rehusó en 
público el 28 de marzo de 1 683 el lugar y los honores 
señalados en el ceremonial de aquel acto á los capitanes 
generales. 

Pero donde se ensañó más contra Córdova aquel in- 
quieto clérigo, fué en el procedimiento que hubo de decre- 
tar por sus abusos contra Manuel de Alburquerque ^^ 
su lugar-teniente en los lugares de «tierra adentro,» 
que habitaba en Sancti-Spíritus. Tales fueron las denun- 
cias y las quejas que contra este oficial se acumularon, 

2^ Véase, en el Arch. de Ind. de Se- ^e Véase, en el Arch. de Ind. de Se- 
villa, la carta original de 13 de se- villa, la carta de Córdova al fiey en 31 
tiembre de 1682 de Córdova al Bey. de julio de 1684. 

HIST. DE CUBA. - TOMO II.— 13 



194 HISTORIA 

que le pasó á residenciar el auditor Murguía ; y , des- 
pués de deponerle, le envió preso á la Habana. Ya que 
no su inocencia , le favoreció allí el encono de Garaondo 
contra Córdova, facilitándole un título de notario del Santo 
Oficio, maliciosamente extendido con antigua fecha. Con 
este documento, y bien aleccionado el Albuiquerque, 
desde la misma cárcel dirigió escrito de súplica á Garaon- 
do reclamando su jurisdicción y amparo como dependien- 
te del Santo Tribunal. Seguidamente expidió el comisario 
imperiosa providencia para que se le entregase el preso 
con los autos originales de su causa ; y se entabló una 
competencia en que tomaron parte, cada cual según su 
lado , parciales y contrarios del gobernador. Por muy 
claro que fuese que no habia delinquido el encausado en 
funciones inquisitoriales sino en las de gobierno, y que al 
gobernador solo competía juzgarle por sus delitos como 
empleado, Garaondo no escuchó razones é insistió en sus 
exigencias. El mismo notificó sus providencias con mul- 
tas, apercibimientos indecorosos y voces descompuestas. 
El tribunal de la inquisición de Cartagena , con el exclu- 
sivismo de la institución á que pertenecía, apoyó las 
gestiones de su comisario en la Habana , y continuó vo- 
mitando autos Garaondo hasta conseguir la entrega del 
preso y de la causa ; sin que ni con ese sacrificio de su 
autoridad consiguiera Córdova terminar debates tan 
injustos como escandalosos. Entre tales sinsabores y 
cuando solicitaba con instancia su regreso á España, 
murió aquel maestre de campo el 2 de julio de 1685, 
después de una breve enfermedad que atribuyeron mu- 
chos á veneno. 

Habia ocupado sus postreros días en concertarse con 
los comandantes de los navios de Azogues D. Francisco 






DE LA ISLA DE CUBA. 195 

Navarro y D. Luis de Egües^^ para una expedición 
contra los ingleses, que apostados en la isla de Reatan, 
en el fondo del golfo Mejicano, no dejaban salir de Car- 
tagena á los galeones. Si no habia bebido veneno mate- 
rial, del moral tomó bastante para sucumbir á aquella 
lucha incesante y desigual con malos sacerdotes, vecinos 
contrabandistas é infieles funcionarios. 

Tras ruinosas y continuas guerras, errores sin cuento, 
desmembraciones de territorios y de estados, y todo 
linaje de desastres , no lucia ya para España la estrella 
de Carlos V en estos años , siendo de su eclipse una fiel 
alegoría la misma languidez de rostro y cuerpo del últi- 
mo monarca de su estirpe. La postración de la cabeza se 
extendía á todos los miembros. El estado de la isla era la 
síntesis del que afligía por este tiempo á toda España. 
Para oponerse al enjambre de piratas que hormigueaban 
por sus costas , algunas piraguas ; ochocientos soldados 
casi desnudos y sin pagas para defender un vasto territo- 
rio rodeado de poderosas colonias extranjeras ; las cuen- 
tas de los fondos públicos sin darse ni tomarse hacia ya 
muchos años , y enseñoreado sin oposición de todo el 
país el poder sacerdotal. Y para que el abatimiento se 
agravase , con Córdova parecían haberse muerto el afán 
y los estímulos por dejar á la capital amurallada, no 
aplicándose al adelanto de las obras mas de ochenta mil 
pesos de decomisos y presas recogidos de los contraban- 
distas y corsarios. 

Tampoco faltaron por Santiago discordias y desgracias 
en la época de Córdova. Su gobernador D. Francisco 



" Véase, en el Arch. de Ind. de Sevilla, la carta original de C¿rdova al Rey 
en 21 de mayo de 1685. 



196 HISTORIA 

de la Guerra , como si en lo militar no dependiese del 
capitán general de toda la isla, sin su consentimiento 
destinó á dos hijos suyos de tenientes á guerra en Ba- 
yamo y Baracoa ; pero fué su conducta desaprobada por 
real cédula de 14 de julio de 1682, en que el Rey 
ordenaba terminantemente «que los gobernadores de 
» Santiago de Cuba en todo y por todo estuviesen subor- 
» dinados á los de la Habana;» y que los nombramientos 
hechos por aquel funcionario en sus dos hijos D. José y 
D. Francisco de la Guerra se anularan reintegrando al 
fisco los sueldos percibidos. 

En aquel mismo año volvieron á afligir á aquella ciu- 
dad los terremotos, arruinando la iglesia de Santa Cata- 
lina y muchas casas resquebrajadas en los anteriores. 

Al cumplir Guerra sus cinco años de gobierno , fué 
relevado en 9 de setiembre de 1 683 por el sargento ma- 
yor de infantería D. Gil Correoso Catalán ^^ que activó 
con viva espuela la terminación de los castillos de aquel 
puerto, sin ser menos contemplador que sus antecesores 
con las introducciones fraudulentas. 

La insolencia de Garaondo y otros eclesiásticos cre- 
ció con la prolongación de la vacante de la mitra que 
los emancipaba de todo dominio. Habia sido conferida 
al abad de San Bernardo, D. Baltasar de Figueroa^% 
que á mediados de setiembre ^de 1684 falleció en Cádiz 
de repente , estando para embarcarse en los galeones \ y 



2» De este D. Gil Correoso contiene de Correoso, refiriéndose á hechos muy 

algunos detalles biográficos la JRcíacio» posteriores, Charlevoix, Dutertre y 

histórica de gobernadores de Santiago otros cronistas extranjeros. 

de Cuba que escribió el obispo Morell 29 Véase su noticia biográfica, p. 373, 

de Santa Cruz y adicionó el antiguo se- tomo II, Dice. Geogr.^ Estad., Hist. 

cretario de aquel gobierno D. José déla Isla de Cuba ^or el X. 
Emigdio Maldonado. También hablan 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. Í9f 

pasaron otros tres años más sin que viniese ningún pre- 
lado á gobernarla. 

El mismo dia que murió Córdova , se encargaron del 
gobierno político el auditor D. Manuel Murguía, y del 
mando militar el castellano del Morro D. Andrés Munibe, 
que en los mismos funerales del gobernador difunto se 
vieron desairados por el provisor de la diócesis D. Cris- 
tóbal de Rivera, usurpándoles á los dos la presidencia. 

Grammont, Godeño y, Jonqué ^'^ con mil doscientos 
flibusteros y seis buques mandados por el holandés Lo- 
renzo de Graff, el mas emprendedor de todos ellos, ha- 
blan llegado á apoderarse por sorpresa en agosto de 
1683 nada menos que de la ciudad de Veracruz. Des- 
pués de saquearla á su sabor, les libró la casualidad 
de que les sorprendiera la escuadra de Barlovento , que 
de la Habana se presentó apresuradamente en aquel 
puerto al dia siguiente de la salida de sus invasores. Cam- 
peche con una corla y descuidada guarnición , á los dos 
años, en julio de 1685, sufrió aun peor suerte, siendo 
casi toda reducida á cenizas por Grammont. Después de 
estas empresas el flibusterismo, por no poder crecer ya 
más, empezó á descender forzosamente , obedeciendo á 
las leyes naturales que dominan á lo moral como á lo 
físico. 

Murguía y Munibe, viendo á la isla tan amenazada, 
sobresaltados por el rumor de que vendrían á asaltar á 
su misma capital, solicitaron de España con urgencia 
doscientos soldados para reponer las muchas bajas de la 

^ Véanse las historias de los flibus- el Arch. de Ind. de Sevilla existen del 

teros y piratas de América por Ar- virey de Nueva España , reflriéndose á 

chenholtz, GExmeling, Christian, etc., esta invasión do Veracruz. 
y los muchos pliegos originales que en 



i 98 HiSTókiA 

guarnición , municiones y recursos para armar gente del 
país y pagar los excesivos atrasos de los veteranos. Su 
misma penuria obligó á Munibe á tolerar que se conmo- 
viesen en la Habana las primordiales bases de la disci- 
plina militar. Guando faltó el severo Górdova , á toda la 
fuerza franca de servicio la permitió que pernoctase 
fuera de las fortalezas, para buscarse con industrias ó en 
las obras el estipendio que no les podían suministrar las 
cajas. Entre esas inquietudes y desórdenes , trascurrió 
cerca de un año hasta que atendió el virey á aquellas 
necesidades tan urgentes en la primavera de 1686. No 
habia sido entonces asequible, como en muchos casos 
anteriores , obtener anticipos de un vecindario y un co- 
mercio , á quienes el terrible de Graff , llamado Loren- 
cillo por la pequenez de su estatura , empobrecía en las 
aguas de la isla con las frecuentes presas de sus barcos. 

Gomo el plan que se le atribuía á Graff para apode- 
rarse de la Habana era el de penetrar por la noche en su 
canal con barcos luengos y á remo, se apresuró Munibe ^^ 
á reforzar los reductos y trincheras provisionales de las 
dos orillas, terminando á principios de julio esas defensas. 

No estaban , sin embargo , mientras tanto ociosos los 
corsarios de la Habana. Entre los repetidos incidentes 
que ocurrieron con éxito diverso , merece referirse uno 
notable por su audacia sin ejemplo. En febrero de 1687, 
habiéndose armado en aquel puerto otra piragua , se 
la dio á mandar Munibe á un marino llamado Blas Mi- 
guel Corso ^^, hermano de otro que había muerto en 



3^ Véanse, en el Arch. de Ind. de 32 Véase la carta original de Munibe 
Sevilla, varias carias originales de Mu- al Rey de 7 de noviembre de 1687 en 
nibe al Rey sobre este y otros inciden- el Arch. de Ind. de Sevilla. Este do- 
tes de su interino mando militar. cumento contiene curiosos detalles sobre 



DE LA ISLA DE CUBA. l99 

la persecución de flibusteros. Su apellido mismo le reco- 
mendaba para la comisión que se le conferia. Las pira- 
guas estaban destinadas á perseguir piratas en el mar ó 
en las costas españolas , pero no á hostilizar á puertos 
ocupados por colonos de naciones que estuvieran en pa- 
ces con España. No tuvo Corso en cuenta esta excep- 
ción. Atribuyendo la muerte de su hermano á Lorencillo, 
y ansiando la venganza , formó el proyecto temerario de 
sorprenderle en el mismo Petit Goave , guarida habitual 
de aquel pirata. Salió Corso de la Habana al terminarse 
julio, como si fuera á una de sus excursiones ordina- 
rias, llevando en la piragua y un barco del tráfico ochenta 
y cinco hombres solamente, pero bien armados y es- 
cogidos. Salido del canal de Bahama sin tropiezo, se 
ocultó tras el islote de Goave, y antes de aclarar ellO 
de agosto, desembarcó sin ruido en aquel puerto de la 
Española , fronterizo á Cuba , donde una compañía mer- 
cante de franceses habia formado una colonia y puesto 
autoridades mucho antes de que fuera aquella tierra 
propiedad reconocida de la Francia. Corso ocupó al mo- 
mento con un corto reten un fortin abandonado ; y sin 
detenerse , entró á saco y degüello por el caserío. Du- 
puy, que gobernaba en aquel pueblo y su distrito, saltó 
casi desnudo de su lecho y quiso defenderse; pero mu- 
rió de un tiro , é igual desgracia ocurrió á su misma es- 
posa, que se hallaba en cinta. Los pocos franceses que 
intentaron resistirse fueron degollados, y ni domicilio 
quedó que respetaran los iracundos invasores. Si en se- 
guida se hubiese Corso reembarcado con su gente , ha- 



el hecho atrevido de Blas Corso, y le- los cronistas de la parte francesa de 
jos de negarlo lo conürman casi todos Santo Domingo. 



200 HlSTOtllA 

brian excedido su suerte y su botin á sus mismas espe- 
ranzas. Pero le cegaron el resentimiento y la codicia. Con 
su imprudente detención dio lugar á que cayeran sobre 
los desembarcados todos los colonos de los lugares inme- 
diatos, mientras aseguraba él mismo en las embarcacio- 
nes los despojos de aquel pueblo y dos docenas de muje- 
res blancas , mulatas y mestizas. Sesenta españoles que 
quedaban en el pueblo se hicieron fuertes en el castillejo. 
Pero después de defenderse con vigor, al dia siguiente, 
estando ya sin víveres ni pólvora, muerta la mitad de la 
gente y casi toda la demás herida , fácilmente fué forzado 
el puesto por los asaltantes. El piloto y el segundo de la 
piragua perecieron en el horrible suplicio de la rueda , 
todavía en usanza entonces en la culta Francia , y fue- 
ron ahorcados los demás sin que pidiese gracia ni uno 
solo. Corso , no pudiendo socorrerlos contra mas de qui- 
nientos hombres con los veinte y cuatro marineros que 
le quedaban en los barcos, tomó el largo á todo trapo y 
consiguió ponerse en salvo. 

Año y medio duró en la Habana la agitada interinidad 
de Munibe y de Murguía, tan notable por sus mismos 
desacuerdos , como por la imperiosidad y la violencia 
de los eclesiásticos. Al paso que excediéndose Munibe 
de sus facultades, destituía sin pesquisa ni formación de 
causa á los capitanes y tenientes á guerra que había 
nombrado Córdova , el iracundo Garaondo cometió con- 
tra su autoridad otro atropello mayor aun que el de la 
causa y entrega de Alburquerque. El negro Manuel Pé- 
rez ^^ capitán de morenos libres de Caracas y senten- 



23 Véanse, en el Arcb. de Ind. de Mena al Rey en 12 de febrero de 1687, 
Sevilla, la carta original de Murguía y la real cédula que, con consulta del 



DE LA ISLA DE CUBA. 20l 

ciado por un delito militar á servir de soldado dos años 
en el Morro , fué reclamado por Garaondo á Munibe con 
imperio. Pero cuando lo trasladaban á la cárcel pública 
los familiares del Santo Oficio , se acogió el preso á sa- 
grado en el convento de Santo Domingo. Dio cuenta Mu- 
nibe á la corte y á la audiencia de las amenazas y des- 
composturas de Garaondo en aquel lance , y dispuso el 
Consejo de Indias que se pesquisara y castigara su con- 
ducta por el mismo tribunal de la Inquisición de Carta- 
gena á quien representaba. 



Consejo de Indias, se expidió después juzgase y castigase los excesos de Ga- 
para que la Inquisición de Cartagena raondo. 



CAPÍTULO SÉPTIMO. 



Gobierno de D. Diegode Viana. — Legislación de Indias.— Discordias entre' Yiana 
y su asesor Roa.— ForüQcaciones y guarnición. — Causa de Correoso, gober- 
nador de Santiago,-^ Decadencia de la marina española. — Compañía marítima 
de Guipúzcoa. — Manejos de Roa contra Viana. — Es suspenso y encausado.— 
Gobierno de D. Seyerino de Manzaneda. — Obispo D. Diego de Composte- 
la. — Progresos de la diócesis en erecciones de parroquias y fundaciones. — 
Gobierno de D. Juan de Villalobos en Santiago. — Alteraciones en aquel ter- 
ritorio. — Reemplaza á Villalobos D. Sebastian de Arancibia. — Fundaciones 
de Yilla-Clara y de Matanzas. — Victorias de los españoles sobre los franceses 
en Santo Domingo. — Contestaciones entre Manzaneda y el gobernador francés 
Ducasse. 



A los cuatro meses y diez y ocho dias de viaje , for- 
zada la flota por un recio temporal á arribar á Veracruz, 
recibió el mando de Cuba en 19 de noviembre de 1687 
D. Diego de Viana Hinojosa ^ general de la artillería del 
territorio de Sevilla. Vinieron con él D. Francisco Ma- 
nuel de Roa, nombrado auditor en reemplazo de Mur- 
guia, y el nuevo obispo D. Diego Evelino de Compostela *, 
antiguo rector del colegio de los Infantes de Toledo y 
predicador muy distinguido por su elocuencia , sus vir- 
tudes y literatura* 

* Véase su noticia biográfica en la Geogr.» Estad., Hisl. de la Isla de Cuba 

p. 648, tomo IV, Dice. Geogr., Estad., por el A., la única biografía que se 

Hist. de la Isla de Cuba por el A. conoce de este venerable prelado. 

' Véase en la p. 131 , tomo II, Dice. 



íiiSTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 205 

Era Viana portador de los primeros ejemplares del Có- 
digo ó Recopilación de leyes de Indias, destinado , según 
una real cédula , á regir desde el año siguiente , como 
si no se viniesen casi todas sus disposiciones observando 
hacia ya mas de un siglo en el nuevo continente y en 
sus islas. 

En esas leyes, desde las famosas ordenanzas de 1542 
recibidas en América con tanta oposición y repugnan- 
cia, reinaba el mismo espíritu de imparcialidad, de pro- 
tección y de justicia que en las de la Península y sus 
demás estados Europeos. La Recopilación era un con- 
junto de todas las de España que parecieron aplicables 
al imperio colonial, y de las que se hablan promulgado 
en cerca de dos siglos. De índole generosa y humanita- 
ria , concediendo iguales fueros y derechos á los españo- 
les nacidos en las posesiones americanas que á los de la 
metrópoli, y emancipando á la casta indígena de todo 
vasallaje, contenia, sin embargo, disposiciones muy con- 
tradictorias é incoherentes, hijas de la inexperiencia 
práctica de sus autores y de falta de nociones sobre 
cada cual de las provincias á donde se aplicaban. Dis- 
culpable era en España ese defecto, cuando ni en su 
mismo suelo metropolitano, ni en las demás naciones 
se habia aun empezado á armonizar la legislación con 
los adelantos traídos por el tiempo. Eran iguales, unas 
mismas, las leyes de Indias para provincias tan nume- 
rosas y varias entre sí como las de la antigua Amé- 
rica española, sin que previesen los compiladores de 
aquel código que una disposición benéfica para el Perú 
podia ser perjudicial en Méjico ó en Cuba. Necesitaba su 
legislación especial cada provincia, aunque adaptán- 
dosela á principios y doctrinas comunes á la goberna- 



^04 HISTORIA 

cion de territorios que dependian de uíi mismo trono. 

Se componía la Recopilación de cerca de cuatro mil 
cédulas, acordadas y rescriptos, siempre sugeridos al Con- 
sejo por informes de las audiencias, los vireyes, los go- 
bernadores y las corporaciones de ultramar, donde no 
siempre habia prevalecido el sentimiento público, y que 
dictaron algunas veces otras miras que el bien de los 
pueblos. Así se explica que , después de la publicación 
del código, quedasen sin aclararse ni proveerse multitud 
de puntos gubernativos y judiciales, y sin deslindarse 
cabalmente las atribuciones y jurisdicción de muchos 
funcionarios. Tenia que continuar el Consejo de Indias 
resolviendo casos imprevistos y guiado por informes 
de igual origen que los dictados por las disposiciones 
comprendidas en la Recopilación. De tan errónea marcha 
tenian que ser inevitables resultados las competencias, 
continuas irregularidades en la administración del fisco, 
el desgobierno y el atraso que aun continuaron este- 
rilizando muchos años más las fecundas posesiones del 
continente americano. La Recopilación, pues, sin in- 
novar de ningún modo el régimen practicado desde la 
conquista , no hizo mas que sancionarlo ; y como en to- 
das las demás provincias , se detuvieron los progresos 
de Cuba en las barreras que la ignorancia oponia á su 
desarrollo. 

Asi que llegaron Viana y el obispo Compostela, en vir- 
tud de cédula real fué encarcelado el delincuente clé- 
rigo Garaondo y remitido á Cartagena en los galeones 
para que allí le castigase el mismo tribunal de cuya re- 
presentación habia abusado tanto. Pero si desapareció 
con aquel clérigo un elemento de discordia, se introdujo 
en el país otro mayor con el nuevo intérprete de las le- 



DE LA ISLA DE CUBA. 205 

yes, D. Francisco Roa, joven audaz y presuntuoso. «Lúe- 
» go que llegué á esta plaza,» dijo Viana al Rey % en 
1 / de febrero de 1688 , <f me apliqué con todo cuidado 
» á remediar y poner en forma muchas cosas que esta- 
j> ban adulteradas, tocante así á la milicia como al buen 
» gobierno político; porque como estaba este en dos ju- 
» risdicciones, cada uno quería adelantar más la suya; 
i> habiendo conseguido el licenciado D. Manuel de Mur- 
)> guía , teniente de lo político , propasarse á mandar en 
» lo militar por decir que era auditor general ; como si 
» la auditoría le pudiera imprimir graduación de gobier- 
» no militar, no queriendo persuadirse ni él ni los demás 
j> de su puesto, que no es mas que asesor y juez acompa- 
» nado para las causas de los militares. Habiéndose in- 
j) formado de estas cosas D. Francisco Manuel de Roa, 
» teniente y auditor que hoy es, ha intentado en muchas 
» ocasiones y puesto en práctica el tener en todo como 
» el gobernador y ser tan absoluto en sus resoluciones, 
» como lo prueba un papel que me escribió por haber yo 
» preso á unos cirujanos que no me dieron cuenta de ha- 
» ber curado unas heridas que un esclavo dio á su amo; 
» á lo que le respondí con mucha templanza. También 
» ha proveído autos en lo civil para que á los oficiales de 
I» guerra los ejecuten con ministros y sin exceptuar al- 
» guno , cosa que redunda en grave perjuicio y malas 
» consecuencias. Quiere también dicho teniente que en 
» las causas así civiles como criminales y de soldados y 
* memoriales de partes que le remito , le ponga : « re- 
» mítanse ó acudan al señor licenciado D. Francisco 



3 Véase esta carta original en el Arch. de Ind. de Sevilla y la copia en I^ 
Colee, del A. 



206 HISTORIA 

» Manuel de Roa , teniente y auditor general ; » siendo 
» así que todos mis antecesores ó sus tenientes no les 
» han tratado sino poniendo v llévense estos autos ó re- 
D mítanse al licenciado D. Fulano,» como consta por 
» muchos decretos que he visto de D. Francisco Rodri- 
» guez de Ledesma y D. José Fernandez de Górdova. 
» Otras muchas cosas omito de que se originan distur- 
» bios y bandos perjudiciales á la buena administración 
j) de justicia ; muy contra el estilo que se observa así en 
i> España , como en las Indias entre tenientes y gober- 
» nadores.» 

Con mas deseos de ordenar las cosas públicas que 
firmeza para hacerse obedecer, en 1 5 de junio del mis- 
mo año anadia Yiana al Monarca : « He solicitado cuanto 
D ha sido posible que se arreglen todos en la venta de 
j los mantenimientos, medidas y precios, y he hecho se 
» den aranceles por donde se gobiernen; y á las justicias, 
» alcaldes ordinarios y regidores de mes, que asistan á la 
» plaza para hacerlos observar. Habiendo tenido noticia 
» que esto no se cumplía , y que los precios á que se 
» vendían los bastimentos eran excesivos , salí á la pla- 
j za; y conociendo que los asuntos de la capitanía ge- 
j> neral no me dejarían tiempo para asistir continuamente 
» á este cuidado, reprendí á los que le tocaba, para que 
» cumpliesen con su obligación como lo han hecho; y 
» solo el teniente ha faltado á ella, hasta que, á repetidas 
» instancias que le hice , salió una mañana y no tengo 
» noticia que haya continuado. » 

a En esta ciudad hay una porción de molinos donde 
» se muele una muy considerable porción de tabaco que 
j» se extrae para Nueva España , Tierra-Firme y otras 
» partes en que V. M. no tiene utilidad alguna; con 



DE LA ISLA DE CUBA. 207 

» lo que se sigue notable perjuicio, y no se consigue 
» la real voluntad de V. M. en las remesas que manda 
j> se hagan de dicho tabaco á esos reinos , aunque he 
» hecho publicar la real cédula que lo dispone y dado 
» orden para que los labradores de tabaco sean exentos 
» de la contribución que hacian para sustentar los 
» guarda-costas de esta isla y que muchos con esta di- 
» ligencia se han alentado á sembrarlo. En esta conside- 
» ración será muy del servicio de V. M. prohibir dichos 
» molinos, dejando solamente dos para el gasto ordinario 
D de los vecinos de esta ciudad ; y que no se pueda sa- 
» car de ella tabaco en polvo con ningún pretexto , im- 
» poniendo á los contraventores la pena que V. M. fuere 
«servido señalar.» 

Al paso que Yiana , en medio de sus discordias con 
el auditor, proponia medidas tan contrarias á la libertad 
industrial del vecindario, adelantó las fábricas de la 
muralla con mas afán que discreción *. Terminó en 
breve tiempo la puerta principal que se llamó de Tierra, 
con sus puentes levadizos , los baluartes y las cortinas 
que quedaban por alzar al morir Córdova. Por desgra- 
cia, Viana y el ingeniero de las obras, deseando mas 
ostentar celo que alzarlas con la debida solidez , se ciñe- 
ron á algunas instrucciones erróneas de Ledesma, y deja- 
ron los baluartes sin la extensión necesaria en sus plata- 
formas para los movimientos de sus defensores , sin la 
altura conveniente y aun sin terraplenes para colocar 
bien la artillería : indisimulable error ese en un jefe que, 
como Yiana , habia corrido algunos años en la provincia 



* Véase , en el Arch. de Ind. de Se- caria original de Yiana al Rey en 15 de 
Yjlla y copiada en la Colee, del A., la diciembre de 1688, 



208 HISTORIA 

de Sevilla con aquella especial arma. No anduvo mas 
ilumin^ido en la construcción de las cortinas que cerra- 
ron el recinto hasta la bahía , levantadas todas sin el 
espesor ni la altura requeridas, sobre débiles cimientos 
y formando un cerco mas propio para oponerse al con- 
trabando que para rechazar ataques regulares. No re- 
cibiendo de Veracruz las consignaciones de las obras, 
buscó cerca de cuarenta mil pesos á crédito para no pa- 
ralizarlas , enviando á Méjico al sargento mayor Juan 
Menendez Márquez ^ á activar la remesa de caudales. 
Logró el comisionado que el virey enviase parte de los 
situados en agosto ; y con doscientos hombres recibidos 
también de Veracruz á cargo del capitán Francisco Blan- 
coj reemplazó las bajas y cumplidos de la guarnición, y 
formó Viana dos nuevas compañías , una al mando del 
citado Blanco, y otra al de Guillermo Bequer, que engan- 
chó alguna gente de la misma plaza, 

A mediados de mayo, mucho antes de recibirse este 
refuerzo , se alarmó el gobernador con avisos del vijía 
de cabo Corrientes, anunciando la aparición de un arma- 
mento de diez velas extranjeras. Movióle esta noticia á 
armar en aquellos días las compañías de milicianos; pero 
no llegó á ocurrir hostilidad alguna por la costas. El 
temible Lorencillo que acaudillaba á aquellos buques, se 
dirigía hacia Santiago; pero luego desistió de su pro- 
yecto contra ese territorio, y continuó á repararse en 
sus guaridas ordinarias. 

Ya no gobernaba D. Gil Correoso aquella plaza. Ha- 
bían llegado á la audiencia exageradas quejas de sus ma- 



^ Véase , en el Arch. de Ind. de Se- carta original de Viana al Rey en 15 de 
villa y copiada en la Golee, del A., la diciembre de 1688. 



DE LA ISLA DE CUBA. 209 

nejos y excentricidades. Acusáronle de determinar asun- 
tos graves sin consulta de letrado, de proteger el trato ilí- 
cito y de desasosegar á la población con alarmas y nuevas 
caprichosas. Una noche que asistia con los vecinos prin- 
cipales á una loa que recitaban algunos malos cómicos, 
mandó que el Morro hiciese seña de enemigos sin que los 
hubiera, y se dispersó toda alarmada aquella concurren- 
cia. La audiencia de Santo Domingo consideró bastante 
graves las denuncias para enviar á pesquisarle al oidor 
D. Tomas Pizarro Cortés, que relegó á Correoso en Ba- 
racoa , encargándose á sí mismo del gobierno político en 
24 de diciembre de 1 686, y del militar al sargento ma- 
yor D. Alvaro Romero Venegas. Acompañaron á las ges- 
tiones de Pizarro las irregularidades y demasías tan co- 
munes en las residencias. Llegaron al extremo de em- 
bargar en la misma Habana por medio de un comisiona- 
do de apremio ocho mil pesos que Correoso antes de ir 
á su destino habia confiado á D. Diego Peñalver Án- 
gulo ^ vecino de aquella capital. Poco conforme el en- 
causado con su destitución y esos embargos, apeló al 
Consejo con tal suerte , que se los levantaron '^ y se le 
promovió á la tenencia de rey de Santo Domingo, que 
era el segundo mando militar de la Española. No le 
faltó allí años después ocasión de distinguirse. 

La rápida desaparición de los galeones y navios de 
guerra ^, unos tomados, otros carcomidos y nunca repues- 



•^ Voluminosos eran los autos de esta villa, la carta original de Viaoa al Rey 

causa de residencia de Correoso que de 8 de agosto de 1688. 
existian en 1851 en el Arch. de la se- » Según carta original de Viana al 

cretaríadel antiguo y extinguido Con- Rey de 18 de mayo de 1689 (original 

sejo de Indias, antes de ser trasladada en el Arch. de Ind. de Sevilla), pocos 

al de Sevilla toda su documentación. días antes había varado á la entrada de 

^ Véase, en el Arch. de Ind. de Se- la Habana, en los arrecifes de la Punta, 

ECIST. DE CUBA.'— TOMO II. — 14 



210 HISTORIA 

tos, y la urgente protección que reclamaba el comercio ul- 
tramarino obligaron al gobierno exhausto á quebrantar 
los privilegios del comercio de Sevilla, permitiendo que, 
con el nombre de « Compañía Guipuzcoana » y con varias 
prerogativas, se organizara una sociedad de armadores 
vascongados. No necesitaron muchos meses para prepa- 
rar una escuadra de corso y mercancía los animosos na- 
turales de aquella provincia, aunque demostrando desde 
su primer campaña que mas temible aun que su valor 
era la indisciplina de sus cabos y tripulaciones. Desave- 
nidos unos con otros los capitanes, cada cual hizo rumbo 
por su cuenta. Uno de ellos, Fermín Salabarría % perse- 
guido por Lorencillo con mayores fuerzas, tuvo que em- 
barrancar sobre Jaruco, dejando encallada su fragata y 
refugiándose en la Habana. Se reconcentraron en el ve- 
rano de 1 688 en este puerto la mayor parte de las na- 
ves guipuzcoanas y reanimaron algún tanto su mercado 
muy abatido antes por la inseguridad de las expediciones 
y correspondencias. Habiéndose perdido una de las pira- 
guas costeras y apresado Lorencillo la galeota, apresuró 
Viana en su tiempo la construcción « de un barco longo 
> de treinta y cuatro codos de quilla que pudiera mon- 
» tar artillería de á seis. » Su valor, que no pasó de 
cinco mil pesos, se cubrió con los arbitrios estableci- 
dos para el sosten de las piraguas y con la parte de presa 
que le habia tocado al fisco en la expedición de Sigua- 
tey. A sus expensas tuvieron que restablecer también en- 



uno de los galeones de Cartagena, man- dencia oficial de Yiana al Rey, en el 

dado por D. Francisco Blanco, aunque Arch. de Ind. de Seyilla, hablan de los 

se salvaron la tripulación y casi todos incidentes ocurridos en las costas de la 

los efectos que venian á bordo. isla con los buques de la Compañía Gui- 



Algunos pliegos de la correspon- puzcoaníi. 



DE LA ISLA DE CUBA. 211 

tonces los vecinos la cadena de tozas y de cobre con que 
antiguamente se cerraba la entrada de la bahía entre 
las fortalezas del Morro y de la Punta. En consideración 
á este servicio y á los quebrantos que sufria la ciudad 
con los corsarios, por cédula del dia último de aquel año 
fueron relevados sus vecinos del impuesto del dos y me- 
dio por ciento de almojarifazgo sobre la venta y expor- 
tación de los azúcares , tabacos , ganados y demás pro- 
ductos de sus predios y crianzas. 

Se habia aplicado Viana á poner coto al desorden in- 
troducido en la guarnición por debilidad ó forzosa tole- 
rancia de Munibe. Exceptuando los de guardia ^\ per- 
noctaban los demás soldados por el pueblo fuera del 
cuartel y de lí^s fortalezas; y, prefiriendo á las faenas 
militares industriarse en sus oficios, dejábanles los cas- 
tellanos rebajarse por una regalía ó costeándose un su- 
plente. Córdova habia reprimido con severidad estos ex- 
cesos que, aun durante su gobierno, habia intentado au- 
torizar Gaspar Martínez, alcaide de aquel fuerte. Pero, 
en los dos años y medio de su interinidad en el mando mi- 
litar de su sucesor, llegó hasta afectar á la seguridad de 
la plaza aquel abuso y poner á sus moradores en alarma. 
Luego se esforzó Munibe en mantenerlo, p retextando el 
descontento de la tropa con la sujeción en los cuarteles 
cuando no recibía sus haberes al corriente. Pero deses- 
timó Viana tan ruines argumentos, y mandó que per- 
noctaran en los fuertes sus respectivas dotaciones, y lo 
restante de la guarnición en el cuartel llamado de San 
Telmo. Tal era el nombre de la casa donde se habia 



*° Véase, en el Arch. de Ind. de Se- caria original de Viana al Rey en I." 
villa y copiada en la Colee, del A., la de febrero de 1688. 



212 HISTORIA 

fundido antiguamente el cobre que había dejado de en- 
viarse de Santiago muchos años antes , dando luego Cór- 
dova aquel destino al edificio. 

No tuvieron tregua las competencias que á Viana sus- 
citó el inquieto Roa, y más después que se enlazó con una 
de las familias principales del país con su reciente casa- 
miento. <t Las sin razones del teniente , > escribia aquel 
gobernador al rey" en 18 de abril de 1689, « crecen 
» cada dia, extendiendo con sus parciales voces contra 
» mi crédito que tanto he procurado mantener en el ser- 
» vicio de V. M. Se añade el rencor que me tiene por la 
i> privación de que su suegra corte en el monte vedado, 
» según los autos que he remitido. Han llegado las dis- 
» putas y controversias á estado de gran provocación. 
» Dias pasados vino un clérigo á proponerme que res- 
» pecto á haber D. Francisco Roa emparentado con una 
» familia poderosa , me estarla bien conformarme con lo 
» que dicho D. Francisco obrara , pues todos le hablan 
» de mirar como á vecino y á mí como á forastero. Le 
n respondí que por ningún motivo podria yo faltar á la 
» justicia ni á mi obligación , como lo he hecho en el 
» cuidado de evitar fraudes, mantener buena disciplina 
» militar, haber levantado la fábrica de la muralla y re- 
í> cinto de la ribera , solicitando el mayor ahorro de la 
>i Hacienda y remediando muchas cosas que estaban 
» adulteradas en la vacante, como^s público y lo dirán 
» todos los desapasionados de Roa y las personas que 
j> obran como deben. » 

Desde que desechó Viana la avenencia que propuso 



*' Véase esta carta original en el Arch, de Ind. de SeyiHay copiada en la 
Colección del A. 



m LA ISLA DE CUBA. 215 

el clérigo se convirtieron los altercados en hostilidades 
manifiestas; y Roa se confabuló con algunos funcionarios 
para fraguar contra el gobernador una violenta y exa- 
gerada acusación de introducciones fraudulentas. Llegó 
á informe del Consejo de Indias revestida de tales testi- 
monios y apariencias, que se decretó al instante la for- 
mación de causa á Viana y su suspensión de mando. hasta 
que justificase su inocencia. 

En la mañana del 30 de octubre de i 689 , ancló 
cerca del castillo de la Punta una fragata con el maestre 
de campo D. Severino de Manzaneda ^^ y el oidor don 
Gerónimo de Górdova *^; «y habiendo solicitado saltar 
»en tierra, lo consiguieron sin embarazo. » Manzaneda 
presentó á Apiana una real cédula nombrándole capitán 
general en comisión, mientras durase la pesquisa que 
venia á formarle Górdova ; recibió el mando sin demora, 
y lo inauguró instalando desde luego en sus funciones al 
magistrado que le acompañaba. 

Aunque cargadas de veneno, se reduelan las denun- 
cias contra Viana á debilidades tan ordinarias en Amé- 
rica , que hasta parecía parcialidad castigar en uno solo 
lo que hasta allí se habia disimulado á tantos otros fun- 
cionarios. Acriminábanle su facilidad en recibir regalos 
y agasajos. Especificaban uno por uno, por cantidades 
y por fechas, algunos bultos recibidos fuera de registro; 
y descendía la acusación hasta detallar sus distraccio- 
nes mujeriles. Górdova dio principio á los autos desde 
luego, haciendo arrestar al encausado y secuestrándole, 
á falta de otros bienes, hasta su equipaje y sus caballos. 

*2 Véase su noticia biográfica, p. S88, '^ Véase , en el Arch. de Ind. de Se- 
tomo III, Dice. Geogr.i Estad. Hist. de "villa, la carta original de Manzaneda al 
la Isla de Guha por el A. Rey de 26 de diciembre de 1689. 



214 HISTORIA 

Por fortuna suya , un mes antes que llegara Manzaneda, 
le habían anunciado á Viana por un barco de Canarias 
la pesquisa que contra él se preparaba, y supo con opor- 
tunidad poner en salvo sus alhajas y sus ahorros. Muy 
contados eran los jueces encargados de las residencias 
que en esas comisiones tirasen á otro objeto que á la 
saca de costas y provechos. Burlada la codicia del oidor 
por la precaución del acusado, para cubrir aquel sus die- 
tas recurrió al arbitrio de embargarle preventivamente 
en arcas reales como cuatro mil pesos que alcanzaba de 
sueldos y derechos atrasados. En la larga causa *^ de 
Viana se reprodujeron todas las agitaciones y conflictos 
que habian turbado á la Habana en casos semejantes. 
Implicaron en las diligencias á cuantos podían pasar, 
siéndolo ó no, como conniventes ó interesados en las 
actas del residenciado , á su secretario , al factor Ber- 
nabé Miranda y otros parciales suyos que fueron rele- 
gados á distintos puntos. Al mismo Viana se le envió á 
esperar el fallo de su juicio en Trinidad, en donde los 
dias postreros del 89 se encontró alarmado al vecindario 
con la aparición de seis buques corsarios extranjeros en 
Puerto-Casilda. Duró allí la inquietud mas de una se- 
mana que emplearon en hacer aguada y leña , sin inten- 
tar hostilidad importante. 

Grato es ahora dirigir los ojos á cuadro mas ameno 
que los de residencias y corsarios , refiriendo las refor- 
mas que con su perseverancia y su doctrina empezaba 



** Una parte de sus autos se hallaba entonces el Arch. del extinguido Cen- 
en Madrid en 18S1 en el edificio lia- sejo de Indias, que después se ha acu- 
mado los Consejos, antiguo palacio de mulado muy acertadamente al de Se- 
les duques de üceda, donde subsistia villa. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 21 S 

á introducir entonces el obispo Compostela '^ en la dió- 
cesis cubana, y que dejó cumplidos en los quince años 
que estuvo gobernándola. Sin herir susceptibilidades, ni 
luchar tampoco de frente con los malos hábitos , consi- 
guieron su elocuencia y sus ejemplos mayor fruto que 
las censuras y conminaciones de sus antecesores. Con un 
prelado que, tratándolos á todos con dulzura y corte- 
sía, sin afectar rigorismo ni exigencias, andaba siem- 
pre á pié , no hacia mas que una frugal comida al dia, 
repartía sus ingresos en limosnas , y con majestuosa y 
sonora voz conmovía desde el pulpito hasta á los mas 
frios; por pudor renunciaron los clérigos, uno á uno, á 
plateadas calesas, y lacayos cubiertos de oropeles , á ce- 
lebrar festines en sus casas y á concurrir á partidas de 
dados y naipes y disipaciones impropias de su estado. 
Si no se corrigieren todos , empezaron por lo menos á 
ocultar sus vicios; y no hubo ya sacerdote de decoro 
que no ayudase á su ejemplar obispo á mejorar el culto, 
donde una mitad de las famiUas, aisladas en los cam- 
pos , nacian y se morían en la barbarie , sin nociones re- 
ligiosas, ni cultura moral de ningún género. 

Seria preciso un tomo para detallar las evangélicas 
obras y creaciones que , superando á ios recursos de su 
mitra , mas pobre aun que muchos curatos de otros paí- 
ses, ejecutó aquel obispo venerable, echando los ci- 
mientos á muchos pueblos nuevos con las parroquias 



'5 Muchas cartas de Viana y Manza- nios de sus obras. Hubiéramos deseado 

nedaalRey (en el Arch. de Ind. de Se- examinar los papeles de la secretaría 

Villa) se refieren á los hechos y ejem- de la antigua diócesis que fueran de al' 

piar conduela del obispo Compostela. gun interés para la historia, pero fue- 

Sus fundaciones y los progresos obte- ron Taños nuestros esfuerzos para con* 

nidos en la diócesis durante su episco- seguirlo. 



pado son, además, los mejores testimo- 



216 HISTORIA 

que erigió por las campiñas. Los límites de nuestro libro 
solo permiten reseñarlas. 

Conociendo que en una capital que ya pasaba de 
treinta mil almas, cuatro parroquias no bastaban, erigió 
dos nuevas : la del Ángel, cuyo templo edificó con limos- 
nas suyas y del vecindario ; y la del Santo Cristo, engran- 
decida por los mismos medios que la ermita que existia 
en su lugar hacia treinta años. 

En los puntos á donde llamaba población rural el 
cultivo del tabaco, sobre todo en los sitios de Santiago 
de las Vegas á cinco leguas de la Habana, ya habitados 
por un centenar de familias labradoras , fué fundando 
aquel obispo iglesias , levantadas todas bajo los auspi- 
cios de los clérigos mejores que encontró , con los dona- 
tivos de los mismos campesinos y con los que consiguió 
del Rey , de las monjas de Santa Clara y de propietarios 
generosos. Así se fabricaron y dotaron en su tiempo y los 
años inmediatos diez y seis parroquias, á saber : las de 
San Miguel del Padrón, Jesús del Monte, Rio Blanco, 
Guamacaro, Macuriges, Guamutas, la Hanabana, Alva- 
rez, Guanajay, Santa Cruz, San Basilio, Consolación, 
San Julián de los Guiñes y Batabanó, donde con los trá- 
ficos de su frecuentada rada se formaba un pueblo. Ni á 
las extremidades mas apartadas, pobres y desiertas, des- 
atendió la vigilancia del prelado. En Guane y Pinar del 
Rio, por los términos occidentales de Cuba, donde culti- 
vaban ya algunos vegueros el tabaco de mas estimación, 
se fundaron también sus dos iglesias parroquiales. Esta- 
blecióse además en Regla, con el nombre de santuario, un 
nuevo templo en solar cedido por la familia de Rezio de 
Oquendo, donde alrededor de una antigua ermita se 
agrupaban chozas de pescadores y navieros en la orilla 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 217 

de la bahía fronteriza á la capital. Erigió también Com- 
postela en parroquia auxiliar de Puerto-Príncipe , que 
contaba al fin del siglo un vecindario de dos mil sete- 
cientas sesenta y seis personas, otra ermita llamada de la 
Soledad. No en todos los pueblos logró fabricar templos; 
pero mientras su edificación se acaloraba, habilitaba ca- 
sas para el culto , y destinaba misiones religiosas á los 
campos, procurando disipar las tinieblas en que vivian 
sus moradores. 

Por la parte de Santiago, después de terminar la re- 
edificación de la catedral con diez mil pesos regalados 
por el Rey , dispuso la creación de otras parroquias en 
el Caney y Santiago del Prado, pueblos que se hablan 
ido formando, este con la contigua residencia de los mi- 
neros, y aquel, porque ofrecía solaz y brisa á los veci- 
nos de aquella ciudad la amena frondosidad de su cam- 
piña en tiempos ordinarios, y alguna mayor seguridad 
en épocas dé alarma. En el lugar de Jiguani, que por 
aquellos años se formaba con algunos restos de la casta 
indígena, el indio Miguel Rodríguez donó una posesión, 
donde mandó luego erigir Gompostela otra parroquia» 

Dolorido al llegar á la Habana el venerable obispo del 
atraso en que yacia la instrucción pública, se ocupó en 
plantear un colegio ó seminario para los que se dedica- 
ban á la carrera eclesiástica. Propuso la fundación del 
que se llamó de San Ambrosio , aprobada por Carlos II 
en 9 de junio de 1692 , estableciendo desde luego á su 
costa rector y profesores. También fundó al mismo 
tiempo y con igual aprobación, un colegio para niños, 
bajo la advocación de San Francisco de Sales , en una 
casa que compró contigua á la misma vivienda episco- 
pal, y abrió allí también un nuevo asilo separado donde 



218 HISTORIA 

pudieran vivir honestamente algunas doncellas huérfanas 
y pobres. 

Como en su lugar dijimos, mientras se realizaba la 
conquista de Florida por Menendez de Aviles, se habia 
creado en la Habana un hospital para marineros y sol- 
dados y aun para residentes y vecinos. Pero, careciendo 
de recursos fijos, no prestó ventajas hasta que en 1602 
vinieron á expensas del Rey á organizarle nuevamente 
cuatro hermanos profesos del orden hospitalario de San 
Juan de Dios , contando con algunas consignaciones so- 
bre diezmos. En 1 689 aun no permitian sus rentas aco- 
ger á los soldados y pobres de una población ya casi 
decuplada. Viendo que por los apuros de la casa tenían 
que salir despedidos los dolientes antes de conseguir su 
curación completa, se propuso el humano Gompostela 
fundar otro hospital para convalecientes, cometiéndoselo 
á varios religiosos de la regla hospitalaria de Betlen. 
Por su instituto, esencialmente filantrópico, era esta or- 
den una excepción muy señalada entre las demás familias 
conventuales. Pero sé habian agotado todos los recursos 
del prelado; y á apesar de los auxilios del ayuntamiento 
y de la duquesa de Alburquerque, vireina de Méjico, 
que se detuvo en la Habana algunos meses, no consiguió 
Gompostela realizar su pensamiento hasta muchos años 
después, poco antes de su muerte. Empezó la obra á eje- 
cutarse cediendo para solar la misma huerta en que se 
paseaba por las tardes , con treinta mil pesos que se re- 
cogieron trabajosamente y con un donativo de diez mil 
que consiguió del Rey. Mientras se alzaba el vasto con- 
vento de su nombre, los Betlenistas, al paso que acaba^ 
ban de curar á los enfermos y llenaban sus demás debe- 
res religiosos en casas alquiladas por el fundador, ense- 



DE LA ISLA DE CUBA. 219 

ñaban gratuitamente las primeras letras á los niños, y 
distribuían alimentos á los indigentes. 

Otras fundaciones religiosas , pero de carácter muy 
diverso, inspiró también aquel prelado infatigable , aun- 
que no con fondos propios ni buscados. Tres hermanas 
descendientes ó hijas del antiguo tesorero Arechaga, 
deplorando que no siguieran su vocación muchas don- 
cellas por no admitirse en el convento de Santa Clara 
sinoá número fijo de novicias, destinaron su caudal á 
la erección del convento de Recoletas de Santa Catalina, 
á cuyo edificio se le dio remate en 1698. 

Por iguales medios y simultáneamente se fundó tam - 
bien el de monjas Carmelitas de Santa Teresa, cuyo 
templo y casa fabricó á su costa el médico Francisco 
Moreno, introduciendo entonces esta nueva fundación 
religiosa un beneficio á la población en el solo hecho de 
obligarse por sus estatutos á recoger y lactar cierto 
número de expósitos. 

Una de las ventajas mas notables y útiles de su la- 
borioso episcopado fueron las misiones que despachó 
Compostela para la Florida á poco de llegar; no pudiendo 
pasar á esa provincia cuando tantas atenciones recla- 
maban su presencia en Cuba. 

Nombró para que la visitase en su lugar al clérigo 
habanero D. Juan Ferro Machado. Tuvo allí de continuo 
escogidos sacerdotes que predicaran el evangelio con fa- 
tiga y aun con exposición de sus personas entre indiadas 
salvajes, mas reacias á la civilización que las demás del 
continente Americano. Cárdenas Cano, en su Ensayo cro- 
nológico de la Florida , refiere detalladamente las nu- 
merosas conversiones que logró aquel sacerdote , mejor 
empleado entonces que en sus pasados contrabandos. 



220 HISTORIA 

Guando se terminó la causa de Correoso , el 20 de 
mayo de 1690, le sucedió en Santiago de Cuba, como 
gobernador propietario , el sargento mayor D. Juan de 
Villalobos , que terminó el castillo de San Pedro de la 
Roca y se ocupó con afán extraordinario en las demás 
defensas de aquel puerto. Empañaban sus cualidades, 
sin embargo, su protección al trato clandestino, su genial 
violento y condescendencias incompatibles con el buen 
gobierno. 

Por la extensión y número de las haciendas de Bayamo 
y el desorden con que se hablan repartido desde su mis- 
ma fundación, llegó á ser ese pueblo de los mas litigiosos 
de la isla, estimando.los gobernadores necesario estable- 
cer en él letrados con el oficio de lugar-tenientes. Por 
fines del siglo xvi, sin embargo, volvió á ser gobernado 
por cabos militares que sentenciaban en primera ins- 
tancia con consulta de abogados , hasta que ocurrió el 
asesinato del capitán Arias Maldonado en los principios 
del siglo XVII. Después de tan triste lance volvieron á 
gobernar allí durante muchos años las justicias ordina- 
rias , hasta que en el de 1 684 , ocurriendo siempre 
debates y competencias entre los alcaldes , envió el go- 
bernador de Santiago por teniente suyo al capitán An- 
drés Gisneros, recibido por los Bayameses con repugnan- 
cia y con discordias. Tanto repugnaron el ayuntamiento 
y los vecinos el depender de jueces militares, que obtu- 
vieron del condescendiente Villalobos que se dividiese 
en dos jurisdicciones el gobierno de Bayamo, una polí- 
tica y otra militar : aquella encargada á los alcaldes, y 
esta al sargento mayor D. Sebastian Romano Castañeda. 
Estas y otras providencias que dictó aquel jefe, sin 
acuerdo previo del capitán general, ni de la audiencia, 



DE LA ISLA DE CUBA. 221 

irritaron tanto á Manzaneda que , debiendo trasladarse 
Roa á Santiago á residenciar y tomar cuentas de su 
interino mando militar al capitán Alvaro Romero, le 
ordenó también que desde luego suspendiera en nombre 
suyo de sus cargos , prendiera y fulminara causa crimi- 
nal contra el mismo Villalobos. Por violentas que fueran 
esas instrucciones , se acomodaban bien con la índole del 
juez que iba á cumplirlas. En cuanto Roa llegó á San- 
tiago, que fué en la noche del 22 de diciembre, ni aun 
se limitó á cumplir las que el capitán general le habia 
dictado. Sin dar al gobernador ningún aviso, exhibió sus 
poderes en el ayuntamiento, convocado á sesión extraor- 
dinaria; despojó de la autoridad á Villalobos, se hizo 
cargo del gobierno y envió tropa y alguaciles á que le 
prendieran en su domicilio. Pero avisado á tiempo de 
las novedades, se trasladó el gobernador al Cobre, enton- 
ces guarnecido por una compañía y oficiales muy par- 
ciales suyos. No perdió allí un instante en dirigir circu- 
lares á todos los funcionarios de su territorio , dando 
cuenta de la arbitrariedad del juez comisionado, man- 
dando que no reconociesen ninguna autoridad mas que 
la suya, que emanaba del rey directamente, y convo- 
cando á aquel lugar á la restante fuerza de la guarni- 
ción y á las milicias. 

Mientras se esforzaba en circular otras comunicaciones 
muy opuestas el soberbio Roa , con solo algunos solda- 
dos y desafectos del gobernador que las cumpliesen, 
bastaron quince dias para que reuniese en el Cobre su 
adversario mas de novecientos hombres, la mitad pro- 
cedentes de Bayamo, donde tenia gran aura popular. Con 
esta fuerza penetró Villalobos en Santiago al anochecer 
del ^ de enero , sin cjue lograra oponerle ninguna resis- 



222 HISTORIA 

tencia Roa, que intentó huir y fué hecho prisionero por 
el sargento mayor Romano Castañeda. Después de ase- 
gurarle en el castillo de la Roca , se apresuró Villalobos 
á dar cuenta á la audiencia y al rey de los escándalos 
que habia ocasionado su violencia , y con buena guarda 
le envió preso á Sevilla en un buque mercante. De allí 
le hizo conducir el tribunal de la Contratación á Madrid, 
en cuya cárcel murió poco después cargado de humilla- 
ción y de sonrojo el altivo y destemplado Roa ^^ Pero 
Villalobos no disfrutó mucho tiempo de su triunfo. Al sa- 
ber la audiencia aquellos incidentes , comisionó á resi- 
denciarle con premura al oidor D. Diego Antonio de Ba- 
ños que, después de deponerle y arrestarle, se hizo 
cargo de su mando el 12 de febrero con aflicción de 
sus muchos partidarios. Por arbitraria que la conducta 
de su competidor hubiera sido , no faltaban lunares en 
la de Villalobos, ni enemigos que enconaran las denun- 
cias recibidas por el capitán general y por la audiencia. 
Antes que Roa, sucumbió aquel jefe á sus humillaciones 
el 8 del siguiente mayo , viniendo el 20 del mismo mes 
á sucederle en propiedad en el gobierno de Santiago el 
capitán D. Sebastian de Aranciba Ysasi, que desde me- 
diados del año anterior estaba ya nombrado. 



*8 En 1831 no se hallaba en el Arch. nes la Relación histórica de los goherna- 

del extinguido Consejo de Indias la dores de Santiago de Cuba, i^ot e\ ohisipo 

causa que se formó entonces contra Roa D. Pedro Morell de Santa Cruz. 

y Villalobos. Pero á todos los hechos A Roa le sucedió luego en la asesoría 

públicos que ocurrieron en Santiago de la capitanía general D. Pedro Diaz 

mientras duró aquella grave discordia Florencia, cuyas excesivas pretensio- 

entre los dos funcionarios, se refieren nes tuvo que reprimir después Manza- 

varias cartas de Manzaneda al Rey, en neda. Véase, en el Arch. de Ind. de 

el Arch. de Ind. de Sevilla, y algunas Sevilla, su carta original al Rey en 10 

del oidor Baños. Con algunos errores de marzo de 1693. 
da también razón de aquellas alteracio- 



DE LA ISLA DE CUBA. 225 

Mientras daba impulso á sus útilísimas fundaciones 
Compostela, y presenciaba Santiago esas discordias, se 
afanaba Manzaneda en ir terraplenando las murallas del 
recinto de la Habana ; en fabricar un nuevo barco longo 
para mayor defensa de las costas; en arreglar el servi- 
cio militar de la plaza , y en reformar la guarnición que 
no pasaba entonces de setecientos noventa y tres hom- 
bres. El ingeniero principal D. Juan de Herrera Sotoma- 
yor, por orden suya, alzó un fortin ó castillejo de vijía en 
la caleta de Bacuranao, poco distante de la de Cojimar, 
y desmontó los terrenos intermedios hasta la falda de la 
eminencia de la Cabana. Pasó después aquel facultativo 
á trazar y levantar otra fortaleza mayor en el puerto de 
Matanzas y tanto para defenderle como para impedir el 
trato ilícito de aquellos comarcanos. 

Espectadores de los asesinatos del Olonés y Grillo , y 
víctimas de algunas invasiones de piratas , los morado- 
res de San Juan de los Remedios desde que empezaron á 
sufrirlas, habían elevado por conducto de su ayunta- 
miento vivas súplicas para que les permitieran trasladar 
su residencia á un interior asiento. Desde luego había 
pecado su solicitud de ociosa , no habiendo ley que les 
prohibiese trasladar á otro lugar sus domicilios. Pero 
con los sucesivos esfuerzos de Dávila , Ledesma y Cór- 
doba, y gobernando este último, ya vimos que se habia 
enviado á la Habana alguna fuerza más; que se ha- 
bían armado corsarios y piraguas para resguardar las 
costas, y que comenzaban las invasiones flibusteras á ser 
menos sangrientas y frecuentes. Sucedió con las preten- 
siones de los de San Juan lo que con muchas otras; 
cuando se accedió en 1 684 á sus deseos *'^, habían des- 

*^ Focos expedientes se han conocido en la isla tan intrincados y llenos de ab- 



224 HISTORIA 

aparecido las causas que se las inspiraron, y no era ya 
necesaria la gracia pretendida. Además, no estaba aquel 
vecindario nada acorde sobre la elección del lugar á 
donde habia de trasladarse. Deseaban ya los más de los 
vecinos permanecer en el mismo punto; querian otros 
remover sus penates para establecerlos en los hatos de 
Santa Clara ; y pretendían los demás , influidos por el in- 
quieto párroco José González, trasladarse á otro hato que 
poseía este clérigo en un lugar mediterráneo que llama- 
ban el Copey. Desde que llegó á la Habana Manzaneda, 
los agentes de unos y otros le alteraron con opuestas ra- 
zones de tal suerte, que no discurrió mejor arreglo para 
tan añeja cuestión que disponer en auto de 25 de enero 
de 1690, la traslación absoluta de todos los de San Juan 
de los Remedios á la nueva población de Santa Clara, 
como si subsistieran aun las causas que les impulsaron á 
su primera solicitud en otro tiempo y caso. Natural era 
que una providencia tan perjudicial y tan violenta oca- 
sionase casi tantos recursos y súplicas al diocesano, á la 
audiencia y aun á la corte, como vecinos habia interesa- 
dos en seguir residiendo donde hablan nacido. Con dejar 
desierto y aun arrasado, como lo previno también aquel 
gobernador, á un pueblo creado hacia dos siglos, enno- 
blecido á la sazón con una parroquial que por entonces 

surdos como el de la traslación de los Pero para formar una idea exacta del 

vecinos de San Juan de los Remedios atraso en que se vivia por este tiempo 

al punto del Hato de Santa Clara, donde en materias de derecho, y aun de sen- 

despues se fundó la población de Villa- tido común, bastaría leer desde la p. 286 

Clara. Abundan referencias á este asun- hasta la 299 del tomo X de las Memo- 

to en el Arch. de Ind. de Sevilla, en rias de la Sociedad patriótica déla Ha- 

las cartas originales de los capitanes baña (18á0). Contiene en ese espacio 

generales al Rey, desde D. José Fer- las principales diligencias y vicisitudes 

nandez de Córdova hasta D. Pedro Be- de aquel expediente, 
jiitez de Lugo, entrado ya el siglo xviii. 



DE LA ISLA DE CUBA. 225 

era de los mejores templos que habia en la isla , además 
de arruinarse, habían de empobrecerse sus vecinos, y 
se inferiría al Estado grave daño. El cumplimiento de 
aquella providencia equivalía , según lo ya sucedido en 
la Española , á llamar á los ílibusteros y piratas á es- 
tablecerse en el punto abandonado. Y, sin embargo, 
mandó cumplirla Manzaneda «bajo la pena de quinientos 
«ducados de multa y dos años de destierro á la Florida.» 
Entre los beneficios que en su episcopado sembró en 
Cuba el insigne Compostela, no fué el menor por cierto el 
acertado sesgo que , sin chocar con Manzaneda , y atra- 
yéndole con suavidad á racional sendero, logró dar á 
un negocio tan comprometido y tan ruidoso. Gomo dio- 
cesano, reunió todas las solicitudes que le llegaron de 
los querellantes ; sin resolverlas , se las dirigió con sus 
informes al Consejo ; y mientras este tribunal supremo 
las fallaba con exacto conocimiento de los hechos, lle- 
vaban sus razonamientos al gobernador á someterse á la 
decisión de una autoridad superior á la de todos en 
América, la del trono después de consultada aquella 
corporación. El resultado fué, que á los tres años de in- 
formes y escritos de unas y otras partes , mandó el Rey 
en varias reales cédulas lo justo y lo natural : que de la 
antigua villa solo se trasladaran á la moderna aquellos á 
quienes les acomodara mudar de domílicio. La conse- 
cuencia de tan cuerda resolución, que derivó casi di- 
rectamente del ascendiente y los pasos del obispo, fué 
que , conservándose en su lugar el vecindario de San 
Juan de los Remedios con población poco menor que la 
anterior, se creara entonces otra nueva, la de Santa 
Clara , llamada vulgarmente Villa-Clara ^ con separada 
jurisdicción y ejidos propios. 

HIST. DE CUBA.— TOMO II,— 15 



226 HISTORIA 

Yerran varios textos atribuyendo á Manzaneda la fun- 
dación del pueblo de Matanzas , cuando acreditan tan- 
tas pruebas que se fué formando ^^ desde que la capital 
comenzó á fortificarse á fines del siglo xvi ; que la pes- 
ca , el tráfico costero y el contrabando con los buques 
que solian arribar, fueron las causas que llamaron gente 
á aquella bahía. Manzaneda , perseguidor del trato ilí- 
cito, y calculando que en la Habana no se extinguiría sin 
vigilarla, porque era aquel su principal atracadero, de- 
terminó levantar allí un castillo y fomentar y organi- 
zar su población, repartiendo nuevos solares á los mu- 
chos que arribaban á probar fortuna, especialmente en 
las naves de Canarias. Los meses de setiembre y octu- 
bre de 1693, los empleó con el obispo y con Sotomayor 
el ingeniero, en trazar el plan del fuerte y de las calles, 
de una iglesia parroquial y otros establecimientos. El 
castillo, en memoria de su fundador, fué llamado de San 
Severino, y con el título y armas de ciudad recibió la po- 
blación el patronímico del soberano que reinaba enton- 
ces , el de San Carlos de Matanzas. 

Representando los vecinos de Trinidad sus sobresaltos 
con la afluencia de corsarios en aquellas aguas , les pro- 
puso Manzaneda ^^ que se trasladaran á la bahía de Ja- 

*» Cuando en setiembre de 1628 fué unidas en un libro de doscientas treinta 
apresada en aquel puerto la flota de Be- y dos páginas que publicó en Matanzas, 
navides , ya habia allí algunas vivien- en 18SI , con el titulo de Memorias de 
das. Llegaban hasta muy cerca de los un matancero ^ D. Pedro Antonio Al- 
solares de la actual población los ter- fonso. 

renos del ingenio de Francisco Diaz *^ En el Arch. de Ind. de Sevilla y 
Pimienta, á cuya casa fué á refugiar- en los cuadernos de la antigua escriba- 
se aquel general. Todas las noticias re- nía de gobierno de la Habana, aparecen 
ferentes á la fundación ordenada de la cartas al Rey y providencias de Man- 
ciudad de Matanzas, que fué la que zaneda para promover la fundación de 
realizó Manzaneda, se encuentran re- un pueblo en la bahía de Jagua. 



DE LA ISLA DE CUBA. 227 

gua , cuya carta topográfica , con el plano de un fuerte 
que la defendiera , remitió al Consejo para demostrar la 
utilidad de su proyecto. Pero su aprobación quedó apla- 
zada por entonces. El castillo debia aun tardar muchos 
años en construirse, y el pueblo mas de un siglo. 

A pesar de las alarmas de los trinitarios, por entonces 
fué cuando los moradores de las costas comenzaron á 
tranquilizarse. Iban les flibusteros amansando á medida 
que su porvenir se reducia. La necesidad de acabar con 
una plaga perjudicial á todas las banderas, ya la iban 
las potencias colonizadoras comprendiendo. Una nueva 
guerra entre España y Francia apresuró su desaparición. 
Mientras el gobernador de la parte francesa de Santo 
Domingo admitia á sueldo de su Rey á Graff, Grammont 
y sus caudillos mas nombrados , los bajeles de Holanda 
y de Inglaterra , á la sazón aliadas de los españoles, 
hostilizaban crudamente en el mar de las Antillas á aque- 
llos malhechores que , después de apoderarse de Carta- 
gena de Indias incorporados á la escuadra de M. de 
Pointis , se habian separado de su autoridad para des- 
pués saquearla de nuevo, como ya diremos. 

Interesado Carlos II en oponerse á la ambición de 
Luis XIV, desde julio de 1686, por el tratado de Aus- 
burgo entró con el emperador de Austria y aquellas 
dos naciones en liga contra Francia. Fué la Isla Española 
el territorio americano á donde se dirigieron con mas 
vigor las hostilidades de esta guerra. M. de Cussy, fun- 
dador de las principales colonias de la costa occiden- 
tal , reuniendo un cuerpo de mil hombres batió el 6 
de julio á orillas del rio Yaqui á quinientos españoles 
y mestizos, de los cuales solo setenta tenian armas de 
fuego. Después de perder en aquel combate ochenta 



228 HISTORIA 

de los suyos, penetró Cussy en el pueblo abierto de 
Santiago de los Caballeros , que fué todo saqueado y 
aun en partes incendiado por tropas de una nación 
culta. Por mucho tiempo el presidente de Santo Domin- 
go ü. Francisco de Segura Sandoval, sin mas fuerza ve- 
terana que la que guarnecia á la capital, se limitó á una 
guerra defensiva en que solo las partidas de Neiva y 
Guara mataron y cogieron á cincuenta de los agresores. 
Luego que vino á reforzarle la armada de Barlovento, 
en la que pasaron á socorrerle muchos voluntarios ha- 
baneros , organizó Segura una expedición de mil tres- 
cientos milicianos y soldados. Púsose en marcha para 
Manzanillo, á donde llegó el 1 4 de enero de i 691 . Cussy 
con mas de setecientos franceses se replegó á esperarle 
en el nuevo pueblo de Cabo-Francés ó de Guarico, forti- 
ficado ya con defensas y reductos , á catorce leguas de 
aquel punto. Pero el 21 fué desbaratada su gente por Se- 
gura, muriendo el mismo Cussy, su segundo Franques- 
nay y mas de cuatrocientos franceses, sin pasar entre 
muertos y heridos de sesenta la pérdida que los españoles 
padecieron ^^ Así pagaron aquellos jefes el temerario 
error de salirles al encuentro, en lugar de esperarlos en 
sus trincheras á la defensiva. La expedición de Segura 
entró al dia siguiente en el Guarico, donde encontró rico 

20 Véase la Gaceta de Madrid de 4 de tas de Madrid desde los últimos años 
agosto de 1691. La relación que pu- del reinado de Felipe IV hasta nues- 
blicó aquel periódico, tan reducido y tros dias se encuentra en la Bibl. Nao. 
sobrio entonces en noticias, de la en- Charlevoix y otros cronistas france- 
trada y excursión de los franceses de la ses , al referirse á aquella campaña, 
parte española de Santo Domingo, es aunque justificando siempre los desca- 
un extracto de los partes oficiales del labros de sus nacionales con alguna 
capitán general y presidente, que he- causa imprevista y material, no contra- 
mos tenido á la vista en el Arch. de dicen ninguno de los hechos principales, 
Ind. de Sevilla. La colección de Cace- 



DE LA ISLA DE CUBA. 229 

botin, mieatras el general de aquella escuadrilla auxiliar, 
D. Jacinto López de Girón , apresaba el mismo dia en 
aquella costa á dos corsarios que venian de San Malo, 
trayendo á bordo veinte y ocho cañones y buenos car- 
gamentos. Pero incurrió Segura también en lastimosa falta 
después de su victoria, regresando á Santo Domingo, 
como si quedara la guerra terminada con aquel suceso. 
Así dejó rehacerse al enemigo en lugar de arrojarlo de 
una vez de la isla. Permitió su imprevisión que los fran- 
ceses, con su ordinaria actividad, reparasen las fortifica- 
ciones de la costa y restablecieran una buena guarnición 
en el Guarico, de cuyo gobierno se encargó al antiguo 
flibustero Graff ó Lorencillo. 

No hubo allí hostilidades de importancia en los cuatro 
años siguientes, hasta que el 29 de mayo de 1695 otra 
expedición de mas de tres mil ingleses y españoles, man- 
dada por el mayor general Wilmont y D. Gil Correoso, 
el antiguo gobernador de Santiago , intentó reparar el 
desacierto de Segura , apoderándose de nuevo del Gua- 
rico. Mas propio Graff para sus antiguas sorpresas que 
para operaciones regulares , evacuó precipitadamente 
aquella plaza y sus puestos exteriores , abandonando á 
Correoso mas de cuatrocientos prisioneros, entre ellos 
á su misma esposa y á sus hijos. Se apoderaron los ex- 
pedicionarios un mes después del nuevo pueblo y de la 
fortaleza de Puerto-Paz y de otros puestos, matando 
mucha gente á los franceses. Pero les valieron á estos 
mucho mas que los esfuerzos del hábil sucesor de Cussy, 
M. Ducasse^'S las desavenencias que estallaron entre Wil- 

2' Véanse, en la Bibl. del Arsenal por Charlevoix> los Cronistas de los íli- 
en Paris, varios documentos sobre estos busteros, á que nos hemos referido en 
incidentes, la Zíisíom de sanio Domingo notas anteriores, así como Edwards^ 



S30 HÍStORlA 

mont y Correoso. Con asombro vio poco después Ducasse 
desunirse de repente á los aliados en lugar de insistir en 
sus esfuerzos para anonadarle. Las tropas inglesas, quin- 
tadas por el clima y las penalidades, se volvieron en sus 
buques á Jamaica, y Correoso, muy debilitado sin ellas 
para conservar los puntos conquistados , regresó á Santo 
Domingo, después de demoler las fortificaciones del Gua- 
rico ó Cabo-Francés y Puerto-Paz. 

Antes de saberse el resultado de las operaciones de 
Santo Domingo , recelaron Manzaneda y Arancibia que 
Ducasse intentara desquitarse con alguna expedición 
contra Santiago de Cuba, el territorio de la isla mas 
abocado á sus ataques. Les movió tan fundado recelo á 
terminar las obras del castillo de la Estrella y á cubrir 
de reductos artillados las dos riberas de aquel puerto. 
José Luis de Guzman , vecino acaudalado de aquella 
ciudad y sargento en sus milicias, fabricó á su costa 
entonces un torreón con ocho piezas de artillería en el 
vecino surgidero de Juragua. Ascendiósele por tan útil 
servicio á capitán , y se dio por muy recompensado. 

Deseando librar Ducasse á sus subordinados de las 
violencias de los corsarios españoles, propuso, tanto á 
Manzaneda como al presidente de Santo Domingo , el 
canje y recíproco buen trato de los prisioneros , de cuyos 
sufrimientos les dirigió á los dos un cuadro exagerado, 
para que á todos sin distinción se les tuviera por beli- 
gerantes de naciones cultas y se regularizasen las hosti- 
lidades. Respondió Manzaneda que no padecían los fran- 
ceses apresados mas trabajos que los inherentes á la pér- 



Wesl Indiest etc. , y otros muchos tex- operaciones militares de Santo Üomín- 
tos extranjeros que se refieren á las go en esta guerra. 



DE LA ISLA DE CUBA. 231 

dida de libertad, y que solo habían muerto en el suplicio 
los que resultaron con innegables pruebas convencidos 
de haber sido piratas y cooperadores de desafueros y 
maldades contra subditos ó posesiones españolas. Aña- 
dióle que las pragmáticas vigentes así lo ordenaban á 
todos los gobernadores de Indias, sin permitir en caso 
alguno su infracción. En efecto , mas de veinte antiguos 
flibusteros habian sido ahorcados en la Habana y en San- 
tiago , y mas de cuatrocientos prisioneros franceses tra- 
bajaban en las obras y castillos de la capital de Cuba en 
aquella época ^^ 



^^ Véanse, en el Arch. de Ind. de yas en Jos cuadernos de la antigua es- 
Sevilla , las últimas cartas de Manza- cribaDÍa de gobierno, 
neda al Rey y varias providencias su- 



CAPÍTULO OCTAVO. 



Gobierno de D. Diego de Córdova. — Milicias. — Corsarios — Toma de Cartagena 
de Indias por los flibusteros. — Los destruye una escuadra inglesa.— No la per- 
mite Córdova entrar en la Habana. — Progresos del tabaco. — Colonización 
francesa en la Luisiana.— Fundación de Panzacola por los españoles. — Muerte 
de Carlos II y advenimiento de Felipe V. — Gobierno de D. Pedro Benitez de 
Lugo.— Combate naval entre franceses é ingleses. — Insultan estos á Trinidad. 
— Organización de las milicias de esta villa.— Muerte de Lugo. — Primera in- 
terinidad de D. Luis Chacón y D. Nicolás Chirino. —Socorre la Habana á San 
Agustín de la Florida. — Armamentos ingleses. — Feliz expedición de corsarios 
de Santiago contra una de sus colonias. —Muerte del obispo Compostela. — 
Acontecimientos de la guerra en España. — Las escuadras francesas protegen 
á Cuba. — Breve mando de D. Pedro de Villarin, —Su muerte. — Expedición 
contra los ingleses de la Carolina. — Vicisitudes de la guerra de sucesión. ~ 
Obispo D. Gerónimo Valdés. 



Ascendido Manzaneda á la presidencia de Santo Do- 
mingo, entregó en la Habana el mando en 2 de octubre 
de 1 695 al general de galeones D. Diego de Córdova 
Laso de la Vega *, ya muy conocedor de la isla, ha- 
biendo acaudillado la flota de 1678 y comandado bu- 
ques en muchos viajes trasatlánticos. Vino á desempeñar 
su cargo coa la cláusula de cedérselo á D. Diego de 
Viana cuando saliera absuelto de su larga causa, que 
ya se le seguia en España. Era tiempo en que, por los 

* Véase su noticia biográfica, p. 143, tomo II, Dice. Gcogr.j, Estad., Hisl. de 
la Isla de Cuba por el A. 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. ^33 

apuros del erario, todos los mandos de América se be- 
neficiaban; y á Córdova le llevaron por el suyo «ca- 
torce mil pesos ó escudos de plata ^, » teniendo también 
que prestar fianza por diez y seis mil quinientos más. 
Semejante medio de aliviar las urgencias del Estado no 
patentizaba solo su pobreza, sino la de las inteligencias 
que corrian con su remedio. 

Logró terminar Córdova el recinto amurallado de la 
plaza , extendiendo sus frentes á la bahía ; pero se fa- 
bricaron con menos solidez aun que los de tierra , cuyos 
terraplenes y fosos también se adelantaron en su tiem- 
po. Cuarenta años después, como oportunamente lo dire- 
mos, consideróse indispensable derribar la mayor parte 
del muro marítimo, y reemplazarle con el que ha exis- 
tido hasta una época reciente. 

Informó aquel gobernador al Rey sobre el buen 
porte , la regularidad en el servicio y la disciplina de las 
compañías de milicianos que llegaban entonces á doce 
de infantería y á cuatro de ginetes, entre las de blan- 
cos, pardos y morenos. Por él fueron creadas otras cua- 
tro, dos de infantería y dos de caballería, con gente 
voluntaria de los partidos inmediatos á la plaza. Tam- 
bién expidió muchas patentes para que se armaran en 
corso y mercancía los marinos mas prácticos , entre 
ellos el intrépido Juan Vázquez , regidor de Trinidad, 
que se siguió distinguiendo por su temeridad afortunada 
y por sus muchas presas. Aunque sin directas faculta- 
des los Capitanes Generales de la isla para despacharlas^ 



^ Véase, en el tomo I de la Colee, consta este Lecho, al cual se refiere 

áe Manuscritos Varios de la Bibl. déla también el titulo de su nombramientOi 

Real Acad. de la Hist., una certificación copiado en los cuadernos de la antigua 

de los servicios de Córdova , en que escribanía de gobierno de la Habana. 



234 HISTORIA 

hasta que se las confirió el Rey como veinte y cinco años 
después, se las delegaron desde mucho antes los Vire- 
yes de Nueva España , cuando las pidieron para tiempos 
y casos necesarios. 

Fué el trienio de 1693 á 1695 para Cuba bonancible, 
menos por las ventajas conseguidas en sus aguas y en 
Santo Domingo contra los franceses, que por el fomento 
que tomó su agricultura con varias expediciones de ne- 
gros traidos por los ingleses , y con los perpetuos con- 
trabandos de los holandeses, á pesar del rigor con que 
habia perseguido esos tratos Manzaneda. Pero se adver- 
tían nublados por el horizonte en los dos años siguientes 
anunciando muy serias tempestades. Luis XIV, al sa- 
ber las que acababan de sufrir sus establecimientos en 
aquella Antilla , se preparó sin perder tiempo á formida- 
bles represalias. Dos escuadras á cargo de Désaugiers y 
de Pointis se reunieron en la Guadalupe, en el otoño 
de 1 696 , á las órdenes del último, para emprender una 
invasión en las posesiones españolas. 

Como los demás gobernadores de Indias, convocó 
Córdova entonces á los milicianos, aumentó apresura- 
damente la artillería de la muralla, encureñando y mon- 
tando cuantas piezas pudo; y entretanto, Arancibia, mas 
amenazado aun , permaneció meses enteros vigilante con 
la guarnición y gente de armas de Santiago. Pero no 
descargó sobre uno ni otro punto la tormenta. Aquel 
vice-almirante francés se reforzó en Haiti con mil tres- 
cientos hombres, acaudillados por Ducasse, y limitó 
aquel año sus operaciones á amenazar alternativamente 
á Jamaica y á la plaza de Santo Domingo , logrando solo 
alcanzar algunas presas. Las Antillas ofrecían entonces 
mas perspectiva de defensa que de lucros á la codicia de 



DE LA ISLA DE CUBA. 23S 

Pointis, cuyos proyectos fluctuaron todo aquel invierno 
entre invadir á Veracruz ó á Portobelo , en donde supo- 
nia que estuvieran los galeones. 

En abril fué cuando salió de Santo Domingo con siete 
navios de ochenta y cuatro á sesenta cañones , trece 
fragatas y bergantines y seis barcos menores , con más 
de cuatro rail combatientes, haciendo rumbo directo á 
Cartagena. El maestre de campo D. Diego de los Rios, 
que gobernaba aquella plaza , siempre tan expuesta y 
saqueada ya dos veces, reconcentrando su corta guar- 
nición y algunos milicianos , contaba apenas setecientos 
cincuenta hombres para defender tres defectuosas forta- 
lezas y un recinto dilatado. Resistió sin embargo con fir- 
meza desde el 1 3 de abril , en que desembarcó Pointis, 
hasta el 3 de mayo en que, tomado á viva fuerza el 
fuerte exterior de Bocachica y consternado el vecindario 
con el bombardeo , le obligó á capitular después de ma- 
tar ó herir á mas de cuatrocientos sitiadores. Pródigo en 
conceder honores militares á la guarnición , y seguridad 
personal á las familias, mostróse el avariento francés 
inexorable en exigir la total entrega de alhajas, de fon- 
dos públicos y aun particulares. Afortunadamente, ha- 
bian escondido los de Cartagena y puesto en salvo lo 
mejor de su peculio. Aun así, los despojos que arrebató 
el vencedor á aquel pueblo desgraciado, pasaron de trece 
millones de francos, incluyendo como una quinta parte 
que se apropió Pointis de lo distribuido en el reparto. Con 
todo su ascendiente no impidió Ducasse que cometiesen 
horribles excesos los flibusteros al entrar en la ciudad, sin 
respetar ni capitulación, ni bienes, ni personas. Irritado 
Pointis con su desobediencia y su barbarie , les privó 
luego de la parte que les correspondiera en los rescates. 



236 HISTORIA 

Esta resolución no la supieron sino estando ya en alta 
mar y dirigiéndose á Santo Domingo , después de eva- 
cuar aquella plaza. Nada pudieron entonces para conte- 
nerlos las exhortaciones de Ducasse : se dirigieron otra vez 
á Cartagena. De sus feroces atropellos con sus habitantes, 
el menor fuá el nuevo rescate que les impusieron. Des- 
pués de despojarlos en esta segunda invasión hasta de sus 
vestidos , se repartieron á treinta mil pesos de botin por 
plaza; ¡y aquellos bandidos pasaban de seiscientos I «Es 
» preciso convenir, » dice el P. Gharlevoix de sus mismos 
compatriotas , « que la gloria que los franceses adquirie- 
» ron con su valor, la ensuciaron allí con crímenes odiosos 
» y excesos irritantes ; violaron la capitulación , profa- 
» naron las iglesias , robaron sus ornamentos y hasta 
j> los adornos de las imágenes y de los altares , abando- 
» nando en el hospital, sin alimento ni socorro, á gran 
» número de enfermos que perecieron de hambre. » 

Las fiebres allí reinantes, de que el mismo Pointis ha- 
bía enfermado, y la aparición de una escuadra inglesa 
en las Antillas, le habían obligado á evacuar apresura- 
damente á Cartagena y á dirigirse á Europa algunos 
dias después ^ 

El 22 de mayo , ya fuera del canal de Bahama , se 
encontró con ella , gobernada por Lord Neville que le 
apresó uno de sus bergantines , sin lograr otras ventajas 



3 y éSiQse Jlistoire des Pirales Fíibus- 1697, por el barón de Pointis. Ams- 

tiers^ etc., por Archenholtz; Histoire terdam, 1698. Esta publicación, de un 

de Saint^Domingue ^ ij^or el P. Charle- autor mejor informado de los hechos 

Toix; Histoire marilime de la France, por que ninguno otro , presenta ios testimo- 

Guérin; Biographia navalis, by John nios mas auloriziidos , imparciales y fe- 

Charnock, tomo II, desde la pág. 67 á hacientes sobre la perversidad de los 

la 74, y la Rélation de Vexpédiíion de antiguos flibusteros de América. 
Carthagéne faite par les francais en 



DE LA ISLA DE CUBA. 257 

por la celeridad con que maniobraron los franceses *, 
menos interesados entonces en pelear que en conservar 
lo que llevaban ^. Averiguando Neville por los mismos 
prisioneros que los flibusteros habían retrocedido á re- 
sarcirse con un nuevo saqueo de la infeliz ciudad de lo 
que les habia usurpado el almirante francés en el primero, 
dirigió su rumbo á aquella plaza á toda vela y tropezó 
con ellos , cuando venian de completar su esquilmo , en 
los primeros dias de julio. Esos fueron los postreros de 
la vida de la tremenda asociación de malhechores que 
con aquel nombre habia consternado mas de sesenta años 
á la América española. Cogiéronles sus tres mejores bu- 
ques los ingleses, destinando á cadena perpetua á sus 
tripulaciones. Otros dos lograron refugiarse con Graff 
en la costa francesa de Santo Domingo ; teniendo allí 
que renunciar los que los guarnecian, á una vida tan 
azarosa como inicua ; y los demás desaparecieron en 
las olas con su gente y con sus robos. Al aclarar el 8 
de aquel mes , parte del armamento inglés hizo una 
entrada en Petit-Goave, en donde Ducasse , que acababa 
de regresar de Cartagena , huyó desnudo para no caer 
prisionero. Aquel pueblo fué devorado por las llamas 
sin que cayeran en manos de los invasores mas que al- 
gunos esclavos y unos cuarenta mil pesos de despojos. 
También los corsarios de la Habana y de Santiago en 



* ^ éase Biographia navalis, by John francais. Según \arias biografías, Juan 

Charnock; y Campbell, Uves of the Bernardo De?jeau, barón de Poinlis, 

Admiráis. nació en 1645 y murió cerca de París 

^ Véanse Mémoires de Tessé^ OExmé- en 1707 , después de haberse distingui- 

ling^ Histoire des flibustiers, cap. iii, do en las principales batallas marítimas 

png. 4 ; Van Tenac, Histoire genérale de su tiempo hasta llegar á la clase (If 



de la MarinCy tomo III, págs. 226-268; teniente general. 
Gérard , Vie des plus illustres marina 



58 HISTORIA 

esos días vengaron la invasión de Cartagena sobre las 
colonias francesas de la misma costa, arrebatándoles 
los buques de su tráfico , sus reses , sus esclavos y hasta 
sus familias, como si trataran de reproducir ahora con 
sus excesos al flibusterismo destruido por Neville sus 
mayores enemigos. Se recrearon ellos entonces en ser para 
sus reliquias y sus antiguas guaridas otros flibusteros. 
Apresaron cerca de Baracoa la embarcación en que el 
segundo de Ducasse, el conde de Boyssi Raymé, acudia 
de Cabo-Francés con alguna fuerza á socorrer á Petit- 
Goave. Boyssi murió de sus heridas en el mismo Bara- 
coa , y su gente fué llevada á trabajar en las fortifica- 
ciones de la Habana con grillos en los pies. Hubiera sido 
entonces de una vez destruida toda la colonización fran- 
cesa de aquella isla con la nueva jornada que en la plaza 
de Santo Domingo aprestaba Manzaneda , si la paz de 
Ryswik, que se ñrmó el 20 de setiembre, no terminara 
las hostilidades, reconociendo ya como definitiva propie- 
dad de Luis XIV, lo que sus vasallos hablan usurpado, 
estando en paz con España y por innobles medios. 

Un mes antes entraron en la Habana los galeones y 
la flota mandados por D. Ignacio de Barrios Leal con 
cerca de treinta millones de pesos del Erario y de parti- 
culares. Esperaban noticias del estado de los mares 
para seguir el viaje á Cádiz, cuando se presentó con 
su escuadra^ Lord Neville, pretendiendo entrar en el 

6 Sobre este incidente hay en el Arch. las fuerzas armadas extranjeras , basta 

de Ind. de Sevilla algunas cartas origi- leer el siguiente párrafo del tomo II 

nales de CórdoYa y Barrios Leal al Rey. déla Biographia navalis de Charnock: 

Pero para comprender cuan errada- « On the 22 july , Neville with the 

mente interpretaban entonces los ingle- » squadron arrived at the Havannah. 

ses las obligaciones de las autoridades »He immediately made bis situation 

españolas de América con respecto á »and wants kuown to the governor, 



DE LA ISLA DE CUBA. 239 

puerto como aliado, y anunciando las instrucciones que 
tenia de su gobierno y del embajador de España en Lon- 
dres para regresar á Europa escoltando á aquellos ricos 
cargamentos. Por mucha confianza que mereciese inspi- 
rarles el carácter personal de Neville , no tenian facultad 
Córdova y el general de los galeones para admitir en el 
puerto á un armamento extranjero tan considerable , ni 
confiar mucho menos á su guarda las riquezas de Vera- 
cruz y Portobelo , consignadas á Sevilla bajo responsa- 
bilidades tales que solo con una orden del Rey podian al- 
zarse. Además de no traerla Neville , se conservaba muy 
viva aun la memoria de la sorpresa y toma de Jamaica 
en plena paz, para poner ahora á merced de sus usurpa- 
dores una importante plaza, mas de sesenta buques y 
un caudal inmenso. Respondieron Córdova y Barrios al 
mensaje del almirante inglés, demostrándole con esme- 
rada urbanidad que sus deberes se oponían á sus deseos. 
Pero tan vivamente se resintió Neville de una negativa 
que interpretó como una ofensa á su palabra y probidad 



«who supposing, perhaps , that grati- «Spaniard in plain terms exeused hira- 

» tude ought never interfere with poli- » self from accepting bis protection . The 

«tical concerns, not only peremptorily »disrespect, and indeed, ingratitude 

«refused the fleet admittance into the »shewn by the Spaniards in thisocca- 

» port, but also denied that relief to ne- » sion , is thus accounted by Compbell. 

» cessitous distress which humanity alo- » (Lives of ihe Admiráis) Ihe true raison 

»ne ought ío have taught him lo adnoi- «however, both of bis (the general's) 

«nister. — As an additional affront to »and the governor's conduct, might 

»the honourandintegrityof the British «probably be, their fear of having a 

«nation, when the vice-admiral in- «place, of the greatest consequence, 

«formed the general of the galleons, »inthe West-Indies, and the richest 

» which , as it fortunately happened for » fleet of that age , for tbere were fifty 

»them, had reached the Havannah in «millions on board the galleons, taken 

»safety,that he was arrived there in »at once, since both had been left in 

«order to conduct and convoy them to »the admiral's power, if he had been 

» Europa, for which purpose alone the » once admitted into Ihe hayen, » 



» eítpcdUion had been undertaken , the 



240 HISTORIA 

que , sin reponer víveres y agua en Matanzas, ni en Ma- 
riel, cingló por el norte hacia la costa de Virginia, don- 
de, si pudiera creerse en ese aserto al historiador David 
Hume y otras crónicas británicas, murió poco después 
de sentimiento. 

De las posesiones ultramarinas no fué por cierto Cuba 
la que se aprovechó menos del respiro que el tratado 
Ryswik "^ dio á su metrópoli y á las demás potencias 
europeas. Con el reciente exterminio de los flibusteros, 
con quienes no hubo nunca treguas, por primera vez 
conocieron las Antillas las ventajas de la paz, y no le 
proporcionó tantas ningún medio como el que prohibía 
precisamente el gobierno español con mas rigor. Todos 
sus pueblos, sin excepción de su misma capital, organi- 
zaron tan activamente el contrabando con las colonias 
extranjeras, que Córdova , el gobernador de Santiago y 
sus tenientes , sin guarda-costas, ni fuerzas para repri- 
mirlo, prefirieron unos disimularlo, é interesarse los otros 
en los lucros. Puerto-Príncipe, Sancti-Spíritus y Villa - 
Clara cambiaban sus bultos con los ingleses y los holan- 
deses por las caletas de ambas costas. Baracoa y San Juan 
de los Remedios los recibían directamente. Bayamo por 
Puerto Mota y Manzanillo , anclaje habitual de los tra- 
ficantes holandeses. Santiago y Trinidad por la multitud 
de caletas de sus costas , y la Habana, por Matanzas, el 
Mariel y Batabanó. 

Córdova , enemigo de poner cortapisas ai cultivo 
mientras las órdenes del Rey no le estrechasen , dio es- 
tímulo al fomento que tomaron las siembras de tabaco 



' La paz de Ryswik se firmó el 7 de setiembre de 1697 y se ratificó muy 
poco tiempo después. 



DE LA ISLA DE CUBA. 241 

en las mismas cercanías de la capital. Se fomentaron en 
su tiempo en toda la isla mas de veinte ingenios nuevos 
con algunas introducciones de negros recibidas fuera de 
registro, y también tomó algún vuelo la ganadería, libre 
aun de las trabas que después la entorpecieron. El trá- 
fico lícito de la isla con las demás posesiones americanas, 
aunque muy reducido por el que se hacia ilícitamente, 
pudo , después de un siglo de inquietudes , organizar 
sus correspondencias y remesas. 

Respiraron también por primera vez las colonias de 
Florida con tanta propiedad apellidadas entonces « los 
presidios. » Menos por su clima , para la América espa- 
ñola era aquella región, por sus otras condiciones 
físicas, lo que es hoy para Europa la Siberia, La esterili- 
dad de su suelo litoral , la índole independiente y suspi- 
caz de sus indígenas cerraban allí siempre la puerta á la 
agricultura y colonización castellana, que nunca llegó á 
internarse ni salir del radio de las fortificaciones de San 
Agustín, de San Mateo y San Marcos. El funcionario, 
el colono, el sacerdote y el soldado, sin distinción de 
clases , no consumían mas alimentos que los que irre- 
gular y trabajosamente recibían de Veracruz y de la 
Habana, á cuyo gobernador estaban sometidos sus co- 
mandantes militares , como lo estaban sus iglesias á la 
diócesis de Cuba. Solo les daban carne fresca las aves y 
contados cerdos de sus corrales , los pájaros y algunos 
raros corzos que se proporcionaban con sus arcabuces. 
Córdova se aprovechó de una época tranquila para so- 
correrlos ampliamente con los fondos y atrasos recibidos 
en la flota de Veracruz en 1696 y 97. Les envió gran 
parte de sus pagas atrasadas, con trabajadores, reclutas y 
medios suficientes para que el gobernador de San Agus- 

HIST, t>E CUBA.— TOMO 11,— t6 



242 HISTORIA 

tin, D. Laureano de Torres, terraioase el castillo, mu- 
chos años antes emprendido en una plaza cuyos muros, 
«mas que dique contra el mar % parecian cerca de al- 
1) gun jardin. » 

A pesar de su despegada condición, se amansaron los 
indios floridanos con el ejemplo y persuasión de los 
misioneros que les habia enviado el obispo Compostela. 
Sacudieron entonces por primera vez su largo retrai- 
miento. Comerciaron con aquellos pueblos y aun llegaron 
sus lanchones á trocar en la Habana sus peces salados, 
su ámbar y sus extrañas aves , por baratijas, por armas 
y hasta por dinero, cuyo valor ya conocían. De estos 
tráficos sacaron mas de ciento ochenta mil pesos en el 
año de 1698. 

Además de las tierras aledañas á aquellos puestos mi - 
litares de los españoles, habitaban las tribus indígenas 
extensas y amenas localidades entre el Mississipí y las 
costas. Después que murió Soto y desapareció de allí su 
hueste, no penetró la civilización en siglo y medio por 
la dilatada zona que se extiende entre el Océano y la 
expléndida corriente que sirvió de sepulcro á aquel 
guerrero. En 1673, con nociones vagas de aquel país, 
dos franceses, un mercader y un misionero, se intro- 
dujeron por los rios y lagos del continente septentrio- 
nal y descendieron el gran rio hasta el estado actual de 
Arkansas. Temerosos de empeñarse mas adentro, re- 
trocedieron á Quebec á referir su exploración al gober- 
nador de la Nueva Francia ó Canadá; que así empezó á 
llamarse desde luego la región austral de América des- 
cubierta por Verazzani y Cartier á principios del si- 

? yéase el Ensayo cronológico de la Florida por Cárdenas Cano, 



DE LA ISLA DE CUBA. 243 

glo XVI. Fijándose en el itinerario de este viaje y en los 
' detalles del Inca Garcilaso de la Vega sóbrela infeliz em- 
presa del valiente Soto, Roberto Cavelier de La Salle ^, 
francés de instinto y genio, adivinó los vastos paises que 
fecundaba aquel rio desconocido ; recorrió todas sus már- 
genes y pereció á principios de 1 687 asesinado por los 
foragidos que le acompañaban. Impidieron luego las vi- 
cisitudes de la guerra que se aprovechasen los france- 
ses de aquel descubrimiento , hasta que en febrero de 
1699, Iberville, hidalgo natural del Canadá, ancló en la 
embocadura del Mississipí con cuatro embarcaciones y 
doscientos colonos, casi todos del mismo país que su cau- 
dillo. Mientras remontaba su curso hasta el territorio 
de la salvaje tribu de los Natchez, fabricaba también un 
fortin á la entrada de la barra del gran rio; fundaba 
allí la colonia de Biloxi, y después la de Móbila. Y en- 
tretanto el almirante de galeones D. Andrés de Arrióla, 
mas al N., también echaba los cimientos á la ciudad de 
Panzacola, cumpliendo coa las instrucciones del virey de 
Méjico, que creyó crear allí con ese pueblo nuevo y al- 
gunas fortificaciones un antemural seguro para la Flo- 
rida y protector abrigo para la navegación del golfo Me- 
jicano. 



' El Ensayo cronológico para la hiS' ritorio de los Hiñeses fué asesinado por 

íoria de la Florida por C. Cano y gran los mismos compatriotas suyos que le 

número de crónicas extranjeras de Amé- acompañaban , el 20 de marzo de 1 687. 

rica detallan las incursiones de este cé- V. : Journal historique du dernier vo- 

lebre viajero francés por lo interior de yage de iJl de La Salle, etc., etc., por 

la parte septentrional del continente, en Michell. Paris , 1732 ; Histoire de la 

donde reconoció todo el curso del Missi- Nouvelle France, por Charlevoix ; Les 

ssipí. Cavelier era natural de Rouen ; Navigaleurs [raneáis, por Guérin, y 

emprendió sus viajes con la protección otras muchas obras antiguas y mo- 

del gobierno francés ; y no habia llegado dernas. 
aun á cincuenta años cuando en el ter- 



244 HISTORIA 

Grandes eran las mudanzas *^ que se preparaban por 
entonces en la situación política de España. A los treinta 
y nueve años de lánguida existencia se extinguía sin su- 
cesión la de Carlos II , postrer rey de la dinastía de 
los austríacos. Para arrebatar su herencia, recia luchado 
intrigas y de amaños sostuvieron los príncipes de Europa 
junto al lecho del monarca moribundo , que empleó sus 
dos últimos meses en dictar y reformar testamentos. 
Cediendo á la justicia y al derecho, habia nombrado su- 
cesor suyo en un principio á su sobrino el joven elector 
de Ba viera. Pero murió este príncipe en la infancia ; y 
trabajando en el débil Carlos luego las insinuaciones de 
su esposa doña María de Neoburg y de la casa de Aus- 
tria, designó en su lugar al hermano del emperador, al 
archiduque Carlos. Por último , lograron la destreza del 
embajador de Francia y la influencia del Pontífice sobre 
un enfermo tan apocado de razón como de cuerpo, que 
por último eligiera por sucesor suyo al joven duque de 
Anjou. Era el segundo nieto de doña María Teresa, her- 
mana paterna del monarca testador, que al despo- 
sarse en 4 659 con Luis XIV habia renunciado todos 
sus derechos á la corona de España. Pero se los res- 
tituía el testamento de Carlos II al príncipe elegido, 
que era, después de muerto el de Bavíera, su deudo 
mas arrimado por la sangre , exceptuando á su her • 
mano mayor el duque de Borgoña, que como presunto 
heredero del trono francés no podía optar al de España. 
Suponen varías crónicas que el ambicioso Luis XIV se 

*" V. Comentarios de la guerra de mo Wlll de la. Historia general de Es- 

España j por el marqués de San Fe- paña^ por D. Modesto de la Fuente, y 

lipe ; La España bajo los reyes de la otras muchas obras que traían de esta 

Casa de Bor&on, por William Coxe.adi- importante crisis histórica de España, 
Qionada porD. Andrés iWuriel; el tQ- 



DE LA ISLA DE CUBA. 245 

preparó para tan gran crisis política desde que le reveló 
su sobrina Luisa de Orleans, primera esposa de Carlos II, 
que ni hombre era siquiera quien ceñía corona de tan 
vastos reinos. Pero escondiese ó no en la tumba la malo- 
grada Reina ese secreto, explicábalo el afeminado y lán- 
guido aspecto de su viudo , y acabó de confirmarlo, no 
logrando tampoco sucesión de su segunda esposa María 
de Neoburg , tan joven y bella como la primera ^^ 

En cuanto espiró en 30 de noviembre de 1700, cum- 
pliéndose una de las cláusulas de su testamento, tomó 
las riendas de la monarquía una regencia presidida por 
la reina viuda y compuesta del cardenal Portocarre- 
ro , arzobispo de Toledo , de los presidentes de Cas- 
tilla y Aragón, y de los condes deFrigiliana y Benaven- 
te , como representantes del Consejo de Estado y la gran- 
deza. El 1 8 de febrero entró en Madrid con el nombre 
de Felipe V, el primer rey que dio al trono español la 
casa de Borbon , precediéndole el eco de una hermosa 
frase pronunciada por su insigne abuelo al despedirle: 
« Ya no hay Pirineos. i> Halagüeño anuncio para la fra- 
ternidad de dos grandes naciones, si la diferencia de ín- 
doles é intereses y los políticos accidentes no lo desmin- 
tiesen luego. 

España y su imperio colonial , por lo mismo que ha- 
bían esperado la elección del sucesor del trono sin afán 
ni conmociones, la acataron con unánime respeto des- 
pués de proclamada. Aunque no faltaron por todas las 
provincias y colonias funcionarios parciales y favoreci- 
dos por la casa de Austria, desafectos por lo tanto á Fran- 

^' V. Mémoires du Duc de SainUSi- las de su género, se lia reproducido eti 
mon. Esta curiosísima obra , acaso la muchas ediciones» 
de mayor interés para la historia entre 



246 HISTORIA 

cía , aun no se comprendía en ellas por aquellos tiem- 
pos que sobre los deberes generales prevaleciesen las 
opiniones de los individuos. Fué, pues, Felipe V solemne- 
mente proclamado en Cuba como en los demás dominios. 
Pero á la unión de España y Francia sucedió luego una 
lucha larga y destructora, en que la Holanda y la Ingla- 
terra , aunque reconocieron á Felipe V en un principio, 
después se aliaron á su competidor el archiduque Garlos, 
sobresaltando con su poder naval á la Península y á sus 
posesiones de Ultramar á un mismo tiempo. 

La conducta de Córdova y la influencia del obispo 
Compostela contribuyeron á que ninguna pasión política 
estallara entre unos habitantes exclusivamente dedica- 
dos á sus tráficos y predios. Fué aquel acaso el primer 
gobernador de Cuba que lograse enriquecerse en ese 
cargo sin suscitar las acusaciones y odios que otros, 
aunque entre sueldo , derechos y honorarios no pasaran 
de cinco mil pesos anuales sus entradas. 

Promovido á la presidencia de Panamá, fué relevado 
en 20 de setiembre de 1702 por el maestre de campo 
D. Pedro Benitez de Lugo ^^ gentil-hombre del elector 
de Ba viera, cuando ya desempeñaba desde el año an- 
terior la asesoría general un distinguido letrado haba- 
nero, D. Nicolás Chirino Vandevall *^ 

En pocos años pasó por muchas manos el gobierno de 
Santiago, sin ocurrir por su jurisdicción y costas otros 
incidentes que los que en su lugar dejamos indicados. 
Después de obtenerlo por asiento con el rey, lo empezó 
á servir en 20 de mayo de 1693 un regidor natural 

'^ V. su noticia biográfica , p. bSl, '^ V. su noticia biográfica, p. 234, 
tomo III, Dice. Geogr.^ EstaJ., Uist. de tomo II, Dice. Geogr.^ Estad., Ilist. de 
la Isla de Cuba por el A. la Isla de Cuba por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. ^47 

de la Habana, D. Sebastian de Arancibia Isasi, que 
lo desempeñó por espacio de cinco años, y le sucedió 
el castellano del Morro D. Mateo Palacios. Muerto este 
gobernador en su destino en 14 de octubre de 1699, 
ejercieron el mando político los alcaldes ordinarios de 
aquel año D. Julián de Herrera y D. Marcos de Larrea, y 
el militar D. Mateo de Hechavarría, tronco de la familia 
de ese nombre en aquella ciudad , y sargento mayor de 
la fuerza que la guarnecia. En 22 de octubre de 1700 
vino á reemplazarle el capitán D. Juan Barón de Chaves, 
que luego acreditó gran energía al estallar la guerra lla- 
mada de sucesión y romper España hostilidades con la 
Gran Bretaña. 

Previéndolas ya desde el otoño anterior, se habia an- 
ticipado el gabinete de San James á destacar á las Anti- 
llas imponentes fuerzas que mandaba el almirante Bem- 
bow. De aliados útilísimos se trocaron de repente los 
ingleses entonces en los enemigos mas temibles de los 
españoles. Volvió á plagarse el mar con sus corsarios , y 
su superioridad marítima paralizó en largos períodos el 
tráfico de la isla desde los principios de aquella larga 
guerra. 

Ya estaba declarada, y no habia traído Lugo mas re- 
fuerzos que los indispensables para reemplazar las bajas 
de la guarnición de la capital. Sin embargo, socorrió 
con un piquete de reclutas y el capitán D. José Primo 
de Rivera ^* á San Agustín de la Florida , punto enton- 

'* V. Ensayo cronológico de la sanee navale d' Ángleterre , por Sainte 

Florida, por D. Gabriel de Cárdenas Groix ; Charnock, Biographia navalis. 

Cano; Guérin, Hisloire marilime de la y otras muchas obras antiguas que re- 

France, tomo IV, págs. 153 y siguien- fieren los acontecimientos marítimos de 

tes; Carlons de Ducasse, en la BibL del esla época< 
Arsenal en París ; Hisloire de la puis- 



248 HISTORIA 

ees el mas amenazado y débil de las posesiones españo- 
las. Montó algunas piezas más en las murallas , y pre- 
paró á las milicias para que pudieran á la primera señal 
armarse todas. 

Retrocedamos algún tanto para insertar en la crónica 
de Cuba la de sucesos exteriores que se enlazan con ella 
estrechamente. 

Al vivo interés de Luis XIV en asegurar á su nieto 
y dinastía la herencia de Carlos II , plenamente corres- 
pondieron á su tiempo por mar y tierra sus esfuerzos. Sin 
esperar á que se declarase una guerra inevitable, destinó 
considerables fuerzas navales á proteger las posesiones 
hispano-americanas , y traer bajo su escolta los cauda- 
les hacia dos años detenidos en Yeracruz , Cartagena y 
Portobelo, por el temor de armamentos enemigos y la 
inferioridad de los galeones destinados á defenderlos res- 
pecto de los que pudieran atacarlos. Para el agotado 
erario español era el primer afán entonces sobreponerse 
con las remesas de Veracruz y Tierra-Firme á los pri- 
meros conflictos de un rompimiento general, á los enor- 
mes gastos de la guerra próxima, mas larga y alternada 
de lo que en sus principios calculara nadie. 

Hasta tres escuadras francesas salieron para ese des- 
tino de Brest y de otros puertos en los dos años de 1 701 
y 1702. Con la primera se puso en movimiento á fin de 
mayo el marqués de Coetlogon , llevando seis navios de 
guerra y gran número de trasportes con considerables 
acopios de municiones, armas y mercaderías para la 
Habana , Veracruz y los puertos principales de la Amé- 
rica central. 

Cuando ya Luis XÍV recelaba que se dispusiera la ma- 
rina anglo-holandesa á hostilizarlos con cuarenta y ocho 



DE LA ISLA DE CUBA. 249 

navios de línea y muchos mas buques menores aposta- 
dos en sus puertos, ordenó que el marqués de Chá- 
teau-Renaud, anclado entonces en el Tajo con veinte y 
seis de gran porte y otros buques, saliese sin demora 
para las Antillas. El 2 de enero de 1702, se hallaba ya 
en la Martinica, donde tuvo que emplear mas de dos me- 
ses en disponerlo todo para su defensa y la de las demás 
islas francesas. Sabedor allí de que la escuadra de Coet- 
logon no le había parecido suficiente al general de las 
flotas y galeones, D. Manuel de Velasco, para dar escolta 
á sus mal armados buques y mas de treinta millones de 
pesos de caudales y efectos dispuestos á cargarse, Chá- 
teau-Renaud con diez y ocho navios y nueve bajeles más, 
entre brulotes, fragatas y corbetas, cingló para la 
Habana ell 9 de marzo. Antes de entrar en el canal de 
Bahama , el 23, se apoderó de una balandra de Nueva- 
York y dos bergantines ingleses, y el 9 del siguiente 
abril dio fondo en aquel puerto. 

Luego referiremos los progresos de la tercera y menor 
de las tres escuadras que destinó Francia en este tiempo 
á socorrer la América española y á asegurar la traída 
de las flotas. 

Según los papeles de este tiempo , en la capital de 
Cuba , tan vedada antes á los extranjeros , causó tanta 
sorpresa como regocijo la presencia sucesiva de las dos 
escuadras de Goetlogon y Cháteau-Renaud. La ley su- 
prema de la necesidad superó entonces á las inexorables 
exigencias del prohibicionismo : que allí no era donde 
funcionaba la Contratación. Veíase , y aun muchos no lo 
creían, que sin obstáculo ni traba, con facilidad, se cam- 
biaban por dinero y artículos de Francia los tabacos, los 
azúcares y cuantos efectos de la tierra existían en aquel 



2S0 HISTORIA 

puerto. El recuerdo de los cinco meses que en él per- 
manecieron aquellas fuerzas navales en menor ó mayor 
número , y tan excepcional é inesperada ocasión para 
dar vida al comercio y á la agricultura con artículos y 
aun con negros de otras islas, duró después los muchos 
años en que se perdió la esperanza de que pudiera re- 
novarse el mismo beneficio. 

Coetlogon, dejándose algunos buques menores en la 
Habana , habia regresado á Francia al principiar enero, 
sin esperar á la llegada de Cháteau-Renaud, y en el 
siguiente mes ancló en Brest sin tropiezo. Cháteau-Re- 
naud se apresuró á cumplir su principal encargo, el de 
escoltar las flotas de Velasco. Se hallaba ya en la Habana 
la de Tierra-Firme, cuando con solo cinco navios se 
encaminó el 25 á Veracruz para facilitar y dar espuela 
á la salida de la mas interesante de las dos expediciones, 
la de Nueva España. 

A pesar de los esfuerzos de Velasco, tan desapercibido 
andaba entonces todo lo de marina en aquel puerto, y 
tan amilanado el ánimo de sus negociantes con exagera- 
das nuevas de enemigos, que hasta que fondeó aquel 
general en Veracruz é hizo constante la presencia de 
sus imponentes fuerzas en la Habana , no se decidieron 
á despachar sus remesas y cargamentos para Europa. 
Doloroso retardo que con causas posteriores y aun mas 
lamentables, ocasionó después su pérdida. Hasta el 7 
del siguiente julio no lograron Velasco y Cháteau-Renaud 
incorporarse en la Habana á los demás navios franceses 
y á las expediciones de Portobelo , Cartagena y Chagres; 
y ya preludiaba agosto cuando se movieron juntos para 
Cádiz, sin tropiezo ninguno en la derrota. 

Al surcar ya por las Azores , les informó un barco de 



DE LA ISLA DE CUBA. 251 

aviso que, en vez de haberse dirigido á América la masa 
de las fuerzas enemigas , solo habían tomado esa direc- 
ción algunos buques, y que cruzaban los demás en es- 
pera de las flotas entre el Tajo y el cabo de San Vi- 
cente. Tuvieron entonces aquellos generales que mudar 
de rumbo, aceptando el francés la responsabilidad de 
quebrantar por tan forzosa causa las ciegas leyes del 
comercio hispano-americano, y remontaron latitud para 
recalar el 22 de setiembre en Vigo. 

Tan exclusiva para todo caso era aun la prohibición 
de admitir expediciones trasatlánticas en puertos penin- 
sulares que no fuesen Cádiz ó Sanlúcar, que en lugar de 
celebrar que las de Velasco arribaran á aquella bahía 
con tanta suerte , y de disponer sin la menor demora 
que se desembarcaran sus caudales y mercaderías, por 
lo mismo que aquel puerto tan resguardado por la natu- 
raleza no lo estaba por el arte , no influyó en el virey 
y las autoridades de Galicia mas que el temor de que- 
brantar las estrechas instrucciones de la Contratación 
y del Consejo de Indias. Mientras por orden del Prín- 
cipe de Brabancon se fortificaban las entradas de aquel 
puerto, restableciéndose las abandonadas torres de Rade 
y de Corbeiro y armándose las miUcias de su territo- 
rio , impidió la resistencia siempre absurda y entonces 
criminal de la Contratación qué se tomase sin desper- 
diciar instantes la sola providencia salvadora y natural 
del caso , la de poner sin dilación en salvo por lo menos 
los diez y siete millones de pesos que Velasco traia en 
metálico , y lo mas portátil de un valor aun mayor en 
mercancías cargadas. 

Pero como si debiera subordinarse el enemigo á la 
resolución del expediente de consultas y respuestas que 



252 HISTORIA 

se intrincó en aquellos dias entre él Consejo de Indias 
y Orry , cuando prevaleció el parecer de este ministro 
y marchó en posta el intendente D. Juan de Larrea á 
traer aquellos caudales á Madrid, ya habia sonado la 
hora de su pérdida. Larrea llegaba á Vigo el 21 de octu- 
bre por la tarde ; y en la mañana del siguiente dia 
treinta y seis navios de guerra ingleses y holandeses 
con varios brulotes y todos los incendiarios artificios de 
aquel tiempo, desmantelaron á cañonazos las dos tor- 
res, rompieron las cadenas de la entrada, y venciendo 
con su superioridad de leños y de gente la viva resisten- 
cia de los galeones españoles y navios franceses, de los 
cuales los más hablan salido para Francia , obligaron á 
Velasco y Cháteau-Renaud á incendiar sus propios bu- 
ques para que no cayeran en poder de sus contrarios. El 
duque de Ormond solo pudo apoderarse de unos cuatro 
millones en metálico, de siete bajeles de guerra y seis 
de mercaderes medio abrasados por las llamas , que de- 
voraron también á un navio inglés de tres puentes. 
Menos otros cuatro millones que Velasco acertó á salvar 
precipitadamente entre el doble fuego de la sangrienta 
refriega y del incendio , y algunas mercancías valiosas, 
se perdió todo lo demás en tan aciago trance. Murieron 
allí de los anglo -holandeses como mil doscientos hombres 
y casi igual número de españoles y franceses. Al naciente 
comercio de la Habana le arrebató la catástrofe de Yigo 
mas de cuatrocientos mil pesos en azúcar y tabacos. 
Volvamos la vista á menos ingratos acontecimientos. 

La tercera expedición armada que destacó Francia á 
socorrer á las Antillas, aunque de menos gente y bu- 
ques , logró mas resultados que las anteriores de Goet- 
logon y de Cháteau-Renaud. Salió de Brest el 1 de 



DE LA ISLA DE CUBA. 253 

julio de 1 702 acaudillada por aquel mismo Ducasse , tan 
afanoso años atrás en dañar á nuestras posesiones como 
ahora en protegerlas. Sus fuerzas solo se componian 
de seis navios, una balandra y un brulote, con trescien- 
tos treinta y ocho piezas de todos calibres y mil nove- 
cientos ochenta y nueve tripulantes. Después de tocar 
en Puerto-Rico, á cuyo gobernador dejó auxilios é ins- 
trucciones de Madrid , averiguó Ducasse en el Guarico 
que la escuadra inglesa , dos años antes salida de Ingla- 
terra á las órdenes de Sir Bembow, cruzaba por las 
aguas occidentales de Santo Domingo ; y con toda dili- 
gencia salió de aquel puerto el 28 de agosto á comba^ 
tirla. 

Sin lograr evitarlo Galliffet , sucesor de Ducasse én el 
gobierno de la parte francesa de aquella isla, ya habia 
Bembow incendiado un navio de guerra de á cincuenta 
en el puerto de Léogane , y apresado tres embarcacio- 
nes, cuando la descubrió aquel marino al dia siguiente 
cinglando hacia Jamaica con solo .cinco navios é igual 
número de bergantines y fragatas. 

Sirvieron entonces de escena aquellas aguas á uno de 
los combates mas tenaces que los fastos marítimos re- 
cuerdan. Elevó en él Ducasse su reputación á su apogeo 
con su destreza en las maniobras, avanzando, retro- 
cediendo y peleando tres dias consecutivos con sus no- 
ches, hasta que en el tercero fierdió Bembow una pierna 
de un balazo y se acabó la refriega con su vida. An- 
tes de espirar achacó á la torpeza é indisciplina de sus 
oficiales lo que en realidad era obra sola de la habilidad 
de su adversario y del valor de los franceses. Muy debi- 
litados estos sin embargo, se apartaron de las aguas 
de la lucha para reparar sus averías en Cartagena, donde 



254 HISTORIA 

la presencia de Ducasse causó entonces tanto gozo como 
horror había inspirado tiempo antes, cuando cooperó con 
Pointis á tomarla y saquearla. En América fué aquel el 
suceso naval mas importante de aquella larga guerra. 

En cuanto á Cuba, cayó el primer azote sobre Trini- 
dad precisamente cuando en su capital se relevaban las 
autoridades. Aprovechando la ocasión de estar ausentes 
Vázquez y otros corsarios de Casilda , el inglés de Ja- 
maica Carlos Gant entró á saco con trescientos hombres 
en aquel pueblo indefenso, donde no respetó mas que 
las vidas. Aunque se hablan enriquecido allí algunos 
vecinos con el trato ilícito y capturas en la anterior 
guerra, no correspondió el valor de sus despojos á las 
esperanzas que Gant habia formado. A su aparición 
casi todos los habitantes se fugaron á los campos es- 
condiendo ó llevándose los dineros , y solo pudo arreba- 
tar algunos barquichuelos, algunos esclavos y algunos 
individuos que por su pobreza quedaron luego libres 
sin rescate. 

A consecuencia de este insulto, mandó Lugo que se 
organizaran en Trinidad dos compañías de milicianos, 
una con gente de la misma población, y otra llamada de 
forasteros, con labradores de su territorio. 

Aun no estaba esa disposición cumplida cuando arre- 
bató una maligna fiebre la vida de aquel capitán gene- 
ral el 4 de diciembre. Con arreglo á las disposiciones 
que regían para estos casos, inmediatamente se presen- 
taron en el ayuntamiento el auditor D. Nicolás Chirino 
Yandevall ^*' á recibir el gobierno político, y el castellano 

'^ V. las actas del ayuntamiento de originales de Chirino al Rey en el A rch. 
a Habana, los cuadernos de su antigua de Ind. de Sevilla, 
csoribanía de gobierno, y dos cartas 



DE LA ISLA DE CUBA. 255 

del Morro, D. Luís Chacón '% el militar. Pero la admisión 
de Chacón como gobernador militar halló tropiezos, por- 
que se la disputó el sargento mayor, D. Lorenzo de Prado 
Carvajal ^'^y alegando que un capitán de infantería espa- 
ñola no podia ser postergado con justicia á uno de corazas 
por ser alcaide ó castellano del Morro únicamente. Aun 
siendo infundada esa razón , estando prevenido y ya con 
frecuencia autorizado por la práctica que á falta de capi- 
tán general entrase aquel á gobernar las armas y no 
otro, la alegaron los capitulares influidos por D. Martin 
Recio de Oquendo y el alcalde provincial D. Francisco 
de Prado Carvajal, padrino de aquel, y hermano este del 
solicitante , para darle sus sufragios. De nada le habrían 
servido á Chacón ^^ sus derechos preferentes en una cor- 
poración tan dominada por su competidor, si, recono- 
ciendo Chirino su justicia y por precaver otros trastor- 
nos en época tan crítica , no apelara á la cooperación de 
Compostela, á cuya voz no habia oidos sordos en la Ha- 
bana. Bastaron las palabras del venerable prelado en 
el cabildo para que revocase lo que tan de ligero habia 
acordado , quedando el castellano del Morro con el 
mando interino de las armas , á pesar de una protesta 
aislada del alcalde provincial y del visible descontento 
de otros regidores. 

Por ese tiempo los ingleses establecidos muchos años 
antes en la Carolina del Sur organizaron una expedi- 
ción de dos mil hombres en el fuerte de San Jorge y 
acometieron á San Agustín de la Florida, gobernada á 

*6 V. su not.biogr.,p. 234, t. III, i)íc. ^^ V. el libro de actas del ayunta- 

Geogr.^ Estad, j Ilist. de Cuba por el A. miento déla Habana y los cuadernos de 

*^ V. su not. biogr., ps. 231 y232, t. II, la antigua escribanía de gobierno, 
¡)icc, Geogr., Esl., Hisi. de Cuba por el A, 



2S6 HISTORIA 

la sazón por D. José de Zúñiga y Lacerda. Con menos 
de trescientos soldados mal podia impedir que los agre- 
sores ocuparan é incendiaran aquel pueblo , de caserío 
de madera casi todo. Pero desde el castillo los mal- 
trató con tal viveza, y sobrevino tan á tiempo el socorro 
que desde la Habana y al saber su apuro le envió Cha- 
cón con toda diligencia , que se retiraron con precipita- 
ción y mal parados los ingleses, sin recoger ^^ siquiera 
sus heridos. Bienville , que por ausencia de Iberville di- 
rigia las nuevas colonias francesas de Biloxi y de la Mó- 
bila , muy oportunamente socorrió también á Zúñiga con 
víveres y municiones en aquel aprieto. 

Pero este corto revés y el de Bembow con Ducasse 
pesaron poco en la balanza de las grandes operaciones 
navales y terrestres con que se dio principio á la guerra 
de sucesión de España. Quedaba la Gran Bretaña sin ri- 
val en el dominio de los mares desde el triunfo de Yigo. 
Las aguas americanas, como las de Europa, se plagaron 
de navios ingleses. Después de arrasar á la floreciente 
colonia de la Guadalupe, cruzaron sin estorbo por el ar- 
chipiélago escuadras numerosas. Hasta treinta y cinco 
naves de guerra gobernadas por los almirantes Graydón 
y Walker asomaron por el horizonte de la Habana el 20 
de junio de 1703^^ causando tal pavura, que multitud 
de vecinos se apresuraron á poner en salvo sus familias 
y caudales contando con un asedio irremediable. Serenó 
Chacón los ánimos con su firmeza y con su ejemplo, po- 

1' V. el Eíisayo cronológico para la gobernadores al Rey en el mismo mes; 

historia de la Florida, por C. Cano, CsimitheWs, Uves ofihe Admiráis^ etc.; 

y la Gaceta de ¡Madrid de 21 de junio de Cbarnock, Biographia navalis, y otras 

1704. muchas obras que refieren las opera- 

^^ V. en el Arch. de Ind. de Se- ciones marítimas de los ingleses en esta 

Tilla, las cartas originales de los dos época. 



DE LA ISLA DE CUBA. 257 

niendo sobre las armas á los milicianos, abasteciendo á 
toda priesa á las fortalezas, montando algunas piezas más 
en las murallas y destacando alguna tropa á reforzar al 
castillo de San Severino de Matanzas, hacia donde pare- 
ció dirigirse aquel armamento formidable después de 
bordear algunos dias frente á la Habana. Con estos so- 
bresaltos trascurrió aquel año en que, á pesar de la su- 
perioridad del enemigo, lograron los corsarios de la ca- 
pital muchas presas en las costas y arrebatar hasta mas 
de seiscientos negros en las de Jamaica. 

Mas felices estuvieron aun en el siguiente los de San- 
tiago de Cuba estimulados por la fortaleza de D, Juan de 
Chaves que hasta se puso al frente de ellos. 

Los portugueses, los últimos asentistas para la intro- 
ducción de negros en la América española hablan en- 
trado en la liga de Austria é Inglaterra contra España y 
Francia. Aunque nacido en aquel puerto el agente que 
allí corria con aquella dependencia , Baltasar de Silva, 
sin considerar Chaves que estaba alcanzando gruesas su- 
mas á sus poderdantes y que había contribuido en casos 
críticos con su caudal para las urgencias de la tropa, se 
lo embargó entonces todo sin escrúpulo. Por ese medio 
y otros, organizó una expedición de ciento cincuenta sol- 
dados españoles y franceses auxiliares y dos fragatas 
mandadas por D. Blas Moreno Mondragon y Claudio la 
Chesnaye, y salió con ellas á sorprender á las islas que 
colonizaban los ingleses en Bahama. Con tan cortas fuer- 
zas invadió Chaves á las de Providencia y Sigüatey, 
donde encontró como doscientos cincuenta ingleses, les 
pasó á cuchillo mas de ciento , les arrasó sus fortines y 
sus casas, tomándoles cien prisioneros , veinte y dos ca- 
ñones , muchas armas y hasta trece embarcaciones , re- 

ÍÍÍST. DE CUBA, — TOMO II. — 17 



258 HISTORIA 

gresando con todas sus presas á Santiago ^* pocos dias 
después de su salida. Por este hecho tan audaz, que 
consignó 1^ «Gaceta de Madrid,» y por que contribuyó 
con voluntarios y caudales á una empresa tan feliz y tan 
gloriosa, aunque pequeña, concedió luego el rey Felipe V 
á aquella ciudad el título de «muy noble y muy leal.» 
Los castillos de su bahía se reforzaron con los cañones 
apresados, é inspiró este suceso gran aliento á los demás 
corsarios españoles. 

Mientras se fijaba la atención entera de los pueblos 
en las hostilidades, afligió á la capital de Cuba la muerte 
del venerable Compostela , el mas ilustre de todos sus 
Prelados. Los recuerdos de sus fundaciones y de la ex- 
tensión que habia logrado dar al culto , de su ardiente 
caridad y su dulzura, arrancó sinceras lágrimas á los 
que fueron á contemplar sus restos frios ^^. Falleció á los 
sesenta y nueve años de edad el 29 de agosto de 1704; 
y sin una guardia que envió Chacón junto al cadáver, 
hubiérale despojado de sus vestiduras una muchedumbre 
ansiosa de reliquias de un obispo tenido por un santo. 
En el templo de Santa Teresa de la Habana aun se con- 
serva sobre su lápida, colocada en el mas honroso sitio, 
el humilde sombrero que llevó su virtuoso fundador en 
sus postreros dias. 

Después del incendio de la flota en Vigo y de tomado 
por sorpresa Gibraltar, irreparable pérdida para la in- 

21 Véanse la Gaceta de Madrid de 3 tigua escribanía de gobierno de la Ha- 
de junio de 1704 y las cartas de Chaves baña. En cuanto al hecho de la guardia 
y Chacón al Rey, escritas poco después que hubo de enviarse para custodia del 
del suceso, que se hallan en el Arch. cadáver, no hay pruebas escritas. Pero 
de Ind. de Sevilla. basta que lo recuerde una tradición muy 

22 Véanse los libros de actas del verosímil, refiriéndose á un prelado tan 
ayuntamiento y los cuadernos de la an- virtuoso. 



DE LA ISLA DE CUBA. 259 

tegridad del territorio español y su riqueza , sabíase en 
las Antillas que la fortuna seguia protegiendo á los alia- 
dos ; que Sir Glowdesley Showell con una escuadra for- 
midable imperaba en el Mediterráneo; que el preten- 
diente austriaco, recibido en Lisboa con alborozo, se dis- 
ponia á invadir á Extremadura, sosteniendo sus derechos 
numerosas huestes portuguesas, inglesas y alemanas; y 
que divulgaba el traidor Almirante de Castilla que el tes- 
tamento de Carlos II no habia sido mas que una impostura 
del cardenal Portocarrero. Nuevas de tanta gravedad, y 
en parte ciertas , introducian en las provincias trasatlán- 
ticas la misma divergencia de opiniones que dividía ya á 
su metrópoli , y en Cuba ño cooperó poco á fomentarla 
con sus emisarios el gobernador de Jamaica, Whilstone, 
lugarteniente de Lord Peterborough y especialmente en- 
cargado de sublevar nuestros dominios de ultramar á fa- 
vor del archiduque. Santiago y los demás pueblos de la 
isla se libraron de sediciones y alborotos con la vigilan- 
cia de D. Juan de Chaves y la lealtad de sus justicias 
ordinarias. Pero acaso se trastornara el orden en la Ha- 
bana, donde tenia aquel pretendiente mas adeptos, á pe- 
sar de la prudencia de Chirino y del rigor de Chacón, 
si por octubre y noviembre de 4 704 no se presentaran 
en el puerto algunos navios franceses que mandaba el 
marqués de Coetlogon ^^ y que facilitaron la entrada del 



23 Alain Manuel, marqués de Ceot- ñoles, los holandeses y los argelinos, 

logon, primogénito de la ilustre familia Ascendió á jefe de escuadra en 1689, 

de este nombre en Bretaña , donde hallándose en el célebre combate de la 

nació en 1646, empezó desde muy jó- Hogue contra los ingleses. Ya era te- 

\'en á servir en la marina francesa. A niente general cuando, en 1701, se le 

principios de 167S era va capitán de deslinó á mandar las fuerzas navales de 

navio, en cuyo empleo se distinguió en Francia eñ América. Se distinguió des- 

multiiud de encuentros contra los espa- pue§ en el combate naval de Málaga 



260 HISTORIA 

situado. El resentido sargento mayor D. Lorenzo de 
Prado y Carvajal disimuladamente, su hermano don 
Francisco, el alcalde provincial D. Martin Recio de 
Oquendo , el inquieto abogado D. Juan de Balmaseda y 
algunos otros de la misma profesión tenian ya al cabildo 
y al pueblo alborotados con sugestiones y abultadas 
nuevas. 

Oportunísima fué la llegada de Coellogon que , cum- 
pliendo con instrucciones del gobierno de Madrid y del 
de Francia, reforzó la flaca guarnición de aquella plaza 
con algunos piquetes de marinos franceses , la surtió de 
municiones y permitió que entraran al servicio de Es- 
paña algunos oficiales. En el navio mismo de la insignia 
del marqués venia de comandante M. de Graff , aquel 
tremendo Lorencillo que habia sido el terror de las co- 
lonias. « Toda la ciudad , j» refiere el P. Charlevoix ^*, 
c acudió á verle ; pero por su propia seguridad le pro- 
» hibió Goetlogon saltar en tierra. » Muchos negros intro- 
dujeron en la Habana los franceses en aquella ocasión y 
en otras posteriores. 

Sin acontecimiento de importancia trascurrió el año 
de 1705 para Cuba. Redoblaron de actividad y fortuna 
sus corsarios que , en combinación con los de la Espa- 
ñola , diariamente arrebataban presas en el mar y por 
las costas de Jamaica y Carolina , habiéndose momen- 



contra los ingleses el 24 de agosto de hartó del raundo y se retiró á la casa de 

17Ó4 , siendo segundo comandante de la los Jesuítas de Paris, en donde seis días 

escuadra que nominalmente mandaba antes de morir, ¿1 1.^ de junio de 17ÍÍ0, 

el conde de Tolosa, hijo natural de recibió el bastón de almirante de Fran- 

Luis XIV. Después de desempeñar los cia. 

primeros empleos de la marina en Fran- ^i Véase la Histoire de Saint-Domin- 

cia y de ser condecorado con las bandas gue por el expresado autor, 
de San Luis j*- del Espíritu Santo , §e 



DE LA ISLA DE CUBA. ÍSI6Í 

táneamente debilitado la marina inglesa después del in- 
deciso pero sangriento combate que sostuvo en Málaga 
el 9 de agosto con la escuadra francesa del conde de 
Tolosa y con un incendio que en el Támesis, y junto al 
misrno Londres, devoró quince navios. Con los negros y 
los cargamentos apresados á los enemigos dio la isla 
algún incremento á sus cultivos, reportando así ventajas 
de una guerra que en otras partes ocasionó tantos desas- 
tres. Destinábala su estrella á ganar cuando perdian 
otros países; y así ha seguido hasta recientes tiempos. 

El teatro de los grandes sucesos entonces como casi 
siempre, era la Europa, donde rivalizaban en pericia y 
en fortuna, operando contra los ejércitos franceses, Eu- 
genio de Saboya y Marlborough , los primeros capitanes 
de aquel tiempo. El archiduque , no logrando penetrar 
entonces por Portugal, en León ni Extremadura, embarcó 
en Lisboa una fuerte expedición de ingleses ¡y alemanes 
en la escuadra de Sir Jorge Roocke. Sublevó á su favor 
todos los pueblos de Valencia y se apoderó el 9 de octu- 
bre de la capital de Cataluña, triunfo alcanzado por la 
destreza de Lord Peterborough , trasladado del gobierno 
de Jamaica á mas lucida escena , y por el valor del 
príncipe Hesse Darmstadt, que al sorprender á Mont- 
juich perdió la vida. Proclamado el pretendiente con el 
nombre de Carlos III en Barcelona , como con chispa 
eléctrica se alzó en su defensa todo el principado. Tar- 
ragona , Tortosa , Lérida , Gerona y todas las ciudades 
principales, le ofrecieron con júbilo sus guarniciones 
y sus llaves. Tan rápidamente se propagó la sedición 
contra Felipe V por la antigua Corona de Aragón , tan 
homogénea en índole y costumbres , que á duras penas 
pudo su arzobispo aquietar con una guarnición francesa 



262 hlSTORlA 

á Zaragoza : como si ahora la excitase la sombra de 
Lanuza á recobrar de un rey austriaco los privilegios 
que otro de igual estirpe le quitara. 

Improvisa eutonces Felipe V ea pocos dias , merced 
al entusiasmo castellano, una hueste fiel y numerosa 
que acaudillan Aguilár, Yilladarias y sus mejores gene- 
rales. Atraviesa las comarcas sublevadas y vuela á es- 
trechar y someter á la rebelde Barcelona. Pero sobre- 
viene Showell con una escuadra inglesa á reanimar á 
los sitiados, y abandona sus trincheras con despecho el 
sitiador, cuando coincidiendo un eclipse de sol con esa 
retirada , presagiaba á aquel vulgo supersticioso y des- 
afecto, que el de la casa de Borbon se eclipsaria tam- 
bién para no volver á lucir mas en España. 

Reanimaron estos sucesos de repente hasta á los mas 
tibios parciales de la casa de Austria en los dominios 
españoles. Como dijimos, no faltaban en la Habana 
emisarios de Jamaica que los agitasen, á no frustrar en- 
tonces sus intentos los dos gobernadores , que , aunque 
divididos por mutuas competencias, en lo principal de 
sus deberes marcharon siempre acordes y hermanados. 
Los denuestos y silbidos contra los marinos franceses 
de los buques anclados en el puerto , y aun algún ase- 
sinato, harto indicaban que solo esperaba una opor- 
tunidad para aclamarlo la opinión, ya entonces en 
general favorable al archiduque. EH9 de abril oyeron 
Chirino y Chacón murmullos sediciosos contra los alia- 
dos y enviaron guardias y patrullas que dispersaron á 
los grupos , publicando aquella tarde un bando en que 
prohibían, so pena de destierro á la Florida, que desde 
las doce de la noche en adelante nadie saliese de su casa. 
Amenazaban hasta con el suplicio al que ofendiera de 



DlE LA ISLA DE CUBA. 265 

palabra y obra á los franceses. El 20 , al pié del mismo 
bando, amaneció un tosco y mal forjado pasquín que así 
decía : « El bando que se ha echado no sabe lo que se 
y> hace, y les amonestamos todos los hijos vecinos de esta 
» ciudad á los gobernadores que, sí mañana quedan los 
2) franceses en la bahía, no ha de quedar el gobernador 
» vivo, porque nos hemos de levantar y avisar á Jamaica; 
i> y no hemos de consentir entre otro ningún francés y 
» aclamaremos al imperio ^^» Chacón puso aquellos días 
sobre las armas á la guarnición , y la tranquilidad no se 
llegó á turbar con amenazas tan groseras. 

Aun duraba esta sorda agitación cuando llegó á la Ha- 
bana y se hizo cargo , el 13 de mayo de 1706, de la 
capitanía general el sargento general de batalla don 
Pedro Alvarez de Villarin ^^, algunas veces designado 
con la categoría de mariscal de campo en los documentos 
de este tiempo, cuando empezaron á adoptarse en el ejér- 
cito español la organización , grados y formas del fran- 
cés. Nombrado sucesor de Lugo al saberse en la corte su 
fallecimiento , y muchos meses detenido por la interrup- 
ción de comunicaciones, Villarin , ardiente partidario 
de Felipe V, se esforzó en reanimar el espíritu del pue- 
blo por la causa de este Príncipe , y recomendó con efi- 



2^ Véanse, en el Arch. de Ind. de Se- D. Bartolomé Antonio Garrote , que dio 

■villa diversas cartas originales de Chi- escolta á algunos buques mercantes des- 

riño y Chacón al Rey^ y los cuadernos tinados á Veracruz. Ya por ese tiempo 

de la antigua escribanía de gobierno. se organizaba la marina militar de Es- 

2^ Véase su noticia biográfica, p. 666, paña bajo el mismo pié que la francesa; 

lomo IV, Dice. Geogr., Estad., Hist. y Garrote, acaso, fué el primero que se 

de la Isla de Cuba por el A. — Llegaron -vio en Cuba con la insignia de tres ga-^ 

con él á la Habana dos fragatas de Iones en la manga , qui córrespondia á 



guerra, la Guadalupe y la Santa Te- aquel grado, 
resa , mandadas por el capitán de navio 



264 HISTORIA 

cacia los servicios prestados por Chacón ea sus mandos 
interinos. 

Después de socorrer á San Agustin de la Florida, 
aprovechando la permanencia de algunos barcos france- 
ses en el puerto , animaba á su comandante con vehe- 
mencia á sorprender la posesión inglesa de San Jorge, 
cuando, en la fuerza de su robustez y de sus años, le 
hundió en la tumba una aguda enfermedad el 8 del 
siguiente julio, cabiéndole así tan negra suerte como á su 
antecesor. También por esos dias murió en la Habana 
Iberville^^, el fundador de las primeras colonias france- 
sas del Mississipí, que con un bergantín de guerra habia 
acudido á reforzar la expedición que preparaba allí Vi- 
llarin contra los establecimientos ingleses de la Carolina. 
Chirino y Chacón volvieron á encargarse de sus respec- 
tivos departamentos como antes ; y pagó el segundo su 
deuda de gratitud á Villarin cuando dio cuenta á la corte 



2' Pedro Lémoyne de Iberville nació entre la antigua y nueva Francia. En 

en Monreal, en el Canadá, en 1662. 26 de agosto de 1699 recibió la insignia 

Fué el tercero de los once hijos varones de caballero de San Luis en recom- 

que, sin contar las hembras, dejó allí pensado haber creado las dos primeras 

Carlos, señor de Longüeil, el principal colonias de las orillas del Mississipí. 

colonizador de aquella región, donde Tres años después ascendió á capitán 

creó diferentes señoríos , adjiídicándole de navio. En 1705 salió para las Anti- 

á Pedro el de Iberville, con cuyo nom- Has francesas con una expedición de 

bre fué después muy conocido. Desde cinco buques; pero habiendo enfermado 

los catorce años sirvió en la marina con á bordo, tuvo que encargar á su se- 

gran valor é inteligencia. En 9 de ju- gundo Chavagnac del ataque y con- 

nio de 1688 mandaba ya dos buques quista de la isla inglesa de Nieves ó 

destinados al resguardo y exploracic- Ñevis , que se llevó á afecto felizmente, 

nes del gran rio de San Lorenzo y sus y en donde capturaron los franceses 

riberas. En 1691 fué promovido á ca- algunos millares de negros, vendidos 

pitan de fragata, y con solo ese carác- luego en la Habana casi todos. En aque- 

ter acaudilló algunas expediciones tras- Ha ciudad murió Iberville á los pocos 

atlánticas de trasportes y de abastos dias de su llegada. 



IDE LA ISLA DE CUBA. %§ 

de SU muerte, ensalzando ^^ « las prendas de gobierno 
» que había manifestado en el corto tiempo de su 
» mande?.» 

La expedición que Villa rin acaloraba salió de la pliaza 
con rumbo á Charleston el i 6 de agosto con tiempo fa- 
vorable. Formában-la cinco buques franceses con tres- 
cientos granaderos, ademas de la marinería, á las órde- 
nes del capitán de navio Lefévre, y doscientos voluntarios 
de la Habana acaudillados por D. Esteban de Berroa, 
habiéndoles auxiliado Chacón ^^ con dos piezas de cam- 
|; paña y buen acopio de armas. Pero la flotilla , lejos de 
acelerar los movimientos para sorprender aquella pobla- 
ción , en cuanto estuvo próxima á San Jorge , perdió 
tiempo en el paso de la barra, dilatando el desembarco 
hasta el siguiente dia. Aprovechó la demora el gober- 
nador inglés para reforzarse aquella misma noche con 
milicias y defensas, y hacer ya imposible la sorpresa. 
Limitáronse, pues, los agresores á saquear algunos pun- 
tos y sostener algunas escaramuzas en la playa , hasta 
que, aproximándose superiores fuerzas navales del ene- 
migo se alejaron, regresando á la Habana tres semanas 
después de su salida. 

Insultos mas sensibles sufrieron en América aquel 
año las armas de Inglaterra , muy distraídas entonces en 
Europa. El vice-almirante francés Chavagnac con cuatro 
navios, varios trasportes y mas de tres mil hombres, 
les habia ya sorprendido las islas de San Cristóbal y de 
Nieves, cuyo gobernador fué muerto en la refriega. En 



^' V., en el Arch. de Ind. de Sevi- villa, varias cartas originales de Cha- 
a, la carta original de Chacón al Rey. con al Rey. 
'^^ V., en el Arch. de Ind. de Se- 



^66 tílStORlA 

8 

ambas lo saquearon, demolieron y arrasaron lodo loa 
franceses, arrebatando un gran botín, mas de siete mil 
esclavos y los habitantes que podían pagar rescate. 

No era, sin embargo , favorable para la casa de Bor- 
bon el aspecto de la guerra , y principalmente en Espa- 
ña. En vano el rey Felipe, cuyo valor crecía en la ad- 
versidad, se ganaba el renombre de «animoso, » haciendo 
en todas partes rostro á los austríacos. En vano su joven 
esposa, Luisa de Saboya, con entereza superior á su 
sexo y á sus años, enardecía de entusiasmo á las Castillas 
y vendía sus joyas para armar y vestir á los defensores 
de su causa. Garlos , mientras su rival reconcentraba sus 
escasas fuerzas en Navarra para volver á comenzar la 
lucha, era proclamado en Zaragoza con aplauso, y en Ma- 
drid por contados partidarios, bajo la protección de un 
ejército extranjero. Los estados españoles de la Lombar- 
día caían en manos de Eugenio de Saboya después de la 
sangrienta batalla de Turin ; en fin , tan inconstantes 
como la misma suerte de las armas , el cardenal Porto- 
carrero y otros personajes abandonaban el bando de 
Felipe. 

Si Cádiz y Sevilla por un lado , y por otro los puertos 
de Cantabria no se le hubiesen conservado fieles, dudoso 
fuera que , viéndole triunfar de su adversario , no pro- 
clamaran también las posesiones de Ultramar por sobe- 
rano al archiduque. Pero sus decretos no atravesaron 
el Océano ; y aunque ignorasen todavía los vireyes y 
gobernadores el principio de que la bandera de las pro- 
vincias ultramarinas debiese ser siempre la de su metró- 
poli, todos sin excepción en la América española some- 
tieron su conducta á las órdenes escritas que dimanaran 
del monarca que España había aclamado. 



DE LA ISLA DÉ CUBA. %7 

La presencia de la escuadra inglesa que á principios 
de 1707 acudió al archipiélago á detener los ínapetus de 
Chavagnac, hizo aun mas crítica la situación de las An- 
tillas, desano paradas por un gobierno vencido y agoni- 
zante en la metrópoli. Su pérdida ó su conservación de- 
pendia solo de la lealtad de sus habitantes y gobernado- 
res. Unos y otros la acrisolaron en época tan ardua , sin 
realzar la de Chirino y Chacón la circunstancia de ser 
ambos naturales de la Habana , porque para los espa- 
ñoles americanos y peninsulares aun no habia entonces 
sino una sola patria. 

Precedidos de mensajes tan apremiantes como inútiles 
para que Chirino y Chacón reconociesen en Cuba al ar- 
chiduque , asomaron el i 9 de marzo al frente de la pla- 
za veinte y dos buques de guerra ingleses y holande- 
ses^^, con miras de obtener por la violencia lo que no al- 
canzaron sus intimaciones y consejos. Chacón, que á los 
primeros avisos de los vijías habia puesto sobre las ar- 
mas sus milicias y estaba prevenido para la defensa, 
contestó á cañonazos á unas lanchas que se arrimaron al 
Morro con señal de parlamento. No viendo la escuadra 
inglesa mas que disposiciones hostiles en el puerto y los 
vecinos surgideros, largó velas y embocó por el canal 
dos dias después. 

Reanimáronse en Cuba los muchos partidarios de Fe- 
lipe V con la escuadra francesa de Ducasse ^', que llegó 



3° V., en el Arch. de Ind. de Sevi- era tratante en carnes y jamones; pero 

lia, la comunicación original de Chacón su hijo no le imitó en ese oficio. Se 

al Rey de 31 de marzo de 1707. embarcó desde muy joven, sin que se 

'' Juan Bautista Ducasse nació en expliquen en ninguna de sus biogra- 
Bayona hacia 1643. Su padre, según fías las primeras vicisitudes de su vi- 
las Memorias del duque de San Simón, da, hasta que en 1678 apareció man- 



568 HISTORIA 

de Veracruz en junio con la flota de D. Andrés de Pez, 
y siguió á España convoyando los caudales de Méjico, 
de Honduras y de Cartagena con los auxilios ordinarios 
y los donativos que ofrecieron á su Rey entonces los vi- 
reinatos y provincias trasatlánticas. Entre las ricas ofren- 
das del Perú , de Nueva Granada y Nueva España ni se 
percibían los siete mil ciento ochenta y tres pesos que 
entonces entregó la Habana á Pez. No se presumía aun 
que en casos parecidos excedería en riqueza y despren- 
dimiento , andando el tiempo , á las demás ciudades es- 
pañolas. Después de una campaña tan feliz como azaro- 
sa , logró el diestro almirante conducir todas' aquellas 
embarcaciones salvas á Pasages de Guipúzcoa el 27 de 
agosto. Con los socorros que recibió entonces el ex- 
hausto erario de Felipe pudo restablecer el equilibrio de 
la guerra lá pericia del mariscal de Berwick que guiaba 



dando un buque negrero de la Compa- francesa que hostilizó á Barcelona en 
nía del Senegal en Santo Domingo. La 1712 cuando Berwick la sitió y tomó 
principal biografía de Ducasse es la pu- luego por tierra. Sus achaques y su edad, 
blicada en el t. XIV de la Biografía ya mas que septuagenaria, le obligaron 
universal j por el doctor Hoeffer, é im- entonces á retirarse á su residencia de 
presa por Didot en Paris en 18S8. Ha- Paris, en donde su hija y heredera úni* 
blan de él el P. Charlevoix en su His- ca se habia casado con el marqués de 
toria de Sanio Domingo ; Sainte-Marie, Roye. Ducasse era alto, delgado y de una 
en su Historia de la misma isla; Van- gran viveza. El caudal que dejó al mo- 
Tenac, en su Historia de la Marina jj rir en julio de 1713, en los baños de 
todos los cronistas de los flibusteros y Bourbon L'Archambaut , pasaba, se- 
de las Antillas. Pero quien mas se ex- gun San Simón , de diez y seis millones 
tiende sobre él es San Simón, que en de francos. No habrían contribuido poco 
su excepticismo nobiliario, no perdona- á esas riquezas las presas y despojos 
ba que se hubiese elevado tanto el an- de los españoles. Podría tomarse por 
tiguo flibustero , promovido á teniente compensación el que luego íes salvase 
general de la marina francesa y al Toí- Ducasse de los ingleses las dos flotas 
son de Oro de España , olvidando que que fué escoltando desde Veracruz á 
todos sus honores eran debidos á grandes España durante la larga guerra de su- 
servicios, á una rara capacidad y á un cesión, 
gran valor. Ducasse mandaba la marina 



DE LA ISLA DE CUBA. 169 

á las tropas españolas. Este general , que con solo 
diez mil hombres habia estado observando al ejér- 
cito cinco veces mayor del archiduque, aislándole en 
la corte, sublevando contra él al paisanaje, cortán- 
dole las comunicaciones, y las subsistencias, así que 
recibió refuerzos importantes ocupó las mejores posicio- 
nes para disputarle la retirada sobre Valencia ó Aragón 
cuando le obligaran el hambre y el odio del pueblo ma- 
drileño aun mas que sus enemigos á evacuarle. El mar- 
qués de las Minas y el conde de Galloway, que con mas 
de treinta mil portugueses é ingleses se adelantaron á 
atacar á Berwick ^^, fueron desbaratados por aquel hábil 
caudillo en los llanos de Almansa (2l7 de abril de 1 707), 
dejando cinco mil cadáveres y doce inll prisioneros en 



'2 Jacobo Fitz James, duque de Ber- 
wick , era hijo natural de Jacobo II, 
rey de Inglaterra, tenido en 21 de agosto 
de 1660 en Arabela Churchilí, hermana 
del famoso duque de Marlborough. 
Siendo una de las primeras figuras mi- 
litares de su tiempo, no necesitamos 
extendernos en esta noticia. Las mismas 
memorias que dejó escritas de su vida, 
referida ademas con mayor ó menor ex- 
tensión en casi todos los Diccionarios 
biográficos , no lo hacen necesario. Ber- 
wick es un ejemplo que contradice con 
los hechos la opinión de que no se 
puede ser buen general sin haber re- 
corrido antes con crédito los grados su- 
balternos de la milicia. Emigrando á 
Francia desde el destronamiento de su 
padre, y al servicio de esa potencia 
desde 1692, después de haber servido 
como voluntario en sus ejércitos cuatro 
años solamente, se vio elevado en 1704 
á general en jefe del destinado á Es- 
paña en auxilio de Felipe V. El éxito' 



de sus operaciones en aquella larga 
guerra pronto le elevó á la misma al- 
tura de Yillars y de Vendóme. En pre- 
mio de sus servicios fué declarado por 
aquel monarca capitán general de Jos 
ejércitos españoles, recibiendo también 
la grandeza y luego el Toisón de oro, 
después de pacificará Cataluña y rendir 
á Barcelona. Pero francés por volun- 
tad y por deber, las recompensas de 
Feli,pe V no fueron un obstáculo para 
que en la pasajera guerra que estalló 
en 1718 y 19 entre España y Francia, 
penetrase Berwick en Guipúzcoa, y 
se apoderase de Fuenterrabía. Le ar- 
rancó la cabeza un cañonazo el 12 de 
junio de 1734 en el sitio de Filipsbur- 
go. Su hijo mayor, que heredó la gran- 
deza de España y sirvió con distinción 
en nuestras tropas, se casó con la du- 
quesa propietaria de Alba, descendien- 
do de ese matrimonio los actuales di^^ 
ques de ese titulo. 



270 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

poder del vencedor. Se cuentan pocos triunfos de conse- 
cuencias mas decisivas y mas prontas. Valencia , Zara- 
goza y otras poblaciones principales se sometieron á Fe- 
lipe, mientras el marqués de Bay, con una división es- 
pañola , preservaba á Extremadura de invasiones ; y las 
tropas de Berwick , ya reforzadas con un cuerpo de ejér- 
cito francés y á las órdenes del duque de Orleans, se en- 
grosaban diariamente con reclutas castellanos, manche- 
gos y andaluces. 

Desde la muerte de Compostela gobernaba la diócesis 
de Cuba, siguiendo sus piadosas huellas, el canónigo ha- 
banero D. Dionisio Reciño ^^ nombrado á propuesta del 
difunto para auxiliar de la Florida con el título de obispo 
in partibus de Adriamite. Poco después fué destinado á 
la vacante el obispo de Puerto-Rico D. Gerónimo Val- 
dés ^\ antiguo provincial de Basilios y catedrático de 
Alcalá , que tuvo que arribar á Baracoa en abril de 
^ 706 , siendo recibido en la capital de la isla el 1 3 del 
siguiente mayo. No resplandecían á la verdad en Valdés 
todas las virtudes de su insigne antecesor. Asemejábase 
á soberbia su celo exagerado por la supremacía de su 
jurisdicción ; pero imitaba á Compostela en el despren- 
dimiento , en la severidad de costumbres , en el afán de 
fomentar el culto; y la misma violencia de su carácter 
luego fué el mejor estímulo para que se terminaran va- 
rias fundaciones que estaban sin concluir y se empren- 
dieran otras muchas en el largo período que ciñó la 
mitra. 

33 V.la Noí. hist. de la catedral de 34 y. gu biogr. , pág. 633, t. IV, 
Cuha , por el obispo Morell de Sania Diccc Geogr. , Estad. , Hist. de la Isla de 
Cruz. Cuba por el A. 



CAPÍTULO NOVENO. 



Gobierno del coronel D. Laureano de Torres.— Cambios de autoridades. —Re- 
surrección de la marina.— El almirante francés Ducasse.— Sus servicios. — 
El Ministro de Hacienda Orry.— Grandes remesas de tabaco por Torres.— 
Confiéresele titulo de Castilla. — Sucesos de la guerra de sucesión en Espa- 
ña.— Pérdida de galeones junto á Cartagena de indias.— Disensiones de Tor- 
res con el asesor D. José de Córdova. — Residencia formada por el oidor 
Cavero. — Muerte de este funcionario. — Gobierno interino de D. Luis 
Chacón.— Competencias en el Ayuntamiento de la Habana.— Serénalas el 
obispo Valdés. — Es residenciado y suspenso el gobernador de Santiago don 
José Canales. — Sucédele D. Luis Sañudo, — Es muerto por el alférez real 
de Bayamo.— Monstruosa causa que se forma en esta población.— Reposición 
de Torres en la Capitanía general. — Favorables vicisitudes de la guerra 
en la Península.— Flota de D. Andrés de Arrióla.— Paz general de Utrecht.— 
Siguen corseando los extranjeros en el mar de las Antillas. — Flota de don 
Juan de übilla. -Naufraga al regresar.— Buceo de las embarcaciones per- 
didas.— Fundación de parroquias nuevas y de los pueblos de Santiago y Be- 
jucal — Del convento y hospital de Belén, del hospital de Lazaristas y de la 
Casa de Maternidad de la Habana.— Protomedicato. — El doctor Teneza. 



Al saberse la muerte de Villarin, habia sido nom- 
brado * para reemplazarle D. Laureano de Torres Aya- 
la , antiguo gobernador de la Florida y vecino de 
la Habana , que no pudo llegar á posesionarse de su 
empleo hasta el 18 de enero de 1708. Era caballero 

• Lo fué desde 28 de noviembre de » ciudad.» V. su not. biogr en la p. 596 

1 706 « á pesar, » decia su titulo, « de del t. IV del Dice. Geogr.» Estad. ^ HisU 

» haberse casado en la Habana y tener de la Isla de Cuba por el A, 
«hijos casados también en la mismíi 



272 HISTORIA 

de Santiago, y cuando tres años antes se introdujo en 
los ejércitos españoles la organización de los franceses, 
había sido declarado coronel de infantería, empleo 
equivalente y conferido entonces á los maestres de 
campo mas modernos. Chirino pasó, de oidor á San- 
to Domingo , reemplazándole en la auditoría el licen- 
ciado D. José Fernandez de Córdova. 

El 28 del mismo mes también reemplazó á Chaves 
en el gobierno de Santiago, el coronel D. José Canales ^, 
cuyo antecesor marchó á la corte, donde en premio de 
sus últimos servicios fué elegido presidente de Santo 
Domingo, muriendo allí antes de encaminarse á ese 
destino. 

Aunque agitado por los sucesos y vicisitudes de una 
recia guerra, reconociendo que solo la marina podia 
traerle de América los mejores elementos para el triunfo, 
afanábase el gobierno español en restaurar los cascos y 
galeones viejos que aun quedaban en Cartagena , Pasages 
y el rio de Sevilla. Pero mientras se construían algunos 
nuevos y acababan de carenarse otros, tuvo Luis XIV 
que seguir auxiliando con sus fuerzas navales á su 
nieto. Habia que seguir protegiendo á las Antillas y que 
escoltar hasta los puertos de la Península á las flotas de 
Veracruz y de Portobelo. Esa habia sido la misión de 
Ducasse en 1707, como ya en el anterior capítulo expu- 
simos. Felizmente habia llegado á Pasages de Guipúzcoa 
el 27 de agosto sin tropezar con los armamentos ingleses 
y holandeses tjue surcaban el Océano , y natural fué 
que los quince millones de pesos que salvó de tantos 

'^ V. su not. biogr., pág. 268, t. I, Dice, Geogr. j Estad., Ilist. de ¡aisla de 
Cuba por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 275 

riesgos, le granjearan la gratitud de un monarca enton- 
ces sin erario. Con su misma mano colgó al cuello del 
antiguo flibustero, ya elevado por sus hechos á teniente 
general délas armadas de su abuelo, el insigne collar 
del Toisón de Oro, aunque la nobleza francesa criticara ^ 
la magnitud del premio sin considerar la del servicio. 

Sensible , pero justo, es consignar que entre tantos 
trastornos é inquietudes perteneciera en España á un 
extranjero la gloria de dar las primeras formas á aquel 
caos en que hasta entonces anduvieron todas sus rentas 
confundidas. Discípulo de la escuela económica de Gol- 
bert , Juan Orry *, uno de los funcionarios franceses que 
colocó el Rey francés al lado de su nieto , concibió el 
plan acertado de aplicar á la administración de la mo- 
narquía española muchas de las reformas que merecie- 
ron á aquel célebre hacendista perpetua fama en la fran- 
cesa. Después de reglamentar mejor los gastos de las 
tropas, los suministros militares y plantear reglas mas 
sencillas y uniformes para la recaudación de los in- 
gresos, se dedicó á deslindarlos con profundo estudio. 
Aunque la incomunicación y los disturbios de su tiempo 
no le permitieron fijarse en los recursos dé las posesio- 
nes de Ultramar, la excelencia y la estimación del ta- 
baco que venia de Cuba le sugirieron el proyecto de 

3 VV. Mcmoires du duc de Saint- fué cometida , reuniendo al ministerio 

Simón, de Hacienda la superintendencia gene- 

* Era señor de Bignory; nació en ral militar. Catorce años desempeñó 
Paris el 4 de setiembre de 1632. Discí- esos importantes cargos, hasta que re- 
pulo económico del célebre Colbert, y gresó á Francia en 1713, recompensado 
consejero de Hacienda en Francia , fué con rentas y encomiendas, además del 
enviado por Luis XIV á Felipe V para collar de la orden de San Miguel que 
corregir, hasta donde se pudiese, el des- lehabia conferido Luis XIV. Murió en 
orden en que andaban entonces las ren- Paris en 1719. 
tas españolas, cuya administración le 

HIST. DE CUBA. — TOMO II. — 18 



274 HISTORIA 

expender por cuenta del gobierno en la Península , la 
mayor cantidad que de aquel artículo acopiase en la 
Habana el contador D. Manuel García Palacios , á quien 
para este objeto comunicó las instrucciones necesarias. 
Además autorizó el ministro á Torres poco después de 
su llegada á aquella plaza, para que comprara hasta tres 
millones de libras escogidas. Se cumplió esta orden con 
los fondos que de Méjico se enviaron , y sin repugnancia 
alguna de los cosecheros , á quienes era indiferente la 
venta de sus frutos á unos ú otros compradores , mien- 
tras se los pagaran á los precios ordinarios. Pero fué la 
novedad mal recibida por las dos ó tres docenas de 
especuladores que explotaban entonces aquel ramo, 
introduciéndolo con módicos derechos en España y en 
muchos puertos de América sin pagar ningunos. Consi- 
deraron esa extracción por cuenta del gobierno como 
un ataque directo á su mercado. Por una vez la habrian 
disimulado cuando recurría el fisco á todas artes para 
sobrellevar extraordinarias cargas. Pero no entraba 
en las miras económicas de Orry renunciar á un re- 
curso productivo mientras siguiera siendo indispensable. 
Repitiéndose después otras considerables extracciones de 
tabaco por cuenta de la Real Hacienda , sobre todo la que 
trasportó en 1710 el general D. Andrés de Pez en las 
dos flotas de Veracruz y Portobelo, se introdujo en el país 
el primer germen del descontento y de las alteraciones 
deplorables que algunos años adelante lo turbaron. Por 
lo demás, tan grato fué para el gobierno en sus conflictos 
el servicio que le prestó el capitán general de Cuba con 
sus extraordinarias remesas de aquel género, que en 27 
de febrero de 1709 se lo remuneró con un título de Cas- 
tilla, apellidándole marqués de Casa-Torres, 



DE LA ISLA DE CUBA. 275 

No permitían entonces los generales y públicos aprie- 
tos oir ni formular reclamaciones de comercio, ni aun 
discurrir sobre derechos quebrantados. La atención de 
todos se fijaba en los acontecimientos de una guerra de 
cuyo desenlace dependía el porvenir de una gran corona 
y muchos pueblos. 

No bastaba que consiguieran en la Península decisivas 
victorias las armas de Felipe V, si las de su aliada eran 
vencidas sobre el Rin , sobre el Mosela y en Italia; si, 
á pesar de aquellos triunfos, se iba el imperio de dos 
mundos desgajando reino por reino, apoderándose los 
austro-ingleses de Ñapóles, de Cerdeña, las Islas Balea- 
res y la Lombardía ; y si hasta el moro despreciable ar- 
rebataba á la indefensa Oran, conquista de un gran prín- 
cipe que conservaba España con orgullo. 

Mientras el archiduque se rehacía de su desastre de 
Almansa en Cataluña, la marina francesa iba cayendo 
golpe agolpe, y con ella desaparecíanlos medios de llevar 
á la Península las riquezas del nuevo continente; porque 
de los pocos galeones españoles que quedaban, los más 
aun seguían inutilizados en los puertos; se abrasaba uno, 
y dos caían en poder de los ingleses el 8 de julio de 
1 708 junto á Cartagena de Indias. Incendiada en aquel 
combate desigual la capitana , se fué á pique ^, y toda 
su tripulación hubiera perecido á no ampararla la huma- 
nidad de sus contrarios. Apresaron también dos galeones, 



s En la noticia comunicada por Acos- al salir de Cartagena. Los buques mer- 

ta á Canales, le manifestó que la capí- cantes de la flota pudieron retroceder á 

tana incendiada era conductora de los refugiarse en el puerto, lo mismo qiie 

caudales del Tesoro. Pero en esto se dos galeones. Solo se perdieron tres, el 

equivocó afortunadamente. Aun no los incendiado y otros dos que iban también 

babia recibido, cuando fueron atacados á Cha gres á recibir los caudales del 

por la escuadra del almirante Graydon Perú y de Panamá, 



'^7^ HISTORIA 

logrando refugiarse en aquel y otros puertos los restantes. 
Con tan alarmante nueva consternó á Santiago la fugitiva 
embarcación del capitán Francisco Acosta ; y Canales se 
la participó al instante á Torres, que se apresuró tam- 
bién á trasmitirla á Veracruz para que se detuviesen 
allí sus cargamentos. Tres años enteros conservó el 
pabellón inglés su superioridad en el archipiélago, cru- 
zando sin oposición al frente de los puertos , y otros 
tantos permaneció paralizado todo el comercio ameri- 
cano. España , en la crisis mas apretada de su lucha, 
después de los caudales que llevó Ducasse, no pudo 
recibir auxilios de sus posesiones, ni recibir estas tam- 
poco otros artículos de consumo y tráfico que algunas 
raras presas, ó las importaciones subrepticias, sobre todo 
en Cuba, de los mismos corsarios enemigos. Torres tuvo 
que implorar del obispo y de los vecinos mas pudientes 
algunos anticipos para el alimento y la ropa del soldado. 
Después de muchos movimientos varios y alternados 
sobre el Segre, en cuya orilla se hallaron en la prima- 
vera de 1710 los dos Príncipes rivales frente á frente, 
el archiduque con el ejército austro-inglés, dirigido por 
el célebre Gui de Stahremberg % penetró en Ara- 



^ Guidubalde ó sea Guido de Stah- rápidamente sus demás ascensos miií- 

remberg, déla ilustre casa de Wessen- tares por su valor y otras grandes cua- 

dorf, nació el 11 de noviembre de 1 637, lidades en el famoso silio de Viena, en 

y se le destinó al sacerdocio para que la campaña de Hungría, en la defensa 

disfrutase de los grandes beneficios en 1690 de la plaza de Essek, cuyo sitio 

eclesiásticos que poseia su familia ; pe- tuvieron que levantar los Turcos. En 

ro después de terminar sus estudios teo- 169í¡ ya se habia elevado á feld-maris- 

lógicos entre los jesuítas, no pudo re- cal y maestre general de la artillería 

sistir á su vocación por la carrera de del imperio. Al estallar la guerra de 

las armas , y sentó plaza de soldado en sucesión, segundó con gran inteligencia 

el regimiento de Rudiger en 1680. ün al principe Eugenio de Saboyaenlapri- 

año después ya era teniente, obteniendo mera campaña de Italia, en las batallas 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. "^7 

gOQ arroliando á los reclutas castellanos en Monzón y 
en Almenara. En agosto, con mas de treinta mil hombres 
de aguerridas tropas, obtuvo en las inmediaciones de Za- 
ragoza una victoria señalada sobre el inferior y bisoño 
ejército con que se la disputó largas horas su contrario. 
Pero Madrid , tan extremado en sus demostraciones 
de amor al Rey vencido, no reservó para su competidor 
mas que ese frió silencio que en los pueblos es la señal 
de aversión mas elocuente. 

La natural inquietud que difundían tamañas novedades 
y mayormente exagerándolas los papeles y emisarios de 
Jamaica, se aumentó luego en la isla con la parcialidad de 
algunos funcionarios y vecinos, enemigos de Torres y Ca- 
nales. Las competencias que algunos lustros antes había 



de Carpí, Chiari y Luzzara, reemplazán- 
dole después en el mando del ejército aus- 
tríaco. Después de haber vencido entre 
el Tirol y los Alpes á los franceses y al 
elector de Baviera, logró sofocar una 
sublevación general del reino de Hun- 
gría con tanto tino como diligencia. En 
1708 tomó el mando de todas las tropas 
austríacas en Espaíía , y neutralizó las 
consecuencias de la batallado Almansa, 
expulsando de Cataluña al ejército fran- 
cés mandado por el mariscal defiezons. 
Reforzado dos años después por tropas 
portuguesas, holandesas é inglesas, 
venció á Felipe V en las batallas de 
Almenara y Zaragoza, é hizo proclamar 
al archiduque en Madrid el 21 de se- 
tiembre con el nombre de Carlos III. El 
odio de aquella capital y de todo el país 
ala causa de este príncipe le retrajo 
á Stahremberg de introducirse mas en 
la Península. El 18 de noviembre retro- 
cedió hacia Aragón ; y en esa marcha, 
después de sorprendidas y rendidas en 



Brihuega por los españoles las tropas 
inglesas de Stanhop , se vio obligado el 
10 de noviembre á hacer frente á los 
vencedores en Víllaviciosa. En los Co- 
mentarios de la guerra de sucesión por 
el marqués de San Felipe, puede leerse 
la relación de esa batalla en la cual hizo 
Stahremberg prodigios de estrategia y 
arte , á pesar de la inferioridad de sus 
fuerzas. Su famosa retirada desde aquel 
punto hasta Cataluña sin perder un 
hombre entre ejércitos y pueblos ene- 
migos, le hizo pasar por el primer ge- 
neral de una época fecunda en capitanes 
de gran fama. Después de terminada la 
guerra de sucesión, Stahremberg no 
belígero ya más. Obtuvo en 17161a pre- 
sidencia del Consejo áulico de la guerra, 
el primer cargo del imperio; y desem- 
peñándolo aun con cabeza firme y des- 
pejada , murió en Viena el 7 de marzo 
de 1737 , colmado de honores y ri* 
quezas. 



278 HISTORIA 

sostenido Roa con Viana, pronto echaron raices con el 
incremento que tomaba la jurisdicción del auditor. Des- 
de que vino á serlo, se consideró el licenciado Córdova 
así mismo como pesquisador establecido para vigilar, 
enmendar y censurar todos los actos de capitán general. 
Calificando de criminal su forzosa tolerancia con el 
tráfico ilícito, cuando del permitido se carecia absoluta- 
mente, lo mismo que de buques para la persecución del 
contrabando, dirigió contra Torres destempladas denun- 
cias ala audiencia, procurando menoscabar su represen- 
tación por otra parte con sus murmuraciones y desobe- 
diencias. Habiendo Torres recibido del auditor un alta- 
nero escrito, hizo que un oficial de la guarnición le con- 
dujese preso al Morro, desde donde Córdova vomitó todo 
el veneno de su resentida soberbia en un memorial que 
elevó al Rey por conducto de la audiencia, á cuya inter- 
vención recurrió desde el momento. 

Ocasionó su acusación que algunos meses después 
fuese nombrado el oidor de Santo Domingo D. Pablo 
Cavero para pesquisar á un mismo tiempo al acusador 
y al acusado. El 18 de febrero de 1711, llegó á la 
Habana el juez pesquisador ; presentó en el ayunta- 
miento las credenciales de su comisión y depuso á Casa- 
Torres de sus cargos, entregando á D. Luis Chacón el 
militar y reservándose el político. Córdova fué trasla- 
dado del castillo á continuar preso en su casa; y en con- 
sideración á la ancianidad de Casa-Torres, permitió Ca- 
vero que, en lugar de ausentarse á catorce leguas de 
distancia, como la ley lo prevenía , residiese en Guanaba- 
coa con un hermano suyo que era cura-vicario enton- 
ces de esa villa ^. Ardió la capital en bandos y par- 

' V. en la pág, o96, t. IV del Dice, G.ogr., Eslad.^ Hisl. de la Isla de Cuba 



DE LA ISLA DE CUBA. 279 

cialidades coa uq juicio que afectaba á muchos y eu ei 
que mas ó menos, procuraron todos trasladar sobre 
otros las culpas que les achacaban. De las diligencias de 
Cavero solo resultó que abundaban los participes en las 
introducciones fraudulentas , pero no que las consintie- 
ra Casa-Torres, Seguian atizando el fuego del procedi- 
miento las partes litigantes , cuando sin haberlo termi- 
nado , murió Cavero de repente el dia 1 de junio de 
1711 ^ atribuyendo muchos á veneno los efectos de 
una violenta apoplejía. Chacón, que tomó sin dilación el 
mando general , aseguró é inventarió los papeles del di- 
funto y los remitió sellados al Consejo de Indias, ensor- 
deciéndose á las pretensiones de los interesados en que 
se hiciesen perdidizos. Cabal y justificado porte , si no lo 
desluciera solicitando la propiedad de un cargo al cual 
tenia derecho hasta completar su tiempo un venerable 
funcionario , compatriota suyo y suegro de su hermano. 
Era hija de Casa Torres la esposa de D. Félix Chacón, 
continuador en la Habana de la principal familia de su 
nombre. 

Los alcaldes ordinarios D. Agustín de Arrióla y don 
Pedro Orruitiner expusieron sus derechos á gobernar 
interinamente lo político, habiendo muerto el juez Ca- 
vero ; y en efecto, luego se lo transfirió Chacón y lo ejer- 
cieron hasta fines de año. Pero llegó el dia de la elección 



por el A. la nota biog. de don Pedro orden de Chacón al Keyen 14 de junio, 

Ignacio de Torres Ayala. En carta de dándole cuenta de la muerte de Cave- 

20 de febrero (Arch. de Indias de Se- ro , de la prisión de Córdova, del con- 

ifilla) dio cuenta al Rey el marqués de finamiento de Casa-Torres; é instando 

Casa-Torres de haber cumplido con la á S. M. para que proveyese cuanto an- 

orden que trajo Cavero. tes la vacante de capitán general, te- 

* V. en el Arch. de Indias de Se vi- niendo presente sus propios méritos, 
Ua y copiada en la colee, del A . la carta- 



^^80 HISTORIA 

de alcaldes y de soltar las varas á que , segua ürrutia, 
<f habían tomado gusto;» y habiéndose arreglado mayo- 
ría ^ que los reeligiera contra toda usanza , hallaron viva 
oposición en sus rivales y sucesores, el caballero de San- 
tiago D. Martin de Palma y D. Jacinto Pedroso. Disponían- 
se hasta á llegar á las manos el día de año nuevo los par- 
ciales de unos y otros, y andaba alborotado el pueblo, 
cuando á la hora de las elecciones pasó el obispo Val- 
dés á la sala municipal, expuso á los regidores que no 
debían turbar la paz de la república los que mas obli- 
gación tenían de conservarla, y les intimó que termina- 
ran sin amenazas y con entera Ubertad sus elecciones; 
añadiéndoles que, si insistían en fomentar parcialidades, 
los que no sabían sacrificar sus pasiones al bien público 
no merecían pertenecer á una religión de humildad y de 
paciencia como la católica, y que él los excluiría de su 
comunión con su anatema. Se calmaron con esa amenaza 
los espíritus, y desistiendo de sus pretensiones Arrióla y 
Orruitiner fueron nombrados Pedroso y Palma alcaldes 
para 1712. 

Había Santiago antecedido á la capital en esa clase de 
disturbios, ocasionándolos también las mudanzas y pes- 
quisas de sus funcionarios. Fué Canales blanco de de- 
nuncias parecidas á las de Gasa-Torres; habiéndose en 30 
de octubre de 1 71 ^^ presentado á suspenderle en 
aquel ayuntamiento y de orden de !a audiencia el mismo 
licenciado Chirino que gobernó en la Habana por dos 
veces , y que procedió allí á muchas prisiones de vecinos 



^ VV. los libros de actas del ayun- '" VV. los libros de acias de los 
lamiento de la Habana y cuadernos de ayuntamientos de Santiago de Cuba y 
la antigua escribanía de gobierno. Bayamo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 2§1 

principales , como partícipes de introducciones fraudu- 
lentas. Reemplazó inmediatamente á Canales el sargento 
mayor de aquella guarnición D. Pedro Ferrer, que algu- 
nos meses después entregó el mando al castellano de la 
Punta de la Habana D. Luis Sañudo ", nombrado para 
ejercerlo en propiedad. Poco conforme con la resolución 
de su pesquisa, marchó Canales á la corte para apelar de 
la sentencia de Chirino , y murió antes de conseguir su 
revocación por el Consejo. 

Cuadraba el apellido de Sañudo con su condición vio- 
lenta y áspera. Siguiéndose á fines de año en su juz- 
gado cierta causa criminal por robo, libró orden al 
alférez real de Bayamo, que entonces era alcalde , para 
que le enviara presos á Santiago dos indios sospechosos 
de complicidad en el delito. Por favorecerles eludió el 
alcalde darla cumphmiento ; y en las contestaciones que 
después mediaron fundó su negativa muy erradamente 
en un capítulo de las ordenanzas municipales y en cédu- 
las de privilegios de aquel pueblo. Irritado con la polé- 
mica Sañudo , se trasladó á Bayamo el i 8 de mayo por 
la tarde y mandó que el alférez real compareciese á su 
presencia. Pero excusándose este de la presentación con 
sus dolencias , pasó el gobernador á su morada al dia 
siguiente ; cargóle de improperios y , según declaracio- 
nes , se propasó hasta el exceso de golpearle. Entonces el 
alférez , ciego de ira , echó mano á la daga y atravesó 
de una estocada á Sañudo que espiró á las pocas horas. 
El matador huyó á Jamaica ; el gobierno militar de la 
provincia de Santiago volvió á manos de Ferrer ; los 



' " V. su ap. biogr. , p. 543, t. IV, Dice. Geogr,^ Estad. , Bist. de la Isla de 
Cuba por el A. 



282 HISTORIA 

alcaldes D. Manuel Castañeda y D. Francisco Ramos se 
hicieron cargo del político ; y Bayamo entero , después 
de servir de escena á aquel trágico incidente, fué la 
víctima de las atropelladas providencias del oidor de 
Santo Domingo D. Tomás Hernández, que ciegamente 
afligió á muchas personas por castigar el dudoso crimen 
de una sola. El oficio de alférez real quedó abolido y 
llegó la demencia de aquel juez á mandar que demo- 
lieran la inocente vivienda del huido y que sembraran 
sal en sus solares. 

Después de recia pugna de pedimentos y de escritos 
que presentaron en Madrid los opuestos apoderados de 
Casa -Torres y de Córdova , atendiendo á los largos ser- 
vicios del primero y á la falta de pruebas de la acusa- 
ción que presentó el segundo, mandó el rey en 5 de 
junio de aquel año que se le repusiera al marqués en 
sus funciones y que su acusador fuera juzgado en el Con- 
sejo. Hasta ell 4 de febrero de 1 71 3 no llegó á la Ha- 
bana para ser cumplimentada una providencia tan repa- 
ratoria ^^. Tal era entonces la escasez de comunicaciones 
con la madre patria , aunque desde 1 9 de agosto se hu- 
bieran celebrado treguas con la gran Bretaña, separada 
de su liga con el Austria , y cuando después de diez 
años de guerra las brisas de la paz restituían la calma á 
toda América. 

Cuando de nuevo parecía perdida la causa de Felipe^ 
y habia vuelto á entrar en la corte el archiduque, la jo- 
ven y varonil reina Luisa de Saboya, apelando á la leal- 
tad de los pueblos de Castilla, con su tierno heredero en- 



'2 V. en el Arch. de Ind. de Sevilla Casa-Torres al Rey en 14 de febrero de 
y cop. en la C. del A. la carta orig. de 1713. 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 283 

tre los brazos, convirtió á todos sus labradores en sol- 
dados. Rehace entonces Felipe V. las legiones desbara- 
tadas por Stahremberg en Zaragoza , improvisando en 
aquel fiel reino un nuevo ejército; obliga por segunda 
vez á su contrario á abandonar la capital ; acuchilla 
luego, sorprende y rinde en Brihuega á todas las tropas 
inglesas de Stanhope; y venciendo en Villaviciosa al 
mismo Stahremberg, fuérzale á regresar á Cataluña des- 
pués de una hábil retirada en que el caudillo austríaco 
pone glorioso sello á su pericia. Abrumada la Europa 
entera con el peso de tan larga guerra, consiguió que, 
después de porfiadas y debatidas conferencias , acorda- 
ran sus representantes en 27 de marzo los preliminares 
de la famosa paz de Utrech, aunque con duros sacrificios 
para España. 

Por el armisticio anterior con Inglaterra, habíanse 
apaciguado hacia dos años las Antillas, aventurándose 
ya en agosto de 1 71 1 , á salir de Cádiz la flota y los 
galeones de D. Andrés de Arrióla, que condujo á la Ha- 
bana los primeros fusiles con bayoneta que conoció su 
guarnición. Este general, el antiguo fundador de la 
ciudad de Panzacola , volvió de Veracruz y Cartagena al 
siguiente año, socorriendo á Chacón con los situados, 
cuando se habían agotado todos los recursos para la ma- 
nutención y estipendio de la tropa,, ya muy descontenta 
por estar cumplida y sin esperanzas de reemplazo. 

Tiempo era ya de que reviviese Cuba, consumida por 
una incomunicación y una parálisis mercantil tan prolon- 
gadas. Esperaba animar su agricultura con introducciones 
de negros, ofrecidas por la Inglaterra á la América espa- 
ñola. Pero á pesar de los esfuerzos desús pobladores para 
dar extensión á los cultivos y al comercio con tan gran 



^84 HIStORÍA 

auxilio, el reinante afán de corso y de rapiña que here- 
daron de los antiguos flibusteros las vecinas colonias 
extranjeras, no permitía aun que renaciesen en la 
grande Antílla ni la seguridad, ni la esperanza. 

La audacia de algunos corsarios ingleses y holandeses, 
que merodeaban por el archipiélago como si continuaran 
las hostilidades , se refrenó algún tanto con las patentes 
de corso que expidió el marqués de Casa-Torres *^ al 
capitán Sebastian Pérez , Andrés González y otros prác- 
ticos marinos. La galeota del resguardo que mandaba 
el primero , la balandra Virgen de Belén que pertenecía 
al segundo, y dos embarcaciones armadas de Santiago 
y Trinidad, les apresaron algunos cargamentos, aleján- 
doles algún tiempo de las costas. Pero persiguieron tam- 
bién como á corsarios á los contrabandistas traficantes 
con Trinidad, Bayamo y Puerto-Príncipe. Estaba muy 
escarmentado Casa-Torres con la lección pasada de su 
causa para no aprovechar las ocasiones de mostrar su 
celo en la persecución de aquellos tráficos, aunque en- 
tonces fueran el primer elemento de vida para la isla. 

En medio de los aprietos de la guerra, con tal interés 
habia mirado el gobierno de Felipe V por la restaura- 
ción de la marina, que en setiembre de 1712 se habia 



*3 Las patentes de corso que expidió bre de 1700 logró socorrer á San Agus- 
entoncesCasa-Torres fueron las siguien- tin de la Florida en medio délos ene- 
tes: al capitán Sebastian Pérez, pro- migos que por mar y tierra la estrecha- 
pietario de la galeota de la Habana San ban entonces. Después de estos dos, 
Francisco Javier, con sesenta hombres también recibió patente de corso, dis- 
y seis cañones, y al capitán Andrés Gon- tinguiéndose singularmente en sus cru- 
iíalez, dueño de la balandra Belén, que ceros el sargento mayor de la guarní* 
ontaba poco mas ó menos igual fuerza, cion de la Habana D. Juan del Hoyo 
y era también del mismo puerto. Este Solorzano , que mandaba la fragata 
marino se habia ganado gran reputa- Soledad, yá quien repetidas veces se 
cion desde que en primeros de setiem- menciona en esta crónica. 



DE LA ISLA DE CUBA. 285 

expedido en Cádiz para América una segunda flota á 
cargo del general D. Juan Esteban de Ubilla , mejor 
surtida y mas numerosa que la de Arrióla y que nin- 
guna de las anteriores. La Contratación se propuso en- 
tonces reparar sus quebrantos de una vez , exportando 
en aquella expedición abundantísimas remesas de todos 
los artículos, übilla, después de dejar á la Habana 
abastecida en el siguiente invierno y de reemplazar su 
guarnición con algunos centenares de reclutas , recorrió 
los demás puertos de su escala ; tuvo que retardar su 
regreso á Cádiz dos años enteros, para recoger sus car- 
gamentos de retorno, dobles en aquella ocasión que en 
las expediciones anteriores. Los interesados en el comer- 
cio de las flotas, tranquilizados ahora por los prelimina- 
res de una paz indispensable á todos, también se pro- 
pusieron, lo mismo que la Contratación, resarcir esta vez 
sus pérdidas pasadas aumentando sus cargamentos y los 
precios de sus mercaderías. 

Hasta principios de febrero de 1716, no se re- 
unieron en la Habana todas las expediciones de Tierra- 
Firme; y á mediados del mismo mes fué cuando lo- 
gró aquel general emprender su derrota para España 
en hora bien menguada. El tiempo , bonancible á su 
salida , se convirtió en fresco norte á los dos dias; 
arreció el tercero , el 1 9 , estando ya en las angosturas 
del canal nuevo que corre entre las costas de la Flo- 
rida y los bajíos de Bahama. Redoblando su furia el 
temporal hasta los primeros dias de marzo, acabó 
con veinte y dos buques, entre galeones, bergantines y 
fragatas y un millar de vidas , convirtiendo grandes 
esperanzas é ilusiones en desolación , y muchas fortu- 
nas en miserias. Con catástrofe tan inesperada per- 



286 HISTORIA 

dio lo mejor de sus bajeles la marina , y se arruina- 
ron acreditados comerciantes de Sevilla, Cádiz, Vera- 
cruz y Cartagena, siendo Cuba la única provincia 
que reparase mas pronto y con ventaja las pérdidas 
que sufrió con aquel golpe. 

Casa-Torres á la primer noticia del desastre, con- 
vocó á todos los interesados; y con su acuerdo uná- 
nime dispuso que se armaran y fletaran cuantos bar- 
cos^* hubiera en el puerto disponibles para emprender 
un buceo detenido y minucioso de los cascos , la mayor 
parte anegados junto al grupo de bancos llamado Pal- 
mar de Aiz. Confió tan importante empresa al sargento 
mayor D. Juan del Hoyo Solorzano , osado montañés 
muy distinguido en la pasada guerra por sus golpes 
y aun por sus excesos contra los corsarios; pusié- 
ronse á su cargo la fragata Soledad y siete balan- 
dras bien armadas. 

Antes que en el capítulo siguiente se refieran los 
resultados de la expedición de Hoyo Solorzano con- 
seguidos después de terminar Casa -Torres su gobier- 
no, corresponde mencionar ahora los progresos que 
le señalaron especialmente en las cosas eclesiásticas, 
con el celo del obispo Valdés. Adoptando este prela- 
do los proyectos de su excelente antecesor, siguió dando 
al culto una extensión extraordinaria en tiempos tan re- 



** VV. los cuardernos de la antigua González, Pedro Halter, Matías de los 

escribanía de gobierno de la Habana. Las Ríos, Juan Soloraé y otro corsario de 

balandras que fueron con Hoyo se llama- aquel tiempo llamado Maleo Francisco, 

ban : Paquita, 5mííA (apresada á los in- Con estos buques fueron además varios 

gleses), Rita, Soledad^ Jesús de Nazare- prácticos á bucear los cascos de los bu- 

no^ las Animas y Perfecta Galera, man- ques anegados en el Palmar de Aiz. 



dáadolas á las órdenes de Hoyo, .4ndrés 






DE LA ISLA DE CUBA. 287 

vueltos y con recuisos tan escasos como lo eran aun los 
de su mitra. 

En una excursión que hizo el obispo á visitar los cu- 
ratos recien creados, animó á D. Juan Castilla , dueño de 
una vasta hacienda llamada Bejucal ^^ á seis leguas de 
la Habana y ocho del surgidero de Batabsnó , á fabricar 
en su centro algunos caseríos donde se reunieran los la- 
bradores diseminados por las cercanías. Castilla , así por 
su interés, como por deferencia á las razones del prelado, 
les distribuyó solares por una módica imposición anual, 
y anticipó también algunas cortas sumas para la erección 
de la parroquia proyectada por Valdés en aquel sitio. 
Después fundó allí el mismo Castilla un mayorazgo, y 
apoyada su pretensión por Casa-Torres, el ayuntamiento 
y el obispo, consiguió distinguirse entre los demás pu- 
dientes de la Habana con el título de marqués de San 
Felipe y Santiago. Pero si justo y aun natural era ese 
premio de un servicio como el de fundar y crear un pue- 
blo nuevo , el de Santiago de las Vegas; fué gracia muy 
anticipada y aun ridicula enaltecer desde un principio 
con título 5 armas de ciudad y ayuntamiento á una aldea 
de pobres chozas y de labriegos indigentes que vivian del 
cultivo. de los pequeños predios que arrendaban. Los 
mismos privilegios que Santiago recibió también Bejucal, 
otro segundo pueblo que fundó casi por aquel mismo 
tiempo y á poca distancia del primero aquel útilísimo ha- 
cendado. 

Apuntan así Arrate como Urrutia, que fué aquel el 
primer título de Castilla que se concedió en la isla de 



*** V. en el primer tomo del Dice, por el A. el art. referente á la villa de 
Geogr., Est., Hist. de ¡a Isla de Cuba Bejucal, 



288 '^ HISTORIA 

Cuba; y se equivocan. Aunque oriundos de Costa-Firme, 
desde fines del siglo xvii residían en la Habana los Her- 
reras en posesión del marquesado de Villalta , y desde 
i 709 ya hemos visto que se le confirió á Casa-Torres 
otro marquesado. 

Además de la de Bejucal, creó el obispo Valdés mu- 
chas parroquias nuevas, entre ellas la de Guadalupe fue- 
ra de las murallas de la Habana y, según su sucesor Mo- 
rell, dotó á la catedral de Santiago con cuatro capellanes 
más y cuatro acólitos. 

Ayudado por el religioso interés de Casa-Torres y 
excitando la generosidad de los pudientes , consiguió dar 
grande ensanche en la capital al convento de Belén, 
agregándole parte del espacio destinado para hospital de 
convalecientes, antes dispuesto en una casa. Hubo un 
mercader acaudalado y desprendido, el alférez de mili- 
cias Juan Francisco de Carballo, que terminó aquel ex- 
tenso edificio á sus expensas. Al morir luego cruelmente 
asesinado este benéfico vecino en 1708, legó todos sus 
bienes á una institución tan piadosa y tan humana , la 
mas fructífera de todas las de la isla. Enseñaba sin retri- 
bución á la indigente infancia; alimentaba á la clase men- 
dicante; albergaba y daba asistencia á los enfermos. 

La dolencia horrible y contagiosa apellidada por la 
medicina elefantíasis, y mal de San Lázaro por el vulgo, 
es mas común en los países tropicales que en las otras 
zonas ^^. Progresaba en la capital de Cuba el edificio social 
tan lentamente , que la caridad y el interés común tenían 
que atender á obligaciones mas propias de los fondos de 

*^ V. en las págs. 162 y 163 del to- ferente al hospital de San Lázaro en la 
mo III, Dice. Geogr.y Estad , Hist. de Habana, 
la Isla de Cuba por el A.., el párrafo re- 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 289 

propios que el municipio creaba poco á poco, con arbitrios, 
y á medida que crecia la población. Por 1 681 un propie- 
tario, llamado Pedro Alegre, donó una estancia y varias 
alhajas y utensilios para base de la fábrica de un hospi- 
tal de lazarinos. Abrumado Composlela por las numero- 
sas fundaciones de su tiempo, no tuvo el suficiente para 
la realización de aquel y otros proyectos. No pudo pues 
el de Alegre ejecutarse hasta que el benéfico Valdés im- 
petró del Rey permiso en 9 de junio de 1 71 4 para em- 
prender una fundación tan necesaria; y como no alcan- 
zasen los donativos para cubrir su presupuesto, ayudó 
el ayuntamiento al prelado á completarlos con el valor 
de una huerta y el arriendo de los corrales de ganado de 
Guanabacoa, pertenecientes á sus propios. Casa-Torres, 
identificado con el obispo en tan humanas miras, acele- 
ró por su parte la edificación de la casa y su capilla, aco- 
piando materiales y buscando peones. Asi la promovie- 
ron ambos, pero ni uno ni otro lograron terminarla. 

Desde la creación misma de los pueblos de la isla, tuvo 
también que atender la caridad individual como podia á 
otra necesidad social preferente auna la de aquel hospital, 
por lo mismo que es mas extensa y repetida. Los seres 
inocentes que abandonan el vicio, la imprevisión ó la 
miseria , los niños expósitos se llevaban á una pobre 
casa de lactancia sostenida con suscriciones y limosnas. 
Arrebató la peste en 1 649 y posteriores años á muchos 
de los auxiliares de aquel indigente asilo de la orfandad 
desamparada; y en la capital como en las demás pobla- 
ciones, cuando la compasión no la acogia, perecian aque- 
llos inocentes de desnudez, de inanición, ó aun sien- 
do presa alguna vez de inmundos animales. Enter- 
necido el compasivo obispo al oir que un cerdo ha- 

ÍIIST. DE CUBA. '«-TOMO II. — 19 



290 ^ '* HISTORIA 

bia devorado á una criatura, ardiendo en caridad , fa- 
bricó un oratorio con viviendas para el capellán y al- 
gunas araas, en unas casas que compró en 1711 con 
diez y seis mil pesos de sus rentas. Obtuvo luego del Rey 
doce mil más, y la facultad de arbitrar medios para sos- 
tener á ese instituto generoso. Se aprovechó de su 
prestigio con el ayuntamiento para que asignase á la 
nueva casa que se llamó de Maternidad ó de la Cuna ", 
mil pesos anuales de los productos de la sisa, queseguia 
cobrándose; é. ínterin se discurrían otros arbitrios, la pú- 
blica caridad siguió supliendo á la insuficiencia de estos 
medios en aquel nuevo establecimiento , que se instaló 
desde luego en una casa que dio su nombre á una calle 
principal, la de la Cuna , asi como trasmitió Valdés su 
apellido á los expósitos. 

Pero ni á estos asilos de beneficencia, ni á los hospita- 
les, ni á la misma salud pública, se podia atender 
cumplidamente donde no se estudiaba cirugía , ni medi- 
cina , por faltar profesores de ambas ciencias, donde 
con la general pobreza moraban poco los facultativos que 
venian á buscar suerte en América , y preferían , como 
era natural , ejercer su facultad en mas ricos países. 
Solo por contrata ó á sueldo de pudientes hubo en la 
capital de Cuba muy contados médicos : tenia la gene- 
ralidad del vecindario que valerse de algunos prácti- 
cos y curanderos; y de tan añeja causa, suponemos, 
que derive esa tendencia tradicional en las familias de la 
Habana y demás pueblos á remediarse á sí mismas 
practicando, como la llaman los del arte, <fla medicina 



" VV. en elt. III del Dice. Geogr., autor, las págs. desde la 169 hasta la 
Estad. y Eist. de la Isla de Cula por el 173, 



DE LA ISLA DE CUBA. 291 

caserai» y generalmente con acierto en meras indisposi- 
ciones y comunes casos. 

Desde mediados de 1 7i 1 y á fuerza de pasos de su mu- 
nicipio se habia establecido en aquella capital un proto- 
medicato, dirigido ó mas bien desempeñado totalmente por 
el doctor D. Francisco Teneza. Inútilmente, unos ochenta 
años antes , lo habia intentado establecer el gobernador 
Riaño Gamboa, continuando por falta de elementos des- 
atendida tan primordial necesidad de todo pueblo , hasta 
que con la eficacia de aquel facultativo empezaron las au- 
toridades y los municipios á remediarla, dotando algunos 
profesores y facilitando su venida. 



CAPITULO DÉCIMO. 



Gobierno de D. Vicente Raja.— Creación y atribuciones de la tenencia de f'ey 
de la Habana.— Buceos de D. Juan de Hoyo Solorzano.— Sus felices resulta- 
dos.— El pirata Jennings.— Sus atentados.— Captura y muerte del pirata 
Carpenter.— Estanco del cultivo del tabaco en la isla.— Comisionados para es- 
tablecerlo.— Primeras factorías.— Descontento que causan en el pais.— Sedi- 
ción de los vegueros.— Tibias disposiciones para reprimirla.— Se convierte en 
sublevación.— Invaden los vegueros la Habana.— Se refugian Raja y los comi- 
sionados del estanco en h1 castillo de la Fuerza.— Renuncia forzosa de Raja.— 
Se embarca con los comisionados para España.— Gobierno del teniente rey 
D. Gómez de Mará ver.— Diligencias del ayuntamiento.— Presunciones de una 
nueva guerra con la Gran Bretaña.— Contrabandos en la isla. 



Venido con la flota de D. Manuel López Pintado, rele- 
vó en 26 de mayo de 1716 á Casa-Torres el brigadier 
y luego mariscal de campo D. Viceuce Raja *. Acom- 
pañábale una comisión destinada á estudiar y plantear 
un impuesto general en Cuba y otras provincias de Ultra- 
mar sobre las siembras de tabaco, que se componía del 
mismo intendente del ramo en la Península D. Salvador 
Olivares ^ de su primer visitador D. Diego Daza y del 

* V. su not. biog. , p. 340, t. IV, Cuba. Una gran parte de sus papeles 

Dice. Geogr.» Estad. , Ilist. de la Isla de se encontraba en 18S1 en el Arch. del 

Cuba , por el A. extinguido Consejo de Ind. en el edifi- 

' Debe hallarse en el Arch. de Ind. cío conocido en Madrid con el nombre 

de Sevilla el largo expediente relativo de los Consejos, antiguo palacio de los 

al estanco del cultivo del tabaco en duques de [jceda, 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 293 

licenciado D. Pedro Nicolás Morales , revestido del do- 
ble carácter de asesor general y de juez especial de la 
nueva renta en la isla. Expliquemos el origen de una 
resolución tan importante. 

Ya dijimos que las primeras extracciones de la rica 
hoja de Cuba vendidas por cuenta del gobierno des- 
de 1709, le habian proporcionado ventajas superiores á 
sus esperanzas , propagándose en España y en otros 
puertos de América , que no le producian , el consumo 
de aquel género. Menester habia ya sido organizar para 
elaborarlo en gran escala una fábrica en Sevilla. Com- 
prendiendo Orry que no alcanzarian ni para la mitad 
del abasto peninsular los tres millones anuales de libras 
de Cuba; que para completarlo tendria el fisco que ad- 
quirir á precios muy subidos la ingrata hoja del Brasil, 
que vendían los portugueses , ú otra mas despreciable 
aun , la de Virginia , proporcionada por los mercaderes 
de Inglaterra , resolvió aquel ministro aumentar los 
ingresos del erario estancando en la metrópoli la venta 
del tabaco. Proponíase cubrir todas las necesidades del 
consumo con solo el de Cuba , que tan superior era al 
de otras partes, y extender al mismo tiempo su cultivo 
en la isla, afianzando á los labradores el valor de sus 
cosechas, pagándoselas á los mismos precios que obte- 
nían de los especuladores de ese ramo. Esa compra 
general equivalía á estancar el cultivo en el suelo pro- 
ductor, como se habia estancado la venta en la Pe- 
nínsula ; pero habian de precederla los prácticos estu- 
dios de la comisión que presidia Olivares , cuyo objeto 
agradó poco á los que negociaban en el primer renglón 
de exportación de Cuba en aquel tiempo. 

Desgracia fué que Raja no trajese reemplazos para la 



294 HISTORIA 

descontenta guarnición , cuando con él venían los gér- 
menes de los alborotos que habian de trastornar su 
breve mando. 

También llegó por aquel tiempo el teniente coronel 
D. Gómez de Maraver ^, en lugar del coronel D. Pedro 
de Oliver, electo antes , á ejercer las funciones de te- 
niente rey en la plaza de la Habana , cargo desde el año 
anterior creado con el carácter de segundo jefe superior 
de la isla, así por exigirlo ya la importancia de la plaza, 
como para poner en una sola mano el mando militar 
con el político en las vacantes de los capitanes genera- 
les. Novedad conveniente, pero dura para D. Luis Cha- 
cón que, habiendo ejercido el militar con crédito seis 
años, quedó subordinado á otro jefe de su grado, aunque 
de merecimientos inferiores. 

Habia emprendido el diligente Hoyo Solorzano con tal 
suerte sus buceos, que solo de los cascos anegados en el 
Palmar de Aiz extrajo y remesó mas de cuatro millones 
de pesos á la Habana , pero sin el orden, ni la cuenta y 
razón que exigia el fisco. Llevaba la flota naufragada 
mas de quince ; y el incremento casi repentino que tomó 
la circulación de la moneda en la capital y en otros pun- 
tos , permitió sospechar que los particulares se apro- 
vecharan aun más de aquella rebusca que el erario. 
Divulgándose la fama de los logros de Hoyo por todo el 
archipiélago, algunos mercaderes de Jamaica y la Bar- 
bada, lastimados con las pérdidas que les infirió el año 
anterior la persecución de Casa-Torres , resolvieron re- 
pararlas sorprendiendo, aunque en plena paz, las exis- 
tencias recogidas por los buceadores , y reemplazándoles 

* V. su not. biog., p. 613, Dice. Geog.yEst.j Hist. de la Isla de CM&a, porel A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 29S 

por SU cuenta y riesgo en la explotación del tesoro sub- 
marino. Armaron con ese fin dos bergantines y tres bar- 
cos longos, tripulados con marineros veteranos, y encar- 
garon el gobierno de la empresa á Enrique Jennings S 
corsario muy experto, que empezando el oficio éntrelos 
antiguos flibusteros , habia adquirido después gran nom- 
bradla. Hablan los buceadores establecido un almacén 
sobre la punta del Cañaveral , donde depositaban las es- 
pecies que sacaban, expidiéndolas después para la Haba- 
na, ün corto destacamento las guardaba, mientras seguia 
en la faena el grueso de la gente. En aquel punto des- 
embarcó Jennings á primeros de julio de 1716, con mas 
de trescientos hombres bien armados, y logró ahuyentar 
sin esfuerzo á menos de cincuenta, sorprendidos con 
agresión tan imprevista. Con igual facilidad se apoderó 
de trescientos cincuenta mil pesos que allí encontró aco- 
piados. Satisfecho con la presa y sabedor de que Hoyo 
andaba cerca , se apresuró el pirata á cinglar para Ja- 
maica, y dio digno remate á su atentado abordando entre 
los cabos de Catoche y San Antonio á un bergantín 
español que venia de Portobelo con grana , añil y tres 
mil onzas de oro consignadas á la Habana. Después de 
arrebatarle sus valores, dejó Jennings á la tripulación 
libre en su buque. 



* V. en la Bibliot. Nac. de Madrid presivas y la codicia de los gobernado- 
la obra inglesa traducida al francés, ti- res españoles on América, que « siendo 
tulada: «Histoire des Pirales anylais » la mayor parte cortesanos necesitados 
depuis leur étabUssement á Providence »y enviados á aquellos destinos para 
jusqu'á présente etc. por el capitau «hacer fortuna, etc.,» mejor la podían 
Charles Jonhson (Paris, 1726 )« En adelantar, entendiéndose con los contra- 
este libro intenta su candoroso autor bandistas que reprimiendo el contra- 
justificar el origen y los progresos de bando y persiguiendo á los piratas. 



aquellos piratas con las medidas re^ 



296 - tíISTORÍA 

Con la nueva de un despojo tan brutal y lan cobar- 
de se llenó de indignación la Habana entera ^ Raja 
dirigió vivísimas reclamaciones á Jamaica y dio aviso de 
aquel acto pirático á los demás gobernadores españoles, 
que se apresuraron á disponer eficaces represalias. En 
el resto del mismo año , los corsarios de la Habana, de 
Santiago y Costa -Firme cayeron sobre los ingleses que 
en la bahía de Campeche se ocupaban en el corte de ma- 
deras y les apresaron veinte y dos embarcaciones, entre 
ellas las fragatas Stafford y Aune , cargadas de palo de 
Unte para Londres. 

Poco fruto sacaron sus inventores, entretanto, del plan 
cuya ejecución fiaron á Jennings, que, temiéndola 
severidad de las leyes en Jamaica , prefirió alzarse con 
la presa á repartirla con sus armadores y á todos los dejó 
burlados, declarándose pirata independiente. Después 
de refugiarse en las islas de Bahama, y esconder sus 
robos en las deSigtiatey y Providencia, eludió con singu- 
lar destreza la persecución de Hoyo Solorzano, Pedro 
Hatter, Matías de los Rios y otros corsarios de la Ha- 
bana. 

Aunque se oponía ya la seguridad de todas las colo- 
nias á que retoñase la plaga flibustera , se renovó para 
los españoles solamente con el enjambre de bandidos que 
acudieron á reforzar á aquel pirata y los preludios de 
una nueva guerra con la gran Bretaña. A fines de marzo 
sorprendieron dos balandras cargadas y otros barcos 
traficantes de San Juan de los Remedios, recogiendo 
aun mas despojos por la costa de Trinidad. Raja, pre- 



^ VV. en el Arch. de Indias de Se- cuadernos de Ja antigua escribanía de 
villa las comunicaciones orig. de Raja y gobierno de la Habana 



DE LA ISLA DE CUBA. 297 

venido entonces de la probabilidad del rompimiento 
con aquella potencia y con Holanda, no dudó en expedir 
las patentes de corso que de su autoridad solicita- 
ron aquellos dos pueblos. Los vecinos del primero 
compraron y armaron en la Habana dos piraguas de 
guerra para resguardo de sus cayos; y el capitán 
general, considerando los peligros del segundo por 
su vecindad con Jamaica, estableció allí como tenien- 
te á guerra al capitán D. Gerónimo de Fuentes, para 
acaudillar aquellas milicias y levantar algunos reduc- 
tos en el surgidero de Casilda. No quedó vecino de 
Trinidad con edad y salud para empuñar las armas 
que no se inscribiese en las cinco compañías que or- 
ganizó Fuentes á cargo de los capitanes D. Diego Ma- 
rín , Domingo Quiroga, Martin de Olivera y Tomás Sán- 
chez, reservándose el mando de la otra. Llegaron á cua- 
trocientos ochenta hombres entre todos, sin contar los 
de otra compañía de setenta negros libres que se ar- 
maron. 

El capitán Garpenter, uno de los mas audaces satélites 
de Jennings , tuvo el arrojo de presentarse con solo una 
fragata en los primeros dias de abril al frente de la Ha- 
bana. No tardó en acometerla una galeota guarda-costas 
con ochenta hombres de la guarnición, averiándola con 
algunos balazos en el casco; y no pudiendo huir Garpen- 
ter, arrió bandera. En el interrogatorio que se dirigió al 
pirata , se le preguntó cómo habia tenido la arrogancia 
de acercarse á los mismos castillos de la plaza ; y res- 
pondió que creyó poderla reconocer impunemente, cons- 
lándole que se hallaba en la Península Hoyo Solorzano 
á quien consideraba el mas temible de los corsarios espa- 
ñoles. Pocos dias después expió Garpenter en el patí- 



298 HISTORIA 

bulo sus crímenes probados contra algunos subditos de 
España ^ 

Las embarcaciones armadas de la Habana , de Trini- 
dad y de Santiago siguieron dando viva caza á los corsa- 
rios y contrabandistas extranjeros. Pero no bastaban 
algunos afortunados incidentes para serenar al archipié- 
lago Antillar, cuando los ingleses, sin haber declarado 
el rompimiento , hacian ya la guerra en todas partes, 
excitando con su conducta crueles represalias de los 
españoles con sus subditos. 

Entre tales turbaciones y peligros exteriores se vivia, 
cuando conmovió entonces á Cuba uno de los mas alar- 
mantes episodios de su historia. 

Los informes de la comisión sobre el tabaco habian 
sido muy favorables al estanco del cultivo. Por decreto 
de 1 1 de abril de 1 717, acompañado á ios pocos dias de 
un minucioso reglamento, se mandó establecer en la Ha- 
bana una factoría general para su compra , con depen- 
dencias sucursales en Trinidad , en Santiago y en Ba-r 
y amo. Ya D. Manuel de León y Navarro se habia pre- 
sentado en aquella capital, al principiar el año, con el tí- 
tulo de visitador- factor general de tabacos en la isla, y 
con la misión de ejecutar cuantas órdenes se le comuni- 
caran referentes á ese ramo y allanar cuantas oposicio- 
nes encontrase. 

La decretada innovación nada dañaba á los labrado- 
res, que podían seguir vendiendo sus cosechas á los pre- 
cios ordinarios. Al contrario les estimulaba con ofertas 
y anticipos á dar mas extensión á sus sembrados y les 



^ V. la comunicación oficial de Raja en el Arch* de Indias de Sevilla, relativa 
á este incidente. 



DE LA ISLA DE CUBA. 299 

proporcionaba asegurar con mas comodidad sus ventas. 
Antes habían tenido siempre que abandonar sus tareas 
para acudir al puerto á aprovechar la llegada de las flo- 
tas y lograr así alguna ganancia; porque desperdician- 
do aquella oportunidad, no solo no la conseguian á ve- 
ces, sino que se exponian á carecer de ropas, instru- 
mentos de labor y otros efectos de uso preciso que, en 
retorno de su tabaco , les solia acomodar mas recibir en 
especie que en dinero. Con las nuevas factorías, como 
lo habían acreditado ya las compras extraordinarias de 
Casa-Torres por cuenta del gobierno, tenían que mejorar 
de condición forzosamente, pudiendo traer sus frutos á 
medida que los fuesen recogiendo, y remediar sus ne- 
cesidades, no una ó dos veces al año, sino cuando las 
fuesen experimentando. Los verdaderamente lastimados 
eran los especuladores, despojados de repente de un 
monopolio que emprendía el gobierno, de un comercio 
en que algunos se habían enriquecido, y entre ellos figu- 
raban los mayores capitalistas y hacendados, los mismos 
regidores y algunos funcionarios. Mas no fueron estos 
como mas entendidos^ sino aquellos, los que primero se 
opusieron á una innovación de tanta trascendencia, con- 
virtiéndose en ciegos instrumentos de ajenos intereses. 
Muchos agentes de los verdaderos interesados persua- 
dieron á los campesinos que , aceptando las tarifas de 
Olivares , renunciarían á vender sus frutos á mas precio 
cuando creciera su valor en el mercado. También les 
penetraron de que, si no se oponían con una resistencia 
general á la opresión que les amenazaba, se convertirían 
en míseros esclavos destinados á enriquecer con su sudor 
al fisco, á costa del bienestar de sus familias. Estas y 
otras especies insidiosas de satélites bien aleccionados 



300 HISTORIA 

enardecieron simultáneamente á los vegueros de la cam- 
piña de la Habana , á los isleños de Canarias que sem- 
braban tabaco en el Caney y tierras aledañas de San- 
tiago. Se rehusaron los del Árimao á llevar á Trinidad 
sus frutos. Instigados con mas perseverancia los del radio 
de la capital, se pronunciaron en abierta rebeldía , acu- 
diendo en varios puntos á las armas los que eran milicia- 
nos, y á los machetes los demás , mientras que Olivares, 
León y Daza no se presentaban por las calles sino entre 
silbidos é improperios. 

Despachó por junio el obispo Valdés algunos clérigos 
de los mejor mirados por los labradores , que lograron 
momentáneamente serenarlos á fuerza de exhortaciones 
y promesas , retirándose los alzados á sus casas. Pero 
viendo los traficantes de la Habana que dos meses des- 
pués llegaban buques á cargar tabaco por cuenta del 
gobierno, destacaron á sus agentes á soplar de nuevo 
el fuego de la sedición entre aquella gente crédula., Los 
mas de los vegueros, que eran milicianos, se reunieron 
armados y en grupos numerosos en los partidos de Ma- 
voa, Guanabacoa, Santiago, Bejucal y por las márge- 
nes de Almendares. Un tropel de quinientos sediciosos 
se apoderó en Jesús del Monte , en la mañana del 21 
de agosto, de las reses que venian para el consumo 
de la plaza, mientras que en lo interior de la Haba- 
na llovían imprecaciones contra los comisionados del ta- 
baco y contra el mismo Raja , odioso á los especuladores 
por su celo en cumplir las órdenes del Rey y en la per- 
secución del contrabando. 

Parte de la guarnición, escasa, cumplida y descon- 
tenta, ó cruzaba por la costa con la galeota del resguar- 
do, ó andaba destacada en Matanzas y vigilando los puer- 



DE LA ISLA DE CUBA. 301 

los inmediatos. No le quedaba al gobernador tropa 
bastante para el servicio ordinario de la plaza. Limitó- 
se á redoblar las guardias de las dos puertas del recinto 
y acuarteló algunos soldados en la Fuerza. El mismo 
dia citó á cabildo extraordinario en el local del castillo 
al municipio. Se acordó en la sesión enviar dos regido- 
res á advertir á los amotinados en las penas en que incur- 
rian alzándose contra la autoridad establecida por el Rey; 
pero también les anunciaron que se suspenderian las 
operaciones de la factoría hasta que sabedor el Soberano 
de la repugnancia que les inspiraba, dictase nuevas ór- 
denes. Torpe concesión esta que dio cuerpo al bullicio 
en vez de serenarlo» La muchedumbre sin atender á los 
discursos de los regidores , ni de los priores conventua- 
les, ni del mismo obispo, reforzóse el 22 con nume- 
rosos grupos de los partidos interiores y penetró en el 
recinto aquella noche, sin oposición ninguna de las 
guardias y á la vista del mismo teniente rey Maraver, 
que con el verdadero ó supuesto fin de conservar el 
orden donde no le habia, se mantuvo siempre fuera del 
castillo. En cuanto entraron las turbas facciosas en el 
pueblo , la plebe toda se adhirió á la rebelión , vocife- 
rando en son de copla : «Viva Felipe V. , muera el mal 
» gobierno, que nos gobierne el cabo subalterno.» Esta 
era una de las miras del motin. 

La tropa acuartelada en los castillos no comió aquel 
dia, porque impedían cuidadosamente los sublevados 
que la racionaran : sin víveres tampoco para los solda- 
dos de la Fuerza, convocó Raja el 23 á otra sesión al 
ayuntamiento, al obispo, al auditor y á los prelados con- 
ventuales para acordar alguna providencia decisiva y 
pronta. Pero de los capitulares solo acudieron D. Mar- 



302 HISTORIA 

tÍQ Recio de Oquendo, D. Nicolás Chacón, el alguacil 
mayor D. Nicolás Gatica, D. Francisco Carvajal y don 
José de Rojas Sotolongo, mas interesados en la satisfacción 
de sus deseos que en la quietud y sumisión del pueblo 
á las órdenes del Rey. Aunque redobló Chacón leales 
ofertas á Raja desde el Morro, y le imitó también el cas- 
tellano de la Punta , la resolución de los convocados se 
redujo á emplear de nuevo la elocuencia del obispo y de 
los frailes, tan estéril y desoida ya en la víspera. Lejos 
de lograr mejor éxito el prelado en su segunda tenta- 
tiva , aunque le acompañaron los religiosos de mas cré- 
dito, ni aun le dejaron explicarse los amotinados. 

En la mañana del 24, al volver Valdés para el casti- 
llo, puso en sus manos un desconocido un papel desali- 
ñado y tosco en lenguaje como en forma , que decia : 
cf Estos que se mientan aquí no convienen , que son los 
» siguientes : el principal Raja , el Intendente , los dos 
» León y Daza , y la vara del teniente general que ha 
» sido mucha parte en este cuento. » 

Hicieron además saber los rebeldes á la Junta « que 
íiTio querían otro gobernador que el cabo subalterno.» 

Raja convocó entonces al ayuntamiento á una nueva 
sesión con el obispo, los guardianes de Santo Domingo y 
San Francisco y el auditor asesor Morales. Pero tampoco 
acudieron á su llamamiento ahora mas que los alcaldes 
y los cinco regidores que habían concurrido á la anterior 
sesión extraordinaria. Impedirían acaso los amotinados 
que los demás acudiesen á su puesto , incomunicándolos 
con la autoridad en aquel trance. Nada constó en el acta 
de aquella sesión sobre una ausencia, que podía tomarse 
por una traición, á no justificarse por enfermedad ó por 
violencia. Tampoco explica aquel escrito los debates que 



DE LA ISLA DE CUBA. 303 

al son de exteriores gritos y denuestos , se cruzaran en 
aquella conferencia. Sábese solo que terminó cediendo 
Raja su autoridad al funcionario aclamado por la plebe : 
ejemplo ese antes y después muy repetido de lo poco 
que consigue con obedecerla la autoridad establecida 
para gobernarla. 

Depositó Raja el mando en Maraver por la tarde, em- 
barcándose con Olivares , Daza y León en uno de los dos 
galeones que mandaba D. Nicolás de Zelaya, y que es- 
taban en el puerto. 

Pretendieron los facciosos coronar su triunfo obli- 
gando á este marino á restituir las cargas de tabaco; 
pero desdeñando sus intimaciones , por única respuesta 
mandó encender las mechas, y obtuvo mas con ese ade- 
man que Maraver con sus lisonjas y sus ruegos. La en- 
tereza de Chacón y del anciano Casa-Torres que residía 
en la plaza, evitó en aquellos dias muchos desórdenes. 
Su pariente D. José Bayona y Chacón , propietario de 
una vasta hacienda del partido de Guanabacoa , obligó á 
muchos alzados á regresar á sus labranzas. Los mismos 
instigadores del motin , logrado ya su objeto, le ayuda- 
ron á catequizar y sacar fuera de la ciudad á los ve- 
gueros '^. 

Mientras navegaba Raja á reclamar su desagravio , el 
mismo municipio, respetuoso y sumiso con él antes, no 
omitió recurso para justificar un atentado qué era el pri- 
mero de su especie en Cuba. Sus comisionados D. José 



' Todos los hechos que la crónica re- de los cuadernos de la antigua escriba- 

fiere sobre esta primera sedición de los nía de gobierno de la misma ciudad^ 

yegüeros y la expulsión del capitán ge- y de los papeles orig. de Baja, Maraver 

neral Itaja están tomados de los Lib. de y Zelaya en el Arch. de Indias de Se- 

actas del ayuntamiento de la Habana * villa. 



304 HISTORIA 

de Rojas Sotolongo y D. Diego Puerto salieron para Cá« 
diz en los primeros dias de octubre con solicitudes y es- 
critos, achacando á las severidades del estanco lo que 
habia sido artificio del interés particular y de la perfidia 
de algunos individuos. Aunque no estaba Orry ya en el 
ministerio, Alberoni, que dirigia el gobierno de Estado, 
sostuvo sus medidas y dio á los apoderados de la Habana 
una acogida nada propia para lisonjear sus esperanzas. 

Gran nublado venia de repente á amenazar á las pro- 
vincias ultramarinas cuando alborotaban á Cuba esos 
trastornos. Anhelando Felipe V antes de tiempo recobrar 
de la casa de Austria los despojos sufridos por España al 
celebrarse la paz de Utrech , arrebató á los alemanes la 
Cerdeña y la Sicilia, aconsejado por la ambición de 
aquel ministro. Encendiendo así todas las iras de Ingla- 
terra, de Holanda y de la misma Francia, comprometióla 
conservación de las provincias trasatlánticas. Byngs, al- 
mirante de la escuadra inglesa del Mediterráneo, destru- 
yó, sorprendiéndola sin previa declaración de guerra, 
al frente de Mesina la primera escuadra creada por Es- 
paña con las economías de Orry ; y ya con ese desastre no 
podían los puertos de la América española contar con 
otro auxilio que el valor de sus corsarios. 

Otra escuadra de siete galeones mandada por D. Fer- 
nando Chacón llegó á la Habana deYeracruz en conserva 
de la flota áfm de octubre; y, con las nuevas de la guer- 
ra, apresuró su viaje á Cádiz llegando el 7 de diciembre 
después de sufrir un recio temporal en las Bermudas. 
Aunque Maraver expidió patentes de corso á los que las 
pidieron y armó dos galeotas para defensa de las costas, 
difícilmente se preservara entonces Cuba de las agresio- 
nes de las colonias extranjeras , sin la facilidad con que 



DE LA ISLA DE CUBA. 305 

admitió sus mercancías y continuó su tráfico con ellas 
entre las mismas trabas de la guerra. También quiso la 
suerte que se fijara toda la atención de los ingleses en 
las lejanas operaciones de Sicilia , y que las hostilidades 
no fueran duraderas. 

El 1 .° de mayo consagró el obispo Valdés con la ma- 
yor solemnidad, en la parroquial mayor de la capital, á 
un nuevo Arzobispo de Santo Domingo, Primado de las 
Indias, D. Antonio Alvarez de Quiñones. 



HIST, PE CUBA. — TOMO II.— 20 



CAPÍTULO UNDÉCIMO. 



Gobierno de D. Gregorio Guazo Calderón.— Indulto.— Reforma de las guarnicio- 
nes veteranas y de las railicias. — Guerra con Francia.— Feliz expedición al Pal- 
mar de Aiz— Corsarios de la Habana— Apodéranse los franceses de Panzacola. 
— Expedición salida de la Habana contra las posesiones inglesas.— Apodérase de 
los buques parlamentarios franceses que traen á la guarnición capitulada en 
Panzacola.— Recobro de esta plaza. — Vuelve á ser tomada por los franceses.— 
Inacción de las fuerzas navales españolas en Veracruz —Antiguos flibusteros 
ingleses que se acogen en Trinidad de Cuba.— Sus empresas contra los Jamai- 
quinos.— Armamento inglés que se presenta en Casilda á reclamarlos.— Ente- 
reza y contestaciones de las autoridades de Trinidad,— Expedición que sale de 
la Habana contra las islas de Babama.— Desaloja de ellas á los ingleses.— Re- 
fuerzos venidos de Cádiz á la Habana.— Preludios de sedición en los vegueros 
de tabaco.— Serénalos el hacendado D. José Bayona. — Fundación de Santa 
María del Rosario por Bayona. — Obtiene el título de conde de Casa-Bayona.— 
Sedición de las tripulaciones de la escuadra de Cornejo reclamando sus atra- 
sos. — Reprímela el capitán general contra el dictamen del obispo. — Paz gene- 
ral del Haya. -Abusos de los ingleses.— Represión de sus contrabandos y de- 
rechos de visita que ejercen contra ellos los españoles.— Combates ventajosos de 
los guarda-costas de Cuba contra los ingleses. — Riqueza de las flotas en el trie- 
nio de 1720 á 1722.— Retrasos del pago de la cantidad consignada en Méjico 
para la compra de los tabacos de Cuba. — Sublevación de los vegueros del terri- 
torio de la Habana.— Deslaca Guazo fuerzas para sorprenderlos. —Los desba- 
rata cerca de Santiago de las Vegas el capitán D. Ignacio Barrutia.— Suplicio 
de doce prisioneros en Jesús del Monte. — Desvanécese la sedición. — Combate 
del capitán Mendieta contra un buque holandés cerca de Manz.millo. — Abdica- 
ción de Felipe V.— Proclamación de Luis I. 



El 22 de noviembre al saber la violenta expulsión de 
Raja , nombró el gobierno para sucederle al brigadier 
D. Gregorio Guazo Calderón \ acreditado por su nervio y 

* V. su única biog. , p. 527 y 528, t. II, Dice. Gzog.y Esl.j, EisU de la Isla de 
Cubas por el At 



• HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 507 

temple. La relación del motin se habia cargado de tintes 
tan oscuros, que se dieron prontas órdenes para reunir 
fuerzas en Cádiz y que volviese León á restablecer las 
factorías. Pero la superioridad de la marina inglesa en 
el Atlántico no permitió que ese armamento de mil hom- 
bres, en dos buques de guerra y dos transportes, se hi- 
ciera al mar hasta muy entrado mayo, después de celebra- 
das con la Gran Bretaña nuevas paces. El 23 del siguiente 
mes llegó á encargarse el nuevo gobernador de sus fun- 
ciones con mal disimulada inquietud de los municipales, 
y manifiesta alarma de los comprometidos en la última 
revuelta , que al instante se oscurecieron tierra adentro. 
Separado Maraver sin demora de su tenencia de rey, 
convocó Guazo al dia siguiente al obispo, al ayunta- 
miento y á los prelados religiosos. Les anunció que acce- 
día la clemencia del Rey á sus instancias , echando un 
velo sobre el tumulto que produjo la salida de su ante- 
cesor ; pero que , tanto como los efectos , conocía el orí- 
gen y las causas de aquel acontecimiento escandaloso ; 
y que esperaba de su prestigio y autor idad sobre los 
revoltosos que no les inspiraran en adelante otras ideas 
que las de una ciega sumisión á las disposiciones so- 
beranas ; que él venia á cumplirlas sin contemplación de 
intereses ni personas , por duras que fuesen las medidas 
que tuviese que adoptar. Añadióles que, sin embargo, 
esta resolución no se oponía á que expusieran al Rey sus 
quejas y derechos por su conducto ó por la vía reser- 
vada cuantos tuviesen agravios y perjuicios que repre- 
sentar ó resarcimientos que pedir. Análogas razones en- 
cerraba un bando que se publicó en el mismo dia y que 
circuló á todos los pueblos, incluyendo los de la parte de 
Santiago , comprendidos desde entonces en la jurisdic- 



308 HISTORIA • 

cion del capitán general en todo lo que no fuera de jus- 
ticia ordinaria ó contenóioso. 

Después de reforzar con cien hombres los presidios de 
San Agustin y Panzacola en la Florida y de destacar nú- 
mero doble á reemplazar al de Santiago, licenció Guazo 
en el de la capital á todos los cumplidos , retirando á los 
oficiales que por cansancio ó por achaques , no podian 
seguir en el servicio activo. Sin desatender otros cuida- 
dos muy urgentes, organizó la guarnición de la Habana 
bajo el orden que fijaba un reglamento promulgado con 
ese objeto algunos meses antes. 

La dotación fija declarada anteriormente no creció por 
cierto con la nueva planta. En 1682, habia llegado 
hasta novecientas plazas ; y ahora quedaba reducida á 
un batallón de siete compañías de á cien hombres lla- 
mado de la Habana, á una compañía de artillería de á 
ciento también entre obreros, bomberos, minadores 
y artilleros , y á una partida de treinta ginetes , im- 
propiamente llamada compañía. El todo no pasaba de 
ochocientas treinta plazas sin contar treinta y cinco entre 
jefes , capitanes y oficiales ^. Pero más de lo que se 
perdió en número se ganó en organización , en calidad 
y en armamento. La bayoneta y el fusil sustituyeron 
para siempre en adelante al defectuoso mosquete y á la 
pica , ya desterrados por las innovaciones y adelantos 
militares de fines del anterior siglo. 

El sueldo del capitán general quedó fijado en diez mil 
pesos anuales ; el del alcaide del Morro , que trocó este 
nombre por el de gobernador, en el de teniente coronel; 



2 En la colee, del A. se halla com- gánico de esta época para las guarni- 
prendida una copia del reglamento or- ciones de Cuba y la Florida. 



DE LA ISLA DE CUBA. 309 

el de teniente rey , en el de coronel de infantería ; en el 
de capitán, el de la Punta. El haber del soldado se elevó 
á once pesos mensuales por cada uno. 

Como si se afianzara mejor así su cumplimiento , se 
comunicaron al virey de Nueva-España estrechas ór- 
denes para que en adelante se cubriera con cabal regu- 
laridad el presupuesto de Cuba con remesas ó libranzas 
á la vista. 

Se ocupó Guazo al mismo tiempo en mejorar los cas- 
tillos y cuarteles, preparándole en el de la Fuerza su 
vivienda el teniente caronel D. Bruno Caballero Elvira ^, 
que habia venido acompañando á Raja como ingeniero 
fijo de la plaza. De orden de Guazo el capitán á guerra 
de Trinidad D. Gerónimo de Fuentes , tan diligente allí 
dos años antes para organizar las milicias, en pocas 
semanas creó ó reformó las de San Juan de los Remedios 
y de Villa-Clara. En cada uno de estos pueblos , afilió 
trescientos hombres distribuidos en cuatro compañías de 
infantería y una montada , además de otra de pardos 
y morenos Ubres. También se creó en Santiago otra 
compañía mas de milicianos ; y habiéndose allí el gober- 
nador Cangas excedido á elegir y nombrar sus oficiales, 
reprobó Guazo sus nombramientos con agria reprensión 
y eligió á otros. 

No le impidieron estos cuidados interiores ocuparse 
también en los de afuera. Sé presentaba cuando llegó á 
la Habana , peor aun que en suspensión la empresa del 
buceo de los bajeles sumergidos en el Palmar de Aiz, 
explotándolo la rapacidad extranjera, desde que por ha- 
ber tenido que ir á España Hoyo Solorzano , quedó tan 

3 De este jefe desciende la antigua familia de los Caballeros en la Habana* 



SlO HISTORIA 

interesante extracción abandonada. Obtuvo después li- 
cencia y contrata con el gobierno para continuarla, ua 
D. Manuel Miralles, negociante, vecino y apoderado del 
comercio de aquella capital. Pero tanto por lo que excitó 
tan exquisito negocio la codicia de los contrabandistas de 
Jamaica, como por no tener igual confianza en otro 
que se destinase á aquel cuidado los dueños de los bu- 
ques que hablan de emplearse en la operación, sucedía 
que los extranjeros eran los que allí buceaban. Tan per- 
judicial usurpación de todos los dferechos exigia un cor- 
rectivo urgente y vigoroso , y con mayor motivó ha- 
biendo atacado los contrabandistas ingleses, enseñorea- 
dos de los bancos, cayos y localidades del naufragio, á 
los de una fragata de la Habana , enviada por Miralles, 
matando á uno é hiriendo á tres de su tripulación. Ade- 
más se hablan allí fabricado viviendas y aun fortificado 
con un reducto de tierra y fagina con cuatro cañones 
para continuar con mas sosiego los buceos. 

A todos los dueños de buques y mas pudientes del 
comercio excitó al momento Guazo, auxiliándoles con 
pólvora y con armas. En breves dias se habilitaron para 
la expedición á cargo del mismo Miralles, hombre ani- 
moso además de interesado por el éxito , y del veedor 
de buceos Diego García , las balandras Santa Rita, las 
Ánimas, Regla, Ave-María, Santa Cruz y Begoña con 
sus capitanes D. José Cordero, Juan Ramón Gutiérrez, 
D. Andrés González, Juan Bustillos, Miguel del Manza- 
no, é Ignacio Olavarría , agregándoseles el bergantin Je- 
sús de Nazareno á cargo de D. Domingo Coimbra. 

Salió esta expedición de la Habana á principios de 
setiembre de 1718, y sorprendió á los contrabandistas 
con tal suerte, que el 25 del mismo mes fondeaba de 



DE LA ISLA DE CUBA. 511 

regreso ya en el puerto con cinco excelentes balandras 
apresadas, mas de ochenta mil pesos rescatados, noventa 
y ocho negros esclavos y ochenta y seis ingleses prisio- 
neros. Los demás, unos setenta, se habian fugado en sus 
lanchas al divisar los buques de Miralles , que guarne- 
ció al reducto y las viviendas con ciento cuarenta hom- 
bresj de sobra provistos para algunos meses con los ví- 
veres y efectos abandonados por los prófugos. Allí per- 
manecieron con Cordero en custodia de aquel cayo y 
de la gente, para proteger las operaciones del buceo, el 
bergantin de Coimbra y tres balandras bien armadas *. 
Fué esta feliz jornada seguida de otros logros por los 
mismos dias. Los corsarios de la Habana González y 
Mendieta dieron caza y apresaron á otras tres balandras 
inglesas de contrabandistas , con mas de cien mil pesos 
de valores. Gomo doscientos prisioneros se destinaron 
entonces á las fortificaciones de la plaza y á ampliar con 
nuevas obras el cuartel llamado de San Telmo, donde 
funcionó la antigua fundición de artillería. La dirección 
de estos trabajos corria á cargo del ingeniero teniente 
coronel D. Bruno Caballero Elvira. Á los peones prisio- 
neros se les socorria con la ración ordinaria de la tropa 
y un real de plata diario. En una de las balandras apre- 
sadas en el Palmar de Aiz se encontró una carta diri- 
gida en 28 del antecedente agosto al gobernador de la 
Florida por un Woodes Rotgers, que se titulaba go- 
bernador de Providencia y del archipiélago de Bahama 
por el rey Jorge II de Inglaterra. Se proponía, tratando 



* V. en el Arch. de Indias de Sevilla este suceso dirigió Guazo al Rey en 28 
en el leg. 7616 de los trasladados de de octubre de 1718. — Este doc. se 
Simancas, la relación oGcial que de halla cop. en la colee, del A. 



•312 HISTORIA 

eo ese papel de autoridad á autoridad, que los dos se 
concertaran para perseguir á los piratas posesionados de 
la Providencia , y huidos de aquella isla antes de llegar 
Rotgers con tres navios ingleses y trescientos soldados 
para guarnecerla á principios del mismo mes citado. 

Constaba, pues, oficialmente que se habia posesio- 
nado la gran Bretaña en toda forma de unos territorios 
que no por hallarse inhabitados, quedaban excluidos 
del dominio español. 

No esperó Guazo á que resolviese el ministerio desde 
Madrid sobre una usurpación tan manifiesta y respon- 
diera á la formal denuncia que de un hecho tan grave 
dirigió al rey en 28 de octubre al darle cuenta de la 
expedición al Palmar de Aiz y de sus resultados. Resol- 
vióse desde entonces á prevenir otra expedición mas 
importante para desalojar de aquella isla á los ingleses 
en cuanto reuniese gente y medios; pero inesperados 
acontecimientos la aplazaron , limitándose entretanto á 
dar espuela á los del buceo , que continuaban en las 
aguas del Palmar con Miralles y García. 

Intrigas y malas artes de Alberoni obligaron al duque 
de Orleans , que al morir en 171 5 el anciano Luis XIV, 
ejercía en Francia la regencia durante la menor edad 
del rey niño Luis XV, á desatar los vínculos estrechos 
que le unian á España, habiendo candorosamente asen- 
tido el rey Felipe á proyectos gigantescos de aquel mi- 
nistro inquieto y ambicioso. Descubrió aquel príncipe 
una conspiración que maquinaba él embajador de Es- 
paña Cellamare de acuerdo con el duque de Maine y 
otros magnates descontentos, para que fuese la re- 
gencia de aquel reino trasladada al rey de España , por 
mas que al ceñir la corona de ambos mundos, hubiese 



t)E LA ISLA DE CUBA. 515 

renunciado á sus derechos de príncipe francés ^ Instan- 
táneamente estalló entre las dos coronas amigas la mas 
inesperada guerra después de aquel descubrimiento. 

Al primer aviso de tamaña novedad, se apresuró el 
activo Guazo á prevenir para todo evento las fortalezas 
de la capital , de Santiago y de Matanzas , acelerando el 
arreglo é instrucción de todas las milicias. Expidió pa- 
tentes de corso á los capitanes empleados en la expedi- 
ción del Palmar y á todos los demás maestres de buques 
que las solicitaron con antecedentes y elementos para 
salir bien de una misión tan azarosa. Formó matrículas 
de todos los marinos residentes en aquellos puertos y en 
los de Casilda y San Juan de los Remedios ; pidió con 
urgencia auxilios y refuerzos al virey de Nueva España, 
y no menos proyectó que la conquista de las posesiones 
y colonias que fomentaban los franceses en la costa sep- 
tentrional del golfo Mejicano, Biloxi, Nueva Orleans, 
Mobila y otros pueblos, años atrás allí fundados por Iber- 
ville, Crousat y Bienville , y á la sazón crecientes con la 
escoria de la población de su metrópoli. Pero, á pesar 
de su diligencia, se le anticiparon los franceses á Guazo 
en la ejecución de aquel designio con la mas alarmante 
iniciativa. 

Mientras los corsarios de la Habana Cordero , Gutiér- 
rez , González , Bustillos , Mendieta , Espinosa y Olavar- 
ría lograban en sus cruceros varias presas , el capitán de 
navio M. de Sérigny se presentó el 1 4 de mayo de 1719 



^ VV. Mémoires du Duc de St. Si- de Louis XV> por Lemontey ; La Cons- 

mon j L'Espagne sous les Rois de la piration de Cellhmaref por VatoQt ; Mé' 

Maisonde Bourbon ^ por William Co- moires de la Regencej por Viossens y 

xe ; Historia de España » por Lafaente; otras muchas obras. 



HxsiQife de la Regence et de la minorité 



314 HISTORIA 

con cuatro fragatas de guerra y mas de seiscientos hom- 
bres de desembarco á notificar al coronel D. Juan Pedro 
Matamoros la declaración de guerra á España de la 
Francia , é intimarle la inmediata entrega de las defen- 
sas y naciente población de Panzacola. 

Era esta colonia entonces, después de San Agustin, 
la segunda de la Florida en importancia. Reconocida la 
baljía de Santa María á fines del anterior siglo por el 
general de galeones D. Andrés de Pez y el geógrafo don 
Carlos Sigüenza de orden del virey conde de Galve, 
la consideraron como útil recalada y resguardo para la 
navegación del golfo Mejicano; y años adelante, con 
gente, materiales y recursos de Veracruz , fundó allí 
el pueblo, labró un muelle y aderezó algunos re- 
ductos el general de marina D. Andrés de Arrióla. 
Contaba ya aquel puerto con mil colonos de toda clase 
y sexo, y tiraban á terminarse su recinto murallado, un 
reducto exterior y un castillo cuadrilátero llamado San 
Carlos para defender la entrada de su fondeadero, cuan- 
do tan inesperadamente se presentó allí Sérigny. 

Aunque con fortificaciones no concluidas y menos de 
doscientos hombres para defenderlas , sin víveres ni 
municiones acopiadas para el lance. Matamoros respon- 
dió dignamente á sus intimaciones , defendiéndose por 
espacio de tres dias. Pero viendo á los enemigos refor- 
zarse con un tropel de indígenas y gente de las colonias 
del Mississipí, cedió á la fuerza y concertó con Sé- 
rigny una capitulación de honrosas condiciones. Des- 
pués de evacuar aquellos puestos, conservando sus pro- 
piedades los vecinos y la pequeña guarnición, embarcóse 
su gobernador con ella y los colonos que no quisieron 
mudar de dominio , obligándose los franceses á traspor- 



ÍDE LA íáLA DE CUBA. 5lB 

larlos ^ en sus fragatas á la Habana. Sin la menor pre- 
sunción de tan seria hostilidad y de su resultado, ya se 
habia dispuesto Guazo á acometer á las colonias francesas 
del litoral de la Luisiana y aun á los puestos ingleses de 
la Carolina. Habia reunido en breves dias catorce bu- 
ques ligeros, bien armados, con novecientos voluntarios, 
la tercera parte negros llenos de entusiasmo, y dos com- 
pañías de la guarnición á cargo del sargento mayor don 
Esteban de Berrea. Esta expedición salió de la Habana 
el 4 de julio á las órdenes del teniente coronel D. Alfonso 
Carrascosa de la Torre. Sorprendido este al descubrir 
cerca de la costa aquella misma tarde á las dos fragatas 
francesas que con bandera parlamentaria se dirigían á 
aquella plaza con la guarnición capitulada en Panzacola, 
las apresó sin vacilar, desentendiéndose de las protestas 
de sus comandantes , y regresó con ellas á la Habana. 

Por mas que ignorase la rendición de Panzacola Gua- 
zo , bastaba la evidencia de los hechos declarada por el 
mismo Matamoros , para que diera suelta á unas embar- 
caciones que con el carácter de parlamentarias debian 
ser respetadas , mayormente al emplearse en dar cum- 
plimiento á lo capitulado. Desentendiéndose de fueros 
militares, incurrió caprichosamente en la injusticia de 
declararlas buena presa ; y en junta de autoridades á 
que asistieron el brigadier marqués de Casa-Torres y el 
obispo, destinó á reconquistar á Panzacola las fuerzas 
de Carrascosa , destinadas antes á la Luisiana y á la Ca- 



^ Sérigny destinó ú que trasportaran de Villars,» de veinte. VV. Ensayo 

á la Habana á Matamoros y á la guar- cronol. para la Historia de la Florida^ 

nicion de Panzacola dos de sus fragatas, por C. Cano, y la Histoire Maritime de 

la Uanaada , « Conde de Tolosa », de la France, por Guérin. 
Veiate y dos cañones , y la « Mariscal 



516 HISTOHIA 

rolina ; y contra ua atropello tan impropio de beligeran- 
tes de naciones cultas nadie elevó la voz en aquella 
conferencia '. 

El armamento , reforzado ya con la misma guarnición 
capitulada y los dos buques cogidos , volvió á salir de la 
Habana el 29 de julio; y después de una breve resis- 
tencia recobró á Panzacola ^ el 24 de agosto, apoderán- 
dose allí de cuatrocientos franceses que hablan quedado 
guarneciéndola con M. de Gateaugué , de dos embarca- 
ciones y porción de pertrechos y repuestos. Carrascosa, 
para aplacar el descontento de los voluntarios de la Ha- 
bana, á quienes no permitió saquear á los franceses, les 
puso en posesión de ciento sesenta negros que se reco- 
gieron. 

Teniendo ya por hacedero, después de este suceso, 
arrojarlos del seno mejicano , destacó sucesivamente al 
capitán Mendieta que mandaba los guarda-costas de la 
Habana, y á Berroa, para que se apoderaran de las colo- 
nias de la embocadura del Mississipí si las hallasen dé- 
biles, y solo las reconociesen, si aparecían en condiciones 
de seria resistencia. Pero estando allí Bienville muy pre- 
venido con mas de trescientos colonos y soldados, y muy 
crecida chusma de indígenas aliados , Berroa y Mendieta 
tuvieron que regresar á Panzacola después de arrasar 
algunos caseríos y perder alguna gente , algunos guías 
franceses á quienes pasaron á cuchillo sin clemencia sus 
mismos compatriotas. 

^ El Ensayo cronológico para la HiS" ^ VV. el Ensayo cron. de la Florida 

torta de la Florida por C. Cano, ó mas por C. Cano; Uisíoire Maritime de la 

bien D. Andrés Barcia , lejos de justi- France por Guérin , t. IV, y varias co- 

ficar tan evidente desafuero , se desen- municaciones oGciales de Guazo al rey 

tiende de toda calificación , y lo refiere en el núm. 7616 de los legs. llevados de 

como un hecho ordinario. Simancas al Arch. de Ind. de Sevilla. 



DE LA ISLA DE CUBA. 517 

Habríanse conseguido con la recuperación de Panza- 
cola las ventajas que esperaban Guazo y Carrascosa , si 
D. Francisco Cornejo ^ y D. Francisco Guerrero, que es- 
taban en Veracruz con seis galeones cuando á fin de 
agosto recibieron nuevas de aquella conquista, hubieran 
acudido á proteger la expedición sin esperar órdenes del 
virey, ni atemperarse á las exigencias del comercio. Su 
vacilación ó su falta de instrucciones convirtieron luego 
el triunfo de Carrascosa en un desastre. 

El marqués Desnots de Champmeslin ^\ que mandaba 
las fuerzas navales de Francia en las Antillas, acudió con 
celeridad desde el Gu arico al golfo Mejicano y mojó en 
Masacra el 2 de setiembre con cinco navios de guerra y 
mas de dos mil hombres de desembarco. Completó allí 
apresuradamente sus preparativos; y, reforzado con la tro- 
pa y las embarcaciones de Bienville , mientras los indios 
auxiliares le seguían por tierra , intimó la rendición á 
Carrascosa el 17. Nobabia alcanzado el tiempo desde la 
recuperación para reparar las obras del recinto, ni me- 
nos las del fuerte avanzado de San Carlos en que se 
empleaba con afán el activo D. Bruno Caballero, á quien 
Guazo comisionó con ese encargo. Aunque contase la 
plaza mas de mil doscientos hombres incluyendo los pri- 
sioneros de Chateaugue que tomaron servicio en nues- 
tras filas , los víveres sacados de la Habana ya estaban 
consumidos , y la fiebre estacional tenia postrada á una 
tercera parte de la fuerza. Champmeslin no levantó 



9 V. su not. biog. antecediendo á de la Florida, por C. Cano; Hisíoire 

su apellido el de Cotilla, págs. 160 y mariUmede la France, por Guérin, y 

161, t. II , Dice. Geog. , Est., Hist. de las comunicaciones de Guazo al Key eq 

la I. de Cuba , por el A. el Arch. de Ind. de Seyilia. 



ÍO 



VV, Ensayo cron. para la Hisf. 



518 HISTORIA 

trincheras ni estableció cerco formal. Dirigió simultá- 
neamente dos vivos ataques, uno contra el fortín alzado 
por Caballero en Santa Rosa, y otro por los lienzos mas 
bajos del recinto. A ninguno de los dos puntos defen- 
día suficiente artillería para resistir á la superioridad 
de los fuegos de la escuadra ; y á las dos horas de re- 
friega , se sometió la guarnición á las 'condiciones que 
propuso aquel jefe á Carrascosa. 

Seiscientos voluntarios españoles y negros de la Ha- 
bana regresaron á este puerto con Mendieta de orden de 
Champmeslin , que , muy débil para acometer á San 
Agustín y hacer rostro á Cornejo , después de arrasar á 
Panzacola, se dirigió á Francia , llevándose prisioneros á 
Matamoros , Carrascosa , Berrea y á las dos compañías 
-veteranas destacadas de la guarnición de la Habana. 

Privado por la pérdida de Panzacola de sus mejores 
cabos y buques guarda-costas , la situación de Guazo ha- 
bría sido ardua, á no presentarse á principios de octubre 
en aquella capital los buques de Cornejo con la flota de 
Veracruz y las embarcaciones de Cartagena , Honduras 
y Campeche. 

Guazo en la Habana , Cangas en Santiago, y Fuen- 
tes en Trinidad , despertaron el interés y el patriotismo 
de los pueblos á fuerza de concesiones y promesas para 
que armaran nuevos buques. Después que Jennings se 
indultó y tomaron los ingleses posesión de Providencia, 
muchos secuaces del pirata , retraídos por la enormidad 
de sus delitos de regresar á Jamaica ni á Inglaterra, vi- 
nieron á ampararse en Cuba , alegando que les perse- 
guían por sus creencias papistas y católicas. Guazo ad- 
mitió á algunos de sus buques en la Habana y permitió 
á Fuentes abrigar á los demás en Trinidad , entre ellos á 



\ 



DE LA ISLA DE CUBA. 519 

Cristóbal Winter y Nicolás Brown ", ferocísimos bandi- 
dos. Patrocinados allí los dos antiguos flibusteros, acome- 
tieron y despojaron sin piedad á cuantas embarcaciones 
de Jamaica encontraron comerciando por los costas de 
Cuba. 

Pero la protección que les dio Guazo, le acarreó 
serias contestaciones con el gobernador de aquella isla y 
las de Bahama , que ya se habia apropiado la Inglater- 
ra. Llegando á principios de enero la osadía de Winter 
y de Brown á arrebatar varias negradas sobre la misma 
costa de Jamaica, el célebre Vernon, que con el solo ca- 
rácter de capitán de navio mandaba entonces las fuerzas 
navales inglesas en él archipiélago, ordenó que marchase 
el capitán de fragata Laws á reclamarlos á la misma Tri- 
nidad con el navio de guerra Hoppy y otros dos buques 
bien armados. En efecto, Laws desde Casilda, el 8 de 
febrero , intimó á Fuentes que no solo le restituyera los 
efectos y negros arrebatados en aquella isla de la Gran 
Bretaña, sino que le entregase á las personas de Brown, 
Winter y los demás ingleses refugiados , como piratas 
que eran y enemigos comunes de todas las naciones. 
Vernon y Laws no recordaban que con igual derecho 
y ningún éxito habían acudido á los ingleses con peticio- 
nes semejantes los gobernadores de Cuba en tiempos no 
lejanos. Demostróles la siguiente respuesta de Fuentes *^ 
que el altivo espíritu nacional se conservaba entero hasta 
en los pueblos mas débiles de España. 



'• VY. Histoire des Pirates anglais '2 Refiere estos incidentes, publican- 
de la Providence y por Jhonson , y las do las comunicaciones que reproduci- 
cartas oficiales de Guazo al ministerio raos en la página siguiente, la obra 
en el 7616 de los leg. llevados al Arch. Histoire des Pirates. — Se halla en la 
de Jnd. de Seyilla del de Sipiancas. Biblioteca JVacional de Madrid, 



S20 HISTORIA 

)) No hay en este pueblo ni negros ni navios cogidos 
j» en Jamaica , ni en estas aguas desde la suspensión de 
» las hostilidades. Los que han sido cogidos, lo han sido 
» por estar haciendo el contrabando. En cuanto á los 
» ingleses fugitivos á que V. se refiere están aquí con* 
)) siderados como subditos del rey de España por haber 
» abrazado nuestra Santa Religión y recibido el bautis- 
» mo. Si faltasen á la buena conducta que deben obser- 
» var, serán castigados con arreglo á las leyes y orde- 
D nanzas del Rey N. S. Por todo lo cual, y porque esta- 
j) mos resueltos á no permitir que haga V. aquí ningún 
)) negocio, le rogamos que leve el ancla inmediatamente. 
D Dios guarde á V. muchos años. Trinidad 8 de febrero 
» de 1720. — Gerónimo de Fuentes. — Alfonso del Man- 
» zano, alcalde. i> 

Irritado Laws con la misiva, replicó con la que sigue : 

cf Quebrantáis el derecho de gentes no entregándome 
» los subditos ingleses , y debo deciros que no me apar- 
)) taré de esta costa sin ejercer represalias y sin tratar 
» como piratas, y no como subditos del rey de España, 
)> á los buques que encontrare , una vez que pretextáis 
» vuestra religión para proteger á semejantes ban- 
)) didos. í) 

Mientras Fuentes ponia sobre las armas á los milicia- 
nos, preparándose á rechazar toda agresión de Laws, 
terminó Manzanp las contestaciones con una postrer 
respuesta que decia : 

«Nada me hará faltar á mi deber. Los presentados 
y> que están aquí serán remitidos al gobernador de la Ha- 
» baña ; y , si V. manda en el mar, yo mando en esta 
» tierra. Si V. trata como piratas á los españoles que 
p encuentre, lo mismo haré yo con los ingleses que 



DE LA ISLA DE CUBA. 521 

» coja. Sin embargo, si V. observa las leyes internacio- 
i) nales, no las quebrantaré yo tampoco. También yo 
» puedo obrar como militar y no me falla aquí fuerza ".» 

Laws, exhalando su ira en amenazas que no tenia de- 
recho ni autorización para cumplir, regresó á Kingstown 
á dar cuenta de la inutilidad de una comisión, dirigida, 
como lo penetró Fuentes , tanto como á exigir desagra- 
vios, á introducir contrabandos en la costa. 

Igual rigor y laconismo que sus subalternos empleó 
con los ingleses Guazo. Viendo que el coronel Rodgers 
seguia colonizando en el archipiélago de Bahama , se 
aprovechó de las fuerzas de Cornejo para organizar otro 
armamento de milhombres, casi todos voluntarios, y 
nueve bergantines y balandras bien armadas, además 
de las tres fragatas de aquel jefe, que llevaba por se- 
gundo al valeroso D. José Cordero. Rodgers habia salido 
para las Bermudas cuando fondeó Cornejo^* junto al pue- 
blo y el castillo que acababa de alzar en Providencia , y 
que ocupaban mas de cuatrocientos colonos y soldados. 
Mientras cañoneaban al fuerte las embarcaciones, ocupó 
Cordero el pueblo sin demora con las compañías de don 
Fernando Castro, D. Francisco de León y D. Julián Barro- 
so, y se apoderó de un centenar de esclavos, única pro- 
piedad movilizable de una colonia aun en mantillas. El 
castillo, á pesar de su ventajosa posición y solidez, tuvo 
que capitular á los tres dias, evacuándolo doscientos 

*3 VV. las comunic. ofic. de Guazo gos y doc. , y empezaron á dirigírselos 

al ministerio en el núm. 7616 de los á los ministros, 

legs. llevados del de Simancas al Ar- ** W. en el Arch de Ind. de Se- 

cl)ivode Ind. de Sevilla. Por este tiem- villa en el leg. 7616 de los trasladados 

po cesó la antigua y constante costum- del de Simancas, las carias orig. de 

bre de que las autoridades de América Guazo y de Cornejo al Rey sobre este 

enviasen directamente al rey sus plie- suceso. 

PíST. Dj: qUBA. — TOMO 11.— 21 



322 HISTORIA 

hombres bajo la condición de ser trasladados á las Ber- 
mudas por los buques españoles. Aunque consiguió la 
expedición de Cornejo y Cordero un éxito completo, el 
valor de los cañones , del material y de los negros re- 
cogidos distó mucho de cubrir los gastos que costó alis- 
tarla. 

Al saber las operaciones de Florida habia dispuesto el 
Rey que preparase en Cádiz el jefe de escuadra D. Bal- 
tasar de Guevara una expedición de dos fragatas con un 
tren de artillería y quinientos hombres destinados á re- 
forzar los presidios de aquel país , de Veracruz y de la 
Habana. Reanudada por Felipe V, en 27 de enero, su 
alianza con la Francia, y ratificadas las paces con la Ho- 
landa, uno de los encargos dados á Guevara fué circular 
órdenes para que cesaran las hostilidades en América. 
Aportó en la Habana el 1 / de mayo, y salió para cum- 
plir en Veracruz sus instrucciones el 27 del siguiente, 
dejando en aquella capital tres compañías con el nuevo 
teniente-rey D. Gaspar Porcel Buslamante, una para re- 
forzar á San Agustin, y las otras para reponer las dos 
que habían caido prisioneras de los. franceses en la última 
rendición de Panzacola. Guevara, al mismo tiempo, en- 
tregó á Guazo su despacho de mariscal de campo. 

Con tan satisfactoria novedad se abandonó la posesión 
de Providencia y otra empresa proyectada contra el 
fuerle Jorge y Charlestown , en el territorio de la Amé- 
rica del Norte, que hoy se llama Estado de la Carolina del 
Sur. Permitieron los beneficios de la paz que renuncia- 
ran sin disgusto Cuba y su gobernador á las dudosas 
ventajas de la guerra. 

Sin embargo , no fué sosiego todo , amenazando rena- 
cer de sus cepizas ^ no bien apagadas , la sedición que 



DE LA ISLA DE CUBA. 325 

ocasionaron cuatro años antes en la Habana el interés 
particular de los traficantes de tabaco y la credulidad de 
los labriegos. 

Habiendo retardado el visitador León algunas conapras 
á los vegueros mas vecinos á la capital, divulgaron que 
lo que se proponía aquel funcionario era adquirir las 
hojas mas adelante á menos precio que el designado 
en la tarifa. Bastó la especie para sublevarlos é inspi- 
rarles la determinación de destruir las sementeras y 
hacerse á sí mismos mas perjuicio que el que po- 
dían recelar de los factores. A últimos de junio juntá- 
ronse con armas mas de mil isleños y vegueros resueltos 
á repetir los escándalos de agosto de 1717. Pero habia 
ahora mayores fuerzas en la plaza y era de otro temple 
que el de Raja el que la gobernaba. Ya se prevenían 
para desbaratarlos la compañía de caballos y otras dos 
de ginetes milicianos, cuando ofrecieron á Guazo don 
José Bayona y el vicario provisor del obispado disipar 
sin efusión de sangre aquel tumulto. Dos horas de pláti- 
cas en Jesús del Monte bastaron en efecto para que se 
retiraran los labradores á sus casas ^^ ofreciéndoles tam- 
bién Bayona, come premio de su docilidad, que todos 
los propietarios les perdonarían el pago de sus tributos 
de aquel año que eran diez pesos por vega. Por este 
servicio obtuvo luego este D. José Bayona el título de 
conde de su mismo nombre. El fué después el funda- 



os V V. en el Arch. de Ind. de Sevi- perturbar á los labradores. Se los re- 
lia las cartas orig. de Guazo al rey con mitió Guazo al rey en 4 de marzo de 
referencia á este incidente, y las copias 1721. Están cop. con otros doc. refe- 
de los anónimos que recibió aquel ca- rentes al mismo asunto en la C. del A. 
pitan general, avisándole los medios Los orig. se hallan en el leg.núm. 7616 
empleados por los descontentos para de los llevados de Simancas á Sevilla. 



324 HISTORIA 

dor de un vasto mayorazgo y de la nueva población de 
Santa María del Rosario ^^ en una vasta hacienda que 
poseia á dos leguas al sur de Guanabacoa. 

Advertíase mal espíritu en la tropa y marineros que 
habían ido con Cornejo á Providencia desde que con las 
nuevas de la paz se desistió de la expedición á Carolina, 
donde contaron resarcirse de lodos los atrasos de su prest 
con el pillaje. Negligentes en el servicio, irrespetuosos 
con sus maestres y oficiales, cuando les amenazaban con 
penas de la ordenanza, respondían que también man- 
daba que se les pagara. Crecía su descontento por mas 
que se esforzaba su jefe en serenarlos con seguridades 
de que recibirían sus atrasos de Veracruz en breves 
días. El i O de setiembre , viendo que las razones no 
bastaban, se disponía Cornejo á apelar á medios mas 
severos , cuando al amanecer deldia siguiente se apode- 
raron unos cien hombres de los botes, y desembarcando 
por el Luyanó , marcharon á tomar sagrado y formular 
sus reclamaciones en la iglesia de Jesús del Monte. Se- 
guíanse comprendiendo entonces aun y hasta no remo- 
tos años los respetos y privilegios debidos á la casa de 
Dios de singular manera , como muchos siglos atrás se 
comprendían. Hasta las leyes las reconocían como in- 
violable asilo de los que infringían más sus preceptos; y 
casos hubo de librarse homicidas del suplicio acogién- 
dose á sagrado: que asi se llamaba el fugarse un delin- 
cuente á un templo, donde, además de Dios, también 
le amparaban sus ministros. Aunque por cédulas de 
i 592 y 1680, compiladas en las leyes deludías, debían 



^^ V. en el t. IV, Dice. Geog., Est , art. referente á la ciudad de Santa 
Uisl. de la Isla de Cuba, por el A. , el izaría del Rosario. 



DE LA ISLA DE CUBA. 325 

ser extraídos de las iglesias los prófugos y desertores de 
marina, también determinaban otras cédulas, sin des- 
lindar con claridad los casos , que el brazo militar am- 
parase al eclesiástico ; y así resultaron tantas veces com- 
petencias entre los dos con incidentes deplorables. Del 
mismo origen dimanó también la que, por acogerse los 
desertores de Cornejo en aquel templo , estalló entre 
un capitán general, tan celoso por la disciplina, como el 
decrépito diocesano por sus fueros. Con su habitual vi- 
veza, al saber Guazo la ocurrencia, destacó dos compa- 
ñías á cercar la iglesia de Jesús del Monte é impedir que 
los refugiados recibiesen subsistencias, infalible medio 
para que abandonasen el sagrado. Aunque no penetró la 
tropa en el recinto , enardecióse el buen obispo por las 
prerogativas de. su mitra y le amenazó al capitán ge- 
neral con las últimas censuras si no dejaba el templo 
libre ^'^. Se desentendió , sin embargo , Guazo de sus 
amenazas hasta que prometió Cornejo á sus deserto- 
res levantarles el castigo, y regresaron hambrientos y 
sumisos á sus buques. No consintiendo , sin embargo, 
el gobernador que aquella ofensa á la disciplina quedara 
sin correctivo y desagravio, mandó formar breve suma- 
riará los autores del motin, que pagaron á los tres dias 
con la vida su delito. Dieron lugar tan tristes incidentes 
á quejas acres del obispo al Consejo de Indias contra 
Guazo, que logró justificarse, pero no que renaciese la 
armonía entre el poder espiritual y el temporal de la isla 
en el resto de su mando. 



'' W. en el Arch. de Ind. de Se- Francisco Cornejo, y la relación efi 
villa las cartas orig. que en 25 de se- 16 de marzo de 1722 por el Cap. GraK 



tiembre de 1721 dirigió el Rey á don Guazo. 



526 tlISTORlA 

Hasta algunos meses después del tratado que celebraron 
en el Haya, el 7 de febrero, España, Francia, Holanda é 
Inglaterra , no se reconocieron definitivamente las con- 
cesiones comerciales con que favoreció la primera á la 
última potencia de las expresadas. Desde la paz de 
Utrech babian los ingleses adquirido un privilegio ex- 
clusivo de treinta años para surtir de negros africanos á 
todas las posesiones españolas de América. Dos años des- 
pués vino á correr en la Habana con las dependencias 
de aquel monopolio, llamado el Asiento , el caballero ir- 
landés Ricardo 0-Farrill ^% que se avecindó luego en la 
ciudad, casándose con una hija deD. Agustín de Arrióla, 
años atrás alcalde. Otros agentes se comisionaron para 
el mismo objeto en Veracruz, Panamá, Cartagena, Bue- 
nos Aires y otros puntos, cf Levantóse de una vez, » dice 
Robertson , « el velo con que tenia España cubierta á la 
i> administración de sus colonias.» Admitidos los agen- 
tes de una nación rival en sus principales plazas comercia- 
les, sobráronles los medios de enterarse de la situación 
interior de las provincias ultramarinas, de observar sus 
necesidades así ordinarias como accidentales, y de fijarse 
en los géneros y artículos cuya importación les rindiese 
mas provechos. Con avisos auténticos y prontos, no tar- 
daron los comerciantes de Jamaica y otras colonias inglesas 
en relacionarse con los del continente hispano-americano; 
previniéndose para surtirles de cargamentos proporción 



*s Por real cédula de 17 de enero de se avecindó en la Habana y fué el 

1722 quedó luego naturalizado como tronco de la distinguida familia de este 

subdito español este D. Ricardo O'Far- nombre en la misma ciudad. V. el ar- 

rili, irlandés y católico, que babién- tículo genealógico de este apellido en 

dose casado con una sobrina del gene- el tomo IV, Dice. Gcog., Est., Hist. de la 

ral de la armadaD. Andrés de Arrióla, isla de Cuba ^]^or el A, 



DE LA ISLA DE CUBA. 327 

nados al consumo de cada mercado. El contrabando 
tomó , pues , á consecuencia del asiento de negros, unas 
dimensiones que alarmaron al comercio español. La 
compañía inglesa del mar del Sur, abusando de la auto- 
rización que recibió para enviar todos los años un buque 
á Portobelo , inundó sin limitación y sin obstáculo con 
sus mercaderías á todo el continente. En lugar de la em - 
barcacion de quinientas toneladas que le permitía el tra- 
tado, enviaba la compañía una de doble porte, acompa- 
ñada de dos ó tres barcos menores que , ocultándose en 
los surgideros vecinos de aquel puerto, clandestinamente 
reponían los fardos que vendía el navio, mientras que para 
asegurar el fraude cohechaban á los vistas y empleados 
de la aduana. Con esa fraudulenta é innoble operación 
por una parte, y por todas las demás, con la actividad de 
los contrabandistas ingleses , forzoso era que pasase á 
manos extranjeras todo el tráfico de la América espa- 
ñola, cuando comprendiendo el gobierno español los 
efectos del abuso, comenzó á dictar providencias mas 
severas que entendidas para reprimirlo. 

Lejos de comprenderse aun que fuese el contrabando 
mismo el correctivo natural del sistema de prohibición 
que seguia en toda su fuerza, se redujeron las disposi- 
ciones adoptadas á principios de 1721, á reprimirlo con 
mucha mas violencia que la empleada en los dos siglos 
precedentes. Impusiéronse penas de presidio mas ó me- 
nos largo, de perdición de bienes y aun de muerte, 
proporcionadas á los casos y cuantías, y á la naturaleza de 
los hechos. Autorizóse á todos los gobernadores coloniales 
para organizar cuadrillas de aduaneros y habilitar bu- 
ques guarda-costas, expidiendo patentes de corso en 
tiempo de paz contra los defraudadores como en tiempo 



528 HlSTOtllA 

de guerra contra los enemigos declarados. Podían visi- 
tar, embargar, decomisar cuantas embarcaciones ex- 
tranjeras sorprendiesen sin registro conforme con su car- 
gamento, en aguas y direcciones que hicieran sospechoso 
su destino. 

Habilitó Guazo en pocos meses cuatro guarda-costas y 
otros barcos mandados por el D. Benito Manzano , á 
quien tan firme viraos contra las exigencias de Laws en 
Trinidad. Recibieron Mendieta, Andrés González y otros 
marinos escogidos, órdenes estrechas para perseguir 
sin descanso á cuantos contrabandistas asomaran por la 
costa. Todos los documentos de 1 721 y 1 7221 referentes 
á este año y á los dos siguientes hablan principalmente 
de procedimientos contra las personas implicadas en las 
introducciones, y de presas marítimas casi nunca sin 
sangre conseguidas. De su valor se aplicaban al fisco y 
sus ministros las dos terceras partes , y á los aprehen- 
sores la restante. 

Sobre Cabanas fué tomada al abordaje *% en 30 de di- 
ciembre de 1720 , una balandra inglesa con porción de 
heridos y un cargamento de harinas. Otra con aguardien- 
tes, cerca de las bocas de Jaruco, en 4 de marzo de 1 721 . 
Seria prolija y fatigosa la enumeración de encuentros pa- 
recidos que sin cesar se repetían cerca de las costas de 
Cuba en ese tiempo. I>ebe, sin embargo, mencionarse el 
que ocurrió dentro del puerto del Mariel el 25 de agosto 



*9 V. en el Arch. de Ind. de Sevilla el Rey las autoridades de América. Se- 

en el núm. 7616 de los leg. trasladados gun el mismo documento y otros de 

del de Simancas, el parte oficial que fines de aquel año , pasaban de veinte 

de este encuentro comunicó Guazo al las presas cogidas á los contrabandistas 

ministerio en 30 de diciembre de 1720, ingleses por los corsarios y guarda-cos- 

no entendií^ndose ya directamente con las de Cuba. 



I 



t)E LA ISLA DE CUBA. 5^9 

de 1722. Sabedor Guazo de que varios interesados de 
la Habana esperaban recibir allí alijos de importancia, 
estableció con la mayor reserva su vijía, y noticioso de 
que el 23 echaban allí el ancla dos balandras escoltadas 
por un navio de guerra inglés, en la noche del 24 des- 
tacó dos guarda-costas y dos piraguas armadas con Men- 
dieta por un lado, y por tierra dos compañías de la 
guarnición y otra de milicianos. El navio , después de 
un combate de dos horas, salió muy lastimado de la 
bahía cuando Mendieta se preparaba ya á abordarle ; y 
las balandras cargadas de ropas fueron apresadas con 
nueve ingleses muertos y veinte y dos heridos sin per- 
der los españoles mas que siete. 

Ademas de emplear estas medidas represivas contra 
el trato ilícito, creyó el ministro de Hacienda Patino dis- 
minuirlo, ampliando en América la importación de gé- 
neros de la metrópoli y extendiendo á una nueva com- 
pañía de comerciantes de Guipúzcoa los derechos que 
solo disfrutaban los de Cádiz y Sevilla. Se permitió tam- 
bién á unos y á otros que despachasen buques sueltos 
fuera de las épocas determinadas para la salida de las 
flotas. Ese principio de franquicia , aumentando también 
las comunicaciones con los países coloniales , produjo re- 
sultados favorables para el comercio y el erario, sin 
disminuir por otra parte la importancia de las extraccio* 
nes llevadas por las ñolas. Solo las que de Veracruz 
retornaron á Cádiz en 1720, 21 y 22 con D. Baltasar 
de Guevara, D. Fernando Chacón y el mismo Gueva- 
ra , importaron en España por mas de cuarenta millones 
de pesos de valor entre efectos y caudales para la Ha- 
cienda y los particulares , siendo el primero de aquellos 
portador de las joyas y presentes que, por la vía de 



35o HISTORIA 

Manila y Acapulco, dirigió á Felipe V el rey de Siam. 

A pesar de esas ventajas y de la mayor regularidad de 
los situados, no siempre fué tan puntual el virey de 
Nueva España con los que consignaban á la Habana para 
compras de tabaco. Estrechado el factor general entre 
esta falta y el deber de completar las remesas ofrecidas 
á Sevilla , recurrió al arbitrio de aceptar pagando á pla- 
zos, y, por consiguiente á mayor precio, algunas exis- 
tencias que los traficantes de la plaza le vendieron. Desde 
el 1 7 de noviembre de 1 720 habia el Rey condescendido 
con las representaciones razonadas del obispo Valdés y 
de Bayona, facultando á los comerciantes para que pu- 
diesen comprar y enviar al continente , y aun á España, 
todo el tabaco que sobrara después de cubiertos los pe- 
didos de las factorías. Y precisamente esa providencia, 
dirigida á extinguir de una vez el espíritu de sedición 
de los vegueros, originó que se encendiese tres años 
después con mas violencia. No era el labrador sino el 
especulador el favorecido ahora, permitiéndosele acopiar 
un género que podia vender mas caro, cuando por los 
apuros de las cajas no pudiese el factor pagarlo de con- 
tado. No aumentándose la cantidad que para ello se si* 
tuaba, ni disminuyéndose tampoco las remesas á Sevilla, 
menester era que se reparase el desnivel adquiriéndose 
el fruto de los cosecheros á un precio menor que el de- 
signado en las tarifas. 

A principios de febrero de 1723 algunos especulado- 
res , lastimados de no haber sido admitido su tabaco 
en los galeones de Guevara que otra vez regresaron 
para España, divulgaron la dañina especie de haberse 
nuevamente decretado un estanco absoluto de aquel gé- 
nerOi Unida esa falsedad al mal efecto causado en los 



DE LA ISLA DE CUBA. 53l 

vegueros por alguna que otra compra baja á los mas ne- 
cesitados, fácilmente trocaron en abierta rebelión su 
descontento los de San Miguel , Guanabacoa y Jesús del 
Monte, concertándose de antemano para desechar toda 
proposición de compra que no fuera superior , ó cuando 
menos igual al precio señalado en las tarifas. Unos qui- 
nientos , casi todos montados y con armas , acudieron el 
18 á destruir las sementeras de Santiago y Bejucal, cu- 
yos labradores mas menesterosos habían vendido á bajo 
precio sus manojos, ün estanciero, llamado Nicolás Ro- 
driguez, dio cuenta al gobernador de estas violencias, 
añadiéndole que los sediciosos pasaban ya de mil, distri- 
buidos desde el puente de Calabazal hasta Santiago, con 
miras de marchar sobre la plaza. Resuelto Guazo á ano- 
nadar la_ sedición de un solo golpe , no permitió esta ^ 
vez que la aplacaran con pláticas ni condiciones. Dis- 
puso que á las nueve de la noche del 20 de febrero de ' 
1723, el capitán de caballos D. Ignacio Barrutia con su 
fuerza montada y dos compañías de infantería, marchara 
sobre Santiago silenciosamente y por veredas desusadas, 
debiendo caer al aclarar sobre los sublevados. Barrutia 
cumplió sus instrucciones con vigor y diligencia. Al 
amanecer del 21 , así que descubrió junto á Santiago á la 
chusma que , sin ordenamiento ni concierto , se disponía 
á marchar para la Habana , se adelantó con algunos gi- 
netes á intimar á los sediciosos que en el acto y sin con- 
dición regresaran á sus casas, entregando sus arcabuces 
y escopetas. Contestáronle con una descarga á quema 
ropa que solo le mató un caballo é hirió á un hom- 
bre; y en el acto salieron de una emboscada los demás 
ginetes á caer espada en mano sobre el paisanaje mu- 
cho antes de que llegaran los infantes. La precipitación 



S32 HIStORÍA 

con que se dispersaron huyendo en todas direcciones los 
vegueros, no permitió que resultaran de la carga mas 
que un muerto , algunos heridos y doce prisioneros ^^ 

A estos los declaró al instante Guazo incursos en las 
penas señaladas en sus bandos contra los que opusieran 
resistencia á las armas de S. M. Fueron ahorcados en 
presencia de Barrutia en la misma mañana del 21 ; y no 
contribuyó poco el espectáculo de sus cuerpos pendien- 
tes todo un dia de los árboles de Jesús del Monte, á que 
renacieran para siempre la obediencia y la sumisión en- 
tre los campesinos. Ejemplar sensible , pero saludable, 
que preservó de una vez á la isla entera de un género 
de conmoción muy peligroso , por mas que ennegrecie- 
ran luego una medida de justicia absoluta y necesaria 
los resentidos y parciales. 

En el resto de la época de Guazo no ocurrió mas 
incidente señalado que el sangriento encuentro soste- 
nido por Mendiela con su goleta guarda-costas contra 
un buque holandés, cargado de ropas y cacao, junto á la 
bahía de Manzanillo. Apresóle la goleta el 12 de diciem- 
bre después de una refriega de tres horas y de haberle 
muerto á diez y seis y herido á veinte de los setenta 
hombres de la tripulación contrabandista, reduciéndose 
la pérdida de los aprehensores á solo cuatro heridos y 
tres muertos. 

Cuando ya permitían las paces generales que disfru- 
tara Felipe V de un poder conquistado á fuerza de guer- 

20 V. en 6l Arch. de Ind. de Sevi- la consulta en que el Consejo de Indias 

lia el parte oficial que de esta última aprobó sus providencias , aunque sü 

sublevación de los labradores de tabaco fiscal habiá pedido que se depusiese á 

dirigió Guazo al ministro Patino en 15 aquel capitán general y se le multara 

de mayo de 1723. Es larga. Se halla con una suma suficiente capara amparar 

extractada en la G. del A. y seguida de á las \iudas de los ajusticiados. »> 



DE LA ISLA DE CUBA. 333 

ras y de afanes, causó asombro general en sus dominios 
que en la mejor edad para regirlos, abdicara la corona 
en el hijo primero de su enlace con la esclarecida Luisa 
de Saboya. Una misantropía inherente á su mismo tem- 
peramento , le determinó á consagrar á la devoción y 
sencillas distracciones el resto de su vida en su suntuoso 
asilo de la Granja ó de San Ildefonso; y á los diez y 
siete años le sucedió en el trono Luis L A fin de marzo 
proclamó Guazo en la Habana al nuevo Rey, celebrán- 
dose públicos festejos. 



CAPÍTULO DUODÉCIMO. 



Gobierno de D. Dionisio Martínez de la Vega. — Muerte de Luis I y segunda su- 
bida de Felipe V al trono.— Astillero y luego arsenal de la Habana.— Primeras 
construcciones navales de guerra. —Nuevo rompimiento con Inglaterra.— 
Nuevas obras de defensa. — Refuerzos enviados á la Habana con D. Gregorio 
Guazo y muerte de este general. — Infructuosos esfuerzos de una escuadra in- 
glesa para apoderarse de los caudales de América. — Representación de Vega 
contra los contrabandistas de Puerto-Principe. — Progresos del pais. — Muerte 
del obispo Valdés.— Fundación de la universidad de la Habana. — Hoyo Solor- 
zano, gobernador de Santiago. — Su deposición , fuga á Puerto-Príncipe y 
demás vicisitudes. — Quítase á los ayuntamientos la facultad de distribuir mas 
mercedes de tierras. — Gobierno de D. Pedro Giménez en Santiago. —Turbu- 
lencias de los mineros del Cobre. — Representación del canónigo Morell de 
Santa Cruz sobre esta ocurrencia.— Rigor de Jiménez con los mineros. — Esta- 
blecimiento de los PP. Jesuítas en la Habana.— .Estragos que padece Matanzas 
con un huracán.— Progresos del astillero de la Habana. — Fundación de Santa 
María del Rosario. 



Teniendo Guazo cumplido su tiempo de gobierno vino 
á relevarle el 29 de setiembre de 1724 D. Dionisio Mar- 
tinez de la Vega \ brigadier reciente , en quien contras- 
taba la dulzura del carácter con el ceño que imprimian 
á su rostro honrosas cicatrices. Desde el 5 de mayo del 
año anterior habia sido igualmente reemplazado en el 
gobierno de Santiago D. Mateo López de Cangas por el 



* V. su única biog. , pág. 641 y 642, tomo IV, Dic. Geog., Esl., Hist. de la 
Jsla de Cuba , ^OT e\ A, 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 55S 

coronel D. Carlos Sucre ^, natural de Venezuela , muy 
popular allí y en otras partes. 

Sin cumplir ni ocho meses de reinado, unas viruelas 
malignas arrebataron el 31 de agosto al joven rey 
Luis 1, volviendo á empuñar el cetro español las manos 
de su padre. En la Habana no se alzaron por segunda 
vez pendones por Felipe V hasta el 18 de abril de 
1 725 : tan escasas y tan lentas seguían siendo aun sus 
comunicaciones con España. 

Aunque discorde con su antecesor en muchos puntos, 
imitóle Vega á los principios de su largo mando en la 
persecución del tráfico extranjero. De propiedad del 
gobierno , no quedaban ya en la Habana mas que el 
guarda-costas y las piraguas qu^ solia mandar Mendieta. 
Los demás barcos corsarios se hablan perdido ó destinado 
á otros objetos por sus dueños. Reconociendo la necesi- 
dad de reponer buques bastantes para un servicio tan 
activo, donde los elementos para construirlos no esca- 
seaban , resucitó aquel gobernador con ahinco un expe- 
diente propuesto en 1 71 3 por D. Andrés de Arrióla para 
la creación de un astillero en la Habana. Aunque acep- 
taron ese proyecto el Consejo de indias y el general don 
Antonio Gastañeta % á la sazón de gran mano en la arma- 



' 2 Se reQeren frecuentemente á este casó con el segundo marqués de San 
jefe las relaciones y apuntes sobre la Felipe y Santiago, 
catedral y gobernadores de Cuba por el s Uno de los mas distinguidos gene- 
obispo Morell de Santa Cruz , y muchos rales de la marina española en la época 
papeles de este tiempo. Fué muy apre- moderna. Entre algunas biografías su- 
dado en la Habana y en Madrid, donde yas, la mas autorizada y razonada es la 
residió largos años y murió siendo bri- que contienen las págs. 133 , 134 , 135, 
gadier. Hace algunos que nuesiro di- 136 y 137 del primer tomo de la Bibl. 
funto amigo D. Andrés de Arango po- Marilima Españda, obra postuma de 
seiaensucasa de esta corte un buen D. Martin Fernandez de Navarrete, 



retrato poeláneo de Syicre, cuya bija se 



536 HISTORIA 

da, quedó sin ejecución hasta principios de i 725, en que 
cedió el ministro Patino á las instancias de Martinez de 
la Vega y á las demostraciones del despejado comisario 
de marina D. José del Campillo y Ocio \ que habia re- 
gresado á España de aquel puerto , donde permaneció 
como dos años, ocupándose en estudiar y proponer los 
medios y la forma de plantear aquel útil pensamiento. 
Desde entonces permitió el Rey la construcción continua 
de buques de guerra en aquella capital , y recibieron 
orden las cajas de Méjico para pagar, de la misma ma- 
nera que las demás cargas de la isla, el presupuesto de 
la maestranza de operarios que propusieron D. Fer- 
nando Chacón, Arrióla y el mismo Castañeta. 

Durante los primeros años se establecieron los ta- 
lleres en la ribera de la bahía que media entre la 
Fuerza y el edificio actual de la Intendencia. Pero sin 
que fues3 aun considerable el movimiento de buques 
en el puerto , oponía tales embarazos la construcción al 
comercio en aquel sitio , que unos diez años después se 
levantaron otros talleres en mayor escala, en el que se 
destinó luego á arsenal, en el mismo que engrandecido 
después, sigue ocupando tan importante y vasta depen- 
dencia marítima. Con su mando corrió desde un princi- 
pio un jefe de la armada, auxiliándole algunos oficiales; 
y con su administración , un comisario de marina y 
varios dependientes. Fué el primer capitán de la maes- 
tranza un práctico marino que vivia en la Habana , lla- 
mado Juan de Acosta. A proporción de sus recursos y 
sus brazos ningún establecimiento de su clase preludió 
bajo auspicios mas felices. En menos de tres años tres 

* V. su biografía al Gnal del capítulu siguiente, 



DE LA ISLA DE CUBA. S57 

navios de guerra de á cincuenta piezas, el San Juan, el 
San Lorenzo y el Retiro, se deslizaron de sus gradas á 
reforzar el poder y el brillo de la armada. Así que se 
reconoció la superioridad de su andar y la solidez de sus 
maderas , acaloró el ministro Patino la construcción de 
mas bajeles en el nuevo arsenal, llamado astillero «n sus 
primeros tiempos. Recibió nuevos é inteligentes opera* 
rios; y aumentada considerablemente su maestranza, al 
cabo de seis años engrandeció aquel establecimiento á 
la marina nacional con seis navios mayores , el Fuerte, 
el Constante, el África , el Europa de á setenta, el San 
Dionisio de á cincuenta y cuatro , y la Virgen del Car- 
men de á sesenta y cuatro. Construyéronse también al 
mismo tiempo la fragata Santa Bárbara ó la Chata, de 
á veinte y dos piezas , y los paquebotes Triunfo , Marte 
y Júpiter, de á diez y seis, buques ligeros, muy comu- 
nes ya en Francia é Inglaterra, que empezó á aplicar 
Patino al servicio de correos marítimos y de comuni- 
cación entre los puertos de las posesiones de Ultramar. 
Cuando parecía que terminaban los acuerdos de una 
paz duradera y general entre las potencias europeas, se 
suspendieron de repente al principiar el año de 1726, 
trasluciéndose un secreto convenio que en 5 de no- 
viembre anterior había Felipe V celebrado con su antiguo 
enemigo el emperador de Austria. Firmóle en representa- 
ción de España el holandés Ripperda ^ tan célebre por su 
extraña elevación y pronta caid§, como por sus vicisitu- 
des singulares ; volviendo así á encender otro extranjero 

^ De este célebre industrial político sonde Bourbon, par AVilliam f.ooxe; 

que tantos imitadores ha tenido en toda en la nisloria de España, por Lafuente, 

Europa y en España, abundan noticias y en muchas publicaciones nacionales y 

ea L' Espagne sous les Rois de la mai- extranjeras, 

HIST. DB CUBA.— TOMO II. — 22 



338 HISTORIA 

la misma llama pocos años antes atizada por la ambi- 
ción revoltosa de Alberoni. 

Aunque Vega no recibió avisos oficiales de la proxi- 
midad del nuevo rompimiento, sino cuando se aparecia 
ya 4)or las Antillas la escuadra inglesa que mandaba 
Hossier®, logró comunicarlos con la mayor presteza á 
Veracruz y Cartagena para que se retardara la salida 
de las flotas , que nunca hablan cargado caudales tan 
importantes como en aquel año. Por la diligencia de un 
paquebot despachado de la Habana, los de Tierra-Firme 
y el Perú que pasaban de treinta millones de pesos, se 
aseguraban en Panamá , cuando se presentó Hossier á 
bloquear aquellos puertos, permaneciendo en largo y 
ridículo crucero por sus aguas, mientras diezmaba el 
clima sus tripulaciones y cgncluian también con su pa- 
ciencia los sarcasmos y burlas de los españoles. " 

El activo Guazo se habia ocupado mucho en corregir 
defectos de las obras de la plaza, aumentando troneras 
y aun baterías en los castillos y reformando lienzos ente- 
ros de muralla. Ahora era natural que á los cuidados que 
inspiraba la vecindad de un enemigo poderoso , acom- 
pañaran las precauciones á semejantes casos aplicadas. 
Armamentos superiores al de Hossier en el número de 
buques se habian conocido en las Antillas, pero no ba- 
jeles del porte y fuerza que los suyos, flotantes y veloces 
fortalezas de mas de mil y quinientas toneladas, de tres 
puentes, con tres órdenes de cañones del calibre de 
veinte y cuatro en cada banda y mas de seiscientos tri- 
pulantes entre marinos, soldados y operarios. Señora ya 



^ W. Charnock's, Biographia Na- rals, etc., y Goxe» L' Espagne sour les 
valis; Campbell's , Uves of ihe Admi- rois de la maison de Bourbon- 



DE LA ISLA DE CUBA. 339 

en aquel tiempo de los mares y aventajada en industria 
naval á las demás naciones , la Inglaterra empezaba 
entonces á reemplazar con verdaderos navios de guerra 
á los antiguos buques de alto bordo. 

Fiando poco Vega de la resistencia del Morro y de la 
Punta , si intentasen los navios de Hossier forzar la en- 
trada de la bahía , se decidió con presteza á fortificar 
y artillar sus dos orillas con defensas provisionales hasta 
que pudieran volverse permanentes. Sin fondos para esos 
gastos imprevistos , pero muy favorecido por el obispo 
Valdés y los municipales , no le fué difícil emprenderlas 
con treinta mil jornales que le suministró el vecindario, 
aplicando durante un mes á ese trabajo mil esclavos de 
los dueños de fincas mas pudientes. Veamos cómo con 
esas tendencias á la ponderación que no escasean en 
Cuba , ensalzó el servicio que A^ega prestó entonces con 
aquellas obras, el joven regidor D. Sebastian de Penal- 
ver Ángulo en la sesión municipal de 2 de agosto de 
1 726 ' : « A su buena disposición se debe todo ; pues 
i> aunque manda con la seriedad que basta á no menos- 
» cabar su respeto, es con tal blandura y atención, que 
» no solo es dueño de todos los individuos, sino de todos 
» sus corazones: que esto confiesa sin violencia el pueblo 
» á gritos y que se sacrificarán gustosos en defensa de 
)) la patria. El cabildo debe dar gracias á S. M. por ha- 
» bernos enviado por jefe á un oficial en quien concur- 
» ren todas las buenas partes que el pueblo admira y 
» publica, mayormente en la presente ocasión que con 
» vigilancia y desvelo está todo entregado á la fatiga de 

' VV. los lib. de actas del A y. de la Habana, y los cuad. de la antigua 
escrib. de gobierno. 



540 HISTORIA 

» marciales prevenciones para resistir cualquiera inva- 
» sion que los enemigos intentasen , como lo evidencia 
í en las fortificaciones que se han hecho con toda acele- 
» ración en la marina y boca de este puerto, pues desde 
» el primer aviso hasta el dia de hoy se halla perfecta- 
» mente acabada la batería de San Antonio de Pádua y 
» la cortina de fagina y merlones de diez y ocho pies de 
i) espesor desde el castillo de la Punta hasta la puerta de 
» la plaza, en donde se hizo la batería de San Dionisio. 
» Y de la otra banda del puerto se hizo otra nombrada 
» la Divina Pastora ; y en dicha boca del puerto una ca- 
» dena tan fuerte de madera y tres ramales de hierro 
» que parece insuperable, como también en el puesto 
» avanzado de la caleta de Sctn Lázaro; habiendo con- 
» currido el limo. Sr. Maestro D. Gerónimo Yaldés con 
í su clero, y que á sus expensas levantaron fagina y tierra 
» para fortificarlo. También ^e ha fortificado con parape- 
j> tos el puerto de Bacuranao por la parte de barlovento 
1» por los vecinos y moradores de Guanabacoa , á cargo 
» del sargento mayor de aquel partido D. Francisco Gon- 
» zalez Carvajal. De modo que por todas partes queda 
i) la isla capaz de una regular defensa. » Este era enton- 
ces el lenguaje del mismo á quien en dias menguados 
escogió por instrumento el extranjero para oprimir y 
esquilmar á sus conciudadanos. 

Mas confianza aun que las defensas nuevas vino á ins- 
pirar con su presencia la escuadra de D. Antonio Gas- 
lañeta, que fondeó en la Habana el 1 3 del mismo mes 
con dos mil hombres que mandaba el mariscal de campo 
D. Gregorio Guazo, nombrado comandante general de 
las Antillas españolas, con órdenes para que sus gober- 
nadores y los del litor9l del continente le estuviesen 



DE LA ISLA DE CUBA. 341 

sometidos en la parte militar. Turbó su aparición en ese 
puesto superior, los que precisamente entonces le ata- 
caban en los autos de su residencia. Pero duraron poco 
sus temores. Enfermo ya en el viaje Guazo, se agravaron 
en tierra sus dolencias y murió catorce dias después de 
su llegada, recayendo el mando de las tropas en su 
segundo el brigadier D. Juan de Andía, marqués deYilla- 
hermosa. En cuanto espiró aquel general á las cinco de 
la larde del 29, el licenciado D. Miguel de Tapia, uno 
de sus mayores protegidos, se acogió á sagrado en San 
Francisco, temeroso de las amenazas de Vega , contra 
quien habian atizado sus indiscreciones el resentimiento 
del difunto. 

* Después de reforzar á la guarnición de Santiago y 
completar la de la Habana , á pesar de las bajas de los 
recien venidos con las fiebres y disentería , ocasionadas 
por el abuso de las frutas, permaneció en la plaza Villa- 
hermosa pendiente del regreso de la escuadra. Entre- 
tanto, su comandante Gastañeta , eludiendo con sus mo- 
vimientos la persecución de Hossier, llenaba su objeto 
principal en dos campañas breves y felices á Cartagena 
y Veracruz , depositando sucesivamente en el castillo de 
la Fuerza los treinta y un millones de pesos de Panamá 
y diez y ocho más de Veracruz, Honduras y Campeche. 
Aprovechando Hossier el regreso de Gastañetü á Vera- 
cruz escoltando los Azogues, reforzó precipitadamente 
sus tripulaciones en Jamaica ; y se presentó sobre la Ha- 
bana el 27 de abril (1727) con seis navios de guerra y 
doble número de bergantines y fragatas. Era su designio 
principal arrebatar los caudales de un golpe de mano ; 
sin presumir, hasta que le desengañó su propia vista, 
que estaban prevenidos para defenderlo mas de tres mil 



542 íiisTotiiA 

soldados y cerca de dos mil de las milicias. Una semana 
entera empleó Hossier ^ en cruzar por las aguas de la 
plaza y reconocer las radas y surgideros mas vecinos, 
anticipadamente guarnecidos todos. Dirigióse luego aquel 
almirante á esperar á Gastañeta ; y al ver que seguian 
las fiebres consumiéndole soldados y marinos en un cru- 
cero inútil, sin reportar ventaja alguna la Inglaterra de 
la costosa empresa que le habia confiado , él mismo 
sucumbió á su abatimiento. Según escritores compatricios 
suyos , Nelville, otro almirante inglés % habia sucumbido 
también á fines del anterior siglo, al pesar de que no le 
permitieran escoltar á Cádiz los caudales de América ; 
y á Hossier ^^ le mató ahora el de no lograr arrebatar- 
los. Aunque las causas aparezcan tan diversas, si fué quef 
no murieron ambos de dolencia física , puede sospechar 
la historia que la causa moral de la muerte del segundo 
fuese la misma que la del primero. 

La caida estrepitosa de Ripperdá , la muerte de Jor- 
ge I de Inglaterra y la mediación conciliadora de la 
Francia consiguieron que se firmasen en Paris, el 31 de 



* VV. las comunic. ofic. de Marti- que solo en las cajas de Cartagena de 
nez de la Vega, Andía y Gastañeta ai Indias ingresaron trescientos cuatro mil 
Ministerio en el Arch. de Ind. de Se- pesos de aquella procedencia, sin con- 
Tilla. La mas detallada es la escrita tar otras considerables cantidades reci- 
por Vega en 16 agosto 1727, en el nú- bidas en Veracruz y la Habana por re- 
mero 7616 de los leg. llevados de Si- mate ó venta de barcos y cargamentos 
mancas. apresados. V. en el Arch. de Ind. de 

^ VV. Charnock, BiograpMa Nava- Sevilla entre otros doc. referentes al 

lis, y Campbell's, Livesofthe Admiráis, mismo asunto del leg. 7616 de los lle- 

*° Lejos de obtener alguna ventaja vados de Simancas, la carta del gober- 

los ingleses quebrantando la paz con nador y of. reales de Cartagena dirigida 

aquellas hostilidades, lograron contra al ministro Patino en 16 de setiembre 

ellos tan valiosas presas los buques de de 1727. 
guerra y los guarda-costas españoles, 



DE LA ISLA DE CUBA. 343 

mayo, los preliminares de una paz , ya dos veces acor- 
dada y otras dos desgraciadamente interrumpida. 

Las pocas fuerzas del marqués de Villahermosa que 
quedaban en la Habana, después de reforzada su guar- 
nición , regresaron con Castañeta á la Península ; y no 
siendo ya allí necesaria su presencia , marchó aquel jefe 
el 1 2 de noviembre á embarcarse en el Batabanó para 
ejercer su nuevo cargo de gobernador de Cartagena , con 
el ascenso á mariscal de campo. 

Desembarazado de las inquietudes de la guerra, redo- 
bló Vega su rigor en la persecución del contrabando. 
Menos intolerante con el de la capital , participó al Rey 
que en Puerto-Príncipe " « se hallaba tan arraigado el 
)) comercio con los ingleses y tan viciados sus naturales, 
» que unos y otros concurrian á este exceso ; siendo los 
í> principales directores los mismos alcaldes, sin poderlos 
» contener en sus tratos , así por ser la referida villa 
» de la jurisdicción de Santiago de Cuba , como por los 
» recursos que hacian á la audiencia de Santo Domingo 
» con siniestros informes , y no tener persona que los 
» mandara y contuviese en los abusos á que se propasa- 
» ban. De modo que se pusieron en armas los expresados 
)) alcaldes y vecinos, é intentaron prender á la caballería 
i> con que auxilié al juez de comisión que despachó la 
» misma audiencia para Sancti-Spíritus, por estar im- 
)) presionados de que no tenían acción los gobernadores 
j> de la Habana para 1^ introducción de tropas, etc. » 

Este y otros informes semejantes suscitaron larguí- 
sima polémica entre aquel capitán general y el ayun- 



*' V. en el Arch. de Ind. de Sevilla su comunicación al ministro Patino en 28 
de setiembre de 1728. 



344 HISTORÍA 

taraientode Puerto -Príncipe. Resolvióla al cabo el Con- 
sejo decidiendo que declarase el Rey en cédula de 
19 de setiembre de 1733, « que para evitar los ilícitos 
» tratos con extranjeros que mantenía aquel pueblo, nom- 
» brase Vega un teniente á guerra en Puerto-Príncipe y 
» que quedase sujeto su territorio al de la Habana. j> 

La paz y el aumento que con su favor tomó la agri- 
cultura en Cuba permitieron que también progresara su 
comercio en el largo gobierno de Martínez de la Vega, 
cuya duración fué duplicada á petición del ayunta- 
miento de la capital, muy avenido con su dulzura y 
sus condescendencias. 

Murió en ella el recto obispo Valdés '^ á los ochenta y 
nueve años de edad y veinte y tres de mitra, el 29 de 
marzo de 1729, contribuyendo á perpetuar su nombre 
en el país las útiles fundaciones que planteó , además 
de las que quedan referidas. 

Estableció en Santiago de Cuba en 1 722 el colegio se- 
minario llamado de San Basilio Magno , formando el 
edificio con sus propias rentas, é imponiendo doce mil 
pesos para pago de sus cátedras, ademas de una asigna- 
ción de setecientos pesos anuales. 

Erigió una parroquia más en aquella ciudad , la de 
Santo Tomás , y otras muchas en los caseríos y hacien- 
das de los partidos rurales de su territorio. 

Después de morir aquel prelado se realizó otra fun- 
dación de importancia aun mayor y en gran parte de-- 
bida á sus esfuerzos, la de la Universidad de San Geró- 
nimo en la Habana. Desde muchos años atrás eran con- 



*' y. su única biog , págs. 634 y 63o, tomo IV , Dice. Gjogr. , Estad. , Hisl. de 
la Isla de Cuba por el A. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 545 

lados los jóvenes del pais que se dedicaran á las carreras 
literarias, teniendo forzosamente que estudiar y recibir 
sus grados en las lejanas aulas de Méjico, Salamanca y 
Alcalá. Era la necesidad de instrucción en Cuba tan pú- 
blica y sensible , que para empezar á remediarla é in- 
troducir algún gusto por las letras, desde 1688 hábia 
representado el ayuntamiento de la Habana con calor 
que ya era tiempo de dotar de una universidad á una 
ciudad tan importante por su vecindario, su céntrica si- 
tuación y movimiento. Pero ningún fruto lograron sus 
gestiones hasta que , acalorándolas Valdés perseveran- 
temente, consiguió que en 12 de setiembre de 1721 se 
promulgara una bula pontificia permitiendo al fin que la 
orden de PP. Dominicos fundase allí el instituto litera- 
rio treinta años antes reclamado. Aun después de la con- 
cesión, retardaron durante siete años más su ejecución 
las consultas, los traslados y los trámites entre el go- 
bierno, el obispado, la audiencia y el consejo. El auto de 
fundación no se firmó hasta el 5 de enero de 1728 , ce- 
lebrándole entonces los municipales y la comunidad de 
Dominicos en ausencia del obispo á quien ya la decre- 
pitud tenia postrado. Pero sin dotaciones aun, solo á los 
tres años empezaron á funcionar algunas cátedras, las 
de moral , filosofía y cánones, desempeñándolas los mis- 
mos Dominicos , arreglándose los derechos matriculares 
y los estatutos al tenor de los de la universidad de 
Santo Domingo. 

Ya vimos cómo Casa-Torres comisionó en 1715 al 
sargento mayor de la guarnición de la Habana D. Juan 
del Hoyo Solorzano, el corsario español mas temible de 
aquel tiempo, para bucear los cascos de la flota anegada 
en los bancos de Florida. Hoyo, con la diligencia que le 



346 HISTORIA 

distinguía, extrajo y remitió en pocos meses á la Ha- 
bana mas de cuatro millones de pesos en barras y otras 
especies de oro y plata que, depositados en las arcas 
reales, se enviaron luego á España. Pero coincidió con 
ese logro, aunque trasladado inmediatamente á la pe- 
nínsula , que se notase un repentino aumento pecunia- 
rio en la circulación de aquel mercado , sin explicarlo 
ninguna nueva transacción extraordinaria. Ruines en- 
vidias y siniestras denuncias inspiraron á la Contrata- 
ción de Sevilla y aun al Consejo sospechas y conjetu- 
ras nada favorables al que habia dirigido aquella opera- 
ción tan felizmente. A fines de 1716 fueron llamados 
para España tanto él como sus principales auxiliares. 
Pero paralizó la acción de sus acusadores justificando 
su conducta y aun logrando recompensas. Al cabo de 
otros dos años se le ascendió á Hoyo á coronel y al 
gobierno de Santiago de Cuba. Volvieron, sin em- 
bargo, sus acusadores á la carga ; y como las diligencias 
que se reproducían, reclamaban la indefinida perma- 
nencia de los acusados en- España , tres años después, 
como se dijo en su lugar, se nombró al coronel D. Car- 
los Sucre para el gobierno de Santiago hasta que pu- 
diese ejercerlo el propietario. Tenia ya el interino Sucre 
cumplido con ventaja el tiempo designado para los go- 
biernos de Indias , cuando serenada la persecución de 
sus contrarios y favorecido por el ayuntamiento de la 
Habana y por sus mismos jueces , logró Hoyo presen- 
tarse á ejercer sus funciones en Santiago el 10 de mayo 
de 1728 sin estar aun su causa fenecida, y aun sin co- 
nocimiento del capitán general, ni de la audiencia. Sus 
enemigos y sus émulos , aprovechándose de ese descu- 
bierto, lograron que protestase aquel tribunal ante el 



m LA ISLA DE CUBA, 547 

gobierno contra la admisión ilegal de Hoyo , y que re- 
solviera luego esta protesta una real cédula, anulando 
aquel nombramiento y ordenando el regreso de Hoyo 
á España. Aunque el capitán general la recibió y provi- 
denció su cumplimiento , se decidió después á suspender 
la orden , enviando al Rey una súplica elocuente en que, 
ensalzando el municipio de la Habana los servicios de 
aquel audaz soldado, anteponia sus derechos al empleo 
con que el Rey se los había recompensado á los de toda 
posterior denuncia. Lisonjeábase ya Hoyo por lo tanto 
con que la protección del ayuntamiento habanero y su 
porte en el gobierno de Santiago conseguirían la revo- 
cación de la real cédula , cuando se apareció en aquel 
puerto con la comisión de darle cumplimiento frey don 
Antonio Escudero que venia de Cartagena mandando los 
galeones, muy resuelto á aprisionar, no solo al gober- 
nador intruso, sino á Sucre, que allí permanecía aun, y á 
los individuos del ayuntamiento que lo recibieron. Fugá- 
ronse los más. Atropello á caballo y espada en mano el 
mismo Hoyo á los marinos que de orden de Escudero 
fueron á prenderle y salió de la ciudad á la carrera, lle- 
gando casi sin hacer alto á Puerto-Príncipe, que depen- 
día aun de aquel gobierno. Como perseguidor del con- 
trabando, natural era que contase mas desafectos que 
amigos en un pueblo dedicado todo á tráficos ilícitos. Pero 
con su desenvuelto genial y gallardía, se ganó la voluntad 
de sus moradores de tal suerte, que el 24 de agosto 
apedrearon á la compañía de caballos de la Habana que 
de orden del capitán general marchó prenderle, pro^ 
nunciándose en público motín, acompañado de muertes 
y desgracias. Hoyo , sin embargo , fué cogido y remitido 
al Morro cargado de prisiones» Dos años enteros per- 



348 HisforuA 

maneció encerrado en aquella fortaleza hasta que se le 
envió á España con la escuadra de D. Manuel López Pin- 
tado, que el 1 5 de febrero de 1732 tuvo que tocar en el 
Guarico. Teniendo Hoyo amistades en todos los puertos, 
algunos le ayudaron allí á fugarse en la noche del 17 á 
una balandra corsaria que en aquellas aguas mandaba 
un hijo suyo. Se circularon á todos los gobiernos de 
Indias las mas estrechas órdenes para su captura y remi- 
sión á la cárcel de Sevilla. Pero hasta se dudaba ya de 
su existencia, cuando el 6 de marzo de 1734 fué des- 
cubierto y sorprendido en una estancia cerca de Santa 
Cruz de Mopox, pequeña población de Venezuela. Des- 
pués de muchos sinsabores sucumbió Hoyo en Madrid 
algunos años después á sus humillaciones y miserias *^ 
Peor parado aun que en lo de su intercesión en favor 
de Hoyo, salió el ayuntamiento de la Habana en otro punto 
que afectaba mas de cerca á sus prerogativas. Queda 
dicho que desde mediados del siglo xvii habia puesto 
la corona cortapisas á su antiguo privilegio de mercedar 
tierras, cuando las tenian ya casi todas distribuidas entre 
sus propios regidores. Después se formaron algunas 
haciendas acotadas hacia la parte occidental de la isla; 
y habiendo fallecido sin sucesión muchos usufructuarios 
de las antiguas , continuó otorgando aquel cuerpo nue- 

" Las causas formadas á Hoyo So- oficiales de Casa-Torres, Raja, Guazo 
lorzano por supuesta usurpación de y Martínez de la Vega, que existen en 
algunos de los valores que buceó en el el Arcb. de Ind. de Sevilla, de la Relaz 
Palmar de A iz y por su informal toma cion de los gobernadores de Santiago 
de posesión del gobierno de Santiago, de Cuba, ^por el obispo Ü. Pedro Mo- 
no se hallaban en el Arch. del extin- rell de Sania Cruz y de otros papeles 
guido Consejo de Indias antes de ser de este tiempo , como los libros de ac- 
trasladado al de Sevilla. Todas las vi- tas de los ayuntamientos de Santiago de 
cisitudes de Hoyo que refiere el texto, Cuba, Puerto-Príncipe, etc, 
están sacadas de las comunicaciones 



DE LA ISLA DE CUBA. 349 

vas adjudicaciones de terreno? á otros. Luego creció su 
prodigalidad en esos repartos desde que vino á presi- 
dirlo un funcionario tan accesible á sus pretensiones 
como Vega. Llegó ese abuso á noticia del Consejo , y 
con consulta suya descendió en 23 de noviembre de 
1729, una real cédula prohibiendo á todos los ayunta- 
mientos de Cuba, que en lo sucesivo confiriesen nuevas 
mercedes de terrenos y solares. No se dieron sin embar- 
go los municipales por vencidos. En 1 de junio de 1 730, 
expusieron al Rey en una extensa carta «que desde la 
» fundación de la república habian poseido el privilegio 
» de repartirlas en fuerza de lo prevenido por leyes y rea- 
j) les cédulas; que se habian seguido los favorables efec- 
» tos de haberse abastecido de carnes y ganados las pla- 
)) zas vecinas, las armadas, las flotas y galeones, Azogues 
» y Rexistros; y que suplicaban á S. M. les mantuviese 
í en la facultad de los referidos repartimientos. » Por 
mucho que apoyasen esta gestión Vega y los activos 
agentes que abogaban en la corte por los municipios, no 
lograron mas que retardar algunos años su mal éxito, 
laformó después sobre la pretensión en términos muy 
opuestos á los de Vega su sucesor en el gobierno; y en 
16 de febrero de 1739 declaró el Rey, después de oido 
al Consejo, <íque se abstuviesen (los capitulares) en 
» adelante de conceder mercedes de tierras y solares 
)) como estaba prevenido, considerándose los graves 
» perjuicios que podian resultar de la facultad que ha- 
» bian tenido por las Ordenanzas municipales, no solo 
» por las muchas mercedes de tierras hechas , dando 
» lugar á que se hallasen sin ejidos, ni donde pastar el 
» ganado para el matadero , sino por haber cesado la 
» necesidad que qrgia en lo primitivo del establecimiento 



5S0 HISTORIA 

» de hatos y distribución de solares con los copiosos que 
j) se habian concedido sin mas fábricas que unos colga- 
2> dizos expuestos á los incendios. » 

Desde entonces quedaron, pues, los municipios de la 
isla privados con justicia del mas fructuoso de sus pri- 
vilegios , del que solo habia servido para enriquecer á 
algunas familias sin haber por eso enriquecido al suelo. 

Cuando Hoyo se fugó de Santiago, se encargaron allí 
del gobierno político los alcaldes ordinarios D. Francisco 
Ramos Ferrer y D. Mateo Palacios Salduntur, y del mili- 
tar el sargento mayor D. Tomás Cortés, hasta que en 6 
de octubre de 1 729 comenzó allí el coronel D. Pedro 
Giménez á ejercer un mando que tampoco anduvo exen- 
to de desavenencias y alborotos. Poco antes habia sido 
declarado aquel gobierno propiedad de los capitanes sa- 
lientes del regimiento de guardias de infantería española, 
que eran coroneles vivos del ejército ; y bajo este con- 
cepto recayó en Giménez. 

Ya vimos el lastimoso estado en que quedó durante 
el de Magaña el negocio de las minas del Cobre , cega- 
das las excavaciones por falta de instrumentos y declara- 
dos esclavos del Rey en cobro de fianza los doscientos 
setenta y cinco individuos de toda edad y sexo que pro- 
cedian de la sucesión del antiguo contratista Eguilúz. 
Por desanimadores que fuesen los precedentes de aque- 
llos criaderos, su perspectiva siempre era tan bella que 
á principios del siglo xviiise hicieron cargo de explotar- 
los otros especuladores, entre ellos un D. Francisco Del- 
gado, vecino de Santiago, pero bajo la cláusula que le 
permitiesen evadirse del contrato cuando no correspon- 
dieran los provechos á sus desembolsos. Tampoco consi- 
guió ventajas; y quedando casi abandonado el laboreo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 551 

En los largos intervalos entre unos y otros contratistas, 
pudo aquella corta tribu de negros y mulatos crecer con 
rapidez, trabajando por cuadrillas de quince en quince 
días, y bajo la dependencia de los gobernadores que rara 
vez intervenian ni examinaban los trabajos. 

Aunque parezca sospechoso el testimonio de un ecle- 
siástico prevenido contra aquel gobernador por su arro- 
gancia y la poca mano que en lo temporal dejaba á los 
del clero; aunque mas que de su severidad y de su du- 
reza, procediera la sedición de los mineros del ejemplo 
de recientes alzamientos de negradas que poco antes 
ocurrieron por desidia de sus dueños y flojedad de Vega 
en reprimirlos, dejemos que el canónigo de Santiago don 
Pedro Morell de Santa Cruz nos la refiera en el parte 
que en 26 de agosto de 1731 elevó al Rey. de la ocur- 
rencia ^K 

« En cumplimiento de mi obligación paso á noticia de 
» V. M. como los vecinos de Santiago del Prado , ne- 
» gros y mulatos esclavos de V. M., se sublevaron el 24 
» de julio retirándose al monte con sus armas. Divulgóse 
» esta novedad; y cuando esperaba yo que el goberna- 
)) dor ganase tiempo para el reparo de la materia, se le 
» dio tan poco cuidado, que la dejó correr sin hacerse 
» cargo de su gravedad, hasta que reconociéndola, puso 
» algunos remedios para suavizarla. Pero viendo que no 
» surtia efecto, consultó al ayuntamiento, y se acordó lle- 
» var los autos á los abogados que hay en esta ciudad 
» para que expusiesen sus dictámenes. Redujese el mió 
» á que se atendiera con brevedad á extinguir la suble- 
» vacion, poniendo á aquellos vecinos en el corriente que 

'* V. el orig. en el Arch. de Ind. de Sevilla , y cop. en la colee, del A, 



552 HISTORIA 

» en los demás gobiernos habian tenido , y cesando en 
> las providencias que en este se habian dado, i» 

<r Agradó á todos su contexto y comenzóse á practi- 
» car su disposición, nombrando por mediadores de la 
» paz á los regidores D. José de Losada y D. José de 
» Hechavarría. Partiéronse á dicho pueblo; y después 
» de varias conferencias que tuvieron con algunos de sus 
» vecinos, que estando en los montes vinieron á su 
i> mandado, no pudieron conseguir su reduxion ni mas 
7> esperanza que la que pudo darles la insinuación que 
)) ellos mismos hicieron de que pasara yo á explicarles 
» algunas dudas que padecían. Sin embargo de que 
» contemplaba que en condescender á esta súplica haria 
)> un servicio especial á ambas Majestades, no quise mo- 
j) verme sin enterar primero al gobernador del fin de mi 
í marcha. Dióme las gracias y estimulóme á la ejecu- 
» cion con sus expresiones. Pasé á dicho pueblo y volví 
» sin haber surtido efecto mis buenos deseos; por que 
» encontré en dichos esclavos un dehrio en que con la 
» dilación y la ociosidad habian dado, que se reduela á 
» decir que eran libres ; que la real cédula en que 
» constaba serlo, la habian ocultado los regidores de Cu- 
jí ba. Esto decian unos; pero otros , aunque no se apar- 
» taban de esta proposición, fundaban su libertad en la 
» mala inteligencia de una real cédula que se expidió 
» en tiempo del arrendamiento que de dichas minas hizo 
» D. Francisco Delgado. Aunque se la expliqué repetidas 
» veces, no pude sacarles de su error, porque á lo corto 
» de su entendimiento, se anadia el ansia de su libertad; 
í> y así todo lo que no era hablar á favor de ella, les 
» causaba risa. Retíreme á mi casa con bastante des- 
«consvielo, haciéndome cargo de los perjuicios que 



DE LA ISLA DE CUBA. 353 

» amenazaban á esta república y á toda la isla, si per- 
» manecian en su obstinación ; di cuenta al gobernador 
» del ningún fruto de mis trabajos; y aunque se inclinaba 
» á valerse de las armas , quiso Dios que consultara de 
D nuevo al ayuntamiento. Respondióle este que conti- 
3) nuara en los medios suaves, volviendo los comisiona- 
» dos en mi compañía á instar y persuadir con el arbi- 
» trio y jurisdicción que se necesitara. Abrazó el gober- 
» nador este dictamen y se logró la pacificación de aquel 
í pueblo el 1 8 del corriente. » 

» No dudo que el gobernador procurará indemnizarse 
j> reduciendo á una completa sujeción á esos esclavos ; 
» pero debo representar á V. M. que 'el origen de esta 
» novedad proviene del rigor con que los ha tratado; 
» pues siendo costumbre que entrasen al trabajo por es- 
» cuadras de á diez y seis hombres cada quince dias, va- 
» rió esta orden trayendo en un continuo trabajo á 
> cuantos queria , aunque fuesen libres , con tal tesón 
» que ni exceptuaba dias de fiesta ; y así tenían aban- 
» donadas sus familias sin poderlas atender con el corto 
» estipendio de un real ; por cuyo motivo se había 
í) practicado que asistiesen por escuadras para que tu- 
» vieran tiempo de asistir ásus mujeres é hijos, siendo lo 
» mas sensible que á los imposibilitados que no podiac 
» acudir, les sacaran tres pesos. Gravóles también en que 
» contribuyesen á V. M. el quinto del cobre que lavan 
i) de las escorias que arroja el rio y en cuya labor se 
í> entretienen regularmente las mujeres para alivio de 
» sus necesidades ; y por este motivo se puso un alférez 
D del presidio con trece fusileros ^ rigidísimo de cuantas 
» órdenes había dado contra aquellos miserables. A unos 
» les ponía grilletes, y á otros en el cepo ; privóles de 

HIST. DE CUBA,— TOMO II. — 23 



354 HISTORIA 

» unas monterías realengas de donde se mantenian ven- 
» diéndolas en pública almoneda ; y ( lo que parece in- 
«creíble á la caridad cristiana) privóles también con 
» graves penas comprar de las cargas de carne que pa- 
» saban por el pueblo, que es por donde transitan los 
)) que vienen de tierra adentro; y á los que salían á 
» buscarla, como no fuera á esta ciudad, los traían 
» amarrados, que fué lo mismo que haberlos puesto en 
» el término de la desesperación. Aunque por la vulga- 
i> ridad con que en este país corrían estas operaciones 
» me contristaban lo bastante, fué mayor mí sentimiento 
» cuando las oí de boca de los mismos pacientes, cuando 
» pasé á solicitar su reducción; y como lo ejecutado por 
» este gobernador era muy opuesto al modo con que sus 
1» antecesores han tratado á dichos esclavos, hubieron de 
» cometer el desacierto de sublevarse hasta que se les 
)) puso en el corriente que tenían antes. Y así en mante- 
» niéndolos en él , no hay que sospechar lo mas mínimo; 
» pues son tan miserables y cuitados, que solo á influjo 
i> de una insufrible opresión hubieran tenido valor para 
> negarse al trabajo retirándose á los montes. Importa 
» muchísimo la conservación de dicho pueblo, porque 
))esta ciudad es frontera de una colonia enemiga, que es 
» la isla de Jamaica, y mientras mas pueblos comarcanos 
» tuviere, se afianzará más su defensa ; siendo también 
» digno de consideración que los esclavos del Cobre en 
» tiempo de rebato pasan á guarnecer un fuerte nom- 
» brado Guayjabon á cinco leguas á sotavento de este 
puerto. » 

« El servicio que he hecho á V. M. en la reduxion 
» de dicho pueblo, ha sido tan apreciable que, sin dis- 
í) currir melancóhcamente , podia perderse toda la isla 



DE LA ISLA DE CUBA. 3S5 

» manteniéndose en su obstinación dichos esclavos; pues 
» siendo crecido el número de los que hay en cada lu- 
» gar y tan común la aversión que tienen á sus amos, á 
j> muy poca diligencia se sublevaran todos y se harian 
» señores de las poblaciones. Para confirmación de esto, 
j> después que los del Cobre se redujeron á la obediencia 
» oí decir que cincuenta negros fugitivos habian pasado 
)> á su real á ofrecérseles con sus lanzas , prometiéndo- 
» les que dentro de dos horas pondrían á su disposición 
)> hasta trescientos, y que procurarían atraer á todos los 
j» de esta ciudad para hostilizar á sus vecinos. A esto se 
1) allega que los atropellamientos y malos modos del go- 
)i bernador con estos moradores , sin excepción de per- 
» sonas , los tiene á todos tan displicentes que, á no ser 
» tanta su lealtad á su señor, habría mucho que temer 
» si ofrecida esta coyuntura procuraran vengarse del que 
» reputan por enemigo común. » 

Tal es el lenguaje, en que revelando abusos tan fre- 
cuentes en las mismas metrópolis como en sus colonias, 
ni un eclesiástico de las virtudes de Morell sabia sobre - 
ponerse á la tendencia general en todas ellas de exa- 
gerar las propias alabanzas al compás de las ajenas 
faltas. El gobernador Jiménez , sin embargo, se sinceró 
de sus denuncias, probando el abandono y el desorden 
en que vivian antes los del Cobre; y en los seis años más 
que continuó en aquel gobierno , á pesar de su sequedad 
y su aspereza , le fué deudor Santiago del primer mue- 
lle de su puerto , de la completa reconstrucción del con- 
vento y castillo de San Francisco y de la casa del cabil- 
do. Cuando cesó en el mando , produjéronse quejas con- 
tra su rigor, pero ninguna contra su pureza. 

Desde los primeros años de la colonización de la isla 



356 HISTORIA 

los Jesuítas que transitaban para el continente, encontra- 
ron, sobre todo en la Habana , dice Arrale , « extremos 
» de veneración en sus moradores , los cuales mostraron 
» en la comodidad del hospedaje y profusión de los re- 
» galos , no solo el generoso carácter de sus ánimos, 
» sino también su devota propensión al instituto. » Ya 
en 4 656 pretendió el ayuntamiento con empeño que se 
fundara en la capital un colegio de aquella orden, y ofre- 
cieron algunos vecinos dos años después catorce mil pe- 
sos para fabricarle. Pero habian sido tan frecuentes y tan 
vivas las competencias entre los prelados y aquellos re- 
gulares en otras posesiones de Ultramar, que se presta- 
ron poco á su instalación en Cuba los obispos y los sa- 
cerdotes. A medida que crecía la isla en población y en 
importancia, redoblaron, sin embargo, sus gestiones 
para establecer colegio en su capital los infatigables hi- 
jos de Loyola. Acudieron inútilmente á promover la fun- 
dación en la Habana en 1704 los dos PP. Francisco Diaz 
Pimienta y Andrés Reciño, naturales y aun de familias 
distinguidas de la misma ciudad , siendo hermano el se- 
gundo del obispo auxiliar de la Florida D. Dionisio. Con 
no mejor fortuna se presentaron también allí en 1713 
otros dos , tan hábiles como perseverantes , los PP. José 
de Arjo y Fernando Reinoso, que dieron vano impulso 
á su propósito en aquel tiempo tan inquieto. Sobrada de 
bienes temporales la Compañía de Jesús en los reinos y 
y provincias del nuevo continente, autorización nada 
mas habría necesitado para formarse domicilio en Cuba, 
si, fiel á su sistema de previsora economía en países que 
podían suministrárselos, no reservara siempre sus recur- 
sos para las misiones y colonias que sin cesar extendía 
por todas partes. Sometidos á tan sabia regla, aplazaron 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 357 

aquellos religiosos la realización de su designio, hasta 
que en 1717 el presbítero beneficiado D. Gregorio Diaz 
Ángel, natural de la Habana, destinó de sus propieda- 
des cuarenta mil pesos en fincas para que se sostuviese 
el primer colegio de Jesuitas. A este donativo se agrega- 
ron otros que les tenían ofrecidos algunos pudientes; y, 
ya sobre esas bases, solicitaron con poderosos empeños 
apuellos regulares principiar la fundación obteniendo la 
licencia en 19 de diciembre de 1721. Aun después de 
concedida , todavía duraron tres años las cuestiones so- 
bre la elección y compra del solar, hasta que pudie- 
ron adquirir el mismo espacio en donde se alza hoy 
la catedral. Allí se edificó una ermita bajo la advoca- 
ción de San Ignacio, el ilustre fundador de la orden ; y 
sucesivamente y á medida que crecieron los donativos, 
le añadieron el colegio y otras fábricas contiguas, que 
son las que hoy componen el vasto edificio del semi- 
nario de San Carlos. El P. Gaspar Rodero que con 
otro jesuíta llegó luego de Méjico á acalorar las obras y 
la instalación de una comunidad de pocos individuos, lo- 
gró con su ascendiente sobre el devotg Martínez de la 
Vega allanar algunos obstáculos que aun entorpecían la 
fundación de su instituto. 

Gérmenes de futuros bienes recibió la grande Antilla 
en el largo gobierno de Martínez de la Vega ; pero á las 
ventajas que algunos años de paz dieron á Cuba , las 
contrarestaron no pocos contratiempos. Fueron los prin- 
cipales el huracán de 19 de octubre de 1730 que ar- 
ruinó á Matanzas y los plantíos de su contornos, y fre- 
cuentes sediciones de negradas. Allí tuvieron que llevar- 
se las Hostias consagradas ^^ desde la iglesia parroquial 

'^ W. la comunicación oficial de Vega en el Arch. de Ind. de Sevilla, 



388 HISTORIA 

destruida , á la sola casa respetada por aquel desastre, 
la de D. Diego García de Amohedo; y en la capital tu- 
vieron que cotizarse en común los hacendados para re- 
parar la destrucción causada en muchas fincas por la 
furia de los salvajes cimarrones. Desde ese tiempo es- 
tablecieron sus palenques en las fragosidades de los mon- 
tes, sin que se lo estorbara la activa persecución de los 
guagiros ^^ y aun la de las partidas armadas que des- 
tacaron contra ellos de los pueblos. 

Funesto fué el verano de 1733 para la marina y el 
comercio de Méjico y de la isla. La flota acaudillada por 
el jefe de escuadra D. Rodrigo de Torres y Morales ^"^ 
después de cambiar en Veracruz sus cargamentos y de 
dejar consignaciones de Cádiz en la Habana, salió de este 
puerto el 1 3 de julio para España. Componíase de veinte y 
una embarcaciones, entre otras un navio de guerra de tres 
puentes. Navegó hasta la tarde del 14 con un E. favorable 
que arreció al anochecer del mismo día y se convirtió en 
un N. manifiesto. El 1 5 por la tarde reconoció Torres los 
bajos de los Mártires. Se cambió el viento al S. E. con 
violencia tanta que muchas embarcaciones tuvieron que 



las actas del ayuntamiento de Matan- taron. Hace unos treinta años se veían 

zas y las Memorias de un Matancero, aun algunas cadenas en las puertas de 

por D. P. Alfonso. Muy posterior- algunas pocas casas de la corte, ocu- 

menle, por real cédula de S de di- padas las más por dependencias del 

ciembre de 1734 , se concedió á don Estado. 

Diego de Amohedo el privilegio de co- *^ Este apelativo etimológico del 

locar cadena sobre la puerta de su casa idioma indígena se aplicó en la isla 

por haber dado la hospitalidad en ella al desde muy antiguo á los habitantes y 

Santísimo Sacramento de aquella par- peones campesinos. En Puerto-Kico los 

roquial. Fué el único de la isla que lo llaman « gibaros. » 

haya disfrutado. En España se conce- '^ V. su biografía, pág. 596, t. ÍV, 

dio desde Carlos V hasta Fernando VII Dice. Geog., Est., Hist. de la Isla de 

á los ediflcios públicos y de partícula- Cuba ^^or el A. 
res muy contados, que los Beyes visi- 



i 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 359 

cortar los palos, otras los perdieron y algunas, ya sin go- 
bierno, naufragaron por la noche entre los peligrosos ca- 
yos y bajíos de Matacumbe. La mayor parte de los embar- 
cados se salvaron ; todos , menos cincuenta y cinco entre 
pasajeros y marinos. Fueron de aquellas víctimas el cali- 
ficador del santo oficio de Méjico, Fr. Diego de S. José y 
los acaudalados comerciantes de la misma ciudad y de Ve- 
racruz, Urquijo,Respaldizay Hoyo. Las acertadas provi- 
dencias de Torres , en lo mas recio del trance, salvaron 
después, poniéndolas á flote , hasta trece embarcaciones, 
entre otras la capitana , el navio Infante y el de tres 
puentes; pero el titulado de la Florida y parte de los 
caudales se perdieron. Al saberse en la Habana esta des- 
gracia el dia ^1 de agosto con la aparición de algunos 
náufragos, despachó Vega aviso á Cádiz ; y apresurada- 
mente salieron con auxilios algunos barcos mercantes 
para los parajes del naufragio. 

Auxiliado por frecuentes remesas de dinero y el apoyo 
del célebre Patino , continuó el astillero de la Habana 
enriqueciendo á la marina nacional con sólidas y elegan- 
tes construcciones dirigidas por D. Juan de Acosta. Ade- 
más de las que quedan referidas , se deslizó majestuo- 
samente por sus gradas en 4731 , el San Cristóbal, 
magnífico navio de á setenta cañones, y quedaban muy 
adelantadas otras obras. Esos talleres, los acopios de 
maderas y el extraordinario aumento que desde enton- 
ces recibieron las consignaciones pecuniarias de la isla 
fueron el principio efectivo y verdadero de la opulencia 
de su capital y del desarrollo que fué tomando la riqueza 
agrícola de su territorio, mucho antes de que la deca- 
dencia del prohibicionismo comercial asomara á promo- 
verla. 



360 HlgTORIA 

Por los mismos dias en que la escuadra inglesa del 
desafortunado Hossier habla cruzado frente al puerto de 
la capital , ocurrió un hecho en su comarca interior que, 
por coincidir con aquel peligro externo, complicó la si- 
tuación de la ciudad y preocupó mucho á la gente, que lo 
interpretó como obra ó inspiración del enemigo^ aunque 
no se justificase esa sospecha en los procedimientos á que 
después dio lugar el incidente. Subleváronse contra sus 
mayorales, y aun contra sus dueños, las negradas de algu- 
nos ingenios al S. O. de la Habana; y entre ellas, una muy 
considerable en aquel tiempo, que pasaba de trescientos 
individuos, la del ingenio de Quiebra-Hacha, perteneciente 
á D. José Bayona y Chacón. Dos compañías montadas de 
milicianos y muchos labradores acudieron con él y con 
otros hacendados á sujetar una sedición que pudo ocasio- 
nar graves conflictos, á no ser sofocada en su principio. 
Hubo muertes y algunos suplicios ; pero en ningún punto 
opusieron resistencia á la fuerza armada los alzados , de 
los cuales los más regresaron á las fincas, y pocos se fu- 
garon á apalencarse en las montañas. Motivaron su alza- 
miento algunos excesos de los operarios blancos, y acaso 
descuidos y abandono de sus dueños ; pero no las ideas 
de emancipación que tanto han propagado en este siglo 
entre la raza africana los filántropos ingleses. Lejos 
estos de apadrinar tales tendencias, cuando ejercían el 
monopolio de la introducción de negros en América, no 
soñaban aun en destruir la obra que se afanaban tanto 
en levantar entonces. 

Hecha la paz, solicitó del Rey el nuevo conde de Casa- 
Bayona con gran recomendación de Martínez de la Vega, 
que, tanto para vigilar mejor aquellas fincas, como para 
acrecentar la población blanca del país , le permitiese 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 361 

fundar una ciudad en terrenos inmediatos á los de su 
ingenio de Quiebra-Hacha, en los de otra hacienda 
también suya, llamada Corral de Jiaraco. Accedió el 
Rey á su solicitud , autorizando al capitán general y al 
diocesano , para que acordaran con el fundador , las 
condiciones con que habian de distribuirse los solares, 
levantar las viviendas, y repartir terrenos para sus 
labranzas á los colonos pobladores. Después de obte- 
ner título y armas de ciudad *^ para una población que 
aun no existia, destinó el conde dos caballerías de tier- 
ra para solares, al lado de una vasta residencia de ve- 
rano que solia habitar en esa estación y que desde 
entonces se llamó palacio. Junto á ella levantó á sus 
expensas treinta modestas casas , que adjudicó á otras 
tantas familias de labradores blancos , con tres caballe- 
rías de tierra á cada vecino , y algunos adelantos pecu- 
niarios para que emprendieran sus cultivos. Frente al es- 
pacio destinado á plaza principal , hizo fabricar también 
el conde una iglesia que pocos años después era , excep- 
tuando la catedral de Santiago y el convento de San 
Francisco de la capital , el mejor templo de la isla. Con- 
tiguo á este edificio, propúsose erigir igualmente á sus 
expensas , un convento para doce religiosos de Santo 
Domingo. Pero varias contrariedades le disuadieron de 
esta idea, sin cuya ejecución le importó á Bayona mas de 
cien mil pesos la creación de un pueblo , que, aunque se 
llamó desde entonces la ciudad de Santa María del Rosa- 
rio , después de siglo y medio de prosperar mucho en 
el país otras localidades, no ha salido aun de los límites 
de aldea. 

** V. el art. referente á la ciudad de del Licc. Geog.i Est. , Hist. de la Isla 
Santa María del Kosario en el t. IV de Cw&o i por el A. 



CAPÍTULO DECIMOTERCERO. 



Gobierno de D. Juan Francisco Güeraes Horcasitas. — Obispo D. Juan Laso de 
la Vega. — Su visita á la diócesis. — Severidad de Güemes. — Establece varios 
tenientes gobernadores. —Varias disposiciones de buen gobierno y policía.— 
Desafecto general y acusaciones contra él. — Creación de la Real Compañía de 
Comercio de la Habana. — Sus compromisos y privilegios. — Fortificaciones 
nuevas en la isla y reorganización de sus milicias. — Gobierno de D. Francisco 
Cagigal de la Vega en Santiago. — Fortifica varios puntos de sus costas. — El 
ingeniero D. Bruno Caballero.— Rompimiento con Inglaterra. — Atinadas pre- 
cauciones de Güemes.— Socorre á San Agustín de la Florida.— Operaciones de 
la escuadra inglesa. — Es gloriosamente rechazada en Cartagena de Indias. 
—Por segunda vez salva los caudales de América D. Rodrigo de Torres. — 
Construcciones del arsenal de la Habana. — Incendio en el mismo puerto del 
navio Invencible. — Consecuencias de esta desgracia.— Invade el armamento 
inglés del almirante Vernon el territorio de Santiago de Cuba , establecién- 
dose en el puerto de Guantánamo. —Hábil conducta de su gobernador Cagigal. 
— Avanzan los ingleses desembarcados sobre aquella ciudad y retroceden.— So- 
corre Güemes á Cagigal.— Evacúan á Guantánamo los ingleses. —Refuerzos 
llegados de la Península á Santiago.- Recompensas por esta campaña y as- 
censo de Güemes á teniente general. — Armamento de la Real Compañía de 
la Habana. — Envía Güemes una expedición contra la Carolina inglesa.— Sus 
progresos. —Frústralos una estratagema del general inglés Ogletborpe. —Nu- 
merosas presas conseguidas por los corsarios de Cuba.— Glorioso combate de 
D. Luis Gijon en el canal de Bahama.— Otros encuentros notables de las em- 
barcaciones de la compañía de Guipúzcoa y de D. Luis de Velasco.— Enferme- 
dad de Güemes. — Gobierno interino de D. Oiego Peñalosa.— Acusación de 
D. Lorenzo Tinoco contra Güemes. —Favor de este eo la corte. — Acto de 
generosidad de Güemes. 



El mariscal de campo D. Juan Francisco Güemes Hor- 
casitas \ que se habia distinguido en el úlimo sitio de 

» V. su única biog.,pág. S3I, t. II, Dice. Geog., Est., Hist. déla Isla de 
Cuhüt por el A. 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 563 

Gibraltar, en la conquista de Oran y otras funciones, 
sucedió en el gobierno de Cuba en 1 8 de marzo de 1 734 
á Martinez de la Vega , absuelto algunos meses después 
en su juicio de residencia, ascendido también á aquel 
empleo y á la Presidencia Capitanía general de Panamá, 

La mitra, sucesivamente renunciada desde la muerte 
de Valdés por el deán de Segovia D. Francisco Sarriegui 
y el provincial de Agustinos de Málaga , Fr. Gaspar Mo- 
lina ^, que después fué cardenal, no tuvo propietario 
hasta que en 1731 se le obligó á aceptarla al P. fran- 
ciscano D. Juan Laso de la Vega y Cansino ^ que en 2 
de octubre del siguiente la empezó á gobernar desde 
Santiago. Emprendió poco después una visita general y 
detenida en toda la isla , sin quedar pueblo ni hacienda 
principal donde no administrase la confirmación ó revi- 
sara los libros parroquiales. Luego que la terminó, ma- 
nifestó al Consejo (Habana 24 de junio de 1736), el es- 
tado de pobreza de su diócesis, y que solo en el terri- 
torio de la Habana , en el último cuatrienio se observaba 
una baja de sesenta mil ciento trece pesos en las rentas 
decimales. Favorecida la isla con alguna calma aquellos 
años, y fomentándose en lugar de disminuir su agricul- 
tura , solo se podia explicar tal retroceso por las malas 
cuentas de los diezmeros en la vacante de la mitra, por 
discordias entre los capitulares eclesiásticos y por los mi- 
ramientos excesivos de Martinez de la Vega. 

No tardaron en reconocer todos los pueblos que ya los 
gobernaban otras manos, lo mismo los que dependian 
de la capital, que los del territorio de Santiago. 

2 V. su ap. biog., pág. 97, t. IV, » y. gu ap. biog., pág. 512, t. líl, 
Dice. Geog., Est., Hist. de la Isla de Dice. Geog.^ Est., Hist. de la Isla de 
Cuba , por el A. cuba , por el A. 



564 HÍSfORlA 

Ardían en trapisondas todos, y en especial San Juan de 
los Remedios, Sancti-Spíritus y Bayamo , sin temor ni 
intervención de las ju3ticias ordinarias. En el último, 
D. Lorenzo Marrón, un capitán de sus milicias, habia he- 
rido á un sargento de morenos en una procesión de San 
Blas á que asistian. Aunque le impuso arresto el sar- 
gento mayor D. Bartolomé Aguilera , rehusóse á obede- 
cerlo el delincuente , que habria quedado impune, si al 
llegar el nuevo Capitán general, no le hubiese hecho 
prender y formar causa encerrándole en una fortaleza. 

Autorizado Vega hacia tiempo para establecer ca- 
pitán á guerra ó teniente gobernador en Puerto-Prín- 
cipe y reprimir el contrabando que seguían haciendo sus 
vecinos , le habían retraído de cumplir con este deber 
muchos empeños y contemplaciones. Tardó muy poco 
Gtiemes en establecer en aquel cargo al teniente coro- 
nel D. Juan Echevarría , jefe de fibra, que acababa de 
llegar con él y de organizar para el servicio de la capí- 
tal un escuadrón de cíen dragones, con el cual se em- 
pezó á contar en la isla con alguna fuerza veterana de 
caballería. Le auxilió con un piquete de la guarnición y 
dos barcos armados, cuyas instrucciones eran cruzar 
constantemente por el norte y sur de las costas del ter- 
ritorio de aquel pueblo; y lograron estas medidas rigo- " 
rosas que en aquel país , á lo menos durante algunos 
años , empezasen á ser una verdad la represión del trato 
ilícito, y las órdenes de las autoridades á ser obedecidas. 
El capitán de milicianos de Guanabacoa, D. José An- 
tonio Gómez *, que en una época aciaga tanto se dio á 



* V. su biog. , pág. 416, t. II, Dice. Geog., Esl., llist. de la Isla de Cuba, 
J)or el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 365 

conocer después con nobles hechos, también marchó al 
instante á poner coto en Gayo Sal y Punta Hicacos á los 
abusos y desórdenes de los tratantes que allí acudían á 
acopiar sal para los pueblos. 

Después de deponer y relevar á las justicias de Sancti- 
Spíritus y San Juan de les Remedios , estableció Que- 
mes como teniente gobernador de las dos á D, Javier 
López Noroña, que en uno y otro punto mandó residen- 
cio á los alcaldes y reprimió los excesos de aquellos mu- 
nicipios. 

A pesar de las pretensiones de Jiménez, Güemes, me- 
nos aun por la superioridad de su graduación que por 
la de su carácter , fué el primer capitán general que su- 
bordinó á sus facultades al gobierno de Santiago. A prin- 
cipios de julio del primer año de su mando, para re- 
cordarle mejor su dependencia , exigió que le remitiese 
aquel gobernador los despachos de todos los jefes y ofi- 
ciales, tanto veteranos como de milicias, y las listas men- 
suales de revista de la guarnición y de cuantos individuos 
había en su territorio capaces de tomar las armas. 

Sus bandos ^ sucesivos y repetidos para la limpieza de 
las calles y parajes públicos; sus providencias para la 
•traslación del matadero de la Habana á lugar mas de- 
cente y adecuado; para que los dueños de las fincas hicie- 
ran cerrar las veredas que conducían á los surgideros mas 
vecinos; para que no pudiesen los pulperos comprar ni 



« En los veinte y dos bandos que pu- formar los documentos llamados «Ban- 
blicó desde 16 de junio de 1735 hasta dos de buen gobierno y policía,» que 
14 de agosto de 1744, están comprendí- basta una época reciente han solido to- 
das la mayor parte de las disposiciones dos publicar en el primer período de su§ 



de gobierno y policía que sirvieron des- mandos, 
pues de reglas á sus sucesores para 



566 HISTORIA 

revender á precios abusivos los víveres que se traían del 
campo; sus instrucciones para el abasto de los pueblos, y 
sobre todo la severidad con que hacia cumplir las penas 
y pagar la multas en que incurrían los infractores, abrie- 
ron la primera senda á las mejoras materiales de un país 
cuya guarda é importancia militar habia absorbido casi 
exclusivamente la atención de sus gobernadores. Luego 
los sobrepujó Gtiemes á todos en destreza y eficacia para 
perseguir el contrabando de particulares. La represión 
de abusos tan envejecidos, pero tan naturales, mientras 
no aflojase el sistema prohibitivo, le suscitó el rencor de 
los que padecieron con sus multas, sus procedimientos y 
sus numerosos decomisos. Deslucía harto á sus dotes de 
mando la codicia, para que no se cebase la detracción en 
tan buen flanco; y no era tampoco su altivez para ga- 
narle voluntades en un pueblo mas fácil de dirigir por 
la suavidad que con rigores. 

Un año después de su llegada ya no le solían designar 
sus desafectos sino con el epíteto de « tirano ^ » Menos 
los militares, á quienes favoreció singularmente, y conta» 
dos propietarios , apenas quedó individuo del clero , del 
ayuntamiento y del comercio que no deseara su separa- 
ción, hasta que demostraron los alarmantes conflictos 
de su largo mando que mejor aun sabia Gtiemes dar la 
cara á los enemigos armados que á los encubiertos , á 
los que, acatándole con trémulo respeto al verle, le 
difamaban en sus conversaciones y correspondencias. 
Atacó su reputación hasta la prensa extranjera, que 
empezaba ya en Europa á propagarse en folletos y pe- 

* Este doc. fué encontrado por el A. antiguo ediOcio llamado la Factoría, que 
en 1841 entre varios papeles abando- se destinó poco después á Hospital Mi- 
nados (}ue existían en algunas salas del litar de la Habana. 



DE LA ISLA DE CUBA. Z^l 

riódicos; y no le faltaron anónimos difamatorios, ni acu- 
sadores manifiestos al gobierno de Madrid. 

Veamos cómo bajo su firma y dirigiéndose al ministro 
de Indias se expresaba contra Güemes el P. Agüera To- 
bar, uno de los párrocos de la capital "^i «Se acabó todo, 
» extinguiéndose la observancia de las leyes. Ya no hay 
» averiguación para saber cómo son gobernados estos in- 
» felices, ni paciencia para sufrir al tirano. Queremos sa- 
» ber de V. E. si se han revocado las leyes municipales 
» de estas Indias ; y si se han lomado por providencia los 
» procedimientos absolutos como se expeiimenta desde 
» el 18 de marzo de 1 734. Perdido el temor de Dios y el 

> respeto al Rey, todo es atropellamiento é iniquidad.» 

« Aunque es universal en lodo , ha levantado una 

> pensión en licencias, extendiendo las ordinarias de dos 
» reales á ocho, y estas á treinta y dos. Las prohibidas 
)) las habilitó para llenar la ciudad de tablajes y garitas. 
)) Las permite á negros , pierde caudal y honra el hijo 
» de familia , y son sin número las ofensas á Dios que 
» lloran los vecinos y toda la isla.» 

«La maldad del tirano ha hecho tres letrados á me- 
» dida de su intención que , quebrando la ley, miran al 
» semblante del gobernador, observan su inclinación, y 
» aquella es la sentencia, d 

Parecidas en sustancia y forma á la de Agüera To- 
bar, tan impropia de un presbítero, llovieron denuncias 
y calumnias tales sobre Güemes desde los primeros me- 

' VV. en la Col. del A. la acusa- guerra D. Antonio Palacian y rl licen- 

cion de Tobar contra Güemes en 19 ciado habanero D. Lorenzo Fernandez 

de diciembre de 1742, otros muchos Tinoco. Estos últimos papeles se halla- 

doc. de id. , y sobre todo las denuncias ban en 1831 en el Arch. de aquella 

que contra este general dirigieron al extinguida corporación. Actualmente 

Consejo de Indias su n^ismo auditor de deben estar en Sevilla, 



568 HISTORIA 

ses de su mando , que á la decencia de la historia re- 
pugna recordarlas. 

Pero en el mismo deseo de acaudalarse que advertían 
en Guemes descubrieron algunos comerciantes y hacen- 
dados el camino de resarcirse con ventaja de los per- 
juicios que á todos infería desde 1 71 6 la factoría ó el mo- 
nopolio del cultivo del tabaco, que el gobierno se había 
exclusivamente adjudicado. Desde antes de que saliera de 
España para su gobierno se había concertado con él don 
Antonio Tallapiedra , uno de los mas ricos de Cádiz , lo- 
grando por medio de valedores activos en la corte cele- 
brar en 47 de agosto de 1734, una contrata por la que, 
con cláusulas mas ventajosas para él que para el fisco, se 
comprometía á depositar todos los años tres millones de 
libras de tabaco de Cuba en los talleres de Sevilla. Este 
primer ejemplo de dar participio á un particular en una 
explotación del gobierno, por mucho que se censurase en 
la Habana , Cádiz y Sevilla , no dejó de inspirar á algu- 
nos de los mismos murmuradores el designio de imitar ó 
sustituir á Tallapiedra. Con argumentos mas halagüe- 
ños que fundados , D. Martin de Aróstegui, comerciante 
guipuzcoano que residía en la Habana, exageró á Que- 
mes los abusos de la factoría ; y no necesitó esforzarse 
mucho para interesarle en proponer al ministerio de 
Indias la creación de una sociedad que , con el nom- 
bre de « Real Compañía de Comercio de la Habana , » 
monopolizara entre algunas docenas de individuos, no 
solo la extracción de tabacos, sino la de azúcar y hasta 
la introducción general de los efectos de consumo en 
Cuba. Esto era por 1737, cuando tenia ya conseguido 
su objeto Tallapiedra. Lejos de desanimarse Aróstegui 
porque otro especulador, D. Francisco Sánchez, marqués 



DE LA ISLA DE CUBA. 369 

de Casa-Madrid, hubiese mejorado las condiciones de 
aquel contratista , vendiendo en España las remesas de 
tabaco á veinte y cinco por ciento menos de valor, se 
dirigió con todos los poderes necesarios á Madrid á po- 
ner en movimiento los resortes que le indicó Guemes. 
Aunque entorpecida en un principio por la resistencia y 
protección del marqués, la habilidad de aquel agente 
obtuvo luego un éxito completo. Reconociendo á los de 
la Habana un derecho de tanteo que sin pública y orde- 
nada licitación era ilusorio, el gobierno adjudicó á Arós- 
tegui y á sus poderdantes en 1 3 de agosto de i 739 el 
asiento general y exclusivo del tabaco; y en 8 de 
diciembre de 1740, quedó la ambición délos monopo- 
listas á quienes representaba satisfecha con la cédula 
ejecutorial para la compañía que proyectaban. 

Manejaba á la sazón el gobierno colonial D. José del 
Campillo y Cosió, loboriosísimo ministro, de despejado 
ingenio y ardiente patriotismo, que habiendo residido en 
aquella capital y en Veracruz como comisario de marina 
en las escuadras, inspiró luego á Patino las primeras 
reformas del comercio ultramarino. La obra que dejó 
inédita y titulada «Nuevo sistema del gobierno econó- 
mico de América , » demostró la conveniencia de aplicar 
á las provincias de Ultramar algunas de las mejoras 
económicas que Orry habia introducido en la península. 
Las mas marcadas habían sido la creación de Intenden- 
cias, el arreglo y deslinde de las rentas, los repartimientos 
de realengos, la reducción de derechos de importación y 
exportación , y sobre todo las comisiones regias ó visitas 
extraordinarias en que hombres escogidos por su expe- 
riencia, luces y buen crédito, revelasen concienzuda- 
mente el estado , las necesidades y los recursos de todas 

HIST. DE CUBA. — TOMO II. — 24 



570 HISTORIA 

las provincias. Singular era por cierto que al alborear 
en España una administración mejor con los primeros 
resplandores de libertad comercial por inspiración de un 
ministro de elevación de miras y saber como Campillo, 
fuera precisamente cuando se entregara á la fecunda 
Cuba para presa de uno de los monopolios mas absurdos 
y monstruosos que registren los fastos coloniales. Solo 
se comprende, porque dominaran entonces en la corte 
influencias superiores á las suyas y á los intereses de los 
pueblos. 

Las principales obligaciones de la nueva Compañía de 
la Habana eran : construir bajeles para la marina de 
guerra y mercante en su astillero : abastecer á los bu- 
ques de guerra que fondeasen en su puerto y sostener 
diez embarcaciones armadas, tanto para perseguir el 
contrabando, como para llevar á Cádiz los artículos del 
país y retornar con los de España. 

En trueque de estas cargas , se apoderó la Compañía 
del privilegio de la libre introducción, tanto en la penín- 
sula de los azúcares, cueros y otros artículos de la isla, 
como de surtir á esta sin derecho alguno de harinas, lo- 
zas y otros efectos de los mas usuales. Honróse á sus em- 
pleados y dependientes con fueros iguales á los que te- 
nían los de la armada ; y desde su mismo nacimiento 
se enalteció y autorizó la compañía, encabezando la lista 
de sus accionistas con los nombres del rey Felipe V y 
de su segunda esposa doña Isabel Farnesio, que compra- 
ron desde luego por cincuenta mil pesos cien acciones. 
Pocos meses le bastaron al activo Aróstegui ^ para com- 

8 ExislenenelArch.de Ind. y aun ció en la Habana desde las primeras 
en las bibliotecas numerosos doc. re- gestiones para su formación , hasta que 
lativos á la Real Compañífi do Comer- de hecho quedó extinguida en 1763. 



DE LA ISLA DE CUBA. 371 

pletar el fondo primitivo y dar principio á las operacio- 
nes con novecientos mil pesos, de los cuales quinientos 
mil pertenecian á accionistas peninsulares y cuatrocien- 
tos mil á los residentes en la Habana. 

Sus cálculos fueron tan fundados y seguros , que los 
inventores de la compañía no alteraron sus proyectos 
por el temor de un rompimiento con la Gran Bretaña. 
En 1738 y 39, á medida que redoblaba la osadía de los 
traficantes de Barbada , Jamaica y otros mercados ex- 
tranjeros, redoblaron £u rigor contra ellos los guarda- 
costas españoles en las Antillas y Golfo Mejicano. Las 
negociaciones, ya muy adelantadas, que pendían entre 
las dos potencias para el arreglo de un recíproco comer- 
cio y sus fueros respectivos en América , tuvieron que 
suspenderse de repente , porque mientras persistía en 
sus justas exigencias el gabinete español, en Londres 
se excitaba el furor del populacho con toda especie de 
imposturas, y hasta se presentaba en la barra de la Cá- 
mara ^ un contrabandista sin orejas, refiriendo vejaciones 
ciertas ó supuestas de los españoles. El pueblo inglés 
unánime anheló vengar en una nueva guerra los ultra- 
jes con que suponía á su pabellón vilipendiado. Duró 
sin embargo la espectativa del rompimiento mas de un 
año, que empleó Gtiemes ^^ con diligencia extraordinaria 



Pero ninguno resumió mas explícita- Boiír&o«, Coííecíion de Trevou¡r^ y otras 

mente sus vicisitudes y operaciones que muchas publicaciones, 

la Representación contra los accionistas *^ A sus preparativos de guerra se 

de tabaco de la isla de Guia elevada al refieren mas de veinte documentos de 

Consejo en 6 de octubre de 1770. Este Güemes copiados en nuestra Col. de los 

escrito se encuentra en el t. LXXV de del Arch. del Ministerio de Gracia y 

la Col. de D. Benito Matalinares en la Justicia , del de Sevilla y de los cuads. 

Bibl. de la R. Ac. de la Hist, de la ant. escribanía de gobierno de la 

® VV. London's Gazelles; Coxe, Habana. Desde un año antes de estallar 

L'Espagne sous les Bois de la maison de en 1739 el rompimiento coa la Gran 



572 HISTORIA 

en organizar y adiestrar á las milicias de ambas armas, 
reemplazar algunos oficiales, crear nuevas compañías 
en la Habana , en los partidos que se iban ya formando 
por la Vuelta -abajo ^^ y en el territorio de Santiago, en 
donde ya entonces colonizaba el vecindario bayamés á 
un nuevo pueblo, á Holguin, á algunas leguas á su 
norte , en asiento risueño y feracísimo. 

Aun recibió mayor impulso el ramo de fortificaciones 
en la capital y en los puntos que mas las reclamaban. 
Desde que por la paz de Francia, en 1721, regresó á la 
Habana el coronel D. Bruno Caballero, tornó á su anti- 
guo cargo de ingeniero director de aquella plaza , y re- 
mató reparaciones entendidas en sus tres castillos du- 
rante los gobiernos de Guazo y Martínez de la Vega. 
Habia construido también al pié del Morro , con fuegos 
á la entrada de la bahía, un fuerte reducto que se llamó 
•batería de la Pastora , la misma que se habia levan- 
tado provisionalmente años atrás. Con presidiarios que 
recibió de Veracruz , y los vagos que recogió Gtiemes 
con levas, reunió Caballero brazos suficientes para com- 
pletar todas las obras del recinto , convirtiendo en sóli- 



Bretaña, se presumía que fuese inevi- Evidenciado el hecho, dispuso inme- 
table á pesar de los esfuerzos de! gabi- diataraente aquel general que queda- 
ndo español, y aun del inglés, para sen secuestrados los negros y denmás 
detenerlo. A consecuencia de un aviso propiedades del Asiento, que luego, 
que recibió Güemes por el paquebot después de declarada la guerra se ven- 
Triunfo, despachado por el teniente ge- dieron , produciendo un valor conside- 
neral D. Blas de Lezo en Cartagena, rabie. V. la común, oñc. de Güemes al 
supo que los directores del Asiento de Ministerio en 8 de agosto de 1738, cop. 
negros en Londres habían dado orden ' en la Col. del. A. 
para que vendiesen ó exportasen cuanto *» Desde mucho antes de esta época 
antes las existencias y efectos que tu- se conocía ya con el nombre de la 
viesen sus dependencias en la Habana « Vuelta-abajo » todo el territorio cc- 
y en Santiago , y que con ese fin se ha- cidental de la isla entre su capital y el 
liaban en ambos puertos dos balandras, cabo de San Antonio. 



DE LA ISLA DE CUBA. 373 

das y permanentes las provisionales de Martínez de la 
Vega entre los castillos de la Fuerza y de la Punía. De- 
molió las cortinas defectuosas que corrían desde la Te- 
naza á Paula , reemplazándolas por otras que fueron 
las mejor construidas del recinto. También fué á alzar 
Caballero un nuevo fuerte en la bahía de Jagua que se 
nombró castillo de los Angeles , simple torreón con fosos 
y estacada que dotó Güemes con algunas piezas y un 
destacamento, considerando á esa obra capaz de defen- 
der la entrada de aquella bahía tan vasta. 

Ya asomaba por el horizonte la tormenta cuando en 
3 de enero de 1738 relevó al gobernador Jiménez en 
Santiago el coronel D. Francisco Gagigal de la Vega, 
cuya activa inteligencia calmó pronto la inquietud que á 
Güemes inspiraban las fortificaciones de aquel puerto, 
incompletas en su concepto, mientras continuaran abier- 
tas al acceso de los enemigos las calas y fondeaderos ve- 
cinos de su costa. Viéndose escaso de recursos Gagi- 
gal '^, apeló sin vacilar al arbitrio extraordinario de acu- 
ñar moneda de cobre, tanto para socorrer á la guarni- 
ción y á la maestranza que le enviaron , como para los 
reparos y ampliaciones que ejecutó en el Morro y en la 
Estrella , para cubrir con parapetos, trincheras y torreo- 
nes las caletas llamadas del Aserradero , de Guaijabon y 
de Aguadores ; para fortificar con dos baterías á Baracoa 
y abrir sendas defendidas por cortaduras y reductos en- 
tre las nuevas obras y la plaza. 

Pero la mas urgente y esencial de todas seguia sin 



*^ VV. en el Arch. de Ind. de Se- y la Relación Histórica de los gobernar 

villa varias comunicaciones de Cagigal dores de i 1., etc., por ei obispo don 

trasladadas por Güemes al Ministerio, Pedro Morell de Santa Cruz, 
los libros de actas del Ay. de Santiago 



374 HISTORIA 

emprenderse. Si á fines del siglo xvi pronosticó Antoneli 
que el que ocupase á la Cabana ocuparía á la Habana; 
si Dávila Orejón y Villalobos confirmaron igual juicio en 
el siguiente, el mismo D. Bruno Caballero no solo habia 
expuesto al gobierno ^^ desde 1 71 6 que « al otro lado 
» de la bahía frontera á la ciudad, se hallaba una mon- 
» taña desde la cual podria apoderarse el enemigo de 
» ella y sus castillos , » sino que formó ó envió después 
á Madrid los planos y perfiles de las obras que deberían 
asegurarla. Dolorosamente influyeron para aplazar su 
ejecución los gastos que exigían. Pero Gtiemes, conside- 
rando á la plaza sin fortificación en la Cabana cual cuer- 
po sin cabeza , creyó poder paliar tan primordial defec- 
to, mandando desmontar y aislar aquella posición con 
hondas cortaduras. 

Cuando ya parecía la guerra inevitable , por mas que 
se esforzara el gabinete inglés en mantener la paz, tomó 
la precaución el español de avisar á los gobernadores de 
América que se previnieran para las hostilidades muchos 
meses antes de declararse formalmente. 

En 2 de octubre de 1739, embargó Güemes las 
propiedades y caudales del asiento de negros ; y el 
1 1 , después de dar caza á varios buques de la costa 
que se refugiaron en el puerto , le bloqueaba el como- 
doro Brown ^* con seis navios ingleses. Aunque des-^ 



*3 En el Arch.. del Minist. de Gracia liarse hoy en el Arch. de Ind. de Se- 

y Justicia se hallaban en 1851 dos me- villa. 

morias descriptivas de las fortiGcacio- " VV. extractados y aun copiados 
nes de la Habana por este ingeniero, muchos en la Col. del A. , los avisoj 
La segunda era de 30 de agosto de 1719 comunicados por Güemes al Ministerio 
y so encontraban estas expresiones en desde 10 de octubre de 1739. Brown, 
la de 171G, que estaba sin fechado después de haberse apoderado en el ca- 
rnes ni de dia. Estos doc. deben ha- nal de la fragata Bizarra y de una ba- 



DE LA ISLA DE CUBA. 37S 

pues de cubrir el servicio de la plaza no le restaban 
al gobernador mas que unos setecientos veteranos, fue- 
ron recibidos los enemigos á balazos en Bacuranao , en 
Jarueo , en Bahía-Honda y en los puntos inmediatos de 
la costa á donde se acercaron á hacer agua, y aun se les 
cogió con cinco prisioneros una de las lanchas de la 
aguada. Desde entonces, hasta los que le apellidaron «el 
tirano , j> reconocieron las dotes militares de uno de los 
mas dignos alumnos de Berwick y Lede ^^; y si fueron 
para Cuba ventajosas las consecuencias de una guerra 
casi exclusivamente dirigida contra las posesiones ul- 
tramarinas, tampoco habia la isla presenciado prepa- 
rativos mas generales, mas prontos, ni mejor dispuestos. 
Mientras que el teniente general D. Rodrigo de Torres ^% 
eludiendo la persecución de los cruceros ingleses, depo- 
sitaba en Cádiz los tesoros de las flotas y tornaba á pro- 
teger á las Antillas, Quemes y Cagigal ya tenian formada 
una colonia militar en cada pueblo , cuando á mediados 
de año recibieron avisos oficiales de la guerra. Se reor- 
ganizaron casi de repente y se aumentaron las milicias 
en toda la isla, empleando el capitán general en este ob- 
jeto hasta los fondos de Cruzada , respetados aun en las 
mas estrechas crisis. En la jurisdicción sola de la capital 



landra de la Habana j persiguió inútil- la loma de Barcelona, hizo la conquista 
mente á una goleta armada que se di- de Cerdeña , arrebató la Sicilia á los 
rigia de Matanzas á aquel puerto, y se austríacos y dirigió una feliz campaña 
entretuvo el 17 de setiembre en caño* en África. Las Memorias del duque de 
near al castillejo de Cojimar, desbara- San Simón dan sobre él muchos dela- 
tando uno de sus lienzos. lies. Murió hacia 1738, siendo capitán 
*^ Uno de los mejores generales de general de los ejércitos , grande de 
Felipe V. Era flamenco. Después de España y del Toisón de Oro. 
distinguirse singularmente en el último *^ VV. varias Gacetas"^ Mercurios 
período de la guerra de sucesión y en de Madrid de esta época- 



576 HISTORIA 

se distribuyeron armas ^"^ á más de cuatro mil hombres, 
á cuanta población masculina pareció en edad y estado 
dé empuñarlas. En la Habana se crearon otras dos com- 
pañías más de negros libres, una de artilleros y dos de 
fusileros; y hasta los escolares adultos de la universidad 
formaron otras dos , capitaneadas por los doctores don 
Juan de Peñalver Ángulo y D. Gabriel Beltran de Santa 
Cruz. 

Oglethorpe^^ gobernador de las colonias de la Caro- 
lina y la Georgia , habia invadido á la Florida con un 
cuerpo de mil hombres entre veteranos y escoceses vo- 
luntarios , y otro de mil y doscientos indios aguerridos. 
A su aproximación , ya entrado mayo de 1740 , evacuó 
un destacamento español un puesto del rio San Juan lla- 
mado Diego, replegándose sobre San Agustín. Aunque 
no se atrevió Oglethorpe á abrir trincheras sobre una 
plaza ya defendida en este tiempo por un castillo de cua- 
tro baluartes artillados, trescientos soldados y un gober- 
nador tan resuelto y vigilante como D. Manuel Montia- 

*' Cuando Güemes tomó el mando de giniaylasdos Carolinas. Se le formó 

la isla no existia en toda ella ni la mi- causa por haber tenido que levantar el 

tad de este número de armas de fuego, sitio de San Agustín déla Florida, aun- 

separadamente de los fusiles de las dos que logró justificarse en 1743. En 1765 

guarniciones de la Habana y Santiago, fué ascendido á teniente general. Fundó 

Pero consiguió completar el armamento en aquellos estados las ciudades de Sa- 

de todas las milicias á fuerza de recia- vannah, Augusta, Henecer y otras 

maciones á Madrid, á Veracruz y Car- muchas poblaciones. Los célebres poe- 

tagena de Indias. tas Pope y Thompson elogiaron su la- 

'* Este personaje , que adquirió des- lento y sus virtudes. YV. European 

pues mas celebridad como colonizador Magío^me (178S ). Mannings and Bray. 

que como guerrero , nació en Londres — Hlst. o f Surrey. — Chalmers, Gene- 

en 1698, y murió en Kranhan, en In- ral biog. dicl. — Cancroff's. History of 

glalerra, en 1785 ; habiendo pasado en the ünited slales. — Gacetas y Mercu- 

su larga vida por el desconsuelo de ver rios de Madrid y otras muchas publica - 

desmembrarse de su metrópoli las mis. cienes, 
mas colonias que habia fundado en Vir- 



DE LA ISLA DE CUBA. 377 

no *% bloqueóla sin embargo estrechamente , formando 
á cubierto de sus tiros un campamento atrincherado en 
el punto vecino de Macé. A la sazón carecia Gueraes de 
fuerzas navales en la Habana ; pero con las que pudo 
fletar socorrió aquella plaza en pocos dias con armas, ví- 
veres, municiones y trescientos hombres. Con este au- 
xilio Montiano tomó tan atinadamente sus medidas , que 
una hora antes de amanecer el 26 de junio dirigió tan 
recio ataque sobre el campamento de Oglethorpe , que 
arrojó á los ingleses de Macé , matándoles un coronel, 
siete oficiales y noventa y nueve hombres de tropa , to - 
mandóles cuarenta caballos, una bandera y treinta y 
nueve prisioneros , sin que perdieran los españoles mas 
que veinte heridos y diez muertos. Oglethorpe, después 
de esa sorpresa y de un descalabro tan inesperado , se 
dirigió con precipitación hacia la Georgia y dejó desaho- 
gada á la Florida ^\ 

El almirante Vernon , aumentándolas con la escuadra 
que en el mes anterior bloqueó á la Habana, reconcentró 
todas sus fuerzas para atacar á principios de noviembre 
á Portobelo. Después de asaltar sus fortificaciones exte- 
riores, obligó á capitular á aquella débil y mal guardada 
plaza, antes que el capitán general Martinez de la Vega ^' 
pudiese reunir tropas suficientes para socorrerla. Hizo 
desmantelar todas sus obras ; y reforzado allí por nu- 
merosos corsarios de Jamaica , juzgóse ya aquel almi- 

^9 D. Manuel Montiano y Luyando enero de 1762, ala edad de 78 años, 

era hermano de D. Agustín, el primer 20 yy, jqs extractos de los partes 

director de la real Academia de la His- oficiales y otras noticias referentes á 

loria y uno de sus fundadores. Después las operaciones de Florida que publi- 

de haber desempeñado algunos elevados carón las Gacetas y Mercurios de Ma- 

cargos en la milicia, murió en Ma- drid. 

drid siendo teniente general , en 7 de 21 ¡j,^ [^^^ [^^ 



378 HISTORIA 

rante con poder para intentar sobre la Habana un gol- 
pe de mano , y sorprender á la flota de Veracruz que, 
escoltada por D. Rodrigo de Torres , debia fondear por 
el verano en aquel puerto. Guando Vernon y Brown 
asomaron á su vista el 4 de junio con cincuenta y siete 
buques de toda especie y porte , ya estaba dispuesto á 
recibirles Gtiemes, cinco dias antes avisado de su apa- 
rición y de su rumbo por el vijía de cabo Corrientes. 
Dos meses enteros se mantuvo tan temible armada 
cruzando muy de cerca entre Matanzas y Bahía-Honda, 
sin renunciar á sus proyectos. Pero en todo ese tiem- 
po ^^ sus conatos se estrellaron siempre en la vigilan- 
cia de aquel gobernador. No se acercó una vez á los 
castillos sin que con el anteojo divisara Vernon á los 
artilleros con la mecha encendida junto á los cañones. 
No entró á tomar aguada un solo buque inglés en los 
esteros y caletas, todos defendidos y cubiertos por ios 
milicianos, sin comprar cada barril con una vida. En 
todos los surgideros fueron rechazadas las embarcacio- 
nes inglesas; y en algunos hasta perdieron las lanchas 
y la gente. 

Torres entretanto apuraba la paciencia de Vernon, 
permaneciendo anclado en Sacrificios , defendido por los 
fuegos de San Juan de ülúa, hasta que á principios de 
setiembre le avisaron sus cruceros que habia doblado 
aquel almirante el cabo de San Antonio , yendo á es- 



22 V. en el Arch. de Indias de Se- tomó para rechazar sus hostilidades. 

Villa y cop. en la colee del A. las co- En el primero de aquellos pliegos de- 

raunicac. oíis. de Güemes al ministro mostró que el total de fuerzas móviles 

Campillo en 27 de julio y 6 de noviem^ de tropa y milicias que existia entonces 

bredel740, detallando los incidentes en la isla no pasaba de unos tres mil 

que acompañaron á lá presencia de la quinientos hombres de todas armas é 

escuadra inglesa y las providencias que institutos. 



DE LA ISLA DE CUBA. 379 

perar en Jamaica refuerzos de Inglaterra y á resguar- 
darse de la estación equinoccial. 

Y estuvo Vernon atinado entonces ; porque en la tarde 
del i 4 de aquel mes estalló por las costas de Matan- 
zas sañudo temporal ^^ de nortes y aguas. Con pérdida 
de algunas vidas, desmoronáronse otra vez muchas ca- 
sas de aquel pueblo ; y los golpes de mar aniquilaron el 
torreón de San Felipe, años atrás mandado alzar por Gtie- 
mes en la embocadura del Canimar. Catorce dias después, 
y ya sereno el tiempo, fué cuando Torres, siempre feliz 
en sus empresas , fondeó en el puerto de la capital con 
los caudales , sin perder una sola embarcación y hasta 
sin averías. 

De la Habana , de Matanzas , de Trinidad y de San- 
tiago salieron ala defensa de las costas mas de treinta 
embarcaciones de corsarios, entre ellos el anciano don 
José Cordero y el guipuzcoano D. Pedro de Garaicoechea, 
á quien la fortuna y su valor reservaban los mejores 
logros de la larga campaña que se abria. 

A fin de año se reforzó Vernon en Jamaica con una 
nueva escuadra de veinte y siete navios y treinta bu- 
ques menores que le trajo Sir Chalonner Ogle y con 
nueve mil hombres más de desembarco que por muerte 
de Lord Cathcart acaudillaba Sir Wenworth, sin impe- 
dir que los corsarios españoles le arrebatasen numerosas 
presas. En 1740 los de Santiago de Cuba solamente 
apresaron dos ricos cargamentos y mas de cien prisione- 
ros, entre ellos muchos negros. Por marzo, precisamente 



^^ VV. los libros de actas de los refirió al ministerio los estragos de 

ayunts. de Matanzas y de la Habana y aquel temporal en su primera comu- 

los cuadernos de la ant. escrib. de go- nicacion posterior, que se halla en el 

bierno de esta capital. Güemes también Arch. de Indias de Sevilla. 



580 HISTORIA 

cuando anunciaba á Güemes ^* el virey de Santa Pé don 
Sebastian de Eslaba ^^ que se dirigiria sobre la Habana 
la tormenta, desplomábase sobre él en Cartagena. No es- 
taba ya esta plaza como cuando Pointis y Ducasse, me- 
dio siglo antes, la tomaron. Una buena guarnición , al- 
gunas compañías de milicias y mas de doscientas piezas 
defendían su recinto y sus fortificaciones exteriores. Supo 
Eslaba comunicar á todos su entusiasmo, «anhelando» 
como dice el inglés Guillermo Coxe, « acreditar en aque- 
» lia defensa esas virtudes militares que admiraba tanto 
» en la lectura de los historiadores griegos y roma- 
» nos. » El teniente general de la armada D. Blas de 
Lezo , ademas de cerrar el puerto echando á pique en su 
entrada dos bajeles, acabó de cubrirla colocando tres 
navios de guerra en batería. Vernon , al observar tales 
aprestos, resolvió dirigir su ataque principal por tier- 
ra. Mientras Wentvy^orth, con mas intrepidez que inteli- 
gencia , arrollaba sucesivamente los puestos exteriores 
de Chamba y San Felipe, la escuadra, reconcentrando 
todas sus descargas sobre el castillo de Bocachica , conse- 

2* VV. en el Arch. de Indias de Se- doseleá capitán general de los ejércitos, 
villa las coinunic. ofis. de 29 de di- Después de su regreso á España de- 
ciembrede 1740 en que Güemes par- serapeñó la capitanía general de An- 
ticipó al ministro Campillo un aviso de dalucía, y la dirección general de infan- 
Eslabay de Lezo anunciándole que la tería, hasta que Fernando VI le confirió 
escuadra de Vernon se disponía en Ja- el ministerio de la Guerra. Hizose no- 
maica para atacar á la Habana. table en ese cargo , no solo por varias 

2í¡ Este general nació en el lugar de reformas acertadas en la organización 

Eguileor, en la provincia de Álava en de los cuerpos y plazas, sino por su 

1684. Después de concurrirá losprinci- constante oposición á que se concedie- 

pales hechos de la guerra de sucesión, sen á los extranjeros empleos militares 

ala campaña de Sicilia y al segundo en las tropas españolas. Era Eslaba ca- 

sitio de Gibraltar, ascendió á teniente ballero do Santiago y gentil hombre, 

general en la conquista de Ñapóles; y Murió en Madrid siendo ministro de 

luego se le recompensó su gloriosa de- aquel departamento el 21 de junio de 

fensa de Cartagena de Indias, elevan- 1759. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 581 

guia tomarlo por asalto el 22 ; y dueño ya con él de la 
entrada de la bahía , se apresuró aquel almirante á des- 
pachar á Londres el anticipado mensaje de un completo 
triunfo. Terminadas ya todas sus obras y trincheras, el 
19 de abril intentaron los invasores asaltar simultá- 
neamente el castillo de San Lázaro y la plaza. Avaro 
de sangre y municiones hasta aquel momento, recibió en- 
tonces Eslaba á las columnas enemigas con torrentes de 
jnetralla y balas rasas; y, ya desordenadas y quintadas, 
acabaron de exterminarlas al pié de los baluartes algu- 
nos centenares de españoles. Para evitar la destrucción 
completa de sus tropas y dejando mas de cuatro mil ca- 
dáveres tendidos, sus tiendas, su artillería y sus alma- 
cenes , Vernon , que achacaba aquel desastre á la impe- 
ricia de Wentworth , desistió ignominiosamente de su 
empresa y se refugió á reparar su descalabro en las 
Antillas inglesas ^^ 

A las españolas cinco navios no más las protegían, 
aunque los reforzó en la Habana Torres con otros dos 
soberbios de á setenta, el Invencible y el Glorioso, en 
cuyas obras apuró sus primores y su arte el Vitruvio 
de nuestra marina en aquel tiempo , el constructor don 
Juan de Acosta. Tan dignas fueron del nombre que lle- 
vaba la vida como la muerte del Glorioso , que dos ve- 
ces vencedor de triples fuerzas, sucumbió algunos años 
después heroicamente hacia las aguas de Lisboa. 

26 VV. las Gacetas y Mercurios de sucesos de esla época, en la cual la 

Madrid que publican los parles ofis. de prensa periódica de Francia é Ingla- 

Eslaba y de Lezo; L'Espagne sous les Ierra habia tomado ya gran extensión. 

Hois de la Maison de Bourbon , par W. Aunque no en los juicios , ni en las 

Coxe ; Historia general de España , por apreciaciones de los detalles, los textos 

D. Modesto Lafuente , y casi todas las ingleses están conformes con los espa- 

publicaciones históricas (|U€ refieren los ñoles en lo mas esencial de los hechos, 



3S2 HISTORIA 

Superior á él en grandeza y gallardía, aunque sin ha- 
berla ostentado en el Océano todavía , no logró tanta 
suerte el Invencible ^^, honrado por Torres con su insignia 
al ser botado al agua y sin salir del puerto. El 30 de ju- 
nio por la tarde descargó sobre la Habana una de esas 
tormentas pasajeras que suelen alborotar su atmósfera 
en verano. A las tres, cuando comian en sus cámaras 
aquel general y la oficialidad, incendió un rayo la cofa 
del palo mayor del Invencible, estando anclado en me- 
dio de otros buques junto al lugar llamado hoy la Ma- 
china, muy próximo al riñon de la ciudad. Aunque la 
tripulación corrió con hachas á cortar el leño , era muy 
recio el viento que soplaba para que no se extendiese la 
llama á la cubierta. Sabíase que encerraba la nave en 
sus pañoles cuatrocientos quintales de pólvora; que las 
otras de la escuadra , también muy abastecidas de este 
artículo, estaban inmediatas; y la noticia del incen- 
dio estremeció á la población como una chispa eléctrica. 
En minutos se lanzaron despavoridos á las calles cincuenta 
mil personas de toda edad, sexo y color; se atropeilaron 
á las puertas del recinto , y luego se dispersaron por el 
campo. Hasta los enfermos huyeron de sus lechos ú hos- 
pitales; y solo algún impotente ó moribundo permaneció 
en su domicilio. Mientras Torres con estoica impavidez 
abandonaba el último á su nave, Gtiemes mandó que se 
tocara generala ; distribuyó patrullas por las calles y pre- 
servó á la capital de otras desgracias. Los buques inme- 
diatos al que se abrasaba pudieron levar anclas y ale- 
jarse. A las cuatro los perfiles del Invencible, hasta allí 
iluminados por las llamas, se encubrieron en densa nube 

*' V. el núm. 1.° de los apéndices de este segundo tomo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 385 

de humo. A las cuatro y cuarto volaron sus fragmentos 
por el aire con estallido horrendo, y para desplomarse so- 
bre los techos del castillo de la Fuerza , de los cuarteles 
de San Telmo y de otros edificios, la antigua parroquial 
entre ellos. Formada esta á retazos en el espacio de dos 
siglos, quedó tan resquebrajada y vacilante, que la man- 
dó Güemes demoler apresuradamente. Como si no con- 
tara rival en el Océano y fuera una verdad su exagerado 
nombre, al Invencible en un instante le aniquiló el poder 
del cielo. No fueron solo materiales los estragos de un 
accidente tan imprevisto y tan funesto; ocasionó la 
muerte de diez y seis personas, y resultaron estropeadas 
y heridas veinte y una. Torres y Acosta no tardaron en 
reemplazar al malogrado buque, lanzando otro á la ba- 
hía de tanta belleza y fuerza y de igual nombre. 

Después de la catástrofe del Invencible, Torres y Güe- 
mes dispusieron que la pólvora, así de la escuadra como 
de la plaza, se depositara siempre en adelante en unas 
casas aisladas y algo distantes del recinto, que luego se 
habilitaron para polvorines. 

Discordes en todo lo demás, ardían Vernon y Went- 
w^orlh en un mismo deseo de borrar con algún hecho 
glorioso ó alguna conquista útil , la ignominia de su 
reciente desastre en Cartagena. Con una escuadra tan 
superior como la suya , nada tenían que recelar de Tor- 
res, que , lejos de poder hostilizarles, no esperaba en la 
Habana sino viento y oportunidad para llevar á Cádiz los 
caudales. Creyeron aquellos generales que bastarían los 
restos de su expedición para apoderarse de Santiago, de 
todo lo oriental de Cuba y aun de la carrera de España 
con las Indias, ocupando en la costa del Sur la gran 
bahía de Guantánamo , y en la del Norte , en el mismo 



384 HISTORIA 

meridiano, la de Ñipe, precioso apostadero para la sa- 
lida del canal. 

Mientras quedaban ocho navios de guerra cruzando 
al frente de la costa, en la mañana del 18 de julio otros 
diez y siete con sesenta embarcaciones de trasporte en- 
traron en el puerto de Guanlánamo^^ que diez y seis 
montañosas y quebradas leguas separan de Santiago. 
Presenció como impotente espectador el desembarco don 
Pedro Guerrero que con algunos vijías y milicianos, se 
hallaba allí de capitán á guerra. Cagigal , sabedor de la 
invasión á las tres horas , aquella misma noche puso so- 
bre las armas las milicias y por todas vias despachó 
avisos á Quemes, á los pueblos y aun al gobernador de 
Santo Domingo, reclamando socorros con urgencia. Te- 
niéndole por el mejor de todos , también solicitó del ca- 
pitán general que le enviase de segundo y sin perder 
instantes al sargento mayor D. Carlos de la Riva Agüe- 
ro '^% que , enviado por Eslaba con los partes del su- 
ceso de Cartagena, se hallaba á la sazón de tránsito 
en la Habana y debia continuar su viaje á España. En- 
tre tanto Cagigal , con trescientos cincuenta veteranos y 

28 Para todas las operaciones relati- tander, después de terminada la cana- 
vas á la invasión de Guantánamo por paña de Guantánamo, se trasladó con 
los ingleses, véanse principalmente, en toda diligencia á la de Italia, donde á 
el Arch. de Indias de Sevilla, los par- fuerza de aptitud y valor, se ganó los 
tes ofis. de Cagigal trasladados por ascensos á coronel, brigadier y mariscal 
Güemes al ministerio. Son siete y muy de campo. V V. los partes oGs. que de 
detallados. En 1831 se hallaban en el los principales hechos militares de la 
Arch. del ministerio de Gracia y Jus- guerra de Italia contienen las Gacetas 
ticia, figurando entre ellos un extracto de Madrid. D. José Antonio Armona 
coetáneo de lo mas esencial de su con- en sus Noticias de Casa , manuscrito 
tenido, que hicimos copiar para nuestra inédito , presenta curiosas particulari- 
colec. y que publicamos con el n. o 2 en- dades sobre Iliva Agüero, que murió 
tre los apéndices de este segundo tomo, de una edad avanzada y siendo teniente 

29 Este jefe , natural de la merindad general en los últimos años del reinado 
de Trasmiera , en la provincia de San- de Carlos III . 



DE LA ISLA DE CUBA. 385 

sobre setecientos de milicias, después de abastecer sus 
fortalezas y cubrir las avenidas de Guantáuamo , mandó 
que sus destacamentos internaran los ganados y hostili- 
zaran siempre al enemigo , aunque sin empeñar lances 
formales. Con acierto calculó que en el rigor de la es- 
tación los insectos y las fiebres de aquella bahía insalubre 
vencerían á los ingleses mas pronto que sus armas. 

Por muchos dias Guerrero y los pocos milicianos de los 
caseríos llamados los Tiguabos se opusieron con vivo 
tiroteo á que atracaran los ingleses con las lanchas en la 
aguada, cogiéndoles también algunas y varios prisione- 
ros, hasta que, desembarcando en la noche del 4 al 5 de 
agosto tres gruesos destacamentos por tres partes, tuvie- 
ron que retirarse hacia la sierra. Mientras se aplicaban 
las tripulaciones y mil negros á formar un campamento 
regular y alzar en la embocadura del rio que allí desagua 
una trinchera de trescientas varas de frente y diez y seis 
cañones, una batería con quince de á veinte y cuatro, 
y además varios reductos artillados , Wentworth con 
mas de dos mil hombres se movió el 6 hacia Santiago 
por los sitios de Filipina y Macarriba. Caminando entre 
malezas, con un sol abrasador, y por veredas cortadas 
con parapetos y con tajos, hostilizado sin cesar por las 
partidas de los capitanes D. Pedro Hornedo , D. Manuel 
Limonta y otros oficiales , tuvo que retroceder á los tres 
dias con sus columnas extenuadas de calor y de cansan- 
cio y con los uniformes desgarrados. Después de tan 
inútil y penosa prueba, mientras recibía refuerzos de In- 
glaterra , resolvióse Vernon á terminar las obras de la 
bahía y á fundar en ella un pueblo que llamó de Cum- 
berland, en honor del conocido duque de este nombre, 
hermano de su rey Jorge II. 

HIST. DE CUBA.— TOMO II.— 25 



386 HISTORIA 

Pero antes que él recibió Cagigal los auxilios que es- 
peraba. Aunque no contaba Güemes para la defensa de 
la capital con mas tropas veteranas que su corta guar- 
nición, tres compañías del regimiento de Milán y una del 
de Dragones de Itálica , que le habia traido Torres en la 
escuadra, apresuróse á socorrerle en viéndole con el soli- 
citado Riva Agüero doscientos soldados , treinta mil pe- 
sos y porción de municiones que desembarcaron en Gi- 
bara ya en setiembre. Su presencia y la de mas de mil 
milicianos que acudieron de Bayamo, de Puerto-Prín- 
cipe y aun de Sancti-Spíritus, acabaron de serenar al 
pueblo de Santiago tiempo antes consternado con el 
avance de Wentworth. 

La escasez de aguas potables, el ardor de la estación, 
los mosquitos, las calenturas y su intemperie en la be- 
bida , arrebataron mas ingleses en Guantánamo que las 
balas de Cagigal y Riva Agüero; y le hicieron desistirá 
Vernon de su proyecto de asegurarse con una colonia 
fortificada de aquella bahía magnífica. Acosadas sus tro- 
pas además por las milicias y partidas de los españo- 
les , decidióse á abandonar su campamento ; y en la no- 
che del 27 al 28 de noviembre salieron para Jamaica los 
desembarcados , reducidos á tres mil de los cinco mil 
que habian desembarcado. La multitud de sepulcros y 
cadáveres hallados en su campo , los fardos y los per- 
trechos arrojados allí por todas partes, acabaron de ex- 
plicar la situación en que lo abandonaban. Aunque re- 
forzado luego por mas de tres mil hombres en Jamaica, 
Vernon *\ nada consiguió después con esas fuerzas que 

30 Eduardo Vernon , de cuya vida bridad que habia adquirido justamente 
abundan noticias en los Diccionarios antes de su desastrosa expedición á la 
biográficos, á pesar del crédito y cele- América española en esta guerra, no 



DE LA ISLA DE CUBA. 387 

correspondiera á las esperanzas de su país , ni á la ca- 
pacidad superior que se le habia supuesto. 

Aumentó tanto á los ojos del gobierno supremo esta 
invasión la importancia militar de Santiago, cuanto ins- 
piró inquietud al ministerio^*, que recelándolo para allí 
todo de la permanencia de Vernon , resolvió socorrer 
apresuradamente al invadido territorio. Pero no eran ya 
los refuerzos necesarios , cuando á mediados de febrero 
llegaron á aquel puerto los buques de la compañía de 
Guipúzcoa y mil quinientos hombres de los regimientos 
de Portugal y dragones de Almansa ,con sus coroneles 
D. Francisco Villavicencio, que murió de enfermedad el 
siguiente año, y D. Alonso de Arcos Moreno. Al paso que 
ascendió Cagigal á brigadier y al gobierno de Caracas, 
sin irlo á desempeñar después, obtuvieron correspon- 
dientes recompensas Riva Agüero, Hornedo, Guerrero/ 
Limonta y los que mas se acreditaron en aquella corta, 
pero gloriosa lucha de tres meses. Su activa y enten- 
dida dirección le proporcionó también á Güemes Hor- 
casitas su ascenso á teniente general y ser en la isla el 
primer jefe de graduación tan elevada en la milicia. 

vohió ya á desempeñar ningún mando iMadrid en 24 de diciembre de 1741, 

naval. Tuvo grandes cuestiones con el dictándole la conducta que él y r.agl- 

almirantazgo de Inglaterra y murió en gal debian observar para rechazar de 

1737. la isla á los ingleses. Tan de admirar 

3' Dispuso la fatalidad que hace si- era que á tanta distancia de los sucesos 

glos pesa sobre España que su gobierno se pretendiese dirigirlos, como que fir- 

en todos tiempos inactivo y sordo para mase instrucciones de aquel género un 

precaver desastres, no saliera de su in- ministro tan inteligente como Campi- 

dolencia, sino para repararlos después lio. Este documento, extr. en la colee, 

de sucedidos. Entre las órdenes corau- del A. , se hallaba entre los papeles 

nicadas á Güemes con motivo de la in- referentes á Cuba que habia en 1851 

vasion de Guantánamo, y cuando se le en el Arch. del ministerio de Gracia 

enviaron aquellos refuerzos tan tardíos, y Justicia. Debe hallarse hoy en el de 

aparece una real cédula fechada en Sevilla, 



388 HISTORIA 

Creyendo entonces el gobierno facilitar la expedición 
de los negocios de Santiago, ordenó que no siguieran 
administrando allí la Hacienda los tenientes de los con- 
tadores y oficiales reales de la Habana, y luego nombró 
por tesorero y contador independientes, en 1 3 de agosto 
de 4 742!, á D. Miguel Serrano Padilla y á D. Nicolás 
Velasco. 

Aun entre los sobresaltos y apuros de la guerra, se 
esforzaba la compañía privilegiada de la Habana en jus- 
tificar la monstruosidad de su creación y de sus privile- 
gios con su actividad y su patriotismo. En menos de dos 
años construyó, habilitó y armó catorce registros y ja- 
beques, mandado el uno de ellos, llamado la Galga, por 
el corsario D. Pedro de Garaycoechea , ya mencionado. 

Oglethorpe con mas de ochocientos ingleses vetera- 
nos y buen golpe de indígenas aliados , se preparaba á 
nuevas agresiones contra la Florida, cuyo gobernador 
D. Manuel Montiano volvió á pedir á la Habana socorros 
con urgencia. Güemes, muy ayudado por la compañía, 
organizó con su habitual actividad una expedición de dos 
piquetes de infantería, dos compañías de negros libres 
y mas de seiscientos voluntarios que, á bordo de treinta 
y cinco embarcaciones"entre jabeques, paquebotes, gole- 
tas y balandras, y escoltadas por una fragata de guerra 
que mandaba el capitán D. Antonio Castañeda , salieron 
para San Agustín al mediar mayo de 1742. No se limi- 
taba el plan de Güemes á socorrer á la plaza amenazada. 
Ordenó que su gobernador, dejando en ella al coronel 
D. Miguel de Rivas Rocafull con la mitad de su ordinaria 
guarnición, trescientos hombres, y reforzando á la expe- 
dición con igual fuerza , marchase con el todo á destruir 
las colonias de Frederika , Inverness y otras de Georgia, 



DE LA ISLA DE CUBA. 389 

embocando por el Alatabama. Montiano , favorecido por 
tiempos bonancibles, cumplió sus instrucciones con cele- 
ridad, aunque sin un éxito completo. Antes que Ogle- 
thorpe pudiera prepararse para recibirle, desembarcó á 
primeros de junio en San Simón , donde se alzaban el 
fuerte y la población de Frederika; se apoderó de algunas 
embarcaciones ya cargadas, de multitud de esclavos , de 
un centenar de ingleses y todo lo puso á contribución 
en aquella isla. 

Por mucho que el diligente Oglethorpe se apresu- 
rara á proteger su territorio , el fin principal de la inva- 
sión quedaba realizado, cuando reconcentró sus fuerzas 
sobre la embocadura de aquel rio. No fué, sin embargo, 
inútil su presencia : la fortaleza de Frederika, guarne- 
cida por doscientos veteranos, iba á abrir sus puertas á 
los españoles , cuando un espía , aleccionado por el as • 
tuto inglés, se hizo prender por los que la sitiaban. Los 
bien fingidos pliegos que llevaba, después de reco- 
mendar al gobernador de aquel castillo que esforzara 
por dos ó tres dias siquiera su defensa , le anunciaban 
que solo esperaba la llegada de las fuerzas de Charles- 
ton para acometer á los sitiadores con tanta mas ventaja, 
cuanto que Yernon con su escuadra estaba ya en las 
costas de Florida. Dio crédito Montiano á suposiciones 
que, por inciertas que fuesen, eran verosímiles; y re- 
gresó á San Agustín sin otro contratiempo en su feliz 
jornada , que la pérdida de un piquete de treinta hom- 
bres envuelto y rendido por Oglethorpe cuando acudía á 
embarcarse. 

Otro golpe sufrieron en aquella expedición las fuer- 
zas de la Habana. El 30 de agosto, tres transportes que 
regresaban á este puerto conduciendo tres oficiales y unos 



390 HISTORIA 

cincuenta hombres ^^ fueron apresados por tres corsarios 
ingleses y conducidos á Boston. 

En aquella ocasión la Carolina inglesa no contaba con 
fuerzas suficientes para oponerse á un armamento que 
se componía, con las tripulaciones de los buques, de mas 
de dos mil hombres ; y Vernon , rechazado , como vi- 
mos , en Guantánamo , en lugar de acometer á la Flo- 
rida se dirigía á buscar en Londres la difícil justifica- 
ción de los vergonzosos desastres de su mando. Diferen- 
tes y mas duraderas consecuencias reportáranse de la 
empresa de la Carolina, solo útil á los que la emprendie- 
ron , si menos candido Montiano , hubiese empleado su 
superioridad sobre Oglelhorpe en arrojarle de una vez 
de Georgia , fortificando las bocas de la corriente que 
la baña , y la isla de San Simón que las domina. 

Aunque el contra -almirante Knowles , gobernador de 
Jamaica , reemplazó á Vernon en el mando de la esta- 
ción naval de las Antillas, tres años enteros quedaron 
dominando su archipiélago los marinos y corsarios espa- 
ñoles. Las diminutas Gacetas de Madrid, que salían una 
vez cada semana , en los años de 1742, 43, 44 y 45, no 
contenían apenas otras nuevas que las de la guerra tan 
hábil y gloriosamente sostenida en Italia contra el Aus- 
tria por el conde de Gages ^^ y el marqués de la Mi- 

38 VV. las com. ofis. de Güeraes y s" creación el reginiiento de Guardias 

Montiano al ministerio, las Gacetas y Walonas. Concur;ió con distinción á las 

Mercurios de Madrid de esta época; principales campañas del reinado de 

Bancrofft, Ilistory of ihe üniled Slates. Felipe V, y dirigió como capitán ge- 

y las demás publicaciones expresadas neral de sus ejércitos la última de Ita- 

en la nota de este capitulo que se re- lia, donde elevó su reputación militar á 

fiere á Oglethorpe. S^an altura con sus victorias de Ale- 

33 D. Juan Buenaventura Dumont, jandría, Velletri y Camposanto, y los 

natural de la Flandes española, fué de pasos de los Apeninos , y rios Tidone y 

los primeros capitanes que tuvo desde Tanaro. Murió en Pamplona á los 75 



I 



bE LA ISLA DE CUBA. 591 

na^\ y los detalles de las presas con que aquellos se enri- 
quecían á costa del comercio inglés en ambos mares ^^ 
Distinguiéronse , entre todos, los de las islas de Cuba y 
Puerto-Rico. En solo aquel período despacharon los Go- 
bernadores de la Habana y de Santiago mas de cincuenta 
patentes de corso. Igual número de buques entre paque- 
botes, bergantines y balandras, montados por los marinos 
y animosos jóvenes del país , apresaron mas de treinta 
fragatas y bergantines y hasta ochenta y tres embarca- 
ciones, casi siempre al abordaje y sin que les tomaran los 
enemigos mas que trece. El ínclito Garaycoechea, unas 
veces con solo su paquebot llamado el Diligente, ó con la 



años de edad , siendo Tirey de Navarra, 
caballero del Toisón, comendador de 
Santiago, gentil-hombre , etc., etc. Al- 
gunos años después, Carlos III, apasio- 
nado del célebre general que le salvó en 
Velletri, le hizo erigir un magnífico 
sepulcro en la catedral de aquella ciu- 
dad. V. la descripción de este monu- 
mento en la pág. 647, tomo XII del 
Dice. Geog.^ Est. de España, por Madoz. 
3* D. Jaime Miguel de Guzman, 
marqués de la Mina, vizconde de la Pe- 
zuela, duque de Lecera y príncipe de 
Massa, nació en 1689. Empezó á servir 
en 1703, distinguiéndose en muchas ope- 
raciones de la guerra de sucesión. Sien- 
do ya brigadier y mariscal de campo 
acompañó al marqués de Lede á la 
conquista de Cerdeña y campaña de Si- 
cilia , concurriendo después bajo las ór- 
denes de Monlemar á las empresas de 
Oran y de Ñápeles. Fué el último ge- 
neral en jefe español del ejército de Ita- 
lia. Después de la paz de 1748, fué 
muchos años embajador de España en 
Francia, hasta que en 1734 pasó de ca- 
pitán general á Cataluña, debiéndole 



Barcelona sus principales fortificacio- 
nes y obras públicas, además de la 
creación del bariio marítimo de la Bar- 
celoneta. En su parroquia de San Mi- 
guel fué enterrado con gran pompa. 
Murió en aquella ciudad el 25 de ene- 
ro de 1767, Fué capitán general de los 
ejércitos, caballero del Toisón, comen- 
dador de Calatrava y gran cruz de las 
principales órdenes de Europa. Ha su- 
cedido con el marqués de la Mina , lo 
que con muchos españoles célebres. No 
se ha escrito ninguna vida suya , aun- 
que abundan datos sobre su carrera y sus 
vicisitudes en varios escritos que dejó y 
en los archivos. Se encuentran entre los 
MMSS. de la Bibl. Nac. de Madrid, los 
titulado*, Guerra de Cerdeña y Sicilia, 
Guerra de Lombardia, Diccionario de 
forlificacion , etc. , que á pesar de su 
mérito como esludios militares, y ori- 
ginales crónicas históricas, ni se ha 
pensado en publicar siquiera. 

«s Y. en el apéndice de este tomo II, 
núm. 3, el índice detallado de los cor- 
sarios de la isla desde 1739 hasta 1748, 
y de las presas que lograron. 



392 HISTORIA 

Galga, otras con los buques que se agregaban á ayudarle, 
se apoderó de veinte y cuatro ricos cargamentos de fra- 
gatas, bergantines y balandras. Cinco apresó una vez de 
un solo golpe en las aguas de Honduras y rio Hacha, que 
se vendieron por mas de cuatrocientos mil pesos en la Ha- 
bana. Siguiéronle en fortuna el capitán de milicias y 
corsario de Santiago D. Vicente López ; y el de Trinidad 
D. Luis Siberio, que fué cogido sobre Baracoa, y luego 
libertado por las naves de la compañía de Guipúzcoa 
que mandaba D. José Iturriaga. Tan prósperos como glo- 
riosos fueron aquellos años para Cuba , que entraron en 
sus puertos mas de seiscientos negros apresados á los ex- 
tranjeros, mas de mil ingleses prisioneros y un valor de 
mas de dos millones de pesos , que importaron todos los 
cargamentos apresados. 

No se mantuvieron ociosas entretanto las fuerzas na- 
vales de D. Rodrigo de Torres, cuya permanencia en 
la Habana habia obligado á Vernon á desistir de su pro- 
yecto principal, que era invadirla. Acabaron de care- 
narse y habilitarse sus navios maltratados por malos 
tiempos, campañas y cruceros; se reforzó la escuadra 
con buques construidos á la vista de su jefe y protegió 
los arribos de caudales de Honduras, de Campeche y 
Veracruz. 

Por febrero del 42 supo Torres que un navio de 
guerra inglés habia varado hacia la Tortuguilla , islote 
cercado de cayos y bajíos muy peligrosos á unas setenta 
leguas del cabo Cañaveral de la Florida. Sin demora co- 
misionó aquel general al teniente de navio D. Luis Gi- 
jon para que con cuatro barcos ligeros, prevenidos de 
lazos y aparejos , fuese á ponerle á flote y apresarle ó 
á destruirle, ó á coger su artillería si lo principal de su 



DE LA ISLA DE CUBA. 595 

comisioD era imposible. La tripulación, refugiada en un 
cayo inmediato, pegó fuego al navio al divisar á los bu- 
ques de Gijon. Despreciando este intrépido oficial su tiro- 
teo, empezaba á sacar del fondo algunas piezas, cuando 
sobrevinieron á atacarle dos fragatas, un bergantin y dos 
goletas con bandera inglesa. No contaban los españoles 
mas que con dos de estas , una balandra y un jabeque; 
pero por lo mismo que fué tan desigual, fué mas glorioso 
el choque. La balandra y el jabeque, con certeros bala- 
zos á flor de agua, echaron sucesivamente á pique al ber- 
gantin y á las fragatas. Mas de doscientos ingleses mu- 
rieron allí peleando ó sumergidos ; y después de tres 
horas de refriega , viéndose ya Gijon con una grave he- 
rida , con sus embarcaciones maltratadas y fuera de 
combate la mitad de sus marinos y soldados, aprovechó 
un brisote favorable para refugiarse en Matanzas con los 
cascos abiertos y haciendo agua. D. Antonio Castañeda, 
que luego pasó á la Tortuguilla con mas fuerzas , ya no 
encontró allí ni buques ni enemigos ^% pero recogió cua- 
tro anclas, veinte y dos cañones y alguna cantidad de 
balerío : único fruto de tan arriesgada y sangrienta ex- 
pedición. 

En junio de 1742, mientras cubría Cagigal con seis 
compañías de dragones de Almansa á Baracoa, que una 
flotilla inglesa amenazaba, con tres navios guipuzcoanos 
D. José Iturriaga combatía un día entero sobre la costa 
septentrional de la Española á tres navios ingleses, 
echando á pique uno, apresando á otro y entrando con 
su presa á repararse en San Juan de Puerto-Rico. Habia 

3^ VV. en el Arch. de Ind. de Se- de mayo de 1742, y el índice detallado 
villa yextr. en nuestra colee, la común, núm. 3 del apéndice de este tomo, 
oficial de Güemes al ministerio en 31 



394 HISTORIA 

muerto al principiarse este combate el brigadier D. Joa- 
quin de Aranda, que en las naves de Iturriaga pasaba de 
gobernador á Cartagena. 

Casi por los mismos dias el capitán de fragata D. Luis 
de Velasco, cruzando con la suya entre Matanzas y la 
Habana , atacó á otra de guerra inglesa de mas fuerza ; 
rindióla después de porfiada lucha , bordo á bordo , y al 
conducir al puerto su trofeo dio caza y echó á pique á 
otro bergantín enemigo, salvando á su tripulación que se 
anegaba. 

Distraídas las principales fuerzas navales de Inglaterra 
en el Mediterráneo , pudo Torres convoyar á Cádiz sin 
tropiezo en el verano de 1743, las cuantiosas remesas 
que juntó en tres años; y con igual felicidad regresó á 
América en los primeros meses del siguiente. Sin arma- 
mentos enemigos que la amenazasen, y creciendo en 
audacia y en suerte sus corsarios, lograba entonces 
Cuba un intervalo no breve, en que á la seguridad de la 
paz, reunía las ventajas de una guerra para ella pródiga 
en favores. En la tarde del 3 de noviembre de 1744, 
sin embargo, azotó á la capital y su campiña otro hura- 
can tan duro como el que habia llenado de ruinas á Ma- 
tanzas en el otoño del 40. Estrelló algunos buques en la 
bahía, resquebrajó las casas menos firmes, y arrasó las 
siembras y arbolados en un extenso radio. 

Cumplido ya dos veces el tiempo de su mando, no fal- 
taban en la corte agentes habaneros para acalorar la 
remoción de Gtiemes. Pero se estrellaron sus esfuerzos 
en la protección que á este general daba Ensenada y el 
crédito militar que habia adquirido, manteniendo respe- 
tada su jurisdicción entre armadas enemigas, edrique- 
ciéndola á fuerza de logros y de presas. 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 595 

Con mas fundamento, á principios de junio del 45, 
esperaron librarse para siempre de él sus enemigos. 
Acometióle un accidente apoplético al levantarse de la 
mesa y le dejó sin conocimiento algunas horas. La vio- 
lencia del mal , la obesidad y los años del paciente les 
permitieron contar con su inmediata muerte. Pero se les 
frustró tan vil deseo con la prontitud de los socorros que 
se le aplicaron y la fortaleza de su constitución. En dos 
dias se le declaró fuera de riesgo ; y aunque duró mas 
de dos meses su convalecencia , pasada en Santa María 
del Rosario con el conde de Casa-Bayona y corrió con el 
gobierno en ese tiempo el coronel teniente rey D. Diego 
Peñalosa, quien gobernaba en realidad era el enfermo. 
Redoblaron luego sus tiros contra él la detracción y 
el odio , pintándole después de su enfermedad como de- 
mente , acusándole de violencias y excesos insensatos^ 
El abogado D. Lorenzo Hernández Tinoco ^'', á quien ha- 
bía expulsado de la Habana, le suscitó en el Consejo de 
Indias graves autos. Pero como los de otros acusado- 
res , los tiros de Tinoco se estrellaron en la reputación 
de Gtiemes como firme gobernador y militar inteligente, 
y el poder de sus elevados amigos en la corte. Acu- 
muló los premios el ministro sobre un general que en 
doce años de conflictos y peligros habia mantenido in- 
tacto y próspero su territorio y rematado las principa- 
les obras de la Habana , haciendo respetar á la Florida 
y reforzar á la armada nacional con sus mejores buques. 

3' En el Arch. del extinguido Con- nueve capítulos referentes casi todos á 

sejo de Indias se hallaba en 1851 la geniales nimiedades. Palacian no vol- 

acusacion elevada contra Güemes por vio á servir cargos en Indias, y á Tino- 

el auditor de guerra de la Habana don co, después de algunos años de destierro 

Antonio Palacian y el abogado D. Lo- en la corte, se le permitió que volviese 

renzo Hernández Tinoco. Constaba de á ejercer su profesión en la Habana; 



596 HISTORIA 

Para indicar el carácter de los cargos de sus detrac- 
tores contra Güemes , recordemos uno de los últimos 
incidentes de su mando y de los que mas torcidamente 
se interpretaron en los autos de residencia. En mayo 
de 1 746 , sobrevino entre el Mariel y la Habana tan re- 
cio temporal ^^ que algunos buques se perdieron. La fra- 
gata inglesa Elizabeth, mandada por el capitán Edwards, 
por no estrellarse en los arrecifes de la costa, se refugió 
en el puerto de la capital, entregándose como prisionera 
á la clemencia del gobernador. « Ño, señor,» le contestó 
á Edwards Güemes , ce nosotros aunque enemigos somos 
» hombres. Si os hubierais presentado hostilmente, os 
» declararla prisioneros; pero arrojados por un temporal 
» no sois mas que desgraciados , á quienes debemos los 
)) auxilios de la humanidad. Carenad vuestra fragata y 
» reponed vuestros víveres. Guando podáis salir del 
» puerto os daré un salvo -conducto que os servirá hasta 
)) rebasar de las Bermudas. )> Este acto de nobleza , 
recordado luego en muchas publicaciones extranjeras y 
omitido en las nacionales como tantos otros , se le acri- 
minó á aquel general como una infracción imperdonable 
de las leyes de la guerra y aun de las prohibiciones co- 
merciales. Siendo de este género muchas de las denun- 
cias contra Güemes , sirva al lector de indicio aquel 
ejemplo para juzgar entre el acusado y sus acusadores. 

8' VV. las págs. 275 y 276 del to- generosa providencia que al principiar 

rao XIV de las Memorias déla Sociedad la guerra habia tomado el gobierno es- 

Patriólíca de la Habana. Güemes, aun pañol, previniendo á todos los gober- 

siguiendo el impulso de sus propios nadores de los puertos de América que 

sentimientos en la acogida que dio á la trataran á los náufragos enemigos como 

tripulación inglesa del buque naufra- si S9 continuara en paz con la Gran 

gado, no hizo mas que cumplir con la Bretaña. 



DE LA ISLA DE CUBA. 597 

No abunda en el Arch. de Ind. de Sevilla la documentación re- 
ferente á las épocas de Guazo, Martínez de la Vega y Güemes Hor- 
casitas , ni existían tampoco en el Arch. del extinguido Consejo de 
Indias, antes de que se acumulasen á aquel gran centro, los volu- 
minosos autos que se formaron, durante el mando del primero por 
las dos sublevaciones de los vegueros, durante el del segundo por 
las alteraciones que causó en Santiago y Puerto-Principe la desti- 
tución y prisión de Hoyo Solorzano , y por varios incidentes en 
tiempo del tercero. Pero la mayor parte de los papeles oficiales de 
todo ese período histórico, los encontramos donde menos podía 
presumirse su existencia, refiriéndose los más á guerras y trastor- 
nos, en el Arch. del ministerio de Gracia y Justicia. Por una ca- 
sualidad nos lo advirtió nuestro amigo el Sr. D. Pascual de Gayan- 
gos, informado como pocos del paradero de libros y papeles raros 
en España. Honrados casi desde la niñez con la amistad del Excmo. 
Sr. D. Ventura González Romero , á la sazón ministro de aquel 
departamento, y favorecidos por aquel señor archivero D. Benito 
de Tejada, pudimos descubrir, examinar y hacer copiar un gran 
número de papeles concernientes á Cuba que existían en aquella 
dependencia en 1851 , y que probablemente se hallarán ahora en 
Sevilla. Abrazaban asuntos comprendidos entre 1720 y i 766, des- 
collando entre ellos, tanto por su interés como por su volumen, 
toda la causa original que se formó desde 1762 á 1764 por la ren- 
dición de la Habana á los ingleses. 

Mas de doscientos documentos de esas épocas hicimos allí copiar 
o extractar para nuestra Colee. , y de este número mas de la mitad 
se refieren al accidentado gobierno de Güemes Horcasitas. Algu- 
nos insertamos en el Apéndice del presente tomo, sintiendo que 
el plan de esta primera edición no nos permita acompañarla del 
retrato de Güemes, copiado, como otros varios, por un buen dibu- 
jante en la galería de cuadros de los antiguos vireyes de Méjico 
que en 1853 todavía se conservaba en el palacio de la Presidencia 
de aquella república. 



Vamos ahora á reparar, hasta donde la poquedad de nuestras 
noticias lo permita , dos injustísimos olvidos de nuestros naciona- 
les, exponiendo á continuación una reseña de las vidas de uno de 
los habaneros mas ilustres, y del primer ministro que diese á la 
capital de Cuba impulso con sus providencias 



598 HISTORIA 

D. Juan Vicente de Güemes nació en la Habana en 5 de abril de 
i 739 , siendo su padre capitán general de Cuba y cuando ya no es- 
peraba sucesión de su esposa doña Antonia Padilla. Trasladado 
aquel siete años después al vireinato de Nueva España, aprove- 
chóse de uno de los privilegios de aquel cargo, nombrando á su hijo 
capitán de su guardia y obteniendo luego para el niño el grado de 
corenel. Tales eran entonces las prerogativas de los grandes y de 
sus primogénitos, que podían empezar su carrera por donde sue- 
len los demás terminarla. En el mismo año de 1749, el virey Güe- 
mes, señor ya por ese tiempo de Benillova y barón de Rivaroja, 
obtuvo la grandeza de España, con los títulos de conde de Revilla- 
gigedo y de Güemes, cediendo el segundo á su hijo, que, sin des- 
empeñar su empleo militar, empezó á dar desde la primera niñez 
precoces pruebas de la inteligencia y elevada razón que tanto le 
habían de distinguir siendo hombre. 

Quince años tenia cuando vino á España con su padre y recibió 
la efectividad de coronel de infantería , aunque sin mando de cuer- 
po , con agregación al de Soria. Así pudo completar su vasta instruc- 
ción en lenguas vivas y ciencias exactas , y ser el joven conde de 
Güemes uno de los mas brillantes jefes del ejército invasor de Por- 
tugal cuando en la primavera de 1762 le declaró España la guerra. 
A toda la campaña concurrió , siendo el ayudante de confianza del 
marqués de Sarria y del conde de Aranda , los dos generales en jefe 
que la dirigieron, y dando muy frecuentes muestras de valor é 
inteligencia. Al terminarse fué promovido á brigadier y al mando 
del regimiento de la Reina , con el cual cubrió diferentes guarni- 
ciones, y en la de Madrid se hallaba cuando murió su padre en 1768. 

Entonces heredó el título de Revillagigedo con un pingüe caudal, 
honrándole el Rey al mismo tiempo con la llave de gentil-hombre 
de cámara con ejercicio , la distinción mas codiciada de la corte en 
aquella época. Todos los favores de la suerte le sonreían : honores 
y riquezas, la reputación mas merecida, la amistad de los primeros 
hombres de aquella época, y hasta su hermoso personal. Pero lo 
pospuso siempre todo á sus deberes y mayormente al amor á su 
carrera. Sin dejar de mandar su regimiento , desempeñó con todo 
acierto varias comisiones importantes, hasta que en 1770 fué promo- 
vido á mariscal de campo. Desde entonces corrió con la Inspección 
de Infantería interinamente y con varios gobiernos militares, hasta 
que en 1779 se declaró la guerra á la Gran Bretaña. Tocóle desde 
luego á Revillagigedo concurrir á la mas animada escena de aquella 
recia lucha , al famoso sitio de Gibraltar, y levantar sus primeras 



DE LA ISLA DE CUBA. 399 

trincheras, á las órdenes del teniente general D. Martin Alvarez, 
conde de Colomera. Pero al rechazar en el siguiente noviembre á los 
sitiados en una sahda, le atravesó el cuerpo una bala. Un mes es- 
tuvo á las puertas de la muerte, temiendo entonces sus amigos que 
solo servirían para su entierro las insignias del empleo de teniente 
general á que fué ascendido entonces. Pero le salvó el vigor de su 
naturaleza, y siguió concurriendo á todas las sangrientas alterna- 
tivas de aquel célebre cerco, todo el tiempo que duró la guerra, 
hasta principios de i 783. Llevando la venera de Calatrava desde 
niño , entonces recibió la encomienda de Martos en la misma orden 
con veinte y cuatro raíl reales de renta. 

Aunque residiendo luego en Madrid constantemente, desempeñó 
Revillagigedo varios altos cargos, hasta que en julio de 1789 se le 
confirió el que debia ilustrarle más , el de virey de Nueva España. 

Llegó á Veracruz el 8 de octubre de 1789, empuñando ocho dias 
después el bastón en Guadalupe. 

Apenas corrieron otros ocho, cuando ya se le ofreció ocasión de 
revelar su carácter firme y justiciero. A las siete y media de la ma- 
ñana del 24 del mismo mes recibió aviso de haberse encontrado 
asesinados en su casa el rico propietario D. Joaquín Dongo y todos 
sus criados y dependientes, que eran once, apareciendo fractura- 
das y vacías las cajas de su escritorio y su almacén. No habia ni 
indicios de los asesinos. Pero decidido el conde á no dejar impune, 
ni en tinieblas, tan bárbaro delito, dictó sus providencias con tal 
arte y eficacia , que á los quince dias ya estaban condenados á 
muerte en primera y en segunda instancia sus perpetradores Quin- 
tero, Aldama y Blanco; y la sufrieron en la plaza de Méjico el 7 de 
noviembre. Desde entonces se adornó á los retratos de aquel virey 
con el honroso lema de Justitios Vindex, que tanto mereció en el cur- 
so de su mando. Las medidas de policía que puso en planta en Mé- 
jico nunca han sido después aventajadas, ni por las que se adoptan 
aun en las mas ordenadas capitales europeas. Los hombres de bien 
de todo el vireinato tuvieron la mas ciega confianza en la vigilan- 
cia de su primera autoridad, y, aun los que no lo eran, se resigna- 
ron á imitarlos, convencidos de que mientras Revillagigedo gober- 
nase, era imposible faltar á las leyes sin castigo. No bastarla un vo- 
lumen para detallar los beneficios que difundió el conde en Nueva 
España en los cuatro años escasos que duró su mando. Terminó la 
gran calzada de Veracruz á la capital , adelantando la de Acapulco 
largo espacio. Mejoró las fortificaciones de San Juan de Ulúa; acabó 
de pacificará las indiadas de Tejas y Sonora; creó la biblioteca de 



400 ' HISTORIA 

la capital y muchos institutos literarios; arregló la universidad, 
dando ensanche á la enseñanza en muchos ramos; hizo escribir 
por las mejores plumas de aquel reino las crónicas de la mayor 
parte de sus provincias; ennobleció á la capital con sus mejores 
obras públicas ; creó la cátedra de botánica , é hizo reconocer las 
Californias. 

Fué relevado el H de junio de 1794 , antes de cumplir su tiempo 
de gobierno , por intrigas que urdieron en Madrid los agentes del 
ayuntamiento de Méjico , muy mal avenido con la vigilancia de un 
virey que ponia inflexible coto á sus malversaciones. 

Aunque le habia dispensado el Rey de la residencia secreta, y 
hasta dispuesto que la pública se le tomase en cuarenta dias de tér- 
mino, el mismo Revillagigedo influyó luego en Madrid para que 
fuese oída una acusación dirigida contra él por aquel municipio 
en 9 del siguiente enero; y no quiso aceptar la dirección general 
de artillería hasta no demostrar que sus supuestas arbitrariedades 
con algunos de aquellos municipales no tuvieron mas objeto que 
contener sus demasías y reservar para una aplicación mas prove- 
chosa los ingresos públicos de aquella capital. Las rentas de Nueva 
España habían crecido, cuando salió de Méjico, una tercera parte 
mas de lo que importaban cuando entró en el vireinato. En la 
Bibl. Nac. de Madrid se halla , en un tomo en folio, una copia exacta 
de la instrucción que dejó Revillagigedo á su sucesor para la ad- 
ministración y gobierno de aquel reino, cumpliendo así con el 
último deber impuesto por las leyes de Indias á todos los vireyes. 
Es un curioso manuscrito, donde resplandecen el orden, la claridad 
y la maestría, tratando de inconexas y múltiples materias de todos 
los ramos. 

Mas de cuatro años desempeñó Revillagigedo en Madrid la di- 
rección general de artillería , colocándola en el ejército español y 
las plazas fronterizas á una altura que aun no habia alcanzado en 
las demás potencias. Así lo consignaron mas de una vez, en sus re- 
vistas de inspección y en sus memorias al ministerio de la Guerra, 
el capitán general D. José de Urrutia y el teniente general D. Gon- 
zalo de O'Farril. Murió el segundo conde de Revillagigedo en Ma- 
drid, arrebatado de una fiebre cerebral el dia i 2 de mayo de 1799, 
á los sesenta y un años de edad; y se le celebraron en la iglesia de 
San Francisco de Méjico solemnes funerales. Carlos IV, para honrar 
su memoria, concedió la grandeza de España al único hijo que 
dejó, y que siendo de buena edad aun murió sin descendencia. En 
el dia lleva ese título su sobrina doña Manuela Fernandez de Cor- 



DE LA ISLA DE CUBA. 401 

dova, marquesa de Canillejas, condesa de Güemes y casada con el 
primogénito de los marqueses de Santa Cruz de Rivadulla. 

D. José del Campillo y Cosió , lo mismo que su célebre sucesor 
Ensenada, era natural de un pueblo de la Rioja, donde nació en 
1683, siendo hijo de pobres y honrados labradores. Una carta que 
dirigió desde el astillero de Guarnizo en 28 de junio de 1726 al 
inquisidor de Logroño D. Antonio Mier, publicada en el Semanario 
erudito de Valladares y entre las págs. 438-44 ( del tomo III de La 
España hajo los reyes de la Casa de Barbón , por W. Coxe , es el solo 
documento que arroja alguna luz sobre las primeras vicisitudes de 
su vida, hasta que, siendo ya intendente de marina en aquella 
época, dirigía las construcciones de aquella antigua dependencia 
naval, precursora de los demás arsenales de la península. 

A los diez años, según su propio dicho, hablaba el latin con la 
misma facilidad que el castellano. Habiendo perdido á su padre poco 
después, le tomó bajo su protección el canónigo de Córdoba don 
Antonio Maldonado, llevándosele como paje, pero dispensándole 
de todo servicio doméstico para que pudiese aprovechar en el es- 
tudio todo su tiempo y su viva inteligencia. Después de cursar 
filosofía escolástica y teología , no sintiéndose con vocación para 
la carrera de la iglesia á que su protector le destinaba, á los diez 
y ocho años fué recomendado al intendente general de Andalucía 
D. Francisco de Ozío , que se prendó de su aptitud y facilidad para 
el trabajo, hasta el punto de nombrarle su secretario y encargarle 
de los asuntos mas delicados. Igual confianza inspiró después al 
célebre D. José Patino, que en 171 7 sucedió á Ozío en aquel empleo, 
y en el mismo año obtuvo para Campillo el de comisario de ma- 
rina, cometiéndole todas las comisiones mas arduas de aquella in- 
tendencia mientras la tuvo á su cargo. 

Dos años después salió para Veracruz con los navios de Azogues 
á las órdenes de D. Francisco Cornejo ; y así que entregó allí los 
cargamentos, regresó á la Habana en el San Luis, habiéndole comi- 
sionado antes de su salida de España el intendente general de ma- 
rina D. Andrés Pérez Bracho para que estudiase allí, sobre el ter- 
reno, los recursos locales para organizar en gran escala los primeros 
talleres de construcción naval que conoció aquel puerto. Sus in- 
formes, de los cuales algunos se encuentran en el Arch. de Siman- 
cas, fueron el verdadero origen de aquel astillero, predecesor del 
arsenal, y no menos fecundo en la producción de grandes vasos 
de guerra desde su principio. 

Aquel servicio fué su sola recomendación para que en 1725, poco 

HIST. DE CUBA, TOMO II. — 25 



402 HISTORIA 

después de su regreso á la península , se le encargase de la inten- 
dencia de Marina de la costa de Cantabria y del astillero de ^Guar- 
nizo, que por impulso suyo tomó una actividad mayor aun que la 
que tuvo siendo dirigido por el general D. Antonio Gastañeta. En 
1728 se le premiaron á Campillo sus trabajos con la venera de San- 
tiago, que aun no se concedía á los merecimientos genealógicos, 
sino á los servicios personales. 

En aquel y otros destinos no menos activos continuó Campillo, 
hasta que en 20 de noviembre de 1733 pasó de intendente general 
al ejército de Italia con mil escudos mensuales de sueldo. 

Las dificultades que venció para tener siempre corrientes los su- 
ministros de numerosas tropas diseminadas en distintos pun tos de 
aquella península , acabaron de dar á conocer su especial inteligen- 
cia en los ramos económicos , tanto que , desde entonces , sin mas 
alteraciones que las que trae consigo el tiempo , sus reglamentos 
fueron adoptados por el ministerio, y han seguido observándose 
hasta épocas recientes. 

Desavenido con el general en jefe duque de Montemar, no le per- 
mitió la independencia de su carácter continuar bajo sus órdenes, 
y regresó á España á principios de 1737 , siendo nombrado en 7 de 
mayo del mismo aíío , y con el mismo sueldo que tenia en Italia, 
corregidor de Zaragoza é intendente de Aragón. 

Después de la muerte del ministro Patino puso el Rey en 4 de 
marzo de 1741 en manos de Campillo los departamentos de Ha- 
cienda, Marina y Ultramar, con los mismos ochenta y cuatro mil es- 
cudos anuales de gajes y sueldos que disfrutaba su antecesor. Desde 
entonces, hasta que en 11 de abril de 1743 sucumbió en Madrid, 
en la flor de su vida pública , á un ataque cerebral ocasionado por 
el exceso del trabajo , fué el ministro de exclusivo ascendiente con 
Felipe V, que, poco aficionado al despacho de papeles, se acomodó 
perfectamente con quien no sabia vivir ocioso. Su influencia Regó 
al punto de hacer relevar á Montemar en el mando del ejército de 
Italia y conferirlo al conde de Gages. 

En sus Comentarios de la guerra de España atribuye el marqués 
de San Felipe esa separación á pura malquerencia del ministro; 
pero es de presumir que se la aconsejaran mas nobles motivos , in- 
utilizando ya entonces á aquel general para un mando tan activo 
los achaques que en 1 747 terminaron su existencia. Como quiera 
que fuese, los mayores y mas afortunados sucesos de la última 
campaña de Italia tuvieron lugar desde que Gages entró á mandar 
aquel ejército y mientras estuvo en pié Campillo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 403 

Fué la suya una de las figuras mas elevadas de su tiempo. AlgU' 
nos parientes necesitados, los institutos de beneficencia y los po- 
bres en general se aprovecharon mas que él mismo de sus cuan- 
tiosos emolumentos, como ministro casi universal. Según una nota 
de Coxe, solia decir á Felipe V, que le bastaba con un peseta diaria 
para alimentarse , y con la mitad, en tiempo de uvas. Gran afición 
tendría á esa fruta. Modestísimo en su porte y costumbres , jamás 
se ha conocido entre dos personajes en iguales funciones ocupados, 
un contraste mayor que el de Campillo con su espléndido suce- 
sor el marqués de la Ensenada. No se parecían mas que en in- 
teligencia y pensamientos. Sin haberse conocido apenas, fué el se- 
gundo en la administración una continuación del primero, aun- 
que inferior en la prudencia y previsión. Se asemejaron hasta en 
la hermosura personal, aunque en los gustos y en el porte exterior 
fueron muy diferentes. Ensenada fué muy dado á la magnificencia, 
y se engalanó con casi todas las mayores condecoraciones europeas 
de su época. Campillo, exclusivamente español en aficiones, re- 
husó las que le dieron, incluso el Toisón, y no admitió jamás sino 
la de Santiago. 

Su laboriosidad no tuvo límites. Además de redactar y escribir 
él por sí todo lo importante, y lo mismo siendo ministro que in- 
tendente, dejó largos trabajos económicos, y algunos se encuen- 
tran en la Bibl. Nac. de Madrid y en los MMSS. de la Bibl. de la 
real Acad. de la Hist. 



CAPÍTULO DECIMOCUARTO, 



Juicio de un autor francés contemporáneo sobre la Habana y sobre Güemes. -- 
Gobierno de D. Juan Antonio Tineo.— Sus disposiciones y su muerte. — Se- 
gundo gobierno interino de D. Diego Peñalosa.— Muerte de Felipe V.— Pro- 
clamación de Fernando VI.— Operaciones navales.— Escuadra de D. Andrés 
Keggio. — Gobierno de D. Francisco Cagigal de la Vega. — Sucédele en San- 
tiago D. Alonso de Arcos Moreno. — Triunfos y catástrofe del navio Glorioso. 
—Acomete la escuadra inglesa al puerto de Santiago yes rechazada.— Ope- 
raciones navales. — Sangrienta lucha de la escuadra española con la inglesa al 
frente de la Habana y su indeciso resultado. — Paz general de Europa. 



Aunque desde 23 de noviembre de 1745 se había 
nombrado sucesor á Güemes, lo ignoraba todavía cuan- 
do se le presentó en 22 de abril de 1746 el mariscal de 
campo D. Juan Antonio lineo y Fuertes \ que con sus 
propias credenciales le entregó los despachos que pro- 
movían á su antecesor al alto y lisonjero cargo de vi- 
rey de Nueva-España, con otras mercedes precursoras 
del título de conde de Revillagigedo que se le confirió 
poco tiempo después. Quemes instaló en la capitanía ge- 
neral á su sucesor al dia siguiente; y aceleró su viaje á 
Veracruz á bordo del navio Reina, con la escuadra del 
teniente general D. Andrés Reggio, sucesor de Torres 



* V. su nota biog., pág. 593, t. IV, Dice. Geog,, Est., Hist. de la Isla de Cuba, 
por el A. 



tílSTORlA DE LA ISLA DE CUBA. 405 

en el mando de la estación naval de América. Nacido en 
aquella capital y niño aun , salió con él su hijo D. Juan 
Vicente que eternizó su nombre al terminar el siglo, 
desplegando sus dotes de gobierno desde el alto cargo 
que iba á ocupar su padre entonces. 

Aunque superficial y no completa , la siguiente rela- 
ción sacada de los viajes deVilliet d'Arignon, que tran- 
sitó por la Habana en este tiempo, bosqueja la fisonomía 
de la ciudad de entonces y nos confirma la opinión 
general que en ella dejó Güemes. 

<f Es una ciudad muy extensa , de traza regular y de 
» las mejor fortificadas de América. Su perímetro es 
» como el déla Rochela, pero infinitamente mas poblado. 
3> Adórnanla muchos edificios públicos, iglesias y con- 
1) ventos; y contiene mas esclavos negros que ningún 
c( otro pueblo de los dominios españoles. En su puerto, 
» uno de los mas vastos y hermosos, sostiene el Rey de 
» España una numerosa maestranza , un arsenal y ta- 
» lieres destinados á construir buques de guerra; y la 
» compañía, á cuyo cargo corre la construcción, constan- 
» temente tiene cinco ó seis sobre las gradas. A excep- 
,»cionde algunas, las calles son perfectamente rectas. 
» Las casas de dos ó tres pisos , de mampostería y casi 
» todas con balcones de madera , aparecen techadas 
» de azoteas tan alegres como las de algunos pueblos de 
1; » la península española. Defendida por sus fortificacio- 
i> nes y por unos cuatro mil hombres de tropas regula- 
» res ^ en brillante estado, la Habana es casi intomable, 
» si se atiende á que lo remolo de su situación geográ- 



2 Confundía sin duda Williet con laá daron entonces perfectamente unifor» 
tropas veteranas las milicias que que» madas y organizadas por Güemes. 



406 HISTORIA 

» fica es un obstáculo para que puedan atacarla fuerzas 
» muy considerables. Es el depósito del comercio espa- 
j> ñol con la América central. Su clima es bastante sano, 
» y los habaneros son francos y joviales. Las mujeres, 
j> por lo general hermosas, gozan allí de mas libertad 
D que en las demás colonias españolas. Abunda en frai- 
» les y eclesiásticos, que no viven con la regularidad 
» mas propia de su estado , y son en extremo caras las 
» necesidades de la vida , merced á los monopolios que 
» ejerce en el mercado una compañía que compra los 
» barriles de harina á cinco ó seis pesos para venderlos 
» á treinta y cinco y treinta y seis.» 

» Aunque constantemente se sostengan en el puerto 
» buques armados para la persecución del contrabando, 
i> no consiguen evitarlo, ni dejan muchas veces de tomar 
» parte en las introducciones ios mismos comandantes de 
)) los guarda-costas. Así es que todo abunda en esa pla- 
» za; que las gentes de caudal disfrutan de todos los gus- 
> tos y comodidades de la vida ; y que sus habitantes 
2) visten con mas limpieza y elegancia que en cualquiera 
» otra ciudad. » 

« Toda la población gasta para su consumo agua de 
» aljibe, muy preferible á la de una sola fuente pública 
» que hay en medio de la plaza mayor, reservada para 
» abrevadero de muías y caballos. Circulan por toda ella 
)) gran número de calesas, que la mayor parte se alqui- 
» lan lo mismo que en los pueblos europeos. » 

» Guando el autor estuvo en la Habana , el goberna- 
» dor D. Juan Guemes Horcasitas acababa de ser pro- 
» movido al alto puesto de virey de Méjico. Puede de- 
» cirse que lo compró; permitiéndole la inmensa fortuna 
» que habia acopiado en su gobierno aspirar á mas altas 



DE LA ISLA DE CUBA. 407 

» funciones. Era de alta estatura y bello aspecto , aun- 
» que ya anciano , y de imaginación fecunda en discurrir 
i> arbitrios y exacciones. De tal modo le precedió esta 
» fama en aquel pais, que sus habitantes le aplicaron 
» desde luego el poco lisonjero dicho de : « no es conde 
» ni marqués, Juan es. » 

No recurrimos al texto, ni menos á los datos de Vi- 
lliet d*Arignon , sino por las impresiones que como es- 
critor coetáneo nos trasmite de ese tiempo. 

Siguiéndose la guerra con calor y reforzándose los in- 
gleses en el archipiélago, menester fué que el ministro 
Ensenada descansara mucho en las luces de Tineo para 
confiar un cargo tan expuesto á un general , á quien sus 
frecuentes vahídos no permitían leer ni escribir, ni aun 
firmar su pulso tembloroso. En consideración á sus 
achaques, contraidos en Italia, se le autorizó por gracia 
especial á usar de la estampilla. En efecto, en el despa- 
cho mismo de su nombramiento se hacia honrosa men- 
ción de sus antecedentes y servicios; y Alcedo en su 
« Diccionario geográfico de América , » muchos años 
después, le designaba como « jefe de singulares cua- 
lidades. » Impidiéronle por desgracia desplegarlas sus 
dolencias, agravadas con la mudanza de clima y el ardor 
de la estación. Después de renovar y expedir gran nú- 
mero de patentes de corso , cuando proyectaba con calor 
corregir varios defectos de las obras de la plaza y em- 
prender la fundación de un hospicio para mujeres re- 
cogidas , tuvo que entregar el mando al teniente rey 
D. Diego Peñalosa ^ el 5 de julio. Se retiró á una quinta 



3 V. su nota biog., pág. 192, t. IV, Dice. Geog.^ Est., Hist. de la Isla de Cubot 
por el A. 



408 HISTORIA 

llamada de San Juan, que á una legua de la capital po- 
seían los Betlemitas; y allí el 21 de aquel mes, en lugar 
de la salud, halló la muerte. Poco antes fallecía en Italia 
su hermano mayor el teniente general D. José Antonio, 
inspector del ejército del infante D. Felipe y uno de los 
cabos mas notables en las guerras desde 1 732 suscita- 
das en la península italiana por la ambición de la reina 
doña Isabel Farnesio. D. Juan consagró las últimas se- 
manas de su vida á dictar para el Rey una memoria so- 
bre las defensas de la plaza, y la imperiosa urgencia de 
dar principio á las de la Cabana. 

Reggio había regresado á la Habana con su escuadra 
y la flota de Veracruz al mediar junio. Sabedor luego de 
que por las aguas de la costa septentrional se presenta- 
ban embarcaciones enemigas, se apresuró á lanzar sobre 
ellas, con el capitán de fragata D. Vicente de la Quin- 
tana, dos jabeques, un paquebot y una balandra que 
mandaban D. Luis de Velasco \ Garaycoechea y otros 
oficiales escogidos. Dos fragatas de guerra inglesas se 
atrevieron á esperarlos á la entrada del canal el 22, 
aunque luego intentaron tomar viento y alejarse. La 
menor, acometida separadamente por Garaycoechea con 
la balandra y su afortunado paquebot el Diligente , fué 
alcanzada y apresada á las tres horas de caza y de com- 
bale. La mayor, que era de á cuarenta , resistió con fir- 
meza los ataques de Quintana y de Velasco con los dos 
jabeques. A las cuatro horas de tenaz refriega fué cuan- 
do la rindieron, abordándola por ambas muras y per- 
diendo tanta gente el vencedor como el vencido. Este 



* V. en la pág. 642, tomo IV, DicCé el A. la biog. mas completa de noticias 
6eog.^ Est., ffísí* de la Isla de Cuba, por que se conozca de este heroico marino. 



bÉ LA ISLA DE CUBA. 409 

y otros encuentros muy felices que tuvieron en las aguas 
de la isla D. Juan de Cañas, López, Siberio y otros 
corsarios prácticos y audaces , contribuyeron tanto 
como la presencia de la escuadra en la capital á mante- 
ner sus costas respetadas. 

Sin ofender en nada á las mayores , un espantoso hu- 
racán equinoccial llenó de estragos á las Antillas menores 
el dia 13 de octubre (1746). En la de San Cristóbal so- 
lamente se estrellaron veinte y cuatro buques, la mayor 
parte ingleses y holandeses. Juzgando Reggio limpia la 
derrota á Cádiz después de aquel sacudimiento , dispuso 
á principios de noviembre que salieran para aquel puerto 
los caudales en nueve embarcaciones, escoltadas por el 
navio de guerra Reina , que ya habia regresado de 
dejar en Veracruz á Güemes. El resultado correspondió 
á su cálculo cumplidamente. Aunque cargadas de ri- 
quezas , no solo arribaron á España sin tropiezo al prin - 
cipiar enero, sino que lograron capturas de importancia 
y, entre otras , la del navio inglés Julio César. 

Ocurría por este tiempo una novedad que luego de- 
bía cambiar la faz de Europa, la inesperada muerte 
de Felipe V, que á los sesenta y dos años y con condi- 
ciones aun de larga vida , sucumbió de repente en Aran- 
juez á un ataque de apoplejía el dia 9 de julio de aque' 
año. Le sucedió en el trono el príncipe de Asturias don 
Fernando VI, hermano del malogrado D. Luis I y único 
hijo que dejaba aquel monarca de su primer matrimonio 
con Luisa de Saboya. Peñalosa hizo proclamar en la Ha- 
bana y en los otros pueblos al nuevo soberano, con mayor 
ostentación que la acostumbrada anteriormente en tales 
casos y de la que parecían permitir los cuidados de la 
guerra. Este fué el suceso mas marcado de la segunda 



410 HISTORIA 

interinidad de Peñalosa , notable solamente por la vigi- 
lancia y cordura de su porte. Ascendió á brigadier, des- 
pués de socorrer en marzo de 1747 á la Florida, que 
Oglethorpe continuaba amenazando, y gobernar muchos 
meses con justicia. 

Aunque nombrado años atrás gobernador de Caracas, 
como queda dicho, habíase dispuesto luego que siguiera 
Cagigal en Santiago, afanosamente dedicado después de 
la invasión de Vernon, á promover el corso y las obras 
de fortificación mas necesarias para preservar de nue- 
vos insultos á su territorio. Permitióle llenar estas segun- 
das miras su cumplida ventura en las primeras, con- 
sagrando una parte de las presas logradas por los 
corsarios de aquel puerto á levantar un fuerte reducto 
y una batería en la playa de Miel, en Baracoa , labrar 
buenos cuarteles y un limpio matadero en la ciudad ca- 
becera y fabricar torreones y reductos en los surgideros 
de Juragua la Grande y de la Chica. Cubrió de defensas 
y parapetos todo el litoral inmediato á aquella bahía. 
Desde agosto se le premiaron estos nuevos servicios con 
el ascenso á mariscal de campo , y después con la capi- 
tanía general de Goatemala. Pero sabiéndose en Madrid 
la muerte del Tineo , antes que salieran de Cádiz sus 
despachos, sin vacilar nombró el gobierno á Cagigal para 
ocupar el puesto del difunto ; y al brigadier coronel de 
Almansa D. Alonso de Arcos Moreno ^ á la sazón ido á 
la Habana , se le confirió al mismo tiempo la vacante que 
Cagigal dejaba en Cuba. 

Este, hasta que regresara Arcos Moreno, encargó el 



^ V. su única biogi, pág. 41, tomo I, Dice. Geog.y Esl., Ilisl. de la Isla de Cuhat 
por el A* 



Í)E LA ISLA DE CUBA. 411 

i 5 de mayo del gobierno político de Santiago á los 
alcaldes D. Gabriel Rodríguez y D. Antonio Carrion , y 
del militar al sargento mayor D. Fulgencio Solís ; y á 
los veinte y cuatro días de dura y arriesgada marcha, á 
caballo y en goleta por la costa , fué cuando se hizo 
cargo de la capitanía general el 9 de junio de 1747. 

Mas lento aun y mas penoso estuvo el viaje de su 
sucesor en Cuba, Arcos Moreno, que salido de la Habana 
el día 13 de junio , hasta el 24 del siguiente no llegó á 
ocupar su puesto. 

Ya mencionado en su lugar el accidente que con la 
desaparición del Invencible arrebató su mas hermoso 
buque á la marina, refiramos ahora cuan dignos de 
su nombre fueron los postreros días del navio que lle- 
vaba el de Glorioso , lanzado como aquel al agua de las 
mismas gradas del astillero de la Habana y por el mismo 
tiempo. Armábanle setenta piezas en dos puentes , y 
ningún otro de la escuadra de D. Andrés Reggio le igua- 
laba en andar y gallardía. Salió á fines de junio del 
puerto en que nació , llevando en sus pañoles cuatro 
millones de pesos en dinero y uno más en preciosas 
mercancías. Mandábalo el Bailío de la orden de San 
Juan D. Pedro Mesía de Lacerda , cuyas cualidades 
luego acreditaron que aun duraba en la marcial España 
la levadura insigne de los Menendez , Bazanes y Tole- 
dos. Navegó Lacerda sin tropiezo, ni contrarios vientos 
hasta los veinte y un grados de longitud occidental de 
Tenerife. En esta situación, como á doscientas leguas de 
las costas de la península, en la tarde del 25 de julio 
atravesáronse en sus aguas un navio inglés de á ochenta, 
una fragata de á cincuenta y un bergantín de á veinte^ 
escoltando un convoy de trece embarcaciones. Sin va- 



412 mstoRíA 

cilar cerró el Glorioso con los tres bajeles, equilibrando la 
desigualdad de la lucha con el acierto y viveza de sus 
fuegos. Dos solas descargas le bastaron para rechazar á 
la fragata , despojándola del mastelero de sobremesana 
y de casi todo el aparejo. Vanamente el Warwick, 
mandado por el capitán Erskine, y él solo con diez caño- 
nes mas que su contrario y además sostenido por el ber- 
gantin , se apresuró entonces á apurar sobre el Glorioso 
todos los esfuerzos de su superior tripulación y artille- 
ría. Alumbrados por una clara luna, pelearon los dos 
sin tregua aquella noche y sin lograr Erskine mas que 
la humillante ventaja de esquivar los intentos del Bailío 
para abordarle. La aurora descubrió en el horizonte del 
Glorioso á la fragata desarbolada y fuera de combate, al 
bergantín sin muras ni aparejo, al Warvs^ick sin palo 
mayor ni mastelero de proa, con toda la obra muerta 
destrozada y cubiertos de cadáveres sus puentes. Tam- 
bién quedó el Glorioso con los palos y el velamen des- 
trozados y teñida de sangre su cubierta. Erskine ya 
no pensó mas que en refugiarse en su convoy ; y bien á 
su pesar tuvo el Bailío que desistir de darle caza por 
remediar sus propias averías^ enderezando el rumbo ha- 
cia Galicia ^ 

Para que no fueran de una sola especie los enemigos 
que habia de combatir, los vientos que hablan favorecido 
hasta allí á la heroica nave, trocáronse en contrarios. Des- 
pués de luchar con ellos y sus propios quebrantos veinte 
dias enteros , cuando al amanecer del 1 4 de agosto 
descubría por el horizonte á Finisterre, presentáronse á 
atacarla de repente un navio de sesenta cañones y dos 

« Y V. las Gacetas y Mercurios de Madrid de esta época. 



DE LA ISLA DE CUBA. 413 

fragatas de la escuadra de Byng, que á la sazón cruzaba 
entre Lisboa y Oporto. Aunque debilitada en el primer 
combate, acreditó la tripulación del Glorioso igual des- 
treza é intrepidez en el segundo. Hubo de arribar y 
alejarse á toda vela el navio inglés á las tres horas de 
refriega, inundándole el agua las bodegas por el bo- 
querón que un proyectil de treinta y seis le abrió en 
el casco; y se apresuraron á proteger su huida las fra- 
gatas, también muy lastimadas en la arboladura y los 
costados. 

Sin vergas, ni bauprés, casi sin popa, aun se esforzó el 
Glorioso cingladura y media para abrigarse el 1 6 en Cor- 
cubion, ria muy cercana del mismo Finisterre. Se repi- 
tieron por toda España los aplausos con que á tan in- 
trépida arribada saludó una humilde aldea. Más debieron 
celebrarla aun ei comercio de Cádiz y la Contratación, 
por lo que les interesaba la carga del Glorioso, aunque 
exigieron por sostener sus insensatos privilegios, que 
á pesar del estado del navio y del crucero inglés se diri- 
giese á descargar sus consignaciones en sus mismos 
muelles. Quebrantando las exigencias de la Contratación, 
se apresuró el intendente de marina del Ferrol D. Ber- 
nardino Freiré á hacerse cargo de novecientos cuarenta 
mil cuatrocientos ochenta y seis pesos, dos mil cuatro- 
cientos quintales de cobre y algunos bultos más perte- 
necientes al erario. Pero con averías mal remediadas, 
se obligó al Glorioso á salir de Corcubion el i O de oc- 
tubre para dejar su restante cargamento en la Coruña. 
Un recio N. E. casi desde su salida le forzó á tomar el 
rumbo opuesto, porque ese viento entonces le favorecía 
para llegar á Cádiz. Apartándose del crucero de la costa, 
habia el Bailío logrado navegar sin encuentro hasta el 



414 ' HISTORIA 

i 7, cuando,' al remontar el cabo de San Vicente, le 
avistó con su escuadra el mismo Byng. Empezó á darle 
caza este almirante, y al ver que no podia alcanzarle, 
lanzó sobre él sus buques mas veleros. Arrimáronsele á 
las siete de la noche dos fragatas, una de cuarenta y de 
á treinta otra, pero sin resistir mas que tres horas los 
certeros disparos del Glorioso. Después de las diez cor- 
rieron á ampararse bajo el cañón de los castillos portu- 
gueses de Langre y San Vicente. Seguido muy de cerca 
por diez bajeles más, mudó el Bailíode rumbo ai ama- 
necer del 1 8. Pero no tardó en cruzarse á su temible 
paso el Yarmouth de á sesenta, mandado por el joven y 
valiente Hamilton, que sostuvo con él tremendo cañoneo. 
Continuaba la refriega con furor, cuando á las once pe- 
netró una bala rasa del Glorioso por la Santa Bárbara 
del Yarmouth, que con horrísono estruendo voló des- 
hecho en fragmentos por los aires. No mas que once in- 
dividuos se salvaron de una tripulación de cerca de 
quinientos. 

Pero no fué para el vencedor sino un leve respiro la 
catástrofe de su mas digno adversario. Sin obra muerta 
ya, ni cofas, ni masteleros, ni aparejos, cuando los bra- 
vos tripulantes que aun se tenian en pié sobre las tablas 
apuraban sus esfuerzos por mover el casco y refugiarse 
en Aya monte , á las doce de la noche sobrevinieron á 
acosarle con vigor el Russel, de noventa y dos, por un 
costado , y dos fragatas de á cuarenta por la popa. Pa- 
recieron entonces Lacerda y sus marinos sobreponerse 
á lo que se podia esperar de entes humanos. Exigia aun 
el honor de la espirante nave otro holocausto que corres- 
pondiera á la majestad de su agonía. No arrió el Bailío 
bandera, sino al amanecer del 19, después de inmolar 



DE LA ISLA DE CUBA. 415 

SUS postreros tiros á la flor de las dotaciones enemigas. 
El generoso capitán del Russel se apresuró á salvar en 
sus falúas á aquel puñado de héroes, envuelto en un 
volcan de fuego y resignado á desaparecer con el noble 
casco habanero en el Océano. Aunque perecieron en este 
último combate casi todos los oficiales y contramaestres 
del buque vencedor, y cerca de la tercera parte de su 
tripulación habia quedado herida , no fueron para sus 
adversarios Lacerda ', Postigo , Rojas y los restos vivos 
del Glorioso sino objetos de veneración, de cuidado y de 
agasajo. 

Pero volvamos á la crónica de la isla, en cuyas aguas 
la guerra , en lugar de calmarse en su postrer período, 
iba arreciando. 

Cuando con una escuadra numerosa insultaba el al- 
mirante Knowles las costas de Santo Domingo y des- 
truía algunos fortines, arrebataban á los ingleses los 
corsarios de Santiago de Cuba, dirigidos por el intrépido 



' D.Pedro Mesia de Lacerda Men- Inglaterra ; y después de su regreso á 

doza y Cárcamo nació en Córdoba el España , desempeñó sucesivamente el 

11 de febrero de 1700, siendo bijo se- mando de las fuerzas navales del Medi- 

gundo de los marqueses de la Vega de terráneo y de la América central, pa- 

Armijo , cuyo título vino á heredar sando luego de virey á Nueva Granada, 

siendo ya anciano. Después de sentar Al volver á Madrid á ejercer sus fun- 

plaza de guardia marina en 1716 , con- cienes de gentil hombre de cámara, fué 

currió á las expediciones de Cerdeña y ascendido á teniente general, teniendo 

de Sicilia, á las dos primeras de Italia y ingreso en el Consejo de la Guerra, 

á las principales funciones de guerra Poco después, la orden de Malta, en 

que ilustraron en su tiempo á la armada la cual era gran cruz y bailío de Lora 

nacional. Prisionero y herido cuando se con las encomiendas del Viso y Puerto 

perdió el Glorioso, fué á curarse en Marino, le nombró su embajador en la 

Londres, en donde gozó de toda liber- corte de España; y desempeñando aun 

tad y fue objeto de las mayores atencio- esas funciones, murió en Madrid de 

nes. No existiendo aun en la marina es- ochenta y tres años de edad el 15 de 

pañola la categoría de brigadier, fué abril de 1783, 
ascendido á jefe de escuadra estando en 



416 HISTORIA 

D. Vicente López , cuantas embarcaciones asomaban por 
sus aguas. En enero y febrero se apoderaron de una fra- 
gata llena de víveres y caballos; de tres balandras con ar- 
mas, papel y mas de cien negros; en marzo, de dos ber- 
gantines con aguardiente y café , de dos paquebotes con 
ron y azúcares, de otro con ciento ochenta y cinco ne- 
gros de ambos sexos y un rico cargamento de marfil, de 
una goleta mercante y otra corsaria, ambas con todo gé- 
nero de municiones. Ya muy preparado á vengar en 
aquel puerto los desastres de Vernon y Wenworlh, aca- 
baron estas presas de enardecer las iras del inglés que se 
apareció el 8 de abril ante la entrada de la bahía con ocho 
navios de línea de á sesenta , setenta y ochenta , dos 
fragatas de á cuarenta, un paquebot de á veinte, tres 
balandras y mas de tres mil hombres de desembarco. 
Anteriores avisos del gobernador francés en aquella isla, 
y mas aun las maniobras de Knowles tenían muy indi- 
cado su proyecto; pero las armas británicas, en vez de 
un desagravio, hallaron en Santiago un nuevo descala- 
bro. Con buenos prácticos intentó forzar el 9 la entrada 
de la bahía, avanzando un navio de á sesenta seguido de 
otro de ochenta y de todos los demás de dos en dos. En 
aquel instante no contaba allí Arcos reunidos mas que 
unos quinientos veteranos y algunas compañías de mi- 
licias; pero tenia la gente tan aleccionada , y las bate- 
rías tan prevenidas, que al arrimarse los navios enemi- 
gos de vanguardia á tiro de fusil del Morro, cejaron 
con premura , rechazados por un volcan de metralla y 
balas rasas. El de sesenta, sin timón, sin palo mayor y 
sin bauprés, no pudo salir sin que le remolcaran; « el 
» segundo dejó en el agua parte de su popa ; » y con- 
taron ambos en media hora de fuego mas de doscientos 



DE LA ISLA DE CUBA. 417 

heridos y cien muertos ^ Al rayar el \ O apareció la es- 
cuadra inglesa en línea , frente de la caleta de Aguado- 
res y con parte de su gente en lanchas aparejadas para 
el desembarco. Pero también se presentó allí Arcos 
Moreno con la suya, reforzada ya con los milicianos 
que por momentos iban acudiendo. Knowles, calcu- 
lando la sangre que le iba á costar su ejecución , re- 
nunció á su plan de desembarco; recogió tropas y lan- 
chas ; estúvose á la capa el resto de aquel dia y cingló 
por la noche hacia Jamaica. 

Reparó sus averías en Kingstown, nombre que daban 
los ingleses á la principal ciudad que fundaron en esa 
isla y en su mejor puerto, y luego que allí repuso sus 
tripulaciones, sin temor á la estación equinoccial, á 
mediados de setiembre salió á esperar á la fragata de 
guerra española de á cincuenta, la Bizarra, y los Azogues 
que venia escoltando para Veracruz. Proteger su arribo 
era precisamente el cuidado que ocupaba más en aque- 
llos dias á Reggio, detenido en la Habana tanto con ese 



» VV. en la Gaceta de Madrid de 13 ney con doscientos cincuenta hombres 

de agosto de 1748 yarias referencias escogidos de infantería. Añade Char- 

del parte oficial comunicado por Arcos nock : « He arrived on that place on 

Moreno en 14 del anterior abril que »the S of April. The PIymouth and 

existe en el Arch. de Ind. de Sevilla. » Cornwailles were ordered to lead 

Según la pág. 357 del tomo IV de »into the harbour; bulto their great 

Biographia Navalis , de Charnock, las «surprise, found á strong boom laid 

fuerzas que condujo Knowles al ataque » accross , and four vessels , filled with 

del puerto de Santiago, se componían «combustibles, moored withing it, rea- 

del Cornwailles de á ochenta, del Ply- »dy to he fired, whenéver the boom 

mouth de á sesenta , del Elizabeth de á » itself should be forced ; so that, after 

sesenta y cuatro, de los Gantorbery, «discharging a few broadsides at the 

Stafford y Warswick de á sesenta, del » latter, it waseslimed prudent to desist 

Oxford de á cincuenta y hasta seis bu- »from any farther attempt, and the 

ques menores más, acompañándole el » squadron returned to Jamaica. » 
gobernador general de Jamaica Trelaw- 

HIST. DE CUBA. —'TOMO II.— 27 



418 HISTORIA 

fin , como con el de activar la construcción de dos na- 
vios de á ochenta, el Fénix y el Rayo, muy adelanta- 
dos ya en el astillero. Aunque reforzado este general á 
la sazón por dos navios de guerra del teniente general 
D. Benito Antonio Spínola, sucesor de Lezo en Cartagena, 
cuando supieron á últimos de aquel mes la aparición de 
Knowles hacia la costa del Norte , dolióles vivamente á 
Reggio y Gagigal que no pudieran aun armarse aque- 
llos dos potentes buques , recien botados de las gradas. 
Con ellos , las fuerzas de Reggio habrian bastado para 
coronar los triunfos de aquella larga guerra con un golpe 
brillante, y quizá destruir á la escuadra de Knowles en- 
teramente. 

Los buques españoles listos para navegar ^ en el mo- 
mento eran el África , de á setenta cañones , donde te- 
nia su insignia Reggio ; otro navio de igual fuerza , pri- 
moroso y recien construido en la Habana, llamado el 
Invencible, en donde tremolaba Spínola la suya; el Real 
Familia , el Nueva España, el Conquistador y el Dragón, 
los cuatro de á sesenta , mandados por los capitanes 
Forastal, Várela, Sanjusto y Paz; y la fragata Galga, de 
á cuarenta, propia de Garaycoechea , y que dirigia tan 

9 La escuadra de Reggio se componía La inglesa constaba del Cornwailles 

del África de á setenta^ con su insignia, de ochenta con la insignia de Knowles, 

mandado porD. Juan A. de la Colina, el Lennox y el Cantorbery de á seten- 

del Invencible de á setenta, mandado ta, el Tilbury, el Warwick y el Strad- 

por el mismo Spínola y con su insignia, fort de á sesenta, y el Oxford de á cin- 

del Real Familia de á sesenta por don cuenta. 

Marcos Forastal , del Conquistador de Se ve por esta cuenta que los buques 

á sesenta y seis porD. Tomás Sanjus- ingleses, aunque iguales en número á 

to, del Dragón de á sesenta y seis por los españoles, les eran superiores en el 

D. Manuel de la Paz, del IN'ueva Es- de cañones y en el porte, 
paña de á sesenta por D. Fernando Vá- 
rela, y de la Galga de á treinta por Ga- 
raycoechea. 



DE LA ISLA DE CUBA. 419 

valeroso marino en lugar del Diligente , inutilizado ya 
á fuerza de encuentros. Les servian de exploradores un 
bergantin de pocos cañones y un jabeque de la Compañía. 
Salió esta escuadra de la Habana con el terral del 2 
de octubre. Navegó dos cingladuras con hermoso tiem- 
po; y el 4 , ya cercana á la Sonda llamada de Tortuga, 
fronteriza á los bancos de Florida , por donde en los años 
anteriores hablan desembocado la Bizarra y los Azogues, 
dio vista á una goleta inglesa que persiguió y apresó 
el jabeque en poco tiempo. Incomunicados al momento 
sus tripulantes unos de otros, contestemente declararon 
que se hallaba Knowles á pocas leguas con un navio de 
á ochenta , dos de á setenta , cuatro de á sesenta , una 
fragata de á cincuenta y cuatro , y otra de á cuarenta y 
ocho, con tropas de desembarco en todos sus bajeles, 
montados además por tripulaciones muy crecidas. Con 
esta nueva , Reggio , después de demostrarse en junta 
de jefes la improbabilidad de triunfar con cuatrocientas 
cuarenta piezas de quinientas sesenta y dos en mayor 
número de buques, guarnecidos de mas fuerzas, acordó 
en la tarde del 4 regresar para la Habana á tomar jarcia 
y velamen de respeto , reforzarse con algunas compañías 
de la guarnición y volver á buscar al enemigo con mas 
premisas de éxito. El 6 , la escuadra se descubrió 
desde aquel puerto con asombro de Cagigal y del vecin- 
dario , y, sin entrar en él , se estuvo al pairo ó volte- 
jeando , hasta que ell 1 , reforzada ya por dos compa- 
ñías de dragones, dos de Portugal y los repuestos nece- 
sarios , avistó por el horizonte un convoy inglés nave- 
gando en dirección de Europa y escoltado por un navio 
de á setenta, y cuatro fragatas de cuarenta á cuarenta y 
ocho. Tres dias hacia que Knowles, que le esperaba, 



420 HISTORIA 

se habia corrido hasta el cabo de San Antonio para es- 
coltarlo hasta la altura de Cabanas. 

Por mucho que se apresurase á darles caza Reggio, 
las embarcaciones del convoy, al descubrirle, se alejaron 
con tal celeridad que Garaycoechea solamente, cuya 
estrella era distinguirse siempre entre los otros , logró 
alcanzar con su velera Galga á un bergantín de veinte y 
dos cañones y tomarlo al abordaje , después de una re- 
friega dé dos horas y de sufrir grandes quebrantos. El 
navio inglés de á setenta , que cargaba millón y medio 
de pesos, el convoy y las cuatro fragatas de guerra de 
su escolta se habian ya refugiado á espaldas de la es- 
cuadra inglesa, cuando llegó á avistarla la española 
como á las once del día 12. En ambas se tocó á zafar- 
rancho y se hicieron los aprestos ordinarios. Pero el 
Dragón, que hacia mucha agua, habia amanecido aquel 
dia á unas diez millas de los otros buques; y Reggio, 
para proteger su incorporación, tuvo que mudar de 
rumbo y perder la ventaja del viento que añadió Know- 
les á las demás que le favorecian en bajeles , en gente y 
baterías. Extendidas en semicírculo como á una legua á 
sotavento de la Habana, y frente á frente, aparecieron 
á las tres de la tarde ambas armadas , la inglesa con el 
convoy distante á retaguardia. El vecindario entero de 
aquel pueblo se agrupó en las azoteas y en la marina á 
contemplar un espectáculo de tanto interés para el ho- 
nor nacional como para el de su misma población. Ex- 
ceptuándose al Real Familia, construido en la península, 
tabla á tabla habia visto fabricar en su astillero todas 
las demás naves de Reggio. 

Viendo este general que , á pesar de sus avisos ante- 
riores y de sus averías en el costado , persistía la Galga 



DE LA ISLA DE CUBA. 421 

en mantenerse en línea , mandó imperiosamente que 
Garaycoechea se retirase á repararlas; yKnowles, ob- 
servando la separación de esa fragata , por un alarde de 
hidalguía, apartó también á una de cincuenta y cuatro de 
su línea. Manteníanse dos de sus navios y sus demás fra- 
gatas á tres millas de distancia en conserva del convoy; 
de suerte que quedaron justamente para los seis navios 
españoles seis navios ingleses, aunque estos muy supe- 
riores á sus adversarios, como ya dijimos, en porte, en 
brazos y en artillería. 

Formando los doce navios dos líneas paralelas , eran 
ya las tres y media de la tarde, cuando Reggio inició la 
lid gallardamente descargando las dobles baterías del- 
África sobre el Cornwailles de á ochenta, que montaba 
Knowles. Imitáronle sin detención sus cinco compañeros, 
reciamente contestados por los enemigos, sin que aflo- 
jara en fuegos el Conquistador, aunque las primeras des- 
cargas de á treinta y seis de su contrario le arrebataron 
á su valeroso comandante D. Tomás Sanjusto, y al de 
su tropa D. Gaspar Tabares. Gagigal, que desde las pla- 
taformas de la Punta observaba con ansiosa impaciencia 
este combate, no distinguió por espacio de hora y me- 
dia, entre la nube que envolvía á los combatientes, sino 
masteleros y cofas que caian á los disparos. Como si 
todo lo esperaran de su valor, nada del arte , unos 
y otros marinos redujeron sus maniobras á mantenerse 
firmes en su línea. A las cinco, aunque ileso su vela- 
men, y después de maltratar mucho al Devonshire, tuvo 
que desamparar su puesto el Dragón , por no anegarse 
y poder aplicar todos sus brazos á las bombas. Mi- 
nutos después también salió del suyo por no poderle 
conservar el Real Familia, ya sin jarcias» ni velas, sin 



422 HISTORIA 

timón j sin palo mayor ni de mesana, y con diez y siete 
balazos á flor de agua, después de desarbolar y rechazar 
á dos navios contrarios. Resultando con esta doble se- 
paración seis contra cuatro , tres ingleses lograron arri- 
marse á las muras y popa del Conquistador, que se de- 
fendió con todo el tesón que le inspiraban los acentos y 
el ejemplo del capitán de fragata D. Vicente de la Quin- 
tana, que había entrado á mandarle por muerte de San- 
justo. No tardó en morir también hecho pedazos este he- 
roico mantañés , cuando , incendiado por tres partes el 
navio, hubo la tripulación de abandonar sus piezas para 
atajar las llamas. Apartáronse entonces los ingleses de un 
.^ volcan cuya explosión lo mismo amenazaba á los atacan- 
tes que á los defensores. Pero no pudiendo estos salvar- 
le, diéronle barreno y le anegaron, siendo generosa- 
mente recogidos y amparados por las lanchas enemigas. 
Recordábanse recientes ejemplares de haber buques 
españoles hecho rostro y aun vencido á doble número de 
ingleses; y lejos de enfriarse con su desventaja, arrecia- 
ron con mayor bravura la refriega el África, el Invenci- 
ble y el Nueva-España, á cada uno de los cuales acome- 
tieron dos por ambas muras. El teniente general Spínola 
con el Invencible, como inspirado por su ínclito ascen- 
diente Ambrosio, el vencedor de Flandes, no solo re- 
chazó á sus agresores con la precisión y viveza de sus 
tiros, sino que desembarazó á la Capitana, al África, 
cuando el mismo Knowles se disponía á abordarla con 
el Cornwailles y otros dos navios. Entonces acometieron 
al Invencible los tres juntos, y juntos también entraron 
los demás á acometer al África que con todo el denuedo 
de Reggio y de sus oficiales hubiera sucumbido, si el va- 
liente Várela, con el Nueva-España, no se hubiera preci- 



I 



DE LA ISLA t)É CUBA. 423 

pitado á socorrerle; y si el Real Familia, cegados sus agu- 
jeros con premura, no retornase al anochecer á las aguas 
del combate, á disparar todas sus baterías sobre el Corn- 
wailles. Luego que cerró la noche, Knowles, creyendo 
ocultar entre sus sombras esa contradicción de su conduc- 
ta, hizo venir los buques que escoltaban al convoy, y con 
ellos redobló de esfuerzos, anhelando una victoria que el 
honor de su pabellón y su superioridad numérica exi- 
gían. Pero todos se estrellaron contra la impavidez de 
Reggio , Spínola , Várela y Forastal , contra la regula- 
ridad de los disparos del África, del Invencible, del 
Nueva España y Real Familia ^\ 

A las nueve y media de la noche, viendo el almirante 
inglés sus embarcaciones destrozadas , muertos tres de 
sus comandantes de navios y mas de cuatrocientos hom- 
bres de su escuadra, prefirió, como era natural, suspen- 
der una lucha que podia pasar como indecisa, á expo- 
nerse á un resultado que podia degenerar en un revés. 

También costó á los españoles duros sacrificios la 
gloria de este encuentro. Ademas de Sanjusto, de Quin- 
tana y de Tabares, perdieron ciento cincuenta hombres, 
entre ellos al capitán de fragata D. Melchor de Vallecillo 
y al joven capitán de granaderos de Portugal, D. Fernan- 
do Cagigal, sobrino del capitán general de Cuba, una de 
.las muchas víctimas que en el curso de ese siglo sacrificó 
en defensa de su patria tan distinguida familia Trasme- 

*^ W. Charnock , Biographia JVa- núm. 4.' de los Apéndices de este tomo 
valis; Campbell, Lives of the Admi- una relación de este combate que se 
rali, etc., y los partes oficiales de Reg- atribuye al capitán de fragata D. Juati 
gio y Cagigal al marqués de la Ensena- Antonio de la Colina que mandaba el 
da , en el Arch. de Ind. de SeYilla» Por navio África , y que mucbos años des- 
la independencia con que parece es- pues fué el primer comandante general 
crita, hemos preferido insertar en el del apostadero de la Habana. 



424 HISTORIA 

rana. También perecieron combatiendo otros dos jóvenes 
hermanos y oficiales de marina, apellidados Pumarejo, y 
casi todos los ciento cincuenta hombres que salieron he- 
ridos del combate, pasando de trescientos los de la tri- 
pulación del Conquistador que cayeron prisioneros. 

El África, sin masteleros y en un estado desastroso, no 
pudo refugiarse en la Habana con los demás buques y 
fué á anclar en la caleta de Gigiras , próxima á Bahía- 
Honda. Reggio se esforzó allí en los dias 1 3 y 1 4 en ha- 
cerle reparos que le permitiesen refugiarse en el asti- 
llero de la Habana. El 1 5 iba ya á levantar ancla, cuando 
Knowles con tres navios y dos fragatas, únicas fuerzas de 
su escuadra que le quedaron disponibles , se presentó á 
rendirlo. Después de sacar á tierra entonces la valerosa 
tripulación, el material y todos los efectos, Reggio, 
para que no cayese en poder del enemigo, redujo el 
África á cenizas, sin que le cogiesen lo ingleses ni un 
cañón , ni un hombre. Aquel general, el capitán de fra- 
gata D. Juan Antonio de la Colina, con la oficialidad y 
su gente, se presentaron en la Habana eH7. 

Después de este desastre inevitable llegó el 16 una 
balandra despachada á Knowles por el gobernador de 
Providencia con nuevas oficiales de los preliminares de 
la paz de Aquisgran, que desde el 20 de abril se ha- 
bían firmado. Tan universal como el gozo fué la indigna- 
ción cuando se supo que un aviso, despachado en Cá- 
diz para comunicar tan grata noticia á las Antillas, habría 
llegado á la Habana muy á tiempo para evitar aquel san- 
griento encuentro, á no haberle apresado y detenido una 
embarcación armada de aquella isla. La mezquina ava- 
ricia de un corsario había costado inútilmente á dos na- 
ciones un millar de vidas. 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 425 

El 7 de octubre , cinco dias antes del combate , fué 
cuando se firmaron las ratificaciones de un tratado que 
tenia por bases á los anteriores, y conservaba á España 
todos sus derechos , cuando las demás potencias contra- 
tantes, el Austria, la Francia y aun la Inglaterra, sacri- 
ficaron muchos de los suyos. Las fuerzas españolas, triun- 
fantes en Italia y por los mares , consiguieron todas las 
miras de su gabinete, negociando entonces sus diplomá- 
ticos como sus capitanes y sus ejércitos hablan combati- 
do. La corona de las Dos Sicilias, conquistada en Biton- 
to , en Campo-Santo y en Velletri , se afirmó sobre las 
sienes del infante D. Carlos. Quedó en posesión su her- 
mano D. Felipe de los ducados de Parma , de Plasencia 
y de Guastalla; y asi se aplacaron juntamente el amor 
propio nacional y el afán ambicioso de la reina viuda por 
el engrandecimiento de sus hijos. Los españoles se ase- 
guraron el derecho de visitar á los buques extranjeros 
que navegaran por América , mediante una indemniza- 
ción de cien mil libras pagadas á Inglaterra por los per- 
juicios inferidos á la Compañía del mar de Sur y á los 
traficantes del Asiento. 

<c[Cien mil libras esterlinas!» decian los opositores del 
ministerio inglés , « brillante compensación de mas de 
» un millón y trescientas mil que valen las presas que 
» los españoles nos han arrebatado I El ministerio ha 
» sacrificado la libertad del comercio y de la navegación 
» inglesa, humillándose á respetar el inaudito privilegio 
» que se arrogan ellos de registrar nuestras embarcacio- 
» nes, y aun de confiscarlas cuando encuentren lo que 
» les convenga calificar de artículos de contrabando ^\ » 

" V V. Gacetas de Londres (sesiones de las Comunes), y D. Hume , Uislory de 
England, 



426 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

Ya se ha visto qué parte tan principal y tan activa 
tomaron los corsarios de Cuba en los quebrantos que 
padeció el comercio inglés y en el desenlace de una 
guerra , tanto mas afortunada para España , cuanto que 
nunca reparó mejor sus males que en la pacífica era de 
trece años de que fué seguida. 

En los dias 1 7 y i 8 de octubre Cagigal cangeó con 
Knowles los prisioneros que tenia , mediando entre am- 
bos generales recíprocos obsequios. Aquel almirante, 
después de reparar su escuadra en las Antillas , cingló 
para Inglaterra, achacando el desenlace del último com- 
bate á la impericia y cobardía de los capitanes Holmes, 
Innes y Clarke , los únicos comandantes de los navios 
que tomaron parle en él que hablan quedado vivos. Exa- 
minados ios cargos en consejo de guerra, el primero 
justificó su intrépida conducta. Pero suscitó el juicio 
del tribunal resentimientos , ocurriendo entre los otros 
dos un serio duelo en Hyde-Park que acabó por ser 
muerto Innes y condenado Clarke como homicida , per- 
donándole después el Rey *^ Era mas propio del orgullo 
inglés atribuir las consecuencias de un encuentro poco 
favorable á las faltas de sus oficiales que á la superio- 
ridad que en general conservó sobre la suya la marina 
española en todo el curso de aquella larga guerra. 



♦2 V V. Charnock, Biographia Nava- las Gacelas de Londres y otras muchas 
Hs ; Campbell, Uves of the Admiráis; publicaciones inglesas de esta época. 



CAPÍTULO DECIMOQUINTO. 



Continuación del gobierno de D. Francisco Cagigal. —Reprime á la autoridad 
municipal. — Abusos de la Compañía de Comercio. — Extensión del contraban- 
do.— Denuncias de introducciones ilícitas. — Ineficacia del gobierno para repri- 
mirlas. — Proyecta el ministro Ensenada expulsar á los contrabandistas ingleses 
de la América central. — Caida de ese célebre ministro. — Muerte del obispo 
Laso de la Vega. — Le sucede el de León de Nicaragua D. Pedro Morell de 
Santa Cruz. — Su carácter. —Reglamento militar del virey conde de Revi- 
llagigedo.— Reorganización de las guarniciones de la Isla y de la Florida.— 
Presupuestos. — Imprevisión en desatender á las fortificaciones de la Habana y 
suprimir los gastos que necesitaban. — Muerte de Fernando VI. — Subida al 
trono de Carlos III. —Paralelo entre Cuba y las Antillas extranjeras. -Obe- 
lisco en recuardo de la primera misa dicha en la Habana.— Traslación de Ca- 
gigal al vireinato de Méjico. — Gobierno interino de D. Pedro Alonso. 



La conducta de Cagigal, mañero, suave y observante 
de reglamentos y de leyes , presentaba con la de su pe- 
núltimo antecesor Güemes, contrastes muy marcados. 
En un solo punto, sin embargo, le imitó; en su propen- 
sión á disminuir la influencia de los municipios. Aquel 
tenia ya al de la capital muy sometido desde que en 28 
de febrero de 1741 , y por informes suyos, traspasó el 
Rey la prerogativa, antes concejil, de mercedar solares 
y realengos á una comisión presidida por el capitán 
general , y compuesta de notables de su elección ; y 
después, ni el derecho de representación le toleró á aquel 
cuerpo. Caso hubo de arrestaren el Morro á D. Luis de 



428 HISTORIA 

Aguiar S regidor de mas fibra que los otros , por meras 
observaciones sobre abastos que no andaban de acuerdo 
con las miras de aquel jefe imperioso. Cagigal, que al 
principiar su mando y á pesar del obispo y de su clero, 
había sabido hacerse desagraviar públicamente por un 
prior de San Francisco , acabó de sobreponer su autori- 
dad á la del ayuntamiento al principiar el año de 1749. 
Desde el tiempo de Guazo era costumbre que , antes 
de proceder á la elección de alcaldes, aprobaran ó mu- 
daran los capitanes generales los candidatos. Algunos 
regidores, al discutir la elección para el año de 1749, 
propusieron á D. Juan de la Palma y D. Bernardo ürru- 
tia ^, muchos años asesor de Güemes y letrado de algún 
crédito. Pero Aguiar y otro regidor, D. Pedro Santacruz, 
los dos de genio indócil y oposicionista , desentendién- 
dose de las prevenciones y los deseos de Cagigal, se opu-» 
sieron á este nombramiento por puro desafecto á ür~ 
rutia , y determinaron á la mayoría á nombrar en su 
lugar á D. José Pedroso y D. Gabriel de Céspedes. Mas 
no vaciló Cagigal en desaprobar esta elección y en hacer 
triunfar la de la minoría , quedando Urrutia y Palma con 
las varas. En cédula de 1 .' de junio de aquel año le 
aprobó el gobierno esa medida extraordinaria , que aca- 
bó de reducir á bien angosto radio la autoridad de los 
municipales , sin que después les restituyesen su ascen- 
diente los ejemplos de lealtad y patriotismo que supie- 
ron dar en dias de prueba. 

* V. su art. biog., pág. 3, t. I, tro Histórico Polilico , ele, áe h isla, de 

t)icc. Geog. , Esl. , Hist. de la Isla de Cuba, cuya nota biog. contiene el Dice. 

Cubai por el A. Geog., EsL, Hisl. de la Isla de Cuba* 

^ Este magistrado, que habia sido el por el A., y del teniente general don 

de mas confianza para Güemes, fué pa- Carlos de ürrutiá, natural ds la Ha- 

dre del D. Ignacio que escribió el Tea- baña. 



DE LA ISLA DE CUBA. 429 

A excepción del extraordinario impulso de las cons- 
trucciones en el astillero de la Habana , ya elevado á la 
potencia y categoría de un arsenal, como lo estaba en 
realidad su puerto á la de un apostadero general del 
mar central de América , la isla sacó menos ventajas del 
quieto y floreciente reinado de Fernando VI que de la 
afortunada y larga guerra de 4739 á 1748. Cierto es 
que, en cerca de trece años que la gobernó Gagigal, se 
lanzaron de las gradas siete navios de línea inmejora- 
bles \ una hermosa fragata, un bergantín y un paquebot, 
ocupando útilmente muchos brazos é introduciéndose así 
en el país mas numerario. Pero no hubo tampoco en 
lodo ese período otras manos autorizadas para comprar, 
vender y negociar que las de la real Compañía de la 
Habana ^ 

Navegó esta asociación con tal bonanza, á pesar de los 
riesgos de una larga guerra, de los entorpecimientos que 
causó al comercio ultramarino , y de la magnitud de sus 
obligaciones , que á los tres años de su creación tenia ya 



3 Los llamados, San Lorenzo ( Tigre) 
dea setenta, San Alejandro (Fénix) 
de á ochenta, San Pedro (Rayo) de á 
ochenta, S. Luis Gonzaga ( Infante ) de 
á setenta, Santiago (Galicia) de á se- 
tenta, Santa Bárbara (Princesa) dea 
setenta y San Eustaquio ( Astuto) de á 
setenta. Además, se construyeron en el 
arsenal de la Habana en la época de 
Cagigal, las fragatas Flora de á vein- 
te y cuatro, Fénix de á diez y ocho, los 
bergantines Triunfo de á diez y seis, 
Cazador de á diez y ocho, y el paque- 
bot Volante, también de á diez y ocho. 
V. pág. 147, t. III, Dice. Geog.^ Est., 
UUt. de la Isla de Cuba , por el A. 



* V. en el t. LXXV, de la colee, de 
D. Benito Mata Linares, en la Bibl. de 
la Ac. de la Hist. la Representación con-> 
ira los accionistas de tabaco de la isla de 
Cuba elevada al Consejo en 6 de octubre 
de 1770. Kn este documento , y aun en 
otros, se recapitulan todas las opera- 
ciones do la real Comp. de Comercia 
de la Habana desde su creación hasta 
su extinción. Pueden cotejarse las su- 
periores razones de esta representación 
con las alegadas en otra que había ele- 
vado al Rey la Compañía en diciembre 
de 1760, y que se halla también en la 
misma Biblioteca en el t. XL de ma- 
nuscritos de Papeles varios de IndiaSo. 



430 HISTORIA 

realizado un capital de novecientos mil pesos, de ios que 
quinientos mil pertenecían á accionistas residentes en Es- 
paña, y los restantes , á los avecindados en aquella capi- 
tal y la isla. Tanto se aglomeraron luego las ganancias, 
que en 1745 , no se podia adquirir ninguna acción por 
menos de mil pesos, pasando el capital en giro de un 
millón y ochocientos mil que resultaron en la liquida- 
ción de su primer quinquenio. Sin disminuir su fondo 
social , ni sus operaciones, pudo, pues, la compañía muy 
fácilmente distribuir en 1746 á sus interesados un 
treinta por ciento del primitivo valor de las acciones, y 
publicar en 22 de marzo del siguiente año un manifiesto 
impreso con el balance y resumen general de sus nego- 
cios. En aquel documento , estableció con arte un para- 
lelo de los rendimientos que en su tiempo reportaron la 
isla y la metrópoli y de los que hablan dado en el suyo 
las empresas particulares y las factorías. Atribuyó al 
acierto de sus operaciones y al desinterés de los accio* 
nistas los progresos que la marcha del tiempo y la 
naturaleza aceleraban en un país tan fecundo ; y luego 
calificó de irrefutables sus demostraciones , cuando tan 
contados eran aun en ese tiempo los que sabian verdades 
económicas, y de esos ninguno se atrevía á escribirlas. 
Aquella compañía monopolista, sin distribuir por eso 
sus ganancias á los que no corrían con su manejo y su 
gobierno , subió á la cima de su prosperidad logrando 
en 1749 exonerarse de su obligación mas dispendiosa, 
la construcción de buques , que desde aquel año corrió 
en la Habana por cuenta del erario , y dirigida por el 
comisario de marina D. Lorenzo Montalvo. 

A pesar de los argumentos de la Compañía fué la tira- 
nía de sus contratos y sus precios el mayor estorbo 



DE LA ISLA DE CUBA. 451 

opuesto al desarrollo de la agricultura y población de 
la isla , en los veinte años que duró su pernicioso mono- 
polio. La población de toda edad, sexo y color al con- 
cluirse en 1760 el gobierno de Cagigal, no llegaba en 
la capital á sesenta mil almas, sin pasar de ciento cua- 
renta mil en toda la isla ; y no correspondia por cierto 
ni á la virtud ni á la extensión de las tierras cultivadas 
una ruin exportación anual de doscientas mil arrobas de 
tabaco y menos de veinte mil de azúcar. La mezquindad 
de este último producto, atribuido á mas de cien inge- 
nios que ya habia por esos años, bastaba para revelar con 
evidencia que solo recibía España una corta parte de I03 
frutos del país y que pasaban los demás á los mercados 
extranjeros. Se disimulaban tan poco los agios y manejos 
de la Compañía, que en 1752 tuvo Cagigal que destituir 
de orden del Rey á su presidente y directores , sin que 
cesaran con esta medida los desórdenes. De tal manera se 
extendían entonces en la isla y en los puertos de la Améri- 
ca central, que ni los mas íntegros gobernadores tenían ya 
medios para oponerse á su torrente. Como que procedía 
de las necesidades de los mismos pueblos, de la imposibi- 
lidad de cubrirlas lícitamente bajo el imperio de un ruin 
prohibicionismo, y del activo interés de los extranje- 
ros en remediarlas ilícitamente. En los archivos pulula 
la documentación de esta época en denuncias de los 
contrabandos que se introducían en las Antillas , Vera- 
cruz, Campeche, Cartagena y Por tóbelo. Por referirse 
directamente á Cuba insertaremos una con su mismo 
lenguaje original, aunque sea anónima % porque sus bien 



^ Este docamento, adquirido por ei peles referentes á la isla, se halla ^n 
autor en 1847 en Londres con otros na- su colecc. 



452 HISTORIA 

determinados detalles llamaron la atención del marqués 
de la Ensenada hasta el punto de mandárselos averi- 
guar á Gagigal , dias antes de ser derribado del poder 
aquel ministro. 

a No obstante las providencias que el Gobernador de 
» esta plaza ha dado contra el ilícito comercio , no ha 
» conseguido extinguirlo , porque abusan de ellas sus 
j> adláteres y confidentes, y no tiene de quien fiarse. Y 
» se experimenta en esta ciudad y toda la isla una re- 
j) laxación absoluta en las introducciones de ropas, y to- 
» dos géneros de el trato que mantienen los vecinos con 
» el Guarico y demás colonias francesas, y con los in- 
» gleses de Jamaica , tan sin moderación ni recato , que 
» por los puertos , costas y surgideros de ellas, por la 
» bahía, aduana, y puertas de tierra de esta ciudad, en- 
» tran sin embarazo en tanta abundancia , que de estos 
» géneros hay distintos almacenes en que se venden á 
» mercaderes y vecinos; y aun por las calles pública- 
2> mente en carretillas , por precios tan baratos , como 
» permite su adquisición , en que no se pagan derechos 
» ni corren riesgos. » 

« Lo mismo sucede por las embarcaciones que retor- 
» nan de Veracruz y Gartaxena, y por los rexistros de 
» Canarias que traen muchas ropas y todas se intro- 
» ducen. » 

a De esto se sigue estar el pais totalmente exhausto de 
» dinero ( porque lo llevan todo los extranjeros) , y los 
» demás perjuicios que son patentes contra el estado, la 
» real hacienda y órdenes de el Rey, dirigidas á la mal 
1) reglada provisión de esta isla y á que de ella no se 
D extraigan los frutos con que hacen sus utilidades las 
» naciones. » 



DE LA ISLA DE CUBA. 433 

«Por esto se toca , que sola la superior authoridad del 
j> Rey puede ya exterminar tan graves, continuos y 
» trascendentales abusos: y que solo el zelo de V. E. 
» podrá promover disposición eficaz para desarrai- 
j> garlos.» 

i< La experiencia enseña que ninguna otra lo puede 
» ser sino el escarmiento de los que fomentan estos 
» daños. j> 

« Muchos son los que se conocen inheridos en estos 
» tratos ; pero se señalan los que tienen almacenes de 
» estos géneros en sus casas y las de sus confidentes. » 

« Estos son : D. Joseph Cypriano de la Luz : D. Ma- 
» nuel García Barreras : D. Juan Joseph de Justiz (ad- 
» ministrador interino de las ropas de la compañía), don 
» Joseph de Laguardia : D. Domingo Lizundia (estos dos 
j) últimos confidentes de D. Diego Marrero, interino ad- 
» ministrador de el gobierno de la compañía y la facto- 
)) ría de tabaco). Y también en tres tiendas que tiene el 
» oficial real D. Antonio Rivero, una en la esquina de 
» la Cruz verde : otra que le sigue hacia la casa de don 
» Antonio Barba, Y la tercera baxo el portal de la casa 
» del Cabildo: como también hay géneros en los almace- 
» nes, entresuelos y accesorias de la casa de el ingenie- 
» ro D. Antonio de Arredondo , que tiene alquilados á 
» distintos sujetos. » 

« Quando de orden del Rey, el gobernador separó de 
j> sus empleos al presidente y directores de la compañía 
3> el año pasado, se vio que, con impenetrable silencio en 
» una misma hora , á un propio tiempo , y con la mas 
» exacta circunspección, por una parte el mismo gober- 
» nador en persona , y por otras los ministros que nom- 
i> bró , embargaron todos los papeles , y libros de quatro 

HIST. DE CUBA.— TOMO II.— 28 



454 HISTORIA 

» oficinas distantes unas de otras que tenia la compañía; 

> de manera que cuando se llegó á saber ya todo estaba 
» ejecutado. » 

<f Semejante disposición practicada en los propios tér- 
» minos con los almacenes , tiendas y casas en que hay 
)) géneros de ilícita entrada , es la única que puede re- 
» mediar estos desórdenes. » 

« La práctica está facilitada con el ejemplar citado. Y 
)) solo tiene la dificultad do las muchas conexiones de 
» los tratantes con personas principales , y de estos con 
» los confidentes del gobernador, que pueden relaxar y 
» malograr el efecto de esta providencia ; pero advertido 
» de esto el gobernador por la orden que se le diere, no 

> se duda se valga para la ejecución de este acto de su 
» misma persona, y las de ministros de integridad se- 
» mejante á la suya.» 

a Embargados á los sujetos dichos y á los demás mer- 
» caderes y vecinos que el gobernador pueda descubrir 
» comprehendidos en el mismo abuso , los géneros y li- 
j> bros de sus almacenes y tiendas, por ellos mismos se 
i> sabrá si algunos tenían géneros de lícita adquisición; 
» porque Luz y Justiz , con este pretexto, abrigan los de 
1» ilícita entrada.» 

« La misma resolución se necesita tomar en la villa de 
» Guanabacoa, la Trinidad, Puerto del Príncipe, Bayamo 
» y Cuba, dando igual comisión al gobernador de aquel 
» partido. Y destacados hombres formales y rectos á esta 
I) diligencia , puede disponerse de modo que se execute 
» en todas partes sin dilación que la pueda malograr.» 

<r Hechos secuestros de los géneros que se aprehen- 
» diesen, es regular se vendan por cuenta del Rey á 
» público pregón y remate ; en este caso, para precaver 



í 



DE LA ISLA DE CUBA. 435 

» otros abusos, convendría que los géneros que llevaren 
y> los mercaderes ó vecinos se sellen con el sello del Rey 
)) y las demás formalidades que el gobernador discurra 
n contra los fraudes que pueda inventar la malicia ; y 
» que á tiempos oportunos se visiten las tiendas y al- 
» macenes , para que este temor los contenga de hacer 
3> introducciones en lo subcesivo. » 

« De remedio semejante al apuntado ó de el que ten- 
» ga por acertado y propicio la alta penetración y justi- 
«ficado celo de V. E. está necesitando el desorden refe- 
y» rido, en que no espongo mas que la verdad tan des- 
> nuda como debo informarla á V. E. cuya importante 
j> persona pido á Dios guarde muchos años. Habana y di- 
«ciembre 8 de 1753.» 

Tan circunstanciada estaba la denuncia, que se la tras- 
ladó Ensenada á Gagigal y le mandó de orden del Rey que 
con toda reserva averiguase la verdad de las especies, y 
reprimiese esos excesos, ó por los medios que indicaba el 
mismo anónimo, ó por los que le sugiriese su prudencia. 
Gagigal, enemigo de procedimientos y violencias tan per- 
judiciales al país como al erario mismo, supo eludir el 
compromiso, remitiendo al ministerio testimonios de la 
inutilidad de sus pequisas y de la desaparición de ios 
efectos denunciados. Siguió, pues, el comercio ilícito 
como antes, así en la capital como en los otros pueblos 
sin que en el de Santiago tampoco lo impidiera la seve- 
ridad de su gobernador Arcos Moreno, relevado en 10 
de junio de aquel año por el coronel D. Lorenzo de ' 
Madariaga , procedente como sus tres antecesores del 
regimiento de Guardias Españolas. 

La patente protección del gobierno inglés al trato ilí- 
cito en América, quebrantando los pactos de Aquisgran, 



4c] b liJSTUlllA 

reproducía las mismas causas que motivaron la ante- 
rior guerra ^ Decidido el marqués de la Ensenada á ex- 
pulsar con las armas á los ingleses establecidos en el 
golfo de Honduras y Costa de Mosquitos , si las negocia- 
ciones amigables no bastaban, y arrostrando la repug- 
nancia del Rey á todo rompimiento, se concertó con la 
mayor reserva con D. Pedro Flores de Silva, que en 
1753 mandaba las fuerzas navales españolas en América. 
Concertó este general de marina con el virey de Nueva- 
España que en Campeche se alistara una expedición de 
mil hombres, dos fragatas de guerra y un jabeque, fuer- 
zas que se juzgaron suficientes para sorprender y destruir 
aquellos establecimientos de contrabandistas. Las tres 
embarcaciones salieron en efecto de la Habana para reco- 
ger en aquel puerto á las tropas que allí tenia apostadas 
Güemes, iniciado naturalmente en el misterio. Nada fal- 
taba para la ejecución cuando murió Flores, el que ha- 
bía de dirigirla. Sus papeles revelaron á algunos un pro- 
yecto que se había tenido en la mayor reserva y cuyo 
descubrimiento puso en manos del embajador de Ingla- 
terra en Madrid, Benjamín Keene, un arma que manejó 
con gran destreza. Le sirvió hasta para derribar al 
célebre Ensenada de la silla que ocupó con tanto crédito 
personal como engrandecimiento de su patria. Festejóse 
en Londres como un gran triunfo nacional su repentina 
caída. Al participársela Keene á su gobierno le había 
también escrito «que no se construirían ya en España 
» mas navios.» 

• V . en L'Espagne sous les Rois de grandes pruebas de los males que puede 

la Maison de Bourhon por W. Coxe, acarrear á una nación en muchos casos 

t. IV, pág. 87-89; y todo el curioso ca- la falta de reserva de los ministros con 

pítulo del mismo tomo que abraza desde los representantes extranjeros, 
la pá^, 162 l^asta la 193 < presentando 



m LA ISLA DE CUBA. 437 

Desde eH9 de agosto de 1752 habia muerto en la 
capital el obispo D.Juan Laso de la Vega '', casi desaper- 
cibido por su oscuro carácter y aislamiento. Una repara- 
ción general en el vasto edificio del convento de San Fran- 
cisco de la Habana, algunas reclamaciones de jurisdicción 
en la época deGüemes y varias erecciones de parroquias, 
fueron los actos mas notables de su episcopado de veinte 
años. Estuvo la mitra vacante cerca de año y medio, has- 
ta que de la diócesis de Santiago de León de Nicaragua 
llegó el 6 de enero de 1 754 á suceder á Laso de la Vega 
el antiguo provisor de Cuba D. Pedro Agustin Morell de 
Santa Cruz ^, ya mencionado en esta crónica al referirse 
á sus escritos é insertar alguno. Celebróse en general 
que entrase á gobernar la diócesis im prelado tan des- 
prendido y tan activo, aunque sintieron su venida las 
autoridades y muchos funcionarios , no siendo la virtud 
que mas resplandecía en Morell la tolerancia ni la con- 
formidad con ajenas opiniones. 

Aunque en el capítulo anterior nos indicase una refe- 
rencia del viajero Arignon que existían cuatro mil 
hombres de ejército en la Habana en 4 746 al dejar el 
mando Gtiemes, solo podria explicarse ese guarismo 
con las milicias de ambas armas y los destacamentos ve- 
teranos auxiliares que vinieron de Méjico y de España 
en aquel tiempo de guerra. 

Todas las fuerzas de la dotación de la isla , de San 
Agustin de la Florida y su dependiente fortaleza de San 
Marcos de Apalache, después de la paz de Aquisgran 
quedaron reducidas á poco mas de dos mil hombres. 

' V.su not. biog., Dice, Geog.y Est., Est., Hist. de la Isla de Cuba» por el 
Hist. de la Isla de Cuba, por el A. autor. 

* V. su biog. ,t. IV., Dice. Geog., 



438 HISTORIA 

Años después, al vi rey de Méjico Güeraes le encargó el 
gobierno que formara el reglamento y organización de 
los cuerpos veteranos de ambas posesiones. 

Según su extraño tenor, se refundieron en uno solo 
llamado Fijo los antiguos piquetes de Portugal, Milán y 
Almansa, después de licenciarse sus cumplidos. Este re- 
gimiento que empezó á denominarse de la Habana, se 
reorganizó, pues, en 1753 con cuatro batallones, cada 
uno de seis compañías de fusileros de á noventa y cuatro 
plazas de tropa y cuatro de oficiales, y una de cincuenta 
granaderos con igual plana mayor. Mandábanle un co- 
ronel, que era entonces, y lo fué muchos años después, 
D.Pedro Alonso, un teniente coronel, á cada uno de los 
cuales, como en compensación de sus mezquinos sueldos 
de ciento treinta , y sesenta pesos mensuales, se asignaba 
el mando separado de una compañía con los setenta pesos 
del haber del capitán. Los cuatro comandantes, ademas 
del mando de sus respectivos batallones, desempeñaban 
también el de una compañía, y reunian así al haber de 
su empleo natural, que no pasaba de seiscientos pesos 
anuales, otros ochocientos cuarenta como capitanes; y 
así, con la anomalía de peor dotados en el empleo supe- 
rior que en el inferior, completaban un haber de ciento 
veinte pesos mensuales. 

Para el servicio de la artillería en las fortalezas, por- 
que artillería rodada y de campaña aun no existía en la 
isla , se organizaron los artilleros existentes , tanto en 
Cuba como en la Florida, en una sola compañía con un 
capitán, dos tenientes, tres subtenientes, tres alféreces 
y ciento treinta y dos plazas de tropa , comprendiendo 
los bombarderos, minadores ó zapadores, armeros y 
maestranza. 



DE LA ISLA DE CUBA. 459 

La escasa fuerza de caballería que recibió entonces 
un corto aumento pernaanente, se reorganizó en cuatro 
compañías, de las cuales tres en la isla, y una en la Flo- 
rida. El mando de ese corto total, unido al de la suya 
propia , lo desempeñaba el capitán mas antiguo, dotado 
con mil pesos al año ; y teniendo á sus órdenes : un te- 
niente con setenta al mes, y un alférez con cuarenta y 
cinco, un sargento con treinta y dos, y setenta y cuatro 
plazas de tropa. La planta de esta fuerza montada era 
la misma que la de los cuerpos de dragones de aquella 
época, en España y toda Europa habilitados por su ins- 
tituto para desempeñar el servicio mixto de infantería y 
caballería. El jefe de esta fuerza, ó sea el capitán mas an- 
tiguo, debía también inspeccionar y tener bajo su mando 
á todas las compañías de milicianos de igual arma , así 
como el coronel del Fijo de la Habana á todas las mili- 
cias de infantería. En conformidad con lo propuesto en el 
reglamento de Güemes, para los reemplazos de estos 
cuerpos veteranos , se estableció una bandera para en- 
gancharlos en la capital de las Islas Canarias, punió que 
consideraba aquel general como « el mas oportuno para 
» hacerlo assí, por la fecundidad de gente de ellas como 
» por su pobreza. » 

El presupuesto de los dos mil seiscientos cuarenta 
hombres que en Cuba y la Florida contaban las tres ar- 
mas, comprendiendo el sueldo del capitán general que 
era de diez mil pesos, no pasaba de cuatrocientos 
ochenta y ocho mil novecientos diez y nueve pesos, aun- 
que sin contar las cortas planas mayores de San Agustin 
y de Santiago. Como duplicaba entonces esta suma al va- 
lor de todas las rentas de la isla , la necesaria para cu- 
brir su déficit y el presupuesto civil era la que se renii- 



440 HISTORIA 

lia á la Habana de Méjico y Veracruz con el nombre de 
a situados )). 

A pesar de las repetidas reflexiones de Cagigal que 
tenia bien estudiadas las defensas y el asiento militar de 
la Habana, desde 4 748 en que cesó la guerra y empezó la 
paz con Inglaterra cesaron también las remesas destina- 
das al aumento de obras de fortificación , limitándose á 
una corta consignación para reparos y entretenimiento de 
fortalezas y murallas. Las frecuentes alteraciones de esa 
clase de abonos y suministros de Veracruz , por espacio 
de dos siglos y medio, dificultan la averiguación del 
exacto total que en los situados les conciernen. Pero, 
como quiera, los peligros que hablan amenazado á la Ha- 
bana en la pasada guerra aconsejaban que se pensara du- 
rante la paz en prepararla para otro rompimiento con 
una potencia marítima , que tan manifiestamente habia 
marcado sus designios de apropiársela y que de tantos 
medios de acción disponía para cumplirlos. Era por lo 
tanto urgente la reconstrucción de gran parte del re- 
cinto, cuya fábrica se habia precipitado, sin asegurarla 
con la necesaria solidez en los últimos años del siglo an- 
tecedente ; y ya lo era mas aun el despejar otra vez de 
sus espesuras y malezas al padrastro siempre amenaza- 
dor de la Cabana , nuevamente coronada entonces de 
selvas y follajes por la vegetación pujante de su suelo. 

Pero como si hubiese de preservar siempre de guerras 
el pacífico carácter de Fernando VI, y como si hubiera 
de ser muy duradero, nunca se pensó mas que en la paz 
en un reinado tan feliz como breve para España. La 
suerte de las naciones no la adivina el juicio de los hom- 
bres. En 27 de agosto de 1758 , murió en Aranjuez su 
esposa doña Bárbara de Portugal ; y no tardó un año 



DE LA ISLA DE CUBA. 441 

aquel príncipe excelente en sucumbir al dolor que le 
causó su pérdida. No dejando sucesión, por derecho 
incuestionable recayó la corona de ambos mundos en 
su hermano paterno el Rey de Ñapóles, que fué procla- 
mado en todos los dominios españoles con el nombre de 
Carlos III. Según se prevenia en el testamento de Fer- 
nando , hasta la llegada del nuevo monarca gobernó los 
reinos la Reina viuda de su padre doña Isabel Farnesio. 

Con la misma escuadra española que le fué á buscar 
á Ñapóles arribó Carlos III á Barcelona eH7 de octu- 
bre de 1759 á bordo del navio habanero Fénix, que 
mandaba D. Gutierre de Hévia, á quien agració por 
aquel servicio accidental y honroso con el título de mar- 
qués de Real Transporte. 

Cercenados como se dijo los situados en el renglón de 
fortificaciones y otros muchos, tuvieron los progresos del 
gobierno de Cagigal que limitarse al establecimiento de 
un correo periódico y mensual para todos los pueblos de 
la isla , á la regularizacion de abastos públicos, á estan- 
car con algún provecho de la hacienda y de los pueblos 
la renta de la sal , extraída de los cayos de la costa del 
norte , y á algunos adelantos materiales de poca impor- 
tancia . 

Explicaban esa parálisis del movimiento colonial de 
Cuba las trabas comerciales que lo detenían , como en 
casi todas las demás provincias hispano-americanas, 
aunque maravillosamente colocada aquella para el trá- 
fico y navegación entre ambos hemisferios. Al cabo de dos 
siglos y medio solo se descubría sobre su vasta super- 
ficie, capaz de enriquecer á diez millones de habitantes, 
una sola ciudad merecedora de ese nombre , porque las 
demás poblaciones , por mas que algunas se dístinguie- 



442 HISTORIA 

sen también con él , aun no lo merecían , sin exceptuar 
la de Santiago, que contaba poco más de mil vecinos. 
Unos ciento veinte ingenios con atrasados procedimientos 
para la elaboración de sus azúcares, algunos mas hatos 
y corrales, la mayor parte desiertos, como medio mi- 
llar de estancias y sitios de labor para los cultivos mas 
precisos y una recaudación general que no pasaba de 
trescientos mil pesos anuales en todos los conceptos , no 
podían compararse con los adelantos obtenidos en Amé- 
rica y sus islas por la colonización extranjera en mucho 
menos tiempo. 

Ya mas de cuatro millones de colonos europeos, ó de 
su descendencia, fecundaban con su industriosa activi- 
dad ese litoral inmenso que se extiende desde el norte 
de la Florida hasta los confines septentrionales de su 
continente. Ya estaban demostrando al mundo con prue- 
bas innegables la superioridad de la riqueza obtenida 
por el trabajo sobre la que espontáneamente ofrece el 
suelo. La emigración española, prefiriendo regiones opu- 
lentas y climas templados , abandonó á la de los demás 
pueblos de Europa aquellos territorios, de mas rígi- 
dos temples; y después de un siglo, entre persecucio- 
nes , guerras y afanes sin cuento , rendían casi tantos 
productos al erario de Inglaterra las colonias de Pensil - 
vanía, Maryland, Virginia, Connecticut, las Carolinas 
y Nueva-Inglaterra, como los imperios del Perú y de 
Méjico al erario español ; no porque superasen á las 
riquezas llevadas por las flotas, sino por el desarrollo 
que facilitaban á su marina comercial y la extensión 
que sus tráficos tomaban. Allí se alzaban ya ciudades 
crecidas y opulentas, de correctas y elegantes fábricas, 
como Boston, Nueva-York, Filadelfía, Baltimore y Ciar- 



DE LA ISLA DE CUBA. 443 

leston, sin contar muchos excelentes pueblos, en locali- 
dades todas adecuadas para la comunicación y el mo- 
vimiento. Hasta la Francia volvia feraz con sus acerta- 
das disposiciones y sus brazos , esa glacial región que se 
llama Canadá y poblaba sus orillas con ciudades como 
Quebec y Monreal. 

Pero sin llevar tan lejos el contraste entre la prosperi- 
dad de las posesiones de España y las de loglaterra, Ho- 
landa y Francia; sin salir de las Antillas, bastaba con fijar 
ahora la vista sobre Jamaica, Barbada y Santo Domingo. 

A la Gran Bretaña la habia bastado un siglo para 
crear una riqueza inmensa en la primera de esas islas, 
fecundándola ya por entonces mas de ciento treinta mil 
esclavos africanos con once mil habitantes blancos sola- 
mente. Hasta ese punto se habia aquella potencia apro- 
vechado del privilegio que, para propagar la esclavitud, 
le concedió la paz de Utrech. Esa sola posesión expor- 
taba á la sazón para los mercados europeos setecientos 
mil quintales de azúcar, medio millón de barriles de 
ron, quince mil quintales de café, cinco mil de algodón, 
y como ocho mil de especias, pimientas y gengibre, ele- 
vándose su exportación por este tiempo á más de ocho 
millones de pesos, después de atendido todo su consumo 
doméstico. 

En esa calcárea y reducida roca que se llama Isla Bar- 
bada, relativamente eran mayores aun los adelantos 
conseguidos por el dominio inglés , contando ya cerca de 
diez mil colonos blancos de toda edad y sexo y como 
cuarenta y cinco mil esclavos ; y de su puerto y flore- 
ciente ciudad de Bridgetown salían , para todos los mer- 
cados y para nutrir el contrabando en las Antillas, mas 
de dos millones de pesos de valores. 



444 HISTOtllA 

Fijemos aun mas de cerca el paralelo sobre un mismo 
territorio- Gomo las cuatro quintas partes poseia España 
á la sazón en la antigua Haiti , llamada Santo Domingo ó 
la Española, con cuatro ciudades desde los primeros 
tiempos de su colonización, con una audiencia, un arzo- 
bispado, una universidad, con todas las instituciones de 
las provincias metropolitanas. Solo desde 1 797 , por el 
tratado de Ryswick, estaba en posesión la Francia de la 
otra quinta parte, de la marítima faja en que remata su 
parte occidental y algún tanto de su N ; y sin embargo, 
la parte española , en su mayor y no menos fértil suelo, 
no contaba apenas treinta mil blancos y diez mil esclavos; 
y lejos de bastar para su propio consumo sus productos, 
tenia que recibir constantemente auxilios exteriores. A su 
lado prosperaba, no obstante, la reducida parte francesa 
con mas de cuatrocientos mil habitantes, africanos sus 
nueve décimos , distribuidos en mas de quinientas plan- 
taciones ó grandes fincas de caña de azúcar y café, en 
multitud de establecimientos industriales y ciudades flo- 
recientes, como el Guarico ó cabo Francés, Puerto-Paz, 
San Nicolás, Gonaive , Petit Goave y otros muchos cen- 
tros de población; y mientras tenia que depender la par- 
te española de las consignaciones pecuniarias de Vera- 
cruz, la francesa, después de tributar mas de seis millo- 
nes de francos á su erario, rivalizaba con Jamaica, en 
surtir á los mercados europeos de aquellos dos grandes 
renglones de consumo, valiendo mas de veinte millones 
de pesos sus exportaciones. 

Para corregir las desventajas que en las posesiones 
coloniales de España resultaban ya por este tiempo del 
contraste de sus Antillas con las extranjeras, era inútil la 
perspicacia de sus gobernadores, porque la inferioridad 



DE LA ISLA DE CUBA. 445 

de las españolas procedía de la ciega terquedad de un 
sistema que no se corregia ni con demostraciones , ni 
con desengaños. 

Dejó Cagigal una memoria de su largo mando , eri- 
giendo frente á la puerta del castillo de la Fuerza , á 
orillas de la bahía, un modesto monumento en forma de 
pilastra triangular de nueve varas de alto. Se alzó al 
pié de una ceiba que se habia conocido siempre en ese 
sitio, y tradicionalmente recordaba que se habia allí ce- 
lebrado por primera vez el sacrificio de la misa. Pero 
ni entonces, ni después se tuvo clara prueba de que á la 
sombra de aquel árbol, y no en otro lugar, hiciesen ce- 
lebrar tan santa ceremonia Sebastian de Ocampo y sus 
marinos, que fueron los primeros españoles arribados al 
puerto de Carenas. 

Por aviso extraordinario de Veracruz, Cagigal, luego 
ascendido á teniente general^, recibió el17 de marzo 
de \ 760 despachos oficiales en que le hacia saber la 
audiencia de Méjico la muerte del virey marqués de las 
Amarillas, sucesor de Güemes ; y que, estando él desig- 
nado por el Rey en el pliego cerrado, llamado de pro- 
videncia ó como vulgarmente se decia entonces «de 
mortaja,» para gobernar interinamente aquel vireinato, 
convenia al servicio que acelerase su presentación en 
aquel puesto. Promovido poco antes á la capitanía gene- 
ral de Puerto Rico el brigadier D. Antonio Guazo Cal- 
derón , teniente rey de la Habana , y no habiendo aun á 
la sazón llegado su relevo , el reglamento militar de la 

5 Según la pág.230 del tomo deGace- Carlos III al ejército en 28 de junio de 

ías de iWadn'ÉÍ, correspondiente á t760, aquel año en celebridad de su exalta^, 

fué Cagigal el primero que obtuvo aquel cion al trono, 
ascenso en las gracias concedidas por 



446 HISTORIA 

isla prescribía que en su vacante recayera el mando 
superior en el coronel del Fijo de la plaza. Éralo á la 
sazón D. Pedro Alonso , luego brigadier, no escaso ya 
entonces en años ni en achaques; y el mismo dia le 
hizo entrega del mando Cagigal, que salió para Veracruz 
el 29 de aquel mes en el navio Tridente. Este buque 
regresó á la Habana el 30 de mayo para seguir su viaje 
á Cádiz con cinco millones de pesos, un rico cargamento 
de añil y grana y la marquesa de las Amarillas , viuda 
de uno de los vireyes que mas hablan ennoblecido á la 
dominación de España en Méjico. 

Cuatro años hacia que la Francia, la Inglaterra y las 
primeras potencias europeas hablan renovado por cues- 
tiones de navegación y límites territoriales la lucha sus- 
pendida por el tratado de Aquisgran, pero sin que 
España, tan juiciosamente gobernada entonces, hiciera 
causa común con unos ni otros. El respeto con que 
enaltecia su pabellón una neutralidad bien entendida, 
aunque se extendiera con viveza el teatro de la guerra 
á las Antillas , mantuvo en plena calma á las posesiones 
españolas, y pudo gobernar Alonso sin tropiezo bajo los 
auspicios del teniente general D. Blas Barreda *\ que 



*o El Bailío D. Blas de Barreda, de las construcciones del arsenal de la 
hidalga familia de Santulona, en el Habana. Después de haber llevado á 
obispado de Santander, nació en aque- Cádiz felizmente los caudales del era- 
lia villa en 1712; y habiendo sentado rio en el navio Diligente en 1761, se le 
plaza de guardia marina á los diez y confirió el mando del departamento de 
seis años, concurrió á las órdenes de Cartagena. En aquella ciudad murió 
D. Javier Cornejo , de D. Juan José desempeñándolo el 8 de febrero de 
Navarro y de D. Andrés Reggio á las 1767 de un ataque de apoplejía, á los 
principales campañas marítimas de su cincuenta y seis años de edad. Inme- 
tiempo, á la conquista de Oran, al com- diatamente después ocupó su vacante 
bate naval de Cabo Sicié y otros suce- D. Carlos Reggio. 
gos. Por espacio de tres años promovió 



DE LA ISLA DE CUBA. 447 

mandaba á la sazón las fuerzas navales de España en 
América y que residió en la Habana todo ese período. 
D. Lorenzo Madariaga, militar firme y prudente, se ma- 
nejó también sin notable contratiempo en el gobierno de 
Santiago. 



CAPÍTULO DECIMOSEXTO. 



Fundadas presunciones de un rompimiento con la Gran Bretaña. — Gobierno del 
mariscal de campo D. Juan de Prado Portocarrero. —Encargos que trajo.— Es- 
tanco absoluto de la venta y cultivo del tabaco. — Reparos de las fortificaciones. 

— Emprende el ingeniero D. Francisco Ricaud la de la Cabana; muere y se 
abandona la obra.— Refuerzos navales y terrestres en Cuba. — Primera inva- 
sión del vómito negro en la Habana.^ Carácter y estragos de esta enfermedad, 
—Perjudicial tratado conocido con el nombre de Pacto de Familia entre Es- 
paña y Francia. — Declaración de guerra de España á Inglaterra. — Organi- 
zación de una Junta de guerra en la Habana. — Inútil patriotismo de D. Martin 
de Arana. — Preparativos de Inglaterra en las Antillas. — Fuerzas destinadas 
á atacar á la capital de Cuba. —Temeridad del almirante inglés sir Jorge 
Pockoc— Se apodera de dos buques españoles en el canal viejo de Babama. — 
Aparición del armamento inglés delante de la Habana.— Anécdota con Arana. 

— Atropelladas disposiciones de Prado y de la Junta de guerra.— Desembarca 
una división inglesa en Cogimar y Bacuranao. — Encuentro de D. Carlos Caro 
y su caballería con los ingleses. — Ocupan á Guanabacoa y luego á !a Cabana. 

— Incendio de los caseríos exteriores de la Habana.— Salida al campo de gran 
parte del vecindario. — Desembarca otra división inglesa en la Chorrera.— Don 
Juan Ignacio de Madariaga es nombrado comandante general de la Isla.— Guer- 
rilleros.- Desaciertos del general en jefe inglés conde de Albemarle. — Se es- 
tablece en la Cabana.— Paralelas contra el castillo del Morro mandado por 
D. Luis de Velasco. — Operaciones de la escuadra inglesa. — Se apodera en el 
Mariel de la fragata Venganza y del bergantín Marte.—- Hazañas del guerrillero 
Pepe Antonio. 



Con la mudanza de monarca , insensiblemente mudó 
luego de política el gabinete español. Si la idea domi- 
nante de Fernando YI habia sido la paz , la de su su- 
cesor, mas sometido á los afectos de raza y de familia 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 449 

y á una antigua antipatía ^ á la Gran Bretaña, tenia que 
producir la guerra. Por inminente la tenia ya Carlos III, 
cuando al saber la muerte del virey de Méjico y su in- 
terina sustitución por Gagigal, se apresuró á reemplazar 
á este último con D. Juan de Prado Portocarrero ^, á quien 
á su despedida le avisó con reserva <i que la conducta 
» de aquella potencia podria obligarle á un rompimien- 
» to; y así estuviese con tal precaución como que po- 
» dria, cuando menos se lo pensara, ser invadida y ata- 
» cada la plaza de la Habana. » Prado, después de recibir 
su nombramiento en 1 3 de mayo de i 760 , desperdició 
un tiempo precioso en entregar sus dependencias de sub- 
inspector de la infantería de Aragón, Valencia y Murcia, 
y en solicitar y obtener su ascenso á mariscal de campo. 
No se embarcó en Cádiz en la fragata San Cristóbal, de la 
Real Compañía, hasta el 24 de noviembre. Dilató mas su 
viaje y la llegada á su destino principal, tocando en San- 
tiago de Cuba el 6 de enero , deteniéndose veinte y un 
dias en este puerto con su antiguo compañero de guar- 
dias españolas Madariaga, y desembarcando en el de 
Batabanó el 5 de febrero ; cuando se hizo cargo de la 
capitanía general , era ya el 7, siendo tantos, tan ur- 
gentes y tan arduos los encargos que traia , como es- 



\ Nunca se le olvidó á Carlos III la crito á guardar la mas estricta neutra- 
atrevida intimación que, estando en ]Ná- lidad , bombardearía inmediatamente á 
peles para salir al socorro de Monte- lapoblacion. Para librarla de ese desas- 
mar, rechazado de Lombardía en 1712, tre, cedió Carlos III á la amenaza. VV. 
le dirigió el comodoro Martyn , que se Coxe, L' Espagne sous Jes rois de la mai- 
presentó en aquel puerto con algunos son de Bourhon, t. III, págs. 445 y 
navios ingleses. Este marino, al confe- 446; Ferrer del Rio, Historia de Car- 
renciar con los ministros, sacó el reloj, hs III, y otras muchas obras, 
y les encargó que hiciesen en el mo- ^ V. su biog.,págs. 277 y278, t. IV, 
mentó saber al Rey que, si en el tér- Dicc.Geog.^ £sí., Ilisf. déla Isla de 
mino de una hora no se obligaba por es- Cuba , por el A . 

HIST. DE CUBA. — TOMO II, — 29 



450 HISTORIA 

casos , lentos y aun ideales los medios que halló para 
cumplirlos. 

Nada menos eran que reorganizar todas las tropas de 
la isla; montar y habilitar toda la artillería; reparar 
todas las obras del recinto; emprender y ejecutar las que 
Cagigal dejó propuestas para la Cabana. Debia además 
examinar é informar sobre el estado de la Real Compa- 
ñía, abrumada de denuncias por sus mismos accionistas; 
despojarla de sus atribuciones en el ramo de tabacos , y 
conferírselo por cuenta de la Hacienda á una factoría 
general de nueva planta ^ 

Empezó Prado por la menos urgente sus tareas , con- 
vocando una diputación de los labradores vegueros de 
la jurisdicción de la capital y de Matanzas. En la junta 
que celebró con ella el 27 de febrero, se fijaron de co- 
mún acuerdo las cantidades, las clases y los precios res- 
pectivos del tabaco que habia de recibir y pagar la fac- 
toría. Ya en 5 del siguiente marzo envió testimoniado 
aviso de ese acuerdo al ministro de Hacienda , marqués 
de Squilace; y cuando esperaba su confirmación, se lo 
desaprobó en 20 de julio aquel arbitrista inexorable, 
fundándose en que habia contratado solamente la com- 
pra de las cuatro mejores clases de aquella hoja , y que, 
abandonándose así al espendío particular las clases in- 
feriores , podrían los traficantes ocultar entre el tabaco 
malo el bueno y perjudicar los derechos del estanco. 
Este, con tan exigente resolución, se hacia tan absoluto, 
que, cumpliéndose esa nueva providencia con rigor, ya no 



3 Los encargos que trajo de la corte causa que se le formó al regresar á 

y las vicisitudes de su venida se expli- España. Las Memorias de ¡a Sociedad 

carón extensamente en la defensa que Patriótica de la Habana publicaron sug 

presentó y en otros documentos de \9, cargos y descaraos. 



DE LA ISLA DE CUBA. 451 

podría nadie cultivar tabaco que no se destinase al Fisco, 
que se reservaba exclusivamente á sí mismo el derecho 
de venderlo. Bien á despecho de los traficantes se dio 
puntual cumplimiento á este mandato , tanto en el ter- 
ritorio occidental, como en el del centro y de levante, 
bajo pautas minuciosas que formó el contador D. Manuel 
García Barreras , á quien se cometió la factoría hasta que 
le sucedió luego en su manejo D. Nicolás José Rapun. 
Los comisionados de Barreras en Santiago de Cuba, Ma- 
yan, Holguin, Bayamo, Trinidad, Sancti-Spíritus, Puer- 
to-Príncipe y San Juan de los Remedios, á ejemplo de 
de los de la capital y de Matanzas, contrataron y asegu- 
raron cuantas siembras de medio pié arriba habia en los 
campos. Desde el siguiente año * toda esa rica produc- 
ción de la isla se aglomeró en las factorías y quedó ab- 
solutamente excluida del mercado particular. 



* Aunque existen en el Arch. de tuvo la desgraciada idea de decretar 
Indias de Sevilla muy pocos papeles de innovaciones hasta en el traje de las 
Prado, y no existia aun en sj tiempo la gentes. Hizo prohibir los sombreros de 
secretariado la capitanía general de la ala ancha llamados chambergos, y las 
isla, hicimos copiar en esa oficina para capas largas que usaban los plebeyos,N 
nuestra colee, una parte del informe y por esta y otras causas estalló en Ma- 
que sobre el ramo de tabacos dirigió al drid en 26 de marzo de 1766 la sedi- 
ministro de Hacienda y de indias en 12 clon llamada de « las capas, » en que 
de abril de 1770 el capitán general don el pueblo pidió á gritos la cabeza de 
Antonio Bucareli. En este documentóse Squilace , que pudo esconderse en 
explican detalladamente las disposicio- Aranjuez y salir después del reino. — 
nes que tomó Prado con los cosecheros VV. Coxe , L'Espagne sous les rois de 
de orden del ministro Squilace. la maison de Bombón ; Ferrer del Rio, 

Este Squilace, de apellido Gregorio, Historia de Carlos III ; Beccatini, 7/is- 
habia sido ya ministro de Carlos III en toria del mismo principe; la de España, 
iNápoles, con quien vino á serlo en Es- por D. Modesto Lafuente , y otras mu- 
paña. Después de apelar á todos los chas publicaciones. Su desgracia no le 
recursos para aumentar los ingresos privó á Squilace del favor de aquel 
del erario, recargando también los de- buen rey, que poco después le nombró 
recbos de consumos de los artículos embajador de España en Yenecia, 
mas necesarios en las poblaciones, donde murió el marqués hacia 1774. 



452 HISTORIA 

Entretanto, aunque de importancia tan superior en- 
tonces á la de la factoría , progresó Prado mucho menos 
en las empresas de las obras, bien por carecer de maes- 
tranza suficiente é idónea , ó por no llegar de España y 
Veracruz los caudales, las herramientas y los brazos en 
la época ofrecida. Habían venido con él destinados á la 
plaza dos hermanos franceses que pasaban por excelen- 
tes ingenieros, el coronel y el teniente coronel D. Fran- 
cisco y D. Baltasar Ricaud de Tirgale. Tenian de subal- 
ternos á otros dos oficiales que ni habian salido del país, 
ni estaban á la altura de los adelantos hechos en el arte; 
y no contaban con mas peones disponibles que unos tres- 
cientos entre negros , esclavos del Rey y presidiarios. 
Como en otros casos anteriores, por masque hubiese 
agriado entonces á los hacendados una disposición tan ar- 
bitraria como la que acabamos de citar sobre el tabaco, 
el interés común habríales animado á contribuir á las 
obras con brazos y materiales de la fincas. Pero ni empleó 
Prado la maña que sus antecesores para atraerlos á que 
le ayudaran , ni al principio se fijaron tampoco sus pro- 
yectos en la obra preferente , que era la fortificación de 
la Cabana; desanimándole también para emprenderla la 
extensión del plan de Cagigal á que tenia que sujetarse, 
la poquedad de sus recursos y la obstinada dureza del 
terreno, mezclado con peña viva casi todo , que quince 
años de un trabajo asiduo y regular en el sosiego de la 
paz podrían haber vencido, desde que demostró Güemes 
la importancia de aquel puesto. Apresuróse sin embargo 
el capitán general á reclamar de Cagigal á Veracruz au- 
xilios de forzados, y á comisionar á D. Juan Miralles^, 

» Tanto la comisión dada á Miralles como las providencias de Prado sobre 



DE LA ISLA DE CUBA. 453 

comerciante de la Habana y muy conexionado con las co- 
lonias extranjeras, para comprar esclavos en Jamaica con 
fondos del erario. Pero Veracruz, diezmada entonces por 
una epidemia desconocida y formidable, limitó su socorro 
á unos setenta presidiarios ; y Miralles, no encontrando 
esclavos de venta en la Antillas, pasó á contratarlos en 
Londres y en Holanda , tan infructuosamente como en 
esta narración veremos. La inteligencia de los ingenieros 
Ricaud y los brazos de su mezquina maestranza tuvieron 
que aplicarse, pues, á objetos secundarios. A formar un 
cuartel para doscientos dragones que debian venir de 
España, sobre muros y solares cedidos por el conde de 
Casa-Bayona, á incompletos reparos del recinto, á re- 
forzar la artillería en los castillos de Matanzas y Jagua, 
en los torreones de Bacuranao y la Chorrera , en las 
baterías de la caleta de San Lázaro y de la rada de 
Batabanó. 

El ministro Choiseuil, que manejaba á la sazón los 
asuntos exteriores de la Francia , explotó con tal des- 
treza las simpatías de Carlos HI por la línea primogénita 
de Borbon , que á fines de abril, contando con su anuen- 
cia y para su sanción, le remitió á Madrid el proyecto 
del célebre Pacto de Familia. Aceptado ese monstruoso 
acuerdo, en el cual se posponían los intereses de una 
nación á los de una estirpe real , cuando la Inglaterra 
victoriosa arrebataba á su rival sus dominios de Amé- 
rica uno á uno , la España , que se había preservado 
con Fernando VI de combatir por la defensa ajena , y 



las obras de fortificación durante su se le formó después de su regreso á Es« 
breve mando, se explican en su defensa paña, 
y en otros documentos de la causa que 



484 . HISTORIA 

que tanto progresó con tres lustros de paz , iba ahora á 
sacrificar su sangre y sus tesoros para llenar las miras, 
ó remediar los contratiempos de un pueblo extranjero. 
Conjuró, sin embargo, el gobierno español la tempestad 
hasta el regreso de D. Blas Barreda á Cádiz con los cau- 
dales de Veracruz y Cartagena. 

Por no disminuir las fuerzas navales de Cuba , es- 
tando la guerra ya anunciada , este general se los llevó 
todos á Cádiz en un solo navio , el Diligente , y dejó en 
la Habana al experimentado D. Juan Antonio de la Co- 
lina *^ con el mando interino de la escuadra anclada en 
aquel puerto, y compuesta de seis navios de guerra, los 
llamados Neptuno, Reina, Europa, África, América é 
Infante , todos de á setenta y sesenta ; de las fragatas 
Flora, Ventura, Tétis, y el paquebot Marte, de á 
veinte y cuatro , veinte y dos y diez y ocho. A estos bu- 
ques se incorporaron luego la fragata Venganza y la urca 
Fénix. Pero sabedor el gobierno español de los inmen- 
sos preparativos del inglés, desde abril despachó de 
aquel puerto peninsular para la Habana, una segunda 
escuadra á proteger á las Antillas, mandada por D. Gu- 
tierre de Hévia, marqués del Real Trasporte, el mismo 
á quien Carlos III premió con ese título por traerle de 
Ñapóles á Barcelona, cuando vino á tomar posesión de su 
segundo trono. Llegó Hévia á su destino en 29 de junio 
de 1 761 , después de dejar en el puerto de Santiago tres 
compañías enfermas é incompletas de los regimientos de 
España y Aragón. Esta segunda escuadra, que se incor- 
poró allí á la primera, se componía de los navios Tigre, 



* V. su biog. en el tomo í del Dice. Geog., Esti s Hist. de ¡a Isla de Cuha^ 
por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 455 

Soberano, Vencedor, Conquistador y Asia, sin contar 
el Tridente, que luego llegó también de Cádiz. Reforza- 
ron á la guarnición los buques de Hévia con setecientos 
veinte y cuatro hombres del segundo batallón de Es- 
paña ; cuatrocientos veinte y cinco del segundo de Ara- 
gón , y una escasa compañía de artillería. 

Poco después , y en menguada hora , llegaron de dis- 
tinta procedencia algunos presidiarios, enviados.de Ve- 
racruz para las obras de fortificación , que en lugar de 
servir de auxilio para acelerarlas , afligieron á la ciu- 
dad con una plaga inextinguible. Inficionados con la 
peste allí reinante entonces , difundiéronla con rapidez 
por la población , la escuadra y los cuarteles. No sabia 
la medicina qué terapéutica aplicar á un mal que se pro- 
pagaba por el aire y el contacto; que inauguraba su 
funesta marcha con postración , dolores de cabeza y de 
cintura, y la proseguía con fiebre aguda, para terminarla 
con delirios y vómitos de sangre corrompida y negra. 
Por lo común duraba cinco días ; y si la facultad no la 
atajaba en el primor período ó en el segundo , en el 
tercero la muerte del enfermo era infalible. La India 
oriental, cuna funesta de las epidemias mas destructo- 
ras de la especie humana, había hecho á América des- 
de i 71 3 tan cruel presente , traído de Siam á la isla de 
Granada por un buque mercante. Trasmitióse después 
á otras Antillas extranjeras un azote llamado en general 
«fiebre amarilla,» que, aunque prefiriendo para su insta- 
lación y desarrollo los puntos bajos, pantanosos y litora- 
les de la zona tórrida, dilató hasta el verano de 1761 
su aparición en una isla tan vecina , y además tan enla- 
zada con las otras por sus contrabandos. En 1740 la 
capital de Jamaica estaba ya infestada , cuando el ejér- 



456 HISTORIA 

cito expedicionario de Sir Wentworth se reunió á Ver- 
non para atacar á Cartagena de Indias; y tanto como 
el valor de la guarnición le ayudó á Eslaba la peste 
que consumia á los invasores, para rechazarlos y que- 
dar triunfante. Huyeron de aquellos muros los ingleses, 
sí; pero favorecida por su ardiente cielo y su topografía, 
se avecindó en aquel recinto desde entonces la fiebre 
amarilla , para perpetuar allí la venganza de sus impor- 
tadores. Desde Cartagena se comunicó en los años suce- 
sivos á los puntos mas poblados de la costa tropical , y 
hasta Veracruz , desde donde la trajo ahora á la Habana 
un mezquino refuerzo de galeotes. 

Entre marineros y soldados perecieron mas de mil y 
ochocientos hombres en aquel verano ; y fué tan raro el 
natural del país atacado por la enfermedad, como el eu- 
ropeo que sobrevivió á su acometida. Como en compen- 
sación de la humildad de su estado y de su clase, su 
misma naturaleza tosca y dura preservaba de sus iras á 
los negros y gentes de color ; y también consiguieron elu- 
dirlas algunos peninsulares á quienes permitía su posi- 
ción una vida metódica y tranquila. No bastando para los 
enfermos los hospitales de San Juan de Dios y de Betlen, 
ni otro que establecieron para los de marina, junto á la 
factoría, Hévia y el ordenador Montalvo, acabó de acre- 
ditar el obispo Moreli su humanidad y desprendimiento, 
habilitando á sus expensas las casas necesarias para re- 
cibirlos. Felizmente aflojó por octubre, al compás que 
el ardor de la temperatura, una epidemia conocida en la 
isla, como en otras partes desde entonces, con el estig- 
mático nombre de «vómito negro. » 

La prontitud con que salió de Cádiz Hévia no había 
permitido que también se embarcaran en sus buques 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 4S7 

dos escuadrones del regimiento de dragones de Edim- 
burgo, destinados á montarse en ia isla y aumentar su 
corta fuerza de caballería, formando un escaso regi- 
miento , amalgamados con las antiguas compañías de la 
misma arma. 

El marqués del Real Trasporte entregó á Prado , con 
otros papeles instructores del gobierno, una autorización 
para variar el antiguo plan que habia remitido á la 
corte Cagigal para fortificar á la Cabana , según sus ob- 
servaciones y recursos se lo aconsejaran. Animado con 
esta facultad, aumentó su corta maestranza con algunos 
negros adquiridos y otros alquilados á los propietarios, 
logrando el ingeniero director D. Francisco Ricaud dar 
principio á la traza y cimientos de aquella obra, mien- 
tras se dedicaba su hermano á otros trabajos accesorios 
en la plaza. Debiéronse, sin embargo, consagrar á aquel 
objeto preferente todos los esfuerzos y todos los brazos. 
D. Francisco , bajo un cielo de fuego, desmontó y limpió 
en pocas semanas la meseta en que remata aquella al- 
tura ; redujo á un regular polígono el anterior proyecto; 
y á principios de octubre tenia ya trazados los cimientos 
de los frentes del este y sur, cuando un agudo ataque 
de la enfermedad reinante en pocos dias le arrebató á 
las esperanzas que su eficacia y sus luces inspiraban. Pero 
cuando ya la temperatura permitió activarlos, paralizá- 
ronse en mal hora unos trabajos tan urgentes , ya por los 
quebrantos de salud que el D. Baltasar quedó sufriendo, 
como por la resistencia á la zapa y á la pica de aquel in- 
dócil suelo , y el empeño imprevisor de Prado en no sus- 
pender faenas menos necesarias en obsequio de la que 
interesaba mas de todas. 

Entretanto el marqués de Grimaldi , en nombre de 



458 HISTORIA 

Carlos III , y el duque de Choiseuil en el de Luis XV, 
firmaban en Paris el 1 5 de agosto su deplorable Pacto 
de Familia ; y cuando ya se esperaba que llegaran de un 
dia á otro á Cádiz Barreda y los caudales, en decreto del 
i 6 de enero de 1 762 declaró el monarca español el nuevo 
rompimiento con la Gran Bretaña. El 26 del siguiente 
mes recibió Prado esta importante nueva ; y cumpliendo 
con una prevención determinada anteriormente para el 
caso, convocó y constituyó en aquella misma noche una 
junta de guerra, que, presidida por el Capitán general, 
debia formarse con los generales de mar y tierra que se 
hallaran en la plaza, el ordenador de marina, los coro- 
neles de los cuerpos y los comandantes de los navios an- 
clados en el puerto. 

Desde un principio concurrieron á ella el marqués del 
Real Trasporte, el ordenador honorario de marina don 
Lorenzo Montalvo, el coronel del Fijo de la Habana don 
Alejandro Arroyo, sucesor del enfermizo brigadier Alonso 
en ese cargo, el ingeniero D. Baltasar Ricaud y los ca- 
pitanes de los navios, actuando como secretario D. José 
García Gago , á quien por lo atezado de su rostro y ser 
capitán del regimiento de África , le apellidaba el vulgo 
«el Africano ^d Poco después condujo su menguada es- 
trella á ocupar en esa junta asientos preferentes á dos per- 
sonajes de importancia, un virey saliente del Perú y un 
gobernador que venia de ser relevado en Cartagena. Eran 
estos , el decrépito y achacoso teniente general D. José 
Manso de Velasco % primer conde de Superunda, y el 



^ W.Las Noticias privadas de Casa, principal conQdente y auxiliar de Prado* 
por D. José A. de Arraona, que contie- ^ Este general, natural y mayorazgo 
nen muchos detalles sobre este sujeto, el de Avila, después de haber servido 



DE LA ISLA DE CUBA. 459 

mariscal de campo D. Diego Tabares \ tampoco escaso 
en años , aunque de mayor robustez y fortaleza. 

Desde las primeras conferencias acordaron que sus- 
pendiera sus construcciones la maestranza del arsenal y 
se incorporase á las fuerzas de la plaza , y que se refor- 
zaran y reemplazaran las milicias, formándose padrones 
de cuantos individuos hubiese en estado de tomar las ar- 
mas. Mientras Prado pedia á la corte con urgencia mil 
hombres de fuerza veterana para reponer las bajas del 
anterior año, y cuatro mil quintales de pólvora , tanto en 
el recinto como en los castillos se remontó y repuso el 
cureñaje de las baterías; y Ricaud, disponiendo de mas 
brazos, tornó á la obra de la Cabana con mas bríos. A 
fin de mayo tenia ya profundizados los fosos de los fren- 
tes principales del polígono trazado por su hermano, 
guarneciéndolos de parapetos y reductos alzados con fa- 
ginas, tierra y piedra. Con los fondos que de Veracruz 
habia traido por noviembre el capitán de navio D. Juan 
Antonio de la Colina se pagaron sus atrasos á todas las 
clases, á las tropas, á la escuadra, á los destacamentos 
y á las guarniciones de Santiago y la Florida , y además 
á D. Lorenzo de Madariaga le envió Prado cien mil pe- 
sos para las urgencias de su distante territorio. 

Habíanse hecho en la Habana iguales ó muy parecidos 
preparativos de defensa en los casos de guerra prece- 
dentes, y aun mayores para la de 1739 á 1740. Ahora 

con la mayor distinción en las campa- ^ Natural de Gibraltar y hermano 

ñas de Cerdeña, Oran y Sicilia, man- del marqués de Casa-Tabares, hizo 

dando después brigadas y aun divisiones siendo ya coronel, todas las campañas 

en las guerras de Italia , habia desem- de Italia, y fué promovido á brigadier 

peñado el vireinato del Perú desde en 9 de octubre de 1745, y á mariscal de 

1748, dejando allí excelentes recuerdos campo desde 17 de setiembre de 17S0. 
de su administración. 



460 HISTORIA 

el vecindario , la guarnición y los marinos suponían al 
puerto muy asegurado con la presencia de la escuadra. 
No presumía nadie que intentaran los armamentos ene- 
migos lo que en sus épocas no osaron con medios pode- 
rosos, ni Hosier, ni Vernon, ni Knowles. En todas las 
guerras anteriores hubo, pues, en aquella capital mas 
temores de invasión que entonces, por mas que se la 
anunciasen con repetición á Prado y á Hévia el gober- 
nador de la parte francesa de Santo Domingo, el jefe de 
la escuadra de la misma nación, anclada en aquellas 
aguas , M. de Blenac , y aun el mismo gobernador de 
Santiago, Madariaga. 

El ^1 de mayo por la tarde, alegando tener que co- 
municar al gobernador un aviso de importante urgencia, 
un hombre cubierto de sudor y fango penetró hasta la 
antesala de Prado, que habitaba en el castillo de la 
Fuerza. No eran horas de audiencia , y le despidió con 
aspereza el secretario García Gago, que, al oírle nom- 
brarse D. Martín de Arana, traficante de Santiago con 
Jamaica, sinónimo entonces de contrabandista , desestimó 
el valor de sus noticias. Esforzáronse con Prado , para 
que le oyese aquella misma noche, el sesudo audi- 
tor de guerra D. Martin de Ulloa ^^ y el capitán de na- 

'° D. Martin de ülloa nació en Se- por su erudición y facilidad para es- 
villa en 1714, siendo hijo mayor del cribir, que poco después de crearse la 
regidor de aquella ciudad D. Bernardo Real Academia de la Historia le llevó 
y de doña Josefa de; la Torre Guiral. á su seno. En sus archivos y en los de 
Hermano menor suyo fué el sabio ma- la Academia Española, á la cual por- 
rino D. Antonio, que se ilustró en la teneció también, abundan los informes 
armada y en las ciencias aun mas que y trabajos suyos, de los cuales va- 
D. Martin en jurisprudencia y litera- rios vieron la luz en las memorias de 
tura, aunque relativamente no le fuese ambas corporaciones. Desempeñó siem- 
este inferior en conocimientos ni en in- pre con crédito muchos cargos judi- 
teligencia. Tan señalado era D. Martin cíales en América , y por su lealtad y 



J 



DE LA ISLA DE CUBA. 461 

vio D. Juan de la Colina, que, conociendo á Arana, le 
respondían de su veracidad. Ni ojeó Prado siquiera sus 
papeles y las Gacetas de Jamaica , suponiendo aquel go- 
bernador incompatibles la lealtad y el patriotismo con 
los hábitos del contrabando. Arana, que se hallaba en 
Kinsgton dos semanas antes, observando allí acopios de 
víveres y municiones para grandes fuerzas, oyendo que 
iban á llegar de Inglaterra para caer sobre la Habana, 
y anheloso de comunicar una noticia tan urgente, cor- 
rió á embarcarse en un lanchen de contrabando que satia 
para Wallis, y logró á fuerza de oro que el patrón le 
echase en tierra hacia el cabo de San Antonio. Vino desde 
allí cabalgando noche y dia en potros, sin montura, con 
lluvia y sol, sin descanso y aun sin alimento, para pres- 
tar á su país con la oportunidad de su aviso un gran 



servicios como auditor en la Habana 
antes y después del sitio de esta pla- 
za , fué promovido á una toga en la au- 
diencia de Sevilla. En esta ciudad mu- 
rió siendo regente de aquel tribunal y 
fundador de su Sociedad Económica de 
Amigos del País, en 1787. 

Intimo amigo de D. Martin fué don 
José Antonio de Armona, natural de 
Orduña, en Vizcaya, á quien en 1764 
comisionó el ministro Squilace para 
crear y organizar en la Habana la ad- 
ministración general de rentas y el ser- 
vicio de registros y correos marítimos 
para todos los puertos de América. 
Habiendo arreglado allí ambos ramos 
en nueve años de residencia , regresó á 
Madrid, donde prestó grandes servi- 
cios en materia de suministros y abas- 
tos públicos, siendo intendente de su 
ejército y provincia, y luego corre- 
gidor. Aun continuaba en este cargo 



con gran crédito, cuando murió el 23 
de mayo de 1792 á los sesenta y seis 
años de edad. Este Armona, hombre ac- 
tivo , curioso y despejado , aunque no 
exento de muchas preocupaciones de 
su época, era hermano del brigadier 
D. Matías, de quien descienden los Ar- 
monas de la Habana. D. José Antonio 
dejó escritas con el título de Noticias 
Privadas de Casa, unas memorias par- 
ticulares de las vicisitudes de su fami- 
lia y de su vida, que también se re- 
fieren á muchos sucesos y personaj s de 
su tiempo. Nunca yieron la luz pública; 
pero se reprodujeron en algunas copias 
fidedignas, de las cuales pudo facilitar- 
nos una nuestro amigo D. Antonio Fer- 
rer del llio, académico de la lengua. 
Del capítulo que en aquellas Noticias 
privadas se refiere al sitio de la Ha- 
bana, hemos tomado para nuestro texto 
el incidente relativo á Arana.. 



462 HISTORIA 

servicio , para que se lo inutilizase la incredulidad del 
mas obligado á agradecérselo. 

La declaración de guerra halló á la Gran Bretaña esta 
vez mas preparada que en los anteriores rompimientos. 
Hacia cinco años que sostenia una lucha feliz contra la 
Francia. Después que con la conquista del Canadá com- 
pletó casi la de la parte septentrional del nuevo conti- 
nente , su marina sin rival en las Antillas , se apoderaba 
en 1761 sucesivamente de la Dominica, la Martinica, 
de Granada y sus islotes adyacentes , de Tabago , Santa 
Lucía, la Guadalupe y San Vicente. Al principiar el 
siguiente año no conservaban otra colonia los franceses 
en el Archipiélago que su parte de Santo Domingo, en 
cuyos puertos se acogía una escuadra muy débil para 
hacer rostro á la inglesa , á la sazón mandada por Sir 
James Douglas. 

Así que se la declaró Carlos III, determinó el gobierno 
inglés inaugurar la guerra contra España con un golpe 
que la conmoviese lo bastante para solicitar la paz, y 
nada menos era que la conquista de la llave principal 
de sus Indias , de la Habana. Fueron sus providencias 
tan activas, que ya en 5 de marzo cinglaban de Spilhead 
para Jamaica sesenta y cuatro buques de guerra con el 
almirante Sir Jorge Pockoc ^\ y mas de diez mil hombres 



" Según el t. IV. de Biographia Na' currió á toda la campaña del Mediter- 

valis por Charnock , obra publicada en raneo en 1718. Obtuvo todos sus aseen - 

Londres en 1796 (Est. 6." del Dep, sos por antigüedad ó por méritos de 

Hidr. de Madrid ), Sir Jorge Pockoc guerra. En agosto de 1738 mandaha 

nació en Greenwich en 6 de marzo de una fragata en aquel mismo mar á las 

1706 de familia distinguida, empezando órdenes del almirante Haddock. En 

á servir á los doce años de edad en la 1744, á los dos años de ser capitán de 

marina de guerra á las órdenes de su navio, pasó con el Woolwich ye! Sou- 

tío el almirante Bing, con el cual con- therland á las Indias Orientales, escol- 



DE LA ISLA DE CUBA. 463 

que mandaba Lord Albemarle ^^ amigo y favorito del 
duque de Cumberland, si bien menos general que corte- 
sano. Expidió al mismo tiempo el almirantazgo prontas 
órdenes para que Sir Douglas se incorporase á Pockoc en 
Jamaica, y que sir Jeffery Amherst, gobernador gene- 
ral de la América del Norte , reuniese en Nueva- York y 
Charleston los refuerzos de municiones y de gente que 
Albemarle necesitase. El 26 de abril se verificó en la 
Martinica tal reunión de fuerzas navales y terrestres de 
la Gran Bretaña, que ni antes, ni rara vez después, ni 
en calidad, ni en número, se vieron ni han vuelto á 
ver en América mayores. 

Componíanse las marítimas de veinte y seis navios 
de línea *^ uno de á noventa, otro de á ochenta, cinco 



tando un convoy de la Compañía. No 
ofrece gran interés la narración de 
otros dos viajes que verificó desde In- 
glaterra ala India Asiática, y de su 
permanencia por aquellas aguas. Fué 
promovido á comodoro en 1748, des-' 
pues de haber contribuido á apresar 
un convoy francés. Luego también tomó 
una activa parte con algunos buques 
de guerra en las conquistas que logra- 
ron los ingleses en las Indias, siendo 
promovido á contra almirante en 175o. 
Dos años después tomó el mando de 
todas las fuerzas navales de Inglaterra 
en la India, y venció á la escuadra 
francesa del vice-alrairante Aché en 28 
de enero de 1758, y en el siguiente 
agosto les hizo perder á los franceses al- 
gunos buques , y entre muertos y heri- 
dos mas de mil hombres. En 1761 , ya 
de regreso en Inglaterra, se le premia- 
ron sus servicios con la orden del Baño 
y el ascenso á almirante. Después de 
su feliz campaña en 1762, formó parte 



del almirantazgo, hasta que cuatro años 
después , cuando murió el conde de 
Monck, se ofendió de que no le confi- 
rieran su vacante de primer comisario 
de aquella alta corporación , y no quiso 
aceptar ya ningún servicio. Murió el 
3 de abril de 1792 á los ochenta y siete 
años de edad en su palacio de Turson, 
cerca de Londres, dejando un hijo de 
su mismo nombre, que fué Par de Ingla- 
terra, y una hija casada con Lord Hin- 
ton, conde de Powlet. 

*2 V. su biog., pág. 11, 1. 1, Dice. 
Geog.t Est.j HisL de la Isla de Cuba por 
el A. Abundan sobre este personaje, 
aunque siempre sin detalles , ni mucha 
exactitud , las noticias de los Diccio- 
narios biográficos extranjeros y de va- 
rias publicaciones inglesas. 

*3 Según los documentos oficiales, y 
aun las publicaciones inglesas, la es- 
cuadra de Pockoc se componía de los 
siguientes buques de guerra, cuya lista 
se reprodujo en las páginas 372 y 373 



464 HISTORIA 

de á setenta y cuatro, dos de á sesenta y seis, cinco de 
á sesenta y cuatro , cinco de á sesenta y cuatro de á cin- 
cuenta ; tres fragatas de á cuarenta , dos de á treinta y 
dos , cinco de veinte y ocho , una de á veinte y cuatro, 
cuatro de á veinte; y además otros buques menores 
entre bergantines, trincaduras y brulotes. Sumaban 



del tomo lU de las Memorias de la Sociedad patriótica de la Habana , correS' 
pendiente á 1837: 



BOQUES. 



CAÑONES. 



COMAISDANTES. 



Navios. 

INaniur. ....... í)0 

Valient 74 

Cambridge. ..... 80 

Culloden 74 

Temeraire 74 

Dragón 74 

Centaur 74 

Dublin 74 

Marlborough 70 

Temple 70 

Orford. ....... «6 

Devonshire. ..... 6(J 

Belleisle G4 

Edgard 64 

Alcide 64 

Hampton Court. ... 64 

Stirling Caslle. ... 64 

Pembroke 60 

Rippon 60 

Noltingham 60 

Defiance 60 

Jntrepid 60 

Centurión.. ..... SO 

Deplford 50 

Sulherland 50 

Hampsbire 50 



/ Sir George Pockoc , caba- 
\ Uero de la orden deJ Ba- 
I ño, almirante de la Azul. 
V Capitán, John Harrisson. 
/ Honorable Augusto Kep- 
I peí , comodoro. 
( Capitán, AdamDuncan. 

W. Goostrey. 

J. Barker. 

M. Barte. 

Hon. A. Harvey. 

T. Lempriere. 

E. Gascoigne. 
T. Burnelt. 
J- Legge. 

M. Arbuthnot. 
S. Marshall. 
J. Knight. 

F. W. Drake. 
T. Hankerson. 
A . Innes. 

J, Campbell. 
J. Wbeclock. 
E. Jeckyll. 
T. Collingwood. 

G. Mackenzie. 
J. Hale. 

J. Galbraith. 
D. Digges. 
M. Everett. 
A. Usher. 



DE LA ISLA DE CUBA. 465 

todos estos buques dos mil doscientas noventa y dos pie- 
zas de artillería de bronce , con un repuesto inmenso. 

Además de la artillería, con parque de campaña y tren 
de sitio , de un cuerpo de ingenieros con considerable 
acopio de tiendas, herramientas y pertrechos, contá- 
banse en la expedición hasta veinte regimientos , repar- 
tidos en cinco brigadas, todos veteranos y probados en 
cinco años de guerra y de victorias en Alemania , en el 



BÜQDES. 



CÁNONES. 



COMANDANTES. 



Fragatas. 

Defiance 40 

Dover 40 

Enterprize 40 

Kichmoftd 32 

Alarm 32 

Echo 28 

Lizard 28 

Trent 28 

Cerberus 28 

Bóreas . . 28 

Mercury 24 

Rose 20 

PortMahoD 20 

Fowey 20 

Glasgow 20 

Bonetta . . 16 

Cynet 16 

Merlin 16 

Proserpine 16 

Barbadoes. ..... 14 

Viper 14 

Port Boyal. . . , . . 14 

Ferret 14 

Lurcher culter. ... 14 

Bombardas. 

Thunder 8 

Grenada 8 

Basilisc 8 

HIST. DE CUBA, -<* TOMO II. 



P. Botteleri. 
G. Oi^le. 
J, Houlton. 
J. Elphinstone. 
J. Ynos. 
J. Lendrick. 
F. Blanks. 
J. Lindsay. 
C. Webber. 
S. üredale. 
S. G. Goodal. 
J. N. P. Nott. 
R. Bickerlon. 
S. Mead. 
R. Cnrteret. 
L. Holmet. 
Hon. C. Napier. 
W. F. Bourk. 
H. Harmood. 
J. Hawker. 
J. Urry. 
S. Douglas. 
P. Ghark. 
J. Walker. 



R. Hasurell. 
Fraser. 
Lawfield. 
30 



466 HISTORIA 

Canadá y en las Antillas. A la insuficiencia militar de 
Albemarle suplia ventajosamente su segundo el teniente 
general sir Jorge Elliot ^*, que tanto se ilustró después 
defendiendo á Gibraltar en otra guerra ; y rayaban entre 
los cabos principales de tan imponente expedición, los 
brigadieres Lord Rollo y Francis Grant, conquistadores 
de la Martinica y otras islas, y sobre todo Sir Guillermo 
Howe, militar esclarecido y el único caudillo inglés que 
luego supiese recoger laureles en la lid entre la Gran 
Bretaña y sus colonias. 

Sin contar los refuerzos que Albemarle esperaba de 
Jamaica y Charleston , ni sesenta individuos del ramo 
de sanidad militar, llegaban á doce mil cuarenta y un 
hombres los de desembarco que, reunidos á ocho mil 
doscientos veinte y seis que contaban las tripulaciones y 
tropa de la escuadra, y á dos mil peones negros para 
los trabajos , formaban un total de veinte y dos mil tres- 
cientos veinte y siete. 

Toda esta armada salió de la Martinica el 6 de mayo 
navegando con lentitud, pero reunida. Era ya el 17, 
cuando después de acorralar á la escuadra francesa de 
M. de Blenac en el Guarico, marcó el cabo de San Ni- 
colás , y pudo avistarse desde Baracoa. 

Surcando ya esas aguas, tomó Pockoc una resolución 
que habria sido su ruina, si llegando á tiempo á la Ha- 
bana y al Guarico noticias de su rumbo, se hubieran con- 



** Este ilustre militar inglés, muchos de Gibraltar en la larga defensa de esta 
años después conocido también con el plaza, asediada por los españoles desde 
nombre de Lord Heatfield, nació en 1779 hasta 1783, obteniendo en recom- 
1718 ; se distinguió constantemente en pensa de un hecho que llamó la atención 
todas las campañas de su larga carrera; de toda Europa el título de barón de 
y después del sitio de la Habana, se Gibraltar con una crecida renta del Es- 
ganó universal fama siendo gobernador tado. Murió en 1790. 



DE LA ISLA DE CUBA. 467 

certado Hévia y Blenac para obrar con valentía. Guián- 
dose por cartas españolas , y explorada su derrota por 
algunos prácticos que encendian de noche hogueras en 
los cayos, y con una imprudencia de cuya responsabili- 
dad le libró el éxito solo, introdujo el 27 aquel almi- 
rante su armamento por las peligrosas angosturas del ca- 
nal viejo de Bahama. Si durante las siete cingladuras 
que tardó en pasarlas Pockoc, avanzando siempre con la 
sonda y con señales , le hubieran embestido á la vez por 
vanguardia y retaguardia á la entrada y salida del canal 
los diez navios españoles de Hévia y los siete franceses 
de Blenac, mas que practicable , verosímil era que ma- 
rinos como D. Luis de Velasco, el marqués González y 
D. Juan Postigo, oficial antiguo del Glorioso; que manio- 
breros como Colina, Blenac, y aun el mismo Hévia, des- 
agraviaran allí con espléndida hecatombe , la memoria 
de la gran armada de Felipe H, y se vengaran los agra- 
vios de la usurpación de Jamaica y de otros golpes. Pero 
aun no se hablan fijado los generales de las armas alia- 
das en la ventaja de combinar sus operaciones antes de 
emprenderlas , y tenia que cumplirse lo que estaba es- 
crito. 

El gobernador de Cuba , Madariaga *^ , no supo la di- 
rección de la escuadra inglesa hasta pasada la oportu- 

^s Natural de Tolosa de Guipúzcoa, gimiento, cuando en 1733 se le confirió 

como su hermano el capitán de navio y el gobierno de Santiago, que desempe- 

luego jefe de escuadra D. Juan Ignacio, ñó con justicia y probidad y aun con 

y de la familia de los marqueses de una eficacia mayor de la que le permi- 

Montefuerte. D.Lorenzo, después de tian sus achaques y sus años desde que 

servir muchos años en el regimiento de tuvo noticia del asedio de la capital. En 

guardias españolas , concurriendo á las 1763 fué promovido á brigadier, y ob- 

conquistas de Oran y Ñapóles y á las tuvo una encomienda , fijando desde 

campañas de Italia, no era aun mas entonces su residencia en Cádiz, donde 

que capitán de granaderos de aquel re- murió hacia 177^. 



468 HISTORIA 

nidad para avisarla, y Hévia y Blenac, forzados á ob- 
servar distintas instrucciones , cuando Pockoc empren- 
dió su movimiento , ni se habían puesto en correspon- 
dencia uno con otro. Tanto como la inacción de los 
aliados favoreció al inglés un tiempo bonancible en el 
canal. El 2, al desembocar ya su vanguardia, avistó 
por el N. O. á tres embarcaciones españolas que iban á 
cargar madera á Sagua , escoltadas por la fragata Tétis, 
de á treinta y dos cañones , y la urca Fénix, de á diez 
y ocho. Alcanzáronlas, después de una caza de seis ho- 
ras , las fragatas inglesas Echo y Alarm , de veinte y 
ocho y treinta y dos , trabándose por la tarde una re- 
friega que terminó con la rendición de los dos buques es- 
pañoles, con diez muertos y catorce heridos, aunque 
solamente la Alarm perdió diez y siete hombres; per- 
cance este que arrebató á la defensa de la Habana unos 
trescientos. El 5 se reconcentró con su inmenso convoy 
toda la escuadra por el horizonte de Matanzas ; y los pri- 
meros resplandores del dia 6 enseñaron en los límites 
del suyo á los habitantes de aquella capital, los cin- 
cuenta y tres buques de guerra y los doscientos traspor- 
tes de aquella formidable armada. 

Sin perder tiempo , ordenó Prado al avistarla que se 
pusiera la guarnición sobre las armas, y se convocaran 
las milicias , trasladándose á observar los movimientos 
del enemigo desde el Morro, con Hévia, Tabares , Co- 
lina, Velasco y otros jefes. Mientras cundia el desaso- 
siego por un pueblo desacostumbrado por catorce años 
de paz á estas alarmas , tomaban Prado y Hévia por ca- 
vilaciones las juiciosas conjeturas de Colina ; y á las doce 
se retiraban á la plaza , persuadidos de no ser aquel ar- 
mamento mas que la flotilla que regresaba todos los años 



DE LA ISLA DE CUBA. 469 

de Jamaica á Europa. Supusieron ambos que, si era en 
esta ocasión mas numerosa , explicaba esa circunstancia 
la necesidad de llevar los buques mercantes reunidos y 
escoltados por la escuadra en una época de guerra. Al 
volver de aquel castillo ^^ y al saltar en tierra , vio 
Prado á D. Martin de Arana hablando con UUoa y otras 
personas : « ¿Qué es esto , señor Arana? » le preguntó 
el gobernador. « j Qué ha de ser, señor ! » le respondió 
el interrogado; «lo que yo vine á anunciar á Y. S. quince 
)) dias hace, atropellando todos los peligros, como buen 
» vasallo del Rey y buen español. » No tardó en des - 
engañar á Prado la mas evidente confirmación de esta 
respuesta. Apenas habia entrado en la Fuerza , cuando 
le avisaron desde el mismo Morro que viraban todas las 
embarcaciones enemigas navegando en dirección del 
puerto. 

Multitud de vecinos y familias atropellaron entonces 
su salida al campo , mientras se agrupaban otros en los 
umbrales de la Fuerza á pedir armas, y corrían los ca- 
pitulares á ofrecer á Prado para la defensa su sangre y 
sus caudales. Mandó este gobernador con toda diligencia 
reforzar los castillos y puestos de la entrada. Ascendió 
en nombre del Rey á coroneles á los regidores y capi- 
tanes de milicias D. Luis de Aguiar y D. Laureano Cha- 
cón, aspirantes á ese cargo en ocasión tan ardua como 
honrosa. 

Hacia ocho dias que , después de dejar en Santiago de 
Cuba unos cincuenta á las órdenes de Madariaga , habia 
llegado por tierra á Guanabacoa con ciento cincuenta 

'^ V. en la colee, del A. una copia das de Casa , por D. José Antonio de 
dtíl cap. tit. Anécdotas del sitio de la Armona. 
Habana , tomado de las Noticias priva- 



470 HISTORIA 

ginetes desmontados el coronel de dragones de Edim- 
burgo ü. Carlos Caro, activo y entendido escuadronista, 
á quien cometió al instante aquel general el complicado 
encargo de recoger los caballos y monturas que cedie- 
ron los municipales y pudientes para habilitar aquella 
fuerza, amalgamándola con los restos de las antiguas 
compañías de caballos que mandaba el capitán graduado 
de teniente coronel D. Luis Basabe. Sobre la base de 
aquella corta fuerza, recibió también órdenes Caro para 
ir agrupando las milicias de ambas armas que se le pre- 
sentaran en Guanabacoa; y marchar luego á cubrir el 
litoral entre Cogimar y Bacuranao. Aguiar y Basabe que 
le acompañaba, cumplieron su misión con gran preste- 
za, allegando en aquella misma tarde considerable tropel 
de paisanaje y milicianos y trasladándose al anochecer á 
las playas indicadas. 

No anduvo Hévia menos diligente en poner todas sus 
naves en franquía , á excepción del Conquistador que se 
estaba carenando. Al comandante de este navio, D. Pedro 
Castejon le confió Prado el manejo de las fuerzas que 
quedaban de reten , después de haber destacado á la 
Chorrera al coronel del Fijo Arroyo ^"^j con las compañías 
de granaderos de su regimiento y de los dos batallones 
de Aragón y España y doscientos soldados de marina 
que mandaba el capitán de fragata D. Ignacio Ponce *% 
segundo de Castejon en el Conquistador. Como al paso 

" Este D. Alejandro Arroyo hacia niente general en el sitio de Gibrallar 

muy poco tiempo que se habia casado y en la guerra contra la república fran- 

con una hija del ordenador de marina cesa desde 1793 á 1793. Murió á fines 

1). Lorenzo de Montalvo. Después de del pasado siglo, 
muchas vicisitudes, fué pocos años, des- '^ También este Ponce, oficial muy 

pues ascendido á brigadier, obteniendo estimado en la armada, llegó á tenien* 

los ascensos de mariscal de campo y te- te general de marina. 



DE LA ISLA DE CUBA. 471 

que el armamento inglés se dirigía á la costa, se exten- 
día su larga línea de E. á O., eran de recelar simultáneos 
desembarcos por ambos flancos de la plaza, y era tam- 
bién por lo tanto imperiosa la medida de cubrir aquel 
surgidero , tan expuesto como los de Cogimar y Bacu- 
ranao, encomendados á D. Carlos Caro. 

Muy adelantada estaba ya la tarde cuando avanzó 
Pockoc á dos tiros del Morro ; y como una fuerte brisa 
levantara resaca por la playa , de acuerdo con Albe- 
raarle, determinó suspender hasta el siguiente dia la ope- 
ración del desembarco. Pusieron todos sus buques á la 
capa , y esa demostración infundió á muchos la esperan- 
za de que no llegarían á ejecutarlo. 

Sin que nada se hubiese prevenido para la subsisten- 
cia de su gente, pasó Caro la noche en la playa de Cogi- 
mar, levantando parapetos en el surgidero, mientras el 
ingeniero Calderin y sus trabajadores habilitaban en 
aquel torreón las defensas necesarias. Superfinas pre- 
cauciones. En las primeras horas del dia 7 saltaron las 
tropas inglesas en las lanchas, mientras la artillería de 
las corbetas Mercury y Boaetta reducia simultánea- 
mente á escombros los torreones de Cogimar y Bacu- 
ranao , y el navio Dragón y otras embarcaciones balian 
con metralla y bala rasa los manglares y malezas de la 
costa, teniendo que cubrir Caro á los suyos con los acci- 
dentes del terreno. A las dos, el comodoro Augusto 
Keppel ^% hermano de Albemarle , logró así verificar sin 
resistencia el desembarco saltando en tierra por Cogi- 
mar la primera brigada expedicionaria , una numerosa 



'^ V. su biog , pág. 53, t. I, Dice, el A., donde precede al apellido el 
Geogf., £sf., Hist. de la Isla de Cuba, por nombre patronímico de Augusto. 



472 HISTORIA 

columna de granaderos y otra aun mayor de infantería 
ligera que acaudillaba Elliot, mientras el mismo Albe- 
níiarle desembarcaba por Bacuranao con la mayor parte 
de sus fuerzas. Entretanto, viendo á Pockoc correrse ha- 
cia el O. con la mayor parte de la escuadra, dispuso 
Prado que marchase Gastejon á reforzar á Arroyo en la 
Chorrera con la mayor parte de la infantería que en la 
tarde anterior habia quedado en el recinto. 

Observando Caro que á las tres se poniap en movi- 
miento los desembarcados hacia Guanabacoa^ ordenados 
en dos columnas de camino paralelas , obligáronle á re- 
tirarse la inferioridad de número, condición y estado de 
su gente, labriegos sin enseñanza militar, armados los 
que mejor con malas escopetas y desde la tarde anterior 
sin alimento. 

Al amanecer del 8 , antes que las columnas de Albe- 
marle , dirigidas por su jefe de estado mayor Carleton, 
se incorporasen á las de Elliot, destacó aquel jefe ala Ca- 
bana á su mal arreada y desfallecida infantería; y, man- 
teniéndose en reserva con cincuenta dragones, los únicos 
de su regimiento habilitados entonces de caballos, ordenó 
qne D. Luis Basabe acometiese á la vanguardia inglesa 
con doscientos lanceros de milicias y cincuenta veteranos 
de las antiguas compañías. Quiso ensayar con esa prueba 
el jactancioso ardor de los ginetes milicianos, ó justificar 
aun más su forzosa retirada. Pero se estrellaron enton- 
ces en la disciplina y en la fuerza el entusiasmo y el va- 
lor. Mientras los dragones de Edimburgo tiraban desde 
un platanar sobre las rojas masas invasoras, los colecti- 
cios escuadrones de Basabe, sin que su superioridad les 
arredrara, al grito de «viva la Virgen,» cerraron sobre 
el enemigo. Pero recibidos con vigor, huyeron en des- 



DE LA ISLA DE CUBA. 475 

Orden. Veinte y nueve hombres perdieron en ese mo- 
mentáneo choque, entre ellos á D. N. Castillo, uno de 
sus mejores oficiales, ofendiendo solo al inglés alguna 
rara herida. Un súbito aguacero, y el carecer los des- 
embarcados de caballería , preservaron de su persecu- 
ción y de un degüello á los campesinos fugitivos. 

Mientras Caro , con su corto escuadrón , se retiraba 
al trote hacia Jesús del Monte , entraban los ingleses sin 
tropiezo en aquella villa , abandonada por sus morado- 
res; sorprendían parte de la caballada allí reunida para 
acabar de montar á los dragones, y con las sillas y fre- 
nos que tenian, improvisaron sin demora un escuadrón, 
que Albemarle dio á gobernar al capitán Hultie. 

Caro, después de situar para observarlos, una avan- 
zada en el Luyanó, y de establecer en Jesús del Monte 
á su restante fuerza , mandando que se reconcentraran 
allí los milicianos , corrió á participar á Prado y á la 
Junta de guerra lo que sabían ya por los prófugos. 

La Junta , desde el día anterior, había sido convo- 
cada por el Capitán General, cuando manifestó su in- 
tención de desembarcar el enemigo. Formáronla por or- 
den de graduación y antigüedad : Superunda, Tabares, 
Hévia, el teniente rey, el coronel D. Dionisio Soler, 
y los capitanes de navio D. Juan de la Colina, D. Fran- 
cisco Garganta, D. Juan del Postigo, D. Francisco Me- 
dina, D. Juan Ignacio de Madariaga, D. Francisco Ber- 
mudez, D. José de San Vicente-*^ y el marqués Gonzá- 
lez , ejerciendo el empleo de secretario García Gago* 



^ 0. José Diaz de San Vicente sir- niente general de marina y comandante 

vio siempre en la armada con el mayor general de aquel departamento, en 16 

crédito por espacio de cincuenta y seis de febrero de 1783. V. la Gaceta de 

años. Murió en el Ferrol siendo te- üfadná de 11 de marzo der mismo año» 



474 HISTORIA 

Militar disciplinista y de valor, mas sin inspiración, 
fué desde su principio Prado en aquellas conferencias 
un dócil instrumento de Hévia , cuyo ascendiente dominó 
también al presidente Superunda y á Tabares. Aunque 
despejados ambos, y de experiencia consumada, se con- 
sideraban miembros tan incidentales de la junta , como 
su desdichado arribo al puerto; y así esquivaron estos 
generales la iniciativa en toda providencia, por mas que 
siempre se la sometiesen con estudiada deferencia los 
demás vocales y aun el mañero montañés Colina. Pos- 
tigo , que fué segundo del bailío Lacerda en las heroicas 
y postreras jornadas del navio Glorioso, incapaz de ce- 
jar en el peligro, lo era también para oponerse á las 
ideas de su superior, el jefe de escuadra; y tan sumisos 
como él eran sus compañeros, excepto el argumenta- 
dor CoUna y el marqués González, navarro independiente 
y de altos pensamientos, aunque de poca afluencia en 
el discurso. El teniente rey sometió su parecer al del ca- 
pitán general , y los coroneles de los cuerpos tenia n que 
emplearse en las operaciones; luego menester fué que 
en la junta dominase la influencia del marqués del Real 
Trasporte, venciendo la moderada oposición de Colina y 
de González , y no permitiéndole otros cargos al inten- 
dente Montalvo concurrir con frecuencia á las sesiones. 
Atropelladas y contradictorias las providencias de la Jun- 
ta, se resintieron desde luego de los apuros de la plaza 
donde funcionaba , y de la desproporción de los medios 
de defensa con los de una agresión tan poderosa. 

La fiebre amarilla del año anterior, que se habia re- 
producido en mayo con fiereza , al presentarse el arma- 
mento inglés tenia ya devorada la mitad de las fuerzas de 
la guarnición y de la escuadra, que aun incluyendo á los 



DE LA ISLA DE CUBA. 475 

enfermos de los hospitales, no ascendían sino á dos mil 
setecientos ochenta y un hombres ^'. Este guarismo des- 
animador se componia de cuatrocientos ochenta y uno 
del batallón de España , y doscientos sesenta y cinco del 
de Aragón , gente bisoña , mas lucida y dura , toda de 
aragoneses y alcarreños ; ochocientos cincuenta y seis 
del de la Habana , cuerpo fijo compuesto de naturales de 
Canarias, menos inclinados al servicio militar que á 
industrias ; ciento y cincuenta dragones de Edimburgo 
que acababan de desembarcar y deponerse por primera 
vez el uniforme ; ciento y cuatro artilleros de la plaza 
y setecientos cincuenta de marina , que eran exce- 
lentes. 

Al saberse el 7 dónde desembarcaba el enemigo , se 
juzgó con tino que seria la Cabana el preferente objeto 
de su ataque, y fué la primer medida de la Junta en- 
viar á aquella altura á los ingenieros Ricaud y D. Juan 
Cotilla, con toda la maestranza del arsenal y de la 
plaza á formar y artillar varios reductos , como si se pu- 
diese improvisar en un dia solo lo que se tuvo olvidado 
tantos años. En pocas horas fabricó la marinería en el 
arsenal una gran balsa para trasladar de una parte á 
otra de la bahía tropas , trabajadores y cañones ; y , 
cual pronto sobresaliente para las urgencias , se tras- 
lado Castejon ^'-^ á la Cabana con la misma fuerza que 



2' V. la defensa de D. Juan de Pra- des. Nació en la Rioja á fines de 1719 

do, publicada en hi Memorias de la So- de ilustre linaje. Sentó plaza de guar- 

ciedad Patriótica de la Habana. dia marina en 1737, hallándose en to- 

" D. Pedro González de Castejon, das las operaciones navales de laguer- 

que luego fué marqués González de ra de Italia y en el combate de cabo 

Castejon, murió en Madrid el 19 de Sicié. Después de los servicios que 

marzo de 1783, siendo ministro de ma- prestó durante el sitio de la Babana, y 

lina y cargado de honras y de dignida- siendo ya jefe de escuadra, mandó en 



476 HISTORIA 

habia llevado á la Chorrera , á donde vino á reempla- 
zarle Aguiar con quinientos milicianos. Agotáronse en 
treinta horas las fuerzas de aquellos oficiales, y un mi- 
llar de obreros , antes de trazar otro reducto fronte- 
rizo al Morro en aquel suelo tan terco y resistente al 
hierro. ¡ Vana faena ! Al anochecer del 8 , Carleton con 
dos mil hombres destacados de Guanabacoa se dirigió 
á examinar la posición; y, sin reconocerse con la oscu- 
ridad, tiráronse sus defensores unos á otros, dispersán- 
dose despavoridas las milicias/Irreflexivamente sé con- 
sideró entonces por la Junta indefendible un puesto que 
era la llave natural de todos los demás ; y ordenó que 
Gastejon le abandonase con su fuerza veterana , dejando 
allí tan solo á trescientos milicianos para clavar la arti- 
llería , tan penosamente subida á aquella altura el dia 
anterior, y para evacuarla también , cuando los atacase 
con número superior el enemigo. 

Al mismo tiempo que con el precipitado abandono 
de la mas importante posición quedaba la plaza descu- 
bierta , adoptaba la junta un singular arbitrio para con- 
servarla. Recelando que intentara Pockoc forzar la en- 
trada de la bahía , mandó barrenar y sumergir en ella á 
los navios Neptuno y Asía, y al Europa luego. Tal con- 
sejo inspiró á Hévia y aun al sensato Colina la memoria 
del éxito con que veinte años antes le siguieron Eslava 
y Lezo defendiendo á Cartagena , sin examinar ni la di- 
ferencia de configuración de entrambos puertos, ni la 



junio y julio de 1775 la destinada á la ro de la guerra antes de ser ministro, 

infeliz expedición contra Argel, siendo Tenia la gran cruz de Curios III y la 

después comandante del Astiilero de encomienda de Orchela en la de San- 

Guarnizo, mayor general de la armada, tiago. V. la Gaceta de Madrid de 25 

inspector general de marina y conseje- de marzo de 1783. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 477 

desigualdad de circunstancias y de casos de uno y otro 
asedio. Se subordinó con esa providencia una escuadra 
excelente y numerosa á correr igual suerte que la pla- 
za ; se sacrificó la cuarta parte de sus buques al temor 
de una operación impracticable con los naturales tro- 
piezos de la entrada y los fuegos de los dos castillos; y 
se malograba de una vez toda oportunidad para que 
combatiese acoderada al Morro ó que tomara el largo. 
Ya no podia salvarse sino con la Habana , y con la in- 
sensata evacuación de la Cabana, la salvación de la Ha- 
bana era dudosa. 

Originó tan desatentadas providencias un común deseo 
de reconcentrar en el recinto y los castillos todas las 
fuerzas veteranas. En efecto se reforzaron con unos seis- 
cientos marineros, desaparejándose los buques á excep- 
ción del Alquilón , del América mandado por Colina , de 
la fragata Perla de la Compañía , y de otros dos ó tres 
apostados en los puntos convenientes de la bahía para 
proteger las avenidas y aproches de la plaza. El bale- 
río, la pólvora y las mejores piezas de los navios se 
trasladaron con prontitud á los castillos y á varias bate- 
rías, lo mismo que los pertrechos y los víveres. 

Por Batabanó , por Jagua , por Cabo Corrientes y por 
lo interior de la isla, se apresuraron Prado y la Junta á 
avisar la situación de la Habana al virey de Méjico, á 
los gobernadores de Yucatán , Panamá , de Cartagena y 
al presidente de Santo Domingo. Se expidieron las ór- 
denes mas apremiantes á Madariaga, las justicias y te- 
nientes á guerra de los pueblos para que pusieran con 
urgencia sobre las armas á todas las milicias, y deslaca- 
sen á socorrer á la capital á cuantos pudieran prestar 
ese servicio. Curioso es recordar que cuando firmaba 



478 HISTORIA 

Prado el pliego en solicitud de auxilios de los franceses 
del Guarico , le presentaron otro en que también se los 
pedia á él su gobernador Bory, muy persuadido de que 
descargaría sobre él la tempestad que descargó en la 
Habana. 

Mientras los jefes militares , el cabildo y los notables 
excitaban al levantamiento en masa contra los ingleses, 
también enardecía con sus discursos á la gente el obis- 
po Morell, á quien sorprendió la invasión por Bejucal y 
Santiago de las Vegas. De su orden predicaron al mo- 
mento los párrocos ardorosas pláticas contra los herejes, 
afanándose en robustecer con la intolerancia religiosa 
al patriotismo. No pasaba de sesenta mil almas la po- 
blación de la capital y sus partidos, ni de siete mil 
toda la parte masculina capaz de empuñar armas ; pero 
fueron de entre ellos muy contados los que no se pre- 
sentaron á pedirlas por evidentes y fundadas causas. A 
todos los que no eran milicianos, fuesen blancos, mu- 
latos ó negros, un deber que no exceptuaba á nadie, 
los convirtió de repente en voluntarios. Los hacenda- 
dos comarcanos , unos por forzosa imitación , los más 
por celo, imitaron el generoso ejemplo del ordenador 
Montalvo , que abandonó la recolección de dos ingenios 
para emplear todos los brazos de sus negros en las 
operaciones exteriores, ó en las faenas de los fuertes y el 
recinto. 

La defensa de sus frentes á tierra se dividió en cuatro 
secciones , encargadas á Garganta y Castejon , al coro - 
nel Arroyo y al teniente- coronel D. José Panes Moreno; 
« poniéndose también cada batería en particular al cui- 
j) dado de diferentes oficiales de tierra y de marina, 
» con los artilleros y gente necesaria. Y semejantes dis- 



DE LA ISLA DE CUBA. 479 

D posiciones se tomaron asimismo para la custodia y de- 
)) fensa de la parte interior del puerto , desde la puerta 
)) de la Punta hasta la de la Tenaza ; en la inteligencia de 
» que por falta de tropa reglada para cubrir la mayor 
» parte de la muralla estaban las cortinas y los baluar- 
3> tes guarnecidos de negros , mulatos y otras especies 
» de gentes , á quienes la necesidad sola pudo elegir 
» para unos destinos de tan recomendable considera - 



» cion ^^ » 



Obligado á permanecer dentro de la plaza, no podia 
Prado dirigir las operaciones en el campo, ni atender tam- 
poco á lo demás de la isla. Por acuerdo de la Junta nom- 
bró comandante general al capitán de navio D. Juan Ig- 
nacio de Madariaga, hermano del gobernador de Cuba y 
jefe aventajado, revistiéndole de sus atribuciones y pode- 
res para mandar tropas y milicias, administrar justicia, 
gobernar el país, y organizar la defensa en la campiña, 
operando bajo sus auspicios Caro con la caballería vete- 
rana y voluntaria , Aguiar y Chacón con los milicianos y 
gente de color de á pié. Madariaga llamó á las armas, 
ofreciendo el enorme haber de un peso diario , no solo á 
los voluntarios del país, sino hasta á los desertores de 
tropa y aun á los presidiarios huidos que se presentaran 
á tomarlas. Para que no escaseara de recursos los pri- 
meros dias , destinó Prado á sus órdenes con noventa y 
ocho mil pesos y el título de tesorero de campo, á don 



23 V. en la parte referente al 10 de de la Junta de guerra, se publicó en el 

junio El Diario militar de las operado- Proceso de ¡a rendición y se reimprimió 

«es ejecutadas en la ciudad y campo de en el artículo de la Habana en el t. JII 

la Habana, etc., etc., etc. Este docu- del Dice. Geogr., Estad , Hist. de la Jí^ 

mentó , firmado por Prado y los vocales de Cuba por el A, 



480 HISTORIA 

Juan Tomás de Jáuregui , que recibió después mayores 
sumas ^*. 

Viejos y cansados los castellanos del Morro y de la 
Punta, las posiciones mas amenazadas en aquel asedio, 
desde luego los reemplazo Prado también por acuerdo 
de la Junta , al primero con D, Luis Vicente de Velasco, 
indómita alma , cuya intrepidez crecia con el peligro ; y 
al segundo con el de igual clase D. Manuel Briceño, 
acreditado también por su intrepidez y experiencia en 
lances bélicos. 

Coincidieron con estas disposiciones otras tan dolo- 
rosas como necesarias. Mandóse salir de la ciudad , antes 
que los movimientos del enemigo lo estorbaran, á cuan- 
tos pudiesen aumentar su consumo sin contribuir á su 
defensa ; y se despejaron los aproches del recinto incen- 
diando los mezquinos caseríos de afuera, que se llama- 
ban ya barrios ó arrabales de Guadalupe, la Salud y 
Jesús María. 

Al amanecer del 1 todas las monjas en tapadas cale- 
sas , las comunidades religiosas y una sobresaltada grey 
de ancianos, niños y mujeres en carruajes, en caballerías, 
en carros y aun á pié, salieron de la capital con la escol- 
ta de una compañía de milicias, dirigiéndose hacia San- 
tiago, Bejucal y Managua , aldea que comenzaba á for- 
marse ya en tierras de los Calvos, ün sol abrasador, la 
sed y el hambre fueron los solos contratiempos de 
aquella multitud indefensa. En medio de la conmoción 
general se reparó que , cuando la Real Compañía y los 
particulares extraian su numerario y sus mas portátiles 



2^ Este Jáuregui fué en la Habana el padre del D. Andrés , diputado de las 
fundador de la familia de su nombre y cortes de Cádiz por la misma ciudad. 



DE LA ISLA DE CUBA. 481 

valores de una plaza ya asediada , el gobernador y la 
Junta considerasen mas seguros dentro de la Fuerza los 
caudales que habia traido Colina con destiño á España, 
las cajas reales y los fondos de la factoría. De los del 
erario entonces no salieron otros del recinto que qui- 
nientos mil pesos puestos luego á disposición de Mada- 
riaga y á cargo del tesorero] de campo Jáuregui, el que 
habia elegido Prado para pagar los suministros y esti- 
pendios á los milicianos. 

Entre tanto , Arroyo , Aguiar ^^ y Chacón , ensorde- 
ciéndose por cumplir con tan violento deber á impre- 
caciones y protestas , incendiaron en la misma mañana 
del 1 todo el caserío de los suburbios que estorbaba á 
los fuegos de la plaza. Era de maderajes , techados de 
guano casi todos, y en menos de dos horas se convirtie- 
ron los llamados arrabales en pavesas. Con la misma 
prontitud se volvieron barrizales y lagunas los campos 
circundantes de la muralla , rotas las diversas acequias 
de la zanja por los milicianos. Esta medida, sin privar 
de aguas potables á la plaza, surtida por aljibes, im- 
pedia á los enemigos abrir trincheras contra sus cor- 
tinas, mal resguardadas de fosos y sin camino cubierto 
ni estacadas. 

No fueron los defectos del recinto la prueba única del 
abandono con que en el largo y pacifico gobierno de 
Cagigal se habia desatendido á las obras de defensa. Por 
haber cesado entonces las consignaciones á tan esencial 
objeto señaladas antes, no se encontraron en estado de 
servir ni la mitad de los tres mil y quinientos fusiles de 



2s VV. sus notas biogs., págs. 3 y 4, t. I, y p. 230, 23t, t. II, Dice. Geog,, 
Estt Jíist. de la Isla de Cuba, por el A. 

HIST, DE CUBA.— TOMO II.— 3X 



482 HISTORIA 

los almacenes para distribuírselos á las milicias. Apenas 
se pudieron completar dos rail armas de fuego entre los 
pocos útiles de la sala de armas, algunas carabinas que 
aprontó Hévia de la escuadra, y las escopetas de caza 
de particulares. Por eso, todas las fuerzas, las solas 
fuerzas armadas y capaces de oponerse á las huestes de 
Albemarle, se redujeron á dos millares de peninsulares 
veteranos de los batallones de España, de Aragón, y de 
marina , á otro de isleños del Fijo y de artilleros, á dos 
de milicianos y paisanos, unos con voluntad , otros sin 
valor ni robustez, todos sin disciplina ni enseñanza. Los 
que carecían de armas de fuego no se podían tomar por 
combatientes ; y con medios tan desproporcionados á los 
del ataque , entre muchas probabilidades contrarias, solo 
de dos se podía esperar que triunfase la defensa : del 
rigor de la estación y de la impericia del caudillo inglés. 

Permanecía Albemarle con el grueso de sus tropas en 
Guanabacoa, sin suponer que careciera de fuerzas vete- 
ranas una posición tan importante como la Cabana. 
Cuarenta horas después de evacuada por Castejon, fué 
cuando dispuso que se dirigiese su jefe de estado mayor 
con dos mil hombres á ocuparla. Ante ese número y 
cumpliendo con sus instrucciones, se replegaron los mi- 
licianos sobre el Morro en la tarde del 11 , haciendo 
fuego á gran distancia ; y después de tan irreflexiva- 
mente abandonada al enemigo la preciosa altura, para 
los errores que en la defensa se cometieran después, ya 
no quedaba enmienda. 

No contando Pockoc con que lograse el ataque de la 
Cabana un éxito tan breve , mientras Carleton se dirigía 
á ocuparla , intentó distraer á los sitiados destacando 
simultáneamente á la embocadura del Chorrera los na- 



DE LA ISLA DE CUBA. 483 

víos Nottingham, Belleisle y otros, con las fragatas 
Mercury y Bonetta, que al medio dia reconcentraron sus 
descargas sobre el débil torreón de aquella playa. Ha- 
bla reparado sus defensas con premura D. Antonio Tre- 
vejo, joven habanero de conocimientos, que servia de 
ingeniero voluntario, y abierto una trinchera para abri- 
gar á ia fuerza de milicias, acaudillada por Aguiar que 
cubria a(iuel surgidero. Como allí no permitían las in- 
flexiones de la costa que fuera batido el torreón sino 
oblicuamente desde el mar, mas de dos horas estuvo 
contestando á los fuegos de la escuadra con los de su 
batería de seis piezas de á ocho. Pero quedando luego 
desmontadas y parte del fortín derruido , Aguiar con 
poca y mal armada gente para oponerse al desembarco, 
se retiró hacia la plaza por la costa, dejando á los ingle- 
ses dueños de la sola aguada potable de las cercanías, y 
aun délos aproches occidentales del recinto, para ense- 
ñorearse también algunos dias después de la loma de 
Aróstegui, coronada hoy poruña soberbia cindadela, y 
descubierta entonces por desgracia. 

Mientras tanto, Madariaga y Caro no conseguían orde- 
nar ni regimentar á las milicias, ni aun suministrando el 
peso diarlo á cada voluntario. Se resignó el primero á 
consentir que los capitanes D. Diego Ruiz y D. Bernardo 
Díaz operasen aisladamente con sus compañías ; que el 
alcalde provincial de Guanabacoa D. José Antonio Go- 
mez ^^ conocido en todo el país por Pepe Antonio, y á 
pesar de sus años , por su agilidad y su destreza como 
cazador, también obrara por su cuenta con porción de 



26 V. SU nota biog., pégs. 116 y 417, t. II , dice. Geog. , F«/. , Hisl. de h Isla 
de Cuia, por el A, 



484 HISTORIA 

monteros escogidos; y que formara además otra partida 
el oficial veterano D. José Bernet , llamado el Jerezano, 
y tirador cumplido. Con su popularidad entre los labrie- 
gos de un país en todo tiempo libre de sujeción militar 
y de sorteos , los pudieron emplear con mas provecho 
que la disciplina y la severidad de Caro, que los miraba 
con desden, y á quien tampoco miraban, con afición 
ellos. 

Fué ocupación preferente de este jefe organizar y 
montar en Jesús del Monte á sus Dragones, sin que le in- 
quietaran los ingleses , concretados entonces á proveer- 
se de agua en el Chorrera ó rio Almendares y á acar- 
rear sus repuestos y sus trenes desde Cogimar hasta la 
Cabana , mientras se acreditaban de infatigables y auda- 
ces aquellos guerrilleros , mayormente los dos últimos. 

Ya el 9, Ruiz y Díaz envolvieron un piquete en Cor- 
ral-falso, en los ejidos de Guanabacoa. Mataron á mas 
de veinte de los invasores, y habrían exterminado á los 
demás de aquel destacamento, si no acudieran á librar- 
los otras avanzadas ^ aunque perecieron también en el 
encuentro aquel oficial y algunos de su gente. 

Mas feliz Pepe Antonio, después de sacrificar mu- 
chos ingleses, se apoderó en los siguientes dias de otro 
piquete destacado á buscar reses y forraje , y el 1 3 
introducía en la plaza ochenta y tres prisioneros enemi- 
gos. A los tiros del Jerezano sucumbían cuantos marinos 
y oficiales penetraban rio adentro del Chorrera , y en 
aquel mismo dia el imprudente capitán Walker quedó 
hecho prisionero. 

Si la primera operación de Albemarle , el desembarco 
de las tropas por Cogimar, ya habia sido una falta, era 
aun mayor la de acarrear su tren de sitio por el mismo 



DE LA ISLA DE CUBA. 48S 

punto, embarazado de espesuras y malezas hasta la Ca- 
bana. Dueño del desembarcadero, la superioridad de sus 
fuerzas bien le permitía la conducción de sus pie- 
zas y furgones hasta aquella altura por mas abierto y 
despejado rumbo y no escaso de senderos como el de 
Bacuranao. Pero la menor distancia le hizo preferir el de 
Gogimar, mas cercano de la posición donde discurrió es- 
tablecer sus baterías , aunque de tránsito mas agrio, y 
suelo todo de monte cerrado y peña viva. 

Aun menos justificable desacierto cometió Albemarle 
emprendiendo sus operaciones por la expugnación del 
Morro, de cuyo ataque se encargó desde el dia 13 con 
un cuerpo de tropas , su hermano el mariscal de campo 
Sir Guillermo Keppel. Demuestra una sola ojeada sobre 
el mapa, que por indispensable que su posesión se con- 
ceptuase para facilitar la entrada de la bahía , el ata- 
carlo por tierra desde la Cabana , posición mas venta- 
josa aun para" apoderarse de la ciudad , era supérfluo. 
No dependía la plaza del castillo , sino el castillo de la 
plaza, de donde recibía víveres, armas, materiales, 
peones y refuerzos. Con una sola división que empren- 
diese sin pérdida de tiempo el ataque de la ciudad desde 
una localidad que la domina tanto como aquella altura; 
con otra distribuida entre el Horcón y la loma de Soto 
ó de Atares, y una tercera en la de Aróstegui y en la 
Chorrera para interceptar sus comunicaciones princi- 
pales , su destrucción ó su rendición era dilema de con- 
tados dias ; y sin efusión de sangre se obtenía después 
la de aquel aislado fuerte. Podía ser para Albemarle el 
éxito de tan sencilla operación tan fijo , que cada una 
de las tres divisiones por sí sola, seria superior en nú- 
mero, calidad y disciplina á todas las fuerzas tanto ve- 



486 HISTORIA 

lera ñas , como colectivas, mal armadas y bisoñas con 
que Prado pudiese entorpecérsela. 

Mientras Keppel, en el descenso de la altura que mira 
á aquel castillo, abria sus paralelas en una atmósfera de 
fuego y expuesto á sus disparos, empleaba el invasor to- 
dos sus medios de tracción en acarrear desde Gogiraar á 
la Cabana sus almacenes y su tren de sitio. Quien conozca 
el clima y el lugar, calculará lodo el esfuerzo con que 
los ingleses picando piedra y monte con la zapa y con el 
hacha, arrastraron á brazo hasta las faldas y mesetas de 
aquella eminencia casi todas sus enormes piezas en poco 
mas de una semana. Perdieron mas de trescientos hom- 
bres en la faena, heridos unos de fulminante apoplejía, 
otros postrados de cansancio , de irritación ó por la fie- 
bre, y arrebatados muchos por el vómito que empezaba á 
cebarse en sus lozanas filas. Con guerrillas de tiradores 
buenos y ágiles, un gobernador de mas expediente mili- 
tar que Prado, habiíales impedido ó entorpecido cuan- 
do menos tan lenla y trabajosa operación á los ingleses. 
Pero no inspiró á la Junta de guerra una sola idea es- 
tratégica , ni un marcial arranque para dominar ni á 
comunes accidentes. No mas se ocupaba Madariaga que 
del abasto de la plaza, y Caro después de tener ya mon- 
tada su caballería sin decidirse á emplearla con vigor, 
excusaba su inacción con la indisciplina, la desobediencia 
y los desórdenes de las milicias. A juzgar por el tenor 
de las cartas de este jefe á Prado , las que se juntaban, 
desertaban y se volvían á presentar por las inmediacio- 
nes ^'^, « eran inútiles con cualquier especie de armas, 
» en cualquier puesto y de todos modos. * 

" V. la correspondencia de Caro al dicion de la plaza de la Habana, ¡mp, 
capitán general en el Proceso de laren- en Madrid en 1764. 



DE LA ISLA DE CUBA. 487 

Luego que con el voluntario encierro é inutilización 
de los navios españoles se descargó Pockoc de un gran 
cuidado, estableció con una parte de su escuadra dos 
cruceros, uno entre la Habana y el cabo de San Antonio, 
en acecho de los socorros y refuerzos que pudieran venir 
de Veracruz; y otro en la costa meridional que intercep- 
tara los que podian llegar de Cuba , de las Antillas y de 
Tierra-firme. Habria infaliblemente caido en su poder la 
flota de aquel puerto, á no haber retrocedido , hallada 
muy á tiempo por un aviso que desde el primer dia de 
la invasión despachó Prado por Batabanó. Por ambas 
aguas se enseñoreó la marina inglesa desde luego de 
toda la costa occidental de la isla. EM 1 , el mismo dia 
en que desembarcaba Howe ^^ en la Chorrera , y que 
Albemarle ocupaba á la Cabana, tres balandras atacaron 
á la batería de faginas que defendia el surgidero de Ba- 
tabanó con seis cañones á cargo del teniente D. Carlos 
Devaux y algunos artilleros. Recibieron tiros acertados, 
y luego se alejaron, pero apoderándose de una goleta que 
venia con frutos. 

El capitán de fragata D. Diego de Argote, que del 
continente se dirigía á la Habana sin la menor noticia del 
asedio, perseguido por dos navios de guerra, el Defiance 
y Hampton-Court, y hasta nueve bergantines y fraga- 
tas, tuvo que refugiarse en el Mariel el dia 28 con la 
fragata Venganza y el paquebot Marte ^^ Sirvió de poco 



^^ V. su nota biog. , pág. 35 del cuentro el diario de las operaciones del 

t. lU del Dice. Geog., Est., Hist. de la sitio que presentó D. Juan de Prado, y 

Isla de Cubas por el A. que inserta en su totalidad en el artí- 

2^ Hemos visto una copia del parte culo referente á la Habana el tomo H 

dirigido por Argote á Hévia ; y además del Dice. Geog., Est. , íft«í. de la Isla de 

menciona con algunos detalles este en- cuba, por el A. Como en las versiones 



488 HISTORIA 

la prontitud con que echó á pique á la entrada de aquel 
puerto una urca y una goleta del comercio en él ancla- 
das, ni el valor con que peleó por espacio de hora y 
cuarto para impedir que la forzaran. Considerando su 
captura inevitable, dio barreno á sus embarcaciones y 
apresuróse á echar su gente en tierra con la pólvora y 
las armas, después de perder treinta y un hombres inclu- 
sos algunos que se ahogaron. Luego impidió á fuerza de 
diligencia el enemigo que los dos buques se anegaran, 
logrando reforzar con ellos á su escuadra ; pero no que 
fuese también á reforzar Argote á los defensores de la 
Habana con doscientos soldados y marineros bien ar- 
mados. 

Otro crucero permaneció todo ese tiempo en frente de 
la plaza lanzando proyectiles con poco éxito, ínterin de 
ambos campamentos de la izquierda y derecha de la ba- 
hía se dirigían varias columnas á recoger reses y caballos 
por Santa María del Rosario y campos aledaños, el Gano, 
el Guajay y Marianao. Frustró la previsión de Madariaga 
estos intentos obligando á los estancieros á internar en el 
país sus ganados y sus frutos. Los destacamentos ene- 
migos no sacaron otros de sus correrías, que lidiar por 
su frente , flanco y retaguardia , con las partidas de 
Aguiar y de Chacón, de Bernet y Pepe Antonio; saquear 
la parroquial de aquella aldea, que alzaron y adornaron 
sus patronos los condes deCasa-Bayona, y añadir algunas 
bajas más á las arrebatadas por el vómito, la deserción 
y la fatiga. Cuando el número menor de combatientes 



inglesas y en el Diario que de las mis- asertos de un documento tan fehaciente 

mas operaciones presentó también Hé- como el de Prado, por él nos hemos 

via por su parte, no hayamos encon- dirigido principalmente en la narración 

trado la menor contradicción de los del actual capítulo y del que le sigue. 



m LA ISLA DE CUBA. 489 

permitía que Vó agilidad y el valor suplieran á la táctica, 
hacia la fortuna mas que alternar entre unos y otros: 
triunfaba muchas veces la desordenada prontitud de las 
guerrillas de la pesada solidez de los ingleses. Pepe An- 
tonio se distinguió entre los demás, cogiéndoles ó ma- 
tándoles mas de trescientos hombres en solo el mes de 
junio Significaba cada disparo de su escopeta un enemigo 
menos. 

Las hostilidades, aunque vivas, se entablaron desde 
luego con un carácter de humanidad y cortesía honroso 
para los jefes de ambas fuerzas ^ tratando á los heridos 
y prisioneros como si pertenecieran á sus propias filas. 
Albemarle llevó los miramientos hasta poner á disposi- 
ción de Prado ^^ para que él le castigase, á un capitán 
de milicianos que habia intentado matar al que le habia 
cogido; hasta permitir que D. Juan Miralles, á quien 
antes de terminar su comisión habia sorprendido el rom- 
pimiento en Inglaterra , desembarcara á correr la suerte 
de una plaza, para la cual nada habia obtenido su efi- 
cacia. 

Afanábase entretanto Madariaga en abastecerla y re- 
forzarla con las armas y los peones de milicias que pa- 
recian mas propios para defenderla , ínterin procura- 
ba Caro mantener sus comunicaciones expeditas. Lle- 
vaba aquel menuda cuenta de los caudales que dis- 
tribuían en los gastos exteriores , su secretario Elosua y 
los tesoreros Jáuregui y Vertiz Verea. Vigilaba la lealtad 
de los pueblos y la conducta de los milicianos. En su 
correspondencia con el capitán general compitieron los 



^ V. el Diario de las operaciones Prado en el t. II, Dice. Geog.,Esl.j> 
del sitio de la Habana , por D. Juan de Ilist. de la Isla de Cuba por el A. 



490 HISTORIA 

elogios sobre la primera con sus censuras sobre la se- 
gunda. Llevaban catorce años de desorganización y de 
abandono las antiguas milicias, todos los trascurridos 
desdóla paz de Aquisgran en 1748; y no podia ser 
obra de contados dias el convertir su tropel en fuerzas 
ordenadas y útiles. Los milicianos tan precipitadamente 
convocados el 6 de junio y los que llegaran luego á 
reforzarlos , sin respeto á ios toques ni á las voces so- 
líanse dispersar para cometer en las fincas mil desór- 
denes, so pretexto de remediar necesidades; y vol- 
vian luego á reunirse y cometer los mismos desafueros. 
En cuanto á la lealtad política , ni en la misma me- 
trópoli la hubo mayor en igualdad de casos. Quizá á 
seis no llegaron los traidores entre los sesenta mil indi- 
viduos comarcanos. Por secreto aviso de uno de ellos 
faltóle poco al enemigo para sorprender al guerrillero 
Pepe Antonio en una estancia. De los muy raros que 
cometieran tan odioso crimen, y el único quizá que lo 
expíase, fué Mateo Reyes, vecino acomodado de Guana- 
bacoa, que al entrar en su pueblo el invasor, se le ofreció 
á servir de agente y á comunicarle avisos que mas de 
una vez le fueron útiles; y desempeñó tan vil misión 
con un valor muy digno de otra causa. Pero sorprendié- 
ronle las avanzadas de la plaza , y Madariaga, después 
de darle sumariamente por convicto, mandóle colgar ^^ 



^' V V las cartas dirigidas por don de la familia real, de los generales vo' 
Juan de Prado á Madariaga, publica- cales del consejo de guerra, de los mi- 
das en el Proceso militar por la renJi- nistros y de algunos otros personajes, 
cion de la plaza de la Habana, que se El ejemplar que hemos examinado de* 
imprimió en Madrid en 1764 de orden tenidamente, se halla en la Bibl. del 
del Rey en una edición de dos gruesos Senado, y procede déla que pertene- 
tomos en folio y de cien ejemplares ció al difunto infante D. Antonio, her- 
'eolamente para uso de los individuos mano del rey Carlos IV. A pesar de su 



DE LA ISLA DE CUBA. 491 

de un árbol en Jesús del Monte, ya fatídico lugar de esa 
clase de suplicio. 

Muy en balde se afanaba Caro desde mediados de 
junio en dar alguna apariencia militar al tropel de cam- 
pesinos y guajiros que á la común defensa acudia de 
todas partes á excitación de las autoridades, del obispo 
y de los párrocos. Los hábitos de soltura y sus inclina- 
ciones no les permitían pelear con orden ni sujetarse á 
disciplina. Como los presentados con cabalgaduras pasa- 
ron de seiscientos , intentó aquel jefe organizarlos en un 
regimiento con el nombre de « Lanceros de Santiago de 
Cuba , » porque Prado no consintió que le pusiera el 
suyo. Pero por su número no mas merecía esa denomi- 
nación aquella abigarrada turba de isleños y mulatos, so- 
bre aparejos de carga y con rocines de toda marcial apli- 
cación indignos^ sin mas traje que un camisón y unos 
calzones, ni otras armas que chuzos y machetes. Además, 
si aparecían entre ellos algunos hasta temerarios, peca- 
ban en general los otros por lo opuesto y todos sin dis- 
tinción eran inobedientes. No mejoraron de orden por 
distribuírseles á un centenar, entresacado en los de me- 
jor traza, casacas amarillas con vivos rojos, lanzas y 
morriones ; ni porque confiase Caro su manejo con el 
título de coronel á un antiguo militar del país , D. Diego 
de Bringas, que les dio buenos ejemplos acudiendo 
siempre al peligro yá su puesto. Muy al contrario, otro 
veterano, capitán de milicias montadas, D.Francisco 
Gutiérrez, á quien ascendió Prado á teniente coronel de 

extensión , el Proceso apenas contiene tian en 1851 en Madrid en el Arch. del 
una cuarta parte de los originales que ministerio de Gracia y Justicia, 
del expediente á que se refirió > exis- 



495 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

tan indócil cuerpo , desapareció á los pocos dias con 
parte de la gente , y le reemplazó D. Diego Ruiz , otro 
del mismo nombre que el que en los primeros dias mu- 
rió peleando. El cargo de sargento mayor de los llama- 
dos lanceros se cometió, á propuesta de Caro, á un caba- 
llero de Santiago de Cuba, llamado D. Esteban Palacios 
sorprendido por la invasión en la capital, y que, como 
Bringas, lo desempeñó con honra y con constancia ^^. Los 
capitanes de aquella fuerza fueron D. Vicente del Cas- 
tillo, siempre destinado con su compañía á las órdenes de 
Chacón; D. Juan de la Luz, apostado con la suya en el 
paso del rio Luyanó ; D. José Miranda, D. Juan Domín- 
guez, D. Bernardo Diaz y D. Pablo Pérez Mancha. Las 
demás compañías las mandaban personalmente los tres 
jefes. 



32 YV. en el Procdxo, para compro- Caro y de Madariag^a al capitán ge- 
bacion de estos detalles, las cartas de neral. 



CAPÍTULO DECIMOSÉPTIMO, 



El castillo del Morro. — Hostilidades contraél.-- Vigilancia de su comandante. 
— Primera salida de las fuerzas de la plaza contra el campamento enemigo de 
la Cabana. — Es rechazada.— Simultáneo ataque por mar y tierra contra el 
Morro.— Intrepidez de D. Luis de Velasco.— Por ambas partes son rechazados 
los ingleses. -Diario del ingeniero inglés Mackellar.— Inacción del virey de 
Méjico y de otras autoridades de América.— Conducta del gobernador de San- 
tiago D. Lorenzo de Madariaga y de los tenientes gobernadores de Puerto- 
Príncipe y Remedios. — Refuerzos de milicias enviados á la Habana. — Cam- 
pamento de los ingleses en la loma de Aróstegui y sus operaciones. — Valor de 
D. Luis de Aguiar.— Muerte de Pepe Antonio.— Segunda salida de las fuerzas 
de la plaza contra el campamento inglés de la Cabana y su mal éxito. — Minas 
preparadas contra el Morro.— Ventajas obtenidas por algunos buques de guerra 
franceses contra otros ingleses. — Estallan las minas contra el Morro. — Lo 
asaltan los ingleses por sorpresa. — Valor de una parte de su guarnición y fuga 
déla otra. — Heroísmo de Velasco y muerte del marqués González. — Noble 
conducta de Sir Guillermo Keppel al apoderarse del Morro.— Muerte de Ve- 
lasco. —Escaramuzas exteriores. —Debilidad de la plaza. —Reducto de la 
loma de Soto. — Niégase Prado á capitular. — Tremendo cañoneo del 11 de 
agosto de 1762 contra la plaza. — Admite Prado capitulación. — Condiciones 
que concede Albemarle.— Pérdida de los españoles durante el sitio.— Inmensa 
desproporción de sus fuerzas con las de los ingleses. 



Era la toma del Morro el objeto principal de los es- 
fuerzos y fatigas de los sitiadores de la Habana. Alzado 
ese castillo á fines del siglo xvi por Antonelli para 
rechazar ataques de otro género que el de Sir Keppel, 
abrazaba en un recinto de ochocientas cincuenta varas 
de circunferencia toda la superficie de un peñón saliente 
de veinte y dos pies de alto sobre el nivel del agua, re-.. 



494 HISTORIA 

mate de la bahía por la orilla fronteriza á la ciudad, que 
antes de fortificarse ya tenia aquel nombre. Elevadas 
sus cortinas á la misma altura que el peñasco sobre el 
mar, formaban un polígono de frentes irregulares y adap- 
tados á la configuración solar, menos el del sur, defendido 
por buen foso con puerta principal de rastrillo y rebellín 
al centro, y flanqueado en sus extremos por dos baluar- 
tes ó caballeros triangulares, el llamado de Mar ó de Te- 
jeda al E., y el de Austria al O. Tanto en estos puestos 
mirando á la Cabana, como en las demás baterías altas 
y bajas de la marina , contaba la fortaleza sesenta y 
cuatro cañones de bronce y algunos de hierro útiles : es 
decir, menos que algunos de los navios del enemigo. 
Defendíala una guarnición de trescientos veteranos, cin- 
cuenta soldados de marina y cincuenta artilleros, con 
doscientos trabajadores negros y mulatos. Esta fuerza se 
relevaba de tres en tres días, no por la puerta principal, 
en el centro del frente á la Cabana, y que mandó tapiar 
Velasco , sino por dos pescantes que sobre los lienzos 
del frente á la ciudad se establecieron. 

Si no dirigidas siempre con acierto, jamás se empren- 
dieron hostilidades con mas previsión y precauciones que 
las del sitio de la Habana para asegurar su resultado. 
Tres trasportes trajo Pockoc cargados todos de pacas de 
algodón y de faginas hechas. Solo así pudieron las 
columnas y zapadores de Keppel, á pesar del vivo fuego 
de los baluartes meridionales del castillo , establecer 
desde eH 3 hasta el 28 una batería de cañones de veinte 
y cuatro sobre el de Austria , batiendo por la espalda á 
la Pastora , otra de ocho del mismo calibre sobre el de 
Tejeda y sus cortinas intermedias con aquel, y además 
una nueva batería de dos obuses de á catorce pulgadas 



DE LA ISLA DE CUBA. 495 

colocada detrás de la primera. Otra alzó Albemarle tam- 
bién por esos dias en la falda meridional de la Cabana, 
y en sitio resguardado por los accidentes del terreno, 
para tirar sin ser dañada , sobre los buques españoles; 
pero le frustró Hévia ese designio, haciéndolos mudar de 
fondeadero, y situando al Alquilón, al Infante y al Tigre 
de manera que incomodaran con sus fuegos á los traba- 
jadores enemigos. 

No esperaron Keppel ni Pockoc á que las baterías 
estuvieran terminadas , aquel para contestar con vigor 
á las del Morro, y este para arrojar en esos dias mas de 
dos mil bombas sobre la plaza, aunque con poco estrago, 
detenidas sus bombardas á distancia por la artillería de 
la Punta , del baluarte de San Telmo y aun del mismo 
Morro. Este castillo, solo de las paralelas de la Cabana, 
recibió otras tantas que le causaron multitud de bajas 
y la destrucción de sus almacenes el 23, sin que basta- 
ran sus disparos alternados de fusilería, metralla y bala 
rasa, ni los de la Fuerza, ni los de la batería de San 
Telmo y de la fragata Perla, para impedir que adelanta- 
ran sus trabajos los zapadores y negros de Keppel , bien 
resguardados de unos y otros fuegos por un enorme 
parapeto triangular de pacas y sacos de arena. 

Cansado Velasco de reparar de noche el daño que 
sufria de dia , reclamó con insistente afán que se dispu- 
siera en la plaza una salida para destruir los trabajos de 
Keppel. Solo á favor de una sorpresa general y concer- 
tada era semejante objeto practicable contra fuerzas tan 
superiores y bien establecidas. Cedió la Junta á las exi- 
gencias de aquel jefe, disponiendo que salieran seis- 
cientos cuarenta hombres á destruir cuatro baterías de- 
fendidas por mas de cuatro mil. Se dividieron los des- 



496 HISTORIA 

tinados á la salida en tres destacamentos , todos á las 
órdenes del coronel del Fijo de la Habana D. Alejan- 
dro de Arroyo, que se reservó la dirección inmediata del 
primero. El segundo fué conducido por el teniente coro- 
nel D. Ignacio Moreno, y el tercero por el capitán de 
granaderos de España D. Nicolás Amer. Como si pudiera 
ser la operación obra instantánea y no debiese estorbarla 
un enemigo tan aventajado en posición y número, dis- 
currió la Junta que mientras las dos primeras colum- 
nas sorprendieran á las guardias inglesas de las baterías 
á las dos de la noche del 29 al 30 , la tercera saliese del 
castillo á desbaratarlas con la compañía de Amer, cin- 
cuenta soldados mas del mismo regimiento y algunos 
peones bien surtidos de picos y herramientas. También 
llevaban sus trabajadores las columnas de Arroyo y de 
Moreno, que á las doce desembarcaron en el punto lla- 
mado el Cabrestante, atracadero intermedio de la Pas- 
tora y el castillo. Allí se mantuvieron á la escucha , hasta 
que á las dos de la mañana y simultáneamente con Amer 
atacaron á los primeros puestos de los sitiadores, po- 
niendo sobre las armas, como era natural, á los demás. 
Aunque preludió el combate apresando trece negros tra- 
bajadores del Morro á una avanzada de doce hombres, 
y ahuyentando Arroyo á las primeras guardias, la con- 
secuencia de su temeridad fué una derrota. Gravemente 
herido Moreno , que atacó por la extrema derecha de los 
sitiadores , su columna se dispersó al momento por el 
monte, y tuvieron que imitar su ejemplo las del jefe prin- 
cipal y Amer, que se apresuraron á ampararse bajo los 
baluartes de Austria y Tejeda, cuyos fuegos evitaron su 
entera destrucción. Además de Moreno, tuvieron los 
agresores á tres capitanes estropeados, uno prisionero, 



DE LA ISLA DE CUBA. ' 497 

treinta y ocho muertos de las demás clases y sesenta y 
cinco heridos. Pero no fué este el único revés de los si- 
tiados en aquella noche. Prado y Hévia habían creído 
proteger á Arroyo y distraer la atención del enemigo 
dirigiendo otro ataque simultáneo sobre la batería que 
desde la falda meridional de la Cabana hostilizaba al 
puerto. A pesar de la resolución con que subieron á 
aquella hora su pendiente cuatrocientos veteranos de 
Aragón y de otros cuerpos, y del denuedo con que aco- 
metieron á las primeras avanzadas á la bayoneta, reci- 
bió una grave herida su comandante el teniente de na- 
vio D. Francisco del Corral. Su compañero D. Juan de 
Lombardon, rechazado por fuerzas superiores, antes que 
acudieran otras á envolverle retrocedió con orden sobre 
el embarcadero , perdiendo entre muertos y heridos 
treinta y siete hombres. En los varios choques de aque- 
lla infeliz noche, la artillería del Morro, que socorrió 
con oportunidad á Amer y á Arroyo, ocasionó á los 
ingleses mayor pérdida que los primeros golpes recibi- 
dos por sorpresa. 

No sin lanzar sobre la plaza en ese día un millar de 
bombas, empleó Keppel todo el 30 en dar remate á sus 
trincheras, muy confiado en que no resistiría la fortaleza 
al doble ataque por mar y tierra que con Pockoc tenía ya 
concertado. En efecto , cuando rompieron los disparos 
sus baterías con el crepúsculo del 1 .° de julio, colocá- 
ronse á tiro del Morro los navios Stirling-Castle, Cam- 
bridge , Marlborough y Dragón , con doscientas ochenta 
y ocho piezas de grueso calibre entre los cuatro, es de- 
cir, con doscientas veinte y cuatro más que las sesenta y 
cuatro del castillo. Yelasco, encomendando entonces la 
defensa de los baluartes meridionales al sargento mayor 

HIST, DE CUBA. «TOMO II,— 32 



498 HISTORIA 

D. Bartolomé Montes , se trasladó á resistir el ataque de 
los navios desde el llamado Santiago , que miraba á la 
entrada de la bahía con diez y ocho piezas, y una batería 
baja con doce. El Stirling, desentendiéndose de 1í)s se- 
ñales del comandante de aquella división naval, M. Her- 
vey, se retiró sin combatir; pero, como á las ocho, rom- 
pieron los demás horrendo cañoneo , contestado por los 
españoles con constancia , y aunque con menos bocas de 
fuego, con mas tino. Asemejábase el Morro en las seis 
horas que duró esta lucha á un volcan arrojando destruc- 
ción , rayos y muerte de su cráter. Aunque muriera su 
valeroso capitán Goostrey de los primeros tiros, el Cam- 
bridge, de á ochenta, conducido por su sucesor Lindsay, 
pagó cara la audacia de acercarse á veinte varas de la 
batería y baluarte de Santiago. En momentos se vio sin 
timón ni arboladura , inundadas de agua sus bodegas y 
de sangre sus cubiertas. Ya se iba á pique , cuando se 
apresuró á socorrerle el Marlborough, remolcándole lejos 
del peligro, y entró á sustituirle el Dragón, esforzán- 
dose como él en asaltar por mar la fortaleza. Le costó su 
temeridad tantos destrozos como al Cambridge , aunque 
menos pérdida de gente y consiguiendo desmontarle á 
Velasco muchas piezas. Si no tan pronto, por la fir- 
meza de las trincheras que tenian al frente y la debili- 
dad de los parapetos de sus plataformas, también los dos 
baluartes de Austria y de Tejeda impusieron silencio 
aquella tarde á las baterías de Keppel, mayormente 
cuando, rechazados los navios, volvió Velasco á reani- 
mar sus fuegos. Reveló á los ingleses el doble y san- 
griento combate de este dia, que dirigía la defensa del 
Morro un genio heroico '; y obligó á su jefe de ingenie- 

♦ V.el t. III de las Memorias de la Real Sociedad palriólica de la Habana, 



DE LA ISLA DE CUBA. 499 

ros Patrick Mackellar á confesar en su diario , « que 
i» desde el principio de aquella guerra jamás habia en- 
» centrado su valor mas digno enemigo que D. Luis de 
» Velasco, cuya conducta inspiraba veneración á sus 
» mismos adversarios. » Contribuyeron con el acierto de 
sus tiros al triunfo de este dia las baterías del castillo de 
la Punta y de San Telmo , gobernadas por Briceño y el 
capitán de artillería D. José Grell de la Hoz ; pero no le 
lograron los españoles sin el sacrificio de ciento treinta 
muertos y heridos de lo mas granado de su corta 
hueste. Aunque solo en el Cambridge sufrieron sus ene- 
migos mayor pérdida, excediendo en todos los puntos 
de trescientos de una y otra clase , esta baja , en la su- 
perioridad de las fuerzas sitiadoras, era imperceptible. 
Relevada la guarnición del Morro aquella noche, la 
fatiga de tantas horas de combate no le impidió á Ve- 
lasco pasarla toda entera remontando en cureñas de re- 
puesto las piezas desmontadas durante ia refriega; en re- 
emplazar los parapetos destruidos de las plataformas con 
trozos de madera adaptados á sus dimensiones que Moa- 
talvo le remitía del arsenal ; en fin , en reparar todos los 
estragos de la fortaleza. Keppel dispuso el 2 que se traza- 
ran nuevos reductos, redobló con vigor su cañoneo, hizo 
callar, desmontó y aun destrozó á la batería intermedia de 
los dos baluartes; pero sin impedir que los proyectiles y 
ollas de fuego de Velasco prendieran en todos los com- 
bustibles de la segunda y tercera paralela , ya muy dis- 
puestos á inflamarse por catorce dias de sequía , y que 
se convirtiera en cenizas en menos de dos horas la labor 



i 



correspondiente á 1837, las págs. iíO- de ¡a Habana por este jefe de ingenie- 
459, que contienen el Diario del sitio rog del ejército asresor. 



500 HISTORIA 

de un millar de hombres en mas de tres semanas. « Fu- 
» nesto golpe , » dice Mackellar en su diario de este si- 
tio , « y mas sensible cuando las penalidades han llega- 
» do á hacerse insuperables. Las enfermedades traidas 
» de la Martinica , y visiblemente aumentadas por la in- 
» salubridad del clima y lo penoso del servicio, han 
» reducido al ejército á la mitad de su número , y redo- 
» blado por consiguiente la fatiga de los pocos que con- 
)) servan fuerza para cumplir indispensables deberes. 
i> Cinco mil soldados y tres mil marineros están postra- 
» dos por diversos males , al paso que la falta de bue- 
2 nos alimentos desespera á los enfermos y retarda su 
» curación , siendo de cuantos males sufren la escasez 
j> de agua el que mas agrava sus padecimientos. El tener 
» que ir á buscarla á tanta distancia y en tan mezquina 
» cantidad agota las fuerzas del soldado. Disminúyense 
» nuestras esperanzas de éxito á medida que se adelanta 
» la estación de los huracanes en estas latitudes, porque 
1» si estallaran con su violencia acostumbrada, se expon- 
» dria la escuadra aun desastre inevitable, y tendría 
» el ejército que renunciar al sitio sin su auxilio. » 

Excitados, sin embargo, por la voz y el ejemplo de 
sus jefes , restablecieron sus baterías con increíble cele- 
ridad los sitiadores. Desde el 4 redoblaron con tal vigor 
los fuegos, que por la tarde solian quedar apagados casi 
siempre los de los frentes y baluartes meridionales del 
castillo , derruidos sus parapetos y garitas, y heridos ó 
muertos de ochenta á ciento de sus defensores. Tenia 
Prado que reforzarlos diariamente con gente y materia- 
les, para que pudiera reponerse de noche lo que el ca- 
ñón inglés destruía de dia. 

El 15, Yelasco, casi sin poder moverse, con una 



DE LA ISLA DE CUBA. 501 

fuerte contusión que el 1 4 recibió en la espalda , el ca- 
pitán de fragata D. Ignacio de Orbe y el sargento ma- 
yor D. Bartolomé Montes , rendidos de fatiga , sin ha- 
berse desnudado en mas de un mes , tuvieron que reti- 
rarse á la ciudad á tomar algún descanso. Provisional- 
mente fueron relevados por D. Francisco de Medina, 
capitán del navio Infante, D. Diego de Argote , y el ca- 
pitán de España D. Manuel de Córdoba. Pero Montes, 
que era después de Velasco el alma principal de la de- 
fensa , volvió á los tres dias á desplegar toda su intre- 
pidez y vigilancia en aquel puesto de honor y de pe- 
ligro. 

Entre tanto, ¿en donde estaban los socorros con 
tanta urgencia reclamados por Prado y por la Junta á 
todas partes desde las primeras horas del asedio? ¿Qué 
hacian el virey de Méjico, marqués de Croix, el go- 
bernador francés del Guarico , el comandante de la es- 
cuadra francesa Blenac, los gobernadores de Santo Do- 
mingo y Cartagena , el comandante de las fuerzas nava- 
les de este puerto D. Luis de Córdoba y el gobernador 
de Cuba Madariaga? Todos recibieron nuevas oficiales 
del desembarco de Albemarle en diferentes dias de ju- 
nio; todos, menos el último contestaron con promesas 
vagas ó con evasivas; y cada cual se limitó á resguar- 
dar su propio territorio de un peligro que uniendo sus 
esfuerzos pudieran disipar en el ajeno , prolongando 
con tanta gloria el Morro su defensa , y aniquilada por 
el vómito , las armas y las fiebres la mitad de las hues- 
tes invasoras. 

El egoísmo fué el único origen de su inacción , el 
afán de cubrir su propia responsabilidad en autorida- 
des que , por independientes que fuesen unas de otras, 



S05 HISTORIA 

dependían todas de una sola , y debieron sujetarse al 
cumplimiento de un deber común. Exceptuando la de 
Madariaga, su conducta durante el sitio de la Habana, 
fué una prueba de su falta de instrucciones y de la im- 
previsión del ministerio de Indias en no comunicárselas. 
Esa omisión del anciano y rutinario Arriaga, que mane- 
jaba entonces aquel departamento, no podia producir 
mas que desastres. 

Por su dependencia del gobierno de la Habana y ame- 
nazarle el peligro mas de cerca , contrastó la conducta 
de Madariaga , gobernador de Santiago , con la de los 
otros, desprendiéndose por socorrer á la capital de la 
mayor parte de su fuerza veterana, de su armamento 
y de sus municiones. Trescientos cincuenta hombres de 
Aragón , de la Habana y de Marina , con dos mil seis- 
cientos fusiles, alguna pólvora y pertrechos llegaron á 
Jagua en el navio Arrogante el 22 de julio. Temeroso 
del crucero de la costa meridional, habia dispuesto Prado 
que desde allí continuaran á la capital por tierra. Per- 
dieron muchos días en reunir acémilas, atravesar cam- 
piñas y senderos anegados por las lluvias; y su tardía 
llegada á las inmediaciones de la plaza , mas que para 
contribuir á su defensa, habría servido para agravar 
aun más las pérdidas, si no contramarchara luego opor- 
tunamente para Jagua aquel destacamento. 

La menor distancia y el celo de los tenientes-gober- 
nadores de Puerto -Príncipe y San Juan de los Reme- 
dios, D. Juan de Landa y D. Antonio de la Torre, per- 
mitieron que se presentasen desde el 8 de julio siete 
compañías de milicias de Villa-Clara y Sancti-Spíritus, 
con regulares armas y algunos caballos. Mandábanlas sus 
capitanes D. Juan Benito Lujan, D. José Guijarro, don 



DE LA ISLA DE CUBA. SOS 

José Quesada, D. Esteban Varona, D. Gregorio Velasco, 
D. Diego de Velasco y D. Pascual Guerra , antiguos mi- 
licianos que por acudir á la defensa de la capital lo 
abandonaron todo. Aunque sin llegar á setecientos hom- 
bres, con esta gente mixta de tres razas, aclimatada 
ágil y sobria, formó el lugar-teniente Madariaga un 
cuerpo de ochocientos , completado con milicianos esco- 
gidos para el servicio del recinto ; porque á sus defenso- 
res con alarmante celeridad iban arrebatándolos las 
bombas, las enfermedades y la tenaz defensa que sos- 
tenia el Morro. 

Propúsose Medina continuarla con diferente sistema 
que Velasco. Habia sido el de este jefe contestar al 
enemigo con el mayor número posible de cañones. Fué 
el del otro ahorrar sangre y municiones, apostando la 
gente detrás de las cortinas y baluartes , no permitiendo 
que los artilleros disparasen sino bien cubiertos y des- 
pués de reparar los parapetos. Así, ciertamente no pasa- 
ron de doscientas cincuenta las bajas de aquella guarni- 
ción en los nueve dias que Medina defendió aquel fuerte; 
pero Keppel, menos embarazado por sus fuegos, re- 
forzó sus paralelas con dos baterías más de obuses y ca- 
ñones , y el ingeniero Mackellar adelantó con menos 
riesgo los trabajos de dos minas. Sus cavidades, abiertas 
desde el pié de una cantera lamida por el mar á barlo- 
vento de la fortaleza, se encaminaban á labrar hornillos 
en los cimientos mismos del ángulo del baluarte deTeje- 
da. Nunca descubrieron los sitiados otra que emprendió 
Mackellar desde los reductos de la izquierda de su línea 
y en dirección del ángulo saliente del baluarte de Aus- 
tria, siendo apenas su objeto practicable con la dureza de 
aquel suelo, todo cíe peña viva desde la estacada al foso. 



504 HISTORIA 

Si por el mar y la Cabana tan vivamente se estre- 
chaba al Morro , concurria también á ofenderle mas de 
lejos el cuerpo desembarcado en la Chorrera. Desde la 
eminencia de Aróstegui, con un campamento atrinche- 
rado sobre su meseta, y otro también fortificado en San 
Antonio Chiquito por su falda , reforzado diariamente , 
menos castigado por la sed y por los soles entre las ar- 
boledas de'aquel lugar, y á veces solazado en la vecina 
quinta de Justiz, desde allí su comandante Howe destacó 
partidas y aun columnas á los lugarejos del litoral de so- 
tavento. Impidiéndole la inundación causada por las ro- 
turas de la zanja estudiar los aproches de la plaza, reco- 
noció la procedencia de la corriente en el Husillo y la 
causa del derrame en las inmediaciones del recinto. A 
fines de junio logró desaguarlas, represando por mas ar- 
riba las acequias; y á primeros del siguiente extendió su 
campamento á la caleta de San Lázaro, sin que se lo es- 
torbara su mezquino torreón abandonado. Desde tan 
avanzada posición se propuso Howe dos objetos tan im- 
portantes como mantenerse apoyado por la escuadra, y 
hostilizar de cerca á los baluartes del Ángel y la Punta, 
y al castillo de este nombre. Estableció allí en efecto una 
batería de gruesas piezas para dirigir sus fuegos á la plaza. 
Descubriendo desde esa posición toda la entrada de la 
bahía y la comunicación constante con el Morro, calculó 
que alcanzaría su cañón á embarazarla, avivando los 
disparos; y así consiguió también este tercer objeto el 
15, el 16 y el 17. Madariaga, con su indócil tropel 
de milicianos, y distraído en sus miras preferentes de 
abastecer y reforzar á la guarnición con víveres y gente, 
á ninguna de las operaciones de Howe opuso estorbo , 
íiunque con frecuencia escaramuzeasen con sus desta- 



DE LA ISLA DE CUBA. 50S 

camentos y aun los rechazaran Caro, Chacón y algunos 
guerrilleros. 

Inspirado por su intrepidez , Aguiar formó el proyecto 
de destruir el nuevo padrastro de San Lázaro ; y ce- 
diendo Prado á sus instancias, le permitió intentarlo con 
una compañía de raiqueletes, recien creada con pulpe- 
ros y paisanos catalanes, y capitaneada por el teniente 
de España D. Fernando Herrera, y con otra de negros 
escogidos por su agilidad y su vigor. Dos horas antes 
que el 18 amaneciera, esta partida , entre las sombras 
de la noche , se deslizó con el mayor silencio desde la 
puerta de la Punta hasta San Lázaro, y realizó su fin 
con tanta suerte , que sorprendió á los centinelas de la 
gran guardia apostada en el reducto, degolló á mas de 
veinte hombres , hizo prisioneros á su comandante y á 
diez y seis más, y poniendo en huida á los restantes, 
tuvo tiempo para clavar diez y seis piezas de á treinta y 
seis, y cuatro obuses, y de incendiar ó desbaratar la ba- 
tería. Cuando acudió el airado Howe á castigarlos, es- 
taban ya los expedicionarios de Aguiar distantes de su 
alcance. 

No pudo caber parte en este lance heroico á Pepe 
Antonio, que sucumbió poco después, el 26 de julio, en 
Jesús del Monte, en el cuartel general de Madariaga, á 
males agravados por su afanosa vida en el asedio. 

Viendo la Junta que Howe restablecía sus fuegos en 
San Lázaro eli 9 ; que Keppel acercaba más y más los 
suyos sobre el Morro con poca oposición de sus casi des- 
moronadas baterías, y que los desertores y movimien- 
tos del enemigo presagiaban su cercano asalto, todavía 
tuvo esperanza de impedirlo , volviendo á emplear el 
mismo medio tan perjudicialmente ensayado un mes an- 



506 HISTORIA 

tes por Arroyo. Aun presumía que algunos centenares de 
hombres destruyesen lo que defendían algunos miles de 
excelentes soldados con vigilancia y con denuedo. Pero 
no fué ahora ia tropa veterana la sacrificada. Las com- 
pañías de milicias de Tierra-Adentro, mandadas por don 
Juan Benito Lujan , la de miqueletes catalanes y la de 
negros que acababa de señalarse en la sorpresa de San 
Lázaro, unos ochocientos hombres, desembarcaron en la 
madrugada del 22¡ al pié de la Pastora , treparon silen- 
ciosamente por la cuesta , degollaron sin ruido á algunos 
centinelas, y acometieron con mas valor que orden á 
los destacamentos avanzados. El teniente coronel Ste- 
wart, que mandaba uno, dio con su vigorosa resistencia 
tiempo para que acudiese Carleton con ios demás. Minu- 
tos no mas lucharon el entusiasmo y el valor contra el 
número y la táctica, hasta que Carleton, aunque grave- 
mente herido , ordenó que dos batallones en masa cer- 
raran sobre sus contrarios á la bayoneta. Intentando de- 
tenerlos la compañía de miqueletes, casi toda se abrió 
honroso sepulcro entre sus filas. Pero con todo su herois- 
mo, no era de los mas propios este ejemplo para que le 
imitaran campesinos que oían por primera vez de cerca 
el silbido homicida de las balas. Sus compañías se disper- 
saron como el humo, y desaparecieron por distintos rum- 
bos con una agilidad que evitó que las exterminaran. A 
pesar de la viveza con que para protegerlos jugaron 
desde el amanecer sobre la línea inglesa las baterías de 
la Punta, de San Telmo, de la Fuerza y de los buques 
apostados, quedaron de ios de Lujan sobre el campo mas 
de ciento, otros tantos se precipitaron y ahogaron en la 
bahía, unos cuarenta fueron recogidos por los enemigos 
mal heridos, y los demás se fueron sucesivamente pre- 



DE LA ISLA DE CUBA. S07 

sentando, salvados en balsas que hizo apostar Hévia, y 
otros, en fin, dando la vuelta al puerto. La pérdida de 
los ingleses fue tan grave , que por mutuo acuerdo de 
Prado y Albemarle se suspendieron las hostilidades todo 
el dia para sepultar á los cadáveres. 

Se sostenia firme aun el Morro, activamente aprove- 
chada aquella corta tregua por Medina para restablecer 
parapetos y remontar piezas , cuando , mejorado de su 
golpe, tornó Velasco el 24 á defenderlo, trayendo al mar- 
qués González de segundo. La guarnición celebró el re- 
greso de su heroico jefe con entusiasta clamoreo, y la vi- 
veza con que de repente empezaron á disparar las bate- 
rías se lo anunció también al campo inglés. Velasco y el 
ingeniero Cotilla que le acompañaba , reconocieron la 
mina abierta por Keppel ; juzgaron la roca que servia 
de base al baluarte de Tejeda imperforable; y se tran- 
quilizaron , trazando y abriendo á todo evento para inu- 
tilizarla si acaso penetraba, una cortadura entre las 
rampas y cortinas que unian interiormente aquel ba- 
luarte con la fortaleza. La suponian capaz de resistir aun 
un mes más ; veian que los refuerzos que esperaban los 
sitiadores no llegaban , que los iba aniquilando el clima, 
que se adelantaba el equinoccio; y contando con su 
auxilio formidabl(í, discurrían que no tardarían en reem- 
barcarse ó en sucumbir privados de la escuadra. Iguales 
conjeturas que á Velasco lisonjeaban á Prado y á la 
Junta , sin exceptuar ni al incrédulo Colina, á quien 
inspiraron los desaciertos de Albemarle un rayo de espe- 
ranza , por mas que vieran á la Cabana coronarse de 
reductos por los frentes de la plaza , á la fragata Perla 
echada á pique el 25, y los estragos sufridos por la 
Punta , el baluarte del Ángel y aun por el mismo cas- 



Sos mstokiA 

tillo de la Fuerza , de donde tuvieron la Junta y aquel 
gobernador que trasladar sus sesiones y vivienda á San 
Isidro ^. No solo de aquella eminencia recibía daños 
la plaza , sino de las baterías de Howe en San Lázaro, 
y de las trincaduras armadas de obuses ó bombardas 
que sin cesar cruzaban frente al puerto. 

En los dias25, 26, 27 y 28, Velasco dirigió sus dis- 
paros con tal tino sobre los grupos de trabajadores 
avanzados , que el 29 ya aflojaron mucho los de los in- 
gleses, mas esperanzados en los progresos de sus mi- 
nas que en la firmeza de sus paralelas. Mas de doscien- 
tas bajas les sacrificaron en tan breve espacio los fras- 
cos , las granadas de mano y el acierto de los tiradores 
que distribuyó aquel jefe por las baterías meridionales 
del castillo. 

Sucedió sin embargo lo contrario de lo que se imagi- 
naban los sitiados. Se reanimaron las esperanzas de los 
sitiadores al ver desembarcar en la Chorrera al aclarar 
el 29 los refuerzos que al mando del brigadier Burton 
aportaron de Nueva-York tres buques de guerra y un 
número considerable de trasportes. Sin la inacción 
inexplicable de las fuerzas navales de Blenac, el triunfo 
de Albemarle fuera dudoso sin embargo. El convoy de 
Burton, que habia salido de aquel puerto el 9 de junio, 
después de luchar muchas semanas contra un fuerte SE., 
fué reconocido sobre Gayo Confite el 24 por el capitán Fa- 
bre, segundo de Blenac, que con su navio y dos fragatas 
cruzaba por las avenidas del canal de Bahama. Dio caza 
el francés á la fragata Chesterfield y á seis trasportes que 

2 Templo y ediflcio hacia la parte asilo de los Expósitos que luejíO pasó á 
meridional de! recinto, donde provisio- ser sucursal del convento de San Fran* 
nalraente estableció el obispo Valdés el cisco. 



DE LA ISLA DE CUBA. 509 

vararon en los Cayos , y á pesar de su viva resistencia 
les arrebató mas de cuatrocientos prisioneros y un rico 
repuesto. Pero reconociéndose nciuy débil para oponerse 
á toda la escolta del convoy, se dirigió á llevar al Gua- 
neo con la fortuna de este encuentro un testimonio de la 
gloria que aquel jefe con su vacilación se habia perdido. 
Pockoc, al saber este accidente , destacó algunos buques 
y trasportes á poner á flote á los varados , empleando 
un mes entero en tan lenta operación , y en traer los 
tres mil y quinientos hombres restantes de la división 
de Burton. 

Entretanto, Mackellar con su perseverancia y multi- 
tud de peones , terminó los trabajos de la mina al ano- 
checer del 29, labrando un vasto hornillo dentro de la 
peña misma que servia de asiento al ángulo del baluarte 
amenazado. Por el movimiento de los trabajadores y las 
embarcaciones que se arrimaron casi á tiro de sus bate- 
rías por la mañana , sospechó Velasco que se preparase 
el enemigo á asaltar simultáneamente por tierra y por 
mar la fortaleza. Los escrúpulos de su conciencia militar 
un momento superaron á las inspiraciones de su brío , y 
consultó á la Junta sin demora sobre « cuál de los tres 
» partidos deberia tomar : si resistir ó no el avance , si 
i> esperar á que estuviesen perfeccionadas las brechas 
» para capitular, ó evacuar con tiempo al Morro. » Des- 
pués de reconocidas las cortaduras y las baterías por 
los comandantes de ingenieros y artillería Ricaud y Creil, 
decidió la Junta que se preparase á resistir el asalto y 
á prolongar una defensa en cuya duración seguia ci- 
frando el triunfo de la plaza y el descalabro de los si- 
tiadores. 

No cabia determinación mas adecuada á los deseos 



510 HISTORIA 

del que habia de ejecutarla. Pero ya pasaba de la una de 
la tarde del dia 30, y nada anunciaba en el campo inglés 
mas que reposo y sueño. Bajo la influencia de los fuegos 
que desde el zenit y en lo mas ardoroso de la estación 
lanzaba el sol del trópico, sometían al parecer la suya 
los que para aniquilarse inventó la especie humana. 
Alguna granada , algún disparo que lanzaban sobre las 
obras avanzadas de Keppel los adarves, apenas era 
contestado por sus baterías. Exceptuando los desta- 
cados en las del castillo, la guarnición después de to- 
mar su rancho sesteaba con el arma al lado. Velasco 
también se habia retirado á comer y descansar unos 
instantes, dejando en la batería septentrional á Mon- 
tes, ocupado en observar á una fragata que se acercaba 
á tiro, cuando se oyó de repente una explosión ex- 
traña , y se sintió también un temblor sordo. No po- 
día ese ruido confundirse con el de las descargas ; y 
Velasco , recostado á la sazón con el marqués González 
en la sala de armas , envió al momento á averiguar su 
causa. Todo descuido, aun el que mas leve parezca, 
puede en la guerra acarrear funestas consecuencias. El 
oficial que recibió este encargo , D. Manuel de Córdova, 
ó porque le impidiese su temor ó su pereza alargarse á 
cumplirlo hasta el baluarte , ó porque realmente nada 
oyera ó descubriera, volvió á los dos minutos á decirle 
que no habia novedad en el castillo , y Velasco permane- 
ció tranquilo con González. 

Pero el quietismo del campamento inglés era el del 
tigre que se esconde para inspirar á su presa mas con- 
fianza. Ya listas y cebadas las dos minas por Mackellar, 
Albemarle, contando con su efecto , habia dispuesto que 
sin toque ni llamada se aprontaran á trepar por las 



DE LA ISLA DE CUBA. 5H 

brechas que causaran, dos compañías de granaderos del 
regimiento Real, tropa soberbia y gigantesca, cinco 
escogidas en los otros cuerpos, y otras cuatro de za- 
padores, todas conducidas por el intrépido teniente 
coronel Stewart. Llevaba una hora de esperar formada 
detrás de los blindajes y reductos esta fuerza, cuan- 
do Mackellar dio fuego á las minas, estallando am- 
bas á un tiempo. La que iba dirigida sobre el foso y 
contraescarpa hacia el baluarte de Austria, no hizo 
efecto ; y tampoco correspondió á sus esperanzas la que 
amenazaba al de Tejeda. Solo produjo en él una rotura 
de tres pies de ancho y poco mas de diámetro desde el 
zócalo hasta la cresta de la cara que empezaban á lamer 
las aguas. Dos centinelas volaron para sepultarse con los 
escombros de sus garitas en las olas, sin que lo advir- 
tiera el soñoliento piquete que cubria la cortadura entre 
el minado baluarte y el paso á lo interior, y sin descu- 
brirse tampoco desde allí la ruina toda exterior causada 
por la mina. Tanto Mackellar como el jefe de artillería 
Leith, que sucesivamente emplearon muchos minutos 
en reconocerla , convinieron en que la brecha , aunque 
difícil, no era impracticable. Pero el último, que ob- 
servó el baluarte mas de cerca , supuso que lo habrían 
los españoles evacuado, porque no oyó ruido, ni vio bul- 
tos, ni sintió movimiento por la plataforma. Albemarle, 
para quien ya el prolongar el sitio ó levantarlo eran sinó- 
nimos , después de breve consulta con los demás jefes, 
ordenó que un piquete poco numeroso se encaramase 
por la brecha á comprobar si el cálculo de Leith era ó 
no exacto. En efecto, lograron subir en hombros unos 
de otros hasta la plataforma con trabajo , pero sin ser 
vistos, y por consiguiente sin oposición de los sitiados, 



512 HISTORIA 

el teniente Garlos Forbes y unos veinte granaderos más 
del Real, animándoles además de su valor las recom- 
pensas que les ofrecieron. Stewart se precipitó detrás de 
Forbes con las tropas destinadas al asalto, y solo el páni- 
co que sobrecogió á la guardia de la cortadura al ver 
la cresta del bastión cubierta de repente de gigantes, les 
permitió á los agresores asaltarla sin tirar un tiro y sin 
perder un hombre. Sobrecogidos de espanto y de sor- 
presa, y hasta sin dar la voz de alarma, los pocos mari- 
nos que la componían corrieron á descolgarse por los 
pescantes á la bahía arrastrando en su huida vergonzosa 
á los apostados en la cortadura del baluarte de Austria. 
Los que pudieron embarcarse en las lanchas y balsas 
atracadas llegaron á la plaza sin honra, aunque con 
vida , y los demás perdieron ambas en las olas, prefi- 
riendo á sacrificarse por su patria servil pasto del carni- 
cero pez que las habita. 

Luego que los ingleses se apoderaron del baluarte y 
de la cortadura, lo demás del asalto fué un relámpago. 
El capitán de fusileros de Aragón D. Fernando de Pár- 
raga, que fué el primero que los descubrió, se precipitó 
denodadamente con doce hombres, á defender la rampa 
por donde hablan de subir para penetrar en la plaza y 
cuarteles del castillo. No fué del todo inútil el sacrificio 
heroico de sus vidas , tras de inmolar también á algu- 
nos enemigos. Al ruido de sus tiros se lanzó Velasco 
con atronadora voz y espada en mano á detener el flujo 
de los asaltantes con dos compañías de Aragón y una del 
Fijo , ayudándole Montes y González. Voló á detenerlos 
ocupando las avenidas de la plaza de armas, pero á la pri- 
mera descarga inglesa le penetró el pecho una bala entre 
los dos pulmones. Guando postrado por la herida y el 



DE LA ISLA DE CUBA. 515 

dolor lo trasladaban al cuerpo de guardia, la sola reco- 
mendación que le dictaron su despecho y la pusilanimi- 
dad de algunos de los suyos, era, « que á ningún cobar- 
» de le confiaran la defensa del pabellón nacional » que 
aun seguia ondeando. El mismo marqués González fué 
el que , al escucharle , corrió á empuñarlo para ver- 
ter luego por él toda su sangre. Noblemente perecie- 
ron de allí á pocos minutos en sus puestos el capitán 
de Aragón D. Antonio Zubiria y D. Marcos Fort , su 
alférez; los tenientes de navio D. Andrés Fonegra y don 
Hermenegildo Hurtado de Mendoza; los oficiales subal- 
ternos de marina D. Juan Pontón y D. Francisco Ez- 
querra, y los del Fijo D. Martin de la Torre y don 
Juan de Roca Champe, complaciéndose la historia en re- 
cordar sus nombres al referir aquel desastre. De los pos- 
treros sacrificados, pero el mas ilustre, fué el marqués 
González , que antes de quedar sin vida dejó algunos 
enemigos sin la suya. Ya habia espirado, y aun seguia 
su cadáver empuñando el honrado acero con la diestra y 
el asta del pendón nacional con la siniestra. Gravemente 
heridos D. Bartolomé Montes, el teniente de navio don 
Juan de Lombardon, y ya fuera de combate ciento cua- 
renta y seis de todas clases, fué cuando la guarnición re- 
ducida á menos de la mitad de su número, y acaudillada 
por el capitán de granaderos de Aragón D. Lorenzo Mi- 
lla, izó bandera blanca. 

Keppel , después de avenirse á sus proposiciones en 
términos honrosos, se precipitó á la sala donde curaban 
á Velasco. Antes que se le indicaran le reconoció entre 
los demás por la expresión noble y guerrera de su ros- 
tro; le abrazó y le dejó libre de pasar á curarse en la 
ciudad , ó por los mejores cirujanos de sus tropas. 

HIST. DE CUBA. — TOMO II. — 33 



514 HISTORIA 

De tan lastimosa suerte remató, á los cuarenta y cua- 
tro dias de trinchera abierta , y cuando mas pujante se 
la creia , una de las defensas mas gloriosas que recuer- 
den los fastos del pasado siglo. Habia costado mas de 
mil vidas á los españoles , y mas de tres mil á los sitia- 
dores del castillo, en cuyos lienzos y recinto se estre- 
llaron en aquel período mas de veinte mil bombas , ba- 
las rasas y granadas. 

Causó en la Habana la pérdida del Morro una sensa- 
ción inexplicable; pero no reanimó la helada sangre de 
los principales miembros de la Junta, ni les inspiró reso- 
luciones propias de un noble y fogoso patriotismo , las 
únicas capaces de dominar á las urgencias del aprieto. 
Guiados por esos impulsos , y abiertas aun las comunica- 
ciones del recinto, se pudieron fijar sus deberes sobre 
cuatro incuestionables puntos : salvar todos los fondos del 
erario; destruir con el fuego ó el barreno todas las em- 
barcaciones de la escuadra ; recomendar la defensa y 
capitulación de la ciudad á las solas milicias de su cas- 
co ; hostilizar sin respiro al enemigo con todas las del 
campo y las fuerzas veteranas que aun restaban y que 
iban á aumentarse con socorros que de lo interior y de 
afuera se esperaban. Pero si alguna indicación de estos 
partidos salió de la vulgar esfera, aventurada por Pos- 
tigo ó por Colina , por Montalvo ó por Garganta , aho- 
gáronla sin discusión el desden ó la sonrisa de los gene- 
rales. 

Minutos no mas habian mediado entre divisar desde la 
plaza la señal de socorro en el castillo y tremolar la ban- 
dera enemiga sobre sus almenas; y se redujeron las pro- 
videncias de la Junta á ordenar que Caro con la caballe- 
ría veterana y de milicias se situara á tiro de la puerta 



DE LA ISLA DE CUBA. 515 

de Tierra para proteger los aproches del recinto, y que el 
castillo de la Punta, donde por enfermedad de D. Manuel 
Briceño , gobernaba el capitán de fragata D. Fernando 
de Lortia, dirigiese sus fuegos sobre el Morro. Este jefe 
y los comandantes de las baterías de la Fuerza y de San 
Telffio obedecieron con tal empeño y tino, que á las seis 
de la tarde no era mas que un montón de escombros el 
castillo que se habia perdido. Hubieron, sin embargo, 
de suspender á esa hora sus descargas, porque en el 
atracadero de la Pastora enarboló una lancha señal de 
parlamento. Venian en ella Velasco y Montes cuidadosa- 
mente traidos á morir ó salvarse entre los suyos. 

No presentaban sus heridas síntomas de muerte a Mon- 
tes, después de largo padecer, logró curarse. El balazo 
de Velasco no comprometía al pulmón ni á las entrañas 
principales; pero su fiebre era tan ardiente como su des- 
consuelo y su delirio : se consideró la extracción de la 
bala indispensable ; hubo que sondear y profundizar de- 
masiado para extraérsela , y sobrevino á la operación un 
tétano que á la siguiente tarde privó de uno de sus mas 
tersos adornos á la armada. Espiró á las cuatro del día 
'31 , rodeado de sus amigos y en los brazos de su joven 
sobrino, el alférez de navio D. Santiago Muñoz de Vo- 
lateo, á quien habia costado un mes antes una herida 
el peligroso honor de combatir junto á su tio. Sin apa- 
ratos con la situación de la plaza incompatibles , fué en- 
terrado el 1 ." de agosto en el convento de San Francis- 
co ; pero al hundirlo en su postrer morada resonaron á 
un tiempo dos descargas de dos huestes contrarias, fra- 
ternizando en un mismo sentimiento, el del respeto á 
un héroe que tomaba su vuelo hacia el empíreo. 

Aunque una granada de la Punta convirtiera en pa- 



5i6 HISTORIA 

vesas un reducto de sacos y de pacas que Keppel adere- 
zaba junto al Morro, y aun les faltara mucho para termi- 
narse á las baterías que levantaban su hermano y Mac- 
kellar en los frentes de la Cabana hacia la plaza, alzada 
esa eminencia á ciento veinte y dos pies de la superficie 
de las olas, y separada apenas por ciento cincuenta va- 
ras de la plaza, enfilábanlos proyectiles aislados, pero 
repetidos del inglés , las calles de la Habana , llenándo- 
las de espanto y ruinas. Aquel castillo y los lienzos sep- 
tentrionales del recinto , que seguia cubriendo con cons- 
tancia y celo D, Pedro Gastejon, tenian ademas que pa- 
decer los fuegos incesantes de las baterías, ya reforza- 
das, de San Lázaro y los de las bombardas de la escua- 
dra. Con el solo estruendo de la artillería se resquebra- 
jaba por aquella parte la obra insólida y precipitada que 
noventa años antes emprendió Ledesma. 

El enemigo, como desde un balcón, examinaba hasta 
el mas leve movimiento de la plaza. Vio con fre- 
cuencia á Prado recorriendo los puntos mas expuestos, 
como para rescatar su irresolución y sus errores con 
una cualidad que no suplía en su puesto á las que le 
faltaban , ó para que una gloriosa muerte le librase de 
la cruel responsabilidad que le esperaba. Inmolaron al- 
guna vez á los que le seguían las granadas que reven- 
taban á sus pies, sin advertir los demás ni alteración en 
su fisonomía. No le faltó mas que decisión , iniciativa, 
para salvar el honor de las armas y los intereses pues- 
tos á su cargo, para evacuar á la ciudad con ellos, para 
seguir guerreando en la campiña, y aun trocar acaso por 
el carácter de sitiador el de sitiado. 

Por momentos se iba entenebreciendo el horizonte. 
Al paso que las fragatas Echo y Thunder, escoltando á un 



DE LA ISLA DE CUBA. 517 

nuevo convoy de Nueva York, desembarcaban en la 
Chorrera otro refuerzo de mas de dos mil hombres , el 
brigadier Burton con una columna de otros tantos y dos 
piezas de á lomo se encaminaba á Jesús del Monte y lo- 
mas de Luz el dia i / de agosto. Caro , suponiéndole el 
designio de interceptar las comunicaciones de la plaza, 
reforzó su reten establecido en una casa aspillerada y con 
foso en el Horcón. Pero el inglés, después de reconocerla 
y de cambiar con él algunos tiros, se replegó por la 
tarde liácia las lomas y se acantonó en las casas de aquel 
pueblo. Tanto como este movimiento de Burton alarmó 
aun á los mas esperanzados la orden que expidió la 
Junta el 2 para que entraran á defender la plaza las par- 
tidas de D. Fernando Herrera y del valiente Aguiar, las 
que con mas tesón se consagraban á mantener sus ave- 
nidas libres. En acémilas, ó como pudieron, todos se 
apresuraron á sacar de la ciudad sus equipajes y por- 
ción de efectos qne aun no hablan salvado. Solo Supe- 
runda puso mas de ciento sesenta mil pesos á recaudo; 
y no por asegurar sus intereses , como Tabares y otros 
miembros de la Junta, propuso nadie forma para que 
se salvaran también los nacionales. Sobrepujáronlos á 
todos en la indiferencia por lo ageno los directores y ge- 
rentes de la Compañía, tan previsores para asegurar lo 
que era suyo, como negligentes y tibios en extraer las 
existencias de sus almacenes y salvar lo perteneciente 
á los accionistas ausentes en España. 

Luego de terminada una batería de doce morteros en 
el Morro, Alberaarle encargó á Elliot las operaciones de 
la derecha de la bahía , y se trasladó en la mañana del 
5 al campamento de San Lázaro para extender por allí 
sus paralelas. 



518 HISTORIA 

Caro, que habia ocupado las lomas de Luz cuando 
las evacuó Burton , intentó el 5 arrojar á sus avanzadas 
de algunos caseríos. El jerezano Bernet , con unos tres- 
cientos tiradores de milicias, consiguió desalojarlos con 
alguna pérdida , aprovechando también algunas cuchi- 
lladas los pocos dragones que el cansancio, las enferme- 
dades y la deserción dejaron á aquel jefe. Pero Burton 
reconcentró sus fuerzas, asomó una nueva columna in- 
glesa á protegerle y tuvo Caro que contramarchar á su 
anterior posición la misma tarde. Se probó con este en- 
cuentro que empezaban el miliciano y el labriego á ser 
soldados , pero se acreditó también que ya no podrían 
contrarestar la disciplina y lel valor de los sitiados al 
número excesivo de los sitiadores. 

No le restaban á Prado fuerzas suficientes para cubrir 
todas las caras del recinto. Viendo que por un lado ex- 
tendía Albemarle su línea atrincherada por San Lázaro, 
y que Elliot, reconcentrando sus tropas en su altura, 
terminaba todas las baterías de la Cabana , introdujo el 
6 en la plaza las guerrillas de Bernet con seiscientos fu- 
sileros, quedando así solos fuera de ella Madariaga y 
Caro con algunos ginetes y paisanos cansados y abatidos. 
Para proteger al arsenal y conservar las comunicaciones 
abiertas por aquella parte, pasó Colina de orden de la 
Junta á ocupar la loma de Soto, la llamada hoy de Ata- 
res por su castillo. Se esforzó este marino en coronarla 
con un cuadrilongo atrincherado con cañones en dos 
dias de faena sin respiro ,. durante la cual ni aun al 
sustento de sus trabajadores se atendió, y se le rindie- 
ron de inanición muchos. Algunas piezas las colocó allí 
con sus propios brazos aquel montañés gigantesco y vi- 
goroso. Con estas prevenciones y remontar otros caño- 



DE LA ISLA DE CUBA. 519 

nes en la Punta, en San Telmo, el Boquete y la Fuerza en 
las orillas de la bahía , se lisonjeaba aun la mayoría de 
la Junta con la idea de que pudiese contestar la plaza 
con superioridad á los fuegos de la Cabana y prolongar 
una defensa á cuyo triunfo iban también á concurrir el 
equinoccio y los socorros que se habían pedido á tantas 
partes. Engañaba á los vocales la aparente inacción de 
las principales baterías del enemigo en sus dos campos, 
como engañan esos dias serenos que suelen preceder á 
los huracanes y tormentas. 

EMO de agosto, habiendo dado ya la última mano á 
sus trincheras, tocaron las avanzadas de San Lázaro á 
parlamento, y presentóse á Prado un ayudante de Albe- 
marle, exhortándole en nombre de este general á librar 
á la ciudad con un convenio honroso de los horrores de 
un asalto y de un saqueo, crporque tal vez no podría im- 
» pedir á la tropa que sacrificara al filo de la espada á 
» cuantos hallara con las armas en la mano. » Las diez 
eran cuando se recibió y empezó á discutir en la Junta 
este mensaje; y ya las dos sonaban cuando contestó el 
gobernador á Albemarle con el mismo mensajero , « que 
» sus obligaciones, heredadas y juradas de emplear en la 
» defensa de la plaza los esfuerzos que le dictaban el 
» honor y la fidelidad á su soberano , no le permitían 
» condescender con sus proposiciones; y que aun contaba 
» con medios para prolongarla y esperar un feliz éxito.» 
Esforzada respuesta, si hubiera podido sostenerla ; pero 
que , desmentida pronto por los hechos , solo fué ridi- 
cula, suspirando ya los sitiados por el descanso mas que 
por la gloria. 

Las avanzadas de uno y otro campo entretuvieron la 
tarde con un inútil tiroteo; y la noche se pasó tranquila. 



B20 HISTORIA 

Pero con el crepúsculo del 1 1 rompieron de una vez to- 
dos sus fuegos San Lázaro, la Pastora y la Cabana. Desde 
esta última posición especialmente , diez baterías con 
cuarenta y cinco piezas de á veinte y cuatro y treinta 
y dos , y otras cuatro de treinta y dos obuses y morte- 
ros, repartidas por su falda, todo lo reducian á escom- 
bros á su frente. Desde el castillo de la Punta, se es- 
forzó su animoso comandante Lortia hasta los últimos 
límites de lo hacedero en contestarlos , pero vanamen- 
te. A las diez no se veia ya en aquel castillo ni un ca- 
ñón, ni un artillero en batería, ni un parapeto que no 
fuese una ruina. Tuvieron los restos de su guarnición 
que abandonarlo. Igual aspecto presentaban una hora 
después los baluartes septentrionales del recinto, deshe- 
chos ó cuarteados, donde perecieron algunos de sus de- 
fensores junto á Castejon, ciego de furia con la imposi- 
bilidad de corresponder al enemigo con igual ofensa. 
Cuando vio desbaratadas las baterías del Boquete y de 
San Telmo que tenia á su cargo y tendidos allí á mu- 
chos de sus artilleros , también el capitán Crell , á pe- 
sar de su firmeza , se amparó con los demás detrás de 
los vecinos edificios. No quedó viviente en pié por la 
orilla de la bahía. Enfilaban las balas rasas todas las ca- 
lles de E. á O. El homicida volcan de la Cabana vomita- 
ba sin respiro sobre la ciudad metralla , carcasas , gra- 
nadas, bombas, ollas de fuego y hasta otros artificios de 
destrucción, entonces poco conocidos. Ya no se respira- 
ba sino salitre y polvo en el recinto. Con el crugir de 
las techumbres, los pocos que quedaron custodiándolas, 
vagaban despavoridos y como sombras por sus casas. 
Cenizas se iba á volver la Habana entera , á no ceder 
luego la Junta al elocuente argumento de su ruina. 



DE LA ISLA DE CUBA. 52Í 

Mandó enarbolar á las dos bandera blanca ; envió á con- 
venir las bases de una capitulación con Alberaarle al sar- 
gento mayor D. Antonio Ramírez Eslenoz; y se apresuró 
entonces el sitiador á suspender sus fuegos con una hu- 
manidad que ennoblecía á su triunfo. 

Como si no fuera mucho librar algo donde tanto se hizo 
por perderlo todo, sostuvo Hévia la extraña pretensión de 
que se le permitiera trasladarse á España con la escua- 
dra, con el resto de la guarnición y con los fondos y pro- 
piedades del erario. Pidió aun más; que se declarase el 
puerto neutro hasta la paz, lo mismo que sus aguas 
desde el cabo de Catoche, en la costa de Campeche, 
hasta los arrecifes del canal y el grado 33 de latitud sep- 
tentrional; que salieran libres con sus cargamentos los 
pocos buques del comercio anclados en la bahía. Se aso- 
ció á sus pretensiones Prado, creyendo también forjarse 
con ellas un escudo que los cubriera á entrambos de fu- 
turos cargos. La tenacidad con que la sostuvieron dilató 
la rendición mas de treinta horas , amenazando romper 
los tratos entablados y aun la completa destrucción de la 
ciudad, que no podia ser otra la consecuencia de otro 
ataque semejante al del dia 1 1 . Pero les costaba á Albe- 
marle y Pokoc muy cara la victoria para satisfacerse con 
la simple ocupación de una bahía obstruida y de un pue- 
blo arruinado. Se ensordecieron á proposiciones tan inad- 
misibles, y tanto por generosidad con los vencidos , como 
por dar descanso á sus huestes, se avinieron ya en las úl- 
timas horas del dia 1 2 á conceder una capitulación de 
veinte y tres artículos, cuyo resumen fué el que sigue ^í 



3 Por haberse publicado ya en el la Historia de la Isla por Valdés, en el 
Ensayo histórico de Cuba por el A. eü Proceso de la rendición de la Habana 



S22 HISTORIA 

Que la guarnición veterana de infantería , caballería y 
artillería, saliera el 20 por la puerta de Tierra con todos 
los honores militares, arma al hombro, tambor batiente, 
bandera desplegada y dos cañones , pudiendo conservar 
los generales, jefes, oficiales y soldados todos sus equi- 
pajes y efectos de su propiedad particular; y que los mili- 
cianos y voluntarios entregasen su armamento á los co- 
misarios ingleses : 

Que la religión católica quedarla mantenida sin la me- 
nor restricción ni impedimento , y conservadas todas las 
corporaciones religiosas en el pleno goce de sus dere- 
chos, rentas y atribuciones, con la reserva de quehabia 
de ejercer el gobernador inglés el vicereal patronato, 
en lugar del español, sometiendo el obispo á su aproba- 
ción los nombramientos de párrocos y demás empleados 
eclesiásticos : 

Que la escuadra, la artillería , los almacenes , los cau- 
dales, los tabacos y todos los efectos públicos serian en- 
tregados por inventario á los comisionados nombrados 
por los generales ingleses para recibirlos : 

Que todas las tropas de mar y tierra comprendidas en 
la capitulación serian trasportadas á España á expensas 
del gobierno inglés ; y en consideración á su edad y alta 
gerarquia militar quedaron autorizados el conde de Su- 
perunda , D, Diego Tabares , el marqués del Real Tras- 
porte y D. Juan de Prado, para escoger los buques mas 
cómodos , y embarcarse cuando les conviniera con sus 
familias , criados , equipajes y caudales particulares : 

Que serian respetadas las propiedades de todos los ha- 



y en otros impresos , no reproducimos ahora textualmente la capitulación acor- 
dada el 13 de agosto. 



DE LA ISLA DE CUBA. 525 

hitantes del país , y mantenidos en sus derechos y privi- 
legios los que los tuvieren , permitiéndose salir de la isla 
por su cuenta al que quisiese , enajenando ó no sus 
bienes : 

Que todos los empleados civiles que lo desearan serian 
trasladados á España bajo las mismas condiciones que 
los militares , á excepción de los que tuviesen cuentas 
que rendir, cuya ausencia se dilatarla hasta que dejaran 
cubiertos sus respectivos compromisos : 

Que á nadie se perseguirla por su conducta pasada, 
y que se cangearian los prisioneros de ambas partes : 

Que los jefes, oficiales é individuos de tropa y de ma- 
rina que por sus heridas y dolencias no pudieran em- 
barcarse, permanecerían en sus casas y en los hospita- 
les bajo la protección de los ingleses , pero á expensas 
de un comisario español. 

De esta manera se rindió la Habana á los dos meses y 
seis dias de ser sitiada, y después de sacrificados cerca 
de dos mil de sus defensores, sin incluir los esclavos y 
los presidiarios arrebatados por la fatiga ó por las ba- 
las, y no restándola más que unos novecientos vetera- 
nos, que, según expresión de Hévia en su defensa*, 
«solo por la respiración se diferenciaban de los muer- 
tos. » El honor militar se habia salvado , pero todos, los 
intereses de la nación se hablan perdido. 

Tan difícil es fijar con entera exactitud las pérdidas de 

gente como las fuerzas que de los sitiados beligeraron 

desde el principio del sitio hasta la rendición de la 

plaza. Por exagerar la gloria de su triunfo las exage- 

. % 

* V. su defensa en el Proceso de la rendición y toma, y cop en la colee, 
del A« 



524 HISTORIA 

raron los ingleses con una indiscreción tan desusada en 
ellos como impropia de la concisa exactitud con que 
suelen distinguirse sus relaciones militares. Pero no va- 
cilará el juicioso crítico entre las caprichosas conjeturas 
de un vencedor que para enaltecer el mérito de su vic- 
toria abulta los medios que se le opusieron , y las prue - 
bas que luego presentó el vencido para justificar en un 
procedimiento, hasta la nimiedad minucioso é inexora- 
ble , que los recursos de la defensa habían sido harto 
desproporcionados á la superioridad de los que tuvo el 
ataque á su servicio. 

¡Qué mucho que divagaran al expresarla sus contra- 
rios, cuando Prado y Hévia, incluyendo sus respectivos 
diarios de operaciones al dar cuenta al ministerio de 
todos los pormenores del asedio , tampoco concordaron 
completamente en el guarismo de la pérdida! El pri- 
mero la fijó en mil ochocientos diez hombres, com- 
prendiendo en este número las bajas sufridas por la 
tropa y la marina, las milicias, los voluntarios y los ne- 
gros sacrificados^ así peleando, como en las faenas y en 
ios hospitales, así en las operaciones de la plaza y de su 
radio, como en el apresamiento de la fragata Tétis y la 
urca Fénix, en la pérdida de la fragata Venganza y el 
bergantín Marte. El segundo la redujo á mil muertos y 
unos mil quinientos heridos, de los cuales solo desde el 
1 3 hasta el 27 de agosto murieron ciento siete en los 
hospitales. Nosotros, con deducciones de sus mismos dia- 
rios, fijamos el número de los muertos en mil doscien- 
tos noventa y siete, incluyendo á tres jefes y diez y seis 
oficiales de todas clases y armas. El de los heridos, aun- 
que en los choques militares subió á mil novecientos se- 
senta y nueve, deducida la tercera parte que murió, 



DE LA ISLA DE CUBA. 52S 

quedó en mil y trescientos trece. A las milicias , aunque 
mas numerosas que la tropa veterana y gente de la es- 
cuadra, no les cupo ni una décima parte de la pérdida. 

Recapitulemos ahora cuáles fueron las fuerzas defen- 
soras qué principalmente la sufrieron; y detallaremos 
después las de los agresores. 

Sin deducir unos trescientos individuos postrados en 
los hospitales, las fuerzas veteranas presentes en el ra- 
dio del ataque , al principiarlas operaciones, no pasa- 
ron de dos mil setecientos ochenta y un hombres. Agre^ 
gáronseles después hasta mil entre condestables , ma- 
rineros y aun grumetes que se sacaron de la escuadra. 
Como mil negros y esclavos se reunieron, comprendiendo 
unos doscientos, propiedad del fisco y destinados desde 
antes á las obras, siendo los demás procedentes de los in- 
genios y fincas inmediatas á la capital enviados para con- 
tribuir á la común defensa por sus dueños. Doscientos 
tripulantes útiles se salvaron al perderse en el Mariel las 
tripulaciones de la fragata Venganza y el paquebot Mar- 
te. Setecientos milicianos acudieron de Puerto-Príncipe, 
Yilla-Clara, Sancti-Spíritus y San Juan de los Remedios, 
No llegaron á mil los de infantería y caballería que per- 
manecieron armados y disponibles un dia con otro para 
las operaciones exteriores. El socorro enviado por Ma- 
dariaga de Santiago de Cuba no llegó á presentarse. Re- 
uniendo, pues, todos los números expuestos, segregando 
un millar de enfermos y de heridos que constantemente 
hubo postrados y no podían ser combatientes y más de 
setecientos esclavos aplicados á faenas y no á lances , nos 
resultarán unos cinco mil hombres escasos. Este guaris- 
mo se aproxima tanto mas á la verdad, cuanto que el de 
los fusiles que entre útiles é inútiles de los veteranos 



526 HISTORIA 

de las tres armas y de las milicias , se entregaron al 
vencedor, no pasó de cuatro mil, y los mil hombres más 
que escasamente combatieron estaban armados con ter- 
cerolas, lanzas, chuzos y aun solo con machetes. Fue- 
ron, pues, estos cinco mil hombres escasos los que 
sacrificándose hasta perecer cerca de la mitad en sesenta 
y siete dias de asedio, hicieron rostro á un enemigo que 
los abrumó con las siguientes fuerzas : quince mil hom- 
bres de ejército veterano y excelente, añadiendo á los 
doce mil cuarenta y uno que se presentaron el 6 de junio 
los tres mil que recibió con los refuerzos de Nueva- York 
y de Jamaica : cuatro mil peones negros y mas de quince 
mil tripulantes de una escuadra que contaba mil ocho- 
cientos cuarenta y dos cañones, además de otros dos- 
cientos que se desembarcaron ; es decir, tres veces ma- 
yor número de piezas que el de la plaza y de la escua- 
dra unidas. El mero cotejo de los números nos prueba, 
que por torpemente que la dirigieran , la defensa de la 
Habana fué gloriosa para los que á ella concurrieron. 



Hemos reunido y consultado detenidamente cuantas noticias de 
buen origen podrian esclarecer los hechos del sitio y toma de la 
Habana, desde el 6 de junio hasta el 13 de agosto de 1762 ; y el ín- 
dice expHcado de las principales es el que sigue : 

« Proceso formado de orden del Rey nuestro señor por la Junta de gene 
rales que S. M. se ha dignado nombrar á este fin , sobre la conducta 
que tuvieron en la defensa, capitulación, pérdida y rendición de 
la plaza de la Habana y escuadra que se hallaba en su puerto , el 
mariscal de campo D. Juan Prado , gobernador de la referida pla- 
za; el jefe de escuadra de Real Trasporte, comandante de dicha es- 
cuadra; el teniente-general conde de Superunda, el mariscal de 
campo D. Diego Tabares , el coronel D. Dionisio Soler, teniente rey 
de la plaza ; el capitán de navio D. Juan Antonio de la Colina , el 



DE LA ISLA DE CUBA. 527 

coronel del regimiento Fijo de ella D. Alejandro de Arroyo, el co- 
ronel D. Baltasar Ricaud de Tirgale, el ingeniero en jefe, el coro- 
nel de Dragones de Edimbourgh D. Carlos Caro , comandante de 
las tropas del campo ; el teniente-coronel D. Antonio Ramírez de 
Estenoz, sargento mayor de la plaza; el capitán de artillería D. José 
Crell de la Hoz, y el capitán de infantería D. José García Gago, se- 
cretario del gobernador y déla referida Junta de la Habana. =Im- 
preso en Madrid en virtud de real orden en la imprenta de Juan de 
San Martin. Años de 1773 y 1774. » 

Este Proceso, cuyo título se debió expresar en plural, es una re- 
unión de los doce procesos que separadamente se formaron solo á 
los generales y jefes expresados; porque Montalvo , Castejon , Gar- 
ganta, Medina, San Vicente y otros, que por su graduación con- 
currieron á algunas conferencias de la junta , no votaron ningún 
acuerdo que les comprometiese , ó no asistieron á la mayor parte 
de sus sesiones por atender á puestos de peligro. 

Cada proceso consta de un detallado interrogatorio, de los docu- 
mentos presentados en apoyo de sus declaraciones por los acusa- 
dos , de las acusaciones fiscales y de las defensas. Las principales se 
hallan copiadas en la Colee, del A. , menos la de Prado, porque se 
publicó en las Memorias de la Sociedad patriótica de la Habana, ocu 
pando las págs. 408-443 del t. YI, correspondiente á 1838; las 5-33, 
81-87, 224-227, 291-309, 352-363, 432-433 del t. VH, y 60-68, 
105-124 del t.Vm. 

La defensa de Real Trasporte fué aun mas larga ; y de poca me- 
nor extensión la de Tabares , que la complicó con una detallada 
censura descriptiva de todas las fortificaciones de la plaza. 

Plenamente aclarados los hechos del sitio con declaraciones de 
testigos , con documentos á favor y en contra de los acusados, para 
escribir la verdad era supérfluo investigarla en otra parte. Fuera 
del voluminoso proceso , todos los demás textos consultados , des- 
pués de hecha la debida eliminación de los errores que contienen 
los ingleses , solo sirven para ponerla mas en evidencia. 

Carta del marqués de Real Transporte dirigida en 8 de junio de \ 762 
al ministro de Marina Arriaga , dándole cuenta de las providencias que 
tomó al presentarse el armamento inglés sobre la /ía&ana.=Cop. en la 
Colee, del A. de la orig. que existe en el Arch. general de Siman- 
cas.=Legajos Marina. = Siglo xviii.= 1762. 

Cartas de D. Juan de Prado á D. Lorenzo Montalvo en 25 de junio, 
27 de junio, 13 de julio y i de agosto de 1762. ^Cop. de los orig. que 
existían en 1853 en poder del Sr, D, Ramón de Montalvo. 



528 HISTORIA 

Carta original y confidenGial de D. Juan Antonio de la Colina á D, Lo" 
renzo Montalvo. =Esie documento no tiene fecha, ni mas que media 
firma.:=Está cop. en la Colee, del A. del orig. que se hallaba en pO' 
der del Sr. Montalvo. 

Carta de D. Pedro de Castejoná D. Lorenzo de Montalvo en 20 de ju- 
lio de 1762. =Id. id. id. 

Carta de B. Juan Ignacio de Madariaga al ministro de Marina Ar- 
riaga , dándole cuenta de las operaciones en que se halló empleado du- 
rante el sitio de la Habana. ;==Esieáocuin., fechado en Cádiz en 26 
de octubre de 1762 , se halla cop. en la Colee, del A. del orig. que 
existe en el Arch. de Simancas.=Legs. Marina.== Siglo xviii.=1762. 

Carta de D. Lorenzo Montalvo al ministro Arriaga en i 8 de octubre 
de 1762.:= Cop. en la Colee, del A. de la orig. del Arch. de Siman- 
cas.= Marina. = Siglo xAaii.= 1762. 

Apuntes para ¡a Historia de la isla de CM6cí. = Bajo este epígrafe 
publican los tomos III y IV de las Memorias de la Sociedad patriótica 
de la Habana, correspondientes á 1837, tres extractos con algunas 
copias de los documentos oficiales de los ingleses relativos al sitio y 
toma de la Habana. El tomo III ocupa con esta materia desde la 
pág. 364 hasta la 376; y entre la'. 440 y la 460 inserta un Diario 
del sitio de la Habana , extractado del oficio original remitido al gobierno 
británico por el primer jefe comandante de ingenieros Patricio Mackellar. 

Acompañan á este Diario los siguientes datos oficiales : 

Estado de la guarnición del Morro el 30 de julio de 1762. 

Estado de los españoles muertos, heridos, prisioneros y ahogados en 
el asalto del Morro. 

Estado de las fuerzas al mando del teniente-coronel Steward en el 
asalto del Morro. 

Relación de los oficiales, sargentos, tambores, soldados y familias cor- 
respondientes á la guarnición de la Habana que pasaron á bordo de los 
buques de S. M. británica. 

El tomo IV de aquellas Memorias, entre las págs. 4 y 20, repro- 
duce el texto de la capitulación de la plaza , ya impreso en varias 
publicaciones ; el parte oficial de su entrega comunicado por Lord 
Albemarle al conde de Egremont en 21 de agosto de 1762 , y el de 
Sir Jorge Pockoc al secretario del Almirantazgo en 19 del mismo 
mes, añadiendo una relación de la distribución y movimientos de 
las fuerzas navales inglesas después de la toma de la plaza , seguida 
fie las dos siguientes noticias. 

Jleh^^ion' de los ifidividuQS muertos y heridos, fallecidos j^r heridas y 



DE LA ISLA DE CUBA. 529 

por enfermedades , y extraviados desde que se desembarcó el ejército in- 
glés en la isla de Cuha hasta el \^ de agosto de 1762. 

Distribución del botin de la Habana al ejército de S. M. británica. 

Robert Benison' s.=Naval and Military Memoirs of the Great Britam 
from 1727 /o 1783. = London. = 1804. 

Enück's.= General History of the Late Tf ar.= London. = 1 772. 

Turnbull in the West. Cuha. 

William Coxe.= VEspagne sous les Rois de la Maison de Bourbon. 

Ferrer del Rlo.= Historia del reinado de Carlos III. 

Conde de Fernan-Nuñez. == il/emona5 del reinado de Carlos III. == 
(Obra inédita, de la cual existen diferentes copias, hallándose una 
en poder del Sr. D. Antonio Ferrer del Rio, de la Academia Espa- 
ñola y su bibliotecario). 

Historia general de España , por D. Modesto de Lafuente. 

Noticias privadas de Casa , por D. José Antonio de Armona. 

Carta que en \% de diciembre de 1 763 escribió un P. Jesuita de la Ha- 
bana el prefecto Javier Bonilla, de Sevilla , dándole cuenta circunstan- 
ciada de la toma , etc. Memorias de la Sociedad patriótica de la Habana, 
t. VIII, págs. 298 y 323. 

Relación- del sitio y toma de la plaza por los ingleses , publicada por 
las mismas Memorias, t. VI, págs. 352 y 375. 



HIST. DE CUBA. «'TOMO II. — 34 



CAPÍTULO DÉGIMOOCTAVO. 



Entrega de la Habana á los ingleses. — Inútiles esfuerzos de los generales espa- 
ñoles para mejorar la capitulación. — Demolición del castillo de Matanzas.— 
Salida de los capitulados para España y de la mayor parte de las fuerzas inva- 
soras para diferentes destinos. — Acusaciones contra Prado yHévia.— Fide- 
lidad del ayuntamiento de la Habana. — Deslealtad del Alférez real D. Gon- 
zalo Rezio de Oquendo y del regidor D. Sebastian de Peñalver. — Son nom- 
brados sucesivamente tenientes gobernadores de los subditos españoles.— 
Wiegan todos los pueblos de la isla la obediencia á las autoridades inglesas — 
Honrosas comisiones de D. Lorenzo Montalvoy D. Nicolás Rapun. — Caudales 
y efectos que entregan. — Masa de botin que reúnen los ingleses y su despro- 
porcionada distribución. — Polémica entre el conde de Albemarle y el obispo 
Morell.— Firmeza del Prelado. — Su expulsión para la Florida.— Injustas exac- 
ciones contra el clero y los propietarios. —Embargo y enajenación de los 
fondos y bienes de ausentes. — Perjuicios inferidos á la real Compañía de Co- 
mercio. —El general Giiemes en Madrid. —Disposiciones del gobernador de 
Santiago de Cuba. — Marina nacional anclada en ese puerto.— Pequeña reunión 
de fuerzas en el de Jagua. — Núcleo de resistencia en el castillo de los Ange- 
les.— El auditor ÜUoa. — Contratiempos y pérdidas de la marina inglesa.— 
Debilidad de los invasores en la Habana. — Odio del pueblo contra ellos. — 
Proyectos de D. Luis de Aguiar y otros habaneros. — Disípanlos las noticias de 
la paz. — Salida de Albemarle para Inglaterra y gobierno de Sir Keppel.— 
Libertad comercial en la Habana. — Acontecimientos de la guerra en Portu- 
gal, Filipinas y Buenos-Aires. —Infringen la paz los ingleses en las Antillas.— 
Excosos de Peñalver. — Regreso del obispo Morell á la Habana. — Primeros 
buques españoles que fondean en este puerto. —Correspondencia entre Mada- 
riaga y Keppel. — Comunicación de D. Lorenzo Montalvo sobre la destrucción 
del arsenal. 



Eq la mañana del i 4 entraron en la plaza los ingleses 
con mas orden del que se esperaba de quienes habian 
sufrido tanto para conquistarla. Los contenian su disci- 
plina y la promesa de un reparto igual por clases de los 
despojos conquistados, en lugar de un botin á mano 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 531 

airada. Sir Guillermo Keppel con un batallón se pose- 
sionó de la puerta y castillo de la Punta que, aunque 
muy maltratado, no presentó brecha. Franqueáronle 
aquellos puestos D. Pedro Castejon y D. Fernando de 
Lortia, mientras el teniente de Rey D. Dionisio Soler y el 
sargento mayor Remirez Estenoz relevaban con ingleses 
los demás cuerpos de guardia. Como mil infantes y al- 
gunas compañías de artillería permanecieron acampando 
en la Cabana y sus reductos, sin cuya ocupación no se 
consideraban seguros los invasores en la Habana ; que- 
dando ya muy reducido su número y debiendo la es- 
cuadra dirigirse pronto á otro destino. Los restos de la 
guarnición capitulada marcharon alas órdenes de D. Ale- 
jandro Arroyo á acantonarse en la Chorrera y Puentes 
Grandes, mientras se disponía su embarque para España. 
Lo que quedaba de la fuerza de marina que para la de- 
fensa se había sacado de la escuadra , regresó á sus bu- • 
ques en aquella misma mañana , mientras se recogían 
las armas á los milicianos despachados para sus domici- 
lios , aunque muchos del campo no se presentaron. 

El almirante Pockoc y Albemarle, que entraron por la 
tarde en la ciudad, alojáronse con Hévia en el edificio de 
las dependencias de marina, el mejor entonces de la po- 
blación aunque con injurias muy recientes de los ca- 
ñones de su nuevo huésped. Allí todos los recursos de 
repetidas conferencias y de algunos convites se apuraron 
por los generales españoles para arrancar de la espan- 
sion del trato y de la mesa mayores ventajas que las con- 
cedidas por la capitulación. Pero los dos caudillos ingle- 
ses se mantuvieron inflexibles. Nada cedieron de lo que 
habían adquirido para su nación, para sus tropas y su 
escuadra. 



532 HISTORIA 

Ordenó algunos días después Albemarle la ocupación 
de Matanzas y de su castillo de San Severino. Pero en las 
postrimerías de su autoridad dejó dispuesto Prado que 
su comandante el capitán D. Felipe García Solís , des- 
pués de inutilizar su artillería, demoliera aquella fortifi- 
cación haciéndola volar, y se retirase á Yilla-Clara con el 
destacamento que la guarnecía en cuanto tuviese anuncios 
de ser atacado. Cumplió con esta disposición Solís el 26, 
encaminándose en aquella dirección con unos cuarenta 
hombres del Fijo y artilleros y algunos funcionarios de la 
población , recogiendo ademas grupos de milicianos y 
voluntarios que, sin saber la pérdida de la capital, se 
dirigían aun desde lo interior de la isla á socorrerla. 

ün destacamento de doscientos ingleses que en dos 
fragatas acudió el 27 á posesionarse de Matanzas, se 
encontró á aquel fuerte demolido y abandonado el pue-. 
blo por sus principales moradores. Las lanchas ar- 
madas y algunas embarcaciones inglesas que recor- 
rieron en esos días la costa intermedia entre la Ha- 
bana y aquel puerto , fueron rechazadas á balazos de 
la embocadura del rio de Jaruco y del surgidero de 
Gibacoa por campesinos y milicianos de esos sitios que, 
sin entrar en la capital después de su capitulación, se fu- 
garon con sus armas : deserción honrosa y bajo ningún 
aspecto censurable. 

A pesar de lo que se procuró abreviar la salida délos 
capitulados para Cádiz , hasta el 30 de agosto no pudie- 
ron emprenderla las veinte y ocho embarcaciones ingle- 
sas destinadas por el almirante para trasportarlos con 
bandera parlamentaria. Eran cuatro generales , siete 
jefes del ejército, quince de marina , diez y siete capi- 
tanes, sesenta oficiales subalternos y ochocientos cua- 



DE LA ISLA DE CUBA. 533 

renta y cinco individuos de tropa y de la escuadra, aun 
incluyendo en ese número á muchos heridos y convale- 
cientes que , al anunciárseles la posibilidad de regresar 
á España, saltaron de sus lechos. El dia 30 salieron Su- 
perunda y Tabares solos en una fragata con sus familias, 
criados y equipajes. Prado y las tropas de tierra en 
nueve embarcaciones, y con diez y ocho Hévia ^ las pla- 
nas mayores y el resto de los marinos que habia sobre- 
vivido al desastre de la escuadra. 

Obligado Pockoc á regresar á Inglaterra con gran par- 
te de la suya, debiendo Augusto Keppel con otros buques 
trasladarse á Jamaica y sus cruceros ordinarios, y recla- 
mada por Lord Amherst la restitución de la brigada 
auxiliar de Burton , fué la atención primera de Albe- 
marle apresurar el reparto del botin entre unos y otros, 
la entrega de los caudales pertenecientes al erario espa- 
ñol , y la realización de los valores de los ramos de ma- 
rina, hacienda y guerra mas susceptibles de cambiarse 
brevemente por dinero. 

Nombrados por aquel general como comisionados para 
recibirlos, el teniente coronel Clevelland, el comisario 
de guerra Kennyon y M. Durand, agiotista de Jamaica, 
tuvieron que cumplir con lo capitulado y entregarles los 
de sus cargos respectivos , el comisario de marina Mon- 
talvo y el de la misma clase Rapun , que corría con las 
existencias de la plaza. 

Para abreviar su realización , enajenaron los ingleses 
por contratos alzados con algunos especuladores de Ja- 
maica y agentes de casas de Londres, todo lo que la 

* VV. las comunicaciones oficiales riaga, en el Arch. general de Siman- 
del marqués de Real Trasporte y del cas: Leg. Marina.— 1762. 
ordenador Monlalvo al ministro Ar- 



854 HISTORIA 

escuadra no podía embarcar; porque, peninsulares y ha- 
baneros que se deshonraran comprando los despojos de 
su propia patria, no los encontraron. 

Hechos los ajustes y realizados aceleradamente y con 
probada ganancia de sus tomadores, la suma total de 
los efectos vendidos y el metálico, sin contar el valor de 
los navios, de la artillería y de las municiones útiles 
de guerra, cuya propiedad era la sola compensación 
del gobierno inglés por sus enormes gastos en la expe- 
dición, llegó á setecientas treinta y seis mil diez y 
nueve libras esterlina^ y tres chelines; ó sean tres millo- 
nes cuatrocientos noventa y seis mil setenta y ocho y 
medio pesos españoles. Antes de ir á responder de pér- 
didas tan graves , anticipáronles sus vencedores á Prado 
y Hévia parte de su pena, presenciando la distribu- 
ción de lo que no supieron conservar. Cupo en aquel 
gran despojo participio á veinte y ocho mil cuatrocien- 
tos cuarenta y dos ingleses, á los que concurrieron desde 
el principio hasta el fin á las operaciones del asedio 
por tierra y mar, militares y marinos , llegados antes 
y venidos luego. 

Albemarle y Pockoc recibieron cada uno ciento vein- 
te y dos mil seiscientas noventa y siete libras esterlinas, 
diez chelines y seis peniques. Elliot, aunque teniente 
general lo mismo que el primero , percibió veinte y cua- 
tro mil quinientas treinta y nueve solamente. Tocaron á 
cada cual de los mayores generales , ó mariscales de 
campo, seis mil ochocientas diez y seis; á los brigadie- 
res mil novecientas cuarenta y siete ; á los coroneles y 
capitanes de navio, mil seiscientas, y á las demás clases 
de jefes y oficiales de tierra y de la escuadra , cuotas 
proporcionalmenle disminuidas de grado en grado, redu- 



DE LA ISLA DE CUBA. 535 

ciéndose las de los marineros y soldados, las de los que 
mas habían sufrido, á cuatro libras, un chelín, ocho peni- 
ques y medio para cada uno de los últimos, á tres libras, 
catorce chelines y nueve peniques las de cada cual de 
los primeros, i Qué distribución! No hubo de inspirar 
en la Habana la codicia de los dos caudillos gran idea del 
espíritu de justicia de su nación , ni del desinterés con 
que pudiesen gobernarla luego. 

Distribuido así el primer despojo , como la realización 
de los demás había de ser mas lenta , determinó Albe- 
marle permanecer en la ciudad hasta ultimar su liquida- 
ción, dominando su afán de oro á sus anhelos de re- 
tornar triunfante á Londres. 

Después de desembarazarse de los capitulados , no era 
necesaria, para la conservación de la plaza, la permanen- 
cia de las numerosas fuerzas navales y terrestres, que 
apenas habían bastado para conquistarla. 

La brigada de Burton , cuyo regreso á Boston y 
Nueva-York exigía vivamente Lor Amherst , salió en 
varios trasportes para aquellos puertos á fines de agosto. 

Después de encargarse del mando superior de toda la 
marina inglesa destinada á América el vice-almirante 
Augusto Keppel, salió para Kingstown con una parte de 
las tropas y once buques de guerra entre mayores y 
menores el día 1 3 de octubre. 

El almirante Pockoc cingló para Inglaterra cinco días 
después con los navios Namur, Culloden , Temple, De- 
vonshire , Marlborough, Infante, San Genaro, la fra- 
gata Tétis y cincuenta trasportes, entre los cuales figu- 
raban siete buques mercantes españoles apresados en 
distintos puntos á la real Compañía de Comercio de la 
Habana y otros dueños. Terminó su navegación infeliz- 



536 HISTOWA 

mente. Como á doscientas leguas de las costas de Irlanda, 
y después de las calmas que la dilataron , un temporal 
del E. dispersó las naves. El Temple y doce trasportes 
se fueron á pique, aunque salvándose sus tripulantes 
en los demás buques. El GuUoden y el Devonshire tuvie- 
ron que aligerar arrojando al mar la artillería para po- 
derse refugiar con el San Genaro en la rada de Kingsale. 

La mayor parte de las demás embarcaciones, cuya 
gente carecía de los abrigos propios de aquellas latitu- 
des y aun de víveres, porque nada habia previsto Poc- 
koc ni para las eventualidades naturales de tan compli- 
cada expedición, luego naufragaron en el canal de la 
Mancha, donde mas de mil hombres perecieron. El Marl- 
borough, separado del convoy á las pocas cingladuras, 
después de arrojar los cañones y aun las anclas, se ane- 
gaba el 29 de noviembre, cuando no lejos de las Azores, 
salvó á sus tripulantes la fragata inglesa ^Antelope , fa- 
lleciendo dos dias después el mariscal de campo Lafaus- 
sille de enfermedad. Pockoc, con el Namur, que habia 
perdido también doscientos hombres en la travesía , no 
pudo arribar á Spithead hasta el 13 de enero de 1763. 

Después de la salida de Keppel y Pockoc las fuerzas 
inglesas de la Habana quedaron reducidas^ á siete na- 

2 « La extraordinaria mortalidad que » vivir con extraordinarias precauCio- 

«han tenido aquí en su tropa , los ha »nes de la gente del paísj y de mi mas 

«reducido al estado que comprenderá «quede todos, como, entenderá V. E. 

» V. E. por la copia adjunta de la carta » por otra copia de carta del conde de 

«que dirigí últimamente al virey de «Albemarle, cuyo asunto, según he 

«Nueva España... y aseguro á V. E. «podido entender casi asertivamente, 

» que, si se presentasen en la actualidad » tiene por origen el no querer algunos 

» aquí ocho ó diez navios con dos ó tres « del país que sea yo testigo de sus ope- 

»mil hombres de desembarco, no tar- «raciones. » ( Párrafos de una carta di- 

» darían cuarenta y ocho horas en ren- rígida desde la Habana en 18 de octu- 

«dirse.— Su mala situación les hace bre de 1772 al ministro de Marina por 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 55? 

víos y menos de cinco mil hombres de todas armas, y 
de estos la mitad postrados por sus males. El ordenador 
D. Lorenzo Montalvo, que permaneció en la plaza de 
orden de Hévia para hacer la entrega de los buques ^ 
y efectos que, con arreglo á la capitulación, pertenecian 
al vencedor, avisó reservadamente al ministro de Mari- 
na Arriaga que, si en tan buena oportunidad se presenta- 
ran ocho ó diez buques españoles con dos ó tres mil 
hombres de desembarco, la recuperación de la Habana 
seria obra de contadas horas. 

Después de una larga y penosa travesía , hasta el 
22 de octubre no llegaron á Cádiz Prado y Hévia, 
permitiendo ese retardo que les precediesen en la corte 
acusaciones , verdaderas unas , falsas otras , y tremen- 
das todas. Hasta un prelado S entre sus muchas virtu- 
des no exento de pasiones , hasta las primeras damas ^ 



el ordenador D. Lorenzo de iHontalvo). 
Tanto este documento como otros mu- 
chos originales de este mismo funcio- 
nario, nos fueron facilitados, hace 
muchos años , por su biznieto el señor 
D. Ramón de Montalvo y Calvo, para 
que pudiésemos incluir sus copias en 
nuestra colee. 

3 La anterior carta de Montalvo tam- 
bién le participa al ministro de Indias 
la entrega de los buques de la escuadra 
á los ingleses, la salida para Jamaica 
del vice-almirante Augusto Keppel y 
la de Pockoc para Inglaterra, con nueve 
navios y dos fragatas de su nación y 
ios españoles Infante y San Genaro, 
llevándose los de Keppel « cuantas lo- 
»nas, cables, fierros y clavazones 
» había» en los almacenes de la Ha- 
bana. 

* No pudimos descubrir la denuncia 



documentada que por conducto de don 
Bartolomé Arias, capitán de uno de 
los trasportes despachados desde la Ha- 
bana para Cádiz con los capitulados, 
dirigió el obispo Morell sobre la con- 
ducta de Prado y Hévia, durante el si- 
tio, al Consejo y al ministro de Indias. 
Pero las demás comunicaciones poste- 
riores del mismo prelado, cuyas copias 
se hallan en nuestra colección, respi- 
ran gran virulencia y parcialidad contra 
aquellos dos generales. 

^ Kn la colee, de Mata Linares en 
la Bib. de la Real Academia de la His- 
toria se halla la acusación que centra 
ellos dirigieron al Key en 25 de agosto 
de 1762 mas de cien señoras de la Ha- 
bana, refiriendo en seis hojas en folio 
todos los incidentes del sitio con un cri- 
terio que no es, por cierto, el mejor guia 
para juzgarlos. Kste documento singu- 



858 HISTOtlíA 

de una población, donde tan indulgentes y benignas 
fueron siempre, achacaron, creyendo cumplir con un de- 
ber patriótico, á la incapacidad de dos solos individuos 
una catástrofe originalmente ocasionada por la impre- 
visión del gobierno, por la superioridad de la invasión, 
y por la inferioridad de los medios de defensa. Muchas 
señoras de la Habana , por influencia de la marquesa 
Justiz de Santa Ana, á cuyo esposo, el contador de este 
apellido, habia premiado el Rey con aquel título, repre- 
sentaron á la reina madre doña Isabel de Farnesio, que 
la pérdida de su ciudad natal era debida á los desdenes 
de Prado por las ideas y los ofrecimientos de los naturales. 

El obispo Morell de Santa Cruz expuso amargamen- 
te, que para la capitulación no habia contado aquel 
gobernador con él , sin recordar que estaba ausente 
cuando tuvo que aceptarla bajo la presión de un vivo 
cañoneo y por evitar la destrucción del pueblo. 

Fué aun mas sorprendente que el Ayuntamiento % cu- 



lar se halla también copiado en la co- de Oquendo, D. Pedro José Calvo de 
lección del A. la Puerta, D. José Cipriano de la Luz, 
6 Este documento, cuya copia se D. Jacinto Tomás Barrete, D. José 
halla en nuestra colee., se limita á dar Martin de Arrate, D. Sebastian Pe- 
cuenta al Rey de la desgracia, di- ñalver Ángulo, D. Cristóbal de Zayas 
ciendoentreotras cosas...— «Tuvieron Bazan, D. Felipe Diaz Acosta, don 
por conveniente el gobernador y demás Laureano Chacón y otro D. Pedro de 
oficiales generales y particulares que Santa Cruz, hijo del anterior. De losca- 
componian la Junta de guerra, entre- pitulares de aquella época solo faltó en- 
garla á los enemigos, bajo de las ca- tonces la firma del fiel ejecutor D. Luis 
pitulaciones que se formaron y firma- de Aguiar, muy afanado en esos dias 
ron, sin noticia de este cabildo, sepa- fuera de la ciudad en concertar los mo- 
rado de toda intervención militar, y dios de recuperarla ; pero lo notable de 
ocupados solamente sus capitulares en este papel es que no faltaran las firmas 
varios destinos que les dio el goberna- de Oquendo y Peñalver, haciendo aun 
dor^ etc. «-Firmaron esla representa- alarde de su fidelidad al Rey de España 
ñottD. Pedro Santa Cruz, D. Miguel cuando ya eran instrumentos manifies- 
Calvo de la Puerta , D. Gonzalo Rezio tos de la opresión de los conquistadores. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. S39 

yos miembros en la mañana del 1 4 reclamaron de Prado 
que aceptara la ley del vencedor, como única salvación 
en tan cruel trance, se quejase también al Rey en 26 de 
octubre, de que aquel gobernador y ia Junta de guerra 
hubiesen entregado la ciudad al enemigo sin consulta ni 
acuerdo de su municipio. Gomo si hubiera dado el ca- 
non inglés lugar para consultas y estuviera tampoco. re- 
unido entonces aquel cuerpo para consultarle. Cuatro de 
sus miembros, por sus achaques y sus años, habían tenido 
que refugiarse en sus haciendas, el alcalde D. Pedro 
Santa Cruz, el alférez real D. Gonzalo Recio de Oquen- 
do , los regidores D. Sebastian de Peñaiver y D. José 
Cipriano de la Luz. El alguacil mayor y alcalde D. Pe- 
dro Calvo, los regidores D. José Félix de Arrate, el au- 
tor de la Llave de Indias, aunque ya anciano y doliente, 
su sobrino D. Félix de Acosta , permanecieron dentro 
del recinto, mientras duró el sitio, fatigosamente dedi- 
cados á la distribución de víveres, y al surtido y cui- 
dado de los hospitales. El regidor conde de Casa Bayona 
habia ejercido el cargo de teniente coronel de las com • 
pañías de milicias que la guarnecieron. Su hermano don 
Laureano Chacón y D. Luis de Aguiar , como viraos, pa- 
saron con las armas en la mano en campaña todo el 
tiempo. El alcalde de la Santa Hermandad, D. Jacinto 
Barreto , estuvo desempeñando con nombramiento de 
Prado el cargo de preboste y perseguidor de malhechores 
fuera de la plaza. Luego , diseminados así sus indivi- 
duos nunca habia podido duraníe el asedio aquella cor- 
poración constituirse para deliberar ; y estando disper- 
sada , ocioso fuera tampoco consultarla cuando el brazo 
militar tenia que dominarlo y resolverlo todo. 

Habia cometido Prado desaciertos grandes como jefe 



S40 HlSf ORIA 

superior de la defensa y de las armas ; pero los tiros que 
luego sufrió todavía fueron mayores. Acusáronle de ha- 
berse reservado para si gruesas sumas del erario; y á 
su arribo á Cádiz "^ algunos comerciantes , con la espe- 
ranza de justificar después tan negro cargo , le espiaron 
hasta en su misma posada los menores pasos. Interpre- 
taron maliciosamente hasta sus actos mas vulgares y 
privados. 
De mas hidalga suerte ostentó después el cuerpo mu- 



' Los siguientes párrafos del capítu- 
lo « Anécdotas del sitio de la Habana» 
de las Noticias privadas, etc. , de don 
José Antonio Armona, nos dan la me- 
dida de la vigilancia que se fijó en to- 
dos los pasos de Prado desde su ar- 
ribo á Cádiz hasta su llegada á Ma- 
drid. « Desde la playa tuvo personas 
«que le espiasen hasta la posada de 
«Malta. Asegurados del cuarto en que 
«se habia hospedado, se le pusieron 
« tres espías secretas con alternativa 
«de horas, para que fuesen centi- 
«nelas de todas las del dia y de la 
«noche; una en el corredor frente de 
»su cuarto, alquilando otro para atisbar 
» por el ojo de la llave qué personas 
«entraban á haBlarle, cuándo y para 
«dónde salia de la posada; otra en el 
«corredor mas alto para observar las 
«entradas y salidas de sus criados; y 
» otra en el zaguán ó puerta de la calle 
«para seguirle siempre que saliese. 
«Al cabo de tresdias de estar encerra- 
»do, vieron salir de su cuarto un mu- 
«lato, criado de su confianza que le 
«asistía, cargado con una canasta de 
«papeles sueltos > y la llevó á los luga- 
»res comunes... Poco después, ya en- 
«trada la noche, salió de casa don 
» Juan de Prado, llevando á su lado al 



» mulato. La espía de la calle le siguió 
» hasta verle entrar en casa de üstariz, 
» que... era de su amistad y correspon- 
«dencia. Las otras dos espías, alta y 
«baja, corrieron al instante, para re- 
» conocer en los lugares comunes qué 
«operación era la que se habia hecho 
«con los papeles... Hallaron la mayor 
«parte de ellos sumergidos, otra parte 
» que se pudo recoger, y algunos más que 
» habían quedado fuera : todos medios 
» pliegos en blanco , que desmostraban 
« haber servido de cartuchos con mone- 
j>das apretadas dentro... Tenían estam- 
« pada la impresión de los doblones de 
«á ocho que habían contenido... For- 
«malizado todo esto, se dio cuenta á 
« la corte por los dos comisionados don 
«Juan Diez Moreno y D. Manuel Saez 
«de Tejada... El ministro de Hacienda 
«les contestó dándoles las gracias por 
«una diligencia tan atinada... y que 
«en adelante se entendiesen con el ad- 
» ministrador de la Aduana D. Barto- 
»lomé Pont. Con estas noticias fué in^ 
oterrogado á su tiempo en Madrid don 
«Juan de Prado; y á consecuencia de 
«sus contestaciones, fué interrogada 
a en Cádiz la casa de üstariz. Se reco- 
» gió toda la cantidad que Prado habia 
«puesto en ella, etc. etc. » 



DE LA ISLA DE CUBA. 541 

nicipal de la Habana su amor á la metrópoli. Citado el 
8 de setiembre á cabildo extraordinario , y entrando en 
la casa consistorial entre las filas de una compañía de 
granaderos y entre las centinelas colocadas en las puer- 
tas y hasta en la sala de sesiones, no le sobrecogieron 
estos aparatos. Por gran reserva que sobre el objeto de 
la convocación hasta allí hubiese guardado el general 
inglés que, detrás de ellos entró resplandeciente con sus 
insignias y veneras, lo adivinaron los municipales, cuyo 
patriotismo no desmayó ante aquellos preludios de Vio- 
lencia. Albemarle abrió la discusión con un discurso que 
explicó el intérprete D. Miguel Brito declarando al ayun- 
tamiento que conquistada la ciudad por las armas del rey 
Jorje III, este era ya el verdadero soberano á quien de- 
bían jurar obediencia y vasallaje. A esta exigencia , un 
destello de altivez nacional brilló en los rostros de los re- 
gidores ^ y una intrépida voz se alzó al instante á inter- 
pretar sus sentimientos : «Milord,2) exclamó el alcalde 
D. Pedro Santa Cruz , « somos españoles y no podemos 
» ser ingleses : disponed de nuestros bienes , sacrificad 
» nuestras vidas antes que exigirnos juramento de vasa- 
» Uaje á un príncipe para nosotros extranjero. Vasallos 
* por nuestro nacimiento y nuestra obligación jurada del 
» señor D. Garlos III, rey de España , ese es nuestro le- 
2) gítimo monarca, y no podríamos sin ser perjuros jurar 
»á otro. Los artículos de la capitulación de esta ciudad 
» no os autorizan legalmente mas que á reclamar 
» de nosotros una obediencia pasiva , y esa , ahora os la 
» prometemos de nuevo y sabremos observarla. » Por 

* VV. los libros de actas del ayun- de docs. que se refieren á este hecho 
tamiento de la Habana y yarias copias en la colee, del A- 



542 HISTORIA 

decidido que fuera el conde á la sesión á conseguir su 
objeto, hallaron tan nobles sentimientos secreto eco en el 
pecho del magnate inglés , que allí representaba á tan 
gran pueblo. Dejó libres de jurar ó no jurar á los mu- 
nicipales ; y las palabras de Santa Cruz luego se escribie- 
ron en el acta de aquella sesión célebre. La página, mu- 
grienta ya , que las recuerda en los libros del ayunta- 
miento de la Habana , brilla como la mas gloriosa de su 
historia. Hasta dos regidores que se desentendian ya con 
su conducta de tan patriótica protesta, se adhirieron 
al voto de los otros, si no con los deseos, á lo menos 
con las firmas. 

Estos eran el alférez real D. Gonzalo Rezio de Oquen- 
do ^, propietario del rico mayorazgo de su nombre , y 
aquel D. Sebastian de Peñalver Ángulo ^% que de tanto 
patriotismo blasonó treinta y cinco años antes en el 
ayuntamiento al encomiar la conducta del goberna- 
dor Martínez de la Vega y sus preparativos contra los 
ingleses. Después de tomada la ciudad , en su estrecho 
entender se imaginó el primero que , como en Jamaica, se 
habia de perpetuar en Cuba la bandera inglesa; y por 
ganarse con sus nuevos metropolitanos un prestigio que 
nunca consiguió con los antiguos ni aun con su riqueza, 
no sintió escrúpulo en mudar de nacionalidad. 
. Aunque mas perspicaz, habia incurrido Peñalver " en 



9 V. SU notabiog. en la pág. 341, de los documentos de D. Lorenzo iMon- 

del t. IV del Dice. Geog.^ Esl., Hist. de talvo, del flscal de Hacienda Gamarra, 

la Isla de Cuba, por el A. del obispo Morell de Santa Cruz, del 

*° V. su nota biog. en las págs. 192 conde de Riela, primer capitán general 

y 193 del t. IV del Dice. Geog.y Esl., después de la restitución de la Habana, 

Hist. de ¡a Isla de Cuba, por el A. y de casi todos los papeles que se re- 

** Estos juicios del A. sobre Oquen- fieren á aquellas dos personas, 

do y Peñalver son deducciones exactas Entre las dos hubo intrigas y rivali- 



DE LA ISLA DE CUBA. 543 

el mismo error sobre la perpetuidad del dominio inglés 
en la isla, como si la política, los fines y los tiempos fue- 
ran ahora iguales á los de la época en que se apoderó 
el famoso Cromwell de Jamaica. Anciano inquieto y do- 
minante, Peñalver fué el que primero se esmeró desde 
el mismo dia 1 4 de agosto en prodigar á Albemarle y 
á sus hermanos Augusto y Guillermo Keppel los acata- 
mientos mas oficiosos y serviles. Ademas de miras como 
las de Oquendo, le guiaban para mendigar su protec- 
ción vivos deseos de satisfacer rencores personales y 
remediar atrasos de su casa , ocasionados por sus des- 
aciertos. Demostró á Albemarle las ventajas que podia 
sacar de su experiencia de hombres y cosas en la Ha- 
bana, y vio su fin cumplido recibiendo en 31 de agosto 
un nombramiento de teniente gobernador de los espa- 
ñoles, que ponia en sus manos ia administración de jus- 
ticia y el gobierno civil de la ciudad. 

En cuanto á justicia ordinaria no hubo apenas otra 
que la de ios alcaldes en los primeros dias siguientes á 



dades , y lo confirma el párrafo si- «marle, y empeñarse á toda costa en 
guíente de un oficio del 26 de febrero » complacer á este con proposiciones 
de 1763 dirigido por Montalvo al mi- «y arbitrios de hacer dinero, encar- 
nistro de Marina y copiado en nuestra » gándose de hacer repartimientos so- 
colec. , del Arch. de Simancas. »bre el estado eclesiástico y de exi- 
« Peñalver fué el primer teniente »girIo; de modo que como el fin era 
«gobernador del conde Albemarle; » derribar á Oquendo y colocarse en su 
»duró pocos dias en su cargo, y recayó «empleo, no omitió medios para cen- 
sen Oquendo aconsiliado de D. Pedro «seguirlo; y como estos habían de ser 
«Estrada, parte muy principal enton- «los que conciliasen el intento' del ge- 
«ces en el gabinete de aquel jicneral; «neral inglés, que era el de enrique- 
« y considerándose Peñalver desairado, «cerse, ha padecido este vecindario 
«se declaró rival, ocurriendo á ios me- «millares de aflicciones y agravios, y 
Ddios de amistarse con Estrada, gran- «Peñalver volvió á ser teniente ¡gober- 
«jearse por este conducto á un coronel «nador, etc. » 
«nombrado Gran t, director de Albe- 



544 HISTORIA 

la entrada de los vencedores, á cuya ley no quiso so- 
meterse el honrado auditor de guerra Ulloa^^, fugándose 
al castillo de Jagua, y también el asesor del gobierno 
político D. Francisco López de Gamarra, no pudiendo 
por sus achaques regresar á España con los capitulados, 
renunció á su cargo para no ejercerlo bajo el yugo de 
los extranjeros. 

No le duró entonces , sin embargo, á Peñalver su 
anhelada comisión mas que ocho dias. Habiéndole orde- 
nado Albemarle que oficiara á todos los pueblos de la 
isla intimándoles que se sometieran al poder dominador 
de la capital, por conocer la inutilidad de un encargo 
tan odioso, ó porque su hijo D. Gabriel , y aun Gamarra, 
le disuadieran de cumplirlo, se lo confirió aquel gene- 
ral con la tenencia de gobierno el dia 8 de setiembre á 
su rival en deslealtades D. Gonzalo Rezio, aunque sin 
excluir á D. Sebastian de su privanza. 

Despacháronse las circulares á los pueblos ; mas no 
solo los distantes del territorio comprendido en la capi- 
tulación, sino hasta los inmediatos á la capital , las con- 
testaron con desprecio ^% fugándose los municipales de 
Santa María del Rosario y Bejucal. 



*2 Habiendo crecido considerable- glesa, por el teniente gobernador de 

mente durante el mando de D. Fran- San Juan de los Tlemedios , que era na- 

cisco Casigal el número de aforados de tural de la Habana: « Muy señor mió: 

guerra y marina , se establecieron » Con fecha 9 de el que corre he ressi- 

desde entoncesy en diferentes años tres » vido oficio de V. S. , en que se sirve 

juzgados, el de Auditoria y gobierno, el «noticiarme como algunos prácticos 

de Justicia ordinaria y el de Hacienda. » de estos paraxes e indignos vasa- 

*3 Como una muestra del excelente »llos de S. M. inttentan fassilittar á 

espíritu de las autoridades de los de- » los Ingleses modo de poder sacar 

más pueblos de la isla, insertamos la » las maderas que se hayan en las dos 

siguiente comunicación dirigida á Mon- » Saguas; pero le aseguro á V. S. que 

talvo durando aun la dominación in- »de la que se haya en Sagua la Chica, 



DE LA ISLA DE CUBA. 545 

Por lo arduos y comprometidos eran harto honrosos 
para renunciarlos los encargos que después de la ren- 
dición habían aceptado noblemente el ordenador de ma- 
rina D. Lorenzo Montalvo y el comisario de guerra y 
factor dé tabacos D. Nicolás José Rapun. Permaneció- 
ron en la Habana para cuidar de un millar de mili- 
tares, marinos y milicianos heridos y enfermos pos- 
trados entonces en los hospitales, y para entregar, 
como se dijo, las existencias metálicas, la escuadra, 
la artilleria , el armamento y los almacenes de muni- 
ciones y efectos pertenecientes á la nación , deber 
bien doloroso que les imponia el artículo cuarto de la 
capitulación. Solo entregaron ambos lo que absoluta- 
mente no pudieron preservar del poder de los domina- 
dores. Rapun trasladó al del comisionado Clevelland 
seiscientos siete mil y cincuenta pesos en metálico ; y 
Montalvo *^ novecientos veinte y nueve mil trescientos 
. treinta y cuatro, pertenecientes á los ramos de marina, 
juntamente con los buques y las existencias de los al- 
macenes de tierra y del arsenal bajo los inventarios mas 
prolijos. 



»jurisd¡sion de esstta villa, no yevará »lo recomendable que es dicho efectto 
»niun palo, pues me ttendran a el »para las muchas attenciones a que 
'«frente para defenderla, pues, hallan- »se desslinarán dichas maderas.— -Des- 
adorne sangrado a el ressibo de el de »seo a V. S. la mas robusta salud i me 
» V. S. por alguna indisposission que «ofresco con verdadero afecto para 
«padessia, suspendí las demás me- » quanto me considere útil.— Dios guar- 
«dissinas que nessecitara por partir » de á V. S. muchos años, San Juan de 
»al rio de Sagua a reconosser los pa- »los Remedios i abril 30 de 1763.— 
»raxes, en donde se haya dichama- «Antonio Maria de la Torre.» 
» dera para precauer en el mexor modo ** V. su carta de S marzo de 1763 al 
«que me dictare mi corito discursso, ministro de Marina, copiada en la colee. 
»á fin de que quede ilesa la has- del A. del Arch. de Simancas. — Legs. 
»sienda de S. M., atendiendo mucho marina.— Siglo xviii.— 1763. 

HIST. DE CUBA.— TOMO II.— 35 



546 HISTORIA 

Pero ni con la parte de leoa que se habia apropiado 
en el botin habia quedado satisfecha la codicia de Albe- 
marle, excitándosela los interesados en satisfacer tam- 
bién la suya. En esa debilidad del general inglés halló 
arbitrio Peñalver para reconquistar la tenencia de go- 
bierno ejercida por su competidor Rezio de Oquendo. 
De entre los naturales y peninsulares , los solos que pri- 
varan en la intimidad del conde eran ellos dos y un 
D. Pedro Estrada , hombre de viso y de caudal , que 
sin aspirar á cargos públicos, se procuró acomodar 
con el dominador para librarse de los vejámenes que 
afligirian á un pueblo conquistado. Aunque fuera Es- 
trada amigo y consultor de Oquendo, le inició Peñal- 
ver tanto á él como al brigadier Sir Francis Grant en el 
proyecto de una exacción extraordinaria sobre el estado 
civil y el eclesiástico, que con la sarcástica calificación 
de «donativo voluntario» duplicase á Albemarle la enor- 
me suma que se habia reservado en el reparto. Una pro- 
mesa de pronta reposición en aquel cargo, que luego se 
le cumplió en primero del siguiente enero, fué la pri- 
mera recompensa de su pensamiento. Los medios de alla- 
nar los obstáculos que se opusieran á su realización 
pronto se discurrieron. La presencia del obispo Morell 
era el mayor de todos. 

Garantizada al estado eclesiástico en tres artículos de 
la capitulación la plenitud de sus goces y derechos, Mo- 
rell , tranquilo por su clero, se limitaba á censurar las 
novedades que introducia el conquistador. Pero, ó por- 
que se arrepintiera de aquellas concesiones , ó le acon- 
sejasen que no las respetara, ó por considerar á los 
eclesiásticos mas ricos que á los de otras clases , deci- 
dió imponerles Albemarle mayores cargas. Las hosti- 



DE LA ISLA DE CUBA. 547 

lidades contra el clero empezaron presentándose al 
obispo el teniente coronel y comisario Clevelland con 
una orden para que le mandase entregar las campa- 
nas de todas las iglesias y conventos , como gaje usual 
de los artilleros en las plazas tomadas en campaña, 
aplicando maliciosamente este carácter á una ciudad ocu- 
pada después de una capitulación ritual y escrita. Des- 
cendió el obispo entonces de censor á suplicante para 
poderlas rescatar por diez mil pesos , abonados el mismo 
dia á prorata por las comunidades y parroquias ; por- 
que nunca existia en su casa mas moneda que la indis- 
pensable para los mas modestos gastos ; absorbiéndole 
casi todos sus ingresos los pobres , los hospitales y las 
fábricas de las iglesias. 

Pero no habian de limitarse á aquella cantidad las 
exigencias contra el clero. Resuelta ya la indicada 
exacción extraordinaria contra el estado civil y el ecle- 
siástico, ordenó Albemarle á Morell que le remitiese 
brevemente listas y noticias de todos los clérigos y de 
sus beneficios, rentas, censos y demás ingresos de la 
diócesis. Le exigió también que destinara un templo 
para el culto y prácticas religiosas de sus tropas. 

Sometiendo su indignación á su impotencia, se esforzó 
el prelado en conjurar la tempestad con cartas, argu- 
mentos , citas de sagrados textos para el protestante Al- 
bemarle sin fuerza alguna. Terminó este general su po- 
lémica epistolar con el obispo intimándole obediencia ab- 
soluta á sus mandatos; y como si descubriera el firme 
Morell en el término de su oposición la palma del marti- 
rio, no solo le negó al inglés las listas y noticias de las 
rentas, sino el templo que solicitó para su culto. Habria 
preferido el último suplicio á consentir la profanación de 



548 HISTORIA 

ninguna casa de Dios , y á revelar « á los herejes » los 
haberes de los eclesiásticos para que se los arrebata- 
sen después con exacciones calculadas. Su presencia en 
la Habana , como queda dicho , era el obstáculo mas 
serio para realizar el meditado derrame sobre el clero; 
se contó con que su negativa facilitaria pronto pre- 
texto para castigársela con una orden de destierro y le 
significó Albemarle que se trasladase inmediatamente 
á la Florida, haciéndole prevenir embarcación. Pero 
desestimó Morell la orden , respondiendo verbalmente 
que en lo espiritual no reconocía mas superior que al 
Santo Padre , ni otro en lo temporal que al rey de Espa- 
ña. Añadió, sin embargo, «que estaba su miserable 
«cuerpo á la disposición de los herejes ; » porque á los 
ingleses no les designaba jamás de otra manera. Pensó 
Albemarle ahorcarle en sus primeros ímpetus ; pero Sir 
Keppel y Peñalver le suavizaron disuadiéndole de un 
atentado que para siempre enajenarla al dominio inglés 
la voluntad del pueblo. El dia 13 de noviembre, co- 
mo á las seis de la mañana, un piquete de grana- 
deros cercó la casa del obispo, y con una parte de la 
tropa se introdujo el oficial inglés que lo mandaba en 
el aposento mismo del prelado , desde el cual , según 
testimonio de un jesuíta que presenció el hecho , « le 
)) bajaron ^^ cargado en su silla hasta la puerta , sin de- 



*s V. entre las págs. 298 y 323 to- cmstanciada de la toma de esta plaza 

mo VIII de las Memorias de la Sociedad por los ingleses , etc. Este documento, 

Patriólica de la Habana, correspon- por su sencillez y su prudencia es del 

diente á 1839, la Carta que en 12 de mismo género que los papeles de je- 

diciemhre de ÍIGS escribió un padre je- suitas que publicó la Real Academia 

suita de la Habana al prefecto Javier de la Historia entre los tomos XIII y 

Bonilla de Sevilla^ dándole cuenta cir- XX del Memorial Histórico Español; 



DE LA ISLA DE CUBA. 849 

I) jarlo acabar de desayunarse, ni tomar mas que su 

1) anillo y un crucifijo. De allí lo condujeron á bordo de 
»una fragata, que salió por la tarde para la Florida. 
» Con la consternación de la ciudad al divulgarse tan 
» infausta noticia, el cabildo y todos los prelados se 
«juntaron inmediatamente, y fueron de acuerdo á su- 

2) plicar á S. E. de tan severa determinación; pero se 
» mantuvo inexorable , y solo le permitió llevar algo de 
»su equipaje y dos de sus familiares. » 

El vicario D. Santiago José de Echevarría , que por la 
ausencia del obispo se encargó del gobierno diocesano, 
se resignó á las órdenes de Albemarle, aunque bajo pro- 
testa reservada , entregando las listas y los estados exi- 
gidos á Morell. Sobre esos documentos calcularon y for- 
maron los autores del proyecto, con el nombre de vo- 
luntaria, una exacción forzosa de cien mil pesos sobre 
el clero. «Encargóse Peñalver de realizarla con una 
» violencia , » escribió luego Morell en carta al ministe- 
rio, <c indigna de un caballero español y cristiano , que 
))no perdonó á individuo, desde el primer cura hasta el 
» último monaguillo. » A pesar de sus esfuerzos no pasó 
de setenta mil pesos la suma recogida; pero el comi- 
sionado llevó la villanía hasta reservarse para sí mismo 
una tercera parte, no entregando al general inglés*^ 
sino las dos restantes. 



y nos ha servido más para Ajar núes- cia que medió entre Albemarle y el 

tras apreciaciones que la relación del • obispo y algunos otros documentos. 
Sitio y Toma, publicada también por *^ V. la carta del obispo Morell al 

aquellas Memorias entre las pági- ministro Arriaga en 8 de mayo de 

ñas 332 y 375 del tomo VI, cor- 1763. -Or. en el Arch. de Indias y 

respondiente á 1838. Sin embargo, cop. en la colee, del A. 



esta relación contiene la corresponden- 



SSO HISTORIA 

Otra derrama " mayor, y no menos arbitraria , aun- 
que mas llevadera, por ser mas los que habian de so- 
portarla , fué la que se impuso al estado civil con vio- 
lencias y desigualdades irritantes en la distribución. Un 
testimonio no menos autorizado que el de Morell nos 
acredita que Peñalver, tomando la representación de los 
notables de la Habana sin su anuencia, y aun sin con- 
sultarlos, babia ofrecido á Albemarle un segundo dona- 
tivo mas considerable que el del clero; que después de 
resuelta la exacción, los convocó á su casa en junta para 
acordar con ellos su guarismo ; y que Oquendo, su rival 
en complacencias con el dominador , solicitó y logró del 
general inglés la humillante preferencia de realizar los 



" « Con fecha de 16 de octubre me 
»pasó D. Gonzalo de Oquendo carta 
» diciéndome que Albemarle habia di- 
» rígido á sus manos una memoria com- 
«prensiva de todos los vecinos, con ra- 
nzón marginal de la cantidad que á 
Dcada cual le estaba asignada y orden 
» expresa de que inteiigenciase á cada 
»uno de su re