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Full text of "Historia de la lengua y literatura castellana"

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Digitized by the Internet Archive 

in 2009 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/historiadelaleng08ceja 



HISTORIA DE LA LENGUA 

Y 

LiTERATüRii Castellana 

COMPRENDIDOS LOS AUTORES HISPANO-AMERICANOS 

(PRIMER PERIODO DE LA ÉPOCA REALISTA: 1S50-1869) 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CATEDRÁTICO DE LENGUA Y LITERATURA LATINAS 
DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL 



TOMO VIII 




MADRID 



TIP. DE LA «REVISTA DE ARCHIVOS, BIBL. Y MUSEOS» -^ / 

Olónaga, I— Teléfono S. 1.385 '^^ ^ 




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UNA GRANDE HISTORIA LITERARIA 



Entre los insignes trabajadores intelectuales con que cuenta hoy 
España ocupa lugar preeminente el sabio filólogo y literato don Julio 
Cejador y Franca, bien conocido en ambos mundos. 

Las Gramáticas griega y latina y la Lengua de Cervantes son obras 
fundamentales, que revelan una inmensa sabiduría y un luminoso cri- 
terio filológico. El magno Tesoro de la lengua castellana, del cual 
van publicados doce gruesos volúmenes, es una obra de tan grande 
aparato de demostración científica y de tan extrema novedad en sus 
conclusiones, que sólo cabe admirar la magnitud y audacia del es- 
fuerzo, sin pretender, por nuestra parte, dar opiniones que requerirían 
estar fundadas en profundos conocimientos de filología comparada. 

En medio de una labor científica que revela una actividad asombro- 
sa, el señor Cejador emprendió hace pocos años otra grande empresa: 
la Historia de la lengua y de la literatura castellana ; y en breve 
tiempo ha publicado seis volúmenes y tiene en prensa el séptimo, que 
casi llega á la época contemporánea. 

En su carta á don Adolfo Bonilla y San Martín reconoce el señor 
Cejador que la realización de esta empresa hubiera correspondido al 
inolvidable maestro Menéndez y Pelayo. Pero habiendo fallecido éste 
sin satisfacer esa grande ambición de su vida, toca á los que le han 
sucedido en el cultivo de la erudición española procurar la ejecución 
de una obra que reclaman con urgencia cuantos admiran y estudian 
las letras castellanas. 

Cuando piensa uno en los vastos planes que concibió en su juventud 
Menéndez y Pelayo y en su magnífica preparación para darles ejecu- 
ción cumplida, no puede menos de lamentar que los más bellos quizá 
quedaran apenas esbozados; presentando el aspecto de columnas gran- 
diosas, á las cuales falta la coronación triunfal del monumento. Y se 
experimenta simpatía por los amigos y continuadores del maestro, que, 
recogiendo su herencia, han procurado realizar esos planes, ya explo- 
rando, como Menéndez Pidal, las misteriosas reconditeces de la epo- 
peya medioeval ; ya penetrando, como Bonilla San Martín, en los in- 
trincados laberintos de la historia de la filosofía española; ya ilustran- 
do figuras y obras de la edad de oro en admirables monografías, 
como Rodríguez Marín y Blanca de los Ríos ; ya recorriendo el campo 
entero de nuestra literatura, como lo hace don Julio Cejador y Frauca, 



VIH UNA GRANDE HISTORIA LITERARIA 

con audacia y bizarría propias de quien pertenece á una raza de ex- 
ploradores y conquistadores, que dio su Libertador al Continente ame- 
ricano : la raza vascongada. 

Hay distintas maneras de escribir la historia literaria con utilidad 
para el público y lustre para el maestro : desde el método sintético, 
que abarca los grandes conjuntos y juzga una época por las figuras 
más tipleas y representativas, hasta el procedimiento minucioso y ana- 
lítico, que se preocupa por los más pequeños pormenores. Hay histo- 
rias artísticas é historias puramente documentales; libros en que la 
erudición ocupa escaso lugar y predomina la apreciación estética y 
otros que constituyen verdaderos repertorios bibliográficos. Todos 
estos sistemas son legítimos y puede decirse que mutuamente se comr 
pletan. Y tratándose de una literatura como la castellana, tan vasta y 
comjplicada en sus manifestaciones, tan deficientemente ilustrada has- 
ta hoy en muchos de sus más interesantes períodos y al propio tiempo 
tan original, rica y pujante, tan digna de ocupar la atención de los 
más altos espíritus críticos, se requieren para su ilustración y estudio 
obras de índole muy diversa, y no solamente el esfuerzo de un sabio, 
sino el de muchos y muy preparados especialistas. 

Lo que principalmente caracteriza la obra del señor Cejador es 
su riqueza bibliográfica. Es una renovación y continuación de la 
grande empresa de Nicolás Antonio, pero no en forma de dicciona- 
rio, como la Biblioteca de éste, sino en forma de historia, es decir, 
siguiendo un plan rigurosamente cronológico, que coloca á cada autor 
y cada obra en el sitio que 4e corresponde. Y no es menor la amplitud 
del plan de Cejador que la que ofrece la obra del antiguo sabio, pues 
su historia comprende todas las manifestaciones de la actividad inte- 
lectual del pueblo español. Bajo el título general de literatura quedan 
aquí cobijadas, no sólo las obras propiamente literarias, sino las que 
pertenecen á toda clase de disciplinas científicas, con lo cual se am- 
plía desmesuradamente el cuadro, pero se puede seguir de frente el 
desarrollo de la cultura española. Abruma y confunde la cantidad de 
nombres, títulos y fechas que comparecen en esas nutridas páginas: la 
colosal erudición del autor á todo alcanza, y su infatigable actividad 
no se arredra ante aquella enorme masa de datos, que, organizados 
por él, adquieren su valor y significación; pero que, de otra manera, 
ahogarían con su informe peso al autor y al lector. El riguroso orden 
cronológico vierte viva luz sobre los fenómenos literarios, explica las 
peculiaridades de ciertas producciones y coloca en su verdadero lugar 
á los artistas, aumentando á veces, en otras reduciendo su significación 
propia y i>ersonal. Pero como todo método tiene sus deficiencias, no 
puede negarse que esta sucesión no interrumpida de obras de toda 
clase no es muy favorable para que lectores poco preparados puedan 
darse cuenta cabal de lo que Bruneticrc llama la evolución de los gé- 
neros. 

Se engañaría quien creyese que la obra de Cejador es exclusiva- 



UNA GRANDE HISTORIA LITERARIA IX 

mente bibliográfica: si así fuera, sería producción inorgánica, carece- 
ría de alma, cosa incomprensible en un trabajo fundamental de un 
escritor que en dondequiera imprime el sello de su poderosa persona- 
lidad. Palpita en esa obra un vigoroso y simpático españolismo; como 
si el espíritu del autor se hubiera compenetrado con el alma nacional. 
Dondequiera se manifiesta un criterio altivo y desenfadado, que no 
teme contradecir opiniones consagradas, cuando se trata de comparar 
las manifestaciones auténticas del genio español con las de países que 
aspiran á indiscutida supremacía en literatura y arte, como Francia é 
Italia. Todos los sentimaentos tradicionales, que han sido nervio de la 
raza española y que explican su posición en la historia, hallan en 'Ce- 
jador un franco y caluroso apologista, á quien no asusta la sombra 
espectral de la Inquisición ni el recuerdo de Felipe II. Ya que los 
críticos extranjeros han solido mostrarse (con honrosísimas excep- 
ciones) tan displicentes con las cosas españolas y tan parsimoniosos 
en el elogio de sus grandes escritores, justo es que un historiador na- 
cional, á quien nadie puede tachar de ignorante, elogie con arrogancia 
las glorias patrias y declare que nada tienen que envidiar á las de 
países más ricos y poderosos. 

Cejador es un humanista, iprofundo conocedor de la antigüedad 
griega y latina ; pero el arte clásico no es el preferido de su alma. Sus 
aficiones lo llevan hacia el arte popular, aquel que brota de las entra- 
ñas de una raza y expresa sus rasgos más característicos y originales, 
lo más hondo é íntimo de su ser. Cejador admira las formas correctas 
y armoniosas de la literatura académica ; pero prefiere las manifesta- 
ciones irregulares del arte espontáneo, que se inspira directamente en 
el espectáculo de la vida real. Para medir hasta dónde llega él en su 
entusiasmo por el realismo español, basta citar el siguiente juicio, que 
es una condensación de su criterio estético, y que muchos juzgarán 
extremoso y excesivo, sobre todo por la novedad de ciertas compara- 
ciones hechas á propósito del Arcipreste de Hita: "Nuestra literatura 
ofrece tres cimas, que se yerguen hasta las estrellas y sobresalen entre 
las obras más excelsas del ingenio humano : el Quijote, en el género 
novelesco; la Celestina, en el dramático; el Libro del Buen Amor, en 
el satírico, en el lírico, en el dramático, en todos los géneros... La lite- 
ratura griega es de alfeñique ante esta obra de un verdadero primitivo 
del arte... Sólo Esquilo puede aparearse con él en la fuerza; y sólo 
asentado entre los primitivos artistas egipcios se halla como en su 
casa y en compañía de quien le entiende, ó codeándose con un Ece- 
quiel y un Isaías, almas de la misma cantera que la de este hombre 
verdaderamente varonil y artista colosal." 

Un espíritu como el de Cejador, tan apasionado por las cosas 
grandes, no podía contentarse con la anotación puramente bibliográ- 
fica ante la cual tienen iguales derechos fray Luis de León y Cairasco 
de Figueroa. Y, efectivamente, él reserva sitio especial á los verda- 
deros maestros y traza de ellos enérgicos y animados retratos. Ni era 



X UNA GRANDE HISTORIA LITER.\RIA 

posible que su conciencia de historiador le permitiese pasar de laigo 
por los períodos culminantes de la Historia de España, sin detenerse 
un instante á analizar las causas generadoras de tanta grandeza y de 
tan desusado esplendor y á defender á su patria contra envidiosos car- 
gos de naciones rivales. Los cuadros que traza de la España de los Re- 
yes Católicos y de la de Felipe II confortan y alientan el ánimo de 
quien siente el amor de la lengua y de la raza. 

En lo que toca á la apreciación literaria de los escritores, cono- 
ciendo ya las opiniones del critico, bien podemos adivinar cuáles son 
sus géneros predilectos, cuáles los escritores que se llevan todas sus 
simpatías. El Romancero, la novela picaresca, el teatro del siglo xvi, 
la mística, ciencia de amor que no fué en España enervador y mal- 
sano quietismo, sino estímulo enérgico de la voluntad, son para Ceja- 
dor las manifestaciones verdaderamente originales del genio español. 
Reconoce las ventajas del movimiento humanístico del Renacimiento; 
pero deplora la italianización excesiva del arte español y da claras se- 
ñales de participar de la animadversión de Castillejo por los versos 
hechos *'al itálico modo". De aquí el valor secundario que asigna á la 
lírica clásica y con mayor razón á los poemas épicos escritos según el 
patrón de Tasso ó de Aríosto. Para él la forma purísimja, el cendal 
griego de los poetas renacientes sólo puede aceptarse cuando cubre y 
embellece un pensamiento fuerte y original. Herrera, uno de los poetas 
más influidos por el gusto italiano, se salva á sus ojos por la inspiración 
religiosa y patriótica de sus odas, como se salva Quintana, poeta de 
gusto francés, pero que acertó, á fines del siglo xviii, á hacerse in- 
térprete elocuente y grandioso del patriotismo español en días de la 
invasión napoleónica. De fray Luis de León, el Horacio español, pero 
cristiano y ascético, escribe el siguiente profundo juicio: "Es fray 
Luis la clave del Renacimiento español, cuanto á haber sabido mejor 
que nadie fundir en una las tres corrientes del pensamiento y de la 
forma, la puramente castellana, la grecolatina y la hebraica, y esto 
tanto en prosa como en verso." Y como respondiendo a aquellos re- 
buscadores eruditos que han pretendido destronar á Cervantes para 
colocar en su sitio á ciertos viejos hablistas, ricos en palabras y ex- 
presiones de cepa castiza, pero faltos de genio creador y de la belleza 
de forma que trajo el Renacimiento, escribe: "Es Cervantes el que 
más diestramente supo aunar la refinada elegancia clásica de los anti- 
guos y del Renacimiento con el realismo y casticismo del habla popu- 
lar, siendo su decir propio y limpio, armonioso y recio, y el más rico 
de voces y construcción de los escritores castellanos." 

El estilo del señor Cejador es tan personal como su criterio litera- 
rio. Amante de lo popular, enamorado del sano realismo español, re- 
huye el estilo retórico y usa un extenso vocabulario, en el cual abun- 
dan los términos familiares, las frases que sirven para poner de bulto 
las cosas, aun cuando no pertenezcan al género pulido de la prosa 
elegante. Hombre batallador, nunca busca eufemismos ni expresiones 



UNA GRANDE HISTORIA LITERARIA XI 

de sentido ambiguo para decir todo su pensamiento; antes bien, em- 
plea las palabras más claras y decisivas, ya para el elogio, ya para la 
censura. Puede uno disentir de algunos de sus juicios, pero aun en 
medio de la desconformidad, debe reconocer que Cejador es un "espí- 
ritu valiente", de aquellos á quienes Quevedo no habría incluido en 
su censura, cuando en su epístola al Conde-Duque, exclamaba : "¿ Nun- 
ca se ha de decir lo que se siente?" 

Para muestra de la manera franca y desenfadada que usa en sus 
juicios Cejador, véase el concepto que emite sobre un español que ha 
gozado fuera de España de cierta celebridad, más política que literaria: 
"Don Juan Antonio Llórente, el don Oppas moderno, canonista áulico 
afrancesado de José Bonaparte, irreligioso y filibustero, libelista y 
falsario, maestrescuela de Toledo, hombre que, perdidas las esperanzas 
de obispar, de que había dado apetitosas muestras, metióse á incauta- 
dor y desamortizador con título de director general de bienes nacio- 
nales, cargo que le quitaron los franceses por acusación de filtracio- 
nes de unos once milloncejos de reales; varón que apellidaba á los 
héroes de nuestra independencia plebe y canalla vil, pagada por el oro 
inglés. Quemó los papeles de la Inquisición que no le venían á cuento; 
llevóse otros, porque sí, á París y enhiló el embusterísimo y pedestre 
libro Histoire critique de Vlnquisition d'Espagne... y acabó con el re- 
trato político de los Papas, donde admitió la fábula de la papisa Juana, 
y con la traducción de la inmunda novela de Louvet Aventuras del ba~ 
roncito de Faublas." 

La independencia de criterio que demuestra Cejador en todas las 
secciones de su obra no significa que él tenga en poco el juicio ajeno; 
por el contrario, no pierde ocasión de citar á los historiadores y crí- 
ticos que le han precedido, especialmente á Menéndez y Pelayo, hasta el 
punto de que ha formado, con estas frecuentes y extensas citas, una 
verdadera antología de trozos escogidos del maestro. Concuerdan en 
casi todos los puntos estos dos sabios, y si Cejador parece apartarse 
de Menéndez en ciertas apreciaciones sobre el arte clásico, la verdad 
es que ambos coinciden en el culto entusiasta por los genuínos repre- 
sentantes del más puro españolismo : el Arcipreste de Hita y el autor 
de la Celestina y los dos colosos de la edad de oro, el autor del Quijo- 
te y el creador del teatro español. 

No se limita Cejador al estudio de la literatura peninsular. Con 
el mismo amplio criterio de Menéndez y Pelayo, abarca todas las mani- 
festaciones de la cultura hispana en ambos mundos. Su obra será el 
monumento intelectual de toda la raza española. En el volumen sexto, 
que acaba de publicarse, encontramos ya varias citas, por lo general 
lisonjeras en su forzosa brevedad, de escritores nacidos en Colombia. 
Y al entrar en el período independiente, estamos seguros de que se am- 
jjliará la parte correspondiente á los escritores americanos. Signo del 
propósito fraternal del autor es la aparición de los retratos de Bello 
y Olmedo al lado de los de Lista y de Quintana. 



XII UNA GR-\NDE HISTORIA LITERARIA 

Cuando verntos á 'Oejador acumulando preseas de todos los puntos 
del globo adonde llegó la influencia de España, no podemos menos de 
recordar á esos antiguos hidalgos que, después de ejercitar su lanza 
contra los moros, pasaban á Italia, recorrían en triunfo á Flandes, 
combatían en campos franceses y guardaban alientos y brío para venir 
á América, conquistar imperios y volver á la madre Patria, cargados 
con despojos de uno y otro Continente. 

Libros como el de Cejador son convenientes para fomentar el 
amor patrio, para desvanecer recelos y pesimismos, para alejar á los 
incautos de la adoración servil de lo extraño, poniendo ante sus ojos 
el espectáculo de la propia y original grandeza. Si es nota distintiva 
de los grandes críticos franceses el inculcar en toda ocasión la supre- 
macía de su literatura clásica sobre las demás europeas y aun sobre la 
griega y la latina, y si cada uno de ellos aguza sus facultades para 
apreciar desde puntos de vista nuevos las obras maestras del gran 
siglo, no dejando rincón adonde no llegue su penetrante mirada ni 
pormenor que se escape á su análisis, justo es que un hombre como 
Cejador, conocedor de las literaturas extranjeras, pero más de la pro- 
pia, que siente y ama con toda la energía de su temperamento, haga 
una obra honda y sinceramente española, llena de ardiente patriotis- 
mo. Si es natural y lógico que los franceses no descansen en el estudio 
y la apología de Racine y de Lafontaine, de Pascal y de Montaigne, 
preciso es que los españoles hagan labor semejante en honra de Lope, 
de Calderón y de Cervantes. Como esas dos literaturas, en sus momen- 
tos culminantes, no sólo difieren profundamente, sino que procuraron 
realizar por opuestos caminos sus respectivos ideales de belleza, es 
natural que cada nación comprenda mejor á sus propios genios que á 
los extraños; pero esta explicable divergencia, si no degenera en ri- 
dículo chatn'inisme ó patriotería, puede ser fecunda para la crítica y 
darle una grande amplitud de miras, permitiéndole colocar en un 
mismo nivel de gloria genios de índole muy opuesta. 

El señor Cejador ha hecho un llamamiento á todos cuantos escri- 
ben en castellano para que le envíen sus respectivas papeletas biblio- 
gráficas, con el dato de su nacimiento y la descripción precisa de sus 
obras, y este generoso deseo debe ser atendido por cuantos aspiren á 
ocupar un sitio, por modesto y humilde que sea, en el cuadro inmenso 
de la literatura castellana. El libro del señor Cejador está llamado á 
ser el consultor indispensable para quien quiera comprobar un nom- 
bre, título ó fecha, ó refrescar una idea sobre la materia, y para quien 
desee empaparse en lo más original, brioso y serio del genio español. 
Su titánico esfuerzo impone respeto y admiración, y debemos ver en 
él al digno renovador de las colosales empresas de don Marcelino Me- 
nén<lez y Pelayo. 

Bogotá, Julio de 1^17. 

Antonio Gómez Restrepo. 



ÉPOCA REALISTA 

(1850-1887) 



"Aliqua imago dicitur esse pulchra, si 
perfecte repraesentet rem, quamvis tur- 
pem." — (S. Tomás.) 

La novela realista es "un miroir qu'on 
proméne le long du chemin". — (Stendhal.) 

"L'art est une représentation ; nous r.e 
devons penser qu'á représenter." — {Flau- 
bert.) 

"El arte es la realidad vista a través <íe 
un temperamento." — (Zola.) 



Literatura francesa. — Théodore de Banville (1823-91). Charles 
Eaudelaire (1821-67), Fleurs du mal (1857-61). Leconte de Lisie (1820- 
94). Sully Prudhomme (1839-.1907). Franqois Coppée (1842-1908). Emi- 
le Augier (1820-89), Alexandre Dumas, hijo (1821-95), Dame aux Ca- 
melias, nov. (1848) y dr. (1852), Francillon (1887). Victoriano Sardou 
(1831-1908). Paul Bourget (n. 1852). Gustave Flaubert (1821-80), Ma- 
dame Bovary (1856), Salambó (1862), Tentation de S. Antoine (1874), 
Boiivard eí Pécuchet (1881). Octave Feuillet (1821-90). Edmond (1822- 
96) y Tules (1830-70) Goocourt, Germinie Lacerteux (1865), Fréres 
Zemganno (1879). Henry Murger (1822-61). Alfonso Daudet (1840- 
78). Catulle Mendés (1842- 1914). Guy de Maupassant (1850-93). Emile 
Zola (1840-1903), Contes a Ninon (1864), Thérése Raquin (1867), Les 
Rougon Macquart (1871-93), Assommoir (1877), Germinal (1885), Fé- 
condité (1889), Déhácle (1892), Travail (1901). Anatole France (nació 
1844). Taine (1828-93), Voyage aux Pyrénées (1855), Histoire de la 
líttérature anglaise (1863), Philosophie de Vari (1865-69), De l'Intel- 
ligence (1870), Origines de la France contemp. (1876-90). Ernest Re- 
nán (1823-92), Histoire des langues sémitiques (1857), Vie de Jésus 
(1863), Origines du christianisme (1863-81), Ahbesse de Jouarre (1886), 
Histoire d'Israel (1887-93). Jules Lemaítre (1853-1916). G. Boissier 



2 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

(1823-1908). Fustel de Coulanges (1830-89), La Cité antigüe (1864). 
Ferdinand Brunetiére (1849-1907). Emile Faguet (n. 1847). 

Literatura rusa. — Dostoievski (1822-1881), La Casa de los muertos 
(1862, trad. franc. 1886), Critnen y castigo (1866, trad. fr. 1884), Los 
Poseídos (1873, trad. fr. 1886), Los Hermanos Karamasov. León N. 
Tolstoi (1828-1913), La Guerra y la paz (1872, trad. fr. 1880), Anna 
Karcnina (1877, trad. fr., 1885), Mi religión (trad. fr. 1885), Sonata de 
Kreutzer (1889, trad. fr. 1890). Resurrección (trad. fr. 1900). Liéskov 

(1831-95)- 

Literatura inglesa. — Buckle, Historia de la Civilización (1858). 
Freeman, Historia de la conquista normanda (1867). Darwin (1809- 
1882), Origin of Species (1859), Descent of Man (1871), Activn of 
Worms (1881). Elisabeth Browning (1809-1861), Aurora Leigh (1856). 

Literatura alemana. — Ricardo Wagner (1813-83). Teodoro Stem. 

1. Al mediar el siglo xix el romanticismo estaba ya muer- 
to V enterrado en toda Europa, sucediéndole el llamado arte 
realista, que señoreó en la literatura castellana solo y señero 
hasta 1 888, que publicó Rubén Darío su primera obra moder»- 
nista A:::ul. En Francia se pasó presto al arte naturalista, que 
es un realismo exagerado y de índole particular. '"El realismo, 
dice Federico Lolié, casi á la vez se extendió por toda Europa : 
violento y patológico en Francia; muy local y conservando el 
perfume del terruño en España ; mezclado de aspiraciones ele- 
vadas en las descripciones de los grandes escritores ingleses, 
americanos, eslavos y escandinavos." Este cambio tan profun- 
do del romanticismo al realismo, general en toda Europa, sólo 
se explica por el cansancio de la fiebre romántica, que en el 
vaivén de las modas trae la calma tras la tonnenta, lo real tras 
lo ideal, la vela tras el sueño. Sueño ó ensueño de fantástico 
idealismo, fiebre y como borrachera del espíritu rebelde con- 
tra lo extraño clásico y su abstracto ideal había sido el romanti- 
cismo. Volaron los románticos tan por las nubes y sueltos de 
trabas, cerniéronse tan alto, que se cansaron y vinieron á tierra 
cual atrevidos ícaros. Lo ideal liace. al remontarse demasiado, 
perder de vista el suelo y la realidad de la vida. Alzóse la crí- 
tica contra el abuso de la imaginación y la locura romántica en 
cuanto de exagerado había traído del Norte. La ciencia, por 
otra parte, encarrilábase cada vez más reglada hacia lo com- 
prol)ado y cierto. La filosofía hacíase por momentos y cada 
día más positiva. El cambio de moda había de seguir en el 



REALISMO Y NATURALISMO i 

arte esta misma ruta. Entre todos echaron abajo el ideal ro- 
mántico. Como no era dado volver á lo clásico, sólo quedaba 
el realismo, que en el fondo del romanticismo se solapaba. El 
romanticismo, revolución artística contra el clasicismo, olvidó- 
se de los asuntos grecorromanos y puso los ojos en los pro- 
pios, nacionales y románicos, de la Romanía, de la Europa 
cristiana y caballeresca medieval. Dejó, sin embargo, una his- 
toria por otra historia, la historia ajena por la propia. La le- 
yenda, la novela histórica, el teatro legendario, el recuerdo del 
pasado, en suma, alimentaron el arte romántico. Pero como 
•tqueila revolución artística consistía en volver á lo propio, de- 
jando lo ajeno, tras la historia propia se pensó en el propio 
presente, en el vivir actual : entonces apareció el realismo. Esto 
cuanto á los asuntos. Cuanto al objeto de la imitación en que 
el arte consiste, el romanticismo dejóse de copiar á los antiguos 
y miró á la naturaleza, á la realidad misma, como los antiguos 
ya la habían mirado. Pero "el arte es la realidad vista á través 
de un temperamento", como dijo Zola, y el temperamento ro- 
mántico era el septentrional germánico, de donde el romanti- 
cismo había bajado al Mediodía. Vimos que ese temperamento 
septentrional consistía, cuanto al fondo, en cierta mjelancolía; 
cuanto á la fonna, en lo misterioso y vago de la expresión ; cuan- 
to á fondo y forma juntamente, en la exageración; añádase el 
descorazonamiento y desesperación del mal del siglo y tendremos 
los varios ingredientes del temperamento septentrional, que vino 
a serlo de todo romántico. Para las gentes del Mediodía, so- 
bre todo para los españoles, ese temperamento era tan postizo 
y ajeno com)o el del clasicismo. De aquí que durara bien poco, 
lo que dura una moda, y que aun fuera rechazado en todo tiem- 
po por la crítica y las personas sensatas. Para el año 1850 la 
moda era pasada, el postizo olía á postizo, falso y viejo y se 
había echado á la basura y los españoles se habían quedado con 
su propio temperamento, que por toda la historia hemos visto 
ser el realista. Por extraño que á primera vista parezca el salto 
estético que Europa dio del romanticismo al realismo como co- 
sas tan encontradas y opuestas, fué, según esto, un aconteci- 
miento harto natural : el realismo hallábase ya en el fondo del 
romanticismo, mejor dicho, era el mismo romanticismo, sólo 



4 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

que revuelto y enturbiado por el elemento septentrional venido 
del romanticismo alemán. Cuando lo turbio desapareció hubo 
de aclararse el líquido, que era realista. Lo que lo enturbiaba 
era cosa tan extraña como el mismo clasicismo. Desechado eso 
extraño septentrional, la revolución romántica del volver á lo 
propio despidiendo todo lo extraño alcanzó su intento. El rea- 
lismo es, por consiguiente, no opuesto al romanticismo, sino 
su propia evolución y término, es el romanticismo llegado á su 
propia y natural perfección. A fuer de revolución literaria con- 
tra lo establecido clásico, fué el romanticismo una rebeldía y 
soltura de toda traba, el vivir bohemio, el pisotear leyes y au- 
toridades, el abandonarse á la inspiración y el improvisar, des- 
entendiéndose de toda disciplina y estudio reposado. Estos her- 
vores tuvieron que asentarse, y la época realista es todo lo 
contrario: acato á la autoridad y á las leyes, vida bien morigera- 
da, reflexión y estudio. Entramos en una época de reflexión tras 
la pasada de inconsciencia artística, de obras pensadas y ma- 
duradas tras la anterior de improvisación y continuos desba- 
rros. Se trabaja á conciencia, se pule y acicala el estilo, se re- 
corta toda hojarasca, se aborrece toda inverisimilitud y extra- 
\'agancia. Aparecen los grandes críticos, el gusto se depura, no 
se toleran los desmanes literarios. A las obras atropelladas 
suceden las acabadas y perfectas. Francia era tierra abonada 
para que brotara ese naturalismo ó realismo sui generis que 
vino tras la época romántica. Primero, porque la literatura 
francesa siempre pagó parias al iitile, sin contentarse con el 
dulce, conforme al espíritu práctico de romanos y franceses. 
El arte por el arte, la literatura de puro entretenimiento, que 
acá decimos, es extraña al gusto francés. Siempre desearon en- 
señar algo; se desvivieron siempre por las sentencias; su lite- 
ratura clásica del siglo xvii fué más hija de la razón que de la 
fantasía, fué razonadora y atada ])or mil leyes del pensamien- 
to. Descartes la hizo todavía más abstracta y casi científica. En 
el siglo XVIII la literatura francesa está enteramente al servi- 
cio de la enciclopedia, de la filosofía sensualista y de la polé- 
mica anticristiana. La ciencia volvió, tras el ensueño román- 
tico, á .someter el arte literario. Zola formuló la estética natu- 
ralista, clasificando su manera de novelar entre las ciencias ex- 



REALISMO Y NATURALISMO 5 

t-erinientales. Taine, el crítico de la época, le había preparado 
el terreno reduciendo los fenómenos psicológicos á la fisiología 
y explicando la personalidad del artista por el suelo, la raza y 
el medio ambiente. Claudio Bernard dio los últimos toques al 
iriaterialismo biológico. Fundidas ciencia y filosofía en un todo, 
resultó que el homibre no era en sus actos nada libre, sino como 
un ser de tantos de la naturaleza sometido á los agentes exte- 
riores, determinado por ellos en todo su obrar. El espíritu fran- 
cés, inclinado á la literatura docente, útil, al volver á someterla 
á la ciencia y á la filosofía, reinantes á la sazón, produjo el 
naturalismo, esto es, el realismo, que en todas partes había 
quedado del fondo romántico, pero encadenado al materialis- 
mo, al determinismo de la naturaleza bruta. El hombre fue 
para Zola la bestia humana. Echado Dios del universo, señora 
sin rival la naturaleza, la conciencia vióse sin arrimo y sin con- 
suelo en medio de la lucha y miserias de que se ve el hombre 
rodeado. Tal es la tristeza, la desesperación, el descorazona- 
miento, el pesimismo ó mal del siglo, fruto natural de la cien- 
cia materialista y atea. El naturalismo tuvo que ser, no sólo 
determinista, sino pesimista. Apagada la luz consoladora de un 
más allá feliz, ya no vio el hombre más que fango, miseria, 
fealdad. Las gentes luchan sin poder salir á flote de esta in- 
munda charca, arrastradas por un determinismo fatal hacia el 
mal moral y la miseria física. Observar ese luchar y rebullirse 
en vano y dejarse fatalmente arrastrar y pintarlo con los más 
negros colores para que sirva de documento científico: tal es 
la forma del naturalismo zolesco, tal es el realismo "violento 
y patológico", que dijo Lolié. El escaso influjo francés en la 
literatura nuestra durante esta época se ve recordando los au- 
tores franceses. Ni la crítica biográfica de Sainte-Beuve, ni la 
de la raza y del medio ambiente de Taine, ni la lírica impersonal 
de Baudelaire y Leconte de Lisie, ni la filosófica de Sully 
Prudhomme, ni la parnasiana de Banville, ni la gimnástica en 
léxico y métrica de Richepin, llegaron á España hasta mucho 
más tarde. Menos todavía se halla de Flaubert ni los Gon- 
court en nuestra novelística. Todos estos autores franceses in- 
fluirán en la literatura castellana tan sólo desde la época mo- 
dernista (1888). La larga época realista (1850- 1887) cabe di- 



6 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

vidirla en dos f>erioclos. mediante la Revolución de 1868. y 
como en aquellos dos años del 68 y 69 apenas brilla ning-ún 
autor nuevo, fu^ra de Galdós, que publica su primera novela, y 
los anteriores autores se callan, durmiendo la siesta la litera- 
tura mientras la política revolucionaria callejea y ocupa toda 
la atención de las gentes, conviene tomar como fecha redonda 
el año 1870 para comenzar el segundo período. Comparados 
entre sí, nótanse las siguientes diferencias, debidas al espíritu 
más conservador, cristiano y moral del primer período y á las 
turbulentas ansias de reformas sociales que en el segundo 
trae la misma revolución. Durante el primero brilla la alta 
comedia; en el segundo, el drama social. Doctrinarias en- 
trambas manifestaciones teatrales, como propias del espíri- 
tu reflexivo y científico de toda la época, responden, la mo- 
ral católica de la alta comedia, al espíritu conservador y cris- 
tiano del primer período ; el doctrinarismo social, al espíritu 
revolucionario del segundo : Ayala y Tamayo por una parte, 
Echegaray y su escuela por otra. En segundo lugar, el primer 
periodo es el de la zarzuela; el segundo, el del género chico. 
Esto cuanto al teatro, que, como se ve, es otro enteramente 
que el legendario, dramático y exagerado teatro romántico; 
hasta el de Echegaray, que el tumulto revolucionario hincha 
de suerte que se allega al romántico, difiere de él por los asun- 
tos de actualidad y doctrina social. Cuanto á la novela, que re- 
nace, puede decirse, en esta época, después de fenecer en el si- 
glo xviT. como fruto natural del realismo, en el segundo pe- 
riodo es más socialmente doctrinaria; en el primero, más con- 
forme á la moral cristiana: en Alarcón y Galdós pueden dis- 
tinguirse claramente las dos tendencias. Cuanto á la lírica, bas- 
ta comparar á Bécquer con Núñez de Arce, que florece v es 
todo del segundo j^eríodo, aunque en el primero se diera ¿t 
conocer, para que se advierta la diferencia de entrambos pe- 
ríodos. En suma, la revolución trajo la literatura social en to- 
dos los géneros, tras la literatura moral y cristiana. La nota re- 
gional también va creciendo como se ve por el género chico com- 
parado con la zarzuela. Lo que además di.stingue el segundo pe- 
ríodo es la crítica literaria contemporánea batallona, género 
nuevo, puede decirse, nacido de la mayor reflexión científica 



REALISxMO Y NATURALISMO 7 

de toda esta época. Los eruditos del período anterior, en cam- 
bio, descollaron más en la erudición y crítica de la vieja lite- 
ratura, serena y sosegada. Cuando el arte realista llega á su 
perfección hácese regional, porque la realidad de que se sus- 
tenta hállase particularizada en una determinada región, don- 
de los habitantes se distinguen por su propia índole, las cos- 
tumbres son especiales, el campo y circunstancias todas señá- 
lanse por su propia tonalidad. Durante toda la época realista 
se nota el regionalismo en todos los géneros y va distinguién- 
dose cada vez más según pasan los años, hasta llegar á la épo- 
ca que desde 1888 puede y debe llamarse regional con tanta ó 
mayor razón como modernista. En la lírica, durante el primer 
período : Rosalía de Castro, Llórente, Lamarque ; durante el 
segundo. Rueda, López Silva, Enrique Menéndez Pelayo, 
Sinesio Delgado, Sofía Casanova, sin contar los america- 
nos. En el teatro, la zarzuela á veces hácese ya regional y 
danse á conocer los que florecerán en el segundo perío- 
do : Ensebio Blasco, Ramos Carrión, Javier de Burgos ; en 
el segundo período el género chico no es más que la zarzuela 
achicada, pero españolizada enteramente y regional del todo. 
En la novela, durante el primer período : Trueba, Fernán Ca- 
ballero, Alarcón, Valera, Escalante, lereda. Ricardo Sepúl- 
veda, Jorge Isaacs y Galdós, aunque éste sólo será madrileño 
ó regional en el segundo período, al cual pertenecen Polo y 
Peyrolón, Vicente Arana, Campión, Palacio Valdés, Federico 
Lafuente, Matheu, Picón, Blanca de los Ríos, Pardo Bazán, 
Clarín, Díaz Martín, Coloma, Taboada y otros. 

2. Federico Lolié, Tablean de l'histoire litiéraire du monde. 
pág. 177, París, 1899: "Era visible que el idealismo había bajado mu- 
cho en las imaginaciones y que el tono de las obras iba á cambiar, 
p»ra aproximarse lo más posible al gusto de la multitud. Esto no era 
en todos sentidos una decadencia. El arte quiso ser la expresión de la 
vida, y lo consiguió á menudo. El realismo se extendió casi al mismo 
tiempo en la mayor parte de las literaturas, violento y patológico en 
Francia ; muy local y conservando el perfume del terruño en Es- 
paña, mezclado de aspiraciones elevadas en las descripciones de los 
grandes novelistas ingleses, americanos, eslavos y escandinavos.'' La 
obra artística fraguase en la imaginación, campo intermediario adonde 
bajan de la mente las ideas y suben de los sentidos las sensaciones para 
idealizarse éstas y corporizarse aquéllas, formando una íntima fusión 



8 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

entre fondo y forma merced á un misterioso procedimiento, ignorado 
por los mismos artistas. Pero conforme al temperamento de éstos, la 
obra artística es más realista ó más idealista, según refleje más fiel- 
mente las cosas y hechos de la realidad ó se aleje de ella señoreando lo 
fantástico, lo soñado ó lo ideado. En el romanticismo sobrepujó lo fan- 
tástico como vaho del hervor pujante septentrional que oscurecía las 
cosas ; cuando ese hervor se apaciguó y desapareció el vaho, sedimen- 
táronse las heces y quedó clarificado el liquido: el arte surgió realis- 
ta, nada soñador. En lo moral igualmente el romanticismo fué un 
desenfreno de todo atadero, una rebeldía á las leyes sociales; tras él 
vino la contraria reacción, de docilidad y obediencia, de acatamiento 
á lo establecido. De aquí el arte más ó menos moralizador y docente, 
<iisoiplinado y disciplinador de la época realista, tan contrario al arte 
rebelde é indisciplinado de la época romántica. El realismo no se opo- 
ne á cierta idealisación artística, propia del arte y por la cual se dife- 
rencia de la pura fotografía de la naturaleza. Una fotografía hecha 
con la cámara fotográfica es la cosa más real que pueda darse; pero 
es cosa brutalmente real. Artísticamente real es el retrato que hace 
el buen pintor, y es más real que el del fotógrafo, merced á esa artís- 
tica idealización. Admirablemente lo declaró M. Pelayo (1884) en un 
artículo sobre Pereda, como incidente de una crítica de Zola. M. Pe- 
layo, Crít. liter., 5.* ser., pág. 363: ''Disputan algunos si hay ó no ver- 
dadera diferencia entre los términos realismo y naturalismo. El pri- 
mero parece más comprensivo, pero el segundo lleva hoy consigo un 
carácter de literatura militante, y aun de motín demagógico, que exi- 
ge establecer algún matiz entre ambos vocablos por mucho que los 
identifique su origen, ya que en lo real entra la naturaleza y en ella 
el espíritu humano con cuanto crea v concibe. Pero es evidente que 
en el uso común, y aun en el de las gentes doctas, una cosa es el rea- 
lismo de Cervantes, de Shakespeare y de Velázquez y otra muy di- 
versa el naturalismo francés, que, reconociendo por patriarca y maes- 
tro al gran Balzac (verdadero realista de los de la primera clase v que 
probablemente renegaría de los que se dan por descendientes suyos, si 
hoy viviera), se autoriza luego con los nombres de Flaubert, de los 
Goncourt, de Zola y de otros que pudiéramos llamar minora sidera. 
A decir verdad, el calificativo de naturalistas aplicado á la mayor 
parte de estos escritores no tiene explicación plausible... Por otra 
parte, muchos de ellos, aun aplicando los procedimientos naturalistas, 
eran casi idealistas en teoría... Puede llamarse novela naturalista i 
Madame Bovary, pero no cabe duda de que Flaubert vivió y murió 
romántico impenitente... El único naturalista acérrimo y consecuente 
es Emilio Zola... Todo naturalista es realista... pero no todo rea- 
lista es naturalista... Zola, en cinco ó seis libros sucesivos de crí- 
tica (entre los cuales los que importan más para el caso son Le 
Román Experimental y Les Romanciers Naturalistes), ha aplicado 
sus principios á la no^'ela y el teatro... Zola, hombre ipculto y de 



REALISMO Y NATURALISMO Q 

pocas letras, como sus libros preceptivos lo declaran. Esta falta 
de cultura literaria y filosófica que en Zola se advierte... ex- 
plica la flaqueza de sus teorías, los pésimos argumentos con que 
las explana y defiende y el aparato con que presenta como descu- 
brimientos y novedades las máximas de crítica más triviales y ma- 
noseadas, y las fórmulas absurdas que da á algunos pensamien- 
tos, por otra parte muy razonables... En la misma noción del arte 
va envuelta la del ideal, siendo la una inseparable de la otra. 
El mismo Zola llega a reconocerlo así, aunque con una frase de 
crudo materialismo, cuando declara que el arte no viene á ser otra 
cosa que la naturaleza vista á través del temperamento del artista, 
es decir, modificada por eso que Zola llama temperamento. Pues 
bien: esa modificación que el artista más apegado á lo real impone 
á los objetos exteriores por medio de los dos procedimientos que 
. llamaré de intensidad y de extensión, arranca de la realidad material 
esos objetos y les imprime el sello de otra realidad más alta, de otra 
verdad más profunda; en una palabra: los vuelve á crear, los ideali- 
za. De donde se deduce que el idealismo es tan racional, tan real, tan 
lógico y tan indestructible como el realismo, puesto que uno y otro 
van encerrados en el concepto de la forma artística, la cual no es 
otra cosa que una interpretación (ideal como toda interpretación) de 
la verdad oculta bajo las formas reales. Merced á esta verdad inte- 
rior, que el arte extrae y quintesencia, todos los elementos de la rea- 
lidad se transforman como tocados por una vara mágica, y hasta 
los personajes que en la vida real parecerían más insignificantes, se 
engrandecen al pasar al arte, y por la concentración de sus rasgos 
esenciales adquieren valor de tipos (que es como adquirir carta de 
nobleza en la república de las letras) y sin dejar de ser individuos, 
rara vez dejan de tener algo de simbólico. Y es que los ojos del ar- 
tista en aigo han de distinguirse de los del hombre vulgar, y su dis- 
tinción consiste en ver como entre sombras y figuras lo mismo que 
e! filósofo alcanza por procedimientos discursivos, es decir, la me- 
dula de las cosas y lo más esencial y recóndito de ellas. De donde 
procede que los grandes personajes creados por el arte (que á su ma- 
nera es creación, y perdonen Zola y sus secuaces), tienen una vida 
mucho más palpitante y densa que la mayor parte de los seres páli- 
dos v borrosos que venios por el mundo."' En este admirable trozo 
declara muy bien M. Pelayo la creación artística, que cierto es ideal, 
esto es. cosa de la inteligencia humana ; pero esa modificación de las 
cosas al pasar por el temperamento del artista, esa interpretación de 
las cosas, que siempre es obra intelectual é imaginativa, puede ate- 
nerse más ó menos á la realidad ó puede evaporarse por la fantasía 
y mediante la idealización en figuras, conceptos é imágenes tan ale- 
jadas ya de la realidad, que apenas les quedan huellas de ella. A la 
primera clase de interpretación y de temperamento artístico se llamó 
siempre realismo, y á la segunda, i>dcalismo. Lo que M. Pelayo de- 



10 ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1887) 

clara como idealismo no es más que la ideación de la realidad por el 
arte ; pero esa ideación puede ser realista, si se aferra á reproducir la 
realidad é idealista si tiende á apartarse de ella. Son tendencias en 
las que caben infinitos grados. El naturalismo es un extremo del 
realismo por el cual se confunde el arte con la ciencia en sus pro- 
cedimientos de experimentación y estadística, de los cuales el arte 
po entiende, y en su fin docente y utilitario, de los cuales se desen- 
tiende no menos el arte. El simbolismo modernista es otro extremo 
del idealismo, tan extremado y tan alejado ya de lo real, que se hace 
enigmático y dificultosamente descifrable. Entre esos dos extremos, 
naturalismo y simbolismo, quedan el realismo antiguo español y el 
idealismo antiguo clásico helénico. La explicación de M. Pelayo no 
refuta el naturalismo, ni defiende el idealismo, ni los define y des- 
linda bien á entrambos, pues sólo es un explicar la ideación propia 
de todo arte, sea naturalista, realista, idealista, simbólico : cuatro 
grados que he deslindado como pudieran deslindarse otros infinitos 
intermedios, según el temperamento del artista interprete la realidad. 
Sigue M. Pelayo atacando al naturalismo por su "verdad grosera" 
y por "cargar sus novelas de especies picantes que estimulen pala- 
dares estragados. Y es triste decirlo, pero necesario: las únicas no- 
velas de Zola que han alcanzado verdadero éxito de librería, así en 
Francia como en España, son las que más ó menos están cargadas 
de escenas libidinosas. Si exceptuamos Nana, Pot-BouiUc y el Assom- 
inoir, todas las demás novelas de la serie de los Rongon duermen el 
sueño de los justos en los estantes de los libreros de acá y de allá. 
Todo esto prueba, sin duda, lo soez y bestial del gusto del público; 
pero prueba también otra cosa peor; es, á saber, el poco ó ningún 
respeto que los artistas tienen á la dignidad de su arte y la facilidad 
con que se dejan corromper y prostituir por su público... El género 
es detestable, no ya por inmoral, sino por feo, repugnante, la- 
1 ernario y extraño á toda cultura, así mundana como estética". Con 
estas palabras sí que refuta estéticamente el naturalismo. "No es 
menos verdad que si la doctrina naturalista nada tiene que ver con 
semejantes horrores, la práctica de los naturalistas, lejos de re- 
huirlos, los busca con fruición, habiéndose llegado á crearse dentro 
de la escuela una especie de derecho consuetudinario que los auto- 
riza y recomienda y que hace creer á los mentecatos que la novela 
naturalista ha de ser forzosamente un arte de mancebía, de letrina 
y de presidio, como si sólo de tales lugares se compusiese esta in- 
mensa variedad de la naturaleza y de la vida." Yo opino que no sólo 
la práctica, sino la teoría del naturalismo tiene que ver nnicho con 
estas por<|uerías. Porque si, según los naturalistas, el arte es experi- 
mentación científica, han de buscarse para sus asuntos con preferen- 
cia lo monstruoso, lo patológico, lo psiquiátrico, el presidio, la man- 
cebía, el hospital. Y en tales lugares y en tales casos patológicos es 
donde los naturalistas trabajan. La novela española de estos últimos 



REALISMO Y NATURALISMO I I 

años ó es enteramente simbolista y mística ó es naturalista al modo 
dicho. En esos casos patológicos hay asunto más fecundo, en esos 
tipos degenerados cabe más extenso estudio, y ¿por qué no decirlo?, 
cabe fantasear más contra lo verisímil y real, piedra en que siempre 
tropiezan los no recios artistas y que con tales asuntos y personajes 
se zafan de ella los que no lo son tanto. Los tales naturalistas, que 
dicen se proponen representar la vida humana, la falsean, pues sólo 
representan la parte fea, degenerada de la vida. No son, en suma, 
realistas á fuerza de quererlo ser demasiado : es el naturalismo un 
realismo extremado, por consiguiente, vicioso. "Salta á la vista... 
que el patriarca de la nueva escuela, sectario fanático, no ya del 
positivismo científico, sino de cierto materialismo de brocha gorda,. 
del cual se deduce, como forzoso corolario, el determinisr.io, ó sea 
la negación pura y simple de la libertad humana, restringe delibera- 
damente su observación (y aun de ello se jacta) al campo de los ins- 
tintos y de los impulsos inferiores de nuestra naturaleza, aspirando á 
poner de resalto la parte irracional, ó, como él dice, la bestia huma- 
na. De donde resulta el que haga moverse á sus personajes como 
máquinas ó como víctimas fatales de dolencias hereditarias y de cri- 
sis nerviosas, con lo cual, además de decapitarse al ser humano, se 
aniquila todo el interés dramático de la novela, que sólo puede re- 
sultar del conflicto de dos voluntades libres ó de la lucha entre la 
libertad y la pasión. Nace de aquí el escasísimo interés que la mayor 
parte de estas novelas despiertan y el tedio que á la larga causan, 
como que carecen, en realidad, de principio y de fin, y de medio 
también, reduciéndose á una serie de escenas mejor ó peor engar- 
zadas, pero siempre de observación externa y superficial, siendo 
para el autor un arca cerrada el mundo de los misterios psicológicos, 
ya que fuera demasiada indulgencia aplicar tal nombre á los actos 
ciegos y bestiales de individuos en quienes la estupidez ingénita ó 
los hábitos viciosos llegados á la extrema depravación han borrado 
casi del todo el carácter de seres racionales." No pinta, pues, el na- 
turalismo, el hombre, sino la mitad del hombre y la mitad cabalmen- 
te no humana, sino bestial : el naturalismo no es arte humano por su 
asunto y objeto. Xi lo es por el sujeto ó artista, el cual se interesa 
tan sólo por lo no humano del hombre, como si no tuviese razón 
que le dijese ser más digno y propio del arte el hombre como ser 
humano que lo que tiene de bestia. Todo ello consecuencia es de la 
filosofía naturalista y materialista, que en el siglo xviii vino á sus- 
tituir á la antigua filosofía espiritualista y cristiana. "No conozco 
escritores menos naturales y más artificiosos que los que hoy pre- 
tenden copiar exclusiva y fielmente la naturaleza. Todo es en ellos 
bízantinismo, todo artificios de decadencia y afeites de vieja, todo 
intemperancias coloristas y estremecimientos nerviosos en la frase. 
Si este estilo es natural, mucho debe de haber cambiado la naturale- 
za al pasar por los boulevards de París. A la vista salta que la na- 



12 'ÉrOCA REALISTA (185O-1887) 

turaleza y la realidad no son, en el sistema de Zola y sus discípulos, 
más que un par de testaferros tras de los cuales se oculta un roman- 
ticismo enfermizo, caduco y de mala ley, donde, por sibaritismo de 
estilo, se lehuye la expresión natural, que puede ser noble, y se per- 
sigue con pésima delectación y artificio visible la expresión más 
violenta y torcida, por imaginar los autores que tiene más color.^' 
Todo lo cu:d prueba que si el naturalismo no es arte humano por su 
asunto ni por el sujeto, tampoco lo es por los medios de que se vale. 
Falsea el naturalismo la vida, pintándola á medias; falsea al artista 
que le ciega, no dejándole ver en el hombre más que la bestia, y 
falsea los medios de expresión, valiéndose de lo artificioso. ¡ Tanto 
falsear en todo á la naturaleza para después vendérsenos por natu- 
ralistas! ¡El colmo de la falsedad y del antinaturalismo! M. Pelayo, 
ibid., pág. 117: ''Habia en el movimiento naturalista, que en algunos 
puntos era una degeneración del romanticismo, y en otros un roman- 
ticismo vuelto del revés, no sólo cualidades individuales muy pode- 
rosas, aunque, por lo común, mal regidas, sino una protesta, en 
cierto grado necesaria, contra las quimeras y alucinaciones del idea- 
lismo enteco y amanerado; una reintegración de ciertos elementos de 
la realidad, dignísimos de entrar en la literatura, cuando no preten- 
den ser exclusivos, y una nueva y más atenta y minuciosa aplicación, 
no de los cánones científicos del método experimental, como creía 
disparatadamente el patriarca de la escuela, sino del simple método 
de observación y experiencia, que cualquier escritor de costumbres 
ha usado ; pero que, como todo procedimiento técnico, admite con- 
tinua rectificación y mejora, porque la técnica es lo único que hay 
perfectible en el arte." Esta más minuciosa observación es lo único 
que pasó del naturalismo francés á la gran novela española desde 
1870 á 1888. 

3. America y su espíritu literario. — En Cuba influyó lite- 
rariamente la literatura de España más que en el resto de Amé- 
rica, como era de suponer, por el continuo trasiego y comuni- 
cación de la que todavía era colonia española con la Península. 
La mayor parte de los escritores fueron insurrectos ó separa- 
tistas, y así la literatura es en gran manera política. Con esto 
se comprenderá que los autores se ensalcen reciprocamente más 
de lo justo en no pocos casos, y que los ensalcen no menos los 
yankees. \\n los iiltimos años, con la independencia, nótase en 
Cuba más afición á las ciencias que á la pura literatura, sea ñor 
el mayor trato con los norteamericanos, sea por el carácter mis- 
mo de sus habitantes, ó, como yo creo, por entrambas cosas. 
De JS50 á 1880 se reorganiza la Argentina, caído ]\osas y 



AMÉRICA Y SU ESPÍRITU LITERARIO l5 

vueltos del destierro sus grandes hombres. La literatura tlcia, 
en parte, de ser romántica y lírica y hácese razonadora, didác- 
tica, jurídica, política. Andrade, Guido Spano, Ricardo Gutié- 
rrez, son, por estas circunstancias, lo que nuestros realistas de 
la misma época. En la Argentina puede decirse, sin embargo, 
que el romanticismo duró hasta i8So, sin duda por el tempera- 
mento fogoso é inclinado á la pompa romántica que distingue 
á los autores de la región del Plata. Entonces se pasó de un 
salto al naturalismo en la novela por influjo francés. En el 
primer período de la época realista, sobre todo, llegó á su 
mayor esplendor la literatura colombiana, según es el carácter 
templado y armónico de los hombres de aquella tierra, coma 
según es el fogoso y declamatorio de los ribereños del Plata 
floreció la literatura en la Argentina más que en otras regiones 
americanas durante la época romántica. Creóse la Universidad 
de Bogotá en 1842 por el ministro Mariano Ospina, y allí estu- 
diaron José M." Samper, Teodoro Valenzuela, Próspero Perei- 
ra Gamba, Gregorio Gutiérrez González, escritores que llevaron 
á las letras el romanticismo, mientras entre los políticos no se 
oían más que voces de innovación, libertad, igualdad, fraterni- 
dad, y se creaba la Sociedad Escuela Republicana (1850), en la 
que entraron todos los hombres de ideas amplias y reformado- 
ras y á la par escritores en prosa ó en verso. Sin embargo, el 
romanticismo colombiano es muy poco romántico, y si lo es. 
diríamos que lo es á la inglesa. Es un verdadero realismo, que 
descubre en la naturaleza motivos de exquisitos sentimientcs 
y que los expresa con delicadeza que tiene algo de clásica en el 
fino gusto y en el torneado de la hechura. Así como en la época 
romántica parece que las Musas se van todas á las márgenes 
del Plata, al llegar la época realista prefieren darse cita en Bo- 
gotá. La razón está en el temperamento artístico de estas dos 
regiones americanas. Son los rioplatenses románticos por na- 
turaleza, declamadores, oratorios, exagerados en la expresión, 
derrochadores de fantasía. Todos sus grandes poetas son de 
esta cuerda, y Echeverría sigue siendo el dechado insustituible. 
En estos últimos tiempos se echa no menos de ver en Lugones y 
Herrera Reissig, que, con ser modernistas, tienen de gongori- 
nos y de románticos en este sentido más que los otros moder- 



14 ÉPOCA RE.VL1STA (185O-1887) 

alistas americanos. Almafuerte, Ghiraldo y otros no modernis- 
tas son terribles adalides sociales y oradores por temperamento, 
como son por temperamento oradores los más de los escritores 
argentinos y uruguayos. Carlos Roxlo es más orador que poe- 
ta, en prosa y en verso, y lo es Rodó, con toda su finura mo- 
dernista. En cambio, llegada la época realista, de la reflexión 
y mesura, de gusto académico, digamos, en el buen sentido del 
vocablo, prospera la literatura colombiana sobre las demás en 
América. El Mosaico y la Academia Colombiana lo prueban 
manifiestamente. Bogotá viene á llamarse la Atenas americana, 
y allí florecen los mejores poetas de la época y el humanismo y 
la filología, encarnados en varones de la talla de Antonio Caro 
y Rufino Cuervo. El espíritu romántico de la rebeldía se ve no 
menos en el desamor que a España mostraron los escritores rio- 
platenses, comenzando por Echeverría; y al revés, el espíritu 
mesurado, conservador, católico, amigo de la tradición y de 
España, campea en los escritores colombianos. El cetro literariíj 
pasa, pues, en esta época del Río de la Plata á la República de 
Colombia. Pero antes detiénese en Venezuela, siendo Caraca3 
por cierto tiempo (1842-48) el centro literario más floreciente, 
antes de serlo Bogotá. García de Quevedo, Baralt, Ros de Ola- 
no y otros ingenios españolizados vienen de allí á la Península. 
Después, en el período siguiente sobresaldrá la literatura me- 
jicana, y en Nicaragua nacerá Ruinen Darío. Diríase que el flo- 
recimiento literario va subiendo en América de Sur á Norte, 
al paso que el criterio estético pasa del romanticismo al moder- 
nismo, de la fogosidad á la delicadeza, de lo pictórico, chillón y 
oratorio á lo sentimental, matizado y silencioso. Fuera de esta 
<:orriente artística quedan Chile y el Perú. En Chile el tempe- 
ramento, más que artístico, es frío, reflexivo, como el de los vas- 
cos, cuya sangre acas > sobrepuje en los chilenos, y así sobrepuja 
■€l estudio de la historia y de la erudición desde los tiempos de 
Bello y aun mucho antes, pues Qiile es la región americana 
■que po=ee más historiadores, no sólo después de la indepen- 
dencia, sino aun en los tiempos coloniales. El Perú, aristocrá- 
tico y cortesano por tradici'jn, español en política y gustos has- 
ta muy cerca de nuestros tiempos, sobresalió literariamente en 
Jo que subresalen las cortes y ciudades aristocráticas: en la sá- 



AMÉRICA Y SU ESPÍRITU LITERARIO 1 5 

tira socarrona, en el chiste burlón, en la pintura de las costum- 
bres urbanas presentes y pasadas. 

4. La literatura en América, después de lograda su independen- 
cia, distingüese en general de la española en andar muy mezclada con 
la política. Repúblicas en perpetuo período constitucional ó de for- 
mación, por las continuas guerras civiles ó de caudillaje, no han po- 
dido, las más de las veces sus escritores librarse de la política y hacer 
pura y desinteresada literatura. Hay en ella mucho de cominería de 
barrio, mucho de historia particular de caudillos y repúblicos y no 
menores dejos de los antiguos rencores contra España, que se rezu- 
man en casi todas las obras históricas y aun en las de amena litera- 
tura. Puede decirse que, fuera de la lírica, y aun ésta salpicada de 
los sentimientos políticos dichos, apenas si en América se ha dado 
hasta hoy otro cultivo que el de la historia. La novela de costumbre? 
ha producido algunos hermosos frutos, aunque pocos, relativamente ; 
el teatro apenas si apunta. Oratoria, polémica política, historia algún 
tanto parcial, lírica: tal es la literatura americana. El medio es con- 
trario á la literatura amena y los que la han cultivado, generalmente 
sólo en su mocedad, dejándola después por la política, merecen por 
lo mismo mayores elogios, porque escribieron para pocos en medio 
de un desierto. Asi que los rnás dejaron desparramadas sus poesías 
en los periódicos, sin llegar á recogerlas en un libro. No es, pues, de 
•extrañar que los críticos hayan exageradamente ensalzado á los po- 
cos qi;e tan desinteresadamiente se entregaron al puro arte y mis 
apreciaciones acerca del valer estético de los escritores americanos 
sonaran, acaso, á desmedidos no pocas veces. Escudóme con la misma 
razón con que pueden escudarse los críticos americanos, y además 
con otra, y es que en España la literatura de allende el Atlántico 
es muy poco conocida para lo que merece y debiera conocerse. Es 
un esfuerzo el de sus autores digno de toda alabanza por el medio 
hostil ó indiferente en que escribieron, y aun en si mismos conside- 
rados, algunos encierran un valor estético innegable. A vueltas de la 
desdichada imitación hispano-francesa, irresistible para los más, el 
alma americana se trasparenta y se parece en aquella literatura, en 
su conjunto, si no con toda la gallarda valentía que debiera, á librar- 
se de toda imitación extraña, por lo menos con rasgos bien salientes 
no pocas veces, preciosas esperanzas de un porvenir más halagüeño. 
Perdóneseme, pues, mi inclinación á ensalzar más bien que á de- 
primir á los autores americanos y á prescindir de la política en cuan- 
to cabe. ¿Sería justo que por insurrectos y enemigos de España re- 
bajase vo el valer literario de los más de los escritores de Cuba? 
¿No cí; preferible me exceda en sus alabanzas, echando un velo so- 
hre esas mezquinas pasioncillas de hermanos? Más alto debe volar 
nuestro espíritu y hemos de abrazarlos á todos con los nobles y gene- 



l6 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

rosos pensamientos de personas cultas y con el entrañable cariño 
de verdaderos hermanos que somos. Cuanto á los lectores americanos, 
habrá que rogarles, á su vez, no echen á mal las críticas justas y 
debidas que rebajen algún tanto la exagerada estimación que sienten 
por algunos de sus escritores. Menéndez Pelayo tuvo que sufrir no 
poco del disgijsto que á ciertos críticos americanos proporcionó, bien 
á su pesar, al poner medida á los desmedidos encomios que por allí 
se prodigaban. No me maravillaría yo se me echasen también encima, 
cuando, con toda mi benignidad, me veo obligado á imitarle. Hay 
ídolos nacionales para los compatricios que no deben serlo para el 
crítico imparcial de la Historia de la Literatura Castellana; de otra 
suerte, desmerecerían sus juicios cuando fueran justos acerca de 
unos si se excediese en loar más de lo debido á otros que en justicia 
no lo merecen. A Montalvo se le ha ensalzado en demasía, supongo 
que por enemigo de García Moreno, á quien unos rebajan y otros le- 
vantan, según sus ideas político-religiosas. Atenerse á un justo medio 
y no apasionarse con razones ajenas á la literatura es dificultoso. La 
guerra de Chile y el Perú, el valer comparado de Bolívar y de San 
Martín, la insurrección cubana, la revolución é imperio de Méjico 
son otras tantas manzanas de discordia que dividen los ánimos y ma- 
lean el juicio crítico de los que por América escriben. Si por católico 
y español no viera con buenos ojos á los autores que por allá han he- 
cho guerra al catolicismo y á España, tratándose de aquilatar el va- 
lor artístico de sus obras literarias, con razón se desecharía mi opi- 
nión ; pero no menos hubiera de desecharse si, por no parecer parcial, 
dejase de señalar los defectos de tales escritores. M. Pelayo, Hist. 
poes. hisp.-atner., t. I (191 1), pág. 214: "Como fieles historiadores 
hemos de consignar que, á despecho de la decantada tiranía militar y 
á despecho de las guerras civiles que han empapado en sangre aquel 
hermoso suelo, todavía Cuba, en poco más de ochenta años, ha pro- 
ducido, á la sombra de la bandera de la madre Patria, una literatura 
igual, cuando menos en cantidad y calidad, á la de cualquiera de los 
grandes Estados americanos independientes y una cultura científica 
y filosófica que todavía no ha amanecido en varios de ellos. Sería 
temeridad atribuir tales progresos al lazo político que sigue uniendo 
á Cuba con su metrópoli europea; pero también sería insensato supo- 
ner en los españoles un propósito deliberado y tenaz de matar los 
gérmenes de civilización en sus provincias ultramarinas, cuando vemos 
florecer bajo el régimen autoritario de nuestros capitanes generales, 
no sólo la poesía con Hercdia, Milanés, la Avellaneda y Luaces, sino 
la filosofía y las ciencias naturales y económicas con Várela, Luz Ca- 
ballero, Saco y Poey. Es cierto que el espíritu general de los literatos 
y de los hombres de ciencia en Cuba ha solido ser sistemáticamente 
hostil á España; pero aun esto es indicio de no haber sido tan grande 
la represión de las ideas como se pondera, á no ser que supongamos 
muy torpes ó muy inhábiles á cuantos se han empeñado en atajarlas 



AMERICA Y SU ESPÍRITU LITERARIO I 7 

el paso é impedir su difusión. Y ciertamente que si comparásemos 
(dicho sea sin ofensa de nadie) el cuadro de la literatura v de la 
ciencia en la española provincia de Cuba con el que ofrece la vecina 
isla de Santo Domingo ó las no muy distantes Repúblicas de la Amé- 
rica Central, para no hablar de Bolivia y otros Estados del Sur, quizá 
resultase muy dudosa esa virtud mortífera que se atribuye al régimen 
colonial. Y si extendiendo todavía más la consideración reparamos que 
Cuba, con territorio relativamente tan exiguo y con historia tan mo- 
derna, vale y representa en la historia del pensamiento americano 
tanto como México, Colombia ó la República Argentina y más que 
Venezuela, el Ecuador ó el Uruguay, quizá saquemos por última con- 
secuencia que no tienen tanta razón algunos hijos de aquella isla para 
lamentarse de no haber sacudido el yugo de la tiranía ibera cuando se 
emanciparon los demás criollos, puesto que, á lo menos bajo el aspecto 
intelectual, no se ve que hubieran ganado mucho en el cambio." Ama- 
deo Almada (montevideano). Vidas y obras, 1912, pág. 32: "Casi toda 
nuestra literatura se resiente de aquella pereza por un lado y por otro 
de esta tendencia universal á la amplificación oratoria, con su derro- 
che de metáforas, no siempre de buen gusto, con su frondosidad sin 
medida y con la escasa profundidad de la mayor parte de sus obras... 
Nuestros poetas, hecha excepción de unos pocos, son émulos de (^as- 
telar y de Donoso antes que de Luis de León y de Espronceda. Falco 
es un orador grandilocuente, como lo es Zorrilla (S. Martín), como lo 
fué J. C. Gómez... Nosotros no trazamos una pincelada sin sa- 
cudir primero, en pie sobre la tribuna, el viejo maletón de nues- 
tro léxico castellano, tan rico en antiguos tesoros que apenas se le 
toca, como si fuera susurrante colmena agitada por un intruso, resulta 
poco menos que imposible volverlo al orden y encerrar las palabras, 
abejas asustadas que se esparcen en sonoroso enjambre, en sus celdas 
geométricas y silenciosas." Rodó (uruguayo). El Mirador de Prós- 
pero (1913, pág. 312) : "En lo que tenia de fundamental y amplio, el 
naturalismo comprendía elementos que, bien asimilados, no hubieran 
podido sino favorecer en América la manifestación de un espíritu lite- 
rario original y vigoroso. La tendencia á ceñirse á la realidad viva y 
concreta es la vía más segura para llegar á una originalidad de pueblo 
y de época, como la tendencia á ceñirse á la expresión sincera y sim- 
ple de lo que se siente es el más seguro camino para alcanzar la ori- 
ginalidad individual. La importancia concedida á la representación del 
mundo objetivo, el predominio literario de la descripción, favorecía 
una de las aplicaciones del arte de escribir, capaces de brindar en 
América más ricos veneros de originalidad como es la pintura y 
el sentimiento de la naturaleza física. La precisión minuciosa en la 
reproducción de costumbres y tipos contribuía á relevar el sello local 
del poema y la novela. La reivindicación de la poética virtualidad de 
la vida contra todo quimérico idealismo coincidía con la tendencia 
natural en pueblos jóvenes y testigos de una fecundidad magnifica y 

TOMO VIH— 2 



l8 ÉPOCA REALISTA (185O-1887) 

potente. La franqueza, y aun la vulgaridad pintoresca, de la expre- 
sión autorizaban á que se diese curso en el lenguaje literario á las 
peculiaridades del habla regional. Pero ni la protesta naturalista se 
limitaba originariamente á esos elementos para siempre justos y opor- 
tunos, ni tampoco esta vez la imitación supo proceder en América 
con libertad y firme criterio. Propendiendo, como sucede en toda imi- 
tación servil y fascinada, á violentar las cosas, á recargar las tintas, 
á ir á lo extremo del original y ceder á la impresión de lo caricatu- 
resco más que de lo característico, nuestros naturalistas tomaron de 
preferencia en sus modelos lo que, siendo en estos mismos convencio- 
nal y vicioso, resultaba tanto más falso en América cuanto que se 
oponía á los caracteres que por recto naturalismo, por directa suges- 
tión de la naturaleza, deben forzosamente prevalecer en toda litera- 
tura que brote sin esfuerzo del espíritu de nuestros pueblos. Así el 
pesimismo agrio, desesperanzado y hastiado, que, como idea domi- 
nante, no tenía natural acomodo en el ambiente de tierras prometidas 
al porvenir, rebosantes de vida y energía. Así la predilección por la 
reproducción artística de lo feo, rasgo de decadencia que carecía de 
sentido aceptable dentro de una cultura literaria en sus albores. Así 
la sensualidad, no espontánea, vigorosa y ferviente, sino artificiosa, 
alambicada y senil; sensualidad de cálculo antes que de instinto." 
M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-tamer., t. I, pág. 408: "Caracas, que por 
los años de 1842 á 1848, según expresión del notable escritor colom- 
biano Camacho Roldan, "merecía el nombre de la Atenas de Amé- 
"rica." "Allí se reimprimían ávidamente las más notables produccio- 
nes de la literatura española contemporánea y traducciones de la 
francesa." J. Gil Fortoul, Hist. const. de Vlenezuela, t. II, pág. 134: 
"Lo mismo Lozano que Maitin y los demás que con ellos forman la 
mediocre turba romántica, desdeñan el folk-lore venezolano y tienen 
á menos bañar sus pálidas musas en el abundante manantial del can- 
cionero popular. Donde suele haber nxás belleza que en cuantos ver- 
sos han escrito nuestros poetas culteranos. Por de contado, el cancio- 
nero imita la forma y también á veces el fondo de la poesía popular 
española, á causa de la lengua y á consecuencia del régimen colonial; 
pero no deja de adquirir por esto un sello característico genuínamente 
nacional. Cuando el alma de la clase media se duerme en la monotonía 
del romanticismo pegadizo, el alma de la clase baja palpita vivaz y 
original en romances, galerones y corridos. Nuestro cantador por ex- 
celencia es el llanero, mestizo apenas civilizado, bravio como sus to- 
ros, violento como sus caballos, suspicaz, propenso á la ironía desnuda, 
positivista y en amores voluptuoso, sin galantería ni ternura... Tradu- 
ce en expresivos cantos su mezclada complexión moral : orgullo de 
beduino, jactancia andaluza, gozo infantil de negro manumiso..." 
Abel Karl, Emiro Kastos: "En las Repúblicas híspano-americanas los 
escritores se encuentran abandonados á sí mismos y toman la pluma 
con el triste convencimiento de que sus producciones serán leídas por 



AMERICA Y SU ESPÍRITU LITERARIO 1 9 

cuatro docenas de individuos y de que la prensa periódica no se ocu- 
pará de ellas ni mucho ni poco. Solamente los artículos políticos me- 
recen el honor de ser contestados por la bandería contraria... Y no 
puede ser de otro modo. Allí donde las oligarquías militares imperan 
como reinas absolutas; donde los partidos no tienen por símbolo 
una bandera, sino una personalidad; donde el choque de las armas y 
el ruido de los combates fratricidas absorben completamente la vida 
pública, la verdadera literatura se arrastra lánguida y agonizante y 
la atención se fija mucho más en los tajos de sable que en los rasgos 
de pluma." Pedro Henríquez Ureña, D. J. Rniz de Alarcón, Habana, 
1915, pág. 7: "Pero observando por conjunto, ¿quién no distingue la 
poesía cubana, elocuente, á menudo razonadora y aun prosaica, de la 
dominicana, llena también de ideología, pero más sobria y á la vez 
más libre en sus movimientos? ¿Quién no distingue entre la facundia 
la difícil facilidad, la elegancia venezolana, superficial á ratos, y el 
lirismo metafísico, singular y trascendental de Colombia? ¿Quién no 
distingue junto á la marcha lenta y mesurada de la poesía chilena los 
ímpetus brillantes y las audacias de la Argentina? Y ¿quién, por fin, 
no distingue entre las manifestaciones de esos y los demás pueblos de 
América este carácter peculiar: el sentimiento discreto, el tono velado, 
el matiz crepuscular de la poesía mexicana? Como los paisajes de la 
altiplanicie de Nueva España, recortados y acentuados por la tenuidad 
del aire, aridecidos por la sequedad y el frío, se cubren, bajo los cielos 
de azul pálido, de tonos grises y amarillentos, así la poesía mexicana 
parece pedirles su tonalidad. La discreción, la sobria mesura, el 
sentimiento melancólico, crepuscular y otoñal, van concordes con ese 
otoño perpetuo de las alturas, bien distinto de la eterna primavera 
fecunda de los trópicos: este otoño de temperaturas discretas, que 
jamás ofenden, de crepúsculos suaves y de noches serenas. Así des- 
cubrimos la poesía mexicana desde que se define: poesía de tonos 
.suaves, de emociones discretas." 



PRIMER PERIODO DE LA ÉPOCA REALISTA 
(antes de la revolución) 

La lírica puramente subjetiva. — La novela realista. — La alta 
COMEDIA. — La zarzuela. 

(i 850- 1 869) 



Isabel II (1843-1868). — ^Ministerio Bravo Murillo y Concordato 
(En. 1851-Dic. 1852). — Revolución y bienio progresista (1854-1S56). — 
Rompimiento de Espartero y O'Donnell (1856). — Guerra de África 
(1858-1859). — Turno legal. — Revolución de Setiembre: Gobierno pro- 
visional (1868-70). — Constitución de 1869. 

5. De 1830 á 1850, época romántica, todo es revolución y 
lucha, política y literaria, sobrepujando el liberalismo en polí- 
tica; en literatura, lo español sobre y contra lo francés. De 
1850 á 1860 lleva ventaja el catolicismo, luchando en pro suya 
los que antes se mostraron pasivos espectadores; pero desde 
1860 va preparándose la Revolución de 1868. En suma: acción 
católica del 50 al 60; reacción revolucionaria del 60 al 68. El 
romanticismo iba perdiendo sus fuerzas, posándose sus extra- 
vagancias, al mismo paso que la Revolución política, de suerte 
que, al llegar el 1850, así como enmudece la Revolución, el ro- 
manticismo ha desaparecido, fuera de la novela folletinesca, 
que cultivan medianos autores para la gente menuda. Descar- 
gado el romanticismo de la espuma que trajo de fuera, aquella 
exageración y misterio septentrional, cosas que le diferenciaban 
de nuestro antiguo arte realista, quedó éste como único arte, 
más limpio que el antiguo de todo elemento clásico, si bien al- 



22 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

gunos escritores vuelven á un cierto clasicismo más ó menos 
franco. En Francia, donde el positivismo científico venció en 
esta época á la fe religiosa y los intereses materiales á los mo- 
rales, añadiéndose además el espíritu gálico didáctico y social, 
que distinguió siempre su literatura, del romanticismo se saltó 
al naturalismo, que no es más que el realismo que se encerraba 
en el fondo romántico y quedó á descubierto en España ; más 
los efectos de esas tendencias, científica, material y didáctica; 
esto es, un realismo de fondo determinista, materialista é irre- 
ligioso, enderezado al fin científico de servir como documento 
empírico y documental. Nada de ello pasó á España durante 
esta época, en la cual, por consiguiente, nuestra literatura vióse 
casi libre de influencias extrañas. Alguna, sin embarga, puede 
notarse en la tendencia de ciertos escritores, sobre todo en el 
teatro, á filosofar ó proponer tesis en sus obras ; pero, al revés 
que en Francia, eran tesis morales y cristianas. La novela folle- 
tinesca es el último residuo romántico que queda en España 
para pasto de la curiosidad poco estética de la gente menuda, 
como quedaron durante el sig'lo xvi las novelas caballerescas, 
á pesar del triunfo del Renacimiento. 

6. Fuera de la Revolución del 54, con el bienio progresista, la 
política se calma y se aviene con la Santa Sede y con las ideas cató- 
licas. Narváez encadenó la revolución en 184S; Bravo Murilío (1851- 
52) llegó hasta hacer el Concordato, y desde 1856, los moderados y la 
Unión liberal alternan en el turno legal del Gobierno, pero tendiendo 
unos y otros á la tranquilidad, de suerte que los progresistas se ale- 
jaron y se declararon antidinásticos, dando origen á la democracia 
y preparando la Revolución de Setiembre. En todo este período los 
católicos, antes atemorizados y pasivos, toman la ofensiva, como en 
el resto de Europa, señalándose escritores como Donoso Cortés, Apa- 
risi, Balmes, Navarro Villoslada, Gabino Tejado, E. González Pedro- 
so, etc. En la fuga del combate pasaron á veces de la raya, tomando 
de los apologistas franceses doctrinas ultracatólicas, por lo que se les 
llamó neocatólicos, y puede verse claramente en las exageraciones de 
Donoso Cortés. Sus periódicos son, sin embargo, los más serios y me- 
jor escritos. La Regeneración (1855-70), fundada por Canga-Argüe- 
Des; La Esperanza (1844-70), en que Pedro de la Hoz, carlista, y des- 
pués su hijo, continuaron por el sendero trazado por Balmes; El Pen- 
samiento Español (1860-70), en manos de Villoslada, Tejado y Pe- 
dros©; El Padre Cobos, donde se juntaron los más hábiles satíricos. 
La política hízose, en suma, más católica y conservadora y la moral 



PRIMER PERÍODO DE I^\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 23 

fué más respetada que en la época romántica ; hasta se llegó á un 
cierto fariseísmo y á una predicación de sensiblería moral bastante 
ñoña y mojigata en gran parte de la literatura. Estos extremos de los 
católicos fueron consecuencia de las barrabasadas que la Revolución 
había cometido en la época anterior y de la rotura de costumbres y 
burla de la moral entre los románticos. El romanticismo, movimiento 
popular y verdadera revolución, tuvo sus centros abiertos á todo el 
mundo, el Ateneo y el Liceo; pero pasados aquellos años de eferves- 
cencia, decae el Ateneo y el Liceo se cierra. Desperdigados los hom- 
bres de letras al parecer, júntanse en tertulias varias, donde con ma- 
yor minuciosidad se estudia y se alardea menos aparatosamente. De 
estas tertulias trató el Marqués de Molins en su libro Bretón de los 
Herreros. En casa de don Patricio de la Escosura, calle del Amor de 
Dios, juntábanse los moderados y viejos: Gallego, Pacheco, Nocedal, 
Donoso Cortés, Pastor Díaz, Bretón, Ventura de la Vega, Rubí y 
hasta los jóvenes Gabino Tejado y González Pedroso. Los mismos 
asistían á la del Marqués de Molins los miércoles, juntamente con 
personas más eruditas: Amador de los Ríos, Ramírez Saavedra, Cer- 
vino, A. Fernández Guerra, Gil y Zarate, Hartzenbusch, M. Lafuente, 
Navarro Villoslada y Eugenio Ochoa. Todavía más eruditas eran las 
tertulias en casa de don Atireliano Fernández Guerra y en la de don 
Manuel Cañete; en la primera leía versos Arnao, que dio á conocer á 
Sélgas ; en la segunda. Zarco del Valle, Ventura de la Vega, Campo • 
amor, Baralt, el pianista Morphi. La gente moza continuaba yendo al 
café del Príncipe, y desde 1854, al café de la Esmeralda, en la calle 
de la Montera, y á casa de Gregorio Cruzada Villamil, calle de Lope 
de Vega, donde señoreó la colonia granadina, llegada aquel año 1854 : 
Castro y Serrano. Antonio Alarcón, Manuel del Palacio y otros ; á los 
que se añadieron Eguilaz, Trueba, el pintor Germán Hernández, Nú- 
ñez de Arce y el amigo de Cruzada, Florentino Sanz, que le había 
llevado á Berlín. Tras los románticos vinieron en Francia los parna- 
sianos Teófilo Gautier, Teodoro de Banville, autor de las Odas fu- 
nambulescas; Carlos Baudelaire, el pesimista satánico de las Flores 
del mal, y Leconte de Lisie. Cada uno lleva su divisa, pero uno de los 
cuarteles de sus escudos es el mismo, la rima rica, la técnica esmerada 
del verso, que es lo que de los románticos, sobre todo de Víctor Hugo, 
el emperador de la barba florida, quedó en la literatura francesa. La 
riqueza y técnica métrica no podía pasar de Francia á España; aquí 
era tradicional y llegó á restaurarse por el romanticismo. En Fran- 
cia no podía volverse al seudoclasicismo, de manera que al resurtir 
el gusto después del romanticismo, en vez de volver, como en España, 
al antiguo realismo, todavía más depurado y nacional, la ola se que- 
bró, se estrelló y se derramó en mil direcciones nuevas, con la única 
nota común del parnasianismo. Con esto se explica el ningún influjo 
de la lírica francesa en la española durante esta época. En cambio, la 
dramática entre los autores de menor cuantía, tomó no poco en Es- 



24 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

paña de la francesa neoclásica de Ponsard y Latour, de Saint Ibars 
y de la filosofante de E. Augier, Dumas hijo y Victoriano Sardou. 
Los grandes dramáticos españoles estaban por cima de tales influen- 
cias. Laniprodón canta al son de Scribe; pero Tamayo, Ayala y los 
más no cantan más que al son de su propio corazón cada cual, que 
todos suenan a realismo muy nacional. Otro tanto se diga de la novela. 
La folletinesca olía á Ponson-du-Terrail ó era él todo entero tradu- 
cido, V aun á Sandeau y á Jorge Sand; pero Alarcón, Fernán Caba- 
llero y Trueba, Pereda y Galdós no tienen pizca de francés. La litera- 
tura, en manos de los buenos escritores, se había, pues, libertado en- 
teramente del antiguo dominio gálico, era limpiamente española. Tal 
es el gran fruto debido al romanticismo. La inexperta mocedad segui- 
rá á veces las modas francesas; pero las obras maduras han ido arrai- 
gando tanto desde 1830 en la tradición española, sobre todo merced á 
la critica y erudición sabia, que el parnasianismo, el naturalismo, el 
simbolismo, el modernismo, venidos de Francia, no han llegado á cua- 
jar más que unas cortas temporadas entre ciertos jóvenes, más ex- 
puestos á las modas y de menos asiento por no haber todavía esco- 
gido su propio camino. La crítica sabia sigue en este periodo estu- 
diando la antigua literatura castellana, dando sus mejores frutos los 
eruditos que ya se dieron á conocer en la época romántica: Gayan- 
gos (1833), Alcalá Galiano (1834), Eugenio Ochoa (1835), Amador de 
los Ríos (1839), Aureliano Fernández Guerra (1839), Pedro José Pi- 
dal (1841J, Cayetano Rosell (1841), Ant. BoíaruU (1842}, Manuel Ca- 
ñete (1843), Adolfo de Castro (1844), Alenda (1844), Andrés Bofa- 
rull (1845), Eustaquio Fernández Navarrete (1845). Añádanse los que 
aparecen en este período, sólo en España, sin contar á los america- 
nos: \'icente Barrantes (1851), Ant. Martín Carnero (1851), Cánovas 
(1852J, Joaquín Gichot (1853), Florencio Janer (1855), Man. Mur- 
guía (1856), Rada y Delgado (1858), Simonet (1858), Juan Valera 
(1858), Gómez de Arteche (1859), el doctor Thebussem (1859), Aguiló 
(1860), La Barrera (1860), F.co Fernández y González (1860), Ben- 
jumea (1861), Tubino (1862), Soraluce (1863), Asensio de Toledo 
(1864) Picatoste (1865J, Fita (1866), Vidart (1866), Villaamil y Cas- 
tro (1866), Catalina García (1867), Fernández Duro (1867), Sbarbi 
(1867), Fabié (1S68), Máinez (i! 



7. La Lírica. — La época realista con su ciencia, reflexión 
y critica dio lugar en Francia á la lírica parnasiana, que con- 
.^iste en el esmero técnico y cuasi científico de la forma con 
descuido del fondo. En España no entró el influjo de esta es- 
cuela ni sus obras se leyeron sino muchos años más tarde; con 
todo, sin llegar á ese extremo vicioso, la sensatez de la época 
V el estudio reflexivo contra la rotura romántica, llevó á núes- 



LA LÍRICA 2D 

tros líricos á desechar la pasada hojarasca y á cuidar más de la 
hechura, sin que ella sobrepujase al fondo poético. Antes bien 
armonizados fondo y forma, la sinceridad, propia del realis- 
mo y de la reflexión, dio la nota característica á nuestra líricj 
y no menos en la forma la sencillez, hija de la sinceridad. El 
señorío poético, repartido antes entre Espronceda, Zorrilla y 
Campoamor, sigue todavía en manos de este último, que apenas 
fué romántico, y se distingue por el realismo popular, el humo- 
rismo, la sencillez de expresión y la sinceridad; pero, sobre 
todo, pasa á manos de Bécquer, acaso el mayor lírico y por lo 
menos el mayor puro lírico que ha nacido en España. Ningún 
otro alcanzó su profundidad de sentimiento, verdaderamicnte 
humano, juntamente con su sencillez de expresión. Es el lírico 
más íntimo, humano y sincero y el más allegado al tono y sen- 
tir popular. Núñez de Arce dase á conocer en este período, pero 
sus mejores obras son hijas del espíritu revolucionario del pe- 
ríodo siguiente. Balart, por lo doliente y terso de la forma; 
Manuel del Palacio, por lo real y risueño, y los sencillos y caji- 
dorosos Selgas y Trueba, son los dioses menores, juntamente 
con los que, llevados del realismo de la época, pudieran ya lla- 
marse regionales. Rosalía de Castro encarna el alma gallega; 
Teodoro Llórente, la levantina; José Lamarque, la andaluza; 
Melchor Palau se allega al pueblo en sus coplas. Ouerol es el 
más fino ejemplar de un neoclasicismo genuino, en torno del 
cual zumban otros más bajos poetas clásicos, que, careciendo de 
vigor para el realismo y lo nacional, resucitan á deshora el 
clasicismo, muerto y enterrado en la época anterior. En Amé- 
rica cantan excelentes poetas, todos más ó menos íntimos, más 
cuidadosos y sinceros que sus antecesores : los Pombos, Fallón. 
Miguel Antonio Caro, en Colombia; Olegario Andrade y Ri- 
cardo Gutiérrez, en la Argentina y Uruguay; Lorenzo Luaces, 
en Cuba; Salaverry, Soldán L'nanue y Liona, en el Perú. 
Todos, los de acá y los de allá del mar, son más sinceros y na- 
turales, más realistas y humanos, más cantores del presente, 
más íntimos y arraigados en lo nacional vivo y de hoy que los 
románticos, y al propio tiempo desechan los demasiados y vanos 
oropeles, lo misterioso y lo desesperado, todo lo extraño que el 
romanticismo había traído de allende. La mayor reflexión y 



26 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (18.SO-18ÓQ) 

moralidad de este periodo se nota hasta en el resurgimiento de 
ia fábula, que cultivaron Hartzenbusch, Pascual Fernández 
Baeza, Agustín Principe, Campoamor, Carlos Pravia, Antonio 
de Trueba, el Barón de Andilla y José M." Gutiérrez de Alba. 
En los líricos de segundo orden pueden decirse que hay dos ten- 
dencias : la clásica, sobre todo en los andaluces y los eruditos ; 
la becqueriana, más propia de los poetas del Norte de España, 
señoreando más la primera de 1850 á 1860, merced á la mayor 
tranquilidad política y moral; la segunda, de 1860 á 1869. 

8. A Bécquer imitaron muchos; otros, después, acaso á Heine, 
pero en lo que convenía con Bécquer. Núñcz de Arce se hartó de 
estas poesías, que, si á veces frisaban en ramplonas, ningún daño 
traían á la literatura, y las llamó siispirillos germánicos y vuelos de 
gaUina, frase que se repitió en son de burla hasta por críticos en esta 
parte indiscretos. Blanco García menospreció el género y túvolo por 
antiespañol, y con todo, en esa escuela pone á Palau y á oiros que se 
allegan á los cantores populares. Porque los tales suspirillos no eran 
sino cantares populares, mejor ó peor hechos, los cuales para Núñez 
de Arce, el trompeteador de la Revolución, natural es sonasen á poca 
cosa. Hasta Campoamor hizo cantares, y toda su poesía de la época 
realista pertenece verdaderamente á ella, con haber comenzado á poe- 
tizar en la romántica. Todo lo cual prueba que el género becqueriano 
no es más que el popular español, que es el realista. Y aun por eso 
los sevillanos volvieron á su tradicional clasicismo de las escuelas se- 
villa"nas de Lista y Herrera, con las debidas modificaciones, entre 
cillas el colorido y lo descriptivo, notas muy andaluzas. El tomar imo 
ú otro derrotero, el clásico ó el sentimental becqueriano, ó digamos, 
de la copla popular, pendía en los autores del temperamento artístico: 
los más fríos y amigos de la forma, del colorido, de la descripción 
prefirieron el clasicismo; los más sentimentales siguieron el otro ca- 
mino. Entre éstos se lucieron los gallegos y demás poetas del Norte, 
inclinados de suyo al sentimiento y á lo íntimo, así como los andalu- 
ces, que propenden á los efectos superficiales, á la descripción, al co- 
lor y á la forma, volvieron al clasicismo. Doña Rosalía de Castro, 
sin tener nada que ver con Bécquer, es de la escuela sentiiuental, ín- 
tima, becqueriana, y no menos lo son Balart, Trueba y Palau. De los 
clásicos, son excelentes poetas el murciano Selgas, que, con su amor 
al color y á las flores, como meridional, tiene una cierta delicadeza 
de sentir propia ya de la época realista, > los dos levantinos, Querol 
y Llórente, que, por la sinceridad, son becquerianos, aunque i)or la 
trasparencia y serenidad sean clásicos y por el temperamento colorista 
se alleguen á los andaluces. El clasicismo de estos dos poetas se dio 
siempre como planta natural y propia en la región levantina. Llegando 



LA LÍRICA 27 

ya á la plebe, digamos, aunque plebe poética, Blanco García, sin ceñirse 
al período que tratamos (1850-69). divide á los poetas en dos bandos: 
clásicos y becquerianos ó heinianos ó germánicos. Entre los prinieroj 
pone como de la escuela sevillana, que pretendieron restaurar el modo 
clásico de Lista y Herrera, á los poetas andaluces Apezechea, Rodrí- 
guez Zapata, Bueno, Aliñador de los Ríos, Fernández y González, La- 
marque, Reina, Fernández Espino, Cañete, los hermanos Herrera y 
Robles, Mercedes de Velilla, y como independientes, pero que se alle- 
gan á ellos, á López García, Alarcón, Grilo, Alcalde y Valladares, Gi- 
nard, Sánchez Arjona, García Caballero, Concepción Estevarena, Pe- 
ñaranda, Velarde, Cavestany y además á Rueda y Shaw, que son co- 
loristas andaluces de la época siguiente. Entre los becquerianos y hei- 
nianos pone á F. y González, Herrero, Llórente y E. Pardo Bazán, á 
Fuig Pérez, Ferrán, Ladevese, Sipos, Dacarrete, Mas y Prat, Sepúl- 
veda, además de Bécquer, Palau y Florentino Sanz. De todo lo dicho 
saco yo que no hay tales heinianos ni germánicos poetas, sino que son 
los realistas sentimentales, íntimos, más cercanos á la lírica popular 
española. De hecho, al tratar de Bécquer veremos que Heine y los 
alemanes no puede decirse fueron conocidos antes de la Revolución 
del 68, exceptuando á Florentino Sanz, y ellos comenzaron á poetizar 
antes de ella en ese tono, que yo llamo popular, sentimental ó realista. 
Ni Rosalía de Castro, ni Palau, ni Campoamor se inspiraron en los 
alemanes, ni Bécquer mismo. Menos se inspiró Ruiz Aguilera, de la 
época anterior, y, sin embargo, ya es popular. De Selgas y Trueba 
nada digamos, y eso que abren la época. El género había, pues, nacido 
del romanticismo, como los demás géneros realistas, el teatro y la 
novela. Blanco García, por haber admitido el germanismo, se ve en- 
redado de suerte que tiene que afirmar no ser español este género, 
donde pone poetas tan castizos, que se distinguen cabalmente por sus 
cantos populares. Además, después de separar los de la escuela sevi- 
llana, trata de los neoclásicos; pero clásicos fueron unos y otros. Ya 
notó Pardo Bazán que Blanco García anduvo harto confuso en toda 
lo que atañe á los años que siguieron á la época romántica. Deslin- 
dando ideas, asentemos que en la época realista las corrientes líricas 
pueden cifrarse en dos: la clásica y la becqueriana. A la clásica per- 
tenecen los andaluces y los eruditos ó académicos que, por su mayor 
parte, son, además, andaluces ; á la becqueriana pertenecen los poetas 
de las provincias del Norte. Es evidente que el hecho responde aquí 
á la naturaleza de los poetas, de las escuelas y de las regiones. Los 
meridionales, más superficiales y coloristas, lo ponen todo en lo or- 
namental de la forma: tal es el clasicismo de los unos. Los septen- 
trionales, más sentimentales é íntimos, miran más al fondo, siendo 
en la forma más llanos y sencillos : tal es la manera becqueriana. Los 
eruditos y acadé:nicos son por naturaleza clásicos, fríos, formalistas; 
los más sentidos é íntimos poetas no podían ser, después del romanti- 
cismo, ni clásicos ni académicos. El realismo era hondura del propio 



28 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-18Ó9) 

sentir, sinceridad y llaneza en el expresar. Clásicos fueron los que 
Valera menciona, como verdadero ripio, para rellenar de líricos una 
época, que de tal ripio no necesitaba, si Valera aqui no se hubiera 
mostrado tan académico : porque Bécquer vale por mil. La Academia, 
de la cual don Juan anduvo siempre demasiadamente enamorado, fué 
en todo tiempo partidaria de lo clásico y tan sólo á los clásicos pre- 
mió, con escándalo de toda persona sensata. Sería una chistosa His- 
ioria de la Academia la que recontase las obras que ha laureado y los 
ingenios que ha alentado y educado. Compréndese que no haya ha- 
bido académico que haya arrostrado á escribirla. El Conde de Güen- 
dulain llevóse el premio en un certamen académico con El Cerco 
de Zamora. Después escribió un todavía más desconocido Canto épico 
■en la muerte del Conde de Campo Alange, y ya nada se volvió á saber 
de él como poeta. El Conde de Cheste fué otro de los clásicos, y tan 
académico, que fué director, por infinitos años, de la Academia. Es- 
tébanez Calderón y jMora los cita Blanco García en este grupo, aun- 
que pertenecieron á la época del siglo xviii y de todos modos fueron 
eruditos. Añade á Baralt, que por erudito, purista, imitador arcai- 
zante y americano no es extraño siguiese el clasicismo; á i^eón Ben- 
dicho (1S30), que casi es de la época del xviii, humanista y poco 
poeta, puro traductor, y á Ríos Rosas. García Olloqui fué premiado 
en otro ruidoso certamen de la Academia por La Victoria de Bailen, 
composición atestada de ripios, vulgaridad, afectación y prosa. Esta 
hazaña académica se llevó á cabo nada menos que en 1850. También 
premió la Academia, y eso en 1860, á Joaquín José Cervino, otro 
clásico, é injustamente premiado, como lo probó Manuel Fernánde? 
y González en el Museo Universal; los pospuestos fueron nada menos 
•que Aparisi, Raimundo Miguel, Príncipe y Arnao, que valían cien 
veces más, por poco que valiesen. Aureliano Fernández Guerra, Va- 
lera, Laverde y Meréndez Pelayo, que Blanco García añade come 
c'.ásico?, fueron eruditos y prosistas, pero poco poetas. Toda esta poe- 
sía académica hallaba cabida en la Academia en las épocas romántica 
y realista. Remora del arte, más les hubiera valido á los inmortales 
ceñirse al estudio del idioma, conforme á su instituto; pero en el idio- 
ma hicieron todavía menos que en literatura, porque no hicieron nada. 
A nadie le ocurre que la Academia llamara á su seno á Bécquer, 
¿Porque no era erudito? ¿Porque no era clásico? Acaso; pero yo 
creo que. sobre todo, porque... era verdadero poeta. J. Valera, Poe- 
sía... siglo .vix, I, pág. 207: "Entre los personajes que en la tribuna 
y en el gobierno dd Estado acertaron á distinguirse, figuran tam- 
bién como poetas líricos Ríos Rosas, Aparisi Guijarro y iCánovas 
del Castillo; en las cátedras de Universidades é Institutos, algunos de 
tinto mérito como don I'"rancisco Sánchez de Castro; en las oficinas 
y Direcciones del Ministerio de Hacienda, don Francisco Luis Retes 
y don Lope Gisbert, que puso en lindos versos castellanos las me- 
jores leyendas del ciclo de la Tabla Redonda, escritas por i'eiinyson 



LA lírica jg 

en lengua inglesa ; en Gracia y Justicia ó en la Magistratura, si la 
memoria no me engaña, los señores Arnao, Cervino y otros, y en la 
carrera diplomática, una gran multitud de versificadores, de cuyos 
aciertos y desaciertos sería prolijo y enojoso además dar aquí cuen- 
ta sin error y sin omisión, calificándolos á todos y colocando á cada. 
uno en el lugar que se debe. Baste citar aquí, entre los poetas diplo- 
máticos, á don Fernando de la Vera é Isla, á don Juan Bautista San- 
doval, á don Gabino Martorell, hermano y sucesor en el título del 
Duque de Almenara Alta, de quien ya hemos hablado; al fértil don 
Emilio Olloqui, laureado por la Real Academia Española, á pesar de 
su dicción superfina y archiculta y a don Rafael García Santisteban, 
que, si bien adquirió fama componiendo comedias, zarzuelas y saí- 
netes, algún derecho tiene á ser también como poeta lírico considerado^ 
Justo es consignar aquí que el aficionado á la poesía ó el poeta de 
afición que tuvo verdaderas prendas de poeta, aunque se emplease 
en faenas de pane lucrando, conservó la tersura y limpieza del 
espejo en que se reflejaba el mundo encantado de sus ensueños 
y se niianifestó muy distinto y hasta contrario á lo que fué en 
la vixla ordinaria y real cuando tomaba la lira y cantaba. F(ué 
como si Catón, al escribir en su libro de memorias las sumas de 
dinero que daba á usura, se hubiese valido del agudo puñal con que 
se mató para no sufrir al tirano y para no ampararse de su mag- 
nanimidad insegura. Fué como si la Tizona y la Colada hubiesen, 
servido de asadores y acicalado después el uno ó el otro acero, do- 
tado de más fino temple y esgrimido por la diestra del Cid, hubiese 
sei^ido á este héroe para matar moros y realizar hazañas apenas in- 
creíbles. Así, el dirigir el movimiento de mercancías de una extensa 
red de ferrocarriles, mostrándose apto y hábil, no embotó la exquisita, 
sensibilidad, no disipó los místicos ensueños, ni manchó la pureza y 
elegancia de dicción, ni abatió el impulso del vuelo y de los raptos 
líricos que don Wenceslao Querol muestra en sus hermosas compo- 
siciones. Así también en la satírica prosa diaria en que don José Sel- 
gas, en nombre de un pasado irrevocable ó falso, entre retruécanos^ 
agudezas ingeniosas, aunque á menudo pueriles y rebuscadas y alam- 
bicados epigramas, se desata en burlas y en injurias contra el espíritu 
de la edad presente y contra hombres, cosas é instituciones, nadie 
acertaría á descubrir al candoroso, sencillo y dulce poeta de las flores, 
al autor de La Primavera y El Estío. Y así, por último, en la suave 
melancolía, en el fervor rehgioso y en la placidez y elegancia de Las 
Mtijeres del Evangelio, seria difícil ver la huella del hastío, de la. 
desesperanza ó de ías insanas y violentas pasiones que arrastraron á 
Larmig hasta el suicidio." M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-fimer., t. I 
(1911), pág. 395: "Ajquel movimiento de reacción que contra los des- 
enfrenos del lirismo romántico pareció iniciarse después de 1844, vol- 
viendo por los hollados fueros de la lengua poética y por la cultura 
V aseo del estilo é intentando reanudar la tradición de las escuelas- 



3o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

salmantina y sevillana de principios del siglo. ILn este camino se fué 
demasiado lejos, y por huir de lo desordenado, exuberante y monstruo- 
so, vino á darse en lo tiniido y apocado; por aversión al desaliño se 
cayó en lo relamido y artificioso; resucitáronse todo género de inver- 
.siones, perifrases y latinismos: la majestad sonora se confundió mu- 
■chas veces con la pompa hueca, con el énfasis oratorio y la rimbom- 
i)ancia, naciendo de aquí un género falso y aparatoso lirismo, que por 
mucho tiempo dominó y aún domina en todos los versos que pudié- 
ramos llamar oficiales, en los poemas de certamen y en las odas de 
-circunstancias. A vueltas de algunas composiciones recomendables en 
su linea, pero de todo punto inferiores á los modelos de Quintana, 
Gallego y Lista, este neoclasicismo póatumo, de tercera ó cuarta mano, 
únicamente ha servido para conservar ciertas tradiciones métricas 
de buen origen, cierto respeto á la sintaxis y á la prosodia, que nunca 
están de más y deben exigirse á todo el mundo." Mucho de todo esto 
hay que decir de los poetas secundarios andaluces, de la llamada es- 
cuela sevillana, clasicotes en demasía, faltos de novedad, amigos de 
la pesada octava real, discretos sempiternos en arte, donde no suele ser 
•el de la discreción temperamento que promete, como Apezechca, Ro- 
dríguez Zapata, Bueno, Amador de los Ríos, Fernández y González, 
Reina, Fernández Espino, Cañete, los hermanos Herrero y Espinosa, 
los esposos Lamarque, Justiniano, Campillo, De Gabriel, Herrera y 
Robles, de quienes trata Blanco García (pte. 2, c. 3) más latamente 
de lo que merecen. El realismo estético es un criterio que hace nau- 
fragar á las medianías, porque no pueden asirse á floripondios y otros 
elementos ornamentales con que las medianías arrebujan su vaciedad 
poética en otras escuelas, como la romántica ó la modernista. Por eso 
<n esta ci)Oca realista hay pocos poetas buenos, porque los que no lo 
SCO de veras se van al fondo y se quedan con un clasicismo de pega, 
.con formas de cajón, ordinarias y gastadas. En el terreno de la na- 
-turalidad medran sólo los que valen ; la afectación alimenta á muchos 
golfos literarios. A pesar de ser clásico, Menéndez Pelayo, de ins- 
tinto estético maravilloso, vio todo eso como no lo vio Valera; por- 
que Valera era más amigo de la Academia de lo que pedía su poderoso 
<riterio estético. Dejadas á un lado todas estas medianías clásicas y 
eruditas, véase cómo los verdaderos poetas van presentándose: Sel- 
gas (1850), Clemente Zenea (cub., 1850), Fornaris (cub., 1850), True- 
ca (1851), Amao (1851), Man. Pombo (col., 1851), Augusto Salave- 
rry (per., 1851), Raf. Pombo (col., 1853), Guillermo Matta (chil., 1853), 
Quero] (1856), Diego Fallón (col., 1856), Rosalía de Castro (1857), 
Luaces (cub., 1857), Bécquer (1858), Olegario Andrade (.arg., 1858), 
Xúñcz de Arce (1H59), T. Llórente (1859), Ricardo Gutiérrez (arg., 
1860), Ealart (1861), Man. del Palacio (1862), Soldán Unanue (per., 
7863), Guido Spano (arg., 1863), Liona (per., 1865), Melchor Palau 
<i866), Miguel A. Caro (col., 1866), José Lamarque (1867). 



EL TEATRO 3 1 

9. El Teatro. — Tras el drama romántico, de aswnto histó- 
rico, extremado en caracteres, lances y oropeles, de expresión 
lírica desenfrenada, viene la alta comedia, de asunto presente, 
reflexiva, moral y más psicológica en situaciones y caracteres; 
llana, si bien más atildada y de fino gusto en el lenguaje. A pe- 
sar de su romanticismo, Zorrilla escribe Traidor, inconfeso y 
mártir (1845), donde con mayor juicio y naturalidad se aco- 
moda á la naturalidad del actor Julián Romea, que lo había de 
representar. Muestra más intención y realidad Bretón en la 
Escuela del matrimonio (1852). El Hombre de mundo (1845), 
de Ventura de la Vega, abre el camino á la alta comedia, y has- 
ta de la tragedia clásica. La Muerte de César, "he procurado, 
dice á Romea, hacer una tragedia tal en su forma, pero dándo- 
le al fondo un poco más de realismo ó, por mejor decir, menos 
de convencional. Le he quitado la tiesura, la aridez, la entona- 
ción igual y uniforme: le he dado variedad, flexibilidad. Ob- 
serva y verás que en mi tragedia las gentes comen, duermen, se 
emborrachan, se dicen pullas". Casi lo mismo que decía Cer- 
vantes de su arte realista respecto del caballeresco ó antiguo ro- 
mántico septentrional y del tieso clasicismo que le precedieron. 
Poda episodios y casi peca por corto Hartzenbusch en La Ley 
de raza (1852) y por moratiniano en Un sí y un no (1854)" 
Vuelto de América García Gutiérrez, ciñe y robustece el diá- 
logo y muéstrase más asentado en Venganza catalana (1864) y 
Juan Lorenzo (1865). Pero estos autores habían nacido román- 
ticos ; los verdaderos dramáticos de este período son Tarnayo y 
Ayala, éticos ambos en el fondo, como todos los escritores de 
«ntonces, que tratan de enseñar no menos que de entretener; 
realistas en la exposición y cuidadosos en el lenguaje. El deber 
como triunfador de la pasión desenfrenada: tal es el fondo éti- 
co de entrambos y opuesto á la rotura brutal de los instintos 
que canonizaban los románticos. En su primera obra, Un hom^ 
bre de Estado (1851), escribe Ayala: "He procurado en este 
ensayo, y procuraré en cuanto salga de mi pluma, desarrollar 
-ün pensamiento moral, profundo y consolador." Tarnayo aña- 
de de su parte: "En el estado en que la sociedad se encuentra, 
es preciso llamarla al camino de su regeneración, despertando 
t\ germen de los sentimientos generosos..., luchar con el egoís- 



32 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-18Ó9) 

mo..., excitar la compasión..., los hombres y Dios sobre los 
hombres." Los héroes de entrambos dramaturgos son caballe- 
rosos, graves, dignos y tolerantes. Cierto temple varonil y hu- 
mano hay en ellos, mezclado armoniosamente con mayor ter- 
nura, cierta vehemencia de carácter noble con mayor austeridad 
en el deber, que no se hallan en el teatro romántico. Bien se 
trasluce que sus autores se proponen enaltecer las ideas y ro- 
bustecer la voluntad para que los espectadores se aperciban á 
combatir toda relajación y flaqueza de ánimo. En la forma son 
los perfectos, respecto del desarreglo de los románticos, los 
reflexivos, bien equilibrados y templados; saben concertar cul- 
tura literaria y uso teatral de los recursos escénicos, naturalidad 
y ficción, esmero en el decir y verdad real. De tan fino m¿tal 
contadas habían de Ser las obras que produjeran y de hecho 
fueron poco fecundos. Pocos fueron igualmente los dramáticos 
que tan elevada idea lograron llevar á las tablas. Sacados Se- 
rra y Enrique Gaspar, ¡cuan baj>:s quedan y fuera de la alta 
comedia Eguilaz, Pérez Escrich, Larra hijo, Marco, Campro- 
dón, Fernández y González, Hurtado! Incapaces de tan alto 
intento, viéronse arrastrados á llevar al teatro lo que privaba 
en la novela por entregas. Serra libróse por su españolismo 
acendrado; Enrique Gaspar, por su anticipado naturalismo; 
los demás, cual secas hojas de otoño que el torbellino arremo- 
lina, dejáronse atropellar de la moda sin asentar con firmeza 
la personalidad artística que no tenían. Los autores adocenados 
siempre son esclavos de la moda, y las modas vinieron siempre 
de Francia. Traían la moda las traducciones y arreglos, que 
abundaron en esta época como en la anterior. El retrato de la 
sociedad francesa durante el segundo imperio francés era lo que 
se pretendía trasplantar al teatro español en traducciones y arre- 
glos. Las primeras obras de Dumas hijo, el moralista paradó- 
jico é inflexible, que abre cátedra de utopías doméstico-socia- 
les ; las de Augier, Ponsard, Alfonso Karr, Feuillet, Malefille, 
Barriere, Laya, Sandeau, cultivadores de un género sentimen- 
tal, cauto y mitigado, para complacer á una sociedad positivista 
en secreto y ansiosa de altas ideas en público. No podía pasar 
á España aquella literatura sin dejarse en la aduana de la pú- 
blica moralidad española, tan contraria á la francesa, lo más 



EL TEATRO 



crudo y á la par lo más vivamente pintado por aquellos autores. 
¿Cómo iba á encajar aqui La Dama de las Camelias? El "lim- 
piar de escorias é inmundicias", que decía un critico, era des- 
naturalizar las obras. El teatro francés, espejo de la francesa 
sociedad, resultaba aquí espejo de una sociedad extraña, em- 
pañado, además, con las timideces de los arreglos. El que hizo 
Ortiz de Pinedo en Los Pobres de Madrid (1857), ^^^^ haber 
gustado al público, atrájose las iras de la critica timorata, que 
sacó á relucir los calificativos de soez é inmoral, anárquico, 
demagógico, andrajoso, mal oliente y hasta el de natiir alista - 
A las audacias románticas habían sucedido cierto descaecimiento 
y cobardía que se espantaba de todo y que hallaba acomodado 
pasto en lo sentimental, blanducho y ñoño hasta empalagar. 
Aplaudiéronse las piezas que sobresalían por estas notas : Ver- 
dades amargas (1853), de Eguilaz; La Oración de la tard¿ 
(1858), de Larra; El Cura de aldea (1858), de Pérez Escrich; 
La Cruz del matrimonio (1861), de Eguilaz. Apreciábase en la 
época anterior lo violento, lo apasionado, hasta lo destartalado 
en caracteres y situaciones ; ahora se hablaba de caracteres dul- 
ces y melancólicos, de tipos angelicales, ejemplares, ideales, de 
virtudes evangélicas, de flores delicadas. Lo melodramático, en 
suma, privaba en España, como en Francia y en toda Europa. 
Era en todas partes efecto de la natural reacción contra el ro- 
manticismo. Hasta que aburrida la gente de tanta blandengue- 
ría y no dando abasto los escasos autores de altos vuelos con 
sus escasas pi . ducciones, acogióse, como siempre, á la vena 
popular de la pintura de costumbres, con el aperitivo, además, 
de la música. No brotó un Lope de Rueda, un Guiñones de Be- 
navente, un Ramón de la Cruz; esta vez el género venía de 
Francia, y en no pocas de las piezas se trasparenta harto; pero 
era tan español de casta, que presto se españolizó y dio aquí 
frutos extraordinarios. Al punto se le bautizó con el añejo nom- 
bre que le era propio, porque no era más que la vieja zarzuela 
española que revivía. La crítica empingorotada y erudita alzó 
el grito, siempre desconocedora del valor de lo popular. No 
pocos malos ratos le costó á Alarcón la campaña que emprendió 
contra ella, motejándola de sacadinero y engañamuchachos. 
Por más que tronó la crítica, como después la oímos trinar con- 



TOMO VIII. — 3 



34 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-18ÓC)) 

tra el género chico, como después al género chico acudía en- 
tonces el público á la zarzuela. "Todos nuestros escritores dra- 
máticos, dice Alarcón, y todos nuestros músicos se dedicaron, 
los unos a escribir zarzuelas, abandonando el teatro español de 
verso, y propalando los otros que la ópera nacional nacería del 
cultivo de aquella clase de composiciones." No pocos años más 
tarde, cuando de la zarzuela nació lo que en España tenía que 
nacer, el género chico, que vale tanto como cualquiera otro gé- 
nero teatral, todavía esperaban la crítica empingorotada y la 
necia grey erudita que había de nacer de ella la llamada y jamás 
nacida ópera española. Como si estos dos extremos, de ópera, 
esto es, teatro enteramente musical, y de española, no se dieran 
de cachetes y pudieran jamás concertarse. La cólera española 
no aguanta música en todo momento dramático, por ser con- 
tra la naturalidad. Revivió la zarzuela, los ingenios todos se 
dieron á cultivarla. Camprodón y Olot, sobre todo, con ella se 
enriquecieron. Más tarde, hasta la crítica la aplaudió y tuvo 
por buena, como se ha llegado a aplaudir y tener por bueno el 
género chico. Y es que las novedades siempre hallan resisten- 
cia, y cuando vienen del pueblo hállanla más severa todavía en 
la gente letrada; pero el pueblo es sabio en sus novedades por- 
que no suelen serlo más que aparentemente y de hecho son co- 
sas viejas y de abolengo. El teatro aquel blanducho y falso, y 
el más falseado todavía de los arreglos franceses, no satisfacían 
al pueblo. Volvió al entremés ó saínete, con música y todo, 
traído no menos de Francia, pero que cuadraba al gusto del 
pueblo, que siempre lo tuvo por el saínete y el entremés y por la 
música, y a despecho de la crítica el género cundió. La zarzuela 
paró, al asomar la revolución, en Los Bufos madrileños, copia 
de los parisienses, como el género chico paró en el género ín- 
fimo y las varietés francesas. 



10. Del 15 de Setiembre de 1860 al 25 de Junio de 1861 se pu- 
sieron en escena en el teatro del Principe 2y obras originales y 13 
arregladas ó refundidas; en el de la Zarzuela, 30; en el del Circo, 25; 
en Variedades, nueve ; en Novedades, dos. Total, 106 piezas. Noticias 
éstas tanto más de notar cuanto dicen y propalan algunos que por 
aquella época apenas había teatro en España. Mucho fárrago, pero 
nada de poquedad ni escasez. Los buenos autores son los menos; mas 



EL TEATRO 



35 



¿acaso en alguna era fueron los más? En la del romanticismo hubo 
acaso más de los que meten ruido; pero era ruido romántico, de mu- 
cho cascabeleo y sonajeo huero y barato; en la de ahora son menos, 
pero harto mejores los llamados buenos. El drama realista de Tamayo 
y Ayala es la vuelta al antiguo teatro nacional en espíritu, con la mo- 
dernización que el espíritu mismo del teatro nacional demandaba. 
Este espíritu de nuestro teatro nacional tiraba, efectivamente, á llevar 
á las tablas la vida, ya en asuntos del tiempo presente, ya históricos, 
pero sin falsear la realidad, mezclando lo cómico con lo trágico como 
se hallan en la vida mezclados, interviniendo toda clase de gentes, ha- 
ciéndoles hablar con el propio lenguaje, culto á los cultos, popular á 
los populares, y con la gala de la versificación cuando la grandeza del 
asunto lo pide. Dejóse el prurito romántico de todo lo extraordina- 
rio, exagerado y chillón, de la lírica retórica en el habla, de los re- 
cursos literarios, de los caracteres estrafalarios y rebeldes. Tratóse 
de imitar la vida moderna como la vida de su época imitó el teatro 
nacional. Difiere de aquél en que, para mayor verisimilitud, se echó' 
mano á veces de la prosa, y en que, según peuian los tiempos, el drama 
encerrase una idea educadora, una tesis, digamos; mas sin que por 
ello el drama fuese de tesis, esto es, sin que sobrepujase el intento 
doctrinal á lo dramático. Esta novedad no lo es enteramente, ya que 
á menudo se halla en nuestros antiguos y siempre en Alarcón ; pero 
ahora generalizóse mucho más, porque la literatura toda en Francia 
tendía á lo docente, á la tesis, al problema, á la propaganda, así el 
teatro como la novela, el periodismo y la cátedra. Como tan francesa, 
esta propensión llevó en Francia al naturalismo, exageración del rea- 
lismo docente; en España apenas hase descaminado, conteniéndose 
en sus justos límites, hasta en los autores más aficionados á la tesis, 
como Selles, Galdós, Dicenta y Benavente. En el período de la época 
realista que estudiamos ni siquiera llegó á este extremo. Tamayo, ver- 
dadero propagandista de la moral católica en el teatro, jamás sacrifica 
á su tesis la parte dramática. El espíritu de observación ahuyentó del 
teatro todas las falsedades idealistas y lo huero en tipos, lenguaje y 
recursos; indujo á los autores á presentar los conflictos de la vida 
moderna y del moderno pensar como se dan en la realidad, con la 
mayor verdad posible. No estoy conforme con Yxart (t. I, pág. 146, 
El Arte esc), admirable crítico á quien hemos extractado gran parte 
de lo concerniente al teatro, cuando dice que "en el fondo hay in- 
compatibilidad manifiesta entre el verdadero genio de aquella litera- 
tura y el genio real de esta nación", dando como pinieba el que cuando 
ya fenecía fuera de España el realismo, "todavía hablamos de él en 
España como de una innovación". No podía hablarse del realismo 
como de una innovación el año 1894, puesto que Ayala y Tamayo ha- 
Ijían dejado para entonces de dramatizar, con haber sido verdaderos 
dramáticos realistas. Las Personas decentes, de Gaspar, y Las Ven- 
gadoras, de Selles, que Yxart examina como de la escuela realista, 



36 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-18Ó9) 

son ya piezas de ulterior evolución, de la escuela de ideas. Gaspar 
adelantóse á su tiempo y fué realista y hasta casi naturalista en Es- 
paña, cuando aún no había nacido el naturalismo en Francia. Así en 
su primera obra Las Circunstancias (1867). Y con Las Personas decen- 
tes llevó á las tablas en 1890 la mismísima manera que ha llevado 
Benavente en 1916 con sus últimas obras y poco antes con La Prin- 
cesa Bebé, como veremos al hablar de este autor. Gaspar es de la 
madera de Avala y Tamayo, y si queda im poco más bajo que ellos 
es por la poca distinción de los personajes, que todos parecen ser uno 
mismo, defecto común de Selles, de Benavente y de Linares Rivas. 
No traía Gaspar en 1890 la novedad del realismo, puesto que había 
"combatido por él desde sus primeros años de autor", como el mismo 
Yxart afirma, y habían dado ya fin á su teatro Ayala y Tamayo. ¿ O es 
que son románticos estos autores? Ni extrañe que en España el pú- 
blico popular siguiese deleitándose con lo melodramático, porque otro 
tanto sucedía al público popular en todas partes y en todas partes su- 
cede ho>' y sucederá siempre. De 1845 á 1870 hiciéronse en Francia 
muchos melodramas, obras sentimentales, de personajes típicos abs- 
tractos y situaciones exageradas, amontonamiento de horrores, fruto 
deJ romanticismo exagerado, como la novela folletinesca y por entre- 
gas. Hiciéronlos, sobre todo, Pixerecourt, Ducange, Bouchardy, Enne- 
f)', y de Francia pasó el mal gusto al resto de Europa. En España, 
aunque se hicieron y aún se hacen melodramas, suelen ser menos so- 
ñadores y exagerados, y no obtuvieron gran aceptación entre las per- 
sonas cultas. Lo melodramático es pasto eterno del vulgo, poco culti- 
vado, que gustó en otro tiempo de los libros de caballerías y gustará 
siempre de los folletines. El realismo gusta no menos á todo el mundo, 
gustó y gustará siempre; la desgracia es que autores realistas verda- 
deros caen pocos en libra, porque es lo sumo del arte saber huir de 
las exageraciones y pintar la vida tal cual es, y no pueden esos con- 
tados autores dar abasto á la curiosidad popular. El realismo pinta á 
los hombres como son, no como deben ser ; deleita, no con mi idealis- 
mo soñado, más propio de la moral que del arte, sino con el espec- 
táculo vivo. Este suele ser más inmoral que otra cosa, porque la virtud 
cp rara avis y además ofrece mayores dificultades que el vicio para ser 
representado. Como en España está tan arraigado el criterio ético, 
nada de extraño tiene que los críticos y el público, no deslindando las 
sutilezas que enreda el problema de la moral y el arte, griten escan- 
dalizados contra el realismo, confundiéndolo con lo inmoral, cuando 
de hecho es el único arte moral que hay, como que es el arte puro, el 
cual no puede ser inmoral, y cuando de hecho también y por lo mismo, 
lo inmoral en el arte siempre viene de falsear la realidad, del arte 
ideal. La critica en España, en vez de desmenuzar un drama como 
obra de arte, mostrando sus elementos estéticos y no estéticos, apar- 
tando el oro artístico de la escoria, suele entretenerse siempre en in- 
vestigar y proclamar si es moral ó inmoral. Por mor de la moral quie- 



EL TEATRO 3 7 

ren personajes simpáticos, ansian un desenlace agradable ; esto es, 
que el bueno sea recompensado y castigado el malo al acabar el dra- 
ma; escrupulizan sobre la presentación en las tablas de la verdad des- 
nuda, del vicio tal cual es, queriendo se les dore, como las pildoras, 
para que no amargue á las conciencias timoratas ó léase farisaicas. 
A esto llaman moral. Pero, ¿puede darse cosa más inmoral que la 
mentira, que el falsear la realidad entapujándola, dorándola, velando 
el mal paia que se haga más atractivo? El artista no puede sobrepujar 
en el arte al Criador de la naturaleza. Ahora bien, Dios lo que pre- 
tende en este mundo es mostrar la libertad del libre albedrio del hom- 
bre, raíz de su obrar y merecer. Para ello pasa por todas las malda- 
des y flaquezas humanas, no las rebuja, dejándolas desnudas, mos- 
trando así á los mortales que el bien y el mal está en sus manos y que 
hay otra vida donde su justicia dará á cada cual su merecido. ¿Quién 
pensaría en la otra vida si viese en ésta la última jornada del drama, 
esto es, premiado el bien y castigado el mal? Los falsos moralistas 
no parece sino que quieren enmendar la plana á Dios, pretendiendo 
que los dramáticos hagan en este mundo al fin de sus dramas o^a jus- 
ticia que Dios reserva para la otra vida. Proclámanse más timoratos, 
más morales que Dios, no consintiendo el vicio en el teatro si no es 
dorándolo y parece le echan á Dios en cara el que lo deje por ahí cam- 
par con toda su desnudez. ¿ Puede darse en arte mayor inmoralidad 
que oscurecer por el mismo arte los designios de la Providencia, pin- 
tando el vivir de suerte que ni brille el libre albedrio ni la prueba de 
otra vida? Pues nada más que eso es falsear la realidad por escrúpulos 
timoratos y á eso se reduce todo el clamoreo de los críticos y de los 
moralistas cuando juzgan éticamente el teatro, en vez de juzgarlo 
como pura obra de arte. Un asesino en el teatro ha de acabar en la 
horca, porque así lo pide la moral justiciera. Con eso se niega implí- 
citamente que haya un más allá de esta vida, en la cual el asesino 
suele, por sus artimañas, llegar á ser un alto y respetado personaje. 
; Bueno es que queramos indefectiblemente llevar á presidio en las 
tablas al ladrón, á quien Dios le deja prosperar á veces por esos mun- 
dos como una persona honrada ! Toda inmoralidad redúcese, en últi- 
mo término, á una mentira: esos señores pretenden fundar la mora- 
lidad del teatro sobre la mentira de falsear la realidad. Los vicios pú- 
blicos son los que verdaderamente estragan, corrompen y desedifican, 
y, á pesar de todo, consiéntelos el Autor y fuente de toda moral. El 
arte representando la vida tal cual es. condensada en pequeño espejo, 
no hace más que presentar la maldad toda junta ante la razón y la 
conciencia humana, para que, chocando con los eternos principios 
morales que en ella brillan, la deteste viéndola cara á cara como á su 
mortal enemiga y en sus horribles consecuencias, que lo son hasti 
la prosperidad del asesino y del ladrón, harto más horrible prosperi- 
dad para la conciencia, que sabe hay otra vida y considera la nece- 
dad del ladrón y del asesino, que se olvidan de ella, obrando como 



38 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

si no la hubiera. Así depura el arte la realidad perversa, sacando de 
ella el mismo bien que Dios saca permitiéndola en el mundo. La cues- 
tión de la moralidad en el arte es una cuestión de moralistas topos, 
una cuestión de verdadera inmoralidad ó, por lo menos, de supina 
ignorancia en los que se dan por maestros. "Muchas obras hemos vis- 
to tachar de inmorales, escribe Yxart, sólo por algunos pormenores 
de la superficie, cuando están rebosando alta belleza moraJ por todos 
sus poros : esto es, vitalidad sana, alteza de intento, afirmación del 
libre albedrío. Otras condenaríamos por antiartísticas, que son al 
propio tiempo inmorales, ó, en otros términos, que no son bellas por 
su peculiar inmoralidad. Pero esta inmoralidad no es la superficial y 
visible que atañe únicamente á lo genésico y á lo femenino, sino aque- 
lla carencia de calor dramático, aquella frialdad senil y enervadora, 
que ofrecen el espectáculo del mundo v del hombre desde el punto de 
vista ininteligente, deprimente, sin libertad ni batalla." El arte rea- 
lista ha matado de un golpe el arte retórico y falso, común al clasicis- 
mo y al romanticismo. Eran aquellas obras teatrales verdaderos de- 
chados de retórica, esto es, de arte falseado y académico, arte de or- 
namentación, al cual se sacrificaba el fondo y la verdad real de la 
\ida, que el arte debe representar sin añadiduras ni cintajos. El uso 
del verso lleva fácilmente á esa falsedad y retórica : han hecho bien 
en preferir la prosa los autores que no manejaban el verso con la 
misma facilidad y naturalidad. La retórica y el ornamento servían 
para apacentar la imaginación de un público de niños, con detrimento 
de la sentida realidad, de las más elevadas facultades que anhelan 
ahondar en la representación de la vida, que buscan pensamiento, fon- 
do, alma, espíritu, y no puro cascabeleo, sonajería y cosquilleo del 
oído. La pasión no es nada retórica, no sufre largas estrofas ni pe- 
riodos campanudos como los que se menudeaban en el teatro román- 
tico y á veces en el teatro clásico. No hay cosa más contraria al rea- 
lismo dramático que cuanto huela á libros y literatura, lo cual hasta 
cierto punto puede pasar en la novela, obra para leída. M. Pelayo, 
Id. estét., t. V, pág. 465: "La tragedia clásica había muerto con el an- 
tiguo régimen y era imposible resucitarla. La comedia había ido per- 
diendo en manos de Scribe y de sus colaboradores todo carácter lite- 
rario. El drama romántico había abortado. La escuela del buen sen- 
tido, preconizada por Ponsard. no podía ser más que una escuela de 
medianía elegante y académica. Sólo una evolución realista podía 
salvar el teatro, y esta evolución, presentida por Diderot y realizada 
ya en la novela por Balzac, iba á pasar, aunque de un modo incomple- 
to, á las tablas, creándose el drama de costumbres modernas y de te- 
sis social, única forma que hoy subsiste, aunque no sin visos de pró- 
xima decadencia, que quizá anuncie los funerales del teatro mismo, .^ 
lo menos en su forma tradicional.'' Yxart, El Arte cscín., t. I (1894), 
pág. 36: "Al asomar la década del 50 se había llegado al otro extremo 
del camino emprendido en el 34. No se trataba ya como entonces de 



EL TEATRO ig 

asaltar y tomar posiciones á la bayoneta y con estridente tocata de 
clarines; todo lo contrario: era caso de organizar las llamadas con- 
quistas de la Revolución, y aun de rectificar los errores cometidos. 
Los mismos encarnizados combates (sin metáfora) en que siguieron 
desangrándose los españoles, no se daban ya entre la España vieja 
y la España nueva, sino entre los partidos que crearon esta última. 
El pronunciamiento y la barricada habían ido sucediendo á las bata- 
llas campales de la guerra civil entre dos ejércitos, casi entre dos Es- 
tados. Aquel era el tiempo de los Concordatos y las revisiones cons- 
titucionales. La sociedad desamortizadora, ya dueña, se apresuraba 
á levantar cabeza y á gozar de todos sus beneficios, con cierto ardor 
de advenediza. El improvisado desarrollo de la industria, el plantea- 
miento sucesivo de las innovaciones materiales (Sociedades de cré- 
dito, ferrocarriles, ensanche de las poblaciones), traían nuevas cos- 
tumbres, que alarmaban á los moralistas, y nuevos temas para revistas 
y Ateneos. El problema político se había complicado con la cuestión 
social. Ya los Donosos Cortés iban gritando pavorosamente en cada 
esquina: "¿Adonde vamos á parar?" El partido democrático nacía, 
crecía, se imponía, y de unas en otras, de acción en reacción, no había 
cu-estión alguna que no acercara á lo que fué Revolución de Setiem- 
bre. ¡ Otra quincena ó veintena de años ; otra generación en marcha 
que da su fórmula, la discute, la plantea, decae y pasa ! En el teatro, 
como en todo, se vino á tratar de lo mismo, mudando sólo la fraseo- 
logía. La literatua en general, la dramática particularmente, tuvieron 
también sus concordatos. A la licencia del estro poético se opuso el 
mayor estudio de la naturaleza humana. Fatigados autores y público 
de tanto delirio y pasión, dieron en echar de menos el buen sentido, 
la verdad dramática, y, sobre todo, el fin moral del teatro. Con la 
mayor percepción de los casos y caracteres sociales, con la mayor 
complejidad de la vida, se pidió á la misma comedia más intención, 
más trascendencia. Aquella nueva sociedad siente deseos de verse en 
las tablas, y como no es ya tan niña ni vive en circulo tan reducido, 
pone figuras únicamente cortejando á una coqueta, como en la Mar- 
cela, con tipos-retratos conocidos de los abonados de Madrid ; quiere 
su poco de drama, vestido de le\'ita : la alta comedia, en una palabra. 
Es más : así como existe entre los pensadores cierta reacción conser- 
vadora, hay cierto regreso al clasicismo entre los literatos: por lo 
común, éste reaparece, en una ú otra forma, en cuanto se vuelve á 
predicar templanza; guarda eternamente estrechas conexiones con 
toda tentativa de verdad artística, inclusas las más radicales. Eji los 
mismos autores románticos llegados á su madurez se nota con antici- 
pación este cambio. Zorrilla se despide de las tablas con Traidor, in- 
confeso y mártir (1845). Y el autor dice de su drama que, "sin salirse 
de su terrorífico romanticismo", fué ya ©1 que intentó pensar y co- 
ordinar más despacio. Desde luego lo escribió para Julián Romea, 
el apóstol de la verdad en escena. Aunque el autor no participaba del 



40 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

criterio del actor, hoy es y le parece su obra la mejor hecha y ajus- ^ 
tada "á las reglas del arte", con dos actos mcgistralmente compues- 
tos. Bretón se cansa é irrita de que ya se califiquen de sainetes cultos 
sus comedias, de triviales sus argumentos, de endebles, efímeros, 
como de temporada, sus personajes: se esfuerza en comunicar á sus 
asuntos mayor intención : en pintar el estado de la sociedad en el in- 
terior doméstico: La Escuela del matrimonio, una de sus obras más 
jiensadas, es de 1852. Vega, que con su Hombre de mundo (1845) P''^" 
ludia, en realidad, la alta comedia, cree hallar dispuestos los ánimos 
para aceptar de nuevo la desterrada forma de la tragedia clásica: 
quiere remozarla con nueva vida. I>e su Muerte de César escribe á 
Romea: "He procurado hacer una tragedia tal en su forma, pero dán- 
dole al fondo un poco más de realismo ó, por mejor decir, menos de 
convención-ai. Le he quitado la tiesura, la aridez, la entonación igual 
y uniforme: le he dado variedad, flexibilidad. Observa y verás que 
en mi tragedia las gentes comen, duermen, se emborrachan, se dicen 
pullas." Hartzenbusch, por su parte, expurga de episodios é incidentes 
sus dramas históricos, como La Ley de raza (1852) hasta pecar de os- 
curo — le dicen — , con tanta economía opuesta á la exuberancia anterior ; 
retrocede en la comedia hasta la forma moratiniana, como en Un si 
y un no (1854). A su vuelta de América, el mismo García Gutiérrez, 
el lírico de El Trovador, el idólatra y traductor de Dumas en su ju- 
ventud, se aplica, como todos, á alcanzar mayor equilibrio y solidez, 
á obtener un diálogo más ceñido, más robusto. Tras algunas obras, 
hoy olvidadas, vuelve á sonar su nombre con Venganza catalana 
(1864). En su Juan Lorenzo (1865), Y^-, como todos, intenta el drama 
político, con pensamiento social, entre aquellos caracteres templados, 
de enérgica voluntad, de índole pensadora y reflexiva, sucesores de 
los violentos y locuaces. Pero no son estos los escritores que implan- 
tan la fórmula. En ninguna época hay que buscar la innovación, y 
menos con todo su carácter, entre los que no nacieron al mismo tiem- 
po que ella. Los citados dramaturgos, al fin y al cabo, no la inician, 
la siguen ; no la sienten discurrir por su misma sangre pura y rica, 
sino por inoculación. Los autores de valía que trajo aquel movimiento 
literario y el nuevo estado de los ánimos son únicamente dos: Tama- 
yo y López de Ayala... Descartado el propósito moral, el arte de 
Tamayo y Ayala es también ecléctico y de transición : es el de los 
equilibrados y templados y suele suscitar una de tantas discusiones 
superfinas é inútiles entre los que paladean con fruición la perfec- 
ción exquisita y los que prefieren las irregularidades de lo sublime. 
Son los perfectos, opuestos á los geniales y desarreglados de la época 
anterior. De cualquier lado que se mire, todo en aquellas obras es 
reconciliación, fusión, soldadura de extremos: fusión de la mayor 
cultura literaria propia para saboreada en la lectura, con los recur- 
sos escénicos, la vida, él movimiento imprescindibles en las tablas; 
fusión de la naturaleza y la verdad dramáticas, con la depuración 



EL TEATRO 4 1 

artística, á cuya llama el natural echa de sí la escoria de su metal 
tosco y primitivo : una preparación intensa, tarda, oculta, que produ- 
ce, sin embargo, figuras tan vivas que parecen espontáneas." 

No hay que confundir la ópera con la zarzuela cuanto á que gusten 
ó no á los españoles. La ópera ó pieza toda musical es cosa italiana, 
que en España sólo se cultivó y cultiva por la música y para la gente 
ilustrada. La cólera española ya vimos que no sufre la música conti- 
nua, y menos en ocasiones trágicas. En vano se ordenó en 1800 fuese 
española la letra de la ópera; se faltó á lo ordenado de 1808 á 1824 
y luego desde 1826, que ha seguido cantándose en italiano. La zarzue- 
la consta de trozos cantados y trozos hablados, y este género es muy 
del gusto de los españoles. Ni se ciñe á plebeyos asuntos de suyo; 
puede admitir hasta lo trágico y lo soñador ó fantástico. La dificul- 
tad está en que los músicos sientan la obra escrita por un buen autor 
y den expresión musical á algunos de sus trozos. Yo creo que con 
el tiempo se harán zarzuelas elevadas de estas ú otras clases. Pre- 
tender hacer ópera española para el público común es perder el tiem- 
po. Toda obra completamente musical será del género de la ópera que 
conocemos, sólo diferenciada accidentalmente, según sea Rossini o 
Wagner ó Pedrell el autor. Cuando haya excelentes músicos habrá, 
acaso, ópera para un cierto público y habrá, sobre todo, elevada zar- 
zuela, que será gustada de todos. La zarzuela española moderna tuvo 
sus propios comienzos en 1849, con Colegiales y soldados, letra de 
Pina y de Lumbreras, música del maestro Hernando, el cual, á poco, 
puso música á El Duende, de Luis Olona. Abrióse el Teatro de la 
Zarzuela en 6 de Octubre de 1856, por no dar abasto al género los 
demás teatros: con tal furia fué recibida del público. Hiciéronlas 
hasta Ventura de la Vega, Rubí, García Gutiérrez y otros románticos, 
y Eguilaz, Ayala, Selgas y Tamayo. De Ventura de la Vega es Jugar 
con fuego; de Eguilaz, El Molinero de Suhiza. Camprodón y Olona 
hicieron, sobre todo, el gasto, y más el segundo, que hizo muchísimas, 
y las hacía mejores. Sobresalieron también en la zarzuela Luis de 
Larra, José Picón, Ricardo de la Vega y Javier de Burgos, que des- 
pués fueron maestros en el género chico. Al acercarse la Revolución 
de 1868 le dio giro satírico José Gutiérrez de Alba. Alarcón se en- 
sañó con ella en cierto artículo célebre, considerándola como cosa 
fuera del arte, aberración del gusto y contraria á la música y á la 
litei^atura. Pero fué en vano y siguió medrando y creciendo hasta que 
se hundió cuando de Francia vinieron los Bufos, inaugurados en 22 
de Setiembre de 1866 con El Joven Telémaco, de Ensebio Blasco, 
música de Rogel. Con la revolución política sobrevino el encenaga- 
miento de la escena y el estrago del gusto, mirando tan sólo á hace* 
reír y á despertar con obscenidades los bajos instintos. Los Bufos 
Madrileños: tal es el título que en 1866 se dio al teatro de Varieda- 
des, por haberse dedicado en él los cantantes Arderíus y Cubero, las 
actrices Checa y Bardan á hacer reír, y nada más que reír, al público 



42 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1869) 

estragado, que, después de haber pasado el rato divertido, sale del 
teatro calificando de disparate lo que vio y oyó. Si se hiciera reír 
presentando caracteres y situaciones cómicas, tendríamos comedia, 
obra de verdadero arte; pero en este género no había nada de eso. 
Los que conociendo el clásico Joven Telémaco salían de ver el Joven 
Telémaco, de Blasco, decían : "La receta para hacer estas obras es 
muy sencilla y puede aplicarse á todas las grandes fábulas ó historia-i 
de la antigüedad. Se evoca á Julio César, por ejemplo, se hace que 
esté muy pensativo, porque le cumple un pagaré; llega el barbero, 
le dice que la noche anterior estuvo en el café Suizo y que oyó á Bru- 
to, que estaba comiendo una tortilla de ron, que se iba á armar la 
gorda, y así sucesivamente ; lo que quiere decir que viendo Los Dio- 
ses del Olimpo se ve El Rapto de Elena, El Joven Telémaco y las de- 
más farsas del género bufo. (Véase J- Nombela, Rev. teatr., pág. 184.) 
Julio Nombela, Impresiones, t. II, pág. 161 : "La zarzuela, ó sea la 
ópera cóinica española, empezaba á ser por entonces el espectáculo 
favorito de la clase media. Al regresar de París, donde pasó una larga 
temporada el compositor don Rafael Hernando, se propuso crear en 
España algo parecido á la ópera cómica francesa y consiguió que 
Olona, que también conocía el género lírico cómico francés, le escri- 
biese un libro, que se tituló El Duende, vaudeville calcado en los 
de que tanto abunda el repertorio traspirenaico. Hernando hizo 
unos cuantos números musicales ; la obra se representó en el flaman- 
te teatro de Variedades. Manuel Catalina desempeñó el principal pa- 
pel, y una tiple que, si mal no recuerdo, fué Amalia Ramírez, que 
adquirió gran celebridad, y María Bardan, madre de Francisco Ar- 
deríus, coadyuvaron al éxito de la obra con un actor llamado Car- 
celler, cuyo papel se reducía á aparecer en escena tres ó cuatro veces 
sin hablar, á pesar de lo cual era muy aplaudido por su mímica. Estos 
artistas contribuyeron, con la música fresca y entre sentimental y ale- 
gre del compositor y la habilidad del autor del libreto, á aclimatar 
en España un género que no era enteramente nuevo ; pero que, am- 
pliado y mejorado, adquirió en breve tiempo gran desarrollo. La zar- 
zuela El Duende se representó más de cien noches seguidas, éxito que 
en aquel tiempo pareció fabuloso. El mismo Hernando escribió la mú- 
sica de dos nuevas zarzuelas : Gloria y peluca y Colegiales y soldados, 
cuyo brillante éxito inspiró á varios compositores y actores, que, 
como Salas y Calvet, habían cantado óperas, á fundar una Sociedad 
para explotar el nuevo género. Hernando fué el iniciador, y Salas, el 
famoso barítono que desde golfo de los de su tiempo había llegado á 
ser un aplaudido artista, acogió la idea con entusiasmo. Barbieri. co- 
rista en las compañías de ópera que habían actuado en los teatros del 
Circo y de la Cruz y que con el aliciente de las célebres bailarinas ri- 
vales la Fuoco y la Guy Stéfani, habían sacado de sus casillas al pú- 
blico madrileño; el genial Barbieri, repito, que ya dejaba ])resumir 
lo que llegaría á ser como compositor; Gaztambide, que desde músico 



EL TEATRO 4$ 

de orquesta en los teatros por su instinto artístico y su mal genio ha- 
bía adquirido notoriedad; Olona, el libretista indispensable, y algunos 
otros músicos y actores, trataron de fundar, con Hernando y Salas, 
una sociedad para explotar la zarzuela. Arrieta fué invitado á la junti. 
preparatoria; pero como á su regreso de Milán había sido protegido 
y mimado por la Reina, quien para que se representasen las óperas 
qu€ había compuesto ordenó que se construyese un teatro en el Real 
Palacio, juzgó, tal vez, que descender desde la ópera á la zarzuela 
no convenía á su fama, y brilló por su ausencia en la reunión. Como 
sucede siempre que se trata de formar asociaciones entre artistas, á 
j>€sar de estar en mayoría los músicos, no hubo acorde perfecto entre 
los circunstantes, y, al cabo de prolijas discusiones, no logrando en- 
tenderse, cada cual tiró por su lado y sólo pudieron avenirse Gaz- 
tambide. Salas y Olona, quienes buscaron al capitalista don Francisco 
Rivas, siempre dispuesto á emprender negocios de pingüe y segura 
ganancia ; le propusieron la construcción de un teatro, cuyo coste le 
abonarían con creces en varios años, siendo de su propiedad cuando 
acabasen de pagarle, y mientras los obreros levantaron el teatro de 
la Zarzuela, prepararon libretos y partituras. El éxito de este nego- 
cio, á la vez financiero y artístico, fué completo. Durante muchos 
años, lo más distinguido y acaudalado de la burguesía y la gran masa 
popular favorecieron aquel lindo teatro, porque, con buen acierto, los 
que debían ser sus dueños y empresarios dieron antes á conocer al pú- 
blico en el teatro del Circo el género que se proponían cultivar, v libre- 
tistas, compositores y actores comenzaron á saborear los triunfos, que 
se reprodujeron después en el coliseo de la calle de Jovellanos. Con 
los de Olona, gran maestro en artimañas teatrales, alternaron los 
libros de Ventura de la Vega, García Gutiérrez, Ayala, Camprodón, 
Serra y su inseparable y laborioso Pastorfido ó Pastor pérfido, como 
le llamaban en el Teatro, y el mismo Arrieta no se desdeñó, al fin. de 
enriquecer con su más inspirada música el precioso Grumete, de Gar- 
cía Gutiérrez, y la Marina, de Camprodón. Barbieri, que ya había 
triunfado con Jugar con fuego, desarrolló toda su maestría en el nue- 
vo teatro. Gaztambide y Oudrid, predecesores uno y otro de Chueca, 
sabían poco contrapunto; pero contaban con una inspiración que bas- 
taba y sobraba para otorgarles grandes y legítimos éxitos. Todos se 
impusieron al público, y durante veinte años no abandonó la fortuna 
á los empresarios ; pero, al fin y al cabo, la perdieron con el teatro 
de su propiedad, que en este picaro mundo no hay dichas ni des- 
dichas que duren mucho tiempo." Consúltense Antonio Peña y Goñi,. 
La Opera española y la música dramática en España en el siglo xix, 
Madrid, 1885 ; L. Villalba Muñoz, La Cuestión de la ópera española, 
1913 (en Ciud. de Dios, XCTII, 204-211; XCIV, 35..., 100-105); Her- 
menegildo Giner de los Ríos, Apuntes para la historia de la ópera en 
España, 1876 (en Rev. Esp., t. L.). 

F. Flores García, Memor. intim., IV: "La libertad de la prensa en 



44 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

aquella época (1869-71) no tuvo límites. Los periódicos decían todo lo 
que les daba la real gana de instituciones y personas; salía á colación 
la vida privada de todo bicho viviente que tuviera alguna importan- 
cia ; se sostenían polémicas vivas y apasionadas, todo ello en el len- 
guaje más violento, crudo y procaz que puede imaginarse, y el pe- 
riodista á quien no perseguían ni cerraban siquiera un par de ve- 
ces en la antigua cárcel del Saladero, se consideraba desairado y 
en ridiculo... En los clubs se pedía diariamente, como la cosa más 
sencilla, la cabeza de algún ciudadano eminente que se había vendido 
al oro de la reacción... Recuerdo dos manifestaciones por extremo 
graciosas: la del hambre, pidiendo pan, y la de las madres, pidiendo 
la abolición de las quintas. Los teatros de mayor atracción en aquella 
época fueron: Variedades (que estaba situado en la calle de la Mag- 
dalena y que destruyó un incendio) ; el de la Bolsa (que estaba en 
la calle del Barquillo y que ha desaparecido) ; Capellanes (hoy Có- 
mico), y La Infantil (hoy Romea). En todos esos teatros se culti- 
vaba con predilección la comedia política, unas veces en forma de 
revista gacctillcsca y otras en el más elevado terreno de las ideas 
y eligiendo un simbolismo apropiado, ya para atacar la Revolu- 
ción, ya para defenderla. Lo que más divertía al respetable públi- 
co era la revista, satírica y gráfica, en la cual un personaje era Ri- 
vero, imitado físicamente á la perfección y hablando en andaluz ; 
otro personaje era Sagasta, igualmente caractericadu é imitado, y 
así sucesivamente, Becerra, Martos y cuantos políticos estaban en 
juego... Las comedias patrióticas — que también se hicieron algunas — 
€ran las más aburridas y, por consiguiente, las que daban menos re- 
presentaciones. El marco natural de estas obras y de alguna que otra 
loa (tan lateras como las comedias patrióticas) era el escenario del 
teatro de Novedades. En muchos cafés de Madrid, singularmente en 
los de los barrios extremos, había un escenario (tamaño como una 
•caja de pasas) y se representaban las obras de mayor aparato del re- 
pertorio, tales como El Terremoto de la Martinica, Lázaro el mudo ó 
*l pastnr de Florencia, Guzmán el Bueno y otras por el estilo. La 
reprise de Carlos II el Hechizado, verificada en todos estos cafés y 
<n algunos teatros, fué un acontecimiento. El publicó insultó á su sa- 
bor, durante largo espacio de tiempo, al fraile Froilán Díaz, infama 
traidor, que tiene la culpa de todas las tonterías que coñete aquel 
singularísimo rey y de todo lo malo que le ocurre al galán joven y á 
la primera dama. Como en algunos teatros llegase la hostilidad del 
público hasta el extremo de pasar á vías de hecho con el tal fraile, 
arrojándole patatas y otros comestibles contundentes, el actor en- 
cargado de dicho antipático papel, en un momento determinado, cuan- 
do más in>ponentes eran las agresiones, se abría ó se remangaba los 
hábitos y enseñaba debajo de los mismos su traje de miliciano na- 
cional, exclamando: "Señores, que yo soy Fulano de Tal y pertenez- 
"co, además de pertenecer á esta compañía, á la cuarta del primer 



EL TEATRO 4& 

■'batallón de ligeros... ¡ \'iva la libertad!" El publico respondía con 
otro i viva ! al susodicho, la orquesta tocaba unos compases del him- 
no de Riego... y continuaba la representación, ya sin peligro para el 
mencionado traidor..., que era, dramas aparte, tan liberal, tan patriota y 
tan miliciano como el primero. Capellanes y La Infantil eran los teatros- 
más desenfadados y demoledores de aquellos tiempos. Capellanes, so- 
bre todo. Las alusiones veladas y discretas, las frases de doble sentido^ 
las ironías, el humorismo, las indirectas, el chiste picante que se so- 
breentiende ó se entiende más por lo que se deja decir que por lo 
que se dice ; toda esa retórica fina y delicada al uso entre escritores 
agudos é ingeniosos que tienen elevada idea de la cultura que debe 
suponerse en el público y del respeto que éste merece, era cosa total- 
mente desconocida en aquel escenario. Allí se hablaba con asombrosa 
claridad, con crudeza inusitada, sin distingos y sin eufemismos, lla- 
mando á las cosas por sus nombres más gráficos y pintorescos. Con 
esto se conseguían dos cosas: que el auditorio se enterase perfecta- 
mente de lo que se le decía sin el menor esfuerzo de la imaginación y 
que la propaganda que se hacía (que era lo que se trataba de demos- 
trar) fuera eficaz y provechosa... En La Infantil, como en Capellanes^ 
se bailaba el can-can en cada una de las secciones, y como postre ape- 
titoso de la piececita respectiva había cuatro raciones bien despacha- 
das de can-can, con una particularidad digna de mención especialísi- 
ma, á saber: el can-'.can de primera hora podían verlo hasta las seño- 
ras que concurrían á esos espectáculos ; el de segunda hora era un 
poquito más fuerte y aún podían quedarse algunas de las señoras que 
habían asistido á la primera sección, no sin hacer como que se rubo- 
rizaban en los momentos culminantes y arriesgados del baile suso- 
dicho y jurando (con reservas mentales) no volver á presenciar aque- 
llo; en la tercera toma, que era para hombres y mujeres, ya se ini- 
ciaba un desenfreno que producía vértigos, entablándose diálogos 
pintorescos y sugestivos entre los espectadores más impresionables;, 
que aplaudían rabiosamente y gesticulaban como en el más concurrido 
manicomio. Pero lo que tenia que ver, con ser tan bueno lo que ya 
se había visto, era el can-can de la cuarta sección, el de la última 
hora: aquello era el acabóse, la débdcle del pudor y de la decencia. 
Toda la indumentaria de las bailarinas se reducía á una camisa, muy 
corta por arriba y por abajo, y á unas medias, poco más largas que 
unos calcetines, de color llamativo... y nada más: las m-allas quedábate 
suprimidas." 

Véase el orden en que se van presentando los autores dramáticos : 
Pérez Escrich (1850), Camprodón (1851), Luis Mariano Larra (1851) 
Adelardo López Ayala (1851), Liern (1852), Tamayo (1853), Luis 
Eguilaz (1853), Pastorfido (1854), Luis Rivera (1855), Pelayo del Cas- 
tillo (1856), Frontaura (1856), M. Ortiz de Pinedo (1857), Rafael del 
Castillo (1859), Enrique Gaspar (1860), Eusebio Blasco (1862), Ma- 



46 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

riano Pina (1864), Salvador María Granes (1864), Ramos Carrión 
(1866), Francisco Javier de Burgos (1866). 

11. La novela y el cuento. Los cuadros de costumbres y 
tipos, de la época romántica, tenían que parar en el cuento v 
-en la novela realista, que nacen, puede decirse, o resucitan en 
€9ta época. Es la épica realista, que deja la leyenda y la novela 
histórica y narra lo presente, un pedazo de la vida real, chico 
ó grande. Por otro lado, el espíritu reflexivo y moralizador, 
•correspondiente al didáctico, social, humanitario de la novela 
folletinesca francesa, que también se fabricaba en España para 
el \iilgo, tenía que colorear el cuento y la novela. Tal vemos en 
Trueba, el primer cuentista, y en Fernán Caballero, la primera 
noveladora, que se presentan. Pero cuento y novela, además de 
realistas y morales, nacen ya regionales, por pintar la realidad, 
de la región vasca, Trueba, y de la andaluza, Fernán Caballe- 
ro. Otros autores prescindirán más o menos de lo regional, 
segim sean más o menos urbanos, como Alarcón, Valera y Cal- 
dos y los demás del período siguiente, aunque todos tengan 
obras regionales, siéndolo enteramente Pereda. Basta citar es- 
tos grandes nombres para echar de ver la inmensa ventaja del 
primer período de la época realista sobre la época romántica, 
cuanto a la novela. Añádanse Guillermo Matta y Jorge Isaacs, 
-de Colombia; Juan León Mera, del Ecuador; Alberto Blesl 
Gana, de Chile, aunque todos fueron poco fecundos. El realis- 
mo, el esmero y naturalidad del lenguaje, la tonalidad popular 
y aun regional son las notas comunes de todos, que los distin- 
gue de los narradores románticos. Quedan como románticos 
los novelistas folletinescos, fantásticos, sensibleros y demasia- 
damente moralizadores : Pérez Escrich, Ortega y Frías, Pilar 
Sinués, Julio Nombela, Faustina Sáez de Melgar. La novela 
francesa, naturalista o experimental, es cosa muy diferente y 
para nada influyó por ahora en España. 

12. El g'énero épico ó narrativo, que en la época romántica soñó 
con leyendas é historias más ó menos legendarias y todo ello en ver- 
so, al despertar á la realidad dio de mano al verso, á la leyenda y á 
la historia, <]uedándose con lo que se vela á vista de ojos y se tocaba 
con las manos: la realidad presente. Narró, pues, el vivir presente, y 
CEO en prosa liana: tal es el cuento y su más amplia evolución la no- 



LA NOVELA Y EL CUENTO 47 

vela. No llevaba otra cosa una época positivista y razonadora, tras la 
noche romántica de los ensueños de la fantasía. Epopeya bastardeada 
llamó F. Schlegel á la novela; épica prosaica la llamaron otros. La 
vieja epopeya fué la novela heroica, como la leyenda fué la novela 
caballeresca y la novela de hoy es la epopeya realista del presente 
vivir. Es la novela una epopeya, no más rastrera, sino más generali- 
zada, menos soñadora y más viva y real; por consiguiente, más per- 
fecta y más humana. Salióse del círculo de hierro de los héroes homé- 
ricos ó de los caballeros legendarios, y corrió por el mundo entero, 
aprendió á vivir la vida real de siempre y de todas partes. El espí- 
ritu romántico, ganoso de toda rotura de trabas, la desaherrojó y el 
espíritu realista la educó. Cervantes la había sacado de los libros de 
caballerías rompiendo trabas parecidas y aspirando el aire de la rea- 
lidad. Decayó en España después de él con toda la literatura, que- 
dando como adormecida durante el reinado del seudoclasicismo, tan 
contrario y real; tornó a revivir al soplo del romanticismo, reduci- 
da á lo histórico y legendario, lejano y misterioso; pero explayóse 
libremente por tiempos (y lugares al llegar la época realista, vol- 
viendo á ser tan universal y humana como Cervantes la había crea- 
do. Admite la novela todos los tonos, asuntos, estilos y lenguajes; 
puedte ser idealista y soñadora ó humana y reailista, y entre estos 
dos extremos estéticos, que yo calificaría con los adjetivos de euro- 
pea y española, por ser estas las notas de la literatura de España y 
del resto de Europa, caben infinitos grados, desde la parnasiana y la 
simbólica hasta la naturalista. Pero lo que más cabe es la excelente 
novela y la novela ramplona. El género se presta, cual ningún otro 
literario, á la ramplonería, por la facilidad aparente de la prosa y del 
hablar, cosa que sin estudios ni reflexión han caído en la cuenta que 
habían hecho toda su vida los infinitos don Hermógenes que han es- 
crito novelas ramplonas. Por eso las novelas han llovido y diluviado 
á mares sombre la haz de la tierra del romanticismo acá. La novela es 
narración de cosas más ó menos fingidas, y las hay cortas ó prolijas 
de dos y cuatro tomos. Hoy se condensan más y más, como el teatro 
se condensa en el cine. Andrés González Blanco, Htst. nov., pág. 159: 
^'Pasado el furor romántico de novela caballeresca, con los interme- 
dios de novela autobiográfica ó íntima á lo Pastor Díaz y á lo Pache- 
co en su Alfredo (imitación del Adolfo de Benjamín Constant), no 
hubo transición. Del romanticismo más encrespado se pasó casi vio- 
lentamente al claro é ingenuo realismo de Fernán Caballero. Por- 
que no hemos de llamar transición... las obras ya olvidadas del padre 
Pascual Pérez y de don Estanislao de Koska Baij'o ni menos la 
novela social, que en Francia ya cultivaban Eugenio Sué, Jorge Sand 
y Dumas." Blanco García, La liter. esp., en el siglo xix, págs. 81-82: 
"Dos tendencias simultájieas predominaron en la novela cuando co- 
menzaron á calmar los fervores románticos en las personas sensatas: 
la ejemplaridad docente y el amor á la realidad viva y concreta des- 



48 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

pertado en cierto modo por los escritores de costumbres. Síntesis y 
personificación de las tendencias fueron las obras de una mujer ilus- 
tre..." La nota de los románticos, ya lo dijo Taine, fué "la fogosidad, 
la inspiración súbita y feliz". La de los naturalistas tenía que serle 
enteramente opuesta, "nuestra solidez y nuestro método exacto", que 
dijo Zola. El cual para L'Assommoir dicen que juntó dos legajos de 
233 folios y para escribir diez líneas necesitaba á veces leer diez libros. 
Líneas hay que han costado diez libros á cualquiera, si se atiende á cuan- 
to en vida se ha leído antes de escribirlas ; pero esa documentación coh 
que suelen hoy decir algnos de nuestros novelistas y dramáticos que se 
documentan, es capaz de matar toda inspiración. En su Poética define 
admirablemente Campoamor las tres tendencias poéticas principales: 
"El arte es idealista cuando las imágenes se aplican á ideas ; realista, 
cuando se aplican á las cosas, v naturalista, cuando las imágenes se apli- 
can á cosas que repugnan á los sentidos." Con este rasgo satírico se 
burla del naturalismo, cuyos caracteres son: falta de ideas elevadas, de 
sentimientos profundos y de argumentos interesantes ; exceso pesadí- 
simo de descripciones, de menudencias; tendencia á pintar lo mez- 
quino, lo vil, lo repugnante, lo vicioso de la sociedad. Esa sustancia, 
envuelta generalmente en la forma de un lenguaje rebuscado y afecta- 
ción de estilo. La literatura naturalista no excita curiosidad ni causa 
interés; nunca hace derramar una lágrima ó lanzar un suspiro, nunca 
eleva la imaginación: las obras de esa escuela se recorren con tibieza 
y se cierran sin pena, si no producen sueño ó repugnancia. Así Fran- 
cisco Pimentel. Y Cánovas: "Víctor Hugo es el abuelo común del 
grupo de los novelistas franceses que cultiva ahora el naturalismo... 
El naturalismo no es en muchos casos sino \m romanticismo anticris- 
tiano y de inmoralidad grosera ó impúdica." Este paso anticristiano é 
inmoral sacando del romanticismo el naturalismo tenía que darse en 
Francia, dada la descreencia y baja ética de su corrompida sociedad 
y por natural reacción del realismo después del idealismo romántico. 
El naturalismo hízose panegirista del vicio y del crimen y apóstol 
del materialismo. De los dramas de Hugo dijo Nicolini que "son la 
adoración de lo grotesco y la glorificación de las deformidades físi- 
cas y morales". Como ejemplares físicamente repugnantes bastará 
citar el Rigoleto, de Hugo; la Tísica ó Dama de los camelias, de Al. 
Dumas; la Lechuza, de Sué; el Nabab, de Daudet; la Nan^o. de Zola. 
Gautier, en Fortunio, advierte que no es ateo, sino que adora tres dio- 
ses: el oro, la belleza y el bienestar. Sué presenta como religión de la 
Princesa de Cardoville "el refinamiento de los sentidos que Dios le 
había dado...; lo bello y lo feo eran para ella el bien y el mal". El 
dios de Lelia, en Jorge Sand, es "el espíritu del mal y el espíritu del 
bien en un .solo espíritu. Dios". El suicidio es endio.sado por Goethe, 
Jorge Sand, Sué, Alfredo de Vigny y aun por I^martine ; el adulte- 
rio, por Dumas, Pellico, Montepín, Jorge Sand; el latrocinio y la lucha 
contra la sociedad, por Byron, Schiller. Dumas, Hugo, Sand, Balzac. La 



S. XIX, 1850. JOSÉ SELGAS CARRASCO 49 

glorificación del mal y el menosprecio de la virtud comienza en los ro- 
mánticos franceses y sigue hasta la moderna literatura francesa, de la 
cual ha pasado á la española. 

Véase cómo van presentándose los novelistas y demás prosadores: 
Selgas (1850), Barros Arana (chil., 1850), Pérez Escrich (1850), 
Trueba (1851), Fernán Caballero (1852), Cánovas (1852), Ortega y 
Frías (1853), Pilar Sinués (1854), Juan León Mera (ecuat., 1854), 
Pedro Antonio Alarcón (1855), Julio Nombela (1857), Alberto Riest 
Gana (chil., 1858), José M. Marroquín (col., 1858), Juan Valera (1858), 
Amos Escalante (1859), Faustina Sáez de Melgar (1859), Rafael del 
Castillo (1859), Eduardo Palacio (1859), Pereda (1861), Ricardo Se- 
púlveda (1865), Jorge Isaacs (col., 1867), Galdós (1868). 

13. A Tío 18 ¿O. José Selgas Carrasco (i 822- i 882) nació 
en Murcia, estudió en el Seminario de San Fulgencio; mas la 
pobreza de su familia le cortó la carrera. Presentóle Arnao á 
Fernández Guerra, y cuando en la tertulia del Conde de San 
Luis leyó Cañete (1850) su apólogo de La Violeta, reconocieron 
todos en él un cantor de las flores como no lo había habido en 
España. Cañete publicó entonces en El Heraldo algunas de sus 
poesías. Durante la Revolución de 1854 empuñó el látigo de 
Marcial y en El Padre Cobos vació su talento en sátiras humo- 
rísticas y cultísimas en el fondo, en las que cada frase era un 
chiste, ó un retruécano, ó una paradoja. Llevóle González Bravo 
al Parlamento y Fernández Guerra á la Academia. Fué el cantor 
delicado de las flores y de la inocencia. Priinavera (1850), Estío 
(1882), Flores y Espinas (1883) son su verdadera corona poética 
y florida. Adelantóse á los poetas modernistas en poner su alma 
en la naturaleza y hallarla en ella, en ver en las flores símbolos 
humanos, en pulsar deliciosamente las cuerdas todas de la ter- 
neza, de los sentimientos más delicados, aunque sin la oscuri- 
dad y sin el desquiciado propósito artístico de hacer pura mú- 
sica con la poesía. Si los poetas modernistas no le han apreciado 
débese al espíritu de Selgas, católico, conservador y moral, que 
tan en rostro les da a los que lo tienen enteramente contrario. 
"Cuando la flor ingenua de su primera inspiración se agotó, 
dice Juan Pérez de Guzmán, murió el poeta y apareció el escri- 
tor de ingenio." En El Padre Cobos fué satírico terrible y hu- 
morístico; en los Estudios sociales, que comprenden varias 
obras, sobre todo en Hoja^ sueltas, mostróse satírico, solamente 

TOMO vm.— 4 



5o PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

humorista, burlándose benévolamente de las nuevas costum- 
bres y modas ridiculas, con ingenio travieso, en estilo senten- 
cioso y cortado, jugueteando con ideas y vocablos, equívocos y 
retruécanos, pero con fondo harto filosófico y sensato. Tampoco 
los modernos prosistas le han admirado en esta parte, por ra- 
zones ajenas a la estética, por devoción a las costumbres que él 
flageló. Sus novelas pesadas y sus ensayos dramáticos son de 
hilaza mucho más floja. Selgas, en suma, se adelantó a su tiem- 
po en la sensibilidad delicada con que siente la hermosura de 
la naturaleza y en la prosa cortada, febril y de contrastes, tan 
moderna como personalisima. Fué casi tan gran satírico, con 
espíritu sereno y tradicional, como Fígaro con espíritu tortu- 
rado, revolucionario y descreído. Su estilo es más vibrante, 
nervioso y cortado, más moderno; su lenguaje más castizo. 
Pero le aventaja Fígaro en la gravedad y seriedad, si ventaja 
es, y en el pintar tipos vivos y vivas escenas de la vida, que lo 
es y grande, mientras Selgas no pasa de juguetear ligeramente 
con ideas, sentencias y palabras. 

14. Fué crítico social, duro en el fondo, ligero y á veces festivo 
en la forma, escribiendo en La España, El Horizonte, El Padre Co- 
bos (1854-56), El Teatro (1864), La Constancia (1867-68), La liustr. 
Catól. (1877...), La Ilustr. Catalana, El Diario de Barcelona. Muchos 
modernos han rebajado á Selgas más de lo justo: son los que no co- 
mulgan en sus doctrinas religiosas y sociales. Esta parcialidad secta- 
ria es verdaderamente salvajina. Con ella, los que comulgamos más 
ó menos en las ideas de Selgas, religiosas y sociales, deberíamos re- 
tajar á Larra; pero Dios nos libre de hacerlo. Así procedió Blan- 
co García al rebajar á Clarín, con disgusto de los que sabemos se- 
parar el arte de lo demás. El mismo Fitzmaurice-Kelly dijo de Sel- 
gas: "En su Primavera sus poesías se hallan de tal suerte en armo- 
nía con los sentimientos convencionales, que era forzosa su popula- 
ridad." Sentimientos convencionales, esto es, falsos, que eso suena 
en castellano-gálico, no está bien se llamen á los sentimientos de Sel- 
gas y de la España católica, esto es, á lo cristiano y virtuoso, que es 
lo que Selgas canta. ¿Le gustaría al sabio inglés que llamásemos 
convencionales ó falsas las doctrinas de los no católicos? En arte y 
en sociedad respetamos todas las opiniones. Pero lo que en Selgas 
domina es todo lo noble y virtuoso, y eso jamás en nigún pueblo debe 
tenerse por convencional. "En nuestros días, añade el autor inglés, 
cuando su hora pasó, es censurado tan injustamente como elogiado 
fué con exceso; ya es algo haber sido un buen versificador, cuya de- 



S. XIX^ 1850. JOSÉ SELGAS CARRASCO, 5 1 

licadeza no fué nunca vulgar." Decir sencillamente buen versificador 
no es, creo, bastante, para rehabilitarle de la injusta censura; en un 
poeta alabar sólo eso es negarle el ser poeta. Es tanto más vitupera- 
ble el desprecio en que los modernistas tienen á Selgas, cuanto que 
fué su verdadero antecesor, bien que sin la artificial afectación, sin 
la oscuridad septentrional, sin el pesimismo de la vida, sin el espíritu 
alabador del vicio y menospreciador de la virtud, cosas en que los mo- 
dernistas se apartan de él. En el fondo difieren enteramente; en la 
forma, tienen de común el sentido de la naturaleza, la ternura de 
sentim.ientos, el estilo delicado, matizado. La sensibilidad, en suma, 
lo único bueno del modernismo, fué la nota poética de Selgas, aunque 
no la sensibilidad de postín, que sólo juega con palabritas y falsifi- 
cación de sensaciones, como se da en no pocos poetillas, á quienes he 
oído despreciar á nuestro poeta. Cañete halla en La Primavera "dos 
cualidades importantísimas, pero muy difíciles de concertar : el es- 
piritualismo, la vaguedad, la melancólica ternura de las poesías del 
Norte; la gallardía, la frescura, la riqueza, la pompa de las poesías 
meridionales". Nótese esto contra los que se empeñan en ver en Béc- 
quer y demás poetas sentimentales de este período una imitación de 
Heine y otros alemanes. El sentimentalismo estaba en el fondo del 
romanticismo y quedó depurado y claro al llegar la época realista, y 
esto en toda Europa. Nocedal, en la contestación á su discurso de la 
Academia: "iComo prosista posee Selgas maravilloso y envidi.ible 
arte: el de encerrar los pensamientos más profundos y á vece, más 
-atrevidos en las palabras más sencillas y más llanas que tiene el idio- 
ma castellano, y como si esto no fuera extraordinario mérito, aún 
alcanza otro que no le va en zaga. Con fórmulas en apariencia lige- 
ras, como quien juguetea y se entretiene discurriendo y retozando por 
entre niños y flores, clava agudísimos dardos para advertimiento 
común y derrama benigno rocío y abundante consuelo en las almas 
doloridas. Sabe así desconcertar y confundir á los adversarios con 
gracia tal, que, al oírle, fuérzalos á reír, y al meditar sobre lo que 
dice les hace llorar, como serena el espíritu contristado con una frase 
al parecer trivial, pero de tal modo briosa, que se adhiere tenaz á la 
memoria." Valera: "Las Poesías de Selgas, donde veo mucho inge- 
nio y buen gusto, á pesar, no de que sustente opiniones contrarias á 
las mías, sino á pesar de lo paradoxal y declamatorio... O la since- 
ridad completa, que no veo en Selgas, ó la tunantería de Alarcón, 
■que no cree ni en Dios y que se le conoce, cuando más alardea de 
santo. Esto también confieso que me cae en gracia. En la Introduc- 
íCión de Alarcón á Selgas hay unos parrafillos encantadores en este 
género." (Carta á Mariano Catalina, Lisboa, Marzo 1883.) Andr. Gon- 
zález Blanco, Hist. nov., pág. 366: "Autor de muchas poesías encan- 
tadoras de ingenuidad y ternura y escritor en prosa de fárragos con- 
ceptuosos, que nos retrotraen al siglo xvii en su íntima decadencia, 
-con más un amor exagerado á los lugares comunes disfrazados de 



52 PRIMER PERÍODO DE L-\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

pensamientos trascendentales." F.co Blanco García, Liter. esp. del 
s. XIX, t. II, pág. 556: "¿Deja de ser curioso, porque sea triste, el 
hecho de qué entre las obras de Selgas ocupen más de la mitad de 
los volúmenes larguísimos relatos novelescos dignos de Montejjin y 
que tienen su público de devotos y compradores ? ¡ Malhaya el diablo 
familiar que así extravió al Quevedo minúsculo de El Padre Cobos 
y las Hojas sueltas! ¡Cuánto habríamos ganado con que los rimeros 
de cuartillas consumidos en La Mangana de oro (1873, seis vols.), El 
Ángel de la guarda é Historias contemporáneas se hubiesen cuajado 
de filigranas en verso, como las de La Primavera y el estío, ó de 
apuntes y observaciones conceptistas en prosa!" R. Monner, D. J. Sel- 
gas: "Aun sus críticas más aceradas y punzantes cubiertas van con 
el suave velo de la tolerancia. No restalla la fusta en sus manos; los 
chasquidos de su látigo no alcanzan á acardenalar ningún cuerpo, sólo 
asustan á las conciencias harto intranquilas. Escribiendo con desen- 
fado, por nativo impulso, la corrección amordaza la lengua... Sus 
novelas suelen ser ñoñas por extremado empeño de querer ser mora- 
listas: los personajes por él creados no son reales; las situaciones,^ 
por lo general, falsas... Pondero y encumbro el chispeante redactor 
de... Allí está en la plenitud de su talento el fino humorista, el irónico 
benévolo, el satírico temible ; allí parla y rebulle el travieso periodista, 
que juega con las palabras y las ideas con inocente ó maligna com- 
placencia; que alterna conceptos al parecer triviales con frases feli- 
ces y sentenciosas; que gusta del retruécano y de la paradoja, para 
mezclarlo todo en sorprendente maridaje, esperanzas y recuerdos, 
alegrías y pesares... Midió siempre nuestro autor con pesos de buena 
ley las faltas sociales y, descartando al individuo por lo que de odioso 
tiene lo particular, se encaró con la sociedad, á la que flageló cristia- 
namente... El estilo de nuestro autor no se parece al de nadie...; si 
con el de alguien puede comparársele es con el de Gracián, ni ha lo- 
grado después más que burdos imitadores; es seco, nervio.so, cortado... 
Se advierten las fosforescencias inquietas de su mente. La palabra 
brota espontáneamente de los puntos de la pluma para llamar en se- 
guida á otra y á otras que serán símil ó contraste de la primera, se- 
mejanza ú oposición... Respira humildad, modestia, confianza en Dios 
y despego de las humanas glorias. Dios y patria fueron las palabras 
que grabó en su escudo de combate al bajar al palenque literario. . 
La cosa más vulgar, el asunto más trivial, el acontecimiento más 
baladí, al pasar por el tamiz de su inteligencia, cobra vida, color, ani- 
mación, importancia. Todo para él se presta á profundas reflexiones, 
á veces un tanto conceptistas, sí ; pero siempre oportunas y casi siem- 
pre profundas. Su ligereza invita á pensar; tras la sonrisa asoma 
siempre para el atento lector la reflexión... La misma movilidad de 
su concepción, la rai)idcz con que pasaba de un asunto á otro, desflo- 
rándolo apenas, el frío humorismo de que hace alarde, vedándole apa- 
sionarse por ningún tema, le imposibilitaban para concepciones de- 



S. XIX, 1850. JUAN CLEMENTE ZENEA 53 

mayor vuelo. Sin embargo..., es su culto apasionado por todo lo noble, 
lo grande, lo generoso. Paladín de la buena causa, por cima de todo 
se trueca en defensor de la virtud que ennoblece á la estirpe humana. 
Escritor eminentemente moralista, antimisoneista... El laúd en sus 
manos vibra con plácida armonía; son notas tenues, suaves, melan- 
cólicas, que nos subyugan y arroban... El candor, la modestia, la sana 
conformidad con las terrenas miserias, la esperanza en otra vida 
futura, el amor al prójimo, en una palabra, cuantos sentimientos de- 
licados pueden albergar el alma candorosa del niño ó de la virgen, 
hállanse esparcidos por las páginas de sus libros en verso... Para 
Selgas las flores no tuvieron secretos..., poeta de sentimiento, para 
él hay siempre analogías entre las pasiones del corazón y el carácter 
emblemático de las flores y de las plantas." 

Obras de Selgas: El Bandido, ensayo poético, Murcia, 1845. Le 
Primavera, colección de poesías, Madrid, 1850. Hojas sueltas, ibid., 
1861. Más hojas sueltas, nueva colección de viajes ligeros alrededor 
de vanos asuntos, 1863. Nuevas páginas, secretos íntimos que con el 
mayor sigilo se confían á todo el que quiere saberlos, 1864. De tal 
palo tal astilla, zarz. (1864). La Primavera y el estío, colección de 
poesías, 1866 (4.'' ed., aumentada). Delicias del nuevo paraíso, reco- 
gidas al vapor en el siglo de lu electricidad, 1871, 1875, La Manzana 
de oro. seis vols., 1872; contiene: t. I, La Mujer soñada; t. II, Miseria 
humar..!; t, III, Venganza y castigo; t. IV, La Criolla; t. V, Un rayo 
de esperanza; t. VI, El Dedo de Dios. Cosas del día, continuación de 
las delicias del nuevo paraíso, 1874, 1880. Un rostro y un alma, cartas 
auténticas, 1874, 1884. El Ángel de la guarda, nov., dos vols., 1875. 
Un retrato de mujer, Sevilla, 1876. Escenas fantásticas, Madrid, 1876. 
Fisonomías contemporáneas, ibid., 1877. Mundo invisible, concmua- 
ción de las Escenas fantásticas, Sevilla, 1878. Flores y espinas, co- 
lección de poesías, Madrid, 1879. Hechos y dichos, Sevilla, 1879, His- 
torias contemporáneas, 1882 : novelas folletinescas á lo Montepín, 
aunque no falten en ellas bellezas de lenguaje. Algo mejor es Nona, 
novela postuma, 1883, Poesías, H, Flores y espinas; versos postumos, 
1883. Nuevas hojas sueltas, 1885. Luces -y sombras, 1886. Novelas, HI, 
La Mariposa blanca, El Número 13, Día aciago, El Saludador, El 
Corazón y la cabeza, 1887. Delicias del nuevo paraíso... y Cosas del 
día, 1887. Historias contemporáneas. Dos para dos. El Pacto secreto. 
El Corazón y la cabeza, 1892, Novelas, VI, Dos rivales, 1894, Deuda 
del corazón, El Ángel de la guarda, dos vols., Barcelona, 1909. Obras, 
Madrid, 1882-1894, 13 vols. Consúltense Emilio Díaz de Revenga, Es- 
tudio sobre Selgas, Murcia, 1915; R. Monner Sans, D. José Selgas, 
B, Aires, 1916. 

15. "Año 1850. Juan Clemente Zenea (1832-1871), de 
Bayamo (Cuba), publicó sus primeros versos a los diez y siete 
de su edad en La Prensa de la Habana; desde 1851 se lanzó 



54 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

a conspirar, desterróse a los Estados Unidos y fué condenado- 
a muerte en 1853. Pero por la amnistía general volvió a la Ha- 
bana donde vivió hasta 1865, año en que pasó a los Estados 
Unidos, y allí se arruinó. Tomó parte en la insurrección de 
1868, y preso (1870), fué fusilado (1871). Usó el seud. Adolfo 
de la Azucena, fué director de la Rcz\ Habanera (1861-62), 
3 vols., y Rez'. del Nuevo Mundo (Nueva York, 1866). Publicó 
dos colecciones de sus poesías, una en 1855 y otra con título 
de Cantos de la Tarde, en 1860. Lo mejor son sus pocos versos- 
elegiacos, como el famosísimo romance Fidelia, el más hermo- 
so de los que en Cuba se han escrito. Tuvo por modelo a Mus- 
set. Sus diez y seis composiciones escritas en la prisión llamá- 
ronlas los editores Diario de un Mártir, y están empapadas de 
lúgubres presentimientos. Es Zenea melancólico como las tar- 
des del trópico; aficionado a Musset, aunque tan opuesto en 
afectos, pues ama los castos y virginales, pareciéndose acaso 
más á Lamartine. Nada vulgar, sobrio y nítido, llega al cora- 
zón, dejando en él duradera huella. 

José Forxaris (i 827- i 890), de Bayamo (Cuba), donde fué 
abogado y Regidor, emigrado durante la guerra y vuelto a 
Cuba en 1879, fué, con sus Cantos d,el Siboney, escritos en 
1850 y publicados en 1855, el poeta de los siboney es, poesías 
con que él y otros intentaron formar una poesía nacional cu- 
bana, sustituyendo en los romances los asuntos medioevales de 
los románticos por otros de la época precolombina; pero los 
areytos y cantares precolombinos perecieron con los indios y 
así fué una poesía falseada y quimérica en el fondo. Fué el que 
mejor los hizo y tuvo increíble boga. 

A!ntonio Lamberti, poeta montevideano, romántico, más 
esmerado que los demás de su tiempo, fué empleado en la Ar- 
gentina e hizo poesías bien sentidas, pero sobre todo festivas y 
epigramáticas. 

1«. M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-ainer., t. I (191 1), pág. 273: "La 
musa de Zenea tenía cortas las alas y fué brutalmente herida en su 
vuelo; pero dejó algunas notas de intensa melancolía, que vibrarán 
eteniamente en el alma de quien lea sus poesías... Sus injuria? rima- 
das contra España no aumentarán, ciertamente, la gloria de su nom- 
bre : lo que le protege y conserva son sus versos elegiacos, pocos en 
número, pero que apenas tienen rival en la literatura cubana. Enf.re 



S. XIX, 1850. JUAN CLEMENTE ZENEA 55 

todos descuella un romance magistral, Fidelia, con visibles reminis- 
cencias del Souvenir, de Alfredo de Musset, que era el poeta predilecto 
de su alma...; dista mucho de ser un modelo de corrección ni de ter- 
sura... Una especie de presentimiento fúnebre envuelve lodos los ver- 
sos de Zenea, aun antes de llegar al grupo de las diez y seis composicio- 
nes escritas en su prisión." Rafael M. Merchán, Repert. Colombiano, 
1881 : "El carácter dominante de las poesías de Zenea es la melanco- 
lía. Las tardes de los trópicos se reflejan en ellas con sus medias tin- 
tas crepusculares, con sus grandes sombras invasoras del espacio y 
del alma, con sus nubes espléndidamente tristes, con sus colgaduras fu- 
nerarias del lado de Occidente, con su inmenso cielo más azul y más di- 
latado que á ninguna otra hora de la vida." Enr. José Varona, Ojeada 
sobre el mov. intelect. en América, 1876: "Zenea, melancólico, gemi- 
dor, arrullador, que ha oído todas las notas de sus hermanos del otro 
continente y nos las prodiga sin repetirlas." J. C. Zenea : Jaquelina 
y Reginaldo, nov. en verso. Habana, 1850. Poesías, ibid., 1855. Lejos 
de la patria, nov., 1859. Cantos de la tarde, 1860. Sobre la Literatura 
de los Estados Unidos, Xew-York, 1861 (extenso é importante estudio) ; 
Madrid, 1863 (en La América) ; 1881 (en Rev. de Cuba). La Revolución 
de Cuba, México, 1868. Poesías postumas, Madrid, 1871. Poesías com- 
pletas, Nueva York, 1872 (comprende: Cantos de la tarde, Poesías va' 
fias, Traducciones, En días de esclavitud, Diario de un Mártir; lleva 
un estudio de Piñeyro), 1874. Nueva col. de poesías, Habana, 1909. 
Consúltense : Mata, Un poeta mártir, 1876. Merchán, Juan C. Zenea, 
1881. Piñeyro, Vida y escritos de J. C. Zenea, 1901. 
Fornaris: 

"Recuerdos de las vírgenes tostadas, 
de esbeltos talles y de negros ojos, 
que vivieron al son de las cascadas, 
bajo el ancho dosel de los corojos. 

Historias de otros siglos hechiceras 
que sorprendí en la margen del Caonao, 
del límpido Bayamo en las riberas 
y en las puras corrientes de Arimao. 



Allí en pobres y rústicos caneyes 
tranquilos habitaron los behiques, 
las vírgenes cubanas, los caciques, 
una familia, en fin, de siboneyes." 

José Fornaris, Recuerdos, poesías, Habana, 1850. La MuJTr (con 
Zenea y con Otero), 1850. Poesías, 1855, 1856, 1857. Cuba poética, 
colecc. (con J. Socorro León), 1855, 1861. Flores y lágrimas, 1860. 
Cantos del Siboney, 4.' ed.. Habana, 1862; i.* ed., 1855, escritos en 
Bayamo en 1850. Obras, Habana, 1862-63, tres vols. (Cantos del Si- 
boney, 5.* ed.. El Libro de los amores y Los Cantos populares). La 



56 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Hija del pueblo, dr. (1865). Amor y sacñficio, dr. (1866). Elementos 
de Retórica y Poética, Habana, 1868. Cantos tropicales, París, 1874. 
El Arpa del hogar, poes., ibid., 1878. Poesías, 1888, 1909. 

Daniel Martínez Vigil : "Ni la ausencia prolongada de la Patria, ni 
el silencio persistente de su musa (de Lamberti), privada por el ale- 
jamiento del bardo, de las inspiraciones del hogar nativo, han logrado 
olvidar las estancias de uno de los cantores que, con Adolfo Berro, el 
delicado modulador de las congojas juveniles, y con Matías Behety, el 
Edgar Poe del Sur, forman entre nosotros la trinidad hipostática del 
culto rendido á la belleza en los altares del sentimiento humano." 



17. 'Ario 1850. Diego Barros AIrana (1830-1907), chile- 
no, rector de la Universidad, el más famoso historiador de su 
patria, como formador de hombres el primero en Chile después 
de Bello, de criterio firme, pacienzudo en el trabajo, severo en 
sus juicios, aunque algo pesado en sus escritos, á veces parcial, 
falto otras de criterio histórico y de estilo defectuoso, descolo- 
rido y frió. Su obra comienza á ceder á la crítica serena, jui- 
ciosa é inteligente de Errázuriz ; pero siempre será considerado 
como uno de los más infatigables historiadores chilenos. Fun- 
dó los periódicos literarios El Museo (1853). El Correo del 
Domingo (1862) y la Rezñsta Chilena (1875- 1880, 17 vols.) 

Enrique Pérez Escrich ó Elias Gómez (i 829- i 897), 
por seud. Carlos Peña-lRubia y Tello, valenciano, casado á los 
diez y nueve de su edad, vino pobre á Madrid (1853) y, luchan- 
do siempre, fué de los autores que han pagado más caras la 
prosperidad y la fortuna. Estrenó, después de otras piezas y 
con grande aplauso, el drama El Cura de aldea (1858); pero 
los libreros catalanes, agotadas en los folletines las novelas fran- 
cesas y convirtiendo en novelas las comedias, le persuadieron á 
novelar su drama (1861) y á estirarlo, para acrecentar el nego- 
cio, lo que le hizo perder en interés y belleza. El buen suceso 
le convirtió en novelista: mas dejando el trillado sendero de 
crímenes y horrores á lo d'Arlincourt y Ponson du Terrail, 
poetizó crímenes y vicios, introdujo prédicas morales, presentó 
escenas de la vida con naturalidad y moralizó el todo á lo 
Eguilaz, y sus novelas proclamadas morales corrieron en diez 
ó doce mil ejemplares por toda España. Los críticos, sin leer- 
las, tildáronlas de sensibleras. Fueron populares porque siem- 
pre llegó al pueblo el arte de enredo que despierte el interés, de 



S. XIX, 1850. DIEGO BARROS ARANA bj 

sentimientos generosos que cuadren con la conciencia univer- 
sal humana, de toques melodramáticos que hieran el corazón 
y le conmuevan ; finalmente, de suficiente naturalidad para que 
los hechos parezcan reales. Tales son las cualidades de las no- 
velas de Escrich, novelista malogrado, tanto como Fernández 
y González, para la novelística verdaderamente artística, por el 
ansia comercial de hacer dineros que les infundieron los edito- 
res catalanes. Fué su novela efectista, como la francesa, mer- 
ced al mismo espíritu de codicia, bien que menos terrorífica, 
más natural y real y, sobre todo, más moral, como pedia la so- 
ciedad española. Es, de los novelistas por entregas, el que si- 
gue detrás d^e Fernández y González. 

18. Jorge Huneeus Gana, Cuadro histór., pág. 307: "La obra de 
B. A. se distingue principalmente por su gran consistencia científica... 
Es, tal vez, el primer humanista de Chile... En los extensos volúmenes 
(de la Hist. gen. de Chile)... nos hemos encontrado con una exhibi- 
ción del pasado que es completa, desnuda y majestuosa por su exten- 
sión, considerablemente superior á la de todas las obras históricas de 
la América española. Pero en estos volúmenes notamos, aparte de un 
estilo que sin duda es mucho más fácil y más suelto, más limpio y 
agradable que el estilo seco, árido y dificultoso de los primeros libros 
de Barros Arana, notamos que el autor no ha modificado un ápice su 
manera excesivamente impersonal de referir los hechos y que su plu- 
ma de escritor olvida demasiado que en la gran paleta del cerebro 
humano hay colores, estilos y tonos distintos y especiales para cada 
género de cuadros y que el escritor cuya pluma pasa con la mis- 
ma imperturbable frialdad, con la propia forma anémica é indife- 
rente por la narración del más horrendo crimen y del más sublime 
heroísmo y por el relato de la más épica batalla y el bosquejo del más 
importante personaje, comete el mismo yerro desgraciado de aquellos 
pintores que acometen con un solo pincel y un solo color en la paleta, 
la pintura de un gran cuadro en que hay vasto horizonte, paisaje va- 
riado y figuras distintas. De allí la indiscutible monotonía que causa 
la lectura de la obra monumental de Barros Arana..." Barros Arana: 
Estudios histór. sobre Vicente Benavides y las Campañas del Sur, 
1850. Historia jeneral de la independencia de Chile, Santiago, 1854- 
58, cuatro vols. ; 18S5. Los Cronistas de Indias, 1861. Biblioteca ame- 
ricana, Leipzig, 1862-64. Vida y viajes de H. de Magallanes, Santiago, 
1864. Compendio de Historia de América, ibid., 1865, 1895, dos vols. 
Proceso de Pedro de Vtaldivia y otros documentos, 1873. Historia de 
la guerra del Pacífico (1879-80), 1880-81, dos vols. Notas para una 
Bibliografía de obras anónimas y pseudónimas sobre la hist., la geogr. 



58 PRIMER PERÍODO DE L„\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

y la Uter. de América, 1882. Historia jcucral de Chile, 16 vols.. ibid , 
1884-1902. Obras completas, ibid., 1908-14, 16 vols. Consúltense: Fran- 
cisco Javier Ovalle, Castillo, El Notable historiador chileno D. B. A., 
Santiago, 1915; Víctor M. Chiappa, Bibliografía de D. D. B. Arana, 
Teniuco, 1907. 

La historia de Escrich como autor dramático está en El Frac asuL 
Como novelista firmó un contrato con el editor Guijarro, comprome- 
tiéndose á no escribir más que para él, por ocho ó diez mil duros al 
año. Mimáronle los editores, enriquecióse y subió el precio del trabajo 
intelectual. Amante de su familia, del orden y de la caza, trasparen- 
tase su bondad en el estilo de sus escritos. Protegió á los novelistas 
principiantes y agasajaba á cuantos ibaí? á verle en su finca de Pinto, 
junto á Madrid. Su moralidad burguesa y asanchopanzada se le vuel- 
ve en contra suya á veces. Por lo demás, ¿qué novelas iban a tejer lo5 
que las alargaban ó acortaban, según crecía ó amenguaba la suscri- 
ción? Venía el editor, y: "Alargue, alargue, que pican, que es una 
mir.n." Y el doctrino del novelista salvaba al personaje que ya iba á 
morir, tomaba á enredar la madeja empalmando nuevos lizos y.., 
hasta que el público se canse de los personajes. "Acabe cuanto antes 
(decía otras veces á la quinta entrega), esto no va, no hay suscrición, 
y no habiendo negocio no debe haber novela." Y el obediente autor 
mandaba al otro barrio personajes y obra. Pérez Escrich no ha mirado 
en todas sus novelas más que al efecto dramático, melodramático, 
■Hremos mejor. Es algo entre Balzac y Alejandro Dumas el de Los 
Tres mosqueteros. Mucha imaginación, mucho movimiento, mucho 
efecto teatral ; nada de caracteres, de almas, de humano, honda y real- 
mente entendido. Las mismas situaciones se repiten en todas sus obras, 
los mismos caracteres, con sólo mudar el escenario. Es fórmula uni- 
forme que le permite escribir mucho, mucho. La forma literaria, el 
pincel, no son nada para él, como ni el fondo psicológico, real, des- 
menuzado, ni casi la pintura de costumbres. E. Pérez Escrich, obras 
teatrales: El Rey de bastos (1850, 1859). Juan el Tullido, dr. (1855). 
Sueños de amor y ambición, dr. (1855). Los extremos, jug. (1855). 
Calamidades (jug.). Cuarzo, pirita y alcohol (1855). Alumbra á tu 
víctima, com. (1855). Sálvese el que pueda (1856). No hay vida más 
que en París, com. (1856). Retratos originales, com. (1856). El Maes- 
tro de baile (1856). El Ángel malo, dr. (1856). La Pasión y muerte de 
Jesús, dr. (1856). Juan Diente, dr. (1857). Herencia de lágñmas, dr. 
(1857). La Dicha en el bien ajeno, dr. (1857). Amor y resignación, 
dr. (1857). ¿o Mosquita muerta, com. (1857). Géneros ultramarinos, 
jug. (1858), El Cura de aldea, dr. (1858). La Mala semilla, dr. (1859). 
Los Moros del Riff, aprop. (1850). /:/ Moiñmiento continuo (1859). 
Caricaturas (1860). Gil Blas, zarz. (1860). El que siembra recoge, 
zarz. (1861). La Corte del rey poeta. La Hija de Fernán Gil. Ver y 
no ver. Las Garras del diablo. El Vértigo de Rosa. Novelas: El Cura 
de Aldea, dos vols., 1861, La Calumnia, dos vols., i86í, 1864. La Ca- 



S. XIX, 1850. AGRIPINA MONTES DEL VALLE 5q 

ridad cristiana, 2." pte. de El Cura de aldea, dos vols., 1861, 1863,. 
1864, 1879. El Mártir del Gólgota cinco vols., 1863, 1866. El Corazón 
en la mano, dos vols., 1863, 1868, 1887. Las Obras de misericordia, 
tres vols., 1864. La Mujer adúltera, dos vols., 1864. El Frac azul, 1864. 
La Envidia, dos vols., 1865. La Esposa mártir, dos vols., 1865, 1873. 
El Genio del bien, 1865. La Perdición de la mujer, dos vols., 1866. 
Los Hijos de la fe, dos vols., 1866. La Madre de los desamparados, 
dos vols., 1867. Los Angeles de la tierra, 1867. Los Matrimonios del 
diablo, dos vols., 1867. Escenas de la zñda, 1869, tres vols. El hifierno 
de los celos, 187 1, dos vols. El Manuscrito de íina madre, cuatro vols., 
1872-73. El Amor de los amores, cuatro vols,, 1873. La Comedia del 
amor, dos vols., 1875. Los Cazadores, 1876, 1897. La Mancha, 1881. 
El Camino del bien, dos vols., 1882. La Hermosura del alma, dos vols., 
1882. El último beso, dos vols., 1883. Un libro para mis nietos, 1884. 
La Prosa de la gloria, 18S7. Las Mariposas del alma, dos vols., 1887, 
Historia de un beso, 1887. El Hijo del pueblo y el lugareño, 1888. El 
Hombre de las tres vacas, 1888. El Violín del diablo, 1889. Fortuna, 
etcétera, 1894. Sor Clemencia, 1895. Narraciones literarias, 1895. El 
Hermano Obregón, dos vols. Los Desgraciados, dos vols. Las Redes 
del amor, dos vols. La Duquesa de Martcll. La Promesa sagrada. De 
tal palo tal astilla. El Manicomio modelo. El Ángel de la guarda. 
Los que ríen y los que lloran. El Pan de los pobres, dos vols. 

19. Año 1850. Agripina Montes del Valle (t 191 5), de Sala- 
mina (Colombia), por seud. Azucena del Valle, poetisa premiada en 
1872 por su poesía A la América del Sur, y en 1881 por el canto Al 
trabajo. J. Valera, Cart. Americ, 1889, pág. 158: "Siente y refleja 
con gran viveza y vigor la hermosura y sublimidad de los seres in- 
animados ó inferiores al hombre. El sentimiento de la naturaleza es 
en su alma todo lo profundo que puede ser en un alma católica y es- 
pañola: porque la idiosincrasia de nuestra raza pone la propia indivi- 
dualidad por cima de todo, y jamás hubo teósofo español que la di- 
solviese en la inmensidad del Universo, ni místico, y eso que los he- 
mos tenido maravillosos, que la sepultase en el abismo interior del 
centro del espíritu... Doña Agripina es una señora guapa, joven aún, 
que se casó, en muy temprana edad, con don Miguel del Valle, de 
quien tuvo numerosa prole, y de quien, en 1886, quedó viuda. Vive 
consagrada á sus hijos, á par que da lecciones en establecimientos de 
educación y en casas particulares. En 1887 ha sido nombrada direc- 
tora de la Escuela Normal de Santamarta." Ant. Gómez Restrepo, El 
Nuevo Tiempo Liter., Ener. 1915: "Si Ortiz canta al Tequendama 
en períodos resonantes y oratorios, al modo de Quintana y de Heredia, 
Caro lleva á presencia de la catarata la severa inspiración clásica 
que lo acompañó toda su vida... La señora Montes del v alie, debienao 
luchar con tan temibles competidores, tuvo el buen acuerdo de no 
imitar á ninguno de los cantores de cataratas : puso delante del es- 



6o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

pectáculo SU sensibilidad femenil, lo contempló con apasionados ojos 
de mujer y sintió la vibración nerviosa que producen los grandes rap- 
tos artísticos. Supo unir el arranque impetuoso de Heredia con el arte 
delicado y brillante de Bello, sin copiar rasgos de ninguno de los dos; 
y para poner en el cuadro una nota femenina sustituyó "el pabellón 
"de negras nubes" de Ortiz y "la nube de incienso" de Caro, con "la 
''nivea blonda de la errante nube | y el chai de la colina", y rindió 
al coloso un tributo de flores, finalizando una estrofa con estos versos 
soberbios de brillo y de armonía : "Y el cámbulo ueshoja reverente | 
"sus cálices de fuego en tu corriente." Dejó la señora Montes del Va- 
lle un poema inédito, en varios cantos, titulado El Pijao, al cual mi- 
raba con especial cariño, fincando en él su más alta ambición litera- 
ria." En Esp. Mod. está la poesía El Hierro (1900, En.) y el número de 
31 de Enero 1915 de El Nucro Tiempo Literario, Bogotá, le está dedi- 
cado y en él se publicó Al TequendanuJ. Poesías, Bogotá, 1883, con 
introd. de Rafael Pombo. 

Fernando de Castro y Pajares (1814- i 874), de Sahagún (León), 
franciscano descalzo, secularizóse y fué catedrático y vicerrector del 
Seminario de León, catedrático en el Instituto de San Isidro de Ma- 
drid, catedrático y rector de la Universidad Central, capellán de honor 
de S. M. ; después dejó el catolicismo y en su entierro leyó Salmerón 
parte de su Memoria testamentaria, y Francisco Giner, el Sermón de 
la Montaña; leyéronse, además, los Mandamientos, de Sanz del Río. 
y Ruiz de Quevedo pronunció un discurso. Fué en la Universidad 
gran fautor del krausismo y del fanatismo anticatólico, con Sanz del 
Rio y el maestro Giner de los Ríos. Publicó Historia de la Edad Me- 
dia, 1850. El Quijote de los niños y para el pueblo, 1856, y E.l Quijote 
para todos, 1856, ambas obras con el teudónimo de Un Entusiasta de 
Miguel de Cervantes Saavedra. Historia profana general y particular de 
España, Madrid, 1858; París, 1859. Compendio razonado de Historia ge- 
neral, Madrid, 1863-75, cuatro vols. Resumen de Historia general y de 
España, ibid., 1878. Discurso de entrada en la Acad. de la Historia sobre 
Caracteres histór. de la Iglesia Española, 1886. Memoria testamentaria, 
publicada por M. Sales y Ferré, especie de autobiografía espiritual y 
religiosa, donde propone una nueva religión universal, laica, como la 
de Augusto Compte, Madrid, 1874. Consúltense: Ferrer del Río, Vici- 
situdes de un Sacerdote (en Rev. Esp., t. VIII, 1-63) ; M. Pelayo, 
Heterod., III, pág. 741..., Memoria testamentaria del Sr. D. F. de 
Castro... por su fideicomisario y legatario D. Manuel Sales y Ferré, 
Madrid, 1874. 

Luis Fernández Guerra y Orbe (1818-1890), hijo segundo de don 
José, nació en Granada, educóse en Madrid, cursó Derecho en su ciu- 
dad natal y abogó en ella y después en Madrid, dándose, además, á la 
pintura y á las letras, sobresaliendo por su obra D. Juan Ruiz de 
Alarcón y Mendoza, Madrid, 1871, premiada por la Academia; nom- 
brado socio de ella, pronunció un discurso sobre la Teoría métrica 



S. XIX, 1850. ENRIQUE DE ARRASCAETA 6 1 

úe los romances castellanos. Editó las Comedias escogidas de D. Agus- 
tín Moreto (1856), en Aut. Esp., con biografía y estudio. Además, 
compuso: Un Juramento, Merecer para alcanzar (1850), El Peluquero 
de Su Alteza, La Novia de encargo. El Niño perdido, com. (1855). 

Gaspar Bono y Serrano (n. 1806), de Alcañiz, capellán castrense, 
buen poeta y mejor patriota, publicó Poesías, Madrid, 1850, 1863. 
Biografía de Marco y Jerónimo Vida, ibid., 1859. El Rosario de mi 
madre, leyenda, ibid., 1867. Poesías religiosas y sermones, ibid., 1868, 
Miscelánea religiosa, política y literaria, en prosa y verso, ibid., 1870. 
La Virgen de la Academia, leyenda, ibid., 1872. Ultimo día de Nu- 
mxincia, tragedia, ibid., 1875 (con un diálogo, Matías y yo, y Poesías 
varias), obra alegórica de su vejez. 

Nemesio Fern.á.ndez Cuesta y Picatoste (1818-1893), segoviano, 
gran periodista y traductor de obras importantes con las cuales y la 
dirección de la casa editorial de Gaspar y Roig hizo mucho por la 
cultura española. Dirigió El Universal (1849), El Adelante (1854, que 
fundó y después refundió en La Discusión) ^ Las Novedades (1857), 
El Museo Universal. Sus obras principales: Carta de Tiburcio á su 
primo Venancio sobre los sucesos ocurridos en Europa en los primeros 
cuatro meses del año de 1850, Madrid, 1850. Id. en los ocho últimos 
meses de 1850, ibid., 1851. César Canté, Historia de cien años (1750- 
1850), trad. 1851-53, cuatro vols. Historia Universal de César Cantú, 
trad., tres vols., 1854; 10 vols., 1875-78; Barcelona, 1901-05, 10 vols, 
(continuada desde 1850 á 1876 por el traductor). Nuevo viajero uni- 
versal. Enciclopedia..., ordenada, cinco vols., Madrid, 1859-62. Mo- 
narcas cesantes y dinastías extinguidas, 1865. Diccionario enciclopé- 
dico de la lengua española..., por una sociedad de personas..., orde- 
nado, 1878, dos vols. Diccionario de las lenguas española y francesa, 
Barcelona, 1885-87, cuatro vols. Historia Universal... bajo la direcc. 
de G. Onckcn, ibid., 1890-94, 16 vols. Anuario hist.-'crít. de 18^1, Ma- 
drid, 1892. Id. de i8g2, 1893. Tradujo obras francesas é inglesas y co- 
laboró en muchos periódicos, en Rev. Esp. desde 1879, con artículos 
de hist. universal. 

20. Año 1850. La Duquesa de Aerantes publicó Un amor sin es- 
peranza, nov., Madrid, 1850. — V. África Bolangero publicó Fernan- 
do IV en Castilla ó dos muertes á un tiempo, novela histórica, Ma- 
drid, 1850. Alonso el Onceno ó quince años después, continuación de 
la anterior, ibid., 1850. Don Pedro I de Castilla ó el grito de vettganza, 
nov., 1850. Don Pedro I de Castilla, dr., 1859. — Álbum del Bardo, co- 
lección de artículos en prosa y verso de varios autores, Madrid, 1850. 
—Enrique de Arrascaeta (n. 1819), de Montevideo, abogado, perte- 
ció á la Asamblea de 1858, fué ministro de Gobierno y Relaciones 
Exteriores del presidente Berro y escribió durante muchos años poe- 
sías en los periódicos. Poeta frío y correcto. Publicó Poesías, 1850. 
Poetas de la América de habla española, sobre todo uruguayos, Mon- 



62 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

tevideo, 1881. — Rafael Arvelo (i 814- i 878), venezolano, buscó, como 
■dice Gil Fortoul, "en la política diaria chispeantes epigramas é in- 
genioso juego de palabras, como en su Brindis, de 1857, siendo minis- 
tro de Relaciones Extranjeras, al arreglarse el conflicto con Holanda 
por la propiedad de la isla de Aves y tumultos de Coro, y en su Sin 
y Con, de 1861, siendo revolucionario federal, al frustrarse la ne- 
gociación de paz entre Falcón y Páez" (Hist. Venes., t. II, pág. 524). 
En 1843 había promovido grande escándalo en la prensa por las san- 
grientas seguidillas con que insultó á un adversario político; en 1846 
se burló en Mistiforis del candidato á la presidencia José Félix Blanco. 
Poesías completas, Curazao, 1889. — Antonio Auset estrenó El Lirio 
intre corsas, dr. (1850). Trampas inocentes, com. (1850). Una actriz, 
com. (1850). El Hermano mayor, com. (1851). El Problema de la vida, 
•com. (1859). — Pedro Barrios Casamayor publicó Historia de la ciu- 
dad de las barricadas (París), Valparaíso, 1850. — Francisco de Paula 
DE Bedoya publicó Historia del torco y de las principales ganaderías 
de España, Madrid, 1850. La Escuela del gran mundo. — Narciso 
Blanch é Illa (t 1874), de Gerona, director de La Liga Religiosa, 
publicó Vergel poético, Barcelona, 1850. Horas de solas, 1850. Gerona 
histórica y monumental, 1853. Flaquezas del alma, dr., 1857. Doce 
años de regencia, crónica del siglo xv, 1863, 1864, ^^ Laso vjrde, 
1863. Un día de borrasca, dr., 1868. Las novelas Obispo y má.tir, 
1872 y El Ángel del Claustro, 1872. — M. F. de Bosadilla publicó Poe- 
sías, Ecija, 1850. Poesías, Madrid, 1852. — Fray Manuel Buzeta y 
FRAY Felipe Bravo: Diccionario geográfico y estadístico histórico de 
las Islas Filipinas, Madrid, 1850, dos vols. — Manuel Cao y Montiel 
(t 1884), habanero. Versos, Habana, 1850, 1855. Esperanzas y recuer- 
dos, versos, 1855. — 'Carreño y Urbaneja, venezolano, publicó Cate- 
cismo razonado, Caracas, 1850. — Juan Catalina y Rodríguez (1830- 
1870), madrileño, actor y autor, estrenó Con un palmo de narices, 
-com. (1850). Entre un cabo y un sargento (1863). El Padre de la cria- 
iura, com. (1866). La Trompa de Eustaquio (1867). — Enrique de Cis- 
NEROS Y Nuevas (1826-1898), sevillano, director de La Unión Liberal 
(1898), alto funcionario, publicó Poesías líricas y estrenó Rico por 
fuersa, com. (1850). Ultima calaverada, com. (1850). La Litera del oi- 
dor, z2irz. (1853). Amor es sueño, cora. (1854). El Ramo de oliva, 
com. (1856). El Paraíso perdido (1857). La Esperanza de dos mundos, 
loa (1858). Las Biografías, com. (1858). Gaspar, Melchor y Baltasar. 
Un par de alhajas. Jadraque y París. Utta deuda sagrada. — Códigos 
españoles, concordados y anotados, Madrid, 1850, 12 tomos; 1872, 12 
tomos. — Correo de los teatros, Madrid, 1850-65, dirigido por Pascual 
Cataldi. — Fernando Criado estrenó El Triunfo de Luis XIV y muerte 
de Mazarino, dr. (1850). — Blas J. Díaz de Arcaya publicó Vitoria 
y los 4^ pueblos de su jurisdición, Vitoria, 1850. — José de Elizaga 
estrenó El Congreso de gitanos, comedia de costumbres flamencas, 
^ladrid, 1850. — La España musical, artística y literaria, pcriód., Ma- 



S. XIX, 1850. ANTONIO MALLÍ 63 

drid, 185053 y 1854-55. — José María Esteva, mejicano, poetizó en 
su juventud y se publicaron sus Poesías en Veracruz, 1850. I. a Mujer 
blanca, ley. mejic, Habana, 1868. Tipos vcracruzanos y composiciones 
varias, Xalapa-Enríquez, 1894. — El Fandango, obra satírica burlesca 
en grado superlativo, escrita en prosa y verso por los fundadores de 
la Risa, Madrid, 1850, 2.' ed. — 'Joaquín Fernández Córdopa (n. 1829), 
poeta de Cuenca (Ecuador), publicó Ensayos poéticos. — José Anto- 
nio DE Francisco publicó También las flores hablan, Madrid, 1850. — 
Gumersindo García Várela publicó El Almogávar, nov. hist., Ma- 
drid, 1850. — José García y García (1825-1904), granadino, ganó el 
primer premio en los juegos florales de 1850 con La Batalla de Le- 
pante, y en 1859 con La Batalla de las Navas; parafraseó las Siete 
palabras é hizo lindas poesías amorosas. — Manuel Adolfo García 
(1830-1883), poeta lírico peruano, zorrillista, de la Bohemia liiieña 
(1848-60), cuyos dechados, según Palma, fueron Calderón, .trolas y 
Víctor Hugo, escribió en La Rev. de Lima, El Correo del Perú, etc. ; 
murió loco y pobre. Celebráronse sus quintillas A Bolívar, poesía 
efectista; pero son mejores Mis recuerdos. Es vigoroso y apasionado, 
aunque con alguna falta de naturalidad y esmero. Composiciones poé- 
ticas, Havre, 1872. — Pedro Gómez Llarela publicó Poesías juveniles, 
París, 1850. — Rafael Gómez de la Torre publicó Tres hermanas, 
nov., Madrid, 1850, La Justicia de Alberoni, nov., 1854, dos vols. — 
José González Serrano, de Piedrahita, jurisconsulto, gobernador de 
provincia, director en Valladolid de La Confiliación (1884), estrenó 
Alhamar el mudo, dr. (1850). Mercedes, nov., Madrid, 1882. Magda- 
lena, nov., Salamanca, 1885, dos vols. — José Gutiérrez de la Vega 
(i 824- 1900), sevillano, político y escritor de caza, entre los árcades de 
Roma Archita Tenvicio, dirigió El León Español (1854) y El Horizon- 
te (1859-60). Publicó Viajes por Italia, dos vols., Madrid, 1850-51, 
1887. Los Aforismos de Hipócrates, trad. y comento, 1851. Bibliogra- 
fía Venatoria, 1877-99, cinco vols. ; ts. I y H, Libro de Montería de 
¿Alfonso XI; t. IH, Libro de cetrería del Príncipe y el Canciller; 
t. IV, Discurso sobre la montería de G. Argote de Molina; t. V, Car- 
tilla venatoria para la enseñanza del perro de muestra. La Ilustración 
Venatoria, 1878-85 (cada año un tomo, y el Álbum). Del Can y del 
caballo, 1889. Los Perros de caza españoles, Se\'illa, 1890. Biblioteca 
histórica filipina, cuatro vols., Manila, 1892-93. — ^Cayo Hernández de 
Padilla estrenó El imposible D. Justo, com., Almería, 1850. — Histo- 
ria... de D. Luis José Sartorius, primer conde de S. Luis, Madrid, 
1850. — ^Eduardo Infante estrenó Recuerdos del Dos de Mayo, com. 
(1850). — José M.' de Larra estrenó Un imposible de amor, com. (con 
Ant. Lozano, 1850). — ^Miguel Lerdo de Tejada (1812-1861), político 
y economista mejicano, publicó Apuntes históricos de la ciudad de 
Veracrtiz, Méjico, 1850-58. Comercio exterior de México desde la con- 
quista hasta hoy, 1853. — 'Antonio Mallí, de Brignole, actor y autor 
dram'ático que escribió unas doce piezas originales, comenzando con 



64 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

El Endurecido (1849), sacado de la tercera parte ó La Ira, de Los 
Siete pecados capitales, de Eugenio Sué. El Noble y el soberano, dr., 
1850. Cinco reyes para un reino, dr., 1850. D. Esteban Ulan, dr., 1851. 
La Virtud y la traición, dr., 1852. El Maestre de Santiago, 1852. Pe- 
layo el Niño, 1854. Decretos de Dios, 1855. Ilusiones de la vida, 1859. 
La Batalla de Lepanto, 1861. El Hechicero y la fortuna, com. de ma- 
gia, 1861. — Francisco Martínez de Arizala, poeta melancólico y 
tierno, aunque de solos bosquejos, sin acabar sus poesias, publicó No- 
ches perdidas, poesías, Granada, 1850. — Ildefonso Marzo Sánchez 
(1794-1856), de Alharin el Grande, publicó Historia de Málaga, ibid., 
1850. Munda Betica, ibid., 1853. Estudio de una medalla de Nerón ha- 
llada en Cártama. — Francisco Manuel de Mendialdúa publicó Poesías, 
Madrid, 1850. ¿Quién es él?, com. (1860). — Antonio Mendoza e.strenó 
Ricardo, dr., Granada, 1850. Azares del coquetismo , com., ibid., 1851. 
Los Franceses en España, dr., 1863. Vencer por mar y por tierra, 
com., 1866. — Pablo de Molenes publicó Una leyenda mundana, nov.. 
Habana, 1850. — 'Felipe Molina (1812-1855), de Guatemala, publicó 
Bosquejo de la Rep. de Costa Rica, Madrid, 1850; Nueva York, 1851. 
Memoria sobre las cuestiones de límites, ibid., 1850. Costa-Rica y 
Nueva Granada, Washington, 1852. — Francisco María Montero pu- 
blicó Historia de Gibraltar y de su campo, Cádiz, 1850. — ^Francisco 
Morera y Valls estrenó El Castellano de Tamarit ó los bandos de 
Cataluña, dr.. Barcelona, 1850. Fueros y desafueros, dr. (1858). — Gui- 
llermo Mortgal, profesor español que vivió catorce años en Cuba, 
publicó Félix y Adela, novela cubana, Madrid, 1850-51, dos vols. — 
Las Novedades, diario progresista, Madrid, 1850-70, fundado por 
Ángel Fernández de los Ríos. — Félix Ochoa de Alda estrenó A^cr- 
varra en el siglo xv, dr., Pamplona, 1850. — Fernando Orozco y 
Berra, novelista mejicano, publicó la Guerra de Treinta Años, 1850. 
— Juana de Orta y Fernández publicó Poesías, Habana, 1850. — Ubal- 
DO Pasaron y Lastra (1827- 1862), de Ribadeo (Lugo), capitán en 
Cuba y Santo Domingo, publicó en periódicos poesías líricas desde 
1847, Q"^ juntó en Poesías y leyendas, Madrid, 1850. Autor algo es- 
trafalario. Publicó, además, Atlas crítico de la Historia de España, 
Habana, 1860. Obras completas: t. I, Poesías, Nueva York, 1860: 
t. n, Leyendas y dramas, Habana, 1860; t. HI, Por literaria, ibid., 
1860; t. iIV, Milicia y organización, ibid., 1861. Pilotaje aeronáutico, 
1862. Para el teatro: Una página de amor. Todos son locos. Por ho- 
nor, vida y amor. La Verdad contra el derecho. — Francisco de Paula 
Peláez (i785-'i867), de San Juan Sacatepeques, arzobispo de Guate- 
mala (1846), publicó Memoria sobre el patronato de Santiago, 1850. 
Memorias para la historia de Guatemala, tres vols., ibid., 1852. Ser- 
món, 1858. Instrucción, 1868. — Próspero Pereira G.\mb.\ (n. 1825), de 
Bogotá, escribió D. Ángel Ley, leyenda. Aquimcn Zaque, poema en I2 
cantos. Amores de estudiante, nov. Poesías. Florilegio de proverbios 
füosóficos.^ANünts AvELiNO Pí Y Arimón pubHcó Barcelona anti- 



S. XIX, 1850. FRANCISCO VILA Y GOIRI 65 

gua y moderna, ibid., 1850, 1854, dos vols. — Ignacio Piquero publicó 
Apuntes para la corografía y la estadística del estado de Miclwacan, 
Méjico, 1850. — 'Antonio José de Plaza (1809-1854), de Honda (Co- 
lombia), publicó Memorias para la historia de la Nueva Granada des- 
de su descubrimiento hasta... 18 10, Bogotá, 1850. — Poesías escritas 
con motivo de lu inauguración del teatro real, Madrid, 1850. — José 
PuiG Y Caracena estrenó A caza de novios, com., Valencia, 1850. — 
María Juana Quintano y Medina (n. 1815), madrileña, publicó No- 
venas desde 1850, y además, Canto religioso al natalicio del príncipe 
de Asturias, Madrid, 185 1. Devocionario en verso, 1853. La Religión 
y El Juicio, poemas. — Nicolás R.\mírez de Losada (1817-1S85), de 
Casarrubias del Monte (Toledo), por seud. El Barón de I II escás, re- 
dactor de El Clamor Público (1848-60), colaborador del Semanario 
Pintoresco^ El Museo Universal (1864-65), publicó El Libro de los re- 
tratos, Madrid, 1850. Los Caballeros de industria, ibid., 1856, dos 
vols. Crónica del presente siglo, novela. — Miguel Rodríguez Ferrer 
(t 1889), andaluz, jefe político de Álava desde 1842, pub'icó Revista 
de España y sus prov. de Ultramar, dos vols., Madrid, 1850. El Tabaco 
habano, su historia, Madrid, 1851. Los Nuevos peligros de Cuba, 1862. 
Los Vascongados, su país, su lengua y el príncipe L. L. Bonaparte, 
hermosa obra (en Rev. España, 1872, t. XXIX), Madrid, 1873. Natu- 
raleza y civilización de la grandiosa Isla de Cuba, 1869-76 (en Rev. 
España), Madrid, 1876-87, dos vols. (sigue á Pezuela). De los terríco- 
las cubanos, 1881. La Paleo-arqueología cubana, 1881. Los Partidos 
españoles y el de la autonomía de Cuba, 1883. Además, en Rev. Esp.: 
Estudios coloniales (1870-71, ts. XVII-XVIII). ¿En dónde tuvo lugar 
la catástrofe de D. Alvaro de Luna? (1872, t. XXIV). — Justo Sahua- 
RAURA, inca, canónigo del 'Cuzco: Recuerdos de la monarquía peruana, 
París, 1S50. — Semblanzas de los 340 diputados á Cortes que han figu- 
rado en la legislatura de 184P á 18 ¿o, Madrid, 1850 (obra recogida). — 
Juan Suárez y Navarro, ciudadano jalisiense, publicó Historia de 
México y del general Ant. López de S. Ana, México, 1850. — El Teatro 
de la Opera se inauguró en 1850. Véase D. Salgado y Araujo. en Rev. 
España, 1872, t. XXV, pág. 467. — El Tiple libre, cantares cubanos, 
por Lola, Nue/a York, 1850. — J. D. Valderrama publicó El Grana- 
dero Luis, Madrid, 1850. — Domingo E. Valdés publicó Flores del de- 
sierto, poesías. Habana, 1850. — ^M. Alejo de Vallón publicó Alima 
ó el chai negro, novela, Madrid, 1850. — 'Julio D. de Varona (t 18S9?) 
publicó Ratos de ocio. Habana, 1850. — Veladas cristianas, colección de 
obras y novelas morales y religiosas, originales y traducidos, Madrid, 
1850. — Francisco Vila y Goiri (1830-1898), madrileño, director de 
La Luz (1853-54), La Juventud, El Diablo Verde; colaborador de 
El Seman. Pintoresco y La Ilnstr. Esp. publicó El Hombre propone 
y Dios dispone, leyenda, Madrid, 1850. Abelardo y Eloísa, com. (1858). 
Ensayos poéticos, 1859. Lola, 1864, 1884. El Diluvio. 1865. Un ramo 
de violetas, 1865, 1866. Apuntes para la historia... de España desde 

TOMO Vllt.— 5 



66 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

1808 á 1868, Madrid, 186S. Filipinas, 1880. Escenas filipinas, 1882. 
Pensamientos, 1887. Sesenta años en un tomo (1808-1868), 1887. Siga 
la broma. Malo y bueno que se ha dicho de las mujeres. Malo y bueno 
que se ha dicho del matrimonio. Algunas poesías, 1887. Una herencia, 
nov., 1888. Medea, trag. El Abismo, El Alconero, D. Francisco de Ro- 
jas, La Mala senda, Historia contemporánea, Un rayo de sol. La Ven- 
ganza de un marido. Sobrino postizo, todos dramas. — Buenaventura 
Vivó publicó Tratado consular, Méjico, 1850. Memorias de B. V., 
ministro de México en España (1853-55), Madrid, 1856. — Franctsco 
Zafater y Gómez publicó Apuntes histórico-biográficos acerca de la 
escuela aragonesa de pintura, Madrid, 1850, 1859, 1863. 

21. Año 18 51. Abelardo López de Avala y Herrera 
(1S2S-1879) nació en Guadalcanar (Sevilla), pasó en Villagar- 
cía (Badajoz) su niñez y mostró ya su nativa precocidad para 
el teatro, haciendo uno para sus amiguitos. Fué á estudiar el 
bachillerato y leyes á Sevilla (1845), donde compuso su pri- 
mera poesia publicada: Los dos artistas, la leyenda Amores y 
dcsi'enturas, de la que sólo se han publicado trozos ; la tragedia 
El Puñal y el veneno, y las comedias Los dos Guzmanes y Un 
Hombre de Estado. Habiendo conocido á García Gutiérrez y 
tirándole más el arte que el bufete, se vino á Madrid (1849) J 
llevó á las tablas Un Hombre de Estado (1851), "un ensayo de 
Hércules", en frase de Gil y Zarate. Aunque tuvo mala aco- 
gida, elogiósela mucho Cañete. Apoyóle el Conde de San Luis 
y logró un empleo en el Ministerio de la Gobernación. El mis- 
mo año (185 i) fueron silbadas sus comedias Venganza y per- 
dón y Los dos Giízmancs, que son de escaso valor. Con esto 
mudó de propósito y dióse, durante diez años, á escribir zar- 
zuelas, como La Estrella de Madrid (1853), Guerra á muerte 
(1855), Los Comuneros (1855), El Conde de CastraUa (1856). 
El Agente de matrimonio (1862). Cesante en el bienio progre- 
sista, escribió en El Padre Cobos (1855-56) y antes en El Mo- 
saico (1850), y se metió en la política desde 1854, pasando de 
moderado á la Unión Liberal. Aquel año compuso Rioja, de 
concepción más elevada que Un Hombre de Estado, como que 
ts la glorificación de la virtud heroica; pero de ejecución harto 
más desmañada, por faltar la lucha de pasiones, la fuerza dra- 
mática y la variedad de tonos de su primera obra. No valía 
Ayala para asuntos históricos, pues lo humano campeaba más 




{Autores dramáticos contemporáneos, í88i.) 



S. XIX, 185 1. ADELARDO LÓPEZ DE AYALA 67 

en estas dos quie el calor local del siglo xvii. Vuelto á la reali- 
dad de la vida vivida, el mismo año 1857, que fué diputado por 
Badajoz, estrenó El Tejado de vidrio, comedia de honda mo- 
ral, de original concepción, recio choque de pasiones, maestría 
técnica y clásica sobriedad en la forma, aunque adolezca de 
alguna inverisimilitud y de ciertas notas destempladas. El Tan- 
to por ciento (1861), delirante y estruendosamente recibido, 
cuyas 36 primeras representaciones le valieron 42.200 reales, 
no ofrece la situación dramática originalísima de El Tejado 
de vidrio; pero es un cuadro admirable del vicio que corroe á 
la moderna sociedad, del interés y del negocio. Sin avaros de 
figurón caricaturescos á la antigua, el ansia del negocio, del 
interés pecuniario, del tanto por ciento, se huele, se palpa, se 
rezuma en todo el tejido de la obra como en el de la vida or- 
dinaria, matizado en los variados personajes y disfrazado con 
los colores de conveniencia, de moda, de debilidad, hasta de 
virtud social y doméstica con que suele hoy revestirse. El arte 
de los poiTnenores, de lo minucioso, en el que tanto sobresalió 
Ayala, como en él sobresale hoy Benavente, bordó esta obra, 
que, por la gradación de tintas y el desmenuzamiento del vicio 
capital de la sociedad moderna plásticamente llevada al cabo, 
sin representación alguna típica exagerada, arrancó aplausos á 
todo el mundo, sin distinción de partidos, hasta regalársele una 
corona de oro al autor por suscripción que abrió La Iberia, y 
los poetas, un precioso Álbum. De mérito inferior es El Nu-evo 
Don Juan (1863), aunque del mismo intento moral, poniendo 
en solfa al galanteador de mujeres casadas; falto de movimien- 
to y de unidad, no llenó las esperanzas que el público acaricia- 
ba tratándose de Ayala y mohíno por demás enfrascóse en la 
política. Aceptó, con todo el partido de la Unión Liberal, la re- 
volución de 1868, en cuyos preparativos tuvo no pequeña parte; 
escribió después el célebre Manifiesto de Cádiz (1868), á pe- 
sar de que vio con buenos ojos la candidatura del Duque de 
Montpensier al trono de España; fué ministro de Ultramar 
en el Gobierno provisional y en el primer Gabinete de la Res- 
tauración, presidido por Cánovas, y murió siendo presidente 
del Congreso. Su primera y última obra, después de tanto po- 
litiquear perdiendo el tiempo para el arte, fué Consuelo (1878), 



/. 



68 PRIMER PERÍODO DE UA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

siendo presidente del Congreso : nueva invectiva contra el po- 
sitivismo de la vida moderna y la falta de levantados pensa- 
mientos y de nobles miras en los hombres de hoy. La misma 
gradación de tintas, el mismo cuidado del matiz y de los por- 
menores, el mismo esmero en la forma y exquisito gusto en 
todo que en El Tanto por ciento; acaso mejor trazado su des- 
arrollo, aunque de menor inspiración. Son sus dos obras maes- 
tras, del género de la alta comedia, en el cual gana á Tamayo. 
rey de la escena en lo dramático. Buen poeta lirico, hizo magni- 
ficos sonetos, con ser de encargo ó compromiso, para el gasto 
de casa, como él decia, y una epistola moral á don Emilio Arrie- 
i.í ( ICS56). de sabor estoico y cristiano, libre remedo y que nc^ 
desdice del modelo, de la célebre A Fabio. Pero su gloria está 
en la alta comedia, desde que le ocurrió pintarnos en ella la so- 
ciedad positivista, rutinaria y rastrera del siglo xix. Es de la 
escuela de Alarcón, sin acaso pretenderlo; dramaturgo de cos- 
tumbres sociales, que encierra artísticamente en el fondo de 
cada obra una doctrina moral desenvuelta en un caso particular 
de gran fuerza dramática, bien matizada con pormenores, en 
estilo noble, elevado, elegante, cortado con acendrado gusto. 
El Tanto por ciento y Consuelo sufren el cotejo con las mejo- 
res obras del mismo género, hasta con La Verdad sospechosa 
de Alarcón. Hizo Ayala en la alta comedia lo que Tamayo en 
el drama : sacó el fruto de la revolución romántica, desechando 
la falsa hojarasca y aprovechando la reacción clásica de la for- 
ma con que revistió el teatro realista y de sincera actualidad. 
Tamayo tuvo más ingenio ; Ayala, más talento reflexivo, ma- 
yor cuidado de la forma y más inclinación á lo clásico, en la 
cual se parece á Moratín, auncjue enteramente le oscurezca 
por la fuerza y riqueza de pincel, como dramaturgos separados 
por el romanticismo, que sustituyó á lo seudoclásico el realis- 
mo español, teñido de un discreto clasicismo en el gusto y es- 
mero de la forma. Ayala es, sin pretenderlo, de la misma escue- 
la de Tamayo. aunque quede por debajo de él. Son hijos de la 
misma época, y ello lo explica todo. Época en que se ensilan las 
mieses segadas bajo el ardiente sol del romanticismo y trilla- 
das entre su polvareda es desechada la paja y el grano limpio 
se guarda. Ea política sosegada y la moral pública hacen sazo- 



S. XIX, 1851. ADELARDO LÓPEZ DE AYALA 69 

nar las buenas ideas en las obras de arte. La revolución política 
y artística de la pasada época fué provechosa, como lo es la 
tempestad ; pero lo fué mucho más la calma que tras ella se 
siguió. 

22. J. o. Picón: "A la poderosa inteligencia de Ayala corres- 
pondía un cuerpo hermosamente varonil. En su rostro ovalado brilla- 
ban los ojos negros, grandes y expresivos; contrastaban con la blan- 
cura de su tez la melena negra, el recio bigote y la gruesa perilla. Era 
•de regular estatura, andar lento y aspecto pensativo; había en sus 
movimientos algo de indolencia, como si el cerebro absorbiese toda la 
energía de su ser; era su lenguaje pausado y grave, como sí las pala- 
bras salieran de su boca esclavas de la intención y del alcance que 
les quería dar el pensamiento. Sabía expresar con dulzura lo que con- 
cebía con vigor, y siendo serio al par que afable, poseía el secreto de 
atraerse la voluntad ajena, ganando simpatías sin perder respeto." 
Ayala. Disc. Acad., 1870: "Es el teatro, en todas las naciones que han 
llegado al período de su virilidad y á la completa aplicación de sus 
principios constitutivos, la exacta representación de sí mismas, la 
síntesis más bella de sus principios más generales. De tal manera el 
teatro ha sido engendrado por la fuerza activa de la nacionalidad, que 
allí donde ésta se debilita y se extingue, aquélla vacila y desaparece. 
Al poeta dramático le es forzoso confundirse con la muchedumbre : 
.sus creencias, sus pasiones, sus costumbres, sus aspiraciones y afectos 
unísonos, son las fuentes genuínas de la inspiración dramática; si 
«stas no existen, carece el poeta de elementos para sus obras. Nin- 
g^in autor dramático abstraído de su época y contrastando vivamente 
con ella, ha podido jamás animar la escena y promover el aplauso de 
sus contemporáneos." Yxart, El Arte escénico, I, pág. 44: "Ayala 
estudia, observa la sociedad que le rodea, enclavija sus planes sin 
dejar nada al acaso, y mucho menos á incidentes inverosímiles, traídos 
con violencia; vive largo tiempo con sus personajes antes de plantar- 
los en la escena; quiere darse cuenta de todos sus actos y palabras..-' 
No exagero: ahí están publicados los curiosos borradores de sus 
obras: papeles que, existiendo en la cartera de muchos autores, son, 
quizás, únicos en la bibliografía dramática española; el reverso de los 
Recuerdos de Zorrilla y de su arte de composición : apuntes del natu- 
ral, frases y diálogos con la acotación de que pueden servir para una 
■escena, ó que revelan un carácter dramático. A lo mejor, se entretiene 
en representarse físicamente á sus personajes: véase la descripción del 
la embriagadora hermosura de Consuelo. Los planes de un drama fan- 
tástico (El último deseo), de Yo (otra obra sobre las distintas fases 
del egoísmo), están analizados como en un tratado especial que po^ 
dría titularse: Caracteres y Pasiones. Monta y desmonta la máquina 
de cada personaje: Consuelo, su madre, Fernando, Ricardo, Fulgencio: 



70 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

cuenta su historia anterior al drama : quiere que su movimiento resul- 
te estrictamente de la natural y lógica conducta de cada uno de ellos. 
La elaboración, lo repito, es lenta, premiosa, cortada por largos in- 
tervalos de pereza y "entumecimiento". Es lo propio de esas comple- 
xiones musculosas, en oposición á los temperamentos de excitable y 
pronta fantasía, y es lo común á esos alardes supremos de una crea- 
ción robusta, firme y sólida. A su interna construcción se añade el 
anhelo de revestirla de una forma rimada, irreprochable, sobria, nie- 
lada, con incrustaciones de oro. Conviene notarlo: Ayala compone 
primero dramas que no pueden llamarse históricos, sino de costum- 
bres retrospectivas ó, mejor, obras sin fecha, vestidas, por más gala, 
á lo Felipe III ó Felipe IV. Como la acción no está en las condicio- 
nes de la época, sino en el drama interno, pueden considerarse como 
un paso, una transición hacia la alta comedia. En ellos, pues, el verso 
parece todavía una imposición del hábito. Pero la propia aptitud lleva 
lógicamente al autor á sustituir aquellos trajes por el frac... y, sin 
embargo, el verso continúa. Aquel arte no pasa, mejor dicho, no quie- 
re pasar de allí : aquella forma, empleada á voluntad, con especial ca- 
riño, con deleite, es lo que le caracteriza ; es una forma superiormente 
artística, que tiene valor por sí, y que el autor estima la mejor, por 
inadecuada que parezca y por reñida que esté con la índole de los es- 
tudios preliminares que han precedido al drama. Ayala, que va por el 
camino de Augier, no hace lo que éste: no deja el verso con el tiempo, 
no ; muere fiel á la especial fruición que siente destilando gota á gota 
su pensamiento en aquel molde tan laboreado. Así, sus obras, con ser. 
tan modernas, de tan bellos fragmentos, causan hoy una impresióiij 
de excesivamente literarias : en ellas se ve la literatura como en algu- 
nos cuadros se ve la pintura. Los pensamientos morales que indiqué 
no son, por lo común, de extraordinaria originalidad : en el mismo 
Tanto por ciento la sordidez de los agiotistas es un poco de comedia; 
el estado general de que arrancan aquellas situaciones no franquea los 
límites de los bastidores, no envuelve la obra. Hay que llegar á Con- 
suelo, de una época bien posterior, para hallar el modelo definitivo de 
aquel género singular, que quizás ya sólo se encuentra en España : 
una obra magistral, plenamente moderna, que lleva su fecha en su 
jjropia inspiración, en el modo de sentir, v que cuaja, sin embargo, 
en una forma de arte antigua, de otro tiempo y teatro, propia de otros 
asuntos." Man. de la Revilla (en La America) : "El carácter distintivo 
del espíritu de Ayala en cuanto se refleja en sus obras es un feliz y 
armónico concierto de todas las facultades, siempre encerradas en sus 
justos límites y sometidas á una razón serena que las dirige y regula. 
La sensibilidad, la fantasía y el entendimiento concurren armónica- 
mente á la producción de sus obras, sin que ninguna predomine, y por 
eso no son concepciones delirantes como aquellas que la imaginación 
prepondera, ni frías ni artificiosas como las que el entendimiento, 
abandonado á sí mismo, crea; ni lloronas y falsamente sentimentales 



S. XIX, 185 1. ANTONIO DE TRUEBA 7 1 

Ó desordenadas, exageradas y violentas como las que forja la sensi- 
bilidad cuando la razón no la gobierna." 

Ayala: Un hombre de Estado, dr., 1851. Castigo y perdón, com., 
1851, Los dos Gnzmanes, com., 1851. La Estrella de Madrid zarz., 
1853. Haydée ó el secreto, trad., 1854. El Curioso impertinente 
(con Ant. Hurtado), 1854. Rio ja, dr., 1854. Guerra á muerte, zarz., 

1855. Los Comuneros, zarz., 1855. El Conde de Castralla, zarz., 

1856. El Tejado de vidrio, com., 1857. El Tanto por ciento, dr., 
1861. El Agente de matrimonios, zarz., 1862. El Nuevo Don Juan, 
com., 1863. La Mejor corona (con otros, 1868). D. Pedro Calderón, 
disc. recep. Acad. Esp., 1870. Consuelo, dr., 1878. Poesías y Proyec- 
tos de comedias, coleccionados por P. A. de Alarcón. Discurso acerca 
del Teatro de Calderón, 1870. En Rev. Esp., El Olzñdo, soneto (1879, 
t. LXVII). Obras, ed. M. Tamayo, Madrid, 1881-85, siete vols. Epís- 
tolas, París, 1905. Epístola á Emilio Arrieta, ed., A. Bonilla, 1905 (en 
Rev. Hisp., t. XII, págs. 24^-24^). Gustavo, nov. inéd., ed. A. Pérez 
Calamarte, 1908 (ibid., t. XIX, págs. 300-427). Consuelo, ed. A. M. 
Espinosa, Madrid, 1911, 1913. Epistolario inédito, ed. A. Pérez Cala- 
marte, París, 1912. Consúltense: Conrado Solsona y Baselga, Ayala, es- 
tudio político, Madrid, 1891 ; José Ruano, Consuelo, est. crít., Madrid. 

23. Año 1851. Antonio de Trueba y la Quintana (1819- 
1889), Antón el de los cantares, como le llamaron, nació en Mon- 
tellano (Vizcaya). Aficionóse de niño a los romances de ciego, 
que su padre le llevaba de las ferias. Para no ser alistado en 
el Ejército carlista vino á Madrid (1836) como dependiente 
de mostrador de su tío don José Vicente la Quintana, que te- 
nía ferretería ; pero entre clavos y lingotes Trueba ó el tío An- 
tón, tenía sus libros de los poetas románticos, que se aprendía 
de memoria, y presto dejó la tienda (1845), y con un destinejo 
de 10 reales comenzó á escribir coplas, que enviaba a la Revis- 
ta Vascongada, de Vitoria; á El Serrano, de Ronda, etc. Fre- 
cuentó la tertulia del Café de la Esmeralda y la de Eguilaz 
y publicó su Libro de los cantares, 185 1, que tuvo pronto ocho 
ediciones y le hizo famoso. Su carácter, su tierra, todo está 
allí, en la sencillez, en la hombría de bien, en la dulzura de 
afectos y pensamientos tranquilos. Era lo regional, lo popu- 
lar, lo castizo, el sabroso fruto del terruño que el realismo sacó 
del romanticismo. Trueba ^escribió novelas, periódicos, otras 
poesías ; pero sus Cuentos y sus Cantares son la corona del vate 
popular. Seis libros de cuentos campesinos han bastado para 
inmortalizarle. Se han traducido hasta en alemán. El Duque 



72 TRIMKU PKRÍODO DE I^\ ÉPOC.\ REALISTA (185O-1869) 

de Montpensier costeó la tercera edición de sus Cantares; la 
reina Isabel II, en 1862, la de todas sus obras. De 1862 á 1872 
volvió á su tierra querida; la segunda guerra civil y su lealtad 
á la Reina le sacaron de ella. ASfonso XII quiso retenerle; 
pero él retornó al país vascongado. La colonia vasca de Bue- 
nos Aires habia hecho una suscripción para regalarle una casa; 
él no quiso ser nunca más que el Cronista del señorío. En los 
jardines de Albia, en Bilbao, han puesto, hecha por Benlliure 
(1895), su estatua á flor de tierra, entre el boscaje, sentado 
como solía en un banco, rodeado de los niños de la calle. A los 
niños, á la calle, á las comadres del barrio debe su gloria. Feliz 
vivió con su sencillez, querido de todos, y sus sencillas narra- 
ciones vivirán siempre, como obras las más candorosas, puras, 
populares y, por lo mismo, de las más admirables de la litera- 
tura castellana. Rústicas flores, que algunos entonados críti- 
cos y aristócratas falsos del arte desdeñan mirar por no tener 
que bajar los ojos á la miadre tierra del arte popular, única 
fecunda madre de todo arte verdadero. Trueba pintó un pueblo 
sencillo, patriarcal, honrado y feliz, con tan humana naturali- 
dad como podemos todavía comprobarlo : el pueblo vasconga- 
do. Sencillo era el pueblo, sencillo era él, sencillos son sus cuen- 
tos. Xada de toques fuertes, de colores chillones, de pasiones 
turbulentas. El temperamento del escritor aveníase al justo con 
el de las gentes y hasta con el aire y cielo de la región. Su tc>- 
nalidad es un sj es no es elegiaca y melancólica, como la de la 
tierra vasca, siempre envuelta en blancas tocas de niebla silen- 
ciosa o de nubes que dan al paisaje un color de ocaso. Y tal e^ 
el colorido hasta de sus Cuentos de color de rosa. Trueba hizo 
revivir en España el cuento o novelita corta, que desde enton- 
ces sigue estando de moda. 

2». Por miras políticas, por contrarias aficiones morales y reli- 
giosas, por desconocerlo, no pueden, ó no quieren, ver algunos de 
!>uenos ojos, y como él es, al pueblo vascongado. Pueblo patriarcal, 
si lo hay, donde la honradez, el candor, la bondad, la sencillez, llegan 
hasta hacérsenos incrcibles, acostumbrados al embuste, doblez y falta 
de conciencia del común vivir de las ciudades modernas. Los separa- 
tistas vascos que hoy han alzado allí la cal>eza, quiero decir en Ril- 
bac, ciudad castellana, contribuyen toílavía más á hacerlo ckIíoso á los 
que no lo conocen. Pero sucede que los más de los tales scptaratistas 




.„^.;^^7:^Jo ezi£ypyr,.^c^.^ 



S. xrx, 1 85 1. ANTONIO DE TRUEBA yS 

llevan el alma vascongada vuelta del revés. No fueron así sus padres ni 
lo son hoy en día los caseros, los verdaderos representantes de la raza. 
Una desconfianza ridicula, un odio al maqueta, esto es, al castellano, 
como ellos le llaman en son de menosprecio, una desapoderada alta- 
nería, vicios son que jamás se vieron en los verdaderos escualdunas : 
todo generosidad, confiada entrega de sí, sencillez candorosa. El habla 
es el fiel retrato del alma del hombre y del pueblo. Pues bien, esos 
señores separatistas, desconocedores del verdadero euskera ó habla 
vascongada que no mamaron con la leche, se han hilvanado un nuevo 
euskera ó idioma para andar por casa, que sólo lo entienden ellos, y 
á la Euskalerria ó tierra vascongada la llaman Euskadi ó Euskaria, 
nombres que nunca tuvo y han sacado del flamante idioma que ellos 
se fabricaron. Tan vasca es el alma de dichos señores como el idioma 
que sacaron de su cabeza. La tirria á España llega hasta ofenderse 
de que se les diga que el idioma vasco es la madre del castellano y 
que se habló en toda la Península : lo que debiera engreírles, les irrita 
extrañamente. Toda mi vida la consagré á estudiar y á enaltecer el 
vascuence y no he recibido de su parte más que todo linaje de menos- 
precios. Pero no ha de agriarse el ánimo por tales pequeneces y menos 
enturbiarse la cabeza para que no se vea al pueblo vascongado como 
es de hecho. Algunos quisieran ver sombreados los cuadritos de Truc- 
ha con pinceladas de vicios y fealdades que en aquellas sencillas gen- 
tes suponen. Trueba no pudo pintar lo que no había. Otros echan me- 
nos en él algo de la malicia é intención (más ó menos picara intención) 
que creen ha de tener todo escritor; pero tampoco creo yo haya de 
demandarse al artista que malee ó doble su temperamento cuando es 
candoroso y sencillo. ¿ No es la sencillez de intención envidiable cua- 
lidad que debiéramos hallar en todo artista? Fernán Caballero (Carta 
á Latour) : "Remito á usted el Cuento color de rosa, de Trueba: sien- 
to que abuse de las sonrisas y de la palabra bendito, que yo he puesto 
en uso en literatura. Tiene menos malicia que yo, y por eso es menos 
precavido para evitar dar prise á nuestros contrarios en ideas y esti- 
lo... Pienso, como usted, que la especialidad de Trueba es les cordes 
dances; su idea en su cuento lo es, y para hacerlas más dulces toca 
(aunque no muy bien) las que con ellas contrastan para hacer más 
dulces las primeras... los diminutivos de que abusa Trueba, Tacto, 
tacto es y no talento, lo que falta á nuestros buenos novelistas." 
Blanco García, Ea Eiter. esp. en el s. xix, t. II, 1903, pág. 303: "True- 
ba fué, antes que nada, el felicísimo intérprete de un gran pueblo, 
donde viven todas las virtudes domésticas y patriarcales, todo el 
aliento de una raza virgen é indomable, todos los tesoros de la vida 
cristiana en su más alto grado de pureza." Andr. González Blanco, 
Hist. nov., pág. 358: "Trueba fué un cantor de la moral tradicional y 
de la honesta vida doméstica..., tenía condiciones de narrador fácil 
y galano. No aspiró á más, no quiso ser novelista en grande. Sus re- 
latos tienen encantadora ingenuidad y están escritos con soltura ; no 



74 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA RE.\LISTA (185O-18Ó9) 

era Trueba hombre de acalorada fantasía ni de desenfreno román- 
tico..." M. Pelayo, Crític. liter., 5." ser. (1908), pág. 388: "Con cierta 
candidez de estilo, que al principio pareció graciosa y luego se con- 
virtió en manera, vino á exagerar el optimismo de la célebre escritora 
(Fernán Caballero), empeñado en ver las costumbres populares sólo 
por su aspecto ideal y poético. Malos vientos corren hoy para esta 
literatura patriarcal; pero aún conserva Trueba su público infantil, y, 
además, ¿quién se atreverá á negar en todo el ámbito de las Provin- 
cias Vascongadas la exactitud de sus pinturas, que nos muestran allí 
un terrestre paraíso?" Una punta de mal humor se rezuma de estas 
palabras del Maestro; quisiera yo no las hubiera dicho, y por mi par- 
te no quiero hurgar en los motivos; sólo diré que siempre le noté un 
cierto gestillo displicente tratándose de los vascongados. X'icente Me- 
dina, Letras (núm. 3) : "Hubo un gran literato, de corazón, que se 
llamó Antonio de Trueba. Alma buena de los hogares han sido sus 
cuentos... ¡Oh, sus Cuentos de color de rosa! Trueba pensó en los que 
sienten la noble inclinación de las letras y publicó una especie de 
preceptiva literaria, un libro sencillo para iniciar á los que quieren 
hacer versos. No recordamos ahora el título y apenas tenemos ya una 
idea de aquella obra; pero conservamos la impresión de que era algo 
como todo lo de Trueba : ingenuo, bondadoso, fecundo. A los jóvene» 
que comienzan á escribir versos recomendamos aquel libro de Trueba 
y todas las demás obras de Antón el de los cantares, los cuales vienen 
á ser para el espíritu fuente cristalina y pura." 

Trueba: Nostalgia, narración, 1845 (en Semanario Pintoresco). 
Contemplando dormido á un niño poeta, versos, 1847 (en Rev. Bas- 
congada, Vitoria), 1856. Artículos (en Rcv. Base, 1849). El Señor de 
Borledo, leyenda, Madrid, 1849, 185 1. A la torre de Loizaga, 1849 
{Sem. Pint.); 1882 {Rev. Vizcaya). Fábulas de educación (con C. de 
Pravia), Madrid, 1850. Libro de los Cantares, Madrid, 1851, 1858; 
Leipzig, 1860; Ausburgo, 1861 ; Augbayo, 1862; Madrid, 1864, 1865, 
1875, i^joo, 1905. El Valle de Marquina, nov., 185 1. El Cid Campeador, 
nov. hist., Madrid, 1852, 1868. Cuentos populares, Madrid, 1853, 1862 
(dos ed.), 1864, 1875, 1913. La Vida de Juan Soldado, 1854. Cuentos 
de color de rosa, Madrid, 1854, 1859, 1862. Las Hijas del Cid, nov., 
1859. Colorín colorado, cuentos, 1859. Cuentos campesinos, Madrid, 
1860; Barcelona, 1861; Madrid, 1865, 1916, etc. El Judas de la casa, 
Cárdenas, 1863. Capitulas de un libro, sentidos y pensados viajando 
por las provincias Vascongadas, Madrid, 1864. La Paloma v los hal- 
cones, nov., 1865. Defensa de un muerto, Bilbao, 1865. Cuentos de va- 
rios colores, Madrid, 1866. Cuentos de zñvos y muertos, ibid., 1866. 
El Libro de las montañas, Bilbao, 1867, 1909. Artículos históricos, 
1868-86 (formarían nueve tomos los que escribió en el Noticiero, fir- 
mados ó anónimos). Bosquejo de la organización social de Vizcaya 
(firmado Mascárua y Calle), Bilbao, 1870. Cielo con nubccillas. Ma- 
drid, 1871. Aclaratoria dirigida á D. José Amador de los Ríos sobre 



S. XIX, 185 1. ANTONIO ARNAO yS 

SUS artículos de los monumentos vascongados, 1871 (en Rcv. Esp., 
t. XXII). El Gabán y la chaqueta, nov., ibid., 1872. El Redentor 
moderno, nov., ibid., 1872, 1876. Resumen descriptivo é históri- 
co de Vizcaya, Bilbao, 1872. Narraciones populares, Madrid, 1874. 
Mari-Santa, cxiadros de un hogar, ibid., 1874, 1876. La Redención 
de un cautivo, nov. hist., ibid., 1875. Obras populares, dos vols.^ 
ibid., 1875. La Musa indignada, 1876. Venezuela y los Vascos, 
1876 (en Ilustr. Esp. y Amer., Febr.). Madrid por fuera, Madrid,. 
1878. Nuevos cuentos populares, ibid., 1880. Arte de hacer versos al 
alcance de todo el que sepa leer, Barcelona, 1881. De flor en flor, 
Madrid, 1882. Distracciones de un enfermo, 1885. Matrimonio, 1885. 
Leyendas genealógicas de España, Barcelona, 1887, dos vols. La Sen- 
tencia, 1889. Arciniega, 1889. A Cervantes, 1889. Obras escogidas, 
1898. Cuentos populares de Vizcaya, póst., Madrid, 1905. Cuentos del 
hogar, ibid., 1905, 1916. Recuerdos del hogar, ibid., 1905. Cuentos 
populares y narraciones, ibid., 1909. Recuerdos de la Encartación, 
ibid., 1910. Selección ó florilegio, Bilbao, 1914. Obras, Madrid, 1905, 
10 vols. Obras completas, Madrid, i907-'i5, 11 vols.: I, El Libro de los 
cantares. Canciones primaverales, biografía y retrato; II, El Libro de 
las montañas añadido con el arte de hacer versos; III, El Libro de los 
recuerdos. Fábulas de la educación; IV, Cuentos de color de rosa;^ 
V, Cuentos campesinos ; VI, Cuentos populares; VII, Cuentos de vi- 
vos y muertos; WII, Cuentos del hogar; IX, Nuevos cuentos popu- 
lares; X, Cuentos populares de Vizcaya; XI, Cuentos de madres é 
hijos. Consúltense: Notas autobiográficas, en La Ilustr. Esp. y Amer. 
(30 Enero 1889) ; Andrés González Blanco, A. de T., su vida y sus 
obras, Bilbao, 1914; Biblioteca Bascongada, t. I, En honor de Trueba^ 
Bilbao, 1896; Fermín Herrán, Trueba, literato y vascongado, Bilbao. 
A. B. González Ant. de Trueba: su vida y sus obras, Bilbao, 1914. 
G. Mújica, Trueba, su significación en la moderna literatura vasca,. 
San Sebastián, 1914. 

25. Año 1851. Antonio Arnao y Espinosa de los Mon- 
teros (i 829- 1 889) nació en Murcia, vino muy joven á Ma- 
drid, frecuentó la tertulia de la Esmeralda con Castillo, Ba- 
rrantes, Bravo (E.), Cisneros, Eguilaz, Trueba, Luqtie. Gasset 
y Artime, Pravia y otros de la brillante generación de 1848 á 
1854; así como la de Eguilaz en la plazuela de Trujillo y des- 
pués la de Cruzada Villaamil y de Fernández Guerra, en la 
cual dio á conocer las poesías de Selgas, leídas por Cañete. Du- 
rante la Revolución iba con Trueba y otros varios á casa de 
Frontaura, calle de Serrano, donde se leían chascarrillos y chis- 
tes que luego salían en El Cascabel y Los Niños. Fué Censor 
de teatros y murió ocupando la plaza de Oficial en Gracia y 



76 PRIMER PKRÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-I869) 

Justicia. Su espíritu armónico resuena en todas sus obras con 
encantadora placidez; sentimientos dulces y esmerada forma, 
que convenían á la época artística y ix)líticamente sosegada en 
que escribió, pasada la borrasca romántica. "Sólo quiero en paz 
oscura i sentir que mi vida pasa | como arroyo solitario | bajo 
la verde enramada." Dijo en Amor á la soledad, y tal fué su 
ideal artístico, hasta en los tiempos que después sobrevinieron 
de la Revolución de 1868. Aficionado á la música y esposo de 
eminente profesora, fué el primer libretista de ópera de Es- 
paña, como se ve por los dramas líricos D. Rodrigo (1857), ^^^ 
naves de Cortés, Gu^cmán el Bueno (1876), Pelayo, Muerte 
de Garcilaso, La Hija de Jefté, La Gitanilla. 

Manuel Pombo (i 827- i 898), de Popayán (Colombia), her- 
mano de Rafael Pombo, se educó y vivió en Bogotá y com- 
puso hacia 1851 poesías sencillas, dulces, melancólicas, como 
la última que escribió á la Virgen. Fué personificación del Fe- 
lipe del pyoeta Gregorio Gutiérrez González, como se saca de 
la obra De Medellín á Bogotá (1852), diario de viaje, agrada- 
ble y ameno, que con otras ha publicado su hijo: Obras iné- 
ditas de Don Manuel Pombo, Bogotá, 1914, en prosa. 

Carlos Augusto Salaverry (183 i -i 890), de Piura (Pe- 
rú), hijo del general y presidente Salaverry, fusilado cuando 
el hijo contaba seis años, quedó solo a los quince, fué soldado 
y poeta lírico muy sincero, más vigoroso que Althaus y más 
seguro de fuerzas que García. Perteneció con ellos a la Bohe- 
mia limeña (1848-60) e hizo algunos dramas. 

Ji'Lio Zaldumbide (i 833- i 887), poeta de Quito, se dio á 
conocer en 185 1 por su Canto á la Música, y cerró su carrera 
poética con la traducción del Lara, de Byron, y de los Sepul- 
cros, de Pindemonte. Era meditador, grave, elevado y de sen- 
timientos lánguidos y amables. Comenzó por la duda y acabó 
en brazos de la fe : esta batalla pinta en sus versos. 

26. Sepún Blanco García, son "los rasgos característicos de la 
personalidad poética de Arnao el dulce y vago sentimentalismo, el es- 
mero y la pulcritud llevados hasta la exageración, el horror á toda 
suerte de violencia, la plétora de lugares comunes y la insipidez, no 
siempre redimida por el candor ingenuo." M. Pelayo: "Nadie advirtió 
en él jamás desigijajdad ni desequilibrio en nada; lo que principalmen- 



S. XIX, 185 1. MANUEL POMBO 77 

te llamaba la atención á quienquiera que le tratase, era una perfecta 
templanza y armonía de facultades y condiciones, un suave y fácil 
ritmo interior, que se traslada sin esfuerzo á las palabras del poeta. 
Igual impresión sentirán siempre sus lectores. Arnao era, ante todo,, 
un espíritu disciplinado, condición envidiable, condición rarísima, que 
le salvó de todo género de anarquías de palabra y de pensamiento, y 
que, así como en vida le libró de tener ningún enemigo, así también 
á los ojos de la posteridad le hará invulnerable ante la critica más 
severa." Para sus conocidos era Arnao ungüento amarillo. Hállase 
su firma en Semanario Pintoresco desde 1846, Flor de la Infancia 
(1868), La Ilustr. Esp., La Ilustr. Catól. (1877), Los Niños (1870-77), 
La Niíie:: (1879-83) y La Primera Edad (1875). ■^^^- Arnao: Himnos 
y quejas, poesías, Madrid, 185 1. Primavera de la vida, nov., 1852. 
Melancolías, rimas y cantigas, 1857, Ecos del Tader, 1857. La Cam- 
paña de África, poema, 1860. El Caudillo de los ciento, nov. en verso, 
1866. Las Siete palabras, paráfrasis en verso, 1867. La Voz del cre- 
yente. Poesías religiosas, 1872. Trovas castellanas, 1873. Del drama 
lírico y de la lengua castellana, 1873 (disc. recep. Academia). De la 
música en el templo católico, 1874 (disc. Acad. San Fernando). Dra- 
mas líricos, 1875. Elogio de D. J. Nicasio Gallego, 1876 (disc. Acad.). 
Un ramo de pensamientos, sonetos, 1878. Gotas de rocío, madrigales, 
1880. Soñar despierto, poesías postumas, con pról. de M. Pelayo, 1891. 
La Luc entre las tinieblas, cantos religiosos, 1897. 

Ant. Gómez Restrepo, El Nuevo Tiempo Literario, Bogotá, 191 5 
(Enero) : "En la penumbra discreta de que él quiso y supo rodear su 
vida, por tendencia invencible de su carácter enemigo de la ostenta- 
ción... No había nacido don Manuel para secuiaz del romanticismo de- 
cadente, pues una de sus dotes principales era la sencillez, la ingenui- 
dad con que expresaba sentimientos sanos y emociones sinceras. De 
aquí la íntima, la inefable belleza de sus versos á la Virgen, su últi- 
ma producción quizá y sin duda la más inspirada...; si no ofrece 
profundidades teológicas ni revela el trabajo primoroso del orfebre, 
tiene una cosa que rara vez se encuentra, y es la verdadera efusión 
religiosa, la absoluta sinceridad del sentimiento ; la nota patética sin 
esfuerzo llega al alma y produce una impresión de dolorosa dulzura... 
No sólo en los versos de don Manuel, sino en sus escritos en prosa, 
se encuentran rasgos que revelan la exquisita delicadeza de su alma 
y que en vano se buscarían en escritores más poderosos y originales, 
pero de complexión espiritual menos selecta... Su amor por lo tradi- 
cional... avivaba la gracia é inspiración de su pincel cuando trazaba 
cuadros de la edad pasada; sus personajes están tratados con la finura 
que inspira el cariño... como de retablo antiguo... En don Manuel ha- 
bía un fondo de compasiva ternura... Era el estilo de don Manuel 
claro, sencillo y espontáneo, y corría con la ligereza y murmullo ju- 
guetón de los arroyos...; correcto sin esfuerzo; decoroso por instin- 
to; gráfico y pintoresco como pocos de sus contemporáneos... La 



/íi llilMER PERÍODO DE LA ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

lectura de las obras de don Manuel deja una impresión grata y sim- 
pática y nos hace querer al autor... En los escritos de don Manuel 
vemos al caballero de raza, al cristiano sincero, al hombre de hogar, 
¿1 patriota desinteresado, al ingenio original y selecto, enamorado de 
la belleza ideal." 

\'entura García Calderón, La Litcr. peruana, 1914, pág. 62: "A este 
militar-poeta le supongo haber querido seguir el ejemplo de Vigny. 
Espolvoreadas de cenicienta melancolía algunas páginas, entre ellas 
Acuérdate de mí, pudieran ser los ápices del lirismo peruano. Nuestra 
literatura, tan terrestre, conoce allí el arranque para el vuelo du- 
rable. Dejó sonetos redondos... Prefiero algunos de sus poemas de 
aliento, y en todo caso ningún romántico nuestro dejó un libro tan ar- 
monioso como los Albores y destellos, de Salaverry," Albores y deste- 
llos, Lima, 1851; Havre, 1871 (con Diamantes y perlas y las Cartas 
á un ángel). Arturo, dr., Lima, 1851. Abel, dr., 1857. El Bello ideal, 
•dr., 1857. Cartas á un ángel, 1858. Atahualpa, dr., 1860. El Amor y el 
ero, dr., 1861. La Estrella del Perú, ley. patr., 1862. Misterios de la 
iumba, poem-a filosófico, Lima 1883. 

M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-amer., t. II (1913), pág. 131: "Tenía 
Zaldumbide, á diferencia de otros muchos poetas ecuatorianos, sólida 
■educación literaria, basada en el estudio directo y reflexivo de los 
modelos latinos, italianos é ingleses y de los nuestros del siglo de oro, 
entre los cuales prefería á Garcilaso y fray Luis de León, Así es que, 
aun los pocos versos románticos que en su mocedad compuso, son rela- 
tivamente correctos, y en los posteriores hay, no sólo decoro y pulcri- 
tud en la dicción, sino estudio de la parte musical del idioma, que 
fluye manso y apacible en una versificación generalmente esmerada... 
juntaba... condiciones descriptivas no vulgares; sentimiento no fin- 
gido de la naturaleza, aunque más en el conjunto que en los detalles, 
más en la expresión moral que en la expresión física, y una suave y 
reposada tristeza, que, por ser tan suya, ennoblece v renueva en él 
hasta los tópicos más vulgares de la poesía campestre...; merece, á 
lo menos, un puesto distinguido entre los de segimdo (orden), al modo 
que lo obtiene entre los cubanos, por prendas muy parecidas de senti- 
miento y gusto, el dulce y simpático Mendive." Consúltese Luis Cor- 
dero, en Memorias de la Acad. Ecuatoriana, t. I, Quito, 1889. 

27. Año i8¿i. l'^RANciscG AsENjo Barbieri (1823-1894), 
por seudónimos Alfajamín, José Ibero y Canfranc, El Maestro 
Seguidilla y Uno de tantos, tipo de pura raza árabe, nació en 
Madrid, en la calle del Sordo, para resucitar la zarzuela en Es- 
paña, de tantos años atrás casi olvidada, tomando de Italia y 
Francia no pocos libretos, aunque aderezándolos ú la española. 
Puc compositor popular, historiador, director de orquesta, es- 
critor brillante y temible polemista. 



S. XIX, 185 1. FRANCrSCO ASENJO BARBIERl 79 

Luis Mariano de Larra y Wetoret (1830-1901), madri- 
leño, hijo mayor de Fígaro de los tres que tuvo, director del 
Teatro Español (1871-72), escribió muchos artículos, cuentos 
y poesías, algunas novelas y, sobre todo, obras teatrales, las 
más del género festivo y algunas serias, de intento moraliza- 
dor, mezclando lo cómico con cierta melancolía sentimental. 
Fueron muy aplaudidas las comedias Corazones de oro, Oros, 
copas, espadas y bastos; en particular La Oración de la tarde, 
representada el mismo año que el Cura de aldea (1858), de 
Escrich, pero con anterioridad y sin el plagio que se dijo, lle- 
vándole ventaja. Sus más celebradas zarzuelas, Todos son rap- 
tos, el Barherillo de Lavapiés, Chorizos y polacos, Juan de 
Urbiiia, La Vuelta al inundo. La Conquista de Madrid. Sus 
compañeros le llamaban el malo, para distinguirlo de su padre. 
Fígaro; pero no debe comparársele con él, por ser tan diferen- 
tes los géneros en que padre é hijo sobresalieron. Es el hijo 
buen dramático, superior á Cano y Núñez de Arce; autor emi- 
nente é injustamente olvidado. Envidiado por sus continuos 
triunfos, que le hacían ser muy buscado por las empresas, sil- 
báronle obras excelentes, aun desde la primera escena, hasta 
el punto de tener que dejar de escribir para el teatro, para el 
cual compuso cerca de un centenar de obras. 

Francisco Camprodón y Safont (1816-1870), de Vich, 
autor bueno, parecido á Rubí y que sabía contentar á su públi- 
co, sobresaliendo en el manejo de las figuras; pero mal escri- 
tor, descuidado en el lenguaje. Fué muy aplaudido por su dra- 
ma Lola ó Flor de un día (1851), que cuenta con 29 ediciones, 
de romanticismo exagerado, mucho ripio y hasta barbarismos. 
Segundó con Espinas de una flor (1852). Hizo, sobre todo, 
zarzuelas, algunas de gran boga, merced á la música. 

28. En cuarenta y cuatro años fué Barbieri lego, estudiante de 
Medicina, aprendiz de ingeniero, alumno del Conservatorio, corista, 
partiquino, director de orquesta, apuntador, ordenando de ocasión, 
contrabandista durante una hora, buhonero o poco menos, director de 
un Liceo, secretario de otro, músico militar, miliciano movilizado, 
empresario, periodista, poeta, arqueólogo, compositor y generalísimo 
-de orquesta. Suma de su pintoresca biografía, que lindamente bosque- 
jó Nombela en 1867 en Retratos á la pluma, 1904. Barbieri, el músico 
más español de nuestro teatro, con el famoso Gaztambide, que bien 



8o PRIMKR PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

puede acompañarle en el genio musical, el cantante don Francisco 
Salas y el libretista Olona, se juntaron para construir el teatro de la 
Zarzuela, abierto en 1856 y quemado en 1909, con el fin de facilitar 
el nuevo espectáculo teatral llamado carencia, cuando ya gastados 
Bretón y Hartzenbusch, ofreciendo raras veces obras García Gutié- 
rrez y menos todavía Ayala, no habiendo todavía estrenado Tamayo 
Un drama nuevo, sino que sólo cultivaba las traducciones, lo mismo 
que Ventura de la Vega, eran únicos dueños del teatro en España 
Rodríguez Rubí, Eguilaz y Camprodón con comedias tan ñoñas como 
La Rueda de la fortuna, La Trenza de sus cabellos y, á lo más, La 
Cruz del matrimonio. Los Soldados de plomo y Flor de un día. Nuevo 
género era la zarzuela, venido, es cierto, de Italia y Francia, á pesar de 
que ya en el siglo xvii se representaron zarzuelas á imitación de los 
italianos, como El Jardín de Falerina, de Calderón, que se hizo en 
una casa de campo del Rey, llamada La Zarzuela, de donde tomó el 
nombre ; y no menos las de don Ramón de la Cruz en el siglo xviii. 
Las primeras obras mixtas de canto y declamación, como la opereta 
francesa, se representaron en Variedades y en el Circo, una de ellas 
El Duende, que tuvo muy buen suceso. De Francia vinieron los libre- 
tos de las más famosas: Jugar con fuego. Los Diamantes de la coro- 
na, El Dominó azul. El Juramento, etc., y hasta la música no pocas 
veces se robaba de Francia. Era la época del predominio de la clase 
media, debido á la constitución, y la zarzuela era una clase media del 
arte, sin la grandeza aristocrática de la ópera ni los bríos y furores 
populares del drama y del melodrama. Por lo cual gustó en España, 
sin ser cosa enteramente castiza, como ya dijimos. El padre de la 
zarzuela del siglo xix fué Barbieri, el cual, después de la ópera no 
representada // Buontempore (1847), compuso Gloria y pelucci (1850), 
que, aunque no libre de lo italiano, era ya obra más española, y lo fué 
del todo Jugar con fuego (1851), á pesar del libreto originariamente 
francés. Compuso después, entre otras, El Marqués de Caravacd 
(1853), D. Simplicio Bobadilla (1853), Los Diamantes de la corona 
(1854), El Sargento Federico (1855), Los dos ciegos (1855), El 
Relámpago (1857), Un caballero particular (1858), Pan y toros (1864), 
El Barberillo de Lavapiés (1874), De Getafe al Paraíso (1883), No- 
villos en Polvoranca, etc., que hemos visto hacerse hasta poco ha. 
Publicó, además, Reseña histórica de la zarzuela, Contestación al 
maestro Hernando (1864), Estudio bibliográf ico-musical {Rev. Es- 
paña, 1871, t. XIX). Un estudio al Don Lazarillo Vizcardi, de 
Eximeno (1H72). Ultimas amores de Lope (1874). Las Castañuelas, 
estudio jocoso (1876, 1879). Cancionero musical de los siglos xv y xvr 
(1890). La Zarzuela (carta á D. Pascual Millán, 1887). En Esp. Mod. 
y en discurso acad. : La Música de la lengua castellana (1892). En la 
zarzuela lo serio nunca llegaba á lo dramático, de suerte que se sufría 
mejor la música, inaguantable para el realismo español cuando va 
con lo trágico La música era tan sencilla como la trama del libreto. 



S. XIX, 185I. LUIS MARIANO DE LARRA 81 

Así este género teatral mediano convenía á la sociedad de la época, 
mediana en todo. De esta manera vivió la zarzuela hasta mil ochocien- 
tos sesenta y tantos, víspera de la revolución de Prim, Serrano y To- 
pete, cuando le hicieron competencia, triunfando enteramente, los fa- 
mosos bufos, de origen todavía más francés y menos castizo género, 
que cuadraba al justo con los atrevimientos políticos de' aquel mo- 
mento. La Gran duquesa de Gerolstcin, Genoveva de Brabante, Fran- 
cifredo se atrajeron el público. A las notas de Ofifembach acompaña- 
ban palabras demoledoras, presagio de la revolución en España y lue- 
go en Francia. Desde el setenta y cuatro la zarzuela se renovó, como 
se renovó el teatro español con Echegaray. Caballero y Chapí bebieron 
en el pueblo su inspiración popular. Los libretistas dejáronse de la 
gran zarzuela, aparatosa, presumida, y dieron nacimiento al llamado 
género chico, más castizo, como que era en Madrid el triunfo cíe lo 
folklórico madrileño y andaluz, al mismo tiempo que nacían á poder 
de mismo folklore las literaturas regionales, en Cataluña y Aragón, 
en Galicia y Santander, en Salamanca y Andalucía. De esta manera 
fué la gran zarzuela un género de transición entre la ópera y el gé- 
nero chico, ó saínete genuínamente español con música. Cuando, en 
1909, se quemó el teatro de la Zarzuela, había fenecido ya la zarzuela 
para no volverse á levantar. Consúltense: Arteaga y Pereíra, Cele- 
bridades musicales, Barcelona, 1886; Peña y Goñi, Barbieri, Madrid, 
1875; ídem. La Opera española y la música dramática en España en 
el s. ,vix, 1881 ; M. Pelayo en los Discursos de recep. de Barbieri en 
la Acad. Esp., 1892; T. Bretón, Barbieri, la ópera nacional, Madrid, 
1896. 

Luis Mariano de Larra casó en 1856 con Cristina Ossorio y Ro- 
mero, hermana de los eminentes actores Manuel y Fernando Ossorio, 
siendo este último uno de los testigos de la boda. De este matrimonio 
nacieron Mariano, conocido actor ; María y Luis, malogrado autor del 
género chico. En el estreno de La Africanita hubo gritos, insultos, 
bofetadas, garrotazos, por mala, terció -la autoridad varias veces, y, 
desde entonces, escribió con el seudónimo de Antonio López Ayllón. 
De carácter entero, amante de la justicia, no se doblegaba á nadie, nt 
á empresarios ni á amigos. El arca repleta de duros que él mostraba 
como fruto que sacó de El Barberillo de Lavapiés, se la vaciaron un 
día, dejándole pobre. Redactor de El Teatro Español y de la Gaceta 
hasta 18Ó6; fué colaborador de Las Novedades, La Iberia, Semanario 
Pintoresco, Museo de las familias. La Patria, La Época, El Teatro, 
La Ilustr. Esp. y Gente Vieja. Usó los seudónimos El Autor desco- 
nocido, Andrés Corsino, José María García, Antonio García Hnerta, 
Antonio López Ayllón y Nadie. Fué gran lector de comedias, que no 
parecía sino que las representaba al leerlas, dándolo todo hecho á los 
actores. Excelente director de escena, y lo fué del Español (1870-72). 
Hubo días que copó todos los teatros de Madrid, y durante unos diez 
años fué el más mimado del público, de los artistas y de los empre- 

TOMO VÍII.— 6 



82 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

sarios. De aquí la envidiosa guerra que le hicieron. Retiróse á su 
casa de \'aldemoro, única finca que le quedaba de su gran riqueza, 
ganada con su ingenio y malrotada con su generosidad y poca pre- 
visión. En La Africanita se lee: "Silbada estrepitosamente, sin oiría, 
la noche del 9 de Enero de 1883, en el teatro Circo de Price, de Ma- 
drid, y aplaudida después en todos los teatros de España donde se ha 
representado.-' Después sólo estrenó La Gala del Ebro, que no corrió 
mejor suerte. Cuatro ó cinco estrenó más tarde con seudónimo, la úl- 
tima, José María, opereta (1888) ; aunque á ruegos de su hijo Mariano, 
actor en Lara, todavía refundió Los Corazones de oro (189...), con 
buen suceso. Fué nombrado director del Boletín Oficial de la Propie- 
dad algunos años antes de morir y después de retirarse del teatro, 
cargo con 6.000 pesetas, que desempeñó hasta su muerte, que le aca- 
rreó un enfriamiento por asistir al entierro de Campoamor. L. M. de 
Larra. Comedias: El Toro y el tigre (i.' obra, con Ram. Valladares), 
1849. El Amor y la moda. Quien piensa mal, mal acierta, 185 1. Pedro 
el marino. En palacio y en la calle. Las tres noblezas. Quien á cu- 
chillo mata. A caza de cuervos. Una nube de verano. Lanuza. Entre 
todas las mujeres (con L. Eguílaz). Sapos y culebras (con id.). Una 
Virgen de Murillo (con id.). El Beso de Judas, 1855. Una lágrima y un 
beso. Juicios de Dios. La Flor del valle, 1856. La Pluma \ la espada, 

1856. Batalla de reinas. El Amor y el interés, 1857. /-a Planta exótica, 

1857. La Paloma y los halcones, 1857. El Rey del mundo, 1858. La Ora- 
ción de la tarde, 1858. Los Lazos de la familia, 1859. Ri-co de amor, 1859. 
Barómetro conyugal. La Lápida mortuoria. La Bolsa y el bolsillo. El 
Marqués y el marquesita. Los Infieles (con N. Serra), 1860. Flores y 
perlas, 1860. La Agonía, 1861. Dios sobre todo. El Hombre libre, 1862. 
La Primera piedra, 1862. Estudio del natural. El Cuello de una camisa, 
1863. La Cosecha, 1863. En brazos de la muerte, 1866. Bienaventu- 
rados los que lloran, 1866. El Bien perdido, 1866. Oros, copas, espadas 
y bastos, 1866. El Ángel de la muerte. El Becerro de oro. Los Hijos 
de Adán. El Árbol del paraíso. El Caballero de gracia. La Tarde de 
nochebuena. Uyia lágrima. Los Corazones de oro. Tres pies al gato. 
Risas y lágrinws. Las Ranas pidiendo rey. Un buen hombre. La Viuda 
de López. Zarzuelas: Un embuste y una bola (mus. de Genovés), 1851. 
Todos son raptos (m. Oudrid), 185 1. As en puerta (id.). La Perla 
negra (m. Vázquez), 1858. Las Hijas de Eva (m. Gaztambide), 1862. 
Jua Conquista de Madrid (id.), 1863. Cadenas de oro (con Ram. Na- 
varrete, m. Arrieta). Una revancha (m. Campo). Aa Ínsula Barata- 
ría (m. Arrieta), 1864. Punto y aparte (m. Rogel). Los Órganos de 
Móstolcs (m. Rogel), 1867. Los Infiernos de Madrid (id.), 1867. 
La Varita de Virtudes (m. Gaztambide). Los Misterios del par- 
naso (m. Arrieta). Los Hijos de la costa (m. Marqués). Justos por 
pecadores (m. Oudrid y Marqués). La Prima donna (m. de zar- 
zuelas). El Atrevido en la Corte (m. Caballero). El Conde y el 
condenado (con García Gutiérrez; m. Rogel é Inzenga). Sueños 



S. XIX, 185 1. LUIS MARIANO DE LARRA 83 

de oro (m. Barbieri). La Creación refundida (m. Rogel). El Barberi- 
llo de Lavapiés (m. Barbieri). La Vuelta al mundo (m. Barbieri y Ro- 
^el). Chorizos y polacos (m. Barbieri). Viaje á la luna (m. Rogel). 
Juan de Urbina (m. Barbieri). Los Pajes del rey (m. Oudrid). Las 
Campanas de C arrian (m. Planquette). La Guerra santa (con Escrich, 
va. Arrieta). El Corpus de sangre (m. Caballero). La Niña bonita 
(m. id.). Los Hijos de Madrid (m. Cereceda). Boccaccio (m. Suppé). 
La Africanita (m. Cereceda), 1883. El Guerrillero (m. Arrieta, Caba- 
llero). Muchacho (m. Suppé). El Año de la nanita (m. Rubio). El Es- 
tudiantino (m. Milloker). La Gala del Ebro (m. Cereceda). Manolita 
el Rayo (m. Suppé). José María (m. Milloker), 1888 (última). Ade- 
más: jyes noches de amor y celos, nov., dos vols., 1855. La Gota de 
tinta, dos vols., nov. El Libro de las mujeres (trad.). 

J. Nombela, Impresiones, t. III, pág. 70: "Por su viva imagina- 
ción, su exquisita delicadeza de sentimientos, su noble y bien educada 
franqueza catalana y su perspicaz instinto del arte escénico, era (Cam- 
prodón) muy considerado entre los del oficio y muy querido, tanto de 
los artistas que figuraban en primera línea como de los más humildes, 
y de la dependencia del teatro. Era llano, justo; poseía un espíritu ver- 
daderamente democrático y siempre estaba dispuesto á favorecer al dé- 
bil contra el fuerte, al pobre contra el rico. Solía alguna que otra vez 
¿aerificar la sintaxis á los efectos escénicos; pero él, que, como poeta, 
era correcto, delicado y de un exagerado puritanismo, no se paraba 
«n barras cuando se proponia impresionar al público. Practicaba la 
teoría del famoso dramaturgo francés Eugenio Scribe, quien conden- 
saba su teoría sobre el arte dramático en la siguiente fórmula ; ante 
todo, caracteres. Con caracteres hay situaciones, y con caracteres y 
situaciones, aunque un mozo de cuerda escriba el diálogo, el éxito es 
seguro... Me refirió algunos episodios de su mocedad, sus primeros 
amores, que le habían inspirado el drama Flor de un día, la rapidez 
con que le escribió en un par de semanas y la sorprendente facilidad 
con que había logrado que se representase en el teatro Español. Cuan- 
do vino á Madrid por primera vez con su obra en la maleta y sin 
grandes esperanzas, porque no conocía á ningún literato, su buena 
suerte le llevó á una casa de huéspedes en la que habitaban Adelardo 
lx>pez de Ayala y José de Selgas. Pronto trabó amistad con ellos, y Aya- 
la, que ya se había dado á conocer con Un Hombre de Estado, que, 
aunque no agradó al público, puso de relieve su superior talento, le 
presentó al actor don José Valero. Era á la sazón director del teatro 
Español don Tomás Rodríguez Rubí, con quien Ayala, á causa de su 
drama, había tenido algunas diferencias, y, deseando favorecer á Cam- 
prodón, rogó á Valero que le presentase y recomendase á Rubí. Así 
lo hizo el gran actor la noche siguiente, al terminar la función, y el 
director dijo al novel poeta que no podía detenerse y que si quería 
acompañarle, por el camino podría decirle el objeto de su visita. Cam- 
prodón salió del teatro con Rubí ; sin perder tiempo, como buen cata- 



84 PRIMER PERÍODO DE LA ÉFOCA REALISTA (185O-1869) 

lán, le confió que había escrito un drama, y que, como se lo sabía de 
memoria, le recitaría lo que pudiera hasta dejarle en su casa. Sin es- 
perar á su aquiescencia, comenzó á recitar la obra, y estaba en la 
mitad del primer acto, cuando Rubí le dijo: "Hemos llegado á mi 
''casa; pero seguiremos andando para que acabe usted de recitarme el 
■'primer acto." El paseo se prolongó hasta después de bien dada la 
una, y entonces lo más tarde que acababan las funciones teatrales era 
á las doce. Camprodón había dado á conocer al director del teatro 
Español los actos primero y segundo. "No puedo oír el tercero — le 
''dijo Rubí — , pero no importa: si es como los que acaba usted de re- 
''citar, envíeme mañana al teatro el manuscrito." Así lo hizo; el 
director, que ansiaba conocer el desenlace, leyó el tercer acto, mandó 
sacar de papeles la obra y quince días después se puso en escena. 
Aún no hacía un mes que Camprodón había llegado á Madrid. Pero, 
después de vencer tan fácilmente los tradicionales obstáculos, tuvo 
miedo del resultado de su tentativa, dejó á Rubí la dirección de los 
ensayos, se volvió á Barcelona, donde supo el gran éxito de su Flor 
de un día, que no fué de un día, sino de cincuenta ó sesenta noches, 
lo que en aquella época significaba un triunfo extraordinario, y tornó 
á Madrid, donde disfrutó la satisfacción, no vulgarizada todavía, de 
salir á escena á recibir los entusiastas aplausos de un público verda- 
deramente electrizado. Colocado en primera fila entre los autores 
dramáticos que gozaban boga, como Ventura de la Vega, como Olona 
y algún tiempo después como Avala y García Gutiérrez, escribió libre- 
tos de zarzuela, que quedaron de repertorio, unos originales y otros 
arreglados del francés, demostrando en todo su maestría." Campro- 
dón: Emociones, poesías, Barcelona, 1850. Lola ó Flor de un día, dr., 
1851. Espinas de una flor, 1852. Fíl Dominó azul, zarz., 1853. Tres por 
una, zarz., 1853. Los Diamantes de la corona, zarz., 1854 (tomada de 
Scribe). Marina, zarz., 1855. El Vizcotuie, 1855. Guerra á muerte, 
1855. El Diablo en el poder, 1856. La Jardinera, 1857. Juan Lanas, 

1857. Una ráfaga, dr., 1857. El Lancero, 1857. Libertinaje y pasión, 
dr., 1857. Beltrán el aventurero, 1858. Por conquista, 1858. Un pleito, 

1858. Un cocinero, 1858. Quien manda, manda, 1859. Un zapatero, fá- 
bula, 1859. El Diablo las carga, 1860. Una vieja, 1860. El Gran bandido^ 
1860. Una niña, 1861. Del palacio á la taberna, 1862. Los dos mellizos, 
1862. Los Suicidas, 1863. El Relámpago, 1865. La Teta gallinaire, cua- 
dro de costumbres en catalán, 1865. Asirse de un cabello, 1868. Gala- 
tea, 1868. El Pan de la boda, etc. Todas zarzuelas. Escribió la popula- 
rísima Carta á D. Juan Prim, en quintillas, con motivo de la guerra de 
África. Colección de poesías castellanas, Habana, 1871. 

29. 'Año 1851. Fernando Patxot y Ferrer (1812-1859), 
de Mahón, por seudónimos Manuel Ortiz de la Vega y Sor 
Adela, fundó El Telégrafo (1857), publicó Las Ruinas de mi 



S. XIX, 185 1. VICENTE BARRANTES 85 

convento, Barcelona, 185 1; aumentada con Mi claustro, por 
Sor Adela, ibid., 1856; con una tercera y última parte, Las 
Delicias del claustro y mis últimos momentos en su seno, ibid , 
1858. Las Ruinas... y Mi claustro, ibid., 1871. Su intento fué 
mover la compasión para con las víctimas de 1835 y la indigim- 
ción contra los verdugos de aquella triste salvajada. Tradú- 
jose á varias lenguas y se leyó mucho, despertada la curiosidad 
por desconocerse el autor y más por lo colorida y sentidamente 
escrita que está, aunque á veces bastardea el sentimiento en 
sensiblería, y por el siempre creciente interés de las escenas. 
Valen mucho menos las partes segimda y tercera que la pri- 
mera. Publicó, además, con el mismo seudónimo de 0rtÍ2 de 
ia Vega, Historia general de España (continuación de Maria- 
na y Miñana), Barcelona, 1847-48. Las Glorias Nacionales, 
grande historia de todos los Reinos, etc., españoles, seis vols., 
Madrid-Barcelona, 1852. Los Héroes y las grandezas de la tie- 
rra, anales del Mundo, ocho vols., Madrid, 1854. Anales de 
España, 10 vols., Barcelona, 1857-59. Véase Ortiz de la Vega, 
año 1847. 

Manuel Silvela y de Le Vieilleuze (i 830- i 892), naci- 
do en París, por seudónimos Velisla y Juan Fernández, minis- 
tro de Estado durante la Revolución, tuvo parte en la Consti- 
tución del 76 y fué embajador en París, académico (1870), ex- 
celente crítico de costumbres, escritor donairoso, de gracejo y 
sabor castizo y de estilo natural. 

Vicente Barrantes y Moreno (1829 1898); de Badajoz, 
donde colaboró en El Guadiana (1847), ^'•^'^ á Madrid (1848Í 
}'■ escribió en El Teatro Español (1849), ^'^^ Novedades, La 
Ilustración, El Seman. Pintor, y usó los seudónimos Puhlicio 
y El Abate Rascarrabias. Hizo novelas en su juventud, li- 
bros amenos y después se dio a la erudición, sobre todo de las 
cosas de su tierra extremeña, en las cuales fué muy entendido. 

30. M. Silvela: Negro y blanco, jug. (con Ant. Barreras, 1851). 
Sin nombre, por Velisla, Madrid, 186S. Obras literarias, Madrid, 
1890 (Escrit. Cast.). Reseña analítica de las obras postumas de Mo- 
ratín {Rev. España, 1868, t. IV). Defendió el indefendible Dicciona- 
rio académico contra Escalada, en El Imparcial (1886). 

Vio. Barrantes: Las Pildoras, folletos satíricos, Madrid, 1851, Siem- 
pre tarde, nov., 1852. Baladas españolas, i8'53, 1865. Juan de Padilla, 



86 PRIMER PERÍODO DE I^\ ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

nov.. dos vols., 1856. La Viuda de Padilla, nov., 1857. La Corona de Cas- 
tilla, alegoría dram., 1S57. El Veinticuatro de Córdoba, 1859. Catálogo 
raj:onado y crítico de los libros... que tratan de las provincias de Ex- 
tremadura, 1865. Cursos seguidos en la Universidad de la vida..., por 
el Bach. Clarín Brocado (Vic. Barrantes?), 1867. La Instrucción pri- 
maria en Filipinas. 1869. Estudios sobre la conquista de Filipinas, 
Fr. Juan de Plasencia, 1870-71 (en Rev. Esp.). Narraciones e.rtreme- 
ñas, 1872-73, dos vols. Viaje á los infiernos del sufragio universal,, 
por Barvic (Vic. Barr. ?), 1872. Extremadura en el reinado de Isabel 
la Católica, 1872. Discurso leído ante la Acad. de la Hist. en su pú- 
blica instalación en la casa del nuevo rezado, 1874. Aparato bibliográ- 
fico para la historia de Extremadura, tres vols., 1875-79. ^^^ estilo 
y de los conceptos de nuestros filósofos contemporáneos, 1876 (disc. 
rec. Acad. Esp.). Barros emeritenses, 1877. Guerras piráticas de Fili- 
pinas, 1878. S. Pedro de Alcántara, cristiano romance, 1880. La Poe- 
sía lírica en Cuba, 1889. Trneba y sus amigos, 1889 (en Esp. Mod., 
Abr.). Sección hispano-íultram^arina, 1889-92 (ibid.). El Teatro tagalo^ 
1889. Nuevas noticias del filósofo Olavide, 1891 (en Esp. Mod., Mayo). 
Hatuey, poem. dram., 1892 (ibid., Dic). Lcís ¡urdes y sus leyendas^ 
1893. Villergas y su tiempo, 1894 (en Esp. Mod., Jun.). Las Obras de 
Villergas, 1894 (ibid., Jul.). España fuera de España, 1894 (ibid., Ag.). 
Tenorios políticos, 1894 (ibid., Set.). Viaje de la corbeta Nautilus, por 
Fern. Villaamil, 1896 (ibid., Febr.). Consúltese Ant. Cortijo Valdés,. 
Biografía del Exento. Sr. D. V. Barrantes, Madrid, 1874. 

31. Año 18 51. Santiago Pérez nació en Zipaquirá de 
Colombia (1830) y falleció en París á principios del siglo xx; 
fué presidente de la República (1874-76), poeta romántico en sus 
mocedades, después escritor de purísimo gusto y brillante es- 
tilo, sobre todo en prosa. Sus discursos son modelos de ele- 
gancia. Estrenó el drama romántico Jacoho Molai (1851). que 
Mariano Ospina destrozó con despiadada crítica desde Mede- 
Uín, aunque aquella obra dramática fué el Hernaiii colombia- 
no, mereciendo por ello alguna mayor consideración. Bastante 
menos se había hecho hasta entonces en Colombia desde Var- 
gas Tejada. Lo malo es que no tenía hermosos versos, vesti- 
dura que hizo pasar rozagantemente tantos dramones dispara- 
tados en la época romántica. 

Manuel Ancizar y Basterra (1812-1882). nacido en la ha- 
cienda de El Tintal, cerca de Fontibon (Colombia), hijo de viz- 
caíno y navarra, doctorado en la Habana, catedrático y perio- 
dista en Caracas (1840), secretario de Relaciones Exteriores 
(1846) en Bogotá, fundador de El Neo-Granadino (1848-54), 



S. XIX, 185 1. CARLOS NAVARRO Y RODRIGO 87 

anduvo en la Comisión corográfica de Codazzi como secretario, 
redactando las impresiones de aquellos viajes (1850-5 O en el 
ameno y bonito libro Peregrinación de Alpha (1853); redactó 
después en Bogotá (1855) El Tiempo; fué presidente de la Cá- 
mara, rector de la Universidad y del Colegio del Rosario. Gran 
repúblico y periodista, demócrata cristiano, de carácter entero, 
amante de la honradez y de la justicia. 

32. Santiago Pérez: Ensayos líricos y dramáticos, Bogotá, 1851. 
Jacobo Molai, dr., ibid., 185 1. Gramática de la lengua castellan-a, ibid., 
1853. Leonor, leyenda, 1855. El Castillo de Berkey, dr. hist., 1856. Sus 
últimos escritos, en La Defensa, periódico político que redactó en 1880. 

M. Ancizar : Lecciones de psicología, Bogotá, 1881. Anarquía y 
rojismo en N. Granada, Santiago de Chile, 1853. Peregrinación de 
Alpha (1850-51), Bogotá, 1853, 1914. Diputado á la Convención na- 
cional... á sus comitentes, 1863. Biografía de Sucre (en El Repert. 
Colomb. y Bolet. Acad. Hist.), Bogotá, 1903. Biografía de Agustín 
Codazzi (en La Patria). Consúltense: Juan de Dios Restrepo, Biogra- 
fía de Ancizar; Isid. Laverde Amaya, Fisonomías literarias. Curazao, 
1890. 

33. Año 1851. Eugenio de Olavarría y Huarte (1829-1S83), de 
Bilbao, jefe del Cuerpo administrativo del Ejército, director de El 
Ejército Español (1895), colaboró con Francisco Zea en Maese Juan 
el Espadero y otras obras; fué redactor de Las Cortes, Eco del País, 
Universal (1867), América; pero no firmaba. Publicó Tradiciones de 
Toledo, Madrid, 1880. Leyendas y tradiciones, ibid., 1888. Irmia, poe- 
sía (en Rev. Esp., 1881, t. LXXX). El Saltimbanco (ibid., 1883, 
t. XCIX). Para el teatro: D. Carlos de Austria, 1851. Por el camino 
de hierro, 185 1. Duda en el alma ó el embozado de Córdoba, 1857. 
Los Apuros de Gaspar, 1863. Margarita, zarz., 1864. El Alcaide de 
Toledo, dr., 1882. Errar la cuenta. 

Florentino Luis Parreño (1822-1897), de Málaga, novelador pé- 
simo, casi tan malo como San Martín, que es cuanto cabe en el género, 
publicó Laura de Castro, dr., 185 1. El Conde de Sagunto, Rey, duque 
y conspirador. Pedro el temerario, nov. hist., 1861. La Heroína zegrí, 
1862. El Cáncer de la vida, dos vols., 1863-^4. El Héroe y el César, 
1864, 1909. Los Invencibles, el monarca y la hoguera, 1865. El Abismo 
y el valle, 1866. Las Plagas de un pueblo, 1867. La Inquisición y el 
rey y el Nuevo Mundo (la más famosa de sus obras), 1867. Jaime 
Alfonso El Barbudo, 1873. El Martirio de la virtud, 1883, dos vols. 
Barbarroja, historia de los piratas más célebres del mundo, 1892. 

Carlos Navarro y Rodrigo (1833- 1903), de Alicante, quien de 
pobre llegó, á fuerza de voluntad, perseverancia y flexibilidad, á ser 
ministro, fué redactor de La Época (1860...) y La Política; cronista 



88 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (iSso-iSÓq") 

oficial de la guerra de África y encargado de la imprenta del Ejér- 
cito; político y orador. Publicó Ensayos poéticos, Alicante, 185 1. Poe- 
sías, \'alencia, 1857. El Sahumerio ó los mil y un olores, oriental, 
Barcelona, 1867. Cuadros al fresco, cuentos de todos colores, menos 
verdes, Madrid, 1868. El Cardetuü Cisneros, ibid., 1869. Iturbide, ibid., 
1869. O'DonncIl, ibid., 1869, dos vols. Su Excelencia, memorias de un 
gran tunante, Barcelona, 1871. Las Antillas, 1872 (2.* ed.). La Restau- 
ración y su primer ministro, 1877. Notas dispersas, prosa y verso, 
Madrid, 1893. La Crisis de España {Rev. España, 1870, t. XV). O'Don- 
ncIl y la guerra de África (ibid., 1868, t. I). Cisneros (ibid., 1869, 
ts. \'I-IX). Casimiro Perier (ibid., 1871, t. XVIIII). La Restauración 
(ibid., 1879, t. LV). Las dos borrascas, soneto (ibid., 1879, t. LXVII). 
Lucha eterna, poesía (ibid., 1880, t. LXXIII), etc. 

3-1. Año i8¿i. Br. Ajenjos publicó Zurribanda critico-médi<o- 
literaria que da al Dr. D. Joaquín Hysern, Madrid, 1851. — Otro ál- 
bum más ó colección de poesías escogidas, Ronda, 1851. — Álbum pin- 
toresco, Madrid, 1851-52, dos vols. — Dionisio Alcalá Galiano 
(t 1860), madrileño, redactor del Diario de la Marina siete años, es- 
cribió, además de obras económicas. Poesías, Habana, 1863. — Edu.\rdo 
Andeyro del Castillo (1822-1892), malagueño, premiado en 1851 por 
su poesía A los cinco sentidos; casado en 1862, escribió Poesías va- 
rias. Málaga, 1910, póst. — 'Maximiano Ángel estrenó El Padrino, zarz., 
Granada, 1851. — ^Robustiana Armiño de Cuesta (182 i- i 890), de Gijón, 
fundó y dirigió en Madrid el semanario Ecos del Auseva (1864-69), 
escribió en El Pensamiento, de Badajoz (1844); El Guadiana (1845), 
La Familia (1875), Los Niños (1870-77), La Primera Edad (1875), El 
Altar y el trono (1869-J72), etc. Estuvo casada con don Juan de la 
Cuesta Ckener, fundador de la Correspondencia Medica. Publicó Poe- 
sías, dos vols., Oviedo, 185 1. Flores del Paraíso ó educación de la in- 
fancia, Gijón, 1852. Fotografías sociales, Madrid, i8ói, 1863, dos vols. 
Las Virtudes capitales, contra soberbia, humildad, Madrid, 1865. El Án- 
gel de los tristes. Dramas de la costa, novela, 1880. — Amadeo de Basi 
publicó La Mujer del Pacha de Jcrusalem, Madrid, 1851, 1858. — Biblio- 
teca universal, director, Ángel Fernández de los Ríos, cuatro vols., 
Madrid, 1851-52. — Calisto Bordenada estrenó Entre dos luces, jug. 
cóm.-lír. (1851). — Fray Manuel Buzeta y fray Felipe Bravo, agusti- 
nos, publicaron Diccionario Geográfico-Estadistico-Histórico, Madrid, 
1851, dos vols. — Daniel Calvo (n. 1832), de Sucre (Bolivia), ministro 
de Instrucción pública, publicó Melancolías, 1851. Un pensamiento, Su- 
cre, 1859. Ana Dorset, leyenda, 1869. Rimas, Santiago, 1870. — Pedro 
A. Omacho Pradilla, colombiano, publicó Dos leyendas tradiciono- 
les, Bogotá, 1851. — Cantos dolorosos en que se explica la pasión de 
n. div. Redentor y angustias de María, La Paz, 1851. — Juan Julián 
Caparros publicó Sermones, dos vols., Madrid, 1851. — Mariano Ca- 
rreras y González (1827-1885), de Morata de Jalón, redactor de El 



S. XIX, 185 1. EDUARDO ESPOXDA 89 

Observador (1848-53), La Iberia (1854); fundador de La Opinión, etj 
Valencia y de El Argos y El Magisterio Español, en Madrid (1867) ; 
director de la Gaceta de Madrid (1875). Estrenó Amor de padre, com. 
(1851). D. Pepito en la verbena, jug. (1852), Amapolas, flores silves- 
tres, en prosa y verso, Madrid, 1866. — Enrique del Castillo y Alba 
(t 1879), colaborador en La Educación Pintoresca, El Altar y el Tro- 
no, Escenas Contemporáneas, El Musco Universal, publicó La Flor del 
paraíso (1851), Romancero (1859), Pasatiempos literarios (1866), Las 
Ordenes militares portuguesas (1872), De los espectáculos dramáticos 
en sus relaciones con la moral pública (1872), etc. — El Conde de 
Clonard (n. 1793), de Barcelona, teniente general, por nombre Don 
Serafín María de Sotto y Ab-Ach, publicó Historia orgánica de las 
armas de Infantería y Caballería españolas, Madrid, 1851-54, 16 vols. 
Álbum de la Caballería española,, 1861. Álbum de la Infantería espa- 
ñola desde sus primitivos tiempos, ibid., 1861. Historia de los colegios 
militares. — ^Juan Codina publicó Guerras de Navarra y Cataluña 
(1451-1472), Barcelona, 1851. — Colección de poesías escogidas. Ronda, 
1851, 2." ed. — Luis Cordero (1830-1912), poeta ecuatoriano, dedicó á 
Andrade su mejor poema. Aplausos y Quejas, y le imitó en lo patrió- 
tico. — Corona poética en conmemoración del fausto natalicio de la 
Princesa de Asturias, Madrid, 185 1, 21 composiciones de autores no- 
tables. — El Correo de la Moda, periód. femen. de modas y literario, 
Madrid, desde 185 1, dirigido por Pedro José de la Peña, y desde 1867, 
por Angela Grassi. — 'Fernando Cos-Gayón escribió en la Rev. Espa- 
ña revistas de política exterior (1869-75) y de crítica literaria (1869- 
73). Historia de la administración pública de España, Madrid, 1851. 
Crónica del viaje de SS. MM... á Andalucía y Murcia, 1863. Histor. 
jurídica del Patrimonio Real, 1881, Discursos, 1891. Necrología de... 
Cánovas, 1898. — Esteban Dolz del Castelar, presbítero, publicó Año 
Virginio, Madrid, 1851-55, cuatro vols. — Manuel Domínguez (n. 1830), 
de Querétaro (Méjico), escribió leyendas históricas en hermosos ver- 
sos y relaciones de viajes. Obras (leyendas históricas, descripciones), 
México, 1909 (t. LXVII de la Bibl. Autor. Mexic). — Fernando José 
DE Echevarría, arquitecto, publicó Descripción artístico^eligiosa é 
histórica del grandioso edificio de S. Ignacio de Loyol-a, Tolosa, 1851 
(con Francisco Abando, capellán del santuario). — Juan Manuel Eche- 
verría, poeta puertorriqueño, obtuvo el premio de la Academia Real 
de Buenas Letras de San Juan Bautista de Puerto Rico en 1851, y es- 
cribió el poema Victoria del Morro (1625) y el canto épico El Yunque 
(1851). — iFray Juan Félix de la Encarnación (1806-1879), de Geria 
(Valladolid), agustino, publicó Estadística de la Provincia de S. Nicolás 
de Tolentino de PP. Agustinos Rec. de Filipinas, Manila, 185 1. Dic- 
cionario Bisaya-español, ibid., 1851. Diccionario Español-bisaya, ibid., 
1852. — Enciclopedia moderna, Madrid, 1851-55, 34 vols., por los más 
afamados escritores. — Eduardo Esponda (181 5-1887), de Puerto Rico, 
abogado (1843), publicó Rosa González, nov., Habana, 185 1. ¿Es án- 



90 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

gelf, nov., 1877, dos vols. La Mulata, estudio, Madrid, 1878. Doña 
Laura de Contrcras, cuento. — Joaquín Fontán (n, 1825), de Ponte- 
vedra, bibliotecario de la Reina, diputado (1858), publicó Poesías^ 
Madrid, 185 1. Los dos rivales, comedia. — 'Alvaro Porcada, sevillano, 
estrenó Ernesto y Artemisa, dr., Habana, 1851. — Margarita Fran- 
cois DE Izaguirre cstrcnó El Sol de Sa-lamanca, zarz. (1851). — Fray 
Francisco Gaínza y Escobes, dominico, obispo de Nueva Cáceres, 
publicó, entre otras obras. Memoria y antecedentes sobre l<is expe- 
diciones de Balanguingui y Joló, Manila, 1851. Milicia de Jesucris- 
to, manual de los... de la Tercera Orden de la Penitencia de S. Do- 
mingo, ibid., 1859. Facultades de los obispos de Ultramar, 1S60, 
1877. Ultimas noticias de las Misiones españolas del Tunkin, 1860. 
Reseña sobre el hospital diocesano de Nueva Cáceres, 1873. Reseña 
del Colegio de S. Isabel..., 1877. El Santuario de N." S." de la 
Peña de Francia, Barcelona, 1881. — José María Ángel Gaytán (1819- 
1851), de Bogotá (Colombia), doctor en Leyes (1838), publicó por 
entregas y sin firmar la novela que postuma reeditó José M. Maldo- 
nado y Castro: El Doctor Temis, nov., Bogotá, 1851, de trama compli- 
cada y situaciones dramáticas como las de Dumas, de costumbres bo- 
gotanas, en lenguaje animado y con algunos toques expresivos v re- 
cios. — Juan María Garay y Conde publicó Breves apuntes histórico- 
descriptivos de la ciudad de Ecija, ibid., 185 1. — Francisco de Paula 
García Peláez, natural y arzobispo de Guatemala, publicó Memorias 
para la historia del antiguo Rcyno de Guatemala, tres vols.. Guate- 
mala, 1851-52, importante resumen, afeado con la falta de método y 
de critica. — Gabriel García Moreno (1821-1875), de Guayaquil, cé- 
lebre presidente católico del Ecuador desde 1861, fué primero perio- 
dista y satírico á lo Juvenal, escribió en dos tomos la Defensa de los 
Jesuítas, obra política. Escritos y discursos, dos vols., Quito, 1887- 
1888. P. Barthe, Garda Moreno, vengeur et martyr du Droit Chrétien. 
— José García de Arboleya publicó Historia del Archipiélago y Sul- 
tanía de Joló, Habana, 1851. Manual de la isla de Cuba, compendio de 
su historia, geografía..., ibid., 1852, 1859. España y Méjico, dos vols., 
ibid., 1861-62. La Verdadera riqueza de las naciones..., ibid., 1867, Tres 
cuestiones sobre la isla de Cuba, ibid., 1869. — Antonio de Gironella 
Y Ayguals, barcelonés, puso en verso castellano la Odisea, 1851, tra- 
duciendo, no del griego, sino de las ediciones latina de Stephano, in- 
glesa de Pope y francesas de Bitaubé, Dugas-Montbel, Dacier, Le 
Brun y Bareste. — José María Goizueta (1816-1884), de San Sebastián, 
escribió revistas musicales en La Época, fué redactor de El Padre Co- 
bos (1854-56), y la cabeza de fraile que llevaba la publicación era su 
retrato. Publicó Leyendas vascongadas, Madrid, 1851, 1854, 1856, 
1866; Bilbao, 1901 (t. LVni, Bibl. base). Aventuras de L^amián el 
monaguillo , episodio de la guerra de lu Independencia, Madrid, 1857. — 
Antonio González García publicó Pláticas doctrinales, Madrid, 1851. 
— Juana Manuela Gorriti de Belzú (1819-1874), argentina de vida 



S. XIX, 185 1. NICOMEDES MARTÍN gt 

novelesca, casada en Bolivia con el coronel Manuel Belzú, presidente 
de aquella República y asesinado por Melgarejo, vivió en Lima du- 
rante el destierro (1855-65) de su esposo y después de enviudar, diri- 
gió un colegio y El Correo del Perú, y escribió, antes de 1845, La 
Quena, leyenda incásica, La Paz, 185 1, que se discutió mucho; des- 
pués, otras varias novelas. Sueños y realidades, obras completas, dos 
vols., B. Aires, 1865. Un año en California, Lima, 1869. Panoramas 
de la vida, B. Aires, 1875. Oasis en la vida, B. Aires, 1888. — Manuel 
DE GuiLLAMAS publicó Reseña histórica del origen y fundación de las 
Ordenes Militares, Madrid, 1851. — León Hinestrosa (1816-1880), de 
Bogotá, publicó Rodríguez el ajusticiado, nov., Bogotá, 185 1 (en El 
Pasatiempo). Blanca, cuento. Gloria á Bolívar y otras poesías. — Historia 
argentina del descubrimiento, población..., B. Aires, 1851, tres vols. El 
t. I comprende esta Historia, escrita por Rui Díaz de Guzmán en 16 12 
y parte de la Hist. del Paraguay, del padre Guevara. El t. II, la historia 
de los guaraníes, de Gonzalo de Doblas ; reconquista de B. Aires y ro- 
mances sobre ella (1806-07) y otras cosas. El t. III, La Argentina, de 
Barco Centenera, y Tablas de latitudes, de A. Malaspina. — Santiago 
Infante de Palacios estrenó Joseliyo y la serrana (con su hermano To- 
más), 1851, Los dos compadres, com. (con id.), 1851. El Beso, com., Ha- 
bana, 1870. Miguel, dr., Madrid, 1874. El número siete, jug., 1874. Pilar , 
monól., 1886. Lucrecia B orgia, jug., 1889. Otras 24 piezas cita Trelles 
(t. VII, pág. 151). Emilia, monól., 1895. — José Inzenga y Castella- 
nos (1828-1891), madrileño, de los fundadores de la Gaceta Musical 
(1855-78), profesor en la Esc. Nac. de Música y Declamación, buen 
compositor, premiado en 1846, educado en París y vuelto en 1848 á 
España, estrenó su primera obra, El Campamento, en 1851, y trabajó 
mucho por la zarzuela. Publicó Impresiones de un artista en Italia^ 
Madrid, 1876. Cantos y bailes populares de España (Galicia), 1888; 
id. de Murcia, 1888; de Valencia, 1888. — ^JosÉ Jiménez Serrano, ju- 
risconsulto granadino, colaborador del Semanario Pintoresco (1846-50),, 
estrenó El Valor recompensado, dram. hist., Granada, 185 1. Publicó 
Amor de madre, novela, Barcelona, 1882, dos vols. — José F. Jiménez 
estrenó Contra amor no hay resistencia, com.. Granada, 185 1. — Gasi- 
no Leonor publicó Últimos momentos del M. R. P. Fr. Pascual Ibá- 
ñez ó la conquista de Joló..., en verso y prosa, Manila, 1851. — Abra- 
ham López publicó Decimotercio Calendario, Méjico, 1851. — Mate» 
Magariños Cervantes publicó Eduardo ó las víctimas del amor, nov., 
Montevideo, 185 1. — ^JosÉ A. Marqués de Prado publicó Recuerdos de 
África ó apuntes para formar la historia gral. de las posesiones espcu- 
volas del África mediterránea, Barcelona, 1851. Recuerdos de África,, 
historia de la plaza de Ceuta, Madrid, 1851, 1859. — Martín Martico- 
rena publicó Poesías sin arte, Madrid, 185 1. — Juan Martín Cortés y 
FusTER publicó Otro Eusebia, recreaciones titiles en diálogos, poema 
didascálico. Elche, 1851. — ^Nicomedes Martín Mateos (1806-1890), de 
Béjar, juez, catedrático, registrador, autor de obras filosóficas y poli- 



92 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

ticas, colaborador de El Siglo (1848), Rez: Esp., etc., publicó Veinte y 
seis cartas al Sr. Marqués de Valdcgamas en contestación á los 26 cor- 
pítalos de su Ensayo, Valladolid, 1851. El Espiriiualismo, curso de 
filosofía, cuatro vols., Madrid, 1861-63. Los Místicos españoles. Cartas 
filosóficas á D. Ramón de Campoamor en contestación á su obra de 
*'Lo Absoluto", Béjar, i866. — EugEiNio Martínez Cuende, redactor del 
Boletín del Xuevo Círculo Lírico-dramático (1853) y de Las Noveda- 
des, publicó El Arpa del Bardo, ensayos poéticos, Madrid, 1851.-^ 
Manuel Martínez Quintanar estrenó Una aventura de Felipe IV, 
com. (1851). — Memorial histórico español... que publica la R. Acade- 
tnia de la Historia, Madrid, 1851-1915, 47 vols. — ^JosÉ de Mesa y 
Aguilar estrenó El Cacique y el celoso, dr., Sevilla, 1851. — Ángel 
María Monti publicó Historia de Gibraltar, Sevilla, 185 1. — Miguel 
Morayta y S.^grario (1833-1917), madrileño, fundador con Castelar 
y Francisco Canalejas de El Eco Universitario (1851), redactor de 
La Rcp. Ibérica (1869-70), Gente Vieja (1902); director de La Rcfor^ 
ma (1868) y Rev. Ibérica; catedrático de la Central, librepensador y 
demócrata, publicó ¡Aquellos tiempos!, coloquios literarios, históricos 
y morales, Madrid, 1875. Historia de ¡a Grecia Antigua, ibid., 1883, 
dos vols. Historia general de España, nueve vols., ibid., 1890-96. Ma- 
sonería española^ páginas de su historia, 191 5. — Ramón Morel estrenó 
Dejar el honor bien puesto, com., Zaragoza, 185 1. — Ginés de Moscoge 
estrenó Isabel I, com., Barcelona, 1851. — Mundo suspirando, obra en 
verso escrita por una sociedad de jóvenes, Valencia, 1851.— Francisco 
Xard, abogado, redactor del Semanario de Industria (1846-48), escri- 
tor de obras didácticas y descriptivas, publicó Guía de Aranjuez, su 
historia y descripción, Madrid, 1851, Vida militar y política de D. Ra- 
fael del Riego, Madrid, 1854, dos vols. — Pedro Novia de Salcedo 
(1790-1865), bilbaíno, del Consejo de Provincia, diputado y senador, 
publicó Defensa histór., legislativa y económ. del Señorío de Vizcaya 
y prov. de Álava y Guipúzcoa, contra las Noticias hist. de luán An- 
tonio Llórente, Bilbao, 1851, cuatro vols. Diccionario bascongado, im- 
preso póst., Tolosa, 1887, dos vols. — Francisco Palou y Flores pu- 
blicó Una venganza frustrada, nov., Madrid, 185 1. — Manuel Pavía, 
marqués de Novaliches, general del Ejército, publicó Memorias so- 
bre la guerra de Cataluña (i847-'48), Madrid, 1851. Ejército del cen- 
tro (1874), 1878. Pacificación de Andalucía, 1878. — Sebastián Pérez 
publicó Balmes y sus impugnadores, Logroño, 1851. — Poemas premia- 
dos por la Academia Real de Buenas Letras de Puerto Rico, ibid., 
1851. — José M. Romero, sevillano, estrenó Un desengaño á tiempo 
(con Juan Corrales), com., 1851. El Susto de Cárdenas, dr. (1851), 
Por los parneses, zarz. (1853). — Joaquín Sánchez de Fuentes pu- 
blicó Carlos I de España, novela, Madrid, 185 1. — Matías Sangrador 
Vítores publicó Historia... de Valladolid, ibid., 1851-54, cuatro vols. 
Memoria histórica sobre la expulsión de los moriscos, ibid., 1858. Gran 
biblioteca histórico-asturiana, Oviedo, 1863-66. Historia de la Admi- 



S. XIX, 1852. FERNÁN CABALLERO gZ 

nist ración de Justicia y del antiguo gobierno del princ. de Asturias 
y colección de sus fueros, ibid., 1866. — (Luis de Solís y Manso pu- 
blicó Ensayos poéticos, Madrid, 185 1. — Sud-América, rev. de San- 
tiago, 1851, tres vols. — Teodoro Valenzuela (n. 1830), de Buga (Co- 
lombia), juez, diputado, senador y diplomático, escribió poesías, de 
las que pueden verse muestras en los Parnasos. — Mariano Vallejo, 
director de El Contra Bombos, redactor de La Discusión, El Año óiy 
Gente Vieja, publicó La Favorita, nov., Madrid, 185 1. Leyendas y 
tradiciones, Madrid, 1896. De la piel del diablo, zarz., 1899. — Fran- 
cisco DE Vargas Machuca publicó Vida poltt., militar y pública 
de... D. F.co Lcrsundi, Madrid, 185 1. Reina de las flores, zarz., 1864. 
— Pablo J. Villaseñor recogió Aurora poética de Jalisco, colecc. de 
poesías líricas de jóvenes jaliscienses, Guadalajara, 185 1 (21 poetas). 
— ^Antonio Vinageras (1833-1905), de Matanzas, que vivió largos 
años en Sevilla, estrenó Los dos estandartes, dr.. Matanzas, 185 1. 
Obras, París, 1855-58, dos vols. Elogio de Poey, París, 1858. Ideas^ 
París, 1862 (en verso y prosa). El Pan del pueblo, Madrid, 1866. Al- 
mas desiertas, Madrid, 1866. Enriqueta, nov,, ibid., 1868. A la tnemo- 
ria de mi padre, 1868. Discurso de la Univ. de Salamanca, 1869. Perlas 
blancas y negras, Madrid, 1869. Virtud ó crimen, dr., 1879. Por todas 
partes se va á Roma, com., 1879. El Hombre bíblico, confer., 1879. 
Conferencias, 1890-91. 

35. Año i8¿2. Fernán Caballero, por propio nombre 
Cecilia Bóhl de Faber (1796-1877), hija de Nicolás Bóhl de 
Faber y de Francisca Larrea, nació en Morges, del cantón de 
Berna, yendo de viaje sus padres de Cádiz á Hamburgo, de 
donde á poco volvió con ellos. Convertido al catolicismo el pa- 
dre por fray Diego José de Cádiz, crió á sus hijos religiosa- 
mente, yeniSioóiSii llevó á Cecilia á Hamburgo, donde la 
niña estuvo dos años aprendiendo el alemán con su abuela, y, 
vuelta á Cádiz, casó en 18 16 con el capitán don Antonio Pla- 
nells y Bardaji, de Ibiza, con quien estuvo algunos meses en 
Puerto Rico, hasta que, muerto el esposo antes del año, volvió 
á Europa, viviendo varios años en Hamburgo, y casándose 
otra vez en Cádiz (1822) con el oficial de Guardias espa- 
ñolas don Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Her- 
moso. Habiéndose trasladado á las ricas posesiones de su es- 
poso en Dos Hermanas, despertósele la afición á las narra- 
ciones del pueblo ; recogió frases, cuentos, cantares y dichos- 
y, por pura curiosidad de guardar el suceso que oyó á un 
campesino y que luego fué argumento de La Familia de 
Alvar eda, redactó aquella misma noche una breve narración 



94 PRIMER PERÍODO DE L.^ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

primero en alemán, y así fué escribiendo otras sin intento de 
publicarlas. Pasaron á Sevilla, donde tenían tertulia en casa, y 
a,lli escribió la primera novelita de costumbres andaluzas, Sola, 
en alemán, que se imprimió en Hamburgo, 183 1. Murió el 
Marqués en 1835, quedando viuda por segunda vez á los trein- 
ta V ocho años; dos y medio después falleció su padre y á los 
otros dos. su madre (1838). Casó por tercera vez con don An- 
tonio Arrón de Avala en el Puerto de Santa IMaria (1837) X' 
venidos á menos sus bienes, ausente el esposo como Cónsul de 
España en Australia, decidióse á publicar La Gaviota en El 
Heraldo, de Madrid (1849), escrita por ella en francés y tra- 
ducida al castellano por José Joaquín de Mora, y firmando con 
el seudónimo de Fernán Caballero, nombre de un pueblo de la 
Mancha que sonaba á nombre y apellido. Gustó la novela, Eu- 
genio de Ochoa saludó desde La España "al nuevo Walter 
^ Scott español" y todo el mundo se echó á buscar quién fuese. 
Estaba en Sanlúcar, cuando fueron á Andalucía don Manuel 
Cañete, don Ignacio María de Argote, marqués de Cabriñana ; 
-don Juan Guillen Buzaran, don Fermín de la Puente y Ape- 
cechca y don Aureliano Fernández Guerra, los cuales supieron 
de don Antonio de Latour, Mora y Pastrana, quién era la au- 
tora, estrechando con ella amistad desde entonces y dándola á 
conocer en España. Colaboró la Fernán Caballero en la Revista 
de Ciencias, Literatura y Artes (185 5-1 861, seis vols.), recién 
fundada por Cañete y Fernández Espino, en Sevilla, publican- 
do en ella Tres almas de Dios, que después tituló Un Serzñlón 
3 un liberalito. En 1858 sus obras contaban ya 13 volúmenes, 
editados por Mellado, con introducciones de los mejores lite- 
ratos de España. Habíanse las más publicado en folletines de 
periódicos: Clemencia, en El Museo Español (1852); Lágrimas 
y Un Verano en Bornos, en dicha colección de Mellado (1858), 
que se agotó á los pocos meses. Su esposo se suicidó en Lon- 
dres, de vuelta á Australia, después de pasados dos años en 
España, turbada su razón por creerse engañado de su gerente, 
«n quien tenía puesta toda la confianza. Diez años pasó Fer- 
nán Caballerg en Sevilla, teniendo el alcázar i)or vivienda, y 
en él escribió sus últimas obras y artículos; pero hubo de salir 
de allí cuando, en la Revolución de Setiembre de 1868, arrojada 




:/ x.'t'-y^ fi^"^^ ^,^t-'<^¿«-i¿^$!^í-V-<>- 



{Obras cotnpletas, t. I, iSgS. 



S. XIX, 1852, FERNÁN CABALLERO gb 

de España Isabel II, que le había dado aquel gracioso aloja- 
miento, fueron declarados en venta los bienes del Patrimonio 
Real. Pasóse á vivir á una casita de la calle entonces llamada 
Juan de Burgos, hoy Fernán Caballero, donde publicó su últi- 
ma obra. Cíientos, oraciones, adizñnanzas y refranes populares 
é infantiles, 1877, y falleció con duelo de toda España y de 
Europa entera. Hembra verdaderamente admirable por su cla- 
rísimo ingenio, grande y tierno corazón; por sus desgracias, 
soportadas con fortaleza varonil ; por su modestia, amor á los 
desgraciados, á quienes socorría sin ostentación, y por toda 
suerte de virtudes. En la literatura castellana del siglo xix es 
la Fernán Caballero de importancia tan capital como poco re- 
conocida. Ella revivió la novela castiza española sin ingredien- ,y 
tes románticos ; la novela realista y de costumbres de Cervan- 
tes, continuada después por Galdós. Ella dio el primer ejemplo 
de la novela regional, continuada por Pereda. Ella fué la pri- 
mera que introdujo el folklore ó demosofía en España. rAxle- 
lantándose al sentido estético de su época, que se ceñía al ro- 
manticismo europeo, llegó de un salto á lo que tras el romanti- 
cismo había de venir : al realismo, al folklorismo, que después 
-sucedió, y al regionalismo literario, última evolución y término 
íinal del espíritu romántico, esto es, al arte nacional, más allá 
del cual no se concibe mejora. De su padre Bohl de Faber y 
de su madre Francisca Larrea sacó y llevó á la práctica este 
«spíritu ; pero mucho más de su madre, decidida defensora de 
la literatura nacional. Fernán Caballero, bien enterada en las 
principales lenguas y literaturas de Europa, lastimándose de 
ver el veneno que incautamente bebían los españoles en traduc- 
ciones de novelas francesas, prendada del rico minero que ha- 
bía descubierto en el pueblo español, propúsose contrarrestar 
los daños que traia la novela extranjera con narraciones po- 
pulares castizas. La sinceridad de su sano intento libróla de las 
l)ambollas románticas y de la servil imitación de Walter Scott, 
único género novelesco á la sazón cultivado en España. La ele- 
vación extraordinaria de su juicio hízole apreciar el tesoro en- 
terrado en el terruño de elementos estéticos, que los eruditos 
pisaban con menosprecio. Desde Cervantes nadie se había aba- 
jado á desenterrarlo; desde Cervantes no había, por lo mismo, 



96 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-.T869) 

habido verdadero novelista nacional en España. 'A la corrom- 
pida sociedad francesa, pintada por sus novelistas, quiso opo- 
ner la vida patriarcal, sencilla, henchida de verdaderas y en- 
cubiertas virtudes del pueblo español ; á las inmorales y anár« 
quicas doctrinas que en dorada copa servían los novelistas 
franceses, la doctrina evangélica encerrada en cuentos y refra- 
nes de nuestra raza.; Balzac y Jorge Sand habían convertida 
la novela romántica histcSrica de Scott en novela realista de la 
vida, cual se daba en la sociedad francesa; Fernán Caballero, 
sin el menor intento de imitarles, con sólo buscar la belleza 
donde se halla horra de ficciones, en el pueblo, dio con la mis- 
jriYd veta del realismo español que antaño beneficiara Cervan- 
tes. Fué en España tan inventora de la novela realista como 
Balzac lo fué de Francia. Sino que en Francia la sociedad es- 
taba corrompida y en la cabeza de sus novelistas hervían prin- 
cipios y doctrinas malsanas, corroedoras de la moral, de la 
familia y de la sociedad ; y el pueW j que Fernán Caballero pin- 
tó estaba sustancialniente sano, la cabeza de la escritora más 
sana aún y el corazón henchido de nobles sentimientos. Las 
canteras eran opuestas tanto como los artistas : opuestas re- 
sultaron las obras. Fernán Caballero, avezada á los sufrimien- 
tos de la vida y no hallando consuelo más que en la doctrina 
del Evangelio, se desvivir., por aliviar con ese mismo consuelo 
las penas de los desgraciados, sacándolo de las mismas tradi- 
ciones, cuentos y dichos, que el ])ueblo, á quien quería consnlar, 
sabía y repetía. La sabiduría popular es honda, moral y evan- 
gélica : la de los eruditos, como los novelistas franceses, de 
más brillo, más moderna y de moda, harto menos profunda- 
mente arraigada en la experiencia del triste vivir y de los ro- 
bustos principios morales que como savia mantiene la paz del 
hogar, el amor de los prójimos, el sosiego de los corazones. No 
se critique en Fernán Caballero el intento doctrinario que en- 
cierran sus novelas, sin sectarismos ni tesis forzadas, i)orque el 
mismo intento doctrinario encierran las novelas extranjeras 
que con las suyas combatió y las naturalistas y sociales que 
después han venido, con harto mayor empeño sectario y do- 
cente. Ni jamás sucedió ni estuviera bien sucediera que los es- 
critores no avivasen sus escritos ccn: sjs propias creencias y i>er- 



S, XIX, 1852. FERNÁN CABALLERO 97 

sonales sentimientos. El arte no es cámara fotográfica que co- 
pia la realidad, "es representación de la realidad al través de 
iin temperamento", como los mismos naturalistas han procla- 
mado. Y entre doctrinas y doctrinas, algunos preferirán las 
destructoras de la familia y de la sociedad, las materialistas 
que niegan el alma y la moral ; los más de los hombres, hoy por 
hoy, escogen las contrarias, las que puso en sus obras Fernán 
Caballero. Su sentir era el del pueblo español y asi sus ojos 
vieron en él lo que le cuadraba, su corazón latió armónicamen- 
te con el del pueblo y supo representarlo en sus novelas tal 
cual era. Posteriores novelistas españoles dieron á sus fábulas 
más intrincado enredo que avivase la curiosidad; Fernán Ca- 
ballero no quiso enredar lo que en la realidad no hallaba enre- 
dado, y hoy en día los últimos novelistas tienden á lo mismo, 
sin acordarse de quien antes lo hizo, como si fuera un hallazgo 
maravilloso. La vida, dicen, no es compleja como esas tramas 
novelescas. Tal creyó Fernán Caballero y tal la representó en 
sus novelas. Y no dejaba de ser cosa nueva, á más de tener el 
mérito de la naturalidad. "Hay en este ligero cuadro, escribió 
G. de Molene, lo que más debe gustar generalmente: novedad 
y naturalidad." "Es innegable, añadía Al. Dumas, que las co- 
sas sencillas son las que más conmueven los corazones profun- 
dos y las altas inteligencias." Estos epígrafes que llevaba la 
novela encierran el temperamento literario de la autora. Para 
compararla con los novelistas franceses de su tiempo y con los 
posteriores de Francia y España, téngase presente que novela 
es "representación de la vida". El que más vivamente la re- 
presente y con mayor sencillez de medios, ése será mejor no- 
velista. Zola habrá representado fielmente un pedazo de la 
sociedad francesa, el más bajo y sucio pedazo; el ruedo de la 
vestidura, digamos, deshilachado y cazcarriento : es gran nove- 
lista. Fernán Caballero ha representado el pedazo principal y 
más característico de la sociedad española, que es el pueblo. 
Resulta que ese pueblo es más moral, de costumbres más sana.s 
y hermosas, de noble pensar, de sentir hondo, de donairosa des- 
envoltura, de agudo ingenio, de gracejo chispeante, de soca- 
rrón y salado decir. Tanto que mejor para avalorar la repre- 
sentación que de él hace nuestra novelista, tan fiel y un poqui- 

TOMO VIH. — 7 



98 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

to más. con menos andaluzadas y más sombra andaluza que no 
la que de las heces de París logró hacer Zola. Es más nacional 
representación : por consiguiente, más característica y más hu- 
mana; es representación de cosas más hermosas, físicas y mo- 
rales : por consiguiente, más amena y de más dulce deleite esté- 
tico. ¿Por qué ha de ser más hermosa la pintura de un ester- 
colero que la de una alegre y vistosa boda? Si aquello sirve á 
la ciencia como documento, como documento sirve estotro. 
Todo está en la fidelidad de la representación, y á fe que no 
habrá quien no halle en Zola alguna exageración, algo de carica- 
turesco, un poco de querer frapper y de teatral. En la verdad 
de caracteres, en la descripción de lugares, en el mostrar el 
choque de pasiones y modos de sentir de los personajes no 
queda vencida por Zola la Fernán Caballero ; en lo que la Fer- 
nán Caballero vence á Zola es en expresar la ternura y delica- 
deza de sentimientos, en pintar el candor de los niños, la paz 
del hogar, la hermosura de la virtud. Por apropiada que sea el 
habla de los personajes de Zola, jamás llega á la castiza mane- 
ra del decir de los personajes de Fernán Caballero. Sus dichos 
y frases están tomados de la realidad, y todas sus fábulas son 
verdaderos sucedidos; mientras que las fábulas y asuntos de 
Zola son bien fantaseados, pero fantaseados, no reales. A esto 
queda reducido el realismo de Zola y Fernán Caballero, y en 
ese realismo, que llaman naturalismo por allá, se cifra todo el 
valer literario de la novela, según los mismos naturalistas. 
Hablar así de Zola nos ahorra de recordar á los demás nove- 
listas franceses y españoles. Fernán Caballero, en suma, es la 
que hizo renacer en España la novela realista y á la vez na- 
cional y regional, castiza en asunto, pensar, sentir y decir, como 
no la había habido desde Cervantes. Su fuerza característica 
i que arraiga en el pueblo, la pintura de la vida íntima y del 
¡alma de las gentes andaluzas y españolas, impedirá que estas 
novelas se avejenten. Gustarán en cada época las del momento; 
pero siempre sobrenadarán las de esta novelista, como sobre- 
nada y es eterno cuanto arraiga en el pueblo y es característi- 
camente nacional, l'^n l'^rnán Caballero la mujer sobrepuja á 
la escritora; v la mujer se trasluce, más (|ue en las obras que 
publicó, en las cartas pnvadas que escribió. Hay que añadir á 



S. XIX, 1852. FERNÁN CABALLERO 99 

•SU gloria de novelista otra mayor: la de su correspondencia 
epistolar. 

8«- El padre de la novela moderna fué Honorato Balzac, que, 
■cual otro «Cervantes, puso en sus obras todo el afán y trabajos de su 
vida, llena de triunfos y de tormentos, de luchas y de sacrificios. El 
epígrafe general con que rotuló sus novelas de La Comedia humana, 
dice la universalidad que abarcan y la manera realista con que están 
escritas. Desde entonces la novela ha servido para difundir entre todo 
linaje de gentes toda clase de doctrinas, siendo tan dañinos y tan 
benéficos sus frutos como los del periodismo. En periódicos efectiva- 
mente y en revistas, no menos que en libros, han llegado al público 
las novelas, y en su dulzura, elegante estilo y encendidos afectos e«- 
vueltas las más opuestas doctrinas. Después de Balzac, el más famoso 
novelista fué Walter Scott, que introdujo la novela histórica. Cele- 
bradísima fué Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, y bastante 
menos sus demás novelas; pero la mayor parte de las que en Francia 
se leían, presto eran traducidas en España por satisfacer la curiosidad 
y sin atender al mérito de las traducciones, que era nulo. Entre ellas 
sobresalieron por su estruendo el Judío errante y Los Misterios de 
París, de Eugenio Sué, obras socialistas hoy insufribles. Por la magia 
del estilo gustaron mucho Indiana, Consuelo, Lelia, Espiridion, La 
Condesa de Rudolstal, de Jorge Sand, aunque mucho más las Memo- 
rias del diablo. Paul de Koch todavía se lee. Paul Feval hízose famoso 
con El Hijo del diablo; pero, sobre todo, Alejandro Dumas, con Los 
Tres mosqueteros, La Reina Margarita, El Conde de Montecristo, Las 
Memorias de un médico y Los Mohicanos de París. Larra, Villoslada, 
Escosura, García de Villalta, Espronceda, fueron los primeros en hacer 
-novelas originales en castellano al tono de Walter Scott; pero no fue- 
ron muy leídas. Vinieron luego los socialistas imitadores de Sué, so- 
lare todo Ayguals de Izco, cuyos novelones se leyeron más por lo 
mismo, aunque literariamente valían mucho menos que las de Juan 
Martínez Villergas y Alfonso García Tejero. Por entregas se ven- 
dían infinidad de novelones franceses, y todo el mundo los devoraba. 
Entonces pi^blicó su primera novela Fernán Caballero, Su valer se 
saca de este sencillo hecho: Las páginas fogosas imitadas de Jorge 
Sand, E. Sué, Dumas padre y el Vizconde d'Alincourt, que se engu- 
llían por aquel entonces, están apolillándose en las librerías de viejo ó 
se hicieron ya polvo años ha ; las novelas de Fernán Caballero, á des- 
pecho de las modas y de las doctrinas literarias, políticas y religiosas 
que hoy privan, siguen leyéndose y creo firmemente se leerán mientras 
liaya gentes de gusto que gocen de conocer el alma española. Ya ha 
envejecido Zola, y Fernán Caballero se remoza por momentos. Las 
novelas pornográficas, las únicas que hoy se leen, acaso seguirán le- 
yéndose mucho tiempo ; acaso de aquí á cincuenta años nadie se acuer- 
de de ellas, lo que sí puede asegurarse es que las de Fernán Caballero 



100 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

se leerán más que hoy ó habrá de perderse enteramente el sentimiento 
át lo más noble y hermoso que encierran las tradiciones humanas. 
Algunos modernos, ahitos de novelas atormentadas y terriblemente 
desmoralizadoras, han dicho que Fernán Caballero idealizó el pueblo 
andaluz; otros, que las costumbres que describe, aunque sean reales, 
son muy sosas y que sosas resultan las novelas de Fernán CaballerQ. 
Para todos ellos escribió la misma novelista (La Fam. de Alvareda) : 
"Esto es lo que muchas personas no comprenden ó fingen no com- 
prender. Todo se comprende en este mundo: todos los vicios, todas 
las irregularidades, las inclinaciones más atroces, hasta la de los an- 
tropófagos; pero se niega la de la vida tranquila y retirada (de las 
religiosas), sin cuidado de lo presente ni de lo por venir. En el mun- 
do todo se cree: se cree en la mujer libre, en la moral del robo, en la 
filantropía de la guillotina; se cree en los habitantes de la luna y en 
otros puffs, como dicen los ingleses, ó cañarás, como dicen nuestros 
vecinos, ó bolas y patrañas, como llamamos nosotros. Todo se lo traga 
el escéptico sátiro llamado mundo, porque nada hay tan crédulo como 
la incredulidad, ni tan supersticioso como la irreligión. Pero no cree 
en los instintos de pureza, en los deseos modestos, en corazones hu- 
mildes ni en sentimientos religiosos : eso, no. La existencia de éstas es 
un puff, un canard, una hola, que no le cuela; no tiene este !Minotau- 
ro tales tragaderas. Para esos filósofos que pretenden quitar la opi- 
nión, una religiosa es, ó una víctima inmolada ó un monstruo que se 
sustrae á las leyes de la naturaleza y á sus sagrados instintos. Nobles 
y elevados son por cierto nuestros sagrados instintos si engendran la 
■mujer libre y niegan la mujer religiosa, sumisa y casta. Guardad allá 
vuestras máximas impías y disolventes, que en España no son los en- 
tendimientos bastante obtusos para que los engañéis, ni las almas 
bastante innobles para que las pervirtáis." Y éstas son las predicade- 
ras que otros hallan mal y como defectos en las novelas de Fernán 
Caballero; sobre todo, los modernos novelistas del amor libre y de la 
irreligión. Si ellos se creen con derecho á mejorar la sociedad con 
sus doctrinas desbaratadoras de la familia, concédanle al menos á 
la Fernán Caballero el derecho á pintar y alabar la vieja sociedad 
española y sus doctrinas morales, nobles y edificantes. Ni ellos ni ella 
supieron escribir novelas que no encarnasen doctrina alguna, ni es 
bueno se escriban, pues cada cual tiene su alma en su almario, que, 
quieras que no, mete en lo que escribe. Ahora, cuáles doctrinas, las de 
ella ó las de ellos, sean más sanas, confortadoras y edificantes, los 
lectores lo juzgarán ateniéndose á su conciencia y á las consecuencias 
de tales doctrinas en la sociedad, en la familia y en los individuos. 
Schopenhauer, Zur Mctaphysik des Sclwnen und Acsthetik: "Una no- 
vela será tanto más elevada y sublime cuanto más vida interior y me- 
nos exterior desarrolle; y esta proporción, como un signo caracterís- 
tico, acompaña á todos los grados de novela, desde Tristón Sliandy 
hasta la más tosca novela de caballerías ó de ladrones; Tristón Shan- 



S. XIX, 1852. FERNÁN CABALLERO lOI 

dy puede decirse que no tiene acción, ¡ y cuan escasa la tienen La 
Nueva Eloísa y el IVilhelm Meister! Don Quijote mismo tiene, rela- 
tivamente, poca acción, y ésta es muy insignificante y tiende á lo có- 
mico; estas cuatro novelas son lo mejor del género. Examínese, ade- 
más, las maravillosas novelas de Juan Pablo, y se verá cuánta vida 
interior desarrollan sobre la base más exigua de la exterior. Hasta 
las novelas de Walter Scott tienen un considerable exceso de vida 
interior sobre la exterior, y ésta sólo se presenta siempre con objeto 
de poner en movimiento aquélla, mientras que en las malas novelas 
existe por sí misma. El arte consiste en que, con la menor cantidad po- 
sible de vida exterior, se dé el más vigoroso impulso á la interior, 
porque ésta es, en realidad, el objeto de nuestro interés. La misión 
del novelista no es referir grandes acontecimientos, sino hacer inte- 
resantes los pequeños," Eug. Hartzenbusch, pról. á Una en otra: 
■''Las novelas de F. C. sólo son novelas (es decir, relaciones fingidas), 
porque los acontecimientos descritos en ellas no se han verificado to- 
dos en el mismo orden, ni con intervención de las mismas personas, 
ni en los propios lugares donde se dice; pero todos han sucedido: de 
las personas introducidas en Una en otra, unas viven, otras vivieron, 
muchas vivirán siempre... No hay cosa más parecida á la verdad que 
la verdad propia... Allí no se transige con el vicio de ninguna mane- 
ra: las acciones buenas van revestidas de todo el brillo que debe cir- 
cundar el trono de la virtud; el vicio y el crimen aparecen estigmati- 
zados con los colores que más deformes pueden hacerlos." Joaquín 
Francisco Pacheco, pról. á La Estrella de Vandalia: "Escapar al pe- 
ligro de la imitación y de la escuela en este tiempo; copiar d'aprés 
nature, cuando copian tantos de las que ya son copias, y por cierto no 
muy fieles; desechar esas malas tradiciones; romper esos tristes 
prestigios; tener valor para empaparse en la pura, en la franca, en 
la verdadera verdad, y para presentarla sin rodeos, como sin afei- 
te: he aquí lo que ya indica por sí sólo un espíritu sano, un en- 
tendimiento recto, un juicio merecedor de toda alabanza. Y si aña- 
dimos á eso que no sólo ha observado por sí, sino que ha obser- 
vado bien, que ha escogido con talento, que ha pintado con fuerza, 
que ha sentido con ternura, que ha pensado con corazón... Gran 
narrador, gran pintor, gran observador de caracteres, escritor ori- 
ginal y espontáneo." El Duque de Rivas dice que los personajes de 
La Familia de Alvareda "parecen retratos de Velázquez ; ¡ tan al vivo 
y con mano tan maestra están dibujados y coloridos!" Fem. Caba- 
llero, en el pról. de A. Cavanilles á Lágrimas: "¡Yo literato! No soy 
la rosa ; pero, como dice Biüwer,- estuve á su lado y me impregné de 
su olor. No soy erudito, soy solamente culto. En cuanto escribo no 
hay arte, ni saber, ni estudio; es instintivo; tal vez expreso, como us- 
ted habrá notado, un pensamiento de culta esfera sin cuidar del len- 
guaje. Procuro, sí, poetizar la verdad, ennoblecer nuestra pobre na- 
turaleza... Yo las llamo novelas, cuadros, relaciones; pero no me he 



102 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

propuesto escribir novelas. He tratado de dar una idea verdadera^ 
exacta, genuína de España y de su sociedad; describir la vida interior 
de nuestro pueblo, sus creencias, sus sentimientos, sus dichos agudos. 
La parte que podría llamarse novela sólo sirve de marco á este vasto 
cuadro que me he propuesto bosquejar... Mi intención supera mucho 
á la de hacer novelas... Es la rehabilitación de cuanto con grosera y 
atrevida planta ha hollado el nunca bien ponderado siglo xix. Reha- 
bilitación de lo santo, de lo religioso, de las prácticas religiosas y su 
alto y tierno significado; de las costumbres españolas puras y rancias; 
del carácter y modo de sentir nacional ; de los lazos de la sociedad y 
de la familia; del freno en todo y sobre todo en esas ridiculas pasio- 
nes que se afectan sin sentirse (porque, afortunadamente, una gran 
pasión es rara) ; las virtudes modestas, como la de Lágrimas, preferi- 
bles á las que se pavonean y se ostentan... Estoy persuadido que toda.'i 
las más hermosas sátiras, género tan universal y en que han sobre- 
salido tantos ingenios superiores, no han servido de nada ni han he- 
cho germinar ningún buen sentimiento, y sí sólo el malhadado des- 
precio del hombre hacia el hombre. Muy al contrario : las referencias 
de lo bueno y de lo noble despiertan en nosotros sentimientos análo- 
gos, los ponen en circulación, los inoculan." Y el mismo Cavanilles, 
de su cosecha: "Nadie ha pintado con tanto acierto la vida íntima,^ 
las escenas del hogar doméstico, las costumbres populares. Nadie ha 
comprendido tan bien como usted el mérito de acciones que pasan 
desapercibidas, la razón de ciertas prácticas, la filosofía de ciertos 
dichos vulgares. Cuando nos pinta usted una escena terr-ble, ; qué 
más terrible que sus descripciones...! La paz doméstica, la felicidad 
conyugal tienen en su pluma intérprete digno. ¡ Y cómo describe 
usted la dulzura, el candor de los niños, sus juegos y sus gracias 
infantiles... ! En medio de estas escenas viene á sorprendernos un pen- 
samiento de alta esfera, lleno de filosofía, de profunda moral y del 
puro espíritu del Evangelio. Y ese pensamiento es tan natural, y se 
deduce tan lógicamente, y estaba tan cerca de nosotros, y nosotros, 
¡ ciegos !, no le veíamos. Pero usted lo descubrió con su vista de águi- 
la, y del caos brotó la luz y de la piedra árida saltó un raudal." M. Pe- 
layo, Crít. liter., 5.* ser. (1908), pág. 99: "La observación y la censura 
festiva de las costumbres nacionales se había encerrado al principio 
en marco muy reducido: escenas aisladas, tipos singulares, pincela- 
das y rasguños, á veces de mano maestra, pero en los cuales, si podía 
lucir el primor de los detalles, faltaba el alma de la composición, 
faltaba un tema de valor humano, en cuyo amplio desarrollo pudiesen 
entrar twJos aquellos accidentes pintorescos, sin menoscabo del interés 
dramático que había de resultar del conflicto de las pasiones y aun de 
las ideas apasionadas. Tal empresa estaba reservada á una mujer ilus- 
tre, en cuyas venas corrían mezcladas la sangre germánica y la an- 
daluza, y cuyo temperamento literario era manifiesta revelación de 
sus orígenes. Si un velo de idealismo sentimental parecía interpo- 



S. XIX, 1852. FERNÁN CABALLERO lo3 

nerse entre sus ojos y la realidad que contemplaban, rompíase este 
velo á trechos ó era bastante transparente para que la intensa visión 
de lo real triunfase en su fantasía y quedase perenne en sus uái^inas, 
empapadas de sano realismo peninsular, perfumadas como arca de 
cedro por el aroma de la tradición, y realzadas juntamente por una 
singular especie de belleza ética que no siempre coincide con la belleza 
del arte ; pero que, á veces, llega á aquel punto imperceptible en que 
la emoción moral pasa á ser fuente de emoción estética: altísimo don 
concedido sólo á espíritus doblemente privilegiados por la virtud y 
por el ingenio." Ibidem, pág. 254: "Fernán Caballero, cuyo realismo 
sano, y aun pudiéramos decir angelical, se ejercitó siempre en la ob- 
servación de las costumbres tradicionales, idealizándolas en cierto 
modo, pero labrando hondamente en la cantera del documento vivo 
y trasladando á sus libros, no sólo rasgos de pasión y de ingenuidad 
sublime de los que "no se inventan", según su propia expresión, sino 
un material riquísimo y enteramente auténtico de cuentos y cantares, 
de rimas infantiles, de oraciones, de acertijos, de refranes y dichos 
agudos y sentenciosos; en suma, de todas las manifestaciones artísti- 
cas y formales del alma andaluza, recogidas de la viva voz del pue- 
blo." ídem, pág. 387 : "Así en los que llama cuadros de costumbres, 
como en muchas de sus novelas, donde la acción es escasa y los per- 
sonajes y las escenas de familia lo son todo, rayó tan alto como el 
que más en este linaje de escritos, aunque no estaba inmune de cierto 
sentimentalismo á la alemana ó á la inglesa, enteramente extraño á 
la índole de las escenas que describe, ni tampoco se libraba del inmo- 
derado afán de declamar á todo propósito, y de interrumpir sus mejo- 
res cuentos con inoportunos, si bien encaminados sermones... Así y 
todo, aun los más prevenidos contra aquella índole literaria tan an- 
gelical y tan simpática, ante quien toda crítica enmudece, no podrán 
menos de reconocer á la insigne andaluza autora de Clemencia y de 
La Gaviota, el mérito supremo de haber creado la novela moderna de 
costumbres españolas, la novela de sabor local, siendo en este concepto 
discípulos suyos cuantos hoy la cultivan, y entre ellos Pereda, que, 
afín, además, por sus ideas con las de Fernán Caballero, se ha gloriado 
siempre de semejante filiación intelectual." Pardo Bazán, La Cuestión 
palpitante, 18, 247 y 258: "Mientras los novelistas de su época metían 
en tinta lienzos de asunto histórico á lo Walter Scott, Fernán tomaba 
apuntes de las costumbres que veía de la gente que alentaba á su alre- 
dedor, pintando asistentas, bandidos, gaviotas, curas, pastores, labrie- 
gos y toreros; y algunas veces en sus bosquejos andaluces brillaba el 
sol de Mediodía, el que Fortuny condensó en sus cuadros. Hay patio 
de Fernán que no parece sino que lo estamos viendo y que nos ale- 
gra los ojos con sus flores y el oído con el rumor del agua, el cacareo 
de las gallinas y la inocente charla de los niños. Más real, más sincera 
y sencilla inspiración es la de Fernán que la de casi todas las novelas 
de pendón y caldera, capa y espada ó cimitarra y turbante que se esti- 



104 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

laban entonces." José María Asensio, F. Caballero y sus obras, pte. 3.', 
I, 161-162 : "En Fernán Caballero se admira como nota saliente el es- 
tudio del corazón humano y el de los caracteres, hecho con la pro- 
fundidad de una inteligencia alemana y con la delicadeza del senti- 
miento de una mujer andaluza. Lo que resplandece en sus obras es la 
verdad, lo mismo en los tipos que en las situaciones. No se distingue 
por el arte de imaginar una fábula intrincada, desenvolverla con in- 
terés creciente y llevarla á imprevisto desenlace á través de graves 
complicaciones y conmovedoras peripecias. Sus narraciones son sen- 
cillas, casi siempre tienen por fondo un suceso verdadero, más ó menos 
adornado para distraer la atención ó disimular la realidad ; pero la 
descripción pintoresca de los lugares, la narración viva, variada, de 
los acontecimientos, lo animado de las escenas, que se presentan á la 
imaginación como si las estuviera presenciando el lector, son dotes 
que dan todo su atractivo á las novelas de Fernán. Ella supo penetrar 
en el sentido interior de las antiguas y graves familias españolas, asi- 
milándose su modo de ser, su manera recta y honrada de pensar, sor- 
prendiendo los momentos críticos y verdaderamente dignos de estudio 
y atención en que una nueva savia entraba en la sociedad española ; 
en que dentro de las casas señoriales del antiguo régimen se infiltra- 
ban ideas que pugnaban abiertamente con cuantas allí eran veneradas, 
y los hijos, sin darse cuenta de ello, empezaban á juzgar de la con- 
ducta de sus padres, á tener pensamientos propios y aspiraciones que 
no se ajustaban á los cánones que eran axiomas indiscutibles en la ge- 
neración que les prjcediera. Del contraste entre lo antiguo que se des- 
comconía y paulatinat^.ente iba desapareciendo, aunque oponiendo 
gran resistencia á toda innovación, y lo nuevo que se infiltraba sin 
sentir por todas partes, y aun aparecía en las acciones de los mismos 
que lo repugnaban y lo repelían, supo sacar -jI mayor atractivo de sus 
novelas ; el resto, quizá la parte principal, se debe al estudio y á las 
pinturas verdaderas de las costumbres del pueblo, y con particularidad, 
del campo andaluz, cuyos rasgos característicos sorprendió con ex- 
t.aordinaria penetración, pintó con amor y con verdad, y expuso en 
fábulas recogidas en los lugares mismos que las dan el fondo más 
apropiado para que sean conocidas y produzcan en alto grado deleite 
é instrucción. La filosofía de Fernán Caballero era la filosofía cris- 
tiana. La fe literaria era en ella hija de la fe religiosa. De sus novelas 
más importantes, como de sus menores artículos, de sus relaciones y 
de sus cuadros, sólo se desprende una consecuencia: que la Religión 
es la mejor guía de la vida, el consuelo de todas las desgracias. El 
fin moral es patente en todos sus escritos, y el manto de la Religión 
los envuelve todos con encantadora naturalidad. Y sabe pintar de 
mano maestra al incrédulo y al malvado : presenta en sus escenas al 
indiferente, al vicioso y al desengañado, y con rasgos propios y tan 
seguros toíjues como los que su pluma consagra á pintar la bondad 
y la virtud; que no en balde había pasado los mejores años de su 



S. XrX, 1852. FERNÁN CABALLERO Io3 

vida en paises donde se hacía alarde de combatir á la Religión cris- 
tiana y entre personas que ostentaban como gala sus creencias hete- 
rodoxas. Pero tales sombras sirven á Fernán Caballero, como á todos 
los grandes artistas, para hacer resaltar y dar mayor relieve á las 
figuras bañadas de luz. La escritora de aquellos agradables cuentos 
es gran propagandista de las ideas religiosas; su filosofía es la cris- 
tiana." Eug. Ochoa, La España, 1849: "El mayor mérito de La Ga- 
viota consiste, seguramente, en la gran verdad de los caracteres y de 
las descripciones ; en este punto recuerda á cada paso las obras de 
los grandes maestros del arte, Fielding, Walter Scott, Cooper, Cer- 
vantes, y á veces compite con ellos. No todos estarán conformes con lo 
que vamos á decir: á nuestro juicio, ese mérito es el que principalmente 
debe buscarse en una novela, porque es, digámoslo así, el más esen- 
cial, el más característico de este género de literatura. Verdad y no- 
vedad en los caracteres, verdad y novedad en las descripciones: tales' 
son los dos grandes ejes sobre que ha de girar necesariamente toda 
novela digna de este nombre..." "En La Gaviota, la acción es casi 
nula : todo lo que constituye su fondo puede decirse en poquísimas 
palabras : ¡ rara prueba de ingenio en el autor, haber llenado con la 
narración de sucesos muy vulgares dos tomos, en los que ni sobra una 
línea, ni decae un solo instante el interés, ni cesa un punto el embe- 
leso del lector ! Consiste esto en la encantadora verdad de sus des- 
cripciones, en la grande animación de sus diálogos, y más que todo, 
en el conocido sello de vida que llevan todos los personajes, desde el 
primero hasta el último." 

Fernán Caballero: La Gaviota (pról. de Eug. Ochoa), Madrid, 
1849 (en El Heraldo). Clemencia (pról. de Luis Eguilaz), Madrid, 
1852 (y en El Museo Español), dos vols., 1857, 1862. Cuadros de cos- 
tumbres populares andaluzas (pról. del Marqués de Molins), Sevilla, 
1852; Valencia, 1870, 1878. Lágrimas (pról. de Ant. Cavanilles), Cá- 
diz, 1853; Madrid, 1858, 1887. La Estrella de Vandalia (pról. de Joa- 
quín F.co Pacheco), ^ladrid, 1855. La Suegra del diablo, Madrid, 
1855 (en Las Novedades). Obras completas, 19 vols., Madrid, 1855. 
Una en otra (pról. de Hartzenbusch), Madrid, 1856. La Familia de 
Alvar eda (pról. del Duque de Rivas), Madrid, 1856. Elia ó España 50 
años ha (pról. de Fernando de Gabriel), Madrid, 1857. Relaciones 
(pról. de Fermín de la Puente), Madrid, 1857. Un scn'ilón y un libe- 
ralito (carta de Aparisi, introd. de Jerónimo de la Puente Apezechea), 
Madrid, 1857. Vulgaridad y nobleza, ibid., 1857; Sevilla, 1860-61. 
Obras completas (edic. Mellado), 13 vols., Madrid, 1858: entre ellas, 
Un verano en Bornos (pról. de Emilio Olloqui), Una en otra (pról. de 
Hartzenbusch). Cuentos y poesías populares andaluzas (pról. de J. J. 
de Mora), Sevilla, 1859; Madrid, 1877, 1916. Noticia del origen de la 
capilla real de la Virgen de Valmelabrada... y de su restauración... 
en i8¿p (y corona poética dedic. á los Duques de Montpensier por la 
restauración...), Sevilla, 1859. Deudas pagadas (pról. de M. Cañete), 



106 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Madrid, 1860, 1863. Obras completas (ed. Mellado), 16 vols., Madrid, 
1861-64. El Alcázar de Sevilla, Sevilla, 1862. Colección de artículos 
religiosos y morales, Cádiz, 1862. Obras {Colecc. de Aut. Esp.), ll 
vols. (I, if. V. XIII, XVI. XVII. XX, XXIII, XXXII, LX). Leipzig, 
(1863-78. La Fariseo (pról. de Pedro Madrazo) y Las dos gracias, Ma- 
drid, 1865, 1S67. La Mitología contada á los niños é historia de los 
grandes hombres de la Grecia, Barcelona, 1867, 1873. La Corruptora 
y la buena maestra de costumbres, Madrid. 1868. Cuentos, oraciones, 
adiiñnanzas y refranes populares é infantiles, Madrid, 1877, 1878. 
Estar de mus y Magdalena, Sevilla, 1878. Ultimas producciones, pre- 
cedidas de una noticia biográfica por Fernando Gabriel v Fui^ de 
Apodnca, Sevilla, 1878. Obras {Colecc. de Escritores Castellanos), 
17 vols. (ts. XCVIII, CVII. CXI, CXIV, CXXII, CXXV, CXXXI, 
CXXXII, CXXXIII, CXXXV, CXL. CXLV, CLI, CLIII. CLV, 
CLVIII, CLIX), Madrid, 1893-1914. Obras completas, 16 vols.. Ma- 
drid, 1902-1916. Obras completas, Ant. Romero, cinco vols., 1907. 
Carlas familiares... por el M. R. P. Diego de Vclencina (en Rev. 
Archiv., XVII (1907), págs. 100-119) y aparte, 1907. La Hija del sol 
(vol. I de la Bibliot. Univ., de Ángel Fernández de los Ríos). El Re- 
franero del Campo y poesías populares, 1914 {Obr. compL, t. XVI). 
La Farisea, Las dos gracias ó expiación, 1916. Consúltense: Alfred 
Morel-Fatio, F. C. d'apres sa corrcspondance avec Antoine de La- 
tour. en Bulletin Hispanique, t. III (1901) y en Eludes sur l'Espagne, 
3.* serie, págs. 279-370; C. PitoUet, Les premiers essais littéraircs de 
F. C, en Bullet. Hisp., t. IX (1907), págs. 67-86 y 286-302; t. X, pá- 
ginas 286-306, 378-396; José M. Asensio, en el t. I de Obras compl. de 
F. C, Madrid, 1893; Marqués de Figueroa, F. C. y la novela en su 
tiempo, Madrid, 1886; Fernando Gabriel, estudio biográfico que pre- 
cede á Magdalena; Fernán Caballero, sa vie, ses a:uvres, par le Comte 
de Bonneau-Avenant, París, 1882; Fem. Wolf, en el Jahrbuch für 
romanische und englische Literatur, fase. 3 (1857), págs. 247-297; 
Cbcr den realistischen Román und das Siltcngemalde bei den Spaniern 
in der neuesten Zeit, mil besonderer Bccihung auf die Werke von 
Fernán Caballero; Rev. Archiv., Los papeles de..., 1902 (Agosto); 
L. Coloma, Recuerdos de F. C, Bilbao (s. a.) ; Cartas familiares de 
F. Caballero, en Rev. Archiv., 1907 (Juiio). 

37. "Año t8'j2. Antonio Cánovas del Castillo (1828- 
1897), malagueño, á quien apoyó en sus primeros pasos en 
Madrid (1845) El Solitario, primo de su madre, de<;pués en la 
política O'EVonnell, subiendo al cabo hasta ser el primer hom- 
bre de Estado de su tiempo en España y ol principal fautor de 
la Restauración de la Monarquía después de la Revolución y 
de la República, por sus propios esfuerzos y talentos y por su 
oratoria y gran cultura. Publicó poesías en el Semanario Pin- 




w 







{Problemas contemporáneos, Madrid, 1884.) 



S. XIX, 1852. ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO 1 07 

toresco (1847), la novelita La Campana de Huesca (1852) y 
los ocho únicos números del periódico satírico clandestino^ El 
Murciélago (1853-4) con González Bravo. Murió en el balnea- 
rio de Santa Águeda, de tres pistoletazos que le tiró el anar- 
quista Miguel Angiolillo. Recogió una magnífica biblioteca de 
hasta 35.000 volúmenes. Fué muy estudioso, orador fácil, opor- 
tunista é improvisador. Su estilo, algo enrevesado y premioso, 
aunque noble y bastante elegante. Su novela, con algunos acier- 
tos, es obra de aprendiz ; sus versos, algo laboriosos, no pasan 
de pinitos poéticos de un erudito ; como crítico en prólogos y 
discursos muestra extenso conocimiento de la literatura caste- 
llana y de otras extrañas. Pero, en suma, se nota en Cánova:; 
que las ocupaciones de la política no le dieron lugar á formarse 
como escritor ni á dar los sazonados frutos que eran de espe- 
rar de su buen talento y laboriosidad. 

José de Castro y Serrano (1828-1896), granadino, mé- 
dico, entregado á la literatura, no quiso cargos públicos. Fué 
amigo de leer libros ingleses, y de ellos tomó cierto suave hu- 
morismo. Su lema, "agradar á los lectores"; y fué, de hecho, 
ameno narrador, con no pequeña gracia de observador, inge- 
nioso y ocurrente, de menudencias. Redactó La Gacetilla (1856), 
El Crítico (1856), El Observador, y colaboró en otros muchos 
periódicos, á veces con el seudónimo de Un Cocinero de S. M. 
Famosas fueron sus Cartas transcendentales, publicadas en La 
América (1862), sobre costumbres sociales, con agudo y chis- 
peante ingenio. Con las pocas noticias que le envió un su ami- 
go desde Egipto al inaugurarse el canal de Suez, fantaseó La 
Novela de Egipto, libro que salió en forma de cartas en La 
Época, 1869, como enviadas por anónimo corresponsal, con 
tanto ingenio y maña, que pudiera decirse que adivinó lo que 
no vio. 

38. J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 227: "Su extraordi- 
nario valer como fácil, brillante é imperioso orador y sus altas pren- 
das de hombre de Estado, han contribuido á eclipsar las otras facul- 
tades especulativas que él poseía y hasta han estorbado que las ejer- 
cite asiduamente... Añádase á esto que el enconado espíritu de par- 
tido y tal vez la envidia de ver á Cánovas en la más elevada posición, 
han pervertido el criterio de muchos, juzgando á Cánovas como escri- 
tor casi siemipre con severidad extremada y muy á menudo con injus- 



lOb PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

ticia patente y absurda. Sin duda que él tenía un defecto, pero este 
defecto se ha hecho constar con sobrada acritud y se ha exagerado. 
Extraño parece, pero es, sin embargo, muy frecuente en personas 
como Cánovas, de tan prodigiosa afluencia y energía de palabra, la 
cual brotaba de sus labios semejante á inexhausto venero y á raudal 
impetuoso, que parezcan al escribir algo enmarañadas en el estilo. 
Pero hay que notar que la tal maraña no suele estar en el que escribe, 
sino en el que no sabe leer y, sin embargo, lee... Nacía del sobrado 
esmero, de su anhelo de perfección en la forma y de su afán de ser 
pulcro y atildado. Si Cánovas no hubiese corregido nunca las pruebas 
de imprenta y hubiese confiado esta tarea á cualquier secretario suyo, 
su estilo nos parecería á todos mucho más natural y espontáneo. Al 
corregir las pruebas no he de negar yo que él le viciaba un poco. 
Aun así, la mayor parte de sus obras, y singularmente las políticas, 
históricas y filosóficas, se leerán siempre con agrado, hallando en 
ellas, quien sea capaz de entenderlas, sutiles y profundos pensamien- 
tos y el sello magistral de una inteligencia alta y clarísima y de un 
saber nada común, adquirido por el estudio. No he de sostener yo que 
fuese Cánovas muy notable poeta; pero él no pretendía serlo tampo- 
co... En la conversación familiar, sobre todo entre damas, era Cáno- 
vas amenísimo. Sus chistes y sus agudezas picantes regocijaban á 
todos, menos al qae sentía la picadura; yo le admiraba más como 
conversador que como orador... por brillar en él dos nobilísimas cua- 
lidades, una en apariencia un tanto contraria al carácter avasallador 
é imperioso que generalmente se le atribuye y otra contraria, en rea- 
lidad, á su condición poco sufrida y que prueba la fuerza de voluntad 
que tuvo que emplear para vencerse." A. Cánovas: La Campana de 
Huesca, nov., 1852, 1886, 1909. Dominación de los españoles en Italia, 
i86o. La Libertad en las artes, 1867 (disc. rec. Acad.). Estudios lite- 
rarios, dos vols., 1868. Bosquejo histórico de la Casa de Austria, 
1869, 1911. Matías de Novoa, 1876. Discursos en las Cortes, 1876. 
El Solitario y su tiempo, dos vols., 1883. Probletn-as contemporáneos, 
tres vols., 1884-90 (el 4.° sin publicar). Obras poéticas, 1887. Estudios 
del reinado de Felipe IV, dos vols., 1888. Discursos en el Círculo de 
Madrid, 1888. Estudios de la decadencia de España desde Felipe III 
hasta Carlos II, 1910. Apuntes para la historia de Marruecos, 1913. 
En la Rev. España: De las ideas políticas de los españoles durante la 
Casa de Austria (1868-69, ts. IV-VI). Del principio y fin que tuvo la 
primacía de los españoles en Europa (1868, t. I). Roma y España á 
principios del s. xvi (1868, t. II). De las negociaciones y tratos de 
Paulo IV con los franceses (1868, t. II). De las guerras y paces entre 
Felipe II y el Papa (186S, t. íll). Felipe IV y los regicidas ingleses 
(1872, t. XXIV). A Inés, poesía (1872, t. XXVII). Los Antiguos y mo- 
dernos vascongados (1873, t. XXXIV). Carta-prólogo el libro del señor 
Muro ''La Princesa de EboW (1877, t. LV). En Esp. Mod.: Carlos V 
y las Cortes de Castilla (1889, En.), La Democracia en Europa y Amé- 



S. XIX, 1852. RAFAEL MARÍA LIERN IO9 

rica (1890, Feb.-Jun.). Consideraciones hist.-crit. acerca del novísimo 
aspecto de la cuestión obrera (1890, Dic. ; 1891, En.). Consúltense: Cá- 
novas del C, juicio que mereció á sus contemporáneos españoles y ex- 
tranjeros, recopilación hecha por su hermano Emilio, Madrid, 1901 ; 
A. de Lara y Pedraja, A. C. del Castillo, Madrid, 1901 ; A. Pons y Um- 
bert, C. del C, Madrid, 1901 ; Rev. Arch., 1901 (t, V) ; Juan Pérez de 
Guzmán, en Esp. Mod., CCXXVI, págs. 60-92; Lista alfabét. y por 
materias de las papeletas que para la redacción de un catálogo se en- 
contraron en la biblioteca de..., tres vols., 1903; Juan del Nido, Histo- 
ria... de Cánovas, Madrid, 1914. 

Clarín, Ensayos y revistas, pág. 830 : "El señor Castro y Serrano 
es un elegante de las letras y por eso, á mi entender, aunque no sean 
estos los tiempos de mayor esplendor para su fama, lejos de estar an- 
ticuado, arrinconado, decadente, como dicen con fruición los jóvenes 
impacientes, que, además de fogosos son malas personas; lejos de 
estar mandados retirar, como también se dice de modo bárbaro y gro- 
sero, alterna sin desdoro con lo más nuevecito." Andr. González 
Blanco, Hist. nov., pág. 346: "Castro y Serrano era un escritor sim- 
pático, avezado á una medianía ilustre, sin grandes pretensiones. 
Tenía únicamente la pretensión de escribir de todo : era una especie 
de Larousse diluido en pequeñas dosis... Tenía lo que antes se llamaba 
chispa, cultura un poco superficial, pero extensa, y sabía las últimas 
cosas de Londres (donde había residido) y de París, Amaba la ameni- 
dad sobre todas cosas, como reina del mundo, y terminaba su discurso 
de recepción en la Academia Española : "¿ Queréis escribir bien ? Pues- 
"sed amenos." Como nunca escribía nada acedo ni shocking, sino que 
todo en él era optimista, risueño y galano, era un narrador á proposita 
para las damas, muy á tono con La Ilustración Española v Americana 
y La Moda Elegante, cuya empresa publicó sus Cuadros contempo- 
ráneos." J. Castro y Serrano: Ansian matrimoniales, jug., 1848. Ani- 
males célebres de todos los tiempos y de todos los países, Madrid, 
1852. España en Londres, 1862. Cartas trascendentales, dos vols., Ma- 
drid, 1862, 1865, 1887; Segunda serie, 1865. Los Cuartetos del Con- 
servatorio, breves consideraciones sobre la música clásica, 1866. Es- 
paña en París, 1867. La Novela de Egipto, 1869 {La Época), 1870. 
La Capitana Cook, 1871. Cuadros contemporáneos, 1871. Mesa re- 
vuelta, 1872. Los Países Bajos vistos por alto, 1880. Cartas sobre el 
comedor y la cocina, dirigidas al Dr. Thebussem, 1888 (2." ed.). His- 
torias vulgares, dos vols., 1887, 1891. De la amenidad y galanura en los 
escritos (disc. recep. Acad. Esp.), 1889. Dos historias vulgares, 1891. 

39. Año 1852. Rafael María Liern y Cerach (1832- 
1897), valenciano, por seud. Anialfi, abogado sin ejercicio, 
persona fina, espíritu voluble, excelente director, escritor co- 
rrecto y autor muy gracioso, llegó á Madrid en 1868, dirigid 



lio PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

«1 Real y volvió á Valencia len 1884. Fué director, además, del 
teatro Gayarre, de Barcelona (1891), y vino al Español como 
director artístico con la María Guerrero. Dirigió muy bien el 
teatro Felipe, en el Prado. Fué revistero taurino y director en 
Valencia de El Saltamarií, y escribió en La Mona (Valencia), 
redactó la Gaceta y colaboró en La Lidia, La Niñez, La Gran 
Vía, Blanco y Negro. Desde los veinte de su edad dio obras al 
teatro, correctas, joviales, cultas é ingeniosas. Una coniersa- 
ción en diez minutos (1854) fué la primera; se celebraron mu- 
cho La Almoneda del diablo (1862), Enmendar la plana á Dios, 
El Lucero del alba, La Casa de fieras. Escribió muclias piezas 
en valenciano. 

Luis Benjamín Cisneros (1837-1904), de Lima, cónsul en 
el Havre durante muchos años, poeta épico, sobre todo ro- 
mántico, juvenil y bastante clásico y preparnasiano después; 
publicó sus primeros ensayos literarios en 1852, y sobresalió 
en la lírica y la dramática, 

4 0. Refundió Liern La Verdad sospechosa, de Alarcón, y no 
gustó (!). En El Liberal (11 Marzo 1894) dijo de sí: "Yo no he es- 
crito nada bueno, | pero he escrito mucho, mucho. | Van trescientos 
actos, sin ¡ que ni uno solo descuente. | Malos detestablemente, | pero 
trescientos al fin... Cursé leyes, necio anduve | no ejerciendo; luego 
estuve I empleado en ferrocarriles." Con seudónimo de Amalfi arre- 
gló El Barón de la Castaña (1872), Don Pornpeyo en Carnaval (1873), 
Las Hijas de Fulano (1874), El Barbero de Rosini (1873), Los Titi- 
riteros (1874), etc. R. M. Liern: Una conversación de diez minutos, 
1852. La Almoneda del Diablo, com. de magia, 1862. La Paloma azid, 
com., 1865. La Espada de Satanás, com. de magia, 1867. Carracuca, 
jug., 1875. Una aluntna de Baco, 1875. Azulina, zarz., 1876. La Escala 
del crimen, 1877. Artistas para la Habana, jug. (con Aug. E. Madán), 
1877. El Destierro del amor, 1878. La Piedra de toque, apropóp., 1885. 
A ti suspiramos (con S. Granes), 1889. El Cotillón de Tapioca, 1889. 
La Granadina (con A. Madán), 1890. Para dos perdices..., 1891. La 
Gata de oro, zarz., 1891. Oro molido, 1895. Y sin contrata, 1895. El 
Teatro en el bolsillo, tipos teatrales, 1895. Siemprevivas, artículos y 
poesías, Madrid, 1900. Un animal raro. Una coincidencia alfabética. 
Un tigre de Bengala. Una casa de fieras. El Laurel de plata. La 
Salsa de Aniceta. D. Pornpeyo en carnaval. El Proceso del cancán. 
La Casa de fieras. 

Ventura García Calderón, La Litcr. peruana, 1914, pág. 61 : "Pre- 
decesor inmediato (Cisneros) de Chocano en la épica; romántico ju- 
venil en dos novelas, Edgardo y Julia; preparnasiano, como si más 



S. XIX, 1852. JOSÉ ANTONIO CALCAÑO III 

que en Víctor Hug-o se inspirara en los flamígeros acentos del padre 
Dante, L. B. Cisneros escribe en su juventud Aurora Amor y una ad- 
mirable Elegía á la muerte de S. M. el rey Alfonso XII. No todo es 
excelente en aquel poema incompleto, que la parálisis le impidió con- 
cluir; pero los fragmentos que podía balbucear en las treguas del 
mal nos indican, como los acentos de la Elegía, al gran poeta que 
perdimos." Escenas de la vida de Lima, París, 1861. Egdardo, histo- 
ria de un joven de mi generación, Besanzon, 1864, novela bastante 
galicana, que él llama romance. Julia, nov. Aurora Amor, poema, 
1895. Alfredo el sevillano, drama aplaudido. El Pabellón peruano, 
alegoría. Elegía á la muerte de S. M. el rey Alfonso XII, premiada 
en la Habana, 1886; Lima, 1905, y que no pudo acabar por haber que- 
dado paralítico. En Esp. Mod. : Al terminar el siglo xix y Canto al 
siglo XX, poesías (Marzo 1901). 

41. Afio 1852. Tristán de Jesús Medina y Sánchez (1833- 
1886), de Bayamo (Cuba), por seud. Andrés Mattini, estudió en los 
Estados Unidos, Madrid y Alemania; viudo de joven, ordenóse de 
presbítero y enseñó en el Seminario de Cuba (1855) ; fué célebre ora- 
dor sagrado, y en el Ateneo de Madrid (1863) y en periódicos, llamó 
la atención; hízose después metodista (1868), pasó á Alemania y vol- 
vió á España. E. J. Varona, Artíc. y disc, pág. 31: "La fantasía y la 
verbosidad caracterizan á Medina como escritor y debían distinguirlo 
como orador; la movilidad caracteriza su temperamento y explica su 
vida... Se casó casi niño, fué sacerdote católico y paró en protestan- 
te... Sostuvo con gran brillo en España su renombre de orador y es- 
critor. Hasta allí le siguió su ruidosa notoriedad, y de súbito se oscu- 
reció, hasta apagarse. ¿Qué deja en pos de sí este hombre extraordi- 
nario? Un nombre célebre que pudo haber sido glorioso; algunos ras- 
gos de una pluma nerviosa y algunos destellos de una imaginación 
ferviente y apasionada."' Publicó Un joven alemán, nov.. Habana, 
1852. Misterios de la Habana, Purísima, Habana, 1854. El Doctor In- 
fausto, nov., 1854. El Libro de los mártires, cántico, Cuba, 1855. Him- 
no al Dios de la armonía, ibid., 1855. Una lágrima y una gota de ro- 
cío, nov., 1855. El Duende, periód. dominical, festivo, ameno, satiri- 
burlesco, Matanzas, 1856. María Esperanza, serm., Madrid, 1861. Orcí- 
■ción fúnebre de Cervantes, ibid., 1861. Erupción del Vesubio, 1873. 
Mosart ensayando sti Réquiem, cuento fant., 1881. Dejó obras inéd. 
que pueden verse en Trelles, t. VI, pág. 163. 

José Antonio Calcaño (i 827- i 897), de Cartagena de Indias, edu- 
cado en Caracas, hermano del orador Eduardo y del crítico y novelista 
Julio, fué poeta clásico de forma y esmerado, aunque á veces román- 
tico por la amargura y dolor del fondo. Apropióse varios tonos imi- 
tando á Leopardi, Lamartine, Hugo, Byron, Zorrilla, y aun Los dos 
leños y El Loco de la montaña tienen de la leyenda y de la dolora, 
recordando, así como en otras, á Espronceda y Bécquer, Hizo exce- 



JI2 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

lentes romances. Clásica es la Silva á la Academia Española; descrip- 
ciones de su tierra se hallan en La Maga y el genio de las schas, La 
Flor del tabaco, La Hoja. Obras poéticas, París, 1895. Canto triunfal 
á Zorrilla, Caracas, 1893. 

José M/ Villafañe (1830-1915), cubano, fallecido en Valencia, 
siendo catedrático de su Universidad, publicó de 1853 ^ 1871, en Santia- 
go de Cuba, artículos y ensayos literarios. Catalina, nov., Cuba, 1852. La 
Mujer, ibid., 1853. Influjo del orador en la moralidad y civilización 
de los pueblos, ibid., 1853; Huesca, 1879. Obras literarias, Cuba, 
1858. Dos juguetes literarios, Cuenca, 1879. Colección de memorias, 
discursos y diversas composiciones, dos vols. Las cuatro edades de la 
vida, poema. Miscelánea, artíc. y nov., 1916. Rafael AI." de Labra, 
Pról. a Miscelánea, Madrid, 1916: "Modesto, á pesar de su alta re- 
presentación científica y de sus éxitos como patriota, publicista y 
maestro...; nació en Cuba, allí se educó, allí publicó sus primeros tra- 
bajos literarios y científicos, allí entró en el terreno de la política, 
allí fué maestro y profesor de Ciencias y de allí vino á la Península 
española para ser catedrático de Instituto y de Universidad, hasta 
que murió desempeñando este último cargo en Valencia, á fines de 
1915, á los ochenta y cuatro de edad... A los veintiuno comenzó á es- 
cribir para el público en el periódico El Orden, de Santiago de Cuba; 
á los veintidós dirigió la Revista Cubana...; en 1858 entró en el pro- 
fesorado...; tuvo que salir de Cuba hacia 1871, y al siguiente... pudo 
ser nombrado catedrático de Matemáticas del Instituto de Huesca; 
luego, en 1881, en los Institutos de Ciudad Real y Toledo. El año 
1875 fué nombrado en Comisión por el Gobierno español y fué con 
otros profesores ilustres á la América Central para hacer estudios 
científicos, y desde el año 1879 al 1906 se dedicó en la Península á 
escribir y publicar numerosos libros de educación popular y de Mate- 
máticas y á desempeñar cátedras de estudios superiores en varias 
Universidades peninsulares: Valencia, Barcelona y Madrid." 

42. Año 1852. Ignacio Alborna estrenó Apuros de un gastróno- 
mo, saín.. Matanzas, 1852. — Álbum de señoritas, periód. de líter., etc., 
Madrid, 1852-66. — Antonio Miguel Alcover y Jauma, de Palma de 
Mallorca, estrenó La Emulación y el ejemplo, jug., Sagua, i852.-r-RA- 
MÓN Aldana (1832- 1882), poeta lírico nacido en Mérida de Yucatán, 
cultivó el soneto, la oda y el romance, y escribió las piezas dramáticas 
Honor y felicidad, Nobleza de corazón. Una prenda de venganza, La 
Cabeza y el corazón. — José M.' Amado Salazar publicó Historia 
crítica del reinado de D. Pedro de Castilla, 1852. La Familia errante, 
nov., 1853-55, tres vols. El Honor castellano, nov. hist., 1855. Historia 
del influjo que ha tenido el descubrimiento del Nuevo Mundo en la 
civilización de España. — José María Arnau y Pascual, autor dramá- 
tico nacido el 1832 en Arenys de Mar, comenzó escribiendo en caste- 
llano, luego fué de los primeros en el renacimiento catalán. Casarse 



S. XIX, 1852. PASCUAL FERNÁNDEZ BAEZA Il3 

por carambola, Fruta del siglo, Vario, nubes y viento, El Castillo de 
los encantos, Nueva táctica, 1869. — Joaquín Asensio Alcántara 
(1832-1877), barcelonés, primero apuntador, después autor dramático 
y al fin secretario de gobierno, fué redactor de La Correspondencia 
Ilustrada, La Idea y La Nación; escribió dramas y comedias : Amo- 
res perdidos (1859), Una página triste, Dolores, Heridas de amor, 
Los Bandidos de levita, Los Soldados de la industria. Cuarto men- 
guante (1860), etc. De rejas adentro, cantares. Romances de ciego, 
Ídem, 1865. Calabazas y cabezas, retratos al pastel, Barcelona, 1865. 
— Narciso Bassols, catalán, publicó Los Héroes de mojiganga ó los 
ex-libertadores de Cuba, poemu atroz y disparatado, si los hay, yan- 
kee-bufo, tragi-cómico é hist., México, 1852. — Manuel Bilbao, chi- 
leno, hermano del agitador Francisco, publicó la novela El Inquisidor 
Mayor ó Historia de unos amores, Lima, 1852, obra que fué muy leí- 
da y logró varias ediciones. No menos aplaudidas fueron las demás : 
Los dos hermanos, nov., y El Pirata del Guayas, nov. Historia de 
Salaverry, B. Aires, 1867. Historia de Rosas (1810-1832), Buenos 
Aires, 1868. — Pedro Carreño estrenó La Restauración, dr. his., Ma- 
tanzas, 1852. Más quiero que sierren tablas, com. (1852). El Indus- 
trial de nuevo cuño, zarz.. Habana, 1854. Percances de la avari- 
cia (1855). Pedro Crespo, dr. (1856). — Antonio M." de Cisneros 

Y Lanüza publicó Vida é historia de S. Fernando, Sevilla, 1852. — Co- 
lección de Fueros y Cartas pueblas, por la Acad. Hist., Catálogo, Ma- 
drid, 1852. — León Francisco de la Concha publicó La Flor de la 
vida, nov., Madrid, 1852. — Los Cubanos pintados por sí mismos. 
Habana, 1852 (sólo el t. I). — El Diario Español, Madrid, 1852-70, po- 
lítico de la unión liberal. — José Díaz Valderrama publicó La Huér- 
fana del Manzanares, 4." ed., Madrid, 1852. — Arcesio Escobar (1832- 
1867), poeta de Medellín (Colombia), por seud. Ornar, publicó la le- 
yenda en verso Gabriela. Carta literaria á Enrique del Solar (1861). 
Los cuadros de costumbres limeñas Antioquia, El Carnaval, Chorri- 
llos, La Tapada. Discurso sobre la Poesía y la Historia en la Aménca 
latina (1861). Simón Bolívar (1859). Y versos que se hallan en el Par- 
naso Colombiano de D. Julio Añez, i2>'jy, t. IL — Juan P. de Espinosa 

Y CuTiLLAS publicó Fe, esperanza y caridad, tres romances. Habana, 
1852. — .Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, peruano, publicó 
Viajes por el oriente, París, 1852 (un solo tomo). — Federico Fernán- 
dez San Roblan (1823-1S74), coronel de Estado Mayor, director de 
La Asamblea del Ejercito (1856-59), estrenó Aragón y Castilla, dr. 
(1852). Publicó Batalla de San Quintín, Madrid, 1863. — Isidoro Fer- 
nández Monje, por seud. El Diablillo Familiar, en La Revista (Pon- 
tevedra, 1849), publicó Marta, episodio hist. contempor., Madrid, 
1852. — Pascual Fernández Baeza (n. 1798), de Ponf errada, magis- 
trado y senador, director del Boletín de Jurisprudencia, con Pacheco 
y Hernández de la Rúa (1844), colaborador de El Laberinto (1844), 
La Ilustración (1848), El Faro de la Niñez (1850), Los Niños (1870...), 

TOMO VIH. — 8 



114 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

publicó una Elegía á la muerte de su esposa doña Carmen de Riego, 
hermana del general Riego. Fábulas poJiticas y morales, Madrid, 
1852; ó Colección de fábulas morales, Madrid, 1853; aumentada, 1876. 
Nueva colección de fábulas morales, dos vols., 1858, aumentada. Can- 
to á la tom-a de Tctuán, 1860. — Juan García Carr.\sco, presbítero, es- 
cribió Isabel II, drama (1852). — Manuel García de Aguilar publicó 
Ecos del alma, poesías, Habana, 1852. — Las Glorias nacionales, gran- 
de ¡list. univ. de todos los reinos... de la monarquía española, Barce- 
lona, 1852-54, seis vols. — Francisco Gonz.áíez Campo (n. 1832), de 
Guatemala, compuso el himno nacional A Centro-América, la elegía 
A la memoria de Manuel Dicgucz, A la exhumación de los restos mor- 
tales de Flórez y otras poesías que andan desperdigadas. Con Rafael 
Goyena Peralta y con Ramón Uriarte formó la Galería poética centro- 
americana: colección de poesías de los mejores poetas de la América 
del Centro, Guatemala, 1888. — Francisco González Ruz (t 1895), de San 
Juan (Cuba), publicó Los Celos, nov.. Habana, 1852. Poesías, ibid., 1859. 
— José Hernández del Mas, por seud. Renato de Castel-León, escri- 
bió en La Esperanza, publicó Los Secretos del protestantismo, novela 
religiosa, Barcelona, 1852, dos vols., 1858. Felipe V. El líliimo suplicio 
de las libertades catalanas, nov., 1858. Guillermo Tell, nov. hist., 1857. 
Los Amantes de Teruel, nov., 1861. — Crispín Jiménez de Sandoval, 
teniente general, publicó Memorias sobre la Argelia (con Ant. Madera 
y Vivero), Madrid, 1853. Las Inscripciones de Oran y Masalquivir, 
1867. Batalla de Aljubarrota, 1872. Las Guerras de África en la anti- 
güedad, 1881. — VÍCTOR Patricio Landaluce (t 1889), bilbaíno, en 
Cuba desde 1850, buen caricaturista, estrenó Doña Toribia, zarz., Ha- 
bana, 1852. — Manuel Larios (1824-^1895), de Panamá, empleado de 
Hacienda, publicó María, nov.. Habana, 1852. — José Socorro de León 
(1831-1869), habanero, por seud. Gil Bla^, poeta jocoso, publicó Ensa- 
yos poéticos, Habana, 1852. Flores silvestres, poesías, ibid., 1853. No 
más cuartos de alquiler, zarz. (1853). Cuba poética, 1858. Garrotazo y 
tente tieso., com. 1863. Un bautizo en Jesús María. Los Camafeos. — 
Diego Luque de Beas (n. 1828), de Jerez de la Frontera^ escenógrafo 
y después director de teatros, amigo de Eguilaz, refundió de Calde- 
rón Mejor está que estaba (1852), publicó la novela La Dama del 
Conde-Duque (1852) y artículos en El Imparcial con seudónimo de 
El Cura de Argamasilla. Escribió mucho en colaboración, y Misterios 
del bastidor, memorias recónditas del teatro y sus gentes del siglo xix. 
— Rafael Máiquez estrenó Mateo y Matea, zarz., 1852. Tenta- 
ciones, zarz., 1854. Lino y lana, zarz., 1855. Chista !, chist!!!, 
jug., 1858. Confidencias, id., 1861. ¿Quién era la que cantaba?, id., 
1861. Por un ojo de la cara, com., 1863. — Tomás Martín Feuillet 
(1832- 1 862), de Panamá, escribió poesías como Fe, esperanza y cari- 
dad, Quédate asi, La Flor del Espíritu Santo, ¿Cuánto tiene? — Brau- 
lio Morgáez publicó Diálogos entre el presbítero D. Tirso Investiga- 
dor y el doctor en Teología Fr. Alonso Constante, Madrid, 1852. — Ra- 



S. XIX, 1852. LUIS ZALLES Il5 

MÓN Muñoz Andrade, párroco, publicó El PiUpito católico, historia 
de la elocuencia sagrada, eco de la predicación contemporánea, Ma- 
drid, 1852. — Museo ilustrado, literatura, ciencias..., París, 1852. — 'Eus- 
taquio María de Nanclares publicó El Favor de un Rey, novela, 
Madrid, 1852. Santoral español, Madrid, 1864, dos vols. — Juan José 
Nieva estrenó Amor y amistad, com. (1852). Claveyina la gitana, zarz. 
(1852). La Escuela de los amigos, com. (1855) La Escuela de los per- 
didos, com. (con Suricalday, 1855). El Corazón de un soldado, com 
(1855). Pepiya l-a aguardentera, jug. (1856). — ^Joaquín Pardo de la 
Casta (t 1895), senador, redactor de El Fénix, de Valencia, publico 
Las Galas del Turia, leyendas, Madrid, 1852. Raquel, nov., 1852. Ze- 
lim-Almanzor ó los moriscos valencianos, nov., ibid., 1853. — Fernando 
Pie y Faura (1831-1868), habanero, publicó Flores del Yumuri, prosa 
y verso, 1852. Sensitivas, poesías, 1854. Adelfas, 1867. — Carlos de 
Pravia publicó Engaños y desengaños, nov., Madrid, 1852. — Resumen 
histórico del antiguo santuario de N. S.^ de Regla, Cádiz, 1852. — ^An- 
tonio Robles estrenó Salir á tiempo de pobre, ensayo cómico, Manila, 
1852. — 'Casimiro Rufino Ruiz publicó Historia mercantil universal. 
Madrid, 1852. — Leandro Saralegui y Medina (1839-1910), de Ponte- 
vedra, publicó Galicia y sus poetas, Ferrol, 1852, 1886. Estudios sobre 
la época céltica en Galicia, ibid., 1867; Madrid, 1871 ; Ferrol, 1894. 
Estudios sobre Galicia, Coruña, 1888. Efemérides ferrolanas, Madrid, 
1904. Del estado de las personas durante la Edad Media en Ferrol. — 
"Bonifacio Sotos Ochando publicó, con el anagrama de Antonio Ocho- 
das Bisocof, Proyecto y ensayo de una lengua universal y filosófica, 
1852, 1862; en franc, París, 1855. El Incrédulo conducido á la fe por 
la razón, 1853. Diccionario de lengua universal, 1862. — Gramática de 
la lengua universal, 1863. Cartilla de la 1. univ., 1863. — Antonio Val- 
demoros y Ricacho (t 1856), comandante de Infantería, uno de los 
fundadores de El Henares (1846), publicó Poesías, Guadalajara, 1852. 
— ^Fernando de la Vera é Isja Fernández (t 1891), poeta primero 
romántico, luego sincero neoclásico, publicó Ensayos poéticos, París, 
1852. Versos, Madrid, 1852, 1879, 1883. Traducción en verso del Sal- 
mo L... y noticia de versiones que de dicho salmo se han hecho en 
lengua castellana, 1879. — Manuel Villar y Macías, cronista de Sa- 
lamanca, poeta lírico y narrativo, se suicidó (1891) arrojándose al 
Tormes. Publicó Ecos del arpa, poesías y leyendas, Madrid, 1852. Poe- 
sías y leyendas. Salamanca, 1859. Historia de los bandos de Salaman- 
ca, ibid., 1883. Historia de Salamanca, tres vols., ibid., 1887. — José 
María de Vivancos estrenó Ceder amor y fortuna, dr.. Granada, 1852. 
Funesta casualidad (1855). Glorias m-undanas, dr. (1858). La Educa- 
ción y el instinto, com. (1858). La Flor del Gólgota, poema á Jesús, 
Madrid, 1858. Luchar entre amor y honor, dr. (1858). Por la marina 
española^ melodr. (1858). También la nieve se quema, com. (1858). El 
Artista vale más, dr. (1859). — Luis Zalles (1832-1896), poeta festivo 
y popular boliviano, publicó Poesías. 



Il6 PRIMKR PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

43. "Año 1853. Manuel Tamayo y Baus (i 829- i 898), por 
seud. Joaquín M. Estcvancz, Fulano de Tal, José García, hijo 
de celebrados actores, mayormente su madre, Joaquina Baus, 
señora tan distinguida por su talento como por su virtud, na- 
ció en Madrid, el 15 de Setiembre de 1829. Su vida fué extra- 
ordinariamente representativa de lo que alcanza un feliz inge- 
nio criado en tiempos bien acomodados para que pueda des- 
envolverse. Pasó la niñez entre bastidores, en una de las épocas 
más brillantes para el teatro que ha tenido España, en todo el 
hervor del romanticismo y de sus triunfos teatrales. ]\Iuchacho 
de once años, tradujo y refundió el drama Genoveva de Bra- 
bante (1841), que representaron sus padres en Granada, ani- 
mándose á traducir libremente ó. mejor, á imitar poco después 
La Doncella de Orleáns, de Schiller, con el título de Juana de 
Arco (1847), también por sus padres representada en Madrid, 
y á componer su primera obra original, lúgubre y romántica, 
cual podía esperarse de la moda, altisonante y campanuda, El 
5 de Agosto (1848), que se imprimió en 1849. Compuso des- 
pués ó arregló otras obras, á veoes en colaboración con Cañete, 
los Fernández Guerra y G\ros; obras de transición con las 
cuales se fué formando, hasta que, acomodando el drama á la 
manera realista, sincera y moralizadora más ó menos del gust:> 
de la época, fué el primero que sacó del romanticismo los nue- 
vos y exquisitos frutos del verdadero drama moderno. Pero 
antes se ensayó en la tragedia clásica, componiendo Vircjínia 
(7 Dic. 1853), la mejor, sin duda, que en castellano se ha es- 
crito, merced á lo romántico de los sentimientos y á lo realista 
de las situaciones que el autor mezcló con la objetiva serenidad 
del clasicismo, haciendo obra más humana y española que el 
Edipo, de Martínez de la Rosa, y que La Muerte de César, de 
Ventura de la Vega. Obra híbrida, á pesar de todo, porque, 
contra lo que entonces creyó Tamayo, no pueden fundirse cr* 
uno la tragedia griega y el drama moderno. El propio hubo de 
reconocerlo, ya que, menospreciando los grandes aplausos 
que ella le conquistó, dio vuelta al derrotero antes empren- 
dido del drama nacional, hasta (|ue logró incontrastable triun- 
fo con La Locura de amor (1855), por el hábil manejo de 
los recursos dramáticos, la viva pintura de caracteres y, sobre 





{Autores dramáticos contemporáneos, 1881. > 



S. Xrx, 1853. iMANUEL TAMAYO Y BAUS I 17 

todo, por el desmenuzamiento de los afectos y la verdad hu- 
mana que encierran. El drama realista sacaba aquí del roman- 
ticismo todo el sano jugo que encerraba, dejando lo leñoso y 
muerto, que había vivido por la moda do unos años. Hasta lo 
escribió en prosa, así como los más de los dramas posteriores, 
sin duda llevado del empeño de ser verdadero y de matar todo 
artificio teatral. El alma ardientemente enamorada hasta la lo- 
cura de la reina doña Juana es la pura realidad alumbrada 
hasta en sus más delicados matices y claroscuros. Corrió el 
drama por toda Europa. Decayó algo en Hija y madre y A es- 
cape (1855); pero llevó adelante la misma pesquisa de afectos y 
desentrañó todavía más los misterios del amor en La Bola de 
nieve (1856), De la verdad como fuente de belleza en la litera- 
tura dramática fué el magnífico discurso que pronunció al en- 
trar en la Academia Española (1858) y que cifra el criterio 
dramático, que, después de tan varios tanteos romántico-clá- 
sicos, habíase asentado ya en el autor, produciendo los dramas 
realistas y psicológicos. De 1858 á 1860 parece hizo bastantes 
arreglos del francés, que publicó y estrenó á nombre de D. José 
María García; con el seudónimo de D. Joaquín Estébanes 
estrenó Lo Positivo (1862), tomado el asunto de Le duc Job; 
de menor aparato, pero de más hondura psicológica que El 
Tanto por ciento, estrenado un año antes sobre el mismo asun- 
to por Ayala. Tamayo era ya personaje de cuenta y Secretario 
perpetuo de la Academia. Fué, además, jefe de la Biblioteca 
de San Isidro y Director de la Nacional. Alejado de la política 
hasta la Revolución de Setiembre, perteneció después al partido 
tradicionalista y fué profundamente religioso. La bondad y 
virtudes de su corazón muéstranse claramente en el más va- 
liente de sus dramas, piedra de escándalo para los del bando 
opuesto, que le achacaron el hacer de propagandista apostólico, 
los mismos que después han ensalzado la propaganda de otras 
doctrinas sociales, harto contrarias, en los grandes dramáticos 
de nuestros días de fuera y de dentro de España. Cuando Fe- 
rrari pasaba en Italia, llevado de la odiosa necesidad impuesta 
por las cacareadas persecuciones sociales, transigiendo con la 
brutal é infame cobardía que se llama el duelo, costumbre sal- 
vaje germánico-caballeresca, baldón de las naciones cristianas 



Il8 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

y civilizadas, consagración supersticiosa de la fuerza contra 
la inocencia, Tamayo presentó en las tablas el virtuoso, cris- 
tiano y valiente tipo de don Fabián en Lances de honor (1863),, 
venciendo tan gallardamente el qué dirán del mundo rutinario 
como la dificultad casi insuperable de representar directamente 
al varón virtuoso. El drama entero (fuera de una menudencia 
poco verisímil) es la verdad de la vida, tal cual la vemos á 
cada paso, creciendo el interés por momentos, coronándose de 
gloria el hombre honrado y cubriéndose de ignominia los no- 
tables del mundo. Tomado del francés arregló Del dicho al he- 
cho (1863); escribió luego Más vale maña que fiierza (1866) y 
llegó á la cima del arte dramático con Un drama nnez'o (1867), 
obra shakespeariana en todo y uno de esos destellos de inspi- 
ración poética que sólo han logrado la dicha de tener una vez 
en su vida los más elevados ingenios : Cervantes, al hallar el 
contraste entre lo ideal de don Quijote y lo material de San- 
cho; Calderón, al dar con el pensamiento de La Vida es sueño. 
Yorik, que hace de Conde; su esposa Alicia, que hace de Bea- 
triz, y Edmundo, protegido y amigo de Yorik y de Alicia ena- 
morado, que hace de Man f redo, conviértense en el teatro, de 
actores de un drama imaginario en autores de un drama real. 
Yorik va descubriendo su desdicha poco á poco, al modo de 
Edipo, hasta que penetrando la realidad en su llagado pecho, 
revienta en los apostrofes dramáticos al infiel amigo, á la es- 
posa infiel, convertidos en apostrofes verdaderos. El especta- 
dor, dudando por un momento si la ficción es verdad, si la ver- 
dad es ficción, se siente arrebatado en alas de la fuerza trágica 
_Jx_\o más subido del espasmo estético. El público llegó hasta 
delirar y la crítica hasta pasarse de hiperbólica; pero todo se lu 
merecía la alteza de la obra. En 1868 compuso No hay nml que 
por bien no venga, y en 1870, Los Hombres de bien. Son en- 
trambos dramas ^^erdaderas sátiras de miserias sociales, mira- 
das con lentes cristianas, como Lances de honor. En todos ellos 
se retrata el cristiano corazón de Tamayo, y todos ellos disgus- 
taron á los que no quieren se predique en el teatro, aun<}ue sea 
con obras de puro arte, aplaudiendo, con todo, á rabiar dramas 
modernos con los cuales se predican otras doctrinas sociales har- 
to poco cristianas. Pero esto viene de Europa y lo otro venía de 



S. XIX, 1853. MANUEL TAMAYO Y BAUS I I9 

España, y sabido es que de España no puede venir nada bueno 
ni nada malo venir de Europa. Ello es que, sin ser dramas de 
pura tesis, sino de arte que llevan doctrina en el fondo, unos y 
otros dramas, los buenos que hoy se hacen y los que Tamayo 
hizo, son obras teatrales, pues lo ordinario es que en el fondo 
de toda obra de arte haya alguna doctrina, si no es obra artís- 
tica de pura ornamentación, para solaz de ojos y oídos, y que 
de entre los dramas de este jaez moderaos los hav hermosos; 
pero los de Tamayo son mejores. Tamayo introdujo -en Espa- 
ña este género antes de que brillara tanto en Europa poco des- 
pués, y no ha habido todavía aquí,cmien le haya arrebatado la 
palma. No hay mal que por bienJí^rnga es refundición de Le 
feíi aii coiivent, y fué muy aplaudido, con haberse representado 
en año tan borrascoso como el de 1868. Los Hombres de bien, 
por valer muchísimo más, por poner al vivo la hipocresía de la 
sociedad, disgustó en 1870 á los mismos espectadores que acu- 
dían á los bufos cayéndoseles la baba y no de arrobados cier- 
tamente por la fuerza del arte. Los tipos estaban tallados, cier- 
to, con demasiada dureza, eran extremados; pero más extre- 
mados son los que hoy corren por novelas y dramas con aplau- 
so de los críticos. La crítica se salió de las lindes del arte ; fué 
más bien eco de la política y del libertinaje moral que tiraba 
coces contra el aguijón. Los tiempos eran otros : los pasados 
habían facilitado la evolución del dramaturgo, bueno y since- 
ro; los presentes pedían otro pasto que el dramaturgo sincero 
y bueno no podía dar á un público de gusto estragado. Enmu- 
deció, pues, desde entoces Tamayo, muerto como artista á los 
cuarenta y uno de su edad por los nuevos tiempos, como por 
los tiempos viejos había medrado y subido. En veintiocho años 
que todavía vivió hubiera hecho maravillas ; ni él ni otro las 
hizo mientras duró la racha revolucionaria. En 1874 fué ele- 
gido Secretario perpetuo de la Academia Española, y en 1884, 
Director de la Biblioteca Nacional. Tamayo, nobilísimo cora- 
zón, cabeza despejada, hijo de actores, criado en las tablas, vi- 
viendo en una época en que señoreaban las ideas políticas más 
cuerdas entre otras dos turbulentas y en que la moral y la re- 
ligión tenían un momento de respiro, supo juntar la moral y el 
arte dramático como Alarcón, ganándole en la profundidad 



120 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

psicológica, en los personajes y en todo. Con Locura de amor y 
Un drama nuevo se puso á par de Shakespeare. En vez de 
perder, cada dia crecía su fama, y es, hasta hoy, el más grande 
de los drajmáticos españoles de la literatura moderna. 

•44. "Cuando se abusó en el teatro, dice J. Nombela, de las ama- 
ñadas ovaciones, de las innumerables llamadas al escenario de auto- 
res de obras muy medianas y algunas muy ineptas, se negó á aceptar 
aquellos agasajos, aunque para él se considerasen merecidos y hasta 
ocultó su nombre ilustre con el vulgar seudónimo de don Joaquín Es- 
tébanez." En Espyaña andan tan divididos los dos campos político- 
ético-religiosos, que se ciegan fácilmente los del uno al tratar de per- 
sonas de los del otro. Si Tamayo hubiera tenido el criterio determi- 
nista, panteísta ó ateo de otros escritores europeos, los críticos 
españoles que alaban toda osadía ético-filosófica, tan sólo por serlo, 
sin atender al arte, y menosprecian lo hecho conforme á la ética tra- 
dicional y á la filosofía cristiana, no hay duda que hubieran empinado 
á Tamayo tanto como le han abatido por sus creencias y cristiana filo- 
sofía. Tamaño criterio no debe prevalecer ó el arte no es más que un 
triste fámulo de las ideas filosófico-religiosas, como de hecho lo es para 
tales críticos. Quiéranlo filosóficamente ó no, Tamayo es nuestro me- 
jor dramático de la época moderna, después del siglo xvii, y en muchas 
cosas sobrepuja á nuestros clásicos. Y á aquellos críticos cábeles la 
triste culpa de que Tamayo no haya escrito otras obras que podían 
esperarse de la madurez de su edad. Fernán Flórez, Tamayo (sobre el 
DrOftia nuevo) : "Todas las opinior*es, rivalidades y antipatías saluda- 
ron al drama con una ovación unánime. Es un drama de caracteres y 
pasiones fundamentales, humanísimas, cuya vigorosa contextura se 
realza con una prosa limpia, sintética y castiza. La fatalidad arrastra 
fieramente á los personajes, sin que el autor trate ni un momento de 
arrancarle sus víctimas; pero inunda la escena de no sé qué perfume 
de ternura y piedad, que parece condensarse al fin y caer como rocío 
de lágrimas sobre los muertos y los matadores. El desarrollo de la 
acción, la progresión de los afectos, la emoción del espectador, jamás 
se ordenó tan artísticamente... Jamás los personajes de una idealidad 
se entraron más en lo hondo del corazón para enternecerle ó desga- 
rrarle... Jamás los afectos propios de diversas edades, de temperamen- 
tos diferentes, de los varios estados del ánimo, se definieron con tanto 
interés, energía y colorido. Todos, en este drama, se hacen amar: Ali- 
cia y Edmundo, aunque adúlteros é ingratos ; Yórik, en sus celos, 
sus lágrimas y sus furores ; Shakespeare, por ser digna silueta de 
aquel gran genio... Sólo es aborrecible Walton, aborrecible como la 
envidia. El final del primer acto es uno de los artificios más sorpren- 
dentes del mecánico sin rival de los finales; el final de la obra produce 
en el ánimo la confusión indescifrable de lo verdadero y de lo imagi- 



S. XIX, 1853. MANUEL TAMA YO Y BAUS 121 

nado... Pero aún es de más subido valor estético, aún más original, la 
creación de Yórik. ¡ Pobre cómico ! Su buen corazón es causa de todas 
sus desdichas... Alicia, su esposa, fué salvada por él de la miseria; 
Edmundo era huérfano, y le recogió... Cree tener en Alicia una es- 
posa angelical; en Edmundo, un hijo. "Bendito Dios — dice conversando 
"con Shakespeare — , que me ha concedido la ventura de ver recom- 
"pensadas en mi vida mis buenas acciones. Porque fui generoso y a^% O C' 
"caritativo, logré en Alicia una esposa angelical y en Edmundo un 
"amigo... ¿Qué amigo? Un hijo lleno de nobles cualidades. ¡Y qué 
"talento el de uno y otra ! ¡ Cómo representan los dos el Romeo y Ju- 
"lieta! Divinos son estos dos héroes á que dio ser tu fantasía; más 
"divino aún cuando Alicia y Edmundo les prestan humana forma y 
"alma verdadera... ¡Qué ademanes, qué miradas, qué modo de ex- 
"presar el amor! ¡Vamos, aquello es la misma verdad!" "¡Pobre 
"Yórik!" — murmura Shakespeare al oír estas palabras. "¡Pobre Yó- 
"rik!" — murmura también el público, que encuentra en estas breves 
frases de esta primera escena la revelación del drama. Y, en efec- 
to, ante confianza y sencillez tan sublime, ¿qué se le puede decir, sino 
"¡Pobre Yórik!" Y ellos, en verdad, son buenos y le quieren; pero 
se vieron y se amaron ; no le respetan por sus canas, sino por su bon- 
dad y porqus le deben gratitud; darían la vida por él, pero... se aman. 
Cuando Yórik logra en cierto drama un codiciado papel de esposo 
vendido, no se da cuenta de cómo podrán fingirse los celos ; él no los 
ha sentido... Poco á poco, la sospecha entra en su corazón, va cre- 
ciendo, creciendo; turba su dicha, le anega en lágrimas, le pide san- 
gre y le sumerge en ella. Pero siempre es bueno, y mejor cuanto más 
desgraciado. En sus primeras dudas quiere que su misma esposa las 
desvanezca; quizá sea tiempo de salvarla; para salvarla, él acentuará 
su cariño y sus caricias. Bien mirado, él obró con irreflexivo arrebato 
al casarse con ella. ¿Cómo habían de hacer buen matrimonio la juven- 
tud y la hermosura con la vejez y la fealdad? Dispuesto se encuentra 
él á guiarla hacia el bien, como esposo y como padre. El llanto de 
Alicia le revela su delito; pero él sospecha de todos y no sospecha de 
Edmundo. Su bondad incomparable, su ternura por Edmundo y Alicia, 
el sentimiento de horror que le inspira la ingratitud, los recelos de su 
honor ultrajado y de su vejez infamada luchan dentro de su corazón 
tan dolorosamente, que sus gemidos dan piedad y espanto. Ni cuando 
ya no le es posible dudar, cuando ya sabe que Edmundo es el infame 
autor de su desdicha, se arrepiente de su hidalga confianza... Prefiere 
ser engañado á ser injusto. ¡ Pobre Yórik ! La impensada revelación 
del nombre nunca imaginado del culpable ahogó tu corazón en súbito 
golpe de sangre, armó tu diestra, guió tu espada al corazón del que 
amabas como á hijo! ¡Cuánto habrás llorado después del terrible 
acierto de tu mano ! Un drama nuevo nunca pasará." Yxart, El Arte 
escénico, I, pág. 46 : "Tamayo, en esta parte, es más revolucionario, 
más ampliamente humano; va más allá y más pronto. Su programa se 



122 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

halla en su discurso de recepción sobre la verdad dramática (1859). 
Con no ser nuevo, cuanto dice arguye el cambio que se ha verificado; 
está expuesto de un modo categórico, sin distinciones : "La gran poé- 
"tica es la del corazón; las criaturas facticias han de ser formadas á 
"semejanza de las vivientes." "Vale más la naturaleza que las figuras 
"que aspiran á ser puro espíritu, puro heroísmo, pura bondad; estas 
"no son ni espirituales, ni heroicas, ni buenas; sorprenden acaso; no 
"convencen nunca." Tamayo siente un momento la fascinación de la 
antigua tragedia, pura, armoniosa: ¿por qué no? Ha sido una de tan- 
tas formas de esa verdad psicológica que anhela. Pero el drama mo- 
derno le parece más profundo. Y para él, acepta, por fin, sin vaciliar, 
la prosa, hoy su forma más propia, por holgada, por más rápida, por 
adecuada á situaciones, actos y medios, que no llevan ni al personaje 
ni al espectador á una intensidad de emoción que haga brotar ese 
semicanto de la poesía, esa expresión intermedia entre la música y el 
lenguaje no medido. Es verdad que la prosa de Tamayo tiene tam- 
bién algo de componenda y transición á veces, por redicha, por sus 
giros clásicos, porque sale alguna vez de la boca del personaje como 
si éste la leyera; pero escrita en ella están conmovedoras escenas de 
La Locura de amor, fragmentos de realidad viva superiores en Lan- 
ces de honor y el Drama nuevo, cifra y compendio de todo aquel rea- 
lismo ideal, con toda su grandeza trágica y todo el vigor posible en 
caracteres, en el plan, en los sentimientos, en todo." 

Tamayo: Genoveva de Brabante (trad. y ref.), 1841. Juana de Arco 
(traduc. libre ó imitación de La Doncella de Orleáns, de Schiller), 
1847. El 5 de Agosto, 1848 (impr. 1849). El Juramento (con Luis 
Fernández Guerra y M. Cañete), 1848. Un marido duplicado (con Mi- 
guel Ruiz y Torrent), 1849. Fernando el pescador ó Málaga y los 
franceses (disparatado melodrama), 1849. Tran-tran (arreglo del fran- 
cés, con su hermano Victorino), 1850. Centellas y Moneada (con Be- 
nito de Lianza y Esquivel, duque de Solferino), 1850. Una apuesta, 
185 1. Una aventura de Richelieu (dr. calcado sobre otro de Al. Du- 
mas), 1851. La Esperanza de la patria (loa, con Cañete), 1852, 
El Don del cielo (id. id.), 1852. Angela (con Cañete y Fernández 
Guerra, arreglo de Luisa Müller, de Schiller), 1852. El Peluquero de 
Su Alteza, 1853. Don Simplicio Bohadilla, 1853. Huyendo del peregil, 

1853. Virginia (trag. clás.), 1853. La Rica hembra (con A. Fernández 
Guerra), 1854. El Castillo de Balsain (con L. Fernández Guerra), 

1854. La Locura de amor, 1855. Hija y madre. A escape, 1855. La 
Bola de nieve, 1856. De la verdad como fuente de belleza en la lite- 
ratura dramática (di se. recepc. Acad. Esp.). 1858. Lo Positivo (asunto 
de Le duc Job), 1862. Lances de honor, 1863. Del dicho al hecho (del 
francés), 1863. Más vale maña que fuerza, 1866. Un drama nuevo, 
1867. No hay mal que por bien no venga (refnnd. de Le fcu au cou- 
vent), 1869. Los Hombres de bien, 1870. España sin honra, canto 
épico á la Revolución de Setiembre, por J. M. Estévanez, Madrid, 



S. XIX, 1853. LUIS M. DE EGUILAZ 123 

1869. Obras, cuatro vols., Madrid, 1898-1900. Consúltense: Narciso 
Sicars y Salvado, D. Man. Tarnayo y Baus, estudio crítico-biográfico , 
Barcelona, 190Ó; Rev. Archiv., 1878 (Dic), 1898 (Junio); E. Cotarelo 
y Mori, Estudios de hist. liter. de España, Madrid, 1901, plgs. 363- 
403; A. Fernández Guerra, Discursos de la Academia (1847), t- I^. 
Madrid, 1867; M. de la Revilla, Manuel Tamayo y Baus, articulo en 
Bocetos literarios; L. Augusto de Cueto, La Leyenda romana de Vir- 
ginia en la literatura dramática, '^Virginia"... por D. M. T. y B., en 
Rev. Española de Ambos Mundos, t. I, págs. 365..., reproducido en 
Estudios de Hist. y Crítica literaria, t. CXVI de la Colección de Es- 
critores Castellanos; D. Ramón Nocedal, Un análisis minucioso y apo- 
logético de "Los Hombres de bien", en el t. V de La Ciudad de Dios: 
P. Blanco, La Liter. españ. en el s. xix, i. II, págs. 155-174; A New 
Drama, trad. inglesa de J. D. Fitz-Gerald y T. H. Guild, N. York, 
1915; Isidoro Fernández Flórez, Tamayo, Madrid, 1891. 

45. Año 18 ¿S- Luis (Martínez) de Eguilaz y Eguilaz 
(i 830- 1 874), por seud. El Ldo. Escribe, nació en Sanlúcar de 
Barrameda, y á los catorce de su edad compuso la comedia 
Por dinero baila el perro, que se representó en Jerez, adonde 
fué á estudiar en el Instituto. Siguió en Madrid (1849) I2. ca- 
rrera de Leyes, y después de andar de Herodes á Pilatos con la 
comedia Verdades amargas, desechándosela Romea y los de- 
más actores, habiendo caído el manuscrito en manos de Euge- 
nio de Ochoa, apoyado por él, logró estrenarla en 1853, gustando 
mucho al público por los suaves sentimientos, el perfume de 
virtud y delicada sátira de costumbres, que encierra en una 
sencilla acción, bien tramada y de no mal pergeñados caracteres. 
Enfermizo desde la niñez, pobre y apesadumbrado por la muer- 
te de quienes más quería, vivió triste y se avejentó muy presto. 
Fué muy religioso, modesto y de ideas puras. Conviene con 
Tamayo y Ayala en el intento moral y en tomar los asuntos de 
la vida presente y á veces de la historia patria. Creía que el tea- 
tro es escuela de costumbres y sin querer acaso siguió la manera 
de Alarcón. No se levanta Eguilaz de la pasadera medianía ; pero 
distingüese por la maña con que comúnmente maneja los re- 
cursos dramáticos, construyendo con talento teatral la amia- 
zón de sus piezas, desenvolviendo la acción con bastante natu- 
ralidad ; pero no acierta en los caracteres ni en la pintura de 
costumbres. Los personajes no desdicen, aunque tampoco des- 
cuellan, y suelen estar medio delineados. Sin notas sobresalien- 



124 PRIMER PERIODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

tes en estilo, lenguaje y versificación, es generalmente correc- 
to. E*. acaso, demasiado lírico; pero esto mismo envuelve en 
cierto perfume poético sus obras, que, con la suavidad de senti- 
mientos y la sana moral, contribuyó á que gustasen á los más, 
si bien otros las criticaron, en parte con razón, si bien dema- 
siado duramente, merced á la diversidad de opiniones politico- 
religiosas. El Padre Cobos dijo que en sus comedias eran siem- 
pre lo mejor "los últimos versos de las últimas escenas de los 
últimos actos", porque lo mejor de lo malo es que se acabe 
presto. Rindió pleito homenaje á los antiguos ingenios espa- 
ñoles, sacando á las tablas con intento moralizador las figuras 
de Alfonso X, de AÜarcón, Lope, Tirso, Rojas, Rueda y Timo- 
neda. aunque despintando sus caracteres. Su mejor drama es 
Las Querellas del Rey Sabio (1858), en habla antigua, y su 
mejor comedia. La Cruz del matrimonio (1861). Escribió, ade- 
más. La Espada de San Fernando, poema caballeresco (1852), 
las zarzuelas El Molinero de Subida (1870) y El Salto del pa- 
siego, representado después de su muerte (1878), y se han he- 
cho populares. Desde 1852 hasta 1892 escribió á tres obras tea- 
trales por año, ó sean unas 70 entre todas. Cifró sus deseos en 
devolver al arte dramático el nervio de la tradición nacional y 
fundarlo en la moral, y viólos logrados por si en la medida de 
sus fuerzas y por A'yala y Tamayo. Por el poco resalte de su 
personalidad dramática y falta de fuerza en todo, la fama gran- 
de que en su tiempo tuvo, no sin embargo sin contradictores, 
ha ido apagándose después de su muerte, y acaso más de lo 
justo. 

Raf.ael Pombo (1833-1912), de Bogotá, ingeniero (1851), 
matemático, militar (1854), profesor, diplomático en los Esta- 
dos Unidos, periodista, polígrafo y poeta de variadísima ento- 
nación y de imaginación sajona envuelta en un temperamento 
tropical, amigo de recoger del pueblo pensamientos y modos de 
decir ])ara dar con la naturalidad viva, crítico de artes, prosista 
didáctico, discípulo de Manuel Pombo, tradujo algo de Horacio 
y de otros poetas modernos y se hizo, sobre todo, famoso, por 
sus Cuentos pintados, Cuentos morales y Fábulas y verdades, 
que aprenden los niños americanos. Como poeta, siempre ro- 
mántico, bien que templado por influencias sajonas desde su 



S. Xrx, 1853. RAFAEL POMBO 123 

viaje á los Estados Unidos, cantó el amor y la naturaleza, con 
pasión casi religiosa, en armoniosos versos de ritmo íntimo y 
facilidad de expresión. 

4 6. L. Eguilaz: Mariana la Barlú, parodia andaluza del drama 
Adriatia Lecouvreur (con seud. de El Ldo. Escribe), 1852. La Espada 
de S. Fernando, 1852. Verdades amargas, 1853. Una broma de Que- 
vedo, 1853. Las Prohibiciones, 1853. Alarcón, 1853. El Caballero del 
milagro, 1854. La Virgen de Murillo, 1854. Una aventura de Tirso, 
1855. La Llave de oro, 1856. La Vaquera de la Finojosa, 1856. La 
Vida de Juan Soldado, 1856. El Patriarca del Tiiria, 1857. Grazale- 
ma, 1857. Las Querellas del Rey Sabio, 1858. Mentiras dulces, 1859. 
Santiago y á ellos, 1859. El Padre de los pobres, 1860. Los Crepúscu- 
los, 1861. La Cruz del matrimonio , 1861. Los Soldados de plomo, 1865. 
Quiero y no puedo, 1867. El Molinero de Subiza, zarz., 1870. El Salto 
del pasiega, zarz., 1878. La Vergonzosa en palacio, zarz. La Conva- 
lecencia. Entre todas las mujeres. Los Encantos de Briján. La Paye- 
sa de Sarria. Lope de Rueda. El Pan de los pobres. Obras dramá- 
ticas, París, 1864. Consúltense: Ángel Lasso de la Vega, D. L. Egui- 
laz, caracteres distintivos de sus obras dramáticas, en Rev. de España, 
1887; G. Calvo Asensio, El Teatro hispano lusitano en el s. xix, Ma- 
drid, 1875; Rev. Archiv., 1874 (Jul.). 

El españolismo de Pombo, como en general el de todos los escri- 
tores colombianos, échase de ver en estas palabras (Pról. á las Poe- 
sías de Gr. Gutiérrez González) : "En los caprichos y peligrosas di- 
vergencias literarias que estarán surgiendo incesantemente entre nos- 
otros, desde Méjico hasta la Patagonia, es Madrid, con su idioma, sus 
libros y sus artistas, nuestro providencial correctivo, nuestra policía, 
el crisol fundidor de nuestra misma unidad hispano-americana : me- 
trópoli, en fin, de nuestra lengua, el vínculo más sutil y más fuerte y 
constante de almas y corazones." J. Valera, Cartas Americanas, 1889, 
pág. 190: "Su lira posee todas las cuerdas y todos los tonos: es mís- 
tica, erótica, elegiaca, jocosa, satírica y descriptiva... Hay originali- 
dad, naturalidad y gracia. Sus redondillas al bambuco, que llegan á 
ochenta, muestran cuan fácil y abundante es el autor, sin pecar de 
pesado ni de rastrero. La música y la danza del bambuco están muy 
bien calificadas, y ponderadas con chiste todas sus excelencias y la 
desapoderada afición que le tienen los colombianos... Los versos se- 
rios de Pombo son aún más bellos que los ligeros y jocosos. En Pre- 
ludio de primavera ni imita el poeta á nadie ni parece que lleva nin- 
guna intención literaria. Se diría que canta sin querer, excitado por 
sentimientos dulcísimos y por las primeras auras vernales, después 
de un invierno riguroso de Nueva York... Lo que, sobre todo, es de 
admirar en Pombo es la sencillez, al parecer al menos sin arte, coa 
que dice cosas muy bellas," Consúltese, además. Anuario de la Acnd. 



126 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Colombino, Bogotá, 1914, t. III, pág. 120... (por varios): "Pombo era 
el augusto emperador de la lira colombiana. Su genio multiforme y 
audaz recorrió todos los géneros, con pasmosa facilidad, y ya remon- 
tándose á las más altas regiones de la poesía filosófica, ya juguetean- 
do como leve mariposa, con la niñez, supo ser grande y original en 
€l fondo y brillante y nuevo en la forma. A nadie imitó; pero su 
poesía, tan nueva en nuestra lengua, tiene aire de familia con la de 
varios de los más grandes vates extranjeros, y por ella circulan bri- 
sas de la primavera del Norte y cálidos efluvios de los trópicos. Fué 
el caballeresco cantor de la mujer... La naturaleza tuvo para Pombo 
misieriosas revelaciones...'' Ant. Gómez Restrepo, Pról. á Poesías, 
Bogotá, t. I, 1906: "Es evidente que Pombo no es un cincelador de la 
forma de tan peregrino refinamiento como Fallón; pero, en cambio, 
tiene más cuerdas en su lira y es un poeta más rico, más variado, más 
comjileto. Buscó la grandeza del conjunto más que la perfección en 
los pormenores. Al lado de un diamante de aguas purísimas dejó caer 
más de una vez piedras opacas, de imperfecto tallado. Fué original 
■como pocos; pero, en ocasiones, exótico...; una vida literaria de se- 
senta años...; el poeta en quien el romanticismo ha infiltrado su pa- 
sión ardiente, su febril inquietud, su ansia de un goce sin límites y 
al propio tiempo su precoz desengaño de la vida, que suele despertar 
ráfagas de desolado escepticismo. El lector apasionado de Zorrilla, el 
traductor de Byron, aparece, no como imitador directo..., pvero sí 
como un romántico influido..., vigorosa complexión moral del poeta 
y... su afición instintiva á la poesía popular, en cuyos frescos raudales 
acudió á templar los ardores de su apasionada musa... Pero Pombo 
fué poeta romántico hasta el fin de su vida... Estilo fácil, flexible, 
brioso é incisivo, en que cada |xilabra encierra un pensamiento y cada 
epíteto equivale á una descripción. Desde la oda hasta el epigrama, 
todo lo trató con increíble facilidad y desitreza..., originalidad, fuer- 
za y vigor con que cultivó ciertos géneros, como la elegía amorosa, la 
■contemplación descriptiva y la meditación filosófica. Sintió el amor 
á la naturaleza de un modo enérgico y personal... Dio á sus versos 
una melodía penetrante, una vibración honda y patética, que convierte 
€n himno religioso la explosión ardiente y viva de la pasión humana... 
La música, arte de que fué apasionado toda su vida, ejerció poderoso 
influjo sobre su numen... Pombo es, ante todo, poeta del amor...; su 
poesía era demasiado personal y voluntariosa para que pudiera ser 
eco de la colectividad, y como cantor de la Patria, Pombo cede el 
paso á fion José Joaquín Ortiz... La cuerda que más dócilmente vibra- 
ba en la lira de Pombo era la que expresa los deliquios y las tormen- 
tas del amor...; amante eterno que al cabo murió célibe, pero fué ca- 
ballero hasta el fin... Junto con el amor, palpita en muchos cantos 
<le Pombo el sentimiento de la naturaleza. Nuestro poeta la amó in- 
tensa y casi religiosamente.'' Muchas de las poesías de R. Pombo sa- 
lieron en La Guirnalda. Fundó el periódico literario La Siesta. Su 



S. XIX, 1853. GUILLERMO MATTA 1 27 

poesía Mi Amor lleva por seudónimo Edda. Poesías, dos vols., con 
estudio de A. Gómez Restrepo, Bogotá, 1916^x917. Fábulas y verda- 
des, ibid., 1916. Traducciones poéticas, ibid., 1917. En Atinar. Acad. 
Colomb. : 1874, t. I : Poesía descriptiva americana, Heredia y Bello 
(pág. 182). Greg. Gutierres Gonsálec, poesía de R. Pombo (ibid., t. II 
(1911), pág. 350. Dos poesías de R. P. (ibid., t. III, pág. 290). Con- 
súltense: Homenaje de la Acad. Colomb. á D. R. Pombo, en Anuario 
de la misma, t. III (1914), pág. 120; Isid. Laverde Amaya, Fisono- 
mías litcr., 1890. 

47. Año 18 j^. Carlos Rubio (i 833- i 87 i), cordobés, por 
seud. Pablo Gáinhara, periodista monárquico liberal revolucio- 
nario, secretario de Prim en el destierro, de natural fogoso, 
gran escritor en prosa y verso, venció en La Iberia á Castelar, 
qu€ escribía en La Democracia, tratando acerca de la fórmula 
del progreso. Fué publicando en periódicos y revistas cuentos 
fantásticos á lo Hoffman y Andersen, coleccionándolos des- 
pués en ]Madrid, 1868. Escribió novelas y poemas. Postumo, 
estrenóse su drama Nicolás Rienzi, el tribuno. Como lírico, fué 
exagerado é hinchado. 

Guillermo Matta (1829-1897), de Copiapó (Chile), tuvo 
cargos diplomáticos en España, tomó parte en los sucesos polí- 
ticos de su país (1859), fué desterrado á Europa hasta 1861, 
que volvió allá, redactando desde 1863 La Voz de Chile; des- 
pués fué profesor en la Universidad de Santiago, diputado, 
presidente de la Cámara (1874), ministro en Alemania (1882) 
y cerca del Vaticano, senador (1886), ministro en la Argenti- 
na (1887), representante en el Congreso de Washington (1889). 
Publicó las leyendas en verso Un cuento endemoniado y La 
Mujer misteriosa, en Santiago, 1853, que levantaron gran tem- 
pestad por sus audacias contra la Religión, la sociedad y cier- 
tas formas literarias. Esta misma rebeldía de espíritu alentó 
todas sus poesías, alzándose como reformador y apóstol de no- 
vedades contra las instituciones establecidas con tendencia do- 
cente é imitando, uno tras otro, á Espronceda, Zorrilla, Quin- 
tana, Hugo, Byron, Heine, ó mezclando sus tonos; pero siem- 
pre en son ardoroso, batallador y trompetero, con grandes des- 
igualdades, arrebatos más ó menos hermosos y caídas prosai- 
cas, oscuras, pedantes é incorrectas. En suma, suena á un 
Quintana más desleído y palabrero, más docente, anárquico y 



128 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

rebelde, más descuidado y prosaico. Fué de los más fecundos 
poetas americanos. 

48. Cr.rlos Rubio era tuerto. Fué redactor de El Mensajero 
(1853), La Ilustración, Scumnario Pintoresco, La Iberia. Lo que nos 
falta, nov., 1853 (en El Mensajero). Melodías sagradas, Madrid, 1854. 
Otro Artagnán, nov., 1855. Lágrimas de Elvira, poema, 1855. Napoleón, 
poema, 1855. El Juicio final, poema. Los Suefios de la tumba, poema. 
La Flor del pantano. Madrid, 1857. Martín de Aranda, nov. María y 
Esperanza, nov. Historia del neocatolicismo, 1865. Cuentos. 1868. 
Historia filosófica de la revolución española de 1868. Madrid, 1869, 
dos vols. Nicolás Rienzi, dr. 

Jorge Huneeus Gana, Cuadro Imt., pág. 666: "En su género 
(Matta), como cantor del progreso filosófico, como abnegado heraldo 
poético que tuvo el arrojo valiente, y entre nosotros rarísimo, de 
consagrar su vida entera á la propaganda y expresión de sus altas 
ideas de patria, arte y filosofía, merece, sin disputa, el primer puesto 
del parnaso chileno. Revélase en su obra un valeroso carácter de 
gran sacerdote, que tiene en la lira todas las energías de un tribuno 
y todas las originalidades de un reformador... Es cierto que... se ven 
patentes anchas huellas del desgreño sombrío de Espronceda. de la 
abundancia sonora y musical de Zorrilla, del calor patriótico y arre- 
batado de Quintana, de la fantasía extraordinaria y exuberante de 
Hugo, de la originalidad amarga y desordenada de Byron, del acen- 
tuado filosofismo positivista de Goethe, de la vaga idealidad subjetiva 
de Schiller y de la extravagancia despreocupada y sangrienta de 
Heine. Pero todos estos rasgos interesantes, que sintetizan poderosa- 
mente los principales caracteres de la poesía del siglo xix, los reúne 
Matta en una profusión armoniosa y semejante que constituye el prin- 
cipal sello propio de su personalidad literaria... El ha sido el primero 
que, con energía valiente, ha roto las cadenas de los viejos y respe- 
tuosos convencionalismos de expresión filosófica y religiosa...; lo ha 
arrastrado con gran frecuencia á los abismos más deplorables del 
mal gusto poético...; á la hinchazón vacía y á una pompa hueca y pa- 
labrera...; le ha hecho desbocarse á veces por los despeñaderos de la 
confusión y de la oscuridad en las imágenes... ; á los límites poco sinv 
páticos de la pedantería pedagógica...; degenerar en algunas ocasio- 
nes en prosaísmos tan mdelicados como inelegantes, tan incorrectos 
como superfinos... En suma, G. M. es el más fecundo de nuestros poe- 
tas, el más grandioso de nuestros cantores patrióticos, el más innova- 
dor y filosófico de nuestros bardos, el más docente át. nuestros artis- 
tas... Grande en sus vuelos, grande en sus caídas, este poeta desigual.'* 
En la oda A las armas: 

"Vosotros sois la España, escándalo del orbe, 
nación de viejas momias y lúgubre Escorial, 



S. XIX, 1853. JOAQUÍN GUICHOT Y PARODY 1 29 

que la moderna España como un tifón absorbe 
y arroja sólo el crimen y sopla siempre el mal." 

Cuentos en verso, 1853 (las dos leyendas Un cuento endemoniado 
y La Mujer misteriosa). Poesías, cuentos en verso, fragmentos de un 
poema inédito, Madrid, 1858, dos vols., con las dos leyendas antes pu- 
blicadas. Nuevas poesías, Leipzig, 1887, dos vols. 

4 9. Alio 18 ¿^. Leopoldo Eguilaz y Yanguas nació (1829) en 
Mazarrón (Murcia), fué catedrático de Literatura en Granada, escri- 
bió varias leyendas originales y se distinguió como uno de nuestros 
mejores arabistas. El Talismán del diablo, nov. fantást. oriental, Ma- 
drid, 1853. El Milagro, nov. hist. Ensayo de una traducción literal de 
los episodios indios, la muerte de Yachnadatta y la elección de esposo, 
de Drampadi, texto y notas. Granada, 1861. Glosario etimológico de 
las palabras españolas de origen oriental, ibid., 1886: obra importan- 
tísima. Reseña histórica de la conquista del reino de Granada, 1894 
(2.' ed.). El Hadits de la princesa Zoraida..., relación romancesca del 
siglo XV, 1892. 

Joaquín Guichot y Parody (1820-1906), de Madrid, hijo de fran- 
cés y andaluza, estuvo en Sevilla (1823) y Burdeos, donde estudió ; vi- 
vió en Madrid (1840) y Sevilla (1846), dibujante y periodista político é 
histórico en El Porvenir (1848), El Centinela de Andalucía (1853), El 
Galgo negro. El Artista, que dirigió (1850) ; El Teatro, que fundó con 
Asensio (1851), La Andalucía, El Tío Clarín (1861-64), E,l Progreso 
(hasta 1886), etc.; director de La Asamblea, cronista de Sevilla (1860), 
profesor de Dibujo (1856-1900), novelador é historiógrafo y más y 
mejor historiógrafo que novelador. Reseña hist.-descr. del puente de 
hierro de Sevilla, ibid., 1852. Dos golosos á una breva, zarz., ibid., 
1853. ^í;i título, coni., ibid., 1854. El Adalid almogávar, nov. hist., 
Barcelona, 1864. Aurora, ley. gitana, Sevilla, 1866. La Lucha de pa- 
siones, nov., ibid., 1867. Historia gral. de Andalucía, ocho vols., 1869- 
70. Discurso en la Acad. de Buenas Letras, 1872. Historia de Sanlúcar 
de Barrameda, Sanlúcar, 1872. Los Crímenes misteriosos, nov., Sevi- 
lla, 1872, tres vois. Historia de Sevilla, ocho vols., 1873-1892. La ínsu- 
la Baratarla, hist. contemp. ó cuento, 1874. Historia de un ajusticiado, 
1875. El Anillo, dr., 1876. Maldita política, com., 1876. Las Inundacio- 
nes de Sevilla (1876-77), 1877. ^- P<^dro I de Castilla, 1878. Biografía 
de D. José M. Ibarra, 1879. Homenaje á Calderón, 1881. D. Fadrique 
Henríqiiez de Ribera, 1882. El cicerone del viajero en Sevilla, 1882. 
Escarceos científicos y literarios, 1883. Los dos estados de ctdiura de 
los griegos del ciclo troyano que aparecen en los poemas homéricos, 
1887. Vida y costumbres del pueblo musulmán en España, disc, 1888. 
Hiitoria del Ayuntamiento de Sevilla, cuatro vols., 1896, 1903. Pri- 
meros escritos literarios, colecc. y anotad, por Alejandro Guichot, 
1907. Consúltense: Notas bibliográficas, por Al. Guichot, Sevilla^ 
1904; Discurso necrológico, por Man. Chaves Rey, 1906. 

TOMO VII!. — g 



1 3o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Felipe Pérez, colombiano nacido en Soconsuca (1834), gobernante 
y polígrafo, escribió novelas como Huaina Capac, Atahualpa, Los 
Pizarras, Jilma, Los Gigantes^ Imina, Carlota Corday, Los Pecados 
sociales, Sara, El Caballero de l<i barba negra. El drama Gonzalo Pi- 
zarra (1858). El Canto á los héroes. El Álbum de las flores. Páginas 
para los niños. Homenajes al genio (estud. hist.). Los Grandes líricos 
españoles. Análisis política, social y económica de la República del 
Ecuador, 1853. Versos, 1867. Puso en orden y publicó la Geografía... 
de Colombia, dos vols., 1862-63, del italiano Codazzi. Consúltese En- 
rique Pérez, Vida de F. P., Bogotá, 1911. 

Benjamín Blanco (1832-1905), de Cochabamba (Bolivia), legado 
en Madrid, poeta epigramático y festivo, de tono popular y sincero, 
de sabor local, hizo además poesías religiosas y patrióticas. La Ven- 
ganza de una mujer, leyettda, Cochabamba, 1853. María concebida sin 
nuincha, dos cantos, ibid., 1857. Poesías, París, 1891. Venecia, impre- 
siones de zñajc, 1892. Obras en prosa y verso, París, 1905, dos vols. 
En prosa escribió En una velada literaria, La Simoníaca, La Lengua 
castellana. Astronomía política. 

^Manuel Orozco y Berra, escritor de los más eruditos de Méjico 
y el primero en filología indígena, publicó Noticia histórica de la 
conjuración del Marqués del Valle (1565-68), México, 1853. Geografía 
de las lenguas y carta etnográfica de México, 1864. Materiales para 
una cartografía mexicana, 1871. Historia antigua de la conquista de 
México, cuatro vols., 1880. Apuntes para la historia de la geografía 
en México, 1881. Memoria para la carta hidrográfica del valle de Mé- 
xico. 

José M.* Torres Caicedo (1830-1889), de Bogotá, ministro en In- 
glaterra y Francia, crítico benévolo, pero autorizado, publicó Ayes 
del corazón, poesías, N. York, 1853. Ensayos biográficos y de crítica 
literaria sobre los principales poetas y literatos hispano-americanos, 
obra excelente, París, 1863-68, tres vols. Bagatelas literarias. Reli- 
gión, Patria y amor, poesías, París (1863). Unión latino- americana, 
ibid., 1865. Estudios sobre el gobierno inglés, ibid., 1868, dos vols. An- 
drés Bello, colecc. de poesías originales con apuntes biográficos, Ca- 
racas, 1870. Importante cuestión de derecho de gentes, París, i88¿. 
Miscelánea de artículos políticos, económicos, filosóficos y literarios, 
tres vols. 

Manuel Rodríguez de Berlanga (t 1909), eminente arqueólogo, 
colaborador de la Rev. Arch. (1897), Rcv. Asoc. Artist.-arqueol. de 
Barcelona (1898-1903), publicó Estudios sobre los dos bronces encon- 
trados en Málaga {1851), Málaga, 1853. Monumenta histórica mala- 
citana, ibid., 1863. Monumentos histór. del Municipio Flavio Mala- 
citano, ibid., 1864, Los Bronces de Osuna, ibid., 1873. Los Nuevos 
bronces de Osuna, ibid., 1876. Los Bronces de Lacusta, etc., ibid., 
1881-84. Decretum Pauli JEmilii Pactum Fiduciac Lex MetalU Vipa- 
censis, dos vols., ibid., 1881-84. Noticia de la obra que publica F.co Sil- 



S. XIX, 1853. HERACLIO M. DE LA GUARDIA 131 

vela conteniendo la correspondencm de Sor María de Agreda, ibid., 
1885. Sor María de Agreda..., 1886, El Nuevo bronce de Itálica, 1891. 
Consúltese Rev. Arch., 1909 (Set.). 

Ramón Ortega y Frías (1825-1884), granadino, gran fabricador 
de novelas y vulgarotes novelones á lo Fernández y González, peor 
que Torcuato Tarrago todavía, publicó El Caballero Relámpago, 1853, 
1855, 1859. Guztnán el Bueno, dos vols., 1856, 1857, 1858, 1859, 1886. 
La Alhambra, 1856, 1863. El Diablo en Paludo, dos vols., 1857, 1858, 
1863, 1882, 1886. El Alcázar de Madrid, leyendas históricas, 1857. La 
Capa del diablo, 1858, 1863. Cervantes, nov., dos vols., 1859. El Pelu- 
quero del Rey {memorias del tiempo de Felipe IV), 1860. El Trovador, 
1860. El Duende de la Corte, 1862, 1866. El Barbero de Sevilla, dos 
vols., 1862. Rostros blancos y conciencias negras, 1865. El Hijo Pró- 
digo, dos vols., 1866. El Hechicero, 1866. Lobos y ovejas, 1866. La 
Virgen de la Paloma, 1867. Abelardo y Eloísa, dos vols., 1867. El Tri- 
bunal de la sangre ó los secretos del Rey, cuatro vols., 1867, 1875. El 
Siglo de las tinieblas ó memorias de un inquisidor, dos vols., 1868. 
La Política y sus misterios ó el libro de Satanás, 1869. Vida y viajes 
de Cristóbal Colón, tres vols., 1872. El Ángel de la familia, 1873. Insu- 
rrección federal en 187 s (con E. Llofríu), 1873, dos vols. Conquista 
del Perú, tres vols., 1874. Conquista de Méjico por Hernán Cortés. 
tres vols., 1874. El Envenenador, 1874. La Gente cursi, 1874. La Gente 
ác pega, 1874. Una hermana de la caridad, 1874. La Loca del Vati- 
cano, 1874. El Padre Ginés, memorias del tiempo de Felipe II, 1875. 
El Cid, 1875. Dos pillos, 1875. Un año entre los salvajes, viajes y aven- 
turas del Doctor Smith, 1875. La Sombra de Felipe II, 1875, 1892. La 
conciencia de la mujer, 1876. El primer desliz, 1876. Los Libertinos, 
1876. La Gazmoña, 1876. Las Hijas de Elena, 1876. Los Hijos 
de Satanás, 1876, 1892. Lü Vida alegre, 1877. Un Juan Lanas. 
1878. Un reinado de sangre, tres vols., 1879. Periquito entre ellas, 
1880. El Testamento de un conspirador, dos vols., 1880. Historia de 
una mujer bonita, 1881. El Amor de una negra, 1882. Una venganza 
de Felipe II, memorias del Diablo en Palacio, 1882. La Justicia de 
Dios, dos vols., 1882. Islas maravillosas, dos vols., 1883. Los Descreí- 
dos, póst., 1884, 1888. El Naufragio de la Medusa, 1892. Honor de es- 
posa y corazón de madre, tres vols., 1909. El Amor contrariado. El 
Anillo de Satanás. Las dos reinas. El esclavo de su crimen, memorias 
de un resucitado. Una gota de sangre del escudero de Satanás. El 
Hijo del misterio y celos de un Rey. Las Justicias de Felipe II. Los 
Mares de arena y las ciudades subterráneas, viajes del capitán Milton. 
El Mundo desconocido, exploración del África Central, La Piel de 
Zapa (trad. de Balzac). Primitivos habitantes de España (trad. de G. 
de Humboldt). La Raza maldita ó el corazón de una mujer. El Rey 
de los bandidos ó los secuestradores de Andalucía. Las Víctimas del 
amor. Viriato (pieza teatral). 

Heraclio Martín de la Guardia (1836-1907), de Caracas (Vene- 



1 32 PRIMKR PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

zuela), diputado, diplomático, poeta algo romántico al principio, des- 
pués épico-lírico, declamador á lo Quintana, aunque más modernizado, 
cantó temas románticos y comunes entre los poetas americanos, y fué 
premiado por su Oda, leída en el centenario de A. de Humboldt (1869). 
Está considerado como fundador del teatro nacional, y compuso va- 
rios dramas y comedias. Costne II de Mediéis, dr., 1849 (á los diez y 
ocho de su edad). Luisa de Lavalliére, dr., 1853. D. Fadrique, dr., 
1856. Parisina, 1858. Ultima ilusión. La Raza latiría. Las Águilas. La 
Tempestad. A Bello. Con motivo de la inundación de Consuegra 
(1891). Alma parens. Ciencia y poesía. Obras poéticas, Caracas, 1886. 
Poesías completas, dos vols., ibid., 1905-06. 

50. Aíio 185^. Atirió de Párrocos ó Pláticas familiares, Madrid, 
1853-54, cuatro vols.; 1857, dos vols. — A-NTONio Altadill y Teixidó 
(1828-1880), de Tortosa, por seud. Antonio de Padua, publicó muchas 
novelas, las más de carácter bíblico. La Pasión de Jestís, dr. sacro. 
Valencia, 1853. La Voz de España, loa, 1859. El Trapero de Madrid, 
nov., Barcelona, 1861. Barcelona y sus misterios, ibid., 1861. La Mo- 
narquía sin monarca, grandezas y miserias de la revolución de Setiem- 
bre, ibid., 1869. Amor de esposa, nov.. Habana, 1886. Jugar con el co- 
razón, nov. Los Enamorados. La Semilla del bien. — Roque Barcia y 
Ferraces (1823-1885), sevillano, periodista y político revolucionario, 
de los promovedores de la insurrección de Cartagena, por seud. El 
Autor de los viajes, estrenó El Dos de Mayo, dr., 1846. El Pedestal de 
la estatua, dr., 1864. Publicó Generación de ideas (con seud. de El Au- 
tor de los viajes), 1853. Diccionarijo etimológico de la lengua caste- 
llana, Madrid, 1855, 1881-83, cinco vols., obra de acarreo que los de 
su partido político ensalzaron harto más de lo que vale. Un paseo 
por París, retratos al natural, Madrid, 1863. Filosofía de la lengua 
española. Sinónimos castellanos, 1864, 1865, 1890, 1910. Formación de 
la lengua española, 1872. — Calixto Boldún, cómico, padre de la Elisa 
Boldún, autor malo, refundía obras del teatro antiguo y las daba por 
suyas. De él escribió Narciso Serra: "Boldún, pedazo de atún, | hara- 
gán de profesión, | tú debieras ser baldón | en lugar de ser Boldún." 
El Alcalde de Tronchón, zarz. (1853) ; Simüia similibus curantur, com. 
(1858); ¡Qué plaga!, jug. (1866); A secreto agravio, disimulada ven- 
ganza, dr. (1867). — Esteban de Jesús Borrero (1820-1877), poeta de 
Puerto Príncipe (Cuba), terso, cadencioso y delicado, publicó el ro- 
mance Amira (1853), A la Avellaneda (1860), Dos lágrimas, A la 
muerte y otras poesías, dulces y sencillas. — Sixto Cám.\r.\ estrenó 
Jaime el Barbudo, dr. (1853). — Alberto Carballo García publicó 
Apuntes para la Historia de Galicia (sólo el t. I en El Astro de Ga- 
licia), 1853. — Agustín Esteban Collantes publicó Diccionario de agri- 
cultura práctica y economía rural (con Agustín Alfaro), siete tomos, 
Madrid, 1853. — Miguel Ángel Corral (n. 1833), de Cuenca, en el 
Ecuador, abogado (1861), compuso desde joven poesías melancólicas, 



S. XIX, 1853. PABLO DE GOROSABEL 1 33 

amorosas. — Juan Corrales Mateos, redactor de La Unión (1858-59), 
El Honor (1S60) ; director de la Gaceta Minera (1857), Gaceta de 
Marina (1859) y El Bombo (1860), con seud. El Bachiller Tauroma- 
quia, publicó El Porqué de los toros y arte de torear á pie y á caba- 
llo, Habana, 1853. Los Toros españoles y tauromaquia completa, 1856. 
Aventuras de Gilberto, nov. marítima, Madrid, 1862, tres vols. — El 
Correo de Ultramar, periódico literario con obras originales, París, 
1853-57, nueve vols. — Diccionario enciclopédico de la lengua española, 
por una sociedad, Madrid, 1853-55. — Diccionario universal de Historia 
y Geografía... por una Sociedad de literatos..., México, 1853-56, 10 
vols. — Manuel Fabra y Vila publicó Amor patrio con el celo divino, 
Madrid, 1853, 1858. — José Fernández de la Puente publicó Memoria 
histór.-^rít. del célebre combate naval y z'ictoria de Lepanto, Madrid, 
1853. — José Vicente Fillol publicó Ensayos poéticos sobre la esté- 
tica y oratoria, Valencia, 1853. Curso de liter. gral..., ibid., 1861. — 
Flores del siglo, álbum de poesías... de los más distinguidos escritores 
de España y América, coleccionadas por D. J. del Castillo, París, 
1853. — Biografía del Excmo. Sr. Teniente General D. Andrés García 
Camba, Madrid, 1853 (véase 1824). Juicio de residencia, 1844. Los 16 
meses de mandato superior de Filipinas, 1839. — Antonio García del 
Canto (1824-1886), de Oviedo, del arma de Infantería, colaborador 
del Correo Salmantino, Semanario Histórico, Jlustr. de Madrid, La 
España, Gaceta Militar (185...), La Nube (Zaragoza); poeta chirle y 
novelista ídem, folletinesco, y para la gente menuda publicó Poesías, 
Madrid, 1853. La Calavera milagrosa, leyenda. Salamanca, 1854. Mis- 
terios de Filipinas, nov., 1858-59, dos vols. Los tres hijos del crimen, 
nov., 1861, dos vols. Candelas y los bandidos de Madrid, 1861, 1866, 
1873, tres vols. España en la Oceanía, 1862. Aventuras de un cochero 
y memorias de un lacayo, nov., 1863. La Conquista de Joló, dr., Bi- 
nondo, 1865. El Misionero, leyenda, ibid.. 1873. Colección de poesías 
inéditas. Salamanca, 1887. Los Piratas de Filipinas, nov. hist., con la 
biografía del autor, escrita por su viuda, ibid., 1888, dos vols. — Mar- 
cos Gelt estrenó Con mal principio, buen fin, com., Habana, 1853. — 
Juan González Medel (1812-1883), presbítero y orador sagrado, de 
Romanones (Guadalajara), escribió en El Católico y La Cruz (1840- 
42) ; le asoció Balmes á El Pensamiento de la Nación y fué redactor 
de La Esperanza (1844-51) ; fundó La Iglesia (1848), escribió en El 
Altar y el Trono (1869-71), Rez'ista Carmelitana; dirigió El Ancora 
de Castilla, en Valladolid, donde fué chantre (1853). Publicó Sermo- 
nes doctrinales, morales, dogmáticos, panegíricos y apologéticos, ocho 
vols., Madrid, 1853-56. Colección de sermones inéditos, Toledo, 1885. 
— Pablo de Gorosabel, vascongado, publicó Bosquejo de las antigüe- 
dades... de Tolosa, ibid., 1853. Diccionario histór., geogr., descriptivo 
de Guipúzcoa, Tolosa, 1862. Memoria sobre las guerras y tratados de 
Guipúzcoa con Inglaterra en los siglos xiv y xv, ibid., 1865. Noticias 
de las cosas memorables de Guipúzcoa, cinco vols., ibid., 1899- 1900. 



1 34 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

Cosas de Guipúzcoa, de los pueblos y ríos de nombres antiguos, 1905 
(en Euskal-Erria, LII). — Pedro Hernández Pavot.tnt publicó IHo- 
rcs de Cuba, poesías, Habana, 1853. — José M." Izaguirre, de Bayamo 
(Cube), publicó en estilo sencillo El Narrador Bay arnés, libro de 
cuentos para los niños, Bayamo, 1853. — Augusto Jiménez publicó 
Vocabulario del dialecto gitano, Sevilla, 1853. — José María de La- 
rrea (1828-1859), madrileño, poeta más romántico que clásico, estrenó 
varias zarzuelas y la comedia No es oro cuanto reluce. Con Enrique 
Hernández publicó una Semana Santa, en verso, muy celebrada. Fué 
de los primeros redactores de La Iberia al fundarse; colaboró en 
Educación Pintoresca (1857). Comedias: Un imposible de amor. Ellas 
y nosotros, Pero Grullo, Una suegra. La Ocasión, com. (1853) ; Tres 
noblezas, A caza de cuervos^ Los dos inseparables. La Duda, dr. (1857) ; 
Cuerdos y locos (1856), El Amor y el amor propio (1862). — Cuatro 
Laúdes, Habana, 1853, colección de poemas por Ramón Zambrana, 
J. G. Roldan, R. M. de Mendive y Felipe López de Briñas. — Valentín 
Ledesma publicó Ensayo histór. de las operaciones del Ejército Li- 
bertador del Perú en la Campaña de 1824, Lima, 1853. — José Ledo 
del Pozo, de Benavente, párroco de Carracedo, publicó Historia de 
la nobilísima villa de Benavente, Zamora, 1853. — Lira patriótica del 
Perú, Lima, 1853. — Fausto López Villaerille, director de El Rami- 
t'ete (1864), publicó Ecos de mi lira, Madrid, 1853. — Francisco López 
Aldeguer publicó Un amor constante, nov.. Caceras, 1853. — <Emilio 
Macías Escobar (n. 1833), de Cartagena de Indias, estrenó los dramas 
El Virrey Solís y Apoteosis del Libertador. Los Cantos del bardo, le- 
yenda en verso. A^.' 5.* de Lourdes, leyenda. — ^Catalina Macpherson 
de Bremón, por seud. Ossiuna, publicó en Madrid las novelas El Hilo 
del destino (1853, 1877). Isabel ó la lucha del corazón (1853, en El He- 
raldo, 1875, 1880). El Hada doméstica (1869, dos vols.). La Rosa del 
Genil (1870, dos vols.). Magdalena (1871, dos vols.; 1879). Por no 
entenderse (1873, 1879, 1883). En el Peñón (iSyy, dos vols.). Los Za- 
patitos encarnados (1877, 1883, dos vols.). — Eduardo Maroto de 
QuiRÓs publicó Amir Alí, nov. hist., Habana, 1853. — Eduardo Miran- 
da Y Ramírez publicó La Aurora de mi vida, ensayos poéticos, Ma- 
drid, 1853. — Blas Molina publicó La Feria de Ronda ó cuadros de 
costumbres andaluzas, Ronda, 1853. Antes y después, comed. (1858). 
Cien duros por una carta, id. (1S63). Dos maridos, qué ventura, jug. 
(1858). La Codicia rompe el saco, com. (1858). Premio y castigo ó la 
conquista de Ronda, dr. (1862). Rodrigo de Sandoval, dr. hist. (1863). 
— Diego Monfar y Sors escribió Historia de los condes de Urgel, 
Barcelona, 1853, dos vols. — Antonio del Monte y Tejada (1783- 
1861), dominicano, publicó la excelente Historia de Santo Domingo, 
Habana, 1853, t. I ; 1890-95, cuatro vols. — ^Manuel Montúfar publicó 
Memorias para la historia de la revolución de Centro-América, Gua- 
temala, 1853. — Juan de Dios de Mora (i 827- i 884), cordobés, redactor 
de La Discusión y novelista reputado, publicó Pelayo, nov., Madrid, 



S. XIX, 1853. JERÓNIMO ROSELLÓ I 35 

1853, 1857, 1861, 18Ó7. Doña Mariana de Austria, nov., 1854. Los 
Templarios, nov., dos vols., 1856-57. El Rey D. Fruela, nov., 1858. 
Florinda ó I-a Cava, nov., dos vols., 1866 (2." ed.), 1884. — Tomás C. de 
Mosquera publicó Memorias sobre la vida del libertador Simón Bolí- 
var, N. York, 1853. Compendio de Geografía... de los Estados Unidos 
de Colombia, Londres, 1866. — Murmurios del Cauto, artículos y poe- 
sías, iCuba, 1853. — Juan R. Navarro publicó Guirnalda poética, selecta 
colección de poesías mexicanas, jMéxico, 1853 (de 57 poetas). — Sa- 
LUSTiANO DE Olózaga (1805-1873), famoso político y orador parlamen- 
tario nacido en Vico (Logroño), publicó La Historia política de Es- 
paña, 1853 (disc. recep. Acad. Hist.). Discursos, Madrid, 1863. Estu- 
dios sobre la elocuencia, política, jurisprudencia, historia y moral, 
1864, 1869. Dificultades del idioma castellano, 1871 (disc. rec, Acad. 
Esp.). — ^Juan Oneille y Rosiñol publicó Poesías, Madrid, 1853. — 
José Antonio Ortiz Urruela publicó Estudios sobre la elocuencia... 
discursos... en Guatemala, Madrid, 1853. — Juan Antonio Pagés pu- 
blicó Poesías y escritos literarios y filosóficos, Barcelona, 1853. — 
Eduardo Pérez Pedrero y Anaya estrenó Isabel de Saavedra, dr. 
hist. (1853). — Ceferino Perogordo y López publicó Horas de insom- 
nio, poesías sagradas y profanas, Madrid, 1853. — José Plácido San- 
són (1815-1875), de Santa Cruz de Tenerife, redactor de Las Nove- 
dades, publicó La Familia, poesías, Madrid, 1853, 1864. Ecos del Tei- 
de, poesías, ibid., 1871. Ensayos literarios, tres vols. Elvira, dr. María, 
dr. Atreo, trag. Tetrarca (refund. de Calde-rón). Herida en el corazón, 
nov., Madrid, 1876. — Isabel Prieto de Landázuri (1833-1876), espa- 
ñola de nacimiento, que pasó muy niña á Méjico, fué allí acaso la 
mejor poetisa después de sor Juana Inés de la Cruz, por la verdad, 
sencillez, sentimiento y ternura, por la armoniosa versificación y la 
mezcla de idealismo y melancolía. Además de sus poesías líricas, 
compuso 15 obras teatrales, comedias de corte bretoniano algunas, 
las más obras dramáticas de la buena escuela romántica. — Julio Ra- 
món Escobedo, de Sástago (Zaragoza), publicó Reflexiones de la cues- 
tión de Oriente, Zaragoza, 1853. Afectos religiosos, en verso, ibid., 

1854. Acentos de un corazón aragonés, id., ibidem. — Revista de la 
Habana, 1853, por Rafael M.* Mendive y Quintiliano García. — Re- 
vista Española de Ambos Mundos, Madrid, 1853-55, cuatro vols. — 
José Rivas Pérez, presbítero, publicó La Cueva del monje, leyenda, 
Baza, 1853. La Inmac. Concepción, poema hist., Granada, 1855. El 
Triunfo universal de la religión cristiana, poema hist.. Granada, 1857. 
Granada y sus contornos. Manual histór.-descr. de Granada. Jornada 
de la Sma. Virgen. La Mina de oro. — A. Agustín Rocagomera y Sa- 
LAZAR publicó Los trcs croatos ó la estrella del destino, nov. hist.. 
Madrid, 1853. — .Ramón Rojas y Cañas (t 1881), poeta limeño, perio- 
dista y escritor de costumbres, de estilo desaliñado, pero chispeante, 
publicó, sobre todo. Museo de limeñadas, Lima, 1853. — Jerónimo Ro- 
SELLÓ (n. 1827), mallorquín, por seud. Lo Cangoner de Miramar y Lo 



1 36 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Joglar de Maylorcha, publicó Hojas y flores, ensayos literarios, Pal- 
ma, 1853. Consúltese Rev. Archiv., 1900 (t. IV, págs. 88 y 284). — 
Alejandro Luis de Sabando publicó Poesías, Salamanca, 1853. — 
Fray Rosexdo Salvado publicó Memorias históricas sobre la Austra- 
lia, Barcelona, 1853. — Nicolás Sancho (1801-1883), de Alcañiz, pres- 
bítero, ex prior del Monasterio de Rueda, escritor correcto, claro y 
elegante, publicó Breve descripción de la capilla del cementerio de 
Alcañiz, ibid., 1853. Descripción histór., artística... de Alcañiz, ibid., 
1860. Sermones de In Virgen, Barcelona, 1864, Sermones y discursos, 
Lérida, 1876. — Domingo Santa María, chileno, presidente de la Re- 
pública, buen estilista, publicó Vida de D. José Miguel Infante, 1853. 
Memoria hist. sobre los sucesos ocurridos desde la caída de D. Ber- 
nardo O'Higgins en 182^ hasta la promulgación de la Constitución en 
el mismo año, 1857. — Santiago Ángel Saura publicó D. Enrique el 
Doliente, novela, Barcelona, 1853. — ^Pío de la Sota y Lastra publicó 
Colección de ensayos literarios y dramáticos, Madrid, 1853. Pon Men- 
eo de Acuña, episodio novelesco de la historia de Castilla, ibid., 18^5. 
El Castellano de Am>posta, epis. novelesco de la historia de Aragón, 
1855. La lienta del diablo, cuento que pica en historia, 1855. Don Jai- 
me I y el Obispo de Girona, leyenda tradicional. Historia de los Con- 
cilios Generales, dos vols., 1858. — El Tribuno, pcriód. liberal, Madrid, 
T853-55. — Adolfo Valderrama (1834-1902), de la Serena (Chile), mé- 
dico, secretario de la Universidad, senador y ministro de Estado, 
buen conocedor del castellano, poeta satírico-festivo y novelista, es- 
cribió desde 1853 en periódicos y publicó Bosquejo histórico de la 
poesía chilena, 1866, 1882. Marta, nov., 1878. Al amor de la lumbre, 
poesías, 1881. Después de la tarea, artículos satíricos, 1882. Obras es- 
cogidas en prosa, 1912 (Bibl. Escrit. Chil.). Publicó la comedia Don 
Cayetano (en La I^ev. Chilena). — María T. Verdejo y Duran publicó 
Ecos del corazón, ensayos poéticos. Zaragoza, 1853. La Estrella de la 
niñez, compendio de moral, Madrid, 1854. Biografía de la disting. 
poetisa señorita doña María Verdejo y Duran, Zaragoza, 1855, con 
poesías suyas y retrato. — Nicanor Zuricalday, vascongado, de Gor- 
dejuela, cantó al Árbol de Guernica, fué premiado (1882) por el ro- 
mance La Quimera del rey D. Pedro, ley hist., poesía, Bilbao, 1882. 
Compuso el poema La Lección de música y la fantasía Niño divino, 
premiada en 1853. 

51. Año 1854. Juan León Mera (i 832- i 894). de Amba- 
to (Ecuador), uno de los fundadores de la Acadeniiia Ecuato- 
riana, critico sagaz y culto, prosista exquisito, sobresalió en el 
modo de novelar fantástico-naturalistico-sentimental, á lo Ber- 
nardino de Saint-Pierre, mayormente en Cumandá ó un drama 
entre salvajes (1879), donde pinta la vida de las selvas mejor 
que Cooper y Chateaubriand. Como historiador, resiéntese de 



S. XIX, 1854. JUAN LEÓN MERA iSy 

esta su fantasía naturalista en su Ojeada histórico-crítica sobre 
la poesía ecuatoriana (1868). La prim^era de sus poesías es de 
1854, y la última, de 1882. Es el talento más universal nacido 
en el Ecuador. Publicó su primer tomo de versos en 1858, y 
La Virgen del Sol es de las más hermosas leyendas americanas 
acerca de los indios. 

Florencio Moreno Godino (i 829- i 906), madrileño, por 
seud. Floro Moro Godo; según decían, hijo natural de aristo- 
crática dama, y mostrábale, de hecho, en su porte, sentimientos 
é ideas. Dióse á conocer de muy joven por sus poesías y ar- 
tículos literarios de grande originalidad, de corte elegante y de 
culta y fina frase. Casi todos los periódicos madrileños, desde 
1854, tienen novelas, poesías y artículos suyos. Altivo, inde- 
pendiente, despreció destinos que le ofrecía González Bravo ; 
estoico, burlando de todo, vivió en la corte sin humillarse al 
poder, eligiendo sus amigos entre los desheredados y fallecien- 
do en un hospital. Tipo excéntrico, mtuy español, como lo fue- 
ron Escosura, Santos Alvarez, Florentino Sanz, Serra, Ta- 
buérniga, Segarra y Balmaseda, que alguien echará á soberbia 
y descoco; los más discretos, á grandeza de ánimo y estoico 
menosprecio de este bajo mundo. Honrado, caballeroso, fue 
uno de los escritores más cultos y de más talento del siglo xix 
en España. 

Antonio M.^ Joaquín Afán de Rivera C" 1906), descen- 
diente del adelantado mayor de Andalucía don Pedro Afán de 
Rivera, fué granadino, abogado, secretario en el Liceo y usó 
el seud. de Juan Soldado. Escribió piezas de teatro, novelas, 
poesías, leyendas y tradiciones. Dirigió la revista satírica Ca- 
talineta, y colaboró en La Alhambra y Gente Vieja. Fué escri- 
tor muy popular en su tierra y pintó bien las costumbres del 
pueblo. 

52. J. Valera, Nuev. Cart. Amer., 1890, pág. 128: "Cumandá es 
una preciosa novela. Ni Cooper ni Chateaubriand han pintado mejor 
la vida de las selvas ni han sentido ni descrito más poéticamente que 
usted la exuberante naturaleza, libre aún del reformador y caprichoso 
poder del hombre civilizado... Es de lo más bello que como narración 
en prosa se ha escrito en la América española... La novela Cumandá 
es mil veces más real, más imitada de la naturaleza, más producto de 
la observación y del conocimiento de los bosques, de los indios y de 



l38 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RKAUSTA (185O-1869) 

la vida primitiva que casi todos los poemas, leyendas, cuentos y no- 
velas que sobre asunto semejante se han escrito. En mi sentir, usted 
ha producido en Cnmandá una joya literaria que tal vez será popula- 
rísima cuando pase esta moda del naturalismo, contra la cual moda 
peca la heroína, aunque no pecan, sino que están conformes, los de- 
más personajes." J. León Mera: La Virgen del Sol, leyenda indiana, 
Quito, 1861, 1887; Barcelona, 1891. Ojeada histórico-crítica sobre la 
poesía ecuatoriana, Quito, 1868; Barcelona, 1893, con apéndices. Can- 
to á García Moreno, Quito, 1876. Cumandá ó un drama entre salvajes, 
Quito, 1879; Madrid, 1891. Últimos momentos de Bolívar, Quito, 
1883. Melodías indígenas, 1887. Entre dos tías y un tío, nov., 1889. 
Por qué soy cristiano, nov., 1891. Poesías, Barcelona, 1892. Cantares 
del pueblo ecuatoriano (t. II de la Antología Eaiatoriana. Poetas), 
Quito, 1892 (por la Academia del Ecuador). Tijeretazos y plumadas, 
1903. La Escuela doméstica, Madrid, 1908. Novelistas ecuatorianas, Ma- 
drid, 1909. Carteóse con Valera, manifestando sus teorías literarias. 
{Ojeada..., 1893, págs. 506-570); Valera, Ntiev. Cartas Americanas, 
págs. 177-78; Esp. Mod., 1890-91. 

En Pluma y lápiz escribió Moreno Godino curiosísimas memorias 
sobre la Bohemia literaria de 1860 á 1880. Siempre pobre, pero siem- 
pre elegante, á pesar de lo deteriorado de su vestido ; soberbio en me- 
dio de su inseparable indigencia; de gran talento y superior pereza, 
que se pasaba las noches callejeando y los días durmiendo en míseras 
casas de huéspedes, y con todo eso, vivió más de ochenta y cinco años. 
J. Xombela, Impresiones, t. III, pág. 353: "Siendo yo redactor del 
Diario Español, Mauricio Tx)pez Roberts, tan bueno siempre, enterado 
de su penuria, le admitió en la redacción con un modesto sueldo. A 
pesar de la deteriorada ropa que vestía, se observaba en sus modaleí', 
en su aseo y en su conversación ese sello de natural elegancia que 
caracteriza á las razas privilegiadas. Azares que ocultaba con esmero 
le habían obligado á cambiar de posición, y aceptaba las privaciones 
con una dignidad que á veces se convertía en arrogancia. Escribía 
poco, porque era perezoso ; pero escribía bien : más le agrada hablar 
que escribir, y su conversación era siempre agradable. Nunca se que- 
jaba de su mala suerte. Se había acostumbrado á trasnochar y hasta 
que se encendían en las calles los faroles, todavía de aceite por enton- 
ces, no salía de la humilde casa de huéspedes donde habitaba. Lo pri- 
mero que hacía era ir á la redacción, desempeñaba su breve labor 
y desaparecía para encaminarse á un cafetucho que había en la Plaza 
Mayor, próximo á la escalerilla de piedra que da acceso á la calle de 
Cuchilleros. El café que allí se servía costaba dos cuartos la taza, y 
la clientela solía ser de la que, de vivir por entonces en la villa y corte 
Kinconete y Cortadillo, habrían renovado con ellos el famoso patio 
íevillano, donde tenían su emporio aquellos ilustres bribones. En el 
café que cito era conocido, estimado, oído y agasajado por aquellos 
parroquianos, que salían de vez en cuando á cometer sus habituales 



s. XIX, 1854. "el padre cobos" 139 

fechorías y tornaban á referirlas y comentarlas. Por esa ley ineludi- 
ble de los contrastes, él, fino y atildado, se complacía en tratar, sí- 
quiera fuese superficialmente, á aquellos personajes de la hampa; ¿1, 
de una acrisolada honradez, oía la narración de las proezas justicia- 
bles de aquellos tomadores, descuideros ó espadistas, que eran á sus 
ojos personajes interesantes del libro de las miserias de la vida. No 
le iba mal teniendo relaciones con aquella gente, que le respetaba, 
porque, desde la media noche hasta la madrugada, lo mismo en in- 
vierno que en verano, recorría las calles y las plazas de Madrid, y 
tanto sus contertulios del café de la Escalerilla como los serenos y los 
polizontes, que así llamaban á los agentes de Orden público, le salu- 
daban, y hasta solían echar con él largos y amenos párrafos. No sé 
cómo pudo vivir más de ochenta años sin saber dónde dormiría, no 
diré cada noche, sino cada día ; ni cómo podría atender á las necesi- 
dades de su estómago. Pero realizó este milagro sin que jamás haya 
llegado á mi noticia que sacrificase á sus necesidades su honradez 
y su dignidad, que era lo que más estimaba. Cuando, cansado de bus- 
car trabajo sin encontrarle, decidió hacer novelas por entregas, se 
dirigió á los Manini, y como, aunque escribía poco, tanto por su ta- 
lento como por la excéntrica vida que hacía, gozaba de cierta fama, 
en los círculos literarios, aceptaron su oferta, encargándole desde lue- 
go una obra cuyo asunto y título le indicaron. Como Murguía, rechazó 
la ingerencia de los editores, y prefirió seguir resolviendo cada día 
el difícil y penoso problema de su azarosa y desdichada vida." Fl. 
Mor. Godino : Poesías, Madrid, 1862. Por un retrato (en Rev. Esp., 
1868, t. IV). Una traducción del Quijote (ibid., 1869, ts. VI-VII). 
Nerón, dr., 1892. Sonetos de broma, Madrid, 1900. El Ultimo bohemio, 
1908. 

Afán de Rivera: Alómenlos de ocio, poesías. El Laberinto, com. 
(Málaga, 1854). La Estrella de la esperanza, dr. (1854). Corte y cor- 
tijo, com. (1854). Antiguos y modernos, com. (1854). La Pensionista, 
zarz. (1854). Farínelli, id. (1855). La noche buena, jug. (Granada, 1856,. 
1894). Tres damas para un galán, com. (ibid., 1857). Una rosa y un 
clavel. Un tiempo del verbo amar y Por un cabello, novelas. El collado 
del Burro, cuento. Biografía de doña Isabel la Católica. Las Noches 
del Albaicín, tradiciones. Granada, 1885. Fiestas populares de Gra- 
nada, artículos de costumbres y escenas populares, ibid., 1886. Cosas 
de Granada, leyendas..., ibid., 1889. Del Veleta á Sierra Elvira, le- 
yendas, ibid., 1893. Entre Beiro y Dauro, cuadro de costumbres gra- 
nadinas, ibid., 1899. Algarabía, poesías, ibid., 1905. 

53. Año 1854. El Padre Cobos, semanario satírico, el más céle- 
bre que ha habido en España, saiió durante el bienio progresista 
(1854-56) como anónimo, escrito por jóvenes allegados del ex ministro 
moderado don Pedro de Egaña, entre ellos José Selgas, Ceferino Suá- 
rez Bravo, Esteban Garrido, E. González Pedroso, F. Navarro Vi- 



1^0 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1869) 

Uoslada, Emilio Arrieta, Cándido Nocedal y otros colaboradores me- 
nos asiduos, como hópez de Ayala. Tuvo un tinte moderado, sin ser 
sectario politicamente, contra los farsantes ó engañados que herían 
los sentimientos tradicionales. Defendióle en los Tribunales don Cán- 
dido Nocedal. Contribuyó á la caída de Espartero. El director fué 
Eduardo G. Pedroso. Consúltese J. Pérez de Guzmán, Más sobre "El 
P. Cobos", en Ilustr. Esp. y Amer., LXXXI. págs. 251 y 254. 

Ángel María Dacarrete (n. 1827), gaditano, colaborador de El 
Teatro, Seman. Pintor.^ La Esp. Moderna; fué poeta estimable é imi- 
tó tierna y sentidamente á Bécquer. Estrenó Al cabo de los años 
mil, 1854. Magdalena, dr., 1855. Una historia del día, dr. Mentir á 
tiempo, zarz., 1856. Poderoso caballero es don Dinero, com., 1857. Ju- 
lieta y Romeo, dr., 1858. Las Dulzuras del poder, com., 1859. Poesías. 
Madrid, 1906. En Esp. Mod.: La Flor seca, poes. (1868, t. I). A ti, re- 
cnerdo (ibid.). En Siberia, poes. (t. I\'). En Bailen, poes. (1874, 
t. XL). Sonetos (1890, Marzo). 

José Coll y Vehí (1823-1876), de Torrent (Gerona), catedrático 
de Retórica en el Instituto de San Isidro (1848) y del de Barcelona 
(1861), publicó originales y atinadas obras de preceptiva desde 1854. 
Elementos de literatura, 1856, 1857, 1859, 1868. La Sátira provenzal, 

1861. De los trovadores en España, 1861. Compendio de retórica y 
poética ó nociones elementales de literatura, 1862. Diálogos literarios 
(su mejor obra), 1868, 1871, 1882 (con prólogo de M. Pelayo), 1885, 
1896, 1907. Modelos de literatura castellana, 1871. Los Refranes del 
Quijote, 1874. 

Alejandro de Tapia y Rivera (1827-1881), el más fecundo y no- 
table escritor, poeta y dramaturgo, de Puerto Rico, por seud. El Bardo 
de Guamaní y Crisófilo Sardanápalo, preceptista y crítico, muy leído, 
tuvo altos propósitos y escribió de historia, luego leyendas, novelas y 
dramas, con talento claro y culto, aunque sin inspiración poética, de 
estro lírico débil y de escaso aliento, desdeñoso de los efectos teatrales 
V poco atenido en ellos y en las novelas á la realidad, aun histórica. 
Estimuló, sin embargo, con su ejemplo la cultura de la isla y dirigió 
La Azucena (1871-75). Biblioteca histórica de Puerto Rico, ibid., 1854. 
Ensayos literarios, Habana, 1862. El Bardo de Guamaní, Habana, 

1862. La Cuarterona, dr., Madrid, 1867. Camoens, dr., ibid., 1868; re- 
fundido, Puerto Rico, 1878. Hero, monól. trág., Ponce, 1869. Postumo 
el Transmigrado, Madrid, 1872. Noticia histórica de D. Ramón Po- 
7t'er, Puerto Rico, 1873. Vasco Núñez de Balboa, dr., ibid., 1873. La 
Leyenda de los veinte años, nov., ibid., 1874. Cofresi, nov., ibid., 1876. 
La Salaniada. grandiosa epopeya, Madrid, 187H. La Parte del león, 
dr., ibid., 1880. Miscelánea, novel-as, cuentos, bocetos, ibid., 1880. Con- 
ferencias sobre estética y literatura, ibid., 1881. Postumo, con 2.' pte. 
(El Transmigrado y El Envirgenado), ibid., 1882 (póst.). Consúltese 
M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-amcr., t. I (1911), pág. 340; José de Ar- 
mas, en E.I Siglo, 1865. 




REDACCIÓN DE «EL PADRE COBOS» 

Primera línea: Garrido. Franc. N. Villoslada. Cef, SuárezJBravo, 

Em, Arriata. Ed. G. Pedroso. 
Segunda línea: Ad.López de Ayala. José Selgas. Cándido_NocedaI. 



S. XIX, 1854. DOÑA MARÍA DEL PILAR SINUÉS 14I 

Doña María del Pilar Sinués (1835-1893), fecunda novelista 
aragonesa, de Zaragoza, nada notable ni por los caracteres ni por la 
pintura de costumbres, bastante sensiblera y empalagosa en sentimien- 
tos y afectos; y, aunque pretendiendo ser moralizadora, quédase con 
ser docente escritora para señoras y niñas ; pero de una moral algo 
peligrosa, cual es la que enseña a seguir las propias inclinaciones. 
Más que á los románticos aseméjase á los naturalistas de fines 
del siglo XVIII y comienzos del xix, y á madame Cottin en par- 
ticular, á quien dirigió una de sus obras. Hoy se nos antoja latosa, fal- 
sa y blanducha. Tipo estrafalario de mujer, la de vida más desorde- 
nada y perdida y de escritos, al parecer, más morales de nuestras es- 
critoras. Su última novela fué Morir sola, y sola murió pobrísimamen- 
te, hallándola muerta su sirvienta al volver á casa. Su novelesco caso- 
rio con don José Marco, autor de comedias, nárralo J. Nombela {Im- 
presiones, t. 11, pág. 333). Sin conocerla más que por unos versos, pi- 
dióle su mano con otros que hicieron Bécquer, Viedma y Nombela, 
y el mismo Marco, y se casaron por poderes. Novelescamente se apar- 
taron después de muchos años. Redactó y dirigió Sinués la revista 
El Ángel del hogar (1864- 1868). Era buena y sencilla, aunque muy ro- 
mántica. Obras de P. Sinués : Rosa, nov., 1S54, 1857, 1864, 1865, 1907. 
Luz de luna, leyenda, Madrid, 1855. Ecos de mi lira, poesías^ 
Madrid, 1857. La Diadema de perlas, nov. hist. (en las Cortes); 
3.* ed., 1857, 1863. Amor y llanto, leyendas, 1857. Margarita, 1857,. 
1877. Cantos de mi libro, leyendas en verso, 1857. Premio y casti- 
go, 1857, 1866. La Ley de Dios, ley. mor., 1858, 1859, 1866. El 
Ángel del hogar, 1859, 1862, 1881. Flores del alma, poesías, Barcelo- 
na, 1860. Fausta Sorel, nov., 1861, dos vols., 1901. Un nido de palo- 
mas, nov., 1861, 1865, 1877. A la sombra de un tilo, 1862. Memorias 
de una joven de la clase media, dos vols., 1862. Narraciones del hogar, 
j.° serie, 1862, 1908. A la lus de la lámpara, cuentos, 1862, 1866, 1872, 
1873, 1876. La Virgen de las lilas, nov., 1863. Dos venganzas, nov., 
1863, dos vols. Celeste, nov., 1863. La Senda de la gloria, nov., 1863, 
1880. El Sol de invierno, 1863, dos vols., 1879. Hija, esposa y madre, 
cartas, dos vols., 1863, 1877, 1883. No hay culpa sin pena, nov., 1864,. 
4." ed. El Almohada de rosas, nov., 1864. Galería de mujeres célebres, 
1864-69, 15 vols., 2." ed. El Alma enferma, nov., tres vols., 1865. El 
Cetro de flores, leyendas, 14 vols., 1865. Sueños y realidades, 1865,, 
dos vols. Querer es poder, nov., 1865, 1878. Álbum de mis recuerdos, 
1865. El Ángel de las tristezas, 1865. Veladas de imñerno, leyendas, 
dos vols., Barcelona, 1866. A río revuelto, nov., dos vols., 1866. Cuen- 
tos de color de cielo, 1867. El Camino de la dicha, cartas, dos vols.,. 
1868. Cartas á mi ahijada, 1871 (en La Moda Eleg. Ilustr.). Las Alas 
de Icaro, nov., Valencia, 1872. Una hija del siglo, nov., 1873. Isabel 
la Católica, leyenda biográfica. Habana, 1874. El Becerro de oro, nov., 
Barcelona, 1875, 1878. Un libro para las damas, 1875, 1878. La Vida 
íntima y En la culpa va el castigo, novelas, 1876, 1877, 1878. Comba- 



142 PRIMER PERÍODO DE I.A ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

íes de la z-ida, cuadros sociales, 1876. Palmas y flores, leyendas, Ha- 
1)ana, 1877. Plácida, nov., Barcelona, 1877. Un libro para las madres, 

1877, 1885. Reifias mártires, 1877. La Abuela, 1878. La Mujer de núes- 
iros di-as, 1878. La Amiga íntima, nov., Barcelona, 1878. Las Esclavas 
del deber, leyendas histór., 1878. Cortesanas ilustres, leyendas histór., 

1878. Glorias de la mujer, leyendas históricas, 1878. La Gitana, nov., 
Barcelona, 1878. Un libro para las damas, 1878. Reinas mártires, 
.2^ serie, 1878. Los Mártires del amor, leyendas, 1879. La Primera 
falta, nov., Barcelona, 1879, Tres genios femeninos, leyendas, 1879. 
Luz y sombra, leyendas, 1879. Un libro para las jóvenes, 1879. Cuen- 
tos de niñas, Barcelona, 1879. La Vida real, 1880 (en La Ilustr. Esp.). 
La Dama elegante, 1880. Verdades dulces y amargas, 1882. Una he- 
rencia trágica, nov., 1882, 2.* ed. Dramas de familia, i.* ser., 1883. 
Dramas de familia, 2.* ser., 1885. Narraciones del hogar, 2.' ser. 
(antes Cuentos de color de rosa), 1885. Una historia sencilla, Bar- 
celona, 1886. La Misión de lu mujer, Barcelona, 1886. La Expia- 
ción, nov., Barcelona. Páginas del corazón, 1887. Isabel, í888. Cartas á 
una madre, 1888-89 (en La Moda Eleg. Ilustr.). Dos madres para una 
hija, 1890. Morir sola, 1890. La Corona de sangre. La Corona nupcial. 
La Confianza en los padres. El Matrimonio sin gloria. El Ultimo amor. 
Angeles de la tierra. Locuras humanas. Amor y llanto. Cómo aman 
las mujeres. La Flor del castellar. Castillo, aldea y palacio. Novelas 
-cortas. Rosa y Flor de oro, 1907. Cuadros animados entre niñas, 1908. 

Miguel Pastorfido, autor ó semiautor, que firmó como propias no 
pocas piezas que le hizo Pelayo del Castillo, pagándoselas en moneda 
contante y sonante. A público agravio, 1854. Cinco pies y tres pulga- 
das, 1854. Amor en antesale, com., 1855. El Rival y amigo, 1855. Mi 
suegro y mi mujer, 1855. El Amor por la ventana, com., 1855. El 
que las da las tom<i ó los maridos, com., 1856. Diez minutos de rei- 
fiado, 1857. Los Maridos, com., 1859. Entre mi mujer y el primo, 
zarz., 1862. Crisis matrimonial, com., 1863. A un picaro, otro mayor, 
com., 1864. La Chispa eléctrica, com., 1865. Heráclito y Demócrito. 
jug., 1866. Los Amigos íntimos, com. (con Granes), 1866. Los De- 
dos huéspedes, com., 1867. La Venda de Cupido, com,, 1867. Susana, 
zarz., 1867. Los CorJrabandisias, 1876. La Fortuna en las narices. 
Olimpia. Rosamunda. Los Celos afortunados. El Collar de perlas. El 
Juramento. 

Ramón de Santl'-.'.o, periodista y poeta montevideano, nacido 
(1833) en la época romántica, guardó siempre aquel espíritu turbulen- 
to y de oposición política en sus escritos, tanto en prosa como en 
verso, que desparramados andan en periódicos, aunque en los versos 
sin exageración. Fué buen sonetista; en verso libre compuso La Ciu- 
dad ela de Mouteiñdeo, y su más popular y romántica poesía, la balada 
que tituló La Loca de Bequeló. Fundó con Pérez Gomar, l-'erreira v 
Artigas, García Lagos, Magariños Cervantes, I'ajardo y Barbosa, el 
Eco de la juventud oriental (1854); redactó El Orden; fundó con 



S. XIX, 1854. FRANCISCO BOTELLA Y ANDRÉS 1 43 

Pérez Gomar, Fernández, Castaña, Tomé y Basáñez, La Libertad 
(1855) ; colaboró en La Nación (1859) ; fundó, con Federico de la 
Barra, El Plata (1864) ; redactó La Reforma Pacífica (1865), La Re- 
pública (1865), El Correo, El Republicano, El Telégrafo Marítimo 
{1887) y colaboró en otros muchos. 

54, Año 1854. Ventura Aguilar, español, publicó Cantos de un 
canario, poesías, Madrid, 1854. Ofilia, nov., B. Aires, 1887; Barcelo- 
na, 1895. Noche penal, 1888. El Padre Crespo, nov.. Habana, 1900. — 
José Aguilera López (t 1901), de Guadix, publicó Colección de poe- 
sías selectas castellanas. Granada, 1854, 1889. — América poética. Ha- 
bana, t. I, 1854. — Fray José Amich, franciscano, publicó Com-pendio 
histórico de los trabajos... que los ministros evangélicos de la seráfica 
religión han padecido... provincias del Perú... Van en seguida ".¥0- 
ticias histór. sobre las misiones en la república de Solivia por el P. 
Cef crino Mtissani, mínimo", París, 1854. — ^Antonio M." Arguelles v 
Vallejos estrenó A Manila con dinero y una esposa, com. (1S54). Don 
Currito y la cotorra, com. (1857). — ^Patricio Azcárate (1800-1886), 
leonés, publicó una biblioteca filosófica de 26 tomos, de Platón, Aris- 
tóteles y Leibnitz, traducidos y anotados por él. Obras de Platón, 
Madrid, 1871-72, 11 vols. Veladas sobre la Filosofía moderna, 1854. 
Exposición hist.-crítíca de los sistemas filosóficos modernos, 1861. 
Sistemas filosóficos modernos, cuatro vols., 1870. La Filosofía y la 
civilización moderna en España (Rev. Esp., 1880, t. LXXH), 1886. — 
José Barbier publicó Fe y esperanza, palma de los martirios dedicada 
ó las víctimas de la causa del pueblo en el glorioso alzamiento de Ali- 
cante (1844), Palma, 1854. — Antonio Barrera publicó Wifredo el 
Velloso, crónica catalana, Madrid, 1S54, 1860. El Sacristán de S. Tor- 
cuata, episodio de la guerra de Sucesión, Madrid, 1884. — Mercedes 
Belzú de Dorado (1834- i 879), poetisa de la Paz en Bolivia, fué 
hija del presidente y general Belzú, vivió en Lima y Europa; después, 
«n Sucre, la Paz y el Perú, dándose á conocer por sus poesías en Are- 
quipa y publicándolas en los periódicos. Poesías, Valparaíso, 1891. — 
Aurelio Berro (n. 1834), ministro y poeta montevideano, logró el 
primer premio en el certamen nacional (1879), con el Canto al Monu- 
mento de la Independencia (en El Parnaso Oriental, 1905) ; pero no 
se han coleccionado sus poesías quintanescas, frías á menudo, impe- 
tuosas á ratos, siempre clásicas. — ^Francisco Botella y Andrés, di- 
rector de El Español (1865-68) y El Diario Español, estrenó Furor 
parlamentario, com. (1854). Amar sin dejarse amar, jug. (1855, 1905). 
La Unión liberal, jug. (1855). Las dos primas, com. (1855). Lo que 
quiera mÁ mujer, com. (1855). El Juego de cubiletes, com. (1855). El 
Programa de Manzanares, com. (1855). ^^^^ "^'^^^ llegar á tiempo 
f 1855). Un pie y un zapato, jug. (1855). El Rico y el pobre, dr. (1855"). 
Una noche y una aurora, com. (1856). La Paz de Vergara, dr. (1856). 
La Torre del águila negra, dr. (1856). El Alcalde de Antequera, dr. 



144 l'RIMER TERÍÜDO DE L.a ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

(1857). Hay providencia, dr. (1857). La Flor de la esperanza, com. 
(1857). Los Cabellos de mi marido, com. (1858). Los Cabellos de mi 
mujer, com. (1S58). A la luna de J'alencia, com. (1858). La Cortesana 
y la lugareña, com. (1858). La Fe perdida, com. (1858). La Mujer á 
los quince años, com. (1858). La Mujer á los treinta años, com. (1858). 
La Mujer de medio siglo, com. (1858). Para dos perdices..., dos, jug. 
(1859). Los Agiotistas, dr. (1859). El Fuego y la estopa, com. (1859). 
La Indiferencia o jugar con dos barajas (1859). — Tomás de las Ca- 
sas LÓPEZ, canario, publicó Rosas Cardenenses, poesías, Cárdenas, 
1854. — Manuel Cascarosa y Ribelles estrenó Una lección de mun- 
do, com.. Valencia, 1854. — 'César C'nto (1836-1891), poeta colombia- 
no, de Quibdó, más erudito que inspirado y demasiado desleído, faci- 
lísimo versificador é improvisador, pero que tradujo mejor del alemán 
y del inglés, sobre todo el Psalm of Life, de Longfellow, publicó Ver- 
sos, Londres, 1884. Diccionario ortográfico de apellidos y nombres 
propios de personas, ibid., 1885. — Cortes Constituyentes, i8¿4. Gale- 
ría, 1854. — Las Cortes, diario líber., Madrid, 1854-57. — Domingo Dul- 
ce publicó Diccionario de equitación Madrid, 1854. — Eco de los fo- 
lletines, novelas célebres extranjeras, aueve vols., Madrid, 1854-56. — 
José Escudero de la Peña (1829-1883), madrileño, archivero de Al- 
calá (1882), publicó la Crónica de Guadalajara, notas, etc., al Libro 
de la Cámara del Principe D. Juan, de Oviedo, y á la Divina retribu- 
ción..., del bachiller Palma. Reimprimió las obras de Carlos García 
(Libr. de antaño). Además publicó los 18 primeros tomos de la Co- 
lección de documentos inéditos del Archivo de Indias. Consúltese 
Rev. Archiv., 1883 (Set.). — Galería nacional (de Chile) ó Colección de 
biografías y retratos..., dos vols., 1854-61, Imprenta Chilena. — Ma- 
nuel García yVLBURQUERQUE, cubano, de la raza de color, estrenó El 
Jorobado en Guanabacoa, 1854. — Francisco Gómez de la Cortina, 
marqués de Morante, Catalogus librorum Doctoris D. Franch, Gó- 
mez de la Cortina, March. de Morante... t Additio ad Caialogum, 
Madrid, 1854-70, nueve tomos. Biografía del M. Francisco Sánchez 
el Brócense, 1859. Biografía de Isaac Casaubon, 1862. Noticias del 
elocuente orador D. Nicolás Heredero y Mayoral, 1868. Colaboró en 
el Diccionario latino-español de Raimundo Miguel y en Un fragmento 
de Afranio, con el mismo. — Juan Feliciano de Grovares publicó 
Pablo, nov., Habana, 1854. — La Iberia, diario liberal, Madrid, 1854- 
68 y 1868-70, fundado por Pedro Calvo Asensio. — Fray José Infan- 
tes, religioso exclaustrado, publicó Historia de... S. Pedro Regalado, 
Valladolid, 1854. — Juan Xei-omuceno Justiniano y Arribas (t 1901), 
coronel, redactor ó director en Badajoz de El Iris (1862), La Defensa 
(1880), La Coalición (1891), publicó Roger de Flor, poema heroico, 
Zaragoza, 1854; Sevilla, 1858; Madrid, 1865. Poesías, Sevilla, 18Ó2, 
1891. Ayer y hoy, poesías al Ayuntamiento de Bilbao, Vitoria, 1871. 
Poesías selectas, Sevilla, 1891. Romancero, Badajoz, 1896. — El Lc(m Es- 
pañol, diario moderado, dirigido por José Gutiérrez de la Vega, Madrid, 



S. XIX, 1854. JOSÉ MARÍA PINZÓN RICO I4Í» 

1854-60 y' 1865-66. — Juan López Itelo estrenó A buen tiempo, un 
desengaño (1854). — Juana Paula Manso de Noronha, argentina, pro- 
fesora y directora de colegio, escribió poesías, el drama La Revolu- 
ción de Mayo, la Historia elemental de la conquista y descubrimiento 
del Río de la Plata. La Familia del comendador, nov., Buenos Aires, 
1854. — Manuel Martínez Casado estrenó Un marido ofendido, com.. 
Habana, 1854. Lo que anda, el dengua y zumba y aguanta (1857). — 
Ramón Martínez de la Torre estrenó El Regente y el labriego, dr, 
(1854). — 'Cristino Martos y Balbi (1830-1893), granadino, político y 
gran orador, publicó La Revolución de Julio de 1854, Madrid, 1854. — 
Bartolomé Masó (1834-1907) : En días grandes, proclamas, cartas, 
poesías. Habana. 1916. — A^-'tonio Mestres (1829-1866), de Agramunt 
(Lérida), estrenó Amor y honra. Engaños del corazón. Una noticia á 
tiempo, La Siempreviva, Causas y efectos. Más vale maña que fuerza, 
— Rufo de Negro, abogado, gobernador, redactor de Las Novedades 
y Eco del País (1862-66), publicó Recuerdos del corazón, nov., Ma- 
drid, 1854. — 'CÁNDIDO Nocedal (1821-1885), de La Coruña, liberal en 
su juventud, ministro de la Gobernación, tradicionalista después de la 
Revolución de 1868, redactor de la Gaceta (1835), colaborador de El 
Padre Cobos, fundador de La Constancia y de El Siglo Futuro, ilus- 
tró las Obras de D. G. M. de Jovellanos, dos vols., 1865. Observacio- 
nes sobre la novela, 1860 (disc. recep. Acad. Esp.). Discursos sobre 
el reconocimiento del llamado reino de Italia, 1866. Consúltese C. Bo- 
tella, D. Cándido Nocedal, Madrid, 1913. — El general Daniel Flo- 
rencio O'Leary (1801-1854), nacido en Dublín, alférez en América 
(1818), dejó unas Memorias, traducidas é impresas por su hijo Simón 
B. O'Leary, Caracas, 1879-1888, 32 vols., ó Bolívar y la emancipación 
de Sud-América, Madrid, 1916-17 (con tomo apéndice (1826-29), de 
lo secuestrado en Venezuela por el presidente Guzmán Blanco, é im- 
preso en Caracas, 1914). Obra importante para la historia de Bolívar 
y de la Independencia. — Deodoro A. de Pascual, español, por ana- 
grama Adadus Calpe, publicó La Novela actual, Montevideo, 1854. 
Apuntes para la Hist. de la Rep. Oriental del Uruguay, París, 1864, 
dos vols. Véase J. VaJera (Obras, t. XXVI, pág. 198). — Francisco 
Piferrer, buen erudito, publicó Tratado de Heráldica y Blasón, Ma- 
drid, 1854. Apéndice, 1857. Trofeo heroico, armas, emblemas y blaso- 
nes de las provincias y principales ciudades y villas de España, Ma- 
drid, 1860. Nobiliario de los reinos y señoríos de España, ibid., 1855- 
68, ocho vols. Diccionario de las bellas artes, 1866, dos vols. — Pablo 
del Pino y Mora, natural de Aguilar de la Frontera, escribió Aquí 
está un moso é verdá, un acto. Málaga, 1854. Honrado y criminal, 
com. (1854). Escenas nocturnas, ibid., 1855. — José M.* Pinzón Rico 
(1S34-1887). de Bogotá (Co-lombia), doctor en Leyes (1852), general 
en la guerra, redactor en Caracas de El Porvenir (1867) y en Bogotá 
de La Discusión (1879-80), etc., hizo armoniosas y populares poesías 
qtie traen los Parnasos, sobre todo la Elegía á Ouijano Otero y Des- 

TOMO VIII. — 10 



146 PRIMKR PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-186Q) 

pcrtar de Adán. Trovas..., publicadas por su hermana Adel-aida, Bo- 
gotá, 1896. José Rivas Groot, Parnaso Colotnh., 1886, pág. xxxix : 
"No tuvo la sencillez antehoniérica de Gutiérrez, sino más bien las 
elegancias de trovador del mejor ciclo; consultó siempre la armonía 
de la estrofa deseoso de que ésta se quedara en la memoria, lo que 
consiguió felizmente." — El Plata Científico y Literario, revista fun- 
dada por Miguel Navarro Viola, B. Aires, 1854. — F. Pradel Alar- 
CÓN publicó Manual predicable, Madrid, 1854. — Diego Rápela pu- 
blicó El Mosquito, leyenda crítico -burle se a, en verso, Málaga, 1854. — 
Joaquín Salarich, médico, publicó Vich, su historia, sus monumentos, 
sus hijos y sus glorias, Vich, 1854. — Ramón Sanjurjo Pardo publicó 
Los Obispos de Mondoñcdo, Lugo, 1854, dos vols. — ^Francisco San- 
tur (t 1864), peruano, abogado en el Ecuador, publicó Poesías, Pa- 
rís, 1854. — EzEQUiEL Uricoechea (1834-1880), de Bogotá, publicó Me- 
moria sobre las antigüedades Ncogranadinas, Berlín, 1854. Mapoteca 
Colombiana, Londres, 1860. Bibliografía Colombiana, 1874. — Antonio 
DE Viana, canario, publicó Antigüedades de las islas Afortunadas de 
la Gran Canaria..., Santa Cruz, 1854, 1905. — Francisco de Vidal pu- 
blicó Historia contemporánea del Imperio Otomano, Barcelona, 1854, 
dos vols. (véase año 1862). — Isabel de Villamartín publicó Pembé- 
Haré, oriental, Gerona, 1854. Poesía á Clemencia Isaura, premiada en 
Barcelona, 1859. Horas crepusculares, cantares y seguidillas, Madrid, 
1865. — Juan M. Villegas publicó Juicio crítico de los poetas españoles 
contemporáneos, París, 1854. 

55. Año i8¿¿. Pedro Antonio de Alarcón y Ariza 
(i 833- 189 i) nació en Giiadix, estudió Filosofía en aquel Se- 
minario, se bachilleró en Granada, donde comenzó á estudiar 
Leyes ; pero el corto caudal de su padre le hizo volver al Se- 
minario, donde juntó la Teología con las Letras. Dejó la ca- 
rrera eclesiástica y huyóse de su casa a Cádiz, donde con Tor- 
cuato Tarrago fundó la revista El Eco de Occidente (1852), 
y á Madrid, donde se estrenó en El Látigo (1854-56); volvió 
á Granada ; allí fundó la bohemia llamada Cuerda granadina. 
Cuando el levantamiento de Vicálvaro (1854) acaudilló la in- 
surrección y embistió contra el Clero y el Ejército en La Re- 
dención, que él mismo fundó; luego en Madrid contra Isabel II 
con Villergas en El Látigo. Tuvo por ello un duelo con García 
de Quevedo, que disparó al aire, salvándole la vida. Desde aquel 
día dejó la revolución, se retiró a Segovia, colaborando en los 
l>er¡ódicos hasta 1857, en que dio al teatro el drama El Hijo 
pródigo; pero no segundó. Sentó plaza (1859) para la guerra 






^ Ju/i' kcyTZ^^'^'^- 



[Cuentos amatorios, igo5.) 



S. XIX, 1855. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN 147 

de África, desde donde fué enviando cartas que coleccionó con 
el titulo de Diario de un testigo de la guerra de África, Ma- 
drid, 18Ó0, que leyó toda España con el afán de quien lee las 
hazañas propias. Como fruto de su viaje por Italia (1860) pu- 
blicó De Madrid á Ñápales, Madrid, 1861. Fué diputado por 
Guadix (1864) y escribió en La Época en pro del partido de 
O'Donnell ; después derrotó personalmente á Narváez en el Par- 
lamento; fué de ministro á Suecia y Noruega (1875), conse- 
jero de Estado y académico. Apoyó á Alfonso XII en el ar- 
tículo La Unión liberal debe ser alfonsina. Publicó El Final 
de Norma (1855), Poesías serias y humorísticas (1870), en las 
que con urija punta de humorismo derrochó color y metáfo- 
ras; La Alpujarra (1874), El Sombrero de tres picos (1874), 
El Escándalo (1875) y La Pródiga (1882). Dificultoso sobre- 
manera es señalar en qué sobresale literariamente Alarcón, el 
novelista más leído juntamente con Plereda, el más gustado y el 
más popular de los novelistas españoles. Por más que se re- 
busque, no se ve por parte alguna adonde agarrarse. Diríase 
que Alarcón no sobresale en nada. La crítica halla bien la tra- 
ma de sus novelas, aunque también advierte puntos en que 
€stá floja; ve pinturas de caracteres, pero no da con una de 
esas esculturas que le arrebaten ; admira el estilo fácil y des- 
embarazado, el lenguaje noble y natural, sin dejar de adver- 
tir no pocos galicismos y frases de cajón, y no halla aquellos 
loques inesperados y brillantes, aquellas lumbres del decir, fra- 
ses ó palabras de nervio y colorido, que esmaltan los escritos 
de los grandes escritores. No parece sino que se pasea uno por 
un jardín donde no le arrastra los ojos planta alguna exqui- 
sita y extraña, árbol alguno de particular corpulencia ó esbel- 
tez. El jardín está limpio y cuidado; pero es un jardín espa- 
ñol á secas, donde crece todo según brota y por donde brota, 
plantas, árboles y flores son comunes, las que da la tierra es- 
pañola. No es que esté de m.oda; Alarcón no estuvo nunca de 
moda; pero siempre se lee y las ediciones se agotan pronto. 
Se lee en América y en España, por gente culta y gente lega, 
por personas maduras, viejos y niños. Sus novelas son los 
jardines públicos, adonde todo el mundo va á solazarse un 
rato; son el molino del tío Lucas, adonde todos acuden pun- 



148 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

tualmente sin proponérs€lo. El tío Lucas sólo tiene un pasar; 
pero deja á todos sabrosos y les hace, quieras que no, volver 
otro día á su molino. Alarcón no sobresale en nada más que 
en no pretender sobresalir. Es el contador natural y llano, aun- 
que no de la gente sencilla del lugar, como Trueba, sino de la 
gente urbana. Trueba es tan llano y natural, pero más del te- 
rruño, más allegado á campesinos y aldeanos, más fresco y vir- 
ginal, más inocente, más castizo. Alarcón cuenta á ciudadanos, 
en estilo más urbano, por lo mismo menos casto y puro, más 
desleído y avulgarado. Es menos popular que Trueba, no sien- 
te la virgen naturaleza, no recuerda los romances ni los canta- 
res populares, ni, por tanto, se allega al verdadero pueblo. Pero 
para entre personas que en la ciudad viven y están hechas á 
las artificiales maneras de vivir de la sociedad, entre casas y 
calles, no hay narrador más llano y natural que Alarcón. En 
El Sombrero de tres picos, asunto tomado del popular y añejo 
Molinero de Arcos, y en algunas novelas cortas, como La Bue- 
naventura, El Libro talonario, El Carbonero alcalde. El Asis- 
tente, El Ángel de la guarda, es el Alfonso Karr español, y se 
acercó más á la pura cepa castellana, y por tanto, su realismo 
es más recio, su filosofía más honda. Estas obras pueden ser- 
\'ir de piedra de toque para apreciar el tono, que he llamado 
urbano, de las demás, y mucho más servirán las obras de True- 
ba, con quien le he comparado. Pero dentro de la común so- 
ciedad es Alarcón el más sano, natural y llano cuentista esp;i- 
ñol, y el más respetuoso con la moral urbana y las maneras 
de pensar sociales. Habla, pues, á gentes de buena sociedad y 
de honrada burguesía en su propio lenguaje y así gusta á to- 
dos y á nadie desazona. La nota propia de Alarcón, aunque no 
enteramente literaria, por la cual gusta á todos los verdaderos 
españoles de raza, es su españolismo, su amor á España, no 
exagerado en ditirambos inoportunos, sino hondamente senti- 
do y que hasta sin expresarlo se rezuma en todos sus escritos. 
Por lo demás, pinta, siempre que puede, la tierra española, sus 
tipos y costumbres. Pero lo que no pinta, si bien es alma de sus 
obras, es la alegría satírica, el gusto cómico, el gracejo profun- 
do, sano y franco, que tan placenteras hace las obras de Cer- 
vantes y en su tanto ha pasado a las obras de Alarcón, por ser 



S. XIX, 1855. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN 149 

nota característica de raza, cual se halla en el Arcipreste de 
Hita, en la novela picaresca y hasta en las obras espirituales de 
la buena época, bastando recordar á Santa Teresa. Ese buen 
Jmmor y sana socarronería es lo que haré apacible la lectura 
de Alarcón. Y nótese el contraste de la literatura a la sazón en 
boga entre los franceses, pesimista, negra, como de gentes mun- 
danas que han apurado hasta las heces el placer en continuas 
orgías, junto al mozo sanóte del campo que no ha gustado nada 
que afemine ni enlobreguezca el corazón. La morgue francesa 
es fruto del vicio, que los modernos, hechos de hecho ó de deseo 
á la vida de los franceses, pretenden trasplantar á la España 
todavía sana del resto de los españoles. Verdad es que más tar- 
de, para oponerse á lo francés, se hizo Alarcón demasiado atrás 
y cayó en cierto remiramiento un si es no es mojigato, tímido, 
suspicaz, que le llevó á perder parte del natural donaire, desen- 
fadada y fresca picardía de los primeros tiempos. El Escánda- 
lo (1875) no es novela de tesis, como algunos han dicho, sino 
de tendencia, lo cual no es lo mismo; como que la primera su- 
bordina el arte á la tesis, y la segunda subordina la tesis al 
arte, aunque sin perderla de vista y aun proponiéndosela de he- 
cho. Tal El Escándalo, de Alarcón, y Gloria, de Galdós, dos 
de las mejores novelas españolas. 

6 6. Hállase la firma de Alarcón, ó escribió sin ella, además de 
los periódicos citados, en La Redención, La Política, El Occidente, La 
Discusión, El Criterio, La Época, El Museo Universal, La Ilustr. Esp., 
Blanco y Negro, Los Niños, La Niñez y Rev. de España, donde pu- 
blicó Una flor menos, poesía (1868, t. V), A Daguerre, id. (1868, 
t. VII). A Fr. Luis de León, id. (1869, t. VIII). A Velázquez, id. (1869, 
t. VIH). Al recibir mi retrato, id. (1870, t. XIII). Habiéndose pasado 
del bando de los revolucionarios al de la Monarquía y aun de los ca- 
tólicos neos, los del uno ú otro hablan del acontecimiento harto poco 
desinteresadamente. Acabó idiota, dicen unos ; fué bebedor formida- 
ble de aguardiente de Ojén, cosas ambas ciertas; pero que no tienen 
que ver ni con su valer literario ni con su llamada conversión : ahora 
no bebe Ojén ni es idiota: es tierra. He preguntado á muchos que le 
trataron acerca de su .conversión, y los no muy católicos achácansela 
á conveniencia, creyendo que Alarcón aparentaba ser católico con re- 
domada hipocresía; en cambio, los creyentes tienen á pie juntillas qu€ 
Dios le tocó el corazón cuando salvó la vida en duelo. Dios es el que 
apura las intenciones; si antes fué sincero revolucionario, bien pudo 
ser después sincero creyente. Portóse, á lo menos, siempre como caba- 



1 5o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Uero y persona honrada y, no habiendo pruebas en contra, no es justo 
sospechar de su sinceridad. El Diario de un testigo de la guerra de 
África (1859- 1860) dio 90.000 duros al editor, que tiró de una vez 
50.000 ejemplares. El Final de Norma (1855), obra de un mozalbete 
de diez y seis años, tiene todavía del negro romanticismo en lo trá- 
gico, aunque el sano corazón de su autor le haga acabar en color de 
rosa. El Sombrero de tres picos es novela tan realista á la española 
como la antigua picaresca y la tradición de donde la sacó. El Escán- 
dalo es en el intento docente; El Niño de la bola y La Pródiga, de cos- 
tumbres y más idealistas. Andrés González Blanco, Hist. nov., pá- 
gina 223: "Lo que más singulariza y realza las obras de D. P. A. A. 
es el españolismo neto y sano que en ellas brilla. Aunque en su juven- 
tud se acusó al autor de La Pródiga de ser francés de aficiones y estar 
influido por la literatura francesa de su época." "Creian adversarios, 
"y aun amigos del poeta de Guadix (dice Luis Alfonso, prel. á El Som- 
"brero de tres picos), que su pluma, contaminada de incurable gali- 
"cismo, no saldría del círculo que forma el género francés ; y paró. 
"darles un solemne mentís, ha trazado con desembarazo sin igual un 
"cuadro tan genuínamente español como la gentileza de las sevillanas 
"ó el color de los vinos de Jerez..." El no es má» que narrador, y 
narrador castizo. Todas sus obras transpiran un sincero y sentido 
ajnor á la tierra española, un esfuerzo generoso por grabar en el pa- 
pel sus tipos, sus ciudades, sus costumbres... El Sombrero de tres pi- 
cos... no es, en el fondo, más que la renovación del intento de la no~ 
vela picaresca. Mas á nuevos tipos, nuevas costumbres... No es, en 
realidad, novela...; pero tal como en 1874 se hacían novelas, puede 
pasar por un modelo del género. Es un episodio retozón y jovial de 
la alegría picaresca, siempre conservada en España. Alarcón remoza 
la salsa de la socarronería y malicia castellanas que se encuentra en 
los poetas primitivos (especialmente en el Arcipreste de Hita) y en 
los romances y tonadas populares, como en los viejos fabliaux fran- 
ceses se encuentra la legitima joie ganloise... Es, además, el fresco 
y sano picarismo que rezuma. Aquí tenemos al Alarcón legítimo de 
los primeros tiempos, que, sin los encogimientos y las mojigaterías 
que más tarde le impuso su situación especial en la novela española, 
ó mejor dicho, se impuso él á sí propio, al colocarse en actitud de 
purificador del pantano corrompido por la novela naturalista, de 
reacción, frente á la revolución ; al escritor que no teme narrar este 
episodio vulgar con todas las chanzonetas y burlas picantes inheren- 
tes al caso. Aquí está el hijo del pueblo, que no teme mostrarle tal 
como es, hasta en la desnudez de su ingenua picardía... Alarcón... 
devuelve al arte y al buen sentido lo que hace tiempo estaba perdido 
para ellos: las consejas contadas en los romances populares... Alar- 
cón... es, ante todo, humorista, humorista de buena cepa castellana: 
la misma socarronería de Sancho, modificada por el espíritu de un 
hombre que, aun sin ser excesivamente culto, no es un patán... El e*- 



S. XIX, 1855. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓX l3l 

tilo... no tiene más virtud, y no es poca, que la de ser limpio y suelto. 
Hoy pedimos más al novelista... Poniéndome, pues, en el año 1874, 
no puedo sino ensalzar la elegancia y limpieza del estilo alarconiano, 
que, sin afectación de arcaísmo, no excluye cierta pomposidad... ¿Por 
qué no he de loar la prestante serenidad y la hierática tersura, como 
de matrona romana, del estilo de Alarcón en retratos como éste que 
hace de la corregidora, donde el estilo pulido y serio está tan en con- 
sonancia con la severidad de la figura...? Díganme si no es de mano 
maestra el retrato de la seña Frasquita... La boga de Alarcón no fué 
pasajera, sino muy estable." Pardo Bazán, Nuevo teatro crít., Oct.- 
Nov. 1891, pág. 21 : "Período de imitación podemos llamar á la pri- 
mera manera ultra-romántica del autor de EL Fimil de Norma. Nadie 
más afrancesado que Alarcón en sus comienzos... "Comencé rindiendo 
"vasallaje á Walter Scott, Alejandro Dumas y Víctor Hugo; pero 
"me aficioné después á Balzac y á Jorge Sand, por hallarlos más pro- 
''fundos y sensibles... Había yo conocido ya al ingenioso y afrancesado 
"escritor Agustín Bonnat, quien me trató desde luego fraternalmen- 
"te... y contagio eran de sus graciosos escritos aquel humorismo apá- 
rrente, aquel charloteo con el lector y todas aquellas excentricidades 
•'•'y chanzas..." Esta manera que por reflejo de Agustín Bonnat ad- 
quirió Alarcón la tomaba Bonnat á su vez del "entonces muy en can- 
"delero y siempre admirable Alfonso Karr..." La nota castiza y ran- 
cia que tan balsámico sabor de generoso vino andaluz comunica á los 
mejores cuentos alarconianos. Xo por eso he de condenar enteramente 
el afrancesamiento del amenísimo cuentista. Había en él mucho de 
espontáneo... Maestría suprema en el arte de narrar: ahí tenéis defi- 
nida la verdadera gloria literaria de Alarcón... Notaba Revílla en 
Alarcón la deficiencia de inventiva y .Alarcón la confirmaba diciendo 
textualmente: "Yo soy poco aficionado á inventar historias..." Alar- 
cón carece del vigor suficiente para sacar de sí un mundo (como Gal- 
dós), y en cambio posee el espejo mágico de una imaginación que 
embellece cuanto copia... Las Narraciones inverosímiles... son pobres 
en interés, mezquinas en intención moral, superficialmente amenas... 
El mérito mayor de Alarcón fué, sin duda alguna, haber conservado 
á su obra maestra el carácter popular y sencillo del genuino cuento... 
La admirable reproducción de la fisonomía nacional... En el cuadrito 
óe Alarcón, sucinto, intenso, coloreado cual si del pincel de Goya pro- 
cediese, podréis hallar en resumen, en abreviatura, la sociedad donde 
iba á brotar la epopeya contra el capitán del siglo. Aquel es el mundo 
posterior al año cuatro y anterior al ocho; la España de casacón, 
fuente de inspiraciones para los poetas contemporáneos; pero nunca 
mejor vista ni manifestada que en el molino del tío Lucas. El relato 
es tan pintoresco, que con mucha razón decía el discreto crítico antes 
citado que allí se muestra el autor como pintor soberano en primer 
término. No otra cosa se requería ser; pero había que serlo en tanto 
grado que no cupiera más. Y podrá ser igualado El Sombrero de tres 



l32 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

picos; mas no nacerá quien lo supere, porque, en su género, es obra 
total, redonda, perfecta." J. Valera, Poesías... s. xix, I, pág. 168: "Las 
dos más salientes cualidades que dan á los versos de Alarcón singular 
carácter. Es una la irónica salida de tono, que llaman ahora humoris- 
mo, con la que, al parecer, se invalida, convirtiéndolo en broma, lo 
que se ha dicho antes en serio. Pero, si bien se examina, no proviene 
esto de falta de fe, sino de sobra de modestia, si en la modestia 
puede haber sobra. Valgámonos para explicarlo de la más humorís- 
tica de todas las odas de Horacio: del elogio de la vida del campo, 
que fray Luis de León supo imitar tan alta y dichosamente. Horacio 
era modesto, no como lírico, ya que decía sublime ferianí sidera vérti- 
ce, sino como persona austera en sus moralidades. De aquí que, des- 
pués de cantar entusiasmado y con sincero fervor las puras delicias 
del retraimiento campesino, recelase y temiese que no habían de creerle 
por lo poco autorizado que se juzgaba y saliese con el chiste de que 
todo aquello lo había dicho el usurero Alfio al recoger el dinero que 
tenía prestado y al ir á prestarlo otra vez á más elevado tanto por 
ciento. Las ironías ó humorismos de Alarcón no contradicen, pues, 
sus entusiasmos. Alarcón tal vez se niega, pero no los niega. Tal vez 
carece ó sospecha que carece de la constante y firme voluntad propia 
del santo y del varón justo; pero no del amor vehementísimo hacia 
la santidad y hacia el bien que, hondamente sentido por el poeta, aun- 
que sea en un breve instante, le habilita para expresarle y para infun- 
dir en sus canciones su purísimo fuego. La otra cualidad de Alarcón es 
un escepticismo que me atrevo á calificar de sano en primera instan- 
cia; de risueño y jovial y de muy atinado y útil en última instancia. 
Quiero yo significar con esto que Alarcón, si propendía á menudo á 
burlarse de los antiguos ideales, solía ser más burlón y descreído con 
los ideales novísimos, hallándolos bajos, rastreros, interesados y vul- 
gares. Así se comprende bien, sin atribuirlo á causas extrañas ni á 
conveniencias de género alguno, la fervorosa conversión del poeta 
hpcia el ideal antiguo en los últimos años de su vida. No de otra suerte 
una extremada filosofía sensualista puede llevar al tradicionalismo de 
Bonald ó de Donoso. Y el agnosticismo hoy en moda tal vez engendre, 
si no ha engendrado ya, un misticismo flamante." 

P. A. Alarcón: Fin de una novela (1855). Los seis velos (1855). 
El Final de Norma (1855). Cuentos, artículos y novelas (1859). Diario 
de un testigo de la guerra de África (1860) ; Habana, 1909-10, tres 
vols. De Madrid á Ñapóles (1861,1911). Novelas (i866). El Suspiro 
del moro, canto épico (1867). Poesías serias y humorísticas (1870, 
1885). Juicios literarios y artísticos (1873). La Al pu jarra (1874, 18^). 
El Sombrero de tres picos (1S74). Amores y amoríos (1875). El Es- 
cándalo ("1875). El Niño de la bola (1880). El Capitán Veneno (1881). 
Novelas cortas: /.■ serie, cuentos amatorios (18S1, 1912) ; 2." serie, 
historietas nacionales (1881); j.» serie, narraciones invcrosintiles 
(1882). La Pródiga (1882). Cosas que fueron (1882). Viajes por Es- 



S. XIX, 1855. líMILIO CASTELAR Y RIPOLL 1 53 

paña (1883). Historia de mis libros (1889). El Clavo (1891). Últimos 
escritos (1891). En prosa y en verso, póst. (1891). Sin un cuarto (1916). 
Se hacen á la continua ediciones que administra su viuda. Obras es- 
cogidas, 1874 (en Colccc. de escritores castellanos). Obras completas, 
19 vols., Madrid, 1899. Novelas cortas escogidas, ed., Alfred Remy, 
Boston, 1905. Consúltense: doña E. Pardo Bazán, Nuevo teatro críti- 
co, 1891 ; y Retratos y apuntes literarios (Obras completas, t. XXXII). 
págs. 1 17-216; A. Bonilla y San Martín, Los Orígenes de ''El Sombre- 
ro de tres picos''', en Revue Hispanique (1905), t. XIII, págs. 5-17; 
R. Foulché-Delbosc, D'otí derive ''El Sombrero de tres picos", en Re- 
vue Hispanique (1908), t. XViIII, págs. 468-487; Mariano Catalina, 
pról. á las Novelas Cortas; Eduardo Lustonó, P. A. de Alarcón, en 
La Ilustr. Esp. y Amer., LXXIX, pág. 331; Rev. Archiv., 1902 (Abril). 

57. Año iS¿j. Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899) 
nació en Cádiz y, huérfano de padre, fué de niño á Elda, don- 
de estudió la primera enseñanza, y en Alicante, cabeza de aque- 
lla provincia, el bachillerato; en la Universidad de Madrid, 
DerecJio, y Filosofia en la Escuela Normal, licenciándose 
(1852) y doctorándose (1853). Revelóse como orador popular 
y defensor de las libertades en el mitin celebrado para las elec- 
ciones en el teatro Real después del pronunciamiento de Vicál- 
varo (1854). Entró en la redacción de El Tribuno, luego en la 
de la Soberanía Nacional (1855) y en la de La Disensión, diri- 
gida por Nicolás Maria Rivero, y en ella escribió hasta 1864, 
que fundó La Democracia, periódico antidinástico. Ganó por 
oposición la cátedra de Historia de España de la Central (1858). 
De 1857 3- 1861 dio en el Ateneo sus famosas conferencias sobre 
La historia de la civili::ación en los cinco primeros siglos del 
cristianismo. Entabló en La Democracia, que dirigía, una polé- 
mica con La Discusión, dirigida entonces por Pí y Margall, de- 
fendiendo el republicanismo individual, según su Fórmula del 
Progreso (1867), contra el socialismo federal de Pí. Por haber 
publicado el artículo El Rasgo, en La Democracia, rebajando 
los elogios con que la prensa había alabado la cesión que de su 
patrimonio había hecho al Estado Isabel II, fué perseguido el 
periódico, y al autor fonnáronle expediente como catedrático. 
Luego, cuando la noche de San Daniel (10 Abril 1865), fué 
condenado á muerte en Consejo de guerra; pero, disfrazado, 
huyó á París, donde estuvo hasta la Revolución de 1868, es- 
cribiendo y siendo el ídolo de los americanos y aun de toda 



1 54 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Europa por su fama extraordinaria. Trabajó en París en pro 
de la Revolución y después de Alcolea en España, y en las Cor- 
tes constituyentes, como representante de Zaragoza, ganó su 
oratoria los más imperecederos laureles, siendo célebres los dis- 
cursos en que terció Manterola, defendiendo él la libertad de 
conciencia, el que pronunció contra la totalidad del proyecto de 
Constitución monárquica }• el de la existencia de EMos (18Ó9). 
Presidente de la República en los más azarosos momentos, tuvo 
que dimitir (1874) y salió de España á viajar. Volvió como 
diputado por Barcelona á las primeras Cortes de la Restaura- 
ción, y poco á poco vino á hacerse gubernamental, sin dejar de 
ser republicano, proclamando las vías sensatas de la evolución 
política contra las de la revolución armada de Ruiz Zorrilla y 
demás radicales. Acusáronle los suyos de traidor y de monár- 
quico vergonzante; pero el no haber obtenido nada de Alfon- 
so XII y el haber muerto pobre rechazan tamaña recrimina- 
ción. Su último trabajo fué Munniiraciones europeas (en la 
Ilustración Artística de Barcelona, Junio, 1899). Con los pocos 
que le siguieron fundó el partido posibilista, al que se debe la 
democratización de la Monarquía, el sufragio universal y el 
jurado, y se apartó de la política desde 1888. Estuvo en 1889 
y en 1893 en París; en 1894, en Roma, recibiéndole León XIII 
en audiencia privada, y en 1899 se retiró á una posesión de 
sus amigos los señores Servet, en San Pedro del Pinatar (Alur- 
cia), donde falleció, trayéndose su cadáver á Madrid, á la Sa- 
cramental de San Isidro. En 1908 se le levantó un monumento, 
hecho por Benlliure, en la Castellana. Castelar, con sus pode- 
rosas facultades de orador asiático, floreció en la época más 
propicia para desenvolverlas y lucirlas. Es el gran tribuno de 
la Revolución del 68. Castelar no es más, en efecto, que un ora- 
dor asiático, de imaginación estupendamente rica y florida, que 
engarza los sucesos históricos en brillantísimos floripondios, 
haciéndoles decir lo que á su pro^jósito del momenío mejor 
cuadra, para confirmar sus proposiciones, que suelen ser co- 
múnmente grandes, nobles y filosóficas, á veces falsas y secta- 
rias. El derroche de metáforas, la musical armonía de períodos, 
la facilidad de construirlos, el encanto de la voz, vistiendo aquel 
tejido de hechos históricos y apreciaciones filosóficas de hom- 




EMILIO CASTELAR 

[Fra Filippo Lippi, 1877.) 



S. XIX, 1855. EMILIO CASTELAR Y RIPOLL l55 

bres, doctrinas y acontecimientos, para probar doctrinas por 
lo común caras al corazón humano, de la libertad, de la paz,, 
de la justicia, de la religión, encantaban al auditorio, no sola- 
mente popular, sino al más culto, y le traían encadenado de 
pies y manos adonde quería el elocuente tribuno. Hoy, cuando 
leemos sus discursos, enfriados por los años, sin el espíritu que 
les daba su voz y su gesto, sin el arrebato de las muchedumbres 
que enardece las almas de los oyentes, sólo hallamos un filó- 
sofo sin sistema, que toma de éste ó de aquél, según le viene 
á cuento, balanceándose entre el neoplatonismo y cierto seudo- 
misticismo cristiano; un historiador que recoge en florido ma- 
nojo y sintetiza y saca las consecuencias que le convienen, sin 
mirar mucho en si contradicen las de un párrafo ó discurso á 
las de otro; un orador despilfarrado en flores, en colores, en 
armonías y cadencias, en largos y bien trabados períodos. Esta 
riqueza, esta desenvoltura artística, esta sonoridad, esta brillan- 
tez de colorido, este calor ardiente, esta valentía en el pensar y 
en el decir, cualidades propias de la raza española, le han hecho 
popular en España y América, siendo, sobre todo, Castelar, 
allende el Atlántico, el dechado de la elocuencia en el habla 
castellana. Orador declamatorio fué no menos Castelar en todo 
cuanto escribió, fuera historia, artículos y hasta cartas. Pode- 
rosa fantasía y arraigada memoria, los medios de que se valió. 
Compararle con Cicerón, que no era asiático, ó con el ático 
Demóstenes, es disparate, sólo disculpable por ignorancia. 

5 8. De su vida privada hay que decir que Castelar no amó nunca 
más que á dos mujeres, á su madre y á su hermana, con quienes vivió, 
además de un cortejo de sinceros amigos que siempre le acompaña- 
ban. De joven escribía sermones, que algunos eclesiásticos hallaban 
excelentes y se los apropiaban, gratificándole por ellos; hasta que en 
la Revolución de Julio arengó muy de otra manera al pueblo en las 
barricadas. Fué muy trabajador y limaba sus escritos; pero de manera 
que la fuga de su oratoria convertía en otras, enteramente diferentes,^ 
las pruebas de imprenta que le traían para corregir. M. Pelayo, 
Heterod., III, pág. 738: "Castelar nunca ha sido metafísico ni hombre 
de escuela, sino retórico afluente y brillantísimo, poeta en prosa, lírica 
desenfrenado, de un lujo tropical y exuberante, idólatra del color y 
del número, gran forjador de períodos que tienen ritmo de estrofas, 
gran cazador de metáforas, inagotable en la enumeración, siervo de 
la imagen, que acaba por ahogar entre sus anillos á la idea; orador 



1 56 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

que hubiera escandalizado al austerísimo Demóstenes, pero orador 
propio de estos tiempos ; alma panteísta, que responde con agitación 
nerviosa á todas las impresiones y á todos los ruidos de lo creado y 
aspira á traducirlos en forma de discursos. De aquí el forzoso barro- 
quismo de esa arquitectura literaria, por la cual trepan, en revuelta 
confusión, pámpanos y flores, ángeles de retablo y monstruos y grifos 
de aceradas garras. En cada discurso del señor Castelar se recorre 
dos ó tres veces, sintéticamente, la universal historia humana, y el 
lector, cual otro Judio Errante, ve pasar á su atónita contemplación 
todos los siglos, desfilar todas las generaciones, hundirse los imperios, 
levantarse los siervos contra los señores, caer el Occidente sobre el 
Oriente ; peregrina por todos los campos de batalla ; se embarca en 
todos los navios descubridores, y ve labrarse todas las estatuas y es- 
•cribirse todas las epopeyas. Y no satisfecho el señor Castelar con 
abarcar así los términos de la tierra, desciende unas veces á sus en- 
trañas y otras veces súbese á las esferas siderales, y desde el hierro y 
el carbón de piedra hasta la estrella Sirio, todo lo ata y entreteje en 
■ese enorme ramillete, donde las ideas y los sistemas, las heroicidades 
y los crímenes, las plantas y los metales, son otras tantas gigantescas 
flores retóricas." Castelar: Ernesto, nov., Madrid, 1855, 191 1. Alfonso 
■el Sabio, nov. (con F. de P. Canalejas), ibid., 1856. La Hermana de 
la Caridad, nov., la mejor de las suyas, con influencia romántica de 
Lamartine y Chateaubriand, ibid., 1857, 1881, dos vols. Lucano, ibid., 
1857. Ideas democráticas, ibid., 1858. La Civilización en los cinco pri- 
meros siglos del cristianismo, tres vols., ibid., 1859-62; cuatro vols., 
1877 (3.^ ed.). Crónica de la guerra de África (con F. de P. Canalejas, 
G. Cruzada Villaamil y M. Morayta), ibid., 1859. Colección de artícu- 
los literarios y políticos, ibid., 1859. Cartas á un obispo sobre la liber- 
tad de la Iglesia, ibid., 1864. Cuestiones políticas y sociales, ibid., 1870. 
Defensa de la fórmula del progreso, ibid., 1870. Semblanzas contem- 
poráneas, dos vols., Habana, 1871-72. Vida de Lord Byron, Madrid, 
1873. Discursos políticos, ibid., 1873. Historia del movimiento repu- 
blicano en Europa, dos vols., ibid., 1873; nueve vols., 1874-75. Discur- 
sos en las Cortes Constituyentes (1873-74), Barcelona, 1874. Misce- 
lánea de religión, de arte y de política, Madrid, 1874. Estudios histó- 
ricos sobre la Edad Media, ibid., 1875. Cartas sobre política europea, 
ibid., 1875. Perfiles de personajes y bocetos de ideas, ibid., 1875. Un 
año en París, ibid., 1876. La Cuestión de Oriente, ibid., 1876. Recuer- 
dos de Italia, dos vols., ibid., 1877. El Ocaso de la libertad, ibid., 1877. 
Era Filippo Lippi, nov. hist., tres vols., 1877. Historia de un corazón, 
con su 2.* pte. titulada Ricardo, ibid., 1878. Ensayos literarios, ibid., 
1880. Recuerdos y esperanzas, ibid., 1880. La Redención del esclavo, 
ibid., 1880. Conceptos fundamentales de nuestra edad, demostrando la 
poesía en ellos contenida (disc. recep. Acad. Esp.), ibid., 1880. Dis- 
curso, Lérida, 1880. Un viaje á París durante el establecimiento de 
la República, Madrid, 1880. La Revolución religiosa, cuatro vols., Bar- 



S. XIX, 1855. DANIEL MANTILLA l5j 

celona, 1880-83. Discursos leídos en la Acad. Esp., ibid., 1881. Anales 
políticos, ibid., 1881. La Rusia contemporánea, ibid., 1881. Europa en 
el último trienio, ibid., 1883. Tragedias de la Historia, ibid., 1883. Las 
Guerras de América y Egipto, ibid., 1883. Historia del año 1883, ibid., 
1884. Retratos históricos, ibid., 1884. Historia del año 1884, ibid., 1885, 
Discursos parlamentarios y políticos en la restauración, ibid., 1885. 
Discurso, Orense, 1885. El Suspiro del Moro, leyendas, tradic. é his- 
torias referentes á la conquista de Granada, dos vols., Madrid, 1885- 
86. Galería histórica de mujeres célebres, ocho vols., ibid., 1886-89. 
El Marqués de Urquijo, Vitoria, 1889. La Cuestión social y la paz ar- 
mada, Madrid, 1890. Nerón, ibid., 1891. Historia del descubrimiento 
de América (cast. é ing., publicadas al mismo tiempo), Madrid y Nue- 
va York, 1892. Historia de Europa en el siglo xix..., continuada bajo 
la dirección de Man. Sales y Ferré, seis vols., Madrid, 1895-1901. Re- 
cuerdos de Elda, ibid., 1899. Fragmentos escogidos de sus obras, ibid., 
1904. Correspondencia (1868-98), 1908. Discursos parlamentarios y 
políticos, dos vols., ibid., 1913. En la Rev. España: La Crítica religio- 
sa en la Alemania moderna (1885). Strauss (1875, t. XLIII). Sínte- 
sis entre la Filosofía y la Historia (1881, t. LXXX). La Filosofía 
del individuo al comienzo del siglo (1885, t. CIII). La Confede- 
ración de razas (1878, t. LX). Los Progresos de la democracia de- 
Europa (1886, t. CVIII). La Mujer de Noé (1887, t. CXVI). Hele- 
nos y latinos en el s. xv (1885, t. CII). Fr. Bart. de las Casas (1879,. 
t. LXVI). El Renacimiento y la Reforma (1884, t. XCVIII). El 
Viaje de Carlos V desde Bruselas á Ytiste (1885, t. CVIII). Em- 
peños del acaso en la historia (1884, t. C). Lutero (1884, t. XCVI). 
La Capilla Sixtina (1869, t. IX). Goya (1869, t. X). Iturbide, por 
C. Navarro (1869, t. XI). La Historia de Portugal, por Olivei- 
ra Martín (1884, t. XCVII). Consúltense: Francisco Cañamaque, 
Los Oradores de 1869, Madrid, 1887; R. Castells, Castelar según la 
frenología, ibid., 1875 ; Carlos de Mazade, Les revolutions de l'Espagne 
contcmporaine, Paris, 1868; A. Sánchez del Real, Em. Castelar, su 
vida, su carácter, Barcelona, 1873; J. M. y Saj., Genialidades, Bilbao,. 
1889; Alfredo Opisso, Litografías viejas, Castelar, en La Vanguardia. 
1907; Francisco Mateos Gago, Opúsculos, Cádiz, 1875-78; M. Pelayo,. 
Heterodoxos, t. III, Madrid, 1898; J. Octavio Picón, Discurso de 
recep. en la Academia; Miguel Boada y Balmes, Em. Castelar, Nue- 
va York, 1872; Manuel González Araco, Castelar, su zñda y su muerte, 
1900; Bernardo Herrera Ochoa, Castelar, Madrid, 1914; Emilio Cas- 
telar, por F. de Sandoval, Paris, 1886; Rev. Archiv.^ 1876 (Abr.) ;. 
J. Man. Orti y Lara, La Sofistería democrática ó examen de las Lec- 
ciones de D. E. Castelar acerca de la civilización en los cinco primeros 
siglos de ¡a Iglesia, Granada, 1861. 

59. 'Año i8f,¿. Daniel Mantilla (1836-1868), de Buca- 
ramanga (Colombia), por seud. Ahel-Karl, estuvo en París, 



¡58 PRIMER PERÍODO DE i.A ÉPOCA REALISTA (l850-l8(k)) 

■donde escribió sus dos mejores trabajos críticos: Emiro Kastos 
y Un libro del Sr. José iV/.' Samper, que salieron en La Opr 
Ilion (1864), y la biografía de Lamartine. Publicó sus primeras 
poesías en La Guirnalda (1855); contadas son las que escribió, 
pero sinceras, bien sentidas y todas melancólicas. Inspiróse en 
Lamartine y Musset, de quienes fué muy aficionado, y en Cam- 
poamor y Trueba, imitando á este último en la mejor de todas, 
A Elmira. Es del tono realista, sentimental y sincero, traspa- 
rente y natural, de Bécquer, bien que más diluido y más alejado 
del espíritu popular hasta en preferir el endecasílabo al octo- 
sílabo. 

Daniel Barros Grez (1834-1904), de Curicó (Chile), poe- 
ta, novelista, fabulista y dramaturgo, ingeniero, arquitecto y 
escritor didáctico, criticó las lacras sociales con ingenio, con 
pinchazos políticos á veces, sin mezclarse personalmente en po- 
lítica; fué modesto y altivo á la par, recto y desinteresado, que 
vivió en el retiro, sin protectores, y murió olvidado. Famosa es 
su novela Pipiólos y Pelucones (1876), á la manera de Walter 
Scott, continuada con El Huérfano (1881), verdadero álbum 
de la vida chilena en la primera mitad del siglo xix, en tono 
de picaresca y lenguaje que tira á cervantino. Estilo semejante 
gastó en Primeras aventuras del maravilloso perro Cuatro Re- 
imos (1898). 

60- Hay que perdonar á un joven d« pocos años como Mantilla, 
que estuvo en París y leyó á Michelet, pero no tuvo tiempo para leer 
más serias historias, lo que acerca de España sentía: "esa Nación de- 
crépita, que murió para la historia", los "trescientos años de servidum- 
bre", "los tres siglos de martirio". Adriano Páez, Pról. á Artíc. escog, 
de Abel-Karl: "Se abrirá y se dejará el libro llorando: se verá que 
ahí palpita desnuda, sangrienta, despedazada, una alma; que cada es- 
trofa es un lamento, cada verso una lágrima, y que la musa del dolor 
meció la cuna del joven bardo y lo acompañó fielmente hasta la tumba, 
i La musa del dolor ! He aquí la inspiradora de todas las obras poéti- 
cas de Daniel Mantilla...; puede llamársele, sin reserva, el Musset de 
Colombia. Daniel sentía con una intensidad y verdad extraordinarias, 
y tenia la facultad de expresar sus sentimientos con una ternura y de- 
licadeza exquisitas. Todos sus versos hacen llorar é inspiran el interés 
más vivo por el joven moribundo. Las composiciones Lágrimas y Es- 
pinas y A Irwin son de lo más bello que existe en la literatura colom- 
biana... Estas maravillas de sentimiento v estilo... esta sensibilidad 



S. XIX, 1855. LUIS RIVERA 1 Sq 

casi femenina que tenia Abel-Karl; esta perfección, sencillez y dul- 
zura de lenguaje, que no posee en grado tan notable ningún otro poe- 
ta colombiano, exceptuando á Gutiérrez González y al desgraciado 
Epifanio Mejía... Fué también eminente prosista...; el estilo es de una 
fluidez y elegancia singulares." Una tarde de verano, nov., París, 
1860. H eterismo ó las cortesanas, Socorro, 1871. Artículos escogidos 
(y poesías) de Abel-Karl, Bogotá, 1879. 

Jorge Huneeus Gana, Cuadro hist., pág. 753: "El Huérfano y la 
Hist. de Cuatro Remos son tuia verdadera y enorme enciclopedia de 
ideas y doctrinas y costumbres las más diversas. Ha querido el autor 
en ellas imitar á Cervantes y á Lesage, hilvanando, en ese tejido sin 
fin del estilo de la antigua novela española, aventura tras aventura 
y episodio tras episodio. Es enorme la masa de observación, la ciencia 
de muchos asuntos de erudición la más variada y opuesta y la fe- 
cundidad de inventiva...; pero... se ha alejado de los ideales del arte, 
y como novelas, salvo Los Pipiólos y Pelucones, las otras no resultan. 
Son narraciones copiosas, arsenales variados, museos literarios en 
<iue hay telas y objetos de diverso mérito y riquezas diferentes; pero 
en que no hay unidad artística ni verdadero trabajo literario... Pipió- 
los y Pelucones es una verdadera novela histórica, con estudio psico- 
lógico real de los caracteres y en la cual hay un equilibrio de tan gra- 
tos elementos, que no vacilaríamos en declararla tan buena como al- 
guna de las mejores de don Alberto Blest." Daniel Barros Grez : Fá- 
bulas, Santiago, 1855, 1862, 1888. Mundo, demonio y carne, dr.. Tal- 
ca, 1866 (son diálogos humorísticos). Cuentos para los niños grandes, 
Bruselas, 1868; Santiago, 1904. Los dos matrimonios, com., Valparaí- 
so, 1869. El Tejedor ó la batalla de Maipú, dr., Talca, 1873. La Cole- 
giala, jug., Santiago, 1873, 1881. Como en Santiago, com., ibid., 1875. 
Pipiólos y Pelucones, tradiciones de ahora cuarenta años, ibid., 1876, 
dos vols. Observaciones sobre el verbo hacer..., ibid., 1879. Excepcio- 
nes de la natura-lesa, ibid., 1879. Cada oveja con su pareja, com., 1879. 
El Testarudo, com., 1879. Ir por lana, com., 1880. El Tutor y su pupila, 
•com., 1880. El casi casamiento, com., 1881. El Huérfano, nov. (conti- 
nuación de Pipiólos), seis vols., Santiago, 1881. La Iglesia y el Estado, 
fant. trág., 1883. El ¡Vividor, com., 1885. El Ensayo de la comedia, 
com., 1886. Historia de un polisón, poema, 1889. La Academia político- 
literaria, nov.. Talca, 1890. El Logrero, com., ibid., 1890. Primeras 
aventuras del maravilloso perro Cuatro Remos en Santiago, Santiago, 
1898, ocho vols. La Chingana, ibid., 1902. La Numeración en la anti- 
cua India y entre los Romanos, ibid., 1903. Su Majestad Posterior, 
ibid., 1903. Véase bibliografía completa en Bibliogr. gral. de Chile. 

61. Año i8fi§. Luis River.\ (1826-1872), de Valencia de Alcán- 
tara, gran periodista, aplaudido autor dramático y fundador del perió- 
•dico satírico Gil Blas (1864), con el cual contribuyó al triunfo de la 
devolución de Setiembre de 1868, murió joven, después de haber pa- 



l6o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

sado muchos trabajos; pero con el periódico pudo dejar á su viuda 
30.000 duros. Fué, además, redactor de La Discusión (1858-64). Los 
Hijos de la fortuna, nov., 1855. La Luna de miel, com., 1857. Las 
Aves de paso, dr., 1858. La Tierra de María Zantísima, jug., 1859. 
Presente, mi general, com., 1859. El Honor y el trabajo, dr., 1859. El 
Padre de familia, dr., 1859. El Paraíso en Madrid, i86o. A rey muerto, 
zarz., 1860. El Secreto de una dama, zarz., 1862. Al borde del abismo, 
dr., 1863. La Profecía, dr., 1864. El Estudiante de Salamanca, zarz., 
1867. 

Antonio Sánchez Pérez (183S-1912), madrileño, catedrático del 
Instituto de San Isidro y director de la Escuela de Ingenieros Indus- 
triales (1883), gobernador de \'alencia y Huelva, director de El Sol- 
feo, redactor de muchos periódicos, por seud, Gil Peres y Jaque-Mate, 
critico benévolo y de elegante decir, estrenó Tres á una, com. (1855). 
Los Hábiles, com. (1883). Bodas de asar (1888). Ramón de Campo- 
amor (1889), Un busto albacca (1889). El Primer choque (1889). Un 
hombre serio (1891). La Puente y el vado (1892). Saltos de liebre 
(1893). El Maestro Ciruela (1895). Santos de barro (1899). Todo el 
mundo. Clases de adorno. Publicó las novelas: Doña María, Mariquita 
y Maruja, Entre vivos y muertos (1894), Los Amigos del dollar, Lo 
Relativo. Además: De bureo, artículos de viaje, 1885. Botones de 
muestra, cuentos y artículos. En Esp. Mod. : Cartas americanas, de 
J. V alera (1889, Ag.). Tabaré, de J. Zorrilla (1889, Set.). Los últimos 
libros de Galdós (1889, Oct.). Frutos de la Encina (1889, Nov.). La 
Hijuela del Parnasillo (1894, Oct.). Treinta años después (1895, Set.). 
Dos fracasos, recuerdos de i8ój (1902, En.). 

José Marco y Sánchez (1830-1895), valenciano, esposo de María 
del Pilar Sinués, director de La España Musical, La Esp. Art. y Liter. 
(1850-56), fundador, poco antes de fallecer, de Pro Patria, colaborador 
de El Teatro y El Día, autor dramático de intento moral, culto gra- 
cejo, bien que algo premioso, escaso de lirismo y ix>esía y aun con 
alguna ramplonería en la prosa, si bien de buen conjunto, pintó las 
costumbres en comedias aplaudidas del público. Corona poética dedi- 
cada á Quintana por los redactores de La España Musical y Literaria, 
Madrid, 1855. La Pava trufada, 1856. Libertad en la cadena, 1857. 
El Sol de invierno, 1860. El Peor enemigo, 1861. Sin padre, 1861, 
Hoy, 1866. Roberto el diablo, 1891. ¡Cómo ha de ser! Los Flacos. El 
Manicomio modelo. Adán y Eva. A pesca de un marido. jSe puede? 
Los Conocimientos. Cuestión de trámites. La Feria de las mujeres. La 
Mujer compuesta. Receta matrimonial. La Gran jugada. Figuras de 
cera. El Gato negro. Obras, dos vols., Madrid. 

Emilio Alvarez (1833-1900), valenciano, autor de teatro, harto 
bohemio y perezoso, que si bien comía poco y mal, dormía largo; 
Ue^ó á ser director de escena del Español ; mas no satisfecho con el 
mediano suceso de sus obras, pasó á Chile, donde falleció, siendo pro- 
fesor de declamación. Blas el armero, 1855. A los pies de F., señora,. 



S. XIX, 1855. ALEJANDRO ARANGO 161 

jug., 1S58. Uno de tantos, com., 1858. El León en la ratonera, jug., 

1859. Un retrato á quemarropa, jug., 1859. Pecados veniales, com., 

1860. La Reina Topacio, zarz., 1861. La Voluntad de la niña, zarz., 
1863. Los Pretendientes, 1875. Sobre ascuas, zarz., 1876. Juana, Jua- 
nita y Juanilla, id., 1877. Madrid en cueros, escenas cómicas, 1887. 
La Corte de doña Urraca. D. Ramón de la Cruz. La Buena cama. En 
la piedra de toque. Herida en el alma. La Nuera. Los Hijos de Ma- 
drid, novela. El Bien perdido. Madre mía, com. La Rosa de Copiapó. 

Teresa Arroniz y Bosch (1827-1890), de Cartagena, por seud. 
Gabriel de los Arcos, escribió poesías estimables y novelas, en las que 
mostró talento poco común, entre ellas, Mari-Péres, premiada por la 
Academia, y La Condesa de Albarosa, que es, sin duda, la mejor, y 
salió en el folletín de La Correspondencia de España. En Rev. Es- 
paña publicó El Abanico de oro (1878, ts. LXV-LXVI). Mari-Péres 
('1879, ts. XLVI-XLVIII). Inés de Villamayor (1879-80, ts. LXX- 
LXXIV). La Bola negra (1881-82, ts. LXXXI-LXXXVII). El Crisol 
roto (1883, ts. XCI-XCIV). La Corona de ilusiones (1883, ts. XCIV- 
XCV). Además, El Testamento de D. Juan I, Madrid, 1855; Barcelo- 
na, 1864. Recuerdos (en Rev. Hisp.-Amer., 1882, t. IX). Vidrio y per- 
las (en La España). Mercedes (en El Grano de Arena, Sevilla). Los 
Pescadores (ibid.). Julieta (en Diario Español). La Condesa de Alba- 
rosa (en La Corresp. de España). Gabriela y La Señora del número 
íres (en El Campo, dirigido por Valera). Dejó inéditas Luci, Flvr de 
un día, La Corona de ilusiones y La Ley de hierro, acaso su obra 
maestra, que se publicaron más tarde en el folletín de El Eco de Car- 
tagena. Cítanse otras: El Faro roto. Ojo por ojo, De Cádiz á Gibral- 
tar, Redención de un no. Jugar en falso. La Madeja enredada, La 
Dama de la Reina, El Cura de Santo Ángel. 

Florencio Janer (1831-1877), de Barcelona, redactor de El León 
Español (1858-62), director del Semanario Popular (1862), oficial del 
Consejo Real y de Gobernación, literato muy erudito, publicó Exa- 
men del compromiso de Caspe, Madrid, 1855. La Danza de la muerte, 
París, 1856. Condición social de los moriscos en España, if^57. Decires 
y canciones del s. xv, poesías castellanas de la Bibl. Imperial de Pa- 
rís, Madrid, 1862. Poem^a de Alfonso Onceno, 1863. Poetas castellanos 
anteriores al siglo xv, 1864, 1905 (t. LVII Aut. Esp., colección conti- 
nuada de la de T/Ant. Sánchez y Pedro J. Pidal). Tratados de Es- 
paña, 1869. Obras de Saavedra Fajardo (Aut. Esp.). Estudios histó- 
ricos sobre la marina española. Fábulas de Esopo, Samaniego é Iriar- 
te, 1875. En la Rev. Esp.: Del aprecio y conservación que se tenían 
de los objetos científicos y arqueológicos en el reinado de Carlos III 
y Carlos IV (1871, t. XXII). De algunas antigüedades del Museo Ar- 
queológico (1872, t. XXXVI). Literatura y costumbres del s. xiii 
(1871, t. XXII). Revista de los trabajos de las academias y socieda- 
des científ., econófH. y literarias (1874, t. XXXVII). 

Alejandro Arango y Escandón (1821-18S3), de la Puebla de los 

TOMü VIII.— li 



102 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Angeles, imitó á fray Luis de León y publicó el mejor libro que te- 
nemos acerca de él, Ensayo histórico sobre Fr. Luis de León, primero 
en La Cruz (1855-56), luego aparte (1866). Tradujo El Cid de Cor- 
neille y La Cotijuración de los Pazzis de Alfieri. Publicó una Gramá- 
tica Hebrea (1867), y Versos, México, 1876; cuya segunda edición, 
1879. Fué buen poeta religioso, de acrisolado gusto: Invocación á 
la Bondad divine, En la inmaculada Concepción de N.^ 6"." Véase 
Victoriano Agüeros, Escritores mexicanos contemp., 1880. 

NÉSTOR Galindo (1830-1865), poeta boliviano de Cochabamba, sen- 
timental y fúnebre, incorrecto en lenguaje y rima, publicó en 1855 un 
canto fúnebre á la memoria del general Ballivian, que le valió el 
destierro; en 1856, El Proscripto (en El Cóndor), y como anónimas 
salieron en 1857 unas octavas al Pabellón Boliviano. Fué de los fun- 
dadores de la Rev. de Cochabamba (1852), y fusilado por causas po- 
líticas. Publicó Lágrimas, Cochabamba, 1856. Consúltese Gabriel 
Rene Moreno, Biografía de D. N. Galindo, en Rev. de B. Aires 
(t. XViII, 1868, págs. 321-339 y 496-547)- 

62. Año 1855. José M.» Acebo (1830-1894). madrileño, estrenó 
El Amor y la amistad, La Venganza de una muerta, Misterios socia- 
les, Dicen que no hay mal que por bien no venga, Adel-a, La Avella- 
nera de Triana, A la misa del gallo, El Ultimo desengaño, El Monje 
de Yuste, El Corazón de una madre. Pildoras de amor, Los Lazos 
del corazón (1873), El Corazón de un padre, Por una carta (1873), 
El Ángel del hogar, La Soirée de las calaveras, Liquidación de no- 
vios. El Cuarto de Rosalía. — Álbum poético á la terminación del fe- 
rrocarril del Grao de Valencia á Játiba, Valencia, 1855. — Emilio Al- 
cahaz (t 1879), vizconde de Solís, de Cartagena, fundó y dirigió El 
Conservador (1869), y publicó las novelas Daniel ó la corte del rey 
Ordoño, Madrid, 1864, dos vols. ; y El Bandido. Estrenó Un ente 
como hay muchos, com. (1855); El Alcázar de Segovia, La Torr.; 
del Duero, dr. (1855) ; Kusar ó los bandos de Holanda (1856), Calde- 
rón (1870). — Alivio del Párroco, año apostólico ó sea Prácticas fa- 
miliares, Barcelona, 1855, cuatro vols. — Antonio Alverá Delcrás 
estrenó Tres madres para una hija, zarz. (1855). — José María An- 
GUiTA Y Saavedka, gaditano, redactor de El Eco de Occidente y As- 
modeo, de Cádiz, y de otros periódicos madrileños, estrenó Robo y 
envenenamiento. Huyendo de su mujer. De soldado á brigadier. Caza 
mayor (1875). El Toro de la corrida (1877). Los Dedos huéspedes 
(1878). Publicó Cuentos humorísticos. — Leopoldo Arias Vargas (1832- 
1886), de Bogotá, pu]>licó Hojas perdidas. 1855, imitando á Espron- 
ceda. — Arte de cazar la perdiz con reclamo, Sevilla, 1855, de lo 
mejor en su clase. — La Asamblea española de 1854 y la cuestión 
religiosa..., Madrid, 1855. — José Asensio y Torres escribió Tratado 
de heráldica y blasón, revisado, corregido y aumentado por D. F.<^o 
Piferrcr, Madrid, 1855.— José de Austria, venezolano, general, pu- 



S. XIX, 1855. LUIS ESCUDERO l63 

blicó Bosquejo de la historia militar de Venezuela en la guerra 
de su independencia, Caracas, 1855 : tomó parte en los sucesos que 
uarra (1812-16) y es más bien crónica. — Adolfo Ballivian (1831- 
1874), natural y presidente de la República de Solivia: Escritos lite- 
rarios y políticos, Valparaíso, 1874. — José Berché y Claraco publi- 
có Estrella de salud, en verso, Huesca, 1855. — ^Juan A. Biedma estrenó 
Si buena ínsula me dan... (1855). — Boletín de Teatros, Madrid, 1855, 
dirigido por Manuel Cansinos. — ^Pedro Calonge y Pérez (n. 1810), 
del Campo de Criptana, capellán castrense, publicó El Pabellón espa- 
ñol ó Diccionario... de las batallas, sitios... de las armas españolas..., 
Madrid, 1855-57, tres vols. — Carlos Calvacho (1834-1885), madrile- 
ño, actor, librero y autor dramático, estrenó muchas obras, entre ellas 
Disfraces, sustos y enredos, jug. (1855). Tres pies al gato, jug. (1856). 
El Padre del hijo de mi mujer (1858). Un día de azares (1863). Un 
roto y un descosido, jug. (1867). Ladrones, jug. (1876). Cuanto menos 
bultos. Una tostada. La Novia ó la vida. María ó la em-paredada. Ta- 
pas y medias suelas. Para mentir, las mujeres. Guerra para hacer las 
paces. Al pie del precipicio. El Árbol de Bertoldo. El Loco por fuer- 
za. Un príncipe improvisado. Herrar el tiro. Mandar en jefe. La Bru- 
ja Celestina. Un amigo franco, etc. — Manuel Castell, sevillano, re- 
sidente en Cuba, publicó El ocho de Setiembre ó la toma de Sebasto- 
pol, zarz., Habana, 1855. José María, dr. (1856). Luis Vicente Ve- 
Lazco, dr. (1856). La Justicia de Dios, dr. (1856). El Capitán Serra- 
llonga, dr. (1856). Fe en Dios, dr., Lima, 1861. Simón Bolívar, dr., 
Caracas, 1868. — Catálogo de los libros manuscritos que se conservan 
en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, ibid., 1855. — Colec- 
ción de Cortes de los antiguos reinos de España por la R. Ac. de la 
Historia, Catálogo, Madrid, 1855. — Colección de novelas, cuentos, le- 
yendas... de autores cubanos. Habana, 1855. — Corona poética dedicada 
á... D. M. José Quintana con motivo de su coronación, Madrid, 1855, 
por muchos poetas. — Colección de Cortes de los antiguos Reinos de 
España, un vol., 1855. — Creencias populares de Asturias, Valladolid, 
1855. — Bernabé Damaria (n. 1827), de Buenos Aires, vino á Madrid 
y volvió á su tierra á la caída de Rosas. Fué pintor y poeta y publicó 
el drama América libre, el libro Las Revelaciones de un manuscrito 
y un tomo de Poesías Líricas. — Domingo Díaz Granados (1835-1868), 
de Medellín (Colombia), abogado, poeta discreto y melodioso, publicó 
versos en La Guirnalda, El Porvenir y El Mosaico. — Antonio Esco- 
sura y Evia publicó Juicio crítico del feudalismo en España, 1856. — 
Luis Escudero y Perosso (1835-1902), sevillano, por seud. Hispalen- 
sis, archivero del Municipio de Sevilla, redactor de La Tribuna Espa- 
ñola (1863), La Nación Española (1863-64), publicó Luisa de Varf la- 
tido y Una historia de duendes, novelas; Colección de leyendas espa- 
ñolas. La Antesala del Cielo, 1889; las comedias y juguetes Una ser- 
piente de cascabel (1870), Doblones y pergaminos (1870), Norma y 
Pollón (1871), La Pena de argolla (1871), La Costilla falsa (1872), 



164 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1860) 

La Sartén y el caso (1875), Las Orejas del asno, La Ratonera y 
los ratones; los dramas La Sangre azul y la sangre roja, A es- 
paldas de la Ley (1889), La Duda (1889) ; la zarzuela Duendes y frai- 
les (1894). A una nube, poesía (en Rev. España, 1868, t. II). — José 
D. Frías publicó Alberto y Avelina, nov., Habana, 1855. — Romualdo 
DE LA Fuente estrenó Curro Bravo el gaditano, 1855. — ^Manuel Ata- 
NASio Fuentes (t 1887), peruano, erudito y travieso escritor, poeta 
satírico, por seud. El Murciélago, publicó artículos que juntó en 
Aletazos del Murciélago, Lima, 1855-60 (en El Murciélago) ; París, 
1866. Biblioteca Peruana de historia, ciencias y literatura, colección 
de escritos del anterior y presente siglo, nueve vols., Lima, 1861-64. 
Biografía del Murciélago, 1863. Linuí, apuntes históricos, descripti- 
vos, París, 1867. Arte poética de Horacio, ibid., 1867. — Eugenio Gar- 
cía Ruiz (1819-1883), de Amusco (Falencia), diputado, fundador de 
la Asociación (1856), escribió en El Pueblo desde 1860 hasta que des- 
apareció; fué ministro de la Gobernación (1874). Publicó Don Pe- 
orondo y Masalegre, historia que siendo falsa tiene mucho de verda- 
dera, Madrid, 1855. Dios y el hombre, 1863. Historias, dos vols., 1876. 
— Martín Gavilán Escudero estrenó El Arte por el empleo, com. 
(1855). — Domingo Guinetti (1808-1855), de Puerto Rico, publicó Los 
Reveses del amor, poesías, Habana, 1855. — Eduardo González Pe- 
DROSO (1822-1862), madrileño, redactor de El Globo (1844), El Uni- 
versal (1845), El Español (1846). La España (1848) ; director de El 
Padre Cobos (1854-56) y El Pensamiento Español (1860), estrenó 
Paul el rom-ano, dr. (1855). El Veinticuatro de Febrero, dr. Publicó 
una Vida de S. Teresa y Autos sacramentales en Aut. Esp., t. XLVIII, 
con magnífico estudio, 1908, 1916. — Miguel González Murióles es- 
trenó Boabdil, dr., Habana, 1855. — Primitivo González Ocampo es- 
trenó Un prisionero de Estado, dr. (con Ajnt. R. de Póo, 1855). — An- 
TONiNO de la Guerra estrenó Margarita, dr.. Habana, 1855. — Buen.<- 
VENTURA Hernández Sanahuja publicó Resumen histórico-crítico de 
la ciudad de Tarragona, ibid., 1855. Estudios sobre las monedas autó- 
nomas de Cose, ibid., 1884. — Domingo Ramón Hernández (1829-1893), 
venezolano, poeta muy popular y romántico, lleno de ternura, compuso 
el hermoso y melancólico Canto de la golondrina. — P. P. Hiüernando 
de la Cruz publicó Memorias de un loco, nov., Barcelona, 1855, 1863. 
— Fray Félix de Huerta, franciscano, publicó Estado geográfico... 
histórico-religioso de la... Provincia de S. Gregorio... de S. Francisco 
en las Islas Filipinas^ Manila, 1855; Binondo, 1865. — El Iris á jhí 
suscritores, miscelánea de poesías, Lima, 1855. — Amador Jover y 
Sans publicó Ensayos poéticos, Cádiz, 1855. Flores marchitas, poesías, 
Córdoba, 1888. — Joyas del Parnaso cubano. Habana, 1855-56. — Gas- 
par de Laserna estrenó Las Barricadas de Madrid, dr. (1855). — Be- 
nigno Linares y La-Madrid, fundador de El Duende, de Linares 
(1875), publicó La Pulifaldología, sesiones parlamentarias y otras 
composiciones sobre los capriclios de los mujeres y tonterías de los 



s. XIX, 1855. "revista de ciencias..." i63 

pollos, Madrid, 1855. — Valentín López Navalón estrenó El Perro 
ó yo, com. (1855). — Ramón Lorente y Mora estrenó Cosas suyas, en- 
sayo cómico (1855). — J. R. DE Morales publicó Historia de la Milicia 
Nacional, Madrid, 1855. — José M.* Nin publicó Secretos de la inqui- 
sición, nov. hist., Barcelona, 1855. — Teodoro de Ochoa estrenó Un 
ayuda de cámara ó sea octubre de iS^S, com., 1855. Don Luisito, 
com., 1856. Don Olegario, zarz. Un suceso de Fernando el Católico, 
dr., Vitoria, 1860. — Juan Paadin y Tolosa publicó El Conde de Vil- 
flor, nov., Habana, 1855. — Evaristo de la P.\liza publicó La Rábida 
y Cristóbal Colón (con José Pérez), Huelva, 1855. — ^Manuel R. Pal- 
ma publicó Poesías, Lima, 1855. — 'José M. Paz : Memorias postumas, 
B. Aires, 1855. — Glorias Babazorras escritas en verso por Peruchico, 
Vitoria, 1855, poema en dos cantos sobre la batalla de Vitoria. — Ra- 
fael Pitaluga y Delgado, gaditano, estrenó Armas al hombro, com., 
Habana, 1855. Una viña en la Habana (1856). La Regencia de Por- 
tugal, dr. (1856). — José Póo (1831-1898), habanero, estrenó El Huér- 
fano de Lucca, dr.. Habana, 1855. Luchas del corazón, dr., 1856. 
Casarse con la familia, com., 1864. — Juan de la Puerta Vizcaíno, 
redactor de El Fisgón (1865), estrenó El Maestro de esgrima, com., 
1855. Historia de los templos de España (con G. A. Bécquer), tem- 
plos de Toledo, Pozuelo de Alarcón, 1857. Don Sisenando, zarz., 1858. 
A cual más feo, zarz., 1859. En Ceuta y en Marruecos, improvis., 
1859. Risas y lágrimas, colee, de seguidillas, Madrid, 1865. Las Aves 
nocturnas^ historia de dos huérfanos, dos vols., 1866. La Plegari-a de 
una madre, nov., dos vols., 1867. Al toque de ánimas, historia de un 
pobre loco, 1867, 1872. El Sitio de París en i8yo, nov., dos vols., 1870. 
Carta á S. A. R. Don Alfonso XH, 1873. El R. Monasterio de San 
Lorenzo del Escorial, Pozuelo de Alarcón, 1876. El Amor y la caridad. 
— ^Francisco Puig y de la Puente publicó La Tumba ignorada, le- 
yenda^ Cádiz, 1855. — Juan de Quiroga y Espinosa de los Monteros, 
comandante, publicó Sebastopol y la fortificación, 1855. Ojeada espa- 
ñola á la cuestión de Oriente, 1856. Sebastopol, canto militar, Jerez 
de la Frontera, 1858. Datos sobre la existencia y el carácter del Cid, 
1872. La Conciencia tnilitar, 1872. Colecc, de poesías, Madrid, 1900. — 
Manuel Ramírez Aparicio (1831-1867), mejicano, publicó El Cura 
de almas, en El Siglo XIX, 1855. Consuelos y esperanzas, poesías, 
1858. Cantos patrióticos y amorosos, 1861. Los Conventos suprimidos 
en México, 1861 (y en los tomos LIX y LXI de la Bibl. Autor. 
Mexic, 1908), á la manera de Los Frailes y los conventos, de V. Ba- 
laguer. — 'Ramón Ramírez, venezolano, publicó El Cristianismo y la 
libertad, ensayo sobre la civilización americana. 1855. — Felipe Ra- 
món Carrasco estrenó Ardides del amor, com., Barcelona, 1855. — La 
Regeneración, periód. absolutista fundado por Felipe Canga Argue- 
lles, Madrid, 1855-70. — Revista de Ciencias, Literatura y Artes, Sevi- 
lla, 1855-1860, seis vols., dirigida por M. Cañete y José Fernández 
Espino, de opiniones templadas y razonable eclecticismo, contribuyó 



1 66 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

á restaurar en parte la escuela sevillana, clásica y herreriana, aunque 
sin que Herrera pareciera por ninguna parte. — Fernando Reyes: 
Juguetes poéticos, Habana, 1855. — Magín Robert y Sagarra (t 1902), 
de Santiago de Cuba, publicó Cuatro tipos, Cuba, 1855. — Francisco 
Javier de Salas publicó Marinu española, Madrid, 1855. Marina es- 
pañola de la Edad Media, Madrid, 1864, dos vols. Expediciones ma- 
rítimas de D. Pedro I de Cast. y D. Pedro IV de Aragón, 1868 (disc. 
rec. Acad. Hist.). Historia de la matrícula de mar, ibid., 1879. Ac- 
ciones navales modernas {i8¿yipoo), 1903. — Q. J. V. Sánchez pu- 
blicó Historia novelesca de los primeros amores de Carlos V , Ma- 
drid, 1855. — José Sebastián Segura (t 1889), mejicano, cuñado y dis- 
cípulo de Pesado, ingeniero de Minas y al fin sacerdote, tradujo mu- 
cho de los clásicos y del italiano, francés, alemán, como los primeros 
cantos de la Divina Comedia, El Canto de la Campana, y publicó 
versos propios, amorosos en su mocedad, después religiosos y bíblicos, 
con fácil versificación, pero con poca fuerza. Publicó Sonetos varios 
de la musa mexicana, México, 1855 (de 20 poetas). Poesías, ibid., 
1872. — ^Antonio Silveira y Vasconcellos estrenó El Padre Cobos, 
jug. lír. (1855). — Juan Suárez Villegas estrenó El Rey Pedro I y 
los conjurados, drama (1855). — Manuel José Tovar (1831-1869), poeta 
algo verboso de Inquisivi (Bolivia), que se suicidó, publicó el poema 
La Creación, 1855, 1863, y otras poesías. — Juan Valle (1838-1864), de 
Guanajato (Méjico), ciego á los tres años, compuso poesías, comenzan- 
do hacia 1855 con una- dirigida á Zorrilla, y sobresaliendo por el senti- 
mentalismo, llorando su propia desgracia y cantando la religión, la 
libertad y el amor puro á su esposa. Dos ediciones dice Pimentel se 
hicieron de sus versos. Algunas piezas dramáticas compuso, aunque me- 
dianas. Viriles son sus tercetos á la Guerra civil. Según José M. Vigil, 
"fué el cantor más enérgico de la revolución reformista, siendo dignas 
de notarse la exactitud y originalidad de sus descripciones, no obstan- 
te haber perdido la vista desde los primeros años". — Manuel de Ze- 
guEiRA Y Caro (n. 1805), habanero, hijo del célebre poeta Zequeira, 
estrenó Un quid pro quo, com., Matanzas, 1855. 

63. Alio i8¿6. Diego Fallón (1836-1906), de Santa Ana 
(Colombia), educado en Inglaterra, de donde era su padre, fué 
compositor de música, ingeniero y profesor más de cuarenta 
años de Música, Matemáticas é Idiomas en la Escuela Militar 
de Colombia; ingenioso decidor, observador y modesto, poeta 
sensible á la naturaleza, cuidadoso y culto; pero, sobre todo, 
esmerado é intachable en la hechura ; dióse á conocer en la ter- 
tulia de El Mosaico con el famoso canto descriptivo y morali- 
zado La Luna; después, con el no acabado, pero sugestivo poe- 



S. XIX, 1856. CARLOS FRONTAURA 167 

ma Las Rocas de Suesca, que parecen hablar con hondo sen- 
tido místico. 

Vicente Wenceslao Querol y Campos (1836-1889), va- 
lenciano, empleado en ferrocarriles, poeta clásico quintanesco 
y elegante, pulcro y acabado, el que mejor conservó hasta fines 
de siglo las tradiciones de la oda clásica, acomodándola al sen- 
tir moderno. De lo mejor suyo son las Cartas á María y la ele- 
gía A la muerte de mi hermana Adela. 

64. j. Valera, Cart. Americ, 1889, pág. 199: "En la sangre, en 
el ser, en la educación de Fallón hay cierta mezcla de inglés y de his- 
pano-americano que, á mi ver, se refleja en sus obras... En Las rocas 
de Suesca vuela con gracia y tino la imaginación alegre y caprichosa 
del poeta para describir un lugar alpestre, prestando vida, palabra y 
animación á los peñascos enormes. Lo grotesco colosal de aquel con- 
junto de gigantes petrificados, que recobran la vida conjurados por el 
poeta, se infunde en el espíritu el lector, el cual se siente transportado 
á un mundo fantástico, donde, en lo esquivo y solitario de las monta- 
ñas, lejos de los hombres, hablan y discurren las piedras y refieren 
sus lances de amor y forttina de hace muchos siglos, allá en las edades 
primeras de este globo que habitamos... Los otros versos de Fallón, 
A ¡a luna, son mucho mejores que Las Rocas de Suesca, sin que nin- 
gima extravagancia caprichosa contribuya á su originalidad, que es 
grande, si bien más en la meditación á que la contemplación induce, 
que en la misma contemplación. Aun así, en la parte descriptiva hay 
notables bellezas." Poesías, con pról. de Miguel A. Caro, Bogotá, 1882. 
Consúltese José Joaquín Casas, Semblanza de D. Fallón (en Bolei. 
Hist. y Antigüedades, Logotá, 1915, pág. 27). 

J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 105: "Wenceslao Querol... 
fué uno de los mejores poetas líricos que ha habido en España en este 
siglo y en los pasados, así por la profundidad con que pensaba y sen- 
tía como por la limpieza, nitidez y magistral fuerza de expresión para 
encerrar en sus hermosos versos, como en rica joya de oro, sus ideas 
y sus emociones." Rimas, Valencia, 1877 (con pról. de P. A. Alarcón) ; 
Madrid, 1891 (con prefacio de T. Llórente). La Fiesta de Venus, 1878 
(en el Almanaque de La Ilustración). Ultima poesía (en Es[>. Mod., 
1890 Nov.). 

65. Año 1856. Carlos Frontaura y Vázquez (1834- 
1910), madrileño, por seud. La Señora de siempre, redactor de 
El Reiyio (1857), ^^ Educación Pintoresca (1857), -^^ -^'^ 
(1858), director de El Grillo (1859), El Cascabel, de gran cele- 
bridad (1863-75), La Cosa Pública (1869), Los Niños (1873) 



l68 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

y La Dinastía, colaborador de otros muchos papeles, fué buen 
literato sin gran cultura. Observador perspicaz, crítico impar- 
cial y avisado, satírico y gran fotógrafo de costumbres, 'desen- 
vuelto y alegre, atinó en poner el dedo en la llaga, más para se- 
ñalarla con apacible benevolencia que para cauterizarla dura- 
mente. Fué gacetillero ameno, escritor sencillo en prosa y ver- 
so, humorístico, humano y educador en el fondo; festivo en la 
forma. Copiaba del natural, bien que sin condensación ni filoso- 
fía alguna, siendo algo así como un Taboada, sin su gracia, 
pero también sin sus rasguños caricaturescos. Brilló no menos 
en el teatro, dándose á conocer con Un caballero particular, 
jug. (1858), En las astas del toro. Los Conspiradores, Desde 
el cielo, zarzuelas populares muy celebradas, y con otras pie- 
cecillas sencillas de acción, tiernas en situaciones parciales y 
graciosas, como Los Hijos de su madre, El Velo de encaje, El 
Filántropo, etc. Sus mejores novelas de costumbres, á lo Pi- 
gault Lebrun y Paul de Kock. Sermones de Doña Paquita, 
Doce maridos, Las tiendas. El Caballo blanco. 

Pelayo del Castillo y López (^ 1883), valenciano, siem- 
pre muerto de hambre y hecho un perdis, borracho de tasca en 
tasca con Pedro Marquina. fué autor cómico de riquísima in- 
ventiva, que hizo muchas obras firmadas por otros. Pidióle 
Camprodón que le tradujese en verso una comedia del francés 
para dedicársela á cierta Marquesa, y corrieron estos versos 
de Castillo : 

"Si la comedia es francesa 
y los versos míos son, 
¿ qué dedica Camprodón 
á la señora Marquesa?" 

La más celebrada de sus comedias fué El que nace para 
ochavo (1867), pieza cómica graciosísima y de buena ley, que 
llegó á la 8.' edición en 191 1. 

Isidoro Errazuriz (1835-1910). de Santiago de Chile, 
estudió en los Estados Unidos y Alemania (1853-56). sostuvo 
polémicas liberales en El Ferrocarril, escribió en La Asamblea 
Constituyente, fué desterrado (1859) y dirigió en Mendoza El 
Constitucional; volvió (1861). redactó La Voz de Chile (1862) 
y F.l Mercurio; fundó La Patria 0863): instigó al público á 



S. XIX, 1856. CARLOS FRONTAURA I ClQ 

ía guerra con España (1866), como antes á la rewMución de 
1859, luego á la campaña del Perú (1879) y á la revolución 
de 1 89 1, por su natural activo y belicoso. Fué diputado (1870), 
escribió, desde 1877, el estudio histórico de la Administración 
Erraziiric (1871-76) y el Estudio histórico de los partidos en 
Chile. Sobresalió por la imaginación desbordada y la armonía 
sonora; pero pecó de incorrecto y poco atildado. Fué historia- 
dor, poeta, periodista y, sobre todo, fogoso orador. Ingenio 
muy flexible, variado y afluente, aunque sin gran fijeza de 
intentos. 

66- Paseaba distraído Frontaura por el Prado con un poetilla, 
cuando pisó un objeto que resonó. Era un cascabel. "Me ha dado usted 
una fortuna'', dijo al poeta, á quien le rogó lo recogiese del suelo, 
porque, á pesar de sus anteojos, veía harto poco. Ocho días después 
se gritaba por las calles "¡El Cascabel!". La tirada llegó á 30.000 
ejemplares. Puso imprenta, enriqueció, echó coche y se hizo popular 
Frontaura. Conocía á la gente de su tiempo, por lo menos á sus lecto- 
res, vulgares sin ser vulgo, que gustaban ver retratadas sus costumbres 
y caracteres, sus frases y maneras, leer charadas y jeroglíficos y la 
política negativa que defendía El Cascabel. Literatura ligera la suya, 
como la de tantos otros de su tiempo; pero con alguna intención y fin 
educador en el fondo de la pintura de costumbres. Escribió primero 
sus epigramas en la gacetilla de La España; después, en El Estado. 
A su primera zarzuela, El Caballero particular, con música de Bar- 
bieri, siguieron Céfiro y Flora, Doña Mariquita, Campanone, El Cor- 
neta, Matilde y Malck-Adel, El Caballo blanco. Los Conspiradores de 
incógnito (1859), El Mudo, Los Pecados capitales. Giralda, El Elixir, 
Los Criados. El Hijo de D. José y En las astas del toro, que le valió 
el primer año más de dos mil duros. Honrado y trabajador, no aduló 
á empresarios ni editores, ni sacó un céntimo al presupuesto del Es- 
tado; vivió en su hogar metódicamente y en su imprenta, sin dejarse 
ver por los cafés, paseándose un rato cada día con su perro de Te- 
rranova. Frontaura: La Mamá y los niños, jug., 1856. El Filántropo, 
com., 1856. Céfiro y Flora, zarz., 1858. Los Hijos de su madre, 1858. 
Un primo, jug., 1858. f/w caballero particular, zarz., 1858. Poe- 
sías, Madrid, 1858. Las Mujeres y los hombres, memorias de un 
señor mayor, ibid., 1860. Doña Mariquita, zarz., 1860. El Cura de al- 
dea, dr., 1860. Los Pecados capitales, zarz., 1861. El Corneta, zarz., 
1861. El Caballo blanco, zarz., 1861. El Hombre feliz, monól., 1861, 
El Hijo de D. José, zarz., 1862. En las astas del toro, zarz., 1862. 
¿Eran dos...?, pues ya son tres, zarz., 1867. Viaje cómico á la E.vpo- 
sición de París, M»idrid, 1867. Romances populares, 1867. Caricaturas 
y retratos, 1S68. Máximas morales, autógrafas de escritores españoles 



IJO PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

contemporáneos, 1872. Doce maridos, nov., 1873. Desde el cielo, 1874. 
Mano de ángel, nov., 1874. El Maestro de Ocaña, zarz., 1874. El Aho- 
rro, com., 1876. Pepe Carranza, com., 1S76. Las tres rosas, com., 1878. 
López y su mujer, nov., 1881. El Primer pantalón, poema, 1881. Las 
Madres, nov., 1883 (2." ed.), 1888. Cuadros infantiles, 1884. Venturas 
y des^L'cnturas de Rosita, 1886. Las Tiendas, diálogos humorísticos, 
1886 (4.* ed.). Lances de la vida, 1887. Miedo al hombre, nov., Barce- 
lona, 1887. Sermones de doña Paquita, 1887. Tipos madrileños, 1888. 
Galería de matrimonios, dos vols., 1888. La Doncella del piso 2!", 
nov., 1889. Las Mujeres del pueblo de Dios (con Ed. Zamora), dos 
vol?., 1889. La Edad dichosa, revista... para niños, tres vols., 1890-92. 
Barcelona en 188S y París en J88p, 1890. Dicción, biográf. internac. 
de escritores y artistas del s. xix (con M. Ossorio y Bernard, sólo el 
t. I), 1890. Blanco y negro, narraciones cortas, 1891. Mano de ángel 
y El Caballo blanco, 1891, La Buena senda, cuentos, 1892. Documentos 
humanos, gente que anda por ahí, 1894. Gente de Madrid: siluetas y 
semblanzas, 1895. Anita la ingeniosa, 1895. El Sueño de Navidad, 1895. 
Lira de oro, poesías y cuentos, 1909. Brígida, nov., 1909. Además, las 
zarzuelas Los Conspiradores, El Duende del mesón, Campanone, El 
Elixir del anior^ Giralda o el marido misterioso. La Señora del som- 
brero, La Circasiana, Matilde, De incógnito y El Mudo. Las comedias: 
El Velo de encaje, El Hijo de la Al pu jarra, El Novio de China, Los 
Criados, Por dinero baila el perro. Las novelas El Hijo del sacristán, 
dos vols. ; La Maldita vanidad, El Rigor de las desdichas, dos vols. Y 
Cosas de Madrid, Historias tristes. Un ramo de violetas, Los Niños, 
14. vols. 

■ Pastor f ¡do compró á bajo precio á Pelayo del Castillo muchas de 
sus obras. Era locuaz en la conversación. Con Pelayo hacía sonetos 
en las tascas á las esposas de sus conocidos á fin de sablearlas, y 
mientras allí escribía ó charlaba tenía una copita de la que tomaba 
sorbitos y un vaso del que tomaba largos buches : la copita contenía 
agua; el vaso, aguardiente. Vivió con vilipendio y fué poeta facilísimo 
y asombroso improvisador, cual no se vio después de Serra. J. Nom- 
bcla. Impresiones, t. III, pág. 329: "Volví á hallarle al entrar en el 
portal de una casa de la calle de Jacometrezo, esquina á la de Chin- 
chilla, en el que había un puesto de libros. Mi antiguo compañero ha- 
bía heredado la industria de su padre, que ya de por sí era lucrativa, 
y además había montado lo que podríamos llamar una fábrica de co- 
medias, saínetes y zarzuelas. Como si se tratara de la cosa más natu- 
ral del mundo, me confió que la casualidad le había puesto en relacio- 
nes con un joven de mucha chispa, que, de una sentada, escribía una 
comedia en un acto, capaz de desternillar de risa á los oyentes más 
.«serios ó hipocondríacos. Versificaba con asombrosa facilidad, comen- 
zaba su labor sin saber adonde iría á parar ; pero toílo le salía como 
una seda, las situaciones cómicas brotaban de su rápida pluma que era 
una ben<lición, y bien podía asegurarse que era uno de los mejores 



S. XIX^ 1856. CARLOS FRÜNTAURA 



171 



discípulos de Bretón de los Herreros y émulo de Narciso Serra. Pero 
cuando le conoció, no tenía sobre qué caerse muerto: era un bohemio 
que sólo por casualidad podía comer algo de vez en cuando, sin más 
lecho para dormir que los bancos de la plaza de Oriente ó el quicio de 
alguna puerta. Ignoraba si tenía familia, si era provinciano ó madri- 
leño, y el joven, por su parte, creo que también lo ignoraba ó, por lo 
menos, mostraba empeño en ocultar su origen. El librero, que estaba 
casado y habitaba un espacioso piso bajo en la casa en cuyo portal 
tenía su comercio, le propuso hospedarle y mantenerle, á condición de 
que cada semana escribiese una comedia en un acto. Antes de comer 
había de leerle, por lo menos, una ó dos escenas; otro tanto debía su- 
ceder para que le sirviesen la cena. El día que no tenía gana de escri- 
bir ó le faltaba la inspiración, se quedaba sin comer. El joven no debía 
firmar sus obras. Se las entregaría á su Mecenas; éste procuraría 
que se representasen, cobraría los derechos y, si alcanzaban éxito, 
mejoraría el deteriorado guardarropa de su huésped. Llamábase éste 
Pelayo del Castillo, y, cuando pudo emanciparse y escribir para el 
teatro por su cuenta y riesgo, demostró lo mucho que valía y adquirió 
cierta fama, aunque jamás provecho, porque, antes ó después de estre- 
nadas, vendió á bajo precio sus producciones. Más de un año vivió 
bajo la tutela del comerciante en libros viejos, le presentó á otros dos 
ó tres compañeros de su calaña, entre ellos á un Pedro Escamilla, que 
hizo comedias, dramas y novelas, primero para el librero y después 
para algunos autores perezosos ó aficionados á engalanarse con plumas 
ajenas. Cuando la casualidad me puso de nuevo en relaciones con mi 
antiguo condiscípulo tenía cuatro huéspedes, regimentados todos como 
antes he indicado, y de acuerdo con algunos empresarios, á quienes 
sólo exigía la mitad de los derechos ó un tanto alzado por cada repre- 
sentación, según me confió, teniendo en cuenta nuestro antiguo cono- 
cimiento para ser franco conmigo, realizaba un buen negocio, y en 
su conciencia — los explotadores suelen tenerla ancha — ^hacía una ver- 
dadera obra de caridad, puesto que ofrecía albergue y comida á 
unos desdichados que, sin su ayuda, habrían perecido de inanición." 
Pelayo del Castillo: Ver para creer, com. (1856). Cuestión de tempe- 
ramento, jug. (1866). El que nace para ochavo, com. (1867). Morirse 
á gusto (1870). EL Mejor alcalde... el pueblo (1872). Por dar gusto á 
mi mujer (1872). Más vale pájaro en mano (1873). Botas llovidas del 
cielo (1874). Un duque sin ducado (1879). Una corazonada (1880). Por 
una cruz. Un vago de real orden. Además. Eh!, eh!, ríase usted, libro 
cómico de chistes, Madrid, 1883. 

Jorge Huneeus Gana, Cuadro histór., pág. 421 : "Desde su estreno 
en 1857 en El Ferrocarril con sus célebres artículos sobre Oscuran- 
tismo y Libre examen, ha dominado en la prensa sin contrapeso como 
diarista de formas opulentas y oratorias. La Asamblea Constituyente, 
La Voz de Chile, El Mercurio y principalmente La Patria, fundada y 
dirigida muchos años por él, conservarán siempre como el tesoro de 



172 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

más valor artístico de sus columnas los innumerables artículos de este 
tribuno célebre... Su cerebro es de una organización tan enérgica y 
tan vibrante, que se plega con la misma facilidad, con el propio éxito, 
á los rasgos sublimes de la tribuna popular, á los arranques imponen- 
tes de la oratoria parlamentaria, á los denuedos valientes y tenaces 
del polemista de la prensa y a la pintura serena y majestuosa del pa- 
sado. Hay, sin embargo, dos rasgos...: una concepción sintética de 
una luminosidad irresistible y una opulencia oratoria de formas, cuya 
amplitud poderosa, cuya artística armonía y cuya nerviosidad brillante 
y pintoresca no han sido superadas por nadie en Chile." Luis Orrego 
Luco, Pról. á Obras de J. E., 1910: "Isidoro Errazuriz ha tenido, en 
ciertos momentos, el honor tan brillante como peligroso, de encar- 
nar en su elocuencia desbordada las pasiones, las noblezas, los errores 
y los heroísmos de todo un pueblo en plena agitación y en plena efer- 
vescencia... Los refinamientos de sensibilidad, que constituían en 
Errazuriz la fibra de poeta, sirvieron para centuplicar la fuerza del 
tribuno..., imaginación más de forma que de fondo, manifestada en la 
comparación, en la metáfora brillante, en la sugestión melodiosa..., 
antes que en el concepto creador... Las páginas históricas de Erra- 
zuriz han sido trazadas con pluma de artista y de pensador... Es ar- 
monioso y fácil, galano y rico. Como escritor, Errazuriz carece de la 
corrección, así como del corte netamente cervantesco de Rodríguez ó 
de Rómulo Mandiola... La imaginación desbordada de Errazuriz no 
se avenía con la nitidez purísima ni con la naturalidad perfecta... 
Su Estudio histórico de los partidos en Chile, trazado con pulso firme, 
grande amplitud de miras y la imparcialidad más severa es una de 
las páginas hondamente meditadas de la literatura nacional... Si bien 
Errazuriz, como historiador, no tiene la honda intuición histórica de 
don José Victorino Lastarria, en cambio, es más imparcial en la apre- 
ciación de hombres y sucesos, menos doctrinario y más artista ; le 
supera en el vuelo de la imaginación y de la frase." Tres razas, 1887; 
Valparaíso, 1892. Obras de Isidoro Errazuriz, Discursos Parlamenta- 
rios, dos vols., Santiago, 1910 {Bibl. Escrit. Chil.). 

6 7. Año 1856. Fernando Martínez Pedrosa (1830-1892), madri- 
leño, redactor de El León Español y El Reino; director de El Medico 
á Palos (1859) y La Ilustr. Catól. (1890) ; colaborador del Diario de 
Barcelona con la firma P. P. P., El Museo Universal (1857-69), La 
Política (1863), El Teatro, La Niñez; revistero de teatros en La Na- 
ción, usó los seudónimos El Conde de Cabra, Fulano de Tal y Gil Car- 
mona. Cultivó el arle dramático, y en periódicos, con atildada frase y 
mucho color, la sátira ligera. Estrella, leyenda, 1856. La Paloma tor- 
caz, dr., 1860. La Red de flores, zarz., 1861. El Galán de la higuera, 
jug., 1863. La Madre del cordero, com., 1863. Socorros mutuos. Gra- 
mática parda. El Mundo nuevo. Cuentos íntimos, Madrid, 1864. La 
Flor del cardo, zarz. burlesca, 1873. Nubes y flores, versos, 1874. Som- 



S. XIX, 185Ó. CARLOS ENCINA IjS 

bras, rasgos de la fisonomía social, 1878. Perfiles y colores, sátira de- 
costumbres, Barcelona, 1882. Diálogos de salón, páginas representa- 
bles, Madrid, 1887. 

Vicente de Riva Palacio (1832-1896) nació en Méjico, por seud. 
Rosa Espino en la Iliistr. Españ., dióse á conocer en las letras y en la 
política desde 1856. Fué poeta, historiador, crítico, cuentista, novelis- 
ta, colaborador de periódicos. No quiso ser ministro de Hacienda con 
Juárez (1861) ; armó un batallón en la guerra de intervención de 1862; 
fué jefe del ejército del Centro; tomó á Toluca y le rindió su espada 
el emperador Maximiliano. Hizo cuanto pudo por salvarle la vida. 
Ministro de España fué desde 1887. Escribió las novelas, en parte au- 
tobiográficas, Calvario y Tabor, Monja y casada, Martín Garatuza, 
Las dos emparedadas, D. Guillen de Lampart. Dirigió el periódico. 
La Orquesta y fundó El Ahuizote. Con Juan Antonio Mateos escribió 
las comedias y dramas coleccionados en Las liras hermanas, y con 
Manuel Payno, El Libro rojo, de leyendas tradicionales. El y Francis- 
co J. Arredondo publicaron El Parnaso mexicano, Méjico, 1885-1896^ 
24 tomitos. Páginas en verso, ibid., 1885. Con Juan de Dios Mera pu- 
blicó Tradiciones y leyendas mexicanas^ Méjico, 1887. Dirigió México 
á través de los siglos: historia gral. (por varios), Barcelona (1888?), 
cinco vols. Mis versos, Madrid, 1893. En Esp. Mod. : Sor Magdalena, 
tradic. mexicana (1889, Marzo). Lorencillo, epis. hist., poes. (1889, Jul.). 

Marcos Arroniz, de Drizaba (Méjico), escribió poesías ultra- 
rrománticas ó de negro humor y desesperación, como Ilusiones, y 
otras profias de un creyente, como Sáficos adónicos á la Virgen, Al 
Arco iris, soneto. En Los Celos hay amor y odio, ruegos y blasfemias^ 
incorrección y armonía, espi ritualismo y sensualidad. Publicó Manual 
de historia y cronología de México, París, 1856. Manual de biografía 
mexicana ó galería de hombres célebres de México, ibid., 1857. Enci- 
clopedia hispano-americana, ibid., 1858. Manual del viajero en Méxi- 
co, ibid., 1858, 1862. 

Carlos Encina (1838- 1882), de Buenos Aires, diputado (1868), ca- 
tedrático de Ciencias y decano de la Universidad, compuso Canto líric.} 
á Colón, á los diez y nueve de su edad, y fué premiado. Después puso en 
verso dos disertaciones: Canto al Arte y La Lucha por la Idea. Sus 
poesías son clásicas en la forma, y frías, filosóficas en los asuntos, ri- 
mando términos abstractos y razonando con ellos y con algunas figuras 
poéticas. M. Pelayo, Hist. poes. hisp.-amer., t. H (1913), pág. 465: 
"Basta pasar la vista por los primeros versos de cualquiera de estas 
ccmjposiciones hinchadas y pedantescas para convencerse de que su 
autor era leyente asiduo de Hegel y de Spencer; pero que apenas ha- 
bía recibido de la naturaleza ninguna condición poética. Sus versos, 
duros, secos, desarticulados, sia color ni música, plagados de voces 
técnicas y abstractas, son prosa rimada, y de la peor especie posil le, 
prosa de tratados de Filosofía puesta en malos versos... Parece impo- 
sible que este galimatías haya sido puesto en las nubes como dechado- 



«74 PRiMER PERÍODO DE T.A ÉPOCA RE.U.ISTA (185O-1S69) 

de poesía filosófica y como nuevo rumbo abierto al arte americano." 
La Atlúntida, poema, 1856. Canto Úrico á Colón, 1857. Canto al arte. 
La Lucha por la Idea. La Mujer ideal. Carlos Encina: In Memoriam, 
B. Aires, 1883. 

Manuel (Martínez) Murguía (n. 1833), de La Coruña, viudo hoy 
de doña Rosalía de Castro, archivero, negóse á ser farmacéutico, 
como su padre quería; se vino á Madrid, donde hambreó no poco, y 
durmió sobre los bancos de la plaza de Oriente. Tenía talento para 
novelista, como lo mostró componiendo Desde el cielo y La Madre 
Antonia. Después historió á Galicia, poniendo algo de novelesco y de 
fantástico en sus obras. Desde el cielo, nov., Vigo, 1856; Madrid, 1910. 
El Ángel de la muerte, narración, Madrid, 1857. La Mujer de fuego, 
nov., 1859. Diccionario de escritores gallegos, Vigo, 1862. Historia de 
Galicia, t. I, Lugo, 1865; Coruña, 1901 ; t. II, Lugo, 1867; Coruña, 
1905: t. III, Santiago, 1889; t. IV, Santiago, 1891 ; t. V, ibid., 1916. 
La Primera luz (lecciones de geogr. é hist. gallega), Lugo, 1868. El 
Foro, Santiago, 1S82. El Arte en Santiago (s. xviii), Madrid, 1884. 
Los Precursores, Faraldo, etc., Coruña, 1885. Los Precursores, Coru- 
ña, 1886. Galicia, sus monum. é historia (en Esp. y sus monumentos), 
Barcelona, 1888; Coruña, 1889. Es prosa, 'Coruña, 1895. D. Diego Gel- 
mircz, ibid., 1898. Los Trovadores gallegos, ibid., 1905. 

Heraclio C. Fajardo (1833-1867), de San Carlos (Uruguay), re- 
dactor desde joven en El Nacional, proscripto de Buenos Aires, fué 
poeta romántico furioso, exagerado y de mal gusto. Camila O'Gor- 
man, drama muy aplaudido, B. Aires, 1856, 1862. América y Colón, 
poesía premiada en 1858. La Cruz de azabache, poema, B. Aires, 1860. 
El Colibrí, versos de álbum, agradables é ingeniosos. Arenas del Uru- 
guay, definitiva edición de sus obras poéticas, B. Aires, 1862. Hilario 
Ascasuhi, noticia biográfica, 1862. La Indígena, melodr., 1862. Su 
"hermano Carlos A. Fajardo hizo poesías románticas, menos conoci- 
das, pero más correctas y de más pura inspiración. 

Laurindo Lapuente, poeta montevideano, cívico y patriotero, di- 
dáctico y bastante prosaico, quintanesco, trompeteador, publicó £n- 
■sayos poéticos, B. Aires, 1856. Virtud y amor hasta la tumba, nov. 
romántica, ibid., 1856, 1858. Una respuesta á María, fantasía, ibid., 
1857. Republicanas, poesías, ibid., 1865. Poesías, ibid., 1865. Laurin- 
das, poes., ibid., 1865. Varios opúsculos (1865). Meteoros, ibid., 1867 •. 
pensamientos en verso. Pobre Patria, 1868. 

Leopoldo María Bremón (1837-1914), malagueño, redactor de La 
España (1855), director de El Horizonte, secretario de la redacción 
de /:/ Padre Cobos, director de El Musco Católico (1867), colaborador 
de La Gran Vía, Gente Vieja, Ilustr. Esp., fué buen crítico é ilustrado 
<:onocedor de los clásicos. Estrenó Angélica y Medoro, zarz. (1856). 
Cupidí^ y Marte, zarz. (1856). Una comedia en un acto, com. (1858). 
Vna emoción, jug. (1859). La Político-manía (1867). Las Mujeres del 
siglo, zarz. (1867). 



S. XIX, 1856. SALVADOR CUCALÓN ) yD 

C8. Año 18 ¿6. Aguinaldo de Luisa Molina, poesías de varios, 
Matanzas, 1856. — Álbum de la Rábida, Sevilla, 1856. — Álbum poético 
dedicado á S. A. R. la Srma. Sra. Infanta Doña Ltiisa Fernanda de 
Borbón, Sevilla, 1856. — Antonio Arango Valdés, de Pravia, publicó 
en La Tradición, Oviedo, 1856, leyendas y poesías ; en El Invierno, 
Oviedo, 1859, artículos y poesías. Suspiros del alma, baladas, Oviedo, 
1859. — Rafael Arévalo, secretario de la municipalidad de la Nueva 
Guatemala, publicó Libro de Actas del Ayuntamiento de la ciudad de 
Guatemala {1524-1530), Guatemala, 1856. Colección de documentos 
antiguos del archivo del ayuntamiento de la ciudad de Guatemala, 
ibib., 1857. — 'Enrique Arredondo publicó Alberto, leyenda, Madrid, 
1856. — ^JuAN Belza estrenó A Ritsia por Valladolid, zarz, (1856). El 
Perro del hortelano, zarz. (1856). Ardides y cuchilladas, zarz. (1861). 
Peluquero y marqués, zarz. (1861). Por amor al prójimo (1863). El 
Jorobado (1863). El Cuerpo del delito, jug. (1864). — Ángel Bello 
(t 1859), cubano, estrenó Roberto el cervecero, dr.. Habana, 1856. 
Don Vetustón Serpentón^ jug. (1858). — Rafael Blasco y Moreno 
(1836-1884), de Orihuela, publicó poesías con el título de Historias 
del corazón (1864), novelas y artículos cortos con el de Una hora de 
recreo. Dos artistas, novela. Piezas teatrales: De un tiro dos pájaros, 
La Tentación, Por balcones y ventanas. Por tejados y azoteas. Un in- 
quilino, La Caza de la zorra. — Antonio de Padua Bosch (t 1876), es- 
pañol, estrenó Un amigo en su desgracia, Habana, 1856, 1857. Noti- 
cias hist. y geogr. de la Palestina, ibid., 1859. — Eliodoro del Busto 
publicó Los Partidos en cueros ó apuntes para escribir la historia de 
doce años (1843-56), Madrid, 1856. — Antonio Benigno de Cabrera es- 
trenó El Triunfo del pueblo libre en 1820, dr. (1856). — Salvador Cam- 
marano estrenó María de Rohan, dr., Puerto Príncipe, 1856. — Juan 
María Capitán publicó Poesías, Jerez, 1856, dos vols. — Hamón de Ce- 
BALLOS publicó XXIV capítulos en vindicación de Méjico, Madrid, 
1856. Guerra de España en Méjico, ibid., 1858. — Úrsula Céspedes de 
EscANAVERiNO (1832-1874), de Bayamo (Cuba), poetisa que cantó deli- 
cada y sentidamente, sobre todo el amor maternal, publicó Ensayos 
poéticos, 1856. Ecos de la selva, poesías, Bayamo, 1860; Cuba, 1861. 
El Cementerio de la Haban<i (1863), La Mariposa del Alba, A mi hiJM 
Luisa, Ayer, etc., son poesías notables. Enr. José Varona, Ojeada so- 
bre el mov. intelect. en América, 1876: "¿Quién ha sido más espiri- 
tualmente material que Úrsula Céspedes, cantora de todos los amores 
y, sobre todo, del puro y sacrosanto amor maternal en sus esperanzas, 
en sus temores, en sus ilusiones, en sus angustias, en sus crisis supre- 
mas, hasta en el paroxismo de la muerte?" — José Cortés, actor, pu- 
blicó Dios y el hombre, poesías religiosas, Habana, 1856. La Zarzuela 
en la Capital del Perú, alegoría en un acto, Lima, 1857. — Manuel 
Costales publicó Florentina, escenas sociales. Habana, 1856. Aguinal- 
do habanero, por varios, 1865. — Salvador Cucalón y Escolano pu- 
blicó Lamentaciones de Jeremías, poema bíblico, Madrid, 1856. — La 



176 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Democracia, periód., 1856, 1864-6Ó, 1869-70, donde se señalaron Nico- 
lás M. Rivero y Castelar. — La Discusión, diario democrático, Madrid, 
1856-70. — F. Duran y España publicó El Sitio de Sebastopol ó la san- 
gre de venganza, nov. hist. contemp., Vich, 1856, dos vols. — Félix Ma- 
ría Escalante, poeta mejicano, publicó en Méjico, 1856, una colección 
de sus poesías líricas. — M. de la Escalera publicó Nomenclátor de las 
calles de Cádiz, ibid., 1856. — Arsenio Esguekra (1836-1875), de Iba- 
gué (Colombia), periodista y poeta, cantor de la patria, el hogar, la 
virtud, el honor y el deber, cuyos versos y artículos literarios ha pu- 
blicado su hermano Nicolás, con prólogo de Medardo l^ivas: Poesías 
y artículos en prosa, Bogotá, 1880. — La España Teatral, periód. de 
teatros, Aladrid, 1856. — Luis Estrada publicó Resumen de la Historia 
y Administración Ultramarina de las posesiones holandesas en el Ar- 
chipiélago de la India, Madrid, 185Ó, 1863. Cuadro geográfico, histó- 
rico, administrativo y político de la India, Madrid, 1858. Filipinas en 
i8j2 (Rcv. España, 1874, t. XXX VI). — Pasatiempos literarios de Joa- 
quín Ezquerra y Bayo, leyendas, Madrid, 1856. — (Gabriel Fernández^ 
de Almería, Ardides del amor, zarz. (1856). El Marido es un tirano, 
com. (1856). El Arrepentimiento, dr. (1857). Hasta el sueño es ene- 
migo del avaro, jug. (1859). El Amor filial, com. (1860). — Leonardo 
Fernández Elegido publicó Ensayos poéticos, Toledo, 1856. — ^Salva- 
dor Fernández y Cárdenas publicó El Diablo de palo, nov. hist., Ma- 
drid, 1856. El Ultimo carbonario de Lombardia, nov, hist., 1856. — Jor- 
ge Florit de Roldan estrenó El Secreto de un monarca, dr., Habana, 
1856. — EusEBio FoNT y Müresso (t 1900J, músico y novelista catalán, 
colaborador de varios periódicos, publicó El Emigrado, nov., 1856. 
Cuatro millones, nov., Madrid, 1877. — Joaquín Francés publicó Los 
Miriñaques, ensayo poético, joco-serio, satírico-burlesco, Tudela, 1856. 
— I'^RANcisco de Paula Franqueza publicó Flores de amistad, poesías, 
Barcelona, 185Ó. — Ángel María Galán (n. 1836), de Genesano (Co- 
lombia), escribió El Ultimo Boabdil, dr. (con Quijano Otero) y poe- 
sías. — ^Aurelio Gallardo (1831-1869), de León (Méjico), además de 
algunos dramas, entre ellos María Antonicta de Lorena, hizo poesías 
bien sentidas, en estilo claro, á veces prosaico. Sueños y sombras, 
México, 1856. Nubes y estrellas, Guadalajara, 1865. Leyendas y ro- 
mances, San Francisco, 1868. Leyendas íntimas y la novela Amor de 
Ángel en un periódico de California. — ^Adolfo García estrenó La No- 
via y el pantalón, com. (1856), La Venta encantada, zarz. (1859). 
Tal para cual, zarz. (i86o). — Manuel González publicó Carmen la 
española, novela, Madrid, 1856. — Pedro Paulo Govantes, habanero. 
Poesías (ix)st.), Habana, 1856. — 'Gasi'ar Hernández, canónigo domini- 
cano, publicó La Caridad en acción, Cuba, 1856. Lágrimas de la so- 
ciedad, ibid., 1H56. — ^JosÉ Aniceto Igaga (1794-1860), de Trinidad 
(Cuba), publicó Travesuras del mocito Mustafá, Habana, 1856. — Eu- 
SEiiiO J1MEN0 Martínez publicó Amor, celos y amistad, nov., Madrid, 
185^^ — Jorge Lasso ue la Vega publicó La Marina real de España á 



S. XIX, 1856. IGNACIO DE QUESADA 1 77 

fines del s. xviii y principios del xix, Madrid, 1856-63, dos vnls. — 
Daniel Lens (1836-1878), fué poeta romántico boliviano. — Francisco 
DE LA Luz DE LA Madrid, de Guanabacoa (?), publicó Ensayos poéti- 
cos, Sagua, 1856. — iRamón Llórente Lázaro publicó Compendio de 
bibliografía de la veterinaria española, Madrid, 1856. — El Sitio de 
Maestrick, nov. hist. por el Peregrino^ Madrid, 1856. — ^Agustín Marín 
de Espinosa publicó Memorias para la historia de la ciudad de Cara- 
vaca y del aparecimiento de la Sfna. Cruz, Caravaca, 1856. — Antonio 
Martínez publicó Memorias de Galicia, Pontevedra, 1856 (en El Res- 
taurador). — Victoriano Martínez Muller (t 1872), poeta festivo, le- 
dactor de La Discusión, publicó Poesías jocoso-satíricas, Madrid, 
1856-57. — 'Emilio Moreno Cebada, cura de San Miguel de Fuenca- 
rral, publicó El Predicador, colecc. de sermones, ocho vols., Madrid, 
1856-58. Historia de la Virgen, ibid., 1859. Historia de Jesucristo, 
dos vols., 1860. Nueva historia de la Virgen, 1862, dos vols. Historia... 
de las religiones, dogmas, creencias, dos vols., Barcelona (s. a.). Bi- 
blioteca predicable... para todos los domingos del año^ 11 vols., Ma- 
drid, 1864... Nueva historia general y completa de la Iglesia, Barcelo- 
na, 1867, cuatro vols.; 1874-75, 13 vols. Flores de María, sermones, 
Madrid, 1903 (3.* ed.). Aventuras de Apolinar Carrasco, dos vols., 
Barcelona, 1874. Sermones, Barcelona, 1877. El Concilio Vaticano, 
dos vols. (s. a.). — Carlos Navarrete y Romay (1833-1893), habane- 
ro, publicó Romances cubanos, Habana, 1856. Poesías, París, 1866. 
Antes que te cases, 1866. — Luis Ortega de la Flor (1814-1894), ga- 
ditano, estrenó Una fiesta en un ingenio. Puerto Príncipe, 1856. La 
Valida y el valido, com. (1857). Felipe, dr. El Cometa. El Viejo ena- 
morado, zarz. (1858). Herminia de Albarracín, dr. (1858). El Empre- 
sario y la actriz, jug. (1851). Los Amores de un guajiro, jug. (1858). 
Otras inéditas, en Trelles (t. IV, pág. 153). — ^Luis G. Ortiz (1835- 
1894), poeta mejicano, publicó Poesías, México, 1856. — Fernando Os- 
soRio estrenó Por ella, dr. (1856). — ^Benjamín Pereira Gamba (n. 1834), 
catedrático, periodista y poeta, fundó El Álbum (1856) y El Iris 
(1861-62) en Quito, redactó La Unión en el Perú (1862-63) y publicó 
sus Poesías con prólogo de José Joaquín Ortiz. — José Pérez del 
Castillo estrenó No se lúzo la miel..., com, (1856). — ^Luisa Pérez y 
Montes de Oca (n. 1837), de Caney (Cuba), poetisa sencilla y tierna, 
como era llana campesina, publicó Poesías, Cuba, 1856. Tiempo perdi- 
do, poesías, ibid., 1857. La Hija del Verdugo, epis. hist., 1865. Los 
Gracos, nov., 1865. Fuentes Betancourt, Luisa Pérez, estud. crít., 1879. 
Enr. José Varona, Ojeada sobre el mov. intelect, en América, 1876: 
"El amor que le sobrevive, que llora eternamente sobre la tumba re- 
gada por las flores fragantísimas del recuerdo, el amor casto y respeta- 
ble de la viudez, ¿ha sido mejor sentido ni mejor cantado que por Lui- 
sa Pérez?" — Ramona Pizarro estrenó Elvira, dr. hist.. Habana, 1856. 
— Pucha Yumurina, versos de poetas cubanos. Matanzas, 1856-57, dos 
vols. — ^Ignacio de Quesada Castillo: El Avaro hipócrita, Puerto 

TOMO VIH. — 12 



178 I'KIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\L1STA (185O-1869) 

Principe, 1856. — José M/ Quijano Otero (1836-1883), de Bogotá, 
diplomático y periodista, historiador y poeta, de carácter noble y 
amante de su tierra, publicó Compendio de historia patria. Bogotá, 
1883. Memorial histórica sobre Límites entre Colombia y el Brasil. — 
Teodomiro Ramírez de Arellano y Gutiérrez, cordobés, director de 
La Prozñncia (1885), publicó El Árbol de la esperanza, dr., Córdoba, 
1856. Paseos por Córdoba, ibid., 1873, 1874, 1875, 1877. Leyendas y 
tradiciones populares, ibid., 1876. Recuerdos de Córdoba, colección de 
romances tradicionales, ibid., 1883. Romances histórico-tradicionales 
de Córdoba, 1902. — Los dos mayores rivales ó los dos amantes patrio- 
tas, nov. hist, nacional, por un aficionado, Montevideo, 1856. — Julio 
Rosas (seud.), habanero, nacido en 1839, publicó Julia, nov., Habana, 
1856, 1859. La Tumba de azucenas, id., 1856, 1859, 1860. Flor del co- 
razón, nov. india, Cádiz, 1857, 1858; Habana, 1859, 1860. Lágrimas de 
un ángel, ibid., 1859, 1860. La Joven Esmeralda, memorias de un es- 
txidiante, 1859. Graziela, nov., Guanajay, 1863. Magdalena, nov., ibid., 
1863. La Campana de la tarde, nov., 1873, tres vols. Los Cucuyos, 
1873. La Campana del ingenio, 1883-84. Amor á la patria, San Anto- 
nio de los Baños, 1888. Mi odio á España, 1897. La Joven Cuba, quin- 
cenario rcpubl. federal, 1899. Narciso López en Cárdenas, nov., 1903. 
Cuba Revolucionaria (1826-68), nov., Guanabacoa, 1914. Francisco 
Vicente Aguilera, 1916. El Cafetal Azul, nov. cubana política (tendrá 
ocho tomos). — Pedro Ruiz Aldea, costumbrista chileno, publicó Ojea- 
da sobre la provincia de Arauco, Santiago, 1856 (en El Ferrocarril). 
Los Araucanos y sus costumbres, Concepción, 1863 {La Tarántula) ; 
Santiago, 1902. Nuestro pasado, artículos festivos, 1894. — Felipe Ja- 
cinto Sala, colaborador de Los Niños (1883-86), publicó Fábulas re- 
ligiosas y morales en verso, Sabadell, 1856, 1865. Nuevas fábulas..., 
Barcelona, 1886. — Baltasar Saldoni publicó Reseña hist. de la escola- 
nia ó colegio de música de la Virgen de Monserrat..., Madrid, 1856. 
Efemérides de músicos españoles, Madrid, 1860. Diccionario biográ- 
f ico-bibliográfico de efemérides de músicos españoles, ibid., 1868-81, 
cuatro vols. — Cándido Salinas, asturiano, publicó Poesías, Oviedo, 
1856. — Fray José Sola y Francés, franciscano exclaustrado, publicó 
Setenario predicable de los Dolores de María, Barcelona, 1856. — ¡Car- 
los Soler y Arques (1836-1896), de San Martin (Gerona), catedrá- 
tico del Instituto de Cisneros, redactor de El Fomento, de Badajoz 
(1873), El Magisterio Español, La Ilustr. Catól. y Rev. Contemporá- 
nea, publicó El Talisfnán de la bienandanza, Madrid, 1856, dos vols. 
Veleidad y amor, ibid., 1858. Huesca monumental, ojeada sobre su 
historia gloriosa, apuntes biográficos de sus santos y personajes cé- 
lebres..., Huesca, 1864. De Madrid á Panticosa, viaje pintoresco á los 
ptieblos históricos, monumentos y sitios legendarios del alto Aragón, 
Madrid, 1878. Los Españoles según Calderón, disc, 1881. Ideal de la 
familia, ibid., 1887. Aquí y allá, bocetos sociales, ibid., 1892. Norte y 
Mediodía, 1895. — lE. (j. Squier i)ublicó Apuntamiento sobre Centro 



S. XIX, 1857. JOAQUÍN LORENZO LUACES 1 79 

América, París, 1856. Collcction of rare and original Documents and 
Relations conccrning The Discovery and Conquest of America, New- 
York, 1860. Monograph of authors who have written on the Lan- 
guages of Central America, ibid., 1861. Honduras, descripción hist., 
geogr. y estad., Tegucigalpa, 1908. — Félix Talegón de Santiago 
estrenó El Mejor amigo, un duro, com. (1856). — ^JosÉ María Ugarte 
(1836-1864), de Plencia (Vizcaya), escribió un drama, poesílas y 
El Árbol de Guernica, en octavas (1856). — Francisco de la Vega 
estrenó Donde las dan las toman, zarz, (1856). — Andrés Viña poi- 
blicó Estudios sobre la isla de Puerto Rico, Madrid, 1856. — Igna- 
cio ViRTO estrenó Santiaguillo, jug. (1856). Luis y Luisito (1856). 
Andarse por las ramas, jug. (1861). — Antonio Enrique de Za- 
fra (t 1875), sevillano, estrenó Las Trampas de mi tío, com.. 
Habana, 1856. Un huésped á media noche, com. (1856). Isabel de 
Bossian, dr. (1856). Amor contra nobleza, dr. (1858). El Lego de San 
Fardel, dr. (1858). El Hombre negro, dr. (1859). Los Cantos de la 
pasión (1859). La Toma de Tetuán, dr., 1860. Pío Nono, poema, 1861. 
El Alcalde D. Rodrigo, dr., 1862. Los Mártires de Roma, dr., 1862. 
Las Siete palabras, cantos religiosos, 1864. Tres para dos, jug. (1865). 
Jeremías, lamentaciones comentadas en verso, 1866. Un golpe de for- 
tuna, com. (1867). Dios los cría... (1868). La Fiesta del mayoral, dr. 
<i868). Un cuadro de Rafael, dr. (1868). Colón en Cuba (1869). BIok- 
ca de Toledo, ley., 1870. Los Salmos penitenciales comentados en ver- 
so, 1871. Por España y su bandera (1872). La Madre imnaculada, can- 
to, 1873. 

69. Año 183/. Rosalía de Castro de Murguía (1837- 

1885) nació en Santiago y vivió en Galicia sola, sin comuni- 
cación literaria ; hizo poesías en gallego y castellano, elegiacas, 
delicadas, soñadoras, henchidas de suavidad y dulzura y del 
sentimiento íntimo tan propio de su raza. Ajpartóse de los de- 
más versificadores en la métrica, obedeciendo tan sólo á la ca- 
dencia. Siente hondamente la naturaleza, que suele cotejar con 
el estado de su alma, fundiendo en uno entrambos sentimien- 
tos, sobre todo con una á manera de piedad tierna y melan- 
cólica. 

Joaquín Lorenzo Lu.\ces (i 826- i 867), poeta habanero, 
pomposo y enfático, vehemente y deslumbrador, siguiendo la 
tradición de Olmedo y Heredia, cantó la naturaleza y la histo- 
ria, la industria y el heroísmo colectivo. Su mejor composición 
es la Oración de Matatías, canto revolucionario del corte de 
Tassara. Son notables La Natnraleisa, La Luz, El Trabajo 
:(i867), E^ Ultimo día de Babilonia, Caída de Missolonghi, 



l8o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Varsozña. Publicó romances cubanos en periódicos, anacreón- 
ticas, el poema Cuba y poesias filosóficas y morales. Entre sus 
dramas: Aristodemo, la mejor tragedia cubana (1867), El 
Mendigo rojo, Arturo de Osberg. 

7 0. Con el escudo de seis róeles de los Castros álzase todavía en 
la vega de Padrón, á la falda del monte Miranda, el palacio de los 
ascendientes de Rosalía, entre los cuales se cuenta el trovador de las 
Cortes de Juan II y Enrique IV, Juan Rodríguez del Padrón. Tíos 
del bisabuelo de Rosalía fueron los tres hermanos Salgado y Moscoso : 
fray Martín, poeta y agustino; fray Gabriel, mercedario y rector de la 
Universidad de Alcalá; fray Miguel, císterciense. Para la historia no 
hay secretos, y el del nacimiento de Rosalía explica las dificultades 
por algunos halladas para dar con su fe de bautismo y, sobre todo, 
las penas íntimas y vida retraída de la poetisa, cosas que se transparen- 
tan harto en su vida y en sus versos. El padre de Rosalía fué sacer- 
dote : la historia no ve ningún desdoro en ello. Al morir, apartada de 
su marido y en compañía tan sólo de su hermana, recomendóle á ésta 
quemase sus poesías. Xo sólo lo cumplió, sino que no ha querido re- 
imprimir libro alguno. Sólo de los Cantares se hicieron dos ediciones. 
Los libros de Rosalía son rarísimos. Su vida se encierra en estas pa- 
labras de Vales Failde : "Después de haber cumplido escrupulosamen- 
te como hija, como esf>osa y como madre, en los ratos de tristezas 
íntimas, de desolaciones y dolores, cogía la pluma y rápidamente es- 
cribía esas inspiradas estrofas de versificación fluida, rima fácil y 
metro variado, con las que enseñó el habla gallega á conterráneos 
suyos que afectaban ignorarla; consoló á millares de almas tristes que 
allende los mares lloran la aldea perdida; puso al descubierto llagas 
que corroen á la sociedad contemporánea, indicando á veces con cla- 
rividencia grande el oportuno remedio, y elevó al Cielo pocas, sí, 
pero ardentísimas poesías religiosas, que no se desdeñarían de fir- 
marlas Teresa de Jesús, Juan de la Cruz ó cualquiera otro de nues- 
tros inmortales místicos." Sinceros, del alma, y cuajados en penas 
vividas son sus versos, y ella era poetisa gallega. Con esto está todo 
dicho. "He observado (escribió fray Martín Sarmiento, en las Me- 
morias para la hist. de la poesía) que en Galicia las mujeres, no sólo 
son poetisas, sino también músicas naturales. Generalmente hablando, 
así en Castilla como en Portugal y en otras provincias, los hombres 
son los que componen las coplas é inventan los tonos ó aires, y así se 
ve que en este género de coplas populares hablan los hombres con las 
mujeres ó para amarlas ó para satirizarlas. En Galicia es al contra- 
río. En la mayor parte de las coplas gallegas hablan las mujeres con 
los hombres, y es porque ellas son las que componen las coplas sin ar- 
tificio alguno, y ellas inventan los tonos ó aires á que las han de can- 
tar, sin tener idea del arte músico." Nada de literatura ni de artificio 



S. -XIX, 1857. ROSALÍA DE CASTRO 181 

hay en Rosalía; tan poco culta ni erudita, que, como candorosamente 
nos dice, no estudió "mais escola qu'a d'os nosos probes aldeans". El 
habla gallega de sus poesías "aparece (segiui la Pardo Bazán, De mi 
tierra, 1888, pág. 28) en las obras de Rosalía, dulce, palpitante, cari- 
ñosa, de cera para la rima, purificada de las asperezas y vulgarismos 
que solían afearla en otros poetas, y al mismo tiempo, francamente al- 
deana, salpicada de giros y locuciones rústicas, cuyo sabor de fresa 
silvestre no habíamos apreciado hasta que el poeta (la poetisa, quiere 
decir) nos las brindó servidas en fuente de plata". Apenas tenía once 
años escribió sus primeros versos, que luego rompía; algunos de los 
cuales fueron leídos en el Liceo de San Agustín, de Santiago. Casó 
á los veinte con el cronista llamado Manuel Murguía, fallecida antes 
su madre, y, á poco de nacer, el primer hijo de este matrimonio, des- 
graciado por la contrariedad de caracteres. Nació Rosalía el 21 de 
Febrero de 1837 y falleció el 15 de Julio de 1885, siendo sepultada en 
el cementerio de Iría, dejando huérfanas varias niñas y un hijo. Sus 
restos fueron trasladados en 1891 á la iglesia de Santo Domingo, de 
Santiago, donde, por suscrición nacional, se levantó un monumento. 
A poco falleció su hijo Ovidio, pintor revelado como bueno en la 
Exposición de Bellas Artes de 1899, pocos meses antes de morir. Tuvo 
émulos y envidiosos Rosalía que inventaron no haber sido católica, 
ella, que había cantado, entre otras piadosas estrofas, ésta, á la Santa 
Escolástica, de Ferreiro : 

"Y orando y bendiciendo al que es todo hermosura, 
se dobló mi rodilla, mi frente se inclinó 
ante El, y conturbada exclamé de repente : 
¡ Hay arte ! ¡ Hay poesía... ! ¡ Debe haber Cielo ! ¡ Hay Dios !" 

En su última poesía exclamaba: 

"Tan sólo dudas y dolores siento, 
divino Cristo, si de Ti me aparto ; 
mas, cuando hacia la cruz vuelvo los ojos, 
me resigno á vivir con mi calvario." 

Los Cantares encierran los dolores y amarguras sociales de Gali- 
cia; Follas novas, los dolores y amarguras de su propia alma: dolores, 
sin embargo, plácida, resignada, dulce y cristianamente áobrellevados. 
Manuel Murguía, su esposo. Los Precursores, 1886, pág. 177: "Si se 
refirieran con su terrible verdad los sufrimientos experimentados an- 
tes, ahora, en todo tiempo, bien se vería qué pocos días de felicidad 
contó, cuan largo y duro fué su cautiverio y de qué manera inusitada 
los contratiempos doblaron alma tan enérgica y apasionada. Cómo la 
fueron á buscar al silencio de su casa y al apartamiento de su volun- 
tario destierro, hiriéndola en medio de sus hijos, ausente el que era 



iSa PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869") 

SU amparo, cuando creían que el golpe que le asestaban era el único 
que la faltaba para morir.'' Juicio de la Academia en el informe de 16 
Nov. 1SS7 sobre En las orillas del Sur: "No cabe desconocer que 
doña Rosalía de Castro es una poetisa de mucha sensibilidad, de ima- 
ginación arrebatada, quizá con exceso, y de otras excelentes dotes lite- 
rarias debidas á la naturaleza, si bien las obscurecen no pocos desli- 
ces artísticos, extravagancias de forma y nebulosidades metafísicas^ 
que generalmente proceden del prurito de imitar la escuela germánica, 
y que no siempre están al alcance de la mujer española." Acorín, El 
Paisaje de España, 1917, pág. 32: "En la lírica de Rosalía hay un 
profundo sentimiento del ambiente y del paisaje de Galicia; pocos 
escritores reflejaron con tanta fidelidad un determinado medio. Ro- 
salía, fina, sensitiva y dolorosa, ha traído al arte esos elementos de 
vaguedad, de melancolía, de misterio, de sentido difuso de la muerte, 
que más tarde han de alcanzar un desenvolvimiento tan espléndido en 
la obra de Valle-Inclán." 

Rosalía de Castro: La Flor, poesías, Madrid, 1857. La Hija del 
mar, nov., Vigo, 1859, 1863. Fluiño, nov., Madrid, 1861. A mi madre, 
poesías, Vigo, 1863. Cantares gallegos, Vigo, 1863 > Madrid, 1872. Rui- 
nas, poesías (traduce, de V. Ruiz de Aguilera, Armonías de la tarde)r 
Vigo, 1864. El Caballero de las botas azules, nov., Lugo, 1867. Follas 
novas, versos en gallego (pról. de E. Castelar), Madrid, 1880. El Pri- 
mer loco, cuento extraño, Lugo, 1881. En las orillas del Sar, poesías,, 
Madrid, 1884, 1909. Cinco poesías, ibid., 1905. Obras completas, ibid., 
1909, dos vols. (pról. de M. Murguía). Consúltense: Manuel Murguia, 
Los Precursores, Coruña, 1886; Vales Failde, Rosalía de Castro, Ma- 
drid, 1906; Aug. González Besada, R. de Castro, notas biográficas^ 
Madrid, 1916; Azorín, Clásicos y Modernos, Madrid, 1913 (págs. 57- 
64) ; José S. Prol Blas, Estudio biobibliográfico-crítico de las obras de 
R. de Castro, 1917. 

Enr. José Varona, Ojeada sobre el mov. intelect. en América, 
1876: "Las maravillas de la maga del siglo xix, la industria, han 
sido ensalzadas por Luaces..., correctísimo, amante de lo acabado en 
el decir, pero profundo y sentido en el pensar." M. Pelayo, Antol., 
t. II, págs. XLVi-vii: "Nos parece el tercero en mérito entre los poe- 
tas de la isla, inferior á la Avellaneda... inferior también á Heredia... 
Su entonación es la de Quintana ó más bien la de Tassara, cuya in- 
fluencia en la poesía americana ha sido extraordinaria. Versificador 
robustísimo Luaces y enamorado en demasía de la jjompa y rotundi- 
dad del período poético, suele abusar de su fuerza y caer en lo enfá- 
tico y declamatorio... Pero es grande la pujanza de su fantasía é 
irresistible el empuje con que corre en sus estancias el raudal de la 
palabra sonora, venciendo todas las esquiveces y reparos del gusto. 
La sobriedad era incompatible con su índole; pero en medio de S'U 
abundancia despilfarrada y viciosa y del continuo alarde que hace 
del vocabulario descriptivo, tiene, no obstante, relativa corrección de 



S. XIX, 1857. JULIO NOMBELA 1 83 

gusto y de lengua, uíuy rara en los poetas cubanos de la última era. 
Por naturaleza propende á las regiones más elevadas del arte lírico." 
ídem, Histor. poes. hisp.-amcr., t. I (1911), pág. 273: "¡Qué pocos 
versos de Luaces se pegan á la memoria ni al oído, á pesar de su bri- 
llante efectismo ! Releídas ahora la mayor parte de sus odas, me pa- 
recen frías, forzadas, artificiales, concebidas de un modo puramente 
intelectual. Acaso la única que de sus poesías íntegramente quede 
(pero ésta vale por muchas) es la Oración de Matatías, que es, á pesar 
de su disfraz bíblico, uno de los cantos revolucionarios de más aliento 
que se han escrito en Cuba." Piñeyro, Vida de Zenca, pág. 54: "Poeta 
vigoroso (Luaces), pero incompleto, de entonación elevada, pero 
monótona, sin matices ; de colorido brillante, pero sin claroscuro. 
Entre sus manos nerviosas saltaron rotas más de una vez las cuer- 
das del instrumento que pulsaba con febril excitación: la lucha he- 
roica tan á menudo empeñada entre la voluntad inflexible y las 
facultades no siempre á la altura de la tarea sublime que de ellas 
exigía, es demasiado visible y no pueden dejar de seguirse con afanoso 
interés las huellas profundas en sus versos. He ahí por qué, á pesar 
de haber escrito trozos de admirable grandilocuencia, no nos ha legado 
una sola de esas composiciones espontáneas, armoniosas en todas sus 
partes, de ajuste cabal entre el fondo y la forma, que se graban en la 
memoria y pasan de boca en boca, como el Niágara ó el Himno del 
desterrado de Heredia, como Fidelia ó Noche tempestuosa de Zenea. 
Ascendía en su vuelo lírico á cumbres á que Heredia y la Avellaneda 
únicamente llegaron, á que no alcanzó ningún otro poeta cubano; 
pero faltáronle las gracias seductoras de estilo y de lenguaje, que van 
derechamente al corazón, el instinto feliz del vocablo bien escogido y 
bien colocado, de la frase melodiosa y exquisita que despierta un 
mundo de emociones." Joaq. Lor. Luaces: Poesías, Habana, 1857, 
1903, 1909. El Mendigo rojo, dr. (1859). Defensa, del mismo (en Pa- 
lenque Liter., t, ni). Aristodemo, trag. (1867). El Trabajo, oda, 1867. 
Canto del cosaco, Varsovia y Romances cubanos, 1877. Cuba, poema, 
1881-82 (en Rev. de Cuba). Consúltense: P. Guiteras, Estud. de Liter. 
Cub., 1875; Valdivia, Conferencia sobre Luaces, 1885; Mitjans, Lua- 
ces y Heredia, 1888 ; M. Pelayo, Antol., 1893 ; Bielsa, Los Sonetos de 
Luaces, 1906; Carolina Poncet, Biografía de J. L. Luaces, 1910; Án- 
gel Mestre, /. L. Luaces, 1865 ; Fornaris, /. L. Luaces, 1868 ; B. Cos- 
tales, /. L. Luaces, 1880; Calcagno, /. L. Luaces, 1885; E. Blanchet. 
/. L. Luaces, 1913, en Rev. Pac. de Letras de la Habana; Enr. Pi- 
ñeyro, Estud. y Confer., págs. 233-247. 

71. Año iS^y. Julio Nombela (n. 1836), madrileño, ac- 
tor en 185 1 y 1852, periodista desde 1854, empleado de Ha- 
cienda (1856), redactor del Diario Español (1856-58), donde 
publicó sus primeras novelas, fnndó el semanario Las Letras y 



184 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1869) 

las Artes (1859), estuvo en Paris (1860-63), fué secretario de 
RÍOS Rosas y uno de los novelistas por entregas (1864-72), 
como Fernández y González, Escrich, etc. Fundó El Fomento 
de España y La Novela (1863), y con Frontaura, La Cosa Pú- 
blica (1869), primer periódico diario y político consagrado á la 
literatura, y desde 1870 á 1874 otras cinco revistas semanales 
y un diario; tomó parte en la causa carlista, fué secretario de 
Cabrera y, vuelto después de la guerra á Madrid, dirigió la 
Gaceta Universal. Fundó en 1888 La Ultima Muda. Trabaja- 
dor incansable, atento á todo progreso de cultura en las letras, 
en busca siempre de la verdad en las doctrinas y sanos inten- 
tos en la política, bondadoso y modesto, tuvo por maestros en 
el arte de escribir á Dumas, Lamartine y Alfonso Karr, refle- 
jando en sus obras las tres cosas que en ellos le gustaron . 
"imaginación, sentimiento, ironía sin pesimismo, teniendo por 
inspiración la vida real y por fin la absoluta moralidad que re- 
sulta de la emoción que lo bello produce en el ánimo", según 
él mismo dice en su hermoso y sinccri^ libro Jmprcsiojics y re- 
cuerdos, obra autobiográfica de duradera importancia para la 
historia literaria y política ie su tiempo. Su obra mejor escrita 
literariamente es Retratos á la pluma. Como novelista de los 
de por entregas, está detrás de Escrich, aunque delante de los 
Parreñüs, Tarragos,. Ortega y Frías y San Martines. 

Severo Catalina v del Amo (i 832- i 871). de Cuenca, po- 
lítico y escritor, cursó en Madrid Leyes y Filosofía y Letras 
(1845), Teología, Ciencias exactas, hebreo y árabe; fundó El 
Estado (1864); fué catedrático de hebreo (1857-68); entró en 
la política (1863); fué director de Instrucción pública (1868), 
ministro de Marina y Fomento, representante confidencial de 
la destronada Isabel II cerca del Papa y volvió á Madrid en 
1 87 1, falleciendo repentinamente. Erudito orientalista y escri- 
tor galano, fino observador, publicó vanas obras, que no dan 
sino corta idea de su extraordinario talento. La Mujer es uno 
d* los libros que más se venden. 

Manuel Ortiz de Pinedo (^ 1901), demócrata, senador y 
diputado, director del Patrimonio en la Revolución de 1868, 
trabajó en FJ Mosaico {1850) y La Víbora; fué redactor de El 
Tribuno (1853-55), ^-^ Discusión (1856-59), El Eco de Allia- 



S. XIX, 1857. JULIO NOMBELA l83 

ma (1869), La Política, Gente Vieja. Poeta satírico de flagie- 
ladoras frases, de respuestas agudas, de epigramas sangrientos, 
de versificación fácil y chispeante, y más que nada terrible 
maldiciente, aunque modelo de padres de familia y de fieles 
esposos. Frases eran las suyas que derrumbaban una reputa- 
ción. Político de importancia y presuntuoso. Su obra teatral, 
naturalista. Los Pobres de Madrid (1857), arreglada del fran- 
cés, fué aplaudidísima y dio un dineral. 



t ¿. 



Obras de Nombela: Desde el cielo, nov., 1857, en el folletín 
del Diario Español. Manual de música, París, 1860, en la Encielo p. 
hisp.-amer. La Maldición de una madre, nov, hist., París, 1861. Una 
mujer muerta en vida, nov., ibid., 1861, 1867, en Bibl. de la novela 
con el título de Un muerto que iñve; en Retratos de mujeres, del au- 
tor, y en Obras líter., t. XVII, del autor. La Pasión de una reina, 
nov. hist,, París, 1862. Carlos y lu victoria, id., id., 1862. La Villana 
de Alcalá, id., id., 1862. Un hijo natural, nov., ibid., 1862, y muchas 
otras ediciones para América ; en Madrid, con el título de El Cuarto 
mandamiento, en Retr. de m4ij. y en Obr. liter., t. XII del autor; en 
forma de drama representóse en México y está en la Bibliot. teatral, 
1908. El Coche del diablo, dos vols., nov., Madrid, 1863, y en Retr. de 
muj. y Obr. liter., t. VIII. El Bello ideal del matrimonio, nov., Ma- 
drid, 1864, y en Retr. y Obr., t. VII. La Parricida, nov. hist., París, 
1864. Los soo.ooo duros, nov., dos vols., Barcelona, 1866, refundida 
en Obr., ts. XV y XVI. La Novela de una joven contada por cuatro 
trajes, Madrid, en Bibl. de la novelu, 1867 y en Retr. y Obr., t. IX, 
El Primer millón, nov,, París, 1867, y en Retr. y Obr., t. VII. Cristóbal 
Calón, nov. his., cuatro vols., Madrid 1867, pareció como escrita 
por Lamartine, pero sólo se utilizó el cuaderno que Lamartine dedicó 
á Colón. La Mujer de los siete maridos, nov., Madrid, Bibl. de la nov., 

1867, y en Retr. y Obr., t. XI. Un odio á muerte, nov., dos vols., Bar- 
celona, 1867. Hernán Cortés, nov. hist., cuatro vols., Madrid, 1868, 
pareció anón, y después á nombre del editor Felipe González Rojas. 
Crónica de la provincia de Navarra, 1868. La Piedra filosofal, Madrid, 

1868, con el seud. de /. Obleman, después con el del autor en Madrid, 
París, y Retr. y Obr., t. X. Historia de un minuto, nov., Madrid, fo- 
lletín de La Cosa Pública, 1869, Madrid, 1872; París, 1874, y en Retr. 
y Obr.. t. XIII. El País del oro, nov. hist., cuatro vols., Madrid, 1869. 
como anónima. Historia de dos amigos, nov., París, 1869; en España, 
con título de Dos casos de amor, en Retr. y Obr., XIII, La dicha de 
un desdichado, nov., París, 1870, y en Retr. y Obr., t. IX. Mendigos y 
ladrones, nov,, cuatro vols., Madrid, 1870. Los Indianos, nov., Madrid, 
folletín de El País Vasco-navarro, 1870, y en Rev. y Obr., t. XI. Pepe- 
Hillo, nov. hist., dos vols., Madrid, 1871. La Fiebre de riquezas, nov. 



1 86 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

hist., dos vols., Madrid, 1871. Matcr dolorosa, nov., ibid.. Bibl. de la 
Famil. cristiana, 1872, y en Rctr. y Obr., t. VIL Ignacio de Loyola, 
nov. hist., dos vols., ibid., 1874 (en colaboración con Francisco Martín 
Melgar). Detrás de las trincheras, Madrid, 1876, y en Ohr., ts. XIX 
y XX. El Ultimo duende, nov, hist., París, 1876, y en folletines. El 
Secreto de la vida, nov., París, 1876, y en Retr. y Obr., t, XIV. La 
Niña de oro, nov., ibid., 1876 ; con la 2.^ pte., La Mujer de su casa, en 
1869, y en Retr. y Obr., t. XIV. El Puente de los ahorcados, nov. his., 
Madrid, 1877. El Vil metal, nov., ibid., 1879, y en Rctr. y Obr., t, IX. 
El Picaro mundo, nov,, ibid,, 1883, y en Rctr. y Obr., t. X. El Señor de 
Peres, nov,, ibid,, 1884, y en Obr., t, XV^II. La riqueza del pobre, 
nov., ibid,, 1884, y en Retr. y Obr., t. X, Un aderezo de brillantes, nov., 
ibid., 1884, y en Retr. y Obr., t. XII, El Amor propio, nov,, ibid.; 1889, 
y Obr., t, XVIII. Impresiones y recuerdos, cuatro vols,, Madrid, 1912. 
Literatura política, dos vols., ibid,, 1913. artículos recogidos en Obr., 
ts. XXI y XXII. Obras Literarias de Julio Nombela, 2.2 vols.. Madrid, 
1905-14, La Flor de la nieve, nov., 1916. Seudónimos de J. Nombela" 
Vicencio, Fidelio, Pedro Jiménez, Mayoliff-Mayoloff, Juan de Ma- 
drid, J. Obleman, Mario Lara. J. Nombela al autor: "La casa edito- 
rial de Castro y Cervó, que sólo funcionó durante tres ó cuatro años, 
hizo una edición de la novela de Espronceda Sancho Saldaña. Para 
publicada por entregas era corta y además parecía incompleta. Como 
extrañará que la primera edición de Sancho Saldaña sólo constase de 
un tomo y la segunda de dos, el editor me encargó que la completase 
y concluyese. Lo que hice, procurando que la acción y el estilo de la 
segunda parte correspondiese al de la primera." Periódicos de su pro- 
piedad: La Zarzuela (semanal), 1859; Las Letras y las Artes (sema- 
nal), 1859 y 1860; El Fomento de España (semanal). 1863 y 1864: 
El País Vasconavarro (semanal), 1873; La Semana (semanal), 1877; 
La Cosa Pública (diario), 1869; La Gaceta Popular (diario), 1873; 
La Gaceta Universal (diario), 1884, La Ultima Moda (semanal). 188S 
(sigue publicándose). Periódicos de los que fué redactor ó colaborador: 
El Porvenir, 1854; Las Cortes, 1855; Diario Español, 1856 á 58; El 
Fénix. 1858 y 59; El Conciliador, 1859; El Correo de Ultramar (Pa- 
rís), 1860 á 82; Lo Época, 1864 á 68; La Política, 1864 á 68; Lo //».?- 
tración Española y Americana, 1870; La Correspondencia de España, 
1877. 

S. Catalina. La Mujer, tan popular, y La Verdad del Progreso, 
obra apologética, vieron la luz primera en la prensa periódica, sin que 
el autor pretendiera pasarlas á la categoría de libros. Roma, su obra 
postuma, es en la que puso mayor empeño. Es de lamentar que no sea 
más conocida en España, Para el señor Salcedo es uno de los mejores 
libros de impresiones de viaje con que cuenta nuestra literatura. Ca- 
talina militó en la política conservadora y como último ministro de 
Fomento de doña Isabel II, representa, con sus sabios decretos sobre 
instrucción pública, el mayor esfuerzo que se hizo, en opinión del se- 



S. Xl<X, 1857. JOAQUÍN PARLO POSADA 1 87 

ñor Menéndez y Pelayo, para conservar en el trono á la Reina de los 
tristes destinos. Es famoso su discurso sobre instrucción primaria pro- 
nunciado en el Congreso en la legislatura de 1867 á 1868. Severo Ca- 
talina fué de los redactores del Padre Cobos y director de El Gobierno^ 
El Horizonte y La España. Publicó La Mujer, Madrid, 1857, 1870, 
1883 (6.^ ed.). La Verdad del Progreso, Madrid, 1862, 1877, 1909. Via- 
je de SS. MM. á Portugal, La Rosa de oro y Discursos literarios (las 
tres), Madrid, 1878. Roma, póst., Madrid, 1873, 1877, tres vols. Con- 
súltense : Cutanda, Noticia de la vida y de las princ. obras lifer. de 
D. S. Catalina, Madrid, 1873. Sus mejores trabajos andan en perió- 
dicos y van a publicarse con poesías v otras cosas inéditas. 

M. Ortiz de Pinedo: Un sobrino, zarz. (1857). Los Pobres de Ma- 
drid, dr. (1857). Una mujer de historia. Culpa y castigo, dr. (1859). 
Madrid en 1818, dr. (1860). Frutos amargos, dr. (1861). Los Molinos 
de viento. La Hija del pueblo. El Camino de presidio, dr. Por ser ella 
sin ser ella. La India. Corregir al que yerra, com. (1862). Quien siem- 
bra vientos, com. (1866). Poesías, Madrid, 1884. Descartes, soneto 
(Rev. España, 1878. t. LX). 

■JS. Año 18 ¿y. LÁZARO M.* Pérez (n. 1824), de Cartagena de In- 
dias, en Bogotá desde 1846, militar por el partido conservador en las 
guerras civiles de 1854, 1861 y 1876; redactor de El Cabrión (1852), 
fundador de El Pon'enir (1855), de la Imprenta Nacional (1857) y 
del teatro de Bogotá (1862-65), redactor de El Verjel Colombiano 
(1875), senador y cónsul, periodista y dramaturgo, de estilo franco y 
vigoroso en el pensar, más bien que atildado en la expresión. Es nota- 
ble su poesía La Limosna. Teresa, dr., Bogotá, 1857. Elvira, dr., 1857. 
Una página de oro ó El Sitio de Cartagena en i8i§, dr. (arreglo de 
La Jota, de A. Hurtado y Núñez de Arce), 1873. Obras poéticas y 
dramáticas, Bogotá, 1875 ; aumentadas, París, 1884 (con retrato, jui- 
cios, por Torres Caicedo y J. M. Samper, 98 poesías y tres dramas: 
El Gondolero de Venecia, La Cordelera (la Teresa de antaño), Elvi- 
ra). En la Imprenta Nacional, que dirigía, publicó La Semana Litera- 
ria de ^^El Porvenir", Bogotá, 1858, dos vols. ; Diccionario para pen- 
sar, 1860 (máximas y pensamientos de varios, por él juntados). Poetas 
hispano-americanos, Bogotá, 1889-90 (sólo un tomo de poetisas me- 
jicanas). Consúltese Isid. Laverde Amaya, Fisonomías literarias. Cu- 
razao, 1890. 

Joaquín Pablo Posada (1825-1880). de Cartagena de Indias (Co- 
lombia), gran versificador, mendicante ó sablista, que hoy decimos, 
como nuestro Villasandino, con sus Versos, Bogotá, 1857, que tienen 
amenidad de estilo, elegante sencillez de expresión, gracia natural y 
armoniosa ; y como el mismo Villasandino, satírico y travieso impro- 
visador, sobre todo en el periódico El Alacrán, donde escribió Cama- 
feos ó Bosquejos de notabilidades colombianas en política, milicia, co- 
mercio, ciencias, artes, literatura, trápalas, malas mañas y otros efec- 



l88 TKI.MKR PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

ios, bajo sti triple aspecto físico, moral é intelectual, Barranquilla, 
íSyg: semblanzas agudísimas en verso, no siempre justas ni benévo- 
las, antes, muchas, verdaderas diatribas personales; pero siempre inge- 
niosas. Tratado completo de Ortografía Castellana, Habana, 1860. 

El padre Mario Valexzuela (n. 1836), de Bogotá, estudió con los 
jesuítas, enseñó en Colegios con José J. Ortíz, fué redactor de La 
Guirnalda y se entró jesuíta en 1857; volvió á la patria en 1884 y hoy 
vive en Panamá. Escribió en su mocedad, antes de los veinte, veinti- 
nueve composiciones poéticas, dulces y melancólicas, que recuerdan el 
tono becqueriano ; las mejores, Triunfaste y Desengaño. Publicólas 
J. M. \'ergara: Poesías de..., Bogotá, 1859. Además, Apuntamientos 
sobre el principio de utilidad, ibid., 1857. Compendio del Código Civil, 
Panamá, 1910 (3.' ed.). 

'4. Año 18 ¡y. Aguinaldo habanero, buena colección en prosa y 
verso, Habana, 1857, por Pedro J. Morillas y Manuel Costales. — Ame- 
lio Aguirre, gallego. En 1857 (poco antes de morir) se publicaron, 
con el título de Ensayos poéticos, casi todas sus poesías. Poesías se- 
lectas. La Coruña, 1901 (vol. XLIX de la Biblioteca Gallega). — Juan 
Alonso y Eguilaz estrenó Una herencia completa, com. (1857). El 
Mundo hasta Jesucristo, discurso familiar sobre la historia universal 
antigua, Madrid, 1861. El Hombre de hoy, meditaciones de un des- 
ocupado, 1863. En serio y en broma, artículos y poesías, Madrid, 
1866. — La América, rev. polít., liter., dirigida por Eduardo Asquerino 
y en 1870 por Víctor Balaguer, Madrid, 1857-70. — Manuel Angelón 
(n. 1831), de Lérida, redactor de El Ancora (1850), director de La 
Gaceta de Comercio (1860), La Flaca (1868), La Ilustr. Artística de 
Barcelona; dirigió la obra Crímenes célebres españoles, Barcelona, 
1859 (2.* ed.). Publicó Un Corpus de sangre ó los fueros de Cataluña, 
Barcelona, 1857, dos vols. Los Misterios del pueblo español durante 
veinte siglos, novela histórico-social, 1858-60, tres vols. Isabel II, his- 
toria. 1860-61 (dos edíc). Atrás el extranjero, nov. bist., 1861. Flor 
de un día, nov., 1862, 1875, dos vols.;- 2.' pte., ó Espinas de una flor, 
1862; ambas, 1887. Treinta años ó la vida de un jugador, dos vols., 
1862. El Alojado, nov., 1863. — tAntonio L. Arenosa (n. 1831), habane- 
ro, publicó María, nov.. Habana, 1857. — Rafael Atienza y Huertos 
(1822- 1 902), de Ronda, marqués de Salvatierra, fundó en Ronda El 
Guadalez'ín (1845), El Serrano (1846); dirigió El Rondeño, La Cró- 
nica de la Serranía y El Alisador Rondeño; publicó La Mundo de 
los romanos y su concordancia con la ciudad de Ronda, ibid., 1857. 
— El Belén, periódico en verso, publicado por el Marqués de Molins, 
escrito por 33 de los mejores poetas de entonces; un solo número, 
Madrid, 1857; Méjico, 1858; Madrid, 1886. — Íímii.io Bernáldez 
(t 1876), ingeniero militar, brigadier, publicó Reseña histórica de la 
Guerra al Sur de Filipinas... desde la conquista hasta nuestros días, 
Madrid, 1857. — J. de P. Blanco y Salcedo publicó Poesías, San Per- 



S. XIX, 1857. ANTONIO DÍAZ 1 89 

nanclo, 1857. — Manuel Busquets estrenó La Humana sabiduría á 
Antes la mitad que el todo, com., Barcelona, 1857. — José Caballero 
publicó Diccionario general de la lengua castellana, Madrid, 1857, 
1865, dos vols. — VÍCTOR Caballero y Valero, gaditano, publicó Poe- 
sías, Cádiz, 1857. Estrenó ¡Españoles, á Marruecos!, apropós., Haba- 
na, 1858. Lo que puede D. Dinero, jug. (1860). La Azucena del valle, 
ley. ó poema, 1860. Un reo de muerte, ley., 1860. España laureada, 
oda, Habana, 1861. Poesías líricas, Habana, 1862. El Reino de las 
hadas, ley., 1862. Ultima ofrenda, elegía, Cádiz, 1871. — Feliciano 
Callejas publicó Fuero de Sepúlveda, Madrid. 1857. — ^Alvaro Cam- 
PANER publicó Apuntes para la formación de un catálogo numismá- 
tico español, Barcelona, 1857. Numismática balear, ibid., 1879. Bos- 
quejo hist. de la dominación islamita en las islas Baleares, Palma, 
1888. Crónica mayoricense, noticias y relac. histór. de Mallorca desde 
I22g á 1800, Palma, 1881. Indicador manual de la numismática espa- 
ñola, ibid., 1891. — El Cancionero de S. Isidro, descripción de la ale- 
gre romería... por el Bobo de Coria, Juan Palomo y Perico el de los 
Palotes, Madrid, 1857, en verso. — Mariano Capdepón, general del 
ejército, publicó El Hijo del sacristán, leyenda, Madrid, 1857. Re- 
cuerdos poéticos, colección de leyendas en verso, ibid., 1863. Dramas 
líricos, Burgos, 1876-77, tres vols. ; Madrid, 1904. Roger de Flor, dr. 
lír., 1878. Mitridates, dr., 1881. Tempestades del alma, nov., 18S2. Un 
desdichado, nov., Burgos, 1889. Un hijo, com., 1890. Pasatiempos,. 
poesías. Burgos, 1901. — Pedro Cardus estrenó La Hija de Marte, 
zarz., Barcelona, 1857. — El Carnaval á D. Guindo y la Toneta. pieza 
bilingüe, Barcelona, 1857. — J. iOlemente Cavero Martínez publicó El 
Huérfano de Mompeller ó vida de S. Roque, en verso, Cuenca, 1857. — 
Colección de varios documentos para la historia de la Florida y tierras 
adyacentes, Madrid, 1857. — Bienvenido Comín y Sarte (1828-1880),. 
zaragozano, publicó El Cristianismo y la ciencia del derecho, Madrid, 
1857. Catolicismo y racionalismo, Zaragoza, 1866, dos vols. Apuntes 
sobre la literatura cristiana, ibid., 1866. La Política tradicional de Es- 
paña, ibid., 1870. Virgen y mártir, nov. hist., ibid., 1876. — ^Manuel 
Concha, chileno, uno de los mejores cultivadores del drama histórico, 
género muy popular entre los literatos chilenos de mediados del si- 
glo XIX, no estrenó en la capital. Sanpieto ó la libertad de Córcega,. 
La Serena, 1857. María de Borgoña, ibid., 1857. Doña Isabel de Oso- 
rio, ibid., 1858, etc. Tradiciones Serenenses, cuentos cortos. Crónica 
de la Serena (1549-1870), La Serena, 1871. — La Charanga, periodo 
liter. jocoserio y casi sentimental. Habana, 1857-58. — Domingo del 
Monte y Portillo (t 1883), de Matanzas (Cuba), publicó Tradiciones 
matanceras, 1857. Caoba, nov., 1858. La Loca del Canintar, nov., 1859,. 
1883, 1884. Vivir por amor, nov., 1860. Serafina, nov., 1860. Bibliote- 
ca Cubana, Habana, 1882. Cartas (críticas), 1889 (en Rev. Cub., ts. IX, 
X, XI y XII. — Antonio Díaz, hijo, publicó La Tumba de rosa, le- 
yenda, Montevideo, 1857. El Capitán Albornoz, dr., ibid., 1860. La.- 



i9> ixí>;er período de la época realista (1850-1869) 

grimas y jesuítas, dr.. 1861. Un drama, i86i. — Juan Díaz de Cova- 
rrübias (1837-1859), de Jalapa (Méjico), hijo de José Jesús Díaz 
(año 1829), el poeta mártir, bárbaramente fusilado, siendo aún estu- 
diante, en Tacubaya, por el general Lorenzo Márquez ; médico, novelista 
y poeta ultrarromántico, publicó Páginas del corazón, poesías dirigi- 
das á Zorrilla, México, 1857, 1859. Novelas históricas: Gil Gómez ei 
insurgente (t. XLIlI de la Bibliot. Autor. Mexic, 1902), la mejor de 
sus obras, novela histórica; El Diablo en México. La clase media, 
La Sensitiva: publicadas en México, 1858. Impresiones y sentimien- 
tos, artículos de costumbres. Obras completas, Méjico, 1859. El mismo 
dice "que su poesía era exagerada y viciosa; que no podía menos de 
sembrar malos gérmenes en el corazón de la juventud"; y en el pró- 
logo de sus Páginas: "Mis versos no son más que espejos de mi co- 
razón y pertenecen más bien á esa escuela, si así se puede llamar, de 
exageraciones y desvarío, los que, sin comprender nuestra verdadera 
misión de poetas, nos limitamos á llorar nuestros propios y ficticios 
dolores, á lanzar gemidos de lastimera desesperación, renegando de 
una sociedad que en nuestro error creemos nos ha perdido, á malde- 
cir hasta la naturaleza, como si ella fuera causa de los extravíos de 
la razón humana en ciertas organizaciones fácilmente impresionables 
en esa época de juventud en que sentimientos tan encontrados luchan 
en el corazón, sin que el buen sentido y la prudencia los presidan". 
Hermosa confesión de poeta romántico. — Trinidad Fernández (1830 
1873), poeta de Arequipa (Perú), publicó Páginas del Recuerdo, poe- 
sías, Lima, 1857. Margaritas silvestres. 1870. — ^Garci-Sánchez del 
Pinar publicó La Campana del terror ó las vísperas sicilianas, nov. 
hist., Madrid, 1857. La Monja enterrada en vida ó el comiente de San 
Plácido, nov. hist., 1858. — 'José Gaspar y Maristanv (t 1879), graba- 
dor catalán, y su amigo Gaspar Roig, fundaron El Musco Universal 
(1857-69), editando y vendiendo baratísimamente por entregas El Dia- 
blo Mundo, Orlando Furioso, Quintín Durval, Ivanhoe, El Genio del 
cristianismo, etc., y luego las novelas españolas por entregas, que esti- 
mularon á la lectura, sobresaliendo en ellas Fernández y González, Ta- 
rrago, Nombela, el cual dictaba á taquígrafos. — ^Manuel Gil de Sal- 
cedo publicó El Memorialista, cuadros serios, crítico-jocosos, 1857. De 
pescador á soberano, nov., Madrid, 1859. Garibaldi y Procida ó las pep- 
enas sangrientas de Sicilia, nov., 1860. — Manuel Girón y Cuevas (1816- 
1892) publicó Tiempo perdido, poesías, Cuba, 1857. — Antero Gómez 
publicó Logroño y sus alrededores, ibid., 1857. — ^JosÉ Gonzalo de las 
Casas (1826-1894), de Ciempozuelos, notario, autor de obras jurídicas, 
redactor del Semanario del Notariado Esp. (1852), Boletín del Notaria- 
do í 1853-58) y director veinticinco años de La Gaceta de Notariado, 
decano de los perió<licos jurídico-notarialcs, publicó Anales de la ¡Ca- 
lcografía española, Madrid, 1857. — (íerm.^n Gutikrrez de Piñeres 
(1816-1872), poeta colombiano, aunque nacido en Puerto Príncipe, ya 
jocoso y aficionado á los esdrújulos brctonianos y satíricos, en prosa 



S. XIX, 1857. JUAN .MARTÍ Y CANTO IQí 

y verso, ya serio y sentimental, quejumbroso, erótico y melancólico 
en la poesía, como en Flor de Calamar, colaboró con Posada en El 
Alacrán y publicó El Oidor, dr. hist., Bogotá, 1857, 1865. Poesías, 
ibid., 1857. — ^Narciso de Heredia y Heredia, marqués de Heredia y 
conde de Ofalia, de Almería, hombre de Estado, colaborador de La 
Ilustr. Católica (1877...), publicó Poesías, Madrid, 1857. Poesías y 
artículos, ibid., 1879. Versos y prosa, Bilbao, 1892. Escritos del Conde 
de Ofalia D. N. de H., publicados por su nieto el Marqués de Heredia, 
ibid., 1894. — Eduardo Hernández Soldevilla estrenó El Fin del 
mundo en /j de Junio de i8¿j^ disparate (1857). Las Precauciones, 
com. (1857). — Victoriano Hernando publicó Composiciones verídicas 
y crítico-burlescas , en verso, en contra de los extremos de las modas, 
etc., Madrid, 1857. — iDeogracias Hevia publicó Diccionario general 
militar, Madrid, 1857. — 'Carlos Jiménez-Placer (1837-1896), de la 
ciudad de San Fernando, primer «jefe del Archivo de Indias desde 
1884, colaboró en periódicos desde 1849, escribió primero versos, des- 
pués artículos, las novelas Emilia ó El Ángel de los recuerdos y El 
Marqués del Valle (1866) ; y las obras Pedro Campaña, su tiempo y sus 
obras; Necrología del Sr. D. Emilio Márquez y Villarroel. Sobresalió, 
empero, como dramático: El Ultimo suspiro (1857), Pablo el pescador 
(1865), Hernán Cortés (1867), El Mesón de Paredes (1868), La Mejor 
corona (1868, con López Ayala). Bajo el Cristo del Perdón (1881, con 
Cano y Cueto). Consúltese Rev. Arch., 1896 (Oct.). — Juan Francisco de 
Larriva, peruano, publicó Poesías, Lima, 1857. El Duque de Enchien, 
dr. hist., 1859. Poesías patrióticas, Lima, 1862. — José Hilario López 
(1798-1871), de Popoyan, general del ejército (1831), presidente de 
Colombia, escribió sus Memorias, París, 1857 (sólo el t. I). — Joaquín 
Maldonado Macanaz (1833-1901), de Iscar (Valladolid), por seud. 
Zambullo, catedrático en la Central (1871), redactor de El Criterio 
(1857), El Diario Español, La Época (1866), que á veces dirigió; 
diputado y senador, publicó Historia de Prusia. Historia de Burgos. 
Historia del reinado de Felipe V. Voto y renuncia del rey Felipe V 
(1894, al entrar en la Academia de la Historia). En la Rev. de Es- 
paña: España y Francia en el siglo xviii (1886, ts. CVIH-CIX). El 
tercer Imperio en Francia (1873, t. XXXI). La Princesa de los Ur- 
sinos (1870, t. XIV). El Cardenal Alberoni (1881-82, ts. LXXXIII- 
LXXXIV). Macanas (1886, t. CIX). La Casa de Barbón (1879, 
t. LXVII). — Manuel Malo de Molina (n. 1843), de Almería, publicó 
Rodrigo el Campeador, Madrid, 1857. — ^Eduarda Mansilla de García 
(n. 1838), de Buenos Aires, compositora, por seud. Daniel, publicó las 
novelas: El Médico de S. Luis (1857). Lucía Miranda. Pablo ó la 
vida en Icís pampas (1868). Diálogo sobre la resignación. Similia Sir 
milibus, proverbio. Marta, prov. Cuentos, B. Aires, 1880. — El Alma 
desterrada, leyenda por Ana María, Madrid, 1857. Cantos sagrados, 
ibid., 1864. — Juan Martí y Cantó (1829- 1887), de Barcelona, presbí- 
tero i.1855), director de Ecos del amor de María (1867) y Los Santos 



192 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (185O-1869) 

Angeles (1873), publicó Armonías angélicas á la Inm. Concepción^ 
Barcelona, 1857. Cantos religiosos, 1869. Mes lírico de María, los 
cancioneros de Monserrat, 1870. Historia de... Montserrat, iSyy. El 
Día grande del alma cristiana, 1878. El Pan tiuestro de cada día, 

1879. Aroma de la infancia, 1879 (4.* ed.). Manual de meditaciones, 

1880. Historia de las mercedes de la Inmaculada de Lourdes, 1881. 
Trisagio Mariano, 1883. Ramillete de flores celestiales, 1883. El Cielo 
en la tierra, 1883. El Ángel del peregrino cristiano, 1883. Más allá 
de la tumba, 1885. El Romero de Montserrat, 1887. — 'Carlos Martí- 
nez Navarro estrenó Al fin, quien la hace la paga (1857). — .Manuel 
Martínez de Morentín, profesor en Londres, publicó, entre otras 
obras, Estudios filológicos, Londres, 1857. — Luis Marty Caballero 
publicó Vocabulario de todas las voces que faltan á los Diccionarios 
de la lengua castellana, Madrid, 1857, 1859. — Luis de Mendoza estre- 
nó El Talismán, dr. (1857). — Emilio Miró (t 1861), de Reus, publicó 
Glorias españolas, romancero histórico, Zaragoza, 1857. Para el teatro, 
la comedia Un pintor; las zarzuelas Aurora, El Bufón de la Reina, y 
los dramas Lidiar con fortuna, Una deuda antigua. — ^Eduarda Moreno 
Y Morales de López Xuño, poetisa gallega, escribió poesías en perió- 
dicos literarios y fué premiada por una oda á la Virgen en Burgos 
(1878) ; publicó Ayes del alma, poesías, Granada, 1875. Ramillete de 
azucenas, poesías religiosas y inórales, ibid., 1867. — ^^Miguel x\ngel 
Mossi (1819-1895), de Cambiano (Italia), presbítero (1843), fué á 
Bolivia como misionero apostólico de Propaganda Fide (1844), gran 
conocedor de las lenguas del Chaco boliviano (unas 40), publicó En- 
sayo sobre las excelencias y perfecciones del idioma quichua, Sucre, 
1857. Clave armónica ó concordancia de los idiomas, ibid., 1858. Dic- 
cionario de la lengua quichua, 1860. Teología mística, Cochabamba, 
1862; Madrid, 1865. Tratado fisiológico y psicológico de la formación 
del lenguaje, B. Aires, 1873. Diccionario analítico sintético universal. 
Ollantay, trad., y Diccionario hebreo-kjéchua-castcllano, B. Aires, 
1916 (propiamente, 1917). — El Museo Universal, Madrid, 1857-69, 
primera época de la Ilustración Española y Americana, por José Gas- 
par. — Juan C. Ñapóles Fajardo (i 829- i 867), de las Tunas (Cuba), 
director de El Oriental, seguidor de Fornaris, publicó Rumores del 
Hormigo, Habana, 1857, poesías líricas, narraciones de amores y cos- 
tumbres de indios, y versos festivos. Versificador fácil y espontáneo, 
cantor de la naturaleza cubana. El Cucalambé pasa por la mejor poe- 
sía popular de Cuba. Otras ediciones: Habana, 1858; Holguín, 1866; 
Paris, 1878; Holguín, 1879; México, 1884; B. Aires, 1908. Cucalambé, 
cantos cubanos. Habana, 1907. Consecuencias de una falta, com., 
1859. Flores del alma, poesías. Tunas, 1860. Ayes nocturnos, poes. y 
pros., Holguín, 1862. El Sitio de Holguín, póst., Habana, 1868. Colec- 
ción de poesías inéditas. Gibara, 1886.— 'Cecilio Navarro (t 1889) 
escribió muchas traducciones y artículos en /•/ Musco Universal, La 
Academia, La Ab:ja, Los Niños, La Ilustr. Artística, etc. y public6 



S. XIX, 1857. EL MARQUÉS DE RIANZUELA IqS 

Poesías, Valencia, 1857. El Río de lágrimas ó Rusia en Polonia, ley. 
hist., 1864, Sil Excelencia, memorias de un gran tunante, 1867, 1871. 
Poemas de la Biblia, Barcelona, 1886. — Las cuatro Navidades, poe- 
sías religiosas y festivas de nuestros mejores poetas de la época 
(1851-1856), Madrid, 1857. — Pedro Neira Acevedo (1829-1858), de 
Bogotá (Colombia), escribió los poemas El Cristianismo, Bogotá, 
1857, y Cristóbal Colón; el juguete cómico La Bogotana. Flores mar- 
chitas. Introducción... á la historia de Colombia, Bogotá, 1857. — Nom- 
bres antiguos de las calles y plazas de Cádiz, ibid., 1857. — Juan Pa- 
blo NouGUÉs Y LiÑÁN (t 1885), abogado y presidente de la Diputación 
de Madrid, director del Diario de Avisos de Zaragoza, del Diario de 
la Tarde, de Madrid, que murió ciego, pobre y olvidado, publicó Tro- 
vas de ayer, poesías, Zaragoza, 1857. El Torerillo, apropósito, 1902 
En la Rev. Esp.: La Monarquía aragonesa (1881, t. LXXXII), La 
Vida del campo (i886, t. CXI). — José de Pablo Blanco y Salcedo 
publicó Poesías, San Fernando, 1857. — Rafael Leopoldo Palomino, 
español, estrenó Flor del desierto, com., Cádiz, 1857. Omunda, dr., 
Habana, 1859, 1875. El Libro del diablo, leyendas morales, 1859. Mi 
siglo y mi corazón, nov., 1860. Un sevillano en la Habana, com. — Six- 
to Ramón Parro publicó Toledo en la mano, ibid., 1857, dos vols. 
Compendio del Toledo en la mano, ibid., 1858. — Belisario Peña 
(n. 1836), de Cipaquirá (Colombia), pasó al Ecuador (1857), donde 
dirigió colegios hasta 1863, publicó El Templo, poema lírico, y muchas 
poesías sueltas en periódicos, las más, religiosas, sobresaliendo A 
María. Son, además, notables, Luna y A la muerte de Ortiz Barrera. 
Composiciones poéticas del Sr. D. Belis. Peña, con retrato, Quito, 
1912. — Mariano Pérez de Castro, artillero, director de la Gaceta 
Militar (1858) y El Mundo Militar (1859), publicó Atlas de las bata- 
llas, combates y sitios más celebrados..., tres vols., Madrid, 1857-60. 
Origen y progresos del arte de la guerra en España, desde la época 
celtibérica hasta la terminación de la Edad Media, ibid., 1872. En la 
Rev. de España: La Batalla de Guadalete (1871, t. XX). Covadonga 
(1871, t. XXI). Los Almohades (1871, t. XXIII). La Batalla del Sa- 
lado (1872, t. XXV). Batalla de Caltañazor (1872, t. XXVI). Bata- 
lla de las Navas de Tolosa (1872, t. XXVIII). Los Almorávides (1873, 
t. XXXIII).^Emilio Pichardo (1816-1870), de Santa Clara (Cuba), 
publicó Villaclara romántica, leyendas y poesías, Villaclara, 1857. 
D. Carlos de Montalván, nov., ibid., 1858. — José Francisco Pichardo 
(1837-1873), poeta dominicano que vivió doliente y pobre en Vene- 
zuela, cantó sus dolencias. — Poetas de las islas Baleares, siglos xiii 
y XIV, Palma, 1857. — Vicente Poleró y Toledo, pintor, colaborador 
en La Ilustr. Cat. (1877...), El Mundo de los Niños (1890-91), La 
Edad Dichosa (1892), Bolet. Soc. de Excurs. (1897), publicó CatáU 
de los cuadros... del Escorial, Madrid, 1857. Tratado de la pintura, 
1886. Estatuas tumulares de personajes españoles de los siglos xiii 
al XVI j..., Madrid, 1902. — El Marqués de Rianzuela publicó La 

TOMO VIH. — 13 



194 PRIMi-IR PKRÍODO DE LA ÉPOCA RliALISTA (185O-1869) 

Sombra de Hernán Cortés ó discurso que dirige á la nación el héroe 
de Nueva España, Sevilla, 1857. — José Rivera y Río, poeta mejicano, 
publicó Las Flores del desierto, 1857. — Roberto Robert (1827-1873), 
barcelonés, director de El Tío Crispín (1855), redactor de La Penín- 
sula (1856-57, La Discusión muchos años, El Fomento (1862), bata- 
llador y demoledor periodista revolucionario que hacia gala de ser 
ateo y fué, por lo menos, de ingenio incisivo y muy culto, publicó El 
Ultimo enamorado, nov., Madrid, 1857. El Mundo riendo, gracias y 
desgracias, chistes y sandeces, Barcelona, 1866. Los Cachivaches de 
antaño, 1869, 1879,. 1904. Crítica de la bufonada cómica Macarroni- 
hí /..., 1870. Los Tiempos de Mari-Castaña, 1870. La Espumadera de 
los siglos, 187 1. Las Españolas pintadas por los españoles (por varios, 
dirigida por él), 1871-72, dos vols. Amores funestos, 1903. — ^/Vgustín 
Baldomero Rodríguez (t 1862), de Villaclara (Cuba), mestizo, publicó 
La Pucha silvestre, poesías, Villaclara, 1857. — Agustín Rosell estre- 
nó Elvira, com., Cuba, 1857. — Antonio Rubio y Gómez (t 1902), gra- 
nadino, de la Escuela Normal de Almería, laureado en certámenes 
poéticos, publicó Las Estaciones de la vida, poesías, Almería, 1857. 
Represalias, dr., 1857. Del mar al cielo, crónica de un viaje á Sierra 
Nevada, Almería, 1881. — Tadeo Ruiz de Ogarrio, abogado, publicó 
Manual descriptivo é hist. de S. Sebastián, ibid., 1857. — Adalio Scola 
Y Robles (t 1873), gaditano, publicó Lágrimas y sonrisas, poesías. 
Habana, 1857. Amor de un artista, com., 1857. Tempestades de la vida, 
dr. (1859). Ráfagas del pensamiento, poesías. Matanzas, 1860-61. Una 
noche de ilusión, 1862. Misterios del alma, ley., 1862. Sueños del alma, 
poesías, 1864. Venganza de un calabrcs, dr., 1867. Amor funesto, dr., 
1869. Páginas del corazón, poes., 1871. La Expiación, dr. (1873). — Pe- 
dro DE Sobrado estrenó Concha, apropós. lírico-bailable (1857). — Fé- 
lix SocÍAS publicó La Verdad de Dios, poema en tres cantos, Barce- 
lona, 1857. — José María de la Torre (1815-1873) publicó Lo que fui- 
mos y lo que sotnos ó la Habana antigua y moderna. Habana, 1857, 
1913. — Manuel de Torres y Feria (1833-1892), habanero, presbítero, 
por seud. Serafín de la flor, estrenó La Elección de un novio, jug.. 
Habana, 1857, 1883. El Padrino inesperado, com., 1860, 1882. El Dra- 
ma del mundo, dr., 1881. Azotes de la vida, dr., 1882. La Buena escue- 
la, libro de máximas en verso, 1882. Ecos de ultratumba, 1883. Mise- 
rias humanas, com., 1883. El Corazón en la mano, com., 1884. La Mu- 
jer frágil, zarz., 1884. Mi pasado y mi presente, obras liter., t. I, 
obr. dram., Habana, 1889. — Manuel Torrijos, redactor de El Occi- 
dente (1856-57), La Correspondencia (1858-59), director de El Diablo 
Cojudo (1860-61), publicó novelas históricas. La Infanta doña Te- 
resa, Madrid, 1857, Justicias del Rey D. Pedro, ibid., 1858. El Condes- 
table de Castilla, nov., ibid., 1858. El Puñal de Trastamara, ibid., 
1859. El Imperio de Marruecos, su historia, geografía, etc., Madrid, 
1859-60. Almanaque enciclopédico para los años de 1863 á 1866, Cádiz, 
1862-65, cuatro vols. — Tradiciones granadinas, Granada, 1857. — ^Ma- 



S. XIX, 1858. CUSTAVO ADOLFO líÉCQUER IQS 

NUEL Rogelio Tristani, por seud. Un solitario de América, publicó 
La Argentina, poetna histór.-descr., Montevideo, 1857. — 'Eduardo Ve- 
LAZ DE Medrano dirigió el Álbum de la Zarzuela, Madrid, 1857, escri- 
to por varios. — Benjamín Vicuña Solar (1837-1897), de la Serena 
(Chile), fundador de El Eco Literario del Norte (1857) y El Demó- 
crata (1858), fué poeta con algo de Lamartine y del Duque de Rivas. 
Su hijo publicó sus poesías: Recuerdos, Santiago, 1906. — ^JosÉ Fran- 
cisco ViCH publicó La Cruz del bosque, nov., Madrid, 1857. 

75. Año 1858. Gustavo Adolfo Bécquer (i 836- i 870) 
nació en Sevilla, hijo de afamado pintor de las costumbres de 
la tierra y del cual quedó huérfano antes de los cinco de su 
edad. Estudió las primeras letras en el colegio de San Antonio 
Abad y comenzó la carrera de Náutica á los nueve en el de San 
Telmo. Medio año llevaba cuando murió su madre y tenía diez 
cuando, suprimido el colegio, acogióse á su madrina, persona 
acomodada y sin sucesor ; pero, renunciando á lo que le pudiera 
dejar, partióse á Madrid teniendo diez y siete años (1854), arras- 
trado de su afición á las letras ; tras él vino á la corte su hertna- 
110 Valeriano (1855). Para acudirle en una enfermedad graví- 
sima (1858), Ramón Rodríguez Correa, su amigo, llevó á La 
Crónica la tradición india El Caudillo de las manos rojas, que 
halló entre sus papeles. Aplaudieron todos la que por creer erra- 
ta de imprenta llamaron traducción india, tan al propio estaba 
expresado el espíritu oriental. Buscáronle un empleo de tempo- 
rero en la Dirección de Bienes Nacionales. Entre minuta y mi- 
nuta leía á Shakespeare y dibujaba los tipos de los dramas que 
leía, lo cual bastó para que el director de oficina le dejase ce- 
sante. Entró de redactor en El contemporáneo, fundado por 
don José Luis Albareda (1860-64), y allí publicó la mayor parte 
<ie las leyendas y las Cartas desde mi celda, escritas en el mo- 
nasterio de Veruela la segunda vez que allá fué (1864) en busca 
dt fuerzas para recobrar su quebrantada salud. Las Rimas 
habíalas compuesto de 1860 á 1861. Casóse en 1861, tuvo un 
hijo y fué nombrado fiscal de novelas por don Luis González 
Bravo, que admiraba sus escritos, y en 1870, director de la 
Ilustración de Madrid. Falleció su hermano en Setiembre y él 
en Diciembre del mismo año 1870, de una fiebre infecciosa; 
digamos la verdad, de sentir que le calaba hasta los tuétanos 
la ramplonería de cuanto le rodeaba. Amasado de pura y deli- 



196 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

cadísima poesía, vivía Bécquer en otra región ideal, apenas ro- 
zaba con sus plantas este bajo suelo, por donde pasó cerrados 
los ojos, sin caer en la cuenta dónde se hallaba, enteramente in- 
útil y desmañado para los menesteres del vivir. De alma senti- 
mental, de trato suave, incapaz de molestar á nadie, de hablar 
mal de nadie, de juzgar mal de nadie, anduvo en medio del 
tráfago de la corte sin querer jamás tratar de política ni de 
ctra cosa que no fuera arte y poesía, cual sonámbulo ensimis- 
mado que vaga viviendo sólo la vida de su fantasía. Aprovechó 
cuantas coyunturas halló para visitar las antiguas ciudades es- 
pañolas donde apacentar su devoción á las cosas del pasado y 
su amor al arte. Veruela, al pie del solitario Moncayo, y la vie- 
ja Toledo, la de las encrucijadas, celosías y noclies de luna, han 
quedado, sobre todo, en sus escritos, que no pensaba publicar 
juntos antes de retocarlos. Tenía en trama ó en proyecto dra- 
mas, novelas, fantasías, leyendas; su temprana muerte tronchó 
en flor aquel incomparable poeta. Publicó Correa, postumas, en 
187 1, sus Obras; esto es, Leyendas en prosa y Rimas. Aunque 
Bécquer nació en Sevilla, no hay en él ni una ráfaga del aire 
poético de los poetas sevillanos; es más bien antisevillano. 
Todos, en cambio, han reconocido en él r.n espíritu muy seme- 
jante al de Hoffmann y Grimm en las leyendas, así como al 
de Ruckert y Uhland, /Mlfredo de Musset y, sobre todo, al de 
Heine en las Rimas. Cuantos le conocieron y trataron afinnan, 
sin embargo, que no sólo no imitó á Heine, pero que ni lo leyó 
siquiera, antes de cohiponer sus poesías. "Sorprende, á veces, 
dice su íntimo amigo Rodríguez Correa, su semejanza con 
ciertos autores alemanes, á quienes no había leído hasta hace 
muy poco." Julio Nombela, no menos íntimo amigo suyo, da 
testimonio de lo mismo. Lo que hay es que Bécquer nació con 
un temperamento puramente lírico como ellos en la época 'VÁ, 
lírica y musical que ha conocido la historia. Bécquer había 
r acido tan [)oeta como ellos y en la misma éjXKra que ellos. 
Ninguno de estos grandes poetas copió ni imitó á los otros y, 
con todo, fueron cantores de no muy desemejante tonalidad 
lírica. Heine en Alemania, Musset en Francia, Bécquer en 
España, por ser soberanos poetas, canearon como liabía de 
cantarse en los tiempos moderaos y serán todavía por muchos 




GUSTAVO ADOLFO BECQUEK 

(Pintura hecha por su hermano Valeriano.) 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER \'/J 

años, á pesar de las modas, los verdaderos maestros de la fK>e- 
sía puramente lírica. Todos tres tomaron del romanticismo 
la sustancia, dejando la bambolla y la espuma. "No mintió 
nunca", dijo Taine de Musset: no mintió nunca, ha de decirse 
de Bécquer. "Ha muerto, añadió, y nos parece que todos los 
días oímos hablar de él... No dijo más que lo que sentía, y lo 
dijo tal como lo sentía. Pensó alto; hizo la confesión de todo 
el mundo. No ha sido admirado; ha sid ^ amadO; porque era, 
más que un poeta, era un hombre. Todo el mundo encontraba 
en él sus propios sentimientos, aun los más fugitivos, aun los 
más íntimos ; tenía las últimas virtudes que nos quedan : la 
generosidad y la sinceridad, y tenía el más precioso de los do- 
nes que pueden seducir á una sociedad envejecida: la juven- 
tud." Reléanse estas palabras aplicándolas á Bécquer y se ha- 
llará ser su retrato. Léanse estas otras de M. Pelayo sobre 
Musset y ténganse por dichas sobre Bécquer: "Este poeta, 
predilecto de la juventud é hijo mimado del amor, no hizo 
revoluciones de estrofas y cesuras como Víctor Hugo... no 
profesó más retórica que la muy ardiente de la pasión, y con 
tila se hizo inmortal. Si el valor y la importancia de un poeta 
hubiesen de estimarse por la materia de ír^us cantos, Alfredo de 
Musset sería delicado, gracioso, encantador, cualquier cosa 
menos grande. Como en poesía lírica nada vale más que la ex- 
presión vibrante y verdadera de un alma humana que se nos 
entrega del todo con la generosa confianza de la juventud y 
sin las astucias del procedimiento literario, no es de admirar 
que todos los resonantes alejandrinos de Víctor Hugo impre- 
cando á los tiranos ó filosofando sobre la palingenesia uni- 
versal, nos lleguen menos al alma que las sencillas y, si se quie- 
re, vulgares confesiones de este pobre poeta, cuya vena se ago- 
tó á los treinta años." A los treinta y cuatro diremos, hablando 
de Bécquer. Esta nota de sinceridad, del no mentir nunca, fué 
el fruto más sano que salió del romanticismo, sacado por los 
glandes poetas que vinieron después de él, realistas ideales ó 
idealistas reales, si se quiere. La mentira farandulera del cla- 
sicismo extraño y de toda imitación había muerto á manos del 
romanticismo; el mismo lomanticismo había descubierto el 
único filón de toda verdadera poesía, lo nacional, lo popular. 



igS PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

lo folkloñstico, cortadas que se hubieron las melenas, arrin- 
conadas que se hubieron las teatrales bambalinas de cemente- 
rios, buhos, brujas, osamentas y demás matalotaje, que para 
la galería traía el romanticismo consigo. El filón popular lo 
habían beneficiado, sin ser románticos, los últimos grandes 
poetas ingleses y los alemanes Schiller y Goethe en sus Heder. 
Es el filón popular que sigue beneficiando la música moderna 
y la moderna poesía. Verdad y nacionalidad : tales son las no- 
tas del arte moderno desde el romanticismo. ¿Qué extraño esté 
Bécquer en esto al unísono con Musset, con Heine, hasta con 
Goethe y Schiller? Las cuerdas de su lira no las fué Bécquer 
á comprar á Alemiania, fueron bien suyas y bien españolas La 
pura imitación no hace poetas tan grandes como Bécquer lo 
fué y hasta á los mayores poetas los malea. Las cuerdas extra- 
ñas y ajenas siempre sonaron á ajeno y extraño, como suenan 
hasta en fray Luis de León y en los mejores líricos de nues- 
tra época clásica : porque, mejor ó peor, tomaron algo ó mu- 
cho del extraño y ajeno clasicisimo. Ni de los clásicos ni de los 
alemanes tomó nada Bécquer : es el lírico más subjetivo, más 
español y castizo que habido en España. Alguien extrañará 
tan redonda afirmación. No hay duda que la lírica española 
más castiza es la de los cantares populares que por alií se oyen 
y se van ya recogiendo en libros por los folkloristas. Venga 
el poeta cuyas rimas se asemejen más á las de esos delicadísi- 
mos, naturales y hondos cantares de la musa española, que las 
de Gustavo Adolfo Bécquer. La musa popular no busca me- 
tros, se nacen ellos con la idea en los cantares, entallándoles 
tan al justo, que no parece sino que la grandeza de la idea so- 
lamente se tuvo en cuenta y que rebosa del troquel sencillo de 
la forma métrica. Otro tanto le sucede á Bécquer, que parece 
menospreciar la hechura del verso, tomando los más sencillos, 
como si temiese empuñar el cincel para modelar metros difi- 
cultosos y exquisitos, y, sin cml^argo, hay en sus versos comu- 
nes una extraña melodía interna á la cual no alcanza el más 
sutil de los cinceles : la misma que sentimos en la poesía po- 
pular. Es la que proviene del haber nacido la forma á la vez 
(}ue el fondo, fundidos juntamente, como si fondo y fonria se 
hubieran buscado para nacer, no pudiendo salir á luz cada uno 
aparte de por si. 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 1 99 

"¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 
Como el pájaro duerme en las ramas, 
Esi>erando la mano de nieve 
Que sabe arrancarla!" 

¿Es copla popular ó es de Béoquer aquella de 

"Por una mirada, un mundo; 
Por una sonrisa, un cielo; 
Por un beso... ¡yo no sé 
Qué te diera por un beso." 

Limpios, tersos y trasparentes son los poetas alemanes ci- 
tados y lo es Musset; pero, ¿lo son más que esta copla y que 
ias coplas populares de España y que las Rimas de Bécquer, 
que brotan como agua cristalina de manantial? Musset no 
supo mentir; pero quien no supo lo que es saber mentir fué 
Bécquer, ni lo sabe la musa popular española. La sinceridad del 
sentir, la justa propiedad del expresar, la hondura de los pen- 
samientos, la concisión y naturalidad del estilo, la sencillez del 
metro, son cualidades tan de la una como del otro. Bécquer es 
el más subjetivo de nuestros -poetas, quiero decir, el que más 
se ensimisima y se olvida de lo que tiene fuera de si, mientras 
que la poesía española, hasta la más lírica, es objetiva, preci- 
samente por ser realista hasta el extremo. Cuando esto se dice, 
y se dice con razón, porque es la pura verdad, se tiene en la 
cabeza la poesía escrita de nuestros líricos y se confunde una 
cierta objetividad serena, propia de la lírica clásica antigua, 
que pasó más ó menos á nuestras mejores poesías. Pero tén- 
ganse delante de los ojos las coplas populares. En ellas está 
el realismo y la objetividad de la raza; pero la objetividad no 
se opone en ellas al sentimiento íntimo, antes éste es tan hon- 
do por la densidad de la idea, que alcanza á ser trascendental y 
objetivo; con ser personal, hácese universal y humano, que nos 
llega á todos al alma por salir del alma popular, que la lleva- 
mos todos dentro. El realismo de las coplas populares débese 
á la expresión pictórica, concreta, particular y viva en que 
encarna la idea. Esta objetividad y este realismo de la copla 
popular es el de Bécquer. Qué pincel más realista que el que 
pintó aquellas estrofas que todos sentimos como si las hubié- 
semos inventado nosotros, tal es su objetiva trascendencia: 



SOO PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

''V^olverán las oscuras golondrinas 
En tu balcón sus nidos á colgar 
Y otra vez con el ala en sus cristales 
Jugando llamarán. 
Pero aquellas que e' vuelo refrenaban 
Tu hermosura y mi dicha al contemplar, 
Aquellas que aprendieron nuectros nombres... 
Esas... ¡no volverán!" 

¿Hay español que no haya oído, repetido y sentido está 
maravilla de poesía, tan objetiva y subjetiva á la vez, á la vez 
tan real y tan ideal? El motivo inspirador de los versos de 
Bécquer son el amor y el dolor, el amor desengañado, no co- 
rrespondido, porque eso fué toda su corta vida: aanar ideal- 
mente y realmente penar. Y como amor y dolor sean el alma 
humana toda entera, su poesía tenía que ser puramente subjetiva, 
lírica, sentimental. Su amor fué tan ideal y vaporoso, que no 
se mancilló con el menor atisbo de lascivia. De aquí que su 
sentimiento sea reflejo más bien de un sua\e rayo de luna que 
de un ardiente rayo de sol ; y tan íntimo, que apenas si se viste 
de la expresión externa indispensable, distinguiéndose, en cam- 
bio, por cierta inefable música interna que se trasparenta en la 
misma expresión, haciéndola como traslúcida y de clarísimo 
cristal. Es toda su alma, su pensar y su querer, la que sale 
musicalmente en sus versos. Hay mucho más de música que 
de pintura, más de aire diáfano que de escultural línea en ellos, 
con ser de tan escultural relieve y de tan pictórico trazo. Los 
sentimientos que Bécquer desahogó poéticamente se compren- 
den conociendo lo acibarado de su vida. Un amor ideal, plató- 
nico, imposible de lograr sai objeto; en ca|mbio, una esposa 
vulgar, grosera, fría, incapaz de comprenderle. Por otro cabo, 
un ideal artístico levantadísimo, que le hacía tímido, reconcen- 
trado, melancólico, y un mundo cual el que le rodeaba, tan 
grosero é inteligente para el arte como su esposa para el amor. 
Cabeza y corazón, chocando con sus mayores adversarios, la 
ramplonería y el hielo, caídos en el más hondo desengaño: 
tales son los motivos líricos de sus versos : 

"Es mi vida un erial, 
flor que toco se deshoja: 
que en mi existencia íaí.'.l 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO RÉCQUER 201 

alguien va sembrando el mal 
para que yo le recoja." 

Pero lo que prueba, sobre todo, que la poesía de Bécquer es 
propia suya y de nadie más y la más española y popular, lo 
que le distingue de los demás poetas modernos, de Heine y 
MXisset, es el no haber conocido la amargura del mal del si- 
glo, de la desesperación, de la duda escéptica, del que llaman 
pesimismo que de fuera de España tomaron hasta Bspronceda 
y Campoamor. Y cuenta que su asunto es el amor desengañado, 
las penas del amor. La placidez, la resignación, yacen en las 
más hondas fibras de su alma, aun cuando nos las descubre 
desgarradas por el desengaño más despiadado. Eso no es eu- 
ropeo, no es moderno; pero es cristiano, es español, es popular. 
Otro tanto se diga de la honestidad y limpieza de armiño con 
que trata sus amores. Ni el menor asomo de lascivia asoma en 
sus versos: diríase un ángel que canta platónicos amores, si 
esos amores no fuesen tan humanos como angélicos. ¡Cuan 
lejos estamos de Musset! El odio, el mal humor, la ironía, ni 
sangrienta ni no sangrienta, pasiones que empapan todo Hei- 
ne, no parecen ni en un solo verso de Bécquer. En nada de 
esto es moderno ni europeo; es español y cristiano, nada más. 
Romántico tampoco lo es por ninguna de las notas que llamé 
revolucionarias y septentrionales ; su romanticismo es el arte 
popular, cristiano, español, subjetivo é íntimo, es decir, el 
puro y verdadero lirismo sin las macas románticas septentrio- 
nales. Los cantares de Bécquer corrieron por toda España, los 
aprendió todo el mundo, se cantaron con música, ni más ni 
menos que esas coplas populares maravillosas, á las cuales 
pocas veces llegaron á igualarse las más sinceras poesías de 
los escritores y si alguna, las rimas de Bécquer. En el mismo 
fray Luis de León siéntese, repito, algo que es elegantísimo, 
pero que huele á extraño: es lo que tomó de Grecia y Roma, 
En Bécquer apuramos hasta la última gota como riquísimo vino 
del terruño, porque en sus poesías hallamos nuestros propios 
sentimientos y expresados como sentimos que los expresa- 
ríamos todos nosotros, si nosotros fuéramos tan poetas como 
él. Nos hinchen los rincones todos del alma tan cumplidamente 



2C2 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

como los cantares populares. Siendo el más subjetivo de nues- 
tros líricos cuanto á expresar Bécquer su más hondo sentir, la 
hondura donde ese sentir arraiga es tal, que alcanza á tocar 
todas las fibras mismas de la humanidad y todos creemos que 
expresa el sentir nuestro, tal es la universalidad de su poesia: 
"¡Dios mío. qué solos ¡ se quedan los muertos!!" No hay en 
estas cortas palabras ni figuras, al parecer, ni casi otra melodía 
ni metro que el de la simple frase castellana, y, sin embargo, 
el sublime de la idea rebosa de la forma y rebosaría de cual- 
quier forma, por magnífica que fuese. Y ¿qué mayor magni- 
ficencia pudiera haber buscado el poeta, que la mayor senci- 
llez en vaso con que quería brindarnos un sorbo del néctar 
aparado en el manantial del sublime infinito? "¿Qué es poe- 
sía? ¿Y tú me lo preguntas? ¡ Poesía... eres tú." Esto no se 
ha dicho así más que en los cantares populares. Lo que no sé 
que se haya dicho jamás es aquella otra sencilla estrofa que 
sabe á teosofía, de quien no tenía idea de lo que teosofía fue- 
ra, pero que sabía sentir el amor como nadie ; 

"Los suspiros son aire y van al aire. 
Las lágrimas son agua y van al mar. 
Dime, mujer: cuando el amor se olvida, 
¿Sabes tú adonde va?" 

Bécquer desdeña los floripondios de los poetas clásicos y de lo^ 
poetas andaluces, como los desdeñó siempre la lírica popular 
española. Quisiera él que las palabras no enlodasen el sentimien- 
to, como el místico quisiera no mancillase su aéreo espíritu el 
lodc del cuerpo. Desearía expresarse "con palabras que fuesen 
á un tiempo | suspiros y risas, colores y notas". Esto lo con- 
sigue por medio de las imágenes aéreas y aromáticas, inipal- 
pables y brillantes cual rayos del iris, que sabe sacar de las 
palabras materiales, como aquella del "Hilo de luz que en ha- 
ces I los pensamientos ata". La pobreza de rima materia! sus- 
tituyela con otra más recóndita y musical rima, que no vemos 
ri podemos definir, pero que suena con dulcedumbre espiri- 
tual á nuestros oídos, que "como el pájaro duerme en las ra- 
mas", así está oculta para muchos poetas, hasta que llega "la 
Llano de nieve que sal)c arrancarla". El amor, lo más s'ibje- 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 203 

tivo que hay y lo que todo el mundo no ha podido menos de 
sentir alguna vez en -.u vida, es lo que, sobre todo, ha sibido 
expresar Bécquer como nadie. Sólo asi se explica el increíble 
suceso que tuvieron sus Rimas apenas publicadas y la fama 
cada vez más asentada y altisima que cobró su nombre. Una 
mirada de aquella á quien el poeta amó ó á quien el poeta su- 
pone haber amado, le hace exclamar: "¡Hoy creo en Dios!" 
¿ Concíbese manera más llana y sublime á la vez de expresar 
la dicha del amor? ¿No es verdad que así la hubiéramos ex- 
presado todos y que nos parece nos arrancó á cada uno de 
nosotros del fondo del alma esta expresión? Ninguno de nos- 
otros, sin embargo, la habíamos dicho, con ser tan nuestra y 
de todos : tal es de humana, mejor diríamos de divina, de éter 
ñámente bella. Béoquer, en sus prosaicos afanes del vivir co- 
tidiano, ni tuvo tiempo ni ocasión ni humor acaso para buscar 
y pretender los amoríos que tan sinceramente expresó ni las 
mujeres por quienes se muestra enamorado. Casi es seguro 
que, como dice Vakra, "con frac elegante hecho en París ó en 
Londres, con finísima ropa blanca, con oro en el bolsillo y con 
billetes de Banco en la cartera, Bécquer hubiera brillado y 
triunfado en los salones; pero acaso no hubiera hallado entre 
sus enamoradas á las que halló y enamoró saliendo en sueños 
de su pobre casa. Su deseo de amar, como la flecha del Prín- 
cipe de un cuento de Las mil y tena noches, voló por c'ma de 
toda la high-life efectiva y fué á clavarse en la dorada puer- 
ta de los encantados palacios y jardines del hada Parabanú, 
que, prendada de él, le tomó por esposo". Bécquer, efectiva- 
mente, soñó que amaba, y el sueño de los poetas acaso tiene 
más realidad que la realidad no soñada de la gente común. 
Por lo menos, el sueño del poeta arraiga más hondo en el alma 
humana, derívase inmediatamente de la fuente eterna de las 
ideas madres, de las que manan el sentir y el amar de cada 
uno de los mortales : es más real cuanto más eterno, más obje- 
tivo cuanto más subjetivo, más verdadero, más sincero cuanto 
al parecer más mentiroso y fantaseador. 

Bécquer, en suma, es, fuera de toda duda, el poeta más 
lírico nacido en España. Hay que leer de los mejores poetas 
algunas estrofas para que llegue al alma el sentimiento que en 



204 Í'R'MER PERÍODO DE L-\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

ellas dejaron donnido; de Bécquer basta leer una frase cual- 
(|uiera y en cualquier momento y estado de alma para sentirse 
ésta revibrar al punto y al unísono con la frase, y es que no 
hay una frase, ni una palabra, que no esté siempre en él viva y 
como cargada de la más fuerte tensión de electricidad senti- 
mental y que no llegue al punto al alma y la hiera, sobrecoja y 
arrebate. Eso se llama poesía lírica pura. Bécquer es el más 
grande de los líricos españoles. Tan concentrado elixir senti- 
mental supo escanciarlo en las más llanas formas rítmicas, en 
las más sencillas voces; supo dárnoslo en vaso tan sutil y aéreo, 
tan vaporoso, que casi no lo es. Lo menos posible de vaso ma- 
terial, de palabras sonoras, para lo más concentrado de senti- 
miento. Es el alma del poeta, que se trasvasa toda entera al 
alma del lector casi sin intermediario. El summum de senti- 
miento con el mínimum de forma: tal es lo sublime en la lírica, 
y eso es Bécquer. Por eso nos arrebata á la primera frase que 
le oímos y nos para temblorosos y sobrecogidos : es lo más 
apurado del sentimiento estético que el arte pretende. Acaso 
no haya habido poeta que escribiera menos versos que Béc- 
quer; ninguno puso más alma humana en las 66 cortas poesías 
que dejó escritas. Ninguno gastó menos palabras para decir 
más que todos. La mayor cantidad de sentir con la menor 
cantidad de forma posible : tal es la lírica becqueriajia, lírica, 
por consiguiente, acendrada y pura, si algiuia lo fué. Si por 
tal manera, como parece, ha de aquilatarse la poesía lírica, no 
hay lírico que á Bécquer aventaje. Cualidad es ésta de la lírica 
poixilar: Bécquer es, de hecho, el más popular de los pyoetas 
españoles y el que al arte popular más se allega. Acudir al te- 
soro del lenguaje y á la mina de la fantasía para ataviar la 
idea rica y vistosamente, requerir novedades de fondo y for- 
ma, forzar el aliento para que por el metro y las palabras re- 
tumbe la estrofa, medios son para brillar, usados por los poe- 
tas. Desecharlos todos sin piedad, cual ropaje que, si parece 
engalanar la idea, de suyo es, á fuerza de encubrir su nativa 
belleza, de apesadumbrar su esencia etérea é imponderable, es 
propio procedimiento de Bécquer. Su sentir no es suyo, es de 
todo hombre, de cualquier raza, época, religión y cultura. Es 
el puro sentir más íntimo de toda alma, no ligado á espacio ó 



S. XI X^ 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 20 5 

tiempo. No canta Bécquer esta ó aquella religión, esta 6 aque- 
lla política, la propia ó la ajena patria; cíñese á aquellos sen- 
timientos íntimos, primordiales y nativos de todo hombre, úni- 
camente como tal. Esto da á sus rimas la mayor profundidad 
y trascendencia que quepa imaginar. La mayor originalidad 
y pujanza lírica con los más flacos y sencillos medios es algo 
que frisa en lo sublime del arte, es lo depurado del verdadero 
arte popular y del arte becqueriano. "Las pasiones del ánimo 
y los afectos del corazón, decía Hegel, no son materia de pen- 
samiento poético que en cuanto tienen de general, de sólido y 
eterno." Así el hondo lirismo no es el que se distingue del de 
los demás, sino el que ahonda tanto, que, á fuerza de parecer 
más individual del poeta, lo es, de suyo, menos, porque llega 
á las raíces de los afectos y pasiones de todo hom,bre, de la 
humanidad entera. Cuanto más tenga de esto será más puro 
lirismo y más poético, según Hegel. Ahora bien; Bécquer es 
ese lírico puro y hondo, que, abstraído en sí, canta los afec- 
tos más universales y comunes á todo hombre. Esas rimas 
lo mismo las siente el inglés que el italiano, el americano que 
el chino. Hubo unos años que el corazón de España entera 
tembló repitiendo tan soberana poesía. Críticos eruditos sa- 
lieron á poco que dijeron cansarse de ella: dijeron, con todo 
el empaque de la cursilería, que había pasado de moda. Esa 
poesía no pasa de moda jamás, porque no es poesía de moda; 
es poesía eterna. Es la única poesía que debe de proponerse 
por dechado, la única que se debe imitar, porque en ella no 
cabe imitación : el poeta que la sienta y la sepa hacer, la hará ; 
no cabe en ella falsificación ni amaneramiento. 

Las leyendas en prosa de Bécquer, escritas cuando era redac- 
tor de El Contemporáneo (i 860-61), después de visitar varias 
provincias, con ojos y sensibilidad de verdadero artista, mayor- 
mente Toledo y Veruela, son los sueños ideales de un poeta rea- 
lista, que, sobre cualquier objeto, dicho ó nombre antiguo, for- 
jaba, con fecundísima inventiva, una historia de cosas que, si no 
sucedieron, pudieron suceder, dadas las circunstancias, según 
parecen henchidas de realidad en su punto de arranque y como 
vistas y contempladas en sus más vivos pormenores ; pero que, 
en lo que en alas de su fantasía ve al alzar el vuelo el poeta 



2o6 I•K:^í^:R período de í.a época realista (1850-1869) 

soñador, hay un taii rico contenido de pensamiento poético y 
de elevados anhelos hacia lo infinito desconocido y misterioso, 
y por tan sutil, esmerada y cristalina manera de decir expre- 
sados y en tan galano y vistoso lenguaje, que si las Rimas nos 
dicen la fuerza de su propio sentir, nos declaran no menos 
las leyendas la alteza de su pensar, de su idear y anhelar y el 
tesoro inagotable de su fantasía. El valor estético de las le- 
yendas está en la altísima idea que Bécquer hallaba en cual- 
quier objeto antiguo, como si el objeto se la dijese al oído, y 
en el esfuerzo artístico extraordinario de su ingenio de poeta 
para vestir esa idea sutil y sublime con palabras materiales, 
que tanto distan de esa sublimidad ideal. Aquí de su riquísima 
fantasía, que hallaba medio de encadenar y sujetar material- 
mente lo mcás espiritual, de dar forma concreta y de cuajar en 
figTjras vivas lo más vaporoso de su idear y anlielar de poeta 
soñador. Sin desquiciar el idioma castellano, sin enquistarlo 
de voces extrañas y bárbaras, sin contorsionarlo ni retorcerlo, 
como han hecho los modernistas, supo Bécquer sacar de él 
cuant..^ necesitó para expresar castiza y elegantemente lo más 
aéreo y espiritual que pueda concebirse. Lo poético de su dic- 
ción armoniza con lo poético de las leyendas. Hay quien pone 
sobre las Rimas las cartas Desde mi eelda en mérito literario. 
No cabe comparación entre tan disparejos asuntos. La psicolo- 
gía del poeta, y á veces su poesía, son las mismas, pero nada 
más. También se parecen á las leyendas cuanto á la agudeza 
de sus cjos interiores, que sabían leer en cada piedra, en cada 
árbol, en cada rincón del monte un mundo de cuentos fan- 
tásticos, como si la naturaleza hablara al poeta en lenguaje 
para los demás desconocido. 

7 6. "El aspecto exterior de Andalucía era, y seguramente segui- 
rá siendo, sobre todo en Sevilla (dice Julio Nombeia. Impres., I, 293), 
la alegría, la broma, el buen humor, la exageración, lo mismo en las 
satisfacciones que en los pesares. Ingenio rápido, chispeante, que, al 
herir, acaricia; la metáfora y el chiste espontáneos, fáciles, continuos; 
amores y odios profundos al parecer, en realidad, más impresión que 
ientimiento; entusiasmos febriles seguidos de indiferencia 6 de des- 
pecho; amistades vehementes y sinceras mientras duran; pero seguidas 
de enemistades no menos sinceras y rápidas; poca fijeza, mucho ma- 
TÍposeo. todo sonrosado y todo negro; promesas sentida? en el momen- 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 207 

to de expresarlas y olvidadas con la mayor facilidad; llantos ruidosos 
y risas locas, todo superficialmente encantador. Tal como le describo 
apareció á mis ojos el carácter ó, por lo menos, el aspecto exterior de 
la generalidad de los sevillanos. Bécquer, formal, ingenuo, soñador, 
románt'co ; pero, sobre todo, sincero y artista en toda la extensión de 
la palabra, era una excepción entre sus paisanos." Siempre fué tími- 
do y modesto, reservado y melancólico. Publicó sus primeros versos, 
en 1852 y 1853, en la Aurora, de Sevilla; pero "tampoco Bécquer se 
hallaba en su elemento en su ciudad natal". Su padre, don José Do- 
mínguez Bécquer, oriundo de Alemania por su madre, fué con su 
hermano menor y discípulo en pintura Joaquín, uno de los fundadores 
del Liceo sevillano; hay cuadros suyos en el Museo de aquella ciudad. 
Casó con doña Joaquina Bastida y Vargas, de la que tuvo seis hijos, 
el cuarto, nuestro Gustavo, nacido en la casa número 26 de la calle 
del Conde de Barajas, que compró y demolió el matador de toros 
Fuentes, edificando en el solar elegante casa, que habita, en la que 
colocó una inscripción. Murió la madre á los pocos meses de morir 
el padre. Recogió á los huérfanos don Juan de Vargas, tío de la ma- 
dre, y le metió en el colegio de huérfanos de San Telmo, donde tam- 
bién entró, de doce años, Narciso Campillo, y con quien, teniendo 
diez Gustavo, compuso el drama Los Conjurados, que representaron 
con otros alumnos en el colegio. Comenzaron i:na novela á lo Walter 
Scott, único novelista que conocían ; pero, suprimido el colegio, reco- 
gióle su madrina, doña Manuela Monahay, señora rica y leída, en 
cuya biblioteca halló y leyó Gustavo las obras traducidas de Horacio 
y las de Zorrilla, huyendo de juegos y sin salir de casa en dos años, 
leyendo, además, á Chateaubriaud, Stáel, D'Alincourt, Sand, Balzac, 
Byron, Musset, Hugo, Lamartine, Espronceda y Hoíímann. En 1850 
se ejercitó en el dibujo y en casa trazaba los tipos de sus lecturas; 
pero le aconsejaron el estudio del latín, viendo siu vocación literaria. 
Con Campillo escribió tres cantos sobre la conquista de Sevilla, y los 
dos, con Julio Nombela, formaron un triunvirato literario, y, dispues- 
tos á ser grandes poetas, escribieron poesías para hacer un tomo, con 
cuyo producto se vendrían á Madrid en busca de la gloria. En Madrid 
destruyó Bécquer las suyas, menos una, que posee Nombela para ea- 
tregar en la Bibl. Nac. á su muerte, con otros papeles y autógrafos. 
Contra el parecer de su madrina, que quería se diese á la pintura, y 
rompiendo con ella, se vino Bécquer á Madrid. Tuvo intento de com- 
poner una obra de cinco tomos, titulada Los Templos de España, poe- 
ma cristiano, del cual el libro de Chateaubriand sería sólo un boceto. 
En Madrid llevó con gran resignación su pobreza, viviendo muy ensi- 
mismado, sin aburrirse, en medio de la soledad de trato con las 
gentes. Trató de fundar varias revistas con Viedma, García Luna 
y Nombela; pero ninguna prosperó. J. Nombela, Impresiones, t. H, 
pág. 425 : "En Junio de aquel mismo año 1858 volví á ser enfermero. 
Bécquer sufrió una enfermedad gravísima, que le tuvo postrado en 



208 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

fl lecho muy cerca de dos meses. Después de tres ó cuatro días 
de una fiebre violenta que puso en gran cuidado al médico, apa- 
reció en su cabeza una gran erupción, sin que, á pesar de este 
desahogo, remitiese la calentura. A la caída de la tarde y por las 
noches, á las altas horas, durante las dos primeras semanas de la 
enfermedad, deliraba sin cesar, evocando en su delirio las ideas que 
bullían en su mente, los fantásticos proyectos literarios que había for- 
jado su imaginación. Al cabo de una ó dos horas de aquella terrible 
exaltación quedaba postrado, sin voz, sin movimiento, como muerto. 
La buena mujer que le hospedaba y una hija suya, que era peinadora, 
cuidaban á Gustavo con el más cariñoso esmero; su hermano Vale- 
riano, los huéspedes, sus buenos amigos Federico Alcega y Díaz Cen- 
drera. Luna y yo, le prestajnos todo género de auxilios, alternando 
por las noches para velarle. Cuando pasó el peligro, que tanto al mé- 
dico que le asistía como á nosotros nos hizo temer un doloroso desen- 
lace, se había debilitado de tal modo, que necesitó permanecer más de 
un mes en la cama, y, cuando pudo levantarse, parecía un cadáver. 
Tardó mucho en reponerse, y su hermano, como era natural, y sus 
amigos, cada cual con arreglo á sus recursos, le ayudamos á soportar 
los gastos de aquella larga y penosa enfermedad, no siendo su patrona 
la que menos sacrificios hizo en su favor, sin exigir ni querer que 
fuesen remunerados... Cuando curado, aunque no restablecido por 
completo, pudo Bécquer abandonar la triste casa donde tanto le había 
hecho sufrir la enfermedad, se manifestó en su ánimo el amor á la 
vida con más fuerza que nunca. Federico Alcega, que era de sus ami- 
gos el que disponía de más tiempo, le acompañaba en los paseos que 
para fortalecerse con el aire 3'^ el sol le había aconsejado el médico 
que diese por las mañanas, aprovechando lo saludable de aquellas ho- 
ras en la estación veraniega. Taimbién Díaz Cendrera y yo alternába- 
mos con Alcega en las visitas al Retiro y nos complacía oír contar á 
Gustavo, más locuaz que de costumbre, las tristes impresiones, los 
acerbos temores que había sufrido durante su penosa enfermedad. 
Parecían mejorar de consuno su cuerpo y su alma. Las esperanzas se 
despertaban con nuevo vigor del letargo en que habían estado sumi- 
das, se renovaban en su espíritu sus proyectos literarios é iluminaban 
su estoico pesimismo ilusiones que una consoladora fe en el porvenir 
mantenia ofreciéndole dulces consuelos. En el final de aquel año y en 
el siguiente de 1859, escribió algunas de las rimas que á su muerte 
fueron publicadas, y particularmente las inspiradas en el sentimiento 
del amor, que algunos han creído dedicadas á la que dos años después 
fué su esposa... Al llegar el otoño, que por lo regular es en Madrid el 
período más templado del año, hermoso, aunque melancólico, iba yo 
a buscar á Gustavo y elegíamos con frecuencia para pasear la Monta- 
ña del Príncipe Pío, paraje solitario favorecido con la perspectiva 
más hermosa de los alrededores de Madrid. La estación del ferrocarril 
del Norte y algunas casas se apoderaron de aquel paseo; pero enton- 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 2C>9 

ees, desde su punto más elevado, se descubrían los bosques de la Casa 
de Campo y de El Pardo, teniendo este Real Sitio por dosel, en último 
término, las nevadas cumbres del Guadarrama. Escudriñar las calles 
y callejuelas que desde la Puerta del Sol abrían paso á la Montaña, 
era la distracción que más agradaba á Bécquer. En una de aquellas 
tardes quiso que pasáramos por la calle de la Justa, en la actualidad 
de Ceres, para ver la casa en donde yo había nacido, casa que, desde 
hace muchos años, como otras colindantes, está convertida en un as- 
queroso lupanar. Entramos por el callejón del Perro, seguimos por la 
derecha, vimos con repugnancia aquella morada que en la época de 
mi nacimiento albergaba a familias modestas, pero decentes y hon- 
radas, y proseguimos hacia la calle de la Flor Alta, frente á la cual 
había una casa de vecindad de muy buen aspecto, desde cuyos balcones 
S€ veía un trozo de la calle ancha de San Bernardo. Cuando pasamos, 
estaban asomadas á uno de los balcones del piso principal dos jóvenes 
de extraordinaria belleza, diferenciándose únicam.ente en que la que 
parecía mayor, escasamente de diez y siete ó diez y ocho años, tenía 
en la expresión de sus ojos y en el conjunto de sus facciones algo de 
celestial. Gustavo se detuvo admirado al verla, y aunque proseguimos 
nuestra marcha por la calle de la Flor Alta, no pudo menos de volver 
varias veces el rostro, extasíándose al contemplarla. Había visto en 
ella la encarnación de la Ofelia y la Jidieta de Shakespeare, la Car- 
lota de Goethe y, sobre todo, la mujer ideal de las leyendas que bu- 
llían en su mente. Aquella tarde estuvo muy expansivo, y en las su- 
cesivas volvimos á la calle de la Justa, entrando por la de la Flor Alta, 
torciendo á la izquierda para volver por la calle de la Estrella á la de 
San Bernardo y dirigirnos á nuestro solitario paseo. Siguiendo aquel 
camino, si las jóvenes estaban asomadas al balcón, podíamos verlas 
durante más tiempo, lo que, por fortuna nuestra, sucedía casi siem- 
pre. No tardé en saber quiénes eran aquellas dos interesantes señori- 
tas, y como la que, sin sospecharlo, inspiró á Bécquer todas las rimas 
amatorias debe pasar en su compañía á la posteridad, siquiera sea 
como la Laura del Petrarca, diré que se llamaba Julia y que era hija 
del compositor don Joaquín Espín y Guillen, profesor del Conserva- 
torio y autor de obras musicales que le alcanzaron gran notoriedad. 
Aimigo mío era un hijo del citado maestro, que fué á su vez un dis- 
tinguido músico, y cuando adquirí estas noticias y me enteré de que 
en la casa de aquellas jóvenes se celebraban muy interesantes concier- 
tos, propuse á Bécquer que asistiéramos á ellos. Mi indicación fué ro- 
tunda y categóricamente rechazada. Prefería el ideal á la realidad. 
Aquella Julia fué su inspiración ; cuando cesaban de verla sus ojos 
la veía su espíritu; amó al alma que adivinaba, y por lo mismo que le 
revelaba los más recónditos y hermosos sentimientos de la mujer, no 
quiso conocerla, ni siquiera oír su voz. Mantenía con ella unas rela- 
ciones ideales, vivía de una ilusión. ¡Candidez, puerilidad, dirán los 
que se llaman hombres prácticos ; pero de estas puerilidades y candi- 

TOMO VIH. — 14 



2 10 ::i:mer pekíodo de l.\ época realista (1850-18Ó9) 

deces brotan las rimas que se eternizan y eternizan á los ilusos que 
las producen ! Dos años después, vencidas las dificultades, empezó 
Bécquer á abrirse camino, y sólo por rara casualidad vio alguna que 
otra vez á su Julia. ¿Qué le importaba no sostener con ella relaciones 
amorosa:-, si siempre estaba en su alma su recuerdo!" De 1860 á 1861 
compuso Bécquer sus Rimas. De Heine había traducido muy poco Flo- 
rentino Sanz: Canciones de Enrique Heine, 1857 (en el Museo Uni- 
versal. Mayo). Más tarde, Mariano Gil y Sanz, salmantino, tradujo 
parn.frásticamente, v mal, el Intermezzo, sobre la versión parafrástica 
de Gerardo de Nerval, en el mismo Museo Universal (1867). Ma- 
nuel M. Fernández y González, redactor de hl Imparcial, tradujo 
más fiel que poéticamente y mirando más á la traducción fran- 
cesa, el Intermezzo, el Regreso y La Nueva primavera: Jov<^s pru- 
sianas, poemas lír. de E. Heine, Madrid, 1873, 1879. Jaime Clark 
insertó algunos cantares de Heine en Poesías líricas alemanas, Ma- 
drid, 1872, 1879. No menos incluyó otras el americano Juan Artu- 
ro Pérez Bonalde en sus Estrofas, 1877. Ángel Rodríguez Chaves tra- 
dujo el Intermezzo, Madrid, 1877. José J. Herrero vertió muy bien 
Poemas y Fantasías en la Bibl. Clásica, de Navarro, Madrid, 1883. 
Teodoro Llórente volvió á traducir á Heine en la Biblioteca Arte y 
Letras, Barcelona, 1885. R. Correa, el amigo y editor de Bécquer, 
dijo en el Prólogo: "Aunque hay un gran poeta alemán á quien puede 
creerse ha imitado Gustavo, esto no es cierto, si bien entre los dos 
existe mucha semejanza." Otro tanto aseguraron Valera y otros en 
las disaisiones del Ateneo (1876). Lo mismo afirmó Rafael M. Mer- 
chán en sus Estudios críticos. 1886. El padre Blanco García disiente 
de todos ellos y cree que Bécquer se inspiró en Heine. Si así fué, 
hubo de hacerlo en los pocos trozos que insertó Florentino Sanz en 
el Museo Universal; pero no es argumento suficiente el parecido en- 
tre ambos poetas, único que se aduce de hecho. Jamás hizo Bécquer 
versos á su mujer, ni quería hablar de ella. Casáronle en 1861 sus 
amigotes, Augusto Ferrán entre otros, que andaba liado con una de 
las hijas de la portera de su casa propia, y casáronle con una mucha- 
cha de servicio llamada Casta, natural de Soria, vulgar y nada guapa. 
Tuvo de ella tres hijos, á quienes quería mucho. Estas noticias se la& 
he oído á Julio Nombela, íntimo suyo desde la niñez, el cual me ase- 
guró que jamás le vio reír ni hablar sexualmente de mujeres... En visi- 
tas apenas hablaba, tan sólo se desahogaba con los amigos tratando de 
arte. A la música se dio mucho del 1860 al 1862, que tradujo paia 
Francisco Salas el Fidelio de Beethm'en, Fra Diavolo de Weber, etc., 
y salieron en El Museo Universal (1863), de Ga.spar y Roig. Me 
asegura Julio Nombela que Bécquer no se inspiró en Heine, á quien 
no conoció sino por referencias de Augusto Ferrán, el primero que 
habló acá de él sin traducirlo. Después tradujo algo Florentino Sanz. 
Fji quien más se inspiró fiíé en Byron y los autores que vimos leyó 
en Sevilla. Pero no tomó nada de nadie, sino de su estado pa- 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 211 

tológico y enfermedad de consunción. Todos los de su familia mu- 
rieron antes de los treinta años. Puede asegurarse que antes de 
escribir las Rimas no conoció á Heine, y todo lo más un par de 
poesías que oyó. Eduardo Schure dice de Heine: "Por un lado, 
encontramos en él una sensibilidad ardiente, sutil, femenina, de ex- 
quisita delicadeza ; por otra parte, un espíritu infernal, una ironía ma- 
ligna y selvática que asaetea á su enemigo con flechas emponzo- 
ñadas; unas veces, tristeza suave y soñadora; otras veces, risa ma- 
ligna y cínica; ahora, im ángel; luego, un demonio." Ahora bien; 
Bécquer no tiene nada de lo segundo, del lirismo humorístico que 
Heine trajo á la literatura, merced á su mal humor y á su descrei- 
miento. Bécquer. aun dentro de lo primero, de la tristeza suave y 
soñadora, es más candido niño que Heine, menos corrido ni picar- 
deado, menos leído y, en cambio, más allegado á los sentires abiertos, 
claros como el agua de la fuente y sencillos del pueblo castellano. Es 
insostenible lo que dijo Teodoro Llórente en su traducción de Heine: 
"Intercaladas muchas de aquellas poesías (de Bécquer) en una perfec- 
ta traducción castellana del libro de Heine,. no se notaría diferencia 
entre ambos autores. Esto basta para la gloria del poeta sevillano: no 
hay que atribuirle una originalidad difícil de sostener." A pesar de 
Llórente, Bécquer fué original y no tomó de Heine sus sentimientos, 
su tonalidad, su ritmo, que fueron muy suyos y muy españoles. J. Va- 
lera, Poesía... s. XIX, I, pág. 178: "Muchas personas han creído y sos- 
tenido que Bécquer imita á Heine. Otras aseguran que jamás le había 
leído, pero esto es falso. Bécquer conoció y leyó á Heine; pero si en 
algo le imitó, fué en escribir composiciones muy cortas, como los 
Lieder, aunque raza vez coincidían, ni en el sentir, ni en el pensar, los 
Lieder y las Rimas. Notables y originalísimos ingenios eran ambos, 
Bécquer y Heine. Y, sin embargo, nada más diferente, por no decir 
más opuesto, que las .prendas, condición y carácter del uno y del 
otro. No hay espacio aquí para compararlos y hacer la distinción de- 
bida. Bástenos indicar que el talento de Heine era más extenso y qui- 
zás más complicado y más hondo: el de Bécquer más influido por el 
amor y la fe y mucho más simpático por su sencillez, generosidad y 
nobleza. Nunca llegó Bécquer á las alturas filosóficas, al casi reli- 
gioso entusiasmo con que Heine, por ejemplo, retrata y ensalza al 
maravilloso poeta de su casta Jeuda Ben Leví, de Toledo; pero tam- 
poco se entregó, rebajándose, á las burlas impías y al sarcasmo más 
que volteriano á que Heine á menudo se entrega. Bécquer jamás es 
chistoso; Heine suele tener mucho chiste, aunque cínico y desver- 
gonzado con frecuencia. En resolución, Bécquer y Heine apenas se 
parecen en otra cosa sint» en haber escrito composiciones de poco 
número de versos." Julio Burell, Bécquer y Heine (El Mundo) : "Un 
crítico francés, que ha hecho escasa justicia á Núñez de Arce y toda 
la posible, tratándose de una pluma francesa, á don Ramón de Cam- 
poamor, ha publicado últimamente cierto estudio sobre nuestro Béc- 



212 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (l850-l8Óg) 

quer, en que al lado del entusiasmo incondicional aparecen errores 
semejantes á este extraño error: "Bécquer es discípailo, ya que no imi- 
"tador de Heine.'' Y es lo más singular que este error puede muy bien 
haber tenido su origen en España misma. Recuerdo yo cómo en los dias 
de aquel gran movimiento literario y filosófico que siguió al profundo 
silencio de la Restauración, se sentaban proposiciones en la prensa 
j en el Ateneo á propósito de Bécquer, de su filiación literaria y de 
la poética, que dejaban muy atrás las del crítico de la Revuc Bleue. 
Para la generalidad de las gentes dadas entonces (el número va sien- 
do ya menor) á las cosas fútiles de la poesía, que, sin embargo, llevan 
trazas de ser eternas, si había algo cierto en el mundo, era que Béc- 
quer, con sus Rimas, representaba entre nosotros una adaptación del 
lied alemán, y, sobre todo del lied que Heine canta: "Le han en- 
"venenado el agua, le han envenenado el pan..." Enfrente de es- 
tos errores que á la vuelta de unos cuantos eJíos aparecen tra- 
ducidos al francés, sólo recuerdo haber oído una voz que pro- 
testara después de la de Correa; la voz de Valera, gran crítico, gran- 
de artista y testigo en la redacción de El Contemporáneo de lo que 
pudiéramos llamar gestación literaria del poeta sevillano. El mismo 
Rcvilla, que era la sinceridad literaria más pura que haya yo cono- 
cido; el mismo malogrado Revilla llegó á sostener como reales la 
semejanza ó imitación de que ahora habla el crítico francés. Y en 
verdad que ni antes ni ahora ha podido decirse cosa más tristemente 
contraria á la verdad. ¿Quién es Bécquer? Es un alma toda española, 
toda meriodíonal ; para él no existen ni el sarcasmo fiero ni la des- 
afinada ironía; hasta ahora ni oculta sus lágrimas ni disfraza con una 
carcajada sardónica la santidad y la efusión del sentimiento. Plácele 
recorrer las ruinas de las viejas edades, y le cautivan, le arrebatan, 
le despiertan á la vida de lo sobrenatural, de lo maravilloso, de lo 
fantástico, el castillo derruido, la catedral desierta, el convento silen- 
cioso, el cementerio desolado, la montaña abrupta en donde anidan 
los cuervos y las águilas, la cañada somibria donde se esconden y 
duermen los misteriosos gnomos. Recordad aquella hermosa página 
que se llama las Tres fechas, aquel soberbio cuadro que se llama el 
Rayo de luna; el Órgano sublime de Maese Pérez, el miserere terri- 
ble del Monte de las Animas; recordad su visita al cementerio de 
una aldea, en cuyo recinto se levanta á la contemplación de lo infini- 
to, exclamando: "Me es igual que me coloquen debajo de una pirá- 
"mide egipcia, como que me aten una cuerda á los pies y me echen á 
"un barranco como un perro. Ello es que cada día voy creyendo más 
"que, de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo 
"aquí." ¿Y sus notas más íntimas? ¿Y sus acentos más personales y 
más tiernos? ¡ A ! Es necesario ver cómo esas sencillas rimas expo- 
nen la pasión, el amor, los celos, la ira, el desaliento, la íiiclanco- 
lía, la tristeza de un corazón que se siente abandonado de la esperanza. 
Todo es en Bécquer grave, profundo; mas natural, naturalísimo. El 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 21 3 

mismo abandono sistemático de la forma revela cuan íntimo, cuan 
religioso es el recogimiento de aquella alma sublime en esa hora mis- 
teriosa y solemne en que Dios y el poeta entablan sus coloquios eter- 
nos. Sólo Espronceda, en su Canto á Teresa; sólo Tassara, en su 
Canto á Laura; sólo Campoamor, en la Carta de la heroína de su 
Tren Expreso; sólo Musset, en su sublime Recuerdo, muestran la 
noble, la espontánea, la sincera emoción, la altísima unción poética, 
que son como musas inseparables vibrando siempre en las cuerdas 
t^.e oro á que Bécquer arranca aquellas que él llamase ^^Cadencias que 
''el aire dilata en la sombra." Abrid al acaso el libro que las encierra, 
y hallaréis lo primero un corazón con las dos supremas sensibilidades 
humanas : la sensibilidad exquisita del arte y la sensibilidad de un alma 
llena de todos los amores: "Saeta que voladora | cruza, arrojada al 
"azar, | sin adivinarse dónde | temblando se clavará." "Eso soy yo, 
"que al acaso | cruzo el mundo sin pensar ¡ de dónde vengo ni adonde I 
"mis pasos me llevarán." Ya lo oís. La duda, la terrible duda acerca 
de su existencia no puede ni más llana ni más sencillamente mostrarse. 
Es un pesimista hondo, muy hondo; pero reposado, tranquilo, como el 
de Leopardi, cuando en noche serena, deteniéndose á contemplar el 
melancólico resplandor de la luna, exclama con el Pastor del Asia: 
"¿'Qie fai tu, luna, in ciel? "Dimmi, che fai | silenziosa luna?... | Dim- 
"mi, o luna: che vale | al pastor la sua vita | la vostra vita a voi? 
"Dimmi: ove tende | questo vagar mió breve | il tuo corso immortale?" 
Bécquer no sabe sonreír como Heine cuando siente el pecho desga- 
rrado ; no sabe jugar con sus penas, y angustiosas y amarguísimas 
viértelas él como en su corazón rebosan. He ahí sus nobles acentos, 
sus arranques sin afectismos siempre humanos. Escribe sus versos 
con su propia sangre, y por eso pueden brotar de su pluma estrofas 
tan maravillosamente hermosas como aquellas que acaban con este 
grito desgarrador: "¡Dios mío! ¡Qué solos | se quedan los muertos!" 
Tuvo nuestro poeta días sin pan y noches sin hogar ni abrigo. Oigá- 
mosle cuan amarga, pero cuan severamente nos nabla de sus jorna- 
das sombrías: "Llegó la noche y no encontré un asilo; | ¡y tuve sed... ! 
"Mis lágrimas bebí; | ¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos | cerré 
"para morir ! | ¡ Estaba en un desierto ! Aunque a mi oído | de las 
"tumbas llegaba el ronco herir, | yo era huérfano y pobre... el mundo 
"estaba I desierto para mí." Ni una rebeldía, ni una queja contra Dios: 
poco, muy poco contra los hombres. Mira hacia su desventura y 
pasa... Unas cuantas palabras bastan á su dolor. Este es, después de 
todo, el gran secreto del admirable poeta. Sintió también en sus en- 
trañas mismas la ancha y envenenada herida de la traición, abierta 
por la mano de la mujer querida; y entonces no le ocurre pensar que 
todo ha sido un sueño, una mentira, un engaño de los sentidos... su 
amor sigue pensando: "...¡Es tan hermosa!" Cantó este amor po- 
niendo en cada estrofa un pedazo del alma, y en cada nota una vi- 
bración de su propia vida; y en la hora de la suprema angustia y del 



214 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

adiós Último piensa que en medio de la eterna renovación, ni aquellas 
aves que escucharon los dulces juramentos, ni aquellas flores que se 
abrieron en los dichosos días, "¡ya nunca, ya nunca volverán!'' Es- 
píritu es el de Bécquer que sólo á la verdad de los sentimientos res- 
ponde. La pasión de un día, el capricho de una hora no le arrancan 
una sola nota jamás. Alma-amor es su alma, y cuando sobre la tierra 
pasan sin apagar la sed de infinitos en que su espíritu se abrasa, ya la 
mujer que le murmura estremecida; "yo soy ardiente, yo soy more- 
"na; | yo soy el símbolo de la pasión..." ya la mujer, que le canta 
enamorada: "¡Mi frente es pálida, mis trenzas de oro ¡ pueden brin- 
"darte dichas sin fin... !", y piensa que el ángel soñado, impalpable, 
invisible, "vano fantasma de niebla y luz", no ha de bajar á consolar 
«US pesares, corre á buscar calma y refugio "en la desierta nave | 
''del templo bizantino", entre cuyas sombras descubre al fin, dormida 
sobre la piedra fría, la mujer ideal. Pues si Bécquer representa en la 
poética en estos tiempos el candor, la sencillez de ánimo, el senti- 
miento sin artificio, el arte-corazón, el calor y la luz del Mediodía, 
Heine es un término opuesto, bien entendido que uno y otro son per- 
sonificaciones vigorosas y elocuentes de cuanto hay de más bello en 
el campo del pesimismo. No busquéis otros puntos de relación ó se- 
mejanza. Heine — y él lo ha dicho — formó su nido en la peluca de 
Voltaire; Bécquer — él lo ha contado — consumió su vida entre las 
sombras de la tierra y las vislumbres del cielo. ¿Quién es Heine? Es 
el verbo de la ironía y del sarcasmo. Del día mismo en que naciera se 
sirve para sus burlas y equívocos. "He nacido — dijo en cierta oca- 
"sión — el I." de Enero de 1800"; y añadió con sorna: "Soy, pues, el 
"primer hombre de mi siglo." Y no es que Heine deje de sentir las tris- 
tezas y los disgustos del mimdo; pero así como Bécquer los purifica 
ofreciéndolos como en holocausto al arte, Heine los recoge con una 
carcajada sonora, y la poesía débele entonces mucho al genio del 
poeta, pero muy poco á su corazón. Xo pidáis al poeta alemán que 
acorte el vuelo á su sarcástica musa ; la musa de Heine, como no 
tuvo fronteras, tampoco conoció tierra. La pluma que escribe cosas 
tan tiernas como los amores del Pino del Norte y epigramas tan cáus- 
ticos como aquel en que donosamente se burlara del padre Kant, "que 
"hace primero la Crítica de la razón pura, y consuela después á su 
"criado Juan Sand con la Crítica de la razón práctica'" — aquella plu- 
ma sin duda de oro riquísimo y con la punta de diamante, es bisturí 
y piqueta, florete y aun puñal — rara vez hace oficio de lira; penetra, 
corta, raja, pulveriza, destruye; y cuando las flaquezas del prójimo 
no bastan á sus iras, ó por un momento ha saciado su afán de herir 
en el blanco, torna á su corazón y lo punza y martiriza hasta que 
acaba por entregarlo destrozado y sangriento á la risa inconsciente 
de la mujer y del vulgo. Estudiándolo en cualquiera de sus libros ve- 
réis cómo pasa burlón y escéptico sobre todos los sentimientos más 
grandes de la vida. En el espíritu que ha inspirado sus cantos, casi 



S. XIX^ 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 2l5 

siempre estimables, no hay que buscar la menor unidad : ya el poeta 
entona fogosa, ardientemente, himnos á la patria alemana; ya deifica 
á Bonaparte ; ya es pagano y exalta á Grecia; ora forja católicas 
leA'^endas con la unción de un monje de la Edad Media, y algunas pá- 
ginas pasadas, destruye con estruendo las marmóreas columnas de la 
mezquita de Córdoba, indignado de verla convertida en templo de Je- 
sús, llena "por el odioso culto de los cristianos", A la vista de esta 
incoherencia sistemática de sentimientos y de ideas exclama con 
acento irónico un crítico ilustre: "¡ Tal es el hombre y tal es el poeta!" 
Es cierto; mas no lo es menos que hay algo permanente influyendo 
siempre por modo igual en el genio de Heine; y ese algo es junta- 
mente humor, ironía y maledicencia. No hay que nombrar la Alema- 
nia, obra en prosa, viva y genial, donde Heine ha vertido por com- 
pleto toda su hiél. ¡ Qué desesperación ! ¡ Qué amargura ! ¡ Qué cua- 
dros aquellos cuadros llamados Las Esposas del Señor, la Condesa Pa- 
latina, el Poeta Fridusc, Elegía romántica, el Tambor mayor y el 
Penitente de Canosa, el Aburrido, La Diana, el Elefante blanco, el 
Filántropo... ! Swift y Voltaire, Rabelais y Sterne, no tienen ni ma- 
yor desenfado ni crudeza más terrible. Recordad por un momento 
aquellos sentidos poemas El Intermezzo, El Mar del Norte, La Nueva 
Primavera y El Regreso, verdaderos prodigios de belleza ; tras de 
cada rasgo tierno y de cada palabra regalada, hallaréis la carcajada 
siniestra, la predicción sombría, la hiél, la eterna hiél que envenena 
el aire en que Heine respira. Habla á un amigo y le aconseja: ''¡Bas- 
"ta ya — le dice — , basta ya de tristeza y timidez ! Habla muy alto, 
"pide sin rebozo; tendrán á gran placer concedértelo y acabarás por 
"llevarte á tu casa la novia. Arroja tu dinero á los músicos; la mú- 
"sica es la reina de la fiesta... Abraza al vejestorio de la tía, aunque 
"pienses para ti: "¡Que el diablo cargue con ella.'' Habla bien de los 
"príncipes y no murmures de las mujeres. Si matas puerco, no seas 
"tacaño en las morcillas. Si no te gusta la Iglesia, no seas bestia, ra- 
"zón de más para que la visites con frecuencia. Quítate el sombrero 
"ante el cura, y, además, envíale de vez en cuando una botella de 
"buen vino. Rasca donde te pique, como todo hombre honrado, y si 
"te aprieta el zapato, ponte zapatillas. Que tu mujer ha echado de- 
"masiada sal en el puchero... calma tus ímpetus y dile sonriendo: 
"Monona mía, te pintas sola para buenos guisos." Que tu mujer quie- 
"re un chai... cómprale dos y algunos broches y alfileres de oro y 
"diamantes. ¡Oh, amigo mío, sigue mi consejo; de esta manera, tras 
"una vida regalada en la tierra, alcanzarás el reino de los Cielos!" 
¿Puede ofrecerse más desolador pesimismo? Dígase si es ese el 
pesimismo de Bécquer. Mientras el poeta español exclama: "¡ Oh ' 
"¡ Qué amor tan callado el de la muerte ! | ¡ Qué sueño el del sepulcro 
"tan tranquilo...!". Heine dirige al Cielo esta singular plegaria: "Los 
"jardines celestiales del Paraíso, la mansión de los bienaventurados 
"no me atraen absolutamente: no he de encontrar en ellos mujeres 



2l6 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOC\ REALISTA ("18.^0-1869) 

"más hermosas que las que he visto en la tierra. No hay un ángel, ni 
"aun ornado con sus alas más primorosas, que baste para mí á reem- 
"plazar á una mujer. Cantar salmos en medio de las nubes no es, con 
"mucho, la distracción que yo anhelo. ¡Señor! Yo creo que lo mejor 
"será que me dejes en este mundo; pero, ante todo, sana este mi 
"achacosísimo cuerpo y cuida además de mi bolsillo. Este mundo, lo 
"sé, está lleno de vicios y de horrores ; ] pero estoy ya tan acostum- 
"brado á pisar el pavimento asfaltado de este infierno terrenal...! 
"El rumor del mundo, créeme, no ha de dañarme ; salgo rara vez de 
"casa; prefiero quedarme en ella, de bata y zapatillas, al lado de mi 
"mujer. ¡Oh! ¡Déjame á su lado! Cuando oigo su dulce charla, mi 
"alma saborea con delicia la música de su voz encantadora. ¡ Es tan 
"pura, tan leal su mirada ! ¡ Señor, Señor ! No te pido más que salud 
"y un suplemento en dinero... ¡ Señor, no te pido más que me dejes 
"pasar todavía algunas dichosas horas en statii quo al lado de mi mu- 
"jer." Y no es que Heine sea siempre así, descreído y burlón. El In- 
termezzo es una revelación constante de honestos y grandes senti- 
mientos. Un alma toda amor — amor fresco é ingenuo — pasa por aque- 
llas páginas, dejando en ellas rico perfume de juventud y de esperanza. 
El Mar del Norte es, en muchos espacios, irradiación brillante y pura 
del último gran astro de la poesía germánica. En las Hojas caídas 
hay cosas tan tiernas y tan sentidas, que han debido hacer llorar al 
mismo poeta al escribirlas. Aquella poesía, breve como las de Bécquer, 
en que Heine recuerda á su anciana madre, ausente y próxima á mo- 
rir, y á su patria lejana, vende que en aquel corazón había un rincón 
lleno de luz... Ya lo dijo el poeta en un día de indignación: "En el 
"fondo de mi corazón hay mucho cieno, ¿quién sabe si en ese fondo 
"de cieno habrá escondida una perla?" ¿Qué hay, pues, de común en- 
tre Bécquer y Heine? Parten uno y otro de un punto mismo, del pro- 
fundo malestar de la existencia; mas los rumbos que cada cual em- 
prende son bien distintos. Sólo el fastidio de la vida los aproxima; 
sólo los asemeja una circunstancia superficial: la concisión. ¡La con- 
cisión! Pero acaso antes que Heine, ¿no había escrito Goethe sus 
hermosos Heder? Schiller mismo no dejó de cultivarlos... ¡La conci- 
sión ! Mas ¿ para qué imitarla en Heine ? ¿ No tenía más cerca, mucho 
más cerca Bécquer un modelo eterno y soberano? ¿No tenía nuestro 
Cancionero popular? Entre los dos poetas, iguales en la grandeza, en 
la inspiración y en la desventura, existe, sin embargo, ima relación 
que nadie puede negar; un lazo tan fuerte como eterno; el lazo que 
une á los genios y á los tristes: la inspiración y el dolor." Bécquer se 
pintó á sí mismo en el Manrique de El Rayo de luna: "Manrique ama- 
ba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera de- 
seado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese á todas par- 
tes. Amaba la soledad, porque en su seno, dando rienda suelta á su 
imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas 
creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta; porque 



S. XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 217 

Manrique era poeta, tanto, que nunca le habían satisfecho las formas 
en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había ence- 
rrado al escribirlos. Creía que entre los rojas ascuas del hogar habi- 
taban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de 
oro á lo largo de los troncos encendidos ó danzaban en una luminosa 
ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas 
muertas sentado en un escabel junto á la alta chimenea gótica, inmó- 
vil y con los ojos fijos en la lumbre. Creía que en el fondo de las on- 
das del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago, 
vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides ú ondinas que exha- 
laban lamentos y suspiros ó cantaban y se reían en el monótono ru- 
mor del agua, rumor que oía en silencio, intentando traducirlo. Ea 
las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las 
peñas imaginaba percibir formas ó escuchar sonidos misteriosos, for- 
ma de seres sobrenaturales, palabras ininteligibles que no podía com- 
prender. ¡ Amar ! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo." 
Siempre tuvo en los labios y practicó este principio: "No se debe 
escribir, ni pintar, ni esculpir, ni componer .música más que cuando 
el espíritu siente la necesidad de dar á luz lo que ha creado en sus 
entrañas." En su concepto, el artista debía ser objetivo y únicamente 
subjetivo cuando, después de haber enriquecido su alma con continuas 
y variadas observaciones, surgiera en ella la imperiosa necesidad de 
expresar una idea ó un sentimiento, nacidos de la meditación, de la 
adivinación ó del sufrimiento. Comprendía el oficio del escritor, del 
artista ; pero protestaba contra la esclavitud que imponía al genio. Se 
explicaba que obras como la de los Templos de España labrasen la 
fortuna de quienes la escribiesen y editasen; pero lo que se califica 
de pacotilla literaria, no le parecía obra de inteligencia, sino labor 
manual. Véase J. Nombela, Impresiones, t. II, pág. 166. Ramón Ro- 
dríguez Correa, Pról. á Rimas: "Nada de lo que dejó escribiólo con 
intención de que formase un libro..., sus grandes imaginaciones... 
bajaron con él al sepulcro... Las rimas de Bécquer no son la total 
expresión de un poeta, sino lo que de un poeta se conoce... Confiarse 
en la admirable desnudez de la forma intrínseca, servir á la inteli- 
gencia de los demás la esencia del pensamiento y herir el corazón 
de todos con el laconismo del sentir, sacrificando sin piedad palabras 
sonoras, lujoso atavío de amontonadas galas y maravillas de multipli- 
cados reflejos, á la sinceridad de lo exacto y á la condensación de la 
idea, y obtener, únicamente con esto, aplauso y popularidad entre 
las multitudes, es verdaderamente maravilloso, sobre todo en España, 
cuya lengua ha sido y será venero inagotable de palabras, frases, 
giros, conceptos y cadencias. Nada menos digno de llamar la aten- 
ción es que el poeta haya conseguido tan rápida celebridad sin tocar 
en sus fantasías ni en sus realidades nada que directamente excite 
el interés de las pasiones colectivas de sus contemporáneos. Como en 
las de los grandes maestros, en su paleta no figuran más colores que 



2l8 PRIMER PERÍODO DE L-\ ÉPOCA REALISTA (l850-l86'j"¡ 

los primordiales del iris, descompuestos en el prisma de la imagina- 
ción y del sentimiento; universales, sencillos y espontáneos, sin en- 
cenderse al contacto de pasiones políticas ó de problemas sociales y 
religiosos. Tienen en sí el germen de todo lo ideal ; pero sin acomoda- 
mientos de época ni duda, indignaciones ó esperanzas de impíos ó 
fanáticos... De cada cuatro versos suyos puede hacerse una larga 
poesía descriptiva; pero herir las cuerdas de la idea ó del sentimiento 
en menos palabras es casi imposible. La idea, pues, sin más adorno que 
el necesario, como él decía, para poderse presentar decente en el mundo, 
tiene una importancia real y sólida en sus composiciones." El mismo 
Bécquer, en el elogio de su discípulo Forran {Ob>\}s de Decquer, 
4.* ed., t. III, págs. 109-125) da bien á entender que su fuente son las 
coplas populares, añadiendo : "En sus manos la sencilla arpa popular 
recorre todos los géneros, responde á todos los tonos de la infinita 
escala del sentimiento y de las pasiones. No obstante, lo mismo al 
reír que al suspirar, al hablar del amor que al expresar algunos de 
sus extraños fenómenos, al traducir su sentimiento que al formular 
una esperanza, estas canciones rebosan en una especie de vaga é in- 
definible melancolía, que produce en el ánimo una sensación dolorosa 
y suave." J. Nombela, Impresiones, t. III. pág. 374: "Además me ha- 
bía enterado de que los trabajos literarios que publicaba en El Con- 
temporáneo le habían alcanzado celebridad y los recursos necesarios 
para vivir con holgura. Al mismo tiempo colaboraba en la importante 
revista ilustrada El Museo Universal, en la que aparecían preciosos é 
interesantes dibujos de su hermano Valeriano, que también se había 
casado. Uno y otro habían vencido, por fin, en la lucha sostenida 
durante seis años. El verdadero mérito triunfa al cabo, aunque no 
siempre bastante á tiempo. Supe, por último, que había tenido un hijo, 
y como suponía que habría sabido elegir una compañera digna de su 
alma privilegiada, esperaba hallarle en el seno de un hogar feliz v 
fíeseaba con ansia darle un abrazo, confiarle mis desventuras y pros- 
peridades en el liempo que había transcurrido sin vernos, y oír las 
que á su vez tendría que referirme. Olvidé que sólo era expansivo 
cuando hablaba de sus ideas y sus sentimientos, } en nuestra entre- 
vista después de tres años de separación, charlamos ampliamente de 
su colaboración en El Contemporáneo, que debió á los buenos oficios 
de Correa, gran amigo de Albareda; de su estancia en el monasterio 
de Veruela, adonde había ido á buscar fuerzas para reponer su que- 
brantada salud y donde la segunda vez que fué al famoso monasterio 
en 1864, después de nuestra entrevista, escribió las Cartas de mi celda, 
que tanto admiraron los escritores y el público ilustrado y, por últi- 
mo, de las Rimas, que, en su mayor parte, había escrito en los años 
1860 y 61, de las que me recitó algunas, que me encantaron. Quiso á 
su vez que le refiriese pormenores de mi vida literaria en Paris, y 
ni él ni yo omitimos ningún detalle que pudiera interesarnos. Más de 
dos horas, que me parecieron muy cortas, duró aquella conferencia, 



S. XIX, 1858. GUST.W^O ADOLFO BÉCQUER 2iy 

y no dejó de extrañarme que no me hablase de la familia que había 
creado. No hay que atribuir aquella omisión á disgustos íntimos, á 
contrariedades domésticas. Era la consecuencia lógica de su natura- 
leza, exuberante de cuanto bullía y palpitaba en su espíritu creador de 
bellezas, reservada ó más bien indiferente respecto de la vida fisio- 
lógica y vulgar. Sumido en una constante y enfermiza somnolencia 
para todo lo material; sin sufrir el efecto de las privaciones; ama- 
ble y bondadoso siempre, aunque de un modo pasivo ; con una pa- 
ciencia y una resignación que rayaban en la santidad, parecía seguir 
su marcha por el mundo como un autómata : sólo se despertaba v se 
exaltaba, mostrándose sublime, cuando el arte, como una circulación 
ideal, vivificaba todo su ser... Durante el período en que sólo nos se- 
pararon cortos intervalos de tiempo, no le oí quejarse de sus desven- 
turas, de su pobreza. Era aseado, pulcro, cuidaba su escasa y sufrida 
ropa ; pero todo esto lo hacía maquinalmente, más que por el qué di- 
rán, que tanto preocupa á muchos, por su refinamiento, que le esti- 
mulaba inconscientemente á honrar en su persona física y social su 
persona moral é intelectual. Lo que constituye el mecanismo de la 
vida ordinaria, si no lo desconocía lo practicaba sin interés, como 
una función inexcusable. Parecía insensible, y hastr indiferente, como 
hombre y como amigo; pero basta leer sus Rimas, sus Cartas de mi 
celda, el prólogo que aparece en la primera edición de sus obras, para 
convencerse de que aquella frialdad era aparente, sin que él quisiera 
que lo fuese. Había algo de pudor en su reserva, algo de discreción 
en su indiferentismo. Meditando su psicología, porque su recuerdo es 
uno de los que evoco más á menudo, he llegado á pensar que obede- 
cía á una causa psíquico-fisiológica. Su alma robusta, exuberante de 
salud, vivía aprisionada en un cuerpo endeble, enfermizo. En los mo- 
mentos en que el espíritu dominaba á la materia, era el poeta subli- 
me, el admirable narrador de los misterios de la ccnciencia, de las 
creaciones de la imaginación, de los insondables sentimientos que él 
lograba sondear; pero estos esfuerzos del prisionero que le ofrecían 
la libertad y le permitieron dejar en el mundo para su eterna gloría 
cuanto admiramos de su espíritu, debilitaban y agravaban la pobreza 
de su cuerpo, y entonces volvía á ser la endeble y deteriorada máquina 
que movía sus ruedas sin apercibirse de que se movían al impulso de 
una fuerza desconocida que no deseaba conocer. Cuando las observa- 
ciones que acabo de apuntar influyeron en mi ánimo, me expliqué 
que nada me insinuase con relación á su nuevo estado, que conside- 
raba quizás como un suceso natural y corriente en la vida física y 
social del ser humano... En 1860 comenzó Bécquer el prólogo de la 
colección de cantares, que, con el título de Soledad, compuso Ferrán... 
Lo que observé en las muy contadas ocasiones en que nos vimos des- 
de mi regreso de París hasta su muerte, es que jamás hablaba de las 
interioridades de su hogar. Cuando, por tener que ocuparnos de asun- 
tos literarios, vivir á gran distancia el uno del otro y faltarme tiempo 



220 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (l8.=iO-l8Ó9j 

para atender á mis tareas, pude conseguir que almorzase conmigo 
dos ó tres veces, natural era que mi mujer le preguntase por la suya. 
Contestó lacónicamente, y sólo al ver á mi hijo, que entonces tenía, 
sobre poco más 6 menos, la edad que el suyo, tres años escasos, nos 
habló de él, sin olvidar los pueriles detalles que tanto preocupan y 
encantan á los padres. ¿No era feliz en su hogar? Creo que ni era 
desgraciado ni dichoso. Vivía, como ya he dicho, más que en un 
mundo real, en un mundo ideal. Mientras fué fiscal de novelas, como 
yo estaba en el gran período de mi producción de aquel género litera- 
rio, seguro de que ni con inmoralidades ni con teorías subversivas 
habría de comprometerle, me pidió que le llevase ¡ni original, lo que 
nos proporcionaría ocasión de vernos, y que yo mismo sellase mis 
cuartillas con el sello de la Fiscalía. Además dio orden de que cuando 
fuese á verle y estuviese en casa, me dejasen entrar en su despacho 
y utilizar el sello. Esto no sucedió más que una vez, y fué la única 
en que vi á su esposa, que, al enterarse de mi llegada, acudió á salu- 
darme al despacho, adonde me había guiado una doméstica. Podría 
tener de veintitrés á veinticuatro años ; agraciada como la mayoría 
de las mujeres de la edad que representaba; nada extraordinario se 
notaba en ella ; era, al parecer, una de tantas señoras como hay por 
el mundo que desempeñan en una casa funciones útiles, que pueden 
ser, y son, fíeles esposas y excelentes madres, sin perjuicio de pasar 
tin buen rato conversando con las amigas de las contrariedades do- 
mésticas, de las torpezas y picardías de las criadas y de otras cosas 
por el estilo. Deduje de aquella rápida impresión que mi admirado 
amigo tenía una mujer de su casa, y pensé, sin que el tiempo me haya 
hecho cambiar de opinión, que no se casó, sino que le casaron. En 
otro de los Pensamientos á que antes me he referido, puede ver el 
lector una confesión del poeta, que confirma mi suposición. "He pa- 
usado los días más hermosos de mi existencia — dice — aguardando á 
"una mujer que no llega nunca. ,; Dónde me ha dado esa cita miste- 
"riosa? No lo sé. Acaso en el cielo, en otra vida anterior á la que 
'sólo me liga ese confuso recuerdo. Pero vo la he esperado y la es- 
"pero aún, trémulo de emoción y de impaciencia. Mil mujeres pasan 
"al lado mío : pasan unas altas y pálidas, otras morenas y ardientes, 
"aquéllas con un suspiro, éstas con una carcajada alegre, y todas con 
"promesas de ternura y melancolía infinitas, de placeres y de pasión 
''sin límites. Este es su talle, aquellos son sus ojos y aquel el eco de 
"su voz, semejante á una música. Pero mi alma, que es la que guarda 
"de día una remota memoria, se acerca á su alma... ¡Y no la cono- 
"ce...! Así pasan los años y me encuentran y me dejan sentado al 
"borde del camino de la vida... ¡siempre esperando...! Tal vez vie- 
"jo. á la orilla del sepulcro, veré con turbios ojos cruzar aquella mu- 
"jer tan deseada, para morir como he vivido... ¡esperando y deses- 
"perado...!" La vida fué, en efecto, para él, un continuo sufrimiento, 
con muy breves períodos de tregua. Su hijo era, quizás, lo único que 



S, XIX, 1858. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 221 

alegraba su alma soñadora en aquel hogar, donde su mala salud ne- 
cesitaba asiduos cuidados, donde podía vivir en el hermoso campa 
de la fantasía con los seres ideales que creaba, y no pedir á la vida, 
como nunca le había pedido, más que la calma material para poder 
permanecer la mayor parte del tiempo posible en el mundo de sus 
ideas, de sus quimeras y de sus delicados y hermosos sentimientos- 
En los seis últimos años de su vida las dolencias físicas le hicieron 
pasar penosas temporadas; pero, gracias al interés que inspiró á 
González Bravo, á quien por esto sólo puede perdonarse cuanto hizo 
de malo — y no fué poco — en la esfera política, logró vivir con holgu- 
ra y atender fácilmente á sus obligaciones. La Revolución de 1868- 
acabó con la Fiscalía de novelas; pero Bécquer continuó escribiendo 
para El Museo Universal, y cuando, en 1870, fundó Gasset La Ilustra- 
ción de Madrid en competencia con La Ilustración Español^i y Ame- 
ricana, de Abelardo de Carlos, le confió la dirección literaria del 
nuevo periódico ilustrado, en el que colaboró con su genial y admira- 
ble lápiz su hermano Valeriano... El día 21 se agravó y expiró el 22. 
á las diez de la mañana. Tan importante como lastimoso suceso pasó 
inadvertido ó poco menos para el público. La Correspondencia ni 
siquiera insertó la noticia. De los periódicos que entonces existían 
sólo La Opinión Nacional y La Época anunciaron el fallecimiento de 
Bécquer, dedicándole tres ó cuatro líneas, Gil Blas, recordando que 
en el breve espacio de tres meses habían sucumbido 'los dos hermanos, 
gloria uno de las artes y el otro de las letras, se limitó, en un arran- 
que de soberbia, á llamar implacable á Dios. La Ilustración de Madrid 
no pudo, hasta el día 27, anunciar la inesperada y sensible muerte de 
su director, prometiendo publicar en el número próximo una amplia 
biografía y el retrato del malogrado vate. Retrato y biografía, escrita 
ésta por Narciso Campillo, aparecieron en el primer número de Ene- 
ro del siguiente año... Admirado y querido como poeta, más que por 
sus contemporáneos, que apenas le conocieron, por las generaciones 
posteriores, los que le admiran y le aman saben de memoria sus rimas 
y las evocan y repiten en sus momentos de melancolía ; pero las rimas 
no son más que las bellísimas flores de un alma hermosa, privilegia- 
da, encantadora: los sazonados y sabrosos frutos de su espíritu son 
sus leyendas, sus artículos de crítica artística y literaria, las cartas 
que le inspiró su estancia en el monasterio de Veruela, el prólogo de 
la gran obra de Los Templos de España, sueño de toda su vida que 
no pudo realizar. Eji su labor no es sólo el poeta : es la poesía, el 
arte bajo todos los aspectos de la belleza moral é intelectual. Aunque 
en su mocedad tuvo ocasión de conocer á los más insipirados poetas 
antiguos y modernos, pronto cesaron de ejercer influencia en su 
espíritu, que adquirió un sello propio contemplando, comprendiendo y 
admirando la obra de Dios en toda su grandeza. En su producción 
literaria circula la poesía como la sangre en el cuerpo humano, y hasta 
cuando desea ser prosaico, no puede prescindir de la poesía de la senci- 



22 2 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Hez y la sinceridad. Sus ojos sabían ver, tenían memoria de lo que veían 
y no dejaba á su imaginación que los dominase : la ponía á su servicio. 
■Cuando era su deseo describir un carácter, un aspecto humano, un pai- 
saje, un monumento, un objeto cualquiera, su cerebro era la cámara os- 
cura, en la que quedaba impresionado lo que veía; cámara oscura excep- 
cional, porque no sólo se reflejaba en ella lo material, sino lo inmaterial, 
V al afirmar como afirma á menudo que las palabras lo podrán expresar 
lo que expresar desea, las que emplea le desmienten, porque son á un 
tiempo dibujo, color, alma, vida. Como los de Cervantes y los de 
Shakespeare, los caracteres, los tipos que han encarnado en sus obras 
son definitivos y eternos. En toda su labor palpita la fe. No duda, y, 
si duda, no quiere dudar: quiere creer, y cree. Las contrariedades y 
las miserias de la vida jamás le quebrantaron: las disculpaba y las 
perdonaba. Siempre fué serio. No rechazaba la broma, pero la es- 
quivaba. Nunca le vi reír : sonreír siempre, hasta cuando sufría. Tam- 
poco le vi llorar : lloraba hacia dentro. Era paciente, sufrido, resigna- 
do, amable, bondadoso. Sabía compadecer, perdonar, admirar lo bue- 
no y ocultarse á sí mismo lo mísero y lo malo. Alma tan grande como 
la suya no cabía en cuerpo humano, y el suyo se rindió á aquella 
grandeza ; pero su alma quedó en sus obras y en ellas vivirá eterna- 
mente." J. Valera, Cart. americ: "Bécquer, en ambos Mundos y por 
dondequiera que suena ó se escribe la lengua de Cervantes, no se le 
ha de negar )a gloria de haber creado escuela. No es fácil explicar 
en qué consiste la manera hecqueriana; pero, sin explicarlo, se com- 
prende y se nota donde la hay. Las asonancias del romance aplicadas 
¿ versos endecasílabos y eptasílabos alternados; la acumulación de 
símiles para representar la misma idea por varios lados y aspectos; 
una sencillez graciosa, que degenera á veces en prosaísmo y en des- 
aliñado abandono; pero que da á la elegancia lírica el carácter popu- 
lar del romance y aun de la copla; el arte ó el acierto feliz de decir 
las cosas con tono sentencioso de revelación y misterio, y cierta va- 
guedad aérea, que no ata ni fija el pensamiento del lector á un punto 
concreto, sino que le deja libre y le solevanta y espolea para que bus- 
que 'lo inefable y aun se figure que lo columbra ó lo oye á lo lejos 
cual eco remoto de la misma poesía que lee." Difiere Bécquer de Zo- 
rrilla y de los demás autores románticos de leyendas en muchas cosas, 
<le suerte que nada tienen sus leyendas de románticas, aunque al vul- 
go de los lectores así les parezca. Nada de efectos buscados y rebus- 
cados, que den golpe por lo no esperados, por la novedad; nada de 
exageraciones en situaciones y personajes, en el terror pretendido á 
toda costa, en los caracteres rebeldes, indómitos, puntillosos, ni en 
el floreo vano del decir. En cambio, las leyendas de Bécquer arran- 
can de un hecho que pudiera ser real y realista, y lleno de verdad es 
toílo su desenvolvimiento. Hay una gran sinceridrid, (jue c-n totlo se 
transparenta, en vez del prurito i>oi llamar la atención y de sacu- 
dir los nervios que hallamos en el romanticismo. Son superficiales, de 



S. XIX, 1S58. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER 223 

hecho, las leyendas románticas y todo está en lo vistoso de las deco- 
raciones, digamos, en lo que salta á los ojos. Bécquer estudiaba sus 
leyendas con exquisito cuidado, en vez de dar brochazos escenográ- 
ficos. El hecho real no era para él más que el sugeridor de una idea 
levantada y sutilmente poética, tan dificultosa de expresar y con- 
cretar, que es maravilloso el esfuerzo de expresión artística que su- 
pone. Por ejemplo, el hecho en que se funda El Miserere pudiera 
haber sucedido, es pintura realista; pero la idea de! poner en música 
el pensamiento que encierra el salmo es tan dificultosa de concretar 
como es hondo el modo cómo Bécquer sentía ese salmo. Qué sentía 
Bécquer del salmo Miserere y de qué manera lo expresó : ese es el 
sueño ideal del poeta realista, que, no sólo es realista en el cuento, 
sino en la manera de expresar ese su hondo sentir el salmo. Afanaba 
y sudaba por dar concreción real y artística á idea tan sutil y vapo- 
rosa; lápiz en mano, dibujaba lo que tenía en la fantasía, hasta que 
la idea quedase realizada, hecha cuerpo real sin perder nada de su 
ideal sustancia. Esta lucha con los medios de expresión, con el len- 
guaje, es la propia obra de arte. Mientras los románticos, sin estudio 
ni miramientos escribían aprisa y corriendo, Bécquer trabajaba le- 
yendo y enterándose por la historia hasta lograr la concreción de 
su idea. Es lo propio de esta época de reflexión y de realidad, de 
verdad y sinceridad, de ahondamiento en la idea y de esmero en 
su expresión, cosas todas en que se distinguió Bécquer, como se distin- 
guieron Aiyala y Tamayo, Fernán Caballero y Pereda. Ni por lo 
sutil del pensamiento ni por ila riqueza de la fantasía han de llamarse 
románticas las leyendas de Bécquer. No son románticas, no tienen 
nada de la exageración en fondo y forma de las obras del romanti- 
cismo, ni afectaciones ni cosas inverisímiles de ninguna especie. Son, 
sí, muy ideales en el contenido y aspiración ; pero sin la espuma ro- 
mántica, antes sólidamente zanjadas en descripciones realistas de he- 
chos muy posibles y de todos los días, y desenvueltas con un gran 
sentido de la realidad sincera ; son humanas, aunque soñadoras, por 
cuanto brotan del anhelo ideal de un altísimo poeta. En el fondo y en 
3a forma son obras cristianas y españolas, licor limpio y clarificado 
que estaba en el romanticismo, después que se asentaron las heces 
exageradas septentrionales : es lo que hemos llamado realismo. Con- 
viene Bécquer en todo esto con otros poetas alemanes, como en sus 
Rimas con Heine y Musset; pero tan sólo por ser todos ellos poetas 
de la misma época. Ni en los sentimientos ni en lo£, asuntos tiene con 
ellos nada de común, ni lo misterioso de Bécquer es lo misterioso de 
Hoííman ni lo fantástico es del mismo género. En Bécquer la fantasía 
es un tesoro riquísimo; pero que se emplea con toda discreción, sin 
pasar jamás la raya de lo verisímil, como medio tan sólo para dar 
concreción realista á la sutil idea. Si hubiera imitado á los alemanes 
podrían señalarse asuntos, rasgos comunes particulares; pero no creo 
dé con ellos el crítico más lince. No digo que no los leyera; acaso los 



2 24 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

leyó, acaso no. Pero todo es suyo y muy suyo y sustancialmente dife- 
rente. R. R. Correa, prólogo: "E¡n cada punto de España que había 
visitado durante su vida artística había levantado su fantasía podero- 
sa, unida á su nada común saber, un mundo de tradiciones y de histo- 
rias, sólo con ver brillar el bordado manto de santa imagen ó leyendo 
apenas una inscripción borrosa en oscuro rincón de arruinada abadía. 
Esto explica su estancia en el monasterio de Veruela, sus correrías por 
las provincias de Avila y Soria y las venidas á Toledo, donde vivió 
un año y en donde estuvo tres días veinte antes de morir. Para él To- 
ledo era sitio adorado y de su inspiración... En el fondo de sus escri- 
tos hay lo que podría llamarse realismo ideal, único realismo posible 
en artes, si no han de ser mera imitación de la naturaleza ó anacro- 
nismo literario y han de llevar el sello de algo creado por el artista... 
.^us leyendas, que pueden competir con los cuentos de Hoffman y de 
Grimm y con las baladas de Ruckert y de Uhland, por muy fantásti- 
cas que sean, por muy imaginarias que parezcan, entrañan siempre 
un fondo tal de verdad, una idea tan real, que, en medio de su forma 
y contextura extraordinarias, aparece espontáneamente un hecho que 
ha sucedido ó puede suceder, sin dificultad alguna, á poco que se ana- 
licen la situación de los personajes, el tiempo en que se agitan ó las 
circunstancias que les rodean. No son una idea filosófica que ocultan 
tal ó cual cosa y que quieren decir esto ó lo otro ; no : contienen una 
realidad que, para grabarse más profundamente en el corazón, hiere 
primero la fantasía con deslumbradoras apariencias y, disipadas éstas, 
queda espontánea, fuerte y erguida. De la verdad ha de brotar la filo- 
sofía y no de ésta ha de resultar aquélla. Tal sucede en las leyendas, 
en los artículos y, sobre todo, en sus magnificas Cartas, modelos de 
buen decir, verdaderas obras maestras de facundia y de lenguaje. 
El Rayo de luna. Los Ojos verdes... aquel contorno de mujer..., 
aquel hada de ojos verdes... ¿qué representan sino la mujer ideal...? 
tQué significa aquel Miserere..., sino ese anhelar del artista, ese 
luchar sin reposo con la forma, esa desesperación eterna por hallar 
digno ropaje, línea precisa, color verdadero, palabra oportuna y nota 
adecuada al mundo increado de su alma, á los hijos brillantes de su 
fantasía?" 

G. A. Bécquer: Obras, Madrid, 1871 ; 1881, dos vols. (3.* ed.) ; 
1904, tres vols. (5.' ed. aumentada) ; 1907, tres vols. (6.* ed. aument.) ; 
191 1 (7.» ed.), 1912. Consúltense: E. W. Olsted, Tales and Poems of 
G. A. B., Boston, 1907 (con prefacio) ; Rafael Merchán, Estudios 
críticos; Juan López Núñez, Biografía anecdótica de Bécquer, Ma- 
drid, 191 5; Herminio Madinaveitia, Bécquer, ensayo crítico acerca 
de .ui personalidad literaria, Vitoria, 1916; C. De Lollis, en Flegrea 
(20 Mayo 1900), t. II. 



77. Año 1858. Juan Valera y Aj-calá G altano (1824- 



S. XIX, 1858. JUAN VA LERA 225 

1905). hijo de don José Valera, oficial de Marina, y doña Dolores 
Alcalá Galiano, marquesa de la Paniega, nació en Cabra, siguió 
á su padre á Córdoba, Málaga y Sevilla, donde, siendo director 
su pad.e del colegio de San Telmo, esperaba, con la gracia de 
cadete de Artillería, seguir las armas; pero no aprobándolo 
sus padres, estudió Latín y Leyes. En el Seminario de Málaga 
estudió Filosofía; con su padre, Cosmografía y Geografía. 
También aprendió francés, inglés é italiano. Leía mucho, aun- 
que sin orden, y presumía de volteriano y romántico y hacía 
versos, y confirmóse en su vocación literaria conociendo en 
Málaga á Ros de Olano. A los diez y siete de su edad pasó á 
Granada á estudiar Derecho en el colegio del Sacro Monte, 
donde estuvo un año; pero logró de sus padres le trajesen á la 
Universidad de Madrid, después de estudiado en la de Grana- 
da el segundo curso; adonde vuelto, se bachilleró en 1844 y 
publicó sus Ensayos poéticos. Granada, 1844. Con el título de 
abogado (1846) vino á Madrid á buscar fortuna; el Duquc; 
de Rivas, amigo de su padre, le llevó á Ñapóles como agregado 
sin sueldo (1847), donde pasó dos años y medio enamorando 
damas y aprendiendo griego clásico y moderno. Vuelto á Ma- 
drid (1849), vagamundeó, siempre lamentando su falta de di- 
nero para alternar con los que lo tenían, hasta que sus padres 
le alcanzaron el nombramiento de agregado con sueldo para 
Portugal (1850). Allí compró libros y comenzó á trabajar la 
prosa, habiéndole aficionado á ello Estébanez Calderón. Pidió 
ir al Brasil y fué como secretario de la Legación (185 1). Diez 
meses había estado en Portugal; en Río Janeiro estuvo vein- 
tiuno. Vuelto á Madrid (1853), comenzó á escribir en prosa 
para los periódicos: para la Remsta de Ambos Mundos, donde 
publicó Sobre los cantos de Leopardi, Del romanticismo en Es- 
paña y de Espronceda, sus primeros artículos (1854). Dio 
otros en La Revista Peninsular, que fundó con Caldeira y 
Sinibaldo de Mas en Lisboa. Nombróle secretario Pacheco para 
Francfort y Berna, en los di? 5 del Ministerio de la Unión li- 
beral; pero le enviaron á Dresde (1854), donde estuvo diez 
meses y aprendió alemán; luego, á París. En 1856, cuando el 
golpe de Estado de O'Pjnnell, asistió en Palacio como oficial 
que era de la Secretaría. Fué como secretario con el Diuque de 

TOMO VIII.— |5 



2 20 PRIMER PIÍRÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Osuna por Paris, Bruselas. Munster, Berlín, Varsovia á San 
Petersburgo (1856), donde estuvo seis meses. Cueto, subs«e- 
cretario de Estado, que le había alcanzado el destino, publicó 
mutiladas varias curiosísimas cartas que Valera le había es- 
crito, sin saberlo don Juan, lo que molestó al mismo Valera, 
ofendió al Duque y agradó al público. Volvió (1857) á Se- 
cretaría en España y á escribir de crítica literaria y filosófica, 
ya conocido como escritor ameno y entendido, sobre todo acer- 
ca de la civilización en los cinco primeros siglos del Cristia- 
nismo, impugnando las lecciones de Castelar, el cual respondió, 
y la polémica dio como fruto el libro de Roque Barcia Las 
Cátedras del Ateneo, que se prohibió. Sus artículos salieron 
en El Estado, algunos en La América, en El Mundo Pintores- 
co y otros periódicos. Publicó en 1858 un tomo de poesías. Al 
cabo logró ser diputado por Archidona, á pesar de Posada 
Herrera, después de haberlo intentado en balde varias veces. 
Quiso ponerse de parte del Gobierno; pero, desatendido de 
Posada, dejó el destino de 30.000 reales y se pasó á la oposi- 
ción con González Bravo. En 1859 publicó La Malva, con Mal- 
donado y Macanaz, Miguel de los Santos Alvarez y Alarcón, 
aunque éste se fué á la guerra de África, no escribiendo más 
que en el primer número; Alvarez era perezoso, Maldonado 
tenía otros quehaceres y así él se lo hacía todo. En 1859 dejó 
la carrera diplomática y explicó Filosofía de lo helio en el 
Ateneo. Fuese á París con su madre, y á su vuelta, en 1860, 
escribió con Segovia {El Estudiante) en la revista satírico-lite- 
raria El Cócora. En 1860 explicó en el Ateneo la Historia 
crítica de nuestra Poesía, y se metió de lleno por primera vez 
en la política militante como redactor de El Contemporáneo, 
adonde le llamó José Luis Albareda y donde escribió de todo, 
entre otras cosas 20 capítulos de una novela, Margarita y Afi- 
tonio (1861), que dejó interrumpida. I-^yó al entrar en la Aca- 
demia (1862) su discurso La Poesía popular como ejemplo del 
punto en que debieran coincidir la idea vulgar y la idea acadé- 
mica sobre la lengua castellana. Mantuvo polémicas literarias 
y ]X>líticas en El Estado, El Contemporáneo, La Esperanza, 
El Pensamiento Español; pero fracasó en la política por su 
moderación en las ideas, el equilibrio de su espíritu y el escep- 





^^^.^^^^'í?^^ 



S. XIX, 1858. JUAN VALERA 227 

ticismo Optimista, que le alejaba de toda afirmación ó nega- 
ción violenta, y por la independencia de criterio, que no le per- 
mitía someterse en todo caso al caudillo de un partido. Dejó 
el moderado y pasóse á la Unión liberal; fué director general 
de Agricultura (1864) y á poco estuvo como ministro en Franc- 
fort (1865-67), nombrado por el Gabinete O'Donnell; vol- 
vió á España, visitó París, casóse con doña Dolores Delavat 
(1867) y se estableció en Madrid. Fundó la Revista de España 
(1867), leyó discursos en la Academia, fué diputado por Mon- 
tilla (1868), subsecretario de Estado (1868), ministro en Lis- 
boa (i 88 i), en Washington (1883), en Bruselas (1886-88), 
embajador en Viena (1893-95) y jubilóse como diplomático en 
1896. Además fué director de Instrucción pública, senador vi- 
talicio y de la Comisión que ofreció la corona a don Amadeo. 
Su curiosidad filosófica, más atizada por la controversia sobre 
la escuela krausista, le llevó á leer los místicos españoles y á 
escribir su primera novela, Pepita Jiménez; después. El Co- 
mendador Mendoza y Doña Luz, con las cuales intentó despertar 
en España ciertas ideas filosóficas, que de su continuo pensar 
y de las lecturas le bullían en la cabeza y no creía llegaran al 
alcance del público expuestas de una manera didáctica, sobre 
todo la de armonizar las ideas viejas de nuestros místicos con 
las modernas, d(_ las cuales no creía desdecían en atrevimiento 
y originalidad. Nada vence al amor: tal es la conclusión que 
se saca de Pepita Jiménez. Val era es, ante todo, el más acabado 
prosista de España en el siglo xix, cuanto á galanura, refinado, 
gusto, natural sencillez, amenidad y buen humor. No sobresale 
ni por el color ni por el sentimiento; pero aventaja á todos en las 
dotes que manan de la pura inteligencia: el juicio sano, pers- 
picaz y certero; el razonamiento sutil, deslindador las más ve- 
ces y analítico, sintético á sus tiempos y altalmente comprensivo : 
el rarísimo sentido común que le lleva á buscar los más natu- 
rales argumentos y á exponerlos con evidencia maravillosa; el 
más acendrado gusto, cuando de literatura erudita se trata ; la 
ductilidad y acomodo ó el ningún dogmatismo y aun sobrado 
escepticismo; la bondadosa anchura de mangas y cortesana 
transigencia en gustos y doctrinas ; el arte supremo de la ame- 
nidad; la finura de la más socarrona y azucarada ironía. Es 



to __ 
io ] 



228 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

el escritor que más llena á los lectores cultos y más enseña, sin 
la menor apariencia de pretenderlo, así como su estilo, al pa- 
recer llano y al alcance de todos, es el más acabado ejemplo de 
la difícil facilidad. Como crítico de obras eruditas es no menos 
el primero de su siglo en España, merced á este mismo talento 
cerebraJ y analítico, á su sentido común, exquisito gusto y es- 
tilo de su prosa; pero por sus inclinaciones aristocráticas des- 
barra en cuanto atañe al arte popular, el cual jamás llegó á 
comprender por no saberlo sentir. Humanista, no de grandes 
fondos ni erudiciones filológicas ni menos lingüísticas; pero 
sí de vasta y escogida cultura y de acendrado gusto helénico, ha 
llenado sus obras críticas de principios estéticos, cuanto al arte 
erudito, los más sanos, seguros y profundos que tuvo nadie en 
España. Su cortesía de diplomático y su saladísimo ingenio, 
rebosante de humorismo benévolo, derrama flores sobre ciertas 
obras que critica, envuelve en cumplidos halagüeños á sus au- 
tores, dando solamente á entender sus defectos con esta sutil 
manera de galantería. Como novelista queda por bajo de Pe- 
reda, Caldos, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés y Alarcón, por 
carecer del empuje de fantasía y brío de pasión en que sobre- 
salen todos estos autores^o siendo sus personajes otra cosa 
/-''Trtíe^vafraeiisrtícá' del"mismo don Juan Valera, que en ellos encar- 
Inó y por ellos habla. Son, con todo, amenísimas sus novelas por 
f^ laT mismas elevadas cualidades que brillan en sus demás obras, 
• no diferenciándose de ellas más que en la fomia dialogada, 
é cuando no razona el autor por cuenta propia, y en una discreta 
acción, verisímil y bien desenvuelta entre tipos bastante reales 
por de fuera, pero por de dentro con el mismo espíritu del au- 
tor, si bien suficientemente diferenciados por hacer los varios 
papeles que el mismo autor distribuye, conforme á la variedad 
de pensares y sentires que en su eclecticismo personal holgada- 
mente tenían cabida, discutiendo el pro y el contra de cualquier 
asunto, como en sus demás escritos suele hacerlo. Aunque sin 
ningún dogmatismo, fué Valera gran pensador, filósofo ecléc- 
tico algo escéptico y epicúreoimuy curioso de investigar todo \\- 
naji?' de m í a tenos y reíüncíiteces y maravilloso expositor de ellas 
en sus novelas, cuentos y críticas, con el más fino humorismo 
andaluz, que acá en cristiano llamamos chunga, guasa y pitorret^ : 



S. XIX, 1858. JUAN VALERA 22g 

cosas taii españolas, que no sé cómo puedan decirse en ninguna 
lengua del mundo. 

'8. La madre de don Juan había estado antes casada con un 
brigadier suizo al servicio de España, de quien tuvo á don José Freü- 
lleiT, heredero del título materno. Su padre se retiró y fué perseguido 
por liberal ; pero, al morir el Rey, volvió á las armas como coman- 
dante en Cabra, después gobernador de Córdoba y comandanfe del ter- 
cio naval en Málaga, y más tarde director del colegio de San Telmo. 
Los verdaderos educadores de Valera fueron el Duque de Rivas y 
A, Alcalá Galiano. De ellos tomó el buen gusto, el odio á toda mani- 
festación ruidosa, á toda salida de tono, además del buen humor, el 
arte de charlar y contar cuentos y gracias, el esmero en el escribir, 
la elegancia cortesana en todo, la claridad y agudeza del ingenio. 
Carta á su madre desde Lisboa : "No creo que mi carrera ni mis es- 
tudios me proporcionen, como usted espera, grandes ventajas en lo 
por venir; después, estoy convencido que lo que soy hasta ahora se 
lo debo al favor, y que si no hubiera tenido valedores, sería aún 
agregado sin sueldo, ó ni esto siquiera. El único modo de hacer valer 
lo que sé, dado que yo sepa algo, no pudiendo salir diputado, sería es- 
cribir, y para esto hay dos grandes dificultades: la primera, mi desi- 
dia, desaliento, falta de habilidad y de costumbre, y la segunda, su- 
poniendo aquélla vencida, la indiferencia y hasta mala voluntad del 
público español, poco amigo de leer cosas serias. La única ventaja 
que saco yo de los estudios está en ellos mismos, no habiendo cosa que 
más me divierta y entretenga que la lectura, ni mayor deseo en mí, 
después del de tener dinero (porque en éste se resumen y completan 
todos los deseos humanos), que el de saber." En otra á García de 
Quevedo, desde Río Janeiro: "Yo me siento incapaz de ser dogmático 
en mis opiniones filosóficas; ando siempre saltando del pro al contra 
y dudando y especulando, sin atreverme á seguir doctrina alguna. La 
poca ciencia que tengo me pesa como si fuera mucha, tan débil es mi 
entendimiento, y te aseguro que, cuando estoy en mí, le pido á Dios 
que me envíe su gracia y me quite la ciencia de encima." J. Valera, 
en cartas: "Mis necesidades son grandes; mis gustos por el lujo y el 
bienestar y mis recursos, extremadamente escasos." "Si algo me im- 
pacienta es la pobreza. Por eso me quiero meter, por el pronto, á 
autor dramático. Es el medio más corto de obtener cien duros al 
ines, que es cuanto deseo para vivir holgadamente." "Esta afición 
mía á las faldas es terrible." "El mundo, al fin, no es una cosa 
tan mala." "Ya conocerá usted que, á pesar de mi liberalismo filo- 
sófico, soy aficionadísimo á la gente de alto copete, y tanto, que 
me aflige y entristece la de mal tono." Cuando Valera comenzó, 
á su vuelta de Rusia (1857), á figurar en la política y el perio- 
dismo como moderado, de criterio imparcial y sereno, ecléctico, 
escéptico y tolerante, sobresalían en las letras Ayala, Alcalá Galiano, 



23o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Ventura de la \'ega, Hartzenbusch, el Marqués de Molins, Alarcón, 
Tamayo, Pastor Díaz, Campoamor, Santos Alvarez, Lafuente, Noce- 
dal, Castelar, Amador de los Ríos, Fernández Jiménez, el Marqués 
de Valmar, Selgas, Fernández Guerra, Aparisi, el Duque de Rivas. 
Eo la crítica del Ensayo, de Donoso Cortés, mostró desconfiar de la 
democracia y sólo creía bueno el dominio de la clase media, de la inte- 
ligencia, el saber y la riqueza, y creía que Donoso Cortés confundía 
la teología con la religión. Rebatióle como ultrarreaccionario en nom- 
bre de la razón y de Ja tolerancia, y censuró a Castelar de faJta de 
claridad en la expresión de las ideas, de sobra de floripondios, de 
querer conciliar opiniones irreconciliables: "el progreso es para nos- 
otros una creencia, no una ciencia. El progreso en que creemos está 
limitado por la misma condición del hombre, y de esta suerte, ya que no 
se funde en la doctrina cristiana, no se opone á ella tampoco". De- 
cíale á Castelar que demostrase claramente cómo el cristianismo, lejos 
de ser contrario al progreso humano, era causa muy eficaz del mismo; 
pero que cristianismo y progreso son cosas diferentes, como son la 
perfección cristiana, cosa que está fuera de este mundo, y el progreso, 
que está en el mundo mismo. J. Juderías, D. J. Valera (1914, Jul.) : 
•'Los orígenes de la novela de Valera hay que buscarlos en la gran 
controversia filosófica á que dio lugar la aparición de la escuela 
krausista. Esta controversia interesó mucho á don Juan y motivó sus 
trabajos titulados El Dios Yo (1859), la Carta de Roque á Petra 
(1859), las Aclaraciones á la Carta de Roque á Petra (1860), los Frag- 
mentos filosóficos (1860), su estudio Sobre la enseñanza de la Filo- 
sofía en las Universidades, las Cartas trascendentales acerca del fun- 
damento filosófico de los partidos políticos en España (1863), sus 
Cartas á Campoamor sobre lo absoluto (1865) y sus trabajos poste- 
riores, que se titularon Metafísica á la ligera y La Metafísica y la 
poesía (1883 y 1890, respectivamente)... Si hemos de atenernos á lo 
que dice Valera en el citado prólogo de Pepita Jiménez, donde mejor 
se encuentran los orígenes filosóficos de esta novela es, á no dudarlo, 
en los diálogos que llevan el título de El Racionalismo artnónico. Die- 
ron pie á estos diálogos, publicados en 1873, poco antes de la apari- 
ción de la famosa novela, un trabajo de don Nicolás Salmerón, que 
llevaba el título de Principios analíticos de la doctrina del tiempo. 
Las afirmaciones contenidas en este artículo indujeron á Valera á ex- 
plicar el krausismo "de un modo llano y pedestre, por medio de diá- 
logos entre una Glafira, un Filodoxo y un Filaletes". 

A la vez dulce y amargo, irónico y serio, es Valera el artista aris- 
tócrata del más refinado gusto: alquitarado en dorado licor y diluido 
en sabrosa prosa, propina á los lectores cultos su escepticismo sutil con 
tal hechizo, que el que una vez le lee no puede menos de apetecer todas 
sus demá.s obras. Los naturalistas menospreciarán su clasicismo; los 
críticos severos vocearán que su crítica empalagosa y amiga de conten- 
tar á todos más es elegante panegírico, que envuelve á veces una del i- 



S. XIX, 1858. JUAN VALERA 23 1 

cada tomadura de pelo; otros añadirán que llevado él mismo toda su 
vida en brazos de la fortuna por haber nacido de pies, como dicen, todo 
le ve envuelto en nubes de color de rosa y jamás supo lo que es sufrir 
y luchar en la vida. Todo ello es cierto; pero no lo es menos que don 
Juan tiene muchísimo garabato para enganchar y engatusar y entre- 
tener á sus lectores. Toda su estética se reducía á la amenidad, esto 
es: escribir de suerte que los lectores se entretengan y no se aburran, 
que por eso los libros literarios llamáronse libros de entretenimiento. 
Es el escritor andaluz de mejor sombra y de mejor ángel que Dios 
echó al mundo. Ni es su entretenimiento con cosillas superficiales, 
con notas de color, con pinturas de toreros y graciosas hembras, con 
literatura de abanico, en una palabra, como algunos han entendido 
mostrarnos el alma de Andalucía, no enseñándonos más que algo de 
su corteza. Valera ni la corteza ni el alma de Andalucía se empeñó 
en hacernos ver; es escritor universal, culto, de no muy hondas erudi- 
ciones; pero con unas dedaditas de filosofía y de todo linaje de co- 
nocimientos, que adoben sus críticas y novelas, y, sobre todo, con la 
sal á puñados del culebrear con el pensamiento, adelgazando los jui- 
cios, quebrándolos de puro adelgazarlos, deslindarlos y apurarlos; con 
el aristocrático piropear á los que critica y el enmelado enlabiar á 
los lectores ; con el buen ángel, en suma, que le sopla siempre sin can- 
sarse y á pedir de boca. Han dicho algunos que Valera supo robar á 
nuestros místicos ideas, estilo y lenguaje; no cabe mayor disparate 
crítico en literatura. Valera es un escéptico como escritor, forrado 
de epicúreo; su estilo tiene otro corte más moderno y humorístico 
que el de nuestros clásicos; en el lenguaje se le escapan no pocos ga- 
licismos y no tiene la riqueza sintáctica ni léxica de nuestros viejos 
autores. La mística de Pepita Jiménez nada tiene que ver con la de 
nuestros autores místicos; es mística vuelta del revés, mística de don 
Juan, mística, por lo mismo, humorística y socarrona, de pega, de 
chunga y entretenimiento ; no tiene ni una brizna de verdadera mís- 
^._^ca. Es Pepita la mujer limpia, elegante y sabionda, el ideal de mu- 
jer con que siempre Valera soñó y pintó en todas sus novelas. Los 
escrúpulos del seminarista son los que en las gentes de Iglesia caían 
en gracia á don Juan y que, después de celebrarlos regocijadamente 
para su íolapa, los trae aquí á colación con la más picara seriedad del 
mundo para volverlos á celebrar y reír cuando los vea acogidos en 
serio por los lectores, á la manera que juguetea con los autores ame- 
ricanos en sus Cartas, llenándoles de piropos para regodearse después 
á solas pensando en cómo se chuparán los dedos con tan melosa y 
rica tomadura de pelo. Valera era muy largo y muy lagarto y esta 
socarronería y buena sombra andaluza es la que hace admirables to- 
dos sus escritos. La erudición de Valera es otra tomadura de pelo á 
los que en ella creen; toda ella es de segunda mano, de cosas oídas y 
de enciclopedias. Sino que pocos habrá habido que supiesen vender 
tan cara la erudición barata y común, y no cometía ningún robo al 



232 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869)^ 

venderla cara, porque la sal con que la sazonaba valia más que oro 
molido. Sin ese revolotear saladísimo é ingenioso en torno de un tema 
cualquiera, paliqueando siempre él mismo hasta por labios de los 
mismos personajes de sus novelas, las novelas de Valera no valdrían 
un pitoche. Ese prurito de filosofar que algunos le achacan para reba- 
jar el mérito de ellas es cabalmente lo que las realza de precio; y el 
hablar siempre el autor y el mismo descarado yo que en todas partes 
menudea y que en la mayoría de los escritores suele ser insufrible, es en 
Valera graciosísimo y condimento indispensable. Tampoco es idealis- 
ta ni académico ni frío en sus novelas. Realistas son todos sus toques, 
como que las más veces no hace más que pintarse á sí mismo, sus 
gustos y opiniones; quien así se pinta y escribe tan subjetivamente, 
tampoco puede ser frío; y el escritor subjetivo y realista no puede de- 
cirse académico. Fuera de algunas apreciaciones muy particulares, 
Valera tenía manga ancha para todas las opiniones, en todo hallaba 
qué alabar y con qué contentarse y contentar al criticado y á los lec- 
tores, y una de las cosas más graciosas en él es ver los juegos mala- 
bares que hace con las ideas para conseguirlo y ilos artilugios diabó- 
licos que le sugiere su buen ángel. Porque, además, hay en Valera 
una nota que no creo tenga aada de académica y que le hace muy 
simpático, y es el sentido comihi, tan poco común en otros escritores 
como común en él, y con el cual desarma á cualquiera. El quid está 
en saber aderezar lo que dicta el sentido común con Ja sal y pimienta 
que él lo adereza, como adereza y hace valer la común erudición que 
le viene á mano. Valera es un antecesor de Anatole France, acaso 
con menor erudición, acaso no; pero con no menor humorismo, mayor 
sal y picardía y, sobre todo, que, en vez de afeminar al público que 
le lee, le alienta, no sólo al arte, sino hasta á la moral y la religión, 
hasta cuando parece guasearse algún tanto de ciertas ideas. En el 
for»do fué un creyente y creyente murió; muy conservador, á pesar 
de los pujos progresistas de sus mocedades, y más aristócrata y me- 
nos democrático y popular de lo que convenía. Su mayor tacha fué 
menospreciar al pueblo, no apreciar lo que en el pueblo hay de eterno 
por lo instintivo, lo mismo cuanto al arte que cuanto á la historia. 
Sólo en este punto fué académico y pésimo aquilatador de las cosas. 
En la Academia Española tenía puestos todos sus amores, y el Dic- 
cionario académico era su breviario. Y, sin embargo, por sus dichos, 
por su sentido común, por su buena sombra, fué lo que fué, quiero 
ro decir, por lo que mamó con la leche del pueblo andaluz. Las nove- 
las de Valera son todas variaciones de un solo personaje, que es él 
1 mismo, ya haciendo de hombre, ya de mujer. En Pepita Jiménez éi 
es Pepita y él es el seminarista, como él es doña Luz y el Comendador 
Mendoza. En todos sus personajes está don Juan el casuista y el 
socarrón. Casuístico es, en efecto, todo su procedimiento noveles- 
co, no menos que su procedimiento critico. Escritor cerebral, más 
bien que intuitivo, juega con las ideas, desentrañándolas, deslindan- 



S. XIX, 1858. JUAN VALERA 233 

do, distinguiendo, apurando y adelgazando con penetrante sutileza. 
De ahi el que á muchos no guste su crítica, por no ser cortada 
á puros hachazos y exagerada como en otros. De ahí el género 
psicológico de su novela, desmenuzando y apurando una concien- 
cia, esto es, la lucha oculta en almas refinadas entre la pasión y el de- 
ber. Ahora bien, "la casuistique, dice Brunetiére, est lame méme 
de l'art de représenter les passions". Claro es que este método de no- 
velar sólo contenta á lectores maduros y refinados y que es demasiado 
sutil para los jóvenes y para el pueblo, y no menos frío y poco melo- 
dramático, que es lo que al común de los lectores suele gustar en las 
novelas. Además, Valera tenía poca fantasía, no era intuitivo, sobre- 
saliendo más bien como discursivo y analizador de conceptos, por lo 
cual no brillan sus escritos por el color, por los afectos, por la sensi- 
bilidad, siendo algún tanto fríos en esta parte. Semejase extrañamen- 
te á Sainte-Beuve en la crítica, en el estilo, en el sabor agradable- 
mente escéptico y en el método psicológico de novelar. Pepita Jiménez 
tiene el mismo asunto que Voluptc, y si Valera se precia de haberse 
empapado en nuestros místicos, el autor de Port-Royal se había for- 
mado en los moralistas del siglo xviii. No es, repetimos, académico 
ni idealista hasta cierto punto; pero no deja de ser, á otro viso, en- 
trambas cosas. Académico, por sus aficiones á la Academia y á cierta 
reglamentación y poco empuje en golpes de audacia y valentía, y aca- 
so no menos en lo apurado del gusto, que, á ser enteramente helénico, 
no llevara consigo la frialdad que lleva como fruto dé su arte más 
discursivo que imaginativo. Se han comparado sus obras á una gale- 
ría de estatuas de fino mármol de Paros. Idealista es, no sólo por su 
inclinación á razonar ideas más bien que á verlas y expresarlas cua- 
jadas en escenas, sino, además, por ser poco realista en sus concep- 
ciones generales. Su mejor novela, Pepita Jiménez, es en esta parte 
enteramente falsa. No se da en la realidad una Pepita como ésa, y 
tan sólo es verisímil, encarnando, como encarna, en ella el mismo 
sutil razonador don Juan. Es mucha hembra aquélla y demasiado 
filósofa. Menos se da en la realidad semejante seminarista. Hoy no 
suelen ser tan listos los que se dan en España, y á la vez tan sandios 
é ignorantes ni hoy ni nunca se dieron. Cualquier seminarista le coge 
i don Juan, en los razonamientos que al suyo le presta, en mil igno- 
rancias y sandeces, en que no caen los que conocen nuestra Teología 
y nuestra Moral. Don Juan conocía entrambas cosas muy de sobre- 
peine, y es cosa de risa que nos quiera hacer creer que todo eso lo 
tomó de nuestros místicos. Son sofismas de quien no ha calado en la 
doctrina católica. De hecho Valera es un perfecto sofista y sofístico es 
su método. El que no conozca á Sócrates ni Platón puede conocerlos, 
cuanto al método, leyendo á Valera. Hasta en el fino gusto y en 
el tornear del lenguaje es un Platón y un Gorgias. Ni el seminarista 
ni Pepita están tomados de la realidad; son tipos ideales, conformes 
á la idea que Valera se había forjado de un seminarista que tuviera 



234 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

SUS conocimientos religiosos y su corazón enamoradizo y epicúreo, y 
de una hembra que llevase envestida la parte femenina v aun algo de 
la masculina de don Juan. Como todo Valora se halla en cualquiera de 
sus obras, es menester conocer sus ideas religiosas y filosóficas. Va- 
kra fué católico en doctrinas; pero en arte fué cristiano y pagano á 
la vez y más pagano que cristiano. No entendió jamás que esta vida 
fuese un valle de lágrimas, sin duda porque no aprendió á sufrir ni 
tuvo que sufrir, á no ser en pequeneces; para él la vida es buena, el 
vivir es de color de rosa. Quería estar bien con su conciencia, algo 
elástica, que se esplayara por el edén de la vida, y anhelaba coger de 
este mundo las flores de todos los placeres, que para eso los ha puesto 
Dios en él. Fué, prácticamente, un verdadero epicúreo, no de los de 
baja estofa, sino de los verdaderos á la antigua, ganoso de gozar 
aristocráticamente todo lo placentero que se da en la vida. Perdona 
fácilmente toda falta, como flaqueza de la picara humana naturaleza. 
En Pepita Jiménez se le ve sutilizar cuanto puede para casar linda- 
mente la moral cristiana con la epicúrea, y como estaba más en- 
golosinado de la soltura epicúrea que de la abnegación cristiana, 
sbsuelve al seminarista porque cae en las redes del amor de una 
tan boniti y picara viudita, como absuelve en Genio y figura de cuan- 
to pecaron á los que mucho amaron, volviendo del revés el dicho de 
Jesús á la Magdaleni. Valera, espíritu aristocrático por educación, 
clásico, erudito y académico, todo en el buen sentido de estas palabras, 
"Tiene una falta en su criterio artístico, en todo lo demás tan discreto, 
acertado y el más cabal acaso de nuestros críticos. La falta está en 
no poder apreciar lo popular, lo no aristocrático, lo no académico, lo 
no erudito, lo no clásico. Puede verse, dondequiera que toque puntos 
de literatura popular, sobre todo en su Discurso de entrada en la Aca- 
demia, en el cual precisamente fué á tratar de este asunto, ajeno ente- 
ramente á su ningún conocimiento sobre lingüística, folklore y poesía 
n,edioeval. Allí hocicó magistralmente. Refutáronle, defendióse ; pero 
harto mal. Véa:ise Estudios críticos (1864), págs. 262 y siguientes. Ni 
del Cantar de Myo Cid, ni del Romancero, que constituyen la admira- 
ble epopeya castellana, da muestras de entender una palabra. La poe- 
sía popular para él no brilló en España hasta los siglos xvi y xvii, 
confundiéndola lastimosamente con la erudita y clásica. Faltábale á 
Valera instrucción lingüística y filológica y sobrábale rumbo aristo- 
crático. El estudio lingüístico lleva al aprecio del habla como producto 
evolutivo popular y forma el criterio científico moderno para prefe- 
rir á todo lo individual, reflexivo y erudito lo popular, común é in- 
consciente, el habla como principal obra artística de la nación, los 
cantares del pueblo y los romances ó épica popular; finalmente, todo 
le folklórico, única mina de creación humana que los mismos eruditos 
han beneficiado y fuera de la cual no hay otra que pueda aprovechar 
la grande y verdadera literatura objetiva, ya que la subjetiva llévala 
cada poeta en su propia alma. De lo que \'alera ha sabido más que 



S. XIX, 1858. JUAN VAI.ERA 233 

todos los autores españoles antiguos y modernos es de crítica estética 
sobre literatura erudita. En esto no hay quien se le aventaje. Podría 
de sus obras entresacarse tal montón de admirables observaciones, de 
tan exquisito gusto y de tan común sentido, que pudiera formarse 
un verdadero tratado de estética teórico-práctico como no lo hubiera 
escrito ni el mismo Menéndez y Pelayo, el cual, sin embargo, llegó á 
comprender y gustar mucho más que \^alera la literatura medioeval, 
por lo menos en los últimos años de su vida, merced á la semilla que 
en su criterio había depositado Milá y merced á los estudios que en 
los últimos años de su vida hizo de aquella época literaria. Algo se 
resintió, con todo, por su exclusivo clasicismo, no llegando á apreciar 
enteramente lo popular ni en la literatura ni en el lenguaje. Valera, 
que no tuvo por maestro á Milá ni hizo estudios lingüísticos ni me- 
dioevales, miró siempre lo popular con desdén y ni siquiera alcanzó a 
distinguirlo de lo erudito, juzgando tan sólo lo no erudito como vulgar,, 
plebeyo, grosero é informe. Así afirmó que la prosa fué antes en 
España c_ue la poesía; que la literatura popular no valió nada hasta 
el siglo XVI, cuando precisamente desapareció la gran poesía popular, 
que fué ',a medioeval ; que la literatura erudita precedió en la Edad 
Media á la popular y la encarriló ; que no hay hasta el siglo xvi cosa 
que valga la pena de leerse fuera de la Celestina y las Coplas de Jor- 
ge Manrique; que todas las poesías primitivas populares fueron he- 
chas por una aristocracia sacerdotal ó guerrera. "La prosa y la poe- 
sía cultas, dice, y hasta la poesía por todo extremo artificiosa, se 
formaron también por reflexión y con estudio, antes de que el puebla 
desanudara la lengua y rompiese en cantos que no fueran informes 
y bárbaros del todo. Y lo que en general digo de las naciones de 
Europa, puede también decirse de España. Entre nosotros no hubo 
poesía popular, digna del nombre de poesía, hasta fines del siglo xv 
ó principios del xvi ; á la poesía popular precedió entre nosotros la 
erudita, y á la perfección de la poesía, considerada en general, la 
perfección de la prosa. Las Partidas, El Conde Lucanor, Las Cróni- 
cas y La Celestina, valen diez veces más que todos los poemas y can- 
ciones anteriores al siglo xvi. Los romances ó no existen ó valea 
poco, antes de esta época... El poema del Cid parecerá siempre á los 
más de sus lectores un trabajo artificial y erudito, donde se nota el es- 
fuerzo para expresarse en una lengua ruda y apenas formada, y donde 
se imita la versificación francesa de las canciones de gesta... Todo 
esto prueba, á mi ver, que la poesía popular, cuando ha tenido en Es- 
paña su verdadera eflorescencia, ha sido en ios siglos xvi y xvii... 
La originalidad vino cuando el pueblo tuvo plena conciencia de sí y 
se manifestó en el romancero (¡ erudito de fines del xvi ! !) y en el 
teatro. Nuestra literatura de la Edad Media se puede demostrar que 
es menos original... que la posterior al Renacimiento." Todo este 
cúmulo de disparates sonaron en su Discurso de recepción de la Aca- 
demia, esto es, en la ocasión más solemne y en la obra de más em- 



236 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

peño que escribió Valera: "Cuando reflexioné que para entrar aquí 
había de presentar un escrito, si breve, duradero, y había de dar ra- 
zón de mí, la cual, siendo indigna de esta Academia, perpetuaría la 
Indignidad, porque la Academia comunicaría su vida y su duración 
L mi escrito, y no sería éste como otros muchos escritos míos, perdi- 
dos en el inmenso fárrago de los periódicos y condenados al olvido 
para siempre." Por fortuna, la Academia Española no da vida á obra 
alguna que en sí misma no la tenga y menos la dará á aquel Discurso, 
el más disparatado que escribió Valera por haberse metido en cosas 
que no entendía, mientras que sus críticas de los periódicos, recogidas 
en libros, son su verdadera gloria, para mí mayor que la de sus nove- 
las, porque el timbre principal de su gloria es la crítica literaria, don- 
de expone sutil y amenamente los más hondos principios del más ex- 
quisito gusto y del arte más acendrado. Valera fué redactor de El 
Contemporáneo (1860-65), director de El Progreso (1865), colabora- 
dor de muchos periódicos, y firmó á veces Un aprendiz de helenista, 
Eleutcrio Filogyno y Currita Albornoz. Valera, Estudios críticos, 1864, 
dedic. : "Ni aun en la época de mayor fervor y entronizamiento del ro- 
manticismo había sido yo romántico, sino clásico á mi manera, ma- 
nera por cierto harto diferente del pseudo-clasicismo francés introdu- 
cido en España por Luzán y los Moratines. Yo era adorador de la 
forma, pero de la forma íntima, espiritual, no de la estructura, no dei 
atildamiento rítmico, pueril y afectado; yo era fervoroso creyente de 
los misterios del estilo, en aquella sencillez y pureza por donde el es- 
tilo realza las ideas y los sentimientos, y pone en la escritura, con 
encanto indestructible, toda la mente y todo el corazón de los auto- 
res." J. Valera, Dedic. de El Comend. Mendoza: "Escribí mi primera 
novela sin caer hasta el fin que era novela lo que escribía. Acababa yo 
de leer multitud de libros devotos. Lo poético de aquellos libros me 
tenía hechizado, pero no cautivo. Mi fantasía se exaltó en libertad y 
mi seco espíritu se atuvo á la razón severa. Quise entonces recoger 
como en un ramillete todo lo más precioso, ó lo que más precioso 
me parecía de aquellas flores místicas y ascéticas, é inventé un per- 
sonaje que las recogiera con fe y entusiasino, juzgándome ye por mí 
mismo incapaz de tal cosa. Así brotó espontánea una novela, cuando 
yo distaba tanto de querer ser novelista." M. Pelayo, Heterod., III, 
pág. 814: "Mi dulce Valera, el más culto, el más helénico, el más re- 
gocijado y delicioso de nuestros prosistas amenos y el más clási-co, ó 
más bie.T el único verdaderamente clásico de nuestros poet;i.^. La ale- 
gría franca y serena y el plácido contentamiento de la vida nadie los 
ha expresado en castellano con tanta audacia y al mismo tiempo con 
tanta suavidad y gracia ateniense como Valera. Es uno de los pocos 
quos aequus amavit Júpiter: naturaleza de escritor algo pagana, pero 
no cif-rtamente con el paganismo burdo de Carducci. sino con cierto 
paganismo refinado y de exquisita naturaleza, donde el amor á lo sen- 
sible y plástico y á las pompas y verdores de la genial primavera, se 



S. XIX, 1858. JUAN VALERA 337 

ilumina con ciertos rayos de misticismo y teosofía, y no excluye eJ 
amor á otras hermosuras más altas, bien patente, v. gv., en la hermosa 
oda de El Fuego Divino. No es Valera muy cristiano en el espíritu 
d€ sus novelas, una de las cuales, la más bella de todas, aunque pueda 
interpretarse benignamente (y yo desde luego la interpreto) en el sen- 
tido de lección contra las falsas vocaciones y el misticismo contrahe- 
cho, á muchos parece un triunfo del naturalismo pecador y pujante 
sobre la mortificación ascética y el anhelo de lo sobrenatural y ce- 
leste." 

La mayor parte de las obras de Valera salieron primero en perió- 
dicos y revistas; los discursos académicos, aparte. Las ediciones pri- 
meras en tomos, todas madrileñas, menos las señaladas, son como 
siguen: Poesías, 1858, i88ó. Estudios críticos sobre literatura^ po- 
lítica y costumbres de nuestros días, 1864, dos vols. Poesía y arte de 
los árabes en España y Sicilia, traduce, de A. F. Schack, 1867-71, 
tres vols. Pepita Jiménez, 1874. Las Ilusiones del Dr. Faustino, 1875. 
El Comendador Mendoza, i^yy. Disertaciones y juicios literarios, 

1878. Pasarse de listo (1878). Tentativas dramáticas, i8yg. Doña Luz, 

1879. Dafnis y Cloe, 1880. Cuentos y diálogos, Sevilla, 1882. Algo 
de todo, ibid., 1883. Apuntes sobre el nuevo arte de escribir nove- 
las, 1887. Nuevos estudios críticos, 1888. Cartas americanas, 18S9. 
Nuevas cartas americanas, 1890. Ventura de la Vega, biografía y 
estudio crítico, 1891. Las Mujeres y las Academias, 1891. Pequene- 
ces, Currita Albornoz al P. Luis Coloma, 1891. La Metafísica y la 
poesía, 1891, La Buena fama, 1894. Juanita la larga, 1895. ^^ Hechi- 
cero, 1895. Cuentos y chascarrillos andaluces, 1896. Genio y figura... ^ 
1897. A vuela pluma, 1897. De varios colores, 1898. Morsamor, 1899. 
Ecos argentinos, 1901. Florilegio de poesías castellanas del siglo xix^ 
1902-03, cinco vols. El Superhombre y otras novedades, 1903. Tera^ 
péufica sociul, 1905. Discursos académicos, 1905, tomos I y II de la 
Colecc. de obras completas. Mariquita y Antonio, fragmentos, 1907^ 
t. XIII de la Col. de obr. completas. Correspondencia, 1913, dos vols. 
de la Col. de obras completas. Historia, y política (1869-1887), 1914. 
Estudios críticos sobre filosofía y religión (1883-89, t. XXXVI). 
Cartas americanas, 1916 (t. XLIII). Miscelánea (t. XLV), 1916. En 
Rev. España: El Budhismo esotérico (1887, t. CXVI). El Raciona- 
lismo armónico de Glafera (1873, ts. XXXIII-XXXIV). La Revolu- 
ción y la libertad religiosa en España (1869, t. VIII). Un poco de 
crematística (1870, t. XIII). Sobre el concepto que hoy se forma de 
España (1868, t. I). Figuras de Alemania contemporáneas (1887, 
t. CXVIl). Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas (1886-87, 
ts. CXI-'CXV). Con motivo de las novelas rusas (1887, t. XCVII). Le- 
yendas del antiguo Oriente (1870, ts. XV-XVII). Pepita Jiménez (1874). 
Las Ilusiones del Doctor Faustino (1874-75). El Dr. Fastenrath (1870), 
t. XII. Críticas (1869-87). En Esp. Mod.: Novela parisiense mejicana 
(1889, Mayo). Tabaré, por J. Zorrilla (1889, Set.). La Religión de la hu- 



238 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

manidad (1889, Oct., Xov.). Morriña, por Pardo Bacán, etc. (1889, 
Dic). Sobre lo inútil de la metafísica v la poesía (1890, En., Nov.). El 
Renacimiento clásico en la líter. catal. (1890, En.). Portugal contetn- 
f cráneo (1890, Febr.). Viagens na Gálica, por L. F. Silveira (1890, 
Marz.). Verdades poéticas por M. Palau (1890, Mayo). Novela-pro- 
grama (1890, Mayo), Catálogo... de García Peres (1891, Ener.). Di- 
sonancius y armonías de la moral y de la estética (1891, Mar., Abr.). 
Colección de papiros... (1894, Mayo). El Hechicero (1894, Jun.). La 
Buena fam^a (1894, Oct.-Dic). Influencia del elemento indígena en la 
cultura de los moros del reino de Granada, por F. J. Simonet (1896, 
Febr.). Sobre dos tremendas acusaciones contra España (1896, Febr.). 
Los Jesuítas de puertas adentro (1896, Abr.). El Superhombre (1897, 
Dic). En Bolet. Acad. Esp.: Noticia autobiográf., 1914 (I, 128-140, 
escrita en 1863). Obras com^pl.: i, Discursos académicos, 1905. 2, 
Disc. acad., 1905. 3, Doña Luz, 1910. 4. Pepita Jiménez, 191 5. 5, Las 
Ilusiones del Dr. Faustino, 1906. 6, Id., 1906. 7, El Comendador Men- 
doza, 1906. 8, Pasarse de listo, 1906. 9, Juanita la Larga, 1906. 10, Genio 
y figura, 1907. 11, Morsamor, 1907. 12, Dafnis y Cloe, 1907. 13, Novelas 
y fragmentos, 1907. 14, Cuentos, 1907. 15, Cuentos, 1908. 16, Teatro, 
1908. 17, Poesías, 1908. 18, Poesías. 1908. 19, Crítica literaria (1854-56). 
1908. 20, ídem (1857-60), 1909, 21, ídem (1860-61), 1909. 22, ídem (1861- 
63), 1909. 2T„ ídem (1864-71), 1909. 24, ídem (1873-78), 1910. 25, ídem 
(1878-82), 1910. 26, ídem (1886-87), 1910. 27, ídem (1887-89), 191 1. 
28, ídem (1889-1896), 1911. 29, ídem (1896-98), 1911. 30, ídem (1899- 
1900), 1912. 31, ídem (1901-05), 1912. 32, ídem (1901-05), 1912, 33, 
ídem (1901-05), 1912. 34, Estudios crít. sobre filosofía y religión 
(1855-63), 1913. 35, ídem (1863-88), 1913. 36, ídem (1883-80), 1913. 37, 
Historia y política (1859-1863), 1913. 38, ídem (1869-87), 1914. 39, 
Estudios críticos sobre hist. y polít. (1892-98), 1914. 40, Hist. y polít. 
(1896-1903), 1914. 41, Cartas americanas (1888), 1915. 42, ídem (1889- 
90), 191=^. 43, ídem (1891-97), 1916. 44, ídem (1897-1900), 1916. 45, 
Miscelánea, 1916. 46, ídem, 1917. Consúltense: señora doña E. Pardo 
Bazán, Retratos y apuntes literarios (Obras completas, t. XXXII), 
págs. 217-280; Conde de Casa-Valencia, Necrología del Excmo. Sr. 
D. J. V., Madrid, 1905 ; Conde de las Navas, Don Juan Valera : apun- 
tes del natural, Madrid, 1905 ; Julián Juderías, D. J. V., apuntes para 
su biografía, en La Lectura (1913-1914) ; César Silva, D. J. Valera, 
Valparaíso, 1914; Bolct. Acad. Esp. (su autobiografía hasta 1863), 
1914; J. Juderías, La Bondad, l-a tolerancia y el optimismo en las 
obras de..., 1914 (en Ilustr. Esp. y Amer. (LVIII) ; Ángel Marvaud, 
D. J. Valera, 1905 (en La Quinzaine, LXVI, 386-407) ; J. Bénder, La 
Correspondencia de D. J. Valera, 1913 (en La Lectura, XIII, 130-142). 
Las cartas á Laverde están en poder del señor don Antonio Graiño; 
trozos ha publicado Juderías en La Lectura (1917). 

79. Año 1858. Olegario Víctor Andrade (i 838- i 883), 



S. XIX, 1858. OLEGARIO VÍCTOR ANDRADE 239 

de Concepción (Uruguay), pasó la niñez en Rio Grande y en 
el Estado Oriental, con su familia desterrada; volvió con ella 
á Gualeguaychú, donde alg^-^nos dicen que nació, y luego á Ca- 
seros. Dejó los estudios (1858) después de lograr con un pre- 
mio por Mi Patria (1856) sus primeros triunfos literarios, y 
bien se resintió de ello, consagrando al periodismo los veinticin- 
co años que después vivió; fué secretario del presidente Derqui 
en 1860. Defendió la política de Urquiza contra Sarmiento, 
luchando por la causa federal y la unión nacional. Redactor en 
Buenos Aires de La América, El Pueblo, La Tribuna; funda- 
dor de La Tribuna Nacional, siguió la corriente política de 
Avellaneda y de su condiscípulo Roca (1880). Falleció siendo 
diputado. Las turbulencias políticas de la época y la moda lite- 
raria de consuno le hicieron románti<:o en literatura, no menos 
que su propio natural ensimismado, especie de sonámbulo con 
cara de esfinge, de cuerpo encogido, bien que de buena talla. 
Fué el Víctor Hugo americano, á quien admiró, acaso sin imi- 
tar, tanto como enamorado era de Longfellow. Decir román- 
tico es decir desenfrenado exagerador, rompedor de toda mesura 
y traba, como aquel que prefiere el señorío brutal de la imagi- 
nación y de la sensibilidad al amor de la verdad y del gusto me- 
surado. Tal fué Andrade. Su desbocado Pegaso necesitó más 
de freno que de espuela, menospreció lo tierno en el sentir y lo 
atildado y casto en el expresar ; soltó las riendas á toda inspira- 
ción atrevida y recia y menudeó galicismos, abstractos y frases 
¿■•maneradas en su lenguaje. Fué, como buen romántico, im- 
provisador y apresurado en escribir, saltando por las reglas 
con ufanías de muchacho travieso; un Víctor Hugo segimdón, 
sobrepujándole en sus defectos y no llegándole generalmente en 
sus virtudes; uno de los más grandes poetas, sin embargo, en 
grandilocuencia y robustez de acento de la América del Sur. 
Todo estrépitos y tempestades, volcanes y cataclismos; pero 
con poco esmero ni gusto en la forma, bien que con un fondo 
de sinceridad y grandeza lírica. Compuso dos grandes poemas. 
La Atlántida (1881) y El Prometeo (1877) y otros poemitas 
y composiciones menores en que canta la patria, la gloria, la 
amistad, sobresaliendo en El Nido de cóndores (1877), San 
Martín (1878), Al general LavaUe, Canto á Víctor Hugo, El 



240 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-18Ó9) 

Arpa perdida. La Noche de Mendoza (1880). Fué cantor de su 
patria y de ^Ajiiérica. 

José ]\Ianuel Marroquín (i 827- i 908), bogotano, hijo de 
José M.* Marroquín y Trinidad Ricaurte, huérfano desde su 
primera niñez y por ello "barrido de toda fe y de toda ilusión 
en las cosas del mundo y al mismo tiempo disfrazado perpetua- 
mente de sonrisas, como un ataúd cubierto de flores", en frase 
de Rafael Pombo; estudió latin en el Seminario (1840-45), des- 
pués leyes en San Bartolomé; doctoróse (1849) y dirigió un 
colegio en Yerbabuena (1851-57); casó con Matilde Osorio 
(1853). año que fué diputado: con Caro y Vergara fundó la 
Academia Colombiana, que dirigió (1876-1908); fué rector 
del colegio del Rosario desde 1887 y vicepresidente de la Re- 
pública (i 898- 1 904). Usó los seudónimos Pero Pére2 de Pe- 
rales ó P. P. de P. y Gonzalo González de la Gonzalera. Fué 
durante su vida uno de los más autorizados literatos, mejor 
prosista que poeta y uno de los mejores noveladores de cos- 
tumbres de Colombia, que habiendo intentado con f'loja acción 
y sin fuertes luchas pasionales, corregir vicios y malas costum- 
bres, hizo más bien sátiras benignas, sin amargura ni exage- 
raciones caricaturescas, pintando la realidad con puntualidad 
feliz. Sobresale entre sus novelas El Moro, en que un caballo, 
asi nombrado, cuenta su vida. Hízose famoso por su tratado 
de Ortografía. Prosista festivo, notable por sus artículos de 
costumbres, escritos desde 1849, conocedor á fondo del caste- 
llano, que maneja castiza y elegantemente. 

José M.' Roa Barcena (1827-1908), de Jalapa (México), 
comerciante, fué á la capital (1853), La Sociedaé, que redactó 
conservadora y escribió en El Universal dos años, La Cruz 
(1855), El Eco Nacional (1858), La Sociedad, que redactó 
solo rrrucho tiempo; apoyó la Intervención y el Imperio y fué 
de la Junta de Notables, dejando á Maximiliano cuando le vio 
apartarse de las ideas conservadoras. Propugnó las doctrinas 
conservadoras de Lucas Alamán y defendió el catolicismo. 
Escritor cóstizo y acendrado, historiador sesudo é imparcial, 
atildado prosista, alabado de Valera por sus cuentos, de M. Pe- 
layo por sus fieles traducciones, de Antonio Caro por sus poe- 
sía«;. Sus asuntos fueron de la historia mejicana, siguiendo en 
ello á Rodríguez Galván. 




MM^^^^ruL 



{Obras, t. I, México, 1897.) 



S. XIX, 1858. OLEGARIO VÍCTOR ANDRADE 24I 

80. J. Valera, Cartas Americanas^ 1889, pág. 70: "Por la inco- 
rrección, por el descuido á veces de la forma, tendré que censurar no 
poco en las poesías de Olegario Andrade; pero me consuela y anima 
que mis alabanzas han de ser grandes, sinceras y fervorosas, y muy 
superiores á las que tributé ya á don Rafael Obligado, poeta sin duda 
más elegante y correcto; pero que jamás se remontó hasta ahora tan 
alto en sus canciones como Andrade se remonta, ni tomó para ellas, 
como toma Andrade, asuntos que mueven ó deben mover el ánimo de 
toda la nación para quien canta. Andrade, á veces, movido por el 
asunto mismo que trata y por su elevada inspiración, es más que un 
poeta nacional, es uno de aquellos pocos poetas que aciertan á dirigir 
la voz dignamente á todo el linaje de los hombres, excitando en ellos 
el amor de las teorías, la fe en ¡os propósitos que le son más caros y 
la sublime esperanza de que pronto habrán de realizarse. De esta 
suerte, el poeta tiene, hasta donde es posible en lo humano y en una 
edad tan descreída como la nuestra, algo del profeta antiguo : es el 
vate. Ya se ve que debe ser difícil y delicado juzgar bien á Andrade; 
pero, sin creer en todas sus teorías y sin esperar el cumplimiento de 
todos sus vaticinios, bien podemos celebrar el entusiasmo con que los 
expresa y decir desde luego que por este entusiasmo le colocamos en 
el número de aquellos poetas universales y sublimemente didácticos, 
entre los que descuellan Schiller, Manzoni, Quintana y Víctor Hugo... 
Las elevadas aspiraciones, el ideal cuya realización se columbra en el 
porvenir, los planes, doctrinas y esperanzas que están en la mente co- 
lectiva de un pueblo ó de la humanidad toda, por estilo vago, informe 
y confuso, resplandecen con mayor luz en el alma del poeta y merced 
á ia energía plástica que el poeta tiene se revisten de forma determi- 
naaa, precisa y hermosa, en versos que muestran con claridad aquello 
mismo que agitaba el centro oscuro del alma y que el vulgo apeaas 
comprendía. Para ser así poeta didáctico... se requieren el entusias- 
mo y el buen gusto... poseía esta primera condición... Sobre la otra 
condición, sobre la del buen gusto, hay reparos que poner. En mi 
sentir es necesario dar á la forma extraordinaria belleza para que 
este género de poesía trascendental y encumbrada penetre bien en las 
inteligencias y en los corazones, y venga á ser como la fórmula dura- 
dera de una tendencia general, de una aspiración nacional ó humana. 
No bastan las imágenes... ni el fuego de la pasión...; son indispensa- 
bles, además, el esmero, la reflexión y el arte más exquisito... No 
hay arte con que disimule el poeta la falta de convicción. Lo que sí 
puede ser es que, por ampulosidad sobrada, se estropee un sentimiento 
leal y sincero y aparezca falso y mentido. Esto se advierte á veces en 
Víctor Hugo. No ha de extrañarse, pues, que también se advierta en 
Olegario Andrade, que tomó á Víctor Hugo por ídolo y modelo... 
Presupuestos, con todo, el sentir y el pensar con hondura, y la since- 
ridad, y el brío en el estilo, que todo esto tiene Andrade, no se puede 
negar que fué egregio poeta, por más que á veces le falten el arte, la 

TOMO VIH . — I(i 



242 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

mesura, la nitidez y la elegancia... Andrade es uno de los más ilus- 
tres poetas que ha habido en América, y valdría más que Olmedo ó 
que Bello, y tanto como Qumtana, si hubiese cursado Humanidades 
y hubiese tenido más y mejores lecturas." M. Pelayo, Hist. poes. 
hisp.-amer., t. II (1913), pág. 461 : "Uno de los poetas de más gran- 
dilocuencia y más robusto acento que ha producido la América del 
Sur. Sus defectos son palmarios y de ellos no cabe excusa. Andrade 
era un i-oeta efectista, que escribió para ser leido en voz alta y reso- 
nante y para ser aplaudido á cañonazos. Pero en esta poesia, todo 
boato y pompa, todo estrépitos, tempestades, volcanes y cataclismos, 
hay un fondo de sinceridad y de grandeza lírica que triunfa de lo 
exuberante y barroco de la forma. Andrade tenía el gusto sin educar 
y le fascinó la imitación de lo peor de Víctor Hugo, por quien profe- 
saba una especie de culto, ó, más bien, de fanatismo ; pero tenía tam- 
bién, aunque en pequeña escala, algunos de los grandes dones de su 
modelo: la sensación ardiente y luminosa, cierta especie de visión 
hipnótica, que agranda y transfigura los objetos; la im-aginación retó- 
rica, que los interpreta de un modo siempre eficaz, aunque desmesu- 
rado y sofístico, y juntamente con esto la arrogancia, plenitud y nú- 
mero de la versificación, la pródiga y despilfarrada magnificencia 
del estilo, fecundo en hipérboles, abundante en palabras rotundas, de 
sonido y brillo metálicos. En él, como en Víctor Hugo, fatiga la mo- 
notonía de lo grandioso, la luz abrasadora del Mediodía, derramada 
por igual y de plano sobre todos los objetos. Y como en todo imitador, 
aun siendo tan distinguido como Andrade, se extreman los defectos y 
no las cualidades del modelo, de ahí que el poeta argentino sucumba 
con frecuencia bajo el peso de los colosos de granito y de las monta- 
ñas de metáforas con que pretende escalar el cielo... En Andrade 
debemos reconocer y aplaudir mucho de lo bueno que encontramos en 
rmestro Tassara, cuyos aciertos y caídas se parecen mucho á los suyos, 
salvo la expresión, que siempre es en Tassara mucho más limpia y 
correcta. Andrade no había tenido ningún género de estudios de Hu- 
manidades y no leyó más que en libros franceses."' Doctor González, 
Diario de Sesiones de B. Aires (Set. 27, 1916) : "Andrade fué una 
sorpresa, con su vuelo de cóndor, de esa ave que él magnifica en uno 
de sus ])Ocmas y con el cual puede compararse por la oración y ma- 
jestad del vuelo, así como alcanza á la comparación con uno de sus 
grandes modelos, con Víctor Hugo. Muchos han dicho que Andrade 
imitaba más de lo j)ermitido, y aun hubo crítico que hizo prolijas com- 
paraciones de sus más celebradas estrofa?, haciendo ver en ellas re- 
miniscencias de otros poetas extranjeros ; pero de él puede decirse 
— no sé si alguien lo ha dicho ya, pero si no se ha dicho, yo lo digo — 
que se parece en sí al mismo pájaro gigantesco que él canta en uno de 
sus poemas. Porque el cóndor es un ave de rapiña ; pero es de rapiña 
tan poderosa, de vuelo tan potente, que podría elegirse en símbolo de 
genios humanos de la especie en la historia; acaso podría <lecirse que 



S. XIX, 1858. JOSÉ MANUEL MARROQUÍN 243 

él es dueño de todo, y como dueño, toma aquello que sirve de sustento 
á sus poderosas alas para volar á la altura que ninguna otra ave del 
continente alcanza. Andrade fué un artista, y si alguna vez tomó la- 
drillos de una fábrica ajena fué para construir los enormes palacios 
de poesía que le dieron su gloria, como el Nido de cóndores, la Noche 
de Mendoza, la Atlántida, los cantos á San Martín, á Víctor Hugo y 
otros de igual valor y fama. En \m instante la vida argentina llegó á 
concentrar en su persona la ansiosa expectativa de la nación entera. 
Por eso, cuando apareció en nuestro cielo el maravilloso cometa de 
1882, que llenó de asombro al mundo todo, el alma argentina se estre- 
meció de emoción y buscó en su espacio mental el poeta que cantase 
tanta magnificencia. Todos exclamamos á una voz: "¡Andrade!" 
Andrade, por desgracia, estaba ya enfermo, y junto con la desapari- 
ción del gran astro errante, el poeta argentino se extinguió tras él ; 
y la nación quedó sin expresar en forma poética la inmensa sensación 
colectiva de aquel astro magnifico, que, al anunciar para el mundo 
el advenimiento de sucesos extraordinarios, pasó, según los hombres 
de ciencia, para no reaparecer más en nuestro cielo." 01. V. Andrade: 
Obras poéticas, B. Aires, 1877, pról. de Benjamin Basualdo; Santia- 
go de Chile, biografía y crít. de Jacobo Larrain; París-B. Aires, 
1905; 1907; Barcelona, 1909; B. Aires, 1915, con pról. de Evar. Mén- 
dez. Prometeo, B. Aires, 1878. Atlántida, 1901 (en Esp. Mod.). Consúl- 
tense: .Santiago Estrada, 01. V. Andrade, estudio crítico (Miscelánea, 
t. I, 1889) ; Julio A. Roca, Oración fúnebre en la tumba de Andrade, 
1882 (La Tribuna Nac.) ; José Nic. Matienzo, El Poeta 01. V. A., 
estud. crít.-biogr., B. Aires, 1882 (Niiev. Rev. de B. A.); Mariano 
A. Pelliza, Andrade, boc. biográfico, 1885 (en Glorias Argent.) ; Ri- 
cardo Rojas, Andrade, conf., Madrid, 1907 (La Lectura) ; Nic. Ave- 
llaneda, Carta sobre "Prometeo" (Escritos, t. I, 1883) ; Carlos Guido 
Spano, Carta sobre "'Prometeo" (en Ráfagas, t. II, 1879) ; Eduardo 
Wilde, Carta sobre "Prometeo", 1899 (en Prometeo y C'^^) ; Miguel 
Cañé, Prometeo (Charlas liter., 1885) ; Paúl Groussac (Prometeo, en 
el pról. de Basualdo) ; Luis Stella Goycoechea Menéndez, Andrade 
(en Los Primeros, Córdoba, 1897). 

Ant. Gómez Restrepo, El Nuevo Tiempo Literario, Bogotá, 191 5 
(Enero) : "Marroquín, su compañero del alma (de Vergara y Ver- 
gara), era, como él, un ingenio castizo y regocijado, pero de tempera- 
mento frío, tan inclinado á la reserva como el otro á la comunicación 
total de su ser. La colaboración de Marroquín en El Mosaico fué de 
las más valiosas; allí se encuentra un precioso artículo titulado Reco- 
gida de caballos, que revelaba desde entonces en el autor una predi- 
lección runca desmentida por el noble animal, protagonista más tarde 
del mejor libro de Marroquín y uno de los mejores de nuestra litera- 
tura, el celebérrimo Moro, donde puso el castellano de Yerbabuena 
todo el caudal de su observación menuda y realista y cuanto en él 
había de amor á la naturaleza y de filosofía práctica y desengañada." 



244 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

José Caicedo Rojas (pról. á Obras, 1875) : "El señor Marroquín, con 
los ojos fijos en las tradiciones de la lengua, bebiendo en las fuentes 
puras de ella y acatando así la autoridad de los maestros como los 
legítimos fueros del uso..., sin rayar tampoco en el extremo de afec- 
tación V culteranismo, ha sabido mantenerse á la altura conveniente, 
hermanando sin esfuerzo un estilo fluido, claro y fácil, con un len- 
guaje digno y culto; todo ello sazonado con el donoso y oportuno 
chiste, con el buen gusto y delicadeza... Este es el colorido constante 
de los (escritos) suyos, semejantes por la mayor parte á aquellos ri- 
sueños cuadros flamencos en que se ven trasladadas al lienzo las es- 
cenas apacibles de la familia ó de la vida del campo." José Dom. 
Cortés, La Amér. Poét., 1875 : "Marroquín es el primer hablista de 
Colombia. Tiene una rara erudición del idioma español y es en sus 
escritos castizo y elegante." Rafael Pombo: "Escritor cuya preciosa 
espyecialidad y cuyo poder benéfico es precisamente la impasibilidad, 
la ausencia de toda ilusión mundana, la facultad y misión más bien 
evangélica, de despojar la farsa social de sus caretas y el comercio 
de la vida de su tren ruinoso de vanidades. Tal es la tendencia cardi- 
nal de cuanto escribe Marroquín... La prosa... aventaja con nnicho al 
verso...; ha estado toda su vida escribiendo realismo." J. M. Marro- 
quín: Tratado completo de ortografía castellana, Bogotá, 1858; Haba- 
na, 1860; Piura, 1861 ; Cuenca, 1874; París, 1907; Bogotá, 1908; Nue- 
va York, 191 5. Diálogos entre mi pluma y yo y Respuesta á un siiscri- 
tor de La Caridad, 1866 y sig. Poesías, Bogotá, 1867, ó sea Parnaso 
Colombiano, t. I. Diccionario ortográfico ó catálogo de las voces cas- 
tellanas cuya ortografía puede ofrecer dificultad, 1875. Obras escogi- 
das en prosa y en verso, Bogotá, 1875. Vida y carácter de D. Juan 
A. Marroquín, ibid., 1883. Cartas á D. Rufino J. Cuervo, 1886 y 1889 
(en El Telegrama). Arar en el mar, 1893. Blas Gil, nov.. Bogotá, 
1896. Entre primos, nov., ibid., 1897. El Moro, nov., N. York, 1897, 
1901. Amores y leyes, nov., Bogotá, 1898. Nada nuevo, historias, 
cuentos y otros escritos viejos, ibid., 1908. En el Anuario de la Acad. 
Colomb.: Elogio de D. José M. Vergara (t. I, pág. 80). Observaciones 
sobre la acentuación y uso de la tilde (ibid., pág. 129). Mss. : Apuntes 
autobiográficos. Recuerdos de Matilde Osario, Historia de Yerba- 
buena (se publicaron 12 ejemplares) : de estas tres obras posee los 
niss. su hijo, del mismo nombre (José M. Marroquín). Consúltense: 
Luis M.* Mora, Biografía de D. J. M. Marroquín, EL Centro, 1897; 
Luis Serrano Blanco, Biograf. de D. J. M. M.; José M. Marroquín 
(hijo), D. J. M. Marroquín íntimo, Bogotá, 1915. 

Miguel Ant. Caro, Poesías de Roa B., Bogotá, 1882, prólogo: "Son 
las poesías de Roa Barcena españolas y castizas por la forma; ame- 
ricanas jior el colorido local, y narrativas. Roa, si no inventor del 
género á las que las suyas pertenecen, títulos tiene para ser conside- 
rado, tal vez, como su cultivador más distinguido en la América 
española... Gran cualidad, así en poesía como en todo, es el decoro. 



S. XIX, 1858. EDUARDO DF: LA BARRA 245 

Roa Barcena la posee, con otras apreciables dotes, y si no cada una 
de ellas con la superioridad en que aislada la ha ostentado tal vez algún 
otro, reunidas resplandecen en él y en grado bastante eminente para 
darle entre poetas americanos, en este género, la primacía de que 
otros carecieron. Roa Barcena narra con facilidad y gracia ; enca- 
dena á sus relaciones el interés del lector; describe con pincel de 
artista que ama y observa la naturaleza; con fidelidad da á conocer 
las costumbres de nuestros mayores nacidos ó avecindados en Amé- 
rica. Cuando escribe el poeta en su propio nombre, sus sentimientos, 
nobles y puros, hablan desde el papel, con muda elocuencia, al alma. 
Sabe su lengua, conoce los recursos de la versificación castellana..." 
J. Valera, Nuevas Cart. Anier., 1890, pág. 82: "Noche al raso es lin- 
dísima colección de anécdotas y cuadros de costumbres, donde el in- 
genio, el talento y la habilidad para narrar están realzados por la na- 
turalidad del estilo y por la gracia y el primor de un lenguaje castizo 
y puro, sin la menor afectación de arcaísmo." Roa Barcena publicó 
Poesías líricas, 1858. Leyendas en verso, México, 1858. Catecismo de 
Geografía Universal, 1860. Leyendas mexicanas, cuentos y haladas del 
norte de Europa y composiciones diversas, 1862. Catecismo de la His- 
toria de México, 1862. Novelas originales y traducidas, 1870. Nuevas 
poesías, 1875. Recuerdos de la invasión norteamericana, 1883. Acopio 
de sonetos castellanos con notas de un aficionado, 1887. Ultimas poe- 
sías líricas, 1888, 1891, 1895. Antología de poetas mexicanos publicada 
por la Acad. Mexicana, México, 1892, 1894 (de 76 poetas). Cuentos 
originales y tradn^cciones, 1897 (de Hoffman y Dickens, es el t. I de 
Obras). Recuerdos de la invasión norteamericana, 1901 (son los to- 
mos II y III de Obras, ó XXXVIII y XXXIX de la Bibl Autor. 
Mexic). Biografías de Gorostiza y otros, 1902 (t. IV de Obras, 
t. XLII de la Bibl.). Ensayo de tina historia anecdótica de México en 
los tiempos anteriores á la conquista, México. 1862, 1909 (t. V de 
Obras, t. LXVI de la Bibl.). Novelas cortas, 1910 (t. VI de Obras, 
t. LXXVII de la Bibl). Obras poéticas, 1913. 

81. Año 18 ¿8. Eduardo de la Barra Lastarria (1839- 
1900), de Santiago de Chile, ingeniero, rector del Liceo de Val- 
paraíso, ministro en el Uruguay, fué uno de los literatos más 
eruditos y entendidos de su tierra, sobre todo en asuntos de 
métrica v de filología. Usó 45 seudónimos. Poeta, filósofo /, 
sobre todo, maestro, de firme criterio y exquisita sensibilidad, 
hizo críticas agridulces, nunca enconadas ; sostuvo polémicas 
caballerescas, librepensadoras y amenas; compuso poesías hen- 
chidas de sentimiento y virilidad, algunas muy becquerianas, 
sobrias \ sugestivas y fué investigador enamorado de lo que él 
creyó justo y verdadero. Fundó la Academia de Estudios Cien- 



246 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Hficos V Literarios, del T>iceo en 1872, y fué columna maestra 
del Círculo de Amigos de las Letras y de la Academia de Bellas 
Letras. Defendió con ímpetu el librepensamiento y la libertad 
religiosa en La Voz de Chile y La Opinión y pronunció un dis- 
curso en favor de La Libertad de Cuba (1874). Como poeta 
fué laureado muchas veces en las dos épocas, con intervalo de 
veinte años, que cultivó la poesía con extraña flexibilidad para 
apropiarse todos los estilos. Hombre trabajador, enciclopédico 
casi, picó en todo con curiosidad y actividad increíble, con 
grandes alientos y propósitos, que si en algunos erró, fué con 
entera sinceridad y sana intención. 

AxBERTO Blest Gana, uacído en 183 1, chileno, soldado, 
ingeniero militar, estuvo en Europa, y á su vuelta (1852), en- 
señó topografía militar, fué intendente de Colchagua, diputado, 
gran diplomático (1871). jefe de la sección del Ministerio de 
Guerra y Marina; pero, sobre todo, novelista desde 1858 á 
19 10, el más nacional novelista de Chile, maestro de Vicente 
y Daniel Grez y de sus hermanos Guillenno y Luis Blest Gana. 
Concienzudo escritor, realista y paisajista admirable, tiene do- 
tes de observador minucioso, narra con amenidad, frescura y 
con cierta ironía bonachona, de pura cepa chilena. Sus obras son 
documento vivo del vivir privado entre las gentes de su tierra, 
y los tipos que creó viven todavía en la imaginación de cuantos 
le han leído. Durante la reconquista es novela histórica que pin- 
ta la generación del año 1810, la más documentada y curiosa 
tal vez de la América española. 

Narciso Campillo y Correa (1835-1900), sevillano, cate- 
drático en Cádiz (1865) y en Madrid (1869), escritor, ya clásico, 
ya romántico, elegante y castizo en prosa y verso, saladísimo 
epigramático y muy popular, cuentista chispeante y hasta desca- 
rado, colaboró en El Museo Universal, Escen. Contcmpor., La 
Ilustrac. Esp., y fundó en Cádiz, con Roque Barcia. El Demó- 
crata Andaluz. 

82. Kn 1887 Federico Várela propuso un premio á la mejor co- 
lección de poesías becquerianas que se presentase. Dividiólo el jurado 
entre dos, y resultaron ser ambas de Eduardo de la Barra. F.n 1859 
había sido premiada su oda A ¡a Independencia de America, por el 
Circulo de los Amigos de las Letras. En 1889 parodió festivamente 
Las Rosas andinas, de Ru1)én Darío, llamándole Rubén Rubí. T(k1o lo 



S. XIX, 1858. EDUARDO DE LA BARRA 247 

cual prueba que Eduardo de la Barra tenía facultades imitativas sor- 
prendentes y que se acomodaba á todos los géneros. Jorge Huneeus 
Gana, Cuadro hist., pág. 445 : "El rasgo literario distintivo de la pro- 
sa de E. de la Barra es el rasgo oratorio, violento y brillante, propio 
de la polémica de la prensa y del debate religioso. Este rasgo, que lo 
acerca elegantemente y con originalidad propia á la elocuencia des- 
lumbradora de Isidoro Errazuriz, habría hecho de su pluma una de 
las más formidables del diarismo chileno, si las asperezas amargas de 
las polémicas recordadas y las tareas ingratas de la enseñanza no lo 
hubieran apartado desde hace muchos años de las columnas de la 
prensa diaria." ídem, pág. 705 : "Volvió á las brechas del parnaso 
en la última época de su vida, después de haber mantenido colgada 
por más de veinte años la lira de sus ruidosos triunfos primeros... El 
talento de Barra se distinguía esencialmente por una flexibilidad 
pasmosa para adaptarse con brillo á todos los géneros literarios y 
para asimilarse con elegancia todos los estilos poéticos... Su so- 
neto A la muerte de Dido, publicado por sus maestros de litera- 
tura en El Ferrocarril (1858), fué la primera aurora de los triun- 
fos poéticos que obtenía el año siguiente en los certámenes del 
Círculo de Amigos de las Letras, con su robusta Oda á la Inde- 
pendencia de América y con su ático y esplendoroso canto Al Abate 
Molina. Todos los periódicos y revistas de 1859 hasta 1866 están 
llenos de versos fáciles, blandos, musicales y románticos de este bardo 
laureado..., poeta múltiple y proteiforme." E. de la Barra: Poesías lí- 
ricas, Santiago, 1866. Saludables advertencias á los verdaderos cató- 
licos y al clero político... por V. Erasmo Gesuit (seud.), 1871. Fran- 
cisco Bilbao ante la Sacristía, 1872. El Radicalismo chileno, por Ar- 
gos (seud.), 1875. Lecciones de Historia Literaria, 1878. Elementos de 
métrica castellana, 1887. Examen crítico del fallo que dio el Jurado 
Várela sobre ^'Métrica castellana", 1888. Estudio sobre la versifica- 
ción castellana, 1889. Poesía subjetiva y objetiva, dos vols., París, 
1889. Rimas chilenas, ibid., 1890. Nuevos estudios sobre versificación 
castellana, Santiago, 1891. La Hoja perdida del poema del Cid, Ro- 
sario, 1894. Cuestión filológica... sobre gramática antigua, ibid., 1894. 
Ensayos filol. americanos, ibid., 1894. Primores de la lira antigua, 
K Aires, 1894. Problemas de fonética, ibid., 1894. El Endecasílabo 
didáctico. Rosario, 1895. Notas al juicio crítico que hace D. Rafael 
Merchán de las poesías de D. E. de la Barra, B. Aires, 1895. Sistema 
acentual castellano, Santiago, 1896. Restauración de la Gesta del 
Cid, ibid., 1896. Del correcto silabeo, ibid., 1897. Algo sobre la forma- 
ción del castellano, ibid., 1897. El Libro del niño, arte de escribir, 
ibid., 1897. Ortografía fonética, ibid., 1897. La Reforma Ortográfica, 
su historia y su alcance, ibid., 1897. Estudios de Rítmica Moderna, 
versos dobles y triples, íbíd., 1897. Las Palabras compuestas son con- 
servadoras (estudios etimológicos), ibid., 1897. Tratado de Ortogra- 



248 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

fia Reformada, ibid., 1897. Crítica Filológica (examen y refutación de 
algunas leonas del profesor Haussen), ibid., 1897. Una modificación 
literaria del siglo xv, ibid., 1898. El Sistema métrico-rítniico de la 
antigua versificación, ibid., 1898. De cómo se exhuman de las cróni- 
cas los romances y canciones, ibid., 1898. Investigaciones sobre la 
lengua y su desarrollo, ibid., 1898. Restauración del Misterio de los 
Reyes Magos, ibid., 1S98. Reforma radical de la acentuación caste- 
llana, ibid., 1898. Estudios Críticos de Literatura Arcaica, ibid., 1898. 
Odas de Horacio, trad., ibid., 1898-99. Estudios de rítmica moderna, 
ibid., 1898. Las Fábulas de Juan Ruiz, ibid., 1898 Métrica antigua 
y rítmica moderna, ibid., 1899. Elementos de ortografía, ibid., 1899. 
Las lenguas celto-latinas, ibid., 1899. El Poema del Cid reconstruido, 
ibid., 1900. La Crónica rimada de las cosas de España, ibid., 
1900. Ruy Díaz de Vivar, Cantar de Gesta, ibid., 1900. En Esp. 
Mod.: A Gonzalo Bulnes (1898, Oct.). Eduardo de la Barra íntimo 
(poesías, etc., por Fidclis P. del Solar), Santiago, 1901. Los artículos y 
estudios sobre Barra, en Vaisse, Bibliografía general de Chile, 1915, 
págs. 277-78. 

Carta de Alb. Blest Gana á Benj. Vicuña Mackenua: "Un día, le- 
yendo á Balzac, hice un auto de fe en mi chimenea, condenando á las 
llamas las impresiones rimadas de mi adolescencia; juré ser novelista 
ó abandonar el campo literario, si las fuerzas no me alcanzaban para 
hacer algo que no fuesen triviales y pasajeras composiciones. Desde 
entonces, he seguido mi propósito sin desalentarme por la indiferen- 
cia, sin irritarme por la crítica, sin envanecerme tampoco por los 
aplausos con que el público ha saludado mis últimas novelas. El se- 
creto de mi constancia está en que escribo, no por culto á la gloria, 
que no existe ni aun con oropeles entre nosotros, no por ambición 
pecuniaria, porque sólo últimamente mis trabajos empiezan á produ- 
cirme algún dinero, sino por necesidad del alma, por afición irresis- 
tible, por ese algo inmaterial, en fin, que nos lleva á apartarnos de 
los cuidados enfadosos de la vida, lanzando la imaginación á un cam- 
po en que nadie puede vedarnos los dulces frutos de la satisfacción 
intelectual." Jorge Huneeus Gana, Cuadro hist., pág. 735: "No hay 
caso, entre los novelistas americanos de raza española, de un autor 
tan parejo en tantas obras y que á los ochenta años de edad conserve 
en el alma y en el estilo el vigor talentoso, la observación profunda, 
el análisis penetrante, el colorido intenso y el noble sentimiento de 
la especial nacionalidad chilena... Podríamos, sin esfuerzo, formar 
un gran cuadro de costumbres nacionales, entresacando de las novelas 
de B. G. las diversas y magistrales descripciones que nuestros há- 
bitos han inspirado á su pincel de artista apasionado por la realidad, 
sin olvidar las elegancias y correcciones de las formas. B. G. es un 
gran novelista, porque posee la percepción equilibrada de todo lo que 
podríamos llamar el paisaje humano." Alb. Blest Gana: Engaños y 
desengaños, El Primer amor y La Fascinación, novelas publicadas 



S, XIX, 1858. FRANCISCO JAVIER SIMONET 249 

en La Voz de Chile y La Rep. del Pacífico, en 1858. Juan de 
Arias, nov., 1859. La Aritmética en el amor, novela premiada, Val- 
paraíso, 1860. El Pago de las deudas, 186 1. Un drama en el campo, 
nov. corta, 1861. La Venganza y Mariluán, id., 1861. Martín Rivas. 
París (1862), 1910. El Ideal de un calavera, ibid., 1863. La Flor de la 
higuera, 1864 (en El Independiente). Durante la reconquista, París, 
1897. Los Trasplantados, dos vols., ibid., 1905, 1912. El Loco Estero, 
1910. Para el teatro : El Jefe de familia, Santiago, 1858. Sus obras en 
Bibl. Escrit. Chil. Consúltense: Roberto Huneeus, D. A. B. G. y la no- 
vela histórica, París, 1897. 

En un ejemplar de Historias de la corte celestial, propiedad de 
don F.co Viñals, discípulo de Campillo, corregido por el propio autor, 
puso éste tras la dedicatoria estos versos y firma: 

"Este es libro original, 
cien veces excomulgado, 
pues al fanatismo ha dado 
una estocada mortal. 
Califica al Santoral 
según la razón humana, 
no confunde pez con rana, 
da á cada cosa su nombre, 
enseña al hombre á ser hombre 
y es la verdad del mañana. 

S.'. J.-." 

Fué Campillo íntimo amigo de Bécquer y de Nombela, aunque de afi- 
ciones contrarias, clásico en gustos literarios y andaluz de los guasones, 
que toman la vida en broma, sacando partido de todo para reír. Estu- 
dió con Bécquer en San Telmo, y con él hizo sus primeras poesías. 
Publicó Poesías, Sevilla, 1858. Memoria y teoría del estilo, Cádiz, 
1865. Nuevas poesíac, ibid., 1867. Retórica y poética, Madrid, 1872, 
1875, una de las mejores del siglo xix en España. Una docena de 
cuentos, ]\íadrid. 1878. Nuevos cuentos, ibid., iSSi.' Florilegio Espa- 
ñol, ibid., 1885, 1888, dos vols., buena antología. Historia del periodis- 
mo, confer. en el Ateneo, 1890. Cuentos y sucedidos, ibid., 1893, 1899, 
con Javier de Burgos. Suya es la Historia de la corte celestial, 1891, 
publicada con el seud. de Un sacristán jubilado. En Esp. Mod. : La 
Niña de los cinco pisos (1895, Oct.). El Difunto (1895, Dic). 

83. Año i8j8. Francisco Javier Simonet y Baca (1829- 
1897), ^^ Málaga, donde estudió, así como en Granada, hasta 
que, propuesto por Estébanez Calderón para una plaza de au- 
xiliar para escribir la Historia de la Infantería española, vino 
á Madrid, donde acabó sus estudios universitarios. Fué cate- 



25o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

drático de árabe en Granada. Cultivó la lírica, la dramática y la 
iio\'ela (Renterdos de un poeta. Una poetisa), la lengua v la 
poesía de los árabes, siendo uno de los más señalados arabistas 
del siglo XIX. 

Joaquín García Icazbalceta (1825-1894) nació en Mé- 
jico; sil padre. Ensebio García, español; su madre, Ana Icaz- 
balceta, mejicana. Eran de posición desahogada, pero, por dis- 
turbios políticos, hubieron de emigrar á los Estados Unidos, de 
donde vinieron á España (Cádiz), hasta 1836, que volvieron á 
Méjico. Aprendió varios idiomas y dióse al estudio con tal 
ahinco, que llegó á ser el más ilustre bibliófilo y crítico mejica- 
no. Sus obras son muchas y muy eruditas sobre los idiomas me- 
jicanos y sobre la historia mejicana de los siglos xvi y xvii. 

84. F. J. Simonet: La Alhambra, leyendas histórico-árabes, Ma- 
drid, 1858. Alm-anzor, leyenda, 1858. Merien, 1858. Camar. Descrip- 
ción del reino de Granada bajo la dominación de los Nazeritas, con 
el texto arábigo de Mohammad-Ebn-Aljathib, Madrid, 1860; Granada, 
1872. Crestomatía arábigo-española (con el padre I.erchundi), Gra- 
nada, 1881. El Cardenal Ximcnes de Cisneros y los manuscritos ará- 
bigo-granadinos, Granada, 1885. Santoral hispano-muzárabe, escrito 
en 961 por Rabí Ben Zaid, obispo de Ilíberis. Glosario de voces ibé- 
ricas y latinas usadas entre los muzárabes, Madrid, 1888-89. El Con- 
cilio III de Toledo, edición políglota, 1891. Influencia del elemento 
indígena en la cultura de los moros de Granada, Tánger-Mála^^a, 
1891. Cuadros históricos y descriptivos de Granada, ibid., 1896. His- 
toria de los muzárabes de España, 1897- 1903- 1905 (en Memor. Acad. 
Hist.. t. XIII). En Esp. Mod.: Museo granadino de antigüedades ára- 
les, pjr Almagro Cárdenas (1889, Febr.). Consúltese A. Almagro 
Cárdenas, Biografía del Dr. D. F. I. Simonet, Granada, 1905. 

Tradujo Icazbalceta la Historia de la conquista del Peni, de Pres- 
(ott, enriqueciéndola con notas. Aficionóse á los estudios históricos 
mejicanos y, dueño de ejemplares de libros raros y de más raros ma- 
nuscritos, emprendió la publicación de una Colección de documentos 
para la Historia de México, dos vols., 1858-66. Apuntes para un Catá- 
logo de Escritores en lenguas indígenas le América, 1866. Historia 
eclesiástica indiana, de fray Jerónimo Mendieia, 1870, con Noticias 
del autor y de la obra. Diálogos latinos, de Cervantes de Salazar 
(1554), 1875. Coloquios espirituales y sacramentales y poesías sagra- 
das, del padre Fernán González de Eslava, 1877, con introducción. Es- 
tudio biográfico y bibliográfico de fray J. de Zumárrapa, 1881. Biblio- 
grafía Mexicana del siglo xvi, cuatro vols., 1886. Nueva Colección de 
Documentos para la Historia de México, cuatro vols. T. I, 1886, co-i- 



S. XIX, 1858. JUAN DE DIOS DE LA RADA 25 1 

tiene: Cartas de religiosos de Nueva España (1534-1594), precedidas 
de la Biografía de fray Jerónimo de Mendieta. T. II, 1889: Códice 
franciscano del siglo xvi (Informe al Visitador Lie. Ovando y Car- 
tas religiosas, 1533-1569). T. III, 1891 : Relaciones, con introducción. 
T. IV: Documentos franciscanos, de los siglos xvi y xvii. Opiisculos 
ifvéditos latinos y castellanos, del padre Francisco Alegre, con noti- 
cias bibliográficas y Una vida del autor, en latín, 1889. Estudio histó- 
rico sobre la dominación española, 1894 (en el periódico Renacimien- 
to). Vocabulario de mcxicanismos, Méjico, 1899 (en la portada, 1905 
en la cubierta, post., publicado por su hijo Luis García Pimentel, exce- 
lente obra; llega hasta Gusto, que es hasta donde "dejó arreglado el 
autor".) En las Memorias de la Academia Mexicana, de la cual fué di- 
rector, publicó : La Instrucción pública en México durante el siglo xvi,. 
Discurso sobre las Bibliotecas de Egniara y Beristain, Francisco de 
Terrosas y otros poetas del siglo xvi. El Bach. D. Antonio Calderón 
BenaiÁdes, impresor del siglo xvii, La Grandeza mexicana, de Balbue- 
na (esf. bibliogr.), El Padre Avendaño, predicador del siglo xvii. Pro- 
vincialismos mexicanos, Vida del P. Alegre. Obras de Icazbalceta, Mé- 
xico, 1892-99, 10 vols. Obras (Bibl. Autor. Mexic), cinco vols., 1898. 
1904. Opúsculos varios, 2.* ed., 1905, sobre asuntos históricos ; es el t. I 
de la Biblioteca de Autores Mexicanos, editada por V. Agüeros. Opúscu- 
los varios, t. II de la Bibl., sobre asuntos históricos y Reyertas más 
que literarias, México, 1896. Biografías, t. III de la Bibl., sobre misio- 
neros, obispos, religiosos, etc., 1896. Biografías, t. II, 1897. Biografía 
de D. Juan de Zumárraga, 1897, t. IX de la Bibl. Opúsculos varios, 
t. IV, 1898, t. XIV de la Bibl. Opúsculos varios, t. III, 1898, t. XII de 
la Bibl. Opúsculos varios, t. VIII. Biografías, t. IX. Tomo X: Noti- 
cias de Documentos para la Hist. de Méjico, Doctrina del P. Zumá- 
rraga, Bibliografía. Informe sobre los establecimientos de beneficen- 
cia y corrección de esta capital, póst., 1907 (Docum. hist. de Méj., V)» 

85. Año 1858. Juan de Dios de la Rada y Delgado (1827-1901), 
de Almería, archivero, director del Museo Arqueológico Nacional y 
de La Rev. Universitaria (1856-61), gran arqueólogo y numismático, 
incansable escritor, director del Museo español de antigüedades, iSjy, 
publicó, entre otras obras: Crónicas Catalanas (1858). Viaje de 
SS. MM. y AA. por Castilla, León, etc. (1860). Historia de... Madrid 
(1860-64, dos vols., con Rosell y Amador de los Ríos). Cristóbal Co- 
lón, dr. (1863). Historia de la Orden de María Lídsa en Ordenes de 
Caballería (t. II, 1865). Mujeres célebres de España y Portugal, dos 
vols. (1868). Crónica de la provincia de Granada, en la Crón. gral. de 
España (t. VII, 1869). En el Museo Esp. de Antigüedades 41 mono- 
grafías (ts. I-XI, 1872-80). Paz como hermanos, com. (1876). Anti- 
güedades del Cerro de los Santos (1875). Viaje ó Oriente en la fra- 
gata Arapiles, tres vols. (1876-82). La Academia, ¿-emanario (1877- 
79). Corona ftinebre, á la memoria de la reina Mercedes (con otros, 



252 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

1878). El Amigo del saldado (1881). Viaje de SS. MM. los Reyes de 
España á Portugal (1S83). Ensayo sobre la interpretación de la escri- 
tura hierática de la América Central, de L. de Rosny, trad. (1884), 
con el Manuscrito completo de Diego de Landa y el Manuscrito figu- 
rativo con palabras aztecas escritas en caracteres españoles en el 
año 1526. La Necrópolis de Carmona (1885). Bibliografía numismá- 
tica española (1886). Excursión arqueológica á Uclés, Sahelices y 
Cabeza de Griego... en 1888 (1889). Catálogo de monedas arábigas... 
del Archivo Arq. Nac. (1892). El Centenario, del descubrimiento de 
América, revista (1892). Códice Maya denominado Cortesiano que se 
conserva en el Museo Arqneol. Nac, 1892. Historia de España (con 
Aurel. Fern. Guerra y Ed. Hinojosa), dos vols. La Alcarria en los 
primeros dos siglos de su reconquista (1894). Vclásques, disc, 1899. 
Mosaicos de Hylas (1900). Dos madres y un solo amor, dr. Consúltese 
Narciso Sentenach, en Rev. Archiv., 1901, pág. 638. 

Juan Antonio de Viedma (1831-1869) nació en Jaén, vino de estu- 
<?iante á Madrid, frecuentó el café de la Esmeralda, fué crítico de 
teatros y redactor de cosas amenas en Las Novedades (1858), El Eco 
del País (1862) y La Razón Española (1863-66), firmando Gacela y 
El Bachiller sensible, y estrenó en 1858 la zarzuela El Alférez; pero 
conoció no ser el teatro su vocación y se dio á la lírica tradicional y ro- 
mántica y á la poesía religiosa. Discípulo de Zorrilla, todo imagina- 
ción, brilló por el color, el ritmo, la hipérbole. Fué magistrado en la 
Habana, donde falleció. Publicó Paráfrasis de la Santa Biblia en !a 
Gaceta de Madrid, dirigida por Rafael Baralt ; pero su principal obra 
fué la colección de baladas históricas, que salieron en El Museo Uni- 
versal y otros periódicos, y que luego imprimió con prólogo de Cañete 
y título de Cuentos de la villa, ley. y trad., Habana, 1868, "ramillete 
de lindas flores, prenda segura de la modestia del autor", que dice el 
prologuista. La Fe, poesía (Rev. bspaña, 1868, t. HI). 

El Mosaico, tertulia y famosa revista literaria de Bogotá (1858- 
1870), señala juntamente con el Museo de cuadros de costumbres (1866) 
de la Biblioteca de El Mosaico, la época de mayor fervor literario en 
Colombia. Fué fundada por Eugenio Díaz, y sus principales redactores 
fueron José M. Vergara y Vergara, José Joaquín Borda, Ricardo Sil- 
va, José M. Marroquín y Ricardo Carrasquilla. F.l Mosaico consta de 
cuatro volúmenes. 

8«. Año 1858. Pe.i)ro de Agüero v Sánchez, juez en Santiago 
de Cuba, publicó D. José Antonio Saco, Londres, 1858, 1860. — J. de 
Aguilak publicó Sebastián, poema. Ciudad Real, 1858. — Juan de Sa- 
HAGÚN Ai.ARCÓN estrenó La fortuna en la desgracia, jug. (1858). — 
Frav Mateo Amo, dominico, de los mejores poetas de Filii)inas, sobre 
todo cu la mística, publicó Virgilio traducido, las Bucólicas y Geór- 
gicas, Manila, 1858, buena traducción en verso. Poesías sagradas, 
Manila, 1863. — Anales de Aviles..., Oviedo, 1858-59 (Rev. de Ast.). — 



S. XIX, 1858. MIGUüL COLMEIRO 2 33 

EusEBio Anglora publicó Los Polvos de mi abuelo, nov., Barcelona^ 
1858. — Francisco Aranda y Ponte (i 823- i 856), venezolano, escritor 
castizo, romántico discreto, escribió en prosa y verso, cuya colección 
salió en 1858. — El Arpa rota; Cantos de Jorge, Oviedo, 1858. — M. R. 
Arróniz publicó El Carnaval de Murcia en el año 1854, poema joco- 
serio, Murcia, 1858. — Raimundo Bernal O, de Turmequé (Colom- 
bia), publicó Viene por mí y carga con usted, travesura histórico-no- 
velesca, Bogotá, 1858. — 'Juan de la Cruz Berrio publicó El Viajero 
del Ganges, nov., Madrid, 1585. — ^Eduardo Blanco (n. 183S), de Ca- 
racas, coronel, novelista romántico, de estilo abundoso, varonil y ex- 
presivo, publicó primero en La Tertulia (1875) los cuentos fantásti- 
cos El Número ciento once y Vanitas vanitatuní; después publicó las 
novelas, no menos fantásticas, románticas y efectistas Una noche en 
Ferrara (1875); Zarate, novela, dos vols., Caracas, 1882, 1889; Fau- 
vette. Noches del Panteón, La Casaca del buen tío don Zenón, El 
Cura de Santelmo, Cuentos, Tradiciones épicas y Venezuela Heroi- 
ca (su mejor obra), Caracas, 1883; París, 1911, 1914. — Marcial. 
Busquet publicó El Abrazo de Ver gara, poema en tres cantos, Bar- 
celona, 1858. — José Cándido Bustamante, montevideano, estrenó Un 
celoso como hay muchos, jug., Montevideo, 1858. La Mujer abando- 
nada, dr. (1876). — Benito Canella Meana, periodista asturiano de 
Sobrescopio, publicó poesías y fábulas en la Rev. de Asturias, Oviedo, 
1858-59, y en la Ilustr. Gall. y Ast., Madrid, 1879. — Belén Cepero 
(t 1872), poetisa de Matanzas (Cuba), por seud. La Hija del Yumurí, 
publicó Ayes del corazón. Habana, 1858. Suspiros del alma, poesías 
de la hija del Yumurí, Habana, 1863. Ecos tropicales, 1865. Suspi- 
ros del alma, 1865. Poesías, 1866, dos vols. — ^M. Cerda de Villares- 
TÁN publicó Catálogo general de las antiguas monedas autónomas de- 
España, Madrid, 1858. Catálogo de las monedas arábigo españolas... 
de M. C. de V., 1861. — José Anselmo Clavé (1824- 1874), barcelonés,. 
torero y músico, fundador de los Coros Clavé, gobernador de CasteUón 
durante la República, director de El Metrónomo, Ecos de Euterpe, 
publicó Flores de estío, poesías, puestas en música por él mismo, Bar- 
celona, 1858, 1861. — Juan de la Coba Gómez publicó Amor de la pa- 
tria, dr., Orense, 1858. Gran victoria, ópera, ibid., 1894. Cervantes sol- 
dado, id., ibid., 1894. La Trampitana, id., ibid., 1895. La Toma de Am- 
beres, id., ibid., 1895. Flores del milagro, id., 1895. Cuba es de España, 
ópera, 1895. Criba en España, ópera, Orense, 1895. Razones de ley, dra- 
ma, 1896. — Colección de discursos leídos en las sesiones públicas para 
ia recepción de Académicos de la Historia, Madrid, 185S. — Miguel Col- 
MEiRO (1816-1901), de Santiago, catedrático, entre otras obras botáni- 
cas, publicó La Botánica y los botánicos de la Península. Madrid, 1858. 
Diccionario de los diversos nombres vulgares de muchas plantas ustiales 
y notables del Antiguo y Nuevo mundo, ibid., 1871. Enumeración... de 
las plantas de la Península... y sus nombres vulgares, ibid., 1885-89, 
cinco vols. Indicaciones sobre los nombres vulgares de las plantas, 1891. 



254 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-.T869) 

— Juan Francisco Comas, poeta de Puerto Rico, publicó, á los diez y 
nueve de su edad, Preludios del arpa, Mayagüez, 1858, dos vols. — 
Francisco Copons y Navia publicó Memorias de los años 1814 y 1820 
■al 24, Madrid, 1858. — Luis Cortés y Suaña (t 1901), taquígrafo y 
director del Diario de las Sesiones del Senado, publicó La Cueva de 
Infiesto, poesías, Madrid, 1858. El Magnetismo..., Animal, filfa cóm.- 
lir. (1860). — Francisco Cutanda (1807-1875), madrileño, por seud. 
El de la Navaja, publicó La Lisonja, sátira, Madrid, 1858. El Epigra- 
ma, 1861 (disc. recep. Acad. Esp.). Doña Francisca, nov., ibid., 1869, 
■dos vols. Cándida, nov., 1873 (2.^ ed.). El Teatro de los ciegos, 1873. 
Noticia de la vida y de las princ. obras de D. Severo Catalina, 1873. 
— Manuel Delgado Lara estrenó La Luneta de un titido, com. (185S). 
El Canario y la burra, dispar, cóm. (1860). — Manuel Pedro Delgado 
•estrenó Luchas de amor y deber, dr. (1858). Los Celos de Mateo, jug. 
(con Blas Sierra, 1860). — Cayetano Díaz de Tuesta publicó Mis gan- 
dulerías, poesías, Alicante, 1858. — Ángel Enríquez estrenó La Caba- 
iia, zarz. (1858). — José Fernández publicó Canción chistosa, Barce- 
lona, 1858. — Pamela Fernández de Lande, escritora de Puerto Prin- 
cipe (Cuba), por seud. Rafaela, estrenó Una casa de modas, conL, 
P. Príncipe, 1858. Lea usted, com. Los Artistas, com. (1858). — José 
Julio de la Fuente publicó Paralelo hist.-juríd. entre el Fuero Real 
y el libro de los Fueros de Aragón de D. Jaime I, disc, Madrid, 1858. 
Memorias del Instituto... de Bilbao (1871-72), Bilbao, 1871, en cuyo 
Apéndice se citan los impresores y autores vascos. — Lx)s señores Gar- 
cía González y L.\lama estrenaron A un ardid otro mayor (1858), A 
-caza de un yerno (1860). — Luis García Martín (n. 1833), de Valladolid, 
del arma de Caballería, publicó muchos años el Almanaque Militar 
Español y Manual de teatros (reseña de ellos y de los artistas), 1858, 
r86o. España en África, culpas ó faltas del siglo xviii que paga 
£l XIX, Madrid, 1879. — Eduardo G. Gordón (1838-1879), de Monte- 
video, periodista, dramaturgo y poeta, publicó Hojas del corazón, 
verso?, Montevideo, 1860. Estrenó Desengaños de la vida, dr. (1858). 
La Patria, apropós., 1864. La Fe del alma. El Lujo de ¡a miseria. 
Son comedias imitadas de las españolas. — Vicente Gregorio Aspa 
estrenó Paulina, dr. (1858). — Fernando Guillamas y Galiano, coroneí 
de Ingenieros, publico Historia de Sanlúcar de Barrameda, Madrid, 
1858. — Eduardo Hernández y Ferrer publicó Abrojos de la zñda, 
nov., Madrid, 1858. — Jacinto Labaila y González (1833-1895), de 
Valencia, fué con Querol, Llórente, Pizcueta, etc., de los que desper- 
taron el renacimiento literario valenciano. En castellano estrenó La 
Providencia, dr. Í1863). Ecos de la ju7<cntud, poesías. Valencia, 1864. 
Mesa revuelta, 1866. La Espuela, estudio psicológico-novclcsco, Madrid, 
1873. Las Mujeres en venta, novela, Gerona, 1873. Misterios del co- 
razón, novela, 1876, Poesías serias y jocosas. Valencia, 1877. Para el 
teatro: El Arte de hacerse amar (1858). Jai Nave sin piloto (1861). 
ni Grito de la conciencia (^1862). La Providencia (1863), ¿Me entienda 



S. XIX, 1858. MARIANO PADILLA 253 

usted? (1863). Ojo al Cristo (1864). Los Comuneros de Cataluña 
(1871). La Resucitada (1890). Novelas íntimas, 1896, dos vols. Fundó 
en Valencia Silvina á los veinte de su edad; dirigió el Bolet, Rev. del 
Ateneo de Valencia (1870-71) y La Ilustr. Valenciana; fué redactor 
<le La Opinión, El Diario Mercantil; presidió la sociedad Lo Rat Pe- 
nat. — Pedro Lacasa publicó Vida militar y política del General ar- 
gentino D. Juan Lavalle, B. Aires, 1858. — El Laúd del desterrado, 
poesías patrióticas de varios cubanos, Nueva York, 1858; Habana, 
1903. — Juan N. López de Vergara, catedrático, escribió Curso aca^ 
dérnico de la elocuencia española, póst., Tenerife, 1858. — 'Eleuterio 
Llofríu y Sagrera (1835-1880), de Alicante, doctor en Derecho 
(1860), secretario del Gobierno civil de Huesca, director de El Ál- 
bum de las Familias (1865), escritor sencillo y correcto, ameno é 
instructivo, publicó Azucena, nov,, Alicante, 1858. La Hija del mar, 
iiov., ibid., 1858. La Estrella de Villalar, nov., Madrid, 1861. Castigo 
del cielo, nov., ibid., 1871. La Cruz de los matrimonios, nov. Mar- 
tirio y resignación, nov. Consideraciones históricofilosóficas acerca 
del s. XV. Historia de la insurrección y guerra de la Isla de Cuba, 
Madrid, 1870-72, cuatro vols. El Naufragio del grumete, nov., Ma- 
drid, 1872. Heroísmo de una madre, nov. La Madre de los pobres, 
nov. Tempestades del alma, nov., Madrid, 1873. Física recreativa, 
1873. Gloria, dinero y mujer, nov. Insurrección federal de i8js> 
Madrid, 1873. Maldito dinero, nov., ibid., 1874, dos vols. Para el 
teatro: Un voluntario. La Caridad, com., 1868. Aquí fué Troya, com. 
El Mesías prometido, id. La Azucena, id. Galileo, epis. dram., 1875. 
En Méjico y en Madrid. — Luis Martí publicó Diccionario de la len- 
gua castellana, Madrid, 1858. — José Martínez Monroy (1837-1861), 
•de Cartagena, sólo pudo dar primicias, sentidas y filosóficas, de lo 
-que prometía, aunque la poesía El Genio, en La Crónica (1858), debió 
más su fama á la política que á lo que vale. En La Victoria de Tetuán 
€8 belicoso en demasía. Cantó El Arte, Al telégrafo eléctrico, A la 
Virgen, Lo que dice mi madre. Poesías, Madrid, 1864, con biografía 
por Castelar y comentarios por Hartzenbusch. — ^JosÉ Lino Melero, 
■cubano, publicó El Artista, dr., Habana, 1858. Clementina, trag. (1868). 
—Alvar Méndez de Rivera publicó El Príncipe de Viana, novela 
Jiistórica, Barcelona, 1858. — Isaac Núñez de Arenas publicó Elemen- 
tos filosóf. de la literatura esthetica, Madrid, 1858. Qué se entiende 
por conservación del idioma, 1863 (disc. recep. Acad. Esp.). — Carlos 
OcHOA Y Madrazo (u. 1836), madrileño, hijo de Eugenio Ochoa, por 
seud. Claudio Félix de Guzmán y Un testigo ocular, colaborador de 
La Época, La Commune de París, La Liberté (París) ; corresponsal 
allí de El Imparcial, estrenó Un viaje sentimental (del fr., 1858). El 
Capitán Azul, dr. Un mal padre. Las Colegialas de Saint Cyr. La Loca 
de Londres. Dirigió el periódico madrileño L'Espagne (1866). Publicó 
Antología española, teatro, dos vols., París, 1860-61 ; t. HI, Trozos 
escogidos de los mejores hablistas, Besanzón, 1860. — ^Mariano Padilla 



250 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

(t 1869), médico y catedrático guatemalteco, publicó Apuntamientos 
para la biografía del Sr. D. José Antonio Larrave y Velazco, ibid., 
1858. Ensayo histórico sobre el origen de la enfermedad venérea ó de 
las Bubas..., Guatemala, 1861. — Gonzalo Peoli (1835-1871), de La 
Guayra (Venezuela), en Cuba desde 1849, publicó Poesías, Matanzas, 
1858. — Don Pepito, mozo alcgórico-fantástico..., entretenimientos de 
la época en forma de diálogo, Barcelona, 1858. — Mariano Pérez 
Cuenca publicó Historia de Pastrana, Madrid, 1858, 1871. — Gregorio 
Petano y Mazariegos publicó Viajes por Europa y América, París, 
1858. — Poesías piadosas, Madrid, 1858. — Revista del Pacífico, Valpa- 
raíso, 1858-61, cinco vols. — Vicente Reyna publicó Las Víctimas del 
paso de Quinteros y el genio de la América del Sur, leyenda, Buenos 
Aires, 1858. — Fray Manuel Rivas publicó Idea del imperio de An- 
nam, Alanila, 1858. — Ignacio Casimiro Roca (n. 1838), poeta de Gua- 
yaquil, sentido y tierno, cofundador de El Álbum Literario y de La 
Regeneración. — José María Rodríguez, presbítero, dirigió el Tesoro 
de oratoria sagrada ó repertorio universal de materias predicables, 
Barcelona, 1858, 12 vols. — Manuel Rodríguez Objío (1838-1S71), 
dominicano, ardiente poeta político, emigrado y fusilado. — Joaquina 
Ruiz DE Mendoza publicó Tres tumbas al pie de la cruz, episodio de 
un viaje de recreo, Madrid, 1S58. Colaboró en El Pensamiento (Ba- 
dajoz, 1844). — Fernando Sala estrenó Los Ardides de Jazmui, com. 
(1858). — Luis Sergio Sánchez, director del Instituto de Cáceres 
(1848), publicó Poesías, Cáceres, 1858. — Colección de los escritos del 
Dr. D. Pedro Antonio Sánchez, canónigo de... Santiago, Madrid. 
1858. — O. Santularia y Añoro publicó Biblioteca del cura párroco, 
tres vols., Huesca, 1858. — Emilia Serrano de Wilson (n. 1843-), Ba- 
ronesa de Wilson, granadina, directora en Madrid de La Caprichosa 
y La Nueva Caprichosa, que estuvo en la Habana de 1906 á 1912, 
publicó Las Siete palabras de Cristo, poema, París, 1858. El Camino de 
la cruz, poema, ibid., 1859. Alfonso el Grande, poema hist., ibid., 1860. 
Almacén de las señoritas, ibid., 1860. Manual ó sea Guía de los viaje- 
ros en Inglaterra, Escocia é Irlanda, ibid., 1860. Pobre Ana, ley. hist., 
Madrid, i8ói. La Familia de Gaspar, nov., 1867 (en El Eco Ferrola- 
to). El Ramillete de pensamientos, poesías líricas, 1868 (ibidem). 
Los Pordioseros de frac, nov., Madrid, 1875. Las perlas del corazón 
y aspiraciones de la mujer, Méjico, 1884. Americanos célebres, dos 
vols., Barcelona, 1888. América y sus Mujeres, ibid. (s. a., 1890). Al- 
meraya, ley, árabe, Habana, 1891. Siembra y cosecha, episodios para 
la juventud, Curazao, 1892. América á fin de siglo, Barcelona, 1897. 
El Mundo literario americano, escritores contemporáneos, Barcelona, 
1903, dos vols. Maravillas americanas, dos vols., ibid., 1910. México 
y sus gobernantes desde i^K^ á 1910, dos vols., ibid., 1912. Consúltese 
P.amón Elices Montes, La Bar. de Wilson, su vida y sus obras, Mé- 
xico, 1883. — UiEGO DE Silvia publicó Tratado de oratoria y poética, 
arreglado en forma de diálogo, Madrid, 1858, 1869. — J(jeÉ A. Tavo- 



S. XIX, 1859. GASPAR NÚÑEZ DE ARCE 267 

LARA estrenó Cosas de todos los días, com., Montevideo, 1858. — Te- 
soro de la sabiduría de todos los siglos y países, sentencias, pensa- 
mientos..., por D. R. C, Madrid, 1858. — Telesforo Tuñón y Cañedo 
estrenó Un abrazo de la suegra y un mimo de la mujer, Habana, 1858. 
— Quiteria Varas Marín (1838-1886), poetisa chilena, discipula de 
Mercedes Marin del Solar, su tia, cantó á la caridad é hizo poesías 
elegiacas de suavidad pálida; festiva y donairosa es La Chimenea. — 
Rafael Villalobos y Belmonte estrenó Caza mayor, com., Málaga 
(1858). — ^Manuel Villavicencio publicó Geografía de la república del 
Ecuador, New- York, 1858. — A. Marcelina Vinent publicó Genero-¡ 
sidad musulmana, leyenda, Mahón, 1858. 

87. Año 18 jg. Gaspar Núñez de Arce (i 832- i 903) na- 
ció en Valladolid, donde su padre era empleado de Correos, y 
á los pocos años fué con toda la familia á Toledo, donde se dio 
á conocer, á los c[uince, como poeta, con un drama titulado 
Amor y orgullo, que arrebató á la gente. Desgarróse de la 
casa paterna, como Zorrilla, ganoso de renombre y gloria en 
la corte, donde fué periodista, escribiendo primero en El Ob- 
servador (185 i) y comió corresponsal de La Iberia (1857) 
asistió á la campaña de África (1860). Afiliado á la política 
de la Unión liberal, fué gobernador de Logroño y diputado á 
Cortes por Valladolid en 1865. Después de la Revolución de 
Setiembre, en la cual tomó parte, desempeñó el Gobierno de 
Barcelona, y durante la Restauración ocupó elevados puestos, 
hasta ser ministro de Ultramar en 1883. Fué presidente del 
Ateneo y de la Sociedad de Escritores y Artistas y académico 
de la Española (1874). Gran poeta, escultural y retórico, cere- 
bral y equlibrado, realista y fogoso, de la rama de Quintana, 
á quien no imitó, pero aventajó; no rayó, sin embargo, tan alto 
como Espronceda, Zorrilla, Campoamor y Bécquer. De lo más 
apasionado y vehemente de suyo, á pesar de haber dicho (1864) 
que á los treinta tenía "el alma apagada y fría", alzóse con 
nuevos y no esperados bríos al sonar la Revolución, como poe- 
ta nacional, en cierto modo, educador de pueblos, cantor al aire 
libre entre los grito's del combate, no de las hazañas de héroes, 
como Quintana, sino de las dudas religiosas de su descreído si- 
glo, llorando y dudando á la par con él "entre lágrimas y cie- 
no", viéndolo todo negro y encapotado, no sólo el tempestuoso 
mar de las almas, sino hasta el desastre "de esta España n-joral 



TOMO VIII. 



l58 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

que se derrumba". No aduló á las desgreñadas muchedumbres; 
que en continuos motines iban empujadas á la revolución por 
demagogos poco épicos. Revolucionario él mismo, dudaba, tan- 
to en politica como en religión, al igual de los demás. En ambos 
terrenos fué el poeta de la duda, y, por tanto, verdadero poeta 
nacional en aquellos días en que la nación entera zozobraba sin 
esperanzas en religión ni en política. La revolución aquella, 
menguada y tacaña revolución, al trepar á lo alto del secular 
trono de nuestros reyes, vio debajo de sí el abismo, se le fué la 
cabeza y despeñóse feamente. También Núñez de Arce se es- 
fuerza por dar salida al estado de los ánimos y asoma á veces 
su cabeza por cima de las nieblas de la incredulidad, quiere ser 
espiritualista, desea comprobar lo macizo de las tradicionales 
doctrinas, de la personalidad de Dios, de la inmutabilidad de la 
ley moral, de los derechos de la conciencia, de la responsabilidad 
del hombre, de la verdad revelada, de la persona y doctrina de 
Cristo; pero derrúmbase al punto y torna á zabullirse en la 
negregura de la falta de fe o, por lo menos, de la duda : que "es 
hijo del siglo y en vano se resiste á su impiedad". Este altiba- 
jar de la duda es lo que canta Núñez de Arce en tono alg"ún tan- 
to retórico; pero con un brío tal, que suena á sincero su canto. 
El ropaje escultural poético, de amplios y clásicos pliegues ; la 
soltura del estilo, lo gallardo de la versificación, el dominio 
perfecto de los metros más dificultosos, hacen de los Gritos del 
combate (1875) uno de los libros poéticos más acabados del si- 
glo XIX. Pasada la Revolución de Setiembre, mudó las cuerdas 
de su lira, y según el parecer de los más, con ventaja, convir- 
tiéndose en poeta filosófico y en poeta inspiradísimo y de ex- 
quisito esmero en la forma, ya en la delicada bucólica del Idilio 
(1878;. ya en la romántica volubilidad de El Vértigo (1879) y 
de Hernán el Lobo, ora en el dantesco simibolismo de La Selva 
oscura (1879) y de La yisión de L'ray Martín (1880). ora en la 
imitación de la Ultima lamentación de Lord Byron (1878), des- 
pués en los verdaderos idilios La Pesca (1884) y Maruja (1886), 
y, sobre todf>. en el poema simbólico Raimundo Lulio (1875), 
donde los tercetos de Dante parecen tras]K)rtados por prittKera 
vez á nuestro idioma y la pasión legendaria ele Raimundo y su 
dama nada pierde en fuerza y hermosura al ser velada jxjr el 




[Autores dramáticos contemporáneos, iSSi.") 



S. XIX, 1859. GASPAR NÚÑEZ DE ARCE 269 

simbolismo de la razón y de la ciencia. Rafael Calvo fué leyendo 
o, m¡ejor dicho, fué declamando estos poemas en el teatro con- 
forme los iba componiendo el autor. Como dramaturgo El Laii- 
fel de la Zubia, Herir en la sombra, La Jota aragonesa, etc., fue- 
ron obras que hizo en colaboración con don Antonio Hurtado ; 
propias son Deudas de la honra. Quien debe, paga y El Haz de 
leña. La última es drama histórico y trata el asunto del prínci- 
I^e don Carlos, hijo de Felipe II, ya famoso por los pinceles de 
Schiller, Alfieri y Quintana. Pero si aquellos autores se aprove- 
charon de la leyenda que en su tiempo corría, Núñez de Arce, 
después de descubierta la falsedad de la leyenda, se atuvo al he- 
cho histórico y supo sacar de él, aunque parezca mentira, un 
■drama verdadero, sencillo en el plan, sobrio en el habla, de vi- 
gorosos sentimientos, de personajes bien salientes. No conoció, 
al parecer, el mejor drama histórico español de Jiménez de 
Enciso, El Príncipe D. Carlos, y así no se le puede comparar, 
quedando muy tras él en todo, á pesar de ser El Haz de leña 
el más hermoso drama histórico del siglo xix, 

88. Núñez de Arce pertenece, por sus obras teatrales, al período 
de 1850-70; por sus cantos sociales, al período de 1870-88, y por sus 
últimas obras reg'ionales y descriptivas, á la época regional, que co- 
piienza en 1888, la de Gabriel y Galán, Medina y Rueda. Dícese que, 
fallecido repentinamente el párroco de la Antigua apenas bautizó á 
don Gaspar, quedó sin hacer la inscripción parroquial, y sólo veinti- 
siete años después se sobresanó la omisión por informaciones, y aun- 
que se^^ún ellas, se asentó una partida en que constaba haber .'lacido 
el 4 de Setiembre de 1834, no faltaba quien, como un tío suyo, afir- 
mase corresponder ¡a fecha al mes de Agosto de 1833. Pero después 
se ha dado con la verdadera partida de bautismo, del 6 de Agosto de 
1832 (véase N. Alonso Cortés, Viejo y Nuevo, Valladolid, 1916). Fué 
director en Madrid de El Bachiller Honduras (1850), que tomó des- 
pués por seudónimo; redactor de El Observador (1853), de La Ibe- 
ria, fundada en 1854 y como su corresponsal estuvo en la guerra 
-de África; fundó El Contribuyente ; fué redactor de El Constitucio- 
nal y La Política. Llegó á senador y ministro de la Corona. Colaboró 
en Gente Vieja y antes en La Educ. Pintoresca (1857), Los Niños 
(1870...), El Día, Blanco y Negro, La Ilustr. Esp., La Esp. Moderna. 
En la Rev. España: Revista de política interior (1870-72). Estrofas 
(1870, t. XIII). La Libertad, soneto (1875, t. XLVII). A Lesbia, son. 
(1877, t. LVII). A J avellanos, son. (1878, t. LX). A un hombre irreso- 
luto (1878, t. LXI). M. Pelayo, Crít. litcr., i." serie: "Núñez de Arce 



200 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

pertenece al género de los poetas cizñles, de los que increpan y amo- 
nestan, de los que hacen crujir su látigo sobre las prevaricaciones so- 
cia es, los que imprimen el hierro candente de su palabra en la fren 
te y en la espalda de los grandes malvados de la historia ó de los que 
ellos tienen por tales, pues no se ha de olvidar que el poeta político, 
en nuestros tiempos, no puede menos de ser un hombre de partido, 
con todos los atropellos é injusticias que el espíritu de facción trae 
consigo. Pero este mismo espíritu no cabe sino en almas de temple 
recio y viril, naturalmente honradas y capaces de apasionarse por 
una idea... A pesar de sus méritos dramáticos... es, ante todo, un 
gran poeta lírico...; por las mejores y más sanas partes de su ingenio 
y por las condiciones de la lengua poética que habla es hijo de la es- 
cuela castellana, llamada comúnmente salmantina..., el predilecto 
suyo... Quintana... como hermano gemelo, como hijos del mismo te- 
rruño y educados con las mismas auras. Uno y otro se parecen en 
no mirar el arte como frivolo solaz, sino como elemento educador y 
civilizador de los pueblos. Uno y otro buscan la inspiración, no en 
solitaria estancia, lejos del bullicio, sino al aire libre y á la radiante 
lumbre del sol, entre las oleadas de la multitud y en el fragor inmen- 
so de la batalla, entre trueno de cañones y relampaguear de espadas. 
Uno y otro miran el mundo, no como paraíso de amores ó como de- 
sierto de melancolías, sino como palestra ó circo... Núñez de Arce... 
duda mucho más de lo que afirma y llora sobre lo que destruye... 
Convirtiendo el poeta sus estrofas en hierro estampado sobre la he-» 
rida abierta, levanta en 1870, en medio del triunfo de la Revolución, 
á la cual él servía, el látigo de Juvenal y de Quevedo... El no aduló 
nunca á la licencia desgreñada del motín... Nunca para la maldad 
triunfante tuvo aplauso ni excusa. Su voz austera y robusta se alzaba 
siempre en aquellos tremendos días, como para purificar la atmós- 
fera corrompida por el olor de la sangre y el humo del incendio. La 
conciencia nacional, amedrentada por la insolente tiranía del motín, 
se templaba y vigorizaba con el canto masculino y poderoso de Núñez 
de Arce. Era una tribuna la suya más eficaz que la tribuna parla- 
mentaria... No es exclusivamente poeta político... Es el cantor ofi- 
cial de la duda... Ha puesto N. de A. su musa al servicio de la causa 
espiritualista, inseparable de la causa cristiana, combatiendo con el 
acero del sarcasmo, en estrofas tan fáciles como limpias y gallardas, 
las doctrinas del materialismo evolucionista y afirmando en toda oca- 
sión y con entereza la personalidad de Dios, la iiunutabilidad de la 
ley moral, los derechos de la conciencia, la responsribilidad del ser 
humano y, finalmente, la absoluta necesidad de algún ideal (jue sea 
como la sal de la vida y la impida corromperse miserablemente... Este 
pr>ema de Raimundo Lidio .señala, á mi ver, el apogeo de la gloria 
de N, de A... El señor N. de A., que tantas cuerdas tiene en su lira, es 
también poeta dramático y me complazco en reconocerlo así, por lo 
mismo que voy contra la opinión común y quizá cf)ntr;i la que de si 



S. XIX, 1859. GASPAR NÚÑEZ DE ARCE 26 ( 

mismo tiene formada el poeta. ¡ Cosa singular ! Aquí, donde la hueca 
ampulosidad, llamada lirismo, se enreda eternamente como planta pa- 
rásita al diálogo del teatro... observamos el frecuente contraste de 
que cuando un verdadero poeta lírico, v. gr., Ayala ó N. de A., llega 
al teatro, hace estudio de expresarse Qon austera sobriedad y de po- 
ner en boca de sus figuras escénicas el verdadero lenguaje de la vida... 
Ha hecho un drama tan bueno como cualquier otro del teatro español 
moderno... De las obras que exclusivamente le pertenecen ha colec- 
cionado el señor N. de A. cuatro : Deudas de la honra, Quien debe, 
paga, Justicia providencial y El Has de leña. Las tres primeras..., 
muy bien concertadas y escritas. El autor ha querido caracterizarlas, 
llamando á la primera drama íntimo ó de conciencia; á la segunda, 
comedia de costumbres, y á la tercera, drama de tendencias sociales. 
Pero, salvo leves accidentes, todas tres pertenecen á la manera de 
Ayala 3;^ á una de las maneras de Tamayo ; es decir, á aquel género 
de alta comedia que pudiéramos llamar realismo urbano y ético ó 
moralizador y en España comedia alarconiana... Después de ellos 
podemos nombrar con justo elogio á N. de A., aun reconociendo que 
no es la observación de los vicios y defectos sociales el campo de su 
gloria y que quizá por eso mismo propende á las moralidades generad- 
les y sentenciosas y á los conflictos ásperos como el de Deudas de la 
honra, más bien que al estudio de la infinita variedad de los detalles. 
Resulta de aquí también algo de pálido y borroso que suele haber en 
las figuras... El Haz de leña... Su Felipe II no es ya el monstruo 
apocado y vil de Quintana ni la esfinge monosilábica de Alfieri...; 
personaje noble, simpático y muy próximo á la realidad. El autor le 
ha tratado con cariño." Carlos Arturo Torres, Estudios, 1906, pág. 127 : 
"Heredero de Quintana en el cetro de la lírica española, Núñez de 
Arce, el ilustre poeta que hoy lloran las letras castellanas, fué igual 
á su predecesor en la energía del verbo, en la altura del concepto y en 
el vigor de la inspiración ; no llegó á la épica entonación del primero, 
pero tuvo más que éste la profundidad filosófica, lo impecable de la 
form.a y la intensa nota humana. Representantes uno y otro de los 
conturbados tiempos en que les cupo en suerte vivir, tiene Quintana 
el generoso juvenil entusiasmo de aquellos años de gloria y de lucha, 
de amor á la Patria y de fe en sus destinos superiores ; Núñez de 
Arce, vastago de otra edad de rectificaciones y desengaños, siente 
á las veces que resfría el fuego de su alma nobilísima ese hálito sutil 
del escepticismo político, el más enervante y desolador de los escep- 
ticismos; resuena en las odas del primero el grito de la guerra de la 
Independencia y el doloroso clamor de Trafalgar y Albuera, en tanto 
que en las octavas, tercetos y sextinas del segundo vibra el eco de una 
revolución en que la turbulencia política de los pueblos nada es ante 
la turbación moral de los espíritus. Quintana es simplemente descreí- 
de ó indeferente en religión; el otro, el más moderno, místico de cora- 
zón y racionalista de pensamiento, traduce mejor que otro alguno en 



262 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

nuestra lengua ese íntimo conflicto — drama silencioso de tantas al- 
mas — entre la aspiración blanca que afirma y el análisis negro que 
niega y hace de la duda á la vez el torcedor de su vida y la acerba 
inspiración de sus poemas. Adviértense en Núñez de Arce, como poe- 
ta lírico, tres maneras principales bien caracterizadas: la poesía polí- 
Hca {Gritos del combate), la poesía simbólica y filosófica {Raimundo 
I.ulio, La Duda, que, aunque incluidas en los Gritos del combate, per- 
tenecen ideológicamente á la segunda manera: La Selva obscura, La 
Visión de Fray Martín, Lamentación de Byron, A Darwin, Luzbel, 
Tristezas, Siirsum, etc.), y la que pudiéramos llamar realista en el 
sentido amable de la palabra, familiar y descriptiva {Idilio, La Pes- 
ca, Maruja, etc.) ; podría hablarse de una cuarta, feliz incursión en 
los campos del polvoroso romanticismo, ejercicio de virtuosidad, se- 
gún dice un crítico extranjero, á la cual pertenecen El Vértigo, Her- 
nán el Lobo y Miserere. La poesía subjetiva también le debe notas 
tan sentidas como aquélla, grabada en la memoria de cuantos tuvieron 
la fortuna de leerla una vez: "¿Recuerdas? Cuando en los días..."' Las 
apuntadas modalidades de su poesía se complementan y se implican 
necesariamente para formar esa unidad de su genio imponente y 
coercitivo, cual cumple á un verdadero atleta en el campo del intelec- 
to, conductor de espíritus en una época de formación social, á quien 
las influencias ambientes y la mental conformación le vedaron el refi- 
namiento exquisito y que tuvo muchas veces que subyugar los fueros 
del reino interior á las necesidades supremas de la propaganda y de la 
acción... Núñez de Arce estaba en la plenitud de su vigor cuando es- 
talló la revolución de 1868; quería para su país la conquista pacífica 
y firme del derecho, y aspiraba á la razonada y segura emancipación 
de sus compatriotas. Cuando principió el fermento precursor de lo 
que para él era funesto y delirante extravío en vez de reclamo enér- 
gico y severo del derecho, tuvo para su patria un amargo reproche y 
una inmisericorde reprobación... Ante la ceguedad ó ante el criminal 
extravío de una sociedad empujada al abismo por los más inicuos in- 
tereses; ante el escamoteo que de los más sacrosantos ideales se hace 
para prender la discordia y perder á la patria ; cuando la razón es 
escarnecida y la justicia vilipendiada; cuando sólo hay aplausos para 
el agitador ó para el explotador de las malas pasiones de los pueblos 
y sambenitos para quien solitario é inerme defiende los fueros de la 
verdad ; cuando esto sucede, decimos, es imjiosiblc que no estalle fiera 
la indignación del ])uct:i en cláusulas de fuego, á manera de estigmas 
sobre las frentes culpadas. Liberal de la más genuína escuela, por más 
que fuera partidario de la forma monárquica de gobierno, su amor a 
la "Diosa de blanca túnica ceñida" que veía en sus sueños juveniles, 
le llevó á condenar de mo<lo resuelto la licencia y la revuelta, que 
en España, como en otras j>artes, usurpan el nombre de la libertad y 
profanan sus aras sacrosantas. Nunca se escucharon en los ámbitos 
del habla castellana acentos más vibrantes, más robustos, más valero- 



S. XIX, 1859. GASPAR NÚÑEZ DE ARCE 203 

soí ; nunca tampoco poeta alguno influyó de modo más decisivo en el 
alma nacional. ''Su tribuna, dice Menéndez Pelayo, era más eficaz 
'que la parlamentaria." Reconocemos la honradez de su actitud y 
aplaudimos la solidez de su criterio sereno en días de universal fre- 
nesí, por más que no compartamos sus puntos de vista monárquicos, 
á los cuales sirvió con desinterés y valor. Llevado por su imperativo 
categórico á servir á la libertad, creyó que el modo más directo de 
hacerlo era combatiendo la guerra civil. Encargado de redactar el 
manifiesto del 16 de Octubre de 1868, en el cual el Gobierno provisio- 
nal consignó sus proyectos de reforma, comenzó allí mismo su pro- 
paganda antirrevolucionaria, que continuó en sus poesías y cuya re- 
sonancia fué extraordinaria; con la mira de conjurar la guerra civil, 
contribuyó á dar el falso paso de la proclamación de Amadeo de Sa- 
boya: tres años más tarde y seis días antes de la abdicación del rey 
italiano murió Ríos Rosas; Núñez de Arce escribió su famosa elegía 
En la muerte de Ríos Rosas, de la que manos desconocidas tiraron 
más de doscientos mil ejemplares y que es una página llena de amar- 
gura, de elocuencia y desolación. En toda esa revuelta época sus es- 
trofas eran arietes; sus cantos, gritos del combate, de un combate 
solitario y sin tregua, en el cual, á nombre de la libertad, atacaba sin 
miedo el fanatismo secular y el absolutismo, que han envilecido á 
España, y en nombre de la civilización se enfrentaba á las turbas en- 
loquecidas por la pasión política. "Desafiando el contrario clamoreo", 
el poeta mostraba el efecto liberticida de la violencia y el desorden, 
que es el de dar nacimiento 

"...Al tirano providencial; 
Que también tiene, como las fieras. 
Sus domadores la humanidad." 

Ardiente como Tirteo y severo como Tácito, no ceja un punto en su 
propaganda contra los excesos de la revolución, cuando ser revolu- 
cionario era la moda universal. La reacción prevista por el poeta 
— quien nunca como en esta ocasión mereció el nombre de vate — se 
cumplió fatalmente, y tras breve ensayo de República, volvió el pue- 
blo, incapaz de fundar la libertad é inmerecedor de ella, á erigir "el 
"trono secular de Recaredo..." Los Gritos del combate son la obra 
de un poeta de España ; los poemas filosóficos son lia obra de un poeta 
de la humanidad. En la profunda concepción bíblica aparece la Madre 
de los hombres seducida por el deseo, que será el aguijón sempiterno 
de su raza, tendiendo la mano al árbol de la ciencia, que por desgra- 
cia "no es el árbol de la vida..." Este drama de todos los tiempos agi- 
ta y conmueve el alma del poeta y de ese espasmo angustioso brotan 
dos de las creaciones más notables de la literatura castellana, Raimun- 
do Lulio y La Visión de Fray Martín." Núñez de Arce : "En la Ultima 
lamentación de Lord Byron he procurado probarme en el tono épico, 



264 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

tal como creo yo que debe ser en nuestra época ; en el Idilio he intenta- 
do penetrar en el seno de esa poesía íntima, familiar, patética, que se 
desarrolla al calor del hogar y en la dulce serenidad de la Naturaleza; 
en La Selva oscura he pretendido velar mi pensamiento, sin hacerle 
incomprensible, en los misterios de la alegoría y del simbolismo; en 
La yisión de Fray Martín, de la cual el público sólo conoce el primer 
canto, he deseado, bajo íorma serena y grave, unir lo fantástico y lo 
sobrenatural á lo real y trascendente, y en El Vértigo predominan ex- 
clusivamente el carácter legendario y la forma popular, para lo cual 
le he escrito en el metro del pueblo." J. V'alera, Poesía... siglo xix, 
I, pág. 229: "Su inicial inspiración es subjetiva casi siemipre. Lo que 
escribe es conversación interior y examen de conciencia antes de ser 
discurso, cuya sinceridad está siempre patente; sus dudas, los proble- 
mas que plantea y cuya solución busca; sus recelos y temores y sus 
elevadas esperanzas, suelen ser trascendentales ; sentidos con mayor 
ó menor profundidad y comprendidos con lucidez más ó menos clara, 
agitan el espíritu de casi todos los hombres pensadores, nuestros con- 
temporáneos. Las composiciones amatorias de Núñez de Arce son, 
por cierto, muy bellas. ¿Quién no lo reconoce y confiesa al leer el 
Idilio? La du'lce melodía que en sus cantos pone el amor de la mujer 
se desvanece, con todo, y deja de oírse, perdiéndose en la enérgica re- 
sonancia que dan á su voz y á su lira otros menos personales pen- 
samientos y pasiones. El amor de la patria, el anhelo de libertad y de 
progreso para el humano linaje y la aspiración constante á la verdad, 
á la hermosura y al bien infinitos, son el perenne é inexhausto venero 
donde recoge este poeta el licor delicioso y salubre con que deleita y 
conforta las almas, ofreciéndole en áurea copa que su rica imagina- 
ción y su arte esmerado forjan y esmaltan. La duda y el temor que 
asaltan á menudo al poeta acaban siempre por disiparse ó más bien 
se convierten en afirmación y en esperanza. En ninguna de sus obras 
brilla más esta esperanza y aparece esta afirmación más segura é 
inquebrantable que en los últimos versos que ha dado á la estampa 
con el título de Sursunt corda. En ellos exclama el poeta: "¡Lejos de 
"mí la torpe incertidumbre !" Brinda á su patria, abatida y triste, bál- 
samo de esperanza y consuelo, y prorrumpe en un himno eucarístico 
á la procidencia de Dios, combinado con alegres vaticinios y con so- 
noras alabanzas á la civilización europea. Antes de alcanzar y de can- 
tar victoria, el poeta, sin embargo, ha vacilado y combatido mucho. 
Las quejas, las diatribas, las sátiras y los anatemas contra la incredu- 
lidad, los vicios y los pecíidos de la edad presente han precedido al 
hermoso ex^inicio en que casi sin restricción la glorifica, profetizando 
venturas y triunfos mayores. Incotulicionalmente, con tal de que se 
crea y se espere en Dios, el poeta confía en la constante ascensión 
del humano linaje, aunque en su marcha progresiva salte por cima 
de antiguas y venerandas doctrinas é instituciones... Cuantos son los 
problemas religiosos, filosóficos, sociales y políticos que interesan 



S. XIX, 1859. JUAN PALOU Y COLL 265 

hay á la humanidad, agitan y enardecen su alma; y él, con lealtad 
y franqueza que le salvan de la inconsecuencia, y la explican, y la 
justifican, y hasta la hacen merecedora de aplausos, ya que no los re- 
suelva, los presenta á nuesitra consideración en resplandecientes y 
atrevidas imágenes y en versos sonoros, correctos y casi siempre so- 
brios.-' 

La Cuenta del zapatero, comedia, 1859. ¿Quién es el autor?, come- 
dia, 1859. ¡Cómo se empeña un marido!, comedia, 1860. Deudas de la 
honra, drama, 1863. Ni tanto ni tan poco, comedia, 1865. El Laurel 
de la Zubia, drama (con Antonio Hurtado), 1865. Santo Domingo, 
1865. Herir en la sombra, drama (con Hurtado), 1866. La Jota ara- 
gonesa, drama (con id.), 1866. Quien debe, paga, comedia, 1867. Jus- 
ticia providencial, drama. El Haz de leña, drama, 1872. Entre el al- 
calde y el rey, zarzuela (música de Arrieta), 1875. Gritos del combate, 
poesías, 1875. Raimundo Lidio, poema, 1875. Discurso en la Acad., 
1876. Ultima lamentación de Lord Byron, poema, 1879. Un idilio y 
una elegía, 1879. La Selva oscura, poema, 1879. El Vértigo, poema, 
1879. La Visión de Fr. Martín, poema, 1880. Hernán el Lobo (i." pte. 
en El Liberal), 1881, 191 1. La Pesca, poema, 1884. Maruja, poema, 
1886. Miscelánea literaria, 1886. Discurso de la Exposición lit erario- 
artística, 1887. Discurso sobre el regionalismo en el Ateneo, 1886. 
ídem sobre la lírica, allí mismo, 1887. Discursos del Congreso litera- 
rio hispano-americano , 1892. Poemas cortos, 1895. Sursum corda, 
poema, 1900. Sandio Gil, novela, 1901. Luzbel, i.^ pte. (en El Liberal). 
La Sombra de César, tragedia (trad. de Víctor Balaguer). La Primer 
hoja del álbum, 1901 (en Esp. Mod., En.). Sus obras son las que más 
ediciones han alcanzado, traduciéndose a'l francés, portugués, inglés, 
alemán, sueco, holandés y húngaro, hasta en latín puso El Vértigo don 
Miguel de Robles Alabern. En castellano, sus libros de versos han te- 
nido más de 400 ediciones en España y América, más unas 200 frau- 
dulentas. Gritos del combate, Madrid, 1875, 1885, etc. Poesías comple- 
tas, New-York, 1884. Miscelánea literaria [contiene Recuerdos de la 
guerra de África'], Barcelona, 1886. Consúltense: señora doña E. Par- 
do Bazán, Retratos y Apuntes literarios (Obras completas, t. XXXH, 
págs. 63-82) ; don José del Castillo Soriano, Núñez de Arce, Madrid, 
1904; M. Pelayo, en Autores dramáticos contemporáneos, t. H, pá- 
ginas 293-317; J. Valera, Revista Europea, 1875, t. IV, n. 60; Eduard 
Lidfords, G. N. de Arce, en Nordisk Tidskrift (1905), págs. 510-526; 
Narciso Al, Cortés, Viejo y Nuevo, Valladolid, 1916; J. J. Lizasoaín, 
A'^. de Arce como dramático, 1913 (en Estudios de Deusto, Bilbao) ; 
Ezio Levi, La leggenda di Don Carlos nel teatro spagnuolo del Sei- 
cento, 1913 (Rev. d'Italia, anno XVI, vol. I, 855-913). 

89. Año 18 jp. Juan Palou y Coll, poeta mallorquín, es- 
trenó en 1859 ^1 vigoroso cuadro histórico La Canipoiia de la 



266 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Abmidaina. qnc (lió el último y magnífico son romántico, y en 
el cual retiñe el amor maternal y paternal. Fué tanto ó más 
aplaudido que El Trozador y Los Anuuitcs de Teruel y vale 
más que ellos por el sentimiento, los personajes y la originali- 
dad ; pero las grandes esperanzas que el público concibió del 
jo\-en autor quedaron casi desvanecidas. Sólo compuso después 
La Espada y el laúd (1865). drama desleído y oscuro, y Don 
Pedro Puñalet, dr., Palma, 1900. Consúltese J. L. Estelrich, 
Biografía de D. J. P. y C, Palma, 1907; y Págin. mallorqiiinas, 
1912. 

Teodoro Llórente y Olivares (1836-1911), de Valen- 
cia, por seud. J^alentino, director de Las Provincias (1865), 
La Opinión (1861) y El Panorama (1868-70), Vlióse á conocer 
desde 1861 por sus poesías valencianas, contribuyó al renaci- 
miento literario catalán con Rubio y Ors, Aiguiló, Aribau, Ba- 
laguer y \^icente W. Querol, su compañero inseparable. Fué 
con él y con José M." de Torres nombrada Mayoral en los 
Juegos florales de Barcelona (1868) y uno de los fundadores y 
alma de la Academia valenciana Lo Raí Penat (1878). Dio le- 
vantados alientos á la cultura valenciana y catalana, uniéndolas 
fraternalmente y dentro de la cultura española, subordinando 
el amor á la patria chica al de la patria grande. Sus obras re- 
crean el ánimo, dándole esfuerzo para todo noble anhelo. Fué 
coronado en 1909 y era Mestre en gay saber. Descolló en la 
poesía castellana y en la valenciana como poeta correcto y ma- 
duro, de exquisito gusto, de blanda mehxlía. Tradujo á nues- 
tro idioma como nadie en el siglo xix, aclimatando discreta- 
mente en nuestro parnaso las mejores flores de los parnasos 
ajenos. Pero su alma poética entera se halla en los versos va- 
lencianos del Llibret, sobre todo en La Barraca. 

Amos de Escalante y Prieto (1831-1902), santanderino, 
])or seud. Jtian García (su propio y antiguo aixillido), de gran 
cultura, licenciado en ciencias y académico de la I'^spañola y de 
la Historia; jujeta enamorado de la Montaña y conocedor de 
todos sus rincones geográficos é históricos, comenzó á escribir 
en La Tertulia, vivió en Madrid algunos años y se retiró á su 
tierra. Conocía bien el latín y varios idiomas modernos. Pro- 
sista y poerla culto para cultos, cantó como pocos el mar. A ve- 



S. XlX, 1859. AMOS DE ESCALANTE 267 

ees cae en oscuridades por el afán de expresar el pensamiento 
con novedad. Poeta muy septentrional, amigo de lo vago y su- 
gerente ; en la form(a mjuy atildado. 

90. T. Llórente: Poesías selectas de Víctor Hugo, 1859. El Cor- 
sario, de Byron, 1863 (con Querol). Zaida, de Voltaire, 1868. Leyen- 
das de oro, poesías de los principales autores modernos, 1875. Amo- 
rosas, poesías de los principales autores modernos, 1876. Viaje de 
S. M.... á... Levante..., 1877. Cartas sobre las dos últimas Exposi- 
ciones... de París, 1879. Fausto, de Goethe, 1882, 1905. Poesías de 
Heine, 1885. Llibret de versos, 1885. Fábulas de La Fontaine, 1885. 
Valencia, dos vols., 1887-89. Non llibret de versos, 1902. Poesías 
tríades, 1905. Poetas franceses del s. xix, 1906. Leyenda de oro, 2." 
serie, 1908. Versos de la juventud, 1909. Nueva antología de poetas 
franceses modernos (inédita). Florilegio de sus poesías, Barcelona^ 
1909. En Esp. Mod. : El Movimiento literario en Valencia en 1888 
(1889, En.). Epistolae et Orationes R. P. Josephi Reigii S. J. (1889, 
En.). Las Letras en Valencia durante i88g (1890, Febr.). Flores im- 
puras, poes. (1890, Abr.). Durante el sitio de París, poes. (1891, En.). 
En el jardín, poes. (1891, Febr.). La Delicada, poes. (1891, Marz.). 
Del apéndice al intermezzo, poes. (1891, Mayo). Noche en la playa,, 
poes. (1891, Jul.). De ultratumba, poes. (1892, Abr.). El Alma última, 
poes. (1909, En.). Introito, poes. (1909, Febr.). La Bendición, poes, 
(1909, Abr.). Los Nenúfares, Hacia el pasado. Las tres doncellas,, 
poes. (1909. Mayo). A una joven árabe, poes. (1909, Jun.). Los Dioses 
de Grecia, poes. (1909, Ag.). En el cementerio de Arroiv, poes. (1909,. 
Set.). Himno al sol (1909, Oct.). Paseo, poes. (1909, Nov.). In deserto,, 
poes. (1909, Dio.). Visto al pasar (1910, En.). La Muerte del mono 
(1910, Febr.). La Alborada (1910, Marzo). Momentos deliciosos (1910, 
Abr.). El Poeta moribundo (1910, Mayo). Ella (1910. Jun.). El Casti- 
llo junto al mar (1910, Jul.). Al levantarse en el campo (1910, Ag.). 
El Tiesto de flores. Noche de nieve (1910, Set.). La Campana rajada,. 
Aparición (1910, Oct.). Improvisación en la Gran Cartuja, A una mu- 
jer (1910, Nov.). Diamante del corazón, La Flor del espino y la estre- 
lla (1910, Dic). Consúltense: Juan Navarro Reverter, T. LL, su vida 
y sus obras, Barcelona, 1909; José Sanchís Sivera, Notas á la obra 
Teodoro Llórente, por J. N. Reverter, Barcelona, 1910; ídem Biogra- 
fía del Excmo. Sr, D. Teod. Llórente, Valencia, 1912; Juan Pérez de 
Guzmán, en Esp. Mod., 191 1; Lo Ral Pcnat (Julio de 191 1); E. Méri- 
mée, en Bull. Hisp., t. XIII (1911); Juan Maragall, D. T. Llórente, 
1909 (en Cultura Esp., págs. 543-44). 

M. Pelayo, Crít. liter., 5.' ser. (1908), pág. 423: "Pintor idealista, 
rico en ternuras y delicadezas, que ha envuelto aquel paisaje en un 
velo de suave y gentil poesía... Amos Escalante, autor de Costas y 
Montañas y de Ave Maris Stella, dos libros que pasarán por clásicos 



268 l'RIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

cuando los españoles volvamos á aprender el castellano." Id. 4." ser. 
(1907), pág. 187: "Su alma de poeta lírico quedó estampada en sus 
versos y en su prosa...; cuanto trazó su pluma está envuelto en una 
atmósfera lírica y líricamente interpretado, en la más alta acepción 
que puede tener esta palabra lirismo. La observación es en él precisa 
y exacta, como de hombre graduado y experto en Ciencias naturales; 
fidedigna la notación del detalle pintoresco ; y, sin embargo, lo que 
en nuestro gran Pereda es cuadro de género, tocado con la franqueza 
y brío de los maestros holandeses y españoles, es en A. E. vaga, mis- 
teriosa y melancólica sinfonía, que sugiere al alma mucho más de lo 
que con palabras expresa... En su arte era Juan Garda un anacoreta, 
un solitario..., trabajaba á hurto de sus amigos...; había puesto tan 
alto su ideal artístico, que siempre creía estar remoto de la perfec- 
ción... Así se engendró en él aquella superstición de la forma... Esta 
dura labor ocupó los mejores años de su vida... Como era cristiano 
y era poeta y nació en una era crítica y terrible para el pensamiento 
humano, tuvo que soportar, como todo hijo de Adán, grandes y espi- 
rituales dolores..., tuvo que luchar con las insidias del error y con 
las propensiones de nuestra naturaleza caída, saliendo victorioso, 
pero desgarrado, de la lucha. Xo es maravilla, pues, que su voz venga 
empapada en lágrimas y que haya más tormentas y brumas en su poe- 
sía que días serenos y auras bonancibles. No fué, ni pudo ser, poeta 
popular, sino esencialme-nte aristocrático, como lo era su teniperamen- 
to. Cantó para pocas y selectas almas; pero en su apartamiento y so- 
ledad estética no hubo ficción ni alarde ni impostura... La Naturaleza 
no le había negado ninguna condición de escritor, salvo acaso cierta 
desenvoltura, resolución y firmeza que impera y subyuga á todo gé- 
nero de lectores. Pensaba y soñaba juntamente y al velarse sus pen- 
samientos con las sombras del ensueño, no podían ser enteramente 
diáfanos. Impone saludable atención al que lee; pero nadie dirá que 
esto sea un demérito. Puede serlo la falta de precisión á veces, cierta 
especie de niebla que envuelve los contornos de sus figuras, lira poe- 
ta lírico aun escribiendo en prosa, y lo era de especie muy sutil y 
etérea, más musical que gráfico... La densidad de su prosa, que no es 
defecto, sino exceso, tenía sus hondas raíces en una cultura de las 
más vastas y más sólidas que en escritor español he visto.... consumado 
latinista..., las literaturas inglesa é italiana..., un sello de grave<lad y 
madurez, que, naturalmente, es mayor en las últimas (obras) ; pero 
que no falta ni siquiera en los versos y en los libros de viajes." En- 
rique Menéndez y PelayO; De Canfahria (1890), pág. 15: ^'Juau Gar- 
da es un caballero antiguo, en todo cuanto este adjetivo tenga de en- 
comiástico. Español hasta el fondo de su alma, en ella guarda todas 
las energías y respetos de los españoles de antes — de los españoles, 
que se pudiera decir sin más aditamento — ; su piedad profunda, su 
moral austera, su hondo amor y nunca quebrantada obediencia del 
hogar, aquella cortesía con los viejos y los sabios y rendimiento con 



S. XIX, 1859. EDUARDO DE PALACIO 269 

las damas, rendimiento y cortesía llenos de respeto y que no nacen en 
los labios, sino adentro, sin que hagan los labios otra cosa que ves- 
tirlos, al pasar afuera, con dicción noble y correcta, tan lejana de la 
afectación cuanto de la vulgaridad. Tanto como español es monta- 
ñés : apegado al solar como la idea al cerebro en que nace ; pagado al 
alto linaje de que viene, no para otra cosa que para no oscurecerle y 
para probar con obras y pensamientos cómo se funda en algo el res- 
peto de las gentes á un apellido, á un escudo, á una casa; prendado 
de su tierra, no con amor irreflexivo y ciego, sino avivador del alma 
y los ojos, que no lleva á escarnecer la ajena, sino sólo á elogiar la 
propia y poner en su servicio lo mejor del pensamiento y del corazón.'* 
Escalante escribió artículos en El Día, La Época, La Iliistr. Esp., 
Bol. de Comercio, El Atlántico, La Tertulia, Rev, Cántahroasturiana. 
La Torre de Caicedo, romance (en el Semanario Pintoresco, 1859). 
Del Manzanares al Darro, relación de viaje, Madrid, 1863. Del Ebro 
al Tíber, recuerdos, ibid. 1864. Costas y montañas, libro de un cami- 
nante, ibid., 1871. En la playa, acuarelas (Marina, Un cuento viejo. 
Bromas y veras, A flor de agua, La Luciérnaga) , ibid., 1873. Ave 
Maris Stella, historia montañesa del s, xvii, ibid., 1877. Poesías, San- 
tander, 1890 {Marinas, Flores, En la Montaña) ; Madrid, 1907, con 
pról. de M. Pelayo. 

91. Año 1859. José Picóx (i 829- i 873), madrileño, arqui- 
tecto, redactor de El Clamor Público, estrenó varias zarzue- 
las, aplaudidas, sobre todo Pan v toros, con música de Bar- 
bieri, llena de ingenio y vida, con no poco de dramático y mu- 
cho interés. 

Bernardo López García (i 840- i 870), de Jaén, se dio á 
conocer como poeta en su oda Al Asia, publicada en La Discu- 
sión, de Madrid, 1859, donde fué estudiante y colaborador de 
El Eco del País, hasta que, vuelto á Jaén, se casó (1864), y pu- 
blicó sus Poesías, Jaén, 1861, 1867, 1880, 1882, 1908 La polí- 
tica le im-pidió perfeccionarse en el arte ; pero son muy notables 
sus populares y fogosas décimas, irresistiblemente arrebatado- 
ras, á pesar de sus defectos, Al Dos de Mayo, que todo espa- 
ñol conoce, y hermosa composición la del Día de difuntos. Se- 
ñalóse por el arrebatado fuego y la fantasía, que dio á veces 
en la hinchazón y aun gongorismo, como buen andaluz de 
ca.'-ta. 

Eduardo de Palacio y Huera (" 1900), por seudónimos 
Sentimientos, Gansee o y Sultán, redactor de El Globo, El Pe- 
rro Grande (1875), El Resumen, El Imparcial, Anuario tan- 



270 PRIMER PERÍODO DE L.^ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

riiw de 1883. Madrid Cómico, comenzó siendo bailarín, luego 
novelador por entregas, publicando El Corazón de un bandido 
y Diego Corrientes; fué saladisimo revistero de toros con la 
expresiva y pintoresca manera de decir de toreros y gente afla- 
mencada, y con Luis Tabeada, escritor festivo de El Imparcial; 
trabajó deinasiado y falleció joven y sin recursos. 

Luis Rodríguez Velasco (n. 1839), de Santiago de Chile, 
colaborador de La Semana (1859), La Vos de Chile (1862), 
redactor de El Charivari y La Linterna del Diablo; traductor 
del Rui Blas de Hugo y de los proverbios teatrales de Musset : 
estuvo dos años en Lima (1865) y, vuelto, publicó un tomo de 
Poesías líricas,, 1868, 1909 y Por amor y por dinero, Santiago, 
1869: la mejor comedia nacional de Chile, uno de los aconte- 
4.imientos teatrales más ruidosos, exageradamente aplaudida 
por la critica y hasta parodiada y puesta en solfa. Fué ix)eta 
lomántico y popular, fresco, colorista y correcto, muy reco- 
mendable, además, por la pureza de su alma y por su cultura. 
Hojas secas es del género sentimental erótico y de lo mejor de 
sus mocedades. Patrióticos y briosos son los cantos á La Es- 
m-eralda y al Combate del 21 de Mayo. Obras poéticas, Santia- 
go, 1889. Poesías completas, ibid., 1909. En Esp. Mod. : El 
Boojnrang, poes. (1891. Nov.), 

92. José Picón estrenó El Solterón, tipo cómico (1859). La Gue- 
rra de los sombreros (1859). Memorias de un estudi-ante, zarz., con 
música fie Oudrid (1860). Un concierto casero, sain. lír. (1861). Anar- 
quía conyugal, zarz. (1861). La Isla de S. Balandrán, zarz. (1862). La 
Corte de los milagros, com. (1862). La Doble vista, zarz. (1863). El 
Medico de las damas, zarz. (1864). Pan y toros, zarz., prohibida ton- 
tamente en 1867, cc:no si fuera revolucionaria, que no lo era, y si 
Síílo dejaba malparada la corte de Carlos IV. Gibraltar, zarz., 1890. 
Palco, modista y coche, com. (1867). Los Holgazanes, zarz. Entre la 
espada y la pared. Consúltese Jac. Oct. Picón, Prohibición de "Pan 
y ioros'\ 1917 (en Rev. Hisp., XL). 

Ed. Palacio: Las Siete palabras, en verso, 1867. España desde el 
primer Barbón hasta la revolución de Setiembre, Madrid, 1868, cinco 
vols. El Garbanzo, cuadros históricos contemporáneos, 1875. El Fraile 
del Rastro, cuadros de costumbres, 1HH6. Cuadros vivos á pluma y 
á pelo, 1891. Adán y Compañía, cuculros históricos, i8<)2. Para d tea- 
tro: La Dama incógnita, jug., 1859. Mi mujer y el vecino, com., 1860. 
Los Amantes de Rosita, 1876. Callos y caracoles, 1877. El León casero, 
jug., 1883. Pensión franqaise, estudio al natural, 1885. 



S. XIX, 1859. NICOLÁS AVELLANEDA 27I 

93. Año i8¿g. Antonio Cav anilles y Centi (1805- 
1864), coruñés, por anagrama Nicasio Antón Valle, estudió 
(1814) Leyes en M'adrid y Alcalá y con Alberto de Lista Hit- 
manidades, abogó después en la corte; fué censor de teatros 
Í1851-185Ó), académico de la Historia (1841) y de Ciencias Mo- 
rales y Políticas, y entre otras obras publicó unos preciosos Diá- 
logos y la Historia de España, cinco vols., Madrid, 1860-63, 
que llevó hasta Felipe III y no pudo acabar por su fallecimien- 
to. De juicio atinado y claro, serena imparcialidad, estilo con- 
ciso y expresivo, ceñido y brioso, lleno de color, de espíritu in- 
vestigador, lenguaje elegante y castizo, es Cavanilles, después 
de Mariana, el que mejor supo dar el tono conveniente á la 
historia general y su obra, aunque menos prolija que otras, la 
mejor que tenemos escrita. 

José Gómez de Arteche (182 i- 1906), madrileño, acaba- 
dos (1840) sus estudios en el colegio de Artillería, llegó á ma- 
riscal de Campo (1877) y fué retirado por edad. Dióse á la 
Geografía é Historia de España, siendo de los autores más ce- 
lebrados del siglo XIX entre los escritores militares de estos 
asuntos. Formó el itinerario de Madrid á Andalucía (1848), el 
de Aran juez á Talavera (1850) y otros varios. Redactó la 
Asamblea del Ejército (1859-67). 

Mariano Pardo de Figueroa (n. 1828-), de Medina Sido- 
nia por seud. El Doctor Thebusseui, AI. Droap y Un mal ta- 
garote, cuyos trabajos sobre philatelia le valieron el título de 
Cartero honorario de España é Indias, abogado, eruditísimo, 
castizo y regocijado escritor, ha publicado en cortas tiradas 
un sinfín de curiosos escritos, de los cuales á no pocos han res- 
pondido otros autores, acerca de cuestiones filológicas, demo- 
sóficas, filatélicas y literarias. 

Nicolás Avellaneda (i 837- i 885), de Tucumán, en Bíne- 
nos Aires desde 1857, redactó con Cañé el viejo El Comercio 
del Plata y escribió, sobre todo, en El Nacional (1859-61). 
Gran estadista, periodista y político, llegó á ser presidente de 
la República (1874-80). Prosista cuidadoso del estilo, con pun- 
tas de retórico y académico, de período breve y numeroso, so- 
brio y firme, sentencioso y claro, es considerado como el me- 
jor orador de la Argentina. De los doce tomos publicados de 



272 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

SUS obras (B. Aires. 191 o), en que hay no poco improvisado, 
se han entresacado Escritos literarios, B. Aires, 191 5, con in- 
troducción de Alvaro Mehán Lafinur. Acaso su mejor obra 
son los Estudios sobre las leyes de tierras públicas (18Ó5 ?) y su 
ensayo sobre Rivadavia. Estrenó Qué dirá la sociedad y Li- 
niers, con buen suceso. 

Manuel Ossorio y Bernard (i 839- 191 3), de Algeciras, 
padre del abogado Ossorio y Gallardo, escritor estimable, gran 
trabajador, escribió mucho en periódicos y no pocas obras, pe- 
dagógicas las más y para los niños, en prosa y en verso. So- 
bresalió como pintor satírico de costumbres, benévolo y culto, 
sin saña, con fina observación de ía realidad y amena y popular 
expresión y lenguaje. 

Manuel M." Madiedo (181 5-1 888), de Cartagena de In- 
dias (Colombia), fecundo polígrafo, de talento brillante, aun- 
que desigual, conservador y gran defensor del catolicismo, y 
que, sin embargo, odiaba á los hijos y nietos de españoles, acha- 
cándoles las guerras civiles y cuantos crímenes y desgracias 
sucedían en América. Escritor medio en francés de páginas 
elocuentes sobre cuestiones sociales y autor de la oda Al Mag- 
dalena, notable por su naturalidad y sencillez, y de la tragedia 
Lucrecia ó Roma libre, que escribió á los diez y nueve de su 
edad. 

94. Pedro Madrazo, Necrolog. de A. C. y C, 1864: "Todas las 
dotes de un gran historiador las reunió Cavanilles : juicio claro, im- 
parcialidad severa, estilo conciso y expresivo, conocimiento profundo 
de los hechos y de los sucesos que narraba, espíritu investigador que 
le permitía desenvolver en todas sus consecuencias los acontecimien- 
tos de que era cronista ; todo esto y algo más se admira en la Historia 
de España de don Antonio Cavanilles. Hay en ella trozos que compi- 
ten con los de Tácito, trozos que no sólo revelan al escritor castizo y 
elegante, sino al profundo pensador." A. Cavanilles: El Libro de mis 
hijos ó colección de noticias científicas y literarias para uso de la 
juventud, por D. A. C. y C. (124 págs.), Madrid, 1841. Memoria sobre 
el Fuero de Madrid, 1852 (en el t. VIH de Mcm. Acad. Hist.). Le- 
qucitio en i8¿j, 1858. Diálogos políticos y literarios y discursos aca- 
démicos, 1859 (2." ed. ; la i.' sólo de 50 ej.). Cartas y discursos acadé- 
micos, 1855-61 (en Rev. Cieñe. Liter , Sevilla, las cartas) ; Madrid, 
1009. Historia de España, t. I, 1860; t. ÍI, 1S61 ; t. 111. 1862; t. IV, 
1862; t. V, 1863 (hasta el estudio de Felipe lí, sin acabar). Consúltese 
Eduardo Reyes Prospcr, Dos noticias históricas de... 1). Antonio 







.^^^^^ 




{Dos noticias históricas, por Ed. Reyes Prosper, 1917.) 



S. XIX, 1859. MARIANO PARDO DE FIGUEROA 273 

José Cavanillcs, por D. Antonio Cavanilles y Centi y D. Mariano La 
Gasea, Madrid, 1917. 

J. G. de Arteche : Geografía histórico-militar de España y Portu- 
gal, dos vols., Madrid, 1859, 1880. Descripción y mapas de Marruecos 
(con F.co Coello), 1859. Historia de la Guerra de la Independencia, 
14 vols., 1868-1903. Expedición de los españoles á Dinamarca á l<is 
órdenes del Marqués de la Romana (disc. recep. Acad. Hist.), 1872. 
Un soldado español de veinte siglos, 1874, 1886. Nieblas de la historia 
patria, tres vols., 1876, 1888. Fernando VII en Valengay, 1880. Elogio 
del Ten. gen. D. Mariano Alvares de Castro, defensor de Gerona, 
i88o. El Luto del 2 de Mayo, 1884. De la cooperación de los ingleses 
en la guerra de la Independencia, disc, 1887. Juan Martín el Empe- 
cinado, 1888. La Conquista de Méjico, 1892. Reinado de Carlos IV, 
1892-93. Elogio del Ten. gen. D. Eduardo Fernández S. Román, 1894. 
La Mujer en la guerra de la Independencia, 1903. La Mujer española 
en el Trono, 1904. Dos de Mayo de 1808, 1908. En Esp. Mod. : El 
Año militar i88p (1890, En.). Consúltese Jul. Suárez Inclán, Disc. 
Acad. Hist., 1909. 

C. F. D., Notas acerca del Sr. Dr. Thebusscm (en Quinta ración 
de artíc, 1907) : "El doctor Thebussem, y lo digo con dolor, es poco 
amante de las cosas españoilas, que con harta frecuencia vitupera é 
incrimina. Sus aficiones cosmopolitas, su larga permanencia en In- 
glaterra y su veneración á las costumbres de dicho país... En resolu- 
ción : los pareceres de los críticos que antes apuntamos y de otros que 
han guardado el anónimo, coinciden en que el Doctor tiene afecto á 
las fruslerías; que acierta á exornar todo asunto, aun los más esté- 
riles y triviales ; que ama las extravagancias literarias, y que se sale 
del camipo de lo vulgar. Todo esto, unido á plácemes y vítores, ha 
hecho caminar á nuestro autor por una senda llana y cubierta de 
flores. Pero como nadie es doblón de á ocho, resulta que para el 
eminente Revilla los discursos thebussianos están desprovistos de 
sustancia y fundamento; Ruiz Enríquez los tiene por medianos, lin- 
dando con lo vulgar, entendiendo que, después de leídos, la cabeza 
queda vacía, y N. Acevedo los juzga insignificantes, insípidos, in- 
odoros é incoloros, como hijos de una pluma decadente. Supuesto 
que dichos señores miden por un rasero todas las producciones del 
e=:criror, claro es que consideran como futilidades la hacienda, la 
Gramática, el correo, el cervantismo, la bibliografía, la filología y 
otros puntos no despreciables en que el Doctor se ha ocupado. Por 
último, el señor Knaut le aplica el varapalo que contiene la carta 
Deslenguado, impresa en este volumen, porque Thebussem entien- 
de que tales censuras vienen á ser la salí y pimienta que da gusto 
y aroma á la salsa de los elogios. ¡ Vaya usted á buscar el talón de 
Aquiles de cada hombre ! Peña y Goñi, que ha sido, á nuestro pa- 
recer, el que con mayor profundidad y esmero ha trazado la bio- 
grafía del Doctor, deduce que la importancia que ha alcanzado es 

TOMO vm.— 18 



274 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Única, por d género de s^is trabajos y por el estilo especialísimo 
que en ellos campea. Con perdón del ilustre crítico, opinamos que es 
otra la causa de esa importancia que califica de única. Tenemos por 
indudable y axiomático que Thebussem no es orador, ni crítico, ni 
periodista, ni filósofo, ni hombre de ciencia ; que no ha publicado 
dramas, ni poesías, ni novelas, que son las producciones que más rá- 
jíidamente dan renombre y fama. Y lo más extraño es que no ha 
escrito cosa alguna que deba llamarse una obra. Porque si varios 
niños no fonnan un hombre, ni muchas astillas un tablón, ni el pa- 
quete de agujas una espada, también puede afirmarse que los volú- 
menes thebussianos, fabricados con artículos de corta lectura, aun 
cuando físicamente abulten como los libros, no lo son en la realidad 
literaria. Nuestro autor ha huido de la corte y de los centros de cul- 
tura, haciendo en sus mocedades la vida errante del nómada. Con 
razón dijo monsieur Sabín Bertheloí que el Doctor era un étre in- 
saisissable... on ne sait jamáis oü il va. Conquistar fama literaria en 
tales condiciones parece punto menos que imposible, y, sin embargo, 
ha sido conquistada. Si no hay altos vuelos, gran enseñanza y filoso- 
fía profunda en las producciones de que nos ocupamos, hay, en cam- 
bio, amenidad, erudición y apacible entretenimiento para los lectores 
y triunfos para el autor. Este pudiera decir á sus adversarios, con el 
gran satírico español del siglo xix : "Y que aunque valgo, por des- 
'■gracia. poco, | muchos que hay en el mundo valen menos." Estamos, 
pues, conformes, hechas las salvedades que anteceden, con el sentir 
de don Antonio Peña y Goñi, y convenimos en llamar al señor The- 
bussem, no solamente único entre sus colegas del pasado siglo, sino 
el más único, usando, en tono de elogio, del pleonasmo que en el es- 
crutinio de la librería de don Quijote empleó el Cura para burlarse 
de la Fortuna de Amor, del poeta Antonio de Lofraso." Bibliografía 
del doctor Thebussem: Datos históricos relativos á la inscripción que 
en el año de 185P se colocó en Medina Sidonic; donde estuvo presa y 
murió, la reina doña Blanca de Borbón, esposa de don Pedro de Cas- 
tilla, 1859. Epístolas Droapianas, siete cartas sobre Cervantes y el 
Ouixote, dirigidas al muy honorable doctor E. W. Thebussem, en los 
años de 18Ó2 y 1868, por el Sr. M. Droap, 1868. Droapiana del año 
i86f), octava carta sobre Cervantes y el Quixote, dirigida al muy 
honorable Dr. E. W. Thebussem en el año i86p, por el Sr. M. Droap; 
publícala con apéndices D. Mañano Pardo de Figueroa, Madrid, 
1869. Carta bibliográfica á D. F.(^o de B. Palomo sobre la descripción 
de las exequias del rey D. Felipe II. Sevilla, 1869. Kpankla, carta di- 
rigida al Sr. D. Eduardo de Mariátegui, Madrid, 1870. Segunda edi- 
ción de Kpankla y primera de Klentron, cartas philatélicas del Dr. 
Thebussem y de D. Eduardo de Mariátegui, Madrid. 1871. Algunos 
escritos del Teniente de navio D. José Emilio Pardo de Figueroa 
(Pascual Lucas de la Encina), ordenados y anotados por el Dr. The- 
bussem, Madrid, 1873. Muestrario de fábulas fabulosas, 1876. Pro- 




EL DOCTOR THEBUSSEM 

{Quinta ración de artículos, 1907.) 



S, XIX, 1859. MARIANO PARDO DE FIGUEROA 2^5 

grama de las fiestas que en el aniversario del nacimiento del señor 
D. Quijote..., Gibraltar, 1876. Yantares y conduchos de los Reyes de 
España..., con la receta de la torta de doña Petra, Madrid, 1877. 
Vamos á cuentas, ibid., 1880. Nombramiento de cartero honorario 
principal de Madrid con uso de uniforme y sin sueldo, á favor del 
Dr. Thebussem, Madrid, 1880. Sellos de Correo, artículo crítico - 
bibliográfico, publicado en el número 7 de la Revista de Valencia, 
1881. Anules de las Ordenanzas de Correos de España, nota bibliográ- 
fica, Madrid, 1881. Los Jefes del Correo de España, 1881. Los Alfa- 
jores de Medina Sidonia, 1882. Tres antiguallas que se conservan por 
D. José Pardo de Figueroa en su casa de Medina Sidonia, calle de 
Tapia, núm. 2, Madrid, 1882. Ajilimójili, al bachiller lugareño en San 
Roque, Huerta de Cigarra, 1883. Elenco de algunos mapas de España, 
Madrid, 1883. Ristra de ajos formada con seis cabezas, año 1884. 
Cómo se acabó en Medina el Rosario de la Aurora, Madrid, 1884. 
El Correo y la pintura, 1885. Fábulas fabulosas, con aprobación de 
D. Juan Eugenio Hartzenbusch y licencia de D. José María Asensie, 
3.* ed., Madrid, 1885. Roger Kinsey, second edition, Privately Prin- 
ted, 1885. Segunda ristra de ajos, compuesta de 14 cabezas, Madrid, 
1886. Galicno, apuntes dedicados al limo. Sr. D. José Jordana y Mo- 
rera, segunda tirada, Burgos, 1888. Un cocinero de S. M., la mesa mo- 
derna, cartas sobre el comedor y la cocina, ibid., 1888. Notas genealó- 
gicas que para tomar el hábito de Santiago presentaron D. Mariano, 
D. Francisco y D. Rafael Pardo de Figueroa, naturales de Medina 
Sidonia, año de 1888. El Dr, Thebussem y un cocinero de S. M., la 
mesa moderna..., 2.' ed., Madrid, 1888. Señor y Don, Madrid, 1888. 
Tauromaquia, D. Pedro Yuste de la Torre, ibid., 1888. Cosas y casas 
de hidalgos, 1889. Dos cartas, escribíalas el Sr. Dr. Thebussem, car- 
tero honorario del Reino, y Juan J. Cortina, Jerez de la Frontera, 
1890. El Doctor Jliebussem, copia del artículo nominal, Madrid, 1891. 
Un pliego de cartas, ibid., 1891. Un triste capeo, 1892. Don Martín 
Vicente Daoiz, iS()2. Primera, segunda, tercera, cuarta y quinta ración 
de artículos, Madrid, 1892-1907, cinco vols. : i.^, 1892; 2.*, 1894; 3.', 
1898; 4.^, 1902; 5.^, 1907. Granada, hermosa ciudad, mírame afanado 
iras de tu beldad, Madrid, 1893. Fruslerías postales por el... Caballero 
profeso del hábito de Santiago, Madrid, 1895. Thebussianas, J." serie. 
Valencia (s. a., 1903). Desafío ocurrido en 1632 entre D. Juan Pardo 
de Figueroa y D. García de Avila, con motivo de la, muerte de un 
venado, carta dirigida al señor Vizconde de Bétera (Rev. Contem- 
poránea). Algo de Philatelia..., Madrid, penúltimo año del sigüo xix. 
Futesas literarias, 1899. NN. Kb. Ch. y En sobrehux, cartas, 1906. 
Coto de Doña Ana, 1907. Sellos de fecha del correo español, 1908. 
Notas bibliográficas de Medina Sidonia, 1909. Añadidura á Notas 
bibliográficas, 1910. En Esp. Mod.: Un arbitrio del siglo xvi (1890, 
Eo.). Palabrería (1891, Febr.). Sopas de ajo (1891, Nov.). Lo verde 
(1894, Marz.). Dos cartas de Villergas (1894, Set.). Consúltense: dou 



276 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOC\ REALISTA (185O-1869) 

José Antonio de Balenchana, Copia reservada de una carta literaria... 
al Doctor Thebussetn, Madrid, 1898. M. Droap, Epístolas Droapia- 
nas..., Cádiz, 1878. Manuel Foronda y Aguilera, Carta misiva al 
Dr. Thebussem {copia reservada), Madrid, 1903. Johannes Gold- 
schniidht, Más sobre el Dr. Thebussem, carta literaria dirigida á don 
Antonio Peña y Goñi, Madrid, 1887. F. Hardt, Voces mal sonantes,, 
honestamente consideradas en carta de Aguinaldo, dirigida al Doctor 
Thebussem, en particular, y muy provechosa á todos en general, Ma- 
drid, 1889. Homenaje de la "Revista Postal" al Dr. Thebussem, Val- 
paraíso, 1899. Rafael Pardo de Figueroa, El Conde de Cañete del Pi- 
nar y el Sextante de reflexión, Madrid, 1901. Juan de Sacre, Pam- 
pirolada, carta dirigida al Dr. Thebussem, con motivo de la segunda 
ristra de ajos, Madrid, 1886. José Emilio Pardo de Figueroa, Algunos 
escritos del Teniente de navio... (Pascual Lucas de la Encina), orde- 
nados y anotados por el Dr. Thebussem, Madrid, 1873. F. Hardt, 
Cañas y toros, carta al Dr. Thebussem, Madrid, 1890. Catálogo the- 
bussiano, por D. /.(osé) /í.(mosa), Madrid, 1911. Ant, Peña y Goñi^ 
El Dr. Thebussem, Madrid, 1887. Andrés Ruiz Cobos, Dr. Thebus- 
sem, 1890. Doctor D. Alaer (Aníbal Echeverría y Reyes), Biblioteca 
Thebussiana, Santiago de Chile, 1889. R. Monner Sans, Breves noti- 
cias sobre la novela esp. contemporánea, B. Aires, 1889. 

Alvaro Melián Lafinur, Inirod. á Escrit. liter. de Avellaneda : "Lo 
que de él queda, empero, no carece, por cierto, de valor y basta para 
conceptuarle uno de nuestros clásicos representativos y estimables. El 
juicio común de la posteridad le ha fijado en una postura un tanto 
afectada de tribuno académico, grandilocuente y enfático. Permanece 
para muchos como un tipo de orador alambicado, como un retórico 
más atento á las frases que á las ideas... Algo de eso había, con efec- 
to, en este constante amador de las formas verbales..., pero..., sin 
duda, gran escritor y con frecuencia verdadero artista del estilo, no 
se pagaba tan sólo de la eufonía y el ritmo de sus cláusulas. Aparece 
como una preocupación constante de su espíritu el infundir siempre 
en la frase tersa y armónica una idea madura, una noción e.xacta...; 
la adecuación de una prosa límpida y flexible á asuntos tratados con 
hondura de pensamiento y erudición oportuna; la gracia de la ima- 
gen coloreando la grave seriedad del concepto; la concisión de la 
frase, á menudo lapidaria, concretando, en síntesis feliz, la idea más 
ó menos trascendente... El .sentido del ritmo es casi privativo de él 
entre los prosistas de su época. Su concepto de la composición supera 
al de la mayor parte de los mismos. Inferior á ellos en ciertos aspec- 
tos aislados, resulta quizás el más completo por la alianza de sus cua- 
lidades nativas con una más sólida educación literaria... No tiene el 
color de Sarmiento, ni la trabazón lógica impecable de Alberdi, ni la 
espontaneidad de Ixjpez, ni la ironía del autor de La Gran Aldea: pero 
es el que conserva más permanentemente su allure literaria. En todas 
.sus producciones aspira á imprimir un sello personal... Revélase un. 



S. XIX, 1859. MANUEL MARÍA MADIEDO 277 

ánimo templado y generoso..., un espíritu sano y ponderado, poseedor 
de un talento claro y flexible. Sin llegar al rasgo genial, mantiénese 
siempre á gran altura por el equilibrio constante entre la inteligencia, 
el corazón y el carácter, que se resuelve en un sereno optimismo, en 
el amor á la vida y la fe en la acción, en esa elevación moral, que es 
la más bella enseñanza que debemos á los grandes argentinos del pa- 
sado... Por todo ello Avellaneda ejerció un gran influjo social entre 
los hombres de su tiempo." Escritos, B. Aires, 1883. Escritos y dis- 
cursos, 12 vols., ibid., 1910. Escritos literarios, ibid., 1915. Consúl- 
tese David Peña, Elogio de Avellaneda, 1917 (en Nosotros, Set.). 

Manud Ossorio y Bernard fué redactor de El Constitucional 
(1860), El Contemporáneo (1864), El Español (1865), La Ley (1867), 
Don Quijote (1869), Las Novedades (1870-71), El Eco del Progreso 
(1872), El Cascabel, La Gaceta, El Gobierno, El Día, La Correspon- 
dencia; director de La Idea (1859), El Teatro (1864), El Noticiero de 
España (1868), La Independ. Esp. (1868), La Gaceta Popular (1873), 
El Cronista (1885), El Diario Ojie, de Avisos, La Niñez, El Mundo 
de los Niños, La Edad Dichosa, La Iliistr. Cat., Agencia Fabra (1895), 
y colaborador de muchos periódicos de Méjico, Cuba, Filipinas y es- 
pañoles. En Rev. España: Tras de lo iuúlil, fantasía (1883, t. XCV). 
Necrología española (1871-72, t. XXIV). ídem (1880, t. LXXIV). 
Ensayos poéticos, Madrid, 1859. Novísimo diccionario de la lengua 
escrito en verso (con Rafael Tejada y Alonso), 1868. Galería biblio- 
gráfica de artistas españoles del siglo xix, Madrid, 1868-69, dos vols. 
Viaje crítico alrededor de la Puerta del Sol, 1874, 1882. Novísimo 
diccionario festivo, 1876. La Reptíblica de las letras, cuadros de cos- 
tumbres literarias, 1876. Moral infantil, páginas en verso, 1876; 3.^ ed., 
1884. Cinco mil duros, comedia, 1876. Romancero de A/".* 5".* de Ato- 
cha, 1877. Un país fabuloso, 1878. El Secreto del tío, pasillo (1878). 
La Niñez, revista, 1879, dos vols. Lectura de la infancia, cuentos, 
1880. Cuadros de género trazados á pluma, 1883. Galería biográfica 
de artistas españoles del s. xix, 1883-84. Romances de ciego, 1883. 
Cuentos novelescos, nueva serie, 1884. Álbum infantil, cuentos, máxi- 
mas y enseñanzas , en prosa y verso, 1885. Monólogos de un aprensivo, 
1887. Progresos y extravagancias, 1887. Los dos Garcías, 1889. Pape- 
les viejos, investigaciones literarias, 1890. Caracteres contemporáneos, 
1891. Gente menuda, romances infantiles, 1891. Poemas infantilet, 
1894. El Año infantil, 1895. Epigramas infantiles, 1895. Fábulas y 
moralejas, 1896. Cuentos ejemplares, 1896. Cuentos y sucedidos, 1898. 
La Vida en sociedad, cartas familiares, 1899. Ensayo de un catálogo 
de periodistas españoles del s. xix, 1903-04. Libro de Madrid. El 
Año infantil, 1912. La Fábula moderna, 1912. En Esp. Mod. : Apuntes 
para un Dice, de escritoras esp. del s. xix, 1889-90. Apuntes para un 
Dice, de escritoras amer. del s. xix (1891-92). "Cuentos literarios", 
de Nilo M. Fabra (1896, En.). 

M. M. Madiedo: Poesías (con un tratado de Métrica), Bogotá, 



278 PRIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

1859. La Ciencia social, 1863. Tratado de crítica general, 1868. Nues- 
tro siglo XIX, cuadros nacionales, 1868. Ecos de la noche, 1870. Una 
idea-abismo, dr., 1872. Tres diablos sueltos, jug., 1872. Tratado de 
derecho de gentes, 1874. El Arte de probar, 1874. El Dedo en la llaga, 
Caracas, 1876. Una gran revolución (su mejor obra), ibid., 1876. Lum- 
bres, flores y armonías. Buen golpe de folletos. 

95. Año i8¿p. Rafael del Castillo, por seud. Alvaro Carrillo, 
historiador, fecundo novelista folletinesco y autor dramático, colabo- 
rador de varios periódicos barceloneses, como La Música Ilustrada 
(1898), Pluma y Lápiz (1902); publicó El Honor de España, episodios 
de h guerra de Marruecos, Cádiz, 1859. Palacio por dentro y pueblo 
por fuera, 1860, 1S62. Los Caballeros del amor. Madrid riendo y Ma- 
drid llorando, 1861. El Trapero de Madrid, 1861. El Padre de los po- 
bres. El Campanero de S. Pablo, 1862. Los Misterios catalanes, 1862. 
Los Misterios de Madrid ó el salen de Capellanes, 1863. Las Cortesa- 
nas del siglo xix. El Primer amor. La Falsa adúltera. Las Hijas sin 
madre. Las Mujeres sin corazón. El Llanto de una hija. Amor de 
padre, 1864. Las Hijas de Eva, 1864. El Rey, el pueblo y el favorito, 
\S6y. Los Incendiarios de Madrid. Historia de España ilustrada, seis 
vols., 1871-80. La Vuelta por España, 1871. Galería de monarcas es- 
pañoles é italianos, 1872. Historia de Murcia, 1875. Diccionario geo- 
gráfico, estadístico c histórico, biográfico, postal, municipal, 7n:litar, 
marítimo \ eclesiástico de España (con Ricardo Faura), 1879-88; Bar- 
celona, 1889-92, cuatro vols. La Maja de las Maravillas, dos vols., 
1881. Los Bandidos celebres españoles, dos vols., 1883. Corazón de 
mujer, 1891. Reina v esposa ó aragoneses y catalanes en Oriente, 
1898. Diego Corrientes, 1898. Don Juan de Serrallonga, 1898. Hernán 
Cortés y Marina, 1898. José María, 1898, Los Siete Niños de Ecija, 
1898. Luis Candelas, 1898. Margarita de Borgoña, 1898. Treinta años 
6 la vida de un jugador, 1898. Catalina Howard, 1899. La Flor de un 
día, 1899 (2.* ed.). Las Espinas de una flor, 1899 (2." ed.). La Hija de 
la muerta, 1899. Dos pilletes, 1899. La Verbena de la Paloma, 1899. 
Para el teatro: ¡Pobre ciega! (1850). Un pollo de lugar, iug. (1857). 
Los dos cortesanos (1858). Los desposorios de Albano (1859). Fausto. 
El Convidado de piedra, zarz. El Calcetín de Marco Antonio, com. 
(1860). Los Pobres de Barcelona, dr. (1865). La Ambición de una mu- 
jer, dr. (1865). Maldita sea la guerra (1874). 

Faustina S.^ez de Melgar (1834-1895), de Villamanrique, funda- 
dora de La Violeta (1862-66), La Canastilla de la Infancia (1882), 
París Charmant (1884). Publicó África y España, cánticos poéticos 
escritos con motivo de la guerra de Marruecos, Madrid, 1859. La Lira 
del Tajo, poesías, 1859. La Higuera de Villaverde, ley. trad., 1860. 
La Pastora de Cuádrela, nov., 1860, 1863; París, 1867, cuya segunda 
parte es La Marquesa de Pinares, nov., 1861, 1868. Los Miserables 
de España ó secretos de la Corte, nov.. 1862-63, dos vols. Matilde, 



S. XIX, 1859. JOSÉ GONZÁLEZ DE TEJADA 279 

nov., 1862, 1866. ¡icos de gloria, leyendas poéticas sobre once Alfon- 
sos de Castilla, 1863. Angela ó el ramillete de jazmines, nov., 1863-65, 
tres vols. ; 1879-80. Aniana ó la quinta de Peralta, nov., 1866, 1868, 

1880. Rosa ó la cigarrera de Madrid, nov., 1872, dos vols. Contra indi- 
ferencia, celos, jug., 1875. Un libro para mis hijas, Barcelona, 1877. 
Deberes de la mujer, artíc, Madrid, 1866, 2." ed. La Abuelita, cuentos 
de la aldea, Barcelona, 1877, 1879. Inés ó la hija de la caridad, nov., 
Madrid, 1878. Sendas opuestas y La Bendición paterna, novelas, 1878. 
El Deber cumplido, nov., 1879, El Collar de esmeraldas, nov., 1879, 
1:889. La Cadena rota, dr., 1879. Páginas para las niñas, Barcelona, 

1881. Manual de la joven adolescente, ibid., 1883. Las Mujeres espa- 
ñolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas (con otras), 
1885. El Hogar sin fuego y La Bendición paterna, 1890. El Trovador 
del Tiiria, i8go, 2.^ ed. Además: Amar después de la muerte, nov. 
La Loca del Encinar, nov. La Cruz del Olivar, nov. Aurora y felici- 
dad, nov. La Semana de los niños, lecturas. Romances históricos. Ple- 
garia para canto. Salve para ídem. Páginas para las niñas. Biblioteca 
de la mujer. 

Emilio Lafuente y Alcántara (1825-1866), de Archidona, her- 
mano de Miguel, publicó Inscripciones árabes de Granada, ibid., 1859- 
60. Catálogo de los códices arábigos adquiridos en Tetuán por el go- 
bierno de S. M., Madrid, 1862. Dominación de las razas africanas en 
España, 1863. Cancionero popular, dos vols., ibid., 1865. Ajbar Mach- 
mtia, colecc. de tradiciones, crónica anónima del s. xi (traduce, del 
árabe), ibid., 1867. El Amo de Alcalá, nov, 

José Antonio de La valle (t 1896), peruano muy erudito, fundó, 
con José Toribio Pacheco, La Revista de Lima (1860), para continuar 
la tradición de El Mercurio Peruano, y en ella publicó notables biogra- 
fías, como de O'Higgins, Antequera, Valdés, etc., colaborando, ade- 
más, los mejores ingenios. Publicó, no menos, D. Pablo de Olavide, 
Lima, 1859, 1885. Doña Mariana Belzunce, episodio de la vida social 
de Lima en el s. xviii, ibid., 1886. Juan de la Torre, ibid., 1886 (2.* 
ed.). Galería de retratos de los gobernadores y virreyes del Perú 
{15^2-1824), publicada por Domingo de Vivero, texto de Lavalle, 
ibid., 1891. Galería de retratos de los Arzobispos de Lima (1541-1891), 
'■■^em id., ibid., 1892. Galería de retratos de los gobernantes del Perú 
independiente (1821-1871), ídem id., ibid., 1893. La Hija del contador, 
nov. dis:ript. y de costumbres antiguas, por el Ldo. Perpetuo Anta- 
ñón (seud.), ibid., 1893. 

José González de Tejada (1833- 1894), madrileño, por seud. El 
Vizconde Gazenolz de Tuildonné, magistrado, escritor satírico alegó- 
rico, sin bilis, y que no personalizó, muy enterado en nuestros clási- 
cos, donairoso y travieso, colaborador del Semanario Pintoresco, Los 
Niños, La Ilustr. Esp. y Amer., estrenó Camino del matrimonio, com., 
1859. Anacreónticas de última moda, Madrid, 1860: sabrosas parodias 
de las de Villegas y Meléndez; ibid., 1879. El Laurel de Apolo, loa, 



28o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

1861. El Romancero del 2 de Mayo, 1862. La Novia de Marte, com., 
1864. Narraciones históricas tomadas de los mejores hablistas caste- 
llanos. 1866. Memoricís de un viaje al interior de España, 1867 (por 
El Vizconde...). Cuentos caseros, 1872. Romances históricos, tradicio- 
nales y de capa y espada, 1878. Articulas viejos nuevamente publica- 
dos, 1885. 

Rosario Orrego de Uribe (1834-1879), periodista y poetisa chilena, 
casada después en segundas nupcias con Jacinto Chacón, y que se fir- 
mó á veces Una Madre, fundadora de La Revista de Valparaíso, pu- 
blicó sus primeros cantos en 1859 y algo después las novelas de cos- 
tumbres Alberto el jugador (1861), Teresa y Los Buscavidas. Son 
notables sus cantos patrióticos, rítmicos, briosos, con hondas senten- 
cias y movimiento. A la república peruana con motivo de la derrota 
de la escuadra española en Chile. Rodolfo Polanco Casanova, Ojeada 
crít-, pág. 57: "Sus versos son rítmicos, vehementes, encierran á ve- 
ces ideas profundas, abarcan horiíoates más amplios (que los de Mer- 
cedes jNIarin), donde la inspiración de esta distinguida poetisa vuela 
á sus anchas, sin las trabas de la corrección clásica, que á muchos 
hace amanerados i encojidos en los avances del pensamiento... En 
R. O. la inspiración raya siempre á mayor altura que en su maestro 
(su esposo Chacón), dado caso que lo fuera. Sus versos son música 
que halaga dulcemente el oído, en tanto que las sentencias despiertan 
en la mente del que las oye emocionantes meditaciones." 

Anselmo Suárez y Romero (1818-1878), de la Habana, gran pro- 
sista, pintor excelente de las costumbres cubanas, publicó Colección 
de articulas, Habana, 1859; t. H, Crítica, 1910-11. Prólogo á las obras 
de R. Palma, 1861. Contestaciones á los impugnadores del Prólogo... 
(libro inédito, donde se halla toda la historia literaria de Cuba). Jui- 
cios sobre mis obras (para refutar á Piñeyro), Francisco, nov. (es- 
crita en 1839J, Nueva York, 1880; 1901-02 (en Cuba y América). 

9 6. Año i8¿p. El Amigo de la Familia, novela-almanaque, ocho 
voís. de novelas, Madrid, 1859. — Manuel Alaminos Sánchez estrenó 
Un error frenológico, com. (1859). — Alermón y Dorreguiz publicó 
Descripción del imperio de Marruecos, Madrid, 1859. — Francisco de 
Alvaro publicó Encarnación, nov., San Sebastián, 1859, 1866. — Fer- 
nando Amor publicó Recuerdos de un viaje á Marruecos, Sevilla, 
1859. — Tomás Aranaz y Barrera publicó Historia de la isla de Ibiza, 
Ibiza, 1859. Sabiduría española diciada por la experiencia y medita- 
ción en mil proverbios, Barcelona, 1832. — José de Arcos y Pérez 
estrenó Las Cosas de mi mujer, com., Cádiz, 1859. — José Antonio 
Arvelo (n, 1843), de Caracas, publicó sus primeros versos en los pe- 
riótlicos (1859), y escribió para el teatro El Castigo de una coqueta 
(1869), comedia moratiniana, y otras. No recogió sus versos, que an- 
dan en los periódicos venezolanos de 1859 á 1875. — I'emcitas Asín 
DE (Barrillo publicó Rugier de Lauria, noz'. hist., Madrid, 1859; Va- 



S. XIX, 1859. GUILLERMO FORTEZA 28 1 

Iladolid, 1875. — Aventuras hislórico-novelescas de un viajero, relata- 
das por el mismo, Madrid, 1859. — Mateo Barroso y Bonzón publicó 
La Mano de Dios, nov., Madrid, 1859. — José Bertrán y Ferrari, ca- 
talán, estrenó El Caballero del penacho negro, dr. hist.. Habana, 1859. 
— Biblioteca de la risa, Madrid, 1S59, dos vols. ; 1862. — Pedro José 
Bosch escribió La Vida de una mujer, dr., Lima, 1859. — José Satur- 
nino BoTTACH publicó Soledades del pensamiento ó colección de má- 
ximas, Madrid, 1859. — M. Cánovas publicó Noticias histór., geogr., 
etc., de las islas Filipinas, Madrid, 1859. — W. Manuel Carnicero pu- , 
blicó Inventario de la Biblioteca... del Escorial, 1859 (ms. ibidem). — 
Antonio Carralón y Larrúa estrenó El Mal del prójimo, jug. (1859). 
Que convido al coronel, com. (1860). El Primer vuelo de un pollo, 
zarz. (1861). — Renato Castel León publicó las novelas Sansón el 
Aventurero (1859). Los Amantes de Teruel (1861). — Carlota Coso, 
hija de la heroína Agustina de Aragón, publicó La Ilustre Heroína 
de Zaragoza, novela histórica, Madrid, 1859. — Cuba poética. Habana, 
1859, 1861 (de 52 poetas). — Antonio Cubero publicó Estela, nov., 
Madrid, 1859. — Francisco Damato estrenó El Dedo de Dios, dr. 
(1859). — ^Isidoro de María (n. 181 5), montevideano, publicó Descrip" 
ción geográfica de la Rep. Oriental del Uruguay, 1859. Rasgos bio~ 
gráficos de los hombres notables del Uruguay, 1879-80, tres vols.; 
1883. Elementos de historia de la Rep. Or. del Uruguay, 1880. Anales 
de la defensa de Montevideo, 1883, tres vols. Montevideo antiguo. — 
Diccionario manual griego-latino-español, por los Padres Escolapios, 
Madrid, 1859. — José María de Eguren (t 1878), de Vergara, redac- 
tor de La España, colaborador del Semanario Pintoresco, publicó 
Memoria descriptiva de los códices notables conservados en los Ar- 
chivos eclesiásticos de España, Madrid, 1859. — P. Elizalde y Escu- 
dero publicó Ocios de..., Mérida de Yucatán, 1859. — Francisco de la 
EscosuRA Y Escosura publicó Colección de sonetos. Habana, 1859. — 
José Fernández Guerra, colaborador de La Iltistr. Católica (1877...), 
imitó El Cementerio de aldea, célebre meditación elegiaca de T. Gray, 
y fué reproducida por don Manuel Cañete al fin de sus Poesías, Ma- 
drid, 1859, nota 33. — José Fernández Llamazares, leonés, abogado 
en Madrid, publicó Historia de la Bula de la S. Cruzada, Madrid, 
1859. Historia compendiada de las cuatro Ordenes Militares de San- 
tiago, Calatrava, Alcántara y Mantesa, ibid., 1862. — El Cazador erran- 
te, por Gavino Ferri, Madrid, 1859, siete vols. — ^Guillermo Forteza 
(1830-1874), mallorquino, archivero, redactor de El Reino (1859-66). 
Obras criticas y literarias, Palma, 1882. Obras literarias, ibid., 1894. 
Consúltese Rev. Archiv., 1874 (Enero). Blanco García, La Liter. esp. 
en el s. xix. H (1903), pág. 595: "Aun sin hacer alto en sus poesías 
catalanas, bastan para la gloria de Forteza su acabado estudio de Cap- 
many, que premió la Academia de Buenas Letras de Barcelona, sus 
admirables observaciones sobre la decadencia de la Literatura espa- 
ñola después del romanticisimo, su defensa de Fernán Caballero y las 



282 PRIMER TERÍODO DE I^ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

humoradas satíricas que se conservan en sus escritos ó por conducto de 
la tradición oral." — Mariano Gelabert y Correa publicó Risa y llan- 
to, ensayos poéticos, Madrid, 1859. — 'Mariano González Valls, va- 
lenciano, jurisconsulto, publicó una no despreciable, antes bien escrita 
novela en lenguaje antiguo, bastante bien hilado y con conocimiento 
de usos y costumbres y algunas situaciones patéticas : El Caballero de 
la Almanaca, novela histórica escrita cu lenguaje del siglo xiii, Ma- 
drid, 1859. — José Rosendo Gutiérrez publicó Cantos al pie del Illinia- 
ni, La Paz, 1859. Iturbide, dr., .^862. Maldición y superstición, leyenda, 
1857. Rosas secas, versos, 1875. Datos para la bibliografía boliviana. 
La Paz, 1875. Bibliografía boliviann en 1878, ibid., 1879. Segundo 
suplemento, ibid. (1880). — Luis de Ibáñez y García, teniente coronel, 
publicó Mi cautiverio, Madrid, 1859. Historia de las Islas Marianas, 
Granada, 18S6. — Pedro Antonio Iglesias estrenó D. Pedro I de Cas- 
tilla, dr. (1859). — La Lectura para todos, semanario ilustrado, Ala- 
drid, 1859-61, tres vdls. — Felipe López estrenó Los Caladores en 
África, }ug. lír. (1859). — Augusto Llacayo y Santa María estrenó 
Un no sé qué y un qué sé yo, com. (con Eugenio Larroca), 1859. Pu- 
blicó Antiguos manuscritos de historia, ciencia y arte militar, medi- 
cina y literarios existentes en la biblioteca del Monasterio de El 
Escorial, Sevilla, 187S. Burgos: Catedral, Cartuja, Eluelgas, etc., Bur- 
gos, 1886-88. Calderón y su siglo, Cochinchina y el Tonkín. — Fran- 
cisco Manzano Oliver estrenó Españoles nada más, dr. (1859). Bi- 
zarro el conquistador, dr. (1859). Una herencia, com. (1859). Los 
Encantos de una flor, com, (1859). Tres coronas imperiales, dr. (1860). 
— Juan Martín Carramolino, de Avila, publicó Epítome historial 
de la Iglesia, Madrid, 1859, dos vols. Historia de Avila, su provincia 
y obispado, ibid., 1872-73, tres vols. Historia de los Papas. — Luis 
Martín y de Castro publicó Los Desposados de la muerte, Cuba, 
1859. Emelina, nov., San José, 1870. — Ignacio María Martínez de 
Arcóte Salgado y Guzmán (1822-1895), marqués de Cabriñana del 
Monte, nacido en Córdoba, diputado á Cortes desde 1850, ganó el 
premio en los Juegos florales (1859) con su Canto épico á la con- 
quista de Córdoba por el Rey S. Fernando, Sevilla, 1860, en yy oc- 
tavas. Colaboró en los periódicos literarios desde 1850 y sus Poe- 
sías se imprimieron en Madrid, 1866. — Manuel Martínez y Sanz, 
chantre, publicó Lecciones de oratoria sagrada. Burgos, 1859. His- 
toria del templo-catedral de Burgos, ibid., 1866. Breves reflexiones 
sobre los Evangelios de todas las dominicas del año, Madrid, 1867. 
Pláticas familiares, ibid.,. 1868. La Sma. Virgen..., ibid., 1878. — 
Carlos José Melciok, coronel retirado, ])ul>licó Diccionario enci- 
clopédico de la música, I^rida, 1859. — Memoria de los zjireyes que 
han gobernado el Perú..., de orden suprema, Lima, Callao-Paris, 
1859, seis vols. — Florencio Merino estrenó Una guerra de familia 
Í1859). — Enrique Miñota estrenó Plaza sitiada (1859). — ^Josí-: Mon- 
tero Y Arostegui publicó Historia y descripción de la ciudad y de- 



S. XIX, 1859. MIGUEL VICENTE ROCA 283 

partamento naval del Ferrol, Madrid, 1859. — 'Juan Moreiro publica 
El Error y la razón teológica ó la idolatría con sus extravíos y el 
cristianismo civilizador..., trinomio religioso en verso y prosa, Oren- 
se, 1859. — Emilio Mozo de Rosales, por seud. El Bachiller Pelusa^ 
colaborador del Heraldo, autor dramático sin personalidad literaria, 
estrenó ¿Quién es el padre?, 1859. Un noble de nuevo cuño, 1861. 
La Marquesita, 1862. Miserias de la aldea, 1863. Caprichos del cora- 
zón, 1863. El Arte de ser feliz, 1863. Doble emboscada, 1864. El Es- 
tudiante novel, 1864. Los Ermitaños de la calle del Burro, 1864. La 
Niña mimada, 1866. El Soplo del diablo, 1866. Ruede la bola, 1866. 
El Hogar sin jefe, 1867. El Lirio de Florencia, Madrid, 1889. Talis- 
mán de las jóvenes para hallar novios y casarse pronto, folleto, 1869. 
— Francisco Muñoz Rubalcaba publicó Flores de un día, poesías, 
New-York, 1859. — Ernesto Novoa (1839-1873), poeta de Arequipa, 
escribió muchas poesías en periódicos y las leyendas Lelia, Ricaurte 
y La Estrella del Dos de mayo. — Juan Ortiz Máiouez estrenó Lct 
Huella del pecado, dr. (1859). — Pensamientos de íin huérfano, Ma- 
drid, 1859. — De la ruina á la fortuna ó el sitio de Maestrich, nov. por 
Peregrino, Madrid, 1859. — Isidro Mariano Pérez, peruano, escribió 
El Corazón de una limeña, dr., Lima, 1859. El Cosaco del Don, ibid., 
1859. Julia, dr., 1859. Manco //, dr., 1859. El Puñal de Bayaceto, dr., 
1859. — Trinidad Manuel Pérez, peruano, escribió El Emigrado es- 
pañol., dr., Lima, 1859. La Industria y el Poder, dr., 1862. — Fray 
Juan Planas, dominico, publicó Arte pastoral, dos vols., Gerona, 
1859. El Catequista orador..., pláticas, Barcelona, 1861, dos vols.; 
1889 (7.* ed.). Jesucristo predicando ó sermones sobre los misterios 
y doctrinas de N. S. J. C, dos vols., 1878. El Cura en el pulpito, dis- 
cursos morales, Barcelona, 1886 (4.* ed.). El Misionero apostólico ó 
conferencias teológico-morales, póst., 1887. — Ricardo Puente y Bra- 
ÑAS estrenó El Hongo y el miriñaque, apropós. cóm. (1859). Santo y 
peana, com. (1859). La Peor cuña, com. (1861). El Literato por fuer- 
za, com. (1863). De la mano á la boca, com. (1864). El Ultimo figurín, 
zarz. (.1873). — ^Javier de Ramírez (t 1870), sevillano, redactor de 
La Democracia (1865), estrenó La Culebra en el pecho, com., 1859. 
La Caja de Pandora, estudios filosóficos, político-satíricos, litera^ 
ríos..., Madrid, 1862, 1865. Fuego entre ceniza, com., 1863. — José 
Pedro Ramírez, de Montevideo, publicó Espinas de la orfandad, dr. 
(1859). — •Pedro Enrique Ramos estrenó El Bello ideal, com. (1859). 
El Capitán español, zarz. (1859), — Rebelión de Bernardo del Carpió,. 
nov. hist., Madrid, 1859. — El Reino, diario de la unión liberal, funda- 
do por Nicolás Quintana, Madrid, 1859-66. — Francisca Carlota del 
Riego Pica publicó Elena de Mendoza, nov., Madrid, 1859. Una ca- 
lumnia, nov., 1864. La Misión de la mujer, cartas, 1882. — Miguel 
Vicente Roca y Viñarta, abogado, por seud. Cecilio Vegramunte, 
estrenó La Unión en África, dr. (con Carmelo Calvo y Rodríguez, 
1859). Europa, la guerra de África y los partidos políticos de Espacia, 



284 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Madrid, 1860. El Testamento de Acuña, dr., 1871. El Barómetro, 
1871. La Petaca, 1871. Quien bien te quiera, 1872. — Conquista y des- 
cubrimiento del Nuez'o Reino de Granada, de las islas occidentales 
del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, pri- 
mera de este Reino donde se fundó la Real Audienci-a y Chancillería, 
siendo la cabeza. Se hizo Arzobispado. Cuéntase en ella su descubri- 
miento, algunas guerras civiles que había entre sus naturales, sus 
costumbres y gente, y de qué procedió este nombre tan celebrado del 
Dorado; los generales, capitanes y soldados que vinieron á su con- 
quista, con todos los Presidentes, Oidores y Visitadores que han sido 
de la Real Audiencia, los Arzobispos, prebendados y dignidades que 
■fian si-do de esta santa Iglesia Catedral, desde el año 1539, que se fun- 
dó, hasta el de 1636 (véase este año en nuestra Historia), que esto se 
escribe, con algunos casos sucedidos en este Reino, que van en la 
historia para ejemplo y no para imitarlos, por el daño de la concien- 
cia. Compuesto por Juan Rodríguez Fresle, natural de esta ciudad 
y de los Freslcs de Alcalá de Henares en los Reinos de España, cuyo 
padre fue de los primeros pobladores y conquistadores de este Nuevo 
Reino. Dirigido á la S. R. M. de Felipe IV, Rey de España, nuestro 
Rey y Siñor natural, Bogotá, 1859. — José Rodríguez Seoane (1839- 
1860), de Pontevedra: Articulos y novelas, Coruña, 1889 (Bibl. Gall.). 
— Antonio Rotondo y Nicolau publicó Historia ilustrada de la guerra 
de África en iSfip y 1860..., Madrid, 1859-60, dos vols. Historia... 
del R. Monasterio de S. Lorenzo..., 1863. La Cueva de Cervantes en 
Argel, 1895. Diccionario fraseológico español-francés y fr.-esp., Ma- 
drid, 1 84 1. — Escritos religiosos del P. Pedro Salgado de la Soledad, 
escolapio, Madrid, 1859. — Hipólito Sánchez publicó Recopilación de 
las voces alteradas en el Perú por el uso vulgar. Arequipa, 1859. — 
Miguel Sánchez Plazuelos publicó Pedro Babilonia ó justicia de 
Dios, poema religioso, Madrid, 1859. Cartas crítico-poéticos que un 
payo de buen humor dirige á sus amigos por conducto de un tarta- 
mudo para desengaño de los admiradores del Pindó..., ibid., 1862. — 
Diego Segura estrenó Españoles, á Marruecos, dr. (1859). — El Som- 
brero, su pasado, su presente, su porvenir, por los principales litera- 
tos, Madrid, 1859. — Aquilino Suárez Barcena, de Oviedo, publicó 
El Conde de Campomanes {Rev. Instr. Públ., 1859). Sumario de Ar- 
mas de linajes de Asturias, recopilado de varios autores, por D. Tirso 
de Aviles..., dalo á luz por primera vez con notas..., Oviedo, 1862. — 
Victorino Tamavo estrenó A tientas, com. (1859). — El Teatro Espa- 
ñol, scman. crítico, dirigido por Ro<iue Barcia, Madrid, 1859. — JoA- 
Qvís T0ME0 V Benedicto, zaragozano, publicó Zaragoza, su historia, 
descripción, glorias y tradiciones, Zaragoza, 1859-60, dos vols. Las 
Calles de Zaragoza..., sus tnonumentos y tradiciones, ibid. El Buitre 
de Prometeo, dr. (1859). El Cautivo en Argel, drama (1860). Gil de 
Mesa, nov. hist., Zaragoza, 1860. Cervantes, dr. (1861). La Campana 
de Huesca, dr. (1862). El Marqués de Villena, dr. (1863). — Juan Justo 



S. XIX, 1860. FEDERICO BALART 285 

Uguet publicó Adelina, nov., Madrid, 1859. La Redención, poema,. 
Madrid, 1859. El Árbol caído, nov., 1864. Bertoldo y Bertoldino, Bar- 
celona, 1864. Los Mandamientos, nov., 1865, dos vols. Las Primeras 
bellezas del mundo ó sea la Santa Biblia... puesta en forma episódica 
y dialogada, 1878, tres vols. — Una flor querida, novela sentimental, 
Madrid, 1859. — Mariano Urrabieta estrenó La Comedia de Laura,. 
jug. (1859). — Fernando Valdés Aguirre publicó Apuntes para la 
Historia de Cuba primitiva, París, 1859. — Los Valencianos pintados 
por sí mismos... por varios..., Valencia, 1859. — Ricardo de Velasco 
Ayllón estrenó Un disparate (1859). Por faltas y sobras, zarz. (1859).. 
— Francisco de Paula Velázquez y Lorente estreno España y Áfri- 
ca, loa, Toledo, 1859. Una historia de lágrimas, nov., Oviedo, 1863. — 
Evaristo Ventosa publicó Historia de la guerra de África, Barcelo- 
na, 1859-60, dos vols. — ^Luis ViLAR Y Pascual publicó Diccionario 
genealógico y heráldico de las familias ilustres de la Monarquía es- 
pañola, Madrid, 1859-60, ocho vols. Anuario de la nobleza española, 
ibid., 1879. — NiCETO de Zamacois, hijo mayor de don Miguel, bilbaíno, 
establecido en Méjico desde joven, publicó Historia de Méjico, Bar- 
celona, 1882, 18 vols. El Firmante, zarz. (1859). 

97. Año 1860. Federico Balart (1831-1905), de Priego 
(Murcia), en Madrid desde los diez y nueve años, hizo sus pri- 
meras criticas en La Verdad (18Ó0-63), con seudónimo de Na- 
die; después, en La Democracia (1864), con el de Cualquiera,. 
y en el Gil Blas (1864). Por un artículo satírico tuvo un duelo,, 
del que salió herido. Escribió no menos críticas en El Univer- 
sal (1867), El Globo (1874), con seudónimo de Un aficionado. 
Fué subsecretario de Gobernación, diputado, senador, conse- 
jero de Estado, académico (1S91). Dejó la política desde la 
Restauración (1874) y, fallecida su esposa, volvióse á la fe ca- 
tólica y escribió (1880-88) sus mejores, más sentidas y tiernas 
poesías, intituladas Dolores (1893), á la memoria de su es- 
posa. Notables fueron sus artículos en Los Lunes de "El Inr 
parcial" y los de crítica artística publicados en La Ilustración 
Española y Americana (1890) sobre la Exposición de Bellas 
Artes. Fué censor y director del teatro Español y vivió siem- 
pre pobre. Su musa es hermosamente clásica, trasparente como 
el cristal, exquisita como un aroma, sentida y triste cuando 
llora, noble y rozagante cuando se cierne por las alturas de no- 
ble filosofía. Como crítico de artes plásticas y de literatura, es 
de los más honrados y concienzudos, y de los más elegantes;. 



286 PKIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

imparcial y sereno, razona sus sanos juicios con madura sen- 
satez é ingeniosa originalidad, 

Ricardo Gutiérrez (1836-1896), de Arrecifes, provincia 
<le Buenos Aires, buen cristiano, médico y poeta del dolor y 
(le la tristeza; en medio de las turbulencias políticas que si- 
.guieron á la caída de Rosas y precedieron á la batalla de Pa- 
vón, sin mezclarse en ellas, recogido en sí mismo, entregóse 
por una parte al alivio de las miserias, curando á los niños y 
protegiendo á la infancia desvalida, y por otra, en los mo- 
mentos de ocio, á cantar las amargiu-as del corazón, á poner 
en verso las lágrimas que del suyo brotaban como de pensador 
hondo, ensimismado, que no ve por todas partes más que el 
reinado de la tristeza y del dolor. Fué, efectivamente, el poeta 
de la tristeza angustiosa y de la piedad lastimada, que por eso 
era médico bien penetrado del sacerdocio de su profesión y 
poeta cuya visión de la vida estaba empapada en lágrimas. Con- 
serva de los románticos el sustituir á la realidad de las escenas 
la fantasía soñadora, cuando trata de asuntos épicos ó narrati- 
vos; pero nada de épico tenía: no supo hilar una acción ni ta- 
llar un personaje. Canto llamó á su obra La Fibra salvaje 
{1860). con harta más razón que poema, como Miguel Cañé 
pretendía. Fué un lírico puro, de la opaca de transición entre 
el romanticismo y el realisaiio, teniendo de aquél lo fantástico 
y soñador, de éste la sinceridad y ninguna exageración, tanto 
^n el sentir como en el expresar. Deleita con sus tristezas, en- 
vuelve al lector en dulces, amplias y vaporosas vibraciones, 
despierta en él nobles y profundas simpatías por las penas y 
sufrimientos humanos; pero sin la espuma romántica de efec- 
tismos y teatralerías, con la llaneza de un alma poética sincera. 
Pobre es su vocabulario ; conserva frases románticas de cajón 
y aun las menudea; nada de atildado ni exquisito en su estilo, 
lo cual, si hasta cierto punto no es virtud artística, tami>CH:o 
deja de serlo, como negación de todo rebuscamiento. Porque, 
de hecho, la cualidad principal de Gutiérrez es la sinceridad. 
Pocos como él han sal>id(j, con escasos medios téiMiicos, impre- 
sionar tan hondamente, i^or la dulce unción del canto (jucj um- 
broso, ]K>r el vago quejido del pensamiento, llanamente expre- 
sado, cabalmente i)or sinceramente sentido. Fué triste, como 



S. XlS., 1860. FEDERICO BALART 287 

todo hombre serio que piensa hondo, y triste hubo de ser su 
poesía. Uno de los trozos más característicos es la carta á Lu- 
cía en La Fibra salvaje. Notables son La Oración, El Misio- 
nero, Magdalena, La Hermana de la Caridad. Dejó inédito el 
drama Lázaro, después estrenado (1903). 

98, Ángel Ganivet, en Helios, t. II, pág. 43: "De Dolores había 
leído algunos fragmentos; decididamente las composiciones que me 
gustan más son las escritas en pareados, las más naturales y las más 
personales: Al lector, Resignación, A media noche, Restitución. No 
es libro de actualidad, y por eso es más duradero. Balart es un poeta, 
á secas, de lo que no hay ; no es humorista como Campoamor, en esto 
le aventaja; no es escultural como Núñez de Arce, pero sin necesidad 
de tanto músculo le supera... En la poesía lírica no basta el senti- 
miento, si no hay un estado de ánimo interesante y apropiado á las 
circunstancias... La fuerza de sus poesías está en la soledad de que 
aparece rodeado. Por eso las mejores son las de versos pareados, las 
más monótonas y las que, por consiguiente, corresponden mejor á la 
idea que mueve al poeta. Siendo vtilgarísimo el sentimiento del amor 
perdido, conmueve delicadamente cuando el que lo sufre deja ver sus 
efectos en una actitud poética, como lo es la del solitario, que se 
aparta de todo lo material para vivir con su idea, con su recuerdo y 
crai su dolor. Quizás la composición que contiene mejor el espíritu 
del libro es una de las más cortas, Soledad.'' ]. Vallera, Ecos Argen- 
tinos, 1901, pág. 106: "Es de admirar el señor Balart por su correc- 
ción y elegancia, por la riqueza de su idioma poético en giros, frases 
y voces y por el primor, concisión y energía con que sabe hacer y 
hace versos sonoros y sin ripios. El cuiltivado espíritu del autor luce 
naturalmente, con sobriedad y sin rebuscamiento, el gran saber que 
posee ; se muestra agitado y preocupado por los más tenebrosos pro- 
blemas religiosos, metafísicos y sociales que agitan en nuestros días 
el alma humana ; y atina á hablar de ellos, no con la didáctica seque- 
dad del profesor ó del prosista, sino revistiéndolos de imágenes bri- 
llantes y envolviéndolos en hermosos símbolos y animadas alegorías, 
que arrebatan la imaginación del lector sin enturbiar ni confundir 
lo que es y debe ser claro, aunque sí prestando hasta á lo metafísico 
y abstracto el fuego de la pasión y la conmovedora energía de lo que 
está tan hondamente sentido como bien expresado." J. Valera, Poe- 
sía... s. XIX, I, pág. 226: "Su buen gusto, su extenso y variado saber 
y su espíritu reflexivo, ordenan y dirigen los ímpetus de su vehemente 
sensibilidad y ponen á su inspiración di freno del recto juicio. Es 
notable la tersura de su estilo. En sus versos hay claridad y precisión. 
Poco ó nada huelga en ellos, y no por eso se advierte el esfuerzo que 
pudo costar el escribirlos, ni se ven las huellas de la lima que tal vez 
se empleó en acicalarlos. Fáciles y llanos son todos. En ellos se ex- 



288 PRIMER PERÍODO DE L^^ ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

presan los pensamientos con la misma exactitud dialéctica que cabe 
en la prosa, y, sin embargo, el lenguaje de que se valen es digno siem- 
pre de la poesía.-' La crítica de Balart por Acorin es apasionadamen- 
te desacertada. Dolores, Madrid, 1893, 1895, 1902. Impresiones, Lite- 
ratura y Arte, 1894. El Prosaísmo en el arte, 1895. Horizontes, poe- 
sías más filosóficas que sentimentales, 1897. Novedades de antaño. 
Sombras y destellos, póst., 1905. Fruslerías, 1905. 

En la única Necrología de R. Gutiérrez: "Exquisito compuesto 
de sensibilidad y pasión, ha dicho el señor Manuel Láinez, mezcla de 
energías y desfallecimientos, de altiveces y ternuras, de tristezas y 
alegrías, adusto y familiar, grande á la distancia y extraño y con- 
fuso de cerca ; con todos los lineamentos y todas las luces y las som- 
bras que caracterizan á los hombres de excei^ción, cuyos contornos 
conserva la biografía, apuntando sus alternativas, como se estudia el 
proceso de las grandes almas humanas, casi siempre en rebdión con 
el medio ambiente en que desarrollaron su vida. Su aspecto físico 
era tan sorprendente y extraño como su espíritu... Nadie pasaba por 
su lado sin notarle; atraía y confundía la amalgama de rigidez y 
ternura de su fisonomía; el conjunto de sus facciones guardaba una 
inmutable compostura, la completa despreocupación de lo que le ro- 
deaba; pero sus ojos, de incierta y cambiante luz, de mirada buena 
y íífable, denunciaban que el habitante valía más que la fachada de 
aquella morada humana" (En la Introd., de J. A. Argerich, 191 5.) 
Rodó, El Mirador de Próspero (1913, pág. 319) : "Era el poeta de to- 
dos, sin dejar de ser, intensa y dominantemente, el poeta de sí mismo. 
Había brindado la hospitalidad de su corazón á todas las cosas bue- 
nas, á todas las cosas bellas. Naturaleza esencialmente lírica la suya, 
siempre en sus cantos el impulso del vuelo partía de la intimidad. 
Pero en su intimidad refundía, convirtiéndolo en sentimiento propio, 
en dolor propio, el dolor de todos los que sufren ; en fuerza de su 
vida, d alentar de todos los que esperan, la exaltación de todos los 
que batallan ; en calor de su sangre, el ansia de todos los que pade- 
cen hambre de justicia y el entusiasmo de todos los que persiguen 
sobre la tierra un ideal. La individualidad, la vida misma del poeta, 
límpida y fuerte como el mármol, eran, además, un nimbo de luz sobre 
su obra. ¡ Cuántas veces, corriendo, llenos de emoción, el velo que 
oculta á nuestros ojos la intimidad de la existencia de donde parte 
la palabra inspirada, sólo nos es dado encontrar el fondo gris de una 
l>ersonalidad moralmente indiferente ó borrosa ! En nuestro poeta, 
personalidad y arle, vida y ensueño, se confumlen y forman un solo 
trazo de luz. Huella por la que puede seguirse el rumbo de su marcha 
son sus versos. Cantó á la fe en el ideal (|ue regenera, y tuvo fe; 
cantó á la caridad, y fué piadoso; cantó al heroísmo, y fué soldado. 
En esta luminosa existencia la poesía es acción, la acción es poesía. 
Evocando la imagen del varón bueno y abnegado es como a(l(|uiere 
sobre nosotros toda su avasalladora virtud el canto <lel poeta. Dueño 



S. XIX, 1860. RICARDO GUTIÉRREZ 289 

era su numen por igual de las dos grandes manifestaciones del sen- 
tín-iento lírico : la que se reconcentra en el recogimiento y la medita- 
ción timida del tumulto humano, y la que alienta en las inspiraciones 
del alma cdlectiva y es tribuna de donde arengar y espada con que 
lidiar en nombre de todos. Vibraban alternadajmente en sus cantos los 
acentos del hombre íntimo y los del soldado del pensamiento y la 
acción. Unas veces la suave estrofa modelada para el amor y el rue- 
go; la que se ampara bajo aquellas frondas propicias ail misterio del 
alma, donde los sentimientos delicados y afectuosos anidan. Otras 
veces el verso amplio y fulgurante, el verso de grandes alas, lleno de 
sol, erguido sobre una cúspide. Nacían de esta audacia épica ©1 grito 
de guerra de la Libertad que envía al país del trópico sus legiones; 
la vigorosa imprecación de Montevideo; el diálogo de El Poeta y 
el Soldado. Brotaban de aquella reconcentración melancólica la carta, 
húmeda en lágrimas, á Líicía; el contemplativo sentir de La Oración, 
y la querella apasionada de la Magdalena. No era el poeta de Lázaro 
un devoto de la plasticidad y melodía de la forma ; no era un cincela- 
dor paciente y obstinado del verso ni á él alcanzaron los influjos de 
la evolución posterior al romanticismo de la lírica que levantó so- 
bre las ruinas de las aras de la emoción y el pensamiento las consa- 
gradas al culto de 'la perfección exterior. Pero tenía un admirable 
don instintivo de armonía, un seguro y natural imperio del ritmo, que 
le autorizaban para sustituir, en la ejecución, los afanes del procedi- 
miento laborioso con la confianza y la audacia de la libertad. Y el 
verso brotaba de su mente alado, ágil, espontáneo, con ímpetu, como 
lampo de luz que rasga de improviso las sombras; como de vena de 
agua que salta de la roca herida por el pico ; como de anchurosa ban- 
dera que se despliega de un golpe y flota en los aires á favor de un 
viento pujante. Hase observado que uno de los más constantes modos 
de manifestación del genio lírico está en el don de crear ó modificar 
algún metro, que es como "la nueva copa en que se exprime el jugo 
"generoso de un ingenio nuevo". Fué otorgado á Ricardo Gutiérrez 
este signo escogido de originalidad. El cinceló su copa para el vino 
de su vendimia, y creó su estrofa propia, su estrofa admirablemente 
modelada sobre el tono íntimo de su sentimiento, llena á la vez de 
fuerza y de gracia, como el cuerpo del púgil, y que quedó consagrada 
en la lírica argentina, donde Gervasio Méndez la eligió para mensa- 
jera de su abandono y su dolor y la ungió nuevamente con la unción 
de las lágrimas. En ella están sus composiciones, que muchos tienen 
por mejores; las que son, por lo m.enos, las más sentidas, las más in- 
genuas, las más íntimas ; y ella llegará á la posteridad, perpetuándose 
en la métrica de la poesía americana, como forma sensible de la in- 
mortalidad de quien la añadió al Cancionero de la lengua." Doctor 
González, Diario de Sesiones, de B. Aires (Set. 27, 1916) : "Ricardo 
Gutiérrez, sin duda alguna, fué el poeta que más hondamente cantó 
los dolores y los ideales del alma humana, en cuanto está representa- 

TOMO VIII. --IO 



290 F'ÍIMER PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

da por esa parte de nuestra nacionalidad diseminada por las pampas 
y las campañas; no á la manera de Martín Fierro, que traduce las 
del gaucho en su propio idioma, sino á la manera del psicólogo mo- 
derno, que estudia el akna de su generación ; á la manera del sabio, 
áe\ psicólogo, del crítico; y, por cierto, esta ciencia le debe ese po- 
der tan grande de análisis y emoción con el cual supo arrancar de 
las dolencias humanas los acentos tan profundos como los de un Job 
dotado de ciencia; fué también, como Almafuerte, un poeta intenso 
y un filántropo abnegado.'"' "Doctor Ricardo Gutiérrez, hijo de don 
Juan Gutiérrez y de doña María Sáenz. nació en Arrecifes, provincia 
de Buenos Aires, el día 10 de Noviembre del año 1836. Muy joven 
aún, sus padres lo enviaron á la capital, en cuya Universidad se doc- 
toró en Medicina y Cirugía. En 1860 aparecieron sus primeras pro- 
ducciones en verso en El Correo del Domingo, y se editó á la vez sus 
poemas descriptivos que llevan por título La Fibra salvaje. Lázaro 
es otro de los magistrales poemas del doctor Gutiérrez. Establecido 
en Buenos Aires, se dedicó con ahinco á su humanitaria profesión, 
pero sin abandonar sus aficiones literarias, como lo prueban las co- 
lumnas de la Revista de Buenos Aires, la Revista Argentina, la del 
Club Universitario, de Montevideo : La Ondina del Plata y otras re- 
vistas de literatura y varios diarios políticos que contienen muchas 
de sus composiciones. En 1878 se publicó un tomo bajo el rubro Poe- 
sías de Ricardo Gutierres, que contiene los poemas arriba citados y 
numerosos cantos que forman El Libro de las lágrimas y El Libro de 
los cantos; en 1879 fundó, con sus hermanos José María y Juan Gu- 
tiérrez, La Patria Argentina, diario en cuyas páginas diera á luz sus 
bellísimas producciones en prosa, entre ellas el poema Cristian, que 
aguardan aún la mano piadosa é inteligente que los reúna en un vo- 
lumen. En 1891 anunciaba la aparición de otro libro titulado Juicios. 
El doctor Gutiérrez hizo también la campaña del Paraguay bajo las 
órdenes del general Mitre, y á su vuelta, en 1870, el Gobierno lo envió 
á Europa en jira de estudios. En los viejos centros se atesoró de ex- 
periencia, y al lado de los maestros se especializó en lo que debía ser 
uno de los pedestales de su fama : la clínica infantil. De regreso á la 
patria fundó el hospital de Niños de esta capital, del que fué su pri- 
mer director, cargo que desempeñó gratuitamente durante veinticinco 
años. Se dice que, apenas asomaba en las salas, todos los enfermitos, 
haciendo un esfuerzo, venciendo sus propias dolencias, le saludaban 
con alborozos filiales. Numerosos y distinguidos escritores nacionales 
y extranjeros hanse ocupado de la singular existencia del doctor Gu- 
tiérrez, y entre las obras sobre su personalidad científica y literaria 
se destacan las de Juan Antonio Argerich, Pablo Groussac, José En- 
rique Rodó, Gontrán Ellauri, Obligado. Miguel Cañé, Osvaldo Mag- 
nasco, Manuel láinez y otros. A la entrada del hospital de Niños, 
los médicos de Buenos Aires erigiéronle, á su muerte, una estatua, 
y en el cementerio de la Recoleta, un inoinniK-nio fúnebre, en justiciero 



S. XIX, 1860. RICARDO GUTIÉRREZ 29 1 

homenaje "al maestro y fundador." Pero aún falta el busto del "poe- 
"ta-médico" en un jardín público de Buenos Aires, donde puedan 
contemplarlo las progenies presentes y por venir, y recordar ante su 
fignra al que fuera una de las más puras y menos discutidas glorias 
literarias y científicas de la patria. Como un apéndice digno y por 
encuadrar dentro del motivo de estas líneas, transcribimos á conti- 
nuación dos de las bellísimas poesías del egregio vate, conservadas 
inéditas hasta la fecha. Ellas son : 

"adiós" es la palabra de la muerte 
(Dolora.) 

Aquel ser adorado que en mi vida 
amé (fuera de ti) con más amor, 
la tarde de una triste despedida 
"Adiós" — me dijo, y respondile — : "¡Adiós!" 

¡ Ay ! Sin que ya otro sol para él luciera 
su alma idolatrada se apagó... 
¡ Ultimo, eterno, para siemipre era 
su adiós primero y mi primer adiós... ' 

¡Ah!, desde entonces, cuando acá en la vida 
me alejo de algún ser que quiero yo, 
en la triste ansiedad de la partida 
ni adiós le pido ni le digo adiós. 



Hoy tengo oscurecido el pensamiento 
y lleno de tristeza el corazón, 
porqup en las puras ondas de tu aliento 
mandaste á mis oídos un adiós. 

Deja que cruce enmudecido al verte; 
calla otra vez tu misteriosa voz. 
"Adiós" es la palabra de la muerte. 
Ni adiós me digas ni te digo "adiós." 

"la gratitud 

Miré por detrás de mí 
porque un brazo levantado 
con un puñal afilado 
bajar á herirme sentí; 
y al verse comprometida 
la impunidad del traidor, 
lleno de extraño terror 
oculto emprendió la huida. 
— ¡ No vas cubierto bastante ! 
— grité, sin hacerle daño — : 



29* PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

el libro del desengaño 

me ha mostrado tu semblante; 

<\ brazo del enemigo 

no esconde el golpe jamás, 

"la que hiere por detrás 

es siempre mano de amigo"; 

y en este mundo mortal 

sé desde antes también, 

"que el mal se paga con bien 

y el bien se paga con mal." 

La Razón, Set. 23/916." 

La Fibra salvaje, 1860. Cristian, 1880. Poesías líricas {El Libro de 
las lágrimas, El Libro de los cantos), 1878, 1882, 1915, 1916. Poemas 
(La Fibra salvaje, Lázaro), con estudio de Juan Ant. Argerich, Bue- 
nos Aires, 1916. Poesías escogidas (Poesías líricas y Poemas), Bar- 
celona, 1 91 5. 

99. Año 1860. Enrique Gaspar y Rimbau (i 842- i 902), 
madrileño, y de la carrera consular, colaborador de Las Pro- 
vincias, de Valencia, y Gente Vieja, etc., pasó lo más florido 
de su vida en Atenas y Marsella; después estuvo de diplomá- 
tico en Hong-Kong y otras partes lejanas, lo cual le impidió 
darse de lleno á las letras. Fué poeta festivo y ligero y uno de 
los mejores dramáticos de la época realista y por consiguiente 
de todo el siglo xix. Ayala dióse á conocer con El Hombre de 
Estado (1851); Tamayo, con La Locura de amor (1855), triun- 
fando con ellos el nuevo género realista; pero aplicado á la alta 
sociedad, en la llamada alta comedia, Enrique Gaspar dio un poco 
más, no sólo aplicándolo á la clase media, sino afinando hasta 
tal punto el realismo, que se le ha llamado naturalista, antici- 
pándose ya al naturalismo francés con su primera obra Co- 
rregir al que yerra (1860). Adelantóse más tarde no menos á 
la escuela del teatro de ideas que hoy triunfa, con Las Perso- 
nas decentes (1890). Fundador, de esta manera, de dos nuevas 
escuelas dramáticas en España ; no bien justipreciado por la 
crítica de su tiempo, por hal>crse adelantado al presente, á pe- 
sar de habérsele casi siempre aplaudido y de haber cobrado 
envidiable fama, ocupa un lugar señalado en la dramaturgia 
española del siglo xix. Sus comedias fueron realistas en su 
primera época y satíricas, fie fina observación psicológica, ca- 



S. XIX, 1860. PEDRO ESCAMILLA sgj 

racteres verdaderos, situaciones vivas, golpes ingeniosísimos. 
Prefería, como de?piiés los naturalistas franceses, sacar á las 
tablas personajes malos, bien que reales y de la sociedad espa- 
ñola, para burlarse ccmicamente de ellos mediante la más fina 
sátira. Realidad y ver ad y hondo y filosófico pensamiento, en- 
carnado en cada una <:e sus obras. Entendió muy bien su ópo^ 
ca y se adelantó á ella cuanto á la más sólida dramaturgia, de 
llevar al teatro la vida común tal cual es, en personajes, situa- 
ciones y manera de hablar. La Levita causó una verdadera re- 
volución, y gustaron mucho El Estómago y Huelga de hijos. 
En su segunda época avanzó todavía más en realismo y fué el 
primero en llevar á la escena el teatro de ideas, anticipándose 
á Benavente y ganándole en la viveza y rapidez del diálogo, 
en la pasión y movimiento teatral, en la unidad de acción; te- 
niendo, como él, los defectos de que el diálogo sobrepuje á la 
acción dramática, hablándose en la escena más bien que obran- 
do; y de que, como el mismo Benavente y Linares Rivas, se 
trasparente á veces demasiado el autor en varios de los p-erso- 
najes, que se expresan en el mismo estilo y tono satírico. Fué 
también el primero en convertir el tradicional lenguaje empa- 
cado y literario en el real y vivo de las gentes de buena socie- 
dad, artísticamente condensado en el diálogo recortado, vivo, 
culto y nada amanerado. 

Carlos Walker Martínez (1842-190.O. de Valparaíso, 
diputado (1870), gran orador político, jurisconsulto distingui- 
do, defensor de la Revolución del pi, notable y valiente escri- 
tor, que desenmascaró francamente muchos errores é injusti- 
cias; vigoroso y batallador poeta, cantor del pueblo obrero; 
pero, sobre todo, de los más aplaudidos dramáticos, porque 
supo beneficiar la vena de la historia patria con acierto y sin 
caer en patrioterías hueras : altivo y caballeroso al estilo de 
los cruzados paladines de la Edad Media. El Hijo del pueblo 
y La Vuelta á la patria son poesías que recita todo chileno. 
Las Cartas de Jerusalén son dulces, tiernas y melancólicas. 

Pedro Escamilla, madrileño, director de El Fisgón (1865), 
fué toda su vida un bohemio. Bueno y castizo escritor, compu- 
so un sinfín de obras teatrales y novelescas del género melcH 
dramático y folletinesco, que gustaron mucho por el enredo va- 



194 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

riadisimo, que despierta la atención, en lo cual fué inagotable 
por su rica inventiva. El Arcediano de San Gil fué muy aplau- 
dido. 



100- E. Gaspar, en el pról. á Las Personas decentes (1890), sien- 
ta que en el teatro "la evolución se impone". "Tiempo hace que el 
público la presiente; hoy ya la exige: lo difícil es que acepte el man- 
jar sin extrañeza, cuando todavía conserva el dejo de su antigua ali- 
mentación." Así es que "quiere vestirse de actualidad, puesto que vive 
la vida moderna". Las Personas decentes es un cuadro de la relaja- 
ción y lenidad sociales, nacidas de la tendencia igualitaria "que ha 
echado un puente entre el hombre de bien y el bribón para que todos 
puedan circular por él confundidos, mediante un derecho de portazgo 
de camisa limpia". Discurriendo sobre la forma de llevar á la escena 
este cuadro, trata de la verdad, de la moralidad y del uso de la prosa 
en el teatro. Cuanto á la verdad, teme el autor que parezca ingrata 
y repulsiva y que su sátira se le haga al público antipática y cruda, 
al presentar á los hombres tales corno son, no como antes se hacía en 
el teatro, presentándolos como debían ser, de modo que á lo ideal de 
antaño prefiere lo real; al gusto estético de lo ideal, el gusto de la 
reflexión, viendo el espectáculo vivo de las costumbres contemporá- 
neas. Nada de personajes simpáticos, sino reales, como ellos son. 
Cuanto á la moral, teme la tacha de no serlo su obra, porque un la- 
drón no acaba en presidio, antes sigue tan respetado en la escena... 
como en el mundo. Prescinde de ejercer al final la justicia distributiva 
"como en los cuentos de niños"; no le toca á él la sanción moral. 
"¿No me saldrán ustedes tratándome, por mojigatería, de autor fu- 
resto y plaga social, porque dejo vivir al bueno y al malvado en la 
ficción como en la realidad, sin enmendar la plana á Dios?" Cuanto 
al uso de la prosa escueta, esto es, sin borlas ni cintajos, y que ha- 
blamos en visita ó en la calle, dice: "En España venimos confundien- 
do desde fecha muy remota la dramática con las bellas artes. Nues- 
tras obras teatrales son verdaderos dechados de retórica. Como la lite- 
ratura entre nosotros consiste en poner bonito el concepto, diciendo 
las cosas de distinta manera que el común de los mortales, el lenguaje 
de nuestros dramas ha resultado un convencionalismo muy en armo- 
nía con los asuntos caballerescos y de época, pero un anacronismo 
para la comedia de costumbres... Esta supeditación del fondo á la 
forma ha traído consigo el predominio de la rima en la escena, peca- 
do original del que emanan los demás errores: pues, al construir una 
obra teatral, el adornista ha eclipsado siempre al arquitecto, la soli- 
dez ha cedido el paso á la belleza y el edificio ha resultado con una 
fachada llena de telamones en los arquitraves, de metopas en los 
frisos, fie esculturas en los tíni])anos del frontón, de maravillas d«e 
ornamentación, en fin... pero sin cimientos... Ser ó no ser. Nifios, 



S. XIX, 1860. ENRIQUE GASPAR Y RIMBAU 2yb 

cultivemos la sincccloque y la metonimia y contentémonos con aspirar 
al premio de retórica en el curso de humanidades. Hombres, dejemos 
los rizos, el tonelete y todo el atavío infantil, que ya no sienta bien 
á nuestras barbas, y rompamos con la tradición resueltamente. No 
hagamos versos para no olvidarnos con el canto de que nuestra misión 
es hablar. Archivemos los tropos, á fin de que el público, emborra- 
chado por la exuberancia de fantasía, no aplauda inconscientemente 
la emboscada que le tendemos, para que no note que hemos invertido 
toda una escena en decirle que nos vamos por el primer tren, y que 
aun esto poco se lo hemos dicho vestidos de levita y armados de un 
laúd como los trovadores antiguos." Acerca de Las Personas decentes 
véase el juicio de Yxart, El Arte escénico, t. I, pág. 166, que pondre- 
mos al tratar de Benavente para compararle con Gaspar. Respecto del 
lenguaje, engáñanse los críticos al creer que, ensalzada el habla común 
y real, como la ensalza Gaspar, contra la falsa retórica antigua, pre- 
tenda fotografiar en la escena el modo ese común de hablar. Nadie 
ha dicho que no sea arte el llevar el habla común á la literatura y la 
pura fotografía no es arte. Lo que han dicho, por ejemplo, los natu- 
ralistas, y muy bien dicho, es : "queremos llevar á las tablas una len- 
gua literaria hablada''' , en oposición á la lengua literaria escrita, que 
es la que usa y usó la inmensa mayoría de los dramaturgos. "Intenta- 
mos un resumen vivo y característico del lenguaje usual", y claro está 
que resumir lo característico no es fotografiar el habla popular con 
sus repeticiones vulgares, sus balbuceos incorrectos, con la escoria 
de la conversación. Esa escoria del habla la quita el arte, así como 
quita la escoria y lo no característico al pintar acciones, situaciones 
y personajes, resumiendo por el arte, limpiando la realidad, sin ideali- 
zar, que es cosa bien diferente. El realismo es tan arte como el idea- 
lismo, sino que el realismo saca sus elementos de la realidad y el 
idealismo los saca de la cabeza. Lo que se intenta imitar de la con- 
versación común es la vida, la espontaneidad, el calor, la animación. 
Y esto hicieron siempre todos los verdaderos artistas ; pero los que 
no lo son tanto, y en las épocas decadentes casi todos, aférranse al 
amaneramiento formando un lenguaje enteramente falso y apartado 
del vivo común de las gentes. Hay que devolverlo á la vida, mejor 
dicho, hay que llevar por el arte otra vez á la literatura el habla viva 
del común de las gentes artizándola sin matarla, condensándola, lim- 
piándola de la escoria, de la ramplonería usual. No faltó á la natu- 
ralidad Gaspar, cuando eso hizo, de modo que hablasen galanamente 
sus personajes, cuando eran de buena sociedad, de una sociedad cor- 
tés y galana. Tal es la lengua literaria hablada que llevó al teatro y 
otros llevaron á la novela en la época realista. "Se ha deseado crear 
esa lengua, dice Yxart, en oposición á la del libro; abandonar por 
falsa la imitada de otros dramas y acudir á la de naturaleza: vivifi- 
car con su sangre el anémico idioma de las tablas. Este es el lenguaje 
usual, que puede ser culto, ya que hay también gente culta, lo mismo 



296 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

que rudo y popular, ya que existe el pueblo. A falta de méritos más 
altos, Las Personas decentes tendrán siempre la gloria de haber con- 
tribuido en estos últimos años á esta reforma, tan denigrada y mal 
comprendida por algunos: pasar de ia retórica melodramática al len- 
guaje de la naturaleza... y de la sociedad culta" {El Arte esccn., I, 
pág. 181). Yxart, El Arte esc, I, pág. 308: ''Se anticipó, hace casi 
tm cuarto de siglo, á algunos dramaturgos espafioles. El arte peculia- 
rísimo de Gaspar — el que más recuerda el de los escritores franceses, 
con ser original y castizo — se halla integro y como en su punto de 
sazón en Huelga de hijos. Su diálogo es sobrio, gráfico y certero, en 
tono más corriente, más bajo y, por tanto, más agradable que el usado 
en general por los demás escritores españoles, siempre afectado y 
duro. Ese estilo, que ''tiene el diablo en el cuerpo" — como quería 
Voltaire — ^y es la más adecuada envoltura exterior de un ingenio ace- 
rado y penetrante, en oposición y contraste con la imaginación ardo- 
rosa, da muy singular vitalidad á lodos los caracteres con pocos to- 
ques, comunica amenidad extraordinaria á las escenas cómicas del 
primer acto, y sobrio, severo vigor á los conmovedores episodios de 
los dos siguientes. El autor ha realizado, además, en Huelga de hijos 
un verdadero tour de forcé, de arquitectura teatral. Con tratarse de 
un asunto que lleva consigo una serie de reconocimientos y sorpresas 
entre personas que viven separadas, que una vez juntas se estorban 
mutuamente, y que, estorbándose, han de ventilar todas el mismo con- 
flicto doméstico ó ser víctimas de él en distintas situaciones, la obra 
se desarrolla en un mismo lugar y exactamente en el tiempo brevísimo 
de la representación. Hay un regreso tan riguroso á las unidades de 
los clásicos, que sólo se corre y descorre el telón para dar descanso 
á los espectadores. Huelga de hijos corona dignamente, á mi juicio, 
la perseverante labor de un dramaturgo sincero, valiente y reñido con 
las peores tradiciones de la escena española, que, por lo mismo, no ha 
sido apreciado aún en todo lo que vale." Andr. González Blanco, Los 
Dratnat. esp., 1917, pág. 251 : "Don Enrique Gaspar, que ha sido exce- 
sivamente olvidado y que es, en verdad, un precursor del teatro realista 
moderno y que unía á su condición de creador la condición de crítico 
sagaz y clarividente. Pero entregado á sus tareas consulares, el señor 
Gaspar no habia podido poner en el teatro todo su esfuerzo y no había 
podido dedicarle sino raros, aunque fecundos ocios, en las largas vigi- 
lias insulares de Hong-Kong ó de Manila. E^mbebido como Stendhal 
y como E(ja de Quciroz en sus protocolos, apenas era un profesional, 
era más bien un amateur resuelto y esforzado ; no podía hacer la vida 
intensa del autor teatral, ])enetrar en los saloncillos, crearse atmós- 
fera, dar vuelos al nombre, dinamizar su gloria, por decirlo así, y 
vegetaba en lejanas y transoceánicas tierras, sin relación directa y 
continua con la metrópoli. Por eso su obra Las Personas decentes 
(1890), estrenada cinco años antes que Juan José y acaso al mismo 
tiempo que Los Irresponsables (1891), no ¡nido lograr el éxito defi- 



S. XIX. 1860. PEDRO ESCAMILLA 297 

nitivo que hubiera obtenido en caso de que su autor hubiese vivido 
en Madrid y frecuentado los camerinos de las actrices de nota y las 
camarillas literarias." 

E. Gaspar: Un miope sin quevedos (Valencia, 1856). Corregir al 
que yerra (1S60). El Onceno, no estorbar (1860). Las Sábanas del 
cura. La Escala del matrimonio (1861). El Piano parlante, jug. (1863). 
Pobres mujeres, jug. (1863). Candidito (1863). No lo quiero saber 
(1863). El Sueño de un soltero (1864). Moneda corriente (1864). Cues- 
tión de forma (1865). El Oso proscripto. El Jugador de manos. Una 
familia especial. Mosén Antonio. La Nodriza. La Vida íntima. Las 
Circunstancias (1867). La Levita. D. Ramón y el señor Ramón (1868). 
La Cancanomanía. El Estómago (1871). Lola (1885). El Anacronó- 
pete, viaje á China (1887). Castigo de Dios (1887). Majaderías (1889). 
Más majaderías (1889). Las Personas decentes (1890). Viaje á Atenas 
(1891). A'ada entre dos platos (1892). Huelga de hijos (1893). Pasiones 
políticas (1895). La Chismosa (1898). Consúltese Rev. Archiv., 1902 
(Agosto). 

Publicó Walker un tomo de Poesías, dos de Romances ameri- 
canos, El Proscrito, la vida del ministro Diego Portales, París, 1879. 
Estrenó La Religión y la inteligencia, dial. (1860). Manuel Rodrí- 
guez, dr. (1865). La Redención de C/zí7e (1891). Páginas de un viaje 
á través de la América del Sur, Santiago, 1877, 1903. 

Pedro Escamilla: Miguelito, 1860. Un gallego, coni., 1861. Aven- 
daño y Aguilar, 1862. Las Siete palabras. Habana, 1867. El Desenla- 
ce de un drama, 1869. Bertoldo, 1869. Requiescat in pace, 1870. El 
Cristo de la agonía, 1870. Jesús, 1870. Por el rey y contra el rey, 1872. 
El Álbum y ramillete, 1872. La Alcaldesa de Zaratán, 1873 El Hijo 
de D. Damián, 1873. Una hiena, 1874. Por lo flamenco, 1874. El Niño 
ya tiene í/n diente, 1874. Por ser corto de genio, 1874. La Hermana de 
la Cruz Roja, 1874. Escenas de un drama, 1874. Muertos que resuci- 
tan, 1876. Amor quebranta amistad, 1877. Partida doble, 1877. La 
Muñeca, 1878. El Pretil de Santisteban, 1879. La Ultinm comedia, 

1880. Cobrar el hospedaje, 1880. Ei Hábito de Santiago, 1880. Di- 
plomacia macarena, 1880. Un toro de muerte, 1880. Se suplica el 
coche, 1880. Se desea un señor solo, 1880. La Camisa de la Lola, 

1881. Las Matanzas de Oran, 1881. Correr un temporal, 1881. Ora- 
ción de S. Antonio, 1882. El Capitán Satanás, 1882. Ruperto el po- 
bre diablo, parod., 1883. Un matrimonio á muerte, 1884. Verónica 
y volapié, 1885. La Cabeza de S. Pedro, 1889. Publicó novelas folleti- 
nescas de burda hilaza : El Mártir del aldea. La Bruja de Chamberí, 
1876. Rosa Samaniego ó la sima de Egurquiza, 1877. El Doctor joro- 
hado ó el rey de los ladrones, 1878. El Cristo del perdón, 1879. Un 
drama al pie del cadalso, 1879. El Guardián de los Jerónimos, 1880. 
El Mesón del miserere. Las Chulas de Lavapiés, 1881. Los Baños del 
Manzanares, 1882. Amo^ de madre, 1882. El General Bumbúm, 1883. 
El Farol de la Virgen, 1883. El Guapo Francisco Esteban, 1883. La 



298 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185G-1869) 

Urraca kidrona, 1883. El Majo de Andt'ijar, 1883. Almanaque de 
chistes para 1884, 1883. Lola la costurera, 1884. San Francisco y Com- 
pañía, 1885. Las Siete mujeres de Barba Azul. La Virgen del mar, 
1886. Almanaque el Quitapesares (trece años, 1889). 

101. Año 1860. Eduardo (Hano) Bustillo de Lusto- 
NÓ, nacido en 1836, madrileño, secretario de la esjjosa del 
rey don Amadeo, fué, según Revilla al juzgar su Libro acul 
y según otros, mediano como poeta y como dramático; sin 
embargo, hay cierta fina sátira psicológica realista en algunos 
de sus libros y artículos del Madrid Cómico. En El Ciego d. 
Biienavista tomó igualmente prestada la pluma á Quevedo. 
En Las Cuatro estaciones hay poesías sentidas v de apasiona- 
do amor á la naturaleza, en !a que halla motivos filosóficos y 
morales. Gran literato, moralmente bueno en sus escritos y en 
su trato y carácter, de lengua viperina como crítico y de fino 
gusto. Buen poeta, sonetista y romancerista. Escribió en la 
Ihistr. Española sobre todo, y dirigió El Gato (18Ó6), donde 
usó el seudónimo de El Gato de Madrid. 

Antonio Fernández Grilo (1854- 1906), poeta cordobés, 
de salones y Corte, de pura fantasía andaluza y poco fondo, es- 
cribió sus primeras composiciones Al mar y El Águila, y las 
mejores. Las Ermitas, Noche Buena, El Imñeruo, El Campo, 
La Monja. 

102. Fué E. Bustillo tamJiién redactor de La Iberia, El Gato, 
Ilustr. Esp.; colaboró en La Educación Pintoresca (1857), Escenas 
Contemporáneas (1865), Los Niños (1870-77), La Niñez (1879-83). 
La Edad dichosa (1890-92), etc. Usó del seud. El Gato de Madrid. 
Obras: Estudio sobre Calderón. El Romancero de la guerra de África 
(1860). El Libro de María (1865). El Laurel de los laureados (1872). 
Las Cuatro estaciones (1877). El Libro azul, novelilas y bocetos de cos- 
tumbres (1879). La Sal de María Santísima, cancionero fesiíx'o (1882). 
El Ciego de Buenavisla, romancero satírico de tipos y malas costum- 
bres fi888). Cuentos, pensamientos y agudezas de los poetas dramá- 
ticos del siglo de oro, dos yols. Cosas de leí vida, cuentos y novelitas 
('1899). Campawis teatrales, crítica dramiática (i(K>0. Para el teatro: 
Lazos de amor y amistad, coin. (1865). L roncos y ramas. Camino de- 
recho. Cartas trascendentales (1877). Agustina de Aragón, cp¡so<l. 
dram, Í1878). Razón de Establo (1879), Galas del ingenio (1880). En 
Rev. España: El Laurel de los laureados, paso dram. (1872, t. XXVII). 
I'uc muy sufrido en las bromas, como en la (¡iie le dieron sus amigos 



. S. XIX, 1860. FRANCISCO FERNÁNDEZ Y GON ZÁLEZ 299 

de la cervecería Escocesa (calle del Príncipe), regalándole con un 
banquete por viejo, fingiendo allí telegramas recibidos de Calderón, 
etcétera. 

F.co Blanco García, La Liter. esp. en el s. xix, II (1903), pág. 65: 
"El (Grilo) se ha retratado á sí mismo en esta décima, si se la en- 
tiende al revés : 



"No soy el aura sonora 
que en inútil embeleso 
busca el perfumado beso 
de la flor que la enamora ; 
no soy la bruma incolora 
de la yerta tradición, 
ni la candida ilusión, 
ni los sueños de la cuna, 
ni el tibio rayo de luna 
que duerme en el torreón." 

Grilo es todo eso que él no quiere ser : el poeta de las auras y las flo- 
res, de la tradición y los recuerdos en lo que tienen de más íntimo é 
impalpable; canta con la dulzura, pero también con la inconsciencia 
de un ruiseñor. La potente lira de Núñez de Arce ó de Espronceda se 
le cae muy pronto de las manos." Trabajó en El Contemporáneo, La 
Libertad, El Tiempo, El Debate, El Arco Iris; dirigió, con José Bisso^ 
El Andaluz (1864) y colaboró en muchos periódicos. En la Rev. Esp. 
escribió España en el centenario de Calderón (1881, t. LXXX). Poesías,. 
Córdoba, 1860, 1869; Madrid, 1879. Ideales, poesías escogidas, París, 
1891. 

103. Año 1860. Francisco Fernández y González 
(1833-1917), de Albacete, hijo de un comandante de Caballe- 
ría distinguido en la guerra de la Independencia y hermano 
del novelista Manuel, estudió en Valladolid y Madrid, fué 
catedrático del Instituto de Teruel (1855) y de la Universidad 
de Granada (1856) y de Madrid (1864), académico de la His- 
toria (1867) y de la Española (1894); eruditísimo en Hi.=;- 
toria de España, mayormente en lo que atañe á los árabes ; 
filólogo semitizante, más cuanto á lo histórico que cuanto á 
lo puramente lingüístico. Por orden de la Academia de la His- 
toria corrigió y amplió la Biblioteca, de Casiri, y tradujo la 
novela caballeresca arábiga Beii-Zeyyad-ben-Amir el de Qui- 
ne;:a (en Museo Nao. de Antigüedades). 



50o primer período de la época realista (185o-1869) 

Cavetano Alberto de la Barrera Leirado (1831- 
1872), madrileño, estudió Medicina, quedóse con la farmacia 
de su padre, vendióla y en un mal negocio vióse sin hacienda ; 
fué bibliotecario de la Nacional. Escritor muy erudito y uno 
de nuestros más beneméritos historiadores literarios. 

José ]\Iaría Vergara y Vergara (1831-1872), colombia- 
no, diputado, historiador, poeta, á veces excesivamente tierno, 
sin gota de hiél y perpetuo improvisador; escritor ameno y 
variado, incansable periodista, crítico más gramatical que es- 
tético. 

104. M. Pelayo, La España Moderna, 1874, págs. 129-31: "Per- 
sona universalmente reputada como una de las más doctas de nuestra 
nación en Filología y en Historia y calificada no ha mucho de arabis- 
ta de primer orden por... Hartwig Derembourg..., estudiante de por 
vida... La robustez hercúlea de su temperamento intelectual le ha 
permitido cargar sobre sus hombros todo el peso y balumba de cono- 
cimientos diversos que integran el programa de nuestra Facultad, y 
por saberlo todo muy á fondo, no se le debe calificar de especialista 
en nada. Pasman la variedad de sus estudios y lecturas, las raras in- 
vestigaciones á que se entrega, el número de lenguas antiguas y mo- 
dernas, aun de las más exóticas y difíciles que ha llegado á dominar.. 
La Estética, que es su cátedra oficial y universitaria..." ídem, Crít. 
liter., 2.* serie, 1895, pág. 357 : "El libro que modestamente intituló 
Memoria sobre el estado social y político de los Mudejares de Casti- 
lla es completa y riquísima historia de aquella parte de nuestra pobla- 
ción... y fué obra sin precedentes... Las Instituciones jurídicas del 
pueblo de Israel en España es, en realidad, una nueva historia de los 
judíos españoles... Ha traducido gran número de textos árabes, he- 
breos y rabínicos concernientes á nuestra historia y literatura, tales 
como la Crónica de Aben \dhari de Marruecos, la de Gotmaro, obis- 
po de Gerona, el Ordenamiento de las aljamas de Castilla, muchos 
cuentos y novelas..., un nuevo catálogo de los manuscritos árabes de 
El Escorial, corrigiendo y ampliando el de Casiri..., otro catálogo de 
los manuscritos rabínicos conservados en el mismo depósito.'' Fran- 
cisco Fernández y González : Berceo ó el poeta sagrado en la España 
cristiana del siglo xiii (en La Razón). Lo Sublime y lo cómico (en 
La Iberia). España árabe, lii^torias de Al-Andalus, de Aben Adharí, 
Granada, 1860. Plan de una Biblioteca de autores árabes españoles, 
Madrid, 1861, 1863. Estado social y político de los mudejares de Cas- 
tilla, ibid., 1866. Historia de la crítica literaria en España desde Lu- 
zán hasta nuestros días, ibid., 1867. Idea del imperio en el mundo 
antiguo y sus influencias ulteriores en la península ibérica, disc. en 
la Acad. Historia, 1867. Las Doctrinas de R. Lulio (en Rei\ Esp., 



S. XIX, 1860. JOSÉ MARÍA VERGAR;\ 3oi 

1870-72, ts. XVI-XXVIII), De los moriscos que permanecieron en 
España (ibídem, 1871, ts. XIX-XX). De la escultura y pintura entre 
los pueblos de rasa semítica (ibid., 1871-72. ts. XXII-XXIV). Estu- 
dios clásicos de las Universidades españolas durante la época del Re- 
nacimiento (en Rev. de la Universidad). Naturaleza, fantasía y arte 
(ibidem). Lo Ideal y sus formas (en El Movimiento, 1876). Crónica 
de los reyes francos por Gotmaro, obispo de Gerona; noticia y juicio 
de la crónica, 1880. Instituciones jurídicas del pueblo de Israel en los 
diferentes estados de la península ibérica desde su dispersión en tiem- 
po del emperador Adriano hasta principios del s. xvi, Madrid, 1881 
(t. I). Establecimiento de los españoles y portugueses en las comarcas 
occidentales de África (en Rev. Esp., 1885, ts. CV-CVII). El Mesia- 
nismo israelita en la península ibérica (ibid., 1885, t. CII). Ordena- 
miento de las aljamas hebreas, texto rabínico-aljamiado (en Bolet. 
Acad. Hist., 1886). Estudio numismático-histórico sobre las medallas 
llamadas de Agila II y los hijos de Witiza, 1889. Los Reyes Acosta y 
Elier (en Esp. Mod., 1889, Nov.). Primeros pobladores históricos de la 
península ibérica, 1890 {Historia de España, dirigida por Cánovas). 
Discurso, en la Acad. Española, 1894. Memorias de escritores griegos 
y arábigos sobre el estrecho de Gibraltar y la Península Ibérica, 1905 
(en Iliistr. Esp. y Amer.) Consúltense : M. Pelayo, Rev. crít., en La 
Esp. Mod., t. VI, n. 63, págs. 129-31 (1874) ; ídem, Estud. crít. liter.^ 
2." serie, 1895 (pág. 353...). 

La Barrera : Catálogo bibliográfico y biográfico del Teatro anti- 
guo español desde stis orígenes hasta mediados del siglo xviii, Ma- 
drid, 1860; uno de los libros más eruditos y ricos, indispensable para 
la historia literaria. Noticias biográficas de... D. Juan de Arguijo, 
1868 (en Rev. Esp., t. III). Adiciones á las poesías de D. Francisco 
de Rio ja, en su edic. de Madrid, 1867, Sevilla, 1872 (Biblióf. Andal.). 
Nueva biografía de Lope de Vega, Madrid, 1891 (inserta en el t. I de 
la gran edición académica de Lope). El Cachetero del buscapié, póst., 
Santander, 1916. Dejó manuscritas Notas á la vida de Cervantes es- 
crita por D. M. F. de Navarrete, Madrid, 1864-66, dos tomos, donde se 
habla del ms. de la Colombina descubierto por Asensio con Los Ha- 
bladores, La Cárcel de Sevilla, Melisendra (diversa de la de Lope), 
Doña Justina y Calahorra, Entremés de los refranes, obras que fue- 
ron editadas por Ad. de Castro {Varias obras inéd. de Cervantes, 
1874). Asimismo dejó para otra edición del Catál. del teatro esp., 
muchas notas, que están en el ejemplar autógrafo de la Bibl. Nacio- 
nal : de ellas han sacado algunos varias noticias dándolas por propias. 
Consúltese A. Morel-Fatio, C. Alb. de la B., igiy (en Bull. Hisp., XIX, 
ir.6-122). 

Ant. Gómez Restrepo, El Nuevo Tiempo Literario, Bogotá, 19 15 
(Enero) : "Otro adorador de lo pasado fué Vergara y Vergara, ta- 
lento fácil, voluble y ameno, que tuvo, entre todos sus compañeros, 
el don de lágrimas, no incompatible con la sal y travesura propias del 



302 PRIMER PERÍODO DE Ul ÉPOCA REALISTA ( 1 850-18(^/9) 

ingenio bogotano. Escribió con cierto gracioso descuido, imitando ya 
á este, ya á aquel de sus autores favoritos, con tal poder de asimi- 
lación, que algunos de sus artículos, escritos á imitación de Selgas, 
podrían haber sido firmados por el propio autor de Hojas sueltas, 
■con el cual compite en juegos de ingenio, en aquellas sutiles y brillan- 
tes variaciones sobre un mismo tema. Su mejor obra es Un manojito 
4e hierba, página que hace honor á la literatura americana; allí dio 
-su nota más alta como escritor de sentimiento. Pero no se olvidarán 
fácilmente Los Buitres, Las Tres tazas. Un par de viejos y tantas 
otras cosas, escritas al correr de la pluma y en que vertió todas las 
delicadezas de su corazón de niño, eterno enamorado de lo bueno y 
de lo bello, y víctima de la nostalgia por un ayer, ya irrevocable, y 
que él embellecia con la luz dorada de sus ensueños.'' La Lira gra- 
nadina, 1860. Historia de la literatura en Nueva Granada (1538-1820), 
Bogotá, 1867, 1905. Olivos y aceitunos todos son unos, nov. política. 
Versos en borrador, 1869, con pról. de José J. Ortiz. Artículos esco- 
cidos, Londres, i88i. Vi<ia y escritos del general Nariño. Escritores 
colombianos, Londres. 1885. Parnaso colombiano, tres vols. Artículos 
literarios, Londres, 1885. Museo de costumbres, colecc. de varios. 
Estudio biográfico de Jttan de Castellanos {Rev. Esp., t. XIX). Con- 
súltense sus dos biografías hechas por José M. Marroquín en el 
Anuario de la Acad. Colomb. (1874) y por Carlos Martínez Silva en 
Repert. Colombiano. 

105. Año j86o. Ramón Rodríguez Correa (1835-1894), habanero, 
diputado, consejero de Estado, redactor en Cádiz de El Mediodía 
(1856), año que vino á Madrid, y lo fué de La Crónica (1857), El 
Reino (1859), El Con-emporánco (1860-63). El Mosquito (1864); di- 
rector de Las Noticias (1864-66), redactor de El Gobierno (1872); 
«scribió la novela Rosas y perros, poética y crítica social, Madrid, 
1872, con prólogo de Béoqucr, de quien se había hecho buen amigo 
casi desde su llegada de Cuba (1860), siendo em;pleado, como él, en la 
Dirección de Bienes Nacionales. Era aficionado al humorismo, á las 
antítesis y comparaciones burlescas, á los disparates de forma y á 
las hipérboles atrevidas; pero todo ello sin furia romántica, bien asi 
como sus .sátiras eran chistosas, mas sin intención de herir. Publicó 
y ;,'rologó las Obras de Bécquer, dándole á conocer después de la 
muerte del gran poeta. En la Rev. Esp.: Rosas v perros (1871-72, 
is. XXIII-XXIV). Episodios Nacionales, de Galdós (1873, t. XXXIV). 
Sistema preventivo, nov. (1876-77, t?. XLV-I.IV). Un hombre corrido. 
nov. (1878, t. LX). El Mejor de los amores (1879, t. LVII). El Pre- 
mio gordo (1884, t. XCVII). Agua pasada, novelas cortas, Matlrid, 
1894. Consúltense: Ant. Sánchez Pérez, La Hijuela del Parnasillo, 
en Esp. Moderna, Oct., 189.1; Ed. Benot, en Rev. Esp., t. XXXVII 
(1874), Andrés (ionzález Blanco, Hist. nov., i>ág. 362: "El humorista, 
amigo de antítesis y conipa raciones burlescas, en la vi<la y en el arte, 



S. XIX, 1860. FRANCISCO CALCAGNO 3o3 

K. C... Un poco disparatado é hiperbólico á veces en sus comparicio- 
nes, quizás abusando demasiado del humorismo; pero siempre genial, 
con médula, y encantador aun en sus devaneos trascendentales. Su 
novela {Rosas y perros) deja una impresión fuerte; se extraña uno 
de Que un escritor así haya sido menos estimado de lo que merece. 
Hay rasgos de ternura y rasgos de humorismo que ningún escritor 
de aquella época tuvo y que pocos han igualado después. Se adivina, 
en sus procedimientos que aún está en formación la novela realista..., 
pero hay en ella á veces relampagueos de genio... Bl talento de 
R, Correa se anticipó en mucho á sus contemporáneos." 

Jaime Martí Miquel (n. 1840), de Villajoyosa (Alicante), mar- 
qués de Benzú, escribió á los diez años un Himno al sol; republicano, 
dirigió El Sifflo (1862), La República Federal (Valencia, 1869). Hart- 
zenbusch dijo de él que sería digno descendiente de los principes del 
Gay saber. Tradujo poesías de muchos autores extranjeros y compuso 
otras propias y novelas. Armonías, Madrid, 1874, 1876. Noches, poe- 
sías, 1885. Ecos de la juventud, versos, 1887. Granos de oro. Joaquín 
Pecci {León XIII), poesías latinas puestas en rima castellana. La 
Leyenda del trovador, 1893. Poemas de los principales autores ex- 
tranjeros puestos en rima castellana. El Ramo de pensamientos, poe- 
sías de ilustres poetas extranjeros puestas en rima castellana, 1895. 
Flores de luz, poesías traducidas, 1897. El Cantor de los castillos, 
versos, 1905. El Libro de Oriente. El Proceso de Satanás, nov., 1906. 
La Hija del ajusticiado, 1906. 

Mariano Aguiló y Fúster (1825-1897), poeta y bibliófilo mallor- 
quín, de Palma, publicó Bibliografía Catalana, premiada en 1860 por 
la Bibl. Nacional. Son notables sus poesías catalanas y otras obras 
literarias y filológicas en aquella lengua, sobre todo su Romancero 
en dialecto lemosín, colección de Fogassot, Bergada, Bolloure. Des- 
pués de Joaquín Rubio y Ors, fué el que más hizo por la literatura 
catalana cuanto al lenguaje poético y propio. Consúltese Rev. Archiv. 
1897 (Ag.). 

Francisco Calcagno (1827-1903), de Güines (Cuba), publicó Mesa 
revuelta, artíc. de amena liter., Habana, 1860, 1863. Notas cronoló- 
gicas de Güines, ibid., 1862. Escenas cubanas. Güines, 1863. Calcaño- 
tipos, ibid., 1864. Poesías (con seud. de Narciso Blanco), 1864. Poetas 
de color. Habana, 1868, 1878, 1887 (4.^ ed.). Historia de un muerto y 
noticias del otro mundo, nov. cient.. Habana, 1875; Barcelona, 1878. 
Diccionario Biográfico Cubano, New-York, 1878-86, dos vols. Los 
Cantos del esclavo, 1879. Uno de tantos, nov., 1881 (acaso la Sin 
Título, 1884). Y yo entre ellas, versos, 1885. Los Crímenes de Concha, 
escenas, 1887. En busca de eslabón, nov. cient., Barcelona, 1888. Ro- 
inualdo, nov., 1891. Recuerdos de antes de ayer, 1893. Las Lazo, 1893, 
1894, 1896, con título de Mina, nov. Don Enriquito, nov. hist., 1895. 
El Emisario, nov., 1896. Un casamiento misterioso, nov., 1897, 1899. 
Aponte, Barcelona, 1901, dos vols. 



3o4 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA RE-^LISTA (185O-1869) 

Antonio Benavides y Navarrete (1808-1884), de Baeza, ministro 
de la Gobernación, de Gracia y Justicia y de Estado ; director de la 
Academia de la Historia é individuo de la Española (no se sabe por 
qué), escribió en El Correo Nacional (1838-42), y publicó Historia 
de Femando VII, algunos de cuyos capítulos leyó en el Ateneo (1869- 
70). Memorias de D. Fernando IV de Castilla, con la crónica, 1860, 
dos vols. Historia política de España de 1820 á 1823. Historia de las 
regencias españolas en el presente siglo (Rev. Esp., 1871, ts. XXII- 
XXIII). Amadeo de Sabaya, antipapa, 1871. La Elocuencia parla- 
mentaria, i8y2 (disc. rec. Acad. Esp.). Las Repúblicas musulmanas 
en España, 1873. Examen crítico de la Historia de Avila, 1874. Con 
Fernández Guerra, Ferrer, etc. : Historia de las Ordenes de caballería 
y de las condecoraciones españolas, cuatro vols., Madrid, 1865. 

José Rosas Moreno (1838- 1883), de Lagos, en el Estado de Jalisco 
(México), el mejor fabulista mejicano, hizo algimas comedias y pu- 
blicó poesías con el título de Hojas de rosa y hermosas Fábulas en 
"pequeños cuadros brillantes de ligereza, de gracia y colorido poéti- 
co", según Akamirano en el prólogo, y que se leen en las escuelas de 
México. Imitó á Selgas y Bécquer. Dulce y sentimental se muestra 
en La Juventud, La Vuelta á la aldea y en los sonetos En el álbum 
de mi hermana, El Zenzontle, La Primavera. Hizo los dramas Flores y 
espinas y Sor Juana Inés de la Cruz, y las comedias Nadie se muere de 
amor, Los Parientes, El Pan de cada día, etc. Coleccionó El Pensil de 
la niñez, colección de... poesía mexicana, México, 1872 (de 19 poetas). 

106. Año j8óo. Manuel Abreu publicó Colección de versos lau- 
datorios, Habana, 1860. — Academia Española, Discursos de recepción 
(desde 1847), 1860-65, tres vols. — José Luis At-bareda y Sedze (1829- 
1897), sevillano, gobernador de Madrid, ministro de Fomento y Go- 
bernación, embajador en París y Londres, político y gran periodista, 
fundó y dirigió El Contemporáneo (1860-64) y Revista de España 
(1868), después de volver de París (1866). Un invulnerable, boceto de 
novela (Rev. Esp., 1868, t. III). Discursos y artículos políticos, Ma- 
drid, 1883. — Álbum dedicado á S. M. la Reina doña Isabel II, Pal- 
ma, 1860. — Álbum de la guerra de África, por Las Novedades, Ma- 
drid, 1860. — Álbum que dedican á S. M. la Reina doña Isabel II los 
profesores de educación primaría, Madrid, 1860. — Antonio Alcaloe 
Y Valladares (1829-1894), de Baena, catedrático, poeta de certáme- 
nes, mejor dicho, versificador fácil, que se repite y no ve nunca nada 
nuevo, de tono algo enfático andaluz, prosaico y ripioso á veces, 
estrenó Quiero dinero, Córdoba, 1860. Publicó Flores del Guadalqui- 
vir, poesías y leyendas. 1872. 1878. .Medina Azzahara, leyenda, 1880. 
Lepanto, canto épico, 1881. Hojas de laurel, poesías premiadas en 
más de cien certámenes, Madrid, 1882. Tradiciones españolas, Cór- 
doba y íu provincia, 1883. La Fuente del olvido, poema, 1884. Don 
Alonso de Aguilar ó la Cruz del Rastro, dos vols., Madrid, 1888.— 



S. XIX, 1860. TORIBIO DEL CAMPILLO 3o5 

Dionisio S. de Aldama, con Manuel J. de García González, publicó 
Historia general de España desde les tiempos primitivos hasta fines 
del año 1860, Madrid, 1860, 1863-66, 18 vols. — Saturio L. Alvarez 
MoNTEQUÍN escribió Consecuencias de un desdén, dr., 1860. — ^Manuel 
Alvistur publicó Biografía del Excmo. Sr. D. Mateo Seoane, Madrid, 
1860. — Poesías filosófico-morales por el poeta ochentón D. Francisco 
Antonio de Caldas, Oviedo, 1860. — 'Miguel Arcas y Sánchez pu- 
blicó Corona poética á la rendición de Tetuán, Madrid, 1860. — 
Miguel Babiloni y Corro estrenó El Castillo de Bellver, zarz., Pal- 
ma, 1860. Publicó Simón Ballester el Tuerto, nov. hist., Madrid, 1863. 
— Daniel Balanciart publicó Colección de pequeñas novelas, 1860. 
En aras de la justicia, dr., 1875. Casamientos y viceversa, jug., 1877. 
Las Carolinas, Madrid, 1885. La Gamazada, historia encomiástica 
desde los lUtimos días de la creación hasta el fin del mundo, ibid., 
1894. — Federico Carlos Beltrán (t 1871) escribió en La Atracción 
(1847-8), dirigió La Organización del Trabajo y fué redactor de va- 
rios periódicos; publicó Historia de la guerra de África, Madrid, 
1860. — 'Concepción Benítez de Guevara publicó Las dos baronesas, 
nov., Barcelona, 1860. — Jacobo Bermúdez de Castro publicó La Vis- 
ja sultana, versos, Montevideo, 1860. El Fanatismo religioso y poli- 
tico {Rev. España, 1869, t. VII). Recuerdos de Grecia (ibid., 1868, 
t. III). — Miguel Blanco Herrero, director de El Beato Padre Co- 
bos (1866-67), publicó La Guerra de África, la, Atlántida, poema, 
1860. Cuentos para reír, Madrid, 1869. Arte de hacerse amar por su 
marido. Más cuentos para reír, 1881. Política de España en Ultramar, 
1888, 1890. — Agustín Blat y Blat y José Manuel Blat y Soto pu- 
blicaron Rasgos poéticos á la paz y á la entrada triunfal en Valencia 
de parte de las... huestes... África, Valencia, 1860. — Nicanor Bolet 
Pekaza (1838-1906), venezolano, político y periodista serio y festivo, 
vivió bastante en los Estados Unidos. Estrenó Luchas del honor y 
A falta de pan buenas son tortas. Fué el mejor humorista de su tie- 
rra, ingenioso y flexible escritor, orador parlamentario, poeta en 
prosa ; costumbrista, sobre todo ; original y ameno, de estilo terso y 
espíritu alegre, como en Mis nervios. De Caracas á La Guayra, Cos- 
tumbres caraqueñas. — José Joaquín Borda (1835-1878), colombiano, 
diputado y director de un colegio de Guayaquil, periodista, publicó 
Miscelánea política, 1860. Cuadros de costumbres..., de varios auto- 
res, 1861. Colección de Poesías, Lima, 1862. Poesías, Habana, 1867. 
Poesías Cubanas, recogidas por..., Bogotá, 1871. Historia de la Com- 
pañía de Jesús en la Nueva Granada, Poissy, 1872. Lecciones de Li- 
teratura, Bogotá, 1876. Compendio de la Historia de Colombia, 1876. 
Historia de Colombia contada á los niños, c^.^ ed., 1890. Monumentos 
patrióticos de Bogotá, 1892. — Federico de Bouvier y Pacheco es- 
trenó Amor de alojamiento, com., Manila, 1860. — 'A. Cabero publicó 
La Cruz y la media luna ó la guerra de África, nov., Madrid, 1860. — 
ToRiBio DEL Campillo y Casamoh (1824-1900), de Daroca, inspector 

TOMO TtlI. — 20 



3o6 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

de archiveros, catedrático de la Escuela de Diplomática, publicó Ensayo 
sobre los poemas provensales de los siglos xii y xiii, Madrid, 1860. 
Catálogo de las bibliotecas de Latassa, 1877. Historia de Daroca, 
1878. Apuntes de la asignatura de Bibliología, 1897-98. El Cancionero 
de Pedro Marcuello, 1899. Documentos histór. de Daroca y su Co- 
munidad, Zaragoza, 191 5. — Antonio Capmany y Montpalau, sobrino 
del filólogo é historiador del mismo nombre, publicó Historia de 
Madrid, 1860. Historia del Monasterio del Caballero de Gracia, 1862. 
Museo histórico que comprende los principales sucesos..., dos vols., 
1862. Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid, 1863. 
— Felipe Carrasco de Molina estrenó Reo y juez, dr. (1860). — Ei 
Cócora, revista de flaquezas humanas, por una sociedad de sabios tan 
modestos como bellacos, dedicada á la gente mordaz, risueña y ma- 
leante, Madrid, 1860. — Memorias de Lord Cochrane recieyít emente 
publicadas en Londres bajo el título de '■'■Servicios navales que en 
libertar á Chile y al Perú de la dominación española rindió el Conde 
de Dundonald", Valparaíso, 1860; Madrid, 1916. — Juan de Conpigny, 
escritor delicado, aunque tímido, flojito, cultito y sosito, de esos que 
hacen comedias, llamadas irónicamente discretas y finas; de hecho, un 
latoso como Juan Diana y Compañía; estrenó La Luna de miel, com. 
(1860). Mañana, com. (1865), que gustó, pintando á los españoles, que 
todo lo dejan para mañana. La Paja en el ojo ajeno, com. (1866). — El 
Contemporáneo, periód. conservador fundado por José Luis Albareda, 
Madrid, 1860-65, después refundido en La Política. — (Cayetano Cor- 
NET publicó Guía del viajero en Manresa y Cerdana, Barcelona, 1860. 
Tres días en Monserrat, guía hist.-áescr., ibid., 1863. — Corona poéti- 
ca á la rendición de Tetuán, Madrid, 1860, poesías de muchos poetas. 
— Corona poética en la entrada triunfal del invicto ejército de África, 
Madrid, 1860. — Antonio Corona (n. 1835), por seud. A. Rocano, co- 
laborador de La Gaceta Popular (1873), poeta granadino, subdirector 
general del Tesoro, jubilado en Granada, colaboró en muchos perió- 
dicos. — 'Ángel Costa publicó Ensayos literarios, Montevideo, 1860. — 
Crónica de Ambos Mundos, Madrid, 1860-62. — Crónica de la guerra 
de África, escrita con presencia de datos oficiales, por R. R. de 
M., Madrid, 1860. — ^Amalia Domingo Soler (1835-1909), poetisa y 
espiritista sevillana, redactora de La Conciencia Libre (Barcelona, 
1896) y de La Unión Espiritista (ibid., 1897), publicó muchos libros 
de poesías y de controversias, entre ellos ¡Te perdono!, ocho vols. 
Ramos de violetas, cuatro vols., etc. — Federico Errazuriz Zañartu, 
chileno, presidente de la República, publicó Chile bajo el imperio de 
la Constitución de 1828, Santiago, 1860, en defensa de los constitu- 
yentes federaliatas. Los Pincheiras, estudio histórico. — Evaristo F's- 
calera publicó Garibaldi y sus glorias, Madrid, 1860. Los Soldados de 
la independencia italiana, 1861. Ultima expedición de Garibaldi, 1862. 
Méjico hist.-dcscriptivo (con Man. González Llana), 1862. Historia 
y descripción de Méjico, 1864. La España del siglo xix (con M. G. 



S. XIX, 1860. ÁNGEL LÓPEZ ANITUA 3oj 

Llana), cuatro ts., 1864. Crónica del Principado de Asturias, 1865. — 
Fermín Ferreira y Artigas (1837- i 872), poeta bohemio de Monte- 
video, que desde joven buscó, desencantado, el olvido en el vicio y 
sólo halló nuevas desventuras. Sus versos, ligeros, espontáneos, des- 
cuidados, pero sentidos, reflejan su vida. Orador elocuente en el 
Parlamento, periodista batallador en El Siglo, murió roído por los 
excesos. Estrenó Donde las dan las toman, proverbio en un acto 
(1860). Páginas sueltas, 1872. — Ana M." Franco, de Almería, estrenó 
Amores septuagenarios, com., Almería, 1863. La Mano de Dios, com. 
Un novio tartamudo, jug. Ir por lana, jug. Publicó en 1860 un tomo 
de poesías líricas. — Eusebio Freixa \ Rabassó (1824-1894), de Reus, 
por seud. E. F. M. Rixtea y Asóhar, periodista, publicó Teresa Guix, 
1847, ó AdiUtera y parricida, ley, hisi.-tontemp. en verso, Lérida, 
1857; Madrid, 1867, 1886. Lo Mejor de lo mejor, gran repertorio de 
máximas, sentencias..., obra escrita por 600 autores y publicada por..., 
Lérida, 1860. El Crisol de centenares de libros..., gran repertorio de 
máximas, axiomas..., refranes..., Madrid, 1879. Brillantes lif erarios, 
morales, filosóficos y políticos, ejemplos históricos sorprendentes, 
1889. — 'José M.^ Gafas, capitán, publicó Historia militar de la guerra 
de África, Madrid, 1860. — iMateo A.. Galindo Catalán publicó Don 
Luis Villaseñor, cuadros de costumbres en variedad de metros, Zara- 
goza, 1860. — Fray José Antonio Gari y Siumell publicó Descripción é 
historia de la villa de Villanueva y Geltrú, Villanueva, 1860. Bibliote- 
ca Mercedaria (1873?). — José Gómez Díez, redactor de La Verdad 
{1865), director de la Gaceta, con seudónimo de Saurín, publicó Bo- 
ceto histórico... Cánovas del Castillo..., 1880. Antes El Imperio dd 
oro, nov., Madrid, 1860. — Francisco González Llanos publicó Bio- 
grafía política y militar de... D. Juan Prim, Madrid, 1860. — Valentín 
Gormaz publicó Correcciones lexicográficas sobre la lengua castellana 
en Chile, Valparaíso, 1860. — Guia de Zaragoza, ibíd., 1860 : la más 
completa. — ^Pablo Herrera publicó Ensayo sobre la historia de la lite- 
ratura ecuatoriana, Quito, 1860, 1889 (en Rev. Ecuatoriana, t. I). 
Apuntes biográficos de D. J. J. Olmedo, Quito, 1877. — Sebastián 
Herrero Espinosa de los Monteros, compañero de Tassara en Sevi- 
lla, después obispo de Vitoria, estrenó García el Calumniador en sus 
mocedades y después publicó Poesías religiosas, hacia el 1860; 2." ed., 
Córdoba, 1887. — ^Francisco Jiménez y Guited publicó Historia... de 
D. Juan Prim..., Barcelona, 1860, dos vols. — Faustino Jouve estrenó 
El Regreso del soldado, apropósito á la paz (1860). Si la muía fuera 
buena (1861). La Pasión de Jesi'is, corona sacra, 1866. — Nicasio de 
Landa y Alvarez (1831-1891), de Pamplona, fundador de La Caridad 
en la Guerra, distinguido médico militar, publicó La Campaña de Ma- 
rruecos, Madrid, 1860. Un zñajc á Canarias, Pamplona, 1863. Los Pri- 
meros cristianos de Pompeiopolis, leyenda de S. Fermín, Pamplona, 
1882. — José R. Leal publicó Filosofía social, Madrid, 1860. Teatro 
nuevo, Habana, 1880. — Ángel López Anítua publicó El Ciprés de la 



3o8 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

reina, leyenda hist. en verso, León, 1860. — Miguel Lora, boliviano, 
publicó Ensayos poéticos, Sucre, 1860. — Sebastián Lorente, historia- 
dor español fallecido en Lima (1884), decano de la Facultad de Le- 
tras de aquella ciudad, además de obras didácticas, publicó Historia 
antigua del Perú, Lima, 1860. Historia de la Conquista del Perú, ibid., 
1861. Historia del Perú bajo la dinastía austríaca (1542-1598), ibid., 
1861, 1863; ídem, t. II (1598-1700), París, 1870. Historia del Perú 
compendiada, Lima, 1866. Historia del Perú bajo los Bortones (1700- 
1821), Lima, 1871. Historia del Peni desde la proclamación de la 
Independencia, Lima, 1876, La Civilización peruana indígena, ibid., 
1879. — Federico Macía y Acosta, español, capitán de Caballería en 
1860, diputado en 1871, publicó La Traición de Metz, nov.. Habana, 
1860. El Bastardo, nov., Villaclara, 1860. La Judia en el campamento 
ó glorias en África, dr., 1860. Azares de la vida, nov.. Habana, 1862. 
Los Piratas napolitanos, dr. hist., 1865. — Bruno Maldonado Melén- 
DEZ (1840- 1890), poeta bogotano, diputado, escribió dramas que no se 
representaron y el tomo de versos Fantasías, con los dramas. — Ci- 
priano Martínez estrenó Achaques matrimoniales (1860). Celar sin 
saber á quién, com. (1863). — F. Martínez Zapat.\ publicó Recuerdos 
históricos de los veintitrés reinados, Madrid, 1860. — Francisco de 
Sales Mayo, por seud. Quindalé y Aristipo, médico, pasó sus veinte 
últimos años en Londres; fué precursor de los noveladores naturalis- 
tas en La Condesilla y La Chula; dirigió El Reflejo (1843), í"^ ^^~ 
dactor de El Constitucional (1860-63) y publicó El Rencor de la gi- 
tana, crón. novelesca, Madrid, 1860. Diccionario gitano, 1867. Jaime 
el Barbudo ó los bandidos de Crevillente, nov. hist., ibid.. 1868. La 
Condesita, nov., 1869. Gramática gitana, 1870. El Gitanismo, hist., 
cost. y dialecto, 1870. Miserias imperiales ó la gloria en nn ataúd, 
crón, nov., 1874. La Chula, historia de muchos, 1882 (2.* ed.). — Agus- 
tín Millares Torres (1826-1896), de las Palmas (Canarias), músico, 
en Madrid (1846-48), en las Palmas director de El Porvenir, El Ca- 
nario, El Ómnibus, publicó Historia de la Gran Canaria, Las Palmas, 
1860-61, dos vols. ; 1867. Historia de la Inquisición en ¡as Islas Cana- 
rias, ibid., 1874, cuatro vols. El Ultimo de los canarios, nov., 1875. 
Esperanza, id., 1875. Historia de un hijo del pueblo, id., 1877. Aven- 
turas de un converso, 1877. Hijos ilustres de las Islas Canarias, dos 
vols., Madrid, 1878-79 (2.» ed., refund.). Historia general de ¡as Islas 
Canarias, 1882-95, 10 vols. — Juan Miguel de Losada estrenó El Mo- 
narca cenobita, dr. (1860). Luz divina, dr. (1861). Pruebas humanas, 
dr. (1861). — Colección de: pequeñas novelas y cuadros de costumbres 
de DON Franclsco de Córdova y López y don Daniel Balaciart y 
Tormo, Madrid, 1860. La Corona Real de Hungría, por F. Córdoba 
y Ix>pez, nov., 1860.— Josfe María Ortiz. de Olmedo, director de El 
Eco Nacional (1892), publicó Mi primer xnielo, poesías, Madrid (1894). 
A falta de pan..., proverb. en un acto (1860). — Copiosa y variada co- 
lección de selectos panegíricos, Barcelona, 1860. — Timoteo de la Paz 



S. XIX, 1860. CEFERINO TRESSERRA SOQ 

Sacristán publicó Valentín, nov., Cáxliz, 1860. — El Pensamiento Es- 
pañol, periódico absolutista fundado por Gabino Tejado; redactores, 
además, Villoslada y Pedroso, Madrid, 1860-70. — Vicente Pérez Ro- 
sales (1807-1886), de Santiago de Chile, nieto de españoles, gran 
viajero y bohemio sempiterno; en París desde 1825, vuelto á su tie- 
rra después de la revolución de Julio y partido de nuevo á Chile 
{1859) y Alemania, donde publicó Ensayo sobre Chile; fué senador 
(1876-81) y, sobre todo, agente de la Colonización del Sur desde 
1850; escribió sus aventuras en la curiosa y amena obra Recuerdos 
del pasado (1814-1860), publicados en La Época; después aparte, 
Santiago, 1882, 1886, 1910 {Bibl. Escrit. Chil.). Diccionario del En- 
trometido. — iAntonio Población y Fernández publicó Historia médica 
de la guerra de África, Madrid, 1860. Historia de la medicina militar 
española, San Sebastián, 1877. — Poesías que da á luz la R. Acad. Esp. 
para conmemorar los triunfos de las armas españolas en la guerra de 
África, Madrid, 1860. — Felipe Poey, sabio cubano, publicó Geografía 
de la isla de Cuba, Habana, 1860. — El Pueblo, diario democrático, 
Madrid, 1860-70. — Fray Esteban Rallón publicó Historia de... Jerez, 
ibid., 1860, 1890-94. — 'Tomás Ramos publicó Estudios históricos de la 
nobleza ibérica, Madrid, 1860. — Tomás Reina y Reina publicó en Re^ 
vista de Cieñe, Liter. y Artes, de Sevilla, 1860, la oda A la guerra de 
España contra Marruecos. Descubrimiento y conquista del Perú, 1892. 
— Revista de Sud-América, cuatro vols., Valparaíso, 1860-63. — Félix 
Reyes Ortiz (1828-1883), poeta boliviano de Sagarnaga, periodista, 
escribió los dramas Chismografía y Las Lanzas (1875), Odio y amor 
(1860); las leyendas El Templo y La Zafra, y versos; murió loco, y 
sus últimas composiciones se resienten de negrura. Historia de cuatro 
días. La Paz, 1872. Leyendas, ibid., 1861. — Juan Riera y Busquets 
estrenó Abderraman, drama, Gerona, 1860. — Alejandro Rixchan 
estrenó La Pupila, aprop. (1860). — 'Vicente Rodríguez Varó estre- 
nó La Paja en el ojo ajeno, jug. (1860). Un pollo y un viejo, jug. 
(1860). — Luisa Sáenz de Viniegra, de Torrijos, publicó Vida del 
general D. José María de Torrijos y Uriarte, Madrid, 1860, dos vols. 
— Manuel Sánchez Escandón y Morquecho, auditor de Marina, 
publicó A las glorias de España en África, cantos, de vigorosa ento- 
nación, Madrid, 1860. — 'Luis San Jttan y Alcober estrenó Sobrinos 
que da el demonio, jug., 1860. Dulces cadenas, comedia bien aplaudi- 
da, 1866, 1883 (5.* ed.). La Cnerda templada, com., 1866. Epílogo de 
una historia, com., 1876. — Luis Sipos (t 1879), poeta gallego, á lo 
Heine, mezcló la dulzura de los cantares apasionados con el desen- 
fado satírico, como dice Blanco García; publicó poesías en El Bazar 
y en La Ilustración Esp. y Americana (1872). — A la toma de Tetuán, 
corona poética, Barcelona, 1860. — El Conde de Torre-Marín publicó 
Ensayos poéticos, Madrid, 1860. — Fray Juan Angelo Torrentes, car- 
melita en Palma, tradujo del latín, del padre José Andrés, jesuíta, Glo- 
rias del Carmelo, Palma, 1860, cuatro vols. — 'Ceferino Tresserra pu- 



3lO PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-186Q) 

blicó Los Misterios del Saladero, novela, Barcelona, 1860. La Judia 
errante, nov., 1862-63. — Simón Vera estrenó Tetuán por los españoles, 
dr. (con V. de Lalama, 1860). — La Verdad, diario pol. y liter., Madrid, 
1860-66. — Vergel inagotable de felicitaciones en verso, por D. M. P., 
Barcelona, 1860. — José Joaquín Villanueva estrenó La Franqueza, 
zarz. (1860). — Pedro Manuel Yago publicó Recuerdos, leyendas en ver- 
so, Valencia, 1860. El Justo medio, jug. (1863). En el fondo, aforismos 
caseros.... Valencia, 1863. — Prudencia Zapatero y Olea de Ángu- 
lo publicó La Expiación, novela, Madrid, 1860. Un hijo sin madre, 
nov., 1881. Madrid por dentro, nov., 1887. 

107. Año 186 1. José M.^ Pereda y Porrúa (i 833- i 906) 
nació en Polanco (Santander), hijo de Juan y Bárbara, él de 
Polanco, ella de Counillas, personas de abolorio, cristianan á 
carta cabal y no escasas de bienes de fortuna. Tuvo hasta 
veintiún hermanos. Cursó la segunda enseñanza en Santan- 
der (1844-50). pasó á Madrid (1852) con el fin de prepararse 
para artillero, aficionándose más á los teatros, á las tertulias 
literarias del café de La Esmeralda y á las novelas, que á las 
matemáticas. Decidióse á no seguir carrera v volvióse á su 
tierra (1854), donde pasó el cólera (1855). y para aliviar la 
melancolia que le sobrevino, estuvo una temporada en An- 
dalucía (1857). Fundada La Abeja Montañesa en Santander 
(1858), alentado por sus amigos, publicó en ella un artículo 
humorístico, Ya escampa, con la firma de P. y Paredes, que 
siguió poniendo en su ya desde entonces continua colabora- 
ción, hasta que, en 1864, puso su propio nombre en Los Zán- 
ganos de la Prensa. En La Abeja Montañesa, ya hacia 1859, 
escribió críticas de libros y de teatro, ayudado de Eduardo 
Bustillo, gacetillas y la mayoría de las Escenas Montañesas; 
otras cuatro publicó en el novenario literario FA Tío Caye- 
tano, fundado por él con otros dos amigos. Salieron colec- 
cionadas las Escenas Montañesas en Madrid, 1864, aplaudi- 
das por Hartzenbusch, Mesonero y Antonio Flores. Pasó en 
París unos meses (1864) leyendo novelas, obsei*vando la vida 
y frecuentando los teatros. Espcribió de política como carlista 
en el segundo Padre Cobos, cuando la rjloriosa; fué diputado 
á Cortes por Cabuérniga en las primeras de don Amadeo; 
pero, desengañado de la farsa que veía entre bastidores, reti- 
róse á su tierra, levantando un chóteaic (1872) frente á su 




^^^-^5^ 



S. XIX, 1861. JOSÉ MARÍA PEREDA 3ll 

casa natal. Habíasele enfriado el fervor novelístico por lo mal 
que los más habían recibido las primicias de su arte realista, 
hasta el mismo Trueba, en el prólogo, donde le achacaba el 
"detenerse á fotografiar lo malo" y el "mal gusto de pasar de 
largo por delante de lo mucho bueno que hay en la Montaña" ; 
pero Menéndez Pelayo, su amigo, le hizo volver á tomar la 
pluma, animándose además él mismo por lo aplaudido que en 
Aimérica era su libro. Arregló, pues, La Mujer del César de 
un su ensayo dramático de antaño, y, con otras cosas, publicó 
Bocetos al temple, 1876. De lleno se entregó á las letras, es- 
cribiendo los Tipos trashumantes para La Tertulia (1876), 
impresos en Santander, 1877. Con su primera novela, El Buey 
suelto, dividióse la gente, unos por él, otros por Galdós, se- 
gún los colores políticos, después del ruido que metió El Es- 
cándalo, de Alarcón. Admirador Galdós de Pereda, procuró 
que los periódicos liberales le alabasen, correspondiéndole él, 
tratando de volverle a la fe de sus mayores. Debiera publi- 
carse la correspondencia que por entonces se cruzó entre los 
dos amigos é insignes novelistas. Con todo, la lucha de ideas 
mezclábase en la crítica, y hasta Clarín le dio codillo. Pero ei 
realismo español de Pereda triunfaba en toda España, antes 
de que Pardo Bazán nos trajera el naturalismo francés con 
La Cuestión palpitante. Con Pedro Sánchea y Sotileza subió, 
nemine discrepante, á la cim'a de la novelística española. La 
critica entera, sin distinción de colores, deshízose en alaban- 
zas, y hasta el descontentadizo Clarín se le entregó atado de 
pies y manos, proclamando que Pedro Sánchez era la mejor 
novela española de las modernas y Sotileza un poema sublime. 
En Madrid, Valencia, Barcelona, Oviedo, fué agasajado (1884- 
85) por los más ilustres escritores. Sola la Pardo Bazán hubo 
de reñir á poco con él, después de publicadas Nubes de estío 
(1890), mientras Galdós, con su gran generosidad de corazón, 
seguía y siguió siempre admirándole. Al caer nuestra leyenda 
dorada con el desastre colonial, cayéronsele á Pereda sus últi- 
mas ilusiones. Con la entrada en la Academia (1879), adonde, 
sin pretenderlo ni quererlo, le llevó Menéndez Pelayo, hacién- 
dole avecindarse en Madrid, conforme al artículo 9.° de los 
Estatutos de aquella Corporación, acabó su vida literaria. Fa- 



3l2 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1850-1869) 

lleció de arterieesclerosis, por un ataque de angina de pecho, 
tn Polanco. Pereda es, después de Cervantes, el primer novelis- 
ta español. Novelador regional, llegó á la cima del realismo des- 
criptivo de su tierra y de la psicología de las almas, sobre todo 
en sus obras maestras Peñas arriba, Sotileza y algunas de las 
Escenas Montañesas; algo más abajo quedan, aunque señorean- 
do las demás novelas modernas, D. Gonzalo González de la Gon- 
zalera, El Sabor de la tierruca, La Puchera y Al primer vuelo. 
Sus personajes se mueven y viven, no al antojo del artista, sino 
con la espontánea independencia de seres vivos que hacen lo 
que les da la gana, sin necesitar que el novelista les dé per- 
miso para ello. El diálogo y la descripción sobrepujan á la 
trama en la mayor parte de sus obras. El estilo, natural, 
robusto, colorido y vivo, sin el menor dejo de amaneramiento 
de escritor erudito; el lenguaje, el hablado por los montañe- 
ses, matizado de voces regionales y propias. Galdós ha creado 
un mundo de seres vivos; pero, comparado con Pereda, diña- 
se que tan sólo los ha esbozado á brocha gorda, porque en el 
pequeño mundo de Pereda, región, costumbres, personajes, 
afectos, almas, en una palabra, han sido calados por el poe- 
ta hasta sus más recónditos entresijos y han sido expresados 
por manera tan minuciosa, que, aun siendo pocos á veces los 
rasgos, la reciura de su color y el contraste y el arte maravi- 
lloso los han rebultado y sacado del cuadro, que no parece 
sino que andan por ahí, vivos, en alma y cuerpo. No huelga 
una palabra ni una frase en Pereda, y cada una tiene una fuer- 
za, un color, que Galdós raras veces alcanza con su lenguaje, 
harto más desleído y común. En esta fuerza expresiva, en que, 
en suma, consiste el arte, Pereda gana infinitamente á Galdós, 
aunque en el conjunto inmenso de su obra, como pintura más 
amplia de España, gane Galdós á Pereda. Pereda es un rea- 
lista, á veces hasta exagerado, si la frase se i>enTiite, merced 
al naturalismo franfés en lo que tiene de cargar la mano ó 
apretar el i)incel en ciertos toques, y así algunos le tuvieron 
por naturalista; pero no lo es, como no lo ha sido nadie en 
España. Nunca quiso afiliarse al naturalismo, porque repug- 
naba á sus creencias religiosas y literarias. Fué, además, re- 
gionalista literario; en dejando la montaña santanderina. 



S. XIX, 1 86 1. JOSÉ MARÍA PEREDA 3l3 

como en La Montálves y Pedro Sánchez, flojea su fuerza 
pictórica. Porque pictórico es más que otra cosa. Es Pereda 
para Santander lo que Fernán Caballero para Andalucía y 
Blasco Ibáñez para Valencia, aunque de más fuerte pincel que 
■ellos. 

108. Es para asombrar la dócil modestia de nuestros españoles, 
á quienes se ha calificado de altaneros y orgullosos en mala parte, 
confundiendo el noble orgullo é independencia digna con la fanfa- 
rrona altanería y loca soberbia, cuando los vemos abrir la boca de 
■admirados y remedar como unos dotrinos á Zola el naturalista y rea- 
lista falso, teniendo en su propia casa á Pereda, que antes de Zola 
se había mostrado ya realista sano y de cuerpo entero desde que es- 
•cribió en La Abeja Montañesa. Pardo Bazán creyó haber hallado 
una riquísima vena de pura plata al darnos á conocer la que todo lo 
tnás era de plomo argentífero, y eso que aquí teníamos el cerro ente- 
ro del Potosí. Tanto descamina en el arte el ansia de seguir modas 
pasajeras. Y fuelo tanto, que hoy todo el mundo se burla del arte 
zolesco, mientras que las novelas de Pereda son las que más se ven- 
den en la librería española; más todavía que las de Trigo y otros mo- 
dernos, que es cuanto decirse puede. Su valer estriba en el sano rea- 
lismo, en el puro realismo, en el realismo de Cervantes y Velázquei:, 
en el realismo español, que aquí es ocasión de apurar, cotejándolo 
con el naturalismo de Zola. Si en cualquier género artístico, en el 
llamado regional, al cual pertenece la novela de Pereda, es donde 
vienen más á cuento los dos fundamentos principales de todo arte: 
el conocer á fondo y el estar enamorado del objeto. Pereda conoció 
la Montaña y la amó como quien allí se pasó toda su vida sin querer 
salir de ella. De este conocimiento y amor sacó Pereda la pintura 
realista de la tierra aquella y del alma de la gente montañesa. No 
está el toque del realismo en retratar fotográficamente. La fotogra- 
fía retrata muerto el objeto; de otra manera el retrato de un pintor 
jamás llegaría á la material y muerta fotografía. Lo que á la foto- 
grafía falta y lo que el pintor añade es el alma, que aviva el traslado 
frío de la máquina. En esto mismo difiere el verdadero artista del 
copista puro y el realismo de Pereda del material realismo de que 
pudiera alardear quien minuciosamente retratara con palabras luga- 
res y personajes de la Montaña. Hay un no sé qué de vida en el re- 
trato hecho por un pintor, que falta en la escueta fotografía. Ese no 
sé qué, no retratado por el sol, porque yace en el fondo del alma y «1 
sol no pasa más adentro de la superficie, es lo que el artista lee pe- 
netrando en ella y lo pone en su lienzo ó en su novela. La más aco- 
modada postura de un personaje al retratarse dice bien poco si lo 
comparamos con la que el artista puede dar á su pintura; cuanto más 
si el artista dispone de la palabra, con la cual puede sosegadamente 



3 14 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

recorrer toda una acción en la que el carácter y el alma entera de 
sus personajes se pongan de manifiesto. La naturaleza insensible tam- 
bién tiene su alma; mejor digamos, los liombres se la prestan, hacen 
que las suyas propias se reflejen en ella, y el artista puede lograrla 
como nadie, mientras que para la fonografía esa alma de las cosas 
es letra muerta. Para infundir al retrato de cosas y personas esa 
alma que las haga vivir en la obra artística, menester es que el ar- 
tista las conozca y trate toda su vida y que esté de ellas enamorado. 
Conocimiento y amor hacen al artista. El que no lo sea, al visitar los 
lugares descritos por Pereda y al hablar con sus moradores, tendrá 
un desencanto, porque no penetrará en lo que ve hasta el alma de 
cosas y personas que Pereda sacó de ellas y dejó de manifiesto en 
sus novelas. Este realismo sólo puede darse enterannente en el arte 
regional, por identificarse más por el cabo el artista con ¡o que des- 
cribe con conocimiento y amor. Artista regional perfecto sólo puede 
serlo, por consiguiente, el que nació, vivió y amó la tierra que des- 
cribe. Su personalidad puede decirse que, en sustancia, es la de la 
región, salvo lo distintivo que diferencia entre sí á los hombres. Pin- 
tar su propia alma será pintar el alma de su tierra. Y cnanto más 
ahonde en la una y en la otra, más de cerca llegará al alma nacional 
y sabrá sacar á luz el alma de la raza. Tal es la razón de que las 
obras de Pereda, con ser tan regionales, gusten á todo el mundo y 
más á los españoles. Es el alma española la que pinta, con el matiz 
del montañés y el de la propia personalidad suya. Siendo esto así, 
no se concibe que Pereda se ciñese á pintar lo más feo de la monta- 
ña y los instintos más groseros de los montañeses, que por bien que 
lo lograra no hubiera abarcado el alma entera de su tierra ; sólo nos 
hubiera dado las sombras del cuadro, sin tocarlo de luces. Eso no 
cabe en quien conocía y amaba la Montaña, y eso hizo Zola y á eso 
se reduce su falso naturalismo, ya que no es natural que tan sólo se 
den en el mundo sombras y fealdades morales. Zola no amó la 
sociedad que describía, sólo amaba la fama de ser un novelista de 
nuevo género y aborrecía la vida que pintaba. No se siente en sus 
novelas, por el consiguiente, aquel perfume amoroso, aquel aroma de 
cariño f>or la tierra y las gentes, que despiden las novelas de Pereda. 
Es un pedazo de la realidad y el más feo pedazo de ella, lo que Zola 
describe; Pereda abarca la realidad entera. Zola la mira con la frial- 
dad del sociólogo ; Pereda, con el cariño de quien ve en ella un pe- 
dazo de su alma. Nuestros artistas tuvieron, con todo, la flema de 
dejarse ¡levar por la mano de la Pardo Bazán para embaucarse con 
el naturalismo forastero de Zola, volviendo las espaldas al realismo 
nacional de Pereda. Las modas suelen traerlas las señoras y tras las 
señoras se van de cabeza los honiibres. Pereda, De tal palo..., pról. : 
"En Dios y en mi ánima te juro que ya no sé lo que es realismo en 
las obras del ingenio, desde que tanto se zarandea la palabra entre 
las plumas de la crítica. Si por realismo se entiende la afición á prc- 



S. XIX, 1861. JOSÉ MARÍA PEREDA 3l5 

sentar en el libro pasiones y caracteres humanos y cuadros de la na- 
turaleza, dentro del decoro del arte, realista soy, y á mucha honra lo 
tengo; pero si con tal calificación se me quiere filiar, como ya se ha 
hecho, y hasta en son de alabanza, bajo las banderas, triunfantes hoy 
ultramontes, de un naturalismo hediondo que pinta al desnudo los es- 
tragos del alcohol, la inmundicia de los lavaderos y las obscenidades 
de las mancebías, protesto contra la injuria que de tal modo se me 
infiere. Hay, sin embargo, quien ha visto poesía y belleza en el fon- 
do de esas letrinas de la literatura. ¿Qué no serán capaces de ver 
ciertos linces de la crítica?" P. Blanco, Liter. españ., II, págs. 532- 
553: "Lugar era éste para decir algo sobre la tan debatida cuestión 
del naturalismo de Pereda, si no hubiese indicado ya mi parecer y 
si no considerara como la última palabra lo que tan amplia y atinada- 
mente escribe Menéndez y Pelayo en el prólogo de las obras del gran 
novelista santanderino. Pugnan de frente todas ellas con la de Zola 
y su grey en que mientras éstos obedecen al sistema del pesimismo 
absoluto, al amor de lo feo por lo feo, es la realidad para Pereda un 
conjunto variado, y casi diríamos armónico, á lo menos en la esfera 
del arte, donde el mal se desarrolla al lado del bien, prestándole ma- 
yor hermosura por el contraste. Partiendo de principios tan radical- 
mente opuestos, no puede ser uno el término final. Pereda, como cris- 
tiano, admite, estudia y ensalza el libre albedrío en el hombre, cre- 
yéndole capaz de la virtud y del heroísmo, al revés de los que le 
consideran como un animal perfeccionado. No busca para fondo de 
sus cuadros las lóbregas mansiones donde recibe culto el vicio en 
todas sus formas, ni reduce el amor á la categoría de instinto sexual, 
ni nacen de sus personajes seres corroídos por la lujuria y movién- 
dose «n sentinas putrefactas. A cambio del hastío enervante y de las 
negras pesadillas del naturalismo, rebosa en las novelas del gran au- 
tor montañés el placer dulce y tranquilo de todo lo delicadamente 
bello. Aquella atmósfera corrompida por los hedores de la concupis- 
cencia desenfrenada no puede compararse con esta otra, en que siem- 
pre se aspira aire puro, perfumes suaves y embriagadores. Mientras 
Nana y Madama Bovary y los demás modelos parisienses llevan arras- 
trando la imaginación por los cenagales de los centros populosos, 
donde reina una civilización decadente y refinada, las Escenas Mon- 
tañesas, Don Gonzalo, El Sabor de la tierruca y Sotileza nos dan á 
gustar el idilio de la campiña ó la epopeya del trabajo, ideales sanos 
y fecundos que nada tienen que ver con el cansancio del espíritu, 
subyugado por la despótica fatalidad de la materia. Está en lo justo 
Pereda al desoír á sus mentores oficiosos. El se ha conocido á sí 
mismo mejor que nadie. A los reclamos de la novedad afortunada 
puede oponer la verdad inmutable ; al lema de naturalismo, que es, 
al fin, cosa de ayer, gastada en menos espacio que un figurín, el lema 
de naturaleza, que es de todos los tiempos y de todas las latitudes." 
M. Pelayo, Crit. liter., 5." ser., pág. 355 : "Pereda, el más montañés de 



3l6 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

todos los montañeses, identificado con la tierra natal..., apacentando 
sin cesar sus ojos con el espectáculo de esta naturaleza dulcemente 
melancólica y descubriendo sagazmente cuanto queda de poético en 
nuestras costumbres rústicas, ha traído á sus libros la Montaña en- 
tera, no ya con su aspecto exterior, sino con algo más profundo é 
íntimo, que no se ve, y, sin embargo, penetra el alma; con eso que el 
autor y sus paisanos llamamos el sabor de la tierruca, encanto miste- 
rioso, producidor de eterna soledad {saudade)... ha logrado dar for- 
ma artística... al vago sentimiento de esta nuestra raza septentrional, 
que, con rebosar de poesía, no habí.i encontrado hasta estos últimos 
tiempos su poeta... Que Pereda emplea procedimientos naturalistas 
es innegable; que se va siempre tras de lo individual y concreto..., 
que enamorado de los detalles...; que* en la descripción y en el 
diálogo se aventaje más que en la invención y en la composición... ; que 
no rehuya la pintura de nada verdadero y humano, y, finalmente, que 
ha vigorizado su lengua con la lengua del pueblo..., todo esto lo hace 
Pereda, no por imitación, no por escuela..., sino porque esa es su ín- 
dole...; es realista, pero muchos negaran, y yo con ellos, que deba 
contársele entre los naturalistas... Pereda, que tiene á gala el ser 
realista, ha rechazado con indignación en varios prólogos suyos toda 
complicidad con los naturalistas franceses... Cuando él empezó á es- 
cribir sus Escenas Montañesas, coleccionadas ya en 1864, ni existía 
el naturalismo como escuela literaria, ni tal nombre se había pronun- 
ciado en España, ni estaban siquiera escritas la mayor parte de las 
obras capitales del género, en el cual yo no incluyo, sino con grandes 
limitaciones, las de Balzac... Le han llamado algunos naturalista de 
la naturaleza. Y tienen razón, si esto se entiende como en oposición 
á naturalista de escuela... Nótase en los primeros cuadros de Pereda 
(salvas radicales diferencias de temperamento, que pueden reducirse 
i la sencilla fórmula de "más vigor y menos ternura") la influencia de 
Fernán Caballero, y nótase también la de otro discípulo suyo... Truc- 
ha..., que por los años de 1864 se hallaba en el apogeo de su fama, 
fué el encargado de hacer el prólogo de las Escenas Montañesas... 
Pereda aborrece de muerte los idilios y las fingidas Arcadias, y tiene 
horror instintivo á los idealismos falsos, optimistas, bonachones y 
empalagosos; pero esto no quita que haya en sus cuadros idealidad 
y pureza, toda la que en sí tienen las costumbres rústicas..., monta- 
ñeses ladinos y litigantes a natiz'itate, entreverados de sencillez y 
malicia, atentos á su interés y á las contingencias del papel sellado, 
y juntamente con esto cautelosos y solapados en sus palabras... Cada 
uno habla como quien es, y el zafio, como zafio se expresa. FI señor 
Pereda, por lo mismo que siente mucho y bien, es enemigo jurado de 
la sensiblería; pero cuando llega á situaciones patéticas, encuentra 
para el dolor ó la alegría la expresión natural y no rebuscada y con- 
mueve más que otros novelistas serios y estirados, por lo mismo que 
no se esperan tales ternuras en un autor de continuo alegre y jaca- 



S. XIX, 1861. JOSÉ MARÍA PEREDA Siy 

randoso. Hay, ciertamente, tesaros de sentimiento en el alma y en los 
escritos de Pereda; pero estos sentimientos son siempre viriles, ro- 
bustos y primitivos, como in fundidos en hombres de tosca y ruda 
corteza... No rehuye jamás la expresión valiente y pintoresca, por 
áspera y disonante que en un salón parezca, ni se asusta de la miseria 
material, ni teme penetrar en la taberna y palpar los andrajos y las 
llagas; pero basta abrir cualquiera de sus libros para convencerse 
de que corre por su alma una vena inagotable de pasión fresca, es- 
pontánea y humana, y que sabe y siente como pocos todo género de 
delicadezas morales y literarias, y que acierta á encontrar tesoros de 
poesía hasta en lo que parece más miserable y abyecto... En ese ar- 
tículo de La Leva, que nunca me cansaré de citar, porque desde Cer- 
vantes acá no se ha hecho ni remotamente un cuadro de costumbres 
por el estilo (igualado, pero no superado por el autor), hay alcoholis- 
mo como en los libros más repugnantes de la escuela francesa, hayí^ 
palizas y riñas conyugales, hay inmundicia y harapos y un penetrante 
y subido olor á parrocha y, sin embargo, ¡ qué melancolía y ternura la 
del final! ¡Cómo sienten y viven aquellos pobres marineros de la calle 
del Arrabal! ¿Qué héroe de salón ó de boudoir interesará nunca lo 
que el tío Tramontorio, lanzando en la escena del embarque aquel so- 
lemne larga? Si esto es realismo, bendito sea. Si realismo quiere decir 
guerra al convencionalismo, á la falsa retórica y al arte docente y ser- 
moneador, y todo esto en nombre y provecho de la verdad humana, 
bien venido sea. Así pintaba Velázquez... El señor Pereda no es 
fotógrafo grande ni chico, porque la fotografía no es arte... sus per- 
sonajes no están en la realidad, pero pueden estarlo; son humanos^ 
nos parece que viven y respiran ; son la idealización de una clase en- 
tera, la realidad idealizada... Si yo dijera que para mí son las dos 
series de las Escenas Montañesas lo más selecto de la obra de Pe- 
reda, no diría más que^lo que siento... Admiro más en Pereda al 
autor de bosquejos y cuadritos de género que al de novelas largas, 
y entre las escenas cortas, todavía doy la preferencia á las de cos- 
tumbres campesinas..., en las cuales logra el ingenio de su autor un 
grado de vigor y de fuerza creadora y hasta de terror sublime, que, 
por decirlo así, le levanta sobre sí mismo... La segunda época de la 
vida literaria de Pereda comienza en 1878... Yo no admiro sólo en 
él lo que todo el mundo ve y admira: el extraordinario poder con 
que se asimila lo real y lo transforma; el buen sentido omnipotente y 
macizo; la maestría del diálogo, por ningún otro alcanzada después 
de Cervantes; el poder de arrancar tipos humanos de la gran cantera 
de la realidad; la frase viva, palpitante y densa; la singular energía 
y precisión en las descripciones; el color y el relieve, los músculos y 
la sangre; el profundo sentido de las más ocultas armonías de la 
naturaleza no reveladas al vulgo profano; la gravedad del magisterio 
moral; la vena cómica, tan nacional y tan inagotable, y, por último, 
aquel torrente de lengua no aprendida en los libros, sino sorprendida 



, . 3l8 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

y arrancada de labios de las gentes; lengua verdaderamente patricia 
j de legítimo solar y lengua castellana... Pero le amo, además, como 
escritor de raza, como el poeta más original que el Norte de España 
ha producido... En Sotileza, aquella misma robusta inspiración que 
había dado perpeíua vida á Cafetera, al Tuerto y á Tramontorio, ha 
roto el estrecho marco del cuadro de género y penetrado en el ancho 
y generoso cerco de la gran pintura, poniendo con entera franqueza 
á sus héroes entre ciclo y mar, y haciéndoles verdaderos protagonis- 
tas de una acción trágica, que llega y toca á lo más alto de la pasión 
humana, acentuada aquí en vigoroso contraste con una naturaleza 
bravia y rebelde." M. Pelayo, Obras de Pereda, 1887, t. I, pról. : "Lo 
que importa dejar consignado es que si Pereda no debe ser tenido 
por naturalista en el sentido francés de la palabra, quizá la principal 
razón de esto sea su propia naturalidad y el sano temple de su es- 
píritu." "Porque lo cierto es que no conozco escritores menos natu- 
rales y más artificiosos que los que hoy pretenden copiar exclusiva y 
fielmente la naturaleza. Todo es en ellos bizantinismo, todo artificios 
óe decadencia y afeites de vieja, todo intemperancias coloristas y 
estremecimientos nerviosos en la frase. Si este estilo es natural, mu- 
cho debe haber cambiado la naturaleza al pasar por los boulevares 
de París. A la vista salta que la naturaleza y la realidad no son, en 
el sistema de Zola y sus discípulos, más que un par de testaferros, 
tras de los cuales se oculta un romanticismo enfermizo, caduco y de 
mala ley, donde, por sibaritismo de estilo, se rehuye la expresión na- 
tural, que suele ser noble, y se persigue con pésima delectación y ar- 
tificio visible la expresión más violenta y torcida, por imaginar los 
autores que tienen más color. ¡Y cuánto suelen engañarse!" Galdós, 
Discurso Acaé. Esp., 1897: "Ha sabido condensar el gran narrador 
(en Sotileza) toda la poesía de la marina cantábrica... Nunca ha teni- 
do la gente de mar pintor más hábil... Resulta el libro de Pereda un 
poema del Océano costero, del Océano en cierto modo popular, gran- 
jeria de toda una raza que en él y por él vive, con trabajos indecibles, 
hostigada por inclemencias de que no tenemos idea los que en tierra 
vivimos; raza infeliz y creyente, que devoran las galernas en el mar 
y en tierra las miserias y ahogos de la vida, y que, baqueteada por las 
tempestades de fuera y de dentro, muere en el .';anto amor de las so- 
ledades oceánicas, pues no hay afición que, como la del mar, tenga la 
virtud de acrecerse con las desdichas y trabajos. Esta sociedad singu- 
lar, con sus caracteres bien definidos, su sencillez ruda, su fe inque- 
brantable y el fondo soberano en que se agita, como ella rudo, ele- 
mental, aproximado emblema de lo infinito, la reproduce Pereda con 
tanta verdad como poesía. Las figuras principales del libro, Sotileza, 
Carpía, Muergo, el padre Apolinar, etc., son tan verdaderas, que la 
manipulación artística desaparece en ellas y se nos ofrecen surgiendo 
con vida efectiva, cuerpo y espíritu, rostros y palabra, <lel seno de las 
páginas. En la acción, sencilla y con fácil lógica, no vemos la mano 



S. XIX, 1861. JOSÉ MARÍA PEREDA Big 

que compone. Creyérase que todo se ha hecho por si mismo, con es- 
pontáneo proceder y por natural formación, sin que lo tocaran los de- 
dos del artífice. Libros como Sotileza pertenecen á la literatura euro- 
pea, y para adaptarlos á una región y hacerlos caber en ella hemos 
de imaginar en ésta un tamaño desmedido. Es joya tan grande, que, 
para darle estuche, tenemos que empalmar nuestra nación con otras, 
buscando la universalidad del sentimiento estético." Miguel 'Cañé (en 
Recuerdos Liter., de Mérou, 1915, pág. 352: '■'Sotileza... es un libro 
shakespeariano ; y usted que conoce mi admiración apasionada y vio- 
lenta por el poeta inglés, sabrá valorar mi elogio. Hay más color en 
Sotileza que en todas las telas de los venecianos reunidas. ¡ Eso es 
naturalismo, hinojo! ¡Eso es verdad, eso es vida, cuerno y recuerno! 
Bajo este aspecto, pongo á Pereda á cien codos arriba de Zola. Figú- 
rese á ese hombre conociendo el mundo parisiense como conoce el 
microcosmo santanderino, y ayúdeme á sentir. Se necesita, no sólo 
una observación incisiva, un poder intelectual tremendo, sino un don 
natural para penetrar asi á la región confusa de esos cráneos en em- 
brión, de esas crisálidas de hombre. No basta concebir en esos casos ; 
*s necesario expresar, rendir, traducir el pensamiento. Usted que 
plumea, como yo, sabe, menos que yo, porque yo cepillo más, lo 'que 
-cuesta vestir una idea que se ve desnuda, pasearse esbelta por el espí- 
ritu. Eso es maravilloso en Pereda. Muergo es Caliban, escapado de la 
isla de Próspero, sobre un tronco de árbol y caído á la playa de San- 
tander entre la resaca. Lo que es admirable, cierto, íntimo, un sondazo 
hondo como un pozo á la naturaleza humana, es la pasión carnal, bru- 
tal, de Sotileza por el monstruo, más violenta, si cabe, que los rugidos 
<ie lascivia de Muergo. ¿Y los firvolcs de Cleto? ¿Quiere nada más 
l>tieno que ese análisis moral, de una delicadeza infinita, pero aparen- 
temente tejido con la burda materia que secreta el alma de ese semi- 
Mrbaro? Las Mocejón dan cuatro cuerpos á las viejas harpías clásicas 
y éstas ni las ven. Son hermanas de la bruja de Macbeth... Anoche se 
me erizó el pelo leyendo la descripción de la galerna." 

Escenas Montañesas, colección de bosquejos de costumbres tomados 
del natural, con pról. de A. Trueba, Madrid, 1864; correg. y atún., San- 
tander, 1877. Ensayos dramáticos, Santander, 1869 (25 ejemplares). 
Tipos y paisajes, seg. serie de Esc. Mont., Madrid, 1871. Bocetos al 
temple (La Mujer de César, Los Hombres de pro. Oros son triunfos), 
Madrid, 1876. Tipos trashumantes, croquis á pluma, Santander, 1877; 
Barcelona, 1897. El Buey suelto, cuadros edificantes de la vida de un 
solterón, Madrid, 1878. Don Gonzalo González de la Gonzalera, ibid., 
1879. De tal palo tal astilla, 1880. Esbozos y rasguños, ibid., 1881. El 
Sabor de la Tierruca, Barcelona, 1882. Pedro Sánchez, Madrid, 1883. 
De Patricio Rigüelta {redivivo) á Gildo el "Letrado''^ su hijo en Co- 
teruco, ibid., 1883. Sotileza, ibid., 1885. La Montálvez, ibid., 1888. La 
Puchera, ibid., 1889. Nubes de Estío, ibid., 1891. Al primer vuelo, 
idilio, Barcelona, 1891. La Leva y El Fin de una raza, en Cuentos 



320 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

escogidos de los mejores autores castellanos contetnporáneos..., jxyr 
E. Gómez Carrillo, París, 1894. Peñas arriba, Madrid, 1895. Pa~ 
chin González, ibid., 1896, Discursos leídos ante la R. Academia Esp., 
ibid., 1897 (el de contestación, de Galdós). M. Pelayo, Pereda, Galdós, 
Discursos en la R, Acad. Esp., ibid., 1897. Homenaje á M. Pelayo, 
ibid,, 1899, con un trabajo de Pereda. Para ser buen arriero..., ibid., 
1900. Obras completas, 17 vols., con pról. de M. Pelayo, varias edicio- 
nes. La novela en el teatro, cartas, con aclaraciones y coment, de Luis 
Ruiz Contreras, Barcelona, 1910. Sus obras dramáticas: Tanto tienes, 
tanto vales (com. estrenada en 1861). Palos en seco (1861). Marchar 
con el siglo (1863). Mundo, amor y vanidad, zarz. (1863). Terrones 
y pergaminos (1863). Sus artículos en La Abeja (1858-1867), El Tío 
Cayetano (1858-1859, 1868-1869), La Tertulia (1876, 1876-77), San- 
tander Crema (1884), El Aviso (1885), El Atlántico (1886). El discur- 
so de los Juegos Florales de Barcelona, en La Vanguardia y El At- 
lántico (1892). Prólogos. Comunicado y Comunicado, en El Aviso 
(1877). Cuatro palabras á un deslenguado (1882). Las Comezones de 
la Sra. Pardo Bazán, en El Imparcial (21 Febr. 1901). Sr. Director 
de EL Aviso, en éste y en El Atlántico (1901). Traducción del cuadro 
de Narciso Qller, titulado Natura, en El Liberal (11 Enero 1897). 
Cartas de circunstancias, en el álbum Andalucía (1885), en el Limos- 
na (1896), en Álbum Patria (1898), en El Lábaro (1905). En Rev. Es- 
paña: Blasones y talegas (1869, t. VII). Dos sistemas (1869, t. VIII). 
Al amor de los tizones (1869, t. VIII). La Mujer del ciego, ¿para 
quién se afeita? (1869, t. IX). El Peor bicho (1869, t. IX). Ir 
por laño Í1869, t. X). Las Brujas (1870, t. XII). Un tipo más 
(1870, t. XIII). La Mujer del César (1870, t. XVII). Un marino 
(1872, t. XVIII). Los Buenos muchachos (1872, t. XXVIII). Co- 
laboró igualmente en La Ilustr. Calól. (1877) y Rev. Contempor. 
(1897-99). Cartas á Laverde, en poder del señor Graiño. Obras com- 
pletas, 17 vols., últimas ediciones: t. I, 5.' ed., 1917; t. II, 4." ed., 1909; 
t. III, 5.' ed., 1913; t. IV, s."" ed., 1917; t. V, 4.^ ed., 1910; t. VI, 
3.' ed., 1910; t. VII, 3.^ ed., 1912; t. VIII, 3." ed., 191 1; t. IX, 6.* ed., 
1916; t. X, 4.* ed., 1913; t. XI, 3.^ ed., 1910; t. XII, 3.' ed., 1909; 
t. XIII, 3.» ed., 1913; t. XIV, 3.' ed., 1913; t. XV, 6.* ed., 1917; 
t. XVI, 3.» ed., 1916; t. XVII, 2.' ed, 1917. 

Consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Don José María de Pereda, en 
Estudios de Crítica literaria, 5.' serie, Madrid, 1908, págs. 353-444; 
Apuntes para la biografía de Pereda publicados por "El Diario Mon- 
tañés", el 10 de Mayo de 1906, Santander, 1906; B. de Tannenberg, 
en Revue Hispanique (1898), t. V, págs. 330-364; J. R. Lomba y Pe- 
draja, en Cultura Española (1906), págs. 711-725; Augusto Charro Hi- 
dalgo, D, J. M. de Pereda, Madrid, 1884; Pardo Bazán, Pereda y su 
último libro (en Nuevo teatro crít., Marzo, 1891); Pérez Galdós, 
Disc. Acad. Esp., 1H97, y Pról. á El Sabor de la tierruca; Trueba. 
prólogo á Escenas Montañesas, i864;Rev. de Archivos, ic>o3 (Febrero, 



S. XIX, 1861. NICOLÁS DÍAZ DE BENJUMEA 321 

Agosto) ; L, Ruiz Contreras, Memorias de un desmemoriado, Madrid, 
1917. 

109. Año 1 86 1. José Peón y Contreras (i 843- i 908), 
de Mérida (Méjico), el restaurador del teatro mejicano, doc- 
tor en Medicina á los diez y nueve de su edad, escribió á los 
diez y ocho la leyenda La Cruz del Paredón, imitada de Zo- 
rrilla, y tres piezas dramáticas : María la Loca, El Castigo 
de Dios y El Conde de Santisteban. Tal precocidad de ingenio 
dejó asombrados á sus paisanos, como á los suyos Echegaray 
por la novedad y fecundidad. Fué practicante en el hospital de 
Jesús (1863), director de la Vacuna y director del hospital de 
San Hipólito (1867). 

no. J. Peón Contreras: Hasta el cielo, dr. (1870). Gil González 
de Avila, dr. (1876). La Hija del Rey, dr. (1876). Un Amor de Her- 
nán Cortés, dr. (1876). Esperanza, dr. (1876). Antón de Alaminos, dr. 
(1876). El Conde de Peñalva, dr. (1877). Doña Leonor de Sarabia, 
dr. (1878). Entre tu tío y tu tía, com. (1878). Por el joyel del sombre- 
ro, dr. (1878). Vivo ó muerto, dr. (1879). Impulsos del corazón, dr. 
Todos impresos en Mérida de Yucatán, 1883. Poesías (apólogos, ele- 
gías, descripciones, eróticas), Méjico, 1863. Flores del alma, poesías, 
1871. En 1873 escribió en el folletín de El Domingo una colección de 
Romances históricos mexicanos, Méjico, 1873. En 1876 fué premiada 
en concurso su Oda á Hernán Cortés. Obras dramáticas, en verso y 
prosa, Méjico, 1879. Romances dramáticos, ibid., 1880. Trovas Colom- 
binas, ibid., 1881. Ecos, poesías á lo Bécquer y Heine, ibid., 1883. 
Pequeños dramas, 1887. Romances históricos y dramáticos, trovas 
colombinas, París, 1888. Obras, México, 1896-97, dos vols. ; t. I (IV 
de la Bibl. Autor. Mexic), teatro; t. II (V de la misma), teatro. En 
el t. XLVI (1902) de la Bibl. Autor. Mexicanos: Romances histór. 
mexic. Romances dramáticos. Pequeños dramas. Trovas Colombinas. 
Canto á José Martí, Habana, 1903. 

I 
111. Año 186 1. Nicolás Díaz de Benjumea (1829-1884), barce- 
lonés, cervantista, que señaló el camino de buscar en el Quijote logo- 
grifos, simbolismos, autobiografías, caminando por él desenfadada- 
mente é involucrando la obra más clara del mundo. Véase la Rev. 
Contemporánea, 1877. Atribuyó el falso Quijote á fray Andrés Pérez, 
presunto autor de La Pícara Justina. Fué director en Madrid de La 
Unión (1864), El Fígaro, periódico satírico; publicó estando en Lon- 
dres Plegaria del cautivo, romance (1865), y allí dirigió El Eco de 
Ambos Mundos; vuelto á España, redactó El Programa (1868-69) j 
El Arte; dirigió El Musco Universal, que después fué La Ilustración 

TOMO VIH. — 31 



3a2 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-18Ó9) 

Española y Americana. Publicó La Estafeta de Ur ganda, Londres, 
1801; El Correo de ALquife, 1866; y El Mensaje de Merlín, trilogía de 
la nueva critica cervantina. Ciencia popular ó Calece, de máx. y con- 
sejos, 'Líádiz, 1865. Costumbres del Universo, dos vols., Barcelona, 
i8ó5-t)ó. La Cuestión del día, 1868. La verdad sobre el Quijote, 1878. 
El Escudo en blanco, 1880. Los Hombres españoles, americanos y lu- 
sitanos, Barcelona, 1881. Lenguaje del Corazón, 1882. ¿Quién es más 
loco?, 1882. La Génesis del Quijote, 1883. El Solterón, 1884 (3," ed.), 
1912. El Catecismo filosófico en verso. Palmerin de Inglaterra. La 
Mitología de In Revolución. En Rev. Esp. : El Progreso en la crítica 
del Quijote, 1878-79 (ts. LXIV-LXVII). 

Ángel Lasso de la Vega y Arguelles (1831-1899), de San Fer- 
nando, archivero, redactor ó colaborador de La llustr. Esp., La llustr. 
Catól. (1877...), La Rev. Europea, La Ciudad de Dios, España Artís- 
tica, Rev. de Madrid, La Niñez (1879-83), El Mundo de los Niños 
(1891), La Lidia (1894), Barcelona Cómica (1894.-9Ó), Rev. Contemp. 
(1897), El Correo Ilustrado (1897), El Gato Negro (1898), La Esp. 
Moderna, Mundo Naval (1897-99), ^ol. Soc. Geogr. Publicó El Llan- 
to de Raquel, canto bíblico, 1849. La Batalla de Pavía, canto ép., Ma- 
drid, 1861. Una deuda de amor, com., 1863. La Juglaresa, zarz., 1867. 
Historia y juicio crítico de la escuela poética sevillana en los si- 
glos XVI y XVII, Madrid, 1871 ; ídem en los siglos xviii y xix, 1876, 
dos vols. La Danza de la muerte en la poesía castellana, 1878. Un 
viaje á la eternidad, dr., 1879. A la ciencia, oda, 1880. Calderón, 1881. 
Viajeros españoles de lu Edad Media, 1882. Tragedias de Séneca, 
trad. en verso, 1883 (son Medea é Hipólito). Antología griega, trad. 
en verso, 1884. Comedias de Terencio, trad. en verso, Madrid, 1884. 
Luis Eguilaz {Rev. Esp., 1887, t. CXVIII). De Salamanca á Madrid. 
Navegantes españoles. La Apoteosis de un héroe... D. Alvaro de Ba- 
san, 1888. Rayo de luz, etc., 1894. Quien siembra, recoge, prov. en un 
acto, 1908 (2.* ed.). En Esp. Mod.: La Agricultura en la antigua 
Roma (1890, Jul.). Juan Holbein (1898, Jul.). 

Ramón Aba.ncens publicó Colección de adagios ó refranes espa- 
ñoles, Orense, 1861. — Temístocles Abella Mendoza (n. 1841), de 
Sogamoso (Colombia), comerciante, publicó Mis versos, Bogotá, 1864. 
Los Tres Pedros, nov. (1864). Anacoana, nov. (1865). Cartas de un 
viajero (1869). Estudios biográficos de la Hist. de América, Bogotá, 
1888. Gentilicios usuales, 1890. Almanaque biográf ico-americano , 1894. 
— Luis Gonzalo Agosta (t 1887), de Matanzas (Cuba), publicó Epi- 
sodio de la vida de Juan Rivera, romance premiado, 1861. — Manuel 
Luciano Agosta publicó La Guerra civil entre los incas, nov. hist., 
Montevideo, 1861. Un matrimonio de rebote, nov., 1862. — Actas de 
las Cortes de Castilla (1563-1623), 1861-1917, 40 tomos, por el Con- 
greso de los Diputados, y desde el tomo XIX, por la Acad. Hist. 
Son complemento de las de los antiguos reinos. — Álbum de la in- 
fantería española desde sus primitivos tiempos, Madrid, 1861. — Ca- 



S. XIX, 1861. ANTONIO CORZO 323 

MiLO Alonso Valdespino, director de Las Cortes (1854), publicó Jo- 
robas políticas, Madrid, 1861. — Alejandrina Arguelles Toral y 
Hevia publicó Ensayos poéticos, Irún, 1861. — ^í^'Ianuel Arteaga, por 
seud. EL Antillano, publicó Los Antiguos camagücyanos y el nob^^ 
expósito, nov., Puerto Príncipe, 1861. La Metamorfosis de un joven 
singular, nov., 1861. Ventura sin ventura. — José de Ayala y Aguilar 
publicó Tardes cubanas ó conferencias literarias sobre los futuros 
destinos de la Isla de Cuba, Madrid, 1861. — Ramón B. Barrera y 
Sánchez (1812-1865), catalán, actor, pintor y cantor, publicó Glorias 
de María, iV." S.^ de Monserrate, poema histórico. Habana, 1861. — 
Liberto Berzosa estrenó Jacinto, zarz. (1861). — José Mercedes Be- 
tancourt (t 1866), mulato cubano, publicó Ecos del Tinima, poe- 
sías. Habana, 1861. — Adolfo Blanch publicó Historia de la guerra 
de la independencia en el antiguo principado, Barcelona, 1861-62, 
dos vols. — Bartolomé Bordoy publicó El Limosnero del rey de Ma- 
llorca, nov., Palma, 1861. — Vicente Burgos estrenó El Maestro de 
primeras letras, dr. (con Ant. Carralón), 1861. — El Padre Cándido, 
periód. de literatura y teatros, Madrid, 1861-63. — 'Constantino Ca- 
rrasco (1841-1877), poeta peruano, partidario del americanismo en 
poesía, autor de la celebrada silva Al Árbol de la quina, conocedor 
del quichua, del que tradujo en verso castellano el famoso drama 
Ollantay, Lima, 1876, que se ha querido dar por drama antiquísimo 
y no parece ser niiás que imitación de las comedias españolas, hecha 
por algún ingenioso misionero del siglo xvii ó posterior. Trabajos 
poéticos de C. Carrasco, Lima, 1878. El texto en verso del Ollantay 
€Stá tomado del que en prosa publicó José Sebastián Barranca en 
Lima, 1868. Pacheco Zegarra lo tradujo al francés: Ollantay, drame 
en vers quechuas, París, 1878; de esta traducción salió la castellana 
de Madrid, 1886 {Bibl. Universal). Sobre esta cuestión, véase M. Pe- 
layo, Hist. poes. hisp.^amer., t. H, pág. 265. E. C. Hills, The Quechua 
drama Ollanta, 1914 (en The Romanic Review, N. York, 127-176). 
Miguel Ángel Mossi, Ollantay, trad., B. Aires, 1916 (la bibliografía, 
por Samuel A. Lafone Quevedo, pág. xxxvi). Biblioteca Peruana 
t. II, pág. 431 (la bibliografía). Bart. Mitre, Catál. razonado de la 
secc. de Lenguas amer., 1910 {II, 200-236). — Juan Bautista Carrasco 
publicó Geografía gral. de España, comparada con la primitiva, dos 
vols., Madrid, i86i.-^Manuel Carrascosa y Rivelles estrenó Los 
Votos, com. (1861). — Pedro C. Caso publicó Poesías fúnebres, Lima, 
1861. — A. Isaac del Castillo, de Lorca, publicó Memoria histórica 
4e... Lorca, ibid., 1861. — José Conejo Soumosiers publicó Historia 
de Antequera, dos vols., ibid., 1861. — Simón Cordovés (n. 1831), de 
Bogotá, publicó Poesías, Santiago, 1887. — Cortes de los antiguos rei- 
mos de León y Castilla, por la Acad. Hist. (i349-i559). Madrid, 1861- 
1903, siete tomos : los dos primeros son una Introducción de Manuel 
Colmeiro, 1883-84. — Balbixo Cortés publicó Estudios del Archipié- 
lago asiático, Madrid, 1861. — Antonio Corzo y Barrera (t 1897), 



324 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

de Santiago de Cuba, magistrado, redactor de El Progreso Constituí 
cional, director en la Habana de La Voz de Cuba (1864), por seud. 
Enrique Gisbcrt, escritor castizo, elegante é ingenioso, demasiado 
pesimista, publicó Ensayos poéticos, Madrid, 1861. Hojas de Otoño, 
artíc. y opuse, liter., Habana, 1896. Para el teatro: Tirios y Troyanos 
(con Enrique Príncipe y Satorres), 1872. El Valor á prueba, com. 
(1873). Las Fieras de su Alteza (1873). La Creación de la atmósfera, 
com. (1877). Las dos joyas de la casa (1878, 1889). La Cuerda tirante, 
com., 1886. — .Manuel Ángel Corzo publicó El Cancionero de Galicia, 
Santiago, 1861. — La Charanga, enciclopedia pintoresca de historia, li- 
teratura, teatros, Palma, 1861. — Francisco Danvila y Collado (1829- 
1898), valenciano, publicó El Iris (1848), La Cartera (1849) ; fué re- 
dactor de El Valenciano, arqueólogo, novelista y dramático. El Toque 
de alba, dr.. Valencia, 1861. Trajes y anuas de los españoles desde los 
tiempos prehistóricos hasta primeros del s. xix, Madrid, 1877, dos 
vols. Na carroga de Vüaragut, ibid., 1888. Rika, nov. (1908?). Bajo 
los pinos, nov., 1910. — Manuel Díaz de Arcaya y González de Echa- 
VARRi (n. 1841), de Vitoria, catedrático, poeta religioso, publicó Can- 
tos del corazón. Sueños del ahna, Bilbao, 1901 (Bibl. base, t. LVH). 
Engracia, poema. Leyendas alavesas (1897), dos vols.; 2.' serie, 1898. 
Cuadros infantiles. La Torre de la Encontrada. El Basilisco de UrriaU 
do. Cantares aragoneses, etc. Para el teatro: Ingeniosa caridad. Al 
borde del precipicio. En vísperas de boda. Adonis, 1888. De parle del 
Sr. Pérez. La Desaparecida. D, Lope de Haro. ¿Me caso? ¡Suspen- 
so !, etc. — Historia de la ciudad de Salamanca, que escribió don Ber- 
nardo Dorado, continuada por don Manuel Barco López y don Ramón 
Girón, Salamanca, 1861. — Enrique Edo y Llop (t 1913), valenciano 
que fué á Cuba en 1855, publicó Memoria histórica de la villa de 
Cienfuegos, ibid., 1861, 1888. El Loco del valle, dr. (1861). Ardides 
de amor, zarz. (1861). Un quid pro quo (1878). J8y8 en Cuba, rev. 
cóm. (1878). Las Espinas de una rosa, zarz. De aldeana á Condesa, 
zarz. Marieta, com. Un amigo, com. La Salvación en Dios, com. Por 
buscar una mujer, com. Quien mucho abarca. Cariños de la inocen- 
cia. Un desgraciado. Dudas y temores. Ni ella es ella ni él es él, jug., 
1882. — NiLO María Fabra y Deas (1843-1903), de Blanes (Gerona), 
fundó la Agencia Fabra, de información periodística, en 1865, aso- 
ciada en 1870 á la de Havas, de París, y Rcuter, de Londres; publicó 
Cuentos, La Batalla de Pavía, canto épico, Madrid, 1861. — Antonio 
Fernández y Morales publicó Ensayos poéticos en dialecto bcrciano, 
León, 1861 ; Toledo, 1876. — Augusto Ferrán y Forniés (1836-1880), 
madrileño, bastante bohemio en su vida, vivió solitario y perezoso; 
hízose alcohólico, partió á Chile (1872-77) y falleció en un manicomio. 
Fué poeta imitador de Bécquer, el cual le elogió (Obras de B., 4.* ed., 
t. ni, págs. 109-125); redactor de El Observatorio Pintoresco (1837) 
y director de El Sábado (1859). Publicó La Soledad, colección de 
cantares, Madrid, i86i. La Pereza, cantares, 1871. Una inspiración 



S. XIX, 1861. NICOLÁS GONZÁLEZ CHAVES 325 

alemana (en Rev. Esp., 1872, t. XXV). Obras completas, Madrid 
(1893). Consúltese J. Nombela, Impresiones, t, III, pág. 87. — Adela 
Galiana y Albaladejo publicó El Hombre y el corazón, descripción 
sucinta de las épocas de su vida. Valencia, 1861. — León Galindo y 
Vera (t 1889), abogado, diputado y periodista, publicó Intereses... 
que en África tiene España, Madrid, 1861. Progreso y vicisitudes del 
idioma castellano en nuestros cuerpos legales, 1863-65. Autoridad de 
la Academia en materia de lenguaje, 1875 (disc. de recep. en ella). 
Comentarios á la Legislación hipotecaria (con Raf. de la Escosura), 
1880-87, seis vols. Historia, vicisitudes y política tradicional de Es- 
paña respecto á sus posesiones en las Costas de África, 1884. — Ángel 
Gallifa y Larraz, zaragozano, estrenó Justicia no es caridad, dr., 
Zaragoza., 1861. — Joaquina García Balmaseda, de González (1837- 
1893), madrileña, actriz con Joaquín Arjona y escritora en La Es- 
paña Musical (1854), donde publicó la traducción de la novela france- 
sa Una noche en las nubes; en La Corresp. de Esp., Correo de la 
Moda, que dirigió diez años, desde 1883; en Los Niños, Aurora de la 
vida. Museo de las familias, La Mujer cristiana, La Niñee. Firmaba 
á veces Lady Ketty, Aurora Pérez Mirón, Baronesa de Olivares, 
Adela Samb y Zahara. Estrenó Genio y figura, prov. (1861). Publicó 
Entre el cielo y la tierra, poes., Madrid, 1868. La Mujer laboriosa, 
manual de labores, 1877 (2.' ed.). La Mujer sensata, consejos, 1882, 
1884, 1886. La Madre de familia, diálogos instructivos sobre la reli- 
gión, la moral y las maravillas de la naturaleza, 6.* ed., Madrid, 1889; 
10.' ed., 1902. Donde las dan..., prov. en un acto. Un pájaro en el gar- 
lito, com. Historia de una muñeca, contada por ella misma, Barcelo- 
na, 1889. Reo y juez, com. Lo que no compra el dinero, com. — Manuel 
García de Agüero, colaborador de La Ilustr. Españ., publicó Fábulas 
escritas en variedad de metros, Madrid, 1861. Mentiras y verdades, 
poesías, ibid., 1887. ¿Es el A. E. M. García autor de Apólogos? Las 
Almas sobre la tierra, ibid., 1893. — iSimón García escribió en 1861 
Compendio de arquitectura y simetría de los templos (Ms.) ; lo impor- 
tante es lo gótico, extractado de los cuadernos de Rodrigo Gil de 
Hontañón. — 'Dolores Gómez de Cádiz, de Velasco (n. 1818), poetisa 
malagueña, escribió en periódicos de Málaga, Granada y Madrid y 
publicó Santa Casilda, nov., Madrid, 1861, dos vols. — Vicente Gómez 
Flores estrenó El Travieso, zarz., Palma, 1861. — Manuel González 
Llana, catedrático de Instituto, redactor de La Iberia, colaborador 
en El Teatro (1864), diputado, jefe de Administración jubilado en 
1902, publicó La Italia del siglo xix (con Evaristo Escalera), Ma- 
drid, 1861-62. Historia de las Repúblicas de la Plata (1512-iSio"), 
ibid., 1863. Hijos ilustres de Asturias, Oviedo, 1864. En Rev. de Es- 
paña: América, sobre la prioridad üe su descubrimiento, 1877 (t. LIX^, 
1879 (ts. LXVII-LXIX). Geografía de América, 1878-1881 (ts. LXIV- 
LXXXIII). La Civilización de la antigua Grecia, 1879 (t. LXXI). 
—Nicolás González Chaves (1817-1878), de Bogotá, publicó obras 



3a6 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

desde 1861. Estudio cronológico de la guerra de la independencia en 
la antigua Colombia, París, 1879. Cuadros sinópticos de la guerra de 
la independencia, ibid., 1880. — José Hernández Hernández publica 
Los dos extremos, leyenda, Cuba, 1864. — Romualdo Lafuente estre- 
nó Ab-Del-Motri ó guerras fratricidas, dr. (1861). — Benjamín Lens, 
boliviano de La Paz (1836-1878), publicó Flores de un día, poesías, 
La Paz, 1861 ; hizo piezas dramáticas : Amor, celos y venganza. El 
Hijo natural, Borrascas del corazón, El Gvante negro, dr., 1872. La 
Mejicana. — El Tío Lesnas, semanario burlesco, satírico y literario, 
Madrid, 1861. — Saturnino López Novoa publicó Historia de... Bar- 
lastro, Barcelona, 1861, dos vols. — José Losáñez (1803-1870), de San 
Ildefonso (Segovia), publicó El Alcázar de Segovia, Segovia ,i86r. 
Noticia histór. del Santuario é Imagen de N." S." de la Fuencisla, 
1S61. Biografía de D. Luciano Sáez del Portal. Tradujo Las Tardes- 
de la Granja, Madrid, 1863, añadiendo poesías. — Ramón R. Luna pu- 
blicó El Hijo del pueblo, nov., Madrid, 1861. El Tribuno del pueblo, 
nov., 1864, dos vols. La Modista de Madrid, novela, Madrid, 1864, 
dos vols. Margarita de Borgoña, ibid.. 1865, dos vols. La Torre de 
los crímenes ó el suplicio de una Reina, ibid., 1866, dos vols. Ana 
Bolena, nov. hist., 1867. — Ramón Máiquez estrenó D. Cleofás ó la 
casa de huéspedes, com. (1861). — ^Cayetano Manrique publicó El Prín- 
cipe D. Carlos, conforme á los documentos ae Simancas. Madrid, 
1867. Apuntes para la vida de Felipe H <j para la historia del Santo 
Oficio..., ibid., 1868. Manuscritos árabes aljamiados, 1912. En la 
Rev. España: Tregua y juicio de Dios (1868-69, ts. V-VT). Lorenzo 
Ricci (1870, t. XVI). Felipe U y los jesuítas (1876, t. L). — Amali© 
Marichalar, marqués de Montesa, y Cayetano Manrique publicaron 
Historia de la Legislación y recitaciones del Derecho civil de España, 
Fuero de Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, Madrid, 1861-1872, 
nueve vols. — Teodoro Martel Ferííández, conde de Villaverde la Alta, 
cordobés, publicó Ensayos poéticos, Córdoba. 1861. Poesías, ibid., 1866. 
Recreaciones cristianas, Madrid, 1889. — José M.* Martínez estrenó 
El Capitán, dr. hist., Habana, 1861. — José Martínez de Mazas, deán 
de Jaén, publicó Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén, 
j«í estado antiguo y moderno, Jaén, 1861. — Alejandro Matías Do- 
mínguez publicó Mi aurora, poema sacro, Serjovia, 1861. — Antonio 
Mencía y Echevarría estrenó Al que no está hecho á bragas..., 1861. 
— Javier de Mendoza, español, publicó España y Venezuela, Madrid, 
1861. — Eduardo Mier y Barbery (n. 1829), de Paterna (Huelva), por 
seud. Perpetuo Ponleví, que jamás aspiró á honores académicos, gran 
conocedor de lenpuas, traductor de Eurípides, Juvenal. Schiller y 
Schack, redactor de 7:7 Parlayncttto (i.SóoV El León Español (1865), 
El Reino, El Tiempo (1867), etc.. publicó Biblioteca de dramáticos 
griegos, traducidos, Madrid, 1861. Tragedias de Eurípides, 1865, 
1880, 1909. Fábulas de Esopo..., Fedro. Aviano. A. Gelio, 1871. His- 
toria de la litar, y del arte dram. en España, trad. <lc Scliack, 1862; 



S. XIX, 1861. olí VER Y HURTADO 327 

cinco vols., 1885-87. Fernando, nov., 1886. Obras dramáticas de Schi- 
Uer, 1913 {Bibl. Clás.). En Rev. Esp. (1880, t. LXXV). Amor entre 
hielo y fuego. — Francisco Miras publicó Dichos y sentencias célebres 
de los principales filósofos, emperadores, oradores, poetas... (por 
Erasmo), Madrid, 1861. — Luis Müntalvo y Jardín publicó Ensayos 
poéticos, Madrid, i86i. — Eugenio Moret publicó Por dinero, nov., 
Habana, 1861. — Felipe Moriano publicó Instrucción breve y compen- 
diosa para leer los impresos antiguos castellanos, Sevilla, 1861. Or- 
tografía general paleográfico-bibliográfica de la lengua castellana, 
Sevilla, 1866. — Ricardo Mosquera estrenó La Cruz de los Humeros, 
zarz. (1861). — José Muñoz y Gavip.ia, vizconde de San Javier y con- 
de de Fabraquer, á la muerte de su padre don José fué redactor de 
El Fénix (1857-59), colaborador de otros periódicos y publicó Histo- 
ria del alzamiento de los moriscos, su expulsión, etc., Madrid, 1861. 
Crónica gral. de España, ibid., 1871. La Loca del Buen Retiro, novela 
hist., Madrid, 1875, 1892. Tres años en Fernando Pó, 1875. El Invisi- 
ble ó los bandidos de Toledo, novela, 1875. D. Juan el Tuerto, crónica 
ae D. Alfonso XI, novela, 1875, El Suplicio de un ministro, memorias 
de D. Alvaro de Luna, 1876. La Novicia de las Huelgas, 1876. La 
Manola del Avapiés, 1877. FA Fingulo obispo griego (Rev. España, 
1876, t. XLVIII). Calomarde (ibid., 1875, t. XLVI), Ultimo confesor 
de María Luisa (ibid., 1874, t. XLl). — Josa M." Navarro, militar me- 
jicano, después presbítero en Guatemala, publicó Memoria del estado 
actual de la parroquia de S. Martin Xiloiepeque, Guatemala, 1861. 
Memoria del estado de la parroquia de Concepción de Villa Nueva, 
ibid., 1868, Documentos justificativos de la conducta de..., ibid., 1869. 
— Carlos Nicolás de Palomera publicó Un drama social ó las dos 
noblezas, nov., 1861. El Hombre de hielo, nov., Madrid, 1861. La Copa 
de la venganza, nov., 1861. Amor y patria, nov., 1862. Últimos días 
de Sagunto ó Ergasto y Belenna, nov. hist., Barcelona, 1863. — José 
M.* NoGUÉs Y Gastaldi (n. 1838), sevillano, bibliotecario en Palacio 
y en El Escorial, estrenó Jenaro el Gondolero, Madrid, 1861. Oro, 
astucia y amor, zarz. No es nada lo del ojo. Id. La Perla de Triana, 
id. Estafeta de amor, id. Un Tenorio moderno, id. (1864). El Consejo 
de los Diez, id. Consultor jurisperito, id. La Vigilante, id. Una Madre, 
dr. El Celoso, zarz. La Herencia del pecado, dr. Ver visiones, com. 
(1867). Al año de estar casado, id. Pedro Ponce y Juan Carranza, id. 
Acteón. El Marido anónimo. Un tenor jubilado. María, com. (1876). 
El Alcalde de Amurrio. El Collar de perlas. Y otras con Al. Benisia, 
Enrique Gaspar, Liern. En la Bibl. Nac. está, premiado en 1891, su 
ms. de Anónimos y seudónimos. — José Oliver y Hurtado publicó 
Munda Pompeyana (con Manuel, su hermano), Madrid, 1861. Diver- 
sos periplos ibéricos, 1863 (disc. recep. Acad. Hist.). Viaje arqueoló- 
gico, 1866. De la batalla de Vej:^r... ó de Guadalete, Granada, 1869. 
Ihberi ó Granada (con su hermano), Madrid, 1870. Granada y sus 
monumentos árabes (con su hermano). Málaga, 1875. — Manuel Olí- 



328 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

VER Y Hurtado publicó, además, Forma, tiempo y circunstancias en 
que hubo de verificarse el nacimiento del reino de Pamplona, 1866 
(disc. rec. Acad. Hist.). La Escultura cristiana española, 1881 (disc. 
rec. Acad. San Fernando). — Silvestre María Ortiz, coronel retirado, 
publicó La Razón y la fe ó la cruz y los siglos, canto. Salamanca 
(1861). — Antonio Plaza (1833-18S2), poeta satírico mejicano, escép- 
tico y agriamente sarcástico, publicó Álbum del corazón, poesías, Pa- 
rís, 1885; Barcelona, 1899. — A los profanadores del ingenioso hidalgo 
D. Quijote de la Mancha, por D. M. F. y G., crítica del D. Quijote 
que puso en escena Ventura de la Vega, Madrid, 1861. — Lorenzo 
Puente Agosta (1835-1870), de Puerto Rico, publicó El Arpa del 
peregrino, poesías, Cuba, 1861 (escritas á los diez y ocho de su edad). 
La Cotorra, prosa y verso, Bayamo, 1863. Álbum poético. Puerto 
Rico, 1868. — Pythagoras (seud.), publicó La Magia en el s. xix, no- 
vela científica, Madrid, 1801. — Antonio Rodríguez López estrenó 
Los Bereberes del Riff, dr., Gran Canaria (1861). Tetuán por España, 
dr. (2.* pte. del anterior) (1861). Poesías, Santa Cruz de la Palma. 
1873. — José Rodríguez y Moar, capitán retirado, publicó La Creación 
por la mano de Dios por amor al hombre... tratado filosófico, político, 
moral y religioso por el cual queda derribado el espíritu del filosofis- 
mo, dos vols., Madrid, 1861. — La Romería de S. Isidro, gacetilla de 
Madrid ó sea historia, descripción, chistes, guasas, filfas..., Madrid, 
1861. — Juan Luis Romero publicó Sueños del alma, nov., Madrid, 
1861. — J. Sáinz de Arroyal publicó Glorias de España, colección de 
emblemas latinos con su versión parafrásica al castellano, Madrid, 
1S61. — Antonio Sánchez Cabanas, capellán, publicó Historia de... 
Ciudad-Rodrigo, ibid., 1861. — Manuel Sánchez Mármol (1839-1912), 
mejicano, periodista, fecundo novelador, publicó Poetas yucatecos y 
iabasqueños, Mérida, 1861. Novelas como El Misionero de la Cruz, 
Pocahontas, sátira política; Juanita Sonsa, Antón Pérez. — Francisco 
DE Paula Sanmartín publicó Un alma y un corazón, nov., Jaén, 1861. 
— José Santa Coloma (t 1886), por seud. Pilotos y El Tío Cándido, 
militar, fundador de El Tío Lesnas, semanario burlesco y satírico 
(1861) y El Tábano, revista de tauromaquia (1S70), escribió revistas 
taurinas, además, en El Diario Español y publicó el Reglamento para 
las corridas de toros. Fábulas en variedad de metros, Madrid, 186 r. 
La Tauromaquia, compendio de la historia del torco, ibid., 1870. 
Apuntes biográf. de los diestros, 1872. Miscelánea taurina, 1875. Apun- 
tes biográf. de los matadores de toros, 1877. Crónica taurom. de las 
corridas en la plaza de Madrid... del presente año..., 1878. — Pascual 
Savall y Dronda, zaragozano, publicó Estatutos y ordinaciones de 
los montes y huertas de Zaragoza, i86t. Fueros y Observancias y 
Actos de Corte del reino de Aragón, dos vols., Zaragoza, 1866. — Án- 
gel M.' Segovia (n. 1848), de Logroño, redactor de Las Novedades 
(1870), uno de los fundadores de La Izquierda Diná.^tica y de La Es- 
tafeta, publicó Cervantes, nueva utopía..., Maílrid, 1861. Una esquela 



S. XIX, 1862. EUSEBIO BLASCO 329 

de un ateo, 1872. Los dos gorrillas, caricatura bufo-vharlatanesco- 
jarmacéutico^fantástica en un acto, 1875. Melonar de Madrid, sem- 
blanzas, bocetos, caricaturas, 1876. Figuras y figurones, biografías, 
dos vols., 1877-78; 34 vols., 1881. — Sermones de misión cuadragesi- 
mal... por un franciscano aragonés, Madrid, 1861. — Francisco Ja- 
vier Soler publicó Sonetos místicos, Habana, 1861. — Ramón Taboada 
publicó Poesías históricas, orientales y satíricas, Barcelona, 1861. — 
N. Tanco Armero publicó Viaje de Nueva Granada á China y de 
China á Francia, París, 186 1. — Tertulia literaria, colección de poesías 
selectas leídas en las reuniones semanales celebradas en casa de D. Juan 
José Bueno, Sevilla, 1861. — Perfecto F. Ulloa publicó Espinas de 
amor, novela, Madrid, 1861, 1864, dos vols. — José Manuel Veitia 
publicó Sueño de oro, nov., Habana, 1861. — Antonio Vico y López 
estrenó La Caja del regimiento, com. (1861). — ^Ernesto Vidal y 
Calzada publicó Eugenia ó la mujer del cornerciante, nov., Barcelona, 
1861. — Benito Vilá publicó Guía del viajero en Málaga, ibid., 1861. — 
Sebastián Vilella y Font estrenó El Corbonán ó el tesoro del tem- 
plo, dr. bíblico (1861). — ^M. Villegas publicó El Triunfo de la inocen- 
cia ó la expiación, novela histórica, Madrid, 1861. — La Voz del tiple, 
colecc. de décimas cubanas. Habana, 1861, 1881. — Manuel M, Yacosa 
Y León estrenó El Paso de los Castillejos, dr., Cádiz, 1861. 

112. Año 1862. EusEBio Blasco (i 844- i 903) nació en 
Zaragoza, abandonó la carrera de arquitecto, que también tuvo 
y ejerció su padre, dándose á escribir para el teatro, comen- 
zando con Vidas ajenas (1862) y La Niñez engañosa, estre- 
nadas en Zaragoza. Quedó huérfano, vino á Madrid y escribió 
en el Gil Blas (1864-66) y La Discusión, emigró cuando los 
sucesos de 1866, volvió en 1868, estuvo de secretario particu- 
lar de María Rivero, fué de los partidarios de Cánovas, de 
Martos, de Zorrilla y al cabo otra vez del conservador. Había 
Tiacido para hacer reír al público y entronizó el género bufo 
con El Joven Telémaco, hiriendo de muerte al género clá- 
sico, que alzaba de nuevo la cabeza. Compuso sin descanso 
durante cuarenta y cinco años 74 obras dramáticas, poesías, 
sátiras, novelas, cuentos y unos treinta y cinco libros, dema- 
siadas obras, donde derramó con despilfarro chistes y agude- 
zas de un ingenio brillante y rico. Fué muy aplaudido su Dis- 
curso baturro (1897), Fundó el semanario Vida Nueva (1898). 
Merecen citarse su comedia El Pañuelo blanco, sus poesías 
Soledades (1876), Poesías festivas (1880), Cuentos (1899), 
Cuentos aragoneses (1901) y sus crónicas y siluetas. En Le 



33o PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

Fígaro, de París (1885-96), firmaba Mo^uiragón. Blasco des- 
cuida el fondo, los caracteres 3^, á veces, hasta la gramática, 
por la vis cómica y la fuerza chispeante, que hace reír á los 
mismos muertos ; toma argumentos ó ideas de obras francesas 
ó donde las halla, apropiándoselo todo y dándole sello perso- 
nal, con su gran manejo del diálogo, deliciosa versificación y 
salidas ocurrentes. Tiene la cuerda cómica de Bretón, aunque 
en menor grado, y hubiera podido acaso emparejarle, si, en 
vez de ser tan fecundo, hubiera atendido más á la perfección; 
pero era de natural abandonado y poco cuidadoso de su fama 
venidera. Escribió al día; tuvo ingenio de buena chispa, que 
no quiso domeñar. 

Manuel del Palacio Simó (1832-1907), hijo del mili- 
tar don Simón, nació en Lérida, estudió Letras y Náutica y 
comenzó á escribir en periódicos y revistas de Madrid, donde 
se dio a conocer como poeta en 1849; afinó su gusto en Gra- 
nada (1850), donde, con otros, fundó la Cuerda granadina, 
que luego trasladaron á un sotabanco de la calle de Mesón de 
Paredes en Madrid. Aquí popularizó su vena satírica y polí- 
tica como demócrata en El Látigo, La Discusión (1858), El^ 
Pueblo (1860), Gil Blas, con alborotos populares, prisión y 
destierro á Puerto Rico, de donde volvió al triunfar la Revo- 
lución de Setiembre; pasó á Florencia como encargado de los 
Negocios de España, y volvió pacífico burgués, neutral ser- 
vidor del Ministerio de Estado, casado y llano de condición. 
Domeñó el soneto é hizo epigramas, canciones, letrillas, chis- 
pas, cantares, con facilidad de improvisador. Siempre alegre, 
bullicioso, vividor, ordenadamente desarreglado, chistoso y ori- 
ginal en el palique con sus amigos, discurseador, disparadameme 
regocijado en banquetes y uno de los que más brillaban en la 
famosa tertulia de Cruzada Villamil. Fué siempre franco, expan- 
sivo, generoso, y como poeta, uno de los satíricos más populare- 
que hubo en España. 

lis. Amenísimo cronista de periódico, fué, además, Ensebio 
Blasco autor siempre festivo, bien que no tan espontáneo, fino y co- 
rrecto como Vital Aza. Tomó no pocas veces del francés, como El 
Pañuelo blanco, su mejor pieza teatral, que es Le Capricc, de Alfre- 
do de Musset, desenvuelto gallardamente á la española. Son notables 



S. XIX, 1862. EUSEBIO BLASCO 33 1 

también No la hagas y no la temas, El Anzuelo, El Baile de la Con- 
desa, Soledad, La Rosa amarilla. Publicó de seis á siete mil cróni- 
cas y artículos políticos y literarios en periódicos de España, París y 
América. Dejó inéditas 18 ó 20 comedias. Escribió en La Discusión,. 
de Rivero; La Nación, La Democracia, fundada por Castelar (1864); 
Gil Blas (1864-66), Día de Moda, El Garbanzo, que dirigió (1878-79); 
Le Figaro, en París, con los seud. de Rabagás y Mondragón, que tam- 
bién usaba en La Época, etc. Después, en Vida Nueva (1898), que 
dirigió; Heraldo de Madrid, y apenas pasaba día sin hacer algo para 
alguno de todos los periódicos de la corte. Vivió en París diez y seis- 
ó diez y ocho años y fué uno de los principales redactores del Fígaro. 
Ensebio Blasco picó en todos los géneros literarios, y en todos, rela- 
tivamente, hizo maravillas. En ocho ó quince días amañaba una linda 
comedia y solía escribirlas sin previo plan, al azar de lo que saliera, 
y siempre le salían bien. Fué modelo de hijos, de esposos, de padres, 
sin vicios, correcto en el trato, naturalmente generoso y trabajador in- 
cansable. Pero tenía la manía de las grandezas, caprichos costosos por 
poseer cosas de lujo, de arte; quería vivir á lo príncipe, y así, cuanto 
ganaba con comedias, periódicos, El Garbanzo, por ejemplo, novelas 
y versos, todo se le escurría de entre las manos. Con la misma facilidad 
daba á sus amigos apurados como les pedía en sus apuros. Se encon- 
I1Ó un día con Constantino Gil, y "Dame cinco duros, que los necesito 
mdispensableniente", le dijo. Dióselos, siguieron charlando y viendo 
en el escaparate de la Dalia azul, de la Carrera de San Jerónimo, un 
bastón, se le encapricha á Blasco; entran, da los cinco duros por él y 
salen. A los pocos pasos se topa con Antonio Vico, que le dice : "Bo- 
nito bastón." '''i Te gusta?" "Mucho." "Pues te lo regalo." Y quedóse 
sin dinero y sin bastón. Eusebio Blasco, El Liberal, 2 Marzo 1894: 
"Mi padre quería ] que yo edificase, | que él era arquitecto | y al hijo 
pensaba | sus obras dejarle; | pero yo soñaba | con letras y artes... | 
En 'duelos me hieren, | no respeto á nadie; ] ataco á los fuertes, | in- 
sulto á los altos, I me bato en las calles. | Asalto el teatro, [ me silban 
y aplauden, [ emigro, conspiro, \ paso mis Abriles | en lucha constan- 
te..., I y yo entré en el ajo (de la revolución) | y fui personaje | y 
mandé á las gentes ] y mantuve el orden: | ¡Qué barbaridades!" 
]. Nombela, Impresiones, t. III, pág. 394: "Funcionaban unas socie- 
dades llamadas irónicamente de Socorros mutuos. Los afiliados á 
ellas tenían por principal obligación asegurar en sus conversaciones 
y en los periódicos de que eran redactores ó colaboradores que sus 
compañeros eran los más inteligentes, castizos, inspirados, geniales, 
fecundos y admirables escritores de su tiempo. Siempre hubo grupos, 
más ó menos numerosos, del género de los que indico, y á mí me cupo 
en suerte formar parte del que con su cariñosa ingenuidad y su teje- 
maneje agradable y simpático para lograr lo que deseaba fundó Eu- 
sebio Blasco, á quien, como él ha referido, sonrió la suerte el mismo 
día en que llegó á Madrid desde Zaragoza, su ciudad natal. Pocos, en 



332 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

efecto, han sido en la república de las letras más afortunados que él, 
lo que mereció por su inagotable ingenio, la gracia y la soltura de 
estilo y las demás originales y preciosas cualidades que brillan en 
sus amenas é interesantes obras. Solicitado, perseguido, hasta estoy 
por decir que acosado por la fortuna, no supo, sin embargo, aprove- 
charse de aquel favor constante, y aunque fué modelo de hijos, aman- 
te y fiel esposo, y lo que cariñosamente solemos llamar un padrazo, 
creo que, por su carácter ligero, veleidoso, impresionable, imprevisor 
y al mismo tiempo sufrido y resignado, no fué dichoso, á pesar de 
contar con todos los elementos para serlo. A sus privilegiadas dotes 
intelectuales unía una laboriosidad incansable y una activida i eléctrica 
para realizar sus proyectos. Cuando empezaba á saborear los triunfos 
escénicos en el género bufo, que tanta fama y tanto dinero ¡.roporcio- 
nó á Arderius, su importador desde Francia á Espai'ia, se le ocurrió 
fundar una sociedad con algunos redactores de los periódicos más im- 
portantes que se publicaban, cuyo único propósito fuese auxiliarse 
mutuamente para adquirir celebridad." 

E. Blasco: Arpegios, versos, Madrid, 1866. Los Curas en camisa, 
artículos, 1866. Cuentos alegres, 1867. Del amor y otros excesos, 1867. 
Del Suizo á la Suiza, viaje de placer, 1868. La Farsa religiosa, 1869. 
Madrid por dentro y por fuera, 1873. Una señora comprometida, nov., 
1873. Obras festivas en prosa (de 1865 á 1867), 1873. Esto y lo otro 
y lo de más allá, 1875. Soledades, versos, 1876. Flaquezas humanas, 
cuentos, 1877. William Shakespeare, 1878 (en Rev. Esp., t. LX). No- 
ches en vela, 1878. Poesías festivas, 1880. Malas costumbres, apuntes 
de mi tiempo, 1880. Busilis, ciencia y corazón, 1881. Epigramas, 1881. 
Flaquezas humanas, cosas del otro jueves, 1881. Ellos y ellas, chistes 
internacionales, 1884. Mis contemporáneos, semblanzas varias, 1886. 
Conferencias dadas en el Ateneo, 1886. Cuentos y sucedidos, 1886. Mis 
cevociones, 1886. El Modernismo en Francia. Recuerdos, notas ín- 
timas de Francia y España, 1894. París íntimo, 1894. Corazonadas, 
1898. Madrid pintoresco, cuadros pintorescos, 1903. Cuentos aragone- 
ses, cinco vols., 1901, 1905, 1908, 1910. Cuentos, 2." serie, 1901. Obras 
completas, 27 vols., Madrid, 1905-06. Cosas baturras en serio y en 
broma, 1908. La Argentina y sus grandezas, 1910. Piezas teatrales de 
E Blasco: Día completo. La Mujer de Ulises (1865). Amor constipado 
(¡867). La Suegra del diablo (1867). Pablo y Virginia (1867). Los 
Dulces de la boda (1871). La Procesión por dentro (1873). El Anzuelo 
(1874). La Rosa amarilla (1877). Los Niños y los locos (1877). Pobre 
pcrfiado (1878). Juan García (1878). Juan León (1895). Duerme 
(1895). El Ángelus (1897). Madre mía (1898). Mensajero de paz 
('898). Don Saturnino (1898). La Cruz del túnel (1898). Los dos suc- 
hes (1898). Pobres hijos (1900). Dulces memorias (1900). Policarf>ito 
(1900). Mañana me caso (1901). Los Timplaos (1901). La Adivinadora 
(1902). La Fonda del Potro (1902). La Molinera de Campiel (1904). El 
Vecino de enfrente. La Rubia. La Señora del cuarto bajo. Ni tanto ni 



S. XIX, 1862. MANUEL DEL PALACIO SIMÓ 333 

tan poco. Presión y Compañía. Todo por el arte. ¿ Ultimo adiós? El Pri- 
mer galán. Las Niñas del entresuelo. Levantar muertos (con Ramos Ca- 
irión). No la hagas y no la temas. Buena, bonita y barata. Cabeza de 
chorlito. El Baile de la Condesa. El Bastón y el sombrero. Guapo ron- 
deño. El Miedo guarda la viña. El Secreto. Jugar al escondite. La 
Antigua española. La Mosca blanca. La Posada de Lucas. La Tertulia 
de confianza. Parientes y trastos viejos. Pascuala. Si yo tuviera di- 
nero. Soledad. ¡A la humanidad doliente! Los Novios de Teruel. Los 
Caballeros de la tortuga. Los Progresos del amor. Joven audaz. El 
Dolor de cabeza. Las Manzanas de oro. El Oro y el moro. La Corte 
del rey Reúma. Hablemos claro. Estrella. De prisa y corriendo. Mo- 
ros en la costa. El Centinela. El Capitán Marín. 

Manuel del Palacio, por seudónimo Gusarapo y Paco-Ila, fué 
redactor en Granada de Fray Chirimique Andana (185 1) ; en Madrid 
de La Discusión (1858), El Regulador (1859), El Pueblo (1860), Gil 
rilas (1864-70) ; director de Nosotros (1858-59), El Mosquito (1864- 
69), El Comercio (1864), El Periódico Ilustrado (1866) ; colaborador 
ce casi todos los literarios. En ,1a Rev. España: Llamando á una 
puerta (1868, t. IV). Poesías (1870, t. XVI). J. Valera, Poesía... 
s. XIX, I, pág. 224: "Grande estimación merecen sus Leyendas y poe- 
mas, cuyo estilo es más correcto y sobrio que el de las narraciones de 
Zorrilla, y no cae nunca en el prosaísmo en que suelen caer los pe- 
queños poemas de Campoamor. Casi siempre la clara nitidez con que 
Palacio cuenta y describe, presta singular hechizo á sus historias en 
verso, hasta á las que rayan en extravagantes de puro fantásticas, 
como El Puñal del capuchino. Su dominio del idioma y su maestría y 
facilidad en versificar, si bien se advierten en lo narrativo, como en 
la poética leyenda titulada Imposible, todavía aparecen mejor y se 
adornan con más ricas galas en otros poemas que más bien son des- 
criptivos y líricos, como Los Vientos y La Primavera. Es tanta la 
variedad de tonos con que canta la musa de Manuel del Palacio, que 
el lector vacila y no acierta á decidir cuál le suena mejor. Yo de mí 
sé decir que, si bien oigo leer con deleite