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Full text of "Historia de la lengua y literatura castellana"

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University of Toronto 



http://www.archive.org/details/historiadelaleng10ceja 



^IgüS^^^^smtfi 



HISTORIA DE LA LENGUA 

Y 

Literatura Castellana 

COMPRENDIDOS LOS AUTORES HISPANO-AMERICANOS 

(ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA: 1888-1907); 

(PRIMERA PARTE) 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CATEDRÁTICO DE LENGUA Y LITERATURA LATINAS 
DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL 



TOMO X 







MADRID 

TIP. DE LA «REV. DE ARCH., BIBf-. Y MUSEOS» 

OlÓK^aga, I.— Teléfono S. 1.38S 

1919 



PCi 

éó31 

-i. 10 



AL GRAN NOVELADOR DE MARE NOSTRUM 

DON VICENTE BLASCO IBAÑEZ 

CON LA ADMIRACIÓN Y EL CARIÑO DE 
SU AFECTÍSIMO AMIGO, 

Julio Cejador. 



ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA 
(i 888- 1 907) 

LA COPLA Y LA LÍRICA REGIONAL. LA NOVELA REGIONAL. EL GÉNERO CHI- 
CO. EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA Y LA GENERACIÓN DEL 98. 

"Lo bueno no es nuevo y lo nuevo no 
es bueno." {Villergas.) 

"O rinnovarsi o moriré." (D'Annuzio .) 



Regencia de María Cristina (1885- 1902). Filibusteros cubanos y 
guerra de Melilla (1893). Guerra de Cuba (1895-98). Insurrección de 
Filipinas (1896). Asesinato de Cánovas (1897). Guerra con los Esta- 
dos Unidos y pérdida de las Colonias (1898). Alfonso XIII (1902); su 
boda (1906). 

Literatura francesa. — Stéphane Mallarmé (1842-1898). José María 
Heredia (1842-1905) j Paul Verilaine (1844-1896). Gabriel Vicaire 
(1848-1900). Jean Arthur Rimbaud (1854-1891). Georges Rodenbach 
(1855-1898). Gustave Kahn (n. 1859). Emi:le Verhaeren (1855-1916). 
Jean Moréas (1856-1910). Albert Samain (1859-1900). Charles Guérin 
(1873-1902). Edmond Rostand (1868-1918), Cyrano de Bergerac (1897), 
Chantecler (1910). Fierre Louys (1870). Enry Bataille (1872). Camile 
Mauclair (1872). Brieux Donnay. P. Hervieu. Bernstein. Franqois 
de Curel. Henri Barbusse (1S74). Charles Morice (1861). Alfred Ca- 
pus (1858). Maurice Barres. Ed. Rod. Paul Adam. Marcel PrévosL 
J. Richepin. Chauson des Gueux (1876), Mes Paradis (1894). Armand 
Silvestre (f 1901). André Lemoine (f 1907). A. Mérat (1840-1909). 
Jean Lahor (doctor Cazalis, 1840- 1909), J. K, Huysmans, Cathédrale 
(1898). Francisque Sarcey (1828-1899). Leo Claretie, Histoire de la 
Littérature francaise (1900-1910; 15 vols., 1912). Gustave Lanson, 
Histoire de la Littérature franqaise (1912). Jules Laforgue (1860-1887). 
Henri Régnier (n. 1864). Fernán Gregh (n. 1873). Francis Viélé-Grif- 
fin (n. 1864). Mseterlinck. 

Literatura inglesa. — Walt Whitman (18x9-1892). Dante Gabriel 



2 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Rosseti (1828-1882). James Thomson (1834-1882). Algernon Charies 
Swinbürne (n. 1835). William Ernect Henley (1849-1903). Robert 
Louis Stevenson (1850-1894). Osear O'Flahertie Wilde (1856-1900). 
John Richard Green, Historia del pueblo inglés (1877). G. Eiiot 
(1819-1880). Rudyard Kipling. 

Literatura alemana. — Conrado Fernando Meyer. Luis Anzengruber. 
Ossip Schubin. Jorge Ebers. Rodolfo Lindon. Federico Vischcr. Max 
Kretzer. Hermann. Herberg. G. Conrad. Hermann Sudermann. Gerard 
Hauptmann Nietzsche. 

Literatura rusa. — Volynsky^ propagador del simbolismo y decaden- 
tismo (1895). Miliouskov. Kovalerski. Oniéguine. Lydia Rostoptchin. 
Garcian (1855-1885). Koroliénko (n. 1860), Sueño de Macario (1885). 
Eoborikin, El retorno (1894). Potapiénko, Los pecados (1896). Tche- 
khov. La hechicera, Ágata, La estepa. Historia melancólica (1889). 
Aláximo Gorki. 

Literatura 7iorsO-escandinava. — Henrik Ibsen (1828-1906), floreció 
de 1889 á 1900. BjcErnstjerne Bjoernson (1832-1910) (traducido al 
francés desde 1880), Un fracaso (1893), Más allá de las fuerzas huma- 
nas (trad fr. 1896-97). Premio Nobel, fundado en 1901. 

Literatura italiana- — Gabriel d'Annunzio (n. 1864). Fogazzaro. 

Literatura polaca. — Sienkievicz, Qtio vadis? (trad. franc. 1900), 

1. Literatura regional. — Desde la revolución francesa tiró 
la política hacia la democracia en España, y más desde la re- 
volución <M. 68. Los derechos legislahles del individuo fue- 
ron el programa; los medios, la implantación de la República, 
el ensayo de federalismo, la propaganda socialista internacio- 
nal, la restauración de la dinastía con una Constitución demo- 
crática. El arte literario hízose á la par más y más democrático 
y regional. Venía preparándose esta novedad en literatura y 
en política desde la revolución francesa y desde el romanticis- 
mo. Era como una niebla que baja y baja de lo aristocrático a 
lo popular, de lo general á lo individual. La historia, antes de 
Reyes y dinastías, iba convirtiéndose en historia de los pueblos 
y del vivir común y ordinario de los hombres todos, en historia 
interna. En esta época acaban de despertar los regionalismos 
políticos en toda Europa y las literaturas regionales. No nos 
atañe tratar de la literatura catalana, euskérica, gallega, valen- 
ciana y bable, aunque sean las más frescas y pujantes por ha- 
ber nacido horras de trabas académicas, cortesanas y hasta 
cierto punto eruditas. Pero aun en castellano se hace cada vez 
más regional la literatura. En regional tiene que parar el arte 



LITERATURA REGIONAL i 

realista que mira á expresar la realidad, cuando, como en Es- 
paña, hay riqueza de caracteres regionales, originados por el 
temple y clima, costumbres y maneras de vivir diferentes. El 
arte romántico tiraba á expresar lo nacional histórico, á resu- 
citar las nacionales epopeyas en un tono moderno de subjetivi- 
dad y lirismo, que dio por resultado la leyenda en verso, la no- 
vela histórica en prosa y el teatro heroico medioeval. El realis- 
mo ciñó la mirada á lo presente entre las cosas nacionales y á 
lo más íntinio de los propios sentimientos. Tal es la novela 
realista, la lírica íntima becqueriana, el teatro en la alta co- 
media y en la zarzuela. Pero como lo más presente y lo más 
íntimo para cada escritor es lo que tiene en su tierra, donde 
escribe, y en el carácter y costumbres de los suyos, ya junta- 
mente con el realismo nació el arte regional, que hubo de ir 
coloreándose y diferenciándose cada vez más. El arte anda- 
luz, aragonés, santanderino, salmantino, extremeño, murciano; 
gallego, madrileño se diferencian y matizan, sobre todo, en 
esta época; las frases, modismos y palabras regionales llegan 
á la novela y al teatro. La literatura castellana regional, antes 
cultivada por Fernán Caballero y Trueba, después por Pere- 
da, Galdós, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, Pardo Bazán, ge- 
neralízase entre autores de segundo orden. La lírica se regio- 
naliza entre los poetas que componen canciones populares y 
coplas. El teatro pasa de la zarzuela al género chico, que es 
teatro popular y regional, sobre todo de costumbres andalu- 
zas, madrileñas y baturras. En Abiérica, mientras la lírica se 
afrancesa haciéndose modernista, la novela, más y más realista, 
hácese regional, naciendo así en cada República la verdadera 
literatura nacional, que arraiga en las costumbres y caracteres 
propios de cada región americana. 

2- Lo regional es la flor y nata de lo realista, puesto que si no es 
regional, será más genérico, más vago, menos particular y real. Lo 
real es determinado, y, por consiguiente, del terruño éste ó aquél, que 
en España difieren notablemente. Lo no regional, sólo es realista en 
el tono, no puede ser retrato fiel de algo determinado, a no ser escri- 
biendo de ciudades cosmopolitas, que no ofrecen colorido particular. 

Juan Valera, al tratar del discurso de recepción en que Pereda ba- 
iló de la novela regional (Ecos Argentinos, 1901, pág. 119), dice: 
■''Confieso mi ignorancia: la tal clasificación me cogió de nuevas. Yo 



4 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

no sabía que hubiese un género de novelas, llamadas regionales, opues- 
to a otro género de novelas, llamadas, tal vez, porque esto no resulta 
bien claro, nacionales ó cosmopolitas. Yo he creído siempre que la 
novela es representación y pintura de actos y pasiones de la vida hu- 
mana, los cuales actos y pasiones de la vida humana pasan por fuerza 
en alguna región..." La novela que fué histórica por el romanticis- 
mo pasó á realista cuando, desechando efl sueño romántico de lo pasado^ 
quedó como fundamento del arte lo presente y nacional, tal cual es; 
y particularizando más .en el espacio y el tiempo, merced á la afición á 
lo popular y castizo que el romanticismo trajo, el arte se especializó en 
cada región, tiñéndose del espíritu popular de ella, del color Socal, del 
ambiente, del carácter, sentir y habla especiales. Es el término natural 
del realismo, el realismo más acabado. Costumbres y espíritu de una 
región: eso no se halla sino en atisbo y como por accidente en ilas 
novelas realistas, y sólo se halla en las regionales como objeto propio, 
pretendido y principal. Y en este sentido es eJ arte más castizo, aunque 
no lo vea ^'alera, pues ahonda más en el suelo y espíritu de un rincón 
de la nación, llegando por lo particular regional á lo común nacional y 
de la raza. La tendencia á lo regional se desprende de lo que el mismo 
Vaílera dice al refutar todo esto (pág. 122) : "En nuestra misma Pen- 
ínsula resurgen los antiguos idiomas regionales y vu€lv,e a escribirse ea 
catalán, en valenciano y en gallego. En Bélgica renacen y luchan con-» 
tra la lengua francesa, el w^alón y el flamenco. En Finlandia se exhu- 
man las olvidadas epopeyas, las antigüedades religiosas y políticas, y 
todo lo que formaba el ser castizo de aquella nación... Y en el Imperio 
de Austria... persiste, bajo él mismo cetro, el alemán, el tcheco, el croa- 
ta, el serbio, el polaco, el ruteno, el esloveno, el eslovaco, el húngaro , eí 
rumano, el italiano, hablando cada cual su idioma, reivindicando su na- 
cionalidad y resucitando, conservando, aumentando ó creando su singu- 
lar literatura ; ó sea, escribiendo cada cual en su lengua nativa novelas, 
comedias, historias, periódicos, etc." ¿ Qué es esto, sino lo regional que 
resucita merced al romanticismo que, alejándose de ilas antiguas nacio- 
nes clásicas, volvió á los pueblos sobre sí mismos; primero, sobre su 
historia; luego, sobre su presente? Cuando esa literatura de Cataluña', 
Galicia, Santander, Andalucía, Aragón, informada por este espíritu 
regional, se escribe en castellano, es literatura castellana regional, la 
cual acabó de despertar después del realismo, habiendo comenzado á 
rebullir apenas el romanticismo llegó. Sino que Valera gustó siempre 
poco de lo popular por su natural aristocrático, y no veía lo que basta- 
ba abrir los ojos para verío. ^ 

3. La novela. — Se hace cada vez más regional. En esta época la 
escriben todavía antores de la anterior; ía montañesa, Pereda; la ara- 
gonesa. Polo y Peyrolón, Matheu y Romualdo Nogués ; la vascongada, 
Vicente Arana y Arturo Campión ; la asturiana. Clarín y Palacio Vafl- 
dés; la gallega, el Marqués de Figueroa y Pardo Bazán; la valenciana. 



LITEIL\TUIL\ REGIONAL 5 

Blasco Ibáñez; la andaluza, Blanca de los Ríos y ^Manuel Díaz Mar- 
tín; la leonesa, Federico Lafuente ; la madrileña, Ortega INIunilla, Oc- 
tavio Picón, Enrique Sepúlveda, Galdós, José de Siles, Zahonero, el 
padre Coloma, Luis Taboada, .etc. Son novelistas regionales que se 
presentan por primera vez en esta época : Díaz de Escovar, Arturo Re- 
yes, León Roch, Ganivet, González Anaya, Carmen de Burgos, Muñoz 
y Pabón, que escriben la novela andaluza; la levantina, Morales San 
Martín y Gabriel Miró; la aragonesa, Mariano Baselga, CasañaJ, Gar- 
cía Arista, Teodoro Gascón, López Allué, Blas y Ubide, Rafael Pam- 
plona; la salmantina, Luis Maldonado, Mariano Domínguez Berrueta; 
la gallega, Valle-Inclán ; la santanderina, Delfín Fernández y Gonzá- 
lez, Ramón de Solano; la asturiana, Andrés González Blanco; la viz- 
caína, Unamuno; la leonesa, Martín Granizo; la maragata, Concha 
Espina; la madrileña, Larrubiera, Zozaya, el Bach. San Martín, Ace- 
bal, Carrere, López Roberts, Luis Valera, José Francés, Antonio Ho- 
yos, R. Gómez de la Serna, Kleiser, Mata, Velasco Zazo, Ramírez 
Ángel, Répide, Pinillos, López de Haro, Insúa, Llanas Aguilaniedo, 
Baroja, Alfonso Danvila, etc. 

J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 209: "La novela española 
de costumbres de nuestros días parece realista, más que por seguir el 
gusto francés, por inclinación natural de los españoles á preferir en 
sus obras el realismo. En la pintura, sobre todo, de las gentes de la 
clase media y de la clase ínfima, y en el lenguaje del vulgo con todos 
sus idiotismos y más gráficas frases, nuestros autores son dignos de 
admiración y de aplauso por lo fieles, aunque tal vez pecan por cierta 
falta de selección, de que la fidelidad conviene que vaya acompañada. 
Todo lo que dicen los personajes de una novela ha de parecer verosímil 
que en la realidad lo digan personajes semejantes; pero no todo lo 
■que dicen estos personajes de la realidad ha de ponerse en boca de 
los personajes de la novela, porque esta obra, que debe ser una obra 
de arte, dejaría entonces de serlo y se convertiría en representación 
servil de lo sucedido y vivido, con toda la prolija trivialidad y con la 
fatigosa pesadez que la realidad tiene á menudo. A pesar del escollo 
que indicamos y en .el que con frecuencia se choca, no puede menos de 
ser admirado y envidiado el talento de observación de algunos autores 
y la facilidad dichosa con que reproducen en sus cuadros lo que verda- 
deramente ha ocurrido ó ha podido ocurrir. En el teatro, en lo que 
llaman algunos con infundado desprecio el género chico, se nota, sin- 
gularmente, esta habilidad. Y como la forma dramática exige conci- 
sión, dos autores se salvan de la difusión gracias á esta exigencia, 
mientras que en la novela, donde hay campo abierto para extenderse, 
tal vez para ser fieles, caen en difusos. De aquí que se produzcan en 
>el día saínetes y zarzuelas que, salvo algún excesivo desenfado que un 
severo crítico puede censurar en ocasiones, son cuadros de la vida po- 
pular, llenos de exactitud graciosa." 

Eduardo Ibarra, en Helios, t. IV (año 1904), pág. 52: "En primer 



6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

término y sobre toda otra, descuella en todos (los novelistas regionales 
aragoneses) una nota: copian la realidad tal como es, son naturalistas- 
sin pizca de idealismo: por eso sus novelas resultan á veces desagra- 
dables y producen en ocasiones impresión penosa. Turmo, Blas y Ló- 
pez Allué presentan tipos repulsivos, y en sus obras los personajes más- 
simpáticos resultan vencidos, sacrificados a las necesidades de la vida, 
con todas sus brutalidades y durezas : son la contrafigura de aquellas- 
famosas novelas por entregas^ en las que siempre, al final, aparece la 
virtud triunfante sobre el vicio: Pereda, que es el novelista á quien- 
más se parecen, pinta montañeses idealizados : creo que el autor de 
Sctileza es más realista en el fondo que en las figuras de sus hermosos 
cuadros: los aragoneses, no; pintan lo que ven; si bueno, bueno; sí 
malo, malo. Por lo mismo que son verdaderas, parecen sus novelas 
tristes ; la seriedad de la raza se percibe en ellos ; compáreseles con los 
modernos novelistas andaluces, v. gr., el padre Coloma y Muñoz Pa- 
bón, y se percibirá este dejo de tristeza; apenas hay chistes ni gracias 
en los diálogos de sus personajes; Blas, que es el más alegre del grupo^ 
hace brotar la sonrisa presentando tipos ridiculos, no por lo que dicen, 
sino por lo que hacen ; convienen en esto con la característica del chiste 
aragonés, que aparece en cuentos, canciones y chascarrillos ser más 
bien de acción y de pensamiento, que no de palabra. En cambio, hay 
extraordinaria fibra y nervio en los tipos; se pliegan ante el influjo 
de elementos como el medio social, difíciles de dominar; luchan y for- 
cejean cuando su esfuerzo puede proporcionarles la victoria; de aquí 
la tensión dramática de sus novelas ; y esto aparece en todos ; no gus- 
tan de retratar tipos blanduchos, gentes apocadas ; el país no da abun- 
dantes modelos de este género; aquí cada uno tiene un rey en et 
cuerpo." 

4. La lírica. — Durante eil primer decenio de la época modernista, 
ciéronse á conocer en España quince poetas líricos. Ninguno es mo- 
dernista: tan sólo Antonio Zayas es discípulo de Heredia, el de los 
sonetos. Andaluces que hicieron cantares y coplas fueron Joaquín Al- 
caide de Zafra, Marcos Rafael Bilanco Belmonte, Narciso Díaz de Es- 
covar, Antonio Palomero, Enrique Paradas, León Roch y Arturo 
Reyes. Cantaron castizamente el solar castellano Narciso Alonso 
Cortés. Cándido Rodríguez Pinilla y Manuel Sandoval. Fueron poetas 
íntimos y melancólicos, el almeriense José Durban Orozco y el gallego 
Ricardo José Catarineu. Y camparon por sus respetos José Tolosa 
Hernández y Miguel de Unamuno. En el segundo decenio danse á co- 
nocer cuarenta poetas en España: de ellos, cinco muy sobresalientes, 
por este orden: José María Gabriel y Galán, Vicente Medina. Antonio 
Machado, Enrique de Mesa y Juan Ramón Jiménez. Sólo el último fué 
modernista, el mejor y el únicamente puro de Jos líricos modernistas 
españoles : los otros cuatro fueron poetas más ó menos regionales, Ga- 
briel y Galán, extremeño ; Medina, murciano ; Machado, soriano ; Mesa, 



LITERATIIRA REGIONAL 7 

del Guadarrama. Tras los cinco viene Villaespesa, poeta regional gra- 
nadino, de la Granada histórica. De los demás, fueron poetas regiona- 
les: Alberto Casañal, Teodoro Iriarte y Sixto Celorrio, aragoneses; 
Luis Barreda, santanderino; Isaac IMartín Granizo, leonés; José Mu- 
ñoz S. Román, Casilda Antón del Olmet, Manuel Machado y Felipe 
Cortines INíurube, andaluces. Clásicos y castizos ó no clasificables fue- 
ron : José Almendros, José Toral, Andrés Vázquez Sola, Félix Cuque- 
relia, Javier Valcarce, Pedro Jara Carrillo, Ramón de Godoy, José 
Ortiz de Pinedo, Cristóbal de Castro, Luis Fernán Cisneros, Luis de 
Tapia, Luis jMartínez Kleiser, Gregorio Martínez Sierra, Andrés Gon- 
zález Blanco, Eduardo de Ory, Ramón de So;!ano, Mariano Miguel de 
Val, Manuel Abril, Carlos Miranda. Tan sólo quedan como modernis- 
tas, además de Ramón Jiménez : Enrique Diez Cañedo, Eduardo Mar- 
quina, Emilio Carrere, Manuel Monterrey y Ramón Pérez Ayala ; to- 
tal, seis poetas durante toda la época. Hubo otros muchos, de la ínfim.a 
plebe, que escribieron en revistas, y algunos en libros, poesías moder- 
nistas descabelladas, que no merecen tenerse en cuenta. Algunos de 
los citados como no regionales pagaron no menos parias á la moda 
con alguna composición suelta. Ramón Jiménez fué el puro modernis- 
ta; los otros fueron, generalmente, claros, con ráfagas extranjeras. 
El gusto del matiz, de la adjetivación copiosa, de los metros largos y 
otras cualidades de la escuela se les pegaron a bastantes poetas, que 
de ninguna manera pueden llamarse modernistas. Puede asegurarse 
que, pasados unos cuantos años de embriaguez, el modernismo dejó 
más bueno que malo en la lírica castellana de la Península; mientras 
que en América sobrepujó lo malo á lo bueno, y esta es la hora que 
todavía no ha desaparecido del todo el modernismo en algimos poetas 
americanos. 

La lírica regional son los cantares, en que no pocos autores han 
procurado imitar los del pueblo, siempre fecundísimo é inimitable no 
m.enos en su lírica que en su épica. No acaban algunos de entender 
cómo el pueblo es el mejor de los artistas. En su Prólogo á la Paella 
Aragonesa^ de Celorrio, escribió Ensebio BJasco: 

"Aquello que dice usté de 

' Catorce novios lo menos 

t'hi conocido, Dolores, 
el que se case con tú 
trebajadica te coge, 

lo hi oído yo hace dos veranos en las calles de San Sebastián, y decían 
unos pijaitos: "¡Qué cosas dice el pueblo!" ¡Qué ha de decir el pue- 
blo ! ¡ En seguida van á discurrir canciones así líos que están labrando y 
plantando lechugas! A usté le pasa lo que á mí, que á lo mejor 
hago unas coplas y luego me las hallo en las colecciones de cantos po- 
pulares. El pueblo es muy bruto el probecico porque no le enseñan na- 
da, y no ha hecho nunca cantares que tengan fundamento; eso se lo 



8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

digo yo á usté, y que no se le olvide ese recadico. Lo que hay es que 
cuatro ó cinco charradores se cogen lo que les da la gana, que lo oyen 
per ahí, y dicen que el pueblo es poeta. Créame usté á mí, los poetas 
somos nosotros, y por lo mesmo, Jo que dicimos nosotros se pega al 
oído, y pasa por ser del común de la gente. Y esta es la verdá, }• el que 
no esté conforme que se eche fuera." Yo, que no estoy conforme, me 
meto dentro y afirmo que Blasco se engaña de medio a medio- Claro 
que cuando decimos que un cantar es popular, algún individuo So hizo; 
pero lo hizo como parte que era del pueblo, y si en algo desdecía eil 
cantar del popular espíritu, di pueblo lo fué retocando hasta hacerle 
perder todo el sabor erudito individual y no popular, con que aquel 
individuo lo echó al mundo. Con hechos prueba esto mismo Narciso 
Alonso Cortés en un jugoso artículo, que conviene trasladar aquí. {Vie- 
jo y Nuevo, Valladolid, 1916) : 

"El cantar para ser bueno 
ha de ser como la coía, 
que se pegue al que lo escucha 
cuando salga de una boca. 

Así dijo Ventura Ruiz Aguilera, significando que los cantares com- 
puestos por poetas eruditos sólo si tienen sabor popular serán acepta- 
dos por el pueblo. Y el mismo Agui'Iera dijo en otra copla: 

Un cantar bajó al pueblo; 
no era mal mozo; 
pero el puebío le dijo: 
"No te conozco." 

Así es. De los muchos cantares escritos por poetas nc anónimos, 
son relativamente pocos los que se han incorporado al abundantísimo 
caudal lírico del pueblo- ¿En qué consiste esto? En que eíl pueblo «o 
los cOnoce ; no tienen la fisonomía que á él le es familiar, ni !a llaneza 
que él acostumbra emplear en otros tales, ni la concisión lapidaria 
con que él suele decir muchas cosas en pocas palabras. Alguna vez el 
pueblo ve que se aproxima á él un cantar que tiene aire de familia; 
pero algún inoportuno rasgo de énfasis, algún indicio de anfibología, 
alguna afectación violenta impide que la identidad sea completa para 
que pueda codearse con Jos suyos. Al pueblo le apena despedir brusca- 
mente al recién llegado, que no deja de tener cierta gallardía; pero 
siente, al mismo tiempo, repugnancia para abrir las puertas á quien 
bastardea su condición. ¿Qué hace entonces? Coge al forastero, le 
acomoda a su gusto, le quita jorobas, tachas y posturillas, y acaba por 
prohijartle. Notorios son los casos en que esto ha sucedido. Escribió 
Ventura Ruiz Aguilera, entre sus numerosos y bellos cantares, dos 
que dicen así : 



LITER.\TURA REGIOXAL 9 

En tu escalera mañana 
he de poner un letrero 
con seis palabras que digan : 
"Por aquí se sube al cielo." 

Anda, ve y dile á tu madre, 
si me desprecia por pobre, 
que el mundo da muchas vueltas, 
que ayer se cayó una torre. 

Estos dos cantares pasaron a! pueblo ; pero modificados en la for- 
ma que puede verse por el primero : 

En la puerta de tu casa 
he de poner un letrero 
con letras de oro que digan : 
"Por aquí se sube al cielo." 

Por cierto que Lafuente y Alcántara oyó cantar al pueblo estos 
■dos cantares; creyófios de origen popular, y los insertó en su Cancio- 
nero. Entonces Aguilera, con una ofuscación inexplicable en hombre 
tan discreto, protestó contra lo que él creía "una lesión de su derecho 
de propiedad" y calificó de "desatinos de á folio" las variantes intro- 
ducidas por el pueblo. ¡ Cuando precisamente, como dice Rodríguez 
Marín, las enmiendas eran afortunadísimas, y el autor del Libro de 
las Sátiras debiera haber tenido por gran honor que el pueblo adoptase 
sus cantares ! "Porque es de notar — escribe el mismo Rodríguez ]\Ia- 
TÍn en su preciosa conferencia sobre La Copla — , que, aun a las coplas 
de autores cultos que hace suyas el pueblo, no les otorga su regium 
'exequátur sin hacerles alguna modificación, invariablemente para me- 
jorarlas. Por ejemplo, mi amigo don Melchor de Paláu, perdido ha 
poco para las buenas letras, había escrito: 

Pajarillo, tú que vuelas 
por esos mundos de Dios, 
dime si has visto en tu vida 
un ser más triste que yo. 

El pueblo prohijó este hermoso cantar, pero enmendándolo así : 

Pajaritos que voláis 
por esos mundos de Dios, 
decidme dónde hay un hombre 
más desgraciado que yo. 

Con lo cual ha ganado no poco la copla: primero, porque se pre- 

•gunta en ella a todos los pájaros, y, aun siendo tantos, y no uno solo, 

se deja entender que no han visto hombre tan desdichado como el 

que los interroga; segundo, porque la vida de un pajarillo es corta 



10 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

para ver a muchos hombres infortunados, mientras que todos los pa- 
jarillos, repartidos por esos mundos de Dios, pueden ver muchos; ter- 
cero, porque lo de desgraciado es permanente, y lo de triste es pasa- 
jero y accidental; y cuarto, porque la gente popular no dice un ser, y 
la palabra es impropia, por demasiado culta, de una copla en que se 
pretende imitar la llanísima habla del vulgo." (La Copla, pág. 30.) 

Dcmófilo, hablando de lo ocurrido con los cantares de Ruiz Agui- 
lera, escribía: "Otro tanto sucede con el cantar del mismo Aguilera, 
que dice: 

El día que tú naciste 
cayó un pedazo de cielo ; 
cuando mueras y allá subas 
se tapará el agujero. i 

El pueblo lo canta en la siguiente forma: 

El día que tú naciste 
cayó un pedazo de cielo; 
hasta que tú no te mueras 
no se tapa el agujero. 

Soberbia lección la que ofrece este cantar: 

Cuando mueras y allá subas 

es un verso verdaderamente horripilante; 

Hasta que tú no te mueras 

es un verso, en cambio, que contiene una delicadeza de primer orden. 
Si ilo que cayó era un pedazo de cielo y el cantar se dirigía á una mujer 
amada, esto es, a un verdadero ángel, ¿adonde había de ir a parar, 
cuando muriese, sino al cielo á rellenar aquel desconchado que se for- 
mó por su caída?" (Demófilo: Poesía popular, pág. 69; y en el Post- 
scriptum á los Cantares populares españoles de Rodríguez Marín, t. V, 
página 200). Y Salvador Rueda, más sincero que Aguilera en este pun- 
to, cuenta en la siguiente forma lo que pasó con un cantar suyo: "An- 
tes de haberle coleccionado en mi obra Estrellas errantes, publiqué, en 
periódicos, este cantar, que en seguida se oyó en las fiestas de mi país; 
pero véase con qué modificaciones. Como salió de mi pluma fué así : 

Cuando me esté retratando 
en tus pupilas de fuego, 
cierra de pronto los ojos 
por ver si me coges dentro. 

La primera modificación que le hicieron, fué la del primer octosí- 
labo, el cual fué sustituido por este: 

Cuando yo me esté mirando. 1 



LITERATURA REGIONAL 1 1 

Y, efectivamente, no es popular el retratando ese que yo escribir: 
ningún hombre dd pueblo dice á su novia "me retrato en tus ojos"V, 
sino "me miro en tus ojos". Si le dijese lo primero, ella lo extrañaría,, 
y le parecería su novio demasiado "filadélfico". 

El segundo verso del cantar ha sido respetado, pero me parece que: 
ha consistido en hallar dificultad para 'la sustitución del asonante. 

En el tercer octosílabo, ha habido también modificación : en vez de 



se ha puesto 



"cierra de pronto los ojos". 



'cierra los ojos de pronto. 



que es más claro y acaso más gramatical. 

En el último verso se ha quitado el "por ver" y se ha puesto "á' 
ver", que es más sencillo. 

Resulta, pues, que en una canción de cuatro versos, el pueblo ha_ 
hecho tres correcciones, y la copla que nació tal como antes quedó es- 
crita, se canta hoy así : 

"Cuando yo me esté mirando 
en tus pupilas de fuego, 
cierra Sos ojos de pronto 
á ver si me coges dentro." 

(Prólogo a Cantos de la Tuna, de Luis Zapatero pág. vii)>. 

De este modo el vulgo arregla, retoca, modifica los cantares com- 
puestos por poetas cultos, haciéndolos totalmente suyos. Yo oí en boca.. 
de'l pueblo — y aun, antes de hacer la comprobación, las tuve por po- 
pulares — varias coplas de Paláu, de Palacio, de Zorrilla, etc., algunas 
de ellas intactas, otras reformadas. Trasladólas a continuación, anotan- 
do junto á cada una las variantes introducidas por di pueblo, ó biens 
indicando que seguían invariables. 

(DE PALÁU) 

¿Cómo quieres que los aires 
cruce un pájaro sin alas? 

¿ Cómo quieres que yo viva Invariable, 

si me quitas la esperanza? 

Ojos azules tenía 
la mujer que me engañó; 

ojos de color de cielo, Invariable, 

i mira tú si fué traición ! 

Para co'Iores, la rosa; 
para brillar, las estrellas; 

para blancura, la nieve; Invariable, 

para firme, mi firmeza. 



12 



ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 



Por una puñaladita 
me tienen preso en !la cárcel; ;3 

me has partido el corazón 
y andas suelta por la calle. 

Soñé que el fuego se helaba, 
soñé que la nieve ardía. 
Mira qué cosas soñé 
que hasta soñé que eras mía. 

Tienes en la cara, niña, 
lo mejor del cielo y tierra: 
dos rosas en tus mejillas, 
en tus ojos dos estrellas. 

Tus ojos negros (i) me llevan 
derechito al cementerio, 
pues si los abres, me matan, (2) 
y si los cierras, me muero. 

Las lucecitas que brillan 
de noche en el cementerio, (i) 
están diciendo á los vivos : 
■^'Acordaos de los muertos". (2) 

No niegues tu pan all pobre 
que de puerta en puerta llama; (i) 
tal vez te, enseñe el camino 
que tú seguirás mañana. (2) 

Río arriba, río arriba 
nunca el agua correrá, 
que en el mundo río abajo, 
TÍO abajo todo va. 



Invariable. 

Invariable. 

Invariable. 

(i) Tus ojos, niña^ 

(2) Me matas. 

(i) Los cementerios. 

(2) Que se acuerden de los muertos. 

(i) No le niegues pan al pobre. 

que a tu puerta llega y llama. 
(2) Que has de seguir tú mañana. 

Invariable. 



(DE MANUEL DEL PALACIO) 



A unos ojos me asomé 
y en unos labios caí. 
Si un corazón (i) no me saca 
no sé qué será de mí. 

Del tamaño de un guisante 
guardo una caja de plata, 
y en ella (i) pienso encerrar 
el corazón de una ingrata. (2) 

He de mandar que me entierren 
sentado, cuando yo muera, (i) 
por que no falte quien diga: 
"Ya no vive y aún espera." (2) 

Campana que toca a muerto 
no la tengas afición, 
porque hasta tocando a gloria 
te ha de producir dolor. 



(i) Si el corazón. 



(i) En ella. 

(2) El corazón que me mata. 

(i) Cuando me muera_ 

(2) Para que puedas decir: 

"Se murió, pero me espera". 

Invariable. 



LITERATURA REGIONAL 



I^ 



El amigo verdadero 
ha de ser (i) como la sangre, 
que acude (2) siempre a la herida 
sin esperar que la llamen. 

El hombre, cuando se embarca, 
debe rezar una vez ; 
cuando va á la guerra, dos, 
y cuando se casa, tres. 
Los buenos corazones 
son como el yunque : 
cuanto más les golpean (i) 
mejor relucen. 
En el viaje de la vida 
van los ricos á caballo, 
los caballeros á pata 
y los pobres arrastrando. 
Hombres como carretas 
conozco muchos, 
que solamente chillan 
por falta de unto. 



(i) Debe ser. 
(2) Que acuda 



Invariable 



(i) Le golpean. 



Invariable 



Invariable. 



(DE RUIZ AGUILERA) 



Permita Dios que te siga 
un novillo imaginario, 
que tropieces en mis ojos 
y que caigas en mis brazos. 
Los que en promesas fían 
son como el gallo, 
que antes de que amanezca 
ya está cantando. 
Un sabio de los muchos 
que yo conozco, 
ha reventado anoche 
de puro tonto. 



Invariable. 



Invariable. 



Invariable. 



(DE ZORRILLA) 



El amor que de ti logre (i) 
no se lo cuentes á nadie, 
que es di amor que se cuenta 
pluma que se arroja al aire. 



(i) Que en ti logré 



(DE M. SERRANO) 



Al sereno de mi barrio 
pregunté qué hora sería; 



14 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I9O7) 

•te asomaste, y exclamó: (i) (i) Respondió. 

"Las doce del mediodía." (2) (2) De mediodía 

(DE TEODORO GUERRERO) 

Como dos árboles somos 

que la suerte los separa, (i) (1) Nos separa 

ponen en medio un camino, (2) (2) Con un camino por medio, 

pero se juntan sus ramas. (3) (3) Las ramas. 

(DE CASAÑAL) 

Cuando vuelva de la siega 
•asómate á la ventana, 

que á un segador no le importa Invariable, 

que le dé el sol en la cara. 

(DE DACARRETE) 

Yo soy uno, tú eres una; 
xma y uno, que son dos; (i) (i) Tú eres una, yo soy uno, 

•dos que debieron ser uno; uno y una, que son dos 

jpero no lo quiso Dios. 

(DE SALVADOR RUEDA) 

Si quieres darme la muerte 
■tira donde más te agrade; 

pero no en el corazón, Invariable, 

porque en él llevo tu imagen. 

(DE DÍAZ DE ESCOVAR) 

Cuando dos que se han querido 
■se encuentran en una calle, (l) (i) Personas que se han querido 

no saben lo que decirse y se encuentran en la calle. 

íii saben cómo mirarse. 

(DE VICENTE ADRIÁN) 

Tu cariño es como el toro, 
■que donde le llaman va; 

el mío es como una piedra, (l) (i) Como la piedra, 

donde le ponen se está. 

¿ Se ve cómo el pueblo, Dejos de rechazar los cantares de los poetas 
•cultos se los apropia cuando le parecen bien? ¿Obsérvase de qué modo 
¡procura ajustarlos a su estilo introduciendo tal ó cual reforma? 



LITERATURA REGIONAL í5 

No : es incierto que siempre, como suponía Ruiz Aguilera, "el vulgo 
siente mucho y siente bien ; pero expresa mal, y expresa mal porque 
carece de arte". No siempre ocurrirá 'lo que á aquel trovador aludido 
por don Juan Manuel, y á quien de este modo recuerda Cañete en el 
prólogo á los cantares de Melchor de Palau : "Un caballero de Perpi- 
ñán, que vivia en tiempos del rey don Jaime I, y era un gran trovador, 
oyó al pasar por cierta calle que un zapatero se recreaba en decir !a 
mejor y más popular de sus cantigas. Pero la decía tan erradamente 
en las palabras y en di son, que, enojado él poeta, descendió del caballo 
y se sentó junto a él. EJ zapatero siguió cantando, y cuanto más decía 
más confundía Ja cantiga; hasta que, indignado el trovador de la tor- 
peza del artesano que tan malparaba sus versos, tomó unas tijeras é 
hizo muchas cortaduras en cuantos zapatos encontró á mano. Así vengó 
en las obras del zapatero la falta de intelligencia con que éste estropeaba 
■Ja suya." 

Habrá en el pueblo — ¿quién lo duda? — zapateros que echen á per- 
der la Jabor de los poetas; pero también hay en el pueblo poetas dignos 
de poner el marchamo en las producciones de otros poetas que garbo- 
samente piden entrada en sus dominios." 

Manuel Machado, La guerra liter., 1914, pág. 78: "¡Los poetas de 
cantares ! ¡ Qué pocos han sido ! En cuanto hemos dicho Ferrant, 
Trueba, Aguilera, Tovar, ya no tenemos que nombrar á nadie ó casi 
■nadie... ¡ Los poetas de cantares, almas identificadas con el pueblo en lo 
de acumular mid años de sentimiento en los cuatro versos de una mala- 
gueña ó en los tercios de una seguidilla gitana!... ¡Y, como el pueblo, 
condenados á Ja gloria del anónimo!... Porque las coplas no son tales 
coplas verdaderas hasta que se pierde el nombre del autor y, gotas de 
llanto ó de rocío, van á parar al mar de la poesía popular... Bien es ver- 
dad que á los que las escriben ó, mejor dicho, las cantan ó Jas lanzan, se 
les da un ardite de la gloria literaria y se quedan satisfechos con des- 
ahogar el alma. Poetas de la vida y no profesionales del arte, es sola- 
mente en los azares de su vida donde hay que buscar las raíces de su 
producción, si nos interesa descubrirlas, Wo cual á ellos les tiene sin 
cuidado." Pág. 83 : "Las coplas no se escriben ; se cantan y se sienten ; 
-nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos 
que de palabras. Sólo la costumbre de llorar cantando, propia de nues- 
tro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los ter- 
cios de una malagueña ó en el canto llano de una segniriya. No ; no se 
escriben las coplas ni son tales coplas verdaderas hasta que no se sabe 
^\ nombre del autor. ¡ Y este glorioso anónimo es el premio supremo 
'de tes que tal género de poemas componen!... 

No canto por que me escuchen 
ni para lucir la voz, , 

canto por que no se junten 
la pena con el doflor." 



\6 ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Sobre La Copla véanse, además, Rodríguez Marín, Madrid, 1910; 
S y J. Alvarez Quintero, La Copla andaluza^ 1910 (en Ateneo, IX, 
233-244). 

ó. Literatura regional americana- — La literatura regional y más 6 
menos popular puede decirse que nace en América durante esta época. 
Sólo la Argentina y. el Uruguay poseían desde comienzos del siglo xix 
prop-a literatura poética, la gauchesca, fuera de alguna rara novela que 
en las demás Repúblicas, con algunos cuentos de costumbres, se habían 
hecho aisladamente. En la Argentina danse á conocer ahora Ocantos, 
Jiménez Pastor y Puebla de Godoy, ^Manuel Ugarte, Alberto Tena y 
Manuel Gálvez. En el Urugua}-, Carlos Reyles, Fernández Medina, Pé- 
rez Petit y Javier de Yiana. En Venezuela, Tuüo Pebres Cordero, G. 
Picón Pebres, Miguel Eduardo Pardo, Tosta García, Blanco Fombona, 
Francisco Pérez y Emilio Constantino Guerrero. En Costa Rica co- 
menzó con Manuel González Zeledón, y brillaron Aquileo Echeverría 
y Ricardo Fernández Guardia, García Monge y González Rucavado. En 
Co'lombia, Tomás Carrasquilla, Clímaco Soto Borda y Rafael M. Ca- 
margo. En Méjico fué de la época anterior Rafael Delgado, y diéronse 
ahora á conocer González Obregón, Ángel del Campo, Federico Gam- 
boa y Enrique Barrios. En Chile, Luis Orrego Luco, Baldomcro Lillo, 
Roberto Alarcón, Erna de la Barra y Guillermo Labarca. En el Perú 
podemos recordar á ^Mercedes Cabello, Clemente Palma y Enrique A, 
Carrillo. En Santo Domingo fué notable Tulio M. Cestero. En Cuba, 
Jesús Castellanos y Arturo Carricarte. 

6. Naturaleza del modernismo- — Los po(streros años del 
siglo XIX y primeros del siglo xx fueron una época de reno- 
vación artística y de hervor estético, como no se había conoci- 
do después de la romántica. Rubén Darío era, sin duda, un 
gran poeta. Sintiéronlo así, primero los jóvenes poetas ameri- 
canos, luego los poetas jóvenes españoles y hasta los que no 
eran ni poetas ni jóvenes aquende y allende el mar. Las vibra- 
ciones de su lira se comunicaron al viejo y nuevo continente y 
una desusada ondulación estética recorrió las tierras todas de 
habla castellana. Dijérase que el dios Apolo habia bajado y 
dado al mundo una nueva y nijás exquisista sensibilidad. Ello 
respirábase con el aire. Los nervios parecían estar en continua 
vibración. La atmósfera aquella sentíase fuertemente cargada 
de poesía. Y quien la había traído era Rubén Darío. Fué un 
verdadero maestro: él trajo la nueva sensibilidad, él fué el 
Apolo verdadero de aquella época. E^a es su gloria innegable. 



NATURALEZA DEL MODERNISMO IJ 

A enjambres brotaron, a vueltas de no pocos poetas notables, 
un sinfín de borraj eadores de versos y prosas modernistas, que, 
no teniendo temperamento poético, sólo supieron tomar del 
maestro los defectos, exagerándolos lastimosamente. Pero es que 
la conmoción llegaba á todo el mundo y sólo el sentir no hace 
poetas, sino el saber expresar lo que se siente, y los más de 
aquellos jóvenes que sintieron aquella novedad estética, creyen- 
do que la sabrían no menos expresar, enristraron la péñola y 
feamente fracasaron. Aquel elemento sensitivo de la lirica, que 
el arte moderno había traído con el romanticismo, aquella vive- 
za en el expresar las sensaciones, que frisa casi con la música, 
habíase ido acendrando hasta llegar á lo más refinado y mati- 
zado. Las más delicadas fibras de los sentidos recogían tan al- 
quitarado licor, empapábanse en él y las sensaciones calaban 
hasta lo más íntimo del alma. Era ccxmo un aroma, fresco y de- 
licioso, que se respiraba en el mundo del arte, algo que embria- 
gaba los sentidos. Consistía en cierta sutil y refinada manera de 
expresar con delicadeza y matiz las sensaciones. Proponíase el 
arte aquel dar la sensación de las cosas sin apenas nombrarlas ni 
describirlas. De aquí las varias escuelas de simbolistas, instru- 
mentistas, coloristas, impresionistas, etc., etc., que tan sólo se 
diferenciaban en la clase de sensaciones que principalmente pre- 
tendían despertar. Los que eran verdaderos poetas vieron en las 
cosas, no ya una huella histórica del hombre que pasó, como la 
veían los románticos, fantaseando leyendas sobre las ruinas, 
sino como un reflejo sim-bólico de la intimidad de su alma en 
el momento presente. No trataban de describir la aurora ó la 
puesta del sol, las montañas ó los valles, los muebles de una 
habitación, etc., etc., haciendo el recuento prolijo y pesado al 
menudeo, como lo habían hecho los naturalistas, sino que bus- 
caban en las cosas el propio espíritu, espejado en ellas. La vi- 
sión de las cosas es como la misma vida del alma. No les atraía 
lo fijo y estable de ellas, sino lo deleznable que pasa, el reflejo 
del sol levante ó poniente que sobre ellas resbala, como imagen 
del vivir humano; el ritmo incesante de la naturaleza que res- 
ponde al latir del propio corazón; el continuo cambio, el refle- 
jo del tiempo en ella con sus tornasolados cambiantes que re- 
tratan el hervoroso bullir de los afectos y el no cansado vaivén 



TOMO X.— 2 



l8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

de las sensaciones del alma humana. La fluidez de las aparien- 
cias, más bien que la rigidez de las sustancias, era lo que les 
atraia los ojos, cual si la naturaleza se espejase en las aguas 
movedizas y destelladoras de un rio que corre. Así el ansia de 
nuevas y nuevas sensaciones que pretendía sentir y despertar 
en otros repastábase en el continuo fluir y cam.biar de la natura- 
leza, donde las hallaba el poeta reflejadas. Si en lugar de preten- 
derlo como fin del arte lo hubieran tomado solamente como 
medio, subordinado al fin principal del arte literario, que está 
en expresar el pensamiento ^ el modernismo no hubiera mere- 
cido más que alabanzas. La sensación y la fantasía son en el 
arte literario á modo de camareras de la inteligencia que deco- 
ran, enraman, alumbran y aparejan el camino por donde el 
pensamiento ha de pasar para llegar de la mente del que habla 
ó escribe á la mente de los que oyen ó leen. Dar la primacía á 
la fantasía, como los gongorinos y románticos; ó á la sensa- 
ción, como los modernistas, es sacar de quicio el arte, es tras- 
tornarlo de arriba abajo, haciendo del medio fin y del fin me- 
"^io, es despeñarlo en la decadencia. 

Por grande que fuera el poeta que llevó á AiTkérica y trajo 
á España el llamado modernismo, sutil y alambicada combina- 
ción de las últimas escuelas líricas francesas, decadentismo es 
lo que llevó y trajo. En sustancia, no es más que la afectación 
de fondo y forma, como todos los decadentismos, el alejandri- 
no, el romano, el culterano. Agotadas las manifestaciones es- 
téticas todas, tras el clasicismo, el romanticismo, el realismo y 
el naturalismo, los jóvenes poetas franceses se desparraman 
en cenáculos, llamándose unos parnasianos, otros delicuescen- 
tes, decadentes éstos, simbolistas aquéllos, matices todos de un 
decadentismo común, de una común afectación, merced al in- 
tento que todos llevan de la novedad, acudiendo á exageracio- 
nes de los varios elementos artísticos de la poesía lírica, pre- 
tendiendo á todo trance dar golpe y maravillar, ya por la for- 
ma escultural y pictórica, como los parnasianos; ya por el ele- 
mento musical del ritmo y de las palabras mismas, como los 
simbolistas; ya por lo lascivo ó satánico, anárquico ó escéptico 
de las ideas los más; ya por el ansia de sensaciones refinadas 
no los menos ; ya por un misticismo sensual ó panteístico, vago 



NATURALEZA DEL MODERNISMO IQ 

Ó enigmático. La exquisitez y el refinamiento literario en la 
forma, retrata el socisl de Francia y no menos lo retrata el pan- 
teísmo, el escepticismo y el sensualismo del fondo. El decaden- 
tismo pasó de la lírica á los demás géneros poéticos, hasta al 
mismo teatro y no menos á la prosa. Literatura aristocrática 
para pocos, no gustó al común de las gentes y libraron bien 
sin mancillarse con ella bastantes escritores, los más gente ma- 
dura y en las humanidades impuesta, otros por vivir más alle- 
gados al pueblo, mayormente en las provincias. Había, con 
todo, en el fondo de esta anarquía y exageración algunas sa- 
nas raíces, que, según va desapareciendo el decadentismo, han 
dado nuevo vigor y frescura á las obras literarias de los 
últimos años. De ellas, la libertad y ninguna sujeción a leyes 
establecidas, la personalidad individual, la mayor sensibilidad 
y el ansia de matiz. Estas cualidades no podrán m.enos de pro- 
ducir obras de sana estética, cuando se abandone el decadentis- 
mo del fondo, ó ideas depravadas y el decadentismo de la for- 
ma, ó afectación en el decir. Moralidad y naturalidad son las 
dos cosas que ha de pretender el que desee librarse del deca- 
dentismo, recogiendo de él los sanos principos de la libertad ar- 
tística, de la personalidad, de la sensibilidad y de la finura y va- 
riedad en el matiz. El modernismo es una literatura decadente 
que vino de la Francia decadente en costumbres, positivista y 
afeminada. La falta de nerváo viril y de alteza de sentimientos 
en las costumbres no puede menos de reflejarse en la literatu- 
ra. El refinamiento urbano de París le dio no menos el tono 
cuanto á la forma, correspondiendo así á la flaqueza del fondo. 
Si comparamos este arte decadente con el alejandrino y el cul- 
terano, hallaremos que cada uno de los tres, con\aniendo en la 
desviación del arte puro y sano hacia la afectación enfermiza 
de lo postizo, y el odio á la naturalidad y sencillez, diferéncian- 
se : el alejandrino, por el prurito de la erudición; el culterano, 
por la fiebre de la fantasía; el modernismo, por el refinamien- 
to de la sensibilidad. El predominio de la inteligencia, de la 
fantasía, de la sensibilidad llevaron en todas tres á la oscuri- 
dad y la afectación. Las raíces están en el carácter de cada uno 
de los pueblos : intelectual, abstracto é ideal fué el del griego ; 
imaginativo y pintoresco, el del español; sentimental, el de los 



20 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

pueblos del Norte de Europa, cuyo espíritu se halla desde el 
romanticismo en la literatura europea y es alma del simbolis- 
mo francés. Pictórica es la exageración del culterano, coono 
musical la del modernista y abstracta la del alejandrino. Na- 
ciendo de tan opuestas facultades predominantes en los carac- 
teres de los pueblos, el decadentismo literario viene á ser en 
todos tres prurito de oscuridad y de afectación. Exageración 
de uno de los tres principales elementos artísticos y de una de 
las tres principales facultades productoras del arte, no puede 
ser todo decadentismo más que exageración parcial, falta de 
armonía, refinamiento de uno de los elementos concurrentes al 
arte perfecto, desequilibrio de facultades, imperfección y men- 
gua de la obra total. Tanto la critica histórica y comparativa 
de los modernos, como la crítica puramente estética de los an- 
tiguos, no pueden menos de condenar tales decadencias, sus 
escuelas exageradas, sus obras más esclarecidas. Los más altos 
ingenios quedan más ó menos mancillados y amenguado el va- 
lor de sus obras. En suma, esta nueva escuela, que puede cali- 
ficarse de impresionista ó sensacionista, en prosa y en verso, no 
hace más que arabescos de sensaciones, arabescos líricos; y 
gracias que no se ciña á los arabescos de figuras y palabras, 
como la escuela gongocina, ó á los arebacos de conceptos, 
como la escuela conceptista del siglo xvii. El gongorismo fué 
la extravagancia y el refinamiento, la afectación en las mfetá- 
foras y palabras; el conceptismo, la extravagancia, el refina- 
miento, la afectación en los conceptos; y la extravagancia, el 
refinamiento, la afectación en las sensaciones es el modernis- 
mo. Afectación y exageración de la lírica subjetiva y pura lírica, 
propia del siglo xix. A' los modernistas tiraban aquellos versos 
de Gabriel y Galán que pintan su carácter decadente : 

"Me jiedin los hombris 
' que son medio jembras.*' 

Los simbolistas franceses tuvieron por precursores á Bau- 
delaire, el decadente de las "emanaciones y fosforescencias ca- 
davéricas" ; á Gautier, el del "arte de la transposición"; á 
Rimbaud, el de la "audición coloreada". Cuando en 1885 rei- 
naba Zola encenagado en su naturalismo, documentado, cien- 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 21 

tífico y feo, llegaron de Inglaterra los blandos céfiros del pre- 
rrafaelismo ingenuo, aunque algo trasanejado; de Alemania lle- 
gó el soplo espiritualista de Hegel, el huracán encendido de 
Wagner y el ábrego agostador del pesimismo de Schopenhauer. 
Estos vientos derramaron y levantaron hacia las nubes ideales 
á la juventud literaria á quien atufaba con razón la hedentina 
del naturalismo. Mallarmé ideó un nuevo concepto del arte poé- 
tica. Juntáronsele otros, á quienes llamaron simbolistas^ acep- 
tando ellos el calificativo por librarse del de decadentes con que 
les motejaban los periódicos. Fundaron la Reviie Wagnerienn^ 
y la Revue Indépendante. El concepto de la nueva poesía, sa- 
cado de la Filosofía hegeliana, era más idealista que realista, 
oponiéndose así como una reacción extremada al extremado 
realismo de Zola. Como tendencia, encarnar ideas en los perso- 
najes; como procedimiento, emplear la alegoría, la alusión, el 
símbolo, y esto más bien musical que pictóricamente. Resulta- 
do: tendencia á la oscuridad enigmática y misteriosa, cuanto 
á las ideas, y mayor libertad en la métrica, cuanto al elemento 
musical de la poesía. Este movimiento extremadamente idealis- 
ta no pudo durar mucho ; al comenzar el siglo xx había desapa- 
recido en Francia. Adam, Barres, Louys, Regnier, Vielé-Grif fin^ 
Gide, Gourmont, Schwob, fuéronse cada uno su camino ade- 
lante, sin acordarse más del simbolismo. A España llegó el 
simbolismo, ya por Rubén Darío, ya por las revistas francesas, 
en los últimos años del siglo xix. 

7. La última manifestación artística venida de Francia es la que 
llaman modernismo^ que, á Dios gracias, también ha pasado de moda 
á la hora de ahora. Manifestación artística, no tan s6]o literaria, que 
se deja fácilmente comprender por cualquiera en los dibujos y pinturas 
que se ponen en los forros de Jos libros literarios, de versos, novelas 
y teatro. Eche mano el lector del primero que tope : todos convienen en 
una cosa: en que no pintan la reailidad. Son paisajes, figuras y cosas 
fantásticas. Diríase que el que las dibujó solamente tuvo empeño en 
llamar la atención de los mirones de escaparates. No es que no supiera 
dibujar una mujer, im árbol, un claustro, una puesta de sol, sino que 
á posta ha dibujado y pintado estas cosas de una manera extravagante 
y fantástica, como no son en la realidad. Las más veces resultan ver- 
daderos mamarrachos, otras se oponen á lo que realmente se ve en 
este mundo y siempre señorea la fantasía ganosa de fraguar novedades. 
Son, pues, dibujos y pinturas antirreales, fantásticas, extravagantes, 



22 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que, por lo desusado, llamen la atención. Y tales son las notas de la 
modernista literatura, como lo son las de tai es dibujos modernistas. 
El huir de la realidad denuncia ya á las claras que semejante arte no 
es español de origen; el pretender llamar la atención dice á voz en 
cuello ser arte francés, de escaparate y exportación á todo el globo 
terráqueo ; lo de la extravagancia en el fantasear muestra ser cosa 
de una sociedad cansada, ahita, que busca novedades sin fin, impre- 
siones desacostumbradas, como lo es la moderna, sobre todo de Pari^ 
donde se fabrican las novedades y las modas. Como verdadera moda 
parisiense enloqueció á los poetas españoles durante unos años. Pero 
era un arte tan extraño, que á nadie le gustó en España, fuera de los 
mismos técnicos y poetas, porque no encajaba en nuestros gustos. Ellos 
se encerraron en su torre de marfil : cantaron, inundaron de versos las 
¡librerías, revistas y periódicos, haciendo gala de artistas tan soberanos 
que nadie alcanzaba su arte. Pero á nadie le gusta cantar sólo paral 
los pájaros, porque los pájaros cantan mejor, y hubieron de bajar de 
su torre de marfil y cambiar de moda. Fué cosa de otro tiempo. Nadie 
lee ni leeerá ya jamás nada de eso. Ingenios no vulgares perdieron en 
semejantes mamarrachadas tiempo y trabajo. Afanáronse en vano los 
poetas del Parnaso, y entre ellos Rubén Darío, en devolver a la Musa 
helénica ?as gracias de su antigua mocedad ; pero la mocedad pasó, y 
la caducidad también, de la Musa helénica. No conoció la Musa hele- 
nica la molicie parisiense, sino que robusteció sus desnudos miembros 
en eil Gimnasio de Atenas; la sensualidad era en ella muy otra. La 
generación la consideraba como el más hermoso é inmaculado florecer 
d^ la Naturaleza, envuelto en ritos religiosos, no manchado por el pe- 
cado original ni afeado por la tradición de veinte siglos de cristianismo. 
Los ojos del griego miraban, con la inocente serenidad de niño, lo que 
ios ojos del cristiano, por descreído que sea, miran con la gastada y 
corrompida lascivia de viejo verde. Los parnasianos eran tan deca^ 
dentes como los demás líricos de su tiempo : viejos chochos que no com- 
prenden ya la sana robustez natural y danse á soñar tan sólo en sus 
frutos, que sólo pueden ser artificiosamente soñados y empodrecidos; 
en sus flores, que sólo pueden ser artificiailmente soñadas y marchitas. 
Dijérase que los parnasianos habían logrado hacerse con el mármol de 
Paros y del Pentélico en que los griegos labraban sus estatuas y relie- 
ves; pero que no habiendo podido dar caza al espíritu griego con que 
los antiguos sabían animar el mármol, dejábanle con su frialdad nativa 
á pesar de lo refinado del buril con que modelaban en él sus exquisiteces 
de 'líneas y contornos. Miraban al hombre y la naturaleza con anteojos 
de viejos cascados y podridos parisienses en vez de mirarlos con el 
candoroso y sano mirar de robustos efebos hechos al sudor y polvo de 
la palestra en Atenas. Así considerados, nada menos helénico que los 
parnasianos y que el mismo Rubén Darío. 

Rubén y los parnasianos creyeron haber robado á la Grecia la gata- 
nura y sobriedad de la forma ; pero da forma no es más que el cuerpo 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 23 

de las ideas en las cuales se empapa, y henchida de ellas y como espon- 
jada por su espíritu, se manifiesta y resalta, se contorna y rebulta en 
curvas y líneas con Ja sana robustez del mancebo cuando sanas y robus- 
tas son las ideas; con las apilongadas arrugas y apergaminados plie- 
gues del viejo caduco, cuando las ideas son enfermizas, avejentadas y 
decadentes. Arte decadente y nada juvenil, enfermizo y poco vigoroso, 
helado y sin ardimiento, artificial y de estufa, harto impotente para 
volver á la frescura y naturalidad del arte helénico, el decadentismo en 
todas sus ramas no puede resistir los aires y soles del campo ni si- 
quiera de la playa; huye de las gentes y se acoge á su torre de marfil 
para solaz libresco de contados exquisitos que desdeñan al resto de los 
morta'Jes con el mismo desdén con que se alejan de la Naturaleza. Sa- 
crificaron los parnasianos el fondo á la forma, como los románticos 
hablan sacrificado la forma al fondo; mientras que los griegos armo- 
nizaron y ajustaron tan apretadamente fondo y forma, idea y expre- 
sión, que no hay modo de apartarlas, porque ya habían dicho que Mi- 
nerva sa'lió entera y armada de todas sus armas de la cabeza de su 
padre Júpiter, y la obra artística nace de la cabeza del artista entera 
y acabada. Por lo menos la obra romántica, como hija de su tiempo^ 
bullía con la vida moderna, recogiendo el ruido y el po'lvo de las filosó- 
ficas y sociales batallas de su época, y así salía ataviada con todos sus 
colorines y arreos arlequinescos, libre y desatada, soñadora y fantásti- 
ca, medio cristiana y medio atea, cuall la sociedad en que vivía, core 
todos sus desgarros y desesperaciones, con todas las angustias y anhe- 
les, con sus ideales soñados y sus realidades padecidas, sus fulgores 
fantásticos y sus negruras experimentadas; pero siempre sincera y 
apasionada, individual y social á la vez, como en Byron y el autor de 
Werther, como en Lamartine y Hugo. En el Parnaso no había más que 
puro recuerdo de un vivir fallecido y enterrado había siglos ; corteza 
helénica sin el viejo helénico meollo y sin 6\ meollo vivo presente; pura 
corteza muerta, forma sin fondo, en que siempre consistió toda deca- 
dencia artística. Hay decadentismo de fondo y lo hay de forma en la 
literatura. Como el arte literario se cifra en expresar da eterna lucha 
que en el hombre traen entablada el instinto animal ó apetito y la¡ 
razón, elemento específico del hombre, cuando la razón señorea sin des- 
pejar al apetito de sus naturales fueros, el fondo literario se ennoblece, 
es humano, eleva y educa ; cuando, empero, vence el apetito, encenaga- 
se el arte y se hace bestia'l, decae de su propio fin, que es levantar al 
hombre hacia lo divino que en su mente se refleja, darle alas para que 
no le abata la porción animal, humanizar esta porción animal y aun 
divinizar ¡la humana, llevando al hombre hacia la increada belleza como 
en el famoso carro de que habló á Platón la vieja de Alantinea. En la 
filosofía sensualista y rastrera que dominó en Francia el siglo xviii 
formóse una civilización tan rastrera y sensual como ella durante el 
siglo XIX, aprovechándose de los inventos científicos tan sólo para ali- 
mentar las ansias de gozar. La literatura que de este estado del esoíritu: 



24 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

francés brotó es la literatura decadente, que lo es en el fondo. Cuanto 
á la forma, hubo el mismo desequilibrio, venciendo á la norma de la 
razón el puro sentido, descaminándose la métrica, el estilo, da metáfo- 
ra por el camino de la música, del colorido, del pulimento del lengua- 
je, de donde el simbolismo, el impresionismo y el parnasianismo. FA de- 
cadentismo artístico fué siempr^ efecto de agotamiento y de cansan- 
cio, tras una época de esplendor, en Alejandría, en Roma, en ell si- 
glo XVII, á fines del xix. Por comezón d« variar lo bueno dióse en lo 
rralo, buscando extravagancias, de manera que se invirtió el arte, po- 
niéndolo patas arriba, tomando como sustancia lo accidental y ío prin- 
cipal como secundario. En Alejandría lo prncipall' era ostentar eru- 
dición; en Roma, hacer figuras geométricas con versos, centones y 
todo linaje de gimnasias métricas; en España, emplear vocablos lati- 
nos y excéntricas metáforas: en eu siglo xix, exagerar cualquiera de 
los elementos ornamentales : el elemento pictórico, el musical, el sim- 
bólico, sobre todo el sensacional. Pero en todas estas épocas decaden- 
tes hay exageraciones parecidas de lo secundario, que ahogan lo prin- 
cipal, de donde en todas ellas la oscuridad es la nota característica, 
debida á los términos raros, á las metáforas exageradas y que tan 
sólo apuntan, á la extravagancia métrica. El propósito de todo deca- 
dente, sea modernista ó alejandrino, romano ó gongorino, es dar golpe, 
dejar con la boca abierta, llamar la atención de los eruditos sobre el 
propio ingenio que ha vencido dificultades inauditas ó que ha dado 
ccn nunca oídas novedades. Hínchase la parte musical ó la pictórica, lía 
metáfora ó el retruécano; rómpese la armonía ó el sentimiento natu- 
ral, desbocándose en sensaciones exquisitas ó en rebuscados ritmos; 
arrontónanse términos extraños; los floripondios ornamentales ahogan 
como hojarasca á la idea, y la idea misma se saca de las fi'lósofías 
menos comunes, de las heces anárquicas y disolventes, antisociales é 
inmorales. Al descoco en 'la forma acompaña la desvergüenza en él 
fondo. El arte decadente consiste en hacer volatines con los elementos 
artísticos, vencer dificultades, sobresalir en extravagancias, que la 
gente se arremoline y aplauda por lo inesperado. El decadente afecta 
oscuridades porque no tiene nada claro que decir; pretende cantar en 
su marfileña torre odiando á la sociedad; menosprecia al pueblo, por- 
que teme al sentido común; proclámase aristócrata del arte y canta 
solo para los más selectos, para lo granado de 3a gente culta y eru- 
dita, que aunque no le entienda dirá que le entiende, para no confun- 
dirse con el común de las gentes. El decadente moderno es, además, 
un extravagante en su vida, un bohemio en costumbres, un anormal 
en temperamento, ó por tal se finge en sus obras, de modo que exage- 
ra sobre todo las sensaciones, busca sensaciones extrañas ; se embriaga 
no sólo con ailcohol, sino con éter y opio. No sabe más que de perso- 
nas desequilibradas como él, de tipos psiquiátricos, histéricos, locos; de 
jóvenes perdidos, de viejos verdes, de cortesanas sin pudor, de lasci- 
vias rebuscadas, de espasmos nerviosos, de estados neuróticos, de gen- 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 25 

tes corrompidas, de asuntos inmorales, de Id sádico, de lo satánico, de 
las mezclas de lo más sagrado con lo más profano. No se sacia de sen- 
saciones inusitadas, y por lo inusitado de las sensaciones que despier- 
tan juzga las obras literarias. Para él la idea y el hondo pensar no 
son cosas que al arte atañan, sino tan solamente la sensación. La es- 
cuela modernista no busca otra cosa más que expresar sensaciones. ¿ Qué 
sensaciones comunica ?, os pregunta cualquier modernista al hablarle de 
tina obra literaria. Hasta poco ha el arte era la manifestación de todo 
€l hombre que hablaba all hombre entero : al entendimiento, al corazón, 
á la fantasía, á los ojos y al oído, y sobre todo al entendimiento, por 
ser lia facultad humana señora de las demás. "El hombre — dice Aris- 
tóteles — es un animal político"; esto es, que consta de varias clases 
sociales : unas esclavas, otras intermedias, otra señora, que es Ja razón. 
Las sensaciones, comunes al hombre y al animal, debían atenderse en 
el arte, pero no exclusivamente. Y como el arte propio de Jas sensa- 
ciones es la música, el modernista, que sólo busca sensaciones, fuese 
tras la música en la poesía, empeñado en hacer música con paíabras. 
Esto no puede lograrse más que de dos maneras: ó se amontonan pa- 
labras sin sentido y tales que por su sonido recuerden los instrumentos 
musica)!es, ó ya que lo tengan, que despierten sensaciones prescindiendo 
casi del significado. En ambos casos hay simbolismo. De lo primero na- 
ció la audición coloreada; de lo segundo, e! simbolismo puro. Por eso 
se llamaron simbolistas y musicales los modernistas; por eso variaron la 
métrica, para matizar más y más el elemento musical ; por eso resultó 
una poesía cuasi enigmática, vaporosa, que insinúa sin decir termi- 
nantemente idea alguna. Ora pretende eil poeta recordarnos el sonido 
de las trompetas, ora el del cuerno de caza, aquí el del órgano, acullá 
el de la tempestad. Este pretende que un trozo literario nos haga la 
impresión de la primavera ó del otoño, de una noche de melancólica 
luna ó de una sosegada siesta; aquél quiere que recordemos castillos 
medievailes ó una salita del tiempo de Luis XIV, una escena de Wateau, 
un claroscuro de Rembrandt, etc., etc. Ello es sacar de quicio el arte 
literario empleándolo con otro fin del que pide su naturaleza, que está 
en que exprese al hombre todo entero tal cual es, no lo que la música 
expresa ni lo que dice un castillo, una salita, una tempestad. Rebaja, 
además, el arte, pues mira tan sólo al hombre como sensitivo, en lo 
cual conviene con el bruto, en vez de mirarle como racional. Por con- 
secuencia, el tal arte no es natural, y así tiende al efectismo, á la ex- 
travagancia en el metro, en las palabras, en la construcción, en todo 
el estilo. El estilo es el hombre cuando es todo el hombre el que se 
comunica á todo el hombre; pero aquí podemos decir que el estilo es 
el ser sensitivo, es el bruto ; el estilo es un pedazo del hombre, y el 
pedazo v porción más baja, la porción animal del hombre. Y aun bueno 
va si el modernista es gran maestro que sabe despertar sensaciones 
siempre con alguna punta de afectación ; pero los discípulos sólo con- 
siguen exagerar la afectación, oscurecer más y más la idea, parlar 



26 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

por parlar, romper todo ritmo y hacer prosa en líneas desiguales y 
llenas de tropezones, usar voces raras, extrañas, en una palabra, exa- 
gerar el efectismo del género diciendo disparates de toda laya. Como 
lo natural al habla es expresar los conceptos del ánimo con la mayor 
viveza y propiedad, con galanura y sonoridad ó con reciura y brio, se- 
gún el estado afectivo, y no al revés, expresar el estado afectivo me- 
diante d sonsonete y sonajeo de las voces, cuanto el modernista dice 
carece de llaneza, va como en zancos, vestido de payaso, es rebuscado, 
exquisito, afectado. Y hacer efecto, dar golpe es el fin del modernista 
mediocre que no logra expresar sensaciones como el maestro. La lite- 
ratura modernista no es sana, ni equilibrada, ni robusta; es enfer- 
miza, desequilibrada y afeminada ; es anormal!, psiquiátrica, erotóma- 
na, falsamente mística, que junta lo más sagrado con lo más lasciva 
para exagerar el contraste; inmoral y determinista: en todo ello es 
hija de la literatura naturalista, conservando todas estas cualidades 
del naturalismo. Las teorías de Lombroso y Sergi acerca del desequi- 
librio y degeneración de ios llamados genios es una canonización cien- 
tífica del hecho y un estímulo, porque el prurito de llegar, que dicen,, 
el creerse genios, la egolatría, si siempre fué natural en los poetas,, 
aficionados á la güoria, como lo es en todo gran entendimiento que an- 
sia scbrevivirse, en los poetas modernistas llega á la locura y la men- 
tecatez, creyéndose ser ilos primeros que en el mundo han logrado des- 
cubrir la verdadera vena poética, cuando sólo han dado con la vena de 
la locura. Todas las especulaciones lombrosianas no me llegarán á con- 
vencer á mí de que el genio sea una degeneración ni un desequilibrio. 
Yo entiendo que es el más armónico equi'librio de todas las facultades 
y la gran sensibilidad de todas ellas como cuerdas de una lira finísima 
y muy sensible, lo cual arguye perfección en todas. Ni obsta que el 
desequilibrado, por serlo, sobrepuje en alguna facultad con la cual pue- 
da hacer maravillas, porque presto se notarán entre estas maravillas 
no menores disparates, efecto de la falta de armonía entre todas las 
facultades. No pocos renombrados escritores de nuestro tiempo han 
sido desequilibrados de esta manera y otros muchos han fingido serlo 
fingiendo erotomanías, satanismos, rarezas y extravagancias. Ello es la 
mejor prueba de ser esto lo que hoy priva y de que alardean los más 
de no ser sanos, sino desquiciados poetas, esto es, genios, según creen 
candorosamente. Schopenhauer fué equilibradísimo y estupendo escri- 
tor y filósofo ; compáresele con Nietzsche, que murió en un manicomio, 
y se verá lo que es armonía en uno y desequilibrio en otro. Compárense 
no menos Goethe con Poe, Gabriel y Galán con VerJaine el borracho, 
Santa Teresa con la Rachilde. 

El simbolismo francés comienza en 1885 como reacción contra la 
brutalidad de los naturalistas y contra la frialdad de los parnasianos. 
Es, pues, un vuelo hacia lo ideal y una protesta contra la esclavitud de 
la rima. El naturailismo confundía lo real con lo nauseabundo, siendo un 
verdadero hospital y una letrina, y empleaba el lenguaje más soez con- 






NATURALEZA DEL MODERNISMO 27 

forme á lo pllebeyo de los personajes y á la falta de moralidad y sobra-^ 
de escepticismo. El Parnaso' estaba henchido de poetas mediocres que, 
con la simple técnica de lo plástico, imágenes bonitas y son metálico del 
verso, pasaban por poetas, por más que les faltasen pensamiento y afec- 
to. El movimiento espiritualista que á la sazón hizo populares las doc- 
trinas espiritistas de AIlan-Kardec y la música soñadora y mística de 
.Wagner, habia preparado el terreno. Brunetiére felicitó á ilos cinca 
prófugos de la escuela de Zola por desesclavizarse de las cadenas mé- 
tricas y por su vuelta á lo espiritual. Pero el mal estuvo en que se salió 
de un extremo, de lo ultrarreal por lo bajo, para saltar á otro, á lo ul-- 
trarreal por Jo alto, dejando en medio la realidad, verdadero campo del 
arte. Se quiso ir á lo misterioso y desconocido, á lo que se soñaba haber 
detrás de las cosas, detrás de la realidad. Y como detrás de la realidad 
ro hay nada, lia poesía se entretuvo en soñar cosas no reales, vagas,, 
indefinidas; cayó en el limbo de la nada entre dos platos. La rotura de 
la esclavitud métrica se exageró no menos y se dio en el verso que no 
es verso, sino prosa excesivamente rítmica. Ambos principios de espi- 
ritualidad y de libertad métrica lo fueron ya de los románticos. No me- 
nos fué común á entrambas escuelas el crecerse el poeta un ser inspi- 
rado que ve lo que no ven los demás, de donde la comezón por íla no-- 
vedad, que en la escuela modernista fué mayor por tratarse de tras- 
poner el mundo real donde viven los adocenados ó filisteos, cosa en 
que difiere del romanticismo. Del mismo modo difiere por Iq egoísta, . 
refinado, aristocrático y enemigo de lo popular y por ell medio acomo- 
dado á la expresión de ese más allá desconocido á los simples mortales: 
ei símbolo. De este medio, elemento especifico de la nueva escuela, tomó 
el nombre de simbolismo. El simbolismo sólo podía ejercerse con el 
juego de ílas metáforas, por ser la fuente de ellas y ser ellas el lenguaje 
de la poesía. Pero no habiendo de ser claras las metáforas, sino evoca- 
doras vagas de lo vago y misterioso, la exageración metafórica llevó á 
los modernistas á mayores extravagancias que á los románticos, aña- 
diendo además á la extravagancia Ja oscuridad enigmática. A ella les 
llevaba no menos la comezón por la novedad y por el gusto de desci- 
frar lo para pocos inteligible, como para ima cofradía de iniciados. Por 
todo ello tocaba el modernismo, más que con el romanticismo, con eí 
gongorismo de antaño. Así de hecho el simbolismo es una mezcla de 
romanticismo y de gongorismo : es decadencia de decadencias. La tan 
decantada novedad y libertad sólo quedaron como satisfacción del 
amor propio, que hinchó más y más á los poetas simbolistas. Porque, 
fuera de pocos maestros, todos los demás fueron sus discípulos, imi-- 
tándoles. por consiguiente no siendo nuevos, y sometiéndoseles en los 
principios y en la imitación, por lo tanto perdiendo la libertad no me- 
nos que la novedad de que alardeaban y cayendo en el mismo defecto 
oue achacaban á los viejos clásicos y á los románticos. Objeto que tra- 
ta de expresar e! simbolismo, lo ultrarreal, esto es, lo desconocido, la 
nada; medio, el juego oscuro, raro, desusado ó nuevo de paíabras y 



28 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

'.metáforas: nada para el objeto, oscuridad para la expresión. Tal es 
el simbolismo, mientras que arte es expresar clara y vivamente lo 
Teall, imitación de la naturaleza, que dijo Aristóteles, ó como interpre- 
tó Horacio, ut pictura poesis. El placer de lo nuevo no es placer esté- 
tico, no atañe, pues, al arte. Menos le atañe lo oscuro, ya que arte 
es expresión. Dividióse la escuela simbolista en tres: fué decadente é 
impresionista, con Verlaine, armónica y lihreversista, con Hallarme ; 
mística, con Maeterlinck. Luego llegó Moréas con su neoclasicismo á 
enterrarías á todas tres. Dos novedades trajo el simbolismo. En la for- 
ma, la dislocación del alejandrino centelleante de Hugo, suprimiendo 
los hemistiquios clásicos, y poniendo la cesura en medio de una pa- 
labra y no como en el verso dlásico, al fin de palabra y principio de 
pie; libertando, para decirlo de una vez, el verso de muchas de sus 
reglas y disciplinas, convirtiéndolo en una especie de prosa rimada ó 
ritmada ó solamente ritmada, aligo por el estilo de las innovaciones 
métricas del americano Walt Whitman. Así el verso libre de Gustavo 
Kahn y das prosas poli formes de las Baladas francesas^ de Paul Fort. 
Diríase que se trataba de hacer el verso lo menos verso posible. Cuan- 
to al fondo ó idea, en vez de presentar de frente las cosas, como Jos 
parnasianos, verdaderos neoclásicos, las presentan como de soslayo, 

■ aludiendo tan solamente á ellas ; sugiérenlas, en vez de señalarlas y 
nombrarlas. "Nombrar una cosa — dice Mallarmé — es suprimir las tres 
cuartas partes del deleite que produce la poesía, el cual nace del gusto 
que hay en ir adivinando las cosas; el ensueño y verdadera poesía está 
€n sugerir. En el perfecto empleo de este misterio consiste el símbolo: 
evocar poco á poco una cosa para mostrar di estado del alma, ó al re- 
vés, escoger una cosa y sacar de ella el estado del alma por una serie 
■de intuiciones." Y Verlaine: 

"De la musique avant toute chose, 
Et pour cela préfére l'impair 
Pllus vague et plus soluble dans l'air 
Sans ríen que luí qui pese ou qui pose. 

S'il faut aussi que tu n'ailles point 
Choisir tes mots sans quelque méprise: 
Ríen de plus cher que la chanson grise 
Ou rindecis au Précis se joint." 

Según estos principios, por la idea clara se pone lo sombrío é im- 
- preciso, la vaga media tinta por el cdlor brillante; á los arranques des- 
becados sustituye lo indefinido de los anhelos. El miedo á lo común, 
conocido y gastado, lleva así á lo enigmático, raro y rebuscado. La' 

■ afectación y el prurito por ilo raro están en la misma raíz de la doc- 
trina simbolista, que no podía durar sana sino lo que dura una moda 

-extravagante. Cuanto al espíritu, así como el naturalismo procede del 

espíritu inglés, así el simbolismo viene del espíritu germánico. El sim- 

-;bolismo es, pues, en fondo y forma una: mayor sofltura, mayor impre- 



I 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 29 

cisión, vaguedad, evanescencia y como nebulosidad. Correspóndense la/. 
forma más libre y dislocada, el verso que sea más vagamente versa- 
pareciéndose á la prosa, y el fondo ó manera de declarar di pensamien- 
to imprecisa, vaga, oscuramente. Es un diluirse y evaporarse en el 
pensar y en el versificar. Esto nos dice que el modernismo lleva un 
contrario camino al del reailismo español, que le es opuesto y, por con- 
siguiente, tira al idealismo. Pero no es idealismo puro, esto es, de pu- 
ras ideas, como es el clasicismo, donde las ideas son de suyo clarísimas,., 
y en faltando claridad, es porque falta idea. Este no realismo es, pues, 
más bien que idealismo, cosa que toca a la pura fantasía, es fanfasis- 
nio. El modernista, de hecho, sobresale por la fantasía y la imagina- 
ción visual, auditiva, olfativa, táctil. En ello parécese al gongorismo 
y al romanticismo, y así es que los modernistas no condenan tan de 
plano los defectos de aquellas escuelas. El predominio de la fantasía 
sobre las demás facultades fué siempre propio de épocas decadentes ó 
de gran turbación. Difiere el modernismo del gongorismo en que éste, 
por ser consecuencia del dlasicismo en sus defectos de imitación y puro 
remedo, ponía toda la gala en el uso de voces latinas y en el juguetear 
con metáforas hasta oscurecer el pensamiento. El modernismo tira á 
oscurecerlo igualmente y con predominio de la fantasía ; pero no á 
fuerza de metáforas precisas y de voces latinas, sino con metáforas- 
imprecisas y vagas, de fantasía soñadora y desvanecida, germánica, en. 
una palabra. Cuando por este camino no se llega á la oscuridad, sino 
que dentro de las lindes de lo claro se adelgaza y matiza, y cuando 
3a fantasía no sobrepuja: y domeña á las demás facultades, sino que- 
sirve para colorear con mayor variedad de matices, evocando clara y 
reciamente, no hay duda que el simbolismo no es vicioso, que es un 
arte de buena ley, de elegancia y finura, exquisito, fantástico, tamizado 
en colores y sonidos. Tal es el arte de Rubén Darío, en eil cual acaso 
la fantasía sobrepuja demasiadamente al sentimiento, resultando un 
arte algo frío, por lo parnasiano que era. Conviene el modernismo con 
el romanticismo en el predominio de la fantasía y en la tendencia á to- 
no real, á exagerar el sueño, á poner no poco de subjetivo, esto es, en 
lo germánico fantástico, y no menos en el espíritu de libertad é inde- 
pendencia; pero diferenciase en que el modernismo es arte más refi-- 
nado, es un romanticismo pálido, nada chillón, evanescente, sin su exa- 
geración de tonos y con otra más rebuscada afectación. El romanti- 
cismo es el espíritu germánico en eJ momento de su briosa juventud; 
el modernismo, en el momento de su edad gastada. Libertad y fanta- 
sía en ambos; pero con exagerado derroche, vigor sano y caricatura 
en el romanticismo ; en el modernismo con diluida riqueza, fuerzas en- 
fermizas y arte de miniatura. El arte simbólico llegó á ser tan oscuro 
como el gongorino, teniendo entrambos eJ mismo intento ideal de que 
"la mayor gloria del poeta, consiste en no ser comprendido". Arte uno 
y otro para eruditos, nada popular ni menos nacional. Los modernistas, 
encerrároíise cada cual en su torre de marfil, huyendo de los filisteos,. 



30 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

••del vulgo. Son frases suyas. En la Estética de la lengua francesa, de 
Remy de Gourmont, hay mucho de común con la Apologética, de Es- 

.phiosa y Medrano, y con el Arte de Ingenio, de Gracián, esto es, con 
los códigos del culteranismo y del conceptismo. Los simbolistas, como 

•observa Laurent Tailhade, son á la Francia contemporánea lo que á 
la Francia del antiguo régimen fué la Pléyade; lo que los euphuistas 

-en Inglaterra, lo que los gongorinos en España, lo que los secentistas ó 
marinistas en Italia. Pero el modernismo francés no sóilo comprende 

..la escuela de los simbolistas, sin otras varias escuelas que se desga- 
jaron de ella; los decadentes, los delicuescentes, los jóvenes efebos, los 
nuevos estetas, los magos, los instrumentistas evolutivos, los magnifi- 

• centes, etc., etc., que se distinguieron por alguna nota en la común 
afectación y el común amaneramiento y el común predominio de la fan- 
tasía. Hiciéronse unos a otros g-uerra cruel. Verlaine, gran poeta, de 
quien se llaman discípulos los decadentes, dijo de éstos mismos que "la: 
única palabra inscrita en su bandera era la de Reclamo", "Lo que es- 
criben — añade — , no es verso, sino prosa; ni siquiera prosa, sino je- 
rigonza (charavia), y sobre todo no es francés, ni pizca de francés. Me 

^ cargan Sos tales simbolistas." Moreas niega á Rene Ghil todo puesto 

-en la literatura. Henri de Regnier, Charles Morice, Charles Vignier, se 

"burlan donosamente de la pretendida jefatura de escuela francesa, que 

•pretende arrogarse el "griego Moreas"; Jean Caragnel llama á las 

" nuevas escuelas "literatura de vagidos, de balbuceos, de falta de ideas" ; 
Gustavo Kahn, poeta y preceptista de los más celebrados, dice de al- 
gimos de sus compañeros : "Moreas va á Has bibliotecas á buscar pala- 
bras, y después de recogida la cosecha: las combina penosamente, y 
nada más; Charles Morice... debía dedicarse á la agricultura, donde 
faltan brazos ; Regnier no tiene absolutamente ningún talento." Saint- 
Pol Roux, el Magnífico, adalid de su escuela, y que pretende ser por 
■el estilo prosaico un Carlyle francés, proclama una doctrina teológico- 
literaria, que nadie entiende ni escucha. Cada escuela tiene á las otras 
por "quantité méprisable" y "quantité negligeable". En pasando un 
año tienen por viejo cualquier libro de versos. Llegaron después Les 
dernieres venus, como M, Gregh, M. Barbuse, André Riboire, Magre, 

'Charles Guérin, estudiados por M. Chantavoine; tras ellos los 25 dis- 
cípulos de Rene Ghil, que luchan por los fueros del método evolutivo 
literario. Andrés Barré: "Una causa mística se esconde detrás de los 
seres y Hos objetos de la Naturaleza." "Cada individuo es algo más 
que el signo tangible de un poder misterioso, pues es la resultante sen- 
sible de las fuerzas ocultas que gobiernan el mundo." "En otros tér- 
minos, lo visible es la forma material de lo invisible, el índice plantado 
sobre el misterio, como la piedra de una tumba sobre la nada." "El arte 
debe adivinar, mejor que pintar, lo que oculta su realidad, penetrando 
en los eJementos que lo producen, para sugerir la intensidad ó multi- 
plicidad de los mismos." "La razón no sube hasta el misterio. El hom- 

"bre para alcanzarlo se sirve de sus facultades de evocación, del don 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 3 1 

profético, del ensueño, ddl hondo sentir, y, en una palabra, del delirio 
poético, por medio del cual el alma no conoce, pero sí presiente, lo 
Incognoscible." Paul Adam : "¿ Es preciso ser de los iniciados para apo- 
derarse de las bellezas de este lenguaje nuevo? Distingamos. O bien 
el asunto escogido comporta especulaciones metafísicas, evocaciones 
supremas que no pueden traducir dignamente las prosas habituales, sim- 
ple utensilio dea habla común. Entonces es necesario el empleo de un 
estilo hierático, de términos simbólicos y no comunes, capaces de ceñir 
limpiamente a la idea, manteniéndola por cierto espacio ligada al pen- 
samiento de modo que éste aparezca ó se deje ver, no de una manera 
superficial, sino con sus orígenes, elegancias, derivaciones, finalidades y, 
en una palabra, con todo aquello que el pensamiento puede contener ó 
sugerir. O bLen él asunto de la obra es una simple representación del 
mundo, de la vida imaginativa, y entonces el estilo usual se le adapta 
y conviene maravillosamente, en cuyo caso el empleo del simbolismo 
será defectuoso. Nosotros reivindicamos el derecho, en consecuencia, 
de escribir bajo dos formas y en armonía con la naturaleza de los asun- 
tos. La mayor parte de nuestras obras serán accesibles á los letrados. 
Las otras, las preferidas, las del gran arte, serán escritas para los 
düettantis comprensivos, á quienes la originalidad de lo emblemático no 
aterrorice, y que, á fin de multiplicar sus sensaciones, alegría suprema 
ó goce supremo, se cuidarán de sondar y percibir todas las riquezas 
del símbolo." Remy de Gourmont: "Uno de los elementos del Arte es 
lo Nuevo. Ese elemento es tan esencial, que casi constituye por entero 
el Arte. Tan esencial es, que el Arte, sin el elemento de la novedad, se 
parece á un vertebrado sin vértebras." Carlos Roxlo, Hist. Lit^r. Uritn 
guay, t. VII, pág. 33: "Es para mí muy fácil de explicar el proceso 
psicológico que lleva á los autores del decadentismo. Este tiene su orí- 
gen en la misma causa que infantó lo gongorino y lo mariniano. El mie- 
do á la rutina, la justa ambición de notoriedad, las dificultades de sobre- 
salir dentro de los moldes en que ya muchos sobresalieron y el afán 
r.obilísimo de señalarle nuevas rutas al numen." "O rinnovarse o mori- 
ré" es la empresa de D'Annunzio, que no cesan de repetir los moder- 
nistas. Los decadentes ó impresionistas, los verlainianos, gustan de dar 
tina impresión vaga, evaporada con metáforas é imágenes de media luz, 
nada claras, como la huella que dejó una imagen en la fantasía, pasado 
ya ailgún tiempo: "Des visions de fin de nuit | qu'éclaire seulement 
cine aube qui luit", al decir de Verlaine. La poesía ha de ser espejo 
poco diáfano de la sensación, algo crepuscular, nebuloso, descoflorido, 
velado, casi inconsciente, sin colores vivos, sino muy matizados. Como 
•el propósito no es expresar ideas, sino sensaciones, siendo el habla ex- 
presión de ideas y la música expresión de Sicnsaciones, quisieron que la 
poesía fuera música, y música instrumental para que fuera muy matiza- 
da, dando lugar á la escuela de los instrumentistas que exageró esta ten- 
dencia. De aquí el estudio de la audición coloreada, del sustituir colores 
con sonidos y sonidos con colores. Marcel Reja, en L'Art ches les fous, 



32 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ha estudiado el arte de los locos y de los niños, que coinciden con el de 
todas las decadencias. Extractaremos algunos puntos con Nombela y 
Campos, Labor intelectual, t. I, pág. 230 : "El estilo pueril propiamen- 
te dicho se distingue por toscos esquemas, balbuceos de un simbolismo 
incipiente...; un nuevo período mental..., la de la copia realista de la 
naturaileza. Este estilo pueril... en el salvaje adquiere su completo des- 
arrollo... : los dos desprecian por igual la realidad, porque no aspiran 
á reproducir sus formas, sino la idea á/t los seres ú objetos que dibujan 
toscamente... Los dibujos de los locos... se ajustan en el fondo á dos 
tipos principa;Ies : el decorativo y el simbólico... La manía decorativa 
es una señal de decaimiento que se puede dar en los géneros litera- 
rios... cuando pierden su virilidad y se conforman con reducirse á la 
servidumbre. El arte es simplemente el adorno para los pueb'os salva- 
jes; pero entre los civilizados todo el arte suele convertirse en un 
adorno cuando pierde su amor espiritual. Otras veces los dibujos de 
los locos encierran una intención expresiva. Son manifestación de ima 
idea ó de un sentimiento, y entonces los autores se vakn de un simbo- 
lismo incoherente y oscuro... El simbolismo es legítimo en el arte; 
pero no olvidemos que hay un simboflismo sano, que al generalizar acla- 
ra, y otro que se pierde en vagas nebulosidades, con grave riesgo de 
invadir los dominios de Üa locura... Los locos suelen preferir el v.erso 
á la prosa..., porque la prosodia es para ellos una especie de aparato 
ortopédico en el que se apoyan para correr con facilidad, porqu,e el rit- 
mo es un auxiliar automático que establece algún orden en da confu- 
sión de imágenes y palabras que afluyen á los labios del paeta loco, y 
porque la rima facidita la abigarrada, asociación de las voces usadas 
sin orden ni concierto. Algunas de estas composiciones, en las que las 
palabras no tienen otro valor que el de simples sonidos, y que son un 
puro ripio desde el principio hasta eil fin, son tristes modelos de un 
verbalismo intelectual que funciona automáticamente y que sustituyen 
con las sonoridades de la versificación la ausencia de todo pensamien- 
to... El metro es lo principal; la poesía, lo accesorio. La metromanía 
es un verdadero síntoma de locura. No hay extravagancia rítmica de 
las que imaginan aquellos poetas hueros, que desean á toda costa en- 
cubrir la indigencia de su imaginación con deslumbradores oropeles, que 
no figure en la antología de los manicomios. Reja cita, entre otros ej.em- 
plos de singularidades métricas, una poesía en el verso libre que usan 
ahora los vates ultramodernistas, compuesta por una loca que antes 
de estanlo no había versificado jamás... Hay además otras producciones 
delirantes con caracteres específicos, que Reja clasifica en cinco gru- 
pos, á saber: primero, los escritos genuínamente absurdos, que son 
como dislocaciones del pensamiento; segundo, los simbólicos, donde lo 
absurdo aparece dominado por una caricatura de las generailidades 
simbólicas, y donde no es difícil hallar ingeniosidades extravagantes; 
tercero, los místicos, de un misticismo falso, que consiste en solemnes 
candideces, que á lo mejor funda en un calembour la explicación de un 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 33 

arcano, y cuyo estilo, hueco y pomposo, tiene todo el aspecto de una 
grotesca humorada; cuarto, las obras que constituyen un formulario 
de frases que quieren ser sentenciosas y suelen ser disparates ó trivia- 
lidades, sin ninguna conexión entre sí; y quinto, das producciones en 
que asistimos á una verdadera fuga de ideas y vemos cómo el espíritu 
se va por la tangente y cae en los más inconcebibles absurdos. Todas 
estas aberraciones en prosa y en verso que Reja analiza con escrupu- 
losa atención, nos hacen pensar en los más comunes extravíos que su- 
fre el arte iliterario cuando quebranta las leyes derivadas de su propia 
naturaileza... Basta repasar los caracteres expuestos y compararlos 
con los que ofrecen las obras más típicas de toda decadencia literaria." 
Th. Gautier, sobre Baudelaire : "Hay gentes que son naturalmente 
amaneradas. La sencillez seria en ellas pura afectación y una especie 
de amaneramiento en sentido inverso. Todo lo que tiene de encantado- 
ra la verdadera inocencia, lo tiene de molesto- y desagradable el falso 
candor... ¿El poniente no tiene su belleza lo mismo que la mañana? 
Eso que impropiamente se llama estilo de decadencia, no es otra cosa 
que el arte cuando llega á ese punto de madurez extraña, propio y ca- 
racterístico de las civilizaciones que envejecen; estilo ingenioso, com-. 
plicado, sabio, lleno de matices y de refinamientos, que extiende siem- 
pre los uímites de la lengua, explotando todos los vocabularios técnicos, 
tomando colores de todas las paletas, notas de todos los instrumentos, 
esforzándose por expresar el pensamiento en lo más inefable que tiene, 
y la forma en sus contornos más vagos y fugitivos. Se recordará á pro- 
pósito de esto 'la lengua del bajo Imperio romano, jaspeada ya con los 
verdores de la descomposición y los refinamientos complicados de la 
escuela bizantina, última fonna del arte griego deliquescente, pero ta'l 
es el idioma necesario y fatal de los pueblos y de las civilizaciones^ don- 
de ja vida facticia ha reemplazado á la vida natural, desarre liando en 
el hombre necesidades antes desconocidas." 

No puede tirar el arte por un lado y el pensamiento filosófico de 
una época por otro. El pensamiento positivista que trajo el naturalismo 
en Francia, y cuyas más altas cumbres fueron allí Taine, Comte y Re- 
nán, estaba ya de capa caída cuando el modernismo se desgajó del Par- 
naso. Habíase hecho idealista el pensamiento filosófico, é idealista se 
hizo el arte. En 1896 pronunciaba Brunetiére en Besanqon un discurso 
sobre el renacimiento del idealismo, notando cómo los hombres de cien- 
cia sentían cada día más el misterio de la vida y advertían las lindes 
infranqueables de >la ciencia experimental, tras las cuales sospechaban 
un más allá que tan en redondo habían negado los positivistas. Hallaba 
estas ideas hasta en el mismo pontífice del positivismo, cuando en sus 
últimos días pensó en levantar con materiales de su doctrina templo 
para un credo y un rito religioso. ¿Qué mucho surgiera entonces la 
njúsica ideal de Wagner y la poesía simbolista, tan ideal como musical 
y wagneriana? La pintura alegórica de Puvis de Chavannes era tan 
pintura simbolista y wagneriana como wagneriana y alegórica era la 



TOMO X.— 3 



34 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

poesía simbolista. Hasta la política soñaba en ideailes y utópicos so- 
cialismos. Pocos años antes de hablar Brunetiére, veía Eduardo Rod 
cómo á la negación positivista iba oponiéndose una afirmación religio- 
sa. Bourget había no menos llevado á la literatura el estudio psicológi- 
co, tanto en la novela como en la crítica, afirmando con ello que en la 
bestia humana^ de Zola, había además un alma que mediante su libre 
albedrío luchaba con sus instintos, y que el determinismo positivista. 
iba á desaparecer de la novela no menos que de la filosofía. Este mo- 
"vimiento filosófico espiritualista había ya encarnado no menos en el arte 
•europeo, que influyó grandemente en Francia^ ayudando á derrocar el 
naturalismo. Inglaterra influyó con Jorge Eliot; Rusia, con Dostoievski 
y Tolstoi; Suecia, con Ibsen y Bjoernstjerne Bjoernson; Alemania, con. 
Sudermann, Hauptmann y Nietzsche; Italia, con D'Annunzio y Fogaz- 
zaro. Añadióse luego el influjo del inglés Rudyard Kipling, del ruso 
Gorki y del polaco Sienkievicz. Todos estos tan variados escritores 
convenían en lo que Brunetiére llamó pitic socialc. Un como soplo 
de piedad humana diríase haberles inspirado á todos. "Un so- 
plo de caridad evangélica — dice Lanson — , de solidaridad hu- 
mana llegó hasta nosotros y fundía la dureza de nuestro naturalismo." 
A pesar de haber formado el americano Rodó su pensamiento en 
los positivistas franceses Taine, Comte y Renán, todas sus obras son 
una predicación de espiritual idealismo, encarnado hasta en los tipos 
que llevan al frente, Ariel, Próspero y Proteo. "El positivismo — dice — , 
que es la piedra angular de nuestra formación intelectual, no es ya la 
cúpula que la remata y corona." Véase Gustavo Gallinal, Rodó (1918). 
Los treinta y siete poetas del cenáculo de Lemerre proclamaron co- 
mo lema del parnasianismo: Impasibilidad. Del romanticismo debía to- 
marse el color, la forma suntuosa, y ahogar el yo. "Nada de sollozos 
humanos en el canto del poeta", dijo Catulle Mendes, Pero no fué im- 
pasible ninguno de los parnasianos. En Gautier hay un fondo de triste- 
zas, desaliento y nihilismo, que le llevan al arte para consolarse. En 
Baudelaire, visionario á lo Edgar Poe, hay exaltación perpetua, idea- 
lismo ardoroso y enfermiza sensualidad. Ni son impasibües SuUy 
Prud'homme, el filósofo; ni Franqois Coppée, el burgués; ni Ar- 
mand Silvestre, el fauno; ni aun Leconte de Lisie, apóstol se- 
reno del cenáculo; pues sobre los Poemas antiguos y sobre los 
Poemas bárbaros se apesadumbra la tristeza deil vivir. Poeta impa- 
sible, no es poeta. En lo que se diferencian de los románticos es en 
tomar por lo serio el trabajar la forma, el cuidar la técnica, el estudio, 
en suma, que los románticos alardeaban de menospreciar, encomendán- 
dolo á la inspiración instintiva. Hay, pues, menos espontánea natura- 
lidad y mayor artificio y cuidado. Tal es, en la lírica francesa, el fruto 
de la época realista, científica y reflexiva. El modernismo extremó to- 
davía más estas tendencias, llamémoslas cerebrales. El modernismo 
tiene una raíz mortífera, muerta diríamos mejor, y así no podía vivir, 
ni vivió largos años: es literatura pensada, más que sentida, y la lite- 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 35 

ratura na de ser más sentida que pensada. Es arte cerebral más que 
cordial, á pesar de todo el pujo de sensaciones que trata de exprimir, 
porque no las exprime del corazón sintiendo, sino de la cabeza pensan- 
do Es tradicional en el arte francés el que salga por cálculo, más bien 
que por sentimiento, y el cálculo es madre de la ciencia, no del arte. El 
arte cerebral acaba siempre por ser arte de pura forma, juego de pa- 
labras. Ahora bien, "la poesia no es humana música de palabras, sino 
celeste música de pensamientos", dijo Miguel Antonio Caro. Así el 
modernismo vino á emparentar con el gongorismo y culteranismo de 
antaño. Puede enteramente aplicarse al modernismo y simbolismo la 
impresión que fray Angd Manrique escribió del culteranismo de su 
tiempo, en Exequias^ Túmulo, etc. (1621) : "los juezes quedaron tan 
ayunos de lo que querían de^ir (ciertas octavas), quanto se cree que 
lo están délo que dizen muchos de los poetas que ahora se usan, aten- 
tos sólo á esconder la sentencia, si es que tienen alguna en la escabro- 
sidad del estilo, entonces tenido de sus autores por más culto, quando, 
apóstatas de la lengua castellana, si no es los suyos, ni hay idiomas ni 
frases de que no usen... i Raro prodigio de Ja singularidad en los modos 
de hablar, si no loable, admirable por lo menos, que sepa un hombre 
hablar en castellano y entre sus naturales más obscuro que hablaron en 
latín Persio ni Horacio aun para los extraños desta lengua!'' Recuerdo 
haber leído esta estrofa modernista de un poeta americano, que sola 
ella se basta para probar la consanguinidad del modernismo con el 
gongorismo :_^ 

"En el grávido retrete los cerúleos palimps.estos 

ora lúbricos ebullen, ora lúridos y mestos 
gemen místicas saudades 
o a los féretros de Hades 

van en flébil palinodia maldiciendo sus incestos." 
De aquí que de todos Jos poetas modernistas, pueda decirse lo que 
dijo Rodó de Rubén Darío: que no son poetas nacionales ni populares, 
que son exquisitos y refinados de expresión, nada ó poco afectivos ni 
apasionados, sino individuailes y fríos, que todo lo sacrifican en aras 
de la gracia en el decir y de la novedad en el pensar, que pueden ser 
peligrosos como modelos, y, por tanto, sólo admisibles como excepcio- 
nes. Quiere decir que son plantas raras y exquisitas de estufa para 
que luzcan en regio salón, de las que ni frutos ni aun flores hay que es- 
perar. Armando Donoso, Los nuevos, 1912, pág. 114: "No diré que la 
poesía tendenciosa sea una necesidad artística: lejos de mí tal atenta- 
do contra 'la belleza ; pero tal vez, mientras más se acerque a todo hu- 
manismo más altos vuelos le están reservados, y el mayor poeta, quién 
sabe si será un día aquel que haya penetrado más hondamente en el 
alma colectiva de la raza. Este rabioso personalismo que ha caracteri- 
zado la literatura de la segunda mitad del siglo xix, podrá engendrar 
poetas atormentados hasta la angustia como Baudelaire, poetas sutiles 
hasta la genialidad como Verlaine, ó musicales y objetivos como Rubén 



36 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Darío, pero jamás el tipo del gran creador, del poeta inconmensurable, 
un Shakespeare, un Eurípides, un Goethe." 

Víctor Pérez Petit, Los Modernistas, 1903, pág. 56: "Toda tiranía 
provoca una reacción. El naturalismo se había alzado triunfante sobre 
las ruinas de la ciudad ideal. Sus victimas — los románticos y los par- 
nasianos — , los proscriptos del mundo del arte, no podían sufrir la 
derrota. Por otra parte, los excesos y demasías cometidos por aquella 
escuela, su empuje' avasallador, su despotismo imperante, levantaron 
tin clamoreo de rabia. Y entonces, todos los hijos del Ensueño for- 
maron legión contra los hijos de la Realidad. Una bandera tremoló en 
los aires. Una barricada se levantó en la calle. La lucha estaba empe- 
ñada al fin. Pero como no era posible resucitar muertos, los nuevos pa- 
ladines del idealismo abandonaron sin vacilar las doctrinas románticas 
y parnasianas : éstas no hubieran ya decidido á nadie. Había que hacer 
gTjerra radical y temeraria, para destronar á una escuela que, en su 
día, también había sido temeraria y radical. Y entonces surgió la exa- 
geración como la más pujante, como la más temeraria arma de com- 
bate. La Verdad era el culto de los naturalistas; los decadentes procla- 
maron la Ficción. El análisis era el norte de aquéllos, y éstos escogie- 
ron el del símbolo. Lo real perseguían Jos primeros; los últimos, se 
enfrascaron en lo artificial. Y así, por exageración y contraste, al culto 
de las reglas s.e opuso el olvido completo de ellas; al examen científico, 
el arte enfermizo; á la sinceridad, el ensueño; á lo común, lo excepcio- 
nal. Y la paradoja de Gautier pasó á ser verdad inconcusa: "Para el 
poeta, das palabras tienen en sí mismas, y fuera del sentido expresado 
por ellas, una belleza y un valor enteramente propios, como esas pie- 
dras preciosas que aún no han sido talladas ni engarzadas en pulseras, 
collares y anillos, y que, sin embargo, encantan al conocedor que las 
mira centellar satisfecho, cual lo haría un artífice que calculara una 
joya. No se puede negar que existen pailabras que son diamantes, za- 
firos, rabíes, esmeraldas, y que existen otras como el fósforo frotado, 
y no es pequeña la tarea de saberlas escoger." Esta idea del autor de 
Esmaltes y camafeos, fué extremada por los decadentes : los vocablos 
del idioma, en sus manos evocadoras, se encendieron como farolillos 
chinescos. Así fué cómo se descubrió — por un doble fenómeno mental 
y sensitivo, que convirtió las impresiones del oído en ondas lumínicas 
trasmitidas á la retina — que la palabra aire tiene un color asul, que 
la voz triunfo es de un color púrpura, que mujer es color de rosa, 
violín, completamente blanca, abalorio de tonalidad negra^ etc., etc. ; y 
así se dijo que no sólo los nombres propios tienen un matiz caracterís- 
tico (Esteban Mallarmé dice que Emilio tiene un color verde lapislá- 
zuli), sino también que cada vocal representa un tono distinto. Es 00- 
nccido el célebre soneto de Rimbaud: "A noir, E blanc, I rouge, U vert, 
O bleu, voyelles | Je dirai quelque jour vos naissances latentes. | A, 
noir corset velu des mouches éclatantes | Qui bombillent autour des 
puanteurs cruelles..." Rene Ghil, otro maestro de la secta decadente. 



NATURALEZA DEL MODERNISMO Sy 

presentó un raro Misal — Traite du Verbe — para ofrendar á la nueva 
divinidad. Pero sus impresiones é ideas difieren algo de las de Rimbaud. 
Mientras el autor del Sonnet des Voyelles dice que la letra I es roja, 
la O azul y la U verde^ el poeta de Légendes d'ánie et de sang afirma 
que la I es azul, la O roja y amarilla la U. Vemos, pues, que los mis- 
mos apóstoles del decadentismo no se entienden entre sí, y que en esta 
iglesia hay cismas como en todas las religiones. Por lo demás, esto es 
u:i detalle que no tiene mayor importancia, desde que en el fondo de 
la cuestión no hay otra cosa que el propósito de épater les hourgeois... 
El mismo Rene Ghil, en su Traite du Verbe, dice: "Analizando su 
soberanía, las Harpas son blancas ; y azules son los Violines, desfalle- 
cidos á menudo por una fosforescencia para exagerar los paroxismos; 
en la plenitud de las Ovaciones, los cobres son rojos ; las Flautas, amari- 
llas, modulan la ingenuidad al asombrarse del resplandor de los labios; 
y sordina de la Tierra y de las carnes, síntesis siempre de los únicos 
instrumentos simples, los Órganos completamente negros, lloran..." Es 
dudoso que este párrafo (que puede servir de ejemplo de los extraordi- 
narios galimatías que cometen los decadentes) nos convenza de lo que 
trata de demostrar; pero es indudable, en cambio, que de él, como de 
todo el Traite du Verbe, fluye la idea de que la poesía debe hablar á 
nuestro sensorio y no á nuestro cerebro. Debe hacerse música agrada- 
ble al oído, música que provoque el ensueño, música que arrobe el alma. 
Es lo que dice Verlaine : "De la musique avant toute chose |, Et pour 
cela, préfére l'impair ] Plus vague et pl!us soluble dans l'air | Sans 
ríen en luí qui pese ou qui pose." No es de extrañar, pues, que persi- 
guiendo este solo propósito, se haya llegado á afirmar que Jas voces 
del idioma no deben emplearse en el verso por su significado corrien- 
te ó etimológico, sino por su sonido onomatopéyico y por su color, por 
su ritmo y por sus gestos. En esta hiperestesia musical, los decadentes 
llevan á su período á/lgido la estética de Banville, haciendo de sus es- 
trofas verdaderas zarabandas, dignas de acompañar las danzas sagra- 
das de Haití, con sus sonidos primitivos de tam-tam y sus modulacio- 
nes nasales de kinores hebraicos. Los instrumentistas y los wagnen'a- 
nos (que así se denominan éstos, para diferenciarse de los romanistas, 
delicuescentes y progresistas que dan la supremacía á la línea, al color 
ó al tema excepcional), logran por tal modo componer estrofas que 
son un hacinamiento de palabras sin sentido y sin rei^ación las unas con 
las otras. Otro rasgo distintivo de la tendencia decadente es lo excep- 
cional. Sus cultores — ese enjambre de rubias abejas que zumba en 
la cumbre del Helicona para .libar el néctar de las flores de Apolo—, 
buscan en el alma contemporánea todo lo que ella puede encerrar de 
extraño, raro, sutil, abstruso y anormal. Los sentimientos y pasiones, 
las ideas y principios Comunes y vuilgares, no marcharían de perfecto 
acuerdo con esa estética extravagante y agudísima. La forma aérea, 
musical, llena de irisaciones, cuajada de oscuridades, no puede ex- 
presar sino estados de alma, complejos, abstrusos, desordenados. Y de 



38 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ahí que toda esa literatura resulte, á veces, incomprensible é incohe- 
rente, vibrante y simbólica. "Habéis dotado el cielo del arte — dice un 
autor francés — de no sabemos qué luz macabra; habéis creado un es- 
tremecimiento y un espasmo nuevos." Hay algo de eso, en verdad; 
pero lo cierto es que casi todas esas cosas raras nos resultan ininteli- 
gibles, y que nuestro pensamiento queda extraviado en ese laberinto 
de versos libres, amorfos y musicales. ¡ El verso Ubre ! Francis Vielé- 
Griffin, Gustave Kahn y el Conde Robert de Montesquiou Fezensac^ 
nos han dado numerosos ejemplos de los efectos musicales que obtie- 
nen ail utilizarlo. Porque los decadentes, si bien no desdeñan "la rima 
rica" de los románticos (todos esos consonantes sonoros que titilan 
colgados al extremo del verso como las cadenillas de oro de las escla- 
vas circasianas), y no olvidan del todo "la consonante de apoyo" que 
da más armonía á la estrofa, han hecho todo lo posible por desterrar 
las viejas reglas métricas, descoaluntarudo los hemistiquios vértebra 
por vértebra, y deshaciendo todos los acentos prosódicos que marca- 
ban el compás en Jos augustos alejandrinos clásicos. La frase aérea, 
lírica, diluida, que expresa sentimientos sutiles é indefinibles, encuen- 
tra así un molde adecuado, y se extiende fluida y ligera como un vapor 
de incienso sobre la cailma infinita de una tarde otoñal. Y nada impor- 
ta entonces que el círculo de hierro de la medida y el ritmo pretendan 
contener los desbordes del pensamiento: éste levanta el vuelo como un 
poderoso alción de las tormentas, y sigue el rumbo caprichoso á que 
le arrastre el batir de sus ailas. Entonces vemos un heptasílabo aparea- 
do á un alejandrino yun verso monosílabo seguido de otro de dieciocho 
ó veinte sílabas. Pero sobre toda esa selva desigual, en Ja que los ar- 
bustos se encaraman á los altos troncos seculares, divaga una extraña 
cadencia que alimenta Ja idea de poesía: es la música anhelada por 
estos poetas. Finalmente, haremos notar que la metáfora — que tan 
grande parte tiene en la lírica de los románticos — , es apenas emplea- 
da en los versos decadentes. Las imágenes no surgen en éstos por tér- 
minos de comparación, sino por el sonido propio de las palabras, por 
su color ó por sus combinaciones rítmicas... El decadentismo es, pues, 
la reacción inevitable contra el genio del naturalismo que imperó en 
Francia, y la conclusión obligada de la evolución seguida por la lírica 
desde Víctor Hugo á nuestros días. Todas las reformas á la métrica, 
de este genial poeta, el pesimismo de Baudelaire, las orgías coloristas 
de Gautier, la impasibilidad de Leconte de Lisie, los juegos malabares 
de Banville, la ortografía de Heredia y la musicalidad de Verlaine, 
vinieron en tropel á engendrar una era de decadencia. Y entonces sur- 
gieron los coloristas, los wcgnerianos, los instrumentistas, los deli- 
cuescentes, los romanos y los progresistas — toda esa falange de poetas 
extraordinarios, verdaderos cultores de lo exótico y de lo raro, soña- 
dmes excéntricos que pasean sus sueños por el reino de la Quimera, 
platicando con los faunos y grifos, persiguiendo los gnomos y gorgo- 
nas. respirando el aroma de flores envenenadas, acariciando monstruos 



NATURALEZA DEL MODERNISMO Sg 

fabulosos como manticoros y catoblepas, oyendo armonías de instru- 
mentos á la distancia y embelesándose con las bacantes que cruzan 
desenfrenadas al través de los bosques centenarios ó desmayando de 
ventura ante las pálidas nereidas que rondan por los lagos azules del 
jardín de las Hespérides; — toda esa turbamulta de "Jos nuevos", 
borrachos de sensaciones refinadas y agudísimas, sedientos de clarida- 
des y rumores, espíritus hipnotizados por el genio de las palabras, por 
sus modulaciones arcanas y sublimes, por sus colores tenues y desma- 
yados; que viven en una vibración continua, cual si fueran cristales 
sutilísimos de baccarat heridos por una varita mágica de plata ; almas 
enfermas... cada uno de estos poetas es original, único, y permanece 
aislado en medio á sus compañeros. No hay escuela literaria propia- 
mente dicha, sino manifestaciones particulares. No pertenecen á igle- 
sia determinada, y cada uno oficia en el altar propio de su capricho 
personal, incensando la divinidad y derramando en su loor perfumes 
y ungüentos arrobadores. La frase de Wagner "no imitéis á nadie y 
menos a mí" es la consigna de estos poetas independientes. Y por ello 
cada uno sigue el sendero de sus naturales inclinaciones, aunque todos 
estén de acuerdo en los principios generales. Espíritus abrasados por 
llamas celestes, por amores frenéticos, por lascivias infernales, por 
dolores dulcísimos, por recuerdos legendarios, por filosofías olvidadas 
en los negros panteones de las civilizaciones desaparecidas, no viven 
la vida que nosotros vivimos, y ora resultan contemporáneos de los 
bárbaros que cruzaban en rápidos corceles las planicies del Asia Me- 
nor, ora visten la túnica de armiño de los Aedas atenienses, ya ofician 
á la par de los sacerdotes sálicos, ya filosofan en un tenebroso rincón 
de Alejandría al lado del viejo Ptolomeo Evergetes, ora, en fin, se 
arrojan á los mundos saturnianos, á las Alfas del Centauro, á lo infi- 
nito, á lo desconocido, para deleitarse con el concierto de los soles que 
oían Pitágoras y Timeo de Socres. No debemos confundir, sin embar- 
go, á los decadentes — cuyos principales rasgos acabamos de señalar — 
con 'los simbolistas... Stéphane Mallarmé, el más grande de los simbo- 
listas, resume así toda la teoría: "Nombrar un objeto es suprimir las 
tres cuartas partes del placer que se experimenta adivinando un poe- 
ma poco á poco ; sugerirlo, he ahí el ideal. El uso perfecto de este mis- 
terio es 'lo que constituye el símbolo; evocar por partes un objeto para 
mostrar un estado de alma ó, á la inversa, escoger un objeto y des- 
prender de él un estado de alma por medio de una serie de solucio- 
nes." Esta poesía, verdadera antítesis de la de los pnrnasianos, reviste 
la forma de ensueño, y tiene todos los refinamientos y exquisiteces de 
!as sensaciones más vaporosas é inmateriales. Las palabras pierden su 
forma, su rigidez, su estricta y descarnada representación del pensa- 
miento; y como si una extraña luz las iluminara por dentro, esfuman 
sus contornos, toman morbideces y relieves fugitivos, destellan mati- 
ces y resplandores para tejer, sobre un fondo impalpable, apocalípticas 
aáegorías, brumas emblemáticas, maravillosos bordados de espejismo 



40 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que parecen diluirse en movibles volutas de humo, ó para representar, 
al través de nieblas blanquecinas, reverberaciones de piedras precio- 
sas ocultas en terrenos lacustres y reflejos de astro extraviados sobre 
las ag-uas de los estanques..." 

Desde 1900 se funden las escuelas líricas de Francia; los simbolis- 
tas vuelven á la tradición. Parnasianos: Laurent Tailhade, Robert de 
la Villehervé, Emmanuel Signoret, Claude Couturier. Simbolistas: 
Jean Moréas, Henri de Régnier, Fernand Gregh, Gustave Kahn, Jules 
Laforgue, Franqois Jammes, Charles Maurice, E. B. Constant, Henry 
Muchart, Arthur Simaud. Neo-románticos: Clovis Hugues, Jean Ra- 
loeau, Charles Devennes, Richepin. 

8. El modernismo ^ prurito de novedad. — "Lo nuevo siempre es 
mejor porque es nuevo, sólo por eso." Este dicho de Remigio de 
Gourmant parece haber sido el santo y seña de los modernistas. Por 
lo menos de su título de modernistas ; porque también responden ail 
toque de clarín de Carlos Morice : "Harás todo lo contrario de lo que 
hicieron tus nntepasados." Tal es el principio engendrador de la moda 
en el vestir. El modernismo es lo moderno, lo de la mOda; es la escuela 
cuyo principio estético no es la belleza de los clásicos, ni la expresión, 
único verdad-ero principio del arte, sino la moda, la novedad, lo mo- 
derno. Y como las ideas son eternas y nunca nuevas, el modernismo 
se atiene á la forma, á las palabras y al ritmo, á la renovación con- 
tinua de ritmos y palabras. Así, señoreando la forma al fondo, ila poe- 
sía queda desquiciada, es decadente. Todos los maestros del mo- 
dernismo convienen en ello. "Le rare est le bon", dijo Verlaine. 
Para Paul Hervieu el buen escritor es "el que expresa un pensa- 
miento en los términos más nuevos que haya, desterrando todas las 
frases hechas". "O rinnovarsi o moriré", ha dicho D'Annunzio (Gio- 
vanni Episeopo). Si después de recorrer tan variadas y tan apartadas 
sendas por donde han echado los líricos franceses modernos nos levan- 
tamos para, á vista de pájaro, contemplarlas á ellas y á los que por 
ellas discurren, no podremos menos de cifrar el modernismo en una 
sola fórmula: Ansia de notoñedad. No es hallazgo éste del otro jueves, 
sino de todos los días para el que se pasea por Francia. Los franceses 
viven por la notoriedad y para la notoriedad. La moda es cosa fran- 
cesa; de Francia salen las modas todas, no sólo del vestido, sino del 
juguete, de la industria entera, del arte, de la literatura. Francia es 
el escaparate, los franceses son los corredores y escaparateros de la 
industria, de la ciencia, del arte, de la literatura. La renombrada lige- 
reza francesa acaso no sea causa, sino efecto de este espíritu de* noto- 
riedad que no 'les deja sosegar, que les hace buscar en todo la pose y 
figurar en todas partes. Hasta en religión los franceses, sí no han 
contado con .grandes fundadores de Ordenes como San Francisco, 
Santo Domingo, San Ignacio, han tenido infinidad de fundadorcillos 
y más de madamas fundadorcillas de Congregaciones religiosas que han 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 4 1 

inundado el mundo, porque cualquier devoto, y más si es devota, ha que- 
rido ser un San Ignacio ó una Santa Teresa. Las escuelas literarias 
francesas no responden más que al mismo afán de notoriedad histrió- 
nica. Lo nuevo, lo raro, Jo extravagante, lo que llame la atención, eso 
han pretendido. Y nótese bien : con nada de eso tiene que ver el arte, 
aue sólo busca la belleza, y la belleza es eterna é inmortal, mientras 
que lo nuevo, lo que frappe^ !a moda, es cosa de un día, es Ja carica- 
tura de la belleza, como la niña vanidad, de quien es hija, es contraria 
y caricatura del orgullo fundado y grande. Es espíritu femenino, no 
tiene nada de macho eso de querer figurar, de pirrarse por la moda, 
de no aspirar más que á atraerse 'las miradas de los que pasan. Eso y 
nada más es el modernismo. Quiere el modernista pasar por sencillo 
á la antigua, remedando los trompicones y torpezas de los primitivos 
poetas, siendo un refinado y hastiado de escuelas y de estéticas; desea 
pasar por músico que tañe con palabras ; ansia hacer simbolismos idea- 
les, filosofías hondas. Y ni es filósofo, ni músico, ni primitivo. El caso 
€S dar en cosa desusada. Si en la versificación se ha llegado al extremo 
de refinamiento y se han agotado los recursos, lo único nuevo que resta 
es volver atrás, hacer versos desafinados, cabalgadores, aleluyas de 
muchachos. El ansia de lo desusado llevó siempre, en las épocas deca- 
dentes, á la poesía laberíntica, oscura, que haga pensar, que haya de 
ser descifrada, que necesite comentario. Hay que dar á entender que 
encubren los versos cosas nunca dichas, nuevas ; cuando si el poeta 
tuviera cosas nuevas y nunca dichas que expresar lo que haría sería 
darse maña para ^exponerlas claramente anticipándose á los demás. 
Así fué de oscura y enigmática la poesía^ alejandrina, la romana de 
la decadencia, la gongorina y culterana de España y de Europa entera 
en el siglo xvii. El modernismo es un culteranismo de nuevo cuño; 
pretende la sencillez primitiva^ en vez del refinamiento decadente; el 
descuido pensado del ritmo, en vez del acicalamiento rítmico. Pero, en 
lo demás, las mismas salidas de pie de banco, las mismas figurerías 
deslumbradoras, Ja misma extravagancia y rotura de lenguaje, estilo, 
metáforas y pensamientos. Lo destartalado de los versos en los poetas 
primitivos, sus anacronismos, todos sus defectos, se nos antojan encan- 
tadores por ver en ellos el candor del niño que trompica, pero que se 
empeña en andar. Mas esas mismas faltas, cuando las vemos en los cul- 
tos y refinados poetas modernos, hácennos el efecto de chocheces de 
viejos decadentes que tornan en su edad caduca á la niñez y no pueden 
menos de causarnos compasión, cuando no asco. No es que no sean 
poetas, sino que adrede buscan chocheces y trompican y cojean para 
llamar la atención. Poeta era Góngora, y de los buenos ; pero sus ver- 
sos cultos son execrables. Fuera de esto, hacer sobresaliente poesía por 
los medios ordinarios, con los ritmos comunes, con las comunes voces, 
es harto más dificultoso después de otros grandes poetas que la hicie- 
ren; y como á todo trance hay que hacerse oír, ya que no se pueda 
por el camino trillado prefiérese echar por esos trigos. "Moins curieux 



42 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

d'art qu'affamés de reclame et de notorieté", dijo Brunetiére. Tal es, 
electivamente, el alma del modernismo, bien de manifiesto en aquella 
frase épater le hourgeois. Delirio Jñstérico de notoriedad llamaba 
Mallarmé á la producción literaria de estos tiempos, y sólo él explica 
la muchedumbre de escuelas que en pocos años han ido sucediéndose 
en París, durando cada una lo que tardaba en deshacerse una tertulia 
de poetas en un café en torno de alguno ó algunos más sobresalientes 
por sus novedades y se formaba otra tertulia en torno de otro ú otros 
novadores. La nOyedad era la nota estética que privaba y el medio de 
alcanzar esa notoriedad de los delirantes é histéricos poetas. Ha sus- 
tituido esta tan ramplona idea de la novedad á la idea religiosa que 
creó el arte en cada pueblo á su imagen y semejanza (Brieghman, 
L'Anarchie dans l'art^ París, 1898). Max-Nordau, en Dégcncresc^nce, 
habló de !os parnasianos, diabolistas, simbolistas, decadentistas, este- 
tas, romanistas, instrumentistas ; y no sé cuántas escuelas más, impre- 
sionistas, sensitivistas, orientalistas, los de la "estética de Jos espíri- 
tus", los de la vida interior, los naturalistas, hanse sucedido, hasta 
que "hoy en literatura no hay escuelas, sino individualismo", como 
dijo Gómez Carrillo. A eso llaman egotismo^ y aun dicen que llega á 
tanto que hay autor que sólo lee sus propias obras, hojeando no más 
las de los otros. Los escritores modernistas fueron calificados por Lom- 
broso de simuladores natos, esto es, gentes que tienen la comezón y 
manía de fingir sentimientos y emociones por darlas de raros, excén- 
tricos, desalmados, demoníacos, extravagantes, en una palabra, por 
dar á entender que son unos genios, que no son como los demás. Acha- 
que de artistas en todo tiempo, pero hoy agudo más que nunca, por 
el endiosamiento que ellos mismos han atribuido á los genios artísti- 
cos. Nada más insoportable que el artista, nada más vidrioso, nada más 
vano ni más soberbio. Su megalomanía ha llegado hoy á lo sumo. 
La gloria les emborracha. Dicen que son inspirados de lo alto por algún 
genio ó demonio. Ingenios es como antes se llamaban; esto es, hom- 
bres que nacen con tales ó cuales hermosas cualidades artísticas, in- 
fundidas en ellos al nacer por los genios ó diocesillos paganos que 
equivalían á nuestros ángeles de la guarda. Hoy ya no se llaman in- 
genios, sino genios; quiere decir que son esos mismos diosecillos hu- 
manados hechos hombres. A tanto llega la humana soberbia, que se 
endiosa a sí misma porque así se le antoja. Con este culto del yo, con 
este afán de alardear de dioses, era natural que tirasen á ser origina- 
les, excepcionales. Para ello, como los cueros humanos no daban de sí, 
dieron en estiradlos, en fingir lo que no sentían, en excitarse y hacer 
de los locos, en falsear sus facultades afectivas, en adulterar la ma- 
nera de sentir, para que fuera otra que )la de los demás, y cuando, á pe- 
sar de todo, no lo consiguen, hacen arte enigmático, oscuro, que parezca 
contener dentro eso no común que pretenden aparentar, aunque no 
contenga más que la huera y vana pedantería del que quiere ser lo 
que no puede ser. Torturan el entendimiento para sacar algo sutil y 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 43 

nunca oído; dan garrote al corazón para que exprima alguna sensa-- 
ción jamás sentida; lanzan la fantasía sin freno por países descono- 
cidos, hasta dar con la flor de Lilolá, con aquel tema raro, peregrino,, 
desconocido. Entonces es el atizar el fuego del corazón, que hierva y 
borbotee, entonces el tomar excitantes y bebidas para salir de sí y 
sentir extraordinariamente, de modo que todos estos artistas paran 
en borrachos, alcohólicos, tomadores de éter, opio, morfina, qué sé yo; 
Así llegan á los paraísos artificiales que procuran expresar por medio 
de un arte que no puede menos de ser artificial y tan poco humano^ 
como semejantes visiones, sensaciones é intentos de los tales artistas». 
Luego viene la horma, el molde en que vaciar tan exquisito Jicor: ha- 
de tener las rarezas, las sutilezas del fondo; que exprese, hable y diga: 
por estallidos, á golpes, en rumores, por zumbidos de insectos y fclla- 
jes, por frufrúes de sedas y papeles lo que" no se quiere decir con la 
palabra común y vulgar. Si el artista es vate, entonces los versos tam- 
bién han de ser desusados, estrafalarios, que den golpe, que rompan 
el ritmo impensadamente, que sin dejar de ser versos parezcan prosa,, 
así como si escriben en prosa ha de ser tal que semeje verso. Se desea 
hacer música con la pintura ó con el idioma, literatura con la pintura: 
ó con la música, pintura con :1a música ó con el idioma. El caso es no 
hacer lo que el común de la gentes; sacar, por consiguiente, las cosas- 
de quicio. Ser raros: tal es el intento y tales Jos medios. En suma, la 
vanidad artística que desea á todo trance aparentar como blanco y fin- 
en vez del único fin y blanco del arte: expresar. Ahora bien, la come- 
zón de aparentar falsea el arte en su más honda raíz, empapándola 
de mentira, vaciándolo de verdad, que es su propio fondo. Así se ex- 
plica que no hayan dejado rincón alguno de tiempos y naciones por 
requisar ni piedra por mover. Todo lo revuelven, registran, desentre- 
sijan: cosmogonías, religiones, ritos, santorales, mitologías, heráldica,^ 
símbolos, misterios, ceremonias, monumentos; en Grecia y en Rema, 
en Egipto y la India, en China y el Japón, en el Perú y Méjico. Lo 
mismo les importa Jo pagano que lo cristiano, lo ascético que lo epi- 
cúreo; antes, todo lo barajan: sacro y profano, antiguo y nuevo, feO' 
y hermoFO, divino y humano. Despepítanse más por lo exótico, raro y 
pintoresco que por lo ingenuo, propio y natural; por lo extraño mas- 
que por lo nacional y casero ; por lo aristocrático más que por lo po- 
pular. Apéstales como carroña el vulgo y las gentes comunes. Prefie- 
ren al vivir presente la vieja historia, á la historia la leyenda y á la 
leyenda la conseja. Los libros y monumentos raros les dicen más que 
la vida que sienten en tomo suyo y la naturaleza que 'les rodea. No 
escudriñan el alma humana si no en cuanto tiene de enfermiza ó ma- 
niática en locos, hipocondríacos é histéricos. Ellos mismos s,e fingen 
estarlo, y aborrecen lo humano normal ; créense gavilanes ó palomas, 
ángeles ó demonios, sátiros ó vírgenes. La manía de la exhibición y 
teatralería les metió en el cuerpo la de la simulación y ésta la del' 
enigma. Verlaine y Mallarmé son los dos pontífices. Proteo el primero^. 



44 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (l888-IC)07) 

;a fuerza de bebidas, ora oficia de místico cristiano, ora de sátiro pa- 
gano y carnal, ya se presenta como ángel inmaculado, ya como in- 
munda bestia; Cristo y Priapo, María y Afrodita le inspiran á ratos. 
Mallarmé vuelve al revés el arte, y de la expresión hace la no expre- 
sión ; esconde y solapa adrede, cuando el arte de suyo tiende á declarar 
y descubrir. Sus obras son jeroglíficos, misterio?, tinieblas; dentro dice 
que está lo que quiere expresar; pero como no lo expresa, no hay nada. 
Semejante arte, hermético, debía de quedar inédito. Echar á la calle 
un enigma, un tapujo que nadie ha de descifrar ni desenvolver, es el 
calmo de la necedad. Convertir el arte, que no es más que expresión, 
en cosa que en vez de expresar oculte, es el disloque de la Cocura. 
Lo que en el fondo de todo esto hav es mucha pretensión pedantesca 
y mayor falta de sinceridad artística. Sinceridad es el arte, porque es 
expresión; falseamiento es el arte modernista, moda, por consiguiente, 
•de un día, locura de una noche de orgía. Ya pasó, y no podía menos 
de pasar. Ñoñerías de jóvenes vanidosos. Como si en el momento pre- 
sente no tuviéramos ansia de descubrir verdades, de resolver proble- 
mas, de bañarnos en la fuente de sana verdad, tanto artística como 
científica. Venirnos ahora con vejeces y rarezas, con embustes y ju- 
guetes pueriles, de preciosismos, pastorismos, cuando tanta hambre te- 
nemos de verdad y de sinceridad. Domina lo raro, lo humano se me- 
nosprecia. Pero el arte de los hombres humano ha de ser si quiere ser 
eterno y que llegue al alma de los hombres. Por eso los artistas más 
vigorosos y verdaderos son ajenos á dilettantismos, á modas, deportes, 
cosicosas y tiquismiquis de todos esos enfermizos, decadentes, deli- 
cuescentes y maniáticos jovenzuelos de la ilechigada modernista. Vi- 
ilergas lo ha encerrado todo ello en frase lapidaria: "Lo bueno no es 
nuevo y lo nuevo no es bueno." Juan Valera, Ecos Argentinas, 1901» 
P'i?- 73- "La tal galomanía, cuando se extrema, produce lastimosos re- 
sultados y lleva con gran facilidad y sin sentir á un ridículo amane- 
ramiento. Debemos observar que en la misma Francia este ridícullb 
amaneramiento se da más que en parte alguna. Y la razón es obvia. 
A]\{ el oficio de escritor es muy lucrativo... Quien por versos, por no- 
velas ó por cualquier otro libro, obtiene aplausos de los gacetilleros de 
París, ya puede estar seguro de que venderá de su libro miles y tal vez 
centenares de miles de ejemplares. De aquí el empeño, en la literatura 
francesa más que en ninguna otra sentido, de lo inaudito, de lo extrava- 
gante y de lo raro. De aquí que en lo que no cabe adelanto ni progreso, 
que en lo qiie es permanente y está por cima de las variaciones y ca- 
prichos de la moda, que en la poesía, en su más amplüo significado, se 
inventen en París, cada dos ó tres años, nuevos usos, padrones, cortes 
y hechuras, como tal vez los cocineros de París inventan nuevos gui- 
sos y como los sastres, modistas y peluqueros inventan nuevas formas 
para los trajes, sombreros y tocados. Convertir en artículos de moda 
*los milagros divinos, las creaciones inmortales de las musas, es, á mi 
ver, la más ruin y espantosa de todas las herejías en la religión del 



NATURALEZA DEL MODERNISMO 



45 



arte. A ser hereje de este género puede llevar la afición de la última, 
moda á los más generosos y brillantes ingenios. Dentro de cierto lí- 
mite y refrenado por la prudencia y por el buen gusto, el afán de lo 
nuevo tal vez anime á crear algo nuevo ; tal vez lo extraño, lo exótico,, 
lo peregrino discretamente adaptado á la literatura propia, logre her- 
mosearla con galas y adornos que nunca tuvo, y con los cuales sor- 
prende y enamora. No poco de esto vi yo, noté y celebré en los versos 
y en la prosa del primer librito de Rubén Darío que llegó á mis manes, 
titulado Asui. Mayores alabanzas di aún, y más me agradaron por su 
novedad extraña, los versos que Rubén Daño compuso y publicó en 
Madrid... las Seguidillas, los Centauros y El Pórtico al libro En tropel^ 
de Salvador Rueda... Pero como ya he dicho, el excesivo amor á lo 
francés puede y suele convertirse en galomanía, y hasta llegar á ser 
manía general y completa..., tengo que creer y que decir que hay algo 
de maniático, ó al menos de extraviado en poner por las nubes á per- 
sonajes tan extravagantes como Juan Moréas, Pablo Verlaine, el Conde 
de Santieaumont, Eduardo Dubas, Lorenzo Tailhade y otros á quienes 
nadie ó casi nadie conoce ni tiene ganas de conocer por esta tierra... 
Si raro (en Los Raros, de Darío) es el que tiene una pose ó varias, el 
que para llamar la atención, seguir la moda, ó dar la moda, inventa 
rarezas y extravagancias, yo no celebro á ningún raro. Prefiero reírme 
de todos. Por el contrario, si raro es lo no vulgar, lo no común, rarísi- 
mo es el ingenio, rarísima es la inspiración poética y más raro que 
nada es lo que llamamos genio. De esta segunda significación, algo de 
raro tiene el mismo Rubén Darío, y por esa rareza le he celebrado 
siempre... ¿Por qué, pues, no se contenta con esta rareza? ¿Por qué 
busca también la otra para sí, y en los demás la celebra? Esto es lo 
que yo critico, y esto es lo que me infunde el recelo de que pueda ex- 
traviarse Rubén Darío... Yo no niego que, en cada época, hay tenden- 
cias y corrientes distintas de las anteriores. Lo que niego es que deba- 
nadie buscar la corriente ó la tendencia para lanzarse en ella, preme- 
ditada y reflexivamente. Si tal hace, se expone á caer en lo amanera- 
do, afectado y falso. Si cae en la tendencia ó en la corriente, porque 
no lo puede evitar... todavía será lamentable que se deje arrastrar, si 
la corriente es mala; pero aun así, y arrebatado por ella, podrá ser el 
cantor natural y sencillo." Del lenguaje de los escritores modernistas 
y de otros que sin pretenderlo lo son, porque se les pega á causa de la 
ignorancia del castellano, hay que decir una cosa harto notable : que- 
es un castellano particular de ellos y para ellos, empedrado de epítetos 
y voces imitadas del francés ó derivadas, como eí diablo les da á en- 
tender, del castellano usado, del latín y aun del griego, tres idiomas que 
no conocen. Pero lo bueno es que esos señores, alardeando de me- 
nospreciar el material lingüístico, diccionario y gramática, medio bien 
socorrido para no estudiarlo, no hacen más que rebuscar todas esas 
palabrillas y forjarlas á su talante y aun consultar á los que saben 
griego, latín y castellano, de solapa, por supuesto, y devanarse la se- 



46 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sera para volver al castellano las que en los poetas franceses les en- 
cantan y les tienen sorbido el seso. Juran y perjuran que del lenguaje 
:no hay que hacer caso y aun que hay que emplear el corriente y mo- 
liente, sin matarse por ser castizos, que no quieren voces muertas, 
sino vivas y actuales. Y con todo, sus voces, bien reterrebuscadas, sólo 
•tienen de vivas y actuales el usarlas ellos solos. Las gentes no entien- 
den semejante palabrería gálico-latino-helénica, ó si la entienden no 
les hace mella; pero ellos con ella se saborean y andan todo el día á 
•caza de rarezas, diciendo al mismo tiempo que del lenguaje no hacen 
vcaso. Tan cierto es que el pintor no puede desentenderse de los colo- 
res de su paleta, ni él escritor del lenguaje que le sirve de instru- 
mento. Acerca de lo extranjerizada que á principios del siglo xx se ha- 
llaba España y de las extravagancias modernistas, trató Bonilla en 
Im Hostería de Cantillana (1911); véanse muestras. Sólo en la carrera 
de San Jerónimo un cartel de teatro anunciaba : II Padrone delle Fe- 
rriére; en otro se leían : soirée fashionahle, rendez-voiis, great atrac- 
tion, clown. En los rótulos de tiendas nombres como Riley^ Landauer, 
Prévot, Poucet^ Cuzzani, Gucsnu, Convré, Péant^ Cook, ChristopJiie, 
Lhardy, Getheu Kribbcn; burean, antiquités^ buffet, restaurant, La 
Parisienne, New England, High-Life^ Continental-Expr^ss, Tourist- 
Office, Perfumería Inglesa^ Platería Inglesa^ Cervecería Inglesa. En 
la librería de Fe podían (leerse libros con títulos como Alma de imbécil 
(Novela experimental) : "Enrique presentaba el aspecto de un loco 
larvado histérico-epiléptico, cuyo sistema nervioso sensitivo ó perifé- 
rico funcionaba rápida y turbulentamente al asimilar la energía del 
.gran venero en donde se guarda y distribuye la fuerza cósmico univer- 
sal: era su locura traumática, tóxica, si se quiere..." Rastros (ensa- 
yo de novela) : "Cap. I. El Five o'clock-tea. Gloria abandonó el salón 
rojo y se dirigió al salón azul; pero al llegar al salón azul, echó de me- 
Jios algo que se había dejado en el rojo; volvió cd salón rojo, abriendo 
para ello la puerta que con el azul comunicaba, recogió un lindo abanico 
japonés que estaba sobre el piano, y empujando otra vez la puerta del 
. salón rojo, entró de nuevo en el salón azul." Luz Mundi (Ayes y Gritos) : 
"¡Yo vengo del País donde el Sol brilla! ¡Yo traigo en el Cráneo su 
Luz! ¡Dejadme hablar! ¡¡Dejadme hablar. Hombres Partículas!! Pe- 
.ro... ¿qué digo? ¿Seréis acaso dignos de escuchar mi Palabra? ¿Seréis 
merecedores de que irradie sobre vuestras almas la divina Llama que 
^rde en mi Cabeza ?" Cuentos negros : "De la casa salía un olor á baldo- 
sas recién regadas, y del campo emanaban bíblicos efluvios. El paisaje, 
vago de color, abstracto de luz, febricitante de claro obscuro, se esfuma- 
ba en brumosas lejanías..." Canturías {Auto-historias) : "Yo, echado en 
una chaise4ongue, sentía arder en mi cabeza los vapores del vino, en 
xse estado de semi-inconsciencia que recuerda los sueños del hatchis; 
ella, desceñida, reclinaba la cabeza sobre mis hombres y recibía con an- 
-sia el hálito de da noche, que se filtraba por las persianas de la serré para 
;acariciar las formas de su cuerpo, ebúrneas, espléndidas, vibrantes. 



EL MODERNISMO EN AMERICA Y ESPAÑA 47 

cual si quisiesen moduHar los arpegios de un himno de lascivia." Re- 
beldía: "Estoy, por tanto, en mi derecho, al no creer en la moral his- 
tórica y al afirmar que el Evangelio, como basado en ella, es una farsa 
indigna. El robo es más humano que el ayuno, y en su consecuencia 
más explicable y más defendible; el asesinato es más humano que la 
oración, y en su consecuencia más digno de una ley que lo regulle. 
Ko extrañe, pues, á nadie esta mi declaración: al primero que me tro- 
pecé por delante, le robo y luego le asesino." Meteoros psicológicos {ver- 
sos) : "Menudas gotas de lluvia, | van cayendo, van cayendo, | van 
mojando, van mojando, | van mojando el seco suelo; | van cayendo y 
van mojando, | van mojando y van cayendo... | ¡ ¡ También las almas 
se mojan!! | ¡¡También se secan los pechos!!" Caja de colores {ver- 
sos), con Pórtico^ Liminar, Vestíbulo y Epilogal: "Cuando hables con- 
migo, I no me hables diciendo | las mismas palabras | que modula el 
demos; \ sollámente palabras ebúrneas | en tus .labios quiero, | como 
aquellas que Pythia en el trípode, al magno conjuro | pronunciaba en 
Delphos", poesía titulada en griego Kctvtúv, la cual dice adelante: 
"Dame, hermosa, un abrazo aromático, | caríbdico, intenso, | que estre- 
mezca las cuerdas del raquis, trocándola en lira | de atáxico Orpheo." 
En cambio los libros que tratan de literatura castellana, que la estu- 
dian y admiran, sobre Cervantes, Juan Manuel, Calderón, Ercilla, 
Berceo, Macías, Hurtado de Mendoza, Tirso, Arcipreste de Hita, Lá- 
zaro de Tormes, eran todos extranjeros: J. Fitzmaurice-Kelly, Baist, 
Morel-Fatio, Ducamin, Fitz-Gerald, Rennert, Foulché-Ddlbosc, Fari- 
relli, E, Mérimée, Rouanet, De Haan, etc., etc. 

9. Entrada del modernismo en A^mérica y España y la 
llamada generación del p8. — Cada cosa crece y medra con aque- 
llo que le dio el ser. La Enciclopedia y las ideas francesas fue- 
ron las que apartaron de España a las flamantes Repúblicas 
americanas. Criada aquella juventud durante un siglo, por la 
anayor parte de sus más ilustres pensadores, en el cariño de 
las ideas francesas y en el odio de España, así como en todo 
«el siglo XIX no pudo crear América un arte nacional, así á fines 
•de él, hubo de encapricharse más y más por el arte pari- 
-siense, con la novela naturalista primero, mayormente en la 
¡Airgentina, donde el espíritu francés predominaba sobre el 
espíritu español; después y sobre todo con la lírica mo- 
■dernista. Atisbos se hallan ya en los grandes poetas naci- 
-dos en las regiones centrales del Nuevo Mundo, más in- 
clinadas al arte matizado y poco chillón, en Díaz Mirón y Gu- 
tiérrez Niájera, de Méjico; en Asunción Silva, de Colombia; en 



48 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Julián del Casal, de Cuba. Pero, sobre todo, Rubén Darío, de 
Nicaragua, como más universal poeta, con su extraordinaria 
facultad de apropiarse cuanto hallaba a su paso, supo tomar las 
varias tonalidades del parnaso y del simbolismo francés, fra- 
guando una manera muy personal, deslumbradora, ligera y mo- 
derna, que ofreció como dechado de imitación francesa en Azul 
(1888) á la juventud americana, ganosa de novedades parisien- 
ses. Remedáronle en toda América los jóvenes, sobresaliendo 
Lugones en la Argentina y Herrera Reissig en el Uruguay, 
entre la turbamulta de portaliras que por doquier brotaban, in- 
festando la lírica castellana con todo linaje de extravagancias y 
enturbiando con neologismos el habla castellana. Diez años tar- 
dó en llegar la moda a España, donde la tradición realista ha- 
bía tan fuertemente arraigado que daba a la sazón como últi- 
mos frutos la literatura regional. Pero un acontecimiento in- 
esperado abrió de repente las puertas al arte parisiense, sobre 
todo en la persona de Rubén Darío, que por manera tan há- 
bil lo había convertido en castellano. La pérdida de las colo- 
nias (1898) es el año en que podemos decir llegó el modernis- 
mo a España. Unos cuantos jóvenes escritores, aleccionados por 
la Institución lihi-e de enseñanza^ habían criado en sus pechos 
odio mortal á la tradición española y al espíritu cristiano que 
la había informado, entregándose á poco, en cambio, á la lec- 
tura del acérrimo enemigo del Evangelio, Federico Nietzsche. 
La pérdida de las colonias, lo que ellos llamaron el desastre^ 
•vertiendo maJlamente la débácle francesa, antojóseles, según 
estas doctrinas que bullían en sus cabezas y sentimientos 
que acariciaban en sus corazones, como plena confirmación 
de ellos, como consecuencia necesaria de la manera de ser y 
del espíritu de la vieja España. Airados y echando fuego 
por los ojos, irguiéronse en medio de la sociedad española y lan- 
zaron inapelable anatema contra toda la tradición, juraron des- 
truir cuanto aquí se había hecho durante siglos, condenaron como 
falsa leyenda todas nuestras antiguas glorias y condenaron á 
los españoles como incapaces para la cultura. Un descorazona- 
miento extraño cayó sobre toda la nación. Horrible abatimiento 
de ánimo en las desgracias nacionales, odio implacable á todo lo 
tradicional español, como causante de ellas, ansias desapoderadas 




LA GENERACIÓN DEL 98 

(Por hernaiido Marco.) 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA 49 

de europeizarlo todo, de modernizarlo todo : tales fueron los senti- 
mientos que la pérdida de las colonias despertó en aquellos jóvenes 
amamantados en las doctrinas antiespañolas de la Institución 
libre de enseñanza. Uno de ellos, Azorin^ el más perseverante 
propagandista de tales doctrinas, nos ha puesto 'bien al descu- 
bierto la raíz de ellas, al escribir en son de alabanza: "El es- 
píritu de la Institución libre ^ es decir, el espíritu de Giner, ha 
determinado el grupo de escritores de 1898." {El Paisaje eti 
España^ pág. 163.) Estas ansias de lo nuevo de fuera, esta co- 
miezón de modernizarse, explica en el arte la llegada del mo- 
dernismo. La soberbia con que pretendían ser los salvadores de 
España y con que se creían ser los primeros que durante siglos 
de historia española, bochornosa^ habían abierto los ojos á la 
verdad y á la verdadera grandeza humana, explica la pedante- 
ría con que los poetas modernistas y los modernistas prosado- 
res se creían llamados a enterrar para siempre el arte español 
pasado, inventando un arte nuevo, único y verdadero arte. Hin- 
chados de este tufo de hombres privilegiados, encaramáronse 
en su torre de marfil, despreciaron al vulgo y aristocratizaron 
su literatura, sutilizándola y oscureciéndola para que sólo fue- 
se entendida por un grupo selecto y refinado. Así tradujeron 
al arte la frase de Costa, "Hay que echar doble llave al sepul- 
cro del Cid", rompiendo con todo lo tradicional, en el arte con 
el realismo, y volando por las nubes de un más simbolista y 
enigmático idealismo que el de la época culterana y que el de 
la época romántica. Movimiento político, ético y artístico á la 
vez, extranjerizo, revolucionario y pedantesco. De aquellos in- 
fatuados intelectuales^ como se llamaron, hay que decir con Lope : 

"O sabe naturaleza 
más que supo, en estos tiempos, 
ó muchos que nacen sabios 
son porque lo dicen ellos." 

La generación del p8 se han llamado á sí mismos aquellos 
jóvenes escritores que descorazonados por el que llamaron desas- 
tre^ pretendieron revisar los valores, entre ellos los literarios, 
y que con el menguado lastre de lecturas francesas y entero 
desconocimiiento de la historia patria, cargaron la culpa a to- 

TOMO X. — 4 



50 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

dos los varones más grandes de España, desecharon el arte 
nacional, mofáronse de las proezas del Cid y demás héroes y 
quisieron hacer borrón y cuenta nueva. En vez de ahondar en 
el alma española y en las obras nacionales para hacer una crí- 
tica seria, condenáronlo todo a bulto, volvieron sus ojos al 
otro lado de los Pirineos y clamaron : europeización. Con increí- 
ble fatuidad creyéronse los primeros que habían nacido con ta- 
lento en España. Eran literatos, condenaron toda la antigua li- 
teratura española, y diéronse á traer en manojos y á brazadas 
la literatura que á la sazón privaba en Francia, el modernismo. 
Ni siquiera se percataron de que sus anhelos de renovación, pero 
nacional y discreta, venían proclamándolos ya antes de ellos y 
no sólo destruyendo lo viejo malo, sino edificando lo bueno 
nuevo, Joaquín Costa cuanto á la economía nacional y cuanto 
al estudio del alma española; Menéndez Pelayo cuanto á la li- 
teratura y filosofía, haciendo revivir la antigua cultura menos- 
preciada desde fines del siglo xviii ; Ixart y Clarín renovando 
la crítica; Galdós y Pereda, resucitando la nacional novela rea- 
lista; Castelar, Pí y Margall, Salmerón, Cánovas, desbrozan- 
do el campo de la política. Ellos creyéronse más altos genios 
que todos estos varones, despreciáronlos como á viejos y pu- 
siéronse, una vez echado el candado al sepulcro del Cid y ce- 
rrada la historia literaria española, á edificar por su cuenta. Los 
principales de esta generación del 98 fueron Azorín^ Ramiro de 
IMaeztu, Unamuno, Manuel Bueno, José Ortega Gasset, Pío Ba- 
roja, Valle-Inclán, Marquina, los modernistas todos. A la acla- 
mación nacional de 1905 en pro de Echegaray, premiado con el 
premio Nobel, respondieron con una manifestación condenando 
su teatro como poco natural y demasiado artificioso, y procla- 
mando su arte modernista, que ciertamente es más artificioso, 
menos natural, y, por de contado, harto más desleído y blanden- 
gue. En vez de echar la culpa del desastre á la política oligár- 
quica, liberalescojacobina, verdaderamente absolutista, entroni- 
zada en España por los afrancesados de las Cortes de Cádiz, y 
remachada por los hombres que tras la farandulesca revolu- 
ción del 68 tuvieron la sartén por el mango, esto es, en vez de 
culpar á la política antiespañola venida de Francia, y de ahon- 
dar en la historia del pueblo español y de sus democráticas ins- 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA 5 I 

tituciones y carácter independiente, como los grandes pensado- 
res Costa, Ganivet, Picavea, Picatoste, etc., volvieron otra vez 
los ojos al extranjero y con mayor ahinco quisieron hacer añi- 
cos todo lo español para europeizar y desespañolizar a España, 
según las doctrinas de la Institiició)i libre. Bebieron en las in- 
teresadas fuentes inglesas y francesas las falseadas noticias so- 
bre la historia de España, o sea la Leyenda negra; comenzaron 
á despotricar contra la historia, el espíritu, la tradición y nues- 
tras cosas todas ; arrimáronse más y más apiñados a la Institu- 
ción Libre de Enseñanza, cuyo fin es desespañolizar y descris- 
tianizar á España, y echando mano de la picota, como verdade- 
ros iconoclastas^ que han sido llamados, emprendieron la triste 
empresa de echar abajo hasta sus cimientos la España históri- 
ca y tradicional, pregonando que no solamente hasta entonces 
no habíamos servido jamás para nada los españoles, sino que 
hasta éramos incapaces de valer para nada en adelante, porque 
éramos de raza inferior, parientes de los moros 'berberiscos. 
Mozos desalentados, sin valor para cosa de provecho, sin ma- 
nos para la acción, aunque infatuados y llena la cabeza de que 
hasta que ellos nacieron nada bueno había brotado en esta cui- 
tada España, no valieron para la política ni para cosa que pi- 
diese manos y aliento. Refugiáronse en los libros, digo, en las 
revistas) francesas, embriagáronse de las modas literarias de 
Francia, que les traía el Mercurio de última hora, y los que ha- 
bían tachado de perezosos, quijotescos, vanamente idealistas y 
teóricos á todos los españoles de los siglos pasados, creyéronse 
llamados a levantar a España ensartando en versos y prosas 
lindas palabritas sonadoras, de un parnasianismo de segunda 
mano, soñando simbolismos hueros, remilgándose en baños de 
poesías delicuescentes, haciendo, en una palabra, pura literatu- 
ra palabrera, de chochez senil, de afectación decadentista. Su 
desaliento, su falta de voluntad no podía dar otro fruto. A esa 
afectada y decadente literatura, de pura forma o palabrería, 
llamáronla los españoles, en son de mofa, modernista, esto es, 
que sólo pretendía la novedad efímera de última hora, la moda 
francesa, el dar golpe con palabritas, lo raro, lo nuevo, lo ex- 
travagante y no común, lo desusado, lo moderno. Mozos ave- 
jentados y chochos á los veinte de su edad, de alma caída, de 



52 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

brazos quebrados, en vez de alzar una España nueva por la 
acción, sólo consiguieron por la palabra, con jeremiadas pueriles, 
abatir los ánimos de las gentes. Jamás se vio tal postración de 
espíritu en todos. El alma nacional dijérase evaporada y des- 
aparecida. El modernismo literario o extranjerismo de esta abú- 
lica juventud puso en todos ansia de lo extranjero, mejor dire- 
mos, estragó todo gusto, estranguló toda ansia y anhelo, y de- 
iando vacía de espíritu nadional á España, invadióla lo extran- 
jerizo en todo, en la literatura, en las artes, en el mueblaje, en 
el vestir, en el comercio, en las empresas de todo género, en 
el lenguaje. Sólo estaban de moda los usos, costumbres, artes 
y palabras extranjeras. En los libros y en los rótulos de casas 
de comercio ó de empresas industriales leíanse más voces ex- 
trañas que españolas. Así el modernismo ó extranjerismo pasó 
de la literatura á todo el vivir nacional. Tal es la gran hazaña 
de la generación del 98, que todavía se alaba de ella ; tal el mo- 
dernismo, su propia obra. Los que todavía conservaban algo 
del espíritu nacional, gente machucha ó vieja, alzáronse contra 
los modernistas y el modernismo, traspasando á veces las lin- 
des de la ecuanimidad, menospreciándolo todo á bulto; pero 
harta razón les asistía. El modernismo nunca llegó del todo á 
triunfar y vióse presto abandonado por los mdsmos que lo de- 
fendían. El arte castizo sobrepúsose y arrastró á los más ex- 
tranjerizados, que hoy apenas guardan rastro de aquella moda 
pasajera, infecunda por su propia caducidad y ridicula por. su 
antinatural afectación. De ella hubo elementos sanos que al arte 
tradicional se incorporaron ; los demás fueron blanco de chaco- 
ta y escarnio. Pero mientras duró aquella borrachera del mo- 
dernismo, ¡qué batahola de poetillas lilas y glaucos portaliras 
asaltaron revistas y periódicos é inundaron los escaparates de 
versos estrafalarios, de líneas que parecían versos, de seudocríti- 
cas literarias, de prosas enrevesadas, de sandeces de todo jaez ! 
Diríase que la poesía castellana se había hecho toda ella moder- 
nista y que la manera tradicional iba á quedar olvidada para 
siempre. La moda fué, sin embargo, tan pasajera, que ape- 
nas puede señalarse el año en que llegó ni el año en que desapa- 
reció. Pasado aquel estruendo hallamos que solos dos ó tres 
poetas verdaderos rindieron culto á la escuela. Ramón Jiménez, 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA 53 

Marquina, Monterrey, Pérez Ayala; los demás fueron tan os- 
curos poetas, que nadie se acuerda ya de ellos. Verdad es que 
la mayor parte de los poetas jóvenes de nombradla rindieron 
parias a la moda con algunos versos ; pero siguieron su propia 
inspiración y camino, abominando á poco hasta del calificativo 
de modernista. En la prosa introdujo el modernismo el mismo 
Rubén Darío con Los Raros, y Valle Inclán con sus novelas. No 
hizo menor riza la moda en los jóvenes prosadores improvisa- 
dos ; pero los que hablan de tener personalidad literaria f uéron- 
se curando poco á poco de aquella lepra ó á pesar de ella fueron 
grandes prosistas por otros conceptos, como Valle Inclán y Azo- 
rín. Gloriábanse de que, asi en el verso como en la prosa, ha- 
bían desatado y desanqiulosado la rigidez de la métrica y la 
tiesura del idioma. Vanas fanrt:asias, puesto que en el verso 
no trajeron otra novedad que la de resucitar metros viejos, de 
origen francés, en la forma destartalada de la época medieval, 
y la de desquiciar los versos conocidos, ahorrándolos de cesu- 
ras y convirtiéndolos á menudo en pura prosa; y cuanto al de- 
cir, poético ó prosaico, emporcáranlo con todas heces de neolo- 
gismos gálicos, latinos y helénicos y con derivados nuevos in- 
necesarios y mal formados seg-ún la Índole del idioma. 

Y, sin embargo..., á pesar de todos los pesares, con todo 
este montón y este diluvio de vituperios que acabo de lanzar 
contra el modernismo, hay algo que el modernismo trajo, que 
los más lo sienten y no lo aciertan a expresar. Hay un afina- 
miento de la sensibilidad estética, un arregosto del alma en la 
belleza, una ansia de gozar estéticamente, un pío por sentir y 
un prurito y cosquilleo en lo ya sentido, que no parece sino que 
el dios Apolo bajó acá entre nosotros. Escritores y hasta poe- 
tas conozco que nada de esto sintieron durante aquellos días 
modernistas; acaso huyeron, como de la peste, fuera del cerco 
de aquella atmósfera. Yo, que juzgo tan duramente el moder- 
nismo como el que más, no quise huir, quise averiguarlo todo, 
sentirlo todo. Y lo sentí. Metíme entre los jóvenes modernis- 
tas. Reíame, para mi solapa, de sus rarezas ; pero sentí con ellos 
el furor estético. Aquella fué una temporada muy parecida 
á la del romanticismo. Sino que en la época romántica se go- 
zaba con la fantasía recordando ó fantaseando las épocas pa- 



54 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sadas medievales; en la modernista se gozaba con sensaciones 
íntimas de lo presente. La lírica era más íntima, no miraba á 
lo objetivo histórico, sino á lo presente subjetivo. Era una cu- 
riosidad inquieta y desasosegada que buscaba en todas partes 
motivos afectivos. Las artes todas diñase que se habían juntado 
y compenetrado, merced al procedimiento wagneriano. Los poe- 
tas, no sólo inquirían temas poéticos y eso más para sentir ellos 
mismos que para comunicar á otros su sentir, y los buscaban en 
la realidad presente, más bien que en la realidad ó en la fanta- 
sía histórica, sino que á la vez querían gozar de las demás ar- 
tes : querían comprender y gustar de la pintura, de la escultura, 
de la arquitectura, de la música. Sentían un hambre nunca sa- 
ciado de todo género de sensibilidad artística. Entonces descu- 
brieron lo que era el Greco, Velázquez y Goya; dieron en la 
fuerza expresiva de Beethoven y Wagner : gozaron del estilo ar- 
quitectónico románico, gótico, plateresco, bizantino y hasta egip- 
cio. Eran aficionados á todas las artes y en todas buscaban mo- 
tivos sensacionales. El afinamiento de la sensibilidad, el hondo 
sentimiento de todo lo que ofreciera huella de algo humano, la 
aplicación del "Hombre soy y nada de lo que al hombre atañe 
me es extraño", era lo que había en el fondo del modernismo 
y lo que de él nos ha quedado. Los poetas y artistas anteriores 
á aquella época no sentían esa ansia generosa de admirar, de 
arrobarse, de compenetrarse, de sentir toda obra de arte. A ve- 
ces nos figuramos al Greco, á Goya, á algunos otros, comidos 
de esa comezón que nosotros sentimos. Es que la sentimos 
nosotros y la suponemos en ellos. Yo creo que ellos no la tu- 
vieron, que ni siquiera la tuvieron los románticos. Es algo nue- 
vo, es lo que el modernismo trajo al arte. Claro está que hubo 
mucho de afectar tal comezón entre los que buscaban, no el 
arte sino la vanagloria del arte ; que hubo mucho de pose, de 
postín, de teatralería y escaparate, mucho de aparatero, como 
bnbo muchos, los más, que deseaban ser poetas y no lo eran. 
Pero eso mismo indica que esta nueva ansia irradió por todas 
partes, embebió hasta al aire que se respiraba y con el aire la 
")ebían las gentes menos sensibles y de más seca condición. De 
aquí aquel pretender buscar sentidos ocultos y misteriosos en 
las cosas y trasponer la supei'ficie y corteza ansiando ensimarse 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA 53 

en el hondón de los seres, donde se pensaba hallar la verdade- 
ra poesía de ellos. Dfe aquí aquel impresionarse con la vista del 
campo, con la lectura de un libro, con la contemplación de un 
cuadro, de una estatua, de un monumento y los géneros nue- 
vos en literatura de la crítica impresionista y de la pura des- 
cripción de la naturaleza, no ya á la manera prolija, pesada y 
seca del naturalismo, como quien hace la estadística al micnu- 
deo de cuantas cosas ve, sino buscando en ellas el reflejo fugi- 
tivo del momento, de la hora, de la estación del año, del tiem- 
po que por ellas se resbala, del ritmo de la vida y del trabajo, 
del continuo mudarse, de la fluidez de lo caduco y aparencial 
6 todo ello como símbolo del estado del alma del poeta. De aquí 
aquel mezclar las artes y querer hacer música con los versos, 
descripciones con la música y pintura con cubos, sacando las 
artes de quicio : especie de locura, muy reprobable, pero que 
tiene la misma excusa que la locura desatada y el hervor des- 
apoderado de la juventud en sus primeros tanteos, cuando no 
habiendo todavía dado con su propio camino, revuélvense de 
todos lados, miran á una parte y á otra, y á la vez que dispara- 
tan de lo lindo, dan muestra de envidiables facultades, que han 
de producir excelentes frutos con el tiempo, cuando la dema- 
siada pámpana caiga, se asiente el juicio y se sedimente la ebu- 
llición. Yo, pues, que sentí el míodernismo y lo viví con los jó- 
venes, no puedo rechazarlo enteramente y á bulto, como lo re- 
chazan muchas personas, acaso demasiadamente sensatas. En 
teoría, la escuela es falsa como decadente ; en la práctica, mer- 
ced a aquel movimiento extraordinario de los sentimientos ar- 
tísticos, muchos jóvenes despertaron á la vida del arte, la sen- 
sibilidad estética se afinó, se generalizó el ansia de lo bello ar- 
tístico, el arte se levantó del fango naturalista en que vacía y 
tomó vuelos más ideales y poéticos ; el tinte grotesco de la lite- 
ratura bastante chabacana a la sazón desapareció, tomando su 
lugar la delicadeza, a lo chillón sustituyó el matiz ; á la ordina- 
riez, lo exquisito ; á lo vulgarote, lo aristocrático ; á lo común y 
adocenado, lo elegante y selecto. Se pasó, en todo ello, de la 
raya; pero hoy ha vuelto el arte á su justo medio, arreado con 
las nuevas preseas que de aquellas descabelladas aventuras tra- 
jo consigo. En suma, el arte español ha salido ganando algo 



56 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907), 

de aquella revolución venida de Francia, y ese algo, fruto del 
modernismo, débese muy particularmente al gran poeta Rubén 
Darío, y no poco á Valle-Inclán, Benavente, Martínez Sierra, 
^Azorín^ Marquina, Ramón Jiménez, Pérez Ayala, Andrés Gon- 
zález Blanco, los dos Machados y á otros escritores y poetas 
que en aquella época se formaron y aun rindieron parías á la 
moda, sacando de ella las hermosas cualidades artísticas que 
les enaltecen ó, por lo menos, refinándolas y acendrándolas me- 
diante aquel baño modernista, al cual creo yo que deben su ex- 
quisita é impresionable sensibilidad. Que tal fué, á lo que yo 
entiendo, el verdadero y excelente fruto del modernismo. Esta 
admirable cualidad artística de la sensibilidad fácilmente im- 
presionable vino, con el modernismo, de Francia, donde siem- 
pre floreció. Son tan refinadamente impresionables los escrito- 
res franceses, que a menudo pecan por exceso, y así dieron en 
el decadentismo artístico, que no es más que un refinamiento 
de la sensibilidad y de su expresión por medio del arte. 

10. José María Salaverría, La Afirm. esp., 1917, pág. 20: "En 
estos últimos años una institución (la libre de enseñanza) un tanto 
misteriosa, había proporcionado los medios de viajar á bastantes jó- 
venes estudiosos ó que pretendían estudiar. Con rarísimas excepciones, 
esos hombres han vuelto á su patria notablemente despectivos; han 
temado del extranjero las ideas más cosmopolitas é internacionales, 
lían vuelto más blandos y más inciertos. Respecto á España, ante el 
atraso de España, sienten esa vergüenza de los arrivistas cuando tie- 
nen que presentar su madre á los amigos; quisieran que su pobre y 
humilde madre no existiese... DI español no solamente se niega á sí 
mismo, sino que se desprecia. El tono despectivo está de moda entre 
nosotros ; de las esferas intelectuales ha descendido al campo del vul- 
go y del pueblo... El escritor, atiborrado de lecturas y visiones extran- 
jeras, vierte en gT ánimo de sus lectores la idea de la inferioridad casi 
irredimible de la sociedad española. Estos escritores suelen dejarse 
fecundar, como espíritus femeninos, por la impertinencia y la jactancia 
del extranjero, y cuando retornan á su patria están virtualmente ga- 
nados á la causa enemiga. Porque el europeo (lo que en cierto sentido 
histórico y cultural llamamos europeo) siempre es enemigO' del ser y 
de la tradición de España... Nuestro parlanchín ó pedantesco intelec- 
tualismo busca fuentes de información en París y Londres, y vuelve 
con la mente emponzoñada... El bizarro y gesticulante romanticismo 
del 98 era bastante más egoísta y jactancioso que el del año 30. Los nue- 
ves románticos creían en Nietzsche como en un profeta, y aseguraban 



EL MODERNISMO EN AMERICA Y ESPAÑA ^7 

que cada uno de ellos poseía la fuerza, la dignidad intelectual, la ener- 
gía y el saber en una cifra infinitamente mayor que todos los espa- 
ñoles anteriores; en cambio España carecía de nervio, la nación era 
una ruina, el Estado un espantajo- Cada uno de los innovadores se 
asignaba todas las virtudes y excelencias y reservaba á la nación to- 
das las disminuciones. Y cada uno, en fin, erigíase en futuro salvador 
de España. No hay noticia de otra época en que la petulancia meridio- 
nal haya conseguido un tono tan vasto y pronunciado. Así nació el 
grupo de escritores, artistas y políticos que se llama la "generación 
de)l 98"... Llevando en su cuerpo la gangrena antipatriótica, los inno- 
\ adores estaban condenados á deshacer en sus propias manos lo poco 
de nacionalidad y de patria que restaba en España. Tal vez lo compren- 
dieron así expresa ó instintivamente, y ello explica la especie de que- 
jumbre y de pesimismo que vaga por todas sus obras... La crítica es- 
pañola tuvo al principio cultivadores de talla y responsabilidad. Joa- 
quín Costa, Ganivet, Macías Picavea, por ejemplo. En seguida llegó la 
hueste turbulenta de los demoledores, los paradojales, los irrespetuosos 
y los impacientes. Fundábanse revistas y periodiquitos revolucionarios, 
cerno aquella Vida Nueva, campeón de todas las negaciones... Fallaron 
que todos los españoles que vivieron antes eran unos desdichados es- 
tultos. Esto explica la furia iconoclasta que se apoderó de ellos... En 
los primeros hombres, como Ganivet, la protesta tenía un sabor inter- 
no, sincero, propiamente español; procedían de dentro para afuera... 
Apenas enmudeció Ganivet, los jóvenes reformadores (levantaron el 
grito, inventaron gestos, tiraron anárquicas bombas contra todo lo 
imaginable. Estos procedían al contrario, de fuera para adentro. Eran 
lectores de la última revista de París, del último drama de Ibsen, de 
las novelas rusas y del abrasado Nietzsche... Llenos de erudición pari- 
siense, insuflados de soberbia y modernismo, pusiéronse á juzgar á 
España con un criterio extranjero... Entonces se formalizó la enfer- 
medad del masoquismo nacional, que importaba, como se sabe, el gus- 
to patológico de hurgar é insistir en el propio desdoro y desprestigio... 
Valle Inclán adoptó la postura danunciana... Ramiro de ^laeztu re- 
pasaba nerviosamente todas las revistas extranjeras para deslumhrar 
al lector con un párrafo de ideas detonantes... Azorín iba libando en 
todos los libros..., en Montaigne, en Anatole France, en los articulistas 
franceses, y para despistar á los incautos se vestía un traje artificial 
y artificioso, que deslumhró á la gente- Pío Baroja se remontaba hasta 
Dickens y los novelistas rusos... En cuanto á Unamuno, su facultad 
formidable de lector... le permitía merodear por todas las literaturas 
con impunidad perfecta... Mientras Pío Baroja revolvía los andrajos 
de los suburbios madrileños, Asorín llevaba su dilettantismo extran- 
jerizante á los pueblos de Castilla y daba esa nota suya despiadada, 
desoladora, en que la repetición de la pequenez y lo cotidiano estéril 
inspira una especie de modorra pesimista, de un pesimismo linfático 
y rurali... Los intelectuales del 98 aspiraban á europeizar España poco 



58 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

menos que por edicto gubernamental. Eran en esto descendientes de 
los afrancesados del tiempo de Napoleón... Nada tan cómico como cier- 
tos iberoamericanos que desatienden el vigor y el carácter de sus be- 
líos países á cambio de una sonrisa de París. ¡ La gran estupidez de 
Rubén Darío, que pudo ser un gran poeta americano, y se redujo al 
limite de un número más en el cortejo de los metecos parisinos, repe- 
tidores marginales de la mueca de París... La generación del 98 tuvo 
la amarga virtud- del nihilismo ; enriqueció el caudal negativo de Es- 
paña, y añadió pesimismo al acervo común... La nación, como simple 
nación real, ha crecido considerablemente en valor, en eficacia posi- 
tiva, en probabilidades; en canto que el peso intelectua)j ha disminuí- 
do...; si abrimos un libro, si ojeamos un articulo de firma prestigiosa, 
nos sorprenderá el tono de mortal abatimiento. Esto es lo que ha ren- 
dido aquel núcleo de hombres renovadores. La negación sistemática, 
el tópico pesimista, el desdén hacia la tradición española: he ahí sus 
frutos... España... ha mejorado á pesar de los hombres del 98. Obe- 
deciendo á esos hombres, España se hubiese abandonado en el surco, 
porque no hay noticia de que una predicación sistemáticamente ne- 
gadora, pesimista y autodespreciadora haya conducido á ningún puebla 
al éxito... Los hombres del 98 han concedido al separatismo la única 
fuerza de que dispone. La crítica y el pesimismo de España ha sida 
un arma eficacísima para el separatismo y una justificación de sus ex- 
cesos... En el arte y la literatura españoles han dominado hasta hoy 
las normas y el tono nacidos de la llamada generación del 98... Todas 
sus publicaciones llevan de algún modo la palabra sacramental: nueva. 
Las revistas son nuevas, la política y las ideas son nuevas, nuevos íbs 
hombres y los libros. El concepto de novedad pasa á convertirse en 
obsesión... Se trata de crear una España y no continuarla, rompe la 
tradición, establece la nulidad de todo lo anterior... Toda la crítica 
española sobre España está influida por el criterio extranjero... El 
puritanismo protestante y el intelectualismo enciclopedista francés 
acordaron que España era un pueblo estulto, fanático y precito... Hay 
que... mirar á España con ojo de español, no de extranjero... Durante 
muchos años, siglos enteros, ha existido en el mundo una rabia, un 
apasionamiento antiéspañol... Los intelectuales españoles, sobre todo 
los de la generación del 98, se han dejado arrastrar en esa corriente, 
han aceptado el impulso pasional extranjero, han dado legalidad á los 
lugares comunes... Desde la guerra de Cuba ha ocurrido en la mente 
española una disminución aterradora ; el corazón de España había des- 
cendido en sus pulsaciones, y el miedo, pero un miedo razonado y me- 
tódico, carcomía las raíces de nuestra voluntad." J. Valera, Discurso 
Académ., contestando á M. P.elayo: "Conformidad ruin con el des- 
dén extranjero, en sujetos descastados que desprecian la tierra y la 
raza de que son, por seguir la corriente y mostrarse excepciones de la 
regla... El abatimiento, el desprecio de nosotros mismos ha cundido de 
un modo pasmoso, y aunque en los individuos y en algunas materias 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA Sq 

es laudable virtud cristiana, que predispone á resignarse y á someter- 
se á la voluntad de Dios, en la colectividad es vicio que postra, incapa- 
cita y anula cada vez más al pueblo que lo adquiere.'' 

M. Unamuno, La hermandad futura (en Nuevo Mundo, 5 jul, 191S) í- 
"¿ Qué se ha hecho de los que hace veinte años partimos á la conquis- 
ta de una patria?..., ya que entonces, en rigor, no la teníamos, ni la 
tenemos hoy... No era resucitar á España lo que queríamos, era hacer 
tma nueva. Habíamos roto espiritualmente con la tradición nacional... 
Ninguno de nosotros sabía, en realidad, lo que buscaba... Nosotros 
rompimos el yugo y empezamos á destrozar el campo y á pisotear los 
surcos y á trastornar y deshacer la labor de la servidumbre... ¿La he- 
irios encontrado? (la patria). No, no la hemos encontrado... ¿Cuál fué 
nuestro pecado? Nuestro pecado fué partir á buscar una patria y no 
una hermandad. No nos buscábamos unos á otros, sino que cada cual 
buscaba su pueb'lo..., ó mejor dicho: su público... ¿Qué nos queda? Mo- 
rir cada uno en su rincón..., morir solos y sin patria ni hermandad." 
Azorín, Clasic. y mod., pág. 305 : "En la literatura española 9^ genera- 
ción de 1898 representa un renacimiento : un renacimiento más ó menos 
amplio, ó más ó menos reducido — si queréis — , pero, al cabo, un renaci- 
miento... Un renacimiento es sencillamente la fecundación del pensa- 
miento nacional! por el pensamiento extranjero. Ni un artista, ni una so- 
ciedad de artistas podrán renovarse — s(^r algo — ó renovar el arte sin 
una influencia extraña. Nada hay primero, espontáneo ó incausado en ar- 
te ; aun los artistas que parecen más originales (por ejemplo, en pintura,, 
un Velázquez ó un Goya) deben toda su fuerza, todo su vigor, toda su 
himinosidad á una sugestión extraña á ellos. No se trata de imitaciones ó 
rapsodias ; las influencias de que hablamos son sugestiones etéreas, casi 
indefinibles, sutiles, que hacen despertar en e! artista estados psicoló- 
gicos latentes y determinan avivamientos de la sensibiíHdad que, sin esas 
sugestiones, acaso no hubiera sido tan intensa ó quizá no hubiera sido 
de CSC modo... Hombres de la generación de 1898 son Valle-Inclán, Una- 
muno, Benavente, Baroja, Bueno, IMaeztu, Rubén Darío. Indicaremos 
Eas diversas influencias que han obrado sobre las modalidades litera- 
rias de tales escritores. Sobre Valle-Inclán: D'Annunzio, Barbey 
d'Aurevilly. Sobre Unamuno : Ibsen, Tolstoi, Amiel. Sobre Benaven- 
te: Shakespeare, Musset, los dramaturgos modernos franceses. Sobre 
Baroja: Dickens. Poe. Balzac, Gautier. Sobre Bueno: Stendhal, Bran- 
des, Ruskin. Sobre Maeztu: Nietzsche, Spencer. Sobre Rubén Darío: 
Verlaine, Banville, Víctor Hugo. Por encima de estas sugestiones par- 
ticulares, como dominándolas á todas, se podrían marcar algunas, ya 
indicadas entre los nombres citados, pero que tuvieron más fuerza que 
las demás. Tales son las de Nietzsche, Verlaine y Teófilo Gautier. El 
filósofo alemán era en 1898 desconocido en su verdadero carácter; co- 
menzaba á asomar en Francia; se le había expuesto en un estimable 
libro en Italia. Pero Nietzsche era en la época citada para la juventud, 
tanto en España como en Francia, un rebelde, un anarquista. Pocos 



6o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

-años después, cuando se le tradujo íntegramente al francés y se le es- 
tudió con cuidado, la idea de Nietzsche sufrió una transmutación con- 
siderable. Pero el pensador aiemán hizo brotar en España muchos 
gestos de iracundia y múltiples gritos de protesta. Teófilo Gautier, por 
otro lado, ayudó á la juventud de 1S98 á ver di paisaje de España. Su 
Viaje á España fué leído y releído por aquellos muchachos que re- 
novaban la memoria de Larra y comenzaron á amar los viejos pue- 
blos castellanos.. -En 1891 Menéndez y Pelayo decía del libro de Gau- 
tier en su Historia de las ideas estéticas: "Su Viaje á España, que 
'^en Francia está considerada como obra maestra, y que entre nos- 
'■'otros, por una preocupación absurda, sue5e citarse como modelo de 
"disparates, sólo comparable con el de Alejandro Dumas, no es, en ver- 
"dad, ningún documento histórico ni arqueológico; pero en lio que toca 
■"á la interpretación poética del paisaje, difícilmente será superado nun- 
^'ca, porque la geografía física de la Península no está contada allí, 
"sino vista, con visión absorta, desinteresada y esplendente." La últi- 
ma sugestión de las tres citadas — la de Verlaine — contribuyó á for- 
mar la mentalidad de Rubén, y á través de Rubén determinó la ten- 
dencia actual de la lírica. Agreguemos á estas influencias librescas ías 
personales, directas, vivas, ejercidas por algunos extranjeros que con- 
vivieron con literatos del 98- Uno de esos extranjeros fué Cornuty, 
apasionado de Verlaine y fervoroso recitador de sus poesías; otro, el 
doctor suizo Pablo Smith, entusiasta de Nietzsche. Un ejemplar ale- 
mán de Nietzsche poseía Smith, y sobre su traducción á viva voz es- 
• cribió Baroja unos artícudos en El I m parcial. Un espíritu de protesta, 
<íe rebeldía, animaba á la juventud de 1898. Ramiro de Maeztu escri- 
bía impetuosos y ardientes artículos en los que se derruía los valores 
tradicionalles y se anhelaba una España nueva, poderosa. Pío Baroja, 
con su análisis frío, reflejaba el paisaje castellano é introducía en la 
novela un hondo espíritu de disociación; el viejo estilo rotundo, am- 
puloso, sonoro, se rompía en sus manos y se transformaba en una 
notación algebraica, seca, escrupulosa. Valle-Inclán, con su altivez de 
^an señor, con sus desmesuradas melenas, con su refinamiento de! 
estilo, atraía profundamente á los escritores novicios y les deslum- 
hraba con la visión de un paisaje y de unas figuras sugeridas por c4 
Renacimiento italiano: los vastos y gallardos palacios, las escalinatas 
de mármol, las viejas estatuas que blanquean, mutiladas, entre los 
mirtos seculares ; las damas desdeñosas y refinadas que pasean por los 
jardines en que hay estanques con aguas verdosas y dormidas. ^^Giar- 
dini chiusi, appena intraveduti \ o contcmplati a Itingo pe' cancelli"... 
El movimiento de protesta comenzaba á inquietar á la generación ante- 
rior. No seríamos exactos si no dijéramos que el renacimiento litera- 
rio de que hablamos no se inicia precisamente en 1898. Si la protesta 
se define en ese año, ya antes había comenzado á manifestarse más ó 
menos vagamente. Señales de ello vemos, por ejemplo, en 1897; ^n 
•Febrero de ese año, uno de fos más prestigiosos escritores de la g€- 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y ESPAÑA 6 1 

neración anterior — don José María de Pereda — lee su discurso de- 
recepción en la Academia Española. La obsesión persistente de la li- 
teratura nueva se percibe á lo largo de todas esas páginas arbitrarias- 
Pereda habla en su trabajo de ciertos modernistas partidarios del cos- 
mopolitismo literario; contra ios tales arremete furiosamente. Pero 
páginas más adelante, el autor, no contento con embestir contra estos 
heresiarcas, nos habla de otros personajes "más modernisias aún", 
"los tétricos de la negación y de la duda, que son los melenudos de 
"ahora" — ¡ oh, melenas pretéritas de Valle-Inclán ! — , los cuales me- 
lenudos proclaman, al hablar de la noveCa, "que el interés estriba ten 
el escalpelo sutil, en él análisis minucioso de las profundidades del 
espíritu humano". (Mas véase la fuerza del movimiento innovador: 
Pereda, que tan absurdamente dedl'ama contra la innovación literaria, 
sin enterarse en qué consista, hace suya, ya casi al final de su discur- 
so, la doctrina de un autor que dice que todos los idiomas "tienen en 
"sí una virtualidad estética que obra en el espíritu del lector como ma- 
"nantial de deleite, independientemente del contenido interior de las 
"ideas"... Y eso no es otra cosa que el fundamento del vitando, abomi- 
nable, revolucionario simbolismo.) La generación de 1898 ama 3ós vie- 
jos pueblos y el paisaje; intenta resucitar los poetas primitivos (Ber- 
ceo, Juan Ruiz, Santillana) ; da aire al fervor por el Greco, ya iniciado 
en Catalluña, y publica, dedicado al pintor cretense, el número único 
de un periódico: Mercurio; rehabilita á Góngora — uno de cuyos ver- 
sos sirve de epígrafe á Verlaine, que creía conocer al poeta oordo- 
bési — ; se declara romántico en el banquete ofrecido a Pío Baroja 
con motivo de su novela Camino de perfección; siente entusiasmo por 
Larra, y en su honor realiza vma peregrinación al cementerio en que 
estaba enterrado y lee un discurso ante su tumba y en ella deposita 
ramos de violetas; se esfuerza, en fin, en acercarse á la realidad y 
en desarticular el idioma, en agudizarlo, en aportar a él viejas pala- 
bras, plásticas palabras, con objeto de aprisionar menuda y fuerte- 
mente esa reaíidad. La generación de 1898, en suma, no ha hecho sino 
continuar el movimiento ideológico de la generación anterior: ha te- 
nido el grito pasional de Echegaray, el espíritu corrosivo de Cam- 
poamor y el amor á la realidad de Galdós. Ha tenido todo eso; y la 
curiosidad mental por lo extranjero y el espectáculo del desastre — fra- 
caso de toda la pdlítica española — han avivado su sensibilidad y han 
puesto en ella una variante que antes no había en España." Andrés 
González Blanco, Hist. nov., pág. 867 : "La juventud actual es vio- 
lentamente iconoclasta. A todo el que tiene aspiraciones á oeñir la 
corona literaria ó simplemente á ejercer el magisterio entre sus co- 
legas, 'le mira con horror y con odio. Rechaza toda tutela y no nimba 
sien alguna con la aureola de la santidad artística; al contrario, de- 
rrumba ídolos y socava pedestalíes que parecían bien afirmados. A sus 
predecesores, á los viejos, los considera con desprecio aplastante; y 
á quien sigue su3 huellas ó simplemente respeta sus saludables oficios-^ 



63 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

y ve en su nombre una protectora y benéfica guía, lo expulsa de su 
seno con asco y le echa en cara este insultante apostrofe: / Vete al dia- 
blo con tus maestros! La juventud de hoy diría gustosamente, ':omo 
en el poema de Próspero de Aquitania {De ingratis^ III, 8) — si la 
juventud inculta y hollgazana se ocupase de conocer estas joyas de la 
primera poesía latinocristiana, que viene á ser en literatura lo que 
en el arte pictórico el arte de los primitivos, de ibs del milenio, de 
Brehuegel ó de Patinir — ; diría, pues, la juventud de hoy si conociese 
estas perlas: Vcstri iUi, quorum ructatis verba, magistri... ¡Quitad 
.allá con aquellos vuestros maestros, cuyas frases eructáis!... No, ya 
no se jura in verba magistri: ya no se asegura como supremo argu- 
jnento que el maestro lo dijo: magister dixit... Ya no hay maestros, y 
como en la Liturgia socrática de John Toland, los iniciados hacen 
promesa de no jurar nunca por ningún maestro, ni siquiera por el 
m.ismo Sócrates — así los hijos de Verlaine, á quien con dli maestro 
griego alguna vez se ha comparado (acaso maliciosamente por 
algunos, aludiendo á sus costumbres pederásticas) — , y se le parece, 
sin duda, en que, como aquél, fué á la vez un maestro y un corruptor 
de la juventud — juraron desde su iniciación en el secreto deifico del 
Arte... Ya no hay maestros. Así es de heterogénea, dispar y sin nor- 
ma la producción actual." 

11- El modernismo en América y Filipinas. — Rodó, El mirador 
de Próspero (1913, pág. 314) : "No veo que hoy (salvo excepciones 
individuales que han existido siempre) se imite (en América) con más 
personalidad y más conciencia de ilo oportuno y adaptable, que cuando 
se imitaba á los profetas del romanticismo y á los maestros de natu- 
ralismo." Id. (pág. 318) : "¡ Cuan pocos de nuestros poetas de hoy, 
aun cuando haya de ser grande y duradera la glloria de sus triunfos, 
alcanzarán esta devoción á los sentimientos ! El poeta, hoy, es, ante 
todo, el artista, es el orfebre, es el cincelador paciente y empeñoso, 
Detiénese ante sus puertas el viandante para admirar, en aquella fies- 
ta de la luz, los finos contornos ddl oro cincelado- Pero, cuando se 
aleja, lleva sólo la impresión de un deslumbramiento, porque no re- 
conoce ya, en él artífice enamorado del ritmo y del color, á aquel ser 
— comparable con el pelícano del mito — ^ que arrancaba de sus entra- 
ñas palpitantes la imagen viva de lo que llevaban los demás dentro de 
sí." Admirable definición de la poesía modernista americana, parna- 
siana enteramente, y de su maestro Rubén Darío. Carlos Arturo Re- 
yes, Estudios, 1906, pág. 253: "Siempre he creído que la pretensión 
da implantar en este país fla literatura parisiense fin de siglo es una 
ignorancia de las leyes biológicas de la adaptación y un exotismo... 
Tenemos mayores afinidades con los eslavos que no con los Diatinos de 
Francia. En efecto, leyendo las novelas rusas se adivina una alma 
más cercana de lia nuestra, un concepto de la vida más parecido al 
-nuestro, unas costumbres más familiares á nosotros por lo sencillas y 



EL MODERNISMO EN AMERICA Y FILIPINAS 



63 



sinceras que las brillantes, artificiales y refinadas de París á la moda; 
comprendemos más aquellos dolores y alegrías y tenemos mayor si- 
militud de aspiraciones." 

F. García Godoy, La Literatura americana de nuestros días, 
1915 página 95: ''En las letras hispanoamericanas evidenciase, 
con frecuencia, un verdadero derroche de prosas efectistas y de 
puerilidades rimadas, productos, en muchísimos casos, de imitaciones 
exóticas, pero pocas veces se advierte en nuestro movimiento intéfec- 
tual algo bien preciso y caracterizado que demuestre la tendencia á 
cultivar asiduamente estudios de índole elevada y de positivo valor 
ideollógico. En un modernismo vago, sutil, cambiante, pleno de refi- 
namientos artificiales de sensibilidad y de matices y filigranas de ex- 
presión, se consume toda ó casi toda nuestra desbordante actividad in- 
telectual. Afortunadamente ese modernismo va ya de paso, como 
quien dice, reemplazado por orientaciones de mayor amplitud hu- 
mana y de un más propio y natural relieve artístico." F. García Cal- 
derón: "La juventud que abomine del pasado por un injustifica- 
bie sentimiento de vanidad ó de soberbia, no podrá jamás po- 
seer un concepto de la vida que imprima ritmo integral á sus 
aspiraciones. El pasado, por cierta íntima fuerza, vive en nosotros. 
Cuando creemos habernos alejado más de él, surge de improviso con 
potencia irresistible-" Gustavo Gallinal, Rodó, 1918: ''Si se le estudia 
-(al modernismo) en algunos de sus representantes más típicos y que 
arrastraron tras sí más numeroso cortejo, el modernismo fué escuela 
-que nunca arraigó muy hondo en suelo americano. Se caracterizó, qui- 
zá en mayor grado que tendencia alguna, por el desvío con respecto 
á la realidad circunstante. Vivió más de la imitación que de lia energía 
de un pensamiento original. Produjo algunas obras de refinada be- 
lleza; pero ellas fueron como aquella flor del aire, capricho de nues- 
tra naturalleza, que, prendida al tronco montes á que sirve de gracioso 
airón, no ha menester tomar los jugos nutricios de la tierra... Los re- 
medos de los que se alineaban en su séquito de príncipe (de Rubén) 
de una exótica corte en la que lucieron algunas joyas ricas y valio- 
sos, pero en la que la moda encubrió también muchos amaneramien- 
tos, muchas vanas frivolidades y no pocas perversiones retóricas." 
•G, Picón-Febres, Notas y opiniones, 1899, P^g- 43: "En dicha escuela 
-(modernista) pululan los imitadores serviles, los que han dado en la 
-fi.or de figurarse que la originalidad consiste en el hipérbaton desca- 
"bellado y en ahogarlo todo en océano de azul los que se la pasan 
-con ciertos libros vetustos en la mano para extraerles mil vocablos 
-que no son de uso frecuente y significación extensamente conocida, 
•que empllean como se les ocurre, y que por un lado les hacen palabre- 
ros y por el otro ininteligibles. Son esos imitadores sin talento, sin 
juicio y sin gramática, la peste brava y negra de 'la literatura amerf- 
■cana y su descrédito... Se dieron á la tarea de componer enigmas li- 
icrarios, por no decir gailimatías, á fuerza de esfinges, misterios, vír- 



64 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

genes pálidas, piedras preciosas y grandes lirios blancos. Una serie 
de hipérboles insólitas, un aluvión de imágenes montadas unas sobre 
otras, un hipérbaton que hace pruebas de fuerza como los saltimban- 
quis, y muchas canéforas y muchos kakemonos, y una dosis de azi.I 
que supera á la del. Mediterráneo entero...; pero lo que es alginia cosa 
de sustancia, ni aproximadamente-" M. Romera Navarro, La Esfe- 
ra, 1918, Marzo: "A este modernismo faltábale lia cualidad que nos 
parece esencial en la literatura americana, si ésta ha de llegar á ser, 
y ya lo empieza con el criollismo, genuínamente americana : el senti- 
miento de la Naturaleza. Por eso, y porque ha tenido acá el moder- 
nismo todo lo malo del francés : tristeza, sensualidad, artificio, y lo me- 
nos vailioso del clasicismo, el culto de la forma, amén de iconoclacia 
en las ideas y anarquismo métrico de su propia cosecha, tal planta de 
importación estaba condenada á morir, y por muerta y bien enterrada: 
puede dársele á la hora presente. Tiempo atrás, en 1904, hablaba ya 
Rubén Darío de "las parodias de corrupción estética que infestan al- 
^'gunos de nuestros rincones literarios, verlenianismo por fuerza, sibi- 
''^.'ismo de importación, porque así se hace ahora; cosas que á muchos 
'■'parecen nuevas, y que ya son, en verdad, muy viejas." La carencia de 
verdaderos ideales artísticos ha sido la causa de que haya imperado acá 
y en nuestra España toda esa poesía modernista, de desenterradas pa- 
ganerías y gorjeos versallescos, aceitada poesía de torre de marfil, 
tan pulidita y empalagosa que, cuando más, nos habla al oído, pero 
jamás al aiíma. Y la América española, donde lo que hacía falta eran 
intérpretes del sentir, del vivir americano, intérpretes de su natura- 
leza y de sus aspiraciones colectivas, se llena de modernistas que, des- 
preciando en la técnica l'usata poesía, grita á voz en cuello efli ¡odi 
profanwn vnlgus! del gentil Horacio. Se obstinan los buenos hdm-" 
bres en encerrarse en su torre de marfil, en su "alcázar interior", y 
cierran los ojos y la inspiración ante las sublimes bellezas del suelo 
americano. Y porque no ha sido aquí el poeta intérprete y custodiador 
de la Naturaleza, como lo quiere Schiller, ni la literatura en general 
reflejo de tipos, costumbres é ideas y aspiraciones comunes, su in- 
fluencia en la vida americana es nula. Que la misión de la literatura, 
sobremanera en países nacientes, no es sólo deleitar, sino orientar, es 
cosa sabida de todos, menos los modernistas. Si ellos no han querido 
entender a su pueblo, éste tampoco les ha escuchado; a la gente del 
oficio se le puede encandilar, á veces, por el oído; al pueblo, no. "Me- 
^'rezca cada cual la estimación por sí — semeja opinar con Gracián — , 
no por soborno del gusto." En vez de seguir, cuando menos, el ejem- 
plo de los grandes vates de la primera mitad del pasado sigffo, de los 
Bellos, los Olmedos, los Heredias, los Echeverrías, los Andrades, e ins- 
pirarse en la próvida y hermosa Naturaleza, en la Historia, temas y 
costumbres patrias, se afrancesan en el pensamiento, estüb y lengua- 
je, se amartelan y engatusan con su París de su alma, y dejan tras de 
sí un sonoro vacío. "Un pensador, un filósofo, un sociólogo — ^ha di- 



EL MODERNISMO EX AMÉRICA Y FILIPINAS G3 

"cho Guerra Junqueiro — puede no ser patriota; pero un poeta, si no 
''siente ]o que en derredor tiene, lo concreto y vivo, con mayor fuerza 
"que lo lejano y abstracto, será cualquier cosa, pero no poeta." Por 
fortuna, llevan las cosas nuevo rumbo. Al subjetivismo excesivo, al 
desconcierto espiritual y pesimismo modernistas, están reemplazando 
el objetivismo, el optimismo y ¡la definida orientación de la literatura 
criolla, la cual sólo conserva del modernismo su libre técnica. Es aho- 
ra cuando los escritores principian á ver y sentir como hijos de Amé- 
rica. En rigor, á la actual juventud cábele el honor de inaugurar la 
literatura propiamente americana. Los maestros del pasado, Bello, 
Gorostiza, Olmedo, Mármol, Arboleda, fueron, en el fondo, ó espa- 
ñoles, ó clásicos, pero no americanos. Los modernistas no fueron ni 
lo uno ni lo otro. El americanismo, como movimiento casi unánime, 
es tan reciente, que data de ayer mañana, apenas una docena de años. 
Leguizamón, Lugones, Blanco-Fombona, Ugarte, Chocano, Payró, 
Urbaneja, figuran á la vanguardia. El Arte empieza a ser acá lo que 
pedía Zola: la realidad vista á través de un temperamento-'' Arm. Do- 
noso, Los nuevos^ 1912, pág. xi: "El abuso perjudicial del preciosismo 
nos ha traído daños más considerables que toda la corriente cosmopo- 
lita de la emigración... El hombre del porvenir que nada sabe de la 
neurastenia, del simbolismo ni de Tas cocotas de Willete; el hombre 
músculo y apóstol de Walt Whitman y el hombre-cerebro de Emer- 
son, con mucho de indio chorotega y no poco de Nietzsche, de Zaratus- 
tra.'' Over Emet : "Todo aquí se opone á ello (en Chile, al simbolis- 
mo) : la raza, el clima, el ambiente, y más que todo, el cielo azulado, 
la Naturaleza esplendorosa, enemiga nata del chiaroscuro y de las 
nieblas." Salaverría, Tierra Argent.: "Me contaba el joven poeta 
Manuel Gálvez, con justa amargnira, que tos libros criollos suelen caer 
en el major de los olvidos, mientras los libros italianos ó franceses, 
por ser extranjeros, ganan pronto 5a estimación del público. Es posi- 
ble que sea otra la causa : tal vez el público argentino rechaza los li- 
bros argentinos por su falta de reaJlidad. Los escritores criollos suelen 
aficionarse por las cosas vagas y liliales; se enamoran de las escuelas 
modernistas; beben en la fuente de París; cantan cosas ajenas á aa 
Argentina; se pierden en ridículos comentarios sobre e] Trianón y 
sobre las brumas bulevardescas; y entonces el público no les hace ca- 
so... cantaran y comentaran densamente ilas cosas americanas, y otro 
sería el destino de sus libros. Lo prueba Sarmiento, que es leído asi- 
duamente hoy todavía, puesto que se halla tan fresco como en su pri- 
mera edición; lo prueba eí Martín Fierro, cuyas ediciones se agotan 
en cuanto se imprimen. La manía decadente y modernista, tristemente 
ñoña, no respeta ni á los ingenios más claros y robustos. Ahí tenemos 
á Leopoldo Lugones, talento fuerte, erudición vasta, estilo abundan- 
te y sólido, inteligencia enciclopédica; ha escrito libros tan firmes co- 
mo el Imperio Jesuítico y la Guerra Gaucha; sin embargo, cuando 
quiere versificar cae en las mismas debilidades que el último de los 

TOMO X— 5 



66 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

poetastros, componiendo versos afeminados y bulevardieros. Tienen 
otra manía los escritores de aquel país, que es el afán de lo monstruo- 
so, de lo genial!, de lo trascendente. Parecen estar henchidos de la in- 
fantil vanidad de Víctor Hugo, ó de la morbosa vanidad de Napoleón, 
No se resigna ninguno de ellos á ser menos que un genio; toda la na- 
ción argentina, y sus hermanas próximas Uruguay y Chile, padecen 
de esta obsesión enfermiza por lo genial. Carecen aquellos pueblos de 
reserva, de contención y de crítica. Es como si una charanga estuvie- 
se tocándoles continuam.ente al oído marchas triunfales. Por eso se ob- 
serva en sus escritores una dispersión de aptitudes y de tentativas, al 
modo de quien busca el camino de la glloria y ataca, para encontrar- 
lo, multitud de senderos. Un mismo escritor suele intentar el periodis- 
mo, la política, el verso, el cuento, la historia, como Lugones ; ó escribe 
poemas heroicos y libros sobre enseñanza, como Ricardo Rojas, cuyo 
libro sobre el Nacionalismo es obra de veras considerable. Pero á ve- 
ces se encuentra aún allí el escritor discreto y concienzudo, que hace 
su libro sin mirar á la genialidad y le resulta un libro perfecto. Este es 
el caso de Rodríguez Larreta, que ha escrito su bella novela de La 
Gloria de Don Ramiro sobre motivos del tiempo de Felipe II. Viene á 
aumentar esta confusión del gusto y de las orientaciones literarias, la 
Prensa periódica de Buenos Aires, con su abundante colaboración 
europea. Los más grandes articulistas italianos, franceses y españoles 
mandan sus trabajos, en que tratan múltiples y contradictorias cues- 
tiones; todos estos trabajos se confunden en las páginas de aquellos 
inmensos diarios ; el público 'los lee, y el resultado es bien notorio : una 
confusión de criterios y matices, lecturas mal digeridas, eclecticismo. 
Pero gracias á los periódicos tiene aquella sociedad ambulante y anó- 
nima, contradictoria, cierto aire de media cultura que no deja de sor- 
prender al europeo. La gente adquiere un barniz ilustrado, y las dife- 
rentes cuestiones mundiales llegan al público por conducto de las hojas 
periódicas, de manera que se logra allí una especie de enciclopedismo 
aun en las personas de procedencia más humilíde. Pero, en realidad, 
esto no pasa de una desfloración de asuntos, una cultura periodística. 
La gente, así como anda muy bien vestida á la última moda, se viste 
lo mism.o con esa cultura de periódico, demasiado ligera y apresurada 
para ser honda, duradera. Bien es verdad que la gente no puede allí 
pararse mucho á leer con calma y á digerir, en el ocio, las lecturas; 
echa mano de la cultura perodística, como forma Ba más viable de ins- 
truirse. Así es como se explica la uniformidad de aquella gente. En 
el vestir, hasta en el andar y en él conducirse, son uniformes; las for- 
mas de expresión, las frases corrientes, las palabras, son comunes á 
todos; de donde proviene que las gentes hablan con bastante facilidad 
y soltura, pero uniformemente. Han limitado el idioma, reduciéndolo á 
un número preciso de palabras y modismos, comunes á todas las gen- 
tes. Faltan, además, verdaderas diferenciaciones provinciales, ó van 
desapareciendo con rapidez tales diferenciaciones: la nación se unifor- 



EL MODERNISMO EN AMÉRICA Y FILIPINAS 67 

miza rápidamente, lo cual puede ser un defecto. En Europa, en nues- 
tras viejas naciones, las diferencias provinciales son muy profundas y 
contumaces; ellas favorecen la diversidad, ila renovación continua del 
-espíritu, caracteres, formas, frases y palabras. La Nación es un diario 
moderno, g-rande, culto, de una tradición política muy fuerte; tiene, 
todavía hoy, el sello que le diera su fundador, el ilustre Bartolomé 
^NJitre, y en los asuntos que afectan á la política y á la 'literatura, indis- 
-cutiblemente es él órgano más respetable. Tan grande y moderno, 
acaso más fastuoso, es el diario La Prensa, montado á la ma- 
nera yanqui, con una información telegráfica insuperable. La re- 
vista Caras y Caretas es un semanario ilustrado de gran difusión y 
editado esmeradamente." J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 243 
(escribíase en 1S97) : "En las esferas literarias y de pensamiento es- 
peculativo, España, que está inmediatamente unida á Francia, imita 
poco á los franceses, salvo en trajes, peinados... La literatura contem- 
poránea española, será más ó menos buena y apreciable, pero sigue 
siendo bastante original. Hasta cuando los que escriben de priesa para 
ganar la vida, principalmente con la literatura dramática, traducen ó 
arreglan piezas francesas, por ser esto más fácil que inventarlas, lo 
hacen con tall gracia ó sin gracia, pero tan mañosamente, que no pare- 
ce francés lo que han traducido y arreglado. Comoquiera que ello sea, y 
salvo excepciones muy raras, más que una servil y constante imitación 
de la extranjera, cultura, es de lamentar entre nosotros cierto aislamien- 
to, esquivo y uraño, que ahoga ó al menos estrecha la cultura propia 
y no la deja crecer y dilatarse, asimilándose ajenos elementos y con- 
-í-irtiéndolcs en la propia substancia. Lo contrario noto yo que ocurre 
por lo común en casi todas las Repúblicas hispanoamericanas, salvo, 
acaso, en Colombia, donde siguen siendo tan castizos ó más que en 
España. El influjo francés penetra por allí profundamente y da mues- 
tras de sí, poniendo su sello en todas las tentativas filosóficas ó que 
pretenden ser filosóficas y en toda otra producción literaria en prosa 
ó en verso...; el influjo francés es tan predominante que parece ex- 
clusivo... Yo creo que las (letras hispanoamericanas ganarían muchísi- 
mo si acertaran á libertarse de la obsesión y sugestión casi única del 
pensamiento francés... Las mil novelas escritas en América serían mil 
veces más interesantes si los autores se olvidasen de París y de los no-' 
vdlistas parisienses y nos pintasen con fidelidad y sin artificio exótico 
lo que piensa, siente y dice el vulgo de sus paisanos." Pág. 385 : "Cada 
día me maravillo más de la profundidad con que ha penetrado en los 
escritores hispanoamericanos el espíritu de la literatura francesa no- 
vísima. En algimos apenas queda de españoQ más que el lenguaje. Se 
diría, no sin dolor, que tal vez vale y se estima tan poco lo que es 
propio de la casta, que conviene desechardo como un estorbo, des- 
castándose para escribir. Y es lo peor que lo que más se imita es lO 
tétrico, pesimista y desesperado, y como se imita de buena fe y no se 
repara en la pose de los autores admirados y que sirven de modelo, los 



68 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

cuales distan no poco de ser tan tristes por naturaleza como por mo- 
da, suelen resultar las tales imitaciones lúgubres en demasía y más 
á propósito que para recrear, para meter el corazón en un puño ail hom- 
bre más de pelo en pecho." 

De la poesia en Filipinas trató W, Retana (De la evolución 
de la literatura castellana en Filipinas, 1909). No la hubo hasta ei 
siglo XIX, por haber faltado los frailes á las leyes que favorecían el 
aprendizaje del castellano entre los indios, tendiendo á que no lo apren- 
diesen, y por la censura y prohibición de llevar libros á Filipinas. En .el 
siglo XIX sólo se sabe de tres poetas, y ésos escriben fuera de su tierra : 
Juan Atayde, oficiaÜ de Infantería (y 1896) ; Pedro Alejandro Paterno 
y Rizal (f 1896). Con la independencia aprenden mejor el castellano, 
prefiriéndolo al inglés, y surgen poetas que la cantan con brío, sobre 
todo cada año en el aniversario del fusilamiento de Rizal; pero va 
decayendo el estro a!l hacerse modernistas y puros imitadores: José 
Palma, Cecilio Apóstol, Pacífico Victoriano, Fernando María Guerre- 
ro, el mejor y adalid de los demás, Mcente Peláez, Manuel Bernabé, 
Belisario Rosas, Jesús Balmori. W. Retana, De la evol. de h lit. cast. en 
filipinas, 1909, pág. 28: "Esta desigualdad en la producción de los 
poetas fi'lipinos hay que atribuirla á la abigarrada confusión que han 
hecho de los modelos, pues que quieren participar á un tiempo de va- 
tes tan diferentes como Rueda, Rubén Darío, Andrade, Santos Cho- 
cano, Espronceda, Núñez de Arce y, por de contado, el inevitable Ver- 
laine, con ajenjo y todo. Verlaine les ha trastornado á los más de 
ellos; y el trastorno es de verdadera trascendencia, por lo mismo que 
á Verlaine no le saborean en el original francés, sino en el sedimento 
que del célebre poeta simbolista se halla en cierta parte de Ja litera- 
tura hispanoamericana degenerada en París, que es la que tanto les 
agrada á los adelfas del Club-Euterpe manilense. Para los filipinos, 
tan entusiastas de los hispanoamericanos, diríase que no han existido 
Olmedo ni Bello ni Heredia... Si Lemaítre pudo calificar de despre- 
ciable el simbo'lismo hecho por los verdaderos simbolistas, ¿cómo ha- 
brá que calificar el simbolismo masturbado con imitaciones de los imi- 
tadores?.-.. De poco tiempo á esta parte para los filipinos se diría que 
la Flora de su país es Flora indigna: no hay en ella una planta que 
se preste al símil. Ahora todo se vuelve hablar de lirios (no los hay 
en Filipinas), de violetas (ídem, id.), sin contar con que todo So ha- 
llan pálido ó lóbrego... ¡en la región del Sol! Y sacan á relucir túni- 
cas, donde no existe idea de tales prendas, y se entusiasman con las 
manos blancas, los que las tienen morenas... En una palabra, se va 
de tal modo desnaturalizando, deslocalisando^ mejor dicho, la poesía 
ñlipina, que los filipinos acabarán por lograr que no haya poesía fili' 
pina... Todo esto es falso, y por lo mismo, inaceptable; todo esto es 
poesía hecha con la cabeza..., modernismo cerebral... Los temas pa- 
ItrJóticos no son ya tan enérgicos ni tan espontáneos como antes; la 
nota amorosa apenas se ctóltiva; el paisaje no se siente... Lo que triun- 



BIBLIOGRAFÍA MODERNISTA 69 

fa es lo indeciso, lo fantástico, ilo falsamente tristón, lo bohemio... Lo 
que triunfa es la deslocalización de ia poesía filipina." 

13. Bibliografía modernista. — A. Barre, Le symbolisme (1885-1900), 
París, 1911. A. Bastinos, Arte dramático español contemporáneo, Barce- 
lona, 1914. Beaunier, La Poésie nouveUe. Ad. van Bever et Paul Léau- 
taud, Poetes d'aiijourd'Mi, 1900. Fr. Martín Blanco García, Los voceros 
del modernismo, Barcelona, 1908. Eusebic Blasco, El modernismo en 
Francia, recuerdos, notas íntimas de Francia y España, 1894. A. Bo- 
nilla, El Arte simbólico, Madrid, 1902, F. Brunetiére, Revue des Deux 
Mondes, i.° nov. 1888 y i.° abr. 1891 ; ídem, L'EvoUiiion de la Poésie 
lyrique en France, 1894. Mílton A. Buchanan, Spanish literature, ex- 
clusive of the Drama, General histories, stiidies and collected texts 
{1891-1910), 1913 (en Kritischer Jahresbericht über die Fortschritte 
dcr román. PJúlologie, XIII, 327-350). B. Busse, Das Drama, von der 
Romantik zur Gegenzvart, Leipzig, 1914. W. G. C. Byvanck, Un Hol- 
landais á Paris en i8pi, 1892. C, Santos González, Antol. de poetas 
modernistas americanos, con un ensayo acerca del modernismo en 
América por R. Blanco-Fombona, París, 1913. R. de Gourmont, Le 
latin mystiqne, les poetes de l'antipJionaire ct la symbolique au moyen- 
age, París, 1913. M. H., Del modernismo, apuntes, 1918 (en Ateneo, de 
Vitoria, n. 53). A. Huertas Medina, Base filosófica del modernismo 
literario, 1914 (en Revista Calasancia) . Huret, Enquete sur l'évolution 
Uttéraire^ 1891, G. Lanson, The new poetry, 1901 (en The Internet. 
Monthly, Oct.). La nueva generación de novelistas y cuentistas en Es- 
paña, 1904 (en Helios, trad. de la Revue). J. Lemaitre. Revue Bleue, 
7 Ener. 1888; ídem. Les Contemporains, 6 series, 1886-1896; ídem, /m- 
pressions de théátre, 8 series, desde 1888. E. Lucka, Die drei Stufen der 
Erotik, Berlín, 1913. E. Llach. El Modernismo en literatura, Sevilla, 
1914. R. M. Meyer, Die Weltliteratur im 20 Jahrhnndert, Stuttgart, 
IQ13. Luis María Mora, De la decadencia y el simbolismo. Bogotá, 
1903. Charles Morice, Liitérature de tout a l'Jt^ure, 1889, J. MuUer, 
Les derniers états des lettres et des arts: le román, París, 1913. G. Pel- 
lissier, Mouvement littéraire contemporain, 1901. Víctor Pérez Petit, 
Los Modernistas, Montevideo, 1903- J. R. Sánchez, El Teatro poético, 
Madrid, 1914. R. de Souze. Rythme poétiqne^ 1892. R. Cansinos-Assens, 
Les Hermes, Madrid, 1916; ídem, Las Escuelas literarias, 1916. J. Ce- 
jador, El Simbolismo, 1904 (en Helios) : ídem. La Lírica española en 
la época modernista, desde 1918 (en Nuevo Mundo, Enero). B. H. Clark, 
The Continental Drama of To-day. N. York, 1914. F. W. Chandler, 
Aspects of Modern Drama^ N. York, 1914. A. Dauzat. Le sentimcnt 
de la nature et son expression artistique, París, 1914. C Eguía Ruii, 
Crisis del simbolismo literario, 1914 (en Razón y Fe, XXXVIII). 
Emile Faguet, Notes sur le théátre contemporain, 3 series, 1888-90. 
Fr. Benito Garnelo, El Modernismo literario español, 1913 (en Cñid- de 
Dios, XCIII). E. Goldman, The social Significance of the Modern Dra- 



70 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ma, Boston, 1914. E. Gómez Carrillo, El Modernismo, Madrid, 1905, 
Arturo Gómez Lobo, La Literatura modernista y el idioma de Cer- 
vantes, Ciudad Real, 1908. L. de la Tourrasse, La Evolución del arte- 
escénico, el realismo, la reacción simbolista, 1914 (en La Lectura, XVI). 
F. Vigié Lecoq, La Poésie contemporaine^ i897- Otón Weininger, Ue- 
ber die letzten Dinge, Viena, 1904. 

Véase cómo van' presentándose los líricos: Rubén Darío (ni- 
carag., 1888). Julián del Casal (cub., 1888). Rodríguez Pinilla (1888). 
Catarineu (1889). Fernández Granados (mej., 1889). Enrique Paradas 
(1891). Víctor Arrequine (urug., 1892). José Durban (1892). Enrique 
Redel (1892). Antonio Zayas (1892). Francisco Antich (1893). Bonifa- 
cio Byrne (cub., 1893). Chocano (per., 1893). ^ulio Flórez (col., 1893).- 
Manuel Pimentel (venez., 1893). Talero Núñez (col., 1893). Soto Hall 
(cost, 1893). Emilio Fernández Vaamonde (1894). Antonio Palomero 
(1894). Urbach (cub., 1894). P. Teodulo Vargas (col., 1894). Jop.quín Allu- 
caide de Zafra (1895). N. Alonso Cortés (1895). Blanco Belmonte (1895)^ 
Alberto Ghiraldo (arg., 1895). Pedro A, González (chil,, 1895). Abra- 
ham Z. López Penha (de Curazao, 1895). Amado Ñervo (mej.. 1895). 
Guzmán Papini (urug., 1895). Man. Sandoval (1895). Froilán Turcios 
(hond., 1895). Almafuerte (arg., 1896). Carlos G. Amézaga (per., 1896). 
Andrés Mata (venez., 1896). Diego Uribe (col., 1896), Guillermo Valen-^ 
cia (col., 1896). Arciniegas (col., 1897). Santiago Arguello (nicar., 1897). 
Lugones (arg., 1897). José Almendros (1898). Luis Barreda (1898). Al- 
berto Casañal (1898). Francisco Contreras (chil., 1898). Diego Dub3Ó 
Urrutia (chil., 1898). Samuel Fernández Montalva (chil., 1898). JuBia 
Herrera Reissig (urug., 1898). Samuel Darío Maldonado (venez., 1898). 
Isaac Martín Granizo (1898). Gregorio Martínez Sierra (1898), Vi- 
cente Medina (1898). José Muñoz S. Román (1898). José Toral (1898). 
Francisco Villaespesa (1898). Roberto Brenes Micsén (cost-, 1899). 
Ricardo Jaimes Freyre (boliv., 1899). Eduardo Marquina (1899). Car- 
los Pezoa Veliz (chil., 1899). Miguel L. Recuant (chil, 1899). José Jua» 
Tablada (mej., 1899). Andrés Vázquez Sola (1899). Antonio Bórquez 
Solar (chil., 1900). Félix Cuquerella (1900). Eugenio Díaz Romero 
(arg., 1900). Samuel A. Lillo (chil, 1900). Gabriel E. Muñoz (venez.,. 
1000). Horacio Quiroga (urug., 1900). Víctor Rocamonde (venez., 1900). 
Juan C. Ramírez (col, 1900). Natalio Vadell (urug., 1900), Javier Val- 
carce (1900). Casilda Antón del Olmet (1901). Juan Arcia (venez., 1901). 
Sixto Celorrio (1901). Esteban Foncueva (cub., 1901). José Gabriel 
y Galán (1901). Ramón de Godoy (1901). Pedro Jara Carrillo (1901). 
Pedro J- Naón (arg., 1901). José Ortiz de Pinedo (1901). Juan Ramón 
Jiménez (1901). Leónidas N. Yerovi (per. 1901). Enriqueta Camarilla 
(mej., 1902). Rubén M. Campos (mej., 1902). Emilio Carrere (1902). 
Cristóbal de Castro (1902). Emilio Frugoni (urug., 1902). Federico A» 
Gutiérrez (arg., 1902). Manuel Machado (i902)- Manuel Magallanes 
(chil, 1902). Raúl Montero (urug., 1902). Efrén Rebolledo (mej., 1902), 
Luis Rosado (mej-, 1902). Ernesto Mario Barreda (arg., 1903), Luis Per- 



bibliografía modernista 71 

nán Cisneros (1903). Enrique González Martínez (mej., 1903). Teodoro 
Irlarte (1903). Antonio Machado (1903). Alberto Mauret Gaama- 
ño (chiL, 1903). Horacio Olivos (chil., 1903). Ismael Parraguez (chil,, 
1903). Luis de Tapia (1903). Enrique Alvarez Henao (col., 1904). Al- 
fredo Arvedo Larriva (venez., 1904)- José de Diego (portorr., 1904). 
Luis Martínez Kiíeiser (1904). Sergio Medina (venez., 1904). Manuel 
Monterrey (1904). Eduardo Ory (1904). Manuel Pérez Curis (urug., 
1904). Ramón Pérez AyaHa (1904). Ramón de Solano (1904). Alvaro 
Armando Vasseur (urug., 1904), Leopoldo Velasco (arg., 1904). Ángel 
María Céspedes (coll., 1905), Ismael López (col., 1905). Enrique de 
Mesa (1905). Víctor Domingo Silva (chiH., 1905). Mariano Miguel de 
Val (1905). Eduardo Várela (cub., 1905). María Eugenia Vaz Ferreira 
(urug., 1905). Manuel Abril (1906). La Corte de los poetas (1906). En- 
rique Diez Cañedo (1906). Ángel Falco (urug., 1906). Carlos Miranda 
(1906), Juan Aymerich (arg., 1907). Enrique Banchs (arg., 1907). Felipe 
Cortines Murube (1907). Manuel Gálvez (arg., 1907). Andrés González 
Blanco (1907). Federico Urbach (cub-, 1907). 

Véase cómo van pareciendo los dramáticos: Arniches (1888). Gon- 
zalo Cantó (188S). Dicenta (1888). López Marín (1888). Ce^so Lucio 
(1888). L. Larra y Ossorio (1891). Joaquín Abati (1892). Benavente 
((892). Jiménez Pastor (arg., 1892). Rafael S. Ana (1892). Ventura de 
la Vega (1892). J. Juan Cadenas (1893). Antonio Casero (1894). M. 
Fernández de 'lia Puente (1894). Enrique García Alvarez (1894). Anto^- 
nio Paso (1894). Pérez Petit (urug., 1894). Eduardo Montesinos (1895). 
Los Quinteros (1897). Martínez Viérgol (1897). Prats Peralta (1897). 
Juan Arzadun (1898). Antonio López Monis (1898). Gregorio Martínez 
Sierra (1898). Federico Oliver (1898). Francisco Villaespesa (1898). 
Jacinto Grau (1899). Eduardo Marquina (1899). Sebastián Alonso Gó- 
mez (1900). Antonio Domínguez Fernández (1900). Federico Gil Asen- 
sio (1900). Felipe Pérez Capo (1900). Francisco Toro Luna (1900). Luis 
Esteso (190T). Ramón Asensio Más (1902). Enrique García Velloso 
(arg., 1902), Antonio Fernández Lepina (1903). Manuel Linares Rivas 
(•^903)- Florencio Sánchez (arg., 1903). Pedro Muñoz Seca (1904). Ja- 
cinto Capella (1905). Luis Linares Becerra (1905). Enrique López AÜar- 
cón (1905). Atanasio Melantuche (1905). Pedro Pérez Fernández (1905). 
Antonio Ramos Martín (1905). Antonio Rey y Soto (1905). Víctor Do- 
mingo Silva (chil., 1905). Manuel Abril (1906). Francisco Hederra 
(chil., 1906). Ramón López Montenegro (1906). José A, Ramos (cub., 
1906). Felipe Sassone (per., 1906). José López Pinillos (1907). 

Véase cómo van presentándose los novdistas y demás prosadores: 
Mercedes Cabello (peruana, 1888). Gonzál.^^ Obreo^ón (mcj., 1888). 
Larrubiera (1888). Ocantos (arg., 1888). Wenceslao Retana (1888). 
Reyles (urug., 1888). Zozaya (1888). Blanco García (1889). N. Díaz 
de Escovar (1889). Aquileo Echeverría (costarr., 18S0. Federico Gam- 
boa (mej., 1889). Morales San Martín (1889). Sánchez Diez (1889). 
Zumeta (venez., 1889). TuHo Pebres Cordero (venez., 1890). López de 



72 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Sáa (1890), Pascuaü Millán (1890), P. Juan Mir (1890), Picón Pebres 
(venez., 1890). Luis Urbina (mej., 1890), Arturo Reyes (1891). Maria- 
no Baselga (1892). Fernández Medina (urug., (1892). Gómez Carrillo 
(guatem., 1892). Jiménez Pastor (arg., 1892). Maragall (1892 j. IMontero 
Barrantes (costarr., 1892). L Orrego Luco (chil., 1892)- Miguel Eduar- 
do Pardo (venez., 1892). Rosario Puebla (arg., 1892). Fr. Ambro- 
sio de Valencina (18^2). Gabriel M. Vergara (1892). Azorin (1893). 
Testa Garcia (venez., 1893). Zamacois (1893). Ricardo Fernández 
Guardia (costarr., 1894). Luis Maldonado (1894). Juan Ochoa (1894). 
Antonio Palomero (1894). Francisco Pérez Mateos (1894). Pérez Pe- 
tit (urug., 1894). José María Saüaverría (1894). Enrique Sawa (1894). 
Valle-Inclán (1S94). N. Alonso Cortés (1895). Blanco Fombona (venez., 
1895). Ángel del Campo (mej., 1895). Juan Domínguez Berrueta (1895). 
Deilfin Fernández y González (1895). Javier Fernández Pesquero 
(1895). Gómez de Baquero (1895). Clemente Palma (per., 1895). Ma- 
nuel Bueno (1896). Tomás Carrasquilla (col., 1896). Ganivet (1896). 
Rodó (urug., 1896). Magdaleno de Santiago (1896). Javier de Viana 
(urug., 1896). Waísse (chil., 1896). Bonilla S. Martín (1897). Emilio 
Gutiérrez Camero (1897). L. López Ballesteros (1897). Daniel y Car- 
los Martínez Vijil (urug., 1897). Pérez Triana (col., 1897). Clímaco 
Soto Borda (col., 1897). Unamuno (1897), Alberto Casañal (1898). Tu- 
lio M. Cestero (domin., 1898). Pedro Emilio Coll (venez., 1898). Gre- 
gorio García Arista (1898). José Toral (1898). Joaquín Argamasilla 
(1899). Rafael M. Camargo (col., 1899). César Dominici (venez., 1899). 
Salvador González Anaya (1899). Llamas AguiHaniedo (1899). Pío Ba- 
raja (1900). Eduardo Barriobero (1900). Enrique Barrios (mej., 1900). 
Carmen de Burgos (1900). Julio Cejador (1900). Alfonso Danvila (1900). 
Ángel Estrada, hijo (arg., 1900). Joaquín García Monge (costarr., 1900). 
Teodoro Gascón (1900). Baldomcro Lillo (chil., 1900). Luis López 
Allué (1900). Juan Muñoz y Pabón (1900). José M. Souza Reilly (urug., 
1900). Francisco Acebal! (1901). Roberto Alarcón (chiL, 1901). Octavio 
Bunge (arg.. 1901). Ángel Carnevali (venez., 1901). Mariano Domín- 
guez Berrueta (1901). Claudio González Rucavado (costarr., 1901). Ga- 
briel Miró (1901). José Ortiz de Pinedo (1901). Julio Víctor Tomey 
(1901). Felipe Trigo (1901). Prudencio Canitrot (1902). Emilio Carre- 
re (1902). Jesús Castellanos (cub., 1902). Mauricio López Roberts 
(1902). Gustavo Martínez Zuviria (arg., 1902). Raull Montero (urug., 
1902). Alberto Nin Frías (urug.. 1902). Francisco Pérez (venez., 1902). 
Manuel Ugarte (arg., 1902). Luis Valera (1902). Arturo Carricarte 
(cub,, 1903). M. Ciges Aparicio (1903). Concha Espina (1903). José 
Francés (1903). Isidoro Coloma Quevedo (1903)- Antonio Hoyos (1903). 
José Antonio Román (chil., 1903). Antonio Sánchez Ruiz (1903). Be- 
nigno Várela (1903). Juan Blas y Ubide (1904). Fr. Pedro Fabo (1904)- 
Francisco García Calderón (per., 1904), Ramón Gómez de la Sema, 
(1904). Carlos González Peña (mej.. 1904). Emilio C. Guerrero (venez., 
1904). José León Pagano (arg., 1904), Luis Martínez Kileiser (1904). 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO yS 

Pedro Mata (1904). Isaac Muñoz (1904). Rafael Pamplona (1904). Ra- 
món Pérez Avala (1904). Ramón de Solano (1904). Antonio Velasco 
Zazo (1904). Emma de la Barra (chil., 1905). Enrique A. Carrillo (per., 
1905). Emilio Cuervo Márquez (col., 1905). Pedro Henríquez Ure- 
ña (dom., 1905), Guillermo Labarca (chil., 1905). Serafín Puertas (1905). 
Julio Puyol (1905). José de lia Riva Agüero (per., 1905). Fernando A. 
Santibáñez (chil., 1905). Alberto Tena (arg., 1905). Hugo Barbagelata 
(urug., 1906). Federico García Sanchiz (1906). Max Henríquez Ure- 
ña (dom., 1906). León Martín Granizo (1906). Carlos Pereyra (mej., 
1906). Emiliano Ramírez Angdl (1906). Pedro de Répide (1906). Felipe 
Sassone (per., 1906). Carlos Arturo Torres (col., 1906). Mariano Alar- 
cón (1907). J. Eduardo Barrios (chil., 1907). Manuel Bedoya (per., 1907). 
Manuel Gálvez (arg., 1907). Federico García Godoy (dom., 1907). An- 
drés González Blanco (1907). Alfonso Hernández Cata (cub., 1907). Al- 
berto Insúa (1907). José López Pinillos (1907). Rafael López de Haro 
(1907), Juan A. Zubillaga (urug., 1907). 

14. Año 1888. Rubén Darío (i 867- 19 i 6) nació ,en Meta- 
pa, departamento de Segovia, en la República de Nicaragua ; 
crióse con su madre, apartada del marido; luego en León, en 
la casa colonial de su abuela materna; por fin, con una tía, 
prima de su padre. Estuvo algún tiempo en el Colegio de Je- 
suítas ; a los trece publicó versos algo zorrillescos en El En- 
sayo (1880); luego en El Temwmetro^ y artículos contra el 
Gobierno en La Verdad. Enseñó Gramática en un colegio ; 
pero á poco pasó á Managua, donde, empleado en la Biblioteca 
Nacional, leyó los clásicos en las ediciones de Rivadeneira, y 
no poco á Zorrilla, Bécquer, Góngora y Víctor Hugo. Publicó 
allí, á los diez y ocho de su edad, su primfer libro, Epístolas y 
poemas (1885). Partióse para El Salvador, donde le favoreció 
el presidente Zaldívar, y adoleció de viruelas ; vuelto a Nicara- 
gua, estuvo empleado en la secretaría del presidente Zavala, y 
fuese á Chile (1886). Escribió en La Época y El Mercurio^ de 
Santiago; fué premiado en un concurso, y tuvo un empleo en 
la Aduana de Valparaíso, que perdió por darse á la vida bo- 
hemia. En aquella ciudad publicó Abrojos (1887), en que imitó 
las saetas de Cano; Las rosas andinas (1888), de entonación 
becqueriana, y Azul (1888), prosas y versos, de arte afrance- 
sado y espíritu cosmopolita, inspirado en los escritores fran- 
ceses y de tonalidad generalmente parnasiana. E^te libro, donde 
camipea con toda claridad la extraña fuerza de asimilación que 



74 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

poseía Rubén para apropiarse cuanto leía y su no menos exqui- 
í.ita sensibilidad artística para vibrar al unísono con los poetas 
franceses, que por aquel entonces le traían sorbido el seso, to- 
mándoles sus maneras y fundiéndolas en otra suya propia ori- 
ginal, en la que señorean el refinamiento parnasiano y la volu- 
bilidad caprichosa de volar de flor en flor, recordando lo más 
exquisito de las épocas artísticas, sus autores y obras, la ^Mito- 
logía sobre todo y las tradiciones de Oriente, deslumbrando á 
cada paso con la novedad de lo inesperado, siempre posándose 
como de pasada con viveza de mariposa y con ligero revuelo y 
galanura aristocrática, fué el que le dio fama de gran poeta 
en América y España, tra3'endo á la Literatura castellana el que 
poco después llamóse modernismo. Por mediación de Eduardo 
de la Barra, que le prologó el libro, nombróle el general Bar- 
tolomé Mitre corresponsal de La Nación (1889), de Buenos 
Aires. Después de dos años pasados en Chile, volvió á su tierra 
y á San Salvador, donde el año 1890 se casó; dirigió La Unión 
y anduvo metido en política hasta que, comisionado por el Go- 
bierno de Nicaragua para el Centenario de Colón, vino á Ma- 
drid (1892), donde fué agasajado por los más célebres litera- 
tos. A su vuelta, el e?c presidente de Colombia Rafael Núñez 
consiguió de su República fuese nombrado Cónsul general en 
Buenos Aires. Con el dinero que le dieron pasó por Nueva York 
á Francia ; buscó en París á Verlaine, y jamás dio con él sin 
verle hecho una uva; conoció á Charles Morice y fué amigo de 
Jean 3*Ioréas. La "villa infernal y divina" dejóle sin un cuarto, 
y entonces se embarcó para Buenos Aires, tan hecho uva á me- 
nudo como Verlaine y gozando "el peligroso encanto de los 
paraísos artificiales". Fué después Secretario de la Dirección 
General de Correos en la Argentina cuando, á la muerte de su 
protector Rafael Núñez, se le acabó el momio del Consulado 
colombiano. Al publicar el 1896 en Buenos Aires Los Raros, 
sobre famosos escritores, y Prosas profanas, aunque algunos 
hablaron contra el simbolismo, la decadencia y su poesía, si- 
guiéronle los más ; fundó la efímera R'eznsfa de América con 
el boliviano Ricardo Jaimes Freyre; dióse una temporada al 
ocultismo y se embarcó á fines del 1898 para España como co- 
rresponsal de La Nación^ yendo luego á París al inaugurarse 




RUBEX DARÍO 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 73 

la Exposición de 1901, donde se quedó cuatro años como Cón- 
sul de Nicaragua. Desde allí salió varias veces á visitar otras 
tierras : Italia, Asturias, Dieppe, Bretaña, Bélgica, Alemania, 
Austria-Hungría é Inglaterra. Aunque Asiil salió en 1888 y 
Prosas profanas en 1896, los poetas jóvenes españoles le cono*- 
cieron del todo y se dieron á imitarle cuando estuvo en jNIadrid 
en 1898, y sobre todo desde que salió la edición de París de 
Prosas profanas en 1901 ; Amil no fué apenas conocido para 
ellos hasta la edición de Barcelona de 1907. Acpiel mismo año de 
1 901 se publicaron las crónicas que desde Madrid enviaba á La 
Nación, tituladas España contemporánea y Peregrinaciones. Los 
Cantos de vida y esperanza (1905) fueron para nuestros jóve- 
nes poetas la última consagración del maestro. En aquel libro 
dejó rasguñado su carácter artístico con aquellas palabras por 
las que afirmaba ser él "muy siglo diez y ocho y muy moderno 
y muy antiguo; audaz, cosmopolita" ; "3^0 no soy un poeta para 
muchedumbres", sino de la "aristocracia del pensamiento". Fué 
Cónsul de su patria en París desde 1901, Secretario de la Le- 
gación nicaragüense en la Conferencia Panamericana de Rio 
Janeiro; estuvo en Buenos Aires y Mallorca (1907), y con 
Vargas Vila fué nombrado de la Comisión de Nicaragua para 
el arbitraje del rey don Alfonso XIII sobre los límites de Hon- 
duras. Volvió á fines de 1907 en triunfo á su tierra, y de ella 
como Ministro á España (1908); pero, dejándosele de pagar 
su sueldo, pasó á París. En representación de Nicaragua asis- 
tió á las fiestas del Centenario mexicano (1910); mas la revo- 
lución había estallado; el Gobierno, bajo el influjo yanqui, no 
le quiso recibir, bien que el pueblo le manifestó admiración y 
aprecio. Como había quedado cesante en el cargo de Ministro 
cerca del Rey de España por el triunfo de los revolucionarios 
nicaragüenses, volvióse á París (1910) j allí fundó (191 1) las 
revistas Mundial y Elegancias, que divulgó por América en un 
viaje (1912). De París, donde le sobrevino fuerte anemia ce- 
rebral, pasó á reponerse á Palma de Mallorca, donde estuvo 
cuatro meses y escribió la novela autobiográfica inédita El Oro 
de Mallorca; después á Barcelona y á Nueva York á fines de 
1914, tan enfermo que apenas podía hablar. Allí le acometió 
(1915) además una pulmonía doble, de la cual mal convaleciente 



76 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

4)artióse á Guatemala y León de Nicaragua "en busca del ce- 
-rnenterio de mi país natal", según escribió á Gómez Carrillo, y 
de hecho á poco, tras una operación en el hígado, falleció de 
■hidropesía el 6 de febrero de 1916, con todos los auxilios espi- 
rituales. Su última poesía fué el Cmito del Cisne^ poema con 
-motivo de las fiestas de Minerva, octubre de 191 5, en Gua- 
-temala. 

15. Vida de R. D. escrita por él mismo, 1916, pág. 5. "En la ca- 
tedral de León de Nicaragua, en la América Central, se encuentra üa 
fe de bautismo de Félix Rubén, hijo legítimo de Manuel García y Rosa 
"Sarmiento. En realidad, mi nombre debía ser Félix Rubén García Sar- 
miento." Nació el 18 de Enero de 1867. L - Daríos llamaban en su tie- 
rra á los de su familia paterna por un antecesor de este nombre. Sus 
•padres, primos entre sí, casados por conveniencia, apartáronse á los 
ocho meses de matrimonio, uno antes de nacer Rubén. La prima de su 
padre. Bernarda Darío (f 1912), viuda de Félix Ramírez Madregil, 
le adoptó por hijo, y en la casa heredada falleció el poeta, en la ciudad 
de León. Firmóse ya desde joven Rubén Darío, por ser conocido su 
padre más por Darío que por García. Cuando en la revolución mata- 
ron á un hermano de su madre, llevaron la noticia de Ja acción, di- 
ciendo que "fué muerto también el indio Darío". Y á lo del indianis- 
mo aludió Rubén cuando dijo que tal vez tenga en sus venas "una gota 
tie sangre chorotega ó negrandana". De sus amoríos escribió el poeta : 
"Allá en el colegio mi adolescencia se despertó por completo... pensé, 
todavía vaga y misteriosamente en mi prima Inés... La dije todo lo 
que sentía, suplicante, balbuciente... ¡Oh, ella debía recibir gozosa mi 
adoración! Creceríamos más, seríamos marido y mujer." Luego fué 
Elena : "Arrastrada por el deseo me miraba la adorada mía, y nuestros 
ojos se decían cosas ardorosas y extrañas." A poco Hortensia Buislay, 
sa'tarina de una compañía ecuestre norteamericana: "Con mis catorce 
años encendidos quise irme en seguimiento de Hortensia Buislay. la 
niña ágil, errante silfo del salto." En Managua tuvo otros amores, 
"Mi juventud; ¿fué juventud la mía?", se preguntó más tarde el poeta. 
"Lo fué, sin duda, harto prematura. "Poeta niño" le llamaban en su 
'tierra. Ventura García Calderón ha publicado en la Revue Hispanique 
{1917) Los primeros versos de Rubén Darío, de El Ensayo, y Eduardo 
de Ory en Rubén Darío, 1917, algunos de los escritos en Chile. La 
poesía á Colón, que escribió (1892) en Madrid y puede verse en la pá- 
gina 39 del mismo libro, es del corte de Núñez de Arce, pero muy 
inferior, comparada con las de este poeta. No mejor es su última poe- 
sía. Canto del Cisne, con las salidas de tono prosaicas, defecto prin- 
cipal del poeta : 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 77^' 

"Aquí reapareció la austera, 
la gran Minerva luminosa; 
su diestra akó de diosa áptera, 
y movió el gesto de la diosa 
la mano de Estrada Cabrera. 

Ya su voz regeneradora 
se oyera cuando hacia el Atlántico 
vibró con el glorioso cántico 
la voz de la locomotora. 
A aquella llamada sonora 
se conmovieron las montañas 
y los bosques, y entre las cañas 
y los troncos, los dioses viejos 
de los antiguos monolitos, 
los de pretéritos ritos, 
despertaron de su pasado. 

Y se asomó por la espesura 
para ver el monstruo de acero, 
la férrea sombra de Alvarado, 
y á su lado La Sin Ventura; 
tiembla el trajín del tren que grita; 
y, no lejos está apoyado 
en un invisible cayado 
el angélico Bethllemita. 

Luego hay otros conquistadores, 
religiosos, encomenderos, 
damas, alguaciles, señores, 
hechiceros, saludadores, 
traficantes y aventureros; 
y atrás, entre mágicas brumas, 
con sus pieles, oros y plumas, 
las tribus hijas de Votan, 
y reyes de águilas y plumas, 
los Kicab y Tecún-Umán." 

En el concurso necrológico de sonetos a la memoria de R. Daríc- 
por Caras y Caretas, fué premiado el de Emilio Baquero Lazcano (de 
Córdoba, Argentina). Véase, y con él los frutos de la escuela rube- 
niana: 

"las musas Á DARÍO 

Porque has hecho que el Verso, como efebo rosado, danzara 
En las liras de luz de la Aurora, magnífico y diestro, 
Cr roñando las rosas de tu vida profunda y preclara 
Con la música inmensa que ha vertido en los siglos tu estro; 

Porque amabas la luna, ¡dulce isla eucarística y rara; 
Y eras áspero y tierno, como rosa vestida de hierro, y tan nuestro 



78 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

Que tu VOZ era nuestra, Gloria de alas eternas ampara 
Tus poemas, tu nombre y la flor de tu estro, Maestro ! 

Tu corazón ha muerto, ¡rubí triste de arder fatigado...! 
En las aguas oscuras de sus negros países, la Muerte 
Matar quiere los cisnes de tus lagos, ¡oh claro Señor...! 

Ella cubre tu vida, como un vasto océano enlutado; 
Mas en vano : tu alma sobrenada y su canto se advierte 
Como un coro de cisnes en un Himno de Vida y de Amor." 

Casóse por lo civil en Costa Rica con doña Rafaela Contreras «n 
1890, de la cual enviudó á los dos ó tres años, y de la que tuvo á Rubén 
Darío Contreras que ahora (1918) tiene veintisiete años, habla co- 
rrectamente varios idiomas y se ha recibido de médico en la Univer- 
sidad de Heidelberg; es, además, artista; toca el piano y ha dado con- 
ciertos. Año y medio después de casado perdió á su mujer, dejando de 
cuatro meses el niño que recogió y educó lia familia de don Ricardo 
Trigueros, Volvióse á casar á poco (1893) con doña Rosario Murillo, 
de la que trató de divorciarse. Los últimos años de su vida acompañóle 
la camarera madrileña Francisca Sánchez^ de quien tuvo por hijo á 
Rubén Darío Sánchez, madrileño, que ha cumpllido ya diez años (1918). 
Sus crónicas en La Nación, de Buenos Aires, se imprimieron después 
en varios tomos. En Mundial, de París, dejó sus últimas poesías. Ru- 
bén Darío, El oro de Mallorca (nov. no acabada, en Nosotros, Febre- 
ro 1917) : "Itaspes (es Rubén)... decía todas las noches su padrenues- 
tro, pues había conservado, á pesar de su espíritu inquieto y comba- 
tivo y de su vida agitada y errante, muchas de las creencias religiosas 
que le inculkaron en la infancia...; gustaba poco del trato de la gente, 
de la betise circulante, que se manifiesta por la usual y consuetudina- 
ria conversación del vulgo municipal y espeso, como él decía. Así como 
gustaba de comunicar con los espíritus sencillos, con los campesinos 
simples, con los marineros, con los viejecitos y viejecitas de pocas 
luces... Tenía sus consecutivos padecimientos por do más pecado ha- 
bía; porqué el quinto y el tercero de los pecados capitales habían sido 
los que más se habían posesionado, desde su primera edad, de su cuer- 
po sensual y de su alma curiosa, inquieta é inquietante... Si un bebe- 
dizo diabólico ó un manjar apetecible ó un cuerpo bello y pecador me 
■anticipa, de contado, un poco de paraíso, ¿voy á dejar pasar esa segu- 
ridad por algo de que no tengo propiamente una segura idea...? Un 
temperamento erótico, atizado por la más exuberante de las imagina- 
ciones y su sensibilidad mórbida de artista, su pasión musical, que le 
exacerbaba y le poseía como un divino demonio interior. En sus an- 
gustias, á veces inmotivadas, se acogía á un vago misticismo, no me- 
nos enfermizo que sus exaltaciones artísticas. Su gran amor á la vida 
estaba en contraposición con un inmenso pavor de la muerte. Era ésta 
para él como ima fobia, como una idea fija. Cuando ese clavo de hielo 
•metido en el cerebro le hacía pensar en el inevitable fin, si estaba en 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 79 

soledad, sentía que se le erizaba el pelo como á Job al roce de lo noc- 
turno invisible. Tantos años errantes, con la incertidumbre del porve- 
nir, después de haber padecido los entreveros de una existencia de 
novela; en una labor continua, con alternativas de comodidad y de po- 
breza; con instintos y predisposiciones de archiduque y necesitado casi 
siempre, sin poder satisfacer sino por cortos períodos de tiempo sus 
necesidades de bienestar y aun de lujo, amigo de bien parecer, de bien 
comer, de bien beber y de bien gozar como era; cansado ya de una co- 
piosa labor, cuyo producto se había evaporado día por día; asqueado 
de la avaricia y mala fe de los empresarios, de los patrones, de los lex- 
plotadores de su talento; dolorido de las falsas amistades, de las adu- 
laciones interesadas, de la ignorancia agresiva, de la rivalidad inferior 
y traicionera; desencantado de la gloria misma, y de lia infamia dis- 
frazada 3- adornada y halagadora de los grandes Centros, se veía en 
vísperas de entrar en la vejez, temeroso de un derrumbamiento fisio- 
lógico, medio neurasténico, medio artrítico, medio gastrítico, con mie- 
dos y temores inexplicables, indiferente á ila fama, amante del dinero 
por lo que da de independencia ; deseoso de descanso y de aislamiento y, 
sin embargo, con una tensión hacia la vida y el placer — ¡ al divido de 
la muerte! — , como durante toda su vida. Curioso B^enjamín Itaspes." 
Historia de mis libros: "Más de una vez pensé en que pude ser feliz, 
si no se hubiera opuesto el rudo destino. La oración me ha sai! vado 
siempre, la fe; pero hame atacado también la fuerza maligna, ponien- 
do en mi entendimiento horas de duda y de ira. Mas ¿ no han padecido 
niayores agresiones los más grandes santos? He cruzado por lodazales. 
Puedo decir como el vigoroso mejicano: "Hay plumajes que criizan el 
"pantano y no se manchan; mi plumaje es de ésos." En cuanto á la 
bohemia inquerida, ¿habría yo gastado tantas horas de mi vida en agi- 
tadas noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los alco- 
holes, en et desgaste de una juventud demasiado robusta, si la fortuna 
me hubiera sonreído, y si el capricho y el triste error ajenos no me hu- 
biesen impedido, después de una crueldad de la muerte, la formación 
de un hogar...? Y gracias sean dadas á la suprema Razón si puedo 
clamar: Si no caí fué porque Dios es bueno... Ciertamente en mí existe, 
desde (ios comienzos de mi vida, la profunda preocupación del fin de la 
existencia, el terror á lo ignorado, el pavor de la tumba, ó, más bien, 
del instante en que cesa el corazón su ininterrumpida tarea y la vida 
desaparece de nuestro cuerpo. En mi desolación me he lanzado á Dios 
como á un refugio, me he asido de la plegaria como de un paracaídas. 
i\Ie he llenado de congoja cuando he examinado el fondo de mis creen- 
cias y no he encontrado suficientemente maciza y fundamentada mi 
fe, cuando el conflicto de las ideas me ha hecho vacilar y me he sen- 
tido sin un constante y seguro apoyo. Todas las fiil'osofías me han pa- 
recido impotentes y algunas abominables y obra de locos y malhecho- 
res. En cambio desde Marco Aurelio hasta Bergson, he saludado con 
gratitud á los que dan alias, tranquilidad, vuelos apacibles y enseñan á 



8o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

comprender de la mejor manera posible el enigma de nuestra estancia 
sobre la tierra." Arturo Ambrogi: "Rubén acaba de pasar moribundo 
por nuestros puertos, camino de Nicaragua. Va á León, á su pueblo 
natal, á reclamar un tibio rincón en la casa solariega. Los años le han 
abrumado. La enfermedad le ha herido mortalmente. Va triste. Va 
solo. Va desilusionado. Quien pudo verle, tendido en una ancha silla 
de 'lona, sobre cubierta, frente al mar, volviendo la espalda á la tierra, 
como en un gesto de altivo desdén, me dice que es solamente un ca- 
dáver el que algunos devotos llevan allí. ¡ Pobre Rubén ! Tiembla ante 
la idea de la muerte, como un niño ante la puerta de una estancia oscu- 
ra. Y cuando sonríe, forzadamente, por no dejar de hacerflo, hay en 
su sonrisa tal condensación de honda amargura, que más que sonrisa 
aquello parece una mueca." Edmundo Montagne, en Nosotros, Febre- 
ro 1916: "Vestía impecablemente, de acuerdo con las diversas cir- 
cunstancias que la sociedad impone, é impresionaba al pronto de res- 
petuosa manera, sin invitar luego, aun en sus mayores expansiones, 
á liberalidades desatentadas, menos á francachelas de plebeyo gusto... 
Subconscientemente acaso, exageraba la importancia del bien vestir 
para que en el trato surgiera de modo infalible el decoro de tos otros, 
ó acaso para poder callar con menos violencia de ánimo, pues él tenía, 
al parecer, así como el temor de su conversación con los demás..., su 
taciturnidad... Darío callaba, callaba, sin moverse, adquiriendo ese 
aspecto de ídolo budista que le era propio... Sin duda alguna el gran 
poeta era imprevisor para con las minucias de la existencia materiafl, 
Pero ó mucho me engaño ó Darío estaba convencido de su buena es- 
trella... Por más que él no se cuidara, ni mucho ni poco, de cómo vivi- 
ría mañana, vivió milagrosamente bien hasta el último de sus días... 
El vistió de lo mejor y más á su gusto y asiíó en los hoteles más lujo- 
sos y confortables... Aparecía tímido cuando estaba entre gentes á 
quienes no conocía y á quienes, en mucho ó en poco, debía mostrarse... 
Había una franca amabilidad en Darío, la que no era muy constatable 
sino entre sus íntimos... Darío creía en la eficacia médica... Su amor 
á lo raro no se había concretado a/I que demostrara en su libro de ma- 
gistrales estudios sobre escritores de excepción. Hasta en los últimos 
años de su existencia tuvo á más de un Lautremont ó de un Boecklin 
de que ocuparse. Lo bello ó lo raro no pasaba sin su advertencia, sin 
su alusión. Y esto era en el reino del arte como en el de la vida y como 
en el del ensueño, hermano de la Muerte y lindero, por tanto, de lo- 
desconocido, que lo atraía para desconcertarfo." 

16. Rubén Darío se ha hecho famoso como adalid de la 
lírica modernista en Atórica )'■ España y sobresale por la fíntira 
de su oído musical, por la cual ha remozado, siguiendo á Sal- 
vador Rueda, los viejos versos medioevales y ha injerido en 
ellos recursos nuevos, tan libres algunos, al parecer, y prosai- 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 8 1 

eos que sólo un oído tan delicado como el suyo y un buen lec- 
tor puede gozar de los variados matices de sus ritmos. El que 
conozca bien la rítmica de los cantares populares y de los re- 
franes hallará en ellos la misma riqueza y libertad, aunque 
Darío no la sacó de ellos, sino de las tendencias de las escuelas 
modernas francesas. Encajan, por consiguiente, generalmente 
hablando, tales libertades en la métrica castellana, antes bien, 
son más conformes á ella, al ritmo, digo, popular y castizo, 
que no las esi-rofas tan atadas de los poetas eruditos, conti- 
nuadores de la métrica italiana. No hizo, sin quererlo, acaso, 
más que soldar la tradición libérrima de la escuela castellana, 
medio vencida por la italiana en el siglo xvi ; aunque prefirió 
los versos largos, sobre todo el alejandrino francés. 

La misma libertad y volubilidad ofrece Darío en el estilo 
poético : puro parnasiano primero, parnasiano y algo impre- 
sionista simbólico después, luego cada vez más humanista neo- 
clásico, neopagano y neopanteísta, ha seguido todo el camino 
de la evolución lírica francesa, apropiándose algo de todas las 
maneras con la fuerza poética de su exquisita sensibilidad, re- 
finado gusto y fineza de oído, y trayéndolas todas ellas, quin- 
tesenciadas en un estilo personal, al Parnaso castellano. De 
todas estas escuelas francesas fué discípulo y le han seguido 
como á maestro muchedumbre de jóvenes en España y Amé- 
rica, resultando la manera ecléctica y libre de nuestra poesía 
de hoy, que de todas esas manifestaciones estéticas toma lo 
que le place para hacerse cada poeta con su estilo personal y 
propio, único criterio que hoy señorea y el único que verdade- 
ramente debe señorear en el arte. Todo ello débese en gran 
parte á Rubén Darío. Hay siempre en sus obras delicada poe- 
sía, brío y color; sentimiento, acaso menos y poco subjetivo. 
Pero la comezón por ser original, como en todos los modernos 
líricos franceses, le hace a veces caer en rarezas de pensa- 
mientos y palabras, despeñándole de repente desde lo más en- 
cumbrado hasta dar en verdaderas extravagancias y sandeces, 
que admiran algunos por lo extrañas, por lo peregrinas y no 
esperadas. Verdad sea que esto acontece las más veces en epís- 
tolas ó trozos que recuerdan los Sermones de Horacio, donde 
parece como buscado adrede cierto prosaísmo humorístico en 



82 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ritmo, palabras y salidas inesperadas que hacen más sabroso 
el decir por la agudeza del ingenio, que salta sin trabas, reto- 
zando y señor de sí, del asunto, de la métrica y del lenguaje. 
Es Rubén Dario uno de los pocos grandes poetas líricos caste- 
llanos del siglo XIX que, por serlo, ha traído al arte novedades 
líricas antes desconocidas, bien que no suyas personales del 
todo, sino tomadas de Francia. Porque, en suma, no descolló 
Rubén Darío por la invención, sino por la facultad asimila- 
dora, con la cual su sensibilidad supo apropiarse los mejores 
aromas y colores del moderno Parnaso francés. Pueden redu- 
cirse á tres principales sus novedades. Exquisitez en pensar 
mientos^ formas y ritmos^ propia de los decadentes franceseSj, 
como de quien se solaza recordando épocas cortesanas, cual 
la francesa del siglo xviii; épocas de refinado gusto, cual la 
helénica; épocas virginales y candidas, cual la medioeval y 
prerrafaelista; siendo, por lo mismo, poeta, no de muchedum- 
bres, sino de pocos de apurado y aun decadente gusto y cultura 
particular. Esnwro en la forma ^ conforme a los parnasianos 
franceses, aunque sin su marmórea frialdad, antes con la de- 
licadeza del sentimiento lírico y el ansia de nuevas y rebusca- 
das sensaciones, fruto que la lírica moderna sacó del roman- 
ticismo y que el decadentismo francés sutilizó y extremó. Li- 
bertad en la métrica^ imitada de la moderna lírica francesa, 
renovando todas las clases de versos que alguna vez se usaron 
en España, sobre todo en la Edad Media, y combinándolos de 
mil maneras, rompiendo á menudo las leyes tradicionales de la 
acentuación rítmica observada en cada clase de verso, hasta 
confundirse el ritmo poético con el prosaico, de modo que es- 
critos Beguidamente los versos de algunas poesías no diferirían 
de una bien trabajada y sonante prosa. Cuanto al lugar que á 
Rubén corresponde en el Parnaso español del siglo xix, no 
hay duda que es uno de los primeros; pero no el primero de 
todos, pese á ios modernistas, que no pueden ser admitidos 
como jueces en causa propia. Es uno de los maestros y grandes 
poetas que abrieron nuevos rumbos, como Quintana, Espron- 
ceda, Zorrilla, Carqpoamor, Bécquer, Rueda, Gabriel y Galán. 
Aunque en la preferencia por uno ú otro de estos sobresalien- 
tes ingenios entre á la parte el gusto y natural del que le pre- 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 83 

fiera á los demás, en el criterio estético sereno, universal y 
objetivo, siempre quedará Rubén como el adalid de una es- 
cuela lírica decadente, en que la palabra y, en general, la forma 
se sobrepone al fondo poético, como en el gongorismo y en 
todas las épocas decadentes y preciosistas. El prurito de la 
novedad y de hacer efecto en todas ellas, y más en la moder- 
nista, señorea al puro y limpio arte lírico de derramar afuera el 
alma y su sentir desinteresado. La afectación, como sombra al 
cuerpo, siguió siempre á esos intentos bastardos y ajenos al arte 
puro, y la afectación en el modernismo es demasiado mani- 
fiesta para que los mismos modernistas puedan razonablemente 
negarla. La afición por lo rebuscado y raro parece ya en el 
título del libro de Rubén Los Raros ^ los poetas raros que fue- 
ron de allí en adelante sus maestros; y aunque llegó á igua- 
larles, y aun á ganarles á algunos, hubo de ser uno de Los 
Raros Rubén Darío. El arte modernista, como el gongorismo, 
el preciosista, el romano de la edad de plata y el alejandrino, 
por ser arte decadente, fué arte por extremo culto y refinado, 
para pocos, alejado y aun enemigo declarado de lo popular y 
nacional : no es, pues, el gran arte, cuyos poetas llevan el nom- 
bre de vates y son voz y eco del sentir de una raza; á lo más, 
lo son del ceñido sentir de unas cuantas personas muy cultas y 
selectas. Las cualidades todas que distinguen del arte popular 
al arte culto, y que hacen á éste muy inferior, hállanse en el 
modernismo y en Rubén Darío. De ello tratamos en el primer 
tomo de esta Historia. Cuanto á los asuntos, aunque posterior- 
mente tocó Rubén algunos más hondos, de la vida y de la 
muerte, como quien tanto la temía, por lo común fueron los 
de toda escuela decadente, floreos juveniles sobre el amor, ge- 
neralmente lascivo, sobre el lujo, el mundo elegante y los re- 
finamientos versallescos, parisienses y de las épocas históricas 
refinadas. Es lo más superficial en que puede entretenerse un 
arte de jugueteo infantil; la reacción postmodernista, que sólo 
canta el hombre y la vida en las más hondas raíces del ser y 
del vivir humano, lo trágico y trascendental, prueba suficien- 
temente lo liviano y de poco tomo de los temas modernistas. 
La consiguiente manera y el tono de afeminada decadencia, de 
molicie y demasiada blandura del arte modernista, chocan no 



§4 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

menos con la reciura y virilidad de los cantores fuertes que 
sucedieron. En los mismos dias en que el modernismo se loza- 
neaba retozando femenilmente por España y América, cantaban 
con otro timbre de más robusto metal asuntos más hondos y 
nobles Almafuerte allende y Gabriel y Galán aquende el Atlán- 
tico. Si lo único de bueno que el modernismo trajo al arte es 
una mayor sensibilidad, nadie echará menos esa nueva sen- 
sibilidad en Almafuerte y Gabriel y Galán, los cuales son más 
hondamente afectivos que Rubén, con sensibilidad no tan fe- 
menina, pero si harto más varonil y más humana. El estruen- 
doso triunfo que aupaba en todas partes á Rubén no dejaba 
se oyese la voz de estos dos poetas; pero como el triunfo fué 
tan efímero y ligero cual la moda de un dia, hoy, para todo 
aquel que sepa aquilatar la grande, humana y sentida poesía, 
Gabriel y Galán y Almafuerte serán más altos y universales 
poetas que Rubén Darío, como lo es la poesía, en general, que 
ha sucedido á la modernista, y á la cual ellos pertenecen de 
lleno. Si en el verso es Rubén á veces un tantico afectado, en 
la prosa lo es casi de ordinario, ya en frases y palabras, ya en 
comparaciones y metáforas. No posee el ritmo prosaico, antes 
diríase caminar á trancas, como el marino cuando anda por 
tierra. Tiene muchos galicismos, construcciones bárbaras y 
poca propiedad de lenguaje. A menudo parece un principiante 
que no sabe dar paso en firme, sin la menor soltura ni gallar- 
día. A veces tiene frases muy felices ; aunque las más son re- 
miniscencias de otros autores. Ha hecho más daño con su prosa 
que con sus versos entre la juventud, sobre todo americana. 
Los más de los prosistas jóvenes de América escriben hoy con 
un encrespamiento tal de figuras, en tono tan bombástico, que 
trasciende á pedantería y poco asiento. La moderna llaneza es 
timbre inconfundible de sinceridad y de gravedad en el pensar 
y decir. Añádase la comezón por parecer rebeldes é indepen- 
dientes que no pocos afectan, dándoselas de valientes, y que 
para los discretos suena tan sólo á matonismo literario, agita- 
nado y barroco, y á mengua de verdadero saber y de juicio 
maduro y modesto. Todo ello débese á Rubén Darío, cuya 
prosa está afeada por todos estos defectos. 

Rubén Darío, en suma, es un tan gran temperamento poé- 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 85 

tico, que, á pesar de sus principios estéticos decadentes y de 
haber imitado á los poetas más decadentistas y extravagantes, 
hizo maravillosas poesías, en las que predomina un gusto ex- 
quisito, una fantasía riquísima y multicolor, una armonía ine- 
fable; dotes que hacen olvidar sus teorías decadentes y sus 
conscientes rarezas prácticas, arrebatando, quieras que no, al 
lector más exigente y más adversario de sus doctrinas estéti- 
cas con el poderoso arrastre de un altísimo poeta. 

jr 

17. Rubén Da-ío comenzó siendo medio clásico y medio román- 
tico, imitando á los grandes poetas españoles del siglo xix. Sus pri- 
meras poesías, publicadas poco ha en París, son becquerianas. De 1880 
á 1890 compuso su primer libro Epístolas y Poemas; las primeras sa- 
ben á Núñez de Arce y á Mcnéndez y Pelayo ; los segundos, á Zorrilla. 
Luego publicó Las Rosas andinas^ Rimas y contrarrimas, y Abrojos, 
dcnde se nota el eco de Campoamor y de Leopoldo Cano {Saetas), con 
dejos de Bécquer. Pero quedando muy por bajo de todos ellos apuntan 
ya las cualidades del Darío que conocemos, un exquisito oído musical, 
•cierta tendencia aristocrática y el desenfado llevado hasta la extra- 
vagancia, que tiene salidas de tono prosaicas y rastreras en medio de 
su empaque señoril. Como delegado de Nicaragua al Centenario de 
Colón (1892) vino á España y fué bien recibido por Núñez de Arce, 
Castelar, Campoamor, J. Valera y Pardo Bazán. Pero Rubén Darío, 
espíritu independiente é inquieto, quiso hacer otros vinos y probólos 
todos. Publicó Azul y Los Raros. De hecho raros eran algunos por lo 
misterioso y cerrado, aunque otros ni por poco conocidos lo eran, como 
Max Nordau, Ibsen, Edgar Poe, Paul Adam, Eranlo, sin duda, para 
él y él buscaba lo raro, que es cabalmente una de sus notas caracterís- 
ticas, como lo es de todos los líricos franceses modernos, que han pre- 
tendido épater le bourgeois, dar golpe, sobresalir sea como quiera. El li- 
bro está en prosa, el único de crítica algo seria del autor; lleva intento 
educativo, pretendiendo importar á España la cultura francesa, que le 
había gustado á él; encierra sutiles observaciones y está escrito en es- 
tilo y lenguaje ligero, desenfadado y algo fantasioso y pedante, como de 
<iuien descubre cosas que cree nuevas y comienza á sonreírse de los 
demás, que supone no las conocen y siguen á la antigua. Pero sobre 
todo la prosa es poética, modernista y ya conforme á la teoría de la 
''melodía ideal" que formuló después en el preámbulo de Prosas pro- 
fanas (1896) y se funda en el simbolismo francés de la imprecisión y 
del matiz, conforme al Art Poétique, de Verlaine, maestro de la es- 
cuela: "Pas de couleur, rien que la nuance." Y como escribió Jorge Pel- 
lissier (Etudes de Uttérature ef de morale contemporaincs, 1905) : "Los 
simbolistas alteran toda la Gramática racional al expresar, en lugar de 
ideas precisas y seguidas, sentimientos vagos y difusos. Subordinan ó 



t6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sacrifican las reglas á la traducción de su yo. Esto es lo que hacían tam- 
bién los impresionistas. Pero el impresionismo era algo casi exclusiva- 
mente pintoresco; y los simbolistas, mucho menos pintores que músi- 
cos, se cuidan mucho más de los efectos rítmicos. La influencia del 
simbolismo sobre la sintaxis habrá consistido en aligerarla, en darle 
una flexibilidad que no había tenido jamás con los parnasianos." Has- 
ta dónde llegó esta doctrina puede verse recordando á Rene Ghil, nue- 
vo Góngora, de quien son aquellos laberínticos y disparatados versos 
(Oicverture du ^'Voeu de zñvre") : 

"Horizontale dans la largeur large-ailant 
oü l'immemoire d'estuaire d'angles lent 
— tonnants de houle — est dans le vol du goéland : 
tonnante et qui separe en spumantes déroutes 
elle á haut dominé les limites dissoutes 
et vers quel angle ardu qui vainquait — s'égalant 
emergente au phare de Fixités..." 

Esta prosa poética, cargada de epítetos y de colorines, balanceada 
■en ritmos no menos poéticos, hastía y es rebuscada por extremo. Sólo 
cae al justo en leyendas poéticas como las de Bécquer, ó en cuentos le- 
gendarios como los de Azul; en tratados filosóficos ó críticos, está harto 
fuera de su lugar y huele que trasciende á afectación, hasta en el va- 
ronil Rodó. Fué al punto imitado por los americanos y hasta A. Gon- 
zález Blanco, que la alaba, no puede menos de notar que con esta imi- 
tación "cesó el peso gravoso de la influencia castellana, y vino á su- 
plantarla la influencia francesa. Se desdeñó el localismo y el color 
regional. Se abandonaron los giros castizos y las voces anticuadas. 
Se relegó al olvido el lenguaje engolado y académico que allá por los 
trópicos é intertrópicos solían cultivar los correspondientes de la Es- 
pañola". Y si la prosa del maestro resultaba afectada, ¿qué sería la 
de los discípulos, que carecían hasta de su ingenio poético ? Desde en- 
tonces se escribe en América un castellano afrancesado, plagado de 
extravagancias; una lengua franca, que los escritores defienden con el 
principio de la evolución natural del lenguaje, cuando no ha sido sino 
revolución y bien contra la naturaleza del habla castellana, pues se viste 
á la francesa. Fué este un nuevo gongorismo, latinizado y afrancesado 
á la vez, mientras el del siglo xvii sólo fué latinizado: verdadera lati- 
nogaliparla. Y si este lenguaje es reprobable en el verso, donde siem- 
pre permitimos mayores rarezas, en la prosa es sencillamente detes- 
table. La prosa del mismo maestro Rubén Darío lleva no pocos gali- 
cismos. Sus demás obras prosaicas salieron por artículos en La Na- 
ción, de Buenos Aires. Así España contemporánea, París, 1901 ; Pe- 
regrinaciones, París, 190 1 ; La Caravana pasa, París (sin f.) ; Tie- 
rras solares, Madrid, 1904, 1905; Opiniones, Madrid (sin f.) ; Pa- 
risiana, Madrid (sin f.) ; El Viaje á Nicaragua (1909), Todos sob 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 87 

libros impresionistas de viajes, según corría por unas ú otras 
tierras. La prosa de Darío alcanza su mayor períeccióu en Acul, Bue- 
nos Aires, 1903, con prólogo de J. Valera, que ya le había escrito al 
autor en Cartas americanas (1888). La parte poética de Asul se rotula 
El Año lírico, por evocar cada una de las estaciones: Primaveral, en 
romance; Estival, Autumnal é Invernal, en silva; Pensamiento de oto- 
ño^ en romance, y A un poeta, en serventesios; Anagke, en silva; 
después sonetos en alejandrinos y en versos de 17 sílabas, donde se 
ve el influjo métrico francés. Azul es el paso primero de Rubén hacia 
la renovación lírica, aunque todavía se muestra clásico. Francamente 
modernista fué ya en Prosas profanas, aunque sin las exageraciones 
posteriores, con la anarquía rítmica y aun falta de toda rima, como 
en aquellos versos, que no lo son : 

"¡Helena! 
; La anuncia el blancor de un cisne ! 
¡ Makheda ! 
; ¡ La anuncia un pavo real ! 

¡ Ingenia, Electra, Catalina ! 
Anuncíalas un caballero con un hacha." 

Mucha erudición clásica, mitológica, y á vueltas nombres y cosas 
vulgares que chocan. Lo raro, lo inesperado en ideas, vocablos, rimas, 
sobre el cañamazo de un clasicismo rebuscado y parnasiano. Con este 
libro trajo el modernismo á España. Desdeñáronle los poetas consa- 
grados, negáronle sus columnas los periódicos. El único que se le 
hizo amigo fué Salvador Rueda, amistad que más tarde rompieron 
las chismerías envidiosas de amigos desleales. Después del desastre 
nacional (1898) fué cuando la juventud literaria le abrió aquí los bra- 
zos y pudo publicar en La Vida Literaria, dirigida por Benavente, 
poesías como Canción de Carnaval, En 1904 todavía se ve, por la re- 
vista Helios (núm. 12), que le alababa una pequeña corte de joven- 
zuelos llamados poetas modernistas, no aceptando sus versos los más 
de los periódicos hasta 1910, que ya pudo publicarlos en El Imparcial 
y el Heraldo. Con Rubén Darío sonaron por entonces acá los nombres 
de otros simbolistas decadentes de América: el de Amado Ñervo y 
Leopoldo Lugones, el de Leopoldo Díaz y Manuel Díaz Rodríguez, 
etcétera. El simbolismo reinó en Francia de 1880 á 1890, naciendo 
con algunos bohemios que se apartaron de la escuela parnasiana en 
1880, Trasplantólo Darío, sobre todo, á España. M< da francesa traída 
por poetas americanos, ¿qué podía durar en esta tierra de propias 
tradiciones? Hemos visto que en 1904 sólo era admitido por un corro 
de jovenzuelos imitadores, no admitiéndole al maertro sus versos los 
grandes periódicos; en 1910 se los admitían ya; pero el corro de joven- 
zuelos imitadores se iba dispersando. Fué moda parisiense traída por ame- 
ricanos que sólo fué seguida por el dandismo literario, no calando ja- 



88 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

más, no digo en el pueblo, pero hasta ni en los literatos graves, y que 
desapareció tan presto como vino. Ya no había apenas en España mo- 
dernistas cuando salieron Cantos de vida y esperan::a (1905) ; en 
Francia habían desaparecido mucho antes. En 1904 {Ticnas solares) 
recomendaba Darío un libro de Fombona porque estaba ajeno "á las 
parodias de corrupción estética que infestan algunos de nuestros rin- 
cones literarios, verleníanismo por fuerza, sibilismo de importación, 
porque así se hace ahora^ cosas que á muchos parecen nuevas y que 
ya son, en verdad, muy viejas". Todo el toque del modernismo estaba 
en dar golpe y chocar despertando la admiración con la novedad y 
rareza. Pero como no hay cosa que antes pase que el afecto de la 
admiración y todo lo nuevo deja de serlo para los curiosos al día 
siguiente de visto y sabido, el modernismo no podía durar. Era cosa 
que sustancialmente consistía en la moda, como su nombre de moder- 
nismo lo dice: lo más efímero que hay y lo más contrario al arte, que 
es eterno, como es eterna la belleza, mientras que su caricatura, la 
moda, es, por propia naturaleza, pasajera. Esta nota de rareza que 
choque es la propia del modernismo y la que dio tono al m.odernismo 
español. Pero el fondo era parnasiano, mayormente en los poetas 
americanos que trajeron el modernismo. El pamasianismo fué un 
clasicismo nacido como reacción contra el romanticismo; esto es, un 
limar y repulir y contornear la forma con el mayor esmero contra el 
desdén ácrata romántico, un volver á los asuntos mitológicos contra 
el odio que los románticos les tuvieron; pero de ellos conservó la li- 
bertad métrica. Reacción á su vez contra el Parnaso fué el simbo- 
lismo, conserA'ando no poco de él, sobre todo, Verlaine y mucho más 
Rubén Darío. Contra el idealismo soñador de los románticos se alzó 
el realismo rastrero de los naturalistas en prosa y el positivismo con- 
ciso de forma en verso de los parnasianos; y contra esta limpieza del 
color y de la línea parnasiana se levantó de nuevo el idealismo vagt>; 
musical, instrumental del simbolismo. En Francia siempre anduvo así 
el arte, subiendo y bajando de extremo á extremo, bailando en la 
cuerda floja, por ganas de distinguirse y de aparentar, que es el pru- 
rito y flaco de los franceses. En España, raza realista, adonde venían 
de rechazo, atrasadas y ya sin fuerza esas modas, no pudo notarse 
tan claramente todo ese altibajar del arte francés. No sé que haya 
habido aquí un parnasiano puro ni un puro simbolista, como ni hubo 
en prosa ni un naturalista puro. No hubo aquí más que modernismo 
entre unos cuantos jóvenes ávidos de novedades, y esto durante una 
certa temporada. El realismo de la raza hizo chunga de ellos y tuvie- 
ron presto que dejarse de rarezas francesas. "En Rubén Darío, que 
es el primer verleniano de lengua castellana, subsiste aún —dice 
A. González-Blanco — , y casi siempre predominó sobre éste, el poeta 
académico y pulido, el poeta parnasiano... Más tarde su verUnianis- 
wío, su decadentismo, su acracia técnica, lo que puede conglomerarse 
en el nombre vago de modernismo, fué tomando ímpetu, y, á medida 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 89 

que se sentía más seguro de sí propio, se lanzaba á más veloz carre- 
ra... En Prosas profanas aún subsiste bien el poeta parnasiano, el 
poeta que sigue la tradición española, y predomina sobre el poeta 
nuevo, rebelde, que acaba de formarse dentro de él... Hay una veta 
do hispanismo en Rubén Darío que no se extirpa fácilmente... Prosas 
profanas encierra poemas de tan desemejante matiz como Mía y Dice 
mía, de un verlenianismo sutil y quintaesenciado; y Año nuevo y 
Coloquio de los Centauros, troquelados con arreglo al más inflexible 
parnasianismo. Y aun tratándose de métrica, ¿cabe comparación entre 
poesías tan de corte clásico como Era un aire suave..., Elogio de la 
seguidilla. Friso, Bouquet y La página blanca..., y composiciones 
tan preñadas de novedades técnicas, algunas de ellas inadmisibles, 
como Heraldos, El País del Sol, El Poeta pregunta por Stella, Canto 
de la sangre y El Reino interior... ?^^ Publicó después Cantos de vida 
y esperan:ra, Los cisnes y otros poemas, Madrid, 1909, donde es de 
notar la renovación del hexámetro, ya traído al castellano por Esteban 
de Villegas, juntamente con la combinación de endecasílabos y ale- 
jandrinos, versos inarmónicos, el pareado y otras antiguallas rítmicas 
con que buscó la novedad. El himno A Roosevelt es acaso el trozo 
más caliente y viril que ha escrito Rubén Darío, y la Canción de 
otoño en primavera, una de sus más acabadas poesías. En Cantos de 
vida y esperanza es donde extrema el autor las libertades métricas 
y todo su tecnicismo. No hay que admitir, sin embargo, á bulto y en- 
teramente lo que cacarean los modernistas, que soltó la métrica cas- 
tellana, encadenada antes por la rutinaria preceptiva. La preceptiva 
no hace más que sacar sus leyes de los versos usados, y la métrica cas- 
tellana nunca estuvo encadenada. Lo que hizo Darío fué admitir ver- 
sos inarmónicos, suprimir hemistiquios, menudear cesuras, cosas que 
á veces descerrajan el oído y no sueltan la métrica, sino que la vuel- 
ven loca de atar. Y á atarla volvieron los más de nuestros poetas, 
hasta los mismos modernistas, porque ni el poeta, por loco que le 
permitamos ser, es bueno que ande más loco que una cabra. Los ver- 
sos bien hechos de Darío valen mucho más que los que su locura 
novadora deja trepar por esas peñas y que amargan, cuando llegan, 
el gusto que nos daban los buenos. Que lo son por el cabo merced 
á la elegancia y suavidad musical de su fino oído. Salvador Rueda 
fué el vocero del talento de Rubén Darío en España. A pesar de los 
desenfrenos revolucionarios que traía, le abrió paso, dióle á conocer 
con generoso corazón. Por sus buenos oficios pudo publicar Rubén 
Darío en El Liberal la primera composición que con su firma apa- 
reció en España, y luego El Elogio de la seguidilla. Hasta entonces 
■se le habían cerrado todas las redacciones, teniéndole por chiflado, y 
entonces se inventó el risible mote de modernista para los poetas 
que hablaban de princesas pálidas, nenúfares, crisantemos y atar- 
deceres glaucos. Rubén Darío escribió el prólogo al libro de Rueda 
JEn Tropel, y en una nota Rueda llamaba á su amigo "el poeta... 



QO ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que más sobresale en la América latina, el que del lado de alUt 
del mar ha hecho la revolución en la poesía, el divino visionario, 
maestro en la rima, músico triunfal del idioma, enamorado de las 
abstracciones y de los símbolos y quintaesenciado artista que se llama 
Rubén Darío. Sabiendo yo cómo su afiligranada pluma labra el verso, 
le he ofrecido las primeras páginas de esta obra para que en ellas 
levante un pórtico, que es lo único admirable que va en este libro, á 
fin de que admiren á tan brillante poeta los españoles...". Desde 1900 
corrió por España la firma de Rubén Darío. Cuando se lee á Rubén, 
después de leídos otros poetas modernistas, no se halla sino otro mo- 
dernista, aunque el mejor de todos ellos, el esbelto pino añoso que 
descuella entre pimpollos chicos, más ó menos talluditos, más ó menos- 
raquíticos. Pero al advertir que fué Rubén Darío el primero que en 
castellano escribió versos modernistas, cae uno en la cuenta de que 
no hay tal modernismo, sino una nueva lírica, rubeniana habremos de 
llamarla, imitada más ó menos felizmente por los que han seguido su 
escuela. Es, pues, la lírica modernista la tonalidad lírica de Rubén 
Darío. Es algo nuevo en el arte, desconocido antes de él así en Fran- 
cia como en España, por más que se hallen sus raíces en los parna- 
sianos franceses y algrin matiz de su poesía en el verlenianismo. Es 
Rubén un parnasiano particular. Esa nota particular es el modernis- 
mo lírico castellano, por ser la tonalidad lírica de Rubén, de la cual 
se ha derivado á sus imitadores. Cada gran poeta trae al arte una 
tonalidad nueva; no hay mejor criterio para distinguir á los grandes 
poetas del coro de imitadores que siguen las escuelas que ellos crean 
con esa su nueva tonalidad. Hay una tonalidad lírica de Quintana que 
después se deja oír en infinidad de discípulos suyos, tanto en España 
como en América. Hay otra tonalidad nueva en Espronceda. Zorrilla 
trae otra, y otra trae Bécquer, otra Campoamor, otra Rueda y otra 
Gabriel y Galán. Son tantas nuevas maneras de lírica castellana del 
siglo XIX cuantos son los grandes poetas, los verdaderos creadores 
líricos de nuestra raza durante el mismo siglo. Pretender aquilatar 
cualquiera de estos poetas comparándolo con otro de ellos es preten- 
der aquilatar un tono cualquiera musical con otro de la gama. Todos 
ellos son perfectos en su línea y dan una sensación propia, incon- 
fundible y sin par ni semejante. Según el gusto particular, uno pre- 
ferirá el reconcentrado y melancólico tono de sí bemol menor, otro el 
triunfante y franco de do mayor, éste gustará más de Bécquer; aquél, 
de Quintana. Lo que sí puede y debe hacerse es declarar la tonalidad 
de que se trata y explicar sus causas, que están parte en el carácter 
del poeta, parte en la escuela que fué más de su gusto, parte en el 
medio artístico y social y en la época en que vivió. Cuanto al carác- 
ter, Rubén Darío es un exquisito, amigo de lo aristocrático y esco- 
gido, enemigo de lo vulgar, de lo popular, de lo común: es poeta para 
pocos, jamás lo será para un pueblo entero. Esta preferencia de sus 
gustos le llevó á ser parnasiano. Su vida bohemia, como la de Ver- 



S. XIX, 1885. RUBÉN DARÍO Ql 

laine, y la soltura del ritmo verlainiano que señoreaba en París,, 
cuando Rubén en París se formó, le hicieron tomar algunos matices 
de esta escuela, y sobre todo romper con la métrica tradicional. La fuer- 
za de sentimientos, de sensaciones, mejor digamos, de toda la lírica 
moderna de después de los románticos, calentó su parnasianismo, que 
por lo mismo no fué tan frío como el parnasianismo francés. El rea- 
lismo de la raza hispana, la tendencia á la claridad y al color, la fan- 
tasía de nuestra gente, le desvió del simbolismo francés, del idealismo 
europeo y de la nebulosidad germánica. Todas estas raíces tiene la. 
lírica de Rubén Darío, Detengámonos un poco en ellas, recordando 
sobre todo las corrientes líricas francesas en las cuales bebió al for- 
marse como poeta en París. El carácter aristocrático y exquisito de 
Rubén Darío nos lo pinta bien Gómez Carrillo con un solo rasgo 
(La Bohemia Sentimental, dedic.) : "Cuando Rubén Darío tenía ta- 
lento... estuvo á punto de asesinar á un amigo suyo que le llamó 
bohemio. — i Bohemio yo ! — gritaba con tono fiero el autor de Azul — , 
\ Pues no faltaba más ! Los bohemios no existen ya sino en las cár- 
celes ó en los hospitales... En nuestra época, los literatos deben lle- 
var guantes blancos y botas de charol; porque el arte moderno es 
una aristocracia." A pesar de ser un verdadero bohemio en la vida, 
tan bohemio como Verlaine, en arte calzábase guantes blancos y botas 
de charol, quería ser un aristócrata y abominaba del pueblo. Rubén 
Darío es un verdadero poeta lírico y de tanta riqueza y variedad de 
tonos, que parece difícil formular brevemente su carácter. Después 
de mucho estudiarle se ve que puede cifrarse en que ha sabido como 
nadie empaparse en el espíritu de la poesía moderna francesa y ver- 
terlo en versos castellanos, siendo á la vez tan castellano como puede 
serlo un poeta de nuestra raza que lleva espíritu francés, y tan fran- 
cés como puede serlo un poeta que habla en castellano. Como nues- 
tros jóvenes admiraban la poesía francesa y trataban en vano de 
imitarla, vieron en él al maestro que había alcanzado lo que ellos 
deseaban y no alcanzaban, y se hicieron sus discípulos. Esta íntima 
compenetración de dos genios poéticos en uno, del francés y del caste- 
llano en Rubén Darío, parece cifrar el carácter de su lírica. El fondo 
de la lírica francesa moderna era parnasiano, no siendo el simbolis- 
mo más que una rama del Parnaso, que alguna rara vez imitó Ru- 
bén; pero demasiado poeta para reconocer el extravagante desvío de 
esta escuela, no quiso ser enteramente simbolista. Las notas parna- 
sianas son, según Andrés González Blanco, "la nitidez del contorno 
y la concisión rielampagueante". Siempre el helenismo entendido á 
la francesa, ni más ni menos que en el siglo clásico de Luis XIV. El 
francés, superficial por naturaleza, se dejó siempre arrebatar por los 
visos deslumbradores de la forma clásica sin calar el fondo del 
helenismo. Arte aristocrático el clasicismo francés del siglo de 
Luis XIV, no lo es menos el parnasianismo moderno: desdeñan uno 
y otro el arte popular, no quieren nada con la plebe. Pero el moder- 



92 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

rio es más superficial todavía, porque todo lo pone en el refinamiento 
-de la palabra, hasta dar en el simbolismo, en que la palabra sea tan 
sutil, delicada y aérea que se convierta en música y sólo como música 
sea expresiva, no como palabra; arte de sugestión, de alusión para 
que haya misterio. Se opone el simbolismo al Parnaso, que prefiere 
la línea, la tersura y claridad; pero de hecho es una hijuela de él, 
consistiendo en el refinamiento de la expresión. Por lo mismo se pa- 
rece al gongorismo y llegó como él al misterio, al enigma, á dar que 
descifrar, más bien que dar á entender claramente. Porque todas son 
tendencias del refinamiento de la forma, á que naturalmente propen- 
de la imitación superficial, del arte clásico. Rubén Darío, ya exqui- 
sito y aristocrático por carácter, afilióse al Parnaso. "Huye, por con- 
siguiente, lo ordinario como el armiño lo impuro; ama prodigar la 
seda, el oro, el mármol, como términos de comparación..., el instinto 
del lujo, material y espiritual, con cierta indolente non curanza del 
sentido moral..., versos preciosos, de una distinción impecable, de 
un incomparable refinamiento de expresión." Así J. E, Rodó, Todos 
convienen además en hallar en él la gracia de Watteau, Estas exqui- 
- siteces parnasianas son una manera harto particular, superficial y 
francesa de practicar el principio aquel de el arte por el arte, que no 
se había visto nunca por tierras españolas. Poetas desinteresados, no 
utilitarios, no doctrinarios, fueron los más de los poetas españoles, 
que practicaron en su verdadero sentido este principio; pero mirar 
tan sólo á la vestidura poética, ni aun á los gongorinos se les ocurrió. 
Eso se quedaba para los poetas modernos franceses. De aquí la frial- 
dad, que atribuyen al clasicismo los que lo interpretan por las obras 
de sus imitadores. Nada de pasión, nada sino el arte, nada sino la 
forma más exterior, *'los mórbidos é indolentes escorzos, las sereni- 
dades ideales, las languideces pensativas, todo lo que hace que la 
túnica del actor pueda caer constantemente sobre su cuerpo flexible 
en pliegues llena de gracia", que dice Rodó. Eso es el Parnaso; aun- 
que en Rubén Darío la sangre de la raza rebulle siempre en lo hondo, 
debajo de esa piel mórbida y glauca, que los modernistas pintan. Otra 
nota principal de todo el arte francés moderno y de siempre es la no- 
vedad, el dar golpe, el admirar: Le rare est le bon, que dijo alguien. 
De lo raro á la rareza va tan poco, que rareza en castellano es lo mis- 
ino que extravagancia. De ello participó mucho en sus principios, y 
aun siempre le quedaron resabios á Rubén Darío, como á todo buen 
francés y como á todo imitador del clasicismo, sea gongorino, sea 
•modernista. Verdaderas majaderías, que ya pasan de extravagancias, 
ha buscado algima vez Rubén Darío para dar novedad á sus poesías; 
no quiero creer que tan alto ingenio se haya en tales casos dejado 
arrastrar de la rima. Habla de San Juan evangelista y de San Pablo: 
"A Juan virgen y á Pablo militar y violento, | á Juan, que nunca supo 
del supremo contacto; \ á Pablo, tempestuoso, que halló á Cristo en 
>el viento, | y á Juan, ante quien Hugo se queda estupefacto." Como 



S. XIX^ 1888. RUBÉN DARÍO qS 

Hugo, quédase estupefacto cualquiera persona decente ai oír lo del- 
supremo contacto hablando de San Juan y al advertir que llama f>ii- 
liiar á San Pablo, sin duda porque le pintan espada en mano. "Ver- 
lame es más que Sócrates", dice en otro lugar, porque "Amó más 
que la Grecia de los griegos I la Grecia de la Francia." Prefiere d 
seudohelenisrao francés al helenismo griego. La razón, ¡ porque en 
Francia hay más lascivia ! : "Porque en Francia | al eco de las risas 
y los juegos | su más dulce licor Venus escancia." "Demuestran más 
encantos y perfidias, | coronadas de flores y desnudas, | las diosas de 
Clodión que las de Fidias. | Unas cantan francés; otras son mudas." 
Hasta aqui llega su afrancesamiento y su ignorancia del arte heléni- 
cu, cuya lascivia pagana, muy superior á la francesa, aunque más na- 
tural y menos refinada, parece desconocer. Penetremos más adentro 
en el afrancesamiento de Rubén, en cuanto tiene de decadente y afe- 
minado. En sus mocedades cantó el amor sensual en Prosas profanas- 
(iSpó). Es poesia de refinado sensualismo, hasta hacerse carne el mis- 
mo espíritu. Es el sensualismo francés en la poesía, en la sociedad, . 
como efecto natural de la filosofía sensualista francesa del siglo xviii. 
"Celebra en sus versos el poeta — dice Lauxar — . con el ritual mun- 
dano de la obsequiosidad elegante, á sus amadas de un día en las fies- 
tas nocturnas y luminosas de los bulevares y los cabarets... Su amor 
no es el que impele y constriñe y se desembaraza de todo obstáculo en 
el empuje de la violencia irresistible; es más que amor, sed de amor, 
sabio capricho ó voluntad de goce, que se complace en la Divagación 
tranquila, entre imágenes pasionales de amores griegos, y franceses, y 
florentinos, y alemanes, y españoles, y exóticos, y en todos busca y en- 
cuentra su curiosidad de nuevos deleites, un halago distinto." En 
suma, Rubén es un exquisito sensual, que sólo busca el goce de la 
sensualidad más refinada y espiritualizada, espiritualizando el senti- 
do, pero sensualizando más todavía el espíritu. El arte moderno, hijo 
de la filosofía sensualista, sólo busca sensaciones, es afeminado y de- 
cadente, ha descendido y olvidádose de los nobles pensares, de los 
heroicos intentos, como la filosofía se ha olvidado de la noble metafí-- 
sica. Y en los poetas jóvenes las sensaciones esas redúcense á una 
sola, á la de] amor; amor sensual, por consiguiente, bien que refinado 
hasta frisar en el sadismo, convirtiendo en carne las más levantadas 
aspiraciones del alma. Pero la carne muere, en el placer sensual hay 
heces de amargura, dejos de hastío y de desengaño, y Rubén Darío, 
cerno todo verdadero poeta, por sensual que sea, ha dado en este pa- 
radero de cuanto fenece. Nueve años después, á los treinta y ocho 
de su edad, se publicaron Cantos de vida y esperanza (1905). "Juven- 
tud, divino tesoro, | ya te vas para no volver." No es la suya una' 
Canción de Otoño en Primavera ; su primavera está lejos ya y presta- 
á su otoño el recuerdo suave de los amores primeros. "Sus gustos han 
cambiado — dice Lauxar — ; un sosiego reflexivo y lento reemplaza á 
los ímpetus juveniles; las fuerzas perdidas en la sangre han pasado á- 



94 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

-SU espíritu. Sus goces, ahora más tranquilos, se han hecho más sabios. 
La filosofía epicúrea une á los placeres de su carne ima armonía de 
pensamientos y les transfunde el alma de un naturalismo lleno de be- 
lleza." De la carne de la mujer ha subido á la belleza del misterio del 
mundo. El poeta que encerrado en sí mismo dijo antes "el verso azul 
y la canción profana", sale ahora con "hambre de espacio y sed de 
-cielo" al mundo. "He meditado — escribe Rubén — ante el problema 
de la existencia y he procurado ir hacia la más alta idealidad. He ex- 
presado lo expresable de mi alma y he querido penetrar en el alma 
de los demás, y hundirme en la vasta alma universal... He cantado en 
diferentes modos el espectáculo multiforme de la Naturaleza y su 
inmenso misterio. He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la 
Historia, los poetas, los sueños, las esperanzas... He comprendido la 
fuerza de las tradiciones en el pasado, y de las previsiones en el fu- 
turo." Así, sin dejar de ser moderno, por "las previsiones en el fu- 
turo", se hizo más español y reconoció el valer de su raza por "la 
fuerza de las tradiciones en el pasado". En esta segunda época fué 
más eleA'ado poeta Rubén Darío, y cantó las ínclitas rasas ubérrimas, 
la Marcha triunfal^ á Rcosevelt, la Letanía de N. S, D. Quijote, sus 
obras de más levantado espíritu. 

Dicen de Teófilo Gautier que fué chino de adopción durante seis 
meses, árabe durante tres, indio por un año y griego toda su vida, asen- 
tando su escuela en el "Parnaso". Griegas son en Banville Las Cariá- 
tides y Le sang de la coupe. HaSta los decadentes Morcas y Mauricio 
Du Pessys invocan á Grecia y Roma. Griego de esta manera es Rubén 
Darío, sobre todo en el Coloquio de los Centauros, en el Palimpsesto 
y en el Friso. No es el helenismo ni el clasicismo éste de Rubén -y de 
la Francia del siglo xix el de la Francia del siglo xviii, ni menos el 
de los griegos y romanos; es un clasicismo modernista, de sello fran- 
cés, menos atado y más elegante y lírico que el antiguo seudoclasicis- 
mo de Versalles, pero tan francés y de pura forma superficial como 
aquél. Es el parnasianismo , alma de toda la poesía de Rubén Darío, 
aunque esa alma vaya revestida con todos los colorines del arlequi- 
nesco modernismo, cuya más resonante nota es lo que se llama dar 
golpe, pasmar por lo inesperado y raro. Raros y enigmáticos son los 
mismos títulos de las obras de Rubén Darío, modernistas, en suma, y 
nada clásicos, ni aun parnasianos. Prosas profanas son poesías exqui- 
-sitas, cuyo título tomó del hacer una prosa (mística) de Berceo. Va- 
lera frunció el ceño al oír el otro de Azul. Gómez Carrillo halló que 
••no todos los Raros eran raros. Ello es que tales títulos llaman la aten- 
ción: son modernistas. Rubén Darío es un verdadero parnasiano: no 
sueña más que en dar bonitas, delicadas expresiones. No es poeta que 
■nos abra su pecho y derrame sus afectos, pues de creer es que Rubén 
Darío tenía sus afectos y pasiones, su propio calor de alma, y sabe- 
mos bien que lo tuvo; mientras que ni pasiones propias, ni propios 
-:afectos, ni calor de alma hay en sus versos. Es subjetivamente frío. 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 95 

lü opuesto á Bécquer. El arte por el arte es su lema. No pretende en- 
señar, no pretende expresar nada de lo que á él le mueve, ni de lo que 
mueve ó conviene á la sociedad, ni de lo que encierra la moral ó la 
filosofía, según una ú otra escuela. Es desinteresado, demasiadamente 
desinteresado. Es relativamente frío. En sus versos no se retrata su 
alma ni la de n;:die. El arte por el arte es para él la delicada hechura, 
el estilo poético, la poesía de pensamientos ó sensaciones, sean cuales 
fueren ; porque el pensar y el sentir son para él pura materia que labra 
como cera para hacer poesía de pura forma. ¿No es esto ser parna- 
siano? Pues nada más es Rubén Darío. No le espanta la grandeza de 
ia naturaleza americana, ni la siente ni la toca jamás; no le conmue- 
ven ideales de ningún género. Su único ideal es tornear ideas y ver- 
sos. Como abeja rebusca toda idea bonita, toda bonita forma, sea cual 
fuere, dejando cuanto no es bonito, escogiendo y libando de la rea- 
lidad nada más que la flor de todas las bonituras y los sibaritismos 
raás exóticos. Luego esa flor la macera, la limpia, la acicala, la 
acendra, la acrisola y sale su poesía apurada en puras exquisiteces. 
Oros, mármoles, sedas, púrpuras, plumajes de cisne; lo suntuoso, lo 
elegante, lo que es puro lujo en la materia ó en el espíritu: de eso 
a'imenta su poesía. No hay, pues, que esperar de él nada de trascen- 
dental, de popular, de nacional ; nada que sepa á poesía, á drama ni 
aun á lírica pura personal; sólo hará, comúnmente hablando, ver- 
bos preciosos, refinados, livianos y fugaces sobre naderías; dijes y 
chucherías de puro lujo para vitrinas en elegante gabinete de dama 
ociosa. Es un poeta que debiera haber vivido en la graciosa, ama- 
nerada y selecta corte de Versalles del siglo xviii, corte que él 
evoca á menudo y por entre cuyo refinado gusto solamente conoce 
é imita el arte griego. Es, en suma, el Watteau de la literatura, 
•con su cielo azul y opalino. Sus poesías son minués, gavotas y pava- 
nas. Es su poesía poesía de abanico marfileño en manos de gentil mar- 
quesita galante. Pero hay un elemento nuevo en Darío añadido á aquel 
seudoclasicismo, y ese elemento nuevo es múltiple, viene del parna- 
síanismo moderno ó moderno clasicismo, francés, en cuya escuela hay 
que poner a Rubén Darío, y viene del decadentismo de Verlaine, del 
cual ha tomado algunas notas, las más transparentes y menos enig- 
máticas, y tales que no ensombreciesen, aunque matizasen policromá- 
ticamente, los cristalinos sones parnasianos, propios de su lira. "No 
me parece dudoso — dice Rodó — que puedan reconocerse en la ge- 
nialidad de nuestro poeta muchos de los elementos psíquicos y muchos 
de los elementos literarios que entran en la composición del complejo 
legado de Verlaine; pero no creo que pueda verse igualmente repro- 
ducido el carácter del conjunto que engendra el precipitado de la per- 
sonalidad." Verlaine tiene mucho de inconsciente, de bardo bohemio 
irreflexivo; Rubén Darío es siempre reflexivo, dueño de sí. Todo lo 
hasta aquí tratado tomó Rubén de Francia; todavía queda otro ele- 
mento importantísimo, la libertad métrica, que en Francia tuvo dos 



gÓ ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

causas: la rebeldía romántica, que por romper con todo lo clásico se 
desenfrenó en todo linaje de metros hasta entonces desconocidos, y 
el carácter antimusical de la lengua francesa, que, en dejando los con- 
tados troqueles métricos de sus clásicos, sólo pudo vaciarse en ritmos 
poco musicales, casi casi prosaicos. Rubén, por carácter propio y por 
su educación francesa, apropióse este espíritu de rebeldía y no menos 
la tendencia á los ritmos prosaicos. Ninguna falta hacían éstos en 
castellano, puesto que dentro del ritmo firme y severo da de sí nuestra 
lengua para un sinfín de variedades métricas, todas sonoras y distan- 
tes del ritmo de la prosa. De esta raya del ritmo poético, con toda, 
la amplitud que nuestra lengua le permitía, pasó Rubén, sólo por imi- 
tar á los franceses. De aquí que en los ritmos de este poeta haya que 
distinguir dos cosas. Loable es la libertad que se tomó doblando y tres- 
doblando las cuerdas de la lírica castellana; pero no lo es tanto, y es 
de muy dudoso gusto, el desenfreno que le llevó á veces á confundir 
el ritmo poético con el ritmo prosaico. Todavía él en estos casos prac- 
ticólo con tan fino oído, que el crítico más exigente no puede menos 
de gustar de esos versos que no son versos, pero que tienen su ritma 
prosaico no menos dificultoso y más variado que el poético. Porque, 
al fin y al cabo, el arte tiene infinitas manifestaciones, y no porque 
hasta ahora se hayan distinguido bien los ritmos poéticos y prosaicos 
va. á condenarse la fusión de entrambos en una obra de arte ; antes, 
por el contrario, los matices pálidos y sombreados del ritmo poético, 
que confinan ya con el prosaico, llevan consigo un dejo de sinceridad 
y de naturalidad muy propias para ciertos asuntos y estados de alma 
que no se expresan tan al justo con la pura prosa ni con el puro versa 
á la antigua recortado. Los imitadores de Rubén son los que han hecho 
verdaderas extravagancias en este particular, por ser tanto más difi- 
cultoso el labrar poesía en ritmos tan tenues y delicados que, sin ser 
del todo prosaicos, están á punto de serlo. Sobresale Rubén en et 
ritmo dactilico ó, si se quiere, trocaico, que muchos no han sabida 
imitar, y con el cual ha hecho versos larguísimos y desiguales, pero 
de tanta armonía como los de pocas y determinadas sílabas. Por ejem- 
plo, en Marcha triunfal y Salutación del optimista. En ambas admira- 
bles composiciones se ve ser este ritmo apropiadísimo para la épica 
castellana y harto más variado y grandilocuente que la tradicional y 
fatigosa octava real: "ínclitas | razas u | bérrimas, | sangre de His- | 
pánia fe | cunda." "Ya | pasa de | bajo los | áreos or | nados de | blanca» 
Mi I nérvas y | Martes, los | áreos triun j fáles en | dónde las | Famas 
e I rigen sus | largas trom | petas..." Este ritmo diríase hijo del hexá- 
metro ó verso heroico de griegos y latinos, de ritmo dactilico ó, S|i 
se quiere, trocaico, con anacruso en algunos versos, según ¡ndii'an las 
rayas verticales con que he dividido los pies ó metros. Pongamos ahora 
seguidos algunos versos de Darío, y nadie dirá sino que son pura prosa, 
y no grandemente poética ni musical : "¡ Divina Estación ! ¡ Divina Es- 
tación ! Sonríe el alba más dulcemente. La cola del pavo real oculta 



S. XIX, 1505. RUBÉN DARÍO 97 

SU prestigio. El sol aumenta su intima influencia; y el arpa de los 
nervios vibra sola. ¡ Oh, Primavera sagrada ! ¡ Oh, gozo del don sa- 
grado de la vida ! ¡ Oh, bella palma sobre nuestras frentes ! ¡ Cuello 
del cisne! ¡Paloma blanca! ¡Rosa roja! ¡Palio azul!..." Ni palabra 
ni frase que no sean asaz vulgares, fuera de lo subrayado. Por miles 
hemos leído, en árabe y griego, descripciones de la primavera que 
valen mil veces más que ésta. Cuanto á la métrica, en suma, Rubén 
no inventó nada nuevo; sólo resucitó algunas cosas algo caldas en 
desuso y se tomó algunas libertades contra los acentos fijos de ciertos 
géneros de versos, que sus seguidores han formalizado feamente en 
sistema. El descoyuntar el verso para dar más fuerza á una palabra 
importante parece libertad artística plausible; pero no lo es cuando 
por medio de la cesura se corta la palabra acentuando indebidamente 
un artículo, una preposición ó conjunción que forma parte de la mis- 
ma palabra, formalmente una por el único acento, ó se parte en dos 
una palabra larga dándole más acentos de los que en el habla tiene. 
Y no nos vengan con que los griegos cortaban así las palabras, por- 
que con eso ellos no trastrocaban los acentos de las mismas, como 
hacen los modernistas, que hasta tienen que acentuar el artículo, átono 
por naturaleza. Y hacer de tales licencias norma común, como lo han 
hecho algunos modernistas discípulos suyos, es indisculpable prurito 
de pretender parecerse al maestro imitándole tan sólo en sus deslices. 
Tampoco es de alabar el abuso del alejandrino, del pareado y de otras 
puerilidades por imitar la métrica francesa, que, musicalmente pobre 
de recursos, no merece la remede en semejante pobretería musical 
nuestra métrica, mucho más rica, libre y armoniosa. Rubén Darío, 
espíritu inquieto, nada mirado con nadie ni con nada, ni con la mé- 
trica tradicional ni con el tradicional lenguaje; mariposa que sube y 
baja, retoza sin sosiego, pero también sin cortesía para con nadie, 
metiéndosele á uno en los ojos, calabaceando contra la bombilla eléc- 
trica, alzándose como una flor, cayendo como una piedra; conjunto 
de locuras y puerilidades, lunático extravagante, niño sempiterno sin 
ayo y sin vergüenza. Hay que tomarse la venia de decírselo al que 
se la tomó de no tenerla; y ya que, por desgracia, no lo pueda ya oír, 
hay que decírselo a sus ciegos seguidores. La obra de Rubén Darío es 
una Alhambra hecha de todo lo refinado y ornamental, vistoso y apa- 
cible de griegos y romanos, orientales y árabes, renacientes y versa- 
llescos ; pero tan para pasto del pequeño egoísmo como la Alhambra, 
para saborear sensaciones menudas, para recrear la vista, para pasar 
el rato muellemente reclinado entre cojines y oliendo el perfume de 
las cazoletas. Nada de grande que estremezca, que lleve al infinito, que 
derrame el alma sobre los demás humanos: eso se queda para el cris- 
tiano, que levanta hacia el cielo una catedral que cobije bajo sus 
naves pueblos enteros. El moro hace su palacio para sí solo, hacia 
dentro ; por de fuera, nada ; traspasado el feo postigo, un paraíso. La 
obra de Rubén Darío es una Alhambra, nada tiene de catedral. En- 

TOMO X — 7 



98 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

caremos ya franca y valientemente la cuestión que interroga callada- 
mente en el pecho de los lectores, ¿Es cierto que Rubén Darío es el 
mejor poeta que ha cantado en lengua castellana y que, por de con- 
tado, lo es de los que en lengua castellana cantaron durante el si- 
glo XIX? Porque tal han proclamado algunos, sino que al ser amigos 
del poeta y de la escuela modernista, dejan de tener autoridad en estas 
proclamas. Carlos Arturo Torres, americano, comparándole con Núñez 
de Arce, el demodé para los modernistas, dice: "En tiempo de Petro- 
nio era moda menospreciar al noble Virgilio y al gran Lucrecio: las 
modas pasan, las pasiones del día se extinguen y la posteridad, que 
no comprende los tristes motivos de la actitud contemporánea, no re- 
coge sino lo que es digno de la posteridad. El colorismo, la orfebrería 
y el lapidarismo son adorables, pero no son toda la poesía, ni siquiera 
lo más importante y lo más hermoso de la poesía: lo precioso, lo esti- 
mable, pero lo grande, lo hermoso, lo sublime, lo son más aim; Boti- 
celli es digno de admiración, pero en nada amengua la grandeza titá- 
nica de Miguel Ángel; el Perseo de Benvenuto no es un argumento 
contra El Moisés, ni el Decameron contra La Dizñna Comedia,''^ Lo 
grande apenas apunta en ninguna estrofa de Darío ; señorea en 
todas las suyas lo menudo; lo bonito sobrepuja á lo hermoso; lo su- 
blime hállase enteramente ausente. Es hermosura al menudeo la de 
Rubén, es todo en él bonito, exquisito, refinado. La gran poesía no 
conoce el refinamiento, fruto de toda decadencia artística. Rubén Da- 
río es im grandísimo poeta, nacido en época artísticamente decadente. 
Tiene bellezas que ningún otro poeta español tuvo: por eso es uno de 
ios grandes poetas; pero careció de otras bellezas mayores y de mo- 
mentos sublimes que los demás tuvieron : es, pues, menor que ellos. 
Sin ir muy atrás, hasta Núñez de Arce, según la cita de Arturo To- 
rres, es uno de ellos. ; Cuánto más Gabriel y Galán y Bécquer ! i Rubén 
Darío el mayor poeta lírico que ha escrito en castellano ! Exageración 
manifiesta que conviene deshinchar con la sencilla observación de rio 
aer nada popular la poesía de Rubén y sí sólo de unos cuantos devoto» 
feligreses, cuya cofradía desaparecerá en cortos años y con ellos la 
poesía del maestro, fruto artificial y de gabinete, moda literaria de 
vna temporada que, por elegante y maravillosa que sea, y de hecho 
lo es, no puede parangonarse con lo popular, que es en cierta manera 
eterno, tanto como el pueblo. Por Extremadura cantan las gentes ver- 
sos de Gabriel y Galán, y versos de Bécquer se cantan por todas par- 
tes, por ser mucho más populares. Pues ya dijo Costa que para que 
•una poesía sea verdaderamente popular "es menester que todo en ella, 
salvo la ejecución, sea del pueblo": los sentimientos, las creencias, la 
forma de expresión espiritual, la versificación, la manera de divul- 
garse (Introd. á un trat. de Política. Madrid, 1881. Pág. 208.) 

Rubén Darío en La Nación (julio, París, 1913) : ¿Cuál fué el 
origen de la novedad (en Azul) ? El origen de la novedad fué mi 
reciente conocimiento de autores franceses del Parnaso, pues a la sazón 



S. XIX, 1868. RUBÉN DARÍO 99 

la lucha simbolista apenas comenzaba en Francia... Fué Catulle Men- 
dés mi verdadero iniciador... Algunos de sus cuentos líricos-eróticos, 
una que otra poesía de las comprendidas en el Poníase contemporaine, 
fueron para mí una revelación. Luego vendrían otros anteriores y 
nr.ayores: Gautier, el Flaubert de La tentación de S. Antoine; Paul de 
Saint Víctor, que me aportarían una inédita y deslimibrante concep- 
ción del estilo. Acostumbrado al eterno clisé español del siglo de oro 
y a su indecisa poesía moderna, encontré en los franceses que he 
citado una mina literaria por explotar: la aplicación de su manera de 
adjetivar, de ciertos modos sintáxicos, de su aristocracia verbal, al 
castellano... Concentré en ese color célico la floración espiritual de 
mi primavera artística... Se componía de un puñado de cuentos y poe- 
sías que podrían calificarse de parnasianas. Azul se imprimió en 1888 
en Valparaíso... Valera vio mucho, expresó su sorpresa y su entusias- 
mo sonriente... Valera observa, sobre todo, el completo espíritu fran- 
cés del voliunen... Un soplo de París animaba mi esfuerzo de enton- 
ces; mas había también, como el mismo Valera lo afirmaba, un gran 
amor por las literaturas clásicas y conocimiento "de todo lo moderno 
"europeo". No era, pues, un plan limitado ni exclusivo. Hay, sobre 
tcdo, juventud, un ansia de vida, un estremecimiento sensual, un re- 
lente pagano á pesar de mi educación religiosa y profesar desde mi 
infancia la doctrina católica, apostólica, romana. Ciertas notas hete- 
rodoxas las explican ciertas lecturas. En cuanto al estilo, era la época 
un. que predominaba la afición por la escritura artística y el dilentan- 
tismo elegante. En el cuento El Rey burgués creo reconocer la influen- 
cia de Daudet... En El Sátiro sordo el procedimiento es más ó menos 
mendesiano; pero se impone el recuerdo de Hugo y de Flaubert. En 
La Ninfa los modelos son los cuentos parisienses de Mendés, de Ar- 
mand Silvestre, de Mezeroi, con el aditamento de que el medio, el ar- 
gumento, los detalles, el tono, son de la vida de París, de la literatura 
de París... En El Fardo triunfa la entonces en auge escuela natura- 
iista. Acababa de conocer algunas obras de Zola, y el reflejo fué in- 
mediato ; mas no correspondiendo tal modo á mi temperamento ni á 
mi fantasía, no volví á incurrir en tales desvarios. En El Velo de la 
reina Mah... el deslumbramiento shakespeariano me poseyó y realicé 
por primera vez el poema en prosa. Más que en ninguna de mis ten- 
tativas, en ésta proseguí el ritmo y la sonoridad verbales, la trasposi- 
ción musical... En los versos seguía el mismo método que en la prosa: 
la aplicación de ciertas ventajas verbales de otras lenguas... ; abandono 
de las ordenaciones usuales de los clisés consuetudinarios; atención 
á la melodía interior, que contribuye al éxito de la expresión rítmica; 
novedad en los adjetivos, estudio y fijeza del significado etimológico 
de cada vocablo, aplicación de la erudición oportuna, aristocracia lé- 
xica... Caupolican, que inició la entrada del soneto alejandrino á la 
francesa en nuestra lengua... Tal fué mi primer libro (Acul).'^ Rubén 
Darío, íbidem {Prosas profanas) : "No se tenía en toda la América es- 



lOO ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

pañola como fin y objeto poéticos más que la celebración de las glorias 
criollas, los hechos de la independencia y la naturaleza americana: un 
eterno canto á Junin, una inacabable oda á la agricultura de la zona 
tórrida y décimas patrióticas... En cuanto á la cuestión ideológica y 
■verbal proclamé ante glorias españolas más sonoras, la del gran don 
Francisco de Quevedo, de Santa Teresa, de Gracián... En el fondo 
de mi espíritu, á pesar de mis vistas cosmopolitas, existe el inarran- 
cable filón de la raza; mi pensar y mi sentir continúan mi procesa 
histórico y tradicional... En Era un aire suave, que es un aire suave, 
sigo el precepto del Arte Poética de Verlaine: "De la musique avant 
"toute chose." El paisaje, los personajes, el tono, se presentan en 
ambiente siglo dieciochesco. Escribí como escuchando los violines del 
rey... En Del campo me amparaba la sombra de Banville... Mía y 
Dice mía son juegos para música... En Heraldos demuestro la teoría 
de la melodía interior... el verso no existe, bien que se imponga la 
notación ideal. El juego de las sílabas, el sonido y color de las vocales, 
el nombre clamado heráldicamente, evocan la figura oriental, bíblica, 
legendaria, y el tributo y la correspondencia... Recreaciones arqueo- 
lógicas indican por su título el contenido. Son ecos y maneras de épo- 
cas pasadas... Así en Friso recurro al elegante verso libre... Hay más. 
arquitectura y escultura que música y más cincel que cuerda ó flauta. 
Lo propio en Palimpsesto, en donde el ritmo se acerca á la repercu- 
sión de los números latinos. En El Reino interior se encuentra de la 
influencia de la poesía inglesa, de Dante Gabriel Rosetti y de algu- 
nos de los corifeos del simbolismo francés... Decires, layes y cando- 
nes renuevan antiguas formas poémicas y estróficas..." Rubén Darío 
(íbidem) : "Si un Azul simboliza el comienzo de mi primavera, y 
Prosas profanas mi primavera plena, Cantos de Vida y Esperanza 
encierran las esencias y savias de mi otoño... La autumnal es la 
estación reflexiva... Mi optimismo se sobrepuso. Español de América 
y americano de España, canté, eligiendo como instrumento el hexá- 
metro griego y latino, mi confianza y mi fe en el renacimiento de 
la vieja Híspanla, en el propio solar y del otro lado del Océano... 
Hay mucho hispanismo en este libro mío... Habían revivido en mí 
alientos ancestrales..." Desde Mallorca: "La palabra nace juntamen- 
te con la idea ó coexiste con la idea, pues no podemos damos cuenta 
de la una sin la otra... Sepamos que muchas de esas cosas flamantes 
importadas (de Alemania, Inglaterra, Erancia) yacen entre polillas, 
en ancianos infolios españoles. Y las que no, son pruebas por corre- 
gir para la edición de mañana, en espera de una sucesión de correc- 
ciones..." J. Valera, Cartas americancis, 1889, pág. 214: "Usted es 
usted: con gran fondo de originalidad y de originalidad muy extraña. 
Si el libro (Azul), impreso en Valparaíso en este año de 1888, no 
estuviese en muy buen castellano, lo mismo pudiera ser de un autor 
francés, que de un italiano, que de un turco ó de un griego. El libro 
está impregnado de espíritu cosmopolita. Hasta el nombre y apellido del 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 10 1 

autor, verdaderos o contrahechos y fingidos, hacen que el cosmopo- 
litismo resalte más. Rubén es judaico y persa es Darío; de suerte que, 
por los nombres, no parece sino que usted quiere ser ó es de todos 
los países, castas y tribus. El libro Azul... no es, en realidad, un libro; 
es un folleto de 132 páginas; pero tan lleno de cosas y escrito por estilo 
tan conciso, que da no poco en qué pensar y tiene bastante que leeh 
Desde luego se conoce que el autor es muy joven: que no puede tener 
más de veinticinco años, pero que los ha aprovechado maravillosa- 
mente. Ha aprendido muchísimo, y en todo lo que sabe y expresa mues- 
tra singular talento artístico o poético... Y se entrevé también que 
todo esto ha penetrado en la mente del autor, no diré exclusivamente, 
pero sí principalmente, a través de libros franceses. Es más : en los 
perfiles, en los refinamientos, en las exquisiteces del pensar y del sentir 
del autor, hay tanto de francés, que yo forjé... que... en París había 
vivido seis o siete años con artistas, literatos, sabios y mujeres ale- 
gres de por allá..., he sabido que... no ha salido de Nicaragua sino 
para ir a Chile... ¿Cómo, sin el influjo del medio ambiente, ha podido 
usted asimilarse todos los elementos del espíritu francés, si bien con- 
servando española la forma que auna y organiza estos elementos, con- 
virtiéndolos en sustancia propia?... Ninguno de los hombres de letras 
de esta Península, que he conocido yo, con más espíritu cosmopolita... 
me ha parecido tan compenetrado del espíritu de Francia como usted 
me parece... Veo, pues, que no hay autor en castellano más francés que 
v.sted... Si no tiene usted carácter nacional, posee carácter individual. 
En mi sentir, hay en usted una poderosa individualidad de escritor, 
bien marcada... Usted no imita a ninguno: ni es usted romántico, ni 
naturalista, ni neurótico, ni decadente, ni simbólico, ni parnasiano. 
Usted lo ha revuelto todo, lo ha puesto á cocer en el alambique de 
su cerebro, y ha sacado de ello una rara quinta esencia... En el libro 
hay Cuentos en prosa y seis composiciones en verso. En los cuentos 
y en las poesías todo está cincelado, burilado, hecho para que dure, 
con primor y esmero, como pudiera haberlo hecho Flaubert o el par- 
nasiano más atildado. Y, sin embargo, no se nota el esfuerzo, ni el 
trabajo de la lima, ni la fatiga del rebuscar: todo parece espontáneo 
y fácil y escrito al correr de la pluma, sin mengua de la concisión, de 
la precisión y de la extremada elegancia. Hasta las rarezas extrava- 
gantes y las salidas de tono, que á mí me chocan, pero que acaso agra- 
den en general, están hechas adrede. Todo el librito está meditado y 
criticado por el autor, sin que esta su crítica previa ó simultánea de 
la creación perjudique al brío apasionado y á la inspiración del que 
crea... No enseña nada, y trata de nada y de todo. Es obra de artista, 
obra de pasatiempo, de mera imaginación. ¿ Qué enseña ó de qué trata 
un dije, un camafeo, un esmalte, una pintura ó una linda copa es- 
culpida?... Las tendencias y pensamientos del autor... no son ni muy 
edificantes ni muy consoladoras... Primero que se suprima á Dios ó 
íjue no se le miente sino para insolentarse con El, ya con reniegos y 



102 ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

maldiciones, ya con burlas y sarcasmos ; y segundo, que en ese infinito 
tenebroso é incognoscible perciba la imaginación, así como en el éter, 
nebulosas ó semilleros de astros, fragmentos y escombros de religio- 
nes muertas, con los cuales procura formar algo como ensayo de nue- 
vas creencias y de renovadas mitologías. Estos dos rasgos van im- 
presos en su librito de usted. El pesimismo, como remate de toda 
descripción de lo que conocemos, y la poderosa y lozana produccióa 
de seres fantástico's, evocados ó sacados de las tinieblas de lo incog- 
noscible, donde vagan las ruinas de las destrozadas creencias y su- 
persticiones vetustas... En la prosa hay más riqueza de ideas; pero 
es más afrancesada la forma. En los versos, la forma es más castiza... 
El sentimiento de la naturaleza raya en usted en adoración panteís- 
tica... la más gentílica exuberancia de amor sensual, y en este amor, 
algo de religioso... Con el galicismo mental de usted no he sido sólo- 
indulgente, sino que hasta le he aplaudido por lo perfecto. Con todo, 
yo aplaudiría muchísimo más si con esa ilustración francesa que en 
usted hay se combinase la inglesa, la alemana, la italiana y ¿por que 
no la española también?... Con la superior riqueza y con la mayor 
variedad de elementos, saldría de su cerebro de usted algo menos 
exclusivo y con más altos, puros y serenos ideales: algo más azul 
que el azul de su libro de usted: algo que tirase menos á lo verde y 
á lo negro. Y, por cima de todo, se mostrarían más claras y más mar- 
cadas la originalidad de usted y su individualidad de escritor." J. Va- 
lera. Ecos Argentinos, 1901, pág. 183: "Por nada del mundo limito 
ni refreno yo los vuelos del Pegaso, ni le corto las alas, ni gusto de 
atajarle en su peregrinación por todos los tiempos y por todas las 
regiones. Corra y vuele por la India, por Persia, Asiría y Egipto; 
deténgase á pastar en Arcadia ó en las faldas del Parnaso, y acabe 
por ir á París á reposarse de sus correrías. Pero esto no basta, porque 
conviene que el poeta no sea siempre cosmopolita y exótico, sino que 
dé muestras de la nacionalidad y de la casta á que pertenece; y con- 
viene también que sus versos, como todo fruto espontáneo y sazonado, 
tengan el sabor del terruño. Otra falta más capital noto yo en los 
versos de Rubén Darío: la carencia de todo ideal trascendente, la 
cual hace que el fondo de los versos sea monótono, á pesar de la 
espléndida variedad de colores, de imágenes y de primorosos y afili- 
granados adornos con que el poeta pule, acicala y hermosea muchas 
de sus composiciones como joyas labradas con amoroso esmero por 
hábil é inspirado artista. No se pueden negar la verdad y la extra- 
ñcza con que nos sorprenden y pasman varias de las composiciones 
contenidas en el tomo de que voy hablando. Mucho hay en él de raro 
y de nuevo sin caer en lo extravagante; pero, lo repito, en el fondo 
hay monotonía. El amor entre mujeres y hombres desde que nació la 
poesía hasta el día de hoy es el asunto más cantado por los poetas y 
el tema más inagotable de cuanto en verso se escribe. No es ni ha 
sido, con todo, el único tema y el único asunto... Ahora bien (y sentiré 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO IO3 

que algalien me tilde en mi censura de severo ó hasta de injusto) ; ¿no 
se echa de menos en los versos de Rubén Darío todo lo que no es 
amor sexual y puramente material? Se adornará este amor con todas 
las galas y con todos los dijes de variadas mitologías; se circundará 
y tomará por séquito ó comitiva musas, ninfas, bacantes, sátiros y 
faunos; llevará en sus procesiones una sonora orquesta de instrumen- 
tos de distintas edades y naciones, como tímpanos, salterios, gaitas, 
sistros, clarines, castañuelas, flautas y liras; pero siempre será el 
amor de la materia y de la forma, sin sentimiento alguno que le espi- 
ritualice. Toda su distinción, todo su refinamiento estribará en ciertas 
alambicadas elegancias de reciente invención y que tal vez supone el 
poeta que sólo en París se estilan, ya que casi siempre nos habla, no 
de las mozas de su lugar ó de otros lugares de América, sino de he- 
teras parisinas, de duquesas y princesas que seducen á los abates y 
de otras caprichosas y fantásticas damas á la Pompadour, que tal vez 
no existan ni existieron nunca, y cuyas imágenes y traza no toma del 
mundo real, sino de sus visiones y ensueños y de los libros franceses 
que ha leído. A pesar de lo dicho (y no se enoje el señor Rubén Darío 
porque lo diga, ya que no lo diría y me callaría si no reconociese en 
él un notable poeta, quizás el más original y característico que ha 
habido en América hasta el día presente), á pesar de lo dicho, repito, 
los versos de Rubén Darío están llenos de novedad y belleza y dan 
clarísimo testimonio de lo que su autor puede hacer en cuanto pres- 
cinda un poco de las modas de París y tome para asunto de sus cantos 
objetos más ideales y aventuras, escenas y casos más propios de su 
tierra y de su casta." Por desgracia Rubén Darío no se olvidó jamás 
de París ni se acordó para nada de su tierra. P. Groussac, Biblioteca^ 
1896 (noviembre) : "Vagaba, pues, el señor Darío por esas libres vere- 
das del arte, cuando por mala fortuna vínole á las manos un tomo de 
Verlaine, probablemente el más peligroso, el más exquisito: Sagesse^ 
Mordió en esa fruta prohibida, que, por cierto, tiene en su parte buena 
el sabor delicioso y único de esos pocos granos de uva que se conser- 
van sanos en medio de un racimo podrido. El filtro operó plenamente 
en quien no tenía la inmunidad relativa de la raza ni la vacuna de la 
crítica, y sucedió que, perdiendo á su influjo el claro discernimienta 
artístico, el sugestionado llegase á absorber con igual fruición las me- 
jores y las peores elaboraciones del barrio latino. Un crítico natura- 
lista evocaría con este motivo símiles ingratos ; v. gr., la imagen de esos 
dipsómanos cuya embriaguez, comenzada con el vino generoso y fino, 
remata en el petróleo de la lámpara. Tan es así, que, en esta reunión 
intérlope de Los Raros, altas individualidades como Leconte de Lisie, 
Ibsen, Poé y el mismo Verlaine respiran d mismo incienso y se codean 
con los Bloy d'Esparbés, la histérica Rachilde y otros ratés aún más 
innominados. Tenemos ahora al señor Darío convertido en heraldo de 
pseudotalentos decadentes, simbólicos, estetas, epítetos todos que nun- 
ca aceptaron Verlaine ni Régnier, y que, en el fondo, significan un 



f04 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

achaque muy antiguo: la necesidad que tienen las medianías de sin- 
gularizarse para distinguirse. Para sobresalir entre la muchedumbre al 
gigante le basta erguirse; los enanos han menester abigarrarse y 
prodigar los gestos estrepitosos. Por eso ostentan la originalidad, 
ausente de la idea, en las tapas de sus delgados libritos, procurando 
efectos de iluminación y tipografía, á manera que los cigarreros y 
perfumistas, y que bastarían á caracterizar lo frivolo é infantil de la 
pretendida evolución.-.. Lo peor del caso presente, lo repito, es que el 
autor de Los Raros celebra la grandeza de sus mirmidones con una 
sinceridad afligente, y ha llegado á imitarlos en castellano con deses- 
perante perfección. Es lo que me mueve á dirigirle estas observacio- 
nes, cuyo acento afectuoso no se le escapará. (Darío contestó en La 
Nación, 27 noviembre 1896; pero no reprodujo después su artículo en 
sus tomos de crítica por haberle pedido Groussac que no lo precediera 
del suyo.) ...He seguido con interés el nuévo ensayo de renovación 
literaria, no sólo en Francia, sino en Inglaterra, donde, con Ruskin y 
Rossetti, ha tenido, sin duda, mayor alcance y verdadera significa- 
ción... La primera superioridad del prerrafaelismo ó espiritualismo 
inglés es que se ha afirmado con otras; la segunda, que se ha pre- 
ocupado mucho menos de los detalles exteriores que de la esencia ar- 
tística. La reacción poética se ha producido allí alrededor del gran 
Shelley en lugar de ser, como entre nosotros, una mezquina reacción 
de estilo y, sobre todo, de métrica, contra el macizo naturalismo y la 
impasibilidad plástica de los parnasianos. Además, lo repito, la escuela 
inglesa ha dado á luz obras maestras. En Francia, el simbolismo y sus 
adyacencias se han limitado á teorías soberbias y tentativas impoten- 
tes en la realización. Nuestros renovadores representan, en conjunto, 
á un wagnerismo que se hubiera limitado á los diez tomos de crítica 
de Wagner, sin que los gérmenes estéticos florecieran magníficamen- 
tr; en dramas líricos inmortales. Lo único viable en el nuevo simbo- 
lismo francés ó no es nuevo ó no es simbólico. Verlaine es un parna- 
siano convertido, cuyos pocos versos, realmente admirables (un cente- 
nar que todas las antologías repiten), están vaciados en el molde de 
Hugo ó de Banville, podrían ser de un Coppée, más ingenuo y angus- 
tiado, que levantara el lamentable De profundis de su miseria. Lo 
propio diríamos de Vielé-Griffin, La Tailhade, Régnier, Wyzéwa y 
otros, presentes ó futuros colaboradores de la Revue des Deux Mondes. 
El mismo Moréas, en sus remedos shakespearianos, no levanta el la- 
borioso vuelo sino en algunas baladas de estilo y giro popular, que 
nada tienen de decadente ni simbólico. Por fin, el apocalíptico Mallar- 
mé ha necesitado tornarse incomprensible para dejar de ser abierta- 
mente mediocre; su esoterismo verbal es el cierre secreto de un arca 
vacía. ¿Significa ello que la literatura de tout á l'heure, que ya trae 
veinte años de gestación, nada se proponga en su vago tanteo y que 
la idea esencial, el anhelo estético sea completamentte responsable del 
malogro efectivo? En otros términos: ¿serían inútiles las tentativas 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO IO5 

actuales para el gran poeta futuro, ya que presente no le hay? De 
ningún modo. El empuje instintivo que se siente debajo de tanta 
fórmula grotescamieiite expresada, bajo tanto jeroglífico pretencioso 
y vacío, tiende á enriquecer la poesía francesa con el elemento sep- 
tentrional que le faltaba: el sentido del vago misterio y del indeciso 
matiz, que sugiere con su balbuceo casi in-'.rticulado impresiones más 
intensas y profundas que el verbo preciso. Citaré, como ejemplo, en 
lugar de tal o cual estaticia sabida de memoria, sólo dos versos de 
un soneto de Verlaine (Sagesse, I, ix) : 

Quant Maintenon jetait sur la France razñe 
L'ombre doñee ef le paix de ses coiffes de Un... 

El segundo verso es de incomparable belleza, por su potencia in- 
finita de evocación. Pero notad que el efecto se ha conseguido con el 
giro más claro y las palabras más sencillas. Ningún rebuscamiento, 
ninguna oscuridad en la expresión : el simbolismo está todo en la 
imagen. Sabido es que el principal esfuerzo de la presente innova- 
ción se encamina á transformar el ritmo poético. También es esta 
tentativa laudable y necesaria; pero ha fracasado generalmente en 
la realización, por no tener los jóvenes franceses ideas exactas] 
acerca de la rítmica. Sobre todo, ignoran profundamente el tecnicis- 
mo de las versificaciones extranjeras. Nos criamos allá midiendo 
teóricamente versos latinos y griegos, sin tener en el oído el acento 
prosódico, ni pronunciar jamás un dáctilo ó un anapesto. De ahí la 
confusión y contradicción de los nuevos ritmos decadentes. Los no- 
vadores franceses (fruits secs tmiversitarios en su mayoría) sólo to- 
man en cuenta la cantidad silábica y el consonante; de suerte que, 
con dislocar el verso antiguo ó enhebrar renglones asonantados de 
diez ó más sílabas, quedan persuadidos de haber escrito decasílabos 
ú otros versos perfectos. No han pasado de esa prosa poética, con 
aliteraciones y asonancias, que horripilaba á Flaubert, y que se pa- 
rece al verso cantante y rítmico como un murciélago á un ruiseñor. 
Citaré una muestra de esta última medida (decasílabo de los espa- 
ñolas ó eneasílabo de los franceses), por ser una de las innovaciones 
más conocidas de Verlaine. El decasílabo, que en español se usa ge- 
neralmente para las odas cantadas ó himnos patrióticos (aunque co- 
miencen tan malamente como el argentino), no puede ser medido sino 
de dos maneras: por una cesura mediana, como en la oda de Moratín 
{Id en las alas — del raudo céfiro), en cuyo caso se descomponen los 
pentasílabos, ó bien haciéndolo ternario, con tres acentos tónicos, 
según el ritmo habitual {Con sus a — las brillan — tes cubrió). Fuera de 
ello no hay verso, y mucho menos si se mezclan y confunden, como 
hacen los decadentes, ambas conbinaciones, con otras que sólo obe- 
decen al cómputo de las sílabas, haciendo caso omiso de voces graves 
ó agudas. En el libro de Sousa {Le Ryfhme poétique), después de di- 
sertar doctamente el autor de ritmos y versos nuevos, nos da ima 



I06 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

muestra de decasílabos (eneasílabo francés) que incurren en dicha 
confusión : 

Elle captive — en ses hasiliques 
Notre bridante — dévotion. 

Es seguro que si el segundo verso está bien medido, el primero e» 
falso. Lo propio acontece en la famosa pieza de Verlaine Art po eti- 
que, que el señor -Darío ha citado alguna vez. Ejemplo: 

Oh! la nuance — seule fiance... 

después y antes de dividir el verso en hemistiquios desiguales : 

Pas la couleur — rien que la nuance... 

Con estos ejemplos... quise mostrar al señor Darío que la ten- 
tativa decadente ó simbólica, si bien plausible en su principio, se ha 
malogrado en la aplicación, ya se trate de rítmica, ya del estilo mis- 
mo, en que la oscuridad, la darkness visible de Milton, no encubre las 
más de las veces sino vaciedad é impotencia. En cuanto á la prosa 
decadente, novela ó crítica, no existe como manifestación perceptible, 
para los contemporáneos y admiradores de Flaubert y Taine, de Re- 
nán y Veuillot (éste, uno de los mayores escritores del siglo), de 
France y Maupassant y hasta de Barres." 

Sobre Prosas profanas dijo Paul G.roussac: 

"En principio, la tentativa del señor Darío no difiere esencial- 
mente, no digamos de la de Echevarría ó Gutiérrez, románticos de 
segunda ó tercera mano, sino de la de todos los yanquis, desde Coo- 
per, reflejo de Walter Scott, hasta Emerson, luna de Carlyle. Pero, 
en la especie, dicha tentativa es provisionalmente estéril, como lo 
tengo dicho y no necesito repetirlo, porque es del todo exótica y no 
allega al intelecto americano elementos asimilables y útiles para su des- 
arrollo ulterior. Y eso mismo no es del todo exacto. En la fina labor de 
esas prosas, profanos ó místicos, se cumple un esfuerzo que no será de 
pura pérdida, como no lo es el de los decadentes franceses ; me refiero al 
assouplissernent de los ritmos y al enriquecimiento evidente de la lengua 
poética... Se habla corrientemente de "imitación" con mucha soltura de 
lengua. Hay que distinguir, y como dice gentilmente el príncipe d'Aurec^ 
de Lavedan: II y a maniere! La "manera" del señor Darío es en el 
fondo la de los clásicos, y él imita a los franceses como imitaron á. 
los griegos Catulo y Qiénier. Era un aire suave... La página es en- 
cantadora, de una gracia exquisita en su elegancia, complicada de 
renacimiento y pompadour. Por una parte, más que imitación directa 
encuentro en ella vagas y múltiples reminiscencias de Verlaine (Pe- 
tes galantes), Morcas — sobre todo, para mí, de la divina Pete ches 
Thérése, de ese Hugo colosal que hizo vibrar soberanamente las 
siete cuerdas de la lira — , hasta la de la gracia ligera, que común- 
mente se le niega. Es muy difícil y aventurado mostrarse afirmativa 



S. XIX, 1888. RUBÉN DARÍO 1 07 

y preciso tratándose de un escritor tan complejo y lector tan espar- 
cido como el señor Darío. Son muy numerosas las resonancias que- 
convergen á su inspiración; pasa tanta gente por su camino, que las 
huellas se confunden y, como decimos los arrieros: '"'El rastro está 
borrado." Es muy probable que su complicada reminiscencia sea las- 
más de las veces inconsciente. Creo, con todo, que ha sido intencional 
y perseguido el recuerdo de una joya casi ignorada de Paul Guigou,. 
de metro idéntico y giro parecido, sobre todo el final: 

Etait-ce en Bohénic? Etait-ce en Hongrief 

Y si me equivocase, siendo el encuentro fortuito, será la coinci- 
dencia más rara y curiosa que conozca en literatura. Sea como fuere^ 
se tiene allí un esquema del procedimiento habitual : no ha sido otro, 
lo repito, en los clásicos imitadores de Grecia, así en Roma como en. 
la Europa moderna... Pero ello es el esquema, la figuración gráfica y des- 
carnada del procedimiento. Para ser completo y justo, hay que saborear 
la pieza misma con sus mil detalles del estilo : la cincelada orfebrería de 
las palabras, nombres, verbos y adjetivos de elección, que se engastan. 
en la trama del verso como gemas en filigrana; el perpetuo hallazgo 
— ¡ tan nuevo en castellano ! — de las imágenes y ritmos evocadores 
de la sensación, en que se funden ciertamente elementos extraños, 
pero con armonía tan sabia y feliz que constituye al cabo una inspi- 
ración. Y, sin duda alguna, ello es arte de más conciencia que emo- 
ción, como el mosaico; pero, como éste, lo es también de gusto y con- 
cepto: hubo maestros mosaístas, y aun los de Bizancio dejaron obras 
dignas de eterna admiración. El señor Darío, pues, tiene personal- 
mente razón contra sus detractores, faltos de iniciación ó de buena 
fe; pero sus críticos imparciales tienen razón contra su teoría — aun- 
que la expresase mejor que en las Palabras liminares — , y él mismo 
les suministra argumentos de buena ley, pues la mayor parte de sus 
Prosas profanas no difieren exteriormente de las formas ya conoci- 
das en castellano sino por lo acabado de la cinceladura y, sobre todo, 
por el licor exótico e inquietante que en ellas nos sirve." 

Enrique Rodó, Rubén Darlo : "Indudablemente, Rubén Darío no 
es el poeta de América..., aun en los accesorios, dudo que nos perte- 
liezca colectivamente... La elección de sus asuntos, el personalismo 
nada expansivo de su poesía, su manifiesta aversión a las ideas é 
instituciones circunstantes... sens dcsnuances de Rubén..., un gran 
poeta exquisito. Joya es esa de estufa; vegetación extraña y mimo- 
sa..., la selección y la delicadeza que se obtienen a favor de un pro- 
cedimiento refinado y consciente..., obra enteramente desinteresada 
y libre...; el casco de guerra sienta mal sobre su frente, hecha para 
orlarse de rosas y de mirtos..., es una mente de poeta que tendría su 
medio natural en un palacio de príncipes espirituales y conservado- 
res. Yo no le creo capaz de predicar la buena nueva... El Dios bueno 
es adorable porque es hermoso; y será la más verdadera aquella re-- 



I08 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ligión que nos lo haga imaginar más hermoso que las otras... y un 
poco raro además. Le rare est le bou, dijo el maestro. Satán es digno 
de ser ponderado en letanías siempre que se encarne en formas que 
tengan la selección de Alcibíades, los fulgores de Apolo, la impavi- 
dez de don Juan, la espiritualidad de Mercurio, la belleza de Paris. 
En cuanto a las cosas de la tierra, ellas sólo ofrecen para nuestro ar- 
tista un interés reflejo, que adquieren de su paso por la Hermosura 
y que se desvanece apenas han pasado. Frente a la realidad positiva, 
a las que el Evangelio llama disputas de los hombres, a todo lo oscuro 
y lo pesado de la agitación humana, su actitud es un estupor esoté- 
rico ó un silencio desdeñoso. Nada sino el arte... La acción vale 
como parodia del ensueño... Nunca el áspero grito de la pasión de- 
voradora é intensa se abre paso al través de los versos de este artista 
poéticamente calculador, del que se diría que tiene el cerebro mace- 
rado en aromas y el corazón vestido de piel de Suecia. También sobre 
la expresión del sentimiento personal triunfa la preocupación supre- 
ma del arte, que subyuga a ese sentimiento y lo limita, y se prefiere... 
los mórbidos é indolentes escorzos, las serenidades ideales, las lan- 
guideces pensativas, todo lo que hace que la túnica de actor pueda 
caer constantemente sobre su cuerpo flexible, en pliegues llenos de 
gracia... Ve intensamente, pero no ve sino ciertos delicados aspectos 
del mundo material... El instinto del lujo, del lujo material y el del 
espiritual, la adoración de la apariencia pulcra y hermosa, con cierta 
indolente non curanza del sentido moral. Tal inclinación entre epi- 
cúrea y platónica, á lo Renacimiento florentino, no sería encomiable 
como modelo de una escuela, pero es perfectamente tolerable como 
signo de una elegida individualidad. De ese modo de ver no nacerán 
en el arte literario las obras arquitecturales é imponentes...; pero 
nacen versos preciosos; versos de una distinción impecable y genti- 
licia, de un incomparable refinamiento de expresión... Todas lasj 
selecciones importan una limitación, un empequeñecimiento exten- 
sivo, y no hay duda de que el refinamiento de la poesía del autor de 
Azul la empequeñece del punto de vista del contenido humano y de 
la universalidad. No será nunca un poeta popular... En el indivi- 
dualismo soberbio de este poeta, aunque prive á la poesía de la am- 
plitud humana y generosa que realza á la de los que cantan con 
vocación y majestad de hierof antes... ; sibaritismo de corazón... 
La Grecia clásica y la Francia de Luis XV le darán, alternativamente, 
objeto para sus decoraciones: símbolos todas de una organización 
espiritual que huye lo ordinario como el armiño lo impuro. Ama 
prodigar la seda, el oro, el mármol, como términos de compara- 
ción..., el lirio..., el cisne... Tal concepción de la poesía encierra 
un grave peligro, un peligro mortal, para esa arte divina, puesto 
que, á fin de hacerla enfermar de selección, le limita la luz, el aire, 
el jugo de la tierra." Ángel de Estrada, hijo, en Nosotros, febrero 
1016: "Darío, en realidad, se formó con Gautier, Banville y esos 



S.'XIX, 1888. RUBÉN DARÍO IO9 

parnasianos, pero debiendo menos á Verlaine que á sus cofrades.- 
Se saturó del epicureismo de Mendés, sobre todo del epicureismo 
de su prosa, para que estallase en sus versos, más españoles, más 
en el esplendor de Heredia; y su fuerte sensualismo se espiritualizó 
en su complicada imaginación (aunque los términos parezcan anti- 
téticos), y se fabricó un instrumento capaz de cantar con sus ma- 
tices y de pintar con sus acordes. En las Prosas profanas pasan 
algunas de las fórmulas de Verlaine sin arraigar, por decirlo así, en 
piezas de poca importancia... No es de extrañar que en el amanecer 
de su espíritu se echase en la onda de Bécquer, que resueltamente 
rom.pió con las cortes parlamentarias del verso español. Pero la ci- 
garra de Poe, desterrada en la noche y ebria entre las Ligeias, con 
algo más que con gotas de rocío ; y el ruiseñor de Banville. desvelado 
en el día y ebrio entre las ninfas... se asilaron en su árbol, cuando 
yL\ con raíces de Quevedo y de Góngora bien plantadas, podía sufrir 
sabiamente las metamorfosis de la hermosura. El, en realidad, jio 
empezó la renovación literaria. Julián del Casal, Nájera y el admi- 
rable Silva, ó le anteceden ó son sus contemporáneos... Esos méto- 
dos de propaganda y lo que tenía de bohemio en sus costumbres han 
hecho que sea su producción desgraciadamente fragmentaria y sin 
ningún plan de arquitectura... No se alzan en sus jardines, llenos de 
viñas y de rosas, de estatuas y aguas parleras, de cisnes y pavos rea- 
les, sólidos edificios con cimientos en la tierra y pararrayos en el cielo, 
sino elegantes templetes y graciosos quioscos habitados por frágiles 
y encantadoras criaturas." Arturo Marasso Rocca, en Nosotros, fe- 
brero, 1916: "En Azul... Vemos allí sus hermosos sonetos en alejandri- 
nos; un soneto en metro dodecasílabo de seguidilla, forma impropia, 
pero que en su mano adquiere un prodigioso vigor ; y una combina- 
ción de heptasílabo con decasílabo en su soneto Venus, metro que 
volverá á emplear en otras posteriores, aunque carece de unidad rít-- 
mica: "En la tranquila noche — sus nostalgias amargas sufría..." To- 
dos los metros se dan cita en Prosas profanas. El libro modernísimo 
lleva en su título una alusión al viejo rimar castellano... Quiero fer 
una prosa, es decir, un poema, canta Berceo. Las prosas de Darío 
tenían que ser profanas, pues en ellas no se cantaba la gloria mís- 
tica cristiana, sino el triunfo del placer y de la vida; el fondo que 
decora estos poemas es el misterioso azul pagano, lleno de estreme- 
cimientos. "Era un aire suave de pausados giros", canta; y en este- 
mismo verso, demasiado común, difícil por su facilidad, hace el poeta 
p'-odigios de armonía, más que silábica, armonía de sentimiento; 
tiene serenidad divina en La Canción de los pinos; ligereza y sun- 
tuosidad en Era un aire suaz'e...; color desbordante y nostalgia de 
pkaíses lejanos en Sinfonía en gris mayor, y oro de alba, capullo de 
seda, en La Rosa niña. El acento exigido por los preceptistas en la 
sejBfunda sílaba de cada uno de los hemistiquios de este verso, ha sido 
muy poco respetado, con anterioridad a Darío, y no está en la su— 



no ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

opresión de esos acentos la verdadera música de este poeta, aunque la 
-ayuda, la flexibiliza y la torna libre y ligera; sus mejores estrofas 
tienen el acento obligatorio... Dentro de la unidad prosódica trisilá- 
bica, ha escrito el poeta numerosas composiciones, ya partiendo de 
un período de tres silabas, como "Tu vate hecho polvo no puede so- 
nar su clarín'-; ya de dos: "Libre — la frente — que el casco — rehusa"; 
ó de cuatro: "Manos blancas, cual rosas benditas" (decasílabo clási- 
co) I En la copa que guarda rocío del cielo" (decasílabo de la Ave- 
llaneda). Con acentos trisilábicos está escrita la Marcha triunfal, que 
algunos autores, equivocadamente, confunden con el ver.so libre. El 
metro de nueve sílabas renace con Darío a una vida nueva... "Mas 
a pesar del tiempo terco, | mi sed de amor no tiene fin; | con el ca- 
bello gris me acerco | a los rosales del jardín." El poeta maneja el 
clásico endecasílabo en todas sus manifestaciones prosódicas con 
inusitada armonía... Los versos del Pórtico le pertenecen...; senci- 
llamente (son) los viejos endecasílabos de la gaita gallega. "Tanto bailé 
con el ama del cura..." Intencionalmente, el poeta descoyunta sus en- 
decasílabos a veces: "Euterpe canta en esta lengua fina, j Talía ríe 
en la boca divina, | Melpómene es ese gesto que implora." Esta des- 
preocupación técnica — el poeta sabe gustar las mieles de armonía de 
dejarse vencer por la musa — tiene un raro encanto en él; y es bueno 
advertir que no abusa de ella y que en casi todas sus composiciones ma- 
gistrales es el más clásico de los clásicos. Es imperdonable, sí, que 
en algunas estrofas pierda la unidad rítmica por un simple capricho; 
pero como el templo es de oro, el fragmento no resalta con fealdad 
de cosa trunca; una onda interior lo hará penetrar en los círculos de 
una música ascendente. "Amo tu delicioso alejandrino", dice en un 
soneto a Gonzalo de Berceo... El precepto teórico de los acentos obli- 
gatorios fijos en los hemistiquios del verso de catorce sílabas, no fué 
cumplido estrictamente por los poetas castellanos anteriores a Darío, 
y mucho menos por el maestro Berceo: "De tu grandeza antigua des- 
cansa en los escombros | perdida la corona de tu imperial poder" (S. 
Bermúdez de Castro). "Y el puro azul alegre del firmamento man- 
chan..." (Zorrilla). Pero conservaba un corte declamatorio, una so- 
noridad estruendosa, muy diferente de ésta: "Todo esto viene en me- 
dio del silencio profundo I en que la noche envuelve la terrena ilu- 
sión, I y siento como un eco del corazón del mundo | que penetra y 
■conmueve mi propio corazón" (Cantos de Vida y EsperO/nsa). El poeta 
combina el alejandrino con el endecasílabo (es cosa vieja: "La so- 
ledad siguiendo, ¡ rendido á mi fortuna ! me voy por los caminos que 
se ofrecen" (Garcilaso) ; ó lo que es lo mismo: "La soledad siguien- 
do, rendido á mi fortuna, | me voy por los caminos que se ofrecen"), 
y el eneasílabo, admirablemente. Así, en su Responso nos trae una 
música nueva : "Que tu sepulcro cubra de flores Primavera, | Que 
se humedezca el áspero hocico de la fiera j de amor, si pasa por allí." 
En el Coloquio de los Centauros, en los Nocturnos y otros poemas de 



S. XIX, I «88. RUBÉN DARÍO III 

Darío, el alejandrino llega á su perfección absoluta. El poeta intro- 
duce en el verso de Berceo, de Zorrilla, de Gutiérrez de Nájera, es- 
píritu francés traído de Hugo, de los simbolistas y de los parnasia- 
nos sobre todo, flexibilizándolo con nuevos matices, suavidades y me- 
lodías inefables; le da á veces rima pareada francesa, aumenta sus 
■cesuras y le convierte en un excelso instrumento lírico. Pero el 
Maestro ha encerrado dentro de ese alejandrino, en algunos versos, 
ciertas libertades de las que han abusado poetas llenos de mediocri- 
dad y de nombre, como Manuel Machado y otros. Veamos : "Es el 
momento en que el — salvaje caballero." "Cuando yo iba á montar — 
este caballo rudo." En su derecho está el autor, puesto que el arte es 
libertad, de que el primer hemistiquio termine en sílaba aguda, y los 
dos juntos, si quiere. Lo primero hasta introduce variedad, vigor y 
gracia, cuando no es una sílaba insustancial como "quel", sino una 
palabra gráfica y viva como "montar". Pero los modernistas, los que 
hacen arte para hoy, sin "un modernismo" — llamémosle así — que no 
hizo bien sino á quienes se lo merecían, al decir de Darío, han con- 
vertido en sistema estas minucias. Véanse, si no, los versos de Ji- 
ménez..., de Villaespesa... En este otro verso: "Del ruiseñor prima- 
veral y matinal" encontramos dos cesuras internas, equivaliendo la 
sílaba aguda de cada una á dos sílabas, según creo. Estas otras li- 
bertades han sido convertidas en norma también por algunos mo- 
dernistas. De pronto Darío nos habla en versos inusitados en su Sa- 
lutación al Águila, In Memorianí y Salutación del optimista: "Cier»- 
tamente has estado en las rudas conquistas del orbe, | ciertamente 
has tenido que llevar los antiguos rayos... I Bien vengas, mágica 
águila, de alas enormes y fuertes... | ínclitas razas ubérrimas, sangre 
de Hispania fecunda." Darío había leído la composición de J. Ense- 
bio Caro En el mar: "Céfiro, rápido lánzate ] ¡rápido empújame y 
vivo!"... El de Darío, que se confunde con el de Caro, surge de la 
gaita gallega por agregación: "Cisne divino que cruzas las ondas — 
del lago sagrado." El hexámetro de La salutación del optimista es un 
conglomerado de diferentes metros y combinaciones silábicas... Es- 
tos hexámetros de Rubén Darío durarán, más que por su armonía, 
de la que en realidad carecen en su conjunto, por la vitalidad de su 
inspiración y la fortaleza florida de su canto... Con sus "layes y de- 
zires" no ha traído desde la antigüedad castellana ningún soplo re- 
novador, puesto que estas estrofas son juegos retóricos, en metros 
comunísimos, en los que sólo hay de nuevo el brillo y la gracia ru- 
tenianos." Pedro Henríquez Ureña : "Nuestro credo no puede ser el 
hedonismo; ni símbolo de nuestras preferencias ideales el faisán de 
oro ó el cisne de seda. ¿ Qué significan las Prosas profanas de Rubén 
Darío, cuyos senderos comienzan en el jardín florido de las Fiestas 
galantes y acaban en la sala escultórica de Los Trofeos? Diversión 
Ttiomentánea, juvenil divagación en que reposó el espíritu fuerte an- 
tes de entonar los Cantos de Vida y Esperanza.. La juventud de hoy 



na ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1S88-I907) 

piensa que eran aquellos "demasiados cisnes" ; quiere más completa, 
interpretación artística de la vida ; más devoto respeto á la necesi- 
dad de interrogación, al deseo de ordenar y construir. El arte no es. 
halago pasajero, destinado al olvido, sino esfuerzo que ayuda á la 
construcción espiritual del mundo. Enrique González Martínez da voz 
a la nueva aspiración estética." A. Colmo, en Nosotros, marzo, 1916: 
"Darío ha sido por sobre todas las cosas un poeta verbal : de mucha 
melodía, de una rica multiplicidad de ritmos y formas, de una pre- 
clara facundia y una admirable fecundidad. Mas sería un tanto di- 
fícil poder salir de tales marcos. Si se exceptúa composiciones para 
cuya cuenta sobran dedos de las manos (Coloquio de los Centauros, 
Letanía de Don Quijote, Canto a la Argentina, Poema de otoño, etc.), 
se hallará un lirismo sempiternamente parecido, que le resta no poco 
en punto á polifonía sentimental y á policromía ideológica, como las 
de Lugones, por ejemplo. Lo propio, y con relación al mismo tér- 
mino comparativo, cabe decir respecto de su arco iris imaginativo y 
esencialmente creador. De ahí que me parezca que Darío haya sido- 
un modelo de influencias no muy encomiables para los jóvenes de 
nuestros países. Su exagerado modernismo (especialmente en su pri- 
mera época hasta los Cantos de vida y esperanza), su violenta fran- 
cofilia poética (que culmina en Divagación), su paroxismo moder- 
nista y su palabrero musicalismo nos ha saturado de imitadores que 
importan una regresiva degeneración, de malos juglares de la pa- 
labra y de peores malabaristas de ritmos y rimas... Ni en arte ni en 
nada es posible separar, en principio, el fondo de la forma... Es eso 
lo que ha sido Darío en su recordada primer manera (que es la que 
entre nosotros ha perdurado). Hay en él la fugaz irisación de la onda 
y no la corriente marina, la espuma del champaña y no el licor esti- 
mulante, el deslumbre de la luz y no su calor, el eco y no el sonido, 
la palabra y no la idea, los sentidos y no el sentimiento, la aparien- 
cia y no la realidad... Y el arte no es mentira ni fuego de artificio. 
Y la emoción estética es simpatía y no enclaustramiento. Y la be- 
lleza es tanto más bella cuanto más desnuda... Y una lira monocorde 
y un arpegio que no varía gran cosa su tono de preciosismo, de re- 
lativo impasibilismo parnasiano y de apoteosis logorrágica... Poesía 
viril, mucho más suntuaria, señorial ó exquisita, es la que nos hace 
falta: poesía más del corazón que del cerebro, poesía de hombres y 
no de sibaritas, poesía nacional y no afrancesada..." F. García Go- 
doy, La Liter. Amer., 1916, pág. 40: "En Rubén Darío he admirado 
siemi^re el dominio de cierta técnica peculiarísima, su originalidad 
en continua tendencia de evolución, su potencia imaginativa, su ri- 
queza verbal, su sentido exquisito de los matices, su permanente in- 
clinación á ciertos refinamientos de expresión, en su mayor parte 
adecuados y felices, y cierto simbolismo, raras veces oscuro é in- 
congruente, de contornos de vaga y sugestiva imprecisión, en que 
tiende á encerrar aspectos efímeros de la vida que en ciertos mo- 



S. XIX^ 1888. RUBÉN DARÍO ll3 

mentos de inspiración (de inspiración, aunque esta palabra carezca 
y?, de positivo sentido para algunos escritores superficiales), tienen 
para él como valor sustantivo, por más que los vea por lo general 
casi inmediatamente esfumarse en un nuevo aspecto de esas mismas 
cosas, siempre en proceso de constante renovación." José de Diego 
(portorriqueño) (1918) : "De Rubén... era un poeta de vidrio que 
sonaba bien por dondequiera y con cualquier luz resplandecía: ritmo y 
transparencia. Luz interior, propia, original ; sentimiento espontáneo, 
de las hondas fuentes de la vida, poco y envuelto en nieblas. Para nues- 
tra América, inútil : no prestó calor á un ideal ni levantó una energía 
nueva." Manuel Gálvez, Nosotros, febrero, 1916: "Mi opinión sobre el 
■valor de la obra de Darío no es ahora la de hace diez años. Su inno- 
vación en la lírica (me refiero más al idioma que á la técnica del verso) 
fué útil y trascendental ; pero la influencia del renovador fué en gran 
parte nefasta; y en cuanto á su labor de poeta, hay en ella mucho, mu- 
chísimo de deleznable. Darío, sin quererlo, evidentemente, ha conduci- 
do á los jóvenes á la extravagancia y á la ridiculez, al literatismo, á 
desdeñar la cultura científica y filosófica, á desviarse de la observación 
directa de las cosas y de los hombres. A causa de él, América se ha po^ 
blado de cisnes, de faunos, de marquesas versallescas; y los sueños de 
negros, que estaban adormecidos desde Méjico al Plata, despertaron al 
conjuro de sus versos y desbordaron sobre el continente. Pero al lado 
de esto, ¡ cuánto debemos á Darío ! El nos enseñó que cada palabra tenía 
un valor musical ; él aumentó el dominio de la sensibilidad ; él nos hizo 
ver que la poesía era un arte serio, no un ejercicio de retóricos; él 
modernizó nuestra lengua é inició la formación de un castellano nue- 
vo, y él, al propagar la obra de tantos escritores extranjeros desco- 
nocidos, fué un profesor de cultura." Principales novedades de Ru- 
bén Darío en la métrica, según Lauxar: Versos: i. Dodecasílabo in- 
tcrciso al medio, con acentuación libre y variada lo más posible en las 
tres primeras sílabas de cada hemistiquio. {Era un aire suave...) 2. 
Eneasílabo de acentuación libre en las siete primeras sílabas. {Cun- 
dan de Otoño en Primavera.) 3. Endecasílabo acentuado en las sí- 
labas cuarta y séptima. {Pórtico.) 4. Endecasílabo acentuado obliga- 
toriamente sólo en la cuarta sílaba. 5. Endecasílabo francés acentua- 
do en la quinta sílaba: "£Z verso sutil que pasa ó se pasa \ del país 
del sueño, y nieblas, brillos.'^ 6. Alejandrino acentuado obligadamente 
en la tercera silaba de cada hemistiquio. {Sonatina.) 7. Alejandrino 
ternario: "El ruiseñor \ primaveral \ y matinal." 8. Alejandrino cua- 
ternario: "Al perfil I monacal \ de esa fas \ misteriosa.'" 9. Verso 
compuesto por la reunión de varios versos castellanos : "En tus venas 
no corre | la sangre de las rosas pecadoras. | La hermana de Ligeia [ 
por quien mi canto á veces es tan triste." 10. Versos de igual ó des- 
igual medida — y en el segundo caso llamados impropiamente libres — , 
compuestos de miembros ó pies polisilábicos en estas dos for- 
mas: '; — ' — , {Sonatina, Marcha triunfal.) 11. Verso libre, ge- 

TOMO X — 8 



114 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

iieralmente á base no constante de pies polisilábicos. (Augurios, Sa- 
lutación á Leonardo.) 12. Notación ideológica del verso sin verso. 
(Herpldos.) 13. Adaptación del hexámetro y pentámetro clásicos. (Sa- 
lutación del optimista.) Combinaciones métricas: i. Endecasílabo co- 
mún y anaspético. 2. Endecasílabo común y acentuado sólo en la 
cuarta: Sones de bandolín. El rojo vino 1 conduce «n paje rojo. ]• 
Amas los sones \ del bandolín y un amor florentino t ' Serás la reina 
en los decamerones.. 3. Endeca y dodecasílabo. (Canto á la sangre.) 
4. Alejandrino y eneasílabo. (Responso.) 5. Alejandrino, endeca, 
enea, hepta, deca y octosílabo. (Oda á Mitre, "¡Oh, miseria de ¡toda 
ludia por lo finito!") Rima: i. Empleo de la rima difícil. 2. Rima cons- 
tituida por A'ocablos sin acento, que se consideran agudos: "F sufrir 
por la vida y por la sombra y por \ y los astros del cielo te acompa- 
r,an y los." Estrofas y composiciones métricas: i. La estrofa fran- 
cesa de Responso. 2. Tercetos monorrimos. (El Faisán.) 3. Soneto 
alejandrino. (Las Ánforas de Epicuro.) 4. Soneto octosílabo. (Para 
una cubana.) 5. Soneto hexasílabo. (Mía.) 6. Estrofas de rima aso- 
nante variable. (Por el influjo de la primavera.) y. Estrofas con ver- 
sos irregulares. (Por el influjo de la primavera, Filosofía y los dós 
Nocturnos.) 8. ^Mezcla de prosa y verso. (El País del sol.) Ernesto 
Quesada, Nosotros (1917, mayo) : "Mientras la obra del uno (Ru- 
bén) es maravillosamente artificial y exquisitamente culterana, la 
del otro (Rodó) es de una naturalidad tan espontánea y de una filo- 
sofía tan sana que descubre un cerebro de conformación del todo di- 
ferente." 

Obras de Rubén Darío: Epístolas y poemas, primeras notas, Ma- 
nagua, 1885. Abrojos, Valparaíso, 1887; Buenos Aires, 1893; Barce- 
lona, 1905. Las rosas andinas, rimas y contrarrimas, Valparaíso, 1888. 
Azul, con pról. de Eduardo de la Barra, ibid., 18S8. 1917; Buenos 
Aires, 1903; Barcelona, 1907; ^Madrid, 1917. Rimas, 1889. A. de Gil' 
bert, 1S90. Los Raros, Buenos Aires, 1893; Barcelona, 1896; París, 
1901 ; Barcelona, 1905. Castelar, Madrid, 1899. Prosas profanas y otros 
poemas, con prólogo de Rodó, B. Aires, 1896; París, 1901; Madrid, 1917. 
España contemporánea, París, 1901, 1907. Peregrinaciones, ibid., 1901. 
La caravana pasa, ibid., 1903. Tierras solares, Madrid, 1904, 1905, 1917. 
Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, Madrid, 1905; 
Barcelona, 1907. Oda a Mitre, París, 1906. Opiniones, i\Iadrid, 1906. 
Parisiana, ibid., 1907, 1917. El Canto errante, ibid., 1907. Alfonso XIII, 
ibid., 1909. El Viaje á Nicaragua, ibid., 1909-10. Poema del otoño y otros 
poemas, ibid., 1910. Canto a la Argentina, 1910. Obras escogidas, 3 vo- 
lúmenes. Madrid, 1910. Todo al vuelo, Madrid, 1912. Obras, 4 volúme- 
nes (Bibl. Corona) : I. Canto á la Argentina y otros poemas, Madrid, 
1914; II. Muy antiguo y muy moderno, 1914. III. Muy siglo xviii, 
1915; IV. Obra poética, 1916. Vida de R. Darío escrita por él mismo, 
Barcelona, 1916. Rubén Darío, sus mejores cuentos y sus mejores can- 
tos, 2 vols., Madrid, 1916. Eleven pocms transí, by Th. Waish and S. de 



S. XIX, 1888. CÁNDIDO RODRÍGUEZ PINILLA Il5 

la Selva, introd. hy P. Henriquez Ureña, N. York, 1916. Im Casa de las 
ideas, San José, 1916 {Colecc. Ariel). Poesías de Rubén Darío, Aladrid, 
1917. Sol del Domingo (inéd.), ibid., 1917. El Mundo de los sueños, 
prosas postumas, ibid., 1917. El Oro de Mallorca, prosa, ibid., 1917. Los 
primeros versos de R. D., por Ventura García Calderón, Paris, 1917. 
La Caravana pasa, ]\Iadrid, 1917. Prosas profanas, ibid. Tierras 
solares, ibid. Poema de otoño y otros poemas, Madrid, 1918. Opinio- 
nes, ibid., 1918. Los Raros, ibid., 1918. Prosa política, ibid., 1918. Cuen- 
ios y crónicas, ibid., 1918. En Esp. Mod.: Invernal, poes. (1890, juL). 
Retratos, poes. (1899, nov.). Consúltense: Rodó, Rubén Darío, Montevi- 
deo, 1899; A. González Blanco, Estudio preliminar en Obras escogidas 
de R. Darío, tres vols., Madrid, 1910; Miguel S. Oliver, Rubén Darío, 
ei! La Vanguardia, 1912; P. Esteban Moreu, Cidtura literaria, Bar- 
celona, 1908; Rubén Darío, en Caras y Caretas, 1912, hizo su auto- 
biografía; Lauxar, Motivos de crítica hispanoamericanos, Alontevideo, 
1914; Juan González Olmedilla, La Ofrenda de España á Rubén Da- 
río, ^ladrid, 1916; Nosotros, 1916 (núm. 82, febrero); Ed. de Ory, 
R. Darío, Cádiz, 1917; Vargas Vila, Rubén Darío, 1917; L. López 
Roselló, Rubén Darío, 1916, en Rev. Calasancia; J. J. ]\Iartínez, Consi- 
deraciones sobre el cerebro y la personalidad de R. D., ]\Ianagiia, 1916; 
A. Reyes, R. D. en México, 1916, en Nuestro Tiempo; A. D., Rubén 
Darío en Chile, 1916, en Pacific Magazine, Santiago; T. M. Cestero, 
Rubén Darío: el hombre y el poeta, Habana, 1916; Víctor Pérez Petit, 
Los Modernistas, 1902. 

18. 'Año 1888. Julián del Casal (i 863- i 893), habanero, 
poeta que pasa por modernista y seguidor de Baudelaire y Ver- 
laine, pero que no tiene, por lo menos, los defectos de ellos; de 
gran fantasía, sentimiento y refinado gusto; colorista admira- 
ble en imágenes y esmerado en formas y consonantes; elegan- 
tísimo en todo. A pesar de no haber experimentado la vida, sa- 
cando sus poesías más bien de la inspiración que le brotaba 
al leer, según dicen, obras francesas, comunícales extraña Aada. 
No es exagerado ni oscuro como otros de la escuela y repre- 
senta una de las más ciertas glorias literarias de Cuba. Contri- 
buyó grandemente al movimiento literario y ansia de belleza 
artística que en su tierra se despertó desde 1888. 

CÁNDIDO Rodríguez Pinilla (n. 1856-), salmantino, ciego 
desde los diez de su edad y alumno del Colegio Nacional de. 
Ciegos de :Mjadrid, es poeta que sobresale por la fuerza del sen- 
timiento doloroso, expresado con la briosa sencillez del que 
vive sumido en eterna noche y teñido de la belleza mora] y de 



Il6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

la serenidad fundada en la Fe del que por no ver con los ojos 
penetra más con el espíritu, acercándose á Dios. "Yo á Dio& 
veo en el fondo del alma mía | aun cuando allá en los cielos 
ni aun el sol veo." "Estrofas con mis lágrimas escribo | y ese 
es no más el arte que poseo." Tal es el espíritu de Cantos de la 
noche (1899). El Poema de la Tierra (191 4) es un himno á la 
besana fecunda, a la familiar alquería, á las gentes del campo, 
que suena algo á Gabriel y Galán, aunque con la tonalidad 
propia del que en medio de la noche fantasea escasas pincela- 
das de recortado perfil, que, por lo mismo, campean y brillan 
más en lo oscuro, y humaniza y moraliza más el cuadro, vienda 
en la tierra á la madre de los hombres y la hechura de Dios, 
Antes publicó Memorias de un mártir^ poemas en cartas (1888) ; 
Venganza y castigo^ leyenda salmantina (1890), y Heroísmo y 
no quijotismo^ confer., 19 16. 

19- No hallo punto de comparación entre Casal y los modernis- 
tas. No tiene de ellos nada en el metro y rima, que es enteramente 
castiza. Ni el menor atisbo de la manera simbolista en el vago evocar, 
ó de la escuela instrumental en el hacer pura música, ó del timbre 
parnasiano frío y de mera forma. Segnín dicen, no experimentó las 
penas que cantó desengañado en el real vivir, sino que se inspiró en 
los libros franceses. Si así es, poca huella dejaron aquellos libros en 
sus obras, pues no hay en ellas la menor afectación, y á su poesía 
comunicó extraña fuerza de vida. Si en sus endechas de desengañado 
quieren ver algo de Baudelaire y de Verlaine, algo de Verlaine y Bau- 
delaire habrá en el desengaño endechado por Bécquer. Pero no hay 
nada de eso ni en uno ni en otro, como ni en Balart. El tono del ende- 
char es sano y robusto, viril y claro, sin el menor decadentismo en el 
sentir ni en el expresar. Enr. J. Varona, Rev. Ctih., t. XI (sobre Ho- 
jas...) : "Es una colección de bellas poesías, producto singular de un ta- 
lento muy real y de im medio completamente artificial... Nada tiene de 
extraño que un joven de temperamento artístico exquisito, que se en- 
cuentra aislado y como perdido en medio de una sociedad que no realiza 
sino imperfectamente su concepción de la vida ó sus aspiraciones poéti- 
cas, sin haber llegado á una concepción plena de la vida, se refugie más 
ó menos conscientemente en el mundo ideal que le forjan sus libros favo- 
ritos, derive de él sus emociones más refinadas y se las devuelva tamiza- 
das por sus versos. Con este procedimiento suelen producirse obras muy 
endebles; no es el mérito menor de Julián del Casal haber producido 
con él obras vigorosas, con vida que nada tiene de ficticia ; flores de 
invernadero que muestran á veces la frescura de las flores de los pra- 
dos... Ahora, de cualquier modo que se haya enamorado de estas an- 



S. XIX, I5««. CANDIDO rodríguez PINILLA II7 

iiguallas el joven escritor y sean cuales fueren las fuentes de sus gus- 
tos exóticos, es lo cierto que canta sus amores ideales con tal fres- 
cura de inspiración y tanta intensidad de sentimientos, que no puede 
el lector menos de sentirse cautivado, casi tanto como cuando canta 
con emoción profunda sus amores reales, malogrados ó indignos. La 
forma de sus versos, por otra parte, es elegantísima, y su fantasía, 
vivaz y espontánea, encuentra fácilmente el molde para vaciar su3 
imágenes, que se destacan claras y completas." Julián del Casal, Ho- 
jas al viento, poesías, Habana, 1890. Nieve, bocetos antiguos, 1892. 
Bustos y rimas, 1893, en prosa y verso, póst., la mejor obra del poeta. 
Sus mejores poesías, Madrid, 1916. M. de la Cruz, /. del Casal (en 
Cromitas cuh., 1892); Homenaje á... {Habana Elegante), 1893; R- Pé- 
rez Cabello, El poeta C, 1898; R. Meza, /. del C, 1910; Aniceto Val- 
divia {Conde Kostia) le elogió. 

Miguel Unamuno, pról. á El Poema de la tierra : "El ser ciego es 
lo que le permite ver más honda y más intensantemente este campo, y 
verlo espiritualizado. Guarda en el relicario de su alma la visión de 
Ja niñez, toda pureza, y esa visión se le ha hecho espíritu... Y por 
faltarle la vista material y fisiológica le habla el silencio del campo 
y le hablan sus rumores como no nos hablan á los demás. Y las vi- 
siones mismas le llegan tamizadas y cernidas á través del oído; le 
llegan humanizadas... Porque el silencio sólo es verdadero silencio, 
silencio poético, creador, para un ciego. Es siempre para él silencio 
nocturno, lleno de rumores que bajan del cielo. En el campo ha en- 
centrado consuelo, música como aquella de que hablaba fray Luis. 
¡ Pero no busquéis tampoco en estos versos poemas de un anacoreta, 
no! El sentido social es el oído, no la vista. Los que se aislan y sue- 
len hacerse insociables y huraños son los sordos, no los ciegos. Y el 
poeta de estos poemas... es sociable, muy sociable, y hasta... político... 
Ha buscado en el campo restauración á las luchas de la ciudad, y en 
ésta lleva el reposo sedante de la campiña. Y en el campo le han ense- 
ñado á quererlo y á sentirlo los libros... Y no es el sentimiento de él... 
un sentimiento blandengue y todo él de reposo y de resignación, no! 
Pinilla es de los que pueden repetir el "¡qué descansada vida...", por 
ser de los que se han cansado y de los que merecen el descanso... Son 
á la vez estas poesías flores de otoño. No es C. P. ningún mozo. Ha 
vivido bastante para atesorar poesía, que es siempre crema del pasado. 
Y del pasado que se vive, es decir, que se sufre. Y Pinilla ha vivido 
más que á su edad otros, porque ha tenido que vivir más íntimamente, 
ya que Dios le ha hecho buscar la luz hacia dentro... Podrá, acaso, 
decirse de estos poemas que son á las veces algo lentos, que discurren 
pausadamente como un riego fecundante y no en chaparrón que arras- 
ira mantillo, que falta en ellos concentración. Es, sin duda, el placer 
oue encuentra en charlar quien no se distrae de la charla con lo que 
ve; es aquella mesurada prolijidad homérica del viejo poeta ciego que, 
sentado al amor de la lumbre, cuenta despaciosamente antiguas con- 



Il8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sejas. Es la expresión de quien vive mucho hacia dentro, esto es, des- 
pacio. Y es lo propio del que canta de palabra y no por escrito... Estos 
versos del poeta ciego sean tan preceptivamente correctos." J. O. Pi- 
cón, pról. á Cantos de la noche: "Vi en seguida que su autor perte- 
iiece á la clase de poetas esencialmente subjetivos, que me inspiran 
cierta desconfianza; pero al mismo tiempo fui notando que el sentido 
y la índole de las composiciones, el carácter de los pensamientos, la 
sencillez en el modo de expresarse y hasta la sobriedad en el uso de 
las metáforas eran condiciones reveladoras de una sinceridad extra- 
ordinaria y tan viva que en algunos momentos parecia como impuesta 
por algo superior á la razón y aun al instinto... Las composiciones de 
R. P. están llenas de pensamientos y rasgos bellísimos... Esta sereni- 
did de ánimo ante el dolor, esta robusta fe tan hondamente sentida 
y con tanto vigor reflejadas, llegan al corazón." 

20. A fio 1888. Joaquín Dicenta y Benedicto (1863- 
1917) nació en Calatayud; fué bautizado á los pocos días en 
Vitoria; estudió primeras letras con los Escolapios de Getafe, 
el Bachillerato en Allicante, jie donde, huérfano de padre, vino 
á Madrid; escribió versos en El Edén; fué redactor de El Re- 
sumen (1892), y se entregó en cuerpo y ahna al vivir borras- 
coso de la bohemia, al vino y amoríos, escribiendo al mismo 
tiempo para el teatro dramas y zarzuelas y publicando novelas 
y cuentos, todo porque le salía de dentro, pero con gran preci- 
pitación, improvisadamente, sin el sosiego del estudio concen- 
trado y metódico. Fué en política republicano y falleció en 
Alicante, "fuera de toda confesión religiosa", según sus pa- 
labras. Vivió indiferente respecto del problema religioso y muy 
interesado en el problema socialista. Admirador y discípulo de 
Echegaray y de temperamento brioso y ardiente, fué en sus 
principios escritor y dramaturgo romántico, exuberante y de- 
rrochador de palabras ; y aunque poco á poco se hizo más so- 
brio, más realista, más moderno, siguió en el fondo román- 
tico, amigo de choques fuertes, de situaciones algo violentas, 
de caracteres de una pieza, de mayor vigor exterior que hon- 
dura psicológica. Fué un Echegaray evolucionado, más realista 
y comedido, que atinó en Juan José (1895) de una manera ple- 
na, llevando por primera vez al teatro el drama social con ex- 
traordinaria sinceridad, realismo y energía. Las mismas ideas 
puso en otros dramas menos acabados y en sus novelas y cuen- 
tos. En la época en que andaban músicos y autores tanteando 



S. XIX, 1888. JOAQUÍN DICENTA II 9 

la esperada y jamás llegada ópera española^ compuso el drama 
lírico Curro Vargas, semejante á El Niño de la bola, de Alar-' 
con, en el argumento. Tradujo El Místico, de Rusiñol (1907). 
Daniel^ drama social sindicalista; Sohrevivirse^ de gran inten- 
sidad y bastante psicología; El Lobo^ idilio en medio de un 
drama con hermoso contraste, fueron sus mejores obras, fuera 
de Juan José, que las deslumíbra á todas y es uno de los mejo- 
res dramas del siglo xix. Con el santo propósito de combatir 
las rutinas, falsedades é injusticias de la sociedad, causas en 
gran parte de la miseria y crímenes de la gente de presidio, 
llevó al teatro en forma trágica esas lacras sociales con since- 
ridad, brío, color, realismo y empuje extraordinarios, sobre 
todo en los dramas Juan José (1895) y El Lobo (1913)- La 
acción en ambos, muy bien tramada ; los caracteres principales, 
de mano maestra; el contraste en el segundo de ellos, entre el 
presidiario que jamás supo lo que era cariño, por su abando- 
nada educación, y la niña candorosa que lo hace nacer en su 
pecho por primera vez, convirtiéndole en un héroe, golpe admi- 
rable de ingenio soberano; el estilo, ceñido y propio; el habla, 
natural, corriente, sin asomo de cavilaciones técnicas, afecta- 
ciones ni rarezas de ninguna especie. Sobresale Dicenta por el 
brío en la pasión, que nace naturalmente de los acontecimien- 
tos y por el pujante relieve del tipo del presidiario. Es un ver- 
dadero romántico de generoso corazón, que se desvive por el 
reinado de la justicia social, poniéndose del lado de los desva- 
lidos, á quienes pinta buscándose la justicia por su mano, ya 
que la sociedad se desentiende de ella. En el fondo de todos 
los dramas y aun obras de Dicenta bulle esta doctrina y aspi- 
ración generosa; en la trama, personajes y situaciones, fuera 
de las sentencias doctrinarias que brotan de ese fondo, reina 
el romanticismo, el amor y el honor á la manera romántica 
española; en la pintura de lo exterior, de trajes, tipos, habla y 
maneras, es realista que fotografía la vida real de hoy. 

Carlos Arniches y Barrera (n. 1866-), de Alicante, 
el autor dramático más fecundo del género chico, ha trabajado 
con Cantó, Celso Lucio, Jackson Veyán, García Alvarez, Ló- 
pez Silva, Fernández Shaw, etc. Es más autor que escritor o 
poeta dramático, entendiendo por lo primero al que, como Ar- 



120 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

niches, posee un hondo conocimiento de los gustos del público 
poco letrado y de los recursos y triquiñuelas teatrales. En esto 
es maestro consumado; conoce el efecto escénico como nadie; 
posee el secreto de la invención teatral como ninguno, y así es 
que triunfa ruidosamente y á menudo, á pesar de sus pocas 
letras. Sus triunfos son en teatros de segundo orden y. entre 
gentes literariamente de pocas exigencias, pero son sólidos y 
sinceros. 

Cábele á Amiches la gloria de haber continuado en su 
puesto cultivando el género chico, mientras los demás autores 
dejáronse arrollar por la corriente del género ínfimo. No que 
saliera limpio de salpicaduras; pero fué el que mejor libró, el 
que menos se tomó de los efectismos, chocarrerías, chistes de 
oropel, excesos de teatralismo y bambalinas. Fueron, acaso, 
sus mejores obras Las Estrellas^ El Pobre Valbuena^ El Santo 
de la Isidra^ saínetes puros, donde señorean lo pintoresco y lo 
cómico, lo artístico y el sentimiento popular, la risa espontánea 
y de buena ley. 

Gonzalo Cantó Villaplana (n. 1860-), de Alcoy (Ali- 
cante), donde ya á los catorce de su edad estrenó Alcoy por 
l-a Caridad^ y colaboró en periódicos locales; vino a Ma- 
drid y escribía á cien versos diarios por tres duros mensua- 
les. Fué redactor de La Agencia Europea^ de La Aznspa^ con 
el seudónimo de Gustavo Cantares^ y colaboró en otros mu- 
chos periódicos y revistas, firmando, á veces, Gallo Canta. 
Estrenóse en las tablas á la vez que Arniches, representándose 
Casa editorial^ la primera obra de entrambos, en 1888, con tan 
buen suceso, que todos los teatros se les franquearon desde en- 
tonces á los dos jóvenes dramáticos. Otras varias piezas, todas 
del género chico y con música, compusieron juntos, muy aplau- 
didas, y después otras por sí solo Gonzalo Cantó. 

Estrenó en los Jardines del Buen Retiro la ópera Marcia^ 
hecha en cuarenta y dos horas y que fué premiada; la música, 
del Maestro Cleto Zabala. Parécese mucho á Arniches; es de 
los pocos que quedan que entiendan el género chico. Escritor 
culto y generalmente autor aplaudido. 

Celso Lucio y López (i 865-191 5), malogrado poeta có- 
mico, que padeció de hemiplejía desde joven y escribió poco. 




CARLOS ARNICHES 



S. XIX, 1888. JOAQUÍN DICENTA 121 

ya de por sí, ya colaborando con Arniches, García Alvarez y 
Paso, pero bastante bien, siciuiera no saliese de piececitas cor- 
tas. Celebróse mucho Fresas de Aran juez, y de las escritas con 
Arniches, El Brazo derecho^ El Pie izquierdo^ Las Campanadas, 
María de los Angeles^ Los Aparecidos^ El Cabo primero^ Las 
Malas lenguas^ Los Puritanos. Fué, como Cantó, buen poeta y 
buen autor. Publicó el libro de versos Género chico (1906). 

Enrique López Marín de Insausti (n. 1868-), de Lo- 
groño, autor del género chico, que estrenó unas 94 piezas finas ^ 
que dicen, esto es, de poco relieve, que pasan y se deslizan por 
ias tablas sin perturbar los ánimos, sin poderse decir que son 
malas ni sobresalientes. Género entretenido y discreto. Es, con 
todo, escritor de ingenio y algunas fueron bastante aplaudidas. 
Dirigió El Diablo Mundo (1895). 

^1- Dicenta y Galdós son los dos grandes escritores de obras que 
llaman de tesis, esto es, que se proponen combatir algún vicio social. 
Semejante propósito para algunos echa á perder las obras de arte ó, 
por lo menos, las rebaja y malea. Si tal hubiera, las más famosas obras 
artísticas no merecerían la fama que tienen. El principio tan traído y 
llevado de el arte por el arte admite varias interpretaciones. La propia 
y más noble es que el artista no ha de proponerse en la obra de arte 
ningún fin que la desvíe del supremo fin del arte, que es la expresión 
de la belleza. Desvíanla el interés, el compromiso, el encargo, la adu- 
lación, el prurito de gloria, de hacer más y mejor que los demás, la 
servil imitación, la comezón de la originalidad extravagante, la satis- 
facción de la dificultad vencida, el intento didáctico ó moralizador y 
"tantas otras miras como el artista puede tener cuando no le señorea 
el ansia de expresar lo que siente y piensa, el placer estético que 
halla en sí la preñez mental de algo que tira á manifestarse, á salir 
á la luz del día y mostrarse esplendorosamente á los derrás. Pero 
acaece que esos mismos propósitos pueden acicatear al artista para 
expresar sus ideas cuando al supremo fin del arte, que es expresarlas, 
no se sobreponen : bien así como en todo hombre las pasiones, si corren 
desíiocadas, despeñan á la razón; pero tenidas á freno ayudan á ele- 
varla hacia el sumo bien, la suma belleza, la suma verdad, como dijo 
á Platón la adivina de Mantinea. El interés mismo, la necesid'id de 
trabajar para comer ha despertado la potencia artística, y cabalmente 
los más deben los primeros pasos de su carrera á la necesidad. El 
mismo encargo sirve á veces para fijar la atención del artista en un 
asunto. La gloria es madre de las grandes empresas ; el deseo de sa- 
lirse de la docena hace salir de ella; el talento didáctico enardece al 
autor, y el fervor apostólico de combatir las lacras sociales enciende 



112 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

el pecho del satírico, del cómico, del dramático, corriendo por su pimna 
la santa bilis, el feliz veneno que, al llegar á lectores ó espectadores,. 
se trueca en triaca bienhechora, en medicina de las enfermedades so- 
ciales. Antes bien, el principio de el arte por el arte admite otra inter- 
pretación, aviesa y dañina para el artista, que es la del gusto técnico 
de la dificultad vencida, la de la imitación servil, la de ser plumífero, 
la de escribir por escribir, la de ser autor por serlo. Este arte por el 
arte es siempre avieso y malo ; el otro puede ser malo ó bueno, según 
sobrepuje el intento principal á los demás intentos. Hubo pedagogos 
que sin ser poetas valiéronse de la poesía para instruir: sus poemas 
didácticos no son poesía, porque el espíritu pedagógico enseñoreaba á 
sus autores, que ó no sabían lo que era belleza estética ó la sentían 
menos que la belleza pedagógica. Moralistas ha habido siempre cuyo 
único fin al novelar ó dramatizar ha sido corregir los vicios, y no los 
han corregido porque las Musas huyeron horrorizadas de pasar por 
esclavas aun del mismo Bien, porque ellas, la Belleza, son hermanas 
del Bien y de la Verdad, y no está bien que haya hermanas esclavas 
luias de otras. Ayúdanse entre sí, por el contrario, cuando sin sub- 
yugarse ni someterse mutuamente, busca cada cual su propia vereda, 
encaminándose las tres, cada cual por la suya, al mismo término, quc 
es el supremo Dios, fin y fuente de ellas y del hombre á quien hacia 
Dios ellas mismas guían y enderezan. Dicenta y Galdós se proponen 
ccmbatir vicios sociales, cuales son la esclavitud de las clases traba- 
jadoras y la necesidad casi de ser malos ciertos hombres, carne de 
presidio, por la educación, el atavismo, el medio en que viven, el des- 
precio social que les aplasta, el hambre que les mata, el no poderse 
redimir por los dictámenes sociales, por virtuosos que fueran, por 
héroes que se mostrasen. ¿ Por qué la santa ira que tamañas mons- 
truosidades sociales despiertan en el pecho de un verdadero poeta no- 
ha de poderle prestar las tintas trágicas oportunas para hacer dramas 
como Juan José y El Lobo? La tesis aquí está debajo, empuja al arte 
para que se manifieste con más fiera pujanza, con más fuerte since- 
ridad, con más hirientes gritos, con realismo más chillón, y estas cua- 
lidades, debidas á la tesis, hermosean el drama y lo hacen eternamen- 
te bello en vez de abatirlo y aplebeyarlo. Y si no dígase qué hay en 
Juan José y en El Lobo de antiartístico por ir contra vicios sociales. 
El ir contra ellos los hace, por el contrario, más vivaces y que nos' 
lleguen más al alma ; hace que esos vicios nos puncen la conciencia 
como espinas, que quisiéramos arrancar de la sociedad; el mal cast 
inevitable de tantos hermanos nuestros nos lastima, nos llena de ho- 
rror y conmiseración, esto es, nos hinche de los mismos afectos gran- 
diosos y saludables de los cuales henchían á los griegos sus tragedias. 
Y nótese bien que esos males inevitables son los mismos que en la 
tragedia griega obraban, mudados tan sólo los nombres, conforme á 
la diferencia de las civilizaciones; y tanto más trágicos los de hov que 
los de entonces, cuanto aquéllos eran más inevitables todavía por venir 



S. XIX, 165». JOAQUÍN DICENTA I 23 

del hado inconmutable, y los nuestros de los sociales dictámenes y usos 
de los humanos en cuyas manos está el poderse evitar mediante la 
justicia, la igualdad social, la hermandad humana y cristiana. Las san- 
deces caballerescas y la prosa de la vida no sólo no amenguan la gran- 
deza de don Quijote, que se lanza contra ellas lanza en ristre, antes 
bien la agigantan, y Cervantes es gran escritor por querer sanar á la 
sociedad burlándose risueñamente de ella. Gracián hace una obra sa- 
tírica maravillosa solfeando los vicios, Quevedo los apalea de lo lindo; 
todos los grandes satíricos han hecho otro tanto, ya por lo cómico, ya 
por lo trágico; en suma, por medio del arte. En una palabra, el fin del 
artista es la obra artística, ayudándole cualquier intento que despierte 
y espolee sus facultades creadoras y maleándole cualquier propósito 
que las avasalle, esclavice, amengüe ó anonade. Añadiré, para descargo 
de mi conciencia, que no aprueban semejantes obras de tesis de Di- 
centa y Galdós algunas almas escrupulosas á quienes cierta educación 
de religión pequeña han aniñado, siendo, como es, tan grande la reli- 
gión católica y yendo ella, como va, contra las injusticias sociales y 
las mojigaterías que estas obras de tesis combaten. Que estos escrito- 
res pasen á veces de la raya es humano é inevitable. Todos, al repro- 
cl:>ar una mala costumbre, extremamos su pintura, pero suponemos dis- 
creción en los lectores. Lo que no se puede tolerar es que los mura- 
listas tengan por malas aquellas obras artísticamente bellas tan sólo 
porque pintan las malas costumbres como ellas son. Otra cosa S3ria si 
se alabasen por buenas; pero pintarlas vivamente no es inmoral, como 
no lo es el que Dios las permita en el mundo. Porque si Dios las per- 
mite por otros fines más elevados, como la libertad del albedrío hu- 
mano, e! artista las pinta por esos mismos fines y por el de la belleza 
artística, que consiste en darnos un acabado retrato de la realidad. 
Andrés González Blanco, Los dramát. esp., 1917, pág. 220: "En Juan 
José culmina el romanticismo primitivo de Dicenta trasplantado al 
problema social; representa el romanticismo humanitarista, redentor, 
iluminado ; Daniel representa el sindicalismo, el revolucionarismo 
fuerte y crudo, sin atenuantes... Porque hay superpuesto al Dicenta 
primigenio, brioso y cálido, lleno de fuego, de pasión, de tumescencia 
úrica á veces, de exceso de retórica no pocas, que se bosquejó en sus ■ 
primeros dramas, singularmente en Loren::o y en Juan José; un Di- 
centa nuevo, más sobrio, igualmente encendido en pasión, pero más 
contenido, más entonado con el ambiente actual y con las fórmulas 
modernísimas de arte, que ha recogido de la literatura nueva lo que 
ha traído de depuración, de desmoche, de poda de la selva negra y 
frondosa de nuestra clásica dramaturgia, como de nuestra lírica tra- 
dicional... La característica de Dicenta ha sido siempre lo excesivo, lo 
frondoso, lo tumescente. Luego ha sido en muchas ocasiones un impro- 
visador genial, y las obras que se improvisan no perduran... Mas cuando - 
la obra ha sido concebida frivola y pasajeramente, al azar de la ful- 
guración subitánea, en el hueco de otros quehaceres ó en los interva- 



124 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

los de tregua de una vida turbulenta como han sido creadas la mayor 
•parte de las obras de Dicenta, ¿cómo el autor mismo ha de reclamar 
su derecho á la inmortalidad?... Este reposo, esta serenidad para el 
trabajo es lo que ha faltado muchas veces á Dicenta... Lo que siempre 
quedará en pie es la iniciativa de la dramaturgia española en las vías 
sociales por él efectuada con su drama Juan José... Dicenta se con- 
sideró siempre glorioso por ser el autor de Juan José y se proclamó 
ufano de este timbre de gloria. La popularidad, el aura popular, ese 
algo compuesto de admiración y de cariño que mueve á las gentes á 
decir al pasar "¡Ahí va Dicenta... !", le rodeó desde la primera juven- 
tud. Obtuvo del teatro un hiero superior al que nadie obtuvo en su 
tiempo. Fué mimado por los" amores de lindas actrices ; amó mucho y 
despilfarró el oro y la impetuosidad de la juventud... La obra, á más 
de ser perfecta de técnica teatral, marca una época en el teatro español, 
señala un rumbo, una orientación en el sentido del teatro social que 
liasta entonces no había sido tanteado en España y que ya por el mun- 
do había tenido cultivadores como Hauptmann, en Alemania; Shaw, 
en Inglaterra, y Mirbeau, en Francia... Dicenta era un hombre áspe- 
ro, de la cruda entraña del pueblo español, galante con las damas, pero 
más dado á las buenas mozas de barrios bajos, herederas de las majas 
de Goya, que á las remilgadas marquesitas ; experto también en los 
placeres del vino y del juego, una especie de Villón moderno, y sin la 
melancolía de las baladas monótonas y de los rondélets... Tampoco sim- 
patizaba con las ideas melindrosas de los burgueses de la Restaura- 
ción... El era republicano convencido..., era populachero, según decían 
ellos con desdén ficticio; estaba hecho para la galería; no podían, pues, 
serle discernidos los lauros académicos... De Los Irresponsables (1891) 
á Juan José (1895) diríase que ha transcurrido medio siglo de esti- 
lización, de pulimento del estilo... ¡Cómo ha ganado Dicenta en so- 
briedad, en verismo, en modernidad!... Ahí está el dramaturgo, mo- 
derno, realista, crudo, fuerte, vibrante, preocupado por los conflictos 
sociales, dignos hijos de su época, y ahí está el drama enérgico, con- 
movedor y audaz, como lo califica con acierto un hispanófilo (E. Me- 
rimée, Précis d'hist. de la Httér. esp.)... Comienza influenciado por 
Echegaray, sin poder ocultar su filiación y procedencia; arranca del 
teatro romántico... La Mejor ley fué piedra de toque; comprendió que 
«1 público buscaba otra cosa... y se decidió á tomar el rumbo del teatro 
con inclinaciones sociales. Planeó y escribió Los Irresponsables (1891, 
no 1892 como dice González Blanco corrigiendo á Merimée, que puso 
1890; 1S91 dice la nota que me envió Dicenta)... fué, no de escándalo 
en el público, sino de estrépito y polémica en la Prensa...; era obra 
de ruido; el determinismo filosófico estaba por entonces muy en boga; 
era el muerto trágico que había dejado en pie el naturalismo, y todo 
io que se relacionase con los problemas del libre albedrío, que agitaba 
entonces la vigente escuela penalista, el lombrosianismo, había de ser 
bien acogido. Sin embargo, el reinado de esta obra fué efímero; se 



S. XIX, 1888. JOAQUÍN DICENTA 123 

resentía excesivamente de propósito didáctico; el dramaturgo no puede- 
ser un doctrinario, y Dicenta lo fué en aquella ocasión, por su mal... 
Decidió renovarse á toda costa, porque si no perecería, y siguió otra- 
dirección totalmente diversa, pero muy española... la zarzuela... Di- 
.centa escribió, en colaboración musical con Chapí y con Llanos, un. 
drama lírico: El Duque de Gandía. Fué un éxito..., el mismo año 
(1894)... Luciano. Este drama era ya la liberación definitiva del teatro 
de verso, el indicador que marcaba el rumbo hacia el teatro realista... 
Culmina en Juan José, obra que obtuvo un éxito ruidoso, como no había 
ejemplo de otro desde el Don Juan Tenorio... Fué un triunfo pleno, ab- 
soluto y popular... No volvió á producir Dicenta obra semejante; es 
más, Juan José resulta obra que por su excesiva luz eclipsa las res- 
tantes del autor... Después de él estrenó Aurora, drama intensamente 
realista en que se siguen las normas del drama social, pero sin el brío 
y la enjundia y la maestría del gran éxito ; estrenó más tarde Rai- 
mundo Lulio, de gran emoción por el argumento, drama lírico en que 
el maestro Villa se reveló. Amor de artistas, en que lo fiaba todo á la 
psicología, que no era su fuerte... No se acomoda fácilmente á repun- 
tes y sutilezas psicológicas, y en la energía, en la virilidad, en las 
escenas violentas, en los desenlaces palpitantes, en los diálogos brus- 
cos y entrecortados está su personalidad... El socialismo de Daniel, 
frío, calculador, más moderno, sindicalista, está muy bien determinado 
con el desenlace violento y angustioso del drama...; es la (obra) más 
considerable después de Juan José... Otro de los dramas verdadera- 
mente intensos de Dicenta es Sohrevivirse..., drama hondo y moderno,, 
drama interior..." ídem, Hist. nov., pág. 869: "El violento Dicenta, 
cantor de las desdichas plebeyas, de las epopeyas brutales del arroyo, 
de las suciedades y de las miserias en una prosa vibrante y fuerte, casi 
descoyuntada, en una epilepsia rebuscada por el autor." 

Obras de Dicenta: El Suicidio de Werther, drama en verso, Ma- 
drid, 1888; SpoUarium, cuentos, 1888; La Mejor ley, drama en verso, 
Madrid, 1889; Honra y vida, leyenda en un acto y en verso, Zaragoza, 
1889; Los Irresponsables, drama en verso, Madrid, 1891 ; Tinta negra, 
cuentos, ibid., 1892; Luciano, drama en prosa, ibid., 1894; El Duque 
de Gandía, drama lírico en verso, música de Llanos y Chapí, ibid., 
1894; Juan José, drama en prosa, ibid., 1895; De la batalla, cuentos-, 
ibid., 1896; El Señor feudal, drama en prosa, ibid., 1896: Curro Var- 
gas, drama lírico en verso, música de Chapí, ibid., 1898; El tío Gerva- 
sio, monólogo en prosa, ibid., 1900; La Cortijera, drama lírico en ver- 
so, música de Chapí, ibid., 1901 ; Crónicas, ibid., 1901 ; Aurora, drama 
en prosa, ibid., 1902; Raimundo Lulio, ópera, música de Villa, ibid., 
1902 ; Raimundo Lulio, zarzuela en verso, música de Villa, ibid.. 1903 ; 
De tren á tren, juguete cómico en prosa, ibid., 1903; ¡Pa nú que nie- 
va!, comedia en prosa, ibid., 1904; Espumas y plomo, viajes, ibid., 1903; 
Juan Francisco, drama lírico en verso, música de Chapí, ibid., 1904; 
El Místico, traducción de Rusiñol, ibid., 1904; La Conversión de Ma~- 



ia6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ñara, comedia en verso, ibid., 1905; De piedra á piedra, impresiones 
de viaje, Cartagena, 1905; Amor de artistas, comedia en prosa, Sevi- 
lla, 1906; El vals de las sombras, juguete cómico lirico, música de Val- 
verde (hijo), Madrid, 1906; Desde los rosales, paisajes montañeses, 
ibid., 1906; Marinera, monólogo en prosa, ibid., 1907; Daniel, drama 
en prosa, ibid., 1907; Lorenzo, comedia en prosa, ibid., 1907; El Cri- 
men de ayer, drama en prosa, ibid., 1908; Los Majos de plante, saí- 
nete en verso (con P: Répide), ibid., 190S; La Confesión, comedia en 
prosa, ibid., igoíS; Los Majos de plante, saínete lirico en verso (con 
Répide), música de Chapí, ibid., 1909; Entre rocas, drama lirico en 
verso, música de Chapí, ibid., 1909; Los Tres maridos burlados, enre- 
do (con Répide), música de Lleó, ibid., 1909; Por Bretaña, impresiones 
de viaje, ibid., 1910; Galerna, novelas cortas, ibid., 1911; Los Bárbaros, 
novela, ibid., 1912; Del tiempo moco, poesías, ibid., 1912; Encarna- 
ción, novela, ibid., 1913; Sobrczñvirse, drama en prosa, ibid., 1913; 
Mares de España, impresiones de viaje, ibid., 1913; El Lobo, drama 
en prosa, ibid., 1913; Novelas, París, 1913; Novelas cortas, ibid., 1914; 
De la vida que pasa, novelas cortas, Madrid, 1914; Los de abajo, 
cuadros sociales, ibid., 1914; Mi Venus, novela, 1915; Novelas, 1915; 
El Caudillo, novela; Novelas cortas, R-amón Lull, leyenda dramática 
en prosa; Tulia, tragedia; La Casa quemada, drama. Varios dramas 
han sido traducidos á diversos idiomas. Juan José, al francés, inglés, 
alemán, portugués, italiano, holandés, noruego, danés y catalán. Mu- 
jeres, obra póst., 1917. Fué redactor de El Mitndo (1887) y El Resuenen 
(1891), director de La Democracia Social (1895), El País (1897) y Ger- 
minal (1897 y 1903). Firmó á veces Don Hermógenes. 

Amiches en carta al autor: *'Mi ideal es sencillo y humilde. 
Corresponde á la modestia de mi rango literario. Aspiro sólo con mis 
saínetes y farsas á estimular las condiciones generosas del pueblo y 
hacerle odiosos los malos instintos. Nada más." Casi todas sus obras 
alcanzaron más de 200 representaciones. Es un duelo que con su talento 
no se haya siempre mantenido en el sainete español. No pocas veces 
su diálogo es un tejido de frases rebuscadas; los caracteres, tipos pin- 
tados á brocha gorda; los afectos, sentimentalismo melodramático; el 
tema, vulgar y aun chocarrero. Ha imitado á sus medianos discípulos 
y ha tenido demasiada cuenta con los empresarios. Ramón Pérez Aya- 
la, Las Máscaras, 1917. pág. 212 : "La realidad y la gracia son los ele- 
mentos que, sobre todo, avaloran la obra de los señores Alvarez Quin- 
tero y de don Carlos Arniches. En cuanto á la realidad, me parece que 
son más densas de realidad las obras del señor Arniches que las de 
los señores Quintero. En cuanto á la gracia, me parece que la de los 
señores Quintero es de más noble alcurnia que la del señor Arniches." 
Al. Larrubiera, Vida fantástica, 1917, pág. 161 : "C. Arniches, uno de 
los más celebrados mantenedores del actual teatro cómico, y leyendo 
las obras de este maestro, hube de apreciar las condiciones excep- 
cionales de gracia, travesura, conocimiento de la escena y del pú- 



S. XIX, 1888. CARLOS ARNICHES 1 27 

blico que son precisas para triunfar en lo que muchos llaman despec- 
ti\ amenté género chico." Tomás Borras, La Tribuna, 10 marzo 1918: 
"Contra la opinión general, creemos que el señor Arniches es un hom- 
bre muy modesto. El fecundo autor tiene una aspiración concreta en 
■su teatro: hacer reír. Pero hacer reír, sea como sea. Pretende figurar 
^n la lista de dramaturgos; mas no en la primera fila. A veces se re- 
monta é infunde valores morales á sus comedias; esto en dosis pru- 
dentes, para no inquietar los espíritus. Después de una dilatada vida 
escénica, encuentra una norma para su labor futura, la conjunción de 
lo trágico con lo grotesco; tampoco la aprovecha. La farsa, de alta 
alcurnia literaria, le asusta en el fondo al señor Arniches, y se con- 
creta á una tímida aproximación ¿, ella, haciéndose fuerte en el terreno 
del antiguo juguete cómico. Tenemos que protestar una vez más — va- 
namente una vez más — de la mesura, de la timidez, en fin, de la mo- 
destia del señor Arniches. El es el padre de una modalidad teatral 
contemporánea. Es el que ha dado su sello á una época de la zarzuela 
chica. Es el mentor de los acólitos de su talento : García Alvarez, Paso, 
Muñoz Seca (Abati tiene, en mi entender, otra significación). Su ca- 
mino se ha interrumpido; para decirlo mejor, el señor Arniches se ha 
parado en su camino. Su propia modestia es el obstáculo. Muchas veces 
hemos escrito contra el arnichismo de Arniches. Queríamos decir con 
ello que. creyentes en la aptitud y en la fuerza de su temperamento, 
DOS apenaba verle amanerado declarado, imitando á sus mismos imita- 
dores, quieto en una postura lamentable. Intentos como La Señorita 
ác Tróvele:; no se han repetido... El teatro cómico en España está por 
hacer. Con la base de un género tan peculiar y original como el saínete, 
ha debido desarrollarse un teatro cómico de extraordinario interés ar- 
tístico y de fisonomía nacional. En Inglaterra, con el humorismo y la 
base de los bufones y los clowns, es muy característica y muy inglesa 
la comicidad de su literatura dramática. También la gracia alemana 
y su concepto pedantescamente, seriamente alegre de la vida, han dado 
un tipo de comedia regocijada, en la que predomina, como es natural 
-en los alemanes, el análisis psicológico. En Italia se vuelven los ojos al 
•divino Goldoni, ó se hace un tipo de comedia mviy moderna, muy alegre 
y muy ligeramente vestida. No hablemos de Francia, que tiene con el 
vaudcville bien precisas las líneas con que el arte dibuja las más ama- 
bles sonrisas. Prescindiendo de los valores de mayor calidad, hablando 
en general de la producción cómica, vemos que en cada país se ríe 
con arreglo al genio racial y se continúa una tradición literaria. Sola- 
mente aquí donde hay tipos de literatura que han podido transformarse, 
adaptándose al gusto moderno, el teatro cómico, ó es una exhibición 
de groserías y achulamientos, ó es un plagio servil de la producción 
francesa. ¿ Play un teatro cómico español ? Tememos que, si se exceptúa 
á los Quintero, no se puede contestar de modo afirmativo á la pregun- 
ta. Carlos Arniches, por su extraordinario talento y por su instinto 
del teatro, ha podido ser el precursor de una época, y aun de una 



Í.i8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

escuela cómica española. Trabajando sobre los elementos que le pro- 
porcionaba nuestra literatura, hubiese podido enlazar las nobles inven- 
ciones de los Narciso Serra y de los Ricardo de la Vega con la musa 
del porvenir. Por modestia, sin duda, y por pereza mental, Arniches 
se ha concretado con hacer reír tan sólo. La dramática española no 
le deberá más que una cosa : haber pervertido á sus émulos." 

C, Arniches: Casa Editorial (1888), Ortografía (1888), EL Fuego 
de San Telmo, sainete (1889), La Leyenda del Monje (1890), Los 
Aparecidos (1892), Las Campanadas (1892), Los Descamisados (1893), 
El Cabo primero (1895), La Banda de trompetas (1896), El Santo de 
la hidra (1898), La Fiesta de San Antón (1898), La Cara de Dios 
(1899), El Tío de Alcalá (1901), Doloretes (1901), El Puñao de rosas 
(1902), Los Granujas (1902), Los Chicos de la escuela (1903); Los Pi- 
caros celos (1904), El Pobre Valbuena (1904), Las Estrellas (1904), Los 
Guapos (1905), El Pollo Tejada (1906), La Noche de Reyes (1906), 
Alma de Dios (1907), La Alegría del batallón (1909), El Método Gó- 
rritz (1909), Mi papá (1910), Genio y figura (1910), Gente menuda 
(1911), El Amigo Melquíades (1914), La Sobrina del cura (1914), La 
Estrella de Olympía, zarzuela (1915), El Chico de las Peñuelas, sainete 
(1915), La Casa de Quirós, farsa (1915), La Señorita de Trévelez 
(1916), Serafín el Pinturero (1916, con Renovales), El Zapatero filó- 
sofo (1916), El Madrid castizo, sainetes rápidos, Madrid, 1917. La 
Venganza de la Petra, sainete (1917), La Noche de Reyes, zarzuela 
(1918), El Agua del Manzanares ó Cuando el rio suena, sainete (1918), 
La Mujer artificial (con Abati, 19 18). 

Leop. López de Sáa, epil. á Benaventianas: "En su inquietud habi- 
tual (de Cantó), prodigando sonrisas y piropos, saludando efusiva- 
mente, muchas veces sin recordar á aquel á cuyo saludo corresponde, 
estrechando manos, vertiendo en la jocunda inagotable conversación, 
ya una oportunísima cuarteta, ya un disimulado epigrama, ha llegado 
á conseguir con su franqueza un buen disfraz, aun para sí mismo, tan 
hermético, tan perfecto, que nadie conoce jamás las amarguras que 
él duda de tener, sectario incondicional de un sistemático optimismo. 
Es, además, filósofo, porque perdona las majestuosas debilidades de 
los que habiendo subido agarrados á la merced de su bondad, le miran 
desde el tejadillo de su soberbia como á un transeúnte del vivir; 
á los que arrojaron las muletas de este ingenio al coger para ellos la 
tiara del pontificio cómico, y, no obstante, Cantó, preterido, relegado,, 
condenado al ostracismo que dicta la mala voluntad ajena; manchado 
en sus exquisiteces por la pezuña torpe que golpea con ansia de ca- 
ballo ciego el barro de las calles, es más autor cómico )' más poeta 
que todos aquellos á quienes ayudó á subir y á trepar, no hasta la 
cumbre reservada á las águilas, sino al tejadillo de que antes hablé, 
estación brevísima de los gorriones y teatro perpetuo de las marru- 
llerías gatunas. Cantó no es un orfebre de la lírica, ni un cincelador 
meticuloso de la palabra, sino un espléndido trovador de camino real. 



s. xrx, 1888. CELSO LUCIO 129 

en cuya lira, rebelde, nunca vendida y siempre sonora, hay perlas de 
lucidas frases para todas las ofrendas de amor, gemas de doliente 
ironía para todos los dolores ocultos y ricas esmeraldas de un inago- 
table humorismo. Sus Benaventianas procuran á veces, haciéndose 
dignas del preclaro nombre que las inspiró, ser acerbas y bien edu- 
cadas, mordientes á la par que discretas; llaga que abre su mano en- 
furecida tiene á su alcance para cubrirse el poético velo azul de un 
elegante disimulo; da una bofetada, y su sonrisa la trueca en mimo, 
y á lo mejor, entre saetazo y sentencia, os distrae con un bello y plá- 
cido cantar ú os hiere las fibras del sentimiento con un soneto á lo 
Enrique Gil, de suave y tierna melancolía. La musa repentizadora se 
manifiesta en él por explosiones que hacen brillar sus lentes, inflama- 
dos quizá por el sol del genio... Y es que Cantó, poeta popular, es poeta 
á pesar de sí mismo, á todas horas, hasta en la pesadez del sueño; 
fino, delicado, sin chocarrerías, sin desplantes, como hidalgo que es 
de la palabra y procer del buen tono." 

Gonzalo Cantó: C<i^a Editorial (con Arniches, 1888). La Verdad 
desnuda (con ídem, 1888). Las Manías (con ídem, 1888). Ortografía 
(con ídem, 1888). El Fuego de San Telmo (con ídem, 1889). Las Guar- 
dillas, saínete (con ídem, I1890), \La Leyenda del monje (con ídem, 
1890). Candidato independiente, juguete (con ídem, 1891). Lxis Cam- 
panadas (con ídem, 1892). Los Mostenses (con ídem, 1893). Un no sé 
qué (1895). Sobresaltos y saltos, juguete (1895). -^^ Rompeolas (1896). 
De pillo á pillo (1896). De la corte al cortijo (1896). Floridor (1896), 
El Cocinero de S. M. (1897). El Asistente del coronel, juguete 
(1898). La Real mentira (1906), El Maño (1906). El Celoso extreme- 
ño (con P. Parellada, 1908). La Siega (1909). Aqní todos somos bue- 
nos (con Enrique Calonge, 1909). Los Sombreros (1909). La Sere- 
nata del pueblo (1909). La Paloma del barrio (191 1). Los Viejos com- 
padres (1912). Malagueñas (1914). La Boda de la farruca (1914). Un 
milagro de San Antonio (con G. Hernández Mir, 1915). La Vara de 
nardos, juguete (1915). El Cristo de la Vega (con Soldevilla, 1915). 
Cleopatra, de espectáculo (Buenos Aires, 191 5). Los Hijos de Aragón, 
juguete (con Alvarez Sotomayor, Buenos Aires y Madrid, 1916). Be- 
naventianas, versos algo campoamorianos (1917). El Armero de Flo- 
rencia, hermoso drama histór. (con Leop. López de Sáa, inédito). 
Cleopatra, zarzuela (con Eugen. Cullon, 1918). 

Celso Lucio fué redactor de El Globo (1902), colaborador dé Mo- 
drid Cómico, Blanco y Negro, etc. A vista de pájaro (1888). Un vaso 
de agua, juguete (1889). Claveles dobles, ídem (1891). Los Puritanos, 
pasillo (con Arniches, 1894). El Juicio del año (con A. Palomero, 
1896). Una estrella (1901). Plantas y flores (1901). Fresa de Aran- 
juez (con Mariano Muzas, 1903). Los Pensionistas (con ídem, 1903). 
Congreso feminista (con otros, 1904). El Palco del Real (con E. Gar- 
cía Alvarez, 1904). El Premio de honor (1905). El Nuevo Ministerio 
(con M. Muzas, 1905). El Kilométrico (con ídem, 1906). Género chico 

TOMO X.— 9 



I 3o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

(Madrid, 1906). La Puerta del Sol, revista (con M. Fernández Palo- 
mero, 1907). La Alano Negra (con Carlos Alien Perkins, 1909). Ma- 
niobras en Carabanchel, juguete (con M. Muzas, 1911). La Ultima car- 
ta. Ídem (con ídem, 1912). La Parada ó el relevo de Palacio, gabinete 
(con Luis García Conde, 1912). El Médico de las locas, juguete (1914)- 
López Marín, obras teatrales: Bordeaux, música de Viaña, 1888. 
El Juicio de Fuenterreal, mus. de Viaña, 1889. Los Triunviros, mus. de 
Rodríguez, 1890. Tres tristes trogloditas, mus. de Mateos y Rodrí- 
guez (segunda parte de los Los Triunviros), 1890. Chavea, mus, de Si- 
gler, 1890. La Sultana de Marruecos, mus. de Viaña, 1890. Las Man- 
zanas del vecino, mus. de Mateos, 1890. Los Murciélagos, 1891. 5". M. el 
Duro, mus. de Rodríguez, 1891. La Víspera de San Pedro, mus. de 
Mateos, 1891. Charito, mus. de Valverde (hijo), 1891. El Caballo de 
Atila, mus. de Mateos, 1892. ¡Mañana será otro día!, mus. de Val- 
verde (hijo), 1892. El Sueño de anoche, mus. de Ruiz, 1892. A vuela 
fluma, mus. de Ruiz, 1892. Madrid-Colón, mus. de Mateos, 1892. Los 
Maestros cantores, mus. de Alvarez y Chalons, 1892. Año nuevo, vida 
nueva, mus. de Alvarez y Chalons, 1893. Los Abogados, 1893. La 
Danza macabra, mus. de Ruiz, 1893. Miss "Hissipí", mus. de Sigler 
y Alvira, 1893. Los Cuentos del año, mus. de Alvarez y Cha- 
lons, 1893. El Bello ideal, 1893. CrispuUn, mus. de Alvarez y Chalons, 
1893. Las Hojas del calendario, mus. de Alvarez y Chalons, 1894. Los 
Africanistas, mus. de Caballero, 1894. La Romería del halcón ó El 
Alquimista y las villanas y desdenes mal fingidos, mus. de Arnedo y 
San José, 1894. El Primer amor, 1894. Eclipse de luna, mus. de Au- 
dran, 1894. El Enigma, 1895. La Japonesa, mus. de Vidal, 1895. La 
Boda de los muñecos, mus. de BiuU, 1896. Madrid-Cómico, mus. de 
Brull y Alvarez, 1896. ''Música proibitá", mus. de Ruiz, 1896. La Lu- 
gareña, mus. de Arnedo, 1896. Charivari, mus. de Mateos, 1896. El 
Fraile descalzo, 1896. ¡Simón es un lila!, mus. de Arnedo, 1897. El 
Tío Pepe, mus. de Mateos, 1897. -^^ Mentidero, mus. de Mateos, 1897. 
Las de Farandul, mus. de Lleó, 1898. La Mancha de la mora, mus. de 
Audran, 1899. Venus-Salón, mus. de Calleja y Lleó, 1899. El balido del 
zulú, mus. de Arnedo, 1900. Condición humana, 1901. La Dolara, 1901 
(con J. J. Cadenas). Juan y Manuela, mus. de Arnedo. 1902. Copito de 
nieve, mus. de Calleja y Lleó, 1903 (con M. Lastra). El Picaro mundo, 
mus. de Caballero y Lüeó, 1903 (con E. García Alvarez). Eden-Club, 
mus. de Calleja y Lleó, 1903. Vida galante, mus. de Calleja, 1903. 
¡Lagarto!, ¡Lagarto!, 1903. La Condesa X, 1903. La Niña bonitct^ 
1904. El Secreto de la esfinge, 1904. El Torbellino, 1904. (con F. Mo- 
rano). Music-Hall, mus. de Calleja y Lleó, 1905. El Estuche de mo- 
nerías, mus. de Valverde (hijo), 1905. El Caballo de batalla, mus. de 
Arnedo, 1905. Mar de fondo, mus. de Alvira, 1905 (con F. Morano), 
Macbeth (de Shakespeare). Los Hijos del Sol, mus. de Alvira, 1906. 
Los Campos Elíseos, mus. de Nieto y Alvira, 1906 (con M. Pérez Ca- 
brero). Venus-Kursaal, mus. de Calleja y Lleó, 1906 (con F. Limen- 



S. XIX, 1888. WENCESLAO E. RETAXA 13I 

doux). El Paraíso de Mahoma, mus. de Alvira y Pacheco, 1907. ¡Echa 
the!, 1907. ¡Pido la palabra!, 1908. La Sombra del manzanillo, miis. de 
Mateos, 1908. Sábado blanco, mus. de Chapí, 1908. Roberto el "diá- 
"volo", 1908. ¡El Diablo son los chiquillos!, entremés, mus. de Mon- 
tenegro, 1909. El Terror de las mujeres, 1909. El Jardín de los amo- 
res, mus. de Montenegro, 1909. Los Pájaros de la calle, 1910. La Mu- 
ñequita sabia, 1910. El Cuento del tren, 1910. ¡Al fin, solos!, mus. de 
Montenegro, 191 1. El Vals de los besos, mus. de Lleó, 1911. El Santo 
de l-as niñas, mus. de Montenegro, 191 1. La de los ojos de cielo, 191 1. 
Comicomama, entremés, 1911. El Tío de los chalecos, 1911. El Gato 
rubio, mus. de Montenegro, 1912. Marido modelo, 1912 (con E. Car- 
bailes). En Sevilla está el amor, mus. de Rossini, 1912. La Duda sa- 
tisfecha, 1912. La Escena del sofá, 1912. La Perdición de los hombres, 
1913. El Tío de los clmlecos, 1913. El Polichinela, 1913. La Reina de 
las palomas, 1914. La Dama del velo azul, 1914. Diez minutos de pa- 
lique, monólogo, 1915. Los Fosforitas, entremés, 1916. Publicó ade- 
más: ¡Anda, la ópera!, repertorio de argumentos, prólogo de Jacinto 
Benavente. Madrid, 191 1. Cuplés y canciones, prólogo de Sinesio Del- 
gado. Ibid. 191 1. Álbum de la ópera ''Margarita la Tornera^'. Para 
damas y galanes, monólogos {Los Brindis, Elogio de la mujer. Las 
Conveniencias sociales. La Palabra), Santiago de Chile, 1916; Ma- 
drid, 1918. El Hombre del farolito. La Educando, ídem, ibid., 1916. 

22. Año 1888. Wenceslao Emilio Retana y Gamboa 
(n. 1862-), de Boadilla del Monte (Madrid), estudió para inge- 
niero, y sin acabar pasó á Filipinas (1884), donde estuvo seis 
años, volviendo (1890) á Madrid; fué diputado (1896), go- 
bernador de Huesca y Teruel é inspector general de policía en 
Barcelona (1911-118). Es el primer filipinlista, digamos, o in- 
vestigador de cuanto á Filipinas atañe, alabado por propios y 
extraños. Su mejor obra, que lo fué de toda su vida, es el 
Aparato bibliográfico de la Historia general de Filipinas (1906). 
Muéstrase, además, veraz, gran crítico y patético historiador 
en la Vida y escritos del Dr. José Rizal (1907). Pero su obra 
artistica mejor es la novela La Tristeza errante (1903), que 
en la observación y desmenuzamiento sutil del alma femenina 
acaso sea la más honda que se ha escrito en España, y en la 
fiel realidad, en lo certero de la sátira, reciura de pasión, va- 
lentía de pincel, puede parangonarse con las mejores. Algunas 
de las ideas principales que el autor parece sustentar fueron 
fruto del descorazonado abatimiento que los sucesos de 1898 
trajeron al ánimo de no pocos escritores; hoy no las sustentaría 



I 32 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

con tan amargo desengaño. De todas suertes, cuanto al arte de 
novelar su autor muéstrase en ella ser de los mejores que te- 
nemos en España. 

Alejandro Larrubiera y Crespo (n. 1869-), madrileño, 
por seud. Juan Saínete, como novelista y autor dramático ha 
sido escritor muy -fecundo ; nada exquisito, pero tampoco re- 
buscado ni efectista; sincero y llano. En prosa digna, ligera, 
suelta y castiza ha pintado generalmente la clase media con 
fidelidad y agrado. Xo se encumbra, pero tampoco se despeña. 
Es de los de segundo orden en el género chico, habiendo estre- 
nado zarzuelas y saínetes, siempre con otros; generalmente, 
con Antonio Casero. 

Carlos M.^ Ocantos (n. 1860-), de Buenos Aires, diplo- 
mático desde 1884, estuvo diez y nueve años en ]\Iadrid como 
secretario de Legación y hoy es ministro en Dinamarca y No- 
ruega. A los catorce de su edad publicó una novela román- 
tica : pero en España cultivó la novela reahsta y fué el pri- 
mero que la llevó a América, siendo alli de los más celebrados 
y acaso el mejor de los novelistas argentinos, por la naturali- 
dad, el realismo, la soltura del habla familiar y castiza regio- 
nal, y la \\\2l escenografía con que pinta lugares y costumbres, 
a veces demasiado al menudeo y charlando prolijamente; pero 
siempre con tal poder de imaginación que no se despintan es- 
cenas ni personajes. Pertenece a la escuela galdosiana, sobre- 
saliendo, más que nada, en el habla viva familiar, aunque no 
distinga del todo bien las propias maneras de expresarse cada 
personaje. Siguió a Balzac y Galdós en novelar personajes 
emparentados. 

Carlos Reyles (n. 1868-X rico hacendado o estanciero de 
Montevideo, vivió algún tiempo en España, hasta pegársele 
un dejo andaluz bastante señalado en lenguaje y estilo. Pu- 
blicó su primera novela Por la Z'ida en 1888, que a la vez 
fué el primer ensayo naturalista hecho en el Uruguay y que 
escandalizó; volvió a la carga en 1894 con Beba, y esta vez, 
como el aguilucho se había convertido en águila, triunfó por 
la valentía, la verdad, el carácter y por la pureza y elegancia 
de lenguaje. Aunque siempre, como buen naturalista, tenga no 
poco de Zola, es una de las mejores novelas americanas. Juntaba 




X 



/ 



WENCESLAO RETANA 



S. XIX, 1888. CARLOS REYLES 133 

al pincel descriptivo americano no sólo el realismo de la moder- 
na novela, sino además la castidad del habla castellana, tan que- 
rida en Montevideo y aprendida por él en España. Si hubiera 
hecho allí lo que acá Pereda, Galdós y Palacio Valdés, sacan- 
do del francés naturalismo el tradicional realismo castellano, 
pintando la vida tal cual es en América, sin ceñirse, como Zola, 
a las heces sociales, a lo maloliente, feo y grosero, y no exa- 
gerando pasiones y situaciones, con no pocas inverisimilitudes, 
con el pésimo fin de amontonar documentos experimentales 
para la ciencia y en desdoro del arte, y de los cuales ni arte ni 
ciencia se aprovechan, no merecería Reyles más que cumplidas 
alabanzas y sería de los más excelsos novelistas. Por desgracia, 
dejóse llevar de la moda, que maleó no poco sus grandes dotes 
novelísticas. Publicó después Academias^ Montevideo (s. a.), 
(desde 1896), novelas cortas, de tipos tomados del natural, 
de hecho tan exagerados y aún más que en las novelas ante- 
riores, a pesar de lo vivo, apasionado, colorista y sentimental, 
que en todo raya hasta la demasía. Tales son Primitivo (Mon- 
tevideo, 1896), El Extraño (Madrid, 1897), Y ^^ Sueño de 
rapiña. Después publicó la novela psicológica La Raza de Caín 
(1900), recuerdo del Manfredo byroniano, donde los personajes 
son todavía más anormales, sin fuerza de voluntad y nada 
amables, según hoy suelen pintarlos los más de nuestros nove- 
listas. La Muerte del cisne, que luego publicó (191 1), glorifica 
el triunfo de la fuerza y de la riqueza, conforme a la valida 
doctrina de Nietzsche, en que se niega toda moral firme y 
eterna, en que el viejo panteísmo se alza sobre el Evangelio y 
la fuerza bruta sobre la justicia divina. Grande erudición, es- 
tilo robusto, numeroso, suelto, vibrante; habla limpia, propia y 
armoniosa; proporción ordenada en la estructura de las partes 
y del todo de la composición; lenguaje apropiado y correcto; 
personajes vivos, reales; tales son las buenas notas de este no- 
velista. Las no tanto redúcense al determinismo y a la exage- 
ración zolesca en todo. En El Terruño (19 16), con prólogo de 
Rodó, a pesar de ser obra de tesis, lo cual amengua su valor, 
mostróse mejor encaminado, más sobrio en el escribir por ras- 
gos típicos y precisos y aun por la evocación del ambiente me- 
diante una frase, una menudencia; más hondo en el desentra- 



1 34 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ñar las almas, distinguiéndolas por rasgos muy personales; 
sobre todo más empapado en el espíritu nacional, más allegado 
al terruño. En Diálogos Olímpicos hace gala de sus no cortos 
conocimientos de la mitología griega, de sus aficiones a la 
filosofía novísima y de su rotundo y elegante lenguaje. 

AxToxio ZozAYA You (n. 1 859-), de Madrid, por seudó- 
nimo C. Ch. F. Schiiler, periodista notable, escribió en La Van- 
guardia (1S97), ^^ Soberanía del Pueblo (1897), La Justicia 
(1899), La Ilustr. Esp., El Liberal (desde 1902), La Lucha 
(1904). Escritor y novelista muy culto y ameno, de ideas edu- 
cadoras, con toques filosóficos y de estilo fuertemente ex- 
presivo. 

Mercedes Cabello de Carbonero, la primera y mejor 
novelista peruana, de gran talento y de reputación escandalosa, 
merced, en parte, a las costumbres levíticas, asustadizas y al- 
gún tanto farisaicas de Lima. De natural hombruno, quiso 
llevar al Perú el estilo y manera naturalista de Zola, mezclan- 
do todas las heces con las angelicales exageraciones románticas 
respecto de la mujer, añadiendo discusiones sociológicas, reli- 
giosas y médicas. Con no pocos baques, es, sin embargo, Blan- 
ca Sol la mejor, acaso, de las novelas escritas en el Perú. Tam- 
bién escribió de crítica con criterio decididamente irreligioso. 

23. La novela de Retana tiene el mismo intento de satirizar la 
dase aristocrática que Pequeneces, del padre Coloma; pero, adema», 
encierra un estudio acabado del amor y de la psicología amorosa tanto 
en el hombre como en la mujer, en ésta sobre todo, que le comunica 
un valor ideológico, satírico y artístico de muchos más quilates que 
1;^ tan ensalzada del padre jesuíta. Cada vez se lee más la de Retana 
y menos la del padre. Extraño parece que González Blanco no la men- 
cionara en su obra sobre los novelistas contemporáneos. En carta al 
autor (7 marzo 1918) : ''Su Historia, (de la Liter. Cast.) tiene un fondo 
político que aplaudo sin reservas. Acaso años atrás habría tenido algu- 
nas ; hoy, después de siete años en un ambiente tan poco español como 
el barcelonés, mi castellanismo ha tenido necesariamente que exaltarse, 
y, debido á esto, me parece santo que usted elogie á los autores — dentro 
de la categoría de los buenos — , tanto más cuanto más neto es el cuño es- 
pañol de sus producciones. Si como político y filósofo he cerdeado, in- 
fluido por el desastre del 98 y otras razones de orden íntimo, como 
escritor he sido siempre amante y defensor de lo castizo, y así, en 
ninguno de mis escritos se percibe, creo, la menor influencia extran- 



S. XIX, 1888. WENCESLAO E. RETANA 1 35 

jera, sin que esto quiera decir que no admire la fuerza sobrepujante 
de algunos novelistas franceses, sobre todo Balzac, Flaubert, Zola y 
Daudet. Desde el punto de vista técnico no hay nada, á mi juicio, su- 
perior á Madame Bovary, del maravilloso Flaubert. De las novelas 
españolas contemporáneas las que más me satisfacen son La Hermana 
de San Sulpicio y La Regenta. Por los años de 1907 á 1909 hice unsí 
campaña muy intensa y comentada en la Prensa filipina contra el 
preciosismo, el rubcndarismo, etc., y, gracias á ella, aquellos literatos 
chirles se curaron algo de su afrancesamiento americanizado; pero 
creo que han vuelto á las andadas, porque ya — callado yo — no tienen 
aquellos periódicos quien les pegue, á lo menos con la dureza que yo les 
pegaba." Manuel Bueno, La Corresp. de Esp. (3 sept. 1903) : "Retana 
tiene talento, instinto del natural y probidad para narrar. Lo que descri- 
be procede de su experiencia personal. La Tristeza errante es un libro 
inolvidable, porque nos habla de los sentimienttos familiares é indes- 
tructibles: el amor y la melancolía," Luis ^L López AUué, El Diario 
de Huesca (20 jun. 1903) : "En las páginas de su libro palpita la rea- 
lidad y la vida con el fuego y el entusiasmo de quien la siente y sabe 
hacerla resurgir con llamaradas de intensa pasión ; y como fiel secta- 
rio de una escuela amante de la luz, para que nada quede esfumado 
en el fondo del lienzo, no quiere ni sabe ocultar el vicio con velos de 
hipocresía... Retana, como anatómico y psicólogo en una pieza, pre- 
senta al descubierto el cáncer de las pasiones." Pardo Bazán, en He- 
lios, t. III, pág, 267: ''Retana estudia la pasión (en La Trist. errante), 
pero es á la vez vm satírico despiadado de las costumbres de la alta 
sociedad, que describe reunida en una estación balnearia. El cuadro 
es sombrío, tal vez exageradamente, y hay en su libro, amén de mu- 
cho talento, algo de violento y amargo que fuerza la atención y no 
permite que pasen inadvertidos, en esta época de excesiva producción 
novelesca, ni el autor ni la obra." Menéndez y Pelayo, en carta par- 
ticular: "La biografía de Rizal, admirablemente documentada y llena 
de datos de la mayor importancia para la historia de nuestro desastre 
colonial... Como el libro está escrito con absoluta veracidad y enorme 
copia de datos de toda procedencia, pueden sacar provecho de él aun 
los que no estén conformes con todos los juicios del biógrafo. Tal es 
la ventaja de los libros de historia cuando se hacen á conciencia y con 
desinterés científico. Felicito á usted cordialmente por el nuevo libro 
que ha añadido á su riquísima serie filipina." Destinado á Barcelona 
á principios de 191 1 con el penoso cargo de inspector general de Poli- 
cía, interrumpió entonces su fecunda labor. En la Ciudad Condal nada 
pudo escribir, fuera del prólogo á su obra Orígenes de la imprenta en 
Filipinas, Madrid, 191 1, que en dicho año le fué premiada con i.ooo 
pesos en Manila en certamen internacional. Es un estudio en el que 
deja agotada la materia. Vuelto á Madrid en 1918, vuelve á reanudar 
las aficiones de toda su vida, y prepara para darlas á la estampa no 
pocas obras, cuyos materiales ha ido agavillando á lo largo de su vida 



136 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

de escritor. Tiene casi acabadas las siguientes: Bibliografía de las 
lenguas indígenas de Filipinas^ La Nobleza española en Filipinas, El 
Amor en la Minerva histórica de Filipinas, un Diccionario general 
biográfico de filipinos, Estudios sobre la literatura castellana contem- 
poránea en aquellas islas y una Colección de fuentes históricas relati- 
vas á dicho país. Pero, sin duda, la más curiosa, por su novedad y por 
el arduo empeño que- supone, será el Diccionario criptográfico caste- 
llano (palabras feas), el cual consta de más de 3.000 voces, todas ilus- 
tradas con dos y hasta tres fuentes de autoridad. Fué director de la 
Política de España en Filipinas, 1896. 

Obras principales de Retana. El Judio Batangiieño, Manila, 1888. 
Transformismo, diálogos con un vago, 1888. Frailes y clérigos, Ma- 
drid, 1890. Apuntes para la Historia, 1890. Sinapismos, 1890. La Polí- 
tica de España en Filipinas, revista, 1891-98. Cuestiones filipinas, 1892. 
Cosas de allá, cuentos, 1893. Estadismo de las islas Filipinas, por fray 
Joaquín Martínez de Ziiñiga, publicado por pHmcra vez, 1893, dos vols. 
Bibliografía de Mindanao, 1894. Un libro de Aniterías, 1894. Archivo 
del bibliófilo filipino, 1895-1905. El Periodismo filipino, 1895. Los 
antiguos alfabetos de Filipinas, 1895. Fiestas de toros en Filipincs, 
1896. Mando del general Weyler en Filipinas, 1896. Historia de Min- 
danao y Joló por el padre Francisco Combés, 1897. Catálogo abreviado 
de la Biblioteca filipina de W. E. Retana, 1898. Lxi Imprenta en Fili- 
pinas, 1899. La Tristeza errante, novela, 1903, 1916, 1918. Catálogo... 
de la Biblioteca filipina... por P. Vindel, 1904-05, tres vols. Aparato 
bibliográfico de la historia general de Filipinas, 1906, tres vols. Vida 
y escritos del doctor José Rizal, 1907. El Filibusterismo, novela de 
Rizal, 1908. Tablas cronológica y alfabética de imprentas é impreso- 
res de Filipinas, 1908. De la evolución de la literatura castellana en 
Filipinas, 1909. Sucesos de las islas Filipinas por el doctor Antonio 
de Morga, 1909. Noticias histórico-bibliográficas del teatro en Filipi- 
nas, 1910. Orígenes de In Imprenta en Filipinas, 1911. En Esp. Mod.: 
La Iglesia f Alpina independiente (1909, febr.). La Inquisición en Fi- 
lipinas (1910, feb.). El i.° de marzo de 1888 en Manila (1910, juL). 
Consúltese: Epifanio de los Santos Cristóbal, W. E. Retana, Madrid, 
1909. 

Larrubiera se dio á conocer en La Caricatura (1887), después es- 
cribió en La Patria, La Correspondencia Militar, El Popular, Revista 
Cómica, Ilustración Madrileña, Ilustración Artística, Don Quijote, 
Madrid Alegre, España, El Mundo de los Niños, La Risa, El Resu- 
men, Los Madriles, Fra Diavolo, El Curioso Parlante, La Comedia 
Humana, Madrid Cómico, La Edad Dichosa, La Lidia, La Gran Vía, 
Barcelona Cómica, Blanco y Negro, El Gato Negro, Plum^ y Lápiz, 
Vida Galan.r, El Noroeste de Gijón (1903), Diario de la Marina (1903), 
Sancho Par^a, como director. En carta particular al autor: "En los 
muchos miles de cuartillas que he emborronado procuré siempre ser 
sincero por creer que la sinceridad, aparte constituir la originalidad, 



S. XIX, 1888. ALEJANDRO LARRUBIERA 1 87 

según Carlyle, produce en los lectores emoción idéntica á la que se 
ajoderó del autor impulsándole á escribir su obra. Hijo de mi tiempo, 
traté de copiar lo que en torno mío impresionó mis ojos ó mi corazón, 
y hallé caudal inagotable para trazar cuentos, novelas, crónicas y obras 
teatrales en los ambientes madrileño y montañés. Oriundo de este her- 
moso país, cuya dulce melancolía se adueña del espíritu, y nacido en 
Madrid — la noble y señorial villa — , puse en aquella región y en esta 
ciudad todos mis amores. Criado entre montañeses y conviviendo en 
la capital de España con los humildes, la gente del pueblo, tan arris- 
cada, y la de la clase media, tan sufrida, intenté retratar á los de la 
aldea y á los de la corte tal como se producen en los diversos aspectos 
de su vario vivir. El intento y la voluntad han sido inmejorables; ¡ ojalá 
pudiera decirse lo mismo del resultado ! Por consecuencia, mis gustos 
■é inclinación me han llevado á ser un modestísimo soldado de fila en 
la gloriosa hueste del realismo literario..., sin perjuicio de ser tam- 
bién un tanto sentimental y romántico. ¡ Todo hay que decirlo ! Pero 
mi realismo ha rehuido tenazmente lo que por afán de notoriedad ú 
originalidad mal entendida tocara en extravagante ó pudiera ofen- 
der, repugnar ó sobresaltar al lector; más bien he pretendido ins- 
pirarle apacible emoción y no crispar sus nervios; que asomen á sus 
ojos lágrimas consoladoras y no vislumbres de cólera ó de horror; 
que al referirle las vidas ajenas — en su inmensa mayoría de sacrifi- 
cio y de abnegación, que corren mansa y calladamente por los cauces 
más sombríos é ignorados — , sienta conmovida su alma como se con- 
movió la mía al trasladarlas al papel. A ratos, cual chiquillo de la es- 
cuela en día de asueto, que, loco de contento, trota á su albedrío por 
los floridos campos, el espíritu vagabundea por los de la maravilla que 
forja la imaginación. Y en estos ratos mi pluma se ha deleitado dis- 
curriendo por el mundo que habitan magos, hadas y princesas de en- 
sueño. ¡ Es tan hermoso asomarse de vez en cuando á estas ventanas 
que se abren al ideal y apartar la mirada de la tierra dura, gris, ingra- 
ta, donde se lucha y se padece de continuo para fijarla en el cielo !" 

Ramón María Tenreiro, en La Lectura, mayo 1914: "Nuestras 
novelas de hoy : visión amarga, negra, desolada del mundo y de sus 
gentes; muecas de glacial desdén, violentos clamores desesperados, 
cuando no baja complacencia en las ruindades y miserias del rey de 
la creación. Estos registros son por completo ajenos al arte sano y op- 
timista de Larrubiera, y por los antípodas de todo ello anda este lin- 
dísimo relato {Margara), verdadera obra maestra, en su género, toni- 
ficante, fresco y perfumado, como las praderas y cajigales de la recia 
tierra que en la narración es evocada. Así leemos este libro con tan 
sincero encanto, sintiendo cómo se nos va llenando el alma de una 
dulce emoción, en que se mezclan la sonrisa y las lágrimas. Totalmente 
íuera de la sensibilidad artística del día, desengañada, cínica, está la 
inspiración de que nació esta obra, y por ello es tanto más agradable 
nuestra sorpresa al encontrar en un escrito de hoy unas impresiones 



l38 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

saturables y vivificadoras, opuestas al reseco escepticismo al uso... 
Como afortunado discípulo de aquel alto ingenio (de Pereda), mere- 
cedor de sentarse en sitial inmediato al del maestro, revélasenos La- 
rrubiera en esta obra. Dignos de las mejores narraciones montañesas 
de Pereda son los cuadros de paisaje que sabe trazar nuestro autor; 
su estudio paciente del lenguaje aldeano; los animados retratos de 
personajes rurales tan llenos de vida como ti Rámila, ti Nubladuco ó 
ti Talegón; la auténtica observación del espíritu colectivo de la aldea 
que en los episodios de la novela se advierte... con un par de atra- 
yentes personajes de un romanticismo ingenuo y juvenil, con un asun- 
to novelesco mucho menos ceñido á los pobres datos que la uniforme 
realidad ofrece... Quien conserve un gusto literario no estragado por 
los platos fuertes que devoramos ahora y se complazca oreando su 
espíritu en un ambiente de honradas y limpias emociones, acuda á 
este idílico huerto campesino donde crecen los frutos de una concep- 
ción bondadosa y consoladora de la vida del hombre, cultivados con 
un arte perfecto." 

Al. Larrubiera : El Crimen de un avaro, novela, ]\Iadrid, 1888. Pin- 
tapoco, ibid., 1890. Mimosa, ibid., Barcelona, 1894. Cuentos, Madrid, 
1896. Camino del pecado, novela, ibid., 1896. Historias madrileñas, 
cuentos, Valencia, 1897. La Virgencita, novela, Barcelona, 1899. El 
Dulce enemigo, cuentos, Madrid, 1904. Fuera de combate, novela, 
ibid., 1906. Margara, ibid., 1906. La Conquista del jándalo, 1907. No 
nos dejes caer en la tentación, 1909. Historia de un hombre formal, 
1910. Tía Paz, 1910. El Hombre que vivió dos veces, 1911. Historias 
y cuentos, 1912. Del barrio de la manolería, novela, 1912. Hombres y 
mujeres, cuentos, 1913. Noche de juerga, novela, 1913. Sti Excelencia 
se divierte, 1914. El Pecado de Eva, 1915. Vida fantástica, novela, 
1917. Para el teatro: Uno y repique, saínete (con E. Sáenz Hérmua 
(Mecachis), 1890. La Ch<ih:quera, juguete (con Joaquín Valverde), 
1985. La Gente del pueblo, humorada (con A. Casero). 1896. La Gente 
alegre, id. (con Casero y Villergas), 1897. Los Chicos, saínete (con 
Mecachis), 1897. Los Botijistas, id. (con A. Casero), 1897. El Querer 
de la Pepa, id. (con id.), 1899. El Sábado de Gloria, id. (con id.), 1900. 
La Celosa, id. (con id.), 1900. El Dios Éxito, id. (con id.), 1901. La 
Procesión del Corpus, id. (con id.), 1902. Los Charros, zarzuela (con 
ídem), 1902. Feúcha, parodia de Mariúcha (con id.), 1903. ...y no es 
noche de dormir, sainete, (con id.), 1904. La Regadera, entremés (con 
ídem), 1908. El Merendero de la Alegría, id. (con id), 1908. Los Hol- 
gazanes, sainete (con id.), 1910. Música popular, id. (con id.), 191 1. 
Las Mocitas del barrio, id. (con id.), 1913. Donde hay faldas hay jaleo, 
ídem (con id.), 1914. 

J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 9: "El secretario de la mis- 
ma Legación, don Carlos María Ocantos, á quien ponemos en España 
al nivel de nuestros buenos novelistas." Pág. 189: "Promisión; los per- 
sonajes todos están bien comprendidos y trazados y presentan cierta 




CARLOS MARÍA OCANTOS 



S. XIX, 1888. CARLOS REYLES 1 39 

amena variedad hasta por la nación de que proceden... El entusiasmo' 
patriótico y la fe viva en el porvenir de su nación, de que el señor 
Ocantos da brillante muestra en su libro, le hacen grato y simpático 
á los lectores é ihmiinan sus cuadros como en lo material ilumina un 
fértil paisaje la risueña luz de la aurora... Es muy ameno libro de 
entretenimiento." Galdós le llamó "honra y gala de la tierra argenti- 
na". Ricardo Palma dijo: "Es el primero de todos los que en América 
cultivan la novela realista." Carlos María Ocantos: La Cruz de la 
falta, ensayo de novela romántica, Buenos Aires, 1883. León Zaldí- 
zar, Madrid, 1888; Buenos Aires, 1911; Barcelona, 1916. Quilito, 
París, 1891; Buenos Aires, 1913; Barcelona, 1916. Entre dos lu- 
ces, Buenos Aires, 1892 y 1912; Barcelona, 1916. El Candidato 
(segunda parte de Entre dos luces), Buenos Aires, 1893 y 1912; Bar- 
celona, 1917. La Gincsa, Buenos Aires, 1894 y 1913; Barcelona, 1916. 
Tobi, Madrid, 1896; Buenos Aires, 1914; Barcelona, 1917. Promisión, 
Madrid, 1897; Buenos Aires, 1914; Barcelona, 1917; Misia Jeromita,. 
Madrid, 1898; Buenos Aires, 1914. Pequeñas miserias, Madrid, 1900; 
Buenos Aires, 1915. Don Perfecto, Barcelona, 1902; Buenos Aires, 
1915. Nebidosa, Madrid, 1904; Buenos Aires, 1916. Aíis cuentos, Ma- 
drid, 1904. Sartal de cuentos, ibid., 1907. El Peligro, ibid., 191 1; Bue- 
nos Aires, 1916. Riquez, memorias de un viejo verde, Madrid, 1914; 
Buenos Aires, 1917. Fru Jenny (seis novelas danesas), París, 1914; tra- 
ducción al danés, 1917. 

J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 82: "En el caso del señor 
Reyles hay el propósito de ser sensitivo, de imitar á Sudermami, á 
Tolstoy, á Ibsen, á D'Annunzio, á Bourget y á otros; hay, en suma, 
el intento de ser escritor de moda. Y esto es lo que yo condeno, de- 
clarándolo aquí con dolor, porque, en mi sentir, el señor Reyles es un. 
escritor de muchísimo talento, que no necesita para agradar ix)nerse 
de moda, sobre todo cuando la moda me parece detestable y perversa. 
Francamente, yo he creído siempre, y sigo creyendo, que una novela, 
corta ó larga, debe ser libro de pasatiempo y solaz, debe elevar y no 
consternar el ánimo, debe, como decía Aristóteles, purificar las pasio- 
nes... El terror y la compasión que inspire han de estar purificados^ 
han de producir en nosotros el deleite estético y no la pena, han de 
serenar y elevar el espíritu y no perturbarle, humillarle ó deprimir- 
le... La nueva escuela, que el señor Reyles voluntariamente sigue, es 
pesimista, fatalista, materialista y atea, más ó menos inconscientemen- 
te... El crimen, el infortunio... ocurre porque no puede menos de ocu- 
rrir... Las personas son así instrumentos ciegos de su destino, máa 
ciego y más inconsciente todavía. Y como nadie ó casi nadie cree que 
todo el género humano se parece á las personas que d escritor de moda, 
describe, viene á resultar que el escritor de moda es teratológico, esto 
es, que pinta monstruosidades y anomalías enfermizas... En medio de 
lo monstruoso del conjunto hay en los pormenores no pocas atinadas 
observaciones de profunda psicología..." Pág. 200: "Sus buenas pren- 



140 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

<ias de escritor, entre las cuales descuellan la viveza de imaginación y 
■una fuerza poco común en el estilo... Si las censuro (sus obras) es por 
creer que el autor vale, aunque anda harto extraviado. Su extravío 
proviene de una á modo de enfermedad epidémica que se nota en todas 
partes y muy singularmente entre los escritores hispanoamericanos. 
Consiste la enfermedad en cierto candoroso y desaforado entusiasmo 
por la última moda de París en literatura, como si en literatura estu- 
viesen bien las modas y como si en literatura se fuese progresando 
siempre como se progresa en cirugía ó en química y mecánica aplica- 
das á la industria... Lo que me choca más es el propósito de que las 
novelas, cuentos, academias... no se han de escribir para deleitar y 
pasar agradablemente el tiempo con su lectura, sino para mortificar, 
-aterrar y compungir á los lectores como con una pesadilla tenaz y es- 
pantosa... El autor, en mi opinión, aspira á que admiremos á su héroe; 
pero sólo logra que nos parezca insufrible, degollante y apestoso. Es 
cómica, sin que el autor lo quiera, la pretensión de hallar inauditas 
novedades en los refinamientos y quintas esencias con que la moderna 
cultura presta hechizos supremos á la lascivia." V. García Calderón, 
La Liter. Uriíg., pág. 83: "Fué en 1888...: aquella tristeza á flor de 
cielo, gemebunda y cristiana, contrastaba con el determinisrao negador 
y la crudeza descriptiva del medanista. Si no fué acogida con la des- 
templada gritería de España, no faltaron ademanes de encrespamien- 
to. Juan Carlos Gómez, indirectamente primero en una crítica y más 
explícitamente después, la condenó. La fealdad moral presentada por 
€l naturalismo en la literatura — decía Gómez — , la adoración servil 
de la naturaleza, nos hace repugnantes á nosotros mismos, mientras 
que el bello ideal de las creaciones del arte levanta los corazones y la 
inteligencia á la concepción de lo bello." La novela naturalista vino á 
ser la más eficaz contribución al americanismo, pues hasta entonces 
escribimos de preferencia Grazicllas y no Anas Karenines. Si fuera 
necesario hacer su panegírico, repetiríamos una paradoja de Blixen. 
Observaba el agudo chroniqueur que la novela naturalista, fiel trasunto 
de hábitos nacionales y prospecto de riquezas nativas, tendría eficaz 
virtualidad de propaganda, ''participando al extranjero que sabemos 
"comer como la gente, con tenedor y cuchillo; que vestimos según la 
"última moda inglesa, y que usamos pañuelo para las narices". No se 
podía presumir en las novelas románticas que tal uso fuera corriente... 
Al ser realista, pues, comenzaba á ser nacional. Y si la afición al pai- 
saje nativo cundía ya en América, si excelentes costumbristas se anti- 
ciparon á anotar su vida provincial y pintoresca, es evidente que el 
procedimiento de la escuela veraz estimuló nuevamente á ver de cerca 
ima realidad desdeñada ó preterida. Bastaría recordar, para probarlo, 
que los mejores narradores del Uruguay, Viana ó Reyles, son discípu- 
los de Emilio Zola. "Un criador de ovejas metafísico", como él deno- 
minaba á un personaje, un hidalgo de estancias y cabanas, el primer 
íiaturalista del L'ruguay y su narrador más ilustre, es el autor de 



S. XIX, I5Í5Í5. CARLOS REYLES I4I 

Beha y de El Terruño. Millonario á los diez y ocho años, Reyles quiso 
innovar en agricultura y en las letras, imprudencia que dio margen á 
la eterna malicia: los literatos alabaron los moruecos admirables de su: 
cheptel y los agricultores sus novelas. Pocos quisieron confesar la her- 
mosa singularidad de este literato rural como Tolstoy, un Tolstoy 
egoísta y ganadero, que puede hallar los tipos de sus novelas sin salir 
del horizonte de su cabana. Por singular concomitancia, poco frecuen- 
te en las letras, quien iba á contar esa áspera vida la vivía. Y no en 
la fiebre urbana se evocaba, como Zola ó Balzac, la silueta formidable 
del campesino: el gabinete de trabajo es la choza del pago, en donde 
humea el mate cimarrón, donde se escucha el balido del recental y la 
guitarra campera. Ni el campesino viviente y circulante es el ilota de 
La Bruyére en una gleba avara y tarda en florecer. Le sirve de modelo 
al narrador el gaucho emancipado, el gaucho de alma vasta como su 
libertad y su horizonte. "El sentimentalismo rudo, la soberbia, el valor 
"y el desprecio de la muerte y la fortuna lo dibujan y coloran en líneas 
"firmes", según él. Por eso no gravitó en los libros de Reyles la cerra- 
zón de pesimismo que sofoca en la novela naturalista. De La Tierra 
al Terruño hay más que diferencias. Son campesinos altaneros los per- 
sonajes de la novela uruguaya. Es un discípulo de la escuela natura- 
lista su autor, pero un discípulo atenuado. En sus vagares de la estan- 
cia no leyó á Claude Bernard, sino á Federico Nietzsche. Lectura pe- 
ligrosa en una estancia del Uruguay entre carneros. La Muerte del 
cisne, su libro doctrinario, descarado elogio de la fuerza y del oro, 
extrema y diluye moralejas de un Zarathustra que aprendiera la gra- 
mática parda de Sancho Panza. Si olvidamos un tanteo juvenil de que 
no quiere Reyles acordarse, Beha es su primer ensayo y su éxito inme- 
diato. Toda la crítica, con Eduardo Ferreira á la cabeza, ensalzó el 
modernismo de sus tendencias, su naturalismo sin crudeza, su punto de 
vista racional, pues delineaba las posibilidades de la novela nacional, 
remotamente iniciada por Magariños y Acevedo, con menor arte 
que este último. El estilo de Beha parecía agobiado por la prolijidad 
y la manía del documento." Raiil Montero Bustamante, El Uruguay á 
través de un siglo, pág. 432 : "Reyles fué el importador directo en nues- 
tro país de la novela psicológica moderna, con su sabor un si es no es 
mórbido, en la cual interviene más el temperamento y la sensibilidad 
del autor que la fuerza del pensamiento ó la realidad de la creación. 
Sus novelas Beba, Primitivo, El E.vtraño, El Sueño de Rapiña y La 
Raza de Caín son obras de introspección, orientadíts hacia la psicología 
de Stendhal, Bourget y Barres y escritas en estilo sobrio y elegante 
con caídas al dandysmo." E. Rodó, pról. á El Terruño : "Alegrémonos, 
pues, de que escritor de la significación de Carlos Reyles siente esta 
vez su garra en el terruño nativo y realice la gran novela campera y 
por medio de la verdad local solicite la verdad fundamental y humana 
que apetecen los ingenios de su calidad." J. Juderías en La Lectura, 
1917: "La novela de Carlos Reyles El Terruño es la antítesis de la 



142 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

íaniosa de Sarmiento Facundo. En ésta, la ciudad, con su cultura, es 
ia dispensadora de todos los bienes; en aquélla, el dispensador de todos 
los bienes es el campo. Y no se crea que Carlos Reyles fuerza el argu- 
mento en aras del campo salvador, sino que se limita á poner frente á 
frente la lógica sana y robusta de unos campesinos y la oratoria hueca 
y artificiosa de un habitante de las ciudades, y el contraste es tan gran> 
de, que sin más hay que darles la razón á los primeros. El Terruño 
ts un cuadro de la vida uruguaya." Caries Reyles : Por la vida, Mon- 
tevideo, 1888. Beba, novela, ibid., 1894. La Odisea de Perucho, cuento, 
1895 (en Rev. Nac). Academias: Primitivo, ibid., 1896; El Extraño, 
Madrid, 1897; El Sueño de Rapiña^ 1898. La Raza de Caín, Montevi- 
deo, 1900, 1910. La Muerte del cisne, París, 1911. El Terruño, Monte- 
video, 1916. Diálogos Olímpicos, I, 1918; los otros dos seguirán en 
breve. Consúltese Víctor Pérez Petit en Nosotros, abril 1917. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 1003 : "Antonio Zozaya 
€3 autor de una hermosa novela: La Dominadora. Canta la soberanía 
de la madre Naturaleza, que algtmos llamamos madrastra. Los que pen- 
samos con Schiller, "y todavía hay espíritus que adoran á este Nerón...'*, 
encontramos falso el argumento de la obra, pero bellamente escrita 
con una energía en los tipos y un vigor en las descripciones rara vez 
superados por novelistas españoles." Zozaya: La Crisis religiosa, Ma- 
drid, 1888. Miscelánea literaria, ibid., 1893. Instantáneas, Barcelona, 

1893. ^<^ Contradicción política, Madrid, 1894. Ripios clásicos, ibid., 

1894, 1899. De carne y hueso, Barcelona, 1895. Crónicas del año uno, 
Madrid, 1902. La Dictadora, novela, Barcelona, 1902. Crónica del año 
dos, Madrid, 1903. El Huerto de Epicteto, Valencia, 1907. Cuando los 
hijos lloran..., com., 1908. El Libro del saber doliente. Valencia, 1910. 
Misterio, tríptico dramático, 1912. Por los cauces serenos, Valencia, 
1914. Poemas de humildad y de ensueños, Valladolid, 1915. Solares de 
hidalguía, crónicas, 1915. La Guerra de las ideas, 1915. La Maldita cul- 
pa, novela, 1915. La Patria ciega, 1919. Tradujo M. T. Cicerón. De la: 
República, 1885. Además siete novelas cortas, Madrid, 1906-1914. 

Ventura García Calderón, La Liter. peruana, 1914, pág. 68: "Escri- 
tora de escandalosa reputación y gran talento: reputación que agrava- 
ron las mujeres, talento que envidiaron los hombres. Mercedes Cabello 
<le Carbonera es el primer novelista que tal nombre merezca... Un 
talento desigual, incorrecto y masculino. Aclimata el naturalismo en 
el Perú, intentando crudas descrif>ciones zolescas en nuestro medio, 
-que casi sólo se prestaba á la novela amena y mitigada. El mismo es- 
crúpulo del maestro la induce á agravar la página con descrijKÍones 
prolijas, á buscar siempre la tacha original, el vicio oculto, la iniqui- 
dad. Como ha vivido en un medio romántico, como en su juventud 
cyó llamar á las mujeres ángeles y querubes, admite junto á limeñas 
■de rompe y rasga el más puro tipo seráfico {Sacrificio y recompensa, 
El Conspirador). Pero la humanidad que describe de preferencia es la 
de Zola. El juego {Las Consecuencias), la ambición {El Conspirador), 



S. YIX, 1550. MARCELINO G. DEL CANO 14^ 

el deseo de parecer (Blanca Sol), son los móviles únicos de estos Rou- 
gcn-Macquart limeños. Sus personajes discuten las leyes de la heren- 
cia, la plaga burocrática, los riesgos de la política. La novela, desgar« 
bada á ratos, no carece nunca de rasgos felinos y de clarividencia. 
Pocos tuvieron semejante audacia para la acerba delación de vicios." 
Mercedes Cabello: Sacrificio y recompensa, 1888. Blanca Sol, 1889, 
1S94. La Novela moderna, Lima, 1892. El Conspirador, 1892. La Reli- 
<)ión de la humanidad, 1893. El Conde León Tolstoy, 18^4. Las Conse- 
cuencias. 

24. Año 1888. Luis González Obregón (n. 1865-), de Guanajuato 
{Méjico), director del Archivo Nacional de Í^Iéjico, es uno de los es- 
critores más eruditos y enterados de la historia de su tierra. Don José 
Joaquín Fernández de Lizardi {El Pensador mejicano), Méjico. 1888. 
Breve noticia de los novelistas mejicanos, ibid., 1889. Anuario bibliográ- 
fico nacional, ibid., 1889. Méjico viejo (primera serie), ibid., 1891; se- 
gunda serie, ibid., 1895; las dos series juntas é ilustradas, París, 1900. 
Documentos para la historia de la guerra de la independencia. Cartas 
inéditas de don Pedro Moreno, Méjico, 1891. Los Restos del pensador 
mejicano, ibid., 1893. Biografía de Ignacio M. Altamirano, ibid., 1893. 
El capitán Bernal Díaz del Castillo, ibid., 1894. Últimos instantes de los 
primeros caudillos de la independencia, ibid., 1896. Don José Fernando 
Fíamírez, ibid, 1898, 1901. Méjico en 1768, ibid., 1897. Reseña histórica 
■del desagüe del valle de Méjico, ibid., 1902. Colección de cuadros de 
historia de Méjico, 1905. Los Precursores de la independencia meji- 
cana en el siglo xvi, París, 1906. Los restos de Hernán Cortés, Méjico, 
1906. Don Justo Sierra, historiador, ibid., 1907. Las sublevaciones de 
indios en el siglo xvii, 1907. Don Guillen de Lampart, la Inquisición y 
la Independencia en el siglo xvii, París, 1908. Fray Melchor de Tala- 
mantes, Méjico, 1909. Méjico viejo y anecdótico, París, 1909. Monu- 
mento á la Corregidora, Méjico, 1909. La Biblioteca Nacional, Barce- 
lona, 1910. La vida de Méjico en 1810, París, 1910. Publicaciones del 
Archivo general de la nación, seis vols., Méjico, 1914. Vetusteces 
ibid., 1917. 

Marcelino Gutiérerz del Caño (n. 1861-), madrileño, archivero 
<i886) en Sevilla, Madrid (1886), Valladolid (1887), Simancas (1893), 
Madrid (1897), Cáceres (1903), Valencia (1906), investigador muy 
«rudito, publicó La Península ibérica en tiempo de Augusto, Valla- 
dolid, 1888. Códices y manuscritos que se conservan en /a Biblioteca 
universitaria de Valladolid, con un próflogo de Juan Ortega y Rubio 
y una advertencia preliminar de Enrique de Leguina, ibid., 1889. 
Apuntes para la historia de la Academia geográfico-hisiórica de 
caballeros de Valladolid, ibid., 1891. Notas para la Geografía 'histó- 
rica de España, ibid., 1891. Historia de la villa de Zaratán, con una 
carta-prólogo de Demetrio Gutiérrez-Cañas, ibid., 1892. Elementos 
de historia de la Geografía, ibid., 1895. Ensayo de un catálogo de 



144 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-ICKD7) 

impresos españoles desde la introducción de la Imprenta hasta 
fines del siglo xviii, Madrid, 1899 (Revista de Archivos). índice 
de los documentos que refer^nites al reinado de Isabel la Cctólica se 
custodian en el Archivo Municipal de Cáceres, Cáceres, 1904 {Re- 
vista de Extremadura, t. VII), El Príncipe de los genealogistas espa- 
ñoles don Luis de Solazar y Castro, ^Madrid, 1910. Catálogo de los 
manuscritos existentes en la Biblioteca universitaria de Valencia, pró- 
logo de Rodríguez Marín, Valencia, 1914, tres vols. Producción dra- 
mática valenciana del siglo xiv: Antoni de Vilaragut, Les tragedies de 
Séneca. Examen comparativo de dos códices de las mismas precedido 
de un estudio bibliográfico^ ibid., 1914. Ensayo biobibliográfico de Ti- 
rant lo Blanch, Madrid, 1918. Obras manuscritas premiadas: Tipogra- 
fía vallisoletana (en 1900, Bibl. Nac). Biobiblio grafía de los escritores 
de la provincia de Valladolid (en 1902). Catálogo razonado de las mo- 
nedas acuñadas en el reino de Valencia desde los tiempos primitivos 
(en los Juegos Florales de 1909). Biblioteca valenciana: Estudio bio- 
bibliográfico de los escritores de la ciudad de Valencia anteriores al 
siglo XIX, dos vols. (en 1914, Bibl. Xac). Catálogo de los impresos en 
lenguas catalanas existentes en la Biblioteca universitaria de Valencia 
(en preparación). 

Adolfo P. Carranza, celebrado historiador argentino, publicó El 
General Páez, Buenos Aires, 1888. Leyendas nacionales, ibid., 1894. 
Archivo general de la República Argentina, ibid., 1894-99, 14 vols. 
Hojas históricas, 1894. Patricias argentinas, ibid., 1901. San Martín, 
ibid., 1905. Los Grandes ciudadanos, ibid., 1905. El Clero argentino 
de 1810 á 18^0 : oraciones patrióticas, alocuciones y panegíricos, dos 
volúmenes, 1907. Ilustración histórica argentina, dos vols., 1908-09. 
Apuntes biográficos sobre la vida... del brigadier general Martín 
Rodríguez, 1909. R<Lzón del nombre de las calles... de Buenos Aires, 
1910. Argentinas, 1913. 

Joaquín V. González, pensador, jurisconsulto, artista y poeta, de 
la Argentina, publicó varios libros literarios discretamente escritos; 
tiene mucha autoridad en su tierra. Su prosa, algo fatigosa, es extre- 
madamente lírica. La Tradición nacional, Buenos Aires, 1888. Mis 
Montañas, ibid., 1893, 1905, su obra más poética. Cuentos, 1894. Los 
Tratados de paz, discurso, 1904. Universidades y Colegios, 1907. El 
Juicio del siglo ó cien años de historia argentina, 1913. La Biblioteca 
y la cultura ptíblica, Buenos Aires, 1915. Ideales y caracteres. Histo- 
rias. Bronce y lienzo, 1916 (discursos, cartas y artículos). Cien poemas 
de Kabir, trad. del inglés, 1918. 

Joaquín Hazañas y la Rúa (n. 1862), erudito sevillano, catedrático 
de aquella Universidad, colaborador de la Rev. Contcmp. (1898), pu- 
blicó Noticia de las Academias literarias, artísticas y científicas de Se- 
villa, de los siglos xvii y xvzii. Sevilla, 1888. Biografía del poeta se- 
villano Rodrigo Fernández de Ribera y juicio de sus principales obras. 
Sevilla, 1889. La Imprenta en Sevilla. Sevilla, 1892. Mateo Alemán y 



S. XIX, 1888. NICOLÁS LEÓN 1 45 

SUS obras. Sevilla, 1892. Génesis y desarrollo de la leyenda de Don 
Juan Tenorio. Sevilla, 1893. Discurso leído en. la inauguración del curso 
de 1894-95 en el Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla. Sevi- 
lla, 1894. Obras de Gutierre de Cetina, con introducción y notas del co- 
lector. Sevilla, 1895. Dos tomos. Discurso leído en la inauguración del 
curso 1895-96 en el Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla. Se- 
villa, 1895. Necrología del excelentísimo señor don Joaquín Alcaide y 
Molina, escrita y publicada en cumplimiento de acuerdo de la Real 
Academia de Buenas Letras. Sevilla, 1897. Universitarios. Los discur- 
sos de apertura de las Universidades españolas en el curso de 1897 a 
1898. Sevilla, 1897. Maese Rodrigo Fernández de Santaella, fundador 
de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 1900. Discurso leído en los Tue-f 
gos Florales celebrados en Ecija el 9 de octubre de 1904, Sevilla, 1905. 
Discurso leído en la solemne fiesta literaria celebrada en el Círculo de 
la Amistad, de Córdoba, el 7 de mayo de 1905, para conmemorar el 
tercer centenario de la publicación del Quijote. Sevilla, 1905. Los Ru- 
fianes de Cervantes: "El Rufián dichoso" y "El Rufián viudo", con un 
estudio preliminar y notas. Sevilla, 1906. Discurso leído en la Univer- 
sidad de Sevilla con motivo de la inauguración solemne del curso aca- 
démico de 1907 á 1908 (La vida escolar en la Universidad de Sevilla 
en los siglos xvi, xvii y xviii). Sevilla, 1907. Discurso de contestación 
al de don Francisco de Torres Galeote, presbítero, en su recepción en 
la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Sevilla, 1907. Necro- 
logía del ilustrísimo señor don Servando Arbolí y Parando. Sevillb, \ 
1908. Maese Rodrigo, 1444-15OP, Sevilla, 1909. Discurso leido en el Co- 1 
legio de Nuestra Señora del Carmen, de Utrera, Sevilla, 1910. Discurso 
leído en la Junta pública celebrada en honra del excelentísimo é ilus- 
trísimo señor don Marcelino Menéndez y Pelayo por la Real Acade- 
mia Sevillana de Buenas Letras el día 27 de octubre de 1912. Sevilla, 
1912. Discurso de contestación al de don Jerónimo Armario y Rosado, 
presbítero. Sevilla, 1913. Discurso leído en la Fiesta literaria y artís- 
tica celebrada por la Real Congregación del Santo Crucifijo de San 
Agustín, de Sevilla, el 15 de febrero de 1914 para conmemorar el 
VI centenario de la invención de su sagrada Imagen. Sevilla, 19 Í4. 
Discurso leído en la Junta pública y extraordinaria celebrada el día 
31 de octubre de 1915 por la Real Academia Sevillana de Buenas Le- 
tras para conmemorar la publicación de la parte segunda de El Inge- 
nioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Sevilla, 1915. Discurso leído 
en la Fiesta literaria de 7 de mayo de 1916, organizada por los estu- 
diantes de la Universidad de Sevilla para conmemorar el tercer cente- 
nario de la muerte del Príncipe de los escritores castellanos, Miguel de 
Cervantes Saavedra. Sevilla, 1916. Discurso en el Ateneo, 1916. 

Nicolás León, mejicano, escritor muy erudito, publicó Anales del 
Museo Michoacano, Méjico, 1888-90, tres vols. Americana Thebaida, 
de fray Matías de Escobar, Morelia, 1890. Biblioteca Botánicomcjica- 
na, ibid., 1895. Compendio de la Historia general de México, Madrid, 

TOMO X — 10 



146 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1901. Adiciones á la '^Bibliografía mexicana del siglo xvi" del señor 
García Icazbalceta, 1903 (en Bolet. del Instit. Bibliogr. Mexicano, nú- 
mero 2). Bibliografía mexicana del siglo xviii, Méjico, 1902-08, seis 
volúmenes. Noticia de sus obras originales impresas é inéditas, Mé- 
jico, 1909. 

Manuel Antonio Román, presbítero chileno, de estilo muy castizo, 
filólogo de maciza erudición y juicio certero, tradujo los Tristes de 
Ovidio, en verso, obra premiada en la Exposición de Guatemala. Aca- 
ba de publicar la meritísima obra Diccionario de chilenismos, Santiago 
de Chile: I, 1901-08; II, 1908-11 ; III. 1913; IV, 1916; V, 1918. Oradores 
sagrados chilenos, Santiago, 1913 {Bibl. Escrit. chil). Ha teatralizado 
temas religiosoeducativos : Vocación sacerdotal (con Luis A. Valenzue- 
la), Santiago, 1888. La Votación de un huaso, ibid., 1891. 

M. GÓMEZ Imaz, erudito sevillano, publicó Dice. Acad. B. Let,-. Se- 
villana, 1888. Documentos autógr. é inéd. del general don Francisco J. 
Venegas, ibid., 1888. Apuntes biográf. de... Luis Daois, ibid., 1889. 
Coctuní frigidnm, ibid., 1889. Décimas por el comendador San Román, 
(s. xv), ibid., 1890. Algunas noticias referentes al fallecimiento del prín- 
cipe don Juan y al sepulcro de fray Diego Desa, ibid., 1890. Dos car- 
tas autógrafas é inéditas de Blanco White, ibid., 1891. Curiosidades 
bibliográficas y documentos inéditos, ibid., 1892. Inventario de los cua- 
dros sustraídos por el Gobierno intruso en Sevilla el año de 1810, ibid., 
1896, 1917. Un héroe gaditano, 1896. El Príncipe de la Paz, la Santa 
Caridad de Sevilla y los cuadros de Murillo, Madrid, 1899. Festejos y 
comilonas de antaño, Sevilla, 1899-1902. Alianza con Francia, ibid., 
1901. Don Miguel Manara, ibid,, 1902. Sevilla en 1808, ibid., 1908. Los 
Garrochistas en Bailen, ibid., 1908. Los periódicos durante la guerra 
de la Independencia, Madrid, 1910. Artículos, Sevilla, 1912-18, dos se- 
ries. Casos particulares, Madrid, 1912. Un ms. inéd., Sevilla, 1917. 

Rafael Salillas, médico y antropólogo aragonés, publicó La Vida 
penal en España, Madrid, 1888. Doña Concepción Arenal en la ciencia 
penitenciaria, 1894. El Delincuente español, el lenguaje, 1896. Hampa, 
antropología picaresca, 1898. La Teoría básica, dos vols., 1901. La Re- 
forma penitenciaria, 1904. El doctor J. Huarte y su ''^Examen de inge- 
fiios", 1905. La Criminalidad y la penalidad en el "Quijote", 1905 (en 
El Ateneo). La Fascinación en España, Madrid, 1905. Juan Huarte, 
1905. Poesía rufianesca, París, 1905 (Rev. Hispan.). El Tatuaje en 
su evolución histórica, Madrid, 1908. En las Cortes de Cádiz, 1910. 
Morral, el anarquista, 1914. En Revue Hdspanique: Poesía rufianesca 
(t. XIII). Poesía matonesca (t. XV). La Ejecución de Angiolillo 
(t. XIX). 

Andrés Martínez Salazar (n. 1846-), de Astorga (León), archi- 
vero en Galicia, fundador, con Fernández Latorre, de la Biblioteca 
Gallega (1885-1903), 52 vols., donde publicó anotadas varias obras his- 
tóricas, y de Galicia (1887-93), revista mensual; cronista de Galicia, y 
por seudónimo A. Marsal. Publicó La Beneficencia en Betanzos en los 



S. XIX, IÍ500. MANUEL BELLIDO y GONZÁLEZ 1 47 

■siglos XVI al xrjiíi, opúsculo premiado, La Coruña, 1888. El Cerco de 
La Coruña en 158^ y Mayor Fernández Pita, ibid., 1889. Los Nombres 
de La Coruña, opúsculo, ibid., 1899. Crónica tro y ana, códice gallego del 
siglo XIV, dos ts., ibid., 1900. Apuntes acerca del origen é historia del 
artícido definido gallego-portugués. Fragmento de un nuevo códice ga- 
llego de Las Partidas. Documentos gallegos de los siglos xiii al xvi, 
ibid., 1911. El modio de Ponte Puñide (separada del núm. 79 del Bole' 
tín de la Real Academia Gallega), ibid., 1913. Documentos gallegos del 
Archivo Muriicipal de La Coruña, ibid., 1915. Del tesoro de monedas 
de Algara (separada de los núms. 106 y 107 del citado Boletín). 

25. Año 1888. Luis de Abarzuza estrenó en Cádiz El Anillo del 
soldado, 1879, y El Vencimiento, 1888. — Álbum de El Criollo, semblan- 
zas de 84 revolucionarios cubanos, Habana, 1888. — Álbum poético en 
honor de Su Santidad León XIII, Manila, 1888. — Matías Alonso 
Criado (n. 1852-), de Astorga (León), abogado (1873), en América 
desde 1874; diplomático, cónsul del Paraguay en España y Ui-uguay y 
de Chile en Montevideo, publicó República del Paraguay, Montevideo, 
1888. Mapa de la República del Paraguay, 1888. La Colección Legis- 
lativa del Uruguay, 30 vols. 20.000 pensamientos, tres vols., Buenos 
Aires. El Paraguay. Cánovas del Castillo en América, 1899. — Al pie 
del cañón : colección de proyectiles de buena ley en forma de roman- 
ces, letrillas, seguidillas, sonetos, cantares, etc., etc., disparados por 
un recluta^ Barcelona, 1888. — Manuel Altolaguirre estrenó / Va- 
lientes maridos!, comedia, 18S8. La Pista del crimen, juguete, 1889. — 
Enrique Alvarez Crovetto estrenó Por una errata, comedia, 1888. — 
Hipólito G. de Andoin publicó De dies, va uno, ensayos ó colección 
de poesías, Buenos Aires, 1888. — Joaquín de Arévalo (n. 1882-), de 
El Ferrol, por seudónimo El Hombre Galicia, publicó Ocios de cama- 
rote, cuentos, Coruña, 1888. Misterios del lupanar, novela, Ferrol, 
1905, 1913. El Santiño, novela regional y eclesiástica, Madrid, 1912. 
Tras de la Cruz, Caralampio XIV, La Tía de las niñas, novelas que 
van á publicarse. Para el teatro: Galicia risueña, Galicia y mi alma, 
ídem. — Abdón Arozteguy (n. 1853-), de Paso del Molino (Uruguay), 
poiitico y periodista, director de El Pueblo, El Diario y La Reacción, 
publicó La Revolución oriental, 1870. Un Sueño dantesco. Ensayos 
dramáticos, Conferencias, Discursos, Artícidos, Viajes por la Amé- 
rica del Sur. Sus obras dramáticas: Julián Jiménez, Heroísmo, Itu- 
zaingó. Personajes en América, Las Hijas del Virrey, Sobrinos de 
don Anacleio, Con amor y sin amor. — El Ateneo, revista, Madrid, 
1888-89, tres vols. — Ignacio Barbero íMamblona publicó Prosa y verso^ 
Madrid, 1888. Verdad y fantasía, 1892. — Esperanza de Belmar, por 
seudónimo Lía de Sennaar, directora de El Sacerdocio de la Mujer 
(Barcelona), publicó Sueños del corazón, novela, Barcelona, 1888. — 
Manuel Bellido y González (n. 1854-), de Jerez de la Frontera, auxi- 
J.iar de aquel Instituto, por seudónimo Licenciado Calderilla, publicó 



148 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907; 

Rosa, leyenda, Jerez, 1887. Elementos de Uter. precept., ibid., 1899^ 
Esbozos (artículos), ibid., 1899. Aurora y ocaso, versos, ibid., 1905. 
Redimido, novela, ibid., 1908. Batalla de los Cueros, romance histórico^ 
ibid., 1909. Marieta, novela, ;bid., 1912. — Juan Benejan publicó El len^ 
guaje en acción, diccionario que comprende la mayor parte de los 
vocablos que tienen dos ó más significados, Ciudadela, 1888. — Biblio- 
teca Colombina, catálogo de sus libros impresos, Sevilla, desde 1888; 
van cinco vols. en 1917-. — Nueva biblioteca de la risa, Nueva York, 1888. 
— Cosme Blasco, zaragozano, catedrático de Historia de la Universi- 
dad de Zaragoza, fallecido á principios del siglo xx, publicó con seu- 
dónimo de Crispín Botana, una colección de chascarrillos vulgares en- 
lazados entre sí flojamente, en lenguaje pedestre, incorrecto y chaba- 
cano de la plebe, sólo útil para el filólogo, en los que desmañadamente 
pretendió pintar el pueblo baturro, no resultándole más que una fea 
caricatura. Tituló su obra La Gente de mi tierra, Zaragoza, desde 1888 
(véase 1866). — Camilo Cadavieco y Calderón publicó Recuerdos, ál- 
bum poético, Orense, 1888, — Felipe Canga-Argüelles y Yillalba pu- 
blicó La Isla de Paragna, Madrid, 1888. — Carlos Casanueva, presbí- 
tero y periodista chileno, correcto de estilo, piadoso y vigoroso escritor, 
escribió sobre todo en La Unión y Diario Popular; hoy es consejerc 
espiritual del Seminario de Santiago. — Federico Castellón y Codor- 
Niú estrenó Un ensayo, monólogo, 1888. Los Gordos, disparate cómico- 
lírico, 1891. Recuerdo del centenario del "Quijote"...^ álbum que contie- 
ne la reproducción de los cuadros existentes en el Museo del Prado... 
referentes al "Quijote", 1905. — Antonio Clavero y Carmona estrenó- 
Una herencia me salvó, juguete, 1888. — Fray José Domingo María 
CoRBATÓ, ex dominico, director de El Valenciano, por seudónimo Má- 
ximo Filibero, publicó El Hijo de Las lágrimas, ensayo poético sobre la 
conversión del gran padre San Agustín, Falencia, 1888. León XIII, los 
carlistas y la Monarquía liberal, 1894. — Cortes de los antiguos reinos de 
Aragón y de Valencia y principado de Cataluña, 23 vols., Madrid, 1888- 
1916, por la Acad. de la Hist. — Patrocinio Costa publicó Romeo y 
Julieta, poema heroico, Lisboa, 1888. — R. Cubillo publicó Ensayos poé- 
ticos, 1888. — José de la Cuesta, director de La Correspondencia Mi- 
litar (1886), estrenó Monomanía teatral, juguete (con Heliodoro Cria- 
do), 1888. S otero Choreli, ó contra un padre no hay razón, parodia 
(con A. R. Chaves), 1894. — Julio de las Cuevas García publicó El 
Espejo del alma, poema en tres cantos, Madrid, 1888. Fábrica de em- 
bustes, juguete, 1888, El Mundo, el poeta y el loco, poemas, Barcelona,. 
1913. — Antonio Cuyas y Sampere publicó Apuntes históricos sobre Ict 
provincia argentina, Mataró, 1888. — Antonio Chabret (n. 1846-), na- 
tural y cronista de Sagunto, publicó Sagunto, su historia y sus monu- 
mentos, Barcelona, 1888, dos vols. — Julián Chave y Castilla, de Ru- 
bena (Burgos), publicó Fábulas, Lugo, 1888; Valladolid, 1904. — Juan- 
Miguel DiHiGo Y Mestre (n. 1866-), de la Habana, catedrático de stt 
Universidad, secretario de la Facultad de Letras y director de la Re-^ 



S. XIX, I6ÍSO. VÍCTOR CALVEZ 1 49 

s^ista de la misma; el mejor helenista y filólogo de Cuba. Publicó La 
lengua árabe y la historia de España, tesis, Habana, 1888. Sinopsis de 
,gram. griega, 1S94. Elogio del doctor Nicolás Heredia y Mota, 1902. 
José Ignacio Rodriguen, 1907. Las raíces griegas, 1908. Ascoli, 1908. 
Regnaiid, 1908, Roosevelt y la ortografía inglesa, 1909. La Fonética 
experimental en el laboratorio de Roiisselot, 1909. Breál, 1910. La 
Fonética experimental en la ciencia del lenguaje, 1911. Reparos eti- 
mológicos al Diccionario de la lengua castellana: voces derivadas del 
griego, 1912. El habla popular al través de la literatura cubana, 1915. 
Jíafael M. Merchán, 1915. La Universidad de la Habana, bosquejo his- 
tórico, 1916. El movimiento lingüístico en Cuba, 1916. Hacia el viejo 
Oriente, 1917. Prepara una obra importante sobre el habla cubana. — 
Discursos académicos, ocho tomos, Tegucigalpa, 1888-90. — Documen- 
tos del Archivo general de la villa de Madrid, Madrid, 1888-1907, trei 
-vols. — RiCARco Domínguez, mejicano, publicó Los Poetas mexicanos, 
Méjico, 1888. — SiLVERio Domínguez publicó Recuerdos de Buenos 
Aires, pasatiempos seiidoliterarios, Valladolid, 1888. — Isaac G. Eduar- 
do (1862-?), boliviano, director de la Biblioteca de La Paz, publicó 
Himnos y quejas, 1888, y en prosa Árbol que crece torcido, comedia, 
1897. Contra el destino, drama, 1900. — Efemérides de la guerra de la 
■Independencia española, recopiladas por A. A. y G., Habana. 1888. — > 
Amalia Errazúriz de Subercaseaux, chilena, esposa del escritor Raí- 
ínón Subercaseaux, escribió en estilo pintoresco y con sentimiento re- 
ligioso Roma del alma, Santiago. — La España Artística, periódico de 
teatros, literatura, etc., Madrid, 1888-93. — La Ley Social, dr., de Benito 
y Alfredo Esteller, venezolanos, Bogotá, 1888. — Manuel Falcón estre- 
lló Los de Cuba, juguete (con Liem), 1888. — Pablo Feced y Tempra- 
no (f 1900), natural de Aliaga, que vivió mucho tiempo en Filipinas, 
por seud. Qmoquiap, colaboró en aquella Prensa y en El Liberal (1883- 
9^), Política de Esp. en Filipinas (1891), La América, La Alhambra, 
Aurrera, La Iberia, etc. Fué pintor delicado y nervioso del paisaje y 
costumbres de Filipinas, aunque algo amanerado. Publicó Esbozos y 
pinceladas, Manila, 1888. — Antonio Fernández y Moreno publicó 
Don Quijote en Andalucía, en cuatro actos, Sevilla, 1888. — Ricardo 
Fernández Montalva (1866- i 899), dramático chileno de intranquila ins- 
•piración y corte echegarayano, que gozó de mayor reputación que lo que 
sus merecimientos permitían, estrenó La Mendiga, dr., Santiago, 1888. 
Una mujer de mundo, dr., representado en Chile y en Madrid. Fué el 
ultimo romántico de su tierra, henchido de melancolía. Nocturno, San- 
tiago, 1897, obra fina, correcta é inspirada, muy aplaudida en su tiempo. 
— Sotero Figueroa, de Puerto Rico y de la raza de color, que después 
vivió en la Habana (1916), publicó Ensayo biográfico de los que más 
han contribuido al progreso de Puerto Rico, Ponce, 1888. Cuba y 
Puerto Rico, poema, Habana, 1905. — Adolfo Flóeez (f 1895), colom- 
i)iano, publicó Estudio cronológico sobre los Gobernantes del Conti- 
nente Americano, Bogotá, 1888. — Víctor Gálvez, argentino, publicó 



150 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Memorias de un Viejo, Escenas y costumbres de la Rep. Arg., Buenos- 
Aires, 1888-89, tres vols. — Antonio García Cubas_, mejicano, publicó 
Diccionario geográfico, histórico y biográfico de los Estados Unidos 
Mexicanos, Aléxico, 1888-91, cinco vols. El Libro de mis recuerdos, ibid., 
1904. — José García Plaza, redactor del Heraldo, estrenó La Paletita, 
juguete, 1888. Los Conquistadores, zarzuela, 1896. — Juan García Nieto 
publicó Rafael Abarca, novela, Madrid, 1888. — Constantino Garran, 
riojano, abogado, publicó Galería de riojanos ilustres, Valladolid, 1888- 
89. Santa María la Real de Nájera, memor. hist. descriptiva, Logroño, 
1892, 1910. La Batalla de Nájera, 1902. — Gay Lussal: Los Dioses del 
Olimpo, sainete nocedalista puro, silbable y bailable, Barcelona, 1888. — 
A-RTURO Gazul de Uclés (1855-1895), médico y poeta, de Villagarcía, 
colaborador en periódicos gaditanos, extremeños y madrileños, publicó 
El Libro Gris, poesías íntimas, Sevilla, 1888. — Marcelino Gesta y Le- 
CETA, bibliotecario y profesor de la Escuela Diplomática, publico índice 
de tina colección de manuscritos de obras del R. P. F. Martín Sarmien- 
to, Madrid, 1888. — Pablo Gil^ Julián Ribera y Mariano Sánchez^ pu- 
blicaron Colección de textos aljamiados, Zaragoza, 18S8. — Arturo Gi- 
voviCH (1855-después de 1900), excelente pintor de costumbres chi- 
leno, mayormente de soldados y campesinos, publicó El Valdiviano^ 
premiado en el certamen Várela; una de las más señaladas novelas 
cortas sudamericanas. El Rigor de la corneta, Santiago (s. a.). Toda 
menos solterona, obra teatral. Escenas y tipos, ibid. (s. a.). — Javier 
GÓMEZ de la Serna, criollo filipino, director de Registros, publicó 
Con la primera pluma, prosa y verso, Madrid, 1888. España y sus 
problemas, Madrid, 1915. — Aureliano González Francés publicó 
Aparición de la Sma. Virgen de la Fuensanta en Córdoba, leyenda históñ-^ 
Cü, Córdoba, 1888. — Manuel María Guerra^ redactor de El Globo hast» 
1902, colaborador de El Liberal, Madrid Cómico, etc., publicó Cuentos y 
notas festivas, Toledo, 1888. Recuerdos de un viaje por Europa, Mal- 
drid, 1896. — Valeriano Gutiérrez, periodista español, publicó Historia 
hiográf. de un huérfano, nov., Cárdenas, 1888; Habana, 1892; Cárdenas, 
1S97. — Antonio Hernández y Fajarnés, catedrático de la Universidad 
de Zaragoza y de Madrid, publicó San Vicente de Paúl, su patria, sus eS' 
iudios en la Universidad de Zaragoza, ibid., 1888. — José Huertas Lo- 
zano, cofaborador del Boletín de Medicina Naval (1897), Las Misiones 
Católicas (1897), publicó las novelas Los Hijos del capitán Grajo en 
cualquier parte del mundo (1888), Martirio (1892), Yo he sido impío- 
(1892). — Santiago Iglesias^ médico, colaborador de La Ilustr. Esp., 
La Gran Vía (1893), Barcelona Cómica (1894-96), El Correo Ilustrado 
(1897), redactor de Gente Vieja, publicó Al fin de la jornada, poema, 
Madrid, 1888. Dos madres, poema, ibid., 1889. María la tejedora, ver- 
sos, 1892. — Alfredo Irarrazaval Z. (n. 1867-), político, diplomático y^ 
poeta festivo chileno; publicó Renglones cortos, y los populares Gui~ 
tarrazas; describe la gente cursi con gracejo á lo Taboada. Fué ace- 
rado y brillante periodista, sobre todo con su hermano Galo en La 



S. XIX, I5««. EMILIO MARIO Y LÓPEZ 151 

Tarde, luego en La Mañana. — M. Jareño Martín publicó Crónica ge- 
neral de los servicios de la Guardia civil desde el año 1864 al de 1886, 
Madrid, 1888, dos vols. — F. J. Jiménez Huertas publicó La Casa 
maldita, novela, IMadrid, 1888. — Lastenia Larriva de Llona (nacida 
1848-), poetisa limeña, esposa del poeta Numa Pompilio Llona, 
hoy directora en Arequipa del periódico Arequipa Ilustrada; publicó, 
entre otras novelas, Un drama singular, Guayaquil, 1888. Luz, oro 
y escoria; Fe, patria y hogar, poemas, Lima, 1902. — José María de 
Lasarte de Janer, redactor hasta 1896 de El Diluvio, de Barcelona ; 
colaborador de La Correspondencia (1903) ; publicó Mocedades {1868- 
1888), versos y prosa, Barcelona, 1888. El Problema de la vida, no- 
vela, 1896. Justicia humana y Un sacrificio, novelas, 1897. Los Con- 
sejos de Roque, id., 1897. Rocanegra y Rafaela, novelas, 1897. Teo^ 
dora, 1897. Velar después de morir, 1898. El Bazar de los tres re- 
yes, 1898. La Protección de un desvalido, 1898. — Valentín Lastra y 
Jado (f 1893), redactor de El Globo, colaborador de Blanco y Negro 
y La Ilustración Española, publicó Pepe Rey, novela, Madrid, 1888. El 
Pan nuestro..., 1890. — Aníbal Latino, de la x\rgentina, publicó Buenos 
Aires por dentro, tipos y costumbres bonaerenses, 1888. Lejos del íe- 
rruño, Barcelona, 1905. La Heroína del Sud, 1909. Problemas y lectu- 
ras, 1912. — Melitón Leoz publicó Argimiro, episodio histórico, Ma- 
drid, 1888. Poca cosa, cuentos, 1897. — La Lira del Mediterráneo, ál- 
bum poético, Cartagena, 1888. — Aurora Lista de Milbart, colabora- 
dora en la Defensa de la Sociedad, Revista Popular, El Correo de la 
Moda, El Bien y El Mensajero del Niño Jesús (Barcelona, 1902), etc., 
publicó Cruz y corona, páginas de una pobre huérfana, Barcelona, 1888. 
Espera^ 1891. Memorias de un estudiante, Sevilla, 1904. — Pedro María 
LÓPEZ Y ]\Iartínez (n. 1861-), de Moratella (Murcia), archivero, cate- 
drático en la Universidad de la Habana (1892), Sevilla y Valencia, 
publicó La ciudad de Murcia durante la Edad Media, Murcia, 1888. 
Don Quijote y Sancho, Valencia, 1905. — Sebastián López Arrojo pu- 
blicó Tarugos de prosa y verso para pavimentos literarios, Madrid, 1888. 
El Orgulloso vago don Quijote de la Máquina, aventuras de un eidero, 
1897. De las noches en que yo no duermo, 191 5. Impresiones de un es- 
pectador, 1915. — Emilio Mario y López Fenoquio (1868-1911), madri- 
leño, fallecido en Leganés, hijo del célebre actor López Chaves, ó sea 
Emilio Mario, autor del género chico, estrenó Militares y paisanos, co- 
media, 1888. La Partida serrana, id. (con E. Rodríguez del Valle), 1893. 
Los Gansos del Capitolio (con D. de Santoval), 1896. El Dinero de San 
Pedro (con id.), 1898. La Verdadera tía Javiera (con id.), 1898. De la 
China (con J. Abatí), 1899. El Director general (con Santoval), 1899. 
Lx>s Besugos (con J. Abatí), 1899. Las Venecianas (con A. Paso), 1900. 
El Tesoro del estómago (con Abatí), 1900. El Ciclón, 1902. Febrero 
loco, 1903. El Intérprete (con J. Abatí), 1903. Un Hospital (con id.), 
1904. Carambolas de amor (con id.), 1905. El Abanico, 1905. Casos y 
cosas (con M. Sonano), 1907. La Pesca del millón, 1908. La Vida de 



l52 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Secha, 1908. Al mejor cazador..., El Crimen de la calle de Leganitos, 
El Libre cambio^ Creced y multiplicaos, Tocino del cielo. Los Amari- 
lios, El Código penal. Tres estr.-lias, La Batalla de la vida, La Coci- 
nera, Las Gallinas, La Midata, Los Tiroleses, Entre dos fuegos, Luna 
de miel, El Revisor. — Leandro Mariscal y Espiga (1833-1905J, de Bur- 
gos, coronel de Caballería y profesor en la Academia de Valladolid, 
publicó Compendio de Geografía militar de España y Portugal, 1888. 
Estudios militares sobre Políbio, Tácito y Josefa. Recuerdos de don 
Jerónimo Merino. — Nicasio Mariscal y García (n. 1858), de Bijuesca 
(Zaragoza), médico, publicó obras de su profesión, sobre todo Ensayo 
de una higiene de la inteligencia, Madrid, 1898, 1903. Varias obras lite- 
rarias y de antigüedades: La Leyenda del doctor, Prosa y verso, LcR 
Muerte de un ángel. Tres sonetos. La Ninfa inexperta, Velut aegrv 
somnia^ Los dos ecos. Mi tristeza y mi alegría, etc. — Mariano Martín 
Fernández (n. 1866), valisoletano, por seudónimos El Doctor Blas y 
El Bachiller Franquezas, cronista de Valladolid, donde fué redactor 
de El Norte de Castilla y en Madrid de El Liberal; publicó Perfiles 
madrileños, Madrid, 1888. Almoneda concejil. Martingalas, Sabios y 
sandios (con Anselmo Guerra). Estrenó La Condiscípulo, 13, principal 
y Cosas de Pincia. — José Mayoral publicó Grandezas de Avila, ibiid., 
1888. Recuerdos de Avila. — Rafael Meana y Hurtado publicó El Dó- 
mine de Móstoles, juguete, 1888. El Libro de los niños, colección de 
cuentos y poesías morales, Madrid, 1889. — Albino Mencarini, italiano 
naturalizado en España, diplomático, tradujo las Odas de Pínd^ro (pos- 
tuma), Barcelona, 1888, directamente del griego, con extremada fideli- 
dad, y en verso. — José Mención Sastre, de Lorca, publicó Lorca por 
Castilla, drama, Lorca, 1888. — Joaquín Molina y Rico, segoviano, pu- 
blicó Apuntes históricos de Segovia, ibid., 1888. Colección de pensa- 
mientos, máximas, proverbios..., ibid., 1894. — José Morte Molina 
(n. 1858), cordobés, publicó Mantilla, apuntes históricos, Montilla, 1888. 
— Esteban Muñoz Donoso (1844-1912?), presbítero chileno, publicó La 
Colombiada, poema épico; Poesías, Sermones y panegíricos, Historia de 
América y de Chile. — Nicolás Muñoz Cerisola (n. 1849-), malagueño, 
cronista de Málaga, colaborador de la Prensa local desde 1865, sobre 
todo de El Museo de Málaga; redactor en Madrid de La Tribuna, fun- 
dador de El Museo (1874) y La Patria. Publicó poesías en La Ilustra- 
ción Española y Rimas, 1875. Semblanzas, 1876. Romances de ciego, 
1896. Sátiras de Juvenal. — José Muro Carvajal publicó La Casa de la 
Moneda de La Coruña, Madrid, 1888. — Eduardo de Navascués publicó 
Coronas épicas en loor de don Alvaro de Bazán... los poemas de Gas- 
par García de Alarcón y Bioltasar del Hierro..., Madrid. 1888. Coronas 
heráldicas, líricas y épicas en loor de don Alvaro de Bazán..., ib(id.< 
1888.— Tomás O'Connor D'Arlach (n. 1848?-), boliviano, publicó Ta- 
rijeños notables, 18S8. El Periodismo americano en i8po, 1890. Poetisas 
bolivianas, 1890. Rosas, Francia y Melgarejo, 1892. Semblanzas y re- 
cuerdos, 1893. Poesías, Tarija, 1896. Impresiones, versos, 1907. Tia- 



S. XIX, 1888. MARIANO I. PR.\DO 153 

Smanacu, La Paz, 1910. — Gervasio Olidex publicó El Señorío de Viz- 
caya en sus relaciones con el rey don Alfonso XI de Castilla, Bilbao, 
i9,88, — Juan Luis Oliver publicó Episodios de antaño, Palma, 1888. — 
■Carlos Olivera, argentino, publicó En la brecha (1880-1886), 1888, 
colección escogida de sus muchos artículos periodísticos. Comenzó es- 
cribiendo cuentes fantásticos y baladas en prosa en El Nacional, atri- 
buyéndolas al imaginario poeta alemán Liidwig-Klein ; después se en- 
caprichó con Edgard Poé y le dio á conocer á sus paisanos y le tradujo; 
pero la política le enredó más de lo que debiera haber él mismo per- 
•mitido. — AxTOxio Olivo Pino publicó La Musa colombiana, poema des- 
Ciiptivo, Colón, 1888. — Rafael Ortiz (n. 1844), militar colombiano, pu- 
.blicó Saltadora, cuento (en Revista Literaria). Eduvigis, novela de 
-costumbres. Informe, 1888. — Alberto Palomeoue (n. 1852-), montevi- 
■deano, abogado, fundador de Revista Uruguaya (1875), La Opinión Pú- 
blica y Revista Judicial del Sud (1875-80), Anales del Ateneo, del que 
fué presidente; dirigió La Opinión Piíblica y Boletín Diplomático 
■(1903) : optó por la ciudadanía argentina (1904), y publicó muchas obras 
jurídicas y políticohistóricas, entre ellas Mi año político, ocho vols., 
Montevideo, 1888-1896. Temas uruguayos, Buenos Aires, 1897. El Año 
fecundo, ^Montevideo, 1898. Estudios históricos, ibid., 1898. Mis derro- 
cas, ibid., 1899. Conferencias, ibid., 1901. Orígenes de la Diplomacia 
argentina, dos vols., Buenos Aires, 1905. La Jurisdicción del Plata, 
JD.lontevideo, 1909. La Guerra del Paraguay, ibid., 1909. Movimiento po- 
lítico de iS¡2, ibid., 1914. El general Rivera y la caynpaña de Misiones, 
-(1828), Guerra de la Argentina y el Brasil, Buenos Aires, 1914. Asam- 
bleas legislativas del Uruguay (1850-63), Barcelona, 1916. Las pri- 
meras cartas de nacionalidad argentina, 1918. La^ Naciones aliadas 
en la historia de nuestra independencia, 1918. — Parnaso venezolano, 
Curacao. 18S8-90, 12 vols. : por C. B. A., Barcelona, 1906. — José 
Ignacio Paz del Castillo, venezolano, publicó El ABC, Caracas, 
i888. — Ger>l\n G. de las Peñas publicó El Manto de la Virgen, no- 
Tela, Habana, 1888. — Valentín Picatoste y García, archivero, re- 
dactor del Diario de Avila (1902), colaborador de Para Todos (1902), 
•publicó Tradiciones de Avila, Madrid, 1888. En el rápido, 1888. — Fran- 
cisco PoNs Y B01GUES (1861-1899), de Carcagente (Valencia), publicó 
Apuntes de un viaje por Argelin y Ttinez, 1888 (Rcz'^ista Contemporá- 
nea). Apuntes sobre las escrituras mozárabes toledanas que se conser- 
van en el Archivo Histórico Nacional, Madrid, 1897. Ensayo biobiblio- 
gráfico sobre los historiadores y geógrafos arábigoespañoles, ibid., 
1898. Dos obras importantes de Aben Hazam (en Homen. á M. y Pela- 
yo), 1899. El Filósofo autodidacto de Abén-Tofail, Zaragoza, 1900, cor 
-un prólogo de M. y Pelayo. Las demás inéditas y artículos véanse en 
Revista de Archivos, 1900 (ag., oct., dic). — José M. Posada publicó 
Poesías selectas, Coruña, 1888. — Mariano L Prado y LTgarteche pu- 
'blicó Nxíñez de Arce como poeta lírico, discurso, Lima, 1888. Estudio 
.sobre filologTa peruana en relación con la historia y la literatura, ibid.. 



154 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I9O7) 

1888. — ]\Iakuel Puga y Acal (n. 1860), por seudónimo Brummd, poeta 
mejicano, de quien es la Balada de la muerte. Publicó Lo Poetas me- 
jicanos contemporáneos, ^léjico, 1888. — Adolfo Puya Ruiz, gran pla- 
giario, publicó Filipinas, descripción, Manila, 1888. Cuadros de costum- 
bres de Filipinas, ibid., 1891?, siete núms. Descripción general de la 
Isabela de Luzón. — Francisco Mariano Quiñones publicó Apuntes para 
la historia de Puerto Rico, Mayagüez, 1888. — Juan Quirós de los Ríos, 
por seudónimo El Bachieller Singilia, publicó varias obras de erudición, 
poesías y traducciones del latin hacia 1888. — Francisco Rebollo y ParRa 
publicó Mar de fondo, borrador de una novela, Madrid, 1888. — A'icente 
Kestrepo, colombiano, ministro de Relaciones Exteriores y de Hacien- 
da, publicó Estudio sobre las minas de oro y plata de Colombia, Bogotá, 
1888. Los Chibchas antes de la conquista española, ibid., 1895. Atlas ar- 
queológico. Apuntes para la biografía del fundador del Nuevo Reino de 
Granada y vidas de ilustres Prelados hijos de Bogotá, ibid.. 1897. — • 
Revista Calasancia, ]Madrid, desde 1888. — El Rey del dolor, poema he- 
roico en variedad de metros por una religiosa de la Orden del Santo 
Espíritu en Sevilla, Sevilla, 1888. — E. de los Reyes y Corr.^.di publica 
Ante un jumento, poema, Madrid, 1888. — Joaquín Reyes (n. 1856-), 
montevideano, abogado y catedrático de la Universidad, por seudónimo 
Juan Claro en revistas, donde escribió mucho; publicó Revoltijo, De mi 
cortera. — Aurelio Ribalta, gallego, publicó La Campaña de Ultramar, 
La Coruña, 1888. — Francisco de Paula Ribes Marco publicó ¡Madre!,. 
poema heroico, Velencia, 188S. — AIanl-el Rico García (f 1914) y Adal- 
MiRO Montero y Pérez, alicantinos, publicaron Ensayo biográfico y bi- 
bliográfico de escritores de Alicante, ibid., 1888, dos vols. — Solano Am- 
brosio RiESTRA (n. 1860-), de la ciudad de Florida (Urugua)'). escribano 
(i 888) ; además de libros de su facultad, publicó Microscópicas, páginas 
literarias. — Cayetano R. Ripoll publicó La provincia de Entre Ríos 
bajo sus diversos aspectos, Paraná, 1888, dos vols. — La Risa, periódico 
ilustrado, cómico y humorístico, Madrid, 1888. — F. Guillen de Robles 
publicó Leyendas de José, hijo de Jacob, y de Alejandro M-agno, saca- 
das de dos manuscritos moriscos de la Biblioteca Nacional. Zaragoza, 
1888. Catálogo de los manuscritos árabes existentes en la Biblioteca Ncí- 
cional, Madrid, 1889. — Fray Fabián Rodríguez y García, agustino, pu- 
blicó Ensayo para una galería de asturianos ilustres. Cebú, 1888-93,. 
dos ts. en tres vols. Adicioms, 1891. — Fray Tomás Rodríguez, agusti- 
no, publicó El cronista Alfonso de Palencia, Valladolid, 188S. — José V. 
Royo de León estrenó El Puñal de la envidia, cuadro dramático, 1888. 
La Barraca del Turia, saínete (con Ant. P. Camacho), 1908. La Bo- 
rrasca, drama, 1908. Los Miserables, 1909. Noche de bodas, zarzuela 
(con Rafael Sepúlveda), 1910. El Príncipe soñador, opereta. 1912. El 
Himno del pueblo (con Salvador Jordán Doré), 1912. — Félin Rozauski, 
presbítero, publicó Relación sumaria sobre los códices manuscritos de 
El Escorial, Madrid. 1888. — Lope Damián Ruiz Rodríguez, médico, es- 
trenó Año nuevo, juguete, 1888. Delicia del campo, idilio, 1S92. El Cas- 



S. XIX, 1888. RAMOX URIARTE ¡55 

tillo de Fuensaldaña, saínete, 1910. El Rumo de violetas, felicitaciones 
en verso para niñas, 1910. Así sea, comedia, 1913. — A. Sabido y Mar- 
tínez publicó Llerena, su pasado y su presente, Madrid, 1885. — Roque 
Saenz Peña, argentino, periodista, diplomático y estadista célebre, 
Presidente de la República (1910), publicó Discursos al asumir la Pre- 
sidencia de la nación, Buenos xA.ires, 1910. Mensaje del Presidente, 1913. 
Escritos y Discursos (desde 1888), Buenos Aires, t. I, 1914. ]\Iartín Gar- 
da Méron, Recuerdos Literarios, 1915, pág. 355: "Roque Sáenz Peña, 
naturaleza franca y caballeresca, espíritu clarividente y flexible que se 
ha revelado en todo el esplendor de una madurez inesperada en el úl- 
timo Congreso de Washington, donde pronunció varios discursos que 
bastan para hacer la reputación de un hombre." — Francisco F. de 
Santa Eulalia publicó Peregrina del Rosal, virgen y mártir, estudifo! 
de costumbres asturianas. Habana, 1888. Pote asturiano, cuentos, etc., 
1S99. — José Santa Lucía y Ama ya (n. 1835-), de Burguillos, presbítero, 
colaborador de la Crónica de Badajoz (1864-66), por seudónimo Un 
Capellán de esta Corte, publicó Colección de poesías latinas y castella- 
nas, Madrid, 1888. — P. Santamaría y Ulloa publicó Arco Iris de Paz 
ó consideraciones acerca... del santísimo Rosario, tres vols., Lérida, 
1888. — Santiago Scuti Orrego (n. 1855-), poeta chileno premiado en 
el Centenario, bastante filosófico, grave y sereno, publicó algunos poe- 
mas y es hoy rector del Liceo de Quillota. — Luis Siboney y Jiménez, 
per seudónimo Fray Mortero, farmacéutico murciano, director de Bar- 
celona Cómica (1898), publicó Un boticario y z-arios farmacéuticos, per- 
files y semblanzas (con Ángel Bellogín), Barcelona, 1888. Plaza partida^ 
crítica, 1897. Pan de compadres: para Valhucna y '^Clarín', Madrid,. 
1906. — Enrique Soms y Castelín (1860-1913), barcelonés, catedrático 
de la Central, publicó Las Helénicas, de Jenofonte, 1888, 1912 (Bibl. 
Clás.). — Juan José de la Sot.\ publicó A río revuelto..., Madrid, 1888. 
Dos Evas y dos Adanes, novela, 1888. Dos perdices y un mochuelo, na- 
rración festiva, 1891. Las Madrileñas en miniatura, cuadros de costum-- 
bres, 1891. — Pepito Tartaja: La Satiriada, poema ó sea patada en 
un canto tan sólo, ó bien pedrada, Madrid, 1888. — Luis A. Torre- 
GKOSA, de Puerto Rico, publicó Combates del corazón, drama, Agua- 
dilla, 1888. Viceversas, juguete, ibid., 1893. — Juan Torres Lasqueti 
(1814-1900), en Puerto Príncipe, publicó Colección de datos sobre- 
aquella población, Habana, 18S8, dos vols. — José A. Trelles (n. 1860-), 
de Navia (Asturias), por seudónimo Viejo Pancho, en el Plata desde 
los quince años, director de El Tala Cómico y Momentáneas del Tala 
Cómico, colaborador en revistas del género criollo de Buenos Aires 
y Montevideo, publicó Paja Brava, versos ; Guacha, drama, y Juan 
el loco, poema. — M. R. Trelles publicó Revista patriótica del pa- 
sado argentino, Buenos Aires, 1888, cinco volúmenes. — Memorias 
del general (de la Gran Colombia) Rafael Urdancta (1813-30), pu- 
blicadas por sus hijos, 1888, Madrid, 1917, por Blanco-Fombona. — 
Kamón Uriarte publicó Galería poética centroamericana: Colección 



156 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (iSSS'IQO/) 

.de poesías de los mejores poetas de la América del Centro, Guate- 
mala, 1 838, tres vols. — J. Valero Hervás publicó Folletos litera^. 

jvíos, ^ladrid-Londres, 1888. — José de Vancells y Marqués publicó 
El Duque de Ciempozuelos, novela, dos vols., 1888; Barcelona, 1891, 
1917. Cristina, novela, 1912. — Leopoldo Velázquez y Sánchez pu- 
blicó Anales del toreo, 3.' ed., iMadrid, 1888. — D. Vélez Sarsfield 

-tradujo La Eneida (con J. C. Várela), Buenos Aires, 1888. — 
Francisco de Paula Villa-Real y Valdivia publicó El Libro de las 
tradiciones de Granada, ibid., 1888. Hernán Pérez del Pulgar y las gue- 

■ rras de Granada, Madrid, 1892, 1893. Lecciones elementales de historia 
crítica de España, Granada, 1899. El valor y alcance de algunas tradi- 

.ciones y leyendas, discurso, ibid., 1905. — Camilo de Villavaso publicó 

^Celebridades contemporáneas, Bilbao, 1888. — Ceferino Wells, cubano, 
publicó Semblanzas pilareñas, 1888. — Francisco Zarandona (n. 186S-), 

.poeta valisoletano y abogado, publicó La Esclava-, leyenda, \^alladolid, 
1888. Sirena, poema, 1890. Versos para mujeres, 1892. 

26. Año i88p. Aquileo J. Echeverría (i 866- i 909), de 
San José de Costa Rica, de poca salud y pobre, fué soldado 
(1885), publicó en Costa Rica Ilustrada un romance. El Re~ 
bocito nuevo; estuvo en la Legación de Washington; volvió y 

-dirigió Boccaccio (1889), desterróse á Guatemala, donde escri- 
bió crónicas sociales y teatrales en Guatemala Ilustrada y 
conoció á Rubén Darío. Tornó á su tierra y editó La Patria, 
donde dejó sus crónicas más acabadas, ligeras, perspicaces, 
llenas de verdad, de colorido y de elegante socarronería crí- 

••tica. En 1894 vivía en una bohardilla, era oficial del Congreso, 
redactor del Boletín; casóse después y vivió en Heredia, sien- 
do bibliotecario del municipio, y allí publicó Romances y Con- 
cherías, colección de sus poesías dispersas, 1903. Postumas 
salieron Concherías, Barcelona, 1909. Son, como quien dice, 
rustiquerías, del concho ó rústico, poesías muy sentidas en 

lenguaje regional de las gentes del campo. Tiene fluidez, co- 
lorido, sonoridad : es el Vicente Medina de su tierra. Gusta 

>-del romance, que maneja con maestría. En suma, no trajo al 

^público a sí, sino que él se fué al pueblo, inspirándose en sus 
asuntos y maneras, siendo, por lo mismo, poeta popular, en 
prosa y en verso; narrador y poeta delicado, sencilloj natural, 
parecido al Góngora de las letrillas, con su misma gracia y 
picardía y con más tierna sensibilidad. Falleció en Barcelona. 
Narciso Díaz de Escovar (n. 1860-), malagueño, compuso 



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AQUILEO J. ECHEVERRÍA 



S. XIX, 1889. RICARDO JOSÉ CATARINEU iSy 

para el teatro, desde 1889, cerca de cien obras y. coplas, que se 
han popularizado. Eruditísimo é incansable, escribió acerca deL 
teatro español, antiguo y moderno, y sobre historia de I\Iálaga,. 
de cuya provincia es cronista. También abogó y aun escribió' 
obras jurídicas. Poeta, historiador, legisperito, es Díaz de Es- 
covar uno de los escritores más cultos, trabajadores y modes- 
tos, que apenas sale de Málaga, donde apoya toda grande- 
empresa. 

Enrique Fernández Granados (n. 1867-), de Méjico, 
por seud. Fernangrana, logró sus primeros triunfos poéticos 
en el Liceo; después se dio á traducir; fué empleado de Ha- 
cienda, secretario de la Academia y profesor de literatura. 
Colaboró en El Mundo Liter. ilustr. (1893), Rev. Azul, Rev. 
Mod., El Mundo ilustr., Rev. de Revistas, Vida Moderna. Su 
Musa, en frase de Gutiérrez Nájera, es un chupamirto, eró- 
tica y en capullo, de tono anacreóntico, elegante, superficial y. 
mariposeador. 

VÍCTOR Arreguine (n. 1868-), montevideano, catedrático 
de literatura é historia en Buenos Aires, fué primero poeta 
algo romántico y subjetivo, digamos mejor, becqueriano; des- 
pués, clásico y modernista á la vez, algo verlainiano, como en 
La vejez de Venus, lo mejor suyo en este género. Clásico, á 
fuer de catedrático; decadente, como lo pedían los tiempos. 
Escribió, más tarde, romances históricos y cuentos campestres 
y como historiador sagaz publicó crónicas en prosa de la épo- 
ca colonial. 

Ricardo José Catarineu (1863-1915), de Tarragona^- 
redactor de Madrid Cómico, El Nacional, La Correspondencia' 
(1896...), con seud. de Caramanchel en sus críticas teatrales;- 
colaborador de La Ilustr. Catól. (1897-99), ^<^ Ilustr. Esp.,. 
Blanco y Negro, El Correo Ilustrado (1897), Vida Galante 
(1903), El Liberal (1903), etc.; fué buen poeta elegiaco, pero- 
mal autor, c[ue arregló obras francesas é italianas é hizo al- 
gunas piezas originales peor que medianas. Flechazos, poesías, 
Madrid, 1889. Tres noches, poema. El Tibidabo, poesía, 1890.. 
Giraldillas, versos, 1893. ^os Fiambres, jug., 1897. Los Forza- 
dos, poesías, 1899. La Venalidad, dr., 1902. El Deber, com.. 
(con P. Mata), 1906. Estrofas, 1907. La Sombra, com. (con P;. 
Mata), 191 1. Madrigales y elegías, 19 13. 



I 58 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

2 7. Rubén Darío: "Costa Rica tiene un tranquilo pueblo de agri- 
-cultores, y Costa Rica tiene su poeta. Tiene, es verdad, otros poetas; 
pero su poeta nacional, el poeta regional, el poeta familiar se llama 
Aquileo J. Echeverría." C. Gagini, pról. á Poesías..., 1918: "Fácil es 
descubrir en los primeros ensayos literarios de Aquileo la influencia 
de los poetas españoles, cuyas obras servían de pasto intelectual á nues- 
tra juventud por los años de 80 á 90, cuando la incipiente literatura 
tica no se había contagiado aún de la viruela del decadentismo. El re- 
volucionario y fogoso Espronceda, el músico Zorrilla, el impecable clá- 
sico Núñez de Arce, Campoamor, el simpático humorista, y el román- 
tico Bécquer, compartían entonces el reino de las almas juveniles. 
Excusado es decir que cada uno de nosotros imitaba á aquel cuya ma- 
nera se adaptaba mejor á nuestro temperamento, y por eso Aquileo 
daba la preferencia á poetas como Trueba, Selgas y Aguilera, que, sin 
ser de alto vuelo, saben expresar delicados sentimientos en forma casi 
familiar. Su natural travieso y burlón se inclinaba, sin embargo, más 
á los satíricos y se sabía de memoria no pocas letrillas y epigramas, 
así como buen número de las maliciosas ingenuidades del inmortal ro- 
mancero español. Las mejores obras de Aquileo quedaron inéditas: fue- 
ron las donosas ocurrencias y picantes epigramas que en el seno de 
la amistad brotaban á torrentes de su boca." Angela Baldares, Estudio 
sobre A. J. Echeverría: "En el seno de la familia Echeverría se en- 
cuentran íntimamente unidos el arte, el talento y la gracia del buen 
humor. Don Aquileo, padre del poeta, es un popular anciano que con- 
serva en el alma el calor de la juventud. Posee en la conversación el 
gracejo peculiar de la familia, lo cual, unido á su trato afectuoso para 
todos los que se le acercan, y para quienes tiene siempre un cariñoso 
vos, hace de él una de las pocas personas que á pesar de la vejez son 
estimadas y queridas por todas las edades y clases. Es pariente muy 
cercano de la familia Echeverría don Manuel González Zeledón, quien, 
poniendo su talento y vivacidad al servicio de sus ideales, emprendió 
el primero el cultivo de la literatura nacional, cuyos prístinos frutos 
están condensados en los cuentos que recogió y publicó la importante 
revista Ariel hace un año, los cuales dan idea del ingenio y donaire 
del autor. Su hermana Marcelina es una delicada artista espiritual y 
llena de gracia, que con su voz ha honrado á Costa Rica en los Estados 
Unidos. En esta comunidad se desarrolló el poeta que trajo en su san- 
gre el patrimonio especial de la familia. Popular como su padre, fué 
tan querido como él; los oleajes del infortunio, cuando de carácter 
material, pasaban sin afectarle sobre su temperamento alegre y deci- 
dor. Gustaba conversar con todas las personas que encontraba, y siem- 
pre se improvisaban en torno de él auditorios que se complacían en 
saborear su chispeante y entretenida charla. Su conversación, como 
gran parte de los artículos que escribió, era epigramática; pero ma- 
nejaba con suavidad el aguijón de la burla, rasgaba la piel de paso y 
•.sin detenerse á contemplar los efectos de la herida que había produ- 



S. XIX, 1889. RICARDO JOSÉ CATARINEU iSg 

cido. Vivió siempre en la estrechez pecuniaria porque, además de que 
fué un pobre pródigo, se entregaba á ciertas debilidades de carácter, 
disipando así rápidamente el producto de su trabajo. Pero lejos de 
ocultar su pobreza la sacaba á relucir en cualquier ocasión, mostrán- 
dola siempre á través de la lente de la más divertida exageración. Po- 
seía tal poder de asimilación, que, á pesar de no haber ahondado sus 
estudios, le permitía alternar sin desdoro con la más culta sociedad de 
hombres de letras. Trabajó con empeño en el periodismo, en el cual 
figuró como director de Patria, colaborador de Boccaccio^ de La Revista 
Nueva, de Cuartillas y de La República. Fué secretario de una Lega- 
ción en Estados Unidos, luego estuvo en Guatemala, y por último fué 
bibliotecario de Heredia, donde escribió la mayor parte de sus Con- 
cherías y varios artículos festivos, éstos en colaboración con don 
Eduardo Calsamiglia. En algunos de ellos aparece "Caperoles", caballo 
bien conocido por los militares del cuartel de Heredia en aquella época, 
y famoso gracias al buen humor de Aquileo... Sostienen algunas per- 
sonas que en la obra de Echeverría se siente el resquemo de la influen- 
cia de Vicente Medina; si bien es verdad que el poeta de C. R. no 
imitó al español, porque en los versos de aquél no hay nada de la tris- 
teza de los aires murcianos, es imposible negar que nuestro artista se 
llenó de entusiasmo viendo realizada una obra semejante á la que 
él llevaba en el pensamiento. Apartó la indiferencia de que antes es- 
taba poseído y, fortalecido con el ejemplo de González Zeledón, se de- 
dicó con más amor é interés á observar á los campesinos. Pasaba lar- 
gas horas en los caseríos cercanos conversando con gentes del pueblo, 
cuya lengua se asimilaba para hacerlos hablar sin la timidez que les 
es propia cuando se encuentran en presencia de personas de otra clase 
social. Su carácter le atrajo las simpatías de los aldeanos, que, agrade- 
cidos de sus atenciones, hablaban sin cortedad, ignorando que sus pa- 
labras, traducción de sus costumbres y pensamientos, eran trasladadas 
al romance por la pluma del hábil artista. La obra de Echeverría tiene 
el interés especial de haber sido vivida entre nosotros, lo cual nos per- 
mite atestiguar los hechos que en ella se refieren. Durante las tempora- 
das en la finca de la familia, en San Antonio de Belén, tenía oportunidad 
de estar entre los labriegos y de adquirir un caudal considerable de ob- 
servaciones acerca de su vida y costumbres. En una ocasión, con motivo 
•de haber muerto un niño, ahijado suyo, que vivía en ese mismo pueblo, 
fué invitado para velar durante la noche. La escena que se desarrolló 
€11 casa del niño que había fallecido es la que aparece con el título de 
La Vela de un angelito, primera conchería que escribió. Habiendo ta- 
llado el primer zafiro del tesoro que comenzaba á formar, se dedicó con 
cariño y constancia al enriquecimiento de su escriño, recompensa de su 
talento y amor por los labriegos. La Visita del compadre es la copia 
exacta de la escena que se desarrolló en su casa un domingo con motivo 
de. la visita de un compadre, que tuvo la fineza de llegar con toda su 
parentela cuando las condiciones monetarias del poeta no eran muy 
envidiables. Mercando leña es el diálogo vivo, fotografiado desde un 



l6o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1S88-I9O7) 

rincón, tras una puerta, donde estuvo escondido mientras hablaban 
vendedor y compradora. Una noche, cuando descansaban de una larga, 
caminata, un boyero refirió cierta narración, que él tomó entre las cris- 
paciones nerviosas y las miradas inquietas de los oyentes: es la con- 
chería que aparece con el título de Un Hermano. Su empeño de acer- 
carse á los campesinos estaba premiado con el hecho de encontrar 
siempre un aspecto nuevo que tratar. Un día que acompañó al doctor 
Flores, su padre político, á visitar á un campesino enfermo, pudo apre- 
ciar la farmacopea del pueblo, porque antes que el doctor había llegado 
un curandero á reconocer el caso; la receta que dio está fielmente co- 
piada en El Curandero. Cuando se hacían los trabajos políticos en. 
favor de la candidatura de don Ascensión Esquive], un grupo de pro- 
pagandistas civilistas pretendÍH atraer á sus filas á un individuo, y 
Aquileo, que en todas partes estaba, oyó el diálogo, quizá intervino en 
la conversación, y allí nació La Firmita. De lo anteriormente dicho- 
se deduce que el mayor encanto de la obra de Echeverría consiste en el 
hecho de que la vida que palpita en cada uno de sus romances es la del 
pueblo costarricense, cuya lengua y costumbres estudiaré á continua- 
ción." Al. Alvarado. Bric-á-hrac: "¿Quién no conoce á don Aquileo, 
el viejecito de barba de plata, familiar y socarrón, amigo del chiste 
sempiterno? Un buen patriarca, que será jovial aun enfrente de la 
muerte." Poesías, Conchcrias, Epigramas (inéd.), S. José, 1918. Con- 
súltense: Alejandro Alvarado Quirós, en Bric-á-hrac, S. José, 1914, 
pñgs. 184-234; Angela Baldares, Estudio sobre Aquileo J. Echeverría 
(en Anales del Ateneo de Costa Rica, 1914, n. i). 

Dirigió Díaz de Escovar Málaga (1880) y la Enciclopedia Forense;' 
colaboró en La Aliñes (1879-83), La Gran Fía (1893), Barcelona Có- 
mica (1896), El Cocinero (Cádiz, 1897), La Ilustr. Esp. (1897-99), Vida 
Galante (1903), Álbum Salón (1903), La Ciudad de Dios, Unión Ibero- 
Amer., Rev. Archizos, La Tribuna (1916-17). 

N. Díaz de Escovar: Por un beso, peq. novela. Granada, 1879. 
Las Siete Partidas, estudio hist.-jurídico, ibid., 1881. Notas perdidas, 
cantares. Málaga, 1881. Poesías premiadas (en Juegos Florales), ibid., 
1882. Efímeras, poesías. Malagueñas, cantares. Más notas perdidas. 
Málaga, 1882, 1883, 18S9. Un Vacío del Código Penal, ibid., 1883. Los^ 
Terremotos de Andalucía (con Urbano), ibid., 1885. Homeopatía, pe- 
queñas novelas, ibid., 1885. Ratos de buen humor, artículos, ibid., 1885. 
Efemérides de Málaga y su provincia^ ibid., 1889. Cantares escogidos,. 
1890. Más cantares, 1890. El día ip, ejercicio piadoso, 1890. Mis canta- 
res, 1892. Percheleras y Trinitarias, cantares, 1892. Cantares del sol- 
dado, 1893. El Teatro en Málaga, apuntes histór. y biográf. de Ijs si- 
glos XVI al XVIII, 1896. Efemérides malagueñas, 1897. Orígenes del 
Teatro y compendio de la Historia de la Escena española, 1897. Ga^ 
Icría literaria malagueña, i8q8. Elementos de Teoría del Arte Teatral, 
1898. Curiosidades malagueñas, col. de trad., leyendas, biografías, 1899. 
Don Francisco de Leyba y Ramírez de Arellano, ap. biográf, 1899. Cu- 



S. XIX, 1889. NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR 16 1 

riosidades histór. de Andalucía, col. de tradic, hiograf., leyendas, 1900. 
Anales histór. malagueños, 1900. Anales de Málaga desde la Recon^- 
quista de esta ciudad hasta ló^p, 1900. Rita Luna, ap. biogr., 1900. 
Apuntes histór. sobre Certámenes literarios y dent., y Juegos Flo- 
rales celebrados en la provincia de Málaga, 1900. Galería de ma- 
lagueñas, 1901. Mis coplas, 1901, Una semana en Galicia, 1902. 
Málaga desde 1638 á lópp, 1902. Una expedición á las nanas de Sinr 
gilia, 1902. Epidemias de Málaga, 1903. Don Juan de Ovando, 1903. 
Compendio de historia de la declamación española, 1904. Cosecha de 
mi tierra, 1904. Apuntes escénicos cervantinos, 1905. Málaga ilustrada, 
1905. Elementos de Retórica y Poética, 1905. Anales del Teatro español 
anteriores al año 1350, 1910. Cuentos malagueños y chascarrillos de mi 
tierra, 1911. Guitarra andaluza, cantares, Barcelona, 1912, Siluetas es- 
cénicas españolas, ibid., 1912. Colección de sonetos, Túy, 1913. Anales 
del Teatro esp. correspondientes á los años 1581 á 1623, 1626-16^9, 
1913-14, dos vols. Anales de Málaga en forma de efemérides, 1914. Dé- 
codas del Teatro antiguo español (en Rev. Arch.). Intimidades de la Fa- 
rándula, Cádiz, 1916. Nueva guitarra malagueña, 1916. La Bella Amari- 
lis..., María de Córdoba, 1916 (en Alhambra). Anales de la escena espa- 
ñola {1701-1150), 1917 (en Unión Ibero-Americ). Nuevas coplas, 1917. 
Para el teatro : A Buenos Aires, viaje cómico lírico (con el señor 
Altolaguirre). A buen hambre no hay pan duro^ proverbio. ¿A cómo 
estamos?, almanaque lírico. ¡A la orden, mi coronel!, jug. (con el señor 
Urbano.) Altos juicios de Dios, boceto dramático. El Amigo Quevcdo, 
zarz, (con el señor Urbano). Amor romántico, dial. Andaluzada, viaje 
cómico lírico. El Anillo de pelo, parodia lírica (con el señor Segovia). 
Ardides de amor, jug. (con don Gregorio G. Velasco). Artistas del por- 
venir, jug.. Atención á la caja, pasat. El Autor del crimen, dr. ¡Ay, 
amor, cómo me has puesto !, jug. Bocetos malagueños, zarz. (con don 
José C. Bruna). Calabazas, jug. Cambio de Gobierno, jug. Carmen la 
Trinitaria, dr. Centro de negocios, pasat. ¡Ciegos!, com. (con el señor 
Urbano). Contra pereza..., comedia infantil (con el señor Urbano). La 
Criada respondona, jug. (con don Ramón A. Urbano). La Dama presi- 
denta (Refundición del Teatro antiguo). De cacería..., jug. La del em- 
budo, jug. Déme usted una cedida, aprop. De Sevilla á Málaga, ó ¡ Va- 
mos á los toros!, zarz. Detrás dfl telón, entreacto. Dos para tma, jug. 
¿En dónde me escondo?, jug. (con don José Santiago). En la guerra, 
zarz. En víspera de elecciones, zarz. Escala de redención, dr. La Guarda 
cuidadosa (Refundición del entremés cervantino). La Hermosa Judith, 
episodio patriótico. El Hijo de Dios, aprop. La Inundación de Murcia, 
aprop. (con don Nicolás Muñoz Cerissola). Los Jóvenes del día, crítica 
disparatada. Homenaje á Cervantes, dial, (con la señorita Suceso Luen-« 
go). Junto al cuarto de testigos, aprop. Laura de Venanza, poema dram. 
Leonor, dr. Lo que no castiga el Código, dr. Lorenzo me llamo (Re- 
fundición). El Maniquí, jug. La Mañana de un poeta, jug. María la 
Malagueña, melodr. Mientras llega el tren, dial. Miguel Servet, melodr. 

TOMO X, — II 



102 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Monje y Emperador, clr. El Montañés Juan Pascual (Refundición). 
La Nieves, dr. Odios de raza, leyenda dram. Odios... nacionales, par. 
(con el señor Urbano). Olvidos por conveniencia (Refundición). Pae- 
lla malagueña, rev. Para tal culpa..., jug. Pasión de mulato, melodr. 
Patria y caridad, dial. Por cambiar de nombre, jug., Por ser compla- 
ciente^ jug. Por un pensavnientOj com. ¿Quién sobra f, jug. Quien 
todo lo quiere..., prov. La Reconquista de Málaga, dr. (con el señor 
Urbano). Se quedan en casa, caricatura lírica. ¿Sirvo yo?, aprop. El 
Socorro de los montes (Refundición). Todos caemos, com. La Toalla 
de Venus, jug. (con don Julián Romea). Tomar el pelo, jug. (con el 
señor Urbano). Tor rijos, boceto dramático (con el señor Urbano). 
El Turrón, caricatura política. Un ángel ntás, boceto dramático (con 
el señor Tejón). Un episodio morisco, dr. Un matrimonio más, jug. 
{con el señor Postigo Acejo). Un medallón olvidado, jug. La Voladura 
del cerro de San Telmo, aprop. Los Viejos verdes, zarz. (con el señor 
Urbano). Bastantes monólogos. 

]vlan. Gutiérrez Nájera. Pról. (1888) á Mirtos: "¿Queréis imaginaros 
las inspiraciones de este poeta? Figuraos muchas mariposas. La musa 
de F. Granados es verdaderamente un chupamirto. Para aligerar su 
vuelo, huye del consonante, huye del end.:casílabo, y está más á su 
gusto en esas breves y flexible anacreónticas, en las que semeja el 
pensamiento algo muy sutil, aéreo casi ; algo como una abeja que liba 
el jugo de las flores, sin posarse en ellas ni doblar sus pétalos. Zumba, 
vuela y huye, estremeciéndose con la embriaguez deliciosa de la miel. 
La poesía del autor de Mirtos no es, en rigor, una poesía propia, na- 
cida en el alma; tampoco me resigno á llamarla poesía arcaica, porque 
este vocablo trae aparejada cierta idea de vetustez, y los versos á que 
me refiero son muy juveniles: la llamaré mejor poesía libada. Es im 
néctar bebido en flores jonias... Es (este librito) una cesta de mimbre 
tejida primorosamente y llena de fragantes botones. Iklañana el señor 
Fernández Granados nos traerá su canastillo, rosas hermosísimas. Por • 
supuesto, sus poesías son eróticas... Pero el amor que canta F. Gr. no 
es el amor sediento, enfermo, de muchos poetas modernos. Es eí amor 
que se parece al placer; el deseo que se ha detenido en una mujer, cual 
la mariposa en una flor, y que agita sus alas como diciendo : ya volaré 
á otra... Anacreón ha de ser el poeta predilecto de F. Granado... Tie- 
ne excelentes aptitudes de artista y muy buen gusto." \ 

Fern. Granados: Mirtos, versos, México. 1889, I9i5- Margar tos, 
1891. Mirtos y margaritas, 1894, con pról. de José P. Rivera y carta de 
Ignacio M. Altamirano. Antología (1887-1907), versos, 1898. Recuer- 
dos, de Leopardi, trad., 189S. Exóticas, trad. del fr. é ital., iS?8. Madri- 
gales, de Pasquale Papa. trad.. 1809. M ir amar, de Carducci. trad., 1900. 
Á Josefina, romance, 1900. Levia Carmina, versos, 1902. Salve, oh 
musa, poema, 1903. Alfa y Omega, versos, 1903, A Don Quijoic, poesía, 
1903. Salve, oh musa. A Don Quijote, Miramar, 1909. Mirt'S, 1915, 
con pról. de Man. Gutiérrez Nájera, Frondas de Italia, traducciones, 




E. FERNANDEZ GRANADOS 



S. XIX, 1889. BERNARDO JIORALES SAN MARTÍN l63 

1915. Poesía y prosa selecta de Josué Carducci, i^iy. A Salvador Rue~ 
da, 1917. En Esp. Moderna: A Miramar (1900, oct). A María Guerrero 
(:90o, nov.). Consúltese Germán Estrada, Poetas nuevos, 1916. 

Víctor Arreguine: Combate del Quebracho, Montevideo, 1886, Ver- 
sos, ibid., 1889. Poesías, ibid., 1889. Amorosas, ibid., 1889. Narración' s 
nacionales^ Artigas, Rivera, 1890. Historia del Uruguay, 1892. Rima-^ 
(becquerianas), 1S92. Tiranos de América^ Francia, 1896. Estudios so- 
ciales, B. Aires, 1899. Ley de amor, 1899. Poesías uruguayas. La gue- 
rra, amor libre, 1906. Tardes de estío, poesías verleinianas, B. Aires, 
1906. Guerra de la Cisplatina, Montevideo, 1914. 

28. Año i8Sp. Bernardo Morales San Martín (n. 
1 864-), de Cabañal (V^alencia), compositor de música, novelista 
y dramaturgo en valenciano, ha publicado hermosas novelas 
castellanas, del género regional en la pintura de escenas, tipos 
y espíritu; en la forma, clásicas, con cierto sabor de helenismo, 
tan propio de los artistas valencianos. Con razón tuvo Llórente 
La RuUa y La Tribuna roja, por las novelas más valencianas, 
aunque Blasco Ibáñez le gane en la reciura de los brochazos 
con que pinta las muchedumbres y el ambiente. Después se en- 
sayó en el idealismo y simbolismo, escribiendo Eva inmortal. 

Federico Gamboa (n. 1864-), mejicano, diplomático des- 
de su juventud, arregló vaudez'illes franceses e hizo algunas 
piececillas teatrales ; pero se distinguió más como novelista, 
imitando a Zola de alguna manera; es realista, buen desmenu- 
zador de almas. En sus últimas obras muéstrase convertido a 
la fe católica. Es de los mejores novelistas mejicanos. 

Ramón Sánchez Díez (n. 1869-), de Reinosa, culto es- 
critor educativo de las gentes trabajadoras y deseoso de toda 
mejora social, ha publicado novelas doctrinarias bien escritas 
y libros de cuentos y de viajes. 

29. Morales S. Martín en carta al autor: "Mi ideal artístico 
puede condensarse en aquella alta y sublime modalidad del genio helé- 
rjco que se denomina "antropomorfismo". Es tan sincera y natural en 
jní esta tendencia artística, que sin esfuerzo ninguno ni propósito de- 
liberado de escuela, todas mis modestas concepciones y pensamientos 
tienen necesariamente proporciones y carácter fundamentalmente hu- 
manos. Realista en el fondo, procuro que la forma sea sencilla y na- 
tural, y tan distante de la vulgaridad como de la afectación; expo- 
niendo las escenas inevitablemente crudas con pudoroso ropaje que 
vele lo impuro y permita admirar el casto desnudo clásico. La Rulla 



164 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

es la novela de la huerta valenciana; en ella están todas las pasiones y 
ensueños de mis campesinos; La Tribuna roja es la novela de la ciudad^ 
con los frutos de la educación sentimental exagerada en el sentido 
ácrata y radical; Erótica es la novela de las sierras levantinas, como 
mi drama La Borda (la inclusera) es la pintura de mi gente de mar." 
En Las Provincias^ febr, 1917: "Para mí es muy simpático el fla- 
mante novelista, porque veo en él, hace tiempo, un escritor, un poeta, 
(sin escribir versos) y un artista, de los pies á la cabeza. Es un enamo- 
rado de la belleza, un cavaUer servente del ideal. Profesa al arte un culto 
religioso y absorbente. Pero no deja correr la pluma ni la fantasía: lo 
escribe todo, pensándolo bien. Y ama á Valencia con pasión. La novela 
le atrae como atrae ahora á todos los que en otro tiempo hubieran sido- 
poetas ; y para escribir una novela genuínamente valenciana, ha querido 
presentarnos exacta, fotográficamente, á nuestros campesinos, que cree 
mal comprendidos y quizás calumniados por novelistas fantaseadores 
y efectistas. Ese ha sido su propósito al escribir La Ralla; hacer algo* 
de documentación psicológica y social, aplicando estos cánones de la 
novela actual á los labriegos de la huerta de Valencia. Una de las par- 
tidas más hermosas de esta huerta es la antigua Vara de Sent Esteve,. 
que se extiende entre la ciudad y el Cabañal, cruzada por el camino de- 
Algirós. Morales San INIartín, que en el Cabañal nació y allí vive, la 
conoce muy bien, y en ella ha colocado el escenario de su novela. Prés- 
tanse aquellos frondosos campos á bellas descripciones; pero nuestro- 
autor no es, como la mayor parte de los novelistas del día, minuciosa- 
mente descripcionista. Sus cuadros no son de paisaje; son de género. 
Con sobriedad pinta los fondos, y los pinta bien; pero solamente para, 
dar ambiente y realce á sus figuras. Tampoco distrae al lector con el 
largo relato de costumbres, fiestas y ceremonias típicas. Aprovecha al- 
gunas veces este recurso, cuando le viene á mano para su relato ; pero 
también con mucha sobriedad. Quizás es en esto demasiado severo, re-: 
nunciando á un elemento de delectación en sus novelas. Ha querido- 
poner todo el interés de La Rulla en la pintura de los caracteres, en la 
exposición de los sentimientos y en el conflicto dramático que de sa 
natural desarrollo resulta. Su protagonista, no individual, sino colec- 
tivo, es una familia de labradores acomodados, els Chenovesos, de la 
que nos presenta tres generaciones, y las vicisitudes de la novelesca 
acción surgen de su rivalidad con cls Alborsos. Unos y otros, y los 
personajes episódicos, son labradores valencianos de veras, y este es 
el mayor mérito del libro, en mi concepto. Sólo echo de menos alguna 
mayor propiedad {rusticidad, podría decirse) en sus diálogos. Cuanto 
hablan me parece algunas veces que aquella gente no es del camino de 
Algirós. B. Morales, en castellano: El Arte y un pintor del Renacimieti- 
to, Valencia, 1889. Influjo de la cultura árabe en Valencia, id., 1889. 
Estudio sobre las Escuelas de corrección, id., 1889. Historia del P-uig de- 
Santa María, id., 1889. La Alcaldesa, novela serrana, id., 1892. La Ru- 
lla, novela huertano, id., 1905. Racimo de horca, novela histórica, ídem^ 



S. XIX, 1889. FEDERICO GAMBOA 165 

1908. La Tribuna roja^ novela ciudadana, id., 1909, 1918. Alma de artista, 
novela corta, 1909. La Estatua, cuento premiado en el concurso li- 
terario de Blanco y Negro, Madrid, 1910. El Espectro, novela corta 
premiada en el concurso literario de Los Contemporáneos, id., 1911. 
Erótica, Historias de amor, Barcelona, 1912. El Principe Fantasio, no- 
vela corta, Madrid, 1913. El voto, cuento premiado en el certamen de 
la Ilustración Española y Americana, id., 1913... Por un agujero, cuen- 
to, premiado idem id. id., id., 1914. La Verdad, novela corta {La No- 
vela de bolsillo), id., 1915. Desencanto, ídem id. (Los Contemporáneos), 
id., 1916. Olor de santidad, cuento premiado en primero y único lugar 
en el concurso del Circulo de Bellas Artes de Madrid y publicado en 
La Esfera de 19 de agosto de 1916, id. 1916. Cuentos y novelas publi- 
cados en La Ilustración Española y Americana, de Madrid; Nuevo 
Mundo y La Esfera, de id.; La Ilustración Artística y Hojas Selectas, 
de Barcelona, y Las Provincias y El Mercantil Valenciano, de Valen- 
cia. Artículos literarios, crónicas, estudios de arte y literatura é 'his' 
toria en las anteriores publicaciones. Eva inmortal, nov. 1917. 

Luis G. Urbina, La Vida Liter. de México, 1917, pág. 246: "Nues- 
tras costumbres, nuestras modalidades. El más preciso en observarlas, 
el más artista en copiarlas, el más sincero en sentirlas y en vivirlas, 
es, á mi juicio, Federico Gamboa. Con un canon naturalista un tanto 
anticuado; con un estilo algo tardo, aunque con frecuencia limpio y 
conmovedor; con un desarrollo de acción que, por prodigalidad deta- 
llista ó mania episódica, no siempre muestra ligereza, Federico Gam- 
boa logra, á pesar de todo, que la curiosidad se avive, que la atención 
se abstraiga, que se despierte la emoción, que se siga la lectura de una 
novela como se sigue el curso de una existencia que nos interesa. La 
narración adquiere una animación, una vivacidad positiva en nuestro 
mundo imaginativo. Pasan los seres, lloran, ríen, son venturosos ó per- 
versos; se suceden los acontecimientos con la fatalidad del destino; se 
ven las calles, los paisajes, las casas, y fascinados por aquel evocador, 
la vida ficticia, una vida netamente mexicana, se apodera de nuestro 
espíritu, y en seguida, desvanecido el hechizo, deja una indeleble huella 
en la memoria. Ese triunfo de novelista lo alcanza de continuo Gam- 
boa." Fed. Gamboa: Del natural, esbozos contemporáneos, Guatemala, 
1889 (dos ed.). Apariencias, B. Aires, 1892. Impresiones y recuerdos, 
ibid., 1893. Suprema ley, París, 1896. Metamorfosis, Guatemala, 1899. 
Santa, Barcelona, 1903, 1910. Mi diario, intimidades, literatos y litera- 
tura, tres vols., ibid., 1907; México, 1910. Reconquista, ibid., 1908. La 
Llaga, Méjico (1912 ?), t. III de Obras completas. La Novela mexica- 
na, confer., México, 1914. Para el teatro: La Señorita Inocencia, arre- 
glo, México, 1888. La Moral eléctrica, arreglo, Guatemala, 1889. La 
Ultima Campaña, com., México, 1894. Divertirse, monól., ibid., 1894. 
La Venganza de la gleba, dr., Washington, 1904. A buena cuenta, dr., 
San Salvador, 1907. 

Sánchez Diez en carta ;il autor: "Mi ideal artístico es poco com- 



1 65 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

flejo; desde el principio lie escrito para tratar de emocionar al lector 
con un sentimiento de justicia. Es por lo que más he peleado siempre. 
He querido tener ternuras para convencer á corazones duros de que es 
preciso levantar á los pobres caídos, de lo que sea. He tenido que em- 
plear tremendas violencias también cuando no he podido convencer por 
ternuras. El amor á la justicia social é histórica me ha hecho rabiar 
y blasfemar y maldecir de todo. No he creído nunca que se debía es- 
cribir una línea como no fuera para servir á la justicia. Entre un ar- 
tículo ó un cuento muy hermoso, literariamente, ó incorrecto y duro, 
prefería siempre hacer esto, si era mejor, para el bien de la patria y 
del prójimo. Viendo que hay tantos dolores en el mundo, tantos niños 
que duermen en la calle desamparados, tanta miseria por falta de tra- 
bajo y por desorganización social, por impericia ó inconsciencia de 
quienes se meten á gobernantes, creo que el ideal artístico más hon- 
rado y más artístico es emplear la pluma con toda el alma en pedir 
"socorro y en hacer profundas heridas en otras almas impávidas. Como 
se pida socorro con amor verdadero y como se insulte con furor santo, 
el arte aparecerá por alguna parte. Yo creo que sentir profundamente 
la justicia es ser poeta verdadero. Y á eso he tirado en mis libros y 
en mí mismo." Publicó Páginas de mi vida, 1889. Amores, cuentos, 1901. 
Mis viajes. Odios, cuentos, 1903. Balada, novela infantil. Juan Cora- 
zón, artículos políticos, 1906. Europa y España, el libro de los viajes 
y de los negocios, 1910. Jesús en la fábrica, novela políticosocial, 1911. 
Predicaciones humildes (á los obreros), 1913. 

30. 'Año i88p. Fray Francisco Blanco García (1864- 
1903), de Astorga, agustino (1880), compuso en el colegio de 
La Vid y llevó ya casi acabada al Escorial (1885) su obra La 
Literatura española en el siglo xix; fué profesor de Literatura 
(1895) y director de La Ciudad de Dios; pero partió a Jauja 
del Perú para restablecer su salud, donde falkció a los dos 
años, perdiéndose así las grandes esperanzas que para las letras 
españolas nos prometíamos de su talento. Libro es el suyo de 
la mocedad, elegantemente escrito y, en general, con imparcia- 
lidad de juicio. Detiénese en la crítica de las principales obras 
de los grandes autores y es escaso en noticias biográficas y bi- 
bliográficas. Ha sido la primera y mejor historia de nuestra 
literatura del siglo xix. 

Francisco Fernández Villegas (i 857-1 9 16), murciano, 
por seud. Zeda, doctor en Filosofía y Letras, redactor de La 
'Monarquía, La Época (1894-95) y El Im parcial, crítico en Es- 
paña Moderna (1891-94), refundidor de obras teatrales clásicas 



S. XIX, 1889. FRANXISCO F. VILLEGAS 1 67 

y autor de otras originales, escritor culto, castizo y de gusto 
clásico, buen crítico teatral, cronista ameno. 

31. El padre Blanco García no rotuló Historia á su obra, aunque 
como tal puede considerarse, bien que no satisfaga enteramente á lo 
que hoy por historia se tiene. Echanse menos las fuentes y bibliografía; 
algo de biografía va en notas al pie al tratar de los autores principales. 
Sigue la engorrosa clasificación por géneros, lo cual, además de em- 
brollar la cronología, le fuerza á tratar á cada autor en diferentes lu- 
gares. Hay alguna parcialidad por anteponer el criterio moral y aun 
religioso al estético, de suerte que algunos autores, por no manifestarse 
decididamente católicos, quedan harto m.al parados. La última época 
está tratada con demasiada ligereza, no haciéndose cargo del género 
chico ni de la literatura regional. El lenguaje es a veces, por lo retórico, 
rnás propio de conferencia que de serena y densa narración histórica. 
Los autores americanos los deja para un como apéndice, en que habla 
igualmente de la literatura catalana y otras regionales bastante de 
sobrepeine. Publicó el padre Blanco: El Laurel de Ceriñola, drama, 
1889. Las Ciencias y las Letras, discurso, 1890. La Literatura española 
en el siglo xix, Madrid, t. I, 1891, 1899, 1909; t. II, 1892, 1903, 1910; 
t. III, 1894, 1912. Segundo proceso instruido por la Inquisición de Va- 
lladolid contra fray Luis de León, 1896. Fray Luis de León, estudio' 
biográfico, póst., 1904. Contestación al reverendo padre Alonso Ceti- 
na, O. P. (en La Ciudad de Dios, LX). Otros artículos y poesías en 
Revista Agustiniana y La Ciudad de Dios. Consúltense : Pardo Bazán, 
en Nuevo Teatro critico, 1892 (mar.-abr.) ; padre !Muíños, en La Ciudad 
de Dios (ts. LXIII y LXIV) ; fray Gregorio de Santiago, en Ensayo 
de la Biblioteca... de la Orden de San Agustín, 1913. 

Zeda en carta al autor: "Mi ideal literario se reduce, en pocas pa- 
labras, á lo siguiente: Vaciar en molde castizo mi pensar y mi sentir. 
Por castizo no entiendo lo arcaico. Los que trabajosamente pretenden 
en sus escritos colocar la elocución de los grandes hablistas del siglo 
de oro. faltan á la primera cualidad del escritor y del hombre: la sin- 
ceridad. En la mentalidad moderna entran elementos que antes no exis- 
tían y han desaparecido otros que tuvieron en su tiempo capitilísima 
importancia. El movimiento de las ideas y la sucesión de las imprcsio- 
iits son mucho más rápidos ahora que entonces; la vida tiene al prer-en- 
te, por decirlo así, mayor fuerza de vibración que en el fondo. Todo 
esto determina formas y giros nuevos de expresión, que el escritor mo- 
derno no debe ni en rigor puede desdeñar. Conservemos, pues, "el aire 
de familia" de su raza ; no desvirtuemos la nacionalidad de su estilo, 
pero huyendo siempre de lo afectadamente anticuado. Como todas las 
afectaciones, la de la ranciedad del estilo es mala. Sinceridad (esto 
es, veracidad, pureza, sencillez) constituye mi ideal artístico, ideal que 
persigo con insistencia, aunque no puedo alcanzarlo." Zeda : Sala- 
manca por dentro, 1889. Por los Pirineos, notas de viaje, 1898. El Mo- 



1 68 



ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 



tiasterio del Paular, 1915. La Novela de l-a vida, Confesión-, La Fá- 
brica, Desamor, novelas. Para el teatro : Día de prueba, Sin rumbo. La 
Alquería. 

32. Año i88p. Fray Justo Cuervo Arakgo y Rodríguez Trelles 
(n. 1859-), de Pravia (Asturias), dominico (1876), publicó Recuerdos 
del tercer Centenario de la muerte del V. P. M. Fr. Luis de Granada, 
Bilbao, 1889. El M. Fr. Diego de Hojeda y l-a Cristiada, Pravia, 1895. 
Biografía de Fr. Luis de Granada, Madrid, 1895. Obras de Fr. Luis de 
Granada, 14 vols., Madrid, 1906 y sigs. Fr. Luis de Granada y la Inqui- 
sición (en homenaje á M. y Pelayo), y Madrid. 1915 (aument.). Historia- 
dores del convento de San Esteban de Salamanca, tres vols., Salaman- 
ca, 1914. El monasterio de San Juan de Carias, ibid., 1917. 

Fran- CISCO MoxsALVATjE Y FossAs (1853-1917) de Gerona, gran his- 
toriador del Condado de Besalú, publicó Besalú, su historia..., dos vols., 
Olot, 1889-1890. Santa Pan, ibid., 1891. Ridaura y su monasterio, ibid., 
1S92. El Vizcondado de Bas, ibid., 1893. El Monasterio de San Pedro 
df Camprodón, ibid., 1895. Santa María y San Quirico de Colera, ibid., 
1896. San Martín de Canigó, ibid., 1899. Geografía histórica del Con- 
dado de Besalú, ibid., 1899. Colección diplomática del Condado de Be- 
salú, cinco vols., ibid., 1901-07 y Gerona, 1908. Los Monasterios de la 
diócesis gerundense, Olot, 1904. Nomenclátor histórico de las iglesias 
de la diócesis de Gerona, tres vols., ibid., 1908-10. El Monasterio de 
San Pedro de Caserras, Gerona, 1910. El Obispado de Elna, cuatro vols., 
Olot, 1911-15. Nomenclátor geográfico histórico de la provincia de Ge- 
rona (inédita). 

Telesfqro de Araxzadi y Unamuno (n. 1860-), de Vergara (Gui- 
púzcoa), estudió en Bilbao y iMadrid, doctoróse en Farmacia (1882) y 
Ciencias naturales (188S), catedrático de la Universidad de Granada 
(1895) y Barcelona (1896), premiado por la Société d'Anthropologie 
de París (1891), miembro de varias sociedades científicas, es uno de 
nuestros pocos antropólogos de fama universal. Publicó artículos muy 
aplaudidos en Euskalerria (1S96, 1902, 1903, 1916), en Euskalerriaren- 
alde (1911, 1916), en Real Sociedad Española de Historia Natural (1892, 
1910, 1912, 1913, 1917), en Asociación Española para el progreso de 
las Ciencias (1908, 1911, 1913), en España Moderna (1910, 1913), en 
Revista Internacional de Estudios Vascos (1907, 1910, 1913) y en otras 
revistas alemanas y francesas. Además: El Pueblo euskalduna, San 
Sebastián, 1889. Etnología, iMadrid, 1899. Etnografía, ibid., 1900 (parte 
del t. I). Antropometría, Barcelona, 1900. El yugo vasco comparado 
con los demás, San Sebastián, 1905. La Flora forestal en la toponimia 
euskara, ibid., 1905. Vulgo y Ciencia, discurso, Barcelona, 1905. An- 
tropología y Etnología del país vasconavarro, Barcelona, 1911. De An^ 
tropología de España, ibid., 1915. Exploración de cinco dólmenes del 
Aralar, Pamplona, 1915 (con Florencio de Ansoleaga). Etnografía, Ma- 
drid, 1917 (la I.' parte es de Luis de Hoyos). 



S. XIX, 1889. F. DE ANTÓN DEL OLMET i6q 

Luis Gabaldón y Blanco (n. 1869-) madrileño, excelente escritor 
humorístico y autor cómico; director de los semanarios satíricos El Ul~ 
timo Mono, El BarheriUo de Lavapiés, La Vida Alegre, Perecito, del 
semanario "de puntas" Don Jacinto y Veloz Sport. Comenzó á escri- 
bir á los diez y ocho años de edad en España Cómica; fué redactor a los 
•veinte de Blanco y Negro, donde sigue y ha dejado casi toda su labor 
de escritor humorístico; redactó durante doce años Gedeón; fué cro- 
nista teatral áo. A B C desde su fundación; colaboró en El Teatro, Ac- 
tualidades, Los Toros, El Duende y otro sinfín de periódicos. Además 
de catálogos cómicos de Exposiciones de Bellas Artes, publicó Polo- 
tes, cuentos, Madrid, 1892. La Conquista del planeta, novela, ibid., 1905, 
tr adujóse al alemán y es una cómica narración de viajes al estilo de 
la obra de Rovida, Viajes de Saturnino Farandul. Amor, celos y vi- 
triolo, novela cómica, ibid., 1908. Para el teatro: La Invencible, 1889. 
Un Modelo, 1890. Con las de Caín, 1891. El Espantapájaros, 1892. La 
Romería del Balcón, 1894, La Japonesa, 1896. El Respetable piíblico, 
1902. La Noche del baile, 1912. Arsenio Lupín, 1912. Yo puse una pica 
en Flandcs, parodia de En Flandes se ha puesto el sol, de Marquina. 

33. Año i88p. León Abadías de Santolaria publicó Cuadros al 
fresco, artículos de costumbres, Córdoba, 1889. — En 1889 creó el jefe 
•del Gobierno venezolano, Juan Pablo Rojas, la Academia de la Historia, 
que publicó los Anales de Venezuela, en varios tomos, interrumpidos 
por la Revolución Legalista de 1892.— Vicenta Alameda Castillo pu- 
blicó Coronas poéticas: corona de Zorrilla y corona real, Madrid, 1889. 
— Santiago J. Albarracín publicó Bosquejo histórico, político y eco- 
nómico de la provincia de Córdoba, Buenos Aires, 1889. — Francisco 
Alfonso (1855-), valenciano, estrenó ¡Qué amigos tienes, Benito!, ju- 
guete, 1889. Choque de trenes (con D. Banquells), 1900.— Luis Alvarez 
publicó El Amor de ellas, poema, Madrid, 1889.— Mercedes Alvarez 
r>E Flores (n. 1859-), poetisa de Bogotá, algunas de cuyas poesías se 
publicaron en El Perú Ilustrado (núm. 117, año 1889) y en el Parnaso 
Colombiano, de Añez. Casó con el poeta Leónidas Flórez. Obras de 
Medardo Rivas, juicio crítico, folleto, 1889 (?).— Domingo Amunátegui 
Solar (n. 1860-), de Santiago de Chile, hijo de don Miguel Luis y doña 
Rosa Solar, profesor en el Instituto Nacional, rector de la Universi- 
dad, historiador, publicó Páginas sueltas, Santiago, 1889. Los Primeros 
xiños del Instituto Nacional (18 13-1835), 1889. El Instituto Nacional 
{1835-1845), 1891. La Enseñanza del Estado, 1894. Don F-ernando Al- 
varez de Toledo, 1898. Un Soldado de la conquista de CJUle, 1899. Mayo- 
razgos i títidos de Castilla, tres vals., 1901-04. Las Encomiendas de 
indígenas en Chile, dos vols., 1909-10. Bosquejo histórico de la Litera- 
tura chilena, periodo colonial, 1918. — Eligió Ancona publicó Historia 
de Yucatán, cuatro vols., Barcelona, 1889.— Fernando de Antón del 
Olmet (n. 1872-), marqués de Dosfuentes, de Huelva, diplomático, recio 
polemista y chispeante escritor, apasionado por la Patria y lo castiza- 



I70 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

mente ibérico, publicó La Coronación de Zorrilla^ discurso, Sevilla, i8S^". 
Del concepto de la Literatura, ibid., 1889. El Escepticismo en la poesía^ 
ibid., 1890. Larra, ibid., 1891. La Crítica moderna, ibid., 1892. La Cues- 
tión literaria, 1892. La Tierra baja, Madrid, 1896. Fantasías, versos, 
ibid., 1896. Queralt, hombre de mundo, novela social, ibid., 1905. Nobi- 
liario de Alicante, Alicante, 1905. Los Israelitas españoles, IMadrid, 
1906. El Blasón de España, ibid., 1906. La Evolución biológica de Es- 
paña, ibid., 1907. El Arma de Infantería en el levantamiento del 2 de 
mayo de 1808^ ibid., 1908. Proceso de los orígenes de la decadencia 
española. El Cuerpo diplomático español en la guerra de la Indepen- 
dencia, seis vols., ibid., 1914, erudito trabajo elocuentemente escrito. 
Himnos ibéricos, 1915. En España Moderna, La verdadera patria de- 
Cristóbal Colón (1910, jun.). — Anuario de la Prensa chilena publicado 
por la Biblioteca Xacional, Santiago 1889-1914, fundado por Luis 
Ivlontt, director de la Biblioteca (18S6-1909). — Poesías gallegas y cas- 
tellanas por Franxisco Anón, precedidas de un estudio acerca del poeta 
y sus obras por don Victoriano Novo y García, La Coruña, 1889. — 
Enrique Arango y Alarcón estrenó Las Niñas desenvueltas, 1889. Las 
Alegres comadres, juguete, 1895. La Viuda de González, 1895. — Fray 
Tomás de Arenys de Mar, capuchino exclaustrado, coleccionó la Flora 
oratoria seráfica catalana, ó sea sermones predicados por diversos ora- 
dores de la antigua Provincia capuchina del Principado de Cataluña, 
cuatro vols., Barcelona, 1889. — Antonio Manuel de Arguinzóniz pu- 
blicó El Alzamiento carlista de Vizcaya en i8j2 y el convenio de Amo- 
rebieta, Bilbao, 18S9. — Leopoldo Arnaud publicó Del Timbó al Tarta- 
gal, impresiones de un viaje á través del Gran Chaco, Buenos Aires, 
1889. — F. Y E. Arrúe y Olavarría: Historia del Alcázar de Toledo, 
Madrid, 1889. — Manuel Aznar y Gómez publicó El Periodismo en Se- 
villa, ibid., 1889. — L. B. Y M. publicó Paremiología ó tratado expositiva 
de los apotegmas proverbiales coleccionados por D., Yalladolid, 1889. — 
José Frutos Baeza (n. 1861-), murciano, redactor de El Liberal (Mur- 
cia, 1903), poeta regional y premiado en Juegos Florales, publicó Pól- 
vora en salvas, poesías, con prólogo de Carlos Cano, Murcia, 1889, 1895. 
De mi tierra, romances, cuentos y juegos de la huerta de Murcia, ibid., 
1897; 2.' edición, aumentada, IMadrid, 1899. ¡Cojines y albares!..., ro- 
mances castellanos y huerta?ios, Madrid, 1904. El Ciudadano Fortún,. 
novela histórico-murciana. Murcia, 1909. Desde difurra á la Azacaya,. 
romances castellanos y huertanos, ibid., 1915. — Ángel María Barcia 
Y Pavón, presbítero y archivero, colaborador de la Revista de Archi- 
vos (1897-1903), publicó Viaje á Tierra Santa^ Madrid, 1889. Catálogo 
de los retratos de personajes españoles que se conservan en la sección 
de estampas... de la Biblioteca Nacional, 1901. Catálogo de la colección 
de dibujos... de la Biblioteca Nacional, 1906, 1911. Retratos de Isabel 
la Católica, procedentes de la Cartuja de Miraflores, 1907. El Retrata 
de Santa Teresa, 1909. Catálogo de la colección de pinturas del Duque 
de Berwick y de Alba, 191 1. El Retrato de Cervantes, 191 1 (en Revista 



S. XIX, 1889. JESÚS CEBALLOS DOSAMAXTES lyi 

de Archivos). — Santos Barrios publicó Pasatiempos, versos, Madrid", 
1^89. — Antonio Bastida y Pons publicó Una ofrenda, poesías, Ferrol, 
1S89. — Teodoro Bermúdez Reina (1841-1899), sevillano, coronel de 
Artillería, publicó Relación de los hechos militares acaecidos en la 
Mauritania., Barcelona, 1889 (en Revista Cientificomilitar). Apuntes 
sobre la organización militar de la Gran Bretaña en i8p^ (con seudóni- 
mo Británicas). Geografía de Marruecos, Barcelona, 1894. — Biblioteca- 
de la provincia de Madrid: crónica general de sus pueblos, 24 vols., 
Madrid, 1889-92. — Biblioteca histórica de Cartagena por G. Vicent y 
Portillo, ^ladrid, 1S89 (t. I). — Enrique Blanchard-Chessi (n. 1870), 
de Santiago de Chile, publicó, con varios seudónimos desde 1887, en 
diferentes periódicos, poesías, críticas, artículos de historia, entre ellos, 
de 1909 á 1914. en Zig-Zag, sobre La Revolución chilena de i8pi. — 
Eduardo Blasco, redactor de Barcelona Cómica y de El Pr'.mor Feme- 
nil (1898), El Iris (1903) y Pluma y Lápiz (1903), director de La Tri- 
buna (Castellón, 1904), publicó novelas como El Misterio de la Cruz, 
novela bíblica, Barcelona, 1889, dos vols. — Boris de Tannenberg (1864- - 
1914), natural de Moscou y que vivió desde 1873 en Francia, eminente 
crítico hi?panista, publicó Pocsie castellano contemporaine, París, 1889. 
L'Espagne liticraire, portraits d'íñer et d'aujourd'hni, París, 1903. Les 
éiudes hispaniques en Francp^ 1905 (en La Rcnaissance latine, YV^, 
514-518). M. José Echegaray et la jenne Espagne, 1905 (ibid.. 173-176).- 
Don José Echegaray (ibid., IV^, 171-174). Consúltese Morel-Fatio,. 
Necrología de B. de Tan., 1914 (en Bulletin Hispanique, XVI, 398-401). 
— Carlos Bravo, boliviano, publicó Límites de la provincia de Caupoli- 
can ó Apolobamba, La Paz, 1889. La Patria Boliviana, ibid., 1894. 
— Adrián L. Bruguera, en colaboración con Gutiérrez Muñiz, publicó 
Las Cuevas históricas de Alcalá la vieja, leyenda, Alcalá. 1889. — 
Eduardo de Bustamante (n. 1890-), poeta granadino, publicó Una boda- 
en el Albaicín, Granada, 1889. Don Alfonso de Aguilar, romance. iSot. 
— Ignacio de Cambrils publicó Cronicón de la Misión de Padres Ca- 
puchinos en Centro América, Barcelona, 1889. — Francisco Camón es- 
trenó Nivel de amor, juguete í'con R. Cortada), 1889. — Pedro Canales, 
redactor de El Defensor de Cádiz, publicó la colección de leyendas El 
público juzgará, i88g. Las pruebas del submarino Peral, apropósito dra- 
mático, 1899. — Salvador Canals y Vilaró (n. 1867-), de San Juan de 
Puerto Rico, periodista desde 1889, redactor de El Español, fundador 
(1901) y director todavía de Nuestro Tiempo, publicó El Año teatral, 
1896. Asturias, 1900. Los Sucesos de España en looo, dos vols., loio-ii. 
— CÉSAR Cancio Madrigal, de Sancti Spíritus (Cuba), publicó Tiempo- 
perdido, poesías, Habana, 1889. La Vejez debe ser profundamente alegre, 
conferencia, 1900. Serie de conferencias sobre haciendas comuneras, 
1915. — Gabriel Carrasco, argentino, publicó Cortas de viaje por el' 
Paraguay: los territorios nacionales del Chaco..., Buenos Aires, 1889. 
Del Atlántico al Pacifico y un argentino en Europa, cartas de viaje,. 
Buenos Aires, 1890. — Manuel María Castaños publicó Geografía mi— 



172 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

litar de la Península ibérica, Toledo, 1889. — Jesús Ceballos Dosaman- 
TEs publicó Fariseos y saduccos modernos {místicos y materialistas), 
Méjico, 18S9. — Leoncio Cid y Farpón (f 1898), natural, catedrático y 
alcalde de Avila, publicó Historiografía de España. índices de la His- 
toria de España, Gijón, 1889. La Conquista de España por los árabes. 
Avila, 1894. — Fr.\ncisco Colubí publicó Los Cantares del rey lAño don 
Alfonso XHI, máximas políticas, sociales, morales y filosóficas para 
uso y educación del pueblo, Madrid, 1889. — Francisco A. Conté publi- 
có La Lucha política en Cuba (1878-89), Habana, 1889. — Coplas sobre 
lo acaecido en la sierra Bermeja, Sevilla, 1889. — Enrique Corrales Y 
SÁNCHEZ, redactor de El Tiempo (1898), publicó Amor y amorío, Ma- 
drid, 1889. Arte de callar, en prosa y verso, 1903. Hernán Cortés, co- 
pias de documentos existentes en el Archivo de Indias..., Sevilla, 1889. 
— José Costa y Pujol publicó El Erudito. Colección selecta de pensa- 
mientos, consejos, dichos sentenciosos y máximas morales é instructi- 
vas, escogidas de buenos autores así antiguos como modernos, Barcelo- 
na, 1889. — Andrés Crespo y Botella estrenó Una pepita de oro, jugue- 
te, 1889. — Antonio de la Cuesta y Sainz (n. 1864-), de Los Balbases 
(Burgos), colaborador de El Siglo Futuro (1902), publicó Rosas y Espi- 
nas, poesías, A'alladolid, 1889. Hasta la honra se compra y El Áspid, dra- 
mas. Las novelas Sed de oro. El Veneno de la tinta. El Alacrán, Concluí 
y Lorcto. Algo de arriba, poesías, 1904. La Mujer rehabilitada por María, 
1906. — Pedro Cuesta y Gallardo (n. 1830-), de Cabeza del Buey, abo- 
gado, publicó Crítica y ripios, artículos y poesías, Madrid, 1889. — José 
María Chaves Torres, colombiano, publicó Ecos tropicales, poesías, 
Panamá, 1889. — Luis Diéguez y Barrios publicó Acuarelas poéticas y 
Acuarelas literarias, Madrid, 1889. La Andaluza, juguete (con J. Mo- 
rales Pleguezuelo), 1891. Amor de hermana, zarzuela, 1908. — Ángel 
Diez de íMedina (1862-), boliviano, subsecretario de Gobierno, publicó 
el poema Huérfano y las poesías Cantos de juventud. — Juan Diges 
Antón fn. 1856-) y Manuel Sagredo y Martín publicaron Biografías 
de hijos ilustres de la provincia de G nádala jara, ibid., 1889. — El padre 
Isidoro Domínguez publicó El Martes de Carnaval, juguete. Barcelo- 
na, 1889. — Aníbal Echeverría y Reyes, chileno, por seudónimo Doctor 
D. Alaer, publicó La Lengua araucana, notas bibliográficas, 1889. Dis- 
quisiciones de la lengua araucana, 1S89. Geografía política de Chi'.e, dos 
-vols., 1889. Biblioteca Thebussiana, 1889. La lengua atacameña, 1890. 
Voces usadas en Chile, Santiago, 1900. Bibliografía Jurídica chilena, 
igi4 {en Revista de Bibliografía Chilena), — Carlos E. Echeverría, ge- 
neral venezolano, publicó Hojas perdidas, poesías, Curacao, 1889. — Rosa 
de Eguilaz estrenó Después de Dios..., 1889.— Antonio Elías de Molíns 
(f 1909), barcelonés, colaborador de la Revista de Archivos (1906) y 
Cultura Española (1906), publicó Diccionario biográfico y bibliográfico, 
di escritores y artistas catalanes del siglo xix, dos vols, Barcelona, 
1889-91. Ensayo de una bibliografía literaria de España y América: 
noticias de obras y estudios relacionados con la poesía, teatro, historia. 



S. XIX, 1889. LEOPOLDO GARCÍA RAMÓX 173 

novela, critica literaria, etc., Barcelona, 1902, dos vols. Balmes y íf* 
tiempo, ibid., 1906. — Leonardo Eliz (n, 1861-), poeta chileno, correcto 
y algo frío, discípulo de Eduardo de la Barra, cuyos manuscritos he- 
redó, publicó Siluetas líricas y biográficas, Santiago, 1889. Poesías^ 
Valparaíso, 1903. Apoteosis de Cervantes en el Parnaso, ibid., 1916. 
Cervantes y las Rosas (con Clem. Barahona Vega), ibid., 1916. Cervatw 
tinas, ibid., 1916. Apuntes para una bibliografía chilena sobre Cervan- 
tes, ibid., 1916. — Elizondo, Gómez Núñez y Schmid, oficiales españo- 
les, publicaron El Bandolerismo en Cuba, Habana, 1889-90, tres vols. — 
España Moderna, revista, Madrid, 1889-1914, dirigida por José Lazara 
Galdeano. índice de los tomos 264 (de los 312) por R. Gómez Villa- 
franca. — Juan Fabré Oliver publicó Manuel de Cabanyes, Villanueva 
y Geltrú, 1889. — Lorenzo Fazio publicó Memoria descriptivo de la pro- 
vincia de Santiago del Estero, Buenos Aires, 1889. — Antonio Fernán- 
dez Cuevas estrenó Pasajes para Ultramar, sátira cómico-lírica (con 
Llamosas), 1889. El Teje maneje, 1904. La Cantinera (con J. Sabau), 
1905. Lm, Reina del tablao (con J. García Ontiveros), 1906. Perfecto 
Caballero (con Manuel Cabá), 1912. — Jesús María Fernández y Díaz 
estrenó Desde el mostrador al cielo, com., Habana, 1889. — José Fernán- 
dez Giner, magistrado, publicó Filipinas, notas de vi<ije y de estancia^ 
Madrid, 1889. — Juan Fernández Lujan publicó Pardo Bazán, V alera 
y Pereda, estudios críticos, Barcelona, 1889. — Eugenio Antonio Flo- 
res^ hijo del novelista Antonio, abogado, deportado á Cuba como pri- 
sionero carlista (1873), redactor de La Época y El Diario de Madrid 
(1893), publicó Trata de blancas, nov., 1889. Los Cangrejos, nov., 1892. 
La Guerra de Cuba, Madrid, 1895. La Histérica, nov. Huérfana, nov., 
Barcelona, 1903. — José Fr.\guas publicó El Estudiante, Madrid, 1889. — 
Alejandro Fuenzalida Grandón, chileno, abogado y profesor, publica 
Valor histórico de la novela social contemporánea, Santiago, 1889 (y en 
Anales de la Universidad, 1889). Lastarria y su tiempo, ibid., 1890 (y 
en Anales de la Universidad, 1893); 191 1» dos vols. Historia del des- 
arrollo intelectual de Chile, 1903. Evolución social de Chile, 1906. Es- 
tudios polit. y constitucionales de D. J. V. Lastarria, 1906. La Ense- 
ñanza en Alemania, 1913. Consúltese: Rev. de Bibliogr. Chilena, sep- 
tiembre, 1913, pág. 186. — José Dolores Gámez, nicaragüense, publicó 
Historia de Nicaragua, IManagua, 1889. Archivo hist. de la Rcp. d<í 
Nicaragua, ibid., 1896. — Clemente García de Castro publicó El Co- 
razón, poema, Córdoba, 1889. — Juan García Aldeguer (n. 1855-), mur- 
ciano, director de La Gaceta Universal, publicó Curso de literatura es- 
pañola, Madrid, 1889. Historia de la Argentina, dos vols., ibid., 1902. 
La Prosa castellana (140 trozos), ibid. — Juan García Ortega publicó 
Un héroe y una epopeya, poema en cuatro cantos, Valladolid, 1889. — 
Leopoldo García Ramón (n. 1849-), sevillano, que vivió muchos años en 
París, publicó Dos amores, París, 1889. Los Extranjeros en París y La 
Nena, Madrid, 1891, "trabajo firme, sincero, concienzudo, con olor a ver- 
dad y á ganas de decirla ; sólo necesitaría un poco de maña, de habilidoso 



174 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNIST.i (1888-I907) 

^apeo". (Pardo Bazán, N. teatro crít., mayo, 1891). Seres humanos, so- 
bre los Estudios de la mujer, de Balzac, Cuentos de Boccaccio, dos vols., 
Paris. En Esp. Mod.: La Novela española en, Francia (1889, febr.). 
Juan Montalvo (1889, febr.). En Rev. Esp.: Juan Richepin (1886, t. 112). 
Artículos de crítica literaria, ibid., 1887. — Miguel Garrido Atienza, 
-granadino, doctor en Derecho, colaborador de El Defensor de Grana- 
da (1902), publicó Las Fiestas del Corpus en Granada, en los si- 
_^-)los XVII y xviii, Granada, 1889. Los Alquezares de Santa Fe, ibid., 
1S93. Las Capitulaciones para la entrega de Granada, 1910. — El padre 
Francisco de P. Garzón, jesuíta, publicó El Padre Juan de Mariana y 
las escuelas liberales, Madrid, 1889. — José Ildefonso Gatell, párroco 
en Barcelona, autor de obras religiosas, publicó El Ultimo día del 
.mundo, leyenda, Barcelona, 1889. — Juan Gómez Landero y Moreno 
.(íi. 1857-), madrileño, periodista festivo, redactor de El Cronista, di- 
rector de La Ensalada y La Cartilla, publicó Colmos y colmillos, Ma- 
<lrid, 1889. — Mercedes Gómez, de Tuluá (Colombia), publicó la novela 
histórica Misterios de la vida, Bogotá, 1889. — Francisco González For- 
te publicó El 44, novela, Madrid, 1889. — Joaquín González Camargo 
.(1865-1886), de Sogamoso (Colombia), que no acabó la carrera de Me- 
dicina, ni estudió Literatura, fué poeta natural, sentido, algo becque- 
■riano, aunque estoy muy lejos de pensar como J. Valera, que lo pre- 
firió á Bécquer. Poesías, Bogotá, 1889, J. Valera, Cant. Amer., 1898, 
pág. 183: "Sus versos Viaje á la luz son becqueristas; pero ¡yo no sé!, 
me siento inclinado á decir que me gustan más que los mejores de Béc- 
quer y de Heine... Y ahora que acabo de copiar los versos del señor 
Camargo, comprendiéndolos bien, no vacilo ni dudo. Digo, parodiando 
al Duque de Rivas, que, en esta ocasión: "No el padre guardián, sino 
^•'el lego, tuvo la revelación." El discículo Camargo se adelanta aquí 
.á sus dos maestros, al español y al alemán, y hace una linda poesía, 
sobria de palabras, rica de pensamientos, llena de imágenes y de gala- 
nuras." Bécquer y Heine volaron algo más alto y no hicieron lindas 
^poesías, y menos algo más eruditas que sentidas como esa de Camargo. 
— Lorenzo González Agejas (n, 1849-), de Segovia, doctor en Filo- 
sofía y Letras (1875), archivero (1864), muy erudito y poeta, publicó 
Una visión extática de San Juan de la Cruz, poema místico, Alicante, 
J892. Colón y su mundo, poema, ibid., 1892. La Celestina, la versión 
alemana del hamburgués Christoff Wirsung (1520), como medio indi- 
recto de conocer la redacción del texto de las ediciones desconocidas 
-españolas 1896 {Bolet. Archiv., t. I, págs. 72-80, 98-104). Un Padre- 
nuestro desconocido ; Coplas de un soldado español cantadas durante el 
Saco de Roma al Papa Clemente VI; Lectura de un ms. de Roma des- 
de la Bibl. Nacional de Madrid á través de un folleto de Tesa, recons- 
trucción literaria, 1900 (en Rsz: Arch., t. V, págs. 641-48). Las siete oc- 
tavas griegas y los ocho tonos del canto llano, 1907 (en Rev. Arch., ter- 
cera ép., t. XVII, págs. 391-410, y aparte). Tradujo á Heine, Cuadros 
Je viaje (Reiscbilder). Madrid, tomos I, II, 1889; t. III, 1906 (Bibl. 



S. XIX, 1889. LUIS LÓPEZ MÉNDEZ lj5 

•Clás.) ; y se le premió por el Concurso musical de la Exp. de Bellas 
Artes de 1910 y debe impritriir el Estado: Primera interpretación en 
notación moderna de las obras del vihuelista don Ltiis Milán, ó sea 
transcripción de su célebre libro titulado El Maestro, libro de música 
de vihuela, transcrito para órgano ó piano. — Daniel Granada y Conti 
(n. 1847-), de Vigo (Galicia), abogado, que estuvo largos años en el 
Uruguay, gozando de grande autoridad, secretario de la Universidad 
de Montevideo, introdujo con dos obras magistrales el estudio del ha- 
bla verdaderamente nacional, que es el habla criolla de los campesinos 
■ó gauchos, y el estudio de la nacional historia interna, que está en las 
creencias y costumbres populares. Estas dos obras autorizadísimas, 
fruto de la investigación y observación entre los gauchos del campo, 
son Vocabulario rioplatense razonado, Montevideo, 1889, 1890, y Re- 
deña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del 
Rio de la Plata, ibid., 1896. — Las Guerras de don Berenguel de Landoira, 
códice del s. xiv, publicado en Galicia Diplomática, Santiago, 1889. — 
Román Hernández publicó Toledo y sus romerías, Madrid, 1889. La 
Campana de Toledo ó La Conquista de Cuenca, poemas, Toledo, 189 1, 
— José Manuel Hidalgo, político mejicano, desterrado, publicó Al Cie- 
lo por el sufrimiento, París, 1889, edición privada, libro extraño, del 
^ue habla J. Valera en Nueva Cart. Amer., 1890, pág. 82... ; de "devoto 
y elegante" califica el libro. La Sed del oro, París, 1891, "de sano y 
liíjipio naturalismo", añade. — Atanasiü Inza Ochoa (f 1901), estrenó 
Una lucha desigual, jug., Sagua, 1889. Insomnios, poes., ibid., 1893. — 
Mario de Iveja publicó La Milicia y sus excesos, cuadros de costum- 
bres militares contemporáneos, Valladolid, 1889. — El Doctor M. Kay- 
serling publicó Refranes ó proverbios españoles de los judíos espa- 
ñoles, Budapest, 1889. Biblioteca española-pcrtuguesa-judaica, Stras- 
bourg, 1890. — Horacio Lara publicó Crónica, de la Araucania; descu- 
brimiento y conquista, dos vols., Santiago de Chile, 1889. — José Lá- 
zaro Galdeano, navarro, persona muy culta y entendida en antigüe- 
dades y bellas artes, dirigió la más notable y duradera de las revistas 
últimas: La España Moderna, Madrid, 1889-1914. Publicó, además, una 
biblioteca de obras extranjeras traducidas. — Rafael Léante y García 
publicó Culto de María en la diócesis de Jaca y santuarios, ermitas..., 
Lérida, 1889. — Las Leyes de Indias (últ. ed.), Madrid, 1889-90, 13 vo- 
lúmenes. Las anteriores son: 1681, 1756, 1774, 1791, 1841. — E. Pascual 
LÓPEZ publicó Notas ya alegres, ya tristes, Madrid, 1889. — Justo S. 
López de Gomara publicó De paseo en Buenos Aires, bosquejo local en 
■dos actos, verso, ibid., 1889. Locuras humanas, Barcelona, 1889. Me- 
lindres de enamorado, jug., B. Aires, 1904. Savonarola, dr., ibid., 1906. 
El Germen noble, dr., 1911. Agraces, poesías, Valencia, 1913. De am- 
bas orillas del mar, cuentos, ibid., 1914. — Luis López Méndez, de Ca- 
racas, notable crítico, sutil y claro, excelente prosista, fallecido harto 
joven, estadista entendido, escribió en La Unión Democrática y pu- 
blicó Mosaico de política y literatura, Bruselas, 1889-1891. Postumo 



176 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

publicó, con buen prólogo, José Gil Fortoul un precioso folleto, que 
contiene: La Balada de los muertos (desfogue contra Guzmán Blanco 
en plena reacción), El Ultimo sueño, Un mes en España, Eduardo, no- 
vela sin acabar. — Manuel Antonio IuÓpez, colombiano, publicó Re- 
cuerdos históricos, Bogotá, 1889. — Federico Maciñeira y Pardo de 
Lama (n. 1870-), de S. María la Mayor (Coruña), colaborador de La 
Voz de Galicia (1890) y La Ihistr. Esp., publicó Crónicas de Ortigueira, 
Coruña, 1889-1892. Investigaciones prehistóricas en Galicia 1895 (en 
Ilustr. Artíst., de Barcelona, 4 y 25 febr.). Castras prehistóricos de Ga- 
licia, 1897 (en Rev. Crít. de Llist. y Litcr.), 1899. Ejemplares gallegos 
y portugueses de la escritura hemisférica^ 1902 (en Bol. Acad. Hist., 
XL). — R. Machali Cazón publicó Ensayos críticos y literarios, Pa- 
rís, 1889. — lladrid Alegre, Madrid, 1889-90. — Gaspar Marcano, de Ve- 
nezuela, publicó Etnografía precolombina, París, 1889. — Melitón 
Martín y Villalta publicó El Reloj de San Plácido, ley., Habana, 
1889. Vasco Núñcz de Balboa, Panamá, 1914. Ecos patrióticos, ibid., 
1916. — Alberto B. Martínez publicó Estudio topográfico é historia 
demográfica de la ciudad de Buenos Aires desde su fundación, en 1580, 
B. Aires, 1889. La Argentina en el siglo xx (con ^Mauricio Lewan- 
dowski), Madrid, 1912 (trad.). — Anselmo Inés Martínez, cubano, 
maestro, suicida, publicó Ecos del Abra, poesías, Matanzas, 1889. Sen- 
útivas, versos, 1894. Céfiros y flores. — ]\Iiguel Martínez Pardo 
(t 1893) > sevillano, estrenó Un marido en puerta, jug., 1889. Almana- 
que ilustrado, rev. cóm., 1899. — Mazatlan literario, álbum, prosa y ver- 
so, Mazatlan (Méjico), 1889 (de 16 escritores).— Manuel Mesonero Ro- 
M.\Nos, hijo del Curioso Parlante, por seud. Manolo Chispero, colabo- 
rador de la Rev. Contemp. (1897-99), Jlustr. Esp. y Correspondencia, 
El Cronista de Málaga (1897), publicó San Francisco el Grande Ma- 
drid, 1889. Las Sepulturas de ¡os hombres ilustres en los cementerios de 
Madrid, 1898. Goya, Moratín..., enterramientos, 1900. — Santiago Mi- 
CHELENA, venezolano, publicó Pedantismo literario y verdades políticas, 
París, 1889. Algo más sobre pedantismo Uter. y verd. polít., ibid., 1890. 
— Benedicto Molla y Bonet (n. 1847-), alicantino, director de El Ali- 
cantino (1889) y La Libertad Regional (1897), publicó Alicantinos ilus- 
tres (con Antonio Galdó), Alicante, 1889. Escritores y artistas de la 
provincia de Alicante (ms. Bibl. Nac). Comentarios á los pensamientos 
y máximas del "Qmjote'\ — Celiano Monge (n. 1857-). de Ambato 
(Ecuador), periodista y catedrático, consejero de Estado, director de la 
Ilustr. Ecuatoriana, publicó Bagatelas literarias, artículos, 1889.— Ela- 
dio !\IoNTERo estrenó Sociedad secreta, jug., 1889. — María del Pilar 
MoNTOLiú Y DE ToGORES, de Tarragona, publicó Ecos del alma, poeSias, 
Barcelona, 1889. — Renato Morales publicó Luz blanca. Arequipa, 1889. 
Soledad, ibid., 1891.— Juan Muñoz Peña, colaborador de El Guadiana, 
de Badajoz (1846), publicó El Teatro del maestro Tirso de Molina^ Ya- 
UadoHd, 1889. — Las Valencianas Lamentaciones y el tratado de la par- 
tida del ánima, de Juan Narv.á.ez, Sevilla, 1889.— Antonio Navarro 



S. XIX, 1889. CAMILO G. DE POLAVIEJA 1 77 

publicó Azul y rojo, pensamientos, máximas, etc., Madrid, 1889. — 
Adolfo Nones publicó La isla de Puerto Rico, descripción histórico- 
geográfica, Puerto Rico, 1889. — Fr^^ncisco Manuel de Olaguibel 
(n. 1873-), poeta mejicano, ha compuesto, entre otras cosas, Tarde 
de Otoño. Memoria para una bibliografía científica de México en el 
siglo XIX, Méjico, 1S89. Canciones de bohemia, París, 1905. — Edlardo 
Oliver y Copons, del Arma de Artillería, colaborador de La Ilustra- 
ción Católica (1877), publicó Conquista y anexión de Navarra, Ma- 
drid, 1889. El Castillo de Burgos, Barcelona, 1S93. El Alcázar de Se- 
govia, Valladolid, 1916, — Borja Orihuela Grez, chileno, publicó 
hacia 1889 El Cura civil, novela doctrinaria anticlerical. El primero 
y el últiino amor, poemas. — Antonio María de Oviedo y Romero, 
mejicano, publicó Biografías de mejicanos celebres, París, 1889. — 
Leónidas Pallares Arpeta, poeta de Quito, imitó con bastante 
acierto y fuerza los Pequeños Poemas de Campoamor; desgraciada- 
mente descaminóse luego por la elocuencia más común en odas pa- 
trióticas y conmemorativas, y cayó, al fin, en la vulgaridad inconce- 
bible de sus Tarjetas postales. Mujer y madre, poema, Quito, 1889. 
Obras poéticas, Lima, 1894. Tarjetas postales, Genova y Madrid, 
1912. A Juan Montalvo, poesías, Madrid, 1913. En España Moderna: 
Rimas (1902, mar.). — Paremiología..., por D. L. B. y M., \"alladolid, 
1889. — Fray Antonio Pavés (f 1916), franciscano chileno, provincial 
de la Orden, docto en exégesis bíblica, en griego y hebreo, buen pro- 
sista y poeta sencillo y sobrio, publicó San Francisco de Asís: su vida 
y su obra (traducción de Juan Joergensen), Santiago, 1913. Artículos y 
Discursos, 1914. Sus poesías, con las de otros franciscanos, en Ensayos 
poéticos, 1916; la más antigua firmada en 1889. — Hilario Peñasco de 
LA Puente (1857-1891), madrileño, concejal, publicó Las Calles de Ma- 
drid, noticias, tradiciones... (con Cambronero), Madrid, 1880. L.i Fuen- 
te de Santa Polonia y el duende crítico, curiosidades madrileñas, ibid.,^ 
1889. Las Sisas de Madrid, 1890. Páginas de la historia de Madrid, 1891. 
— Nicolás Pérez Jiménez publicó Historia general de la comarca de 
la Serena, Badajoz, 1889. Historia del Estado de Capilla, Cáceres. 1906. 
Mis Impresiones, poesías, Córdoba, 1914. — Antonio Perpiñá (n. 1S30-), 
catalán, rector de las Escuelas Pías de Puerto Príncipe, en Barcelona 
(1909), publicó El Camagüey: viajes pintorescos por Cuba, Barcelo- 
na, 1889; viveza descriptiva, color, verdad y frescura. — Juan . Agustín 
PiAGGio, clérico italiano residente en la Argentina, publicó Bibliografía 
literaria, Buenos Aires, 1889. Influencia del Clero en la independencia 
argentina (1810-20), Barcelona, 1912, — Felipe Pita Jariño publicó 
Trozos salientes, Madrid, 1889. — Poema epístola en versos m..los con 
notas en prosa clara, 1889. — Poesías mexicanas, Bogotá, 1889. — Ca- 
milo (García de) Polavieja (f 1914), marqués de Polavieja, capitán 
general, publicó Copias de documentos existentes en el Archivo de lat 
Indias... sobre la conquista de Méjico, Sevilla, 1889. Mando en Cuba, 
Madrid, 1896. Relación documentada de mi política en Cubo., ibid., 1898, 

TüMO X 2 



178 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Hernán Cortés, Toledo, 1909. Nuestra labor en América, 1912 (disc. 
rec. Acad. Hist.)- — Venancio Prada y Le-Maur publicó Los Mundos 
incorpóreos, novela, Madrid, 1889. Aventuras de un anarquista, Mála- 
ga, 1907. — Luis P. de Ramón publicó Diccionario popular universal de 
la lengua española, artes, biografía, ciencias..., seis vols., Barcelona, 
1889, 1899. — Tóalas Rey (n. 1835-), por seudónimo Pedro de los Palo- 
tes, publicó La Tauromaquia, poema bufo-épico-avinagrado en octavas 
republicanas, 1889. — Leopoldo Reyes publicó Un poema y unos versos. 
Matanzas, 1889. Vivir muriendo^ drama, 1892. El Ultimo adiós, drama, 
1893. Voluntad, drama; Hasta la muerte, drama; Una pasión y un 
deber. — José Rodríguez estrenó Por un beso, pasillo, Habana, 1889. — 
José Rodríguez Seoane, gallego, publicó Artículos y Novelas, Coruña, 
1889. — Jorge J. Rohde publicó Descripción de las gobernaciones na- 
cionales de la Pampa, del Río Negro y del N cuquen, Buenos Aires, 1889. 
— Romancero de don Alvaro de Basan por Ricardo Sánchez, Madrid, 
1889. — Romances moriscos y caballerescos por T. J. S., Medina, 1889. — 
Mariano Ruiz de Arana, colaborador de La Ilustración Co.tólica 
(1877), Blanco y Negro (1891), etc., estrenó Merino Hermanos, saí- 
nete, 18S9. — María Leticia de Rute ó María Leticia Wysse Bona- 
PARTE, princesa Ratazzi, dirigió en París hacia 1883 Les Matinées Es- 
pagnoles con seudónimo de Barón de Stock. Publicó Apantes para mis 
Memorias en España Moderna, 1889 (abril). — Arístides Sáenz de 
L^RRACa publicó De Madrid á Filipinas, impresiones de viaje, Sevilla, 
1S89. Ratos perdidos, poesías, ]\Iadrid,, 1894. La Bandera de Baler, mo- 
nólogo dramático. Valencia, 1900. — F. Salazar y Quintana publicó 
Lecturas instructivas: el alma y la tradición, fábulas y cuentos, Ma- 
drid, 1889. Poesía del porvenir, 1889. Nuestro planeta, 1891. El Hom- 
bre, 1891. — Anselmo Salva, cronista de Burgos, publicó Burgos á vuela 
pluma, Burgos, 1889. Las Cortes de 1392 en Burgos, ibid., 1891. Tipos 
burgalescs, 1892. Cosas de la vieja Burgos, 1892. Remembranzas bur- 
galesas, 1894. Burgos en las Comunidades de Castilla, 1895. El Día del 
Señor en Burgos, 1900. Páginas histórico-burgalesas, 1907. Cancione- 
ro, 1909. Burgos en la guerra de la Independencia, 1913. HistoHa de 
Burgos, dos vols., 1914-15. — El Marqués de Salvatierra publicó La 
Mnnda de los romanos. Ronda, 1889. — Benjamín Sánchez Maldonado, 
cubano, por seudónimo Benigno S. Maldonado, escribió piececillas tea- 
trales, de las que trae 11 Trelles (t. VII, pág. 154). — Ricardo Sánchez 
Madrigal, imitador del Duque de Rivas y de Zorrilla, narrador entu- 
siasta, más lírico que épico, publicó Romancero de don Alvaro de B<a- 
S^án, Madrid, 1889, Dos poesías, 1897. Gloria á Cervantes, loa, 1905. 
El Bosque, poesías, 1906. — Manuel Sancho y Rodríguez publicó Cró- 
■íiica de la coronación de Zorrilla, Granada, 1889. — Eduardo Santos 
Cánovas estrenó Por intentar un desliz, juguete, 1889. — Agustín Sarda 
publicó La Isla de Puerto Rico, estudio histórico y geográfico, Madrid, 
1889. — Casimiro Servat y Maciá estrenó Tipos callejeros, saínete, 
1889. Ni en Leganés, juguete, 1892. Los Anarquistas (con P. Cebade- 



S. XIX, 1889. LUIS ZAPATERO Y GONZÁLEZ I79 

ra), 1893.— Cipriano Sevillano, presbítero, publicó Poesías religiosas, 
morales, etc.. Granada, 1889. — José del Solar y Maeztu (n. 1838-), 
de Aguilar (Navarra), de ascendientes extremeños, teniente coronel 
retirado, publicó Facetas de la vida, novelas, cuentos y artículos mo- 
rales, tres vols., Badajoz, 1889-90. Panorama social, ibid., 1906. Ha 
escrito de historia, crítica, novelas y poesías en periódicos. — José C. 
Soto, argentino, publicó El Capitán Morillo, 1889. Cuentos criollos, 
1894. — Juan Tejón y Rodríguez de la Granda (f 1894), poeta mala- 
gueño premiado en certámenes, publicó Ensayos en varios tonos, poe- 
mas breves, ^Madrid, 1889. Verdades y ficciones, rimas, Málaga, 1891. 
Lirismo cristiano, poesías, Madrid, 1892. — Antonio Clímaco Toled) 
(1868-1913), poeta de Quito, escribió amorosas poesías, que llamó Bru- 
mas, Quito, 1915, y publicó e-íi revistas y diarios desde 1889 {Revista 
Ecuatoriana). Son del corte ceñido, decir y hondo pensar de Bécqu^r. 
Murió tísico. Consúltese Alejandro Andrade Coello, Las Brumas de 
A. C. Toledo, 1913. — Luis Tramoyeres y Blasco, valenciano, director 
del Museo Provincial de Bellas Artes, publicó Instituciones gremiol?Si 
su origen y organización en Valencia, ibid., 1889. Los Periódicos de 
Valencia, ibid., 1895. Documentos inéditos para la historia del arte 
pictórico de Valencia en el siglo xvii, Madrid, 1912. — Emilio dhl Val 
publicó Plata Meneses, versos, Madrid, 1889. — Julio Valdelomar y 
FÁBREGAS, cordobés (f 1893), publicó Luz meridional, poesías, Córdo- 
ba, 1889. — Benito Ventúe de Peralta publicó Baturrillo de paremiolo- 
gía ó tratado de frases célebres, apotegmas proverbiales..., Grainda, 
1889. — Gregorio Vicent y Portillo publicó Biblioteca histórica de 
Cartagena, Madrid, 1889. — Juan de Dios Vico y Bravo, rector de la 
Universidad de Granada, estrenó Premio y castigo, zarzuela, 1889. — 
Juan Vilanova y Piera, padre de la Prehistoria española, publicó mu- 
chos artículos en el Boletín de la Academia de la Historia (ts XIV- 
XXII) y Prehistoria, disc. Acad. Hist., 1889. Estudios sobre lo pre^ 
histórico español, 1892 {Museo de Antigüedades). Prehistórico español: 
Época neolítica, ibid. Geología y Protohistoria ibéricas (con Rada y 
Delgado), 1893. — Santos Villa (f 1894), de Cárdenas (Cuba), publicó 
Los Crímenes de la calle Inquisidor, Habana, 1889. Periódicos y perio- 
distas de Cuba (inédita). — Emilio Villegas Rodríguez publicó San Vi- 
cente de Paúl : su patria y sus estudios en la Universidad de Zaragoza, 
1889 (en España M<oderna, ag.). — F. Virués de Segovia publicó Epí- 
tome de algunas antigüedades, sucesos memorables, magistrcdos, etc., 
de Jerez de la Frontera, ibid., 1889. — Juan X. publicó ¡Gloria á la mu- 
jer!, novela, iMadrid, 1889. — El Bach, Fortino Hipólito Vera, vica- 
rio de Amecameca (Méjico), publicó Tesoro Guadalupano, noticia de 
los libros, documentos, inscripciones... que tratan, mencionan ó alu- 
den á la aparición y devoción de Nuestra Señora de Guadalupe, Ame- 
cameca, 18S9, dos vols. — Luis Zapatero y González (n. 1865-), 
poeta valisoletano y juez de La Bañeza, publicó Aires nacionales, 
poesías, 1889. Solidaridad pedagógica, 1890. Rubias y Morenas, poe- 



I 



1 8o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sías, 1894. Cantos de la Tuna, 1894. Glóbulos rojos, epigramas, 1895, 
La Cruz y la media Imia, 1897. La Refortna del Código penal, 1907, 
La Reorganización del Secretariado judicial, 1908. Glosas á la ley de 
Justicia municipal, 1909. Alegatos, 1913. — Alfredo Zayas y Alfonso 
(n. 1861-), de la Habana, subsecretario de Justicia, vicepresidente de 
la República (1908), director de La Habana Literaria (1891-93), publi- 
có Cuba Autonómica, estudio histórico, Habana, 1889. Españoles y 
Cubanos (Revista Cubana, ts. X y XI). El Presbítero don José Ag^ 
Caballero, 1891. Discursos, 1891. In memoriam, discurso (sobre Máxi- 
mo Gómez), 1906. Lexicografía antillana, diccionario de voces usadas 
por los aborigénes de las Antillas, 1914. — Elías Zerolo publicó La 
Lengua, ¡a Academia y los académicos..., París, 1889, 1897. Diccionarich 
enciclopédico de la lengua castellana (con Miguel Toro y Gómez y 
Emiliano Isaza), París, 1895, dos vols. ; 1898, y su extracto, París^ 
1897. Legajo de varios, Campoamor y la crítica, París, 1897. Cairasca 
de Figueroa y el empleo del verso esdrújulo en el siglo xvi. 

34. Año i8po. Leopoldo López de Sáa (n. 1870-), de Me- 
dina de Pomar, director de Pan y Toros (1898), novelista de 
castiza cepa española, sin la menor huella de modernismo. Autor 
maduro y experimentado, no se detiene en pequeneces, escribe 
como entendido para entendidos, con ingeniosa socarronería, que 
recuerda en su tanto á Cervantes. El estilo amplio, á veces en 
sus primeras obras en demasía, que por querer abarcar mucho 
en un período, oscurece los toques salientes. El habla, rica, elíp- 
tica, propia y sincera. Sus obras mejores hasta hoy. Los india- 
nos vuelven, de caracteres bien delineados, en los que se traspa- 
rentan rasgos del suyo propio, grave, varonil y socarrón, y 
Bruja de amor, donde el terror se palpa, los personajes están,' 
perfectamente dibujados, el estilo y lenguaje cada vez más va- 
riados, ricos y expresivos. Escritor muy culto y a la vez co- 
nocedor del sentir y del habla popular, sobresale por el vigor y 
sobriedad en tipos, escenas, estilo y lenguaje. Es de los mejores 
entre los que hoy novelan. 

Gonzalo Picón-Febres (1860-1918), de Mérida, en el es- 
tado de los Andes (Venezuela), en cuya Universidad se doctoró 
(1895), abogado, miembro del Ateneo de Caracas, alto empleado 
en el Ministerio de Relaciones Exteriores desde 1897, senador, 
ministro de Correos (1899) y de Relaciones Interiores (1907),, 
cónsul en Nueva York (1907), profesor de Derecho en la Uni- 
versidad de los Andes, nieto de españoles, amante y enteradí- 




LEOPOLDO LÓPEZ DE SAA 



S. XIX, 1890. TULIO PEBRES CORDERO 181 

simo de nuestra literatura, fué el literato y escritor más com- 
pleto y universal de su tierra en su época. Filólogo y crítico, 
poeta y novelista. Como poeta, es más bien de temperamento 
épico y objetivo, amigo de describir con todos los colores del 
iris, parnasiano cuanto a la elegancia, delicada suavidad rítmi- 
•ca, brillantez y sobriedad; publicó los libros de poesías Calén- 
dulas (1893) y Claveles encamados y amarillos (1895). Si como 
poeta es de los mejores de su tierra, como novelista lleva á 
todos grandes ventajas. Aficionado á la manera realista y re- 
gional, escribió novelas de costumbres criollas como Fidelia 
(1893), Ya es hora (1895), Flor (191 1) y Nieve y lodo (1914), 
pintura de la vida corrompida de la plebe; pero, sobre todo, 
El Sargento Felipe (1899), novela puramente criolla, la mejor 
de su género escrita en Venezuela y una de las mejores de Amé- 
rica, por la real y viva pintura de tipos y lugares y por el pun- 
tual lenguaje criollo. Su obra históricocrítica Literatura vene' 
solana en el siglo xix (1906) es muy erudita, bastante impar- 
cial y serena, bien que benévola y patriótica, a veces en demasía. 
En suma, la mejor obra histórica de la literatura de su país; 
por más que prescinda de la bibliografía y sea bastante confusa 
y desordenada, tratando repetidas veces de los mismos autores, 
lo cual impide que los veamos de una vez y sepamos determi- 
nadamente las obras que escribieron. El libro raro (1909) es un 
trabajo filológico sobre el habla venezolana, que rectifica la 
obra de Julio Calcaño, y encierra mucha demosofía o ciencia 
folklórica. Sobresale Picón-Febres por la facilidad, sonoridad 
y esmero de su prosa, y en este cuidar de la forma pone su prin- 
cipal criterio al juzgar a los demás. 

TuLio Febres Cordero (n. 1860-), de Mérida (Venezuela), 
abogado, profesor de la Universidad (1892), director de El Lá- 
piz (1887 dos vols.), anticuario criollo, etnógrafo, historiador 
y novelista, amante del espíritu criollo y de la tradición espa- 
ñola, se burló en su celebrado é ingenioso libro Don Quijote 
en América (1905) del prurito que en aquellas Repúblicas tienen 
las gentes de ocultar su propia manera de ser criolla y de mos- 
trarse en el exterior con el barniz de todo lo extranjerizo mo- 
derno, fea, artificial y superficialmente sobrepuesto a la natu- 
raleza de la propia raza. Mostró en este libro ingenio más ori- 



1 82 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ginal, intento más humorístico y cervantino, manejo más cas- 
tizo del castellano que Montalvo en el suyo tan celebrado. Fué,, 
con Picón-Febres, de los que alzaron bandera en Venezuela por 
lo criollo y original. Publicó, además, varios libros de cuentos, 
leyendas y una novela, con espíritu criollo, sin copiar el habla 
del pueblo, en lenguaje suelto, castizo y expresivo, estilo firme 
y asentado, con naturalidad, llaneza y dotes sobresalientes de ame- 
no y atractivo narrador. 

Luis G. Urbina (n. 1868-), de Méjico, por seud. El Cronista 
de Antaño, dióse a conocer en la Revista Arsul como poeta ; cul- 
tivó la crónica como nadie, ligera, frivola y graciosa, después 
de Gutiérrez Nájera, en El Mundo Ilustrado, que dirigió, y 
Revista de Revistas; fué crítico de teatros en El Imparcial, y 
editorialista del mismo (1911-12), profesor catorce años de 
Literatura y director de la Biblioteca Nacional; después de ha- 
ber estado en la Habana desde 191 5, vino a Madrid, donde es 
secretario de la Legación de Méjico (191 8). Atinado pensador, 
conocedor como pocos de la historia literaria, crítico perspicaz^ 
gran prosista, castizo, limpio y ligero; poeta, por naturaleza, 
romántico, pero con tendencias clásicas y, lo mismo que en la 
prosa, con entreveros de impresionismo delicado y fresco a la 
modernista. 

35. Colaboró López de Sáa en El Resumen, El Globo, El Liberal, 
Vida Nueva, El País, Blanco y Negro, Nuevo Adundo, Ilustr. Esp. y 
Amer. y La Esfera. Dirigió Pan y Toros (1898). Fué amigo de Zo- 
rrilla y de Manuel Fernández y González, que le llamaba su discípulo 
predilecto. Huyóse del colegio de Madrid, á los nueve años, porque no 
le dejaban hacer versos. López de Sáa en carta al autor: "El ideal del 
novelista debe ser, en cuanto á la forma, el retomo á las fuentes nati- 
vas; mejor dicho, contener en el cáliz de oro de nuestro clasicismo 
todos los vinos regalados del pensamiento y la revuelta espuma de la 
constante rebeldía. Todo, menos beber turbias heces en vaso de taberna 
ó á morro, como vamos bebiendo ya. Ideas concisas, pero muchas ideas ; 
verdad, pero no desnuda, sino cubierta de espléndido atavío, selección 
en gusto, frío en la observación, intensidad en las ideas y vigor en la 
frase, que es, como usted piensa, gesto del alma, con el relieve del so- 
nido. Tendencia á volar, según el diámetro de los alas, y no á revolcarse, 
por el placer físico de dar toda su longitud á los remos ; ironía para los 
avisados y propiedad en la expresión para los que no se hallen á la al- 
tura de la ironía." Leop. López de Sáa: La Chica del tío Reluces, nov.,. 
Madrid, 1890. Allá van historias, cuentos en prosa ligera, Madrid, 1892. 



S. XIX, 1890. TULIO FEBRF.S CORDERO l83 

El Ciudadano Flor de Lis, nov., ibid., 1904. Los Vividores, 1906. Carne 
de relieve, nov., 1912. Letras y Monos (con R. de Palacio y E. Contre- 
ras). De antigua raza, 1913. El Honor ante todo, com. (con Francisco 
Moya Rico), Valencia, 1915. Los Indianos vuelven, nov., Madrid, 1915. 
El Gallo de oro, fantasía lírica, 1916. Bruja de amor, 1917. El Armero 
de Florencia (con Gonzalo Cantó, inéd.). El Minué real, zarz., 1918. Por 
un milagro de amor, 1918. Adiós, Margarita, dr. (inéd.). 

Picón-Febres en carta al autor (marzo 1918) : "Desciendo de espa- 
ñoles de sangre pura. Españoles fueron mis abuelos. No puedo ni quiero 
renegar de ellos. En la historia política de España podré equivocarme 
al disentir de opiniones muy parciales. Pero amo y admiro al fecundo, 
oteador y original genio español. Mi literatura, aun cuando nada valga, 
es netamente española... En Venezuela sobran los escritores que no 
viven sino de atacar y desacreditar la literatura española y no la cono- 
cen ni en las dos últimas décadas del siglo xix. Hablan por hablar lo 
que ignoran y quieren echarla de franceses... indigestos. ¡ Chisgarabises ! 
Trabajos míos listos para prensas: Nacimiento de Venezuela Intelec- 
tual, historia, crítica histórica y literatura. Don Simón Rodríguez, maes- 
tro del Libertador, historia, crítica histórica y literatura. Del ritmo en 
la prosa, literatura y crítica. Poemas y Fantasías, poesías completas. 
De tierra venezolana, novelas cortas. Teatro crítico venezolano, segun- 
do tomo. Historia de un atentado. Jurisprudencia y Filosofía Política. 
Un tomo de discursos, Uu grueso tomo de literatura y crítica. Otro de 
literatura y crítica histórica. Dos más sobre literatura, historia, crítica 
histórica, semblanzas, estudios de personajes, anécdotas, perfiles, etc. 
En preparación : La tercera edición de Libro Raro, aumentada." Picón- 
Febres hizo crítica, además, en Revoltillo, Páginas Sueltas y en Notas 
y Opiniones. Mira más bien á la corrección, galanura, color y armonía 
de la forma cuando juzga á los poetas, por ser éstas las cualidades 
en que él mismo descolló. De ahí que sea de los que creen que 
la poesía ha de tener su léxico particular, diferente de la prosa, y tacha 
de prosaico á Núñez de Arce, prefiriendo en esto á Ferrari. A pesar de 
su amplitud de criterio y de su imparcialidad, llega á veces hasta perder 
la serenidad y muéstrase duro ó blando en demasía, hasta terrible y 
aun poco mirado polemista, sobre todo en el Teatro crítico venezolano. 
Es demasiado blando y alabancioso con los autores de su tierra, y sus 
ideas religiosas le hacen ver con anteojos algo ahumados á sus adver- 
sarios los católicos. Ambas cosas le movieron, sin duda, á rebajar de- 
masiado á Antonio Caro, prefiriendo á Merchán, y á destemplarse á 
veces contra Menéndez y Pelayo y contra España, como cuando en 
Notas y Opiniones (pág. 125) escribe: "Todo lo cual no empece para 
que en cuanto un hispanoamericano diga... que la conquista castellana 
en América y su devastador sistema de colonización es una de las ma- 
yores monstruosidades de la Historia, todos los españoles, sin distin- 
ción de versos ni de ripios, se vuelvan unos basiliscos y echen, de rabia, 
sanguinolenta espuma por la boca... Lo que sucede es — para decirlo 



184 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sin rebozo — que ellos tienen atravesado en la garganta el gran suceso 
de nuestra gloriosa independencia y quieren hoy vengarse, á fuerza de 
ponernos en ridículo, de lo que no fué otra cosa que un acontecimiento 
histórico fatal." No hay para qué refutar tan pueril opinión cuando 
de lo que en España se peca es de no acordarse más de los americanos, 
sin que nadie piense en la independencia, y serán contadísimos los que 
estén enterados de cómo se apartó América de España. Cuando acá 
vienen, se les trata como á gente de casa, sin la menor diferencia que 
á los demás españoles, antes con el mayor agasajo y atenciones que la 
generosidad de nuestro pueblo suele emplear con los venidos de fuera. 
Manuel Fernández Juncos: "Don G. Picón-Febres. .. es uno de los ve- 
nezolanos de la nueva generación que escriben con más elegancia y 
soltura el idioma castellano. No tiene el vicio de la fraseología pom- 
posa ni el remilgo académico que suele deslucir á muchos de sus pai- 
sanos... Fidclia...^ la narración es viva y amena, las descripciones grá- 
ficas en general y á veces magistrales... También describe las costum- 
hres con soltura y gracia... El diálogo es natural y espontáneo en todo 
el curso de la acción y recuerda un poco el de Pereda, sobre todo cuan- 
do hablan muchachas y gente sencilla del pueblo... De Venezuela no 
había yo leído hasta ahora obra de este género tan ajustada á las con- 
diciones esenciales de la novela contemporánea. El tomo de versos 
(Caléndulas) nos revela, ante todo, un cincelador, un artista del ritmo 
y de la frase, un parnasiano á la manera de Gutiérrez Nájera y de 
Julián del Casal, aunque de visión más alegre y luminosa que este úl- 
timo. Sobresale en la descripción externa... Tiene también algunas com- 
posiciones íntimas, subjetivas, por el estilo de las de Bécquer; pero su 
inspiración se manifiesta más espontáneamente hacia fuera. Nos trans- 
mite con más viveza lo que ve que lo que siente. Su vocabulario es 
rico en prosa como en verso... La versificación es fluida y armoniosa, 
rica en consonantes y en combinaciones métricas." El Fígaro, Habana 
(dirigido por Manuel S. Pichardo) : "G. Picón-Febres es uno de los 
escritores venezolanos que gozan de más justificado renombre por su 
gran inteligencia, revelada en numerosas obras en prosa y verso, aco- 
gidas con general aplauso en los diversos países de la lengua española. 
La laboriosidad ejemplar de este escritor artista acaba de manifestarse 
brillantemente en el libro que lleva por título el mismo de estas líneas. 
Su trabajo es trabajo de benedictino, llevado á cabo con paciencia, 
con esmero que podríamos llamar supersticioso, fruto magnífico del ta- 
lento y del arte verdaderos. Se comprueba que el autor desplegó dili- 
gencia ejemplar en allegar los datos que forman la materia prima del 
libro, tanto como en la distribución metódica de los períodos que forman 
la historia de las letras venezolanas en la pasada centuria. Su trabajo 
implica indagación, estudio y crítica, habiéndola realizado con espíritu 
independiente, con simpática flexibilidad de juicio y con delicioso amor 
artístico. El análisis emprendido por Picón-Febres coloca en su puesto 
legítimo á cada uno de los hombres que enaltecieron los fastos lite- 




GONZALO PICOX-FEBRES 



S. XIX, 1890. TULIO PEBRES CORDERO i8d 

rarios venezolanos durante el último siglo; fija el carácter de las in- 
fluencias y determina con interés y acierto el valor de las producciones 
de diversos géneros. Las páginas que consagra á personalidades tan 
esclarecidas como Montenegro Colón, Ustáriz, Juan Vicente González 
y el incomparable Cecilio Acosta, están escritas en prosa de antología, 
-en un castellano primoroso, trabajado con el purismo espiritual de un 
cuatrocentista." Picón-Febres : Páginas sueltas, semblanzas y estudios 
literarios, Curaqao, 1890. Revoltillo, ibid., 1890. Fidelia, novela, ibid., 
1893. Caléndulas, poesías, Caracas, 1893. Claveles encamados y ama- 
rillos, poesías, Curagao, 1895. Ya es hora, novela, ibid., 1895. Notas y 
opiniones, Caracas, 1899. El Sargento Felipe, narración histórica, ibid,, 
1899; París (s. a.). Angelina, poema, 1904. La Literatura venezolana 
en el siglo xix, Caracas, 1906. Libro raro, voces, locuciones... en Ve- 
nezuela, Nueva York, 1909; Curaqao, 1912. Flor, novela, Caracas, 191 1. 
Teatro crítico venezolano (crítica de sus obras por otros con propias 
glosas), Curacao, 1912. Nieve y lodo, novela, París, 1914. 

José Dom. Tejera, Tnlio Fehres Cordero, 1915: "Obra rara de pa- 
cientes pesquisas en los cronicones de la conquista y en los archivos 
patrios... ha realizado este insigne escritor... Ángel Camevali Monreal 
nos recuerda... que "la prosa de Tulio, sobre pulcra y eminentemente 
"castellana, abunda en los encantos de la exuberante naturaleza que 
"ha tenido él siempre ante sí..." Si bien familiarizado con los clásicos 
del siglo de oro, responde, por sus tendencias, á la escuela realista... 
encama el alma de Mérida... prosas tersas y serenas..., poemitas en 
prosa, preciosos por lo delicados..., tradiciones y fantasías america- 
nas..., buen número de cuentos, moralmente intencionados unos, muchos 
donde huelga y hace de las suyas el festivo cálamo, otros propiamente 
históricos y todos salpicados de excelente ingenio..., interesantes mo- 
nografías... Por su modestia franciscana, por el candor de sus senti- 
mientos, por la nobleza de sus acciones, por la elevación de sus ideas..., 
por sus conocimientos en el ramo internacional de la Jurisprudencia, 
por su tacto político, por su delicada cultura personal, por su acendra- 
do patriotismo..." Gil Fortoul: "Anduvo usted más acertado que Mon- 
talvo en los capítulos que se le olvidaron á Cervantes... La idea ini- 
ciativa de usted es más original." Gonzalo Picón-Febres, La Literatura 
Venezolana, 1906, pág. 416: '^Don Quijote en América es un libro de 
bien, de virtu^ reintegradora, de patriotismo intencionalmente curativo, 
de propaganda contra el charlatanismo reinante hoy en Venezuela, de 
oposición al entronizamiento de lo exótico... Lo que le falta es acierto 
en el plan, precipitado; seguridad en el desenvolvimiento, más anima- 
ción en el relato y una mirada sutilmente certera para dar en los vicios 
con la crítica." ídem, pág. 424: "Los Cuentos de T. F. C, como los de 
Manrique, son cuentos para niños por su tendencia educadora; saben 
á poco en medio de su castiza prosa narrativa, y se quedan muy atrás 
de Los Mitos de los Andes, no menos que de las tradiciones y leyendas 
regionales que el autor ha publicado en diferentes periódicos, algunas 



j86 época regional y modernista (18S8-1907) 

de ellas con un tono romántico subido." Tulio Febres Cordero : Apoteo- 
sis de Colón, estudios históricos, Mérid^, 1890. Estudios sobre Einogra- 
fía americana, ibid., 1892. El Nombre de América, estudios históricos,. 
1892. Foliografía de los Andes venezolanos, álbum con más de i.ooo 
grabados, 1896. Historia micro gráfica de Venezuela, siglos xviii y xix, 
dos ts., 1899. Guía del ama de casa ó cocina criolla, 1899. La Legisla- 
ción primitiva de América, 1900. Los Mitos de los Andes, 1900. Colec- 
ción de cuentos, 1902, Estudios históricos sobre la cuestión de limites 
entre Mcrida y Zulia, 1904. Don Quijote en América, novela, 1905, 1906, 
Datos históricos sobre la Imprenta en Venezuela (Estado de Mérida), 
1906. Carta crítica sobre ''Don Quijote en América", escrita por Pedro 
Fortoiil Hurtado y contestación del autor, 1907. Actas de Independencia 
de la provincia de Barinas, 1903. Actas de Independencia de los Andes, 
ICIO. La Hija del cacique, novela, 1910; Caracas, 1913. Tradiciones y 
Leyendas, Mérida, 1911. Documentos para la historia de Zulia en la 
época colonial, 1911. Apuntes biográficos del canónigo Uzcátegni, 1913. 
En broma y en serio, cuentos, 1907. PancriolUsmo, conferencia, 1917. 
Tiene escrita la Historia de los Andes, cuatro tomos de la Historia de 
Mérida, etc. Consúltese José Domingo Tejera, /. Pebres Cordero, Em- 
bozo, Mérida, 1915. Carta crítica sobre ''Don Quijote en América''^ 
escrita por Pedro Fortoul Hurtado, y contestación del autor, Méri- 
da, 1907. 

F. García Godoy, La Liter. amer., 1915, pág, 48: "En Urbina, 
detrás del copioso follaje de imágenes de fascinadora belleza, de- 
trás de la bien dispuesta ornamentación pictórica, detrás de los hilos" 
de luz que forman la urdimbre de sus versos, palpita un alma, una 
verdadera alma de poeta, alma sanamente romántica con vistas á cierto 
modernismo amplio y sugerente, mesurado y discreto, exento por en- 
tero de las trivialidades y toques efectivos que para muchos miopes- 
de espíritu vinculan como summum de la perfección literaria... La cua- 
lidad más notable... es su unidad, precisa y definida en bastantes aspec- 
tos... de un alma que se contempla á sí misma y se aisla, en cierto 
sentido, en medio del embravecido oleaje de la vida, sin sufrir el con- 
tagio de repugnantes fealdades sociales... Toda el alma de Urbina, es- 
pontánea, poco compleja, sin complicaciones cerebrales, sin muy acen- 
tuados arranques pasionales, puede condensarse en estos expresivos 
versos suyos : 

"Amé, sufrí, gocé, sentí el divino 
soplo de la ilusión y la locura: 
tuve una antorcha, la apagó el destino, 
y me senté á llorar mi desventura 
á la sombra de un árbol del camino..." 

La melancolía suave y dulce, en ocasiones de cierto diapasón acentua- 
damente doliente, que se anida en su alma... Su íntimo subjetivismo..."' 
L. G. Urbina: Versos, Méjico, 1890. Ingenu-as, id., París, 1903. Puestas 



S. XIX, 1890. LUIS M. URBAXEJA 1 87 

de sol, id., ibid., 1910. Antología del Centenario (con Pedro Henríquez- 
Ureña y Nicolás Rangel; suya es la magnifica introducción histórica; 
comprende 1800-1821), dos vols., Méjico, 1910. La LiteraHira mejicana^. 
discretísima conferencia, ibid., 1913. Lámparas de agonía, versos, ibid., 
1914. El Teatro nacional, 1914. El Focena de Mariel, 1915 (en Cuba 
Contemporánea). Cuentos vividos y crónicas soñadas, Méjico, 1915. 
Bajo el sol y frente al mar (impresiones de Cuba), Madrid, 1916. El 
Glosario de la vida vulgar, poesías inéditas, ibid., 1916. La Literatura 
mexicana durante la guerra de la Independencia (prólogo á la Antolo-^ 
gía del Centenario), Madrid, 1917. Antología romántica (1S87-1914), 
1917. La Vida literaria de México, Madrid, 1917. Consúltese Jenaro 
Estrada, Poetas nuevos, 1916. 

36. Año i8qo. Manuel Vicente García (t 1917), vene- 
zolano, gran polemista político, señala, como novelador, el pasa- 
del romanticismo al realismo en Venezuela, con los diversos ma- 
tices, sobre todo el criollo, y las varias tonalidades que se notan, 
por ejemplo, en Pedro Antonio de Alarcón. Publicó Peonía^ Ca- 
racas, 1890, novela en que se hallan mezclados el naturalismo 
zolesco en ideas y el realismo criollo en costumbres y lenguaje, 
obra que dio comienzo al criollismo ó literatura regional, que- 
luego imitaron muchos y para lo cual se fundó por la misma 
época (1892) la célebre revista El Cojo Ilustrado. Publicó después 
Marcelo, también de costumbres criollas, y en El Eco Andino,. 
además de la no acabada novela Episodios de la vida revolucio- 
naria, varias Acuarelas, de subido precio y bellísimo color vene- 
zolano y gran intensidad poética. 

Rafael Altamira y Crevea (n. 1866-), de Albacete, cate-- 
drático de la Universidad Central, culto pensador y muy eru- 
dito en estudios históricos, publicó la Historia de España y 
de la civilización española, compendió sustancioso, de criterio- 
imparcial, sobre todo teniendo en cuenta que pertenece á la Ins- 
titución libre de enseñanza, de la cual es, sin duda, el hombre 
de más talento. Es la mejor obra en su género escrita en Espa- 
ña y como historia interna puede decirse que la primera. 

Luis M. Urbaneja, venezolano, por seud. Achelpohl, escri-- 
tor verdaderamente artístico y bien enterado del idioma, que 
publicó novelas y cuentos del género criollo, sobre todo en Et 
Cojo Ilustrado, sobresaliendo por la hermosura de las descrip-- 
ciones pintorescas. Así en El Ultimo torero, Lo que se derrumba. . 



l8S ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Alejandro Urbaneja (n. 1860 ?-), de Caracas (Venezuela), 
Tedactor de La Unión Democrática, donde hay mucha doctrina 
constitucional, publicó acerca del mismo asunto y de derecho 
varias obras, como los Comentarios al Código Civil, El Dere- 
cho Constitucional Venezolano; colaboró en otros periódicos 
políticos, á veces con seudónimos, entre ellos el de Alejandro 
García Nieto. Tiene en prensa Lecciones de Derecho Penal. De 
mayor talento que su hermano Luis Urbaneja, es Alejandro un 
literato notable y escritor sesudo; pero no ha recogido su obra 
desperdigada. En el criollismo literario acércase mucho á Bolet 
Peraza, sin el chiste agudo, pero sí con parecida precisión al 
describir. Publicó Perfiles Parlamentarios, varios discursos, la 
novela de costumbres La Popocha, las críticas políticas tituladas 
Las San Migiieladas ; varias poesías, leyendas, novelas cortas 
y poemas humorísticos. Entre las mejores poesías: ¡Deten! Idi- 
lio, La Ley eterna,_ Todo está muerto, ¡TiV. 

3". A. Picón-Febres, La Literatura venezolana, 1906, pág. 200: 
^'Por su independencia, por su originalidad en el estilo, por el color 
venezolano de sus descripciones, por su tendencia á la naturalidad en 
los diálogos, no siempre muy feliz en fuerza de la excesiva é innece- 
saria vulgaridad de que algunos adolecen, y por su deseo vehemente 
de regeneración é innovación, Romero-García, en su primer novela de 
costumbres con cierto fondo politicosocial, y después en los amargos 
unas veces y otras regocijados cuadros de Marcelo, es un reformador; 
y bien así como de Flaubert y de Balzac proceden los naturalistas fran- 
ceses y de Fernán Caballero y de Alarcón los realistas españoles, de 
Romero-García descienden Nicanor Bolet Peraza (en sus Cuadros ca- 
raqueños), Betancourt Figueredo (en su novela Guillermo), Rafael 
Bolívar (en su chistoso cuento maleante Guasa pura), Urbaneja Achel- 
-pohl (en casi todo lo que ha escrito), Tosta García (en Don Secundino 
i^n París). Miguel Eduardo Pardo (en Todo un pueblo), Jacinto López 
(en su última novelita Graciela y en la vigorosa pintura intitulada Des- 
tinos), Rafael Cabrera IMalo (en la parte venezolana, que no en la fran- 
cesa ni tampoco en la disertativa, con subido color vargasviliano, de 
Mimí), Francisco de Sales Pérez (en La Guerra civil, excepción hecha 
de los diálogos, donde, aun cuando hay naturalidad y sencillez, se em- 
plea el pronombre personal como no se usa en Venezuela), Tulio Fe- 
bres Cordero (en sus cuentos y tradiciones regionales), Gil Fortoul 
(en cierta faz del Idilio y de Pasiones), Carnevali ^lonreal (en Boli- 
vita), Alejandro Urbaneja (en ¡Marchen!..., esbozo que vale una no- 
vela bien sentida), Blanco-Fombona (en Juanifo y en Molino de maís, 
ren El canalla San Antonio y Democracia criolla), y hasta el mismo 



S. XIX, 1890. LUIS M. URBANEJA 1 89 

Díaz Rodríguez (en su novela ídolos rotos)." ídem, pág. 390: "Novela- 
completa, en todo el rigorismo' del vocablo, no es Peonía^ porque la 
tesis no es verdad, porque le falta firmeza en los caracteres, intensidad- 
dramática, armonía en la disposición del plan y la unidad contmua que 
era imprescindible en el desenvolvimiento de la acción. Parece escrito 
de carrera, cálamo cúrrente... Como novela, es inferior á Todo un pue- 
blo, de Miguel Eduardo Pardo; como obra esmeradamente dvcistica, 
sobrepújala Guillenno, de Betancourt Figueredo, Peonía quiere ser el- 
perfil de Venezuela después de la autocracia del genera] Antonio Guz- 
ííi'xn Blanco, y desde luego no lo alcanza... Peonía se lee, se lee, se lee 
con interés hasta el final, y ya esto vale mucho. Las figuras que van 
apareciendo son exactas, efectivas, así como de carne y sangre y hueso, 
y además, de Venezuela, de esas que todos los días vemos y en todos 
los instantes. Romero García acusa allí un talento original é indepen- 
diente, y la manera con que él dice posee fisonomía única en nuestros 
anales literarios, carece de antecedentes y es inimitable. Otros le ga- 
narán en corrección, en tersura, en elegancia; nadie en fidelidad, en- 
expresiva sencillez, en lo vivo del dibujo y los colores. Por eso es el 
novelista criollo más criollo que tenemos y porque ni en Pcoiña, ni en 
Marcelo, ni en sus hermosas Acuarelas, henchidas de una melancolía 
profunda, imitó á escritor alguno ni de dentro ni de fuera del país.'* 

Publicó Altamira Historia de la propiedad comunal, Madrid, 1890.. 
La Enseñanza de la Historia, ibid., 1891. Mi primera campaña, crítica 
y cuentos, ibid., 1893. Fatalidad, Su amado discípulo. Sagrado sacer^ 
docio, novelas (con Juan Ochoa y Tomás Carretero), ibid., 1894. Cuen- 
tos de Levante, ibid., 1895. Novelitas y cuentos, Barcelona, 1896. De' 
Historia y Arle, 1898. Cuentos levantinos, 1900. Historia de España y 
de la civilización española, Barcelona, 1900-07, tres vols. ; 1909-11, cua- 
tro vols. ; 1913. Psicología del pueblo español, Barcelona, 1902, 1918. 
Historia del Derecho español, 1903. Deredw consuetudinario y econó- 
mica popular de la provincia de Alicante, 1905. Psicología y Literatura, 
Barcelona, 1905. Cosas del día, crónicas de literatura y arte, A^alencia, 
1908. España en América, ibid., 1909. Mi viaje á América, 1910. Fan- 
tasías y recuerdos, Alicante, 1910. Resumen histórico de la Indepen- 
dencia de la América española, 1910. Cuestiones de historia del derecho 
y legislación comparada, 1914. Cuestiones obreras, 1914. Filosofía de' 
la historia y teoría de la civilización, 191 5. 

Gonzalo Picón-Febres, La Literatura venezolana, 1906, pág. 420: 
"L. Urbaneja A. abunda como pocos en el color de la tierruca; es inte»'- 
resantísimo en la reconstrucción de viejas modas ya olvidadas, se deja 
admirar en la pintura de la vida popular y rusticana, se empeña en ser' 
escritor criollo hasta en el vocabulario extenso, y sobre asuntos bien 
pensados y verídicos ha hecho varias novelas cortas muy sentidas." 
L. M. Urbaneja: Las Brujas, 1908 (en El Cojo Ilustrado). Cuentos, 
San José de Costa Rica, 191 5. En este país, novela premiada, Buenos- 
Aires, 1917. 



1 90 ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

38. ATio iSpo. José Sanchís y Sivera (1867-1915), natural y ca- 
■nónigo de Valencia, por seudónimo Lázaro Floro, erudito y ameno 
•escritor, publicó Boixat p^r dcreta y esquerra, juguete, 1882 (inédi- 
to). Momentos de ocio, poesías, 1887 (inédito). Biografía del doc- 
tor don Niceto Alonso Perujo (en colaboración con don Godofredo Ros 
y Biosca), Valencia, 1890. La Semana Católica, trests., ibid., 1891-92-93. 
Apuntes criticohiográficos del doctor don Niceto Alonso Perujo (en el 
t. I, 2." ed. de Lecciones sobre el Syllabus. de dicho autor), ibid., 1894, 
Crónica del primer Congreso Eucarístico, dos vols., ibid., 1894. Histo- 
ria de San Vicente Ferrer, ibid., 1896. Dios, ibid., 1896. El Alma, ibid., 
1896. La Revelación, ibid., 1897. El Mundo, ibid., 1897. De Valencia 
á Cádiz, apuntes de mi cartera, ibid., 1901. El Hombre, ibid., 1901. Pró- 
logo á la Gramática griega de Carlos Rossi, Madrid, 1902. Dos meses 
en Italia, impresiones y recuerdos, Valencia, 1902. El Mejor veraneo, 
apuntes de un viaje á Suiza ^ Dos días en Lourdes, Una excursión á la 
Cueva Santa, ibid., 1903. Por Levante, notas de viaje (en Las Provin- 
cias), ibid., 1904. Una visita al gran San Bernardo (en Las Prozñncias), 
ibid., 1905. Cuentos y sucedidos: Malalma, La Fiesta del lugar. En 
medio del arroyo. El Morrnt, El Tío Butoni, La Primera Comunión 
■ de Luisita, etc., etc. (en diferentes periódicos, revistas y almanaques). 
De Alemania, notas de viaje, Valencia, 1906. Todos los pueblos que se 
entregan, sucumben (con premio en los Juegos Florales de Torrente 
en 1901, inédito). Una excursión á Mallorca, ^Mallorca, 1905. Novena 
en honor de San Federico, Valencia, 1897. La Dramática en la Cate- 
dral de Valencia durante la Edad Media, ibid., 1909. El Miguelete y 
sus campanas, ibid., 1909. La Catedral de Valencia (premiada), ibid., 
1909. Devociones Josefinas, seis ediciones, ibid., 1910. Excursiones ve- 
raniegas: Apuntes de varias correrías á Bélgica, Holanda, Londres y 
París (en Las Provincias), 1910. Notas á la obra Teodoro Llórente, 
por Juan Navarro Reverter, Barcelona, 1910. La Iglesia parroquial de 
San Martín de Valencia (premiada, publicada en la revista Lo Rat 
Penat), Valencia, 1912. Biografía del excelentísimo señor don Teodoro 
Llórente (trabajo premiado y publicado en la revista Lo Rat Penat), 
ibid., 1912. Relojes públicos en Valencia durante la Edad Media, ibid., 
1913. Seo de Urgel y Valencia, crónica de las fiestas celebradas en 
Ivonor del obispo don Juan Bénlloch, ibid., 1913. La Iglesia parroquial 
de Santo Tomás de Valencia (premiada), ibid., 1913. Pintores medie- 
vales en Valencia, Barcelona, 1914. El País de los Faraones, impresio- 
nes y recuerdos, Valencia, 19 14. Diccionario de artistas medievales de 
Valencia (orfebres, ceramistas, escultores, herreros, libreros, etc.), 
inédito. 

Pedro José Rada y Gamió (n. 1871-), de Arequipa (Perú), dipu- 
tado, catedrático de Literatura castellana en aquella Universidad, del 
Consejo de Instrucción pública, encargado de Negocios cerca de la 
Santa Sede,' escritor culto, erudito historiador, publicó El Quijote, dis- 
'Curso, Arequipa, 1890. El Cristianismo ante la Historia, conferencia, 



S. XIX, 1890. ?.ÍAXUEL GÓMEZ MOREXO I9I 

ibid., 1894. VoUaire, discurso, ibid., 1899. La Producción de la riqueza 
y el Per II, ibid., 1899. La Mujer incomparable (Santa Teresa), confe- 
rencia, Romas 19 14. La ca peruana, discurso, ibidj., 19 15. El Pe^ú 
Gntico, conferencia, ibid., 1917. El Arzobispo Goyeneche y apuntes para 
la historia del Peni, ^ihid., 1917. La Crisliada, discurso, Madrid, 1917. 
La Actitud del Papa en la guerra, Lima, 1918. 

Anselmo Gascón de Gotor (n. 1865-), de Zaragoza, celebrado pin- 
tor, profesor de Dibujo en el Instituto de Huesca, muy erudito en 
historia del arte, director de España Ilustrada, Semanario Ilustrado 
íde Zaragoza) y El Diario de Huesca; colaborador de muchas revis- 
tas, publicó, sobre todo, la alabadísima en toda Europa Zaragoaa, ar- 
.tística, monumental é histórica, dos vols., Zaragoza, 1890 (en colabo- 
ración con su hermano Pedro). Folletos: La Torre Nueva de Zaragosa 
(con id.), 1892. El Escidtor Damián Formenf en los quince primeros años 
del siglo xvi (en Bol. Acad. Hist.). En Nuestro Tiempo : Custodias pro- 
cesionales de España, 1902; VI Congreso internacional de arquitectos 
1904; Cómo se desarrolló el arte francés en las regiones gallegas, 1905; 
/;/ Castillo de Loarre, 1906; Exposición hispanofrancesa, 1908; Damián 
Forment, 191 1; El Renacimiento del arte en España, 1912; Carpintería 
artística aragonesa de los siglos xiii al xvi, 1913 ; El Arte barroco 
1915. En Museum: Campanarios mudejares de Aragón, 191 1; La Ca- 
tedral de Huesca, 1912; Arquetas de Aragón, El Arte romano, 1915; 
La Aljafería árabe, La Aljafería mudejar, Mobiliario de las iglesias 
de Aragón, Las Catacumbas de Zaragoza, Escultores del Renacimiento 
en Aragón, El Arte barroco en Aragón, El Arte románico en el Alto 
.Aragón. En Por Esos Mundos: El escultor y arquitecto Martín Tudela, 
191 1 ; Zaragoza y el Pilar, 1912. En Mundial: La Catedral del Salvador, 
1913. El Castillo de Loarre, estudio, Barcelona, 1916. Además publicó 
El, Corpus Christi y las Custodias procesionales de España, IMa- 
-drid, 19:7. 

Pedro Gascón de Gotor (1870- 1907), de Zaragoza, presbítero, in- 
.signe arqueólogo y conocedor del arte español, como su hermano. An- 
selmo, con quien publicó Zaragoza artística, monumental é histórica, 
ibid., 1890, y La Torre Nueva de Zaragoza, 1892. De por sí: Rosario 
de Nuestra Señora del Pilar, 1891. El Padre Cuartero, 1895. Asturias 
y Aragón en la Reconquista, 1909. Dejó conferencias y sermones inédi- 
tos. Fué colaborador de La Ilustración Española (1897-99), Blanco y 
Alegro (1892...), El Gato Negro (1898) y Para Todos (1902). 

Manuel Gómez Moreno Martínez (1870- 19 18), de Granada, profe- 
sor del Sacro Monte hasta 1905 y catedrático de Arqueología arábiga en 
la Central desde 1913, publicó Monumentos romanos y visigóticos de 
Granada, ibid., 1890 (en el Boletín del Centro Artístico). Antigüedades 
cristianas de Martos, Granada, 1897. Arte y Cul'o, ibid., inoo. Arte de 
■grabar en Granada, 1900 (en Revista de Archivos). Sobre Arqueología 
primitiva en la región del Duero, 1904 (en Bol. Acad. Hist., t. XLVI). 
Xa Cuna de la Reina (Isabel I), 1904 (en Bol. Sociedad Cast. Excur- 



192 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sienes). La Intna culada de Monterrey^ 1904 (en Basílica Teresiana)^ 
El Arte cristiano entre los moros de Granada, 1904 (en Homenaje á 
Codera). De Hiberis á Granada, 1905 (en Bol. Acad. Hist., t. XLVI). 
Arquitectura tartesia, 1905 (en Bol. Acad. Hist., t. XLVII). El Retablo 
de la Catedral vieja {de Salamanca) y Nicolás Florentino, 1905 (en 
Bol. Soc. Cast. Excursiones). El Primer Monasterio español de cister- 
cienses: M óremela, 1906 (en Bol. Soc. Esp. Excursiones). Nuevo nti- 
liario del BierBo, 1906 (en Bol. Comisión Provincial Monum. de Oren- 
se). Catálogo monumental de Avila, 1907. Inscripciones r^m:.nas del 
Bierzo, 1907 (en Bol. Com. Prov. de Monum. de Orense). El Municipio 
ilurconense, 1907 (en Bol. Acad. Hist.). La Civilización árabe y sus 
monumentos en España, 1906 (en Cultura Española). Santo Tomás de 
las Ollas, 1908 (en Bol. Soc. Cast. Excursiones). Un trésor de pinturas 
inédites du xv' siécle á Grenade, 1908 (en Gasette de B^aux-Arts). 
Siinta Marta de Tera, 1908 (en Bol. Soc. Esp. Excursiones) . Garci Fer- 
nández, pintor de Sevilla, 1908 (en Cultura Española). Pictografías 
andaluzas (Anuari de l'Institut de Estudis Catalans), Barcelona, 1908. 
La Legio VIP Gemina ilustrada (id.), 1909. Vasco de la Zarza, escul- 
tor, 1909 (en Bol. Soc. Cast. Exc). ¿Joosken de Utrech, arquitecto y 
escultor f, 191 1 (en Bol. Soc. Cast. Exc). Materiales de Arqueología 
artística, Madrid, 1912. De Arqueología mozárabe, 1913 (en Bol. Soc. 
Cast. Exc). La Capilla de la Universidad de Salamanca, 1914 (en Bol. 
Soc Cast. Exc). La Civilización árabe y sus monumentos en España 
(lecciones del VIH curso internacional de expansión comercial), Bar- 
celona, 1914. Retablo atribuido á Berruguete en Santa Úrsula, de To- 
ledo, 1915 (en Bol. Soc. Cast. Exc). El Cristo de San Plácido, 1916 
(en Bol. Soc. Esp. Exc). Pinturas de moros en la Alhambra, 1916. Los 
libros titulados Iglesias mozárabes y Arte mudejar toledano, actual- 
mente (1917) en vías de publicación. Cosas granadinas de Arte y Ar- 
queología, Granada (s. a.). 

Tomás Guevara, chileno, rector del Liceo Lastarria, erudito his- 
toriador regional, publicó Historia de Curicó, Santiago, 1890. Inco- 
rrccíones del castellano en Chile, 1894. Historia de la civilización de 
la Araucania, tres vols., Santiago, 1900-02, Costumbres judiciales y 
enseñanza de los araucanos, 1904. Psicología del pueblo araucano, 1908. 
Los Araucanos en la guerra de la Independencia, 1910. Folklore arau- 
cano, 191 1. P.aza chilena, 191 1. Las tUtimas familias y costumbres arau- 
canas, 1913. 

El padre Juan ]Mir y Noguera (1840-1917), de Palma de Mallorca, 
jesuíta (1856), hermano del escritor Miguel, enteradísimo en el habla 
castiza y aborrecedor de todo galicismo en sus obras literarias, bien 
que al escribir imite exageradamente á los clásicos y emplee algunos 
galicismos en las obras de controversia, publicó La Creación, Madrid, 
1S90, 1891, 1903. El Mil-agro, 1895, 1915. La Religión, 1899. Frases de 
autores clásicos españoles, 1899. La Profecía, tres vols., 1903. Centé-^ 



S. XIX, 1890. ERNESTO C. BALLESTEROS igS 

nario quijotesco, 1905. La Inmaculada Concepción, 1905, Rebusco de 
voces castizas, 1907. Prontuario de hispanismo y barbarismo, dos vols., 
1908, su mejor obra, importantísima, que inutiliza la de Baralt sobre 
galicismos. El Triunfo social de la Iglesia católica, dos vols., 1909. 

Manuel V. Ballivián, boliviano, publicó Exploraciones y noticias 
hidrográficas de los ríos del Norte de Bolivia, La Paz, 1890. La Ex- 
ploración del Beni, ibid., 1896. Demarcación de límites con los Estados 
Unidos del Brasil, ibid., 1897, Noticia polít., geográf., industr. y 
estad, de Bolivia, ibid., 1900. Documentos para la Historia geográfica 
de la Rep. de Bolivia, ibid., 1906. Monumentos prehistóricos de Tihua- 
nacú, ibid., 1910. 

39. Año i8po. Vicente de Agosta (f 1908), salvadoreño, fundador 
de La Quincena, publicó La Lira joven, San Salvador, 1890. Otras poe- 
sías en revistas. — Agar, Escritos literarios, Buenos Aires, 1890, 1893. 
Literatura histórica, 1901. — Isidro Albarrán y Nogueira estrenó 
La Estrella maldita, drama, 1890. — JoáÉ Almoina y Caballero, direc- 
tor en Valladolid (1895) de La Verdad y allí fallecido (1896) ; estrenó 
Juez en causa propia, drama, 1890. Charadas literarias, Valladolid, 
1893. — Alvarez Alarcón y Terán Pujol publicó El Barranco de los 
cuervos, novela, Madrid, 1890-91, dos vols. — Antonio Alvarez y 
Alvarez, cubano, publicó Ensayos poéticos, 1890. — Roberto Andrade 
publicó Estudios históricos: Montalvo y García Moreno, Lima, 1890. — 
Luis de Ansorena (f 1904), abogado, colaborador de La Ilustración 
Española, Madrid Cómico, La Gran Vía, Blanco y Negro y Pluma 
y Lápic (1902), publicó El Buen Jeromo, poema en cuatro cantos, 
Madrid, 1890. La Señora de Moreno, juguete cómico, 1891. El Mo~ 
délo, juguete, 1892. La Fea, novela, 1893. Versos, 1894. Cosas de ayer, 
\ersos. El Puñal de Albacete. María Cruz, novela. — Las Floridas, 
fragmentos de discursos de Lucio Apuleyo, y El Demonio de Sócra- 
tes, del mismo, Madrid, 1890 (t. CXLIII, Bibl. Clás., por anónimo). — 
Joaquín N. Aramburu (n. 1856-), de Guanajay (Cuba), director de 
La Luz y redactor del Diario de la Marina (1914), publicó Grande- 
zas asturianas, colección de leyendas..., 1890. Ráfagas y brisas, poe- 
sías, 1892. Un detallista feliz, novela, 1892, 1912. Prosa y verso, Gua- 
najay, 1895. Páginas íntimas, poesías, ibid., 1895. Lo que hace tí 
dolor, drama. A. Moral: algunas de sus obras, ibid., 1906. Páginas, 
prosa y verso. Habana, 1907. — Ginés Arberola publicó El Sochantre 
de mi pueblo, novela, Madrid, 1890. — Máximo de Arredondo publicó 
Julián Gayarre, estudio crítico-biográfico, Madrid, 1890. — Ramón Ar- 
VF.LO, poeta venezolano, publicó Poesías completas, Curaqao, 1890. — 
M. Bahamonde publicó En el Pindó, Buenos Aires, 1890. — J. Amadeo 
Baldrich, montevideano, publicó Las Comarcas vírgenes: El Chaco, 
2.' ed., Buenos Aires, 1890. Historia de la guerra del Brasil, ibid., 1905. 
Donato Alvarez: su vida militar, ibid., 1910. — Ernesto C. Ballesté- 
eos publicó Zulema, idilio amoroso, Buenos Aires, 1890. — Lisardo Ba- 

TOMO X. — 15 



194 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

BREiRO, gallego, escribió Esbozos y siluetas de un viaje por Galicia, 
Coruña, 1890 (Bibl. Gall.). — José María Baytón y Machado (n. 186 1-), 
zaragozano, funcionario de Hacienda, publicó Mesa revuelta, Ubeda, 
1890. — Carmen Beceiro de Pato publicó Zamoranas y La Sortija del 
negro, Barcelona, 1890. — jAiArc Bendicho publicó Blasones de los lina- 
jes viejos y nuevos de Alicante y de varios reyes, títulos, villas y ciu- 
dndes de España, Valencia, 1890. — M. Benítez Veguillas, andaluz, cabo 
de la Guardia civil, puljlicó Celajes, poesías, Habana, 1890. Geografía 
histórica de la isla de Cuba..., 1891. Cuba ante la Historia, 1897. — El 
Duque de Berwick y de Alba, Gutierre Gómez de Fuensalida pu- 
blicó Conquista de Ñapóles y Sicilia y relación de Moscovia; precede 
una noticia de la vida y escritos del autor, por A. Paz y Melia, M,a- 
drid, 1890. Correspondencia de Gutierre Gómez de Fuensalida, emba- 
jador (1496-1509), 1907- Noticias históricas y generales de los Estados 
de Montijo y Teba, 1915. — Biblioteca del Instituto Nacional de San- 
tiago de Chile, ibid., 1890, varios tomos. — Gabriel Briones y Esquivel 
(n. 1870-), sevillano, redactor de La Época desde 1891 ; como dramá- 
tico valió poco. Colaboró con Flores-García y en La Manzana de oro 
con Melantuche. Es persona culta. Publicó Cuentos, 1895. Fuertes y 
dibiles. Las Damas negras y Rosario, comedias; Las Parandas y María 
del Pilar, La Manzana de oro (1906), El Hijo de Buda (1906) y El 
Gaitero de la aldea (con García Conde, 1917), zarzuelas; Las Trave- 
suras de Fígaro, comedia; La Mxijer del Tremendo (1897), El Marido 
pintado (1898) y El Baile de cabezas (1905), juguetes cómicos. Muñe- 
ees de París, Madrid, 1918. — Emilio Cabanellas publicó Veladas mi- 
litares, Cartagena, 1890. — José Caldeiro estrenó Los Buenos informes, 
juguete, 1890. Rigoleto, id., 1891. — Vicente Calvo Acacio (n. 1870-), 
valenciano, publicó Serojo, cantares ; Novelas cortas. Fortaleza, nove- 
la; Los Reyes mudos. Humanidad, Escritores valencianos contem-po- 
ráneos. Cuentos y novelas, Valencia, 1901. — Ramón O. Callagham pu- 
blicó La Catedral de Tortosa, ibid., 1890. — José María Campoy. pres- 
bítero de Lorca, director de El Heraldo Lorquino (1890), publicó Na- 
rraciones lorquinas, Lorca, 1901. El Fuero de Lorca, Toledo, 1913. — 
Francisco Camps y Feliú, coronel, publicó Españoles é insurrectos, Ha- 
bana, 1890. Consúltese T. Arnedo, El Cor. F. C, 1879. — Francisco CÁ- 
KOVAs Y CoBEÑo (f 1904), de Lorca, publicó Historia de... Larca, ibid., 
1890. — De Cantabria : letras, artes, historia^ su vida actual, por autores 
nontañeses, Santander. 1890. — Leonor R. Caravantes publicó Flores 
y espinas, poesías á la Virgen, Valladolid, 1890. — Francisco Carbo- 
nell, redactor de El Correo, La Tribuna, etc., publicó La Ultima pe- 
seta, novela, Madrid, 1890. — Osw.\ld A. Carr, habanero, publicó Po- 
quita cosa, epigramas, Habana, 1890. — Jesús Carrascosa publicó 
Soledades, 1890. — Maximino Carrillo de Albornoz publicó Roman- 
cero de "El Ingenioso hidalgo don Quijote-', Madrid, 1890, dos vols. — 
El Licenciado Céspedes publicó Colección de verdades amargas, crí- 
ticas, Madrid, 1890. — P. B. Cobo publicó Historia del Nuevo Mundo, 



S. XIX 1890. JOSÉ GABRIEL GARCÍA IQS 

Sevilla, 1890-95. — Guillermo Luis de Conde, redactor de L.j Na- 
ción (1895), El Nacional (1896...), El Liberal (1902), publicó La Torre 
de la gloria, poema, Madrid, 1890. Dos pasiones, poema, 1890. Pasa- 
tiempos, 1896. — Enrique de la Cuadra y Gibaja publicó Historia del 
Colegio Mayor de Santo Tomás de Sevilla, ibid., 1890, dos vols. — 
Pascual Cucarella y Candel, director en Játiva de El Clamor Seta- 
bense, publicó Perjurio, poema, Játiba, 1890. Setabenses ilustres, Car- 
cagente, 1916. Epistolario íntimo, 1918. — Chistes hechos por diversos 
¿\utores, Sevilla, 1890. — Fray Casimiro Díaz, agustino toledano, dejó 
inédita la obra Conquistas de las islas Filipinas, publicada en Vallado- 
lid, 1890. Fray Gaspar de San Agustín publicó la primera parte 
en 1698 (véase), — José Díaz (ó Díez) y Macías (n, 1869-), de Badajoz, 
colaborador de La Crónica de Badajos (1888-91), director de El Orden 
(1888-95), publicó Los Hijos del mar, 1890. La Huelga, poema social, 
1897. Fabianelo, id., Badajoz, 1897. Laura, 1899. María Cruz, poema 
social, 1910. Don G. Núñez de Arce, discurso. — Vicente Díez de Te- 
jada (n. 1872-), madrileño, publicó El Primer acorde, poesías. Uno más, 
monólogo en verso. Cuentos piadosos, 1897. Chinitas, fK>esías, 1898. 
Prosa. ¿Quiere usted ver la casa?, juguete cómico. ¡Cosas de los mo- 
ros!, 1906. Ninette, novela, 1908. Los Elegidos, 1910. Cuentos de '■'•Bian- 
£0 y Negro", 1912. Muestras sin valor. De la Ceca á la Meca, viajes. 
Crónicas baratéis. Cuentos mundanos. F-ango. Matrimoniales, cartas. 
El Escapulario Rothschild. — Julio Enciso publicó Estudio crítico-bio- 
gráfico de Gayarre, por Mariano de Arredondo, Madrid, 1890. Memo- 
rias de Julián Gayarre, ibid., 1891. — Adalberto A. Esteva publicó El 
Libro del amor, Méjico, 1890. Antología mexicana, ibid., 1893 (de los 
prosistas y poetas). El Libro azul, poesías, Barcelona, 1915. — Eugenia 
N. Estopa publicó Cantares, Gibraltar, 1890. — Maximino Fernández, 
asturiano, estrenó San Isidro, revista cómicolírica. Habana, 1890. La 
Lira costarricense. — Víctor Fernández Llera (n. 1850-), santanderino, 
catedrático del Instituto de Tarragona, Murcia y Santander, editó Te- 
rencio, de Simón Abril, refundido y anotado, Madrid, 1890. Obras com- 
pletas de Cicerón, ts. XI-XVII de la Biblioteca Clásica (con Sandalio 
Díaz Tendero y Juan Bautista Calva), 1897-1901. Incongruencias y 
desplantes, Santander, 1918 (con seudónimo de Juan de Hoznayo). — 
Concepción Galarraga de Salazar, cubana, publicó Predestinación, 
novela de costumbres cubanas, Barcelona, 1890, dos vols. — Tesi- 
ionte Gallego y García (1862-1913), periodista español, diputado 
(1904), director de Agricultura (1913), publicó Cxiba por fuera. 
Habana, 1890, 1892. La Insurrección cubana, Madrid, 1897. — Modesto 
Garcés, ingeniero colombiano, publicó Un Viaje á Venezuela, Bogotá, 
1890. — Domingo García Peres, portugués, publicó Catálogo razo- 
nado biográfico y bibliográfico de los autores portugueses que es- 
cribieron en castellano, Madrid, 1890 (sólo el t. I). — José García 
González publicó El Mal, novela, dos vols., Barcelona, 1890. — José 
Gabriel García, dominicano, publicó en varios tomos la mejor His- 



196 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

foria de Santo Domingo. Guerra de la separación dominicana, San- 
to Domingo, 1890. Colección de los Tratados internacionales celebra^ 
dos por la República Dominicana, ibid., 1896. — Enrique Gesta y Gar- 
cía estrenó ¡Expiación!, drama, 1890. — Felipe Gómez Humarán pu- 
blicó Sepulcro de carne, novela, Madrid, 1890. Destrucción, novela, 
1892. El Contagio, poema, Madrid, 1892. Arpegios, 1896. — Milagros 
Gómez Soler publicó Hojas secas, ensayos, Alicante, 1890. — Gabriel 
González Prats estrenó Blas el labriego, juguete, 1890. — Melitón 
González publicó El Gran Chaco argentino, Buenos Aires, 1890. — 
Protasio González Solís y Cabal (n. 1829-), de Oviedo, donde fundó 
El Industrial (1855), que se convirtió en El Independiente, después en 
El Faro Asturiano, publicó Memorias asturianas, Madrid, 1890. — 
Antonio Guerra y Ojeda publicó Mesa revuelta, poesías, Madrid, 
1890. Los Enfermos del alma, comedia, Sevilla, 1906. — Rafael Guerre- 
ro, director en Barcelona de Las Noticias (1902), publicó Chifladuras, 
Barcelona, 1890. Crónica de la guerra de Cuba, ibid., 1895-97, cinco vols. 
Don Juan Tenorio, historia novelesca, ibid., 1898 (3.* ed.). El Rey de 
los campos, ibid., 1898 (2.* ed.), 1903. — Luis Ramón Guzmán, venezo- 
lano, publicó Desamparada, 1890, episodio nacional de encantadora 
sencillez y fuerza dramática. — Hatuey, guajiro cubano, publicó Ecos 
de la Habana, décimas campestres. Matanzas, 1890. — Inocente Her- 
vÁs Y BuENDÍA (-j- 1915). de Ciudad Real, publicó Diccionario histórico- 
geográfico de la provincia de Ciudad Real, ibid., 1890-92. — Manlkl H. 
Hurtado publicó Obras poéticas y literarias, Santiago de Chile, 1890. 
— Narciso Jaén y Rosales publicó Cuentos morales, Madrid, 1890. 
Esposa y madre, ibid., 1891. — Diego Jiménez Prieto, sevillano, acep- 
table escritor que falleció harto joven para que pueda barruntarse lo 
que hubiera podido hacer; redactor de La Época (1896), colaborador 
de Madrid Cómico, etc., publicó Blanco y Negro, artículos varios, Ma- 
drid, 1890. Estrenó Los de Albacete, juguete (con J. R. Candela), 1894. 
Roberto, id., 1894. La Torre de Babel, zarzuela, 1897. El Segundo avi- 
so, id. (con R. Alfonso Candela), 1897. La Tiple mimada, 1899. M-ulti- 
colores, versos, Jaén, 1901. El Favorito del duque, 1902. El Mozo crúo 
(con F. Pérez Capo), 1903. La Vendimia (con A. Jiménez Guerra), 
1904. Flor de mayo (con Pérez Capo), 1904. El Tío Calandria (con id.), 
1906. Aires nacionales (con id.), 1906. El Príncipe real (con Pérez Oli- 
vares), 1907. — Francisco de Asís Jiménez Moya, director de Madrid 
Alegre y de una Biblioteca de la Juventud Literaria (1890), redactor 
de La Época (1903), recopiló Mil y un cantares, Madrid, 1890. — Julio 
Dü Lanzas publicó Nebulosas, poesías, Madrid, 1890. — Ernesto León 
Gómez (j- 1892), de Bogotá, hermano de Adolfo, fué poeta becqueriano 
y compuso el hermoso soneto El Suicida. Publicó Poesías, Bogotá, 
1890, y los folletos Diálogos historiales y Como en un sueño. — H. C. 
Leyva y Aguilera publicó Primer viaje de Colón, Habana, 1890. — 
Lira costarricense, colección de composiciones de poetas de Costa Rica, 
San José, 1890. — Emilio López Domínguez publicó Poesías religiosas. 



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S. XIX, 1890. CAMILO MILLÁX y VILI^NUEVA 1 97 

Córdoba, 1890. — Fernando López Toral publicó El Evangelio de los 
comerciantes ó explicación de los refranes, proverbios, adagios, axio- 
mas, locuciones y máximas de gran importancia para todos cuantos se 
dedican á la práctica del comercio, Zaragoza, 1890, 1899. Quiero ser 
comerciante, 1903. — Roberto López publicó El Grano de mostaza, ar- 
tículos, Barcelona, 1890, 1897. — Magdalena, novela histórica para niños, 
Madrid, 1890. — Domingo Malpica La Barca (1836-1894), director de 
El Progreso (1874), publicó En el cafetal, Habana, 1890. Colección de 
cuadros antiguos, 1903. — Antonio M. Manrique, canario, publicó Gua- 
tiahanr: investigaciones histórico-geo gráficas sobre el derrotero de 
Cristóbal Colón, Arrecife, 1890. — Vicente Martín y Mañero publicó 
Historia eclesiástica de Valparaíso, ibid., 1890, dos vols. — José Mauri, 
de Santiago de Cuba, autor de 40 zarzuelas, mediano poeta, estrenó 
Monomanía musical, zarzuela., Habana, 1890, Cantos de la vida, poe- 
sías, 1906. Misterios, 1909. El Quinto, no matar, comedia, 1909. El Sue- 
ño fantástico, poema, 1910. El Delincuente, melodrama. La Hormiga 
blanca, comedia, 1910. Los Magnánimos, drama. Crimen ajeno, co- 
media. Conquista del Nuevo Mundo, poema, 191 1. Odas patrióticas, 
1913. — Memorias de la Academia Nacional de Historia, de Venezuela, 
Caracas, 1890. — Manuel I^Ienéndez Martín estrenó En la Casa de So- 
corro^ juguete, Madrid, 1890. — Rafael Mesa y de la Peña, director de 
El Teatro (1890), La Voz Conservadora (1891), redactor de La Corres- 
pendencia Militar hasta 1903, fundador de El Defensor de los Pueblos 
(1903), publicó Los Pecados capitales, cuentos, Madrid, 1890, Secretos 
de confesión, novela, 1890. El Amor de un ángel, poema, 1891. Narra- 
ciones infantiles, 1895. Antología de las Cortes desde 1886 á i8po, lla- 
madas de la Regencia^ 1912. Antología de las Cortes de ipo^ á 1907, 
19 13. — Fray Manuel (Fraile) Miguélez (n. 1864-), de La Bañeza 
(León), agustino (1883), redactor de La Ciudad de Dios, publicó Un 
proceso inquisitorial de alumbrados de Valladolid ó vindicación y sem- 
blanza de la Monja de Gorrión, Valladolid, 1890. Jansenismo y Rega- 
lismo en España, ibid., 1895. Los Tesoros de la Cruz, lecturas, Madrid, 
1902. Trabajos de Jesús, del padre Tomé de Jesús, edic. 1902. Los 
Nombres de Cristo, de Fr. Luis de León, ed. 1907. Flores y espinas, 
poesías de doña Leonor Caravantes y suyas (s. a.). La Independencia 
de México en sus relaciones con España, 191 1. Las Relaciones histó- 
rico-geográficas de los pueblos de España, hechas por orden de Feli- 
pe II, 1915. Catálogo de los códices españoles de lu Biblioteca de El 
Escorial, t. L Relaciones históricas {Felipe II), 1917. Sobre el verda- 
dero autor del Diálogo de la lengua, 1918. — Camilo Millán y Villa- 
nueva (-j- 1908), de Barcelona, por seudónimo Pero Ñuño, militar, di- 
rector de El Eco de Filipinas (1892), colaborador de Pluma y Lápie 
(■.903), estrenó El Cantaor, parodia de El Trovador, Manila, 1890. El 
Gtnio de Peral, apropósito, 1890. El Pico de las Cigüeñas, leyenda, 
1891. llocos Norte, 1891. Juicios de Dios, kyenda, 1891, Aparición de 
Nuestra Señora de Manaoag, 1S91. El Secreto de un médico, comedia. 



igS ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1892. El Gran problema de las reformas en Filipinas, 1897. La Cruz 
del valle, leyenda, 1898. Un drama en el sijglo xxi, novela, 1903. — Pas- 
cual MiLLÁN (-j- 1906), de Sigüenza, militar hasta 1875, por seudónimo 
Allegro y Varetazos, director de Sol y Sombra, muy entendido en tau- 
romaquia, escribió en El Arco Iris (1867), El País (1898), La Corres- 
pondencia (1899), La Lidia y El Dia. PublTco Los Toros en Madrid, 
estudio histórico, Madrid, 1890. Corazón y brazos, novela, 1891. Los 
Novillos, estudio histórico, Madrid, 1892. Menudencias, novela, 1892, 
Fuerza mayor, novela, 1892. Gonzalo, Pérez y Compañía, novela, 1895. 
Biarrits y sus cercanías, 1897. Quince bajas, drama, 1898. Caireles de 
oro, toros é historia, 1899. Trilogía taurina (tres partes) : En la Re- 
dacción, en la Plaza, Fraternas, 1905-06-07. Iconografía calderoniana. 
La Escuela de Tauromaquia en SezUla. Tipos que fueron. Falstaff, es- 
tudio crítico. — Miguel Moya y Oyangurek (n. 1856-), madrileño, di- 
rector de El Liberal (1890) y de la Sociedad Editorial de España, pu- 
blicó Oradores políticos, perfiles, Madrid, 1890. — Pedro Muntadas 
(1847-1899), catalán, publicó Sermón, Habana, 1890. Discursos litera- 
rios, ibid., 1890. — Agustín Muñoz y Gómez, poeta jerezano, colaborador 
de El Guadalete (1886), publicó Juan Pecador y sus hospitales^ Jerez, 
1S90. Noticia histórica de las calles y plazas de Jerez, ibid., 1903. — 
Juan MuRiLLO M. publicó Historia del Ecuador de 18 j6 á 1888..., San- 
tiago de Chile, 1890. — Luis Navarro y Porras, de Pedro Abad (Cór- 
doba), publicó El Cautivo, novela, Córdoba, 1890. Isabel de Fajardo, 
novela. Venganza sin ofensa, novela. Un episodio de la guerra de la 
Independencia, novela. — Fray Hermenegildo Nebreda (n. 1866-), de 
Espinosa (Burgos), benedictino de Silos (1883), subprior, director del 
Boletín de Santo Domingo de Silos, publicó Traducción de la vida de 
Santa Caritina, de Matafraste, Aíadrid, 1890. Vida y milagros de San 
Benito, por San Gregorio Magno, Tournai, 1905. Traducción de los 
ejercicios espirituales de Santa Gertrudis, Friburgo, 1907. Espejo del 
alma religiosa, de L, Blosio, Barcelona. 1907. La Pasión de Jesucristo, 
de L. Blosio, ibid., 1908. Traducción del Espejo espiritual, de L. Blosio, 
Einsiedein, 1909. Meditaciones, del padre Benito Uría, Barcelona, 1909. 
Joyel espiritual, de L. Blosio, ibid., 1910. — Santiago Ojea y Márquez 
publicó El Reinado de Jesucristo, Toledo, 1890. La Vida feliz, 1894. 
Luz del Cielo, ó sea Homilías de actualidad sobre las Epístolas de San 
Pablo, dos vols., 1899. Tesoro del Corazón de Jesús, dos vols., 1900. 
Arsenal predicable, 1901. Catecismo magno predicable, 1901-02 (2.' ed.). 
Crisol divino, obra predicable, 1903. Fe y Razón, dos vols., 1904. La 
Predicación de San Pablo, cuatro vols., 1905-06. Alivio del Párroco, 
1905. Floresta espiritual, dos vols., 1908. Grandezas de San José, 1909. 
La Sagrada Familia, ó sea el Libro del Pueblo, 1909. La Voz evangéli- 
ca, ó sea Homilías de actualidad sobre los Santos Evangelios. La Puer- 
ta del Cielo, ó sea vida... de la Santísima Virgen, dos vols. Fuente de 
santidad y ciencia. El Sagrado Corazón de Jesvs retratado en sus pa- 
rábolas. Veni mecum de predicadores. Ley de Amor. Maravillas divi- 



S. XIX, 1890. ALFREDO PILOTO 1 99 

fias. — El Marqués del Olivart publicó Colección de los Tratados, 
Convenciones y Documentos internacionales celebrados por nuestros 
Gobiernos con los Estados extranjeros desde el reinado de doña Isct- 
bel II, Madrid, 1890-1911, 14 vols. Tratados y actos internacionales de 
España desde la mayoría de S. M. don Alfonso XIII, Madrid, desde 
1902-11, 14 vols. — E. Orbaneja y Majada publicó El Saber del pueblo 
ó ramillete formado con los refranes castellanos, frases proverbiales, 
aforismos..., Valladolid, 1890. — Luis Orellana y Rincón publicó En- 
sayo crítico sobre las novelas ejemplares de Cervantes, con la biblio- 
grafía de sus ediciones. Valencia, 1S90. — G. Orsi de Mombello, ita- 
liano, que estuvo en Venezuela, publicó Venezuela y sus riquezas, 
Caracas, 1890. — Fernando Ortega estrenó De murallas adentro (con 
G. de Arboleya), 1890. — Juan Ortiz estrenó La Isla de Florestán, zar- 
zuela., Santa Clara (Cuba), 1890. — Carlos Ossorio íy Gallardo 
(n. 1864-), madrileño, archivero, redactor ó director de El Cronista 
(1898), El Resumen (1891), El Noticiero Universal, La Vida de la 
Corte, La Niñea, La Ilustración Española, La Ilustración Ibérica, El 
Mundo de los Aliños, La Crónica del Sport, Madrid Cómico, La Lidia, 
La Ilustración Católica, Diario de Bilbao, Blanco y Negro, Barcelona 
Cómica, El Gafo Negro, director de Pluma y Lápiz (1902), publicó 
Vida moderna, manchas de color, 1890. Manual del perfecto periodista 
(con su hermano Ángel), Madrid, 1891, Crónicas madrileñas, ibid., 
1893. Cuentos del otro jueves, Barcelona, 1896. ¡Pues, señor...!, cuen- 
tes. El Bmle. — Edua>rdo Palacios estrenó Los Forasteros, jug-uete, 
1890. — Antonio Peñafiel publicó Monumentos del arte mexicano an- 
tiguo, Berlín, 1S90 (en castellano, francés é inglés). Códice Mixteco, 
Méjico, 1900. Ciudades coloniales y capitales de la Repiiblica mexicana, 
ibid., 1909, tres vols. — Setembrino E. Pereda (n. 1859-), de Paysandú 
(Uruguay), político é historiador, director de El hnparcial (1877), El 
Liberal (iQoo) ; fué Oriente de los masones uruguayos, presidente de la 
Liga anticlerical y de la Asociación de Enseñanza laica (1907) y diputa- 
do; publicó Lucila, fantasía literaria, 1883. Una historia como muchas, 
nov., 1890. Laura y Clotilde, nov., 1891. Misceláneas, dos vols., prosa y 
verso, 1891. La Literatura nacional y el doctor Sienra Carranza, crí- 
tica, 1892. Colón y América, discurso, 1893. Garibaldi, 1895. Paysandú y 
sus progresos, 1896. Río Negro y sus progresos, dos vols., 1898. Labor 
legislativa, discursos, 1900-01, dos vols. El General Fructuoso Rivera 
y la Independencia nacional, 1903. Los Extranjeros en la Guerra 
Grande, 1904. La Isla de Martín García, 1907. Liberalismo práctico, 
1910. Garibaldi en el Uruguay, tres vols., 1914-15-16 (otros tantos pre- 
parados). — Luisa Pérez Ga.rgés publicó El Santo Isidro labrador: su 
vida y algunos de sus portentosos milagros según fehacientes é indis- 
cutibles testimonios, Madrid, 1890. — José Peris y Pascual, colabora- 
dor de La Ilustración Católica (1877...), publicó Armonías poéticas. 
Valencia, 1890. — Alfredo Piloto, de Matanzas, escribió cinco piezas 
teatrales, que cita Trelles, el año 1890. La Travesura de un gallego. 



200 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1894.— Alejandro del Pozo (f 1908), habanero, escribió ocho piezas 
teatrales, que cita Trelles, año 1890; otras tres en 1899. — Rodrigo de 
Eeinosa, Cancionero de Nuestra Señora para cantar la Pascua de la 
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Sevilla, 1890. — La Rezista 
Azul, Méjico, 1890-96, fundada por Gutiérrez Nájera y Carlos Díaz 
Dufóo. El título no se tomó de Rubén, sino que era símbolo de mis- 
terio y esperanzas y es el color del cielo, donde vuelan las nubes, 
según dice Gutiérrez Nájera. Allí parecieron las primeras manifes- 
taciones poéticas francesas de Méjico. — Eladio Reyes estrenó La 
Jira, juguete, 1890. — B. Ribas y Quintana publicó Estudios históricos 
y bibliográficos sobre San Ramón de Penyafort, Barcelona, 1890. — 
Luis del Río publicó Napoleón, canto, Madrid, 1890. — Luis G. Rubín 
publicó Cuentos de mi tía, Méjico, 1890. — Eduardo Ruiz-\'alle Mi- 
lanés estrenó Dos pájaros de una pedrada, juguete, 1890. Emigrantes 
para Chile, 1891. La Mujer del oso, 1891. El de Fuente Saúco, juguete, 
1S97. La Boda de Camacho en el corralón del trueno, saínete. 1898. 
El Gachó del arpa, 1898. Desechos de tienta (con J. Navas Ramírez), 
1899. Al pie de l-a garita, 191 1. — Fernando Ruiz Feduchy, de artille- 
ría y abogado, colaborador de La Provincia (Huelva, 1903), etc., pu- 
blicó Madrid por dentro, cuadros sociales, Madrid, 1890. — Leonor 
Ruiz Caravantes de Fraile publicó Flores y Espinas, poesías, Ma- 
drid, 1890. — El Saber del pueblo ó Ramillete formado con los refranes 
ccstellanos, frases..., máximas... y los proverbios más selectos ingle- 
ses, árabes, turcos, rusos, etc., Valladolid, 1890. — Francisco San Ro- 
xÁN publicó La Lengua cunza y los naturales de Atacama, Santiago, 
1890. El Desierto y las cordilleras de Atacama, tres vols., 1896. — No- 
ticias de Segorbe y de su Obispado, por un sacerdote, Segorbe. 1890.— 
Juan M. Seijas^ venezolano, publicó Diccionario de barbarismcs (de 
voces venezolanas), Buenos Aires, 1890, 1899. Hojas en blanco, Ca- 
racas, 1894. — M. Serrano de Iturriaga publicó Cantares, Madrid, 
1890; 2.' serie, 1895. — María de Soto y Sáez compuso piececitas tea- 
trales infantiles. La Esperanzo, comedia, 1890. El Día de año nuevo, 
juguete, 1909. El Manojo de claveles, pas., 1909. El Portal de Belén, 
1909. El Recreo, 1909. La Banda de Itonor, 1909. La Revoltosa, 1909. — 
Alfredo Suárez de la Escosura (f 1899), abogado, publicó Pensa- 
mientos, Madrid, 1890. — Alonso Tobar publicó El Ultimo amor, no- 
vela, Madrid, 1890. Un libro más, poesías, ibid., 1890. Tristezas y ale- 
grías, ibid., 1891. ¿Verdes ó negros f (con Leopoldo Pedreira), 1892. 
'Agencia universal, juguete (con C. Bargiela), 1897 Mis cantares, 1899. 
Agua menuda, poesía, 1900. — A. y M. Trueba y Polo publicó Matri- 
tnonio civil ó sacramento y concubinato, novela, Madrid, 1890. — En- 
rique Trujillo publicó Álbum del porvenir, biografías y retratos, 
Nueva York, 1890-96, cinco vols. Apuntes históricos, 1896. — Alfredo 
Ülecia y Cardona publicó Elisa, narración amorosa, Madrid, 1890. 
Ensayos poéticos, ibid., 1896. — Ramón A. Urbano y Correré (f 1913)» 
poeta y novelista malagueño de mediana estofa, pero de peor, si cabe, 



S. XIX, 1 89 1. ARTURO REYES AGUILAR 201 

en el teatro, escribió muchísimo. Romancero, 1890. Piedras falsas, ar- 
tículos literarios, 1892. Multicolores, artículos, 1892. Blanco y negro, 
juguete (con A. Ponce), 1893. Vida cómica, prosa y versos festivoi, 
Madrid, 1894. Guía de Málaga, 1898. Jirones, poesías, 1900. Fortaleza, 
novela, Málaga, 1901. Humo, poesías, ibid., 1902. Moisés, novela, ibid., 
1903. La Castañera, novelas y cuentos, 1905. La Embajadora, novela, 
1906. Sobre ruinas, novela, 1907. De capa y espada, cuentos del día, 
1908, La Diosa, novela, 1910. Novela de amores y desventuras, 191!!. 
Bajorrelieves, sonetos, 191 1. Los Gaitanes, novela, 1912. — AIanuel 
Valderrama Garde publicó La Canalla de levita, fantasías literarias, 
Madrid, 1890. — Carolina Valencia (n. 1860-), de Medina de Rioseco, 
casada con Alvaro López Núñez, publicista, fué poetisa romántica que 
cantó la Fe, el Amor y la Patria desde su retraído hogar. Poesías, 
Palencia, 1890. A San Juan de la Cruz, ibid., 1891. Colón, poema, ibid., 
1892. — Eduardo Valenzuela Guzmán publicó Apéndice á los Anales 
de la Universidad de Chile, índice de los trabajos publicados (1843- 
1887), 1890. — J. Valero Martín publicó Siluetas y perfiles, Madrid, 
1890. Una novela lo más original, ibid., 1891. — Francisco Valverde y 
Perales (f 19 14), de Baena, publicó El Castillo de Guadalerza, leyen- 
da en verso, Toledo, 1890. Leyendas y tradiciones, ibid., 1900. Histo- 
ria de... Baena, Toledo, 1903. — Eusebio Vasco y Gallego (n. 1860-), 
de Valdepeñas, publicó Valdcpeñeros ilustres. Valdepeñas, 1890. ¡Po" 
bre Valdepeñas!, revista cómico-fantástica en verso, ibid., 1893. Ocu- 
pación é incendio de Valdepeñas por las tropas francesas en 1808, ibid., 
1908. Valdepeñas cuna de la descalcez trinitaria, ibid., 1912. Publicó 
la Grandeza mejicana, de B. Valbuena, Valdepeñas, 1890. — Carlos 
Vega Belgrano, argentino, publicó el hermoso libro Pensamientos, 
Buenos Aires, 1890-91. — Marieta Veintemilla, sobrina del dictador 
ecuatoriano Ignacio, publicó Páginas del Ecuador, Lima, 1890. Obser- 
vaciones sobre... (ídem), 1891. La Verdad contra les calumnias de la 
señora M. Veintemilla (por anónimo), Quito, 1891. — Enrique A'era y 
González, por seudónimo Z. Vélez de Aragón, último director de La 
República, publicó Memorias de un periodista, Madrid, 1890. Narra- 
ciones y cuentos, 1890, 1892. Historia de las Bellas Artes, 1892. El 
Diablo en presidio, 1892. Sueños de opio, narraciones y cuentos. — 
Jacinto Vilardaga y Cañellas publicó Historia de Berga, Barcelona, 
1890. — Luis E. Villaseñor publicó El Puerto de Veracruz, Méjico, 
1890, dos vols. — El padre Antonio Zarandona, jesuíta, publicó Histo- 
ria de la extinción y restablecimiento de la Compañía de Jesús, breve- 
mente anotada y aumentada por el padre Ricardo Cappa, Madrid, 
1890, tres vols. — José María Zuviría: Obras poéticas, 3.' ed., Buenos 
Aires, 1890. 

40. Año 1891. Arturo Reyes Aguilar (1864-1913), ma- 
lagueño, no habiendo conocido á su madre Josefa y perdido su 
padre Manuel á los doce de su edad, con la falta de cariño hízose 



202 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

hosco y amigo de la soledad y del silencio ; malbaratada por ma- 
nos extrañas la corta hacienda paterna, entró de dependiente de 
comercio, se casó á los veinte y poco antes ya había publicado 
versos en la revista El Álbum. Dióse á conocer con Intimas^ 
(1891), Cosas de nú tierra (1893), Desde el surco (1896), Cartu- 
chcrita (1897) 7 ^^ Golctcra (1900), apoyándole desde entonces 
Cánovas, Ortega ^lunilla, Mellado y Moya, aunque no pasó de 
empleado en las oficinas del Ayuntamiento. Era sencillo, ene- 
migo de luchar por puestos y dineros, bondadoso e inclinado á 
la clase baja del pueblo, que estudió y pintó maravillosamente 
en sus obras, aunque con subidas tintas á veces, para levantar 
el carácter andaluz á un tipo poético, ideal, que condensara lo 
que en la realidad veía. Los amoríos andaluces, con los coque- 
teos sutiles y enloquecedores de las mocitas ; el garbo, fachenda 
y matonería de los enamorados acuchilladizos, los diálogos á la 
reja, los encuentros en tascas y calles, los celos y las riñas, las 
castañuelas repicando y revoloteando las faldas, los ojos negros 
centelleantes, las coplas y bailes, todo el color de Málaga y el 
híncente apasionamiento de sus hijos ha quedado en las prosas 
y versos de este escritor castizo, que no hizo caso de las modas 
poéticas venidas de allende ni de las niñerías en que se entrete- 
nían los modernistas, porque harto hallaba él en su tierra que 
admirar y cantar. Ahondó en el alma andaluza, en sus quereres 
y penas, acaso algo más que los Quinteros, que por su parte han 
ido espigando dichos graciosos y sobrepintando de. recio colo- 
rido el panorama andaluz. 

Benjamín Fernández y Medina (n. 1873-), de Montevideo, 
diplomático que estuvo y ha vuelto en 1917 de ministro á Ma- 
drid, escritor muy amante de lo español y de su literatura clá- 
sica, crítico sesudo y atinado, comenzó a escribir en periódicos 
en 1888, en La Lucha y El Bien (1889-97 y 1901), dirigió el Bo- 
letín Bibliográfico Uruguayo, fundó Revista Uruguaya (1892) 
y Rojo V Blanco (1900). Huye de lo retórico y deslumbrador y 
prefiere la visión serena y la clara sobriedad sin exceso de fan- 
tasía ni de sentimentalismo, con una mesura en todo y un 
tan fino gusto, que por estas cualidades se distingue el estilo de 
su prosa en la literatura uruguaya. Sus cuentos son del pago y 
no menos sus primeras poesías, que suelen describir asuntos vi- 




ARTURO REVÉS 



1 



i 



S. XIX, 1 89 1. ARTURO REYES AGUILAR 203 

VOS populares y que trascienden al terruño igualmente en estilo- 
y lenguaje, aunque con la discreción exquisita que le distin- 
gue. Conocedor de la demosofía uruguaya, ha sabido, en efecto,, 
beberle al pueblo el espíritu criollo, las ideas y los modos de 
decir y ha llevado todo ello al arte, de manera que parece nuevo 
y desusado entre escritores su criollismo literario; pero es por 
no llevar nada falso, de pega por lo extremado, de donde re- 
sulta que alguna de sus coplas y romances nos suenan como las 
que oímos por las aldeas de España. Con lo cual se confirma 
la opinión crítica de Fernández Medina, de lo español que es el 
espíritu del pueblo americano, á pesar de exceder en algunas 
regiones, como la rioplatense, la población extraña inmigrada, 
á la española de la tierra y de que, por consiguiente, en el fondo 
de su espíritu española ha de ser la literatura uruguaya, si se 
pretende que sea nacional. Compuso el drama moderno Ma- 
ría de la Gloría. 

Enrique Paradas^ andaluz, hecho de rico pobre, de vida, 
harto historiada, coplero admirable popular, sin ambiciones de 
ser poeta, hizo coplas que ya han pasado al tesoro de Juan del 
Pueblo como aquella solear que se oye por ahí : 

"Dijo á la lengua el suspiro: 
Échate á buscar palabras 
que digan lo que yo digo." 



V la otra : 



"Tú nunca podrás ser buena: 
el veneno nació malo 



y sin querer envenena." 

También fué cómico é hizo algunas piezas en colaboración con 
otros autores. Fué colaborador de La Gran Vía (1893). 

Luis de Larra y Ossorio (i 862- i 914), madrileño, hijo de^ 
Luis Mariano de Larra y nieto de Fígaro, hermano del actor 
Mariano de Larra y padre de Carlos Larra, fué oficial de volun- 
tarios en Cuba (1897), y á su vuelta empresario del Cómico y 
Gran Teatro, y secretario de la Sociedad de Autores. Trabajó 
en piezas del género chico ; pero fué muy basto autor y escritor 
más que mediano. 

<!• J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 148: "Los toros, los 
foreros, los usos y costumbre.s de los majos y majas de Andalucía, etc.,. 



204 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

•etcétera, son ya tan trillados y manoseados asuntos, que para tratarlos 
con alguna novedad y prestándoles interés se requiere no poco ingenio. 
De él está dotado, sin duda, el autor de Cartucherita...; salvo la no 
justificada permanencia del tedero bajo el mismo techo durante muchos 
días en casa de su bienhechor, todo el progreso gradual, en él y en 
ella, del amor criminal, al que sucumben por último, está hábil y hasta 
profundamente estudiado y escrito. En esta novela hay mucho diálogo, 
luciendo en él el señor Reyes su ingenio y su maestría en el manejo 
de nuestra lengua y su conocimiento de los giros, imágenes, modismos 
y vocablos del vulgo de Andalucía. Acaso se note y pueda censurarse 
sobrado lujo en este punto y cierta contraposición, que raya á veces 
en lo afectado, entre el habla chula, flamenca, maja y sobrado vulgar 
y archiandaluza del torero y de la maestra y los sentimientos refina- 
dos y quintaesenciados que en esa habla buscan la expresión que les 
corresponde. Encontrarla, á mi ver, es harto difícil. Sentiré pecar de 
descontentadizo; mas, para mí al menos, resulta alguna disonancia y 
falsa sensiblería á veces en las sublimidades y exquisiteces del amor 
profundo que lucha con el deber y la abundancia del diminutivo y las 
majencias y piropeos." Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. looi : 
Arturo Reyes... es un autor barbián, animado como las gentes de su 
tierra y alegre como su cielo azul. Sus novelas nos descubren esa 
Andalucía de apariencia risueña y de fondo trágico, porque tras de 
los ojos negros de las mozas están acechando los celos como dos mal- 
hechores, y junto al pecho cálido de los mozos se esconde la navaja 
asesina." Intimas, poesías, Madrid, 1891. Cosas de mi tierra, novelas 
andaluzas, Málaga, 1893. Desde el surco, poesías, Madrid, 1896. Car- 
tucherita, novela andaluza, Málaga, 1897. El Lagar de la Viñuela, no- 
vela andaluza, Madrid, 1898. La Goletera, novela, ibid., 1900. Del Bulto 
á la Coracha, cuentos andaluces, ibid., 1902. Otoñales, poesías, ibid., 
1904. Las de Pinto, novela andaluza, ibid., 1908. De Andalucía, cuen- 
tos, ibid., 1910. Héticas, poesías, ibid., 1910. Cielo azul, novela andaluza. 
Málaga, 1911. De mis parrales, cuentos andaluces, ibid., 1911. Román' 
ees andaluces, ibid., 1912. Del crepúsculo, poesías postumas, ibid., 1914. 
Además hay dos colecciones de á cuatro ó cinco cuentos cada una en 
la Biblioteca Mignon y Amorosa que se titulan Cuentos andaluces y 
Cosas de mi tierra, respectivamente. En las revistas El Cuento Sema- 
nal y Los Contemporáneos hay publicadas las novelas siguientes. El 
Ciento Semanal: La Moruchita, 1907; El Niño de los caireles, 1908; 
De mi Almiar, 1910; El del Rocío, 1911 ; Sangre gitana, 1911. Los 
Contemporáneos: La Miraf lores, 1909; Sangre torera, 1912; Oro de 
ley, 1913; Entre breñas, julio 1913 (postuma). En España Moderna'. 
"Nerón, poema (1902, febrero). 

Raúl Montero Bustamante, El Parnaso Oriental, 1905: "Es (Fer- 
nández Medina) un talento complejo. En su completa desvinculación 
de escuelas y tendencias resulta un caso típico para nuestro medio in- 
•íelectual, donde su individualidad literaria se destaca con perfiles vi- 




BENJAMÍN FERNÁNDEZ MEDINA 



S. XIX^ 189I. ENRIQUE PARADAS 205 

gcrosos. Sin haber cursado estudios universitarios, sin más educaciórt. 
que la recibida en las escuelas del Estado, arrastrado por la dura ley 
del trabajo, niño aún, al interior de la República, sólo su afán de 
estudio, su voluntad de hierro y su hermoso carácter, han podido hacer 
de él un periodista, un literato y un erudito. Sus veleidades literarias 
arrancan desde la infancia. Su inclinación favorita se determinó por 
los cuentos de carácter local y artículos de costumbres. Su primer libro. 
Charamuscas (1892), presentado al público por el ilustre publicista 
Francisco Bauza, y que mereció aplausos de ]a crítica, acaso puede 
decirse que inició el género de los cuentos criollos. Siguieron á esta 
piimera obra Cuentos del Pago (1893), Camperas y Serranas (1894), 
colección de poesías que señalan una verdadera novedad en la litera- 
tura uruguaya y aun americana." De Camperas y Serranas dijo Ma- 
nuel Bernárdez : "Medina entra con estos versos en corrientes nuevas 
para las letras poéticas. Sus versos son criollos; pero no criollos como 
se entiende generalmente, echando á perder la lengua, sino criollos por 
intención, por el pensamiento y la filosofía, porque emplea la manera 
de razonar, de sentir la naturaleza y los giros peculiares del paisano." 
Benjamín Fernández y Medina : Charamuscas, tipos y escenas del Uru- 
guay, Montevideo, 1891. Revista Uruguaya, 1892. Cuentos del pago.. 
1894. Camperas y Serranas, poesías, 1894. Místicas, poesías originales 
y traducciones, 1894. Antología uruguaya, prosa, 1894. Uruguay, co- 
lección de cuentos de autores uruguayos, 1895. Diálogos, Monólogos, 
dos series, 1896-1898. La Beneficencia en el Uruguay, 1898. La Im- 
prenta y la Prensa en el Uruguay (i8oy-igoo), 1900. El Comercio en 
el Uruguay, 1900. Obras del presbítero José Manuel Pérez Castellanos, 
anotadas: t. I, Observaciones sobre Agricultura. 

Manuel Machado, La Guerra literaria, 1914, pág. 80: "Vida (la de 
Paradas) sin más guía que los sentimientos desordenados, aventurera 
y pintoresca. Una fortuna derrochada casi en la niñez, sin aprender 
otra cosa que á guiar magníficos troncos de caballos. Los usureros, la 
ruina. Después, la pobreza; después, la miseria. Luego, el bienestar 
relativo, y otra vez la desgracia. Y atravesando por todas las clases 
sociales y por todos los medios de la vida española, aunque siempre 
aislado de los bajos contactos por la canción que llevaba dentro. Err 
menos de quince años Paradas ha sido cómico, maestro de escuela,, 
fotógrafo, ¡ qué sé yo ! Y siempre poeta, sin quererlo, sin pretenderlo, 
sin saberlo quizá... Pero el que él no lo sepa ó no le importe no ha 
de impedirnos decir que sus cantares son únicos y que su libro de coplas 
quedará en los labios y en los corazones." Enrique Paradas: Agonías,. 
poesías, Madrid, 1891. Ondidaciones, poesías, ibid., 1893. Cantares, 
impresiones, ibid., 1913. Para el teatro: ¡Abajo la media!, apropósito 
(con Joaquín Jiménez), 1908. El Primer rorro, juguete (con id.), 1908. 
La Furcia cuca (con id.), 1909. El Fin del mundo (con id.), 1910. La 
Villa del Oso, revista, 1910. Cayó á la una (con J. Jiménez), 1911.. 
El Hambre nacional (con id.), 1912. El Golfo de Guinea (con otros)^ 



ao6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907), 

1912. Con permiso de Romanones (con otros), 1913. La Chicharra, 
comedia (con Joaquín Jiménez), 1917. La Canastilla, comedia (con 
ídem), 1918. 

L. Larra y Ossorio: Los Calabacines, disparate cómico-lírico, 1891. 
La Menegilda, 1895. La Menina ó el último portugués, 1899. El Dilu- 
vio universal, 1899. El Turno de los partidos (con E. Gullón), 1900. 
jEZ Maestro de obras, 1900. Gimnasio modelo, 1900. Los Figurines (con 
M. Fernández de Lafuente), 1901. La Perla de Oriente, 1901. La Tra- 
J>era, 1902. La Revolución social (con E. Gullcun), 1902. Marquilla, 
1902. La Coleta del maestro (con otros), 1903. La Inclusera, 1903. Los 
Nervios, 1904. Siempre p'atrás, 1904. El Guardabarrera (con E. Gu- 
llón), 1905. La Galerna, 1905. La Tarasca (con E. Manso), 1905. La 
Machaquito (con J. Capella), 1906. La Guitarra (con E. Gullón), 1906. 
La Ola verde (con F. de Torres), 1906. Que se va á cerrar, 1906. A la 
piñata, revista, 1907. Las Piedras preciosas, zarzuela, 1907. La Ca- 
ñamonera, zarzuela, 1907, El Solitario, disparate, 1907. Boccaccio, 
opereta, 1908. El Mentir de las estrellas, zarzuela, 1908, Los Falsos 
dioses, sátira, 1908. S. M. el Botijo, 1908, El Abrazo de Vergara, 1909. 
El Caballero bobo, 1909. Los Condes de Carrión, opereta, 1909. Ni frío 
ni calor, 19 10. La Moza de nulas (con Manuel Fernández de la Puen- 
te), 1910. La Diosa del placer (con id.), 1910. El Cuerpo del delito, 
comedia (con id.), 1912. El Refajo amarillo, zarzuela, (con id.), 1912, 
La Reina del Albaicín (con otros), 1912. El Diablo en coche, zarzuela, 
1912. La Misa del gallo (con Ramón Asensio Más), 1913. La Ultima 
película, revista, 1913. Las Llaves del cielo, zarzuela (con Manuel Fer- 
nández de la Puente), 1914. El Tango argentino, 1914. > 

42. Año i8pi. Miguel Santos Oliver (n. 1868-), de Palma de 
Mallorca, redactor y director de La Almudaina, colaborador de otros 
periódicos, erudito y excelente escritor castellano y catalán, expresivo 
y pintoresco prosista, publicó Cosecha periodística, Palma, 1891. Ma- 
llorca en la guerra de la Independencia, ibid., 1895. La Literatura en 
Mallorca (1840-1903), ibid., 1903. Entre dos Españas, Barcelona, 1900. 
Mallorca durante la primera revolución (1808-14), Palma, 1901. Los 
Españoles en la Revolución francesa, Barcelona, 1912, 1918. Don An- 
tonio Maura, ibid., 1914. Vida y semblanza de Cervantes, ibid., 1916. 
En España Moderna: De la literatura mallorquína en j88p (1890, 
.abril). Impresiones evocadas: Bécquer (1896, mayo). 

Arturo Farinelli, italiano, catedrático en la Universidad de Turín, 
-el más célebre hispanófilo de su tierra, muy erudito, publicó Deutsch- 
lands und Spaniens Uterarische Beziehungen, Berlín, i." y 2." partes, 
1891 ; 3.° y 4.' partes, 1895. Spanien im Lichte des deutschen Kultur 
und Poesie, Berlín, 1891. Una epístola poética del capitán don Cristóbal 
de Virués, Bellinzona, 1892. Grillparzer und Lope de Vega, Berlín, 1895. 
Humboldt et l'Espagne, Goethe et l'Espagne, París, 1898 (Revue His- 
J>anique, t. VIII). Apuntes sobre viajes y viajeros por España y Por- 



S. XIX, 1 89 1. ARTURO FARINELLI iOJ 

¿ugal, Oviedo, 1898 (en Revista Crítica de Historia y Literatura Es- 
pañola); más tres suplementos en Revista de Archivos (1903-05), en 
Mélanges oferts a Entile Picot (1913) ; en prensa: Viajes por España 
y Portugal desde la Edad Media hasta el siglo xx. Gradan, El Héroe 
y el Discreto, ed. con estudio, Madrid, 1900 (antes en Zeitschrift für 
vergleich. Literaturgeschichtc, IX, 379-413). Almeida Garret (en fran- 
cés), 1900. Une lettre inéd. de G. de H-umboldt concernant son second 
■voyage en Espagna, 1901. España y su literatura en el extranjero á 
través de los siglos, Madrid, 1902. Sulla fortuna del Petrarca in Ispa- 
_gna nel Q-uattrocento, Torino, 1904 {Giorn. Stor. della Letterat. Ital., 
XLIV, 297-310). Appunti su Dante in Ispagna neW Eta Media, Tori- 
llo, 1905 (ibid., suppl. núm. 8, 1-105). Note sulla fortuna del "Corbac- 
cio" nella Spagna medievale, Halle, 1905 (en Bausteine z. rom. Philol. 
Festgahe f. A. Mussafia, págs. 401-460). Cervantes, München, 1905. 
Note sul Boccaccio in Ispagna neW eta media, Braunschweig, 1906 
(del Archiv f. das Stud. der mueren Spr. und Literaturen, cuatro par- 
tes, vol. CXIV). Dante e la Francia, Milano, 1906 (con bibliografía del 
autor). Il Romanticismo in Germania, Roma, 191 1 (con bibliografía 
sobre el romanticismo en España). Marrano^ Firenze, 191 1. M. Me- 
néndez y Pclayo, Berlín, 1913 (en alemán, en Internationale Monats- 
.srhrift für Wissenschaft Kunst u. Technik). Preludi al drama "La 
Vita é un sogno" , Roma, 19 14 {Nuova Antología). La Vita e un sogno, 
'dos vols., Torino, 1915. Scienza e vita nella Spagna contemporánea, 
"Roma, 1918 {Nuova Antología), Michelangelo e Dante, Torino, 1918. 
La Spagna nella vita italiana durante la rinascenza, Turín, 1918. Mu- 
chas reseñas, las más importantes : Morel-Fatio, Etudes sur l'Espagnc. 

A. Restorí, Piezas de títulos de comedias, Lope de Vega, Los Guz- 
manes. Edición de los Proverbios de Rabí Santob. B. Croce, Primi 
contatti tra Spagna e Italia (Giorn. Stor. de Letterat. Ital., XXIV, 
202-231) ; ídem. La Corte spagnuola di Alfonso d' Aragón; ídem, Vcrsi 
spagnuoli in lode di Lucrecia Borgia; ídem, Di un antico romanzo..., 
ídem. De un poema spagnuolo...: todas reseñas en Rassegna bibliográ- 
fica della Letter. ital., 1894-95, II, 133-142 y III, 37-43. Apéndice á B. 
Croce, La lingua spagnuola^ in Italia, Roma, 1895, págs. 67-87. Sobre 

B. Croce, Riccrche ispatio-italiane. Pisa, 1900 (extracto de Rass. bibl. 
ée Letter. ital, VII, 261-292). C. Griffin Child, /. Lyly and Euphuism 
(en Rezñsta Crítica de Historia y Literatura Española, 1895, pág. 133). 
A. Schneider, Spaniens Anteil an der deutschen Litteratur des 16 und 
17 Jahrhunderts (en Zeitschrift f. vergl. Literaturgesch., N. F., XIII, 
413-445; trata de obras teológicas y ascéticas traducidas al italiano). 
A. Ludwig, Lope de Vega Dramen aus dem KaroUngischen Sagenkreise 
(en Arch. f. das Stud. der neur. Sprach. und Liter., CII, 446-460). A 
la edic. del Arte nuevo de hacer comedias, de Lope, por Morel-Fatio 
(ibid., CIX, 458-474). Grashey, G. A. Cicogninis Leben und Werke 
(en Deutsch. Literaturzeitung, junio, 1909). V. Cían, Italia e Spagna 
nel scc. XVIII... (en Giorn. Stor. de Leiter. Ital, XXX, 276-290). 



208 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907; 

M. Schieff, La Bibliothéque du Marqués de SantiUana (ibid., L, 161-177, 
y en Bullettino dclla Societá Dantesca, N. S., XIII, 270-277). 

Luis Ruiz Contreras, por seudónimo Pahnerín de Oliva y El Amigo 
Iritz, con que se dio á conocer en El Resumen por sus autorizadas 
críticas teatrales; dirigió El Teatro Moderno (1891), La Lectura (1897), 
Revista de Arte Dramático (1902) ; escribió en la Revista Contempo- 
ránea (1890) y últimamente se dio á traducir en buen castellano, mu- 
chas obras modernas. Publicó Dramaturgia castellana, Madrid, 1891. 
En defensa propia, ibid., 1892. Libritos, Uhrotes y librajos, 1893. 
Desde la platea, 1894. Los Vencidos, comedia, 1894. Semi-Teatro, 1895. 
Palabras y plumas, 1895. De guante blanco, estudios críticos, 1895. His- 
torias crueles, 1896. De amor, 1896. Tres moradas: memorias de un 
desmemoriado, 1897, El Pedestal, 1898. Semiteatro, Pródigo, Los padres 
y los hijos, 1900. La Chifladura del Ministro, 1900. Mis jesuítas, 1903. 
Memorias de un dememoriado, dos vols., 1916-17 (trata de M. y Pelayo, 
Caldos, Pereda y Baroja). Anatole France, Obras, Las opiniones de 
Luis Ruiz Contreras, traduc, Madrid, 1917. 

Manuel Chaves y Rey (1870-1914), sevillano, muy erudito, publicó 
Constancia, 1891. Hablar por JHiblar. Bocetos de una época {1820-1840), 
1S92. Pro Patria, 1893. Páginas sevillanas, 1894. Pepe-Hillo, 1894. La 
Semana Santa y las Cofradías de Sevilla de 1820 á 182^, 1892. Don Ber- 
nardo Márquez, 1896. Perder el tiempo, 1896. Historia y bibliografía 
de la Prensa sevillana, 1896. Don Mariano José de Larra, 1899. Micer 
Francisco Imperial, 1899. El Humorismo en la Literatura española en 
en el siglo xix, 1900. Los Teatros de Sevilla en la segunda época cons- 
titucional (1820-182^), 1900. Don Diego Ortiz de Zúñiga, 1903. Catá- 
logo biográfico-bibliográfico de novelistas sevillanois del siglo xix, 
1903. Cosas nuevas y viejas, 1904. Bibliografía cervantista sevillana, 

1905. Las Escritoras sevillanas del siglo xix, 1906. Viajes regios por 
Andalucía, siglos xv al xx, 1906. La Literatura patriótica en Sevilla 
durante la guerra de la Independencia, 1908. Don José de Velilla, 1910. 
Sevilla en la guerra de África, 1910. Don Alberto Rodríguez de Lista, 
1912. Para el teatro: Un entremés de Cervantes, 1905. Los Palomos, 

1906. ¡Vivan las caenas!, 1906. Daotz, 1908. La Justicia plebeya, dra- 
ma lírico, 1911. 

Carlos de Lecea y García (n. 1835-), segoviano, director de Et 
Verdadero Amigo del Pueblo, Segovia (1869-70), muy erudito, publi- 
có El Alcázar de Segovia, ibid., 1891. Estudio histórico acerca de la 
fabricación de moneda en Segovia desde los celtíberos hasta nuestros 
días, 1892. El Licenciado Sebastián de Peralta, 1893. La Comunidad 
y tierra de Segovia, 1894. La C-ueva de Santo Domingo de Guzmán, 
1895. Apuntes para la historia jurídica de Segovia, 1897. Recuerdos 
de la antigua industria segoz-iana, 1898. La Iglesia del Corpus Christi, 
antigua sinagoga, 1900. Comuneros segovianos, 1905, Monografías- 
segovianas, 1906. Alvar Fáñez, 1908. Los Templos antiguos de Sego- 
via, 1912. ' ; 



S. XIX_, 189I. ERNESTO BARK 20Q 

Nicolás Anrique Reyes, bibliotecario de la Oficina Hidrográfica 
y bibliógrafo chileno, publicó Noticia de algunas publicaciones ecua- 
torianas anteriores á 1792, Santiago, 1891. Bibliografía marítima chi- 
lena, 1894; 2." serie, 1898. Cinco relaciones geográficas c hidrográfi- 
cas, 1897. Ensayo de una Bibliografía dramática chilena, 1899. Ensa- 
yo de una Bibliografía histórica y geográfica de Chile, 1902 (con Ig- 
nacio Silva A.). Bibliografía de las principales revistas y periódicos 
de Chile, 1904. 

Francisco Martí Grajai.es, valenciano, muy erudito, publicó El 
Notario Carlos Ros y Hebrera, bibliografía. Valencia, 1891. Cancio- 
nero de la Academia de los Nocturnos de Valencia..., de sus actas 
originales y reimpreso con adiciones y notas, ibid., 1905-12, cuatro 
volúmenes. Obras de don Jnan Fernández de Heredia, ibid., 1913. En^ 
sayo de un Diccionario biográfico y bibliográfico de los poetas qu& 
florecieron en el reino de Valencia hasta ijoo (premiada por la Bi- 
blioteca Nacional, 1915). Ensayo de una Biblioteca valenciana del si- 
glo XVIII (premiado ibid., 1917). 

43. Año i8pi. Benito F, Alonso, de Orense, cronista de la pro- 
vincia y correspondiente de la Academia de la Historia, publicó 
Armas de Orense, ibid., 1891. Guerra hispano-lusitana, ibid., 1893. 
Crónica de los Obispos de Orense, ibid., 1897. Pórtico de la Gloria, 
1898 (en Esp. Mod., marzo). Los Judíos en Orense {s. xv-xvii), ibid., 
1904. Los Judíos españoles en Oriente, 1905 (en Esp. Mod., marzo). 
Orensanos ilustres, Orense, 1916. — Historia de don Diego de Alvear y 
Ponce de León, por su hija doña Sabina de Alvear y Ward. ^Madrid, 
1891. — Pablo Alzóla y Minqndo publicó África-, su reparto y coloniza- 
ción, Bilbao, 1891. Régimen económico-adminisirativo antiguo y moder- 
no de Vizcaya y de Guipúzcoa, Bilbao, 1910. — P. Amado y R. de Vi- 
llebardet, Marta, novela de costumbres, Toledo, 1891. — Carlos G. 
Amézaga (-j- 1906), peruano, poeta revolucionario sentimental, jacobino 
bueno, diriamos con Ventura García Calderón, tuvo algo de romántico 
en Cactus é imitó á Díaz Mirón en Gloria y otras poesías que parecen 
retos viriles á la humanidad ó al destino. Más sereno y delicado se 
mostró en los poemas Los Niños y Más allá de los cielos, premiados 
en Buenos Aires. Desmerece en sus dramas Sofía Perewskaia, Juea 
del crimen y Suplicio de Antequera. La Invasión, leyenda histórica, 
Lima, 1891. Cactus, ibid., 1891. Poetas mexicanos, Buenos Aires, 1896. 
— Anales de la Universidad, de Montevideo, desde 1891. — Juan Arango 

Y García, juez de Guanajay, publicó Retazos, Madrid, 1891. El doc- 
tor Bijirita. — Joaquín Arjona y Láinez estrenó La Duquesa de AU 
tora, comedia, 1891. — Rafael Balsa de la Vega, redactor de El Libe- 
ral, colaborador de La Ilus'.ración Española (1906), publicó Arlistas 

V críticos españoles, Barcelona, 1891. Los Bucólicos, la pintura de cos- 
tumbres rurales en España, ibid., 1892. Orfebrería gallega, 1912. — Er- 
nesto Bark, por seudónimo A. de Santaclara, redactor de Germinal 

TOMO X— 14 



210 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

(1897), publicó Los Vencidos, novela política, Alicante, 1891. La Es- 
paña contemporánea según un reciente libro ruso (en España Modera 
na, 1891, mayo-junio). — Fernando de Barrenechea publicó Breve des- 
cripción de la villa de Bilbao, canto único, Sevilla, 1891. — La Duquesa 
DE Berwick y de Alba publicó Documentos escogidos del archivo de 
la casa de Alba, Madrid, i3gi. Autógrafos de Cristóbal Colón y pa- 
peles de América, 1892. Catálogo de las colecciones expuestas en las 
vitrinas del palacio de Liria, 1S98. Nuevos autógrafos de Cristóbal 
Colón y relaciones de Ultramar, Madrid, 1902. — Blanco y Ne^ro, revis- 
ta, Madrid, desde 1891, continúa. — Antonio S. de Bustamante y Sir- 
Ví'.N, cubano, publicó Programas de... Derecho internacional, Madrid, 
1891. El Orden público. Habana, 1893. Le canal de Panamá et le droit 
international, Bruxelles, 1895. Tratado de Derecho internacional pri- 
vado. Habana, 1896. La segunda Conferencia de la Paz, dos vols., Ma- 
drid, 1908; la traducción al francés, París, 1909. La Autarquía perso- 
nal. Habana, 1914. Discursos, tres vols., ibid., 1915-17. — Raimundo del 
Busto Valdés, arcediano de Valladolid, publicó Parva poemjia litina. 
Falencia, 1891. Tradujo al latín en dísticos El Murciélago alevoso, de 
fray Diego González {La Ciudad de Dios, XIV). — Francisco de Paula 
Cáceres y Plá (n. 1859-), de Lorca, publicó Folletos famélicos, prosa 
y verso, Madrid, 1891 ? Juan de Toledo, ibid., 1891. El venerable Pedro 
Soler. Pedro Fernández de Lorca. Tradiciones lorquinas, Lorca, 1901. 
Lorca: noticias históricas, literarias, etc., Madrid, 1902. Romancero 
lorquino, Lorca, 1910. Hijos de Lorca, ibid., 19 13. — Benito del Campo 
Y Otero y José Abril y Ochoa publicaron Ensayo histórico sobre los 
Códigos españoles. Habana, 1891. — José Cañaveral publicó Poesías, 
Madrid, 1891. — P. Casabó y Pagés publicó La España judia, Barcelo- 
na, 1891. — Luciano Cid Hermida, gallego, redactor en Orense de La 
Unión Democrática y La Opinión Liberal, director de El Álbum Li- 
terario (1891), publicó Leyendas, tradiciones y episodios históricos de 
Galicia, Coruña, 1891 (Biblioteca Gallega). — Colección de documentos 
inéditos para la historia de Medina del Campo, ibid., 1891. — Cayetano 
CoLL Y Tosté, puertorriqueño, publicó Crónicas de Arecibo, ibid. (Puer- 
to Rico), 1891. Colón en Puerto Rico, Puerto Rico, 1894. Prehistoria de 
Piíerto Rico, Í907. Historia de la instrucción pública en Puerto Rico, 
ibid., 1910. Boletín Histórico de Puerto Rico, ibid., desde 1914. Docu- 
mentos relativos á Puerto Rico, 1915 (en Boletín Histórico de Puerto 
Rico, n, 3-302). — Fray José Coll publicó Colón y la Rábida, Madrid, 
1891, 1892. — Jaime Collell (n. 1846-), canónigo de Vich y Mestre en 
gay saber, fundador del semanario La Ven de Mvnserrat, publicó Epis- 
copologio de Vich escrito á mediados del siglo xvii por el deán Juan 
Luis de Moneada, Vich, 1891. Floralia, versos, Barcelona, 1894. — 'osé 
Contreras Infante estrenó Los Boquerones, saínete lírico, 1891. El 
Ventorrillo del Chato, id., 1892. — Francisco de Paula Coronado y Al- 
varo (n. 1870-), de la Habana, por seudón¡-^o César de Madrid, secre- 
tario de la Legación de Cuba en Méjico (1902-04), publicó Folletos lite- 



S. XIX, 189I. MANUEL DE GUMUCIO 21 I 

rarios, frutos coloniales^ Habana, 1891. — Ricardo Correoso Miranda 
publicó Jalares y lágrimas, poesías i^con Ismael Betancourt), Puerto 
Príncipe, 1891. — Juan Cubeiro Pinol publicó Iberia protohistórica, Va- 
lladolid, 1891. — Antonio B. Cuervo (1834-1892), hermano del filósofo 
Rufino Jost, bogotano, publicó Colección de documentos inéditos sobre 
la Geografía y la Historia de Colombia, Bogotá, 1891-94, cuatro vols. 
(acabada la impresión por Carlos Cuervo Márquez). — Chistes de buen 
género, Barcelona, 1891. — Arturo Daza de Campos publicó Recuerdos 
del Monasterio de Piedra, Zaragoza, 1891. — Juan Domínguez Barre- 
ra, canario, publicó Cantos canarios. Habana, 1891. — Pascual J. Echa- 
GÜE publicó Poesías, Buenos Aires, 1891. — El padre Francisco Enrich, 
jesuíta, publicó Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Barcelona, 
1891, dos vols. — José M. Esperanza y Sola publicó Esteban de Artea- 
ga, 1891 (discurso de recepción en la Academia de San Fernando). 
Treinta años de crítica musical, colecc. póst., con biogr., tres vols., Ma- 
drid, 1906. — Gaspar Esteva Ravassa^ de Motril, donde fué alcalde, ju- 
risconsulto y diputado provincial; ganó 25 premios con sus poesías. Pu- 
blicó Mocedades, poesías, Madrid, 1891. La Poesía, 1908. Otros versos, 
Madrid, 1915. Para el teatro: Golpe de mar, drama, 1899. Los Clave- 
les, drama, 1899. Hierbabuena, comedia, 1901. ¡Viva mi pueblo!— 
Nicolás Estévanez y Murphy (1838-1914), canario, por seudónimo 
Estevanillo y Miguel A. Pérez, militar retirado, publicó Figuras ame- 
ricanas, París, 1891. Resufw^n de la Historia de América, íbid., 1893. 
Diccionario militar, íbid., 1897. Calandracas, 1899. Fragmentos de mis 
Memorias, Madrid, 1903. Mi última campaña, Habana, 1907. — Enri- 
que Font de Fondeviela publicó Cuentos modernos, Barcelona, 1891. — 
Antonio Freyre Toledo publicó Muestras poéticas, Madrid. 189 1. — 
Wen Gálvez publicó Esto, lo otro y lo de más allá, mosaico literario, 
Habana, 1891, 1892. — Emilio García de Tejada publicó Elena, novela, 
Madrid, 1891. — Garci-Pérez publicó Trovas, Madrid, 1891. — Domingo 
Gascón y Guimbao, turolense, publicó Miscelánea Turolense, revista, 
Madrid, 1891-1901. Consúltese Algunas opiniones y juicios emitidos con 
motivo de la publicación de la "Miscelánea Turolense"..., Madrid, 
1903. Relación de escritores de la provincij de Teruel..., Zaragoza, 
1908. La provincia de Teruel en la guerra de la Independencia, Madrid, 
1908. — César José Gobila estrenó Pachón, juguete, 1891. — Sebastián 
GoMiLA, redactor de El Nacional, premiado por El Liberal en su con- 
curso de Crónicas (1903), publicó Mis mujeres, notas íntimas, Barcelo- 
na, 1891. Anarquías, 1896. La Huelga, novela, ibid., 1901. El Dios Mi- 
llón, 1913. La Entrada del paraíso, 1914. La Epopeya de los átomos, dos 
vols., 1914. Los Herederos de la gran tragedia, Madrid y Barcelona, 
1917. — Mariano Granados (f 1915), soriano, director de El Noticiero 
de Soria (1891-1902), publicó Al amor de la lumbre. — Ernesto de la 
Gu.a.rdia, abogado y dramático, colaborador de El Imparcial y El País 
(1902), por seud. E. de Lage, publicó Colores y notas, Madrid, 1891. — 
Manuel de Gumucio publicó Borrones, Madrid. 1890. El Mejor amor, 



212 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (18S8-I907) 

poema en tres cantos, 1892, — Gumersindo Gutiérrez estrenó El Mur- 
ciélago alevoso, zarzuela, 1891. — ^JosÉ María Gutiérrez Alba publicó 
Poemas y leyendas, Madrid, 1891. — Manuel Héctor Abreu, por seu- 
dónimo Ábrego, novelista regional sevillano de color y luz, publicó 
Amazona, novela, Sevilla, iS^i; Zsíadrid, 1905. Animales y ¡e,sonas,. 
crónicas y cuentos, ibid., 1892. Aves de paso, novela, Madrid, 1904. 
Niño bonito (s. a.). El Espada, novela, Madrid, 1905. Dominio de fal- 
das, ibid., 1906. Kate .y Paca, novelerías, Sevilla, 1906. Matar por ma- 
tar, novela, j\ladrid, 190S. Ramiro el enamorado, argucias de las he- 
chiceras de Sevilla, Sevilla, 1914. — Justo R. Heras estrenó ¡Chúpate 
ésa!, juguete, 1891 (con J. Bermúdez). — Rafael Heredia publicó Acua- 
relas, "Madrid, 1891. Cuadros madrileños, 1892. Nada, 1894. A toda 
mó-qnina, 1907. — Catalogue de la Bibliothéque de M. Ricardo Heredia, 
Comte de Benahavis, Paris, 1891-94, cuatro partes ó tomos, obra im- 
portante para la bibliografía española. Heredia compró á los hijos de 
í'edro Salva la biblioteca recogida por su padre y abuelo {Cütál. go de 
la Biblioteca de Salva, Valencia, 1872, dos vols., 4.070 números), y 
aumentóla llegando hasta 8.304 números. — Eduardo S. Hermua, por 
seudónimo Mecachis, estrenó Pajaran, juguete, 1891, — Historia y des- 
cripción de Santa María de Huerta, por J. C. G., Madrid, 1891. — 
Aurelio Horta. mejicano, publicó Mexicanos ilustres, León, 1891. — 
José Ibáñez Marín, militar, muerto en el Barranco del Lobo (Melilla), 
director de la Revista Técnica de Infantería y Caballería (1892), pu- 
blicó Rusia militar y la guerra europea, Madrid, 1891. Recuerdos de 
Toledo, ibid., 1S93. La Devastación en el Sur de África, 1902 (en Es- 
paña Moderna, julio-agosto). Bibliografía de la guerra de la Indepen- 
dencia, ibid., 1908. Educadores de nuestro Ejército, póst., ibid., 1909. — 
Manuel Irigo\'en publicó Noticias históricas del valle y Universidad 
del Bastan, Pamplona, 1891. — José Juan Jiménez Benítez, de Murcia,, 
presbítero, rector de Atocha, director en Murcia de El Ideal Político 
hasta 1873, que vino á Madrid, publicó Atocha: ensayos históricos, 
Madrid, 1891, dos vols. — Eladio G. José publicó Errores populares, 
Oviedo, 1 89 1. — Francisco Latzina, polaco, naturalizado en la Argen- 
tina, director general de Estadística, escribió, entre otras obras, el 
más copioso, puntual y autorizado Diccionario Geográfico Argentino, 
Buenos Aires, 1891, 1892, 1899. La Argentina considerada en su as- 
pecto físico, social y económico, dos vols., ibid., 1904. Virutas y asti- 
llas, artículos científicoliterarios. — Antonio R. López del Arco, redac- 
tor de El Demócrata, director de Barcelona Cómica, fundador de El 
Sui Generis, Heraldo de Lugo y Cosmopolta, publicó Bocetos litera- 
rios, Madrid, 1891. El Gobernador de R., novela, ibid., 1893. Cáncer 
social, novela, ibid., 1893. Totnm revolutum, prosa y verso, ibid., 1895. 
Sor María de las Nieves, novela, ibid., 1896, 1904. Manojo de cuentos 
muy verdes, 1904. — Francisco López Leiva, de Santa Clara (Cuba), 
coronel (1895), subsecretario de Hacienda (1909), publicó Zig-sags, 
colección de artículos y poesías, Villaclara, 1891. Enreka, zarzuela,. 



S. XIX, 1 89 1. JOSÉ NOGALES Y NOGALES 21 3 

1894.— Antonio Luna publicó Impresiones (sobre Filipinas, satírica- 
mente), ]\ladrid, 1891. — Manuel Llórente y Vázquez, diplomático, 
colaborador de El Adundo de los Niños y La Ilustración Española, pu- 
blicó Cuadros americanos, Madrid, 1891. Viajes^ costumbres, tradi- 
ciones, etc., 1893.— Enrique Mantecón y González, habanero, poeta 
popular, publicó Cuba y sus hombres ilustres, Habana, 1891. Nuevos 
cantares, 1891. Nuevos cantos cubanos. — P. A. March publicó Me- 
nudencias, Barcelona, 1891. — Francisco Martínez Montesino, espa- 
ñol, publicó La Noche trágica, relato histórico, Habana, 1891. Intimas, 
poesías, 1895. Encarnación, zarzuela, 1897. Pasionarias, versos, 1899. — 
Rosa Martínez de Lacosta, gaditana, publicó El Ángel del bien, no- 
vela, Habana, 1891. La Deshonra de un nombre, novela, 1891. Cómo 
vino la dicha, novela, Cádiz, 1911. — Eduardo Meireles (n. 1S65-), ha- 
banero, director de un colegio en Matanzas (19 14), estrenó Los Matri- 
monios, juguete, Habana, 1891. En el Juzgado, 1892. Matanzas en ca- 
misón, 1894. Trelles cita otras 20 piezas teatrales (t. VIII, pág. 21). 
La Entrega del mando, revista cómica, Puerto Rico, 1899. — José Me- 
llado Y Moreno publicó Ratos de insomnio y ratos de ocio, genialida- 
des en prosa y verso, Sevilla, 1891. — Alfredo Merelo estrenó El Se- 
ñor Escribano, juguete (con Fernando Bel), 1891. Llegué, vi y vencí, 
juguete, 1898. — La Metafísica y la Poesía, polémica por don Ramón 
de Campoamor y don Juan Valera, Madrid, 1891. — Andrés Miralles 
(■j- 1902), redactor de Los Debates, El Correo, El Resumen y El Nacio- 
nal, gobernador de Filipinas, publicó De mi cosecha, artículos, Madrid, 
189 1. — Antonio Montalbán, colaborador de La Gran Vía (1893), Ma- 
drid Cómico, etc., publicó Música celestial, versos, Madrid, 1891. Los 
Escaparates, saínete, 1913. La Corrida de la Prensa, boceto de come- 
dia, 1915. — José Montenegro estrenó Señoras solas, juguete, 1891. El 
Amor y el gabinete, 1908. — Pedro de Mújica, bilbaíno que enseña cas- 
tellano en Alemania, publicó Gramática del castellano antiguo, Leipzig, 
1891. Dialectos castellanos, Berlín, 1892. Maraña del idioma, Oviedo, 
1894. Maraña del Diccionario de la Academia, Bilbao, 1897. Eco de 
Madrid, Berlín, 1900. Sesión académica ideal, folleto chispeante contra 
la Academia, Braunschweig, 1905, y (en Festschrift Adolf Tobler). — 
Mariano Muzas estrenó El Mordisco, juguete, 1891. El Hijo del casero, 
ídem, 1893. Los Caramelos, 1901. Los Ochavos (con Joaquín López 
Barbadillo), 1910. La Señora de González, juguete, 1914. Travesuras 
de amor, opereta (con Retana), 1914. — A. Natare publicó Articulitos, 
pasatiempos, escenas militares y tonterías, Sevilla, 1891. — José Noga- 
les Y Nogales (t 1908), de Aracena (Huelva), director de El Liberal 
<ie Sevilla, colaborador de La Lectura, Blanco y Negro (1903), ABC 
(1903), etc., galano cuentista, publicó Mosaico: colección de artículos, 
cuentos y tradiciones de la sierra, Huelva, 1891. En los profundos in- 
fiernos, 1896. Tipos y costumbres, 1900. Las fres cosas del tío Juan, 
cuento precioso, premiado por El Liberal, Madrid, 1900; 3.' ed., 1916. 
Mariquita León, novela andaluza, Barcelona, 190 1. El Ultimo patriota. 



2 14 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

novela, 1901. Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 1002: "José No- 
gales, galano cuentista, fino narrador y cronista de extensa cultura, lleva 
publicadas dos novelas de «:ostumbres andaluzas: Mariquita León y 
El Ultimo patriota. Lo que más resplandece en ellas, como en sus cró- 
nicas, es el estilo. Nogales ha llegado á la plena posesión de ese estilo,, 
á la vez moreno como pan candeal y rubio como las mieses, que es la 
fusión más armoniosa de la noble habla castiza y del torturado len- 
guaje moderno. Este producto es de una venustez superna, y sólo los 
cultos, como el mismo- Nogales, pueden apreciar su valor." — Fray Hi- 
lario María Ocio, dominico, publicó Reseña biográfica de los Reli^ 
giosos de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas desde su 
fundación {1587-1650), Manila, 1891, dos vols. Compendio de la Re' 
seña... {1587-18^15), ibid., 1895. — Filiberto de Oliveira Cezar publicó 
La Vida en los bosques sudamericanos: viaje al Oriente de Bolivia, 
Buenos Aires, 1891, 1893. Leyendas de los indios guaraníes, ibid., 1892. 
El Cacique blanco : costumbres de los araucanos en la Pampa, ibid., 
1893. Viaje al país de los Tobas, ibid., 1897. — Eugenio Ortega, colom- 
biano, publicó Historia general de los chibchas, Bogotá, 1891. — Alfre- 
do Pallardó Guillant, director en Calatayud de La Lucha (1886)^ 
redactor en Madrid de La Nación (1895), estrenó Viaje á Liliput, 
1891. — Luis Pardo, critico de arte, director de Puerto Rico Ilustrado 
(1886), redactor de El Globo (1896) y El Día (1897), publicó Confi- 
dencias, novela americana, Madrid, 1891. De arte contemporáneo, 1899. 
Semejanzas: cosas del mundo, 1903. De arte, 1904. De arfe y per el 
arte, disquisiciones críticas, 1908. — Participio del Follón, Entre tum- 
bado y lloroso: mis memorias, IMontellano, 1891. — Leopoldo Pedreira 
V Taibo (1869- 19 i 5), de La Coruña, catedrático del Instituto de Ca- 
narias, Cuenca y Coruña; director en Canarias del Diario de La La- 
guna (1896) ; además de sus artículos periodísticos y obras de Geo- 
grafía, publicó ¿Verdes ó negros f, pleito ruidoso con Alfonso Tobar, 
1891 (en Revista Contemporánea) ; La Coruña, 1909. Concepto de la 
Patria, Madrid, 1892. El Regionalismo en Galicia, ibid., 1894. La De- 
rrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife, ibid., 1897. Lo que es 
Bilbao y lo que podrá ser á fines de siglo, Madrid, 1901. Desde la te- 
rraza^ poesías, La Coruña, 1912. — Agustín Peiro (f 1890), zaragozano, 
caricaturista y escritor festivo, director muchos años del Diario de 
Zaragoza, por seudónimo Antón Pitaco, publicó Cuentos baturros, que 
se recopilaron de periódicos al morir su autor, Zaragoza, 189 1. — He- 
RACLio PÉREZ Placer publicó Morir amando, zarzuela, 1891. Diálogos 
femeniles, Madrid (1913). — IMiguel A. Pérez publicó Figuras america- 
nas, París, 1801. — El padre Rafael Pérez (1842-1901), jesuíta de Gua- 
temala, publicó La Santa Casa de Loyola, Bilbao, 1891. La Compañía 
de Jesús en Colombia y Centro América después de su restauración, 
Valladolid, 1896-1898. La Compañía de Jesús restaurada en la Repú- 
blica Argentina y Chile, el Uruguay y el Brasil, Barcelona, 1901. Los 
Angeles Custodios. — Tomás Periago y Morata publicó Ramillete lite- 



S. XIX, 189I. ENRIQUE- SÁNCHEZ TORRES 2l5 

rario en prosa y verso, Badajoz, 1891. — J. Pin y Soler publicó 
Niobe, Barcelona, 1891. — José Arturo Poggio estrenó Casarse por ca- 
rambola, juguete, 1891. De Carnaval, ídem, 1S97. Abendice, leyenda, 
1904. — La Política de España en Filipinas, quincenario dirigido por 
José Feced, Madrid, 1891-9S, siete vols. — El padrte Manuel Ponce- 
Lis, S. J., publicó Historia ds la Literatura, 1891. Literatura Irispano- 
americana, Madrid, 1S96. — Luis E. Quesada (-j- 1912), de Cienfuegos, 
publicó Ensayos literarios, prosa y verso, Matanzas, 1891. A la me- 
moria de Carlos Man. de Céspedes, 1910. Silueta de don Amelio de 
Lilis, 191 1. — LÁZARO Ralero, por seudónimo Un Veterano de la p.imera 
guerra civil, publicó Caricias de un lego al pcdre fray Luis Coloma, 
á su novela ^^Peqneñeces" ... y á la Compañía de Jesi'is, 1891. — Ramón 
Ramírez Cumbreras estrenó La Choza del diablo, melodrama, 1891. — 
Serafín Ramírez (1832-1907), cubano, publicó La Habana artística: 
apuntes históricos, ibid., 1891. — Francisco Ramos de Pablo publicó El 
Castillo de naipes, comedia fantástica, 1S91. — Apolinar Rato y Hevia, 
asturiano, publicó Vocabulario de las palabras y frases bailes, Madrid, 
1891. — Refranes asturianos publicados con motivo de la inauguración 
de la estatua de Jovellanos en Gijón en 6 de agosto de i8pi, Gijón, 
1891. — Ricardo Revenga y Alzamora, valenciano, director de El Ál- 
bum (Valencia, 1886), estrenó Quien al cielo escupe... (con Fernando 
Piñana), 1891. Salirse con la suya (con ídem), j ^92. Salvadora y... Sal- 
vadora, juguete (con ídem), 1S99. — ?»Ianuel de Revilla y Ov-ELa, di- 
rector de Los Debates (1889), publicó La Luz del alma, Madrid, 1891. 
— Antonio Riestra publicó El Antifaz de la Cruz, novela, Madrid, 
1891. — Enrique Rivera (n. 1871-). poeta mor.tevideano, descendiente 
del general don Fructuoso, lírico subjetivo, melancólico y esc ptico. que 
ha escrito poco, pero bien: Mi venganza. Versos, Dos ansias. Mi cruz,. 
Intima, Amorosas, Poesías, A una muerta, Profesión de fe, ¡ Ven !, 
Mi sombra. Contraste, Mi corazón. Pasión. — Joaquín Roa y Erostarbe 
publicó Crónica de la provincia de Albacete, ibid., 1891. Biografía de 
su alteza real el serenísimo señor don Sebastián Gabriel de Barbón y 
Braganza, jMadrid (s. a.). — Diego Andrés Rocha publicó Origen de 
los indios del Perú, Méjico, Santa Fe y Chile, Madrid, 1891, dos vols. — 
Rodrigo Roldan y Marín estrenó San José, go, 4.°, juguete, 1891. — 
Simón de la Rosa y López publicó Libros y autógrafos de don Cris- 
tóbal Colón, Sevilla, 1891. Los Seises de la Catedral de Sevilla: ensayo 
de investigación histórica, ibid., 1904. El Lugar en que se dio la batalla 
de Guadalefe, ibid., 191 1. — Juan Rubio y Almirall publicó Colón y 
el istmo de Gibraltar: historia del descubrimie:tto cr las Américas, 
Barcelona, 1891. — Eduardo Ruiz publicó Michoacán: paisajes, tradi- 
ciones y leyendas, Méjico, 1891. — Gabriel Ruiz de Almodóvar publicó 
Salvador Rueda y sus obras, Madrid. 1801. — Carlos ^áenz Echevarría 
(n. 1853), de Bogotá, publicó Los Pirata'^, leyenda histórica, Santiago 
de Chile, 1891. Poesías ordenadas y publicadas por su viuda, París, 
1907. — Enrique Sánchez Torres, catalán, publicó Nueve músicos clá- 



2l6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

sicos y seis artistas españoles, Madrid, 1891. La luz, el sonido y la 
música, 1900. Camino de las estrellas, 1911. El Nuevo Mundo, 1912. 
El "Parsifal" y Wagner, Amor, arte y dignidad, ó la Corte de Verana, 
drama, 1913. El Sufragio universal, 1918. — Vicente Sanchís y Gui- 
llen (1835- 1876), valenciano, coronel de Artillería, por seudónimo 
Marcos Bomba en las "Instantáneas" de El Día (1899-1900) ; de Juve~ 
nalillo, en La Correspondencia Militar; de Miss-Teriosa, en revistas 
de teatros de Las Novedades, de Nueva York, 1878, y en La Regencia, 
El Clamor (1889-92), El Nacional, El Reducto, El Eco Militar (1893- 
95), El Globo (1897-99), El Día (1898-900) y El Imparcial; de El Pro- 
fesor Sanderson, en El Clamor (1891) ; de Tinceve, en las crónicas y 
revistas teatrales de El Eco Militar (1893-95) ; de Touchstone, en Es- 
paña en Biarrits (1896-97); de Yago, en El Eco Militar (1893-95). 
Publicó Amapolas y cintarazos, Madrid, 1892. Chasquidos de tralla, 
historias íntimas, San Sebastián, 1897. Isolda, ibid., 1898. La Granu- 
jería andante, Madrid, 1900. Redimida, 1902. Villa-Venus, 1903. /«- 
termallerías : escenas íntimas de la vida del teatro, ibid., 1907. Estrenó 
La Fe bretona, drama, 1891. — G. de Scrarrain publicó Catálogo de 
obras eúskaras, ó catálogo general cronológico de las obras impresas 
referentes á las provincias de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, 
á sus hijos y á su lengua..., Barcelona, 1891. — Juan Antonio de Torre 
Salvador (i 859- i 903), de Guadalcanal, por seudónimo Micro filo y 
M, Monti, redactor de El Eco de Fregenal y El Pacto, director en Se- 
villa de Sevilla en Broma y El Cronista hasta 1895; poeta, prosista, ora- 
dor, crítico literario y gran folklorista, no quiso publicar sus libros, 
contentándose con artículos y alguna que otra obra, entre las que bas- 
tará citar Un capitulo de folklore guadalcanalense, 1891. El Folklore 
de Guadalcanal, 1891. — Rafael Torróme y Ros, redactor de El Cro- 
nista, Biblioteca Reformista (1885), La Opinión (1891) y El Impar- 
cial; por seudónimo Espolín, estrenó La Fiebre del día, con aplauso 
de Cañete, y con su desaprobación, El Sentido común. La Dote, come- 
dia, 1891. Cuentos del maestro, 1906. El Triunfo de la templanza, 
1906. Escenas infantiles, 1907. Aventuras de Alfeñique, 1907. La Ven- 
ganza del mar, 1907. Cuentos de cuentos, 1907. En busca de la For- 
tuna, 1907. La Vida interna, poesías, 1912. — Ramón Trilles, poeta 
valenciano, publicó La Lucha eterna, poema. Valencia, 1891. Amores, 
poema, ibid., 1904. — Luis de Val ha vendido a manera de buñuelos 
todo linaje de novelas, de las que por entregas se meten por debajo 
de la puerta, por ejemplo: Tristes y alegres, Barcelona, 1891. Luz, no- 
vela, 1891. El Triunfo del trabajo, Barcelona, dos vols. El Ultimo 
adiós, ó los dramas del hogar, ibid., dos vols. La Hija de la nieve, ó 
los amores de una loca, ibid. (s. a.), dos vols. Los Dominadores del 
mundo, ibid., dos vols. Vida bohemia, ibid., dos vols. / Virgen y ma- 
dre!, ibid. (s. a.), dos vols. La Hija del adulterio, ibid., dos vols. La 
Redención del obrero, novela, ibid. (s. a.), dos vols. Los Dramas del 
amor, novela, Madrid, 1909, dos vols. — Luis V. Várela, argentino, 



S. XIX, 1S92. PEDRO BONIFACIO PALACIOS 2(7 

publicó La Voz de las campanas, canto, Buenos Aires, 1891. En la 
cordillera andina, ibid., 1898. La Puna de Atacama, 1899. Las Repú- 
blicas Argentina y Chile : Historia de la demarcación de sus fronte- 
ras, 1899, dos vols. Historia constitucional de la Repiiblica Argenti- 
na, La Plata, 1910, cuatro vols. — Mariano Velarde publicó Venganza, 
novelita, Cochabamba, 1891. El Castillo misterioso, id., ibid., 1892. — 
FoRTÚN DE Vera, argentino, publicó Cuentos de tropa, 1891. — Teodosio 
Vesteiro Torres, gallego, escribió Páginas sueltas, poesías, Lugo, 
1891. Poesías, La Coruña, 1896 (postuma). Recuerdos de Galicia, dos 
volúmenes, ibid., 1896 (idem). — Luis de Viana publicó El Palacio, no- 
vela histórica, Habana, 1891. — Emilio C. de Villegas publicó Colec- 
ción epigramática. Habana, 1891. — Francisco Viñals y Terrero 
(n. 1862-), de la INIota del Marqués (Valladolid), médico; además de 
obras científicas, publicó, como ameno cuentista, Cuentos vercs.mVes, 
Madrid, 1891-1896; segundo tomo, 1910. Poca la florera, 1895. Epi- 
sodios y cuentos, 1913. — Domingo de Vivero publicó (con J. A. de 
Lavalle) Galería de retratos de los Gobernadores y Virreyes del Perú 
(15^2-1824), Lima, 1891; Barcelona, 1909. Galería de retratos de los 
Arzobispos de Lima {1541-1891), ibid., 1892. Galería de retratos de los 
gobernantes del Peni independiente (1821-pi), ibid., 1893; Barcelona, 
1909. — Antonio Weber y Seinado estrenó El Tajo de la cisterna, zar- 
zuela, Habana, 1891. La Caverna de Artambul, ibid., 1891. 

44. Año i8p2. Pedro Bonifacio Palacios (1854-1917), 
más conocido por el seudónimo Almafuerte^ nació en San Jus- 
to (Argentina) ; desprovisto de bienes de fortuna, logró á los diez 
y nueve de su edad una pensión de la Cámara de diputados 
para estudiar pintura en Florencia; la de senadores se la re- 
chazó. Acogióse á la enseñanza de niños en Chacabuco, La Plata, 
y un decreto le dejó cesante por carecer de título. La soledad 
y la miseria le acompañaron como hermanos toda su vida. Sólo 
el 27 de setiembre de 191 6 votaron las Cámaras en su favor 
una pensión vitalicia. Poco la gozó : falleció en febrero del año 
siguiente, con sentimiento universal de toda la Argentina. Sus 
primeros versos Interrogantes, Olímpicas y Cristianas, salie- 
ron en La Nación (1892) y conmovieron las líricas frondas, 
como alguien ha dicho, habituadas a la gárrula orquesta de la 
pajarería romántica. Otra pajarería menos vocinglera, más vis- 
tosa por los colorines, más afectada, de otro romanticismo que 
llaman modernismo, ha chirriado por América y España. Jóve- 
nes ellos, casi todos, niños ganosos de atraerse las miradas. 
Diríase que la poesía se hizo para entretenimiento de mozalbe- 



ai 8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

tes, de niños, y niños pedantes por contera. Entre tanto afecta- 
do y remilgado flautear, Almafuerte parece todavía rrtás varo- 
nil. Mientras los modernistas cantaban afeminadamente el lujo 
y el placer, remembrando épocas sibaríücas y anhelando todos 
los desvarios de la lujuria en ciudades decadentes y refinadas, 
Almafuerte, abrevado de las lágrimas y miserias propias y 
amaestrado por ellas para comprender las del pueblo que sufre 
y llora, hízose poeta apostólico, evangelizador : dirigióse al pue- 
blo, á las heces de la sociedad, para purificarlas, elevándolas á 
ideales altísimos y evangélicos : 

"Migración á la Vida suprema, 
cuyas libres regiones más claras 
surcaremos un día tan puros 
cual una bandada de lirios con alas." 

En tono y metros, en sinceridad y llaneza de lenguaje, muy se- 
mejante á Bécquer y á Gabriel y Galán; sino que, en vez de so- 
llozar, como el imo, las amarguras del amor desengañado, ó 
encomiar las placenteras delicias del hogar, como el otro, sollozó 
y cantó las amarguras del pueblo despreciado por los ricos, por 
los propios vicios acanallado. Es el poeta cristiano y moralista, 
pero sin escrupulillos monjiles, sin intransigencias ñoñas. Piedad 
evangélica chorrean sus estrofas. Es el poeta de la crítica social, 
no demoledora, sino edificadora. Un Núñez de Arce, sino que 
no duda ni se desalienta, antes robustece los ánimos y encamina 
los espíritus; que no es tan acicalado y académico, empero sí 
más robusto y popular. Es el poeta realista, de pura cepa espa- 
ñola, que no se intimida por la grosería de un vocablo, cuando, 
incrustado en su elegante decir, lleva la fuerza que pide la va- 
lentía de su entonación poética. Maneja los metros castizos 
como nadie, derrocha las riquezas del habla castellana como- 
pocos, aunque sin melindrear por un neologismo que le salga 
al paso. Sus comparaciones y metáforas son de un poeta sutil 
y de gran fantasía. Ha sido comparado con Guerra Junqueiro 
y con razón; sino que Junqueiro es un Luzbel. Almafuerte 
es un San Miguel arcángel. Su^oesía es sociológica, como lo 
llevaba su época, pero evangélica y humana. Es, acaso, el poeta 
más sano, más recio, de más enjundia, más sincero y más cas- 



I 




ALMAFUERTE 



S. XIX, 1892. PEDRO BONIFACIO PALACIOS 219 

tellano que ha nacido en América. Cabalmente llegaba á la 
cumbre del Parnaso cuando Rubén Darío deslumbraba á la 
juventud con el rielar modernista de su elegante lira. Todos 
se fueron tras él. La cruel injusticia le hizo injusto también; 
de su alma brotaron anatemas amargos y el decadentismo se 
le apareció como "un grotesco murciélago dorado" que "ame- 
nazaba la armonía mental de los escritores y de los artistas". 
Y es que su principal virtud, la sinceridad, hubo de chocar cara 
á cara con el principal vicio del modernismo, la simulación. Su 
pensamiento teníalo puesto en Job y en Jesús, sintiendo no sólo 
sus propias penas sino las de todos los hombres, sacrificando 
durante toda su vida á su austeridad inflexible y á su idea ab- 
soluta, noble y grande, los halagos sensuales y las vanidades de 
la tierra. Solo y en continuas miserias envuelto, alzóse con 
fiereza, cual robusta encina, por cima de las sabandijas políticas 
y de las florecillas poéticas del modernismo. Los sufrimientos 
fueron la savia que le hizo crecer. Fué el Walt Whitman cris- 
tiano y de raza española. Cantaba solo, porque nadie le seguía 
ni podía seguirle nadie. Sólo Gabriel y Galán, la otra robusta 
encina que tan sola y señera subía en un rincón de España, pu- 
diera haberle comprendido. Ambos árboles robustos hubieran 
entrelazado sus ramajes y derramado sus copas por América y 
España. El de acá era el canto regional; el de allá, el canto 
sociológico : las dos tendencias estéticas sanas de la época. Ga- 
briel y Galán es mucho más poeta que Almafuerte; pero la al- 
teza del pensar, la reciura del decir, la sinceridad, no empañada 
por ajenos anhelos de figurar que lleva á lo raro v afectado, 
son cualidades que ponen a Almafuerte por cima de Rubén 
Darío, cuya poesía, por maravillosa que sea en su hechura 
refinada, flaquea por los defectos contrarios, por lo afeminado 
de los pensamientos, en general, por la blandenguería en el decir, 
por la comezón de lo raro y efectista. En sus Lamcntacio7tes 
gimió el dolor de todos los caídos; en La Inmortal vibró una 
de las notas líricas más altas de América; en La Sombra de la 
Patria resonó el grito desgarrado de la Patria que apenas aca- 
baba de nacer entre la fusilería de las revoluciones. La Canción 
del hombre, Apostrofes, Amorosas, Sin tregua. Cívicas, Cuerdas 
nuevas, Cantar de los cantares, son composiciones que andan 



220 FPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

todavía dispersas. El Misionero fué la poesía que más encantó 
á todos, después Milongas clásicas, de versos duros como el 
acero, vibrantes como el oro, fulgurantes como el rayo. 

Juan Maragall (i 86o- i 91 2), barcelonés, tan amante de Es- 
paña como de su patria chica, apóstol del amor como ley de la 
vida, sereno y virtuoso varón, que tuvo altísima idea de la poe- 
sía, la cual no creía poderse dar sino en un alma buena, como 
de hecho lo fué la suya; poeta en catalán, sincero y sentido, 
fresco y vivo, con algo del misticismo franciscano, retrató la 
belleza de sus pensamientos y de su obrar en sus poesías. Fué 
no menos clarividente y atinado crítico literario, redactor del 
Diario de Barcelona por muchos años, hasta 1903. 

José Durban Orozco, natural de un pueblo de Almería, 
donde vivió retirado y oscuro, poeta elegiaco y sombrío, triste 
y descorazonado, bien que con algunas tonalidades de crepúsculo 
otoñal acaricia suavemente el alma. Manejó bien los ritmos 
y empleó dicción castiza, sin extravagancias modernistas. Pu- 
blicó Afanes eternos, Madrid, 1892. Tardes grises, Almería, 
1900. La Sombra, poema, ibid., 1903. 

Antonio Zayas, diplomático, es el gran sonetista á lo Here- 
<iia, de quien no quita los ojos. Artista parnasiano, impeca- 
ble, que pesa y mide palabra por palabra, lima, pule, tornea, 
suda y afana por meter en el soneto una semblanza de per- 
sona, la idea de un cuadro, cualquiera otra cosa ó pensamiento. 
"Ponen todo su empeño en buscar la perfección absoluta", dijo 
Lemaitre de los parnasianos ; la perfección relativa, diríase me- 
jor, y muy relativa, de las palabras, á las cuales posponen el fon- 
do poético, la idea y el sentimiento, resultando fríos, poco pro- 
fundos y más ó menos afectados. 

45. Pasó la infancia Almafuerte en casa de sus abuelos; leyó la 
Biblia y biografías de proceres argentinos. Educóse en Buenos Aires, 
donde estuvo cinco años de maestro, hasta 1875 ; de 1881 á 1887 enseñó 
en Mercedes y Chacabuco; de 1887 á 1894 en Trenque-Lauquen, y t'^é 
redactor del Buenos Aires, de La Plata, y de El Oeste, de Mercedes; 
fundó El Progreso, en Chacabuco, y redactó en La Plata El Pueblo. 
También fué maestro en El Salto, donde escribió Interrogante, la pri- 
mera poesía que publicó en La Nación y le hizo ya famoso. En 1896 fué 
declarado cesante por carecer de título, y aquel año fué nombrado 
prosecretario de la Cámara de Diputados de la provincia, cargo que le 



S. XIX, 1892. PEDRO BONIFACIO PALACIOS 22 1 

hicieron dejar á los dos años, quedando con la jubilación de 45 pesos^. 
pasando mil menosprecios y penalidades. Dio en el Odeón lecturas 
(1913) y conferencias en varias partes. Antonio Herrero, A'.m::f..erie, 
1918, pág. 69: "Era un hombre fuerte y vivo, candoroso y rudo, que daba 
la impresión de un águila caudal... Hablaba en voz tenante, violenta- 
mente y por estallidos... ; era amable y exquisito, con la férvida ternura 
de una madre. Cuando estallaba su indignación, rugía como una fu- 
ria...; pero apenas pasada la tormenta, volvía á ser apacible y dulce 
como un niño... Era incapaz de fingir. Era un volcán de sinceridad... 
Aceptó heroicamente la pobreza y el desprecio, el olvido y la calumnia... 
Así conservó el derecho de arrojar sobre los hombres las más trá- 
gicas verdades... Conservaba, aun en la hora de la muerte, la fe 
candida y potente de los niños en la vida y en el bien... Era un 
héroe del Bien, un loco del Ideal y un Quijote del Ensueño... La gran 
pasión de Almafuerte, su ídolo más querido, á quien consagró lo más 
intenso y hondo de sus poesías y también de sus más rudos apostrofes 
fué la "chusma sagrada", en cuya tosca alma enorme él esculpió la 
excelsa figura del superhombre futuro. Y esto no lo realizó en la poe- 
sía solamente, como algunos poetas populares que, aun cuando cantan 
al pueblo, se alejan de él y hasta lo reniegan, sino con su vida mis- 
ma... No ha tenido otro propósito ni ideal que redimir y elevar al 
hombre...; ha sido el poeta del Hombre... al hombre interior... No 
fué literato, ni artista, ni poeta...; él ha sido sencillamente un hom- 
bre..., poeta del dolor y del misterio humano..., en someter y dominar 
á la naturaleza, en superar el plano de los instintos, viviendo sola- 
mente la vida de la moral... En esa lucha moral por desbestializarse 
está para Almafuerte el objeto y el fin de la existencia... Lo que Al- 
mafuerte no amaba ó, mejor aún, detestaba, es el sensualismo... Et 
amor para él era algo sagrado, supremamente moral, como cumbre y- 
fuente que es de la existencia. Amaba á la mujer más profundamente 
que ninguno de los literatos actuales. Por eso precisamente no la en- 
diosaba en su aspecto carnal ni la dedicaba vanos galanteos... Consti- 
tuye la poesía de Almafuerte una piedra de toque para los espíritus. 
Son enemigos de ella todos los estetas, todos los decadentes, los jugla- 
res, los bufones de todos los tiranos, los lacayos espirituales, los com- 
binadores de "cocinitas literarias", los pedantes pontificadores, los 
amoralistas, los inútiles para el progreso, los partidarios del placer á 
toda costa, los canflinfleros del dolor eterno; y son admiradores 
de su obra todas las almas sinceras y apasionadas, los amantes del 
bien y del progreso, los rebeldes conscientes y los libres... Para Alma- 
fuerte es el arte sólo un vehículo... Pero siempre su arte es adecuado 
al pensamiento que expresa. Hay una fusión perfecta en sus poesías 
entre la forma y el fondo. Una y otro están fundidos en unidad ideal. 
No hay una sola palabra que resulte forzada, ni verso ni ritmo alguno 
disonantes. Tiene esa rotundidez articulada y vibrante que es la ca- 
racterística del genio... Ante todo es un sintético. Todos sus conceptos" 



222 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

y poesías son grandes bloques de síntesis." Doctor González, Diario 
de Sesiones de Buenos Aires (septiembre 27, 1916) : '^Almafuerte es 
un poeta original en nuestro medio. Almafuerte no tiene en estricto 
sentido de forma y de doctrina con quien compararse entre nosotros. 
Si es verdad que se asemeja al espíritu analítico de Gutiérrez, sale de 
este género por la entonación prof ética de su estro. Viviendo en otros 
tiempos, por ejemplo, en los de la Judea antigua, Almafuerte sería un 
Ezequiel, un Isaías, un Salomón, de los Proverbios y del Cantar de 
los Cantares. Es la comparación más exacta que he podido enconf:rar, 
ya que en materia de juicios literarios las comparaciones son casi in- 
dispensables, Almafuerte es un profeta, porque el profeta clásico no 
era solamente un conductor de pueblos; era un inspirador, era un vi- 
dente, que encendía la zarza famosa, y el pueblo seguía tras él. Además, 
.Almafuerte ha hecho una vida tan orfginal, se ha compenetrado de tal 
manera con la vida de la masa popular y es él tan hondamente una 
parte de la muchedumbre, que puede llamársele una flor de esa masa; 
y así como vemos que en los litorales de nuestros grandes ríos se des- 
prende de la costa y viaja sin término hacia el infinito del mar la flor 
del camalote, Almafuerte es como un florecimiento del alma del pue- 
blo: va delante de él hacia lo ignoto, y llega hasta penetrar en esa 
región iluminada que los poetas religiosos de la India llaman el Nir- 
vana, hacia donde sólo se llega viajando "entre los mil pétalos del 
"Loto", según la mística expresión de Kabir... Almafuerte ha produ- 
cido poemas de un lenguaje tan extraño, tan potente en su entonación 
y rico en su variedad de tonos y de rimas, de giros, de efectos musi- 
cales y efectos morales, que forma él solo un género único, exclusivo, 
suyo. Es, en suma, solamente comparable, bajo este aspecto, con los 
profetas de la Judea antigua, Ezequiel é Isaías, en sus invectivas y 
anuncios, y como Job en sus lamentaciones. En tal sentido pueden ser 
citados sus poemas Jesús^ El Misionero, El Cantar de los Cantares, 
Las Olímpicas, La Sombra de la Patria y tantos otros en que su robusta 
y profética, y no pocas veces juvenalesca inspiración, llega á su má- 
xima amplitud, que pueden ser consideradas como poesías guiadoras, 
poesías superiores, en las que el espíritu del pueblo puede sentirse 
siempre retemplado en un principio de a:lta moral, de energía supre- 
ma, y, sobre todo, por lo que este poeta más inculca en el espíritu de 
"su mundo", esto es, el sentimiento de la independencia personal, y 
de valor tan grande de la individualidad humana, que bajo este solo 
aspecto merecería ser colocado entre los grandes educadores de nues- 
tro tiempo entre nosotros... Puede ser llamado "el poeta de la demo- 
"cracia". En Estados Unidos apareció hace tiempo un poeta incalifica- 
ble, é incalificable del punto de vista académico, ó retórico, 6 litera- 
rio: me refiero á Walt Witman. Es un poeta de fibra natural; es un 
poeta genésico, que expresa las cosas que ve y como las ve en la 
Naturaleza; es un poeta por cuya boca la Naturaleza habla. Se le 
llama allí "el poeta de la democracia". Y es, efectivamente, el poeta 



S. XIX, 1892. PEDRO BONIFACIO PALACIOS 2 ¿5 

de la democracia; y Almafuerte se le parece tanto, bajo este aspecto, 
como dos identidades; solamente Witman es más bárbaro, en el sen- 
tido antitético de la Academia, y en el de vivir de las fuerzas de la 
Naturaleza misma, que son de producción y de renovamiento continuo, 
como se revela en su terrible apostrofe que, de memoria, traduzco : 

"¡ Parid, parid, parid ! 
¿Qué hacéis con vuestros frutos encerrados? 
¿ Queréis, acaso, que se os pudra en las entrañas ?" 

¿Y no se está oyendo rugir en estos "bárbaros" la musa de Alma- 
fuerte F Este puede llamarse un poeta bárbaro, como Leconte de Lisie 
llamó "bárbaros" á sus poemas de asuntos exóticos ó primitivos, y 
también en esa forma de interjección tan argentina que empleamos 
cuando no viene á los labios el adjetivo suficiente para expresar nues- 
tra admiración ó sorpresa. Es un verdadero poeta de la democracia. 
Este es uno de sus mejores títulos á la gratitud nacional. Es un hom- 
bre que enseña en todas las formas: con su vida, con su abnegación, 
con sus ideas. Seria un romance escribir la vida de este poeta dedicado 
á la dignificación de eso que él ha llamado tantas veces "mi chusma"; 
pero eso que él llama su chusma es la masa del pueblo de que ha de 
nacer todo; es como el vasto pantano donde se forma el humus de la 
tierra; de allí nacen todos los humus que van á desparramarse para 
fecundar las tierras ; allí se producen los fuegos fatuos que guían al 
viajero en la noche, y allí nace también el loto americano, el camalote, 
que después arrastran las aguas hasta la inmensidad del mar. Alma- 
fuerte agranda, sin duda, en su estro magnificante de todas las ideas 
y de todas las cosas, los elementos de donde saca los asuntos de su 
inspiración. Lo que el alma del poeta siente es el alma de la muche- 
dumbre; es la multitud desvalida, aquella que no tiene gnía, aquella 
que no tiene conductores, aquella que no tiene representantes, aquella 
que no tiene docentes. Pero es que allí está la inspiración más potente 
de la nacionalidad, y así es como este gran poeta, que á la vez es un 
apóstol, que á la vez es un maestro, es un alto y luminoso guía de la 
conciencia colectiva. En su poema El Misionero ha hecho, á no dudar- 
lo, como muchos otros poetas de su talla, su profesión de fe de apos- 
[tolado evangélico, moderno, libre, sin dogmas limitativos, como un 
San Pablo contemporáneo, cuando dice: 

"So}' el que puso paz en la discordia, 
pan en el hambre, alivio en las prisiones, 
y en la obsesión tenaz, más que razones, 
puso, sin razonar, misericordia." 

"Yo renuncié las glorias mundanales 
por el arduo desierto solitario, 
para sembrar, también, abecedario 
donde mismo se siembran los trigales." 



224 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

Es un apasionado santo, es un "consagrado" al amor de la niñez y 
de la juventud, como esencia de la Patria. Como el bardo indobritá- 
nico Rudyard Kipling, ha tenido la inspiración de escribir el Himno 
Nacional Infantil; como aquél, al comenzar la guerra europea, tuvo 
la inspiración de cantar el amor supremo, de evocar el alma de la 
infancia, de la patria futura en su Canción de los Niños (The children's 
song), en la cual no hay un solo acento de odio, sino de íntimo amor 
por la tierra nativa." Victorio M. Delfino, Almafuerte, 1917: "Su vida 
la podemos describir en dos palabras: fué un eterno peregrinar, em- 
puñando en una mano el silabario y en la otra la magnifica lira de 
los acordes inmortale-s. Siempre errabundo y solo, monologueando 
como el Dante; diestro en el arte de estar solo en medio de la muche- 
dumbre que le rodeaba sin comprenderlo; aislado en roca Tarpeya 
como Prometeo, llorando las desgracias de la vida como Petrarca y 
como Leopardi... Y en todo, en la tribuna, en la escuela, en el hogar 
y en la calle, parecía como su Misionero. Porque si queréis saber quién 
fué Almafuerte, leed El Misionero, porque él no fué otra cosa que ese 
fraile laico, ese "miserable que amó mucho"... En 1893, hallándose en 
El Salto, remitió á La Nación una poesía que apareció fírmala con 
el seudónimo de Almafuerte. Emilio Castelar, el gran tribuno, la trans- 
cribió en El Globo, de Madrid, "con un encabezamiento admirable de 
"cien líneas", según decía Almafuerte mismo en unos apuntes íntimos. 
En El Salto escribió también Olímpicas y Cristianas, y dio una versión 
modificada de La Sojnbra de la Patria. En 1896, á raíz de su destitu- 
ción por la Dirección de Escuelas, fué nombrado prosecretario de la 
Legislatura de la provincia de Buenos Aires. En esa época entregó á 
la publicación el prólogo de La Inmortal, Cantar de los Can ares. Mi- 
longas Clásicas y otros trabajos menores. Once años después (1907) 
asumió la dirección de El Pueblo, cotidiano de La Plata. En las co- 
lumnas de ese diario se encuentra una considerable parte de su labor. 
Sus publicaciones poéticas en forma de libro las inició en 1906 con 
Lamentaciones, que contenía un prólogo del malogrado Más y Pí, y 
las siguientes inmortales composiciones: Confíteor Deo, El Misione-, 
ro. Gimió cien veces, Vencidos, Mancha de tinta. Llagas profeticéis. 
Como prosista no tiene una obra orgánica ; publicó en revistas y diarios 
las cláusulas perfectas de sus Evangélicas y varios discursos magistra- 
les. Casi en nuestros días dio á luz otro libro, Almafuerte y la guerra, 
que contiene un estudio sobre Neutralidad, El Apostrofe, Los sabios 
alemanes y otros estragos universitarios y un breve discurso. Aún en 
vida se publicó un pequeño folleto bajo el título de Milongas Cl. sicas, 
su canto á la "chusma". Tales son las obras reunidas que durante su 
existencia publicó este genio de las musas; pero á fe que no se sabría 
decir cuáles son sus poemas maestros; si las sonoras y metálicas es- 
trofas del divino Cantar de los Cantares, donde dice del amor ya ido 
de su juventud con unción religiosa, sus cadencias, monorrítmicas can- 
ciones que le inspirara el dolor de los humildes, sintetizadas en la 



S. XIX, 1892. PEDRO BONIFACIO PALACIOS 22 5 

miseria de su "chusma" doliente, ó su profundamente filosófico, arqui- 
tectural, aquilino, druídico, de corte indomablemente apostólico, El 
Misionero, que es su Biblia, su evangelio, su "parto más doloroso". 
¿Cuál era su doctrina filosófica?, preguntaréis. Fué ingenuamente cris- 
tiano ; un cristiano primitivo de aquellos desharrapados de Judea, sen- 
cillo como los mismos de Nazareth; bíblico como los primeros profetas 
y bueno como el propio Jesús. Fué un. cristiano puro, digo, que pr¿scó 
á esta estupenda doctrina que ha resistido la cruzada de veinte siglos 
de guerras y de claudicaciones humanas los esplendores maravillosos 
de su arte imperecedero, Y Almafuerte no fué otra cosa ideológica- 
mente considerado, porque sabía que nada más grande y bueno había 
creado el ente humano á io largo de los siglos que la moral del Galileo, 
que redimía al esclavo y al liberto, que glorificaba al amor, que coro- 
naba al pobre y al desvalido, que atacaba á los Césares de todos los 
tiempos, que llamó á los hombres á la montaña nada más que en nom- 
bre de la paz y la fraternidad humanas, que levantó el poema de! amor 
maternal, que amaba á los niños y á las flores, lo mejor de la estirpe, 
y que proclamaba la paz de los corazones y la tranquilidad de las con- 
ciencias. Y, sobre todo, porque el gran poeta sabía evidentemente, pal- 
mariamente, que los fariseos de todos los tiempos, que los Dioclecianos 
de la canalla contemporánea practicaban un cristianismo invertido, 
convirtiendo al siervo de Jesucristo en un severo Pilatos, que absuelve 
ó castiga á nombre de Aquel que dijo que no había jueces ni verdugos, 
y á los apóstoles en sumos señores perfumados de heliotropo. Procla- 
mar la verdad y desenmascarar á los simuladores para restablecer cris- 
tianamente la moral sin dogma del desharrapado de Jerusalén, fué toda 
su preocupación filosófica. Bueno es saber que practicaba un cristia- 
nismo moderno, reformado por su conciencia integérrima, viril, fuer< 
te; no emcumbraba á la escoria humana ni ponderaba las cualidades 
secundarias de la especie; trataba de redimir á los miserables por idea 
y por la enseñanza paternal, alumbrando su camino con la antorcha 
de la esperanza... Pero no hundía en la charca infecta á las víctimas 
ni las obligaba á extender la mano al transeúnte, sino que las levan- 
taba cariñosamente en sus hombros y amasaba su propio barro para 
reivindicarlas. Y esto lo hacía como un padre apostólico de fe; á las 
veces era el consejo sano, santo, suave como una caricia; otras, la 
amonestación; pero también, muy á menudo, los latigueaba como á un 
ejército del mal... Era, pues, un Cristo, un redentor moderno. Senti- 
mentalmente, Almafuerte era un conglomerado de odio y amor: odio 
al mal, amor al bien ; he ahí todo. Fué augur y fué profeta ; fué hom- 
bre, fué niño, fué flor, fué poeta, fué apóstol y fué filósofo. Pero, ante 
todo y sobre todo, fué un genio. En una palabra: Almafuerte fué un 
místico absoluto que presagiaba para el futuro, no El Hombre Libre, 
que diría Nietzsche, sino El Hombre Bueno, que había dicho Jesús, y 
que es la más grande de las libertades... Como artista, Almafuerte 
puede, pues, clasificarse entre los poetas de combate que han usado su 

TOMO X —15 



220 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

estro, preferentemente, con un nobilísimo fin de mejoramiento humano. 
Su perfil indomable es el de un apóstol, el de un vidente." Almafuerte 
publicó en revistas y periódicos : La Inmortal, Milongas clásicas, La 
Canción del hombre, Cristianas, Apostrofes, Amorosas, Sin tregua, 
Civicas, Cuerdas nuevas, Confiteor Deo (1904), Gimió den veces 
(1904), Vencidos (1904), El Misionero (1905), Mancha de tinta (1905). 
Aparte, Lamentaciones, La Plata, 1906. Evangélicas, sentencias breves 
y hondas en prosa, 1915. Apostrofe: guerra europea, 1915; Santiago, 
191Ó. La Sombra de la Patria, poema. Poesías, 1916, con prólogo de 
Más y Pí; Montevideo, 1917. Amorosas, Buenos Aires, 1917. Consúl- 
tense: G. Lafond, Le poete argentin Almafuerte, 1917 (en La Nouvelle 
Revue, París, 270-276). Alberto J. Mazza, Almafuerte, Rosario, 1917. 
Yictorio M. DelfinOj Almafuerte : su personalidad y su obra, conf ., Bo- 
lívar, 1917. Alfredo J. Torcelli, De Almafuerte (en Nosotros, núme- 
ros 105-107, 1917). Antonio Herrero, Almafuerte: su vida y su obra, 
Buenos Aires, 1918. Alberto Mendioroz, Almafuerte, La Plata, 1918. 

Luis Zulueta, La Lectura, 1912 (enero) : "Maragall, que por su parte 
fué uno de esos hombres extraordinarios artífices de su alma, creado- 
res dentro de sí mismos de un alto tipo de perfección humana, del 
mismo modo cincelaba primorosamente sus poesías que cincelaba una 
por una las horas de su existencia." Obras completas, Barcelona, 
1912-13, II vols., con retrato. Serie catalana: Poesies, dos vols. Es- 
crits en prosa, dos vols. Serie castellana: Artículos, 1892-1911, cinco 
volúmenes. Elogios, un vOl. Poesías. Elogio de la palabra, discurso en 
el Ateneo de Barcelona, 1903. Renovación, San José de Costa Rica, 
1918. Consúltense: Sesión celebrada en el Ateneo de Madrid en honor 
de J. Maragall, 1912 {La Lectura, XII) ; Miguel Santos Oliver, En 
Maragall, Barcelona, 1912; Ramón M. Tenreiro, /, M., 1913 (en La 
Lectura, XIIP, 1-7, 121-133; XIII^ 1-15); Fray M. D'Esplugas, Ma- 
ragall: notes intimes, 1912; Alfons Maseras, Un poete catalán, 1912 
(en Revue du temps présent). 

Antonio de Zayas: Poesías, Madrid, 1892. Joyeles bizantinos, 1902, 
Retratos antiguos, 1902. Paisajes, versos, 1903. Noches blancas, poe- 
sías, 1905. Leyenda, 1906. Ensayos de crítica histórica y literaria, 1907. 
Reliquias, sonetos, 1910. Epinicios, 1912. Los Trofeos, romancero y 
los conquistadores de oro, de J. M. de Heredia, en verso castellano. 
A orillas del Bosforo, versos, 1913. i 

46. Año i8q2. Jacinto Ben avente (n. 1866-), madrileño, 
fué hijo del afamado médico de niños don Mariano, cuyo busto 
está en el Retiro ; estudió el bachillerato y algo de leyes ; pero 
fallecido su padre cuando él tenía diez y nueve años (1885), dejó 
la carrera y dióse á viajar por Francia, Inglaterra y Rusia, donde 
fué empresario de circo, mostrando en ello su inclinación, no 
míenos que en sus juegos cuando muchacho, que se entretenía 




JACINTO BENA VENTE 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 227 

con SU teatrito Guignol, y más tarde en sus aficiones de actor 
que ejerció a veces, bien que con mediana fortuna. Todos estos 
deportes se los permitia el desahogo económico con que el pa- 
dre dejó á la familia. Fué director de Vida Literaria (1899) y 
Madrid Conuco; colaborador de RezK Contemp. (1898), La 
Ilustr. Esp. (1897-99), El Arte del Teatro (1902), La Lectura. 
Helios (1903-04), Los Cómicos, Alma Española (1904), El hn- 
parcial. En sus primeras obras teatrales inspiróse en la nueva 
manera de los franceses I^avedan, Donnay, Capus, que es una 
sátira social condescendiente y benigna, de fina y aguda observa- 
ción, de ironía graciosa y sin hiél, de diálogo fácil y chispeante. 
Estas son, cabalmente, las dotes del ingenio de Benavente ; pero ya 
por su temperamento artístico, más cerebral y de pensador que de 
imaginativo y de visión plástica, ya por su educación en obras 
francesas, cuya tendencia didáctica y moral de siempre señalábase 
todavía más á la sazón por el prurito de llevar doctrinas sociológi- 
cas á las tablas, la concepción dramática de Benavente falló por 
su base desde las primeras obras. Eran más bien á manera de 
conferencias tenidas en el escenario entre algunos personajes, 
sin fábula apenas reciamente tramada, sin unidad de acción, 
sin caracteres bien perfilados, sin el consiguiente contraste de 
pasiones en situaciones dramáticas y sin los afectos y efectos 
trágicos ó cómicos que de ellas broten naturalmente. Satírico 
social y hombre de pensar ingenioso y sutil, concebía la obra tea- 
tral como una tesis social ó filosófica ingeniosamente planteada 
por el entendimiento que había que concretar después en una 
fábula; en vez de aprender, ante todo, con la imaginación un 
acontecimiento ó escena real de la vida, de la cual pudiera ó no "< 
desprenderse una lección ética y sociológica. El intento de la 
comedia y del drama, según la tradicional escuela francesa y 
más de la dramaturgia sociológica á la sazón reinante, era co- 
rregir públicamente el vicio, ya con el arma del ridículo, á lo 
Moliere y Bretón; ya con la del escarmiento, á lo Kotzebue y 
Taniayo ; ya con entrambos á la vez, á lo Moratín. Pero el tea- 
tro no se hizo para corregir ni enseñar. "Nosotros entendemos, 
decía Larra siguiendo la tradición española {La niña en casa y 
la madre en la máscara), que la moral de una comedia no la 
ha de poner el autor en boca de este o de aquel personaje; ha 



/ 



«28 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNIST.i (1888-I907) 

de resultar entera de la misma acción, y la ha de deducir for- 
zosa é insensiblemente el espectador del propio desenlace." Be- 
navente, por cerebral y por educación afrancesada, procedia al 
revés : primero el intento doctrinario, satíricosocial, después ver 
cómo ese intento puede encarnarse en una acción, la cual, por 
lo mismo, resultaba floja )■ poco plástica, los personajes no eran 
caracteres vivos, sino muñecos que habían de disertar más bien 
que no obrar : y sin fábula ni caracteres no era posible se diesen 
contrastes, situaciones ni pasiones dramáticas. No es el teatro 
escuela de virtudes ni siquiera escuela de la vida. Cuando así 
se toma llámase teatro docente, que es un inferior teatro, 
puesto que mira más bien á la enseñanza que al arte. El 
mismo poema didáctico, en tanto es arte cuanto es él el in- 
tento principal del poeta, quedando la enseñanza como pura ma- 
teria del poema. La expresión pura y desinteresada de la vida, 
el retrato sincero del vivir humano : tal es el fin del teatro, como 
de las demás artes ; diferenciándose de los otros géneros litera- 
rios por el modo de expresión, que consiste en que esa vida se 
exprese poniéndose en acción (drao = obrar). El teatro de Bena- 
vente es un nuevo género de espectáculo teatral. No es expre- 
sión de la vida, sino filosofía crítica de la vida. En todas sus 
obras adviértese al punto el propósito de filosofar de la mayor 
parte de sus principales personajes. De lo que ven suceder á 
otros y de lo que á ellos mismos sucede sacan su epi fonema al 
canto. Y no como en el teatro de Eurípides, por ejemplo, don- 
de se esparcen acá y acullá alguna que otra sentencia, como 
brillantes que resaltan de la tela que la vida en acción va tejien- 
do, sino que el filosofar sobrepuja con mucho al obrar : no bro- 
tan las sentencias como epi fonemas naturalmente desprendidos 
de la acción, sino que apenas hay más acción que la cadena de si- 
tuaciones flojamente trabadas, dispuestas con el fin de que el 
razonamiento filosófico continúe sermoneándose por los prin- 
cipales personajes. Expresión de la vida en acción : tal fué siem- 
pre el teatro ; las sentencias tomábanse como uno de tantos ador- 
nos que abrillantaban el estilo y condensaban la filosofía que de 
esa vida retratada resurtía. En el teatro de Benavente hase vol- 
cado el teatro de arriba abajo : el razonamiento filosófico es el 
intento principal que sobrenada, la acción es tan sólo un flojo ca- 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 219 

fiamazo sobre el cual se borda la tesis con el oro de ingeniosas y 
profundas sentencias. Lo que era antes fin, la acción, hase con- 
vertido en medio; lo que era medio, las sentencias y el razona- 
miento, hase convertido en fin. El habla, el diálogo, en el teatro, 
era medio explicativo del choque de las pasiones que resulta de las 
situaciones en que los encontrados caracteres de los personajes 
se hallaban ; y este colocar los caracteres en situaciones que cho- 
quen y expresen lo que es la vida es lo que se llama acción, obrar, 
sustancia propia del género teatral. En las obras de Benavente 
todo está vuelto del revés : no hay situaciones para que haya 
choque de caracteres y con ese obrar resalte la vida humana, 
sino situaciones para que los personajes filosofen y critiquen 
esa misma vida humana, de donde el diálogo, antes medio, hase 
hecho fin, y el obrar, poniéndose los caracteres en situaciones 
de chocar, hase convertido en medio. Es, pues, una filosofía crí- 
tica de la vida el teatro de Benavente, no pura expresión ó retra- 
to de la vida. En segundo lugar, el teatro hemos dicho que se 
diferencia de los otros géneros literarios en el modo, que es 
poniendo esa vida en acción. En el teatro de Benavente el crítico 
filosofar sobre la vida hácese mediante el continuo razonar de 
algunos personajes; la acción es la menor posible, en cuanto 
varíen los casos que al razonar filosófico va pidiendo. A veces 
diríase el escenario una redacción de periódico, adonde van lle- 
gando uno tras otro con las varias noticias sobre un acontecimien- 
to del que están hablando dos o tres personas ; sino que, en lu- 
gar de ser esas personas redactores del periódico ajenos al acon- 
tecimiento, son de los personajes que en el acontecimiento han 
terciado. Prueba y consecuencia á la vez de no ser lo que allí se 
hace, sino lo que se dice, lo principal, es que apenas hay movi- 
miento de pasiones, choque de intereses y de afectos, ni bien es- 
culpidos caracteres, ni acción única y apretada. Por maravilla se 
ve el corazón ; siempre señorea la cabeza en las obras de Bena- 
vente. De aquí que falte calor y ternura y que casi no resalte 
un tipo de verdadera mujer sensible y tierna, obra siempre más 
del corazón que de la cabeza. Es un teatro nada i)asional, sino 
cerebral casi enteramente. Benavente hubiera hecho novelas fi- 
losóficocríticas admirables, tan puramente cerebrales y tan ri- 
camente ingeniosas como las de T. Valera, diferenciándose en 



230 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que las de éste son de análisis psicológico mediante una sutil 
casuística ó desmenuzamiento de una conciencia por medio de 
la dialéctica dialogada, mientras que las de Benavente hubieran 
sido de filosofía crítica sobre el vivir. En ambos autores seño- 
rea el razonamiento. Sólo que Valera sabía enredar narrando una 
acción para que las pasiones se manifestasen, y Benavente no 
acierta comúnmente á enredarla obrando ni acaso narrando, con- 
tento con variar las escenas para seguir el razonamiento crítico- 
filosófico. Ese variar de escenas lo hace Benavente harto des- 
mañadam^-ente : entran y salen los personajes según le conviene 
al autor, sin tener cuenta con la verisimilitud ; menor cuenta se 
tiene todavía con ella no pocas veces en el comportamiento de 
los personajes. La razón es porque tiene puesta la mira en su 
filosofía de la vida, y no en la expresión pura de la vida^ 
en la cual toda inverisimilitud es grave mancha que des- 
miente á la verdad, que falsea la realidad, que hace ma- 
lo el retrato. No es, pues, mediante la acción, sino mediante 
el razonamiento, como Benavente expresa comúnmente en el 
teatro lo que expresa. No pertenece, pues, su obra al género 
dramático, sino á otro género nuevo, mixto de acción y ra- 
zonamiento, predominando el razonamiento á la acción. No está, 
se ha dicho, lo dramático en los bastidores y aparato esceno- 
gráfico, y casi sin él se representaba en Atenas y en la España 
de la época clásica. Ni está en que un razonamiento filosófico- 
crítico de la vida se ponga en boca de varios personajes, tipos 
criticados y criticadores de ese razonamiento. Estas dos cosas 
son las que señorean las obras de Benavente. Pero falta ó está 
flojísima otra, en que sustancialmente consiste el género dramá- 
tico : en que en vez de razonar sobre la vida, se haga allí mismo 
la vida por medio del obrar de los personajes. La vida, tal cual 
ella es, bien que condensada, como en toda obra de arte, es la 
que el público fué siempre á ver representada en las tablas. Be- 
navente ha inventado un nuevo género de espectáculo teatral, 
artístico sin duda; pero que más bien que para el público 
común es para un público escogido, que gusta de oír filoso- 
far acerca de la vida de una manera más artística to- 
davía, por menos abstracta, de lo que puede lograrlo le- 
yendo á los grandes filósofos alemanes, á Schopenhauer, por 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 23 1 

ejemplo. Cierto que en un breve espectáculo no puede des- 
envolverse una fantasía filosófica, una teoría completa del vi- 
vir como la de aquellos filósofos; pero en cambio los pedazos 
que de ella pueden llevarse á la escena alcanzan una concreción 
poética mucho mayor, encarnando en tipos vivos que medio 
viven la vida sobre la cual ellos mismos filosofan, ya que vivirla 
del todo y filosofarla á la vez fuera acaso imposible. Con todo, 
hay momentos, escenas sueltas, en que la fuerza poética del in- 
genio es en Benavente tan poderosa que logra fundir ambas cosas 
en un solo bloque, como Calderón acertó por manera acabada 
á hacerlo en La vida es sueño. El teatro calderoniano queda, sin 
embargo, siempre dentro del género dramático, por cuajar de 
lleno la idea en la vida que allí se representa, mientras que en 
las obras de Benavente la filosofía razonada sobrepuja casi siem- 
pre al vivir representado en la escena. Aceptado tal cual nos lo 
da el autor este nuevo género de espectáculo, de suyo inferior 
por híbrido de filosofía y drama, y propio fruto del espíritu do- y 
cente, sociológico y filosófico que en estos últimos tiempos ha 
envestido el arte europeo, y que tan contrario es al arte realista 
y desinteresado de la tradición española, la obra teatral de Bena- 
vente es maravillosa por la ejecución. Cuanto al filosófico razo- 
nar, con dificultad se hallará autor de cuyas obras pudiera com- 
pilarse un breviario de sentencias tan hondas acerca del vivir 
humano, tan ingeniosamente rodeadas y tan galanamente dichas. 
Acaso no tenga quien en esto le venza, en esta España del galano 
decir sentencioso, fuera de Gracián, Quevedo y Séneca. De esta 
madera castiza es, sin duda, Benavente en esta parte, tan extran- 
jero en otras cosas. Es el mismo aliento ético tradicional espa- 
ñol que aviva toda nuestra literatura de antaño y es la misma 
galanura en el decir, el mismo redondear del concepto. Aquellos 
hermosos diamantes que Calderón y demás antiguos dramáti- 
cos dejan caer con sus sentenciosos epifonemas en el diálogo 
teatral y que Gracián derrochó en los sonorosos y ricos sartales 
del Criticón, son los que también engarza generosamente y á la 
continua nuestro autor en el hilo de oro del galano é ingenioso 
dialogar de sus personajes. Cuanto a la acción, que suele ser 
floja cual burdo cañamazo sobre el cual lo va bordando, 
para que mejor se acomode á la libre fantasía filosófica, 



232 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

suele las más veces ponerla en países lejanos y aun fantásticos, 
que no están en el mapa y en edades ó legendarias ó soñadas. 
Así espacio y tiempo, vagos y como de sueño, sírvenle á mara- 
villa para no chocar con la realidad y no atar torpemente el 
vuelo soñador de su filosófico ingenio. Por la misma razón 
acude á menudo a los personajes de la comedia de arte italiano, 
para encarnar más al propio en faranduleros tradicionales y en 
tipos ya hechos sus fantasías filosóficas. Ello presta no menos 
un cierto humorismo a la expresión de la vida, sobre la cual 
han de filosofar gentes que en la farsa viven; con lo que logra 
el ingeniosísimo Benavente envolver en burlas las veras; ves* 
tir la grave verdad con ropajes arlequinescos de vistosos colo- 
res, expresar, burla burlando, las más hondas filosofías. Que así 
sabe mezclarse el grave padre de familia en los juegos de sus 
hijos chiquitos, haciéndose á ellos y rebajándose al parecer para 
subirlos hasta sí y levantarles á lo más encumbrado del pensar. 
Es, pues, el teatro de Benavente, si filosófica y críticamente 
razonador por su esencia, fantástico por la forma. A estas cua- 
lidades del ingenio filosófico en el razonar y de la fantasía en 
el tramar fantástico hay que añadir otra y de las más pujantes 
en Benavente. Parando la atención tan sólo en escenas sueltas, 
en pasos particulares, adviértense rasgos del cómico más fino, 
del satírico más punzante, hasta del realismo más inesperado 
en un autor que parece siempre huir la expresión de la vida 
real en el cuadro total de cada obra. Tipos reales arrancados 
de nuestra sociedad chispean en algunos pasajes, pinceladas va- 
lientes de un cómico elevado; punzantes alusiones, que cree el 
espectador verlas volar y clavarse en el fulano ó en el mengano 
que por ahí tiene conocidos. De modo que este Benavente, que 
apenas parece capaz de urdir ni una pieza entera que pueda lla- 
marse comedia, tiene continuos aciertos en los pormenores, dig- 
nos de Moliere y harto más vivos que Moratín, con humorismo 
más exquisito y gusto más refinado que entrambos ; este Bena- 
vente, que huye siempre de la realidad y parece por naturaleza 
temperamento idealista y fantaseador, tiene toques de un rea- 
lismo tan vivo como castizo. Todas estas cualidades dan como 
resultado obras teatrales que parecen revistas cómicas á veces, 
á veces vistosas, movidas y cómicas operetas; pero revistas y 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 233 

Operetas de un mucho más subido valor que las traídas por el 
genero ínfimo, cuanto el ingenio de Benavente, su rica fantasía, 
su filosofía honda, su gallardo decir sobrepujan a los ingenios 
menores contemporáneos. Tal es la manera filosóficocrítico fan- 
tástica que prima y señorea el teatro de Benavente, tal su ma- 
nera propia, que brilla en sus obras de mayor empeño y que 
■da el tono á todas en común, mezclándose más ó menos en 
algunas particulares, donde acaso pretendió atenerse á la manera 
<lel teatro tradicional. De éste ha logrado componer algunas pie- 
zas pequeñas, de acción sencilla, que podemos llamar saínetes 
y entremeses, de aristocrática marca, tan perfectos ó más, y por 
de contado más filosóficos de fondo, que los compuestos por 
nuestros mejores saineteros modernos. No brilla en el saínete 
popular, por desconocer el habla del pueblo, que con tanta destreza 
manejaba Cerv^antes y algunos modernos han manejado; pero 
sí en el saínete de gentes aristocráticas ó de elevada clase social. 
cu3'as cursilerías y necedades ha despellejado y descubierto al 
vivo cual ningún otro autor. Cuando ha pretendido alargar el 
paso cómico hasta convertirlo en comedía, Benavente ha fa- 
llado : la trama se le deshí lachó entre los dedos, quedando por 
extremo floja. Últimamente ha acudido al simbolismo, cre- 
yendo con él apretar y dar unidad á la acción; pero el sím- 
bolo es lazo harto deleznable y vago hasta en la literatura 
escrita, cuanto más en la obra teatral, donde sólo la vida real 
asienta y campea, despegándose de la escena cuanto huela á 
ideal y no echándose apenas de ver cuanto frise en lo simbó- 
lico. En suma, Benavente hará maravillas en el elevado y corto 
saínete cómico y en obras largas de la nueva y personal manera 
suya, fantásticofílosóficocrítica, y no es corta alabanza sobre- 
pujar á muchos en lo uno y ser único en lo otro y ser inventor 
de un nuevo género de espectáculo, inferior al tradicional en 
el teatro por su idealismo y tendencia razonadora, pero tan ar- 
tístico como el que más. Benavente es un hombre de gran ta- 
lento, que parece ha pasado por todo, lo ha visto todo ; recono- 
ce que la sociedad incorregible es mala y siempre fué mala 
y seguirá siendo mala ; que la vida misma es inexplicable, por lo 
menos para él, y que él es un átomo de tantos en el universo, 
ignorante de dónde viene ni adonde va e impotente para cam- 



234 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

biar el curso de las cosas. ¿Qué hacer? Escéptico, no da en- 
trada en su mente á ningua solución, acaso á ninguna ver- 
dad; ingenioso, no puede contentarse con dejarse arrastrar 
por la ola de la vida, como los más, sin abrir el pico 
y pronunciar su fallo. Y fallo no lo da, porque ni siquiera en- 
tiende se pueda fallar sobre lo que no se conoce. Siéntase, pues,. 
á la orilla del vivir, y escribe con el dedo en la arena, sonriendo 
plácidamente, ora una acotación festiva, ora una glosa mordaz. 
No le merecen la vida ni los hombres, las tonterías de los hombres 
y el juguete de la vida, más que eso, un chiste, una sonrisa. Be- 
navente diríase que se tapó la cara con las manos, horrorizado 
al asistir á un drama de Echegaray, que salió demasiado serio 
del teatro donde vio un drama de Galdós, y que se dijo : "Aquello 
es falso, esto está tomado demasiado en veras. Preferible es lo 
segundo. Pero Galdós debe de tener músculos de acero y yo los 
tengo de cuerdas de violín. Galdós pretende convertir la socie- 
dad española á la moral naturalista, y se siente con bríos de 
apóstol, con alma de redentor, con cerebro de sabio; yo halla 
que esa pretensión es una quimera, que no he nacido para após- 
tol ni para dogmatizar ni dar siquiera por verdades las que no 
veo que lo sean ; la vida hay que tomarla en broma porque no es 
más que una payasada y un entretenimiento de muñecos de Gui- 
gnol." Y efectivamente, Galdós, hombre de armas tomar y de 
convicciones decididas, se entrega á la predicación como un Tols- 
toy y un Ibsen. Encarna sus doctrinas naturalistas en personajes 
de carácter robusto, y con toda la fuerza de su convicción los 
lanza sinceramente en medio del mundo corrompido, falseado,, 
interesado é hipócrita. Y el artista que crea caracteres lo tiene 
todo, porque todo lo demás es secundario, es escenario donde 
el carácter se pone de manifiesto. Benavente, desprovisto de 
cualquier otra convicción maciza que no sea la de que no debe 
tenerla, no fragua jamás un carácter robusto; su escepticismo 
sólo le sugiere pasos cómicos, sus personajes no son caracteres, 
sino muñecos para esos pasos cómicos y para que escriban en 
la arena y en broma al margen de la vida, ora la acotación fes- 
tiva, ora la glosa mordaz. De la falta de caracteres resulta que ni 
hay comedia verdadera ni menos drama, no hay acción fuerte- 
mente tramada ni choques pasionales. El teatro de Benavente 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE a35 

no puede ser más que escenas sueltas en que, burla burlando^ 
se satirizan las necedades de los hombres con ingeniosos chis- 
tes, pinceladas admirables de realismo, punzadas satíricas, 
sentencias hermosas, largos parlamentos filosóficos. Los perso- 
najes son muñecos que entran y salen para eso, para conferen- 
ciar y satirizar en broma á la sociedad ; la trama, por consiguien- 
te, resulta floja y cuajada de casos forzados, falsos, inverisími- 
les. Ün medio le sugirió su ingenio para cohonestar estos de- 
fectos sustanciales : hacer piezas como de broma, guignolescas, 
fantásticas, simbólicas, burlescas. Sólo podían mantenerse en 
pie con verdad y en serio las piezas cortas, los juguetes cómicos, 
los saínetes, los pasos dramáticos, obras de escasa ó ninguna 
trama y que no requieren caracteres robustos. En alargando 
algo más la pieza se deshilacha, se llena de inverisimilitudes, 
se carga de parlamentos y de narraciones que suplen la acción 
propia del arte dramático. Benavente sobresale en lo menudo, 
en los particulares de pasos y escenas ; Galdós, al revés, en lo 
grande, en los caracteres y situaciones dramáticas. No pudien- 
do Benavente sostenerse en lo serio y grave, hizo teatro en bro- 
ma, teatro guignol, teatro infantil, fantástico y como de hadas. 
La Noche del sábado (1903), acaso la mejor obra de Benavente. 
y sin duda la más de su cuerda, es una zarabanda de gentes 
cosmopolitas, que nada tienen que ver con España, sin estoicis- 
mo ni virilidad, decadentes y hastiadas. No hay un verdadero 
carácter, ni acción única bien desenvuelta. Pero sí es un carna- 
val, un caleidoscopio de tipejos, de conversaciones, de colorines. 
de pasiones bajas, de gentes aburridas y perdidas. El mérito 
está en los pormenores, en las pinceladas finas á lo Teniers. 
El público, en esta y en casi todas las obras de Benavente, se 
entretiene mirando todos esos pormenores, esas grecas de in- 
geniosas sentencias é ingeniosos alfilerazos satíricos; pero no 
rompe jamás en victorioso aplauso porque no halla un ca- 
rácter que le subyugue, que le llegue al alma; no ve adonde 
agarrarse y está como en el aire, sin saber qué preten- 
de decirle, en suma, el autor como fin de la obra. Porque 
toda obra artística debe decir algo y un algo solamente : esa 
es su unidad. Benavente, deteniendo al espectador en mil reco- 
vecos, no acaba de enseñarle la casa en conjunto, no le dice- 



236 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

nada en limpio, por ejemplo, en El Dragón de fuego (1904). 
Y cuando trata de decírselo con una sola acción, suele estar ella 
falseada y no responder á la realidad, por ejemplo, en El Collar 
de estrellas ó en La Malquerida. En una palabra, Benavente es 
un miniaturista satírico de grandísimo ingenio; sino que la mi- 
niatura no es para el teatro, donde sólo brillan los grandes ras- 
gos de caracteres y 'situaciones trabados en un haz apretado, 
sencillo y claro. No basta ser tan observador de menudencias 
como lo es Benavente; menester es tener ojo de sintetizador 
comprehensivo para encuadrar todas esas menudencias en torno 
de una figura de gran relieve moral, de un carácter. El género 
fantástico, propio de Benavente, luce en no pocas piezas cuyos 
personajes son príncipes y princesas, duques y señoras, gentes 
de alta guisa, pero de una época soñada y de una región que 
los mapas no traen, revueltas en pintoresca contradanza con 
tahúres y ladrones, saltimbanquis y cortesanas, cómicos de la 
comedia italiana y toda la hez de gente ruin, maleante y bo- 
hemia, libertina y sentimental. Unos y otros son tipos más li- 
íeraturescos que reales, que viven más en la imaginación que 
en el mundo. Son tipos de opereta y operetas son las piezas tea- 
trales donde Benavente los presenta. Tales piezas son valses sin 
música y música de vals están pidiendo á voz en cuello. Son ver- 
daderos libretos de operetas. Así La Noche del sábado, La 
Princesa Bebé, La Escuela de las princesas, amén de otros mu- 
chos personajes y escenas de casi todas sus obras. Claro está que 
en obras de tan pura imaginación como éstas y más hijas del 
ensueño que de la realidad, no hay que pedir muy honda psicolo- 
gía de personajes, de situaciones ni de acción. La fuerza artís- 
tica en cuadros tan fantasmagóricos y de caleidoscopio como ellos 
está en el espectáculo variado, en el contraste de almas super- 
ficialmente vistas, que pasan relumbrando como chispas en la 
fuga del vals. Lo fugitivo y superficial de los muñecos, su vai- 
vén en los colores, los contrastes, no impiden que el autor haya 
metido en el hondón de cada una de estas farsas algún principio 
filosófico, que da unidad simbólica al todo y que por boca de 
unos ó de otros, serios personajes ó livianos tipos, salga afuera 
envuelta en conceptuosas sentencias, en apotegmas sabios, en 
-ídichos agudos. Así el ingenioso Benavente sabe vestir lo grave 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 237" 

de la doctrina con lo ligero de la forma, sacando de los sueños,, 
de las fantasías y de las farsas frutos provechosos para la vida, 
metiendo harta reflexión y harto hondas ideas en muñecos que 
obran sin idea ni reflexión alguna. Ha llevado á las tablas á las- 
gentes acomodadas de educación poco á la antigua española y 
más bien á la francesa, á los que con medianas artes han hecho 
dinero, á los ambiciosos de mayores pretensiones que talento, á 
los que por su posición debieran ser cultos é instruidos y afectan 
de hecho la instrucción y cultura que no tienen, á los pillos fa- 
vorecidos por la fortuna, á las bribonas de alto copete, alegra- 
doras de jovenzuelos casquivanos y viejos verdes y sonsacadora* 
de unos y de otros ; á los hastiados de placeres comunes, de ellos- 
y de ellas, que buscan en la deshonra de casas ajenas nuevas dis- 
tracciones y nuevos pastos á su refinada lujuria; á los elegantes 
que no sirven más que para serlo, á los estafadores enguantados ; 
á los hijos de familia que menos que entre la familia se les ve 
en todas partes, grandes sablistas y despilfarradores de la hacien- 
da de sus padres y de la de sus amigos, que no han sabido hacer 
otra carrera más que las de automóviles ó la de San Jerónimo ; 
asiduos frecuentadores de club, casino, café, teatro y toros ; á. 
los vejetes pulcros, enamoradizos y de más pájaros en la cabeza 
que las lindas á quienes sirven de payasos, mantienen y regalan : 
en una palabra, á todas esas gentes de buen tono, de mucho tra- 
po, poca cabeza y menos corazón, que no pueden dejar de darse 
en una sociedad de familias á la francesa, sin apego al hogar, 
que sólo van á casa á comer y á dormir, cuando no duermen 6 
comen fuera. Ha desenmascarado Benavente á todo este mun- 
dillo elegante a veces con mucha suavidad y discreción; otras, 
con chillones toques cómicos, con pinceladas caricaturescas, cual 
monigotes que hablan más c[ue se menean en las tablas, aunque 
á veces atina, diciéndose las cositas que ellos suelen decirse y 
meneándose con la ligereza y poco asiento que suelen. Peque- 
neces, menudencias. Diríase que de ordinario el autor no se- 
atreve á tocarles un pelo de la ropa ; es cirujano caritativo, 
blando de mano, muelle de boca, corto de movimientos. No quiere 
atemorizarlos á ellos ni apesadumbrar al público. Complaciente 
y fino, huye de toda doctrina cerrada, de todo dogmatismo es- 
cueto, hasta de todo rasgo llamativo, de todo contraste chocante,. 



238 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

<le toda frase deslumbradora, de todo vocablo que abulte. Bena- 
vente, que intenta satirizar la sociedad dulzachona y suavemente 
barnizada de nuestro tiempo, de moral acomodaticia, de creen- 
<;ias vagas, de filosofía pesimista en el fondo, escéptica y sin 
vuelo fijo, teosóficamente filantrópica, es hijo de su tiempo 
y tal cual es se retrata en sus obras teatrales. Menudo de cuerpo, 
el rostro alargado alo artista, elegante en porté y vestido, el 
habla dulce, parca, sutilmente irónica, agudamente chistosa, ri- 
sueño y apacible siempre con todos, la finura y la discreción 
personificadas. Algunas y aun varias de estas cualidades halla- 
remos en no pocas personas cultas de hoy en día; pero las que 
distinguen á Benavente son : cultura, si no especializada, pero 
extraordinariamente vasta, ingenio perspicaz, gusto refinado, 
tino discretísimo y nobleza de delicados sentimientos, ¡Cuánto 
■de esto ha sabido poner en los pequeños héroes, en los moni- 
gotes de su teatro y cuan delicadamente se burla en él de los 
personajes que pecan por contrarias cualidades. El teatro de 
Benavente es noblemente educador, sano, moral, lleva robustez 
á las almas, ensancha, explaya y serena los espíritus, levanta los 
anhelos y engrandece el pensar de toda persona bien nacida. 

Joaquín Abatí y Díaz estrenó en Lara Entre Doctores 
(1892), juguete cómico; llevó al teatro 79 obras en veinti- 
trés años, de ellas 46 medio originales, tomados de otros los ar- 
gumentos ; las demás, arreglos. Ha colaborado mucho con Anto- 
nio Paso. Las más aplaudidas de las algún tanto originales 
son: Entre Doctores (1892), La Buena Crianza, Genio y Fi- 
gura, El Paraíso, Mi querido Pepe, El Trébol, Mayo florido. La 
Tasa de té. Los hombres alegres. "Mi ideal artístico, dice 
en carta al autor, es muy modesto: hacer reír por medios ho- 
nestos y demostrar c|ue el género cómico no es nada inferior al 
dramático. " En ello tiene razón, tratándose del buen género có- 
mico. Es dialoguista gracioso, tiene ingenio para el retruécano y 
salidas de tono, pocos chistes de buena ley y algunos demasia- 
do picantes; lo cómico, algo grotesco; el lenguaje, poco castizo. 

4 7. Es Benavente el más discutido de los dramáticos contempo- 
ráneos. '^Cierto que yo he luchado con el público — dice en una Sobre' 
mesa — , y desde el apagador siseo al silbido aullador, no hay forma 
■de protesta que no haya llegado á mis oídos. Y cuatro volúmenes tengo 



S. XIX, 1892. JIACINTO BENAVENTE 239 

encuadernados de juicios ciúticos de mis obras, y no llegan á veinte 
Jos juicios favorables." Puesto á par del teatro ultrarromántico de 
Echegaray y de Selles, parece ciertamente, como el mismo Selles le 
lia echado en cara, "un teatro blanducho"; sin duda el delicado pul- 
pejo de la candida azucena, blanducho es, comparado con el duro 
bronce del estruendoso y retumbador cañón. Comenzó llevando á las 
tablas ingeniosas conferencias dialogadas, en las que con floja acción, 
esbozados apenas caracteres y pálidos afectos, satirizaba al menudeo 
la sociedad, no sin sus puntos de humorismo y de donaire y con sen- 
tencias tan filosóficas como el intento que se proponía. Viendo que el 
gran público no entraba por este nuevo género, poco teatral por lo 
desleído y poco pragmático, más propio de una tertulia de personas 
selectas, intentó apretar más la trama en forma de comedias, acertan- 
do en las cortas, bien que fracasando casi siempre en lo sustancial 
•del teatro, acción, caracteres y choque de pasiones; brillando, en cam- 
bio, cada vez más por la sátira punzante, el fino humorismo y escenas 
sueltas del más delicioso cómico. Después atrevióse á lanzarse á lo 
dramático ; pero de ordinario, fuera de La Fuerza bruta y alguna que 
otra pieza, tan sólo alcanzó algunos golpes efectistas á fuerza de for- 
zar la realidad con increíble é inverisímiles casos. A menudo intro- 
dujo en sus obras elementos simbólicos, fantásticos y humorísticos^ 
dándoles un tono de farsa guiñolesca é infantil ó de bufonesca burla, 
vistiendo lo grave del intento filosófico con la burla de las bufonadas, 
la realidad con la fantasía. Su principal ensayo de este género fueron 
Los Intereses creados, que gustaron por ser obra de un género que, 
aunque fantástico y como de broma é inferior al verdaderamente tea- 
tral, que es el realista, por lo menos era acabada en su línea y fran- 
camente personal. El segundo ensayo, segunda parte, digamos, de Los 
Intereses creados, es La Túnica amarilla (19 16), en donde todavía con 
mayor franqueza ha llevado al escenario el único género que al genio 
de Benavente cuadra y en el cual es maestro sin igual. Tal es el género 
que podemos llamar fantástico. Diríase que el autor no se atreve á 
embestir derechamente á la realidad, gastada ya en manos de los dra- 
maturgos hasta quedar falseada á poder de recetas teatrales. En vez 
de mirar, pues, de frente á la realidad, que llevada á las tablas pare- 
ciera acaso demasiado desnuda para los acostumbrados á las falseda- 
des teatrales, da media vuelta, mírala de soslayo, preséntala como en 
■broma, riéndose á la par del arte dramático tradicional y serio. Los 
histriones preséntanse como tales, ya como histriones de la comedia 
del arte italiano, ya como histriones de una China fantástica donde el 
teatro semeje á un teatro infantil, primitivo y en formación todavía, sin 
haber alcanzado el entero desenvolvimiento del teatro europeo. Con 
esta ficción, el ingenio socarrón, guiñolesco, burlón, humorístico y sa- 
tírico de Benavente halla un campo por donde explayar su fantasía 
tímida y poco arriscada ante la realidad de la vida, que toda se resume 
en sandeces cómicas ó en trágicos choques de los encontrados carac- 



240 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907; 

teres y que para ser llevada al teatro pide un ingenio condensador 
que sepa tramar una fuerte y apretada acción y un ánimo reciamente 
expresivo de las pasiones humanas. Cabalmente cuanto falta de todo 
esto á Benavente sóbrale de ingeniosidad para el género fantástico, 
que, sin atadero á la realidad ni á las pasiones, caracteres y acción 
dramática, vuela de flor en flor, solázase en particularizar matices 
cómicos y gusta de burlarse de todo y de todos. Benavente se ríe en 
La Túnica amarilla de la vida y del teatro, de la poesía y del arte, 
de los histriones y de los espectadores con filosófico donaire y elegan- 
tísima ironía, mezclando las burlas con las veras, lo trágico con lo 
cómico, lo real con lo ideal, el símbolo con lo simbolizado, haciendo 
un nuevo teatro y una nueva poesía con lo mismo que parece reírse 
de la poesía y del teatro. Benavente no es, pues, un temperamento pro- 
piamente dramático, sino un temperamento de dialéctico e ingenioso 
sofista que, como pudiera disertar en una conferencia ó en el libro, 
diserta en el escenario. El sofista tomaba una idea cualquiera y la 
desmenuzaba valiéndose, sobre todo, de la sutileza de su ingenio y á 
veces, como Sócrates, el sofista de los sofistas, mediante el diálogo. 
Otro tanto hizo Valera en la novela y hace Benavente en el teatro. 
Ocúrrele una idea bonita, simbólica ó paradójica, y menea los mu- 
ñecos, comentándola. De aquí, en primer lugar, que haya más diserta- 
ción y narración que acción verdadera, en que consiste el arte dra- 
mático; antes bien, acción única y bien añudada no suele haber en las 
obras de Benavente. El Denique sit quodvis simplex dumtaxat et 
unum, primer principio fundamental, como enseña Horacio, de toda 
obra de arte, y que si Horacio no lo enseñara no dejaría eternamente 
de serlo, diríase trasto viejo que arrinconó nuestro autor en el des- 
ván. De aquí el que no haya caracteres ni choques y contrastes dra- 
máticos, por el consiguiente, sino recitadores de lo que en vez de na- 
rrarse debiera obrarse en las tablas, muñecos que los menea conforme 
le conviene. El verdadero dramático procede á la inversa: primero 
busca caracteres, y, en teniéndolos, lo tiene todo: pasiones, contrastes, 
acción. El dramático, como todo artista, parte de hechos, y de ellos 
alquitara ó deja alquitarar ideas al espectador. Benavente, más dis- 
cursivo y sabio que poeta y artista, parte de ideas que quiere después 
encajar en hechos, en personajes, los cuales resultan muñecos movi- 
dos por el hilillo de la idea que el autor tiene en la cabeza, en vez de 
hombres vivos que, haciendo pensar, se destilen en ideas al pasar por 
las cabezas de los espectadores. Gusta, pues, Benavente, no por lo 
dramático y teatral, por la acción, sino por las ideas más ó menos 
ingeniosa y bonitamente expuestas por los personajes y en ellos sim- 
bolizadas. Fué y será siempre su teatro para un grupo de amigos del 
ingenio, no para el público que en el teatro busca otra cosa... teatro: 
personajes, vida; no ideas, ingeniosidades, doctrinas. Lo inverisímil 
campea casi siempre en todas sus obras, porque son hijas de la '-efle- 
xión de las ideas, no de la vida. Trozos sueltos, tipos sueltos, fuera 



S. XIX, 1892, 1t\CIXT0 BEXAVEXTE 24! 

del nudo de la obra, son en Benavente admirables, porque los trae de 
la vida y copia del natural, como un sofista que encarna las ideas, que 
trata de inculcar en prosopopeyas vivas y reales. Porque Benavente 
es hondo pensador, pero forrado de poeta verdadero. Benavente no ha 
sido trágico hasta hoy, y, dado su humor, acaso no lo sea nunca, aun- 
que en ello se empeñase. Porque, á pesar de lo que por años ha venido 
adelantando en su arte, parece que siempre estos grandes adelantos 
hanse ceñido á su propio temperamento dramático. Tampoco ha sido 
hasta hoy Benavente en sus obras largas cómico de cepa castiza espa- 
ñola: no pinta las costumbres, vicios y virtudes de la raza, como Bre- 
tón; satiriza la parte de la sociedad española afrancesada en costum- 
bres. En el modo, no toma un vicio y lo desnuda enteramente, como 
supo hacerlo Ruiz de Alarcón, por ejemplo el embuste en La Verdad 
sospechosa. Por lo uno y por lo otro, Benavente ni ha creado hasta 
hoy un personaje de cuerpo entero, como los crearon Alarcón y Bre- 
tón. Asiduo lector de libros franceses, empapado en los modernos dra- 
máticos de Francia, de temperamento mesurado á la francesa, ha sido, 
sin querer, un continuador de Leandro Fernández de Moratín, con la 
diferencia que va del moderno clasicismo, humanismo, mejor diremos, 
que reina hoy en Francia, al falso y frío clasicismo de aquel entonces, 
y con la no menos notable característica de que IMoratín creó algunos 
tipos y Benavente no ha creado ninguno, porque, y para decirlo en 
suma, si ^loratín hacía comedias enteras, Benavente de suyo no hace 
más que juguetes cómicos ó comedias de juguetes cómicos más ó me- 
nos bien enhebrados. Benavente, si tuviese hilo para hilvanar una co- 
media larga, haría un Sí de las niñas moderno, como Moratín hubiera, 
acaso, podido hacer un Collar de estrellas algo anticuado, aunque lo hu- 
biera hilvanado mejor. La mesura, el buen gusto, la regularidad, la su- 
tileza de ingenio, el intento moralizador, corren parejas en uno y otro 
cómico; las gentes satirizadas, las mismas; el lenguaje, bastante pare- 
cido, aunque Moratín manejaba mejor el castellano y Benavente cotí 
más donaire las sales. El cómico de Benavente es fino y está más bien 
en menudencias que en fuertes choques; es del género moratiniano, 
ítvmque con más ingenio y filosofía; en cambio, está á veces más en la' 
narración que en la acción. Los personajes de Benavente enseñan más 
hablando que obrando. Pero ésta es cualidad que trasciende á todo su 
arte dramático. Benavente halla dificultad en tramar una sola y bien 
apretada tela, una acción única; por eso sus comedias son todas pe- 
queñas; son comedias en miniatura, que no pasan de juguetes cómicos, 
y cuando las alarga un poco, la trama queda harto floja y se va en 
narrar lo que debiera exponer dramáticamente, obrando. En esta parte 
es sombra, no digo de un Tirso, un Lope, un Alarcón, un Calderón, 
pero aun de un Bretón y de un Moratín. Aun en esto es más francés 
que español. En España sobró siempre derroche de enredos y tramas, 
tanto como faltó en Francia. Tampoco tomó de España, sino de Fran- 
cia, la tendencia docente, en la que conviene con Moratín y ha sido 

TOMO X —16 



242 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

siempre el tropiezo del arte francés. Benavente se propone encarnar 
en cada una de sus obras un principio filosófico. De aquí otra tenden- 
cia, que ha tomado de Ibsen y demás modernos dramaturgos septen- 
trionales: la tendencia al símbolo. En El Collar de estrellan, que pa- 
reciendo eslabonadas y juntas, distan entre sí un sinfín de leguas, ha 
simbolizado la ingeniosa observación filosófica de que los hombres que, 
al parecer, viven juntos en familia y como debieran, de hecho están tan 
apartados en el alma, que ni se conocen ni logran la felicidad que la fa- 
milia y la amistad debieran traer consigo. De estas dos tendencias, el 
simbolismo es lo más antiteatral que haj^ y en cualquier arte es el ca- 
mino cierto para hacer obras que dejen de ser artísticas. Engáñanse 
los autores con la elevación de la idea; la obra, por demasiado ideal, 
deja de ser humana, hablando sólo al entendimiento discursivo, cuando 
toda obra de arte ha de hablar a la fantasía y al corazón, y en vez de 
nacer de la razonadora inteligencia, ha de brotar de la inmediata in- 
tuición, para que inmediatamente hable a la intuición del que la con- 
templa. No se ve en El Collar de estrellas cómo el tal collar de estrellas 
que brilla allá en el cielo sea símbolo de la familia que está en el esce- 
nario. El autor se lo hace decir á uno de los personajes, y él se lo dice al 
público; pero nadie repara casi en ello, porque el teatro habla por lo 
que se representa y se obra, no por lo que algún personaje diga. La otra 
tendencia, la docente, raras veces impulsó á nuestros dramáticos á lle- 
var á la escena principios filosóficos, á no ser principios llanos, que 
fácilmente se desprenden del comportamiento de las gentes, como en 
La Verdad sospechosa. El Mayor monstruo, los celos, y tantas come- 
dias cuyo título es ya un refrán ó sentencia ética. Nuestros autores 
sólo miraban á pintar la vida, y de su propio realismo brotaba la moral 
docente ; los franceses han solido proceder al revés, poniendo la mira 
en la doctrina y buscando cómo concretarla en hechos y personajes. 
Este procedimiento, propio del arte idealista, fué muchas veces el de 
Calderón; pero no ha habido muchos Calderones en el mundo, y aun 
para una vez que Calderón acertó de lleno en encarnar maravillosa- 
mente en hechos y caracteres reales nada menos que la doctrina más 
honda que pueda concebirse, en La Vida es sueño, fracasó en cien oca- 
siones, y fracasó Goethe en el Fausto, fuera de la primera parte, por 
su asunto realista. Benavente fracasó no menos al dar carne y hueso 
á su ingeniosa y filosófica observación de que los hombres viven jun- 
tos, pero sus almas distan entre sí tanto como las estrellas, que apa- 
rentemente se nos antojan formar un bien trabado collar. Para mos- 
trar este principio cae en lo inverisímil y nos pinta un don Pablo 
enamoradísimo, que no puede darse en este mundo, y así, la acción 
está enteramente falseada en toda su armazón. Es que es dificultosí- 
simo encarnar una abstracta idea en hechos y personas reales y vivas. 
De aquí también que Benavente, por querer mejor expresar su doc- 
trina filosófica, haga hablar y predicar demasiado á sus personajes, 
y ya que con hechos, esto es, dramáticamente, no alcance á hacérnosla 



S. XIX, 1892. J/ACINTO BENAVENTE 243 

ver, nos la dicen ellos de palabra. Esto de decir hermosas é ingeniosas 
sentencias fué siempre muy francés, como efecto que es de la tenden- 
•cia docente de su raza. En ninguna otra nación se apreciaron tanto 
las colecciones de sentencias y los artistas sentenciosos. Por eso su 
dechado trágico fué Eurípides, el sentencioso y doctrinario. . En Es- 
paña, por lo mismo, el más sentencioso es Calderón, por ser el más 
doctrinario é idealista. Benavente es, queriéndolo ó sin querer, el con- 
tinuador de Bretón, como dramaturgo. No son uno ni otro trágicos, 
sino cómicos de pura cepa. Bretón creó la comedia sencilla, urbana, de 
costumbres, luciendo su inagotable vena de chistes en todos los asuntos 
sociales dignos de burla y escarnio. Es de los más acabados dialogado- 
res y de los versificadores más perfectos; arrimado al pueblo, empleó 
su lenguaje, y su socarronería es enteramente castellana. Benavente se 
luce no menos en la comedia sencilla de traza, urbana, de costumbres, 
burlándose de las necedades, impertinencias y pedanterías de las gen- 
tes; pero difiere de Bretón en varias cosas. No escribe sino en prosa, 
porque cree que con ello se acerca más á la verisimilitud; opinión que 
muchos no compartimos, porque sólo se opone á la ilusión, y aun eso 
á medias, ya que á poco en el teatro ni se cae en la cuenta de si se oye 
hablar en verso ó en prosa; y lo de la ilusión teatral, es un fantasma 
que engañó á los seudoclásicos franceses, pues nadie olvida que está 
en el teatro y no en la realidad, y el arte no consiste en que se olvide 
que es arte lo que se contempla y que se crea ver cosas verdaderas. 
Las estatuas sin pupilas de los griegos, y la música y la arquitectura, 
bastarían para comprobarlo, pues son cosas que no se hallan en la na- 
turaleza. En cambio, el lenguaje de Benavente, poco esmerado y copia 
del erudito y vulgarote de la gente medio culta de las ciudades, que 
prefiere, sin duda, por el mismo principio de la ilusión teatral, es menos 
verisímil que el de Bretón, que tuvo el arte de retratar el habla cas- 
tiza del pueblo español, y por de contado menos artística, elegante y 
clásica. Benavente no es, comúnmente, modelo de lenguaje; emplea 
€sa jerga de la gente culta, pobre, desleída, llena de abstractos, lati- 
nismos y galicismos, lenguaje ramplón y nada castellano. No se trata 
de que copiase el de los antiguos libros, que ni lo hizo Bretón, sino el 
verdadero castellano de las gentes del pueblo, no el de los cafés, ate- 
neos y tertulias cultas. Por allegarse más al pueblo. Bretón abre el 
chorro de su vena chistosa y socarrona, enteramente popular, lo cual 
es más verisímil y hasta ilusorio. Benavente es en esta parte más es- 
merado y culto, más refinado en su ironía, más delicado ; escéptico 
hasta dejar enteramente á los espectadores que saquen ellos la mora- 
leja, tan ambigua á veces, que parece contraria la que se desprende 
de varias comedias suyas. Sus chistes y su ironía, son producto más 
del ingenio que de la observación de la vida. Es más ingenioso y refi- 
nado que Bretón, menos allegado al pueblo español, más imitador de 
los dramáticos extranjeros, sobre todo franceses; menos nacional y 
trias culto. Acaso, por lo mismo, tiene Benavente más honda psicología 



244 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que Bretón, por lo menos expresamente desmenuzada, aunque toda ella 
se halle en el fondo de las obras del dramático riojano. Acierto sin igual 
tuvo en dar con el tema de Los Intereses creados^ la principal lacra de 
la sociedad moderna, de tanto alcance, que admira no haya sido tra- 
tada antes de él con la atención y fuerza que él lo ha hecho. Es un 
golpe magnifico de su ingenio. Su fineza de gusto le retrae comúnmente 
de pintar caricaturas, y su respeto á las opiniones ajenas le aleja de 
todo dogmatismo y tendencia didáctica, empleando la sutileza de su in- 
genio en dar cien vueltas á las cosas, desesquinándolas para que no 
haya quien en ellas choque ni quede molestado en sus propias opiniones. 
En esta parte es maestro consumado de eclecticismo urbano y elegante. 
En Gente conocida (1896) y en La Comida de las fieras (1898), por 
ejemplo, los personajes se encargan ellos mismos de hacerse risibles, 
sin que parezca por ninguna parte la mano del artista, que no ha 
hecho más que buscarlos por ahí, tal cual los conocemos, y juntarlos 
en las tablas. El Alarido de la Télles (1897), lo mismo pudiera ser de 
Ftdánez : por ahí anda, y todo el mundo le conoce, y son legión. La mez- 
cla de ironía picante y de candor amable para con el público, échase 
bien de ver, por ejemplo, en Lo Cursi (1901), en El Hombrecito (1903), 
en Los Malhechores del bien ó La Fuerza bruta (1905). Finamente 
y burlonamente ecléctico, infiltra su fanatismo en La Gata de Angora 
(1900) y en Alma triunfante (1902). Ha sabido pintar como pocos la 
pedantería y la cuquería de las gentes de nuestra sociedad, acudiendo 
á menudencias y pequeneces del vivir cotidiano. Su intención docente 
échase de ver para el crítico en todas sus obras; pero nadie la disimuló 
mejor, ni aun en Rosas de Otoño (1905) ó en La Escuela de las prin- 
cesas (1909), El Príncipe que todo lo aprendió en los libros (1909), 
donde se clarea-más. Su eclecticismo, acaso más de forma, y para los 
demás, que de fondo para su propio pensar, está de manifiesto en Se- 
ñora ama, Por las nubes, La Princesa Bebé (1907), Más fuerte que el 
amor (1906). La Noche del sábado es una revista, abigarrada y con- 
fusa, de príncipes y condesas, de artistas y gentes perdidas de toda 
laya, nada españolas; por de contado, de un vivir cosmopolita, sin 
otro hilo que enlace las escenas que el invisible, por simbólico, de un 
pensamiento tan oscuro, de una fórmula tan enigmática como la que 
encierra el título de la obra. Señora ama no es una ama castellana, ni 
creo se dé tampoco en ninguna parte, aun fuera de Castilla; es un 
tipo que cuadrará en la teoría moderna del amor libre, pero que es io 
menos femenino y español que pueda concebirse. No sé que española 
alguna castiza admitiera como propio ese retrato. El Collar de estre- 
llas tiene cuatro actos, que casi no son más que cuatro escenas, pres- 
cindiendo de entradas y salidas secundarias. La acción es pobre. Pero, 
además, flojísima de trama. Don Pablo se pasa años y años gastando su 
fortuna en los despilfarres de la familia de su hermano, porque está 
enamorado de la esposa de éste, sacrificándose por un amor que ni la 
esposa, ni el esposo, ni la madre de la esposa, ni los hijos echan de ver, 



S. XIX, 1892. JIACINTO BENAVENTE 245 

ni el mismo don Pablo manifiesta en manera alguna. Amores y dineros 
difíciles son de encubrir, dice el refrán, y un tan enamorado señor, que 
así se sacrifica, hasta de rico hacerse pobre, podrá suceder en el mundo 
de los posibles que llegue á tal punto de encogimiento, que no muestre 
su cariño á su cuñada ni se lo conozca nadie ; pero es un sucedido que 
no.sé si sucederá alguna vez en el mundo de las realidades. 

La idea matriz del teatro de Benavente es la de un escéptico, para 
quien "la ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe", según 
sus propias palabras, y que, por consiguiente, toma la vida como una 
farsa y el teatro como farsa de farsa. Vida y teatro no son para él 
cosa seria, que hayan de tomarse en serio. Hay que echar á broma la 
vida y su representación, el teatro. La dramática pide una acción ve- 
risímil y suficientemente amplia é interesante, creación de personajes 
de carácter, y contrastar, por medio de situaciones, los diversos ca- 
racteres de los personajes para que se muevan los afectos pretendidos: 
acción, caracteres, situaciones. El que estas tres cosas no sepa poner 
en sus obras, no será dramático, y lo será en el grado en que sepa 
ponerlas. Si los caracteres y las situaciones desenvuelven lo cómico, 
la obra será comedia ; si desenvuelven afectos patéticos fuertes, será 
drama ó tragedia, según el grado del patético. Si en esto convenimos, 
según el común modo de entender hasta ahora del teatro y según debe 
de entenderse, pues á eso se reduce la representación de la vida, con- 
cepto que del teatro tenemos, será cosa de preguntar : ¿ Sabe poner Be- 
navente en sus obras esas tres cosas, y en qué grado ? La acción es flo- 
jísima, en cuanto pretende ensancharla un poco. Los personajes son 
miniaturas bien delineadas, á lo Teniers; pero cuando quiere rebultar 
más algunos de ellos, los convierte en demasiado ideales, inverisímiles, 
caricaturescos, de otro mundo más noble... y más tonto también. Tal es, 
por ejemplo, don Pablo; tal, Acacia; tal, su padrastro y su madre. 
Los bien delineados son todos esos personajillos que lanza Benavente 
á la zumba de las gentes y los sabe poner en solfa mediante saladísi- 
mos scherzos é ingeniosas pinceladas. Los grandes afectos no se hallan 
en el teatro de Benavente y -los delicados tampoco; como que no ha 
sabido pintar ni una sola mujer con la propia delicadeza femenina y 
la inagotable fuente de amor de las mujeres todas de carne y hueso 
que conocemos. Las piezas todas de Benavente son frías, estupenda- 
mente frías, como de escéptico que lo fía todo al ingenio que juega 
fríamente con las ideas. Y con frialdad, sin afectos, podrá darse sátira, 
pero no teatro. La pieza más aplaudible de Benavente son Los Intereses 
creados. Buen cuidado tiene de avisar en el prólogo que es una farsa 
injertada en el teatro del arte italiano y cuyos personajes son muñe- 
cos. Efectivamente, son muñecos por lo característicos y por lo frío 
que dejan al auditorio. En los dos primeros actos se arrastra fría y 
lánguida una acción harto ordinaria, para preparar el tercero, sátira 
del procedimiento judicial, pero como hecho por muñecos, en carica- 
tura: es una sátira bufa. Ni un afecto mueve el alma durante todo el 



246 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

tiempo de la representación ; en cambio sobra charla, sobran sentencias 
ingeniosas. El lenguaje es lo único bueno que tiene, escogido y elegante 
como en ninguna otra pieza. Ha tanteado lo trágico en La Malqueri- 
da, muchacha á quien dice que el pueblo la llamaba así en esta copla: 
"El que quiere á la del Soto | tie pena de la vida. | Por quererla quien 
la quiere, | la dicen la Malquerida.'' Esta copla ni es popular ni es cas- 
tellana. Malquerer es odiar; lo contrario de bienquerer, y esa muchacha 
es querida de tres, nada menos. El pueblo no la hubiera llamado, pues, 
así. Además, las coplas populares no quedan cortadas en dos pedazos, 
con dos ideas diferentes, como esta de Benavente, sino que desenvuel- 
ven una sola idea. En fin, el verso "tié pena de la vida" no consta, y así 
el pueblo hubiera aquí cantado tiene, y no tié, aunque no fuese más que 
para que constase. Todo este drama está lleno de cosas inverisímiles, 
nada reales : es todo fantasía falseada. Un padrastro, desde que se casa 
con una viuda guapa, se enamora de su hijastra, que entonces es una 
niñita, y tan perdidamente, que por este amor mata al novio de ella 
cuando más tarde quieren casarla. Un tan ferozmente enamorado 
Romeo sigue amándola muchos años, viviendo la niña en casa, á pesar 
de mostrársele ella hosca y tan áspera que retraería á cualquiera, á 
más de no tener la muchacha gracia ninguna pues con todos es sacu- 
dida y jamás se le oye ni una gracia ni una delicadeza, ni siquiera con 
sus amigas. Durante todos esos años no habría mujer, ni menos niña, 
que no quisiese á hombre tan enamorado de ella; pero Acacia, que así 
se llama la muchacha, no le cobra, según parece, más que odio y no 
le muestra más que una aspereza impropia de su sexo. La madre, en 
todo ese tiempo, no llega á saber que su esposo está enamorado de la 
hijastra. Todas estas cosas van contra el consabido refrán de "que 
amores y dineros no pueden estar encubiertos". Pero hay más, y es 
que de hecho la niña no sólo no odia á su padrastro, sino que le quiere 
tan desaforadamente como él á ella, sino que es tal su discreción desde 
muy niñita, que para enmascarar su pasión le trata con esa aspereza, 
sin que él llegue á vislumbrar siquiera el afecto que le tiene: tres cosas 
que no sé puedan jamás suceder en la realidad. En fin, todas estas 
ruedas de molino ha de tragar el auditorio, porque son necesarias para 
que contemple la única situación trágica que con ellos ha sabido pre- 
parar Benavente, y es que al querer la madre reconciliar á hijastra y 
padrastro, la ordena le dé un beso. Ella, tan cerril siempre con ese 
hombre, se abalanza á él y, olvidada del hábito de discreción apren- 
dido desde niña, le trata delante de su madre como á un querido, lla- 
mándole por su nombre, Esteban, y mostrando al abrazarle el furor 
de su pasión. Este ¡tablean! es muy francés, pero muy poco real ni 
español ; es el sello de la inspiración fantástica y afrancesada del autor. 
Porque hay otra cosa peor, y es que ese beso se lo da en un trance 
en que hasta el amor más furioso pliega las alas y se encoge, en el 
trance en que todos allí se ven, cuando por momentos aguardan á la 
Justicia que venga á llevarse al padrastro por haberse descubierto que 



S. XIX, 1892. JUCIXTO BEXAVENTE 247 

él fué el asesino del novio de la muchacha la noche antes de la boda. 
Esta situación es falsa por cuantos lados se la mire. El asesino, des- 
cubierto por su propia esposa, que ha sabido estaba apasionado de la 
hijastra, no debía de haber vuelto por casa después de haberle echado 
ella sin él chistar. Pero no; vuelve, y se está llorando ante el criado, 
ante su esposa, ante la hijastra, mostrando alma de niña alebronada 
más que de asesino ni de amante furioso, ni siquiera de un hombre vul- 
gar. Porque llora y llora como una Magdalena, y confiesa todo, y se 
echa de todo la culpa. La esposa, otra que tal : de fiera que antes se 
mostró, se hace ahora de mieles. ¡ Porque lo necesita Benavente para 
que ruegue á su hijastra que abrace y bese á su amante delante de sí ! 
Y en este trance, en que si ella le quisiese debía alejarle de casa por 
miedo a la Justicia y alejarle de la hijastra por los naturales celos, que 
es imposible hayan desaparecido tan de repente, se empeña en que se 
besen, confiada en que le aborrece la hijastra, para que le quiera ella 
también. La hijastra le llena al padrastro de injurias. Pero la madre in- 
siste, y sin más ni más, y en momentos en que la discreción hacía más 
falta que nunca, sin duda porque ni él la tiene de estarse allí aguar- 
dando á la Justicia, ni la madre la muestra jugando así con el fuego 
de sus celos, también la echa á rodar la muchacha y abraza á su pa- 
drastro como nueva Julieta, tan fieramente apasionada, que la madre 
ve la pasión que durante tantos años no tuvo ojos para ver. Fuera de 
esto, no hay otra situación dramática en toda la obra, y cuanto debía 
ver el auditorio puesto en acción lo oye narrado por unos ó por otros 
de los personajes. Así la escena diríase una sala de café donde van 
entrando y saliendo contándose cuanto de fuera pasa, en vez de ha- 
cerse allí las cosas como se hacen en las tablas de un escenario. "Un 
espectáculo exótico, raro, sorprendente y fastuoso constituye esta obra, 
ya hace tiempo célebre en los escenarios de Nueva York y Londres, 
y que no tardará en serlo entre nosotros." Así habló al día siguiente 
del estreno de La Túnica amarilla (1916) el vocero del teatro de la 
Princesa y autor de la loa que al día siguiente nos suele echar en El 
Itnparcial, don José de Laserna. "Jacinto Benavente... — añadía — eli- 
gió, tradujo y destinó La Túnica amarilla para la función... Hazelton 
y Benrimo, los autores ingleses de esta leyenda china, en tres actos, 
representada á estilo chino, echan á volar libremente su fantasía..." 
Todo ello será verdad ; pero huele tan á broma como la comedia misma 
toda ella y sabe á la pega del cerebro ingenioso y socarrón de Bena- 
vente, cuyo carácter humorístico, satírico, fantaseador y burlón resalta 
en esta obra como en ninguna otra de las suyas. Tiene de la revista 
fantástica, más elegante y aristocrática que las que tan pródiga como 
desgraciadamente se hicieron en España desde la aparición del llamado 
género ínfimo, esto es, desde la decadencia del teatro por haberse que- 
rido aclimatar aquí la revista, que tan lindamente se hacía en París. 
Pero es revista hecha por el más ingenioso de Jos revisteros, por 
Jacinto Benavente. Hay más fino ingenio, pinchazos satíricos más pe- 



248 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

netrantes, indirectas más delicadas que en las demás revistas. Hay, 
además, fantasía, simbolismo poético, sentencias filosóficas, salidas in- 
fantiles, guiñolesco estilo, grotescas bufonadas, cuasi shakespearianas, 
cosas todas muy del autor de Los Intereses creados. Es fantasía que 
encierra simbólicamente una sátira social, hija del ingenio y de la de- 
licadeza, envuelta en chinesco ropaje, salpicada de finas esencias y 
de bufonescas salidas, perfumada de frases poéticas y oreada de tras- 
cendental humorismo. Este envolver filosófica y socarronamente la sá- 
tira entre los pliegues de una fantasmagoría deslumbradora puesta en 
países remotos, estrambóticos, y entre gentes infantiles y personajes 
guiñolescos y ridiculos de suyo para mezclar utüe dulci, la doctrina 
con la amenidad, las burlas con las veras, lo grave con lo grotesco, 
es el estilo propio del ingenioso y humorístico Benavente. Riendo quie- 
re que aprenda el espectador, y burla burlando le va propinando ciertos 
brevajes saludables de doctrina sana, aunque á veces no tanto, y siem- 
pre de la algo vaga filosofía ética y panteísta que hoy rebulle en las 
cabezas de los sabios. Como siempre, hay poco atadero entre las esce- 
nas, y la acción es desleída y floja; los caracteres, pálidos, todo por 
sobra del fantástico y falta de la realidad. En cambio en los porme- 
nores chispea el agudo caletre del autor y la suave delicadeza de su 
fino trato y porte; las sentencias están esculturalmente esculpidas; el 
filosofar es grave y mucho; las ironías, punzantes, á granel; los chistes, 
cortesanos ó grotescos, de hilaridad abierta y franca. La Ciudad ale- 
gre y confiada pone todavía más de relieve la personalidad de Bena- 
vente. Disfrazados en personajes de la comedia del arte italiano, se 
presentan los tipos que arruinan la ciudad; el Desterrado es el apóstol 
de las amargas verdades y descubridor de los disfraces. Ni caracteres, 
ni acción, ni pasiones hay en toda la obra. No es obra teatral ; es obra 
simbólica, didáctica, fantasmagórica, amena é ingeniosa. Poniendo en- 
teramente el autor toda su personalidad de relieve, alcanzó con esta 
obra su mayor triunfo : fué llevado en hombros hasta su casa. Cre- 
yéronla obra de clave: señal de que la crítica tocaba en lo vivo. No 
hay tal clave: el Desterrado es, como dijo Cíwia, el sentido común; 
los demás son los que arruinan á la nación y andan en torno nuestro, 
son legión: políticos y literatos chirles que sienten mal de España y 
de todos, siendo ellos los que menos valen. La obra se reduce á par- 
lamentos ó prédicas del ingeniosísimo autor, admirablemente tornea- 
das en sentencias de fino oro, y á unos cuantos tipos simbólicos; todo 
ello bordado sobre el cañamazo deshilachado y flojo de una estructura 
poco artística. Como técnica teatral, como obra de caracteres y de 
pasiones, no vale nada ; pero la fuerza satírica de vida actual la enno- 
blece y realza sobremanera. Nunca escribió en estilo tan artístico Be- 
navente, nunca condensó sus doctrinas en sentencias tan hieráticas, 
nunca puso tan al justo el dedo en i]a llaga social como en esta revista 
teatral, que lo es más bien que no comedia ni drama. En 1909 creó Be- 
navente el teatro para niños, empeño muy de alabar, que no fué ayu- 



S. XIX, 1892. JiAClXTO BEXAVEXTE 249 

dado como merecía por los que debieran saber que los niños de hoy son 
los hombres de mañana y que la educación es la raíz del árboá. Nada 
más conforme á las cualidades de Benavente que esta empresa. Su bon- 
dadoso corazón, su carácter aniñado, infantil, su ingenio para lo me- 
nudo y bonito, sus aficiones al teatro guig-nol, toda su obra teatral, de 
ingenio, menuda y como de miniatura, ceñida de movimientos, bonita 
é infantil, guígnolesca, en suma, muestran que en este campo hubiera 
hecho portentos si él tuviera carácter para arrostrar y vencer los pa- 
sivos obstáculos de la dejadez é incuria del público y de los gobernan- 
tes ó si se hubiera asociado con quien tuviera temperamento práctico 
y constante para vencerlos. El hecho pone, por lo menos, de manifiesto 
el carácter del dramático y de su obra teatral, que algunos críticos 
han pretendido hinchar y engrandecer desmesuradamente, quitando asi 
á Benavente su verdadero mérito al quererle atribuir lo que no tenía. 
Teatro de juguete es el de Benavente, y no es pequeña loa; juguetes 
teatrales son sus obras, acabadas miniaturas de ingenio, de hunioris- 
mo, de exquisito gusto, de idealismos geniales, de escenas menuda- 
mente miniadas, de sátira social fina, donairosa y ligera en pequeños 
cuadros. En esto es insuperable maestro. Trompetear por ahí que es 
un genio, que es un dramático á lo Shakespeare, que hace ni comedias 
siquiera, es ofenderle con adulaciones risibles ó ignorancia supina de 
las cosas, es llenarle de humo los cascos, si se los dejara llenar no 
teniendo, como tiene, la suficiente perspicacia para no dejarse embau- 
car, y hacer que dejara su propio camino para perderse entre la ma- 
raña de veredas que le son desconocidas y para las cuales no tiene 
sujeto. Ganarse la vida y El Príncipe que todo lo aprendió en los libros 
son las dos piezas con que Benavente abrió el teatro para los niños. 
La segunda es del género de Los Intereses creados, y ambas son in- 
fantiles, guigTiolescas, comedias medio en broma, fantásticas y como 
cuentos de hadas, género propio de niños y del talento de Benavente. 
Mientras escribo el juicio crítico sobre Benavente llega a mis manos 
El Imparcial de i de marzo de 191 5, y en el primer párrafo De sobre- 
mesa leo: "Sarah, la excelsa srtista aclamada por los públicos del mun- 
do entero, que, al aclamarla, saludaban en ella la representación del ge- 
nio y del arte glorioso de Francia, como si su alma de artista quisiera 
compenetrarse más con el alma de la Patria á la hora en que Francia 
padece, ella ve también mutilado su cuerpo, aquel cuerpo tan desmate- 
rializado que fué siempre como luz espiritual de todas las pasiones y 
de todos los sentimientos." No hay en todo este período ni una frase ni 
palabra que muestre el menor esmero del escritor en buscar la expre- 
sión precisa, briosa, colorida, castiza ; antes, palabras y frases son del 
común decir de periodistas y habladores de café. Además, no hay pe- 
ríodo armonioso,, ni siquiera poco armonioso período. El sujeto de la 
oración, Sarah, repítelo con un ella ve..., que la destruye y la parte 
en dos, añadiéndose un también que viene arrastrado por los públicos 
y que no encaja en Sarah... también, como debiera, á ser una y bien 



25o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

concertada la oración. "Aclamada por los públicos del mundo entero, 
que, al aclamarla" ; "ella ve también mutilado su cuerpo, aquel cuer- 
po", son descuidos que no se deja escapar el que ponga el menor em- 
peño en el estilo. En tan arrastrado 3- vulgar período no brilla claro 
e! pensamiento del autor, y la proposición principal que encierra, Sa- 
rah ve también mutilado su cuerpo, es de una ordinariez harto mani- 
fiesta. Comenzó el primer período con el sujeto Sarah y comienza el 
segundo con el sujeto Gabriel D'Annunsio, y parte el período tan en 
dos como el primero y por el mismo medio del pronombre: Sarah... 
ella ve. "Gabriel D'Annunsio pudiera añadir un nuevo poema á la 
serie de sus victorias mutiladas. Él solo pudiera cantar el dolor de la 
escultura viva." La proa de la nave deshecha, rota y mutilada: tres 
sinónimos de los que huelgan los dos que siguen á deshecha, pues no 
sólo no le añaden nada, sino que amenguan su fuerza. Compréndese 
que una nave se mutile, luego se rompa y acabe siendo deshecha; pero 
que después de deshecha se rompa y después se mutile, es caso impo- 
sible. Sigue esta otra oración, donde no se sabe cómo se ata y qué 
significa la cláusula que pongo en cursiva: "Hay actrices admirables 
de las que piensa uno qué hubieran podido ser, de no ser actrices, y 
ellas mismas se encargan de responder con la inconsciencia de su arte 
de instinto, mujeres vuñgares.'' Dejo el que mujeres vulgares queda 
muy lejos del resto de la oración principal merced al inciso en cur- 
siva; omito el inútil pleonasmo de "la inconsciencia de su arte de 
instinto", ya que arte inconsciente y de instinto es todo tmo. Pero ¿qué 
es lo que ellas mismas se encargan de responder? Y ¿qué tiene que 
ver lo que respondan con la proposición principal: Hay actrices ad- 
viirables de las que piensa uno qué hubieran podido ser, de no ser 
actrices, mujeres vulgares? Dos oscuridades en un tan breve párrafo 
indican, por lo menos, gran descuido en el escritor. Como esto basta 
para que no extrañe nadie mi juicio sobre el lenguaje de Benavente, 
na seguiré examinando el resto del artículo. Lo que sí debe advertir 
el lector en dichos párrafos es cómo el que los ha escrito está acos- 
tumbrado á leer francés, pues á francés, y francés de pacotilla, huelen 
que trascienden. Confirmemos ahora nuestro juicio acerca de Bena- 
vente con el que han dado los mejores críticos. El primero que va á 
hablar es uno de los más perspicaces del siglo xix; conviene, antes de 
nombrarle, oír sus palabras: "Empezó por prohibirse rigurosamente 
mtercalar en ella (en cualquiera que sea) ni un solo coloquio amorosa 
ni una sola situación que ni remotamente pudiera parecer sentimental. 
Presentó, además, los diversos episodios de la acción con tal rapidez 
y en un diálogo tan sobrio y vivo, que en realidad ésta no existe en 
apariencia. Se diría que consiste, más que en hechos, en la noticia de 
los mismos, dada de prisa y corriendo por los mismos interlocutores. 
Ni un momento de suspensión ó de sorpresa en el ánimo; ni una si- 
tuación de las dispuestas de modo que establecen una suerte de puntos. 
de altura en todo el drama. Nada, absolutamente nada.. Los personajes 



S. XIX, 1892. JACINTO BENAVENTE 25 I 

no hacen más que hablar de una serie de visitas, entrevistas, conver- 
saciones y disputas. El diálogo tiene tan singular valor por sí mismo, 
que da todo el carácter á la obra. No es ya la condición más saliente 
en orden de mérito, sino, como hemos visto, la forma que propenden 
á tomar todos los componentes del drama: acción, episodios, desarro- 
llo de caracteres... Hay obras en que los personajes hablan y accionan, 
ó hablan y sienten, ó hablan y siguen los impulsos de ios acontecimien- 
tos exteriores. Aquí se diría que sólo hablan. El diálogo lo es todo; 
un diálogo vivo, conciso, cortado y recortado, chispeante y cáustico; 
tm continuo tiroteo de frases sueltas, cínicas y francas, en boca de los 
positivistas; indignadas y acusadoras, en...; chistosas, en...; en todos 
penetrantes y lacerantes; saetas con toda suerte de penachos y moja- 
das en toda clase de venenos, aladas y mortíferas. Al llegar aquí po- 
nemos el dedo en el defecto esencial de la obra y en su cualidad pri- 
mera. Esta preponderancia de las condiciones del diálogo por encima 
de todas las otras, hace de la obra, más que un verdadero drama, una 
sátira dialogada, ni más ni menos. El autor, por no incurrir en con- 
vencionalismos ya gastados, en golpes de efectos inverosímiles, en es- 
cenas amorosas usadas hasta la saciedad, cayó en el extremo contra- 
rio: en el de casi suprimir toda acción y toda vida, salvo la de la pala-- 
bra. De aquí que siendo verdad los caracteres de la obra, verdad sus. 
pasiones, verdad aquel estado social, aparezcan escénicamente artifi-- 
ciosos ó falsos, por falta de espacio, por falta de perspectiva, por falta 
de la apariencia de realidad que da una serie de acciones, más que 
una serie de contiendas ó disputas sobre las mismas. Por aquí queda 
reducido el drama, no á ser imitación real de la vida, sino á un esque- 
ma escueto y descarnado, inmediato y rapidísimo, de unos cuantos mo- 
vimientos de ánimo; es una especie de indicación en abstracto y alge- 
braica de la volubilidad y relajación sociales. Nada tan cierto como 
aquella volubilidad; nada tan hondo y siniestramente verdadero como 
aquella relajación; pero como una y otra son más dichas que vividas 
y casi sin tiempo para vivirlas ni justificarlas, resultan en apariencia 
exageradas y engañosamente inverosímiles. En una palabra, falta 
drama y sobra diálogo, con ser tan conciso. El drama apenas existe, 
ó resulta deformado. En cambio la sátira social, de una mordacidad 
vivísima y acre, resalta con fuerza en todas las escenas de la obra. 
No es, pues, esta producción realista en el sentido de darnos la misma 
impresión de la vida detallada y justificada. No realiza el ideal que se 
propuso el autor. Es más bien una aparente paradoja, una charge dra- 
mática, una serie de escenas satíricas desatadas precisamente de toda 
obligación de ser nimiamente reales como una comedia y donde los 
interlocutores muestran á las claras, crudamente, en gritos enconados 
ó en rasgos de cinismo, todo un estado social. Para quien conozca ínti- 
mamente nuestra sociedad, es decir, la clase media que acude al teatro, 
salta á la vista con sólo la anterior noticia, el contraste entre la índole 
de una obra de tal naturaleza con la bonachona é inconsciente ansia 



25* ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

<ie divertirse del público. Este no es ya el auditorio de El Prólogo de 
un drama (de Echegaray). Una obra como aquélla, de tradición nacio- 
nal, puede congregar á todas las clases sociales á la vez : pueblo, aris- 
tocracia, burguesía, literatos y no literatos, ¡ á todos ! Las obras de es- 
tructura moderna, como la que juzgamos, tienen ya un público más 
especial. El pueblo poco encuentra en ellas que le atraiga. De la misma 
clase media la menos hostil será la más "leída", la más habituada á 
la literatura francesa, -á sus dramas, á sus compañías, en las excursio- 
nes de las celebridades, Coquelín ó la Dusse. Junto á este público no 
se jja de ver más que á los literatos, á la crítica, á l*s que siguen más 
ó menos de cerca, con más ó menos hostilidad también, las que llama 
aún alguien las corrientes del gusto moderno. Recuerdo el estreno... 
El drama se desarrollaba lento, monótono, apocado, frío...; le faltaba, 
para ser drama, emoción y acción... El público, ávido de aquella emo- 
ción, de aquel interés, que son su único anhelo, sintió bien pronto el 
«fecto singular de la para él inesperada é incomprensible dramaturgia. 
Desde luego echó de menos el sentimiento, la pasión. No perdonaba 
al autor que... mutilara su propia facultad de concebir, ateniéndose 
únicamente, austero y mordaz, á fustigar sólo vicios." El admirable 
juicio crítico que precede y pone en su punto la manera teatral de 
Benavente, sus virtudes y sus defectos, tiene las ventajas de haber sido 
escrito por Ixart sobre un drama estrenado en 1890, del género del tea- 
tro de ideas, época en que había dado ya sus manifiestos la nueva ge- 
neración literaria de Ibsen, Bjorson, Strinberg. Titulábase el drama Las- 
Personas decentes. Su autor, Enrique Gaspar, introductor del género en 
España, así como en España había sido nada menos que el anticipador 
del género naturalista. Y, sin embargo, he podido aplicar á Benavente 
este juicio tan al justo como si acerca de su obra se hubiera dado. No 
es, pues, nuevo el teatro críticosocial, poco ó nada dramático, de Be- 
navente. Andrés González Blanco, Los Dramaturgos españoles, 1917, 
pág. 57: "Las Cartas de mujeres acusan en Benavente un refinado y' 
sutil psicólogo, conocedor del alma femenina hasta sus últimos reco- 
vecos..., en el lenguaje sencillo y familiar de la correspondencia feme- 
nina y transparentando en rasgos realistas y firmes el alma de la mujer 
española... con colores verídicos y rasgos firmes, velazqueño el cora- 
zón y aun el entendimiento de nuestras mujeres..., no trata de morali- 
zar..., no intenta persuadir ni aun aconsejar... Mientras que los pro- 
sistas de la generación anterior procedían como moralistas y escribían 
en tono apotegmático y doctoral (Selgas, Catalina, Gabino Tejado), 'los 
de la generación á que pertenece Benavente comenzaron á escribir en 
estilo suelto, fluido, grácil, sin pesadumbre de epi fonemas ni rigidez 
de sentencias y máximas. Escribían simple y llanamente, con esa ele- 
gancia que de la sencillez emana... No era ciertamente la prosa de 
Benavente esa prosa densa, apretada y maciza de los novelistas del 
realismo...; mas no era tampoco la prosa decadente y simbólica que 
ya esbozaba un Valle Inclán." Pág. 68: "Cuando se estrenaron las pri- 



S. XIX, 1892. JIACINTO BENAVENTE 253 

meras comedias... no hacía más que pintar la sociedad de su tiempo..^ 
como un buen analista, fustigando sin piedad cuando hay que hacerlo, 
implacable á veces en sus catiras, conquistándose reputación de Juve- 
nal castigador entre todos los críticos." Pág. 71 : "¡ Qué delicadeza de 
líneas, qué sutileza, qué de matices, qué fineza de expresión, qué anhelo 
de pinchar sin hacer sangre, qué suavidad de tacto de operador mo- 
derno!... Los juegos del futuro dramaturgo consistieron en armar tea- 
tritos de cartón, pequeños guignols que él manejaba á su antojo y más 
tarde en dar funciones caseras... Benavente ha sido siempre moralista 
en el teatro." Pág. 87: "Merced al desahogo económico de su casa, 
pudo también resistir las penalidades del primer calvario teatral, el 
de la admisión de obras, y del segundo calvario..., el de la adaptación 
del gusto público á estas obras... Benavente no gustó al público en un 
principio... Hasta Los Malhechores del bien no hubo obra de Benaven- 
te que satisficiese por completo al público... La Noche del sábado. . 
fué obra que no gustó sino á un grupo." Pág. 92 : "Había que imponer 
esta forma nueva de teatro en España... De esta tarea se encargó Bcv^ 
navente. El equivalente del teatro de Donnay, Lavedán y Capus... En 
lo que cualquiera vería un equivalente de modalidad y de estilo, los 
pedantes de entonces quisieron ver plagio. Por eso se habló tanto y 
con tanta perfidia de imitación del teatro francés." Pág. 106 : "Ha 
habido en la obra de Benavente tres ciclos perfectamente definidos y 
delimitados; el ciclo satírico, el ciclo de alta comedia y el ciclo dra- 
mático...; un nuevo ciclo perfectamente manifiesto en La Ciudad ale- 
gre: el ciclo simbólico. El ciclo satírico está enclavado entre El 
Nido ajeno y Alma triunfante, que rompe ese período. En esas pri- 
meras obras no es Benavente sino el satírico que fustiga y á la par 
ríe los vicios y los ridículos de su tiempo. Pinta en El Marido de la 
Tcllez un matrimonio de artistas; en La Gata de Angora, una mujer 
mundana y perversa, y en ambas retrata con rasgos cálidos y vigorosos 
la sociedad madrileña de la época. Por entonces aún no es el mora- 
lista hondo que penetra "hasta el fondo desolado del abismo interior"; 
su pinchazo es epidérmico, y á esa etapa de su procreación puede apli- 
carse la definición que de toda su obra en bloque hace un crítico fran- 
cés (E. Merimée) : "Son ceuvre oú le trait aigu de la satire se de'ísi- 
"mulé sous des fleurs et des sourires." ...Brota entonces su primer 
éxito, La Comida de las fieras..., que fué el punto de arranque de sus 
triunfos... Lo Cursi... representa el ápice de la perfección técnica en 
el comediógrafo incipiente y á la vez la cúspide del satírico. Sigue 
luego un grupo de obras franca é intensamente dramáticas, que mar- 
can una evolución en los ciclos de la producción benaventiana : Amor 
de amar, drama finísimo y selecto, de pura estirpe shakespeariana... 
Sacrificios..., Despedida cruel... y Alma triunfante... Hasta entonces 
la Prensa de la derecha no había tratado bien á Benavente y, en ge- 
neral, ningún sector de la Prensa. Los católicos le reprochaban su irri- 
sión de las cosas sagradas v buenas de este mundo, su sátira demasiado 



254 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

punzante á las ideas de orden... La otra Prensa, la acatólica é izquier- 
dista..., de carencia absoluta de interés, de que sus obras eran simple- 
mente diálogos relampagueantes, de ingenio fino ó de ironía acerba 
contra lo constituido, contra la sociedad y contra los sentimientos más 
sagrados del hombre, el amor de esposa, la amistad, etc.. El público 
se le resistió con pies y manos hasta Los Malhechores del bien, por no 
decir hasta Señora aina^ que constituye su pleno y definitivo triunfo... 
Hoy mismo el público es aún reacio y escurridizo; se defiende bra- 
vamente de la emoción de las obras de Benavente... Aun en los mo- 
mentos en que aplaude quisiera no aplaudir... La obra en dos actos 
Al natural, que constituyó un gran éxito, representa el hito culminante 
de la vena cómicosatírica de Benavente. Es la obra en que más resaltan, 
■ de todas las de esa época, sus cualidades primordiales: la chispeante sá- 
tira, el vivo diálogo, la gracia fina sin retruécano, el golpe de ingenio... 
Con La Noche del sábado inaugura una nueva etapa: la etapa de la 
dramaturgia sincera y humana, vibrante de pasión y de fuego. La No- 
■che del sábado fué acogida más bien con estupor que con aplauso..." 
El mismo Andrés González Blanco en Los Dramaturgos españoles, 
1917, pág. 72, alaba en Benavente cosas de que precisamente carece. 
Tómese, pues, al revés, y el juicio será el verdadero: "No está falto 
-de inventiva teatral, como Bretón, que apenas se le presentaba un con- 
flicto dramático se atascaba y no sabía resolverlo ó... salía por los ce- 
rros de Ubeda; á más de eso, tiene el dominio del idioma, que jamás 
poseyó el zafio rio j ano, poco versado en los clásicos de su país y mucho 
menos en las literaturas modernas de otras naciones, como lo es Be- 
•navente; y luego, ¡qué diferencia en el lenguaje, pobre y flácido de 
Bretón, al lenguaje relampagueante, de imágenes novísimas y entre- 
lazado de paradojas pintorescas! Por si algo faltaba. Bretón no conocía 
el mecanismo del teatro, ese nuevo artificio de Juanelo que consiste 
en preparar las situaciones, presentar á los personajes y justificar las 
sallidas y entradas ; las mutaciones y cambios de escena le era ignoto y 
hermético, mientras que Benavente..., ha sido siempre moralista en el 
teatro, sin caer jamás en el groviglio oscuro y pantanoso del arte pre- 
dicador. Jamás disertó en escena ni tomó el tablado por cátedra sagrada. 
Los pequeños burgueses y la crítica burguesa se asustaban de la inmo- 
ralidad de sus dramas. No tenían razón; yo creo que eran moralizado- 
res." Este juicio dice todo lo contrario de lo que yo tenía escrito mucho 
antes y ha leído el lector, al cual toca juzgar entre tan encontradas 
opiniones. Cabalmente le había yo comparado con Bretón, por ser de 
su cuerda. Para mí Benavente, en presentándose un conflicto dramá- 
tico, se atasca, como en La Malquerida, que cita, para probar lo con- 
trario, González Blanco. Bretón no tocaba nunca lo dramático por no 
ser de su cuerda, y otro tanto debía hacer Benavente. El dominio del 
castellano en Bretón y ia pobreza y mala construcción de BeJiavente 
cosa son más claras que la luz. Benavente no justifica entradas ni sali- 
-das, es gran predicador, y no siempre en pro de la moral : hasta los 



S. XIX, 1892. TACINTO BENAVENTE 255 

pequeños burgueses lo dicen y los grandes burgueses ni más ni menos. 
Bretón tradujo mucho : luego conocia otros idiomas. Cuanto á nuestros 
clásicos, escribe como si los tuviera muy leídos y Benavente como si 
no los hubiera saludado. Leyéranlos ó no uno ú otro, no lo sé..., aun- 
que sí lo sé. Añade González Blanco, pág. yy: "Una de las cualidades 
que más ensalza... Fitzmaurice Kelly en... Benavente es que no hace 
dramas de tesis, que no es pedagógico en sus obras." La Cmdad alegre 
€s de tesis, y tan de tesis, que no supo cuajarla en personajes vivos, 
sino en muñecos abstractos, y muñecos abstractos grandes predica- 
dores de tesis son desde el protagonista de El Collar de estrellas 
hasta los más de sus protagonistas, y por serlo no son seres vivos. 
"Nada de lecciones didácticas, nada de caricaturas, nada de rasaos su- 
perfinos, nada de vocablos colocados", dicen ambos críticos; póngase 
iodo por nada, y creo estarán más atinados. En la pág, 123 : "Yo no 
comparto la opinión despectiva de Benavente sobre Tamayo; pero re- 
conozco desde luego mayores quilates de artista en el autor de La Es- 
cuela de las Princesas que en el autor de Virginia." Tampoco aquí 
puedo estar con González Blanco ni con Benavente, ni creo que lo 
esté la serena crítica del porvenir, que á todos nos dejará en nues- 
tro lugar. Pág. 127: "Es la c i'iización más completa del drama- 
turgo que hay en España." Creo que dista mucho de serlo, si mi crí- 
tica ha sido razonable. Pág. 136: "En conjunto, la técnica de La Mal- 
querida es irreprochable. El lenguaje es un acierto de reconstrucción 
y aporta elementos al folklore español." Todo lo contrario, y creo ha- 
berlo probado. J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 26: "La nueva 
comedia del señor Benavente que hoy se aplaude en extremo y sobre 
la que los críticos y el público discuten mucho, se titula Gente cono- 
cida. Tal vez se note en esta comedia, harto en demasía, la propensión 
actual y el gusto de los autores franceses; cierta acerba censura, más 
ó menos consciente, contra las clases superiores de la sociedad, ele- 
gantes y mejor acomodadas, y la manía de denigrar acciones y pa- 
siones, pensamientos y sentimientos, calificándolos de fin de siglo, como 
si en todos los siglos, así en el fin comp en el principio, no fuesen siem- 
pre los hombres sobre poco más ó menos de 'la misma manera...; en 
Gente conocida hay gran abundancia de chistes, donde lo picante se 
combina con el aticismo, y hay diálogos ingeniosos y muy bien parlados. 
Lo que se echa de menos en esta comedia es la unidad que lo enlace 
todo : una acción que excite la curiosidad, cuyo desenvolvimiento y des- 
enlace interesen y suspendan el ánimo de los espectadores, y una fábula, 
en suma, que produzca el conjunto armónico indispensable á la belleza 
y á la relativa perfección en lo humano de cualquiera obra de arte. 
Gente conocida, pues, apenas si puede calificarse de comedia. Más bien 
es una serie de cuadros graciosos de costumbres, ó mejor dicho, de 
malas costumbres, llegando el prurito del autor á decir chistes crudos, 
hasta el extremo de hacer inverosímil, cuando no imposible, que pue- 
'dan decirlos los personajes, que los dicen á su propia costa, á no su- 



256 ÉPOC\ REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

poner en ellos el cinismo más monstruoso." [Manuel Bueno, El Liberal: 
"Hace veinte años, cuando se estrenó Gtnte conocida^ Benavente es- 
cribía en La Información la autocrítica siguiente : "La obra fué oída 
"con sumo agrado, el público se divirtió grandemente con aquella se- 
"rie de escenas que, en efecto, no constituyen una obra teatral. Pero 
■'el autor no se propuso otra cosa. Tampoco puede decirse que ha que- 
"rido romper molde alguno. La composición de la obra de anoche es 
''la que usan varios escritores muy conocidos, Lavedán y la condesa 
"Martel, entre otros; en las obras de esta última es quizá donde puede 
"hallarse mayor parecido con las escenas de anoche, mejor que en 
"Pequeneces, del padre Coloma, y en Las Personas decentes, de Gas- 
"par." Sucedió anoche una cosa rara : cuando el drama apunta ya en el 
cuarto acto, fué cuando el público se llamó á engaño. Tal vez porque 
entonces comprendió que en aquellas escenas pudo haber un verdadero 
drama, y que el autor, sólo por capricho, se había contentado con pre- 
sentarle una muestra. El público, en general, esperaba lo que se llama 
un desenlace. Y de la niña, ¿qué?, era la pregunta que hubiera hecho 
al autor de muy buena gana." Salaverría, A lo lejos, pág. 171 : "Fácil, 
sutil, emotivo, elegante... ¿Le falta quizá el don de la violencia? ¿El 
don de crear tipos perennes ? ¿ Cierto arrebato de vida natural ? ¿ Aque- 
lla condición inexpresable que consiste en haber vivido la obra, en 
vez de imaginarla con talento ?" Ramón Pérez de Ayala, Las Más- 
caras, 1917, pág. 159: "Examinando en conjunto, como un panora- 
ma, la obra teatral completa de don Jacinto Benavente, echamos de 
ver á seguida que se trata de un paisaje cuya flora y fauna no co- 
rresponden á la zona tórrida ni á la zona fría, sino á una zona 
epicena, de transición, en donde el clima se muda arbitrariamente 
del calor al frío y del frío al calor, sin alcanzar nunca grandes 
extremos... Las dos cualidades de estos paisajes de zona templada 
son: versatilidad y elegancia, entendiendo por elegancia cierta reduc- 
ción de las proporciones y pulimento de las formas. Es una manera 
de elegancia que linda con la afectación y el artificio. ¿ Cuántas veces, 
ante un paisaje menudamente ordenado por obra natural, no hemos 
aceptado la idea de que la misma Naturaleza, en ocasiones, incurre en 
afectación? Son paisajes en donde no falta sino una tilde, un detalle 
sutil, para que al punto se truequen en parques públicos ó en jardines 
de realeza. Lo cual no sucede con los paisajes tropicales ni con los pai- 
sajes norteños y de altura. Sobre arena ó sobre nieve es imposible tra- 
zar un Versalles. La obra teatral completa del señor Benavente está 
compuesta con aquella elegancia que participa de lo natural y del ar- 
tificio. Y en cuanto á su versatilidad, es simplemente prodigiosa. El 
señor Benavente ha cultivado todos los géneros: el monólogo {Cuento 
inmoral) y el diálogo, el pasillo cómico {No fumadores), el saínete 
{Todos somos unos), la comedia burguesa {Al natural), la comedia 
aristocrática {Gente conocida), teatro infantil y fantástico {El Prín- 
cipe que todo lo aprendió en los libros), la comedia rústica {Señora 



S. XIX, 1892. J\ACINTO BENAVENTE 2 57 

ama), el drama espeluznante {Los Ojos de los muertos), el drama sim- p 
bólico {Sacrificios), el drama policíaco {La Malquerida), la comedia 
moralizante, á lo Eguilaz {El Collar de estrellas^ Campo de armiño) 
j; por último, un nuevo género, que llamaremos ''comedia patriótica" 
(Lo Ciudad alegre y confiada). Entre Jos géneros enumerados, he- 
mos de propósito dejado sin clasificar un tipo teatral, en que el señor 
Benavente ha reincidido con evidente delectación. Nos referimos a 
aquellas obras cuyos personajes son emperadores, reyes, príncipes, 
grandes duques y señores en amalgama promiscua con una taifa co- 
piosa de tahúres, criminales, ladrones, mujeres cortesanas, saltimban- 
cos y sus similares ; todo el almanaque de Gotha del crimen, y el otro ; 
en suma, ese haz de gentes que constituyen el mundo libertino y este- 
ticista de la opereta; mundo apenas presentido y á medias inventado 
por los autores que escriben ese linaje de obras; mundo meramente 
literaturesco y escénico, sin existencia real. A este orden pertenecen 
La Noche del sábado, La Princesa Bebé, La Escuela de las princesas 
y otras obras del mismo autor, pero de menor cuantía que las citadas. 
Son obras que producen inquietante impresión; pero una impresión 
truncada, como si les faltase algo. Les falta la música de vals. Serían 
excelentes libretos de opereta. En ellas no hay argumento, ó si le hay 
es una mínima aprensión de argumento, diluida en la vena quebrada 
de lo pintoresco. No interesan los personajes por su alma, sino por su 
traje. Interiormente son almas indistintas: las princesas parecen mu- 
jeres cortesanas, y las mujeres cortesanas, princesas. La fuerza artís- 
tica no reside en la figura aislada, sino en las figuras sumadas, en el 
espectáculo, en el coro de figurantas. No emana de todo ello ninguna 
emoción espiritual, pero sí algo que guarda con la verdadera y pura 
emoción cierto parecido falaz, y que es turbación del alma, deleitable 
acaso, pero siempre enfermiza. Es una turbación que nace de la su- 
gestión del sexo, imperando sobre toda otra norma. Turbación que el 
compás de tres por cuatro, que es el compás del vals, contribuye á 
exaltar. Por eso, esta especie de obras literarias necesita de la mú- 
sica de opereta para su máxima intensidad... En definitiva, el mun- 
do de la opereta es el mundo de la incompresión voluntaria. Es un 
camino descarriado hacia la felicidad. Ya con V02 de la Biblia se 
nos advierte que el comprender acarrea dolor. El personaje de ope- 
reta huye la operación del comprender por ahorrarse la secuela del 
dolor. Evita las realidades profundas y se apoya en realidades su- 
perficiales y fugitivas. Cuando cosas y personas le van siendo fami- 
liares, las abandona para no comprenderlas. Su norma de conducta 
es el cambio, el contraste, la diversidad de decoraciones. En invier- 
no busca las tierras solares, y en verano se acoge a los parajes 
ateridos. Abomina de la pasión y del ensueño, que son dos formas de 
inmovilidad y constancia. Su tono favorito es la sátira personal y li- 
gera, que es un modo de incomprensión, puesto que consiste en mirar 
las cosas sólo por el revés. Su inquietud predominante, y casi única, 

TOMO X— I 7 



258 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

se refiere á las relaciones sexuales; inquietud que vanamente procura 
esquivar mediante una transacción, despojando á la inquietud de su 
carácter de problema, que se ha de resolver una vez por todas, para 
convertirlo en una sucesión de ensayos experimentales y de cópulas 
efímeras. El clima psíquico templado induce á esta transacción. En 
el clima tórrido no hay solución para el problema, sino en la muerte. 
En el clima frío, la solución es la castidad. Que la opereta sea el 
mundo de la incomprensión voluntaria, no arguye que el autor de 
una excelente opereta — pues en todo cabe excelencia y primor de 
arte — sea un hombre voluntariamente incomprensivo. Por el contra- 
rio, para reproducir con la imaginación, vivo, animado é interesante 
este mundo de opereta, en todo lo que es y significa, se exige poseer 
un talento sobremanera plástico y comprensivo. Si giramos los ojos 
en torno, observaremos que vivimos en un mundo de opereta, entre 
farsantes escénicos sin existencia real. Pero para crear una obra de 
arte no basta trasladar á la escena algunos fragmentos de la cotidiana 
opereta, habiéndolos copiado fielmente; es menester trasponerlos, fun- 
dirlos é infundirles una nueva vida imaginaria. Tal es el caso de La 
Princesa Bebé." R. Pérez de .\yala, El Imparcial: "Al no mentar entre 
los "valores positivos" al señor Benavente, después de haber estudiado 
sus obras con tanta prolijidad, claro está que no quiero dar á entender 
que no exista, sino algo peor, que existe como un "valor negativo". He 
aquí el alcance concreto de mi afirmación... Jamás he pueáto en duda 
las peregrinas dotes naturales del señor Benavente: talento nada co- 
mún, agudeza inagotable, fluencia y elegancia del lenguaje, repertorio 
copioso de artificios retóricos y escénicos. Pero todas estas dotes reuni- 
das acarrean consecuencias particularmente vituperables y nocivas, 
porque están puestas al servicio de un concepto equivocado del arte 
dramático... Todos, con rara unanimidad entre españoles, nos escan- 
dalizamos al contemplar el estado de pobreza, confusión y anarquía 
que ha reinado en los escenarios madrileños durante la última tempo- 
rada. No ha habido obras que levanten un palmo sobre lo vulgar. ¿ Por 
qué? Apenas si hay media docena de actores diseminados aquí y 
acullá por todos los teatros de España; actores que, en justicia, me- 
rezcan este nombre. ¿ Por qué ? Para hallar la causa es menester re- 
traerse en el tiempo cerca de veinte años, cuando el señor Benavente, 
con talento y habilidad que nadie osará discutirle, comenzaba á im- 
poner una manera de teatro imitada de las categorías inferiores y más 
efímeras del teatro extranjero. Suponíase entonces que el señor Be- 
navente traía la revolución al teatro español. Lo que traía era la anar- 
quía... El teatro del señor Benavente es, en el concepto, justamente lo 
antiteatral, lo opuesto al arte dramático. Es un teatro de términos me- 
dios, sin acción y sin pasión, y por ende sin motivación ni caracteres, 
y lo que es peor, sin realidad verdadera. Es un teatro meramente oral, 
que para su acabada realización escénica no necesita de actores pro- 
piamente dichos; basta con una tropa ó pandilla de aficionados. Y 



S. XIX, 1892. JIACINTO BEXAVENTE 259 

comoquiera que, durante los últimos años, ha imperado el teatro del 
señor Benavente, con sus secuelas ó derivaciones, han ido acabándose 
y atrofiándose los actores, como un órgano sin función, y correlati- 
vamente ha desaparecido de un golpe para el público español todo eí 
teatro clásico nacional y extranjero, porque ya no hay actores que se- 
pan y puedan interpretarlo, y faltando la norma perenne de los clá- 
sicos, que es el único término de comparación, el arte dramático y el 
gusto y discernimiento del público se van corrompiendo y estragando 
cada vez más. Todo esto es lo que encierra mi afirmación de que la 
dramaturgia del señor Benavente es un "valor negativo"'. Si se me 
invita á prescindir del error fundamental de concepto de esta drama- 
turgia de hogaño, concedo que en lo accidental y accesorio ostenta 
ciertos primores y lindezas. Pero, ¿ cómo se puede prescindir de lo 
primero y principal? El Mal que nos hacen, estrenado anoche, es una 
pieza que ajusta perfectamente dentro del patrón que acabamos de des- 
cribir. En cuanto al concepto teatral, es cabalmente lo contrario de 
lo que debe ser el teatro. La palabra, que en el teatro genuino no es 
sino vehículo del alma de un personaje concreto, de suerte que cada 
persona ó carácter debe hablar de un modo propio é inconfundible, 
en El Mal que nos hacen es una forma genérica é indiferenciada de 
expresión, tejida con sinnúmero de retruécanos de ideas ó conceptis- 
mos cuyo significado las más de las veces no se puede descifrar y ador- 
nado con metáforas y sentencias piadosas del Ancora de salvación. 
Los personajes salen á escena, se sientan, rompen á hablar por largo, 
y vienen á decir todos las mismas cosas, sobre poco más ó menos. Yo 
«o tendría inconveniente en aceptar una apuesta, á fin de demostrar 
cumplidamente que el lenguaje de los personajes de El Mal que nos 
hacen es un flujo amorfo, impersonal y antidramático. Y es que si se 
truecan la mayor parte de los parlamentos de uno á otro personaje, 
los espectadores no echarán de ver la trasmutación ni la obra perderá 
nada. No negaremos que los parlamentos son, ora elocuentes, ora sua- 
sorios, ora rutilantes; pero su lugar adecuado no es el tablado his- 
triónico; antes bien, el pulpito, el confesonario ó el artículo de fondo 
de un periódico, respectivamente." 

J. Benavente, obras teatrales, con fechas de estreno: El Nido aje- 
no, 1894. Gente conocida, 1896. El Marido de la Téllez, 1897. De ali- 
vio, 1897. Don Juan (trad. de Moliere), 1897. La Farándula, 1897. La 
Comida de las fieras, 1898. Teatro feminista, 1898. Cuento de amor, 
1899. Operación quiritrgica, 1899. Despedida cruel, 1899. La Gata de An- 
gora, 1900. Viaje de instrucción, 1900. Por la herida, 1900. Modas, 
1901. Lo cursi, 1901. Sin querer, 1901. Sacrificios, 1901. La Gober- 
nadora, 1901. El Primo Reman, 1901. Amor de amar, 1902. Liber- 
tad, 1902. El Tren de los maridos, 1902. Alma triunfante, 1902. El 
Automóvil, 1902. La Noche del sábado, 1903. Los Favoritos, 1903, El 
Hombrecito, 1903. Mademoiselle de Belle-Isle (trad. de A. Dumas), 
1903. Por qué se ama, 1903. Al natural, 1903. La Casa de la dicha. 



200 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1903. El Dragón de fuego, 1903. RicJfelieu (trad. de Bulver Lifon (?), 

1904. La Princesa Bebé, 1904. No fumadores, 1904. Rosas de Otoño, 

1905. Buena boda, 1905. Teatro fantástico, 1905. El Susto de la 
Condesa, 1905, La Sobresalienta, 1905. Los Malhechores del bien, 1905. 
Cuento inmoral, 1905. Las Cigarras hormigas, 1905. Más fuerte que 
el amor, 1906. Manon Lescaut (con A. Danvila), 1906. Los Buhos, 
1907. Abuela, y nieta, 1907. La Princesa sin corazón, 1907. El Amor 
asusta, 1907. La Copa' encangada, 1907. Los Ojos de los muertos, 1907. 
La Historia de Ótelo, 1907. La Sonrisa de Gioconda, 1907. El Ultimo- 
minué, 1907. Todos somos unos, 1907. Los Intereses creados, 1907. Se- 
ñora ama, 1908. El Marido de su viuda, 1908. La Fuerza bruta, 1908. 
De pequeñas causas, 1908. Hacia la verdad, 1908. Por las nubes, 1909. 
De cerca, 1909. /í z/^r gwé /toce un hombre, 1909. Lo Escuela de las 
princesas, 1909. La Señorita se aburre, 1909. £Z Principe que todo lo 
aprendió en los libros, 1909. Ganarse la vida, 1909. El Nietecito, 1910. 
La Losa de los sueños, 1911. La Malquerida, 1913. El Destino manda 
(trad. de Paul Hervieu), 1914. El Collar de estrellas, 1915. La Ver- 
dad, 1915. La Propia estimación, 1915. Campo de armiño, 1916. La 
Túnica amarilla, 1916. Lo Ciudad alegre y confiada, 1916. El Mal que 
nos hacen, 1917. Los Cachorros, 1918. Caridad, 1918. La InmaculadOr 
de los Dolores, 1918. Mefistófela, 1918. La L^3' de Zo^ /zi/oí, 19 18. 

Otras obras: Teatro fantástico, 1892, 1910. Versos, 1893, Cartas 
de mujeres, 1893, 1901 ; 2.' ser., 1902, Figulinas, 1898. Noches de ve- 
rano, 1900. £Z Criado de don Juan, 1902. P'ilanos, 1905. Teatro rápido, 
Barcelona, 1906. El Teatro del pueblo, 1909. De sobremesa, i.* y 2.^ 
ser., 1910; 3.* y 4.* ser., 1912 ; 5.^ ser., 1913; 6.^ ser., 1916. Acotaciones, 
1914. Crónicas y Diálogos, Valencia, 1916. Mis mejores escenas, Ma- 
drid, 1916. Las mejores páginas de Benavente, 2 vols., 1917-18. 

Obras impresas: Teatro: t. I (El Nido ajeno. Gente conocida, EL 
Marido de la Téllez, De alivio), 1904, 1910, 1917. T. II {Don Juan, La 
Farándula, La Comida de las fieras, Teatro feminista), 1904, 1911, 1916, 
T. III (Cuento de amor. Operación quirúrgica. Despedida cruel, Im 
Gata de Angora, Viaje de itistrucción, Por la herida), 1904, 1913» 
T. IV (Modas, Lo cursi. Sin qucnr. Sacrificios), 1904, 1917. T. V (La 
Gobernadora, El Primo Román), 1904, 1916. T. VI (Amor de amar, Li- 
bertad, El Tren de los maridos), i<;04, 1916. T. VII (Alma triunfante. 
El Automóvil, J^a Noche del sábado), 1904, 1918. T. VIII (Los Favo- 
ritos, El Hombrecito, Mademoiselle de B>elle-Isle, Por qué se ama), 
i'904, 1916. T. IX (Al natural, I^a Casa de la dicha, El Dragón de 
fuego), 1905. Tomo X (Richelieu, La Princesa Bebé, No fumado- 
res), 1905, 1916. T. XI (Rosas de otoño. Buena boda), 1905, 1917. 
T. XII (El Susto de la Condesa, Cuento inmoral. La Sobresalienta, 
Los Malhechores del bien), 1906, 1912, 1916. T. XIII (Las Cigarras 
hormigas. Más fuerte que el amor), 1906, 1916. T. XIV (Manon Les- 
caut, Los Buhos, Abuela y nieta), 1908, 1917. T. XV (La Princesa sin 
corazón. El Amor asusta, La Copa encantada. Los Ojos de los muer^ 



S. XIX, 1892. JOAQUÍN abatí Y DÍAZ 161 

ios), 1908, 1917. T. XVI (La Historia de Ótelo, La Sonrisa de Gio- 
conda, El Ultimo minué, Todos somos unos, Los Intereses creados), 
1908, 1911, 1917. T. XVII {Señora ama. El Marido de su viuda, La 
Fuersa bruta), 1909, 1915. T. XVIII (De pequeñas causas. Hacia la 
verdad, Por las nubes, De cerca, A ver qué hace un hombre), 1909, 
1916. T. XIX (La Escuela de las princesas. La Señorita se aburre. El 
Príncipe que todo lo aprendió en los libros. Ganarse la vida), 19 10, 
1916. T. XX (El Nietecito, La Losa de los sueños, La Malquerida), 

1914, 1917. T. XXI (El Destino manda, El Collar de estrellas. La Ver- 
dad), 1915. T. XXII (La Propia estimación. Campo de armiño), 1916. 
T. XXIII (La Túnica amarilla. La Ciudad alegre y confiada), 1916. 
T. XXIV (El Mal que nos hacen. Los Cachorros, Caridad), 1918. 
T. XXV (Mefistófela, La Inmacidada de los Dolores), 1918. 

Consúltense A. Bonilla y San Martín: /. Benavente (en la revista 
Ateneo, I, año 1906, págs. 27-40) ; F. Santander, Comentario á "La 
Malquerida", Valladolid, 1914; Andrés González Blanco, Autores con- 
temporáneos, 1917; Ramón Pérez de Aj'^ala, Las Máscaras, 1917; E. L. de 
Palacio, /. Bfnavente, 1914 (en La Société Nouvelle, Mons) ; C. Bruer- 
¡ton, Bcneveníe's El Marido de la Tcllez and its French pr'ototypeS', 
Chicago, 1916; Juan V. Horné, The relations betzveen the plays of Be- 
navente and his dramatic criticism, Chicago, 1906; L. López Rosselló, 
/. Benavente, 1916 (en Rev. Calasancia). 

J. Abatí: Entre doctores, com., 1892. Azucena, com., 1892. Ciertos 
son los toros, com., 1894. La Conquista de México, com., 1896. La En- 
redadera, com., 1897. Causa criminal, melod., 1897. El Intérprete, 1897. 
Los Besugos, com., 1899. Lucha de clases, zarz., 1900. Las Venecia- 
nas, zarzuela, 1900. La Buena crianza, melod., 1901. El Código Penal, 
zarz., 1901. Tierra por medio, zarz., 1901. Un hospital, melod., 1902. El 
Aire, com., 1904. El Trébol, zarz., 1904. La Marcha Real, zarz., 1904. El 
Aire, zarz., 1906. La Taza de té, zarz., 1906. Las Cien doncellas, melod., 
1907. La Hostería del laurel, zarz., 1907. Mayo florido, zarz., 1908. El 
Paraíso, com., 1909. Los Hombres alegres, zarz., 1909. La Mar salada, 
com., 1910. Gcnia y figura, com., 1910. La Partida de la Porra, zarz., 
1910. Baldomcro Pachón, zarz., 1913. Salambó, zarz., 1913. El Potro 
salvaje, zarz., 1914. España Nueva, zarz., 1914. La Corte de Risalia, 
zarz,, 1914. La Pata de gallo, com., 1914. El Velón de Lucena, com. 
magia, 1915. Las Alegres colegialas, zarz., 19x5. Los Vecinos, com., 

1915. Sierra Morena, zarz., 1915. El Infierno, com., 1916. La Bendi- 
ción de Dios, com., 1916. El Asombro de Damasco, zarz., 1916. La His- 
toria del traje, com., 1916. La Gentil Mariana, com., 1916 (con A. 
Paso). Jesús, María y José, 1918. De fecha desconocida: Alsina y Ri- 
poll. Los Amarillos, El Gran tacaño, Las Hijas políticas, Los Hijos 
artificiales, La Mulata, Los Niños, El Tesoro del estómago, Tortosa 
y Soler, El 50 de Infantería, Mi querido Pepe. 



262 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

48. Año i8p2. Miguel Eduardo Pardo (i865?-I905)^ 
de Caracas (Venezuela), escribió en muchos periódicos de Amé- 
rica y de A'Iadrid y derrochó ingenio con no poca broza Hteraria 
y afectista, metido en polémicas con Clarín y otros. Su colección 
de cuentos Al Trote es hermosa, y entre ellos descuella Manolín. 
Pero su obra maestra es la novela criolla Todo un pueblo, satiri- 
zadora de las costumbres de Caracas, con sus puntas de ironía 
y fuerte desenlace trágico ; la trama, con rapidez y bien conduci- 
da; el estilo, suelto, y excelente el lenguaje. Sátira nacida del 
odio que se venga, retrata sin escrúpulo la verdad, bien que por 
otra parte la exagere y la ponga en caricatura. Hay mucha vida 
en ella, personajes admirablemente tallados y viva impresión 
descriptiva. 

Mariano BaselgÁ y Ramírez (n. 1865-), zaragozano, pintó 
preciosos tipos populares, con fino realismo, con arte y exqui- 
sito gusto, principalmente artesanos de la ciudad. Colaboró en 
la Rev. Archivos (1897-99) y El Gato Negro, de Barcelona 
(1898). Los cuentos Desde el Cabezo cortado son muy graciosos 
y escritos con arte y malicia. Preciosas son sus Cartas á Luisa, 
á imitación de la Perfecta Casada, de fray Luis de León. El es- 
tilo de Baselga huele un tantico á rebuscado y artificioso. 

Rosario Puebla de Godo y (n. 1867-), de Mendoza 
(Argentina), estrenó En buena ley (1895), Patriotismo de ar- 
gentinos (1910), Los Patriotas (1914). Publicó Al pie de los 
Andes, poesías (1892), Nubes de incienso, poesías (1900), La 
Ciudad heroica, novela histórica (1904). Escritora admirable de- 
costumbres gauchas, comenzó a escribir sin tener instrucción 
ni cultura ni haber leído novelas. Es en la Argentina lo que 
nuestra Fernán Caballero en España. En la versificación es 
sentenciosa á la manera popular y plástica á la vez; canta el 
amor de Dios y de la Patria. 

Lltis Orrego Luco (n. 1866-), chileno, director de Selecta, 
brillante novelista de costumbres, es el legítimo heredero de 
Blest Gana, agradable, bien que no tan fiel como él en ate- 
nerse á la realidad. Pintó la vida chilena contemporánea en va- 
rias novelas, trasunto de la realidad, con sus puntas de ensueño. 
Un idilio nuevo es el Martín Rivas de la segunda mitad del 

siglo XIX. 



S. XIX, 1892. ROSARIO PUEBLA DE GODOY 203 

49. Gonz. Picón Pebres, La Liter. Venezol., 1906, pág. 396: "M. 
E. Pardo, en 1899, arrojó sobre Caracas, con un gesto iracundo de 
desprecio, la novela Todo im pueblo. Con tanta claridad, con tan ex- 
travasado lenguaje, con franqueza tan desusada, nadie se había atre- 
vido á decir cuanto él se propuso con premeditación, y produjo un es- 
cándalo, un somatén ruidoso, un vocerío de protesta que salió de todas 
partes con formidable indignación. Todo un pueblo, en su conjunto, ?.3 
una de las novelas satíricosociales más sobresalientes que se han es- 
crito en la América española. Tan vivo es el relato... No se ahoga en 
pormenores haladles ; se va derecho á cada asunto para diafanizarlo : 
se fija en sus detalles más precisos, y los dibujos, con muy pocas ex- 
cepciones, llegan á sorprender por su estupendo parecido... Todo un 
pueblo es una sátira de costumbres caraqueñas; pero una sátira terri- 
ble y dolorosa como un cuchillo de dos filos... Pocos libros de Vene- 
zuela tan fuertes, tan sentidos, tan sinceros como ése. Villabrava no 
es una ficción; Villabrava, sin rodeos, es Caracas... Pero si la mayor 
parte de esa Villabrava es una gran verdad, la otra parte aparece 
adulterada por el odio, por una así como venganza irrefrenable... Res- 
pecto al estilo, es brusco, precipitado y fuerte como un bronce; pero 
en medio de esa brusquedad y fortaleza, que son el sello distintivo del 
temperamento luchador del novelista, abunda en elocuencia y en ad- 
jetivación lujosa." Véase ibidem, pág. 422. M. Ed. Pardo: Horas de 
lucha, versos. Semblanzas. Viajeras, prosa y verso, Caracas, 1892. Al 
trote, cuentos, París, 1894. Volanderas, crónicas, Caracas, 1897, 1908. 
Todo un pueblo, nov., Madrid, 1899, 1917. Don Jesús María Herrera 
compiló muchos trabajos de Pardo y los dispuso para la estampa. 

M. Baselga: Cartas á Luisa, comentario en forma epistolar al tra- 
tado de "La Perfecta casada", de Fr. Luis de León, Salamanca, 189^. 
Desde el Cabezo Cortado, colección de apuntes de costumbrismo ara- 
gonés en forma de artículos, Zaragoza, 1893. La Virgen del Pilar en 
medio de su pueblo, particularidades del folklore religioso araf/onés, 
1895 (en El Pilar). El Cancionero catalán de la Universidad de Za- 
ragoza (llamado de Mosén Turmo), Zaragoza, 1896. Cuentos de la era 
(ocho), ibid., 1897. La Virgen del Pilar en el s. xv (donde se muestra 
la colaboración del olvidado maestro Gisbert en el retablo del Pilar, 
tenido como exclusivo de Damián Forment), 1897 (en El Pilar). 
Coarta dirigida á don Fernando Ruano y Prieto, barón de Velasco, 
con ocasión de su libro "El Príncipe de Viana", 1897 (en Rev. Arch.). 
Mariam (vulgarización de los lugares teológicos islámicos en lo re- 
ferente a la María), 1898 (en El Pilar). El Pulpito español en la época 
del mal gusto, 1902 (en Rev. Aragón). Discurso... sobre el Siglo de 
Oro en las letras aragonesas, 1903 (Juegos Flor, de Zaragoza). El 
Honor, Zaragoza, 1913. La Moral de antaño y la de hogaño, ibid., 
1914. Concepto estético de lo cursi (en prepar.). Por los ribazos, col. 
de siete cuentos aragoneses (ídem). 

Enrique E. Rivarola, Al lector, en La Ciudad heroica, 1904: "Le 



264 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

auguro un triunfo literario de primer orden. Créame. Si yo pudiera 
dibujar, ilustraría su trabajo. Estoy como si hubiese visto á sus per- 
sonajes; y lo que es del viejo Juan soy amigo y no lo olvidaré. Me 
encanta su nobleza, su pintoresco lenguaje, su valor, su fuerza. Ese 
es el tipo nacional que encarna la época de la emancipación. Usted no 
lo ha descrito; pero ha dejado que él por sí solo se describa. Cuando 
el gaucho Juan habla, abre su corazón y lo muestra. Ese es su triunfo. 
En el asunto hay muchp movimiento, mucha verdad, mucha vida." 

L. Orrego Luco: Páginas americanas, novelas, Madrid, 1892. Pan- 
dereta, Santiago, 1896. Casa grande, ibid., 1905. Memorias de un vo- 
luntario de la Patria vieja, 1905. 1810, ibid., 1908. Un idilio nuevo, 
ibid., 1912, 1913. En familia, 1913. Al través de la tempestad, dos vols., 
1914. Retratos (Miguel L. Amunátegui y Victorino Lastarria), San- 
tiago, 1917. 

50. Año i8q2. Enrique Gómez Carrillo (n. 1873-), na- 
cido en Guatemala, educado en un colegio de JMadrid, donde ha 
vi\ido algunas veces, pero mucho más en París; periodista y 
escritor de alma parisiense, pero que arraiga en lo más hondo 
de nuestra raza española. Inquieto y curioso, sensible á toda 
impresión artística, fogoso y aventurero de su natural, ha via- 
jado acudiendo adondequiera que hubiese algima novedad 
que gustar y que comunicar al público, á Rusia, Grecia, Tierra 
Santa, al Japón, Argentina. Incansable trabajador, ha sido el 
cronista perpetuo de todo grande acaecimiento, narrador ameno, 
ligero, impresionista, de lenguaje noble y expresivo. Fué director 
en París de La Familia, redactor de El Liberal de Madrid, co- 
laborador de Elcctra (1901), Pluma y Lápiz (1903), director de 
El Liberal (1916-17). 

Arturo Jiménez Pastor (n. 1872-), de San Nicolás de los 
Arroyos (Argentina), hijo del abogado chileno José Arcainos 
Jiménez y de ]\Iercedes Pastor, argentina, estudió hasta recibir 
título de abogado (1900) en Montevideo; obtuvo (1901) el pri- 
mer premio en el concurso de El País de Buenos Aires con su 
novela La Rendición, ganó la cátedra de Literatura de la Uni- 
versidad de Montevideo (1902): volvió á Buenos Aires (1904), 
donde fué redactor de El Diario y director de La Vida Moder- 
na, semanario que fundó con su hermano el dibujante Aurelio; 
entró en la redacción de La X ación (19 10) como crítico de tea- 
tros, donde además ha publicado sus mejores trabajos literario- 



S. XIX, 1892. ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO 205 

periodísticos. Es profesor de Literatura en el Colegio Nacional 
de aquella ciudad y de castellano en el de Rivadavia y catedrá- 
tico sustituto en la Universidad. Publicó primero Arabescos 
{1892), prosa romántica juvenil; después otro libro de versos, 
cuentos y la novela corta realista, de fina observación y len- 
guaje apropiado, La Rendición, título además de" un intenso 
drama. Estrenó varias comedias con pasión, interés y gracia 
algo melancólica. Excelente escritor, de cu ' v^xpresivo y na- 
tural estilo. 

51. Alma española vestida en París, tan despegada y desastrosa- 
mente, que apenas tiene de París más que el espíritu mariposeador y 
curiosón, horriblemente curiosón, de toda impresión fuerte y nueva. 
Dondequiera que estalle una guerra, que brille un nuevo pensamiento, 
allá va nuestro español Carrillo, todo ojos, todo oídos, todo corazón, 
para engullir impresiones: hasta aquí su corteza parisiense. Pero las 
impresiones salen por los puntos de su pluma, embadurnan el papel 
con toda la reciura realista y llegan vibrantes, temblorosas de vida y 
verdad á los lectores: es el escritor de casta. En suma, el Pierre Loti 
español, el que ha traído á la literatura castellana el impresionismo 
del viajero; pero que no sólo rasguña ia superficie del paisaje, sino 
que cala lo más hondo del sentir y pensar de los pueblos. No hay que 
parar en deslices de lenguaje; lo que pasma es que viviendo á la con- 
tinua fuera de España, sólo se le puedan cazar algimos galicismos, me- 
nos de los que saltan á la vista en la mayor parte de los que escriben 
viviendo siempre en Madrid. En carta al autor: "No sé si usted lo 
sabe; pero uno de mis afectos literarios que más me enorgullecen es 
el de usted. ¡Usted, tan clásico, en efecto; usted, tan entusiasta de 
la pureza y de la tradición ! Y yo, aunque no lo hago de intento como 
Rubén Darío, siempre tengo la mancha original de ser un hijo de lo» 
autores franceses. Pero el fondo es español, profundamente español, 
lo mismo que el alma. Tal vez habrá usted leído en estos días que el 
Matin me ha ofrecido una colaboración fija y pingüe. Pues bien; si 
yo no la he aceptado es porque soy incapaz de escribir veinte líneas 
€n francés. He pasado aquí más de la mitad de mi vida, y no escribo 
el francés. Amigos como d'Annunzio, como Nícodemi, como otros que 
al cabo de ocho años- de vida parisiense se hacen literatos franceses, 
no se lo explican. La razón es que tengo la coraza castellana que me 
defiende siempre contra los ataques de lo extranjero. Cuando cometo 
un galicismo es por ignorancia, no por coquetería. Usted sabrá si 
cometo muchos... En cuanto á mi "galicismo mental" de que hablan 
algunos, creo que mi casticismo sentimental lo corrige ó lo rescata. 
¿Me pregunta usted cuántos libros he publicado? Muchos. Pero entre 
ellos no estimo sino los que se refieren á países lejanos, ante todo Je^ 



266 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

rusalcn, luego Grecia, El Japón heroico y galante, El Encanto de Bue- 
nos Aires, Flores de penitencia, y el último, que es un viaje al país de 
la tragedia: Campos de batalla y campos de ruinas. En e:>te género^ 
sí, sinceramente creo que he hecho algo que no existía en castellano. 
El elogio que más me halaga es el de los que me llaman el Fierre 
Lotí español. Nací en 1873 en Guatemala, y mi padre era el más 
español de los españoles. Estuve en el Colegio de Madrid, donde no 
aprendí nada. Soy un ignorante, universitariamente hablando. Y no 
lo siento, porque esta mi ignorancia es la que me permite tener senti- 
dos de salvaje, admirarme de todo, palpitar á cualquier soplo, sentir 
como un niño. En La Esfera de 3 de abril Carretero publicó una in- 
terviú mía, en que hay algunos detalles sobre mi vida." Manuel Ma- 
chado, La Guerra literaria; 1914, pág. 110: "Si tomáis la ignorancia 
exuberante y la gracia lírica del padre Dumas y el admirable Teo 
y la templáis con la escueta elegancia, con la justeza evocadora de 
la palabra de Loti, tendréis la fórmula más compile ja y completa para 
escribir hermosos libros de viajes. Pero si añadís á estos elementos 
formales el- más inquieto espíritu poético de nuestro tiempo, una 
superficialidad aparente no más, que convierte el toque en caricia 
y el paso en vuelo, un misticismo, flor de escepticismo la más exqui- 
sita y un sentimiento profundo y consciente de la inmensa tristeza 
judía, estaréis en el camino de saborear este gran poema de Gómez 
Carrillo, que se titula Jcrusalén. En efecto, si la maravilla de la mo- 
derna literatura consiste en ser una especie de conjuro, por el cual 
las cosas hablan, los paisajes lloran ó ríen, las ruinas traicionan sus 
recuerdos, pocas veces he visto yo brotar más clara, más expresiva 
y evocadora la realidad á través de las páginas de un libro.-' Rubén 
Darío, rev. Mundial: "En él, por su madre, había sangre francesa; pero 
su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de puro 
origen español, severo en dogmas de gramática y de biendecir, y con 
entronques aristocráticos en la Península... Era, pues, quizás, el ca- 
mino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervención 
(1890), el futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y 
armoniosa, que había de ser tenido después como un parisiense adop- 
tado y alabado por escritores de renombre en esta capital de las capi- 
taíes. Llegó á París á luchar, y luchó. Luchó primero en la inevitable 
casa Garnier f reres. ¿Quién diría que el escritor sutil y libérrimo hu- 
biera colaborado en la seria y académica tarea de hacer un diccionario? 
Pronto el guatemalteco se saturó de París. Su primera producción, una 
plaquette hoy incontrable..., suda el más almizclado y enfermizo de 
los Parises por todas sus letras. Llegando en pleno hervor simbolista, 
Gómez Carrillo había ya conocido á todos los dioses, semidioses y co- 
rifeos del movimiento... Su cultura aumentó día por día en este am- 
biente de arte; y, relacionado con España, comenzó á escribir en la 
Prensa de Madrid, tan constante y brillantemente, que le han llamado 
príncipe de los cronistas. Entró, con el tiempo, á formar parte del 



s. XIX, 1892. ArauRO jiméxez pastor 267 

cuerpo de corresponsales de La Nación, de Buenos Aires, y su pro- 
ducción adquirió mayores quilates. Se dedicó, por higiene, á la esgri- 
ma, y esas prácticc.s le convirtieron en uno de los más conocidos due- 
listas parisienses... En su obra pasada prevalecen, junto con un ines- 
perado sentimentalismo que se diría romántico, mucha modernidad: la 
euritmia, las elegancias femeninas, la danza, los personajes de la come- 
dia italiana, la anécdota maliciosa, la conversación con sus amigos 
célebres, la ironía, el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de 
una sutileza francesa, de modo que se diría escrito ó, por lo menos, 
pensado en francés, en parisiense. Luego llegaron sus libros de via- 
jes, que le hicieron considerar como el Loti castellano, pues aparecie- 
ron dones de penetración, afinidades filosóficas, calma y serenidad, ade- 
más de sus condiciones de paisajista y descriptor dueño de una rica 
paleta, y siempre vibrante ante el espectáculo artístico ó la figura su- 
gestiva. Su libro sobre Grecia señaló principalmente la nueva manera. 
Y su libro sobre la Tierra Santa, adonde hiciera recientemente una 
visita, es, á mi entender, lo más firme, lo más sentido, lo más meditado 
y estudiado de toda su obra." Enrique Gómez Carrillo: Esquisses, si- 
luetas de escritores y artistas, Madrid, 1892. Sensaciones de arte, Pa- 
rís, 1893. Cuentos escogidos, ibid., 1894. Literatura extranjera, 1895. 
La Suprema voluptuosidad, 1896. Del amor, del dolor y del vicio, no- 
vela, Aladrid, 1898. Maravillas, novela funambulesca, ibid., 1899. Tris- 
tes idilios, 1899. Bohemia sentimental, 1900. Bailarinas, 1902. Las Mu- 
jeres de Zola, 1904. Entre encajes, Barcelona, 1905. El Modernismo, 
J905, 19x4. De Marsella á Tokio, 1906. El Alma japonesOj París, 1906.. 
La Rusia actual, ibid., 1906. La Verdad sobre Guatemala, 1906. Psico- 
logía de la moda femenina, 1907. Grecia, París, 1908, 19 14. El Monu- 
mento del general San Martín, ibid., 1909. Vanidad de vanidades, ibid., 
1909. Pequeñas cuestiones palpitantes, la Bohemia en el teatro, los 
poetas nuevos, Madrid, 1910. Nostalgias, Valencia, 191 1, El Japón, 
heroico y galante, París, 1912. Flores de penitencia, ibid, 1912. Je- 
rusalcn y Tierra Santa, ibid., 1912. La Sonrisa de la Esfinge, ibid., 
1913. Prosas, ibid., 1913. El Encanto de Buenos Aires, 1914. Crónicas 
de la guerra, París, 191 5. Campos de batalla y campos de ruinas, 
ibid., 1915. Reflejos de la tragedia, ibid., 1915. En las trincJ^eras,, 
ibid., 1916. El Teatro de Picrrot, ibid., 1916. Romerías, ibid. En el 
corazón de la tragedia, 1916. Las Sibilas de París, Madrid, 1917. La 
Gesta de la legión, 1918. Tierras mártires, 1918. Treinta años de mi 
zñda, 1 9 18. 

Aunque argentino, tienen á Jiménez Pastor los bonaerenses por 
uruguayo por haber hecho su carrera en Montevideo, donde, además, 
ganó por concurso de oposición (1902) la cátedra de Literatura de la. 
Universidad. En cambio en Montevideo, contra el parecer del tribu- 
nal, se la dieron á otro la cátedra porque Jiménez Pastor era argen- 
tino. Los uruguayos, sin embargo, le consideran como compatriota 
cuando de él hablan en la Prensa. La mayor parte de las obras de 



268 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Jiménez Pastor siguen sin recoger, desparramadas en revistas y dia- 
rios de ambas orillas del Plata ó en archivos de teatro, novelas, estu- 
dios y conferencias sobre estética y literatura, cuentos, obras dramá- 
ticas, crónicas de viajes, etc. Dispuestas para imprimirse tiene Ante 
el auditorio, serie de conferencias; Estela lírica, versos; Andanzas por 
tierras argentinas y un poco más allá, A la orilla del torrente y Las 
voces dormidas, cuentos, que tiene ya en su poder el editor Rufino 
Blanco-Fombona. Raúl 2»kIontero Bustamante, El Uruguay á través de 
un siglo, pág. 432 : "Arturo Jiménez Pastor encama una tendencia más 
sana; es nuestro Daudet: sentimental, amable, lleno de transparencia, 
es capaz de llegar á la emoción y de sugerir paisajes, tipos y carac- 
teres por medio de un arte simplista, lleno de frescura y tocado por 
cierta melancolía sin hiél. Es autor de Cuentos, Arabescos, Luces de 
pristna y La Rendición." Eduardo Ferreira, 1903, prólogo á La Ren- 
dición: "La obra total de Jiménez Pastor es un espejo donde se refleja 
fielmente su temperamento. Huérfana de unidad, de armonía, del rasgo 
peculiar que marca las creaciones fuertes y originales, tan pronto pa- 
rece el lamento de un espíritu angustiado por el más melancólico ro- 
manticismo, como el estallido entusiasta del más ardiente apóstol de la 
¡escuela realista. Todas las doctrinas desfilan, en cabrilleos luminosos, 
por las páginas de su producción, que hace el efecto de una gran tela 
por donde corrieran, animando figuras caprichosas, los colores de una 
paleta deslumbrante. Idealista bien definido en Arabescos, salta al na- 
turalismo en La Rendición y se convierte de pronto en místico á ratos 
en Luces de prisma. Y no se presuma que proclame una contradicción 
al ser una cosa y otra, sin decidirse por ninguna ; obedece á su carácter 
indeciso y se afirma en él. Preguntadle á qué cenáculo, manera ó agru- 
pación le inclinan sus gustos literarios y filosóficos, y os responderá con 
las mismas ó parecidas palabras con que respondería al que pretendiese 
investigar sus preferencias en las modas del vestir: "Todas me agra- 
"dan y ninguna me conquista; de todas escojo lo que mejor me sienta, 
"y con retazos combino el patrón á que ajusto mi indumentaria..." La 
Rendición — poema cruel y exacto de un trozo de vida vulgar — señala 
la sacudida más violenta de su espíritu, torturado por la angustia de 
una orientación definitiva. Tiene sobre los demás libros del autor un 
mérito indiscutible: la imaginación, libre de ciertas trabas, vuela en ella 
con más libertad, y la frase, reflejo exacto de aquélla, brota más espon- 
tánea y diáfana. A menor confusión de ideas, menor oscuridad de es- 
tilo, como diría !^Iacauiay. La página citada representa, por otra parte, 
algo así como un día de plena fiesta en la existencia tranquila del escri- 
tor: representa el triunfo del artista sobre el hombre al agitar franca- 
mente sus ideas por arriba de sus preocupaciones, y el hombre de letras 
al conquistar, con su esfuerzo, la más alta recompensa ofrecida en el 
certamen literario á que la novela fué destinada." Arturo Jiménez 
Pastor: Arabescos, Montevideo, 1892. Cuentos, ibid., 1896. Crónica de 
Ja revolución de i8py, ibid., 1897. Mi Montevideo, ibid., 1899. Luces 



S. XIX, 1892. FRANCISCO GONZALO MARTIN 269 

de prisma, impresiones, cuadros y cuentos, ibid., 1901. La Rendición,. 
ibid., 1903. Versos de amor, Buenos Aires, 1912. El Himno nacional, 
conferencia, ibid., 1915. Los Poetas de la Revolución, ibid., 1917. Wag- 
ner en el llano, ensayo de un curso popular, 1915 (en La Nación). El 
Romanticismo argentino, conferencia, 1916 (en Rez: Universid.). Par^ 
el teatro: La Rendición, comedia, 1906. El Rival de Lamartine, 1906. 
Ganador y place, 1907. La Suerte del protagonista, drama, 1908. La 
Mmicha, 1912. Lus de sombra, tragedia, 1913. Fray Luis Beltrán, dra- 
ma no representado, 1917. El Desconocido, comedia publicada por El 
Hogar, 1917. 

52. ATio i8p2. Manuel Pimentel Coronel (1863-1905)^ 
de Valencia (Venezuela), redactor de La Batalla, periódico de 
estilo elocuente y fogoso, donde escribió un brillante juicio sobre 
Pérez Bonalde y Recuerdos de Viaje. Fué poeta suavemente filo- 
sófico y sentimental, que recuerda á Bécquer : Los Paladinos, El 
Mediterráneo, Reflejos, A orillas del mar. Periodista, gran im- 
provisador, prosista original. En todo más cuidadoso del fondo 
que de la forma, como de carácter muy suyo y no muy amigo^ 
del clasicismo. 

Roberto de las Carreras (n. 1873-), de Montevideo, diplo- 
mático, escéptico y descreído, descorazonado y nettrasténico, 
víctima de un amor contrariado, fué primero, en sus Poesías 
(con seud. de Jorge Kostái, 1892), imitador del portugués Gue- 
rra Junqueiro y del italiano Stechetti; pero desde 1894, en Al 
Lector, mostróse modernista cuanto á la forma, bien que con pro- 
saicos alejandrinos vistiese brutales franquezas, no poco de auto- 
biográfico y siempre más ideas y sinceridad de lo que los mo- 
dernistas acostumbraron. Hízose en 1905 discípulo de Pablo 
Fort, el de los versículos, y fué creciendo en melancolía hipocon- 
dríaca y en originalidades incisivas. Pero con el tiempo ha es- 
merado más la forma y limado durezas, haciéndose á la par más 
íntimo, subjetivo y psicológico. Menos bilioso y egoísta que an- 
tes, ganó por días en nobleza de sentimientos y en lirismo inte- 
rior, del ideal y terreno sensualismo pagano. Vive en el Brasil. 
De sus mejores poesías son La Vejez del poeta y Desolación. Km 
prosa poética están Psalmo á Venus Cavallieri y Saludo á una 
palmera. 

Francisco Gonzalo Marín (1869-1894), de Arecibo (Puer- 
to Rico), de la raza de color, trabajó con José Martí por la insu- 



270 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

rrección cubana y murió de hambre en la guerra de Cuba. Fué 
poeta satírico y rebelde contra los que él llamaba sátrapas y con- 
tra los españoles, sincero y brioso y poco esmerado de forma. 
Romances, N. York, 1892, 1897. 

53. Gonzalo Picón Pebres, La Literatura Venezolana, 1906, pági- 
na 321 : "Manuel Pimentel Coronel fué un gran talento, que dejó un 
reguero de luz por dondequiera pasó. Como diarista, calzó punto muy 
alto. La mayor parte de los editoriales de La Batalla, por ejemplo, son 
trozos de brillantísima elocuencia. Ofició de crítico en diferentes veces, 
y en tal sentido su obra literaria tiene trabajos tan notables como el 
consagrado á Pérez Bonalde. Poseía el don de la improvisación y le 
adornaban dotes sobresalientes de tribuno. Su prosa no es enteramente 
castiza; pero abunda en movimiento, en esplendor, en armonía, sin ser 
empalagosa ni mucho menos campanuda. Escritor de todo punto inde- 
pendiente, ha sido uno de los pocos que jamás rindieron culto al cla- 
sicismo. Como poeta, nunca dejó de mantenerse en las alturas de la 
inspiración, y se distingue por una originalidad innegable; pero en mu- 
chas de sus composiciones da lástima que haya las más enormes as- 
perezas, versos completamente flojos, oscuridades de sentido, deslices 
gramaticales y, de cuando en cuando, prosaísmos. P, Coronel se pre- 
ocupaba más de la verdad de las ideas )'• de los sentimientos que de 
los cánones del arte referentes á la forma." Manuel Pimentel: Bio- 
grafía del general José Ignacio Pulido, 1892. Vislumbres^ poesías, Pa- 
rís, 1905. Charlas literarias. 

Roberto de las Carreras: Poesías, IMontevideo, 1892. Al Lector, 
1894. Sueño de Oriente, Montevideo, 1900. Oración pagana, ibid., 1904. 
Parisianas, ibid., 1904. Psalmo á Venus Cavallieri, ibid., 1905. En onda 
azul, ibid., 1905. El Amor y el divorcio, ibid., 1905. Diadema fúnebre, 
ibid., 1906. Don Juan (Balmaceda), ibid., 1907, La Visión del Arcángel, 
ibid., 1908. La Venus celeste, Curityba, 1909. El Cáliz, ibid., 1909. Sus- 
piro de una palmera, Montevideo, 1914. Consúltese Samuel Blixen en 
La Razón, 30 junio 1895. 

54. Año i8()2. José Enrique Serrano y Morales (1852-1908), de 
Algeciras, en Valencia desde los cinco años de su edad, gran biblió- 
filo y erudito investigador literario, publicó Los Bibliófilos sevillanos, 
Sevilla, 1892. Diccionario de las imprentas de... Valencia, Valencia, 
1898-99. Tercer Centenario del "Quijote", 1905. Consúltese Henri 
Mérimée, Un érudit valencien, D. J. E. S. y M., en Bulletin Hispa- 
nique, t. X, págs. 411-416; Juan M. Sánchez, /. E. Serrano y Mora- 
les, IMadrid, 1908. 

Carmelo Echegaray (n. 1865-), de Azpeitia (Guipúzcoa), cronista 
de las Provincias Vascongadas desde 1896 y hoy el más entendido en 
•cosas de su tierra, gran rebuscador y ordenador de archivos, erudito 



S. XIX, 1892. EDUARDO IBARIL\ Y RODRÍGUEZ 271 

de grande autoridad por su universal saber acerca de las Provincias 
Vascongadas. Publicó Los Vascos en el descubrimiento y colonización 
de América, San Sebastián, 1892. Investigaciones históricas referentes 
á Guipúzcoa, San Sebastián, 1893. Los Provincias Vascongadas á fines 
de la Edad Media, ensayo histórico, t. I, ibid., 1895. Trabajos de un 
cronista, Bilbao, 1898. Archivos Municipales de Guipúzcoa, San Se- 
bastián, 1898. Apéndice á la Noticia de las cosas memorables de Gui- 
púzcoa de don Pablo de Gorosábel, Tolosa, 1901. De mi país. Misce- 
lánea histórica y literaria, San Sebastián, 1901. El maíz. Conferencia 
acerca de la época en que se introdujo en el país vasco y l-a influencia 
que tuvo en las costumbres, ibid., 1905. Izttieta. El folklore vasconga- 
do, conferencia, ibid., 1905. Introducción del Cristianismo en el país 
vasco, conferencia, ibid., 1905. Juanes de Larrumbide, 1905 (en Etiskal- 
Erria). Urdaneta, 1905 (en ídem). Los Arcliivos municipales como fuen- 
tes de la historia de Guipúzcoa, San Sebastián, 1905. Monografía his- 
iórica de Villafranca de Guipúzcoa (en colaboración con Serapio de 
Mújica), Irún, 1908. La Democracia cristiana y la Orden Tercera de 
San Francisco, Santiago, 1909. Trueba. Discurso leído en la velada 
que se celebró en el teatro de los Campos Elíseos de Bilbao el 22 de 
marzo de IQ14 para honrar la memoria del poeta vizcaíno, San Sebas- 
tián, 1914. De mi tierra vasca, miscelánea histórica y literaria, Bilbao, 
1917. Elogio de M. y Pelayo, Santander, 1918. Además ha escrito nu- 
merosos artículos en revistas y periódicos, como Euskal-erriaren ald<?, 
Euskal-Erria, Revista Internacional de los Estudios Vascos, Boletín de 
la Comisión de Monumentos de Vizcaya, etc. Está redactando el tomo 
•de Vizcaya, que forma parte de la Geografía general del país vasco- 
navarro que publica la casa editorial de Alberto Martín. Ha comple- 
tado también el séptimo y último temo de la Historia del Señorío de 
Bizcaya, que emprendió y casi terminó don Estanislao Jaime de Ld- 
"bayru. Suyos son los prólogos á las Poesías de don Francisco de Itu< 
Tribarria y á las Horas de luz, de don Tomás Guillen, así como los de 
•otros libros que en estos últimos tiempos se han publicado en el país 
vasco. 

Eduardo Ibarra y Rodríguez (n. 1866-), de Zaragoza, donde fué 
-catedrático en la Universidad (1888), después en la de Madrid (1914), 
de Historia universal ; presidió el Congreso histórico internacional de 
la guerra de la Independencia, y desde 1904 dirige la Colección de do- 
cumentos para la Historia de Aragón, que hasta 1917 compende ti to- 
mos; dirigió, con Julián Rivera, Revista de Aragón (igoo-o^^) y Cultura 
Española (1906-09), y solo la Historia Moderna, de Cambridge (25 to- 
mos). Publicó Don Fernando el Católico y el descubrimiento de Améri- 
ca, Madrid, 1892. Los Progresos de la Historia en el presente siglo, Za- 
ragoza, 1897. Las Enseñanzas de la Historia ante el estado de España, 
ibid., 1899. Documentos correspondientes al reinado de Ramiro I (10^4- 
106 f) (t. I de la Colección de documentos para el estudio de la His- 
ioria de Aragón), ibid., 1904. Cristianos y moros: documentos arago- 



272 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

neses y navarros, ibid., 1904. Matrimonio y descendencia de Ramiro I 
de Aragón (en Revista de Aragón, marzo de 1905). Meditemos: Cties^ 
tiones pedagógicas, Zaragoza, 1908. Restos del antiguo archivo de la 
Diputación del reino de Aragón (en Anuari de Estudis Catalans, de 
1909 á 1910). Documentos aragoneses en los Archivos de Italia, Ma- 
drid, 1911. Documentos correspondientes al reinado de Sancho Remí- 
rez, vol. II (1063-1094). Documentos particulares procedentes de la 
Real Casa y Monasterio de San Juan de la Peña (t. IX de la Colección 
de documentos para el estudio de la Historia de Aragón), Zaragoza, 
1913. Documentos de asunto económico pertenecientes al reinado de 
los Reyes Católicos, Madrid, 1917. Bibliografías kistórico-regionales, 
1906 (en Cultura Española). Más un centenar de artículos. 

Eexesto Restrepo Tirado, colombiano, el mejor historiador de 
aquella República cuanto á cus orígenes, publicó Ensayo etnográfico 
y arqueológico de la provincia de los Quimhayas, Bogotá, 1892. Estu- 
dios sobre L')s aborígenes de Colombia, ibid., 1892. Catálogo general 
del M-useo de Bogotá, ibid., 1913. Archivo Santander, 3 vols., ibid., 1914. 
Conquista y colonización de Colombia^ 1915- Descubrimiento y con- 
quista de Colombia, ibid., t. I, 1917. 

Francisco Montero Barrantes (n. 1864-), de San José de Costa 
Rica, excelente historiador, publicó Elementos de historia de Costa 
Rica, dos vols., San José, 1892-94. Geografía de Costa Rica, Barcelo- 
na, 1892. Apuntamientos sobre la provincia de Guanacaste, 1892. Conu. 
pendió de la historia de Costa Rica, 1897. Compendio de la geografía 
de Costa Rica, 1914. 

Gabriel María Vergara y Martín (n. 1869-), madrileño, catedrá- 
tico del Instituto de Guadalajara (1898), por seudónimo Garevar en 
La Biografía Ilustrada (1892), erudito demósofo ó folklorista, publicó, 
además. El Licenciado don Diego de Colmenares, Madrid, 1894. Estu~ 
dio histórico de Azñla y de su, territorio desde su repoblación hasta la 
muerte de Santa Teresa, 1896. Colmenares y la historia de Segoiña, 
1901. Ensayo de una colección bibliográfico-biográfica de noticias re- 
ferentes á la provincia de Segovia, Guadalajara, 1904. Cantares, refra- 
nes y modismos geográficos de España...^ Madrid, 1907. Costumbres 
y rebuznos alcorrcños, 1907. Refranes y cantares referentes á curas, 
frailes.,., 1907. Derecho consuetudinario y económico popular de la 
provincia de Segovia, 1909. Tradiciones segovianas, 1910. Nomenclá- 
tor geográfico escolar de la provincia de Guadalajara, 1910. Relación 
entre las festividades de la Iglesia y los fenómenos atmosféricos y las 
faenas agrícolas, según las frases populares, 191 1. Los Diputados ecle- 
siásticos en las Cortes de Cádiz, Madrid. 191 1. Cantares populares re- 
cogidos..., 1912. Carácter y cualidades de los habitantes de las diferen- 
tes regiones españolas, según las frases populares, 1916. Divisiones tra- 
dicionales del territorio español, 1917. Los Naturales de la prozinda 
de Guadalajara que se distinguieron en América, 1917. Nociones de 
Geografía popular de España, Madrid, 1917. Cosas notables de algunas 



S. XIX, 1892, EDUARDO JUSUÉ FERNÁNDEZ 27? 

localidades españolas, según los cantares y frases populares, 1918. 
Apodos que aplican á los habitantes de algunas localidades españolas 
los de los pueblos próximos, 1918. 

Fray Ambrosio de Valencina^ capuchino, publicó Mi viaje ó 
Oceanía: Historia de la fundación de las Misiones apostólicas en las 
islas Carolinas y Palaos, Orihuela, 1892; Sevilla, 1898 (3/ ed.). Cartas 
á Teófila sobre la vida espiritual, 1893 (2.' ed.). Fiores del claustro y 
arrullos de paloma, Sevilla, 1898, 1903, 1909. Leyendas edificantes,. 
ibid., 1898, dos vols. ; 1904 (4." ed.). Soliloquios, ibid., 1899, 1900, 1910. 
Lirios del valle ó los amantes de la virginidad, ibid., 1900 (4." ed.). El 
Directorio perfecto y el dirigido santo : correspondencia epistolar del 
B. Diego J. de Cádiz con el V. P. M. Francisco J. González, ibid., 1901, 
1908. Flores de mi juventud, 1904 (4.* ed.). Reseña histórica de la Pro- 
vincia capuchina de Andalucía y varones ilustres, cinco vols., ibid., 
1906-08. Murillo y los Capuchinos, ibid., 1908. Goya y los Capuchinos, 
ibid., 1908. Vida del V. P. José de Carabantes, ibid., 1908. Leyendas edi- 
ficantes ó historietas piadosas, ibid., 1911-12. 

Antolín López Peláez (1866- 1918), de Manzanal del Puerto (León), 
canónigo de Lugo (1889), doctoral de Burgos y obispo de Jaca (1905), 
senador (1907), arzobispo de Tarragona (1913), gran orador parlamen- 
tario, el más sabio prelado español de nuestros días, publicó La Expo- 
sición continua del Santísimo, 1892. Las Aras de la Catedral de Lugo, 
1892. El Pontificado, 1892. El Darwinismo y la ciencia, 1893. Historia 
del culto eiicarístico en Lugo, 1894. El Monasterio de Sanios, 1894. 
Historia de la enseñanza en Lugo, 1894. El Grajt—gallego, 1894. Los 
Benedictinos de Monforte, 1895. De la región gallega, 1897. El Señorío 
temporal de los obispos de Lugo, 1897. Las Poesías del padre Feijóo, 
1899. Los Escritos de Sarmiento..., 1902. Argos divina, ó historia de 
Lugo, 1902. El Derecho español en sus relaciones con la Iglesia, 1902-11, 
tres edic. El Obispo S. Capitón, 1903. La Censura eclesiástica, 1904. 
Los Daños del libro, 1905. Estudios canónicos, 1906. La Importancia- 
de la Prensa, 1906. De la Diócesis del Sacramento, 1907. Sermones, 
1908. La Cruzada de la Buena Prensa, 1909. Injusticias áel Estado 
español, 1909. El Clero en la política, 1909. El Presupuesto del Clero, 
1910. San Frailan de Lugo, 1910. Vida postuma de un santo, 191 1. Dis^ 
cursos pronunciados en Lugo, 191 1. Los Siete pecados capitales, 1911. 
Sádaba y su Cristo, 1912. El Alcoholismo, 1913. Por la Iglesia espa- 
ñola, 1913. Los Trabajadores en el periódico católico, 1914. La Nota- 
ría, 19 14. Santa Teresa de Jesiís, 19 15. Museos diocesanos, 19 15. Las 
Fiestas de la Virgen, 1915. La Vida de la Virgen, 1916. La Lucha con- 
tra la usura, Barcelona, 1916. Pastor Díaz, sociólogo, 1917. Sermones, 
1918. Las Mentiras del alcohol, 1918. Sobre la Prensa ha publicado- 
muchos folletos. 

Eduardo Jusué Fernández (n. 1846-), de Potes (Santander), direc- 
tor de colegio en Madrid, colaborador de El Magisterio, publicó Mo- 
nasterio de Santo Toribio de Liébana, Madrid, 1892. Tablas de reduc- 

TOMO X. — 18 



274 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ción del cómputo musulmán al cristiano y viceversa, 1903, dos vols. 
Tablas de reducción del cómputo hebraico al cristiano y viceversa^ 1904. 
Documentos inéditos del cartulario de Liébana, 1904-05 (en Boletín de 
la Academia de la Historia). Libro de regla ó cartulario de la antigua 
abadía de Santilla^ia del Mar, 1912. Tablas abreviadas para la reduC' 
ción del cómputo árabe y hebraico al cristiano y viceversa, 1918 (t. LII 
de España Sagrada y t. XLVIII del Memorial Histórico). Cartulario 
de Santo Toribio de Liébana (preparado). 

IManuel Antón y Ferrándiz (n. 1849-), de Alicante, catedrático 
de Antropología en la Habana y en la Central, nuestro mejor antro- 
pólogo, publicó Antropología de los pueblos de América, Madrid, 1892. 
Razas y naciones de Europa, ibid., 1895. ¿El Anthropopithecus? , 1895 
(en Ilustr. Esp., XV). Programa razonado de Antropología, Madrid, 
1897. Cráneos antiguos de Ciempozuelos, 1897 {Bol. Acad. Hist., 
XXX). El origen de la timidez, 1902 (Los tímidos y la timidez). Razas 
y tribus de Marruecos^ Madrid, 1903. Antropología, 2 vols., ibid., 1903. 
Las emigraciones, 1906 (Ateneo). Fernández Oviedo y Darwin, 1906 
(ibid.). Un nuevo camino de América á Europa al través de Marrue- 
cos, 1907 (ibid.). Disc. inaug. (Congr. de Valencia), 1910. Cránes qua- 
ternaires en Espagne, Genéve, 1912 (Congr. Internat. d'Anthropologie). 
Varios artículos en Anales de la Soc. Esp. de Hist. Nat. (ts. X, XIII, 
XV, XVI, XXVI). 

65. Año 1892. CASTOR Aguilera y Porta publicó El Pez de ma- 
dera, Manila, 1892; Madrid, 1907. Cuentos históricos, Manila, 1893. La 
Virgen de los Dolores, cuentos históricos, ibid., 1895. — Álbum biográfico 
dertosense, Tortosa, 1892. — José Alvarez Cabrera publicó Apuntes 
militares sobre el imperio de Marruecos, Toledo, 1892. La Guerra de 
África, Madrid, 1893. Acción militar de España en Marruecos, ibid., 
1899. — Enrique Alvero y Calvo, del arma de Caballería, publicó Poe- 
sías varias, Vitoria, 1892. — Antigüedades mexicanas publicadas por la 
Junta Colombina de México, ibid., 1892. — Antología ecuatoriana, por 
la Academia del Ecuador, Quito, 1892, dos vols., el segundo popular: 
Cantares del pueblo ecuatoriano, por J. León Mera, ibid., 1892. El tomo 
de prosistas se encomendó á Pablo Herrera. — José Luis Antuña (hijo), 
uruguayo, nacido hacia 1860, por seudónimo Elsear, escribano, román- 
tico rezagado, sentimental y moralizador, describió escenas tranquilas, 
bastante sosas, con poca distinción de personajes y falta de animación 
y colorido. Publicó, además, Páginas sueltas, artículos, Montevideo, 
1892. — Carlos Araujo publicó Quien mal siembra, mal recoge, come- 
dia, 1892. Cuentos y anécdotas en verso, Barcelona, 1896. El Empleo 
del dinero, comedia, 1897. El Trovador moralista, cantos y cuentos, 
1912. — Nicolás Arellano y Yocorat, chileno, estrenó El Genio de la 
Patria, Santiago, 1892. La Traición de Placilla, 1893. — Anselmo Are- 
nas LÓPEZ (n. 1844-), de Guadalajara, catedrático en los Institutos de 
Canarias, Badajoz, Granada y Valencia, publicó Curso de Historia de 



S. XIX, 1892. EDUARDO CARO 275 

.España, dos vols., Badajoz, 1892. Reivindicaciones históricas: La Lu- 
sitania celtibérica^ Madrid, 1897. Viriato no fué portugués, sino celti- 
bero, Guadalajara, 1900. La Patria del B. Juan de Avila, Valencia, 
1918. — Arévalo González, venezolano, publicó la novela Escombros 
(1902), contra la administración de Andueza Palacio; pero vale 
más ¡Maldita juventud! (1904), novela que aboga por el divorcio, de 
narración fácil y viva, aunque falsa en plan y desenlace y con algu- 
nas soeces escenas. — Athos, Las Mujeres que tiran, Madrid, 1892, 
1905- — José Domingo Barbera estrenó Los Arrancados, Habana, 
1892. Los Guanajos, 1892. Mazorra reformada, 1892. Margarita, 1892. 
■ — Santiago I. Barberena^ de San Salvador, abogado é ingeniero, pu- 
blicó Descripción geográfica y estadística de la República de El Sal- 
vador, 1892. Quichcísmos. Contribución al estudio del folklore ame- 
ricano, 1892. — Pedro Barrantes (f 1912), leonés, fué redactor de al- 
gunos periódicos librepensadores, Las Dominicales, La Lucha, etc. ; 
después, vuelto al catolicismo, colaboró en El Movimiento Católico 
(1897), y> ^1 fi") dirigió El País, sufriendo por ello algunas persecu- 
ciones. Publicó colecciones de versos con los títulos de Anotemos, Va- 
lencia, 1892. Narraciones extremeñas. Tierra y Cielo, Madrid, 1896. 
Crimen de un ángel, 1905. Delirium trcmens, poesías, 1910. — P. J. Ba- 
rrientos Díaz publicó Ensayos, Santiago, 1892. Ensayos literarios: 
Juventud, ibid., 1895. — Luís Barros Méndez, chileno, por seudónimo 
Juan de Dios Bravo y Malek-Adel, abogado (1883) y diputado, pu- 
blicó Una dictadura, zarzuela, Santiago, 1892. Expansiones, poesías, 
ibid., 1894. Pedagogía científica, comedia, 1897. El Boldo de la Virgen, 
leyenda, 1904. — Vicente Bas y Cortés publicó Tras un ideal: recuer- 
dos íntimos de viajes, amores, ilusiones y lances novelescos, Madrid. 
Mis prisiones, novela, 1892. — José Benavides publicó Glorias de Ante- 
quera, Roma, 1892. — ¿Qué es el beso? Certamen público, Madrid, 1892. 
— Bibliografía colombina: enumeración de libros y documentos con- 
cernientes á Cristóbal Colón y sus viajes, Academia de la Historia, 
Madrid, 1892. — José María Bocanegra publicó Memorias para la Jtis- 
toria de México independiente {1822-1846), Méjico, 1892, dos vols. — 
I. B0NAFONT, chileno, publicó La Colombiada, Valparaíso, 1892. — Cris- 
tóbal Botella y Serra, redactor de la Revista Católica de Alcoy 
(1890), director de El Adalid (1891), publicó Páginas de la vida estu- 
diantil, Madrid, 1892. Sin pretensiones, cuentos y novelas, 1901. — 
Clemente Bravo y Guardiola (f 1903), abogado, director de El Men- 
sajero Leonés, publicó El Paso honroso, relación... 1434, por el caba- 
llero leonés don Suero de Quiñones, León, 1892. Un rincón de la 
Montaña (Morgovejo), León, 1898. La Imprenta en León, ibid., 1902. 
— Salvador Cabeza León, poeta gallego, escribió Primicias, La Co- 
ruña, 1892 (prosa y verso). — Joaquín Antonio del Camino y Orella 
publicó Historia... de San Sebastián, ibid., 1892. — Eduardo Caro, co- 
laborador de La Ilustración Católica (1877...), publicó Seiñlla, cartas 
.sobre esta ciudad, escritas á sus hijas, Madrid, 1892. En Esp. Mod.: 



27^ ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Las Miserias de un dios en el siglo xix, Enñque Heine según su co~- 
rrespondencia (1892 jul., ag.). El Pesimismo en el siglo xix (1892,. 
oct.-dic). El Suicidio en sus relaciones con la civilización (1893, ^^-r 
febr.). La Dirección de las almas en el siglo xix (1S93, mar.). Cos- 
tumbres literarias del tiempo presente (1893, jun., jul.). Lamennais 
según su correspondencia (1893, ag.). El fin de la bohemia (1893, 
set.). — Mauricio de Casanova publicó Marina, no\., Habana, 1892;. 
— Rafael Ceniceros y'Villarreal (n. 1885-?), de Durango (Méji- 
co), periodista, novelista y dramaturgo, escribió Proyectos de -matri- 
monio, com. (1892). Flores de invierno, dr. (1895). La Tapatra, 
dr. 1898). El Vengador de la honra, dr. (1S98). Las novelas: 
La Siega y El Hombre nuevo. Obras-, t. I, Novelas, IMéxico, 1908 ; 
t. II, Cuentos cortos, ibid., 1909 (en Bibl. Autor. Mexic, tomos LVIII 
y LXVIII). — El Centenario (de Colón), 1892-96, cuatro vols., escritos- 
por los mejores autores españoles, portugueses é hispanoamericanos, 
obra llena de saber, importantísima. — Códice Maya, denominado Car- 
tesiano, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, Madrid, 
1892. — El Cojo ilustrado, Caracas, 1892, revista fundada en pro de 
la literatura criolla ó regional, por Jesús Maria Herrera Irigoyen, "el 
carro triunfal de la intelectualidad venezolana", como le llamó Pedra 
Fortoul Hurtado. — Cristóbal Colón, poema en seis cantos..., por E. 
D. de R. B., Gibraltar, 1892. — José Comallonga, natural y catedrá- 
tico del Instituto de Santiago de Cuba (1904), publicó Vidrios rotos, 
poesías, Cienfuegos, 1892. — Juan de Cominges, Obras escogidas, Bue- 
nos Aires, 1892. — ^JosÉ Conde estrenó El Mártir del Calvario ó La 
Pasión y Muerte de Nuestro Señor, drama sacro (con Flor. iMolinu), 
1892; aumentado con la Resurrección y venida del Esp. Santo, dos 
actos más, 1893. Luis Candelas, drama (con A. Canel), 1893. — Con- 
ferencias del Ateneo de Madrid (sobre el descubrimiento de América,, 
en el centenario), Madrid, 1892. — Manuel Cordero, por seud. Lutilio- 
Ordecor, publicó La Muerte de Safo, poema, Valladolid, 1892. — Ro-' 
dolfo Cronau publicó América, historia de su descubrimiento, Bar- 
celona, 1892, tres vols. — Francisco Javier de la Cruz publicó Frag- 
mentos histór. referentes á la Península Ibérica y á la isla de Cuba,, 
Matanzas, 1892. — Curiosidades bibliográficas y documentos inéditos, 
homenaje del Archivo Hispalense al IV cent, del descubrimiento del' 
Nuevo Mundo, Sevilla, 1892. — Regino Chaves estrenó El Pan núes-- 
tro..., juguete, 1892. — Emilio Chicote Casaña publicó Carmen, poe- 
ma, Madrid, 1892. Resignación y heroísmo, id., 1894. — El padre- 
Juan J. Delgado publicó Historia sacre profana de las Islas del Po- 
niente, Manila, 1892. — Don Quijote, periódico satírico, Ivladrid, 1892- 
1902, II vols. — T. Esc.wíiLLA publicó Historia de Cristóbal Colón y 
del descubrimiento de América, I^Iadrid, 1892. — Juan Espantaleón es- 
trenó Pompcya, drama, 1892. — José Estévez Travieso, cubano, estrenó 
El Peor mal... la arranquera, jug., Jovellanos, 1892. — La Estrella de- 
Chile, Santiago, 1892-93, dos vols.— El padre José Félix, escolapio,. 



S. XIX, 1892. AURELIO GALI LASSALETTA 277 

.publicó El Nacimiento del Niño Dios, zarzuela. Valencia, 1892. La 
Adoración de los Santos Reyes, id., 1892. El Apóstol del S. Corazón, 
id., 1900. Un combate singular ó Infancia de San José de Calasanz, 
1900. La Murmuración, zarzuela, 1905. Verdadera manera de divertir- 
se, juguete, 1905. El Taumaturgo de Ñapóles^ zarz., 1912. El Herma- 
nito Juan Ranzón, jug., 1912. — Antonio Fernández Martín publi- 
có Pinceladas, cuadros de costumbres, descripciones y 'leyendas 
de la zona oriental de Asturias, Llanes, 1892. — Diego Fernández 
Espiro (-J- 1912), poeta argentino de Entre Ríos, escribió, sobre todo, so- 
netos en diarios y revistas durante veinte años. Patria, Buenos Ai- 
res. — Enrique Fernández Campano, colaborador de La Lidia (1894), 
.estrenó Salvador y Salvadora, pasatiempo musical, 1892. El Botón de 
muestra, opereta, 1892. — José Fernández González publicó De Ovie- 
do á Covadonga, Oviedo, 1892. — Juan Fernández Ferr.az (n. 1849-), 
de Santa Cruz de la Palma (Canarias), redactor en Madrid de La Re- 
piiblica Ibérica (1869- 1870) y La Luz; después, en Costa Rica, de El 
Diario de ídem. La Prensa Libre, La Escuela Moderna; publicó Ncir- 
huatlismos de Costa Rica, S. José, 1892. Tristes, elegías, ibid., 1893, 
Colombinas, ibid., 1893. — Manuel Fernández Ruano (j 1888), cordo- 
bés, director de La Juventud Católica, publicó Colección de poesías, 
cuatro vols., Córdoba, 1892. — Rafael Fernández Iglesias estrenó Una 
vieja chocha, 1892. — M. Ferrer y Lalana, colaborador de Barcelona 
■Cómica (1896), publicó Cantos de mi Patria, los genios del nuevo 
mundo, Madrid, 1892. — El General Forniés Calvo (n. 1862-), ó Ba- 
chiller Carrasco, de Blesa (Teruel), periodista de acerado estilo, fer- 
viente defensor de todo lo aragonés, ha escrito en todos sus periódicos 
y revistas y publicado C alisas de la postración de la provincia de Te- 
ruel y medios de combatirlas, Zaragoza, 1892. Colaboró en Heraldo 
de Teruel, El Siglo, Diario de Avisos de Zaragoza., y en La Misce- 
lánea Turolcnse. — Juan Fraile Miguélez, por seud. Fray Juan de 
Miguel y Fray Mortero, publicó Cascotes y machaqueos: pulzeriza- 
ciones á Valbuena y "Clarín", Madrid, 1892. — Carlos Gagini (n. 1865-), 
de San José de Costa Rica, director del Liceo de Heredia, buen filó- 
logo y culto escritor, publicó Diccionario de barbarismos y provincia- 
lismos de Costa Rica, S. José, 1892-93. Chamarasca, cuentos, 189S. 
Obras dramáticas, Santa Ana, 1905. Nociones de Psicología, San José 
de Costa Rica, 1911. Gramática castellana, 1914, 1916 (3.' ed.). Abo- 
rígenes de Costa Rica, 1917. La Ciencia y la Metafísica, 1918. Entre 
.sus obras teatrales: Don Concepción, El Marqués de Talamanca, Los 
Pretendientes. — Adolfo Galante y Rupérez, diputado, redactor de 
El Universal (1863), fundador de la Revista Municipal y Provincial 
'.(1893), publicó De lo que nadie se ocupa, pasatiempo recreativo é ins- 
tructivo por D. Ello Mismo, Madrid, 1892. La Lengua española en 
Oriente, 1913 (en Rev. Geogr., X, 196-202). — Aurelio Gali Lassa- 
letta, colaborador de El Comercio de Andalucía y otros periódicos 
sevillanos (1894), publicó Historia de Itálica, Sevilla, 1892. — Juam 



278 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Gallardo Lobato publicó Feudalismo moderno ó Los principios de- 
un cacique, nov., Madrid, 1892. — Emilio Gante publicó La Mar- 
quesa de Valverde, canto en rimas, Madrid, 1892. Los Dramas de 
Monte-Cario, caciquismos, 1893. Dinamita ó La Cuestión social, 1893. 
El Ultimo romance, 1894. De vuelta de las ínsulas^ 1899. Aurorita ó 
amor de padres, 1909. Flores y espinas, narraciones morales^ 1909. Le-^ 
yendas divinas, 1912. — Ernesto García Ladevese publicó Memorias 
de un emigrado, Madrid, 1892. El ídolo, novela, Barcelona, 1897. Los 
Misterios de Madrid, d'os veis. (191 1?). — José García Martínez, co- 
laborador de La Ilustr. Esp., publicó Bosquejos lugareños, Madrid, 
1892. — Rafael García Hernández publicó El Reo de muerte, monó- 
logo en verso, Sevilla, 1892. — Rodolfo Gil, de Puente Genil (Córdo- 
ba), redactor en Córdoba de La Voz de Córdoba y La Unión, director 
de La Verdad, escribió en muchos periódicos de Madrid y fué redac- 
tor de El Globo (1902). Publicó Córdoba contemporánea, apuntes para 
la hist. de la literatura en esta provincia desde i8¿p..., Córdoba, 1892; 
t. II, 1896. Oro de ley, Madrid, 1897. El País de los sueños, páginas 
de Granada, Granada, 1901. Agustín Querol, Madrid, 1910. Roman- 
cero judeo-español, ibid., 191 1. En Esp. Mod.: La Lengua española 
entre los judíos (1900, jun.). — G. Gómez y Arroyo estrenó Polilla re- 
gional^ jug., Nueva York, 1892. — Rafael Gómez publicó Cristóbal Co- 
lón. Ensayo épico, México, 1892. — Camilo González Atané publicó 
Poesía y cantares, Córdoba, 1892. — José González Páramos estrenó 
Perdonada^ monólogo, Ilo-Ilo, 1892. — Martín González del Valle, as- 
turiano, publicó La Poesía lírica en Cuba, Habana, 1892; Barcelona, 
1900. — Maximiliano Grillo, antioqueno (Colombia), bastante inficio- 
nado del efectismo modernista, compuso Al Magdalena^ Selva y algu- 
nos sonetos. Pero vale más como prosista excelente. Hizo el drama 
en verso, con algo de simbólico, Raza vencida y la pieza en prosa, de 
costumbres. Vida nueva. Jublicó Nostalgia, Bogotá, 1892. Ecos per- 
didos, de A. M. Gómez Restrepo, juzgados por, 1893. Emociones de 
la guerra (de Colombia), Bogotá, 1904. Al Illiman y otros poemas, 
San José de Costa Rica, 1914. — Ricardo Guijarro, publicó Canto 
épico á Colón, Santander, 1892. — Ángel Gutiérrez Pons, carica- 
turista desde 1895 e" Méjico, publicó Historietas, Madrid, 1892. 
Notas alegres, ibid., 1892. — José Margarito Gutiérrez publicó Ex- 
cursiones literarias, Habana, 1892. Páginas para la hist., recuerdos de 
un viaje, 1900. — Modesto Hernández Villaescusa, catedrático de la 
Universidad de Oñate, redactor jefe de la Rev. Social (Barcelona, 
1903), publicó La Tórtola herida^ nov., Barcelona, 1892. Rosa del valle,. 
nov., ibid., 1893. Jurar en vano, 1895. Oro oculto, 1896. La Sábana 
santa de Turín, estudio, 1903. — Homenaje de filial amor á la Virgen 
Santísima, poesías, Barcelona, 1892. — Publio Hurtado, de Cáceres, 
publicó Indianos cacereños (primer siglo de la conquista), Barcelona, 
1892. Alonso Golfín, leyenda, Mérida, 1894. El ídolo roto, Cáceres,. 
1904. Ayuntamientos y familias cacerenses, ibid. (s. a.). Supcrsticio- 



S. XIX, 1892. MANUEL MÁRQUEZ 279 

nes extremeñas, Cáceres, 1902. Cuentos en Rev. Extrcm. (1901...). — 
Francisco A. de Icaza (n. 1863-), de Méjico, diplomático, publicó Efí- 
meras, versos, Madrid, 1892. Examen de críticos, ibid., 1894. Leja- 
nías, 1899. Las Novelas ejemplares de Cervantes, 1901, 1915. La Can- 
ción del camino, 1906. La Universidad alemana, 1916. Nuevos estu- 
dios cervánticos, 1916. De cómo y por qué La "Tía fingida^' no es de 
Cervantes, 1916. De los poetas y de la poesía, 1916. Supercherías y 
errores cervantinos, 1917. El Quijote durante tres siglos, 1918. — 
Sucesos reales que parecen imaginados de Gutierre de Cetina, Juan 
de la Cueva y Mateo Alemán, 1919. — José Joaquín Isaza, colombiano, 
publicó En el campo, poema, Medellín, 1892. — Damián Isern, católico 
y conservador, publicó De la democracia, la libertad y la república en 
Francia, Madrid, 1892. Del desastre nacional y sus causas, ibid., 1899. 
De la defensa nacional, 1901. Necrología de don Juan Manuel Ortí y 
Lara, 1904. — Rafael S. Jorrín y Díaz, habanero, estrenó Maldito^ 
sean los duelos, dr.. Habana, 1892, y otras piezas que cita Trelles 
(Bibl. s. XX, pág. 250). — Fray Roberto Lagos, franciscano chileno, 
poeta lirico sentido y filosófico, escribió poesías, la más antigua fir- 
mada en 1892, y publicadas con las de otros franciscanos en Ensayos 
poéticos, Santiago, 1916. Historia sobre las Misiones del Colegio de 
Chillan, Barcelona, 1908. Crítica y polémica. El Señor Obispo don 
Pedro Ángel de Espiñeira, 191 1. — Francisco Larrosa publicó 5o- 
rrones, artícidos, Zaragoza, 1892. Prosa barata, cuentos, ibid., 1893. 
Trompetazos, ibid., 1893. — Carlos Lentzner publicó Tesoro de voces 
y provincialismos hispanoamericanos,^ Leipzig, 1892. — Pascual de 
Liñán y Eguizabal (1874-1907), madrileño, discípulo de Menéndez 
y Pelayo, publicó El Misterio de Daroca, romance hist., Aladrid, 
1892. Las Ordenes religiosas, Bilbao, 1894. Ensayos de crítica, ibid., 
1897, 1900. El Nuevo cronista de Bizcaya (don Estanislao Jaime de 
Labayru), ibid., 1897. — Víctor ]\I. Londoño, poeta colombiano, poco fe- 
cundo, de verso esmerado, delicado y blando, compuso una elegía á 
la muerte de Silva. Tuvo en su primera manera mucho de sentido, de 
fresco y natural ; luego, inficionado del modernismo, desfiguróse á fuer- 
za de afeites y perifollos falsos y decadentes. — Amparo López del Baño 
Y Alfaga escribió Poesías (póst.), Madrid, 1892. — Luis de Llanos pu- 
blicó La Vida artística, Barcelona. 1892. — Miguel Mancheño y Oliva- 
res (n. 1843), de Arcos de la Frontera, notario, diputado, archivero, re- 
dactor de Gente Vieja (1902), publicó Galería de arcobricenses ilustres. 
Arcos, 1892. Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera, ibid., 
1893-96. Las Iglesias parroquiales de Arcos, ibid., i8',6. La Batalla de 
Barbate, estudio, 1899. Antigüedades del partido judicial de Arcos de l^ 
Frontera, ibid., 190 1. — Manuel Aíárquez, de Camagüey (Cuba), por 
seud. Sterling, joven escritor, de estro suelto, elegante, imaginativo, pu- 
blicó Menudencias, crít. lit., Habana, 1892. Quisicosas, México, 1895. Es- 
carcha, crít. lit., 1896. Páginas libres, crít. lit., 1897. Rasguños, id., 
1897. Mesa revuelta, 1898. Esbozos, Madrid, 1900. Tristes y alegres, 



28o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

crón. de París, Habana, 1901. Hombres de pro, siluetas polít., t. I, 
Alrededor de nuestra psicología, 1906. La Muerte del Libertador, 1906. 
ibid., 1902. Ideas y sensaciones, 1903, 1904. Psicología profana, 1905. 
Burla burlando, 1907. Alma-Cuba, disc, B. Aires, 1907. La diplomacia 
en nuestra Historia, Habana, 1909. Mi gestión diplomática en México, 
1914-15. Los Ultimas días del Presidente Madero, mi gestión diplo- 
mática en Méjico, Habana, 1917. — Evaristo Martín Contreras, con- 
de de Oliva, director en Valladolid de La Cruzada de Castilla (1874), 
colaborador de La Ilustr. Cat. (1877...), publicó El Primero de mayo, 
drama social, Madrid, 1892. — Francisco Martín Arrabal publicó Ar- 
chivos españoles, su origen y su historia, Madrid, 1892, A través del 
"Quijote", artículos, 1909. — José Martínez Lorenzo publicó Veladas 
de estío, poes., Habana, 1892. — Manuel Martínez Santiso publicó 
Historia de la ciudad de Betansos, Betanzos, 1892. — Mateo Martínez 
QuevedOj chileno, oficinista, estrenó muchos saínetes, y su excesiva 
popularidad debióse á la obra suya principail Don Lucas Gómez, 
Santiago, 1892, donde muestra los sinsabores sin cuento que sufre un 
campesino, ó sea un hiiaso en la capital. Consecuencias de los celos, 
ibid., 1896. Los Comediantes políticos, ibid., 1904. — Juan de Mata pu- 
blicó Gabriela Bompard, nov. hist., Habana, 1892. — Carlos Mavillard 
estrenó Pequeneces, juguete (con Raf. Ramírez), 1892. — Florentino 
Molina estrenó José María ó Los Bandidos de Sierra Morena, drama, 
1892. — José D. Monsalve (n. 1864-), de Santo Domingo (Antioquía, 
Colombia), periodista, por seud. Carlos de Zurbarán y Pedro Veron, 
publicó Biografía del doctor Luis M. Restrepo y datos sobre la re- 
volución de Antioquía (1876-77), Bogotá, 1892. El Doctor Justo Pedro 
Berrio, ibid., 1894. Atanasio Girardot, ibid., 1911. El ideal político de Bo- 
lívar. — Patricio Montojo y Pasaron (1839-1917), ferrolano, contralmi- 
rante de la Armada, publicó Las Primeras tierras descubiertas por Colón, 
ensayo crítico, Madrid, 1892. El Desastre de Cavite, 1909 (en Esp. Mod., 
tnarz.-mayo), La Marina en España (ibid., 1910, marzo). El Almirante 
Montojo, por C. P., Madrid, 1900. — José Mora Bellver publicó Descu- 
brimiento de América, poema, Madrid, 1892. — Marcelino de Moya Ama- 
dor, cubano, publicó Impresiones en la inaugur. de la Feria-Exposición, 
Habana, 1892. Menecratcs, 1892. — Diego Muñoz Camargo publicó His- 
toria de Tlaxcala, México, 1892. — Rómulo Muro y Fernández (n. 1867-), 
de San Martín de Pusa (Toledo), periodista, publicó Olas y espumas, 
poesías. Cantares y coplas. Hombres de Toledo, Poesías invisibles. Go- 
tas de cera. Mostacilla y pimienta. Alharicoques de Toledo. Cosas de 
mi tierra. Para el teatro: La Tiple ingeniosa. El Pozo amargo. El 
Cristo de la Misericordia. El Delirio de un loco. Mr. Secrag. Las Bre~ 
vas. Agencia literaria. — E. L. Navarro y Beltrán publicó Telnria, no- 
vela. Málaga, 1892. — Nobiliario de conquistadores de Indias, Madrid, 
1892 (Biblióf. españ.). — El padre Jaime Nonell y Mas (n. 1844-), de Ar- 
gentona (Barcelona), jesuíta, publicó La Santa Duquesa, vida y vir- 
tudes de la Ven. y Flxcma. Sra. D.^ Luisa de Borja y Aragón, Ma- 



S. XIX, 1892. ENRIQUE REDEL Y AGUILAR a8l 

drid, 1892; Manresa, 1897. El Venerable Padre José PignatelU, 
Manresa, 1893. Además, obras didácticas sobre lenguas clásicas. — 
-Noticia del noble y real valle de Mena, Sevilla, 1892, — Nove- 
las y caprichos, almanaque de La Esp. Mod., Madrid, 1892. — Vi- 
cente Orti y Brull publicó Italia en el siglo xv, Madrid, 1892. — 
Francisco Ortiz y González (y 1907), de Santiago de Cuba, 
publicó Misterios de Cuba, nov., Santiago de Crba, 1892-93, dos vols. 
Al Manco de Lepanto, romance. — Víctor Ozcáriz publicó Cristóbal 
Colón y la Historia, Madrid, 1892. — Francisco Palau Ballestero pu- 
blicó Carlos Tomassi, novela, Madrid, 1892. — Joaquín Pardo Verga- 
RA^ colombiano, publicó Canónigos de la Catedral de Bogotá, ibid., 
1892. — M. Pardo de Andrade publicó Los Guerrilleros gallegos de 
1809, Coruña, 1892, dos vols. — Parnaso venezolano^ por Julio Gaicano, 
Caracas, 1892. — Pedro de Alcántara Peña y Nicolau_, de Mallorca, 
en cuyos periódicos escribió, redactor de La Ultima Hora (Palma, 
J895), publicó El Mosaico, colección de escritos literarios en verso y 
prosa, Felanitx, 1892-93, tres vols. — Felipe Pérez del Toro publicó 
España en el Noroeste de África, Madrid, 1892. — Manuel Pérez 
Beato (n. 1857-), de Cádiz, profesor de Ciencias en la Habana, fun- 
dador y director desde 1892 de El Curioso Americano, revista de his- 
toria americana, publicó Historia de la vacuna.... Habana, 1899. Bi- 
hUografia comentada sobre los escritos publicados en la isla de Cuba 
relativos al "Quijote^', Habana, 1905. Una joya bibliográfica (el pri- 
mer impreso cubano), 1910 (El Curioso Americano). Medicina cuba- 
na, 19 10 (ibid.). Inscripciones cubanas, 2.* ed., 19 15. — Vicente Pey- 
DRÓ estrenó El Gran petaj-do, juguete, 1892. — Gonzalo de Que- 
sada (1868-1915), de Puerto Príncipe, según otros de la Habana, 
ministro en Washington (1906) y Alemania (1913), publicó Mi pri- 
mera ofrenda, Nueva York, 1892. Ignacio Mora, 1894. Cuba, Washing- 
ton, 1905. Otras obras políticas, algunas en inglés. — Feliciano Ramí- 
rez DE Arellano (f 1896), marqués de la Fuensanta del Valle, sena- 
dor y diputado, bibliófilo eminente, contribuyó á la importante Colecc. 
de doc. inéd. para la Historia de España y á la de Bibliófilos. Publicó 
Historia del periodismo político, disc. Acad. Cieñe. Mor., 1892. El 
Progreso de las ciencias históricas, 1895. — Matías Ramón Martínez 
Y Martínez (1855-1904), de Burguillos (Badajoz), publicó trabajos 
eruditos en revistas, sobre todo en las de Extremadura y El Libro 
de Jerez de los Caballeros, 1892. Historia del Reino de Badajos du- 
rante la dominación musulmana, Badajoz, 1905. — Félix Ramos y Duar- 
TE, mejicano, profesor normal, publicó Diccionario de mejicanismos, 
Méjico, 1892, 1896; obra excelente. Diccionario de curiosidades his- 
tóricas, geográficas... de la Rep. mexicana, ibid., 1899. Tratado de ono- 
matología, 1905. Diccionario yucayo, dos vols. (inéd.). Diccionario de 
observaciones críticas sobre el lenguaje de escritores cubanos, 1912. — 
Enrique Redel y Aguilar, culto y delicado poeta cordobés, publicó 
Ensayos poéticos, Córdoba, 1892. Desvarios, poesías, ibid., 1892. Ecos 



282 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

de las vigilias, ibid., 1893. Predicar en desierto, 1894. Algo de leiras>. 
1895, Obras literarias, dos vols., 1897-99. ^^ -^^^^ ^^ plata. S. Ra- 
fael en Córdoba, 1899, 1901. Biografía del doctor don Bartolomé 
Sánchez de Feria, 1903. Las Calabazas, 1903. La Virgen de los fa- 
roles, 1908. Ambrosio de Morales, estudio, 1909. La Virgen de Li- 
nares, conquistadora de Córdoba, 1910. — Antonio Redondo y Orriols 
pubdicó Aurora, narración, Madrid, 1892, Un plan revolucionario, ju- 
guete, 1913. — Reseña histórico-crítica de la poesía en Santo Domingo^ 
1892. — Arturo Reynal O'Coxnor, argentino, publicó con el título 
de Crítica literaria, estudios sobre Juan C. Lafinur (1892), Juan BáU^ 
tasar Maziel (1893), Los Poetas argentinos (1904). — José de la Rica 
y Calvo publicó Envío á Chicago, poesías, Montevideo, 1892. La Cru- 
zada española, fantasía poética^ ibid., 1892. Poesía militante, ibid., 
1894. — Luis de la Riega publicó El Rio Lerez, Pontevedra, 1892.—— 
Cecilio A. Róbelo publicó Los Cuatro soles, poema sobre cosmogonía 
nahoa, Cuernavaca, 1892. Diccionario de aztequismos^ ó sea Catál. de 
las palabras del idioma nahualt, azteca ó mexicano introducidas al 
idioma cctstellano, México, 1904. Diccionario de mitología nahoa, ibid., 
1^05. — Manuel Rodrícltez Navas y Carrasco, jerezano, por anagra- 
ma Savan, director del Boletín y fundador del Círculo Filológico Ma- 
tritense (1885-90), escribió en El Principiante (1888), tradujo en prosa 
Naturaleza de las cosas, de Lucrecio, !Madrid, 1892, Diccionario de la 
lengua española, 1905. Colón, español, docum..., 1914 (en Cidt. Hisp. 
Ámer.). Diccionario gral. y técnico hisp. -americano, 1918. — Joaquín E^ 
Romero, redactor de La Repiíblica (1886), publicó Verde y negro, co~ 
lección de novelas cortas, ]Madrid, 1892. — Fernán Rosa publicó Me- 
morias de un incapacitado y grandezas bizantinas, Sevilla, 1892 (dos 
partes). Vejeces, Sevilla, 1892. — Vicente Ruiz Llamas publicó Poe- 
sías, Lorca, 1892. — ;M(iguel) S(aderra) M(assó) publicó Cartas de 
China y Japón, IManila, 1892. — Jacobo Sales y Reig (n. 1847-), valen- 
ciano, estrenó El Día memorable, drama (con Félix G. Llana), 1892. — 
Antonio Sánchez Bedoya, sevillano, estrenó La Conjuración de Rada, 
dr. (1892). El Sobrino de su tío, qítisicosa monológica, 1893. Recio, la- 
buñolera, com. La Venganza de una ofensa, id. Soy mu... bonito, id. 
Herir con las mismas armas, id. De Cádiz al Puerto, id. El Contra- 
bandista sevillano, íd., Adriana de Lecouvreur, id.. El Tío Corando, 
zarz. Los Boleros de Londres, zarz. — José Sánchez Rodrígl^ez (nacido 
en 1 879-), malagueño, cantor de Andalucía y pintor, colaborador de Vida 
Galante, publicó Mis primeras notas, versos, Málaga, 1892. Esperan^- 
za, juguete, ibid., 1894. Remembranzas, 1895. Canciones de la tarde, 
hermosas coplas, 1897. Alma andaluza, 1900. Ha estrenado Esperanza, 
Copos de nieve^ Las Tres musas, Flor silvestre. La Musa española. 
Prepara Tristes poemas. — José Sánchez Somoano, mejicano (?), pu- 
blicó Modismos, locuciones y términos mexicanos, Madrid. 1892. En- 
sayos literarios, ibid., 1892. Versos trasnochados, ibid., 1892 (3." ed.). 
— Julián San Pelayo (f 1916), publicó Don Lope Sánchez de Mena,. 



S. XIX, 1892. RAFAEL TORRES CAMPOS 283 

Bilbao, 1892. — Rafael Santa Ana y Llausó (n. 1868-), sevillano, so-- 
brino dd Marqués de Santa Ana, redactor de La Correspondencia de- 
España y antes, en Sevilla, director de Mari-Clara, autor del género 
chico, estrenó Un grupo y varias reproducciones, jug., Sevilla, 1892^ 
La Victoria del general, Madrid, 1898. La Jota (con Ric. Catarineu), 
1899. Los Ximénez de Quirós, 1899. El Generoso extremeño (con Ca- 
tarineu), 1900. La Gracia andaluza, 1901. La Lista de autores, 1901. 
Manolo el afilador, zarz., 1902. Villa Alegre, id., 1902. La Cabeza del 
ministro, com., 1902. El Lagar, zarz., 1903. Matrimonio solidario, com., 
1904. La Jumera, 1904. Un beneficio, 1905. El Fantasma de la gloria, . 
dr., 1906. El Secreto de Luisa, com., 1906. Los Ojos negros, zarz., 1907. 
Crimen por amor, com., 1907. Don Jaime el Conquistador, 1907. El 
Robo de la perla negra, zarz., 1908. La Serenata del pueblo, 1908. Los 
Sombreros, 1908. Botones de fttego, com., 1908. Un éxito, com., 1908. 
Las Hermanos Palmeras, zarzuela, 1909. El Electricista, comedia, 
1909. Yo puse una pica en Flandes, parodia, 19 12. Malagueñas, zarzue- 
la, 1914. Manual del perfecto canalla, novela picaresca, Madrid, 1916. 
Manual del perfecto mujeriego, 1918. Manual de la perfecta Cocota,, 
19 19. — Fray Francisco de Santa Inés publicó Crónica de la Pro- 
vincia de San Gregorio... de San Francisco en Filipinas, China, Ja- 
pón, dos vols., Manila, 1892. — Julio Santamarina (1875-1897), ha- 
banero, comandante, publicó Poesías, 1892. — Manuel Serrano Or- 
tega, presbítero sevillano, publicó Rodrigo de Triana, boceto histórico, 
Sevilla, 1892. Glorias sevillanas: noticia histórica de la devoción y 
culto... á la Inmaculada Concepción, ibid., 1893. Noticia histórico- 
artistica de la sagrada imagen de Jesiís Nazareno... del Gran Poder, 
1898. Relación de las... fiestas que la Real Hermandad y Cofradía 
del Nazareno de Jesús del Gran Poder..., 1901. Bibliografía de la Ca- 
tedral de Sevilla, 1901. Guía de los monumentos históricos y artísticos 
de los pueblos de la provincia de Sevilla, 1911. — Antonio Solance Y" 
Muñoz (1825-1877), de Valdepeñas, escribió Poesías y Artícidos, Val- 
depeñas, 1892, publicado por Eusebio Vasco. — Ricardo Soto, colabo- 
rador de Blanco y Negro (1891), estrenó El Doctor Gómez, juguete, 
1892. — Dámaso Sotomayor, presbítero, publicó Estudio sobre la pere- 
grinación de los Aztecas, fundación de México y reinado de sus em- 
peradores, Mazatlán, 1892. — José Tenorio Sigayán publicó Costum- 
bres de los indios tirurayes, Manila, 1892. — Mariano Tirado y Rojas 
publicó La Masonería en España, dos vols., Madrid, 1892-93. Las Tras- 
logias, 1895. — José María de la Torre, valenciano, autor de cuentos 
y comedias de carácter regional, publicó Granos de arei.a, Valencia 
1892. Cuentos del Júcar, ibid., 1901. — Joaquín Torres Asensio, prelado 
doméstico de Su Santidad, publicó Fuentes históricas sobre Colón y 
América, por Pedro Mártir Angleria, traducción, cuatro vols., Madrid, 
1892. Historia de la vida... de fray Diego José de Cádiz, escrita por el' 
abad del Salvador de Granada don Juan José Alcober Higueras (1803), 
Madrid, 1894. — Rafael Torres Campos publicó España en California.... . 



284 ÉPOC\ REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

-Madrid, 1S92. Estudios geográficos, 1895. La Geografía en iSp^^ pó, 
S7, etc., varias memorias leídas en la Sociedad Geográfica. La iglesia 
de Santa Maña de la Cabeza, Madrid, 1895. Carácter de la conquista y 
colonización de las islas Canarias, Madrid, 1901 (discurso de recepción 
en la Academia de la Historia). — Cayetano Triviño (f 1899), dentista, 
publicó Muestras, artículos y poesías, Madrid, 1892. Crudezas^ versos, 
Gijón, 1902. Doctrina para el amor, 1903. — José V.^lero y Belenguer 
j)ublicó La Guinea española^ Madrid, 1892. — Manuel Várela y Esco- 
EAR (con Antonio T. Martel) publicó Bosquejo histórico de Ecija, ibid., 
1892; Sevilla, 1894, 1906. Proezas astijitanas, ibid., 1894. — Efraim 
VÁZQUEZ Guarda publicó Tajos y reveses, crítica y sátira, Santiago cíe 
Chile, 1892. — Ventura de la Vega, malagueño, cómico y autor del gé- 
nero chico, estrenó El Licenciado Villamelón (con E. Ruiz-Valle), 1892. 
Toñuela la golfa, 1900. Los de Badajoz, 1901. La Chiquilla, 1901. El 
Curita, 1902. La Huertanica, 1904. La Rondeña, 1904. El Crimen de 
Chamberí, 1906. Inocencia, 1906. La Hija de mi papá, 1906. La Giralda, 

1907. Las Buenas mozas del barrio, 1907. El Pobre Cordero, igo-'. Mala 
semilla, zarzuela (con Manuel L. Cumbreras), 1907. La Bella Molinete, 

1908. Picaros Reyes, 1908. La Presidiaría, zarzuela, 1908. Mala hem- 
bra, zarzuela (1909). El Primer aviso, comedia, 1909. Juan Miguel, zar- 
zuela, 1909. La Hija del pueblo, zarzuela, 1910. Mundo galante, zar- 
zuela, 1910. Academia ftiodernista, 1910. Huyendo del pecado, 1910. El 
Chico de López, saínete, 1911. Almas distintas, zarzuela, 1911. Los Con- 
vidados de piedra (con Enrique Mayol), 1912. Los Apaches de París, 
disparate lírico, 1913. Caralampia, zarzuela, 1914. El Terror de las mo- 
citas, saínete, 1914. Cambios naturales, se hace mucho. — Octavio Ve- 
lasco DEL Real publicó Viaje por la America del Sur: impresiones y 
recuerdos, Barcelona, 1892. — 3*Iariano Vergara publicó Bibliografía 
de la Rosa, ]Madrid, 1892. Algunas poesías campestres castellanas, ibid., 
1899. — Lino Villanueva y Cañedo (n. 1824-), de Higuera de Vargas 
(Extremadura), ya difunto, publicó Hernando de Soto: estudio bio- 
gráfico, Badajoz, 1892. — Eduardo Villegas Arango estrenó Corte y 
cortijo, juguete, 1892. Adivina quién te dio, ídem, 1892. Tragaldabas, 
zarzuela, 1893. La Gente alegre (con Larrubiera y Casero), 1897. Las 
Campesinas, 1898. — Federico Villoch publicó Por esos mundos: im- 
presiones de viaje^ Habana, 1892. A la diabla, versos, 1893. La Gran 
pesca, 1895. La Mulata María, zarzuela, 1896. La Cruz de San Fer- 
nando, zarzuela, 1897. Cavaílería chulesca, saínete, 1897. Otras siete 
piezas en Trelles (t. VHI, pág. 344). — C. Vivanco de Arana publicó 
La Bamba, cármenes floridos de la musa popular, Madrid, 1892. — 
Nueva Colección de documentos inéditos para la Historia de España 
y de sus Indias, por don Francisco de Zabálburu y don José Sancho 

■ Rayón, Madrid, 1892-96, seis vals. — Juan Zamora y Figueroa publicó 
Ripios mexicanos, Méjico, 1892. 

56. Año iSpj. José Santos Chocano (n. 1867?-), de Lima. 



S. XIX, 1893. JOSÉ SANTOS CHOCANO 285 

encarcelado á los veinte de su edad por socialista revolucionario^ 
y agitador, desterrado á poco del Perú, quiso ser poeta guerrero ó' 
guerrero cantor. Vagó por varias partes, huido de todas (después 
de bien regalado), por causas judiciales, del Perú, de España, de 
Cuba. Clásico y de entonación quintanesca, romántico á lo Víc- 
tor Hugo, parnasiano á lo Heredia, robusto á lo Walt Whitman, 
enamoróse de las liras de recias cuerdas y del empuje brioso 
de los poetas más grandilocuentes y sonorosos, fabricándose- 
para sí una muy suya de metálicos y brillantes sones, conforme 
á su altisonante y verbosa á la vez que bien bruñida y escultural 
manera de expresión. Su grandilocuencia no es huera, ni se 
desfoga en filosofías trascendentes como Hugo, con sus exal- 
taciones y sus caídas, ni de puras metáforas, vistosas y reso-^ 
nantes, como Lugones. Su voz, realmente metálica, de instru- 
mento de cobre, es vibrante y lírica, henchida de graves pen- 
samientos y de sentimientos sinceros; pero su temperamento 
es objetivo á la vez que lírico : canta lo que fuera de él le arre- 
bata con cierto lirismo difuso y vago, que empapa todos sus pen- 
samientos, más bien que sus expresiones. Su tonalidad es, por 
consiguiente, más romántica que clásica. En la expresión es 
Chocano orador, tiene el corte oratorio y ampuloso de Quin- 
tana y Víctor Hugo. Pero Chocano es más épico y objetivo que 
Hugo y Quintana : por algo es americano. En América están 
todavía en la edad heroicoépica ; sino que los héroes son las ma- 
ravillas de la naturaleza. La poesía americana es épicodescripti- 
va, hasta en las obras más líricas. ]\Ias no sólo tiene del quintanis- 
mo oratorio y del huguismo magnífico: tiene, además, Chocano, 
algo del romanticismo en su apego a la leyenda y á la caballeresca 
España de otras eras. El Parnaso le ha servido no menos 
para pulimentar más la expresión. De estas tres corrientes, clá- 
sica, romántica y parnasiana, ha salido la poesía de Chocano, 
que hoy parece rezagada, y lo es, de hecho, atendiendo á los de- 
más poetas americanos, sobre todo á los modernistas y decaden- 
tes. Su voz es robusta, varonil, noble; ensancha, eleva y vigori-- 
za. Canta á la naturaleza, pero humanándola y convirtiéndola 
por este camino en poesía. Acaso, por eso, sea el tipo del poe-- 
ta americano, el épico de la heroica naturaleza, que escribe el 
poema de la naturaleza americana, no como frío naturalista^ , 



286 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

: sino como poeta que ve en las bellezas naturales un reflejo 
del alma humana y les da vida, les mete un alma, como se la 
metía la mitología primitiva. Whitman y Heredia fueron sus 
modelos; pero Chocano es Chocano y nada más. Por ani- 
mar y humanizar así lo imaginado, alguien le cree poeta lí- 
rico: pero eso es de todo poeta, porque pintar sin referir al 
hombre la naturaleza- insensible, es oficio de naturalista. Por 
otra parte, Chocano canta la historia americana y el por- 
venir de aquellos pueblos. Por rebelde y avanzado que sea en 
ideas, muéstrase en ello verdadero peruano de raza, limeño hasta 
los tuétanos. Lima fué el último baluarte en América de la tra- 
dición española, de la vida colonial, de las ideas caballerescas 

' de antaño, y ningún poeta de América ha sabido cantar como 
él, á par de las civilizaciones indígenas, la conquista, la colonia, 
la madre patria España, de donde pasaron allá caballeros 
)• virreyes, héroes y guerreros. Es, en suma, Santos Chocano, 

' el poeta épico de la naturaleza y de la historia de la América 
española ; el poeta, por consiguilente, más americano. En el 
Fragmento liminar (1918) muéstrase libre en el metro, hasta 

= emplear versos de veinte sílabas ( !) y modernista extravagan- 
te: ¡á buena hora! 

Julio Flórez (n. 1869-), de Chiquinquirá (Colombia), poe- 
ta puro, retraido de todo lo demás, ensimismado, subjetivo ó 

Jírico á secas, ha sabido abrirnos su pecho, mostrándolo, ya en 
Tos cárdenos relámpagos de la borrasca, ya menos comúnmen- 
te en el plácido sosiego de una noche de luna. De brillante fan- 

■ tasía y ardiente corazón, que se derrama en metáforas de gran 
relieve y rico colorido y en quejidos de malhumorada negrura, 

-es verdadero tro^"ador, naturalmente romántico y popular, á 

• pesar de sus exquisiteces, en medio de los modernistas, entre 
quienes floreció, y entre cuyas modas pasó sin mancillarse. Pa- 
récese á Balart y canta el amor y la muerte. Diríase mezcla de 
Bécquer en lo recio del sentimiento claramente expresado y 
de Campoamor en el fondo siempre filosófico y como amar- 
go, pero sin descorazonamiento, antes con brío siempre nuevo. 
Semeja su alma á la palmera que el viento abate y vuelve á 
erguirse con mayor pujanza. Aun contra la respetable opinión de 




lULIO FLÓREZ 



,4í^--< 




JOSÉ SANTOS CHOCANO 



S. XIX, 1893. JOSÉ SANTOS CHOCANO 287 

-Almtonio Gómiez Restrepo, que parece preferir á Valencia, me 
atrevo á manifestar que Julio Flórez tiene poesía más honda, 
más sentida, más humana y miás vividera. Valencia, aunque 
gran poeta, bajará algo cuando la moda pase; tiene más de 
afectísimos y oropeles, que el tiempo oxidará. 

5 7. Lauxar, Motivos de crít. hisp.-amer., pág, 216: "J. S. Ch. ha 
escrito en Alma América y repetido en ¡Fiat lux! que "en el arte ca- 
"ben todas las escuelas, como en un rayo de luz todos los colores". Esta 
máxima generosa adquiere bajo su pluma el valor de una divisa per- 
sonal. En su último libro hay tres secciones, tituladas Poemas clásicos, 
Poemas románticos y Poemas modernistas. El poeta quiere ser am- 
pliamente comprensivo y universal; su poesía revela, efectivamente, 
cierta variedad en su estilo. Esta no se halla, sin embargo, separada 
•en secciones distintas, como S. Ch. lo cree, sino, al contrario, mez- 
clada en una confusión indisoluble. Su clasicismo es la cosa más ro- 
mántica del mundo; tiene una violencia que rompe todas las normas 
y medidas y va á través de Víctor Hugo casi hasta la altura de Es- 
quilo. Hay paganía, pero no paganismo, en sus versos... El fondo 
verdadero de S. Ch. es el romanticismo impetuoso. La renovación li- 
teraria de estos últimos años encontró en el poeta una personalidad 
ya formada, y no pudo influir sobre él sino exteriormente en su téc- 
nica y alguna vez en sus preocupaciones ideológicas, sin modificar su 
carácter. "Mi poesía es objetiva (escribe), y en tal sentido sólo quiero 
"ser el poeta de América." Se declara, además, parnasiano. Su filia- 
ción, sin embargo, debe buscarse en Víctor Hugo más que en Leconte 
de Lisie... En general, maneja y transforma la realidad, metiéndose 
•en ella como Víctor Hugo: tiene su misma tendencia hacia lo exte- 
rior; como el gusto de representar con exageración lo enorme, y se 
complace en lo primitivo y en lo cósmico. Era, pues, casi fatal que, na- 
cido en América, se impusiera un día la misión de cantar su natu- 
raleza y su historia... "Os quiero dar la América intacta en mi can- 
"ción"... S. Ch. ha desarrollado en muchos sonetos imágenes sugeridas 
ya por los fenómenos de la naturaleza muerta, ya por la fauna ó la 
flora continentales... La leyenda, la historia, la vida humana de la 
América española en sus manifestaciones de fuerza y heroísmo, tie- 
nen probablemente el mejor intérprete actual de su poesía en S. Ch. 
Ha cantado las civilizaciones indígenas, la conquista, la colonia, la 
independencia, el porvenir de las Repúblicas americanas; ha cele- 
brado sus héroes y descrito los tipos criollos. El tema americano ha 
traído á su inspiración el recuerdo gtlorioso de España, y el poeta le 
ha destinado algunas de sus poesías mejores. El mismo se considera 
algo español, y lo dice en dos sonetos magistrales... En la Crónica 
Alfonsina canta la amistad de España y América, y más precisa- 
mente un cambio idea!... entre el pensamiento y el ensueño que nos 



288 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

vienen de la madre Patria y el valor, el heroísmo y la fuerza que van- 
del Nuevo Mundo á ella... Se ha dicho que este poeta sabe también, 
ser delicado: es un error; jamás ha dado un sol© indicio de serlo.. ^ 
Los versos más usados por S. Ch. son el alejandrino común y el en- 
decasílabo, con muy contadas desviaciones del tipo clásico." Ventura 
García Calderón, La Liter. peruana^ 1914, pág. 83: "Chocano comienza 
cantando en Iras santas las grandes cóleras que nuestras pequeña* 
revoluciones provocan. Continúa la cívica tradición de nuestros épi- 
cos... Su ardor triunfante, su robusta literatura de epinicio hallan 
asunto digno en la guerra del 80 y escribe su hermosísima Epopeya del 
Morro. Después va á Chanchamayo, descubre nuestra zona tórrida, 
se asombra como un conquistador y empieza a cantarla como un ro- 
mántico. En el frenesí de esa naturaleza vista y soñada se transparenta 
el alma de quien la mira... Ya se diferencia de los antiguos épicos en 
cantar el paisaje local, en no verlo como un vago decorado del héroe. 
Mas no es contemplativo su sentimiento de la naturaleza. Exagera las 
visiones temblorosas de Hugo. Mira vertiginosamente... Su acento se 
eleva, y el poeta, errante ya por tierras de España y América, com- 
prende que no puede limitarse á la exigüidad de una patria sin fausto. 
Kipling y d'Annunzio le servirán de tentación y de pesadumbre. Para 
que el canto sea digno de su bocina necesita un continente "el poeta 
de América". Para arraigarse más en ésta y motivar su amor casi 
ancestral al nuevo mundo, va jurando que es "mitad indio", cuando 
todos sabemos que es española su prosapia. Reconcilia á dos Repúbli- 
cas menudas; pacifica con la lira este Orfeo elegante; se casa repeti- 
das veces, probando así los diversos amores de América; es ya "con- 
"tinental", como le llaman con cariñosa sonrisa en el Perú. Dos in- 
fluencias contrarias lo han madurado : la de Whitman y la de Heredia. 
Alma América estaba dedicada á J. jM. Heredia... Heredia es su maes- 
tro de clasicismo... Casi repudia su pasado. En ¡Fiat lux! hace la más- 
severa antología de juventud. Y orientado tal vez por Whitman, vol- 
viendo el alma por donde solía gratamente perderse, llega Chocano 
á su tercera manera, la más reciente... Es whitmaniano este aliento 
inmenso, este deseo de cantar cuanto nace á la vida en la América 
libre, sin temor á ser plebeyo, porque en el pueblo está la fuerza^. 
Mas patricia de calidad y de abolengo es, sin duda alguna, la poesía- 
de Chocano... Sus broncas sonoridades alejaron á muchos poetas y 
tiene adversarios enconados, los del oficio..." Obras de Chocano: En 
la aldea, Lima, 1893. Iras santas (1895). Azahares (1896). La Epopeya 
del Morro (1899). El Canto del siglo (1900). La Selva virgen (1900). 
Alma América, Madrid, 1906. Obras completas^ Barcelona, 1906. Los 
Conquistadores, drama, 1906. ¡Fiat lux!, Madrid, 1908. El Dorado, 
epopeya salvaje, Santiago de Cuba, 1908. Fragmento limitiar de una 
epopeya cíclica, 1918 (en Nosotros, febr.). En Esp. Mod.: El Fin de Sa- 
tán (1899, mayo). El Diálogo de las tumbas (1900, febr.). La Epopeya- 
del bosque (1901, abr.). El Triunfo de las ciencias (1902. abr.). Paga- 



S. XIX, 1893. JULIO FLÓREZ 289 

na (1902, dic). Estandarte de amor (1903, jun.). Consúltense Andrés 
González Blanco, Los Contemporáneos^ 2* serie, París; ídem, Escri- 
tores representativos de América, Madrid, 1917; V. García Calderón, 
/. 5". Chocano; M. G. Prada, ídem. 

Carlos Arturo Torres, Estudios, 1906, pág. 257: "Flórez es ante 
todo poeta, gran poeta, nada más que poeta: este es el secreto de su 
fuerza... La religión del sufrimiento humano no ha obtenido una ple- 
garia de este corazón nobilísimo. Su horizonte se ha limitado á su 
propia alma y nos la muestra en cada uno de sus versos, vasta, in- 
.sondable, ardiente; iluminada por vagos rayos de luna ó por cárdenos 
relámpagos de tempestad, que descubren ora la magnífica eflorescencia 
de una creación virgen, ora las mustias soledades de un mundo en 
ruinas...; es un soñador, un poeta esencialmente subjetivo. Su existen- 
cia ha carecido, si no estoy mal informado, de aquellos incidentes que 
modifican de ordinario el concepto de la vida. No ha viajado, no ha 
ocupado ningún puesto público; su luminoso talento no ha sido llama- 
do á cooperar en ninguna forma en los destinos de su patria. Su ca- 
rácter entero le ha mantenido apartado, independiente, rechazando pér- 
fidos halagos con el orgullo de buena ley...: este poeta, á pesar de su 
mérito verdadero y d'clite, es popularísimo, ni más ni menos, como si 
fuera un coplero de los de tres al cuarto. De él podría decirse acaso lo 
que dijo Carlyle de Byron: "El único empleo que supo hacer de sus 
"maravillosas dotes, fué el de contar al mundo que no era feliz..." Las 
lecturas de un Verlaine, de un Morcas y demás modernísimos refor- 
madores de la lírica francesa no han sido parte á lanzar por exóticos 
caminos su musa, bien halladas en las vigorosas formas de la genuína 
poesía castellana... ; su concepción pesimista de la vida... ; los versos flu- 
yen como de venero indeficiente, numerosos, centelleantes, soberbios..,; 
revelan por vario modo la misma cuerda dolorosa, como al través de 
las camSiantes de las olas azules y de las espumas irisadas se adivina 
siempre el negro fondo del abismo. Dijérase que su musa, desgreña- 
dos los abundosos rizos, la faz doliente, inmóvil, en la contemplación 
de un horizonte tristísimo, se hubiese petrificado, como Niobe, en la 
eternidad de un dolor sin nombre... J. F. es el más caracterizado re- 
presentante de su época. Su musa ardiente, generosa, ahogada por el 
medio, enmudecida por la adversidad, es el símbolo más verdadero de 
esta generación que va pasando sin dejar huellas, recortadas las alas 
por mutilación inhumana, hundiéndose en lo desconocido, velada de 
tinieblas y de abatimiento." Ant. Gómez Restrepo, Parnaso Colom- 
biano, Cádiz, 1915, pág. 14: "Al lado de Silva y de Valencia, se des- 
arrollaron no pocos poetas que no entraron en la corriente innovadora 
y escribieren de acuerdo con su genialidad. Antítesis de Valencia es- 
Julio Flórez, el más popular de nuestros poetas y uno de los más 
conocidos en todo el Continente. Flórez es el trovador espontáneo y 
romántico á lo Zorrilla; y su retrato parece arrancado á una galería 
de poetas del año 30. Tienen sus versos una música fascinante, que 

TOMO X. — 19 



290 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

el autor sabe acentuar cuando los recita con voz cálida y acariciadora, 

y relampag-uean en ellos imágenes de esplendor tropical, descripciones 
en que hay derroche de vividos colores y rasgos de inmensa misantro- 
pía, de pesimismo tétrico, que contrastan con la ostentación de fuerza. 
y de vida que se observa en sus pinturas de la naturaleza. Flórez no 
es un artista refinado, que nos da la quinta esencia de sus filtros, sino 
un poeta genial, para quien los versos son una necesaria expansión de 
su temperamento apasionado y ardiente. Tiene alguna semejanza con 
su homónimo mejicano Manuel M. Flórez, el cantor de 'Eva, por la 
brillantez de su poesía; pero Julio es artista más variado y poderoso, 
y su técnica es mucho más perfecta." Julio Flórez: Horas, Bogotá, 
1893. Cardos y lirios, Caracas, 1905. Manojo de zarzas. Cesta de 
lotos. Fronda lírica, Madrid, 1908. Gotas de ajenjo, Barcelona. Fran- 
cisco Vicente Aguilera, Habana, 1916. 

58. Año i8ps. Eduardo Zamacois (n. 1873-), de San Luis 
(Cuba), sobrino del pintor del mismo nombre, de genio inde- 
pendiente y solitario y aun adusto, alejado de los corros literarios 
donde se reparten patentes de valer y nacen las envidias, des- 
cuidado en darse á conocer en los periódicos, llevó vida de bo- 
hemio, viajó mucho y vivió más, observando perspicazmente, 
escribiendo sin descanso, trabajando fondo y forma hasta llegar 
á ser uno de nuestros más recios novelistas, de los de más enjun- 
dia psicológica y que con mayor propiedad y brío manejan el 
castellano. Puede decirse que fué el primero que trajo de Fran- 
cia y cultivó aquí la novela artística erótica. Antes de él se es- 
cribieron muchas y verdosas obscenidades, pero sin el menor 
conato de arte. Zamacois puso en las suyas algo de psicología 
y algo de estilo. Incesto, Tik-Nay, etc., sus primeras novelas, 
fueron pasto para la lujuria popular ; para la lujuria aristocrá- 
tica lo son no menos las Memorias de una cortesana y el perió- 
dico alegre La Vida Galante. El Seductor es novela de román- 
tico apasionamiento y muy psicológica. En la segunda serie de 
novelas es á veces descriptivo, buen pintor, demasiado al menu- 
deo, deteniéndose en muchas pequeneces que no hacen al caso 
y entorpecen el curso de la obra y la poca unidad de acción 
que, al estilo de hoy, suele darles. El lenguaje, primero algo 
descuidado, ha ido ganando mucho en corrección y castidad, 
de suerte que lo maneja ya con gran soltura y maestría. Tiene 
grandes dotes novelísticas porque es gran observador y psi- 
cólogo. 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ SQI 

José Martínez Ruiz (n. 1874-), de Monóvar (x\licante), es- 
tudió el bachillerato en Yecla y leves en Valencia; vino á Ma- 
drid en 1896, fué diputado desde 1907, siguiendo la política de 
Maura; usó los seudónimos de Cándido, Ahrhnan y sobre todo 
de Asorín. Escribió primero en El Pueblo, de Valencia, "artícu- 
los cortos y terribles de propaganda anarquista", como le ha re- 
cordado Blasco Ibáñez, y fué redactor de El País, El Progreso 
(hasta 1898), El Globo, España, El Imparcial, A B C; colabora- 
dor de Madrid Cómico, La Ilustr. Esp., Nuevo Mundo, La Lec- 
tura (1903), Helios (1903), Alma Española (1904), La Van- 
guardia, El Pueblo Vasco. Dióse á conocer con un estudio ti- 
tulado Moratín (1893). A poco en Literatura (1896) olvida el 
casticismo del lenguaje y menudea galicismos y citas de auto- 
res franceses á quienes admira, lamentándose, en cambio, de las 
<:osas de España. Con este espíritu, muy semejante al de Larra 
á su vuelta de Francia, el Desastre, como él llamó la pérdida de 
las colonias, hízole el más tenaz adalid de los intelectuales de 
Ja generación del g8, esto es, de los iconoclastas, que, abatidos por 
demás, rompieron con la España tradicional, insultándola y re- 
probando su espíritu é instituciones todas, dándose ellos, con 
infantil pedantería, por los primeros que aquí iban á hacer y 
acontecer. El desmayo y descorazonamiento que por todas par- 
tes difundieron y que llevaban ellos en el fondo del alma, bastó 
para que nada hiciesen, huyendo de la política activa ó buscan- 
do acomodo en los mismos viejos partidos. Azorín, el escritor 
anarquista, buscólo en el partido conservador, adonde otros no le 
siguieron porque no lograron, como él, atrapar un acta de di- 
putado. Esrtos dos hechos capitales de su vida, el haber sido ada- 
lid de los abatidos por la pérdida de las colonias, y el cambio po- 
lítico de anarquista en conservador, son manifestaciones claras 
del espíritu de Azorín : abúlico, digámoslo con la voz que ellos 
inventaron, esto es, sin voluntad, tímido y abatido. Fáltale, ade- 
más, imaginación ; pero, en cambio, posee clara y perspicaz inte- 
ligencia y delicada sensibilidad. Su obra literaria es producto 
natural de estas buenas y medianas cualidades á la vez. Curioso 
é inquieto por saber y por sentir sensaciones artísticas, ha via- 
jado cuanto ha podido, allegando vasto caudal de impresiones, 
que ha derramado en sus obras, y ha leído mucho, dando, como 



1ig2 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907J 

fruto de sus lecturas, críticas literarias sobre todo : es narrador 
impresionista y es crítico impresionista literario. Pocos se le ade- 
lantan en lo primero; en lo segundo tiene sus más y sus menos. 
Ha descrito los pueblos, el alma viva de los presentes españoles 
y el paisaje de la Península, como nadie; pero visto todo ello al 
viso de su propio temperamento. Ha pintado y dado la impre- 
sión de los pueblos muertos, del alma muerta de los españoles, 
del paisaje muerto castellano; sobre todo, de la muerta meseta 
de Castilla. Es su cuerda. Impresiona, maneja delicadamente su 
sensibilidad para que llegue al lector la impresión por él sentida. 
Las grandezas pasadas no las ha visto en los grandes monumen- 
tos, no ha calado el alma histórica española, ni siquiera ha 
tenido ojos para ver las ruinas como huellas del pasado. Como 
crítico, es agudo, original, analítico y al menudeo ; pero tan sólo 
crítico impresionista, según el estado de su alma y sin ojeadas de 
conjunto; es cerebral y sensitivo, sin fantasía creadora. Atina* 
pues, cuando no le ciega la impresionabilidad, digamos más bien 
que la pasión. Mira las cosas y las expone según su humor del 
momento y según su criterio, desconfiado de todo lo español, afi- 
cionado á todo lo francés; no las mira en sí mismas, objetiva 
y científicamente. Su crítica es personal, subjetiva, de puras 
sensaciones. De aquí las contradicciones, según los tiempos, acer- 
ca de cada autor y de cada obra. Su espíritu de protesta amarga 
contra lo español, como le sucedió á Larra, de quien por lo mismo 
mostróse siempre imitador y discípulo, no le permite seguir el 
parecer de los más sensatos varones, y sólo aprecia á los que en 
diversas épocas sintieron mal de España. De ellos la mayor 
parte son los enciclofedistas del siglo xviii^ y así aquélla es su. 
época predilecta, sus hombres son su objeto de estudio, mientras 
que raros serán los que admire en la época de espíritu netamente 
español, de los siglos xvi y xvii^ fuera de Gracián, el seco y 
amargado crítico como él. No es por mal gusto estético por lo que 
prefiere el siglo xviii, sino por principios doctrinarios. Atráele 
Gregorio de Salas por haber pintado el paisaje, del cual está en- 
amorado Azorín, como buen impresionista. El paisaje es para él, 
no ya anteojos, sino verdadero antojo de literato. Su mejor no- 
vela es La Voluntad, cuyo principal personaje se llama Azorín^ 
y es el mismo abúlico ó sin voluntad y el silencioso Martínez. 



S. XIX, 1893. EDUARDO ZAMACOIS 293 

Ruiz. Asunto y espíritu de la obra eran lo más a propósito 
para lucir sus dotes literarias y pintar su propio temperamento. 
Es maravillosa novela : el carácter del protagonista Azorín es el 
no tenerlo ; la acción de la novela, el no haberla. El lector recorre 
aburrido aquel yermo sin fin. Es la impresión que el autor pre- 
tendió comunicarle y lo consigue por el cabo. El estilo de Azo- 
rín es el de una inteligencia perspicaz y analítica }' de una sen- 
sibilidad exquisita ; pero sin pizca de imaginación, sin color : 
abomina de la metáfora; y sin fogosidad alguna que indique 
tener corazón y pasiones el escritor : abomina de la retórica. Es 
un estilo analítico, al menudeo, cortado á hachazos; lleno de 
repeticiones homéricas y candorosas ó enchufado de paréntesis 
dentro de otros paréntesis; caedizo y desmayado, que por no 
venir á tierra se apoya en tranquillas y bordones. Azorín no 
sabe dar color, por carecer de fantasía, y por ello excomulga las 
metáforas; no sabe dar fogosidad a sus escritos por su abulia 
y por ello execra la retórica, que él dice. Es, sin embargo, un 
estilo admirable el suyo por lo analítico y sensacional y no me- 
nos por tan único y propio, ya que á fuerza de no ser estilo 
es... un peregrino y singular estilo. 

59. Fundó Zamacois los periódicos El Libre Examen, Germinal, 

Vida Galante, El Cuento Semanal y Los Contemporáneos. En carta 
particular: "No tengo ideal novelesco determinado. Creo que el nove- 
lista debe aspirar siempre á componer obras bellas, obras de interés, 
de emoción, de vida interior ó descriptivas (igual es), con tal que sean 
artísticas." Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 868 : "Eduardo Za- 
macois, el épico de la vida alegre, bulliciosa y ebria de las cortesanas, el 
escritor de estilo atormentado y nervioso, en que parece que las frases 
se retuercen y vibran con la violencia de los miembros espoleados por 
el látigo." ídem, pág. 986: "Zamacois recogió el erotismo de los bajos 
fondos literario-editoriales en que se hallaba sumido y lo convirtió en 
motivo fecundo de arte... Amén de la psicología, Zamacois introdujo 
el buen estilo en las novelas eróticas... El novelista de Punto negro 
es tan sutil en sus requintes psicológicos como un tratadista de mís- 
tica." Cansinos Assens, Las Escuel. liter., 1916, pág. 169: "Lo que hoy 
se llama erótico entre nosotros fué lo galante en... la época del se- 
gundo imperio, que como Catule Mendes y Gautier habían cultivado 
á ratos, como para descanso de más altas tareas, la novela ligera y 
alegre, que no llega á lo pornográfico y licencioso. Un tenue matiz 
de discreción, un tenue velo púdico, separaba la novela galante de la 
pornográfica. Pero separábala también de ella la ausencia de misión 



204 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

social que, casi siempre, se han atribuido las obras pornográficas para, 
justificar su acritud y dar á su desnudez un convincente y casto sentido 
anatómico. La novela galante era una novela ligera, llena de chis- 
peante ingenio francés ó florentino, con seducciones fáciles, bailes de 
máscaras, cenas en los resen'ados y champagne... El cultivador sis- 
temático de este género novelesco, el que afirmó la intención galante 
en mayor número de obras y fué alma de la más notoria de aquellas 
revistas galantes..., fué JEduardo Zamacois^ el autor de Seducción, 
Punto negro..., que marcan la primera manera de este escritor, orien- 
tado luego hacia más serios temas: véase Tick-Nay, el Payaso in- 
imitable. La novela galante de Zamacois es la novela frivola, ligera, 
de estudiantes y modistillas animadas por un reflejo mortecino de las 
luces de Paris, con más pobreza y más ardor que la novela galante 
francesa. Eduardo Zamacois, que ha sido entre nosotros un represen- 
tante del houlczard, así como Sawa lo fué del cenáculo literario, ponía 
en ellas su frivolidad elegante, su pulcritud libertina, esa nefasta ame- 
nidad á lo Dumas, esa ligereza que hace ligeras hacia el olvido la 
mayor parte de sus páginas. Pero..., solía con frecuencia trasponer 
los límites de lo tolerable, torciendo en una seria mueca de fauno las 
carillas angélicas de los amorcillos que en los modelos del género ga- 
lante forman el riente cortejo de las bellezas desnudas." Zamacois: 
Tipos de café, Madrid, 1893. El Misticismo y las perturbaciones del 
sistema nervioso, 1893. Amar á obscuras, Madrid, 1894; Barcelona, 
1903 (6.* ed.). Humoradas en prosa, Madrid, 1896 (artíc. y cuentos)'. 
Consuelo, nov., ibid., 1896. El Punto negro, nov., ibid., 1897; Barcelo- 
na, 1900. Tick-Nay, el payaso inimitable, nov., Barcelona, 1900. In- 
cesto, 1900. De carne y hueso, cuentos, ibid. (1901). Loca de amor, 
nov., ibid. (1902). El Seductor, nov., ibid. (1902) ; Madrid, 1916, 1918. 
La Quimera, cuento, ibid. (1902). La Enferma, nov., ibid. (1903) (fué 
su primera novela, escrita en 1896). Duelo á muerte, nov., ibid. (1902). 
Memorias de una cortesana, ibid., 1903, 2 vols. Desde el arroyo, cuen^ 
tos é historietas, Madrid, 1903. Horas crueles, cuentos, De mi vida, 
Barcelona (1903) (ensayos dram., críticas, anécdotas). Noche de bo- 
das, ibid., 1903. El Lacayo, ibid., 1903. Bodas trágicas, ibid., 1903. Al- 
manaque de Vida Galante, ibid., 1904. El Abismo, Valencia, 1905. Río 
abajo, Madrid, 1906 (Almas, Paisajes y Perfiles perdidos). Desde mi 
butaca, apuntes para una psicología de nuestros actores, Madrid, 1908; 
Barcelona, 191 1. El Pasado vuelve, com., Madrid, 1909. Nochebuena, 
com., ibid., 1909. El Adcreso, com. El Otro, nov., Madrid, 1910, 1912-. 
Mis Contemporáneos, Vicente Blasco Ibáñes, ibid., 1910. Teatro Gar- 
lante {Nochebuena, El Pasado vuelve. Frío), ibid., 1910. Noche de 
amor, zarz., Buenos Aires, 1910. Viuda inconsolable, cosas de chicos, 
monólogos sicalípticos, Madrid, 1911. Crimen sin rastro, Barcelona 
(1911). Los Emigrados, Buenos Aires, 1911 (La Rozón). El Teatro por 
dentro, Barcelona (1911). Impresiones de Arte, ibid-, (s. a.). Dos años en 
América, ibid. (1913). La Opinión ajena, nov., 1913. La Serpiente son- 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 295 

ríe..., la caída, el paralítico, los ojos fríos, el aderezo, Barcelona (1913). 
'Del camino, crónicas, ibid., 1913. La Cita, nov., Madrid, 1913. Para ti, 
Barcelona, 1913. Europa se va, nov., ibid. (1914). El Misterio de un hom- 
bre pequeñito, nov., Madrid, 1914. La Carreta de Thespis, autores, come- 
diantes, costumbres de la Farándula, Barcelona (1915). Invierno de vidas, 
nov. La Ola de plomo, episodios de la guerra europea, Madrid, 191 5. Años 
de miseria y de risa, ibid., 1916. Cuenta caminante, nov., Barcelona 
(1916). Presentimiento, dr., Madrid, 1916. Equivocación, nov. (1916). 
A cuchillo, episodios de la guerra europea, ibid., 1916. Sus mejores 
páginas, 1917. Obras completas: Madrid, t. I, El Seductor, 1916; t. II, 
Sobre el abismo, 1916; t. III, Punto negro, 1916; t. IV, Duelo á muer- 
te, 1916; ts. VI y VII Memorias de una cortesana, 2 vols., 1917. 

Martínez Ruíz, que de suyo es indulgente y afabilísimo de trato, 
atento y más bien callado, reflexivo y nada ligero, habiéndose decla- 
rado iconoclasta tuvo que decir en son de protesta muchas cosas con- 
tra lo tradicional, que han debido de pesarle después, pesar que últi- 
mamente ha manifestado por escrito. Nadie le mandaba hacer una 
novela; pero estando de moda el hacerlas y no sabiendo tramar una 
fábula, al punto halló razones contra la manera antigua y de siem- 
pre: "No debe haber fábula: la vida no tiene fábula; es diversa, mul- 
tiforme, ondulante, contradictoria... todo menos simétrica, geométri- 
ca, rígida como aparece en las novelas." Que es como si dijera: "No 
debe escribirse en verso: en la vida no se habla en verso." Pero el 
arte no es la vida ni su copia fotográfica; á serlo, estaban hoy de más 
los pintores. El arte es condensación de lo típico real. Tampoco pudo 
hacer obra de teatro, donde la condensación ha de ser mayor y la 
fábula más indispensable, que, por no tenerla, muchas piezan fracasan : 
el público va á que le digan algo, algún sucedido; esto es, á ver re- 
presentar una fábtda. También halló disculpa á su impotencia teatral 
llamando al teatro "arte industrial, ajeno á la literatura". Si Azorín 
supiese hacer dramas, habremos de suponer que acabaría con el in- 
dustrialismo teatral, rehusando generosamente á los derechos de autor. 
Para inventar fábulas novelescas ó teatrales hace falta imaginación, 
lo mismo que para hacer versos y para hablar por imágenes y metá- 
foras. Azorín, que la tiene escasa, protestó contra la manera tradicio- 
nal de todas estas cosas. En La Voluntad habla contra la metáfora, 
que, según él, es un fraude, y predica con el ejemplo en lenguaje es- 
cueto y descarnado. Analítico de estilo, por serlo de inteligencia, y 
frío por naturaleza, protesta contra la elocuencia antigua y contra el 
período comprensivo y sintético, contra el razonamiento bien hilado : 
fodo eso lo llama retórica, de la cual se declara enemigo. La falta de 
▼igor en la voluntad, en la imaginación y hasta en la inteligencia com- 
prensiva y sintetizadora, explican la manera de escribir, el estilo de 
Azorín. Los intelectuales de aquella generación, descorazonados por 
el desastre, abatidos por la derrota, tenían todos algo de esto, aunque 
no alcanzaban en ello á Azorin. Pintólos Pardo Bazán en cuatro ras- 



296 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

gos: "Los libros de los jóvenes son, en general, cortos de resuello; re- 
velan fatiga y proclaman á cada página lo inútil del esfuerzo y la va- 
nidad de todo." "Es signo común de los escritores de la nueva gene- 
ración; conciben mejor que realizan: la vibración inicial de su sen- 
sibilidad es superior al esfuerzo. Son, más que artistas, intelectuales" 
(La nueva generación de novelistas..., Helios, marzo, 1904). "Lo único 
que él ama, dice A. González Blanco, hablando de Azorín, son las sen- 
saciones aisladas, sin más enlace que la permanencia de un yo, órbita 
alrededor de la cual gira todo el sistema de impresiones." Efectiva- 
mente, Azorín es analitico; desmenuza el pensamiento, va por partes; 
y es sensitivo : total, impresionista de cosas menudas. "Es un espí- 
ritu, dice el mismo autor {Hist. de la novela, pág. 710), antonomástica- 
mente analitico, que gusta de disecarlo todo para penetrar en el hondo 
misterio de las cosas más sencillas. Disgrega de un modo magistral, 
con el acierto de un químico. Construye siempre reedificando. Por esto 
las grandes síntesis, que se llaman el teatro y la novela, le son ajenas 
en absoluto. En un suceso puede no ver el conjunto y abarcar, sin em- 
bargo, los más mínimos detalles." Y aun por eso se llamó él mismo 
Pequeño filósofo, esto es, indagador de menudencias, y -Azorin, ó pe- 
queño azor, avecilla que avizora cosas menudas y sencillas. El filó- 
sofo de cuerpo entero no se solaza con las subjetivas impresiones al 
menudeo; abarca el conjunto de las cosas y esto objetivamente, ca- 
lando la realidad en sí. Es, pues, Azorin impresionista de pormenores 
de las cosas. Supo impresionarse del aire de Los Pueblos de Castilla, 
y supo comunicarnos su impresión. Descorazonado y caído de volun- 
tad, por natural suyo y por la desgraciada época en que empezó á es- 
cribir, busca las regiones muertas, y las ve tan sólo como empapadas 
en su negro humor. En la misma Castilla hay otras cosas que no pudo 
ver Azorin y que círos han visto. Esa escueta llanura ha criado una 
raza sobria y recia, aventurera y mística, estoica y picaresca, que ha 
llevado sus empresas por toda la tierra y ha creado una literatura rea- 
lista, ética, recia, original. Las demás artes llevan estampado el mismo 
sello ; Azorin no ha tenido ojos para ver Toledo, Avila, Segovia, Bur- 
gos, León, con las huellas imborrables de una grandeza pasada y del 
espíritu inconfundible de una raza que él vio muerta, por no atenerse 
más que á las hojas caídas del otoño, á las plazuelas con jaramagos, 
á los empolvados y desiertos casinos de los pueblos, a las niñas cur- 
sis encerradas tras las vidrieras. Eso le impresionó y nos describió; 
pero las hojas secas otoñales, si son parte del árbol, no son el árbol. 
Si los libros impresionistas de Azorin son de ameno solaz, por la ma- 
nera maravillosa de sugestión acerca de una parte de la realidad que 
ofrecen, aunque no de toda la realidad ni de la parte más noble de 
ella, los libros de crítica que ha publicado no son menos admirables 
como fantasías subjetivas de la realidad vista al través de un tempera- 
mento impresionable é indispuesto contra el espíritu tradicional de la 
raza; pero que, por lo mismo, no pueden tomarse como de crítica ob- 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 297 

jétiva y científica. El, sin embargo, los tomó así, creyéndose llamado á 
revisar los valores literarios, y tal los ha tomado un cierto público 
ignorante, que le alaba de habernos dado á conocer la literatura cas- 
tellana. Cuando Asorín habla de obras y autores, nos da la impresión 
primera que en él hicieron; no nos dice lo que fueron. Es lo más con- 
trario que hay á la crítica sabia, que debe ser objetiva y ha de me- 
ternos en el alma del autor criticado para, desde allí, ver su obra 
como él la vio. Azorín, por el contrario, nos mete en su alma propia, 
para que desde ella veamos las obras ajenas como las vio él mismo. 
En tales libros de crítica impresionista no hay crítica, sino obra de 
otro género artístico, obra impresionista, como la de sus libros de los 
pueblos. Si la Castilla real, liistórica y presente no es la que Azorín 
pintó, tampoco los autores que criticó son los autores reales, ni los li- 
tros que nos dio á conocer son los libros que aquellos autores escri- 
tieron. Obra impresionista una y otra, tiene gran mérito liteiario por 
la impresión que supo poner en ella Azorín; pero es obra falsa como 
crítica verdadera. Azorín ha deformado obras y autores; los valores 
literarios que ha renovado no son objetivos, sino subjetivos: son su 
impresión personal, no la verdad real. Nos hace ver La Celestina como 
él la ve, no como la vio Rojas, su autor, ni como ella es en sí. De ni- 
ños es mostrar primeras impresiones; la crítica es de hombres machu- 
chos, que antes de hablar sobre una obra juzgan consigo sus primeras 
impresiones, las deslindan y desmenuzan. En el crítico señorea el aná- 
lisis y la reflexión; en el impresionista, la intuición subjetiva y ge- 
neral, la primera ojeada sin deslindar. Su estilo peca del mismo de- 
fecto: le falta trabajo, pulimento; es descosido, por decir las cosas 
como le ocurren. Las cosas no se escriben como ocurren, sino como 
se deben decir. El arte es arte, esto es, elaboración armonizadora de 
las partes en un todo; organización de elementos sueltos: es obra de 
-estudio y reflexión. Azorín no reflexiona sobre lo que dice ni sobre el 
modo como lo dice ; es un niño, es Cándido. De aquí sus genialidades 
y salidas de niño, que gustan á los lectores vulgares; pero que, á poco 
que sobre ellas se piense, mueven más bien á lástima. Apenas escribe 
artículo en donde no suelte cosas con que se le podría dar un revolcón. 
Cuando hay quien en ellas interesa, se lo da. El sigue tan campante, 
como niño que olvida la reprensión al volver la cabeza el papá ó el 
maestro. Sus párrafos, además de descosidos, están empedrados de pa- 
réntesis, á veces largos, y hasta con otros paréntesis dentro. Dase él 
á entender que eso es arte, por ser fresco y natural. Frescura no falta, 
ciertamente, en creerlo y en hacerlo ; pero convendrá en que si se pone 
á redondear el período, á concertar la frase, á pulir palabras y giros, 
perderá en naturalidad. Pues bien; eso mismo le condena, porque el 
arte está en concertar, redondear y pulir de m.odo que la naturalidad 
no se pierda; lo demás, escribir lo que se viene á la boca, no es arte: 
los soldados y niñeras escriben así sus cartas de amores. Es incapaz 
Azorín de hilar bien una cláusula, y no tiene por qué alardear de ello. 



298 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

como si adrede lo hiciese; es que no puede, y de lo que no se puede 
no se alardea. Tampoco debe alardear de crítico ni de que ha dado á 
conocer á los clásicos, como se lo levantan lectores ignaros, y él se lo 
cree. Si no hubo clásicos en España, como él ha dicho, ¿por dónde los 
va á dar á conocer? La crítica no rehuye la crisis; no se ha de andar 
por las ramas mostrando erudiciones ajenas, haciendo amenas fan- 
tasías impresionistas. Asorín, al hacerlo así, escribirá acaso una obri- 
11a de arte ; pero no de crítica. "No hay derecho, dice con razón A. 
González Blanco, á coger por su cuenta á un autor y, sin mirarle a 
la cara, cerrar el libro y encajonarlo, endilgando después una lata di- 
sertación sobre la manera que el crítico tiene de concebir el asunto 
que el autor preferido trata." Una cosa es lo que el crítico había visto 
y otra lo que ha hecho el autor, que es lo que se trata de criticar. 
Cuando se mete á crítico es Azorín un fantasista que nos da impre- 
siones suyas, ni más ni menos que cuando nos las dio de los pueblos 
6 cuando á tratar de política arremete. Lo objetivo, lo científico le 
está vedado; es un intuitivo y un poeta. Lástima que no se haya he- 
cho con una lira y no maneje el verso. Haga, con todo, poesía en prosa 
é intitule sus obras Fantasías, que tendrán su valor estético, el del 
impresionismo, que es su única facultad artística. Pero las hará sin 
fantasía poética, porque, como Pablo Olavide, también él proscribe 
el uso de la metáfora, en que toda poesía se cifra. Es doloroso tenerle 
que reprochar todas estas cosas, y hasta con alguna dureza ; pero con 
toda su indulgente suavidad, al meterse á protestante é iconoclasta con 
los de la generación del 98, hizo alarde de mayor dureza é intransigencia 
todavía con obras y autores. Ha maltratado á los más esclarecidos 
ingenios españoles: á Cervantes, Lope, Granada, Quevedo, Calderón, 
Bretón, Ramón de la Cruz, García Gutiérrez, Campoamor, Valera, él 
Duque de Rivas, Zorrilla, Pereda, Menéndez y Pelayo; ha ensalzado, en 
cambio, á medianías del siglo xviii y comienzos del xix, por haber 
sido escritores desafectos á España y enciclopedistas. Permítanos que, 
sin llegar á su dureza é intransigencia, volvamos, con alguna entereza 
y amor á lo nuestro, por los fueros de la verdad vilipendiada. La Vo- 
luntad no tiene acción ni fábula; son fragmentos de la vida de Azorín. 
Pero ni aun este personaje está pintado; no hay caracteres tampoco 
en La Voluntad; hay la falta de carácter, que es el personaje llamado 
Azorín. Eso 3 a es un personaje, se dirá; es un carácter que consiste 
en no tenerlo. Ciertamente, y no parece sino que Martínez Ruiz se ha 
pintado á sí mismo y á otros escritores de su tiempo, tal como los 
pintó en dos frases Pardo Bazán. ¿ Cómo se ha pintado, sin embargo, á 
sí mismo? Pues hasta en esto está la falta de carácter y de voluntad, 
no pintándose ni pintando á Azorín: como el pintor aquel griego, que 
dicen pintó á todos los parientes, llorosos por la muerte de Ingenia, 
y al llegar al padre púsole de espaldas por no atreverse á pintar su 
dolorido semblante. En La Voluntad, Azorín siempre está callado, es- 
cucha, medita, no habla, diríase que, si no tiene voluntad, tampoco 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 299 

tiene voz. "Asorín, sentado, escucha al maestro. Azorín^ mozo ensi- 
mismado y taciturno, habla poco y en voz queda. Absorto en especu- 
laciones misteriosas, sus claros ojos verdes miran extáticos lo inde- 
finido..." ¡Y tan lo indefinido! Las musarañas es lo único que miran 
extáticos sus claros ojos verdes. El lector aguarda y aguarda á que 
descubra esas especulaciones misteriosas en que está absorto; pero 
como no son más que las musarañas lo que mira ó la inmortalidad del 
cangrejo lo que piensa, se acaba la novela y no sabemos lo que piensa 
Azorín. Y si no sabemos lo que piensa un personaje, ni menos le vemos 
obrar, ¿dónde está la pintura de ese personaje y de ese carácter sin ca- 
rácter? Pues está en que no está en ninguna parte de la novela. Así 
pinta Martínez Ruiz el único personaje que quiere damos á conocer. No 
puede darse medio más socorrido; pero, á la verdad, ni más propio. 
No es que á Azorín le falte sólo la voluntad; es que además le falta 
el pensamiento y el habla. La Voluntad debiera haberse llamado me- 
jor Don Nadie, porque quien no piensa, ni quiere, ni obra, ni habla, 
¿puede ser alguien? "Todo pasa, Azorín...'"; dice el maestro. Y 
Azorín, remuévese lentamente y gime en voz opaca: "Todo pasa." A 
e'sfo no le llamo yo hablar, porque el eco sólo habla para los niños y 
sólo habló para la sociedad niña de los tiempos mitológicos. Acaba la 
disertación filosófica del maestro. "Y Azorín, inmóvil, mira con sus 
extáticos ojos verdes la silueta del maestro, que va y viene en la som- 
bra, haciendo gemir dulcemente la estera." Así acaba el capítulo. Azo- 
rín no abre la boca ni aun para decir "buenas noches". La estera, al ' 
menos, gime ; él, mutis. Y á este tenor todo el libro. Mucha descrip- 
ción, impresionismo de lugares y de ruidos y de cosas menudas; 
Azorín calla. Mucha disertación del maestro ; calla Azorín. Martínez 
Ruiz es un impresionista; pero impresionista patas arriba de lo que 
los impresionistas suelen ser. Digo que si impresionista es el que viva- 
mente impresionado por la realidad devuélvela á sus lectores tan viva 
ó más de lo que ella se es, Martínez Ruiz es impresionista al trocado, que 
nos devuelve la realidad patas arriba, sin duda porque patas arriba 
llega á su cerebro ó porque llegando á él á derechas tiene el químico • 
don de transformarla. No hay quien no conozca á Campoamor. Pues 
bien, véase lo que juzga de él en La Voluntad: "Campoamor me da 
la idea de un señor asmático, que lee una novela de Galdós y habla 
bien de la Revolución de septiembre... Porque Campoamor encarna 
una época: todo el ciclo de la Gloriosa, con su estupenda mentira de 
la Democracia, con sus políticos discurseadores y venales, con sus 
periodistas vacíos y palabreros, con sus dramaturgos tremebundos, con 
sus poetas detonantes, con sus pintores teatralescos. Y es, con su vul- 
garismo, con su total ausencia de arranques generosos y de espasmos 
de idealidad, un símbolo perdurable de toda una época de trivialidad, 
de chabacanería en la historia de España." En cambio en Charivari 
le había puesto antes sobre los cuernos de la luna. Por idéntico pro- 
cedimiento de volubilidad cerebral y falta de asiento crítico, despotricó 



300 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

primero contra Cervantes y después le ha ensalzado, y habiendo pre- 
gonado que no tuvimos clásicos y que nuestro teatro antigxio no vale 
un pitoche, acaso mañana, cuando le hagan académico, enhebrará el 
Discurso de recepción con ditirambos al antiguo teatro y á los clásicos 
españoles. Y tales han sido los juicios que acerca de nuestras obras 
literarias ha ido ensartando por ahí : de impresionismo puramente sub- 
jetivo y como de niño que ve las cosas de color de rosa cuando le han 
mercado un caballejo 'y de color pardo cuando la mamá le ha dado 
unos azotitos. Impresionismo al revés, el cual no nos dice otra cosa de la 
realidad sino que Asorín es un crítico voluble y ligero de cascos. Su 
estilo, como de hombre cansado que no tiene fuerzas para bregar, des- 
mazalado, flojo, como de abúlico y sin voluntad, ha dañado mucho á 
la literatura, por imitarle los jóvenes en cosa tan hacedera y fácil que 
no hay más que dejarse llevar de la pereza y escribir deshilachada-> 
mente, con la misma pereza con que piensan Azorín y sus perezosos 
y necios imitadores. Como Asorín carece de fantasía y suele curarse 
en salud, nos dijo un día que las comparaciones y metáforas eran lo 
más contrario á la poesía; aunque por ser el fruto natural de la fan- 
tasía, no sé si fué Lamartine el que escribió que toda poesía es com- 
paración. Azorín es pacato y frío. Nace la frialdad en los escritores 
de que comprenden demasiado ó de que no comprenden gran cosa y 
son impresionables como niños. Asorín, como niño perpetuo, tiene cada 
día nuevos hallazgos que comunicar á sus lectores. Hoy halla que la 
Celestina no fué hechicera; mañana, que Persiles no es una novela 
despreciable; un día siente mal de Cervantes ó de Quevedo y ti les 
pocos meses halla que no se debe sentir tan mal de Quevedo ni de 
Cervantes ; ya llama "seco y pedregoso" al padre Granada ; después 
dirá que "es un pujante prosador y uno de los fecundos renovadores 
de la lengua castellana" ; ora pone en ridiculo á La Cierva, ora le 
sigue y halaga con la más fina voluntad. Habla contra Cervantes, con- 
tra Quevedo, contra Bretón, contra todo el teatro clásico. "¡Ay, no 
queremos acordamos de Marcela y de otras muchas comedias de Bre- 
tón que hemos leído ! ¿ Cómo pudo mantenerse todo esto ? ¿ Qué socie- 
dad era aquella que mantenía todo esto?" ¿Y qué sociedad es la pre- 
sente que llama crítico al que esto escribe? "No hay un átomo de 
realidad en su teatro", añade. De lo que dice del Duque de Rivas más 
vale no acordarse. ¡ Todo ello para alabar á Larra ! Es como un niño 
que va comprendiendo poco á poco. Todavía está en que el teatro 
clásico español fué malo; pero días le quedan para irse enterando de 
que tiene algo de bueno. La mayor parte de los juicios que ha dado 
de los autores clásicos son de esta manera de descubrimiento á lo niño, 
tjue primero ve borrosas las cosas y las aburre ; pero que con el tiempo 
va viéndolas de alguna manera. Tales son los hallazgos de Azorín y 
el modo con que, según algunos, ha enseñado á los españoles á cono- 
^cer á los clásicos. Hay escritores fríos porque comprenden demasiado, 
y tal lo será el Azorín quintañón ; los hay fríos porque no comprenden 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 3OI 

gran cosa : los niños que se van formando y enterando, como el Azo- 
rín de estos años. A este enterarse ha dado Azorín un nombre, lo ha 
llamado revisar los valores recibidos. Los tales valores son fruto de 
la criba del tiempo, del haber justipreciado á los autores un sinnúmero- 
de críticos durante años y siglos. Azorín, al pasarlos por la criba de 
su mente, quiere revisar y aquilatar esos valores, y comúnmente da 
juicios contrarios á los que los siglos habían ya asentado. No es esto 
petulancia y soberbia; es irse enterando poco á poco, primero á me- 
dias, después á medias también, y á enteras cuando llegue á viejo. Gusta 
Azorín de acudir á otros autores, antiguos sobre todo, para confirmar 
sus opiniones; aunque tiene el descoco de hacerles decir lo contrario 
de lo que dijeron. Toma la frase sin enterarse del contexto, ó cuando 
el autor dice lo contrario de lo que él mismo opina retuerce á la frase 
el sentido para hacerla opinar como él ó dice que el texto está obscuro. 
Así, por ejemplo, en Larra (págs. 179-180 y 203-204). No hay crítico 
que más haya desfigurado á los autores clásicos que ha pretendido dar 
á conocer. Y es que lo que de hecho pretendía era que tuvieran sus 
propias opiniones de él, no teniéndolas ellos ni por asomo. Firmóse 
primero Cándido, luego Ahriman, después /. Martínez Ruiz, tras esto 
Azorín, y si no se hace corriente este último seudónimo, trazas lleva- 
ba de mudar de nombre cada seis meses como de ideas y de estilo. 
Al principio fué satírico amargo, personal y hasta soez; después, iró-- 
nico, humorista escéptico. Apreció primero las voces castizas; más 
tarde empedró sus escritos de voces puramente francesas, de gali- 
cismos, de solecismos. Toda su vida literaria anda meciéndose entre 
los clásicos españoles, que jamás entendió, y la moderna literatura 
francesa. Busca un estilo personal y sólo consigue mudar de los que 
Casares llamó tranquillos, de esos artificios mecánicos de receta que 
sirven á los ineptos para darse á entender que tienen estilo propio, 
ya que por falta de imaginación no escribirían más que como el vul- 
go de los escritores. Así el poner el adjetivo después del verbo donde 
sólo cabe el adverbio : "el humo asciende lento". Así el omitir los 
relativos, el que sobre todo, y la preposición de, descuartizando el i>e- 
ríodo. Así el repetir sujetos ú objetos por huir del relativo: "La 
cocinera aparece con un ancho tablero; sobre el tablero van puestas 
las escudillas; la cocinera pone ante cada monja su escudilla. Y laS' 
monjas comen." Así el uso de los personales con los verbos, á la fran- 
cesa: "Yo los admiro... Yo admiro... yo los amo, yo los creo felices... 
Ellos son dichosos." Así el repetir los nombres propios (Ruta de don 
Q<iijote, 55, 141). Así el uso de pequeño, dejando los diminutivos cas- 
tellanos: "mi pequeño sombrero... mi pequeño reloj... el pequeño filo- 
sofo." Así el detenerse á describir como en inventario notarial las 
menudencias todas de una sala, de una casa, en vez de recordar la 
típico y nada más. Así ciertas frases de cajón ó bordoncillos : pince- 
lada, quizá, canta un gallo. Así el empleo de paréntesis, y de parénte- 
sis de paréntesis, el dejar salir las palabras como primero le ocurren^. 



30í ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

teniendo que volver atrás, repetir, condensar, deshilachar el razona- 
miento. A todas estas cosas han llamado sus discípulos estilo de A20- 
rin j las han imitado reverentemente. Julio Casares, que las advirtió 
y criticó, no es para Azorín más que un crítico á la antigua. Como 
además de literato es político, subordina á la política la literatura y 
hace decir lo que quiere á los autores, empleando el sofisma como ar- 
gumento de autoridad. No sintiendo Azorín la naturaleza ni el pai- 
saje, aunque diga que en este sentimiento consiste todo el arte, bebe 
sus ideas y sus expresiones en la ciudad, en el teatro, en el café, en la 
redacción. Como ve qiie no sirve para el teatro, dice que todo nuestro 
teatro clásico "no tiene ningiín interés...; continuemos la expugnación 
del teatro clásico castellano..." No teniendo imaginación para ver las 
cosas y expresarlas por medio de metáforas y comparaciones, abo- 
mina de comparaciones y metáforas. {Volunt., c. 14). Por no tener 
paciencia para la erudición, búrlase de la erudición y de los eruditos, 
"rebuscadores farragosos é impertinentes". Habiéndose reído antaño 
del Dios del Sinaí {Buscapiés, jy), menospreció siempre á los escri- 
tores católicos, Pereda, Alarcón, Balart, Menéndez y Pelayo. Véase 
todo esto más dilatado en Julio Casares, Critica profana, 191 5. 

Aeorin, Los Valores Uter., pág. 214: "Nada más deleznable que 
nuestra clásica dramaturgia; cuando se representa por acaso alguna 
obra (después de podada y aliñada) fingimos experimentar un vivo 
placer estético. En realidad, no experimentamos nada ; si fuéramos sin- 
ceros lo diríamos a voces...; ese teatro no puede decirnos nada (salvo 
alguna excepción) á cuantos deseamos una dramaturgia fundada en 
la observación y en la verdad. Nuestra antigua dramática reposa toda 
en la casualidad, en la inverosimilitud... La misma falta de verosimi- 
litud y de lógica en la novela picaresca. El pretendido realismo de la 
novela picaresca no es más que una deformación de la realidad... re- 
flejo caricaturizado, hiperbolizado, deformado...; lances inverosímiles, 
absurdos... Inverosímil casi todo El Celoso extremeño, de Cervantes." 
ídem, pág. 227 : "Nuestro romanticismo no ha tenido nada de espon- 
táneo, de hondo, de nacional; cosa superficial y pegadiza, nació por 
contagio de las literaturas extranjeras: de la francesa, en Castilla; 
de la inglesa, en Cataluña." Y al revés, en Rivas y Larra, pról. : 
"¿Cuáles son los orígenes del romanticismo en España? Se ha ha- 
blado siempre, al tocar este tema, de las influencias extranjeras; cual- 
quiera diría que el romanticismo es cosa que ha nacido entre nosotros 
únicam-ente por sugestión extraña... Pero ¿y la propia corriente es- 
pañola? ¿Y el ambiente que se iba formando poco á poco desde antes 
del sigio XIX?... Cadalso, Meléndez, Jovellanos: románticos, desca- 
bellados románticos, desapoderados románticos; románticos antes, 
mucho antes del estreno de Hernani en París. ¿ Cómo no se tienen en 
cuenta todos estos antecedentes?... Valor Uter., pág. 227: "¿Hay nada 
más hueco, palabrero, incongruente y sin emoción que la poesía de 
Zorrilla?..." ídem, pág. 233: ^^La Vida es sueño... no pasa de ser ua 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 303 

-embrión de obra maestra..., un boceto de drama, un rudimento so- 
berbio, sí; mas, al cabo, un rudimento... Calderón, falto de vigor y de 
inspiración, ha tenido que tejer una intriga infantil y absurda, con ob- 
jeto de rellenar lo que failtaba para el drama... El Mágico prodigioso, 
nada más inconsistente, estrafalario é inverosímil... El Alcalde de 
Zalamea, cuyo desenlace nos repugna... La ciencia española. En la 
Revista Contemporánea expusieron su argumentación Manuel de la 
Revilla y José del Per o jo...; sus principales observaciones no han po- 
dido ser rebatidas... No ha habido entre nosotros un vigoroso, continua- 
do, escrupuloso pensamiento filosófico y científico; un ambiente, en fin, 
de amor á la vida, por las mismas razones por que no han existido un 
teatro y una novela basados en la realidad..." Pág. 241: "Lejos, muy 
lejos de nuestro ánimo está el hacer una terrible labor antipatriótica."" 
-Sin embargo, trueca las críticas de otros para que suenen como anti- 
españolas. Ejemplo: página 238, lo que en son de alabanza de nuestro 
teatro dijo Philarete Chasles: "Comparar las comedias clásicas á las 
brillantes crónicas de los periódicos, no está mal. Acaso tuviera razón 
Philarete Chasles." Después se extasía con Gregorio Salas y Mor de 
Fuentes: "(Ha llegado la hora, señores míos, de hacer justicia á es- 
tos pequeños clásicos ignorados. No hay más remedio.)" Pág. 271: 
"Los saínetes de don Ramón de la Cruz, que á nosotros también se nos 
antoja una de las cosas más desprovistas de observación, realidad y 
gracia que se han escrito en España." Pág. 300: "Descartes..., Raci- 
ne.... La Fontaine. .., todos creadores de una sensibilidad." Rivas y 
Larra, pág. 2^ : "Nada más incongruente y superficial que Zorrilla, 
üo hay en toda su obra un rastro de emoción ni de idealidad... El 
Trovador no resiste el más ligero análisis; es una obra forzada, in- 
congrueate, digna de un mozalbete inexperto. Pocas cosas tan super- 
ficiales en nuestra dramaturgia. El teatro clásico acusa la incapacidad 
-para la coherencia y para la observación... La Vida es sueño no pasa 
de ser un embrión..., un boceto, una obra llena de inverosimilitudes 
y de errores. En cuanto á El Mágico prodigioso, se reduce á un gui- 
rigay de confusiones, embrollos y ocurrencias desatinadas... En el 
teatro es donde podemos apreciar el grado de nuestra capacidad para 
la lógica, para la exactitud, para la coherencia. Y el grado en que 
un pueblo tenga estas cualidades, así será de más ó menos intensa su 
civilización... El Don Alvaro...: decididamente vamos de absurdo en 
absurdo...; solución del conflicto, solución absurda y violenta... Todo 
esto nos parece francamente absurdo... En general, el drama del Du- 
que de Rivas es una lógica, natural continuación del drama de Calde- 
rón y de Lope. Son los mismos procedimientos, la misma falta de obv. 
servación, la misma incoherencia, la misma superficialidad." La sem- 
blanza irónica de Menéndez y Pelayo véase en las págs. 114-115. Allí, 
y á continuación, se burla de la crítica que M. Pelayo y Valera hi- 
cieron de Don Alvaro, y alaba la de Ixart, crítico de tan mal humor 
como Aeorín. Pág. 271 : "Nada tan superficial, incongruente y absurdo 



304 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

como el teatro de Bretón. Lo único admirable en Bretón es la facultad 
versificante, la maravillosa facilidad para hacer prosa en verso. (¡ Cómo 
se engaña Asorín! Vea los manuscritos de Bretón, y los hallará cua- 
jados de retoques.) Bretón mana continuamente renglones cortos." 
Clasic. y mod.j pág. 37: "No ha logrado jamás España una época de 
verdadero y sólido esplendor... Nunca gozó España de una firme, es- 
table, honda organización." (¿ La gozó pueblo alguno ?) Pág. 59 : "Va- 
lera, tan frivolo, tan dogmáticamente superficial..., con desdén eutra- 
pélico, al igual que Campoamor, trató á pensadores y artistas de cuya 
idealidad no llegó jamás á enterarse." Pág. 284: "La crítica levantaba 
un clamor de admiración en torno de las ramplonas poesías de Balart; 
dos largos estudios dedicó Clarín á esos mediocres versos en Los Lunes 
de El Imparcial de 12 y 19 de febrero (1894)." ídem, pág. 284: "Cuan- 
do se haga un estudio desapasionado de Menéndez y Pelayo habrá que 
contar sus grandes excelencias; pero habrá que decir otras cosas. Ha- 
brá que decir que su estilo es más oratorio, prolijo y redundante que 
analítico y de menudas pinceladas, sobrio y preciso ; que le ha faltado 
amor á las manifestaciones nuevas de la estética; que, en suma, su 
crítica ha sido erudita, enumerativa, y no interna, interpretativa, psi- 
cológica... Balart será siempre viejo con sus poesías mediocres y su 
crítica mezquina." ídem, pág. 317: "Los clásicos... cuando los leemos 
traducidos..., queda la armazón, la idea, es decir, lo universal, lo fuerte, 
la vida... Fray Luis de Granada, por ejemplo, no resiste á la prueba; 
no resisten tampoco ni Solís, ni Meló, ni muchos de nuestros ponde- 
rados místicos. Bien es verdad que ni en castellano podemos encon- 
trar satisfacción intelectual leyendo á los autores citados y á otros 
que pudieran citarse... No existe más regla fundamental para juzgar 
á los clásicos que la de examinar si están de acuerdo con nuestra ma- 
nera de ver y de sentir la realidad ; en el grado en que lo estén ó no 
lo estén en ese mismo grado estarán, vivos ó muertos. Su vitalidad 
depende de nuestra vitalidad... ¿Hasta qué punto los clásicos, así, ge- 
néricamente, armonizan con nuestros sentimientos é ideas?... ¿Cuá- 
les son entre ellos los que más se adaptan á nuestro ambiente y los 
que menos se adaptan? (¡Horrible criterio estético el del gusto de una 
época, esto es, de la moda, para juzgar lo que es eterno en el arte!)... 
Todas las antologías..., al hablarnos exclusivamente del estilo..., nos 
dan la impresión de que los clásicos no tenían ideas." (Porque en la 
forma está el arte, no en las ideas, como asunto ó materia.) Pág. 327: 
"Nos place que estos trabajos no pierdan su carácter esencial de crí-^ 
tica impresionista de sensaciones experimentadas por un lector á lo 
largo del espectáculo de los libros. (Esas sensaciones no pueden ser 
crítica objetiva, científica, sino subjetiva, sensacional.)... Se trata de 
crítica puramente personal." Pág. 340: "Revisiones de los clásicos, y 
no otra cosa, son las críticas de Luzán y de Moratín (atinadísimo, so- 
bre todo, Luzán, en el examen que del teatro antiguo hace en su Poé- 
tica). Luego recuérdese el prólogo de Marchena á sus Lecciones de 



S. XIX^ 1S93. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 3o3 

filosofía moral (1820); después la actitud espiritual de Larra, por en- 
cima de los clásicos^ indiferente á los clásicos, actitud de exclusiva, re- 
accionadora modernidad." (Verdaderos juicios disparatados, todos 
ellos, como los de Azorín, por desconocimiento de los clásicos, y más 
por el criterio de la moda, del gusto presente de cada uno de estos 
críticos, según el criterio que Azorín proclama.) Alma Española (nú- 
mero 10) : "Veremos que esa generación (de "los viejos") á quien se 
defiende, porque nosotros no la admiramos, ha sido una generación de 
pobres de espíritu (dramaturgos, novelistas y poetas) y que nosotros 
valemos más, mucho más que ellos." ABC, 1917: "Si á raíz del des- 
astre colonial, en 1900, apartamos la cara de la tradición ("doble llave 
al sepulcro del Cid"), hora es ya de que vayamos reaccionando con- 
tra esa tendencia. El patriotismo, ante todo, es el pasado. De hecho, 
en España se ha reaccionado contra la tendencia antitradicional." (Es 
una de las palinodias que ya ha cantado Azorín.) El Paisaje de Es- 
paña, pág. 94: "Tenemos que hacer un acto de contrición... No harc 
faltado gentes que nos han reprochado nuestra censura á don Juan 
Valera. Hoy somos nosotros mismos los que vamos á poner un co- 
rrectivo á nuestros juicios." 

Julio Casares, Crítica prof., pág. 134: "Llegóse nuestro precoz 
autor al mundo de las letras, debajo del seudónimo de Cándido, con- 
un estudio crítico titulado Moratín (1893). Antes... habría que men- 
cionar los "artículos, cortos, y terribles, de propaganda anarquista" de 
El Pueblo... El autor, hablando de oídas, califica con notoria lige- 
reza á escritores ilustres... Granada..., Montiano..., Cienfuegos..., 
Moratín... Con el segundo seudónimo (de Ahriman) publicó una co- 
lección de artículos titulada Buscapiés... Dos años después (1806)... 
Literatura... El autor... no sabe ya escribir dos palabras sin interca- 
lar una francesa... La admiración desmedida por los escritores fran- 
ceses y especialmente por Flaubert, le lleva á reservar más de dos pági- 
nas, de las ocho escasas que dedica á Fray Candil, para empedrarlas 
de citas en francés... Nace en su ánimo la preocupación por e' es- 
tilo... Después de estos folletos viene, por orden cronológico. Chari- 
vari. Aquí, hasta el título está en francés. ¿ Quieren saber ustedes las 
razón?... "Como en castellano no tenemos palabras para expresa^ (la 
'^cencerrada)..." Con una tarjeta de recomendación de Bonafoux llega 
M. R. á El País, desde el fondo de una provincia... La admiración,. 
sin reser\'as ni distingos, queda para Fray Candil, y, sobre todo, para 
Bonafoux. El faro, el norte, el ídolo de nuestro desorientado escritor 
es Bonafoux, á quien toma por modelo, no sólo en lo cortado y ner- 
vioso del estilo, sino hasta en lo procaz y agresivo del lenguaje... So- 
ledades (1898)... podemos señalar ya la existencia de dos influjos, en 
cierto modo antagónicos, que alternadamente predominan en todos lo? 
trabajos ulteriores de M. R., y que, no sólo actúan sobre su estilo, sino 
también sobre el contenido ideológico y sentimental de sus obras : de 
un lado, nuestros clásicos; de otro, la moderna literatura francesa de 

TOMO X. — 20 



3o6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

observación y de análisis. Ambas influencias, que en un principio se 
manifiestan con excesiva crudeza, se atenúan poco á poco y se armo- 
nizan hasta formar, más tarde, la modalidad literaria de Azorin... 
Aparece Aeorín en La Voluntad... La generación de 1S98. dice A 20' 
rin, se esfuerza en "acercarse á la realidad y en desarticular el idioma, 
"en agudizarlo, en aportar á él viejas palabras, plásticas palabras, con 
"objeto de aprisionar menuda y fuertemente esa realidad..." Nadie ha 
contribuido tanto como Azorin á fortificar el moderno lenguaje lite- 
rario con esas voces anticuadas... Se ha entrado de hoz y de coz en 
el campo feracísimo del galicismo, como cualquier traductor de folle- 
tines... .Si bien Azorin no siempre acierta á "decir todo cuanto quiere", 
en cambio dice muchas veces lo que no quiere... En varios linajes de 
tecnicismo ha incurrido Azorin, y no siempre con ventaja para la pro- 
piedad... Si observamos de cerca la evolución de su estile desde El 
Alma Castellana (1900), veremos cómo nacen, florecen y mueren cier- 
tos tranquillos, única cosa que con singular acierto han sabido 
copiarle algimos imitadores... En su afán de desarticular y agudizar 
el idioma, lo ha descoyuntado con tal violencia, que el adjetivo, se- 
parado del nombre, ha ido á parar más allá del verbo, contra las le- 
yes de la lógica, de la gramática y del sentido común ("una niña me 
mira rubia")..., un verdadero tranquillo... que..., aparece por pri- 
mera vez en La Voluntad y da al estilo cierta ficticia ligereza, mediante 
la supresión de los adverbios..., la persecución del que y de la prepo- 
sición de... Se propone el exterminio de los ques, á costa de repetir 
sin empacho cualesquiera otras palabras y de incurrir en ese estilo 
asmático de las frasecitas cortadas... "Yuste y Azorin han ido al Pul- 
"pillo. El Pulpillo es una de las grandes llanuras yeclanas." Un escritor 
menos refinado hubiera puesto, llanamente... "han ido al Pulpillo, que 
"es una de las grandes llanuras..." Veamos ahora otro tranquillo de 
Azorin, que consiste en el empleo redundante y ocioso de los pronom- 
bres..., por imitación involuntaria del francés ó por malsano afán de 
notoriedad... El tranquillo af)arece en La Voluntad y llega á su apo- 
geo en La Ruta de don Quijote. ("Yo los admiro... Yo admiro... yo 
los amo, yo los creo felices. Ellos son más dichosos.")... Sin duda 
quiere huir de esa "elocuencia y corrección de los diálogos, insopor- 
"tables, falsos, que va desde Cerv^antes hasta Galdós". Concedámosle 
que ha sabido evitar la corrección y la elocuencia, pero no que ha acer- 
tado con el tono propio para el diálogo literario... Puesto ya en la 
pendiente de repetir palabras inútiles, Azorin llega á extremos ver- 
daderamente intolerables... "¿Cómo se llaman estos buenos, estos que- 
"ridos. estos afables, estos discretísimos amigos de Criptana? ¿No son 
"don Pedro, don Victoriano, don Bernardo, don Antonio, don Jeróni- 
"mo, don Francisco, don León, don Luis, don Domingo, don Santiago, 
"don Felipe, don Ángel, don Enrique, don Gregorio y don José ?" ¿ No 
queda ya nadie en Criptana? ¿Y don Nicanor? ¿Y don Jenaro?... An- 
tonio Azorin, según su cronista, es "un pequeño filósofo" ; el libro en 



I 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 307 

«que "se habla de la vida de este peregrino señor", es un "pequeño li- 
tro"... Su personalidad, y su fisonomía espiritual... En vano busca- 
réis en sus páginas una nota de alegría sana y confortante. Llanuras 
desoladas, calles desiertas, jardines polvorientos, cipreses fúnebres, 
perros hambrientos y vagabundos, señoritas lugareñas que pasean su 
incurable tristeza... No busquéis juegos de niños, ni amores de mo- 
zos, ni canciones, ni risas. En la España de Azorin no hay bautizos ni 
bodas; pero hay viáticos, entierros y doblar de campanas... Y es que 
el discípulo de Montaigne sólo descubre aquellas cosas en que se '"e- 
fleja el pesimismo panteísta, que él mismo va irradiando. Ponadlo en 
un caserón destartalado... y veréis qué pronto se identifica con la rea- 
lidad y con qué fuerza traslada á sus páginas la emoción del imbiei- 
tc...^ no la del paisaje, porque la pluma de Azorín, ante la naturaleza, 
se convierte muchas veces en im pincel muy grande, á manera de bro- 
cha de escenógrafo, con el cual, en dos trazos y cuatro manchas, sa-.e 
tan ricamente del paso... Echa mano del ladrido del pe^ro, del tren, 
del canto de un gallo ó del martilleo de una herrería. La asociación 
de los gallos y los herreros es verdaderamente curiosa... La falta de 
imaginación le lleva á repetir las mismas notas de luz y de sonido... 
Todo esto se anega en un mar farragoso de detalles inútiles... Yo 
me explico este afán... por su falta de fantasía. Tengo el convenci- 
miento de que, privado de imaginación creadora, es incapaz de inven- 
tar personajes, escenas ó tramas novelescas. El único personaje que 
ha quedado de todos los libros de Azorín es... Azoríyi... Podremos des- 
lindar en su carrera tres etapas características, escalonadas como si- 
gue: la sátira, la eutrapelia y el humor... Azorín tiene alma de humo- 
rista... Azorm, como crítico... A ninguna figura literaria ha dedicado 
nuestro autor tantas páginas como al malogrado Fígaro... ¿Qué nos 
ha descubierto?... ¿A qué se ha reducido su actuación crítica con re- 
lación á este autor?... A manosear cuatro ó seis conceptos de Larra, 
desglosados de sus artículos con mediano acierto é interpretados con 
escasa fidelidad... Pereda es una de las víctimas de nuestro crítico... 
Fuera de Baroja, J. R. Jiménez, XeivMs y algi'in otro amigo personal, 
no recordamos ningún escritor que haya merecido im artículo de elo- 
gio ó de censura de nuestro crítico... No busquéis en las obras de 
Azorín la admiración ferviente ni la condenación expresa y definitiva: 
el "amable escepticismo de Montaigne" lo apartó de ese camino; no 
busquéis el estallido de la alegría ni del dolor; la fórmula moderna 
de la impasibilidad literaria apagó todo ardimiento personal; no bus- 
quéis odios ni cóleras... Pero si queréis sentir la inefable tristeza de 
un jardín abandonado ó la vibración misteriosa que irradian al atar- 
decer las tiendecitas solitarias ; si queréis ver cómo palpita en un mue- 
ble desvencijado ó en un florero roto "el alma eterna de las cosas"; 
si queréis compartir la melancolía panteísta de un poeta, que siente 
ganas de "disgregarse de la materia, de ser el agua que corre, el viento 
""que pasa, el humo que se pierde en el azul..."; si queréis, en fin, so- 



3o8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

fiar con una nube ó evocar tiempos pretéritos ó revivir libros ó auto- 
res olvidados... ahí tenéis Castilla^ las Confesiones, España, Los Pue- 
blos... Desde La Voluntad, en que se inicia el período de amanera- 
miento, hasta La Ruta de don Quijote, donde el empleo de los tran- 
quillos llega al lamentable extremo ya señalado, diríase que nuestro 
autor había ido dosificando su prosa con los más variados ingredien- 
tes, arcaísmos, neologismos, galicismos, giros de clásicos, construc- 
ciones exóticas, repeticiones, etc., para hallar, por tanteo, la fórmula 
definitiva destinada á encarnar su personalidad literaria... El Políti- 
co..., cuanto al estilo, es... el de todo el mundo... viene á parar en esa 
prosa fría, monótona, impersonal y descolorida...; una fuerte reac- 
ción, claramente apreciable en España. En Lecturas Españolas diríase 
que la fermentación ha terminado y que la prosa se va posando y cla- 
rificando hasta adquirir la serenidad y limpidez que admiramos en 
algunas páginas de Castilla. Hemos llegado á la cumbre. Más allá, el 
camino... comienza á bajar por la opuesta vertiente abrupta, árida 
sin un oasis de poesía. Artículos de crítica, polémicas, asalto frustrado^ 
á la Academia, propaganda política, guerra europea, el cáncer, la tu- 
berculosis... Y todo ello en forma desaliñada y en estilo trivial, pre- 
mioso y machacón... ¿Se habrá trocado definitivamente en periodista 
el literato de antaño?" Salaverría, A lo lejos, pág. 151: "Trasciende 
todo él á libros, á papeles, á lecturas... tiene un "progresismo" con- 
temporáneo de Carlos III. Conversaría animadamente con un abp.te 
culto, con Cabarrús y Jovellanos. Es de la madera de aquellos hom- 
bres que leían casi en secreto á Montesquieu y á Voltaire... Así tam- 
bién Azorín, que atolondradamente voló entre las furias anarquistas 
durante algún tiempo, fué á derivar, por lógica y por instinto, al par- 
tido conservador. Y en él está en su centro, con su conservatismo 
"ilustrado", que se atreve con los agrios problemas modernos. Igual 
que sus antepasados del siglo xviii... Es una mente tímida, levemente 
nostálgica, que se deleita con lo viejo... Estima evocar los pueblos que 
duermen á la sombra de los recuerdos; halla una sensual delectación 
en ir por esos pueblos y en figurarse que él mismo sea un habitante de 
pequeña ciudad manchega ó levantina, un Azorín pacato y levemente 
sentimental, un pequeño filósofo. Estima, sobre todo, los libros. Estos- 
le arrancan estremecimientos de alegría y escribe casi siempre á estí- 
mulos librescos. Así como hay autores que dan la sensación de estarse 
arrancando las páginas que escriben de su propia sangre, Azorín, per 
el contrario, se llena la mente cada vez que lee un libro, y se vierte 
después... Con instinto de diletante, hoy pondera el anarquismo, ma- 
ñana la Religión ó cualquier otro tópico. Flota ligero sobre las pa- 
siones profundas... Sus formas literarias, como sus ideas, son para 
él vestidos que adopta y deja cuando quiere. Juega, por consiguiente, 
con los estilos, dejándose influir por modas ó escritores. Llena de ga- 
licismos sus artículos por gusto de pertubar; después cesa en su afi- 
ción y toma otra. Su arte le hace posibles todas las mutilaciones. En 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ JOg 

SU. Última época, para jugar una vez más con el estilo, se scnetí; á 
«na forma escueta, más bien seca, de párrafos sin reflexión, como de 
pluma cansada, que no logra plegarc-e ó volar en fáciles ondulaciones 
y cuya unidad de tono produce, en quien lee sus libros de ensayos, 
como una cierta impresión de sonsoneo intelectual." Man. Machado, La 
Guerra liter., 1914, pág. loi : "Antonio Azorín, de Martínez Ruiz. Un 
libro tibio, callado, un tanto seco, con descripciones de tierra pobre 
de Castilla y de almas serias, un tanto inquietas, sobre todo la del 
protagonista Azorín, José Martínez Ruiz. Libro bien escrito, sin adje- 
tivos ni desvarios de imaginación, muy cerca del verdadero saber del 
arte, y donde está bien dada la sensación de quietud, que pacifica mi 
alma de verdad, como cumple á un buen paisaje grisote y tranquilo 
<ie los que él cultiva, siente y habita durante muchas temporadas del 
año... El ansia de paz y de vistas inofensivas y algo sosas que padece 
Antonio Azorín en sus cartas á Pepita... Sigue prestándome el alma 
turbia y resignada de las llanuras manchegas. La costumbre de la 
muerte. La conformidad de la inopia. Y pasan páginas sórdidas con 
viejas y viejos labriegos, pobres y menguados. Un cuadro ancho de 
paisaje con muy pocas figuras, como conviene al asunto, que es la so- 
ledad y la tristeza de la meseta. La figura animada de Pepita, con ojos 
prometedores y labios rojos, es lo único que vive en el cuadro par- 
-duzco en que se mueve Azorín... Se enfrasca en disquisiciones sobre 
agricultura, industria y clericalismo... Encarándose con Azorín le 
dijo: Tiene usted razón. El país de Castilla es pobre y perezoso, y 
tiene que estar triste naturalmente. También es rutinario ; la inocen- 
cia antipática de la rutina. Está desocupado y preocupadísimo. Se in- 
quieta de la muerte y no de la vida. Y eso es congénito en él. Y Ma- 
drid es la digna capital de ese pobre pueblo. Pero es muy hermoso el 
cuadro en que usted lo pinta así, y usted ha hecho lo que le competía. 
Esté usted tranquilo." Efectivamente, Azorín tuvo la suerte de en- 
trar en el corro literario cuando el desastre hizo á los jóvenes echar 
la vista por esa pobre y triste España. Porque su temperamento triste 
7 de pobre imaginación venía al justo para pintarla. Escribió Azorín 
en el momento propicio en que su temperamento encuadraba en el am- 
biente moral : eso le hizo gran escritor ; fué su buena estrella. J. R. Ji- 
ménez, Helios, I, pág. 497: "Antonio Azorín... He aquí un libro que 
me ha emocionado verdaderamente, con su monotonía y su cansancio; 
porque de esa maldita tristeza española, de esa melancolía de nuestra 
raza, de que habla tan bellamente Martínez Ruiz, á mí me ha corres- 
pondido una buena parte ; á mí, que he nacido en uno de esos pueblos 
tan opacos, tan sedentarios, tan melancólicos." Pío Baroja (amigo de 
Azorín), Pról. de La Fuerza del Amor (en 1901) : "Porque él no tiene 
-una gran fantasía creadora ni tiene tampoco ternura... Martínez Ruiz 
es un espíritu esencialmente español, seco, amargo, sin ese soplo de poe- 
sía panteísta que agita las obras de las almas del Norte... Hechos, líneas, 
colores, pensamientos, contrastes, formas bruscas de las ideas, y en sen- 



310 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

timientos, odios y cóleras, desprecios y admiraciones, todo eso se encuen- 
tra en las obras de M. R. ; pero no busquéis en ellas una nube que os haga 
soñar, una ternura grande por una cosa pequeña, una vibración mis- 
teriosa que llegó sin saber cómo; no, en sus obras todo es claro, de- 
finido, neto." J. Cejador, en La Tribuna, 13 mayo 1917: "Es induda- 
ble que Azorín posee notable talento crítico, y no lo es menos que el 
talento crítico de Larra fué de los más extraordinarios que se han dado 
en España. Por otra parte, está fuera de toda discusión que nuestro 
Romancero, nuestro teatro nacional de la edad de oro y nuestra mís- 
tica son tres manifestaciones literarias de tan subidos quilates, que en 
el arte universal de las naciones el Romancero sólo puede hallar rival 
en la epopeya griega y en la indiana, y que por sus particulares mé- 
ritos no queda sobrepujado por ellas, que tienen cada una los suyos 
propios; que nuestro antiguo teatro tampoco halla dignos competido- 
res más que en Shakespeare y en la tragedia griega, sin ser inferior 
al uno ni á la- otra; finalmente, que nuestra mística es un género sin 
par en ninguna literatura. Ahora bien. Larra y Azorín, no sólo no 
apreciaron estas tres manifestaciones de nuestra literatura en lo que 
valen y son apreciadas por la crítica universal ya definitiva, sino que 
las menospreciaron y tuvieron en poco y hasta las calificaron de vili- 
pendio de la literatura española, con ser su mayor gala y glorioso tim- 
bre en la historia de la cultura. Algo, pues, de común había en Larra 
y en Azorín^ que así maleó el atinado juicio, y que así cegó la clara 
penetración del reconocido talento de entrambos escritores. Y ese algo 
no está tan á trasmano y retraído que no salte á los ojos de todo aquel 
que haya leído á Larra y Azorín. En el espíritu tradicional de la raza 
española no encajan el espíritu de Larra ni el de Azorín, y no porque 
no sean españoles por índole y casta, sino porque la educación, á la 
índole natural añadida, les descastó en parte, los afrancesó no poco^ 
les puso en los ojos cierto linaje de anteojos que coloreó para ellos las 
cosas, quitándoles su color natural. Que entrambos fueran almas re- 
beldes, independientes; que fueran críticos descontentadizos de lo pre- 
sente y aun poco amigos de ensalzar lo propio é inclinados á ponderar 
lo ajeno; todo eso es muy español, lo llevamos todos en las venas, y 
por todo ello son muy castizos escritores. La visión negra y tétrica del 
mundo y la consiguiente amargura y descorazonamiento, que da el 
tono á sus escritos y ahelean ó tienen empapadas en hieles sus almas, 
efecto son del llamado "mal del siglo", enfermedad moderna europea. 
Por ella se distinguen de nuestros críticos y satíricos tradicionales, tan 
descontentadizos, desengañados y escépticos como ellos, pero que con 
ese estoicismo senequista de la raza, sobrepusiéronse siempre á las 
miserias de la vida y hasta convirtieron por el arte la amargura en 
sosegada dulcedumbre, el malhumor en plácida socarronería. Tal Cer- 
vantes, Quevedo, Gracián, Mateo Alemán, todos nuestros autores pi- 
carescos, dramáticos y místicos, en suma, la flor y nata de todos nues- 
tros escritores, tan tristes y desengañados en el fondo, tan plácente- 



S. XIX, 1893. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ 3ll 

ros y regocijados en la forma. Esta enfermedad, europea y nada es- 
pañola, que llaman "pesimismo", hizo más presa en Larra y Azorín 
que en otros autores modernos, por haber blandeado en ellos la edu- 
cación el recio temple del alma estoica española. Larra, á más de un 
talento extraordinario, poseía un corazón nobilísimo, que le llevaba á 
ansiar el reinado de la justicia en la sociedad, y hasta le hizo com- 
prender la grandeza de la Religión cristiana, deslindándola de lo que 
los hombres, con su egoísmo é hipocresía, la habían por encima encos- 
trado, reconociendo que Voltaire y los demás filósofos franceses ha- 
bían confundido y tomado á bulto entrambas cosas, y habían cometido 
un crimen horrendo al combatir á la Religión y al descristianizar á 
Europa. A eso no ha llegado Azorín, talento harto más superficial y 
mariposeador. No tuvo tiempo Larra, en su corta vida, para conocer el 
alma española y ver en ella practicada la misma idea que brillaba en su 
mente. Educado en Francia, y con grande abandono, sin el calor del 
hogar; vehemente en pasiones desapoderadas, trajo de fuera un des- 
conocimiento grande de la Religión y del alma española tradicional. 
el bullir mozo de las pasiones no le dio vagar para la reflexión y el 
estudio, y antes de que la madurez de la vida y el asiento de los ju- 
veniles hervores hubieran podido clarificar su juicio, esas mismas pa- 
siones, enseñoreadas de él, acabáronle la vida. Ejemplar lastimosa- 
mente memorable de lo que la aviesa educación pudo en una alma 
noble y talento extraordinario, que por la cortedad de la vida no pu- 
dieron llegar á granazón ni á señorear y curar los malos elementos 
educativos, como podía esperarse. Azorín, adalid de la que él ha lla- 
mado generación del 98 y del "desastre", hundióse tan hondamente en 
el abatimiento respecto del porvenir de España, que ya no tuvo ojos 
ni para ver sus pasadas grandezas. Lo malo es que ni los años, que en 
Larra hubieran dado otros frutos, no pudieron darlos en Azorín, por- 
que si el temple de Larra fué de fino acero, el de Azorín es de blanda 
mantequilla. Su carácter es no tenerlo; su voluntad, la falta de vo- 
luntad. Pintóse admirablemente en la novela La Voluntad, cuyo pro- 
tagonista no tiene ninguna, y es el mismo Azorín, pequeño filósofo, 
esto es, filósofo sin filosofía. Lo único que como escritor ha sabido pin- 
tar como nadie, es esa falta de voluntad y esos pueblos castellanos, 
decaídos, muertos, como su propio espíritu. Su estilo, si lo es, y lo es 
de hecho, vale cabalmente, por lo caído, flaco, arrastrado, desfallecido 
y muerto, por ser un estilo sin estilo, que se vale de tranquillos y bor- 
dones para levantarse y sostenerse unos momentos, volviéndose otra 
vez á caer y derribar por tierra, falto de verdadera energía interior. 
El desastre educó á Azorín, hundiéndole en la decadencia y postra- 
ción mortal, de la cual no acaba de levantarse ni creo se levantará en 
todos los días de su vida, so pena de que el Azorín que en su novela de 
La Voluntad describió sea un personaje falso, un falso y ficticio Martínez 
Ruiz ; pero ella es tan gran novela, que no podría mentir ni ser otro de 
lo que allí se representa y en la realidad es el carácter de su autor. Con 



3 12 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

esto creo haber desentrañado el espíritu de Azorín y Larra, y preve- 
nido á los lectores modernos para que desconfíen de las opiniones de 
entrambos en lo que atañe á la España histórica, y de las opiniones que 
Azorín manifestaba en su libro Rivas y Larra." 

Obras de Azorín: Moratín, eshozo, por Cándido, Madrid, 1839. 
Buscapiés, sátiras y críticas, por Ahriman, 1894. Notas sociales, 1895. 
Anarquistas literarios. Valencia, 1895. Literatura, J. Martínez Ruiz, 
1896. Charivari, crítica discordante, por J. Martínez Ruiz, 1897. Bo- 
hemia, cuentos, 1897. Soledades, 1898. Pecuchei, demagogo, 1898. La 
Evolución de la crítica, 1899. Sociología criminal, 1899, Los Hidal- 
gos, 1900. El Alma castellana, 1900. La Fuerza del amor, tragicome- 
dia (1901). La Voluntad, novela, por Azorín, 1902. Antonio Azorín, 
pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor, por 
Azorín, 1903. Las Confesiones de un pequeño filósofo, novela, por J. 
Martínez Ruiz, 1904. Los Pueblos, por Azorín, 1905, 1914 (3." ed.). 
La Ruta de don Quijote, por Azorín, 1905. El Político, 1908. España, 
hombres y paisajes, 1909. La Cierva, 1910, Lecturas españolas, 1912. 
Castilla, igi2. Clásicos y Modernos, 1913. Los Valores literarios, 
1913. Un Discurso de La Cierva, comentado, 1914. Al margen de 
los clásicos, 1915. El Licenciado Vidriera, 1915. Rivas y Larra, 1916. 
Un pueblecito, Riofrío de Avila, 1916. Parlamentarismo español, 
(1904-16), 1916. Entre España y Francia, 1917. El Paisaje de España 
visto por los españoles, igiy. Lecturas españolas, 1918. Madrid (guía 
sentimental), 1918. Consúltense: A. Morel-Fatio, Un Ecrivain espa- 
gnol de la jeune école, D. }. M. R., 1914 (en Le Corresp.ondant, París, 
CCXVIIT, 1097-1100). P. Henríquez Ureña, Los Valores liter., 19 16 
(en Ariel, San José de Costa Rica). H. Viteri Lafronte, Azorín, pe- 
riodista, 1916 {tn Letras, Habana). R. Jaén, Pío Baroja y Azorín, 
1917 (en La Lectura). Edm. González Blanco, Azorín, 1918 {Esfera, 
dic). J. Cejador, El Duque de Rivas, M. Pelayo y Azorín, 1916 (en La 
Tribuna, mayo, 18 y 25; junio, 3, 13 y 24; julio, 7). 

6 0. Año i8ps. Julián Ribera y Tarrago (n. 1858-), de Carca- 
gente (Valencia), catedrático de árabe en l-a Universidad de Zara- 
goza (1887) y de Civilización de moros y judíos en la Central (1905), 
director, con Ibarra, de la Rev. de Aragón (1900-06) y Cultura Espa- 
ñola (1906-10) ; académico de la Historia (1915) ; arabista muy erudito, 
colaboró con Francisco Codera en la Biblioteca arábico-hispana, 11 
vols., 1882-1895. Publicó La Enseñanza en la España musulmana, 
Zaragoza, 1893. Bibliófilos y Bibliotecas en la España musulmana, 
ibid., 1896. Orígenes del Justicia de Aragón, ibid., 1897. Lo Científico 
en la Historia, Madrid, 1906. La Superstición pedagógica, 2 vols., ibid., 
1910. Aben Cuzman, Madrid, 1910. Estudio sobre el Cancionero de 
Aben Cuzman, disc. rec. Acad. Esp., 1912. Existencia sobre una épica 
romance en la España musulmana, ibid., 1915. Historia de los jueces 
de Córdoba, por Aljoxaní, texto y trad., ibid., 1914. Muchos artículos 




ESCRITORES URUGUAYOS 



S. XIX, 1893. JUAN IGNACIO GÁLVEZ 3l3 

sobre historia de los musulmanes de Valencia. Prepara La Música 
de las Cantigas. Editó los textos arábigos de Adahi (18S5), Abenjair 
(1895), Textos aljamiados (1888). 

Francisco Antich é Izaguirre, cubano, director de El Ancora 
(Mallorca, 1899), poeta cómico y nervioso, publicó El Libro de mis 
cantares, Barcelona, 1893. Nerviosas, poesías, ibid., 1896; 2.' serie, 
Palma de Mallorca; 3/ serie, Palma, 1897; 4/, Palma, 1901; 5.^ Pal- 
ma, 1902. Utopía, Barcelona, 1896. Abel Alborada, poemas, Palma, 
1896. La República literaria, 1896. Luz Fernández, nov., 1897. De co- 
lada, la gramática en lejía, 1897. Cartas finisectdares, 1897. Delica- 
dezas^ recelos, 1897. Fausto Fsiqíiis, nov., 1898. El Juicio final, poema, 
1898. Las que rezan, nov., 1899. Resurreción, poema, por los nue- 
vos metros, Palma, 1900. La Colaboración en los periódicos mezco- 
lanceros, 1900. Amor es, com., 1903. De lo que no hay, dr., 1903. Tres 
dramas, dr., 1903. El Estreno de un drama, dr. 

Rafael Bolívar-Alvarez (186.. .-1900), de Cagua (Venezuela), es- 
critor sin ciencia ni literatura; pero espontáneo, oportuno y salado 
pintor crítico de costumbres criollas, cuentista al estilo criollo, de risa 
suelta, desbordada, sin perífrasis ni rodeos, burlóse de los defectos de 
su tierra en lenguaje popular. Semeja, en su tanto, á Luis Taboada; 
no llega á Bolet Peraza. Costumbres aragüeñas, Caracas, 1893. Guasa 
pura, ibid., 1894, Cuentos chicos, póst., ibid., 1913. 

Bonifacio Byrne (n. 1861-), de Matanzas (Cuba), cantor de la in- 
surrección cubana, poeta esmerado y brioso, á veces amargamente 
triste, publicó Excéntricas, poes.. Matanzas, 1893. Efigies, sonetos, 
Filadelfia, 1897. Lira y espada, Habana, 1901. Poemas, 1903. Varó^i 
en puerta, monól., 1905. El Anónimo, dr., 1905. El Legado, dr., 1908. 
Matanzas en 1920, com., 1908. Rayo de sol, com., 191 1. En medio del 
camino, poes., Matanzas, 1914. Nic. Heredia. "Tiene el dominio ab- 
soluto de la rima y es una especialidad como versificador experto é 
intachable." En Esp. Mod.: La Oración del niño, poes. (1899, oct.). 

Enrique Peña (n. 1849-), de Buenos Aires, historiaílor de la épo- 
ca colonial, publicó La Casa de la Moneda de Buenos Aires, ibid., 
1893. La Casa de la Moneda de Mendoza, 1895. Etnografía del Chaco, 
ms. del capitán de fragata Juan Francisco Aguirre (1793), 1899, Mo- 
nedas y Medallas paraguayas, 1900. La despoblación de Buenos Aires 
en 1541, 1902. Irala (1539), 1905- Los ingleses en la conquista del Río 
de la Plata, 1907. La excomunión del gobernador Alonso de Rivera, 
1907. Relación de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, 1907. El Archivo de 
Indias, 1909. El escudo de armas de Buenos Aires, 1910. Documentos, 
■relativos al período edilicio colonial de Buenos Aires, 1910. Don Ja- 
cinto de JMriz (1646-53), Madrid, 191 1. Don Francisco de Céspedes, 

1913- 

Juan Ignacio Gálvez (n. 1874-), de Bogotá (Colombia), poeta ob- 
jetivo, pictórico y musical, entregóse después á la empresa de la Unión 
Intelectual Latino-americana, que fundó en varias Repúblicas. Fué 



3 14 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

redactor de El Mago Ilustrado (Bogotá, 1892-93), La Voz del Tiem- 
po, Paz y Trabajo; en Quito, de El Diario del Ecuador (1908-1910); 
director de la Gaceta Republicana (Bogotá, 1914-15), fundador de 
Los Hechos (Bogotá, 1894-96). Publicó Cuadros y epigramas, Bogotá, 
1893. Domingueras, cuadros de cost. hisp.-amer., en prosa, Quito, 190^ 
Organización obrera en Colombia, ibid., 1910. Cartas sobre la política 
colombiana, ibid., 1910. Un puñado de versos, ibid., 1911. Poesías, 1911 
(en Bibl. Apolo). Unión Intelectiuil Latino-Americana, Santiago de 
Chile, 1913; Madrid, 1916. 

MÁXIMO Soto Hall, costarricense, poeta imitador de lleine y Béc- 
quer, en lo quejumbroso y sentimental, demasiado pesimista, publicó 
Poesías y rimas, París, 1893. Dibujos y bronces^ cuentos y semblan- 
zas, Madrid, 1893. El Ideal, 1894. Aves de paso, poesías, 1897. Una 
vida, nov. corta, Guatemala (1898?), Un vistazo sobre Costa Rica en 
el siglo XIX, San José, 1901. 

Eduardo Talero Núñez, colombiano, que vive en la Argentina, 
escritor regional y poeta que canta sobre todo el amor y las sensuali- 
dades más refinadas, con brío y color. Compuestas tiene poesías desde 
1893, firmadas en Bogotá, Caracas, Buenos Aires, Nueva York. Pu- 
blicó la Biblioteca Apolo (n. 16). Además: Ecos de ausencia. Valencia 
(1909), Voz del desierto, ibid,, 1910. Aire de fuego, poesías, 1916. 

Fray Restituto del Valle Ruiz (n. 1865-), de Carrión de los Condes 
(Falencia), agustino, profesor de literatura en el Colegio del Escorial, 
excelente crítico y erudito, escritor amplio y castizo, publicó El Viernes 
Santo^ poesía, Madrid, 1893. La Conquista de Mallorca, disc, Palma, 
1895. Raimundo Lulio, semblanza^ ibid., 1898. Estudios literarios (Rai- 
mundo Lulio, Quadrado, Costa y Llovera, Juan Alcover, Miguel Mir, 
Zorrilla, Bécquer, Campoamor, Nuñez de Arce, M. Pelayo), Barce- 
lona, 1903. El Pesimismo en el arte literario, Madrid, 1904. Mis ca*" 
dones, Barcelona, 1908. D. M. Mencndez y Pelayo, ibid., 1912. Mi- 
rando al cielo, himnos religiosos, ibid., 1914. Semblanza literaria del 
P. Conrado Muiños, ibid., 1914. Varios sermones. 

José Juan Cadenas (n. 1872-), periodista madrileño, poeta brillan- 
te y delicado; pero como autor teatral, del género ínfimo y gran tru- 
chimán, que sin inventar supo elegir de lo ajeno y arreglar y traducir 
sobre todo operetas vienesas. Aventajóle su compañero Asensio y Más. 
La Vida alegre en Madrid, Madrid, 1905. La Corte del Kaiser, ibid., 
1908. Para el teatro: Las Violetas (con Aurel. Várela Díaz, 1900). 
La Dolara. La Tragedia de Pierrot. Doña Inés de Castro. El Famoso 
Colirón. El Primer pleito (1904). Los Obreros. El Proceso del tango 
(con R. Abellán, 1904). El Delirio dominical (con A. R. Bonnat, 1904). 
El Conde de Luxemburgo, opereta (1910). La Niña de las muñecas, 
opereta (191 1). Soldaditos de plomo, ibid. (1912). Princesitas del dó- 
lar, ibid. (1912). Los Húsares del Kaiser, ibid. (1913)- ^^ Abanico de la 
Pompadour (con Asensio Más, 1916). Ha sido colaborador de La Gran 
Via (1893), Barcelona Cómica (1894-96), La Ilustr. Artist. (1897-99), 



S. XIX, 1893, Lie. PERPETUO ANTAÑÓN 3l5 

redactor de La Correspondencia, etc. Con Asensio y Más edificó y 
fué empresario del teatro Reina Victoria, y fallecido aquél, sigue sién- 
dolo él. 

Domingo Guerra y Mota, sevillano, buen autor, delicado, estrenó 
Satur-no, juguete cómico. Los Gemelos, ibid., 1889. Los Monigotes, 
ibid., 1893. Los Carcamales, ibid., 1894. Para las Animas, comedia, 
1895. El Observatorio, zarzuela, 1898. La Clément, 1900. Con arma 
blanca, com., 1900. Juguetes (teatrales), Sevilla, 1905; t. II, 1905. 

Hugo Alberto Rennert, norteamericano, profesor de la Univer- 
sidad de Pensilvania, gran hispanista, publicó The Spanish Pastoral 
Romances, 1892 (en Publications of Modern Lang. Association of 
America, t. VII). Miguel Sánchez el Divino, 1893 (en Mod. Langua- 
ges Notes). Santiago el Verde, de Lope, 1893 (ibid.). Lieder des Juan 
Rodríguez del Padrón, 1893 (en Zeitschr. f. Romanische Philologie). 
Lope de Vega's Comedia Sin Secreto No Ay Amor, 1894 (ibid., t. IX). 
El poeta Cartagena del Cancionero gral., 1894 (en Modern Languages 
Notes). Der Spanische Cancionero des Brit. Museum^, 1895 (en Ro- 
mán. Forschungen). Dos manuscritos españoles. Cancioneros, 1895 
(ibid.). La Isla Barbara and La Guarda Cuidadosa, tzvo comedies of 
Miguel Sánchez, el Divino, Boston, 1896. Some Unpublished Poems 
of Fernán Pérez de Guzmán, 1897 (en Publications...). Ingratitud por 
Amor, de Guillen de Castro, Filadelfia, 1899. Gregorio Silvestre y 
Residencia de Amor, 1899 (en Mod. Lang.). Macias, O Namorado, 
Filadelfia, 1900; en castellano por José Carré Alvarellos, Coruña, 1904. 
Vcber Lope de Vega's El Castigo sin venganza, 190 1 (Zeitsch. Rom.). 
La Lucinda de los sonetos de Lope, 1901 (Mod. Lang., t. XVI). El 
Condenado por desconfiado, de Tirso, 1903 (ibid., t. XVIII). The Life 
of Lope de Vega, Glasgow, 1904; en castellano, Madrid, 1919. Notes 
on Some Comedias of Lope, 1905 (en Modern Lang. Review). Notes on 
the Chronology of the Spanish Drama, 1906-07 (ibid., ts. II y III). 
The staging of Lope de Vega's Comedies, 1906 (en Rev. Hisp.). The 
Spanish Stage in the Time of Lope, Nueva York, 1909. The Spanish 
Pastoral Romances, Filadelfia, 1912. Farsa á manera de tragedia, 1913 
(en Rev. Hisp.) ; Valladolid, 1914. Lope de Vega's comedias Los plei- 
tos de Inglaterra and La Corona de Hungría, Cambridge, 1918. 

61. Año i8ps- Bernardo Acevedo y Huelves publicó Los Va- 
queiros de Aizada en Asturias, Estudio histórico-social, Oviedo, 1893. 
1915. — Álbum de la guerra del Paraguay, director y redactor José C. 
Soto, 1893-96, 2 vols. — Gerardo Alvarez Limeses, periodista en Pon- 
tevedra y Orense, publicó Margaritas, poesías, Madrid, 1893. Versos 
morales, fábulas, cuentos, etc., Orense, 1900, 1903, 1911. — Luciano Anei- 
Ros Pazos publicó Pasajeras, poesías. Habana, 1893. El Doctor, com., 
1893, Viva Galicia. El Primogénito. La Sombrilla. Soledad. — El licen- 
ciado Perpetuo Antañón, peruano, publicó La Hija de Cantador, no- 
vela descriptiva de costumbres antiguas, Lima, 1893. — Antología coste- 



3l6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

llana arcaica, Santiago de Chile, 1893. — Antología de poetas hispano- 
americanos, por la Real Academia Española, INÍadrid, 1893-95, 4 vols. — - 
Luz Aragón, terciaria dominica, publicó Beata Imelda, ensayo dramá- 
tico en verso, Vergara, 1893. — Rosa Araneda, poetisa popular chilena, 
publicó Poesías poptdares, el cantor de los cantores, Santiago, ts. I y II, 
1893; 1. III, 1894; 1. V, 1895; el 1. VI es de Daniel Meneses. — Juan 
Arellano y Yecorat, chileno, publicó Álbum biográfico de los már~ 
tires de la democracia chilena, Santiago, 1893. Los Periodistas de la 
■democracia, 1894. Semblanzas parlamentarias, 1898. Crítica de la no- 
vela de E. Allende Ríos intitulada "Amor, copas y sangre", 1901. — 
El padre Tomás Arguelles (n. 1855-), jesuíta de Oviedo, publicó Na- 
rraciones americanas, Barcelona, 1893. Leyendas, Túy, 1897. — Joaquín 
Arias Bayón publicó Tila y mostaza, genialidades poéticas, Vallado- 
lid, 1893. — Celedonio José de Arpe, andaluz, redactor de El Resumen 
(1890) y del Heraldo de Madrid (1903...), delicado y andalucísimo 
poeta, estrenó Tijeretilla, juguete (con M. Escobar), 1893. Tute, mo- 
-nólogo, 1902. Mi Niño (con R. Deltell), 1902. Julepe, 1904. El Rosario 
de coral (con B. Pinedo), 1904. Delirio de grandezas (con R. Deltell), 
1906. Trianeras, poesías, Madrid, 1910 (2.' ed.). — Miguel Arrueba- 
«rena, de Cienfuegos, publicó Trompetazos, Cienfuegos, 1893. Re- 
cuerdos (1900?). Idealismos, ibid., 1902. — Gerardo Avalos Droguett, 
chileno, publicó Escena Bíblica, com., Santiago, 1893. Un Maestro in- 
cendiario, nov. hist., 1897. — José Banqué y Faliú (n. 1869-), de Mo- 
nistrol de Monserrat, catedrático de griego en las Universidades de 
Salamanca (1895), Zaragoza y Barcelona, buen humanista, discípulo 
de Balari, publicó Del concepto de Infinito, Barcelona, 1893. Utilidad 
de los Estudios clásicos, Madrid, 1904. Una excursión por los Pirineos 
orientales, Barcelona, 1910. Discurso inaugural, ibid, 191 1. Arato, Los 
Fenómenos (versos 96-137), trad. ; ibid., 1912. Himnos Homéricos, tra- 
ducción, ibid., 1913. Safo y Erina, trad. de varios. Tiene traducidos sin 
publicar varios tratados morales de Plutarco. — Barbarismos más usua- 
les del lenguaje vulgar de la rep. del Ecuador, Quito, 1893. — Mariano" 
Earreto, de Nicaragua, publicó Vicios de nuestro lenguaje, León, 1893. 
Ejercicios ortográficos, 1901. Idioma y letras. — F. de Basaldúa pu- 
blicó Erné, leyenda kántabro-americana, 1893. — Vicente Becerra, 
poeta colombiano, publicó Travesuras literarias, Guayaquil, 1893. — 
J. Adán Berned estrenó En busca de Gloria, pasillo (con Fed. Mín- 
guez), 1893. Bautismo de sangre, etc., Barcelona (1893). El desenlace, 
drama, 1893. Vencer en buena lid (con F. Mínguez), 1893. Mosén Qui- 
tolis, novela aragonesa, 1893. — Anselmo Blanblott Holley, periodis- 
ta y diputado chileno, publicó Perfiles de la situación, Santiago, 
1893. Revolución, nov. hist., Buenos Aires, 1894; Iquique, 1895. Histo- 
ria de la paz entre Chile y el Perú (1879-1884) ; Arica, 1909; Santiago. 
— Luciano Boada estrenó El Bastón, juguete, 1893. La Tuna de Alcalá, 
zarzuela (con A. L. Rosso), 1903. Noche completa (con M. de Castro 
-j Tiedra), Vitoria, 1905. El Príncipe ruso (con ídem), 1905. La Bo- 



S. XIX, 1893, MARTÍN DOMÍNGIÜEZ BERRUETA 317 

rrica (con id.), 1905- La Pesadilla (con M. de Castro), 1906. El Perfil^ 
de Catalina, jug. (con id.), 1907. El Alucinado, dr. (con id.), 1908. 
Armonía conyugal (id.), 1908. Los Estudiantes burlados (con M. de- 
Castro), 1909. El Aretino^ 1909. — Boletín de la Sociedad de Excur- 
siones, Madrid, desde 1893. — Fray Pablo Bozal Lejalde (n. 1858-), 
de Tarazona, agustino, publicó Errores sociales, tipos corrientes, 
Tambobcng (Filipinas), 1S93. — J. Buj, presbítero, publicó Luz y som- 
bra, Zaragoza, 1893. — Luis Bustamante y Ríos, Primer diccionario 
ilustrado de la lengua española, Barcelona, 1893, 2 vols. (con José 
del Villar). — A. Caccia escribió cuatro obritas teatrales (Trelles,- 
t. VII, pág. 277, en 1892) ; además. Los Misterios de la noche, 1893. 
Los Africanistas, zarz., 1895. — Jeremías Calancha publicó Mamelu- 
cadas, Lérida, 1893. — José Calderón publicó El Castigo de tres gra- 
nujas, nov. hist., Habana, 1893. — José María Callejas y Becerra pu- 
blicó Muerto de amor, nov.. Habana, 1893. Historia de Santiago de 
Cuba, en vista de los inss. originales é inéditos, de 182^, Habana, 191 1. 
— Juan José Cañarte (f 1902), cubano, publicó Necedades, Habana, 
1893. — C. DEL Castillo Tejada publicó Dedicatorias, poesías. Grana- 
da, 1893. — Colección de varias composiciones poéticas de señoras za- 
catecanas, Zacatecas, 1893 (de siete). — Enrique Collazo y Tejada (n. 
1849-), de Santiago de Cuba, general insurrecto y representante en. 
la Cámara, historiador, publicó Desde Yara hasta el Zanjón, Habana, 
1893 (2.* ed.). Cíiba independiente, 1900. La Cuestión presidencial en 
Cuba, 1905. Los Sucesos de Cienfuegos, 1905. Los Americanos en 
Cuba, 2 vols., 1905-06. La Revolución de agosto de igoó, 1907. Cuba 
intervenida, 1910. Cuba heroica, 1912. Cosas de Cuba, 1913. — José 
María Cordovés Moure (n. 1835-), de Papayan (Colombia), publicó 
Reminiscencias, 7 vols., Bogotá, 1893-1911 (5 ediciones). — Luis S. 
Crespo publicó Crónicas Potosinas, 5 vols., Potosí, 1893-97. Monografía 
de la ciudad de La Paz, La Paz, 1902. Guía del viajero en Bolivia, La 
Paz, 1908. — José Alejandro Cubría, español, publicó Horas de ocio, 
poes.. Habana, 1893. — Domingo Cuevas, novelista santanderino, publicó 
Recuerdos de antaño, Madrid, 1893. Antaño^ 1903. — P. A. Checo publi- 
có Homenaje á Zorrilla, loa en un acto y en verso, Madrid, 1893. — J. 
Dahlman publicó El Estudio de las lenguas y las misiones, Madrid, 
iS^2. — Emilia Dañero de Rama yon, poetisa de Gibraltar, residente en.- 
Algeciras, ha hecho bonitas poesías. ¡Viva España! Composición poé- 
tica, Gibraltar, 1893. La Resurrección de España, Sobre el sepulcro 
de Colón, poema. Línea de 'la Concepción, 1899. — Luis Delgado Mer- 
chán publicó Historia documentada de Ciudad Real, ibid., 1893, 1907. 
— Martín Domínguez Berrueta (n. 1869-), salmantino, catedrático de 
la Universidad de Granada, director de El Lábaro (1894-1905), funda- 
do por el padre Cámara (1894), fundador del Lucidarium, 1917, publicó 
El Misticismo de San Juan de la Cruz, Madrid, 1893. Del Ruralismo, 
Salamanca, 1909. La Universidad española, ibid., 1910. El Problema re- 
ligioso, ibid., 1910. La Iglesia y la política, ibid., 1910. Crónicas burgale- 



3l8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sas, Burgos, 1911. Historias de Don Quijote, ibid., 1913. El libro de li- 
teratura, ibid., 1917. — Laura Dulzaides del Cairo, cubana, publicó Mí- 
seros y opulentos, nov., Habana, 1893. Azares y azahares, nov. hist., 1916. 
— Joaquín Duran y Lerchundi publicó La Toma de Granada y caballe- 
ros que concurrieron á ella, Madrid, 1893, 2 vols. — Pastora Echegaray 
publicó Mis pensamientos, poesías, Madrid, 1893. — Manuel Eixarch 
Santapau, canónigo, de Teruel, publicó Los Obispos de Teruel, ibid., 
1893. — Estrella^ novela, por £/, Madrid, 1893. El Descreído, noy., por 
El, 1894. Cara y cruz, pasatiempos, 1902. — Ensayos biográficos, ed. ofic, 
Santiago de Chile, 1893-96, 4 vols. — Emilio Fernández Corugedo, as- 
turiano, por sed. Félix de Monterrey, publicó poesías en la Rev. de Ex- 
tremadura (1909). Poesías, Madrid, 1893. — Evaristo Fernández Arias 
publicó El B. Sans y Compañeros mártires, del orden de Predicadores, 
Manila, 1893. — Federico W. Fernández publicó Mis viajes, B. Aires, 
1893. — J. Fernández y Neira publicó Proezas de Galicia, La Coruña, 
1893. — Pedro Fernández estrenó Ludovico y Ataúlfo, juguete, 1893. 
Aguas buenas, 1898. La Noche del Nacimiento, 1907. — Ventura Fer- 
nández LÓPEZ, presbítero, publicó El Filibustero, nov. filip., Madrid, 
1893. La Religión de los antiguos indios tagalos, ibid., 1894. Los Ni' 
ñongos, nov. fil. (Toledo, 1898). — Urbano Ferreiroa y Millán (1845- 
1901), de Orense, chantre en Valencia, director en Valladolid de So- 
luciones Católicas (1893), publicó Historia apologética de los Papas ^ 
Valencia, hasta 1899, 8 vols. León XHI y Nerón. Tierra Santa. La 
Cuestión de Oriente. Estudio de la Roma pagana comparada con la 
Roma actual. Consúlt. Rev. Archiv., 1901 (febr.). — El Duque db 
Flix, Leyendas y romances, Madrid, 1893. — Agustín Francisco For- 
NER Y Segarra publicó Antigüedades de Mérida, Mérida, 1893. Escribió 
también la Historia de l<is Antigüedades de Mérida, Don Gregorio 
Fernández Pérez. Ampliaciones á la historia de la historia de Mérida de 
Moreno Vargas^ Forner y Fernández, por don Pedro María Plano y 
García, Mérida. Los tres tomos, 1893-94.— Jerónimo Forteza, mallor- 
quín, hermano de Guillermo,^ poeta catalán y articulista castellano, pu- 
blicó El Espíritu nacional, sarta de reflexiones jocoserias y agridulces 
para entretener á los desocupados, Véilencia, 1893. Cosecha del diablo, 
resumen de artículos estrafalarios. Valencia, 1897. — José María Fuen- 
tevilla, santanderino, por seud. Manuel Murphy, publicó Los Monta- 
ñeses en Cuba, Habana, 1893. — Galería de españoles ilustres, retratos 
y biografías, B. Aires, 1893, 2 a'^oIs. — Antonio Gil Alvaro, militar, 
director de El Año de Infantería (1901), publicó Glorias de la Infan- 
tería española ó Breve reseña histórica de sus Cuerpos, Madrid, 1893. 
Glorias de la Caballería española ó Reseña histórica de sus Cuer- 
pos, ibid., 1896. — Francisco Gómez del Palacio tradujo en verso La 
Jerusalcn libertada, del Taso. Madrid, 1893, 2 vols. — Luis González 
PÉREZ publicó Cantares, Madrid, 1893. — Josefa Gutiérrez publicó Los 
Amores de Valent'ma, Barcelona (1893). — José María de Heredia y 
'•Girard (1842-1905), poeta de Santiago de Cuba, publicó Les Trophées, 



S. XIX, 1893, ALVARO LÓPEZ NÚÑEZ Big 

París, 1893-1895, en francés, con 117 sonetos famosos, traducidos al 
■castellano en 1908 por Antonio Zayas. Poesías líricas, París, 1893. — 
Ricardo Hernández y ]\Iontes publicó Tardes de invierno, cuentos, 
Madrid, 1893. — Francisco de Iracheta y Mascort, abogado, redac- 
tor de El Ejército Español, colaborador de Barcelona Cómica (1896), 
Rev. Contemp. (1897-99), Miscelánea (1900), publicó Las Refornuis 
de Laura, nov. cóm.. Habana, 1893. Tradiciones scgovianas, Madrid, 
1899. Patrióticas, poesías, 1903. Por tierras de mi raza, poesías, 1912. 
Astucias de mujer, zarz., 1912. — Marcos Jesús Bertrán (n, 1873-), 
barcelonés, colaborador de Álbum Salón y Hojas Selectas (1903), re- 
dactor de La Vanguardia (Barcelona, 1902), ha publicado las come- 
dias A costa de la vida, El Rey, y las novelas Por el atajo. Estéril JU" 
ventud. Las Parodias de la vida, Gracia. Además, Los Maestros can- 
tores. Efemérides musicales. Divagando, Entre el telar y el foso. De 
lo nuestro: la tonadilla y la danza, Barcelona, 1915. — Juan Jordán de 
Urríes, marqués de Ayerhe, colaborador del Bolet. Acad. Hist. (1904), 
publicó Memorias sobre la estancia de don Fernando VII en Valen~ 
gcty..., publicadas por..., Zaragoza, 1893. Sitio y conquista de Ma- 
nila por los ingleses en 1762, ibid., 1897. Enlace de los Reyes de Por- 
tugal con los Infantes de Aragón, 1899 (disc. rec. Acad. Hist.). Tres 
hechos memorables de la marina española en el s. xviii, Madrid, 1907. 
La Puerta del Carmen en Zaragoza, 1907. (Bol. Acad. Hist.). — Euge- 
nio Labiche y Delacour estrenó Los Pajarillos, comedia, 1893. — 
José Lanzarot, español, estrenó Sangre de hermanos, Habana, 1893. 
— E. Larrabure y Unanue (f 1917), peruano, publicó Monografías 
histórico-americanas, Lima, 1893. El Archivo de Indias y la Biblio- 
teca de Colombia, 1914. — Lola Larrosa de Ansaldo publicó Los Es- 
posos, nov. hist., B. Aires, 1893. — El padre Carlos Lasalde (1841- 
1906), del Portillo, escolapio, colaborador de La Niñez (1879-83), Rev. 
Contemp. (1897-99), redactor de la Rev. Calasancia, publicó Historia 
literaria y bibliográfica de las Escuelas Pías de España, Madrid, 1893. 
Desarrollo del idioma castellano desde el s. xv, Friburgo, 1912. — Ru- 
JJOLF Lenz, alemán, profesor de la Universidad de Chile, publicó En- 
sayos filológicos americanos, 2 partes, Santiago, 1893. La Lingüística 
americana (con Diego Barros Arana), 1893. De la ortografía castella- 
na, 1894; Valparaíso, 1914. Estudios araucanos (11 estudios), 1895-96. 
Diccionario etimológico de las voces chilenas derivadas de lenguas in- 
dígenas americanas, 1905-10, 2 vols. Tradiciones é ideas de los arau- 
canos acerca de los terremotos, 1912. Cuentos de adivinanzas corrien- 
tes en Chile, Santiago, 1914. Para qué estudiamos gramática, 1918. 
Véase la bibl?.ografía completa en Rev. de BibHogr. Chilena (mayo, 
1914, pág. 204). — J. Elias Levis (n. 1873-), de Aguadilla (Puerto 
Rico), publicó las novelas Estercolero, Planta maldita, Mancha de 
lodo, Vida nueva. — La Lira Poblana, poesías, México, 1893 (de 
seis poetisas). — Alvaro López Núñez publicó Narraciones bíblicas, 
Palencia, 1893. El Álbum, colección de lecturas morales y recreativas. 



320 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Einsiedeln (Suiza), 1894. De re rústica, cuentos campesinos. Valencia, 
Quo vadis...? traducción española de la novela de Sienkiewicz, 
Einsiedeln (Suiza), 1896. La Iniciación del Garbancín, novela, Ma- 
drid, 1901. La Conversión de Francisco Coppée, Aladrid, 1898. Lci 
Educación del sentimiento estético, Madrid, 1901. Sinopsis para un es- 
tudio de la institución del Seguro, Madrid, 1906. Dom Basco, Madrid, 
1906. El Seguro obrero en España, Madrid, 190S. La Protección á la 
infancia en España, Madrid, 1908. Régimen de transición entre el Se- 
guro libre y el Seguro obligatorio, Madrid, 1910. Ensayo de un voca- 
bulario social, Madrid,' 1911. Ideas pedagógicas sobre previsión, Ma- 
drid, 1912. Protección á los ciegos pobres, Madrid, 1912. Concepto y 
organización de la mutualidad escolar, Madrid, 19 13. Juventud y pre- 
visión, Madrid, 1914. El Mundo silencioso (Vulgarización de los pro- 
blemas de la sordomudez). Madrid, 1914. Función social de la mutua- 
lidad escolar, Madrid, 1915. Mosaico, cuentos de varia condición, Ma- 
drid, 1916. — Ventura F. López publicó El Filibustero, nov. corta fili- 
pina, Madrid, 1893. Teologales (sonetos), 1895. Un sueño, poema, 1897. 
Homenaje á Toledo con motivo de la traslación de los restos de Gar- 
cilaso de la Vega, Toledo, 1900. La Rota, canto épico, ibid., 1901. — 
Martín Luque publicó Equivocaciones, novela, Alicante, 1893. — Ma- 
ría DE LA Luz, por propio nombre Teresa González de Fanning, pu- 
blicó Lucecitas, Madrid, 1893. — Antonio R. de Llerena, cubano, pu- 
blicó Bocetos, poesías. Habana, 1893. — Vicente Llorens y Asensio 
(n. 1869-), sevillano, secretario del Archivo de Indias, colaborador de 
Rev. de Archivos (1897), publicó Guía comercial de Andalucía, Sevi- 
lla, 1893. Los Restos de Colón. Historia general de Filipinas y Catá- 
logo de los documentos referentes á estas islas, que se conserva en 
el Archivo general de Indias, Sevilla, 1898. Chascarrillos andaluces 
(con seud. de Un Andaluz), ibid., 1901. La Primera vuelta al mundo 
(Magallanes y Cano), ibid., 1903. Andalucía, manual del viajero, 1907. 
Sevilla en la mano. — Mateo Magariños Solsona (n. 1867-), montevi- 
deano, secretario de la Cámara de senadores, el primer naturalista en^ . 
fecha de su tierra, aunque el menos artístico y con dejos todavía sen- 
timentales, publicó Quien planta en tierra ajena, nov. Las Hermanas 
Fiammary (1893), novela naturalista que frisa á veces en caricatura,, 
poco académica en estilo y lenguaje, bien que robusta; de tesis contra, 
la ética legal y la moral burguesa y de personajes que gustan de ho- 
cicar en las charcas del vicio. Valmar, nov. — Manuel Márquez y Pé- 
rez publicó Nuestras relaciones comerciales con las islas de Cuba, 
Puerto Rico y Filipinas, Vigo, 1893.— Juan J. Marrero, cubano, pu- 
blicó Exhalaciones, poes., Matanzas, 1893.— Alfonso Martín^ redac- 
tor en Guadalajara de Flores y Abejas (1894) y colaborador de El 
Atalaya de Guadalajara (1891-96) y La Región (1901), publicó Retra- 
tos al vuelo^ siluetas cómico-caracenses, Guadalajara, 1893. — Fernan- 
do Menéndez y Rodríguez, asturiano, escribió 26 piezas dramáticas. 
¡Viva España!, Habana, 1893. El Himno de Riego, 1893. Los Vohm- 



S. XIX, 1893. M. REMO 32 1 

iarios de Cuba, zarz. — Manuel María Miranda, cubano, publicó Me- 
morias de Ricardo, nov., Habana, 1893. — Francisco de P. Morell 
publicó Cuentos y verdades, Madrid, 1893. — José Muñiz de Quevedo, 
redactor de El Reservista (1892), La Justicia, El Heraldo Militar, pu- 
blicó El Abate Pirracas, Madrid, 1893. Ajiaco, apuntes de un soldado, 
Ajiaco, ibid., 1898. Narraciones de Juan Soldado, 1901. María de Áfri- 
ca, zarz., 1909. — Margarita Práxedes Muñoz, limeña, médica, pu- 
blicó La Evolución de Paulina, nov. sociol., Santiago de Chile, 1893. 
Aíis primeros ensayos, 1902. — Enrique Nattes, director de El Men- 
sajero Americano (Nueva York, 1891), publicó Flores silvestres, poe- 
sías, ibid., 1893. — VÍCTOR Navarro, jurisconsulto valenciano, director 
del Bolet. Jurídico Hebdomadario (1908), publicó Esbozos novelescos, 
Madrid, 1893. Costumbres en las Pühiusas, memoria, ibid., 1901. — José 
DE Navas Ramírez, director en Jerez de El Estado Federal (1872) y 
en Málaga de El Noventa y tres y La Unión Mercantil (1899), es- 
trenó Vaquería suica ó La Ronda de consumos, zarzuela, 1893. Ronda 
mayor, 1898. Canelo, 1899. Vaquería suiza, 1900. — José Nieto .A-Cuj- 
lar publicó Colonización de Filipinas, Madrid. 1803. Mindanao. su 
historia y geografía, Madrid, 1894. — Modesto Omiste publicó Cró- 
nicas Potosmas, Potosí, 1893-95, 4 vols. — Antonia Opisso, por seud. 
Ricardo de los Ríos, publicó El Grito de la conciencia, nov., Parce- 
lona, 1893 (?). — Federico Ordás Avecilla, español, gobernador de 
Puerto Príncipe y Santiago de Cuba (1897), publicó Los Chinos fuera 
de China, Habana, 1893. El pasado, el presente y el porvenir de la 
isla de Cuba, 1893. Cartas criollas^ 1896. — Alfonso Ortiz de la To- 
rre, montañés, doctor en Derecho, colaborador de La Corresponden- 
cia Militar (1899), La Vida Marítima (1902), El Universo (1903), pu- 
blicó I^os Últimos alientos, nov., 1893. Amores de verano, 1893. Poe^ 
stas, 1902. Historias increíbles, 1909. — Camilo Ortuzar publicó Dic- 
cionario manual de locuciones viciosas y correcciones del lenguaje, 
Turín, 1893; Barcelona, 1902 (sobre chilenismos). — José María Ove- 
jero de los Cobos (f 1893), registrador de la Propiedad en Toledo, 
publicó Selenita, pequeño poema, Madrid, 1893. Muerte, poema en cin- 
co cantos, 1903. — Benigno Pallol, por seud. Polinous, publicó In- 
terpretación del Q-uijote, Madrid, 1893. Miirillo, B.arcelona, 1915. — 
Domingo Pantoja publicó Los Estados Unidos y la 4mcr. del Sur, los 
yankees pintados por sí mismos, B. Aires, 1893. — Juan Pedro publicó 
El Licenciado de Palmeira, novela, Madrid, 1893. — Antonio Perrín 
Y Vico estrenó Prestamos, saínete, 1893. — José del Pino estrenó El 
Pozo de los apuros, juguete (con J. García Rufino), 1893. — Manuel 
María Pinto (1871-), hijo, boliviano, publicó Versos (1893), Palabras 
(1898), Viridario (1899). — Los Poetas de la guerra (de Cuba), Nueva 
York, 1893. — Manuel José Quintana publicó Cesarinas, Orizaba, 
1893. — Manuel Ramos Ochotorena publicó Apuyites sobre el origen, 
progreso y vicisitudes de la escritura en España y los caracteres de 
imprenta, Santiago de Chile, 1893. — M. Remo {Manuel Moré) publicó 

TOMO X. — 21 



32 2 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Prosa, Habana, 1893. — Gonzalo Reparaz publicó Marruecos, Ma- 
drid, 1893. La Guerra de Cuba, 1896. España en África (s. a.)- — An- 
tonio Retortillo y Vivanco publicó Poesías..., Madrid, 1893. — Ma- 
nuel Gustavo Antonio Revilla (n. 1863-), mejicano, abogado (1887), 
profesor de Historia del Arte en la Academia de San Carlos (1892), 
secretario de la Escuela (1903), profesor de Castellano en la Escuela 
Nacional Preparatoria (1905), ha sido historiador y crítico de arte 
y de literatura, de gusto clásico, con amplitud de criterio. Ha publi- 
cado, además de varias monografías y artículos. El Arte en México 
en la época antigua y durante el Gobierno Virreinal, México, 1893. 
Biografías (artistas), ibid., 1908 (t. VI, Bibl. Aut. Mcxic). Entre sus 
monografías: El Castellano en Castilla, 1910. Discurso sobre el es- 
tilo, 1911. Provincialismos de expresión y de fonética en México, 1912. 
El Paisajista don José M. Velasco, 1912. La Gramática y la alquil 
mia, 1913. Carta crítica, 1913. Discurso sobre las causas de que no se 
aprenda ortografía en la escuela IV preparatoria, 1914. Los Funda- 
mentos del arte literario, 1915. Lo que enseña la. zñda de Cervantes, 
1916. Un dictamen sobre ortografía fonética (con A. Quijano), 1916. 
Las Urracas académicas y el bulhul modernista ó Los deslices gra-^ 
maticales de don Francisco Villaespesa, 1917. En pro del casticismo 
(varios folletos anteriores), 1917. — Ismael Rizo y Peñalva publicó 
las novelas Un cacique, Valencia, 1893; Pascual, ibid., 1896; Manchas 
de origen, ibid., 1900; La Virtuosa, ibid., 1903. — E. Rodríguez Pérez, 
español, por seud. Franco del Todo, publicó Lo que ustedes quieran, 
poesías, Habana, 1893. — José Rodríguez Castro publicó Cosas de Hai- 
tí, notas de un viaje, Ponce, 1893. — M. Rodríguez Maíllo publicó Re- 
cuerdos militares; contiene biografías de los primeros caudillos des- 
de 18^ j..., Madrid, 1893. — Rafael Rodríguez Martín publicó An- 
dalucía, cantares, Málaga, 1893. — Christian Roeber, argentino, pu- 
blicó La Santa, poema, 1893, Fruta sin cascara, id., 1893. — Francisco 
RoiG Y Bataller, valenciano, redactor del Heraldo (1900), cola- 
borador de Los Teatros (1903), estrenó Pronóstico reservado, 1893. • 
El Suceso del día, 1900. El Bastón de concha, 1902. La Traca, zarzue- 
la, 1904. Academia de besos, 1910. Carne ardiente, 1910. — Eugenio 
Ruidíaz y Car-wia (1849-1896), de Gobiendes (Asturias), médico y 
tipógrafo, publicó La Florida, su conquista y colonización por Pedro 
Menéndez de Aviles, Madrid, 1893-94. 2 vols. — Eladio Ruiz y Plá, 
catalán, colaborador de Barcelona Cómica (1896...), publicó El Estu- 
diante, artículos y poesías... escolares (con Ramón de Santos), Ma- 
drid, 1893. Flora, dr., 1900. El Único juez, dr., 1900. ¿Ángel, mujer ó 
rosa?, pequeño poema, Madrid, 1900. Expiación, nov., 1905. Triste re- 
cuerdo^ poema elegiaco. Cantares y pensamientos. Qué es amor, poe- 
mas. Rasgos poéticos. — ^Manuel Sáinz de los Terreros publicó El Muy 
noble y leal valle de Soba, Madrid, 1893. — Ramón Salas Ricomá, pu- 
blicó Guía hist. y arlíst. del monasterio de Poblet, Tarragona, 1893. — 
Eloy Sánchez del Arco, publicó Monografía de Alcalá de los Gazu- 



S. XIX, 1893. FRANCISCO TOSTA GARCÍA 323 

les, Cádiz, 1893. — Juan F. Sánxhez (n. 1874-), de San Antonio (Cuba), 
por seud. Osear de Alva, publicó Crónica Literaria, San Antonio de 
los Baños, 1893. Galería Criolla, ibid., 1894. Pro Patria, 1899. — Fede- 
rico DE Sancho, colaborador de La Gran Vía (1893), publicó Sinfonía, 
primeros versos, Madrid, 1S93. — Fray Mariano del Santísimo Rosa- 
rio, trinitario, publicó Amor que salva, historia que parece novela y no~ 
-vela que se asemeja á cuento. Madrid, 1893. — Francisco Serrato publi- 
có Cristóbal Colón, historia del descubrimiento de América, ^Madrid, 
1893. Fr. Andrés de Aguirre, 1905 (en Euskal-Erria, LII). Pascual de 
Andagoya (ibid.). Martíti Pérez de Olazáhal (ibid.). Don Ignacio de 
Embil (ibid.). Sorpresa de Curalava (ibid.. Lili). — Ezequiel Solana, 
profesor normal, director de El Magisterio Español, autor de obras di- 
dácticas, publicó Alboradas, ramillete de poesías, 3.^ edic. correg., Zara- 
goza, 1893; Madrid, 1898, 1900, 1902, 1905, 1907. Lecturas de Oro, 
colección de ejemplos, fábulas é historietas morales para niños, 1900. 
7.* ed., 1902. Cervantes educador, 1914. — Sonetos de varios ingenios 
de Madrid, Sevilla, 1893. — ^Manuel Soriano, gallego, estrenó Los Em- 
paredados, juguete, 1893. La Partida de damas, comedia, 1895. Ge- 
deón (con L. Falcato), 1S96. La Compañía de Jesús (con A. Ramos), 
1897, El Estado de sitio (con L. Falcato), 1899. Los Sobrinitos (con 
id.), 1900. La Molinera (con litorales del Campo), 1900. El Arlequín, 
jug. (con id.), 1909. Trinos de gorrión, 1913. — Rodrigo Soriano y 
Barroeta, valenciano, diputado, redactor de La Época (1892), funda- 
dor de El Radical, en Valencia (1903) y España Nueva, publicó Una 
Conferencia con Emilio Zola. La Vida donostiarra, 1893 (con seud. de 
Koak, en La Época). Moros y Cristianos, notas de viaje (1893-94), 
Madrid, 1894. La Walkyrin en Bayreuth, ibid., 1898. Por esos mundos, 
Barcelona (1897). Grandes y chicos, artículos y cuentos. Valencia. 
1899. Las Flores rojas, ibid., 1901. El Triunfo de don Carlos, fanta- 
sías, caprichos, etc., 1901. — Eugenio G. Terán, estrenó Guernikako- 
arbola, boceto cómico lírico, 1893. — Luis de Terán, redactor de 
Nuestro Tiempo, publicó Claro oscuro, ensayo de novela, Bilbao, 
1893. Violetas, cuentos reales y fantásticos, Madrid, 1900. La Tra- 
gedia de Mirallano, nov., 1913. Patria, estrenada en 1915. — José 
Tolosa Hernández (n. 1870-), de Murcia, redactor de Las Provincic^ 
de Levante, El Liberal de Murcia (1904), etc., publicó Mis primeros 
versos. Murcia, 1893. Más versos, ibid., 1894. Nuevos versos, ibid., 
1896. Versos, ibid., 1899. Granos de arena, versos, ibid., 1902. Átomos, 
versos, ibid., 1905. Pasionarias, poesías religiosas, ibid., 1907. Espon- 
táneas, versos, ibid., 1907. — Francisco Tosta García (n. 1852-). de 
Caracas (Venezuela), militar, periodista, político, de todas las Acade- 
mias de su tierra, escritor de anécdotas, leyendas, tradiciones, hechos 
históricos (falseados) y costumbres regionales caraqueñas, satírico y 
festivo y en lenguaje regional, bien que nada atildado á veces y menos 
esmerado en la hechura; trató de imitar á Galdós y á Ricardo Palma 
con fortuna escasa. Leyendas de la conquista, Caracas, 1893. Don Se- 



3i4 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

cundino en París, ibid., 1895. Política de buen humor, Madrid, 1899. 
Episodios venezolanos, 2 series, Caracas, 1905-13. Costumbres cara- 
queñas. Leyendas patrióticas. Doña Irene, zarz. Jacobilla, nov. Risa 
sana. La Reforma en ristre. El Poder civil. Gonz. Picón-Febres, La 
Liter. Venez., 1906, pág. 420: "Don Secundino en París, que es la 
obra festiva más notable que Tosta García ha publicado, muestra un 
tipo netamente nacional, trasciende á levadura del país y hace reír de 
veras con el regocijado chiste que bulle murmurando por sus páginas.*^ 
— Nicolás Travieso, cubano, publicó Una sotana vieja estorbando 
á un provisor, nov. hist., San Petersburgo, 1893. — Lorenzo Trujillo 
Marín, cubano, estrenó El 1/ de mayo, Habana, 1893. — Rafael y Emi- 
lio DEL Val estrenaron El Diablo mundo, zarz., Manila, 1893. — Moisés 
Valdés Codina (n. 1870-), de Cienfuegos, director de El Constitucio- 
nal (1893), estrenó El Sueño de un madrileño, 1904. — Bautista Vare- 
la Balboa publicó Neblinas, poesías, Lugo, 1893. — José María Vigil 
(■j- 1916), mejicano, tradujo y comentó las Sátiras de Persio, dejó sin- 
acabar la Reseña histórica de la Literatura mexicana y publicó Poe- 
tisas mexicanas, Méjico, 1903 (de 95 poetisas). — Antonio Vives y Es- 
cudero, colaborador del Bolet. de la Soc. Esp. de Excursiones (1897), 
publicó Monedas de las Dinastías arábigo-españolas, Madrid. 1893. La 
Moneda castellana, 1901 (disc. rec. Acad. Hist.). Estudio de Arqueo- 
logía cartaginesa, Madrid, 1917. — Vicente Yarza, publicó El Diablo 
en el convento, novela fantástica^ Zaragoza, 1893. 



índice, por anos, de autores y obras anónimas 



Abadías de Santularia (León), 

1889. 
Abarzuza (Luis de), 1888. 
Abatí y Díaz (Joaquín), iSg:;. 
Abreu (Manuel Héctor), 1891 (en 

Héctor). 
Academia de la Hist. de Vene- 
zuela, 1889. 
Acevedo y Huelves (Bernardo). 

1893. 
Agosta (Vicente), 1890, 
Agar, 1890. 

Aguilera y Porta (Castor), 1892. 
Alameda Castillo (Vicenta), 

1889. 
Albarracín (Santiago J.), 1889. 
Albarrán y Nogueira (Isidro), 

1890. 
Álbum biográfico dertosense, 

1892. 
Álbum de la guerra del Paraguay, 

1893. 
Álbum de El Criollo, 1888. 
Álbum poét... S. S, León XIII, 

1888. 
Alfonso (Francisco), 1889. 
Almafuerte, 1892. 
Almoina y Caballero (José), 

1890. 
Alonso (Benito F.), 1891. 
Alonso Criado (Matías), 1888. 
Al pie del cañón, 1888. 



Altamira y Crevea (Rafael), 

1890. 
Altolaguirre (Manuel), 1888. 
Alvarez Alarcón y Terán, 1890. 
Alvarez y Alvarez (Antonio), 

1890. 
Alvarez Crovetto (Enrique), 

1888. 
Alvarez Limeses (Gerardo), 1893. 
Alvarez Cabrera (José), 1892. 
Alvarez (Luis), 1889. 
Alvarez de Flórez (Mercedes), 

1889. 
Alvear y Ward (Sabina), 1891. 
Alvero y Calvo (Enrique), 1892. 
Alzóla y Minondo (Pablo), 1891. 
Amado y R. de Villebardet (P.), 

1891. 
Amézaga (Carlos G.), 1891. 
Amunátegui Solar (Domingo), 

1889. 
Anales de la Univ. de Montevi- 
deo, 1891. 
Ancona (Eligió), 1889. 
Andoin (Hipólito G. de), 1888. 
Andrade (Roberto), 1890. 
Aneiros Pazos (Luciano), 1893. 
Anrique Reyes (Nicolás), 1891. 
Ansorena (Luis de), 1890. 
Antañón (Perpetuo), 1S93. 
Antich e Izaguirre (Francisco), 

1893. 



3a6 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



Antigüedades mexicanas, 1892. 
Antología castellana, 1893. 
Antolog. hisp.-amer. de la Aca- 
demia, 1893. 
Antología ecuatoriana, 1S92. 
Antón del Olmet (Fernando de), 

1889. 
Antón Ferrándiz (Manuel), 

1892. 
Antuña (José Luis), 1892. 
Anuario de la Prensa chilena, 

1889. 
Anón (Francisco), 1889. 
Apuleyo (trad. por anón.), 1890. 
Aragón (Luz), 1893. 
Aramburu (Joaquín N.), 1890. 
Araneda (Rosa), 1893. 
Arango y Alarcón (Enrique). 

1889. 
Arango y García (Juan), 1891. 
Aranzadi y Unamltío (Telesforo 

de), 1889. 
Araujo (Carlos), 1892. 
Arberola (Ginés), 1890. 
Arellaxo y Yecorat (Juan), 1893. 
Arellano y Yecorat (Nicolás), 

1892. 
Arenas López (Anselmo), 1892. 
Arenys de Mar (fray Tomás de), 

1889. 
Arévalo González, 1892. 
Arévalo (Joaquín de), 1888. 
Arguelles (P. Tomás), 1893. 
Arguinzóniz (Antonio Manuel 

de), 1889. 
Artas Bayón (Joaquín), 1893. 
Arjona y Láinez (Joaquín), 1891. 
Arnaud (Leopoldo), 1889. 
Arniches y Barrera (Carlos), 

1888. 
Arozteguy (Abdón), 1888. 
Arpe (Celedonio José de), 1893. 
Arredondo (Máximo de), 1890. 
Arreguine (Víctor), 1889. 
Arrúe y Olavarría (F. y E.), 

1889. 



Arruebarrena (Miguel), 1893. 

Arvelo (Ramón), 1890. 

Ateneo {El), 1888. 

Athos, 1892. 

AvALos Droguett (Gerardo), 

1893. 
Aznar y Gómez (Manuel), 1889, 
Azorín, 1893 (en J. Martínez). 



B. Y M. (L.), 1889. 
Baeza (José Frutes), 1889. 
Bahamonde (M.), 1890. 
Baldrich (J, Amadeo), 1890. 
Balsa de la Vega (Rafael), 1891^ 
Ballesteros (Ernesto G.), 1890. 
Ballivián (Man. V,), 1890. 
Banqué y Faliú (José), 1893. 
Barbarismos... del Ecuador, 1893, 
Barbera (José Domingo), 1892. 
Barberena (Santiago L), 1892. 
Barbero Mamblona (Ignacio), 

1888. 
Barcia y Pavón (Ángel María), 

1889. 
Bark (Ernesto), 1891. 
Barrantes (Pedro), 1892, 
Barreiro (Lisardo), 1890. 
Barrenechea (Fernando de), 

1891. 
Barreto (Mariano), 1893. 
Barrientos Díaz (P. J.), 1892. 
Barrios (Santos), 1889. 
Barros Méndez (Luis), 1892. 
Bas y Cortés (Vicente), 1892. 
Basaldúa (F. de), 1893. 
Baselga y Ramírez (Mariano), 

1892. 
Bastida y Pons (Antonio), 1889. 
Baytón (José María), 1890. 
Beceiro de Pato (Carmen), 1890. 
Becerra (Vicente), 1893. 
Belmar (Elsperanza de), 1888. 
Bellido y González (Manuel), 

1888. 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



327 



Benavente (Jacinto), 1892. 
Benavides (José), 1892. 
Bendicho (Jaime), 1890. 
Benejan (Juan), 1888. 
Benítez Veguillas (M.), 1890. 
Bermúdez Reina (Teodoro), 1889. 
Berned (Adán J.), 1893. 
Berrueta (Martín D.), 1893. 
Berwick y de Alba (Duque de), 

1890. 
Berwick y de Alba (Duquesa 

de), 1891. 
Bibliografía Colombina, 1892. 
Biblioteca Colombina, 1888. 
Biblioteca de la prov. de Madrid, 

1889. 
Biblioteca de la risa (Nueva), 

1888. 
Biblioteca del Inst. Nac. Chile, 

1890. 
Biblioteca hist. de Cartagena, 

1889. 
Blanblot H o l l e y (Anselmo), 

1893. 
Blanco y Negro, 1891. 
Blanco García (Fr. Francisco), 

1889. 
Blanchard -. Chessi (Enrique), 

1889. 
Blasco (Cosme), 1888. 
Blasco (Eduardo), 1889. 
BoADA (Luciano), 1893. 
Bocanegra (José María), 1892. 
Boletín de Silos, 1898. 
Bolívar-Alvarez (Rafael), 1893. 
Bonafont (I.), 1892. 
BoRis de Tannenherg, 1889. 
Botella y Serra (Cristóbal), 

1892. 
Bozal Lejalde (Fr. Pablo), 1893. 
Bravo (Carlos), 1889. 
Bravo y Guardiola (Clemente), 

1892. 
Briones y Esquivel (Gabriel), 

1890. 
Bruguera (Adrián L.), 1889. 



Buj (J.), 1893. 

Bustamante y Sirven (Antonio 

S. de), 1891. 
Bustamante (Eduardo de), 1889. 
Bustamante y Ríos (Luis), 1893. 
Busto Valdés (Raimundo del), 

1891, 
Byrne (Bonifacio), 1893. 



Cabanellas (Emilio), 1890. 
Cabello (Mercedes), 1S88. 
Cabeza León (Salvador), 1892. 
Caccia (A.), 1893. 
Cáceres y Plá (Francisco de P.), 

1891. 
Cadavieco y Calderón (Camilo), 

1888. 
Cadenas (José Juan), 1893. 
Calancha (Jeremías), 1893. 
Caldeiro (José), 1890. 
Calderón (José), 1893. 
Calvo Acacio (Vicente), 1890. 
Callagham (Ramón O.), 1890. 
Callejas Becerra (José María), 

1893. 
Cambrils (Ignacio de), 1889. 
Camilo y Orella (Joaquín Anto- 
nio de), 1892. 
Camón (Francisco), 1889. 
Campo y Otero (Benito del), 1891. 
Campoy (José María), 1890. 
Camps y Feliú (Francisco), 1890. 
Canales (Pedro), 1889. 
Canals y Vilaró (Salvador), 1889. 
Cancio Madrigal (César), 1889. 
Canga - Arguelles y Villalba 

(Felipe), 1888. 
Cánovas y Cobi::'o (Francisco), 

1890. 
Cantabria (De), 1890. 
Cantó Villapl\::a (Gonralo), 

i883. 
Cañarte (Juan Jooé), 1893. 
Cañaveral (José), 1891. 



328 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



Caravantes (Leonor R.), 1890. 

Carbonell (Francisco), 1890. 

Caro (Eduardo), 1S92. 

Carr (Oswaid A.), 1890. 

Carranza (Adolfo P.), i83S. 

Carrasco (Gabriel), 1889. 

Carrascosa (Jesús), 1890. 

Carreras (Roberto de las), 1892. 

Carrillo de Albornoz (Maximi- 
no), 1890. 

Casabó y Paces (P.), 1891. 

Casal (Julián del), 18S8. 

Casanova (M -iricio de), 1892. 

Casanueva (Carlos), 18S8 . 

Castaños (Manuel María), 1889. 

Castellón y Codorniú (Federi- 
co), 1888. 

Castillo Tejada (C. del), 1893. 

Catarineu (Ricardo José), 18S9. 

Ceballos Dosamantes ( Jesús ), 
1889. 

Ceniceros y Villareal (Rafael), 
1892. 

Centenario de Colón (El), 1892. 

Céspedes (El Licenciado), 1890. 

Cid y Farpón (Leoncio), 1889, 

Cid Hermida (Luciano), 189 1. 

Clavero y Carmona (Antonio), 
1888. 

Cobo (P. B.). 1890. 

Códice Maya, 1892. 

Cojo ilustrado (El), 1892. 

CoLECC. doc. hist. Medina, 1891. 

Colecc. poet. zacatecanas, 1893. 

Colón, poema (Cristóbal), 1892. 

CoLUBÍ (Francisco), 1889. 

CoLL Y Tosté (Cayetano), 189 1. 

COLL (Fr. José), 1 89 1. 

Collazo y Tejada ( Enrique ), 
1893. 

CoLLELL (Jaime), 1891. 

C0MALLONGA (José), 1892. 

CoMiNGEs (Juan de), 1892. 

Conde (Guillermo Luis de), 1890. 

Conde (José), 1892. 

Conferencias del Ateneo, 1892. 



¡ Conté (Francisco A.), 1889. 

Contreras Infante (José), 1891. 

Coplas, 1889. 

CoRBATÓ (Fr. José Domingo Ma- 
ría), 1888. 

Cordero (Manuel), 1892. 

Cordovés Moure (José Mana), 
1893. 

Coronado y Alvaro (Francisco de 
P.), 1891. 

Corrales y Sánchez (Enrique), 
18S9. 

Correoso Mikand\ (]\icurdo), 
1891. 

Cortes de los ant. rein. de Ara- 
gón, Val., Catal, 1888. 

Costa y Pujol (José), 1889. 

Costa (Patrocinio), 1888. 

Crespo y Botella (Andrés), 1889. 

Crespo (Luis S.), 1893. 

Cronau (Rodolfo), 1892. 

Cruz (Francisco Javier de la), 
1892. 

Cuadra y Gibaja (Enrique de la), 
1890. 

Cubeiro Pinol (Juan), 1891. 

Cubillo (R.), 1888. 

Cubría (José Alejandro), 1893. 

Cucarella y Candel (Pascual), 
1890. 

Cuervo (Antonio B.), 1891. 

Cuervo (Fr. Justo), 1889. 

Cuesta y Sainz (Antonio de la), 
1889. 

Cuesta (José de la), 1888. 

Cuesta y Gallardo (Pedro), 
1889 . 

Cuevas (Domingo), 1893. 

Cuevas García (Julio d e las), 
1888. 

Curiosidades bibliográficas, 1892. 

Cuyas y Sampere (Antonio), 



Chabret (Antonio), 1888. 
Chave y Castilla Qulián), 1888. 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



329 



Chaves Torres (José María), - 

18S9. 
Chaves y Rey (Manuel), 1891. 
Chaves (Regino), 1892. 
Checo (P. A.). 1893. 
Chicote Casaña (Emilio), 1892. 
Chistes, 1890. 
Chistes, 1891. 
Chocano (José Santos), 1893. 

Dahlman (J.), 1893- 
Dañero (Emilia), 1893. 
Darío (Rubén), 1888. 
Daza de Campos (Arturo), 1891. 
Delgado (P. Juan J.), 1892. 
Delgado Merchán (Luis), 1893. 
Díaz (Fr. Casimiro), 1890. 
Díaz y Macías (José), 1890. 
DÍAZ DE Escobar (Narciso), 1889. 

DicENTA Y Benedicto (Joaquín), 
1888. 

DiÉGUEZ Y Barrios (Luis), 1889. 

DÍEZ de Medina (Ángel), 1889. 

DÍEZ DE Tejada (Vicente), 1890. 

DiGEs Antóií (Juan), 1889. 

DiHiGO (Juan Miguel), 1888. 

Discursos académicos de Hondu- 
ras, 1888. 

DocuM. del Arch. de Madrid, 
1888. 

Domínguez (P. Isidoro), 1889. 

Domínguez Barrera (Juan), 1891. 

Domínguez Berrueta (Martín), 

1893- 
Domínguez (Ricardo), 1888. 
Domínguez (Silverio), 1888. 
Don Quijote, 1892. 
Dulzaides del Cairo (Laura), 

1893. 
Duran y Lerchundi (Joaquín), 

1893. 
DuRBAN Orozco (José), 1892. 

Echagüe (Pascual J.), 1891. 
Echegaray (Carmelo), 1892. 



Echegaray (Pastora), 1893. 
Echeverría y Reyes (Aníbal), 

1889. 
Echeverría (Aquileo J.), 1889. 
Echeverría (Carlos E.). 1889. 
Eduardo (Isaac G.), 1888. 
Efemérides de la guerra de la 

Independencia, 1888. 
Eguilaz (Rosa de), 1889. 
EixARCH Santapau ( M a n u c 1 ), 

1893. 
El, 1893. 

Elías de Molins (Antonio), 1889. 
Eliz (Leonardo), 1889. 
Elizondo, 1889. 
Enciso (Julio), 1890. 
Enrich (P. Francisco), 1891. 
Ensayos biográf. (Chile), 1893. 
Errazuriz (Amalia), 1888. 
Escamilla (T.), 1892. 
EsPANTALEÓN (Juan), 1892. 
España Moderna, 1889. 
España Artística (La), 1888. 
E:peranza y Sola (José María), 

1891. 
EsTELLER (Benito y Alfredo), 
1888. 
' Esteva (Adalberto A.), 1890. 
Esteva Ravassa (Gaspar), 1891. 
Estévanez y Murphy (Nicolás), 

1891. 
EsTÉvEZ Travieso (José), 1892. 
Estopa (Eugenia N.), 1890. 
Estrella de Chile (La), 1892. 

Fabré Oliver (Juan), 1889. 
Fació (Lorenzo), 1889. 
Falcón (Manuel), 1888. 
Farinelli (Arturo), 1891. 
Pebres Cordero (Tulio), 1890. 
Feced y Temprado (Pablo), 1888. 
FÉLIX (P. José), 1892. 
Fernández Cuevas ( Antonio ), 

1889. 
Fernández Martín (Antonio), 

1892. 



33o 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



Y Moreno (Antonio), ' 
I 

y Medina (Benjamín), 

Espiro (Diego), 1S92. 
CoRUGEDo (Emilio), 



Campano (Enrique), 

Granados (Enrique), 

Arias ( Evaristo ), 

(Federico W.), 1893. 
Villegas (Francisco), 

y Neira (J.), 1893. 
Y Díaz (Jesús María), 



Fernández 

1888. 
Fernández 

1891. 
Fernández 
Fernández 

1893- 
Fernández 

1892. 
Fernández 

1889. 
Fernández 

1893. 
Fernández 
Fernández 

1889. 
Fernández 
Fernández 

1889. 
Fernández Giner (José), 1889. 
Fernández González (José), 

1892. 

Fernández Ferraz (Juan) 1892. 
Fernández Lujan (Juan), 1889. 
Fernández Ruano ( Manuel ), 

1892 . 
Fernández (Maximino), 1890. 
Fernández (Pedro), 1893. 
Fernández Iglesias (Rafael), 

1892. 

Fernández Montalva (Ricardo), 

1888. 
Fernández López (Ventura), 

1893 
Fernández Llera (Víctor), 1890. 
Ferreiroa y Millán (Urbano), 

1893. 
Ferrer y Lalana (M.), 1892. 
F1GUEROA (Sotero), 1888. 
Flix (El Duque de), 1893. 
Flores (Eugenio Ant.), 1889. 
Flórez (Adolfo), 1888. 
Flórez (Julio), 1893. 
Font de Fonsdeviela (Enrique), 

1891. 



FoRNER Y Segarra (Agustín Fran- 
cisco), 1893. 

FoRNiÉs Calvo (El General)^ 
1892. 

FoRTEZA (Jerónimo), 1893. 

Fraguas (José), 1889. 

Fraile Miguélez (Juan), 1892. 

Freyre Toledo (Antonio), 1891. 

Fuentevilla (José María), 1893. 

Fuenzalida G r a n d 6 n (Alejan- 
dro), 1889. 



Gabaldón (Luis), 1889. 

Gagini (Carlos), 1892. 

Galante y Rupérez (Adolfo)^ 
1892. 

Galarraga de Salazar (Concep- 
ción), 1890. 

Galería de esp. ilustres, 1893. 

Gali Lassaletta (Aurelio), 1892. 

Gálvez (Juan Ignacio), 1893. 

GÁLVEZ (Víctor), 1888. 

Gálvez (Wen.), 1891. 

Gallardo Lobato (Juan), 1892. 

Gallego (Tesifonte), 1890. 

Gamboa (Federico), 1889. 

GÁMEZ (José D.), 1889. 

Gante (Emilio), 1892. 

Garcés (Modesto), 1890. 

García Cubas (Antonio), 18S8. 

García de Castro (Clemente)^. 
1889. 

García Peres (Domingo), 1890. 

García de Tejada (Emilio), 1891. 

García Ladevese (Ernesto), 1892. 

García González (José), 1890. 

García ]\Iartínez (José), 1892. 

García Plaza (José), 1888. 

García (José Gabriel), 1890. 

García Aldeguer (Juan), 1889, 

García Nieto (Juan), 1888. 

García Ortega (Juan), 1889. 

García Ramón (Leopoldo), 1889,. 

García (Manuel Vicente), 1890. 



AUTORES Y OBRAS ANONI>iAS 



33l 



García Hernández (Rafael), I 

1892. f 

Garci-Pérez, 1891. 
Garran (Constantino), 1S88. 
Garrido Atienza (Miguel), 1889. 
Garzón (P. Feo. de P.), 1889. 
Gascón de G o t o r (Anselmo), 

1890. 
Gascón y Guimbao (Domingo), 

1891. 
Gascón de Gotor (Pedro), 1890. 
Gatell (José Ildefonso), 1889. 
Gay Lussal^ 1888. 
Gazul de Uclés (Arturo), 1888, 
Gesta y García (Enrique), 1890. 
Gesta y Leceta (Marcelino), 

1888. 
Gil Alvaro (Antonio), 1893. 
Gil (Pablo), 1888. 
Gil (Rodolfo), 1892. 
GivoviCH (Arturo), 1888. 
GoBiLA (César José), 1891. 
GÓMEZ Carrillo (Enrique), 1892. 
Gómez Humarán (Felipe), 1890. 
GÓMEZ DEL Palacio (Francisco), 

1893. 
GÓMEZ Y Arroyo (G.), 1892. 
GÓMEZ DE Fuensalida (Gutierre), 

1890 (en Berwick). 
GÓMEZ DE LA Serna (Javier), 

1888. 
GÓMEZ Landero (Juan), 18S9. 
GÓMEZ Imaz (Manuel). 1888. 
GÓMEZ Moreno (Manuel), 1890. 
GÓMEZ (Mercedes), 1889. 
GÓMEZ Soler (Milagros), 1890. 
GÓMEZ (Rafael), 1892. 
GoMiLA (Sebastián), 1891. 
González Francés (Aureliano), 

1888. 
González Atané (Camilo), 1892, 
González Forte (Eco.), 1889. 
"González Prast (Gabriel), i8go. 
González Camargo (Joaquín), 

1889. 
González (Joaquín V.), 1888. 



González Páramos (José), 1894 
González Agejas (Lorenzo), . 

1889. 
González Obregón (Luis), 18S8. 
González Pérez (Luis), 1893. 
González del Valle (Martín), 

1892. 
González (Melitón), 1890. 
González Solís (Protasio), 1890.. 
González (Teresa), 1893 (en 

Luz). 
Granada y Conti (Daniel), 1889. 
Granados (Mariano), 1891. 
Grillo (Maximiliano), 1891?. 
Guardia (Ernesto de la), 1891. 
Guerra y Ojeda (Antonio), 1890. 
Guerra y Mota (Domingo), 1893. 
Guerra (Manuel María), 1888. 
Guerras de D. Berenguel (Las), 

1889. 
Guerrero (Rafael), 1890. 
Guevara (Tomás), 1890. 
Guijarro (Ricardo);^ 1892. 
GuMUcio (Manuel de), 1891. 
Gutiérrez Pons (Ángel), 1892. 
Gutiérrez (Gumersindo), 1891. 
Gutiérrez Alba (José María), , 

1891. 
Gutiérrez (José Margarito ), 

1892. 
Gutiérrez (Josefa), 1893. 
Gutiérrez del Caño (Marcelino), . 

1888. 
Gutiérrez (Valeriano), 1888. 
GuzMÁN (Luis Ramón), 1890. 



Hatuey, 1890. 
Hazañas (Joaquín), 1888. 
HÉCTOR Abreu (Manuel), 1891. 
Heras (Justo R.), 1891. 
Heredia y Girard (José María 

de), 1893. 
Heredia (Rafael), 1891. 
Heredia (Catalogue de le Bibliot. 

de M. R.), 1891. 



332 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



Hermúa (Eduardo S.), 1891. 

Hernández y Fajarnés (Anto- 
nio), 1888. 

Hernández Villaescusa (Modes- 
to), 1892. 

Hernández y Montes (Ricardo), 
1893. 

Hernández (Román), 1889. 

Hervás y Buendía (Inocente), 
1890. 

Hidalgo (José Manuel), 1889. 

Historia de S. María de Huerta, 
1891. 

Homenaje á María, 1892. 

HoRTA (Aurelio), 1891. 

Huertas Lozano (José), 1888. 

Hurtado (Manuel H.), 1890. 

Hurtado (Publio), 1892. 

Ibáñez Marín (José), 1891. 
Ibarra y Rodríguez (Eduardo), 

1892. 
Icaza (Eco. A. de), 1892. 
Iglesias (Santiago), 1888. 
Inza Ochoa (Atanasio), 1889. 
Iracheta (Erancisco de), 1893. 
Irarrazábal Z. (Alfredo), 1888. 
Irigoyen (Manuel), 1891. 
Isaza (José Joaquín), 1892. 
ISERN (Damián), 1892. 
IvEjA (Mario de), 1889. 

Jaén y Rosales (Narciso), 1890. 
Jareño Martín (M.), 18S8. 
Jesús Bertrán (Marcos), 1893. 
Jiménez Pastor (Arturo), 1892. 
Jiménez Prieto (Diego), 1890. 
Jiménez Huertas (F. J.), 1888. 
Jiménez Moya (Eco. de Asis), 

1890. 
Jiménez Benítez (José Juan), 

1S91. 
Jordán de Urríes (Juan), 1893. 
José Eladio (G.), 1891. 
JoRRÍN Y Díaz (Rafael S.), 1892, 



JusuÉ Fernández (Eduardo), 
1892. 

Kayserling (Dr. M.), 1889. 

Labiche y Delacour (Eugenio), 

1893. 

Lagos (Fr. Roberto), 1892. 

Lanzarot (José), 1893. 

Lanzas (Julio de), 1890. 

Lara (Horacio), 1889. 

Larra y Ossorio (Luis de), 1891. 

Larrabure y Unanue (E.), 1893. 

Larriva d e Llona (Lastenia), 
188S. 

Larrosa (Francisco), 1892. 

Larrosa de Ansaldo (Lola), 1893. 

Larrubiera y Crespo (Alejan- 
dro), 1888. 

Lasalde (P. Carlos), 1893. 

Lasarte de Janer (José María 
de), 1888. 

Lastra y Jado (Valentín), 1888. 

Latino (Aníbal), 1888. 

Latzina (Francisco), 1891. 

Lázaro Galdeano (José), 1889. 

Léante y García (Rafael), 1889, 

Lecea y García (Carlos de), 1891. 

Lentzner (Carlos), 1892, 

Lenz (Rudolf), 1893. 

León Gómez (Ernesto), 1890. 

León (Nicolás), 1888. 

Leoz (Melitón), 18S8. 

Levis (J. Elias), 1893. 

Leyes de Indias (Las), 1889. 

Leyva y Aguilera (H. C), 1890. 

LiÑÁN Y Eguizábal (Pascual de), 
1892. 

Lira costarricense, 1890. 

Lira del Mediterráneo (La), 1888. 

Lira Poblana (La), 1893. 

Lista (Aurora), 1888. 

LoNDOÑo (Víctor M.), 1896. 

LÓPEZ NúÑEz (Alvaro), 1893. 

LÓPEZ Peláez (Antolín), 1892. 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



333 



LÓPEZ DEL Baño (Amparo), 1892. 
LÓPEZ DEL Arco (Antonio R.), 

1891. 
LÓPEZ Domínguez (Emilio), 1890. 
LÓPEZ Marín (Enrique), 1888. 
LÓPEZ (E. Pascual), 1889. 
LÓPEZ Toral (Fernando), 1890. 
LÓPEZ Leiva (Francisco), 1891. 

LÓPEZ DE GOMARA (JuStO S.), 

1889. 

LÓPEZ DE SÁA (Leopoldo), 1890. 

LÓPEZ MÉNDEZ (Luis), 1889. 

LÓPEZ (Manuel Antonio), 1889. 
LÓPEZ Y Martínez (Pedro Ma- 
ría), 1888. 
LÓPEZ (Roberto). 1850. 
LÓPEZ Arrojo (Sebastián), 1888. 
LÓPEZ (Ventura F.), 1893. 
Lucio Y LÓPEZ (Celso), 1888. 
Luna (Antonio), 1S91. 
LuQUE (Martín), 1893. 
Luz (María de la), 1893. 



Llanos (Luis de), 1892. 
Llerena (Antonio R. de), 1893. 
Llorens y Asensio (Vicente), 

1893. 
Llórente y Vázquez (Manuel), 

1891. 



Maciñeira y Pardo (Federico), 

1889. 
Machali Cazón (R.), 1889. 
Madrid Alegre, 1889. 
Magariños Solsona (Mateo), 

1893. 
Magdalena, 1890. 
Malpica La Barca (Domingo), 

1890. 
Mancheño y Olivares (Miguel), 

1892. 
Manrique (Antonio ^L), 1890. 
Mantecón y González (Enrique), 

1891. 



Maragall (Juan), 1892. 

M arcano (Gaspar), 1889. 

March (P. A.), 1S91. 

Mario y López (Emilio), 1888. 

Marín (Eco. Gonzalo), 1892. 

Mariscal y Espiga (Leandro)j. 

1888. 
Mariscal y García (Nicasio), 

1888. 
MÁRQUEZ (Manuel), 1892. 
Márquez y Pérez (Manuel), . 

1893. 
Marrero (Juan J.), 1893. 
Martí Grajales (Eco.), 1891. 
Martín (Alfonso), 1893. 
Martín Contreras (Evaristo),. 

1892. 
Martín Arrabal (Eco.), 1892. 
Martín Fernández ^.Mariano),. 

1888. 
Martín y Villalba (Melitón), 

1889. 
Martín y Mañero (Vicente), 

1890. 
Martínez (Alberto B.), 1889. 
Martínez S alazar (Andrés),. 

1888. 
Martínez (Anselmo Inés), 1889. 
Martínez Montesino (Francis- 
co), 1891. 
Martínez Ruiz (José), 1893. 
^íartínez Lorenzo (José), 1892.- 
Martínez S a n t i s o (Manuel), 

1892. 
Martínez Quevedo (Mateo), 1892. 
Martínez Pardo (Miguel), 1889. 
Martínez de Lacosta (Rosa), 

1891. 
Mata (Juan de), 1892. 
Mauri (José), 1890. 
Mavillard (Carlos), 1892. 
Mayor.\l (José), 1888. 
Mazatlan literario, 1889. 
Meana y Hurtado (Rafael), 1888; 
Meireles (Eduardo), 1891. 
Mellado y Moreno (José), 1891.. 



334 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



■.Memor. Acad. Hist. Vi^iesuela, 

1890. 
Mencarini (Albino), 1888. 
Mención Sastre (José), 1888. 
Menéndez y Rodríguez (Fernan- 
do), 1893. 
Menéndez Martín (Manuel), 

1890. 
Merelo (Alfredo), 1891. 
Mesa y de la Peña (Rafael), 

1890. 
Mesonero Romanos (Manuel), 

1889. 
Metafísica y la Poesía ( La), 

1891. 
MiCRÓFiLO, 1891 (en Torre). 
Michelena (Santiago), 1889. 
Miguélez (Fr. Manuel Fraile), 

1890. 
MiLLÁN Y ViLLANUEVA (Camilo), 

1890. 
MiLLÁN (Pascual), 1890. 
MiR (P. Juan), 1890. 
Miralles (Andrés), 1891. 
MiR-^NDA (Manuel María), 1893. 
Molina (Florentino), 1892. 
Molina y Rico (Joaquín), 1888. 
MoLiNs (Antonio Elias de), 1889 

(en Elias). 
MoLLÁ Y BoNET (Benedicto), 

1889. 
Monge (Celiano), 1889. 
MoNSALVATjE Y FossAs (Francis- 

co), 1889. 
Monsalve (José D.), 1892. 
Montalbán (Antonio), 1891. 
Montenegro (José), 1891. 
Montero (Eladio), 1889. 
Montero Barrantes (Feo.). 1892. 
MoNTOjo (Patricio), 1892. 
Montoliú (María del Pilar), 

1889. 
Mora Bellver (José), 1892. 
Morales S. Martín (Bernardo), 

1889. 
Morales (Renato), 1889. 



MoRELL (Feo. de P.), 1893. 
Morte Molina (José)^ 1888. 
Moya Amador (Marcelino), 1892. 
Moya (Miguel), 1890, 
MújicA (Pedro de), 1891. 
MuNTADAs (Pedro), 1890. 
MuÑiz DE Quevedo (José), 1893. 
Muñoz y Gómez (Agustín), 1890. 
Muñoz Camargo (Diego), 1892. 
Muñoz Donoso (Esteban), 1888. 
Muñoz Peña (Juan), 1889. 
Muñoz (Margarita Práxedes), 

1893- 
Muñoz Cerisola (Nicolás), 1888. 
Murillo M. (Juan), 1890. 
Muro Carvajal (José), 1888. 
Muro y Fernlández (Rómulo), 

1892. 
Muzas (Mariano), 1891. 

Narváez (Juan), 1889. 
Natare (A.), 1891. 
Nattes (Enrique), 1893. 
Navarro (Antonio), 1889. 
Navarro y Beltrán (E. L.), 1892. 
Navarro y Porras (Luis), 1890. 
Navarro (Víctor), 1893. 
Navas Ramírez (José de), 1893. 
Navascués (Eduardo de), 1888. 
Nebreda (Fr. Hermenegildo), 

1890. 
Nieto Aguilar (José), 1893. 
Nobiliario de conquistadores de 

Indias, 1892. 
Nogales (José), 1891. 
NoNELL Y Mas (P. Jaime), 1892. 
Nones (Adolfo), 1889. 
Noticia del valle de Mena, 1892. 
Novelas, 1892. 

Ocantos (Carlos María), 1888. 
Ocio (Fr. Hilario María), 1891. 
O'Connor D'Arlach (Tomás), 

1888. 
Ojea y Márquez (Santiago), 1890. 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMAS 



335 



Olaguibel (Feo, Manuel), 1889. 

Oliden (Gervasio), 1888. 

Olivart (Marqués del), 1890. 

Oliveira Cezar (Filiberto de), 
1891. 

Oliver y C o p o n s (Eduardo), 
1889. 

Oliver (Juan Luis), 1888. 

Oliver (Miguel Santos), 1891. 

Olivera (Carlos), 1888. 

Olivo Pino (Antonio), 1888. 

Omiste (Modesto), 1893. 

Opisso (Antonia), 1893. 

Orbaneja y Majada (E.), 1890. 

Ordas Avecilla (Federico), 1893. 

Orellana y Rincón (Luis), 1890. 

Orihuela Grez (Borja), 1889. 

Orrego Luco (Luis), 1892. 

Orsi de Mombello (G,). 1890. 

Ortega (Eugenio), 1891. 

Ortega (Fernando), 1890. 

Orti y Brull (Vicente), 1892. 

Ortiz de la Torre (Alfonso), 
1893. 

Ortiz y González (Feo.), 1892. 

Ortiz (Juan), 1890. 

Ortiz (Rafael), 18S8. 

Ortúzar (Camilo), 1893. 

OssoRio Y Gallardo (Carlos), 
1890. 

Ovejero de los Cobos (José Ma- 
ría), 1893. 

Oviedo y Romero (Antonio Ma- 
ría de), 1890. 

OzcÁRiz (Víctor), 1892. 



Palacios (Eduardo), 1890. 
Palacios (Pedro Bonifacio), 1892 

(en Almafuerte). 
Palau Ballestero (Fco.)^ 1892. 
Palomeque (Alberto), 1888. 
Pallardó (Alfredo), 1891. 
Pallares A r t e t a (Leónidas), 

1889. 
Pallol (Benigno), 1893. 



Pantoja (Domingo), 1893. 

Paradas (Enrique), 1891. 

Pardo Vergara (Joaquín), 1892. 

Pardo (Luis), 1891. 

Pardo de Andrade (M, i, i8v92. 

Pardo (Miguel Eduardo), 1892. 

Paremiología, 1889. 

Parnaso venezolano, i888. 

Parnaso venezolano, 1892. 

Participio del Follón, 1891. 

Pavés (Fr. Antonio), 1889. 

Paz del Castillo (José Ignacio), 

1888. 
Pedreira Taibo (Leopoldo), [S91. 
Pedro (Juan), 1893. 
Peiro (Agustín), 1891, 
Peña (Enrique), 1S93. 
Peña y Nicolau (Pedro de xM- 

cántara), 1892. 
Peñafiel (Antonio), 1890. 
Peñas (Germán G. de las), i833. 
Peñasco de la Puente (Hilario), 

1889. 
Pereda (Setembrino E.), 1890. 
PÉREZ del Toro (Felipe), 1892. 
PÉREZ Placer (Heraclio), 1891. 
PÉREZ Gargés (Luisa), 1890. 
Pérez Beato (Manuel), 1892. 
PÉREZ (Miguel A.), 1891. 
PÉREZ Giménez (Nicolás), 1889. 
PÉREZ (P. Rafael), 1891. 
Periago y Morata (Tomás), 1891. 
Peris y Pascual (José), 1890. 
Perpiñá (Antonio), 1889. 
Perrín y Vico (Antonio), 1893. 
Peydró (Vicente), 1892. 
Piaggio (Juan Agustín), 1889. 
Picatoste y García (Valentín), 

1888. 
Picón Pebres (Gonzalo), 1890. 
Piloto (Alfredo), 1890. 
Pimentel Coronel (Manuel), 

1892. 
Pin y Soler (J.), 1891. 
Pino (José del), 1893. 
Pinto (Manuel María), 1893. 



336 



AUTORES Y OBRAS ANÓNIMA