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Full text of "Historia de la literatura española"

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lii^ UNIVERSIDAD COMPLUTENSE 

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HISTORIA 

A' 

DI LA 

LITERATURA ESPAÑOLA. 



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y 



HISTORIA T "i? «-- a 



LITERATURA ESPAÑOLA, 



POR M. G. TICKNOR, 



TRADUCIDA AL CASTELLANO, CON ADICIONES Y NOTAS CRÍTICAS, 

POR D. PASCUAL DE CUkTAHGOB, 

indlTidoo de la Real Aeademia de 1» Historia, 

T D. ENBIQUE DE VEDIA. 



TOMO PRIMERO. 



MADRID. 

IMPRENTA DE LA PUBLICIDAD, A CARGO bE ■. RIVADENBTRA , 

Calle de lesna del Yaile, odm. 6. 



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ADVEUTENCIA. 



Al presentar al público la versión castellana de la Historia de la litera- 
tura ESPAÑOLA ^ los traductores creen inoportuno seguir la senda trillada, 
y deshacerse, según costumbre, en encomios de su autor : la apreciación 
del mérito por este contraido y el juicio de su obra lo dejan enteramente 
al buen gusto y conciencia de sus lectores. 

Lo único que les cumple decir es que por una feliz circunstancia han 
disfrutado para su tarea de medios abundantes y poco comunes, habiendo 
merecido del autor no solo la remisión á tiempo de las pruebas originales, 
sino que también el envío de correcciones y adiciones muy importantes, \ 

hechas posteriormente por él , y que no aparecen en las ediciones de Nue- 
va-York y Londres. 

Tampoco es este lugar á propósito para discutir los poquísimos puntos /' 

en que disienten del escritor anglo-americano ; baste decir que en las notas t 

que acompañan á cada tomo han consignado su opinión, toda vez que di- 
fería de la emitida por el autor ; asi como han añadido de su propio caudal 
todas aquellas especies y noticias que podian , á juicio suyo , dar mayor ^^ 

realce y lustre á la obra. Asimismo han creido conveniente publicar por .. ^ } 

via de apéndice algunos trozos de literatura poco conocidos, añadiendo un 
tomo más á los tres de que se compone la obra original/ 

Madrid, 15 de abrU de 1851. 



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PROLOGO. 



En el aao de 1 81 8 recorrí mucha parto de Espada , y 
pasé algunos meses en Madrid : mi objeto al hacer este 
viaje fué aumentar los escasos conocimientos que ya 
tenia de la lengua y literatura de aquel pais , y adqui* 
rír libros, españoles « que siempre han sido raros en los 
grandes mercados de librería de la Europa : en algunos 
puntos, mi visita correspondió al objeto que me había 
propuesto ; en otros no. Verdad es que algunos de los 
libros que mas Mta me hacian no tenían entonces la 
estimación y aprecio que ahora ti^iuen en Espena , por 
causa ^n duda de la situación yiol^Ua y aaómala del 
país; y si bien es cierto que algunos literatos se halla- 
ban en situación de complacer y auxiliar la curiosidad 
de un extranjero, también lo es que su número era muy 
corto, por efecto de las persecuciones políticas; y ade- 
mas era difícil entablar relaciones con ellos , porque vÍp^ 
vian aislados, sin mutua comunicación y casi totalmente 
abstraídos del trato de la sociedad que los rodeaba. 

T. I. i 



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11 PRÓLOGO. 

Ed efecto, la época mencioDada era de las mas tris- 
tes y sombrías del reinado de Fernando VII : cuando 
la desesperación habia libado al punto de juzgar « no 
solo completo y total el eclipse, sino materialmente im- 
posible la reaparición de la luz ; el poder absoluto del 
Monarca no habia pasado aun al dominio del examen 
público, y su gobierno , que habia restaurado la inqui- 
sición y respiraba su mismo espíritu , comenzó impo- 
niendo silencio á la imprenta , y empleó su influen- 
cia en esfuerzos para extinguir toda idea de mejora, 
adelanto y estudios. Apenas habian corrido cuatro años 
desde el restablecimiento del antiguo sistema de go- 
bierno, y ya los hombres mas distibguidos y eminentes, 
que residen ordinariamente en la capital, gemian en 
calabozos ó en el destierro : Melendez Yaldes, el primer 
poeta español de su siglo, espiraba en el suelo poco 
grato de la Francia ; Quintana , heredero de muchos 
de sus talentos y honores, estaba encerrado en el cas- 
tillo de Pamplona ; Martínez de la Rosa , que después ha 
desempeñado altos puestos, y ha dirigido la política y 
la literatura de su patria, vivía aherrojado en el peñón 
de Vélez , roca situada en las costas de Berbería ; Mora- 
tin arrastraba una existencia lánguida en París, mien- 
tras sus enemigos aplaudían sus composiciones dramá- 
ticas ; el duque de Rívas, que, como los antiguos mag- 
nates de los tiempos mas orgullosos de la monarquía, 
se habia distinguido no menos en las armas que en las 
letras, habitaba en el retiro de sus haciendas en Anda- 
lucía. La misma suerte rigurosa alcanzaba á otros de 



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MI^LOGO. 111 

menos nombradfa; y si Clemencin, Navarrete y Marina 
se podian sostener en la capital, despaes de la expul- 
sión de sus amigos y compañeros, era á costa de ver 
vigiladas su conducta , seguidos sus pasos , y teniendo 
que vivir en continua inquietud y zozobra. 

Uno de los literatos que primero conocí en Madrid 
fué D. José Antonio Conde, persona retirada y modes- 
ta, sabio, de carácter dulce y amable trato , ocupado 
exclusivamente en estudios relativos á la dominación 
árabe en España, cuya historia ilustró después. Aun- 
que su genio y tareas favoritas le hacian extraño á las 
convulsiones políticas, habia ya probado las amarguras 
de la expataiacion : reducido , cuando yo le conocí , á 
una honrosa pobreza , merecí de él que me favoreciese, 
acompañándome algunas horas diarias , y dirigiese mis 
estudios en la literatura española. Tuve en esto una 
gran fortuna : leíamos juntos la antigua poesía caste- 
llana, que él conocía mucho mejor que la moderna, 
como mas análoga á sus inclinaciones y carácter; me 
auxiliaba y acompañaba en mis excursiones para adqui- 
rir los libros que necesitaba : empresa nada fácil en un 
pais donde la librería (en el verdadero sentido de la 
palabra) ha sido ^empre desconocida, y donde la in- 
quisición y el confesonario han hecho rarísimo lo mas 
apetecible ; pero Conde sabía los rincones donde era 
preciso buscar estos libros y á los que los vendían ; de 
manera que puedo decir le debo la base de la colección 
de libros españoles que he reunido , y que nunca hu- 
biera logrado sin su cooperación y auxilio : débole por 



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consiguiente mucho, y aunque hace ya largos años que 
el sepulcro guarda las cenizas de mi amigo y de sus per- 
seguidores, experimento una sensación muy grata en 
reconocer públicamente un favor que siempre he guar- 
dado grabado en la memoria. 

Desde aquel tiempo^ muchas circunstancias especia- 
les han favorecido las tentativas que sucesivamente he 
ido hacieüdo para enriquecer mi librería española. La 
residencia en Madrid de mi amigo Mr. Alejandro HiU 
Everett, que con iaato talento representó durante algu- 
nos años á nuestro pais en la corte de España , y la 
ocupación del mismo elevado puesto por mi amigo 
Mr. Washington Irving , cuyo nombre es honrado y dis* 
tinguido en las dos orillas del Atlántico, pero especial^ 
mente por los españoles, merced á los gloriosos y du« 
raderos monumentos que ha elevado á la memoria de 
sus tiempos heroicos : estas circunstancias felicísimas, 
repito, me han proporcionado ocasiones de adquirir 
libros, y facilidades que solo pueden esperarse de per- 
sonas que ocupaban un puesto tan eminente , y que d^ 
seaban difundir entre sus compatriotas el conocimiento 
de una literatura , ol]{jeto de so afición y estudios. 

Pero es también para mí un deber , al paso que una 
satisfiaccion , manifestar aquí mi reconocimiento á otras 
dos personas , relacionadas con dichos diplomáticos y 
literatos. El primero es Mr. O. Rich , antiguo cónsul de 
los Estados-Unidos en España , bibliógrafo distinguido, 
á quien Mr. Irving y Mr. Prescott han debido el mismo 
favor, y á cuya consideración y afecto pSersonal debo 



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PRÓLOGO. V 

mucho» pero no tanto como al conocimiento extraordi- 
nario que tiene de los libros mas raros y preciosos de 
la lengua española , y á su prodigiosa felicidad en con- 
seguirlos. El otro esD. P de 6 uno délos mas 

distinguidos literatos en el ramo particular que cultiva , 
y cuya familiaridad con cuanto hace relación á la lite- 
ratura de su patria demostraran bien las continuas re- 
ferencias que hago á su persona en las notas de mi obra. 
Con el primero estoy en continuas relaciones hace ya 
muchos años , y tengo recibidas de él numerosas é in- 
apreciables remesas de manuscritos é impresos, recogi- 
dos en España » Francia é Inglaterra, que han enrique- 
cido sobre manera mi librería ; al segundo (á quien debo 
no menos) le conocí personalmente por la vez primera 
en el viaje que hice á Europa , por lo&años de 1 835 á 38, 
con el fin de procurarme el trato de personas ilustradas 
é instruidas, y consultar no solo las grandes bibliotecas 
públicas del continente, sino las colecciones particulares 
mas notables, como la de Lord Holland, en Inglaterra ; 
la de Mr. Temaux Compans , en Francia , y la de mi 
muy amado y respetable Tieck, en Alemania : depósitos 
de riqueza literaria que me ha permitido disfrutar la 
bondadosa franqueza y amabilidad de sus poseedores. 
El resultado natural de tan viva afición é interés por 
la Uteratura española, y de tan repetidos esfuerzos para 
estudiaría y conocerla, ha sido, lo digo con desaliento 
y para disculparme, un libro. En el intervalo que medió 
entre mis dos viajes á Europa , pronuncié una serie de 
lecciones sobre los principales puntos de la íiteratura 



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VI PRÓLOGO. 

española , en desempeño de mi cátedra del colegio de 
Harvard; y á la vuelta del segando viaje me resolví 
á coordinarlas y darlas á la imprenta. Mucho tiempo y 
trabajo empleé en esta tarea; pero luego observé * é 
creí observar, que el tono de' discusión, de que me valí 
en las lecciones académicas , no era el mas propio para 
formar un cuerpo de historia. Inutilicé pues cuanto tenia 
escrito , y comencé de nuevo un trabajo nunca ingrata 
para m(, del cual ha resultado esta obra, muy diversa 
de mi primitivo pensamiento , pero que abraza la misma 
idea con mayor extensión. 

Al corregir el manuscrito para pasarlo á la imprenta» 
he disfrutado los cuerdos consejos de dos íntimos amigos 
mios, que son Mr. Francisco C. Gray , literato apreciable 
que no debia escasear al público » tanto como lo hace, 
el fruto de su escogida instrucción y gusto delicado; y 
Mr. Guillermo W. Prescott, historiador de ambos hemis- 
ferios , cuyo nombre no olvidará jamas ninguno de ellos, 
aunque su inmenso mérito será siempre mas grato á 
aquellos que conocen los obstáculos que ha vencido para 
ganarle, y la modestia y amabilidad que le acompañan. 
Presento pues á estos dos amigos fieles y constantes » 
cuyo inalterable aprecio ha sido la delicia de los mejo- 
res años de mi vida , mi afectuoso reconocimiento y 
viva gratitud, al despedirme de una obra que han mi- 
rado ambos con verdadero interés, y que llevará, á do 
quiera que vaya , el silencioso, pero veraz testimonio de 
su amistad y buen gusto. 

Park St. Boston. — i849. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO V. 83 

algunas cosas entretenidas, como corridas de toros, lu- 
chas de fieras y otros pasatiempos acomodados al gus- 
to de la época. En materia de estilo, la obra es tan 
buena como la que el marques de Villena escribió, unos 
cien años después, sobre un asunto análogo, con el tí- 
tulo de Arle cisoria, aunque su objeto la hace aun mas 
I maportanteV 

] No lo sería menos el segundo monumento literario 

t atribuido á este reinado, si le disfrutáramos completo. 

Es una crónica rimada, por el estilo de los antiguos ro- 
mances , en que se refieren los sucesos ocurridos en 
tiempo de D. Alonso XI, y que comunmente lleva su 
nombre. Hallóla D. Diego Hurtado de Mendoza en un 
legajo de manuscritos árabes, y atribuyóla, sin mucha 
meditación, á un secretario de aquel rey : dióla pri- 
mero á conocer Argote de Molina , que la creyó obra 
de algún poeta contemporáneo del rey cuya historia 
refiere; pero las únicas coplas que de ella quedan no 
pasan de treinta y cuatro , y aunque Sánchez no duda 
de que sean anteriores al siglo xv, no las considera, sin 
embargo, como obra del tiempo de dicho rey , y efec- 
tivamente su estilo y lenguaje es aun mas moderno de 
lo que opina aquel juicioso escritor. Eslán en caste- 
llano muy fluido , y el tono es tan robusto y animado 
como el de los romances mas antiguos*. 

* Libro de la Montería que man- do con curiosos grabados en madera, 

dó escribir, etc., el rey D. Alfonso y concluye con una descripción del 

de Castilla y de León, último deste bosque del Pardo, y una égloaa en 

nombre , acrecentado por Argote de octava rima, hecha por Gómez de Ta- 

Molina, Sevilla, 1582, folio, 91 hojas : pia , granadino , al nacimiento de la 

el texto es incorrecto , según afirma infanta D/ Isabel, hija de Felipe IL 

Pellicer. (Notas al Quijote , parte 2, * Esta antigua crónica rimada la 

cap. 24.) El discurso de Argote de encontró en Granada D. Diego Hur- 

Molina, que sigue á continuación y tado de Mendosa entre sus manus- 

tiene veinte y una hojas, está ilustra- critos árabes, y con carta de i.° de 



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84 



HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAPlOLA. 



También sod conocidos, por haberse impreso de ellos 
algunas coplas, dos poemas escritos, según lo declara 
el mismo autor, en el reinado de uno de los dos Alfon- 
sos, probablemente del undécimo, que fué el último de 
su nombre, conociéndose igualmente la condición del 
autor , que se llama á si mismo Beneficiado de Ubeda. 
Consta el primero de quinientas y cinco estancias, que 
contienen la Vida de San Isidoro , y el segundo trata 
de Santa María Magdalena ; pero, aunque estuvieran im- 
presos, no merecen seguramente, por las muestras, que 
nos detengamos mucho en ellos '. 



diciembre de 1573 se la remitió al 
cronista de Aragón Jerónimo de Zu- 
rita , diciéndole que Argote de Mo- 
lina tendría mucho gusto en ver- 
la. Dice ademas : c Parecióme muy á 
propósito para entretener á Vind. 
un rato , y también porque sé que el 
señor licenciado Fuenmayor gustará 
de ver con cuánta sencillez y pureza 
los pasados escribían en verso sus 
historias; » y añade que es de lo que 
en España llamaban ge*t4U. De toóos 
modos, la mira como curiosa y apre- 
ciable , por creerla escrita por un 
secretario de D. Alonso XI, y porque 
difiere en algunas cosas de fas no- 
ticias comunmente admitidas de su 
reinado. (Dormer, Progresos de la 
Historia de Aragón , Zaragoza, 1680, 
folio, p. 502.) Las treinta y cuatro 
coplas que quedan de esta crónica, se 
publicaron por primera vez en el cu- 
riosísimo libro intitulado c Nobleza 
de Andalucía», de Gonzalo Argote 
de Molina (Sevilla, 1588, fol. i98), y 
de él las copió Sanchez.jíPoesias an- 
teriores , 1. 1 , pp. 171-177. ) Dice Ar- 
gote : c Por la curiosidad ae la len- 
gua y poesía de aquel tiempo , y por 
ser de lo mejor y mas fácil que en 
mochos años se escribió en España, 
lo traslado aquí. » Lo cierto es que 
ton tan fáciles y tan desnudas de ar- 



caísmos , que no podemos conside- 
rarlas escritas con posterioridad á 
los romances del siglo xv, á los que 
se parecen mucho. La siguiente des- 
cripción de una victoria , referida en 
la crónica de D. Alonso XI, 1551, folio, 
cap. 254 , y que debió ([anarse antes 
de 1330. es de lo mejor entre las 
publicadas : 

Los moros rtaéron fuyendo 

Maldiciendo su ventura, 
El Maestre los siguiendo 

Por los puertos de Segara. 

E feriendo e derribando 

E prendiendo á las manos 
E Sanctíago llamando 

Escudo de los christianos. 

En alcance los llevaron 
A poder de escudo y lanía , 

E al castillo se tomaron 
E entraron por la matanza. 

E muchos moros fallaron 

Espedazadosiacer; 
El nombre de Dios loaron 

Que les mostró gran plazer. 

Es desgracia que el poema entero 
se haya perdido. 

' En Sánchez (Poesías anteriores, 
t. 1, pp. 116-118) se encuentran 
breves extractos de las poesías del 
Beneficiado de Ubeda. La primera 
copla es muy parecida al exordio de 
varias obras de Berceo , y dice así : 



Si me ayidare Christo | e la Virgen sagrada, 
Querría componer | una facción rimada 
De un confesor que fizo | vida honrada. 
Que nació en Toledo, | ei esa cibdat nombrada. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO V. 85 

Pasaremos pues á Juan Ruiz, llamado comunmente 
el Arcipreste de Hita , poeta que sabemos vivió en la 
misma época, y cuyas obras merecen, por su importan- 
cia y carácter, un detenido examen : su fecha puede fi- 
jarse con alguna probabilidad , porque en uno de los 
tres códices que de ellas existen se contienen algu- 
nas poesías escritas en 1330, al paso que en los otros 
dos las hay del año 1343. Su autor, que parece nació 
en Alcalá de Henares , vivió mucho tiempo en Guada- 
lajara y en Hita, que distan solo cinco leguas una 
de otra , y sufrió una larga prisión de orden del arzo- 
bispo de Toledo, entre los años de 1337 y 1350 ; de 
cuyos datos podemos inferir que residió generahnente 
en Castilla y floreció en tiempo del rey D. Alonso XI, 
es decir , que fué coetáneo ó muy poco posterior al 
infante D. Juan Manuel *. 

Compónense sus poesías de unos siete ipil versos, 
que, aunque repartidos, en general, en coplas como las 
que usó Berceo , presentan sin embargo alguna varie- 
dad en el tono , índole y medida , desconocida antes 
en la poesía castellana , sobre todo en el número de 
sus metros, de que usó hasta diez y seis diferentes, 
algunos tomados de la escuela provenzaL Las poesías, 
según hoy las disfrutamos , comienzan con una oración 
á Dios , compuesta probablemente á la sazón que es- 
taba preso el Arcipreste > pues en tal estado , según se 
lee en uno de los códices, compuso casi todas sus obras. 



* En cuanto á su vida » véase i San- Viena, 1S52, cuaderno lvhi, pp. 220- 
^hez , 1. 1, pp. iOO, 106 , V t. iv, pági- 25. £1 articulo es de Femando Wolf, 
nas 2, 6; y si se quiere leer una cri- quien llega hasta el punto de com- 



tica excelente de sus obras, cónsul- parar al Arcipreste con Cervantes, 
tese el Anuario de la literatura. 



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86 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

Sigúese un prólogo en prosa , muy curioso, que explica 
el objeto moral de la colección , ó mas bien trata de 
ocultar la tendencia inmoral de la mayor parte de la 
obra ; y terminado este y otros preliminares, siguen las 
poesías, con suma variedad de asuntos, pero ingenio- 
samente enlazadas ''. Todas ellas componen un tomo bas- 
tante abultado ,• y se reducen á una serie de cuentos 
que parecen ser los sucesos reales de la vida del Arci- 
preste , unas veces mezclados con fábulas y alegorías 
que tal vez envuelven hechos que ignoramos; otras 
hablapdo con la mayor sinceridad y aludiendo sin dis- 
fraz alguno á su persona y aventuras. En el pórtico de 
esta escena viva y animada figura el carácter equívoco 
de su mensajera, la tercera de sus amorfos, á quien 
desvergonzadamente llama Trotaconventos, significan- 
do que llevaba sus recados amorosos á conventos y 
monasteriqs ^. La primera dama á quien el poeta la en- 
via , parece era mujer instruida , mucho letrada , y su 
historia está ilustrada con los apólogos de cómo el León 
estaba doliente é las otras animalias le venían á ver ^ y 
de qúando la tierra bramaba; pero todas sus diligencias 
son en vano : la dama se niega á corresponderle, y él en- 

B La tendencia inmoral de machas madas técnicamente alcahuetas ó ter- 
de sus poesías es co^a qae no solo ceras, clase que por el retiro en que 
apura bastante á su editor ( p. Í7 , y entonces vivía el bello sexo, y por la 
notas á las pp. 76, 97, 102, etc) , sino influencia de las costumbres morís- 
que algunas veces el mismo Arcí- cas, hace gran papel en la literatura 
preste no sabe cómo salir del paso primitiva de España. Las leyes de Par- 
acoplas 7-S66, etc.): algunas veces tída(part. 7, tit. 22) contienen dos 



el asunto que le ocupa es demasiado leyes contra ellas, y la Celestina, que 
claro para tratar de encubirle, y en- al fin del acto segundo es también 
tónces el editor recurre al medio de llamada Trotaconventos , es su pro- 



suprimir-trozos enteros. totipo : los innumerables , ridiculos 

^ Hay bastante oscuridad respecto y ooiosos epítetos con que el Arcí- 

á este importante personaje (cop. 7i, preste mismo las abruma ( cop. S98. 

674 y otras); pero su nomore eraUr- 902), prueban bien su actividad é 

raca, como aparece de la copla ÍS50, importancia en aquellos tiempos. 
y pertenecía á la clase de mujeres lia- 



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PRUfBftA ÉPOCA. CAPÍTULO Y. 87 

ióoces se consuela con las palabraet de Salomón, excla- 
mando que las cosas de este mnndo todas son vanidad 
y liviandad. En la aventura siguiente , un amigo traidor 
le engaña y le roba á su dama, pero él no se desani- 
ma por eso^ ; antes al contrario, se manifiesta dispuesto 
á dejarse llevar de su destino , como el hijo de un rey 
moro cuya historia refiere ; y después de algunas re- 
flexiones astrológicas se declara nacido bsyo la in- 
fluencia de la estrella Venus, y sujeto inevitablemente 
á su dominio : recibe un nuevo desengaño , y entonces 
el Amor viene en persona á visitarle y le da consejos, 
en una serie de apólogos contados con mucha facilidad 
y gracia. El poeta le responde con la mayor gravedad, 
riñe con D. Amor, le echa en cara su falsedad y sus 
crímenes, le dice que directa ó indirectamente tiene 
parte en los Siete pecados mortales, y apoya cada una 
de sus aserciones con una fábula muy oportuna*. 

El Arcipreste se presenta entonces á D.' Venus, á 
quien, á pesar de que conocia bien á Ovidio , hace es- 
posa de D. Amor , y valido dé sus consejos sale bien 
de las empresas que acomete; pero la historia que 
cuenta es conocidamente una ficción , sí bien acomo- 
dada á los sucesos reales de su vida : está tomada de 
una come.dia ó diálogo escrito antes del año de 1300^ 
por Pamphilo Mauriano ó Mauriliano , y atribuida por 
muchos años á Ovidio; la misma que el poeta castellano 

' CoDcluido el negocio, dice el bre los siete pecados mortales, se en- 

poeta con sama gracia : caentra con frecuencia en los c Fa- 

«I ..AmiA 1* vi«»H* A A mi ÉcA .««.{«P Wieaux » franceses , y el lector inglés 
El comió hi vianda é á mi flso nmilar. ^^^^^ ^^ ^^ muestra muy notable 

s Gop. il9, 142 , etc. , i7i , etc., de él en el Persone's Tale, ó Cuento 
903, etc. Un razonamiento como el del Gura, por Chaucer. 
contenido en estas últimas coplas so- 



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83 HISTORU OB LA LITEBATURA BSPAÜOU. 

Uatte el talento de reproducir oon los colores y carácter 
local del país. Este trozo, que consta de unos mil versos, 
es algo libre, y*el Arcipreste, asustado de sí mismo, 
muda repentinamente de tono, y añade una larga serie 
de consejos morales severísimos, y de lecciones al be- 
llo sexo. Interrúmpelas luego sin motive alguno , y 
marcha á los montes de Segovia : el camino es malo, 
la estación cruda y por el mes de mayo, de modo que 
sus aventuras son poco gratas; sin embargo, conserva 
siempre la misma facilidad , lijereza é irreflexión , y 
esta parte de su historia está ademas sembrada de can- 
ciones pastorales muy animadas , al estilo provenzal, 
y llamadas cantigas de serrana ^ á la manera que la 
primera parte lo está de fábulas denominadas enooem^ 
fias ó cueníos *, 

Cerca de la sierra por donde viaja hay un santuario 
de mucha devoción , adonde el autor va en romería, 
la cual refiere entremezclando con su narración himnos 
sagrados , como antes ha mezclado apólogos y cancio- 
nes á la relación de sus aventuras amorosas ; pero la 
cuaresma se acerca , y el poeta se vuelve precipitada- 
mente á su casa. Apenas llega á sus hogares, recibe 
una notificación formal de D.* Cuaresma, para que se 
presente á ella armado , con todos los demás arcipres^ 

* Gop. S57-SSfi9, y las 419 y 548.— das de las c Pastorelas » ó « Pastore- 

Pamphyhis, €De amore»; F. A, Ebert, las » de los trovadores. (Raynouard . 

Diccionario bibliográfico, Leipsik, cTroubadours , » t. n, pp. »9, etc.) 

4830, 4.®, t ui» p. S»7. — P. Leyserí, Si se encontrasen oon mas frecuencia 

cHi8t.Poet.HeaiiiETii,Hal€eB,i7Si, en la literatura francesa del norte 

8.*, p. 907i ,— ^Qcbez , t. ir, pp. xxni, poemas de esta especie, pudiéramos 

niv. La historia tomada de Pampbilo creer que allí buscó el Arcipreste sus 

por el Arcipreste se hallar¿ desde la modelos, jpues se advierte en sus 

cop. S55 basta la 805, y la relación obras el mismo estilo que en las de 

de su viaje á la sierra de Segovia, en los trovadores franceses ; pero no 

las 924-1)17. Las « Serranas » incluí- sabemos de ninguna eserita al norte 

das en este trozo las creemos imita- del Loire, en tan remota época. 



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PRIMEIU ÉPOCA. — capítulo V. 89 

tes y clérigos , á fin de hacer uoa entrada contra Don 
Carnaval y sus secuaces , como las que se hacían en 
tierras de moros. Sigue luego la descripción de una 
de esas batallas alegóricas que tanto usaban los trova- 
dores y ministriles de la edad media *^ , en la que fi- 
guran D. Tocino , D/ Cecina y otros personajes de la 
misma especie; y como la acción es en tiempo de cua- 
resma , resulta naturalmente que D. Carnal es roto y 
preso ; si bien concluida la cuaresma , huye el prisio- 
nero alegórico, reúne sus partidarios» entre los cuales 
se cuenta á D. Almuerzo y á D.' Merienda, sale al cam- 
po , y queda vencedor, •fr 

D. Carnal hace luego alianza con D. Amor, y ambos 
se presentan con toda la pompa imperial; el áltimo, so- 
bre todo, es recibido con regocijo universal : el clero, 
los seglares , los frailes , monjas y juglares salen en 
triunfo, formando una procesión extravagante, á recibir- 
le y darle la bienvenida; pero el poeta obtiene la honra 
de ser nombrado para salir el primero á su encuentro; 
honra que todos se disputan con empeño, y particular- 
mente las monjas '^ En premio de ésto, el Amor refiere 
al poeta sus aventuras en Sevilla y Toledo, durante el 
invierno anterior , y después le deja para marchar en 
busca de otras nuevas. Entre tanto el Arcipreste, con 
el auxilio de su sagaz agente D.* Trotaconventos, en- 

*• Cop. 4017-1040. Podríamos citar «« Cop. H84, etc. , li99, 1229. Es 

la € Bataüle des Vins >, por D^Andeli difícil comprender cómo el Arcípres- 

(Barbazan, edic. Heon , 1. 1, p. 15^) ; te se aventuró á decir algunas de las 

pero la c BataUle de Karesme et de cosas que se leen en este trozo. Una 

Chamage» hace mas al caso presen te : parte de los (¡ue van en la procesión, 

otros hav que tratan de asuntos ana- cantan los himnos mas solemnes de 

logos. En cuanto á los sabrosos y la Iglesia, parodiándolos y api ¡cando- 

suculentos personiges alegóricos que los á D. Amor, como por ejemplo, 

et Arcipreste pone en escena, léanse el cBenedictus qui veniti, lo cual 

las cop. 1080, Í169, 1170, etc. parece una verdadera blasfemia. 



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90 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

ira en una nueva sene de aventuras amorosas , mez- 
- ciadas también con apólogos ^ pero mas libres que las 
primeras, y que acaban con la muerte de aquella mu- 
jer : el poeta hace su epitafio, y con él termina lo que 
podemos llamar el Poema, ó sea la parte mas completa 
y trabada de sus obras. El tomo contiene ademas otrbs 
poemitas sobre asuntos muy diferentes, como el De 
cuáles armas se dAe armar iodo christiano para vencer el 
diablo , el mundo é la carne ^ y el De las propiedades que 
las dueñas chicas han, los cuales no tienen, al parecer, 
conexión alguna entre sí, ni menos con la obra prín- 
^ cipal. 

...,•«. El tono general de estas poesías es incalificable por 
su variedad ; pero domina en ellas un espíritu satírico, 
mas bien dulce que acre : este espíritu se observa en 
los pasajes mas graves, y cuando el poeta se abandona 
á su ingenio, lo hace con la impavidez y valentía sufi- 
cientemente demostrada en sus versos sobre el poder 
del dinero en Roma y la corrupción de aquella ciu- 
dad". Otras veces, como cuando habla de la muerte, 
es solemne y tierno, y al mismo tiempo sus himnos ó 
canciones á la Virgen respiran la unción de la devo* 
cion católica ; de manera que es difícil encontrar, en 
el inmenso campo de la literatura española , un libro 
de mas variedad en los asuntos y en el modo de tra- 
tarlos **. 



^ Cop. 464 y siguientes. Aqui , ** Al codUt la fábula c De cuando 

como en otros muchos lugares de su la tierra bramaba», el Arcipreste dice 

libro, el poeta se encuentra con los que es sacada de ¡sópete. Es á sa- 

poetas franceses del norte. Véase el ber que Ya en el siglo xui había en 

«Paternóster del usurero», y el cCre- francés dos colecciones de fábulas 

do», en Barbazan, «Fablieaux,» t. iv, con el nombre de « Isopet», las mis- 

pp. 90 y i06. mas que publicó Robert en sus «Fa- 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO V. 91 

El mayor mérito del Arcipreste de Hita consiste eo 
los muchos cuentos y fábulas con que ameniza su libro, 
al contar las aventuras que forman el núcleo de sus 
poesías» al estilo del Conde Lucanor 6 de Los cuentos de 
Cantorbery. La mayor parte son conocidas y están to- 
madas de Esopo y de Fedro , ó mas bien de las traduc- 
ciones francesas de estos dos autores, muy comunes en 
la poesía primitiva del norte de la Francia. Las imita- 
ciones mas felices son la de Las Ranas pidiendo Rey , 
la del Alano que llevaba la pieza de carne en la boca , y 
la de Las Liebres que se recobraron del miedo al ver alas 
ranas accbardadas hay algunas que tienen tal verdad, 
sencillez y gracia, que nadie después ha logrado exce- 
der; como por ejemplo, la de El Ratón dé la ciudad y el 
dd campo, que leida en Esopo, Horacio y La Fontaine, 
no nos agrada tanto ni la hallamos tan bien contada 
como en el Arcipreste **. 



bles inédites» (París, Í825.2 vol., 
S.®), y como cabalmente Maria de 
Francia, que yi?ió en la corte de Enri- 
que III de Inglaterra, donde acudían 
a la sazoi) todos los poetas france- 
ses del norte, alude ja ¿ ellas en 
el prólogo á sus fábulas , no hay in- 
couTeniente en Qjarlas hacia los años 
de 12i0. (Véase «Poesíes de Marte de 
France», ed. Roquefort, Paris, 1820, 
S.®, t. u , p. 61 ; y las admirables in- 
dagaciones de De la Rué, sobre los 
bardos, juglares y trovadores. Caen, 



1854, 8.^, 1. 1, pp. 198, 202, y 1. iii, 
pp. 47, 101.) El Arcipreste debió pues 
tomar todas ó al menos gran parte 
de sus fábulas de uno de estos Iso- 
petes , ó tal vez de ambos. Su con- 
temporáneo , D. Juan Blanuel , hizo 
probablemente lo mismo, y á veces 
tomó las mismas que él. (Véase el 
Conde Lucanor, cap. 26, 43 y 49. 
que son las fábulas que cuenta el 
Arcipreste en las coplas 1386, 1411 y 
1428.J 
«^ Cop. 1344. Empieza asi : 



Mor de Guadalaxara I un Iones madnigaba , 
Foese á Monferrado , | i mercado andaba ; 
Un Mor de franca barba | recibiol'en su cava. 
Convido!' i yanur | ¿ dióle ona taba. 
Estaba en mesa pobre, | buen «esto é buena cava, 
Con la poca vianda i boena voluntad para, 
A los pobres manjares | el placer los repara , 
Pagos' del buen talante | Mar de Goadafaxara. 

Siguen ocho coplas mas. Ademas veinte traducciones de esta fábula, 
del original grieffo atribuido á Esopo, entre ellas dos en español, una de 
y el latino de Horacio, hay mas de Bartolomé Leonardo ae Argensola, y 



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92 HISTORU DE LA LITERATURA ESPAllOLA. 

Pero lo que mas sorprende y admira , la impresión 
mas notable que deja la lectura de sus versos, es la 
naturalidad , frescura y viveza que en ellos reina. En 
esto el Arcipreste es muy parecido al inglés Cbaucer, 
poeta poco posterior á él ; y no se reduce á esto solo la 
semejanza entre ambos autores : los dos toman sus 
asuntos en la poesía francesa del norte ; ios dos pre- 
sentan la mezcla informe de inmoralidad y devoción 
que tan común es á su siglo, aunque en parte parece 
efecto de su carácter personal ; los dos demuestran un 
conocimiento profundo del corazón humano , y son feli- 
císimos en la pintura de las costumbres y vicios de su 
época. Ambos fueron, por temperamento y humor, sa- 
tíricos y mordaces ; fundadores en su patria de una 
nueva escuela de poesía popular, introduciendo nuevos 
metros y combinaciones, y formando con ellos una ver- 
sificación que , aunque en general irregular y grosera, 
es con frecuencia fluida , robusta y siempre natural. 
Verdad es que el Arcipreste no tiene la ternura , subli- 
midad y grandes facultades de Chaucer; pero el temple 
de su ingenio, y la agudeza y primor de sus versos, le 
hacen tan semejante al gran poeta inglés , como lo po- 
drán ver cuantos hagan un estudio detenido y compa- 
rativo de sus obras. ^""^ 

El Arcipreste vivió en los últimos años del reinado 
de D. Alonso XI , y quizá algo después : al principio 
del siguiente reinado , que fué el de D. Pedro, llamado 
el Cruel, ó sea hacia 1 350, encontramos un poema muy 
curioso , dirigido por un judío de Carrion al nuevo mo- 

otra de D. Félix María Samaniego ; guna de ellas es Un baena como la 
pero casi puede asegurarse que nin- del Arcipreste. 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPITULO V. • 93 

narca, á su subida al trono. El manuscrito, existente en 
la Biblioteca Nacional de Madrid . se titula : Libro del 
rabí de Santob, ó mas bien rabbi Don Sanlob, y se 
compone de cuatrocientas sesenta y seis coplas^'. El mos- 
tró es la redondilla t ó mas bien copla antigua, de siete 
sílabas, fácil y fluida para aquel tiempo, y el propósito, 
dar consejos morales al Rey, teniendo buen cuidado el 
poeta de advertirle que no los menosprecie porque se 
los da un judío. 

Por nascer en el espino , Non val el a^r menos 

no val la rosa cierto por nas^r de mal nido ; 

menos ; ni el buen vino , nin los enxemplos buenos 

por nascer en el sarmyento. por los decir judío . 

Después de una introducción , algo pesada, comien- 
zan los consejos morales en la copla 53 , y continúan 
hasta el Gn de la obra, que, en general, tiene el mis- 
mo tono que las demás poesías didácticas de aquel 
tiempo, aunque está escrita con mas estro y facili- 
dad. En esta parte es justo confesar que pocos ra- 



V Hay cnando menos dos códices copiante iffnoraote cometiese este 

de las poesías de este judio, de que error. El códice de Madrid comienza 

solo se han publicado algunos frag- de diverso modo que el del Escorial, 

mentos. El mas conocido y citado es como puede verse en la Biblioteca 

el del escorial, que usaron Castro de Castro, y dice así : 

2«^";*^.W?'í ' Li' ?4f • ]S' Señor Rey , noble , alto , 
302), y Sánchez ( 1. 1 , pág. i79 , 184, oy este sermón 
y t. IV , p. 12, etc) : el que nosotros Qoe vyene destr Santob, 
usamos , es copia del que existe en Judío de Carrion. 
la Biblioteca Nacional de Madrid, se- Comunalmente trobado 
fialado Bb. 82, fol. , donde este poe- S® ?*í?.*^ moralmente. 
ma del Rabbi ocupa las hojas 61 i 81. SeVín! oue vÍ^SÍ?nte 
D. José Antonio Conde prefería esle ^®*"°' ^"^ ^* siguiente, 
códice al del Escorial, y era de opi- La primera noticia que tenemos 
nion que el verdadero nombre de su del judío de Carrion se halla en la 
autor era «Santob», y no c Santo», carta del marones de Santillana al 
como se lee en el del Escorial ; por- condestable de Portugal, y por lo que 
que no es probable que un judio to- en ella se dice , se infiere c^e la re- 
mase este apellido de Santo en tiempo putacíon del Rabino á mediados del 
de D. Pedro el Cruel , y sí que un siglo xv era todavía muy grande. 



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94 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

binos de ningún pais nos han dejado versos tan inge- 
niosos y agradables como algunos de los contenidos en 
los consejos del judío de Carrion. En el códice del Es- 
corial que contiene los versos de este judío, se hallan 
otros dos poemas, que por algún tiempo se le atribuye- 
ron ; pero que parece mas probable sean de otros au- 
tores desconocidos *'. El uno es también didáctico, y 
ademas religioso ; intitulase : La doctrina chrisíiana. 
Tiene un prólogo en prosa, que demuestra la devoción 
del autor, y consta de ciento y setenta y cinco coplas 
de á cuatro versos , los tres primeros octosílabos y mo- 
nosílabos, y el último de cuatro sílabas sin rima : forma 
métrica no extraña á los sáneos y adonices. El asunto 
de la obra es la explicación del Credo , de los Diez 
mandamientos, de las Siete virtudes, de las Obras de 
misericordia, los Siete pecados mortales, los Cinco sen- 
tidos y los Sacramentos, con algunas digresiones sobre 
el modo de vivir cristianamente. 

El otro poema se intitula Vision de un ermitaño , y 
es una visión, en veinte y cinco coplas de arle mayor. 



*^ Castro, Biblioteca Española, 1. 1, llana, ánica autoridad respetable en 
p. i99.— Sánchez, 1. 1, p. iSSí, t. n, época tan apartada, da a entender 
p. Í2. que nunca se convirtió, circunstancia 
Aunque D. José Amador de los <^ue si se hubiese realizado, bubier^ 
Ríos en sus «Estudios históricos, po- sido contada y recordada con eiitil- 
Uticos y literarios sobre los juaios siasmo, sobre todo tratándose áe un 
de Espaiía», libro erudito y asrada- poeta como él. Siendo pues judio in^ 
ble, publicado en Madrid en 1848, es converso , no^s creíble hubiese e^ 
de diversa opinión, y sostiene que crito la «Danza general», la tDoetriflJt 
, la « Doctrina cbristiana > es obra de cristiana», ni la «Vision de un ermita- 
D. Santobde Carrion (pp. 304,335), ño». Debo, sin embargo, advertir que 
hay razones muy poderosas para lasobservacionescontenidasenesta 
creer lo contrario, j no solo razones, nota , y las escasas noticias de auto- 
sino hechos. En primer lugar el mis- res juaios en España, se han exten- 
mo Santob ó D. Santos, se califica y dido antes de recibir la obra apre- . 
llama Judio ; los dos códices existen- ciable del Sr. Ríos, y cuando el pre* ' 
tes de los «Consejos» le dan el nom- senté libro estaba ya imprimiéndose, 
bre de Judio; el marques de Santi- 



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PRIlfRRA ÉPOCA. — CAPITULO V. 95 

aparecida á un ermitaño» el cual se supone presencia 
un combate entre el cuerpo y el alma : esta se queja de 
los excesos de aquel , que han atraido los castigos del 
mundo futuro; y el cuerpo se defiende diciendo que se 
ve condenado á tantos tormentos ponjue el alma se ha 
descuidado y no ha hecho la buena guarda que debia*^ 
Es una imitación de los muchos poemas por este estilo 
que entonces corrían por Europa, y de los que existe uno 
manuscrito, en inglés, cuya fecha fija Wharton en 1 304^*. 
Pero dejemos estos dos poemas castellanos de escaso 
valor, y pasemos á uno que lo tiene real y positivo. 

La Danza General ó Danza de la Muerte consta de 
setenta y cinco coplas de arte mayor, precedidas de una 
breve introducción en prosa, que no parece del mismo 
autor". Fúndase en la vulgar y conocidísima ficción, 
tantas veces ilustrada por la poesía y la pintura en la 

*^ Castro, Biblioteca Espafiola, 1. 1, driss, Berlin, 1812, 8.°, p. 446) ; pero 

p. 900. Poseemos copia de esta obrita, lo cierto es qae es antiquísimo, y se 

que comienza asi , designando bien encuentra bajo muchas formas y en 

claramente cuándo se escribió : diferentes lenguas. Véanse las poe- 

Despoes de U prima , I U ora passada , sias latinas atribuidas á Gualterio Ma- 

En el mes de enero I la noche primera pes , publicadas, á nombre de la so- 

En cccc é veynte | dorante la bera , ciedad Gamdense, por T. Wrigbt 

EsUndo aeosUdo | alia en mi posada, etc. ^j84|, ^.o^ pp 95^ jjj^ e^ España se 

Eli.® de enero de laeraespa- imprimió también á menudo en forma 
fióla de 1420, en que se coloca la de romance y en pliego suelto, sien- 
escena, corresponae al afio de Je- do una de las últimas ediciones la del 
sucristo de 1382. Este poema se año 1764. 

ha impreso en Madrid , 1848, 12.®, ^^ Castro, Biblioteca Española, t.i, 

p. 15 : oiliere bastante del manuscrito p. 200.— Sánchez, 1. 1, pp. 182, 185, y 

3ue poseemos , y la edición está sin t. ly, p.l2. Presumimos que la cDanza 
uda alguna hecha SQbre una copia general de la muerte», en castellano, 
muY incorrecta. es imitada de la francesa , porque en 
^ c Historia de la poesía inglesa,» muchas ediciones antiguas la fran- 
seoe. 24, al fin. Hállase también en cesa está junta con ele débat du 
francés, en época muy remota, con corps et de Táme », como la espa- 
el titulo de c Le débat du corps et ñola lo está en el códice del Esco- 
de Fáme», é impreso en 1488 (Ebert, rial : lo mismo sucede con los < Vo- 
Bibl. Lexicón , n.* 8071 , 5074). Su- tos del Pavón », que, según ya indica- 
pónese que el original de este poe- mos, suelen en ambas lenguas andar 
ma es uno escrito por un monje juntos con el «Poema de Alejandro», 
francés (Hagen ond Bnsching, Grun- 



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96 HISTORIA DB LA LITERATURA E^AÜOLA. 

edad medía ; ñccion reducida á citar á los hombres de 
todas clases y condiciones para la Üanza de la Muerte ^ 
especie de máscara espiritual, en la qoe figuran todos, 
dc^e el pontífice hasta el niño de pecho , danzan- 
do en figura de esqueletos. La obra española es pinto- 
resca y singular , quiza tanto ó mas que ninguna otra« 
porque el carácter sombrío y tétrico del pensamiento 
contrasta admirablemente con la armonía y soltura de 
los versos y el humor festivo de su autor, y nos recuerda 
con frecuencia los chistosos cuentos que de vez en cuando 
se leen en el Espejo para Magistrados^. 

Las siete primeras coplas del poema castellano for- 
man una especie de prólogo, que contiene el pregón de 
la muerte, parte dicho por ella , y parte por un predicador 
que concluye así : 

Faced lo que digo, non vos retardadas, 
que ya la muerte escomienza á hordenar 
una danza esquiva de que non podedes 
por ninguna cosa que sea escapar ; 
á la qual dis^ que quiere levar 
á todos nosotros lañando sus redes ; 
abrid las orejas, que agora oyredes 
de su cbarambela un triste cantar. 

Según se Ve en los antiguos cuadros, y se lee en otros 

^ En la erudita obra de F. Douca, hechas en Í463, que se conservan en 

intitulada cDanza de la Muerte» (Lón- aquella ciudad, y harian excelente 

dres , 1833 , 8.®) , y en la « Literatura compafiia al poema castellano. Véase 

de la Danza de la Muerte» , de H. F. también ü K. F. A. Scheller, cDiccio- 

Massmann(Leipzig,i840,8.**),sepue- nario de la lengua s^ona-neerlan- 

denverlas multiplicadas y variadas de8a»,Braunschrweig,i826,8.%p.75. 

formas en que ha sido tratada esta Estos trabajos , ya de poesía , ya de 

extraña ficaon. Debemos también pintura, como los que existen en Ba- 

añadir, como dignas de atención, las silea, Hamburgo, etc., no tuvieron 

noticias insertas en la c Biblioteca otro objeto que el de promover el 

universal alemana» (Berlin, i792, espíritu religioso y exhortar las gen- 

vol. 106, pág. 270), y una colección de tes ¿ la devoción, y lo mismo puede 

estampas publicada en Lubek , en decirse del poema español. 
1785, en folio, copiadas de pinturas 



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PRIMBBA ÉPOCA. — CAPÍTULO Y. 97 

poemas de la misma clase, la Muerte empieza por lla^ 
mar al Papa, loego á los cardenales, en seguida á los 
reyes, obispos» y hasta á los labradores y jornaleros; 
todos la obedecen y acoden á su danza , aunque al prin- 
cipio con alguna repugnancia , horror y sorpresa : la 
llamada á la juventud y á la hermosura es un itozo muy 
animado y expresivo** : 

A esta mi danza , traye de presente 
estas dos don^llas qae vedes fermosas ; 
ellas vinieron de may malamente 
á oyr mis canciones que son dotorosas ; 
mas non les valdrán flores ny rosas > 
nin las composturas que poner solían ; 
de mi si pudiesen partirse querrían , 
mas non puede ser, que son mis esposas. 

La ficción es seguramente horrible y espantosa ; pero 
tuvo mucha boga en Europa por largo tiempo, y está 
pintada en el poema castellano con tanto ingenio t viva- 
cidad y colorido^ como en cualquiera otro de su especie. 

En el mismo códice en que está la Danza general de 
la Muerte hay otro poema, en forma de crónica, malísi* 
mámente copiado, y de otra mano, pero que pertenece 
probablemente á la misma época < Trata de las hazañas 
semi&bulosas y semiverdaderas del conde Fernán Gon- 
zález, héroe del primer periodo de la lucha cristiana con 

'^ Poseemos una copia manuscrita Salid luego fuera sin otfa peresa, 
de todo el poema. Las dos estrofiís si- ^o ^os mostraré venir á pobresa— 
guíenles, que creemos inéditas, son ^*^""» Mercadero , i la danta del lloro, 
muy curiosas: enlaunalaMuertere- ^.^e el «bbcadbr. 
puca.a un deán , y en la otra respon- 
de el Mercader. A quién dexaré todae mlt riquetas 



DICE LA VrERTE. 



E mereadurias » que traygo en la mar ? 
Con machos traspasos e mas soUlesas 
Don Rico Avariento , deán muy ufano , Gané lo que tengo en cada lugar. 

Xne vuestros dineros trocastes en oro , Agora la Muerte vino me llamar : 

pobres é viudas cerrastes la mano , Que será de mi , non sé que me fan , 

E mal d«^pendistes el vuestro tesoro : Muerte , tu sierra i mi es gran plaga, 

xVon quiero que estedes ya mas en el coro , Adiós , mercaderes , que voyms i 8nar. 

T. I, 7 



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98 HISTOHIA DK LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

los árabes, y que es en el norte de España lo qae mas 
adelante faé^l Cid en Aragón y Valencia. Atribuyese á 
su valor y esfuerzo la libertad de Castilla del yugo maho- 
metano, y sus hechos, considerados histórica y no poé- 
ticamente, se encierran entre el año de 934, fecha de la 
batalla de Osma, y su muerte, ocurrida en 970. 

El poema, pues, está exclusivamente consagrado á 
recordar sus glorias** : comienza con la invasión de 
España por los godos, y sigue hasta la batalla de Moret, 
en 967, en que termina el códice, faltando por lo tanto 
los (res últimos años de la vida del héroe. El estilo es en 
general prosaico y monótono, notándose, sin embargo, 
la frescura y sencillez común á toda la poesía de tiem- 
pos primitivos; el lenguage informe y rudo, y el metro, 
igual en todo al de Berceo y al usado en el poema de 
Apolonio , tiene á veces coplas de tres, cinco y hasta 
de nueve versos, en vez de cuatro. Comienza, lo mismo 
que la Vida de Santo Domingo de Sihs , de Berceo , con 
una invocación, siendo de notar que el primer verso es 
enteramente igual : «En el nome del Padre que fizo toda 
cosa. » La parte histórica, que empieza con la invasión 
goda, sigue paso á paso las tradiciones populares, con 
muy rara excepción, de las cuales es una, y muy notable 
por cierto, su modo de referir la entrada de los moros. 
En este punto se observa bastante anomalía; por ejem- 
plo, nada dice el autor de la historia de la Cava, cuyas 

** Véase la erúdiu disertación de drid, 1832, i2.<», t. n, pp. 27-39. Há- 
flray Beoiio M entejo , sobre ios Prín- llanse extractos de él en Bouterweck, 
dpios de la Independencia de Gasti- iradacído por D. J. G. de la Cor- 
lia, inserta en las Memorias de ia Real tina , etc. , t. i, pp. 154, 161. Posee- 
Academia de la Historia, t. lu, pági- mos copia de parte de este poema , 
ñas 245, 302. — Crónica general de del cual dan también noticias Cas- 
Espaiki .parte 3 , capitules 18 , 20. — tro, Biblioteca Española, t. r, p. 109, 
Doran, RomaDces caballerescos, Ha- y Sánchez, 1. 1, p. 1i5. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO Y. 99 

aventuras han sido una mina inagotable para la poesía 
española, y cuenta simplemente que el coode D. Julián, 
sin motivo alguno, sin haber recibido ningún agravio 
personal, se vendió al rey de Marruecos, y aseguró su 
traición persuadiendo al rey D. Rodrigo, en las Cortes, 
que convenia deshacer todas las armas y convertirlas 
en instrumentos de labranza, con lo cual el país, desar- 
mado, sucumbió fácilmente á la irrupción musulmana. 
Por el contrario; la muerte del conde de Tolosa está 
contada conforme en todo con la Crónica general de 
Don Alonso el Sabio, así como la aparición de San Mi- 
Han y el combate personal del Conde con un rey moro 
y con el monarca navarro. Muchos trozos del poema son 
tan parecidos á otros de la crónica , que no puede haber 
duda en que el que hizo el uno tuvo presente la otra; 
y como por otra parte hay mas visos de que el poema 
sea amplificación de la crónica, que no de que esta sea 
compendio de aquel, lo mas verosímil parece que la nar- 
ración en prosa sea la mas antigua de las dos, y la que 
suministró materiales para la composición poética , que 
sin duda alguna fué hecha para recitarse en público**. 



** Crónica general , edición 1004, ron, » asi como la aparición de San 
parte 3, fol. 9o ▼. 60-65 v. Véanse Millan (Crónica, parte 3, cap. i9), 
también el cap. i9 de dicha Gróni- con el trozo del poema que comien- 
ca,y Mariana, Historia, Ub. 8, cap. 7, za: cEl Cryador te otorga quanto 
y oompórense con el poema. Que pedido le as. > La siguiente ilustrá- 
oste fué tomado de la Crónica es , á cion , aunque meramente retórica, 
nuestro modo de ver, indudable : es muy notable y concluyente ; dice 
compárese, si no, estamisma parte 3, la Crónica ( parte 3, cap. 18) : « non 
cap. 48, hacia el fin, donde cuenta el »coentan de Alejandre los dias nin 
fencimiento ▼ muerte del conde de >los años , mas los buenos fechos é 
Tolosa. con el pas^e del poema que «las sus cavallerias que fixo.» El 
reimprimieron los traductores del poema se expresa casi en iguales 
Bouterweck,y empieza: c Caballé- términos: 
ros tolesanos trezientos y prendie- 

Non cnentan de Aleundre | las noches nin los dias; 
Cientan sos buenos feelios | é sos cavallerias. 



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100 HISTORU DB LA LITBRATUIIA ESPAflOLA. 

El encu^tro del conde Fernao González con el rey 

de Navarra» en la batalla de Yaiparé, es muy notable ; 

dice así el poeta : 

ElReyyelConde j ami)06 se ayuntaron, 
el uno contra el otro | ambos enderezaron, 
é la lid campal | allí la escomen^ron. 

Non podrya mas fuerte | ni mas brava ser 
cá allí les y va todo | levantar o caer ; 
él nin el Rey non podya | ninguno mas facer. 
Los unos y los otros fa^an | todo su poder. 

Mu y grande fué la fa^ienda | e mucho mas el roydo; 
darie el orne muy grandes voces, | y non seria oido, 
el que oydo fuese seria | como grande tronydo ; 
non podrya oyr voces | ningún apellido. 

Grandes eran los golpes, | que mayores non podían; 
los unos y los otros | todo su poder fa^ian ; 
muclios cayan en tierra j que nunca se enrían ; 
de sangre los arroyos | mucha tierra cobryan. 

Asas eran los Navarros | cavalleros esforzados 
que en qualquiera lugar | seryan buenos y príados, 
mas en contra el Conde | todos desaventnrados ; 
ornes son de gran cuenta | y de coraron lozanos. 

Quiso Dios al buen Conde | esta gracia fa^er, 

que moros ni Crystyanos | non le podían vencer etc. 

Seguramente que esta poesía no es del género sublk 
me : falta invención, ornato y dignidad; pero no deja de 
tener cierto vigor : verdad es también que apenas se 
halla en todo el poema otro trozo comparable al que 
hemos copiado. 

En la Biblioteca Nacional de Madrid hay un poema de 
mil doscientos y veinte versos, compuesto en el metro 
llamado por Berceo cuaderna via, que tan común era 
en la antigua poesía castellana , y con las mismas irre- 
gularidades y defectos que se notan en las obras de aquel 



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PIUMERA ÉPOGÁ. — GAPtTOLO V. {(M 

tiempo . El asanlo es las «venturas de José, bijo de Jacob ; 
pero tiene dos circonstancias muy síngularest que le ha- 
cen coríoso, interesante y notable entre las demás ner-* 
racbnes poéticas coetáneas. Es la primera, que, aunque 
compuesto en castellano, está escrito con caracteres ara* 
bigos, y por consiguiente tiene el aspecto de un códice 
oriental, con la particularidad de que, como el metro y 
la pronunciación están acomodados al valor de las vo- 
cales árabes, puede creerse fundadamente que si no es 
el manuscrito original, es al menos una copia idéntica 
y exacta. La segunda es que el asunto del poema, que 
no es otro que el muy conocido de José y sus hermanos, no 
está contado conforme á la relación bíblica , sino según 
la versión mas breve y menos dramática del capítulo xi 
del Koran, con algunas variaciones y adiciones, ya to- 
madas de los comentadores del mismo Koran, ya debidas 
al ingenio del poeta. Estas circunstancias no dejan lugar 
á duda, y así puede asegurarse, con algún viso de ver- 
dad, que el autor del poema fué alguno de los muchos 
moriscos que á la expulsión de sus compañeros quedad- 
ron escondidos en el norte de España, y olvidando su 
lengua nativa, adoptáronla castellana, conservando, em- 
pero, su creencia y culto mahometano*^. 
£1 manuscrito del Poerm de José está incompleto, 

^ Hay muchos manuscritos de esta raydores. > Para evitar el hiato , se 

especie, que llaman aljamiados; pero pone una consonante ¿ntes de la 

ño conocemos ningimo de la anti- ultima palabra , como « cada guno » 

S'edad y mérito del José. (Ochoa, en vez de «cada uno». El manua- 
talego de manuscritos españo- crito del Poema de José es un co- 
les, etc. , pp. O, 21.— Cávanos, Di- dice en 4.^, de 49 foKos : estít en la 
nastías mahometanas en España , 1. 1, Biblioteca Nacional de Madrid , Gg. 
pp. 492 y 505. ) En cuanto á la pro- iOi, donde hace afios le vimos, mer- 
nunciacion y ortografía del Poema ced á la amabilidad del orientalista 
de José , hallamos á menudo las si- D. Juan Antonio Conde : desde en- 
guientes palabras : « sembraredes , tónces acá hemos logrado adquirir 
quiriador, certero, maravella, ta- copia integra de él. 



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102 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

faltándole el principio y el fin ; pero debe ser muy poco 
lo perdido : principia^pintando la envidia de los hertnanos 
de José al saber el sueño que este habia tenido, y la pe- 
tición á su padre para que les deje llevárselo al campo 
con ellos. 

»Di8¡eron sus fíthos ; | Padre, eso no pensedles ; 
somos diez ermanos ; | eso bien sabedes ; 
seriamos taraydores, | eso no dubdedes ;• 
mas, empero, si no vos place, | aced lo que queredes. 

Mas aquesto pensamos ; | sábelo el criador, 
porque supiese mas, i | ganase el nuestro amor, 
enseñarle-iemos las obelhas | i el ganado mayor; 
mas, empero, sino vos place, | mandad como señor. 

Tanto le dijeron | de palabras fermosas, 
tanto le prometieron | de palabras piadosas, 
que él les dio el ninno : | dijoles las oras, 
que lo guardasen á él de | manos engañosas. 

Después que los hermanos de José han consumado su 
traición, vendiéndole á una caravana de mercaderes 
egipcios, la historia sigue exactamente al Koran : la her- 
mosa Zuleija ó Zuleia , que corresponde á la esposa de 
Putifar, en la Sagrada Escritura, y es muy celebrada en 
la poesía árabe , hace mas papel del que la corresponde 
en la fantasía del poeta. José es también personaje muy 
importante : el Bey le adopta por hijo y le encarga del 
gobierno, y ademas los sueños del monarca, los años 
alternativos de hambre y abundancia, el viaje de los 
hijos de Jacob á Egipto, su reconocimiento por José, el 
mensaje de este á Jacob, la amargura del padre al ver 
que Benjamín no vuelve ( paso en que queda cortado el 
códice), están amplificados al estilo oriental, en términos 
que parecen mas bien fragmentos del Antar ó de las Mil 



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PUlfERA ÉPOCA. — CAPITULO V. 103 

y ímanoches árabes, que no la tierna y bellísima historia 
que estamos acostumbrados á oir desde la infancia. 

Es invención del autor la conversación del lobo á 
quien los hermanos de José atríbuian su muerte, con el 
anciano Jacob ; también es suya la ocurrencia entera- 
mente oriental de que la medida con que José distribuia 
el trigo, y que era de oro y piedras preciosas, aplicada á 
su oído , le decia quién quería engañarle, y quién le ha- 
blaba verdad** ; pero el pasaje siguiente, que, como el de 
la separación de José , respira el espíritu de perdón y 
caridad bácia sus hermanos, que le habían vendido, y 
es circunstancia añadida á la narración del Koran, de- 
muestra mejor el tono general de la obra y las facultades 
poéticas de su autor. 

En la primera noche, después de su desgracia, Ynsuf 
(así le llama el poeta) va caminando bajo la vigilancia 
de un negro, y al pasar por un cementerio situado en una 
colina, donde está enterrada su madre, se separa para 
ir á ver el monumento en que descansa, y orar por ella. 

Dio salto del camello, | do iba cabalgando; 

no lo sintió el negro, | que lo iba guardando^ 

fuese ¿ la fuesa de su madre, | á pedirla perdón doblando, 

lusufálafuesa | tan apriesa llorando. 

Diciendo ; «Madre, sennora, | perdones el sennor ; 

madre, si me bidieses, | de mi abríais dolor ; 

boi con cadena al cuello, | catibo con sennor, 

bendido de mis hermanos, | como si fuera traidor. 

^ (Veáse el Apéndice.} El llamado la copa de la relación bíblica . y se en- 
alH « reyi es José, lo cual sucede con cueotra , como aquella , en el saco de 
frecuencia en el poema ; también se Beniamin, puesta allí por José con co- 
lé llama una vez c emperador >; pero nocimiento de su hermano, y como 
siempre es reconocido como supre- único medio de apoderarse de su per- 
nio monarca el Faraón de aauella sona y detenerle en Egipto ; pero sin 
épooa. La medida tan costosa, necha que sus hermanos sepan la causa, 
de oro y piedras preciosas , recuerda 



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104 HISTORIA DB LA LITERATURA ESRAÉOLA. 

El|o$ roe hati hendido, | nq teoíéiidoles tuerte; 

partiéronme de mi padre ; | ante que fuese muerto ; 

con arte, con falsía, | ellos me obieron bu^lto ; 

por mal precio me han hendido | por do boj ajado é cueito. i> 

£bQH>l<¿e el negro | anteiacamelli, V - 

requiriendo á Jusuf, | ó no lo bido en eUaV ; 

é bolbiose por el camino, | aguda su or^la, 

bidolo en el fosal, | llorando, que es marábélta. 

E fuese allá el negro, | e óbolo mal ferído , 

e luego en aquella ora | caió amortesido ; 

dijo : «tu eres malo, | é ladrón compiUdo ; 

asi nos lo dijeron tus señores | que te obieron hendido.» 

Dijo Jttsuf : «nosoi | malo, ni ladrón, 

mas, aqut ias mi madre, | é bengola á dar perdón ; 

ruego ad Allah | i á el fago loa9Íon , 

que si, colpa non te tengo, | te enbie su maldición. » 

Andaron aquella noche | fasta otro dia, 

entorbióseles el mundo, | gran bento corria , 

afeUezióseles el sol | al ora de mediodía, 

no bedian por do ir | con la mercadería. 

La época y origen de este notabilísimo poema solo 
pueden fijarse por conjetura. Es de presumir se escribió 
en Aragón, puesto que se encuentran en él nosolo voces^ 
sino hasta frases enteras propias del pais confinante^ 
con la Provenza : por la misma razón puede suponerse 
que su autor floreció hacia mediados del siglo xiv, en 
cuyo período, poco mas ó menos, desaparece la copla 
de cuatro versos, ritmo característico de la primitiva 
poesía castellana. Si el poema fuera del centro de la Pe- 
nínsula, lo rudo é inculto del lenguaje serían prueba de 
mas remota antigüedad ; pero, sea esto como fuere, tiene 
toda la sencillez y naturalidad de la época á que se atri- 
buye, y algunas veces una ternura poco común en aque- 

^ Como por ejemplo en la adición que terminan en consonante, eomo 
de una o , o de una a á las palabras mereadero por mercader. 



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PBIMERA ÉPOCA. — CAPITULO V. 105 

líos tiempos de violencia y desorden , lo cual hace que 
sea una producción muy interesante y curiosa. Ademas, 
SQ índole, algún tanto pastoril, y la pintura exacta de las 
costumbres orientales, están en completa armonía con el 
colorido arábigo que en todo él reina, presentando, en su 
espíritu y en su int^acion moral, la mezcla de las dos re- 
ligiones que ala sazón dominaban en España, y la amal- 
gama de los elementos de la civilización oriental y occi- 
dental que después se reU*ataron en la poesía española*\ 
La última composición perteneciente á esta primera 
época de la literatura castellana es el Rimado de Pala- 
cioy tratado de los deberes de los reyes y de los nobles 
en el gobierno del Estado, con cuadros muy vivos de 
las costumbres y vicios de su tiempo, que, como dice el 
poeta, deben los grandes reformar y desarraigar. Está 
escrito en las coplas propias de aquel tiempo, y comienza 
con la confesión general de su autor; pasa á discutirlos 
Diez mandamientos, los Siete pecados mortales, lasObraá 
de misericordia y otros puntos de doctrina cristiana ; 
habla luego del gobierno del Estado, de los consejeros 
del Rey, de los mercaderes, de los sabios, de los recau- 
dadores de pechos y de otros estados, y termina, según 
había comenzado, con ejercicios de devoción ". Su autor 
es D. Pedro López de Ayala, el canciller y cronista, uno 
de los españoles mas distinguidos de su tiempo, que 
ejerció los cargos mas importantes del reino en los rei- 
nados de D. Pedro el Cruel, D. Enrique II, D. Juan I y 

*^ Asi es que el mercader que com- ^ Para el «Rimado de Palacio», 

pra á José , habla de Palestina lia- véase el Boaterweck , trad. de Cor- 

mimdola «la Tierra Santa », y Faraón tina, etc. : el poema tiene i619 coplas, 

babla de hacer conde á José. Pero Mas adelante (cap. ix) hablaremos 

shi embargo el carácter del poema , de Ayala. 
en su totafidad, es oriental. 



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106 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÍlOLA. 

D. Enrique III, hasta el año de 1407, en que follecíó, 
á los setenta y cinco de su edad. 

El Rimado está, á lo que parece, escrito en diferentes 
épocas de la vida de su autor : por dos veces señala el 
año en que escribía, y estas fechas manifiestan con evi- 
dencia que una parte de la obra se compuso entre 1 398 
y i 404, y otra durante la prisión de Ayala eñ Inglaterra, 
después de la batalla de Nájera, en que el duque de Lan- 
cáster derrotó al conde de Trastamara, el año de 1367. 
En resumen , puede colocarse el poema hacia fines del 
siglo XIV, siendo de advertir que las desgracias de su 
autora y su prisión en Inglaterra nos recuerdan á cada 
paso al duque de Orleans y á Jacobo I de Escocia, que 
hacia el mismo tiempo y en circunstancias muy pareci- 
das dieron también pruebas de talento poético bastante 
parecido al del gran canciller de Castilla. 

En algunos trozos, y particularmente en los que tie- 
nen carácter lírico , el Rimado ofrece bastante seme- 
janza con las poesías lijeras del Arcipreste; otros están 
escritos con gravedad y seso , expresando los pensa- 
mientos sombríos y profundos que durante su cautividad 
debieron ocuparle : pero en general es templado, didác- 
tico y propio del asunto y del siglo en que se compuso>.^ 
Hay, sin embargo, trozos en que se descubre la vena 
satírica del autor, sobre todo al tratar de los vic^s de 
su tiempo, como cuando, hablando de los letrados, 
dice**: 



** Letrado es la toz con que en lien de Castro , en su comedia «Los 

España se ha designado siempre á los mal casados de Valencia», acto ni, 

abogados. Gaando Sancho va á go- dice de un gran bribón : «ensañó co- 

bemar su Ínsula dice que es « parte mo letrado. » En el primer libro de 

de letrado, parte de capitán »; y Gui- la «Guerra de Granada», de D. Diego 



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PMMBRA ÉPOCA. — CAPITULO V. 107 

Si quisieres sobre un pley to | d*ellos aver consejo, 
ponense solemnemente, | luego abaxan el cejo ; 
dis : «grant question es esta, | grant trabajo sobejo; 
el pleyto serS luengo, | ca atañe á to el consejo, n 
«Yo pienso que podría | aquí algo ayudar, 
tomando grant trabajo j mis libros estudiar ; 
mas todos mis negocios | me conviene dexac, 
é solamente en aqueste | vuestro pleyto estudiar.» 

Mas adelante» al tratar de la justicia, cuya administra- 
ción se hallaba lamentablemente descuidada por efecto 
de las guerras civiles, toma una entonación mas grave, 
y habla con tal cordura y tolerancia, que sorprende su 
lenguaje en aquella época. 

Justicia que es virtud | atan noble é loada, 
que castiga los malos | é ha la tierra poblada , 
devenía guardar Reyes, | é la tien olvidada, 
siendo piedra preciosa | de su corona onrrada. 
Muchos ha que por cruesa | cuydanjusticiafer, 
mas pecan en la maña, | ca justicia ha de ser 
con toda piedat, | e la verdat bien saber : 
aUer la exeéucion | siempre se han de doler 30 . 

Adviértese naturalmente en el Rimado cierta tiran- 
tez y seriedad, que algunas veces nos recuerda al hom- . 
bre político, mas bien que al poeta, sobre todo en lo 
relativo á los privados, á la guerra y á las costumbres 
palaciegas; pero todo el poema, ó mas bien los diferentes 
poemitas que le componen, está fielmente retratado en 
los trozos arriba insertos : es grave, mesurado y didác- 
tico, sembrado de vez en cuando de versos, en que 
reina la sencillez á la par que el sentimiento poético , 
tan propios, al parecer, del autor como de la época. 

Hurtado de Mendoza , puede verse dado algunos extractos del c Rimado 

una pintara de los letrados, digna de Palacio» en un agradable arti- 

de la pluma de Tácito. culo inserto en el « Semanario pin- 

^ D. José Amador de los Rios ba toresco» , Madrid , 1847, p. Mi, 



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i 08 HISTOftlA DE LA LITERATURA BSPAflOLA. 

Hemos recorrido ya una parte may importante de la 
primitiva poesía castellana , y terminado el examen de 
la que, primeramente épica y despues*didáctica, se pre- 
senta formulada ya en coplas de á cuatro versos largos 
é irregulares, aunque monorimos : toda ella es curiosa é 
importante^ y gran parte interesante y pintoresca; aña- 
diendo pues á este trabajo los romances y las crónicas, 
los libros de caballerías y el teatro, tendremos sentada 
la inmensa base en que descansa desde sus cimientos el 
edificio de la literatura española. 

Pero bagamos aquí alto, y ánles de pasar adelante ob- 
servemos algunas singularidades del período que aca- 
bamos de recorrer. Extiéndese desde poco antes del año 
1200 basta poco mas del 1400; y la poesía y la prosa 
se manifiestan ya en él con una fisonomía propia y que 
no es posible equivocar : algunos de sus caracteres son 
peculiares y nacionales, otros exóticos. Así vemos que 
en la Provenza, unida largo tiempo al reino de Aragón, 
y que por lo mismo influyó bastante en el resto de la 
Península, la poesía popular obtuvo, por su amenidad y 
el tono festivo y lijero que la distinguen, el nombre de 
Gaya ciencia , siendo enteramente diversa de la en- 
tonación grave y mesurada que resonaba al otro lado 
del Pirineo. En los paises mas septentrionales de la 
Francia dominaba por el mismo tiempo el espíritu gár- 
rulo y novelero, al paso que en la Italia aparecian casi 
simultáneamente Dante, Bocaccio y el Petrarca, sin ri- 
vales entre los que los precedieron, lo mismo que entre 
sus coetáneos. Por otra parte, los principales rasgos de 
la primitiva literatura castellana , el espíritu didáctico é 
histórico de casi todos sus largos poemas , sus versos 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO V. 109 

irregulares y arrastrados, la multiplicación de la rima, 
son dotes exclusivas de la Península y de los poetas 
españoles, aunque comunes también á los de los paises 
que hemos mencionado, donde luchaba á la sazón el 
espíritu poético, por hacerse lugar entre los elementos 
de una civilización agitada é insegura. 

Pero hay en la literatura española dos signos tan pe- 
culiares y exclusivos de ella, que es forzosa fijarlos des- 
de el principio como puntos de partida , á saber : la fe 
religiosa y la lealtad caballeresca, signos que lo mismo 
se ven en las Partidas de D. Alonso el Sabio, en los 
cuentos y anécdotas de D. Juan Manuel, en la libertad 
ingeniosa del Arcipreste y en la razón y cordura de 
Ayala, que en los poemas devotos de Berceo y en las 
crónicas caballerescas del Cid y de Fernán González : 
es por lo tanto de absoluta necesidad el consignarlos 
como ios dos rasgos mas notables de la literatura es* 
pañola. 

Y no debe causar sorpresa lo que acabamos de decir, 
porque el carácter nacional de los españoles, tal cual 
ha existido desde su desarrollo hasta nuestros tiempos, 
se formó al comenzar la imponente lucha causada por el 
desembarco de los árabes al pié de la roca de Gibraltar, 
y terminada solo en tiempo de Felipe III, con la dura 
expulsión de los miserables restos de aquel pueblo, 
lanzados del suelo que sus padres hablan invadido, sin 
razón alguna, nueve siglos antes. Mientras duró esta en* 
carnizada lucha, y sobre todo en los dos ó tres primeros 
siglos, envueltos en tinieblas, en que se verificó el na- 
cimiento de la poesía española, solo una fe religiosa 
invencible y una lealtad incontrastable á sus príncipes, 



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i 10 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

podían sostener á los cristianos españoles en el desigual 
combate que mantenían con los infieles sus opresores. 
Por consiguiente, la ley cruda y severa de la necesidad 
hizo que estos dos sentimientos entrasen á formar parte 
integrante del carácter español, carácter cuya enerjía 
estuvo durante siglos enteros consagrada exclusivamente 
al grande objeto de sus oraciones como cristianos, y de 
sus esperanzas como patriotas; es decir, á la expulsión 
de sus maldecidos invasores. 

Pero la poesía castellana fué desde sus principios, de 
una manera harto notable, la expresión fuerte y robusta 
de las opiniones y carácter del pueblo : sus primeros 
atributos son la sumisión religiosa y la fidelidad caba- 
lleresca , sentimientos que fraternizan entre sí y se sos- 
tienen mutuamente en los momentos del peligro. A vista 
de este fenómeno singular no debe causamos extrañeza 
el ver, mas adelante, que la obediencia á la Iglesia y la 
fidelidad al Rey resplandecen constantemente en la li- 
teratura española y la comunican su noble espíritu , va- 
riando, es verdad, el método de formular estos sentimien- 
tos á medida que variaba el estado del país en los tiem- 
pos sucesivos; pero marchando siempre adelante con la 
enerjía del primer impulso , y conservándose ilesos en 
medio de las convulsiones políticas : de modo que, si por 
una parte su desarrollo primitivo los hace indudable- 
mente nacionales y esta misma nacionalidad los hace 
también duraderos y permanentes. 



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CAPITULO VI. 

La literatura primitiya mas popular dividida en cuatro clases. — Primera 
clase, los romances. — Forma mas antigua de la poesía castellana.— Teo- 
rías acerca de su origen. — No es árabe. — Su forma métrica. — Redondi- 
llas. — Asonantes.— Su origen enteramente nacional. — Propagación del 
romance y de sus formas.^ Su nombre. —Primeras noticias de los ro- 
mances.— Romances del sigloxvi. — Tradicionales y no escritos. — Su 
primera publicación en los cancioneros, y después en los romanceros.— 
Colecciones antiguas de mas mérito. 

Durante la época que acabamos de recorrer, y en toda 
Europa, las cortes de los diferentes soberanos eran los 
principales centros de civilización y cultura ; y por un 
conjunto de circunstancias accidentales esto sucedió 
cabalmente en España en los siglos xiii y xiv. Hemos 
visto en el trono castellano y á su sombra poetas y pro- 
sadores como D. Alonso el Sabio, su hijo D. Sancho 
el Bravo, su sobrino el infante D. Juan Manuel, y el 
canciller Pedro López de Ayala, sin contar á S. Fer- 
nando, anterior á todos ellos, y que indudablemente dio 
el verdadero impulso á las letras en el centro y norte 
de España V Mas no era la literatura que produjeron y 



* D. Alonso el Sabio dice de su pa- >mucbo , et entendía quien lo fada 

dre S. Femando: «Et otrosí pasan- «bien, et quien non.» (Setenarlo, 

»dose de omes de Corte, que sabíen Pale^rapbia, pp. 80-83 y p. 76.) Véase 

•bien de trobar. et cantar, et de jo- también lo que mas adelante deci- 

«glares que sopiesen bien tocar es- mos al tratar de la poesía provenzal. 
•trunientos. Ca dtrsto se pagaba el 



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112 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

alentaron estos y otros hombres distinguidos, y el alto 
clero que con ellos gobernaba el Estado, la única que 
existia entre el Océano, el Mediterráneo y los Pirineos ; 
antes bien el espíritu poético se extendia ya por toda 
aquella parle de la Península reconquistada á los moros, 
y animaba todas las clases de la población cristiana. La 
misina historia fantástica y semiideal de sus hazañosos 
hechos, debidos en su mayor parte al impulso popular, 
y que llevan impreso el sello del carácter español , ins- 
piraba ese espíritu al pueblo cristiano ; espíritu que, co- 
menzando en Pelayo , se reprodujo después en períodos 
irregulares y en las formas no menos heroicas del Cid, 
Bernardo del Carpió y Fernán González. Por lo tanto, 
en el punto y período á que hemos llegado , comenzó 
á aparecer en el pais una literatura mas popular aun, 
hija del entusiasmo que dominaba á las masas, y ase- 
gurándose desde luego un puesto que con determina- 
das formas ha conservado y mantenido hasta nuestros 
días. 

Pero es de advertir que toda literatura verdadera- 
mente popular en su origen y carácter, y que en vez 
de proceder de las clases elevadas de la sociedad es 
mirada por ellas con desden y desprecio, es, por esta 
misma razón y por su natural rudeza, muy poco pro- 
pensa á adoptar formas fijas y determinadas , y por lo 
tanto sumamente difícil el seguir su mardia con los 
argumentos y pruebas que nos han ayudado en la parte 
de la literatura nacional , protegida desde un principio 
por los magnates del pais. Sin embargo, aunque no po- 
damos presentar el orden cronológico riguroso , ni la 
historia exacta de composiciones tan espontáneas, libres, 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO VI. H3 

y por lo mismo mal entendidas, las dividiremos en Guaj- 
iro clases, y aprovecharemos algunos de los materiales 
ya recogidos, para dar una idea del origen y progresos 
de cada una de ellas. 

Son estas cuatro clases : 1 .' Los romances , tanto his- 
toriales como líricos, ó sea la poesía del pueblo > desde 
los tiempos primitivos ; 2/ Las crónicas, ó. relaciones 
semifabulosas y semiverídicas de los grandes sucesos 
y héroes nacionales, que, aunque escritas en un prin- 
cipio por disposición de la corona, están, sin embargo, 
empapadas del carácter y opiniones populares ; 3.' Los 
LIBROS DE caballerías, eulazados con las dos clases an- 
teriores, y al cabo de algún tiempo admirados y leidos 
con pasión por el pueblo ; 4/ El teatro, que fué en su 
origen una diversión popular y religiosa en España , lo 
mismo que en Francia, y anteriormente en la Grecia. 

Estas cuatro clases encierran el rico tesoro de la lite- 
ratura española durante el último tercio del siglo xiv, 
todo el XV y parte del xvi. Fuertemente asidas á las hon- 
das raices del carácter nacional , y apoyadas en él , son 
totalmente diversas de las escuelas provenzal, italiana y 
palaciega , que florecieron al mismo tiempo, y cuyo exa- 
men dejamos para mas adelante. 

Romances.— Comenzaremos por los romances, porque 
ya no puede racionalmente ponerse en duda^ue la poe- 
sía, en la actual forma de la lengua castellana, apareció 
desde luego en forma de romance. La primera cues- 
tión que naturalmente ocurre es á qué causa debe esto 
atribuirse. Han respondido algunos que hubo proba- 
blemente en España una tendencia á dicha forma po- 
pular de composición, mucho antes que existiese la 

T. I. 8 



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i 14 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

lengua castellana que hoy se usa*; tendencia que puede 
remontarse hasta la época de los bardos indígenas, cuya 
oscura tradición consigna Estrabon en sus escritos', y 
que aparece ya de una manera menos vaga en los ver- 
sos leoninos y en otras composiciones latinas rimadas 
de la época gótica \ ó en aquella poesía vascongada, 
aun mas remota y oscura , en cuyas escasas reliquias han 
creído algunos hallar el germen de dicho espíritu *; pero 
estas inducciones, y otras de su especie, están tan poco 
apoyadas en hechos dignos de fe, que no merecen con- 
fianza alguna. Entre las opiniones mas generalmente 
admitidas, es una la de que los romances españoles, tal 
cual hoy se leen , son imitación de la poesía narrativa 
y lírica de los árabes, que resonó por tanto tiempo en el 
mediodía de la España, y que su forma y estructura es 
la misma que la de cierto género de poesía común á los 
árabes orientales, no solo antes de su invasión en Espa- 
ña, sino también antes de la existencia de Mahoma : 
esta es al menos la teoría de Conde*. 



* € Revista de Edimburgo » , nú- blando del reino de los godos y la- 
mero 146, articulo sobre la traducción mentando su caída, exclama el ero- 
de los Romances de Lockhart. don- nista : tOlvidados están sus cantares, 
de se explica ingeniosa y hábiímen- etc.» 

te esta teoria. * Guillermo de Humboldt , en el 

' Al examinar el pasaje de Estra- tMitbridates de Adelung y Vaterv, 
bon á que aludimos, y que está en el Berlin, 1817, 8.®, t. v, p. 354, y Argote 
lib. in, p. 139 (edic. Casaub. , folio de Molina, tií«tiprd, folio 93; pero las 
1620), debe tenerse presente otro de poesías vascongadas que esteúlti- 
la pag. 181 , en que afirma que en mo cita no pasan del ano de 1322, y 
su tiempo no solo se hablan ya per- por consiguiente tan probable es que 
dido aquellas poesías , sino basta la estén imitadas de los romances es- 
lengua en que estaban escritas. pañoles, como que hayan servido de 

* Argote de Molina ( Discurso de modelo para estos. 

la Poesía castellana, en el Conde Lu- * « Dominación de los árabes», 
canor, edic. 1875, fol. 93) es digno 1. 1, prólogo, pp. xvni-xix, pp. 169 
de citarse en la materia; también pue- y otras. Pero en el prólogo mauus* 
den recurrir los partidarios de esta crito auna colección intitulada «Poe- 
opinion á la «Crónica seneral» (edic. sí as orientales », traducidas por José 
1604, parte ii, fol. 265) , donde, ha- Antonio Conde , y que no se llegó á 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPITULO VI. 113 

Seguramente que las pretensiones históricas en que 
se funda esta teoría la dan á primera vista algún viso 
de probabilidad; pero hay también argumentos podero- 
sos en contra de ella, porque los romances españoles 
mas antiguos , que son los únicos acerca de los cuales 
pudiera suscitarse alguna duda, no tienen ni un solo ras- 
go que indique ser literatura de imitación. Tampoco se 
ha encontrado hasta ahora ninguna composición árabe 
que pueda presentarse como modelo de aquellos; y en 
cuanto hemos podido averiguar, ni un solo trozo de poe- 
sía oriental, ni una frase siquiera entró en su composi- 
ción. Al contrario; su libertad, soltura y enerjía, su ento- 
nación cristiana, su lealtad caballeresca, anuncian desde 
luego un carácter del todo original é independiente, 
que cierra la puerta á la idea de que hayan debido su 
origen á la literatura brillante, pero afeminada, de un 
pueblo á cuyo espíritu se opuso desde un principio y 
de la manera mas implacable todo lo que era español. 
Es por lo tanto necesario calificarlos de originales, como 
cualquiera otra poesía de nuestros tiempos, puesto que 
encierran en sí mismos pruebas evidentes de que son 
españoles de nacimiento é índole , aunque retratando 
siempre las vicisitudes del suelo en que nacieron y se 
arraigaron. Mucho tiempo después de su primera apa- 
rición continuaron ostentando los mismos elementos de 



poblicar , Ae explica con mas clari- .riores al Islam.» Es de suponer que 
dad , y dice « que en la versificación, ¿esta obra aluda Blanco White (Va- 
de los romances y seguidillas caste- -nedades, t. n,pp.45 y 46). La teorta 
lianas hemos recibido de los árabes d^Conde ha tenido muchos partida- 
el tipo exacto de las suyas » ; v mas rios : véase la « Revista retrospecti- 
adelante añade : «Desde la infancia va a» , t. iv, p. 31 , y la « Traducción 
de nuestra poesía tenemos versos esi)añoIade Bouterwekv, t.i, pp.i64 
rimados, conformes al metro que usa- y siguientes, 
ron los árabes en los tiempos ante- 



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H6 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

nacionalidad , de modo que hasta una época muy pró- 
xima ya á la conquista de Granada no hallamos en ellos 
ni el tono, ni los asuntos, ni las aventuras moriscas; 
nada, en una palabra, que justifique la pretensión enta- 
blada por algunos de que esta parte de la literatura es- 
pañola debe mas que ninguna otra al trato, comunica- 
ción y superior cultura délos árabes. 

Verdaderamente que no parece justo ni razonable ir á 
buscar en el Oriente ó en otros puntos el origen de los 
romances españoles : es tan sencilla su estructura métri- 
ca, que tab luego como la poesía fué una necesidad para 
el pueblo, debió presentarse naturalmente. Consiste en 
versos octosilábicos, que se componen con suma facili- 
dad , no solo en castellano, sino en otras lenguas, y que 
en los romances antiguos son aun mas fáciles, porque 
los poetas se cuidaban muy poco del número exacto 



' Argote de Molina (Discurso só- 
brela poesía castellana, en el Conde 
Lncanor, edic. 1575, fol. 92) intenta 
establecer que el verso de los ro- 
mances españoles es exactamente el 
octosilábico griego , latino , italiano 
y francés ; pero añade «que es el pro- 
pio y natural de España, en cuya len- 
gua se halla mas antiguo que en otra 
de las vulgares , y asi en ella sola- 
mente tiene toda la gracia, lindeza 
y valentía, gue es mas propia del in- 
genio español que de otro alguno ». 
El único ejemplo que cita en apoyo 
de su proposición , son las odas de 
Ronsard, tel mas excelente Ron sar- 
do», como él le llama, que á la sazón 
gozaba de la mas alta reputación en 
Francia ; pero las composiciones de 
Ronsard son raquíticas y miserables, 
comparadas con el fue^o y gallardía 
de los romances espanofes^Véase 
«Odas de Ronsard», París, i575, i8.^, 
t. n, pp. 6¿, i39.) Lo que mas se apro- 
xima al metro de los anticuos roman- 
ces , si no nos engaña la memoria , 



aunque sin pretensiones de imitarlos, 
se hallará en algunos pocos de los 
antiguos Fabliaux franceses, en el 
«Palacio de la Fama», de Chaucer, y 
en varios trozos poéticos de sir Wal- 
ter Scott. Jacobo Grimm, en su « Silva 
de Romances viejos» (Viena,i8i5, 
18.*^), sacada principalmente del Can- 
cionero de 1555, los ha impreso como 
si en su origen fuesen versos de ca- 
torce y diez y seis sílabas , de modo 
Sue cada verso suyo forma dos del an- 
guo romance. Fundase este erudito 
en que su índole y carácter épico exi- 
gían precisamente versos largos, y en 
efecto son muy parecidos á los del 
«Poema del Cid». Pero esta teoría, 
qae ha tenido pocos imitadores, ha 
sido victoriosamente refutada por 
A. V. Huber, en su excelente tratado 
« De primitiva cantilenarum popula- 
rium epicarum(vuIgoromanCes)apud 
Hispanos forma» (Berolini, 1844, 4.^), 

Í' en su introducción á la edición de 
a « Chrónica del Cid », 1844. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VI. H7 

de sílabas \ Algunas veces , aunque muy pocas, están 
divididos en coplas de cuatro versos , concertando el 
primero y cuarto', y el segundo y tercero, en cuyo caso 
se llaman redondillas ; pero su carácter especial (que 
han conseguido extender á mucha parte de la poesía 
castellana) es tal, que, no hallándose en la de ninguna 
otra nación, puede considerarse como original español, 
y es por consiguiente una circunstancia importantísima 
en la historia de la literatura poética de la Península '. 
La singularidad de que hablamos es el «asonante», 
especie de rima imperfecta, limitada puramente á las vo- 
cales, y que empieza con la última sílaba acentuada en 
el verso; de modo que á veces comprende solo una síla- 
ba, que es la última, y otras abraza la penúltima y aun la 
antepenúltima. Distingüese del consonante ó rima per- 
fecta, en que esta comprende á la vez las letras vocales 
y las consonantes en la sílaba ó sílabas que terminan el 
verso*. Así pues, «feroz» y «furor», «casa» y «abar- 



s La única especie que sepamos 
contraria á esta doctrina, se encuen- 
tra en el t Repertorio americano» 
(Londres, i827, t. ii, pp. 21 y siguien- 
tes.), en un artículo de D. Andrés Be- 
llo. Dkho escritor pretende hallar el 
origen del asonante en la «Vita Ma- 
thildis », poema latino del siglo xii, 
que reimprimió Muratori(«Rerum ita- 
licaram scriptores», Mediolani, i7%S, 
folio, t. V, pp. 335, etc.)* 7 en un 
manuscrito anglo normando de la 
misma época, sobre el viaje fabuloso 
de Garlo Magno á Jerusalen. Pero el 
poema latino, á nuestro modo de 
ver, es singular y único en esta ten- 
tativa, y absolutamente desconocido 
en España ; y el poema anglo nor- 
mando, que después publicó Micbel 
(Londres, 1836, 12.® ), con notas muy 
curiosas , resulta que rima en con- 
sonante, si bien con mucha irregula- 



ridad y descuido. Raynouard , en el 
t Journal des Savans» (febrero de 
1833, p. 70) , comete la misma equi- 
vocación que el autor del articulo del 
« Repertorio » , porque sin duda le 
tuvo presente , y le siguió La rima 
imperfecta del anticuo idioma de 
Gael debió ser muy diversa del aso- 
nante castellano , y la verdad es aue 
no tienen el menor átomo de analo- 
gía. Logan, < Sobre el Gael de Esco- 
cia,» Londres, 1831, 8.S t. ii, p. 241. 
^ Cervantes , en el « Amante libe- 
ral », las llama « consonancias ó con- 
sonantes dificultosas», y sin duda 
esta misma dificultad hizo que no se 
usasen tanto como los asonantes. 
Juan del Encina , en su breve « Tra- 
tado de la poesía castellana», cap. vii, 
escrito antes del año 1500, explica 
las dos clases de rima , jl hablando 
de los romances antiguos , dice t no 



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118 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

ca » , « infamia» y «contraria» , son buenos asonantes en 
los romances primero y tercero del Cid ; y del mismo 
modo «mal» y «desleal» , «volare» y «cazare», son bue- 
nos consonantes en el antiguo romance del marques de 
Mantua, que cita D. Quijote. El asonante viene pues á 
ser un término medio entre el verso suelto y el conso- 
nante riguroso, y el arte de usarlo se adquiere muy fá- 
cilmente en una lengua como la castellana, copiosa en 
vocales, y que siempre les da el mismo valor*®. Gene- 
ralmente en los romances antiguos se coloca en versos 
pareados, y por la gran facilidad con que se halla, con- 
tinúa con frecuencia el mismo en toda la composición, 
por larga que sea. A pesar de esta traba, es tan sencilla 
la estructura del romance, que Sarmiento intentó probar 
que la prosa española, desde el siglo xu en adelante, 
está escrita muchas veces , sin estudio ni intención de 
parte del autor, en asonantes octosílabos**, y Sepálve- 
da, en el xvi, puso en romances largos trozos de cróni- 
cas antiguas, alterando muy poco la fraseología origi- 
nal ** : circunstancias ambas que > reunidas , prueban 

van verdaderos consonantes ». Pue- e en «Paris» y < males »; la a dipton- 

den verse algunas observaciones gadaconlaa, como «gracia» v «alma», 

mny curiosas sobre el asonante, en « cuitas» y «burlas», lleganao á ser, 

Rengifo (Arte poética española , Sa- en tiempo de Góngora y de Lope, in- 

lamanca, i592, 4.®, cap. 34) , ven las finitas las combinaciones autorizadas, 

adiciones á la edición de 1727 (4.<^, y la composición de) asonante facili- 

p. 418), y consultarse también las sima. (Don Quijote, edic. Clemencin» 

conjeturas filosóficas de Martínez de t. ni, pp. 271 y 772. ) 

la Rosa. (Obras, Paris, i827, 12.<», 1. 1, " «Poesía española», Madrid, 1775, 

pp. 202-204.) 4.^ secc. 422-¿0. 

'" Al poco tiempo de introducido ** Sería muy fácil presentarmues- 

el asonante , se usaron ya licencias tras de romances tomados de cróni- 

poéticas de mucho bulto , como su- cas antiguas ; pero nos reduciremos 

cedió antiguamente con los metros á copiar unos cuantos renglones de la 

griegos y mtinos ; á (al punto, que la «Crónica general » ( parte ni , fol. 77, 

esfera del asonante se ensancho, co- edic. 1604) , donde persuadiendo Ve- 

mo dice Clemencin, hasta el exceso, lazquez á sussobrinos, los siete Infan^ 

Así ti y (» llegaron á ser asonantes , tes de Lara , que saliesen contra los 
como en «Minos» y «Venus»; la t y la .moros, á pesar de algunos malosagüe- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VI. 119 

la corta distancia-que hay de ia prosa común española, 
á la forma primitiva del verso español. Si á lo expuesto 
añadimos la especie de canturía nacional en que se han 
recitado ó mas bien entonado los romances, hasta nues- 
tros dias , y los bailes nacionales que en lo antiguo los 
acompañaban *% nos convenceremos de que no solo la for- 
ma del romance es enteramente nativa y nacional como 
el asonante, que es su primer rasgo característico, sino 
que es también mas acomodada á su objeto y mas fácil 
en la práctica, que la que han alcanzado todas las poe- 
sías populares de los tiempos antiguos y modernos ^^. 
Esta forma métrica tan natural y obvia obtuvo inme- 
diatamente el favor del público, y siguió disfrutándolo : 
pasó luego de los romances á otros ramos de la poesía 
nacional, especialmente al lírico, y en época ya muy 
posterior, sirvióse de él el verdadero teatro español en 
su mayor parte en términos que antes del siglo xvu se 
habia escrito en este metro mas que en todos los demás 
usados por los poetas españoles. Lope de Vega declara 



?i 



ros, dice : tSobrinos, estos agüeros 

3ae oystes, mucho son buenos; ca nos 
an á entender que ganaremos muy 
gran algo de lo ageno, é de io nues- 
tro non perderemos; é fizol muy 
mal Don Ñuño Salido en non venir 
combusco , é mande Dios que se ar- 
repienta, etc.» Véase ahora en Se- 
úl veda (Romances, Ambares, i55i, 
8.*, fol. ii) el que comienza : « Lle- 
gados son los Infantes >, y se halla- 
rán estos versos : 

Sobrinos, esos aaneros 
Para nos gran bien serian , 
Porque nos dan á entender 
Que bien nos sucedería. 
Ganaremos grande victoria 
Nada non se perderla , 
Don Ñuño lo hiio mal 

Sue convusco non venia , 
ande Dios que se arrepiente, etc. 



^ Duran , c Romances caballeres- 



cos», Madrid, 1832, lí.^ próloi 
1. 1, pp. XVI y xvn, y la xxxv, nota ( 
** Un escritor ansloamericano ha 



«o. 



traducido y publicado en la «Revista 
retrospectiva » el romance de Gón- 
gora que empieza : 

Aquel rayo de la gnerra 
Alférex mayor del reino, etc. 

observando fielmente el asonante en 
la colocación de las vocales acentua- 
das ; otra imitación inglesa del aso- 
nante se halla en el libro de Bowring, 
«Poesia antiffua de España» (Lon- 
dres , i824 , ft.®, p. 107} ; mas, como 
las vocales no tienen el mismo valor 
en una lengua que en otra , estas 
imitaciones , si bien dignas de elo- 
gio , quedan muy atrás y son bas- 
tante incompletas. 



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120 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

que es muy á propósito para todos los géneros, hasta 
el mas grave, y sus tiempos sancionaroa este dictamen, 
como le han justificado los nuestros, aplicando esta ver* 
sificacíon especial á poemas épicos de alguna exten^ 
sion ". 

Por consiguiente el asonante octosilábico puede con^ 
siderarse actualmente aplicado á todos los géneros de la 
poesía española, y habiendo sido en su origen su prin- 
cipal elemento, es de creer continuará del mismo modo 
mientras se cultive lo que hay de mas nativo y genuino 
en el ingenio nacional. 

Es indudable que algunos romances escritos en este 
metro son antiquísimos : su mismo nombre de <r roman- 
ces)» indica que existieron desde los tiempos mas re- 
motos, pues da á entender eran la única poesía, cuando 
la lengua castellana se llamaba propiamente « romance j» ; 
época que debió ser muy inmediata á la formación de 
la misma lengua. Casi sabemos con certidumbre que 
en 1 1 47 ** se cantaban ya poesías populares (que pro- 
bablemente serían romances) de las hazañas del Cid ; 
un siglo después, y poco antes de aparecer la prosa en 
el Fuero Juzgo , San Fernando , después de ganar á 
Sevilla , concedió repartimientos á dos poetas que estu- 

^^ Hablando de los romances, dice de Saavedra, duque de Rivas, intitu- 

( Prólogo á las t Rimas humanas » , lado « El moro expósito», en dos to- 

Obras sueltas, Madrid, i776, 4.<^, mos, i854. El ejemplo de Lope de 

p. 176) : « Los hallo capaces no solo Vega , á fines del si^lo xvi y princi- 

de exprimir v declarar cualquier pios del xvn contribuyó mucho á 

concepto con fácil dulzura , pero de generalizar el uso del asonante, que 

proseguir toda grave acción de nu- antes estuvo bastante abandonado, 

merosa poesía.» Lope vio conlirmado *^ Véase el poema en latin bár- 

su vaticmio , en su tiempo , con el baro, impreso por Sandoval al fin de 

«Fernando», de Vera y Figueroa, ex- su tHistoria de ios reyes de Castilla, 

tenso poema épico, publicado en etc.»(Pamplona,1615,fol. 193). Trata 

1632, y en nuestros dias con el pre- de la conquista de Almería^ en 1147, 

cioso poema narrativo de D. Ángel y el autor debió ser testigo de vista. 



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•v/- 



PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO VI. 121 

vieron con él en el cerco de dicha ciudad : Nicolás de 
los Romances , y Domingo Abad de los Romances « el 
primero de los cuales siguió viviendo en la ciudad res- 
catada de los moros, y ejerciendo su vocación de poe- 
ta *\ En el reinado inmediato , es decir, entre los años 
de 1 252 y 4 280 , se mencionan otra vez poetas de esta 
clase : el autor del poema de AppoUonio , libro que 
puede suponerse escrito poco después de 1250 , intro- 
duce en su obra una juglaresa ^'; y en ias Leyes de Par- 
tida, terminadas y preparadas para su promulgación en 
1260, se manda á los buenos caballeros no den oido 
á los cantores de romances , sino cuando tratan de he- 
chos de armas*®. También en la Crónica general^ reco- 
pilada poco después por este mismo príncipe , se hace 
repetidas veces mención de «las gestas ó cuentos en 
verso » , de « que los juglares canten sus cantares ó di- 
gan sus cuentos» , de «lo que se oye á los cantores en 
sus cantares» : frases todas que indican con claridad 



" Aanque este hecho está com- 
petentemente autorizado, es bas- 
tante singular el nombrar á una per- 
sona dándole por apellido el género 
de poesía que escribía. El hecho se 
encuentra en D. Diego Ortís de Zúñi- 
sa ( Anales eclesiásticos y seculares 
de Sevilla , ibid. , 1677, folio, pp. i4 , 
90, 815, etc.), quien dice lo copió de 
los documentos originales del re- 
partimiento, que describe con suma 
exactitud, v que antes de él usó Ar- 
gote de Molina (prefacio y p. 815), asi 
como de papeles existentes en el 
archivo de la catedral. £1 reparti- 
miento ó distribución de las tierras 
y despojos de una ciudad, de la cual 
salieron, según dice Mariana, cien mil 
moros emigrados ó expulsos, es asun- 
to grave , y los documentos que so- 
bre él existan deben ser exactos y nu- 
merosos. ( Züñiga, prefacio y pp. 31, 
6S, 66, etc.) Algo mas dudosa es la 



significación de la palabra « roman- 
ces >, en este pasage ; pero ¿qué no- 
día ser sino la poesía asi Ilamaaa? 
Sin embarco, los versos que citaOr- 
tiz de Zúñiga , refiriéndose á Argote, 
y que atribuye á Domingo Abad de 
los Romances, no son suyos, sino del 
Arcipreste de Hita. (Véase á Sánchez, 
t. IV, p. 166.) 

«« Cop. 426, 427, 485, 405, edic. de 
París, 1844, 8.^ 

*» Partida li, tit. xx, leves 20 y 21 : 
« Et sin todo esto aun facían mas ; 
que los juglares no dixiesen antellos 
otros cantares sinon de gesta, é (^ue 
fablasen de fecho darmas. » Los ju- 

f fiares, voz derivada del latino tjocu- 
aris » , eran cantores vagabundos , 
que después se transformaron en 
bufones. (Véase la curiosa nota de 
Glemencin al «Quijote», parte ii, 
C.31.) 



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122 HISTORIA DE LA LITERATURA ESP AIRÓLA. 

que las hazañas de Bernardo del Carpió y de Garlo- 
Magno, á las cuales hacen referencia , eran tan fami- 
liares en la poesía popular , que sirvió de base á esta 
bellísima Crónica, como lo han sido después á todos los 
españoles, merced á los romances que aun se conser- 
van y poseemos ^. 

Hay, por lo tanto, que venir á parar á la conclusión 
que tres siglos hace dedujo Argote de Molina , el mas 
sagaz de todos los antiguos críticos españoles, á saber : 
que en estos romances antiguos está verdaderamente 
perpetuada la historia de los pasados tiempos, y que son 
parte de los materiales que usó el rey D. Alonso para 
recopilar su Crónica general **, conclusión á que nos 
conduciría la lectura concienzuda de la misma Cró- 
nica **- 

Terminaremos estas observaciones con un hecho cu- 
rioso, y es que en el Cancionero de D. Juan Manuel, so- 
brino de D. Alonso el Sabio, que poseyó Argote de Mo- 
lina y pensó publicar, había romances, lo cual hace aun 
mas lamentable su pérdida^. Esto es cuanto hemos 
podido indagar sobre el asunto hasta la muerte de 
D. Juan Manuel, en 1347; pero desde esta fecha, que 
es la misma en que floreció el Arcipreste de Hita, per- 
demos de vista , no solo los romances , sino toda la 

^ t Crónica general», Valladolid, tomada de materiales poéticos mu- 

1604, parte iii, folios 50, 33, 45, etc. cbo mas antiguos. 

** El Conde Lucanor, 1575 , « Dis- ** Discurso , Conde Lucanor, edi- 

curso de la poesía castellana», por cion i575, fol. 02 y 93. Las poesías 

Argote de Molina, fol. 03. tnsertas en los Cancioneros Gene- 

*' Creemos positivamente que el rales, desde 1511 hasta 1573, con el 

tinal de la segunda parte de la cCró- nombre de D. Juan Manuel, son, 

nica general >, y mucha parte de la como lo tenemos va dicho, obra de 

tercera , especialmente la que trata D. Juan Manuel de Portugal, que 

de los grandes héroes de la historia murió en 1524. 
primitiva de León y de Castilla, está 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO VI. 123 

verdadera y legítima poesía española, cuyos ecos ce- 
san casi enteramente durante los horrores del reina- 
do de D. Pedro el Cruel, la reñida sucesión de En- 
rique de Trastamara y las guerras con D. Juan I de 
Portugal ; y aunque mas tarde vuelven á resonar en 
el débil reinado de D. Juan II , que se extendió hasta 
mediados del siglo xv, son muy pocos ya los rasgos que 
presenta del antiguo carácter nacional*^. Pasa en segui- 
da á la corte y se hace cortesana ; de modo que aun- 
que los antiguos romances, sentidos y briosos, no per- 
dieron nunca del todo el favor popular, y fueron sin 
duda alguna conservados por una fiel tradición, no 
hallamos memoria clara de ellos hasta fines de dicho 
siglo y principios del xvi , durante el reinado de los 
Reyes Católicos y de su nieto Carlos V, en que las 
masas populares , de cuyos sentimientos eran intérpre- 
tes , adquieren una importancia tal , que esta especie 
de poesía sube á ocupar el puesto á que era acreedora, 
y que ha conservado desde entonces. 

A decir verdad, todas estas noticias históricas de los 
romances, exceptuandoaquellas que tratan de su origen, 
son de escaso interés. Es preciso trasladarse á media- 
dos del siglo XVI para tropezar con algunos de autores 
conocidos : de modo que al hablar de los romances es- 
pañoles antiguos , no nos referimos tan solo á los pocos 
cuya fecha puede fijarse con alguna probabilidad á 
fuerza de trabajo y erudición , sino al caudal inmenso 
recogido eo los Romanceros genet^cdes y en otros li- 
bros , obra en su mayor parte de autores y época des- 

** El marques de Santillana, en su de los « Romaoces é cantares », pero 
célebre carta (Sánchez, t. i), habla muy por encima y sin detenerse. 



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124 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAfiOLA. 

conocida. Consiste este tesoro en mas de mil poemitas, 
desiguales en extensión, y mas aon en mérito, compues- 
tos entre el tiempo en que comenzaron á usarse en Es- 
paña, y aquel en que se empezaron á escribir, por 
creerse que valia la pena de consignar aquellas reliquias 
trasmitidas por la tradición oral : colección notable, que 
retrata la masa entera del pueblo español, sus senti- 
mientos, ideas, pasiones y carácter, como un romance 
aislado retrata el carácter individual de su autor. 

Cualquiera comprenderá que por mucho tiempo estos 
romances primitivos existieron solo en la memoria de 
las gentes entre las cuales nacieron , y que luego fueron 
trasmitiéndose y conservándose en los siglos siguientes, 
por medio de la tradición corroborada y sostenida por 
sentimientos é intereses análogos á los que los crearon. 
Es por lo mismo muy difícil , por no decir imposible, 
que los poseamos exactamente y en la misma forma que 
se escribieron ó cantaron, y de la misma manera muy 
pocos habrá cuya fecha pueda fijarse con alguna pro- 
babilidad de acierto. Veráad es que unos pocos de en- 
tre ellos, por la sencillez de sus pensamientos y la me- 
lodía que en^Uos se observa, parecen ser los primeros 
ecos de aquel entusiasmo popular y guerrero que desde 
el siglo XII hasta el xv arrastraba en pos de sí los cris- 
tianos españoles á la defensa de su patria y hogares ; 
romances cantados en las gargantas de Sierra More-^ 
na , y en las vegas del Turia y del Guadalquivir , con 
los primeros acentos de la lengua que mas tarde se 
derramó por toda la Península. Pero el cantor vaga- 
bundo é indolente que en aquellos tiempos revueltos 
buscaba de choza en choza una subsistencia precaria. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VI. 125 

y el soldado indiferente y distraído que , concluida la 
batalla, cantaba sus trances y hechos notables á la 
puerta de su tienda, acompañándose con el laúd, solo 
podian pensar en aquello que tenían presente ; y si sus 
versos rudos y sin artificio se conservaron á la posteri- 
dad, es porque los oyentes los recogieron para repetir- 
los, mudando la entonación y el lenguaje, según muda- 
ban los tiempos, las opiniones, y aun los sucesos que los 
recordaban. Por lo mismo, todo lo relativo á esta época 
primitiva, y que pertenece también á la vida doméstica y 
carácter del pueblo, puede considerarse como la pintura 
fiel y exacta de sentimientos y costumbres que busca- 
riamos en vano en las crónicas ; y aunque es de supo- 
ner que muchos de los romances así compuestos han 
sobrevivido á la marcha de los siglos, también lo es que 
muchos más yacen olvidados con los poéticos trovado- 
res que los hicieron. 

£sta es, en efecto, la gran dificultad con que se tro- 
pieza en toda investigación relativa á los romances mas 
antiguos : la misma excitación del espíritu nacional que 
les dio vida , fué efecto de una época tan llena de vio- 
lencia y sufrimientos , que los versos que produjo no 
llamaban suficientemente la atención para ser escritos. 
Concíbese muy bien que hubiese esmero en escribir y 
conservar poemas individuales como el del Cid, y obras 
de autores especíales, como el Arcipreste de Hita y Don 
Juan Manuel; pero la poesía popular quedó enteramente 
olvidada. Aun mas adelante, en el reinado de D. Juan II, 
cuando los Cancioneros y otras colecciones de poe- 
sías , hechas según el gusto y capricho de los compila- 
dores, ó según los medios que cada uno tenia á su al- 



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126 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfíOLA. 

canee , comenzaron á estar en boga, el mal gusto rei- 
nante se declaró contra la antigua poesía nacional, en 
términos que no se encuentra en todas ellas un solo 



romance **. 



El que quiera pues buscar los primeros romances 
impresos, habrá de acudir á la edición mas antigua del 
Cancionero general , recopilado por Hernando del Cas- 
tillo, é impreso en Valencia en 1 51 1 . Hay en ella hasta 
treinta y siete , inclusos fragmentos é imitaciones , de 
los cuales diez y nueve son de autores conocidos , co- 
mo D. Juan Manuel de Portugal , Alonso de Cartagena, 
Juan del Enzina y Diego de San Pedro , que se sabe 
florecieron entre 4 450 y 1 500 , ó de otros, como Lope 
de Sosa , cuyo nombre suena con tanta frecuencia en 
aquellas colecciones, que es de suponer existió hacia el 
mismo tiempo. Los restantes son mucho mas antiguos, y 
por lo tanto mas curiosos é importantes. 

El primero, por ejemplo, intitulado Romance del 
conde Claros, es fragmento de otro muy antiguo que 
después se ha impreso íntegro. Insértase en este Can- 
cionero solamente por una elaborada glosa, que al estilo 
provenzal hizo sobre él Francisco de León , así como 
por una imitación de Lope de Sosa ; y otra glosa á dicha 
imitación que trabajó Soria : todas estas composiciones 
están seguidas, y demuestran que el romance primitivo 
fué muy generalmente conocido y admirado. El frag- 
mento , que por sí solo es curiosísimo , consiste en un 

^ Canción , cantone en italiano , i829, 8.^^ p. 29.) Del mismo modo la 

chantó en proVenzai , significaba en voz cancionero», en español , se usó 

la lengua románica cualquiera espe- durante mucho tiempo para signifí- 

cié de poesia; porque toda ella, ó car una colección de poesías, ya de 

casi toda, se cantaba. (Giovani Calva- un solo autor, ya de muchos, 
ni , Poesia dei Trovatori , Modena , 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPÍTULO VI. 127 

diálogo entre el conde Claros y su tio el Arzobispo, y 
tanto la materia como el modo con que está tratada 
hacen del héroe el prototipo del verdadero y fino amor. 
Dice así : 

Pésame de tos, el Conde , dignos son de perdonar, 

porque asi os quieren matar ; Supliqué por vos al Rey 

porque el yerro que hezistes vos mandasse delibrar ; 

no fué mucho de culpar ; mas el Rey con grande enojo 

que los yerros por amores no me quisiera escuchar, etc. 



tR 



El siguiente es también un fragmento , y refiere con 
mucha sencillez un suceso que pinta bien el estado so- 
cial de la Península entre los siglos xui y xvi , cuando 
las dos razas cristiana y mahometana estaban en con- 
tinuo contacto y enemistad. 

Yo m' era mora Morayma, «hermano de la tu madre, 

morilla d' un bel catare , »que un christiano dejo muerto, 

christiano vino á rol puerta , »tra8 mi venia el alcalde, 

cnytada, por m' engañare. »Si no me abres, tú, mi vida. 

Hablóme en algaravia i»aqui me veras matare. y> 

como aquel que bien la sabe : Quando esto oy, cuytada 

» abrasme las puertas , mora , comentóme á levantare ; 

»si Alá te guarde de male. » vistierame un almexia, 

«Gomo te abriré mosquina no hallando mi briale, 

wque no se quien tu serás ?» fueramc para la puerta, 

«Yo soy el moro Macote y abrila de par en pare. 

El inmediato está completo, y por las imitaciones y 
glosas que de él existen, debe también ser muy anti- 
guo : comienza «Fonte frida, fonte frida» , y quizá sea 

» «Cancionero general », 45535, fo- compuso antes de la invención de los 

lio lOe.Todo el romance, aunque con relojes. Las aventuras del conde 

algunasvariante8,se halla también en Claros , como otras muchas de las 

el «Cancionero de romances». Zara- referidas en estos antiguos roman- 

goza, i550 , i2.®, parte m , fol. i88 ; y ees, no se hallan mencionadas en las 

empieza asi : « Media noche era por crónicas, 
filo > ; lo cual parece indicar que se 



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128 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

imitación de «Rosa fresca , rosa fresca » , otro de los ro- 
maiíces líricos primitivos que respiran mas gracia y ori- 
ginalidad y que por lo mismo debió ser muy popular. 



Fonte frida, fonte frida, 
fonte fiída y con amor, 
do todas las avezicas 
van tomar consolación, 
sinoeslatortolica, 
que esta biuda y con dolor. 
Per ay fué á passar 
el traydor del ruyseñor : 
las palabras que él dezia 
llenas son de traycion : 
«si tu quissieses, señora, 
vyo sería tu servidor. » 
(tVete de ay, enemigo. 



»malo, falso, engañador 
nque ni poso en ramo verde , 
nni en prado que tenga flor ; 
»que si hallo el agua clara, 
» turbia la bebia yo : 
»que no quiero aver marido, 
«porque hijos no aya, no, 
»no quiero plazer con ellos 
»ni menos consolación. 
wDéjame, triste enemigo, 
»malo, falso, mal traydor, 
«que no quiero ser tu amiga, 
»ni casar contigo, no. v 



El de «Rosa fresca, rosa fresca» no es menos sen- 
cillo y característico , expresando al mismo tiempo el 
nombre de la dama , que se llamaba Rosa : 



«Rosa fresca, rosa fresca 
Dtan garrida, y con amor, 
)>quando y^os tuve en mis brazos> 
«non vos supe servir, no. 
»Y agora que os serviría, 
Dnon vos puedo aver, non. v 
«Vuestra fué la culpa , amigo 
» vuestra fué, que mía, non. 
»Embiastesme una carta , 
i»con un vuestro servidor, 
y>y en lugar de recaudar. 



»él dixera otra razón : 
dQu' erades casado > amigo 
»allá en tierras de León ; 
«que tenéis rouger hermosa, 
«y hijos como una flor. y> 
«Quien vos lo dijo, señora, 
nnon vos dijo verdad, non , 
nque yo nunca entré en Castilla , 
»ni allí en tierras de León , 
Asino quando era pequeño, 
)>que non sabia de amor. »*^ 



Otros romances anónimos de esta pequeña colección 
son no menos curiosos y antiguos, y entre ellos los que 

*^ Estos dos romances están en la uso de la voz « carta » para significar 
edición de 1555, fol. 107 y 108 : am- un mensaje verbal, 
bos son antiquísimos, y lo prueba el 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO ?I. 129 

comienzaD : « Decidme vos, pensamiento ; » — «Que por 
mayo era, por mayo» ; y « Duraadarie, Durandarte» ; así 
como parte de los que empiezan : «Triste estaba el ca- 
ballero » ; y « Amara yo una señora» . Los restantes y 
todos los de autores conocidos son de menos valor y de 
época mucho mas moderna. 

El (/oncionerdde Hernando del Castillo, donde por prime- 
ra vezseimprimieron, se amplióyalteróen ochoedicíones 
consecutivas, inclusa la última, que es de 1 573 ; pero en 
todasellasesta pequeña colección deromances primitivos 
permaneció intacta y sin aumento, como en la primera, 
aunque en ediciones mas modernas se encuentra de vez 
en cuando intercaladoentre ellos algún romance nuevo*. 

Es por lo tanto muy cuestionable que los Cancioneros 
contribuyesen á llamar la atención general hacia la poe- 
sía popular de los romances , sobre todo si se toma en 
cuenta que todos ellos están llenos de obras de aquella 
escuela conceptuosa y metafísica del período en que se 
escribieron, y que eran poco conocidos, excepto éntrela 
gente cortesana , que miraba con desden la parte mas 
antigua y nacional de la literatura poética *^ 

Por fortuna, al mismo tiempo que se publicaban los 
Cancioneros, se hacia un esfuerzo individual para con- 
servar los antiguos romances , el cual tuvo un éxito fe- 
liz. En el año de 4 550, Esteban G., de Nájera, imprimió 
en Zaragoza un libro en dos partes, que intituló Silva 

V En la edición de 1573 se encuen- algún cortesano de los ane acompa- 

tra un gracioso y tierno romance, ñaron ¿ Felipe II, y echaba de menos 

nuevo, que empieza asi : á su patria. 

¡A?, Dios de mi ücrra , *• Salv* (Catálogo, Londres, 1826, 

Saqneisme de aqof ! 8.®, n.<* 60) cuenta basta nueve Can- 

¡Ay , que Ingalatem cioneros generales ; hablaremos mas 

Yt no es para mi ! adelante del principal. 
Probablemente está compuesto por 

T. I. 9 



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130 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍlOLA. 

de romances^ manifestando en el prólogo el derecho 
que tenia á que se le disimulasen las faltas y errores de 
su trabajo , atendida la imperfección de las tradiciones 
que servian de base á su publicación. Este es, propia- 
mente hablando, el primer Romancero, recogido sin duda 
de la tradición oral, lo cual hace importantes y curiosos 
cuantos en él se insertaron. Verdad es que muchos solo 
son fragmentos de otros ya perdidos; pero en cam- 
bio , el del conde Claros está íntegro , cuando el Can- 
cionero publicado cuarenta años antes solo contiene de él 
lo poco que el editor pudo recoger : estos dos hedios, 
opuestos entre sí, prueban reunidos que las colecciones 
de este género se formaban materialmente, como dice el 
prólogo , consultando la memoria del pueblo. 

Como procedentes de tal fuente, los romances son muy 
diversos en entonación y carácter : unos se enlazan con 
las ficciones caballerescas y la historia de Carlo-Magno, 
siendo los mas notables el de D. Gaiferos y Melisendra, 
y los del marques de Mantua y el conde d'Irlos**. Otros, 
como el de la Santa Cruz de Oviedo, y el de la conquista 
de Valencia, pertenecen á los orígenes de la historia de 
España " , y quizá también á aquella clase de romances 
antiguos castellanos que según Argote de Molina sirvie- 
ron para formar la Crónica general. Por último, tenemos 
la tragedia doméstica y dolorosa del conde Alárcos, que 

*^ Los que tratan de D. Gaiferos, para el rey D.Alonso el Católico, año 

empiezan : « Estábase la Condesa », de 794, como la cuenta el romance 

t Vamonos, dijo mi tio » , y c Assen- «Reinando el rey Alfonso», inserto en 

tado está Gaiferos». Los dos larguí- el « Romancero de 1550 », con la nar- 

simos del marques de Mantua y del ración de la cCrónica general» (1604, 

conde d *Irlos, empiezan : « De Man- parte iii , fol. 29); y compárese tam- 

tua salió el Marques, » y c Estábase bien el romance « Apretada está Va- 

el conde d*Irlos». lencia » (Romancero de 1550), con la 

'1 Compárese la historia de los án- «r Crónica del Cid », 1583 , cap. 183 , 

geles que hicieron la Santa Cruz p. 154. 



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PRIURRA ÉPOCA. — CAPITULO Yl. 



131 



DOS lleva á un período desconocido de la historia na- 
cional , ó á alguna tradición de la cual solo ha quedado 
esta reliquia ". Poquísimos son los que, en medio de su 
brevedad é imperfección, no ofrecen grande interés, co- 
mo por ejemplo, el antiquísimo de D. Yergilios, en que 
se le representa castigado por haber seducido^á la bija de 
un rey ". Pero como muestras del espíritu nacional que 
predomina en toda la colección, son preferibles el de la 
rota del rey D. Rodrigo, al octavo dia de la batalla del 
Guadalete, en que la España toda se rindió al yugo mu- 
sulmán^, ó el de Garci Pérez de Vargas» tomado pro- 
bablemente de la Crónica general, y fundado en un 
hechot tan importante, que mereció el recuerdo de Ma-^ 
riana , y tan popular , que Cervantes le citó como muy 
conocido en su tiempo ". 



s* Comienza : «Retraída está la In- 
fanta » (Romancero, i550), v es una 
de las composiciones mas tiernas y 
bellas que hay en lengua alguna. 
Hay traducciones de él por Bowring 
( p. 51 ) , y por Lockbart ( Roman- 
ces españoles, Londres, i823, 4.<*, 
p. 202). Este asunto se ha presen- 
tado en el teatro cuando menos 
cuatro feces , á saber : por Lope de 
Veaa, en su «Fuerza lastimosas»; por 
Guillen de Castro, por Mira de Ames- 
cua,y por José J. Milanés, poeta haba- 
nero, cuyas obras se imprimieron en 
aquella ciudad en 1846 (o tomos, 8.°)t 
Los tres ültimos intitulan sus dra- 
mas «El conde Alárcos» ; el mejor, á 
nuestro juicio, es la comedia de Mira 
de Amescua , que está en el tomo v 
de las « Comedias escogidas » (16K5, 
4.*^); pero la de Milanés tiene trozos 
llenos de pasión v de fuego. 

»* «Mandó el Rey prender Verci- 
lios» (Romancero de 1550), es de los 
mas antiguos, y está lleno de la leal- 
tad y caballerosidad de aquellos tiem- 
pos* Sabido es que Virgilio, en la edad 
media, representó diversos papeles, 
ya de caballero, ya de encantador* 



. ^* Compárense los romances que 
empiezan « Las huestes de Don Ro- 
drigo )s y « Después que el rey Don 
Rodrigo», con la « Crónica del rey 
Don Rodrigo» y la Destruvcion de 
España». ( Alcalá , 1567 , fól., capí- 
tulos 238, 254.) Hay una valiente y 
hermosa traducción del primero, he- 
cha por Lockhart, y publicada en 
sus « Antiguos romances españoles » 
(Londres, 1823, 4.°, p. 5), obra llena 
de ingenio , y superior en su clase 
á cuantas conocemos en otras len- 
guas. 

55 Ortiz de Zúniga (Anales de Se- 
viira, apéndice, p. 851) imprimió este 
romance , y dice que estaba ya im- 

Í»reso doscientos años antes. Si esto 
uese cierto, seria , a no dudarlo, el 
primer romance impreso en lengua 
castellana. Pero Ortiz de Zúñiga, co- 
mo muchos de sus compatriotas, 
tiene escasa crítica en esta materia. 
La historia de Garci Pérez de Vargas 
está en la « Crónica general » , par- 
te IV ; en la « Crónica de Don Fer- 
nando 111» , cap. 48 ; y en Mariana, « His- 
toria», lib. XII, cap. 7. 



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132 tllSTOniA DE LA LITERATURA ESPAt^OLA. 

El Bomancero de que hablamos obtuvo tal éicito, que 
en menos de cinco años se reprodujo en tres nuevas 
ediciones , de las cuales la última , publicada en 1 555, 
es la mas conocida, con el nombre de Cancionero de Am- 
béres, y también la mas completa. Siguiéronse otras co- 
lecciones del mismo género , y principalmente una en 
nueve partes, que se publicaron separadamente, desde el 
año de 4 593 hasta el de 4 597, en Valencia , Buidos, To- 
ledo, Alcalá y Madrid ; variedad de orígenes ala que de- 
bemos no solo el gran número de romances que aun se 
conserva , sino que también la riqueza y diversidad de 
los asuntos, porque todas las provincias de España, 
exceptuando la parte del sudoeste, enviaron sus tesoros 
á este inmenso depósito de la poesía popular nacional. 
Recibido con el mismo entusiasmo que su humilde pre- 
decesor, quizá mayor todavía, á pesar de su aumento y 
volumen, dicha colección obtuvo desde luego gran po- 
pularidad y se hicieron cuatro reimpresiones en quince 
años , siendo la última lá que salió en trece partes, pu- 
blicadas desde 1 605 á 1 61 4 , con el título de Romancero 
general , en el cual, y en otros anteriores y mas reduci- 
dos, hallamos hoy dia lo mas interesante y curioso de la 
poesía primitiva popular de España. Pasan de mil los ro- 
mances comprendidos en estas diferentes colecciones'*. 

Pero es preciso confesar que desde entonces acá es 
muy poco lo que se ha trabajado por enriquecer y au- 
mentar este tesoro : verdad es que se han reimpreso 
varias veces , según la necesidad y pedido que de ellas 
habia, las colecciones especiales de los Doce Pares, y 
del Cid ; pero desde mediados, ó mas bien desde fines 

^ Apéndice B , sobre los Romanceros. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VI. 133 

del siglo xYii , los verdaderos romances populares, hi<- 
jos del corazoD y de las tradiciones del pueblo , fueron 
mirados con desprecio , y quedaron depositados entre 
las clases mas humildes del mismo. Allí, como en su 
suelo nativo , se han guardado y cultivado con el mis- 
mo cariño que los acogió á su aparición ; allí se encon^ 
traban también los únicos Romanceros, hasta que Quin- 
tana, Depping y Duran, verdaderos intérpretes déla 
opinión del siglo en que vivimos, los han vuelto á pre- 
sentar á la luz y al favor público. 

Sin embargo , las colecciones antiguas del siglo xvi 
deben ser miradas como las legítimas y verdaderas fuen^ 
tes donde habrán de buscarse los romances primitivos; 
sobre lodo, la publicada desde 1593 & 1597 es muy 
apreciablé, por la circunstancia que hemos señalado 
de que todas las provincias de la Península contribuye- 
ron á su formación. Si pues al tesoro de romances que 
contiene añadimos los insertos en el Cancionero de 1 51 1 , 
y los del Bomancero de 1 550, tendremos el gran cuerpo 
de antiguos romances españoles anónimos mas con- 
forme y ajustado á la tradición popular, á la que deben 
sus mejores galas. 

Dejando á un lado la cuestión de su conservación y 
compilación, lo que casi raya en lo imposible es el dis- 
ponerlos en orden cronológico. Imprimiéronse desde 
luego en tomos pequeños ó en pliegos sueltos, según se 
encontraban ó componían ; los antiguos, conservados por 
la tradición oral y cantados por los ciegos en las calles, 
al lado de los compuestos por Lope de Vega , Góngora 
y otros poetas : de esta manera se fueron aglomerando 
en los Romanceros generales , sin expresar el nombre 



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134 KISTORIA DE LA LITERATURA ESPAf^OLA. 

de los autores ni establecer distinción alguna entre los 
antiguos y los modernos ; aun mas , sin reunir siquiera 
en un cuerpo los pertenecientes al mismo asunto. Todo 
lo cual nos induce á creer que su impresión no tuvo mas 
objeto que el proporcionar solaz á las clases laboriosas 
del pais , y divertir el ocio del soldado que combatia 
bajo las banderas del Emperador y de su hijo, en Italia, 
Alemania y Flándes; de donde procede que su coordi- 
nación se miró desde luego como cosa poco importante. 
Solo resta tratar de ellos bajo el aspecto de la materia 
á que se refieren , y para esto los distribuiremos en el 
orden siguiente : 1 .• Romances de ficciones caballeres- 
cas, y principalmente de Carlo-Magno y los Doce Pa- 
res ; 2." Romances relativos á la historia de España y 
sus tradiciones, á que van agregados algunos de la his- 
toria antigua ; 3.* Romances moriscos, y 4.** Romances 
de costumbres y de la vida doméstica de los españoles. 
Todo romance antiguo que no pueda clasificarse natural- 
mente en una de estas cuatro grandes divisiones « no 
merece rigurosamente el nombre de tal, y si alguno 
existe , su escasa importancia no vale la')pena de tratar 
de él por separado. 



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CAPITULO Vil. 

Romances caballerescos.— Romances históricos.— Bernardo del Carpió. 
—Fernán González.— Los Siete Infantes de Lara.— El Cid.— Romances 
sobre asuntos de la historia antigua , y de la fábula , sagrados y profa- 
nos.— Romances moriscos.— Romances varios, amatorios, jocosos, satí- 
ricos, etc. — Carácter de los antiguos romances castellanos. 

Romances caballerescos. Lo primero que llama la 
atención en los romances antiguos castellanos es el 
espíritu verdaderamente nacional que en todos y cada 
uno de ellos domina. Pero en vano buscaríamos en ellos 
aquellas ficciones que tanto abundan en los cantos po- 
pulares de otras naciones en aquella época : hasta los 
mismos personajes caballerescos , y su acostumbrado 
séquito, que forman la base de estas ficciones, se echan 
de menos en los romances , á pesar de su afinidad con 
el carácter y condición social de los españoles. Nada, 
en efecto, se dice en ellos del rey Arturo y su Tabla re- 
donda ; nada de la Mervoile del Graal, ó Maravilla del 
Graal ; nada de Perceval , ni de los Palmerines , ni de 
otros muchos famosos héroes de la tierra clásica de la 
caballería. Algunos, sin embargo, hacen mas adelante 
gran papel en las novelas castellanas en prosa ; pero por 
mucho tiempo tuvo España bastante con su propia his- 
toria para alimentar su poesía popular. Así pues, aun- 
que Amadis, Lanzarote del Lago, Trislan de Leonis y 



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136 UISTORU DE LA. LITERATURA ESPAÑOLA. 

SUS compañeros se preseütan de vez en cuaodo en los 
romances, es solo después qae las novelas en prosa, 
llenas de sus aventuras, los han dado á conocer : aun 
entonces aparecen como advenedizos, sin ocupar un lu- 
gar bien definido , porque* las historias del Cid y de 
Bernardo del Carpió llenaban casi exclusivamente los 
corazones castellanos, dejando en ellos poco espacio 
para invenciones comparativamente mas frias é insus- 
tanciales. 

La única excepción notable áesta regla, casi general, 
se halla en las historias enlazadas con Carlo-Magno y 
sus Doce Pares. Este gran monarca , que en la época 
mas sombría y aciaga de la Europa, desde los tiempos 
de la república romana , sacó á las demás naciones de 
su letargo, no solo por la gloria de sus conquistas, sino 
que también por la magnificencia de sus instituciones 
civiles, atravesó el Pirineo á fines del siglo viii, llamado 
por uncf de sus aliados musulmanes, y devastó las fron- 
teras españolas hasta la ribera del Ebro, tomando también 
á Pamplona y Zaragoza\ La impresión que allí produjo 
parece haber sido la misma que en todas las demás par- 
tes en que estuvo, y desde entonces el esplendor de su 
renombre y de sus hechos se mezcló qn la mente del 
pueblo castellano con la idea fantástica de sus propias 
hazañas, dando origen á aquella serie de ficciones po- 
pulares que anda unida con la historia de Bernardo del 
Carpió, y concluye en la gran derrota, donde, según se 
persuade la vanidad nacional, 

«Garlomagno y su pairia 
DSQCurobió en Fuenterrabía. » 

1 SismoDdi, ff Histoire des Franjáis », París , 1831» 8.^, t n, pp. 357-960. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITVLO Vil. 137 

Estas novelescas aventuras (dejando á un lado la his- 
toria)» en las que aparecen los paladines franceses aso- 
ciados con héroes españoles fabulosos, tales como Mon- 
tesinos y Durandarte*, y á veces con el noble moro Ca- 
laínos, están descritas con bastante minuciosidad en los 
antiguos romances. La mayor parte, que comprende los 
mas laicos y los mejores, se encuentra en el Romancero 
de 4 550-1 555 , á los que pueden añadirse unos cuantos 
del de 1593-1597, entre todos como unos cincuenta, 
de los cuales treinta están exclusivamente dedicados 
álos Doce Pares, y se publicaron juntos por primera 
vez en|1 608. Algunos son evidentemente muy antiguos ; 
como, por ejemplo, el del conde d'Irlos, el del mar- 
ques de Mantua , dos del conde Claros de Montalvan , y 
los dos fragmentos del de Durandarte, el último de los 
cuales se encuentra ya en el Cancionero de 1 51 1 '. 

Los romances de esta clase son por lo común bastante 
largos, y tienen alguna analogía con las antiguas no- 
velas métricas inglesas y francesas, como, por ejemplo, 
el del conde d'Irlos, que consta de unos mil trescientos 
versos. Los mas extensos son generalmente los mejores, 
al paso que aquellos en que por largos trozos se conserva 
el mismo asonante, y á veces también el mismo consonan- 

s Fígaran tanto Durandarte y MoD- hilo», que lleva en si mismo la 

tesinos en la Tisíta de Don QuUote á prueba de su antigftedad, por la cir^ 

la Carnosa cueva , que todo cuanto de cunstancia de contarse las horas por 

ellos pueda decirse, se encuentra el gotear del agua; tAca^a va el Em- 

ya en las notas de Pellicer y de Cíe- perador» , citado también con fre- 

mencin á la seffunda parte de tLa cuencia por Cervantes ; ;r tOBeler- 

vida y hechos del ingenioso hidalgo», ma , 6 Belerma », traduado al inglés 

* Estos romances comienzan asi : porM.G.Lewis; pudiendo añadirse: 

c Estábase el conde d*lrlos », que es c Durandarte , Durandarte » , que se 

el mas largo que yo conozco ; « Asen- encuentra en el cRomancero de Am- 

tado está Gaiferos», que es uno de béres», y en los antiguos Caneionerotf 

los mejores , citado varias veces por generales. 
Cervantes; «Media noche era por 



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138 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAfJOLA. 

te , presentan con la prolongación de sus cadencias un 
tono compasado y solemne , que produce el efecto de 
un armonioso y sostenido recitado. 

Considerados englobo los romances ofrecen un estilo 
grave y pausado, que no excluye la viveza de una nar- 
ración pintoresca y animada, y que en nada se asemeja 
al de las desvariadas y extravagantes ficciones de la 
misma clase que posteriormente se compusieron en Ita- 
lia, ni aun á los pocos romances que se hicieron mas 
tarde en la misma España , tomando por base las fan- 
tásticas creaciones de Boyardo y del Ariosto ; pero en 
todos tiempos y bajo cualquiera forma esta clase de ro- 
mances ha sido siempre la poesía del pueblo : hállanse 
ya mencionados como tales , hace cerca de quinientos 
años, en las antiguas crónicas nacionales ; y al hablar 
el padre Sarmiento, á fines del siglo pasado, del Roman- 
cero de los Doce Pares, dice que le sabian de coro el 
vulgo y hasta los niños ^. 

RoMAMCEs HISTÓRICOS. La mayor parte, y la mas im- 
portante de los romances castellanos, se compone de los 
históricos ; y esto se explica fácilmente. Los antiguos 
héroes castellanos participan hasta tal punto del carácter 
popular, y sus hazañas afectaban tan de cerca á la con- 
dición personal de los cristianos de la Península, que 
aquellos héroes y aquellas hazañas debieron ser natural- 
mente el primero y principal objeto de una poesía que ha 
ofrecido constantemente la forma mas adecuada para la 
expresión de los sentimientos y pasiones populares. Sería 
muy fácil, por tanto, formar una colección de estos 
romances, si bien escasa por lo tocante á las épocas 

* « Memorias para la historia de la poe* ) castellana ,» seoc. 528. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO Vil, 139 

romana y goda , muy numerosa á contar desde el tiempo 
de D. Rodrigo y la dominación sarracena, hasta que los 
Reyes Católicos terminaron gloriosamente la reconquista 
con la toma de Granada : colección que constituiría por 
sí sola una ilustración poética á la historia de España, 
tal cual no puede presentarla ninguna otra nación. Pero 
basta á nuestro intento escoger algunos trozos de estos 
notables romances, consagrados á los principales héroes 
(personajes medio fantásticos, medio históricos] que, 
desde fines del siglo vm hasta principios del xii, forman 
completamente la base de las antiguas tradiciones, y 
sirven para ilustrar el primitivo carácter español, y la 
poesía que de él nació. 

El primero de estos héroes en el orden cronológico 
es Bernardo del Carpió, sobre el cual tenemos cerca de 
cua^renta romances, que, con. lo que acerca de él refiere 
la Crónica de Alfonso X , han dado materia para muchos 
dramas y novelas , y para tres poemas heroicos de mu- 
cha extensión. Según estas antiguas narraciones, Ber- 
nardo del Carpió floreció hacia el año de 800, siendo 
el fruto de los amores clandestinos del c^nde de Saldaña 
con la hermana de Alonso el Casto ; lo cual ofendió de tal 
manera al Rey , que mandó encerrar al Conde en una 
prisión perpetua, y á la Infanta en un monasterio, edu- 
cando á Bernardo como si fuera hijo suyo, aunque pro- 
curando que ignorara siempre el nombre de sus padres. 
Las hazañas de Bernardo, que concluyen con la batalla de 
Roncesvalles ; sus esfuerzos para libertar á su padre, 
luego que supo quién era ; la doblez del Rey, faltando 
repetidas veces á la palabra que habia empeñado de darle 
libertad; la desesperación de Bernardo, y su rebelión 



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140 HISTORIA DR LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

al oir que el Conde su padre ha muerto eu el encierro, 
están tratadas en los romances con tanta extensión como 
en las Crónicas, y constituyen la parte mas interesante 
y novelesca de unos y otras*. 

De los romances relativos á esta historia, que gene- 
ralmente se supone pasó toda durante un reinado, mien- 
tras la Crónica la extiende á tres, ninguno hay acaso 
mas bello que aquel en que el conde de Saldaña , en su 
solitario encierro, se querella de su hijo, suponiéndole 
sabedor de que él es su padre, y de la Infanta, de quien 
sospecha que se halla en connivencia con el Rey, su 
hermano. Después de la descripción del castillo que le 
sirve de prisión , dice así el Conde : 

Los tiempos de mi prisión Todos tres sois mis contraríos ; 

Un aborrecida y larga , qae á un desdichado no basta 

por momentos me lo dizen que sus contraríos lo sean , 

aquestas mis trístes canas. sino sus propias entrañas. 

Quando entré en este castillo. Todos los que aquí me tienen 

apenas entré con barbas, me cuentan de tus liazañas ; 

y agora por mis pecados si para tu padre no , 

las veo crecidas y blancas. dime para quien las guardas ? 

¿ Qué descuido es este, hijo ? Aqui estoy en estos hierros, 

¿ Cómo á yozes no te llama y pues dellos no me sacas , 

la sangre que tienes mia mal padre debo de ser, 

á socorrer donde falta! ó mal hijo , pues me faltas. 

Sin duda que te detiene Perdóname si te ofendo, 

la que de tu madre alcan^, que descanso en las palabras , 

que por ser de la del Rey que yo como viejo lloro, 

juzgarás cual él mi causa. y tú como ausente callas *. 

Los antiguos romances españoles tienen entre sí mu- 
cha analogía y semejanza , tanto en el tono como en las 



' La historia de Bernardo se en- cioo de 1604; pero debe ser casi del 
cuentra en la «Crónica general », par- todo fabulosa, 
te ni , y principia al fol. 30 en la edi- • cRomancero general», 1602, f. 46 ; 



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PBIMRRA ÉPOCA. — CAPITULO VII. 141 

palabras ; algunos dan á veces claros indicios de haber 
sido tomados de una misma fuente ; por ejemplo , otro 
de ellos, también relativo á la prisión del conde de Sal- 
daña , reproduce la larga duración de su encierro , y 
otras varias ideas del anterior ^ en las siguientes nolables 
palabras, puestas en boca de Bernardo dirigiéndose al 
Rey: 



Cansadas ya las paredes 
de guardar en tanto tiempo 
á un hombre que vieron mo^o 
y ya le ven cano y viejo. 



Si ya sus colpas merecen 
qoe sangre sea en su descuento, 
harta suya he derramado, 
y toda en servicio vuestro t. 



Al leer los romances de Bernardo del Carpió llama 
notablemente la atención su gran semejanza con ciertos 
pasajes análogos de la Crónica general, y así no cabe 
duda que algunos de ellos están copiados de esta ; asC 
como es posible y aun probable que otros hayan exis- 
tido, bajo una forma mas antigua, entre los materiales 
poéticos, con los cuales consta se formó dicha Crónica*. 



pero ya se babia impreso en i505. 

^ Este es sin duda alguna uno de 
los romances mas antiguos oue se 
conocen, á pesar de que no se impri- 
mió , que sepamos, basta el año de 
iS07. c Flor de romances , » ( novena 
parte, Madrid, 12.», fol. 45.)--Duran 
lo pone entre los suyos, aunque con 
algunas variantes. 

* El romance que comienza «En 
corte del casto Alfonso » ( Roman- 
cero de 1553), está sacado de la «Cró- 
nica general > ( parte in , fol. 52 , 55 , 
edic. de 1604), como lo prueba el si- 
gniente pasaje : 

Quando Bernaldo lo tupo 
Pesoie A grzn demasfa , 
Tanto que dentro en el cuerpo 
La sangre te le vohia. 
Yendo para tu potada 
Muy grande llanto hacia , 
YitÜote pañot de luto, 
Y delante el Rey se iba. 
El Bey quando asi le vid. 



Desta suerte le deeia : 
•Bernaldo, por aventura, 
Cobdieíat la muerte mía ?• 

La « Crónica » dice asi : < B él ( Ber- 
nardo) quandol supo , que su padre 
era preso, pésol mucho de coraron, e 
boUnásele la sangre en el cuerpo, e 
fuesse para su posada , faciendo el 
mayor duelo del mundo ; e vistióse 
paños de duelo, e fuesse para el Rey 
Don Alfonso: e el Rey, cuando lo vi- 
do, dixol : Bernaldo, cobdiciades la 
muerte nUaT» Claro está que en el 
caso presente la «Crónica» sirvió de 
original al romance. Algo mas difícil, 
por no decir imposible, es designar 
algún romance que haya servido de 
origínala la «Crónica», porque seeu- 
ramente no existe ya ninguno de ellos 
en la misma forma que tenían cuan- 
do esta se compilaba á mediados del 
siglo xui , y por lo tanto no podemos 
presentar muestras, en este sentido. 



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142 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAftOLA. 

Los mejores son los que menos se ajustan al texto 
literal de la historia ; pero su conjunto forma una cu- 
riosa é interesante serie, que derrama mucha luz sobre 
las costumbres y sentimientos populares, tanto de la 
época borrascosa á que se refieren , como de las pos- 
teriores, en que se escribieron sin duda muchos de 
ellos. 

Siguen á estos los de Fernán González, caudillo po- 
pular, que ya hemos nombrado al hablar de su Crónica 
rimada, y que á mediados del siglo x reconquistó á 
Castilla de los moros , y fué el primero de sus condes 
soberanos. El número de estos romances no pasa de 
veinte, siéndolos mas poéticos aquellos donde se cuenta 
cómo fué por dos veces rescatado de la prisión por su 
alentada esposa , y los que refieren sus cuestiones con 
el rey D. Sancho, en las cuales dio pruebas del espíritu 
mañero y turbulento que tanto distingue á los señores 
feudales de la edad media. La mayor parte de los hechos 
que en ellos se refieren están en la tercera parte de la Cró- 
nica general; y aunque no son muchos los romances que 
puedan señalarse como derivados déla misma, con tanta 
claridad como algunos de los de Bernardo del Carpió, 
hay sin embargo dos ó tres, por lo menos, que la deben 
su origen, al paso que otros dan indicios de haber sido, 

de una correspondencia de palabras Gesta, á que él mismo alude, pu- 

como la que hemos citado arriba. No díendo entre otros servir de ejemplo 

sena sin embargo de extrañar que los tres que comienzan : < Contan- 

' algunos de estos romances de Ber- dolé estaba un día » , < Antes que 

nardo, incluidos en la sexta parte de barbas tuviese , > y « Mal mis servi- 

la c Flor de Romances» (Toledo , cios pagaste,» cuyo lenguaje perte- 

1584, iS,**), y que Pedro Flores nos nece sin duda alguna á la época de 

dice baber recogido de la tradición, Carlos V y Felipe 11; pero cuyas ideas 

hubiesen sido conocidos en los tiem- y sentimientos se remontan á otra 

pos de Alonso el Sabio , y hubiesen mucho mas antigua, 
formado parte de los Cantares de 



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PIUMBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO Vil. 143 

bajo formas mas toscas, anteriores á ella, y haberla tam- 
bién provisto de materiales*. 

Vienen naturalmente á continuación los de los Siete 
Infantes de Lara ♦ que vivieron en tiempo de Garci Fer- 
nandez, el hijo de Fernán González. Algunos son muy 
bellos, y la leyenda á que hacen referencia una de las 
mas atractivas de la historia de España. Los Siete In- 
fantes de Lara , á consecuencia de una disputa doméstica, 
fueron alevosamente entregados por su tio á los moros, 
que les dieron la muerte; y su padre, por medio de una 
indigna traición , se vio encerrado en una prisión mo- 
risca, donde una noble dama musulmana le hizo padre 
del famoso Mudarra, que vino á ser con el tiempo el 
vengador de la familia. Acerca de este asunto existen 
como unos treinta romances, paite de ellos muy antiguos, 
y en los cuales se refieren sucesos que, ya sean de pura 
invención , ya sean tradicionales, no se encuentran en 
ninguna otra parte, aunque en otros varios se echa 
bien de ver su procedencia directa de la Crónica gene- 
ral. El trozo siguiente pertenece á uno de los de esta 
última clase, y presenta una hermosa muestra de los 
demás" : 

^ Uno de los romances qoe, según don de una de sos victorias sobre 

creemos, deben su origen á la «Giró- Almanzor, no referida en otra parte, 

nica general v , es el que en el Ro- y es por tanto uno de los mas nota- 

BUkocero de 1555 principia : « Preso bles. 

está Fernán Gonr^lez», aunaue la ^® La historia de los Siete Infantes 

«Crónica» (parte ni, fol. 62, edic. de de Lara, en la « Crónica general » 

1604) habla de un conde normando (parte ni, edic. de 1604), comienza al 

que sobornó al castellano , mientras rol. 74. — Poseemos también un cu- 

en el romance se dice que era lom- rioso libro , con cuarenta grabados, 

bardo. Otro , escrito con tanto brío ane contiene esta historia, por Othon 

como los dos últimamente citados, Vaenius /literato y artista , que mu- 

que se encuentra en la «Flor de ro- rió en 1654. Su titulo es: « Historia 

manees » (sétima parte , Alcalá, 1597, septeminfantium de Lara.>(Ambéres, 

18.^, fol. 65) , y principia : «El conde 1612, folio.) De un ejemplar, aunque 

Fernán González, » contiene la reía- falto, da eita obra, se valió sin duda 



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144 HISTORU DE LA LITCRATÜRA ESPAÑOLA. 

á huir luego echarfan; 
ysiellosYOsagaardan 



íQaién es aquel caballero 
que tan gran traición hacia? 
Ruy Velazquez es de Lara 
que á sus sobrinos vendía. 
En el campo de Almenar 
á los Infantes decia; 
que fuesen á correr moros, 
que él los acorrería, 
que habrían muy gran ganancia, 
muchos captivos traerían. 
Ellos en aquesto estando 
grandes gentes parecían ; 
mas de diez mil son los moros, 
las enseñas traen tendidas. 
Los Infantes le preguntan 
qué gente es la que venia. 
-*No hayáis mi¿do, mis sobrinos, 
Ruy Yelazques i'ei^Mmdia, 
todos son moros astrosos, 
moros de poca valia', 
que viendo que vais á ellos 



yo en vuestro socorro iria : 
corrílos yo muchas veces, 
ninguno lo defendía. 
A ellos id, mis sobrinos, 
no mostredes cobardía. — 
¡ Palabras son engañosas 
y de muy grande falsía ! 
Los Infantes como buenos 
con moros arremetían : 
Caballeros son doscientos 
los que su guarda seguían. 
El á furto de cristianos 
é los moros se venía: 
dijoles que sus sobrinos 
no escape ninguno á vida, 
que les corten las cabezas 
quel no los defenderia : 
docientos hombres no mas 
lleban en compañía. 



Pero, como ha podido verse, el objeto predilecto de 
que se apoderó la poesía popular, cuando el lenguaje 
principiaba á formarse, fue el Cid, acerca del cual exis- 
ten mayor número de romances que de ninguno de los 
demás héroes que ofrece en España la historia ó la tra- 
dición *^ 



Southey, para sus notas ¿ la «Crónica 
del Cid > (p. 401).— Sepúl veda {Uñí, 
Si) tiene muy buenos romances so- 
bre este asunto , uno de los cuales 
queda ya citado en el texto ; y el pa- 
saje de la «Crónica general v, de don- 
de se tomó , está al fol. 78 de la ci- 
Uda edición de 1604. 



** En un poema escrito en latin 
bárbaro , impreso con gran esmero 
por Sandoval (Reyes de Castilla, 
Pamplona, 1615, fol. 189, etc.), y cuyo 
autor debió sin dada bailarse en el 
sitio de Almeria en 1147, se encuen- 
tran los versos siguientes : 



Ijpse Rodericos , Mió CU semper vocatos. 

De quo eantatur, qood ab hoatibns haifd superatns , 

Qui domnit Moros, comités qvoqoe domuit nostros, etc. 

Este poema debió haber estado es- pudiera haber sido otra cosa sino 
crito en castellano, según la frase una colección de romances. 
Mío Cidf en cuyo caso difícilmente 



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PRIMRflA ÉPOCA. — CAPITULO Vil. 145 

La primera colección separada que de ellos se hizo 
fué la de 1 61 2 , que ha continuado desde entonces reim- 
primiéndose, tanto en España como en el extranjero, hasta 
nuestros dias^*. Contiene hasta ciento y sesenta roman- 
ces, algunos muy antiguos, muy poéticos otros, y muchos 
de ellos prosaicos y pobres ; siendo muy pocos los que 
se pueden designar como sacados de las Crónicas*', pues 
las circunstancias de la historia del Cid, verdaderas unas, 
y otras fabulosas, se hallaban de tal manera arraigadas 
en la creencia popular, y eran tan familiares á los cris 
üanos de la Península , que hacian innecesario el acudir 
á semejantes fuentes. No existe, por lo tanto, colección 
alguna de romances antiguos que lleve un sello tan mar- 
cado del espíritu de la época y del pais á que pertenecen, 
y que constituya una serie tan completa. Su conjunto 
ofrece la historia del Cid entera, como no se encuentra 
en ningún otro documento , ya sea el antiguo Poema , 
que no aspira á ser una vida del héroe, ya la Crónica 
en prosa, que no se remonta á sus primeros hechos, ya 
en fin, el breve y compendioso códice latino. En el prin- 
cipio del primer romance se encuentra una ligera y ani- 
mada pintura del dolor y angustia de Diego Lainez , 
padre del Cid, á consecuencia de la afrenta que le había 

^ Nic. Antonio (Bib. Nova, 1. 1, p. ran añadirse todavia algunos otros. 

684)8eñalaelañoael612coniolafe- ^' Los romances que comienzan 

cba del mas antiguo Romancero del t Gnarte, guarte, rey Don Sancho», y 

Cid. El mas antiguo que poseemos es cDe Zamora sale Dólfos » , están lo- 

el de Pamplona (1706, en i8.<^); pero mados de la t Crónica del Cid >, 1S85, 

la edición de Madrid (1818, i8.<»), Cop.6i,62. Otros, especialmente los 

la de Prankfort (1827, 12.»} , y la co- de la colección de Sepúlveda , dan 

lección de Duran ( Caballerescos, indicios de proceder también de la 

Madrid, 1832 , 12.<», t. ii, pp.;l3, 191 ) misma , ó de la tCrónica general >, 

son mas completas. Lo es aun mas parte iv; pero el número total de los 

que ninguna de ellas la de Keller [>asaje8 que las crónicas han fácil i- 

(Stuttgard, 1840, 12), t contiene tado para los romances del Cid es 

154 romances , ¿ los cuales pudie- sumamente corto. 

T- I. 10 



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146 HISTORIA VE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

hecho el conde Lozano , y de la cual no podia vengarse 
por su vejez. 

Cuydando Diego Laynez sin que nadie se ]o impida , 

en la mengua de su casa , lozano en nombre y en gala : 

fidalga^ rica y antigua non puede dormir de noclie , 

antes de Ñuño y Abarca , nin gustar de las viandas, 

y viendo que le fallecen ni alzar del suelo los ojos , 

fuerzas para la vengan^ , ni osa salir de su casa , 

porque por sus luengos años nin fablar con sus amigos , 

por sí no puede tomatla , antes les niega la fabla , 

y que el de Orgaz se passea temiendo no les ofenda 

seguro y libre en la pla^a , el aliento de su infamia *^. 

En tal situación Rodrigo, que es todavía mancebo de 
pocos años 9 resuelve vengar aquel agravio : desafía al 
conde Lozano , el principal y el mas temible de los no- 
ble? caballeros del reino ; vence y corla la cabeza á su 
arrogante enemigo ; preséntase la hermosa Jimena , hija 
del muerto Conde, á pedh* venganza ante el Rey; pero, 
conforme á las rudas costumbres de la época , queda 
zanjada esta querella admitiendo la ofendida por esposo 
al matador de su padre. 

Hasta aquí los romances refieren solo los hechos del 
Cid en sus primeros años, bajo el reinado de Fernando 
el Magno, y puede decirse que forman una sección ó 
serie separada, que proporcionó á Guillen de Castro, y 
después de él á Corneille, los mejores materiales para 
sus respectivas tragedias sobre este período delahisto- 
ria del héroe castellano. Pero dividido el reino, á la 
muerte de Fernando, con arreglo á su última voluntad, 
entre sus cuatro hijos, comienza otra nueva serie, donde 
se cuenta la parte que el Cid tomó en las guerras que 

" El libro mas antiguo, en que be- dada alguna , es la t Flor de roman- 
mos visto esteromaoce, muy nejo sin ees », novena parte, 1507, fol. 133. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VIL 147 

necesariamente debía producir semejante partición del 
territorio , y en el asedio de Zamora, que cupo en suerte 
á la infanta D/ Urraca , á quien se la disputó su her- 
mano D. Sancho. En uno de estos romances , el Cid, 
enviado por D. Sancho á solicitar la entrega de la plaza, 
es reconvenido por la Infanta, que «puesto el pecho sobre 
el muro», como el romance cuenta, le dirige las siguien- 
tes palabras : 

A faera, á fuera Rodrigo, porque fuesses mas honrado , 

el soberbio castellano^ que pensé casar contigo ; 

acordársete debiera no lo qiMiso mi pecado : 

de aquel tiempo ya paseado ^ casaste con Ximena Gómez , 

cuando fuiste caballero hija del conde Lozano, 

en el altar de Santiago ; con ella u viste dineros , 

cuando el rey fué tu padrino ^ conmigo uvieras estado* 

tú, Rodrigo, el ahijado. Si bien casaste , Rodrigo , 

Mi padre te dio las armas, muy mejor fueras casado ; 

mi madre te dio el caballo , dejaste hija de rey, 

yo te calzé las espuelas por tomar la de vasallo ^. 

Alfonso el VI sucedió á D. Sancho , muerto alevosa- 
mente ante los muros de Zamora ; y el Cid, indispuesto 
con su nuevo soberano, salió desterrado de Castilla. En 
este punto comienza el antiguo Poema; pero aun desdo 
aquí, y en los sucesos subsiguientes,ofrecen los roman- 
ces una relación mas minuciosa y continuada de los 



*' Este es uno de los mas antiguos riacion. Se han suprimido los últi- 

y de los mas sentidos romances de mos versos, que parecen visible- 

aquel tiempo; imprimióse por pri- mente añadidos. La mejor prueba de 

mera vez en 15B5, y aunque el de que este es uno de los romances mas 

« Durandarte , Durandarte », se en- populares y antiguos , es la frecuen- 

cuentra ya impreso en i51i , es sin cía con que se halla citado por los 

duda una imitación de este , que ya autores del buen tiempo de la lite- 

debia ser antiguo y famoso cuando ratura aspañola ; siendo uno de ellos 

aquel se imprimió. Xa copia mas an- Cervantes en <r Persües y Sigismun- 

tigua que hoy se conoce le presenta da» (lib. ni, c. 21). Guillen de Castro 

como está iaserto en el texto ; pero se aprovechó de él en sus t Moceda- 

posteriormente ha sufrido alguna va- des del Cid ». 



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148 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

sucesos de su vida , describiendo con muchos pormeno- 
res la conquista de Valencia, su vuelta al favor del Rey, su 
triunfo sobre los condes de Carríon, su ancianidad, su 
muerte y sus exequias; y ofreciendo un conjunto que 
el historiador Mttller y el filósofo Herder consideran en 
su mayor parte como una historia fidedigna ; pero que 
difícilmente puede pasar por otra cosa mas que por una 
versión poética de las tradiciones vulgares que corrían 
en las diversas épocas en que aquellos se compusieron. 

Con efecto, parece que los romances históricos toma- 
ban por asunto en sus principios mas bien los héroes 
tradicionales del pais , que los sucesos conocidos y cla- 
ros de sus anales, rodeando á semejantes personajes de 
ficciones á que se prestaba entonces sin esfuerzo la fácil 
credulidad del patriotismo ; pero que nuestra fe , hoy 
dia menos viva y fervorosa , nos obliga á calificar de 
increibles. No podemos menos, por tanto, de convenir 
con el buen canónigo, en el Quijote^ cuando dice : «En 
x»lo de que hubo Cid, no hay duda, ni menos Bernardo 
» del Carpió ; pero de que hicieron las hazañas que dic^n , 
»creo que la hay muy grande*'.» Ni podemos tampoco 
desconocer la exactitud de aquella maliciosa , aunque 
sensata observación de Sancho , que «al cabo los roman- 
ices antiguos son demasiado antiguos para contar men- 
» tiras» . Y ciertamente que de algunos de ellos puede 
muy bien decirse esto. 

Posteriormente los romances se extendieron á toda 



«• Parte primera, cap. 49.— OpinioD ran los romances como documentos 

juiciosa y sensata, como todas las de históricos fidedignos, y la necia in- 

Gervántes , y oue forma tan notable credulidad de otros , como Masdeu , 

contraste con (a ciega fe de aquellos que niegan hasta la existencia del 

que, como Müller y Herder, conside- Cid. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO Vil. 149 

clase de asuntos : anligaost modernos, sagrados y pro- 
fanos. Hasia la mitología griega y romana se puso á 
contribución, como si sus invenciones fueran verdades 
históricas ; pero con todo hay mucho mayor número de 
romances basados en la historia nacional, que en las 
extrañas, y, generalmente hablando, son los mejores. 

La particularidad mas notable en todos ellos es la de 
no desmentir jamas el carácter español , sobresaliendo 
constantemente la lealtad entre los rasgos que mas le 
distinguen. £1 señor de Buitrago sacrifica su vida por 
salvar la de su soberano " ; el Cid envia ricos despojos 
de sus conquistas en Valencia á su ingrato Rey , que le 
habia desterrado*^; Bernardo del Carpió permanece su- 
miso á su tio, que le habia ofendido baja y brutalmente 
en sus mas caros sentimientos de amor filial *® ; y cuando, 
lleno ya de despecho, llega á rebelarse, le olvidan de todo 
punto los romances y las crónicas. Este y otros rasgos 
peculiares del carácter nacional , son los que descuellan 
constantemente en los romances históricos , y constitu- 
yen el principal encanto que produce su lectura. 

RoMANCBS MORISCOS. Formau estos por sí una clase nu- 
merosa y brillante, mas ninguno se remonta á la anti- 

*^ Véase el hermoso romaDce que Tratado de so Rey con aspereza 
comienza : «Si el caballo vos han Jamas le dio lurar so virtud alu 
muerto », que apareció por primera ««««*» »« '«»'^<* ic^^i^\ 
vez en la «Flor ae romances», octava ^^^ pnmero.) 

parte (Alcalá , iK97, fol. 1^) , tmdu- 49 En una de las ocasiones en que 

cido libremente y con mucha valentía mag inicuamente se vio traudo Ber- 

^' « S^^ni'®'* Lockbart nardo por el Rey, le decia : 

*» Refiérese esle suceso en el ro- 
mance que principia: « Llegó Alvar Sefior» rey sois, y baredes 
Fañez á Burgos », y en la carta que A vuestro querer y guisa. 

le sigue : tí:i vasallo desleale».— De r. , mmanrp 1p ñ\c^ tamhípn v 

poema del «Héroe castellano», i579, De servir no os dejaré 

donde dice : Mientras que tenga la vida. 



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150 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfíOLA. 

güedad de los primitivos romances históricos , rev^andó, 
los mismos asantos que tratan, un origen mas moder- 
no. Con efecto, pocos hay que se refieran á sucesos 
anteriores á la época que precedió á la toma de Granada; 
y aun estos ofrecen pruebas abundantes de un carácter 
mas reciente y de su procedencia cristiana* Parece in* 
dudable que después de la caida completa del poder 
sarraceno, y cuando los conquistadores se hallaron en 
posesión de los ricos despojos de la civilización de sus 
enemigos, los asuntos que desde luego les ofrecía su 
nueva situación , se acomodaran á las formas, y particí^ 
paran del carácter de su poesía popular. El voluptuoso 
mediodía, con su pintoresco, aunque afeminado refi«- 
namiento; las costumbres extranjeras, aunque no de 
todo punto extrañas , del pueblo conquistado ; su rica 
y fantástica arquitectura , la relación de sus hazañas y 
desastres en Baza, Ronda y Alhama, las románticas aven- 
turas y sangrientas discordias de los Zegríes y Aben* 
cerrajes, Gomelesy Aliatares; todo esto debió herir pro* 
fundamente la imaginación de ios conquistadores, pre* 
sentando á sus ojos á Granada , con su vega deliciosa y 
sus nevadas montanas, como un verdadero paraíso de 
que no podian darles idea los antiguos y severos román* 
ees septentrionales. Así pues, á contar desde esta época , 
se lee ya en los romances una nueva especie de asuntos, 
como los amores de Gazul y de Abindarraez, las zambras 
y torneos en )a plaza de Vivarrambla , los cuentos de las 
noches árabes en el Generalife ; en una palabra , todo 
cuanto tenia reladon con las tradiciones ó costumbres 
moriscas, ó podia ser considerado bajo este punto de vista 
por la imaginación popular, tuvo cabida en los román* 



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PElliBRA ÉPOCA. — capítulo Vil. 151 

ees castellanos , hasta que el mismo exceso llegó ya á 
parecer ridículo, dando ocasión á que en algunos ro- 
mances se acusase á los autores de liaber renegado de 
su ley, de su nacionalidad y de su patriotismo *°. 

La ^oca en que mas en boga estuvo esta clase de 
poesía fué durante él siglo inmediato á la toma de 
Granada , en el cual se recopilaron también y dieron 
p(^ primera vez á la estampa todas las demás especies 
de romances. La prueba de ello se encuentra en las 
mismas colecciones. Las de 4 51 1 y 1 550 , contienen ya 
bastantes romances moriscos , y en la de 1 593 pasan 
de doscientos. Mas aunque en ellos se hace alusión á 
sucesos notorios, difícilmente puede concedérseles el 
nombre de históricos; como por ejemplo, aquél bien 
conocido del torneo de Toledo , que se supone haber 
tenido lugar en 1085 , mientras que los non]l)res que en 
él se citan corresponden al período próximamente an- 
terior á la conquista de Granada ; y el romance del rey 
Belchite, que es , como otros muchos, un asunto pura- 
mente imaginario. En este género de romances preva- 
lece un carácter novelesco que les da mucho interés. 
Véase, en prueba de ello, el que comienza « Sale la es- 
trella de Venus » , que es uno de los mejores del Ro- 
mancero general, y en el que por las alusiones á Venus 
y á Rodamonte, y por el hecho de suponer á un moro, 

^ En el romance burlesco « Tanta Dejaron los graves hechos 

Zaida y Adalifa» (impreso por pri- 5® ^° ▼encedora patria , 

mera vez en la « Flor de romances », Í.ÍÍSÍÍISÍ í nl?.24o? 

guinta parle , Burdos , i394 , I8.0 , InveDciones y patrañas. 

íol. 158), se lee lo siguiente : También Góngora los atacó en un ro- 

Reneffaron de sn lev manee JOCOSO, que empieza : « A mis 

Los romancistas detlspafla , señores poetas», y fueron defendidos 

Y ofrecieron á Mahoma ©n otro : « Por qué, señores poetas». 
Las primicias de sns galas. 



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152 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAllOLA. 

alcaide de Sevilla , un siglo después de estar esta du- 
dad en poder de cristianos, se echa bien de ver que no 
presidió á su composición un pensamiento grave, sino 
solamente una intención poética*'. 

Estos, con algunos de los romances del famoso Ga- 
zul , se encuentran en la popular historia de las Guer^ 
ras de Granada, donde i^ consideran como contempo- 
ráneos á los hechos que recuerdan , y son por cierto 
bellísimas muestras de la poesía que la imaginación es- 
pañola se complacia'en combinar con aquella brillante 
página de su historia nacional^. Otros varios se en- 
cuentran , escritos en el mismo tono , en las historias, 
verdaderas ó fabulosas, de Muza, Jarifo, Lisaro y Tar- 
fe ; mientras otros, en námero considerable, se refie- 
ren á las traiciones , rivalidades, conjuraciones y aven- 
turas de los famosos Zegríes y Abencerrajes , y de- 
muestran por la realidad de los hechos principales que 
les sirven de base , cómo las profundas divisiones in- 
testinas y desastres exteriores fueron preparando el 
camino para la completa destrucción del imperio mu- 
sulmán. Algunos pertenecen probablemente al tiempo 
de los Reyes Católicos, la mayor parte al de Carlos V; 
los mas brillantes, aunque no los mejores, se escribie- 
ron algo mas adelante. 

Romances varios db costumbres, t asuntos db la vida 
PRIVADA. — Pero los romances castellanos no se limitan 



*< tOcho á ocho, diez á diez», y española, en la t Revista de Edimbur- 

«Sale la estrella de Venas», dos de los go», ?ol. xxxix, p. 4i9. 

romances ¿ qoe el texto se refiere, " Entre los hermosos romances de 

se encuentran en el Romancero de Gazul , se encuentran : « Por la olarAi 

1585. Del último existe una buena de San Juan >, y t Estando toda la 

traducción inglesa, inserta en un corte», 
excelente articulo sobre la poesia 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO Vil. 153 

á objetos heroicos tomados de la fábula ó de la historia^ 
ó á asantes relativos á las tradiciones y costumbres mo* 
riscas ; y por lo tanto, aunque estas son las tres clases 
principales en que pueden dividirse» debe añadirse 
otra que llamaremos mista, y que es también muy digna 
de atención. Porque en efecto, el sentimiento poético, 
aun de la clase inferior del pueblo español, se extendió 
á mas objetos de los que hemos enunciado ; y su genio, 
que en los principios era tan libre como el viento , nos 
ha dejado consignados de esta manera un gran número 
de recuerdos, que prueban cuando menos la gran va- 
riedad de percepciones , y la vivacidad y ternura de la 
sensibilidad popular. Muchos de estos romances (quizá 
la mayor parte) son efusiones del autor : unos son pas- 
toriles, otros burlescos, satíricos y picarescos; otros 
llevan el nombre de letrillas, aun cuando nada tienen 
de epistolares mas que el nombre ; otros son líricos en 
el tono, aunque no en la forma ; otros, en fin, son des- 
criptivos de las costumbres ó diversiones del pueblo en 
general. Pero todos van marcados de un carácter co- 
mún ; todos son verdaderas representaciones de la vida 
española. De algunos de los impresos primitivamenle 
ya hemos hablado en otro lugar ; existe sin embargo 
una clase numerosa , que se distingue por una seductora 
sencillez de pensamiento y de expresión, unida á cierta 
travesura maliciosa, y que merece por lo tanto particu- 
lar mención : no se halla en ninguna otra lengua poesía 
mas popular. Parte de estos romances se encuentra en la 
inapreciable colección intitulada Sexta parle del Roman- 
cero, publicada en 1 594, por Pedro de Flores, quien, se- 
gún él mismo lo indica en el prólogo, la recogió princi- 



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154 HISTORIA DB LA UTBRATURA ESPAÍlOLA. 

pálmente de ios recaerdos y tradiciones populares ^'. 
Estas composiciones nos traen á la mente con frecuencia 
la musa ligera del Arcipreste de Hita* á mediados del si* 
glo xiVt y podrían probablemente remontarse mas allá 
por su tono y su carácter. De todos modos, el bec&o es 
que constituyen una parte considerable, y no la menos 
seductora de los primitivos Romanceros, y que muchas 
de eilas ofrecen la misma sencillez maligna y juguetona 
de que da muestra la siguiente letrilla, en que una her* 
mana reprende á otra mas pequeña por los síntomas 
amorosos que en ella ha descubierto. 



Riñó con Juanilla 
su hermana Miguela ; 
palabras le dice 
que mucho le duelan. 
« Ayer en mantillas 
andauas pequeña, 
oy andas galana 
roas que otras donzellas. 
Tu gozo es suspiros, 
tu cantar endechas ; 
al alúa madrugas , 
muy tarde te acuestas ; 
quando estás labrando 
no sé en que te piensas, 
al dechado miras 
y los puntos yerras. 
Dizenme que hazes 
amorosas señas : 
si madre lo sabe, 
aura cosas nueuas. 
Glauará ventanas, 
cerrará las puertas ; 



para que baylemos 
no dará licencia ; 
mandará que tía 
nos Ueue á la iglesia, 
porque no nos hablen 
las amigas nuestras. 
Quando fuera salga, 
dirále á la dueña 
que con nuestros ojos 
tenga mucha cuenta ; 
que mire quien passa, 
si miró ala reja, 
y cual de nosotras 
boluió la cabera. 
Por tus libertades 
seré yo sujeta ; 
pagaremos justos 
lo que malos pecan. 1» 
« Ay ! Miguela hermana 
que mal que sospechas ! 
mis males presumes, 
y no los aciertas. 



^ Por ejemplo : «Qué es de mi cMadre, un caballero»,— «Malhayan 
contento », — « Plega á Dios que si mis ojos », — «Miña, que yiyes», etc. 
yo creo » , — « Aquella morena » , — 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO VII. 155 

A Pedro el de Juan, qae Pedro no vuelva» 

que se fué á la guerra , respondió burlando 

aíicion le tuve su hermana Miguela , 

y escuché sus quexas ; « que el amor comprado 

mas visto que es vario con tan ricas prendas 

mediante el ausencia , no saldrá del alma 

de su fé fingida, sin salir con ella, 

ya no se me acuerda. Creciendo tus años 

Fingida la llamo, crecerán tus penas , 

porque, quien se absenta, y sino lo sabes, 

ún foer^ y con gusto escucha esta letra : 

no es bien que le quiera. » si eres niña y has amor, 

«Ruégale tu á Dios que será quando mayor ^?ii 

Esta muestra aislada no puede, sin embargo, dar 
idea de la gran variedad de esta clase de composicio- 
nes, ni de sus bellezas poéticas. Para conocer su ver- 
dadero valor y mérito es preciso leer gran número de 
ellas, y leerlas en castellano; porque ninguna traduc- 
ción, ya sea literal, ya libre, puede conservar aquella fres- 
cura, aquel encanto seductor que tienen los originales^ 
tal como se leen en los antiguos Romanceros : observa- 
ción que puede hacerse extensiva , tanto á la parte de 
romances históricos, como á ia de los que hemos llama- 
do mistos, que se hallan en los primitivos Romanceros, 
y constituyen una gran parte de la poesía popular , sin 
que se les haya dado hasta ahora toda la consideración 
que se merecen, aun cuando tienen á su favor la anti- 
güedad de cerca de tres siglos, y algunos de ellos 
aun mas. 

^ La impresión mas antigua que la novena parte de la misma colee- 

hemos visto de este romance ó le- cion, 1587, fol. 116. No se han puesto 

trilto está en la «Flor de romances», en el texto los versos del final , por- 

sexta parte (1594, fol. 27), recogida, que parecen ser una mala glosa de 

por Pedro de Flores, de las tradi- mano mas moderna, y de diferente 

cienes populares. De ella se publicó medida, 
por descuido una copia incorrecta, eo 



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156 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

Pero hay ciertamente muy pocos ramos de literatura 
en ningún otro pais que puedan mejor recompensar los 
esfuerzos de una asidua investigación , que los antiguos 
romances españoles. Bajo muchos aspectos no tienen su 
semejante entre las primitivas narraciones poéticas de 
ninguna parte del mundo ; bajo otros las exceden á to- 
das. Las baladas inglesas y escocesas, con las cuales 
pudieran tener mas puntos de contacto, pertenecen 
á un estado social mas rudo , en que prevalecia la rus- 
ticidad y la violencia personal ; pero que si bien pudo 
dar origen á aquellas composiciones, porque ofrecía 
como elementos poéticos una grande enerjía de carác- 
ter, y aun á veces ciertos rasgos de ternura , presenta 
necesariamente menos dignidad y elevación de la que 
corresponde al carácter y á las condiciones de un pue- 
blo que , como el español , sostuvo durante varios siglos 
una lucha ennoblecida por el espíritu de religión y de 
lealtad : lucha que ofrecia con frecuencia ocasiones para 
elevar la mente de los que en ella se hallaban empeña- 
dos, á una altura superior á la reducida atmósfera donde 
se agitaban unos cuantos barones envidiosos, envueltos 
en enemistades sangrientas con sus rivales, ó en mu- 
tuas depredaciones con sus vecinos. Puede comprobarse 
esta verdad, comparando la notable serie de las baladas 
de Robín Hood con las de Bernardo del Carpió, ó el 
trágico suceso de Edon ó Gordon con el del conde Alár- 
cos ; y aun todavía mejor si de la lectura de los frag- 
mentos de Percy ó los cantos de Scott, pasamos en se- 
guida la vista al Romancero general, con su poético amal- 
gama de esplendor morisco y de lealtad cristiana *'. 

^ Si queremos ampliar todavía las comparacionee , no bay mas que lo- 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO VII. 157 

Mas aoQ cuando los romances españoles difieren de 
las poesías populares del resto de la Europa , ofrecen, 
con todo, en mas alto grado aquel espíritu de nacionali- 
dad que es en todas partes el verdadero elemento de las 
composiciones de esta clase. Parécenos, con efecto, al 
leerlos, que no son en muchos casos otra cosa sino los 
grandes rasgos del antiguo carácter español, dados á luz 
por la sola fuerza del entusiasmo poético; hasta tal punto, 
que, si se hace abstracción en ellos de su nacionalidad, 
quedan, por decirlo así, reducidos* á la nada. Es(a cir- 
cunstancia, á su vez, ha contribuido á conservarlos 
hasta el presente, y los conservará sin duda en ade- 
lante; porque los grandes héroes de Castilla, tales co- 
mo Pelayo , el Cid y Bernardo del Carpió , constituyen 
aun hoy en España una parte esencial de la fe y de la 
poesía del vulgo. Las aventuras de Guarinos , y la rota 
de Roncesvalles , se escuchan todavía en boca de los 
tragineros y de los mozos de labranza, ni mas ni menos 
que cuando D. Quijote, yendo á visitar el Toboso, oyó 
cantar á un labrador que salia á su trabajo : 

«Mala la hubisteis, franceses, 
la caza de Roncesvalles. n 

Y en las calles de Sevilla siguen los titiriteros enseñando 
todavía el retablo de Melisendra y D. Gaiferos, como 
hizo maese Pedro al encontrarse en una venta solitaria 
delante del héroe manchego. En suma, los antiguos 

marlosinsipidostPabliauxiantignos, nacioa durante la época en que el 

j las pesadas composiciones de los poder musulmán iba poco á poco 

troTaoores y juglares , y el resultado i>erd¡endo (tierzas , á impulso de un 

será aun mucho mas favorable á los entusiasmo que llegó flnalm^te á 

romances españoles , que represen- ser irresistible, por bailarse fundado 

tan un conjunto del exaltado sentí- originariamente en un principio de 

miento poético que llenaba toda la lealtad y de deber religioso. 



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158 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

romances son tan verdaderamente españoles, y su espí- 
ritu se halla tan identificado con el carácter del pueblo 
que los produjo , que continuarán siempre sin duda al- 
guna marchando estrechamente enlazados « mientras la 
España no pierda su existencia independiente*^ 

^ Véase el apéndice B. 



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CAPITULO VIIL 

Segunda clase. -^ Las crónicas.— Sa otigeD.— Crónicas reales.— Crónica 
general del rey D. Alfonso el X. -^Sus divisiones j objeto. — Sus trozos 
mas poéticos.— Su carácter.— Crónica del Cid.— Su oHgen, objeto y ca- 
rácter. 

r 

Crónicas. — Los romances en verso fueron sin doda 
alguna, en su origen, el recreo y solaz de la gran masa 
del pueblo español ; porque, durante un largo período 
de su primitiva historia, habia muy poca diferencia de 
costumbres y de cultura entre las diversas clases socia- 
les. Las guerras prologadas de siglo en siglo con in- 
cesante violencia , si bien no carecían por su carácter 
de cierta elevación y cierta influencia poética sobre la 
sociedad entera, la agobiaban y oprimían por igual con 
los estragos que forman siempre su séquito, reduciendo 
la condición general de todos los habitantes á un mismo 
grado y á un nivel común, de una manera mucho mas 
perceptible que en ningún otro peis cristiano, al menos 
por tan prolongado período de tiempo. Pero luego que 
la lucha con los árabes se trasladó á las comarcas me- 
ridiórii^, León, Castilla y toda la parte del norte quedó 
hasta cierto punto sosegada y tranquila. Los monaste- 
rios se hicieron poco á poco ricos, y á la riqueza siguió 
un cómodo reposo. Los castillos, que ya no estaban en 



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160 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

una constanie y ansiosa espectaliva , apercibidos á todas 
horas contra el enemigo común, se fueron convirtiendo 
en moradas que ofrecian una ruda, pero franca hospita- 
lidad ; y desde entonces las distinciones sociales que 
nacen de los diversos grados de riqueza , de poder y 
de cultura, fueron haciéndose cada vez mas percep- 
tibles : los romances, aunque no ciertamente olvidados, 
vinieron á ser desde aquel tiempo patrimonio de las cla- 
ses inferiores , donde permanecieron por largo período ; 
mientras las mas adelantadas y cultas adoptaron ó crea- 
ron por s( mismas formas literarias mas adecuadas á 
su nueva condición, que muestran mayor meditación y 
mas conocimientos, y revelan al propio tiempo un mé- 
todo de vida social mas pacífico y estable. 

La mas antigua de estas formas fué la de las crónicas 
en prosa, que, si bien con el nombre algún tanto modi-* 
ficado, eran una continuación de los cronicones latinos 
y leyendas monacales , conocidas mucho tiempo antes 
ea el pais, obtuvieron fácilmente y desde luego el favor 
de gentes que, empeñadas diariamente en empresas de 
la clase que en aquellas leyendas se celebran, considera- 
ban tales obras como prenda y garantía de su renombre 
futuro. Las crónicas pues no solo fueron un producto 
natural y espontáneo de aquella época , sino que reci- 
bieron impulso y favor de los mismos legisladores \ 

1. Crónicas gbnbralis v reales. Bajo tales auspicios, 



* En el código de las Partída8(bácia balleros enteoderian entonces el la- 

el año 1260) se prescribe á los bue- Un ; y las cHestorias » de que habla 

nos caballeros que presten atención la ley, debían ser probablemente las 

durante (a comida á la lectura de las crónicas de que vamos hablando , y 

«Hestorias de los grandes fechos de los romances ó gestas que en parte 

armas que los otros fecieron >, etc. les sinrieron de base. 
(Partida ii, tit. xxi, ley 20.) Pocos ca- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO Vil!. 161 

bien puede desde luego asegurarse que las crónicas de- 
bieron aparecer primeramente en la corte ó á la inme- 
diación del trono, porque allí era donde se encontraba 
mas predispuesto el espíritu que las distingue, y mas á 
mano los materiales necesarios para su composición. 
Pero es circunstancia harto notable que la primera en el 
orden cronológico, y la mejor de todas, sea debida á la 
pluma de un rey. Lleva en las impresiones el título de 
Crónica de España ó Crónica general de España, siendo 
sin duda alguna el mismo libro conocido anteriormente 
en manuscrito, con el nombre de Esloria de España^. 
En el prólogo, verdaderamente singular y característi- 
co, que precede á este libro, después de dar con mucha 
solemnidad las razones por qué debió compilarse , se 
lee lo siguiente : « E por ende, nos D. Alfonso, por la 
ngracia de Dios , Rey de Castilla é de Toledo, y de León , 

•y de Galicia etc fijo del muy nobre Rey D. Fer- 

»nando, y de la Reina D.' Beatriz, mandamos ayuntar 
Acuantos libros pudimos aver de historias que alguna 
»cosa contasen de fechos de España, y tomamos la 

•coronica del Argobispo D. Rodrigo y de Maestre 

•Lucas, Obispo de Tuy y composimos este libro. >» 

En las cuales palabras vemos nosotros una declaración 
de que Alfonso el Sabio fué él mismo autor de la Cróni- 
ca* j y que seguramente la continuó hasta poco antes del 



* Tal es la opinión de Mondéjar, (composimos este libro), parece de- 

3uíen asegura que el titulo prímiti?o mostrar que él fué el autor ó compi- 

e la c Crónica de España » era c Es- lador, y seguramente que pretendía 

toria de España >. (Memorias de Al- pasar por tal.— Hay, sin embargo, va- 

fonso el Sabio, p. 464. ) rías opiniones sobre este punto : Flo- 

' La distinción que hace Alfonso rian de Ocampo, que en I54i publicó 

entre mandar á otros reunir los ma- en Zamora la primera edición de esta 

ieriales (mandamos ayuntar), v com- Crónica , dice en sus notas, al fin de 

poner él mismo ó compilar la ¿tánica las partes tercera y cuarta, que, «se- 

T. I. M 



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162 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ«ÍOLA. 

año 4284, en que ocurrió su muerte. Puede creerse» cod 
bástanle fundamento , que la compuso en la primera 
época de su reinado, que comenzó en 4252 , y que le 
ayudaron en este trabajo personas familiarizadas con la 
literatura arábiga y con los demás conocimientos á que 
alcanzaba la cultura de aquel tiempo^. 

Hállase dividida la obra, aunque no quizá por su 
mismo autor, en cuatro partes : la primera comienza con 



gun opinión de algunos, solo las tres 
primeras han sido escritas por el 
Rey, y que la cuarta ha sido compi- 
lada posteriormente;» opinión á (fue 
claramente se inclina él mismo, aun 
cuando dice que nada pretende afir- 
mar ni negar sobre el particular. Otros 
han ido mas lejos , suponiendo que 
toda la obra se compilo por diferen- 
tes personas. Mas á todo esto puede 
responderse : l.^Qne la Crónica está 
mas ó menos bien ordenada, mejor 
ó peor escrita, según eran los mate- 
riales que entraron en su composi- 
ción; y que las objeciones de floje- 
dad y falta de corrección hechas á la 
parte cuarta, alcanzan también en 
alto grado á la tercera , con lo cual 
se probaria aun mas de lo que Flo- 
rian de Ocampo concede, puesto que 
declara estar seguro (sanemos por 
eierto) de que las tres primeras par- 
tes son obra de Alfonso. 2.*' Este rey 
declara mas de una vez «n su pró- 
logo (cuya autenticidad está puesta 
fuera de duda por Mondéjar, bajo la 
fe de los cuatro mejores manuscri- 
tos) , que su historia llega hasta su 
mismo tiempo (fasta el nuestro liem- 

Eo), lo cual no se verifica basta el fin de 
I cuarta parte, ademas de que en el 
prólogo habla de la obra entera como 
de cosa suya. 3.^ Produce ademas la 
lectura de algunos pasajes cierta 
evidencia interna de que aquel mo- 
narca escribió la última parte de la 
obra, como, porejemplo, aquel bellí- 
simo trozo en que renere las relacio- 
nes entre S. Fernando y su madre 
Berenguela (edic. 1541 , fol. 404), la 
solemne relación de la muerte del 



santo Rey, al final de la obra, y otros 
varios contenidos, desde el fol. 402 
hasta el 426. 4.° Su sobrino D. Juan 
Manuel , que hizo un compendio de 
la «Crónica de España», habla de su 
tio D. Alfonso como del verdadero y 
reconocido autor de ella.— También 
debe tenerse presente que Mondéjar 
afirma ser la edición de Florian de 
Ocampo muy infiel é imperfecta , 
omitiéndose á veces en ella reinados 
enteros , lo cual prueba con pasajes 
tomados de los antiguos manuscri- 
tos que contienen la obra completa. 
(Memorias, Hb. 7, cap. 15 y 16. ) La 
otra edición de esta crónica (Vallado- 
lid, fol. 1604) es aun mas defectuo- 
sa y está plagada de ¡numerables y 
crasos errores: á la verdad que no he- 
mos visto nunca libro peor impreso. 
* Cuando la «Crónica» cuenta que 
fué compuesta cuatrocientos anos 
después del tiempo de Garlo Magno, 
debe considerarse que es una fÉ*ase va- 
ga, y como para indicar próximamen- 
te la época, puesto que Alfonso no ha- 
bía nacido aun en 1210. Pero yo creo 
que no se hubiera contentado con de- 
cir «ca bien ha 400 años quel murió» 
(edic. de 1541 , fol. 228), si hubie- 
sen ya trascurrido cuatrocientos cin- 
cuenta. De lo cualpuede inferirse que 
la Crónica fué compuesta antes de 
1260. Otros varios pasajes confirman 
esta opinión.— Conde, en su prólogo 
á la «Historia de los Árabes en Espa- 
ña», alude al sabor arábigo déla Cró- 
nica, que, sin embargo, nos parece ser 
mas bien el estilo general de aquella 
época en toda Europa. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO VIII. 163 

la creación del mundo, ocupando largo espacio con la 
historia de Roma, aunque pasa lijeramente sobre todos 
los demás acontecimientos, basta llegar á la ocupación 
de España por los visigodos ; la segunda comprende el 
imperio gótico y la conquista musulmana ; la tercera lle- 
ga basta el reinado de D. Fernando el Magno, á princi- 
pios del siglo XI ; y la cuarta concluye en 1252 con la 
muerte de S. Fernando, conquistador de Andalucía y 
padre del mismo Alfonso. 

Los primeros trozos son los menos interesantes. Con- 
tienen, acerca déla antigüedad, y especialmente del im- 
perio romano, las noticias y relaciones que corrian co- 
munmente entre los escritores de la edad media ; aun- 
que á veces , como en el caso de la reina Dido ( cuya 
memoria ba sido siempre defendida por los cronistas y 
poetas mas populares de España contra las imputacio- 
nes de Virgilio)*, bailamos cierta vislumbre de senti- 
mientos y opiniones que pueden considerarse como mas 
decididamente nacionales. Estos pasajes son ya mas fre- 
cuentes en la segunda parte, que se refiere al imperio 
de los visigodos en España; aunque , como los escrito- 
res eclesiásticos son casi la única autoridad que en ella 
se sigue, es muy natural que predomine .el estilo pecu- 
liar de aquellos. La tercera está escrita con mas soltura, 
y ofrece un espíritu español mas caracterizado, refi- 
riéndose en ella las abundantes tradiciones antiguas del 



^ La«Historia de Dido» merece ver- trase este pasaje en la «Crónica de 
se, y especialmente por aquellos que España» (parte i , cap. 51-57), y con- 
han leido las extrañas alusiones de cluyecon una carta, verdaderamente 
Ercilla, Lope de Vega y otros poetas heroica, de la Reina á Eneas. La re- 
populares, las cuales no están p(nr lacion de la Crónica española está to<- 
ciertomuy conformes con la versión mada de la «Historia universal de 
romana dada por Virgilio. Encuén- Justino», lib. i8, cap. 4-6. 



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164 HISTORIA DE LA UTERATURA ESPACIÓLA. 

país acerca del levantamiento de Pelayo en las monta- 
ñas de Asturias*; las historias de Bernardo del Carpio\ 
Fernán González*, y los Siete Infantes de Lara"; con 
algunos pasajes vigorosos sobre Garlo-Magno", y la 
relación de varios milagros, como el de la cruz fabrica* 
da por los ángeles para Alonso el Gasto**, y el de Santia- 
go peleando contra los moros en las gloriosas jornadas 
de Glavijo y de Hacinas ^*. 

La última parte, aunque compilada y escrita con 
menos esmero, conserva sin embargo el mismo tono. 
Principia con la sabida historia del Cid", á quien, 
como al mayor de los héroes nacionales , se dedica en 
ella un lugar de desproporcionada extensión. Mas ade- 
lante , y á contar desde los ciento cincuenta años an- 
teriores al tiempo en que vivía el autor^ hallamos ya una 
relación histórica mas regular ; y finalmente, el reinado 
de su padre S. Fernando está redactado sobre memorias 
autenticas y descansa ya sobre mas sólidos cimientos. 
Lo que mas llama la atención en esta notable crónica , 
es el ser en su tercera parte , y en gran porción de la 
cuarta, una traducción, si así puede decirse, de las anti- 
guas leyendas y tradiciones del pais,á una prosa sencilla 
y pintoresca , pon pretensiones de historia grave y for- 
mal. Cuáles sean las fuentes originales de estos pasajes 

* < Crónica de España », parte iii , cVoto de Santiago y batalla de Cla- 
cap. i j 2. vijo» (Comedias escogidas, t. xxxni, 

^ Ibid., cap. 10 y 15. 1670, 4.^), está fundada en el primero 

* Ibid., cap. 18, etc. de estos pasajes; pero su autor no 

* Ibí d. , cap. 20. supo aprovecharse de los buenos ma- 
*^ Ibid., cap. 10. teriales que ofrece. 

** Ibid., cap. 10, juntamente con el *> La nistorla particular del Cid 

romance tomado de su historia, que comienza al principio de la parte iv, 

comienza «Reynando el re? Alfonso», fol. 279, y concluye en el rol. 546, 

<« Ibid., cap. 11 y 19. —Una come- edlc. de 1541. 
dia de Rodrigo de Herrera , titulada 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO VIII. 165 

purameQle nacioaales, cuya auteDlícidad desearíamos 
mucho poder comprobar , lo ignoramos de todo punto. 
Unas veces, como en las relaciones de Bernardo del 
Carpió y de Garlo-Magno, se apela claramente á los 
antiguos Cantares de gesta **. Otras, como la de los In- 
fantes de Lara , la narración puede estar fundada en 
alguno de los antiguos cronicones latinos , ó quizá en 
alguna leyenda poética , cuyo rastro debe haberse per- 
dido completamente^^. Y una vez, por lo menos, ha- 
llamos inserta íntegramente, y no muy bien colocada 
por cierto en el lugar que ocupa, una historia sepa- 
rada, como es la del Cid. Echase de ver en los tro- 
zos de que vamos hablando un carácter poético mas 
determinado que en los restantes ; porque mientras 
las partes anteriores, tomadas de la historia antigua, 
presentan cierta austera exactitud que las hace áridas 
y desmayadas , en las siguientes se encuentra ya una 
narración sencilla y animada , como, por ejemplo , la 
Relación de la muerte de S. Fernando, en la cual no po- 
demos menos de reconocer la mano fidedigna de un tes- 
tigo presencial de sucesos que le afectaban vivamente. 
Entre los pasajes mas poéticos de la Crónica, hay dos 
al final de la segunda parte , que contrastan entre sí y 
están colocados con cierta habilidad v arte, no comunes 
en las antiguas crónicas , cuyo carácter distintivo es 
siempre el de una sencilla espontaneidad. Refiérense á 



** Parte m , cap. 10 y 13. nica mas anticua, probablemente de 

*^ Estov persuadido de que la bella alguna leyendfa monacal latina ; mas 

historia de los Infantes de I..ara, tal nada encuentro anterior á este pa- 

cual se lee en la tercera parte de la saje, que conserve vestigios de poe- 

«Crónica de España», fol. 261, edi- sias y romances españoles, relati- 

cion de 1541 , procede de otra eró- vamente á los Infantes de Lara. 



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166 HISTORIA DE LA LITBEATURA ESPAllOLA. 

lo que por macho tiempo %e ha designado con el nombre 
de «La pérdida de España^*», ó sea la conquista de Es- 
paña por los árabes, y consisten en dos (descripciones 
pintorescas de la condición del país antes y después de 
aquel suceso, que los españoles acostumbraron por largo 
tiempo á considerar como la división natural déla histo- 
ria del mundo en dos grandes épocas. En el primero de 
estos pasajes, cuyo título es Los bienes que tiene España*\ 
después de algunas observaciones generales, prosigue 
asila Crónica. aPues esta España que deximos, tal es 
jicomo el parayso de Dios : ca riégase con cinco rios cá- 
ndales, que son Duero, ed Ebro, e Tajo, e Guadalquevir, 
x>e Guadiana : e cada vno dellos tiene entre sí e el otro 
» grandes montañas e tierras *^ : e ios valles e los llanos 
»son grandes e anchos : e por la bondad de la (ierra y 
»el humor da los rios llevan muchas frutas e son abon- 
•dados. Otrosí en España, la mayor parte se riega con 
» arroyos e de fuentes : e nunca le menguan pozos en 
»cada logar que los han menester. E otrosí España es 
Dbien ahondada de mieses e deleitosa de frutas, viciosa 
» de pescados , sabrosa de leche , e de todas las cosas 
» que se de ella facen , e llena de venados e de caza, 
«cubierta de ganados , lozana de cavallos, provechosa 
Dde mulos e de muías, e segura e abastada de castie- 
»llos, alegre por buenos vinos, folgada de abonda- 
» miento de pan , rica de metales de plomo e de estaño, 
» e de argén vivo e de fierro e de arambre e de plata e 

*< Así llaman los antiguos escrito- ** El original , en las dos ediclo- 

res la conquista musulmana. nes impresas, dice tierraij lo cual es 

^^ « Los bienes oue tiene España » errata manifiesta en lugar de sierraSy 

(edíc.de 154i, fol.202); y á la vuelta según el contexto, y sea este un 

de la hoja se baila el pasaje que si- ejemplo de los mil errores tipográfí- 

gue, titulado « El llanto de España ». eos que deslucen ambas ediciones. 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPÍTULO Ylll. 167 

» de oro e de piedras preciosas , e de toda manera de 
«piedra marmol, e de sales de mar, e de salinas de 
» üerra , e de sal en peñas, e de otros veneros muchos 
»de azul, e almagra , greda, e alumbre , e otros mu- 
» chos de quantos se fallan en otras tierras. Briosa de 
Dsirgo, e de cuanto se falla de dulzor de miel e de azu- 
lear, alumbrada de cera, alumbrada de olio, alegre 
«de azafrán. E España sobre todas las cosas es enge- 
Ȗosa e aun temida e mucho esforzada en lid, ligera en 
»afan , leal al Señor , afirmada en el estudio , palan- 
vciana en palabra, complida de todo bien : e non ha 
D tierra en el mundo quel semeje en bondad, nin se 
«yguale ninguna a ella en fortalezas, e pocas ha en el 
• mundo tan grandes como ella. E sobre todas España 
»es ahondada en grandeza : mas que todas preciada por 
«lealtad. ¡O España! non ha ninguno que pueda ct)n- 
»tar tu bien.» • 

Pero veamos ahora el reverso de la medalla, y lea- 
mos el otro pasaje, titulado El llanto de España, cuando 
(según cuenta la Crónica) después de la victoria de los 
moros, « fincara toda la tierra vazía del pueblo, bañada 
i>de lagrimas, complida de apellido, huéspeda de los 
»estraños, engañada de los vecinos, desamparada de 
» los moradores , viuda y asolada de los sus fijos , con- 
wfondida de los barbaros, desmedrada por llanto e por 
«llaga, fallesgida de fortaleza, flaca de fuerza, men- 

•guada de conorte, asolada de los suyos Olvidados 

»le son los sus cantares : e el su lenguaje ya tornado 
»es en ageno e en palabra estraña. » 

Los pasajes mas seductores de la Crónica son sin duda 
alguna sus largas narraciones ; son también los mas poé- 



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168 UISTOniA DE LA LITERATURA BSPAÍlOLA. 

ticos, y en tal manera, que machos de ellos han sido 
convertidos posteriormente en romances, sin mas que 
modificar algún tanto la frase para acomodarla al me- 
tro". Otros, por el contrario, y en námero conside- 
rable, proceden probablemente de poesías análogas, 
mucho mas antiguas, hoy dia enteramente perdidas, 
ó de tal modo alteradas por la sucesión de las tradi- 
ciones orales, que no es posible dar una prueba com- 
pleta de su analogía con las rdaciones de la Cró- 
nica & que originariamente sirvieron de base. Uno de 
estos pasajes es la historia de Bernardo del Carpió, en 
la cual la misma Crónica hace referencia á romances 
mas antiguos que ella ; al paso que la narración de 
esta se convirtió mas adelante , y casi literalmente , en 
nuevos romances. Tiene por base esta historia de Ber- 
nardo la lucha entre la lealtad á su rey por una parte, 
y por la otra el afecto á su padre encarcelado ; porque, 
según ya dijimos anteriormente, al hablar de los anti- 
guos romances y tradiciones , aquel héroe era fruto de 
los secretos amores de la hermana de Alfonso con el 
conde D. Sandias de Saldaña , cuyo suceso ofendió de 

^^ Esta observación es aplicable á mente se compaso para recitar ó 

machos pasajes de la tercera parte cantar, enseñando algon retablo ú 

de la Crónica, mas á ninguno con otro espectáculo semejante, en que 

tanta exactitud como á las bístorias de se mostrase al público el suceso ; 

Bernardo del Carpió y de los Infan> «Llegados son los Infantesi,— «Quién 

tes de Lara, de las cuales se encuen- es aquel caballero » , y < Ruy Velaz- 

tran largos trozos en los romances, quez el de Lara».— -Todos estos se en- 

copiados al pié de la letra. Citaremos cuentran en las antiguas colecciones 

solamente como muestra : i.^ Sobre de romances, y según creo, también 

Bernardo del Carpió , los romances en las anteriores á i860, siendo muy 

<iue empiezan : c El conde Don San- digno de notarse que en la misma 

cno Díaz»,— « En corte del Casto AJ- Crónica general se hace particular 

fonso»,— «Estando en ^azposiego», mención de «Cantares de Gesta» re- 

~« Andados treinta y seis anos», y «En ferentes á Bernardo del Carpió, los 

f;ran pesar y tristeza ». 2.^ Sóbrelos cuales eran ya conocidos y populares 

ufantes de Lara, los siguientes : «A wando aquella se compilaba en el 

Calatrava la vieja » , que evidente- siglo mi. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO VIII. 169 

tal manera al Rey» que de sus resaltas encerró al Con- 
de en un castillo , procurando ocultar cuidadosamente 
el origen de Bernardo, aunque le criaba al mismo 
tiempo como si fuera hijo propio. Uegado ya á mance- 
bo, vino á ser Bernardo el héroe de su tiempo, prestan- 
do en la guerra importantes servicios á su rey y á su 
pais. «E él (según dice la enérjica relación de la Cró- 
)»ntca*^) cuando sopo que su padre era preso, pesoF 
» mucho de corazón : e bolviósele la sangre en el 
»cuerpo^ e fuese para su posada faziendo el mayor due- 
»lo del mundo : e vistióse paños de duelo : e fuese pa- 
»ra el Rey D. Alfonso. E el Rey cuando lo vido, dixol: 
«Bernaldo por aventura cobdíciades la muerte mia? 
)»por que Bemaldo siempre tovo fasta aquí que era fi- 
» jo del Rey D. Alfonso. E Bemaldo le dixo : Señor, non 
vquerrie yo vuestra muerte, mas he muy grande pesar 
«porque mi padre, el conde D. Sandias, yace en prisión, 
»e pido vos por merced que me lo mandedes dar. E el 
•Rey D. Alfonso cuando esto oyó, dixole : Berlialdo, pará- 
is vos delante de mi e nunca jamas seades vos osado de 
)» esto me decir, ca yo vos juro que nunca veades á vues- 
»tro padre fuera de prisión en cuantos dias yo viva. 
»E Bernaldo le dixo : Señor, Rey sodes e faredes lo que 
jitovierdes por bien : e ruego á Dios que vos meta en 
» coraron que lo saquedes dende : ca yo, Señor, non de- 
Dxaré de vos servir cuanto yo mas pudiere.» 

A pesar de esta negativa , siempre que en las turbu* 
lencias de aquell$i época eran necesarios los servicios 
de Bernardo, se le ofrecia como recompensa de ellos 
la libertad de su padre; pero, como estas promesas ja- 

** «Crónica general de España», edic. 154i , fol. 227. 



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170 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAJIOLA. 

mas se llegaban á camplir, rompió al ñu cod su falso 
tío, y se puso con él en lucha abierta, que continuó 
después contra Alfonso el Magno, uno de sus sucesores'S 
llegando á poner en tal aprieto la autoridad del Rey, 
que este le volvió á ofrecer de nuevo y de una manera 
mas solemne la libertad del prisionero, si Bernardo, 
por su parte, entregaba el castillo del Carpió, cuya po- 
sesión le hacia formidable. No vacila un momento este 
hijo fiel, y el Rey envia á buscar al anciano Conde, á 
quien encuentran ya sin vida, por disposición tal vez 
del monarca mismo, quien no vaciló en apoderarse, 
aunque por medio de una indigna bajeza, del cas- 
tillo que era el precio convenido de la entrega de su 
cautivo. Dispone pues que traigan el cadáver. cabal- 
gando, cual si estuviera vivo, y sale á su encuentro en 
compañía de Bernardo, que no tenia sospecha alguna 
de tan cruel superchería. 

«E después que se llegaron todos en uno (conti- 
u núa la Crónica), comenzó Bernaldo á dar vozes con gran 
» alegría e decir, lay Dios! do viene aqui el conde Don 
» Sandias de Saldaña. E el Rey D. Alfonso le dixo : vé- 
» deslo do está ; ydlo á saludar, pues que tanto lo cob- 
»diciastes ver. E Bernaldo fué estonces para él e besol 
x>la mano, mas cuando gela falló fria, e le vido toda la 
» color denegrida , entendió que era muerto , e con el 
» pesar que ende ovo, comenzó de dar grandes boces, e 
»facer gran duelo diziendo : i Ay conde D. Sandias! que 
»malhora me engendrastes, ca nunca fui ome perdido 
»assí como yo soy agora por vos, ca pues vos sodes 
» muerto e el castillo yo he perdido, non sé conseio en 

*^ < Crónica general «, edic. i54i , foL 256. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO VH!. 171 

»el mundo que faga. E algunos dicen en sus Cantares 
»de gesta que le dixo estonces el Rey : D. Bernaldo oy 
«mas non es tiempo de mucho fablar y digovos que 
»me salgades luego de la tierra , et non me estedes y 
»mas, etc.» 

Esta relación es uno de los trozos mas interesantes 
de la antigua Crónica general, aunque toda ella es muy 
curiosa, animada y pintoresca. Nótase en ella mas li- 
bertad de estilo y menos exactitud que en las de- 
mas obras de su noble autor ; y la última parte ofrece 
una falta de corrección que no se advierte en las dos 
primeras , si bien ya se echa algún tanto de ver en ia 
tercera. Rebosa, sin embargo, en todas sus páginas el 
espíritu de la edad en que se escribió ; y considerada 
en conjunto, es la mas interesante, no solo de las cró- 
nicas españolas , sino de todas las que en cualquier 
otro pais señalan el paso de las tradiciones poéticas 
y románticas á la severa exactitud de la verdad his- 
tórica. 

Reclama en seguida nuestra atención la que se de- 
signa con el sencillo título de Crónica del Cid, tan im- 
portante bajo ciertos aspectos como la que acabamos 
de examinar, aunque bajo otros no tanto. Desde luego 
ofrece la circunstancia notable de que, aun cuando 
parece constituir una obra separada é independíente, 
no es, en sustancia, otra cosa mas que las ciento ochen- 
ta páginas que forman el primer trozo del libro 4.'' de la 
Crónica general de España; de suerte que pudiera muy 
bien creerse que la una se lomó de la otra, ó bien que 
ambas proceden de una fuente común. Esta última es 
quizá la suposición mas natural, y algunos ia han ^dop- 



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172 U16T0IUA DB LA LITBIUTURA ESPAÑOLA. 

lado^; pero haciendo uo examen mas detenido de ella, 
se puede conjeturar con fundamento que la Crónica del 
Cid mas bien está tomada de la de Alfonso el Sabio, que 
de ningún otro original común á ambas y anterior á 
ellas. En primer lugar, aun cuando el uso de unas mis- 
mas palabras en una y en otra induce á sospechar que 
se han trasladado de una misma fuente, como el len- 
guaje es muchas veces el mismo en páginas ente- 
ras, no puede admitirse la identidad de origen sino en 
el concepto de que una de ellas esté copiada de la otra. 
En segundo lugar, la Crónica del Cid corrige en ciertos 
pasajes algunos errores de la Crónica general; y en 
uno, por lo menos, hace una adición referente á hechos 
posteriores á la fecha de aquella **. Pasando, sin em- 



** Tal es la opinión de South ey, en 
el prólogo á su < Crónica del Cid », 
obra que, aunque de las mas entrete- 
nidas é instructivas que se han es- 
crito con relación ¿ las costumbres 
y sentimientos de la edad media, 
está lejos de ser una versión com- 
pleta, como se pretende , de los tres 
originales españoles. La opinión de 
Huber acerca de este punto con- 
viene con la de Soutbey. 

^ Ambas Crónicas citan como au- 
toridades al arzobispo D. Rodrigo, 
de Toledo, V al obispo Lúeas, de Tuy, 
en Galicia (Cid , cap. 293.— General , 
160i, fol. 313, v,y en otros lugares), y 
los suponen ya muertos. Ahora bien: 
el primero murió en 1247, y el se- 
gundo en 1250; y como la «Crónica de 
Alonso el X» í\ié necesariamente escri- 
ta entre 1232 y 1282^ probablemente 
poco después de 1232, no es de su- 
poner que la<Crónica del Cid», ni otra 
ninffuna crónica castellana sobfe la 
cual la General hubiese podido apro- 
vecharse, estuviera ya entonces com- 
pilada. Hay ademas pasajes en la del 
Cid que prueban su posterioridad á 
la General. Por ejemplo, en los capí- 
tulos 204, 2d5 y 290 de la primera 



está corregido un error de dos años 
que se nota en la cronología de la 
segunda. Por otra parte, la <r Crónica 

general» (edic. 1604, fol. 313, v.). 
espues de referir el entierro del 
Cid por los obispos, en una bóveda , 
ff vestido con sus paños , » añade : 
ff £ assi yaze ay do agora yaze » ; mas 
en la «Crónica del Cid» estas palabras 
han desaparecido, y en su lu^ar se 
lee : «£ hy esíudo muy grané tiempo, 
fasta que vino el rey Don Alfonso á 
reynari»: después de cuyas palabras 
continúa refiriendo la traslación del 
cadáver á otro sepulcro por Alfonso 
el Sabio , el hijo de S. Fernando : 
en medio de lo cual (que prueba cla- 
ramente haberse hecho la adición en 
la «Crónica del Cid » después de es- 
crita la relación de la «Crónica gene- 
ral») se advierte un descuido nota- 
ble y muy curioso para la cuestión 
presente. Hablando de S. Fernando 
con la fórmula acostumbrada de « el 

S[ue conquistó la Andalucía, y ganó á 
aen , y otras muchas villas y casti- 
llos,» añade en seguida : «según que 
adelante vos lo contará la historia ». 
La historia del Cid nada tiene que 
ver sin embargo con la de S.Fernan- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VIII. 173 

bargo, por alto los detalles de'este punto oscuro, aun- 
que no desnudo de importancia , basta á nuestro pro- 
pósito consignar aquí que la Crónica del Cid es sus- 
tancial mente la misma historia del héroe contenida en 
la Crónica general, y que según todas las probabilida- 
des está tomada de esta. 

Cuándo se haya redactado en la forma que hoy tiene, 
y á quién se deba este trabajo no hemos podido ave- 
riguarlo^V Sábese tan solo que se encontró manuscrita 



do, que vi?ió cien años des[>ues de él, 
y ¿ qaien no vuelve á mencionar. Por 
consiguiente el corto pasaje en que se 
reñere la traslación del cadáver del 
Cid á otro sepulcro , en el siglo zui , 
debió haberse tomado probablemente 
de alguna otra crónica que contuvie- 
se la historia de S. Fernando , y al 
mismo tiempo la del Cid. Yo me in- 
clino á creer aue se tomó del «(Com- 
pendio de la Crónica general de Al- 
fonso el Sabio», hecho por su sobrino 
D. Juan Manuel ^ quien aprovecharía 
gustoso la ocasión de introducir una 
adición tan honorífica para su tio al 
llegar al punto del nuevo enterra- 
miento del Cid, en cuya relación la 
«Crónica general» hubiera cesado de 
ser una verdad (cap. 29i). 

Es también notable, aunque ajeno 
de la cuestión presente, que los res- 
tos del Cid , removidos por Alfonso 
el Sabio en 1372 , fueron sucesiva- 
mente trasladados á diversos luga- 
res, en 1447 y en i541, otra vez á pnn- 
cipios del siglo xvni, v de nuevo, con 
mal acuerdo , de orden del general 
francés Thibaut , en 1809 ó 1810 , 
hasta que por último , en 1824 , vol- 
vieron á descansar en su primitivo 
santuario de San Pedro de Cárdena. 
(Semanario pintoresco, 1838, pági- 
na 648.) 

^ Si se pregunta cuáles fueron las 
autoridades ó materiales en que se 
fundó la «Crónica general», en la par- 
te relativa al Cid , pudiera contes- 
tarse : 1.° Las que se citan en el 
prólogo á la misma obra de D. Al- 



fonso , algunas de las cuales vuel- 
ven á citarse de nuevo cuando llega 
á hablar del Cid , siendo la mas im- 
portante la « Historia gothica» , del ar- 
zobispo D. Rodrigo (véase Nic. Ant., 
«Bibl. Ver.,» lib.8,cap.2,§28).2.» Es 
probable que hubiese algunas me- 
morias árabes relativas al Cid , tales 
como la vida del mismo, ó parte al me- 
nos de ella, por un sobrino de Alfaxa- 
ti, moro converso, que la misma Cró- 
nica menciona ^cap. 278), y la Crónica 
general ( 1341, rol. 359, v. ) ; aunque, 
por otra parte, nada hay en la Crónica 
que conserve sabor arábigo, excepto 
el lamento por la toma de Valencia, 
que principia : «Valencia,Va]encia,vi- 
nieron sobre ti muchos quebrantos», 
el cual se lee al fol. 329, y otra vez, po- 
bremente amplificado, al fol. 329, v.; 
de donde salió aquel bellísimo roman- 
ce yle «Apretada está Valencia», cuya 
antigüedad puede remontarse hasta 
el Cancionero impreso por Martin- 
Nucio en Ambéres, 1550; pero no mas 
allá , según mi juicio. En tal con- 
cepto, síalgo encierra la «Crónica del 
Cid 9 tomado de documentos arábi- 
gos, estos son obra de cristianos , ó 
por lo menos los hechos en elloscon- 
signados han tomado, al pasar á la 
Crónica, un carácter exclusivamente 
cristiano*. 3.® Los traductores cas- 
tellanos de Bouterwek (p. 255) insi- 

* Después de escrita esta nota, he sabido 
que mi amigo D. Pascual de Gayangos posee 
ana Crónica árabe que derrama macha luz 
sobre esta Crónica castellana y sobre la 
vida del Cid. 



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174 HISTORIA DE LA LITERATURA ESP AIRÓLA. 

como actualmente se lee , en el mismo monasterio de 
San Pedro de Cárdena, donde el Cid yace sepultado^ y 
que alli la vio en su juventud D. Femando, biznieto de 
los Reyes Católicos (que fué después emperador de Ale- 
mania), el cual dio orden al abad para imprimirla ", 
según lo ejecutó en 1512; no habiéndose hecho des- 
de entonces mas ediciones que otras dos, la de 1652 y 
la de 1593, hasta que en 1 844 se reimprimió de nuevo 
en Marburgo , ciudad de Alemania , con una excelente 
introducción crítica, escrita en castellano por Huber**. 



DÚan que la Crónica castellana del 
Cid esU tomada sustancialmente de 
la «Historia Roderici Didaci», publi- 
cada por Risco en t La Castilla y el 
mas ramoso castellano» (1792, App., 
pp. xvi, Iz); mas la historia latina, 
aunque curiosa y estimable , es solo 
un reducido compendio , en el cual 
no se encuentra nada de las intere- 
santes relaciones y aventuras de la 
Crónica castellana; antes bien á veces 
ofrece pasajes que las contradicen ó 
menoscaban. 4.^ Del antiguo «Poema 
del Cid » se aprovechó indudable- 
mente el cronista, cualquiera que él 
fuese , y con bastante libertad , aun 
cuando nunca lo cita. Asi lo indica 
Sánchez (t. i, p. 226-228), y nosotros 
tendremos que repetirlo al llegar 
á la nota 28 > donde daremos un ex- 
tracto de la Crónica, dejando consig- 
nado aqui (lue indudablemente el 
poema sirvió de guia á la Crónica, y 
no esta á aquel. 

^ Proemio. — El Imen abad con- 
sidera que la crónicffse escribió en 
vida del mismo Cid , esto es , antes 
del año 4100, sin hacerse cargo de 
que en ella se cita al arzobispo de 
Toledo y al obispo de Tuy, los cuales 
pertenecen al siglo xiii. Habla tam- 
bién del celo inteligente que mostró 
en este asunto el principe D. Fer- 
nando ; pero Oviedo, en su « Diálogo 
del cardenal Ximenez », dice que el 
joven príncipe solo tenia ocho años 
y algunos días cuando dio aquella 
orden. (Quinquagena , MS.) 



^ Alúdese á veces en ella antici- 
padamente á algún pasaje de la his- 
toria del Cid, añadiendo «como lueffo 
vos contará la historia »; se^un lo 
cual no cabe duda que la historia 
del Cid fué originariamente consi- 
derada como parte de la «Crónica ge- 
neral». (Crónica general, edic. 1604, 
tercera parte, fol. 92, v.). Asi es que 
al llegar á la cuarta parte , á la cual 
corresponde realmente , encontra- 
mos en primer lu^ar un capítulo re- 
ferente al advenimiento de Fernando 
el Magno, y luego la historia del Cid 
enlazada con la de los reinados de 
Fernando 1 , Sancho II y Alfonso VI , 
siendo tan indudable que su con- 
junto es parle integrante de la «Cró- 
nica general», y no una crónica sepa- 
rada del Cid, que cuando fué segre- 
gada para formar una crónica aprte, 
se tomaron ¡os tres reinados de los 
tres soberanos referidos, principian- 
do con un capitulo relativo á una 
época anterior de diez años al naci- 
miento del Cid , y concluyendo con 
otros cinco que se refieren á sucesos 
ocurridos diez años después de su 
muerte, cerrándose, por ultimo, el li- 
bro con unos cuantos renglones en 
que se procura excusar (Crónica del 
Cid,Bürgos, 4503, folio, fol. 277) que 
contenga mas bien una crónica de 
aciuellos tres reyes, oue no una cró- 
nica exclusivamente ael Cid : todo lo 
cual, ademas de las diferencias ca- 
racterísticas entre una y olra, de que 
ya hemos dado idea , nos persuaden 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO VIH. 175 

Como parte de la Crónica genertU de España debe- 
mos manifestar, aunque con algún recelo, que la Cró- 
nica del Cid nos parece menos interesante que algunos 
de los trozos que inmediatamente la preceden. Debe, sin 
embargo, ser considerada como la versión nacional de 
las hazañas del grande héroe que libertó la cuarta parte 
de su paisdel ominoso yugo sarraceno, y cuyo recuerdo 
continúa hasta nuestros dias , enlazado con los mas 
preciados timbres de la gloria de España. Comienza con 
los primeros triunfos del Cid bajo Fernando el Magno, 
y por lo tanto solo alude lijeramente á los años de su 
primera juventud, y á los extraordinarios sucesos en 
que Comeille, siguiendo los antiguos dramas y romances 
españoles, ha fundado su tragedia; pero luego refiere 
menudamente casi todas las aventuras que le atribuyen 
las mas antiguas tradiciones, hasta su muerte, acae- 
cida en 1099 , ó mas bien, hasta la de Alfonso el VI, 
que tuvo lugar diez años mas tarde. 

Es en gran parte tan fabulosa*^ como las relaciones de 
Bernardo del Carpió y de los Infantes de Lara , aunque 
quizá no lo es tanto como pudiera esperarse de una 
obra escrita en semejante período y con tales preten- 
siones. Su estilo está en armonía con su carácter ro- 
mántico, y es mas difuso y grave que el de otras be- 
llas narraciones que presenta la Crónica general. Pero 
brilla, en cambio, en todas sus páginas el espíritu pe- 



á que la'cCrónJca del Cid» se sacó de baila tratada con agudeza y erudición 

la General. en «r Josepb Ascbbacb , De Cidi Hit- 

^7 Ifasdeu (Historia critica de Es- torioí Fontibm Dissertatio», aunque 

paña, Madrid, 1785-1805, 4.% t. xx) respecto ¿i becbos individuales del 

pretende demostrar que todo es una Cid poco es lo que puede aclararse 

lábula; pero esto es exigir demasía- con seguridad, 
do de sus lectores. Esta cuestión se 



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176 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

culiar de los tiempos en que se escribió, y nos ofrece 
una pintura tan fiel de sus generosas virtudes y de su 
ruda violencia, que puede considerarse como uno de los 
mejores libros que se han escrito para el estudio del 
verdadero carácter y de las costumbres de la edad caba- 
lleresca. Hay á veces pasajes, tales como la siguiente 
descripción de los sentimientos y conducta del Cid, cruel 
é injustamente desterrado por el Rey al abandonar sú 
buen castillo de Bivar, que están escritos con una verdad 
tal y de una manera tan conforme con la índole de la 
época á que se refieren, que el conjunto de sus porme- 
nores, sean ó no inventados, producen en el ánimo el 
efecto de una relación autentica de hechos reales y po- 
sitivos. 

<tE cuando el vio los sus palacios desheredados e 
»sin gentes, e las perchas sin acores, e los portales sin 
«estrados, tornóse contra Oriente, e fincó los finojos, 
»e dixo:— Santa María madre, e. todos los Santos, ha- 
» ved por bien de rogar á Dios que me dé poder para 
»que pueda destruir á todos los paganos, e que dellos 
» pueda ganar de que faga bien á mis amigos e á todos 
»los otros que conmigo fueren e me ayudaren. E en- 
»tonces devantóse e demandó por Alvar Fañez, c di- 
»xole : — Primo, qué culpa han los pobres por el mal 
»que nos face el Rey? mandad castigar essas gentes que 
» non fagan mal por onde fuéremos : — e demandó la 
» bestia para cabalgar. E entonce dixo una vieja á la 
» su puerta : — Vé en tal punto , que todo lo estragues 
»quanto fallares e quisieres. — E el Cid con este pro- 
»verbio ca valgo, que se non quiso detener: et en sa- 
vliendo de Bivar, dijo -.—Amigos, quiero que sepades 



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PRIMERA ttPOCA. — CAPITULO VIII. 177 

»qne placerá á la volaatad de Dios que tomaremos á 
» Castilla con grand honra e con grand ganancia*^.» 
Algunos rasgos caracterísUcos de costumbres en este 
corto trozo, tales como la alusión al tribunal colocado 
en la puerta, donde el Cid con la sencillez patriarcal 
de aquel tiempo habia administrado justicia á 3U3 va- 
sallos, y el pobre agüero sacado de la benévola excla- 
mación de una vieja , que parece haber infundido ma- 
yor confianza en el ánimo del héroe, que las preces que 
acababa de dirigir al cielo , ó que el natural ardimiento 
que le impelia hacia las fronteras musulmanas; estos 
rasgos, decimos, dan tanta animación, y un colorido 
tal de verdad á esta antigua Crónica, que no parece 
sino que su lectura, descorriendo el velo que oculta 
aquellos siglos, nos trasporta en medio de ellos, y 
nos pone de manifiesto la realidad de las costumbres 
y sentimientos que los caracterizan. Reunidas pues las 
joyas de su animada narración con los tesoros del mis- 
me género que encierra la Crónica general, hallaremos 
en poético conjunto casi todas las hazañas semiiabulosas 

^ El trozo de la «Crónica del Cid», de nen , la semejanza es tal , qae hasta 
donde está tomado este pasaje, es uno se emplean as mismas palabras, 
de aquellos aue menos semejanza Creemos que el trozo copiado en el 
conservan con los lugares correspon- texto está tomado de las primeras 
dientes de la Crónica general , y se líneas del « Poema del Cid »; y quizá 
encuentra en el cap. 91; bállanse si poseyéramos las anteriores po- 
asimismo otros muchos, desde elca- driamos tácilmente hallar el origen 
pitulo 88 al 95, aue no tienen su de otras muchas adiciones que se 
equivalente en dicna Crónica (i604 , notan en este pass^e de la Crónica, 
fol. 2S4, etc.); aunque en aquellos Las lineas á que nos referimos son 
periodos donde una y otra confie- las siguientes : 

De l08 808 oíos tan ftierte I mientre lorando 
Tornaba la cabeza , | e estábalos catando. 
Vio poertas abiertas | e ozos sin callados. 
Alcándaras vacias, | sin pleUes e sin mantos, 
B sin raleones e sin | adtores madados. 
Sospird mió Cid , | ca mncho avie grandes cnidados. 

Otros varios pasages se ve claramente que están tomados del Poema. 
T. I. 12 



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i 78 HISTORIA DB LA LITERATURA BSPAÍ^OLA. 

de los prímitiyos tiempos de la historia de España. Asi- 
mismo tendremos una viva pintura del estado de las cos- 
tumbres, en aquel oscuro período en que los elementos 
de la sociedad moderna comenzaban á salir del caos 
en que por largo tiempo se habían agitado confusa- 
mente, y fuera ya del cual han ido gradualmente, por 
la acción sucesiva de los tiempos, tomando formas mas 
regulares , que proporcionan hoy estabilidad á las na- 
ciones, y tranquilidad á los hombres para su mutuo 
comercio y comunicación. 



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CAPITULO IX. 

Efectos producidos por el ejemplo de Alonso X.— Crónicas de su reinado 
y de los de Sandio el Bravo y Femando IV.— Crónica deAlonsoXl, por Vi- 
llaizan.— Crónicas de Don Pedro el Crael , Henriqae II , Jaan I y Henri- 
qae III , por Ayala.—Crónica de Juan II.~Dos crónicas de Henrique IV, 
y otras dos de Femando é Isabel. 

La idea de Alfonso el Sabio, sencilla y noblemente 
expresada en el principio de su Crónica , de que de- 
seaba legar á la posteridad un recuerdo de lo que Es- 
paña había sido y había hecho en los pasados tiem- 
pos', no dejó de ejercer su influencia en la nación , á 
pesar del estado en que entonces se hallaba , y en que 
todavía continuó por cerca de un siglo. Su ejemplo, sin 
embargo, no fué inmediatamente seguido; porque, así 
como su proyecto de uniformar la administración de 
justicia por medio de un código regular, iba mas ade- 
lante de lo que permitía el estado de la sociedad en 
aquella época : y si bien no dejó de producir, como aquel, 
frutos abundantes, cuando, algo mas tarde, fué secun- 
dado su impulso , sus sucesores Sancho el Bravo y Fer- 

* Tiene bastante analogía con la in- »los otros que avien de venir como 

troduccion de las Partidas : c Los sa- tpara si mesmos ó para los otros que 

»bÍos antiguos que fuemn en los tiem- »eran en su tiempo , etc. » Pero estas 

»pos prtmems , y fallaron los saberes introducciones son comunes á otras 

»y las otras cosas , tovieron que men^ varias crónicas y libros antiguos cas- 

«guarien en sus fechos y en su leal- tellanos. 
»Ud , si también no lo quisiesen para ^ 



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180 HISTOBIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

nando IV no se cuidaron , al menos que sepamos , de 
procurar la publicación de la historia de sus respeclivos 
reinados. Pero Alfonso XI, en cuyo tiempo (téngase esto 
presente) las Partidas se establecieron como ley del rei- 
no, siguió el ejemplo de su sabio progenitor, ordenan- 
do que se continuasen los anales desde la época en que 
concluía la Odmca general basta sus días, abrazando los 
reinados de Alonso el Sabio, Sancho el Bravo y Feman- 
do IV, ó lo que es lo mismo, el período desde 1252 
hasta 1312^. Este es el primer ejemplo del estableci- 
miento de un cronista real, y puede por lo tanto fijarse 
en esta época la creación de un oficio importante en 
todo lo concerniente á la historia del pais, que, si bien 
desatendido en tiempos posteriores, nos ha provisto de 
documentos interesantes hasta el reinado de Carlos V, 
y continuó subsistente, á lo menos en la forma, hasta 
el establecimiento de la Real Academia de la Historia, 
á principios del siglo xviii. 

Se ignora quién haya desempeñado primeramente 
las funciones de cronista oficial , si bien parece que la 
Crónica de que hablamos haya sido ordenada por los 
años de 1320. En un principio se atribuyó á Fernán 
Sánchez de Tovar; mas siendo este un personaje de 
gran consideración , práctico en los negocios de Estado 
y entendido en materias históricas, difícilmente pueden 
atribuírsele los muchos errores en que esta Crónica abun- 
da, sobre todo en la parte relativa á Alonso el Sabio*. 

* «Chronica del muy esclarecido (Valladolid, i554, folio) ; á las que 



de este Libro va encorporada la Chro- ( Valladolid , i554 , folio. ) 

nica del Rey D. Sancho el Bravo, etc.» ' Puede verse una amplia discu- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPtTOLO IX. 181 

Sea 9 sin embargo, qpien qaiera su autor, la Crónica, 
que dividida distintamente en los tres reinados, puede 
considerarse mas bien como tres crónicas, que no como 
una sola, tiene en sí misma poco mérito. Su narración 
es tosca, seca y grave, y si algunas veces despierta el 
interés, no es seguramente por su estilo, sino por el 
carácter de los sucesos que refiere , los cuales tienen 
en sí mismos cierto sabor caballeresco y aventurero, 
propio de los tiempos antiguos, que los hace interesan- 
tes y pintorescos. 

Establecido ya en la corte de Castilla un sistema fijo 
de escribir la crónica del tiempo, Henrique II ordenó á 
su canciller y justicia mayor, Juan Nuñez de Villaizan, 
que arreglase, según se lee en su prefacio, «imitando 
á los antiguos,» una relación del reinado de su padre. 
Así pues, la serie no interrumpida nos ofrece ahora la 
Crónica de Alonso XI*, que principia con su nacimiento 
y crianza, de que da muy breves noticias, aunque refie- 
re extensamente los sucesos desde su advenimiento al 
trono en 1312, hasta su muerte en 1350. Qué parte tu- 
viese el canciller del Reino en la redacción de la obra, 
no es fácil asegurar*. Según se deduce de diferentes pa- 
sajes, parece haberse tenido presente al escribirla, otra 
Crónica mas antigua* ; y por lo tanto el conjunto po- 

sioD sobre este punto en las « Memo- pero la mejor de todas es la de Ma- 
rías de Alfonso el Sabio», por el mar- drid, 1787, por Cerda y Rico, publi- 
ques de Mondéiar,pp. 569-655. —Cíe- cada bajo los auspicios de la Real 
mencin, sin embarco, á pesar de todo, Academia de la Historia, 
atribuye ía < Crónica á Fernán San- ^ La frase es: « Mando á Juan Nuñes 
chez de Tovar». (Memorias de la Real »de Villaizan , Alguacil de la su casa , 
Acad. de la Historia, t. vi , p. 451.} »que la ficiese trasladar en per^ami-* 
* Hav una edición de esta Crónica »nos , é fizóla trasladar, et escribióla 
(Valladolid, 1551, folio) mejor de lo »Ruy Martínez de Medina de Riose- 
que suelen serlo las antiguas edicio- »co, etc. » (Véase el Prefacio. ) 
nes de esta clase de obras en España ; * En el cap. 340y en otros lugares. 



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i83 UISTORU DE LA LITERATURA SSPAÍ^OLA. 

dría oonsideraree como una compilacíoQ hedba bajo la 
responsabilidad de uno de los mas altos personajes del 
reino. El siguien te trozo , tomado del principio de di* 
cha Grónicat podrá servir como muestra del tono grave 
y mesurado que en ella se emplea , y del esm^o que 
la distingue en la exactitud de las fechas y sucesos. 

«Dios es comienzo et medianería et acabamiento de 
» todas las cosas , et sin él no pueden ser; ca por el su 
» poder son fechas, et por el su saber gobernadas, et por 
»la su bondat mantenidas: et él es Señor, et en todas 
»las cosas Todo Poderoso , et vencedor de todas las ba- 
•tallas. Onde todo ome que algún buen fecho quisiere 
» comenzar « primero debe poner et nombrar et adelan- 
jitar á Dios et rogándole et pidiéndole merced que le 
»dé saber et voluntad et poder porque le pueda bien 
» acabar. E de aquí adelante esta Sancta Coronica con- 
stará las cosas que pasó el muy noble Bey D. Alfonso 
»de Castiella et de León , et de las lides et conquistas et 
• victorias que ovo et fízo en la su vida con Moros et 
»con Chrístianos, et comenzará en el año XV. de su 
«reygnado del muy noble Rey D. Fernando su padre \» 
El reinado de su padre no ocupa , sin embargo, mas 
que tres capítulos cortos, después de los cuales, la Cró- 
nica, compuesta en su totalidad de trescientos cuarenta 
y dos capítulos, continúa hasta el fallecimiento de D. Al- 
fonso, que murió de la peste delante de Gibraltar, con- 
cluyendo bruscamente con este suceso. Su tono en ge- 
neral es grave y resuelto, como de persona qué habla 
* con autoridad y sobre asuntos de importancia , esca- 
seando en ella las pinturas animadas de costumbres que 

? Edic. de i787, p. 5. 



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PRIMERA Apoca. — capitulo a. 183 

se baUan en otras crónicas , y de las que quisca sea el 
único ejemplo la sigoiente descripción del joven rey á 
la edad de catorce ó quince años. 

«E como quier que en cuanto él estido en la villa de 
» Valledolitf oviesen y estado con él caballeros et esou- 
»deros, et su amo Martin Fernandez de Toledo que lo 
» criaba , et que estaba con él desde gran tiempo» ante 
»qoe la Reyna finase, é otros ornes que de luengo avian 
»usado los palacios el las cortes de los Keyes, et todos 
«estos le mostraban buenas costumbres , et otrosí avien- 
•dose criado con él fijos de rícos-homes, et caballo- 
»ros fijos-dalgo, pero el Rey en sí de su condición 
»era bien acostumbrado en comer, et b^ia muy poco, 
»et era muy apuesto en su vestir, et en todas las otras 
»sas costumbres avia bpenas condiciones; ca la pala- 
V bra del era bien castellana, et non dubdaba en lo que 
» había de decir. Et en cuanto él estido en YaUedolit, 
• asentábase tres dias en la semana á oír las querellas 
»et los pleitos que ante él venían, et era bien enviso 
»en entender los fechos , et ^^ de grand poridad, et 
»amaba los que le servían -cada uno en su manera, tíí 
«fiaba bien et complidamiente de los que avía de fiar. 
»Et luego comenzó de ser mucho cavalgante, et pagóse 
» mucho de las armas; et placíale mucho de aver en su 
» casa omes de grand fuerza , et que fuesen ardites, et 
»de buenas condiciones. Et amaba mucho todos los 
»sayos, et sentíase del grand daño et grand mal que 
»era en la tierra por mengua de justicia, et avia muy 
•mal talante contra los mal fechores'.» 

Pero aunque la Crónica de Alfonso XI presenta pocos 

« Edic. 1787, p. 80. 



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184 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^IOLA. 

rasgos como el precedente , ofrece en general una muy 
bien ordenada relación de los sucesos del lai^o y fe- 
cundo reinado de aquel monarca , escrita con cierta 
sencilla ingenuidad , que , á despecho de la grave lla- 
neza de su estilo, la hace casi siempre interesante, y 
á veces entretenida. 

Los ensayos próximamente posteriores que merecen 
alguna consideración , se acercan ya algo mas á la his- 
toria propiamente dicha, y constituyen la serie de cró- 
nicas relativas á los turbulentos reinados de Pedro q1 
Cruel y Enrique II , á los no menos agitados tiempos 
de Juan I , y á la época algo mas próspera y tranquila 
de Enrique III. Su autor Pero López de Ayala fué, 
bajo ciertos respectos, el primer español de su tiempo : 
ya hemos visto que ocupa un lugar distinguido entre 
los poetas de la última parte del siglo xiv , y ahora de- 
bemos considerarle como el mejor prosador del mismo 
período. Nació en 1332 *, y aunque solo contaba diez 
y ocho años cuando D. Pedro subió al trono, pronto, 
sin embargo , fué distinguido y empleado por este mo- 
narca perspicaz. Pero cuando estallaron las turbulen- 
cias civiles, Ayala se apartó de su tiránico señor, que 
habia ya mostrado ser capaz de toda especie de malda- 
des, y unió su fortuna con la de Enrique de Trastama- 
ra, hermano bastardo del Rey, cuyas pretensiones al tro- 
no se apoyaban, ya que no en la legitimidad de su na- 
cimiento, en ^s crímenes del que lo ocupaba, y en los 
deseos de los nobles y del pueblo cansados de sufrirle. 

En un principio obtuvo algunas ventajas la causa de 
D. Henrique; pero D. Pedro solicitó el auxilio del príncipe 

^ Para la vida de Ayala véase á Nic. Antonio , <Bib. Vet.», lib. 40 , cap. i. 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPITULO IX. 185 

negro t Edaardo, duque entonces de Aquilania, quien, 
según cuenta Froissart , considerando que redundaría en 
grave detrimento del poder Real '\ el que ocupase el 
trono un usurpador, entró en España con un poderoso 
ejército, y restableció en él al monarca despojado. En 
la batalla de Nájera , que decidió por entonces esta 
contienda, cayó prisionero Ayala'*, que llevaba el es- 
tandarte de su príncipe , y fué conducido á Inglaterra, 
donde escribió una parle al menos de sus poesías sobre 
la vida cortesana. Algún tiempo después, D. Pedro, 
no sostenido ya por el príncipe negro , perdió á manos 
de su hermano el trono con la vida ; y Ayala , que sa- 
lió entonces de su enojoso cautiverio, volvió á su pais, 
llegando á ser después gran canciller de Enrique II, 
en cuyo servicio se grangeó tanta consideración é in- 
fluencia, que parece haber continuado como una espe- 
cie de ministro de Estado tradicional , durante los rei- 
nados de Juan I y Henrique IIL Algunas veces, según 
sucedía con otros graves personajes civiles y aun ecle- 
siásticos, figura como caudillo militar, y en 1385 fué 
hecho prisionero nuevamente en la desastrosa jomada 
de Aljubarrota. No parece sin embargo que su cautín 
verio en Portugal haya sido tan largo ni tan penoso 
como el que sufrió en Inglaterra; de todos modos pasó 
los últimos años de su vida tranquilamente en España, 
muriendo en Calahorra, en 1 407 , á los setenta y cinco 
años de su edad. 

«Fué, dice su sobrino, el noble Fernán Pérez de 

*^ Merece leerse U relación de mo ana ilustración de la vida de Ayala. 

Froissart, sobre todo en la tradac- " Véase el pasaje en que Mariana 

cioo inglesa de Lord Berners(Lón- refiere esta batalla. (Hist. , lib. 17, 

dres, 1813, 4.<>, 1 1, cap. 331, etc.), co- cap. 10. ) 



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186 HISTORIA DB U LITERATURA ESPAfüOLA. 

Guzman , ea la interesante Gatería de retratos que nos 
ha dejado ^*, a de mny dulce condición é de muy bue- 
»na conversación, y de gran consciencia, que lemia 
»mucho á Dios. Amó mucho las sciencias, dióse mu- 
vcho á los libros e historias, tanto, que como quier 
»que él fuese asaz caballero e de gran discreción en 
vía prática del mundo, pero naturaknente fué incli- 
)»nado á las sciencias. E con esto gran parte del tiempo 
"> ocupaba en leer y estudiar, no en las obras de dere- 
»cho, sino en filosofía é historias. Por causa del son 
«conocidos algunos libros en Castilla que antes no 
vio eran: ansi como el Tito Livio, que es la mas no-- 
atable Historia Romana: la Caida de Príncipes: los ¿fo- 
V rales de San Gregorio: el Isidoro, De summo bono: el 
•Boecio: la Historia de Troya. El ordenó la Historia de 
» Castilla desde el rey D. Pedro hasta el rey D. Enrique 
»el III, e hizo un buen libro de Caza, que él fué mucho 
«cazador, e otro libro llamado : Rimado del Palacio. 9 
Quizá nosotros no nos pagaríamos mucho en la ac- 
tualidad de la gran reputación que su deudo atribuye 
al canciller Ayala, por el trabajo que se tomó con unos 
libros de tan dudoso mérito como la Guerra de Troya^ 
de Guido de Colonna, y el de Casibus Principum, de 
Bocaccio; aunque es incuestionable que con la tra- 
ducción de Tito Livio " hizo á su pais un servicio im- 
portante. No se le hizo menor, sin duda, á sí mismo, 



^ < Generaciones y semblanzas », ro de Sevilla entre los autores que 

cap. 7, Madrid , 1775, 4.®, p. ^2. hizo conocidos, parece confirmarlo, 

*> Es probable que Ayaia tradujese pues como español de gran fama, san 

ó dispusiese la traducción de todas Isidoro debié siempre ser conocido 

estas obras ; á lo menos tal es la ge- en España de todas maneras, excepto 

neral opinión , ademas de que la cir- por medio de una traducción espa- 

cunstancia de mencionarse á Isido- ñola. — Véase también el prefacio á 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPÍTULO IX. 187 

pues el haberse familiarizado con este autor, debió ser- 
virle de mucho para la ordenación de su Crónica , que 
constituye actualmente su principal mérito y renom- 
bre ^^. Comienza esta en 1350, donde concluye la de 
Alfonso XI, y llega hasta el año sexto de Enrique III, 
ó sea i 396 : comprende el período de la vida del mis- 
mo autor , que media entre sus diez .y ocho y sesenta 
y cuatro años, y encierra los primeros materiales mas 
auténticos para la historia de su patria. 

Hallóse Ayala colocado en una posición muy favora- 
ble para su empresa. La prosa castellana estaba ya bas- 
tante adelantada, pues D. Juan Manuel, el último de 
la antigua escuela de buenos escritores, no murió hasta 
que Ayala contaba cincuenta años de edad. Era este 
ademas, según lo hemos visto, un hombre instruido, y 
atendida la época en que floreció, eminente; y, lo que 
aun es mas importante , habiase familiarizado con los 
negocios públicos durante los cuarenta y seis años que 
comprende su Crónica. El efecto de todas estas circuns^ 
tancias reunidas , se echa de ver en su mismo libro. 
No es su estilo de una vivacidad tan rica y espontánea 
como el délos antiguos cronistas; pero, sin ser dema- 
siadamente esmerado, es sencillo y oportuno, al paso 
que, para dar un carácter mas importante, sino mas 

la traducción de Bocaccio c Caída de tario D. Eugenio de Uaguno y Amiro- 

Príncipes, 1403». (Méndez, Tipogra- la. (Madrid, 1779-2, 1. iv.)— Que fuese 

fia Española , Madrid , 1796 , 4.<*, Avala el cronista autorizado de Cas- 

p. 203. ) tilla, aparece del tono general que usa 

*^ La primera edición de las <Gr6- en su obra , y lo asegura ademas ter- 

nicas de Ayala» es de Sevilla, 1495, fo- minantemente un antiguo manuscrito 

Ko; pero parece haberse hecho por un que contiene parte de ella, ^ que Ba- 

manuscrito que no contenía la serie yer cita en sus notas á la c Bib. Vet. » 

completa. La mejor edición es la pu- de Nicolás Antonio , lib. 10, cap. 1 , 

blicada baio los auspicios de la Real nám. 10. 
Academia de la Historia, por su seere- 



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188 HISTORIA DE LA LITERATimA ESPAÍlOLA. 

verdadero al conjunto, atribuye á los principales per- 
sonajes, á imitación de Tito Livio, en el curso de su 
narración, arengas estudiadas y epístolas, creyendo ha- 
cer mas perceptibles de este modo los sentimientos y 
opiniones de aquellos, que si se limitara á referir sim- 
plemente los hechos como mero narrador. Comparadas 
con la Crónica de Alfonso el Sabio, que la preceden de 
cerca de un siglo, las de Ayala carecen del encanto de 
aquella poética credulidad que se complace mas bien 
en las dudosas tradiciones de gloria , que en los hechos 
mas auténticos , aunque á veces poco honrosos para la 
fama nacional y los sentimientos de humanidad. Puestas 
en parangón con la de Froissart, cuyo contemporáneo 
ñié, échase de menos en las Crónicas de Ayala aquel 
entusiasmo candoroso, y á veces infantil , que contem- 
pla con inocente delicia y admiración el brillante fan- 
tasma de la caballería; hallándose en su lugar la pene- 
trante sagacidad de experto hombre de eslado , que es- 
cudriña impasible las acciones humanas, y juzga, como 
Commines, que no hay para qué tomarse el cuidado de 
ocultar los grandes crímenes, con los cuales se halla fa- 
miliarizada su vista, siempre que puedan referirse sa- 
biamente y de una manera oportuna y feliz. No puede, 
por lo tanto, dudarse, al leer las Crónicas del Canciller, 
que son ya un gran paso en el modo de escribir esta 
clase de libros, y que nos vamos aproximando á la épo- 
ca en que la historia habrá de presentarnos con mas ri- 
gurosa exactitud las lecciones recogidas en la dura ex- 
periencia de lo pasado. 

Entre los muchos pasajes notables y curiosos que 
presenta la Crónica de Don Pedro el Cruel^ ninguno hay 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO H. 189 

mas ínleresante que el relativo á la joven y bella espo- 
sa de D. Pedro el Cruel, D.* Blanca de Borbon, abando- 
nada por él á los dos días de matrimonio, sometida á 
una lai^a prisión, y sacrificada, por último, en las impu- 
ras aras del amor de la regia concubina María de Padi- 
lla : suceso que excitó, según cuenta Froissart, un senti- 
miento de horror, no solamente en España, sino en toda 
la Europa, y del cual la poesía popular tomó asunto para 
algunos romances*^. Pero aun el mejor de estos se 
queda muy a tiras en viveza é interés , comparado con 
la pintura que Ayala hace de los crueles sufrimientos de 
aquella señora, cuando, prosiguiendo en su impasible 
narración , nos présenla á la desgraciada princesa , prime- 
ro arrancada solemnemente de la catedral de Toledo, 
y después encarcelada en Medina Sidonia; los nobles en 
conmoción , indignada la misma madre del Rey y su pro- 
pia familia ; y todo esto conduciéndonos con una descon- 
soladora exactitud á través de la larga serie de desafue- 
ros y atrocidades por donde D. Pedro llegó al cabo al 
último crimen, que durante ocho dias estuvo vacilando 
en consumar. Porque en la sucesión de estas escenas, 
tal como Ayala las describe, hay una minuciosidad de 
pormenores, á la cual nada es comparable, y que nos 
patentiza el carácter de aquel maligno monarca, con 
mayor viveza que pudiera hacerlo el estilo mas elo- 
cuente , ó la mas animada poesía **. Y precisamente 



** Hay como unos doce romances ila » ; el último de los cuales se en- 
referentes al rey D. Pedro , de los cuentra en el « Cancionero de Zara- 
cuales los mejores , eo mi concepto, goza », 1550 , parte n , fol. 46. 
son los que comienzan : « D.* Blanca *^ Véase la « Crónica de Don Pe- 
está en sidonia », ~ « Bn un retrete dro», 1353, cap. 4, 5, i1, 42, 14 y 2i ; 
en oue apenas », — c No contento el 1354, cap. 19 , 21 ; 1358, cap. 2 y 3, 
rey D. Pedro », y « D" Maria de Padi- y 1361, cap. 3. 



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190 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

esta minuciosidad fria y paciente del cronista, fon- 
dada en su propia experiencia, es lo que imprime un 
carácter especial á la relación que nos ha dejado de los 
cuatro turbulentos reinados en que vivió, presentándo- 
los á nuestra vista en un estilo, menos vivo y vigoroso 
sin duda que el de algunas de las antiguas crónicas cas- 
tellanas; pero mas sencillo seguramente, y mas acomo- 
dado á los verdaderos principios de la historia ^^ 

La última de las Crónicas Reales que merece ser 
mencionada, es la de Don Juan II, que principia con 

*'' La imparcialidad de Ayala res- 
pecto á D. Pedro ha sido puesta en 
duda, y atendidas sus relaciones con 
aquel monarca , puede muy bien ser 
sospechosa ; punto que Mariana to- 
ca tñist. , lib. 17, cap. 10), sin de- 



cidirlo , y que no deía de ser de al- 
guna importancia en la historia lite- 
raria de España , donde el carácter 
del rey D. Pedro aparece á menudo 
en las poesías y en el teatro. El pri- 
mero, según creo , que haya atacado 
á Ayala, fué Pedro de Gracia Dei, 
cortesano de los tiempos de Fernan- 
do é Isabel, y de Carlos V, rey de 
armas y cronista de los Reyes Cató- 
licos, del cual poseo manuscritas 
nn^s coplas, tocantes á los linajes y 
armas de las principales familias de 
España y á la historia general del 
país : pequeño poema, desnudo de 
mérito poético, y despreciado por 
Argote de Molina , en el prólogo a su 
c Nobleza del Andalucía» (i588), 
por el poco conocimiento con que 
está escrito. No es mejor su defensa 
de D. Pedro, que se halla en el « Se- 
manario Erudito» (Madrid , 1790, to- 
mos xxvra y xxn ) , con adiciones de 
mano posterior , -probablemente de 
Diego de Castilla , deán de Toledo, 

2ue era , según presumo, uno de los 
escondientes del rey D. Pedro. Ca- 
recen de solidez las autoridades en 
que se apoya, tratándose de sucesos 
ocurridos en una época anterior de 
siglo y medio , y respecto á los cua- 
les no es suficiente testimonio la 



voz de la tradición. Francisco de Cas- 
tilla , en cuyas venas corria también 
sin duda la sancre de D. Pedro, siguió 
la misma senda; y en su «Práctica 
de las virtudes» ((¡aragoza, 1552, 4.o, 
fol. 28), dice , hablando del monarca 
y de su cronista Ayala : 

El gran rey D. Pedro, qnel vulgo repnieva 
Por selle enemigo quien hizo sn hi8toria,etc. 

Todo esto, sin embargo, produjo 
poco efecto ; pero andando el tiempo 
se publicaron dos libros sobre esta 
cuestión : la c Apología del rey don 
Pedro», por Ledo del Pozo (Madrid, 
folio , s. a. ) , y « El rev D. Pedro de- 
fendido» (Madrid, 1(M8, 4.»), por 
Vert y Figueroa, diplomático del 
tiempo de Felipe IV ; obras cuyo ob- 
jeto no parece haber sido otro que 
el de adular las pretensiones de la 
corona , y cuyas consecuencias toca- 
remos al ocupamos del « Rey valiente 
5 justiciero >, de Moreto; del^Mé- 
ico de su honra», de Calderón, y de 
otros bosquejos poéticos del carác- 
ter del rey D. Pedro, en el siglo xvn. 
Debe, con todo, tenerse presente que 
los romances van casi siempre con- 
formes con el reflrato que nos de- 
jó Ayala de aquel monarca, salvas 
algunas leves excepciones; siendo la 
mas digna de atención que yo re- 
cuerdo, el admirable romance que 
principia : « A los pies de don Enri- 
que », quinta parte de « Flor de ro- 
mances » , recopilada por Sebastian 
Velez de Guevara. (Burgos, 15W, IS.**) 



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PRIMBRA ÉPOCA. — ^ CAPÍTULO IX. 191 

la mnerte de Henríqoe III, y ll^a basta la del mismo 
D. Juan, ocurrida en 1454*^ Es obra de varias ma- 
nos, y no puede dudarse que se haya escrito en dife- 
rentes períodos. Alvar García de Santa María ordenó 
indudablemente la relación de los catorce años pri- 
meros, ó sea hasta el de 1420, que constituye próxi- 
mamente un tercio de toda la obra'% habiendo ce- 
sado después en este trabajo , por su adhesión tal vez 
al infante D. Femando, que fué regente durante la me- 
nor edad del rey, y muy aborrecido de él posterior- 
mente ^. Se ignora quién haya sido el continuador in- 
mediato de esta Crónica *' ; pero desde 1 429 á 1 445, 
Juan de Mena, el príncipe de los poetas de su tiempo, 
era cronista real , y si hemos de dar crédito á las car- 
tas de uno de sus amigos, parece haber empleado gran 
diligencia en recoger materiales para su tarea , aunque 
no grande actividad en llevarla á cabo'*. También se 
atribuye parte en esta obra al poeta Juan Rodríguez del 
Padrón , y á Diego de Valera ** , caballero y gentil- 

M La primera edteioii de la « Gró- lario», Madrid , Í77;L4.^ epístolas 23 
nica del señor rey Don Joan segundo yT'l; obra, sin embargo, cnya an- 
de este nombre» fué impresa en Lo- tenticidad habremos de poner en da- 
grofio, Í5i7 , folio , y es la mas cor- da mas adelante» 
recta que he visto de las antiguas ^ Prefación de Carvajal. Las poe- 
ediciones. La mejor de todas, sin sias de Rodríguez del Padrón se en- 
embargo, es la de Valencia , por cuentran en ios Cancioneros gene- 
Monfort, 1770, folio, á la cual debe rales. De Dieso de Valera existe la 
afiadirse un c Apéndice » , por el pa- « Crónica de España , abreviada por 
dre Fray Liciniano Saez, Madríd,i786, Mandado de la muy Poderosa Señora 
folio. doña Isabel, Reyna de Castilla », es- 

** Véase el próloso á la edición crita ep i48i , cuando el autor con- 
de i779. p. nx, y Gallndez de Carva- taba sesenta y nueve años de edad, é 
jal, prefación, p. 10. impresa en i4S2. i493, i405, etc. ; 

^ Vivió hasta 1444, puesto que la crónica de considerable mérito por 

Crónica hace de él mención mas de su estilo , y bastante apreciable , ¿ 

una vez en dicho año. Véase 1444, pesar de ser solo un compendio, por 

can. 14, 15. los documentos originales que con- 

^* Prefación de Carvajal. tiene hacia el fln , tales como dos 

^ Fernán Gómez de Cibdad-Real, elocuentes cartas dirigidas por el 

médico de Juan ü, c Centón Episto- mismo Valera á D. Juan H , sobre las 



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192 HISTORIA DE LA LITERATURA ESP AIRÓLA. 

hombre, á qoieo varías veces menciona la misma Cró- 
nica , y que fué después nombrado cronista por la 
reina Isabel. 

Pero sean quiénes fueren los que hayan intervenido 
en ella en un principio, la obra fué definitivamente 
encomendada á Fernán Pérez de Guzman, literato, cor- 
tesano, y uno de los mas agudos é ingeniosos obser- 
vadores de costumbres que sobrevivió á Juan II , y que 
probablemente ordenó y completó la Crónica de este 
rey, tal como se publicó de orden del emperador Car- 
los y **; habiéndose añadido algunos pasajes en tiempo 
de Fernando é Isabel, puesto que se alude á ellos mas 
de una vez como soberanos reinantes *^ Se halla divi- 
dida esta Crónica , lo mismo que la de Ayala , que debió 
naturalmente servirle de modelo , en los años del rei* 
nado del soberano , y cada año en vanos capítulos ; 



turbulencias de sa tiempo; y una re- 
lación que bace como testigo ocular 
de lo ocurrido en los últimos dias 
del Gran Condestable (parte iv, ca- 
pitulo 125), que es el ultimo y el 
mas importante de los capítulos de 
la obra. (Méndez, p. 438.— Capraa- 
ny, « Elocuencia Espaiíola», Madrid, 
1786 . 8.°, 1. 1 , p. 180. ) Debemos aña- 
dir que el editor de la « Crónica de 
D. Juan 11 > M779) pretende que Va- 
lera fué quien la ordenó dennitiva- 
mente ; pero la opinión de Carvajal 
parece la mas probable : no pudien- 
do ciertamente creerse que sean del 
mismo Valera las alabanzas que se 
le prodigan en la citada « Crónicas 
( \fá7 , cap. 3 ) , al hablar del notable 
paso de armas que sostuvo en Pra- 
ga ante el rey de Bohemia , en hon- 
ra de su seííor natural el rey de Cas- 
tilla. — Un tratadito de pocas páginas, 
sobre la Providencia , por Diego de 
Valera , impreso en la edición de la 
« Vision Deleylable » de Í4/8Q , y re- 
impreso casi entero en el primer to- 
mo de la < Elocuencia española », de 



Capmany, es digno de leerse , como 
muestra de prosa didáctica grave, en 
el siglo XV. Una «Crónica de Fer- 
nando é Isabel», por el mismo Vale« 
ra, que quizá sea la mejor y la mas 
importante de sus obras , no ha visto 
nunca la luz pública.— Jerónimo Gu- 
diel , « Compendio de algunas histo- 
rias de España >, Alcalá, 1577, folio, 
fol. m , V. 

^ Según las palabras de Carvajal 
(p. 20), puede atribuirse principal- 
mente á Fernán Pérez de Guzman el 
estilo y el carácter ffeneral de esta 
Crónica. «Co^ió (dice} de cada uno lo 
«que le pareció mas probable, y abre- 
ivió aigunascosas, tomando la sustan- 
»cia de ellas ; porque asi creyó que 
» convenia.» El mismo escritor añade 
que Isabel , hija del rej D. Juan O, 
tenia en mucha estimación esta obra. 

« 1361 , cap. 2 , y 1433. cap. 2. — 
Véanse también algunas observacio- 
nes sobre el autor de esta Crónica, 
por el editor de la de «Don Alvaro de 
Luna». (Madrid, 1787, 4.^ prólogo, 
pp. xxv-xxviii. ) 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO IX. 193 

y contiene gran número de cartas y otros documen- 
tos contemporáneos originales ** ; por cuya razón , así 
como por el esmero con que está compilada » se la ha 
considerado mucho más fidedigna que ninguna de las 
Crónicas que la precedieron *'. 

Ofrece abundantes noticias de las costumbres de aquel 
tiempo, tales como la relación de las ceremonias de la 
corte, así como de las fiestas y torneos, que eran tan del 
gusto de Juan II; y su estilo, aunque generalmente des- 
nudo de adorno y de pretensiones, no deja de ser inge- 
nioso, variado y solemne. Con motivo de la caida é igno- 
miniosa muerte del gran condestable D. Alvaro de Luna, 
cuyo espíritu dominante dejó por espacio de mucho 
tiempo hondas huellas en los negocios públicos, el honra- 
do cronista, aunque poco favorable al arrogante priva- 
do, parece como que no es dueño de contener su senti- 
miento, y trayendo á la memoria el tratado de La caida 
de Príncipes , que Ayala habia traducido al castellano, 
exclama de este modo : «¡O Juan Bocacio, si oy fueses 
» vivo, no creo que tu pluma olvidase poner en escrípto 
»la caida de este tan estrenuo y esforzado varón, entre 
» aquellas que de muy grandes principes mencionó. 
»>¿Qnal exemplo mayor á todo estado puede ser? Qual 
9 mayor castigo? Qual mayor doctrina para conocerla 
» variedad é movimiento de la engañosa é incierta for- 
»tnna? ¡O ceguedad de todo el linage humano! ¡O 
» acaecimientos sin sospecha de las cosas de este mun- 



^ Por ejemplo, 1406, cap. 6, etc. ; »yan antiguas.» (Mondéjar, «Noticia 
4430 , cap. 2 ; i44i , cap. 30 ; i4K5 , y juicio de los mas principales his- 



cap. 3. toriadores de España », Madrid, 1746, 

«^ « Es sin duda la más puntual i folio , p. 112. ) 
»la más segura de cuantas se conser> 

T. I. 13 



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194 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

»doI» Y á este tenor continúa largamente por un ca- 
pítulo entero*^, el único de su ciase que se encuentra 
en la Crónica, cuyo estilo general manifiesta, por el 
contrario, que la manera de escribir la historia estaba á 
punto de sufrir en España un cambio radical. Hállanse, 
con efecto, en esta Crónica, desde su principio**, aren- 
gas estudiadas , atribuidas á los principales personajes, 
según Ayala lo habia hecho en la suya; y aunque á 
través de su conjunto, que constituye una bien enten- 
dida relación de sucesos, se descubren todavía las hue- 
llas de las preocupaciones y sentimientos propios de 
aquella época turbulenta, no deja de acercarse á la 
exactitud de una historia regular, procurando alcanzar 
en algunas ocasiones el estilo grave y levantado que 
la corresponde*". 



* Anno 1453, cap. 4. 

» Anno 4406, cap. 2,3,4, 3,6 y 45; 
anno 4407 , cap. 6,7,8, etc. 

*^ En un lugar de esta tCrónica », 
del cual se ba hecho ya mención ar- 
riba, y que no será probablemente el 
üuico, se halla un ejemplo curioso del 
modo con que los autores de antiguos 
romances castellanos se aprovecha- 
ban del texto de esta clase de cróni- 
cas. El ejemplo de que hablamos ^ 
halla en la relación del suceso má# 
notable de'aquel tiempo, el suplicio 
del gran condestable D. Alvaro de 
Luna; y el romance que principia 
« Un miércoles de mañana », está sa- 
cado casi literalmente de la < Cró- 
nica de Don Juan II». No hay masque 
compararlos para conocer desde lúe- 
KO su identidad , de la cual daremos 
una corta muestra á los lectores. 

La «Crónica» (año 4453, cap. 2) di- 
ce así : cE vido á Barrasa, caballerl- 
»zo del Principe , é llamóle é dijole : 
»Vén acá, Barrasa, tü estás aquí mi- 
trando la muerte que me dan. Yo te 
»raego que digas al Principe, mi se- 
»ñor, que dé mejor gualardon á sus 



«criados, que el Rey, mi señor, man- 
ido dar á mi. > 

El romance que Duran cita como 
anónimo, pero que se encuentra en- 
tre los «Romances, etc.» de Sepülveda 
(4584, f. 204), aunque no en la edi- 
ción de 4554, contiene con muy lere 
diferencia las mismas palabras : 

Y jrido estar á Barrasa , 
Que al Príncipe le &ernz 
^ De ser so caballerizo, 
T vino á ver aquel dia 
A ejecutar la justicia 
Que el Maestre recebia : 
«Ven acá, hermano Barrasa, 
Di al Principe, por tu vida , 
Que dé mejor galardón 
A quien sirve á su señoría , 
Que no el que el Rey, mi seior , 
He ba mandado dar este dia». 

Tan cerca se hallan de ser roman- 
ces las antiguas crónicas castellanas, 
V tan intimo parentesco tienen aque- 
llos con estas. La de «Don Juan 11» es 
sin embargo la última, en mi con- 
cepto, á que puede aplicarse esta 
reflexión. 

Si no pudiéramos dudar de la au- 
tenticidad del « Centón Epistolario » 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO IX. 195 

Del borrascoso y corrompido reinado de Enrique IV, 
á quien estuvo á punto de destronar su hermano Al- 
fonso , existen dos Crónicas : una de Diego Enriquez 
del Castillo, capellán y cronista del rey legítimo , y otra 
de Alonso de Falencia , igualmente cronista de su com- 
petidor; y aunque las pretensiones de este á la corona 
no fueron sustentadas por mas de tres anos, la Crónica 
de Falencia se extiende, asi como la de Castillo, á todÉ^ 
el período del reinado de Enrique, desde 1454 á 1 474. 
Dífíeren tanto una de otra , como los hechos de los prín- 
cipes que recuerdan. La Crónica de Castillo está escrita 
con gran sencillez de estilo , y exceptuando algunas 
pocas reflexiones morales, sobre todo al principio y al 
fín , no sale de los estrechos límites de una descarnada 
narración'*; al paso que la de Falencia, educado al 
lado de los griegos refugiados en Italia á la caida del 
imperio de Oriente, ofrece un estilo falso y enmara^- 
ñado, reflexiones prolongadas á veces durante capí- 
tulos enteros , y un conjunto , en fin , que revela sola- 
mente la afectación y el mal gusto adquiridos por el 
autor, bajo la dirección de Juan Lascaris y Jorge de Tre- 
bisonda". Una y otra no son más que unos meros aña- 
de Gómez Gibdareal, citaríamos la car- gina 92, etc.)» babian de ella como si 
ta 105 del mismo, como fuente origi- no estuviera aun impresa ; y sin em- 
na) de la relación que bace la «Oró- bar^o, la bella edición preparada por 
nica ». José Miguel deFlorez, ypubiicadaen 

** Ignoramos cuándo se publicó la Madrid por Sancba (1787, 4.^) como 
primera edición de la «Crónica de parte de la colección déla Acaaemia, 
Castillo». Mondéjar en 1746 ( Adver- anuncia en su portada ser la segunda. 
tencias, p. 112);Bayer, en sus no- Sería por cierto cosa extraña que 
tas á Níc. Antonio (« Bibbot. Vetus », sobre este punto se hubieran equi- 
t. n, p. 3^), que, aunque escritas vocado todos estos eruditos, 
algo antes , se publicaron en 1788; y '^ Yo be tenido á mi disposición 
Ocnoa en las notas á los poemas in- una copia manuscrita de la «Crónica 
éd i tos del marqués de Santillana de Falencia», que me facilitó mi ami- 
( París , 1844 , 8.*», p. 307 ) , yen sus go el caballero W. H. Prescolt, quien 
« Manuscritos Españoles »( 1844, pá- la cita como uno de los materiales 



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196 HISTORIA DE LA LITBRATURA ESPAÑOLA. 

les» en coya lectura nada puede aprovecharse más que 
la simple relación de los hechos que refieren. 

Las mismas observaciones son aplicables á las Cróni- 
cas del reinado de Femando é Isabel, que comprenden 
los años desde 1 474 á 1 504-1 6, y de las cuales, aun- 
que existen varias, solo haremos mención de dos. La 
una es de Andrés Bemaldez, llamado comunmente «el 
cura de los Palacios» , por haber sido párroco de un pue- 
blecillo de este nombre, si bien es probable que los ma- 
teriales para su Crónica debió recogerlos principalmente 
en la inmediata y suntuosa ciudad de Sevilla, de cuyo ar- 
zobispo fué capellán. Esta Crónica, escrita, á lo que pare- 
ce, sin carácter oficial, se extiende desde 1 488 á 1 5i 3. 
Su estilo es natural y sencillo, y refleja fielmente la fi- 
sonomía de aquellos tiempos, su credulidad supersti- 
ciosa y sus preocupaciones grandes. Se conoce desde 
luego que es obra de un hombre que observaba los su- 
cesos contemporáneos de que se ocupa, sin tomar parte 
activa en ellos, y que se hallaba relacionado, sin em- 
baído, porcircunstancias accidentales, con los principa- 
les personajes é ingenios de su época y nación''. El trozo 



que le sirvieron para su «Historia de peras Sicilianas (cap. i33), á las islas 
los Reyes Católicos, i» (T. i, p. 136, Canarias (cap. 64), al terremoto de 
edic. amer.)— D. Juan Antonio Pe- i564 (cap. 200)or á la elección de 
Uicer ha incluido una biografía com- León X (cap. 229). Comparada la 
pleta del cronista Patencia, en su relación que hace el Sr. Prescott 
cBiblioteca de Traductores». (Madrid, de la atrevida visita del gran mar- 
1778, 4.^ parte ii, pp. 7-12.) qués de Cádiz á Isabel (parte i, ca- 
*s También debo á mi amigo el i>itulo6), con la versión del cronista 
Sr. Prescott el conocimiento de este (cap. 29), se descubre bien la par- 
manuscrito, pues me ha facilitado la cialidad y preocupación de este úl- 
copia que él posee. Contiene esta timo ; y los cap. 110 - 114 , relati- 
solamente ciento cuarenta y cuatro vos á los judíos , ofrecen una prue- 
ea|>itnlos,y la credulidad y supers- ba de intolerancia, llevada aun más 
ticion de su autor, como igualmente allá de lo que podía esperarse de 
sus buenas cualidades ^ pueden ver- aquella época. La «Bibliot Nov.» de 
se en los pasiges relativos á las Vis- D. Nicolás Antonio contiene un re- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO IX. 197 

más apreciable é interesante es el referente á Cristóbal 
Colon, á quien consagra trece capítulos, y para cuya his- 
toria debió contar con excelentes materiales, puesto que 
no solamente el arzobispo Deza , á cuya servidumbre per- 
tenecía el cronista, era uno de los amigos y protectores 
de Colon, sino que este mismo fué por algún tiempo, 
en 1 496, huésped de Bernaldez, y le confió manuscritos, 
que le sirvieron, según dice, para su verídica relación ; 
lo cual coloca á esta Crónica entre los documentos im- 
portantes, así para la historia de América, como para la 
de España". 

La otra Crónica que hemos considerado digna de 
mención, es la de Fernando del Pulgar, canciller y se- 
cretario de los Reyes Católicos , y su cronista oficial, 
persona de mucho crédito en su tiempo ; pero cuyo na- 
cimiento y muerte se ignoran". Que fuese hombre 
erudito, de agudo ingenio, y exacto observador, nos 
consta por sus noticias de los Claros varones de Cas- 
tilla, por sus Comenlarios á las coplas de Mingo Re- 
vulgo, y por algunas de sus cartas familiares que han 
llegado hasta nosotros ; pero como cronista tiene poco 
mérito ''. La primera parte de su obra no merece gran fe, 

dacido articulo sobre Bernaldez; pe- ^ Algunas noticias de si mismo, 
ro los mejores datos para su biogra- aunque escasas, nos ha dejado en sus 
fia existen en su misma Crónica. « Claros varones ». ( Madrid , 1775 .) 
^ La parte relativa á Colon com- Por ellas sabemos que era ya hombre 
prende los capítulos 118- 131. De la de edad en 1490. 
visita hecha al autor por el célebre *^ La primera edición de esta Cró- 
marino, habla en el cap. 131, y de los nica se publicó en 1365, en Vallado- 
manuscritos que le confió, en el 123. lid, atribuyéndose al famoso Antonio 
Cuenta el cronista que cuando vino de Lebrija. Mas este error se des- 
Colon i la corte , llevaba vestido por cubrió bien pronto, y en 1567 se im- 
devoción el hábito de S. Francisco, primió de nuevo en Zaragoza con el 
Cita también los viajes de Sir John nombre del verdadero autor. La úni- 
Mandeville, y ¡tareco haberlos leido ca edición posterior que se conoce, 
(cap. 123) : circunstancia notable, de un ménto muy superior á las 
si se tiene en cuenta sus relaciones otras d9s,es la de Valencia, 1780, fo- . 
con Colon. lio , en cuyo prólogo se explica el 



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198 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAf^QLA. 

y la última , que comienza en i 482 y concluye en i 490, 
es breve en su narrack)n , y pesada por las arengas am^ 
pulosas en que abunda. Lo mejor que tiene es su estilo, 
digno y decoroso en general, pero más propio en rea- 
lidad de la verdadera historia que de la crónica ; y 
con efecto, por la acertada división de su trabajo en 
tres partes, acomodadas á los objetos de que se ocupa, 
y por las reflexiones filosóficas con que la exornó , se 
advierte el estudio del autor sobre los antiguos histo- 
riadores , y su deseo de imitarlos '\ Ignórase el motivo 
de no haber continuado su trabajo después de 1490; 
y aunque algunos presumen que debió haber fallecido 
por entonces**, hay en esta opinión error manifiesto, 
pues existe una curiosa y bien escrita relación de los 
reyes moros de Granada, hecha por él mismo á la 
Reina, después de la toma de esta ciudad, en 1492'^ 
La Crónica de los Reyes Católicos, de Hernando del Pul- 
gar, es pues la última obra de este género que merece 
mencionarse;: porque, como ya lo hemos dicho anterior- 
mente, aunque por largo tiempo después se juzgó pro- 
pio de la dignidad de la monarquía el dar una forma 
grave y majestuosa á los anales públicos y oficiales, por 
decirlo así, del pais, no se ve ya en ellos el espíritu libre 

error de haberse atribuido primera- festado arriba, ya las babia emplea- 
mente á Lebríja. do Ayala en sus crónicas, ochenta ó 

>^ Léase por ejemplo la extensa noventa años antes, 

arenga de Gromez Manrique á los to- ^^ «Indicio harto probable de que 

ledanos (parte ii, cap. 79). Es una falleció antes de la toma de Grat: 

de las mejores, y tiene bastante mé- nada , dice Martínez de la Rosa. 9 

rito, considerada como trabajo ora- ( Hernán Pérez de Pulgar, el de las 

torio ; pero por su sabor romano es hazañas, Madrid, 1834, S.^^, p. 229.) 

sjena de una crónica de esta especie. '' Este importante documento, que 

Yerra el editor de 1780 en suponer hace honor a Pulgar como hombre de 

que Pulgar fué el primero que in- estado, se encuentra en el «Semana-: 

trodujo en España esta clase de rio Erudito». (Madrid, 1788, t. xu, 

)»rengas , pues , como hemos' man i- páginas 57-144. ) 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO IX. 199 

ni el colorido y espontaneidad que en un principio bri- 
llaron en este ramo de literatura ; y así es que aun 
cuando se continuó nombrando cronistas, y lo fueron 
Florían de Ocampo, Mexia y otros, las verdaderas cró- 
nicas pasaron para no volver nunca. 



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CAPITULO X. 

Crónicas de sucesos parUcolares.— El Paso Honroso.— Seguro de Torde- 
sillas.— Crónicas de personajes notables.— D. Pero Nifio.— D. Alyaro de 
Luna.— Gonzalo Fernandez de Córdoba.— Crónicas de ▼iajes.- Ruy Gon- 
zález de Clavyo.— Cristóbal Colon, Balboa y otros.— Crónicas caballe- 
rescas.— Crónica del rey Don Rodrigo y la Destruycion de Espaüa.— Ob- 
servaciones generales sobre las crónicas. 

Crónicas db sucesos particulares.— El lector debe 
tener presente que hasta ahora no hemos hecho otra cosa 
sino recorrer la serie de las que pueden propiamente 
llamarse Crónicas generales , y que escritas por los 
mismos reyes ó por su mandato , forman la historia del 
pais y de sus tradiciones fabulosas, desde sus principios, 
hasta que, vencido ya el poder de la morisma , se cons- 
tituyó una monarquía compacta y tranquila. Su objeto y 
carácter las hace, por lo misma, las obras más impor- 
tantes, y en general las más curiosas de su clase; pero 
la influencia que ejercieron y la popularidad de que go- 
zaron , debió necesariamente producir numerosas imi- 
taciones del mismo género. Escribiéronse pues mu- 
chas crónicas de diferentes sucesos^ y obros libros 
que, sin llevar el nombre de tales, tenian el mismo 
estilo : el mayor número es de escaso valor, pero hay 
algunas que por su lenguaje ó asunto son acreedoras 
á una mención particular , y por lo mismo vamos á 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO X. 201 

examinarlas rápidamente , comenzando por las que re- 
fieren sucesos particulares. 

Hay dos crónicas especiales de acontecimientos ocur^ 
ridos en el reinado de D. Juan II, ambas no solo cu- 
riosas por su índole y estilo, sino apreciables por lo 
mucho que ilustran las costumbres de aquel tiempo. La 
primera , siguiendo el orden cronológico de los suce- 
sos , es el Paso Honroso , ó sea la relación formal y 
minuciosa de un paso de armas sostenido contra todos 
los caballeros que se presentaron en el puente de Or- 
bigo, cerca de León , el año de 1 434 : duró treinta dias, 
y celebróse en ocasión que el camino de Santiago se 
hallaba cubierto de gentes, así nobles como plebeyos, 
que acudían en peregrinación á Santiago de Gompos- 
tela. El mantenedor fué Suero de Quiñones, caballero 
de noble alcurnia, el cual propuso esta empresa para 
libertarse del juramento hecho á una dama, de llevar 
al cuello una cadena de hierro todos los jueves. Los 
preparativos para este singular torneo se hicieron de or- 
den del Rey : nueve campeones ó mantenedores acom- 
pañaban á Suero de Quiñones , y pasados los treinta 
días , resultó que habían aceptado el reto sesenta y ocho 
caballeros aventureros ; que se habían verificado seis- 
cientos veinte y siete encuentros, y se habían quebrado 
sesenta y seis lanzas : un caballero aragonés murió en 
la demanda, y hubo ademas muchos heridos, entre 
ellos Quiñones y ocho de sus compañeros '. 

* Hállanse noticias del «Paso Hon- Suero de Quifiones » , se escribió en 

roso > en la c Crónica de Don Jnan 11 > el mismo puente de Orbigo, por Pero 

(Ad. ann. 1433, cap. 5K y en Zurita, Rodríguez Delena, escribano y no- 

«Anales de Ara¡zon> (lio. 14, cap. 82j. tario público de D. Jnan II. Después 

El libro intitulado c Paso Honroso , le compendió j publicó en Salaman- 

defendido por el excelente caballero ca, en 1388 (por Gomelio Bonai- 



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202 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

Seguramente, aunque todo esto nos parezca muy 
extraño hoy dia. y por más que al leerlo nos creemos 
trasportados á los tiempos en que los caballeros andan- 
tes «combatían en Aspremont y en Montalban », cuando 
Rodamonte mantenía el puente de Montpeller por la 
dama de sus pensamientos, es preciso convenir que 
el libro de que tratamos no es una ficción caballeresca, 
sino obra de un testigo de vista, que refiere los hechos 
con toda la sencillez y candor de su época , y describe 
menudamente todas las ceremonias religiosas y caballe- 
rescas que en él hubo. £1 caso fué que Suero de Qui- 
ñones, reconociéndose esclavo de aquella dama ilustre, 
á cuya honra habia llevado una cadena al cuello un dia 
cada semana, durante mucho tiempo , trató de resca- 
tarse de aquella prisión fantástica , satisfaciendo su 
obligación con romper, auxiliado de algunos amigos, 
nn número determinado de lanzas en leal combate. 
Verdad es que todo esto es muy singular y fantástico; 
pero las ideas de amor , honor y religión que animaban 
á los campeones, el oir devotamente misa todos los 
dias , y negar al mismo tiempo sepultura cristiana al 
caballero aragonés que murió en el torneo; finalmente, 
las circunstancia de que Suero de Quiñones ayunaba to- 
dos los martes en honor de la Virgen y de su dama, 

do, 8®), el P. Jnan de Pineda, y poste- cbos de esta Crónica, y lo mismo el 

nórmente se reimprimió en Madrid intitulado « El Paso Honroso » , de 

bajo los auspicios de la Real Academia D. Ángel de Saavedra , duque de Ri- 

de la Historia. (1783, 4.^) Trozos ente- vas , c[ue consta de cuatro cantos, y 

ros de la obra original se conservan está inserto en el segundo tomo de 

íntegros en los §§. 1,4,7, 14, 74, sus obras. (Madrid, 1820-21, 2 tomos 

75, etc.; en lo demás Pineda la des- 12.^) 

figuró mucho. (Pellicer, notas al Qui- * Véanse, §§. 23 y 64 , y en el 25 un 

jote, parte i, cap. 49.) El poema «Esve- curiosísimo voto que hace uno de los 

ro y Aknedora», en doce cantos, por caballeros herickw, en el que prome- 

D. Juan María Maury (Paris , 1840, te no volver á enamorar monjas, co- 

12.<>), está fundado en algunos he- mo antes lo habia hecho. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO X. 203 

son coses todavía más fantásticas y extrañas; y al re^ 
cordarlas no podemos menos de mirarlas con la mis^ 
ma sorpresa que D. Quijote manifestaba en su disputa 
con el buen canónigo', única sensación que nos causan. 
No admira menos ver consignado este suceso en la Orrf- 
nica contemporánea del rey Don Juan , y ocupando des^ 
pues un capítulo entero en los Anales de Zurita. De 
todos modos, este gran torneo debió ser un aconteci- 
miento notable en los tiempos en que ocurrió, y da mu- 
cha luz sobre los usos y costumbres de la época^. 
Con justicia pues ocupa su lugar en las crónicas y en 
la historia ; y aun en la época en que vivimos , la me- 
moria detallada y curiosa de los pormenores y cere- 
monias del Paso Honroso , es un monumento inapre- 
ciable, en cuanto presenta la pintura exacta del espí- 
ritu caballeresco y del hecho más importante y carac- 
terístico de aquellas instituciones, que han desaparecido 
ya completamente. 

El otro libro , del mismo período á que antes hici- 
mos referencia , es también un cuadro que retrata muy 
al vivo aquellos tiempos; menos pintoresco, si se quiere 
que el anterior, pero no menos instructivo. Intitúlase El 
Seguro de Tordesillas , y da cuenta de una serie de con- 
ferencias y capitulaciones celebradas «1 año de 1439, 
entre D. Juan II y parte de la nobleza, que capitaneada 

> D. Quijote hace precisamente ^ Recórranse los años inmediatos 
del « Paso Honroso » el uso que era al « Paso Honroso » , y se encontra- 
do esperar de aquel instinto y agu- rán cuatro 6 cinco casos semejantes, 
deza que con tanta frecuencia se ob- (Crónica de D. Juan H, 1453, cap. 2 ; 
serva en los dementes , y este trozo 1434 , cap. 4; 1435, cap. 3 y 8 ; i436, 
es uno de los muchos ejemplos en cap. 4. ) Toda la Crónica está llena 
que se ve el profundo conocimiento de ellos, y en algunos figura el con-r 
que Cervantes tenia del corazón hu- destable 0. Alvaro de Luna, 
^ano. (Parte i, cap. 49.) 



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204 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAÍVOLA. 

por SU mismo hijo, ÍDtervenia con sedición y violencia 
en los negocios del Estado, para derribar el poder y 
deslrnir la influencia del Condestable \ Tomó su nom- 
bre el libro de una circunstancia bien repugnante por 
cierto. Cabalmente al tiempo que se celebraba el Paso 
Honroso/ y entre algunos de los caballeros que con- 
currieron á aquel espectáculo grandioso y caballeres- 
co, el honor y la buena fe hablan venido tan á menos 
en Castilla , que ninguna de las partes interesadas en 
la cuestión, ni el mismo Rey, ni el Príncipe, podían 
empeñar su palabra en favor de la seguridad personal 
de los que intervenían en las capitulaciones de Torde- 
sillas, con la confianza de que fuese aceptada. Fué por 
lo mismo necesario buscar una persona imparcial y aje- 
na á toda bandería , que revestida de grandes faculta- 
des y con el aparato de la fuerza militar, se hiciese 
depositaría de la fe pública, ejercitase un poder omní- 
modo, sin mas límites que los que le impusiesen su 
honradez é integridad personal, é impusiese, tanto al 
Rey como á sus subditos rebeldes, en términos que to- 
dos le obedeciesen y acatasen ^. 

Tamaña distinción estaba reservada á Pedro Fernan- 
dez de Velasco, llamado comunmente «el buen conde 
de Haro» , y el libro del Seguro de Tordesillas, dispuesto 
por él algún tiempo después, manifiesta el honroso des- 
empeño de la extraordinaria confianza que en él se de- 

^ El < Seguro de Tordesillas » se k>s principales personajes , y enlre 

imprimió por primera vez en Milán , ellos el mismo condestable D. Alva- 

i6ii ; luego en Madrid, i784, 4.^, y rodé Luna, significando con ella que 

es la mejor edición. durante los tratados se consideraban 

* < Nos desnaturamos : » tal es la exentos de la obligación de obede- 

antigua y expresiva frase castellana cer al mismo Rey. 
de que se valieron en aquel lance 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPlTCLO X. 205 

poeitó. Pocas obras históricas pueden enyanecerse de 
origen tan auténtico : los documentos fehacientes, que 
constituyen su principal parte > se presentan á la vista 
del lector, y lo que no está así comprobado, tiene por 
base el honrado testimonio del buen Conde, en cu- 
yas manos los hombres más ilustres y distinguidos del 
pais pusieron sin el menor recelo su honra y vida. De 
aquí nace que, como trabajo literario, el Seguro se dis- 
tingue más bien por la sencillez y claridad de estilo, 
que por su elegancia y elocuencia ; y consiste más bien 
en una colección de documentos, que en una narración : 
pero de todos modos es un libro interesante, y un re- 
cuerdo triste de su época. Porque el pacto hecho en 
Tprdesillas no produjo beneficios de larga duración : 
al poco tiempo el conde de Haro se retiró enojado 
á sus estados, y antes de dos años, el desgraciado y 
débil monarca fué de nuevo embestido y cercado en 
Medina del Campo por su familia rebelde y los nobles 
turbulentos que seguían su bandera\ Poco se oye^ des- 
pués de este suceso, del conde de Haro, y solo sabe- 
mos que continuó asistiendo de vez en cuando al Rey 
en sus continuas desgracias, hasta que, tan quebrantado 
de cuerpo como de espíritu, se retiró del mundo, y pasó 
los áltimos diez años de su vida en un monasterio que 
habia fundado, y en el que falleció á la edad de se- 
senta años •. 

Crómicas de personajes notables. — Cuando sucesos 



' Véase la «Crónica de Don Juan 11», Los infantes de Aragón , 

ÍHO-U y iUl, cap. 3. Con razón ex- iQ»* »« »»»cicron ? 

cbmaba Jorge Blanríque en sus her- * Pulgar (Claros varones de Cas- 

mosas y sentidas coplas : tilla, Bfadrid, i775, 4.<>, tit. 3), hace de 

iQ«é se hizo el rey Don Jaan ? él un hermosísimo retrato. 



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206 HISTORIA ÜE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

señalados, como el Paso Honroso del puente de Orbigo 
y el Seguro de Tordesíllas , se consignaban en obras 
históricas, no era posible que los personajes distingui- 
dos de la época careciesen de crónicas dedicadas á 
describir sus hechos y vicisitudes. 

£1 primero que encontramos honrado de este modo 
es D. Pero Niño, conde de Buelna, que floreció entre 
lósanos de 1379 y 1453, y desempeñó el cargo de 
almirante durante los reinados de D. Enrique III y 
D* Juan II. Su Crónica es obra de Gutierre Diez de Gamez, 
que estuvo constantemente á su lado desde que tenia 
veinte y tres años , y fué su alférez y compañero en las 
peligrosas batallas y sangrientos combates en que se 
halló. Difícil era, por lo mismo, encontrar un cronista 
más fiel y caballero; en esta parte es comparable Gamez 
al Loyal Serviteur, biógrafo del célebre Bayardo, y de 
todo punto igual, no solo en la confianza que obtuvo 
de su señor, sino en ser tan animoso y bizarro'. Las 
noticias que da de la crianza de D. Pero Niño, de los 
consejos que su tutor le daba, de su casamiento con su 
primera mujer D.' Constanza de Guevara, de su expe- 
dición contra los corsarios y el bey de Tánez , de la 
parte que tomó en la guerra contra la Inglaterra, des- 
pués de la muerte de Ricardo II , cuando mandó la ex- 
pedición que desembarcó en Cornualles, y según su 



^ La c Crónica de Don Pero Niño > « fábulas caballerescas ». Las stipre- 
era muy nombrada, y citada como siones se notan en la parte i,cap. i5; 
un rico depósito de noticias impor- parte ii, cap. i8, 40^ etc.; sin em- 
tantes para el reinado de D. Cnri- bargo, hubiéramos agradecido al se- 
que ni ; pero no se conocía general- Bor Llaguno que la hubiese impreso 
mente hasta que la imprimió y pu- integra , especialmente la parte que 
blicó D. Eugenio de Llaguno y Ami- menciona, intitulada «Crónica de los 
rola (Madrid, 1783, 4.<^), el cual su- Reyes de Inglaterra», 
primió mucha parte de lo que él llama 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO X. 207 

cronista, incendió la ciudad de Poole y se apoderó de 
las islas de Jersey y Guernesey, y finalmente, sus he- 
chos en la guerra de Granada , ocurridos en el último 
tercio de su vida, militando á las órdenes del condes^ 
table D. Alvaro de Luna , son hechos interesantes y cu-^ 
riosos, y están referidos con sencillez y enerjía. Pero 
los pasajes más característicos y entretenidos de toda 
la Crónica , son los que hacen relación , el uno á la visita « 
llena de galantería, hecha por el Conde á Girfontaine, 
cerca de Rouen, donde á la sazón residian el viejo al- 
mirante de Francia y su esposa, joven y de carácter 
jovial, y el otro á sus amores con D.' Beatriz, hija del- 
infante D. Juan , dama con quien después de muchos 
contratiempos y peligros, contrajo segundas nupcias **. 
Desgraciadamente nada sabemos del escritor de esta 
amena historia, sino lo que él modestamente nos quiso 
decir ; pero no cabe duda que su lealtad y caballerosi- 
dad se traslucen á cada paso en la sentida cuanto no- 
ble relación que hace de las aventuras y hazañas de su 
señor. 

Después de la Crónica de Don Pero Niño , citaremos 
la del condestable D. Alvaro de Luna, personaje prin- 
cipal del reinado de D. Juan II, desde que , niño aun^ 
aparece en la Corte como paje en 1408, hasta 1453, 
en que pereció en un patíbulo, víctima de su des- 
mesurada ambición, de la envidia de los grandes, y 
de la debilidad criminal del monarca ^^ Se ignora en-^ 

*^ Parte lo, cap. 3-5. « Los amores y de D. Jaan II , le escribiese versos 

de Doú Pero Niño y de Doña Beatriz» para dirigírselos á su amada. (Vea-* 

están enlazados con la poesía con- se á Castro , « Bibiiot. Esp. » , t, i , 

temporánea , porque se sabe que el pp. 27Í-275.) 
Conde encargo á villasandino, poeta ** La t Crónica de Don Alraro de 

célebre de la corte de D. Enrique III Luna» se imprimió por primera vez 



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208 HISTORIA DB LA LITEAATDRA ESPAÑOLA. 

teramenle el nombre del antor de esta Crónica ; pero 
9u lectura y estudio dan á conocer que fué probable- 
mente algún eclesiástico instruido , de la misma casa 
del Condestable, muy allegado á su persona y decla- 
rado partidario suyo. Todo en ella recuerda la hermosa 
y antigua Biografía del cardenal Wolsey , escrita por su 
camarero Cavendish : ambos libros están escritos des- 
pués de la ruina de los grandes hombres, cuyas vidas y 
hechos se refieren por personas que los sirvieron y qui- 
sieron en su prosperidad, y que luego se propusieron 
vindicar su memoria con una gratitud y cariño tal, que 
se revela constantemente en su estilo candoroso, vivo, 
y en ocasiones elocuente. La Crónica española es más 
antigua, de un siglo, que la del cardenal inglés : es 
grave y majestuosa, á veces con exceso; pero al mismo 
tiempo tiene toda la apariencia de ser verídica y fide- 
digna. La relación del cerco de Palenzuela **, la mag- 
nífica pintura de la persona y porte del Condestable, 
la escena de la visita del Rey á su privado en su cas- 
tillo de Escalona, las fiestas celebradas con este motivo, 
y sobre todo, los dolorosos y melancólicos pormenores 
en que entra el autor al referir la caida de D. Alvaro, 
y su prisión y muerte , manifiestan la soltura y desem- 
barazo de un testigo de vista, ó á lo menos de una per- 
sona muy al corriente de la materia de que escribe. 

en Milán (i546, folio), por uno de los voz que pasó casi á la lengua inglesa, 

descendientes del Condestable ; des- porque lord Bacon, en su Ensayo 27, 

{mes , á pesar de su importancia é dice : « Las lenguas modernas 11a- 

nteres,solo se ha reimpreso una man átales bonmres favoritos ó pn- 

Tez, gracias al Sr. Flores, celoso vados.i» 

secretario de la Real Academia de la ^ Tit. 91-95, y véanse también los 

Historia. (Madrid, 1784, 4.^) «Privado curiosos versos de Juan de Mena , 

del Rey», es el titulo ordinario de poeta de la corte , á la herida que el 

D. Alvaro de Luna ; y Manrique , ha- Condestable recibió en aquel sitio, 
blando de él, le llama «tan privado»; 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAPtTULO X. 209 

Por todas estas razones es una de las crónicas espa- 
ñolas más ricas en detalles y más interesantes, siendo, 
comees, de todo punto indispensable para el que quiera 
conocer á fondo el espíritu turbulento de aquel siglo, 
en el que los «bandos j» , ó partidos armados, tenian di- 
vidido el país en un sin número de jefes y caudillos 
que, como otros tantos régulos, hacian la guerra por su 
cuenta y riesgo, sin respeto ni obediencia á la autori- 
dad real. 

La última crónica de este género, escrita á la manera 
de las antiguas y que merece mencionarse, es la de 
Gonzalo de Córdoba , por otro nombre « el Gran Ca- 
pitán», que floreció desde poco antes de comenzar la 
guerra de Granada hasta fínes del reinado de los Reyes 
Católicos; hombre singular, y que produjo en la Es- 
paña de entonces la misma impresión que produjera 
en la antigua, y durante la lucha con los árabes, el ciclo 
de héroes nacionales que, propiamente hablando, ter- 
minó en él. El emperador Carlos Y quiso > hacia los 
años de 1 526, que uno de los compañeros del Gran Ca- 
pitán, llamado Hernán Pérez del Pulgar, escribiese 
una relación de sus hechos. No era fácil buscar cro- 
nista más á propósito , porque es de advertir que este 
Pulgar no es , como se ha creido por mucho tiempo, 
aquel Hernando del Pulgar, ingenioso cortesano y es- 
critor del tiempo de los Reyes Católicos^' , ni tampoco 



*> El equivocar á los dos Pulgares, ¿ Pedro de Toledo, dice: «E paes que- 
el ano llamado ^^itan Pérez del ureys saber como me habéis de lia- 
Pulgar^ y el otro Hernando del Pul- »mar, sabed, señor, qoe me llaman 
gar^ debió va ocarrrr en vida de am- «Fernando , é me llamaban é lláma- 
nos : al menos asi lo hace presumir »rán Fernando, é si me dan el maes- 
iin pas^^e muy gracioso, en una epis- «trazgo de Santiago, también Feman- 
tola de este último, que, escribiendo »do , etc. » ( Letra xn , Madrid , i77d, 

T. I. 14 



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210 HISTOHIA bK LA LITBHATURA ESPAÑOLA. 

es obra suya la indigesta y pesada Crónica de Gonzalo 
de Córdoba j publicada eo 1580 ó antes, y atribuida 
por muchos á él'^; sino que es el caballero animoso 
y valiente que, seguido de pocos, penetró hasta el 
centro de la misma Granada, llena entonces de de- 
fensores, y clavando un Ave María con la señal de la 
cruz en las puertas de su mezquita principal, consagró 
aquel imponente edificio al! culto de Dios , mientras 
los Reyes Católicos asediaban la ciudad : aventura he- 
roica , que en aquella época se hizo famosa en el país, 
y cuyo recuerdo han conservado á la par los roman- 
ces y el teatro *'. 

Como era de esperar del carácter de un autor que, 
para distinguirle del pacífico y cortesano Hernando del 
Pulgar, recibió el sobrenombre de «El de las hazañas» , 
el libro que presentó al Emperador no es una vida de 



4.^, p. i55.) En cuanto á las equivoca- 
ciones de estos dos personajes , he- 
chas en tiempos más modernos,véase 
4D. Nicolás Antonio (<Bíb. Nova», 1 1, 
p. 387), que por cierto anda bastante 
confuso al tratar este punto. 

** Esta pesada Crónica anónima, 
es la t Crónica del Gran Capitán 
•Gonzalo Fernandez de Córdoba y 
»AguiIar, en la cual se contienen las 
»dos Conquistas del reino de Nápo- 
»les, etc.» (Sevilla, i580, folio.) Pero 
no nos parece la primera edición, 
porque en la licencia se dice que se 
imprimía cporque hay falta de ellas». 
Contiene algunos documentos de 
familia que se hallan en la obra de 
Pulgar, y se imprimió después dos 
veces á lómenos. (Sevilla, id82, y Al- 
calá, 4584.) 

*^ Llenos de admiración los Reyes, 
concedieron á Pulgar su sepultura 
en el mismo sitio en que se habia ar- 
rodillado para clavar el Ave Marta en 
la puerta de la mezquita; y sus des- 
cendientes conservan aun el sepulcro 
con todo respeto, y disfrutan sitio esr 



pecial en el coro de la catedral . en 
virtud de la concesión hecha á Pulgar 
y á sus herederos varones en línea 
recia. (Alcántara, Historia de Grana- 
da. Ibid. i846, 8.«,t. IV, p. i02, y los 
documentos curiosos recogidos por 
Martínez de la Rosa en su c Hernán Pé- 
rez del Pulgar», pp. 279-283, acerca 
del cual véase la nota Inmediata.) La 
comedia más antigua que conocemos 
sobre la notable hazaña de Fernán 
Pérez del Pulgar es el < Cerco de 
Santa Fe >, que está en el primer to- 
mo de las «Comedias de Lope de 
Vega». (Valladolid, 1604, 4.«) Pero la 

a' ue se representa comunmente es 
e autor desconocido, intitulada « El 
Triunfo del Ave Maria, de un ingenio 
de esta corte» , escrita probable- 
mente en tiempo de Felipe IV. El 
ejemplar que tenemos á la vista está 
impreso en i793. Martínez de la Rosa 
dice haberla visto representar mu- 
chas veces, y habla de la viva impre- 
sión que causó á su imaginación 
jttvenif. 



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PlilMBRA ÉPOCA. — CAPITULO 1. 211 

Gonzalo, sino más bien un bosquejo vigoroso de él, inti- 
tolado Algunas de las hazañas del muy excelente Señor, ¡kir 
modo El Gran Capitán, 6 como se dice con más solem- 
nidad aun y más prosopopeya, de las hazañas y sumas 
virtudes del Gran Capitán en la paz y en la guerra *^. La 
modestia del autor es tanta como su valor : apenas se 
nombra él mismo en la narración , y la pasión y cariño á 
su general dan á su estilo tal calor , que, en medio de 
que ostenta con frecuencia una erudición importuna y 
cansada , su libro es en extremo curioso é interesan- 
te, porque presenta al héroe tal cual le contempló la 
admiración de sus coetáneos. En partes, á pesar de su 
brevedad , entra en pormenores notables y dignos de 
atención, y algunas arengas, como la del alfaquí á 
los partidos enconados de Granada , y la de Gonzalo á 
la población del Albaicin, están tan bien escritas como 
pensadas. Mirada como bosquejo del carácter de un 
individuo, pocas crónicas habrá que tengan el aspecto 
de veracidad que en ella se encuentra; y por otra 
parte, atendidas la vida agitada y guerrera, tanto del 
autor como de su héroe, nada admira tanto como el 
espíritu de humanidad que brilla en sus páginas, y que 
parece ajeno de la época '^ 

Cbómicas de viajes. — A imitación de las crónicas de 
reyes y personajes ilustres, se escribieron en España 

** Imprimióse esta vida del Gran apreciables notas. Gracias al celo y 

Capitán, por Pulgar, en Sevilla, por perseyerante curiosidad literaria del 

Gromberger,i527;pero no se sabe distinguido hombre de Estado que 

que exista más ejemplar que el de le descubrió, disfrutamos y leemos 

la biblioteca de la Academia Espa- ahora este curioso libríto en una íor- 

ñolá. En 1854 se reimprimió en Ha- ma asradable. 
drid (8.®, publicada por D. Francisco ^^ Hernán Pérez del Pulsar, el de 

Martínez de la Rosat con el titulo de las hazañas, nació el año de i45i, y 

«Reman Pérez del Pulgar», con una murió en el de ÍS0I. 
vida del autor, muy bien escrita, y 



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212 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

varios libros, como son, relaciones de viajes y des- 
cubrimientos , los cuales , si bien no llevan el título 
de «Crónicas», pueden, sin embargo, ser conside- 
rados como tales. La más antigua , quizá también la 
más interesante de estas relaciones , es la de un viaje 
y embajada hecha al Tamorlan , el gran potentado y 
conquistador tártaro, en tiempo de D. Enrique III. 
La causa que dio origen á dicha embajada es muy 
curiosa por cierto : parece ser que el monarca caste- 
llano, cuyo reinado, ya sea por su casamiento con 
Catalina de Lancáster, ya sea por otras causas, fué 
más feliz y tranquilo que el de sus inmediatos predece- 
sores en el trono , concibió en medio de su prosperidad 
el proyecto de extender su fama á las más remotas re- 
giones de la tierra, para lo cuaU dicen, trató de esta- 
blecer relaciones amistosas con el Emperador griego de 
Consta ntinopla, con el Soldán de Babilonia, con la- 
merían (el Timur Beg de los tártaros), y aun con el fa- 
buloso Preste Juan de las Indias , motivo en aquellos 
tiempos de innumerables sueños y delirios. 

No sabemos qué resultados tuvo este cúmulo de ges- 
tiones diplomáticas, tan extraordinario á fines del si- 
glo XIV, salvo que los embajadores enviados al Tamor- 
lan y Bayaceto se hallaron en la batalla sangrienta y 
decisiva entre estos dos grandes potentados del Orien- 
te, y que Tamorlan correspondió con otra embaja- 
da suntuosa, remitiendo algunos despojos de su vic- 
toria, y entre ellos dos hermosas cautivas, que figuran 
en la poesía española de aquel tiempo ". No fué Enrí- 
as Discorso hecho por Argote de González de Clavijo». (Madrid, Í78S, 
Molina sobre el «Itinerario de Ruy 4.^, p. 3.) 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO X. 213 

que III ingrato á tal demostración^ y para pagarla des- 
pachó al Tamorlan tres personas de su corle : fué una 
de ellas Ruy González de Clavijo, de quien tenemos 
una relación muy curiosa de toda la embajada y sus 
resultados, así como de sus aventuras personales. Pu- 
blicóla por primera vez Gonzalo Argote de Molina , 
diligente anticuario que floreció en el reinado de Fe- 
lipe IP\ y que, sin duda para excitar aun más la 
curiosidad pública , la intituló Vida del Gran Tamorlan, 
aunque realmente no es más que un diario de las na-^ 
vegaciones, viajes y residencia en Oriente de los em- 
bajadores de D. Enrique III, el cual comienza en mayo 
de 1 403 , al darse á la vela del Puerto de Santa María, 
y concluye en marzo de 1 406 , con su desembarco en 
el mismo punto, de vuelta de su viaje. 

Hay en él una descripción de Constantinopla muy 
curiosa , por estar hecha cuando se acercaba el mo- 
mento de su ruina *•; otra de Trapisonda , con sus igle- 
sias y clero griego; de Teherán, hoy capital de Persia; 
y de Samarcanda, donde los embajadores se presenta- 
ron al gran conquistador, quien los recibió nniy bien, 
é hizo celebrar magníficas fiestas, que duraron hasta su 
muerto, ocurrida cuando los embajadores estaban aun 
en la corto , y cuyos efectos fueron sumamente perju- 
diciales para ellos, causándoles muchos tropiezos y mo* 
lestias en su viaje de vuelta. El buen Clavijo desempeñó 
cumplidamente su misión, dando cuenta de ella al Rey, 

<* La edición de Argote de Molina repetidas veces (pp. 51 , 59 y otras), 

se publicó en 1582, y ioego solo se Dice qiie no vieron el primer dia , 

ba reimpreso una vez, aunque muy como lo deseaban, las reliquias de 

m^orada. (Madrid, 1782, 4.<>) la iglesia de San Juan de la Piedra, 

4 Las obras de mosaico existen- y la razón que da es original, y pinta 

tes en Constantinopla llamaron mu- al viro la sencilles de la corte iin- 

cbo su atención, y así las menciona perial. 



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214 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAftOLA. 

á quien encontró en Alcalá ; y aunque anduvo un año 
en la corte y fué uno de los testigos del testamento del 
Rey, otorgado por Navidad, después de muerto este 
se retiró á Madrid, pueblo de su nacimiento, donde 
pasó los últimos cuatro ó cinco años de su vida , hasta 
que falleció en 1412, y fué sepultado en el convento 
de San Francisco el Grande, cuya capilla mayor hablan 
reedificado sus padres á su costa *'. 

Ciertamente que los viajes de Clavijo no son compa- 
rables con los de Marco Polo ó Sir Juan de MandeviUe; 
pero si descubrió menos que el mercader italiano, lo 
que vio es tan notable como lo del viajero inglés, y 
también es preciso confesar que en la narración es 
superior á ambos. En toda la obra brilla la lealtad 
española y la fe católica del autor, el cual cree can- 
dorosamente que su modesta embajada va á causar 
en las innumerables é indolentes poblaciones del Asia 
una impresión profunda del poder é importancia de sa 
soberano, y que esta impresión será duradera. Durante 
su residencia en la suntuosa capital del Oriente, no 
piensa en otra cosa más que en las reliquias imagina- 
rias de santos y apóstoles, que entonces llenaban los 
nichos, arcas y relicarios de sus iglesias. Esto, al fin, 
satisface y agrada, porque es nacional; pero cuando 
después le vemos llenar la isla de Ponza de edificios 
construidos por Virgilio ** , y más adelante decir, al pa- 



** cHUos de Mudrid ilustres en san- rosos , sobre todo en lo relativo á la 
tidad/ dignidades, armas, ciencias y historia literaria de la capital de Es- 
artes. Diccionario Histórico » , su paña. En él se baila una vida de Gla- 
autor, D. José Antonio Alvarezy Bae- vyo (t. iv, p. 302). 
na,naturaldelami8nia villa. (Madrid, <* «Hay en ella grandes edificios 
1789-91 , 4 tomos 4.<>) Libro cuyos de muy mn obra, que fizo Virgi- 
materiales , si bien desordenados y lio» (p. 30). 
confusos, son importantes y nume- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO X. 215 

sar por Amalfi, que solo es notable por conservarse allí 
la cabeza del apóstol S. Andrés** , se necesita tener 
may presentes su celo, patriotismo, franqueza y de- 
más dotes que le adornan > para no enfadarse al ver su 
supina ignorancia. Dice el P. Mariana que hay que po- 
ner en cuarentena mucho de lo que Clavijo refiere; 
pero así como con otros viajeros antiguos , cuyas rela- 
ciones se han puesto en duda por lo extrañas y mara- 
villosas, ha sucedido con la del embajador castellano : 
que investigaciones hechas recientemente con esmero 
y cuidado, han confirmado cuanto él ha dicho. Pode- 
mos pues fiar en su fidelidad , asi como en el espíritu 
de sagacidad y observación que constantemente mues- 
tra , menos cuando se atreviesan su fe religiosa , ó su 
españolismo , no menos religioso ^. 

Pero no era en Oriente donde los españoles estaban 
llamados á viajar y descubrir : los portugueses, guiados 
por el príncipe D. Enrique, uno de los hombres más 
extraordinarios de su tiempo , se habian , por decirlo 
así, apropiado aquella parte del mundo, descubriendo 
el camino cómodo y fácil del cabo de Buena Esperanza; 
aun más , en virtud del derecho de descubrimiento y 
de las disposiciones contenidas en la famosa bula de 
Alejandro VI , y del no menos célebre tratado de 1 479, 
habian con suma cautela alejado á sus rivales los espa- 
ñoles de toda tentativa en aquella dirección , dejándo- 



« No dice más de Amalfl que tY «Variedades» (1. i, pp. 516-518), aflr- 

en esU ciudad de Blalfa dicen que ma, refiriéndose á un examen del 

estala cabeza de Sant Andrés» (p. 53). «Itinerario de Ruy González de Cla- 

*^ Marianadice que el «Itinerario» rijo», becho por el mayor Rennell, y 

contiene «mucbas cosas asaz mará- á otros trabajos análogos , que su 

rillosas,si verdaderas»(Hist.,lib.l9, narración es fiel y digna de con- 

cap. 11) ; pero Blanco Wbite , en sus fianza. 



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216 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAHOLA. 

les, sin embargo, abiertos los inmensos mares de Oc- 
cidente. Vivia por fortuna en este tiempo un hombre á 
cuyo valor y arrojo el espanto de aquel Océano miste- 
rioso y desconocido sirvió solo de espuela é incentivo» y 
cuya sola natural perspicacia , aunque á menudo des- 
lumbrada por la elevación á que solia remontarse, logró 
ver tras de aquellas olas solitarias el inmenso continente 
que su inflamada imaginación conceptuaba indispensa- 
ble para el equilibrio del mundo. Verdad es que Colon 
no era español; pero español y eminent^nente español 
fué su espíritu, españolas y no italianas fueron su leal- 
tad, su fe y su entusiasmo religioso, su amor á las em- 
presas gigantescas y extraordinarias : cualidades todas 
que estaban en completa armonía con el carácter nacio- 
nal español, cuando él llegó á formar parte de sus glo- 
rias. El mismo dice haber visto con sus propios ojos ele- 
varse lentamente y por la vez primera la cruz de plata 
sobre las torres de la Alhambra, anunciando al mundo 
la destrucción y ruina de los infieles en España'''; y 
desde aquel momento, ó quizá antes, cuando unos po- 
bres religiosos que venían de Jerusalen se presentaron* 
á los Reyes Católicos , en el campamento de Granada, 
suplicando su ayuda y protección contra I03 musulma- 
nes de Palestina, concibió el gran proyepto de consa- 

^ En la relaeion del primer vía- mirableyde mocho mérito, porffne 
Je , remitida á ios Reyes , dice que contiene los materiales auténticos 
en 4492 estaba en Granada « adonde para la historia del descubrimiento 
este presente año, á dos diasdel mes de la América. El cura Bernaldez, 
de enero, por fuerza de armas, vide amigo de Colon, describe todavia 
poner las banderas reales de núes- con mayor exactitud lo que este tío: 
tras altezas en las torres de Alfam- c E mostraron en la mas alta torre 
bra etc.», « Navarrete, Colección de primeramente el estandarte de Jesu- 
los visees y descubrimientos que hi- Cbristo, que fué la santa cruz de pla- 
cieron por mar los españoles desde ta, que el Rey traía siempre consi- 
fines del siglo xv» (Madrid, 1825,4.^, go en la santa conquista. (« Hist. de 
1. 1, p. i): obra verdaderamente ad- los .Reyes Católicos,» cap. 102, MS.) 



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PmilBRA ÉPOCA. — CAPÍTUtO 1. 217 

grar la inaudita riqueza que él confiaba encontrar en 
sus descubrimientos occidentales, á libertar la Santa 
Ciudad y el Sepulcro de Jesucristo ; ejecutando por si 
solo , y únicamente con sus propias fuerzas y recursos, 
lo que no hablan podido conseguir la cristiandad entera 
y las cruzadas**. 

Estas ideas y otras del mismo género , que fueron poco 
á poco apoderándosede su ánimo, se hallan diseminadas 
en sus últimos diarios, dartas y meditaciones^ dando á 
su estilo grave, reposado y naturalmente digno , una en- 
tonación elevacte y semipro£ética. Es cierto que su es- 
píritu emprendedor, al rayar en su mente la misión su* 
blime á que estaba destinado, cobró, si cabe, mayor 
elevación , y con una visión mas perspicaz, y en una 
atmósfera mas trasparente y clara, vio desde luego lo 
que con tanta gloría suya logró ejecutar ; pero tam- 
bién lo es que, si se sigue y estudia la marcha de sus 
pensamientos , se le verá á menudo usar frases, y basta 
palabras que no dejan la menor duda de que allá en lo 
íntimo de su corazón, el principal cimiento de sus 
magníficas esperanzas y objeto lo constituían algunas de 
las ilusiones más bellas y agradables que puede abri- 
gar el entendimiento humano, creyéndose en cierto 
modo inspirado y escogido por el cielo para cumplir 
las altas y solemnes profecías del Antiguo Testamento*'. 

^ Esto se ve bien claramente en sa se adquirir , en este senríeio santo y 

carta al Pontifico , escrita en febrero sagrado. (Navarrete, Coleceion, t. u, 

de 1502, en la que le dice cuenta con p. 282.) 

presentar en el término de doce años '^ Una de las profecías que decía 

diez mil jinetes y cien mil infantes estaba destinado á cumplir , es la 

para laconquista de Jerusalen, y que que se encuentra consignada en el 

su intención y empresa de descubrir salmo 18. (Navarrete, Colección, 1. 1, 

un nuevo mundo, solo babia tenido p. 48-48, noU; t. ii, pp. 262-266.) 

por objeto el emplear cuanto pudie- El salmo dice lo siguiente : «Tú me 



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218 HISTORIA DB LA LITERATURA ESP AIRÓLA. 

En 1501 escribió á sus soberanos, qne lo que le hábia 
movido á emprender sus naregaciones á la India, no 
era el estudio ni el conocimiento humano, sino un 
impulso divino "^^ y la fuerza de las profecías de la Sa- 
grada Escritura. Declaró que el mundo no duraria más 
que ciento y cincuenta anos, y que muchos antes de 
terminar este período, contaba con la segundad de re- 
cobrar ia Ciudad Santa ^. Manifestó su creencia de que 
el paraíso terrestre , acerca del cual cita las fantásticas 
elucubraciones de S. Ambrosio y S. Agustín, debia 
encontrarse en las regiones meridionales de aquellas 
tierras recien descubiertas, que describe en estilo ame- 
no y agradable, y añade que el Orinoco era uno de los 
ríos misteriosos que nacen de aquel recinto privile- 
giado, é insinúa que tal vez sea él el único mortal que 
por voluntad divina podría llegar á él y gozarle ^. En 



»ba8 becbo cabeza de los paganos, y 
»aD pueblo á quien do conozco me 
•servirá ; asi que oisan mi nombre, 
»me prestarán obeaíencia , y basta 
»l08 extranjeros se someterán á mi.» 
** c Ya dije que para la esecucion 
»de la impresa de las Indias no me 
laprovechó razón , ni matemática, ni 
»mapamundos ; llenamente se cum- 
»pl¡o lo que dijo lsaias;y esto es lo 
»que deseo de escrebir aqni , por le 
•reducir á V. A. á memoria , y por- 
•que se alegren del otro que yo le 
idije de Jerusalen por las mesmas 
•autoridades , de la cual impresa, si 
•bay fe , tengo por muy cierto la vi- 
ctoria. » Carta ae Colon á Fernando 
é Isabel. (Navarrete, Colección, t. ii, 
p. 265. ) Y en otro pasaje de la mis- 
ma carta, dice : «Yo dije que diría la 
•razón que tengo de la institución 
•de la Casa Santa á la Santa Iglesia; 
•digo que vo dejo todo mi navegar 
•desde edad nueva y las pláticas que 
•yo haya tenido con tanta gente en 
•tantas tierras y de tantas setas ; y 



•dejo las artes y escrituras de que yo 
•dije arriba; solamente me tengo á 
•la Santa y Sacra Escritura, y á al- 
agunas autoridades proféticas deal- 
•gunas personas santas, que por re- 
•velación divina, han dicbo algo des- 
»to. • (Ibid., p. 363.) 

** «Según esta cuenta, no falta sal- 
>vo ciento é cincuenta aftos para 
•complimiento de siete mil, en los 
•cuales digo arriba por las autorida- 
•des dicbas que babrá de fenecer el 
•mundo. • (Ibid., p. 964.) 

'O Véase el bermosisimo passje 
sobre el Orinoco, mezclado con in- 
terpretaciones proféticas en su no- 
ticia del tercer viaje al Rey y á la Rei- 
na (Navarrete, Colección, 1. 1, pp. 2S6y 
siguientes); mezcla singular de recto 
juicio y de extravagancias fantásti- 
cas. « (Üreo, dice« que allá es el pa- 
•raíso terrenal, donde no puede ne- 
sgar nadie , salvo por voluntad divl- 
•na.» El buen Clavijo creyó también 
baber encontrado otro de los rios 
del paráiso» en la parte opuesta del 



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PRIMEIA ÉPOCA. — CAPITULO X. 219 

Otra carta may notable* de diez y seis páginas, dirigida 
á los Reyes desde la Jamaica en 1503, y escrita con 
un yigor de estilo cual no se ve en documento alguno 
de aquella época, refiere con gran ternura y sentimiento 
una visión milagrosa que creyó recibida para su con- 
suelo « cuando hallándose pocos meses antes en Vera- 
gua, algunos de sus marineros que hablan ido á buscar 
agua y sal, fueron muertos por los naturales, quedando 
él en la boca del rio y en el mayor peligro. 

«Mi hermano y la otra gente toda estaban en un na- 
» vio que quedó adentro ; yo muy solo de fuera, en tan 
» brava costa, con fuerte fiebre: en tanta fatiga, la es- 
uperanza de escapar era muerta. Subí, así trabajando, lo 
»mas alto, llamando á voz temerosa, llorando y muy 
» aprisa , los maestros de la guerra de Vuestras Altezas, 
)» á todos cuatro los vientos , por socorro ; mas nunca 
» me respondieron . Cansado , me dormecí gimiendo ; una 
» voz muy piadosa oí, diciendo : Oh estulto y tardo á creer 
»y á servir á Dios, Dios de todos I ¿Qué hizo él más por 
» Moisés ó por David su siervo? desque naciste , siem- 
»pre él tuvo de tí muy grande cai^o. Cuando te vido 
»en edad de que él fué contento, maravillosamente hizo 
•sonar tu nombre en la tierra. Las Indias , que son 
»parte del mundo, tan ricas , te las dio por tuyas : tú 
»las repartiste adonde te plugo; y te dio poder para 
»ello. De los atamientos de la mar Océana, que estaban 
«cerrados con cadenas tan fuertes, te dio las llaves : 
•fuiste obedecido en tantas tierras, y de los cristia- 
» nos cobraste tan honrada fama. ¿Qué hizo el mas alto 

Slobo , viajando un siglo antes por las cereanias de Samarcanda. ( Vida 
el Gran Tamorlan , p. 437.) 



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220 HISTORU DE LA LITERATORA BSPAÍlOLA. 

» pueblo de Israel cuando le sacó de Egipto? ¿Ni por 
^ David, que de pastor hizo rey ea Judea? Tórnale á él, 
» y conoce ya tu yerro ; su misericordia es infinita : tu 
» vejez no impedirá á toda cosa grande : muchas here* 
» dades tiene él grandísimas. Abrabam pasaba de cien 
»años cuando engendró á Isaac , ni Sara era moza. Tú 
» llamas por socorro incierto, responde ¿quién te ha afli- 
«gido tanto y tantas veces? ¿Dios ó el mundo? Losprí- 
vvilegios y promesas que da Dios, no las quebranta , ni 
»dice después de haber recibido el servicio que su inten- 
«cionno era esta, y que se entiende de otra manera ni 
vda martirio por dar color á la fuerza : él va al pie déla 
» letra : todo lo que él promete cumple con acrecentar 
«miento ¿esto es uso? Dicho te tengo lo que tu Criador 
» ha fecho por tí y hace con todos. Ahora medio mués- 
» tra el galardón de estos afones y peligros que has pa- 
jísado sirviendo á otros.— Yo así amortecido, oí todo; 
* mas no tuve yo respuesta á palabras tan ciertas , salvo 
» llorar por mis hierros. Acabó él de fablar , quien quiera 
» que fuese , diciendo : No temas , confía : todas estas 
«tribulaciones están escritas en piedra mármol, y no 
»sin causa. — Levánteme cuando pude, y á cabo de 
«nueve dias hizo bonanza '^» 

Tres años después, en 4506, murió Colon en Valla- 
dolid, lleno de sinsabores y de desengaños, ya viejo, 
comprendiendo poco lo que habia hecho por el género 
humano , y menos todavía la gloria y homenajes que 
las generaciones futuras rendirían á su nombre 'V 

'* Véase la carta á los Reyes so- ordinario. (Navarrete, Colección, 1. 1, 

bre su cuarto y último viaje , fecha p. 303 .) 

en la Jamaica , el 7 de julio de 1503, '^ A los qne deseen conocer á Colon 

en que se halla este pasaje extra- como escritor, ademas de estvdiar- 



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PMMBRA ÉPOCA. — CAPITULO X. 221 

Pero el manto de su espíritu heroico y religioso no 
cobijó á ninguno de sus sucesores : los descubrimientos 
hechos en el nuevo continente , que muy pronto se re- 
conoció no ser el Asia , como en un principio se habia 
creido , fueron continuados con resolución y brillantes re- 
sultados por Vasco Nuñez de Balboa, Américo Vespuc- 
do, Hojeda, Pedrarias Dávila, el portugués Magallanes, 
Loaysa , Saavedra y otros mudios ; de modo que á los 
veinte y siete años del descubrimiento, el antiguo mundo 
conocia ya la forma y configuración general del nuevo; 
pero, aunque algunos de estos aventureros, como Hoje- 
da, por ejemplo, fueron hombres honrados, y que, des- 
pués de haber padecido mucho , murieron en la miseria 
y en la aflicción, ninguno tuvo el espíritu altivo y su- 
perior de Colon, ninguno habló ni escribió con el tono 



le como Krande hombre en la vida 
clásica escrita por Irving. recomen- 
daremos como lectura indispensable 
los sigaientes documentos : 1.® La 
noticia de su primer viaje, dirigida á 
lo6 Reyes, y la carta de Rafael Sán- 
chez sobre el mismo asunto. (Navar- 
rete,Colecdon, 1 1, pp. i-i97.) El pri- 
mer documento esta solo en extracto, 
pero contiene muchos trozos del ori- 
ginal, que hizo Las Casas, y del que se 
na publicado una buena traducción 
inglesa, en Boston, 1827, 8." Lo más 
notable de todas estas relaciones es 
el espíritu de fervor y devoción que 
en ellas domina. 2." La relación de su 
tercer viaje, escritapor el mismo Co- 
lon, en una carta á los Reyes y otra á 
la ama de cria del príncipe D. Juan : 
la primera tiene algunos trozos inte- 
resantes, que demuestran cuan apa- 
sionado era Colon á las bellezas de la 
naturaleza. (Navárrete,Goleccion,t. i, 
pp. 242-276. ) 3.» La carta á los Re- 
yes de su cuarto y último viaje, donde 
está la narración, que hemos citado 
en el texto, de su visión en Veragua. 



(Navarrete, Colecccion, 1. 1, pp. 297- 
312.) 4." Quince cartas sobre diversos 
asuntos. (Ibid, t. i, pp. 330-352). Sus 
discursos sobre las profecias ( t. ii, 
pp. 260-273), y su carta al Papa (t. n, 
pp. 280-228). Pero el que quiera ha- 
blar de Colon como se debe, y cono- 
cer lo más noble y elevado de su ca- 
rácter, cometerá un descuido imper- 
donable si no lee las reflexiones que 
sobre él hace Alejandro de Uumboldt 
en su «Examen criticiue de mistoire 
déla Géograpbie duNouveau Conti- 
nent», (Paris 1836-1838, 8.", vol. ii, 
pp. XiO, etc.; y vol. iii, pp. 227-262), 
libro no menos notable por la gran- 
deza de los pensamientos , que por 
los esmerados pormenores de erudi- 
ción sobre vanos puntos históricos 
muy oscuros. Nadie ha comprendido 
el carácter de Colon como el, su ^- 
nerosidad, su entusiasmo, sus visio- 
nes llenas de sagacidad y penetra- 
ción, que parece adivinaban muy de 
antemano los grandes descubrimien- 
tos científicos del siglo xvi. 



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222 HISTORIA DB LA UTERATtJRA ESPAÜOLA. 

de autoridad y dignidad propio de un hombre tan singu- 
lar y tan sublime como Colon, cuyas convicciones y he- 
chos se fundaban en algunos de los sentimientos más pro- 
fundos y misteriosos de nuestra naturaleza religiosa **. 
Crónicas fabulosas. — Réstanos solo hablar de otra 
clase de crónicas antiguas : clase representada, en el pe- 
ríodo de que tratamos, por una sola muestra, aunque 
muy curiosa, y que por su fecha y carácter terminará 
estas investigaciones, y señalará el punto de transición 
para las que siguen. La crónica á que aludimos se in- 
titula Crónica del rey Don Rodrigo con la destruicion de 
España; y es una narración, en sú mayor parte fabulosa, 
del reinado de este monarca, de la conquista de Es- 
paña por los árabes , y de las primerbs tentativas de 
la restauración, hechas á principios del siglo viii. Cítase 
una edición de ella de 1511 , y pueden contarse cuando 
menos seis hasta la última hecha en 1 587 , lo cual ma- 
nifiesta la popularidad de que gozó, atendido el numero 
de lectores en España en el siglo xvi'\ Su autor es des- 
conocido, aunque, según la costumbre de la época, se 
supone escrita por Eleastres, uno de los personajes que 
en ella figuran ; pero cabalmente muere en una batalla 
antes de concluir la obra, y el resto, que en efecto 
puede ser una añadidura de mano ajena, se atribuye 

*> Todo lo relativo á estos viajes, ** Poseemos la edición de Alcalá 
verdaderamente digno de atención de Henares, 1587, que tiene el titulo 
bajo el aspecto del lenguaje y estilo, se significativoy característico de tCró- 
encuentra en los tomos iii, iv y v de nica del rey Don Rodrigo, con ladéa- 
la Colección de Navarrete, publicada traición de España , y cómo los mo- 
por el gobierno (Madrid 18^-37): ros la ganaron; nuevamente corro- 
desgraciadamente no se continuó gida: contiene, demás de la historia, 
este trabajo importante^ que hubiera muchas vivas razones y avisos muy 
dado noticias de sumo ínteres sobre provechosos». Folio, á dos columnas, 
el descubrimiento y conquista de Mé- de impresión muy nutrida, y ocupa 
jico , el Perú, etc., etc. 225 hojas , ó sean 450 páginas. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO X. 223 

del mismo modo á Carestes, caballero de la corte de 
D, Alonso el Católico »*. 

La mayor parte de los nombres propios mencionados 
en la Crónica, son tan imaginarios como los de sus su- 
puestos autores, y las circunstancias que en ella se re- 
fieren, tan de pura invención como los diálogos de los 
personajes que, sobre estar llenos de pormenores festi- 
diosísimos , son desnudos de interés é impropios de la 
época que se ha querido pintar. En una palabra, no es 
en realidad más que un libro de caballerías, fundado 
en los materiales que componen la historia de D. Ro- 
drigo y de Pelayo , según la cuentan la Crónica general 
y los romances : de modo que , si bien figuran en ella 
el conde D. Julián, la Cava, D. Opas, el traidor arzo- 
bispo de Sevilla, y otros personajes que nos son familia- 
res y conocidos, nos hallamos á lo mejor en medio de 
torneos imposibles ^ y aventuras increíbles de caballe- 
rías. Los reyes viajan como caballeros andantes", y 
las damas desventuradas corren la tierra en busca de 
un protector**, como en el Palmerin de Inglaterra ; al 
mismo tiempo que tropezamos á menudo con persona- 



^ Desde la parte ii, cap. 257, hasta Deos»V{ena,i857, 8.^), pone el primer 

el fin, que contiene la penitenciara- torneo en el año de 936: Clemencin 

hulosa y repugnante de D. Rodrigo, opina que no se conocieron en Es- 

y su muerte. paña hasta después de 1131. (Véase 

^ Véase el gran torneo celebrado su nota al Quijote, t. iv, p. 315.) 

en la coronación deD. Rodrigo, par- '^ El rev de Polonia es uno de los 

tei,cap.27;elotrodeveintemilcaba- que van a la corte de D. Rodrigo 

Ueros en el cap. 40, y el del cap. 49, « como un hermoso y galán caballero 

que son idénticos á los que reneren andante» (parle i, cap. 39). Bueno se- 

los libros de caballerías, y absurdos ria saber quién era el rey de Polo- 

en una obra de esta naturaleza, por- nía hacia los años de 700. 

que los sucesos de la crónica son de ^ Asi la duquesa de Lorena se pre- 

principios del siglo tiu, y los torneos senta á D. Rodrigo ( parte i, cap. 37), 

no fueron conocidos hasta el x. — muy por el estilo que usa la prince- 

A. P. Budik (cPrinciplos, desarrollo, sa Micomicona para ver y hablar á 

decadencia , y total mina de los tor- D. Quiote. 



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224 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAHOLA. 

jes absolutamente desconocidos, y cuyos nombres solo 
se oyen en esta Crónica apócrifa. 

De este lijero examen podónos deducir que el princi- 
pio de esta obra es el mismo que creó más tarde la no- 
vela histórica moderna : la parte que entonces se con- 
sideraba como histórica se tomaba de las crónicas an* 
tiguas , mezclando luego á ella las formas más ingeniosas 
de la ñccion, en su punto más adelantado, á la manera 
que lo hizo después el inglés Defoe en una serie de 
novelas que empica con las Memorias de un realista. 
La única diferencia consiste en la pintura general de 
costumbres y en la ejecución literaria , que hoy están 
muy mejoradas , y a§{ es que, aunque Southey tomó 
gran parte de su bellísimo poema , intitulado Rodrigo^ 
úUimo rey de los godos ^ de esta antigua Crónica , es obra 
que apenas puede leerse, por estar escrita en estilo di* 
fuso y pesado, y tener una introducción y un desenlace 
de sabor tan monacal , que nos hace ver en su autor 
la intención de predicar la necesidad de la penitencia, 
ó al menos la de trabajar á un objeto especial de devo- 
ción**. 

>* Para ver kts mudanzas sucesi- de Soutbev (canto xxxiii), donde el 
vas que toma una misma idea en di- hecho vuelve á aparecer engalanado 
versas manos, basta comparar en la con las formas de la poesiay de la no- 
«Crónica general» (i604,parte in,f.6) vela. La escena es ciertamente admi- 
la narración orígipal de la famosa ba- rabie, asi para el cronista como para 
talla de Covadonga , en que se ve á el poeta; pero en esta competencia 
D. Opas, pintado muy al vivo, dirigir- se llevan lo mejor D. Alonso el Sabio 
se en su muía hacia la cueva donde y el poeta inglés, y la comparación 
estaban Pelayoy los suyos, con la re- de los cuatro escritores deja á la po- 
lacion fría y pesada del mismo suceso bre « Crónica del rey Don Rodrigo » 
que se encuentra en la « Crónica de en el puesto que se merece. 
Don Rodrigo» ( parte ii, cap. 196). En Hay otro libro bastante parecido á 
seguida véase a Mariana fHist., lib.vn, esta Crónica, pero todavía más des- 
cap. 2), donde ya está mas trabajada y preciable, que se publicó en dos par- 
pulida, formando una especie de bis- tes, en 159¿ y 1600, reproduciéudo- 
toría dramática; y por último, en el se nuevamente siete ú ocho años 
«Rodrigo, último rey de los godos», después, lo cual hace ver que fué 



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PRIMERA ItPOGA. — CAPITULO X. 225 

Esta Crónica es la áltima , y bajo mochos puntos de 
vista la peor de las del siglo xv , y señala la triste tran- 
sición á los libros de caballerías, que entonces mismo 
comenzaban á inundará España. Pero al terminar esta 
parte de nuestro trabajo , no debemos olvidar que la 
serie de Crónicas, que se extiende por espacio de ciento 
y cincuenta años, desde el rey D. Alonso el Sabio hasta 
Carlos V, y que abraza el antiguo y nuevo mundo, es 
incoqaparable por su riqueza , variedad y elementos 
poéticos y pintorescos. En estas cualidades ningunas 
crónicas rivalizan con ellas, ni aun las portuguesas, que 
más se les parecen en originalidad y antigüedad de sus 
materiales ; ni las francesas , á pesar de que Joinville 
y Froissart ocupan, bajo otro aspecto, muy alto puesto; 
porque las crónicas españolas, ya estén fundadas en la 
historia, ya en In fábula, respiran más que las de otras 
naciones los verdaderos sentimienlos y carácter del 
pueblo. La antigua lealtad, la fe religiosa, según se fue- 
ron formando y alimentando en los largos períodos de 



recibido con mas favor de! que de- 
biera. Escribióle en 1589 Miguel de 
Luna , como se ve por una nota en 
la parte i, y se intitula «Verdadera 
historia del rey Rodrigo , con la pér- 
dida de España, y vida del rey Jacob 
Almanzor, traducida de lengua arábi- 
ga, etc.» Tenemos á la vista la impre- 
sión de Valencia, 1606, 4.<*— Southev, 
en sus notas al «Rodrigo» (canto iv), 
parece considerar esta obra como 
una historia auténtica de la invasión 

Í conquista musulmana, oue lle^p 
asta el año de Cristo de 761 , escri- 
ta en arábigo á los dos años de esta 
fecha; pero es un error : el libro es 
una superchería atrevida y escanda- 
losa, de menos mérito que la Cróni- 
ca antigua sobre la materia, y sin 
ninguna de las aventuras fantásti- 
cas que tanto interés dan á aquella 

T. I. 



obra semimonacal y semicaballeres- 
ca. Cómo Miguel de Luna, que, aun- 
que cristiano, era de una familia mo- 
risca de Granada é intérprete oficial 
de Felipe II, mostró tanta ignorancia 
de su lengua nativa y de la historia 
de España, y cómo en medio de esto 
logró nacer pasar por auténticos sus 
miserables delirios , es cosa que no 
se comprende. Pero el hecho es cier- 
to, y lo aseguran de un modo positi- 
vo , Conde , « Historia de la domina- 
ción de ios árabes, » prólogo, p. x, 
V Gayan gos, en sus «Dinastías ma- 
hometanas en España», vol. i,p. viii: 
el último escritor cita esta singu- 
laridad como una prueba evidente 
de la postración á que habia venido 
el estudio de la lengua y la literatura 
árabe en España en el siglo xvi. 



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226 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPA!90LA. 

prueba y de sufrimientos para la nación, se vén constan- 
temente brillar en ellas : lo mismo puede decirse de los 
viajes de Colon y sus compañeros, de las horrorosas 
escenas de la conquista del Nuevo Munda, de las rela- 
ciones casi portentosas de las batallas de Hacinas y las 
Navas, y del drama grandioso y magnífico de la caida 
de Granada. En efecto , donde quiera que nos guien 
estos cronistas, ora nos lleven á la corte del Tamprlan, 
ora á la de S. Fernando, contemplamos siempre en 
derredor nuestro los elementos heroicos del carácter 
nacional ; y en medio de este rico y copioso tesoro de 
crónicas, vasto depósito de antigüedades, tradiciones 
y fábulas, que ningún otro pueblo posee, descubrimos 
constantemente, no solo el manantial de un sin número 
de romances antiguos , comedias y coplas populares, 
sino también una mina que han explotado incesante- 
mente las demás naciones europeas , y que , sin em- 
bargo, continúa siempre inagotable**. 



*^ Merecen citarse aquí dos tra- 
ducciones españolas de crónicas an- 
tiguas : la una por el nombre de su 
autor y el estilo en que está escrita, 
y la otra por el asunto de que trata. 
Es la primera la cCrónica universal», 
de Felipe Foresto, monje de Bér- 
^mo , tan modesto, que se negó 
siempre á admitir dignidades ecle- 
siásticas^ á fin de dedicarse exclusi- 
vamente á las letras, y que falleció 
en 1520, á la edad de ochenta y seis 
afios. En 1488 publicó su gran cróni- 
ca latina intitulada «Suplementum 
Chronicarum», obra cuyo objeto es 
más bien recopilar la suma de cono- 
cimientos históricos que entonces 
babia, que suplir las que existían 
de su especie: fué tan apreciada en 
su tiempo, que se hicieron diez edi- 
ciones sucesivas, y tiene alguri valor 
en el dia por varios hechos poco co- 



nocidos, y que se apoyan en stt auto- 
ridad personal. Trasladólo al caste- 
llano, a petición de D. Luis Carroz y 
D. Pedro Boy!, Narciso Vinotes, poeta 
valenciano muy conocido en los an- 
tiguos Cancioneros por sus compo- 
siciones en su lengua nativa y en la 
castellana. Tal vez sea también suya 
otra traducción italiana que se pu- 
blicó en 1491, pues dice que la habia 
ya traducido antes; pero la española 
se imprimió en Valencia en 1510, con 
licencia de D. Fernando el Católico, 
expedida á nombre de su hija D.* Jua- 
na. Es un tomo muy grueso, en folio, 
de cerca de noveaentas páginas, in- 
titulado «Suma de todas las crónicas 
del mundo»; y aunque Viñoles dice 
que en él es un atrevimiento escri- 
bir en castellano, el estilo es en 
general bueno, y tal, que ameniza 
aquellos anales áridos y pesados. (Ji- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO X. 227 

menOy «Bibl. Val.»«t. i, p. 67.~Fus- bien de Valois ó de la Paz, euando 
ter,t.i., p. 54.— «Diana Enamorada», fino á España á casarse con Feli- 
de Gil Polo, edic. 1802, p. 540.— «Bio- pe II. Mirada como obra de un ex- 
grafía Univ.», artic. «Foresto».) tranjero, la traducción es digna de 
La otra crónica á que aludimos es aprecio ; y aunque impresa en 1567, 
la de S. Luis, escrita por su fiel ser- su colorido y entonación la hacen 
yidor Joinville ; monumento el más acreedora á ocupar un puesto entre 
pintoresco de la lengua y literatura las crónicas antiguas : reimprimió- 
francesa del siglo xni. Tradújola al se después en Bfadrid, 1794, con el 
castellano Jacques Ledel, uno de los mismo titulo de «Crónica de San 
que acompañaron á la princesa fran- Luis , etc. », traducida por Jacques 
cesa Isabel de Borbon, llamada tam- Ledel , folio. 



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CAPITULO XI. 

Tercera clase.— Libros de caballerías.— Arturo.— Carlo-Magno.—Amadls 
de Gaula.— Sq fecha, autor, traducción al castellano, mérito y carác- 
ter .—Esplandian.—Florisando.—Lísuarte de Grecia.- Amadis de Gre- 
cia. — Don Florisel de Niquea. — Anaxartes. — Don Sil ves de la Selva. — 
Continuación firancesa.— Influencia de estas ficciones.— Palmerin de Oli- 
va.— El Primaleon.— El caballero Platir.— Palmerin de Inglaterra. 

Los romances fueron en su origen patrimonio de la 
nación entera, pero particularmente de las clases menos 
instruidas; las Crónicas, al contrario, fueron la lectura 
favorita de la nobleza y de los magnates, que buscaban 
en aquellos recuerdos pintorescos , no solo la historia 
de sus primogenitores , sino también el estímulo propio 
de sus virtudes y el de sus hijos; mas á proporción que 
el pais fué entrando en una era de paz y seguridad, y 
se declaró una tendencia pronunciada á la civilización 
y al saber , empezáronse á sentir nuevas necesidades. 
Pedíanse libros que proporcionasen un entretenimiento 
menos vulgar que los romances, y un interés no tan 
grave como el de las Crónicas : este gusto fué satisfecho, 
y probablemente con poca dificultad ; porque el espíritu 
de invención poética, desarrollado ya en el pais, no te- 
nia más que dirigirse por el camino de las antiguas tra- 
diciones y de las épocas primitivas para producir ficcio- 
nes análogas á ambos géneros, y más entretenidas aun 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XI. 229 

que oingano de ellos. En efecto, es muy fácil ver que 
solo media un paso eutre mucha parte de las antiguas 
Crónicas, especialmente; la de D. Rodrigo ya citada, 
y los verdaderos libros de caballerías \ 

Estas ficciones, con formas más ó menos regulares, 
hablan existido ya en Normandía , y quizá también en 
el centro de Francia , dos siglos antes que fuesen co- 
nocidas en la Península : la Historia de Artus y los ca- 
balleros de la Tabla Redonda fué llevada de Bretaña á 
aquel páis por Godofrexio de Monmouth , á principios 
del siglo 3Lii'; vino luego del Mediodía la Historia de 
Carlo-Magno y de los Doce Pares, tal como se halla en 
la crónica fabulosa del arzobispo Turpino '. Ambas se 
publicaron, ó más bien se escribieron, en latín; pero se 
tradujeron muy en breve al francés, que entonces se 
hablaba en las cortes de Normandía é Inglaterra, y 
adquirieron al momento inmensa popularidad. Roberto 
Wace , natural de la isla de Jersey , escribió en 4 4 68 una 
historia metrificada, fundada en la obra de Monmouth, 
que, ademas de la historia de Arturo, contiene una serie 
de tradiciones 'sobre los reyes bretones, á quienes hace 
descender del fabuloso Bruto, nieto de Enéas^. Un si- 

' Cítase ya , j con toda seguridad, inglesa » , disertación primera . con 
nna edición de la « Crónica áeuon Ro- notas de Price, Londres, IC^ , 4 toI . 
drigo » , hecha en 1511 ; ninguna hay en 8.^— «Monumentos de los poemas 
de « Amadis de Caula » hasta 1510, y métricos ingleses de la época mas re- 
aun esta es incierta. Pero el «Tirant mota >, por Ellis, Londres, 1811, 8.®, 
lo Blanch » se imprimió en dialecto 1. 1. — « Vindicación de los antiguos 
▼alenciano en 1490, y poco después poemas ingleses », por Turner, Lón- 
apareció el « Amadis i en castellano ; ares, 1803 , 8.^ 
por lo mismo no es inverosímil que ^ Turpin J., «De vita Caroli Magni 
la « Crónica de Don Rodrigo », ya por et Rolandi >, edit. S. Ciaropi , Florenc- 
ia época en que se publicó, ya por tiae, 1822, 8.** 
su espíritu y contenido , marque la * Prólogo al < Román di Rou >, por 
▼ariacion del género que caracteriza Roberto Wace, edic. de F. Pluguet , 
notablemente. París , 1827, 8.*^, 1. 1. 

' Warton, < Historia de la Poesía 



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230 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAÍflOLA. 

glo despnes, ó sea hacia 1270 ó 1280, y después de 
algunas tentativas menos felices, Adenez hizo el mismo 
servicio á la historia de Carlo-Magno, con su novela 
métrica de Ogier le Danois^ cuyas principales escenas 
ocurren en España ó en paises imaginarios y encan- 
tados '. Estas y otras invenciones poéticas del mismo 
género, sacadas de una fuente común por los trova- 
dores del norte 9 fueron en los tiempos siguientes la 
base de los famosos libros de caballerías en prosa , que 
durante tres siglos constituyeron la principal literatura 
popular de Francia, y que, continuando hasta nuestros 
tiempos, han sido la gran mina de fábulas explotada 
por el Ariosto, Spencer, Wieland y otros poetas que 
podemos llamar caballerescos, por haber tomado sus 
ficciones de las historias de Artus y la Tabla Redonda, 
y de la de Garlo-Magno y sus Doce Pares *. 

Sin embargo, en el período á que aludimos, y que 
concluye á mediados del siglo xiv, casi es indudable 
que no existian tales ficciones en España, donde los hé- 
roes nacionales bastaban ya para llenar la imaginación 
y satisfacer el patriotismo de la nación entera. Artus 
era absolutamente desconocido , y el mismo Garlo-Magno 
solo aparece en los romances y libros españoles con el 
carácter imaginario de un invasor del suelo español, 
que sufrió una derrota completa en las gargantas de 
los Pirineos. Al siguiente siglo todo cambia de aspecto : 
vese claramente ya que las obras francesas de ficción y 

B ffCarU á Mr. de Monmerquéi, por y 26, cuaderno xxvi,<p. 20; xxix, p. 7i; 

Paulino París, que antecede á cLi xxxi, p. 99, y xxxiii, p. 16. Guando 

Román de Berle aux grands pies», hablemos de los libros españoles de 

Paris , 1836 , 8.^. la eran familia de los Amadises , ha- 

^ Véanse en esta materia los « En- bremos de recurrir á dichos c Ensa- 

sayos » de F. W. Valentine Scbmidt, yos. » 
« Anuario de literatura >, Viena , 1824 



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PRIMBBA ÉPOCA. — CAPÍTULO XI. 231 

caballerías habían penetrado en España, y se notan 
sus efeclos ; verdad es que en un principio ni se tra- 
dujeron ni se metrificaron, pero fueron imitadas, y con 
esto se inventó una nueva serie de fábulas, que se es- 
parcieron por el mundo, y llegaron á ser con el tiempo 
mucho más célebres que las primitivas. 

Esta familia extraordinaria de libros de caballerías, 
cuyos descendientes, como dice Cervantes \ eran innu- 
merables, tiene por cabeza y tipo á Amadis de Gaula. 
La primera noticia que de él tenemos nos la da un per- 
sonaje grave y de autoridad, como es el canciller y cro- 
nista Pero López de Ayala, el cual, como hemos dicho, 
falleció en 4407*; pero el Amadis es de fecha ante- 
rior, aun cuando no fuese conocido en España. Gómez 
Eannes de Zurara, archivero de Portugal en 1 454, que 
escribió tres crónicas muy notables sobre asuntos de 
su patria , no deja duda sustancial de que el autor del 
Amadis de Gavia fué Vasco de Lobeyra , hidalgo por- 
tugués , asistente en la corte de D. Juan I de Portugal, 
armado caballero por aquel monarca poco antes de la 
batalla de Aljubarrota , en 1 385, y que murió en 1 403 *. 
Las palabras de este analista exacto y veraz son ter- 
minantes : dice que no quiere que su obra fidedigna 

^ D. Quijote, en su conversación viviese t alguno de los del innume- 

con el Cura ( parte i, cap. 1), dice »rable lini^e de Amadis de Gaula». 
aue para derrotar un ejército de ^ Ayala , en su « Rimado de Pala- 

doscientos mil hombres bastaba que ció » ya citado , dice : 

Plegóme otros! oir mochas vegadas 
Libros de devaneos é mentiras probadas, 
Amadis é Lanzarotes , é borlas a sacadas , 
En qoe perdi mi tiempo á moy malas jomadas. 

* Barbosa (« Bibl. Lusit.», Lisboa , de Barros, historiador eminente que 

i7i^, folio , t. III , p. 775), V muchas nació en 4486, y cita á otro autor más 

autoridades aducidas por él mismo , antiguo , dan peso al testimonio en 

entre ellas la respetabilísima de Juan favor de Lobeyra. 



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232 



HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAI^IOLA. 



y yeraz de la Crónica del cande Pedro de Meneses se con- 
funda con historias como el libro de Amadis, compuesto 
á gusto de un hombre llamado Vasco de Lobeyra , en 
tiempo del rey D. Fernando, porque todo lo de dicho 
libro es pura invención de su autor '^ 

Es casi imposible el averiguar hoy dia si Lobeyra, al 
escribir su Amadis , tuvo presente otras noticias, datos y 
tradiciones más antiguas que le facilitasen su trabajo y 
le indicasen el camino que debia seguir; pero no cabe 
duda de que conoció algunos libros franceses antiguos* 
como la Demanda del Santo Grial, ó sea la Santa Copa, 
principal ficción de los caballeros de la Tabla Bedonda*\ 
El mismo afirma que, por consejo del infiante D. Alonso 
(que nació en 1370), habia alterado el carácter de su 
Amadis*^; pero la acusación formulada contra él, deque 



*^ Gómez de Zurara , al comenzar 
su « Crónica del conde Pedro de Me- 
neses», dice que su propósito es es- 
cribir solo « las cosas acaecidas en 
>su tiempo, ó tan cerca de él, que 
ypudiese saberlas bien y lealmente»: 
esta frase esfuerza lo que dice de 
Lobeyra en el pasaje que citamos 
eo el texto , y que se halla en el ca- 
pítulo 63 de su obra. El rey D. Fer- 
nando á quien se refiere Zurara, era 
el padre de D. Juan I, y murió en 
1383. Se ha publicado la Crónica de 
Zurara por la academia de Lisboa en 
su « Colección de libros inéditos de 
Historia portuguesa » , Lisboa , i7^, 
folio. Hav una curiosa disertación, 
manuscrita, sobre el verdadero au- 
tor del t Amadis de Gaula», trabajada 
por el P. Sarmiento , que escribió 
el apreciable libro de la <t Historia 
de la Poesía española», citado tantas 
veces. El erudito gallego da mil 
vueltas á la cuestión , negando pri- 
mero que autor alguno baya atrioui- 
do el «Amadis» á Lobevra; aseguran- 
do después que si Lobeyra le escri- 
bió, era gallego ; y proponiendo, por 
último, algunas conjeturas sobre sí el 



t Amadis » puediera ser obra de Vasco 
Pérez de Camoes, del canciller Ayala, 
de Montalvo, ó del obispo de Carta- 
gena : presunciones toaas absurdas, 
y que manifiestan el notable empeño 
que siempre tuvo aquel literato en 
atribuir el origen de toda la poesía 
española á su patria Galicia. Sar- 
miento no conoció sin duda el pasaje 
de la Crónica de Gómez de Zurara 
que hemos citado. 

^ ' El Sanio Grial, ó la Santa Copa en 
que el Salvador bebió el vino en la 
última cena , y que, según la «Histo- 
ria del rey Artus », llevó á Inglaterra 
José de Arimatias, se menciona en el 
«Amadis de Gaula» (lib. 4, cap. 48). 
También se habla en el lib. 1, cap. if 
del Rey Artus , llamándole « el muy 
virtuoso rey Artur », y en el lib. 4, 
cap. 49, se cita «el libro de Don Tris- 
tan y Lanzarote ». Sería muy fácil 
agrupar datos de esta clase, hasta 
poner fuera de duda el hecho de 
que el autor del « Amadis » conoció 
muchos libros franceses de este gé- 
nero. 

«s Véase el fin del cap. 40, lib. i, 
en que dice que « compadecido el 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XI. 233 

le ayudaron mucho para formar su obra ficciones co- 
nocidas en la Picardía 'francesa durante el siglo xvm, 
y cuya existencia en el siglo xii se ha querido establecer 
sin prueba alguna , es de tan flacos fundamentos , que 
no merece ser combatida con seriedad *'. Debemos por 
lo tanto inferir de los pocos, pero clarísimos hechos co- 
nocidos en la materia, que el Amadis es un libro por- 
tugués, escrito antes del año de 1400, y que su ver* 
dadero autor es el caballero Vasco de Lobeyra. 

Sin embargo , el original portugués se ha perdido : 
aseguran que á fines del siglo xvi existia aun manus- 
crito en el archivo de los duques de Aveiro, en Lisboa; 
reprodájose esta noticia con buenos fundamentos hacia 
los años de 1 750 ; pero después acá se ha perdido toda 
hue^a de él, y las diligencias más exquisitas sobre la 
existencia de este manuscrito , que ha dado motivo á 
tantas discusiones, hacen creer que pereció en el ter- 
rible terremoto de 17S5« en que se arruinó el palacio 
ducal de los Aveiros, destruyéndose enteramente y pe- 
reciendo las muchas preciosidades que coutenia *^- 

Sustituye, por consiguiente, al original portugués 

yinfonte D. Alonso de Portugal de la en alabanza de Vasco de Lobeyra, 

•hermosa dama (la Sra. Briolaiia), que Soatbey, en su prólogo ale Ama- 

»mand6 que este paso se pusiese de ais de Caula » (Londres , iS05, i2.®, 

«otra manera , y que asi se hizo por t. i , p. 7), atribuye equivocadamente 

•darle gusto >. al infante D. Antonio, de Portugal, lo 

*^ Guin^uené «(Hist. Littér. d'lta- cual, si fuera cierto, seria un dato 
lie», Pari&, i8iS, 8.", t. v, p. 62, muy importante en materia tan dis- 
nota 4), en contestación al prólogo putada.—D. Nicolás Antonio, que no 
que el conde de Tressan paso en su deja duda en cuanto al autor de di- 
•r Epitome ó Compendio ael Amadis cho soneto , se refiere á la nota de 
de Caula», trabajo bien lijero por Ferreyra para probar la existencia del 
cierto. París, 1787, 8.", 1. 1, p. xxii. manuscrito del «Amadis»; por con- 

^^ La existencia del manuscrito en siguiente, ambos escritores solos, 

el archivo de los Aveiros, la afirma constituyen una autoridad , y no dos 

Ferreyra, «Poesías Lusitanas » (Lis- como supone Soutbey ( «Bibl. Vet», 

boa, 1598, 4°), donde está el so- lib. 8, cap. 7, sect. 291}.— Barbosa es 

neto núm. 33, escrito por el autor aun más expUcito («Bibl. Lasit.»,t.iii, 



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234 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPA190U. 

la traduccíoD castellana, que hizo, entre los años de 
1492 y 4504t García Ordoñez de Montalvo, castellano 
de Medina del Campo , y coya primera impresión es 
probable sea del periodo citado *^ Pero si tal edición 
ha existido /no se conoce, ni tampoco la que se cita 
como hecha en Salamanca en 1510*®, y así la única 
que se disfruta y ocupa el puesto de primera, es la de 
1 51 9 : ea los cincuenta años siguientes se reimprimió 
hasta doce veces ; de manera que el Amadis logró ñjar 
su fortuna y la de sus descendientes sobre la sólida 
base del favor popular en España; tradujese al italiano 
en 1546, con no menos éxito, logrando seis ediciones 
en menos de treinta años"; y en Francia, donde la pri- 
mera traducción se hizo en 1540, se granjeó un aprecio 
tal, que no ha desaparecido del todo en nuestros di^*'. 
Multiplicábase al mismo tiempo en toda Europa por 
medio de imitaciones y traducciones que parece han 



p. 775); pero Giemencin, en sus notas 
al t Quijote» (t. i,pp. 105-106), Ilus- 
tra la materia en términos que nada 
Kuede añadirse á 1q que él dice so- 
re la suerte del original portugués. 

*^ Nontalvo alude en su prólogo á 
la conquista de Granada en 141^, y 
habla de los Reyes Católicos como 
vivos : se sabe pues que D.* Isabel, 
que Alé la primera que murió, falle- 
ció en 1501. 

*^ Sospechamos que la edición que 
con fecha de 1510 y en Salamanca 
cita Barbosa (articulo «Vasco de Lo- 
beyra ») , sea la misma que cita Bm- 
net como hecha en 1519 por Anto- 
nio de Salamanca. El error de copia 
ó impresión es muy fácil , y nadie 
sino Barbosa cita semejante edición: 
la fecha de la primera se ignora. 

*7 Ferrario, « Storia ed Analisi de- 

?;li antichi Romanzi di cavalleria , » 
Milano. 1829, 8.«, t. iv, p. 242), y el 
«Manual» de Brunet : puede también 



añadirse el «Amadigi >, de Bernardo 
Tasso, 1560, tomado casi entera- 
mente del libro español ; poema que 
ha perdido mucha de la popularioad 
de que gozó en su tiempo, y que 
Guinguené elogia mucho. 

^ Para la antigua traducción firan- 
cesa véase el «Manuel du libraire», 
de Brunet; el « Rifacimento», hecho 
después por el conde Tressan, é im- 
preso por primera vez en 1779, ha 
conservado la memoria del libro, y se 
ha hecho muy conocido en Francia, 
donde todavía tiene lectores. La pri- 
mera traducción alemana se bnpri- 
mió en 1583, y la inglesa en 4619; pero 
el « Compendio » de Soulhey (Lon- 
dres, 1803, 4 vol. 12.<>) es la forma 
en que mejor puede leerse; también 
se tradujo al holandés; y Castro, en 
su «Biblioteca», no recordamos pre- 
cisamente dónde , habla de una tra- 
ducción hebraica. 



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PRIMEEA ÉPOCA. — CAPÍTULO XI. 235 

dilatado y extendido la fama del héroe y de su estirpe, 
como decía D. Quijote» desde poco después de la in- 
troduccioD del Cristianismo hasta los tiempos en que él 
vivió *•. 

Montalvo no le tradujo literalmente» porque insinúa 
haber mejorado el estilo y fraseología del original» ha- 
ciendo muchas alteraciones» y particularmente en la 
última parte ; pero la forma y tono de toda la obra ma- 
nifiestan bien sú originalidad y carácter» más franco y 
libre que el de los libros franceses que le precedieron. 
La historia de Artus y del Santo Grial es esencialmente 
religiosa; la de Garlo-Magno esencialmente militar» y 
ambas están exornadas de una serie de aventuras atri- 
buidas por las Crónicas y tradiciones á sus respectivos 
héroes» que falsas ó verdaderas» señalan con claridad 
los límites de la invención á los que después las toma- 
ron por modelo; pero el Amadis en el fondo es una 
pura ficción : en él no se fija la época de los aconteci- 
mientos sino con el dato general y vago de que ocur- 
ren á muy poco de comenzar la era cristiana, y la geo- 
grafía es tan incierta y confusa» como el tiempo en que 
vivió el héroe ; si bien hasta cierto punto es preciso 
confesar que tales datos son enteramente inútiles para 
trazar el carácter de un completo caballero » y pintar 
la castidad y el valor, que forman la base de sus per- 
fecciones. 

Para llevar á efecto dicha idea » el autor hace á Ama- 



*v cCasi que en nuestroé dUu yi- accesos de locura, y continúa sa- 

•mos, y comunicamos, y oimos al in- cando consecuencias que dan más de 

•vencible y valeroso caballero D. Be- doscientos años de vida á Amadis . y 

»Iianis de Grecia », dice el buen ca- bacen innumerable su descendencia, 

ballero en uno de sus mas felices (Parte i, cap. i3.) 



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236 HISTORIA DB LA LITERATURA BSPAJ^OLA. 

dis, hijo de ud rey imaginario , del imaginario reino 
de Gaula : es ilegítimo , y su madre Elisena , princesa 
de Inglaterra, avergonzada de su falta, expone al niño 
á la orilla del mar, donde le halla un caballero escocés, 
del cual es llevado, primero á Inglaterra, y después á 
Escocia : en este pais se enamora de la señora Oríana, 
dama de sin par hermosura y perfección, hija de un 
Lisuarte, rey de Inglaterra , persona tan real y positiva 
como el mismo Amadis y su padre. Entre tanto Perion, 
rey de Gaula, que algunos han querido suponer sea 
parte del principado de Gales , se casa con la madre 
de Amadis, que tiene de él otro hijo llamado Gálaor. 
Las aventuras de los dos hermanos en Francia , Ingla- 
terra , Alemania , Turquía y otras regiones desconoci- 
das y hasta encantadas, favorecidos unas veces por sus 
damas, y otras, como en la ermita de la Isla fíime, 
desdeñados de ellas, son las que forman el libro, que 
después de contar sus viajes y andanzas « y un gran 
número de combates con otros caballeros, mágicos y 
gigantes, acaba con el casamiento de Amadis y Oríana, 
destruyéndose y acabando los encantamientos que por 
tanto tiempo se habían opuesto á sus amores. 

Está universalmente reconocido y confesado, que el 
Amadis es el primero y el mejor de todos los libros de ca- 
ballerías , y la razón es obvia : pinta con la mayor fi- 
delidad las costumbres y espíritu caballeresco, y está 
ademas escrito con una soltura y fluidez de invención, y 
con una variedad de tonos tal, que no se encuentran en 
ninguna otra obra de su clase. Hállanse también en él 
algunas veces (cosa bastante rara en libros de esta 
especie) pasos llenos de naturalidad, belleza y ternura. 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPITULO XI. 237 

y para convemierse de ello, basta la siguiente descrip- 
cioo de lois^prímeros amores de Amadis y Oriana: 

«Este Lifiíiactei' tfg^a consigo á Brisena su muger et 
«una hija ^'é en eUa^ouo quando en Denamarcha mo- 
•rara, que Oriana aiiia; nombre , de fasta diez años, la 
» mas hermosa criatura qye^ nunca se uió : tanto que 
»esta fué la que sin par selltopó; por que en su tiempo 
•ningtma ouo que ygual le fuese. E por que de la mar 
•enojada andaua , acordó de la.ilexar allí, rogando al 
» rey Languines, é á la Reyna ifuegiria guardassen. Ellos 
•fueron muy alegres dello, é la^Reyna dixo : Creed que 
•yo la guardaré como su madre Id baria. Y entrado Li- 

• suarte en sus naos, con mucha priesa en la gran^Si^- 
•taña arribado fué : é falló á alguiu^&qy^Jp^tory^iEQP^ 

• como hazer se suele en semejanM»i]MMifiS,{i{)#,^ta 
» causa no se membró de su hij«p^tilgHb ti^ppj^^s é fué 
»Rey con gran trabajo que ay tomo/é^Ml^^f oiejorRey 
•que ende ouo : ni que mejor mantug|ABfe la cauallería 
•en su derecho, fasta quel rey ^ipR'eynó que passó 

• á todos los reyes de bondad quemite del fueron; aun- 

• que muchos reynaron entre el uno y el otro. El autor 
» dexa reinando á Lisuarte con mucha paz é sossiego 
•en la gran Bretaña, é toma al donzel del mar, que en 
•esta sazón era de doce años; y en su grandeza é mien- 
•bros parecia bien de quince. El seruia ante la Reyna : 
•é assi della , como de todas las damas é donzellas, era 
•mucho amado ; mas desque allí fué Oriana , la hija 

• del rey Lisuarte, diole la Reyna al doncel del mar que 
•la semiesse, dizendo : Amiga, este es un dongel que 
•os seruirá : él la dixo, que le plagia. El doncel tuuo 
» esta palabra en su coragon de tal guisa , que después 



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238 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

» nunca déla memoria la apartó, que sin falta, assí 
» como esta historia lo dize , en días de su uida no fué 
» enojado de la seruir y en ella su coraron fué siempre 
» otorgado. Y este amor duró quanto ellos duraron : 
»que assí como la él amaua, assí amana ella á él, en 
» tal guisa que una hora nunca de amar se dexaron; 
» mas el donzel del mar que no conocía ni sabia nada 
» de como ella le amaua, teniase por muy osado en auer 
i>en ella puesto su pensamiento, según la grandeza y 
«fermosura suya , sin cuydar de ser osado á le dezir 
»una sola palabra, y ella que le amaua de coraron, 
«guardauase de hablar con él mas que con otro, por- 
» que ninguna cosa sospechassen ; mas los ojos auian 
«gran plazer de mostrar al coraron la cosa del mundo 
» que mas amaua. Assí biuia encubiertamente , sin que 
» de su hazienda ninguna cosa el uno al otro se dixes- 
»sen. Pues, passando el tiempo, como os digo, enten- 
»díó el donzel d^l mar en sí que ya podía tomar armas, 
«si ouiesse quien le |iziesse cauallero : y esto dessedua 
»él, considerando que él sería tal, é haría tales co- 
»sas por donde muriesse; ó hiñiendo, su señora le pre- 
«ciaría. E con este desseo fué al Rey que en una huerta 
«estaña, é hincando los ynojos, le dixo : Señor, sí á 
«vos pluguíesse, tiempo seria de ser yo cauallero. El 
«Rey dixo ¿Como donzel del mar? ya os esfforgays para 
«mantener cauallería? sabed que es ligero de auer, é 
«grane de mantener. E quien este nombre de caualle- 
»ro ganar quisiere , é mantenerlo en su honra , tantas 
« é tan graves son las cosas que ha de fazer , que mu- 
«chas uezes se le enoja el coraron : e si tal cauallero 
«es que por miedo ó couardía dexa de fazer lo que 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XI. 239 

» conuieae, mas le ualdria la muerte que en uergüenga 
» vivir; é por ende ternia por bien que por algún tiempo 
» os sufrays. El donzel del mar le dixo : ni por todo 
»esso no dexaré yo de ser cauallero , que si en mi pen- 
»samiento no touiesse de complir esso que aueys di- 
»cho, no se esfíbrcaria mi coragon para lo ser. E pues 
ȇ la vuestra merced soy criado, complid en esto con- 
»migo lo que deueys, sino buscaré otro que lo faga. » 
No son menos dignos de atención otros pasajes de 
diferente carácter, como, por ejemplo, cuando la maga 
Urganda viene en sus galeras de fuego , y la visita del 
venerable Nasciano á Oriana ; pero los más notables 
son aquellos que ilustran el espíritu caballeresco, é in- 
culcan los deberes de los principes y caballeros : en 
estos trozos hay una elevación que llega á veces hasta la 
elocuencia , y una ternura llena de verdad y de fuego ^. 
También la historia en sí es más sencilla y agradable 
que las de los libros franceses de caballerías : en vez 
de distraer la atención del lector con las aventuras de 
un sin número de caballeros, todos señalados é ilustres, 
el libro de Vasco de Lobeyra se concreta á solos dos 
personajes bien retratados : Amadis, modelo de virtu- 
des caballerescas, y su hermano D. Galaor, no menos 
caballero en el campo, ni menos fíel y leal en sus amo- 
res; está pues guardada la proporción épica, y soste- 
nido el interés con más habilidad y talento que en nin- 
guno de sus sucesores ó rivales. 



^ Véase la lamentación que hace es creíble que este trozo sea del ori- 

de los tiempos én que vivía ( lib. 4 , ginal de Vasco de Lobeyra, que quiso 

cap. S3). Como esta descripción, apli- sin duda hacer alusión á las turbu- 

cada á España en el reinado de los lencias ocurridas en Portugal. 
Reyes GatéHcos, seria muy inexacta. 



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240 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

El gran defecto de que adolece el Amadis, y es común 
á todos los libros de su clase, es su extensión, que llega 
á cansar , y la repetición continua de los mismos lances, 
aventuras y peligros, de los que estamos seguros saldrá 
siempre victorioso el héroe. Pero cuando por primera 
vez se publicó, y aun mucho después, nadie reparaba en 
esta pesadez y repeticiones-, las fícciones de caballería, 
único ramo de la amena literatura que los pueblos mo- 
dernos añadieron á las fábulas maravillosas del ingenio 
griego, eran aun recientes y nuevas, y las pocas perso- 
nas que leían por distracción y recreo, gozaban con 
la invención más pobre y escasa de mérito, con tal que 
encontrasen en ella las reglas y principios de la caba- 
llería, más conformes á sus gustos y opiniones, que las 
glorias severas y graves de la antigüedad. De todo esto 
deducimos que el Amadis, desde que el gran canciller 
de Castilla lamentaba el tiempo perdido en leerlo, hasta 
que desapareció enteramente de la escena, con sus de- 
mas satélites, ante la sátira cáustica é ingeniosa de Cer- 
vantes , fué un libro sumamente popular en España , y 
que durante dos siglos obtuvo el mayor favor, y fué 
más leido que ningún otro libro castellano. 

Tampoco es de pasar en silencio , (|ue el mismo Cer- 
vantes hizo justicia á su mérito. Al referir el escrutinio 
de la librería de D. Quijote, dice que el primer libro 
que le vino á las manos al Barbero, y pasó á las del Cu- 
ra, era el Amadis de Gaula; y al verle, pone en boca de 
los interlocutores el siguiente diálogo : «Y dijo el Cura: 
» Parece cosa de misterio esta ; porque , según he oido 
«decir, este libro fué el primero de caballerías que se 
» imprimió en España , y así me parece que como á dog- 



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PIUMBRA ÉPOCA. — CAPtTCLO Xl. 241 

• malizador de ana secta tan mala , le debemos sia ex- 
itcusa alguna condenar al fuego. No señor, dijo el Bar- 
»bero; que también he oido decir que es el mejor de 
•todos los libros que de este género se han compuesto, 
»yasí, como á único en su arte, se debe perdonar. Así 
»es la verdad, dijo el Cura, y por esa razón se le otoi^a 
»la vida por ahora.» Sentencia que ha confirmado la 
posteridad, y por la misma razón precisamente que 
movió á Cervantes á pronunciarla ^\ 

Pero antes que Mental vo publicase su traducción, y 
tal vez antes que la hiciese , habia ya escrito la con- 
tinuación de que habla en su prólogo al Amadis, como 
Libro Quinto del mismo. Es obra original, que tendrá 
como la tercera parte del Amadisy y contiene la his- 
toria de un hijo suyo y su esposa Oriana , llamado Es- 
plandian, cuyo nacimiento y educación refiere ya el 
libro de las aventuras de su padre , constituyendo un 
episodio muy agradable. Sin embargo, como dice el 



*> « Don Quijote », parle i , cap. 6. 
Pero Cervantes se eqnivoea en panto 
á bibliografía, cuando dice que el 
ff AmadlsB fué el primer libra Ae ca- 
ballerías impreso en España. Mucbas 
veces se ha dicho que esta honra 
pertenece al « Tirani lo Blanch > , 
1480 , aunque Soutbey ( «Omniana », 
Londres, 1812,11% t. ii, p. 219) 
dice que le halla enteramente falto 
de espíritu caballeresco. No es me- 
nos digno de notarse que, aunque 
< Tirant lo Blanch » se imprimió en 
valenciano en 1480, en castellano en 
1541, y en italiano en 1538, es, como el 
« Amadis >, obra original portuguesa, 
escrita para diversión de un príncipe 
portugués, y que el original también 
se ha perdido : coincidencias cierta- 
mente singulares. Véase la nota al 
cap. 17 de este periodo. En cuanto 
al mérito general del «Amadis», me- 
recen citarse dos opiniones : la pri- 

T. I. 



mera, relativa á su estilo, es del se- 
vero autor del « IMálogo de las len- 
guas», del tiempo de Carlos V, que« 
después de habUr de la totalidad del 
libro , dice «r que deben leerle todos 
•los que quieran aprender nuestra 
«lengua». ( May ans v Sisear, «Oríge- 
nes», Madrid, i737,*12.", t. n,p. ife). 
La otra, acerca de su invención é his- 
toria , es de Torcuato Tasso , que se 
expresa de este modo : « En opinión 
de muchos, y particularmente en la 
mia , es la mas nermosa y quixi pro- 
vechosa historia qne puede leerse 
en su clase ; porque en materia de 
sentimientos y tono deja atrás á todas 
las demás , y en punto á variedad de 
sucesos , ií ninguna cede de cuantas 
.se han escrito antes ó después de 
ella». («Apología de la Jerusalamme 
Liberata», Opere, Pisa, 1824,8.°, t. x, 
p.7.) 

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242 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPATÍOLA. 

Cura cuando tropieza cou él en ia librería de D. Qui- 
jote : «En verdad que no le. ha de valer al hijo la 
)>bondad del padre» ; no hay en la historia de Espían- 
dian atractivo, ingenio ni dignidad. Comienza en el 
punto mismo en que le deja el libro de su padre, re- 
cien armado caballero , y refiere las aventuras que le 
suceden andando por el mundo, sin omitir las hazañas 
de Amadis, que vive hasta lo último y ve á su hijo co- 
ronado emperador de Constantinopla , después que él 
mismo es ya rey de la Gran Bretaña , por muerte de 
Lisuarte **. 

Desde el principio se notan ya dos imperfecciones 
que continúan por toda la obra : Amadis, á quien se 
supone vivo, ocupa gran parte del plan, y al mismo 
tiempo se cuentan de Espiandian hazañas más brillan- 
tes aun que las de su padre ; pero que en realidad no 
son sino más extravagantes. Esta especie de emulación 
hace íria y hasta absurda la historia ; en ella se conser- 
van muchos personajes del Amadis, como Lisuarte, á 
quien en su primera aventura Espiandian liberta de una 
prisión misteriosa; Urganda, que de una encantadora 

** Poseo entre mis libros la cu- ran una continuación de aquel , co- 
riosa edición del < Espiandian » , im- mo por ejemplo en el líb. 4 ; ademas 
presa en Burgos, folio, á dos colum- en el lib. 3, cap. 4, se habla del 
ñas , i587, por Simón de Aguayo : nacimiento y bautismo de Esplan- 
tiene i36 bojas, y está dividida en dian; en el mismo libro, cap .'8, se 
184 capítulos. Como en otras edicio- cuenta su crecer maravilloso , y asi á 
nes citadas el titulo es «Las Sergas este tenor, basta el último capitulo, 
del muy esforzado caballero Espían- en que es armado caballero : de 
dian >, con el objeto sin duda de ba- modoque el «Espiandian» esreal y po- 
tería pasar como una traducción del' sitivamente continuación del « Ama- 
original griego del maestro Elisa- disi>.Soutbey(«Omn¡ana»,t. i,p. 145) 
bad, porque S^^a« es evidentemente opina que hay algún error sobre el 
una corrupción mala de la voz grie- verdadero autor del «Espiandian», lo 
ga ep7a, obras , hechos 6 hazañas. ^^^ ^^ podemos conceder , sino en 
En /anas parles del «Amadis. se ha ^^'?, ^^ ^"« «^« meramente tipo- 
ce alusión á las Sergas como si fue- o*^""^"* 



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PHIMEIIA ÉPOCA. CAPÍTULO XI. 243 

bella y graciosa, Irasforma el autor en una maga salvaje 
y feroz ; y « el gran maestro Elizabad » , sabio sacerdo- 
te, á quien ya cónociamos como médico de Amadis, 
y que ahora aparece como autor del libro de Espían- 
atan,, que se supone escribió en griego. Pero ninguno 
de los caracteres ya conocidos, ni de los inventados, 
está trazado con tino y habilidad. 

La escena general de los hechos es en Oriente , así 
como las continuas batallas con turcos y mahometa- 
nos: circunstancia que prueba la tendencia .y giro de 
las ideas cuando se escribió el libro , y los temores que 
el estado de las cosas en Oriente causaba en las partes 
mas occidentales de la Europa , después de la ruina de 
Gonstantinopla ; pero nada hay que haga referencia á la 
verdadera historia ó á la geografía , como lo demues- 
tra suficientemente el que una dama llamada Calafria, 
reina de la isla de Califemia, figure en gran parte del 
libro , como enemiga furiosa de la Cristiandad , y se 
diga que Ck)nstantinopla estuvo una vez cercada por 
tres millones de paganos. El estilo no es mejor que la 
fábula : no solo se echa de menos en el Esplandian la 
elocuencia que brilla en muchos pasajes del Amadis, 
sino que se encuentran también muchos trozos escritos 
en estilo lánguido y arrastrado, y el argumento en 
verso, que precede á cada capítulo, es todo lo que se 
quiera menos poesía , y muy inÉprior á los pocos ver^ 
sos esparcidos en el Amadis **. 

*> Hay en el «Amadis» dos canciones serta Bobl de FabérensucProresta». 

( lib. i2 , cap. 8-ii ) que , aunque se La segutida comienza asi : 
resienten (fel estilo conceptuoso y Leonoreía , sin rósela , 

alambicado de aquel tiempo, en que gi^n^jj, 5^jj,rc loda flor, 

dominaba el gusto provenzal , son sin roseta , no me meta 

muy agradables y merecen ocupar un En tai cuyta vuestro amor, 

puesto eiilre las de su género que in- 



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244 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPANOLA. 

La edición más aatigua que^ conoce del Esplandian 
es del año i 526 , á la que se siguieron en el resto del 
siglo hasta cinco más; de suerte que también tuvo su 
parle de popularidad. Lo que no admite duda es que 
el ejemplo fué seguido muy en breve. Sus principales 
personajes figuran de nuevo en una serie de ficciones, 
cuyo héroe es siempre un descendiente de Amadis , el 
cual lleva á cabo aventuras más increibles aun que las 
de sus antecesores , y deja el puesto á un hijo más ex- 
travagante , y si puede decirse así , más imposible aun 
que su padre. Así es que en el mismo año de 1 5S6 
tenemos el sexto libro de Amadis de Gaulüy que es La 
historia de Florisando , su sobrino ; sigue á esta la mi& 
maravillosa aun de lisuarte de Grecia « hijo de Esplan- 
dian j y la maravillosísima de Amadis de Grecia I que 
forman los libros vn y vin. Vienen en seguida Dan 
Flarisd de Niquea y Anaooartes, hijo de Usuarte, cuya 
historia, con la de los hijos de este último, ocupa tres 
libros; y por último, el libro xn contiene Los grandes 
hechas de armas del coftaUero Don Silves de la Selva^ que 
se imprimió en 1549; prueba evidente de la extraor- 
dinaria popularidad que obtuvo toda la serie, pues por 
las fechas mismas se ve que en medio siglo escaso se 
escribieron en castellano todos estos libros de caballe- 
rías, reproduciéndose en el mismo período los más do 
ellos en varias ediciones , y algunos en muchas. 

Ni paró en esto la desmedida afición que despertó 
su lectura : publicáronse otros muchos relativos á hé- 
roes del mismo linaje y descendencia , aunque no todos 
forman una sucesión regular, tales como un duplica- 
do del libro vii de Lisuarle, que escribió el canónigo 



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PRIMERA ÉPOCA — CAPÍTULO XI. 245 

Díaz, en 1526 ; y el de Leandro él Bel, publicado tam- 
bién en 1 626, por Pedro de Luxan, y contado por algu- 
nos como el libro xiu de Amadis. Al mismo tiempo, en 
Francia, donde estos libros se traducían todos á medi- 
da que iban saliendo en España, y se hacian famosos, 
la serie verdadera de los Amadises se extendió hasta 
veinte y cuatro libros; y terminados estos, todavía un 
señor Duverdier , echando sin duda de menos en los 
más de ellos una conclusión regular y bien acabada , 
recogió todos los cabos sueltos de aquella multitud de 
historias, y las terminó simultáneamente en siete gran- 
des volúmenes , bajo el título propio y significativo de 
Boman des romans. Así cierra la historia del original 
portugués, tal cual la presentaron al mundo los libros 
españoles de caballerías : ficción que, si se toma en 
cuenta la admiración y entusiasmo que excitó, y la in- 
fluencia que á pesar de su escaso mérito ha tenido en 
la poesía y novelas de todas las naciones, es un fenó- 
meno sin ejemplo en la historia literaria *^. 



** La cuestión de los doce libros 
de t Amadis», en casteU»o , y de los 
veinte y cuatro , en francés, es más 
bibliográfica que literaria, y en ambos 
concentos muy oscura. Según Bru- 
net, ningún bibliófilo ba logrado aun 
ver reunidos los doce libros españo- 
les : nosotros bemos visto unos siete 
ú ocbo, entre ellos los dos principa- 
les , y que en realidad tienen alsun 
valor, á saber : el «Amadis de GauTa», 
de la rarísima y hermosa impresión 
de Venecia, por Juan Antonio de Sa- 
bia, 1533, y el cEsplandiam», de laque 
arriba hemos citado , no tan buena , 
aunque mucho más rara. Presumi- 
mos oue es muy difícil fijar con exac- 
titud la fecha de las primeras edicio- 
nes de estos libros. D. Nicolás Antonio 
citaunade«Esplandian»de 1510; pero 
en los ciento y cincuenta aííos tras-- 



curridos desde que él escribió , na 
die, que yo sepa, la ba visto, y como 
en estas materias el bibliógrafo es- 
pañol suele no ser muy exacto , su 
autoridad no es de gran peso. Tam- 
bién habla de una edición del sépti- 
mo libro,ósea«(Lisuarte de Grecia», 
hecha en 1S^ ; pero como es un he- 
cho averiguado que el libro 12 se 
imprimió en 1548, esta circunstancia 
pone fuera de duda nuestra princi- 
pal aserción, á saber : que en medio 
siglo , poco más ó menos, se publi- 
caron los doce libros españoles. En 
punto á erudición y noticias sobre 
estas curiosidades bibliográficas , 
puede verse el artículo del Sr. Salva, 
en el < Repertorio americano > (Lon- 
dres, agosto de 1827, pp. 29-30); 
P.A.Ebert, «Lexicón», Leipzig, 1821, 
4.<>, números 479-489); Bninet,«Ma- 



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246 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPA5Í0LA. 

El estado de la opinión y de las costumbres, que en 
España dio origen á ^ta serie singularísima de libros, 
no podía menos de producir con el tiempo otros héroes 
fíclicios, menos brillantes y faníosos quizá que Amadis, 
pero reuniendo algunas de sus* prendas y cualidades; 
y así sucedió , porque al ver el éxito de su patriarca y 
fundador, salieron luego á la luz pública otros varios 
libros de caballerías, y algún tiempo después se publi- 
caron otros nuevos. El primero, si no en fecha, en im- 
portancia, es el Pabnerin de Otiva, personaje de mucha 
consideración , por el gran séquito qu^ tras sí lleva , y 
que le da de derecho el puesto inmediato á Amadis. 

Se ha pretendido por algunos, y está casi general- 
mente admitido , que el Palmerin se escribió original- 
mente en portugués, y es obra de una señora ; si bien 
las pruebas aducidas en favor de uno y otro aserto son, 
á nuestro modo de ver, algo insuticientes. De todos mo- 
dos, si los hechos alegados son ciertos, no deja de ser 
circunstancia bien notable el que, como el Amadis, el 
Palmerin portugués se haya también perdido , y que 
solo conozcamos su historia por la versión castellana. 
La edición más antigua que de él se cita es la de Sevi- 
lla , 1525, que es muy posible no sea la primera. 

Dejando á un lado la cuestión de su origen, el éxito 
de la obra fué completo : reprodujese desde luego en es- 
pañol, y los franceses é italianos la trasladaron inmedia- 
tamente á sus respectivas lenguas» También apareció á 
muy poco tiempo una continuación de él , con ^1 título 
dé El segundo libro de Palmerin , que trata de las hazañas 

nuel du libraire, articie Amadis», y en el «Anuario de literatura» (Viena> 
sobre todo el notabilísimo articulo, cuaderno 35, i8^). 
ya antes ci^do, de F. W. V. Scbmidt, 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XI. 247 

de sus hijos Primaleou y Polendos, del cual hay uua 
edición española, hecha eu 1 524. La forma del Palmerín 
anuncia desde luego una imitación del Amadis: el fondo 
de la obra lo confirma completamente. El autor hace á 
su héroe nieto de un emperador griego de Gonstanti- 
nopla, y, como Amadis, hijo ilegítimo : su madre le ex- 
pone, recien nacido, en medio de un monte, donde, y en 
una cuna de mimbres colgada entre olivos y palmeras, 
es hallado por un labrador rico y dueño de muchas col- 
menas, el cual le lleva á su casa y le pone el nombre 
de Palmerin de Oliva , por el sitio en que le habia en- 
contrado. Muy pronto da el mancebo pruebas de su 
ilustre. nacimiento, y haciéndose célebre por sus innu- 
merables hazañas en Alemania, Inglaterra y Oriente, 
contra paganos y encantadores , llega por fin á Cons- 
tantinopla, donde le reconoce su madre, y se casa con 
la hija del emperador de Alemania , que es la heroina 
de la historia , heredando después el imperio de Bizan- 
cio. Las aventuras de Primaleon y de Polendos, que pa- 
recen obra de autor desconocido , son por el mismo 
estilo , y fueron seguidas de las del caballero Platir, 
nieto de Palmerin, que se imprimieron en 1533. Reu- 
nidos todos estos libros , no cabe duda de que son imi- 
taciones del Amadis y aunque muy inferiores á su mo- 
delo ^ 

El inmediato en la serie de los Palmerines es el Pal- 
merin dt' Inglaterra , hijo de D. Duarte ó Eduardo, rey 

*5 La misma oscuridad que hay en torio americano », t. iv, pp. 39. etc.; 

la serie de los Amudises, reina en la Bmnet, articulo « Palmerin »; Perra- 

de los Palmerines. Los materiales rio, « Romanzi di cavaíleria,» t. iv, 

para esclarecer esta cuestión se pue- pp. 256, etc. ; y Ciemencin , notas al 

den ver en D. Nicol. Ant., « Bioliot. «Qnijote», part. i, pp. 124-135. 
Nova,» l. II, p. 305 ; encalva, *Reper- 



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248 HISTORIA 1)B LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

de Inglaterra, y de Flérida, hija de Palmerin de Oliva, 
rival más formidable de Amadís , que todos los demás 
de su estirpe. Durante mucho ti^npo creyóse ser origi- 
nal portugués y obra de Francisco Moraes, que en ver-* 
dad fué el primero que la publicó en dicho idioma, en 
Evora, 1567, y cuyo anuncio de estar traducida del 
francés, como deanes se ha visto ser cierto, se atribu- 
yó entonces á excesiva modestia del autor- Pero pos- 
teriormente se ha descubierto un ejemplar del original 
español , en dos partes, impreso en Toledo, en 4547 
y 4548, y en el cual, al fin de la dedicatoria, se hallan 
unos versos acrósticos, dirigidos por el autor al lector, 
por los que se viene en conocimiento de que es obra 
de Luis Hurtado, poeta conocido á la sazón en aquella 
ciudad '\ 

Considerado como trabajo literario el Palmerin de In- 
glaterra ocupa, enti^ los libros de caballerías, el puesto 
inmediato al Amadis. Gomo el gran prototipo de su gé- 
nero, sus principales héroes son dos hermanos : Palme- 



M La suerte del «Palmerin de In- 

flaterrax ha sido muy extrafia: hasta 
ace pocos años la única cuestión 
se reoucia á si el original era francés 
ó portugués, porque los ejemplares 
por donde se conocían eran los si- 
guientes : 1. La obra francesa de San- 
tiago Vicent, 1533, y la italiana de 
Mambrino Roseo, 1535, publicadas 
ambas como traducciones del espa- 
fk)L U. La portuguesa de Moraes , 
impresa en 1567, y que pasaba por 
ser traducción del francés , annaue 
la opinión más común la suponía obra 
oriéinal del mismo Moraes, quien por 
su larffa residencia en Francia, pudo 
muy hí&k haber franqueado su manus- 
crito al traductor francés , como lo 
indicó Barbosa (« Bibl. Lusit. », t. ii, 
p. 200). En esta creencia se reimpri- 
mió, como obra suya, en Lisboa, 



en 1786,3 tomos, 4.% y se tradujo al 
inglés por Southej, Londres, 1807, 
cuatro volúmenes, 8.® Hasta el mismo 
Clemencin <edic. «Don Quijote», 1. 1, 

8p. 125-136) la consideró, si no ya obra 
e Moraes , ¿ lo menos portuguesa. 
Por último. Salva encontró un ejem- 
plar del original español, que se nabia 
extraviado, y fijó la cuestión, estable- 
ciendo la fecha del libro en 1547-48; 
Toledo, 3 tomos, folio. (« Repertorio 
americano», t. iv, pp. 42-46.) Lo poco 
que sabemos de su autor, Luis Hur- 
tado, es lo que dice D. Nic. Ant., «Bi- 
blioteca Nova,» t.n, p. 44» donde cita 
otra obra suya, intitulada «Cortes del 
casto amor y de la muerte», añadien- 
do que se imprimió en 1557. Tam- 
bién tradujo al castellano los meta- 
morfóseos de Ovidio. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO \l. 249 

río, caballero fiel y leal, y Florían, galanteador y bi- 
zarro ; y tiene asimismo un gran encantador, llamado 
Deliante, y nna isla peligrosa, donde ocarren muchas 
de las aventuras más agradables del libro. Hay partes 
en que puede entrar en parangón con su modelo, como 
en la pintura de las sensaciones producidas por el es- 
pectáculo de la naturaleza, y en el diálogo, que es más 
fácil y suelto; tampoco se queda atrás en retratar los 
caracteres de sus personajes. Pero también es preci- 
so confesar que el Pabnerin adolece aun de mayores 
defectos qVíeeAAmadis: la marcha es aun más lánguida, 
forzada y entorpecida , con un número prodigioso de 
caballeros andantes y una serie interminable de aven- 
turas, duelos, combates y hazañas, todas imaginarias 
y destituidas de todo asomo de realidad; si bien el au- 
tor pretende haberlas tomado de crónicas inglesas y li- 
bros auténticos , lo cual es para nosotros una prueba más 
de lo enlazados que están los libros de caballerías con 
los más antiguos romances. Cervantes profesaba grande 
admiración por el Palmerin : «Esa palma de Inglaterra, 
•dice el Cura, se guarde y se conserve como á cosa 
» única , y se haga para ella otra caja, como la que ha- 
»Uó Alejandro en los despojos de Darío, que la dispu- 
»tó para guardar en ella las obras del poeta Homero » : 
alabanza sin duda alguna exagerada, pero que mani- 
fiesta bien el concepto general que merecia la obra, 
cuando se publicó el Quijote. 

Pero la prosperidad de los Palmerines decayó de 
pronto en España. Es cierto que en 1587 se imprimie- 
ron dos partes más, tercera y cuarta , que escribió en 
portugués Diego Fernandez, con el título de Aventuras de 



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250 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfiOLA. 

üm üuardos el Segundo; y que Alvarez do Oriente, poeta 
de DO escasa reputación en su tiempo, añadió la quinta 
y sexta ; pero estas últimas do parece se hao impreso, 
y DÍDguDa de las cuatro es muy coDOcida fuera de su 
pais uatal. Puede por lo tauto afirmarse que los Palme- 
riñes , á pesar del gran mérito de uno de ellos, nuDca 
llegaron^á obteoer tal reputacioD y oombradía, que pu- 
diese competir cod la de Amadis y sus desceDdientes^\ 



*^ Repelidas Teces hemos citado 
eo este capitulo la < Biblioteca His- 
pana >, y 'lo mismo haremos en los 
siguientes , lo cual nos pone en el 
caso de dar algunas noticias acerca 
de ella. Su autor, D. Nicolás Antonio, 
nació en Sevilla, en 1617; estudió 
primero con el maestro Francisco Ji- 
ménez, profesor ciego de nacimiento, 
pero de un mérito singular, que en-, 
señaba énelcolegio de Santo tomas; 
y de alli pasó á Salamanca , donde se 
dedicó con sumo aprovechamiento al 
estudio de la historia y del derecho 
canónico. Concluida su carrera en 
aquella universidad , volvió á su pa- 
tria, y vivió mucho tiempo en un con- 
vento, de monjes Benitos , donde se 
había educado, y cuya copiosa y es- 
cogida librería le proporcionó em- 
prender estudios que después siguió 
con el mavor ardor y asiduidad. 

En medio de esto no manifestó 
deseos de darse á conocer antes de 
tiempo, y nadapubl|có hasta 1559, en 
que, á la edad de cuarenta y dos 
años, dio á luz su tratado latino t De 
Exilio». En aquel mismo año fué 
nombrado por Felipe IV agente ge- 
tieral de preces en Roma, puesto 
honroso y lucrativo ; y desde enton- 
ces hasta su muerte estuvo constan- 
temente ocupado en el desempeño 
de empleos públicos , algunos de no 
poca responsabilidad. Vivió en Roma 
veinte anos» formando una librería 
inferior solo á la del Vaticano, y con- 
sagrando sus ocios al estudio , que 
eré toda su distracción y regalo. 
Después de tan larga ausencia , vol- 
vió á Madrid , donde continuó des- 



empeñando destinos püblicos basta 
su muerte , ocurrida en 1684. Dejó 
varias obras manuscritas, entre ellas 
la «Censura de historias fabulosas», 
que es un examen crítico de los fal- 
sos cronicones publicados en el siglo 
.anterior , que dio á luz después Ma- 
ivans, y del que hablaremos más ade- 
lante. 

Pero su gran trabajo, el fruto pre- 
dilecto de las vif^lias de toda su vida, 
fué la historia bteraria de su patria: 
comenzóla en su juventud y viviendo 
con los benedictinos , orden monás- 
tica de la Iglesia católica , muy ilus- 
tre por su celo en la historia de las 
.letras ; y la continuó empleando cuan- 
tos auxilios le proporcionaban su in- 
mensa biblioteca y las de las capita- 
les de su patria y del orbe cristiano, 
sin levantar mano hasta el momento 
de su muerte. Está dividida en dos 
partes : la primera, que comienza en 
el siglo de Augusto y acaba en el 
año de 1500, se nallóá su muerte es- 
crita en forma de historia ; pero como 
durante su vida había dedicado ex- 
clusivamente sus medios pecuniarios 
á la adquisición de libros, no pudo 
publicarse hasta que su amigo el 
cardenal Aguirre lo hizo n su cosU, 
en Roma, el año de 1696. La segun- 
da, que ya sehabia impreso en dicha 
ciudad en 1672, está en forma de dic - 
cionariov por orden alfabético, coor- 
dinados los artículos, como en otras 
obras de la misma clase, por los 
nombres de lo^ autores : honor dis- 
pensado á los santos, que hace algún 
tanto embarazoso el uso de tales li- 
bros , aun cuando , como el que nos 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XI. 



251 



ocupa , contengan Índices completos 
que facilitan la referencia á determi- 
nados artículos, por apellidos, pa- 
trias, materias, etc. etc. 

De ambas partes se bizo en Ma- 
drid , por los anos de 1787-Í788, una 
lujosa edición del original latino, que 
forma cuatro tomos en folio : enri- 
quecida la primera, ó sea la tBiblio- 
teca Vetus » con notas curiosas, por 
PerezBayer, sabio valenciano, que fué 
mucbo tiempo bibliotecario mayor 
de la Real de Madrid ; y aumentada 
la segunda , « Biblioteca Nova,» con 
las adiciones manuscritas del autor 
hasta el año de 1684, en que murió. 
En la parte antigua poco queda que 
desear, porque abraza basta mil y 
trescientos autores aue ban figurado 
en la historia literaria de España, va 
romana , ya eclesiástica ; pero en lo 
relativo á los árabes es preciso re- 
currir á Casiri y Gayangos; v en 
cuanto á los judíos, á Castro y. Ama- 
dor de los Ríos ; mientras para la li- 



teratura verdaderamente anterior al 
reinado de Carlos V, deben consul- 
tarse las adiciones de Bayer, que 
consignan el descubrimiento de mu- 
chos manuscritos importantes. La 
moderna, que da noticia de cerca de 
ocho mil escritores de los mejores 
tiempos de la literatura española , á 
pesar de algunos descuidos y dis- 
tracciones inevitables en un trabajo 
tan inmenso y variado , es un monu- 
mento de erudición , candor y labo- 
riosidad, que no podrán menos de 
mirar con gratitud cuantos consulten 
,su obra. Ambas épocas, es decir, las 
'dos bibliotecas antigua y moderna , 
hacen de D. Nicolás Antonio el pa- 
triarca y fundador de la historia lite- 
raria de España. 

Véase su vida : la de Mayans, que 
precede á su edición de la «Censura 
de historias fabulosas» (Valencia, 
1742, folio), y la de Bayer, al frente de 
la «Biblioteca Vetus», Madrid , 1787. 



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CAPITULO XII. 

Otros libros de caballerías. —El caballero Lepolemo.— Traducciones del 
francés.— Libros de caballerías á lodivino.-— Caballería Celestial.— Época 
en que principalmente se escribieron estos libros.— Su número.— Es- 
tado social que motivó su creación.— Afición desmedida que á ellos hu- 
bo. — Su suerte y destino. 

AuKQOB la familia de los Palmerines do llegó nunca 
á rivalizar en importancia con la de los Amadises, no por 
eso deja de gozar alguna influencia y consideración. 
Como los demás libros de su género, y superiores al 
mayor número, contribuyeron poderosamente á aumen- 
tar el gusto y afición á las ficciones caballerescas , que 
más lozano en España que en ningún otro pais, pro- 
ducía á la sazón multitud de libros, ya originales, ya 
traducidos , en términos que admira su cantidad , ex- 
tensión y extravagancia. Separadas las dos series de 
los Amadises y Palmerines, no sería difícil recogerlos 
títulos de más de otros cuarenta libros de caballerías, 
todos originales españoles, y todos publicados durante 
el siglo XVI. Algunos son más vulgares y conocidos, 
como el Don Bdianis de Grecia y el Don Olivante de Lau- 
ra^ que estaban en la librería- de D. Quijote, y el Fe- 
liamarte de Hircania, que durante un verano entero en- 
tretuvo los ocios del célebre Johnson*. Pero en general, 

^ Dice el obispo Percy que el doctor Johnson se leyó todo el « Félix- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XII. 253 

como se ve en el Famoso Caballero Cifar y en el Aire- 
vido Caballero Claribaltet hasta sus mismos títulos di- 
suenan y dejan de excitar interés y curiosidad. Puede 
bien decirse que la mayor parfe de estos libros, quizá 
todos , merecen el profundo olvido en que hoy dia ya* 
cen; si bien hay unos cuantos que por su mérito espe* 
cial lograron en los buenos tiempos ocupar un punto 
muy inmediato al de los mejores ya mencionados. 

Entre estos debe contarse el Iwencible caballero Lepo- 
lemOy llamado el Caballero de la Cruz, hijo del emperador 
de Alemania, libro publicado ya en 1525, y que ade- 
mas de haber producido una continuación , se reimpri- 
mió tres veces, y se tradujo al francés y al italiano^. 
Es ciertamente obra inuy notable en su género , no solo 
por las varias y continuas vicisitudes del héroe, sino 
también en cierto modo por su estilo y objeto : Lepo- 
lemo, siendo niño , es robado del abrigo del trono que 
debia heredar, y se le pierde enteramente de vista por 
mucho tiempo; vive entre paganos, primereen calidad 
de esclavo, y después, como ilustre caballero andante, 
en la corte del Soldán ; á fuerza de valor y méritos, 
llega á distinguirse, y haciendo un viaje á Francia , se 
encuentra con su familia, que le reconoce, y entonces 
recobra con universal satisfacción su estado real. 

En todo esto , y especialmente en la serie fatigosa y 

marte de Hircania » darante un ve- mencin de otra de iSI3, existente en 
rano pasado en su iglesia parroquial : la Biblioteca Real de Madrid ; y Pelli- 
muy dudoso es que haya nabido des- cer usó una de 1562. Ignoramos cuál 
pues inglés que naya hecho otro tan- sea la que tenemos á la vista, porque 
to. ( Vida de Johnson , por EU)swell , falta en ella el colophon, y no hay^fe- 
edición Groker, Londres , i83i , 8.®, cha en la portada,' pero el papel y 
vol. I. p. 24.) carácter de letra parecen de Ambé- 
' Ebertcita laedicion de 1325 como res : las arriba citadas son todas es- 
la primera que se conoce ; Bowle pañolas. 
hace m^idon de una de 1534; Gle^ 



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254 HISTORIA DE LA LITERATURA ESf»AI^OLA. 

pesada de sus aventuras caballerescas, el Lepolemo se 
parece á 4odos los demás libros de caballerías; pero 
tiene dos cosas peculiares y exclusivas : la primera es 
que ia obra se supone traducida por Pedro de Luxan 
(que es su verdadero autor), del original arábigo» escrito 
por un sabio encantador de la corte del Soldán , á pe- 
sar de lo cual se pinta á Lepolemo como un caballero 
muy cabal y cristiano , y á los emperadores, sus padres, 
animando con su ejemplo las peregrinaciones al Santo 
Sepulcro ; de manera que el libro es, propiamente ha- 
blando , una predicación de la fe y doctrinas de la Igle- 
sia católica , muy por el estilo de la Crónica fabulosa 
de Turpin. La segunda singularidad es el colorido y 
verdad con que pinta las costumbres y usos del pais, 
como, por ejemplo, los amores entre el Caballero de la 
Cruz y la infanta de Francia, y cómo estando esta de- 
tras de un balcx>n con celosías, tomando el fresco de la 
noche, viene el caballero á hablarla, según lo haría un 
galán del teatro de Calderón. Aparte de estas dos ex- 
cepciones, el Lepolemo se parece enlodo á sus com- 
pañeros , y es no menos cansado y fastidioso. 

A pesar de la fecundidad á que hemos aludido , no 
se contentó la España con regalar á la Europa gran 
número de libros de caballerías, sino qué los recibió 
también de fuera, en justa proporción á los que daba. 
Muy desde el principio fueron conocidas en la Península 
las ficciones francesas, como lo prueban las frecuentes 
alusiones á ellas, que contiene el Amadis de Gaula: 
circunstancia'que pudo tener origen, bien en las anti- 
guas relaciones con la familia de Borgoña, que ocupaba 
el trono' por tugues; bien en algún suceso extraño ó 



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PRIMEIIA ÉPOCA. CAPITULO XII. 255 

círunstancia fortuita, como la que llevó el Palmerin 
de Inglaterra á Portugal, no desde España, su patria, 
sino desde Francia. De todos modos, poco después, y 
cuando ya se había propagado la afición á esta clase de 
lectura , se tradujeron al español ó se imitaron muchas 
de las historias francesas, llegando á constituir una 
parte, no insignificante por cierto., de la literatura na- 
cional. En 1 498 se imprimieron los Baladras de Merlin, 
seguidos, como era de esperar, con escaso intervalo , 
del Libro de Tristón de Leonis y la Demanda del Santo 
Grial\ 

Pero la que más predominó fué la Historia de Cario- 
Magno, efecto sin duda del gran renombre y fama de 
su héroe : está traducida del francés, y por consiguiente 
nada dice de la célebre rota de Roncesvalles, por Ber- 
nardo del Carpió , suceso que en las crónicas y roman- 
ces españoles es el orgullo y vanidad de la nación. Re- 
6ere , sí, las aventuras tan conocidas de Oliveros y del 
gigante Fierabrás , y las de Orlando y del traidor Ca- 
nelón ; hechos sacados de la Crónica fabulosa del arzo- 
bispo Turpin. A pesar de esto, fué acogida con extraor- 
dinario entusiasmo por toda cla^ de lectores ; y desde 
que Nicolás de Piamónte la imprimió por primera vez 
en castellano , el año de 1 528 , con el título de Historia 
del emperador Cario Magno , se * ha continuado reim- 



' < MerliD , » 1488; « Artus, » ISSOi, de esta clase de literatura. Y ya c[ae 

tTristan.» i528; « Él Santo Grial », se trata de traducciones ó imitacio- 

i555; y «La segunda tabla redonda», nes del francés, creemos deber in- 

1567 : tal es la serie- en que los co- dicar las siguientes : « Fierres y la 

locan los bibliógrafos. Este último linda Magalona», i526; « Tallante de 

es casi imposible encontrarle , á pe- Ricamonte », y « El conde Tomillas». 

sar de que bace mención .de él el De este último no nos quedaría ni 

abate Quadrio en el cuarto tomo de aun la noticia , á no hacer mención 

su obra , dopde da muchas noticias de él Cerrantes en su «Quijote». 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XII. 257 

tiempo grande importancia , dándoseles una dirección 
determinada y escribiéndose en sentido completamente 
religioso : presentáronse en general en forma de alego- 
ría, como la CabaUería Cristiana, la Caballería Celestial, 
El caballero de la clara Estrella, y la Historia Cristiana y 
sucesos del caballero eootrangero^ conquistador del Cielo, 
impresas todas á mediados del siglo xvi> y cuando más 
viva estaba la afición á los libros de caballerías^. 

Una de las más antiguas, y tal vez la más curiosa y 
notable de todas, es la intitulada con mucha propiedad 
Caballería Cdestial, escrita porHierónimo de San Pedro, 
en Valencia; éimpresa*en dicha ciudad, el año Í5ft4, 
en dos tomos en folio, delgados^. El autor manifiesta 
en el prólogo , que su objeto es acabar con los libros 
de caballería profanos, cuyos malos efectos explica. 



Tbeagenes ? Cbariclea » , escrH^i en 
griego por Heliodoro , que floreció 
en tiempo de los emperadores Teo- 
dosio , Arcadio y Honorio , fué libro 
muy conocido en Espai^a en la época 
de qae hablamos, poraue, aunque el 
original no se imprimió basta 1534 , 
veinte años después se publicaba ya 
una traducción española, anónima, y 
ea i587 otra de Femando de Mena, 
de que se hicieron dos ediciones en 
treinta años. ( Nic. Ant., c Bibl. Nova,» 
t I, p. 380; y Catálogo de Conde, 
Londres, i824, 8.S números 263 y 
96i.) Se ha dicho que el obispo He- 
Hodoro prefirió renunciar su puesto 
V dignidad á consentir que la obra , 
imto de su juventud , fuese auema- 
da públicamente. («Erotíci Graeci,» 
edic. Mitscherlich , Biponti , 1792, 8.^, 
t«ii,p. 8.) 

s La < Cavalleria cristiana j» se im- 
primió en 1570 , el « Caballero de la 
Clara Estrella» en 1580, el «Caballero 
peregrino» en 1601. Ademas de estos, 
el «Roberto el Diablo», historia famo- 
sísima en Europa durante los si- 

T. I. 



glos zv, xvr y xvn , y renovada con 
aplauso en nuestros tiempos, fue 
conocida en España en 16ft, y qui- 
zá antes. (Nic. Ant., «Bibl. Nov.», 
t. II, p. 251.) Er Fraucia se impri- 
mió en 1496(Ebert, núm. 19175). y 
en Inglaterra por Wynkin de Worae. 
( Véase á Tboms , Lmros de caballe- 
rías », Londres, 1828, 12.»,. 1. 1, p. 5.) 
B Seria mnv curioso saber quién 
fué este Hierónimo de San Pedro : el 
privilegio le calilica de valenciano, y 
dice que vivía en 1554. En las biblio- 
tecas de Ximeney Fnster se encuen- 
tra hacia 1560 un Jerónimo Sempere, 
citado como autor de la « Carolea », 
poema larguísimo, impreso en dicho 
año; pero nf en dichos libros ni en 
D. Nicolás Antonio , ni en ninguna 
otra biblioteca que sepamos se en- 
cuentra á Hierónimo de San Pedra. 
¿Consistirá esto en que sean una mis- 
ma persona , y que el apellido se es- 
cribiese de los dos modos , Samper 
en valenciano, y San Pedro en caste- 
llano? 



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258 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAiSOLA. 

aludiendo á lá historia de Francisca de Rimini , contada 
por el Dante. Para llevar á efecto su propósito, inti- 
tula su primera parte, Raiz de la rosa fragante, que en 
vez de capítulos está dividida en maravillas , y contiene 
una narración alegórica de las principales historias del 
Antiguo Testamento, hasta ios tiempos del. buen rey 
Ezekías , contada de la misma manera que las de los 
caballeros andantes. La segunda parte está dividida 
conforme á la misma idea, en Hojas de la rosa fragante; 
y prosiguiendo el hilo de la narración , llega con las 
mismas aventuras caballerescas, hasta la muerte y as- 
censión del Señor.. Prometió el* autor una tercera parte 
con el título de La flor de la rosa fragante, que nunca 
llegó á publicarse, y cuya materia es difícil calcular, 
habiendo ya recorrido completamente en las dos ante- 
riores el Antiguo y Nuevo Testamento. 

La alegoría principal hace relación, como es natural, 
al Salvador, y ocupa setenta y cuatro hojas ó capítulos 
de los ciento y uno que forman la segunda parte : en 
eUa Jesucristo está representado como el caballero del 
León; los doce Apóstoles son los doce caballeros de la 
Tabla Redonda; S. Juan, el caballero del Desierto; y 
Lucifer, el caballero de la Serpiente ; siendo el princi- 
pal objeto de la obra el combate entre el caballero del 
León y el de la Serpiente. Comienza la historia en el 
pesebre de Belén y concluye en el monte Calvario, abra- 
zando todos los pormenores de la narración evangélica, 
y usando con frecuencia las mismas palabras de la Sa- 
grada Escritura. Sin embargo, todo ello es forzado y 
violento, y constituye una alegoría extraña y repugnan- 
te : así, por ejemplo, en la aventura de la tentación, el 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XII. 259 

caballero del León lleva el escudo del leou de la tribu 
de Judá, y monta el caballo de la Penitencia, que le da 
nuestro primer padre Adán. Despídese de su madre, 
que es hija del Emperador celestial , del mismo modo 
que un novel caballero que marcha á su primer paso de 
armas, y atraviesa un pars desierto y estéril, donde es- 
pera hallar aventuras. Al acercarse, el caballero del De- 
sierto se prepara para el combate , pero luego que le 
conoce, se humilla ante su señor y maestro. Sigue el 
bautismo ; es decir, el caballero del León recibe la or- 
den de la caballería del Bautismo, en presencia de un 
anciano, que resulta ser el maestro Anagogino, ó sea el 
intérprete de todos los misterios , y dos mujeres , una 
vieja y otra joven. Estos tres personajes entablan una 
cuestión muy viva sobre la naturaleza del rito que han 
presenciado ; el anciano se extiende mucho, y concluye 
explicándole como una alegoría celestial ; la vieja , que 
representa la sinagoga, ósea la ley antigua, reñere la 
ceremonia primitiva de Abraham, autorizada, según 
ella dice, por aquel antiguo doctor Moisés, al nuevo 
rito del bautismo; la joven combate esta doctrina y de- 
fiende la institución nueva , ó sea la Iglesia militante, 
y el caballero del Desierto sentencia en su favor, mar- 
chando la sinagoga llena de cólera , con la cual acaba 
la primera parte. 

El gran maestre Anagogino, según acuerdo hecho 
de antemano con la Iglesia militante, sigue al caballero 
del León al desierto , y allí le explica el verdadero mis- 
terio y la eficacia del bautismo cristiano. Con este pre- 
parativo acomete el caballero su primera aventura y 
entra en batalla con el caballero de la Serpiente, ba- 



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260 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfiOLA. 

talla que está pintada como un duelo fonnaU porque 
cada parte entra en la lid con sus padrinos : acompanao 
al caballero del León» Abel , Moisés y David, y al de la 
Serpiente, Caín, Goliat y Haman. El autor trasforma 
cada discurso» sermón ó parábola del Evangelio en un 
flechazo ó en una estocada ; la escena se pasa en el pi- 
náculo del templo, y las promesas que hace el diablo 
se materializan hasta donde lo permite su índole in- 
congruente y vaga, condoyendo esta parte con la fuga 
precipitada y vergonzosa del caballero de la Serpiente. 
Por extraña que nos parezca esta escena de la tenta- 
ción, es ona muestra muy aproximada de la ficción 
en general : en toda día la alegoría es tan singular y 
extravagante, y á veces tan absurda, que cansa y dis- 
gusta ; por otra parte hay trozos en que el autor da 
pruebas de una imaginación risueña y agradable, y el 
mismo estilo grave y estrafalario en que está escrita la 
obra , demuestra á cada pasa que su autor no descono- 
cía ni los primores ni los recursos de su lengua, aun- 
que abusa á menudo de ellos ^*. 

Hay, á la verdad, una distancia inmensa entre la fic- 
ción de la CabaUmia celestial y la historia sencilla y 
clara del Amadis de Gmda; de tal suerte, que al pen- 
sar que solo median cincuenta años entre la aparición 
de una y otra obras, nos causa admiración la transición 
rápida de un gusto al otra; así como el ver cómo en un 
periodo tan corto de tiempo los autores de libros de 
caballería recorrieron todos los géneros. Bueno será, 
con todo , tener presente que el éxito de estas ficcio- 

*^ Se prohibió, según el «lodice Expurgatorio» de 1667, Madrid, folio, 
p.863. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPtTOLO XII. 261 

aes, repentino en an principio y casi inesperado, se 
extendió luego por espacio de muchos años. Los pri-- 
meros fueron muy conocidos durante el siglo xv ; el xvi 
estuvo plagado de ellos, y aun se leian mucho á me- 
diados del xvn; de suerte que puede decirse influye- 
ron en €l carácter nacional por espacio de doscientos 
aáos. También es de notar que en la última época se 
aumentó considerablemente su número , pues pasan de 
setenta^ la mayor parte en folio, y algunos compuestos 
de dos, tres y más tomos : circunstancia que, en tiem- 
pos en que no abundaban mucho los libros, ni eran 
frecuentes las reimpresiones, demuestra que su popu- 
laridad fué tan rápida en su origen , como continua en 
su prolongación. 

Tal popularidad debe quizá ser mirada como un re- 
sultado natural , en un país donde las instituciones y 
sentimientos caballerescos estaban tan arraigados como 
en España ; porque la Península , cuando apareció por 
la primera rez en ella esta clase de libros, habia sido 
durante mucho tiempo el suelo privilegiado de la caba* 
Hería. Las guerras con los moros, que convirtieron todo 
caballero eo soldado , debieron naturalmente producir 
dicho efecto; ni contribuyó menos á ella el espíritu in- 
dependíente de las corporaciones municipales, regidas 
y guiadas en el período inmediato por magnates que 
continuaron mucho tiempo siendo tan señores en sus 
fortalezas, como el rey lo era en su trono. Tal era , sin 
duda „el estado de la sociedad á principios del siglo xiii , 
en que las Partíaos, con su legislación minuciosa y de- 
tallada, nos hacen entrever un estado de costumbres y 
creencias no muy diverso por cierto del que pintan ql 



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262 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPACIÓLA. 

Amadis ó el Palmerin " ; el estado social qae el Poema 
y la Crónica del Cid atestiguan igaalmente, desde muy 
antiguo, de una manera evidente, aunque indirecta, y 
que confirman muchos de los romances antiguos, y otras 
memorias tradicionales y características del siglo xiv. 
Pero en el siglo xv las Crónicas están ya llenas de 
ese mismo espíritu, y lo manifiestan en formas graves é 
imponentes : torneos peligrosos en que toman parte los 
principales señores del país, y á veces los mismos mo- 
narcas^ ocurren constantemente y se describen como si 
fueran sucesos importantes de la época **. Hemos visto 
que en el paso de armas del Puente de Orbigo , durante 
el reinado de D. Juan II, ochenta caballeros arriesga- 
ron sus vidas por un simulacro de galantería tan fan- 
tástico como las mismas ficciones que se encuentran en 
los libros de caballerías : locura por cierto de que hay 
otros varios ejemplos en el mismo siglo ". Y no se crea 
que esta extravagancia se circunscribió en los límites de 
España : en el mismo reinado de D. Juan 11, dos caba- 
lleros españoles se fueron nada menos que á Boi^oña, 
en busca de aventuras extrañamente combinadas con 
una peregrinación devota á Jerusalen, y considerando 
ambas empresas como ejercicios de piedad y devoción. 

" Véanse las curiosísimas leyes dos de ellos hubo maertos : todos se 
que forman el titulo xxi de la Partida celebraban bajo los auspicios y cod 
sejjunda , y que contienen las reglas autorización de la corona, 
mas minuciosas sobre todos los actos ** Véase la relación del Paso Hod- 
de la caballería , explicando hasta roso , ya citada, y las noticias que la 
cómo debe el caballero lavarse, ves- «Crónica de Don Juan H » da de otro 
lirse y demás. paso de armas comenzado en Vallá- 
is En la c Crónica de Don Juan 11 » dolíd por Ruy Diaz de Mendoza, con 
pasan de treinta los torneos que se motivo del casamiento del príncipe 
mencionan. También hay citados mu- D. Enrique, en i440; pero que n« 
chos en la de D. Alvaro de Luna, pasóadelante,v fué prohibido por el 
y generalmente en todas las histo- Rey en vista de las fatales cense- 
rías de España relativas al siglo xv. cuencias que tuvo. (Crónica de Don 
Solo en 1428 se hicieron cuatro, y en Juan 11 , 1440, cap. 16.) 



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PRIMERA ÉPOCA — capítulo XII. 263 

Por úllimo, en el reinado de D. Fernando y D.' Isa- 
bel, el juicioso Hernando del Pulgar, su secretario y 
cronista, nombra varios caballeros ilustres á quien él 
mismo conocía personalmente , y marcharon á paises ex- 
tranjeros «á facer armas con qualquier caballero que 
» quisiese facerlas con ellos , é por ellas ganaron honra 
»para sí, é fama de valientes y esforzados caballeros 
» para los fijodalgos de Castilla **» . 

Este estado social fué resultado natural del extraor- 
dinario desarrollo que las instituciones caballerescas 
recibieron en España : una parte era propia de aquella 
edad y de aquellos tiempos , y puede en cierto modo 
ser considerada como útil y hasta conveniente; otra 
no era más que la caballería andante personificada, con 
todas sus extravagancias y delirios. Pero cuando la ima- 
ginación de las gentes llegó á excitarse hasta el punto 
de comprender y considerar como reales y positivas 
instituciones y costumbres de tal naturaleza , nopodia 
menos de recrearse con la pintura atrevida y libre de 
una sociedad como la que se representaba en aquellas 
ficciones monstruosas. Hubo'aun más : por imposibles 
y descabelladas que sean mqchas de las aventuras que 
se leen en los libros de caballerías, no llegaban, ni con 
mucho, á los absurdos que diariamente se veian y con- 
taban de personas conocidas y vivas; y así muchas 
gentes leian y creían cuanto contaban aquellos libros, 
considerándolos en todo como historias verdaderas. Así 
es, que el fidedigno y veraz Mexia, cronista del em- 

** «Claros varones de Casülla»,tit.i7. en tierras extraSas , que los caballe- 

En el mismo pasaje se precia de qae ros extranjeros que venían á Castilla 

eran más los caballeros españoles y León : beobo muy importante en la 

que hablan salido á buscar aventuras materia de que se trata. 



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264 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

perador Carlos V , al hablar de esto asunto, dice : «Pido 
» agora esta atención y aviso, pues lo suelen prestar al- 
agunes á las trufas y mentiras de Amadis y de lisuarte 
»y de Glarianes, y otros portentos, que con tanta razón 
»devian ser desterrados de España conio cosa contagiosa 
»y dañosa á la república , pues tan mal baceu gastar el 
» tiempo á los auctores y lectores dellos. » Y otro cronis- 
ta, Julián del Castillo, que escribía en 1587, refiere 
con la mayor gravedad, que Felipe II, al casarse con 
María de Inglaterra , cuarenta años antes, hizo promesa 
solemne de que si el rey Artus volvia y reclamaba sus 
derechos, le cedería pacíficamente el' trono; lo cual, 
tanto quiere decir, como que el bueno de Castillo y 
muchos de sus lectores creían de buena fe en el rey Ar- 
tos y en su Tabla Redonda ^. 

Es verdad que hoy día tanta credulidad nos parece 
imposible, aun suponiéndola reducida á un corto nú- 
mero de personas racionales, y aun cuando tengamos 
el testimonio de Cervantes, quien, al pintar con mano 
maestra la fe ci^;a del posadero y de su criada Mari- 
tornes en los libros de caballerías, nos prueba hasta 
qué punto dicha creencia reinaba entre el pueblo ". 
Pero antes de negar nuestro asentimiento á cronistas 
tan fidedignos como Mexia , solo porque su aserto nos 
parece increíble, debemos tener presente , que en el si- 
glo en que ellos vivían , las gentes estaban acostumbra- 
das á creer y augurar diariamente cosas tan increíbles 
como las que refieren los libros de caballerías. La Igle- 



<s f Historia imperial y cesárea», **PelUcer,nota8al «Quiote i, parle 
edíc. 1545, p. ii3. primera, cap. i5. 

«^ Parte i, cap. 32. 



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PRIMERA ÉFO€A. CAPÍTULO XM. 265 

sia Católica exigía entonces una fe implícita en toda 
clase de milagros, que sobre ser muy frecuentes, exi- 
gían de los fíeles mayor dosis de credulidad aun , que 
la necesaria para leer tales libros; y sin embargo , era 
muy corto el námero de los incrédulos. Nada diremos 
de la seguridad con que todo el mundo referia las ha- 
zañas, muchas absolutamente imposibles, desús ante- 
pasados , durante la lucha de siete siglos con los árabes; 
ni de las tradiciones de gloria y heroísmos, que consti- 
tuyen aun el atractivo y encanto de los cronicones, por 
más que hoy dia las consideremos tan fabulosas en su 
mayor parte, como las de los Palmerines y Lanzarotes. 
Mas prescindiendo de la fe ciega que hubo en los li- 
bros caballerescos, lo que no admite duda es, que en 
España reinó durante el siglo xyi una afición y entu- 
siasmo tal por esta clase de lectura, cual no se ha visto 
después en ningún pais. Los comprobantes de esta ver- 
dad se encuentran en todas partes : pruébanlo la poesía 
popular y los romances caballerescos , que viven aun 
en la memoria de las gentes; las comedias antiguas, 
que han desaparecido del teatro; bs poemas épicos, 
relegados hoy al gabinete del erudito. Vense sus hue- 
llas en las costumbres y hábitos del pueblo, en el traje 
nacional, más singular y pintoresco que el de otras na- 
ciones; y por último en la misma legislación. A tanto 
llegó la demencia , que el gobierno tuvo que interve- 
nir, y que en 1S53 mandó no pudiesen imprimirse, 
venderse ni leerse libros de caballerías en las posesio- 
nes de ultramar ; que en 1 595 las Cortes pidieron que 
la prohibición se extendiese á la metrópoli, y se que- 
masen públicamente todoys los ejemplares que de tales 



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266 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAJflOLA. 

libros se encontrasen **. Por último , un siglo después, 
la obra más feliz y más bella, del mayor ingenio que 
ha producido el suelo español» hace ver en todas sus 
páginas la afición fenática que hubo por las ficciones 
caballerescas , y es por consiguiente el testimonio más 
auténtico de su inmensa popularidad, así como el mo- 
numento de su destino. 

^ En este año abdicó el Empero- iDflueiicia y dominio de los libros de 

dor, por cuya causa no se resolYie- caballerías, desde su primera apari- 

ron estas y otras peticiones de las cion hasta la publicación del « Qui- 

Cortes. En cuanto á las leyes que jote», véase eípróloffodeClemencin 

hemos citado, y otras pruebas de la á su edición del «Quijote». 



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CAPITULO XIII. 

Cuarta clase.'-El tealro.-^EiUncioQ de los teatros griego y romano.— 
Origen religioso del drama moderno.— Sus primeras noticiasen España. 
— Indicaciones sobre la época del siglo xv.— El marqués de Villena. — Co- 
plas de Mingo Revulgo.— Rodrigo Cota.— La Celestina.— Su primer acto. 
—Los restantes.— Su historia , carácter é influencia en la literatura es- 
pañola. 

El teatro.— El antiguo teatro de los griegps y ro- 
manos continuó con algunas de sus primitivas formas, 
rudas y populares, en Constantinopla , Italia y otros 
puntos del imperio , que se desmoronaba , prolongán- 
dose así hasta entrada ya la edad media ; pero conser- 
vando siempre en su esencia la índole pagana , porque 
el asunto , la frase y el color eran completamente mi- 
tológicos. De aquí provino el odio y horror con que al 
principio lo miró la Iglesia cristiana , que » favorecida 
por la confusión é ignorancia de los tiempos, logró al 
fin destruirlo enteramente, aunque no sin una lucha 
tenaz , y sin que antes su misma impureza y degrada- 
ción le hicieran digno de la suerte que tuvo, y mere- 
cedor de los anatemas lanzados contra él por S. Agus- 
tin y Tertuliano *. 



* Un obispo de Barcelona fué de- cíon de comedias , con alusiones ¿ 
puesto en el siglo vii, por haber per- la mitología griega. (Mariana , Hist. , 
mitido en su diócesis la representa- lib. 6, cap. 3T) 



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268 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

Sobrevivió sin embargo á estas miserables reliquias 
del drama clásico , una afición desmedida á las repre- 
sentaciones teatrales, y el clero , que ni quería hacerse 
odioso ni perder ocasión oportuna de aumentar su in- 
fluencia y poderío, buscó muy á los principios un es- 
pectáculo que sustituyese al que habia destruido, en la 
importante tarea de entretener y divertir al pueblo. Sea 
esto como fuere , lo cierto es que el nuevo espectá- 
culo apareció y se presentó desde luego en las ceremo- 
nias y fiestas solemnes de la Iglesia. Su origen fué 
fácil , sencillo y natural : habíanse celebrado estas so- 
lemnidades por largo tiempo con la ruda magnificencia 
y el lujo tosco que podían dar de sí aquellos siglos de 
guerras y revueltas; y á este atractivo se unió en todas 
partes, desde Londres hasta Koma, el elemento dramá- 
tico , de suerte que todos los años por la fiesta de Navidad 
se presentó en los templos el Pesebre de Belén y la Ado- 
ración de los Reyes Magos, así como los últimos días 
y la muerte del Salvador durante la cuaresma , y más 
particularmente en la Semana Santa. 

Es indudable que más tarde se mezclaron con estas 
representaciones abusos groseros, tan indignos del sa- 
cerdocio como de la religión misma , ya cuando solo 
eran representaciones mudas ó pantomimas» ya cuando, 
puestas en diálogo, pasaron á ser lo que se llamaban 
misterios ; pero en muchas partes de la Europa, y hasta 
fecha comparativamente muy moderna, aquellas repre- 
sentaciones parecieron tan acomodadas al espíritu de 
los tiempos en que se hacían , que varios pontífices lle- 
garon á conceder indulgencias especiales á los que asis- 
tiesen á ellas; y que se celebraban no como espectáculo 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XUI. 269 

de diversión , sino como estímulo á la devoción y para 
ejemplo de la multitud ignorante. En Inglaterra dura- 
ron por espado de cuatrocientos años : vida que no ha 
disfrutado nunca el drama nacional inglés según hoy 
lo poseemos; mientras en Italia y otros paises más suje- 
tos á la influencia de la Sede romana, han continuado, 
con alguna variación de formas, siendo el entreteni- 
miento y edificación del vulgo basta nuestros dias '. 

No puede racionahnesite ponerse en duda que todas 
las reliquias del antiguo teatro romano , menos los res- 
tos arquitectónicos que han quedado para maestra de 
su esplendor', desaparecieron en España á la invasión 
de los árabes, cuyo espíritu nacional r^ugnaba las re- 
presentaciones escénicas; pero es muy difícil fijar con 
exactitud la época en que comenzaron estos espectácu- 
los de asuntos religiosos bajo el amparo de la autori- 
dad eclesiástica. Es indudable que son muy antiguos, 
porque á mediados del siglo xm eran ya, no solamente 
comunes y conocidos hacia tiempo, sino que habian 
tomado diferente forma y se resentían de la introduc- 
ción de varios abusos. Esto lo demuestra con toda evi- 
denda el código de D. Alonso el Sabio » formado ha- 
cia 1260, en el cual, después de prohibir al clero va- 
rias diversiones groseras, prosigue la ley diciendo así : 
«Nin deben ser facedores de juegos por ^caraio^, por- 

* ODéxime le Roy, « Estadios sobre mas ^scenas de la Natividad del Sal- 
ios Misterios, » París, 1837, 8.^ cap. i. vador. 

—-De la Rae, « Ensayos sobre los Bar- ' En Sevilla , Tarragona , Murvie- 

dos, Jaglares, etc..» Caen, i854, 8.**, dro , Mérida y otras ciudades de Es- 

1. 1 , p. Í99.— Anécdotas de Spences , paña, se encuentran restos preciosos 

edit. Sioffer, Londres , Í8a0 , 8.% de loa teatros y anfiteatros romanos, 

p. 307.— A la misma clase pertenece ^ Jaegos por escarnio. Esta fnise 

la exhibición anual que se nace en la es oscura ; pero hemos seguido la 

iglesia de Araoeli , en el Capitolio de opinión de liartinez de la Rosa , au- 

Roma , del pesebre , adoración y de- toridad respetable, que asegora son 



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270 HISTOBIA DE LA LITEBATURA BSPAllOU. 

» que ios vengan á ver las gentes como los facen , el 
»8i los otros bornes los facieren, non deben los ele- 
»rigos hi venir, porque se facen hi muchas villanias et 
»desaposturas; nin deben otrosí estas cosas facer en 
«las eglesias, ante decimos que los deben ende echar 
» deshonradamente sin pena ninguna á los que los fe- 
»cieren; ca la eglesia de Dios fue fecha para orar, et 
» non para facer escarnios en ella : et asi lo dixo núes- 
»tro señor Jesucristo en el Evangelio, que la su casa 
•era llamada casa de oración , et non debe ser fecha 
»cueva de ladrones. Pero representaciones hi ha que 
«pueden los clérigos facer, asi como de la nasgencia 
»de nuestro Señor Jesucristo , que demuestra como el 
»angel vino á los pastores et dixoles como era nacido, 
«etotro si de su aparecimiento como le venieron los tres 
«Reyes adorar, et de la resurrección que demuestra 
«como fué crucificado , et resurgió al tercer dia. Tales 
«cosas como estas que mueven á los homes á facer bien 
«et haver devoción en la fé, facerlas pueden : et demás 
«porque los homes hayan remembranza que segunl 
«aquello fueron fechas de verdal; mas esto deben facer 
«apueslamienle et con grant devoción et en las cibda- 
«des grandes do oviere arzobispos ó obispos, et con su 
«mandado dellos ó de los otros que tovieren sus veces, 
«et non lo deben facer en las aldeas nin en los lugares 
«viles, nin por ganar dineros con ello '. « Pero, aun- 
que estas primeras representaciones religiosas en Es- 



composiciones satíricas de corta ex- Escarnido, en el • Quijote > (parte ii, 
tensiOD , y de las cuales pudieron cap. Si ), se usa por t befado , burla- 
nacer más adelante los entremeses y do , escarnecido ». 
saínetes. (Doña Isabel de Solis, Ma- > Partida i, titulo 6 , ley 34, edic. 
drid, i857, ll«, 1. 1, p. 395, nota i3.) de ia Academia. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO Xlll. 271 

paña, ya pantomímicas, ya dialogadas, se hacian por 
eclesiásticos y seglares desde poco antes de mediados 
del siglo XIII, y probablemente mucho antes; y aunque 
continuaron por algunos siglos, no ha quedado noti- 
cia clara, ni el menor fragmenlo de ellas; y no se en- 
cuentra en la poesía profana española ninguna composi- 
ción que merezca el nombre de dramática , hasta ñnes 
del siglo XV ; aunque tal vez haya habido alguna poco 
anterior, como lo da á entender un pasaje de la carta 
del marqués de SantiUan al condestable, de Portugal ^ ; 
la noticia de una comedia moral escrita por el mar- 
qués de Villena , hoy perdida » que dicen se representó 
en 1 41 4, en presencia del rey D. Fernando de Aragón % 
y una indicación muy ligera que hace el autor de la inte*- 
resante y animada Crénica de Don Alvaro de Luna^ sobre 
los entremeses * , ó pasos , que algunas veces disponía 
aquel orgulloso privado, poco después y en el mismo 
siglo; pero todas estas especies son vagas, inciertas é 
inseguras *. 



* Dice el Marqués qiie ra abuelo »i fallar invenciones é sapar entre- 
D. Pedro González de Mendoza , que unieses en fiestas», etc. (Crónica del 
▼ivió en tiempo del rey D. Pedro el condestable don Alvaro de Lana , 
Cruel , escribió poemas escénicos , edic. Flores , Madrid , i784, 4.*^, títn- 
i la manera de Planto y Terencio , lo 68). No es de creer oue estas com- 
en coplas á estilo de las serranas, posiciones fuesen las farsas joviales , 
(Sancnca, Poesias anteriores , t. i, conocidas después con el mismo nom- 
p. 49.) bre ; pero no cabe duda en que erun 
^ Velazquez, «Orígenes de la poesia poesías y se representaban. El Con- 
castellana » , Málaga, i754, 4.<', p. 9K. destable fué degollado en i455. 
Parece probable oue Zurita aluda i * No ignoramos que se bao hecho 
esta comedia de Villena, cuando dice varias tentativas para explicar el ori- 
(Anales, lib. i3, año de Í4i4), que gen del teatro español, de distinto 
en la coronación de D. Femando modo que nosotros lo hemos hecho, 
hubo grandes juegos y entremeses. —1 .* «El matrimonio de D.* Endrina y 
De otro modo sería preciso suponer D. Melón,» se ha citado, como prueba 
que habla varios géneros de diver- de su procedencia , en la tracluccion 
siones dramáticas, lo cual, aunque francesa de la «Celestina», por De 
posible , es poco probable. * Lavigne ( París, i2.'', i84i , pp. 5-6); 
, * « Fué muy inventivo é mucho dado pero las aventuras de dichos perso- 



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272 HISTORfA DE LA LITERATURA ESPA?iOLA. 

Algo más se aproxima al espíritu y carácter dramático, 
y particularmeole á las formas con que se presentó el 
teatro profano en España , un diálogo curiueo intitulado 
Coplas de Mingo Revulgo , sátira en el género pastoril^ 
escrita en lenguaje crudo , enérjico y vigoroso de las 
clases populares, que pinta el estado fatal de las cosas 
públicas al terminar el reinado débil del impotente 
Enrique IV ^\ Los interlocutores de esta obra , que se 
cree escrita en 4472, son dos pastores, el uno llamado 
Mingo Revulgo., nombre corrompido de Domingo vulgo, 
y viva representación del pensamiento popular^ y el 
otro, Gil de Ribato, es decir, que está arriba ó elevado, 
y es el intérprete de la nobleza : este habla eo tono pro- 
fetice , y al mismo tiempo que se queja del estado á 

osjes. tomadas, segun ya dijimos, de 
Panfilo Mauriano, consUtuven mera- 
mente BD cuento sacado de un diá- 
logo latino muy antiguo, oue vulga- 
rizó luego el arcipreste de Hita (Sán- 
chez, t. IV, copl. 550-865), y que no 
se diferencia en nada de las demás 
historias del Arcipreste, ni es sus- 
ceptible de representación dramática. 
(Véase el prólogo de Sánchez al mis- 
mo tomo , p. 23, etc. ) 2.* « La Danza 
General de la Muerte», de laque tam- 
bién hemos ya hablado, y que se es- 
cribió hacia 1350 (Castro, Bibl. Esp. , 
1. 1, pp. 200, etc.), puede considerar- 
se, según Bforatin (Obras, edic. de 
fa Academia , Madrid . i830, 8.** , 1. 1 , 
p. i12), como el primer ensayo dra- 
mático español; pero es indudable- 
mente didáctico , y sería un absurdo 
ponerle en escena. 3.* La «Comedieta 
de Ponza» , poema sobre la gran ba- 
talla naval aada en 1435, cerca de la 
isla de Ponza, escrito por el marqués 
de Santillana, que murió en i454, es 
considerado como drama por Mar- 
tínez de la Rosa (Obras -literarias, 
París, 4827. 12.", t. ii, p. 518), que lo 
fija hacia 1436; pero en realidad es 
una obra alegórica, escrita en diálo- 
go y en coplas de arte mayor; y de 



la cual bablarémos más adelaate ; y 
finalmente , 4.* Nasarre , en su pró- 
logo á las comedias de Cervantes 
( Madrid , 1749, 4.^ vol. i ), dice que 
en i469se representó en casa del con- 
de de Drena una comedia delante de 
loe Reyes Católicos, y en celebridad 
de su casamiento. Pero no hay otro 
testimonio que el dicho de Nasarre , 
autoridad poco respetable; y como 
por otra parte añade que la come- 
dia era obra de Juan del Encina , y 
este escritor nació cabalmente el año 
de i468, es difícil creerlo : prescin- 
diendo de que el casamiento apre- 
surado y semísecrelo de aquellos 
dos principes , en momentos de an- 
siedad y riesgo , no es probaJMe se 
solemnizase con fiestas y farsas. Véase 
los € Reyes Católicos », por Prescott , 
lib. i, cap. ^. 

*o «r Coplas de Mingo Revulgo > « 
impresas muchas veces en los si- 
glos XV y XVI , con las hermosas co- 
plas de Jorge Manrique. Las edicio- 
nes que usamos son de 1568, 1632, y 
la que hay al fin de la « Crónica de 
Enrique iv». (M^idrid, 1787, 4.o, edic- 
cion de la Real Academia), con el 
comentario de Femando del Pulgar. 



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PRIMBBA ÉPOCA. — CAPITULO XIII. 273 

que han venido á parar los negocios páblíeos, echa la 
culpa de todo el mal al pueblo, que con sus excesos 
y crímenes ha merecido, dice, caer bajo el dominio 
de un pastor tan indolente y corrompido. El poema co- 
mienza con la exclamación de Arríbate, que viendo ve- 
nir un domingo por la mañana á Mingo Revulgo, mai 
vestido y cabizbajo, le llama á gritos de esta manera : 

A Mingo Revulgo , Mingo ! porque traes tal sobrecejo ? 

á Mingo Revalgo , bao ! andas esta madrugada 

que es de tu sayo de blao? la cabeza desgreñada : 

no le "vistes en domingo? no te Uotras de buen rejo? 
Que es de tu jubón bermejo? 

Respóndele Mingo Revulgo diciendo que el estar el 
rebaño gobernado por un pastor tan imbécil , es causa 
de su miserable estado; y luego entablan bajo esta ale- 
goría una sátira mordaz, pero fundada y verídica, con- 
tra las disposiciones del gobierno, contra el carácter 
miserable y bajo del monarca , y su escandalosa pasión 
por su favorita portuguesa , y conira el descuido é in- 
dolencia imperdonable del pueblo, terminando con un 
encomio de los placeres y satisfacciones que se hallan 
en una honrada medianía. Consta el diálogo de treinta 
y dos coplas, de á nueve versos cada una; y debió cau- 
sar mucha impresión en su tiempo, puesto que se reim- 
primió varias veces en el siguiente siglo, y hasta fué 
ilustrado en dos ocasiones con doctos comentarios*'. Su 
autor ocultó prudentemente su nombre, y nunca ha 
sido posible averiguarlo**. Las primeras ediciones su- 

H Velazquez (Orígenes, p. 52), dirigido contra aquel infeliz monar- 

tapone que es una sátira de la corte ca. La copla 6 parece que alude con 

de D. Juan II; pero se aplica mejor y mucha claridad á sus amores con 

con más naturalidad á los tiempos de D.* Guiomar de Castro. 

Enrique IV, y siempre ha pasado por *^ Antiguamente se atribuyeron 

T. I. 48 



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274 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

ponen en general que lo faé Rodrigo Cota el Viejo, na-*^ 
tural de Toledo, á quien también se atribuye un Diálogo 
entre el Amor y un viejo, obra del mismo tiempo, aunque 
mas enérjica y vigorosa, y también mas dramática. En 
él se figura á un viejo metido en una pobre choza, en 
medio de un jardín abandonado y destruido. El Amor 
se le presenta , y el anciano exclama al verle : 



Cerrada estaba roí puerta : 
á que vienes? por do entraste? 
di^ traidor^ como saltaste 
las paredes de mi huerta? 
La edad y la razón 



de ti me habían libertado ; 
deja al pobre corazón 
retraidoen su rincón 
contemplar en lo pasado. 



Sigue pintando su miserable condición y haciendo 
una descripción tristísima del Amor, que lo replica con 
mucha sangre fria : 

En tu habla cuentas 

que no me has bien conocido. 

Sigue una cuestión muy viva, en la que, como es 
natural, el Amor vence, prometiendo al viejo que se 
compondrá su jardin y que recobrará la juventud. El 



las coplas de Minso Revulgo á Juan 
de Mena, famosísimo poeta de su 
tieBQpo(N. Antonio, «Bill. Nov.>, 1. 1, 

Í». 3o7); pero esta conjetura es in- 
undada , porque Juan de Mena si- 
guió precisamente el partido contra- 
rio. Mariana, que dio á esta sátira 
bastante importancia para citarla , al 
hablar de las alteraciones del rei- 
nado de D. Ensique IV, declara (His- 
toria, lib. 23, cap. i7, t. ii, p. 47S), 
aue el autor de ella fué el cronista 
[ernando del Pulgar; pero ninguna 
razón alega en apoyo de su opinión, 
á no ser que Hernando del Pulgar 
escribió un comentario sobre ellas , 
haciendo más clara é inteligible la 



alegoría que encierran, lo cual no 
hubiera podido hacer ningún otro 
escritor que no hubiera estado bien 
informado del pensamiento é in- 
tenciones del autor. Véa9e la dedi- 
catoria que hace de su «Comentario» 
al conde de Haro, y el prólogo que 
antecede. También merece consul- 
tarse en este punto á Sarniento, 
t Memorias para la historia de la 

fi)esia y de los poetas españoles,» 
adrid, 1775, 4.", |. 872. Pero sea 
auien fuere el autor de las coplas de 
lingo Revulgo, no cabe duda de que 
fueron en su tiempo un poema po- 
pular é importante. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍT4JL0 XIII. 275 

viejo se rüide á discreción , y es tratado después con la 
ironía y burla más sangrienta por su vencedor, quien 
le pregunta si á sus años tiene todavía |[^nsamientos de 
ser feliz en amores. Todo él está escrito en estilo fácil y 
agradable, y dispuesto con algún ingenio; pero aunque 
susceptible, couk) otras églogas, de ser representado « 
hay casi seguridad de que nunca lo fué. Sin embargo, 
así como las coplas de Mingo Revulgo, es tan parecido á 
las églogas que algún tiempo después se representaron 
ya como dramas, que puede fundadamente suponerse 
tuvieron alguna intluencia, y contribuyeron en cierto 
modo á la creaóion del género dramático^'. 

El trabajo literario que echó en seguida los cimien- 
tos del teatro español , es la Celestina, historia ó novela 
dramática, coetánea de los poemas que acabamos de 
nombrar, y probablemente obra de la misma mano. Es 
una composición en prosa, dividida en veinte y un ac- 
tos ó partes, y llamada en su origen Tragicomedia de 
Calixto y Melibea; y aunque por su extensión y estruc- 
tura no es creíble se haya representado nunca, su es- 
píritu y movimiento dramático han dejado huellas ine- 
quívocas de su iniluencia en el drama nacional*^. 

El primer acto , que es el más largo , es probable- 

*' El c Diiloffo entre el Amor y un Juan del Encina, que comienza :« Vá- 

Tiejo » se imprimió, según creemos, vmonos , Gil , al aldea > , como tam- 

por la vez primera en el t Caneione- bien de nn pasaje de dicha égloga, 

ro general » de iSti ; pero también en gue su autor alude claramente al 

anoa unido á las « Coplas de Jorge «Dialogoj» de Cota. Es el villancico ñ- 

Manrigue», i588 y 1652. Puede verse nal , que empieza : 

á D. Nic. Ant., «Bibl. Nov.,» t. ii, pá- Ningiino derre las poeitas , 

ginas 265-954, quien da algunas noti' Si Amor viniese á llamar: 

das de Cota. Que este antiguo «Oiálo- Q»« "» >« *» <>« aprof echar. 

So» influyó algún tanto en la creación ** En el original las divisiones se 
el drama y parece como anunciarlo, llaman actos ; pero, propiamente ba- 
se colige basta cierto punto de su se- blando, no son actos , sino escenas, 
mejaon eon una de las églogas de las partes que componen la «Celes* 



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276 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

mente obra de Rodrigo Gota , de Toledo, y sí es así, puede 
afirmarse se escribió por los años de 1480**. Principia 
en las cercanÉHle una ciudad que no se nombra *% y 
la primera escena es entre Calixto t noble mancebo, y 
Melibea , doncella ilustre y de más altas cualidades y 
prendas qoe su amante. Este la encuentra en el jardin 
de sus padres, adonde habia bajado por casualidad en 
busca de un azor, y ella le recibe como una dama de 
alto linaje recibiría á un extraño que empezase á enamo- 
rarla desde el momento que la ve. El resultado es que 
el joven orgulloso se retira mortificado y lleno de des- 



tina», porque su autor mezcla del 
modo más confuso que puede darse, 
y en un mismo acto , conversaciones 
simultáneas habidas en diversos si- 
tios. Por ejemplo, en el acto xir ve- 
mos á Calixto 7 Melibea hablando en 
el jardin del padre de esta, y al mis- 
mo tiempo vemos conversar á los 
criados , que están fuera del jardin; 
y sin embargo el diálogo es segui- 
do, como si ocurriese sin variación 
de lugar. 

*^ Rojas , autor de la cCelestina» 
( exceptuando el primer acto^ , dice 
en una carta preliminar dirigida á 
un amigo, que el primer acto se su- 
ponía por unos ser de Juan de Mena, 
y por otros de Rodrigo Cota. Ya don 
Nicolás Antonio demostró que la pri- 
mera conjetura era absurda , al paso 
3ue todas las noticias que tenemos 
e Rodrigo Cota son de que él fué 
su verdadero autor ; ademas , Alon- 
so de Villegas, en los versos <rne an- 
teceden á su c Selvagia », 1554 (de la 
cual hablaremos después ), dice ex- 
mresamente, al hablar de Rodrigo 
Gota , « que aunque era pobre y de 
»b9jo lugar, su ciencia le hizo capaz 
»de comenzar la gran Celestina, (|ue 
«después acabó Rojas con felicísimo 
»mgenio , que nunca podrá ser ala- 
>bado bastantemente»; testimonio 
hasta ahora poco conocido, y que 
atendidas sus circunstancias , pare- 



ce suficiente para decidir en la cues- 
tión. En cuanto al tiempo en que se 
escribió la cCelestina», creemos que 
debió ser durante el reinado de los 
Reyes Católicos, porque no es de 
suponer la existencia de tal prosa 
castellana en época anterior. Es muy 
curiosa la observación hecha por 
Blanco White (Variedades, Londres, 
1824 , S.^", 1. 1 , p . 226) sobre un pasj^e 
del tercer acto : supone este escri- 
tor que Rojas compuso su parte an- 
tes de la caída de Granada ; y Ger- 
mond de Lavigne (tCelestine», tra- 
ducción francesa, p. 63), fundán- 
dose en el mismo pasaje , pretende 
que fué escrita, ó durante el sitio ó 
poco después. Pero Blanco White, á 
nuestro entender, resuelve la cues- 
tión con mucho acierto, opinando 
que ambas partes se escribieron an- 
tes de i480. Si á esto añadimos las 
alusiones á los cautos de fe», en los 
actos IV y vil , puede fijarse con fun- 
damento la fechado la cCelestina» 
con posterioridad al año de i480, en 
que se estableció la inquisición, si 
bien esta es materia que da lugar á 
muchas dudas. 

^ Blanco White alega una porción 
de razones ingeniosas, y supone que 
Sevilla es la ciudad á que se alude 
en la cCelestina»; y como él era na- 
cido alli, puede ser considerado co- 
mo juez competente en la materia. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIII. 277 

esperacion , y se eacierra en su habitación , á oscuras. 
Sempronio, criado de toda su confianza, entendien- 
do la causa de la turbación de su i^É* , le aconseja 
acuda á una vieja con quien él tiene relaciones íntimas 
y reservadas « y que se supone ser una especie de bruja 
y maestra en fabricar filtros. Esta mujer no es otra que 
Celestina, y su carácter, que parece tomado del bosquejo 
hecho por el arcipreste de Hita , de una mujer con las 
mismas pretensiones, se revela al instante con toda cla- 
ridad : promete desde luego y resueltamente á Calixto 
que conseguirá á Melibea, y desde aquel momento ejer- 
ce un dominio completo sobre él y sobre cuantos le 
rodean". 

Hasta aquí llegó Cota con su obra, que por razones 
que nos son desconocidas dejó sin concluir; pero ha- 
biendo circulado este fragmento entre los curiosos, y 
siendo generalmente admirado. Femando de Rojas, 
natural de Montalvan, y bachiller en leyes , que vivía 
en Salamanca, lo recogió, y á petición de algunos ami- 
gos suyos, según él mismo dice, escribió, aprovechando 
quince dias de vacaciones, los veinte actos ó escenas res- 
tantes, que constituyen siete octavas partes de la obra'*. 
No puede admitirse que la conclusión ó desenlace que 



^^ « La TroUconventos » de Jaan el autor de la obra , en unos ver- 
Ruiz , arcipreste de Hiu , parece ser sos acrósticos , con el titalo de c El 
el modelo de la cCelestina» ; y cier- autor, excusando su obra », que es- 
tamento no deja de presentar alguna tan á continuación de la carta , y cu- 
semejanza : en el segundo acto de yas iniciales forman la ft^se siguien- 
«Calixto y Melibea», Celestina se lia- te : «El bachiller Femando de Rojas 
ma ik si misma Trotaconventos. »acabó la comedía de Calixto y Me- 

'^ Rojas consigna estos hechos en »libea,?fhé nascido en la Puebla de 

nna carta preliminar, anónima, de »Montafyan.»Por lomismo, si cree- 

que ya hemos hablado, intitulada : mosá Rojas, no queda la menor duda 

« El autor, á un su amigo»; decía- en el asunto, 
raudo ademas su nombre y ser él 



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278 HISTORIA DE LA LITERATURA SSPAfidLA. 

él puso sea el mismo que meditaba el autor original, 
puesto que d mismo Bojas dudaba quién fuese este, 
y nada sabía dBsu plan y objeto : dice ademas que la 
parte que Uegoa sus manos era una comedia, y la con- 
tinuación es tan violenta y melancólica , que hubo de 
intitular el todo «tragicomedia» , nombre que después 
ba conservado, y que tal vez inventó el mismo Rojas 
expresamente para el caso. Hay sin embargo una oír* 
cunstancia muy notable, que es preciso no perder de 
vista ; y es , que algunos trozos de las partes diferí- 
tes atribuidas á los dos autores, son tan iguales en la 
dicción y en lo acabado del estilo, que hacen presumir 
tal vez sea toda obra de Rojas , quien por su calidad de 
eclesiástico , no ouiso quizá cargar con la responsabili- 
dad de pasar por único autor de la Cek^na*^. Verdad 
es que contradicen esta presunción las palabras del mis- 
mo Rojas , el cual dice terminantemente haber encon- 
trado ya escrito el primer acto , y así el segundo co- 
mienza con la impaciencia de Calixto, que estrecha más 
y más á Celestina para que le proporcione una entre- 
vista con la hermosa y noble Melibea ; la taimada terce- 
ra consigue su objeto, presentándose en casa del padre 
de aquella , so color de vender galas y otras frioleras 
mujeriles; y obtenida la entrada, encuentra fácilmente 
pretextos para volver, y aun derecho para repetir sus 
visitas. Hay luego entre los criados y sirvientes intrigas 

*^ Blanco White, en un articulo diversidad de estilo en ambas partes» 

critico sobre la «Celestina» (Varieda- aunque las cree de diferentes manos . 

des , 1. 1 , pp. S94-S96) , es de esta Pero el sagaz autor del « Diálogo de 

misma opinión, que también admite las lenguas» (Mayans y Sisear, Ori- 

Mr. Germond de LaTigne en el pro- genes, Madria, i737, i2.®, t. ii, p¿- 

logo á su traducción rrancesa die la gina 165) es de diverso parecer, y lo 

«Gelestina».Morat¡n(Obras,t. I, par- mismo Lampillas. (Ensayo, Madrid, 

le I, p. 88) uo encuentra tampoco 1789, 4.^ t. vi, p. 54.) 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIII. 279 

groseras y de mal género, en medio de las cuales se de- 
jan entrever las maquinaciones del principal personaje 
y autor de la desgracia , dirigiéndolas rila misma y em- 
pleando todo su poder y recursos. Así es que nada se 
resiste á su actividad y talento para el mal : habla como 
un santo ó un filósofo, según cuadra á sus miras ; adu- 
la, amenaza, impone, y su maligno ingenio no conoce 
escrúpulo ni tropiezo; en una palabra, no se distrae ni 
olvida por un solo momento el objeto que tiene delante. 
Entretanto la desventurada Melibea, estrechada por 
cuantos medios pueden sugerir la seducción y la mal- 
dad, tiene por último que confesar su amor á Calixto; 
y desde aquel momento su suerte queda irrevocable- 
mente fijada : Calixto la visita de noche y en secreto, á 
la manera de los antiguos galanes españoles, y la in- 
triga camina rápidamente ¿ su desenlace, al propio 
tiempo que también se prepara el condigno castigo. Las 
personas que más han contribuido á que Calixto y Me- 
libea se vean , arman una cuestión sobre «1 galardón 
debido á sus servicios; y Celestina, en el momento mis- 
mo de su triunfo, es asesinada por sus agentes misera- 
bles; dos de estos intentan fugarse, y perecen á manos 
de la justicia; reina lu^o una confusión espantosa; cul- 
pan á Calixto de la muerte de Celestina , porque esta 
ha muerto por servirle; y algunos favoritos y depen- 
dientes de aquella infame mujer, llenos de ira , le dan 
una cita para arruinarle y vengarse ; riñen con los cria- 
dos que Calixto tiene apostados en una calle para que 
le guarden; oye este el ruido, acude en su auxilio, 
cae de una escalera y queda muerto. Melibea confiesa 
á voces su crimen y su flaqueza, y en seguida se arroja 



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280 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

desde lo alto de una torre; terminando esta horrible y 
lastimosa historia con los lamentos del infeliz padre so- 
bre el cadáver de su hya. 

La Celestina, según ya hemos dicho, es más bien 
una novela dramática, que un verdadero drama, ó una 
tentativa, al menos , de producir efectos estrictamente 
dramáticos; pero tal cual es, la Europa no puede pre- 
sentar en aquel tiempo nada comparable áella en mérito 
literario. Toda ella está llena de movimiento y de vida; 
sus caracteres, comenzando por el de Celestina y aca- 
bando por el de sus insolentes rufianes, y las compa- 
ñeras de su brutalidad y disolución , están pintados €on 
una verdad y maestría que rara vez se encuentra en los 
mejores tiempos del teatro español. El estilo es puro, 
fácil y suelto, á veces brillante y siempre castizo, os- 
tentando todas las galas y recursos del buen castellano 
antiguo, estilo á que nunca antes habia llegado la 
prosa española, y áque pocas veces ha llegado después. 
Bay en verdad ocasiones en que se resiente de una 
erudición inoportuna y fria; pero este es defecto propio 
de aquellos tiempos. 

Lo más notable de la Celestina es el cinismo desca- 
rado que reina en los pensamientos y en el lenguaje : 
apenas puede comprenderse hoy dia cómo las autorida- 
des política y eclesiástica permitieron su circulación ; y 
si algo lo explica, es que la obra tuvo por objeto él 
amonestar á la juventud y precaverla contra los críme- 
nes y seducción que tan libremente pinta , juntamente 
con la creencia de que la intención de su autor fué bue- 
na en el fondo. Por extraño que esto nos parezca hoy 
dia, no cabe duda sino que muchos la consideraron tal; 



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PiíniBRA ÉPOCA. -^ GAPtTfJLO UH. 281 

así es que se dedicó á eclesiásticos respetables y á damas 
ilustres y virtuosas, tanto en España como fuera de ella; 
y parece que su lectura fué general y común entre sabios, 
personas morigeradas y hasta modestas, sin que causase 
el menor rubor su lectura. De aquí provino que cuando 
los que tenían facultad para castigar el libro, hubieron 
de acometer la empresa, lo hicieron con cierto mira- 
miento , introdudendo solo leves variaciones , y que la 
Celestina recorrió libremente el campo que le abrió el 
favor público*^. Publicada por la vez primera en 1499, 
se reprodujo en treinta ó más ediciones durante el si- 
guiente siglo, en que el número de los lectores parece 
no debía ser muy crecido : al mismo tiempo ó poco des- 
pués, se tradujo al inglés, al holandés y al alemán, tres 
veces al francés y otras tantas al italiano, y para que 
ningún erudito careciese de su lectura, se trasladó tam- 
bién al latín, lengua universal de los sabios. El severo 
y concienzudo autor del Diálogo de las lenguas^ el pro- 
testante Juan de Yaldes, la elogia sobremanera *^ Lo 



*• El que desee noticias acerca de 
la edición de i499, la másantigoa 
qae se conoce, con el titulo de «Co- 
media », y (liTidida en diez y seis ac- 
tos, las hallará mnv circunstanciadas 
ennn articulo de F. Wolf, en el «Dic- 
cionario de la conversación » ( BlSt- 
ter, 1845, números 213 á 217). Es 
muy poco lo expurgado en las edi- 
ciones de Alcalá, 1^; y de Madrid, 
1985 , y nada en la « Plantiniana >, de 
la misma fecha. En el «índice de 1667» 
se tachan solo algunos pasages ( pá- 
gina 948), y la obra toda no se pro- 
nibi6 basta 1795, permitiéodose, ex- 
purgada, en 1790, y no apareciendo 
la prohibición solemne , sino en el 
«índice de 1805». Pocos libros habrá 

Sae mejor prueben la sagacidad y 
no con que procedía la inquisición 



siempre que conceptuaba imposible 
contrarestar el gusto popular. En 
Venecia se imprimió, el año de 1535» 
una traducción italiana muy bien he- 
cha, y dedicada á una dama, en la 
cual el texto está integro y sin ex- 
purgar. Moratin (Obras , 1. 1, parte i, 
p. 9a), y Aribau (Biblioteca de au- 
tores españoles , Madrid , 1846 , 9.^, 
t. u, p. XII ) insertan una lista de las 
ediciones que tuvo este libro singu- 
lar ; pero para completarlas hay que 
añadir las noticias ae Brunet, Ebert 
y otros bibliógrafos. Las mejores 
ediciones son la de Amarita(1823),. 
y la de Aribau (1846). 

** Mayans y Sisear, «Orígenes,» 
t. n, p. 167 : « Ningún libro castella- 
»no hay escrito en lenguaje mas 
•propio, natural y elegante.» 



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282 HISTORU DB LA LITEBATUBA BSPAÜOUl. 

mismo hace Cervantes**. El nombre de Celestina se ha 
hecho proverbial , así como también un sin número de 
frases y modismos puestos en boca de dicha mujer , y 
llenos de ingenio y de gracia**; y no será por cierto 
exagerado el decir que hasta la aparición del Don Qui-- 
jote, ningún otro libro español ha sido tan conocido y 
leido en España y fuera de ella. 

Una acogida y éxito tan singulares dieron natural- 
mente lugar á una serie de imitaciones , muchas de 
ellas más perjudiciales á la moral y á las costumbres^ 
que la misma JCáesUna; y todas, como era de esperar, 
inferiores á su mod^ en mérito literario. Una, intitu- 
lada La segunda comedia de Celestina, en que se su- 
pone su resurrección, se publicó en 1 530, por Feliciano 
de Silva, autor del Don Fl/orisei de Niqviea, y se im- 
primió cuatro veces; oU*a, de Domingo de Castega, cor- 
rió añadida á las reimpresiones sucesivas del original, 
hechas después del año de 4534. En 4537 apareció la 
tercera, escrita por Gaspar Gómez de Toledo; diez años 
después salió la cuarta, de autor desconocido, con el tí- 
tulo de La tragedia de PoKciana, en veinte y nueve 
actos; Juan Rodríguez Florian imprimió en 4554 la 
quinta, llamada La comedia Florinea, en cuarenta y 
tres escenas ; y la sexta , intitulada La Selvagia , salió 
también en 4554, dividida en cinco actos, y publicada 
por su autor, Alonso de Villegas. Ya en 4543 Pedro 
de ürrea, pariente del traductor del Ariosto , puso el 
primer acto de la Celestina en buenos versos caste- 



" Versos de cEI donoso », que ^ GoTarruTias, «Tesoro de la leu- 
están al principio de la c Primera gua castellana ,> Madrid, i674, folio, 
parte del Quiote ». ad verb. 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAFÍTULQ XUI. 283 

Ilaaos, y lo dedicó á su madre; y en 1540, Juan Sede- 
ño, tradaclor del Tasso^ hizo el mismo servicio al resto 
de la obra. Siguiéronse, aunque con mucha posteriori- 
dad , cuentos y novelas en gran número, más ó menos 
imitadas ¿ la Celestina unas , como la Ingeniosa Elena 
y la Flora MalsabiHlla, de algún mérito; otras, como 
La Eufrosina, alabada con demasía por Quevedo, poco 
estimadas*^. 



^ Puibusqne , « Hist. comparada 
de las Ifterataras española y france- 
sa». (París, 1847, 8.% 1. 1, p. 478.V- 
Ensayo que precede á la traducción 
francesa de Lavisne. (París. i84i, 
i^.^')— Montiano jLuyando, cDiscurso 
Aobre las tragedias españolas ». (Ma- 
drid, Í750,i2.», p. 9 y posl., cap. 21.) 
— c La inpeniosa Blena » (1613) y la 
«Flora Malsabídilla > (1623) son de 
Salas Barbadilk), y trataremos de 
ellas al hablar de las novelas en prosa 
del siglo xvn. «La Enfrosina» es de 
Perreyra de Vasconcellos, escritor 
portugués , y en verdad que no sa- 
bemos qué razón tuvo Ballesteros 
Saavedra, que la tradujo al castella- 
no en 1631 , para decir que era anó- 
nima. Háse citado varias veces como 
obra del portugués Lobo ( Barbosa, 
«Bibl. Lusit, » t. II , p. 242 , y t. iv, 
p. 143); y Quevedo, en su prólogo 
á la traducción castellana, parece 
opina del mismo modo ; pero tam- 
poco tiene razón. Lo que Lobo hizo 
rué imprimir una nueva edición del 
oriffinal portugués , en 1613. 

De las imitaciones de la «Celestina» 
citadas en el texto, hay dos que me- 
recen especial mención. La primera 
es la intitulada « Florinea », impresa 
en Medina del Campeen 1354, y oue, 
aunque muy distante de su moclelo 
en punto á vigor y animación , está 
escrita en estilo terso y puro. El 
personaje principal es Bfarcelia, bru- 
ja y alcanueta asquerosa , que acude 
con reguhiridad á los deberes de 
cristiana , y habla continuamente de 
filosofía y religión , en tanto que su 
vida y casa son el colmo de la infa- 



1?; 



mía : hay escenas tan indecentes co- 
mo en la «Celestina», pero el asunto 
no es tan desagradable , y concluve 
con la promesa de casamiento de 
Floriano y Belisea, héroes del dra- 
ma, ofreciendo para la realización 
de la boda una continuación, que nt> 
llegó á publicarse. Es más larga que 
la «Celestina», pues tiene trescientas 
doce páginas de letra gótica muy me- 
nuda, y algunos trozos de poesfa, 
aue es no tan buena como la prosa. 
Su autor, Rodrieuez Florian, dice 
le, aunque su obra es « comedia », 
es «historiador cómico ». 
La otra es la « Selvagia », de Alon- 
so de Villeeas, impresa en Toledo 
en 1554, 4,^ el mismo año que la 
< Florinea », que está allí citada con 
admiración y respeto. El asunto es 
ingenioso : Flerinardo, mancebo no- 
ble V rico de Méjico , se enamora de 
Rosíana , por haberla visto asomada 
al balcón de la casa de sus padres ; 
su amigo Selvago, que sabe esta cir- 
cunstancia , anda acechando el mis- 
mo balcón , y se enamora de otra 
dama, suponiendo ser la misma que 
Flerinardo babia visto ; de aquí na- 
ce naturalmente un eran enredo; 
fiero por fortuna se descubre que 
a dama no es la misma ; y después, 
aparte de los episodios de los se- 
gundos personajes, el matón y los 
criados , la intriga camina felizmen- 
te , dirigida por una persona , copia 
exacta de la perversa Celestina, y 
concluye con el casamiento de los 
cuatro amantes. No es tan larga como 
la «Florinea» ni la «Celestina», pues 
ocupa solo setenta y tres hojas ; pe- 



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284 HISTORIA DB U LirBRATORA BSPAÜOLA. 

Presentóse por último en el teatro, de que tan propia 
la hacia su carácter primitivo. En 1582 , Joaquín Ro* 
mero de Cepeda tomó parte de ella para formar la mi- 
tad de su Comedia Salvaje , que consiste en los cuor 
tro primeros años de la CdesHna, puestos en versos fáciles 
y agradables; y Alfonso de Velasco en 4602 publicó 
un drama en prosa intitulado El Cdoso, fundado tam- 
bién en la Celestina, cuyo carácter está representado 
con la viveza y enerjía del original, bajo el nombre de 
Lena*. No sabemos cómo fueron recibidas las come- 
dias de Velasco y de Cepeda ; pero es tal la rusticidad 
é indecencia de ambas, que no solo la Iglesia , pero 
ni aun el público debió tolerarlas por mucho tiempo. 
El tipo esencial de la Celestina, es decir, el carácter 
primitivo creado por Rodrigo Cota y Femando de Ro- 
jas , continuó sin embargo en el teatro, y se halla en 
comedias : como La Celestina , de Mendoza , La Se- 
gunda Celestina , de Agustin de Salazar, y La Escuela 



ro es Indudablemenlc imiladOD de 
ambu. Poco 6 nada hay en ella qoe 
recuerde el estilo de la • Celestina »; 
pero, con todOj» algunos trozos de- 
clamatorios , si bien mezclados con 
ridiculas pedanterías, tienen nervio, 
7 el di41o^o de vez en cuando no ca- 
rece de aerta gracia y naturalidad : 
por todas partes ostenta ser moral y 
religiosa, y por oferto que nada tiene 
de lo uno ni de lo otro. Acerca de su 
autor no cabe la menor duda. ▲ fin 
de imitar en todo 4 la cGelestina», tie- 
ne una introducdon con sus corres- 
pondiente versos acrósticos, en cuyas 
iniciales se lee lo siguiente : « Alon- 
ase de Villesas Selvago compuso la 
«comedia Selvagia, en servicio de su 
vsennora Isabel de Barrionuevo, 
•siendo de edad de veinte annos, en 
«Toledo, su patria.» ¡Singular ob- 
sequio piara una mujer á quien se 



ama! Está dividida en escenas y en 
actos. 

*> Parece que el nombre de este 
autor es incierto y dudoso, pues se 
encuentra escrito de dos 6 tres ma- 
neras : Alfonso Vaz, Vázquez, Ve- 
lazquez y Vz. de Velasco (Véase á don 
Nicolás Antonio cBibl.Nov.«,t. i, pa- 
gina 52). Ésta comedia libre y des- 
vergonzada, esta reimpresa en la 
edición de Óclioa de los c Orígenes 
del teatro español». (París, i838,8.<') 
Tieoe algunos caracteres bien pin- 
tados: por ejemplo, el de Inocencio, 
que recuerda ¿ veces al inimitable 
Domine Sansón, de Walter Scott. 
Esu comedia se publicó en Hilan 
en i602 ; pero tal vez, como entonces 
sucedia casi siempre, se publicase 
antes en Espafia : lo que es cierto 
es que se reimprimió en Barcelona 
en mz. 



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PEINERA ÉPOCA. — CAPITULO XIII. 285 

de Celestina^ de Salas Barbadillo, escritas todas des- 
pués del año de 4600, y eo otras posteriores. Y aun en 
nuestros días, un drama fundado en su carácter, hasta 
donde lo permite la índole del páblico moderno , ha 
sido acogido favorablemente, y la obra original se ha 
reimpreso con todos sus variantes, mereciendo ser nue- 
vamente traducida al francés y al alemán con vigor y 
eneijía ••. 

La influencia pues de la CelesUna no parece haber 
concluido aun del todo, á pesar de que solamente es 
digna de atención como pintura inimitable de la última 
depravación del corazón humano, y por la riqueza de 
su estilo verdaderamente puro, exquisito, castizo y cas- 
tellano. 



*s Gnstiiie , c L*Espaene soas Fer- 
dlaaod Vil ,» tercera edición. ( París, 
Í838,8A t. i,p. 279.)La edición déla 
«Celestina», con variantes, es de 1S22, 
8.*, por León Amarita. La traduc- 
ción francesa es la misma qae tantas 
▼eces hemos citado, por Germond 
de Lavigne (Paris, Í84Í , i2.*), y la 
tradaccion alemana, que es muy fiel 
y exacta, es de Edw. Bülow (Leip- 
sik , i845 . ll^"). Hállanse ya rastros 
de la « Celestina • en el teatro inglés 
desde 1830 (CoUier, Hlst.de lapoesia 



dramática , etc., Londres , 183i , 8.^. 
t. u, p. 406); y bay ademas ana tra- 
ducción inglesa, hecha por Juan Mab- 
be (Londres, 4631, folio), que es muy 
notable por su enerjia, propiedad é 
idiotismos. EnBrunet, Ebert y otros 
autores de bibliografía, se hallarán 
citadas las tres traducciones al fran- 
cés , hechas en el siglo xii , Uis tres 
que se hicieron al italiano, y que se 
reimprimieron varias veces, una al 
alemán y otra al latin, de que ya he- 
mos hablado. 



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CAPITULO XIV. 

GonUnuacion de la historia del drama.— Joan del Encina. —Su vida y obras 
—Sos representaciones y carácter de ellas.— -Primeros dnunas* represen- 
tados en Espaíía.— Sagrados los unos, profanos los otros.-— El portugués 
Gil Vicente.— Sus dramas castellanos.— El anfo de la Casandra.— La co- 
media de la Viuda.— Influencia de esta en el drama espaiol. 

La Celestina^ según ya dejamos indicado en otro lu- 
gar t influyó muy poco ó nada en los rudos ensayos del 
éh*ama español, quizá no tanto como los diálogos de 
Mingo Revulgo y de El Amor y un viejo; pero considera- 
das colectivamente, estas tres producciones nos servi- 
rán sin duda para descubrir quién fuese el verdadero 
fundador del teatro español. Juan del Encina\ natu- 
ral probablemente de la aldea de su nombre, cerca de 
Salamanca, nació por los años de 1468 ó 1469, y se 
educó en su célebre universidad « donde tuvo la suerte 
de granjearse el favor y protección de un miopbro de 
la ilustre casa de Alba , á la sazón rector de aquella. 
Después de haber andado^ algún tiempo eQ la corte, y 
de edad ya de veinte y cinco años, entró á servir á Don 
Fadrique de Toledo, primer duque de Alba, al cual, y á 
su esposa la Duquesa dedicó muchas de sus poesías. 



* Su nombre se halla escrito con de sus obras. En la de 1496, Encina ; 
variedad en las diferentes ediciones en la de 1909 y otras , Enzina. 



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PRDIBRA ÉPOCA. CAPÍTULO XIV. 287 

En 1496 publicó la primera edicioo de sus obras, divi- 
didas en cuatro partes, y dirigidas á los Reyes Católicos 
D. Femando y D/ Isabel, al duque y duquesa de Alba, 
al príncipe D. Juan, y á D. García de Toledo , hijo de 
su ilustre protector. 

Algunos años después, Juan del Encina pasó á Roma 
y abrazó el estado eclesiástico, logrando, por su gran 
pericia en la música , que el papa León X le confiase la 
dirección de su capilla, el mayor honor que en aquellos 
tiempos podia conferirse á un profesor de dicho arte. 
En 1519 fué en peregrinación de Roma áJerusalen, en 
compañía de D. Fadrique Afán de Ribera , marqués de 
Tarifa; y á su vuelta, en 1521 , publicó en verso una 
relación de su viaje, de escaso mérito literario y muy 
mezclada de alabanzas al Marqués , en la que concluye 
manifestando lo muy contento y satisfecho que estaba 
de vivir en Roma*; á pesar de lo cual, habiendo sido 
agraciado , en edad ya avanzada , con un priorato en 
León, en recompensa de sus servicios, volvió á su pais 
natal, y murió en 1 534 , habiendo sido enterrado en la 
catedral de Salamanca , donde es de creer se conserve 
aun el monumento erigido á su memoria'. 

* De este viaje y peregrínadoii hay Santa pasando por Egipto, y en Jeru-> 

ana edición de Bladrid, 1788, 8.S la salen entró en la orden y religión del 

caal consta de cien páginas, y tiene Temple. Su relación de lo que vio y 

al fin nn samario de toda la obra, en observó durante su perecrrinacion , 

verso, y en la forma de los romances podrá ser interesante para la historia 

que se escribían para el pueblo; si oe la geografía ; pero en cuanto á 

bienacasonoseaoora del mismo En- mérito poético, tiene muv poco ó 

ciña. También el alférez Pedro de Es- ninguno. La mayor parte , a pesar de 

cobar Cabeza de Vaca publicó en iS87 estar en verso , pudiera , sin mucho 

S^alladolid,8.')unareiacioiienverso trabado, convertirse en excelente 
e su peregrinación á Tierra Santa, la prosa . 
cual consta de veinte y cinco cantos * El autor que mejor y con másd&- 
en verso suelto, y se intitula «Lucero tos ha escrito la vi^ de Juan del En- 
de Tierra Santa y grandezas de Egipto ciña, es Femando Wolf, de Viena, cín 
y Monte Sinay*. El autor fué á Tierra eWAllgemeineencydopediederWls- 



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288 HISTORU DB LA LITERATURA ISPAflOU. 

Son por lo menos seis las ediciones de las obras 
de Joan del Encina hechas entre los años de 1496 
y 1 54 6 ; lo cual es una prueba de que para el tiempo en 
que vivió > gozó, como autor» de mucha popularidad. 
Consisten estas en poesías líricas de bastante amenidad» 
canciones y villancicos en el estilo antiguo popular , y 
dos ó tres poemas descriptivos^ y principalmente uno 
intitulado Vision del templo de la Fama y glorias de Cas- 
tilla, en el cual elogia sobremanera á D. Femando y 
á D/ Isabel, y alude á ellos como si fueran sus patro- 
nos. De sus poesías sueltas» la mayor parte son com- 
posiciones á diversos asuntos» y escritas en diferentes 
ocasiones; pero las más importantes son sus obras dra- 
máticas » las cuales forman la cuarta parte de su Con- 
eionero. 

Estas» que el mismo Endna llama «representaciones»» 
son en número de nueve en la edición príncipe de 4 496> 
si bien en las dos últimas son once» de las cuales, una 
tiene la fecha de 1498. Todas pertenecen al género de ^ 
la égloga» aunque una de ellas se intitula Auto; deno- 
minación que no atinamos por qué razón se le dio ^. Re- 



8eD8Cha(tenandKdDste«(Enciclope- como los aatos saonmentales del 
dia aniTersal de ciencias y artes), Corpas, y los autos de fe déla inqni- 
sección primera, Leipzig, 4.®, t. xxxi?, sicion. Véase á GoTarmbias, c Tesoro 
pp. Í87-9.— Véase también k Gil Gon- de la lengua castellana», y loque más 
xalezDávila, cHístoriade las antigüe- adelante diremos acerca de los dra- 
dades de la ciudad de Salamanca» mas de Lope de Vega, en el segundo 
(Sai., 1604, 4.*). lib. 3, cap. tt, el cual pertodo. En í;H4, Juan del Encina pu- 
le llama cbtjo de esta patriat, es de- blicó en Roma un drama intitulado 
cir, natural de Salamanca. cplácida y Victoriano », que él llama 
^ «Auto del Repelón» ; es una riña égloga, y del cual hace grandes elo- 
en el mercado de Salamanca entre gíos el autor del «Diálogo de las len- 
algunos estudiantes de la universi- guas»;perojaenelañolSKOseballa 
dad y varios pastores. La palabra incluido en el «bidice Expurgatorio», 
«auto» se derí?a del latin actui, y se y también aparece en el de 1667, 
aplicaba á todo acto 6 ceremonia so- p. 733. Es ¡probable no quede ejem- 
lemne, de cualquier clase que fbese, piar alguno de él. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIV. 289 

presentáronse delante del duque y duquesa de Alba; 
del príncipe D. Juan, del duque del Infentado, y de 
otros ilustres personajes , cuyos nombres van puestos 
en el prólogo ú encabezamiento. Todas ellas están es- 
critas en alguna de las formas del antiguo metro espa- 
ñol ; en todas hay canto, y en una baile , participando 
así de muchos de los elementos que constituyen el dra- 
ma profano propiamente dicho» de cuya existencia en 
España no hallamos memoria alguna más antigua. 

Dos cosas» sin embargo, han de tenerse presentes él 
considerar los esfuerzos dramáticos de Juan del En- 
cina , como la piedra fundamental del drama español : 
á saber, su esencia y su forma. Aunque denominadas 
églogas, no son tales en su esencia, y sí tan solo en el 
nombre y en la forma. Juan del Encina, que era buen 
humanista , como lo prueba la relación poética de su 
viaje á Tierra Santa, comentó por traducir, ó más bien 
pagl^sear, las diez égoglas de Yirgílio, acomodando- 
l/mén su mayor parte á sucesos del reinado de D. Fer- 
nando y D.* Isabel , ó á trances de fortuna de la casa 
de Alba '. De aquí pasó naturalmente á componer églo- 
gas que hablan de representarse delante de sus ilustres 
patronos y sus amigos de la corte; si bien, al hacerlo, 
no pudo menos de tener presentes los autos tan co- 
nocidos y popularizados en España desde los tiempos de 
Alonso el Sabio , y que soiian representarse en las fies- 




* Quizá ftiéronrepresentadas, ann- Por ejemplo, en la primera , el pastor 
jaenopuedoaducir más prueba en fa- Tysiro se dirige á menudo al Re 
▼or de esta conjetura, oue la de baber en la quinta, se trata de la muerte c 



que nopuedoaducir más prueba en fa- Tysiro se dirige á menudo aÍReY: 
▼or de esta conjetura, oue la de baber en la quinta, se trata de la muerte del 
su autor acomodado el diálogo á al- príncipe de Portugul ; la sexta es una 



Sunos de los personajes que conocí- especie de amonestación dirigida al 

amenté formaron parte de su audi- principe D. Juan , hijo de los Reyes 

torio en otras ocasiones semejantes. Católicos, y asi á este tenor. 

T, I. 19 



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290 HISTORIA DE LA LITERATURA fiSPAf^lOLA. 

tas solemnes de la Iglesia. As( pues, seis de sus églo* 
gas, siguiendo la antigua costumbre, no son más que 
simples diálogos representables, ya en Noche Buena ó 
en pascua de Resurrección, ya durante el carnaval y la 
cuaresma ; en una de las cuales se introduce el Pesebre 
de Belén, y en otra el Santo Sepulcro , representán<iose 
el modo como fué sepultado el Salvador. Todas parece 
se representaron en la capilla ú oratorio de los Duques, 
si bien dos de ellas no son muy devotas, que digamos, 
ni en el fondo ni en la forma. 

Las cinco églogas restantes son de todo punto pro- 
fluyas : tres de ellas versan sobre asuntos novelescos; 
la cuarta presenta á un pastor tan perdido de amores 
por una pastora llamada Zefíra , que no pudiendo so- 
brellevar por más tiempo su pena, se da la muerte de- 
sesperado; y por último, el asunto de la quinta, lla- 
mada el Aucto del Repelón ^ es una escena de mercado 
en Salamanca, con burlas, y una refriega entre estu- 
diantes y aldeanos, de las que Juan del Encina debid 
presenciar muchas durante su vida estudiantina en aque- 
lla universidad. Estas cinco églogas, pues, se ligan y 
eslabonan con el drama profano, que se desarrolló más 
tarde en España, al paso que las seis primeras parecen 
más bien continuación é imitación de las antiguas re- 
presentaciones sagradas. 

Hay otra circunstancia más, que es preciso no perder 
de vista al considerar las églogas de Juan del Encina 
como el fundamento y principio del teatro español : á sa- 
ber, que todas ó la mayor parte fueron representadas, 
como se colige de sus respectivos títulos, en los cuales, 
no tan solo declara y nombra los personajes presentes. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPlTUrO XIV. 291 

sino que el mismo Encina á menudo habla de si mismo, 
como sí hubiera tomado parte en la representación. 
Agustin de Rojas , cuyo teslimonio es de la mayor au- 
toridad en todo lo concerniente al teatro , confirma este 
hecho , asignando una misma fecha á la conquista de 
Granada y descubrimiento del Nuevo Muúdo por Co- 
lon, que al establédtioiiento del teatro español por Juan 
del Encina; sdcesos que, penetrado del verdadero es- 
píritu de su profesión , aquel autor parece considerar 
como de igual importancia^. Un diligente e^ritor del 
tiempo de Felipe IV' fija el año en que esto sucedió, 
diciendo : «Año de 4492 comiengaron en Castilla las 
1» compañías á representar públicamente comedias por 
1» Juan del Enzina» ; de suerte que en el mismo año en 
que Colon descubria la América , se echaban , por de- 
cirlo as(, los cimientos del teatro español. 

No debe sin embargo ínferiirse de lo dicho anterior- 
mente^ que las «representaciones» de Juan dé\ Encina, 
como él mismo las Hama , tengan mucho interés dra- 
n^co : al contrario, son rudas en la forma y pobres 
de ingenio. En algunas no hay más que dos ó tres ín- 
teriocutores, la (pie más tiene seis, y todas calecen de 
enredó y demás accidentes que constituyen el drama. 

* Agustín de Rojas, «ñ^ane éntrete^ de su « Población de Éspaflá » (Ma- 
nido,* Madrid, Í6i4» 8.«, fol. 46 y 47. drid, 1675, folio, fol. 250, v.«). Mende?; 
Al tratar este autor de los dramas Silva fUé autor muy erudito, y <}ue de- 
bacóiicos de Juan del Encina que se Jó escritas mocbas obras de diversas 
representaron delante de los duques materias. Véase su vida en Barbosa, 
de Alba, Infantado y otros persona- «Bib. Lusit.,» t. in, p. 649, donde se 
jes, dice terminantemente que cfue- inserta un soneto de Lone de Vega 
ron los prhneros representados», en alabanea de su c Catálogo real». 
Bofos no nadó basta elaik> 4577, pero La etftesifm en púNko, habrá de 
dedicó toda su vida al teatro, cuya entenoerse tan solo en casa de los 
historia parece haber conocido mejor protectores de Juan del Encina, y no 
que ningún otro autor de su tiempo, de otra manera , como veremos más 

^ Rodrigo Méndez Silva, «Catáloao adelante, 
real genealógico de España,» al fin 



Vi^^ 



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292 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

En una que compaso para representarse en la noche 
de Navidad , los cuatro pastores son real y verdadera- 
mente los cuatro evangelistas , y S. Juan encubre en 
cierto modo la persona del autor. Sale en efecto prime- 
ro, y después de hablar un rato acerca de sí mismo, va- 
nagloriándose y elogiando sus obras como poeta, ensal- 
za al duque de Alba, su patrono, calificándole de hom- 
bre temido «dentro en Francia é en Portugal» , paises 
con los cuales la España no mantenia entonces las me- 
jores relaciones políticas. Viene en seguida Mateo, y re- 
prende á Juan, echándole en cara su excesiva vanidad, 
y diciéndole que «sus obras todas no valen dos pajas» , 
á lo que Juan replica que en el género bucólico y otros 
más elevados, desafía á todos sus competidores; y que 
para el próximo mayo se propone trael* tales obras en 
verso, que le coloquen en el rango de los más ilustres 
poetas, y hagan callar á sus detractores. Ambos convie- 
nen sin embargo en que el Duque y la Duquesa son muy 
buenos amos ; y Mateo añade que está deseando ser ad- 
mitido á su servicio. En este punto entran en la escena 
Lúeas y Marcos, anunciando al auditorio el nacimiento 
del Salvador; y después de conversar los cuatro acerca 
de dicho suceso , aludiendo al Evangelio de San Juan, 
cokno ya publicado, se resuelven á ir á Belén, cantando 
de camino un villancico *, que no tiene por cierto nada 
de devoto. Toda la égloga consta de unas cuarenta co- 

* Los ▼iUancicos conservaron por yiHancicoB. Colmenares, tHistoria de 
lar^o tiempo en España la forma pas- la insigne ciudad de Segovia» (Sego- 
tonl, y algún tanto del carácter dra- via, ÍGÍJ^ folio, p. SS58) ;y más tarde, 
mático. En el casamiento de Felipe II, en el año 1600 , cuando Felipe IR rí- 
en Segovia, en 1570, cnueve mucha- sitó aquella ciudad, toyó un coloquio 
»chos, mocos de coro, en hábito de ty villancicos de los mo^os decoro.» 
«pastores , bien adornados , salieron Ibid. , p. 584. 
•del sagrario, y danzando cantaron un 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIV. 293 

pías rimadas > de á nueve versos, incloso el villancico 
que concluye con una especie de coro ú estrivillo de 
bastante buen efecto^. 

La égloga que acabamos de analizar pertenece al gé- 
nero sagrado ; mas otra que se representó al fin del 
carnaval, durante el período conocido vulgarmente en 
Salamanca y su tierra por «antruejo» '*, participa algún 
tanto del paganismo , así como la ceremonia á que se 
refiere. Toda ella se reduce á un diálogo rústico, aun- 
que animado , entre cuatro pastores, y empieza con la 
descripción de una de esas farsas tan comunes en tiem- 
po de Juan del Encina , figurándose un combate entre 
el Carnaval y la Cuaresma, en que aquel sale vencido, 
y una francachela en que los cuatro pastores comen y 
beben á porfía; terminando, como las demás, con un 
villancico, en que por causas que no podemos adivi- 
nar, el Antruejo hace el papel de santo ^\ 

Muy diferente de las dos ya citadas es la represen- 
tación del Viernes Santo, en la cual se introducen dos 



* Es la égloga que empieza : «Dios 
salve acá buena gente», y se halla al 
fol. 105 del c Cancionero de todas las 
obras de Juan del Enzina ; impresso 
en Salamanca, á Teinte dias del mes 
de junio de necee b xevi años» (116 
hojas, en folio). Representóse de- 
lante del duque ▼ duquesa de Alba , 
y en alguna sala de su palacio, donde 
aquellos estaban oyendo maitines. 
La siguiente , que empieza : « Dios 
mantensa. Dios mantenga», se re- 
presento en el mismo sitio, á la hora 
de vísperas. 

*^ « Este vocablo, dice Covarrubias, 
»se usa en Salamanca,y vale lomesmo 
»que Carnestolendas: y en las aldeas 
»le llaman Antruydo. Son ciertos dias 
•antes de quaresma, y tienen un poco 
»de resabio á la gentilidad y uso an- 
»tiguo de las fiestas que llamaban Sa- 



»turnales.» Más tarde, Villalobos, en 
su entretenido «Diálogo del duque y 
el médico», usó de esta voz : « y en 
el dia de antruejo », etc. (Obras, (a- 
rago^, 1544, folio, fol. 35). El «Dic- 
cionario de la Academia » la adoptó 
posteriormente, definiéndola «los 
tres últimos dias de carnaval ». 

*^ La égloga del Antruejo empieza : 
«¡Carnal fuera! ¡camal fuera!» y 
nos recuerda aquel romance antiguo 
de «¡Afuera, afuera, Rodriso!» Hálla- 
se al fol. 85 de la edición de 1500, y 
está precedida de otra, también re- 
presentada en la noche postrera de 
antruejo,delante de los duques, y que 
empieza de esta manera : « ¡ triste 
de mi, cuvtado ! » (fol. 85), acabando 
con un villancico en que se manifiesta 
el deseo de una paz verdadera con la 
Francia. 



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294 HISTARIA MS, LA UTERATUBA ESPAÑOLA. 

ermitaños , la Verónica y un ángel. Loe ermitaños, uno 
viejo y el otro mozo , 9e oncneotran « y después de sa- 
ludarse mutuamente y continuar su oaminQt b1 mayor 
le dice al vmüpr coa muestras de grande «Oicoion, 
cómo isl Salvador ha sido crucificado en aquel mismo 
día, y )e persuade á visitar con él el Santo Sepolcro. 
En medio de su plática la Verónica se une á ellos, y les 
refiere muy detalladamente y con bastante sentimiento 
poético la muerte de nuestro Redentor, en la cruz, 
ensenáadc^ al propio tiempo el pana en que el Sal- 
vador dejó milagrosamente impreso su rostro, al lim- 
piar el sudor que le bañaba en su agonía. Llegados al 
Santo Sepulcro, que era un monumento del Corpus en 
la capilla de los Duques, donde se hacia la represen- 
tación, los tres se arrodillan; y un áq^l que hallan 
en aquel sitio les explica el misterio de la cruz, y por 
ultimo los cuatro interlocutores cantan un villancico en 
q\ie alaban á Dios, y se animan mutuam^ate, recor- 
dando la promesa de la resurrección **. 

Pero donde Juan del Encina se acercó más á la ver- 
dadera composición dramática, fué en dos de sus églo- 
gas : la del «escudero que se tornó pastor» , y la de «los 
pastores que se tomaron palaciegos >» , las cuales deben 
ser consideradas como una misma , aunque el autor en 
su simplicidad las hizo distintas é independientes una 
de otra **. En la primera una pastorcica algo coqueta, 

<* Empieza asi : c Deo gradas, pa- pausa en medio, como los entreactos 
dre honrado ! «, y se baila al fol. 80 de en nuestra comedia moderna ; du- 
la edic. de 1509. rante cuya ñausa , Juan del Encina 

*^ Son las dos églogas : cPascuala, presenta al Duque y ¿ la Duquesa la 

Dios te mantenga!» (fol. 86), y t Ha, compilación de sus obras , « prome- 

Mingo, quedaste atrás » (fol. ^), las »tíendo no trovar más, salvo que sus 

cuales no tengo duda sino que se re- «señorías se lo manden. » 
presentaron una tras otra, con una 



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PRIMERA ÉPOCA, — CAPÍTULO XI¥. 295 

llamada Pascuala , se muestra dispuesta á admitir los 
obsequios del pastor Mingo , hasta tanto que presen- 
tándose en la escena un escudero joven y gentil , le 
acepta por su amante á condición de que se volverá 
pastor. Este consiente, y hecha la trasformacion y 
cantado el villancico de ordenanza, concluyela égloga. 
La segunda, que según arriba dijimos, no es más que 
la continuaron de la primera , introduce al escodero, 
cansado ya de la vida pastoril, y persuadiendo á los de- 
mas pastores á que dejen el cayado y se metan á pa- 
laciegos; aprovechando el autoría ocasión que le ofrece 
el diálogo, para criticar las costumbres de los corlesa- 
nos y encomiar con bastante gracia y naturalidad la 
vida del campo. El escudero, por último, se sale con la 
suya ; los pastores cambian de vestido y se disponen á 
entrar en «la vida palanciana», cantando por conclu- 
sión un excelente villancico en alabanza del amor, que 
con su poder trasforma los pastores en palaciegos , y los 
palaciegos en pastores. 

El pasaje más poético que hallamos en las dos églo- 
gas arriba citadas , es aquel en que Mingo, el mejor y 
más honrado de los pastores, resistiéndose aun á cam- 
biar la vida del campo por el bullicio de la corte, des- 
cribe sus placeres y recursos con un sentimiento tal de 
ternura y naturalidad, cual no se halla en ninguna de 
las demás églogas : 

Cata, Gil , que las mañanas cod el ganado de noche 

en el campo hay gran frescor, , no creas que no reproche 
e tiene muy gran sabor el palaciego biuir : 

la sombra de las cabanas. ¡ ó qué gasajo es oyr 

el sonido de los grillos ; 
Quien es ducho de dormir é el tañer de los caramillos ! 



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S06 HISTORIA DB LA UTBRATURA BSPAÍlOLA. 

no ay quien lo pueda dezir. de brujas agua en la fuente : 

o de la que va corriente 
Ya sabes qué gozo siente por el cascajal corriendo , 

el pastor muy caluroso que se va toda riendo, 

en beuer con gran repeso | ó qué praxer tan valiente ^ ! 



Ambas oomposiciones están escritas en redondillas 
dobles, formando octavas de versos octosílabos, y con- 
tienen entre las dos caatrocieotos y cincuenta versos, 
lo cual es más que snfíciente para indicar la dirección 
que tomaba el genio de Joan del Encina, y la altura á 
que se elevó. 

Juan del Encina , pues , debe ser considerado como el 
fundador, no solo del teatro español, sino que también 
del portugués, cuyos primeros ensayos están de tal ma- 
nera calcados sobre los suyos, y contribuyeron tan pode- 
rosamente al desarrollo del drama, que necesariamente 
tienen que formar parte de su historia. Debiéronse es- 
tos ensayos á Gil Vicente , caballero portugués de no- 
ble cuna, el cual parece haber seguido en un principio 
la carrera de las leyes, que abandonó después para 
dedicarse enteramente á la compo^cion de piezas dra- 
máticas representables , particularmente para las casas 
de D. Manuel el Grande y D. Juan lU. El año de su na- 
cimiento se ignora; pero consta que murió en 4557» 
y que como autor dramático floreció entre los años de 
4502 y 4536". Dejó escritas cuarenta y dos composi- 

«* Es tal la sencillez dórica que se pp. 383 y sig. Las fechas de Í8QS y 
observa en este (rozo, que no he po- 1ÍS36 están tomadas del prefacio ó lu- 
dido resistir á la tentación de trasla- troduceion que el hijo de Gil Vicente 
darlo aqui , como modelo de poesia puso á las « Obras de Devocao •, que 
descríptiTa, muy notable ya para el son las primeras, y ¿ b tFIoresU de 
tiempo en que se escribió. Hállase al engaños», que es la última de laa 
fol. 00 de la edic. de i300. obras de su padre. 

•■ Barbosa, «Bib. LusiL,» t. u. 



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PRllflIU ÉPOCA. — CAPITULO XIV. 297 

cíooes bajo el sombre de obras de derocioD , cosiedias, 
tragicomedias y farsas t si bien la mayor parte, á pesar 
de sas títulos, bo soneo realidad más que dramas cor- 
tos y animados, ó églogas sagradas. Tomadas colecti- 
vamente, son lo mejor que se halla en la literatura por- 
tuguesa dramática. Lo primero que llama la atención en 
las composiciones de Gil Vicente , es su forma entera- 
mente española , y el estar la mayor parte escritas en 
idioma castellano. En efecto , así sucede con diez de 
ellas; otras quince están, parte en castellano y parte 
en portugués; y las diez y siete restantes solo en este 
idioma. Por qué razón Gil Vicente adoptó este método, 
no es ftcil atinar; las dos lenguas tienen sin duda al^ 
guna mucha afinidad, y los esmtores de una y de otra 
nación, particularmente los portugueses, se han distin- 
guido muy á menudo en el uso de ambas ; si bien estos 
no han querido nunca conceder que la suya fuese ni 
menos rica, ni menos apta para todo género de com- 
posición que la de sus vecinos y rivales. Quizá se deba 
en este caso á la circunstancia de que las cortes de 
Castilla y Portugal estaban á la sazón estrechamente 
unidas por dobles casamientos ; á que el rey D. Ma- 
nuel llevaba continuamente consigo truhanes y juglares 
castellanos que le divertian**; á que la Pioina, esposa de 
este, era española'^ ; ó finalmente, á que Gil Vicente cre- 

*^ Damüiode Goes, t Crónica de dará las Reinas, no puedo conTe- 

D. Manoel,» Lisboa, 1745, folio, par- nir con Rapp. «Pruths Liter&rhis- 

te IV, cap. 84, p. seo : c Prazia conti- torisch Tascbenbnch » (Manual de la 

»niiadamente na sua corte choqoar- historia de la literatura), 1846, p.34i« 

»reiro6 castellanos.». en que Gil Vicente empleó el caste- 

^^ Casóse en el año iSOO (Ibid., llano en sus églogas pastoriles, á 

parte I, cap. 88). Gomo muchos de ffuisa de idioma rústico y vulgar, 

loa versos castellanos de Gil Vicente Ademas , si asi fuera , ¿en qué con- 

fuéron escritos con el fin de agrá- siste que Saa de Miranda y Gamoens, 



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298 HISTOMA DE LA LITCRATimA BSPAÍlOLA. 

yó deber imitar en esto, como en otras muchas cosas, ¿ 
su maestro Juan del Encina. Sea de esto loque fuere, 
lo cierto es que Gil Vicente, aunque nacido y habitante 
en Portugal, debe ser contado en el número de los poe- 
tas españoles, al mismo tiempo que en el de los portu- 
gueses. 

* Su primer ensayo es del año 1603 , en ocasión del 
nacimiento del príncipe D. Juan , que subió más tarde 
al trono con el nombre de D. Juan III '*. Es un solilo- 
quio en castellano, de más de cien versos, que según 
todas las apariencias, d^ió recitarse, en presencia del 
Rey, de la Reina madre y de la duquesa de Braganza, 
por el autor mismo, vestido de pastor, el cual entra en 
la cámara real, y después de haberse dirigido á la Reina 
madre, es seguido de otros pastores que traen dones 
para el recien nacido. La poesía es natural, viva y ani- 
mada, y expresa bastante bien los sentimientos de ad- 

dos de los cuatro grandes poetas que de lo que él mismo dice en el nóm. i9 
ha producido Portugal , y otros mu- de su t Catálogo de piezas dramáti- 
cbos autores que pudiera citar, es- cas ». Mucho se debe por tanto i dos 
cribieron de vez en cuando en caste- caballeros portugueses , J. V. Barrete 
llano? Feio and J. M. Ilonteiro, que en i834 
^ El hijo menor de Gil Vicente pu- publicaron en Hamburffo una exce- 
blioó las obras de su padre en i962 lente edición de todas las obras de 
(Lisboa, folio) : reimprimiéronse más Gil Vicente, en tres tomos, en 8.®, va- 
tarde en 1SI86,mu;r enmendadas y des- liéndose para ello del ejemplar de la 
figuradas por la inouisicion. A pesar biblioteca de Gottingen. En dicha edi- 
cto esto, es uno de los libros mas cu- cion (t. i , p. i ) se encuentra el suli- 
riosos y raros de la literatura mo- loquio de oue va hemos hablado • el 
derna: tanto, que no me acuerdo ha- cual se halla el primero en el texto , 
ber visto más que cinco ejemplares, porque c fué (dice el hijo) a primeira 
de los cuales uno en la biblioteca »cousaqueoautorfez, eqneemPor- 
páblica de Gottingen, y otro en la de »tugal se representen.» También di- 
Lisboa , el primero en folio , el se- ce que la representación se hizo la 
gundo en A.^ El mismo Moratin » á nocne siguiente á la del nacimiento 
quien tanto importaba el ver un del Principe, y por lo Unto el primer 
ejemplar de este libro , y que sabia drama profano portugués debió re- 
muy Dien lo que contenían las bi- presentarse el 8 de ínnio de 1502 , 
blíotecas de Paris v Madrid , capíta- puesto que el 6nacié Juan III. —Véase 
lee en que residió largo tiempo , no a Damiao de Goes , t Crónica de Don 
logró nunca ver uno, como se infiere Manoel,» parte i, cap. 02. 



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PRIMERA tPOCA. -^ CAPllULO XIT. 299 

miración y scHrpresa que naturalmente debienm sobre- 
coger á un rúatiao aldeano « al entrar por la primera 
vez en palacio. CooBiderada biyo el punto de vista de 
una lisonja cortesana • la composición produjo su efec- 
to. En ana breve y modesta noticia añadida por el hijo 
de Gil Vicente , leemos que siendo este el primer tra- 
bsyo de su padre y la primera representación dramática 
que hubo en Portugal « fué tanto lo que agradó á la 
Reina madre* que le mandó preparar otra para el dia 
de Noche Buena* en conmemoración del nacimiento de 
Cristo- 
Gil Vicente comprmidió desde luego que lo que la 
Reina deseaba era una fiesta igual á las que habia pre- 
senciado en la corte de Castilla, cuando Juan del En- 
cina contribuía á divertirla con su musa en las fiestas 
de Navidad ; y así compuso un «auto pastoril^, en el 
cual introdujo como interlocutores á cuatro pastores y 
á los dos evangelistas Lúeas y Mateo. Y no solo imitó 
servilmente la forma empleada por. Juan del Encina* 
introduciendo en su auto el pesebre de Belén * como 
este autor lo habia hecho antes, sino que copió con 
bastante libertad hasta sus mismos versos. La Reina 
quedó muy satisfecha con este segundo ensayo del poe- 
ta, según nos dice su hijo, y le pidió escribiese otro 
auto para representarse en la noche del dia de Reyes 
de 4503; y Gil Vicente, obediente á sus mandatos, com- 
puso otros cuatro, que se representaron en otros tantos 
dias festivos. De suerte que los seis autos pastoriles de 
Gil Vicente que versan sobre asuntos sagrados * escri- 
tos como están en castellano para representarse con 
acompañamiento de música y baile delante del rey Don 



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300 HISTORIA DB LA LITERATUIU ESPAÑOLA. 

Manuel, de la Reina su esposa y de los caballeros y se* 
ñores de su corte , deben ser considerados como meras 
imitaciones de las églogas de Juan del Encina'*. 

De estas seis composiciones i de las cuales tres fue- 
ron escritas en 1502 y 1503, y las restantes probable- 
mente poco después , la más importante y caracterís* 
tica es la intitulada Aula de la Sibtfla Cassandra, la cual 
se representó en el opulento monasterio de Enxobre- 
gas, el dia de Noche Buena, por la mañana, delante 
de la Reina madre. Es una égloga castellana de más de 
ochocientos versos , escrita en el metro de que más usó 
Juan del Encina. Gassaüdra, la hacina, es una pastora, 
dotada, á lo que parece, del don de profecía, y que ha 
tenido anuncios del nacimiento de Cristo. Entra en la 
escena, donde permanece hasta el fin, agrupándose en 
derredor suyo los demás personajes del drama , de una 
manera bastante artificiosa. No bien ha manifestado su 
resolución de vivir soltera, cuando Salomón se presenta 
y le declara su amor, diciéndole con mucha simplici- 
dad que tiene ya habladas á sus tias , y que todo está 
dispuesto para celebrar la boda dentro de tres dias. 
Cassandra se mantiene firme en su propósito de no 
casarse, y Salomón sale á buscar las tias para que ven* 



** Los editores de Hamburgo han G vimos singularmente 

hecho noUr los pasajes en que Gil Faier representacoes 

Vicente imitó ó copió á Juan del Enci- Rf mí»íííoíÍ!l'i«^^^ 

na.(Vol,i,.Ensaif,p.38^Enefecto, g^fífS^prcliTiS' 

la semejanza es demasiado palpable EHe foi o qae o inventos 

para no ser notada : un autor con> lato ca e o nson 

temporáneo de Gil Vicente, Garda de C6 mas graca e mais dotrína ; 

Resende , compilador del n Cando- Posto qneJoam del Eniina 

ñero portugués de 1517 », la advierte ^ ^*^^^^ comencon. 

también, y dice en unos versos muy Véase la «Miscellania e Variedades 

inconexos, en que refiere los sucesos de Historias» , al fin de su t Crónica de 

acaecidos en su tiempo : loao II ». Lisboa, 1622, folio, fol. 164. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIV. 30( 

gan eo su ayuda. Durante su auseoda, Cassandra canta 
los siguientes versos : 

Dizen que me case yo, ó quizá mal empleada 

¡ no quiero mando, no ! la gracia que Dios rae dio : 

mas quiero vifir segura dizen que me case yo, 

nesta tierra á mi soltura , ¡ no quiero marido, no ! 
que no estar en ventura 

si casaré bien ó no : ^o será, m es nacido 

dizen que me case yo, *»> ^"^ «^^ «"^ ««^«^^ ' 

¡ no quiero marido, no ! y P»f ^fl»« ^«"«^ ^^'^^^ 

que la flor yo me lasó. 

Madre, no seré casada dizen que me case yo 

por no ver vida cansada , ¡ no quiero marido, no 1 

Vuelve Salomón con las lias de Cassandra , llamadas 
Cimeria, Peresica y Erutea, y que no son otra cosa que 
las sibilas, Cumea, Persia y Erythrea; y todos juntos 
tratan de persuadir á Cassandra que acepte la mano 
de Salomón , declarando al propio tiempo los mereci- 
mientos y pretensiones de este, y ponderando su ar- 
rogante fígura, sus excelentes prendas y sus muchos 
bienes de fortuna. Pero como aun así , y á pesar de las 
muchas instancias que le hacen sus tres tías, Cassandra 
se mantiene en su resolución , Salomón sale desespe- 
rado en busca de los tres tíos de aquella, Moisés, 
Abraham é Isaías, y vuelve con ellos á la escena, bai- 
lando todos como unos energúmenos, y cantando : 

Sañosa está la niña , hermosa como las ñores , 

\ ay Dios I quien le hablaría? sañosa como la mar. 

Sañosa está la niña. 
En la sierra anda la nma ^.^ j ^^^ j^ ^^^^^ ^ 

su ganado á repastar. 

Los tíos tratan primero de ganar á Cassandra con 
dádivas, pero viendo que no pueden vencer su repug- 



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302 HISTOMA BR LA LITERATURA RSPAÜOLA. 

nancia, Moisés se prepara á probarla, con su historia 
de la creación, que el matrimonio es un precepto di- 
vino y un sacramento, y que por lo tanto no debe ni 
puede rehusarlo : á lo que Cassandra contesta larga- 
mente; y después de una conversación algo chistosa 
con Abraham acerca de los buenos maridos, concluye 
por anunciar que Cristo ha de nacer de una virgen; 
agüero que las tres sibilas , sus tias , se apresuran á 
confirmar ; y Cassandra añade que tiene esperanzas de 
ser la madre del Salvador. Al oir tal irreverencia, los 
tíos se revuelven contra ella, la tratan de loca y de de- 
mente , y emprenden una discusión teológica y mística, 
en la cual todos toman parte, hasta tanto que, le- 
vantándose un telón , aparece súbitamente el niño Je^ 
sus en et pesebre de Beten , con cuatro ángeles entonan^ 
do «n himno en alabanza suya. Lo restante del auto se 
compone de diálogos devotos, propios de la ocasión, y 
de una graciosísima canción á la Virgen liaría , que 
entonan , bailando el autor y tos demás die la compar- 
sa, y dice así: 

Muy graciosa es la donzella ; que las armas vestías, 

¡ como es bella y hermosa ! sitel caballo ó las armas ó la guerra 

, . . 68 tan bella. 

Digas, tu, el manuero, 

que en las naves vivfas. Digas tú, el pastorcíco 

si la nave 6 la vela ó la estrella que el ganado gtiardas, 

es tan bella. Si el ganado ó los valles ó la sierra 

^. , , ^ „ es tan bella. 

Digas tu, el caballero. 

Así concluye este drama extravagante**, unión exlra- 

^ Hállase en el 1. 1 , pp. 36-62 de cion á la Virgen, hállase después por 

la edidoD de Hamborgo; pero aun^ via de ñamada el siguiente villancete, 

que, propiamente hablandot acaba, que es muv curioso, por cuanto-de-^ 

según hemos dicho, con una can- muesUra como en aqtieüos remotos 



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PRIMBIU ¿POCA. — CáPiTCLO XIV. 303 

ña de la índole de los antiguos misterios, y del vaude- 
ville moderno , aunque no falto del todo de espirita 
poéiíeo ; no tan extravagante por cierto , ni tan inde- 
cente como otros draows que hacia el mismo tiempo se 
representaban en otros reinos, en los palacios de los 
grandes, ó en monasterios y catedrales consagrados á 
la religión , y eran escuchado6 con la mayor atención 
por un escogido auditorio^ 

Gil Vicente, sin embaído, fué aun más adelante. 
Doctrinado por la experiencia , y alentado por el buen 
éxito, se puso á escribir dramas, que aunque no se 
distinguen ni por lo bien llevado del enredo, ni por su 
conformidad con las r^as de la armonía y del buen 
gusto, soa, con todo, lo más perfecto y acabado que ^ 
halla en los teatros, tanto pcurtugues como español, de 
aquella época. Tal es su comedia , como él la llama, del 
Viudo f que se representó delante del Rey y de su co^ 
en 4544^, la cual empieza asi : Un mercader de Bur- 
gos se lamenta de la prieto de una esposa fíel y 
querida , y recibe el pésame de un clérigo , quien trata 
de ofrecerle consuelo, valiéndose para ello de devotas 
consideractoaes; y en seguida, de un vecino y compa- 

Uempos se hacia ya servir el taatM Coi armas resplandecientes 

para excitar las pasiones del público Vienen del elelo ▼oUnéo , 

y dirigirlas hacia un objeto patriótico SÍ^ULÍSS /f ÚÍ^^IÍJÍ. 

y político. El villancete en cuestión F^ if5SS?a . ' 

se escribió con el laudable fin de es* ¿abalieros es'fonadot ; 

timular el valor de los nobles, alli Pnes los ángeles sagrados 

presentes, contra los morosatHoaaos, A. soeorro son en tierra, 

pues el rey Don Manoel no tenia á la ¡A ¡a .fo«p \ ^. . «. , 

SasoD mas enemigos que ellos. Dice í^^" Vlcentc,.Obra».. 1. 1, p. «í.) 

asi : Un canto de esta especie se halla 

en otro drama de Gil Yicente, intitu- 

C¿aKS;^e.for«dos; ?™p±?'A^'* ^"'''"'* ''"'' 

Paés los ángeles sagrados *® J^ít?^""I ®" í?*'* „ k 

A socorro son en tterra. ^ ^il Vicente, f Obras,» Hamburgo , 

¡ A li gnerra ! iS34, 8.*, t. ii, pp. 68 y sig. 



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304 H1ST0RU De LA UTBIlATimA BSPAllOLA. 

dre, muy hablador y entremetido « el cual, como esté 
casado con una mujer que á sus ojos es una sierpe, le 
dice, que todo bien considerado es muy posible que su 
pérdida no sea tan grande y sensible como él la ima- 
gina. Dos hijas de la difunta se unen á su desconsolado 
padre; pero su dolor es algún tanto mitigado por los 
obsequios de un joven amante, quien para poder acer- 
carse á ellas , se disfraza de pastor. El amor que este 
las profesa es puro y sincero ; p^o desgraciadamente 
ama al mismo tiempo á entrambas , y no puede deci- 
dirse por ninguna de ellas : apenas las habla, sino cuan- 
do están juntas. En este conflicto , el padre viene á au- 
mentar la incertidumbre del galán , anunciándole que 
qna de sus hijas se va á casar inmediatamente, y que 
la otra se casará una semana después. Al oir esto, el 
amante desesperado resuelve quitarse la vida, decla- 
rando que mientras viva continuará amando á ambas 
hermanas con igual ternura y fidelidad; pero de repente 
se le ocurre la peregrina idea de echar suertes entre 
ellas , proposición que queda algún tanto modificada 
con el expediente de acudir al príncipe D. Juan, mozo 
de unos doce años , y que se hallaba á la sazón entre 
los concurrentes, para que decida lo que en tan apre- 
tado caso convenia hacer. El Príncipe decide en favor 
de la hermana mayor, elección que deja al amante tan 
perplejo y desazonado como antes, hasta que por úl- 
timo un hermano del galán aparece en la escena y 
consiente generosamente en casarse con la otra herma- 
na. El padre, al principio, se muestra disgustado, pero 
al fin y á la postre da su consentimiento para el doble 
matrimonio, y el drama concluye con las dos bodas y 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XI?. 305 

las piadosas exhortaciones del sacerdote qoe preside á 
la ceremonia. 

Podrá ai^aírsenos que esto no es enredo dramático : 
y contestaremos, que si no lo es, se le parece mucho. 
La Rubena, que se representó en 1524 , se acerca aun 
más**; así como el Don Duardos, sacado de la historia 
de Palmerín de Inglaterra y el Amadis de Gaula *•, to- 
mado del libro de caballerías de su nombre; en los cua- 
les se introduce ya gran número de interlocutores , y 
se descubren también, aunque en realidad carecen de 
verdadera acción dramática , los principios del drama 
heroico español, según se escribió y representó medio 
siglo después. Por lo demás, su comedia del Teníq)lo 
d'Apollo*\ que fué representada en 4526, en celebri- 
dad descasamiento de Carlos Y con la princesa María 
de Portugal , pertenece al mismo género que las come- 
dias alegóricas que más tarde se representaron en Es- 
paña. Los tres autos de los tres barcos que trasportan 
las almas al infierno , al purgatorio y á la gloria, pare- 
cen haber sugerido á Lope de Vega el asuüto de una de 
sus primeras comedias morales *"; por últiino, el auto 



o «La Rabena » es el primer dra- cual está en castellano en su mayor 

roa llamado por Gil Vicente ó por su parte. 

bijo y editor, comedia^ aunque no * El primero de estos tres autos, 

aunamos porqué razón. Está escrito la cBarca do Inferno», se representó 

parte en castellano y parte en portu- en Í5i7 delante de la reina D.* Ma- 

gueSf y es uno de los prohibidos por ría de Castilb , hallándose esta en 

el € índice Expurgatorio de 1067» cama y enferma de la dolencia que 

(p. 464) , y más tarde por el de 1790. la IIctó al sepulcro. Está escrito en 

V Estos dos dramas, que son muy portugués, como la c Barca do Pur- 
largos, y están escritos en castellano, catorio», al paso que la t Barca da 
son los dos primeros á que se da el Gloria » lo está en castellano. Estos 
titulo de tragicomedias en el t. in dos últimos autos fueron representa- 
de las obras de Gil Vicente. No sé dos en la capilla real , el primero 
qué razón pueda alegarse en favor en 1518, y el segundo en 1519. La co- 
cle dicha denominación. media moral de Lope de Vega , cuya 

** otra de sus tragicomedias , la idea parece tomada de estos autos , 



T. i. 



20 



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306 HISTORIA DB-LA LITERATURA ESPAÍlOLA. 

eo que la** Fe explica y dedara á ios pastores el origen 
y misterios del Cristianismo, pudiera muy bien haber 
servido, iijeramente alterado, para el auto compuesto 
por Calderón de la Barca para una procesión del Corpus 
en Madrid*^ 



es t El viije del alma », y se halla 
en el primer libro del cPeregrmoeD 
sapatrjaj». La entrada del auto de 
Gil Vicente tiene notable semejanza 
con los preparativos de viaje que el 
demonio hace en la comedia de Lope 
de Vega ; y ademas la idea y orden de 
la fábula son casi las mismas en uno 
y otro autor. También Gil Vicente 
manifiesta de vez en cuando lo muy 
leido que era en laaiitigua literatura 
castellana. En una de sus farQa$ 
portui^iesas , intitulada « Os dos físi- 
cos» (t. III, p. 523), se hallan los si- 
guientes versos : 

En el mes ert de mayo, 
Vespora de Navidad , 
Cuando canta la cigarra, etc. 

los cuales son una imitación de aquel 
bellísimo romance castellano, que 
empieza asi : 

Por el mes era de mayo , 

Soando hace la calor, 
oando canta la calandria , etc. 
Este romance no se halla , que yo 
sepa, en ninguna colección impresa 
anteriormente al afio 1885, ó á lo más 
al de 1550, y sin embargo le hallamos 
ya imitado en 1536, lo cual prueba lo 



extendida que estaba la poesía po- 
pular en EsfMiña, y cómo los roman- 
ces se conservaban tenazmente en la 
memoria del pueblo, antes de ser 
escritos é impresos, sirviendo y 
ad«>tándose luego para la escena aun 
en los tiempos primitivos del teatro. 

^ Este lleva el titulo, asaz eztrafio 
por cierto , de c Auto da Fe >, y está 
todo en castellano. (Obras, 1. 1, pp.64 
y sig.) Otro hay en portugués, y que 
se representó delante deD. Juan \ñ 
en 1527, con un título , si cabe, aun 
más chocante, á saber : t Breve sum- 
marío da historia de Déos,» cuya ac- 
ción empieza con Adán y Eva, y 
concluye con Jesucristo. (Ibid., 1. 1, 
pp. 306 y sig.) 

<^ Juan de Barros, el historiador, 
en su € Diálogo da lengua portusue- 
sa Ji(yarias obras, Lisboa, 17S5,12.S 
p. 222) ensalza á Gil Vicente por la 
pureza de su estilo é ideas, y le pone 
en parangón con el autor de «La Ce- 
lestina», libro (dice orgullosamente 
el escritor portugués) oue no tuvo 
por fortuna su igual en lengua por- 
tuguesa. 



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CAPITULO XV. 

Gonüiraaeion de la historia del drasia. — Eserívá. — Villalobo0. — Cn'estion 
de Amor. —Torres Nabarro en Italia. —Sus ocho comedias. —Su teoria 
de! drama. — División de sus comedias y enredo de ellas. —Comedia 
Trofea.— Comedia flymenea.— Drama de intriga.— Gracioso.— Carác- 
ter y efectos probables de las comedias de Torres Nabarro. — Bstado del 
teatro español al concluir el reinado de Fernando é Isabel. 

Al tiempo que Gil Vicente daba impulso en Portugal 
á la iiteralora dramática española (pues unidos como 
estaban entonces los dos paises y sus respectivas cortes 
con tan estrechos lazos , no podía menos de sentirse su 
influencia en España, como efectivamente se sintió más 
tarde), poco ó nada se hacia en España para su per- 
fección y adelanjtamiento. Durante los veinte y cinco 
años siguientes á la aparición de Juan del Encina como 
poeta dramático, ningún otro autor, que sepamos, cul- 
tivó el mismo género, y por consiguiente ningún ade- 
lanto se hizo en el drama español. Como si Juan del 
Encina hubiera bastado para las escasas necesidades de 
sus ilustres patronos en palacio y en la corte , según 
hemos visto, el drama continuó siendo en España y 
Portugal una mera diversión cortesana, limitada á un 
corto número de personas de la alta aristocracia. Es ver- 
dad que el comendador Eserívá^ que floreció por estos 
tiempos, y es autor de unos pocos bellísimos versos que * 



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908 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPA!90LA. 

se hallan en las más antiguas ediciones del Cancionero 
general S compuso un diálogo , mitad en prosa y mitad 
en verso» en el que introduce varios interlocutores, y 
presenta al dios de Amor una querella contra su amiga. 
Pero todo él no es más que una alegoría, salpicada, es 
verdad, de gracias, y escrita en estilo encantador; pero 
evidentemente no apta para la representación : de modo 
que no hay motivo alguno para suponer que influyera 
lo más mínimo en un género de composición que esta- 
ba ya bastante adelantado. Otro tanto puede decirse 
de una traducción del Amphitryon de Planto, hecha en 
elegante prosa, por Francisco de Villalobos, médico de 
Don Fernando el Católico, y de su nieto el empera- 
dor Carlos Y, la cual se imprimió por la primera vez 
en 151 5*, pero probablemente no fué nunca representa- 
da. Exceptuando pues estos dos autores, que según ya 
dejamos sentado, no contribuyeron en lo más mínimo al 
adelantamiento del drama, no hallamos ni en España 
ni en Portugal, antes del año 1 61 7 , escritor alguno que 



* Stts Uernos versos , qae emple- fonso de Cartáffiena . Pnertocarrero 
zan : cVen, muerte, tan escondida,» y otros, los cuales de ninguna ma- 
y que han sido citados tan á meou- ñera pueden ser considerados como 
do, particularmente por el autor del dramas. Glemencin , en sus notas al 
c Don Quijote » (parte n , cap. 38} , «Quijote» (t. nr, p. tu), y en las «Me- 
se hallan ya en el « Cancionero » de monas de la Real Academia de la His- 
151 i ; no sucede asi con otra bellisi- toria > Q. vi , p. 406) cita á un tal Pe- 
roa composición suya, « Quexa de su dro de Lerma como uno de los pri- 
amiga , » la cual se encuentra |)or meros autores dramáticos que hubo 
la pnmera vez en la edición del mis- en España ; pero ni Nicolás Antonio, 
mo « Cancionero », hecha en Sevilla ni Moratin, ni PelUcer hacen men- 
en iS55 (fol. i75 v.«). Escrívá debió cion de él. 

florecer por los años de 1500-1510. * Moratin cita tres ediciones dis- 
No le huoiera citado en este lugar, tintas de esta obra (Catálogo , ná- 
á no haber hecho mención de él co- mero 20) , de las cuales la más anti- 
mo autor dramático el señor Marti- gua es del año 1515. No vio, sin em- 
nez de la Rosa(Obras , París, 1827, bargo, una de Caracola, mdxluii (por 
12.®, t. II, p. 3W). Hállanse también George Coci , folio), la cual esü al 
. en el « Cancionero > varios poemas fin de las demás obras del doctor Vi- 
escritos en forma de diálogo por Al- . llalobos , y se halla en mi biblioteca. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XV. 309 

siguiese las huellas de Juan del EDcina y de Gil Vicente. 

Pero ya en 1 517 ó poco antes, se empezó á notar al- 
gún moTimiento en los trabajosos principios del drama 
español, y, cosa singular, así como los últimos impul-* 
sos vinieron de Portugal, estos tuTieron su cuna en Ita- 
lia , si bien los promovedores fueron ambos españoles; 
Fué el primero el autor anónimo de la Cuesti(m de Amarj 
novela compuesta en Ferrara por los años de 1612, y 
en la que se halla inserta una égloga de bastante mé- 
rito poético, y que según parece fué representada en 
la corte de Ñápeles '. 

El otro, persona de mayor consecuencia y autoridad 
en la historia del drama español, fué Bartolomé de Tor- 
res Naharro, natural de Torres, cerca de Badajoz, en 
la frontera de Portugal , el cual después de haber es- 
tado algún tiempo cautivo en Argel, obtuvo su rescate 
y pasó á Roma, esperando obtener favor con el papa 
León X ; lo cual debe haber sido después del año 151 3, 
época en que Juan del Encina , según ya dijimos , se 
hallaba aun en Roma. Pero habiendo Torres Naharro 
compuesto una sátira contra los vicios de aquella corte, 
hubo de ausentarse y pasar á Ñapóles, donde habitó al- 
gún tiempo bajo la protección y salvaguardia del ilus- 
tre Fabricio Colonna , y donde le perdemos de vista, 
muriendo, según parece, en la indigencia^. 

Sus obras, dedicadas á un noble caballero español. 



> La églogt consta de seiscientos * Estas bretes noticias de Torres 

versos, cuya mayor parte son octa- Naharro están tomadas de lo <iae su 

vas de arte mayor,? ocupa unas veinte editor iuan Baverio Messinerio dice 

y seis pánnas de la edición de Am- de él en el prólogo á la edición prin- 

béres, i976. AlH mismo se cuenta cipe de su c Propaladla », asi como 

detalladamente lo que pasó en su de Nicolás Antonio, «Bib. Nov.,f 1. 1, 

representación. p. 203. 



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310 HISTOBIA DE LA LITBRATORA ESPAÑOLA. 

llamado D. Fernando Dávalos , muy amante de las le- 
tras ', y esposo de la célebre poetisa Victoria Colonna , se 
imprimieron por la primera vez en Ñapóles en 1 51 7 , con 
el titulo de PropaUadia ó las primicias del ingenio^. Gom- 
pónense de sátiras, epístolas, romances, una lamenta- 
ción á la muerte del rey D. Femando, acaecida en 1 54 6, 
y otras varias poesías, y principalmente de ocho dra- 
mas , que él denomina « comedias » , y llenan casi todo 
el tomo \ Hallóse Torres Naharro más que otro alguno 
en situación de mejorar el drama nacional, y logrólo en 
parte. Al tiempo que él vivia, habia en la Italia toda, 
y principalmente en la corte de Roma , grande movi- 
miento literario, y según él mismo dice en su dedica- 
toria á D. Femando Davales, biciéronse muy frecuentes 
las representaciones teatrales *. Y aunque es de suponer 
que lo ignorase > Trissino babia ya escrito en 4515 la 
primera tragedia , arreglada á las formas, que se conoce 



> Nicolás Antonio, en el prólogo i 
80 cBib.NoT.» (sec. 20 K dice que 
educaba jóvenes para el tfle de la 
guerra, dándoles 4 leer libros de 
caballerías. 

ft ff Intitúlelas (dice al lector) Pro- 
•paladia a Prothon, quod ett pnmum, 
)tet Pallade, id ut, primm ret Palla- 
>tN#; á diferencia de las que según- 
vdariamente y con más maduro esto- 
«dio podrían succeder.» De lo que se 
infiere qoe probablemente las com- 
poso en sojoventod. 

^ No be logrado ver la primera 
edición de esta obra, oue según unos 
(Ebert, etc.) es de Ñapóles, y se- 
gún otros, como Moratin , de Roma; 
pero como Torres Nabarro dedicó su 
« PropaUadia » á uno de sus protec- 
tores en Ñapóles , y como por otra 
parte, su editor M essmerio, quien pa- 
rece conoció y trató á Nabarro, ase- 
gura que aquella obra se imprimió 
alguna vex-en Ñapóles, be creído de- 



ber designar dicba ciudad como el 
punto donde Torres Naharro impri- 
mió por la primera vea sus obras. 
Reimprímiéronse sucesivamento en 
Sevilb, ÍS»0, 1553 y i545; Toledo, 
i535 , y Madrid , 1573. sin contar una 
de Ambéres, sin fecha. Heme ser- 
Tido de la de Sevilla, 1533, folio, y 
Madrid, 1573, 8.", si bien esta Altt- 
Hia, que tiene añadida la c Vida del 
Lazarillo de Tórmes >, está muy cas- 
tigada por la inquisición. Las edi- 
ciones antiguas no contienen más 
que seis comedias; las más moder- 
nas tienen añadidas «La Calamita» y 
« La Aouilana », 

* c Viendo assimismo todo el mun- 
ido en fiestas de comedias y des- 
»tas cosas >, es una de las discul- 
pas qoe el aotor alega en so dedica- 
toria á D. Femando Dávalos, para 
atreverse á implorar so protección 
y el permiso de dedicarie sos obras. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XV. 31 1 

eD el teatro italíaDOt y comunicado á la literatura dra- 
mática un impulso eficaz y duradero *. 

Las ocho comedias de Nabarro prueban , sin embargo, 
que no estaba muy familiarizado con los modelos de la 
antigüedad, ni muy dispuesto á seguirlos; al contrario : 
propone una teoría enteramente suya, y no del todo 
desprovista de razón y fundamento. «Horacio, dice, 
» quiere que un drama tenga cinco actos » , lo cual le pa- 
rece conveniente y razonable ; pero considera las pau* 
sas ó intermedios como descansos, y quiere que se lla- 
men «jornadas» *®, y no « actos» . En cuanto al número 
de interlocutores, es de opinión que no sean ni menos 
de seis ni más de doce; y por lo que loca 'al buen sen- 
tido, que requiere no se mezclen en el asunto materia- 
les extraños y ni se permita á los personajes el hablar y 
obrar de una manera incongrua, opina. que es cosa tan 
precisa é indispensable como el timón lo es á la nave. 

Todas sus comedias están escritas en verso , y empie- 
zan con un prólogo que él llama introyto, y no es sino 
una relación en estilo rústico y gracioso, acomodado al 
personaje grosero que la representa , en la cual el au- 
tor pide silencio y atención á los oyentes. Acabado el 
introito sigue el argumento, en el cual se da razón de 
la fábula que va á representarse. 

En cuanto á las comedias en sí , si bien en algunas 
de ellas se nota mayor perfección y adelanto que en los 
dramas de los escritores que le precedieron, es preciso 

' «La SofoQisba» de TrissiDO se labor de nn dia, aqaella parte de la 

escribió en Í5i5, aonqae no se im- representación que podia Terificarse 

primió hasta más tarde. dentro del limite ó espacio de tiem- 

^ Los antiguos misterios fhince- po señalado por la Iglesia para estas 

ses se dividían en joumées, ó Jorna- diversiones en un solo dia. 
das, entendiéndose ¡tor jornada, ó 



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3t2 HISTOBU DE LA LITBRATIIRA B8PAÜ0LA. 

también confesar que, miradas bajo otro punto de vista, 
son rodas y extravagantes : so asunto es varío ; una de 
ellas, La Soldadesca, trata del modo de reclutar gente 
en Roma para el servicio del papa ; otra , La Tinelaria ó 
El comedor de los criados, pone en escena las orgias y 
francachelas que diariamente se repiten en casa de on 
cardenal, donde reina la disolución y el abandono. £a 
Jadnla nos cuenta la historia de una señora princi- 
pal, llamada Divina, que vive en un castillo ó palacio 
poco distante del camino de Roma, y tiene por costum- 
bre detener por fuerza á los transeúntes para agasa- 
jarlos^ hasta que por último, prendada de uno de ellos, 
le escoge por marido. En La Aquilana se describen las 
aventuras de un príncipe desconocido que llega á la 
corte de D. Bermudo, rey de León , y gana la mano de 
su hija Felicina á la usanza de los antiguos paladines ; 
y por último La Calamita refiere la historia de una jo- 
ven recogida en su infancia por un fiel servidor, y cria- 
da como hija suya, para evitar la cólera del padre, que 
había amenazado á su esposa de matar la criatura que 
diese á luz, si no era varón. 

Pero un análisis más detenido de dos de estas co- 
medias nos dará á conocer los recursos de Torres Na- 
harro como poeta dramático, y el modo de presentar 
sus asuntos en la escena. La primera de ellas, La Tro- 
fea , está escrita en honor de D. Manuel, rey de Portu- 
gal, y de los descubrimientos y conquistas hechas en la 
India y en el África, bajo su reinado : el diálogo es in- 
sípido y dilatado, con episodios impertinentes , y toda 
ella vale poco. Concluido el prólogo ú introito, que se 
compone de unos trescientos versos, entra la Fama en 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XV. 313 

el pfimer acto, y anuncia que el rey D. Manuel ba ga- 
nado más tierras con sus armas» que describió el geó- 
grafo Ptolomeo con su pluma. Sale este del infierno me- 
diante la licencia que dice haber recibido de Plulon, y 
se presenta en la escena, quejándose de lo que ha di- 
cho la Fama en mengua suya; y después de una discu- 
sión bastante acalorada, Ptolomeo se ve precisado á 
confesar que la Fama tiene razón , si bien él por su parte 
trata de quedar en buen lugar. En el segundo acto dos 
pastores barren el salón preparado para el Rey, y uno 
de los dos se sienta en el trono, é imita grotescamente 
al cura de su lugar cuando anunda las fiestas el do- 
mingo. A poco riñen y se echan maldiciones el uno al 
otro , hasta que un paje los pone en paz, y les manda 
apresurar el barrido y aderezar la estancia para la ve- 
nida del Rey. Todo el tercer acto lo ocupa el lai^o ra- 
zonamiento de un intérprete que va nombrando uno 
por uno veinte reyes de Oriente y de África, que se 
hallan allí presentes sin hablar palabra, si bien es cierto 
que el intérprete suple por todos, diciendo que están 
prontos á bautizarse y á recibir leyes del monarca por- 
tugués, el cual á todo esto guarda el más profundo 
silencio. En el cuarto acto el Rey vuelve á ocupar su 
trono, y recibe á cuatro pastores que le presentan una 
zorra, un cordero, un águila y un gallo, explicándole 
con algún chiste la alusión política y moral de aquellos 
presentes ; pero el Rey permanece tan mudo é impasi- 
ble como cuando recibió á los veinte reyes paganos. 
En el quinto y último Apolo entrega á la Fama unos 
versos compuestos en elogio del Rey , de la Reina y del 
Príncipe, y le da varías copias de ellos, para que los 



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314 HISTORU DB LA LlTeiUTURA ESPAÍlOLA. 

reparla entre los oyentes. Un pastor le pide que le dé 
también á él, la Fama se lo niega, y altercan sobre 
esto. El pastor enojado se ofrece á publicar por el 
mundo las glorias del Rey, con tal que la Fama le preste 
sus alas. Esta consiente, y habiéndoselas ajustado, el 
pastor se esfuerza por volar, pero cae al suelo y se 
rompe la cabeza; con lo cual, y con un villancico can- 
tado entre todos , concluye la comedia. 

La segunda, intitulada Hymenea, es mejor, y pre- 
senta algunos indicios de lo que en tiempos más mo- 
dernos formó los cimientos del teatro nacional. Su 
prólogo ó introito es tosco y grosero, aunque no deja 
de tener algún chiste, principalmente en ciertos pasa- 
jes en que se pone algún tanto en ridículo á la reli- 
gión , cosa tolerada y permitida por aquellos tiempos, 
con tal que se guardase el decoro debido á sus minis- 
tros. El asunto es de pura invención , y la acción puede 
suponerse ocurrida en cualquiera ciudad de España. 
La escena empieza frente á casa de Febea, la beroina, 
antes del amanecer, en ocasión en que Hymeneo, su 
amante , llega acompañado de dos criados , y después 
de conversar un rato con ella , manda á aquellos que 
guarden el puesto , mientras él va á disponer una mú- 
sica. Estos, quedándose solos, discuten la posición en 
que respectivamente se encuentran , y Bóreas confia á 
Eliso su pasión por Doresta, una de las doncellas de 
Febea , pasión que en toda la comedia es un puro re- 
medo de la de su amo. Llega el Marqués , hermano de 
Febea, seguido de sus criados ; los ele Hymeneo aban- 
donan el-campo, y el Marqués, receloso de su hermana, 
sospecha que alguien la galantea, y se retira resuelto á 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAPtTDLO XV. 3t5 

guardarla más estrechameote. Así coDcluye la primera 
jornada , que pudiera muy bien suministrar materiales 
para una comedia de capa y espada del siglo xvn. 

En la segunda vuelve Hymeneo acompañado de sus 
criados y de algunos músicos , y todos juntos cantan 
una canción que nos recuerda aquel mal soneto de Mo- 
liere en su «Misántropo» « y en seguida un villancico 
que no es mucho mejor. Febea se asoma á la ventana 
y habla con Hymeneo « y después de una dulce plática, 
digna, por el estilo y la gracia con que está escrita, de 
figurar en comedias como Dar la vida por gu dama , de 
Calderón, promete , obligada por sus instancias, que á 
la noche siguiente le permitirá la entrada en su aposen- 
to. Lleno Hymeneo de lisonjeras esperanzas, se mues- 
tra muy generoso con sus criados, y se retira; pero el 
Marqués le descubre á lo lejos, y viendo confirmadas 
sus sospechas , intenta correr tras él; su paje Turpedio 
se lo impide, diciéndole que conviene remitir su ven- 
ganza para otra ocasión en que salgan mejor armados. 

La tercera jomada se ocupa enteramente con los 
amores de los criados. Divierte, porque en ella se re- 
meda y pone en ridículo la pasión y tormentos de los 
amos; pero la acción no adelanta en lo más mínimo. 
En la cuarta, el héroe de la comedia, Hymeneo, se 
entra en casa de Febea, encargando á sus criados que 
le guárdenla puerta. Quédanse estos en la calle, tem- 
blando de miedo, y pónense de acuerdo para huir y de- 
jar el campo al menor indicio de la venida del Marqués. 
Sobreviene este, y ellos huyen inmediatamente, deján- 
dose Bóreas la capa; por donde el Marqués , dueño ya 
del campo t descubre quién es el galán de su hermana. 



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3t6 HISTORIA OB U LITERATURA BSPAÜOLA. 

La quinta y última jornada representa al Marqués 
furioso, al ver su deshonra, punto principal sobre que 
versan tantos dramas españoles de época más moder- 
na, y resuelto á lavar su afrenta en la sangre de los 
culpables, si bien estos no lo son más que de haber es- 
tado juntos algunos instantes. Sale Febea huyendo , y 
el Marqués la persigue espada en mano; aquella le con^ 
fíesa su amor , y le suplica que no mate á su amante; 
el Marqués se ablanda , y en un diálogo tierno y de 
mucho afecto, aunque sobradamente largo, discuten 
acerca del derecho que como hermano tiene de mez- 
clarse en tal asunto. Por último, imaginando el Marqués 
que solo con matarla satisface la injuria hecha á su 
honra , va á ponerlo en ejecución, cuando sale Hyme- 
neo, y explica en términos corteses quién es, y cuáles 
son sus intenciones; con lo que, y con admitir el amante 
la gravedad de la ofensa, y declarar que el Marqués 
hubiera obrado bien quitando la vida á su hermana, el 
enojo de este se mitiga, hasta el punto que, persuadido 
de sus razones y de las de su hermana, todo queda ar- 
reglado , y la comedia concluye con un doble casa- 
miento de amos y criados , y un buen villancico en ho- 
nor del amor y de sus victorias. 

Las dos comedias que acabamos de examinar son no 
solo muy diferentes en su esencia , sino que marcan 
bien los varios medios que Naharro empleó para pro- 
ducir interés dramático. « En cuanto á los géneros de 
» drama, dice, dos me parecen suficientes para nues- 
•tra lengua castellana ; á saber : las comedias á noticia y 
» la comedia á fantasía**» .No hay duda sino que La Tro^ 

** « Es decir, de cosa nota y vista en realidad. » Asi explica el autor 



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PRIMB1U ÉPOCA. *— CAPITULO XV. 3i7 

fea fué escrita con arreglo al primer género , pues toda 
ella respira alabanzas de D. Manuel , monarca verda- 
deramente grande, que reinaba entonces en Portugal; 
y ademas un pasaje de su tercera jomada nos hace sos- 
pechar que fué representada en Roma, delante del em- 
bajador de Portugal, el venerable Tristan d' Acuña. 
El tosco y hasta grosero diálogo pastoril, que entorpece 
y empaña su acción , prueba hasta la evidencia que 
Torres Naharro conocía perfectamente las obras dra- 
máticas de sus predecesores Juan del Encina y Gil Vi- 
cente ; al paso que lo restante de su comedia , es decir, 
la parte que se supone histórica, es, según hemos 
visto, aun peor. La Hymenea^ al contrario, presenta 
una fábula de bastante interés, y da indicios del enredo, 
que fué más adelante el principal carácter del teatro es- 
pañol. Tiene hasta su gracioso que hace el amor á la 
' criada de la heroína ; papel que se encuentra también 
en otra comedia de Torres Naharro, La Serafina, y que 
más de un siglo después Lope de Vega reclamó como 
invención suya". 

Hay otra singularidad en esta comedia, y es que se 
observa cierta tendencia á respetar las unidades de 
tiempo y lugar, no habiendo en ella otra acción prin- 
cipal , sino el casamiento de Febea , la cual se completa 
dentro de las veinte y cuatro horas ; y toda ella pasa 
en la calle, y delante de la casa de la dama, á no ser 

lo que entiende por comedía á noti- sentada ; otra tiene apenas mil dos- 
cia f advirtiendo que < La Soldades- cientos. Todas sin embargo se com- 
ea » y « La Tinelaria » pertenecen á ponen de cinco jornadas, 
dicbo género. Sus comedias ?arian ^ En la dedicatoria de « La Fran- 
mucho en extensión : una de ellas cesilla », en el t. xm de sus comedias, 
consta de dos mil seiscientos versos, Madrid , 1090, 4.® 
j es demasiado larga para ser repre- 



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3t8 HfSTOitfA ftB U LITERATURA fiSPAf^OLA. 

que supongamos que el quinto acto se ejecuta dentro 
de ella, lo cual es dudoso*'. Toda la comedia está 
fundada en costumbres nacionales, y conserva el carác- 
ter del tiempo. Los mejores papeles son en general 
los de los graciosos; pero hay también pasajes muy 
tiernos entre el hermano y la hermana, y chistosos 
diálogos entre el galán y su dama. El papel de los 
criados Bóreas y Doresta , que remedan la pasión desús 
amos , está escrito con mucho vigor y originalidad, y 
contiene bellísimos trozos, sobre todo el siguiente diá- 
logo , que no estaría de más en una comedia de Cal- 
derón : 



BÓREAS. 

Pluguiera, señora, á Dios 
en aquel punto que os vi 
que quisieras tanto á mí , 
como luego quise á vos. 

DORESTA. 

Bueno es esso ; 

I á otro can con esse liuesso } 

BÓREAS. 

Ensayad yos de mandarme 
quanto yo podré hazer, 
pues os desseo servir ; 
siquiera por qu'en provarme 
conozcays si mi querer 
concierta con mi dezir. 

DORESTA. 

Si mis ganas fuessen ciertas 
de quereros yo mandar, 
qoi^ de vuestro hablar 
saldrían menos offertas. 



BÓREAS. 

Si mirays 

señora , mal me tratays. 

DORESTA. 

¿Gomo puedo maltrataros 
con palabras tan honestas 
y por tan cortesanas mañas? 

BÓREAS. 

¿Cómo? ya no osso hablaros, 
que teneys ciertas respuestas 
que lastiman las entrañas. 

DORESTA. 

Por mi fé, tengo manzilla 
de veros assi mortal: 
¿moriréis de aquese mal? 

BÓREAS. 

No sería maravilla 

DORESTA. 

Pues, galán. 



<> « La Aqnilana », por más absor* zA aun más á la completa regularidad 
da qne sea sn fábula , se acerca qni- de formas. 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO XV. 3t9 

ya las toman dó las dan. pudiesse dar y tomar : 

BÓREAS. mas ves, señora mia« 

Por mi fé, que holgaría , que recibo dos mil males 

si como otros mis yguales , y ninguno puedo dar ^. 

Y continúa de este modo hasta confesar plenamente 
que no está ni menos lastimada ni menos enamorada de 
lo que él lo está. 

Usó Naharro en todas sus comedias de una versifi- 
cación fácil y armoniosa « si se atiende al tiempo en 
que vivió*'; todas ellas contienen trozos de lindísima 
poesía, y sus diálogos son por lo común muy anima- 
dos. Algunos sin embargo pecan por demasiada li- 
cencia ; dos de ellos están escritos en diferentes idio- 
mas : el uno en cuatro y el otro en seis**, y todos llevan 
marcada la rudeza de la época , en el fondo y en las 
formas. Por lo demás, el pocD respeto con que Naharro 
trató á la Iglesia fué causa de que sus obras fuesen cas- 
tigadas por la inquisición *\ 



^ cPropalladia», edic de Madrid, 
1873, 8.*, fol. 22J. 

^ Hay mucho arte en la versifica- 
clon de Torres Naharro. Por ejem- 
plo: c La Hymeneai» esU escrita en co- 
plas de doce versos, de los coales el 
Jienültimo es en pié quebrado. « La 
acinta», también en coplas de doce 
versos, aunque sin el pié quebrado. 
« La Calamita », en quintillas unidas 
por el pié quebrado. «La Aquilana», 
en cuartetas unidas del mismo modo. 
Pero el número de pies en cada ver- 
so no es siempre el mismo, y ade- 
mas la rima cojea de vez en cuando ; 
aunque á pesar de todo, el efecto ge- 
neral es bueno y armonioso. 

<• En el prólogo al lector Torres 
Naharro trata de disculparse, ale- 
ftando por raion que sus comedias 
fueron compuestas en Italia , y para 
un auditorio compuesto generalmen* 
te de lulianos. Pase pues por este 



idioma; pero ¿qué razón hubo para 
mezclar también el latin , valeociano, 
portugués y francés? En el introito á 
« La serafina > él mismo hace jácara 
de ello, diciendo : 

Mas taeis destar alerta 
Por sentir los personajes 

8ae hablan enatro lengones 
asta acabar sa rebierta. 
No salen de caenta cierta 
Por latin é italiano , 
Castellano y ?alenciano , 
Que ninguno deseoncierta. 

De aquí se infiere que sus comedias 
se recitaron delante de un corto, ann- 

Í[ue escogido ' número de persona- 
es , que comprendían los diferentes 
diomas allí traídos , y quizá por lo 
mismo escuchaban con mayor inte- 
rés y atención. 

*7 Es muy notable que un pasi^e 
de t La Jacinta», en que el autor tra- 
to con tu acostumbrada severidad al 



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320 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPAfiOLA. 

El mismo nos lo dice en su prólogo**, que todas ó 
algunas de sus comedias se representaron en Italia, 
antes de ser impresas *^, y circularon en manos de los 
curiosos antes de ser dadas á la eslampa , de manera 
que no pudo hacer en ellas aquellas .correcciones que 
de otro modo hubiera quizá hecho. También da á en- 
tender que un gran número de eclesiásticos asistió á la 
representación , á lo menos, de una de ellas; si bien 
es de creer que , como las églogas de Juan del Enci- 
na y los autos de Gil Vicente, no se representaron sino 
delante de un reducido auditorio , bien sea en algún 
palacio de Ñapóles*®, bien en Boma ; y por lo tanto no 
debieron influir mucho en un principio en la condición 
del drama , ni contribuir por de pronto á su desarrollo. 
Influyeron, sí, aunque más tarde, por medio de la 
imprenta , habiéndose hecho en Sevilla , entre los años 
de 1520 y 1545, nada menos que tres ediciones de 
ellas, incompletas, es verdad, y en la última expur- 
gadas ; pero suficientes para dar á conocer ensayos de 



papa y al dero, se haya dejado sabsia- 
tir en la edición expurgada de iS73 
(fol. 256 y.^); lo cual praeba lo capri- 
chosa y descuidada qtie era la inqui- 
sición en estas materias. En el c Ín- 
dice Expurgatorio de 1667 1 (p. HA) 
solo se da por prot^ibida « La Aqui- 
lana». 

*^ « Las mas destas obrillas anda- 
>rán ya fuera de mi obediencia y vo- 
«luntad. » 

** Como la cuestión de si las co- 
medias de Torres Nahárro se repre- 
sentaron ó no en Italia , ha sido dis- 
cutida con mucho calor y pasión en- 
tre Lampillas ( Ensayo, Madrid,1789, 
4.«, t. VI, pp. 160-7; y Signorelli 
cStoriadei teatrí», Napoli, 1815, 
8.*, t. VI, pp. 171 y siguientes), de- 
bido todo á una proposición que 



aventuró Nasarre, en su prólogo á las 
c Comedias de Cervantes» (Madrid, 
1749, 4.^), trasladaré aqui lo que el 
mismo Torres Naharro dice acerca 
de ello, advirtlendo que tanto el uno 
como el otro, ignoraron la existencia 
de un pasaje que hubiera indudable- 
mente puesto fin á su contienda. Tra- 
tando pues Torres Naharro de dis- 
culpar el uso que hace del idioma 
italiano en algunas de sus comedias, 
se explica asi : c Aviendo respeto ni 
»lugar y á las personas á ouien se 
»reciíaron.M Ni Lampillas ni Signo- 
relli sabian que la edición principe de 
«La Propalladia » se imprimió proba- 
blemente en' Italia, y que otra edi- 
ción de las primeras se imprimió se- 
guramente alli. 
*" En el introito de « La Trofea ». 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XV. 321 

composición dramática, muy superiores á todo lo pro- 
ducido hasta entonces. 

Pero si bien es cierto que Juan del Encina, Gil Vi- 
cente y Bartolomé de Torres Naharro se dedicaron 
casi exclnsivamente á componer dramas , también lo 
es que ninguno de ellos abrigó la idea de fundar un 
drama nacional popular. Este no le hallamos hasta el 
período siguiente, pues á fines del reinado de D. Fer- 
nando y D.' Isabel no existia en España rastro alguno 
de él. 



*i No ignoro que en el pasige im- 
portante del cronista Méndez SilYa, 
que ya cité en otro lugar ( p. 291 ), 
alusivo á las primeras represenlacio- 
nes teatrales , se dice : c Año de 1402 
«comenzaron en Castilla las compa- 
»gias á representar públicamente co- 
imedias ae Juan de la Encina; » pero 
la palabra púiflieametUe no significa 
en este caso cante el público », y si 



solamente « ante un número reduci- 
do de personas que componían el 
auditorio » ; y lo prueba lo que el 
mismo autor dice más adelante : 
« Festejando con ellas á D. Fadrique 
»de Toledo , á D. Fadrique Enriquez, 
•almirante de Castilla , y á D. Iñigo 
» López de Mendoza , segundo duque 
»del infantado. * 



T. 1. 



ál 



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CAPITULO XVI. 

LiterKura provenzal en España. —La Proveoza. — Los borgoftones. — Ori- 
gen de la lengua y fíteratnra de los proveníales. — Barcelona.— Dialecto 
catalán. — Aragón. —Poetas trovadores en Catalnña y Aragón.— Guer- 
ra de los albigenses. —Pedro el segando de Aragón. —D. Jaime el Con- 
quistador y su crónica. — Ramón Muntaner. — Decadencia de la poesía 
en Provenza y de la poesia provenzal en España. 

La literatura provenzal apareció en España tan pronto 
como cualquiera de los géneros de la castellana de que 
hasta ahora nos hemos ocupado. Introdujese natural- 
mente y sin esfuerzo alguno; pero como quiera que su 
introducción, tanteen Provenza como en España, esté 
intimamente unida con la historia política de ambos 
paises» y no sea fácil apreciar debidamente la una sin 
examinar la otra , bueno será que tomemos la cuestión 
desde el principio, y digamos algo acerca de su forma- 
ción en Provenza, para explicamos cómo y de qué ma- 
nera llegó á arraigarse en la parte oriental de la Penín- 
sula, floreciendo con lozanía por más de tres siglos, y 
cómo llegó entonces y después á ejercer larga y pode- 
rosa influencia en todo el resto de España. 

La Provenza, ó sea aquella parte del mediodía de 
Francia que se extiende desde Italia á España , y fué 
así llamada por haber sido una de las más antiguas y 
más importantes provincias de Boma , gozó de coropa- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAl»lTÜLO XVI. 323 

rativa felicidad durante el último período de la edad 
inedia, librándose quizá mejor que otras provincias de 
los disturbios de aquellos siglos de confusión y revuel- 
tas\ Mientras duró el gran movimiento de los bárbaros 
del Norte, la Provenza fué visitada tan solo por los 
visigodos que prosiguieron su marcha hacia España, 
dejando pocos ó ningunos rastros de su dominación y 
costumbres; y por los borgoñones, nación la más ci- 
vilizada entre las de origen teutónico, los cuales no 
entraron en el mediodía de Francia sino después de 
haber habitado por largo tiempo la Italia , y que á su 
llegada allí se establecieron desde luego en sus risue- 
ñas y fértiles campiñas. 

Grandemente favorecida por la paz , que aunque in- 
terrumpida de vez en cuando por disensiones intesti- 
nas, ó por las frecuentes aunque pasajeras algaras de 
sus nuevos vecinos, los árabes españoles, fué sin em- 
bargo más sólida y duradera que la que se disfrutaba 
en otros paises por el mismo tiempo ; dotada por la 
Providencia con suelo fértil y apacible clima , la Pro- 
venza adelantó , más que otro reino alguno de Europa, 
en la carrera de la civilización y de las artes. Ya desde 
el año 879 gran parle de dicho pais se hallaba cons- 
tituido en reino separado é independiente, y continuó 
siéndolo, bajo el imperio de la misma casa ó familia, 
hasta el de 1 092 , ó sea durante un período de doscien- 
tos y trece años* : hecho notable, que no tiene ejemplo 
en la historia de Europa durante aquellos siglos de 
guerras y trastornos. Durante este segundo período, 

* F. Diez , «Troubadours , » Zwic- ' Sismondi, tHisloire des franjáis,» 
kau, 1826, 8.0, p. 5. París, 1821, 8.*, t. in, p. 259. 



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324 HISTORIA DE LA LITERATITRA ESPAÍíOLA. 

la Provenza se libró providencialmente de las guerras 
y disturbios que por do quiera amenazaban sus fronte- 
ras; las que por aquel tiempo agitaron el norte de Ita- 
lia, no pasaron del Var, ni atravesaron los Alpes; los 
árabes españoles, lejos de lanzarse á nuevas conquis- 
tas, se mantenian con dificultad en Cataluña; y las 
guerras que desolaron el norte de Francia, desde la 
muerte de Cario Magno hasta el reinado de Felipe Au- 
gusto, llevaron una dirección opuesta, suministrando 
á aquella nación guerrera y emprendedora ancho cam- 
po en que ejercitarse. 

Durante estos dos siglos, pues, se empezó á formar, 
en el mediodía de la Francia y por las costas del Me- 
diterráneo, una lengua compuesta del dialecto bor- 
goñon y del latin corrompido, tal cual debieron ha- 
blarle los naturales de aquel pais; la cual, poco á poco 
y casi insensiblemente llegó á reemplazar á entrambas. 
De la misma manera y por el mismo tiempo , es decir, 
hacia mediados del siglo x, comenzó á formarse una 
literatura nueva , acomodada al genio y costumbres de 
los habitantes, así como al clima del suelo en que na- 
ció , y á la época en que se produjo ; literatura que 
durante trescientos años consecutivos fué creciendo y 
ensanchándose, hasta adquirir tal gracia y perfección, 
cual no se habia visto en ninguna otra desde la caida 
del imperio romano. 

De esta suerte continuó la Provenza, gobernada por 
doce reyes de raza borgoñona , los cuales, si bien no se 
distinguieron por grandes empresas militares , rigieron 
al menos sus estados con suma moderación y pruden- 
cia , cosa por cierto rara en aquellos siglos de guerra 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XVI. 325 

y de barbarie. i]lon la extÍDcion de la dinastía borgo- 
nona en 1092, la corona de Provenza pasó, hacia el 
año 1 1 1 3, á D. Ramón Berenguer, tercer conde de Bar- 
celona', casado con la heredera de aquel reino; y ios 
poetas provenzales, nobles por la mayor parte, y como 
es consiguiente adictos á la corte y á la aristocracia , 
siguieron á su señor natural, de Arles á Barcelona, y 
se establecieron sin dificultad en la nueva capital , y 
bajo la protección de un príncipe que, aunque marcial 
y guerrero, no se mostró nunca enemigo de las letras. 
El cambio apenas fué sensible : entonces , como ahora, 
el Pirineo era una barrera natural entre Francia y Es- 
paña ; pero los dialectos que se hablaban de una y otra 
parte y en sus vertientes, eran casi idénticos; los mis- 
mos hábitos en los habitantes de Marsella y de Barce- 
lona habian naturalmente producido idoneidad de cos- 
tumbres; y si bien es cierto que los provenzales, por las 
causas arriba explicadas^ eran más pacíficos y habian 
quizá alcanzado mayor grado de civilización y cultura, 
el carácter de los catalanes , por sus guerras con los 
moros, habia tomado proporciones más varoniles y 
vigorosas*. Quede pues sentado que á principios del 
siglo xii la literatura provenzal empezó á introducir- 
se en España , por las provincias del nordeste , cir- 
cunstancia que no deja de ser notable, puesto que 
hacia el mismo tiempo nacia en el opuesto rincón de 



' E. A. Scbmidt , « Gescbichle ara- cap. 9.) Todo lo conceraiente á las 

goniens im Millelalter , » Leipzig , antiguas glorias de esta célebre cia- 

18^, %.**, p. 92. dad, se haltará en Capmany (Memorias 

* Barcelona fué muy disputada por de la antiffua ciudad de Barcelona, Ma- 
ní oros y cristianos , basta que estos drid, 4779-92, cuatro tomos, 4.®), y so- 
úi timos la recuperaron en 985 ó 986. bre todo en los interesantes documen 
(Zurita, Anales de Aragón, lib. i, tosynotas añadidas á los tomos ii y iv- 



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326 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAllOLA. 

la Península , entre las montañas de Asturias y de Viz- 
caya, la verdadera poesía nacional ^. 

Causas políticas análogas á las que llevaron el es- 
píritu provenzal desde Arles y Marsella á Barcelona, 
le ü*asladaron muy en breve al centro de España. 
En 1 1 37, los condes de Barcelona obtuvieron por casa- 
miento el reino de Aragón; y si bien al pronto no lleva- 
ron su corte á Zaragoza , con todo derramaron , en los 
territorios nuevamente adquiridos , parte de la nueva 
civilización que les viniera deProvenza. Esta ilustre 
familia, cuya dominación se extendió hasta el norte de 
la Península, habia poseído en épocas diferentes, y 
durante cerca de tres siglos , varios territorios á una y 
otra parte del Pirineo, que ejercían influencia política 
sobre una gran parte del mediodía de Francia , y del 
nordeste de España. Entre los años de 1 229 y i 253, sus 
más distinguidos individuos aumentaron considerable- 
mente su territorio con frecuentes y dilatadas conquis- 
tas hechas á los moros ; si bien más tarde el poder de 
los reyes de Aragón se fué circunscribiendo gradual- 
mente, y disminuyéndose su territorio por casamientos, 
herencias y desastres militares. Bajo once príncipes, sin 
embargo, que reinaron en línea recta , y tres más en 
línea trasversal , Aragón mantuvo sus derechos á aquel 
reino, hasta que en el año 1479 se unió á Castilla en 
la persona de su último príncipe D. Fernando , echán- 
dose de esta manera los sólidos cimientos de la Monar- 
quía española. 



^ Los académicos franceses conti- nos (París, Á.^j t. xvi, p. 19^, señalan 
nuadores de la «Historia literaria de á este acontecimiento una fecha algo 
Francia », escrita por los benedicti- anterior. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVI. 327 

Con este ligero bosquejo del curso de los sucesos po- 
líticos en España, no nos será difícil señalar el origen 
y precisar la historia de la literatura que prevaleció en 
la Península, desde principios del siglo xii hasta la mi- 
tad del XIV ; la que venida , según hemos visto , de la 
Pro venza, retuvo por algún tiempo su carácter pro- 
venzal , hasta tanto que, puesta ya en contacto con las 
más rigorosas concepciones del nordeste, logró comu- 
nicar su tono y colorido á la literatura de toda la Mo* 
narqnía ^ 

El carácter de la antigua poesía provenzal es uno 
mismo en ambos lados del Pirineo : graciosa y apasio- 
nada, las más veces canta el amor y sus devaneos ; de 
vez en cuando se mezcla también en la política de aque- 
llos tiempos, y otras degenera en sátira mordaz y poco 
decorosa. En Cataluña , como en el pais donde nació, 
pertenecía casi exclusivamente á la corte , cultivándola 
á porfía los más ilustres y poderosos señores. Así es 
que los dos primeros príncipes que reunieron en su ca- 
beza las coronas de Barcelona y Provenza unidas , y 
que reinaron desde 1113 hasta 1 1 62, han sido conta- 
dos en el número de los poetas lemosines ó provenza- 

^ El patriotismo de los catalanes res Amat. obispo de A8torga(Barce- 
les ha hecho negar una verdad tan lona, 1836, Á.% es obra apreciable, y 
patente, pretendiendo algunos, como en extremo útil para la historia de la 
Forres Amat (prólogo a las Memo- literatura catalana, puesto que su 
rías de los escritores catalanes), que autor, vastago de una de las mes au- 
la literatura , dicha provenzal , nació tig[uas y distinguidas familias del 
en Cataluña. Pero basta leer los argu- pais , y sobrino del erudito arzobispo 
mentes presentados por los partida- Amat, que murió en 4824, empleó 
rios de esta teoría, para convencerse gran parte de su vida y abundantes 
de su ningún valor. El solo hecho recursos en reunir materiales para 
de haber existido dicha literatura en ella. El libro, en verdad, pudiera es- 
la Provenza un siglo intes que en tarmeiorhechodelo queestá; pero 
Cataluña , es por si concluyente. Por aun asi, y con todo , tiene noticias 
lo demás, las cMemorias para ayudar que se buscarían en vano en otros 
á formar un diccionarilbritico de los ubros impresos, 
autores catalanes», por%. Félix Tor- 



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3^ HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍlOLA. 

les , aunque , á decir verdad , ui el uno ni el otro tienen 
grandes títulos que presentar para aspirar á dicho ho- 
nor, puesto que no se ha publicado aun ni un solo 
verso que pueda decirse suyo \ 

Alfonso el segundo de Aragón, que subió al trono 
en 1 4 62 y reinó hasta 1196, pasa generalmente por ha- 
ber sido trovador; y de- él se conservan algunas cobles 
dirigidas á su dama, que tienen cierto mérito, y son en 
extremo curiosas, por ser la poesía más antigua de autor 
conocido, que exista en cualquiera de los dialectos 
modernos de la España , y tan antigua quizá como las 
poesías anónimas de Castilla y de las provincias del 
norte". Siguiendo el ejemplo de otros monarcas de su 
tiempo, que cultivaban la « gaya ciencia» , Alfonso se ro- 
deó de poetas y trovadores. Pedro Rogiers^ Pedro Remon 
de Tolosa, Aimeric de Péguilain, que compuso una 
elegía á la muerte de su rey y señor, y otros varios, si- 
guieron su corte, y vivieron en Barcelona honrados y 
colmados de favores. Es pues un hecho averiguado que 



^ Véanse sus respectivQS arUculos 
en Torres Amal, «Memorias,» pági- 
nas 104-S. 

* Hállanse estas coplas en Ray- 
nouard, «Troubadours,» t. iii, p. 118, 
y empiezan así : 

Per mantas guizas m'es datz 
Joys e deport e solalz. 
La Yída del autor está en Zurita, 
«Anales de Aragón» (lib. u); pero 
las noticias literarias relativas á él, 
habrán de buscarse en Latassa, « Bi- 
blioteca antigua de los escritores ara- 
goneses,» Zaragoza, 1796, 8.", 1. i, 
p. 175; y en « Histoire ültéraire de 
la France», t. xi. En cuanto á la pala- 
bra cobles, por más que digan Ray- 
nouard (t. ii, pp. 174-8), y Diez, «Trou- 
badours » (p. 3), no puedo menos do 
creerqueequívale al castellano cop/a$. 



o Acerca de Pedro Rogiei*s» véase 
á Raynouard , «Troubadours , » t. v , 
p. 530, yt. iii,p. 27; Millot,cHis* 
loire litléraire des Troubadours ,» 
París, 1774,12.«,l. I, p. 113; y la 
«Histoire littérarie de la France. t. xv, 
p. 459. De Pedro Ramón de Tolosa 
tratan el mismo Raynouard, t. v, 
p. 332, y t. lu, p. 120; « Histoire lit- 
léraire de la France», t. xv, p. 437 ; 
y Crescimbeni, « Istoria délla vol^r 
poesía » (Roma, 1710, 4.«, t. ii, p. 55). 
bste último escritor, refiriénaose á 
un manuscrito del Vaticano , dice de 
Pedro Ramón : « Ando en corte del 
»Re Alfonso d*Aragona, cbe Taccolse 
»e molto onoró.» De Aymeric de Pé- 
guilain se hallarán noticias en la ya 
citada «Hist. Littér.», t. xviii, p. QM. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XVI. 320 

antes de terminar el siglo xii la poesía provenzal es- 
taba ya aclimatada y extendiéndose en aquella parte de 
España. 

En el siguiente siglo, varias circunstancias contribu- 
yeron á desarrollar más y más en Aragón el germen 
nuevamente importado. Fué una de ellas la guerra es- 
candalosa que se hizo á los albigenses , y se prosiguió 
con inaudita crueldad desde el año de i 209 hasta el 
de 1229, dando origen ó pretexto para el estableci- 
miento de la inquisición. Eran los albigenses ciertos 
sectarios de la Provenza , á quienes «e acusaba de here- 
jía -.victimas del odio implacable y desmedida ambición 
de los papas, á cuyas pretensiones intentaron oponerse, 
fueron completamente exterminados en una cruzada 
general dirigida por la Santa Sede. A esta secta per- 
tenecían la mayor parte de los trovadores de aquel 
tiempo , cuyas poesías están llenas de amargas quejas 
contra el injusto proceder de sus enemigos, y revelan 
asimismo lo mucho que sufrieron ^^. Los albigenses ha- 
llaron un fiel aliado en D. Pedro U de Aragón, el cual 
murió en 1213, peleando por su causa, en la célebre 
jornada deMuret; y así no es de extrañar que precisa- 
dos á abandonar sus hogares, los trovadores de la Pro- 
venza buscasen un asilo en el vecino reino de Aragón, 
y se pusiesen bajo la protección y amparo de príncipes 
amigos que cultivaban la poesía y honraban las letras. 

^0 Sismondi , < Histoire des fran- quisicioD. El hecbo de que casi todos 

^is » (Paris , 8.**, t. vi y vii) , da noli- los trovadores abrazaron la secta de 

cias muy detalladas de la cruel perse- los albigenses, está también compe- 

cucion y guerras con los albigenses ; tentemenle probado. Véase «Histoire 

y Llórente (Histoire de l'Inquisition, liltéraire de la France», t. xviii, p. 588, 

París, 1817, 1. 1, p. 43) demuestra la y Fauriel, «r Introduction á Thistoire 

relación que aquella guerra tuvo con de la croisade contre les héretiques 

el origen y establecimiento de la In- albígeois,» Paris, 1837, p. xv. 



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330 HISTORU DB LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

Entre los trovadores que pasaron á España en tiempo 
de D. Pedro 11, se cuenta á Hugo de Saint Cyr", Aze- 
mar le Noir**, Pons Barba", Raimundo de Miravai, ios 
cuales todos lograron persuadirle á que tomase las ar- 
mas en defensa de los albigenses , como en efecto lo 
hizo, pereciendo en la demanda*^; y por último Perdi- 
gón^', que después de haber sido tratado con la mayor 
munificencia por el Rey; fué traidor á su causa, como 
lo fué también Folquet , de Marsella *^ y mostró su ale- 
gría por la muerte prematura de aquel monarca. Pero 
ninguno de los poetas que andaban en la corte de don 
Pedro le hizo tanto honor como el autor de un largo 
é interesante poema de la Guerra de los Albigenses , en 
el cual están referidas muchas de las acciones del rey 
de AragQn , y se dan minuciosos detalles acerca de su 
muerte desastrosa*'. Todos, á excepción solo de per- 
digón y Folquet, se mostraron reconocidos á sus mu- 
chos favores, considerándole como su patrono, y dán- 
dole ademas el dictado de poeta *^ ; al que Pons Barba 

** Raynoaard, cTroubadours,» t.Y, siglo, y forma parte de una serie de 

p. 222, y t. ni, p. 330 ; MiUot, cHist.,» obras relatíTas á la historia de Fran- 

t. II, p. 174. cía , é impresas á expensas del go- 

** tHist. littér. de la Prance», t. xvín, biemo francés, á la sazón que M. Güi- 

p. 386. zot desempeñaba el ministerio de 

*^ Ibid., p.644. Instrucción pública. Intitulase < His- 

*^ Raynouard, tTroubadonrs,» t. v, toire de la croisade contre les béré- 
pp. 382-386; tHist. littér. de la Fran- tiques albigeois, écrite en vers pro- 
ce, » t. x>ii, pp. 436-67. vencauxpar un poete contemporain», 

^ Millol, Hist. 1 1 , p. 428. París, 1837. Contiene el poema nueve 

*^ Acerca de este alevoso y cruel mil quinientos setenta y ocho versos, 

caudillo entre los cruzados, tan elo- y las noticias de Pedro II se hallan 

giado por Petrarca (Triunfo de amor, principalmente en la parte i, y las de 

^P* ^) > y por Dante (Paraíso, ix , 94), su muerte, en el verso tres mil sesen- 

véase la c Hist. littér. de la France», ta v uno y siguientes. 

t. xviu , p. 394. Sus poesías se halla- » Lo que se conserva de sus poe- 

rán en Raynouard , c Troubadours, » sias se hallará en Raynouard, «Trou- 

t. ni , pp. 149-62. badours , > t. v, pp. 290 y siguientes ; 

*'' Éste interesante poema ha sido y en «Hist. littér. de la France,» t. xvn, 

publicado por Mr. Fauriel, uno de los pp. 4-437, donde se da noticia bastante 

más distinguidos literatos de este circunstanciada de su vida y escritos. 



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PIUNBRA ÉPOCA. ' — CAPÍTULO XVI. 33i 

añadió el de «jefe de los trovadores, y cabeza de sus 
honores *^» . 

Durante el glorioso reinado de O. Jaime el Conquis- 
tador^ que duró desde 1 213 hasta 1276, se observa el 
mismo carácter poético que distinguió el menos feliz de 
su antecesor Pedro. También él protegió á los trova- 
dores » y estos á su vez le encomiaron y honraron en sus 
escritos. Guillermo Ameller le dirigió una sirvente, en 
la que le apellida « el jóvetí rey de Aragón que confir- 
ma mercedes, y deshace tuertos*»; Nat de Mons le en- 
vió dos epístolas en verso , en una de las cuales le da 
sanos consejos acerca de la administración del reino y 
régimen de su corte''*» ; Amaldo Plagues presentó á su 
esposa, la bella Eleonor de Castilla, una chansó^; y 
Mateo de Quercy, que le sobrevivió, compuso á su 
muerte una elegía , siendo fiel intérprete del sentimiento 
de sus vasallos, al verse privados de un rey tan guer- 
rero y que tantas y tan grandes conquistas hiciera á los 
infieles ^. Por el mismo tiempo, Hugo de Mataplana, 
noble caballero catalán , celebraba en su castillo cortes 
de amor y justas poéticas, en las cuales él misma to- 
maba parte *^; al paso que un vecino suyo, llamado Gui-- 
Uermo de Berguedan, no menos distinguido que él por 
su nobleza y por su talento para la poesía , aunque de 
carácter menos apreciable y digno, ejercitaba su fácil 



*^ Reís d' Aragón, tornen a vos o cHist. KUér. de la France,» t. xnn, 

Car eu caps de bes et de nos. p. 535 ; t Raynouard, cTroabadours,» 

Pons Barba. t. v, p. 50. 

M cHist. littér. de la France»» i. XTOi, » Raynouard , < Troubadours , » 

p. 553. El poema empieza asi : t. ▼, páginas 961-3 ; < Hist. liUér. de 

Al joYC reí d'Arago, que eonrerma La France,» t. xix, p. 607. 

Merce e dreg, e malresut desíerma. u «Hist. littér.de la France,» t.xviu, 

«< Blillot, « Hist. des Troub., » t. n, pp. 571-5. 
pp. i86 y siguientes. 



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332 HISTORIA DB LA LITERATURA KSPAfiOLA. 

musa en composiciones del género erótico, pero tan li- 
bres y obscenas , que apenas se hallará su igual en toda 
la literatura proveuzal**. Todos, sin embargo, buenos 
y malos, los que como SordeP* y Bernardo de Rove- 
nac*^ hicieron al Rey blanco de sus punzantes sátiras; 
y los que como Pedro Cardenal gozaron de su real fa- 
vor y le encomiaron en sus escritos", todos convienen 
en que los trovadores siguieron, como antes, buscando 
asilo en Aragón y Cataluña, paises donde siempre ha- 
llaron protección y buena acogida, y que su poesía se 
fué arraigando más y más en un terreno tan favorable 
y propicio. 

No falta tampoco quien cuente al rey D. Jaime en- 
tre los poetas de su tiempo*'; lo cual es harto verosí- 
mil , si se atiende á que la lengua fácil y armoniosa de 
aquel tiempo se prestaba mucho á la poesía, y á que el 
ejemplo de su padre y de su abuejo, ambos poetas, de- 
bió quizá estimularle en tan agradable tarea. Hasla ahora 
no se han hallado versos suyos, aunque por otra parte 
consta que fué en extremo amante de las letras. Como 
quiera que esto sea, O. Jaime'^ dejó escrita una larga 
obra en prosa , la cual está más en armonía con su ca- 

^ Hist.Litlér.delaFraDce,t.xTin, sepultadas. Eotre ellos se halló el 

pp. 576-9. cuerpo del rey D. Jaime , perfecta- 

** 'Millot, «Hist.,> t. II, p. 92. mente conservado después ae un pe- 

'7 Raynouard , < Troubadours , » ríodo de seiscientos y setenta anos, 

t. nr, páffínas 203-5. Gonociósele desde luego por su colo- 

^ ibid., t. V, p. 302; «Hist. littér. sal estatura (pues dicen los autores 

de la France,» t. xx, p. 574. que D. Jaime fué alto de siete pies), 

*• Quadrio ( Storia d*ogni poesía , y por la ancha cicatriz que dejó en su 
Bolpgna, 1741, 4.<>, t. ii, p. 132), j Zu- frente cierto saetazo recibido en el si- 
rila (Anales , lib. x , cap. 42) señalan tío de Valencia. Un testigo ocular afir- 
este hecho sin aducir prueba alguna, ma ser tal la conservación del rostro 

^0 En la «Guia del comercio de Ma- y facciones, que un pintor hubiera 

drid » , 1848 , hay una relación muy podido fácilmente sacar el perfil de 

detallada de la exhumación hecha en ellas, t Faro industrial de la Habana», 

Poblet, en 1846, de los cadáveres de 6 abril, 1848. 
varías personas reales que yacían a II i 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XVI. 333 

rácter de rey sabio y guerrero : cualidades que no se le 
pueden disputar, puesto que sus leyes y gobierno le 
colocan á mayor altura que la generalidad de sus sub- 
ditos, al paso que sus muchas victorias le valieron el 
dictado hoDoríñco de Conquistador. 

La obra en cuestión es una crónica, ó más bien co- 
mentario de los principales sucesos de su reinado, di- 
vidido en cuatro parles. Trata la primera de las revuel- 
tas que agitaban el reino al subir él al trono , después 
de una larga menoría , y de la toma de Mallorca y Me- 
norca, entre lósanos de 1229 y 1233. La segunda 
refiere muy detalladamente los sucesos de otra guerra y 
conquista aun mayor , á saber , la del reino y ciudad 
de Valencia , que se rindió por último en 1239, desde 
cuya época los agarenos infieles no volvieron nunca á 
poner la planta en las provincias del nordeste. La ter- 
cera , describe la guerra que D. Jaime hizo á los moros 
de Murcia hasta el año 1 266 , por cuenta y á beneficio 
de su pariente, D. Alfonso el Sabio, rey de Castilla. La 
cuarta y última , cuenta las embajadas que le enviaron 
el Khan de Tartaria y Miguel Palaeiogo, emperador.de 
Constantinopla, y la tentativa que él mismo hizo en 1 268 
de conducir una expedición á Palestina y rescatar- el 
Santo Sepulcro, tentativa que salió frustrada, de re- 
sultas de una brava tempestad que dispei*só la armada 
destinada á conducirla. La historia continúa basta el fin 
de su reinado con breves noticias que llevan el sello de 
la originalidad > y parecen igualmente escritas por don 
Jaime , exceptuando tan solo la última, que en muy po- 
cas palabras refiere su muerte , y es la sola escrita en 
tercera persona. 



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^3% HISTORU DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

/De esta Crónica de Don Jaime el Conquistador se sacó 
^e mny antiguo , aunque en extracto, una relación de 
la conquista de Valencia , la cual empieza con la mayor 
naturalidad y sencillez, refiriendo la conversación que 
el Bey tuvo en Alcañizas con D. Blasco de Alagon y el 
maestre de la orden de San Juan, Nuch de Follalquer, 
los cuales le incitan á que aprovechando la ocasión , y 
visto el terror que ha producido en los moros la toma 
de Menorca , emprenda desde luego la conquista de Va- 
lencia ; y termina con la relación de los disturbios y al- 
borotos causados por la partición de los despojos en la 
conquista de aquel opulento reino. Esta última obra fué 
impresa en 1515, sirviendo como de prefacio ó intro- 
ducción á la colección de fueros y privilegios concedidos 
á la ciudad de Valencia, desde su conquista hasta los 
tiempos de D, Femando el Católico'*; pero la obra com- 
pleta» es decir, la Crónica^ novio la luz pública hasta 
el año de 1 557 , que se imprimió á instancias de Fe- 
lipe II. 

El estilo de la Crónica es sencillo, al par que vigo- 
roso; sin pretensiones de elegancia, el autor narra los 
sucesos con cierto aire de verdad, y á veces con tal pro- 
piedad y tan buena elección de frases , que en vano se 
buscarían en obras de mayor ciencia y artificio. Si se 
emprendió y compuso, á consecuencia del impulso dado 
por Alfonso el Sabio á la historia , en lengua vulgar, ó 

" El titulo principal es como si- tulos; pero si inicíales grabadas al 

gue : c Aureum opusregalium piiví- principio de cada párrafo. Esta parte 

legioram ciTítatisetregniValentiae;» de la obra consta de cuarenta y dos 

pero la obra á que aludlinos empieza hojas á dobles columnas, letra de tor- 

asi : c Comenta la conquesta per lo tis, y se imprimió, según se lee ai fin 

«serenísimo e catholic princepde in- en el colofón , por Diego Gumiel , en 

•mortal memoria , Don Jaume. » No Valencia, año de 1515. 
tiene ni foliatura ni división de capi- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPJ^OJfl. 335 

SÍ la idea nació en Aragón, es^efuepIlDn difícil de resol- 
ver. Es probable que una y ArtTniéron el producto de 
las necesidades de la época ; pero como fueron escritas 
casi á un mismo tiempo, y como por otra parte los dos 
reyes estaban unidos por los vínculos estrechos .del pa- 
rentesco, y mantenían ademas frecuentes relaciones, el 
conocimiento íntimo de todo lo perteneciente á estas 
dos crónicas, escritas en diferentes partes de la Penín- 
sula , nos ayudaría sin duda á descubrir algún punto de 
contacto entre ellas. Esto supuesto, debería darse la 
priorídad ó precedencia á la Crónica del Rey de Aragón, 
puesto que no solamente era mayor en *años que su 
contemporáneo Alfonso el Sabio, sino que fué también 
en muchas ocasiones su fiel y acertado consejero *'. 



^ Rodríguez, c Biblioteca valenti- 
na,» Valencia, 1747, folio, p. 574. In- 
titúlase «Chrónica o commentari del 
gloriosissim e invictissim rey en Jac- 
me, rev d'Arago, de Mallorques e de 
Valencia , compte de Barcelona e de 
Urgell e de Muntpeiller, feita é scrita 
per aquell en sa lengna natural , e 
treita del Arcbiu del molt masniflch 
Ratíonal de la insigne ciutat de Va- 
lencia , hon stave custodita. » Impri- 
mióse de orden de los jurados de Va- 
lencia , ppr la viuda de Juan Mev, en 
folio , aDo'^OiiSS^. Ademas , la dedi- 
catoria á Féfipenjio deja duda nin- 
guna en cnaiito á la autenticidad de 
[a obra. Cada ^na de sus partes está 
dividida en oapitulos : la primera tiene 
ciento y Cinco ,tla segunda ciento y 
quince , y así á este lenor. D. José 
Villaroya, dn una serie de cartas im- 
presas en Valencia en 1800 , trató de 
probar que fX, J^ime no fué el ver- 
dadero autor d< su crónica ; pero 
aunque escritas con ingenio y eru- 
dición, no es lanceen, á mi modo de 
ver, lo que su aiptor se propuso pro- 
bar. 

'> Alfonso el Sabio nació en 1221 y 
murió en 12^ ^-Ji D. Jaime, cuyo 



g 



nombre se escribe también Jaume^ 
Jaime y Jacme, nació en 1208, y mu- 
rió en 1276. Es verosímil, según in- 
dicamos ya en otro lugar, que la 
«Crónica general » se escribió poco 
antes del año 1260, período posterior 
de cerca de veinte y un años á todos 
los sucesos referidos en la t Crónica 
de la conquista de Valencia», por 
D. Jaime. Hav ademas otra circuns- 
tancia aue deberá tenerse presente , 
al deciair la cuestión de preceden- 
cia entre estas dos crónicas, y es la 
de que algunos escritores han creído 
que treinta años antes que el rey 
D. Alfonso mandase sustituir en Cas- 
tilla el romance al latín en las escri- 
turas públicas, el rey D. Jaiihe babia 
intentado igual reforma en sus esta- 
dos, en favor del dialecto catalán. 
Villanueva, «Viaje literario á las Igle- 
sias de España, » Valencia, 1821 , t. vu, 
p. 195. 

Oír» obra hay de D. Jaime que no 
ha visto aun la luz pública. Es un tra- 
tado moral y filosóuco, llamado «Lo li- 
bro de la Saviesa», de que da noticia 
Castro en su «Biblioteca», t. ii, pá- 
gina 605. 



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336 HISTORIA DE LA LITEBATURA ESPAÑOLA. 

Pero Jaime de Aragón tuvo ademas la fortona de 
hallar en la persona de Ramón Muntaner un cronista 
hábil de sus gloriosas hazañas. Ramón Muntaner, noble 
caballero catalán, nació en Peralada, nueve años antes 
de la muerte del rey D. Jaime. De edad ya muy avan- 
zada, y después de una vida bastante agitada y llena 
de aventuras, creyóse llamado á escribir la historia de 
sus tiempos **. « Porque un dia , dice , estando yo en mi 
nalqueria de Xiluella, que está situada en la huerta de 
» Valencia, y durmiendo en mi cama, vino á mí una vi- 
»sion en figura de un hombre muy bello, y vestido todo 
»de blanco, 'el cual me dijo : Ea, Muntaner, levántate y 
«piensa en componer un libro de las grandes maravillas 
»que has presenciado y que ha obrado Dios en las guer- 
>íras en que te has hallado; pues place á Dios que por tí 
»sean publicadas. » Al principio, según él mismo lo de- 
clara, Muntaner no se cuidó de obedecer al fantasma, 
teniendo en poco las lisonjeras palabras que este pro- 
firió , al darle el espinoso encargo de narrar los suce- 
sos de su tiempo ; pero « otro dia y en el mismo lugar, 
» continúa, volví á ver al viejo, que me dijo : ¡O hijo mió! 

'^ E8 de creer que la mejor bio- Hits e descendeots, c setroba presen l 

grafía de Muntaner sea la que se ha lia á las coses contengudes en la pré- 

en Nicolás Antonio. « Bib. Vetus» sent historia.» Imprimióse por la pri* 

(ed. Bayer, t. ii, p. 145). Hay sin em- mera vez en Valencia en i5te, y des- 

bargootra más lata y extensa en Tor- pues en Barcelona en 1562, ambas 

res Amat, < Memorias » (p. 457) ; y en en folio ; y la última, que tenemos á 

otras obras se bailan también noti- la vista , consta de doscientas cua- 

cias para su vida. La crónica que renta y pcho hojas , siu contar trece 

compuso tiene por titulo : «Crónica o de preliminares. Usóla mucho Zuri- 

descripcio deis fets e bazanyes del ta, quien hacia gran mérito de ella y 

iuclyt rey Don Jaume primer, rey de su autor ( Anales , lib. vn, cap. 1). 

Darágó, de Mallorques, e de Valen- En 1844 se publicó una nueva edi- 

cia, compte de Barcelona, e de cion, por el Verdnóunion de Stutt- 

Munspeyller, e de molts de sos des- gard, cuidando de ella el distinguido 

cendents , feta per lo magnifich en profesor Karl Lanz, el mismo oue en 

Ramón Mon tañer, lo qual servi axf al 1842 la tradujo al alemán, en aos to- 

dit inclyt rey Don Jaume com á sos mos en 8.® 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTOLO XVI. 337 

«que haces? ¿Por qaé tienes en menos mi mandado? Le- 
» yántate y haz lo que yo te mando, y ten entendido que 
» si así lo hicieres, tú y tus hijos, tus parientes y amigos 
» todos habrán mérito á los ojos de Dios.» Así amones- 
tado por la segunda vez, Muntaner puso manos á la 
obra, el dia 1 5 de mayo de 1 325, y dióla por concluida 
en abril de 1328, después de un asiduo trabajo de tres 
años por lo menos. 

. La Crónica empieza con gran naturalidad y sencillez 
refiriendo el acontecimiento más importante de que 
conservaba memoria su autor^ á saber : la visita que el 
conquistador de Valencia hizo á su padre en su propia 
casa , hiendo él aun muy niño''. Un suceso de esta na- 
turaleza debió necesariamente quedar impreso en una 
imaginación infontil; en la de Muntaner parece haber 
ejercido singular influencia. Desde aquel inslante el Rey 
fué para él , no solo el héroe que ya era , sino dn ente 
casi sobrenatural , cuya venida al mundo fué acompa- 
ñada de milagros, y cuya vida y hechos fueron más gra- 
tos y aceptables á Dios, que los de ninguna otra cria- 
tura humana; porque, según él mismo refiere, «era don 
• Jaime el príncipe mas hermoso del mundo, y el mas 
» sabio y el mas gracioso y el mas derechero y el que 
»mas fué amado de todas las gentes, así de los suyos 
»como de los extraños » . 
La vida de D. Jaime^ sin embargo, no es más que la 

>* tEt per (O roen^ al feyt del dit «alberchs daqnell loch , e era al cap 

»seDyor Rey en Jacme, com yol vio : »de la playa » (cap. Sn. En equivale á 

»e asenyaladament essent yo fadri» e don en castellano. (Véase A Andrés 

»lo dit senyor Rey essent a la diu Boscb) tTitols de honor de Catba^ 

•yila de Peralada bon yo naxqni, Innya, etc.,» Perpinya, folio, 1628, 

»e posa en lalbercb de mon pare en p« SF74. 
•Joan Mantaner, qui era deis majors 

T. I. 2S 



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338 HISTORIA DE LA LITEBATUEA ESPAÜOLA. 

introducción ¿ la Crónica ^ pues el mismo Muntaner noe 
anuncia en el prólogo su intención de no tratar de otros 
sucesos que los que él mismo presenció ó pasaron en su 
tiempo, y por lo tanto del reinado de D. Jaime tan solo 
cuenta las ultimas glorias. Su Crónica, pues, refiere prin- 
cipalmente los hechos de tres monarcas de la misma 
familia, y sobre todo los de D. Pedro III (te Aragón , su 
héroe principal ; estando ademas adornada con un poema 
de doscientos y cuarenta versos , que en cierta ocasión, 
presentó al rey D. Jaime y á su hijo D. Alfonso, por via 
de amonestación y consejo sobre la expedición que este 
último intentaba contra Córcega y Cerdeña*^. 

Toda la obra es curiosa en extremo, y revela á cada 
paso el carácter de su autor , hombre valiente y amigo 
de aventuras, aficionado á galas, torneos y todo género 
de ostentación ; cortés y leal; no sin cierta educación 
intelectual , aun(^e poco versado en estudios clásicos; 
franco y desinteresado , pero en extremo vanidoso, vi- 
cio que ó no podia ó no quería disimular. Fiel cual nin- 
guno á la casa real de Aragón , pasó los mejores años 
de su vida en su servicio, y filé varias veces cautivo, 
habiéndose hallado en más de treinta y dos acciones 
de guerra, defendiendo con espada en mano los dóre- 
se Hállase en el capitalo cclxsii de si bien este hubiera sido aan mejor á 
la tCrónica,» y consta de doce coplas haber el Rey segnido al pié de la le- 
de á veinte versos cada ana. Las co- tra lo que le fué aconsejado. Hasta 
pías son monorimicas , concluyendo qué punto los consejos del cronista 
la primera en o, la segunda en eiU, eran acertados, no podemos hoy dia 
la tercera en ayle , y así á este tenor, determinar ; pero sus versos valen 
El poema se reduce á proponer el muy poco , y pertenecen al género 
consejo que Muntaner dio al Rey y al más afectado de la poesia provenzal, 
principe su hjjo , acerca de su pro- cuadrándoles muy bien el titulo de 
yectadiai expedición á Gerde&a ; con- tSermó», que el autor les dio. Por lo 
sejo <]ue el poeta cronista dice fué demás , parece que el poema fué 
seguido solo en parte , razón por la puesto en manos del Rey por el mis- 
cual la expedición tuvo buen éxito ; mo Muntaner. 



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PRlIfBBA ÉPOCA. — CAPITULO XVI. 339 

cbos de su monarca , ó peleando contra los moros in- 
fieles. Su vida k)da fué un dechado de acrisolada leal- 
tad, y los doscientos y noventa y ocho capítulos de que 
se compone su Crónica ^ rebosan los mismos sentimien- 
tos de que estaba animado su corazón. 

Al referir lo que él mismo hizo y vio , su narración 
parece exacta , al propio tiempo que es animada ; en 
otras partes incurre en graves errores cronológicos, y 
de vez en cuando se manifiesta crédulo en demasía , ad- 
mitiendo hechos imposibles que otros le contaron. En 
su estilo simple, aunque gracioso, y su afición á esce- 
nas de amor y pompa, se parece bastante al francés 
Froissart, sobre todo hacia el fin de su Crónica, donde 
introduce una prolija descripción de las fiestas y cere- 
monias hechas en la coronación de Alfonso lY en Zara- 
goza , ¿ la que asistió como síndico de la ciudad de Va- 
lencia: último suceso que se refiere en la Crónica, y el 
último quizá en que debió figurar su noble autor, el 
cual contaba á la sazón cerca de setenta anos. 

Mas durante el último período á que se refiere la 
dicha Crónicaj se operaba un cambio en la literatura á 
que pertenece. La confusión y revueltas que agitaron la 
Prorenza desde el tiempo de los albigenses, la cruel 
persecución de que estos fueron víctimas, y sobre todo 
d e^íritu de conquista de que se hallaban poseídos 
sos vecinos del norte , que de^e el reinado de Felipe 
Augusto no cesaron un punto de dirigirse hacia las cos- 
tas del Mediterráneo, todas estas causas reunidas hi- 
cieron que los trovadores fuesen poco á poco sucum- 
biendo. Unos huyeron, otros se sometieron, y todos 
perdieron el espíritu poético de que en tiempos más 



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340 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

felices estuvieron poseídos. Desde fines del siglo xiiu 
apenas se oyen ya sus cantos en el suelo en que reso- 
naran trescientos años antes ; al principiar el siguiente 
la pureza de su dialecto se pierde , y poco después su 
misma lengua cesa de ser cultivada '\ 

Como era de esperar , la tierna y delicada planta que 
no se dejó florecer en su suelo natal « mal podia pros- 
perar en aquel á que fué trasplantada. Es cierto que 
durante algún tiempo los trovadores emigrados , que 
frecuentaban la corte de D. Jaime y la de su padre, 
comunicaron á Zaragoza y á Barcelona las gracias poé- 
ticas que les eran naturales, y que tanto distinguieron 
á Arles y á Marsella; pero también lo es, que tanto 
el uno como el otro tuvieron que defenderse de las sos- 
pechas del vulgo, que les hubiera acusado de la he- 
rejía atribuida á los aibigenses, y que hablan abraza- 
do los más de los trovadores. Así es que en 1 223 el rey 
D. Jaime, entre otras severas pragmáticas, promulgó 
una prohibiendo á los legos la lectura de la Santa Bi- 
blia, que acababa de traducirse al lemosin para su uso, 
y hubiera contribuido á robustecer la lengua y formar 
la literatura del pais**. Sus sucesores, empero, se mos- 
traron partidarios del impulso dado por los cantores 
provenzales, y le fomentaron poderosamente. Cuéntase 
en el número de estos al rey D. Pedro IIP, y ya que no 
se pueda decir otro tanto de Alfonso III y Jaime II , es 



*7 Asi lo evidencia Raynouard en v Scbmidt, cGescbicbten AnigoníeDS 

el t. III de su obra , y más particu- m BliUelalter > ( Historia de Aragón 

larmente en el t. v, en la lista de en la edad media), p. 465. 
poetas. Véase también « Hist. littér. '^ Latassa , t Bib. antigua de los 

de la Prance», t. zviti, y Faoriel , In- escritores aragoneses,» L i , p. 242; 

troduction, etc., pp. x?, zvi. tHistoire litteraire de la Prance,» 

*• Castro, <Bib!. Esp.,» 1. 1, p. 441, t. xx , p. 529. 



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PIUMERA ÉPOCA. -— CAPITULO XYl. 344 

preciso confesar que en sus palacios y en su corte re- 
sonaron constantemente los dulces acentos de la poe- 
sía^. Por último; en la coronación de su inmediato su- 
cesor, Alfonso IV, becha en Zaragoza, en 1328, se reci- 
taron, según Muntaner, varios poemas del infante don 
Pedro, hermano del Rey, y entre ellos uno de setecientos 
versos, escrito en solemnidad de aquella ceremonia^'. 
Estos sin embargo son ya los últimos esfuerzos de la 
literatura provenzal en España. De aquí en adelante la 
vemos poco á poco ceder el campo á otra más impreg- 
nada ya del dialecto catalán , de cuya formación y ori- 
gen ya tratamos en otro lugar. Llamóse comunmente 
«catalán» , del nombre del pais en que nació, si bien 
es probable que en 985, época en que Barcelona se 
tomó á losYnoros, se difei^nciaba muy poco del proven- 
zal, tal cual se hablaba en Perpiñan y del otro lado del 
Pirineo^*. A medida pues que el provenzal fué ganando 
en elegancia y en dulzura , el rudo y descuidado dia- 
lecto catalán fué creciendo en robustez y enerjía; y más 



*• Antonio, «Bíb. Vet.,» ed. Baver, 
t. II , lil). 8 , cap. 6 y 7 ; Amat, c Me- 
morias , » p. 207. — Serveri de Ge- 
rona , hacia el año i277 , recuerda 
los felices años del reinado de Jai- 
me I, como si en dicho tiempo em- 
pezasen ya » escasear los poetas en 
la corte de Aragón, tHist. littér. de la 
France,» t. xx , p. 552. 

** Nuntaner, «Crónica,» edic. 1562, 
rol. 347, 8. 

^ Da Canse , < Glossariom medias 
et inflmae latmiutis,» Parisiis , 1735. 
t. i; praefatio sect., 54-6; Raynouara 
(Troub., 1. 1, p. i2, 13) quiere que 
los dialectos catalán y valenciano es- 
tUYiesen ya formados por los anos 
de 728; pero el testimonio de Luit- 
prando, en que se apoya , es de muy 
poca autoridad, por cnanto este mis- 
mo autor propone en otro lugar la 



ridicula teoría de que ya se habla- 
ban dichos dialectos en tiempo de 
Estrabon. Lo más que puede y debe 
inferirse del dicho pasaje citado por 
Raynouard, es que por los años de 
960 , en que escribió Luitprando , el 
catalán estaba ya formado, y era co- 
mún á los habitantes de aquella parte 
de España; aunque también es de 
presumir que debió ser sumamente 
tosco y ruao en sus formas. El eru- 
dito Gapmany hizo algunas observa- . 
clones muy oportunas sobre las re- 
laciones del mediodía de Francia con 
las provincias del nordeste de Espa- 
ña y su idioma común , en sus < Me- 
morias históricas de Barcelona» (Ma- 
drid , i77»-02). Los tomos tercero y 
cuarto de esta apreciable obra con- 
tienen documentos muy importantes 
para la historia del dialecto catalam. 



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342 HISTORIA OS LA LITBRATOBA BSPAfilOLA. 

adelante, cuando los límites del reino se ensancharoo 
considerablemente con la conquista de Zaragoza en 1 14 8 
y la de Valencia en 1238 , hubo necesariamwte de mo- 
dificarse y acomodarse al genio, costumbres y necesi-^ 
dades de los pueblos nuevamente adquiridos, perdiendo 
mudia de su semejanza con el idioma más cultivado de 
los trovadores proveníales, hasta formar casi un dia^ 
ledo aparte. 

Quizá si los trovadores hubieran mantenido su ascen^ 
diente en la Provenza , su influencia en España hubiera 
sido más duradera; á lo menos hay mot^s fundados 
para creer que no hubiera desaparecido tan prontamen- 
te. Alfonso X de Castilla tuvo en su corte algunos de los 
más distinguidos de entre ellos, y ya que no compuso, 
imitó al menos los versos provenzales. Ante6 de él, en 
tiempo de Alonso IX, que murió en 121 4, se encuen-^ 
tran ya rastros evidentes del progreso que la poesía pro- 
venzal debió hacer en el centro de España^. Pero falta 
de vigor y fuerza en su propio suelo , mal podia con- 
servarse y florecer en tierra extraña; y así es que el 
ingerto pereció, juntamente con el árbol del cual saliera. 

Entrado el siglo xiv, no hallamos ya en Castilla 
vestigio alguno de la poesía provenzal propiamente di- 
cha ; y á partir de m^iados de dicho siglo , la vemos 
retirarse de Cataluña y de Aragón, ó más bien perderse 
en el dialecto más tosco, aunque más vigoroso, délos 
habitantes de aquellos paises. En unos lijeros extractos 



^ Millot, « Híst. des Troobadours, dada si no fué Riquier el que esfirí- 

t. II, pp. 1806-201; t Hist. liuér. de bió la respuesta de Alfonso, asi como 

la Fraoce,» t. ivui, pp. 588, 634, 635 ; la petición 6 memorial á él hecha , j 

Diez , « Troubadours , » pp. 75-227 y que cita Diez. 
331-350, aunq«ie p«ede ponerse en 



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PIUMBRA ÉPOCA. — CAPITULO XVI. 343 

de las poesías de D. Pedro IV de Aragón , que reinó 
desde 1336 hasta 1387, así como en una carta que 
aquel monarca dirigió á su hijo^, se ve claramente la 
pugna y cojiflicto de los dos elementos, provenzal y ca- 
talán, y se advierte la transición de una á otra litera- 
tura; transición que hubiéramos podido quizá definir y 
calificar más circunstanciadsamente » á h|d)er tenido de- 
lante el curiosísimo Diccmiano de Rimas, compuesto 
por orden de aquel Rey, en 1371, por Jaime March, 
miembro de una familia de poetas de que hablaremos 
después , el cual se conserva aun en su original^. Sea 
de esto lo que fuere, no hay razón alguna de peso para 
dudar que desde la mitad del siglo xiv, si no es antes, 
el dialecto catalán^ propiamente dicho, comenzó á ma- 
nifestarse en la poesía y en la prosa del pais en que 
nació *•. 

^ Boaterwek, «Hist. de la Liter. es- «ros.» Véase también á Cerda y Rico 

paiola,» tradadda por Cortín» , i. i, en las notas á la t Diana enamorada» 

p. ia2; Latassa, tBib. antigua,» t. ii, de Montemayor , i802 , pp. 487-90 y 

pp. 25-38. 295-5. 

' ** Bonterwek, trad. Cortina, p. 177. *• Bruce-Whyte («Histoire des lan- 
El manuscrito á qne aludimos fué cues romanes et de lenrlittérature», 
propiedad de Femando Colon, hyo Paris, 1841, 8.^ t. n, pp. 406-14), en 
del célebre navegante descubridor un extracto muy notable de cierto 
del Nuevo Mundo, y se halla aun en- manuscrito de la Biblioteca Real de 
tre los restos de su librería en la ca- Paris, presenta una prueba eviden- 
tedral de Sevilla. Una ñola de su te de la mezcla del provenzal con el 
puño y letra al fin del códice dice dialectocatalan. Elautordaáenten- 
asi : < Este libro costó ansi encaa- der ^ne los troeos que copia son de 
»dernado doce dineros en Barcelona, mediados del siglo nv, pero no lo 
r janio de 1536 , y el ducado va- prueba. 



»le quinientos ochenta y ocho dine- 



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CAPITULO XVII. 

Tentativas becfaat para reanimar el espirita proTenial.—> Juegos florales 
en Tolosa.— Consistorio de la gaya ciencia en Barcelona.— Poesia ca- 
talana y valenciana.— Ansias Mareii.—Janme Roig.— Decadencia de es- 
tas poesias. -^Influencia de Castilla. —Gertám^ poético en Valencia.— 
Poetas valencianos que escribieron en castellano.— Preponderancia de 
este ultimo idioma. 

La decadencia del idioma provenzal, y la casi total 
extinción de su literatura , no podían ser miradas con 
indiferencia en aquellos paises, donde por tan largo 
tiempo hablan prevalecido ; y así es que primeramente 
en Francia y después en España se hicieron repetidos 
esfuerzos para su restablecimiento. En Tolosa, sobre el 
Carona, no lejos de las vertientes del Pirineo, los ma* 
gistrados ó concejales acordaron , en 1323, formar una 
compañía ó gremio para dicho efecto, con el nombre de 
«Sobregaya companhia deis sept trovadors de Tolosai», 
la cual despachó luego una carta, escrita parte en prosa 
y parte en verso, citando para el dia primero de mayo 
de 1324 , en Tolosa, á todos los poetas «que quisieran 
disputar con alegría de corazón la violeta de oroi» , que 
habia de a(]yudicarse en premio al que en dicha oca- 
sión presentase el mejor poema. El concurso fué grande 
y numeroso, adjudicándose el primer premio á un poe- \ 
ma en honor de Nuestra Señora , compuesto por Ramón 

\ 



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1 



PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XVII. 345 

Vidal, de Besalú, caballero catalán, autor, según pa- 
rece, del programa para la fiesta, y el cual fué nom- 
brado en el acto doctor del «gay sab^r». En 1325 esta 
compañía se di6 á sí misma un reglamento más amplio, 
escrito en prosa ;y verso, con el título de Ordenanzas deis 
sept senhors manlenedars del Gay saber, el cual , con las 
modificaciones y enmiendas que eran consiguientes, ba 
continuado en uso y vigor hasta nuestros tiempos, y 
sirve aun de base ¿ las fiestas que con el nombre de 
«Juegos florales» se celebran en Tolosa el dia primero 
de mayo de cada año^ 

Tolosa está separada del Aragón por la pintoresca 
cordillera del Pirineo, que en aquellos tiempos no era 
como hoy una barrera entre los dos reinos, atendida la 
semejanza de idioma , traje y costumbres en ambos paí- 
ses, y los vínculos políticos que de antiguo los unieron. 
Así es que lo que se hacia en Tolosa , se sabía muy 
pronto en Barcelona, donde los reyes de Aragón tenian 
por lo común su corle, y donde circunstancias particu- 
lares introdujeron muy luego las instituciones poéticas 
de los trovadores. Juan I , que en 1 387 sucedió á Pe- 
dro IV, fué un monarca de genio blando é índole pa- 
cífica; más aficionado á fiestas y pompas de lo que con- 
venia á la salud y bienestar de su pueblo en aquellos 
tiempos de guerra , y atendido el carácter activo y tur- 
bulento de su nobleza *. Fué este príncipe muy dado á 

« Sarmiento, < Memorias», sec. 7S0- pp. 226-230.— Andrés, < Storia d*ogni 

768. — Torres Amat, «Memctrias», litteratara», Roma, i808, 4.^, t u, 

{K 65i , en la vida de Vidal de Besa- lib. i , cap. i, sec, 23, y especialmen- 

ú. — Santillana • < Proverbios » (Ma- te las pp. 49 y SO , donde sus obser- 

drld , i799, i2.<^) , introdoccion , pá- vaclones son muy importantes, 

gina XXIII.— Sánchez, < Poesias ante- * Mariana, t Hist. de España », li- 

nores , t. i , pp. 5-9. — Sismondi , bro 18 , cap. 14. 
«Lit damidi», París, 1815, 8.% 1. 1, 



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346 HISTOEIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

la poesía» tanto que en el año de 1388 ennó una em- 
bajada solemne á Carlos VI, rey de Francia» con el solo 
y único obj^o de pedirle licencia para que algunos de 
los poetas del gremio de Tolosa pasasen á Barcelona y 
formasen allí una institucioQ análoga. A consecuencia 
de esta invitación, dos de los siete conservadores de los 
c Juegos florales » se trasladaron ¿ Barcelona en 1 390, y 
fundaron allí un establecimiento denominado « Consis- 
torio de la Gaya ciencia», el cualhabiá de regirse por le- 
yes y estatutos bastante parecidos ¿ los de la institución 
de Tolosa. Martin, que sucedió á Juan I en el trono, con- 
cedió nuevos privilegios y franquicias al « Consistorio » , 
y aumentó considerablemente su dotación ; pero á su 
muerte, acaecida en 4409, el aConsistorio» fué trasla- 
dado á Tortosa, y suspendidas sus reuniones ¿ conse- 
cuencia de los disturbios y revueltas que se originaron 
sobre la sucesión de aquellos reinos. . 

Por último, cuando Femando el Justo filé definitiva- 
mente jurado y coronado rey de Aragón, el «Consistorio» 
volvió á reunirse, celebrando como antes sus sesiones. 

D. Enrique de Yillena, de quien solamente diremos 
en este lugar que fué un caballero de la primera no- 
bleza del reino y emparentado con las casas reales de 
Castilla y de Aragón, acompañó al nuevo rey á Barce- 
lona, en 1412; y siendo, como era, en extremo aficio^ 
nado á la poesía, se ocupó en restablecer y formar d 
«Consistorio» , del cual fué por algún tiempo el principal 
director. Asi que, este puede con razón llamarse su pe- 
ríodo de mayor gloria : el Rey en persona asistía á me- 
nudo á las sesiones; los poetas leían sus obras ante un 
tribunal encargado de examinarlas, ^sí como de distri- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVU. 347 

buir los premios y otras distinciones ¿ los que más so- 
bresalian'. Desde este tiempo pues se comenzó en Bar- 
celona y Zaragoza á cultivar con ardor y á mirar con 
estimación todo género de poesía escrita en los dialectos 
del pais; instituyéronse certámenes poéticos, á los que 
acodian los poetas ansiosos de gloria ; y por último, el 
impulso que de este modo recibió la literatura , duró 
todo el reinado de A|ibnso V y el de su hijo y sucesor don 
Juan II» á cuya mtiérte, en 1 479, siguió la consolidación 
de la monarquía española, y la preponderancia natural 
del poder y lengua de CastUla^. 

Durante el período á que hemos aludido, y que com- 
prende todo el siglo anterior al reinado de D. Femando 
y de D/ Isabel, la poesía provenzal, modificada, según 
hemos visto, por el elemento catalán, dio sus más opi- 
mos frutos, y produjo casi todos los escritores que en 
ella se cuentan de alguna nota. Al describir Zurita el 
reinado de D. Juan 1, dice así : «En lugar de las armas 
»y ejercicios de guerra, que eran los ordinarios pása- 
te tiempos de los príncipes pasados, sucedieron las trovas, 
» y poesía vulgar, y el arte della que Uamavan « la Gaya 
«ciencia» , y de la qual se comentaron á instituir escuelas 
•públicas»; escuelas que, según el mismo autor añade 

* Las mejores noticias v más latas importancia para bacer mención de 

del Consistorio de Barcelona se ha- él en sos respectivas historias. El 

lian en un tratadíto intitulado « Déla tratado de Villena no se ha impreso 

Kiya ciencia », que D. Enrique de Vi- aun en su totalidad , y solo conoce- 
ena escribió en 4433, v envió á su mos el extracto que oe él publicó el 
pariente el célebre D. Iñigo López erudito Mayans y Sisear, en su0« Orí- 
de Mendoza , marqués de Santillana, senes de la lengua castellana». (Ma- 
cón el fin laudable de introducfar en drid, 1737, 8.®, t. ii.) 
Castilla la costumbre de tales acade- * Véase á Zuríta , pasdm , y á 
mías. En dicho tratado se halla una Elchom, cAllgemeine Geschichte der 
Botida bastante extensa del estable- cultur > ( Hist. general de U civiliza- 
cimiento del Consistorio barcelonés, ekm) , Gottinguen , 4796, 1. 1 , pá^i- 
snceso que Mariana, Zurita y otros ñas 427-31 , con los autores que cita 
graves autores Juzgaron de bastante eú sus notas. 



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348 HISTORIA OE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

más adelante, fueron tan atendidas y frecuentadas, que 
el arte vino á envilecerse, y los poetas parecían juglares. 
El docto historiador no se cuida de decimos quiénes 
fueron estos poetas y qué obras dieron á luz; pero afor- 
tunadamente existen otras fuentes, á las cuales acudire- 
mos en busca de dichas noticias*. Tal es una colección 
hecha, según la costumbre de aquellos tiempos, si no de 
todas» á lo menos de la mayor parte de las obras de los 
mejores y más distinguidos poetas de aquel tiempo. Di- 
cha colección, que parece haber sido formada en la úl- 
tima mitad del siglo xv, empieza con el aclo de conce- 
sión de una suma anual de cuatrocientos florines, hecha 
por D. Fernando el Justo, al «Consistorio» de Barcelona^ 
en 1 413; y en seguida, remontándose hasta los tiempos 
de Jaime March, quien, según ya vimos, floreció por 
los años de 1 371 , ofrece una serie de más de trescientas 
poesías diferentes, y los nombres de unos treinta poetas, 
hasta los tiempos de Ansias March, quien sabemos, 
á no dudarlo, vivia en 1460, y cuyas obras, como era 
natural, ocupan un lugar preferente en la colección. 
Entre los poetas allí citados hallamos á Luis de Vila- 
rasa, que vivió en 1416*; á Berenguerde Masdovellas, 
que floreció, según parece, poco después del año 1 453^; 
á Mosen Jordi, acerca del cual han disputado tanto los 
eruditos, pero que la sana crítica nos obliga á colocar 
entre 1 450 y 1 460^ á Antonio de Vallmanya , del cual 

<( Zuriu , t Anales de Aragón » , li- á saber : i.® Que hubo un poeta lla- 

broi0,cap.43,edic.i610,t.ii,fol.383. mado Jordi, que floreció en el si- 

A Torres Amat, c Memorias » , pá- glo xiii , y bajo el reinado de D. Jai- 

gina 666. me el Conquistador , fué intimo de 

7 Ibid.fp. 408. dicho monarca, y describió como 

* Gn cuestión tan debatida como testigo de vista la tormenta que su- 

lo ha sido esta, dos hechos hay que frió la armada real en las costas de 

no admiten ningún género de duda, Mallorca , en setiembre de Í269. ( Véa- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XVII. 349 

tenemos poesías con la fecha de 1457 y 4458*; y por 
último, á Juan Rocaberti, Fogagot y Guerau ^ y á otros 
varios poetas de la misma época, de todos los cuales se 
conservan allí poesías ; de suerte que la colección pa- 
rece más bien una imitación catalana ó valenciana, he- 
cha en el siglo xv , de las obras de los trovadores pro- 
venzales. Si á este curiosísimo Cancionero *^ añadimos 
la traducción de la Divina Comedia del Dante, hecha al 
catalán por Andrés Febrer^* en 1428, y el libro de caba- 
llerías intitulado Tirante el BlancOf que su autor loannot 



se á Ximeno, « Escritores de Valen- 
cia », 1. 1 , p. i ; y á* Faster, « Biblio- 
teca valenciana», 1. 1, p. i); 2." Que 
bobo en el siglo xv otro Jordi , tam- 
bién poeta , pues el marqués de San- 
tillaua , en su carta escrita entre los 
años de 1454 y 1458, babla de él co- 
mo de persona q[ue vivió en su tiem- 
po. (Véase la dicha carta en Sancha, 
1. 1 , pp. LVi y LVii , y las notas, pági- 
nas 81-5.) Ahora bien, la cuestión 
es saber á cuál de estos dos habrán 
de atribuirse las poesías que se ha- 
llan en los «Cancioneros» con el 
nombre de Jordi , como son , en el 
«General » de 1573, las que sé hallan 
al fol. 301 , y las que se encuentran 
en el Cancionero manuscrito de h 
Biblioteca Real de París, que, según 
hemos visto, es del siglo zv. (Torres 
Amat, pp. 328-33.) La cuestión es 
de -alguna importancia , por cuanto 
ciertos versos atribuidos á Jordi tie- 
nen tal semejanza con el soneto 103 
de Petrarca (parte i), que es evi- 
dente que la una de las dos compo- 
siciones ha sido lisa y llanamente to- 
mada de la otra. Los literatos espa- 
ñoles, y principalmente los catalanes, 
pretenden que los dichos versos son 
del primero de los dos Jordi , lo que 
equivale á decir que Petrarca se los 
apropió ; opinión por cierto de que 
han panJci[)ado también algunos li- 
teratos extranjeros. (< Retrospectivo, 
Review », t. iv , pp. 46-7 ; y Foseólo, 
« Essay on Petrach >, London , 1823, 
p. 05.) Pero quien lea sin prevención 



los versos que Torres Amat cita co- 
mo de Jordi , sacados del Cancione- 
ro manuscrito de Paris, hallará que 
pertenecen á la misma época y siglo 
en que se hizo dicha colección ; y por 
lo tanto, siendo obra del Jordi que 
vivió después de 1400 , eljplagio es 
de este y no de Petrarca. El hallarse 
dichos versos en una compilación del 
siglo XV , sería ya una prueba sufi- 
ciente de lo que acabamos de decir, 
á no confirmado también el tono y 
carácter de la composición. 

* Torres Amat , pp. 838-43. 

*^ De este notable códice , que.se 
conserva en la Biblioteca Real de Pa- 
ris, envió Mr. Tastu, en 1834, una 
extensa descripción á Torres Amat, 

Sue preparaba á la sazón sus «Jfemo- 
aspara un diccionario de autores 
catalanes » ( Barcelona , 1836 ). Hálla- 
se bajo el núm. 7669 , y consta de 
doscientas sesenta hojas en folio. 
Véanse las dichas < Memorias» (pá- 
ginas xviu y XL), y los muchos tro- 
zos que de él copia su autor. Se- 
ría de desear que este interesante 
manuscrito se publicase íntegro ; pe- 
ro en el ínterin , los abundantes ex- 
tractos que imprímió Torres Amat 
dan una idea bastante general de su 
contenido. También se hallará des- 
crito en Ochoa (« Catálogo de ma- 
nuscritos», pp. 286-374), al cual de- 
bemos la noticia de que los poetas 
allí nombrados son en número de 
treinta y uno. 
«t Torres Amat, p. 237.— Febrerdi- 



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350 HISTORIA DB LA IJTERATUBA BSPAÜOLA. 

MartoreU tradujo al dialecto valenciano, y que Cervan- 
tes califica de «tesoro de contentos, y mina de pasa- 
tiempos**» , tendremos lo suficiente para calificar la li- 
teratura del nordeste de la Península, durante la mayor 
parte del siglo en que floreció. Dos escritores, sin em- 
baído, que contribuyeron sobremanera á su lusbne y 
esplendor, merecen particular mención. 

Fué el primero Ansias March ó Agustín March, oriundo 
de una familia catalana, establecida en Valencia desde 
los tiempos de su conquista eo 1S38, y que se distin- 
guió de padres á hijos por su amor á las letras. Ausias 
fué caballero de noble cuna , y señor de la villa de Be • 
niarjó y sus dependencias, asistiendo como tal á las 
cortes de Valencia en 1446. Salvo estas escasas noti- 
cias, lo demás que de él sabemos se reduce á que fué 
amigo íntimo y querido del célebre y malogrado prín* 
cipe D. Garlos de Viana, y que murió, según todas las 
probabilidades, en 1 460, y seguramente antes de 4 462, 
mereciendo la honrosa calificación de su contemporá- 
neo el marqués de Santillana de Castilla, que le Ha- 
ce exprest y terminanteinente que la las que dan : Glemeocin , en su edi* 
tradujo t en rims valgars calhalans» . cion del t Quijote »« 1. 1 . pp. i^- 4 ; 
La traducción empieza asi : DIosdado , t De prima T^poarapbia 

En lo mlg del cami de nostra fida Hispaníae i£Ute » ( Rom» , Í7M, A.*", 

Me retrobe per una selva oscura, ete. p. 33), y Méndez » cTyp. Esp.», pági- 
V iHmrinvA • ñas 72-0. Lo que dken Ximeno (t. i, 

I concluye . , , , .. p. 12) y Fuster (L i, p. iO), es Iwijo 

L-amor qni moa lo sol e les steUes. J, gapuesto falso de aire el t Tirante. 
Según la copia manuscrita que se se compaso en castellatto antes del 
oonsenra en el Escorial , parece que aio 1385, y se imprimió en 1480. El 
la traducción se bizo en Barcelona^ hecho es que se escribió primero en 
y fué acabada á 1.* de agosto de 1428. portugués , y se imprinié traducido 
A cDon Quijote», parte i, cap. 6, al valenciano en 1400. De esta edi- 
en oue < Tirante » es uno de los po- cion solo se conocen dos ejemplares, 
eos libros de caballerías que se II- por uno de los cuales se pagaron 
bertan de las llamas. Southey sin treinta mil reales en 1835. (Reper- 
embargo es de opinión contraria, torio americano, Londres, 1887, to- 
Vide tupra , cap. 11 , nota... Las más roo i, pp. 87-60.) 
extensas noticias de este libro son 



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PIUMBRA ÉPOCA. -r capítulo XYII. 351 

ma «gran trovador y varón de esclarecido ingenio*'». 
La mayor parte de las poesías qae de él se conser- 
van, están dirigidas á la dama de sus afectos, una se- 
ñora á quien sirvió y amó en vida y muerte; y á qnien, 
si hemos de creer lo qne él mismo nos dice, vio por la 
primera vez en la iglesia nn Viernes Santo, como Pe- 
trarca vio á su Laura. Todas ellas están en la forma 
llamada por él «Cants», cada ano de los cuales contiene 
de cinco á diez coplas. La colección toda se compone 
de ciento diez y seis poemas cortos, de la clase que aca- 
bamos de señalar, y está dividida en cuatro partes, 
comprendiendo noventa y tres cantos ó canciones de 
amor, en que se queja y lamenta mucho de la infideli- 
dad de su querida, otras catorce morales y didácticas, 
una sola espiritual, y ocho á la muerte. Pero aunque Au- 
sias March en la esencia parece haber imitado á Pe- 
trarca, la forpia es original* suya ; su estilo es grave, 
sentencioso, simple y lacónico, con poco ó ningún ar- 
tificio, y mucho sentimiento natural ; á lo que se añade 
tal verdad y pureza de dicción, producida en parte por 
el dialecto que emplea y parte por la ternura y sensi- 
bilidad de su temperamento, que el efecto es verdade- 
ramente encantador. No hay duda sino que Ausiás March 
es el más afamado de todos los poetas catalanes y va- 
lencianos cuyas obras han llegado hasta nosotros; pero 
lo que más le distingue de todos ellos, y de la escuela 

** La vida de Ansias March se ha- de Viana, «mozo (seeun Mariana) 

Hará enXimeno, c Escritores de Va- idígnisimo de mejor fortnna, y de 

lencia» (t.i, p. 41), y en la conti- »padre mas manso», se puede con- 

noacion de Fuster, (t. i, pp. 12, d5 y saltar á Zurita, « Anaies » (lib. xyii, 

34), asi como en las notas de Cerda cap. 24), y la elegante biografía de 

y Rico á la « Diana » de Gil Polo ( pá- aquel malogrado principe , por Quin- 

ginas 290, 203 , 486}. Acerca de sus tana , en el 1. 1 de sus < Españoles cé- 

relaciones y amistad con el principe lebres », Madrid , 1S07. 



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352 H1ST0RU DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

provenzal en general, es la ternura y sentido moral que 
reina en la mayor parte de sus obras poéticas : cualida- 
des que han asegurado su reputación y popularidad hasta 
los tiempos presentes. Sus obras se imprimieron cuatro 
veces en el siglo xvi, y fueron leídas á Felipe II, por su 
tutor, cuando aun era mozo; traducidas al latin y al 
italiano, y por áltimo en verso castellano, nada menos 
que por el célebre Jorge de Montemayor^^. 

Otro poeta no menos célebre fué un contemporáneo 
de March , natural también de Valencia, llamado Jaume 
Roíg. Si hemos de dar crédito á lo que él mismo dice en 
sus poesías, fué médico de cámara de la reina María, 
esposa de Alfonso Y de Aragón , y persona de conside- 
ración y muy respetada en su patria y fuera de ella. 
Salvo estas escasas noticias, muy poco ó nada sabemos 
de él , excepto que en 4 474 fué uno de los contrincan- 
tes que disputaron en Valencia el precio de la poesía, y 
que cuatro aí^s más t^rde, el dia 4 de abril de 4 478^*, 
murió en dicba ciudad de un ataque de apoplegía. Sus 
obras, notables bsyo más de un concepto, nos son tan 
poco conocidas como su vida; y exceptuando un poe- 
ma de trescientas páginas, llamado en unas ediciones 

** Hay ediciones de Ausias March breYisimaé incompleta lista de voca- 
de 1543 , 1545, íiSñ j 1500 , en cata- blos oscuros , con su corresponden- 
lan , y traducciones castellanas de cia castellana , que se supone traba- 
todas ó parte de ellas por Romani, jada por el obispo de Osma, tutor de 
1530 , y Montemayor , 1502 ; las cua- Felipe II , al tiempo que leía á dicho 
les se hallan reunidas en la edición principe y a sus cortesanos las obras 
de 1579. También hay otra completa, de Ausias Blarch. De las traduccio- 
aunque inédita , por Araño ▼ Odate. nes de Ausias March , no he visto más 
Vicente Mariner tradmo á March en que las de Montemayor y Mariner, 
latin, y escribió su vida. («Opera », ambas buenas, aunque la última no 
Turnoní , 1083, 8.<>, pp. 407-850. ) En completa. 

cuanto á su traductor italiano, no me ^ Ximeno, c Escritores de Valen- 

ha sido posible averiguar quién fue- cia >, 1. 1, p. 50; Fuster, t. i , p. 30; 

se. La edición de Barcelona, 1500, Cerda y Rico, « Not. á la Diana», pá- 

8.**, es muy linda , y tiene al iin una ginas ftO-SOl 



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PRIMERA ÉPOCA. -^ CAPÍTULO XTII. 353 

Libre de conseUs, y en otras lo Libre de les^ dones *^, 
todo lo demás que de él se conserva es muy poco. El 
asunto de este poema es principalmente una sátira con- 
tra las mujeres , que concluye con algunos versos á loor 
y honra de la Virgen María : contiene ademas varías 
noticias de sí mismo y de sus tiempos, y consejos á su 
sobrino Balthasar Bou , para cuyo aprovechamiento per- 
sonal parece compuso la obra^ 

Divídese esta en cuatro libros, cada uno délos cua- 
les se subdivide en partes, que tienen poca ó ninguna 
relación entre sí» y á veces no están en armonía con el 
asunto general del poema. Una buena parte de él re- 
bosa erudición y está llena de nombres propios , y el 
resto tiene una tendencia devota, aunque, á decir ver- 
dad, el carácter general del libro no es ni con mucho 
el de la devoción. Está escrito en versos cortos rima- 
dos, que varían desde dos á cinco sílabas, medida ir- 
regular conocida en valenciano por el nombre de cíh 
dolada, y que usada en casos como el presente, ha sido 
calificada de dulce y armoniosa en extremo, por todos 
aquellos que conocen suficientemente las reglas de su 
estructura , para hacer en tiempo y lugar oportuno las 
síncopas y sinalefas convenientes; aunque otros la han 
tachado de rara y extravagant6*^ El siguiente trozo, en 
que el poeta se descríbe á sí mismo, puede servir de 
ejemplo, probando que Roig tenia tan poco genio poé«- 
tico como Skelton, al cual se parece bajo más de un 

*^ «Libre de coiisells fet per lo En la edición de 1735, qne también 

magnitich Mestre Jaume Roig», es el poseo, el titulo es : « Lo libre de les 

titalo de la edición principe de 1551, clones e de consells. » 

según Ximeno , y también el de la de ^^ t Orígenes de la lengua españo- 

1561 (Valencia, 8.*^, ciento cuarenta la », de Blayans, 1. 1, p. 57. 
y nueve hojas) , que tengo 6 la vista. 

T. I. 25 



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354 mSTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

concepto. Represéntase como habiendo estado enfermo 
de unas calenturas cuando niño, y entrado, apenas con- 
valeciente, al servicio de un aventurero catalán, muy 
parecido en todo á aquel Roque Guinart ó Rocha Gui- 
narda , personaje histórico de Cataluña, casi de la mis- 
ma época , que figura en la segunda parte del Quijote. 



Sortidelllit 
6 mig guarít 
yomenparti, 
a pea ani 
segaint fortuna. 
En Catalunya 
un cayaller, 
gran bandoler, 
dantichllinatge. 



me pres per patge. 
AbellTÍxquí, 
riasqQem^cqai, 
ja borne fet. 
Ab Ihom discret 
temps non hi perdí ; 
dellaprengoi, 
de ben servir, 
armes seguir. 



fiiy calador 
cavalcador, 
de cetrería 
menescalia 
sonar, bailar, 
fens á tallar 
ell men roostra. 



El poema, según nos dice su autor, se escribió 
en 1460, y debió gozar de mucha popularidad, puesto 
que en 4562 se habia ya impreso cinco veces. Algunos 
trozos, sin embargo, son tan libres é indecentes, que al 
reimprimirse en 4735, el editor, no hallando otro modo 
de cohonestar las mudias omisiones que se vio obligado 
á hacer en él, se valió del chistoso expediente de decla- 
rar que no habia hallado edición alguna de las antiguas 
que tuviera los dichos pasajes^^. El libro de Roig, como 
era de suponer, no es muy leído hoy dia : lo licencioso 
y oscuro de su estilo ha contribuido sin duda mucho á 
desterrarlo de la parte más sensata y culta de la socie- 



^ Rolff, «Libre de les Dones,» edi- 
ción 1S6i , fol. XT. «El cavaller grant 
fandoler, dantích llinatge», de quien 
el aator habla en estos versos, era 
tin SQcesor de aqnellos avenlareros 
de te edad media , hombres dotados 
de cierta generosidad y nobles sen- 
timientos , á pesar de qne no reco- 



nocían por lo común más derecho 
qne el de la fnerxa; hombres en todo 

rrecídos al famoso Roque Guinart, 
Rocha Guinarda, de quién habla 
Cerrantes en la segunda parte de su 
«Quijote », cap. 60 y 61 , caliOcándole 
¿ él y á sus partidarios de bandoU" 
roi, nombre que les fué dado por 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITITLO XVIÍ. 355 

dad española ; pero, á pesar de todo, no sería difícil en- 
tresacar de sus libres y animadas sátiras, datos precio- 
sos para ilustrar la historia de las costumbres y vida do- 
méstica de aquel tiempo. 

La muerte de Boig , acaecida , según ya dijimos, 
en 4478, nos conduce naturalmente al período en que 
la literatura de las provincias del nordeste de España, 
lindantes con el Mediterráneo, comenzó á declinar : re- 
sultado triste, aunque natural, del carácter de dicha lite- 
ratura, y de las circunstancias en que casualmente se 
halló. En un principio fué enteramente provenzal en 
su esencia y en su forma, y por consiguiente creció rá- 
pidamente, aunque sin echar hondas raices -.vegetación 
lozana que brotó espontáneamente con los primeros ca- 
lores de la primavera ; pero que no podia durar en otra 
estación ni crecer en otro suelo que en aquel que la dio el 
ser. A medida pues que fué avanzando, llevada por las 
revoluciones y cambios políticos, de Aix á Barcelona, y 
de Barcelona á Zaragoza , fué perdiendo su prístina ori- 
ginalidad, y confundiéndose con otra literatura nacida 
en las montañas del nordeste , y con la cual no podia 
luchar mucho tiempo. Así es, que apenas chocaron, 
quedó la victoria por aquella que, producida por un ele- 
mento más robusto y vigoroso , y que habia de dominar 
con el tiempo en toda la Península, reunía en sí misilia 
fuerzas y calidades contra las cuales su festivo y gracio- 
so rival habia naturalmente de luchar con desventaja. 

No es fácil fijar el período exacto en que estas dos 
literaturas, avanzando de puntos opuestos de la Penín- 

]as bandas qac llevaban. La comedia bandolero que títíó en los tiempos 
«Luis Pérez », de Calderón, está fun- de la invencible armada, hacia el año 
dada en la historia de un célebre de 1588. 



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356 HISfORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

sola , se encontraroo , sí bien su marcha parece haber 
sido el resultado de causas y teodeDcias poh'ticas que 
son obvias y patentes. La familia que reinaba en Aragón 
estuvo, desde los tiempos de D. Jaime el Conquistador, 
unida por los lazos del parentesco con las de Castilla 
y de León ; Fernando el Justo, que fué coronado en Za- 
ragoza en 1414, era un príncipe castellano; de suerte 
que desde dicha época las coronas de Castilla y de Ara- 
gón recayeron, por decir así, en príncipes de una mis- 
ma familia. Bárgos y Valencia, cortes respectivas, die- 
ron impulso á la literatura, en cuanto estuvieron sujetas 
á una misma influencia» la cual debió ser considera- 
ble, si se atiende á que la poesía en aquellos tiem- 
pos buscaba siempre el abrigo de una corte , y que en 
España le halló fácilmente. Juan II de Aragón fué pa- 
trono decidido de las letras, que él mismo cultivó con 
honra; y cuando D. Fernando, el de Antequera, fué á 
tomar posesión de la corona , llevó en su compañía al 
marqués de Yillena, cuyos vastos estados lindaban con 
el reino de Valencia, y el que, á pesar del interés que 
se tomó en fomentar aquella literatura semiprovenzal, 
y en regularizar el Consistorio de Barcelona , hablaba 
el castellano como su idioma materno , y no escribió 
nunca en otra lengua. 

Es pues de presumir , que entre los años de 1 44 4 
y 4438, y durante los reinados de D. Femando el Justo 
y D. Alonso Y de Aragón, la influencia del norte co- 
menzó á dejarse sentir en la poesía del mediodía, aun- 
que por otra parte no hay indicios de que Ansias March, 
Jaume Roig, ni otro alguno de su escuela hiciese trai- 
ción á su dialecto nativo. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XVII. 357 

Por áttimo , cuarenta anos después de la muerte de 
Villena hallamos ya una prueba positiva de que el 
castellano comenzaba á ser conocido y cultivado en las 
costas del Mediterráneo. En 4474 se celebró en Valen- 
cia un certamen público en honor de Nuestra Señora; 
especie de justa literaria , parecida á las que más tarde 
se hicieron tan comunes en tiempo de Cervantes y de 
Lope de Vega. Cuarenta fueron los poetas que se dis- 
putaron el premio , hallándose presente el Virey. La ce- 
remonia fué solemnizada con gran pompa, y las poesías 
presentadas se imprimieron en aquel mismo año, por 
Bernardo FenoUar, secretario de la junta, siendo este 
el primer libro que se imprimió en España ^V Cuatro de 
estas poesías están en castellano , lo cual prueba que 
dicho idioma empezaba ya á abrirse camino, puesto 
que se le toleraba y admitía en una audiencia popular 
en Valencia. Fenollar, que compuso , ademas de los ver- 
sos para este certamen, un tomito de poesías á la pa- 
sión de Jesucristo , nos ha dejado también más de una 
canción en castellano, si bien es cierto que sus demás 
obras están por la mayor parte escritas en dialecto va- 
lenciano , y aparentemente para diversión de sus ami- 
gos de Valencia , donde parece haber sido persona no- 
table, y de cuya universidad, fundada en H99, fué 
catedrático*®. 

Es probable que durante el siglo xv la poesía caste- 
llana fué poco cultivada en Valencia, al paso que el dia- 

*^ Paster, t. i , p. 52 , v Méndez, este Fenollar en el f Cancionero ge- 

« Typ. Esp. », p. se. Rolg faé uno de neral •, 1573 ( á fol. Í40 , 254 y 307 ), 

los competidores al premio. y en las « Obras de Ausias Blarcb » 

*• Ximeno , 1. 1, p. 59 ; Puster, 1. 1, (edic. i560, fol. 154), y en el «Preces 

p. 51 , y la tDiana» de Polo, de Cerda de les olives » , de que hablaremos 

y Rico, p. 5i7. Hállanse poesias de en la siguiente nota. La c Hist. de la 



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3S8 HISTORIA DE LA LITBfUTORA ESPAÜOLA. 

lecto valenciano mereció general aceptación. Por ejem- 
plo, lo Proces de les olives fué compuesto en aquel día* 
tecto por Jaume Gagull, Feuollar y Juan Moreno, tres 
poetas, alo que parece, amigos íntimos, y que se reunie- 
ron para escribir mía sátira, en que bajo la alegoría de 
unos olivos, y en estilo menos modesto á veces de lo 
que pide el buen gusto, se discuten los peligros á que se 
exponen los jóvenes y viejos que corren en busca de 
los placeres mundanos*'. Otro diálogo, compuesto por los 
mismos tres poetas, en 4 497, y escrito también en dia- 
lecto valenciano , se supone ocurrido en la alcoba de 
una señora principal que está de sobreparto ; y en él se 
examina y discute la cuestión de quiénes hacen mejores 
maridos, si los jóvenes ó los viejos, decidiendo Yénus 
en favor de los jóvenes , y terminando de una manera 
muy poco adecuada , con un himno religioso **. Otros 
poetas pudiéramos nombrar, que también se conserva- 
ron fieles á su dialecto materno, y entre ellos á Juan 
Escrivá, embajador de los Reyes Católicos cerca de la 
Santa Sede, en 4 497, quizá el último personaje de nota 
que escribió en valenciano"; y Vicente Ferrandis, que 
tomó parte en un certamen poético celebrado en Valen- 

Passio de nostreSenyor» se imprimió denatper lo MagiiiOch Mossen Jau- 

en Valencia en 4483, y después, en me Ga^all , cavaller, Natural de Va- 

1564. lencia.» (Val., 1561, S."") Al fin se 

*^ El « Process de les olives e des- halla una composición del género 

pula del Jovens bi del Veis >, se im - ioooso , por Gacull , contestando á 

firimió por la primera vez en Barce- Fenollar, el cual había criticado al- 
ona, en 1532; el ejeínplar de qué gunas voces del dialecto valenciano, 
me he servido es de Valencia, Joan y que Ga^uIl defiende. Intitúlase «La 
de Arcos (1561, 8.^ cuarenta hojas). Brama deis 14 Uauradors del orto de 
Alguno que otro poeta más buboaue Valencia ». También se bailan poe- 
tóme parte en esta discusionpoética. sias de GaQull en el « Procos de les 
^ Hay una edición de 1497 ( Men- olives >, y en la iusta ó certamen poé- 
dez, p. 88) ; pero la que yo uso es tico de 1474. Véase su vida en Xiroe- 
de VaJenda , 1561 , con este titulo : no, 1. 1 , p. 58 ; y Fuster, 1. 1 , p. 37. 
^Comen^ lo Somni de Joan Joan, or- ^' Ximeno, 1. 1 , p. 64. 



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pruisra época. — capitulo xyíi. 359 

cia en 4514 , en honor de Sta. Catalina de Sena, y 
cuyas poesías á otros asuntos parecen haber sido muy 
estimadas, y haber merecido por su dulzura y nervio el 
premio en varias ocasiones ^. 

Mientras tanto , más de un poeta valenciano escribía 
poco ó mucho en castellano: tales son Francisco de Gas- 
telvi", amigo y compañero de FenoUar ; Narcis Yiñoles» 
que floreció antes del año 4500 , y que usó indistinta-*- 
mente los dialectos toscano y valenciano y el idioma 
de Castilla , y que evidentemente reputaba el suyo ma- 
terno como algo bárbaro*^; Juan Tallante, cuyas poesías 
á lo divino se hallan al principio del antiguo Cancionero 
general*^; Luis Crespi, miembro de la antigua familia 
de Yaldaura, y en 4506 rector de la universidad de 
Valencia*^; y por último» Juan Fernandez de Heredia, 
que murió en 4 549, y del cual se conservan algunas poe- 



** Las poesias de Ferrandis se ba- 
ilan en el «Cancionero general» (Se- 
villa 1535, fol. i7 V ÍS), y en el de Am- 
bares (i573, á fol. 51-4). La descrip- 
ción del certamen poético de 1511 se 
hallará en Fnster, 1. 1, pp. 56-8. 

Citanse otros poetas antiffuos va- 
lencianos , como Juan Roiz de Core- 
lla (Ximeno, 1. 1, p. 6S), amigo del 
malogrado principe Carlos de Via- 
na; otros dos ó tres anónimos, y 
cuyas obras no carecen de cierto nié- 
rito ( Fuster, 1. 1 , pp. 284-03 ) , y otros 
mucDOS que tomaron parte en el 
certamen poético celebrado en 1498 
. en honor de S. Cristóbal (Ibid, pá- 
ginas 296-7). Pero la tentativa de 
atribuir á un poeta valenciano del si- 

glo XIII , los poemas de < Santa Bf aria 
gipciaca» y del «Rey Apollonio», 
que se hallan en el Escorial , y de los 
cuales hemos hablado ya anterior- 
mente (p. 28), al colocarlos en el 
uámero de los más antiguos poemas 
castellanos, debe necesariamente ser 
vana y de ningún valor. 



ts « Cancionero general », 1573, fo- 
lio 251 , y en otras partes. 

*• Ximeno, t. i, p. 61. — Fuster, 
1. 1, p. 54. — « Cancionero general », 
1573, fols. 241 , 251 , 316, 318.— Cer- 
da , « Notas á la Diana de Gil Polo », 
p. 304.— Vínoles , en el prólogo á so 
traducción de la « Summa chronica- 
rum » citada en la p. 226 dice : t osé 
«alargar la temerosa mano mia para 
«ponerla en esta limpia , elesante y 
«graciosa len^a castellana , la qual 
«puede muy bien y sin mentira m li- 
«sopja entre muchasfbárbaras y salva- 
«jes de aquesta nuestra España, lati- 
«na , sonante, y elegantísima ser Ua- 
«mada. » 

*? Las poesias sagradas de Tallan- 
te ocupan, según creo, las prime- 
ras hojas en todos los Cancioneros 
generales , desde 1511 á 1573. 

** « Cancionero general «, 1573, fo- 
lios 238, 248, 300, 301. — Fuster, 
1. 1 . p. 65.*-Gerdá , p. 30Q. 



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360 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

sías valencianas y muchas castellanas*^. En efecto , es 
un hecho indudable que en el primer tercio del siglo xvi 
el castellano predominaba ya en la poesía y amena li- 
teratura , en toda la costa del Mediterráneo. Porque* 
antes de la muerte de Juan Fernandez de Heredia , ya 
Boscan , dejando á un lado el catalán , su dialecto ma- 
terno* empezaba á formar una escuela de literatura 
española, que nunca después se perdió del todo; y poco 
después, Timoneda y sus discípulos comenzaron á re- 
presentar en las plazas de Valencia farsas castellanas, 
que fueron muy aplaudidas , siendo esto una prueba de 
que el dialecto materno había dejado de ser una nece- 
sidad para los habitantes cultos de aquella ciudad , y 
que el idioma castellano empezaba á prevalecer, al me- 
nos en semejantes ocasiones y para dichos fines. 

Tales fueron pues las circunstancias fortuitas que 
acarrearon la ruina de los débiles restos de la cultura 
provenzal. Sallábanse reunidas las dos coronas de Ara- 
gón y Castilla por el casamiento de D. Fernando y doña 
Isabel ; Zaragoza dejó de ser corle de los Reyes , si bien 
reclamó por mucho tiempo el honor de ser considerada 
como capital independiente; y á medida que la nueva 
monarquía se fué robusteciendo, la civilización y cul- 
tura fueron emigrando hacia el occidente y al norte. 
Algunos poetas del este de España siguieron aun culti- 
vando las letras y escribiendo en el dialecto materno, y . 
entre ellos Vicente García, que fué amigo de Lope de Ve- 
ga, y murió en 4623^°; pero las poesías de este autor 



*o Ximeiip.t. i,p. lOá. — Fasler, general*, 4573, fols. 85, 222, 225, 
t. I, p. 87.— « Diana* de Polo, edi- t^, 230, 305. 
d'im Cerda , p. 326. — « Cancionero >o Las obra? de García se iu)pri- 



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PIUMBRA ÉPOCA. — GAPITULO XVU. 361 

Bo son, propiamente hablando, más que una mezcla de 
muchos dialectos, y maniñestan, á pesar de su carácter 
puramente provincial, la influencia de la corte de Feli- 
pe IV, donde su autor residió algún tiempo; al paso que 
la poesía impresa en tiempos más modernos, ó recitada 
en nuestros dias en los teatros populares de Valencia 
y Barcelona , está escrita en un dialecto tan corrupto y 
adulterado, que no es fácil ya (distinguirlo como el de 
los descendientes de Muntaner y de Ansias March''. 



mieron por primera vez en noo, can 
el siguiente litólo : c La Armonia del 
Paroas mes numerosa en las Poe- 
sías varias del Atlant del cel Poétic. 
lo Dr. Vicent. García. » (Barcelona, 
4700, 4.«, p. 201.) Han mediado dis- 
putas en cuanto a la verdadera fincha 
de esta edición, y por lo tanto he co- 
piado el título, según se halla en mi 
ejemplar. (Torres Amat, pp. 271-4.) 
Consisten principalmente en poesías 
líricas, sonetos, décimas, redon- 
dillas, romances, etc.; pero al fin 
se halla un drama intitulado c Santa 
Bárbara », dividido en tres jornadas 
cortas, y con cuarenta ó cincuenta 

1>ersonaJes, los unos alegóricos v 
08 otros sobrenaturales , y todos a 
cual más fantásticos. En 1840 se hizo 
en Barcelona una nueva edición de 
estas poesías , v en el t Semanario 
pintoresco > de Madrid (afio 1843, pá- 
gina 84) se halla una oreve vida de 
su autor. 

'* El valenciano Tué siempre , y es 
aun , un dulcísimo dialecto. Cervan- 
tes lo alaba repetidas veces por su 
« meliflua gracia ». Véase el secundo 
acto de su « Gran sultana v, y elprin- 
cipio del cap. xii del lib. lu de < Per- 
siles y Sigismunda ». Mayans y Sis- 
car nunca dejó pasar ocasión de 
alabarlo y encarecerlo; pero Hayans 
era valenciano, y tenia un amor patrio 
algo exagerado. 

La historia literaria del reino de 
Valencia, tanto de los tiempos en 
que prevaleció su dialecto provincial , 
como la de época más moderna . en 



que el castellano obtuvo la suprema- 
cía , ha sido ilustrada por vanos es- 
critores con singular diligencia y muy 
buen éxito. El primero que se dedi- 
có á tan útil trabajo fué Josef Rodri- 
suez , docto eclesiástico, nacido en 
Valencia en 1630, y que falleció en 
dicha ciudad en 1703 , al tiempo que 
se preparaba á dar á luz el fruto de 
sus investigaciones , y cuando ya no 
quedaba más que Imprimir algunos 
pliegos de su «Biblioteca valencia- 
na». Pero, aunque faltaba tan poco 
para su publicación , trascurrió mu- 
cho tiempo antes de que se diese al 
publico, pues su amigo Ignacio Sa- 
valls, á quien fué confiada la empre- 
sa de terminarla y concluirla , y que 
en efecto puso con todo ardor manos 
á la obra , falleció también en 1746, 
sin lograr verla concluida. 

En el entre tanto, circulaban entre 
los eruditos copias de la obra, y una de 
ellas vino á parar ámanos de Vicente 
Ximeno, también natural de Valencia, 
como Rodríguez, y no menos intere- 
sado en la historia literaria de su pro- 
vincia. Xi meno pensó al principio con- 
tinuar la obra de su predecesor ; mas 
luego mudó de parecer, y determinó 
refundirla , aprovechando sus mate- 
riales para otra más lata y extensa, que 
llegase hasta sus tiempos. Hizolo asi, 
y en 1747-9 publicó é imprnnió en di- 
cha ciudad sus «Escritores de Valen- 
cia >, en dos tomos en folio. Sin em- 
bargo, por más diligencia que usó 
Ximeno, no pudo impedir que la 
t Biblioteca» de Rodríguez, ya del 



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362 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

La degeMracioD y eDvílecímíeQU) de los dos dialeo- 
tos más cultivados en las proyíncias del este de es- 
paña, que comeuzó, según hemos visto, en el reinado 
de los Beyes Católicos, puede decirse que se consumó 
con el establecimiento de la corte de la monarquía, 
primeramente en Castilla la Vieja , y después en Cas- 
tilla la Nueva, pues desde este momento la superior 
autoridad del castollano quedó finalmente asegurada y 
reconocida. El cambio no fué por cierto ni injusto ni 
inoportuno : la lengua del norte era en aquel tiempo 
más llena , robusta y rica en idiotismos , y bajo todos 
conceptos más apta y adecuada que los dialectos del 
sur, para ser la lengua nacional. Y sin embargo, ape- 
nas podemos seguir los resultados de dicha revolución 
sin cierto sentimiento de lástima que es bastante natu- 
ral, porque la decadencia lenta y progi*esiva, y final 
pérdida de un idioma, hacen agolpar á la imaginación 
ideas tristes, que son en cierto modo peculiares de la 



todo terminada, saliese á luz algunos 
meses antes que la suya , en el mis- 
mo año de 1747. 

La otnra de Xiraeno, que murió en 
1764, comprende la historia litera- 
ria de Valencia hasta el año 1748, des- 
de cuya época basta 1829, los conti- 
nuó, con el titulo de c Biblioteca va- 
lenciana >, D. Justo Pastor Fuster. 
( Valencia , 1827-30, dos tomos folio.) 
£s obra apreciable, que contiene gran 
número de artículos nuevos aumen- 
tados al periodo que trataron Rodrí- 
guez y Ximeno, y en oue se corrigen 
ademas muchos de los errores en 
que aquellos cayeron. 

Los cinco tomos en folio de oue 
consta toda la serie , comprenden dos 
mil ochocientos cuarenta y un articu- 
los.Cuántosdelos citados por Ximeno 
son repetición de los de Rodrigues, 
y cuántos de los de Fuster se hallan 
en las obras de sus dos predeceso- 



res , es punto que no me he parado 
en averiguar; pero ciertamente su 
número es roncho menor de lo que 
podria pensarse , al paso que los ar- 
tículos añadidos son muchos y muy 
importantes. Quisa no haya en Eu- 
ropa reino alguno de igual extensión, 
cuya historia literaria haya sido tan 
cultivada é ilustrada como el de Va- 
lencia, con una circunstancia, por 
cierto muy notable , y es que Roori- 
guez, que comenzó la obra, fué, co- 
mo él aice, el primero que escribió 
una biblioteca en lengua vulgar ; y 
que Fuster , que la terminó, aunque 

Íiersona de bastante erudición, no 
úé más que un simple encuaderna- 
dor, á quien la proporción que so 
oficio le daba de ver libros raros, 
sugirió probablemente la idea de 
continuar las investigaciones litera- 
rias de sus predecesores. 



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PWMBiU ÉPOCA. — CAPITULO IVU. 363 

ocasión. Figúrasenos que uaa parte de la ialeUgeocia 
del muodo ha sido extinguida , y que nosotros mis- 
mos hemos sido privados repentinamente de nuestra 
herencia intelectoal, á la que teníamos tanto derecho 
como aquellos. que la destruyeron, y en quien resi- 
día la obligación de trasmitírnosla intacta , y tal cual 
ellos la recibieron. El mismo sentimiento de dolor y 
lástima nos aqueja al contemplar la lengua griega y la- 
tina* cuando los que la hablaban llegaron al más alto 
grado de civilización y cultura» dejando á la posteridad 
monumentos perennes que nos ayudan á apreciar y 
compartir su gloria. Pero aun es mayor nuestra lástima, 
al ver la lengua de una nación morir en sus primeros 
anos, antes de llegar á la edad madura, cuando sus 
atributos poéticos comienzan á desarrollarse, y cuando 
todo respira las más lisonjeras esperanzas de buen 
éxito". 

Tal fué desgraciadamente el destino de la lengua pro- 
venzal y de los dos principales dialectos en que aque- 
lla se amoldó. Porque el idioma provenzal, nacido en 
los tiempos de mayor ignorancia y barbarie que la Eu* 
ropa viera desde la ruina de la civilización griega, ilu- 
minó á la vez el mediodía de la Francia con sus res- 
plandores, y esparció su inQuencia, no solo á los reinos 
vecinos, sino que también á las cortes más adustas y 
rígidas del norte. Floreció por largo tiempo con la loza- 
nía y exhuberancia de los trópicos, dando desde un 

*s E«to lo han sentido y lo sienten nando é Isabel mncbo más abundan- 

ann los catalanes , los cuales conser- te , armoniosa y rica que la orgullosa 

van tenazmente sa dialecto, y no tian rival , que en cierto modo lia venido 

qnerido nunca reconocer la superior k sustituirla. ( Villanueva , Viaje á las 

ridad del castellano, asegurando que iglesias de Espafia, Valencia, i8S1, 

su lengua era en los tiempos de Per- 8.*, t. vii, p. 903. ) 



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364 HISTORU Dfi LA LITERATURA BSPAHOLA. 

principio señales de tal bizarría y espirito , que prometia 
para tiempos más avanzados los opimos frutos de una poe- 
sía, diferente sin duda de la de la antigüedad, con la cual 
no tenia conexión de ningún género, pero fresca y virgen 
como el suelo que le dio el ser , y tan apacible y dulce 
como el clima que contribuyó á su desarrollo. Mas la 
guerra cruel é injusta hecha á los albigenses, y que 
echó á los trovadores del otro lado del Pirineo ; las re- 
voluciones políticas y la superioridad del espíritu del 
Norte, acabaron por destruir dicha lengua en las costas 
españolas del Mediterráneo. Seguimos, por lo tanto, con 
un sentimiento natural é invencible de lástima, su larga 
y trabajosa retirada , marcada, por decirlo así, con los 
restos y fragmentos de su poesía y cultura , trasladados 
primeramente desde Aix á Barcelona, y desde esta últi- 
ma ciudad á Zaragoza y Valencia. Allí* oprimida por el 
castellano, su poderoso rival, sucumbe al fin; y los 
restos de una lengua que dio el primer impulso al es- 
píritu poético de los tiempos modernos, quedan redu- 
cidos y rebajados á las proporciones de un dialecto casi 
ignorado, que sin haber alcanzado tal grado dé per- 
fección y cultura que trasmita su gloria y su nombre á 
los siglos venideros , llega á ser un idioma tan muerto 
casi como el griego y el latin**. 

^ Uoo de los mas apreciables mo- extractos de él en sn « Bib. Esp. i». 1. 1» 

Í44-8. Véase UmbieD á líe Cr' 
formation of Spain » , 1 

, , , ^ ^-^ ffo, 4829, pp.i91 y 414. Sisme.-., 

fué hermano de S. Vicente Ferrer. del capitulo que trata de la literatu- 



numentos de este antiguo dialecto pp. 444-8. Véase también á Me Crie, 

es la «Biblia catalana» de Bonifacio «Reformation of Spain », Edimbnr- 

Ferrer, que murió en 1477, y que ffo,1829,pp.i91y4i4.SÍ8mondi,alfln 

fué hermano de S. Vicente Ferrer. del capitulo que trata de la literatu- 

Imprimióse en Valencia, en 1478 (fo- ra provenzal , en su < Littérature du 

lio ) ; pero la Inquisición la mandó re- mioi de TEurope », presenta algunas 



coger casi al instante , de suerte que observaciones acerca de su decaden- 

nunca ejerció grande influencia en cía , que en el tono se parecen algo 

la lengua y literatura del pais. Casi á las que acabamos de nacer, y por 

todos los ejemplares de este libro lo tanto nos referimos i su obra, 
perecieron ; pero Castro da algunos 



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CAPITULO xvra. 

Bseiiela proTenul cortesana en la IHeratnra castellana.— Influencia qne 
^rció sobre ella la literatura de Italia. —Relaciones religiosas intelec- 
tuales y políticas entre Italia y Espaiía. — Semejanza de idioma en ambos 
paises. — Traducciones del italiano.— Reinado de D. Juan 11.— Trovado- 
res y Juglares por toda Europa.— Corte de Castilla.— El Rey.— El mar- 
qués de Villena*— Su Arte cisoria. — Su Arte de trovar.- Sus Trabados 
de Hércules. 

La literatura provenzal, que tan pronto apareció en 
España, y que durante la mayor parte del tiempo que 
allí floreció superó en adelantamiento y cultura , así 
como en espíritu poético, á casi todas las literaturas del 
resto de la Europa , no podia menos de ejercer visible 
influencia en la literatura castellana que nacia al lado 
suyo. Pero antes de tratar dicho punto fuerza será que 
señalemos la influencia que ejerció en ella otra litera- 
tura, influencia menos visible al pronto y de menor im- 
portancia que la ejercida por la provenzal, pero que 
debia llegar con el tiempo á ser más poderosa y du- 
radera. 

Nuestros lectores habrán comprendido que queremos 
hablar de la italiana , cuya influencia sobre el carácter 
y civilización del pueblo español se nota ya de muy 
antiguo. Mucho tiempo antes que el espíritu poético se 
reanimase en el mediodía de la Europa , ya los cris- 



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366 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

líanos españoles, en su larga y encarnizada lucha con 
los moros infieles , se hablan acostumbrado á volver la 
vista hacia la Italia , silla de un imperio cimentado en 
la fe y la esperanza, y cuyo poder se extendía mis allá 
de la lucha mortal en que se hallaban comprometidos; 
no porque la Santa Sede, en su capacidad política y 
temporal, tuviese entonces grande autoridad en España, 
sino que la Iglesia romana, por las particulares circuns- 
tancias en que se hallaban los españoles , por sus con- 
tinuas exigencias y constantes padecimientos, en nin- 
guna parte halló ni más fieles ni más obsequiosos servi- 
dores que entre los cristianos de la Península. 

En efecto , desde los tiempos de la invasión sarracena 
hasta la toma de Granada , las relaciones políticas de 
España con los demás reinos de Europa fueron pocas 
ó ningunas. Debilitada por una guerra intestina que ocu- 
paba todo su tiempo y atención , no habia sido hasta 
entonces blanco de la codicia y ambición del extranjero; 
y por otra parte sus habitantes no habían nunca gozado 
de los bienes de la paz de una manera tan perma- 
nente, que les permitiera mezclarse en las grandes 
cuestiones que se ventilaban del otro lado del Pirineo; 
ni tampoco ganarse la simpatía de aquellos países más 
favorecidos de la suerte, cpe guiados por la Italia, iban 
poco á poco constituyendo y consolidando el imperio 
civilizado de la cristiandad. Pero los españoles sintie- 
ron que al defender sus hogares peleaban también por 
la religión, y así es que siempre y ante todas cosas se 
consideraron como cristianos peleando contra infieles. 
Sus sentimientos religiosos, pues , estaban siempre de 
manifiesto , y aun á veces sobrepujaban á todos los de- 



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PRIMERA ÉPOCA CAPITULO XVIU. 367 

mas ; así es , que al paso que estaban ligados con la 
Iglesia romana por los lazos políticos que iban reducien- 
do la mitad de la Europa á la esclavitud , estaban más 
unidos con su espíritu religioso que ningún otro pueblo 
moderno; más aun quizá que los mismos ejércitos de 
cruzados arrancados por Roma á la paz de sus fami- 
lias , y á quien la Iglesia comunicó lo más que pudo de 
su propio carácter y recursos. 

A esta influencia religiosa de Italia sobre España 
se unió pronto otra de origen más intelectual. Antes 
del año 1300, la Italia contaba ya en su seno cinco 
universidades, algunas de ellas célebres por toda Eu- 
ropa y muy frecuentadas por estudiantes de los reinos 
más lejanos. Por el mismo tiempo la España no tenia 
más que una , la de Salamanca , y esa estaba á la sazón 
bastante desorganizada ^ Las que durante el siglo xrv se 
establecieron en Huesca y en Yalladolid produjeron es- 
casos resultados, pues la Península estaba aun tan agita- 
da, que mal podían florecer las letras; y por lo tanto 
los estudiosos concurrían, unos á París, los más á Italia. 
En Bolonia, probablemente la más antigua, y por mucho 
tiempo la más ilustre de las universidades de Italia , sa- 
bemos que los españoles fueron recibidos como estu- 
diantes, y honrados como catedráticos, durante todo el 
siglo XIII*. En la de Padua, que era la segunda en rango 
é importancia, un español' mereció ser nombrado rector, 

< La uniTersidad de SalamaDca es dríd, i789, 4.®), t. xvaí, pp. IMI. 

fandacioD de Alonso X en i254; pero * Tiraboschi , c Storía dalla Lelle- 

en 1310 estaba ya muy decaída, y no ratura italiana, » Roma , 1782 , t. iv, 

llegó á cobrar importancia hasU al- lib. 1 , cap. 3; y Fuster, « Bib. Val.,» 

gun tiempo despoes. Véase á Cha- t. i,pp. 8y9. 

con , c Hist de la uniT. de Salaman- * Tiraboschi , «t snpra. 
ea , » en el t Semanario emdito » (Ha; 



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368 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

en 1260; y no cabe duda «ino que en todos los semi- 
narios y escuelas italianas , y principalmente en las de 
Roma y Ñapóles , los españoles fueron de muy antiguo 
á buscar aquella civilización y cultura que, ó no podian 
alcanzar, en su propia patria, ó no les era dado procu- 
rarse sino con mucha dificultad ó por una mera ca- 
sualidad. 

En el siguiente siglo la educación de los españoles 
en Italia recibió grande impulso á manos del carde- 
nal Carrillo de Albornoz, ilustre prelado, guerrero y 
hombre de estado, que en tiempo de D. Alfonso XI fué 
arzobispo de Toledo y primado de las Españas , y que 
más tarde, en su cualidad de Regente por el Papa, con- 
quistó y gobernó gran parte de los estados romanos que 
desde los tiempos del tribuno Rienzi habian sacudido el 
yugo de la Iglesia. Este distinguido personaje conoció, 
durante su permanencia en Italia , la necesidad de pro- 
porcionar á sus paisanos mejor educación de la que 
hastaentónces habian teqido, y fundó á dicho fin , en 4 364, 
el colegio de San Clemente, en Bolonia : institución bajo 
todos conceptos magnifica, y que se ha conservado hasta 
nuestros dias^. Es pues indudable que desde mediados 
del siglo XIV existían ya medios directos de trasmitir 
la cultura de Italia á España, pudiendo citarse un ejem- 
plo palpable en la persona de Antonio Nebrissense, vul- 
garmente llamado Antonio de Lebrixa', educado en dicho 
colegio, un siglo después de su fundación por el carde- 
nal Carrillo , y que á su vuelta á España hizo más por 



* Tiraboschi, t. nr, lib. I, cap. 3, « Nicolás Antonio, tBib. Nova,» 
sect. 8.— Antonio, cBibl. Vet,» edic. L i , pp. 133-138. 
Bayer, t. ii, pp. 160 y 170. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XVIII. 369 

el adelantamieaU) de las letras, que ningún otro escri- 
tor de su tiempo. 

Relaciones políticas y de comercio contribuyeron aun 
más eficazmente á poner en intimo contacto las cos- 
tumbres y literatura de ambos países. Barcelona , por 
mucho tiempo silla y morada de una corte civilizada, 
y cuyas instituciones liberales habian producido el pri- 
mer banco que se conoció en Europa , así como provo- 
cado el primer código comercial de los tiempos moder- 
nos, ejerció desde la época de D. Jaime el Conquistador 
visible influencia en todas las costas del Mediterráneo, 
compitiendo y rivalizando en el comercio de Italia con 
la misma Pisa , Genova y otras ciudades célebres por 
su actividad mercantil. Las noticias y riquezas que sus 
buques traian á la vuelta , unidas al espíritu aventurero 
y emprendedor que los fletaba , hicieron de Barcelona, 
durante los siglos xiii, xiv y xv, una de las ciudades 
más magníficas y opulentas de Europa , y extendieron 
su influencia no tan solo á los reinos de Aragón y Va- 
lencia, de los cuales era en cierto modo capital y corte, 
sino que también al reino vecino de Castilla, con el cual 
el de Aragón estuvo íntimamente unido durante mucha 
parte del dicho período*. 

Relaciones aun más íntimas, si cabe, que las que Es- 
paña mantuvo con la Italia , la unian con Sicilia desde 
una época muy anterior. Juan de Próxida, después de 
haber preparado su patria á sacudir el yugo abominable 

* Prescott , fl Hist. de los Reyes Ga- 1. 1. Véase también la ioteresante des- 

tólicos, » introd. , sect. 2; y la reía- eripcion de Barcelona en el « Rilter- 

don de la estancia en Barcelona del llor-undPilger-Relse»(El castillo feu- 

desgraciado D. Garlos, principe de dal y viaje de un peregrino), por León 

Viana , seguu la refiere Quintana en Von Rozmital. (Sluttgard, i844 , 8.^, 

sus « Vidas de españoles célebres », p. iii.) 

T. I. 24 



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370 HISTORU DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

del francés, por medio de la memorable tragedia de las 
Vísperas Sicilianas, se apresuró á poner la corona de 
aquella afortunada isla á los pies de Pedro III de Ara- 
gón, que la reclamaba como parte de la dote de su 
esposa, heredera de Conradino, último descendiente va- 
rón de la casa imperial de HohenstaufFen \ La revolu- 
ción, comenzada bs^o las inspiraciones de un patriotismo 
exaltado y ciego, produjo su efecto; pero la Sicilia no 
conquistó su libertad , y desde aquel momento fué, ya 
feudo de la corona de Aragón, ya reino separado é in- 
dependiente en manos de príncipes de aquella familia, 
hasta que unida á los demás estados de D. Femando el 
Católico, vino á formar parte de la monarquía española. 
Relaciones no menos estrechas y de la mi^ma clase, 
aunque de época posterior, unieron á España con Ña- 
póles. Alfonso Y de Aragón, monarca hábil y entendí- 
do, y que reunió á estas cualidades una grande afición 
á las letras, adquirió por conquista , y después de una 
prolongada lucha, el reino de Ñapóles; y aunque la 
corona así ganada pasó poco después á una línea late- 
ral de su propia familia, en cuatro príncipes sucesores 
suyos, en el año de 1 503 , el escandaloso tratado cele- 
brado con la Francia , y la pericia militar de Gonzalo de 
Córdoba , fueron causa de que el reino de Ñapóles fue- 
se de nuevo conquistado y formase parte de la corona 
de España^. En este estado, y como feudos de la corona, 

^ Zorita, «Anales de AragoD,» Za- ' Schmidt , « Geschichte Arago- 

raffoza, 1604, folio, lib. 4, cap. i3, etc. niens iro Miltelalter » (Historia de 

—Mariana , « Historia , » lib. i4, cap. 6. Aragón en la edad media) , pp. 357- 

Estos dos autores deben ser consolr 354.— Heeren , c Geschichte des sto- 

tados , por cnanto nos dan la rersion dinms der Glassischen Lilteratnr » 

española de sucesos qne hasta ahora (Historia de los estudios de la litersi- 

han sido considerados solamente ba- tura clásica} , Gottingen , 1797 , 8.*^, 

Jo su punto de rista italiano ó francés, t. u, pp. 109-111. 



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PBIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XVni. 371 

Sicilia y Ñápeles cootinuaron siendo reinos españoles, 
hasta después del advenimiento de la casa de Borbon; 
suministrando ambos, por la naturaleza de sus relacio- 
nes con los tronos de Castilla y Aragón , medios am- 
plios y ocasiones frecuentes para trasmitir á España la 
civilización y literatura de la Italia. 

Pero no son estas las únicas causas que marcan la 
influencia de la literatura italiana : el mismo idioma, por 
su afinidad y semejanza con el castellano , fué un ve- 
hículo suficiente y quizá más eficaz que ninguno de los 
que hemos señalado. Ambas lenguas son hijas de la 
latina, y tal su semejanza, que ninguna de ellas puede 
pretender tener facciones suyas propias. 

Facies non una^ nec diversa lamen; gualem decet este 
sororem. Poco ó ningún trabajo le costaba á un español 
el aprender con perfección la lengua italiana ; y por lo 
tanto, las traducciones castellanas de dicha lengua, 
atendido el corto número de escritores italianos que ha- 
bla en aquellos tiempos remotos , no son tan comunes 
como pudieran serlo ; hay, sin embargo, las suficientes 
para probar que los escritores italianos y su literatu- 
ra no eran del todo desconocidos en España. Pero Ló- 
pez de Ayala, el cronista, que murió en 1 407, conocia, 
según ya hicimos notar en otrp lugar , las obras de Bo- 
caccio'**. Un poco más tarde, en 1428, La Divina Oh 
media del Dante , se traducía al catalán , por Febrer, 
y en el mismo año al castellano por D. Enrique de 
Villena: hecho muy notable por cierto. Veinte años des- 
pués, el marqués de Santillana es elogiado y aplaudido 

• Prescrott, «f Historia del reinado *• Véase la p. 486. 
de los Reyes Católicos, » vol. iii. 



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372 msToiuA db la litbeatura bspaHola. 

por UD escritoras como hombre capaz de enmendar y 
aon de exceder á aqael gran poeta ; y el mismo Mar- 
qués nos habla de Dante , Petrarca y Bocaccio, como si 
estuviera muy familiarizado con sus escritos. Mas el 
nombre de este noble caballero nos lleva naturalmente 
á los tiempos de D. Juan li , en cuyo reinado se observa 
ya, de una manera que no admite duda, no solo la in- 
fluencia de la literatura italiana , sino que también las 
tentativas hechas por algunos de fundar en España una 
escuela italiana. A este período, pues, debemos circuns- 
cribir nuestra atención. 

El largo reinado de D. Juan II, que duró desde 1 407 
hasta 4 454, si bien desastroso para él mismo y para su 
pais, fué bastante propicio y favorable á alguna de las 
formas de la bella literatura. Durante su mayor parte, 
el débil Monarca estuvo avasallado y sujeto al genio 
superior del condestable D. Alvaro de Luna, cuyo pre- 
dominio, aunque intolerable á veces, le parecia lleva- 
dero, siempre que alguna nueva revolución, ó los tras- 
tornos tan frecuentes en aquellos tiempos de desorden, 
alejaban á su favorito y le reducian á llevar solo el peso 
de la monarquía. Parece en efecto como si el Condes- 
table hubiera hecho consistir parte de su política en en- 
tregar al Rey á su pereza habitual , y hacerle aun más 
afeminado y flojo de lo que naturalmente era, pro- 
porcionándole á cada paso fíestas y diversiones que le 



** «Con vos, que emeodays las palabras, siempre resoltará qne el 

obras de Dante», dice Gómez Man- Marqués conocía perfeclamente el 

riqae enanos tersos dirigidos á su Dante, como él mismo nos lo daá 

tio el gran marqués de Sanlillana , y entender de una manera más posi- 

que se hallan en el « Cancionero ge- tiva en su célebre carta al condesta- 

neral. » (1573, fol. 26 t.») Cualquiera ble de Portu^. (Véase á Sánchez, 

que sea el sentido que demos á estas Poesías anteriores , tom. i , p. liv.) 



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PRIMERA I^OGA. CAPITULO XVIII. 373 

hicieseD aborrecer los negocios, aun más que la tutela 
de su favorito". 

Entre estas diversiones y pasatiempos ninguno ha- 
bia más propio del carácter y humor del Rey que el 
^ercicio de las letras. Fué D. Juan 11 hombre de algún 
talento , y muy aficionado á la poesía , que cultivó de 
vez en cuando; los mejores poetas de su tiempo an- 
daban constantemente en su corte y al rededor de su 
persona , y no pocas veces supo favorecerlos y distin- 
guirlos aun más de lo que dictaba la prudencia. Quizá 
llegó á concebir, aunque remotamente , las ventajas que 
podían resultar á su reino y á su corle del cultivo inte- 
lectual : así es que con el solo fin de agradarle, uno de 
sus secretarios particulares, y de los más allegados á 
su persona, formó en 1449 una extensa colección de 
poesías castellanas, las más en boga en su tiempo, 
comprendiendo obras de cincuenta autores diferentes *'. 
Juan de Mena, el más célebre poeta de su tiempo, fué 
su cronista ; y el Rey le enviaba con gran escrupulosi- 
dad , no solo los documentos necesarios para su obra, 
sino que también avisos y consejos acerca del modo de 
escribir la historia de su reinado, en lo cual mostraba 
una no pequeña dosis de vanidad ; al paso que Juan de 
Mena, como hábil cortesano, remitia sus versos al Rey 
para que se los corrigiese y enmendase*^. Su médico, 
que le asistió en todas sus dolencias y le acompañó en 
sus viajes, fué el bachiller Fernán Gómez de Cibdareal, 

4^ Mariana, c Historia , » Madrid, ^' Castro, « Bib. españ. , » 1. 1, pá- 

1780, folio, t. lí , pp. 966-407. Véanse ginas 965-346. 

también los interesantes pormenores ** Véase el c Centón epistolario» 

aue nos suministra Fernán Pérez de de Fernán Gómez de Cibdadreal , y 

ozman , en sns c Generaciones y particularmente sus muy entreteni- 

semblanzas » , cap. 33. das cartas señaladas con )os núroe- 



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374 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAllOLA. 

hombre de humor alegre y festivo , y del cual se coa- 
serva (dado caso que sea suyo el Epistolario publicado 
con su nombre) una interesante y divertida colección 
de cartas, que caracterizan y describen admirablemen- 
te la época en que vivió. Después de haber servido á 
su amo y señor por más de cuarenta años, durmiendo, 
ségun él mismo dice, en su cámara, y comiendo en su 
mesa , el buen Bachiller lloró la muerte del rey D. Juan 
como la de un bienhechor". 

Rodeado de hombres como Juan de Mena y Fernán 
Gómez, en relación continua con otros no menos dis- 
tinguidos y sabios, cultivando á veces las letras, para 
libertarse de los cuidados y afianes del Reino, poco gra- 
tos á su carácter perezoso é indolente, el rey D. Juan II, 
cuyo infeliz reinado fué poco honroso á él mismo, como 
monarca, y hasta desastroso para Castilla, como estado 
independiente, supo sin embargo agrupar en rededor 
suyo todas las inteligencias de la época , y formar una 
corte poética , dando un impulso tal á las letras y á la 
civilización , que aun se notan sus efectos después de 
muchas generaciones. 

Un período muy semejante á este se advierte en la 
historia de casi todas las naciones de Europa , período 
en que el gusto por la poesía se desarrolla rápidamente 
y se hace general en la corte y en las altas clases déla 
sociedad , á las cuales no hablan llegado aun , sino de 
una manera muy imperfecta , las ventajas de una edu- 
cación intelectual. Así sucedió en Alemania en los si- 
glos XII y XIII, siendo el desgraciado Conradino, muerto 

ros 47, 49, 56 y 76. De esta obra , sin ofrecen acerca de su autenticidad, 
embargo , trataremos en otro lagar, ^ «Centón epistolario » de Pemau 
presentando la<: dnda^ qne se nos Gómez de Cibdadreal, epfst. iOS. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO XVIÜ. 375 

60 4S68, y nombrado con elogio en la Divina Comedia 
del Dante, uno de los áltimos príncipes de la ilustre fa- 
milia que preparó el movimiento. Este comenzó en Italia 
casi al mismo tiempo que en Sicilia , y aunque impedido 
en su carrera y desarrollo por el espíritu y tendencias 
de la Iglesia , así como por las costumbres mercantiles 
de Pisa, Genova, Florencia y otras repúblicas, ninguna 
de las cuales estaba suficientemente imbuida de ese es^ 
píritu caballeresco que dio origen y vida á la poesía en 
otras partes de Europa , puede sin embargo seguirse 
observando hasta el tiempo de Petrarca. 

De la aparición de dicho gusto en el mediodía de 
Francia , en Cataluña y Aragón , así como de su paso á 
Castilla, bajo la protección de D. Alonso el Sabio, ya 
dijimos en otro lugar. En el período de que se trata le 
hallamos ya en el centro y en el norte de la Península, 
extendiéndose también á Portugal y á la Andalucía, lleno 
de vida y respirando por todas partes amor y caballe- 
ría, acompañado, es cierto, de esa pedantería escolás- 
tica que parece inherente á su formación en todas par- 
tes ; pero brotando por do quiera gracia y naturalidad, 
y empleando tal sencillez en las formas , que aun hoy 
día nos encanta y embelesa. A su influencia se debe la 
formación de una escuela de poesía, que, tomando su 
nombre de uno de sus principales atributos, ha sido 
denominada de los «Minnesingers» ó cantores de amor'^ 

*^ Minne es la palabra equivalente oa de la etimología y acepción prir 

á amor en los Nibelangen , y en to- mitiva de esta voz en los diccionarios 

das las poesías alemanas mas anti- de Wachter,Ménage,Adelangv otros; 

guas ; y sd baila aplicada de vez en pero basta para nuestro proposito el 

cuando á las afecciones espirituales saber que es muy propia para signi- 

y religiosas; pero más comunmente ticar aquella escuela de poesia más 

á las del amor en relación con la ga- imaginativa y menos artificiosa que , 

lamería. Mucho se ha disputado acer* apareció en toda Europio bajo U |n- 



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376 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOU. 

y galantería; escuela que, ó debe su existencia en todas 
partes á los trovadores provenzales» ó tomó, á medida 
que se fué extendiendo, el carácter de su poesía. Afines 
del siglo XIII, hállanseya en Castilla rastros de esta es- 
cuela , que no es difícil seguir basta los tiempos de don 
Juan II, en cuya época la encontramos ya Ujeramente 
saturada con una mezcla de la italiana , y desarrollán- 
dose con tal rapidez y lozanía, que fuerza nos será exa- 
minarla separadamente y con la debida atención. 

La primera figura que llama nuestra atención en el 
grupo, es la del rey D. Juan, del cual su cronista ha 
dicho con mucha verdad, aunque no sin alguna lisonja, 
«que era home muy trayente e muy franco e muy gra- 
ncioso, muy devoto , muy esforzado : davase mucho á 
»leer libros de filósofos e poetas : era buen eclesiástico, 
»assaz docto en la lengua latina: mucho honrador de 
» las personas de sciencia , tenia muchas gracias natu- 
» rales : era gran músico, tañia e cantava, e trovava e 
» dangava muy bien*'. » Otro escritor, que le conocia me- 
jor, le pinta con más maestría : «Era, dice Fernán Pe- 
orez de Guzman, hombre que habla va cuerda e razo- 
»nablemente, e avia conoscimiento de los hombres para 
» entender qual hablava mejor e mas atentado e mas 
«gracioso. Plaziale oyr los hombres avisados e notaba 
»mucho lo que dellos oya ; sabia hablar e entender la- 
•tin; leya muy bien e placianle mucho libros e hys- 
»tor¡as ; oya muy degradólos dezires rimados, e cono- 
ocia los vicios dellos; havia gran plazer en oyr palabras 
» alegres e bien apuntadas, e aun el mismo las sabia 

fluencia del espirito cabaUeresco. Por ^^ c Crónica de Don Joan U » , afio 
úllimo, de minne se derivan el fran- 1454, cap. 2. 
*ees núgwm y el inglés minian. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVllI. 377 

»bien dezir. Usaba mucho la caga e el monte, entendía 
»bien en toda la arte della ; sabia delarte de la música, 
»cantava e tañía bien e aun justava bien ; en juego de 
» cañas se avia, bien *^» 

Cuántos y qué clase de versos cooi^uso , no lo sabe- 
mos. Su médico , el bachiller Fernán Gómez , dice en 
una de sus cartas ^% «el Rey se recrea de metrificar,» 
y otros después de él han dicho lo mismo ; pero la me- 
jor prueba que podemos aducir de su talento poético es 
la siguiente composición , de gusto y forma provenzal, 
en que se queja de la infidelidad de su dama : 

Amor, yo nunca pensé mas no pudiera creer 

que tan poderoso eras, que fueras tan mal sabido, 
que podrías tener maneras 

para trastornar la fé , ^i jamas no !o pensé , 

fasu agora que lo sé. aunque poderoso eras, 

que podrías tener maneras 

Pensaba que conocido para trastornar la fé , 

te de viera yo tener, fasta agora que lo sé^. 

Uno de los que más se interesaron por el progreso 
de la poesía en España , y de los que con más ahinco 
y más directamente trabajaron para su introducción en 
la corte de Castilla, fué D. Enrique, marqués de Yi- 
Uena , nacido en 4 384 , pariente cercano del Rey , y el 
más ilustre caballero de su reino , puesto que descen- 

** « Generaciones y semblanzas » , »bien , plaziale mocho la ca^ , leya 

cap. 33. Diego de Valera, que, como »de buena voluntad libros de philo- 

el bachiller Fernán Pérez , tuvo mu- »sophos e poetas. Era buen ecleslas- 

cbo trato personal con el Rey, pre- »tico.> ( Crónica de Hispana, Sala- 

senta de él el siguiente bosquejo : manca, 1495, fol.40.) 

c Fué muy devoto e humano, liberal, *^ Fernán Gómez , c Cent, epíst. , > 

vffracioso, assaz docto en la lengua epíst. 20. 

«latina; taé esforzado, gracioso, e ^ Hillanse seneralmente impresos 

»muv plaziente , de gran cuerpo e con las obras de Juan de Mena, como, 

»real presencia. Tuvo muchas gracias por ejemplo, en la edición de Sevilla 

«naturales : fué gran músico, canta- de 1535, lol. 104, y en otras varias. 
I» va e tañia , dangava e trobava muy 



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378 UISTORU DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

dia por parte de padre, de la casa reinante de Aragón, 
y en línea materna, de la de Castilla *\ Un escritor que 
vivia en su tiempo y le conoció y trató, dice acerca de 
él lo siguiente: «Fué naturalmente inclinado alas scien- 
»cias y artes, mas que á la cavallería e aun á los nego- 
»cios del mundo civiles ni curiales, ca no aviendo 
«maestro para ello, ni alguno le constriñendo á apren- 
»der], antes defendiendogelo el Marqués su abuelo, 
» que lo quisiera para cavallero , en su niñez quando los 
» niños suelen por fuerga ser llevados á las escuelas, él 
» contra voluntad de todos se dispuso á aprender e tan 
» sotíl e alto ingenio avia que ligeramente aprendia qual- 
•quier sgiengia e arte á que se davsi^ ansi que bien pa- 
»resgia que lo avia á natura".» 

A pesar de su natural inclinación y de su poca ó nin- 
guna aptitud para los negocios públicos , su alto ran- 
go y la posición que ocupaba en la corte fueron causa 
de que el Marqués tomase también parte en las revuel- 
tas de su tiempo. Nombrado gran maestre de Gala- 
trava, fué privado de dicha dignidad á causa de cier- 
tas irregularidades ocurridas en su elección, quedando 
por lo tanto en peor posición que antes de su nombra- 
miento^. Durante este tiempo habitó principalmente en 

^ So familia, cuando él nació, poseia >lo que le jcumplia. » En las « Gome- 

el único marquesado qne entonces dias escogidas » (Bladrid, Í6S7, t. ix) 

habia en Castilla. (Véase ¿ Salazar de hay una bastante mala , de seis in- 

Mendoza, Origen de las dignidades genios , intitulada : «El rey Enrique 

seglares de Castilla y León , Tole- el Enfermo , » en la qne dicho infe- 

do, 1618, folio, lib. 3, cap. 12.) liz monarca, contra toda la Térdad 

M Fernán Pérez de Guzman, c Gen. hístóHca , nombra al marqués de Vi- 

y Semblanzas, » cap. 28. llena gran maestre de Calatrava , con 

*> « Crónica de Don Juan U » , año el solo fin de provocar el divorcio de 

1407, cap. 4, y 1434, cap. 8, donde su mujer, y poderse casar con ella, 

se describe su carácter en estos tér- No consta quienes fueron los seis in- 

minos : c Este caballero fué muy genios que inventaron tan ttroi ct- 

»grande letrado, e supo muy poco en iumnia. 



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PRiMEiu Apoca. — capitulo xviu. 379 

la corte de Castilla ; pero entre 4 412 y 4444 asis- 
tió en la de su pariente , D. Femando el Justo, rey de 
Aragón, para cuya coronación, en Zaragoza, compuso 
un drama alegórico que por desgracia se ha perdido. 
Habiendo después acompañado á dicho monarca á Bar- 
celona , contribuyó sobremanera , según ya hemos vis- 
to, á restablecer y fomentar la escuela poética, deno* 
minada «el Consistorio de la Gaya Ciencia». Posterior- 
mente volvió á Castilla, donde hizo una vida bastante 
oscura. Los regentes del Reino, queriendo en cierta 
manera indemnizarle de la pérdida del maestrazgo de 
Calatrava, le confirieron el mezquino señorío de Inies- 
ta, en el obispado de Cuenca, donde pasó los veinte 
últimos años de su vida , comparativamente pobre y 
entregado con ardor á los estudios conocidos y en boga 
en su tiempo. Murió en 4 434, en Madrid, á la sazón que 
habia ido á visitar al Rey, y fué el último de su ilustre 
familia**. 

Entre sus estudios favoritos, ademas de la poesía, la 
historia y la amena literatura , deben contarse la filo- 
sofía, las matemáticas y la astrología, ciencias que, en 
un siglo de ignorancia y superstición como aquel , no 
podian ser cultivadas sino con graves inconvenientes y 
mucho riesgo personal. Así es, que D. Enrique de Vi- 
llena fué tachado de nigromántico, como lo fueron otros 
antes que él ; y esta creencia echó tales raices entre el 

** Zorita , t Anales de Aragón t » Vet. , edlc. Bayer , lib. 10 , cap. 6) ,jr 

lib. i9, cap. 22. La mejor biografía Mariana. (Hist., lib. 90, cap. 6.) El 

del marqués de Víllena es la que se carácter de hombre ambicioso y al- 

balla en Juan Antonio Pellicer , cBi- lanero que Larra da al Marqués, en 

blioteca de traductores españoles » su norela intitulada c El Doncel de 

(Madrid, i778, t. ii, pp. 58-76). Véa- Don Enrique el Doliente», no esti 

se también á Nicolás Antonio (Bib. fondado en la historia. 



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380 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

vulgo, que aun boy día se conserva viva la tradición de 
su pacto criminal con los espíritus infernales*". Los efec- 
tos que de tan absurda creencia resultaron, se hicieron 
sentir inmediatamente después de su muerte : su nume- 
rosa y selecta biblioteca excitó la alarma y se determinó 
entregarla á las llamas. « Dos carretas (dice un escritor 
•que pretende haber sido coetáneo y amigo del Mar- 
»qués) son cargadas de los libros que dejó, que al Rey 
«le han traido : e porque diz que son mágicos e de artes 
»no cumplideras de leer , el Rey mandó que á la posada 
»de Fray Lope de Barrientos fuesen llevados : e Fray 
» Lope^, que más se cura de andar del Príncipe que de 
» ser revisor de nigromancias, fizo quemar más de cien 
» libros , que no los vio él , más que el rey de Mar- 
«ruécos, ni más los entiende que el deán de Cibdá 
•Rodrigo; ca son muchos los que en este tiempo se fan 
• dotos, faciendo á otros insipientes é magos: e peor es 
•que se fazen beatos fazíendo á otros nigrománticos *\ » 
Juan de Mena, á quien va dirigida la carta que contiene 

*« Pellicertrau largamente de la lib. iO, cap. 4i); pero de los cuales 

tradición , aun viva en su tiempo, de he visto copiosos extractos , que debo 

que el Marqués tuvo pacto con el día- á la fineza de mi amigo D. P. de G. 

blo (p. 65). Guán absurdas fuesen al- En uno de ellos dice que entre los 

gunas de estas consejas , inventadas libros del Marqués estaba el denomi- 

por el vulgo, el mismo Pellicer lo nado de Ráziel, uno de los ángeles 

Srueba en una nota al « Quijote » que guardaban el paraíso , j enseñó 

>arte i, cap. 49). Véase también á albiJodeAdanelartedívinatoria,por 

eijoó , « Teatro crítico , » I. vi , tradición del cual el dicho libro fué 
dis. 2. Mariana sin duda tenia al Mar- ^mpilado. Debe advertirse que Lope 
qués por nigromántico , ó al menos •>jb Barrientos fué fraile dominico, y 

quiso que sus lectores le tuviesen fwteneció á la orden religiosa que 

por tal (lib. i9, cap. 8). Seiiita afios después contribuyó po- 

*<^ Lope de Barrientos fué confesor derosamente al establecimiento de la 

de Juan el Segundo ; y quizá el cono- inquisición, y concluyó por quemar, 

cimiento y lectura de estos mismos li- no solo los libros, sino los hombres 

bros que quemó por orden del Rey, le también. Murió D. Lope en i409, ha- 

sugirieron la idea de escribir varios hiendo desempeñado, mientras vivió, 

tratados contra el arte de la adivina- los principales destinos del Reino, 

cion , que no han sido nunca impre- '^ Cibdadreal , epíst. 06. 
sos (Nicolás Antonio, tBib.Vet.,» 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVIII. 381 

esta noticia del Marqués, pagó on tributo á su memo* 
na, consagrándole tres coplas de sus trescientas ''^ y 
también el marqués de Santillana , personaje muy dis- 
tinguido y célebre por su afición á las letras, compuso 
un poema *^ á la muerte de su noble amigo el de Yule- 
na, ensalzándole, según la usanza del tiempo, y colo- 
cándole á mayor altura que los más ilustres escritores 
griegos y romanos. 

Pero si bien es cierto que el desgraciado marqués de 
Yillena se adelantó á su siglo en la clase de estudios y 
conocimientos varios que suipo abarcar, también lo es 
que los pocos escritos que de él nos quedan no son 
de un mérito tal , que justifiquen la alta opinión for- 
mada por sus contemporáneos. Una prueba de esto' ha- 
llamos en su Arle cisoria ó Iraíado del arte del cortar del 
cuchillo, que compuso en 4 423, á instancias de su amigo 
Sancho de Jara va, cortador mayor del rey D. Juan II. 
Empieza aquel con una especie de prólogo ó introduc- 
ción, en que se trata de una manera harto pedante, de 
la creación del mundo y de la invención de las arles, 
entre las cuales el autor coloca la Cisoria como una de 
las primeras y principales. Sigue después un tratado «de 
x> las condiciones e costumbres , que pertenecen al cor- 
»tador de cuchillo, mayormente ante el Rey», y con- 
cluye la obra con una declaración muy detallada de 
todos los misterios del arte, tal cual debia practicarse 
en la real mesa. Es evidente, por varios pasajes de este 
singular escrito , que el Marqués no era del todo in- 
diferente á los placeres de la mesa, acerca de los que 

^ Coplas 126-8. ral • de 1S73 (¿ fol. 34-7), y es nna 

^ Hállase en el c Cancionero gene- visión imitando á la del Dante. 



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382 mSTORIA DB LA LITERATURA BSPAÜOU. 

tan largamente discarre : circunstaDcia á la que debió 
sin duda la podagra, dolencia qué, según dicen, le 
aquejó sobremanera en los últimos años de su vida , y 
concluyó por llevarle al sepulcro. Como estilo y com- 
posición, este ensayo de prosa didáctica es de muy es- 
caso mérito, si bien es libro muy curioso é importante 
para los que quieran estudiar las costumbres de la 
época**. 

Otro tanto pudiera decirse de su tratado del Arte de 
Trovar ó Gaya Ciencia*\ enviado en forma de carta al 
marqués de Santillana, con el laudable fin de introducir 
en Castilla los adelantos hechos en la poesía por los 
trovadores provenzales; pero solo poseemos de dicha 
obra un resumen acompañado de lijeros extractos, que 
si bien son muy importantes por ser la primera que se 
escribió en Castilla á dicho asunto, no manifiestan por 
otra parte gran mérito literario. Algo más interesantes 
d^ieron ser sus traducciones de la Retórica de Cicerón, 
de la Divina Comedia del Dante y de la Eneida de Vir- 
gilio; pero la primera de dichas obras se ha perdido; 
de la segunda solo sabemos que estaba escrita en prosa 
y dirigida á su amigo y pariente , el marqués de San- 
tillana; y de la tercera y última, que es la versión de 
la Eneida f solo se conservan siete libros , tres de ellos 
comentados, y de los cuales se han publicado algunos 
extractos". 

^ El «Arte cisoría», ó cTrátado del *< Lo ünico que está impreso de 

arte de cortar del cuchillo» se impri- este « Arte de trovar » se halla en Ma- 

mió por la primera vez á expensas de yans y Sisear , « Orígenes de la len- 

la comunidad del Escorial (Madrid, guaespañola». (Madrid, 1737, S.^tn, 

i766,4.^), por un manuscrito de su li- pp. 321-42.) Parece ^e escribió hacia 

breria» salvado del incendio de id71. el año de 1433. 

No es probable que pase pronto á se- »* Pellicer (Bib. de trad. , p. 68). 

gunda edición. Mucho sentimos, sin embargo, el 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XVIIl. 383 

La repatacioD, pues, del marqués de Villena estriba 
principalmente en sus Trabajos de Hércules, libro com- 
puesto á instancias de Alosen Pero Pardo, caballero 
catalán y muy amigo suyo, quien lepidio una declara- 
ción de las virtudes y empresas de Hércules, en todos 
tiempos el héroe nacional de España. Dicha obra pa- 
rece haber sido muy admirada de los eruditos y muy 
leída en manuscrito, y cuando la imprenta se introdujo 
en £spaña , impresa dos veces antes del año 1 500 ; pero 
quedó poco después tan oscurecida , que los más dili- 
gentes escritores de la historia literaria en España, hasta 
nuestros dias , han hablado de ella como si fuera un 
poema en verso, siendo así que no es sino un breve 
tratado en prosa, que ocupa en la edición príncipe 
de 1483, treinta hojas en folio. Divídese en doc« capí- 
tulos, uno para cada trabajo, subdivididos cada uno 
en cuatro partes. En la primera (historia muda) se ex- 
pone sencillamente la versión mitológica del trabajo; en 
la segunda (declaración), se explica la historia á guisa 
de alegoría ; en la tercera (verdad), se proponen los he- 
chos históricos sobre que parece fundada la fábula; y 
en la cuarta y última, llamada aplicación, hace el au- 
tor la aplicación moral á alguno de los doce estados en 
que arbitrariamente divide el género humano, empe- 

tener que decir que el trozo que allí demia de la Historia», t. vi, p. 455. En 

se presenta, como maestra de la tra- la Biblioteca Real de París baj ana 

daccion del Marqaés, nos da motivos traducción manuscrita de los nueve 

sobrados para dudar fuese muy buen últimos libros de la « Eneida » de Vir- 

latino. Dicha traducción es en prosa, «[ufo, hecha en i430 por un tal Jutn 

y en el proemio se dice fué hecha á de Villena, que se intitula críadc de 

ruegos del rey D. Juan de Navarra, D. Iñigo Lopex de Mendoza. (Ochoa, 

deseoso de conocer las obras de Vir- Catálogo de manuscritos, p. 375.) 

giUo,porloquede él habia leidoen Seria, por cierto, muy curíoso el 

la cDivma Comedia» del Dante. Véanse averiguar qué relación tienen entre 

también las cMemorías de la Real Acá- si estas dos traducciones áet Virgilio. 



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384 HISTORIA DE LA LITERATURA E8PA!90U. 

zando por los príDcipes y concluyeodo con las majeres. 
En el capftuto iv , por ejemplo , después de con* 
tar la fábula tan conocida del Jardín de las Hespérides, 
nos la vuelve á presentar bajo el punto de vista alegó- 
rico, diciéndonos que la Lybia, donde se halla situado 
aquel verjel, se entiende por la nuestra humanidad 
seca y arenosa, pero dispuesta á producir maravillosos 
frutos; que Atalante, señor del verjel, es el hombre 
sabio y entendido que labra bien sif huerto; que el ver- 
jel mismo está plantado de diversas ciencias, y que en 
medio de él se halla el árbol de la filosofía, en el cual 
se da el mayor y mejor fruto ; que el fiero dragón que 
volando noche y dia guarda tan precioso manjar, es el 
estudio intrincado y la sutileza ; y por último , que las 
tres doncellas Hespérides, son, Inteligencia, Memoria y 
Elocuencia. Todo esto lt> vuelve á explicar en la segunda 
parte, presentando los hechos, en los cuales, según él, 
se fundó la tradición, declarando que Atalante fué un 
rey sabio de la antigüedad, y él primero que ordenó 
y dividió la ciencia ; que Hércules fué á verle y estudió 
con él, y que después de algún tiempo se volvió á su 
tierra y comunicó toda su ciencia al rey Heurístes, que 
era muy inclinado al saber. Por áltimo , en la cuarta 
parte del dicho capítulo, aplica la moralidad del cuento 
al estado religioso , «al cual , dice , perlenes^e propia- 
» mente darse del todo á la ciencia, para que puedan 
»bien exponer e demostrar los secretos e bienes de la 
«santa scriptura», como si existiera alguna analogía 
entre los sagrados libros y la fabulosa historia de Hér- 
cules". 

** tLos trabajos de Hércules», es uno de los libros mis raros qaeexit- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVIII. 385 

La obra toda merece bien leerse : tiene, á la verdad» 
machos de los defectos comunes á la época , y está ates- 
tada de citas indigestas, y no siempre bien traídas, de 
Virgilio, Ovidio, Lucaoo y oíros autores latinos, á la 
sazón muy difíciles de hallar , y tan poco conocidos en 
España, que debieron naturalmente aumentar el inte- 
rés del asunto'* ; pero la alegoría es algunas veces di- 
vertida, y el estilo casi siempre bueno, y de vez en 
cuando mezclado de notables arcaísmos ; toda ella en 
soma respira cierta dignidad no desprovista de vigor 
y gracia '\ 

Del marqués de Villena , habremos naturalmente de 
pasar á uno de sus sirvientes, llamado Macías, más co- 
nocido por su epíteto de «El enamorado » , bajo el cual 
le hallamos á menudo citado por los literatos españoles, 
como si hubieran querido recordar el trágico fin que 
tuvo. Era Macías un caballero gallego, que servia al 



ten , á pesar de que se imprimió tres 
veces, ana en i4}{5, otra en 1499 , y 
la última en 150Í.E1 ejemplar de qae 
me he servido es de la edición prin- 
ciije, y es propio de D. P. de G. Im- 
primióse en Zamora, por Centenera, y 
se acabó, según se lee en la nota Unal, 
á i5 de enero de i483. Consta la obra 
de treinta hojas en folio, á dos colum- 
nas, 7 está ¡lustrada con once graba- 
dos en madera, bastante bien ejecu- 
tados si se considera el tiempo y el 
lugar en que se hicieron. Las equi- 
vocaciones á que esta obra ha dado 
margen son muy notables, y valen 
la pena de que nos detengamos algún 
tanto en señalarlas. Nicolás Antonio 
(Bib. Vet., II, p. 222), Velazquez 
(Origenes, p. A), Moratin (Obras, 
parte i, p. 114), y Torres Amat (Me- 
morias , p. 068;) hablan de dicha obra 
como si estuviera escrita en verso. 
De la edición impresa en Burgos en 
1488, y ciUda por Méndez (p. 289), 
no he visto ningún ejempbr; y ex- 

T. I. 



ceptuando el ya citado de la prime- 
ra edición, y otro falto de hojas en 
la Biblioteca Real de Paris , no sé de 
ningún otro : tan raro se ha hecho ya 
este Kbro. 

** Véase á HeereD,<Geschichte der 
class. litteratur inMíttelalter» (Histo- 
ria de la literatura clásica en la edad 
media), t. n, pp. 126-31. Si hemos de 
juzgar por el preámbulo á la traduc- 
ción de la c Eneida » por el marones 
de Villena , que publicó Pellicer, Vir- 
gilio era poco conocido en España á 
principios del siglo xv. 

*5 Otra obra del marqués de Ville- 
na se halla citada por Sempere y Gua- 
rióos, «Historia del luxo de Espa- 
ña» (Madrid. 1788, 1. 1, pp. 176-9), 
con el titulo ae « Triunfo ae las do- 
nas ». Hállase en un tomo de obras 
del Marqués , que disfrutó aquel eru- 
dito escritor. Los extractos que da, 
tratan de los petimetres de la época, 
y no carecen de cierto mérito. 

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386 HISTORIA DE LA LITERATIIRA ESPAÑOLA. 

marqués de Villena en clase de escudero, y se pren- 
dó de una doncella de la misma noble casa. La donce- 
lla, según parece, aunque correspondía á Macfas con 
igual ñncza , hubo de casarse por orden del Marqués 
con un caballero de la villa de Porcuna. Ni este con- 
tratiempo ni las duras reprensiones del Marqués fueron 
parte para amortiguar la pasión de Macfas , que conti- 
nuó manifestándola en tiern(simos versos, hasia que 
aqueU á instancias del marido y en uso de su autori- 
dad , como gran maestre de Calatrava que era á la sa- 
zón , encerró á Maclas en un calabozo. Pero aun allí 
mismo encontró el constante enamorado medios de en- 
viar á su dama los versos que componía , hasta que ir- 
ritado el marido , que le habia seguido secretamente á 
su prisión en Arjonilla , y le acechaba un dia que este 
cantaba sus amores y tormentos , en an súbito arrebato 
de celos, le tiró un venablo por entre los hierros de la 
ventana, y el infeliz poeta espiró con el nombre de su 
señora entre los labios. 

El efecto producido por la desastrosa muerte delena- 
morado Maclas fué tal cual podía esperarse de su siglo 
poético, y de la simpatía que naturalmente debió ex- 
citar en los corazones la muerte de uno que no tuvo 
más crimen que el de ser trovador y enamorado á un 
mismo tiempo : todos los que en su tiempo se preciaban 
de poetas escribieron versos á su memoria. Sus poesías, 
en dialecto gallego, de las que solo se conserva entera 
una de escaso mérito, se generalizaron muy pronto y 
fueron admiradas por todo el mundo. Su mismo amo y 
señor, el marqués de Villena, Rodríguez del Padrón, 
que era su paisano , Juan de Mena , el gran poeta de la 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XVIII. 387 

Corte, y el marqués deSantillana, aun más ilustre, todos 
nos han dejado en sus versos un testimonio auténtico 
del dolor producido en todas las clases por la muerte 
deMacías. Otros poetas siguieron su ejemplo, aludiendo 
continuamente á él en sus romances y canciones popu- 
lares, hasta que ya más tarde, en la poesía de Lope de 
Vega, Calderón y Quevedo, el nombre deMacías pasó 
en proverbio , y se halla á menudo empleado como el 
prototipo del amor más tierno y acendrado "^^ 



'^ La mejor noticia de Macias y de 
sns Tersos se baila en c Alte Lieder- 
bücber der Portuguiesen » (Los an- 
tigaos cancioneros portugueses), por 
Beüerman (Berlín, i840,4.^ pp. 24- 
96). Véase también á Argote de Moli^ 
na , c Nobleza de Andalucía,» (Sevilla, 
1588, folio, lib. 2, cap. 148, fol. 272); 
Castro , ff Biblioteca española » (t. i , 
p. 312), y las notas de Cortina á la 
traducción del cBouterwek» (p. \96). 
Mas las pruebas de su gran reputa- 
ción como trovador y como enamo- 
rado se bailan solo en Sancbez, «Poe- 
sías anteriores » (t. i, p. 158; ; en el 
< Cancionero general» , 1S35 (fol. 07, 
91); en Juan de Mena (copla 106) ; y 
en la nota ó glosa correspondiente 
de la edición de Alcalá, 1506; en la 
c Celestina», acto 2$ en varias come^ 
días de Calderón , como son : « Para 



vencer amor querer vencerlo , » y 
« Cuál es mayor perfección» ; en los 
romances de Góngora y en muchos 
pasajes de Lope de Vega y de Cer\'án- 
tes. También se encuentran algunas 
noticias de Macias en Ochoa, «Manus- 
critos españoles » (París , 1844 , 4.^, 
p. 505): y en el t. xLvín de «Comedias 
escogidas » bay una anónima inUtil* 
lada « El Español más amante » , que 
trata de Macias , y en la que se le na^ 
ce morir en el momento mismo en 
que el marqués de Villena llega para 
sacarle de la cárcel. También Larra, 
en nuestros dias , le ba becbo el bé- 
roe de una novela intitulada «El Don^ 
cel de Don Enrique el Doliente», asi 
como de un drama , si bien ni en la 
ana ni en el otro está observada la 
verdad bistórica. 



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CAPITUIX) XIX. 

El marqués de Santíllana.— Sa vida. >- Su tendencia k imitar las escuelas 
italiana y provenzal. —Su estilocortesano.— Sus obras.— Su carácter.— 
Juan de Mena.— Su vida.— Sus poesias sueltas.— Su Laberinto. — Mé- 
rito literario de esta obra. 

Dbspobs del rey D. Joan II y del marqués de Viilena, 
inferior á ellos en rango, aunque superior en mérito, 
aparece á la cabeza de los poetas y cortesanos de su 
tiempo, D. Iñigo López de Mendoza, marqués de San- 
tillana, uno de los más distinguidos miembros de aque- 
lla ilustre familia que más de una vez reclamó al Cid 
por abuelo\ y que ciertamente ha llegado hasta nues- 
tros dias con larga sucesión de honores y gloria *. 

Nació D. Iñigo en 1 398 , quedando huérfano en su 
niñez; y aunque su padre, el almirante de Castilla, 
poseía á su muerte estados mas pingües que ningún 
otro señor del Reino , su hijo , cuando tuvo ya edad 
bastante para conocer lo que valen las riquezas, halló 
la mayor parte de su herencia usurpada por la tur- 

* PerezdeGuzman, «Generaciones héroe de aquel bellísimo romance 
7 semblanzas, » cap. 9. que dice : 

* Esta ilustre familia está de muy Si el eavallo ?ob han maerto , 
antiguo relacionada con la poesía Snbid , Rey, en mi cavallo. 
bístorica de España. El abuelo de Hállase al fin de la octava parte del 
D. Iñigo vendió su vida por salvar la « Romancero de iS97 *, y ha sido tra- 
•del rey D. Juan I , en la batalla de ducido con mucha valentía , aunque 
Aljubarrota, en 1385,'y llegó á* ser el con poca fidelidad, por Lokhart. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTOLO XIX . 389 

búlenla nobleza que en aquellos tiempos de confusión 
y desorden se repartían sin escrúpulo el poder y recur- 
sos de la corona. Pero el joven Mendoza no era hombre 
que se dejase despojar impunemente. Apenas con- 
taba diez y seis años, le vemos ya figurar en las cró- 
nicas de su tiempo , como uno de los nobles que asis- 
tieron á la coronación de D. Femando de Aragón'; y 
dos años después reclamaba con intrepidez y enerjía 
la herencia de su padre,. recobrando parte de ella con 
las armas, y parte por las vias legales de la justicia S 
Desde este momento , y durante el reinado de D. Juan II, 
le vemos siempre mezclado en los asuntos del Reino, 
ya políticos, ya militares, haciendo el papel de un per- 
sonaje de grande autoridad, y desplegando en circuns- 
tancias difíciles y tiempos de revueltas suma prudencia 
y resolución varonil. A la edad de treinta años se dis- 
tinguió en la. corte como uno de los caballeros que in- 
tervinieron en el casamiento de la infanta de Aragón', y 
poco después obtuvo el mando de un ejército contra 
los navarros; y si bien es cierto que sufrió una derrota, 
debida en parte á la gran superioridad del enemigo, 
también lo es que adquirió mucha fama por su valor 
personal y firmeza^. Ademas de esto mandó fuerzas 
contra los moros , saliendo victorioso en varios encuen- 
tros ; y por úUimó , después de la célebre batalla de Ol- 
medo, en 1 445 , fué elevado á la dignidad de marqués, 

* «Crónica de Don Joan el Según- Castilla » ; á lo que podremos añadir 

do y, año 1414, cap. 2. lo que Oviedo dice en sus «Quincuage- 

^ Fernán Pérez de Guzman, tío del ñas». (Batalla 1, Diáloffo 8, MS.) 
Marqués , es el que dice (Genera- ^ «Crónica de Don Juan el Segun- 
dones 7 semblanzas, cap. 9) que do», año 1428, cap. 7. 
D. Diego Hurtado de Mendoza, padre « Sánchez , « Poesías anteriores ,» 
del Marqués, «fué el caballero mejor 1. 1 , pp. 5 y sig. 
«heredado que huvo en su tiempo en 



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390 HISTORIA DB LA LITERATURA BSPAflOLA. 

título que nadie en Castilla habla usado antes que él, 
exceptuando solo al de Villena, que no dejó here- 
deros'. 

En sus relaciones con D. Alvaro de Luna mostróse 
desde luego opuesto á él , aunque no con la enemistad 
y rencor que otros. En i 432 , y de resultas de la pri- 
sión de algunos de sus parientes y allegados , como el 
buen conde de Haro , el obispo de Falencia y sus pare- 
cíales , decretada por el Condestable, el Marqués se 
encerró en uno de sus castillos, y no salió de él hasta 
que se conceptuó seguro*. Desde aquel momento las re- 
laciones entre ambos personajes no debieron de ser muy 
amistosas , á pesar de que por una y otra parte se guar- 
daban las apariencias. Al año siguiente , en un gran 
torneo que se celebró en Madrid en presencia del Rey, 
y en el que el Marqués fué mantenedor de la justa , el 
Condestable salió de aventurero y rompió una lanza con 
él, después de lo cual se retiraron á cenar juntos*. 

Poca ó ninguna parte tomó el Marqués en las grandes 
alteraciones del Reino ocurridas en los años de 1 448 
y 1449; pero las medidas violentas decretadas por el 
Condestable, contra algunos de sus parientes más cer- 
canos, le obligaron á tomar una parte más activa contra 
aquel**, concluyendo por conspirar abiertamente en com- 
pañía de otros dos de los principales nobles del Reino. 
Al siguiente año el privado mismo cayó de su alto pues- 
to**, y murió en un cadalso, si bien el Marqués no pa- 



^ < Crónica de Don Joan el Según- do», año 1452, capitalos 4 y 5. 
do», año 1458, cap. 3 ; 1445, cap. 17 ; y 9 « Crónica de Don Juan el Segun- 

Salazar de Mendoxa, c Dignidades de do», año 1455, cap. 2. 
Castilla , » lib. ni, cap. 14. *^ Ibid., año 1449, cap. 2. 

* « Crónica de Don Juan el Según- ** Ibid., año 14K2, cap. 1 y sig. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIX. 391 

rece tomó mucha parte en el último acto de tan ex- 
traordinaria tragedia. 

ElRey, desesperado y atligido con la pérdida del hábil 
ministro en quien habia depositado toda su confianza, 
murió en 1545, y su sucesor Enrique IV se mostró más 
dispuesto aun á distinguir la gran familia de los Men- 
dozas. El Marqués , sin embargo, se hallaba á la sazón 
muy poco dispuesto á aprovecharse del favor del mo- 
narca. La muerte de su esposa, acaecida en 1455» y la 
romería que en dicha ocasión hizo á la ermita de nues- 
tra Señora de Guadalupe, dieron otra dirección á sus 
ideas, como lo prueban las poesías que compuso en aquel 
mismo año. En tal estado vivió por algún tiempo, pues 
aunque en cierta ocasión se unió á otros nobles de Cas- 
tilla para representar al Rey el estado de confusión y 
anarquía en que se hallaba su Reino, consta que desde 
la caida del Condestable, hasta su propia muerte, ocur- 
rida en 1458« el Marqués, abandonando la política, se 
entregó enteramente al estudio de las letras, y á otras 
ocupaciones análogas á su vida de retraimiento y sole- 
dad'*. 

Es muy notable, por cierto, que un caballero que por 
su nacimiento y elevada posición se halló tan mez- 
clado en los negocios del Estado en tiempos de desor- 
den y anarquía, hubiera tenido tiempo é inclinación 
para dedicarse con pasión al cultivo de las letras y de 

^* Los principales hechos en la mente flgnrar en dicha t Crónica», 

vida del marquf^s de Santillana se También en el cap. 4 de los « Claros 

hallaráo^ la «Crónica de D. Juan el varones », de Pulgar, hay un bosquejo 

Segundo!, como es consiguiente , muy animado de su persona y carác- 

atendido su alto rango y la conside- ter; y Sánchez (Poesías, 1. 1) nos ha 

ración de aue gozó. Desde el año dado una biografía copiosa , aunque 

UU en adelante le vemos continua- indigesta. 



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392 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

la poesía. Pero el marqués de SantillaDa , como él mis- 
mo se lo escribía aun amigo , y se lo decia al iofante 
D. Enrique, era de opinión que «la sciengia no em- 
»bota el hierro de la lan^ , ni baze floxa la espada en 
»la mano del caballero*'» , y por lo tanto se entregó li- 
bremente al cultivo de la poesía y otros cortesanos pa- 
satiempos, estimulado quizá por la idea de que de esa 
manera lograría mejor agradar al vacilante y capríchoso 
monarca á quien servia, ya que no atraerse al adusto 
privado que los gobernaba á todos. Un escritor, criado 
en la corte de que el Marqués formaba parte y adorno, 
ha dicho de él : « Tenia grand copia de libros^ e dábase 
»al estudio, especialmente de la fílosofía moral, e de 
» cosas peregrinase antiguas : e tenia siempre en su casa 
» doctores e maestros con quienes platicaba en las s(ien- 
» gias e lecturas que estudiaba : Fizo asimismo otros trac- 
»tadosen metros y en prosa, muy doctrinablespara pro- 
» vocar á virtudes, e refrenar vicios : y en estas cosas pasó 
»él lo más del tiempo de su retraimiento. Tenia grand 
>»fama e claro renombre en muchos reinos fuera de 
» España, pero reputaba muy mucho más la estimación 
»entre los sabios, que la fama entre los muchos*^. » 

Las obras del marqués de Santillana demuestran su- 
ficientemente en qué relación estuvo con su época, y 
qué objeto se propuso en sus escritos. Su posición so- 
cial fué tal que pudo fácilmente ver cumplidos sus de- 
seos y satisfecha su curiosidad literaria; pues los recur- 
sos del Reino estaban á su disposición , y pudo por lo 
tanto proporcionarse, no solo las poesías que andaban 

*> En U < Introdaccion á sus pro- <^ Pulgar, «Claros varones,» at 
verbios*, Ambéres, 1552,12.^ fol. i50. supra. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XtX. 393 

por el mundo, sino qae también llamar á su presencia 
á los poetas mismos. Nació en Asturias, donde su fami- 
lia tenia sus principales señoríos , y educóse en Castilla, 
de suerte que por un lado al menos pertenecía á la 
escuela verdaderamente indígena de poesía española ; 
pero al propio tiempo fué amigo íntimo del marqués 
de Yillena , jefe del Consistorio poético de Barcelona, 
quien, á fin de alentarle en sus estudios poéticos é in- 
troducir en Castilla*^ el gusto de la poesía provenzal, le 
escribió , en 1 433, su notable carta sobre el « arte de 
trovar». Ademas, vivió casi siempre en la corte de don 
Juan el Secundo, y fué allí el amigo y protector de los 
poetas; por cuyo medio, como también por su amor á la 
literatura extranjera, es natural se femiliarizase con las 
obras de los grandes escritores italianos que por aquel 
tiempo ejercían ya vdsta influencia en toda la península 
de Italia. No es pues de extrañar que sus obras todas 
pertenezcan más ó menos á una de aquellas dos escuelas 
de poesía, participando á la vez del gusto provenzal, tal 
cual se desarrolló en España, del italiano, que por pri- 
mera vez se daba á conocer en la Península, y del na- 
cional, que, aunque mezclado á veces con uno de los 
otros dos, es sin embargo el que más predomina en sus 
composiciones. 

De sus conocimientos en literatura provenzal halla- 
mos una prueba evidente en el prólogo á sus Prover- 
bios, compuestos cuando aun era joven, y en su carta 
al condestable de Portugal, escrita en el último período 
de su vida. En ambas composiciones califica de bien 
fundadas las reglas de dicha poesía , exponiéndolas y 

<8 Véanse las aoteriores noticias de Villena. 



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394 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

comentándolas á la manera de su amigo y pariente el 
marqués de Villena • y ademas habla siempre en térmi- 
nos honoríficos y con el mayor respeto*^ de Berguedan, 
de Pedro y Ansias March, y de otros insignes poetas par- 
tidarios de dicha escuela ; sin contar que también com* 
puso en honor de su contemporáneo, Mossen Jordi, un 
poema bastante lai^o y de no escaso mériío, en que le 
tributa cuantos elogios y alabanzas pueden dirigirse al 
más ilustre trovador *\ 

Ademas de lo dicho , podríamos citar muchas obras 
del Marqués, en que conocida y directamente imitó á 
Petrarca. La más linda , con mucho , de todas sus com- 
posiciones poéticas, y la que puede competir en gracia 
y sencillez con cualquiera canción ó poesía del mismo 
género, antigua ó moderna, es enteramente del gusto 
provenzal. Llámase Serranilla, y está compuesta á una 
muchacha que el Marqués, durante una de sus expe- 
diciones militares, halló apacentando los ganados de 
su padre por las cañadas de una sierra. Entre los poetas 
provenzales de la última época se hallan á menudo can- 
ciones con el nombre de «Pastoretas y Yaqueiras», una 
de las cuales, compuesta por Giraud Riquier , autor de 
los versos á la muerte de D. Alfonso el Sabio^ pudiera 
muy bien haber servido al Marqués de modelo para la 
suya : tanta y tan grande es la semejanza entre ambas. 
Pero ninguno de ellos, ya provenzal, ya español, es* 
cribió nada parecido á esta Serranilla del soldado, que 
á su natural dulzura y sencillez primitiva reúne tal 

*^ En la « Inlrodaccion á sus pro- '^ Hállase en la edición principe 

▼erbios *, el Marqués se jacta de co- del « Cancionero general » , cono 

nocer á fondo las reglas de la versi- también en la «Floresta de Bohl de 

ficacion provenzal. Faber», núm. 87. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIX. 395 

gracia y encanto en sus movimientos, que no quedan en 
ella señales de servi limitación , sino que, al contrario, 
puede y debe ser mirada como un modelo de antigua 
canción castellana , intraducibie á ninguna otra lengua, 
y casi inimitable en la propia **. 

No son menos frecuentes sus imitaciones de la poesía 
italiana. Ademas de encomiar al Dante, Petrarca y Bo- 
caccio*% imita la apertura del Inferno en un extenso 
poema á la muerte del marqués de Villena*^ al paso que 
en la coronación de Jordi manifiesta más de una vez 
no haber sido del todo insensible á las bellezas de ala- 
gunes pasajes del Purgatorio^*. Tuvo ademas el Mar- 
qués el mérito, si puede llamarse tal, de haber intro- 
ducido en la poesía castellana la forma puramente 
italiana del soneto ; pues con las varias maestras de este 
que se conservan entre sus obras empieza la larguísi- 
ma serie de ellos, que desde los tiempos de Boscan hasta 
nuestros dias forma una parte muy considerable de la 



*^ Las ierranoi del areipreste de 
Hita han sido ya examinadas a! tratar 
de sos obras ; las seis que compuso 
el Marqués se acercan aun más al 
modelo provenzal, y son de mayor 
mérito poético. Acerca de su forma 
y estructura, véase lo que dice Diez, 
cTroubadours,» p. HA. La que cita- 
mos en el texto es tan bella , que no 
podemos resistir á la tentación de 
copiar algunos trozos, y compararlos 
con la de Riquier. 



Moia tan fermosa 
Non tí en It ft'ontera 
Como ana vaquera 
De la Flnofosa. 

En UB verde prado 
De rosas e flores 



Gnardando ganado , 
Con otros pastores , 
La vi tan fermosa , 

8ue apenas creyera 
ae fuese vaqnera 
De la Finofosa. 



( Sancbes, «Poesías anteriores,» 

t. I, p.XLlll.) 

La de Riquier empieza de este modo : 



Gaya pastorelha 
Trobey l'antre dia 
En una ribeira , 
Qhc per caut la belha 
Sos anhels tenia 
Desotz un ombreira ; 
Un capelh fazia 
De flors e seria , 
Sus en la fresqneira, etc. 

(Raynooard, «Troubadours,'* 
t. III» p. 470.) 

Ninguno de los poetas provenza-- 
les , que yo sepa , escribió tan liú- 
das pastoreías como Riquier ; y por 
lo tanto no pudo el Marqués escoger 
mejor modelo. 

*^ Véase su carta al condestable de 
Portugal. 

*® « Cancionero general » , i573 , 
fol. 54. Escribióla después del año 
i434, en que murió el de Villena. 

*f Faber, « Floresta » ut supra. 



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396 HISIVRIA DE LA LITERATURA ESPAllOLA. 

literatura poética española. Diez y siete sonetos del 
Marqués han viisto la luz pública , los cuales él mismo 
confiesa fueron escritos á la manera italiana y á imita- 
ción de los de Cavalcanto,^, Guido d'Ascoli, Dante, y 
principalmente de Petrarca : confesión ingenua, aunque 
innecesaria para todos aquellos que los han leido, puesto 
que son evidentes su conato y esfuerzos por imitar á los 
poetas que tomó por modelo , y sobre todo al último y 
más ilustre de ellos. Por lo demás, los sonetos del mar- 
qués de Santillana no tienen otro mérito que el de una 
versificación muy esmerada , y así fueron pronto olvi- 
dados**. 

Sus obras principales están, sin embargo, escritas se- 
gún el gusto que entonces dominaba en la corte : la 
mayor parte son en verso , y tan llenas de conceptos y 
de afectación escolástica , que valen muy poco ó nada **; 
como un poema corto á la Reina , varias preguntas á 
manera de adivinanzas , y algunas composiciones de- 
votas. Dos ó tres tan solo son de alguna importancia : 
una, intitulada la Querella de amor, alusiva probable- 
mente á la historia de Macías , está escrita con mucha 
soltura y notable suavidad, y es muy interesante por 
cuanto contiene algunos versos en gallego; lo cual, unido 
á su carta al condestable de Portugal , prueba que el 

** SaDcbez, « Poesías anteriores, una carta del Marqués, con fecha del 

etc.,» 1. 1, pp. 20, 21 , 40; Quintana , 4 de mayo de ÍÁU, dirigida á doña 

c Poesías castellanas ,» Madrid , 1807, Violante de Pradas , y publicada por 

t.i,p. 13. Mucho se ha disputado Ochoa en sus «Rimas inéditas de don 

acerca de la introducción del soneto Iñigo López de Mendoza », en la cual 

en la poesía castellana, habiendo tra- carta el Marqués dice terminante- 

tado la cuestión Argote de Molina , mente que imitó á los poetas italia- 

« Discurso de la Poesía, » al í)n del nos. 

Conde Lucanor (1»75, fol. 97), y Her- « Hállanse en el « Cancionero ge- 

rera en sus «Notes á Garcilaso» neral de 1575*, fol. 24, 27,37,i0 y 

(Sevilla, 1580, p. 75) ; pero toda duda 234. 
se desTanece ante el testimonio de 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIX. 397 

Marqués se ocupaba de vez en cuando de aquel antiguo 
dialecto, en que se encuentran los primeros destellos de 
la literatura española*^. Otra de sus obras es el poema in- 
titulado Las edades del mundo^^^ que viene á ser un com- 
pendio de historia universal, desde la creación hasta los 
tiempos de D. Juan el Segundo, terminando con una es- 
trofa en alabanza de dicho monarca. Escribióse en 1 426, 
y consta de trescientas treinta y dos coplas de redon- 
dillas dobles, pesadas y prosaicas hasta el extremo. La 
tercera es un poema moral, puesto en forma de diálogo, 
entre Bias y la Fortuna , en que se declara la doctrina 
profesada por los estoicos acerca de la vanidad de todo 
bien mundano; tiene ciento y ochenta y ocho coplas de 
verso corto español , y fué escrito para consuelo de un 
primo suyo muy querido, de la familia de los Toledos, 
cuya prisión, decretada por el Condestable en 4 448, 
produjo serias alteraciones en Castilla, y fué por lUtimo 
causa de que el Marqués rompiera con aquel poderoso 
privado*". La cuarta trata de la caida y muerte del 
Condestable, en 4 453 : contiene cincuenta y ocho coplas 
de redondillas dobles, y refiere la confesión que se su- 
pone hecha por aquel en el patíbulo , parte á su con- 
fesor y parte á la multitud que presenciaba su desgra- 
cia *\ En estos dos últimos poemas, y principalmente en 
el diálogo entre Bias y la Fortuna, se hallan á menudo 



** Sánchez, « Poesías,» 1. 1, pági- de Santa Marfa, de quien hablaremos 

ñas 143-7. mas adelante. 

** Este es el título (lue le poso ^ Bohl de Faber, « Floresta,» 
Ochoa, quien lo imprimió por la pri- núm.743; Sánchez, 1. 1, p. xli; Pul- 
mera Tez entre las « Rimas inéditas gar , « Claros varones , > edic. i775, 
del Marqués» (pp. 97-ÜO); aunque p. 224; «Crónica de Don Juan II», 
Amador de los Ríos , en sus « Estu- año 1448, cap. 4. 
dios sobre los judíos de España», *^ « Cancionero general », i573, 
alega razones para atribuirlo a Pablo fol. 37. 



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398 HISTORIA DK LA LITERATURA ESPAtOLA. 

irózos escritos con soltara y vigor , y en estilo terso y 
agudo, al par que gracioso**. 

Pero la más importante de todas las obras poéticas 
del Marqués es sin duda alguna su Comedieta de Ponza^ 
la cual se acerca bastante á las formas del drama , y 
está fundada en la historia de un gran combate navaU 
habido cerca de la isla de Ponza* en \ 435, y en el que 
los reyes de Aragón y Navarra, y el infante B. Enrique 
de Castilla, con otros muchos nobles y caballeros de 
sus respectivos reinos, fueron hechos prisioneros por los 
genoveses : jornada desastrosa, y de te cual se han ocu- 
pado largamente las crónicas españolas ^. El poema, 
escrito inmediatamente después de la catástrofe que en 
él se refiere, está intitulado Comedia , porque su desen- 
lace es feliz, citándose á Dante como autoridad en el 
uso de dicha voz'^. Pero en realidad, no es otra cosa 
que un sueño ó visión ; y ademas, la imitación de uno 
de los pasajes del Inferno^ que se encuentra al principio, 
no nos deja duda alguna en cuanto á la idea que su 
autor tuvo al escribirlo''. Las reinas de Aragón y Navar- 
ra , y la infanta D.' Catalina , como más interesadas en 
aquel desgraciado suceso, son los principales interlo- 



** Otras dos ó tres composiciones bargo, son cortas y de escaso mérito, 
del Marqués se bailan entre las po- '> < Crónica de Don Juan II», año 
blicadas por Ochoa , como son la 1435, cap. 9. 
«PreganU de Nobles», especie de ^ En la cartóá D." Violante dice 
canto moral en que el autor se la- que « la empezó inmediatamente des- 
menta de no poder ver y tratar á los >pues de acaecida aquella batalla na- 
grandes bombres de todos los tiem- »val >. 

Bos y paises : los c Doce trabajos de 'i Aludiendo á un diálogo que oyó 

¡érenles », alguna vezconfundida con acerca de la batalla, el Marques dice, 

la obra en prosa aue á dicho asunto á la manera del Dante y empleando 

escribió el marques de Villcna ; y por casi sus mismas palabras : 

último el « InGerno de los enamora- «Tan paoroso , 

dos », que imitó más tarde Garci San- Que solo en pensarlo me vence piedad.* 
cbez de Badajoz. Todas tres, sin em- 



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pRnnmA época. — capítulo xix. 399 

cu lores. También Bocaccio aparece, sin más razón que 
la de haber escrito el tratado de Caida de Principes^ 
y después de escuchar los elogios que las tres princesas 
y el mismo marqués de Santiüana le dirigen por turnea 
como^utor de tal libro, contesta con la mayor soiem* 
nidad y compostura en idioma italiano. La reina doña 
I^eonor le cuenta en seguida las glorías y grandezas de 
su casa, acompañando sus relatos de malos agtieros para 
el porvenir ; y apenas ha terminado su relación, cuando 
viene una carta anunciando la catástrofe ocurrida en 
Ponza y el cumplimiento de su profecía. La Reina ma* 
dre« al oir las nuevas contenidas en la carta, cae al suelo 
desmayada : la Fortuna, en fígura de mujer, magnífi- 
camente vestida y ataviada, consuela á todos, primero 
con el recuerdo de las pasadas glorías , y la promesa 
de otras aun mayores para lo venidero, y últimamente 
con presentar á las desconsoladas princesas los prín- 
cipes cuya ausencia y cautiverio les habia causado tanto 
dolor y aflicción. 

Así termina la Camedieta, que se compone de ciento y 
veinte coplas, parecidas á las antiguas octavas italianas, 
y tales cuales las usó Bocaccio en su Filoslrato. La obra, 
en su mayor parte, está escrita con soltura, aunque 
con cierto aparato de erudición indigesta y de muy mal 
gusto. Hay en ella un pasaje hábilmente tomado del 
séptimo canto del Inferno, y es el en que se describe á 
la Fortuna; y otro que es una agradable paráfrasis del 
Beatus Ule, de Horacio**. Es claro que el enredo y la parte 
escénica no pueden ser peores; y sin embargo, ala sa- 
zón en que aquella se escribió, y recitada, según es pro- 

^^ Para muestra del estilo de la « Gomedieta * pondré aquí la para- 



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400 HISTORIA Oe LA LITERATURA BSPAÍlOLA. 

bable, delante de alguaas de las personas que sufrieron 
en la catástrofe á que se refiere , debió ser considerada 
como una composición de mucho efecto , y como la re- 
presentación al vivo de un suceso muy grave en la his- 
toria de aquel tiempo. Bajo este punto de vista la Ce- 
medieta es muy importante. 

Esta^ sin embargo, no fué ni con mucho la obra más 
importante del Marqués, ni la que más popularidad al- 
canzó. Este honor se debe á una colección de prover- 
bios ó refranes hecha á petición del rey D. Juan el Se- 
gundo, para servir de aprovechamiento y educación al 
príncipe su hijo , que reinó después con el nombre de 
Enrique IV. Consta de cien coplas rimadas, cada una 
de las cuales encierra un proveii)io ó sentencia , razón 
por la cual es más conocida por el título de Centiloqtdo. 
Los proverbios, en su mayor parte, están sin duda to- 
mados de esa filosofía vulgar no escrita , en la que la 
España ha alcanzado mayor celebridad que ninguna 
otra nación de Europa ; si bien es cierto que en el plan 
general , y en algunos detalles el Marqués parece haber 
tomado bastante del rey Salomón y del Nuevo Testamen- 
to. Tales como son, los «Proverbios» merecieron gran- 
de aceptación del público, como lo prueban los muchos 
manuscritos que de ellos se conservan. Quizá debieron 

frasis, segan se halla en un códice , Nin las venideras do an nascimiento. 

mejor y más correcto, á mi entender, 

que el que disfrutó Ochoa : ^^"• 

jryw Benditos aquellos que siguen las fieras 

Con las «mesas redes y cane& ardidos , 

Benditos aquellos que con el acada Y saben las troxas y las delanteras , 

Sustentan sus vidas y viven contentos, Y Aeren de arcos en tiempos devidos. 

T de cuando en coando conosccn morada, C< estos por safla no son conmovidos , 

Y sufren plazientes las lluvias y vientos. ^in v>n> cobdicia los tiene subjetos ; 

Ca estos non temen los sus movimientos, Nin quieren tesoros, ni sienten defelos , 

Nin saben las cosas del tiempo pasado , Nin turba fortuna sus libres sentidos. 
Nin de las presentes se hacen cuidado. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITULO XIX. 401 

eo gran parte su popularidad á la circuustancia de ha- 
ber sido escritos para el heredero presunto de la co- 
rona. Impresos por la primera vez en 1496, pasaron 
al siguiente siglo por nueve ó diez ediciones distintas, 
recargadas con un erudito y voluminoso comentario del 
doctor Pero Diaz de Toledo". Considerados bajo el as- 
pecto poético, no tienen ningún valor, y tan solo pueden 
interesar por las circunstancias bajo que fueron com- 
puestos, y por ser la colección más antigua de prover- 
bios ó refranes vulgares hecha en los tiempos modernos. 
Hacia el último período de su vida la reputación li- 
teraria del Marqués creció considerablemente. Juan de 
Mena dice^ que las gentes venían de reinos extranjeros, 
expresamente para verle y hablarle; y el joven condes- 
table de Portugal, el mismo príncipe que más tarde 
tomó parte en las alteraciones de Cataluña y pretendió 
la corona de Aragón, le escribió pidiéndole formal- 
mente una copia de sus poesías, la que el Marqués le 



•* Hay otra colección de refranes 
distinta de esta, liecha por el Mar- 
qués, y publicada por Mayans en sus 
fOrígenes» (t.n,pp. i79ysig.}. No es- 
tán ni rimados ni glosados, sino sim- 
plemente puestos por orden alfabé- 
tico , y según los recogió su autor, 
tomándolos de «las yiejas tras el 
fuego ». En cuanto ¿ las varias edi- 
ciones del t Centiloquio », véase lo 
que dicen Méndez (Typog., p. i96), y 
Sancbex (t. i, p. 34). Para muestra de 
los proverbios copiaré aqui el décimo- 
séptimo, que dice asi : 

Si faeres gran eloqnente 

Bien será , 

Pero mas te converrá 

Ser prudente. 

Qne el prudente es obediente , 

Todavia 

A moral fllosorfa 

Obediente. 

T. I. 



El Marqués mismo glosó en prosa 
algunos de sus proverbios; pero ni 
aun estos se libertaron de las erudi- 
tas investigaciones del doctor Pero 
Diaz. El autor del c Diálogo de las 
lenguas» habla de la colección en 
términos poco favorables. (Mayans , 
t. u,p. 43.) 

• El mismo Pero Diaz, que comentó 
los «Proverbios» del Marqués, formó 
para el rey D. Juan el Segundo una 
colección de los de Séneca , que se 
imprimió en i482, y varias veces des- 
pués. (Méndez, Typog., i97y266.)Yo 
tengo entre mis libros la edición de 
Sevilla, 1500, folio (sesenta y seis bo- 
ias). Son en todo ciento y cincuenta, y 
la glosa en prosa conque están ilustra- 
dos , es de mejor gusto y más propia 
que la que puso á los del Marqués. 

^ En el prólogo á la « Coronación, 
Obras», Alcalá, iS66, S.», fol. 260. 



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402 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAHOU. 

remitió t juntamente con una caria sobre la Gaya cien- 
cia , para servirles de prólogo ó introducción , escrita 
hacia el año de 1 445 , y que contiene una noticia de 
los poetas españoles que le habian precedido ó vivían 
en su tiempo; carta que, á decir verdad, es el docu- 
mento más importante que tenemos sobre la antigua 
literatura española , y que contrasta visiblemente con 
la curiosa epístola que él mismo recibió del marqués de 
Yillena al propio asunto, probando cuan adelantado es- 
taba el de Santillana á su siglo, en crítica y en amor 
bien entendido á las letras"^. 

En efecto ; el Marqués fué bajo todos conceptos un 
hombre muy notable , gran conocedor de su época , y 
dotüdo de mucha resolución y firmeza , como lo prueba 
suficientemente su conducta desde que tuvo uso de ra? 
zon, el tono mismo de sus proverbios, la carta á su 
primo cuando estuvo preso, y su poema á la muerte de 
don Alvaro de Luna. Fué también poeta, aunque no de 
primer orden, hombre de varia y extensa lectura, en 
tiempo en que el leer no estaba muy de moda**, y crítico 
razonable , á la sazón que el buen juicio y el criterio 
apenas iban juntos. Y por último fué el fundador en 
España de una escuela italiana y cortesana , contraria 

SB Esta importante carta, que se-» cena, autor coetáneo y amigo suyo , 

fun Argote de Molina (Nobleza de el Marqués dice, hablando de si mis- 
ndalucla, i588, fol. 335) era una mo : «Me veo defetuoso en letras la- 
especie de introducción al « Cancio- »tioa8 v ; y después añade « que el 
ñero » del Marqués, se baila ilustrada «obispo de Burgos y Juan de Mena 
con eruditas anotaciones, en el tomo vhubieran discutido en latín , en lu- 
primero de la colección de Sánchez, «sar de emplear el castellano, á haber 
£1 condestable de Portugal, á quien >el sido perito en dicha lengua». Sin 
está diríffida, murió en i406. embargo, si hemos de juzgar por sus 
*^ No Te llamo erudito porque no obras, ^ue por lo común están llenas 
sabia latín, como otros escritores de de alusiones á escritores latinos de 
su siglo; y si lo sabia, era muy imper la antigüedad, y alguna ?ez que otra 
rectamente. En el curioso tratado de de imitaciones de sus escritos, el 
«Viu Beata v, escrito por Juan de Lu- Blarqués podia leer los clásicos. 



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PMMBRA ÉPOCA. — CAPITULO XIX. 403 

y opnesta en un principio al espíritu nacional , pero que 
hubo de cederte definitivamente el puesto, á pesar de 
que ejerció por largo tiempo considerable influencia , y 
contribuyó eficazmente á echar en el siglo xvi los ci- 
mientos de la literatura española propiamente dicha. 

Vivia, sin embaigo, en el reinado de D. Juan el Se- 
gundo y en su corle, otro poeta, cuya influencia fué 
menos sentida en su tiempo que la de su patrono el 
marqués de Villena , pero que posteriormenle ha sido 
más veces nombrado y recordado , á saber, Juan de 
Mena , denominado por algunos aunque impropiamente 
el Enq^; español. 

Náíió Juan de Mena en Córdoba, hacia el año 
d^fll 1 , de padres honrados , aunque pertenecientes 
gestado llano; y habiendo quedado huérfano en su 
mocedad , se dedicó voluntariamente y de su propia in- 
clinación al estudio de las letras, cursando primero en 
Salamanca y después en Roma, donde completó su 
educación. De vuelta á su patria fué nombrado caba* 
Uero veinticuatro de Córdoba , y poco después le vemos 
en la corte viviendo en grande intimidad con los más 
poderosos señores, en su cualidad de poeta, y desem- 
peñando ademas los cargos de secretario de cartas lati- 
nas, y cronista del rey D. Juan el Segundo'^; empleos 
que le pusieron naturalmente en contacto y en relación 
directa con el Rey y el Condestable, y á los que debemos 
por casualidad algunas revelaciones curiosas é impor- 

'7 Las principales noticias para la manca, Í5SES, folio.) En caanto al lu- 

vida de Juan de Mena se hallarán en gar de su nacimiento, no queda duda 

el «Epicedio», que Valerio Francisco ninguna; él mismo lo dice en sus 

Romero compuso á la muerte del co- « Trescientas », copla i24, de una nuH 

mendador Hernán Nuñez, y anda im- ñera que le hace honor, 
preso al linde sus refranes. (Sala- 



\ 

I 



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404 HISTORIA DB LA LITERATURA BSPAÍlOLA. 

tantes para la historia. Por ejemplo : si hemos de creer 
el testimonio de un autor, del cual hablaremos más ade- 
lante, el Rey deseaba mucho ser bien tratado en la histo- 
ria, para lo cual mandaba á su médico y confidente, que 
de vez en cuando instruyese al cronista y le dijese de 
qué manera debia tratar tal y tal punto. En una carta, en 
efecto, le dice este con la mayor formalidad : «El Rey es 
codicioso de loa, como de meterse en arduos fechos" , » 
y pasa en seguida á hacerle relación de ciertos sucesos, 
de la manera que habrán de contarse « tratándose nada 
menos que de la negativa del conde de Castro á obedecer 
las órdenes del Rey. En otra se le dice : « El Rey, que de 
vos espera mucha gloria, me manda que os narre, etc.», 
y sigue la relación de los hechos según el Rey quería 
que se consignasen en su historia**. Pero aunque Juan 
de Mena se ocupó en escribir dicha obra hasta el ano 
de 1445, y que según todas las apariencias fué muy 
protegido por el Rey y por el Condestable, no hay mo- 
tivos para suponer que todo ó parte de lo que escríbió 
se halle embebido en la Crónica de Don Juan el Segun- 
do, según salió de su pluma. 

El cronista, sin embargo, que parece haber sido 
dotado de genio y carácter á propósito para medrar en 
la corte, nos ha dejado pruebas bastantes de los me- 
dios que empleó para hacerse lugar y. ganar el favor del 
monarca. Fué una especie de poeta, laureado, sin titu- 
lo, que escríbia versos á la batalla de Olmedo en i 445, 
á la reconciliación del Rey con su hijo en 1446, á los 
sucesos de Peñafiel en 1449, á la herida que el Con- 
destable recibió en Palencia en 1452; en todas las 

** Cibdareal, epist. xlvii. >* Citxlareal, epfst. lxix. 



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PRlUBRA ÉPeCA. CAPITULO XIX. 405 

cuales obras • así como eu otros poemas de mayor di- 
meosioD, maoifiesta siempre gran devoción y respeto á 
los grandes poderes del Estado^. 

También en Portugal logró Juan de Mena Éavor y Jt¿, 

protección. El infante D. Pedro , poeta de bastante nom- 
bradía, y que anduvo, según la vulgar tradición, las 
siete partidas del mundo, le conoció en España, y á 
su vuelta á Lisboa le dirigió unos pocos versos, algo 
mejores por cierto que los que este le envió en respues- 
ta , imitando ademas con bastante buen éxito su Labe- 
rifUo , en un poema castellano de ciento y veinte y cinco 
octavas ^^ Con tales hábitos y relaciones, dotado de un 
ingenio fácil y agudo, de humor festivo y modales cor- 
tesanos que hacian su trato agradable á todos ^*, Juan 
de Mena parece haber vivido contento y satisfecho, en 
medio de los partidos que se disputaban el poder ^, 
hasta su muerte, acaecida súbitamente en 4 45G, de re- 
sultas de una caida de su muía. El marqués de Santillana, 
su constante amigo y protector , le compuso un epitafio 
y erigió un monumento á su memoria , que se ve aun 
hoy dia en Torrelaguna ^\ 

^ Sus versos á la batalla de Olmedo D. Pedro es, según creo, el mismo á 
se hallan en Castro ( Bib. esp. , t. i, quien alude Cervantes (Don Quijote, 
p. 331); y los que escribió á la herida parte w , cap. 23 ) diciendo que an- 
del Condestable , en la « Crónica de duvo las siete partidas , á pesar de 
Don Alvaro, v (Edic. de Milán , 1346, que ni Pellicer ni Clemencin aclaran 
fol. 60, vuelto. ) la especie. 

^* Los versos aqui citados con este ^* Véase el « Diálogo de Juan de 

titulo : ff Do Infante Dom Pedro, Fylbo Lucena», en que Juan de Mena es uno 

«del Rey Dom Joam, em loor de Joam de los principales interlocutores. 

»de Mena,» la respuesta de Juan de ^^ Mantúvose siempre en términos 

Mena, una corta réplica del Infante , de amistad y buena correspondencia 

y una ^nida ó remate, se hallan en el con el Rey» los infantes , el Condes- 

t Cancionero de Resende ». (Lisboa, table, el marqués de Santillana, y 

i516, fol. 72.) Véase también á Be- otros. 

Hermán (De la antigua literatura por- ^ Ponz, c Viaje de España ,» t. xii , 

tuguesa, Berlín, 1840, pp. 27, 64), y á p. 38; Clemencin» noUs al «Quijote», 

Méndez (Typog., p. 137). Este infante parte ii, cap. 44, t. v, p. 379. 



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406 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAl^OLA. 

Las obras de Juan de Mena gozaron evidentemente 
de los primeros favores del Rey y de su corte, desde el 
momento mismo que salieron á luz^. Aun contaba el 
poeta muy pocos años, y ya sus producciones eran ge- 
neralmente aplaudidas en palacio , si hemos de dar fe 
á las sencillas, al par que ingeniosas cartas atribuidas 
al médico de cámara del rey D. Juan el Segundo. Hay 
más : las colecciones de poesías hechas por Baena y 
Stuñiga , para divertimiento y solaz de aquel monarca, 
hacia el año 4 450 , son una prueba fehaciente de que 
su favor en la corte no fué adquirido á fuerza de años, 
puesto que cuantos versos suyos pudieron hallarse, otros 
tantos fueron incluidos en ambas. Pero aunque dicha 
circunstancia , así como la de haber sus poesías apare- 
cido antes de terminado aquel siglo , en dos ó tres co- 
lecciones , las más antiguas que salieron de la prensa 
española, no dejan duda alguna en cuanto al favor de 
que gozaron en la corte , puede razonablemente du- 
darse de que tuviesen un éxito verdaderamente popular. 

Dos ó tres de sus poesías sueltas, como los versos 
dirigidos á su dama , diciéndole cuan temible es en todas 
cosas, y oirás á un macho que compró de un fraile, es- 
tán escritas de modo que pasarían por divertidas en 
cualquier parte^; mas la generalidad de sus poesías 
sueltas , de las cuales como unas veinte se encuentran 
esparcidas en libros raros ^\ pertenecen más bien al es- 

^ Cibdareal, epist. zx. Doce de las ^ La vdtima, que do carece de 
ciento y cinco cartas, de oue^ com- cierta gracia , se halla dos veces ci- 
pone el epistolario del célebre físico tada en el tEpistolario» de Cibdareal, 
de D. Juan el Segundo, están dirlgi- j parece haber merecido la aproba- 
das á Juan de Mena ; lo cuaÚ dado clon del Rey y de la corte. (Véanse 
caso que dichas cartas sean auténti- las epístolas xxxiii y xxxvi.) 
cas , prueba basu aué punto gozaba ^^ Las poesías sueltas de Juan de 
el poeta del favor ae la corte. Mena están por lo común en los au- 



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PRIMBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIIC. 407 

tilo cortesano de la sociedad en que él vivía; y estan- 
do; como están, llenas de conceptos y alusiones os- 
curas y escritas ademas con notable afectación , solo 
pudieron ser apreciadas de las personas á quienes iban 
dirigidas, ó del estrecho círculo de sus amigos y co- 
nocidos. 

Su poema de los Siete pecados mortales, compuesto 
de unos ochocientos versos cortos, divididos en redon- 
dillas dobles, es obra de mayores pretensiones ; si bien 
no es otra cosa que una fábula alegórica, llena de pe- 
dantería y de sutilezas metafísicas á propósito de una 
guerra entre la Razón y la Voluntad. A pesar de su ex- 
tensión, Juan de Mena la dejó sin concluir; y un fraile, 
llamado Jerónimo de Olivares, le añadió cuatrocientos 
versos más, á fin de llevar la discusión al punto en que 
él creyó debia concluir. Ambas á dos son tan fastidio- 
sas y cansadas como podia hacerlas la teología de aquel 
tiempo. 

Algo mejor es su Coronación, la cual consta de unos 
quinientos versos , arreglados en quintillas dobles. El 
título de la obra está en armonía con su asunto, á saber : 
el viaje imaginario de Juan de Mena al monte Parnaso, 
para presenciar la coronación del marqués de Santi- 
llana , como poeta y como héroe , por las Musas y las 
Virtudes. Es pues , en rigor , un poema en honor y ala- 
banza de su esclarecido protector, y como tal es bas- 
tante extraño que lo escribiese en estilo lijero y satl- 



tfgnos Cancioneros generales ; otras nación » forman dos tratados separa- 
se encuentran en las varias edicio- dos, con distinta portada , foliatura y 
nes de sus obras. Por ejemplo, en colophon aparte, cada una de aque- 
ta muy apreciable de Valladolid,i536, lias está seguida de poesías sueltas 
' en que ns «Trescientas » y la «Coro- del autor. 



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408 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

rico. Al principio , como en otras partes , parece una 
imitación servil de la Divina Comedia ^ pues empieza, 
como esta , refiriendo que el autor vaga extraviado por 
una oscura selva ; pasa después á las regiones de la mi^ 
seria , en donde ve y presencia el castigo que se da á 
los muertos ; visita también la morada de los bienaven- 
turados, y reconoce á los héroes de los siglos pasados; 
por último llega al monte Parnaso, donde asiste á una 
especie de apoteosis de los poetas, objetos de su reve- 
rencia y admiración , que aun vivían en su tiempo. La 
versiñcacíon es fácil y algunos trozos divertidos; pero 
la indigesta erudición de que está saturado el poema 
lo hace árido y fastidioso : los mejores trozos son los 
meramente descriptivos. 

Pero si Juan de Mena tuvo intención de imitar al 
Dante en su Coronación, no cabe duda sino que en la 
principal y más larga de todas sus obras, que es el Lü" 
berinto , no solo se propuso tomar á aquel célebre poeta 
por modelo , sino que le imitó completamente. Dicho 
poema , que empezó muy joven y que dejó sin concluir 
al tiempo de su muerte repentina , á pesar de que se 
ocupó mucho en él , se compone de un^^ dos mil y 
quinientos versos, repartidos en coj^{ Compuestas cada 
una de dos redondillas ,«j^^^metro llamado entonces 
«versos de arle máy&r» , por suponerse que su compo-. 
sS!^on requería mayor ciencia y arte que la de los ver- 
sos cortos usados antiguamente. Intitúlase el Laberinto^ y 
también las Trescientas, por ser este el número de las 
coplas de que Juan de Mena quiso que constase : su 
asunto se reduce á mostrar» por visión y alegoría, todo 
lo relativo á los deberes y destino del hombre; y las re- 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPtTULO XIX. 409 

glas que el autor siguió eu su composición no son otras 
que las propuestas por Dante, en su tratado De mdgari 
eloquentia, y puestas eo práctica en su Divina Commedia. 

Después de la dedicatoria al rey D. Juan el Segun- 
do , invocación á las Musas y otras cosas , el poema em- 
pieza, como el -del Dante, con la traslación del autor á 
un gran desierto. Allí encuentra á la Providencia, que 
se le aparece en forma de una hermosa doncella, y 
ofrece conducirle por un camino seguro, y librarle de 
los peligros que le rodean, prometiendo explicarle al 
propio tiempo los grandes misterios de la vida «en 
quanto puede ser apalpado de humano intellecto » . La 
doncella cumple la promesa, guiando al autor hacia un 
sitio desde el cual se ven el «spherico centro y las cinco 
zonas» , y por consiguiente todos los reinos y naciones 
de la tierra. Desde allí le enseña tres grandes ruedas 
místicas, las ruedas del destino : dos, que representan lo 
pasado y lo futuro, «firmes, inmotas y quedas» , y la 
tercera, que representa lo presente, en continuo movi- 
miento. Cada una de estas ruedas comprende su parte 
alícuota del género humano, y está toda tejida de « or- 
bes setenes » , que son los planetas que influyen y go- 
biernan los destinos.de los hombres ; explicando la Pro- 
videncia al autor los caracteres y condiciones de los más 
ilustres y distinguidos, á medida que sus sombras se van 
ofreciendo á su vista en aquellos misteriosos círculos. 

Desde este punto, pues, en adelante, el poema se con- 
vierte en una galería confusa de retratos mitológicos é 
históricos, colocados, como en el Paraíso del Dante, por 
el orden de los siete planetas ** . Generalmente tienen poco 

^ El autor del « Diálogo de las kioguas » ( Mayans y Sisear , Orige- 



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410 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

mérito, y algunos de ellos están tan lijeramenle bosque- 
jados, y con expresiones tan ambiguas y oscuras, que 
no es fácil reconocerlos : los mejores son aquellos que 
representan á poetas coetáneos ó paisanos del autor, 
delineados unos con lisonja cortesana, como los del R^ 
' y del Condestable ; otros con mas verdad , como los del 
marqués de VíUena , D. Juan de Merlo y el joven Da- 
vales, cuya muerte prematura se refiere en una copla 
escrita con mucho vigor y ternura **. 

El suceso que cuenta con más detalles es la muerte 
de D. Enrique de Guzman , conde de Niebla , quien du- 
rante el sitio de Gibraltar, en 1436, perdióla vida por 
salvar la de un criado : la barca en que él y su gente 
iban, siendo demasiado pequeña para admitir tanta gen- 
te como á ella se agolpó, fué volcada por un golpe 
de mar, y todos perecieron juntos. Suceso tan desas- 
troso, acaecido en la persona de uno de los más nobles 
y más considerados magnates del Reino , junto con el 
heroismo y decisión del Conde, ocupado á la sazón en 



nes, t. n, p. i48) se qugaba, hace más 
de tres siglos, de los muchos pasajes 
oscuros aae se hallan en las ooras de 
Juan de Mena ; defecto que ponen de 
manifiesto á cada paso los eruditos 
cuanto prolijos comentarios de dos 
de sus mas antiguos y sabios intér- 
pretes. 

*^ Aunque Juan de Mena no fué un 
autor muy popular, ha sido siem- 
pre muy considerado por los escri- 
tores de su nación. Va durante su 
vida se incluyeron algunas de sus 
poesías en el «Cancionero de Baena», 
é Inmediatamente después de su 
muerte, en la «Crónica de Don Alvaro 
de Luna». También se hallan algunas 
en una colección, impresa en Za- 
ragoza, en i482, ¿ que ya aludimos 
en otro lugar; asi como en otra 



colección impresa bácla el mismo 
tiempo, aunque sin fecha. Hállanse 
asimismo en los antiguos « Cancio- 
neros generales » y en varias edicio- 
nes de sus obras, desde el año i496 
hasta nuestros dias. Y ademas el eru- 
dito comendador, Hernán Nu5ez de 
Guzman, publicó en 1409 una glosa á 
las « Trescientas» y otra á las « Cin- 
cuenta)», ó sea la «Coronación»; y más 
tarde, enlS^, otro escritor, aun más 
docto y erudito que el anterior, 
Francisco Sánchez de las Brozas, co- 
munmente llamado el Brócense, pu- 
blicó unas nuevas anotaciones á to- 
das sus obras : de suerte que casi 
todas las ediciones de Juan de Mena 
van acompañadas de uno ú otro co- 
mentario. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XIX. 411 

hacer denodadamente la guerra á los moros, produjo 
un llanto universal en Castilla , y se halla consignado 
en todas las crónicas de aquel tiempo. Juan de Mena 
lo introduce en sus Trescientas de la manera siguiento'*: 

CLX. 

Aquel que en la barca parece sentado, 
vestido, en engaño de las bravas ondas, 
en aguas crueles, ya mas que no hondas, 
con mucha gente en la mar anegado, 
es el valiente, no bien fortunado, 
muy virtuoso, perínclito conde, 
de Niebla , que todos sabéis bien adonde 
dio fin al día del curso hadado. 

CLXl. 

Y los que lo cercan por el derredor, 
puesto que fuessen magnifícos hombres, 
los títulos todos de todos sus nombres , 
el nombre le cubre de aquel su señor ; 
que todos los hechos que son de valor 
para se mostrar por si cada uno , 
quando se juntan y van de consuno, 
pierden el nombre delante el mayor. 

CLXIl. 

Arlanza, Pisuerga y aun Carrion 
gozan de nombre de rios ; empero 
después de juntados llamamoslos Duero ; 
hacemos de muchos una relación. 

Es muy poco , sin embargo , lo que se encuentra en 
las obras de Juan de Mena, parecido al trozo que aca- 
bamos de citar, el cual, ya que no tenga otro mérito, 
tiene el de estar libre de la pedantería y conceptismo 
que en general afean y desfiguran las más de sus obras. 

Tal cual es , el Laberinto obtuvo la admiración de la 

M cGrónica de Don Juan el Segundo», año i436, cap. 3. 



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412 HISTORIA OE LA LITBRATURA ESPAllOLA. 

cortCt y sobre todo la del rey D. Juan el Segundo, quien, 
si hemos de creer el testimonio de su médico, le lleva* 
ba siempre consigo. « La muy poiida é erudita obra de 
» vuestra merced (escribía este á Juan de Mena), que lleva 
o por nombre La segunda orden de Mercurio, ha placido 
»asaz al Rey, que por deporte la leva á los caminos é 
»á las cazas '^. » En otra ocasión le escribe : «El fíni- 
«miento del tercer círculo le plugo al Rey mucho, é yo 
» lo he leido una vez á su señoría, é su Alteza lo ha en 
» su tabla, á par del libro de sus oraciones, é lo toma é lo 
» dexa asaz muchas vezes"*. » El poema todo fué someti- 
do, según parece, trozo por trozo y á medida que se fíié 
componiendo , á la sanción del Rey , el cual hizo en él 
varias correcciones, y una, por lo menos, que aun sub- 
siste sin alteración". También aconsejó este al poeta, 
que le añadiese sesenta y cinco coplas más, para que 
igualase con los dias del año ; y por lo tanto las veinte 
y cuatro que en algunas impresiones van añadidas al 
fin del poema, son, según algunos, obra de Juan ^e 
Mena , y escritas en cumplimiento de las órdenes de su 
soberano. Sea de esto loque fuere, nadie desea hoy 
dia que el poema sea más largo de lo que es^. 

^* «Cibdareal >, epíst. xx. que las compuso después de muerlo 

** Ibid.y epist. xLix. el rey D. Juan el Sesundo , pues su 

^ Ibid., episl. XX. contexto do es oada lisonjero i este 

^^ Imprimáronse aparte en el monarca. Por este motiTo nos Incli- 

«Cancionero general de 4573 * ; pero namos á creer que las veinte v cua- 

no se hallan en la edición de las obras tro coplas adicionales do son obra de 

de Juan de Mena hecha en 4566, ni Juan de Mena, ouien al elogiar al Rey 

ÍViéron tampoco glosadas por el co- y ai Condestable no podía menos de 

mendador Hernán Nuikez, lo cual nos desear que elogios tan prodigados 

hace dudar sí fueron 6 no escritas durasen basta después de la muerte 

por aquel. Sí le fueron, es eTídenie de ambos. 



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CAPITULO XX. 



Progresos de la literatara castellana. — Poetas del tiempo de D. Juan II.— 
Villasandino. — Francisco Imperial. — Baena. — Rodrigaez del Padrón.— 
Escritores en prosa. — Cibdareal y Peman Pérez de GuEman. 



Consideradas bajo cierto punto de vista, las obras 
todas de Juan de Mena son de bastante importancia, en 
cuanto marcan el progreso y desarrollo de la lengua 
castellana, la que adelantó más en sus manos de lo que 
había adelantado en un largo período anterior. Cerca 
de dos siglos habian trascurrido desde los tiempos de 
Don Alfonso el Sabio, y poco se habia hecho para en- 
riquecer , nada para elevar y purificar un idioma na- 
turalmente rico y armonioso, y que circunstancias polí- 
ticas habian generalizado en gran parte de la España. 
El estilo grave y mesurado de las Partidas y de la Cró- 
nica general no habia tenido imitadores , al par que la 
dicción más lijera del Conde Lucanor tampoco dejó es- 
cuela ; porque no era de esperar que en tiempos de 
trastornos y revueltas, como lo fueron los del rey D. Pe- 
dro el Cruel y sus tres inmediatos sucesores, tuvieran los 
españoles tiempo y humor para ocuparse de otras cosas 
que no fueran su seguridad personal y su propio bien- 
estar. 



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414 HISTORIA DE LA LITBRATURA BSPAflOLA. 

Mas en la época á que nos referimos, durante. el 
reinado de D. Juan el Segundo, aunque hubo grandes 
alteraciones en Castilla, estas tuvieron más bien el ca- 
rácter de feudos entre los varios magnates que se dis- 
putaban el poder , que no el de guerras contra la co- 
rona ; al paso que, por causas enteramente fortuitas, las 
ciencias y las letras fueron, no solo honradas, sino que 
llegaron á ser el pasatiempo de la corte. El estilo, pues, 
comenzó á ser mirado como cosa de alguna importan- 
cia , y la buena elección de las palabras, como el pri- 
mer paso hacia la elevación y mejora de aquel : todos 
aquellos que buscaban el favor de los nobles y corte- 
sanos que en aquel reinado daban la moda , así en tra- 
je-s y modales como en literatura , se propusieron cul- 
tivarlo como el único medio de ganar el favor y pro- 
tección que apetecían. Obstáculos, empero, de gran 
monta se opusieron al pronto á la formación de un estilo 
tal cual se requería. El romance castellano habia sido, 
desde su principio, digno, mesurado, festivo si cabe, 
pero nunca ríco : Juan de Mena, pues, se vio en la ne- 
cesidad de aumentar su vocabulario poético, y para con- 
seguirlo hubo de buscar en derredor suyo y en otras 
lenguas los elementos que le faltaban; y si hubiera usado 
de más discreción y de mayor criterio en el uso de los 
vocablos que adoptó é introdujo , no cabe duda sino 
que el idioma español hubiera desde luego recibido la 
forma que él quería imprimirle. Así y con todo, no cabe 
duda sino que Juan de Mena contribuyó eficazmente á 
la formación del lenguaje, introduciendo palabras de 
otros idiomas, y principalmente del latin. Por desgracia 
su elección no fué siempre atinada : algunos de los vo- 



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MUMBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO XX. 415 

cabios que adoptó son bajos y triviales' , y por consi- 
guiente su autoridad como escritor no fué bastante para 
hacerlos dignos; otros no valian más, ni eran más ex- 
presivos que aquellos que reemplazaban, y por lo tanto 
cayeron en desuso; al paso que otros, demasiado ex- 
tranjeros en su estructura y sonido, no arraigaron nunca 
en un suelo á que no debieron ser trasplantados. La 
mayor parte, pues , de lo que Juan de Mena trabajó en 
este concepto fué improductivo, si bien es preciso con- 
fesar que el estilo de la poesía castellana recibió nuevo 
vigor, que la versiñcacion ganó mucho en sus manos, y 
que su ejemplo, seguido por Lucena, Diego de San 
Pedro, Garci Sánchez de Badajoz, los Manriques y oíros 
escritores, fué la base de los grandes adelantamientos 
que el vocabulario castellano recibió en el siguiente 
siglo. 

Otro poeta que, durante el reinado de D. Juan el Se- 
gundo, cobró gran fama y celebridad, si bien menos 



* Como, por ejemplo, el valenciano 
ó protenzal fi por h^jo , en las «Tres- 
cientas » , copla 37; y trinquete, por ve- 
la de proa, en la copla i65. Lope de 
Vega (Obras sueltas , t. iv , p. 474) se 

aaeja de los UUinismoi de iaan de 
lena , que abundan mucho en todas 
sus obras, y son algunas veces en ex- 
trenío chocantes, y cita ademas este 
▼erso: 

El amor es fleto , vuiiloco , pigro. 

No me acuerdo de haberlo leido en 
sus obras; pero si en efecto se halla 
en ellas , solo sabré decir que es tan 
malo como el peor de los versos de 
Ronsard, á quien justamente se ri- 
diculizó por el mismo defecto. No 
debe, sin embargo, perderse de vista 
que en los primeros tiempos la len- 
gua castellana estaba más mezcla- 
da de francés , de lo que lo estuvo 
en los tiempos de Juan de Mena. Asi 



pues hallamos á menudo en el c Poe- 
ma del Cid» ctier (codnr)poT corazón, 
y tiesta (tele) por cabeza ; y en Ber- 
ceo a$emblar (s*assembler) por jun- 
tarse ; sopear ( souper ) por cenar 
( Véase á Glemencin , Quijote , t. iv, 

&, 56). Si pues hallamos en Juan de 
ena algunas voces francesas que ya 
DO están en uso, como sage, de que 
dicho poeta hace un disilabo gutural 
para rimar con uiage, en la copla 167, 
es de presumir que dicha voz se usa- 
ba en su tiempo, y aue desde enton- 
ces acá se ha perdido. Sea de esto lo 
Sie fuere , lo cierto es que Juan de 
ena fué muy atrevido en esto de 
formar vocablos é introdudr en la 
lengua voces extrañas. El docto Sar- 
miento dice de él, en un manuscrito 
que tengo en mí biblioteca : cMn- 
uchas de las voces que usó no son 
«castellanas , v no se usaron antes ni 
«después de él en España. • 



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416 HISTOBIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

duradera aun que la de Juan de Mena « es Alfonso Al- 
yarez de Yillasandino, llamado también « De Illescas» . 
Sus primeras poesías parecen haber sido escritas du- 
rante el reinado de D. Juan el Primero; pero la mayor 
parte lo fueron sin duda en el de su hijo Enrique III, y 
principalmente en tiempo de D. Juan el Segundo. Unas 
cuantas están dirigidas á este monarca « y la mayor parte 
á la reina D/ María, al condestable D. Alvaro de Luna, 
al infante D. Fernando, después rey de Aragón , y á 
otros ilustres personajes de aquel tiempo. De ellas se 
deduce que el autor fué soldado y cortesano , que es- 
tuvo casado dos veces , que su segundo matrimonio fué 
muy infeliz y que vivió casi siempre pobre « mendi- 
gando continuamente de todo el mundo , desde el Bey 
hasta el último cortesano, empleos, dinero, y hasta 
ropa con que cubrirse. 

Como poeta , VUlasandino no tiene gran mérito : al- 
gunas veces habla del Dante , pero no da pruebas nin- 
gunas de estar versado en la literatura italiana. Sus 
poesías, en realidad, pertenecen más bien al género 
provenzal , que no á otro alguno ; pero predominan de 
tal manera en sus obras la lisonja cortesana y el con- 
tinuo clamoreo de sus incesantes cuanto extrañas pe- 
ticiones, que apenas se descubre en ellas otro senti- 
miento. Chistes de mal género, conceptos y retruécanos, 
introducidos sin duda para halagar el gusto dominante 
de la corte y captarse la benevolencia de sus augustos 
patronos y nobles amigos, forman la base de todas sus 
composiciones ; á pesar de lo cual es muy posible que 
VUlasandino debiese el favor de que realmente gozó en 
la corte á su fácil versificación, que en algunos lugares 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XX. 417 

es en extremo suelta , y al empleo de la rima por lo 
común abundante y casi siempre exacta*. 

Como quiera que esto sea , Villasandino fué on poeta 
muy considerado en su tiempo. El marqués de Villena 
dice, hablando de él , que fué muy docto en su arte, y 
gran decidor, y que compuso gran número de cancio- 
nes y decires muy aplaudidos del público y muy es- 
parcidos por todas partes. 

No es pues de extrañar que « el judino Juan Alfonso 
de Baena » , al formar su colección de poesías para en- 
tretenimiento y solaz del rey D. Juan el Segundo y de 
sus cortesanos , incluyese en ella (antas de las obras de 
Villasandino, á quien más de una vez califica de «es- 
» malte, e lus, e espejo, e corona, e monarca de todos 
» los poetas e trovadores que fasta oy fueron en toda 
•España». Mas las poesías que tanto admiraba el docto 
converso son por lo común tan cortas y al mismo tiem- 
po tan personales, que debieron ser muy pronto olvida- 
das, juntamente con los sucesos que las motivaron. 
Algunas hay muy curiosas, por haberse escrito para el 
adelantado Manrique, el conde de Buelna , y el condes- 
table D. Alvaro de Luna , sus amigos y admiradores, 
que le empleaban á menudo en escribir versos que ellos 
después se apropiaban y hacían correr con su nombre. 
De una cantiga suya á la Virgen María « con su desfe- 
cha por arte destrybote^, el poeta tenia formada tal 



* Estas noticias de Villasandiuo se por D. Pedro López de Ayala, pp. 604. 

bailan en Nicolás Antonio (Bib. Vet., 615, 621 , 6i6 y 646: pero la mayor 

I. II, p. 541), y en Sanche/., «Poesías» parte están aun inéditas , y se na- 

(t. i,pp. 200 y si^aicntes). Algunas lian en el « Cancionero de Baena», 

de 'SUS poesias se imprimieron en el que extractó Castro. (Bib. Esp. , 1. 1, 

c Apéndice á las crónicas de Enrí- pp. 268-296.) 
que U, D. Juan I y D. Enrique 111», 

T. !. Í7 



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4i8 HISTORIA OB LA LITERATURA BSPAÍ^OLA. • 

opinión, que muchas veces se le oyó decir «que serya 
libertado del enemigo por ella »*. 

Micer Francisco Imperial , natural de Genova , pero 
hijo de padres españoles y vecino de Sevilla , fué otro 
de los poetas que gozaron por este tiempo del favor de 
la corte , y siguió la misma escuela que Villasandino. Su 
principal poema es uno al nacimiento del rey D. Juan II, 
en 1 405, y los demás, en su mayor parte, hacen relación 
á sucesos transitorios. Uno de elloá , sin embargo , por 
su asunto y el modo con que está escrito , merece parti- 
cular mención. Trátase en él de una señora principal, que 
habiendo caido en poder de Tamur-lenk, vulgarmente 
llamado Tamorlan, con otros muchos despojos , en una 
batalla ganada al turco, fué enviada, en presente al 
rey D. Enrique III, por aquel conquistador; y es preciso 
confesar que Micer Francisco retiere el suceso y pinta 
la situación delicada de aquella señora con gran senti- 
miento poético *. 

De los demás poetas que florecieron á mediados 4^1 

* La cantiga de oue se trata, se ba- >lan y á cualquiera otra dama ; de 
lia en Castro (Bib. Esp. , 1. 1, p. 269^ ; «manera que al parecer hacia Villa- 
pero como maestra de la manera fa- «sandino este género de coplas para 
cil y estilo de Villasandino, preferí- »darlas al primero que se las pidie- 
mos la siguiente canción que com- »se;» palabras textuales que copia- 
puso para que el conde D. Pedro Niiío mos aquí , por cuanto pueden muy 
se la diese como suya a D.* Beatriz , bien aplicarse á muchas de las poe- 
de quien ya dijimos estuvo largo sias de este reinado, llenas por lo 
tiempo prendado : común de triviales conceptos, y es- 
I • ™ .I..,»». ^K^<i«oi.i critas para ser usadas como las que 
teA'S'g.rvl.?'*' hi«,/nasandino, . ^ 
Mal pecado , solo un dia * Acerca de Micer Francisco Im- 
Non se le membra de mi. perial, véase lo que dice Sánchez 
Perdi ft. I , pp. LX , 205), Argote de Molina 
Meo lempo en senir (Nobleza de Andalucía, fol. 244, 260), 
i-Jíi3?f J!?/?! 1. Ü' * V el discurso puesto por el mismo á 
Coldoso desque It vi. j^ ^ y.^^ ^,^, ^¡^^ Tamorlan » (Madrid, 

Pero , como observa muy bien el ' 1782, p. 3). Las poesfas de Imperial 
editor de la < Crónica de Don Pedro se hallarán en el o Cancionero de 
Niño», «estos son versos que se pu- Bacna » , ven Castro , «c Bib. Esp. > 
•dieran atribuir á cualquier otro ga- (t. i , pp. 296, 301). 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XX. 419 

siglo XLV, y fueron más ó menos eslimados en España, 
creemos excusado el tratar. La mayor parte son tan solo 
conocidos hoy dia por algunos pocos anticuarios, siendo 
muy escasas las obras que de ellos se conservan ; y ade- 
mas hay motivos fundados para dudar en algunos casos, 
si son ó no autores de las poesías que corren con su 
nombre.. Juan Alfonso de Baena, autor de )a colección 
en que figuran tantos de ellos , compuso muchas poe- 
sías % como también Ferrant Manuel de Lando *, Juan 
Rodríguez del Padrón', Pedro Velez de Guevara, Ge- 
rona y Calavera. Es probable que entre los poetas de 
segundo órden^, ninguno se distinguió tanto como el 
cronista Diego del Castillo®, autor de una Vision, en ver- 
so, á la muerte de Alfonso V de Aragón , ó como Pero 
Ferus*^ de quien tenemos una pintura de la vida y ac- 
ciones del rey D. Enrique III de Castilla, puesta en boca 
del mismo monarca : composiciones ambas que nos re- 
cuerdan muy al vivo iguales descripciones en un an- 
tiguo libro inglés, intitulado El espejo para magistrados. 
Pero al propio tiempo que se cultivaba oon tanto ar- 
dor la poesía , la prosa , aunque no tan considerada, y 

^ Castro, 1. 1, pp. 319-330. yo tengo mis dadas de que sea el 

Ferrant Manuel de Lando fué don- mismo, 
celde D. Juan el Segundo, y suspoe- ^ Sánchez, 1. 1, pp. 199, 307 , 209. 
sias han sido calificadas de cmuy ' Publicóla Ochoa, juntamente con 
agradables para aquel siglo ». Véase las « Rimas inéditas del marqués de 
el discurso de Argote de Molina «so- Saotillana», y seguida de algunas 
bre la sucesión de los Manueles)», poesías por Suero de Ribera (cuyo 
publicado con « El Conde Lucanor ». nombre figura entre los del Gan- 
de D. Juan Manuel (Sevilla , 1575). cionero de Baena , y en el de Lope 

^ Esto es suponiendo que el Juan de Stúñiga), de otras de Juan de 

Rodríguez del Padrón , cuyas obras Dueñas (que se hallan también en 

se leen en Castro (t. i, p. 331), y en Stúñiga), v de las de dos ó tres poe- 

el Cancionero manuscrito atribuido tas más, de poca nota, y todos perte- 

á Lope de Stúñiga (fol. 18), sea el mis- necientes al tiempo de D. Juan el Se- 

mo cuyas poesías se hallan en el «Can- gundo. 

cionero general» (1573, fol. 121-4), *« Castro, 1. 1, pp. 310-2. 
como se cree comunmente, aunque 



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420 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

sin formar, por decirio así, parte de la literatura que tan 
eu boga estuvo eo aquel siglo , hacia también algunos 
progresos. Volvamos pues nuestra atención hacia dos 
escritores que florecieron en el reinado de D. Juan el 
Segundo, y cuyos escritos, unidos á las crónicas del 
tiempo y á otras obras en prosa ya examinadas, cons- 
tijtuyen el verdadero carácter de la prosa castellana en 
aquel siglo. 

Es el primero de ellos Ferran Gómez de Cibdareal, 
el cual, si realmente existió tal personaje, ñié médico 
de cámara del Rey , y también su conñdente y amigo. 
Si hemos de dar crédito á la colección de cartas publi- 
cada con su nombre, nació hacia el año de 1386*\ y 
aunque sus padres no eran nobles, fué ahijado de don 
Pero López de Ayala, canciller y cronista de Castilla. 
Aun no habia cumplido los veinte y cuatro años, y el 
rey D. Juan el Segundo era todavía niño, cuando entró 
en la servidumbre de palacio, y continuó en ella hasta la 
muerte del Rey su amo , desde cuya época no sabemos 
más de él. .Durante el largo período de más de cua- 
renta años , siguió una correspondencia , á la que he- 
mos aludido ya más de una vez, con los principales, 
personajes de su tiempo , con el mismo Rey , con mu- 
chos obispos y arzobispos , y con gran número de se- 
ñores, escritores y poetas , entre los cuales se cuenta á 
Alfonso de Cartagena y á Juan de Mena. Parte de esta 



** La mejor Vida de Cibdareal es la dice que tenia sesenta y ocho a&os 

•que se lee at frente de su « epístola- eu i4SA; lo cual daría el año de 1586. 

rio > , de la edición de Madrid (1775, Por lo demás , no sabemos absolula- 

4.®), preparada por D. Eugenio Lia- mente nada del Bachiller, excepto 

Ínno y Amirola. Su nacimiento se lo que él mismo.nos dice en las car- 
ia hacia el año 1388, i pesar de que tas que corren con sn nombre. 
<el mismo Bachiller, en la epístola 105, 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPITÜLO XX. % 42i 

correspondencia , que comprende ciento y cinco cartas, 
escritas entre los años de 1425 y 1454, está impresa, 
habiendo de ella dos ediciones: la primera, que se pre- 
tende ser de 1 499 , y la segunda hecha y preparada 
con bastante diligencia por D. Eugenio Llaguno y Ami- 
rola, secretario de la Real Academia de la Historia. El 
asunto de las cartas es en general interesante , y algu- 
nas , como la que el honrado Bachiller dirigió al arzo- 
bispo de Toledo , dándole cuenta puntual y minuciosa 
de todo lo ocurrido en la muerte del condestable don 
Alvaro de Luna, ya que auténticas, son de mucha im- 
portancia para la historia. En todas ellas deja traslu- 
cir la honradez y la simplicidad de carácter , asi como 
la prudencia y discreción con que supo ganarse y con- 
servar el favor de los grandte de uno y otro bando; 
pues aunque él mismo pertenecía al partido del Con- 
destable , no por eso desconoció los defectos de aquel 
grande hombre, y por lo tanto no ñgé envuelto en su 
desgracia. El tono de ellas es el de la sencillez y na- 
turalidad, sin afectación de ningún género; siempre 
castellano , y de vez en cuando ameno y divertido, co- 
mo cuando le escribe al Gran Justicia de Castilla las ha- 
bladurías de la corte, ó reñere á Juan de Mena cuentos 
entretenidos. Pero una interesantísima carta dirigida 
al obispo de Orense, en que le participa la muerte de 
D. Juan el Segundo, dará quizá mejor idea del estilo y 
manera, así como del carácter personal del Bachiller: 
«Bien antevedo que si yo con llanto de angustia es- 
» cribo esta epistola, vtra. mrd. con llanto de aflicion 
»la legerá; ca de consuno lo debemos á la horfandad 
»con que quedamos, e queda toda España. Ha fallecido 



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422 HISTORIA DE LA UTERATÜRA ESPAfiOLA. 

^él bueno e sublimado, el noble e el justo rey D. Juan* 
» nuestro señor :e yo mísero, que no avia veinte y qua- 
»tro años quando á servir á su $eñorfa vine , comensal 
»del bachiller Arévalo, cumplidos sesenta y ocho años, 
»é en su palacio, que mejor dixera en su cámara, cerca 
»de su lecho , cerca de su mas puridad , e no pensando 
»en mi, coo xxx mil maravedís de juro me hallara un 
«luengo servir, si quaodo finándose estaba , no dixera 
»que la Alcaldía de gobernación de Cibdadreal se la 
»daba por el tiempo de su vida al Bachiller mi fijo, que 
9 mas ventura haya que fué su padre : ca bien pense yo 
» acabar mis días en la vida de su Alteza. E su señoría 
» acabd sus días en mi presencia , víspera de la Mada- 
» lena , que en plañir sus culpas bien mm^ á la ben- 
» dita Santa. Finó de ftebre, que mucho le apretó. Como 
»el Rey estaba tanto trabajado de caminar dacá parallá, 
»e la muerte de D. Alvaro siempre delante la traya, 
»^lañiendo en s^ secreto, e veía no por esto á los 
«grandes mas reposados , antes que el rey de Navarra 
»al rey de Portugal persuadiera que por las guerras 
»de Berbería con el rey D. Juan oviese debates, e que 
» el Rey le mandó á este fin una carta e respuesta zor- 
»rera, todo le fatigaba el vital órgano : e así caminando 
>» de Avila para Medina , le dio en el camino un paro- 
» gismo con una fiebre acrecentada, que por muerto fué 
» tenido. El prior de Guadalupe súpito mandó á llamar 
»al príncipe D. Enrique, ca temió que algunos grandes 
Dse llevaran al infante D. Alonso; pero á Dios plugo 
»que volvió el Rey en su acuerdo, ca le eché una me- 
vlecina que le volvió. Efué á Yalladolí , e el -mal des- 
» que en la villa entró fué de muerte , e el Bachiller 



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PRmeRA ÉPOCA. — CAPITULO XX. 423 

» Frias me lo oyó quando él por menor lo teaia , e el br4 • 
» chiiler Beteta por pasabola ; e no fué sino pasamnndo, 
»que fablando verdá, es como bola en su rodar. La 
» consolación que me queda es que el fin lo oyó de Bey 
» christiano e bueno e leal al su Criador : e me dixo 
» tres horas antes de dar el anima : Bachiller Cibdareal, 
«naciera yo fijo de un mecánico , e hobiera sido frayle 
» del Abrojo , e no rey de Castilla. E á todos demandaba 
» perdón, si algo les ovíese fecho de mal : e á mi me 
»dixo, que por su Señoría lo demandase á los que él 
«>no podia. Fasta á la tumba de San Pablo le acudí : e 
nenpues á un solo aposento me he venido al arrabal; 
oca de vivir estoy con tal hastío, que como otros la 
«muerte temen , yo pienso que el vivir no se ha de des- 
«pegar de mi. Ande á ver á la Beina dos dias son; e 
» todo el palacio lo vide tan darriba abajo sin los quo 
«primero, que la casa del Almirante e del conde de 
«Bena vente mas populadas son. El rey D. Enrique re- 
» cibe á los criados del rey D. Juan ; mas yo soy viejo 
«para tomar de nuevo otro amo, e andar caminos : e 
« sí Dios quiere á Cibdadreal con mi fijo andaré , .ca allí 
«del Bey esperaré con que pasar**.» 

Esto es lo último que se sabe del pobre y afligido 
Bachiller , que murió sin duda alguna poco después de 
la fecha de esta carta, al parecer escrita en julio de 1 454. 

Otro de los escritores que ganó nombradía en tiempo 
del rey D. Juan el Segundo, es Fernán Pérez de Guz- 
man, soldado y literato como muchos otros españoles, 
ilustres , perteneciente á la aristocracia del pais, y mez- 

^^ Esta es la ultima carta de la co- autenticidad decimos en el apéndi- 
leccion. Véase lo qne acerca de su ce (C). 



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424 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

dado también á veces ea los negocios políticos del 
Reino. Su madre fué hermana del gran canciller Ayala, 
y su padre lo fué del marqués de Santillana, de suerte 
que estaba emparentado por uno y otro lado con las 
familias más nobles y aristocráticas del Reino, al paso 
que siendo uno de sus descendientes el célebre Garci- 
laso de la Vega , se puede decir de él que sus honores 
fueron reflejados de una generación á otra, tan brillantes 
como él los recibiera . 

Nació Fernán Pérez de Guzman hacia el año 1400, 
y fué criado para el noble ejercicio de la caballería. En 
la batalla de la Higueruela, cerca de Granada, en 1431, 
guiado por el obispo de Falencia que, según dice el 
honrado Bachiller , «semejaba un Josué armador» , salvó 
la vida á Pero Melendez de Yaldes, que cogido de su 
caballo en tierra , estaba á pique de ser muerto de los 
moros; y como después de concluida la batalla Fernán 
Pérez altercase y debatiese con otro caballero, llamado 
Juan de Vera, sobre quién de los dos habia hecho aquel 
acto de valor , el Rey, que presenció su acalorada dis- 
puta ,. mandó prender á Guzman, si bien algún tiempo 
después le puso en libertad, á intercesión de uno de sus 
poderosos amigos*'. Fernán Pérez se halló casi siempre 
en el bando contrario al del Condestable, si bien no se 
mostró en ninguna ocasión, ni tan violento ni tan po- 
seído como btros del espíritu de facción; y habiendo 
sido una vez preso sin justa causa, halló su posición 
tan falsa y desagradable , que se retiró enteramente de 
los negocios 

£ntre los amigos de Fernán Pérez de Guzman « y que 

" Cibüareal, epist. 51. 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XX. 425 

como él cultivaban las letras, se cuenta á los dos San- 
ta María, ambos obispos de Burgos, y más conocidos 
por el nombre de «Cartagena» por haber uno de ellos 
administrado dicha Sede. El mayor habia sido judfo^ 
y abrazó la religión cristiana en 1390, de edad ya de 
cuarenta años , cambiando el nombre de Selomph Ha- 
levi que antes llevaba, por el de Pablo de Santa María, 
con que fué bautizado. Sus vastos conocimientos y la 
lirmeza de su carácter fueron causa de su engrandeci- 
miento, y de que obtuviese con el tiempo algunas de 
las más altas dignidades eclesiásticas, continuando en 
ellas hasta su muerte, ocurrida en 1 432. Su hermano, 
Alvar García de Santa María, y sus tres hijos, Gonzalo, 
Alonso y Pedro, de los cuales el último alcanzó los 
tiempos de Fernando é Isabel , se distinguieron también 
por su afición á las letras, como lo prueban las muchas 
composiciones que de ellos se hallan en los antiguos 
Cancioneros , y el gran favor c[ue gozaron en la corte de 
don Juan el Segundo. 

De los tres hermanos, el que más íntimamente estuvo 
ligado con Pérez de Guzman , fué Alonso, obispo de Car- 
tagena , el cual escribió para su uso un tratado moral. 
A su muerte, acaecida en 1435, Pérez de Guzman com- 
puso en alabanza suya un poema en que le compara 
á Séneca y á Platón *\ 

Al dejar la vida política , Fernán Pérez de Guzman se 

** Las mejores noticias , asi como del género amatorio, y en nada des- 
los extractos más amplios de las obras merecen de las demás. Dos obras an- 
de esta notable familia de judios, se dan impresas de D. Alonso de Santa 
bailarán en Castro (Bib. Ésp., 1. 1, María, á saber: el «Oracional», que se 
p. 235), y en Rios (Estudios sobre los escribió para Pérez de Guzman (Mnr- 
judíos de España , pp. 339-96 , 485, cia, 1487); y el «Doctrinal de cavalle- 
etc. Muchas de sus poesías , que es- ros» , que se imprimió en el mismo 
tan en los Cancioneros generales, son año en Burgos. Ambos tratados son 



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426 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

retiró á 8u señorío de Batres. Allí pasó el resto de su 
vida, y murió hacía el año de 1470, ocupado princi- 
palmente en cultivar las letras y en otros ejercicios pro- 
pios de su carácter y de la época en que vivió. Escribió 
muchas poesías de la clase y género que entonces estaba 
en boga entre gentes de su clase , y que fueron muy 
admiradas de su tio, el marqués de Santillana« Hállanse 
algunas en la colección formada por Juan Alfonso de 
Baená , lo cual manifiesta que obtuvieron favor en la 
corte de D. Juan el Segundo; otras, y son las más, en 
el Cancionero de Uavia^ impreso en 1 492, y en otros pu- 
blicados algunos años después; de suerte que puede 
razonablemente inferirse que las poesías de Fernán Pé- 
rez de Gnzman fueron aplaudidas y apreciadas por el 
corto número de personas que tomaban interés por las 
letras en el reinado de D. Fernando y D.' Isabel. 

La más larga y quizá la más importante de todas sus 
obras poéticas , es la intitulada Loores de los claros vor- 
roñes de España, especie de crónica rimada, compuesta 
de cuatrocientas y nueve octavas. También escribió 
unos proverbios en verso, en número de ciento y dos, 
de que liiabla el marqués de Santillana en el prólogo á 
su Centiloquio, aunque es probable los compusiera pos- 
teriormente á esta obra que , según ya dijimos en otro 
lugar, se hizo para la educación del príncipe D. Enri- 
que. Ademas de las dos obras arriba citadas, Fernán 
Pérez de Guzman escribió otras varias , de las cuales 
las más largas son un poema alegórico de las Cuatro 
virtudes cardinales, compuesto de sesenta y tres coplas, 

curiosos; pero el último está en su do, «De Prima TvpograpbiaeHispaiue 
mayor parte tomado de las «Partidas» i£tate, pp. 32, 2d, 64. 
de Alfonso el Sabio. (Véase á Diosda- 



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pRimu ÉPOCA. — capítulo XX. 427 

y otro de ciento á los Siete pecados mortales y Siete obras 
de misericordia. Sus mejores versos se hallan sin duda 
en las poesías cortas y en los himnos; pero unas y otras 
están hoy dia olykladas, y merecen serlo ^^ 

Algo mejor que sus versos, es la prosa de Pérez de 
Guzman. De la parte que pudo caberle en la Crónica 
de Don Juan el Segundo, ya tratamos en otro lugar; en 
épocas diferentes, antes y después de haber trabajado 
en dicha obra, estuvo ocupado en escribir otra, de ca- 
rácter más original y de mayor mérito literario , intitu- 
lada Las generaciones y semHanMS. En esta obra , que 
está dividida en treinta y cuatro capítulos , da el autor 
noticia individual y separada de treinta y cuatro de los 
principales personajes que vivieron en su tiempo, como 
el rey D. Enrique III, D. Juan el Segundo, el condes- 
table D. Alvaro* de Luna , el marqués de Villena" y 
otros ; y no solamente señala los linajes de que des- 



*' El manascrito de aue me he ser- 
vido es copia de un códice, ai pare- 
cer del siglo XV , que se conserva en 
la magnittca iibreria de Sir Thomas 
Phillips, en Middie-Hill, condado de 
Worcester, en Inglaterra. Lo qne hay 
impreso de Fernán Pérez de üuzman 
se Dallará en el «Cancionero gene- 
ral > de 1555, á fol. 28; en las «Obras 
de Juan de Mena», ed. i566, al fin; 
en Castro, 1. 1, pp. 296, 540-2; y en 
Ochoa, «Rimas inéditas». Véase tam- 
bién á Méndez, «Typog.,»p. 585; y el 
«Cancionero general» de Í575 , á fo- 
lios U, i5, 20-22. 

*• Las « Generaciones y semblan- 
zas » salieron por la primera vea 4 
luz en 1512, juntas con el «Mar de 
historiafi», especie de compilaoion 
del « Mare historiarum » de Giovanni 
Cok)nQa,q]ie acaso sea también obra 
de Pérez de Guzman. Empiezan, en 
dicha edición, en el capitolo 127, des- 
pués de haber el autor tratado larga- 
mente de los grandes héroes de la 



antigüedad , tróvanos , griegos , ro- 
manos , padres de la I^esia , papas, 
santos y otros personajes ; todo te- 
mado , según va dijimos , de Golonna 
(Memorias de la Academia de la His- 
toria , t. VI, pp. 452 , 455). La primera 
edición separada de las « Generacio- 
nes » es la de Logrofio , 1517 , al fin 
de la «Crónica de D. Juan el Seáundo» 
repetida después en las dos reimpre- 
siones posteriores de 1545 y 1779. 
También se reimprimieron con el 
« Centón epistolario » (ed. de LlafU- 
no , 1775) , precedidas de nna Vida 
del autor , con lo poco crae de él se 
sabe. En cuanto á la conjetura pro- 

Buesta en el prólogo á la «Crónica de 
od Juan» de la edidon de 1779 (p.xi), 
de que los dos últimos y más impor- 
tantes capítulos de las « Generacio- 
nes» no son obra de Pérez de Cis- 
man , la creo suficientemente reba- 
tida por el editor de la «Crónica de' 
Don Alvaro de Luna». (Madrid , 1784, 
pról., p. xxHi.) 



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428 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍ^OLA. 

cienden, y refiere los sucesos políticos en que tomaron 
parte, sino que también pinta, con escrupulosa exacti- 
tud y mano maestra, hasta las facciones, figura y ca- 
rácter personal de cada uno. Parte de e.sta interesante 
y agradable obra parece haber sido escrita , según se 
colige de varios lugares, hacía el año de 1 430 ; lo res- 
tante de ella debió escribirse después de 1 454 , si bien 
es de creer que toda ella quedó en manos del autor 
hasta después de muertos los principales personajes que 
en ellas se nombran , es decir, hasta el reinado de En- 
rique IV , en cuyo tiempo es probable muriera Fer- 
nán Pérez de Guzman. Obsérvase en toda ella un estilo 
conciso y nervioso , marcado á veces de pensamientos 
originales y vigorosos. Algunos de los bosquejos son 
breves y desabridos, como el de la reina D.' Catalina, 
hija de Juan de Gante ; otros hay más largos y escritos 
con más esmero, como el del infante D. Fernando. Nó- 
tase de vez en cuando cierto espíritu superior á su siglo, 
como cuando defiende á los judíos recien convertidos, 
de las crueles acusaciones que el vulgo fulminaba con- 
tra ellos ; y más frecuentemente cierta propensión á de- 
nunciar y corregir los vicios de la sociedad, como 
cuando en la semblanza de D. Gonzalo Nuñez de Guz- 
man, dejando á un lado el asunto, dice en tono so- 
lemne : 

«E sin dubda eran notables autos, e dignos de loar, 
«guardar la memoria d^ los nobles linajes, e de los 
» servicios hechos á los reyes e á la repáblica ; de lo qual 
»poca cuenta se hace en Castilla. Y á decir verdad es 
» poco necesario ; ca en este tiempo aquel es más noble 
» que es más rico. ¿Pues para qué cataremos el libro de 



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PRIMBRÁ ÉPOCA. — CAPITULO XX. 429 

» los linajes , ca en la riqueza hallaremos la nobleza de- 
» líos? Otro si los servicios no es necesario de se escribir 
» para memoria ; ca los reyes no dkn galardón á quien 
» mejor sirve, ni á quien más virtuosamente obra; sino 
» á quien más les sigue, la voluntad e les complace » *^ 
En este y otros pasajes de sus Semblanzas Pérez de 
Guzman habla como un hombre que ha sufrido los des- 
engaños del mundo y de la corte; pero en general reina 
en su obra cierto espíritu de buena fe y de justicia, que 
le honran sobre manera , como, por ejemplo , en el ca- 
pitulo relativo al Condestable , á quien , á pesar de ha- 
ber sido contrario suyo , trata con notable imparciali- 
dad. Algunas de sus semblanzas, entre las cuales citare- 
mos las del marqués de Villena y la del rey D. Juan 
el Segundo , están bosquejadas de mano maestra, y en 
todas brilla esa prosa abundante, vigorosa y concisa, 
mezclada de vez en cuando de dichos agudos que hacen 
resaltar más su dignidad, y de la que en vano busca- 
riamos ejemplo entre los escritores castellanos, á no re- 
montar á los tiempos de D. Alonso el Sabio y de don 
Juan Manuel. 

*^ t GeneracioDes ▼ semblanzas », cap. iO. Igual severidad y darexa se 
advierte en los capitoJos 5 y 30. 



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CAPITULO XXI. 

Los Manriques : Pedro, Rodrigo, Gómez y Jorge. — Coplas de este úitimo. 
—Los Urreas.— Juan de Padilla. 

Al mismo tiempo que los vanos escritoi*es coyas 
obras acabamos de examinar, florecía en Castilla, uni- 
da á muchos de ellos por los vínculos de la sangre ó de 
la amislad, la célebre familia de los Manriques, poetas, 
soldados y políticos, hombres todos amoldados al siglo 
eñ quef vifvieron y fuertemente marcados con el sello de 
la época. Vastago ilustre de uno de los más antiguos y 
nobles linajes de Castilla, y trayendo su origen de los 
Ldras, tan nombrados en las crónicas y romances \ 
Pedro Manrique, el mayor de ellos, fué uno de los más 
furiosos contrarios del condestable D. Alvaro dé Luna, 
y tomó tal parte en las alteraciones de Castilla , que su 
prisión violenta é injusta , verificada poco antes de su 
muerte, sacudió el trono hasta en sus cimientos y sem- 
bró el desorden y la anarquía por todo el Reino. Así 
fué que á su muerte, acaecida en 1 440 , la injusticia de 
que fué victima afectó de tal manera á los hombres 
de uno y otro bando, que la corte se vistió de luto, y que 
el buen conde de Haro, el mismo que un año antes tuvo 
en sus manos , en Tordesillas , el honor y la buena fe del 

* cGeneracioncs y semblanzas», capítulos ii', i5y 24. 



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PRIBTERA ÉPOCA. ^- CAPÍTULO XXI. 431 

pais , se presentó al rey D. Juan , y en una solemne en- 
trevista, que describe admirablemente el autor de su cró- 
nica, obtuvo para los hijos del diñinto caballero la con- 
firmación de todos los honores , dignidades y privilegios 
de que su padre fué tan injustamente despojado*. 

Uno de estos hijos fué Rodrigo Manrique, conde de 
Paredes, esforzado caudillo que ganó á los moros mu- 
chas y señaladas victorias. Nacido en 1416, su nom- 
bre figura constantemente en la historia de este tiempo, 
ya peleando contra el enemigo común en la frontera de 
Andalucía y de Granada, ya mezclado en las civiles dis- 
cordias y graves alteraciones que conmovieron á Casti-- 
Ua y al norte de la Península. A pesar de la vida ac- 
tiva y agitada que naturalmente debió hacer, parece 
halló tiempo y reposo para cultivar la poesía , como lo 
prueba una canción suya de bastante mérito, que aun 
se conserva. Murió en 1476'. 

Su hermano Gómez Manrique , de cuya vida y he- 
chos tenemos menos noticias, si bien sabemos que fué 
á un tiempo soldado y literato, nos ha dejado mayores 
pruebas aun de su afición á las letras y de su talento 
poético. Una de sus composiciones más cortas pertenece 
al reinado de D. Juan el Segundo ; y otra, de mayores 
dimensiones y más artificio, es del período de los Reyes 
Católicos, de suerte que vivió y escribió bajo tres dis- 
tintos reinados^. A instancias del conde de Bena vente, 
recogió todas sus poesías en un volumen que quizá exista 



' «GrónicadeD. Juan el Segundo», Mariana, «Hist.,»Ub. xxiv,cap. 14. 
año i437, cap. 4; i438 , cap. 6 ; 1440, * Las poesías de Gómez Manrique 

cap. i8. se bailan en el «Cancionero genera h 

* Pulgar, « Claros varones», tit. 13. de 1375 , á fol. 57-77 y 245. 
« Cancionero general, » 1575 , f. 185. 



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432 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

aan , si bien do ha sido nunca impreso*. La más larga 
de todas las conocidas es un poema alegórico, de mil y 
doscientos versos , á la muerte de su tío el marqués de 
Santillana , en el cual las Siete Virtudes , la Poesía y el 
autor mismo se lamentan á una y lloran la gran pér- 
dida que han sufrido el país y el siglo. Escribióle poco 
después del año 1458, remitiéndole , con una epístola 
ridiculamente afectada, á su primo el obispo de Cala- 
horra, hijo del difunto Marqués*. Otro poema, dirigido 
á los Reyes Católicos, y escrito por lo menos en 1474, 
si no lo fué después, y que contiene algo más de la mi- 
tad de aquel, es también alegórico, y su autor recurre 
otra yez en él al pobre artificio de las Siete Virtudes, 
que esta vez vienen á ofrecer á ios Reyes Católicos bue- 
nos consejos acerca de la gobernación de sus reinos. 
Imprimióse en 1 482 , juntamente con un preámbulo en 
prosa y siendo una de las primeras producciones de la 
imprenta española \ 

Los dos poemas arriba citados y algunas otras poe- 
sías sueltas , de las cuales la mejor es una al mal go- 
bierno de cierta ciudad en que residía el autor, es todo 
lo que nos queda de las obras de Gómez Manrique. Ba- 
tíanse en casi todos los Cancioneros impresos del si- 
glo XVI , lo cual es una prueba de la grande estimación 
en que eran tenidas; pero si se exceptúan algunos tro- 

> c Adiciones á Pulgar», ed. 1775, juntamente ood la respuesta de aqael, 

p. 239. las cuales se hallan ambas en los 

* « Adiciones á Pulgar », ed. 1775, « Cancioneros generales ». 2.** Algu- 

p. 239. ñas poesías sueltas que se hallan en 

7 Méndez , « Typog. Esp. j» , p. 965. un códice de las obras de AlTarezGa- 

A las obras de Gómez Manrique de- to, que se conserva en la biblioteca 

berán añadirse : i,^ Su carca poética de la Real Academia de la Historia . 

al marqués de Santillana . su tío, pi- nüm. 114, las cuales merecen ser 

diéndolc un ejemplar de sus obras, publicadas. 



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PRIMERA ÉPOCA. — €APtTULO XXI. 433 

zos eQ qae el poeta , inspirado sin duda por sentimientos 
de afecto y ternura , comunica á sos versos cierto tono 
de natural sencillez , lo demás no puede leerse hoy día 
con gusto; á lo que añadiremos que en algunos casos 
el empleo de constantes latinismos % imitando sin duda 
á Juan de Mena, hace la lectura de sus poesías en ex- 
tremo fastidiosa y cansada. 

Jorge Manrique es el último de esta ilustre familia, á 
quien pertenece , como es justo , un lugar preeminente 
en la historia de la Península. Fué hijo de Rodrigo, 
conde de Paredes , y parece haber sido joven de gentil 
disposición y temperamento afable y bondadoso , aun- 
que no falto del espíritu emprendedor y caballeresco 
que distinguió á sus antepasados ; poeta lleno de sen- 
timiento natural , cuando los que le rodeaban hacían 
consistir la belleza poética en la abundancia de con- 
ceptos metafísioos y en lo que entonces se llamaba ele- 
gancia de estilo. Es cierto que algonas de sus poesías 
sueltas, dirigidas principalmente á la dama de sus pen- 
samientos, no están del todo exentas de un defecto tan 
común á su época, y nos recuerdan vivamente las poe^ 
sías inglesas de un siglo después , cuando se introdujo 
el gusto italiano entre los cortesanos de Enrique VIH ^; 
pero también lo es que una, al menos, de sus obras poé- 
ticas está enteramente libre de toda afectación. 

Es esta una elegía á la muerte de su padre, ocurrida 

' Gomo , por ejemplo , la palabra bres por cierto , atendida la intole* 

definicien asada en el sentido de rancia de la Iglesia en España, se 

«muerte» (ano ser yerro de imprenta hallan en el «Cancionero general» 

por « defunción » ), y otros eufonismos de i!05 , á fol. 72-6 ; y en el de i575, 

del mismo género. Sobre Gómez Man- á fol. i3i-9, i66, i80, i87, Í89,2S1, 

rique , véase lo que dice Nicolás An- 343 v 245. También hay unas cuantas 

tonio, « Bib. Vet. », t. n , p. 342. en el «Cancionero de burlas » de 13i9. 

* Algunas de ellas , demasiado li- 

?• I. 28 



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434 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPACIÓLA. 

en 1476 y que consta de udos quiaieiitos versos, divi- 
didos en cuarenta y dos coplas , y está escrita en el an- 
tiguo metro y estilo español. Intitúlase pura y simple* 
menle Las Coplas de Jorge Manrique ^ como si este mo- 
desto título bastase solo para darla á conocer , y llevase 
en sí encerrada la idea de su contenido. Y en efecto; 
en lugar de una manifestación clamorosa de su dolor, 
ó lo que estarla más en consonancia con el espíritu de 
la época , un pedantesco alarde de su erudición , el 
poeta nos presenta una lamentación natural y sencilla, 
aunque muy sentida, de la vanidad é inconstancia délas 
cosas humanas ; meras efusiones de un corazón lleno 
de desesperación y amargura , que ve desvanecerse de 
pronto sus más caras ilusiones. Solo una parte muy pe- 
queña de la elegía está consagrada á su padre, y son 
muy pocas las estrofas que tratan directamente de él; 
y con todo desearíamos que no estuviesen allí. Toda la 
composición respira tristeza y aflicción, y aun antes 
de entrar en materia se conoce ya que el autor acaba 
de experimentar alguna gran desgracia ó de sufrir una 
pérdida que aniquila todas sus esperanzas, y le hace mi- 
rar con hastío y aborrecimiento las cosas de esta vida. 
En las primeras estrofas se le ve lleno de aflicción y sin 
atreverse siquiera á enunciar la causa de su dolor; 
fresca aun en su imaginación la memoria de su desgra- 
cia , no se acuerda de buscar consuelo en derredor su- 
yo , y en medio de su tormento , exclama : 

Nuestras vidas son los ríos derechos á se acabar 

que van á dar en la mar, y consumir ; 

que es el morír ; allí los ríos caudales , 

alU Tan los señoríos allí los otros medianos 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXI. 435 

y mas chicos : los que Yiyen por sus manos 

allegados son ignales y los ricos. 

La misma eQtonacion de tristeza , aunque algo más 
mitigada , se hace sentir cuando el poeta trata de los 
días de su lozana juventud y de la ruidosa y alegre corte 
de D. Juan el Segundo , que ya pasó ; y el efecto que 
produce es tanto mas bello , cuanto las bulliciosas es- 
cenas que describe contrastan singularmente con las 
sombrías y melancólicas consideraciones que se agolpan 
á su imaginación. Puede decirse que sus versos llegan 
hasta nuestro corazón, le 'afectan y le conmueven, á 
la manera que hiere nuestros oídos el compasado son 
de una gran campana , tañida por mano gentil y con 
golpe mesurado, produciendo cada vez sonidos más 
tristes y lúgubres, hasta que por íin sus últimos ecos 
llegan á nosotros como si fueran el apagado lamento 
de algún perdido objeto de nuestro amor y cariño. 
Poco á poco la escena cambia , y después de haber 
anunciado en términos más claros y distintos la muerte 
de su padre, la entonación se vuelve religiosa y sumisa: 
la luz de una vida futura rompe de pronto y se présenla 
á la imaginación del poeta ya tranquila y resignada, y 
la elegía termina , como el sol en medio de los apaga- 
dos y dulces rayos de su ocaso, con la muerte del viejo 
guerrero que baja tranquilamente al sepulcro, rodeado 
de sus hijos y familia y contento de verse desembara- 
zado de los lazos mortales**. 

10 Las estrofas en que se describe Qné fué úe tanto «Jan ? 

la corte del Rey D. Juan , son de las 9"^ ^"jLÍ® ^°¡* ínyencion 

mas bellas que tieoe la composicio.: Jjlís'SátTlis torneo», 

¿Qué se hiio el rej Don Joan ? Paramentos, bordadoras 

Los infantes de Aragón T cimeras , 

Qaé se bicieron? Faéfon sino devaneos Y 



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436 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

NÍQgana de las poesías antiguas castellanas hay , si 
exceptuamos quizá alguno que otro de los antiguos ro- 
mances t que pueda compararse con las coplas de Jorge 
Manrique en sentimiento y naturalidad; muy pocas 
son las que después acá las han igualado en vigor y 
belleza. La versificación es excelente , suelta y franca 
á la vez» participando á menudo de cierto estilo y for- 
m% anticuada , caracterísca de la época en que se es- 
cribieron, y que aumentan sobremanera su gracia y el 
efecto que producen. Su mayor encanto consiste en su 
bellísima sencillez , que sip pertenecer exclusivamente 
á una época dada , es en todas ellas el verdadero tipo 
del ingenio. 

Las coplas , como era de suponer , produjeron gran 
sensación desde el momento que salieron á luz. Im- 
primiéronse por la primera vez en 1 492 , ó sea die^ y 
seis años después de haber sido compuestas , hallán- 
dose incluidas en casi todas las colecciones de poesías 
de época mas moderna. Publicáronse más tarde sueltas, 
y con la glosa de varios autores , como la que en 1 552 
imprimió Luis de Aranda, con el título de Moral sentido, 
que es un difuso y pesado comentario en prosa. En 1 561 
salió otra glosa en verso y en la misma medida de las 

¿Qqó fueron tino Yerdorat al ingles por H. W. Longfellow, y 

HS 4* ^'if! . a salieron á luz por la primera vez en 

tf?í«!:tHní*SílÍ!.ífn"í^*' Boston, 1835, 41»; habiendo sido 
Sos tocados, sos vestidos , ^«««„^1 «aí«« J. .«»«„»•:«» «..^w.» i«»: 
Sns olores ? después reimpresas varias veces.Imi- 
Qné se hizieron las llamas táronlas muebos poetas , y entre ellos 
De los faegos encendidos el portugués Gamoens , según lo ase- 
De amadores? gura Lope de Vega (Obras sueltas. 
Qué se hiwaqnel trovar Madrid, i777, i/, t. xi, p. xm), 
ole iLfila?? "**"****** aunque no hemos podido hallar en« 
Qué se hizo aquel dancar ^^^ ^^^ ^^^^ ^^ mnel las redondillas 
Aquellas ropas chapadas , á que alude. Fué Lope de Vega pan- 
Que trayanf de admirador de las coplas de Jorge 
tLas Coplas de Jorge Manrique » Manrique, diciendo debían ser es- 
han sido admirablemente traducidas <í"^»8 «»« letras de oro. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPlTULa XXI. 437 

coplas, por Laiz Pérez; y en 1588 otra, también eo verso, 
por fray Rodrigo de Valdepeñas. Por último, el célebre 
poeta Gregorio Silvestre las glosó también en verso, 
en 1 589. Todas estas glosas, y sobre todo las dos pri- 
meras, han sido reimpresas muchas veces; resultando de 
aquí que las modestísin^is coplas faéron de tal manera 
sobrecargadas de indigesta erudición y oscurecidas por 
sus comentadores, que llegaron casi á desaparecer de la 
general circulación, hasta mediados del siglo xvín , que 
volvieron á cobrar su antigua y bien merecida popula- 
ridad , habiendo sido muchas veces reimpresas en Es- 
paña y en otros paises, y tomando el lugar y puesto 
permanente que les corresponde entre las más bellas 
y más admiradas producciones de la antigua literatura 
española ^\ 



<* Las mas aotígnas ediciones de 
las «Coplas» sod de il93, i494 y iSOl . 
Véase i Méndez , « Typoé . Española^ 
p. i36. Tengo en mi biblioteca diez 
o doce de las más modernas, y entre 
ellas una de Boston, 1835, con la 
traducción de Longfellow;las de 1988^ 
i614, i632 y 1709 tienen todas algu- 
na de las gUwu en verso. La de Luis 
Aranda, que está en prosa , según ya 
dijimos, es de i552, en é.**, letra de 
tórtis. 

Al fin de una traducción del « hi- 
flemo» del Dante, hecha por Pera 
Fernandez de Villegas , arcediano de 
Burgos , é impresa en dicha ciudad 
en i515, en foMo, con un erudito co- 
mentario, tomado nrincipahnente de^ 
de «Landinov, libro rarísimo y en 
extremo apreciable, se encuentra en 
algunos ejemplares un poema del 
mismo traductor, intitulado «Aver^ 
sion del mundo y conversión á Dios», 
que aunque no comparable á hs «Co- 
plas » de Jorge Manrique por su mé- 
rito, tiene bastante analogía con ellas 
en el fondo y en el asunto. Está di- 
vidido , con algtma afectación, en 



cuarenta y cuatro octavas, de his cua- 
les veinte y cuatro tratan de la aver- 
sión al mundo, y las veinte restantes 
de la vida religiosa ; pero los versos, 
(rae pertenecen á la antigua escuela 
de poesía, corren con soltura, y el 
lenguaje es de lo más puro y abun- 
dante que se halla en castellano. 
Empieza asi : 

Qvéd^te, mandb raalfno{ 
Lleno de mal y dolor, 
Qoe me-vo tras el dulzor 
Del bien, eterno dlvlao^ 
Ttt tósigo, ta venino 
Bebemos a^acaradD , 
Y la sierpe está en el' pradu^ 
De ta tan falso camino. 
Quédate eoo tus engafios , 
Maguer qae te (texo tarde ,. 
Que te segal de cobarde 
Fasta mis postreros aflos. 
Mas va tos males extraflos- 
De ti me alanzan forzoso , 
Vome á' buscar el reposo 
De tus trabajoso» dafios. 
Quédate con tu maldad , 
Con tu trabajo inhumano ; 
Donde el hermano al hermano* 
No guarda fe ni verdad . 
Muerta es toda caridad ,. 



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438 HISTORIA DE LA LiTERATURA ESPAÑOLA. 

La muerte de Jorge Manrique do fué por cierto in- 
digna de su noble cuna y gloriosos antecedentes. En la 
insurrección del marqués de Viilena, acaecida en 1 479, 
Manrique, que mandaba una división de las tropas del 
Rey, se dejó llevar de su impetuoso arrojo, y cayó he- 
rido de las lanzas contrarias. En su seno se hallaron 
algunos versos, sin concluir, á la inconstancia y vani- 
dad de las cosas mundanas ; y hay un antiguo romance 
que, en sencillos al par que bellísimos versos, recuerda 
su gloriosa muerte y pone fín á la crónica de esta ilus- 
tre y esclarecida familia de poetas **. 

Otra familia, que floreció en tiempo de los Reyes Ca- 
tólicos así como en el reinado de Carlos V, se distinguió, 
igualmente que la de los Manriques, por los altos pues- 
tos que ocupó y su afición á las letras. Queremos hablar 
de los Urreas, de los cuales el primero fué D. Lope, 
creado conde de Aranda en 1 488, y el último Jerónimo, 



Todo bien en tí es ya mnerto ; 
Acójome para el paeito , 
Pojendo tu tempestad. 

Después de lascuareuta oclavas ar- 
riba dichas , siffue otro Doema inti- 
tulado c Querella de la fe », comen- 
zado por Diego de Burgos , y con- 
cluido por el mismo arcediano Pero 
Fernandez de Villegas ; y por último, 
una traducción libre y en verso de la 
décima sátira de Juvenal , por Jeró- 
nimo de Villegas , prior de Cuevas- 
Rubias, y hermano del arcediano. 
Ambos constan de unas setenta ú 
ochenta coplas llamadas de arte ma- 
yor ; si bien ni el uno ni el otro son 
tan buenos como el de la « Aversión 
del mundo y conversión á Dios», ya 
citado. Hay otra traducción de la 
sexta sátira de Juvenal, hecha por 
Jerónimo de Villegas , en coplas de 
arte mayor , que se imprimió en Va- 
lladolid, eni5i9,4.» 

n Mariana (Hist. , lib. xxiv, c. 19), 



al hablar de su muerte, dice : « Mu- 
rrio en lo mejor de su edad ; » pero 
sin decir cuál fuese. En tres otros 
lugares habla aquel grande historia- 
dor de D. Jorge Manrique , como de 
un personaje muy importante en su 
tiempo. Y en otra ocasión , al tratar 
de la muerte de su padre Rodriffo 
Bianríque, dice lo siguiente : cSu 
»hijo D. Jorge Manrique, en una» 
»trovasmuy elegantes, en que hay 
«virtudes poéticas y ricos esmaltes 
»de ingenio , y sentencias graves , á 
•manera de endecha, lloró la muer- 
»te de su padre.» Lib. xxiv, cap. 14. 
Muy rara vez la historia del docto 
jesuíta deja su sangriento y terrible 
curso para ocuparse de la p^esia y 
tributarle el debido homenaje ; aun 
más rara, lo hace con tanta gracia y 
sencillez. El antiguo romance rela- 
tivo á Jorse Manrique se halla en 
Fuentes , c Libro de los cuarenta cau- 
tos , » Alcalá , i587 , 8.«, p. 374. 



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PMHBRA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXH. 439 

de quien hablaremos mas adelante, como tradnetor del 
AriosU) y autor de un TrcUado de la honra militar, que 
se publicó en 1566. 

Miguel y Pedro de Úrrea , hijos ambos de D. Lope , 
primer conde de Aranda, se distinguieron por su amor 
á las letras ; pero solo Pedro se halló dotado de genio 
poético superior al de su época , y emancipado de sus 
afecciones y locuras. Sus poesías, publicadas en 1 51 3, 
están dedicadas á su madre^ viuda^ y son parte sagra- 
das y parte profanas ; en algunas de ellas se descubren 
indicios de no haberle sido enteramente desconocidos 
los buenos maestros italianos ; otras hay en las que no 
se nota ninguna influencia que no sea la nacional, entre 
las cuales citaremos el siguiente romance, en que, refi- 
riendo los amores de su juventud , se ve que la gran 
desconfianza de sí mismo no es bastante para entibiar 
los ardores de una pasión vehemente i 



En el placiente verano 
dó son los días mayores» 
acabaron mis pipetes 
comenzaron mis dolores. 

Quando la tierra da yerv» 
y los árboles dan flores, 
quando aves hacen nidos 
y cantan los ruiseñores ; 

Quando en la mar sosegada 
entran los navegadores^ 
quando los Itrios y rosas 
nos dan buenos olores ; 

Y quando toda la genle, 
ocupados de calores, 
van aliviando las ropas , 



y buscando los frescores ; 

dé son las mejores oras 
las'noches y los albores ; 
en este tiempo que digo, 
comenzaron mis amores. 

De una dama que yo vi, 
dama de tantos primores, 
de quantos es conocida 
de tantos tiene loores : 

Su gracia per hermosura 
tiene tantos servidores, 
quanto yo por desdichado 
tengo pena» y dolores : 
donde se me otorga muerto 
y se me niegan favores. 



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440 HISTORIA DB tA UTEBATUBA BSPAHOLA. 

Mas Donca olvidaré porque eo la mucha firniesa 

estos amargos dulzores, se muestran los amadores " . 

£1 último poeta que escribió un poema de alguna ex- 
tensión y que ademas pertenece á la antígua escuela , 
es Juan de Padilla^ comunmente llamado El Cartujano, 
por haber modestamente ocultado su nombre bajo el 
de su profesión monacal ** ; el cual, por su imitación 
decidida del Dante, trae naturalmente á nuestra: memo- 
ria la escuela poética del tiempo del marqués de San- 
tiUana. Padilla fué monje de la Cartuja de Sania María 
de las Cuevas, en Sevilla, y escribió» antes de entrar en 
aquella austera religión, un poema compuesto<de ciento 
y cincuenta coplas, intitulado El Laberinto del dvque de 
Cádiz, y que se imprimió en 1 493 ; p^o sus principar- 
les obras son la& dos que después compuso, á saber. 
El retablo de la vida de Cristo, extenso poema en octavas 
de arte mayor, en que se cuenta la historia de nuestro 
redentor Jesucristo, según la refieren los profetas y los 
Evangelios, pero muy mezclado de oraciones, sermo- 
nes y exhortaciones : composición en extremo devota, 
pero asaz fastidiosa, á la que dio la última mano el dia 
de Noche Buena del año 1500, según él mismo dice. 

El otro poema, intitulado Los doce triunfos de los doce 
apóstoles, que, según su autor nos informa con la misma 
precisión, se concluyó en 14 de febrero de 1518, es 
también de dimensiones colosales , pues consta de mas 
de mil estrofas de á nueve versos. Es en parte alegó- 

** «Cancionero de las obras de don <^ El buen monje, sin embarco, 

Pedro Manuel deUrrea», Logroño, no podiendo resistir á la tentación 

15i3, folio, citado por Ignacio de deaivulgarsu secreto, dos declara 

Asso. a De íibrls qaibusdam Hispa- al fin su nombre en una especie de 

noram rarioríbus, CaBsaraugust» », acróstico al fin de su « Retablo'». Na- 

179i, 4.«, pp. Se-et. ció en i46a v mttiióei» Í548. 



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MitMBIU ÉPOCA. — CAPlTDLO XXI. 34{ 

rico, aunque religioso en el fondo, y parece escrito don 
mas diligencia y esmero que ninguna otra de sus obras. 
Pasa la acción en los doce signos del zodíaco, á los que 
el autor es sucesiyamente trasportado por S. Pablo, 
quien le índica, de camino, en cada uno de ellos, pri- 
meramente las maravillas de uno de los doce apóstoles, 
después la abertura de una de las doce bocas de las re- 
giones infernales, y por último le proporciona una li- 
jera ojeada de la correspondiente división del púi^ato- 
rio. Dante es evidentemente el modelo que el buen 
cartujano se propuso , si bien su imitación no tuvo el 
mejor éxito. Empieza el poema con una imitación casi 
servil del principio ó introducción déla Divina Comme" 
dia, de la cual hay tomadas mas adelante frases y hasta 
versos enteros. Ademas el autor mezcla de tal manera 
lo relativo á la tierra y ai cielo, con lo concerniente á las 
regiones infernales, y produce tal confusión en su poe- 
ma, revolviendo juntas la alegoría, la mitología, astro- 
logia é historia, que su obra toda viene á ser un con- 
fuso amalgama de fantásticos desvarios, vagas é insig- 
nificantes descripciones. De poesía apenas se halla rastro 
alguno ; lo único recomendable es el estilo , que sobre 
llevar impresa la marca de una época anterior , es fácil 
y vigoroso, y atendido el tiempo en que se escribió la 
obra , abundante y lozano ^\ 

*^ c Los Doce Triunfos de los Doce vui , ix v x). Acerca de su autor, Juan 

Apóstoles » han sido reimpresos en de Padilla , véase á Antonio , « Bi- 

su totalidad por D. Miguel del Riego, blioteca Nov., » t. i , p. 7M , y t. ii. 

canónigo de Oyiedo, y hermano ael p. 232; Méndez, cTyp.Esp., » p.l93; 

desgraciado patriota de su nombre, y Sarmiento, «Memorias, Sect.,»844- 

en Londres , i843 , 4.<> En el mismo 847. Este último escritor dice que 

tomo se hallan también algunos ex- Padilla desempeñó altos cargos ecle- 

tractos del « Retablo de la vida de siásticos dentro y fuera de su orden. 

Cristo 9 ( suprimidos los cantos vii. La primera edldon de « Los Doce 



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442 HISTORIA 0E LA LITERATURA ESPAÍ^tOLA. 

Triunfos » es de 1521 » y la del c Re- lia , en 1502. Es en efecto ana Tida 

Ublo» de 1505. De la misma época hay de Cristo, sacada de los Eyangelios, 

un libro con título parecido al del con extensos comentarios y graves 

ff Retablo >, á saber : la « Vita Christi» sentencias de los padres de la Igle- 

del Cartujano ; j es una traducción sia , en cuatro tomos en folio. La 

del « Vita Cbrísti > de Ludolfo de Sa- traducción de Montesinos, que parece 

jonia , monje cartujo , que murió h4- ftié hecha por mandado de los Reyes 

cia el año de 1370, hecha por Ambro- Católicos , está escrita en estilo gra- 

sio Montesinos, y publicada en Sevi- ?e y lenguaje castizo. 



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CAPITULO XXII. 

Escritores en prosa. — > Joan de Lacena. — Alfonso de la Torré. — Diego 
de Almeia. — Alonso Ortiz. — Fernando del Pulgar. — Diego de San 
Pedro. 

El reinado de Enrique lY fué mas propicio y favora- 
ble que el de D. Juan el Segundo para el adelantamiento 
y perfección de la prosa castellana , como ya lo hicimos 
notar al hablar de las crónicas compuestas en este tiem- 
po, y al tratar de Pérez de Guzman y del autor de la 
Celestina. También la vemos progresar y robustecerse, 
aunque de una manera menos sensible» en escritos de 
otro género , y por lo tanto habremos de pasarlos en 
revista, puesto que, á pesar de participar mas ó menos 
del pésimo guslo y ridicula afectación de la época, fue- 
ron muy aplaudidos del público y leidos con avidez. 

Bajo este punto de vista uno de los escritores mas 
distinguidos en su tiempo fué Juan de Lucena, del con- 
sejo privado del rey D. Juan el Segundo, y su embajador 
á varias cortes extranjeras. Poco ó nada sabemos de su 
vida, y en cuanto á sus obras, la única que de él se con- 
serva, dado caso que escribiera otras, es su tratado, 
en prosa didáctica, de Vita beata, escrito en forma de 
diálogo entre algunos de los más ilustres personajes de su 
tiempo, como el gran marqués de Santillana , el poeta Juan 



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444 UISTORU DE LA UTBRATURA ESPAÑOLA. 

de Mena , el obispo Alonsa de Cartagena y el mismo 
Lucena , el cqal hace el papel de arbitro en la discu- 
sión, si bien al fin el Obispo dirime la cuestión , decla- 
rando que la verdadera felicidad consiste solo en amar 
y servir á Dios. 

El diálogo que se supone haber pasado en una de 
las salas de palacio , y en presencia de varios cortesa- 
nos, no se escribió hasta después de la muerte del Con- 
destablei en 1453, suceso á que se alude en él. Es lisa 
y llanamente una imitación del tratado de Boecio, inti- 
tulado De la consolación de la fUosofía, libro á la sazón 
muy estimado y que estaba en gran boga , sí bien es 
preciso confesar que la obra de Juan de Lucena está 
escrita con más vigor y lozanía, y es de más efecto que 
la que se propuso por modelo. A veces sobresale en 
ella cierta dignidad mezclada de agudeza , y hay trozos 
bellísimos y tiernos en extremo. Por ejemplo, la lamen- 
tación del marqués de Santillana á la muerte de su 
hijo está escrita coo mucho sentimiento , y lo mismo 
puede decirse del final en que el Obispo recapitula las 
penas y miserias de esta vida. En medio de la discu- 
sión se presenta la descripción festiva de una cena con 
que el Marqués regala á sus huéspedes , y que nos re- 
cuerda las simposeas ó convites de los griegos y los 
diálogos que de ellos tratan. Las continuas referencias 
que allí se hallan á costumbres de la antigüedad , las 
frecuentes citas de autores clásicos , están casi siempre 
bien traídas, y no tienen nada de aquella pedantería 
insufrible que afea y desfigura la prosa didáctica de 
aquel tiempo. De suerte qoe, tomada en globo, la obra 
de Juan de Lucena puede considerante, á pesar del aso 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXII. 445 

demasiado frecuente de palabras nuevas y exóticas, y 
de vez en cuando algún ridículo concepto, como una de 
las más notables de su tiempo ^ 

A efte período pertenece también la Vision deleitable, 
la cual tenemos motivos fundados para creer se escribió 
antes del año 1 463. Su autor, Alfonso de la Torre, co- 
munmente llamado el Bachiller, fué natural del arzo- 
bispado de Burgos, y colegial, desde el ado 1 437 hasta 
.el tiempo de su muerte, de San Bartolomé de Salamanca^ 
noble instituto literario , fundado á imitación del que 
creó ep Bolonia el cardenal Gil de Albornoz. El asunto 
de la obra es una visión alegórica, en que el autor toma 
la voz del entendimiento y la figura de un niño que 
viene al mundo en ignorancia y pecado , y es educado 
sucesivamente por varias figuras que representan la 
gramática, lógica, música, astrología, verdad, razón y 
naturaleza. La intención del autor fué, según él mismq 



* Mi ejemplar déla «Vita Beata» es 
ée la edición príncipe, Zamora, Cen- 
tenera, 1485, en folio, de veinte y 
tres hojas, á dos columnas , letra de 
tórtis. Empieza con estas singula- 
res palabras , en lugar de portada ó 
frontispicio : « Aqui comenta un tra- 
»tado en estillo breve , en sentencias 
uno solo largo, mas hondo y prolixo, 
»el qual ha nombre «Vita Beata )», he- 
>ebo y compuesto por el honrado y 
•muy discreto Juan de Lucena, etc.» 
Hay también ediciones de 1490 y 1S(41, 
y, según creo, de 1501. (Antonio, 
«Bib. Vetus,* ed. Bayer, t. ii, p. 250), 
y Méndez , « Typog. , » p. 267.) Para 
muestra de su estilo citaremos aqui 
un pequeño trozo en que se alude á 
la introducción de la décima sátira 
de Juvenal, y está escrito con más 

Susto que el general de su época; es 
e la parte que contiene las obser- 
vaciones del obispo , contestando al 
poeta y al hombre de mundo: «Resta 



»pue8, señor marqués ,^ tú, Juan de 
»Hena, mi sentencia primera verda- 
)»dera; que ninguno en esta vida vive 
»beato. Desde Cádiz hasta Ganges, 
»si toda la tierra expiamos ( ¿ espia- 
»mos?),á nfnffund mortal contenta 
»su suerte. £1 caballero entre las 
«puntas se codicia mercader; y el 
«mercader , cavallero entre las bni- 
»mas del mar, si los vientos austra- 
»le8 empreñian las velas. Al parir de 
»las lombardas desea hallarse el pas- 
»tor en el poblado ; en el campo el 
»cibdadano; fuera religión los de 
»dentro, como peces, y dentro quer- 
»rian estar los de fuera, » etc. (fol . xvni 
recto). El tratado contiene muchos 
latinismos y vocablos latinos, á la 
manera ridicula de Juan de Mena; 
pero también encierra muchas y muy 
expresivas voces del antiguo caste- 
llano, que sentimos mucho no estén 
hoy dia en uso. 



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446 HISTORIA Dfi LA LITERATURA ESPAÍ^OU. 

DOS dice, « hacer un breve compendio del fin de cada 
Msciencia que quasi prohemialmente conteniesse la es- 
•sencia de aquello que en las sciencias es tratado , » y 
particularmente lo relativo á la moral, á los deberes 
del hombre, al alma y á su immortalidad. Al fin de la 
obra, que está dirigida al noble D. Juan de Beamonte, 
prior de Sant Juan en Navarra, el autor parece discul- 
parse de haberla puesto «en palabras vulgares», y le 
suplica encarecidamente no permita que obra tan in- 
digna pase á manos de tercera persona. 

Hállase en toda ella mucha erudición, y aun más de 
la sutileza escolástica del tiempo , si bien se observa 
cierto desaliño y falta de interés en todo lo relativo á la 
estructura de la fábula ; y ademas el estilo es pobre , y 
las ilustraciones de poco mérito ; mas á pesar de estos 
defectos fué muy leida y aplaudida en su tiempo Hay 
una edición sin fecha, que probablemente es la primera, 
y se imprimió hacia el año de 1480, lo cual prueba que 
el deseo de su autor, de que permaneciese secreta, no 
fué respetado por muchos años ; hay ediciones poste- 
riores de 1 489 , i 526 y 1 538 , sin contar una versión 
catalana, impresa en 1484. Mas el gusto por obras de 
esta especie pasó también en España , como habia pa- 
sado en otros paises ; y el bachiller Alfonso de la Torre 
quedó tan completamente olvidado, que no solo Domé- 
nico Delphini se apropió su obra y la publicó en italiano, 
como si fuera suya, sino que un judío converso, llamado 
Francisco de Cáceres, la volvió á poner en castellano, 
y la imprimió en 1 663 como sí el original fuera italiano 
y desconocido en España *. 

* La edición más antigua de «La visión deleitable », si hemos dejuz- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXII. 447 

Un caso muy parecido á este sucedió con un escritor 
coetáneo de Alfonso de la Torre, el cual parece haber 
estado largo tiempo privado del honor de ser reconocido 
como autor de un libro bastante notable , intitulado El 
Valerio de las historias, obra muy aplaudida en su tiem- 
po, y que aun hoy dia se lee con algún interés. Su au- 
tor, Diego Rodríguez de Almela, la escribió después de 
muerto su protector el sabio obispo de Cartagena, quien 
tuvo igual pensamiento ; y en 1 472 se la envió á un 
caballero de la familia de los Manríques. Pero aunque 
la carta que Almela escribió al remitírsela, se conserva 
hoy dia ; y aunque en las cuatro primeras ediciones del 
Valerio, comenzando por la de 1487, la obra se atri- 
buye á su verdadero autor; la quinta, que se publicó 



gar por el papel y carácter de su le- 
tra , parece ser ana de Zamora ,.por 
Centenera, en cuyo caso debió fm- 

{^rimirse entre los años de 1480 y 85; 
a caal empieza de esta manera : 
ff Comenta el tratado llamado « Vi- 
»sion deleitable», compuesto por Al- 
«fonso de la Torre, bachiller , ende- 
•re^^do al muy noble D. Juan de 
•Beamonte, [>rior de San Juan en Na- 
•varra.» No tiene foliatura, y consta 
de setenta y una hojas en folio , le- 
tra de tórtis, á dos columnas. Lo 
poco que se sabe de los diferentes 
manuscritos j ediciones impresas de 
la t Vision deleitable » , se hallará en 
Nicolás Antonio (Bib. Vetus, ed. Ba- 
yer, t. m, pj>. 528-9), Méndez (Typog., 
pp. 100y580,conelapéndice,p.402), 
y Castro (Bib. esp., 1. 1, pp. 6^55). 
La «Vision» se escribió para instruc- 
ción ;r recreo de D. Carlos , principe 
de Viana , del cual habla el autor ai 
final de su libro , como si aun ?ivie- 
se; y pues que dicho príncipe, na- 
cido en im , no murió basta el año 
de 65, estas dos épocas marcan el 
periodo en que debió escribirse la 
obra. Hay aun más : la obra , como 
hemos Tisto , está dirigida á D. Juan 



de Beamonte, tutor de aquel prin- 
cipe , y por lo tanto, es probable se 
escribiera entre ios años de i4!30 y 
1440 , en que se comprendió la me- 
nor edad ae D. Carlos. En un códice 
antiguo de esta obra se lee lo si- 
guiente : t El original ha seydo e es 
»por ellos havido en muy grande es- 
•tima , e por tal mucho guardado den- 
»tro en la cámara del dicho rey de 
«Aragón. » La Vida del autor se ha- 
llará en Rezabal y Uffarte (Biblioteca 
de los autores <]ne nan sido indivi- 
duos de los seis colegios mayores. 
Madrid . 1805, 4.% p. 559.) El meior 
pasaje de la «Vision > es la alocución 

3ue la Verdacl hace á la Razón. En la 
ibiioteca Real de París sé conser- 
va un códice, señalado con el número 
78S6, que se dice con tener las poesías 
de Alfonso de b Torre. (Qchoa, «Ma- 
nuscritos,» París, 1844, 4. <*, 479.) Ade- 
mas, las poesías del bachiller Fran- 
cisco de la Torre , que se hallan en 
el «Cancionero» de 1575 (fol. 124-27), 

Len otros libros , v de que tanto se 
1 hablado con referencia á Queve- 
do , han sido por algunos atribuidas 
á Alfonso de la Torre , aunque hay 
diferencia en los nombres. 



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448 HISTORIA DE LA LITEH ATURA ESPA7ÍOLA. 

eQ 1541 , da por autor á Fernán Pérez de Guzmao; error 
descubierto y señalado por Tamayo de Vargas, en tiempo 
de Felipe III, pero que no fué geaeralmente advertido 
hasta que la obra fué de nuevo dada á luz por Moreno, 
en 1793. 

Está escrita la obra en forma de una disputa sobre 
moral, en la cual, después de una breve declaración de 
las diferentes virtudes y vicios de los hombres, según 
se entendían en aquella época, se presentan ejemplos 
sacados, ya de la Sagrada Escritura, ya de la historia de 
España. Es, por lo tanto, más bien que un tratado didác- 
tico, una serie de historias, cuyo principal mérito con- 
siste en el estilo grave , al par que sencillo y agradable , 
eo que están contadas; estilo particularmente apto y 
adecuado á las más de ellas, tomadas, como lo están, 
de las antiguas crónicas españolas. En su principio iba 
la obra acompañada de otro tratado sobre las Batallas 
campales; pero tanto esta como sus Crónicas de España, 
su libro de los Milagros del apóstol Santiago y otras obras 
de menor importancia , hace mucho tiempo que están 
completamente olvidadas. Almela, que disfrutó del favor 
de los Reyes Católicos, los acompañó al sitio de Granada 
en 1 491 , en cualidad de capellán, llevando consigo una 
compañía de sus vasallos armados, según la costumbre 
observada por los altos funcionarios de la Iglesia en aquel 
siglo guerrero '. 

En 1 493, otro distinguido eclesiástico, Alonso Ortiz, 

» Antonio, «Bib. Vetus,» ed. Bajer, bre de Fernán Pérez de Guzman co- 
t. II, p. 525 ; Méndez, cTypop. > p. 3i5. mo autor de la obra, se halle al fol. 2 
Es cosa muy sinffnlar, por cierto, que la carta de Diego Rodríguez de Al- 
en la edición del «Valerio de las bis- mela, fecha en 1472, la cual no deja 
lorias >, hecha en Toledo en 1541, fo- duda de que este , y no aquel, ñié el 
lio, y que tiene en la portada el nom- verdadero autor del Valono. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXII. 449 

canóoigo de Toledo» puUicó, en un tomo do muy abuU 
tado, dos peqa^os tratados qqe no deben pasarse en 
silencio. En. el primero , dividido en veinte y siete ca- 
pítulos y dirigido á la princesa de Portugal, por inter-^ 
medio de su madre la reina D.' Isabel, el canónigo cor-* 
tesano se propone consolar á la princesa de la muerte 
de su esposo. El otro viene á ser una oración gratula- 
toria, dirigida á los Reyes Católicos por la conquista de 
Granada en 1 492 , en que el autor muestra su alegría 
por tan fausto acontecimiento , manifestando al propio 
tiempo igual gozo y satisfacción por la cruel cuanto in- 
justa expulsión de todos los judíos y herejes de Espa-^ 
ña. Ambos están escritos en estilo sobradamente retó*- 
rico, aunque no del todo desprovistos de cierto mé- 
rito literario ; en la oración, sobre todo, hay uno ó dos 
trozos muy buenos y hasta patéticos , al tratar de la 
quietud y tranquilidad que disfrutará la España, ya que 
un enemigo implacable y odiado, después de una lucha 
de ocho siglos, ha sido expulso de sus fronteras : trozos 
que salieron sin duda del corazón del autor, y que ha- 
llaron eco do quiera que sus obras fueron leidas por 
españoles ^. 

Otr.o de los escritores en prosa que pertenecen al si- 

^ Las obras del erudito Alonso Or- el 7 de diciembre de i492 ; dos cartas 
tiz se imprimieron en Sevilla , 1^5, de la ciudad é iglesia de Toledo, pi^ 
en folio, de cien hojas , á dos colam- diendo que el nombre de la ciudad de 
ñas. Hablan de ellas Méndez (p. 194) ▼ Granada , nueramente conquistada, 
Nicolás Antonio. (Bib. Nova, 1. 1, p. 30.) no sea antepuesto al de Toledo en la 
Este ultimo escritor no supo nada lista de los títulos reales; y una grave 
acerca de Ortiz , excepto el hecho de censura contra el protonotario Juan 
haber legado á la biblioteca de la uni^ de Lucena (personaje al parecer dis- 
versidadde Salamanca toda su libre- tinto del autor de su nomore), por ha- 
rta. Ademas de los dos tratados cita- berse atrevido á atacar la Inquisición, 
dos en el texto , el tomo de sus obras que estaba á la sazón en toda la loza- 
contiene una relación de la herida nía y visor de sus santas pretensiones, 
que el rey Don Femando recibió de Por lo demás, todo el libro respira in- 
manos de un asesino , en Barcelona, tolerancia y fanatismo. 

T. I. 29 



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4S0 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPA1I6LA. 

glo XV y qae alcanzó más fama literaria que los dos 
anteriores, es Fernando del Pulgar, natural de Madrid, 
y educado, según él nüsmo dice, en la corte de D. Juan 
el Segundo. Que fué persona influyente y de calidad» 
lo prueba el haber ejercido altos cargos durante el rei- 
nado de Enrique IV, y el haber sido después^ por mu- 
chos años, del consejo de los Reyes Católicos, su seóre- 
tarío y cronista". De sus obras históricas ya dijimos en 
otro lugar ; restamos ahora tratar de otra no menos no- 
table y mas interesante, para la cual recogía materiales, 
al paso que escribía su Crónica de Castilla, hallando, 
como él mismo dice, « que las historias no referían tan 
^^extensamente , como debieran, los notables fechos y 
•singulares hazañas de algunos claros varones» • Movido 
pues de su patriotismo, y tomando por ejemplo las bio- 
grafías de los antiguos y las semblanzas de Pérez de 
Guzman, trabajó con esmero las vidas de los principa- 
les personajes de su tiempo, empezando por Enrique IV, 
y limitándose principalmente á los que vivieron durante 
su reinado y en su corte*. 

Algunos de estos bosquejos , á los que puso el título 
general de Claros varones de Castilla, como el del buen 
conde de Haro* y el de D. Rodrigo Manrique % son muy 
importantes por su asunto ; al paso que otros, como los 
de los arzobispos, obispos y otros dignitarios de la Igle- 
sia , tan solo interesan por la maestría con que están 



^ Estas noticias de Palgar estiin de él , en el diálogo de Mendosa , 

tomadas del prólogo á la edición de duque del Infantaoo, que t Pulgar 

sus «Claros varones» ( Madrid, 1775); fué de Bladrid natural >. (Qulncuage* 

fiero aUi, como en otras partes, se ñas, MS.) 

e hace natural de Toledo, lo cual ^ «Claros varones», tit. 5. 

es probablemente una equivocación. ' Ibid., tít 15. 
Oviedo , que le conoció y trató , dice * 



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I»RIIBIIA ÉIH»CA. CAPÍTULO XXH. 451 

irasados. El estilo en general es vigoroso , al par que 
conciso , con más tendencia á ser elegante que la que 
hallamos en los escritos de Cibdareal 6 Guzman » con 
los cuales nos hallariamos dispuestos á compararle , á 
no echar de menos la confiada naturalidad del honrado 
Bachiller y los seyeros juicios del político retirado. La 
obra (oda está dirigida á su protectora la reina D/ Isa- 
bel, á quien sin duda creyó convenía más que á otra 
persona alguna cierto tono de severa dignidad. 

Para prueba de su mejor estilo citaremos el siguiente 
trozo, en el cual, después de aludir á algunos de los mas 
notables personajes en la historia romana, se vuelve de 
repente hácta la Reina, y poniendo frente á frente los 
héroes de Roma con los varones de Castilla , de quien 
ya ha hablado mas largamente, dice así : 

ff E ni estos grandes señores e caballeros e Fijosdalgo 
» de quien aqui con causas razonables es hecha memo^ 
^ ria, ni los otros pasados que guerreando, á España la 
» ganaron del poder de los enemigos , no mataron por 
» cierto sus fijos, como fícieron los cónsules Bruto é 
uTorcato, ni quemaron sus brazos, como fízo Cevola, 
»ni ñzieron en su propia sángrelas crueldades que re- 
» pugna natura, e defiende la razón ; mas con fortaleza 
» e perseverancia y e con prudencia e diligencia, con jus- 
iiticia e cou clemencia, ganando el amor de los suyos, 
»e seyendo terror á los estraños, gobernaron huestes, 
» ordenaron batallas, vencieron los enemigos , ganaron 
» tierras ageoas, e defendieron las suyas. Yo, por cierto, 
» no vi en mis tiempos, ni leí que en los pasados vinie- 
)»sen tantos caballeros de otros Reynos, e tierras estra- 
» ñas a estos vuestros Reynos de Castilla e de León por 



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452 HISTORIA DB LA LITBBATURA BSPAHOLA. 

» facer armas á todo trance, como vi que fueron caba- 
» lloros de Castilla á las buscar por otras partes de la 
• christiandad... Asi que, Reyna muy excelente, estos 
» caballeros e perlados, e otros muchos naturales de 
n vuestros Reynos , de que no fago aqui mención por 
» ocupación de mi persona, alcanzaron con sus loables 
«trabajos que ovieron , e virtudes que siguieron, el 
«nombre de Varones Claros, de que sus descendientes 
» en especial se deben arrear, e todos los Fijosdalgo de 
» vuestros Reynos deben tomar exemplo para limpia- 
» mente vivir, porque puedan fenescer sus días en toda 
)» prosperidad , como estos vivieron é fenescieron*.» 

Este trozo es muy notable por su estilo y por el es- 
píritu que le dictó, sobre todo si se considera que es 
parte de una obra escrita á fines del siglo xv. Ni en su 
Crónica, ni en la glosa que compuso á las coplas de 
Mingo Revulgo, se halla otro que pueda comparársele. 

El mismo espíritu y fuego vuelve á aparecer en sus 
epístolas. Son estas en número de treinta y dos, escri- 
tas todas durante el reinado de Femando é Isabel, la 
mas antigua con la fecha de 1 473 , y la mas moderna 
diez años después. La mayor parte están dirigidas á 
personas de autoridad y distinción que vivieron en su 
tiempo , como la reina D/ Isabel , D. Enrique , tío del 
Rey, el arzobispo de Toledo y el conde de Tendilla. 
Algunas de ellas , como la que envió al rey de Portu- 
gal exhortándole á no romper las paces con Castilla, 
tienen todo el carácter de notas diplomáticas ; al paso 
que otras, como la que dirigió á su médico, quejándose 
festivamente de los achaques y enfermedades de la ve- 

* tChros ▼arones», tU. 17. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXII. 453 

J6z , y otra á su hija monja , llevan el sello de la fami- 
liaridad^. Tomadas en globo, las obras de Fernán Pérez 
de Guzman nos hacen concebir una idea muy grata del 
carácter de este antiguó criado y consejero de los Reyes 
Católicos , el cual si no dio grande impulso á su siglo 
como escritor, estuvo al menos á la cabeza de sus igua- 
les por la elevación de sus pensamientos y la abundan- 
cia de su estilo fócil, aunque desaliñado. Murió Fernán 
Pérez del Pulgar después de 1 492 , y probablemente 
antes del 1500. 

Pero no es justo que pasemos los límites del reinado 
de Fernando é Isabel, sin dar antes cuenta de dos no- 
tables tentativas hechas para ensanchar la esfera ó á lo 
menos cambiar las formas de la fábula romántica, se- 
gún se hallaban entonces definidas y marcadas en los 
libros de caballerías. 

La primera de estas tentativas tuvo por autor á Diego 
de San Pedro, decurión de Valladolid, de cuyas obras 
poéticas están llenos los cancioneros generales**. Que 
fué conocido en la corte de los Reyes Católicos y gozó 
de alguna consideración, es evidente ; pero si hemos de 
juzgar por su principal poema , intitulado El desprecio 
de la fortuna, fué desgraciado en los últimos años de su 
vida y se arrepintió de los excesos y locuras de su ju- 
ventud*', entre las cuales considera el haber compuesto 

9 Sus letras 6 epístolas se hallarán ñeros generales de i5ii-1S73, y en 

al fin de los* Claros varones». (Madrid, este último á fol. iS5 , i6i , 176, 177, 

1775, 4.®) Imprimiéronse por la pri- 180, etc. 
mera vez en Sevilla, año de ISOO. <^ • El desprecio de la fortuna », 

*^ Las « Coplas de San Pedro á la juntamente con una notable dedica- 
pasión de Cristo » y < Las siete an- toria al conde de UrueÜa , á quien 
gustias de nuestra Señora» se hallan dice sirvió por espacio de veinte y 
en el Cancionero de 1492 (Méndez, nueve años , se hallará al fin de la 
p. 135). Otras muchas de sus obras edición de todas las obras de Juan 
poéticas se hallarán en los Canelo- de Mena, hecha en 1666, en Alcalá. 



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454 HISTORIA DB LA LITERATITRA iUiPA^OLA. 

la fábula en prosa, sobre que estriba casualrneule toda 
SQ reputación literaria. Intitúlase esta La cárcel de amor, 
y se escribió, según parece, á instancias de Diego Her- 
nández de Córdoba, alcaide de los donceles, en tiempo 
de los Reyes Católicos, empezando con una alegoría. 
Supone di autor que pasando una mañana de invierno por 
unos valles hondos y oscuros dentro del Sierra Morena, 
vio salir á su encuentro por entre unos robledales un 
caballero, así feroz de presencia como espantoso de vista , 
cubierto todo de pelo á manera de salvaje, y llevando 
en pos de sí un prisionero asido de fuerte cadena. El 
salvaje era el Deseo, y su victima Leriano, el héroe de 
la fábula. Llevado de la natural simpatía que la vist^ 
de aquel desgraciado le causó, el autor los signe á la 
cárcel de amor, donde después de pasar hartos traba- 
jos y atravesar mil peligros, llega y ve á Leriano sen- 
tado en una silla de fuego y sufriendo atroces tormen- 
tos. Leriano entonces le cuenta como se hallan en el 
reino de Macedonia, cuyo rey, Gaulo, le tiene preso en 
aquella torre, por haberse atrevido á declarar su amor 
á Laureola, su hija; y después de explicarle alegóri- 
camente todas y cada una de las partes del edificio que 
le sirve de cárcel, concluye rogándole quiera llevar un 
mensaje suyo á Laureola, á lo que el autor consiente, 
quedando Leriano al punto libre de sus prisiones ; con 
lo cual termina la alegoría. 

De aquí en adelante la historia se parece al episodio 
de un libro de caballerías. Un rival descubre las rela- 
ciones de Leriano con Laureola, y da parte al rey, quien 
creyendo á su hija criminal la pone en un encierro. Le- 
riano desafía al delator y le vence en la lid ; pero la acu- 



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l*imiKRA fiPOCil. — CAPÍTULO XXfl. 455 

sacioD se repite , y ooo la ayuda de testigos falsos se 
prueba el crimen, y Laureola es condeaada á muerte* 
Entonces Leriano la liberta espada en mano, y la pone 
bigo la protección y custodia de su tio, para evitar que 
sus detractores tomen pretexto para calumniarla. El Rey, 
furioso, sale en busca de Leriano y le sitia en la ciudad 
de Susa. Este se defiende con valora y en una salida que 
hace al frente de la guarnición coge prisionero á uno 
de los delatores y testigos falsos, que obligado áello, 
confiesa su delito; sabido lo cual por el Rey, perdona 
lu^o á su hija y se muestra afable y compladdo con su 
fiel amante. Pero Laureola , ultrajada en su bonor, se 
niega á admitir por más tiempo los obsequios de aquel ; 
y Leriano, desesperado, enferma y muere de hambre y 
de aflicción. Así acaba la obra de San Pedro ; pero hay 
una continuación, no muy feliz por cierto, escrita por 
Nicolás Nunez, en que se refiere la aflicción y tristeza 
de Laureola al oir la muerte de su amante y la vuelta 
del autor á España **. 

El estilo , en lo que toca á Diego de San Pedro , es 
bueno para la época en que escribió , enérjíco , vigoroso 
y lleno de aforismos y antítesis ; pero en la estruclora 
de la fábula se descubre poco ó ningún ingenio. Toda la 
obra^ en suma, es una prueba de lo poco adelantada que 
se hallaba la ficción romántica en los tiempos de Fer- 
nando é Isabel. A pesar de lo dicho , la Cá'cel de amor 
fué un libro muy popular en su siglo. Imprimióse por 
la primera vez en i 492 , en menos de ocho años se hi- 
cieron otras dos ediciones , y no habia aun trascurrido 

^ Unas cuantas poesías de este 175 ; de las coales una ó dos sonbas- 
Nlcolas Nuflez se hallan en el c Can- Unte buenas, 
donero general de 4S75, ¿ fol.17,85, 



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456 HISTORIA »E LA LITERATUIU ESPAlfOLA* 

un siglo que ya se contaban á lo menos otras diez, sin 
incluir en este número las versiones á otras lenguas*'. 
En prueba de la popularidad que obtuvo la Cárcel de 
amor, citaremos la aparición de la Quettian deam^, no- 
vela anónima, que, s^un la fecha puesta al fin, fué 
acabada el 17 de abril de 4512. En ella se discute la 
cuestión tan debatida desde el tiempo de las «Cortes del 
amor» hasta los dias de Garcilaso de la Vega, de quién 
es más infeliz, si el amante á quien la muerte arrebata 
el objeto de sus amores, ó el que sirve á una mujer sin 
esperanza de ser correspondido. La disputa , en este 
caso, es entre Vasqutran que ha perdido á su amada, 
y Flamiano que se ve despreciado por la suya. La es^ 
cena pasa en Ñapóles y en otras partes de Italia , em- 
pezando en el año de 4508 , y concluyendo con la ba* 
talla de Ravena y sus desastrosas consecuencias, cuatro 
años después. Toda la obra respira el espíritu de la 
época, describiéndose minuciosamente en ella pasos de 
caballería y fiestas públicas en Ñapóles, cacerías, jus- 
tas, torneos y juegos de cañas, sin olvidar los trajes, 
armaduras, motes y divisas de los principales perso- 
jes que en dichos pasatiempos tomaron parte. Hállanse 

^> Méndez , pp. 185^, 285 ; Bmnei, sllas cartas de amores escritas de dos 

etc. Ba < Cárcel de amor » se tradujo »en dos >, sospecho que San Pedro es 

al inglés por Lord Bemers.(Walpole*s también autor del libro intitulado 

Rojal and Noble Authors , London, < Processo de cartas de amores que 

i806, 8.^ 1. 1, p. 241 ; Díddin , Ames» entre dos amantes pasaron»; y es una 

London, 1810, 4.®, t. ui, p. 195, y 1. 1?, serie de cartas amorosas , llenas de 

p. 339.) También se atriouye á Diego la afectación y pedantería de aquel 

de San Pedro el «Tratado ae Aroalte tiempo. Dado caso que asi sea, po- 

T Lucenda», del cual bay una edición driamos también atribuirle la c Que- 

(que probablemente no es la prime- xa y aviso contra amor », ó la «Histo- 

ra) de Burgos , 1522, y otra de 1527. ria de Lucindaro y Medusina », á que 

(Asso, « De Librís Hisp. Rarioríbus,» se alude en la última de aquellas car- 

CsBsaraugustae, 1794, 4.^, p. 44.) Por tas; pero como no he visto de dicha 

cierta expresión en su «Desprecio de obra edición anterior i la del año 1553, 

la Fortuna» (Cancionero general, prefiero no hablar de ella aqui, y de^ 

1573, fol. 158), aonde habla de «aque- jarla para el periodo siguiente. 



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PRIMBIU ÉPOCA. — capítulo XXII. 457 

también mezcladas en ella muchas poesías, villáncicoSt 
motes é invenciones como las qne se encuentran en 
los cancioneros, sin contar una ^loga entera tal cual 
se recitó ó representó delante de la corte en Ñápeles , 
y una visión poética en que el amante que perdió á su 
dama la vuelve á ver como si estuviera viva. La mayor 
parte se refiere probablemente á hechos ciertos, de los 
cuales algunos son históricos; pero lo principal de ella, 
y lo que en aquel tiempo debió constituir su mérito, es 
la discusión metafísica de los dos enamorados, víctimas 
cada uno por su estilo; discusión que unas veces se con- 
duce por medio de epístolas, y otras en forma de tier- 
nos diálogos. Concluye la historia con la muerte de Fia- 
miaño, causada por heridas que recibió en la batalla de 
Ravena ; pero la cuestión debatida se queda en el mismo 
estado que al principio. 

El estilo es el de su tiempo , festivo y ameno á veces, 
pero en general pesado ; el interés mediano , ya por lo 
insípido del asunto y las sutilezas metafísicas de los dos 
contrincantes, ya por los minuciosos detalles de las 
fiestas y combates con que la obra está atestada. Su 
principal mérito, pues, consiste en haber sido una de 
las primeras tentativas de novela histórica, de la misma 
manera que la Cárcel de amor, que la produjo, lo fué de 
la novela sentimental '^. 

** Imprimióse la t QoestioD de si bien da b preferencia á la t C¿r- 

amor » en 1527 por la primera vez ; y cel » por so estilo. (Mavans y Sisear, 

sin contar las machas ediciones se- Origenes , t. ii , p. 167.] Tanto la 

paradas que de ella se hicieron , se ana como la otra están señaladas en 

Imprimió también á menudo Janta- el Índice expurgatorio de i667 (^ 

mente con la t Cárcel de amor » , de p. 323, S64) , con la particalaridad de 

Diego de San Pedro. Ambas obras se <iue b «Question»,con imperdonable 

hallan entre los pocos libros citados ignorancia, se supone ser obra por- 

por el autor del t Diálogo de bs len- tuguesa. 
guas», quien bs elogia algún tanto, 



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CAPITULO XXIII. 

Los candoaeros de Btena • Stúftiga y Mariioet de Bárgos.— El general de 
Castillo. — Sus varias ediciones. — Sas tlfvisiones, contenido y carácter. 

Los reinados de D. Jaan el Segundo y de sos hijos 
Enrique IV é Isabel la Católica , que airas dejamos, se 
extienden desde 1 407 á 1 504, llenando por consiguiente 
casi un siglo entero, aunque solo comprenden dos ge- 
neraciones de reyes. De los principales escritores que 
florecieron durante este tiempo, ya fuesen cronistas, ya 
dramáticos, ya escribiesen en verso, ya en prosa, ya 
perteneciesen á la escuela provenzal, ya á la castellana, 
hemos dicho lo bastante en otro lugar. Con todo, acu- 
diendo á los antiguos cancioneros generales, vastos al- 
macenes de todo género de poesía anterior al siglo en 
que se compilaron , formaremos una idea mucho más 
clara y exacta de la cultura española durante este si- 
glo , que la que podría suministramos otro cualquiera 
documento de la época. 

Nada , en efecto , de lo perteneciente á la literatura 
castellana en el siglo xv, marca tan perfectamente su 
carácter y formas, como estas voluminosas y mal digeri- 
das colecciones, de las cuales la mas antigua tiene por 
autor á un judío converso , llamado Juan Alfonso de 
Baena , escribano ó secretario del rey D. Juan el Se- 



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PRIilBRA RPOCA. — CAPITULO XXIIl. 450 

gando. Dicha colección, á la cual hemos aludido ya más 
de ona vez, se hizo, á lo que parece, entre los anos de 
1 449 y i 454 , y según el autor mismo nos dice en su 
prólogo , principalmente para entretenimiento y solaz 
del Rey, aunque también con la idea de que su conté* 
nido no sería desagradable del todo á la Reina , al he- 
redero presunto del trono y á la corte y nobleza en 
general. A este fín, dice, recogió y juntó todas las 
obras de poetas españoles que en su siglo ó el anterior 
hablan honrado la que él llama « la muy sotil é graciosa 
gaya ciencia » . 

Examinado con atención el Cancionero de Alfonso de 
Baena, hallamos que una tercera parte de su contenido 
lo ocupan las poesías de Yillasandino, que murió hacia 
el año 1424, y á quien llama «corona é monarca de 
todos los poetas é trobadores españoles»; y que los dos 
tercios restantes están divididos entre Diego de Valen- 
cia, Francisco Imperial, Fernán Pérez de Guzman, Fer- 
rant Manuel de Lando y el mismo Baena ; al paso que 
los nombres de otros cincuenta poetas, de los cuales al- 
guno que otro vivió en el reinado de Enrique 111, se 
hallan puestos al frente de multitud de cantigas, dezi- 
res, motes, esparsas y otras poesías sueltas, de las que 
probablemente no fueron siempre los verdaderos auto- 
res. Una muy pequeña parle de la colección, como son 
las poesías atribuidas á Macías, está en dialecto gallego, 
y lo mas principal de ella es obra de poetas castellanos, 
que se preciaban de escribir á la moda más que de otra 
cosa, y que, siguiendo el gusto de su tiempo, adopta- 
ron las formas fáciles y lijeras de la versificación pro- 
venzal, y tomaron también de la escuela italiana aquella 



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460 HISTORU DB LA LITERATURA ESPACIÓLA. 

parte que pudieron comprender ó apropiarse. De ver- 
dadera poesía, si exceptuamos algunas piezas córtasete 
Ferrant Manuel de Lando, Alvarez Gato y Pérez de Goz- 
man, el Cancionero de Baena apenas contiene vesti- 
gios*. 

Otras colecciones parecidas á las de Baena se hi- 
cieron por el mismo tiempo. Por lo que de ellas nos 
queda, vemos que fueron una necesidad de la época, y 
que todas, poco mas ó menos, participaban del mismo 
carácter. Entre ellas citaremos el Cancionero lemoiin, de 
que ya hicimos mención* en otro lugar; el de Lope de 
Stúñiga , que comprende las obras de unos cuarenta 
poetas'; la colección formada en 1 464 por Fernán Mar- 
tínez de Burgos, y otros siete Cancioneros, por lo me- 
nos, que se guardan entre los manuscritos de la Biblio- 
teca Nacional de París, y contienen poesías de la mitad 
del siglo XV, aunque á veces de los mismos autores, y 



* La descripción del Cancionero 
de Baena se hallará en Castro, t Bi- 
blioteca Espaiiola» (Madrid, 1785, 
folio, 1. 1 , pp. 265-546) ; en Puybus- 
qae, c Histoire comparee des Littéra- 
tures Espagnole et Francaise » (Pa- 
rís, 1843, S.\ t. I, pp. 293-7); en 
Ochoa, cManuscritos» (París, 1844, 
4.*,pp. 281-6), y por último, en 
Amador de los Rios , « Estudios so- 
bre los Judíos » ( Madrid , 1848 , 8.<», 
pp. 408-19). El códice de que se sir- 
vió Castro,perteneció probablemente 
á la reina D.* Isabel (Memorias de la 
Acad. de Hist., t. vi, p. 458). y se 
halla hoy dia en la Bib. Nac. de Pa- 
rís. En el Cancionero de Fernán Mar- 
tínez de Burgos (Memorias de Al- 
fonso VIII, por Moodejar , Mad. , 1783, 
4.®, Apend. , cxxxix) se hallan unas 
coplas de un poeta llamado Juan, 

2ue reprende la judaica extracción de 
aena, y califica sus versos de rui- 
nes composiciones, diciendo que 
€ no Talen una blanca la docena ». 



Las poesías de este Cancionero, 
que según todas las probabilidades, 
no fueron compuestas por los auto- 
res á que se atríbuyen , son en ge- 
neral cortas y de poca importancia, 
tales cuales debieron entregarse á 
los grandes señores por los numil- 
des versificadores que buscaban tu 
protección ó formaban parte de su 
servidumbre y clientela. Ya hemos vis- 
to que Villasandino compuso para el 
coBoe D.Pedro Nifk> unos versos que 
este adusto guerrero, más acostum- 
brado á los combates que á galante- 
rías cortesanas, habis^ de entregar en 
su dia, á la dama de sus pensamien- 
tos, llamada D.* Beatriz : hecho no- 
table que refiere el mismo Baena, en 
una nota. 

* Véase el cap. xvii , nota 10. 

> El Cancionero de Lope de Stíi- 
ñiffa está, 6 estaba últimamente, en 
la Biblioteca Nacional de Madríd , en- 
tre los MSS. en folio , con la marca 
M. 48. Consta de ciento sesenta y tres 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXni. 461 

frecuentemente las mismas ya recogidas por Baena y 
por Stúñiga ^. 

Todas ellas revelan un estado de sociedad en que la 
alta nobleza t imitando al monarca, man tenia en derre- 
dor suyo una corte poética como la que el marqués de 
Villena tuvo en Barcelona » ó la mas brillante aun del 
duque D. Fadrique de Castro, que se componía de Puer- 
to Carrero» Gayoso y Ferrant Manuel de Lando y otros 
célebres poetas de aquel tiempo. Que el carácter gene- 
ral de dichas poesías era provenzal, aparece á su sim- 
ple lectura ; y por otra parte no cabe duda que la es- 
cuela italiana influyó bastante en ellas » como se com- 
prueba fácilmente no solo por las que hay publicadas , 
sino que también por lo que el mismo marqués de San- 
tillana da á entender en su carta al condestable de Por- 
tugal \ 

PerOt si bien los trabajos entonces hechos para reco- 
ger las poesías de aquel siglo fueron mayores de lo que 



iMjas de lelra moy cUra y hermosa. 
* Estas colecciones de poesías, ge- 
nerafanente llamadas Cancioneros, 
estavieron muy á la moda en Espa- 
ña antes y después de la introdoc- 
don del arte de la imprenta. Una de 
ellas, formada en iteé con varias 
adiciones de época posterior, por 
Fernán Martínez de Burgos , se com- 
pone, en primer laeMr, de varias poe- 
sías por el padre Mel colector ; entran 
en seguida las de Villasandino, á 

a alen elogia sobre manera como sol- 
ado y como poeta ; y signen des- 
pués las de Fernán Sánchez de Tala- 
vera , algunas de las cuales llevan la 
fecha de ^408 ; las de Pero Velez de 
Guevara , de 1402; de Gómez Manri- 
aue, SantiUana, Fernán Pérez de 
Guzman, y en suma, de casi todos 
los poetas más conocidos de aquel 
tiempo, t Mem. de Alfonso VIH », Ma- 



drid, 1785, 4.^, Apend. c«xiv-xl. 

Otros varios Cancioneros manus- 
critos de la misma época se conser- 
van en la Biblioteca Nacional de 
Paris, que contienen obras de casi 
todos los ingenios de aquel sifflo, 
como Santillana , Juan de Mena , Ló- 
pez de (uñiga (lEstüñiga?) , Juan Ro- 
dríguez del Paaron , Juan de Villal- 
nando. Suero de Ribera. Fernán 
Pérez de Guzman , Gómez Manrique, 
Diego del Castillo , Alvar García de 
Santa María, Alonso Alvarez de To- 
ledo. La descripción de estos Can- 
cioneros , que son por lo menos sie- 
te, se hallará en Ocboa, c Catálogo 
de MSS. españoles de la Biblioteca 
Real de París , > Paris , 1844 , 4.*, pá- 
ginas 378-525. 

^ Sánchez, c Poesías Anteriores , » 
1. 1, p. Lii, con las notas al pasaje 
relativo al duque D. Fadrique. 



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402 HISTORIA DE LA LITERATURA ESi^AÜOLA. 

se podia esperar en una época de tanta agUaoion y de»- 
órdeD , es preciso confesar que fueron solo dirigidos á 
un fin , y que no siempre fueron hechos con acierto. 
Está bien que el Rey y los más poderosos de entre sus 
nobles se recreasen con tales cancioneros y mantuvie- 
sen á su costa una corte poética ; el público en general 
nada ganaba con tan dispendiosos placeres , ni podía 
tampoco esperarse que el gusto poético adelantase rá- 
pidamente y se generalizase á merced de una influencia 
parcial y bastarda. Siguióse* empero, muy pronto un 
nuevo orden de cosas; en 1474 hallábase ya introdu- 
cida la imprenta en España de una manera sólida y 
que prometía pingües resultados ; y es un hecho , por 
cierto muy notable* que el primer Iftro que se sabe ha- 
ber salido de las prensas españolas es una colección de 
poesías recitadas en dicho año por cuarenta poetas que 
se disputaban un premio en pública asamblea*. Es cierto 
que el volumen á que aludimos no parece haber sido 
compilado bajo el mismo principio que dictó los anti- 
guos cancioneros manuscritos ; pero también lo es que 
en algunas cosas se asemeja mucho á ellos , y que en 
otras parece haber sido resultado natural de su imita- 
ción. Sea de esto lo que fuere, en 1492 se imprimió en 
Zaragoza una colección de poesías , por nueve autores 
distintos, entre los cuales figuran Juan de Mena, el me- 
nor de los Manriques y Feruan Pérez de Guzman ; co- 
lección hecha sin duda bajóla misma base y con el pro- 
pio fin que los cancioneros de Baena y Stúñiga , y que 
fué dedicada á la reina D." Isabel, ilustre protectora de 

^ Pasler. « Bib. Valenciana ,» 1. 1, hemos citado, anteriores al afio Ii74, 
1». 52. Todos los Cancioneros que están aun inéditos. 



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PliniBIU ÉPOCA. — CAPITULO XXIII. 603 

toda empresa que podía contribair al adelantamiento de 
las letras \ 

Fué sin duda nn libro notable el que así se publicaba 
á los diez y ocho años de introducida la imprenta en Es- 
paña, y cuando esta apenas habia dado otros frutos más 
que algunos tratados latinos de poco ó ningún valor ; 
pero no fué bastante para las necesidades del público 
español , y otras colecciones mas copiosas la siguieron 
de cerca. En ibii Femando del Castillo publicó en 
Valencia su Cancionero general, primer libro que tuvo 
este título tan conocido, y en el cual se contienen, se- 
gún en él se expresa, « varías y diversas obras de todos 
» ó de los mad principales trobadores de España, así an- 
»tiguos como modernos, en obras de devoción, morales 
»y amatorias, chistes, romances, villancicos, canciones, 
«divisas, motes, glosas, cuestiones y respuestas» . 

Contiene en efecto poesías de cien diferentes poetas, 
desde el tiempo del marqués de Santíllana hasta el de 
su compilador ; la mayor parte de las obras sueltas se 
hallan designadas por el nombre de sus respectivos au- 
tores , ó de aquellos que pasaban por tales ; las res- 
tantes están clasificadas bajo alguna de las divisiones ó 
especies arriba dichas, y que en aquel tiempo consli- 
tuian los asuntos y formas de verso mas usados en la 
corte. Bu cuanto al orden y simetría , juicio critico ó 
gusto en la elección, no hay para qué buscarlos, pues 
el colector no parece haberlos tenido en cuenta para 
nada. 

A pesar de dichos defectos, la colección tuvo un éxito 
extraordinario : en 1514 salió á luz una ntieva edición 

^ Méndez, « Typog. , » pp. 154-137 y 383. 



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464 HISTORIA m LA LITERATURA K8PA5ÍOU. 

de ella, y antes de 1540 se contaban por lo menos seis* 
hechas en Toledo ó Sevilla, ó sea ocho en poco menos 
de treinta años ; número de ediciones que, si se atiende 
al contenido y volumen del libro, quizá no tenga ejem- 
plo en la literatura europea de la misma época. Mas 
tarde, en 1557 y 1573, dos ediciones más completas y 
aumentadas se publicaron en Ambéres, adonde los de- 
rechos de sucesión y las conquistas de Carlos V lleva- 
ron el conocimiento de la lengua castellana y el cultivo 
de su literatura. En todas y c^da una de las diez edi- 
ciones de esta notable colección hallamos la poesía que 
mas en boga estaba en la corte y en la alta sociedad 
española, durante todo el siglo xv y los primeros años 
del XVI, con esta circunstancia, que la última de todas 
contiene las obras de ciento y treinta y seis poetas , 
desde Ids primeros años del reinado de D. Juan el Se- 
gundo hasta los tiempos del emperador Carlos Y *. 

Considerando, pues, este cancionero como la verda*- 
dera representación del período poético en él compren- 
dido, lo primero que vemos al abrirle es una gran can- 
tidad de obras de devoción, sirviendo, por decirlo así, 
de vestíbulo á otras mas profanas y libres. Son sin em- 
bargo tan malas y, á pesar de su título , tan poco de- 
centes, que nos cuesta trabajo el comprender cómo en 
ningún tiempo pudieron considerarse como religiosas. 
Así es que apenas habia trascurrido un siglo desde la 
publicación del Cancionero, que la misma Iglesia, cuyo 
favor y benevolencia se quería ganar con dichas obras, 

* Los criie deseen noticias biblio- Branet , t Manuel. >»Voc. , t Gancio- 

gráficas de las varias ediciones del ñero » y Castillo. He yisto, si no me 

c Cancionero General », todas ellas á engaño, ocho ediciones distintas 

coal más raras , las hallarán en Ebert, de él. 
< Bibiiographisches ; Lexicón , » y en 



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PRIMERA ÉPOCA. CAPÍTULO XXIII. 465 

no pudo méDos de condenarlas , y cuantos ejemplares 
impresos cayeron en manos de celosos eclesiásticos, 
otros tantos fueron hechos pedazos , entregados á las 
llamas, ó cuando menos arrancadas de ellos las hojas 
qne contienen dichas obras*. 

No cabe duda, sin embargo, de que dichas composi- 
ciones se escribieron con un fin devoto, puesto que al- 
gunas de ellas son obra del marqués de Santillana , de 
Fernán Pérez de Guzman y de otros poetas bien cono- 
cidos del siglo XV, que pretendían de este modo rodear 
sus vidas y sus obras de cierta aureola de santidad. 
Algunas de las poesías contenidas en esta parte del 
CaAcionero, y otras pocas esparcidas por las demás» están 
escritas en dialecto lemosin, lo cual habrá de atribuirse 
sin duda á la circunstancia de haber sido compilado é 
impreso por la primera vez en Valencia. Por lo demás, 
ninguna de las obras contenidas en dicha primera parte 
del Cancionero revela verdadero carácter poético, y muy 
pocas inspiran la devoción y el recogimiento. De las 
poesías sueltas la mejor quizá es una de Mossen Juan 
Tallante, que apostrofando á un crucifijo dice : 

Inmenso Dios , perdarable, Paes te plugo tal passion 

Que el inundo todo criaste , Por nuestras culpas sufrir. 

Verdadero , O Agnus Dei : 

Y con amor entrañable Llévanos do está el ladrón 

Por nosotros espiraste Que salvaste por dezir : 

En el madero : Memento mei *•. 

Siguen á las obras de devoción las de aquellos auto- 

'He visto un ejemplar de la edición pieza el tomo han sido arrancadas. 

S ótica de 1535, bárbaramente mutila* ^^ « Ganciónero General », Anvers, 

o, y en el cual se lee la nota siguien- 1573 , fol. 5. — Fuster, c Bib. Valeii- 

te : « Este libro está expurgado por ciana » (t. i, p. 81 ) , se esfuerza en 

•elExpufffatorio del Santo OÜcio, con decir algo acerca del autor de estos 

«licencia. F. Baptista Martínez..! To- versos; pero en mi opinión, no sale 

»das las poesias devotas con que em- airoso de su intento. 

T. I. 30 



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466 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPANOLA. 

res en cuya reputación y buen nombre se cifra, por de- 
cirlo así , la inmensa popularidad que entonces tuvo el 
Cancionera; serie numerosa* y en cuya formación Cas- 
tillo empleó veinte años, según él mismo dice en su 
prólogo al conde de Oliva. De los mas distinguidos de 
entre ellos , como son el marqués de Santillana , Juan 
de Mena , Fernán Pérez de Guzman y los tres Manri- 
ques, hemos tratado ya en diferentes lugares de esta 
obra ; los restantes son el vizconde de Altamira, Diego 
López de Haro**, Antonio de Velasco , Luis de Vivero, 
Hernán Mexia, Suarez, Cartagena, Rodriguez del Pa- 
drón, Pedro Torrellas, Davales", Guivara, Alvarez 
Galo*', el marqués de Astorga, Diego de San Pedro y 



** En la biblioteca de la Real Aca- 
demia de b Historia ( Mise. Históri- 
ca , MS. , t. ui) se conserva un poema 
de Diego López de Haro, de letra, al 

Í carecer, de' principios del siclo xvi. 
ntitúlase c Aviso para Cuerdos » , y 
consta de unos mil versos : su forma 
es la de un diálogo entre varios perso- 
najes célebres, ya alegóricos, ya his- 
tóricos , con una respuesta dirigida 
á cada uno de ellos por el autor. 
Aquellos son en número de sesenta, 
entre los cuales figuran Adán y Eva, 
con el ángel que los echó del paraí- 
so ; la ciudades de Troya y Jerusalen, 
el rey Príamo, Jesucristo, Julio César, 
el rey Wamba y Mahoma. Todo él está 
escrito en la antigua forma de metro 
castellano, y no carece de cierto mé- 
rito poético, como puede verse por 
el siguiente diálogo entre Seúl y el 
autor : 

9AÜL. 

Eo mi pena es de mirar 
Qué peligro es para vos 
El glosar ú el mudar 
Lo que manda el alto Dios. 
Porque él manda obedescelle. 
Non jnzgalle , mas crcelle , 
A quien ¿ Dios a de entender. 

AUTOR. 

Pienso yo que en tal deíecto 
Cae presto el eoracon 



Del no sabio en religión , 

Creyendo que á lo perfecto 

Puede dar más perflcion. 

Este mal tiene el glosar; 

Luego á Di«s quiere enmendar. 
Hablando Oviedo en sus «Quinqua- 
genas » de Diego López de Haro, di- 
ce que fué « el espejo de los galanes 
»de su tiempo, y que fué muy cono- 
»cido, tanto ñor sus servicios en la 
»guerra de Granada , como por ha- 
»ber desempeñado la embajada de 
»Roma». (Véase á Glcmencin, «Me- 
morias de la Acad. de la Hist., » t. vi, 
p. 404.) Es ademas uno de los per- 
sonajes que figuran en el «Infierno 
de Amor», de Sánchez de Badajoz , y 
sus poesías se hallarán en el «Cancio- 
nero General» de 1575, á fol. 82-90, 
y en otros lugares. 

** Este Dávalos fué el fundador de 
la familia á que perteneció después 
el marones de Pescara , general de 
Carlos V ; su primer hecho de armas 
fué matar en desafio á un caballero 
portugués , á presencia de los dos 
ejércitos , de cuyas resullas llegó á 
ser con el tiempo condestable de 
Castilla. (Hist. de D. Hernando Dá- 
valos, marqués de Pescara , An- 
vers, 1558, ^2,^ lib. i , cap. i.) 

^ Ademas de las poesías de este 
autor, que se hallan en los Cancio- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXIII. 467 

Garci Sánchez de Badajoz. Este último, cuyo principal 
mérito consiste en una versificación fácil y armoniosa , 
es muy citado de poetas posteriores, por la circunstancia 
de haber perdido el juicio de resultas de unos amores 
desgraciados. Todos estos poetas pertenecen á la escuela 
cortesana , y solo sabemos de ellos y de sus vidas lo 
poco que ellos mismos nos dicen en sus poesías ; casi 
todas las cuales son tan pesadas y fastidiosas, y se pa- 
recen tanto unas á otras, que no es por cierto una tarea 
muy agradable el leerlas. Por ejemplo, el vizconde de 
Altamira compuso un largo y cansado diálogo en verso, 
entre el Sentido y el Conocimiento , y Diego López de 
Haro otro entre la Razón y el Pensamiento ; Hernán 
Mexia uno entre el Sentido y el Pensamiento, y Costana 
otro entre la Afición y la Esperanza, todos los que per- 
tenecen á la clase de poesía llamada Obras de mo- 
ral, que tan en boga estuvo en aquel siglo, y están es- 
critas en el mismo metro, en el mismo estilo grave y 
sentencioso , y con la misma profusión de metafísicos 
conceptos. Al propio tiempo hay también poesías ama- 



ñeros Generales , como en el de 1573, 
á fol. 148-52 y 189, hay an códice an- 
tígao que contiene las obras de este 
poeta, y se conserva en la Biblioteca 
de la Real Academia de la Historia de 
Bladrid. Alvarez Gato faé persona de 
importancia en los reinados de don 
Jaan el Serondo, Enriqae IV y de los 
Reyes Católicos, á todos los cuales 
sirvió en el departamento de Estado. 
Añádese que tuvo intimidad con don 
Juan el Segundo. Cierto dia que este 
le echó de menos en una cacería, pre- 
guntó por él á los de su comitiva ; y 
como le fu ese contestado que no asis- 
tía por hallarse indispuesto, replicó: 
« Pues vamos á verle , que es mi ami- 
»ffo, y le debemos visitar,» y con 
erecto, dejó la cacería y fué ¿ ver al 
poeta. Murió Alvarez Gato en 1405. 



Í Jerónimo de Quintana , Historia de 
ladrid , Madrid , 1629 , folio , f. 22. ) 
Las poesías de este autor hacen 
frecuentemente referencia á nego- 
cios públicos de su tiempo ; pero en 
general prevalece en ellas el estilo 
cortesano y la afectación de su épo- 
ca, y las más están consagradas :tl 
amor y sus devaneos. Algunas, sin 
embargo, están escritas con bastante 
gracia y Daturalidad,como una en que, 
respondiendo á su dama que le áicp. 
bable con juicio, contesta que lo 
perdió desde el momento en que la 
vio , y continúa : 

Si qneres que de verdad 
Torne á mi seso v sentido , 
Usad agora bondad : 
Tómame mi libertad 
E págame Ío servido. 



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468 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPANOLA. 

lorias del género alegre y festivo, alguoas de las cua- 
les, como las Lecciones de Garci Sánchez de Badajoz al 
libro de Job *\ las coplas de Rodríguez del Padrón á los 
diez mandamientos , y las de Manrique el menor á la 
profesión que hizo en la orden del Amor, son esen- 
cialmente profanas, por más que hayan sido considera- 
das como religiosas al tiempo que se escribieron. En 
ninguna de ellas sin embargo, más diremos, en ninguna 
de las obras de veinte autores difj^rentes que componen 
esta parte importante del Cancionero, se encuentra ape- 
nas pensamiento verdaderamente poético, si se exceptúa 
solo alguno que otro en las de los autores ya citados, 
y principalmente en las del marqués de Santillana, Juan 
de Mena y el menor de los Manriques *^. 

Sigue después de esta una colección de ciento y veinte 
y seis cancionesi con los nombres de los más distingui- 
dos poetas y caballeros del siglo xv. Casi todas ella;^ 
son de estructura uniforme, y constan de dos estrofas, 
una de cuatro versos y la otra de ocho, de las cuales la 
primera expresa y encierra la idea principal , y la se- 
gunda la repite y amplifica. Recuérdannos estas cancio- 
nes, por más de un estilo, los sonetos italianos, aun- 
que en general tienen menos soltura en sus movimien- 
tos , y se prestan con más facilidad que aquellos al con- 
cepto. Apenas hay una , de tantas como se contienen en 

** «Memorias de Ja Real Academia primeras son las obras de devoción, 

de la Historia », t. vi, p. 404.— t Las La serie de aatores arriba citados 

lecciones de Job » , de Garci Sancbez ocupa desde el fol. 18 al 27, siendo 

de Badajoz, aparecen de muy antiguo de advertir que ni en esta, ni en nin- 

en los «Índices Expurgatorios de la guna otra edición de este Cancione- 

Inquisicion » . ro, compilado principalmente para la 

't^ El «Cancionero» de 1535 es en fo gente de corte, se bailan las senti- 

lio , letra de tórtis , ái^^^lumnas, das y lindisimas coplas de Jorge Man- 

y consta de ciento ^^^H|una ho- rique. 
jas, de las cuales ^^^^V y ocho 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXIll. 469 

el Cancionero, que pueda llamarse fácil y suelta : la si- 
guíente , de uq tal Cartagena , individuo de una familia 
de judíos, que después de su conversión al catolicismo 
llegó á obtener altas dignidades en la Iglesia, y de quien 
se hallan bastantes composiciones en el Cancionero , es 
quizá una de las mejores de su clase ** : 

No sé para que nasci , De la muerte , pues no quiere 

Pues en tal estrerao esto A mi , queriendo yo á ella. 

tíue el morir no quiere á mi 

Y el vivir no quiero yo. «"« S" •»P«'"» '*««1"» 

Pues la muerte me negó , 

Todo el tiempo que viviere Pues que claramente vio 

Temé muy justa querella Que*ra vida para mi. • 

Esto se consideraba como un requiebro á la dama 
cuya indiferencia hacia desear al amante la muerte. 

Vienen en seguida treinta y siete romances , lindísi- 
mo ramillete de agrestes y perfumadas flores, de las cua- 
les ya hicimos mención en otro lugar, al tratar de los 
primitivos tiempos de la literatura castellana ^\ 

Siguen después las «invenciones», forma de verso 
peculiar y característica de este período , y de las que 
el Cancionero presenta doscientas y veinte muestras. To- 
das ellas pertenecen á la institución de la caballería , y 
principalmente á los torneos y justas que con grande 
esplendidez se celebraban en tiempo de los reyes O. Juan 
el Segundo y D. Enrique IV , y constituían el principal 
pasatiempo de su nobleza . Cada caballero tenia en tales 
ocasiones su divisa , ó tomaba la que le caia por suer^ 
(e; y á esta divisa ó cimera acompañaba, pqr lo común > 
una explicación en verso, llamada « invención». Algu- 

^^ Hállanse á fol. 96-106. ñero» ^flfe||Üos romances ocupa» 

*^ Véase el cap. 6. En el cCancio- los foll^^^B5. 



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470 HISTORIA DE LA UTERATI/rA ESPACIÓLA. 

ñas de ellas sod muy ingeniosas , pues que á esta clase 
de poesía, más que? otra ninguna, cuadra el concepto. 
Por ejemplo, el rey D. Juan sacó en una ocasión por 
divisa una red de cárcel , con una letra que decia : 

Cualquier prisión y dolor 
Que se sufra ^ es justa cosa ; 
Pues se sufre por amor 
De la mayor y mejor 
Del mundo y la mas hermosa. 

El conde de Haro sacó una noria, con la invención si- 
guiente : 

Los llenos, de males míos ; 
D'esperan^a, losvazios. 

Y en otra ocasión el mismo personaje sacó por cimera 
una cárcel y él dentro , con una letra que decia : 

En esta caree! que yeys , 
Que no se baila salida ; 
Viviré, mas ved que vida *■ ! 

A la misma especie que las «invenciones;» pertenece 
otro género de poesía llamado «motes con sus glosas» , 
que en el Cancionero general se hallan ennútíoero de más 
de cuarenta , seguidos todos ellos de una glosa pesada 
y monótona, en verso. Los motes en sí son generalmente 
proverbios ó refranes , y tienen por lo común un giro 
nacional y á veces gracioso. Así pues D/ Catalina Man- 
rique adoptó 6n cierta ocasión aquel adagio antiguo de 
«Nunca mucho costó poco», aludiendo á lo difícil que 

^ Las ff Invenciones», aunque en cuentemente en las antiguas Cróni- 

f^ran número, ocupan tan solo tres ho- cas y libros de Caballerías. La cQue»- 
as del «Cancionero», desde 115 á 157 tion de Amor » trae muchas, 
inclusive. Hállanse también muy fre- 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXUI. 471 

era obtener sas favores ; á lo que contestó Cartagena 
con este otro refrán : «Con merecerlo se paga»; pa- 
sando en seguida á explicarlos uno y otro en una can- 
sada y mística glosa. Los demás que se hallan en la 
colección son poco más ó menos lo mismo ; haciéndose 
consistir su principal mérito, al tiempo que fueron com- 
puestos, en lo mismo que hoy dia nos los hace parecer 
ridículos y despreciables **. 

Entran después los «villancicos^ , que son unas can- 
ciones en el antiguo metro español , con un estrivillo, y 
de vez en cuando versos cortos ingeridos en ellos; gé- 
nero de poesía más agradable , y á veces no del todo 
desprovisto de mérito. Fueron así llamados á causa de 
su carácter tosco y rústico» y compuestos, según se 
cree, al principio por «villanos» ó gente de campo, para 
ser cantados en Navidad y otras fiestas solemnes de la 
Iglesia. Imitaciones de estos villancicos se hallan á me- 
nudo, según hemos visto, en las obras de Juan del En- 
cina y en las de otros muchos poetas que vivieron des- 
pués de él; pero los cincuenta y cuatro que se hallan 
recogidos en el Cancionero , y entre los cuales algunos 
son obra de los más distinguidos poetas del siglo ante- 
rior , son demasiado cortesanos en su esencia , y ademas 
participan bastante del carácter déla «cancion'%, recor- 

** Aunque Lope de Vega eu su sicion eran muy severas, según ve- 

< Justa Poética de San Isidro »(Ma- mos también en Cervantes (Don 

drid , 1020, 4.<^, fol. 70), dice que las Quijote , parte n, cap. 81 ) ; pero muy 

glosas son un género cíe poesía muy rara vez se observaban. Asi que , no 

antiguó V propio de los españoles puedo menos de convenir con el 

y no usado de ninguna otra nación, amigo del Ingenioso Hidalgo, en que 

es evidente que su mvencion so debe los resultados poéticos no valían ni 

á los poetasJ)rovenzales, v fué intro- con mucho el trabajo que costaba su 

ducida en España por ellos. ( Ray- composición. Las Gloscu se bailarán 

nonard, Troub, t. u, pp. 248-54.) Las en el «Cancionero ode 1535, á f. 118-20. 

reglas á que estaba sujeta su compo- ^** El autor del » Diálogo de las Len- 



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472 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

dándonos, bajo otro punto de vista , los madrigales fran- 
ceses de los tiempos más antígaos, ó los poemas pro- 
vénzales, á los que se asemejan aun más, estando como 
están escritos en la misma medida de verso *\ 

La última parte ó división de la afectadísima* y meta- 
física poesía reunida en los Cancioneros gen^^Ies, es la 
titulada « preguntas» , ó más bien « preguntas y respues- 
tas », puesto que vienen á ser una serie de enigmas ó 
adivinanzas, con su solución y explicación en verso* 
Por más pueriles que ahora nos parezcan , no cabe duda 
de que estuvieron muy en boga en todo el siglo xv : Juan 
Alfonso de Baena trata de ellas en el prólogo á su Can- 
cionero ^ como si fuesen el adorno más principal de su co- 
lección; al paso qiie la serie formada y publicada por 
Castillo, y que comprende cincuenta y cinco de ellas, 
empieza por autores como el marqués de Santillana y 
Juan de Mena , y concluye con Garci Sánchez de Bada- 
joz y otros notables poetas del reinado de D. Femando 
y D.* Isabel. Es de suponer que esta clase de composi- 
ción se considerase por los poetas de aquel tiempo como 
un buen ejercicio para adiestrarse en la improvisación, 
á la manera que un siglo después la vemos practicada 
por los pastores en la Goiaíea de Cervantes**. En los ejem- 
plos que ocurren en el Cancionero general observamos 
comunmente la tirantez que es consiguiente cuando la 
respuesta ha de concordar en medida , número y rima 

guas » ( Mayaus y Sisear , Orígenes, Que si seftora nó's viera , 

1. II, p. 438) cita el estrivillo de un Nunca veros mereciera, 

villancico que , según él , se cantaba ** Los « villancicos » se hallarán en 

generalmente en su tiempo ; y lo eo- el «Cancionero» de 1535, á fol. 420-5. 

piamos aqui como el mejor ejemplo Véase también áGovarrubías,tfivfr6. 

i\ue pueda darse de esta clase de ar- Villancico, 

tificiosa poesía : ^ « Galaica », lib. vi. 
Puc» que os ví , merecí veros ; 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXIII. 473 

cenia pregunta á que se refiere. Por otra parte, los enig- 
mas son sumamente sencillos, y á veces hasta familiar- 
res : Juan de Mena, por etjemplo, propone seriamente 
al marqués de Santillana que le resuelva el de la esfinge 
de Edipo , como si fuera probable que aquel no lo hu- 
biese nunca oido **. 

En suma , la poesía contenida en el Cancionero gene^ 
ral es en su mayor parte del siglo xv, y principalmente 
de la mitad y último tercio. Posteriormente á dicha épo- 
ca tenemos una serie de poetas que pertenecen más bien 
al reinado de los Reyes Católicos ^ como son Puerto Car- 
rero, el duque de Medina Sidonia> D. Juan Manuel de 
Portugal f Heredia y algunos más. Después de todo lo 
cual siguen en las primitivas ediciones, las llamadas 
«cobras de burlas provocantes á risa» , que no son más 
que un conjunto de chocarrerías é indecencias del peor 
género, con las cuales y otras reunidas se formó pos- 
teriormente en Valencia un Cancionero. Hay, sin em- 
bargo , que advertir que estas « obras de burlas» fueron 
más tarde suprimidas en las ediciones del Cancionero 
general, destinándose para llenar el lugar que dejaban 
vacío otras poesías sueltas, principalmente en dialecto 
valenciano ^. El tono que prevalece en esta segunda di- 

*> Lis c preguntas» ocupan d^sde el nia;[or parte de estos poetas solo 

fol. 126 al fol. i34. se incluyen alennos pocos versos. 

*^ La lista completa de los autores Las c obras de ourlas, provocantes á 
cnvas obras se bailan en esta parte risa » siguen después de las de Lu- 
de! Cancionero, es como signe :Gos- dueña, en la edición dei5i4;pero 
tana, Puerto Carrero, Avila, el duque en la de 1S96 y siguientes ya no se 
de MedinasidoDia, el conde de Cas- bailan. La mayor parte , sin embargo, 
tro, Luis de Tovar, don Juan Manuel, se publicó en la edición arriba referí- 
Tapia , Nicolás Nuñez , Soria , Pinar, da,ó seac Cancionero de obras de Bur- 
Ayllon , Badajoz el músico , el conde lasnrovocantesárisa»(VaIencia, I5i9, 
de Oliva, Cardón», Francés Carrox, 4.^). Empieza esta edición con una 
Heredia, Artes, Qiiiros, Coronel, composición bastante larga, y con- 
Kscrivá, Vázquez y Ludueña. De la cluye con otra muy obscena, y cuyo 



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474 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOU. 

visioQ del Cancionero es el mismo que el de la primera* 
y su valor poético aun menor. Por último, al fin de las 
ediciones ya más modernas de 4 657 y 4 573 , hallamos 
algunas composiciones de poetas del tiempo de Carlos Y, 
y entre ellas dos de Boscan , unas pocas en lengua ita- 
liana, y algunas más que participan de dicha escuela; 
lo cual parece indicar ya un nuevo estado de cosas y el 
desarrollo de las formas de la poesía castellana ". 

Mas como el cambio que acabamos de indicar per- 
tenezca ya á otro periodo de la literatura castellana, 
será conveniente que antes de entrar á tratar de él, se- 
ñalemos aquí algunas de las circunstancias que carac- 
terizan á los Cancioneros generales, y principalmente al 
que acabamos de examinar detalladamente. Lo primero 
que llama nuestra atención es el crecido número de poe- 
tas cuyas obras se hallan recogidas en ellos ; y así , to- 
mando por base el de 4535, hallamos que su número 
asciende á ciento y veinte. Es verdad que de esta mul- 
titud de autores tan solo unos pocos merecen particular 



solo titalo causa rubor, escrita i imi- 
tación de las « Trescientas > de Juan 
de Mena. Las más cortas son obra de 
poetas conocidos, como Jorge Man- 
rique y Diego de San Pedro, y no son, 
ni con mucho , tan reprensibles co- 
mo aquellas. Por lo demás , en toda 
la colección^ que se supone hecha 
por un eclesiástico, campéala obs- 
cenidad y la desenvoltura. De esta 
obra se hizo una reimpresión en Lon- 
dres , 8.", i84^ , en cuya portada se 
lee lo siguiente : uCum prUñlegief 
»en Madrid, por Luis Sánchez»; y 
tiene ademas de un prólogo bien es- 
crito , un corto aunque erudito glo- 
sario al fin. Desde la p. 907 hasta el 
fin , ó sea la p. 246, se hallan algu- 
nas poesías que no están en el origi- 
nal de que esta es una reimpresión, 



como son las c Lamentaciones de 
amores », hechas por Garcí Sánchez 
de Badiúoz; unas coplas de Francisco 
de Argiiello , otras de Francisco de 
Reynoso, etc. 

^ Esta parte del « Cancionero Ge- 
neral », que tiene poco ó ningún mé- 
rito, se bailará á rol. 34-9i. Todo él 
contiene unos cuarenta ▼ nueve mil 
versos. Las ediciones de- Ambéres 
de '1557 y i573 son más completas , y 
podrán tener como unos cincuenta y 
ocho mil ; pero en todas ellas la últi- 
ma parte es la peor. Cerca del fin se 
halla un romance á la abdicación de 
Garlos V , verificada en Bruselas por 
octubre de i555, siendo esta la fecha 
más moderna que pueda señalarse á 
ninguna de las obras incluidas en di- 
cha colección. 



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PRIMERA ÉPOCA. — CAPITULO XXUI. 475 

mención : muchos de ellos no escribieron más qae un 
solo mote ó canción, y aun es probable que algunos no 
escribiesen en realidad lo que allí se les atribuye ; otros, 
por fin, estimulados de su posición social, más bien que 
inspirados por su genio y gusto poético , contribuyeron 
á la colección con dos ó tres poesías cortas; de suerte 
que el número de los que en el Cancionero general apa- 
recen en su verdadero carácter de poetas, puede muy 
bien reducirse á cuarenta, y de estos tan solo cuatro ó 
cinco merecen ser nombrados y que sus nombres pasen 
á la posteridad. 

Pero más notable aun que su número ó su talento poé- 
tico es el rango y posición social de algunos de estos 
poetas. Entre ellos hallamos los nombres del rey D. Juan 
el Segundo, del príncipe D. Enrique , su hijo, después 
Enrique IV ; del condestable D. Alvaro de Luna **, del 
conde de Haro y del de Placencia , de los duques de 
Alba, Alburquerque y Medina Sidonia ; del conde de Ten- 
dilla y de D. Juan Manuel, de los marqueses deSanti- 
llana , Astorga y Yillafranca ; del vizconde de Altamíra 
y de otros personajes notables y ricoshomes de aquella 
época ; de suerte que, como dijo muy bien Lope de Ve- 
ga '^ «los más de los poetas de aquel tiempo eran gran- 
des señores, almirantes, condestables, duques, condes 



*<^ Ed la glosa que compaso el co- mente pasa por autor de an tratado 

mendador Nuñez á las cTrescientasi en prosa c de las Tirtnosas y claras 

de Juan de Mena , cop. 225 , se citan mujeres », al que Juan de Mena puso 

seis versos de una composición que un prólogo ó proemio, hallándose el 

hizo el Condestable; y su cronista Condestable a la sazón en el apogeo 

( tit. Lxnn) nos dice también que «fué de su fortuna y poder. La obra es dis- 

»muy inTentivo é mucho dado á fa- tinta dé la que escribió Bocaccio con 

»llar invenwmé9 y sacar entremeses, el mismo titulo. ( Mem. de la Acade- 

>ó en justas ó en guerra ; en las cua- mía de la Hist. , t. ti, p. 464.) 

»les invenciones muy agudamente *' «Obras Sueltas t, Madrid, 1777, 

•significaba lo que quena «. Igual- 4.**, t. xi , p. 398. 



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476 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍiOLA. 

y reyes», ó en otras palabras, el hacer versos estuvo de 
moda en la corte deCastilla durante todo el siglo xv **. 
Tal, en efecto, y no otro, es el carácter que se halla 
indeleblemente impreso en colecciones como la del Can- 
cionero general. De la antigua poesía castellana , tal cual 
se encuentra en la Leyenda del Cid, en los Milagroi de 
Berceo y en las obras del Arcipreste de Hita, no hay el 
más mínimo vestigio; y si de vez en cuando se insertan 
algunos romances , es simplemente á causa de las ridí- 
culas y cansadas glosas con que están agobiados y casi 
oscurecidos. En todas partes se echa de ver el gusto de 
la escuela provenzal, si bien unas veces más fuertemente 
marcado que otras : de vez en cuando también se hallan 
imitaciones del Dante y demás poetas de su escuela, las 
cuales se recomiendan menos por su mérito que por el 
servilismo con que están ejecutadas. En una palabra, la 
colección , tomada en globo , es cansada y monótona. 
Casi todas las poesías de alguna extensión están escri- 
tas en versos de á ocho sílabas, divididos en redondi- 
llas que , sí bien tienen cierta facilidad y soltura , care- 
cen las más veces de gracia; otras veces la redondilla 
está cortada por un verso de cuatro 6 cinco sílabas, que 
ocupa siempre el mismo lugar y es conocido entre los 
poetas españoles por « pié quebrado » . La otra división 
aun más frecuente es la de coplaá de á ocho ó diez ver- 
sos uniformes. En cuanto á la poesía, es casi siempre del 
género amatorio , y rebosa por todas partes el concep- 
tismo metafísico de la época; es una poesía cortesana, na- 
cida y nutrida en la corte, violentamente esforzada, for- 
mal y descolorida. Lo que no escribieron altos personajes 

^ « Obras Sueltas »» Madrid , i777, 4.», l. xi , p. 338. 



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PBIMERA ÉPOCA. — CAPÍTULO XXHI. 477 

y nobles eruditos, eslá escrito por poetas queseguian sus 
inspiraciones ó mandatos y deseaban darles gusto; y si 
bien es cierto que el espíritu caballeresco de la época 
no podía menos de infiltrarse en obras compuestas bajo 
tan favorables auspicios, también lo es que las más de 
las veces se halla oscurecido y desvirtuado por la afición 
á formas pueriles y caprichosas que entonces reinaba, 
y que acabó por destruirle enteramente. 

No era posible , sin embargo , que una poesía de esta 
clase echase raices en un pais tan esencialmente caba- 
lleresco como la España, y en un siglo que vio aconte- 
cimientos tan notables como la conquista de Granada y el 
descubrimiento de la América. La poesía , ó á lo menos 
el amor á ella , hizo grandes adelantos durante el glo- 
rioso reinado de los Reyes Católicos , si bien el gusto de 
la corle en todo lo relativo á la literatura española con- 
tinuó siendo malo y errado. Otras circunstancias contri- 
buyeron igualmente á promover y efectuar el cambio fa- 
vorable que debia operarse muy en breve, y de que ya se 
notaban algunos indicios. La lengua de Castilla había es- 
tablecido ya su bien merecida superioridad en toda la 
Península , y seguida del espíritu y civilización de Cas- 
tilla se extendía á Andalucía y á Aragón , y se estable- 
cía entre las ruinas del imperio muslímico en las costas 
del Mediterráneo. Las crónicas empezaban ya á trocar 
su forma anticuada por las formas de la historia moder- 
na. El « drama », bastante adelantado ya , había produ- 
cido la Celestina en prosa, y los trabajos más perfectos 
de Torres Naharro en verso. Los romances se hallaban 
en todo su vigor, y el antiguo espíritu que los dictó, 
verdadero y único cimiento de la poesía española , aca- 



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478 HISTORIA D£ LA LITERATURA ESPAÍ90LA. 

baba de recibir nuevo impulso y animacioD , así como 
nuevos materiales en que emplearse, no solo con la 
guerra sangrienta que puso término á una lucha de ocho 
siglos , sino también con la toma de Granada y las fan- 
tásticas relaciones de los terribles feudos y civiles dis- 
cordias ocurridas en su recinto. En una palabra , todo 
anuúciaba un movimiento decisivo y de progreso en la 
literatura de ta nación , y casi todo concurría á facili- 
tarle y promoverle. 



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I 



NOTAS 



ADICIONES DE LOS TRADUCTORES. 



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NOTAS Y ADICIONES. 



Cap. 1 9 nota 8 , p. 14. — Después de tantas y tan curiosas 
investigaciones como se han hecho sobre el origen de la poe- 
sia castellana, no creemos ocioso el trasladar aqui algunas 
especies recogidas por el Sr. Floranes Robles, según se ha- 
llan en un tomo de sus obras, que, escrito de su letra, se 
conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, , 
señalado con la letra E 15. Fué el Sr. Floranes muy aficionado 
á todo género de literatura, y principalmente al estudio de 
nuestras antigüedades, y dejó escrita, entre varias obras que 
atestiguan su erudición y vasta lectura , una memoria ó sea 
breves apuntes para escribir la historia de nuestra poesía , 
anteriormente al siglo xv. De ella pues extractamos las si- 
guientes noticias : 

Al referir la Crónica del Cid (cap. 228) las bodas de las hi- 
jas del héroe castellano, cuenta que este dio muchos paños 
á los c juglares i que asistieron aellas, hecho que también se 
halla consignado en la Crónica general. 

Las mismas dos crónicas describen las bodas de las tres 
hijas de D. Alonso VI, celebradas en 1098, y repiten la espe- 
cie, afirmando.que se dieron muchos guamimientos á cjugla- 
resi, y que estos concurrieron en gran número, y los habia 
cansi de boca, como de peñóla t, es decir, improvisadores 
ó decidores de repente y escritores de poesías. Por el mismo 
tiempo floreció Alonso, gramático, poeta ó juglar, autor de 



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492 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAf^OLA. 

los cuatro epitafios latinos para el sepulcro de D/ Constanza, 
segunda mujer del rey D. Alonso VI, y madre de D/ Urraca. 
(Flores, Reinas Católicas^ 1. 1, al fin.) No seria extraño que 
este mismo Alonso, el juglar, fuera el autor de un poema la- 
tino celebrando las conquistas de aquel rey, de que habla el 
arzobispo D. Rodrigo en su Jitslorta (lib. vi, cap. S3); ni es 
tampoco desatinada la conjetura de que este Alonso, el gra- 
mático , sea el obispo D. Alonso que gobernó la iglesia de 
Astorga desde 1121 á 1132, y de quien trata Flores en su Es- 
paña sagrada, t. xvi, p. 196. • 

Según la Paleographia del P. Terreros, ó mas bien del 
P. Burríel, hay un privilegio de D. Alonso Vil, el emperador, 
fecho en 1145, en que firma como testigo un cpoetat llamado 
Palea. 

Hacia los años de 1170 floreció el poeta que escribió el 
poema, en latín bárbaro, de La conquista de Almería j hecho de 
armas ocurrido en 1147, y cuya relación debió su autor oir á 
testigos de vista, pues dice que cuenta el suceso sieut ab illis 
qui viderunt didid et audivi. Pudo también escribir la Crónica 
latina de dicho Emperador, pues en aquellos tiempos el cul- 
tivo de la poesía iba también unido al de las letras. 

En un privilegio del año 1197, que insertó el P. Sota en 
sus apéndices á la Crónica de los príncipes de Asturias y Can- 
tabria, firma un testigo llamado Gómez, ctrobadort. 

En la escritura de donación del castillo de Caravanchel y 
varias tierras que habia comprado en Escalona y Trasmiera , 
h^cha en 1203 por el conde D. Femando de Lara al convento 
de Uclés, aparece igualmente la firmadeunindividuoque con 
el mayor candor se apellida poeta: GübertuSf Poeta. Inserta 
este documento D. Luis de Salazar y Castro en las pruebas 
de su Historia de la casa de Lara, t. iv, p. 622 ; siendo de 
notar que tanto en la Crónica del Cid como en la general 
manuscrita, del año 1340, se hace mención de un Gilberto. 

En 1236, después de la conquista de Sevilla, se hizo el re- 
partimiento, en el cual se habla largamente de la casa y ca- 
pilla del Rey santo, y se mencionan varios individuos, desti- 



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ADICIONES Y NOTAS. 493 

nados unos á la música, y otros á componer villancicos, tro- 
vas y romances. En él se cita un poeta llamado Paja (¿Palea?), 
de quiea hizo después mención el P. Pineda en su Memorial 
del Rey santo, y también se nombra á Pedro Abad, chantre ó 
cantor, el cual pudiera muy bien ser el autor ó el copiante 
del poema del Cid; puesto que si era conocido como trova- 
dor ó juglar, pudo muy bien componer el cantar de Gesta del 
héroe castellano. 

A esta misma época (siglo xni) pertenece sin duda el poema 
de Bernardo del Carpió , que cita repetidas veces la Cránica 
generaU diciendo : < e algunos dicen en sus cantares de gesta, 
que fué este D. Bernardo, etc. (Crónica general^ Zamora, 
1541, fol. 22S.) Cítale nuevamente otra vee, como también los 
cantares y romances, al fol. 237, col. 1.* y 2.* 

£1 doctor Galindez de Carvajal , en sus adiciones á las Ge^ 
neraeiones y semblanzas^ de Fernán Pérez de Guzman (ma- 
nuscrito del año 1517) , cita, hablando del mismo Bernardo 
del Carpió, un romance antiguo que dice : 

Deperdió Garlos la tierra 
Murieron los Doce Pares. 

Y pues era ya romanbe antiguo á principios del siglo xvi, no 
será exageración juzgarle del xiii ó xiv. 

En la ermita de San Pelayo, concejo de Varó, partido de 
Liébana y provincia de Santander, existió un monumento 
poético singularísimo, cuyo estado, actual ignoramos, si bien 
es de creer que el trascurso de los tiempos , y más aun la 
incuria y abandono con que se han mirado estas reliquias en 
nuestro pais, habrán casi acabado con él. Es del tiempo de 
Alfonso XI, y es un romance bastante largo esculpido en las 
paredes exteriores de dicha ermita, del cual tan solo he po- 
dido obtener los dos versos siguientes : 

Non TOS tengo merecido 
El tan menguado favor. 

Merecen tenerse presentes para el estudio del origen de nues- 
tra poesía las leyes 3 , 4 , 20 , 21 del tftnk) 9, Partida 7.*, por 



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494 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOU. 

la mención que en ellas se hace de las tres especies de cooh 
posición métrica mas osadas en tiempo de D. Alfonso el Sa- 
bio , á saber, cantigas, rimas y dictados ó ditados. La ley 5 
del titulo 7, parte 6 , declara á los juglares infames , y au- 
toriza á desheredar á los hijos que sigan c tan vil oficio t; cir- 
cunstancia por cierto que no era la mas á propósito para alen- 
tar \SL afición á la poesía, si, como presumimos, el juglar era 
una especie de poeta ó trovador. 

Gap. u, nota 3, p. 17. — La crónica latina del Cid, titulada 
Historia Roderiei CampidoeU^ publicada por el P. Risco, y que 
tanto excitó la bilis de Masdeu, quien empleó en combatirla 
todo un tomo de su Historia critica^ se hallaba en 1827 en el 
colegio de San Isidoro de León, donde la vio el P. maestro La 
Canal : más tarde los Sres. Cortina y Hugalde, traductores 
del Bouterweck, publicaron un facsímile de ella. Desde en- 
tonces, como si la desgracia persiguiera á todos los docu- 
mentos históricos que tienen alguna relación con el héroe 
castellano, este precioso códice, que en otras circunstancias 
y en cualquiera otro pais celoso de sus glorias nacionales 
hubiera sido custodiado con el mayor esmero, ha sido ex- 
traído de allí con notable perjuicio de las letras y de la his- 
toria. En 1846 lo vio y disfrutó en Lisboa el erudito A. Her- 
culano, quien, en el t. iii, p. 161 de su excelente Historia de 
Portugal^ dice en una nota lo siguiente : cEn 1846 tuve en 
•mis manos el expresado códice original, cuya antigüedad re- 

> monta por lo menos al siglo xni, y acaso afines del xii. Con- 
i fiómelo á su vuelta de Espa&a, en cuyos archivos y bibliote- 
i cas acababa de hacer largas y minuciosas investigaciones, el 
» sabio anticuario alemán Mr. Heyne , el cual me dijo haberlo 
» comprado á un buhonero francés , á cuyas manos llegó, no 
» se sabe cómo ni cuándo, en la lastimosa y vandálica destruc- 
• cion de los monasterios de España (vandálica allí, como aquí), 
i La corta residencia de Mr. Heyne en Lisboa no me dio tiempo 
i para cotejarlo con el impreso de Risco : quede al menos esta 

> noticia de un monumento precioso que la Península ha per- 

> dido quizá para siempre. » 



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ADICIONES T NOTAS. 495 

Asi se expresa el erudito portugués, cuyas palabras hemos 
creído deber reproducir, no solo para que se averigüe, si es 
posible , el paradero de uu monumento histórico tan impor- 
tante, sino para desvanecer las dudas que en lo sucesivo pu- 
dieran ocurrir acerca de un libro cuya existencia ha sido 
negada por el jesuíta Masdeu y los escritores de su escuela. 

Cap. II, nota 14, p. 26. — Acerca de la crónica rimada, ó 
sea cantar de Gesta del Cid^ muy poco es lo que tenemos que 
afiadir á lo que con tanto tino y erudición ha manifestado el 
autor. Considerada con relación á la época en que se escri- 
bió, es un esfuerzo admirable del arte. La lengua tosca aun y 
recien formada, luchando con las formas latinas y pugnando 
por desasirse de ellas, obedece al talento superior del poeta, 
que marcha hasta con libertad y soltura, al mismo tiempo que 
con vigor y enerjia. Muy larga y enojosa seria la tarea de se- 
ñalar las muchas bellezas, asi de sentimiento, como de estilo 
que en ella se hallan ; pero la pintura del héroe, victima de la 
persecución y enojo del Rey ; la de sus hijas maltratadas y 
abandonadas en medio de un bosque por los condes de Car- 
rion, y la de sus batallas y encuentros con los moros , tienen 
toda la animación y colorido que pueden solamente inspirar 
el verdadero talento poético y el conocimiento profundo del 
corazón humano. Tenemos á la vista el códice original , el 
mismo de que D. Tomas Sánchez se valió para su edición, que 
ha servido después de base á todas las demás , y á la verdad 
que la impresión no ealió tan correcta y esmerada como hu- 
bier& sido de desear, tratándose de un monumento de nues- 
tra poesía , tan apreciable y tan antiguo. 

Los señores Cortina y Mollinedo publicaron, en las notas á 
su traducción castellana del Bouterwek, un pretendido facsi- 
tnile del códice original; pero podemos asegurar que ninguna 
semejanza tiene con el que fué primero de las monjas de Ví- 
bar, cerca de Burgos, y poseyó después el erudito D. Eugenio 
Llaguno y Amirola, quien lo facilitó á Sánchez para su publi- 
cación. Creemos, por lo tanto, que alguno abusó de la buena 
fe de dichos señores. 



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496 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPA^tOLA. 

En cuanto á la fecha del códice , no admite duda que se 
escribió en mggcilv» y que idgun canoso raspó una de las G, 
á fin de darle mayor antigCtedad : de haber habido una E en lu«- 
gar de una G, como algunos suponen, la raspadura no hubiera 
sido tan grande. Punto es este que hemos examinado con de- 
tención y escrupulosidad á la vista del códice original, y acerca 
del cual no nos queda la menor duda« 

Tiene ademas el códice una circunstancia que Sánchez 
pasó por alto, creyéndola sin duda de poca monta ; y es que 
el poema tiene ciertas divisiones , si pueden llamarse asi los 
párrafos aislados que comienzan con letra mayúscula. Gonfe- 
samos que al observarla nos ocurrió por de pronto la idea de 
que el poema estaba compuesto de retazos ó romances an- 
tiguos ; mas al examinar de cerca la cuestión , vimos que la 
división de los párrafos era enteramente caprichosa y obra 
exclusiva del copiante. Hállanse estas letras mayúsculas en los 
versos 247, 802, 569, 683, 982, 1140, 1810, 1886, 2123, 2288, 
2412, 2437, 2771 y 3404. 

Cap. iii, nota 25, p. 50. — Aunque son muy justas las ob- 
servaciones que el autor hace en esta nota, reli^ivamente á la 
Gran eonquista de (JUratnar, creemos deber añadir algunas 
que nos han sido sugeridas por el examen del precioso códice 
de la Biblioteca Nacional y su cotejo con la edición de 1803. 
Es un tomo en folio, escrito en vitela, con 360 hojas útiles, y 
que por la clase de letra, que es de la llamada credondaí, 
conceptuamos ser de mediados del siglo xiv. Hállanse de vez 
en cuando huecos ó espacios para iluminaciones que nó lle- 
garon á ponerse, excepto las dos primeras, que representan 
cel cerco de Belinas > y cal socorro que el principe de Antio- 
chia e el conde de Triple llevaron al rey de Ihrusalen » , lo 
cual manifiesta haber sido hecho para algún personaje de 
estos reinos, pues es bien sabido cuan costosas eran esta clase 
de obras. Según una nota que se lee al fin, parece que el libro 
fué de D. Alonso Felipe de Aragón , conde de Ribagorza, y 
posteriormente de su biznieto D. Gaspar Galceran de Gnrrea 
y Aragón, conde de Guimerá, en 4631. Desgraciadamente no 



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ADICIONES Y NOTAS. Wl 

es más que el Como segando de la obra, y empieza con el ca- 
pitulo 265, tom. 2, foU 78 de la impresa. Cotejado con esta 
se advierte desde luego notable diferencia, no solo en el es* 
tilo ^ que está bastante alterado, habiéndose acomodado al 
de la época en que se hizo la edición, sino que también 
en la interpolación de palabras y frases que no se hallan en 
el códice , y la supresión, á veces, de párrafos enteros. Es 
sin embargo notable que el último capitulo de la edición 
impresa, en que se refiere la muerte de Conradino y el ase 
sinato de Enrique de Cornualla , en la iglesia de Viterbo , c< 
pitulo que el Sr. Ticknor cree añacUdo posteriormente, s? 
halla en el códice; después del cual siguen otros cuatro que 
no están en la Crónica impresa. También es probable se ha- 
llase en ¿1 la Historia del caballero del Cisne^ que el autor 
cree igualmente ser interpolación; pues aun cuando por fal- 
tar, según ya dijimos, el primer tomo de la obra no podemos 
asegurar á ciencia cierta que estaba, nos lo hace creer la nota 
final, que dice asi : cEste libro de la gran conquista de Ultra- 
» mar, que fué fecho sobre los nietos y los bisnietos del ca- 
» vallero del Cisne , que fué su comienQo de la grand hueste 
>de Antiócha Godofre de Bollón con sus hermanos, mandó 
» sacar de francés en castellano el muy noble D. Sancho, rey 
I de Castiella , de Toledo, de León, de Gallicia, etc., e sext<) 
• rey de los que fueron en Castiella e en León , que ovieroii 
tassi nombre, fijo del muy noble rey O. Alfonso el onceno e 
»de la muy noble Reyna Doña Yolant.i 

Aunque no deba darse gran crédito á una nota como esta, 
obra sin duda de un copiante rudo que llama csesto» á D. San- 
cho el Bravo,y conceno» ásupadreD.AIfonsoelSabio,escoii 
todo muy notable la mención que en ella se hace del c Caba- 
llero del Cisnet, cuya historia en verso se supone escrita hacia 
el año 1300, y por consiguiente posteriormente al reinado de 
Alonso el Sabio ; lo cual nos induciría naturalmente é creer 
que ó la obra no se trasladó por mandado de este Rey, ó que 
Jefaan Renault tomó los materiales de su poema de una his- 
toria en prosa más antigua. 

T. I. 32 




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499 HISTOftlA DB LA UTERATURÁ ESPAÑOLA. 

Que la Gran conquista de Ultramar sea en su mayor parte 
traducción de la que, con el titulo de BUtoriarerum in paríí^ 
bus transmarinis gestarum^ escribió Guiliernio de Tyro, no ad- 
mite duda alguna. Asi consta del prólogo» etí que el Rey dice : 
c llandamos trasladar la historia de todo el suceso de Ultra- 
mar,» y ademas al fol. i33 se halla lo siguiente : cEI obispo Don 
» Raol de Belleem muriera el año dantes , e por ruego de los 
» rrícos omnes el Rey fi^o so chanciller a Don Guillen, arzobispo 
» de Sur e aquell arzobispo fi^o esta estoria escribir en latín. > 
Es muy probable que en la confección de dicho libro entraron 
otros materiales, quizá también la historia que el mismo arzo- 
bispo dice haber compuesto, valiéndose para ello de los escri- 
tos de los árabes á tempore seduetoris ¡lahumetíii usque ad 
annum mglxxxit. 

Cap. IV, nota 11, p. 70. — El códice de la Biblioteca Nacio- 
nal t que contiene las obras de D. Juan Manuel , es un tomo 
en folio mayor, y en vitela, con 239 hojas útiles, de letra al 
parecer de fines del siglo xiv ó principios del siguiente. Está 
escrito con mucho esmero , y tiene espacios en blanco para 
iluminaciones ó vi&etas que no llegaron á hacerse. Pérez Ba- 
yer, en las notas á la Biblioiheea vetus, de Nicolás Antonio 
(t. II, lib. 9, cap. 6, p. 167), lo considera escrito en vida de 
D. Juan Manuel, y no sin razón, según veremos mas adelante. • 
Por desgracia, no solo no contiene todas las obras de aquel 
ilustre caballero, sino que las que encierra están mancas y 
truncadas. Empieza con el Libro del caballero y del escudero ^ 
al cual faltan trece dkpitulos, de los cincuenta y uno que de- 
bió tener, y son desde parte del tercero hasta parte del diez 
y seis , por haberse sin duda descosido y extraviado el cua- 
dernillo ó cuadernillos que los contenían. Viene en seguida, 
al fol. 26 del códice, un tratado de la declaración de sus ar- 
mas y por qué razón él y sus hijos legítimos pueden armar 
cabaUeips , y cual fué la conversación que tuvo con el rey 
D. Sancho, cuando este murió en Madrid, todo dirigido á Frey 
Juan Alfonso. Sigue , al fol. 31 vuelto, sin epígrafe alguno» otro 
tratado que empieza de esta manera : t Entendidos son muchos 



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ADICIONES Y NOTAS. 490 

i santos e machos phUoftopho8 e sabios^ e es verdat» en si la 
• mejor cosa que omne puede aver es el saber, etc*» ;y son 
anos consejos dirigidos á su hijo Femando. Es probablemente 
el mismo libro que Argole de Molina llama d^i/nfon/e, paesto 
que aquel no tenia á la sazón mas que dos años : otros lo in- 
titulan el Libro de los Castigos^ pero del prólogo á dicho libro, 
del cual vamos á dar un extracto, se deduce que su verdadero 
titulo es el de Libro infinido. 

Et por que la vida, dice, es corla e el saber es luengo de aprender, pre- 
men los omnes de aprender lo que entienden , cada uno lo que mas le 
cumple : unos trabajan en un saber e otros en otro. Et porque Don Johan, 
fijo del Infante Don manuel , adelantado mayor de la frontera e de la Vega 
de Murcia, quería quanto pudiesse aiudar á mi e á otros, á saber lo mas 
que yo pudiesse, teniendo que el saber es la cosa porque omne mas 
debia fazer; por ende asmé de componer este tratado, que tracla de cosas 
que yo mismo prové en mi mismo , e en mi fazienda , e lo que aconteció á 
otras de las que fise e vide faser, e me hallé delias bien, yo e los otros. Et 
en diziendo de las que me fallé bien se entiende que si de algunas fiz en 
contrario, que me fallé delias mal. Et si los que este libro leyeren , non lo 
fEíHaren por buena obra, ruegoles yo que non se maravillen dello, nin me 
maltrayan, ca yo non lo fiz sinon para los que non fuessen de mejor enten- 
dimiento que yo. Et si fallaren que ha en él algund aprouecbamiento, gra- 
descanlo á Dios e apronechense del, ca Dios sabe que yo non lo fiz sinon a 
buena enlencion. E fizlo para D. Fernando mío fijo que me rogé quel fiziese 
un libro. Et yo fiz este para él et |[>ara los que non saben mas que yo, e él 
que es agora, cuando yo lo comencé , de dos aiíos , por que sabrá por este 
libro, quales son las cosas que yo prové e yí. Et creed por cierto que son 
cosas provadas et sin ninguna dubda, e ruegol e mandol que entre las otras 
sfiengias e libros que él aprendiere, que aprenda este e le estudie bien, 
ca marabeila será si libro tan pequenno pudiere fallar de que se aproue- 
che tanto. Et porque este libro es de cosas que yo prové , puse en él las 
de que me acordé, et por que las que de aqui ad^lant provaré non se á que 
recudirán , non las pude aqui poner, mas con la merced de Dios , ponerías 
he commo las provaré. fit porque esto non sé quando se acabará puse 
nombre á este libro el Libro infinido, que quiere dezir libro sin acaba- 
miento. Et por que sea mas ligero dé entender e estudiar es fecho á ca- 
pítulos. 

Consta de veinte y seis espitólos, todos los cuales empie« 
zan con estas palabras : c Fijo D. Femando.» En el vigésimo 
seito y último de ellos le dice que después de haber acabado 



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500 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

el Libro infinido , fué requerido y rogtdo por Fray Juan Al- 
fonso , su amigo» que escribiese lo que enteudia cen las ma* 
ñeras dei amor» , y que por eso lo hace explicando cuanto se 
le alcanza en dicha materia. Más adelante añade : 

Et commo quier qoe yo sé que algunos profazan de mi porque fago li- 
bros , digo vos que por esso dou lo dejaré , ca quiero creer al enxeinplo 
que vos pus en el libro que yo fiz de Patronio, en que dize «por dicho de 
las gentes sol, que non sea mal al pro, tened las mientes e non Cigades al.» 
Et pues en los libros que yo fago, ay en ellos pro et verdat e non daño, por 
ende non lo quiero dexar por dicho de ninguno. Et los que de ello profa- 
zaren, quando ellos fízieren su pro, e vieren que fago yo mi daño, entonce 
deben ser creídos que fago lo que me non cal de fazer libros; ca deuedes 
saber que todas las cosas que los grandes señores fazen , todas deuen ser 
guardando primeramente su estado e su onrra. Mas esto guardado, quanto 
mas ha en si de bondades , tanto mas son complidos , ca bien creed qui* 
grande mal es a4 grande Señor, quando son contadas las sus bondades, e 
grande su bien es cuando son contadas las sus tachas. Et pues yo tengo 
que, maguer en mi aya muchas menguas , que aun fasta aqui no he fecho 
cosa por que se mengue mi estado. Et pienso que es mejor pasar el tiempo 
en fazer libros, que en jugar los dados, e fuer otras viles cosas. 

Sigue después en el códice el Libro de Paíronio^ por otro 
nombre del Cande Luctmor^ que publicó Gonzalo Airóte de 
Molina, y del cual hay dos ediciones, una de Sevilla, i575, y 
otra de Madrid, i642, sin contar la última de Leipslg ; pero 
tan sumamente alterado el texto en todas ellas, ya sea por 
frecuentes omisiones, ya por haberse invertido el orden de 
los capítulos, ya por fin^ por haber su editor creido conve- 
niente modernizar el estilo y acomodarlo al lenguaje de la 
época, que casi parece otro libro. Seria de desear que, 
cotejado el texto con este códice y con otro que se conser- 
va en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, se 
hiciese una edición correcta y esmerada de obra tan impor- 
tante. 

Al fin del Libro de Patronio se halla la siguiente nota de la 
misma letra que el resto del Códice : c Acabólo Don Johan en 
i Salmerón, lunes ii dias de junio, era de mcgg e lxxx años.^ 
Si puts, como ya dijo el autor en el texto , D, Juan Manuel 



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ADICIONES Y NOTAS. * 501 

nació en Escalona^ á 5 de mayo de 1320, tenia mas de sesenta 
cuando compuso dicha obra. 

Después del Libro de Patronio sigue en el códice de la Bi- 
blioteca Nacional un breve tratado místico moral, dirigido á 
D. Remon Malquefa, y por último un libro sin pf incipio, que 
trata de las aves propias para la caza, y en el cual se descri- 
ben minuciosamente las propiedades de los azores, y el modo 
de cuidarios y adiestrarlos para la caza. ^ 

Tal es, en resumen, el contenido del códice de la Biblio- 
teca Nacional, por el cual , asi como por una relación de los 
escritos de D, Juan Manuel, que se halla al priocipio del Libro 
de PatroniOy vendremos en conocimiento de qué obras han 
de atribuírsele, y cuáles son las que aun se conservan. Punto 
es este que hasta ahora ha sido tratado con bastante lijereza, 
y que merece fijarse. Dice asi la relación : cE los libros que el 
» fizo e ha picho fasta aqui son estos : La Coronica : et el Li- 
»bro de los Sabios : et el Libro de la Gavallería : El libro del 
t Infante : El libro del Gavallero : El Libro d^l Escudero : El 
i libro de la Gaza : Et libro de los Engeños : El libro de los 
> cantares : E los libros de los frayles predicadores que están 
i en el monesterio de Peñafiel. » 

I."" La Coronica. Es el sumario de la Crónica general de su 
tio Alfonso el Sabio, que, según diremos más adelante, parece 
no haber sido compuesto por él, sino c hecho escribir» por 
mandado suyo. 

2.<» Libro de los Sabios. Se ignora su paradero, igualmente 
que su asunto. 

S."" El Libro de la Caualleria. Nada sabemos de él, á no ser 
que sea el cTratado» dirigido á Fray Juan Alfonso sobre el 
privilegio de armar caballeros, de que usaba su familia. 

4.<^ El Libro del Infante. Parece ser el mismo que él inti- 
tula Liftro infinido^ y son consejos á su hiJQ Femando, á la 
sazón ni&o de pocos años. Esta nos parece ser aqui la signi- 
ficación propia de la palabra ¿infante.» 

5.<» El Libro del Cavallero y El Libro del Escudero. Estos 
dos forman un solo tratado, como se ve claramente en el có- 
dice que acabamos de describir. 



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502 HISTORIA DE LA UTERATURA ESPAÍ^OLA. 

6.** El Libro de la Ca^. Hállase, aunque incompleio, en el 
códice de la Biblioteca Nacional. 

I."" El libro de los Engeños^ que Argote de Molina llama 
equiTOcadamente de lo$ Engaños. Es probable tratase de las 
máquinas usadas en la guerra; pero no sabemos que exista 
en ninguna biblioteca. 

S."" El Libro de los Cantares. Argote de Molina » en el Di»- 
curso sobre la Poesía castellana^ impreso al ñn de su edición 
del Conde Lucanor^ se refiere á un libro cque Don Juan Ma- 
» nuel escribió en Coplas y Rimas de aquel tiempo» , y que él, 
Argote, pensó dar á la estampa, aunque no lo verificó. Quizá 
sea el mismo que aquí se denomina Libro de los Cantares. 

9.* Los libros de los fray les predicadores, etc. El titulo es 
demasiado vago para que nos atrevamos á determinar qué K- 
broB serian estos. 

10. Tratado sobre las varias maneras de amor : va seguido 
al Libro infinido^ y pudiera formar parte de él. 

11. Tratado místico moral, dirigido á D. Fray Remon Mal- 
qnefa. 

12. Ubro de Patronio e del Conde Lucanor. No se halla ci- 
tado en la nota del Códice, sin duda por no haberse aun com- 
puesto cuando este se escribió. Parece ser el mismo que 
Argote de Molina cita bajo el titulo de Libro de los Exemplos. 
En cuanto al Libro de los Consejos que cita también dicho 
autor, creemos ser el mismo que otros llaman Libro de los 
Castigos ó libro del Infante, aunque su verdadero titulo, 
según ya vimos, es el de Libro infinido. 

En la Biblioteca Nacional (129. A.) se conserva un códice 
en 4.®, escrito en papel y de letra al parecer de principios del 
siglo XV, intitulado Libro dé los enxemploSé Las treinta y tres 
hojas primeras del códice contienen ejemplos morales, pre- 
cedidos de un texto latino y su correspondiente traducción 
en verso castellano ; como Confessio denota debet esse ei lar 
chrymosa: cMuy devota et con devoción, mucho valle la 
confession» ; Wipliani in pro fundiore parte infemi cmeiantur : 
tMayores penas sufren los males xpianos, que moros, judíos, 
nin malos paganos ; » Confitendum nullo est íempore de inimico : 



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ABiaONBS Y NOTAS. 503 

c Nunca fies de enemigo : esto de consejo te lo digo ;i y asi á 
este tenor. Cada ejemplo está seguido de un pequeño cuento 
que ilustra la moralidad allí referida, Al folio 138 se halla una 
colección de apólogos y cuentos con este epígrafe : Aquico^ 
micfifa el libro de (os gatos ^ e cuenta luego un enxemplo de lo 
que aeaesdó entre el gallapago e el agúitta. Este último tra- 
tado , que está incompleto hacia el fin, es anónimo como el 
primero ^ pero hay en él giros y modismos que nos recuer- 
dan la prosa de D. Juan Manuel. Para que nuestros lectores 
puedan formar juicio de la obra y de su estilo, trasladaremos 
aqui el siguiente Enxiemplo de los dos Compañeros: 

Una vegada acaesgió que dos compañeros que fallaran una grand con- 
paña de ximios , dlxo el uno al otro '• yo apostaré que gane yo agora mas 
por decir mentira qne tú por decir verdad ; e dixo el otro : digote que 
non faras , ca mas ganaró^o por decir verdad que tCi por decir ^entira , e 
8i esto non quieres creer , apostemos. Dixo el otro : pláceme , et desque 
ovieron fecho su apuesta, fué el mentiroso e llegóse á losximios, e dixole 
Qfi ximio que estaua y por mayoral de los otros : di , amigo, que te pares^e 
de nosotros. £ respondió el mentiroso : Señor, pares^eme que soys un 
Bey muy poderoso , e estos otros zimios que son las mas fermosas cosas 
del mundo, e los ommes vos prescian mucho , en manera que los lisongeó 
Canto quanto pudo, en guisa que perlas lisonjas que les dixo, dieronle 
muy bien ¿comer, e onrraronle mucho, e dieronle mucha plata e mucho 
oro e muchas otras riquezas. E después llegó el verdadero > e preguntá- 
ronle los ximios que le páresela de aquella conpaña e rrespondió el ver- 
dadero , e dixo : Que nunca viera tan sucia conpaña nin tan feos e bru- 
tales commo vos pareceys ser todos. Estonce fueronse para él e sacáronle 
los ojos, e desque le ovieron sacado los ojos, dexáronle desanparado. E 
estonce buena verdad oyó voces de osos e de lobos e de otras bestias que 
andauan por el monte , e atentó 16 mejor que pudo e subióse en un árbol, 
por miedo que le comerían las bestias. Et él que estaua encima de aquel 
árbol , haevos las bestias qoe se ayuntaron todas á cabildo so el árbol , e 
preguntauanse las unas á las otras de que tierra eran ó que condiciones 
auia cada una de las bestias , ó con qué arte habia sabido cada una escapar 
de mano de Uos ommes. E dixo la rraposa : yo sé cerca daquy do ay un Reyt 
qne aquel Rey es el mas nescio omme que yo nunca vy , e tiene un fija 
muda en casa, e poderla ya Iberamente sanar, si quisiese sino que no sabe. 
Et dixeron los otros commo seria eso , e dixo ella : Yo vos lo diré. El do- 
mingo , quando van ofrecer las buenas mugeres e dexan el pan sobre las 
fáeaaas, e vo yo e rrebato una torta, si el primero bocado que yo tomo 
me lo sacasen de la boca , antes que yo lo tragase, e ge lo diesen ¿ comer, 
luego fablaria. £ otra nes^edad mayor vos diré que aquel Rey que está 



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[Í04 HISTORU DE LA LiTERATURA ESPAÑOLA. 

ciego e tiene im larcba de piedra en cabo de su easa , si aqnelli ftiese ai- 
rada , saldría ona fuente de alli e qoantos ciegos se uutassen los ojos con 
aquel agua, luego guaresgerian e desque fué amanes^ido, fueronse las 
bestias de alli, e ellas que se yran, passauan unos harrugueros por alli 
e buena verdad que estaña encima de aquel árbol, que avia miedo de lo 
que las bestias dixeron, dio boses á los harrugueros que jran edizeron 
los harrugeros ¡ Santa Bfaría! voses de ommes son aquellas que oymos, va- 
mos alia, e desque llegaron , fallaron á buena verdad do staua encima del 
árbol. B preguntáronle quien era ; d izo buena verdad , e ellos dizeronle : 
amigo, ¿que te paró tal eres? dizoles : un mió compafíero , mas pido vos 
de mercet que digades do ydes. Ellos dizeron : ymos á tal Reyno con es- 
tas mercadurías : e dizoles rruego vos que me querays llevar allá por amor 
de Dios, e que me pongades á Ha puerta dell Rey, e los harrugueros dixeron 
que les plagia, e ficieronlo ansi. E desque se vio y, dixo al portero: amigo, 
rruegote que digas al Rey que está aqui un omme que lo guarescerá de 
la ceguedad que él ha, e aun que le mostrará con que su fija fable. E el 
portero entró , e dixole al Rey : Señor , alli está un omme que dise que vos 
sanará de los ojos, sy vos quisieredes que entre é^lante vos. E dixo estonce 
el Rey : amigo , dille que entre e veremos lo que dise. El portero fué e tra- 
zólo ante el Rey , e desque fué ante el Rey , dizo : señor, sea la vuestra 
mercet servido que mandeys algar una larcba que está en cabo de vuestro 
palacio , e saldrá una fuente que qualquier ciego que liauare los ojos en 
aquella agua, luego será guarido. E señor, porque lo creados lauaréme yo 
primero que non vos. El Rey. desque oyó aquello, mandó luego á sus om-^ 
mes que aleasen la larcba , e ansi commo fué alfada , salió luego la fuente 
e vino la verdad, e lauó luego sus ojos e nasgieronle luego los ojos e cobró 
su vista , e después todos los ommes de lia tierra , que qualquier giego que 
venia e se llauaua los ojos con ella, luego era guarido. Estonce dizo buena 
verdad al Rey : señor, sea la vuestra mercet servido, otra cosa vos quiero 
mostrar, que quieras el domingo parar tus ommes a rrededor de las fues- 
sas , e paren mientes quando veniere la rraposa á tomar el pan que llevan 
las buenas mugares á ofres^^er, e el primer bocado que mitiere en la boca, 
échenle mano tus ommes á la rraposa á la garganta e saquengelo , e non 
gelo dezen comer, e denle á comer á tu fija e luego fablará. El Rey mando 
lo fager, ansi commo él mandara , e los ommes desque ovieron tomado el 
bocado á lia rrapossa de la garganta , tanto ovieron presa de Henar el pan 
á la infanta con que feblase , que non tovieron á lia rrapossa e dezaron la 
yr, e la ora que la infanta comió el pan, luego fabló. El Rey desque vio 
esto , mandó fager mucha merget á buena verdad ,1o uno porque auia guar 
rido á él de los ojos , e lo otro porque auia guaresgido á su fija. Ellos de la 
corte le facían mucha onrra, e y van con él fasta la posada , e le daban mu- 
chos dones por aquel bien que les habia fecho. E yendo un día por la calle, 
mui bien vestido e en buen cauallo, e muchas conpañas con él, encontró 
á malla verdad e conosgiólo luego , e marauiUóse mucho le veya sano de 
los ojos e tan bien andante e fué á su posada , e dizole : Dios te salutsami- 



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Al^IClONBS Y NOTAS. ^5 

go, 6 dixole baeoa verdad : amigo, bien seas venido, amigo, quererte— ya 
rrogar qne me dixesses con que gaaresQiste del mal de los ojos , ca tengo 
un fijo ciego e qnerialo sanar si podiesse , ruégete que me muestres cora- 
mo deprendiese. E todo esto decia mala verdad por cuita de saber commo 
llegar á aquella onrra, e aquel estado. Estonce buena verdad dixole : viste, 
amigo, quando tú me sacaste los ojos en el monte, e viste ese árbol grande 
que y estaña, con cuyta suby en él, e Juntáronse y todas las animalias del 
mundo ¿ facer cabildo, e contóle todo el fecho, commo le acaes^iera. E 
mala verdad desque supo aquello , plególe mucho e fuese quanto pudo 
para allá e subióse encima de aquel árbol , e él estando y, hevos las bestias 
do se iuAtaron á cabildo so aquel árbol, e dixo la rrapossa ¿estamos aqni 
todos ? e dixeron todos : comadre si. E dixo la rrapossa conpadres, quanto 
aqui dixe en otra noche , ansi fue dicho al Rey , e echáronme sus ommes 
mano á la garganta que á pocas non me afogaren. E dixo el uno : pues yo 
non dixe , e dixo el otro : yo non lo dixe , e juraron todos que lo non dixe- 
ran, e dixo la rrapossa : pues non lo dixistes, quiera Diosque non nos 
aseche aqui alguno. Algo los ojos arriba, e vio a mala verdad e dixo : alia 
estays vos , yo vos faro que malla pro vos faga el bocado que me sacastes 
de la boca , e dixo al oso , conpadre , vos que soys mas lijero , sobid allá. 
El oso sobió e derribólo á tierra e estonce despedazaron le las bestias e 
comieron todo. 

Enxiemplo.-^Deüen parar mientes aquellos que quieren fager o degir 
tracciones o falsedades , qnaun non se fallen mal un año, fallarsean á dos, e 
si non, fallarsean a líos diez. E si por aventura no lo íasen por consejo o por 
mandado de alguno , aquellos que lo consejan ó que lo mandan , aquellos 
los tiene después por partes , e aunque en su vida non se fallen mal, fallar- 
sean después en la muerte, do les da Dios tan mal galardón por ello,conimo 
dieron las animalias á mala verdad. 

Los ejemplos contODÍdos en la obra son los siguientes : 
Enxiemplo del gallapago e del aguilla. — Del lobo con laci- 
güeña. — Del ave de Sant Martín.— Del calador con las perdi- 
ces. — ^Del ave que quebranta huessos. — Del ereje con la mos- 
ca. — Del bufo con la liebre — ^Del mancebo que amava la vieja. 
— Del gato con el mus. — De las propiedades de las moscas. 
— De los mures. — De la bestia altilobi. — Del gusano bydrus. 
De lo que acaesció entre la guípela e el lobo. — Del león e el 
lobo e la guípela. — Del mur que comió el queso. — De los ca- 
nes e los cuervos. — Del mur e la rrana con el milano. — Del 
lobo con los monjes. — De las ovejas con el lobo. — Del omme 
bueno con el lobo. — De lo que acaesció á los ommes con los 
asnos. — De lo que acaesció ¿ Gaitero con una muger. — De la 
gulpeia con las galinas. — De lo que acaesció á lagulpeiacon 



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506 HISTORIA DE LA UTBRATURi^ ESPAÑOLA. 

las ovejas. — Del conde con los mercaderes. — De una oveja 
blanca e de un asno e un cabrón. — De los dos compañeros. 
—Del abispa e la rrana.— De la mariposa.— Del aguilla con el 
cuervo. — Del cavallero con el omme bueno. — Del omme que 
artva con los escaravacos. — De las avejas con los escarava- 
COS. — ^Del asno con el omne bueno. — ^De la galina con el mila- 
no. — Delleon con elgato.— Del ánsar con el cuervo.— Del mi- 
Uano con las perdiges. — De la gulpeia con el gato • — Del cuervo 
con la paloma. — De la abobilia e el Ruy señor. — Def firayre. 
—De los aldeanos. — De lo que acaesció á la formlga con los 
puercos. — De la muerte del lobo. — Del perro con el junco. — 
Del unicornio. — De la gulpeia con el marinero. — Del ximio. — 
Del caracol. — De la rana con la mosca. — ^De la gulpeia.— Del 
galápago con el bufo. — De los mures con el galo. — Del mur 
que cayó en la cuba. — Del omne que se le quemó la casa. — 
Del llobo con la liebre. 

Cap. v, nota 41. — Acerca del canciller D. Pero López de 
Ayala, célebre cronista, poeta y hombre de Estado, puede 
verse lo que en unos excelentes articules , insertos en el to- 
mo Vi de las Cartas Españolas , dice el distinguido literato 
D. Bartolomé José Gallardo , bajo el seudónimo de Bachiller 
Pomoles. En el Cancionero de Fernán llartinez de Burgos, 
cuyo análisis, hecho por Floranes, se halla en el apéndice á 
las memorias, ó sea Crónica de Alfonso VIII ^ se hallan unos 
proverbios de Salomón, que, aunque sin nombre de autor, 
cree aquel erudito deban atribuirse al Canciller; y en efecto, 
el estilo y metro en que están escritos es bastante parecido 
al que usó en otras de sus obras. 

Habiendo casualmente encontrado de letra del mismo se- 
ñor Floranes las quince cuartetas de que consta aquella com- 
posición , y no sabiendo por otra parte qué paradero haya 
tenido el citado códice , nos ha parecido conveniente el traa- 
ladarlas aquí, y son las siguientes : 

PaOTIBBIOS EH RIMO DEL SABIO SaLOMON , RET DE ISRABL. — TeACTA ó FABLA 
DI LA BBCORDANZA DE LA MUERTE t HENOSPRECIAMIEIITO DEL MUDO. 

Prólogo en la tfMtíaáoH. 
Amigos , si queredes oyr una razón 



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APICIONBS Y NOTAS. 507 

De los proverbios qne dixo el sabio R^ Salomón , 
Ftbia de aiíiueste mundo é de las cosas que j son, 
Gomo son d^aderas á poca de sazón. 

Comienzan lo$ proverhioi. 

O mezquino! diz del mundo de como es lleno de engaños 
En allegar riquezas é aTeres tamaños. 
Muías é palafrenes, é vestidos , é paños. 
Por ser solo dejado en tan pocos de años. 

Comer bien é vever, cabalgar en muía gruesa, 
Non se miembro del tiempo que yacerá en la Aiesa, 
El cabello mesado, la calavera muesa 
Botica mucho noble de la malicia cesa. 

El bien de aqueste mundo la muerte lo desata , 
• Non se puede ascender por ninguna barata , 
Pallescen los dineros , el oro é la plaU , 
El prez, é la bruneta, el verde é el escarlata. 

Morr¿n los poderosos, Reys e Pot^tades, 
Obispos é Arzobispos, é Calonges, é Abades,. 
Fincarán los averes , las villas é cibdades, 
I^ tierras, é las viñas , las casas é heredades. 

Átales son los bornes como en el mar los pescados, 
Los unos son menudos , los otros son granados , 
Gómense los mayores ¿ los que son menguados , 
Los Reys, é los Principes, los que son apoderados. 

Ninguno por riqueza presciar nunca se deve , 
Maguer que sea sano é bien come ó bien veve ; 
Non ñe en este mundo ca la vida es muy breve , 
Tanbien se muere el rico como el que mucho deve. 

El rico y el pobre en Dios deven flar, 
Ga el es poderoso de I oller é de dar : 
Asi como Dios quiere la cosa desatar 
Por mil sesos del Mundo nott se puede estorbar. 

Elbien de aqueste mundo la muerte lo destiú^. 
Bien á tal es el ome como lunbre de paja : 
Después quel fuego muere é viste su mortaja , 
La ceniza que queda , non val una meaja. 

La muerte es cosa cruda que non tiene velmez , 
A todos foce iguales, cada uno de su ves ; 
Hecha mala celada tan negra como pez , 
Quien cuida mas vevir, ese muere mas reféz. 

Ninguno non se puede escusar de la muerte , 
Por maña, nin por arte, nin por ninguna suerte? 



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508 HISTORIA OB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

Non prestan melerinas , nin otra cosa fuerte , 
NiD trapos á los pies , nin Tizmas á la fhiente. 

£1 orne qnando es muerto poco val su fsK^enda, 
Qual fizo tal avrá , como diz la leyenda ; 
Mortajanlo privado , sotierranlo corriendo ; 
Ga qne y mocho lo tengan , nanea' 1 darán emienda. 

Mezquino pecador en fuerte panto nado ! 
Qne cuenta podras dar de lo qae has ganado? 
Non guardaste tesoro que Dios te aya grado : 
El día del juicio serte ha mal demandado. 

Lo que yo á uno digo , á todos lo pedrico ; 
Dios sabe la facienda del grande é del chico; 
El'que bien lo sirvere, por siempre será rico , 
Darle ha muy grand folganza por pequeño jático. 

Fin. 

Bendito sea aquel que con Dios mercará. 
Que por el amor suyo de su algo dará : 
Que cien veces poi una de Dios rescebirá , 
E mas la vida eterna do 1* siempre gozará. 

Hernán Pérez del Pulgar* en sus Generaciones y semblan- 
xas^ cap. vif, dice que tPero López d'Ayal^ fizo un buen libro 
de caza, que él fué mucho cazador i. En efecto; aun corre 
inédito y se conserva entre los curiosos un tratado con este 
titulo : De la caza de las aves^ ¿ de sus plumages jé dolencias^ 
é amelecinamientos. Entre los manuscritos de la Real Acade- 
mia de la Historia se guarda uno de letra del primer tercio 
del siglo XV, que contiene esta curiosa obrita, la cual debió 
escribirse en Oviedes, aldea de Portugal, á la sazón que el 
Canciller estaba alli preso , después de la desgraciada batalla 
de AIjubarrota. Dedicósela á D. Gonzalo de Mena, obispo de 
Burgos, á quien entre otras cosas, escribe : cE, señor, 
i grand tiempo ha que fui é soy alongado de la vuestra pre- 
isencia é vista, por grandes departimientos de tierra E, 

• señor, como que en las quejas é cuidados sea grande con- 
> solacion al paciente haber memoria de sus amigos , por en- 
i de, señor, en la muy grand cuita é queja que tove de tiempo, 
» aquí en la prisión do esto , hove por consolación acordarme 

• de la vuestra verdadera amistanza 



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ADICIONES Y NOTAS. 509 

Gap. VI9 nota 13, p. il9. — Acerca del asonanle, aa extrac- 
tura y origen, puede verse una carta de D. Bartolomé José 
Gallardo en el núm. 3 de la Anthología. cDel asonante, su na- 
turaleza y exquisito mecanismo , misterio rítmico no pene- 
trado por nadie, hasta que lo descubrió el autor de la siguien- 
te! «üar^app. 100,-11. 

Cap. VI, nota 25, p. 126. —Son muy justas las observacio- 
nes que el autor hace en este párrafo, al considerar la época 
de D. Juan II y la escuela cortesana que en ella se desarrolló» 
como la causa iomediata y directa del descrédito en que 
cayó la poesia popular, hasta el puuto de no hallarse un solo 
romance , en las varias colecciones de poesías formadas en 
aquel siglo, con el nombre de Cancioneros. En el de Juan 
Alfonso de Baena no hay uno siquiera; otro tanto puede de- 
cirse del de Fernán Martínez de Burgos. En el de Lope de 
Stúñiga, hecho en 1448, se halla solo uno, y en el de Juan 
Fernandez de Ixar, que es de época muy posterior, tres ó 
puatro. No habiéndolos publicado nuestro amigo D. Agustín 
Duran en su excelente cuanto erudito Romaneero^ cuyo se- 
gundo tomo acaba de ver la luz pública , hemos creído de- 
ber trasladar aquí tres de ellos. El primero, sacado del Can» 
donero de Lope de Slúñigat colección que examinaremos mas 
adelante, empieza así : 

(Fol. 133 vuelto.) 

Retraída eslava la Reyna , Como quien planto fasía. 

La muy casta Doña María , Mucho mas triste que leda. 

Mujer de Alfonso el Magno , Sospirando asy desia : 

Pija del rey de Castilla , t Maldigo la mi fortuna , 

En el templo de Dyana jQue tanto me perseguía , 

Do sacrificio fasia. Para ser tan mal fodada 

Vestida estaba de blanco , Muriera quando nascia ; 

Un parche de oro cenia , fi muriera una uegada 

Collar de larras « al cuello Et non tantas cada día , 

Con un griflo que pendia, O muriera en aquel punto 

Pater noster en sus manos , Que de mi se despedía 

Corona de Palmeria. Mi marido et mi sennor 

Acabada su oración. Para ir en Berueria. 
* La orden de U Jarra 6 del Grtfd, instituida por el rey D. Femando de Aragón. 



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510 



HISTORIA DB LA LITBRATURA ESPAÑOLA. 



Ya tocanan trompetai , 
La gente se reoogiií ; 
Todos daban mucha priessa 
Contra mi ¿ la porfía : 
Quien y^ana, quien bogaua, 
Quien entraña , quien salla ; 
Quien las ancoras I enana , 
Quien mas entrañas rompía; 
Quien proises desataua, 
Quien mi coraron feria ; 
El terramote era tan grande , 
Que por cierto pares^ia 
Que la machina del mundo 
Del todo se desfasia. 
¿Quién sufrió nunca dolor 
Qual entonces yo sufría? 
Quando mi cunta flota 
Y el estol uela fasia , 
Yo quedé desamparada 
Gomo uida dolorida; 
Mis sentidos todos muertos , 
Qnasi el alma me salia. 
Buscando todos remedios 
Ninguno no me nalia, 
Pediendo la muerte quexosa 
Et menos me obedes^ia. 
Dixe con lengua rauiosa 
Ck)n dolor que me aflegia: 
¡ O nMldita seas Italia 
Causa de la pena mia! 
¿Qué te flse reyna Juana 
Que rubaste mi alegría, 



El tomaste me por Qo 
Un marido que tenia? 
Fe^iste perder el frutto 
Que de mi flor altendia ; 
¡ O madre desconsolada 
Que 4ja tal parido ania! 
Et dio me por marido un Gesa^ 
Quen todo el mundo non cabla : 
Animoso de coraie , 
Muy sabio con valentía, 
Non nasció por ser regido 
Mas por regir á quien regia. 
La fortuna ynbídiosa 
Que ío tanto bien tenia , 
Oírescióle cosas altas 
Que magnánimo seguía , 
Plasientes á su deseo 
Ck)n fechos de nombradía , 
Et dióle luego nueua empresa 
Del realme de Se^ilia. 
Seguiendo el planeta Mars, 
Dios de la caualleria, 
Dexó sus reynos et tierras , 
Las agenas conquería 
Dejó ¿ mi ¡desventurada! 
Anuos veynte et dos ania , 
Dando leys en Italia, 
Mandando á quien mas podía ; 
Soiusgando con su poder 
A quien menos lo temía , 
En Afríca et en Italia 
Dos reys vencido auía. 



COPLAS DE DISPARATES, ARREGLADAS k LA GLOSA DE ¡ OH BBLERMA! 

{Cancionero de Ixar, fol. i38 vuelto.) 



El conde Partínuplés , 

Y el obispo de Zamora , 

Y el comendador Artes , 
En el convento de Uclés 
Sirven á la reina mora ; 
Pero la Reina está enferma , 

Y Don Hernando de Andrada, 



Le canta por que se duerma , 
« ¡ O Belerma ! 4 o Belerma ! 
Por mi mal fuiste engendrada.» 

Los muros de las ciudades , 
En la provincia de Europa, 
Sin temer sus libertades , 
Se quejan de los abades 



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ADICIONES Y NOTAS. 



511 



Sobre el partir de la ropa; 
Resalta pleito de alH 
Qoe-apelan para Granada , 
También en Valladolid , 
c Siete años te seryi 
Sin alcanzar de ti nada.» 
Ya la fama se estendia , 
€omo los tiempos son caros , 

Y el castillo de Bajia 
Con toda la Berbería 
Está por el conde Claros, 

Y al dolor de las encías 
Ningún remedio se halla , 
Sino el son de Jeremías, 

c Y ahora que bien me querías 
Muero yo en esta batalla. » 

No taé discreto en morirse , 
Si murió de mala gana , 
Ni monos pudo sufrirse 
Que queden sin escribirse 
Los amores de Oriaña 
Por agrá tuvo su suerte 
Un rey que murió en Almaña , 

Y dijo, pues pude verte , 

« No me pesa de mi muerte , 
Aunque temprano me llama.» 

La gente de Yucatán 
Estaba en gran agonía , 
Porque ya su capitán 
Hizo paz con el Soldán , 
Por arte de astrología ; 
El caso pares^e fuerte, 

Y un solda4o se quejaba , 
Diciendo de aquesta suerte , 
e Mas pésame que de Terte 

Y de escribirte lejana.» 
Don Tristan de Leonis , 

Y Lanzarote de Lago , 

Y el Consejo de Paris, 
Sacan al rey Palamis , 
De la Tilla de Buytrago ; 
Porque en los agrios caminos 
Inmensa gente estropeaba ; 
Va diciendo h sus vecinos. 



«Montesinos, Montesinos, 
Una cosSi te ipogaba. » 
Los condes de Carrion, 

Y el primer Rey de los godos. 
Movieron tan gran cuestión. 
Que vino descomunión 
Sobre los médicos todos ; 

Y por esto es muy mas cierto 
Que me absuelva la cruzada 
En este campo desierto , 

« Que cuando yo fuere muerto 

Y el alma tendré arrancada.» 
Tómanle grandes dolores , 

Y no lo dice á persona , 
Vestido de tres colores , 
Perdido por los amores 
De la linda Magalona; 

Y con esta opilación, 
Toda la noche cantaba 
La glosa de esta candon , 
« Que lleves mi corazón 
Adonde Belerma estaba. » 

Después de sabido el hecho , 
Ninguna afrenta le queda ; 
Lastimada va en el pecho. 
Porque no halla derecho 
Como le sobre moneda. 
En todo estremo se pierde , 
Quien su caballo sangraba^ 
Si sale tierno del verde, 
«Y dile que se le acuerde 
De Juan Caramuótana. » 

El Alcayde de Madrid, 

Y un jurado de Valencia , 
Tuvieron una gran lid 
Porque los hijos del Cid , 
Murieron de pestilencia; 
La marquesa de Aguilar 
Que la cosa averiguaba. 
Mira no la den pesar, 

«Y sírvela en mi lugar 
Como de tí se esperaba, » 

También después de cerradas 
Las cortes en Cataluila , 



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512 



HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAf90LA. 



Hubo un grandes panadas , 
Qae estaban amotinadas 
Seis banderas en Gasca&a ; 

Y si miráis estas guerras , 
Porque sepáis que la amaba 
Mandóle doscientas perras : 
«Idos de todas mis tierras 
Las que yo señoreaba, j» 

Los armeros de Hilan , 

Y las moqjas de Ferrara, . 
Sobre la falta del pan 
Recio combate davan 

Al castillo de Almenara ; 
Vino luego un mozo ezquierdo 
Encima una yegua baya ^ 
Diciendo como hombre cuerdo : 
< Que pues yo á ella pierdo , 
Todo el bien con ella vaya. » 
Fonseca y Don Peroma^, 

Y el secretario Vaguer, 
En un molde de cora^ 
Sacaron toda la traQa 
Del castillo de Belver ; 
FuérOn tan agros los Tinos 



Que las gentes en Vizcaya 
Gritaban por los caminos : 
« Socorrexme , Montesinos , 
Que el corazón me desnáaya.» 
El capiscol de Gandia , 

Y el conde Fernán González 
• Pleiteaban en Ungría 

Sobre la negra alcaldía 
Del castillo de Canales ; 
Mataron tanto pescado 
De dentro de una privada , 
Que dijo un hombre barbado : 
t El brazo traigo cansado 

Y la mano del espada.» 

Las nuevas están calladas, 

Y en la corte hay maravillas , 
Que las mujeres preñadas 
Están todas concertadas. 
De no parir sin mantillas ; 
Una de ellas muy sabida , 
Siendo ya el parto llegado , 
Dijo con voz dolorida : 

«La habla tengo perdida , 
Mucha sangre derramada.» 



(Ibid., fol. 335.) 



En las cortes está el Rey, 
En las cortes de Monzón ; 
Con él están caballeros , 
Todos á su mandar son : 
Con él está Ruduarte *, 
H^o de Muía , y Monzón , 
Y su primo Supliciano , 
Que es hombre harto sinson* : 
Parece galán fiambre , 
Cerbato con contrición : 
Allí estaba Pildoraque >, 
Bien preciado en sinrazón ; 
Parece garbanzonero 



Herido de niguison ; 
Es heredero de un viejo * 
Que llaman Don Quintañón ; 
Aunque en los años es viejo 
No lo es en la intención ; 
Paréceme músico moro 
Hombre que vende jabón ; 
Este gobierna un deftinto* 
Que murió de presunción ; 
Parece zimio aguilero 
Grifo que está en oración ; 
Lloranlé los parientes , 
Y todos con gran rrazon. 



1 D. Joan de Granada, 
t D. Hernando de Rosas. 
3 D. Gomes Manrique. 



* D. Luis de la Cerda. 

8 El daque de Albarqaerqne. 



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AD1CI01«ES T NOTAS. 



513 



Llorábale IK» Pasnelo « 
De todo sa eomon, 
Gozqueale en an biaroa 
Para una cierta ynbencion. 
A este pide por marido 
Doña Coneja Rf on ^ ; 
Llorábale Don Baeso, 
Su hijo el patagón*; 
Parece oso frisado 
T a por nombre Don Prison. 
De nn primo del grifo 
Es bien qne agamos mención , 
Lo qae aqueste nos pares(^ ^ 
Nadie lo parezca, non : 
Paresce podenco espeso 
Qne rresponde por pachón, 
O bend^o derribado 
Qne le higo Salamon. 
De un canal lero estrangero 
Es bien que agamos mención '", 
Paresce tina'con pollo 
Relleno de diagullon. 
De este es muy grant anJgo 
Un barbato trasquilón. 
Paresce Santiago ru^io ** 
Que está hazíendo sermón. 
A un lirayle hallo noirldo " 
Santo y de buena intención 
Que á los tales como este 
Engaña con su blasón; 
Deste se muestra muy amigo 
Don Gudufire de Vullon **, 
Y hasia esta amistad 
Por le eredar el bastón : 
Es unmonstruo retumbante 
Puesto en calcas y un jubón , 



Panadero de el de ante 

Y sus pasos de anadón. 
No se nos cae en olnido 
Esa espantable visión. 
Dromedario con albarda ** 
Que la viste per Jubón ; 

Y aunque es muy largo de cueiipo 
Es muy corto de razón. 

Alli estaua un culebro bayo, 
Alcaraban con sanción *', 
Siempre mas confiado 
Que todos quantos le son ; 
Parece galán de p^ja 
De buena disposición. 
Otro relumbra en la corte 
. Que se llama Morejon, 
Tono de ciego que tañe <* 
La oración de San León. 
Si la prima se quiebra , 
Guárdenos Dios de tal son ; 
Mas mata con su quixada 
Que con la suya Sansón , 
Sastre que con malas tyeras 
Está cortando un sayón *' 
Para vestir su cuñado 
En las vistas de León ^. 
Parece Marta gallega 
Con perfiles de lirón , 
O conejero sedeño 
Que se llama regañón. 
No se nos quede en olbldo 
Ese un liando fürfon **, 
Parece mastin iMroMtjo, 
Tanbien parece cabrón ; • 
Muchos le tienen por brano, 
Mas el que lo conoze non ; 



« D. Diego de la Cueva. 

^ D." Marta de Cárdenas. 

« El marqués de Coetlar. 

• D. Ñafio de la Coen. 

*o D. Franciseo de Este. 

II El Comendador mayor de Alcántara. 

K D. Francisco de Benavldes. 



<« Gatierre Lopeí de Padilla. 
iA D. Miguel de Velasco. 
«B D. LuU de (¡ifliga. 
*^ Don Sancho de Cardona. 
17 D. Hernando deMendou. 
<s D. Alonso Manrique. 
«B El adeUatado de ttalicU. 



T, I. 



33 



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514 HISTORU DE LA LITIHIATURA BSPANOLA. 

Sino digilo sa bennano » Porque biso ani traycion. 

Ese peladillo hurón**. De otros machos canalleros 

Galguillo que le ahorcaron Se ños qaeda entre renglón. 

Mr. Dozy, en sus Reeherehet mr thisUnre polüique et litU- 
raire de fE^pagne pendant le mayen age (Leyde , 1849, S.^"), 
obra bajo todos conceptos apreciabilisima, y que hemos leido 
con el mayor interés , á pesar de que en algunos puntos di- 
sentimos de su autor, trata detenidamente la cuestión de ú la 
poesia arábiga ha influido de alguna manera en la nacional ; 
y la resuelve de una manera, á nuestro modo de ver, de- 
masiado absoluta , diciendo que la poesia de los árabes es- 
pañoles, como la de sus hermanos de Oriente, era artística, 
aristocrática y del género Unco , sumamente artificiosa y 
oscura, y por lo tanto ininteligible para el pueblo. Hasta 
aquí estamos acordes con el autor; pero creemos, aunque él 
lo niegue, que los árabes españoles tenian también su poesia 
vulgar al alcanzo de las masas del pueblo , y que esta poesía 
produjo cantares, cuyo carácter y asunto tuvo ciertos puntos 
de contacto con la poesia vulgar española , atendida la dife- 
rencia de origen, religión y costumbres. Sin ir más lejos, el 
arcipreste de Hita trata largamente en sus poesías de clos 
> instrumentos en que non convienen los cantares de arábigo > 
(n."" 1487), y cita uno que empezaba : Cagüil hallaco; también 
dice que c arábigo non quiere la biuela de arco > , y que cel 
•albogue, la mandurria, el caramillo y la zampona non se pa* 
>gan de arábigo , quanto dellos Boloña. » En el Cancionero 
que Juan Alfonso de Baena compiló para solaz y recreo del 
rey D. Juan H, y verá la luz pública dentro de breves dias, se 
nombra á un poeta llamado Garci Fernandez de Gerena , el 
cual casó con una cjuglaresa mora» por creerla muy rica. 
Argote de Molina, en su Discurso de la poesia castellana, im- 
preso al fin del Conde Lucanor, de D. Juan Manuel (Madrid, 
1642, 4.''), copia, al fol. 130 vuelto, como muestra del verso 
arábigo , un cantar lastimero que asegura haber oido á los 

^ D. Joan de Mendoza. 



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ADiaONES Y NOTAS. 315 

Moñacos del reino de Granada» después de la pérdida de di- 
cka ciudad. Por último, en un códice muy antíguo de la Cró- 
nica gmeraU qne se conserva en la biblioteca del excelentí- 
simo Sr. duque de Osuna» se halla la famosa elegía del moro 
valenciano que tanto da que hacer al Sr. Dozy» escrita en 
arábigo» aunque con caracteres españoles. Copiaremos los 
dos primeros versos de ella» reservándonos para más ade- 
lante el publicarla integra» con su correspondencia en carac- 
teres ar¿>igos» para esclarecimiento de cuestión tan debatida 
y satisfiíccion de los aficionados á esta clase de literatura. 
Dicen asi : 

Valensia Váleosla gabye elic qzera qbiria aut fiha hac banta manic faymqn 
yetayn pogdah abaelepbe nüede yota ageban qiUbnlfnic yeric. 

Baeym ante buen ya melbayr Ihnaadaba^ unierícb agebie anby amal bey- 
naUkc bebedi malabaz ma^roya enebayge fexq aocarabem el muzlemiB 
babay ex&co. 

El Sr« Dozy nos dirá sin duda que esta poesia artificiosa y 
abundante en metáforas no pudo nunca ser la poesia del pu^ 
bio» y que probablemente el al&qui valenciano á quien se 
atribuye » no la recitó desde lo alto de una torre » como ase- 
gura el autor de la Crónica general; porque» admitido este 
supuesto» caen al suelo todos sus argumentos en contrario» 
pues no es de creer que » dirigiéndose al pueblo en ocasión 
tan critica» el poeta les hablase en estilo que no podian 
entender. Apelaríamos entonces á otras razones» como son 
la forma y carácter de las endechas publicadas por Argo- 
te» y que el Sr^ Dozy convendrá con nosotros están escritas 
en árabe vulgar; á las poesías y cantai*es que andan aun en 
boca del pueblo en Tánger» Tetuan» Arsila y otros puntos de 
la costa de África» alusivas muchas de ellas á Córdoba y Gra- 
nada; á testimonios fe hacientes sacados de nuestras anti- 
guas crónicas y cancioneros » dtariamos también trozos de 
poesia arábiga narrativa que no conoció el Sr. Dozy» y por 
último Uamariamos en apoyo de nuestro aserto» á saber» cque 
> los árabes españoles tuvieron una poesia popular» » la diferen- 
cia de hábitos y costumbres» la rel^acion del principio reli- 



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516 HISTORIA DE LA LITCRATUIU ESPAÑOLA. 

gloso « y el conlinoo roce con los cristianos, qae biao de los 
mmiimes esps&oles un pudilo may diverso del que estemos 
acustuBibrtdos á ver y juzgar por las relaciones de los árabes 
oriénteles* 

La ñute de espacio y la naturaleza de este obra nos impi- 
den el entrar más de lleno en este y otras cuestiones en que 
tenemos el sentimiento de no poder convenir con el ilustre 
orientdiste holandés. Por lo demás, creemos con nuestro au- 
tor, y con el Sr. D. Agustín Duran, cuyo Ranumeero acaba de 
ver la luz pública, que la influencia de la poesía arábiga en la 
popular castellana no fué ni directe ni tan poderosa como 
Conde y otros han asegurado. 

Cap. VIH, note 23, p. 173. — Hemos examinado el códice 
de la Biblioteca Nacional, en que se halla la Crónica general 
atribuida á D. Juan Manuel , y leido con atención el capítulo 
que trate del enterramiento del Cid ; pero nada hemos hallado 
en él que justifique la conjetura del autor : dicho capitulo, 
como los restantes, no es más que un breve sumario de lo 
contenido en la Crónica general^ como se verá por el si- 
guiente, que copiamos á la letra : c Cap. CLXV. En el capi* 
-1 tulo ciento et quarente el cinco dize que el cuerpo del Cid 

> fué enterrado , e fincó alli Gilí dias a faser las fiestes de sus 
» sennores : otrosí dize que se tornó Xpiano el judio que 

> quisso trauar de la barua del Cid ; e ovo nonbre Diego Gil e 

> fincó alli sirviendo las sepolturaa del Cid et de Doña Xi- 

> mena. > 

Hay más : este sumario parece no ser obra del mismo 
D. Juan Manuel , puesto que en el prólogo ó introducción se 
lee lo siguiente : «E por que Don Johan, su sobrino, sse pagó 

> mucho deste su obra (la Crónica general del Rey Don Alon- 
1 so X , su tío) e por la saber mejor ; por que por muchas ra« 
> sones non podría faser tal obra, commo el Rey fiso, nin el 
» su entendimiento non ahondaría á retener todas las esto- 
»ría8 que son en las dichas crónicas, por ende fiso poner en 
1 este libro en pocas razones , todos los grandes fechos que 

> se y contienen. Et esto fiso él porque non tono por aguisado 



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áMaONES Y NOTAS. 517 

».de oooieiicar tal obra, e tan compltda commo la del Roy su 

• tio, antes sacó de la su obra conplida una obra menor, e 
»Dan la físo sinon para ssi en que leyesse, etc., fol. 35.a 

El .códice de la Biblioteca Nacional es un tomo en folio, de 
letra de fines del «glo xv, escrito en papel, á dos 6<dumnas , 
y con las iniciales de vermellon. Consta de i49 hojas, y está* 
marcado F. 81. En la misma biblioteca, F. 60, se conserva 
otro códice, intitulado Crániea general de España y por el in- 
fiftnte D. Juan Hanuel ; pero examinado su contenido , se ve 
no ser más que una traducción castellana de la del arzobispo 
D. Rodrigo, hecha por un anónimo, y adicionada hasta el 
dk)1402. 

Cap. IX, nota 23, p. 492. — Entre las obras históricas de 
Mosen Diego de Valora, la mas notable, sin duda alguna, es 
su crónica d^ Enrique IV, intitulada Memorial de divenas 
bástanos j la cual no ha visto aun la luz pública, á pesar de su 
importancia. Es una historia del reinado de aquel principe 
(1454-74^, llena de anécdotas curiosas y de interesantes de- 
talles que en vano se buscarán en las obras de Falencia y ^e~ 
Castillo ; y en Itf que el autor refiere ademas los sucesos nota- 
bles acaecidos en Europa por el mismo tiempo. Dice asi en el 
prólogo : f Determiné, pues, escrevir las cossas mas dignas 
» de memoria, no solamente hechas en esta Espafia, mas en 
» otras partes desde el año mili quatroeientos e cinquenta y 

> cuatro años, en que comentó á reynar el serenissimo Prin- 

> cipe Don Enrique 4.<* de este nombre en Castilla y en León, 

• hasta el tiempo presente , las quales como quier que ele- 

• gantemente están escritas enlaschoronicas de España, estas 
» son tan largas y tan díficiles de aver, que mui pocos las pue- 
» den alcanzar ni leer; por eso las hazañas y virtuosas obras 
» de aquellos que las hizieron están como sepultadas y pues* 
» tas en olvido , y ponerlas en luz me parece ser honesto y 

• provechoso trabajo, si quiera por que los hazedores de 

> aquellas y los descendientes suyos sean acatados con la re- 
» verencia, y honor que les pertenece, etc. » Consta de 258 ca- 
pítulos, y está escrita con sencillez y sin pretensiones. 



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518 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÜOLA. 

Cap. x, nota i4 , p. 807. — D. Rafael Floranea Robles , en 
k Vida y obra» MS. del Doet&r Lorenzo Gálindez de Carv^aU 
que se conserva inédita en la Biblioteca de la Real Academia 
de la Historia, B. 17, ítaíbaye la crónica de D. Ahraro de 
Lona i Alvar Garda de Santa Haria, sin más razón, qne sepa- 
"taoos, que la de haber visto al final de dicha crónica, y entre 
los cíiballeros que llevaban el acostamienta del Condestable, 
á un Alvaro de cCartagena», el cual filé hijo de Pedro de 
Cartagena , según allí mismo se expresa , y sobrino del obispo 
de Burgos D. Alonso de Cartagena. El Sr. Ríos hicurrió en el 
mismo error, sin advertir q«e Alvaro de c Santa Maria» y Al- 
varo de € Cartagena» , tío y sobrino, no son una misma per* 
sona. (£stedioi 9obr$ losjndios, p. 370.) 

Cap. X, nota 14, p. 2t0. — En efecto hay, como el autor 
sospecha, otra edición anterior de dicha cróriica con el si- 
guiente titulo : Coroniea llamada tLas dos conquistas del rd- 
no de NápoUs% donde se etientan las aUas y heróieas virtudes 
del serenissimo principe Rey don Alonso de Aragón , con los 
hdbhos y hasumas maravillosas que en paz y en guerra hizo el 
Gran Capitán Gonzalo Hernández de Aguilary de Córdoba^ 
con las claras y notables obras de los capitanes Don Diego de 
Mendoza^ y don Hugo de Cardona^ el conde Pedro Navarro^ 
Diego Garda de Paredes y de otros valerosos capitanes de su 
tiempo. Qaragoca en casa de Biiguel papila, mercader de fi- 
bros, año de mdlix, fol. , let. gót. , á dos columnas, t52 hojas 
y seis más de preliminares. — Tiene grabado en la portada el 
escudo de armas de los Córdobas, y ademas tres retratos del 
Gran Capitán : uno á la vuelta de la primera hoja , otro al fin 
• de la introducción , y el tercero al principio del libro ii , que 
, es donde verdaderamente empieza la crónica de Gonzalo de 
Córdoba. La licencia para imprimir es del año 1554, y por lo 
tanto pudiera no ser esta la primera edición : reimprimióse 
después en Sevilla, 1682, foUo, y en Alcalá, 1584, folio. 

Lo más notable de esta edición de la Crónica es el atr3)uir- 
se, aunque sin razón alguna, á Heman,Perez del Pulgar, pues 
al principio de la cintroduccion y argumento de la obra» y 



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ADICIONBS Y NOTAS. 519 

después del titulo» se lee lo siguiente : cEscripta á pedamos 
1 como acaes^ieron por Hernando Pérez del Pulgar, señor del 
1 Salar ; » lo cual probaria que IQguel papila, á fin de autorizar 
el libro y darle mejor salida, tuvo por conveniente ponerle el 
nombre de aquel caballero. Por lo demás , esta edición va en 
todo conforme con las posteriores de Sevilla y de Alcalá , con 
la sola diferencia del titulo , que ya en estas es simplemente 
el de Cráfiica del Gran Capitán, y de que la última de ellas 
tiene añadida al fin la c Relación de los hechos de Diego 
García de Paredes^ . 

Cap. X , nota 34, p. 322. — De la Cránica de Dan Rodrigo^ 
ademas de las ediciones de Sevilla, 1511 , Valladolid, 1627, 
Toledo, 1549, y Alcalá de Henares, 1587, citadas por Bru- 
net, hay una de Sevilla, 1527, también en folio, lo cual pro- 
baria hasta cierto punto la gran popularidad de que gozó este 
libro , puesto que en un mismo año se imprimía en dos pun- 
tos diferentes de la Península. El titulo de esta edición poco 
conocida , es : La crónica del Rey don Rodrigo con la de^ruy- 
don de España ^ y la lamina del frontispicio representa á 
D. Rodrigo, sentado en su trono, con una espada desnuda en 
la mano derecha y un globo en la izquierda ; á sus dos la- 
dos están dos obispos mitrados, en pié. Es muy superior á la 
de Valladolid , y tiene 103 hojas, sin contar las ocho de tabla 
que están al fin. 

En cuanto á su verdadero autor, solo sabemos lo que dice 
Fernán Pérez de Guzman en el prólogo á sus Claros varones^ 
el cual la atribuye á un tal Pedro del Corral , y la intitula Cró^ 
nica sarracina, añadiendo que se puede más bien llamar 
i trufa ó mentira paladinai . Bernabé Moreno de Vargas, en su 
Historia de la Ciudad de Herida^ lib. i, p. 13, después de 
citar un gran trozo de la Crónica, advierte : cesto es lo que 
>díze aquella coronica, cuyo autor fué Pedro del Corral, y 
> aunque algunos no la tienen por verdadera, en muchas co- 
vsas lo es.» El autor, quien quiera que sea, tomó mucho de 
Ar-Rázi ó el moro Rasis, como le llaman los nuestros; y so- 
bre todo la parte relativa á la conquista de Córdoba. 



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S20 HISTORIA W LA UTERATtJRA E^AÜOLA. 

En un índice antiguo de la libreria del Conde-<iaque de 
OUvtt^et ballamot citada um edicioa da esta obra, becha en 
Sevilla, en 1402. 

Gap. XI» nota 4, p. 229. -*Sn la Biblioteoa Colombina, de 
Sevilla, se conaerva un eddice en vitela, de letra del siglo xnr, 
en el cual se brila lA Román de Brulm^ de Maístre Wace. En 
una nota de letra de D. Fernando Colon, que está al fin, se 
lee lo siguiente : tEsie libro costó 36 qaatrines en MUan, 
tiSl de enero de U(21, y el d|tcado de oro vale 440 quatri- 
» nes. 1 Esta obra se imprimió por primera vei en París, 1543, 
con el titulo de l£ firul éTAngüterre ou Artus de Bretagne^ y 
después en Rouen, 1836. Le B<mum dir íRou, Rouen, 1827, 
2 Tol. 8/, es obra del mismo autor. 

Cap. XI, nota 24, p. 248. — Hemos extra&ado cómo el au-^ 
tor^ al tratar del Amádis^ no se bace cargo de una cuestión 
<pie á juicio nuestro es muy importante, i saber : qué parte 
tuvo Garci Ordonez de Montalvo en la confección del «cuar- 
to » libro. El mismo nos dice en el prólogo, « que en su tiempo 
«solo se conozian tres libros del Amadis y que él afiadió, 
» trasladó y enmendó el quarto». Esto de «añadir, trasla- 
dar y enmendar» , parece envolver contradicción, y sin em- 
bargo hay razones muy poderosas para creer que el «cuarto» 
libre Ceé añadido posteriormente á la obra, ya que no por el 
mismo Montalvo , al menos por algún escritor cuyos origina- 
les vinieron á caer en manos de aqueL Prescindiendo del ca- 
rácter y asunto del «cuarto» libro, que á nuestro modo de 
▼er es muy diverso del de los tres primeros , puesto que en 
él se pinta á Amadis más bien como rey sabio gobernando 
con justicia sus estados y recibiendo embajadas de otros re- 
yes, que como caballero andante; hay en el Cancionero de 
Juan Alfonso de Baena un pasaje del cual resulta que el Ama- 
di$ en un principio constaba solo de ctres» libros. 

En un decir de Pero Ferrus, dirigido al canciller Pero Ló- 
pez de Ayala, reprendiéndole porque no habita en Vizcaya, 
se hallan las siguientes estrofas : 

Rey Artnr é Don Galas , Don Langarote é Tristaa ; 



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AmClONBS Y NOTAS. 52Í 

Caska Ma^o , Don RroldtD , Las lluvias é las fent^seas 

Otros mujr nobles asas , Nunca las Calló aryscas 

Por las tales asperezas Por leal ser é famosso : 

Non menguaron sus proezas Sus proesas fallaredes 

Según en los lybros yas. En « tres » libros é dyredes 

Aaiadysi el muy fémoso , Que le Dyos dé santo poso. 

Sin contar^ poes, las firecaentes alusiones al libro de Amaáis 
beohas en el citado Cancimero de Baena^ por Pero López de 
A]faia, Fr. Mígael , Miceí* Franqjicd Imperial y otros poetas 
que florecieron á fines del siglo xiv, alasiones hechas de tal 
manera 9 que no dejan duda de que dicho libro era ya muy 
conocido en España en aquella época, tenemos el testimonio 
de un autor que declara no tenia á la sazón más que ctres» li- 
bros, y por lo tanto es descreer que el € cuarto» fué aikadido 
posteriormente. Hay que advertir que Pero Ferrus es quizá 
uno de los poetas más antiguos citados en el expresado Can- 
cionero : no solamente composo en 1379 un decir á la muerte 
de D. Enrique el Viqo , sind que Alfonso Alvarez de ViUasan- 
dino , que se supone nació hacía 1340 , habla de él en una de 
sus composiciones, como de un trovador que le precedió en 
el noble arte de la poesía, ó al menos que había ya muerto 
años antes. Dice asi : 

Por TOS non dirán de los esleydos 
De casa del Rey Ban de Magus 
. t E ya en su tiempo Pero Ferrus » 
Fizo dezires mucho mas polidos. 

Sin que nosotros pretendamos en lo más minimo poner en 
duda el hecho generalmente admitido de que el Ámadis se 
escribió primero en portugués y es obra de Vasco de Lobei- 
ra, se nos permitirá quizá hacer una reflexión. Pero Ferrus 
vívia, según hemos visto, en tiempo de Enrique II, á cuya 
muerte , en 1379 , compuso un c deziri ; y se halla aludido por 
ViUasandino de tal manera, que nos hace presumir floreció 
antes que él. Ahora bten : Vasco de Lobeira, en el cap. 40 
del primer libro dehAmadis, dice que el infante D. Alfonso 



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522 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfiOLA. 

de Portugal, habiendo piedad de Oriana, le mandó poner su 
historia cde otraguissa» ; y como dicho infante no nadó hasta 
elaño de 1370, no puede racionalmente suponerse que diese 
semejante orden « ¿ lo menos hasta los diez y seis años, en 
4386, época en que ya hallamos, según arriba dijimos, fire- 
caentes alusiones al libro de AmadiSf dado caso que no ad- 
mitamos la cita de Pero Ferrus como anterior al dicho año 
de 1370. Cuestión es esta que merecería más tiempo y espacio 
del que nosotros podemos dedicar árella; pero de todos mo- 
dos queda probado : 4.^ que el Amadi$ no tuvo en su principio 
más que ctres» libros; 2.® que el c cuarto» fué añadido pos- 
teriormente; 3/ que ya en 1379 eran conocidos los tres pri- 
meros en España, y citados á menudo por poetas de aquella 
edad; 4.^ que según todas las prohabilidades Montalvo reu- 
nió los tres libros de Vasco de Lobeira y el c cuarto» de autor 
desconocido, y los trasladó al castellano, formando un cuerpo 
de obra y c corrigiendo, como él dice, de los antiguos origi- 
» nales, quitando muchas palabras' superfinas y poniendo otras 
» de mas polido y elegante estilo» . Solo de esta manera pue- 
den conciliarse aquellas tres palabras c añadir, trasladar y en- 
mendar» . 

Cap. XI, p. 245. — Leandro el Bel. Equivócanse los que 
cuentan este libro de caballerías en la serie de los Amadises, 
siendo asi que no es más que una continuación, ó sea segunda 
parte del Lepolemo^ por otro nombre el caballero de la Cruz, 
como se verá más adelante cuando de él tratemos. 

Cap. XII, nota 2, p. 253. — Tenemos á la vista una edición 
del Caballero de la Crm^ poco conocida. Es en folio, let. got., 
impreso á dos columnas, sin fecha. La portada representa ai 
Caballero de la Cruz, armado de punta en blanco, con una es- 
pada en la mano. Debajo se lee , en letras encamadas y ne^ 
»gras : c Libro del invencible cauallero Lepolemo, hijo del 
» emperador de Alemana y de los hechos que hizo llamándose 
» el cauallero de la Cruz.» Tiene 101 hojas, y una de colophon, 
en el que se lee : • Impreso en Sevilla, en casa de Francisca 
» Pérez , impresor de libros. » • 



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ADICIONES Y NOTAS. 523 

Gomo conthiaaeion del LepoUmOy hay la historia de Lean" 
dro el Bel intitalada : t libro segundo del esfor^do cauallero 
» de la Gnu Lepolemo, principe de Alemania, que trata de los 
» grandes hechos en armas del alto principe y temido canallero 
» Leandro, el Bel su hijo. Y del valiente cauaUero Fioramor, su 

> hermano. Y de los maravillosos amores que tuvieron con la 

• hermosa princesa Gupidea de Constantinopla, y de las pe* 
» ligrosas batallas que no conociéndose uvieron y de las ex- 
» trañas aventuras y marauillosos encantamientos que andando 
>por el mundo acabaron. Junto con el fin que sus extraños 
» amores uvieron. Según que lo compuso el sabio rey Artido- 

> ro en lengua griega, let. got. á 2 column., 118 hojas.» Al fin 
dice : € Al onor y gloria de Dios y de su bendita madre santa 
»Maria. Fué impresa la presente hystoria, llamada Libro se- 
» gundo del cauallero de la Crus. En la muy noble y muy leal 

> ciudad de Toledo. En casa de Miguel Ferrer, impressor de 
» libros. Acabóse á diez y nueve dias del mes de mayo. Año 

» de MDLXIU.» 

Cap. xu, nota 3, p. 256. — El rey Arlas ó mas bien La 
historia de los nobles eauálleros^ Oliveros de Castilla y Artus de 
Algarve. Tenemos á la vista un ejemplar de dicho libro, im- 
preso en Burgos en 1499, edición que no vio Méndez. Es en 
folio, con figuras grabadas en madera, y al fin de él se lee : 
c A loor e alaban^ dé nuestro redemptor Jesu Christo e de 

• > la bendita virgen nuestra señora sancta Maria : fué acabada 

> la presente obra en la muy noble é leal cibdad de Burgos, 
»á XXV dias del mes de mayo, año de nuestra redemf^cion, 
»mil ccccxcix. Let. got., á dos columnas.» Ademas de las 
ediciones de este libro que cita Brunet de 1801 y 1604, hay 
una de Sevilla, 1510, por 18001)0 Gromberger, alemán, á xx 
dias de noviembre, folio, letra de tórtis, i dos columnas, 
sin foliación , 54 hojas. Las figuras son diferentes de las de 
la edición de 1489. En las primeras ediciones se expresa que 
la obra fué traducida del latin al firances por Felipe Camus, 
licenciado tn utroque; pero en las del siglo xvni y posterio- 
res se atribuye ¿ un tal Pedro de la Floresta. 



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524 HISTORIA DB LA LITBRATIIRA ESPAfiOLA. 

Del libro iotitulado La MUoria de la iinia Magakmay l^a 
del rey de Ñapóles, y del muif esforzado caoeílero Fierres de 
Prmíen^y hemos visto ana edición no citada por Branet. 
Es de Sevilla « en 4.'' por Jacobo Cromberger* alemán» año 
de MDXUL, leL got*» 30 hojas, sin foliatura. 

Gap. XII, nota 4, p. 256. — En el prólogo ¿ la curiosisima 
edición de La UsUnia de CarUmagno, ^echa en Alcalá por 
Sebastian Martínez, año de 1570, que tenemos ¿ la vista, se 
lee lo siguiente : 

c Assi como «nt escríptnn que á venido i mi noCica eo lengoa francesa^ 
no menos apacible que provechosa, que babla de las grandes Tirtiides y ha- 
zañas de Garlomagno, emperador de Roma y rey de Francia, y de sus ca- 
ualleros y varones como Roldan y Oliveros, y los otros pares de Francia 
dignos de loable memoria, por las crueles guerras que hicieron á los in- 
leles, y por los grandes trabajos que por ensal^ la fé católica resclbieron. 
Y siendo cierto que en la lengua castellana no ay escritura que de ello faga 
mención, sino tan solamente de la muerte De los doce Pares que fué en 
Roncesvalles, parescióme justa y provechosa cosa que la dicha escriptura 
y los tan notables hechos fuessen notorios en estas partes de Espafia, como 
Ion mam'fiestos en otros reinos. Por ende , yo, Nicolás de Piamonte, pro- 
pongo da trasladar la dicha escriptura de lenguaje firances en romance cas- 
tellano, sin discrepar, ni añadir, ni quitar cosa alguna de la escriptura 
fhincesa. Y es dividida la obra en tres libros: el primero habla del princi- 
pio de Francia, de quien le quedó el nombre , y del primer rey cristiano 
que uvo en Francia : y descendió hasta el rey Carlomagno, que después 
fué Emperador de Roma : y fué trasladado de latin en lengua francesa. El 
segundo habla de la cruda batalla que uvo el conde Oliveros con Fierabrás, . 
rey de Alexandría, h^o del gran Almirante Balan y este está en metro fran- 
cés miyr bien trovado. El tercero bahía de algunas obras meritorias que 
Mko Carlomagno : y finalmente de la traición de Galalon, y de la muerte de 
los do^ pares, y fueron sacados estos libros de un libro bien aprobado, 
llamado Espejo historial, 

Gap. xn, nota 9, p. 257. — A nuestro modo de ver no cabe 
duda alguna de que Hieronim Sentpere , Sempere ó Samper 
(pues su nombre se halla escrito con variedad) y Hierónimo 
de San Pedro sean una misma persona, y que el autor de la 
Cf^aUeria celestial lo sea también del extenso poema intitu- 
lado la Carolea. En el certamen poético celebrado en Valen- 



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ADlCMmES T NOTAS. 525 

cía, en iS33, en la iglesia parroquial de Santa Catalina már- 
tir, é impreso en dicho afio por Francisco Diaz Romano , 4.'', 
aparece un Jhronim Sentpere, mercader de Valencia, á cuyas 
instancias se debió la celebraron de dicho acto, siendo des- 
pués uno de los tres arbitros ó jueces nombrados para la 
distribución de los premios. 

La Caroleay que se imprimió también en Valencia (Juan Ar- 
cos, 1860, 8.^), tiene al principio, entre otras composiciones 
poéticas en alabanza de su autor, una oda latina y un soneto 
de Miguel Jerónimo Oliver, y en la segunda parte de la Caua^ 
lima eeksHal^ impresa en Valencia por Joan de Mey Flandro« 
año de mbliii, en folio, se halla también un duodecasíichon del 
mismo Miguel Jerónimo Oliver, en alabanza de la obra y de 
su autor. En la segunda parte del Arte de escribir^ de Pedro 
de Madariaga, impresa en Valencia en 1S61 , se lee un so- 
neto de Jerónimo Sempere ; asi como en la traducción cas- 
tellana del Au9ia$ Marcha hecha por Jorge de Montemayor 
(Madrid 1879,.8.'') y en la Diana enamorada del mismo, donde 
se le llama Sampere ; todo lo cual nos persuade á que el autor 
de la farolea y el de la Caualleria celestial son una misma 
|)ersona. 

Cap. xui, nota 24, p. 284.— La Tragedia PoUeiana es obra 
del bachiller Sebastian Fernandez, quien puso su nombre 
en los siguientes acrósticos : 



ni falso Cupido, por quien padescemos 
litigios y enojos , que non sé deiillos , 
amrlando, burlando, nos echa sus grillos 
>donde metidos salir no podremos, 
captivos subjectos, sus grandes extremos 
sumí lian, é balen el seso é razón , 
n quando amor finge soltar la prisión , 
r« pena es tan dulce que mas la queremos, 
tros casos Callaces que amor urde é trama , 
costando el amante ya puesto en cadena ; 
soevueltas que causa , passiones que ordena, 
cpospeebas , recelos que pone en la dama , 
ncttpsan la vida, y enturbian la foma 



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526 HISTORIA DB LA UTBRATURA BSPAfiOU. 

aforrando lo illnstre con vicios may feos , 
>baten , allanan los altos desseos , 
a>i amor da nn descanso, mil cuentos derrama. 
Han gran negligencia, tan cierta locara , 
^uzgad si meres^e castigo menor , 
>ndando el mnndano, siguiendo el amor, 
2d espera sossiego ni aun hora segara : 
•qalles^e en la casa de amor , la cordura : 
nstá transformada memoria en ololdo, 
soazon no pares^ y ausenta el sentido , 
zotad amadores que es Tuestra holgura. 
>-ndays tras un viento de amor acossados , 
aü el alma descanssa ni el cuerpo reppsa : 
oezis que es amor y es muerte rauiosa , 
nstays ya mortales con gustos dafiados , 
Melosos , del cielo dexad los pecados 
Y en solo buscarle poned la memoria , 
Porque si aveys del mundo victoria 
De gloria é honor sereys coronados. 

Este libro tan raro, que solo hemos logrado ver un ejem- 
plar de él, tiene por titulo : Tragedia Policiana| en la qual $e 
trocían los muy desgraeiados amore$ de Policiaoo e Pbilomena, 
exeeutadoi por industria de la diabólica vi^a Glaudina, madre 
de Parmeno y maestra de Celestina. Hay debajo un grabadd 
en madera que representa á Policiano y Philomena* A la 
vuelta está el prólogo, en que el autor, exponiendo las ra- 
zones que le movieron á escribir la obra, dice : «Pues en el 

• processo de mi scriptura, no solamente he huydo toda pa- 

> labra torpe ; pero aun hf evitado las razones que puedan en- 

> gendrar desonesta ymaginacion, porque ni mi condición ja- 
lmas se agradó de coUoquios suzios, ni aun mi profession de 
» tratos dissolutos.» 

Al fin : «Acabóse esta tragedia Polidana, á xx dias del mes 

• de Noviembre, i costa de Diego López, librero, vezino de 

> Toledo , año de nuestra redención de mili é qijunientos et 
»quarenta y siete años. 4.*, letra de Tórtis, 80 hojas.» 

A pesar de las protestaciones del autor, la tragedia, que es 
en prosa y consta ée veinte y nueve «actos» , ó por mejor de- 
cir, «escenas , » pertenece al género de las Celestinas, y puede 



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ADICIONES Y NOTAS. 827 

correr parejas con cualquiera de ellas en punto á obscenidad 
y grosería. Policiano, caballero de ilustre cuna y vecino de Se- 
villa, habiendo acaso visto ^n una huerta á Philomena,hija de 
llieophilon y de Florinarda, queda prendado de eUa, y vuelve 
á su casa dando voces y<gemidos por el dolor que le ha Cau- 
sado su vista : llama á Solino , su criado , y consulta con él 
los medios de ver á Philomena, y él le aconseja que escriba 
una carta. Después de varios incidentes, en que intervienen 
Salucio, compañero de Solino, y dos rameras llamadas Cor- 
nelia y Orosia , con sus correspondientes rufianes Pisarro y 
Palermo , la carta de Policiano es entregada por Silvanico, 
su paje, á Dorotea, doncella de Pbilomena, la cual, cono- 
ciendo la honestidad y severos principios de su señora, se 
vale del aibitrío de poner la carta de Policiano dentro de un 
libro en que aquella acostumbra á leer diariamente* La mi- 
siva amorosa es muy mal recibida de Philomena , quien re- 
prende agriamente á Dorotea, y amenaza contarlo todo á sus 
padres. Policiano, desesperado , acude á la vieja Claudina, 
quien le promete segura victoria, y habiendo antes consul- 
tado el negocio con Parmenia, su hija, y Libertina, su cria- 
da, se introduce en casa de Philomena y le da parte de los 
amores de Policiano, suministrándole fd propio tiempo un 
filtro amoroso que lleva preparado. Philomena, presa de las 
diabólicas artes de Claudina, se siente arder en amores de 
Policiano, y le escribe un billete, que la vieja le lleva á su 
posada, dándole una cita para la siguiente noche. Policiano, 
acompañado de Silvanico , su paje , se dirige á casa de Phi- 
lomena, salta las paredes del huerto, tiene una entrevista 
con su querida, y quedan citados para otra noche. Theophilo, 
padre de Philomena, nota en su hija algún nuevo desasosie- 
go, reprende á su mujer Florinarda, y llamando á Silverio y 
PanphUo , criados suyos , les encarga que en viendo á la vieja 
Claudina, la maten á palos : asimismo manda á sus hortelanos 
Machorro yPolidoro tengan particular cuidado con la huerta, 
y suelten de noche un león que tiene ^casa. Policiano, se- 
guido de su p9je Silvanico y de sus dos criados Solino y Sa- 



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529 HISTORIA DE LA LITERATURA BSPA!90LA. 

lucio, llega á las paredes de la huerta , pone la escala, salte 
dentro y se dirige al sitio donde PhilomeDa y Dorotea le es- 
taban aguardando; pero los perros sienten ruido y ladran, 
sobrenene el león y despedaza al infeliz amante , ¿ cuya Tísta 
PhiTomena cae en tierra y muere de pesar y sentimiento, tlién» 
tras Unto los criados de Tbeophilo maten á palos á Glaudina, 
la cual antes de morir hace testemento « y lega todos los chis- 
mes y secretos de su oficio á Celestina , encomendándola al 
propio tiempo la educación y gobierno de su hija Parmenia. 

Tal es el argumento de este comedia , cuyo principal papel 
es el de la viqa Claudina , que sehaila nombrada en el último 
acto de la Celestina. 

Cap. ZY, note 2 , p. 287. — En 1621 , según Nicolás Antonio, 
se imprimid en Roma La Tribagia ó via sacra de Hierusalem^ 
que se cree ser la relación en verso del viaje y peregrinación 
hecha por Juan del Encina, en compañía de D. Fadriqoe En- 
riquez de Ribera, marqués de Tari£i. Reimprimióse después 
varias veces, juntamente con la relacicm en prosa de dicho 
viaje, escrite por el expresado marqués; la primera en Lis- 
boa, 1580, L"; la segunda en Sevilte, por Francisco Pérez, 
1606 , 4.'' ; la tercera en Lisboa, por Antonio AWarez, 1608, 4.% 
á instencias del duque de Alcalá, virey de aquel reino ; la 
cuarta en Madrid, por Francisco Martínez Abad, 1733, folio; 
la quinte y última por Pantakon Aznar, 1786, 8*. Al fin de 
este última edición y de la segunda de Lisboa se halla el ro« 
manee ó cSuma de todo el viaje i , que el autor sospecha, y 
con razón, no ser obra de Juan del Encina. La edición de Se-^ 
villa lleva el siguiente titulo : Este es el libro de el viaje que ki%e 
áJerusalem^ i de todas las cosas que en ü me pasaron^ desde que 
sáli de mi casa de Bomos, miércoles 24 de noviembfe de 81 8^ 
hasta 20 de átubre de 820, 911^ entró en Sevilla, yo Don Fo- 
drique Enrrique (sic) de Rivera, marqués de Tarifa. 

Note 3, p. 288.— Hay varias ediciones de las obras de Juan 
del Encina; la más complete es la de Salamanca, 1809, con 
este titulo : Cancionero de todas las obras de Juan del Encina 
con las coplas de Zambardo : e conelautodel repelón en el qual 



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AOiaONES Y NOTAS. 529 

u inírodmen dos pastorei Piemicwrio e Johan para etc. e con 
otras eosa$ nuevamente añadidas : foIio« 404 hojas. Al fin : cfoé 
» esta presente obra emprimida por Hans; Gysser alemán de 
» SUgenstat en la muy noble e leal cibdad. de Salamanca : la 
»qual dicha obra se acabó á vii del mes d' Agosto del año 
»d'mil e quinientos e nueve años.» 

Otra hay posterior, de Zaragoza, cpor Jorge Goci, á xv días 
» del mes de deoiembre , año de mili e quinientos e deziseis 
» años» » en folio , 98 fojas. 

Ademas de su égloga de Plácida y Victoriano y probable- 
mente perdida para las letras, Juan del Encina escribió va- 
rias obras en verso , de las cuales hemos visto las siguientes : 
Documento e instrucción provechosa para las don%ellas despo- 
sadas y re%ien casadas. Om una justa alamores hecha por Juan 
del En%ina á una donxella, que mucho le penaba xdlvi. Sin lu- 
gar de impresión , en 4.®, letra de tórtis. 

Disparates trobados^ Salamanca, 1496, 4.* Son los mismos 
que se hallan impresos en sus obras. En el Cancionero gene^ 
ral de Hernando del Castillo (ed. 1873, fol. 263) hay también 
una composición llamada Eco , que se atribuye á Juan del 
Encina. 

Algunas de sus farsas se imprimieron también aparte. Una 
hemos visto en 4.^ con este titulo : Égloga trobada.por Juan 
del Enzina, en la cual se introduzen tres pastores. Fileno, Zam- 
bardo, Gardonio. Donde se recuenta como este Fileno, preso 
de amor de una mujer Uamada Zefira, de cuyos amores vién^ 
dose muy desfavorecido , cuenta su. pena á Zambardo y á Gar- 
donio. El quál, no hallando en ellos remedio , por su propia 
mano se mató. En 4.^, gótico, sin lugar ni año de impresión. 
Otra edición hemos visto de la misma farsa, hecha en Tole- 
do, en casa de Juan de Ayala, 1853, también en 4.^ 

El monumento que, según Gil González Dávila, se erigió á 
la memoria de Juan del Encina* en la catedral de Salamanca, 
no existe ya, habiendo quizá desaparecido en alguna de las 
muchas alteraciones que posteriormente se han hecho en 
aquel edificio. 

T. I. 34 



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530 



HISTORIA hE U LITERATURA ESPAÑOLA. 



Gap. IV, ñola 4, p. 309. — Eu la Florcita de vúria poe$la^ 
del doctor Diego Ramírez PagaD , impresa en Valencia en 
1S62, uno de los libros más raros de nuestra literatura poé- 
tica, y del cual trataremos más adelante, se halla una cLamen- 
tacion» en la muerte de Bartolomé de Torres Nabarro, que 
trasladamos á continuación , por cuanto en ella se trata lar- 
gamente de su Propalladia : 



Llora amor en este día , 
Lloran también amadores. 
Llora el canto y armonía , 
Tibios están los amores 

Y muda la poesía : 

Sube el llanto á las estrellas 
De España , madre dichosa ; 
Dixele : ¿por quien querellas T 
¿Por quien estás tan llorosa? 
Reyna de provincias bellas. 

¿Qué príncipe te ba faltado 
Que no seas prevenida 
De 6u natural traslado. 
Tan del bivo , que la vida 
Por este se ha mejorado? 

¿Qué bien has echado menos , 
De bienes tan principales 
Teniendo los barrios llenos ? 
¿Qué mal padesces , los males 
Siendo de ti tan ágenos ? 

Respondióme : un h^o charo 
Dias ha que me faltó ; 
Lloré con gemido daro, 

Y agora otra ves murió , 

Que esto me cuesta mas caro. 

Quedóme de él una nieta. 
Tan hermosa para dama , 
Para reyna tan discreta, 
Que no sé quien no la ama 
Con fuerza de amor secreta. 

De los principales querida , 
De los sabios fué estimada , 
Era un jardín de la vida 
Donde agora es agostada 
La rosa mas esro^^ída : 



Porque bien ñola escardó 
De las espinas dañosas 
El padre que la engendró , 

Y en su niñez muchas cosas 
Gomo á hija le suffrió. 

Mas los sabios labradores 
De nuestra huerta divina, • 
Que escardan las bellas flores 
De la maliciosa espina , 
Plantando yervas mejores , 

De la Propaladla huerta 
Mandaron que á calicanto 
Puesse cerrada la puerta, 
Hasta que con zelo sancto 
Reformada, sea abierta. 

Y esto assi me ha renovado 
Las lágrimas de mi hijo , 
Que mas bivas las he dado 

Y no con tanto let^o : 
Muerto , fué de mi llorado. 

Porque viendo su hechura 
Desecha y como enterrada, 

Y que en la biva pintura 
No ay mano tan avisada 
Que restaure esta figura; 

Pues lo que Apeles pintor 
Con grande cuydado empieza , 
No lo acaba otro menor. 
Ni ay paño de aquella pie^a 
Ni matiz de aquel color. 

No ay otro Torres Naharro 
Aunque bazasse entre nos 
Apolo en ardiente carro , 
Que el oro de veinte y dos 
Con este tybar es barro. 



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ADICIONES Y NOTAS. 531 

¿Quién el c6fliico detir Caso , que do de escrefir* 

Tan Cicando y elegante Que á varón tan singular 

Supo en el mondo sentir? Corto quedará el dezir, 

¿Quién yena tan abundante Y escaso qualquier llorar. 
Tuvo en tan liso escribir? Dixome al cabo llorando : 

¿Quién la propiedad guardó Con este se escnresia 

De las lenguas estrangeras La copia y luzido Tando 

Y el Terso en ellas cantó' Que la toscana armonía 

Tan lamido que dixeras? Al cielo ya sublimando. 
Que en todas ellas nasció? Vi ser digno de memoria 

Tan por suyas possehian Su llanto, y acompáñelo : 

Sos Tersos nuestras passiones , Tü que lees esta bystorla , 

Que , alegres , reyr bazian , Oirás devoto : en el cielo 

Y, tristes, los corazones Tenga su anima gloria. 
Mas duros enteme^ian. Amen. 

Al fin es mas de admirar 

Gap. XV, nota 7, p« 310. — Teniendo acaso á la vista el 
ejemplar que fué de Horatin , y ahora pertenece ¿ la selecta 
librería de D. José Haría de Álava, haremos una breve rese&a 
de él. Es en folio , gótico, impreso á dos columnas, y en la 
portada se lee : tPropalladia de Bartholoroé de Torres Na- 
» barro, dirigida al Uimo. señor : el S. Don Fernando Davalos 
ide Aquino, marqués de Pescara, conde de torito, gran Ca- 
> marlengo del rey de Ñapóles. Gontiénense en esta Propa*- 
1 lladia tres lamentaciones de amor, una sátyra , on^e capi* 
» tulos, siete epístolas, Cümedia Serapkma, Comedia Trophea, 

* Comedia Soldadesea^ Comedia Tinellaria^ Comedia ¡menea y 
1 Comedia Jacinta^ Diálogo del nascimiento, una contempla - 
iciou, una exclamación, al hierro de la lan^a, á la Verónica. 

• Retracto, romances, canciones, sonetos. Comedia Aquilonar 

El libro está falto de hojas al fin, y por lo tanto no se puede 
saber á punto fijo dónde se imprimió. La circunstancia de no 
hallarse eo él los dos sonetos italianos, hizo sio duda creer a 
Horatin que fué en Roma; pero aun dado caso que asi fuera, 
nunca sería, como afirmó^dicho escritor, la edición principe 
de la Prapaüadia^ la cual hizo c Juan Pasqueto de Sallo, Jueves 
á XVI de Ñar^ de mdxvii ». Nosotros nos inclinamos mas bien 
á creer fué una segunda hecha en Ñapóles, y nos lo persuade 



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532 HISTORIA DE LA UTBRATURA ESPAÑOLA. 

la clase del papel y letra , que en una y otra edición parece 
ser la misma. 

' Ademas de las ediciones que se citan de esta obra, á saber, 
de Sevilla, 1620, 1533 y 1545, todas en 4.'; la de Toledo, de 
1535, también en 4.*; una de Ambéres, en 8.% sin fecha, y la 
expurgada de Madrid, hemos visto una de Sevilla, hasta ahora 
desconocida de nuestros bibliógrafos, la cual es en folio, letra 
de tórtis, y contiene á más de la Comedia Aquilana^ la Cala- 
mito, que no se halla en las ediciones anteriores. Al fin de 
ella se lee lo siguiente : i Fenesce la Propaladia de Bartho- 

> lomé de Torres Naharro. Impressa en Sevilla por Jacobo 
»Gromberger, alemán, y Juan de Gromberger, año dé la en- 

> carnación del Señor de mil e quinientos e veinte y seys años, 

> á 3 de octubre. > 

Cap. XVI, noU 17, p. 330. — En 1847, D. Pablo Uarregui , 
individuo de la comisión de monumentos históricos y artísti- 
cos de Navarra, dio á luz un poema provenzal del siglo xui, 
hallado entre los manuscritos del convento de Fitero. Trata 
de la guerra civil que hubo en Pamplona , durante la menor 
edad de la reina D.* Juana, hija de D. Enrique, siendo go- 
bernador del reyno Messire Eustache de Beaumarché, ó sea 
Eustaquio de Bellamarca, y consta de unos cinco mil ^ersos. 
El autor de esta interesante producción, hastiante parecida en 
la forma á la que en 1837 piü)licó Mr. Fauriel con el titulo de 
Histoire de la croisade contre les héréíiques aUHgeois^ se lla- 
maba Guillermo Aneliers, de Tolosa, en Francia. 

Cap. XVI , nota 30, p . 3 32. — Aqui el autor ha omitido la 
noticia de una obra muy importante, perteneciente á este 
siglo y reinado de D. Jaime el Conquistador, á saber: las cTro- 
bas> de Mosen Jaume Feb^r á la conquista de Valencia y &• 
millas nobles que poblaron en dicha ciudad. 

Jaume Febrer floreció en el siglo xni, y es distinto de otro 
Febrer citado en la carta del marqtles de Santillana. (Fnster , 
(Bib. Valone, 1. 1, pág. 3. ) Permaoecian inéditas estas cTro- 
bas» , cuando las pid>licó en Valencia D. José March (1796 4*.); 
pero luciéronse tan raras , que apenas circulaba un ejemplar. 



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ADICIONES Y NOTAS. 533 

hasta que en el año de 1848 las imprimió de nuevo, cotejadas 
con un códice antiguo, é ilustradas con notas, el laborioso 
anticuario D. Joaquín María Bover, en Palma de Mallorca. 

Gap. XYii, nota 3, p. 347. — El manuscrito de que se sirvió 
Mayans para su edición , se halla hoy dia en la biblioteca del 
Museo Británico de Londres. Es un tomo en 4.% de letra, al 
parecer, de fines del siglo xvi , y contiene entre otras cosas 
el tratado de La Gaya Cienda y el Diálogo de las lenguas. 
Aquel , sin embargo , se halla solo en extracto y tal cual lo 
publicó Mayans , sin que sepamos de ningún otro ejemplar 
completo de esta notabilísima obra. 

Gap. xYii, nota 10, p. 349. — En la biblioteca de la univer- 
sidad literaria de Zaragoza se conserva, aunque muy maltra- 
tado, pues le faltan las 23 primeras hojas, un Ganciouero ca- 
talán que contiene obras de treinta y tres poetas. Es un tomo 
en folio menor, con 319 hojas útiles , escrito en papel more- 
no , en la última mitad del siglo xv. Las 106 primeras hojas 
son las obras de Ansias March , que , cotejadas con las im- 
presas, ofrecen bastante variedad; siguen después las de 
otros poetas, la mayor parte catalanes ó valencianos, y son 
los siguientes : Aman March, Bemat Miqu^U, el vizconde de 
Rocaberti , Jacme March, Mosen Jordí de Sant Jordi, Mosen 
Pere March , Luis da Vílarasa , Mosen Luis de Requesens, 
Francesch de la Via, Francesch Ferrer, Yaltera, Perot Johan, 
Don Diego, Pere Torrellas, el capellán Sagadell, beneficiado 
de la Seu de Barcelona ; Leonart de Sors , Jacme Safont, Mo- 
sen Rodrigo Diez, Mosen Sunyer , Marti Garsia , Jacme Scrivá, 
Pere Galvany , Ramón Savall , Arnau de Vill , sobrino de Fray 
Ramón Roger de Vill y comendador de Berbens en la orden 
de San Juan de Jerusalen ; Mosen Borra , Johan Boschan, An- 
dreu de Boxados , Mosen Navarro , Johan Garau , Saguera, 
Mosen del Monestir, el duque Johan. 

Dos composiciones tan solo tienen fecha : la una de ellas, 
que es anónima y alusiva á la toma de Gonstantinopla por el 
Turco, en mayo de 1463, parece haberse compuesto poco des- 
pués. La otra es uoa declaración ó sentencia en verso, dada 
por el duque Juan , y publicada por su secretario Mosen Johan 



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534 HISTORIA DB LK LITERATURA BSPAfiOLA. 

Peyró , á 30 de julio de i4S8, sobre una disputa literaria que 
tuvieron Mosen Pedro dé Sant Steue y Sanxo de Saravia , su 
autor Mosen del Monestir. * 

Hay también un romance de Francesch Ferrer, al sitio de 
Rodas por el Turco» que empieza así : 

Qai yeu present | lo que maj no ha rót 
Per novel! cars | lo cor fa mudament 
E tal se fa del | que oo veu e vist 
Qne com si ven, | desige ser absent. 

Pero la composición más notable de todo el Cancionero es 
una á manera de diálogo , en que intervienen ios poetas si- 
guientes : Xartier, Vidall, Vflarasa, Amau, Marcb, Mexant, 
Pere Tórrela (sic). Ansias Harch, Lope d'Estú&iga, Pone d'Or- 
tessa, Marti Garsia, Alfonso Alueres, Iñigo Lopes , Mosen 
iordi , Blasquasset, Mi^er Oto , Johan de Torres , Amau De- 
niell, Bemat ó Víncent del Ventadom, Francesch Ferrer, 
Johan de Mena, Francesch deMescua, Masias, Vaqueras, 
Joban de Duenyas , Mosen Johan de Gastelvi , Sentaffé , Gui- 
llen de Bei^eda , y Francesch Febrer. 

En dicho diálogo « que versa todo sobre el* amor y sus pa- 
decimientos, Alfonso Alvarez, que no puede ser otro que el 
célebre Villasandino, poeta del siglo xiv, y cuyas obras ocu- 
pan gran parte del Cancionero recopilado por Juan Alfonso 
de Baena, se expresa asi : 

Ha gran error No dar favor 

Quien por amor Al mal sabor ; 

Todos tiempos se guia; Quel sabidor 

Mas la color Pone por philosofla 

De tal error Este exeroplo en tal tenor : 

Es mostrar alegría , c Hueso que cupo en parte 

Perder temor , Róelo con satil arte. » 

Don Iñigo Lopes dice (fol. 198) : 

Por amar no sabia miente , 
Mas como loco serviente 
He servido á quien no siente 
Men cuvdado. 



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ADICIONES Y NOTAS. 535 

Joan de Mena (fol. 302 vuelto) : 

Si en alguQ tiempo dezado Mas es qae gloria passar 

Desespero de pasiones , Redaiir á la memoria 

Gloria aTré d*aTer passado Gomo tanbien la Tictoria 

Las tantas tribnla^oDes : Se cobró por atoar. 
Que en el tiempo de la gloria 

Madaa (fol. 203) : 

Yo por quel merecimiento En qae anda 

Asi lo manda , Mia rentura é Tida ; 

Mas por sa mer^el complida Mas que non sea perdida 

Duélete del perdimento En ti la mi esperaD9a. 

Juan de Duefias (204) : 

Amor, temor e cordura 
Paxen callar en pressencia 
Al deseo quen absen^ia 
Dezir me manda tristura. 

Sentaffé (fol. 208) : 

Si mi senyora lazrada Do mi coragon talaya , 

Fuese del mal que m*aterra Gonosca ques bien querer, 

Haunque me fizés guerra Porque me quiera yaler 

Seria con paz mexelada. Guando menester lo aya. 
Ia gentil enamorada , 

Exceptuando pues los pocos versos arriba insertos» y al- 
guna que otra composición de Pedro Torrellas, que, aunque 
catalán , escribía también en castellano , como se puede ver 
en el Cancionero general, todas las dema^ poesias contenidas 
en este interesante códice están en lemosín. Seria de desear 
que algún literato versado eq los antiguos dialectos catalán y 
valenciano cotejase este códice con los que se conservan en 
la Biblioteca Real de Paris y describe el Sr. Ochoa en su Ca^ 
tálogo ra%onado, números 7699, 78Í9 y otros. 

Gap. XVII, nota 11, p. 380. — Entre los escritores catalanes 
de esta época, merece ser nombrado Pere Híquel (Pedro 
Miguel) Carbonell , el cual , ademas de una Crónica aprecia- 
ble en su idioma nativo , dejó escritas varias poesias , y entre 
otras una traducción ó imitación de la Danza general de la 
muerte. A pesar de ser muy conocido, nada dice de él Torres 



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536 HISTORU DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

Amat en su Diccionario de e$criíore$ catalanes , y por lo tanto 
hemos creido deber suplir dicha falta. 

Nació Carbonell hacia el año de 4437 , y fué notario público 
de Barcelona, escribano de mandamientos de la antigua chan- 
cillería de Cataluña, y archivero general de la corona de Ara- 
gon/Su clónica, intitulada Chroniques de Espanya^ etc.^ que 
traetq deb nobles e invietissims Reys deis Gots y gestes de aquells 
y deis Comtes de Barcelona e Reys d^Arago^ se imprimió en 
Barcelona por Garles Amores , 1546, en fol. got., y com- 
prende hasta los tiempos del rey D. Juan II de Aragón , pa- 
dre de Fernando V. Según él mismo dice al fin de. ella, co- 
menzó á escribirla el dia S de febrero de 4495, y la concluyó 
á 26 de marzo de 1513. Es muy curiosa, por cierto, la razón 
que da para no incluir en ella el reinado de Femando el Ca- 
tólico, habiendo alcanzado los tiempos de Cários V, puesto 
que murió en 1517, á la edad de ochenta años, c Jatsia alguns 
1 hagen dit que la deuía acabar descriuir hi los actes fets per 
» lo rey don Ferrando , fill del Rey don Juan de gloriosa me- 

> mona : empero lo predit Hisser Hieronim Pau cosi meu ha 

> consellat lo contrari : (o es que non compones sino fins al 

> Rey.-don Juan inclusive : leixant ho compondré ais chronistes 

> del Rey don Ferrando quin son ben pagats^ e yo forte no seré 
^remunerat.* Más que Crónica de España , como ¿ su autor 
plugo intitularla, es ima historia de los reyes de Aragón, pre- 
cedida de unos breves apuntes sobre los reyes godos, y la 
genealogía y descendencia de los de Navarra; de Castilla y 
León apenas trata* 

Carbonell dejó manuscritas algunas poesías castellanas y 
catalanas , varias cartas en latín y catalán sobre puntos histó- 
ricos y documentos del archivo que tuvo á su cargo , un tra- 
tado de las exequias hechas al rey D. Juan II, y unos breves 
apuntes sobre la inquisición. Tradujo, según ya dijimos, al 
catalán la Dan%a general de la muerte^ en la misma cbise de 
metro; y para muestra copiaremos la estancia en que la 
Muerte se dirige al ciego : 

Vos cegó Donquam havea vista , 
Palpant, palpante al ball veDin ; 



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ADICIONBS T NOTAS. 537 

No ISi^ao la can tan trista, 
M aslca contraponel tenlv 
Si deis peccats tos penedia , 
Satisfet e be oonfessat, 
Vendrea al loe bom tot bom ría : 
A morír cascas confidat 

D. üanuel de Bofároll, en la actualidad archivero de Ara- 
gón, prepara, según tenemos entendido, ana edición de las 
obras poéticas de su predecesor en el cargo , Pedro Miguel 
Garbonell* 

También pertenece á la misma época una elegante traduc- 
ción del Corbaccio, hecha al catalán por NarcisFranch, mer- 
cader y ciudadano de Barcelona , la cual empieza asi : 

c Aquest libre se apella Goruatxo, lo quall fonch ffet he or- 

> denat per Johan Bocaci soberan poeta laureat de la ciutat de 

• Florerencia, en lengua thóscana e apres es estat tomat per 
» Narcis Franch, mercader e ciutadá de Barchelona e tracta del 

> molts maliciosos engañs que las dones molt sovent fan ais 

• homens, segóos que en lo dit libre se conté.» Es un tomo 
en 4/, de letra de fines del siglo xiv. 

Cap. £vii, nota 1S, p. 350. — De este rarísimo libro se co- 
nocen ya tres ejemplares : el de la Sapiencia de Jtoma, que 
es el mismo descrito por Méndez , y se halla señalado en el 
Índice antiguo con las letras zz b», núm. 33, y en el moderno 
Mh. ; el que perteneció al conde de Saceda, y pasó después á 
manos del honorable Mr. Tbomas Grenville , hallándose hoy 
dia en la Biblioteca del Museo Brítánióo de Londres ; y por 
último, el que se conserva en la Biblioteca de la Universidad 
de Valencia, aunque falto de alguna hoja. 

Lo que dice el autor de que Joannot Martorell, autor de 
Tbrant lo Blanch^ le tradujo al valenciano, no nos parece 
exacto ni fundado. Jimeno no hace más que referirse al pró- 
logo de la obra en que el autor* dice haberla traducido del 
inglés al portugués , y de este áltimo idioma al valenciano; 
pero opina, como Nicolás Antonio ( Bib. vet.« (omo 2.*, p. 183), 
que fué ficción de Martorell, el cual, siguiendo el ejemplo de 
otros escritores que pretendieron hallar sus originales en el 



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538 MISTORU DE LA UTSRATUiU BSPAÜOLA. 

griego, caldeo, arábigo y siriaco, se valdría del mismo artifi- 
cio. Otro tanto viene á decir Fuster : ambos citan una edi- 
ción anterior de 1480 y otra de 1497, aunque sin habeilas 
visto. 

Cap. XVII, nota 14, p. 352. — La mas completa de todas las 
ediciones de Ausias March., quizá también la mas correcta, es 
la de Barceloni^ (Glaudi Bornat, 1660, 8.®), la cual ademas de 
tener numerados los cCants» , y divididos diferentemente que 
en la primera de 1543, en obras de amor, morales, espiritua- 
les y de muerte, presenta algunas poesías añadidas, como son 
al fol. 133 vuelto, varias demandas ó preguntas hechas por el 
poeta á D." Anacleta ae Borja , sobrina del papa Alejandro ; 
otra de Hossen FenoUar á Ausias March, con la respuesta de 
este y de otro poeta llamado Rodrigo Diez , acerca del cual, 
si fué también valenciano, no hallamos noticia alguna en li- 
meño. Rodríguez, ni Fuster* 

Cap. XVII, nota 16, p.* 353. — El editor del Libre de le$ Do^ 
ne$ fué Carlos Ros, notario apostóUco en Valencia , y sugeto 
muy aficionado á su dialecto natal, puesto que ademas de una 
colección de refranes valencianos y de un diccionario, com- 
puso otras varias obras todas muy apreciables, de que habla 
Fuster en su Bibliotecay tomo ii, p. 70, col. i. En el prólogo 
á su edición que llama cuarta^ y qoe según el citado Fuster 
debe serla sexta, dice que para reimprimir dicho libro le fué 
preciso valerse de fragmentos , aunque mas adelante añade 
logró haber todo su contexto integro y perfecto, lo cual está 
en contradicción con h) que él mismo declara luego en otro 
segundo prólogo ú advertencia proemial, diciendo : cía im- 

> presión ha sido copiada de la segunda que en esta ciudad se 

> hizo en 8.®, sin añadir, ni quitar cosa alguna.» 

Lo que hay de cierto, es que exceptuando noventa y cua- 
tro versos suprimidos (no atinamos por qué razón) en la 
cuarta parte del primer libro, y algunos pasajes de la tercera 
del segundo, que trata de las monjas, y que también se su- 
primieron, todo lo demás está conforme con la edición prin- 
cipe de 1531 , ó con la de 1561 que es idéntica á ella'; ha- 
biéndose dejado subsistir muchos trozos y pasajes que hoy 



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Al>iaONE8 T NOTAS. 539 

día pareceria& obscenos, y qoitadó solo aquellos que se ro- 
saban algún tanto con la Religión y sus ministros* Por lo de- 
maSt la edición de 4531, que es rarísima, consta de 140 fojas, 
de letra llamada de tórtis, y á dos columnas. 

Algo parecida á la obra de Carlos Ros, en el estilo y asun- 
to, es una sátira en verso, compuesta por Francesch de La via 
6 Lavia, del cual nada sabemos, excepto que floreció á me- 
diados del siglo XT, pues en el Cancionero catalán arriba des- 
crito (p. 533) se insertan algunas composiciones suyas* La obra 
á que aludimos, se intitula : Libre de Fra Bemat, compost 
per Francesch de La via per pendre sola^ ; y es una sátira muy 
amarga y punzante contra las mujeres* El autor finge que 
yendo de camino en el mes de enero y en lo mas riguroso del 
invierno, topó con un frayie de San Francisco : 

Lay. Qnant los gats eo amor Ea via Teñir an fra menor, 

Crídant 6 faent graní remor Fort ben tallat 

Per los taulats E portant son habet trossat; 

Que parsien endftblats. El breviari 

Tant 80Q calores. Tras peniant com a oossari. 

▲ierran t ab ongles é dente 

Preguntado que de dónde venia, responde : 

Lay. Del comtat de Benexi De perdonan^a 

Soy natural, Prare so de sant BaHuguet 

É hay passat aíbny e mal De valí Empory. 

En est regnat. Frare si Dea vos de bonrran^ 

Ara vaigmen a sant Cugat Com bauest nom ? 

Veure Marta, Frare Bemat m*apella hom . . . 

Que dien que porta una carta 

De este monasterio cuenta cosas repugnantes por su obs- 
cenidad, y concluye ñú : 

Animem cavalcant tot gint 
Vers Gerona. - - 

Al fin de la obra se lee : tEs estat fet lo present tractatper 
»prendre sola^; en lo qual se descobren des engafiys e bur- 
» l«;s , que les dones males, e no les bones, soien fer.» 



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540 HISTORIA DB LA UTBRATURA ESPAAOLA. 

Es QD tomo en 4/ de 41 hojas, letra de tórtis , sin año ni 
lagar de impresión , aonque por el papel y letra se puede 
congeturar ñié impreso á fines del siglo xv : hállase en la Bi- 
blioteca Colombina de Seyilia* En él se lee una nota de mano 
de don Femando Colon, que dice asi : cEste libro costó, assi 
«encuadernado, 4 dinei^os en Barcelona, por junio de 4836 ; 
> el ducado vale 388 dineros.» 

Esta noticia y la de otros códices y libros curiosos de la ci- 
tada biblioteca, la debemos á la fina amistad del Sr. D. José 
María de 41aya. 

Skelton. p. 383* — Para conocimiento de aquellos de nues- 
tros lectores españoles que no estén versados en la antigua 
literatura inglesa, diremos que Juan Skelton nació hacia 1470 
y floreció durante el reinado de Enrique YIO, cuyo ayo y tutor 
fué, y que compuso varias obras en verso en que predomina 
el humor satírico. Su poema intitulado : Why come ye not to 
eaurtí (¿Por qué no venis á la corte?) que es una critica des- 
templada del famoso cardenal Wolsey y de sus actos, le atrajo 
el resentimiento de este prelado, y fué causa de su prisión. 
Skelton siguió la carrera eclesiástica y obtuvo el grado de 
poeta laureado en la universidad de Oxford, que entonces se 
conferia por las universidades, y no como hoy dia, por la co- 
roña. Fué muy dado al estudio de los clásicos, traduciendo 
al inglés las Epístolas de Cicerón^ las obras de Diodoro Sicu- 
lo y otros, y mereciendo que Erasmo en la dedicatoria de sus 
Epigramas á Enrique VIII le diese el dictado de BrUanniea^ 
rum LiUerarum Decus et Lumen. Fué muy favorecido de Al- 
gernon Percy, Duque de Nortbumberland , y compuso una 
elegía á la muerte de su padre, acaecida en 1827. El más es- 
timado de sus poemas es el que compuso con el titulo de 
Crowne ofLawrell (Corona de laurel). Murió Skelton en 1829 
y sobre su sepulcro se gravó la siguiente inscripción : J. Sfceí- 
tonus Vates Pierius hic süus est. Ánimam egit, 21 Junti Án. 
Dom. MDxxiz. 

Gap. XVII, nota 24, p. 389.— Fuster (Bib. Val., u i, p. 87) 
habla largamente del certamen poético celebrado en 1811 en 
Valencia, en loor de Sta. Catalina de Sena; pero el articulo 



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ADIQONBS T NOTAS. * 541 

contiene varías inexactítades, que nos será fácil corregir, te- 
niendo , como tenemos, á la vista un ejemplar del libro en 
que salieron impresas dichas poesías. En el año de 15H Johan 
loffre de Brianso Dunecres imprimió en Valencia, en 4/, la 
vida de la santa , traducida del latín al valenciano por Fr* To- 
mas de Vessach, religioso* dominico en el convento de San 
Onofi*e, el cual, aunque no puso su nombre á la obra,, lo 
declaró en el prólogo ú dedicatoria á la priora del convento 
de Santa Catalina, diciendo : cAquell religios indigne, lo 
> nom del cual trobareu escrit en los capUetres deis capi- 
»tols de la present istoria, frare del monestir del glorios 
» sent Honofre.» Al fin pues del libro , que es una de las me- 
jores ediciones hechas en Valencia, y está adornada con treinta 
y dos valientes grabados en madera, de escuela española, se 
halla la citada colección de poesías recogidas por Jerónimo 
Fuster, y cuyo titulo ó encabezamiento es como sigue : Libeü 
qui mülor dirá a la ioya en lohor de la seraphica senta Cathe-- 
riña de Sena ardenatper lo senyor mosii iherani fiuter^mestre 
en saeta theologia* Sigue después una exhortación ó convo- 
catoria en estos términos : 

Asserenan | los nunols del entendre 
Mostrant lo sol | de vostra gran dotrina , 
Lo boit iom I ans del iorn de la pla^ 
Les donareu | per qnel iahi se fa^. 

Los reverents | Uieolechs de gran fama 
Lo Sorio I y lo canonge Firü 
De noble troncb | aquella noble rama 
Don Fenoller | qne de virtnts seorama 
Vos iutgaran | sens passio y sena ira. 
E lo deuot I qai traduix la Tida 
Fara stampar | lotes les vostres ovres 
Per que vejam | lo quant fon excellida 
Y en actes grans | ab son espos unida 
Mirant tal Uum | den^esos canelobres. 

Lerau nos donchs | les benes de la vista 
Mostrant nos dar | que et quanta sit ista. 

Siguen después las poesías, sin el titub, que copia Fuster; 
y por último, entre los trovadores que concurrieron al cer- 



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542 * HISTORIA DB LA LITERATDIU BSPAAOLA. 

támen , se hatla ademas el nombre de Miguel García , que no 
insertó aquel. 

Ricbs trobadors | qne bastan a compendre 
Lo prim del prim | e paiz no poden Tendré 
Del fin brocal | obrin la bala feria 
AUTiani I ab les labora condignos 
Trotes del vía | de Tostra pura mena 
La que ?iTinl | fen actes tan insignes 
T en Tida y mort | Tence tots los malignes 
Verge eieeUnt | Gatberína de Soia. 

Que eatrels serafe | esta bny coUocada 
Del fiU de Den | esposa coronada. 

§. En cobles set | destil daqaestes nostres 
Pres armaren | ?ostra fina ballesta 
Hil qni millor | tirant les trotes Tostres 
Acertara | en lo paper de mostree . 
Don beU robi | fará digne conquesta 
De sent Ifiqnel | assigne tos lo dia 
Qne Tint bi non | comptarem de setembre 
Hil monestir | daqnesta Terge pia 
. Sera lo locb | bils intges sens falsia 

Tantbons tant iusts | quen res no doTen rembre. 

Cap. xviii, nota 13, p. 373. — Juan Alfonso deBaena no fué 
c secretario particular! del rey D. Juan el Segundo, sino es- 
cribano, ó por mejor decir, escriba ó escribiente en la con- 
taduría de palacio. En una respuesta de Ferrant Manuel de 
Lando que le está dirigida , se hallan los siguientes versos : 
Ga siyenpre enTeogistes de muy batallante 
En obra de armas Tállente , perfecta , 
Con escrybanias é tynta byen pryeta 
Sumando las rrentas del ano passante. 

Tuvo un hermano llamado Francisco, también poeta, el 
cual fué escribano del adelantado Ruy Paez de Ribera. 

Gap. xvín, nota 21 , p. 378. — \ esta nota tenemos que ad- 
vertir que D. Enrique de Aragón , llamado por otro nombre 
cel Astrólogo», no fué nunca marqués de Villena, como lo 
supuso equivocadamente D. José Pellicer, y copiaron des- 
pués otros varios escritores. Su abuelo D. Alonso de Aragón» 
conde de Denia y de Ribagorza, fué en efecto marqués de 
Villena por merced del rey D. Enrique II; pero desposeído 



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ADICIONES T NOTAS. 543 

por Enrique III , ni él ni su hijo D. Pedro volTieron á usar del 
título de marqués , mucho menos su nieto D. Enrique, quien 
en documentos de aquella época que hemos tenido á la vis- 
ta, se intitula siempre : cDon Enrique, tio del Rey, maestre 
de la orden de Calatrava,» y en otros, c señor de Iniestap 
mas nunca marqués de Villeiia. Vésuse á Salazar y Castro, 
Addert^ BisL , p. 80, y i Salazar de Mendoza, Monarquía de 
España, 1. 1, p. 206. En la Crónica de Don Juan II se le de- 
signa á menudo con el titulo de conde de Gangas de Tineo, 
que obtuvo por merced del rey D. Enrique III. 

Gap. xviii, nota 23, p. 378. — No tiene el autor razón en lo 
que dice acerca de la comedia intitulada Don Enrique el En~ 
fermo. Aunque los poetas dramáticos de aquel tiempo no se 
distinguían por su exactitud histórica, es preciso convenir que 
en el caso presente los autores de aquella tienen á su favor 
nada menos que la Crónica de Don Juan 11, en la que al ca- 
pítulo IV (año 1407) se lee lo siguiente : cEl rey D. Enrique 

> le habia dado el maestrazgo de Galatrava, habiendo traído 
«maneras con D.* Maria de Albornoz, su muger, á la qual 
• hizo que dixese que D. Enrique era impotente , é por eso se 
» quería meter monja : é que después de Maestre , él habria 
» dispensación del Santo Padre para casar , é la sacaría del 
» monesterio de Santa Glara de Guadalaxara , donde la llevó á 
i meter monja el ministro Fr. Juan Enriquez : é por esto re- 

> nuncio el cQudado de Gangas de Tineo , y el derecho que 
habia ai marquesado, i Véase también á Rades de Andrade, 
Chrónicade las tres Ordenes, en la de Galatrava, cap. 33. 

Gap. xvni, nota 26, p. 580. — Habiendo llegado á nuestras 
manos un códice del siglo xv que contiene varios tratados de 
D. Lope de Barrientes , vamos á hacer su descripción por lo 
que pueda ilustrar la historia literaria de estos tiempos. Es en 
folio , con 63 hojas útiles , de letra redonda y clara , con las 
iniciales y epígrafes de los capítulos de tinta encarnada. Gou- 
tiene los siguientes tratados : 

I."* Traetado délas espeeies de adevinanzascopilado por man- 
damiento del christíaniseimo Bey don Juan , por Don Lope de 
Barrientos^ obispo de Cuenca. E^lá dividido en seis partes, en 



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544 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

las cuales el autor trata, si es posiUe ó imposible que haya 
adevinanza ó arte mágica , dóode nació dicha arte , en qué 
manera pecan los que de ella usan, cuántas son las espedes 
de adevinanza , resolución de las dudas que acerca de esto se 
pnedan.ofrecer : foL 1-26. Está precedido este tratado de un 
prólogo ó dedicatoria al Rey , en que dice que después de 
haberle enviado el Tractado de los sueflos y el de coiso y for^ 
lunaf le fué mandado componer el presente cpara que su al* 
»teza pueda saber lo que le pertenes^e , e no lo sabiendo, 
1 pueda aprender lo necesario para juzgar e detenninar por 
>si en los tales casos de arte mágica, cuando ante su alteza 
1 sean denunciados i . En la segunda parte de este tratado alu- 
de el autor á la quema de los libros de D.Enrique de Villena, 
la cual se hizo de orden expresa del Rey, y no, como el ba- 
chiller Gibdareal y algunos han repetido después, á instiga- 
ción del Obispo. 

2.* Tractado de casso e fortuna^ dividido en tres partes : 
fol. 27-38. 

3.* Traetado del dormir^ edetperíar e del $oñaredela$ ado^ 
vi$ian%a$ e agüeros^ e profería^ partido en tres partes: fol. 39. 

Nació D. Lope de Rarrientos en Medina del Campo, año 
de 1382, de padres nobles. Después de concluir sus estudios 
en Salamanca, profesó en Santo Domingo, siendo el primer 
catedrático de prima de teología que tuvo su orden en aque- 
lla universidad. De dicho empleo le sacó el rey D. Juan, nom- 
brándole confesor suyo y maestro del principe D. Enrique, 
su hijo. Electo obispo de Segoyii^ en 1438, asistieron á su 
consagración los Reyes, el Principe, el Condestable y todos 
los señores de la corte. En 1442 fué trasladado á la silla de 
Avila, y posteriormente promovido á la de Cuenca, por haber 
gobernado el reino en los últimos dias del rey D. Juan el Se- 
gundo, y asistido muchos años al rey D. Entique 'IV, siendo 
canciller mayor de Castilla, murió en 1469, á los ochenta y 
siete afios de su edad. 

Cap. xviu, nota 32, p. 383. — No es extraño que D. Enri- 
que de Aragón tuviese tan escasos conocimientos de la len- 
gua latina en tiempos que los estudios clásicos estaban muy 



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ADICIONES Y NOTAS. 545 

poco generalizados en España. En el prólogo á la Cayda de 
principes de Juan Bocaccio, cuya traducción del laiinñié co- 
menzada por el canciller Pero López de Ayala, su editor, 
Juan Alfonso de Zamora» cuenta la dificultad que tuvo en ha- 
llar persona competente que le tradujese lo que faltaba. cNo 
i lo pudiendo fallar en Castilla , dice , ovelo en Barcelona. El 
>qual fallé en latin, porque quien me lo tomasse en nuestra 
1 lengua, alli hallar no pude. E después , acá en Castilla, assas 
i de letrados dello requiriendo , no me dauan á ello remedio, 

> diziendo que la rhetorica del era muy escura para romanear : 
i e por que á aquellos que en algunas buenas obras se ocu- 

> pan siempre nuestro señor Dios los guia, traxo acaso que en 
tuno el muy reverendo y sabio Doctor Alfonso García, deán 
ten las iglesias de Santiago y Segovia,t etc. 

Cap. xviu , nota 33, p. 385. — Hemos visto un códice de los 
Trabajos de Hércules^ escrito en vida de D. Enrique de Ara- 
gón, al fin del cual se lee la nota siguiente : c Acabóse esta 

> obra é trasladacion en Torralva , villa del dicho señor don 
1 Bnrriqne, la víspera de Sant Miguell, en el mes de setiem- 
>bre anno de mili e quatrocientos e diez e siete años.» 

^ el mismo códice , aunque de distinta letra, se hallan los 
siguientes tratados : i .^ Declaración sobre el verso Quoniam 
videbo coelos tuos. 2."^ Tracltido de la lepra. S."" Tractado de 
la fascinación ó aqj amiento. Este tiene una nota final que dice 
asi : c Acabó describir este libro Femando de Rojas , en 
»el mes de octubre del nascimiento del nuestro salvador 
»Jhu. xpo. año de mggcclvi años.» i."" Poesías sagradas. 8."* De 
la manera y del cuidado familiar déla casa, e."" Anécdotas hisló- 
ricas de Don Pedro el Cruel. Los dos últimos tratados, que tie-, 
nen la fecha de 1458, son conocidamente obra posterior, y pa- 
recen haber sido añadidos por el copiante ó dueño del códi- 
ce. Tampoco las poesias pueden con seguridad atribuirse á 
D. Enrique de Aragón, aunque intercaladas con otros trata- 
dos suyos y escritas eu el estilo de la época. Empiezan asi : 

Señores este tractado A Jesu crucificado 

Es fecbo con diligencia , Qnes sa ?erbo verdadero, 

T. I. 35 



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S46 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

Sobre faser revereDcia Dios e omme todo eatero 

A Dios padre figurado. En la ostia consagrado. 

También se atribuyen ¿ D. Enrique de Viliena los siguien- 
tes tratados : 1/ La cadira del honor. S.*" Triumpho de las do^^ 
na». S."" De cámo se entiende poder estar en las vestiduras y pa^ 
redes. 4."" Consolatoria. Todas estas oUras reunidas con otras 
ya citadas Ytó el Sempere en un códice del üempo, que se 
conservaba en la biblioteca del Sr. duque de Frías. 

De La cadira del honor y que otros atribuyen áinan Rodrí- 
guez del Padrón (Nicolás Antonio, Bib. Vet. , lib. x, cap. yi), 
yimos años atrás un códice antiguo que empezaba asi : c Ju- 
1 yentud de buenos deseos es benigna é amigable á los ami- 
igos, fiera é insoportable á los enemigos, valerosa en los 
> fechos de virtud é cavallería, • etc. El autor figura una mon- 
taña, que es la de los c buenos deseos» , con una selva, que 
es el c afán» , y un verjel, que es el cmerescimiento» , donde* 
las plantas llamadas c virtud y nobleza» echan raices y flore- 
cen, de cuyas ramas está formada la muy alta c cadira del ho- 
nor» . En contraposición con esto describe un valle de vicios, 
donde crecen dos plantas salvajes. 

Cap. XIX, nota 38. — Secretarío de cartas latinas le llam{t el 
Ponciano, comentador de sus obras, en la vida que de él es- 
cribió, la cual tan solo se halla en la edición de 1499, hecha 
en Sevilla por Joannes Pegnizer , de Nurimberga , y compañe- 
ros alemanes, á 28de agosto, suprimiéndose después en todas 
las demás. Gonzalo Fernandez de Oviedo , en sus Quinquage^ 
ñas , trata largamente de Joan de Mena , y después de anun- 
ciar la intención en que está de componer un epitafio para su 
.sepulcro, exclama : 

Dichosa Tordelaguna El dexó tanta memoria 

Que tiene á Joan de Mena , En el verso castellano , 

Coya rama tanto suena Que todos le dan la mano ; 

Sin semejante ninguna. Dios le dé á él su gloria. 

Cap. XIX , nota 54 , p. 412. — Las veinte y cuatro coplas aña- 
didas al Laberinto se imprimieron por la primera vez en Se- 
villa, 1617, folio, con su correspondiente glosa por un anónimo. 



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ADICIONES Y NOTAS. 547 

el cual dice asi : «Si verdad es lo qae escrive el comentador de 

> las trezientas en el fin de la postrera copla que el Rey Don Juan 
1 mandó al poeta Juan de Mena que añadiese á las trezientas, 

• sesenta y cinco para que el número dellas fuesse igual con 
» los días del año , muy bien se pueden estas xxim coplas ajun- 

> tar con las dichas eco; pero queda otra duda, que no cum* 
ipKó el dicho número de lxv, lo qual haze dubdar estas no 
lauer sido compuestas por tan famoso poeta : mas o sean 
t suyas o de otro , pues la materia dellas es conforme con eV 
> fin de las trezientas, y el estilo no muy difTerente, es bien 
» declararlas.» Hállanse también en la edición de Vallado- 
lid, 1836, folio, y en otras posteriores. 

Ademas de sus poesías Juan de Mena escribió un libro 
poco conocido, y del cual vamos á dar razón. Es una paráfra- 
sis en prosa de algunos cantos de la //ioda, y sé halla en la se- 
lecta librería del Exmo. Sr. duque de Osuna y del Infantado , 
en un tomito en 4.*^ de pocas hojas, impreso en letra de tórtis. 
Léese en su frontis en letras grandes : cEsta es la Iliada de 

• Homero en romance , traduzida por Juan de Mena;» y al fin 
del libro : cAqui se acaba la Iliada de Homero, historiador muy 
» excelente. Traduzida del griego y latin en lengua vulgar por 

> el poeta castellano, Juan de Mena. Embióla el licenciado 
» Alonso Rodríguez de Tudela al illustre y muy magnifico se- 
» ñor el SQñor don Hernando Enrriquez, para en que lean sus 

> hijos los que han de exercitar la disciplina y acto militar. 
» Fué imprimida en la villa de Valladolid por Arnao Guillen de 
» Brocar á xxni dias del mes de Abril. Año de mil y quinien- 

> tos y diez y nueve años. » 

Unido á este tratado, aunque con portada aparte, se halla 
el siguiente : La contienda que ovieron Ajas Telamón y Ulyxes 
antes (sic) los príncipes y pueblo de greda delante de troya so^ 
bre las armas de Achiles después de su muerte. (El qual mató 
Paris a traycion y sobre seguro en el templo de Apolo dentro de 
troya) trasladada del principio del décimo tercio libro del Ovi^ 
dio de metamorphoseos , en lengua vulgar castellana. Al fin : 
« Aqui se acaba la contienda que ovieron Ajas Telamón y Uly- 



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548 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

> xes sobre las armas de Achiles. La qual embio el licenciado 

• Alonso Rodríguez de Tudela al iilustre y muy magnifico se- 

• ñor el señor don Hernando Enrriquez juntamente con la 
» Iliada d'liomero para en que lean sus hijos los que han de 
» exercitar el acto militar. Fué imprimida por Arnao Guillen, 

> de Brocar en la muy noble villa de Valladolid» á xxix de Mar- 

• co. Año de h. d. y xix años.» 

En la Biblioteca Nacional se conservan cuatro códices de es- 
la obra de Juan de Mena, de los cuales el mejor y más antiguo 
es de letra del siglo xv, y está señalado con la Q. 224, y los 
otros dos tienen respectivamente las marcas T. 130 , M. 56 y 
V. 269» circunstancia que ya advirtió Bayer en sus notas á la 
Biblioteca Vetus^ de Nicolás Antonio, t. ii, p. 268, c. 1.% si 
bien ignoró que se hallaba impresa. Alfonso Rodríguez de 
Tudela , autor del segundo tratado y editor del Homero ro- 
manzado de Juan de Mena « tradujo del latín al castellano el 
Compendio de boticarios del doctor Saladino, ñsico mayor 
del principe de Taranto, y le dio á la estampa en Valladolid, 
en casa del mismo Arnao Guillen de Brocar, año de 1515. En 
la misma ciudad é imprenta publicó un año después (1516) 
otro tratado análogo con este título : Servidor de Albuchasis 
Benaberacerin, trasladado de arábigo en laíin^ por Simón ge- 
noves, siendo Abraam judio de Tortona interprete^ etc., 4."" leii*a 
de tórtis. 

Para muestra del estilo grandiloquo, lleno de latinismos y 
ridiculamente amanerado de este autor, conocido solo por 
sus obras en verso, trasladaremos aqui el proemio ó intro- 
ducción á su Paráfrasis de Homero, según se halla en el más 
antíguo de los códices arriba citados : 

« Prohemio al muy lllastre Rey D. Juau el Segundo de esle nombre. Juan 
de Mena. 

» AI muy alio y poderoso principe y muy umano señor Don Juan el Se- 
gundo, por aspiración de la divinal gracia muy digno rey de los reynos de 
Castilla y de León, ele, vueslro muy umill y natural siervo, Juan de Mena, 
las rrodillas en tierra, veso vuestras manos, y me recomiendo en vuestra 
alteza y.señorio. Muy alto y muy buen aventurado Rey, por eso los fechos 
maravillosos , á vueltas con los que los fallan, se gozaron jamas ocurrir á la 



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ADICIONES Y NOTAS. 549 

ex^llencia de la real dignidad : por que alti son las cosas puestas en rrico 
presólo y pro?eydas de devido nombre y mesurado acatamiento, donde 
mejor son especuladas y conestidas. Por aquesto les rieptos y desafios 
entre la sacra magestad de los Beyes se mandan , por que los buenos.que 
su virtud ofresgen al rriguroso esaraen de las armas , esperen de la real 
casa corona de méritos en aprovacion de sus opiniones : Asy como aque- 
llas, que es estudio de profanas y seglares virtudes. E aun esta virtuosa 
ocasión. Rey muy.podoroso, trae á la vuestra rreal casa toda vía las gentes 
estrangeras con diversos presentes y dones. Vienen los vagamundos afor-- 
ros que con los nopales y casas movedizas se cobijan desde los fines de la 
arenosa Libia, desando á sus espaldas el monte Atbálante, á vos presentar 
leones yracundos. Vienen los de Garaftianta y los pobres areyes concordes 
en color con los etíopes, por ser vesinos de la adusta y muy caliente sona, 
á vos ofres^er las tigres odoríferas. Vienen los que moran cerca del vicome 
monte Urontio y acechan los quemados espiráculos de las bocas (irreas , 
polvorientas de las cenisas de Fiton, pensando saber los secretos de las 
tripodas y fuellar la desolada Thebas , á vos traer esfinges quistionantes. 
Traen á vuestra alteza los orientales indios los elefantes mansos con las 
argollas de oro , y cargados de linaloeles , los quales la cres^íente dé los 
quatro rríos por grandes aluviones de allá donde mana destirpa y so mueve. 
Traen vos estos mesroos los relumbrantes paropos, los nubíferos acates, 
los duros diamantes , los claros rrubis y otros diversos linajes de piedras , 
los quales la circundan^a de los solares rrayos en aquella tierra mas bru- 
ñen y clarifican. Vienen los de Siria, gente amarilla de escodreñar el tibar, 
que es fino oro en poluo, á vos presentar lo que escarvan y trabsgan. Traen 
vos , muy excellente Rey, los fríos setentrionales que beven las aguas del 
ancho Danubio y aun el elado Reno , y sienten primero el boreal viento , 
quando se comienza de mover, los blancos armifios , y las finas martas , y 
otras pieles de bestias diversas, las quales la muy discreta sagacidad de la 
naturaleza , por guardarlas de la grant intenperan^ de frior en aquellas 
partes, de mas espeso y mejor pelo puebla y provee. Vengo yo, vuestro « 
umill siervo y natural , á vuestra clemencia begnina, non de Etiopia con 
relumbrantes piedras, non de Asiría con oro fUluo, nqn de África con bes- 
tias mostruosas , y fieras , mas de aquella vuestra cauallerosa Cordova. Et 
curao quier que de Cordova aquellos dones , nín semblantes de aquellos 
que los mayores y antiguos padres de aquella á los gloriosos principes . 
vuestros antecesores y á los que agora son y aun después serán , vastaron 
ofresQcr y presentar. Gomo sy dixesemos de Séneca el moral, de Lucano 
su sobrino , de Abenrruys , de Avicenna , y otros nop pocos , los quales te- 
mor de causar fastidio mas que mengua de multitud me devieda los sus 
nombres explicar. Ca estos , Rey muy magnifico , presentauan lo que suyo 
era y de los sus ingenios manaua, y nas^ie , bien como fazen los gusanos 
que la seda que ofres^en á los que los crian de las sus entrañas la sacan y 
atraen. Pero yo á vuestra alteza sirvo agora por el contrario , ca presento 



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550 HISTORIA DE LA UTERATDRA ESPAÍ^OLA. 

lo que mió no es. Como las abejas roban las sustancias de las meliflua» 
flores de los bnertos, y las traen á sos cuestas, y anteponen á la su maes- 
tra, bien asi yo, o muy poderoso Rey, uso en aqueste don y presente, que 
en estas flores que á vuestra señoría aparejo presentar del huerto del 
grand Homero , monarcba de la universal poesía , son. E aquesta conside- 
ración antelevando, gran don es el que yo tyngo, si el mi feale }r rapiña no 
le viciare. E aun la osadía temeraria atrevida es, á saber traducir una santa 
serapbíca obra como la Uiada de Omero de griego sacada en latín, y de 
latin en nuestra materna y castellana lengua vulgarizar, la qual obra pudo 
apenas toda la gramática, y aun eloquencia latina comprebender, y en si 
res^bir los heroicos cantares del vaticinante poeta Omero. Pues quanto 
mas fará el rudo, y desierto romancé, acaescerá por esta causa ¿ la omerica 
¡liada como á las dulces y sabrosas frutas en la fin del verano, que á la pri- 
mera agua se dañan, y á la segunda se pierden, y assi esta obra recibrá 
desagrabíos. El uno, en la traducción latina y el mas dañoso y mayor en la 
interpretación al romance , que presumo intento de le dar. E por esta ra- 
zón , muy prepotente señor, dispuse de no interpretar de veinte y cuatro 
libros que son en el volumen de la llíada, salvo las sumas brevemente. No 
com(f Omero, palabra por palabra lo canta , ni con aquellas poéticas inven- 
ciones y ornacion de materias, ca si ansí ovíese de escrivír, muí maior vo- 
lumen y compendio se finiera. E mas escribió Omero en las escripturas 
solas y varias figuras que eran en el estudio de Achiles que ay en aqueste 
todo volumen , é déjelo de fazer por no dannar ni ofender del todo su alta 
obra, trayendo gela en la humilde y baxa lengua del romance, mayormente 
no baviendo para esto vuestro regio mandato. Y aunque sean á vuestra al- 
teza estas sumas, como las de muestras á los que quisieren en finos paños 
acertar, ansy. Rey muy excelente , estará en vuestra real mano y manda- 
miento, vistas aquestas sumas, ó muestras, mandar ó vedar toda la otra 
plenaria ó intensa interpretación traducir, ó dejar en su estado primero. 
E por que aquella fama, y memoria, sobre la qual han rodado siglos de 
^uthorídad, es mas comendable, y de loar, sy después de muchos tiempos, 
á fuer de cosa inmortal, es perpetuada y convalesce, por ende, muy temido 
señor, noto en aqueste prefación las alteraciones que los autores siguie- 
ron de los tiempos en que Omero haya seido.» 

Trata largamente de la patria y tiempo en que vivió Home- 
' ro, y después continúa : 

f Pues agora , esclarecidissimo Rey y señor , fize algunos títulos sobre 
ciertos capítulos en qvte departí estas summas , aunque todos los poetas , 
según la soberbia y alteza de su estilo , procedan sin titulo ; pero enmen- 
darlos he yo por fazer mas clara la obra á los que en romanzo la leye- 
ren, etc.» 

Toda la obra, que constará de unas 47 hojas en 4.^, y está 



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ADiaONES Y NOTAS. 551 

escrita en el mismo estilo retumbante y ampuloso, es tra-' 
duccion del libro escrito por Décimo Magno Ausonio, poeta 
y gramático del cuarto siglo de nuestra era vulgar, y precep- 
tor de los emperadores Graciano y Valentiniano, con el titido 
de PeriochíE in Hameri Itiadem et Odysseam. 

Tampoco concluyó Juan de Mena sus coplas de Loi siete 
pecados mortales^ que empiezan : 

Canta tú , christiana musa. 

Continuólas, después de su muerte, un caballero de la orden 
de Alcántara (no firaile, como dice npestro autor, p. 407), lla- 
mado frey Jerónimo de Olivares. También hemos visto una 
continuación hecha por Pero Guillen , poeta del tiempo de 
D. Juan el Segundo, y autor de la Gaya de Segovia^ segun^ 
Clemencin, Elogio de la Reina Católica^ p. 405. 

En la Biblioteca Columbina de Sevilla se conserva un códice 
de letra del siglo xv, que contiene, ademas de la continuación 
arriba citada, las siguientes obras de Pero Guillen : l.'^Un 
Discurso á aquel que sigue su voluntad en cualquiera de los 
doce estados del mundo. Está escrito en verso de arte mayor, 
y consta de treinta y dos coplas, i.^ Los diez mandamientos^ 
diez coplas. 3."^ Los siete pecados mortales : es diferente de la 
obra de Juan de Mena al mismo asunto , y consta de doce 
coplas. 4.^ Un poema alegórico sin titulo, dirigido al arzobispo 
de Toledo, D. Alfonso Carrillo, de quien, según Clemencin, fdé 
contador. 

En esta última, que es sin duda la mas importante de todas 
sus obras , y viene á ser una especie de contienda entre la 
Fortuna y la Filosofía, el autor nos da algunas noticiasí acerca 
de su profesión, patria y estado. En la dedicatoria ó suplica- 
ción al arzobispo, dice que habiendo en su juventud gozado 
de temporales bienes, « tantos con que segund su estado po- 

> diera, syn pedyr, conservar su honrra y sustentar la misera 

> vida,! se vio de repente privado de lo mas necesario, hasta 
el punto de c tener que escribir escrituras ajenas» para ganar 
el preciso sustento ; pero que no contenta aun la Fortuna con 



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552 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

haberle puesto en tan miserable condición y misero estado» 
c quitóle la mayor parte de la vista de guisa que ya por de- 
1 fecto de aquella no facia su obra como devia, i ni le era po- 
sible mantener á csus fijos menudos >. En este estado apo- 
deróse de él la desesperación, y á no haber sido por un santo 
religioso que le consoló con ayuda de la religión y sana filo- 
sofía, hubiera indudablemente sucumbido á su pesar. 

En la copla diez y seis dice que tuvo por maestros en la 
poesía al marqués de Santillana y á Juan de Mena^ á quienes 
llora por muertos , y en la siguiente habla de Gómez Manri- 
que como si viviese aun.: 

Buscando las cabsas FortoDa malvada 
Por donde mas dapnos cabsar me podía. 
Falló en mí deseo muy bien titulada 
Aquella graciosa solil polisya : 

Y con presupuesta contraria porfla 
Al bra^o valiente del fljo d* Almena 
Quitó al Marques, llevó á Juan de Mena 
Maestros fundados de quien aprendía. 

Lo qual me cabsó tan grande recelo 
Teniendo á sinplesa que mas se publique 
Que á la yntercesora Reyna del cielo 
Con grandes gemidos conbien que suplique , 
Que guarde la vida del sabio fifanrrique , 
Pues desta s^ien^ia sostiene la cunbre 
Por que mis ojos non queden sin lunbre 

Y á buenos conceptos mis obras aplique. 

Por último, en la copla veinte y tres da algunas noticias de 
su patria : 

Sy vuestra prudencia querrá saber quien 
Es este que yase de palmas en tierra, 
Mandad preguntar j^or Pero Guillen 
Allende Pedrasa^ bien cerca la Sierra : 
Mandad preguntar adonde se encierra 
La vil compañera del triste Amiclate , 

Y adonde fortuna mayor da conbate 
Con tantos y tales peltrechos de guerra. 

D. Alfonso Acuña Carrillo , á quien está dirigida la obra » 



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ADICIONES Y NOTAS. 553 

murió en 1484, habiendo ocupado la silla arzobispal treinta y 

ocho años, desde el de 1446; Juan de Mena en 4456, y el 

marqués de Santillana en 1458; Gómez Manrique vivia aun en 

1481, y hacia este año debió Pero Guillen escribir esta com- 
posición. 
En un cancionero manuscrito de S. M., que describiremos 

mas adelante, se hallan varias composiciones de Pero Guillen, 

á quien se le Uama cde Sevilla i, y natural de Segovia. Son 

las que siguen : 

Coplas en respuesta de cQuando Rroma conquistava», fol. 6 
vuelto. 

Respuesta en metro á una carta que Gómez Manrique envió 
á Diego Arias, contador mayor del Rey, la qual ordenósele 
de hazer al gran servicio de dicho señor Diego Arias, fol. 8. 

Los Salmos penitenciales, fol. 44. 

Le Salve Beginüy dirigida al rey D. Juan, fol. 52. 

Decir sobre la muerte de D. Alvaro 4e Luna,. fol. 55. 

Decir á un amigo lisonjero que sus ofertas eran muchas e 
nyngunas sus obras, fol. 56 vuelto. 

Decir que fiso quando se desposó, en que contiende el seso 
con el corazón, 57 vuelto. 

Decir que fizo sobre el amor estando en las salinas de Aten^ia* 
en un valle que disen el Val de parayso, fol. 59. 

Decir que fizo Pero Guylien al dia del juyzio, 63 vuelto. 

Decir que fizo Pero Guylien contra pobreza, cuyo efeto e ca- 
lidad a él en tanto grado como otro, el causador lo ha co- 
nocido, 64 vuelto. 

Dezir que fizo al rey nuestro señor (D. Enrique IV) luego que 
rreynó e fizo paces con Aragón é Navarra, 66 vuelto. 

Respuesta suya c porque de los de mucho amador», fol. 66. 

Decir sobre el amor, fol. 66 vuelto. 

Canción que empieza : c Doled vos de mis dolores.» 

Dezir que fizo á una dama carytativa que nunca dijo á ninguno 
c ayude vos Dios», fol. 73 vuelto. 

Dezir sobre los milagros del calabozo, fol. 77. 
Cap. XX, nota 1, p. 415. — Mucho antes que Juan de Mena 



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554 HISTORIA ÜE LA UTERATURA ESPA?)OLA. 

escribiese sus Trescientas , M icer Fnncisco Imperial , Fray 
Diego de Valencia^ Alfonso Alvarez deVillasandíno, el canci* 
ller Pero Lopez.de Ayala y otros muchos poetas introduje- 
ron en la poesía castellana el uso de vocablos franceses ; asi 
pues hallamos á cada momento usados aprés por después , 
aylas como interjección de dolor, bannido por desterrado, 
cote por lado, dayne por ciervo, deessa por diosa, escaque 
por ajedrez, firmalle por broche, garcan por mancebo , hura 
por cabeza de javali, formage por queso, jomea por el es- 
pacio de un dia, suli por bonito , landa por tierra ó región, 
laydo^ laydura y laydesa^ por feo y fealdad, orage por tem- 
pestad, etc. 

Gap. XX, nota 14, p. 425. — Aunque D. José Amador de 
los Ríos, Estudios históricos^ etc., p. 392, atribuye á D. Alon- 
so de Cartagena, obispo de Burgos, las poesías que con el 
nombre de c Cartagena» se encuentran en el Cancionero ge- 
neraly lamentándose de que un personaje tan respetado, y un 
prelado que tantas veces habia sido medianero entre reyes, y 
que por otra parte era un modelo de virtudes, se entregase á 
justas y solaces poéticos en que el amor era el único ídolo, 
hasta el punto de merecer el dictado de c entendido en amo- 
res», que le dio el festivo Castillejo, no hay razón alguna 
para suponer fuese poeta , y menos aun que compusiese di- 
chas poesías. 

Mal podia, en efecto, D. Alonso de Cartagena, obispo de 
Burgos, que murió en 1466, hacer unas coplas reprencUendo 
á Fr. Iñigo de Mendoza, que floreció en el reinado délos 
Reyes Católicos, ni dirigir otras al vizconde de Altamira, título 
que no fué creado hasta el imo de 1471 , según Jerónimo de 
Aponte en su Nobiliario manuscrito; ni mucho menos com- 
poner versos en honor de la reina D.* Isabel, que empezó á 
reinar á fines del año 1474. Por último , en unas coplas diri- 
gidas á esta reina, y que se hallan al fol. 118 del Cancionero 
general y edición de 1556, hay una alusión tan marcada á la 
célebre campaña que comenzó en 1482 y concluyó con la 
toma de Granada, que este hecho por si solo bastarla para 



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ADICIONES Y NOTAS. 555 

probar qae el c Cartagena» det Cancionero no es D. Alonso , 
obispo de Burgos. Dice asi : 

Por que se conclaya y cietre 
Vuestra étnpresa comenzada 
Dios querrá, sin que se yerre , 
Que remateys vos la R 
En el nombre de Granada. 

Pero ¡qnién fué el t Cartagena > del Cancionero? Mayans , 
en sn Retóriea\ tom. n, pp. 230 y S35^ le Uama c Pedro > , sin 
darmas noticias de él. Hubo, en efecto, un Pedro de Cartage- 
na, hijo de D. Pablo de Santa María, el cual tuvo por hijo á Al- 
varo de Cartagena, criado al parecer del condestd)leD. Alvaro 
de Luna 9 en cuya Crónica se hace varias veces mención de 
él, llamándole converso. El fué quien avisó al Condestable el 
peligro en que estaba cuando el rey D. Juan decretó su pri- 
sión, y le sirvió de guia luego que intentó fugarse. (Crónica , 
tít. cxx.) En la p. 328 se dice expresamente que Alvaro de 
Cartagena era hijo de Pedro de Cartagena, y en la 335 se le 
llama sobrino del obispo de Burgos « el cual no puede ser 
otro que D. Alonso, obispo de Cartagena, hijo de D. Pablo 
de Santa Haría. Otro tanto viene ¿ decir la Crónica del rey 
D. Juan 11 y en el cap. 128, año ui. La misma (>dni<;a (cap. 219, 
afio xxxi), al tratar de los caballeros que se hallaron con el Rey 
en la batalla de la Higueruela, nombra entre otros á c Pedro 
de Cartagena» hijo de D. Pablo , obispo de Burgos » , y en el 
año 1424 (cap. iii , p. 225) se habla de un torneo celebrado 
en Burgos, «en que mantuvieron por la cibdad Pedro de Car- 

• tagena, hijo del obispo D. Pablo, y Juan Carrillo de Hor* 
>maza. » 

Gracia Dei , rey de armas de los Reyes Católicos , trata 
del linaje de lof Gartagenas , y de D. Pablo, obispo de Bur- 
gos. cDexó, dice, dos hijos obispos, el uno de Burgos, y 

> el otro de Plasencia, y el tercero, cauallero que se llamaua 

> Pedro de Cartagena que oy biue, el qual ovo dos hijos muy 

• especiales caualleros, y el cassó con dos mugeres, entram* 



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556 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAflOLA. 

i bas de gran línage ; assi mesmo sus bíjos é hijas con ios 
> principales linages de este Reyno casafon, y es mas, que 
» son del alto linage de Nuestra Sefiora, por la qual cosa traen 
» por armas una flor de lis blanca en campo verde. § 

En una información , hecha en Burgos por B. Juan Suarez 
de Fígueroa y Velasco, arcediano -de Valpuesta, en 1574, 
sobre la calidad y nobleza antigua de D. Pablo de Carta- 
gena, se halla lo siguiente, al fol. 6 vuelto : cE el dicho Pe- 
dro de Cartagena, hijo del dicho Patriarcha (Don Pablo), foé 

> casado primera vez con D/ Haria.Sarabia, y segunda vez con* 

> D/ María de Rojas, el qual fué del consejo de los Reyes Don 

> Enrrique IV, et de Don Fernando el Catholico, y fué nom- 
1 brado por guarda del cuerpo del Rey Don Juan S."*, e fué 

> persona de mucho valor y esfuerzo, como lo mostró en las 
tvatallas en que se halló, que fueron muchas, y en desafio» 
«singulares, y ganó la fortaleza de Lara, que en aquellos tiem- 
>pos era cosa de mucha estima,! etc. 

Si las anteriores noticias no están equivocadas , y no hay 
razón alguna para creerlo asi, puesto que las confirman el 
maestro Sanctotis en la Vida de Don Pablo de Santa María , 
y el P. Florez en la Eipañá sagrada y t. xxvi, cap. 4, el autor 
de las poesías contenidas en el Cancionero general no es otro 
que Pedro de Cartagena , hijo tercero de DJ Pablo , el cual 
fdcanzó el reinado de los Reyes Católicos, y viviaaun en 1480. 
La sola dificultad que hallamos, es la mucha edad que debió 
tener entonces. D. Pablo de Santa Alaría murió en 4435 (no 
en 1433, como supone equivocadamente el Sr. Rios, p. 342); 
D. Gonzalo de Santa María, obispo de Plasencia y de Sigüenza, 
hijo mayor de D. Pablo, nació en 1379, y murió en 1448, de 
69 años ; D. Alfonso^ obispo de Burgos, nació en 1384, y mu- 
rió en 1456, á los 72 de su edad ; D. Pedro, que fué el tercero, 
nació en 1387, y por lo tanto debió contar 98 años, por lo 
menos, cuando escribíalas coplas ya citadas á la reina D.* Isa- 
bel, lo cual no es verosímil. Has, como quiera que esto sea, 
lo que no admite género de duda es que las poesías del Can^ 
cionero general no son ni pueden ser obra del obispo D. Alon- 



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ADICIONES Y NOTAS. 557 

SO, como ha supuesto equivocadamente e) Sr. Rios, y dice el 
Sr. Ticknor. 

Otro hijo tuvo D. Pablo, llamado Pedro Suarez, quien, se- 
gún Sanctotis (p. 37), fué regidor de Burgos y procurador de 
dicha ciudad en 1407. Véase también la Crónica de D. Juan 
SegundOj cap. xxvi, p. 7. 

Cap. xxic, nota 3 , p. 448.— Hemos visto un precioso códice 
en folio, de fines del siglo xv, que contiene todas las obras 
de Diego Rodríguez de Almela. Ademas del Valerio de las 
hislorias escolásHeaSy de la Compilación de las batallas campa- 
les^ de los ¡Hraglos del glorioso apóstol Santiago , y de otros 
tratados cuyos títulos se hallarán en una nota del erudito Ba- 
yer ilsLBibliotheca Vetus de D. Nicolás Antonio, tom. ii,p. 326, 
hállanse en él las siguientes no mencionadas por ningún otro 
escritor. 

•Copia de una scríptura dirigida al venerable et discreto 

> señor Pero González del Castillo, criado de la muy illustris- 

> sima señora nuestra Doña Isabel , sobre la acción y derecho 

> que S. A. et el muy illustríssimo Rey Don Femando , su ma- 
»rido , reyes de los reynos e señorios de Castilla , e de León 
> e de Aragón, e de Cecilia tienen á Gascuña, e al ducado de 
I Guiana e Navarra. Murcia, 18 de octubre de 1481.» (6 hojas.) 

c Copia de una letra dirigida al venerable e virtuoso señor 
»el licenciado Antón Martínez de Cáscales, alcalde en la cib- 
>dad de Toledo, sobre los matrimonios, e casamientos entre 
•los reyes de Castilla e de León de España, con los reyes de 

• Francia. Murcia, 15 de septiembre de 1478.» (7 hojas.) 

iCopia de una scríptura dirigida al honrado señor Johan de 

> Cordoua, jurado, oltm, recabdador de las rentad reales del 
>regno de Murcia, de como et porque razón non se deuen 

• diuidir, partir, ninenagenar los regnos e señoríos de Es- 
>paña, salvo que el señorío sea siempre uno je de un rey e 
> señor, monarchas de España. Murcia, 18 de julio de 1482.i 
(9 hojas.) 

iTractado de como las mugeres heredaron siempre en Es- 
ipiAa los regnos, ducados, condados, señorios, etmayo-* 



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558 HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÍÍOLA. 

> radgos después de la muerte de sus padres, non dexando hi- 
>jos varones. Dirigido al muy magnifico señor Don Joan Cha- 

> con , adelantado e capitán mayor del regno de Murcia. Ib. ¿ 
• 27 de junio de 1483.» (8 hojas.) 

c Copia de una carta que escribió el rey de Castilla al rey 

> de Aragón sobre la scisma que havia en la Iglesia. Sept. 
.de 1497.» 

Consérvase este manuscrito en la selecta Ubreria de nues- 
tro amigo D. José Haria de Álava, en Sevilla. 

Cap. XXII, nota 4, p. 449. — No hay duda que hubo dos 
tLucenas» , el uno llamado simplemente Juan de cLucena» , 
y el otro Juan cRemirez de Lucenai, acaso padre é hijo. 
Aquel fué embajador de D. Juan el Segundo , y escribió el 
tratado de Vita beata ^ en el que hace intervenir, dialogando, 
¿ D. Alfonso de Cartagena , obispo de Burgos , y á Juan de 
Mena , muertos en 1456 , y al marqués de Santillana , que mu- 
rió en 1458. El otro fué protonotario y embajador de los Re- 
yes Católicos , y parece ser el mismo á quien alude Alonso 
Ortiz en sus tratados. Hubo aun otro c Lucena» , que en 1495 
escribió é imprimió una obrita muy singular, de que daremos 
noticia; y por último, dos hermanos del mismo nombre, que 
intervinieron en la expulsión de los judíos, y uno de los cua- 
les escribió desde Zaragoza, 1503, la carta que inserta Lló- 
rente. El libro á que aludimos se intitula: Repetición de amo- 
res : e Arte de Axedrez cofi cl juegos de partido. Es un tomo 
en 4."" español, de 51 hojas, letra de tórtis. Al comenzar el 
primer tratado, de los dos en que está dividida la obra, se 
lee lo siguiente : c Repetición de amores, compuesta porLu- 
>cena, hijo del muy sapientissimo doctor y reverendo pro- 

> thonothario Don Ji^an Remirez de Lucena, embalador y del 

> consejo de los reyes nuestros señores en servicio de la linda 
i dama, su amiga, studiando en el preclarissimo studio de la 

> muy noble ciudad de Salamanca.» El segundo empieza con 
un epígrafe igual, añadiendo: c intitulado al serenissimo Don 

> Johan el tercero principe de las Spañas.» 

La Repetición de amores viene á ser un tratado sobre el 



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ADICIONES T N01A5. * 559 

amor y sus efectos , en que se introducen cartas de Lucena á 
su dama , y respuestas de esta ; versos de Torrellas y de Fray 
Iñigo de Mendoza al mismo asunto; todo ello atestado con ci-* 
tas y pasajes de Sócrates, Séneca , Platón, Ovidio, Juvenal y 
otros autores , que hacen la obra indigesta y fastidiosísima en 
extremo. Al ñn de la Repetición de amores se halla una cPe- 

• roracion hecha por el muy discreto , y grande orador el ba- 
ichiller Villoslada en lohor y gloria del que la presente obra 

> escribiói , la cual está parte en prosa y parte en verso. 

Cap. XXII, nota 13,. p. 456. — La primera edición de Ar- 
nalte é Lucenda se hizo en 1491 ; su título es Traetado de 
amores de AmaUe a (sicj Lucetidq. Al fin se lee : c Acabase 

> este traetado llamado Sant Pedro | a las damas de la rryena 
>(sic) nuestra señora fué'| empreso en la muy noble y muy 
>leal cibdad I de Burgos por Fadrique alemán en el año del 

• nacimiento de nuestro saluador nqi christo | de mili y cccc 
> y noventa E un años, a xxv | dias de noviembre.» 

^La impresión es en 4.'', letra gótica, sin foliatura ni recla- 
mos, aunque con signaturas colocadas, no en el medio, sino 
en el canto de afuera de la plana. 

La noticia de esta edición nos ha sido comunicada por 
nuestro amigo D. Bartolomé José Gallardo, quien posee mi 
ejemplar de ella en su selecta librería. 

Cap. xxiii, nota 3, p. 461. — Cancionero de Lope de Stú- 
ñiga. En efecto , con este título se conserva en la Biblioteca 
Nacional (M. 48) un precioso códice en vitela, de letra de me- 
diados del siglo XV, encuadernado en tabla , forrada de ba- 
queta labrada, y con 165 hojas útiles. Vense en la primera 
algunas iluminaciones, cuyo carácter, asi como la letra del có- 
dice y otras circunstancias, no dejan duda de que se escribió 
en Italia. Contiene obras de poetas poco conocidos, entre 
los cuales se hallan los nombres de algunos , como Juan de 
Tapia, Arguello, Santafé, Suero de Ribera, y otros que si- 
guieron á Alfonso V de Aragón , cuando pasó al reyno de 
Ñapóles, ó le acompañaron durante su cautiverio en Hilan. 
Esta circunstancia y la de hallarse en la colección varias can* 



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560 HISTORIA DB LA LITERATURA ESPAÑOLA. 

dones dirigidas á la condesa de Adorno, á la hija del duque 
de Hilan» á la reina D/ María de Aragón , y por último á la 
célebre Lucrecia d'Aniano, querida de aquel Rey, nos per« 
suaden á que la colección se hizo en Ñapóles para Alfonso V, 
quizá también por su mandado , como la del judino Juan Al- 
fonso de Baena lo fué para D. Juan II de Castilla , conjetura 
que no parecerá desacertada, si se atiende á que D. Alfonso 
se crió en Castilla , al lado de su padre D. Fernando de An- 
tequera, después rey de Aragón. 

Nada prueba que Lope de Stúñiga fuese el autor de esta 
interesante colección, no habiendo, que sepamos, otra razón 
para darle su nombre , que ta de empezar el códice con una 
canción suya que dice asi : 

Cabo de mis dolores , Ayas piedat et mesura 

Fin de largas cruesas ; Contra mi , 

Principio de mis amores , Que de tu sola flgura , 

Comienzo de mis tristezas. Me vencí. 

En una de las composiciones se advierte la fecha de 144^, 
lo cual, unido á las demás circunstancias arriba expresadas , 
nos confirma en la idea de que la colección se formó, en 
efecto, á mediados del siglo xv, cuando no lo indicara ya la 
misma letra del códice. Es una carta de Sancho de Villegas á 
su amiga, la cual empieza : 

Sobre escripto. 

A ti dama muy amada A ti , dama muy querida , 

Sobre todas las amadas , Humilmente 

A ti , sennora loada , Suplico ser rescebida 

Sobre todas las loadas La presente. 

Sigue la carta, y después concluye : 

La fecha. 

Fecha con toda firmesa , En el anno de quarenta 

Dia de mucha congoxa * Etmasií0« 

Uiespera de gran tristeza Et los $ey8 de mi tormenta 

Que jamas nunca me afloxa Sabe Dios. 

De Lope de Stúñiga , á quien se atribuye esta colección, 
tan solo sabemos que militó en Italia á las ordenes del rey 



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ADiaONES Y NOTAS. 561 

D. Alfonso , y fué ano de los caballeros que más se distin- 
guieron en el tpasso honrosso» de Suero de Quiñones, tenido 
en la puente de Orbigo , en 1434. Sospechamos fué hijo del 
mariscal Iñigo Ortiz de Stú&iga« de quien también se conser- 
van poesias en el Cancionero de Baena y en otros , aunque 
Pellicer, en la Genealogía de la casa de Zúñiga^ no hace men- 
ción de él. 

A continuación insertamos el índice de las composiciones 
contenidas en este curiosísimo Cancionero^ con el nombre de 
sus respectivos autores, y el primer verso de cada una, para 
que los aficionados á este género de poesía puedan formar 
más cabal juicio de su contenido. También hemos creido 
deber señalar aquellas que están impresas. 

Fol. 1. L&pe de Siúñi§a,'-' Cabo de mis dolores. (Csrü. gen., i81l, p. 49, 

2 Tuelto. Id, — Triste purtída mia. 

4. Joha» de Mena. — Gnay de aqael ombre qie mira. ( Cañe, een. , 
íím, fol. 48.) 

6 f uelto. !d. — Ya non snfTire mi coydado. ( Carne, gen,, fol. 50.) 

10. Lope deStúMga. —(Al margen de otra letra « del Bachiller de la 
Torre», como en efecto lo es.) El triste qnemas morir. (Caite, gen., liTTS, 
fol. 80.) 

i4. Id. — Llorad misHantos, llorad. {Cañe, gen., i5ii, fol. 50.) 

i5 vuelto. Id, — Si las mis llagas mortales. 

i6 Tuelto. Id. — Si mis tristes pensamientos. (Cañe, gen., 1511, fol. 50.) 

iS.Johan Rodríguez ddPadren.^FnefíO del divino rayo. (Grite, gen., 
1511, fol. 17.) 

18 vaelto. Kl marqués de SaniéUana. — Ya la gran noche pastna. (Cañe, 
gen^imí,to\.U.) 

20 vuelto. Id. —Antes que el rodante cielo. (Cañe, gen., 1573, fol. 40 
vuelto. 

22 vuelto. ViUaloi quizá ViUíOübúi. — Quantos aman atendiendo. 

25. Jehan Rodríguez del Pedr&n (sic). — (Los siete gosos de amor.) Ante 
las puertas del templo. (Cañe, gen., 1573, fol 121.) 

27. Sancho de ViUegas.-- (Carta á su amiga.) A U dama muy amada. 

28 vuelto. Id. — (Otra suya.) Quantos de la fortuna. > 

29. Johan de Padilla. — Bien pudo desir por Dios. 

29 vuelto. Lope de SíMíga. — Llorad mi triste dolor. 

30. Johan de Andújar. — Gomo procede fortuna. 
34. Diego del Caetiüo. — Vuestra fama et crueldat. 
36 vuelto. Id. » El vergel de pensamiento. 



T. I. 



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562 ^ HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAfiOU. 

Fol. 36 ▼aelU). Diego del CagtUlo, — Por la muy ¿spera vía. 
40 vuelto. Suero de Ribera, — A dio, á Dios alegría. 
41. Marqués de Santülana,— El inGeroo de amor. (Ocboa, p. 249.) 
S3. Johan de D«eftita«.— <Lanao de amor.) Ed altas ondas del mar. (Ocboa, 
Rimas, p. 305.) 
56. Castillo, ^ Nyo qaleren morir mis maules. 
59 vuelto. Mosen ago {¿lago?) — Diversas veses mirando. 
61. Qapata. — Quanto mas pienso cuytado. 
61. Johan Rodríguez de la Cámara, — Bien amar, leal servir, 
61. vuelto. Lope de Stúfnga, — Lloras , mi triste dolor. 

61. Johan Rodríguez de la Camera, ^ Solo por ver á Maclas. 

62. Diego Enrriquez {idél Castillo?). — Dicen que fago follia. 

Id. Johan Rodríguez de la Cámara. -^ Desvelada, sandía. (Castellanos 
Bibl. yTrob., p. 81.) 

63. Moxica, — Soys vos, desid , amigo. 

66 vuelto. Johan de Medina, — Alegre del qve vos viesse. 

66. Arias de Bmlo, — El que tanto vos desea. 

66. Anónimo. — (Desir de un apasionado.) Si por negra vestidura. 

69 vuelto. Johan de Duennas, — La franqueza muy estranna. 

70. Johan de Torres. — (Pregunta á Johan de Padilla.) Non sabes, lobaoa 
de Padilla. 

70. Johan de Padilla. —(Respuesta á la anterior pregunta.) Johan, sennor, 
yo la fablilla. 

73. Suero de Ribera. — Gentil sennor de Centellas. 

75. Diego de Valera. — Adiós mí libertad. 
' 75. vuelto. Id. — (El planto que Gzo la Pantasilea.) Yo sola membrana 
sea. 

79. Alonso Enríquez.— (Su. testamento.) En el nombre del Dios de amor. 

gl. Capola. — Pues que füistes la primera. 

81 vuelto. Lope de Stúñiga. — Sennora, gran s}^ nracon. 

82. Macias, — Y el gentil niño Narciso. (Sarmiento, Mem., p. 318.) 

82. vuelto. Villalobos, — Pues me fálleselo ventura. 

83. Rodrigo de Torres. — Qualquiera que me toviere. 

83. vuelto. Johan de Andigar. >~ (A la condesa de Ademo.) De es^ pre* 
ciosas, Calíope et Palas. 

84 vuelto. Femando de la Torre. — (A Don Ladrón de Guevara, por que 
gu muger es una muy galana dama.) Blirad que grande quesUon. 

85. Johan de Tapia. — Trabajos que me matays. 

86. id. — OVlvalá que mandó á la fija de la condesa de Arenas.) Donsella 
ytaliana. 

88. Id. —(A la flja del duque de Milán, syendo él en presión.) Muyalu et 
muy excellente. 

89. Id. — (A la muy excellente reyna de Aragón et de (exilia.) Annqve 
e«tó en reyno estrangero. 



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ADICIONES Y NOTAS. 563 

Pol. 89, Tuelto. Johan de Tapia, — (A madama Lucrecia.) Dama de tan 
buen senblaote. 

89. Id,— (A la devisa del sennor Rey Don Fernando. ) Montanna de dia- 
mantes. 

90 vuelto. Id, — Sanctus, sanctas Deus. (Faltan dos bojas que han sido 
cortadas.) 

91. Id, — Bien veo que fago mal. 
91. /(f. — Fortuna sobre la tierra. 
91. ¡d, — El evangelio de Sant Juan. (Hay raspados cinco versos.) 

91 vuelto, ¡d. -^ La vyda por nombre garryda. 
91. /tf. — Mi alma encomiendo á Dios. 

fó. Id, — (Contra un su amigo ytaliano.) Mal aya quien su secreto. 

92 vuelto. Id, — Muchas veses llamo á Dios. 

95 vuelto. Id. — (Canción fecha á la condesa de Buchanico.) Fermosa, 
gentil deesa. 

94. Id. — (Glosa.) Yo soy aquel che nas^i. 

94 vuelto. Id, -^ (Desir que fiso loando et nonbrando todas las damas de 
Turpia.) Siendo enemiga la tierra. 

96 vuelto. Diego de León. — Los hombres de amor tocados. 

97 vuelto. Id. — Como en son de injuriada. 

96. Johan de Mena. — Seguiendo el plasiente estilo. 

100. Diego de Valera. — Non sé gracias, nin loores. 

101. Femando de la Torre. — En diversas opiniones. 

102. Id. — Sennora , mal cabo ayan. 

109. Johan de Tapia. ~ (A su amiga.) Non es humana la lumbre. 
104. Id, — Sennora , mi bien y amor. 

105 vuelto. Villapando. — Sepan todos mi tormento. 

106. Id. — Nunca Inejorar mi pena. 

106 vuelto. Mendoza. — Vos que sentides la vía. 

107. Diego de León. — Cobdiclando ser amado. 

107 vuelto. Id. — Todo pesar agora. 

108. Diego de Yolera. —• Sennores , mucho pesar. 

108 vuelto. Id. — Sennores, mucho pesar. 

109. Alfonio de Montanos. — Mi bien y toda mi vida. 

109 vuelto. Man de Orthega. — Couarde de coraron. 

110. Anónimo. — (Pregunta que fué fecha ¿ un gentil hombre por nom- 
bre Sames.) Mi buen amigo Sames. 

110. Sarnés. — (Respuesta.) En el tiempo conocerés. 

110 vuelto. Id. — Alegrad vos amadores. 

111. Id. — Amor desagradecido. 

111 vuelto. Id, — Por acres^entar dolor. 

112. Morana. -- A la una, á las dos. 

112 vuelto. Johan de Torres. — O temprana sepoltura. 

113. Ferrando de la Torre. — Quien se puso en talcuydado. 



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564 HISTORIA DE LA UTERATORA ESPAftOLA. 

113 mello. — Mfinuú de Mímtanno$. — El pintor rey Mannel. 
Fol. 116. Femando de la Torre. — Juego de naypes que compaso — el de 
Burgos, dirigido á la muy noble sennora condesa de Gastanneda. 

En la dedicatoria á dicha señora explica el autor el meca- 
nismo del juego, y dice : 

Han de ser qnatro juegos apropriados á quatro estados de amores en 
esta manera. El primero de religiosas, á las espadas apropiado por las co- 
plas, segund la calidat de la cua. E ban de ser dose naypes en este Juego, 
et en cada uno una copla et a de ater tres figuras, la primera del rey, copla 
de dose pies; la segunda del cauallero de once ; la sota de diez