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Full text of "Historia de la música española desde la venida de los Fenicos hasta el anõ de 1850"

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Mü¿t'i|l.l2 



í 



HARVARD COLLEGE 
LIBRARY 




FROM THE FUND GIVEN 
IN MEMORY OF 

RICHARD MATHER JOPLING, 46 

A MEMBER OF THE 

UNITED STATES ARMY AMBULANCE CORPS 

IN THE EUROPEAN WAR 

CROIX DE GUERRE 

DIED IN LONDON, MARCH 16, 1919 



FOR BOOKS ON MUSIC 



UUSIC LIBRARY 







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HISTORIA 



MÚSICA ESPAÑOLA 

DESDE LA VENIDA DE LOS FENICIOS 

HASTA EIi Alio DE 18MI, 

por 

Mmam Joviano Mtvttíít 

(UB&IXKBO DS VA InOXtk J MILITAK ÓBDBR DE flAH fUAN DK JU09AU». DB LÁ «BAL T BISTIRODIDi ÓBBBI BSPAÜOLA I» 

CÁBLM III, DB U RAaONAI. Y MIUTAB DB 8AH FBIUIARDO DB niMBRA CLASB, CORDBCOBADO COB 

LA MCDALLA DB ORO DBLIRtTITOTO BSPAflOt , ACAD&mOO DB LA ARQOBOIÓGICA DB MADRID, XlaO DB LAS RBALBS 

DE AMIGOS DEL PkU DB VALBRaA T MUROA , DB LA DB C1BRC1A8. LBTRAB T ARTRB DB 

DDREBRQOB, HOHORARIO DB LA FILARMÓRICA DB 

PLORBHOA, TmBMDRO DB OTRAS VARIAS SOCIEDADES ARtIsTICAS T UTBRARIAS. 



MúsicB 7 poesiR 

Eq ttiiR mismR lin tocaremos. 

{Iriarte,— Poema de to múdca,) 



X^^^o de 4SS6. 



HIDRID. 

Establecimiento del Sr. Martin 
y Salazar , proveedor de música y pianos 
de SS. MM. ; calle de Esparteros, 
número 3. 



BARCILORi. 

Establecimiento tipográfico de 

D. Narciso Ramírez , callo de EscudlUers, 

número iO, piso principal. 



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/^X>U) \^lJlf 



V 




M'^'i t^ 



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INTRODUCCIÓN. 



Oh! quien pudiera trasladarse ahora 
al siglo de la Grecia floreciente ; 
al siglo en que la músiea sonora 
compañera tan útil y frecuente 
era de las dramáticas acciones: 
No mienten las antiguas tradiciones, 
su representación era candada, 
conforme á los acentos de un idioma 
dignos de la nación mas delicada. 

(Iriarte.) 



Si en el prólogo del primer tomo de esta obra hicimos 
una reseña histórica de la música en general ^ y en la 
introducción del segando^ de la sagrada en particular; jus- 
to nos parece hacer lo mismo en este nuestro tercer to- 
mo, con la historia de la música teatral : tanto por seguir 
una marcha uniforme, cuanto por la importancia que en 
la creación y embellecimiento del teatro, invención la mas 
noble y útil del espíritu humano para formar y corregir 
las oostumbres, según Vohaire, ha tenido la música her- 
manada con la poesía. 

El objeto de presentar á la música con toda laimpor- 



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tancía que en sí tieoe^ nos obliga tal vez á ser pesados, y 
entrarnos en un terreno donde tantos y tan ilustres hom- 
bres han hecho producir opimos y provechosos frutos de 
ilustración y cultura. Pero si^ como creemos^ es de alguna 
importancia para el lector las glorias del arte^ nos será 
dispensada esta pesadez^ en gracia del objeto á que va 
encaminada. 

Demasiado atrevidas serian nuestras pretensiones, si 
al tratar de este asunto quisiéramos hacerlo con solo la 
autoridad propia: mas no siendo esta nuestra idea por ca- 
recer del talento suficiente para ello, nuestras palabras 
serán guiadas por las doctrinas de los que supieron y sa- 
ben mas que nosotros^ sin citaciones^ muchas veces inúti- 
les^ pues como dice Milizia, hablando la razón deben callar 
las autoridades. 

No hay duda alguna, que el teatro es la obra mas 
acabada de la sociedad, puesto que es la historia en pano- 
rama de todos los tiempos y todas las naciones; el espejo 
donde reflejan nuestros vicios y virtudes, nuestros usos y 
costumbres, y nuestros hechos mas nobles y gloriosos : la 
escuela que atrae, y la corrección que deleita. 

En el fondo del corazón humano hay una voz que ha- 
bla siempre en favor de la virtud reprendiendo nuestros 
vicios. Si esta voz tiene un eco que se reproduce incógnito 
con suntuosa magestad y atractivos ante un gran concurso, 
todos la oyen con tanto mayor placer y respeto, cuanto 
mas hallan en ella una prueba de los defectos y virtudes 
propias, corrigiendo y precaviendo, enseñando y delei-r- 
tando. 

Este es el teatro, enseñanza mas instructiva muchas 
veces que las escuelas mas florecientes; porque el modo 
de presentar en él los contrastes de nuestras pasiones; el 
conocimiento de la sociedad, la finura de los conceptos. 



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la d«Ucadaza de los espdrdsiónes, la propiedad de las 
palabras, el d^te de la arraoiiia^ y el buen modo 
da pensar ; se va esteodieodo , como dice Aodréa , y 
Ila((a por fin á penetrar basta en el ínfimo vulgo* 

£1 b<Hnbre al nacer, ya es espectador de la grande 
obra del ser supremo; espectáculo que nos sumistra 
nuestras mas grandes ideas , nuestras mas deliciosas sen- 
sacio nes , y noestro mas ardiente entusiasmo y adoradon 
al aotor que lo ereó. La vista nos produce ese entusias- 
mo, y el conoon ei sentimiento de adoradcfn. Mas esta 
adoradoii para que el corazón la sienta ^ para que el co- 
vaaoQ ki esprese, tiene que valerse del oido agente el mas 
activo de sus grandes sensaciones : y este agente sublimó 
el grandioso espectacnlo de la naturaleza, con la música y 
lapoeria. 

No pudiendo haber vida espiritual en el hombre sin 
ánsar 6 aborrecer lo que la vista le presenta, á lo cual 
llamamos pasbñes-; necesariamente tubo que valerse de 
Qo lengeaje massublime que el usado por la (ria rason i 
que tan retrasada camina siempre en el espectáculo de la 
vida , para inflamar sus pasiones , para calmar sus dolo- 
ras^ para hacer mas debciosos sus placeresi , para mitigar 
sos trabajos, y para alabar al autor del gran drama hu- 
mano. Esto lenguaje fué la ikiásíca y la poesia. Por esta ra- 
zón «iendo gemelas , y caminando siempre unidas en sus 
eaftcioiies , quisieron tener un mismo nombre , y se lla- 
maron versificación. 

Tanto áia vivacklad de nuestra vi^ , como á las sen- 
eacioBes q«e nos produce el oido , y al instinto natural de 
iouüur todo lo que vemos y remedar todo Ip que oimos, 
unido i nuestra gran memoria ; debemos atribuir no solo 
el origen de las bellas artes, sino el de los espectácu- 
los de todas 1» naciones y la afición á ellos de todos los 
seres racionales. 



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Por dichas causas ^ prínci[HÓ á imitarse ^ grandio- 
so espectáculo de la naturaleza en pequeños fracmeatos, 
dándoles vida la música y pioesia^ y dividiéndolos las cos- 
tumbres y usos de ios pueblos en dos géneros diferentes : 
uno que agradase al cuerpo , como son los eispectáculos 
de agilidad y fuerza ; y otros que deleitasen ai espiñtu^ 
como los que conmueven el corazón por medio del con-^ 
traste de las pasiones y las agudezas del ingenio. 

De estos dos géneros resultó^ que los pueblos aficto-»- 
nados al primero, fuesen adustos y guerreros ; y los del 
segundo > humanos^ compasivos é ingeniosos ; liabienda 
la diferencia entre estas dos clas^ de éspectéculoá ,. que 
los primeros pueden dividirse en verídicos é imitativos^ y 
los segundos solo en imitativos ; porque las pa^oriesieo él 
momento de querer ser vistas dejan de ser verdaderas.; 

Para imitar estas pasiones , para hñúer sisntir.á lo6 de- 
mas^ afectos que ^i realidad no siente quien loaeapreaa; 
debe tenerse un conocimiento exacto de ios vicios y-vir-^ 
tudes deque adolece la sociedad en general y |o6 indivi-^ 
dúos que la componen en particular , para corregirlos ó 
ensalzarlas. Y para ser escuchados con interés ypi^odiieir 
los resultados que se desean ; se necesita halagar la^ pa-^ 
sienes y conmoverlas por medio de un lenguaje sublime 
qué eleve al narrador auna altura muy superior á la >del 
espectador^ interesando su corazón hasta el estremo de 
hacer pasar por realidad seductora , loque solo es una fie*» 
cion instructiva. .....: 

En la música y la poesía bailaron loe b^mbties iestas 
grandes sensaciones; y la alegria^ él seintimietttO'telígio^ 
80^ clamor, y las hazañas de los héroes', > cantadas: 7 
acompañadas de rústicos instrumentos, dieron prineipio á 
la tragedia y poesia dramática ; porqiie la historias, la elo^ 
cuencia y la poesía; solo fueron sencillas y melódicas 



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cmieimes coa las qoe seoonmóvm, div«ertid^ é íústroia á 
los demae hombreí roomdoft en sooiedad. 

Los primeros músicos (oeroQ poetas , y la mú^ioa y la 
poesia cooservaraQ las primeras nociones de la historia de 
todos les pueblos. Las caBcioiies ^ diée Béiteux^ erao los: 
recuerdos mas duraUes eoites de in ventarse. la esoritnra , 
porqae la meiodiaisra el ausilio de ía memoria^ y los.pa* 
dres repitiendo i su» hijos sos oatioíoms y cantátidolas 
JQDtoscoa ellos, haoian se quedmrbo impresas en Ja merpo^. 
ría; trasmitiendo la tradiocion oral las canciones naciooa^ 
les dorante muchas generaciones > por no teqer otros ana-, 
les é iñstrucciooes históricas de sus hechos. 

Desde qoe los hombres principiaron á reunirse en: so^ 
ciedad, empeearon las canciones y los espeotáculóá^ las 
danzas y los bailes , los disfraces y las represmtacidnes ; 
imitándose unos á otros, ya en los gestos Hdiculos , ya en 
las palabras espresadas de esta ó aquella manera , ya en 
las costumbres y vicios de sus reuniones. 

Ubólfango Lacio, y Ca^iodoro , creen derivarse la pa- 
labra Comedia de la de Vieu$^ aldea en donde, los Rústicos 
al son de la zampona, principiaron á divertirse cantando 
y recitando , disfrazados de varías fignras ; dáiidt)le los 
griegos el nombre de comedia fonúñáo de dos voc^ que 
stf{mficán eanciqti de aütea, por conservar si| primitivo 
OTÍgen. ' 

Otros autores derivan la palabra Com^ía del Dios déla 
gentilidad Como , á quien canteban himnos semejantes (t 
los de Baco y Ceres dioses de la vendimia y de la sie^ 
ga;en cuyas fiestas ise asogora toyieron su verdadero 
origen los espectáculos dramáticos, cantándc^se himnos 
en loor de Baco acompañados de danzas; los que tomaron 
mayores proporciones., tanto porque los que formaban 
parte de ellos principiaron á disfrazarse de Ninfas , Sali-^ 
Tomo ni. 2 



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ros, y SilenoSy como por las nuevas canciones en las que 
referían historias y aventuras de otras divinidades* 

Los griegos siempre inclinados á las diversiones pacifi- 
cas é instructivas , desde antes de su población se deleita- 
ban con lasnavídad desús cantos y con invenciones inge- 
niosas \ que dieron por resultado su unión y grandeza ^ y la 
fundación y perfección délos espectáculos teatrales (4 ). 

Antes de edificarse Atenas^ segunVarron^ vivían los que 
después fueron sus moradores en habitaciones rústicas y 
silvestres formadas de arboles ; y la juventud reunida en 
esta sociedad , se acostumbró en sus ratos de ocio á cantar 
ciertos versos que mezclados con algunas fábulas servian de 
divereion á los oyentes. Reunidos después en población^ 
estas diversiones fueron aumentando y mejorándose , to- 
mando el nombre aquella parte del teatro donde se re- 
presentaban , del primitivo sitio en que habian empezado; 
por cuya razón se llamó scena , significativo de morada cam- 
pestre ó compuesta de árboles. 

Derivan otros escritores la palabra scena de la de sce^ 
nopegia, nombre que daban los hebreos á las fiestas que 
hacian en memoria de su éxito en Egipto mucho mas an- 
tiguas que los otras, y cuyo nombre era apropiado á estas 
diversiones por celebrarse también en el campo , aludien-^ 
do al tiempo que estuvieron en el desierto. Mas sin me- 
ternos en cual de estas opiniones sea la mas verdadera 
porque á nada induce el perder tiempo en tales averigua- 
ciones ; solo diremos , que la Grecia creó y perfeccionó el 
teatro , y con él , dio vida á las ciencias y á las artes por 
medio de la música y poesía ; creó el gusto y desarrolló el 
tálenlo en todas las clases de la sociedad ; y sus nacionales 



(i) Del verbo griego Theaomai que siguifica mirar 6 contemplar , es deribada 
la palabra TMro. 



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que antes habían sido pooo menos que fieras , llegaron 
á ser los maestros del mundo. 

Los Atenienses fueron reconvenidos de Justino porque 
espendian las rentas páblieas oi poetas , músicos , actores 
y teatros , teniendo mas afición á los espeetáculos escéni- 
cos que á los guerreros ; mas esto no fué causa suficiente 
para que dejasen de seguir cada dia mas aficionados á las 
represeotaeiones teatrales , las cuales estaban al cuidado 
de los principales magistrados. 

En el Asia y Egipto^ los Brachmanes y Sacerdotes eran 
depositarios de la sabiduría que con el velo del misterio se 
leocoltaba al pueblo, pasando lasciencias como hereditarias 
de padres á h^os. En Grecia el campo de las ciendas y las 
artes estaba abierto para todos. En los pórticos y en las 
plazas se oían lecciones públicas; el talento y el ingenio 
se buscaban donde quiera que estuviesen ; y los teatros y 
los certámenes hacian brillar á los grandes hombres , que 
eran premiados por el pueblo conocedor del verdadero 
mérito por la instrucción recibida. 

Los teatros eran sostenidos por el gobierno griego co- 
mo UB medio de moralidad política é instrucción literaria; 
por lo cual á los ciudadanos necesitados que no podian 
asistir por falta de recursos, se les daba dos óíolo$ k la 
puerta del teatro^ uno para pagar la entrada ^ y el otr6 
para que tomasen algún alimento. 

De la múftca y U poesía hermanadas en las canciooes 
nacionales , nacieron la historia^ la elocuencia, las bellas 
artas^ y el teatro : ellas reunieron á los hoáibreseii socie- 
dad ^ ellas dulcificaron las costumbres, ellas torearon las 
ciudades. Dos siglos antes de que Thepís , Suaeríon y Es- 
chiles creasen las representaciones teatrales; Terpandroai 
son de su lira babia suavizado las costumbres de los Lace- 
demonios, y Safo y Alfeo encantaron á los Lesbos con su 



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poesta y sucanio: dos siglos aoics ^ue es(os> Hoinero 
había cantado laaguerras de^Troya^ ' 

; I4 'musida y la'poesia despertaron el entusíaaiDo en 
DtteBtros ^^waíoaes y dieroa vida á la imagiaaoion.^ porque 
tmandoeste duerme, cbmo dióe Aadréá^ la ratón ao hace 
otra <^>8a sino soñar. Asi^s^ que cuando las doé herisanas 
fueron separadas, fierdiei^ anibas su fuerza y su mayor 
preétigío> ponqttelist una no conservó la ínfloenda em el 
espiritu del hombre^ fallándole láéspresion melódica isas 
versos ; y la i>tra desfMi]áda de l<>s versos del poeta y cre- 
yéndote eoctfmbírar'sola con las dificultades de sus eonvi- 
naeiodesai^BMmicasv perdió- en «mtigua&Qultad deesoitab 
e¿ioeiottas:f<uertes en los oyentes hablándoléfiá la balieisa 
y no al'cdfaMn ; y. se redujo á ser arte de díversicm y lojo 
«a los püebios opulentos , habiendo sido ciencia feodá^ 
mental de instruocion en los pueblos verdaderamente 
iifistrados* 

' Ségun Ateneo, el odgen de la cbmedia y.la tragedia y es 
debido á la embriague¡^ y á los convites qué se tenían en 
ttempode la vendioiia en la villa de Icaria en el Attica. (4) 
Se generaltsaron estas festas belel>rándose eá honor ée 
•Baeo Dios tutelar del vino ; en las cuales le ^rifiéaban 
ilnmabbo cabrio > én vénganse del daño qué éste animal 
'hábiá cansado éu las viñas de leprio fundador de esta so^ 
lemnidad y y el primero qUe enseñó el modo. de plantarlas 
víaaB seguola mit6logia«:Diirante el sacñfioio se 'eanta- 
bátí énoovoy tanlo por el pueblo cbmo' por loe sacerdo- 
tes j hiaonnos á los coales dlamahan Irügodia^ pélbbra con^ 
^esta' deidos dicciones griegas^ que^signSifióafa eaíídokdel 
^a^nem, y de cuya^ palabras se formó despees eluoáiiTe 

«. >. , . ' . . 

(i) AthentttM Dcipnosopb. lib. %.^c. 5. — Gomcdíae pcima quidem origo ct 
Tragodíik fatt ex coopouiioue ac itimolettiU ír Icaria Aitics^pago » eté. 



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Li; piel del caroevo ó c»aebo eAbrÍQc6C(QiifioadD ^las 
áras deBaco, tenido pwel'fiimlHilade Jb eioaddpftnoii 
del pueblo; era el. pcetaniodei que i había' cantado loUejor 
las alabaazas del Dios á^qnieb fe&lejafeaflu * ip 

Estas fiestaftíuei^u tomando cAda aio.lnayoff iutítef 
mentó , y Ttbepís paca dar «IgQMivamédflld á lascanciotaeb 
y bailes qee se bsabao'cocnttAtmebtb i iátrodiifodos aoté- 
res que cantaseii y deolhtoaeteíá.ario , iníteriBediando el 
coro> y haQÍénB4k)&éje6tttor las fábulas que ¿aoti(baD> sobk*e 
un terreno flá^^antadaqaé titea ique estaban los oyentes. 
Fué redbida; ésto kM)ya^Moñ cohiban anease ; y (intt>»éeá> 
rÉ^nodajo dtehaaiil^cilaá^ sobre CdTTb8>ottbierto6éa 6^r& 
de casas y tirados por bueyes , logrando con esto repetir 
los espeetácalos -ea loe sitios donde mejor le'parecia. Go- 
mo dichas fiestas tenían idgar eñ tiempo dé la véndfitiiá^ 
para no ser copocidos de los espectadores los qne tomaban 
parte en la 4)1 versión y Memejarse mas ó 'lo&sá4ÍFós> se 
embadurnaban la cara con las bécés del virio : y esto fdé 
el origen de las xpáscaras teatrales que dpspue^ so usa- 
ron, í '.-.-:. • .'..;,.. - •• :.. 

La poesía y la música antiguado los atenienses según 
Mafisímo Tirio, 0) no era otra coeai que los oorosde los 
agricultores que divididos en tribiw efntonabtfn camticos' dé 
alegría después de la sementera y de la siega, tanto los hom- 
bres como los. wqos: y EvattCÍo(2)iiabÍaQdo.dela tragedia 
y la comedia , dice haber tenido estas su origen eti fas co- 
sas divinas , a las cuates dedicaban loé antiguos sus qan- 
tieos , dando las¡gracías á susdioBes deanes de la colecta 
de frutos^ cantando en coro un cierto género de poesía en 



(1) Sermo XI7.— Antigua Atbefiiensium M 6sica, linpuerornin Chorís coosiste- 
bat. Chori erant ex pueris ac viris colonis tríbutim congregatis etc. 

(2) Evantkii ^ Pc/nati de Tragodiaeet comedia commentaiiuin óíla apud Ja- 
cob. Granovium Thes. Graec. Antig^ Tom. 8 pag. /()S3. 



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hÓDor de Baco^ mientras ardía el fuego en los alteres y 
m sacrificaba el camero ó cabrón. 

Conviene tener presente para el origen de la Tragedia^ 
que los antiguos poetas cantaban sus poemas con el acom* 
pañamiento de algún instrumento , el cual en general era 
Ib lira ó cítara. (4) Estos poemas se cantaban en loor desús 
dioses^ en celebridad de las fiestas de sus héroes, y aun en 
las de sus abuelos^ reuniéndose las familias para formar 
el co^o^ que después dio por resultado el drama; (2) 

Siguió á Thepis (5) el poeta Eschiles verdadero inventor 
de la tragedia según las tradicciones ; pues dio perfección 
tanto á la parte escénica , como al argumento y desarrollo 

(1) Tasto k» hebreos como los griegos y latinos , le daban al poeta el nombre 
de cantor^ por la conecsioa que hay entre el ritmo y la melodía para el regnlamento 
de los efectos humanos , según Aristóteles; por lo cual asegura Quintiliano y Ti- 
magenes, se les tenia á los músicos por hombres sabios, y entre los estudios > el 
«as serio era el de la música. Músico y poeta se tenia por una misma cosa, y k ma- 
chos que se les considera solamente como poetas, eran tanto poetas como músicos 
según Cicerón en su oratoria. 

(2) Los griegos usaron de la música y la poesía para celebrar sus sacrificios y 
sus fiestas « como lo confirman los poetas filósofos é historiadores Platón , PIuImoq, 
Macrobio, Marco Antonio , y otros varios; cantando himnos á sus dioses y á sus 
héroes , distribuidos en coros en la forma siguiente , según Plutarco. 

Los reunidos para celebrar la fiesta, se dividían en tres clases : la primera era de 
tos vi^os que cantaban de esta manera : 

Humo somos ya los que fuimos soldados jóvenes y esforzados. 
La segunda clase que era la de los jóvenes respondía : 

Tales somos nosotros cuando provar se qui0ra, 
Y la tercera clase compuesta de niños contestaba. 

Nosotros os haremos mucho mas valerosos, 
I^s jóvenes, según el mismo Plutarco, tomaban también parte en esta fiesta. 

(3) Thepis; fuá natural de Icaria. Horacio en su Arte poética lo hace infeotor 
de la Tragedia 

Ignotum trágicos genus invenisse Camanae 
Dicitur^ et pkmstris vexisse póémata Tkespis , 
Qum canerent ^erentque , peruneU fedbus ora. 

Otros autores lo hacen el segundo que cultivó el drama trágico ; y algunos otros 
el décimo sesto. 



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del drama , iaventando las máquinas y mutaciones ; ador- 
nando la escena con pintaras , estatuas , aras y túmulos; 
ifltrodudendo las sombras y las furiat con culebras en la 
cabeza ; calzando el coturno á los actores^ y poniéndoles 
mantos tan magestuosos , que los sacerdotes los usa- 
ban después en los días mas solemnes ; haciendo se 
oyesen las trompetas y el fragor de los truenos en 
sus obras ; y componiendo la música y baile de sus 
tragedias. Lo que hay mas admirable en el inventor de la 
tragedia y dice Batteux^ es haber desde luego concebido 
también la naturaleza de este Poema , que después de él y, 
ea el discurso de veinte y dos siglos, nadie ba podido aña- 
dirle mas grand eza ni regularidad . (4 ) 

Conodda en Atenas la utilidad de los espectáculos 
dramáticos, se edificaron suntuosos teatros para que el 
pueblo se instruyese y aficionase á estos cuadros de tanta 
utilidad moral y política , y señaló premios al que diese 
nms vida á la pintura fiel de las pasiones humanas ; y Es- 

(i) Fabio cree que Eschiles fué el Terdadero inventor de la Tragedia ; mas Ho- 
racio baca infentorea de ella á Thepis y á Eschiles como se vé por los siguientes 
Tersos: 

Jytitftiim Iragie» inveniue 
CamKnae. 

JHciíur et plaustriB veaü$9 
poemata Thepis 

Q^a$ canerení agirmUqué per uncii 
füÉcibui (ira. 

Potí hunc penóme paüaeque 
repertor hoñeiUu 
B$ekaui. 
Bíebo Eschiles según el mismo Horacio, fué valeroso capitán que se halló en la 
iMitalla de Haratonia en la Olimpiada LXXII , y diez años después en el combate 
BjíTal de Sakmiiia. Fuéeainente en las obras trágicas i y según Vosie^ murió de 
resultas de que una Águila dejó caer sobre su cabexa una Tortuga. — Plutarco puso 
soIm^ el sepulcro de Eschiles d siguiente epiufio : 

Esehüus Enpharimiis Áthenit natui inertit 
Frugiferijaeel hic post iua fcUa Gelae, 



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cbUeS;, Sófocles, EuripideB, Aristárod, Empedodes, lon> 
Nteómaco , Gefi»daro:> Cherila , . Acheo de. Eritrea, Astir* 
damas ^ Gberofon /Neofon , y otros muchos poetas trár^ 
gioos^ s6.4ÍifpfUJtKrott la pálmaen los eertamenosquese 
c^ebraban. . .. m ; . . . 

• La poesía draiDáfíet Aire los Riegos se teitia .en 
grande estima porqvesD^ compositores^ a^^n PIíbIoq^ (f)- 
poseían grtj^ades conocimienloe-en todas las arrtesy én tot^ 
das Jas cosas divinas y humanas^ tanto con* respeéto al vi^^ 
cómioá la virtud, (á) Del al t(^ aprecio en-que^eranteoidas 
esta clase de cempo^icioaes por los griegos^ tenemos im ¡cla- 
ro tesltmonio en la descripción de las glorias de los atot-^ 
uienses por Plutarco. >« La tragedia (dice ebteaptor) viétté* 
floreciente é ilustre: los iiembres^e aquella edad la te- 
nían como QQ espectáculo maravilloso^ pocs con lafábula> 
y^ los afectos del ánimo engañaba , y:(como decía Gorgía); 
áqnel qoe engañaba eral en el engaño meuy justo y y aquel* 
qneeta engañado, del no engañado mads6l|io>. mas justa 
el engañante porque hacia esta profesión ; mas prudente 
e! enjgañado porque aquel que lo encanó no era un estúpi- 
do^ habiéndolo cautivado con la dulzura de unaíabula. 
¿Qué ayuda ha dado la tragedia á loa atenienses para que 
tanto la honren ? La sagacidad de Temistocles amurallando 
la ciudad , la diligencia de P^ríples i^dprnándola con for- 
talezas y el valor de Miltíades manteniéndola libre , y Ci- 
mone realzándola sobre todas las otras. ^Igualmente la sa- 
biduría de Eurípides/ la fecundide^ de Sófocles, y la 
dulzura de Eschiles^ conquistaron la fentade los atenien- 
ses y y siendo las represen tacipncs ló^ trofeos de svi gloria, 
ei teatro 6e/igi)>aló al palacio , y el maestro.de iaiovencioa 
se t)arstngonóál capitán; > ; . . ... 

(1) Dialogo X. de Hep. 

(2) Franc. Uoberte llus ¡n Arte Poot. Aristoldcs pag. 5. 



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A Thespis y á Escbilés, siguió Sófocles^ el cual estudio 
la música y el baile con Lámpro, según Ateneo , y dio 
la completa perfección á la tragedia. 

En cuatro formas distintas dice Diómedes, ( 4 ) era di- 
vidido el Drama : en trágico, cómico, satírico, y mímico; 
tomando estos nombres de la diversidad de cosas , perso- 
nas, yastintos que en ellos se representaban. Cuando el 
poema describía los tristes padecimientos de ilustres per- 
sonajes con nn decir fuerte , gravfe y severo , escitando 
afectos de compasión, se llamaba Tragedia. ( 2) Si con 
^tilo popular y jocoso motejaba y contrahacía las accio- 
nes de los campesinos ó gente del pueblo , se le daba 
el nombre de Comedia. ( 5 ) 9i con agrias ó punzantes pa- 
labras , reprendía las costumbres viciosas, no solo en ge- 
neral sino en particular , y no tanto lo pasado como lo 
presente, se la nominaba Sátira. Y finalmente, si se ha- 
llaba con palabras licenciosas y bufonescas, presentando 
hechos vergonzosos con acciones torpes, se le nombraba 
Mimica. 

Aristóteles en su poética describe las partes del dra- 
ma trágico del modo siguiente : Es pues la tragedia una 
imitación de la acción virtuosa^ y perfecta, en donde hay gran- 
deza y UH decir suate ^separadamente en cada una de sus espe- 
cies , y tn las partes de aquellos que van negociando y con- 
duciendo h espurg ación de los afectos no por la via de la nar- 
ración , nnó por la de la misericordia y el temor. Llamo 
decir suave, aqnet que tiene número , armonia , y dulzura ; 
y separadamente en alguna de sus especies entiendo que para 
conducirse al fin cierto , solamente puede hacerse por la via 
del verso y de la música. Haciéndose la imitación por los 

( 1 ) De Arte Grammat lib. 3 cap. 2. 
{%) Voiiiift, I«gt. F«et. Hb. ft. 
(5) Ídem. 

Tomo m. 5 



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agentes, de necesidad por esto se necesita sea el aparato una 
de las principales partes de la Tragedia después de la mtí- 
sica y locución porque con estas partes se hace la imita-' 
cion. Llamo locución á la composición de versos y música que 
da toda aquella fuerza que es manifiesta á todo homére. 
Mas para que este poema imite las acciones que los agen- 
tes ponen en practica ; por necesidad deben ser de esta 
ó aquella especie según los trages ó discurso ; porque las accio- 
nes están aderidas á estñs dos cosas. Por esta razón, aunque 
el discurso y los trages son dos motivos de las acciones liumor 
ñas y mediante estas dos cosas, la fábula es aquella que el he- 
cho representa y la que debe llenar mas ó menos los deseos de 
cada uno, Llamo fábula , al enlace de un asunto ; trages , á 
lo que le dá cualidad y nombre á los agentes; y discurso, io- 
do aquello donde la palabra demuestra ó no cualquiera sen- 
tencia. De todo lo dicho resulta que por necesidad la tragedia 
debe constar de seis partes mediante las cuales se llama buena 
ó mala. Estas partes son; la fábula ^ los trages, la locución, 
el discurso, la música, y el aparato, de cuyas partes , dos son 
con las que se hace la imitación ; una sirve solamente di mo- 
do de imitar ; las otras tres d la cosa que se imita ; y fuera 
de estas no ha^ otras. * 

Sabido es ya que la palabra música entre los antiguos^ 
tenia un sentido mas lato que el generalmente dado en 
nuestros dias, comprendiendo los griegos y aun los ro- 
manos bajo este nombre , el arte poética , la danza y la 
declamación ; por lo cual los poetas , inventaban sus tra^ 
gedias , arreglaban la parte declamatoria ó el canto , y 
componian las danzas ó bailes que en ellas después se 
intercalaron. 

El poeta Sófocles aunque de voz tenue y vacilante {^), 

(1) Fabriciut. — Raro ipse docuit sua dramata , qvod TOce teiraii et parum fir- 
na esset. 



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cantó en el teatro uno de sns dramas titulado Tamiri , 
acompañándose también con la citara. (4) Tito Livio ase- 
gura , que Livio Andrómico primer poeta latino , cantó y 
representó sus dramas : (2) y Plutarco según testimonio de 
Ferecrales, dice , que los dos poetas llamados Melanípides 
el uno conocido en la Olimpiada LXV y el otro en la LXXX, 
también cantaron sus mismos dramas. 

Los poetas con el tiempo ó bien por falta de voz ó por 
no estar bien ejercitados en el canto , cedieron la parte de- 
clamatoria á los peritos en el arte de cantar^ los cuales 
unidos á los tocadores de lira , de cítara , y de flauta , re- 
presentaban los dramas; y los histriones que antes de 
los poetas eran asalariados^ comenzaron á ejercitar el mis- 
mo arte independiente de estos , (5) perfeccionándose en 
la declamación , y haciéndose escelen tes cantores é ins- 
trumentistas. 

De aquí resultó la división de autores y actores; los 
primeros componian los versos y la música , y los segun- 
dos ejecutaban ambas cosas. Mas tarde sesubdividieron los 
primeros en poetas y compositores , y los segundos en có- 
micos y músicos: 

£1 drama se componía de tres miembros según Dióme- 
des ; (4) de Diálogo , Cántico ó Canción^ y Coro. Diálogo, se 
llamaba á todo aquello en que diversas personas hablan en- 
tre sí ; y sobre si este diálogo era cantado ó declamado, es- 
tan tan discordes los que de ello han escrito, que no es fácil 
dar una segura idea, cuando tan inseguras son las que nos 
han dejado. Donato Gramático, y Doni, piensan de distinto 
modo que Evanzio y Diómedes ; y ninguno de ellos nosdi- 

(I) Aíhenaetulib. J. — Sophocles... cum Tamyrin fábula doceret, cilhararoo- 
dus accímit, 
(i) Ti(. Livius Patav. dec I, lib. VIL 
(3) VontM InsL Poeí. Lib. 2. Cap, IX. 
(A) Diamedes de Arte Grammaí. lib. 5. 



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ce cual era el modo coo que se representaban estos diá- 
logos. Sin embargo^ daremos una idea acerca de este asun- 
to , según la opinión de varios autores. 

Nacidos los juegos dramáticos del culto religioso ^ co- 
mo nos lo prueban los primeros teatros construidos in«* 
mediatos á bs templos; el episodio de la tragedia en su orí- 
gen no fué otra cosa que un diálogo ingerto en los coros 
religiosos. Tomando después mas incremento estos episo- 
dios^ los que los ejecutaban lo bacian también cantando^ 
pero con una música mas simple y mas parecida á las in**- 
flecsipnes de la conversación. Esta conversación ó decía** 
macion musical, se escribia^ y se ensenaba al mismo tiem- 
po que á leer^ teniendo los acentos su duración conocida y 
las silabas su exacta medida ; valiendo las breves^ según 
Quinliliano , un tiempo de compás^ y las largas^ dos. 

Para marcar el tono con que esta declamación debía re* 
citarse , usaban de un bajo continuo ^ que servia de acom- 
pañamiento y les daba la entonación en ciertos y determi- 
nados sitios^ como por ejemplo sucede en el recitativo mo- 
derno : y para que todo fuese á tiempo riguroso > se colo- 
caba un corista á un lado del teatro^ y con el pie calzado de 
una zandalia debierro, marcaba sobre la escena el compás 
que debia seguir el esclavo que recitaba^ los instrumentos 
que acompañaban , y el actor que accionaba ; pnes según 
Quintiliano y Platón^ tanto las actitudes y los gestos^ como 
las acciones^ se bailaban sujetas á rigurosa m^da. Hasta 
el modo de aplaudir en los teatros^ llegó hacerse con má* 
sica y exacto compás y desterrándose en el reinado de Au*- 
gusto los gritos de alegría que espresaban el aplauso ; ad- 
mitiendo en su lugar aun cantor^ que diera el tono , y el 
pueblo unido en coro repitiese la forma de aclamaciones 
adoptadas para el efecto. 

El segundo miembro del drama ^ era el cántico ó can^ 



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ctoft Uamadalfom^'o, porque siempre era cantado por una 
sola voz^ y al que le acompañaba con la flauta se le daba el 
nombre de Püánlo. (4) La música de estos cantos^ era com- 
puesta primero por los mismos poetas^ y después por los 
peritos en música , mudándose tos modos según el sen- 
tido de la palabra. Estos modos , se dividían en tres princi- 
pales , Darío y Frigio , y Lidio. (2) El Dórío que era el mas 
grave^ tocábase con dos flautas derechas; el Lidio que era 
el mas agudo^ con dos flautas izquierdas; y el jPr^io que 
formaba el centro entre los dos anteriores , con otras dos 
flautas una derecha y otra izquierda. (5) Se llamaban flautas 
derechas, las que estaban á la derecha del instrumentista y 
se tocaban con la mano derecha ; y flautas izquierdas las 
que estaban á la izquierda del acompañador y se toca-- 
ban con esta mano. (4) Algunos aseguran , según Gaspar 
BartoÜDo^ que la flauta izquierda tenia un sonido agudo^ y 
la derecha uno grave; mas otros autores afirman lo con- 
trarío diciendo , que la derecha era la del sonido agudo^ y 
la izquierda la del grave. 

La flauta era siempre acompañada de la lira ó de la 
citara^ lo que producía tan májico efecto según la opinión 
de Efipo, (5 ) que le dieron á este acompañamiento el nom- 
bre de Citaristria , (6)del cual hacen mención Euforo^ 
Enfranor^ y después Ateneo (7) 

El coro era el tercer miembro de que se componía la 
tragedia ^ y tan antiguo su origen , que según Plutarco^ 

(i) Vosios Inst. Poet. Cap. IX. 

(^) P^«sania8 BoBQftiüa cap. Xm. 

(S\ Cu^. BarUtolÍBoa de Tibüs Vetér. Ub. I. oap. H. 

(4} Id. Id. 

(3) Athensns. lib. XIV. 

( 6 ) Julios Pollnx Onomastic. lib. IV. cap. X. 

(7 ) lib. IV cap. tlümo.— Haud me latei /esse cooque alk geaera tibiarioa , 
Benpe trágicas, Lysiodos, Citharisterias , gaamm meMÍttil Bvpkoros libio Da- 
ÍBfeiitís , el Enphranor P^fthagoricas libro de Tibiis. 



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los Lacedemoníos ya bacian uso de él dividiéndolo en tres 
clases : de ancianos, de hombres de estado viril, y de ni- 
ños. Vóciodice , que su invención se atribuía á Euterpe 
una de las nueve musas. Jano Parasio uno de los espo- 
sitores de Horacio, manifiesta que era infinito el número 
de las personas que componían los coros, cantando juntas 
y formando casi un concento acompañadas de un toca- 
dor de flauta, ora paseándose al rededor del ara humean- 
te , ora revolviéndose en varios giros; siendo su oficio, en- 
salzar la virtud , perseguir al vicio, impetrar perdón de 
sus ídolos , y favorecer á los infelices. Learcio y otros au- 
tores, aseguran que antes de Thespis, el drama era forma- 
do solo del coro. Castelvetro en la poética de Aristóteles 
describiendo el coro, dice, que él solo era el que represen- 
taba las tragedias , entendiéndose bajo este nombre , to- 
das las personas que formaban parte en el drama : y Dió- 
medes define la palabra coro , diciendo era una reunión 
de personas que cantaban y bailaban juntas acompañadas 
de las flautas. 

Sófocles en su drama titulado Elipodes Tirano, no solo 
formó el coro de hombres y mujeres, sino que lo aumentó 
con niños y niñas que cantaban un himno en unión del 
sacerdote, para aplacar la ira dé su Dios. ( 4 ) 

Divididos dichos coros en tres clases , cada una tubo 
su particulares flautas llamadas Curiches , y los que la to- 
caban Corantes. (2) Estas flautas eran divididas en tres 
especies llamadas, viriles , virginales^ y pueriles. (5 ) Las 
unas para el uso de los hombres, que según Polo , eran 
perfectísímas , y en la opinión de Ateneo , perfectas y mas 



( 1 ) Vosius. Inst. Poet. Hb. 11 cap. VI. ) 

( 2) Casp. Bartholioos de Tibiís. Vet. lib. 1 Cap. VI. ) 
¡ 5) Áthenaen» lih. IV, 



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que perfectas ; las otras para las mujeres ; y las terceras 
para los níúos. 

Subordinados estos coros al argumento del draraa, 
sus cantos ya morales ó religiosos, formaban el todo de la 
tragedia; motivo por el cual se ponía en ellos el mayor 
esmero y cuidado, siéndolos coristas entre los atenien- 
ses, las pei'sonas mas ricas y consideradas de la república, 
y eligiéndose entre ellas la que debia hacer las veces de 
directoró empresario, cuidando de los vestidos y aparato 
escénico, de elegir las voces que habían de formar el 
completo del coro , y de disputar el premio de una trípode 
que se daba á la música , en los juegos pitios. (1) 

Los coros formados por Eschiles para la tragedia, se 
componían de cincuenta personas; después seredugeroná 
veinte y cuatro , y mas tarde por mandato espreso de los 
magistrados, se fijó en el número de quince , para la tra- 
gedia, y doce para la comedia, dirigidos por un maestro á 
quien daban el nombré de Corifeo. 

Dichos coros cantaban con música elevada y sostenida, 
haciendo en la escena diferentes evoluciones acompasadas 
de danzas que formaban un espectáculo variado y agrada- 
ble. Cuando constaba el coro de quince personas, marcha- 
ban estas á cinco de frente y tres en fondo ; y cuando lo 
componían doce, de cuatro en fondo y tres de frente , ó 
vice versa en ambos casos; mas siempre precedidos de 
uno ó mas tocadores de flauta que arreglaban la marcha 
y daban la entonación á los cantores. 

Los bailes fueron introducidos en la tragedia por Ba- 
tilo de Alejandría, y en la comedia por Pilades, divi- 
diéndose después en cuatro clases diferentes ; trágicos , 

(() Este premio consistía en una especie de yaao de tres pies en el que se es- 
calpía el nombre del vencedor, depositándose después en el templo de la diosa í 
quien se festejaba. 



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cómicos^ satinóos^ y pantomimicos: los primeroB serios y 
dignos y los segundos licenciosos , los terceros burlescos^ 
y los cuartos reuniendo lo bueno y malo de todos ellos'. 

La variedad introducida en el episodio del drama^ bizo 
dividir este en cuatro partes precediendo á ellas una es- 
posición llamada Prólogo , que formó un todo de cinco 
partes^ separadas por cuatro cantos líricos^ á los cuales die- 
ron este nombre por la lira con que se acompañaban. 
Los coros que formaban estos cantos líricos , se diferen- 
ciaban de los de la tragedia , en que cantaban solo en los 
entre-actos úa tener relación con el drama que se repre- 
sentaba.; mientraslos otros componían la principal parte 
de él^ haciendo referencia siempre no solo á su comple- 
mento^ sino también á la acción que sucedia y á la materia 
que se trataba ; siendo unos y otros de distinta manera 
acompañados por las liras y las flautas. 

Dilatándose mas los episodios del drama , fué dismi- 
nuyendo el coro á proporción ; hasta que habiendo sido 
en su origen el asunto principal de la tragedia , quedó re- 
ducido á una parte accesoria. 

Eurípides siguió las huellas de Sófocles enriqueciendo 
sus tragedias con las máximas de Anaiágoras su maestro ; 
llegando ¿ tal estremo la perfeccicm de sus obras , que 
Sócrates asistía á todas sus representaciones para apren- 
der ; Cicerón estudiaba en ellas^ y al ser asesinado leia la 
Medea ; y cantando versos de Eurípides , salvaron la vida 
los atenienses vencidos en Sicilia cuando la desgraciada 
espedicion de Nicias. 

La tragedia griega , sracilla^ natural^ poco complica- 
da y fácil de entender por lo bien preparada y desenvuel- 
ta ; es el modelo del arte y del ingenio según la opinión 
de muchos autores^ por lo mismo que parece hecha sin 
arte. El abate Andrés dice , que la perfectísima simplici- 



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dad; la unidad de acción no interrumpida con ¡núliies 
episodios, la naturalidad de caracteres no llevados al 
esceso coa íurioeo enlnsiasmo^ sino pintados con ras- 
gos biea distintos^ la econonaia de la fábula bástanle 
recolar ^ y sobre todo , la verdad del diálogo , la gra- 
vedad y noble magestad del estilo , la sublimidad de 
los pensamientos^ y lo justo de las sentencias ; son dotes 
tanto mas recomendables en los poetas griegos ^ cuanto 
que sin tener modelos que imitar ^ supieron felizmente 
sacarlos del fondo de la misma naturaleza. El mismo au- 
tor añade, que el teatro griego, lo forman tan solo Escbi- 
les, Sófocles, y Eurípides, verdaderos padres de la poesía 
dramática , únicos de quien nos quedan poemas , y úni- 
cos particularmente alabados de los escritores antiguos. 

Los tres autores célebres fueron músicos, compusie- 
ron Jos coros de sus tragedias, cantaron en ellas, y ci- 
fraron el éxito de sua obras en la parte musical , puesto 
que los versiOB destinados á dichos coros, son los rhas 
filosóficos y espresivos- 

Estos coros de la tragedia griega, han sido objeto de 
Suertes y eruditas disputas, sobre si eran inútiles ó im- 
portantes, ó ü ofrecían grandes ventajas, Andrés los 
reprueba como una parte ociosa en la poesía dramática , 
respetándolos sqIo por deberse á ellos oí origen y creación 
del drama. Mas seguidamente dice : » pero con todo , le- 
yendo los coros , singularmente de Sófocles y Eurípides , 
encuentro en ellos tantas gracias poéticas y filosóficas , ver- 
sos tan armoniosos, expresiones tan enérgicas y tai\ vivas, 
y sentencias tan nobles y ajustadas , que casi perdono á 
aquellos trágicos los defectos dramáticos de su coro por 
estas prendas líricas » ¿Y no son nada estas prendas á la 
perfección de un espectáculo , cuyo objeto es agradar , 
interesar , é instruir amn mismo tiempo? ¿Sin la inter- 

4 



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vención másical^ hubiüsen hecho dichos autores versos tan 
armoniosos y sentidos , y sus (Aras producido el efecto 
májico que según las tradiciones hicieron ? ¿Pues que^ los 
coros no son un pueblo que habla un lenguaje sublime ^ 
que siente y espresa dentro del círculo de esa sublimidad, 
y que arrastra los ánimos de los espectadores entusiasmán- 
dolos y atrayéndolos , mas que la voz de este ó aquel ac- 
tor ? Asi creemos lo comprendieron los poetas griegos , 
y que por estas causas pusieron el mayor esmero en ellos 
tanto en la poesia como en la música. Eximeno dice, que 
la música se perfeccionó en el teatro griego , porque en él 
se representaban al vivo las pasiones humanas, que son el 
único origen de la espresion, tanto en el habla como en el 
canto. 

En la tragedia de Sófocles titulada Antigon , que fué 
representada mas de treinta veces en el teatro de Atenas, 
y premiado su autor haciéndolo gobernador de la isla de 
Sames, por el placer que causó á los atenienses su obra; se 
vé al coro desempeñando con naturalidad y acierto una 
de las principales partes del drama. « La esposicion de An- 
íigon, dice Mr. de Rochefort , es tan viva , tan clara , y 
tan animada , que desde luego se descubre al primer gol- 
pe de vista , el objeto que se va á tratar, los caracteres de 
los personajes, y á donde pasa la escena ; todo anuncián- 
dolo naturalmente; y sin aquellos largos recitados con qne 
Eurípides embarazaba á menudo sus prólogos , que no- 
sotros no tenemos , sino imitados aunque con mejor ar- 
te. El coro que no aparece hasta después de la esposicion, 
acaba de dar á conocer lo que ha precedido á la acción; 
y en lugar de un frió recitado que hubiera hecho recor- 
dar el sitio de lebas y la muerte de los dos hermanos ; con 
un himno en honor de la victoria que los tebános han 
conseguido, hace<^ouocer en pocas palabras los persona* 



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jes qoe se pres^nUn y el objeta que los guia » Sófocles 
en estemiamo dn&ma siguiendo las costumbres griegas^ no 
podienda hacer que dos anMintes espresáseu su pasión en 
la escena^ y siendo preciso que esta pesion fuera cono- 
cida de los espectadores ; se vale del coro , el cual entre 
máximas morales, pinta el amor de ambos amantes y ma- 
nifiesta sus ries^ ( 4 ). 

Vayanse viendo una por uaa las obras de estos gran- 
des maestros fundadores d^ drano^ trágico^ y en ellas se 
observará que el desarrollo de la acción y los mejores 
efectos de las situación^ dramáticas^ están basados gene- 
raímente en los coros. 

De ninguna manera defendemos que los coros esclusi- 
vameote formasen la tragedia como sucedía éu el origen 
de estos espectáculos ; pero si^ como los usaron los tres 
autores ya citados con especialidad Sófocles y Eurípides. Y 
esto k) decimos^ porque creemos que nuestra ópera mo- 
derna, no es otra cosa que la tragedia griega enriquezida 
con las galas de combinaciones armónicas no conocidas en- 
tonces, y llevadas ahora si se quiere^ aun estremo exage- 
rado que mata el pensamiento del poeta y la sencillez me- 
lódica. Nuestros recitativos musicales no son otra cosa 
que una adulteración de la declamación griega ; nuestros 
coros son sus coros: nada hemos inventado; sino enrique- 
ddo y mejorado ; todo lo debemos á aquellos genios á 
quien s^un el mismo Andrés no hemos podido copiar 
nactamente. 



( i ) Sólbeles fué ateBieoM t MiUió cod Pendes , cd la« espedieione* del Pe- 
lopooeso y Nemea, SamioB, etc. Murió 406 años antes de la Tenida de J. G. Solo 
86 cúimermú siete tragtáítt de las 160 que eonpnso^ Sn vejes fué roelaiieólica y 
atiütulada, paes se tío TÍlipeodíado por sus hijos que aspiraban á quitarle el mane- 
jo de sus haberes como hombre débil é inqpto. Para probar lo contrario de lo que 
sas hijüB decían compiso la tragedia del Edipo en Col(m€. Sófocles como poeta, 
instruyó y deleitó al pueblo griego, y como capitán y. magistrado lo gobernó sá- 



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Sigatnos las opiniones de este aut« y olroír varios, y 
ellos robustecerán las nnestras^ haciendo patente fa in- 
fluencia de la música en el apogeo del drama^ y la deca- 
dencia de esle por la ad alteración de aquella. 

Las bellas artes no son otra cosa (fae ia imitfiicíon su- 
blime déla naturaleza por el ingenio y el gusto* Dióselee 
esle nombre á la música , poesía , pintura , y escultura^ 
porque todas sus obras son creaciones que embellecen 
mas el modelo que se propusieron imitar, por las observa- 
ciones que el ingenio y el gusto de ellafs hicieron sobre ese 
mismo modelo. Siendo este modelo la bella naturaleza, 
el pintor por medio de los colores reprodujo en el lienzo 
lodos los objetos visibles; el estatuario con su cincel sa- 
có de un pedazo de marmol la imagen de un héroe; ^1 
músico con la cotiibinacion de los sonidos imitó la tem- 
pestad; el poeta por la armonía de sus versos, llenó nues- 
tro espíritu de imágenes fingidas ; y todas ellas juntas, 
crearon un mundo ideal y sublime, imitando las bellezas 
de la naturaleza con el ingenio y el gusto , y formaron 
los espectáculos dramáticos , haciendo en ellos con- 
mover nuestros corazones con sentinlientos ficticios , mas 
encantadores muchas veces que si fueran naturales ó ver* 
daderos. 

En estos espectáculos , dividieron los artistas el uni- 
verso físico, moral, y político, en cuatro mundos diferen- 
rentes entre sí, pero formando parte en el todo,, del modo 
siguiente : el mundo existente del cual somos parte, 
el histórico donde brillan los grandes hombres ; el fabu- 
loso lleno de dioses y héroes imaginarios ; y el ideal don- 
de existen todos los seres que la imaginación crea con ras- 
gos y caracteres de existencia propia. 

Esta verdad es demostrada , dice Botteux, por Aris- 
tófanes presentando sobre la escena á Sócrates personaje 



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que exÍ8tu> en la socíddad de eutoooes ; por Eurípides sa* 
cando de la fábula su Meth»; por los Saracios buscados en 
la historia; y por el ipéerita Faríufe creado por Moliere en 
un mundo ideal aunque posibleé 

Para dar á conocer ostos personages^. elevarlos á ma- 
yor altura de los demás seres> y que sean de estos aborre- 
cidos ó reatados como si existiesen aun ^ ó hubiesen 
exÍ3tido; indispensablemente es necesaria la reunión de 
todas las bellas artes y para formar el encanto del espec- 
tador^ haciéndole ver una idealidad; haciéndole sentir sus 
efectos; y haciéndole quedar en au mente después de ha- 
ber desaparecido la ilusión^ u& recuerdo agradable^ una 
lecdon instructiva^ y el deseo de volver otra v^ á sonar 
en tan encantado mundo. 

Esta realidad ficticia y encantadora, no puede ser per- 
fecta^ si falta una sola de tas bellas artes que forman su 
complemento. Asi lo comprendió Aristóteles al describir 
las partes de que debía componerse el drama, asi lo com- 
prendieron los clásicos poetas griegos , así nos lo hace 
comprender el mismo espíritu de loa espectáculos dra-^ 
matices. 

Los efectos producidos por las tragedias de Eschiles^ 
Sófocles y Eurípides, (4) que nos pareceú una fábula tn- 
creible; son hechos verídicos no desmentidos por ninguno 
de los muchos autores que de esla materia han escrito : y 
aunque algunos atribuyen estos efectos al horror de los he- 
chos referidos en ellas y á las máscaras monstruosas que los 

( 1 ) Eurípides fne natural de Salaroioa; y se asegura nació el mismo dia en que 
Temistocles venció á Xerxes junto á la misma isla, el año 480 antes de la venida de 
J. G. Compuso 92 tragedias, y mtrió á los 78 aftos de edad. Como en sus obras no 
trató nada bien á las mugeres, aunque fuera del teatro según Ataneo, no las odiaba 
tanto; ha habido autores que han dicho murió despedazado por una caterva de mu- 
geres ansiosas de vengar el honor de su sexo ultrajado; mas esto no es exacto ni 
puede atribuirse á otra causa^ que á la invención de algún genio burlón y maligno. 



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actores sacaban^ mas bien que á la delicadeza de los afec- 
tos y á la fuerza de la pasión; sin embargo confiesan, que 
las composiciones griegas eran capaces de conmover los 
ánimos del auditorio, tanto por las rdevantes cualidades 
que encerraban , cuanto porqué dotados los griegos de 
una sensibilidad mas superior que la nuestra, tenian mu- 
cho mayor influjo sus ojos y oidosen su ánimo, y se en- 
tusiasmaban con mas facilidad que nosotros, contemplan- 
do una estátaa ó una pintura, y escuchando la suave 
melodía de una voz ó un instrumento» 

Esta viva sensibilidad dice Andrés, hacia que la arme- 
nia de la oración y la modulación del estilo, tuviesen un 
estraordinario poder en los oidos y el corazón de los doc- 
tos griegos, siéndoles irresistible todo período duro y 
&lto de armonía. Foresta razón las producciones de Es- 
chiles, Sófocles, y en particular Eurípides, causaban tanto 
entusiasmo al auditorio, que estasiado escuchaba siempre 
el estilo puro de una versificación cadenciosa y natural- 
mente melódica, acompañada de una música sencilla que 
daba mas vida al pensamiento del poeta sin ofuscar la 
imaginación del oyente. 

Estos autores comprendieron y fueron comprendidos 
por el pueblo griego, de que la música habla por medio de 
los tonos un lenguage natural, pero sublime, el cual de* 
jando de ser entendido de los espectadores , deja de ser 
arte imitativo de la naturaleza, convirtiéndose en corrom* 
pedor de ella. 

Todo sentimiento , dice Cicerón , tiene un tono , un 
gesto propio que le anuncie, y es como la palabra agre- 
gada á la idea (4 ). La música es la mitad del ser de núes- 

(i) Omníft notus «niou svun qflemdain k iia4uni babel tulUim el sonara et 
geslttin.^Gíceiwi. 



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tra simpatia; agregando la palabra al canto, forma el cua- 
dro del corazón humano: y este cuadro fué presentado 
con tan vivos colores por los autores citados, que subli- 
mando la bdla natnralesa con acierto y verdad , produjo 
naturalmente los efectos que hoy nos parecen fabulosos. 

La música mejor calculada en todos sus tonos, según 
Botteuz, la mas geométrica en sus concordancias, sino 
tiene significación algosa, apesarde estaa cualidades no 
se Ic podrá comparar sino con un prisma jque presente e( 
mas bello colorido, pero que no forma cuadro alguno. 
Será una especie de teclado cromático que ofrece soni- 
dos y pasages para divertir acaso el oido^ y disgustar se- 
guramente al e^rtttt* 

Los machos escritores que siguieron á los fundadores 
de la tragedia griega, ansiosos de gloria pero demasiado 
orguJiosos para seguir la senda trazada por sus maestros; 
desecharon la facilidad y marcha natural de estos , por 
seguir nuevos caminos que los condujera á un fin mas 
glorioso. Y en efecto, marcharon por nuevas sendas, mas 
fueron mayores los defectos y estravagandas cuanto mas 
se separaban de la sencillez natural. El anteponer los diá- 
logos pesados é insultos, á los coros concisos y de interés 
para el desarrollo de la acción ; y la adopdon de nuevos 
géneros de poesto y música ; alteraron la declamación, y 
la ruina del drama trágico fue inevitable. 

Agaton, según Arístóéeles , introdujo en el coro los 
versos intercalares; siendo el prknero en la opinión de 
Plutarco, de mezclar en la tragedia el género cromático. 
Y no satisfaciéndole la naturalidad del estilo usado hasta 
eotonces , buscó la antítesis, y gorgeo en los yán^ÓM si- 
guiendo la opinión del sofista Gorgias según Fílistrato. 

Aristarco, no pudiendo sobreponerse á sus antecesores 
con el mérito de sus tragedias, las hizo ya que no mejo- 



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res, mas largas, en cuya proligidad cayeron los que le si- 
guieron, según Suidas. 

Anaxandrídes no sabiendo deleitar al auditorio con 
acciones varoniles y pasiones vigorosas , introdujo en el 
teatro las escenas de amores^ y principió á afeminar las 
costumbres. 

Carcino queriendo dar mas luz al estilo de sus obras, 
las dejó tan á oscuras que sirvieron do proverbio á la os- 
curidad de la poesía. 

Diógenes cargó tanto sus dramas de palabras pompo- 
sas que, según Plutarco , habiéndole preguntado á Melan- 
zio sobre una tragedia de aquel autor, contestó que no la 
babia podido ver porque las palabras le quitaban la vista. 

Otros autores faltos de genio para crear obras dramá- 
ticas, decidieron ilustrar el teatro con escritos eruditos ; y 
en vez de la facilidad en las reglas , y la sencillez en jas 
doctrinas para dejar libre la inspiración ; no existiendo 
esta en ellos, no pudieron fijar aquellas , como sucede 
generalmente á los metodistas eruditos; y acumulando mac- 
simas exagerad as y pensamientos estrambóticos, introdn* 
jeron la confusión y desterraron las bellezas. 

Los gramáticos también desearon pisar el terreno tea- 
tral , y ya sobre la alocución trágica , ya sobre las palabras 
que pertenecian á la tragedia y á la comedia , escribieron 
entre otros Dinimo Alejandrino ; Eptiterses , y Pálamades. 

No quisieron ser menos que los gramáticos con respecto 
á ilustrar la tragedia, los peritos músicos ; y Aristoxeoo en 
su obra de música , se ocupó de los trágicos y cómicos, y 
las orquestas trágicas ; Rufo en su Historia de la música 
también trató de lo mismo y de los bailes teatrales ; y fue- 
ron tantos y tan divereas las opiniones de los que escribie- 
ron sobre el teatro y la música, que esta perdió su natural 
sencillez y su gran prestigio separada de la poesía, y la de- 



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cadencia de los espectáculos dramáticos debió su princi- 
pio á los exagerados autores que quisieron ilustrarlos. 

Veamos las opioioocs de íovellanos en sus Lecciones 
poéticas, y de Calmet en sus Disertaciones Bib ticas, con res- 
pecto á la unión y sencillez de la música y poesia de los 
antiguos, y ellas darán mas fuerza á nuestras palabras y 
mas apoyo al objeto que nos guia. 

En estos términos se espresa Jovellanos: «La separa- 
ción entre la música y la poesía produjo efectos nada fa- 
vorables en algunos respecto á la poesía , y acaso también 
á la música: La de aquellos primeros períodos fué sin 
dnda mny sencilla , y del mismo modo los instrumentos 
con que acompañaban á la voz y realzaban la melodía del 
campo. Oíase siempre la voz del poeta ; y tenemos varios 
fundamentos para creer que entre los antiguos griegos, 
igualmente que entre otras naciones^ el poeta cantaba sus 
versos^ y tocaba al mismo tiempo su arpa ó lira. En este 
estado fué cuando la música obró aquellos efectos prodi- 
giosos que leemos en las historias antiguas^ y que dieron 
origen á portentosas fábulas^ como las de Orfeo y Arion. 
(4) Parece cierto que solo de la música acompañada del 
verso ó del canto debemos esperar aquella fuerte espresion y 
aquel poderoso influjo sobre el corazón del hombre.y> 

«Aun conserva sin embargo la poesía algunas reliquias 
de su primera y original conexión con la música. Para 
ser espresada en canto se dispuso en números , ó en una 
coordinación artificial de palabras y silabas. Esta calidad 
característica que hoy conserva y llamamos versificación, 
la trataremos ahora. D 



{i) Se la cetra wm era 
d' Amphione ed' Orfeo , gli homini ingraíi 
vita írarriam pericoloea é dura 
senzaDei, senza leggi, é $enxa mura. 
Ifetattasio. El Pama$o acu$ado y defendido. 

TOMO m. 5 



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uLas naciones^ cuyo lenguaje y pronunciación eran 
musicales^ cimentaron su versificación principalmente en 
las cantidades; esto es ^ en la longitud ó brevedad de las 
silabas. Otras que no hacían percibir tan distintamente en 
la pronunciación la cantidad de las sílabas^ fundaron la 
melodía de sus versos en el número de sílabas que conte- 
nían; en la disposición propia de los acentos y de las pau- 
sas^ y frecuentemente en aquella repetición de sonidos 
correspondientes que llamamos rima. Sucedió lo primero 
entre los griegos y romanos; lo último es lo que sucede 
entre nosotros^ y entre las mas de las naciones modernas. 
Entre los griegos y romanos cada silaba tenia conocida- 
mente una cantidad fija y determinada^ y su manera de 
pronunciarla hacia á esta tan sensible al oido^ que una sí- 
laba larga era computada precisamente por igual á dos 
breves etc.i 

Galmet dice ló siguiente:» Muchos reputan como rude- 
za é imperfección , la sencillez de la música antigua ; pero 
nosotros sentimos^ que esta misma dote la acredita de 
perfecta : porque tanto un arte se debe juzgar mas perfec- 
to^ cuanto mas se acerca á la naturaleza. ¿Y quien negará^ 
que la música sencilla^ es la que mas se acerca á la natu- 
raleza^ y la que mejor imita la voz, y pasiones del hom- 
bre? Deslizase mas fácilmente á lo íntimo del pecho ^ y 
mas seguramente consigue halagar el corazón , y mover 
los afectos* Es errado el concepto^ que se hace de la senci- 
llez déla antigua música. Era sencillísima sí^ pero junta- 
mente numerosísima ^ porque tenían muchos instrumentos 
los antiguos^ cuyo conocimiento nos falta^ no faltándoles 
por otra parte la comprehension de la consonancia y la ar- 
monía [\]. Añadíase, para hacer ventajosa su música sobre 

(1) Veáse las láminas núm, i y nüm. 2 , en las cuales copiamos dos himnos 



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1a nnestrá^ el qué el sonido de los instrumentos no con- 
fundia las palabras del canto ^ antes las esforzaban; y al 
mismo tiempo que el oído se deleitaba con la dulzura de la 
voz, gozaba el espíritu la elegancia y suavidad del verso. 
No debemos^ pues , admirarnos de los prodigiosos efectos 
que se cuentan de la música de los antiguos ^ pues gozaban 
junios y y unidos los primores, que en nuestros teatros salo se 
logran divididos. í> 

Resultado lo espuesto ^ que la alteración en la natura- 
lidad de las dos artes^y la desunión de ellas perlas máxi- 
mas exageradas délos preceptistas^ hicieron desaparecer de 
ambas el calor nativo y la espresion verídica, para enga- 
lanarlas con atavíos artificiales , imitando las pasiones sin 
espresarlas , matando las efusiones espontáneas del cora- 
zón , y los ardientes conceptos de admiración y reconoci- 
miento^ dé dolor ó de amistad. 

No tuvo menos parte en la decadencia del teatro 
griego , la demasiada importancia dada á los actores ele- 
vándolos á los principales cargos de la república, (4) 
cuyas deferencias unidas á la veneración que les tenia el 
pueblo, los hicieron tan soberbios y altivos, que despre- 
ciando á sus mas ilustres poetas , dieron solo cabida en los 
teatros, á sus desaliñadas producciones, sin mas mérito 
que el esmero de la representación , el cual también fué 
decayendo por el tono introducido en el recitado, llamado 



griegos UDO á Cáliape y otro á Apolo , únicos fracmentos que nos restan de la mú- 
sica griega. Están arreglados á nota moderna con las palabras traducidas al latín, 
por Mr. BoreU segan se ^on en las memorias de la Academia dt Inscripciones, 
tomo V y Vil y habiendo solo la diferencia de haber puesto los tres sostenidos fa, 
do, sol, delante de la llave, en lugar de repetirlos accidentalmente en las notas. 

(i) Entre los muchos que merecieron estos honores, recordamos á Aristose- 
noque fué embajador, Archias general, Eschico, Aristónico, y Neutolcmo, sena- 
dores; 7 aun cuando la forma de gobierno cambió en estas repúblicas, los reyes con- 
firieron las mismas recompensas y distinciones ¿ los actores. 



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por los griegos domos ^ equivalente acanto de gallina. 

Todas estas cansas reunidas fueron desterrando de las 
composiciones dramáticas el buen gusto y sano juicio, ha- 
ciendo desaparecer las gracias de la poesía, y la espresion 
déla música : circunstancias que según nuestra pobre opi- 
nión, dieron origen á la poesía ditirámbica trivial insipida 
y hasta ridicula en la opinión de los griegos , según deja- 
mos manifestado en el primer tomo de esta obra, (4) y á 
la afición de los áticos por la música instrumental. 

La comedia no fué cultivada por los griegos con tanto 
esmero como la tragedia, pues pobre en su origen y sin 
mas fin después , que la conservación de la democracia, la 
cual se valia en dicho espectáculo de medios violentos y efi- 
caces para satirizar á los demagogos de la república; se mi- 
ró con tanto desprecio por las personas sensatas , que el Ar- 
conté, uno de los magistrados mas principales de aquella 
clase de gobierno y que cuidaba del buen orden en los es- 
pectáculos, tardó mucho tiempo en permitir el coro á los 
actores que la representaban. Sin embargo, la comedia 
griega tuvo tres edades, antigua, media, y nueva; y si la 
primera fue prohibida por Alcibiades en nombre de la re- 
pública, y refrenada la sátira picante de la segunda por 
las leyes, en su tercera edad se perfeccionó ridiculizando 
solo el vicio sin marcar á las personas ; y dedicándose á 
escribir en este género distinguidos poetas , llegó á ser es- 
cuchada con agrado por todas las clases de la sociedad. 

Comunicáronse las representaciones cómicas y trágicas 
de los griegos á los etruscos, y de estos á los romanos, 
cuyos espectáculos fueron recibidos con aplauso del pue- 
blo y contentamiento de los sabios. Y aunque en tiempo 
de la república la primordial diversión de estos nacionales 

(i) PágiDa 53 y sigaieotes. 



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eran las armas y el estruendo de los combates; abiertos 
los teatros en Roma, se hallaron siempre concurridos pa- 
ra oír recitar, cantar y danzar, á los esclavos y libertos grie- 
gos, que nobles y libres eran estimados como escelentes 
profesores en Grecia donde no deshonraba salir á cantar 
en los públicos teatros. Mas si en tiempo de la república 
romana se estimaron en poco estas diversiones y se mira- 
ron con desprecio á los que las ejecutaban , bajo el gobier- 
no de los emperadores no solo disminuyó la preocupa- 
ción á estos espectáculos, sino que la nobleza los protegió, 
fomentó, y hasta tomó parte en ellos. 

Numa Pompilio estableció leyes protegiendo los entre- 
tenimientos y juegos públicos hechos con moderación y 
decencia; y estas leyes según Marco Tulio Cicerón, hicie- 
ron que comenzasen juntas la virtud de la religión que les 
enseñó el culto de los dioses, y la virtud de la alegría que 
les manifestó el agradable solaz, con los bailes, músicas y 
farsas. 

Con la imitación de los juegos escénicos bajo el con- 
sulado de Sulpício Pellicus ano 445 de Roma, se creó en 
esta ciudad el gusto á la música ; música puramente grie- 
ga en nuestro concepto , puesto que ni de los nombres de 
los compositores latinos, ni de sus obras se han encontra- 
do hasta la presente vestigio alguno. Únicamente se sabe 
que cantaban casi todas sus poesías ; no declamándose los 
versos de Horacio sino cantándose; y siendo muchos de 
ellos parodiados sobre melodías griegas según aseguran 
personas doctas en las bellas letras antiguas, presentan- 
do como prueba una canción compuesta en tiempo de Safo, 
cuya música sirvió á Horacio para escribir muchas de sus 
odas. (4) 

(1 ) Veáse eD las láminas el núm. o. 

Si la melodía qae adorna las palabras de Uoracio , es lan antigua como asegu* 



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SeguD io espuesto , los romanos no se dedicaron mas 
que á traducir los autores griegos sin añadir nada á la mú- 
sica ; siendo el primero que escribió acerca de ella , el cele- 
bre Vitrubío , insertando en su tratado de arquitectura un 
capitulo del sistema de Aristoxeno muy oscuramente espli- 
cado. 

Como la declamación , á la cual se aficionaron en es- 
tremo los romanos, era formada de estos por medio de los 
acentos, tuvieron que servirse al anotarla , de iguales ca- 
racteres que los usados para marear dichos acentos, con- 
formándose con la cantidad de las sílabas , en cada una de 
lasnotascuando colocaban palabras en el canto. Fstas notas 
determinaban los sonidosy su duración, pudiendosin em- 
bargo el actor declamar mas ó menos lentamente como 
manifiesta Cicerón hablando de Ático , el cual habia retra- 
sado su declamación obligando también al que le acompa- 
ñaba con laflauta á retrasar lossonidos de su instrumento. 

La música entre los romanos no 30I0 dirigía el canto, 
sino lo que ellos llamaban Saltation 6 arte de gesticular, 
el que dividían en tres clases : los gestos de los oradores y 
actores ; la pantomina ó la acción sin palabra ; y la danza 
ó actitudes agradables. 

Livio Andrónico, Neyo, Nevio, y Ennio, autores y acto- 
res á la vez, fueron los primeros que introdujeron el 
gusto griego en el teatro romano, haciendo desaparecer 
de él la rusticidad del verso y de la sátira, con fábulas dra- 
máticas bien conducidas, en las cuales saborearon los ro- 
manos las bellezas de esta clase de composiciones, (i) 



ran, es un monumento precioso de la música an ligua. A esta dicha melodía se le 
han aiíadido tres partes para manifestar que esta música es susceptible de una 
buena armenia. — Posteriormente , este trozo de música se adoptó en los primeros 
siglos déla iglesia^ para cantar el himno de San Juan Bautista : Ut quáui ¡axis re- 
sonare fibris etc., según un autor francés. 
(i) Según Uoracio, hacia ciento sesenta anos que Sófocles habia muerto, 



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La tragedia tuvo mas estimación entre estos nacionales 
que la comedia^ tanto por las obras de Accio, Pacuvio, 
Ovidio, Plauto y Terencio, como por las del poeta cordo- 
bés Séneca. Y aunque las tragedias de este célebre español 
preceptor de Nerón , tienen poco crédito entre la mayor 
parte délos críticos modernos, puede asegurarse que de 
ellas sacó bellisimos pasages Metastasio para engalanar sus 
obras, Corneille para perfeccionar su Medea^ y Racine para 
enriquecer y hermosear su Fedra. [k) 

Tenia la música en la tragedia latina la misma parte que 
tuvo en la griega, y los mismos autores la cantaban y re- 
citaban; mofándose Persio délos poetas que dieron á can- 
tar sus dramas Progne y Tientes al insulso actor Glicon. 

Durante el consulado de Emilio año 560 de Roma, la 
música adquirió mayor prestigio por haber sido introdu- 



cá ando se puso en escena la primera pieza dramátíca en Roma. Estas piezas dra- 
máticas consistían en recitar versos en el teatro acompañados por tocadores deflau' 
ta, y mas adelante por instrumentos de cuerda. 

(i) Lucio Anneo Séneca, trágico filósofo y estoico, nació en Córdoba poco antes 
de la muerte de Augusto. Fué su padre Lueius natural de Córdoba, y su madre es- 
pañola también llamada Helbia. Agripina le confió la educación de su hijo Nerón y 
mientras este principe siguió sus consejos fué muy estimado y sus primeros cinco 
años de reinado pudieron servir de ejemplo á los mejores reyes. Mas después que 
se bicieroB dueños de su voluntad Popeo y Tigellno fué un monstruo de crueldad 
y fiereza^ mandando matar á su preceptor Séneca que murió desangrado en un ba- 
ño de agua caliente , junto con su muger Paulina que quiso morir con su esposo* 
Murió este sabio español el año 65 de Jesucristo y el 12 del reinado de Nerón* 
Algunos autores han creído que Séneca babia sido cristiano y tenido correspon- 
dencia con san Pablo; entre ellos san Gerónimo, san Agustín, Jacobo Pablo de 
Etables , Sisto Semense , Antonio Possebino y otros ; mas para probar lo contrario 
basta referir lo que dice Tácito hablando de su muerte. M entrar en el bañOy dice 
este historiador, tomé agu0 con que rodó á $us criados los mas ceratnos y dijo 
que hada estas efusiones á Júpiter el libertador. Compuso Séneca varias obras de 
filosofía moral según los principios do los estoicos , y otras históricas. En cuanto 
á las tragedias, muchas hay que llevan su nombre y no son suyas. La mejor y mas 
▼erdadera edición de las tragedias de Séneca es la de Granovio , mucho mas per- 
fecta que la de Thysio . 



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cidaen los festines^ logrando muchos privilegios los músi- 
cos de ambos sexos que fueron á establecerse á Roma, 
procedentes de todos los países del mundo. 

Poco tiempo después, Maulio mandó llamar á los mas 
célebres músicos conocidos, para presentar su triunfo con 
mas grandiosidad y magnificencia , y después hizo cono- 
cer al pueblo los combates de Atlas , de gladiadores , y 
corridas de carros ; siendo la música en todos estos espec- 
táculos una de las partes mas principales. 

Cesar dio la primera Naumachia é espectáculo naval 
en el lago Fucino inmediato á Roma. Treinta buques en 
tres filas practicaron todas las maniobras usadas en aque- 
lla época; y mientras estas seefectuaban estaban cantando, 
y tocando varios instrumentos, mas de diez mil músicos de 
ambos sexos. Se asegura que habiendo sido tan crecido el 
número de espectadores, muchos de ellos cayeron al lago 
y se ahogaron en éL 

En la pompa fúnebre del gran Cesar, los músicos ar- 
rojaron en la pira todos los instrumentos y trofeos con que 
se acostumbraban adornar los teatros. 

La afición á los espectáculos teatrales llegó á tal estremo 
éntrelos grandes señores romanos, queDomicio Enobar- 
do, abuelo de Nerón, y cónsul en el imperio de Augusto, 
obligó con aprobación de este , á que los caballeros y ma- 
tronas representasen en el teatro. £1 mismo emperador 
mandó á Décimo Laberio caballero anciano, que ejecutase 
en la escena unas composiciones compuestas por él. La cé- 
lebre Luceya, según Plinio, á la edad de cíen años cantó 
versos en el teatro; y la no menos célebre Galería Capióla, 
fué presentada en los juegos votivos que se hicieron por la 
salud de Augusto. Julio Cesar compuso el Edipo; Augusto 
principió su Ayax; Nerón cantó y recitó tragedias en pú- 
blico teatro, escribiendo Séneca La Medea, el Hipólito, y 



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Im Trofanu á imitackm ée lo» ^ne^, para que ákkn 
NeroQ las recitase y cantase : ( 4 } y el emperador Justioia** 
DO autor de severas leyes ^ se oasó con una mujer del teatro 
llamada Teodora Augusta. 

Augusto ¿una edad bastante adelantada^ aprendióla 
música para arreglar su tono de yoz y dar m^ grada á 
sus discursos* Creia los espectáculos tan útiles para domi* 
nar al populacho; que durante su reinado cada quince dias 
por lo menos^ se daba una gran función gratuita; y se con** 
sideraba basta tal estremo buen actor, que eldia de so 
muerte, acaecida en Ñola cerca de Ñápeles^ pr^untó á Sus 
amigos^ $iata6a ejecutando óien su papel, rogávdoUs que ie 
aplaudieran con las manos en señal de aprobación. 

M cuerpo de este Principe fué recibido fuera de las puer- 
tas déla ciudad por los senadoresjy principales ciudadanos, 
que lo acompasaron cantando versos lúgubres en su alaban- 
za; y su muerte fue también la época de la decadencia de la 
música, puesto que Tiberio desterró de Roma á todos los 
actores y músicos , hasta que Caligula mandó regresasen 
todos colmándolos de beneficios, lo mismo que bioo m su^ 
cesor Claudio; aunque este prefería á las representaciones 
teatrales , los combates de gladiadores. 

En un combate naval que este Príncipe dio en el ya di- 
cho lago Fucino, hizo pelear en veinte y cuatro galeras, 
á siete mil Sicilianos contra otros tantos Rodios ; y para 
dar la señal del combate, vióse salir del fondo del lago 
un gran tritón plateado , y sonar el cuerno marino que 
llevaba en la mano con tanta fuerza como la que pudieran 



{i) Nerón formó compaftfas dramáticas de que él era cabeza honrándolas y 

fomentándolas con su patrocinio. Entre ías tragedias que este soberano cantó en el 

teatro en mascando con rostros qne imitaban á los héroes y mugeres que ftiiabt^ 

se eneiitMi: La Canaee de VíxtIo, El Oreitet Müfricida, El Ed4p0 Ug^do, y el 

L Wreulee fwioeo. 

\^ ToMom. 6 



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tener cuatro trompetas; permaneciendo después sobre el 
agua mientras duró el combate, y concluido este^ volviendo 
á tocar victoria para los vencedores ^ se sumergió en el 
fondo de las aguas. 

Los romanos tuvieron colegios para enseñar el arte dra- 
mático^ y compañías á que se agregaban los que querían 
servir en la escena de los Parásitos de Apolo llamados adlec- 
ti scene, que eran los mas aplaudidos del pueblo^ y los que 
conseguían ser coronados^ públicamente como vencedores 
de todos los escénicos. También los músicos tuvieron sus 
colegios y decurias para el mismo objeto^ enseñándoles á 
tañer las flautas y escabeliaríos con que acompañaban el 
canto en las representaciones escénicas. ( 4 ) 

Sin embargo de todo lo espueslo , los grandiosos y 
magníficos teatros de Roma no pudieron encerrar nunca 
la cultura de los griegos, porque sus emperadores no 
queriendo oponerse al gusto popular, hicieron pocoapre-* 
cío de la instructiva y culta poesía dramática, y protegieron 
mas el magestuoso aparato de sus circos, y las luchas de 
sus gladiadores. 

Nerón dio mas esplendor á la música cultivándola él 
mismo como artista, por lucir su escelente voz, (2) y 
porque cantaba, y tocaba la lira y arpa de tal suerte, 
que disputaba los premios distribuidos en los espectácu- 
los públicos* 

La mayor parte del tiempo, en los primeros años del 
reinado de este soberano, la pasaba estudiando el arpa y 
la lira bftjo la dirección de su maestro Torpus, el mas ha- 
ll) El nombre de escabeliario se deriva del sonido del Escabel, especie de 
instnimenlo de madera que tocado con el pié derecho sobre el tablado, marcaba 
con precisión el compás en los bailes, cantos y danzas. 

(2) Según la Motte le Vajer, tom. l.^pág. 536, Nerón hizo esYenenar á 
Brilánicot por tener este una toz más a gradable que la suya. 



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bü profesor de estos dos instrumentos en aquella época^ 
y á quien dio habitación en su palaeio. 

Hizo Nerón su primer ensayo artístico^ presentándose 
á cantar en el teatro de Ñapóles^ en cuya ciudad verificó su 
entrada vestido de Apolo , seguido de un gran número de 
profesores de música , y de una multitud de oficiales con- 
ducidos todos en carros y mulos enjaezados magnifica- 
mente. 

Quedó tan complacido de los aplausos que le tributa^ 
ron en Ñápeles^ qne prefirió esta ciudad á todas lasdemás; 
y se estendió tanto su reputación de escelente músico^ que 
de todos los paiáes del mundo acudian profesores para 
juzgar por ellos mismos el talento de su emperador. (4) 

A su regreso de Ñapóles á Roma^ el pueblo que deseaba 
oirlo cantar en el teatro^ le detuvo suplicándole les deja- 
se escuchar su hermosa voz ; y habiendo accedido á ello^ 
fud aplaudido y colmado de elogios. Desde entonces can- 
tó con los demás actores^ aceptando la parte de retribución 
que como artista le correspondia , teniendo á grande ho- 
nor todo lo que provenia de la música. 

Para autorizar su afición á cantar públicamente^ obligó^ 
como en el reinado de Augusto hizo su padre ^ á que to- 
masen parte en lasrepre^ntaclones teatrales, venerables 
senadores, y damas de la primera nobleza. Pero este modo 
de obrar que parece debió encumbrar esta clase de espec- 
táculos^ tuvo un resultado contrarío, pues los desórdenes 
de este hombre cruel ó incomprensible, su estremada afe- 
minacion , y su modo de tratar á los espectadores, (2) lo- 



(1) De estos profescMres relavo Nerón para sa servicio cinco mil, á los cuales les 
áió onironne,les pagó bien, y les enseñó como quería ser aplaudido. 

(2) Cuando cantaba Nerón , nadie podía interrumpirle ni moverse de su asiento 
sin que le costase la vida. A Vespasiano, que después fué emperador, le costó mu- 
cho trabajo el obtener el perdón de su muerte, decretada tan solo por haber sos- 
pechado el regio artista , que aquel se había dormido mientras él cantaba. 



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graron qae el pueblo de Roma aborredesd Ntot espec- 
táculos, y se aficionase mas á las luchas de gladiadores y 
á los juegos y bailes pautominMCos. 

Con la introducción de estos bailes en el teatro rei*^ 
nando Augusto-(4), y con los espectáculos dados por Ne- 
rón , perfumados con suaves olores, y sin otro objeto que 
el de sorprender y deleitar la vista del ocioso pueblo ; se 
afeminaron las costumbres^ se acogieron con entusiasmo 
las escenas impúdicas ^ la verdadera cultura huyó aver- 
gonzada de estos templos de prostitución , y el grito po- 
pular de Panem el circensts^ y los clamores^ de los doctos 
cristianos y gentiles morigerados contra los espectácu- 
los teatrales, fueron la señal terrible de la decadencia 
romana, (i) 

Entre las muchas y distintas clases de actores que habla 
en Roma , solo dieron origen al descrédito y prostitución 
del teatro^ la de los timélicos^ mimos y pantomimos, (5) 

( 1 ) Si es verdüd que los bailes pantomímicos fueron introducidos en la trage- 
dia y comedia por Bátilo y Pilades en el reinado de Augusto ; también lo es, que 
en tiempo de Eschiles habla ya pantomimos según Aristóteles « pues asegura que 
en la tragedia titulada : JDos tieU áikmU de Tíut)at dansó admirablemente Te- 
lesto. 

( d ) Domicio Nerón, fué hijo de Cayo Domicio Enobardo y de Agripina hija de 
Germánico. Muerto Enobardo casó esta princesa con su tio al emperador dandlOi 
hé hizo que adoptado su hijo en la fomilia del emperador fuera nombrado su suce- 
sor, como en efecto, lo fué á la edad de 18 años. Al principio de su reinado quiso 
imitar á Augusto y no omitió ocasión de manifestar su liberalidad y clemencia; 
mas después se abandonó á toda clase de esees js los mas vergoaiasos y abomina- 
bles. Por tener la gloria de edificar á Roma le pegó fuego , y como si hubiese que- 
rido añadir el insulto á la crueldad, subió sobre una torre, se tísUó de comediante 
y cantó un poema acerca del incendio de Troya. Doró seis días este incendio. De 
catorce barrios en que estaba dividida la ciudad, cuatro quedaron solamente libres 
de las llamas ; y para eximirse del odio y aborrecimiento que era consiguiente á 
tal ferocidad y barbarísmo, echó la culpa á los cristianos, y ottmenió la primera 
persecución contra ellos. Este monstruo de la naturaleza se mató él mismo Tién- 
dese odiado y perseguido de todos sus vasallos á los 32 a&os de edad , habiendo 
gobernado el imperio i 3 años, 7 meses , y 8 dias. 

( 3 ) Muchos coní\inden los hUtrwñe$ , oon los iimMico$ j mímof , y ponloiitt < 



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pms como iice Gaaiodoro , eaUanéo U kñgvM hablaban las 
ma%o9, y €<m ImwuiatOB del cuerpo daban á éntmder lo que 
no diera la Imgua ni la pluma. (4 ) 

Estos bailes pantomimioos , como dejamos ya dicho> 
frieron mvencion de Bátilo y Pilades ; quienes habiendo 
pasado á Roma en tiempo de Augusto^ hicieron la danza 
qoe llamaron Itálica representando en ella asuntos trági- 
cos^ c6micos y satirices^ de un modo agradable al pne«- 
blo romano^ que admiró el artificio de aquellas comedias 
mudas. Estos bailes tanto cómicos como trágicos y satí- 
ricos^ se representaron primero en los intermedios de las 
comedias y tragedias para descansar á los actores, signi- 
ficando los ejecutantes por los gestos^ lo que se había de 
representar en el acto siguiente. Pero viendo sus inven- 
tores la gran afición del pueblo á estos dramas mudos, 
formaron compañías y dieron sus espectáculos separada- 
mente de los otros. 

Plutarco en sus DÍ9eurio$ en la mesa elogiando el inge- 
nio de representar por movimientos y posturas dice, que 

«Of , y es QB^ gfaTe error. Los primeros actores que habo en Roña fueron nainralee 
de Hislria y Etruria y hoy Toscana , llamados por ios supesticiosos romanos, según 
Tito Lítío, para calmar con la distracción de los juegos escénicos, el terror y conta- 
gio deina peste deyasudora imposible de aüqar ni con los remedios humanos, ni 
el ausilio de los dioses, en el consulado de C. Ucinio Stolon, y G. Sulpicio Petico. 
Este fué el origen del teatro romano y el de llamarse los que se dedicaban á esta 
dase derepresentadones histriones. ÁsSse llamaron Esopo y Roscio sin embargo de 
haber sido honrados eon el anillo de ero por el Dictador Syla« y apreciados en alto 
grado por el cónsul y senador Cicerón; quien hizo se le señalase á su amigo Roscio la 
cantidad de mil denarios cada dia, para representar las comedias yasadas en la ho- 
nestidad y el deco^. A mas de todo lo espuesto, las distintas clases de actores 
que habia en Roma denominadas con los nombres de histriones, ludíones, escéni- 
cos, joculatores, funámbulos, timélicos , mimos, y pantomimos, comprueban la 
Terdadde nuestro aserto. También se daba d nombre de mimos, á ciertas piezas 
de poesías que canuban los mimos daniando sobre el teatro, con gestos que es- 
presaban el sentido de sus palabras. 

( 1 ; Ore daiMO manibus loqmtur el q^iibmáaim guiiculacioiMJbm foHí iníil' 
igi quod vix narroi HnpMenrt serifiurt iewkira paríi co|moicí. 



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la poesia es una danza parlera^ y la danza una poesia mu* 
da. (4) Esta clase de elogios y la afición del pueblo roma- 
no á tales espectáculos, hicieron que llegase á tal estrémo 
la corrupción del teatro romano^ según Tertuliano, que 
los danzantes llamados timélicos^ pusieron el lecho en 
medio de la orquesta á donde estaba el ara deBaco llama- 
da Tímele, y en sus danzas y bailes cometieron toda clase de 
impudencias con las mugares admitidas en sus representa* 
cienes^ que eran rameras públicas (2). 

Estas fueron las justas causas por las cuales la Iglesia 
. católica clamó contra los espectáculos teatrales^ y puso 
dique aquel desbordamiento , venciendo la sensualidad 
del paganismo con la fe cristiana cimentada en la sangre 
de sus mártires^ con la sencillez y pureza de sus máximas 
religiosas , y con las virtudes de sus sacerdotes y adictos» 
En los primeros tiempos de la Iglesia el clero fué mo- 
delo de caridad y amor ^ de resignación y sufrimiento^ 
esparciendo las doctrinas del Redentor y maestro , con la 
persuasiva sencillez y claridad de los apóstoles y evange- 
listas , y la humildad de los verdaderos preceptos del 
catolicismo. Mas cegado después por la ambición , como 
formado de hombres , y ejerciendo un poder onnímodo, 
olvidó las venerandas bases en que estriva la verdad evan- 
gélica , y entregándose á sus goces espirituales y tempo- 
rales, las masas populares principiaron á perder sus 
creencias verdaderas ; y hubieran vuelto al fango de don- 
de salieron, si sacerdotes superiores en saber , virtudes y 
humildad , no hubiesen llamado en su apoyo el poder de 
las artes y el brazo enérgico del seglar. 

En esta unión de la inspiración divina con el genio ar- 
tístico , se estrecharon los vínculos religiosos con los so- 
co Plutarco Sympos. lib. 7, Lucían, in Paníomimi icena. 
(2) Conversaciones de Laurio Tragiense. inven. Sátira 6. vers. 65. 



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4t 



cíales^ y al mismo tiempo qoe se habló á los sentidos, 
se fortalecieron las creencias y el sentimiento en el alma, 
con los encantos de la imaginación. Hé aquí el origen de 
las representaciones de los misterios sagrados^ ejecutadas 
en la iglesia por los clérigos y seglares , imitando á las 
profanas. 

£1 sabio doctor Mr. Magnin se espresa en estos térmi- 
nos : a Preciso es remontarnos al principio de la era cris- 
tiana, por ser aquel el punto de partida de todas las artes, 
de todas las ideas , y de toda la civilización católica. Entre 
los pueblos reunidos únicamente por la conquista y au- 
toridad de la Iglesia, ha habido desde el quinto al duodéci- 
mo siglo dramas escritos, y el pueblo lo mismo que el cle- 
ro se han manifestado en todos tiempos ávidos de placeres 
escénicos. » 

«Sí la Iglesia católica atacó , durante los seis primeros 
siglos y con tanta energía los espectáculos del Circo y de la 
Escena, fué principalmente por lo que tenian de paganos, 
y encenagados en la idolatría y en la crueldad. La Iglesia 
se valió de toda la elocuencia de sus santos padres con- 
tra las inmolaciones del Circo y las obscenidades del 
Teatro, que escandalizaban hasta á los paganos no cor- 
rompidos, y contra los cuales Juliano argüía tan ruda- 
mente á Antioquío. Mas tarde cuando el cristianismo fué 
estendiendo su dominio, y cuando secundado por los bár- 
baros de Occidente y por los sarracenos de Oriente desa- 
parecieron aquellos espectáculos de la escena , continuó 
anatematizando las bufonadas de los farsantes que con- 
duelan la idolatría perlas calles y encrucijadas, y propa- 
gaban el paganismo en los palacios. Pero al mismo tiem- 
po la Iglesia hacia por su parte un llamamiento á la 
imaginación dramática estableciendo ceremonias figu- 
rativas , multiplicando las procesiones y traslaciones de 



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reliquias^ ó iostitoyendo^ en ñn, oficios qoe son verdade- 
ros dramas^ como el de Priuepe ó el pesebre de Navidad; 
el de la estrella ó el de los tres reyes en la Epiphania; el 
del sepulcro ó de las tres Marías por la Pascua , en el 
cual las tres santas eran representadas por otros tantos ca- 
nónigos cubiertas las cabezas con sus mantos^ ad simi- 
Utudinem mulienm, como dice el ritual; y el de la ascen- 
sión de Jesucristo, en que se veía, unas veces sobre el 
pulpito y otras en la galería esterior encima de la porta- 
da, á un sacerdote representando este misterio: ceremo- 
nias todas verdaderamente mímicas que por largo tiempo 
hicieron la admiración de los fieles, y ouya ortodocsia ha 
sido reconocida por una bula de Inocencio IIL.... » 

« Desde principios de este periodo (siglo VII) veremos 
deslizarse los ejercicios escénicos , y aun el uso de las 
máscaras en ciertos conventos de monjas. En el siglo VIII 
y IX veremos las exequias de los abades terminarse con 
dramas funerarios , especie de églogas cuyos papeles Ée 
repartían los religiosos; poemas estravagantes que el 
tíeñipo no ha destruido del todo« » 

« En el décimo siglo^ os mostraré las vidas de los san- 
tos y las leyendas de los mártires y de los hermitaños, 
cantadas en las calles y plazas públicas divididas en esce- 
nas y representadas en los conventos. Os traduciré seis 
piezas de este género compuestas por la célebre Hros- 
witha , religiosa de Gandersheim , muerta antes de con- 
cluirse el dicho siglo. • 

€ Por último , en los siglos XI y XII, veremos el drama 
eclesiástico aspirar con la Iglesia á su apogeo, y aparecer 
en las catedrales, y en las grandes fiestas, sostenido por la 
naciente magostad de la pintura ^ de la escultura y de la 
música , asiduamente cultivado en las representaciones 
serias, que pudieran llamarse trágicas; y cosa sorprenden- 



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te^ en Its represeBtacioues cómicas y grotedcds y hdsta en 
fai8 damas mas vivas^ e^eoiesde Zamiandas ó Galops que 
empelaban eo el coro , ccrntinuabau en la nave principal 
de la iglesia, y terminaban delante del pórtico ó en el pa- 
tío del cementerio ; danzas estranas de los vivos sobre I09 
sepulcros de los muertos qtie en la época subsiguiente sub- 
ministraron á los pintores el asunto de la famosa danza 
Mñcabra; danzas entre hombres y mogeres en las cuales la 
muerte en figura de esqueleto y al son de un acento fúne- 
bre^ c<^ia de la mano y hacia saltar á todos los persooages 
indistintamente^ desde las reinas y los arzobispos hasta los 
mendigos y rameras. . • « ; » 

« La época de las cofradías nos demostrará el arte dra- 
mático escapando en parte ^ como los demás, de las dé-* 
biles maoos del clero^ para pasar en el siglo XIII á las de 
las comunidades legas ó seglares, llenas de aquel piado-^ 
so fervor ó de aquel instinto de libertad que produjo tres 
siglos después la emancipación del genio y la seculari- 
zación completa de las artes; nuevo periodo en el cual no 
entraremos por ser el que propiamente constituye la era 
moderna; pero al principio del inmediato anterior, rere- 
mos ya el drama eclesiástico obligado á renunciar á la 
lengua latina, reemplazarla por los idiomas vulgares, y ha- 
ciéndose cada vez mas estenso pata conservar su lugar 
entre los oficios divinos, ser representado después del 
sermón. La biblioteca real posee un precioso manuscrito, 
de los primeros años del siglo XY, que contiene nada 
menos que cuarenta dramas ó milagros en honor de la 
Virgen , y la mayor parte precedidos ó seguidos^ del ser- 
món que les servia de prólogo ó de epilogo.» 

Estas representaciones pasaron á ser privativas de las 
cofradías de todos los pueblos católicos , y el drama cris- 
tiano, como dice el mismo Mr. Magoin, salió poüo á 
Tomo iii. 7 



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poco de la iglesia , y después de las manos del clero. 

Con la dominación de los romanos adoptaron los espa-* 
ñoles su religión, usos y costumbres, y por consiguien- 
te sus teatros y diversiones. Sevilla, Cádiz, y otras po- 
blaciones cabezas de reinos, edificaron teatros, anfitea- 
tros, y neumachias, cuyos restos aun existen en Toledo^ 
Itálica, Mérida, Glunia, Murviedro y Cartagena, para 
entretener la ociosidad, estendiéndose á todas las demás 
ciudades de España estas diversiones, según la Historia 
general^ pues hablando de dichos edificios dice : edesla se- 
mejantia ficieron después otros tales thealros, por las otras 
tierras en las ciudades que eran cabezas de reinos. 

Del teatro que hubo en Sevilla hace mención Pbilós- 
trato , contando lo acaecido en tiempo de Julio César con 
unos comediantes venidos de Roma , los cuales habién- 
dose presentado ante el público sevillano á representar 
sus farsas, vestidos de diferentes figuras, subidos en 
zancos, y dando desaforados gritos; todos los especta- 
dores se marcharon dejando desierto el teatro y solos á 
los comediantes. Esto prueba la cultura que ya tenian los 
españoles páralos juegos escénicos, y que sin la intro- 
ducción en la escena de las licencias y vicios de los ro- 
manos, nuestros espectáculos hubieran igualado, sino 
superado entonces á los de los griegos. 

Invadida España por los godos se estinguieron del 
todo los juegos escénicos , tanto por el enlace de estos 
con el culto y ceremonias religiosas de los gentiles, cuan* 
to por el aborrecimiento que la ruda sencillez de los 
godos, y la religiosa piedad de sus príncipes les tenian; 
presentándonos la historia como única diversión de estos 
nuevos dominadores, la caza, y los ejercicios de fuerza y 
destreza. Después en el reinado de los trece reyes de 
Asturias, se aumentó la afición á las romerias, diversio- 



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nes cnyo origen se remonta á ta primitiva fundación de 
los pueblos^ y en cuyas fiestas se cantaban romances y 
se danzaba con sencillez y sin artificio. 

Los erabas tampoco fueron aficionados á los espec- 
tácalos escénicos ; y si bien estas diversiones fueron des- 
conocidas páralos pueblos^ fueron no obstante inolvida- 
bles las tradiciones de ellas; hasta tal estremo^ que ven- 
cedores los cristianos , volvieron á celebrar sus triunfos y 
fiestas con funciones teatrales^ siendo cierto, según Caro^ 
que ganada Sevilla por el santo rey Fernando , hubo seis 
teatros en donde se representaba y cantaba. 

La privación por tantos años de esta clase de diversio- 
nes^ la afición tan decidida á ellas de todos los pueblos^ 
y el estado escepcional en que se hallaba España con sus 
guerras y conquistas; dieron ancho campo á los come- 
diantes, gente entonces soez y sin moralidad ^ para repre- 
sentar sus farsas y pantomimas tomadas de las libres es- 
cenas del teatro romano ; llegando á tal estremo sus li- 
cencias^ que Alonso X en sus leyes de Partida los marcó 
con el título de infamados; los obispos congregados en 
Toledo , los inutilizaron para recibir órdenes sagradas (4); 
los padres del concilio cartaginense III les privaron de 
la comunión como pecadores públicos ; y el mismo cón- 
dilo VII los inhabilitó para poder ser testigos (2). 

Por estas causas los espectáculos dramáticos se tuvie- 
ron en poca estima y se miraron con horror; y aun- 
que los trovadores adoptaron el diálogo en sus poesías^ 
ninguno de ellos quiso lanzarse á la composición de 
piezas dramáticas^ hasta el siglo XV que empezaron las 
primeras obras de este género en lengua vul^r^ dando 
con ellas origen al teatro moderno. 

(1) Inocencio i epist. 24 cap. 2. 

(2) G. pradilectione consecntione d. 2. 



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Los italianas y españoles se disputan la primacía litera- 
ria en esta materia ^ pretendiendo los uno» y los otros, 
con algún fundamento ^ hacer suyo el triunfo. Mas según 
to ya espuesto en nuestro segundo tomo; por lo que se 
desprende de los versos ( 4 ) de mosen Jaime Roig , poeta 
valenciano nacido á fines del siglo XIV; y la celebridad de 
nuestra Celestina escrita con anterioridad al Orieo de loa 
italianos; no cabe la menor duda que de loe españoles 
es la gloria de haber introducido en los teatros moder^ 
nos la regularidad y gusto dramático* 

Antes de concluir esta introducción^ para que se ten- 
ga una idea de los teatros tanto griego como latino^ ha- 
remos una descripción de ellos circunscribiéndonos , á la 
parte puramenie musical; y demostrando la plaata de 
ambos teatros^ para que se tenga on conocimiento exacto 
de los diversos lugares destinados á los actores^ cantan* 
tes, instrumentistas, y coristas. 

Yitrubio nos ha dejado una verídica y exacta descrip- 
ción de estos edificios, y de ella vamos á tomar coaciaa- 
mente lo que nos parezca mas oportnno,. dando á coüocer 
los vocablos ó nombres que tanto loa griegos como los 
latinos daban á las voces y sonidos de los tres géneros de 
música Diatónico , Cromático , Enarmónico , con el ób^ 
jeto de que se conozca mejor la construcción de los voms^ 
ecos introducidos en los teatros de las dos citadaa nacio- 
nes. 

Para que con mas claridad se comprenda cuanto Vitru* 
bio dejó escrito sobre los va$o&^cos, y los sonidos produ- 
cidos por los mismos , nos ha parecido conveniente pre- 
sentar las tres tablas que trae el P. Martini en su Historia 



(i) La forja soa 
Stiíy balaog, 
Será en romang 



Notes rimadeSy 
Comed iadei. 



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de la rrniswa , eo cada una de las cuales se demuestran 
los tres géneros ya dicboB (4). 



Cuerda 
Conjunta. 



Esuble. 



Esuble. 
Estable. 



Estable. 



Esuble. 



Proslambanomenos . 
Hypate bypaton. 
Parypate bypaton. 
Licbenos bypaton. 
Hypate Mesón. 
Parypate Mesón. 
Licbanos. 

MESE. ,g¿ 

Paremese. ) ^ :§ 
Tríte Diezengmenon. 
Paranete Diezengmenon. 
Nete Diezengmenon. 
TñteHyperboieon. 
Paranete Hyperboleon. 
Nete Hyperboleon. 



PARTE GRAVE. (2) 



<^ Esuble. 



Estable, jd 



Mese.^ I 

Trite^ne-1'2 § 
menon ) S g 

Paranete (§ B 
synemenonl^ a 
Nete ayoe-Ljcí 

menon. ' 



PARTE AGUDA. 



(1) Antes de las palabras de los nombres griegos, van puesUs las letras que es- 
presan las silabas musicales A la mi re, B fa mt, C sol fa ut, etc.: dividiendo las 
Toces en tetracordos ó series de cuatro voces ; manifesUndo después cuales son los 
conjuntos y disjuntos, cuales las cuerdas esubles ó movibles de cada uno de ellos; 
y aparte el tetracordo Synemmenon que sirve para unir los dos graves tetracordos al 
tercero, enlazando el tono disjunto que se encuentre entre a, e, b, ó sea, a, a l 
en medio de la serie. H 

(i) En este ejemplo como en les otros dos siguientes^ las voces 6 sonidos gra- 
ves van escritos arriba , y los agudos debajo ; porque como advierte Galiani , los 
antiguos formaban la escala de los sonidos todo al contrarío de la nuestra.— Véase 
iob. Wallis. Apend. de Yeter. Harmonía, pag. 459. 



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•«^•A#«- 









^P 










[PARTE GRAVE. 




H 


A 


Proslambanomenos. \ 






b 


Hypate bypatob. [^ . 






c 


)8l 
Parypaie hypalon. 2 g. 






cfl 


sSso 
Licbanos hypaton. 




3 


E 


Hypaie Mesón. \ 




F 


Parypate Mesón. f ^ ° 
Lichanos Mesón. 1 o! S 






a 


MESE. ' 




Tercera 
min. 


1 
c 


Paramese. i ^ g 
Tríte Diezeugmenon. \ 8 S 


a 
b 


Mese. 

Tríte Synemmenon. 


ki 


í5? 


e 


Paranete Diezeugmenon. ih § 

Nete Diezeugmenon. 

1 


d 


Paranete Synemmenon 
Nete Synemmenon. 


•11 

ai 


ri 


f 


Trite Hyperboleon. loe' 


/ 




fjí 


Paranete Hyperboleon. > g J 






aa 


Nete Hyperboleon. ^ ^g» 








PARTE AGUDA. 





(i) El tetracordo Synemmenon que se encuentra en cada una de las tres tablas 
y está unido á los dos primeros tetracordos, ba sido colocado aparte y fuera délos 
otros y para evitar la confusión que pudiera baber mezclado entre ellos; tanto mas, 
cnanto que este tetracordo Synemmenon tenia su uso libre entre los griegos y con 
nombres particulares que lo distinguían de los demás. 



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-<^»»€^ 



Tmm é mmmUmm «el «éaeM EMmtfalM. 



B 



PARTE GRAVE. 



ProsIambanomeDos. 
HypatehjpatoD. 
Parypale bypalon. 
Lichanos bjpaton. 
Hypate Mesón. 
Parypate Mesón. 
Licbanos Mesón. ' 
MESE. 
Paremese. 

Tríte Diezeagmenon. 
Paranete Diezeagmenon. 
Nele Diezeugmenon. 
Tpíie Hyperboleon. 



.. \iP 



^ 2 

•a o 
X 8 o 

Paranete Hyperboleon. /S"i 



Mese. 

Tríte Synemmenon. 
Parenete Synemmenon] 
Nete Synemmenon. 



S s 



Nete Hyperboleon. 



PARTE AGUDA. 



Conocidos los tres distintos géneros con los nombres 
particulares de los griegos , y las voces y sonidos de sns 
tetracordos, según Vitrubio; haremos la descripción de los 
vasos que formaban eco con las voces de ios cantores y 
sonidos de los instrumentos , sacada de dicho autor. 

ce Según las reglas matemáticas y capacidad de los tea- 
tros ^ se hacen los vasos aéreos. Estos vasos-ecos han de 
ser de estructura tal , que tocados den los sonidos de 4/ 



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9/ y consecutivameate hasta la décima quinta. Formados 
unos nichos ó huecos en los asientos del teatro, se colo- 
can en ellos estos vasos con distribución música, y de suer- 
te que no toquen por ningún lado á la pared, antes al con- 
trario , deben estar aislados. Se ponen boca abajo estan- 
do sostenidos por arriba á distancia de medio pié sobre el 
suelo que mire á la escena. — Delante de estos nichos se 
dejan algunas aberturas sobre el plano del grado inferior, 
larga cada una de ellas como unos dos pies, y medio de 
ancha. ^ 

« Para determinar el sitio donde esta se ha de practi- 
car, se hará bajo las reglas siguieates : Si el teatro no fue- 
re muy grande, se establecerá el circulo á la mitad de la 
altura, y en este se formarán trece nichos ó concabidades 
distantes entre si de doce intervalos iguales para aquellos 
indicados ya, que forman el Nete-hyperboleon aa: sitúan- 
se los primeros en los nichos que se hallan en las estre- 
niidades de una y otra parte ; los segundos empezando 
por los dos últimos darán la 4.^ esto es, el Nete-Diezeug- 
menon e : los terceros, la 4 * que es el Nete-parameson \\ : 
los cuartos la 4.^ Nele-Synemmenond: los quintos la 4/ 
Mese a ; los sestos la 4/ Hypale'-meson E ; y finalmente en 
medio , uno que es la 4/ HypcUe-hypaUm B. » 

« De esta suerte la voz que sale de la escena esparcién- 
dose lo mismo por al rededor del círculo que por el centro, 
la cavidad de cada 17080 retumbará con mayor claridad y 
armenia por la correspondencia del acorde. » 

4r Si la cavidad del teatro fuese mayor , entonces toda 
la elevación de la gradería se divide en cuatro partes , y 
se forman tres registros de ahujeros á través , uno para el 
armónico , ó (sea enarmónico), el segundo para el cromá- 
tico, y el tercero para el diatónico. El primero principian- 
do por abajo servirá para los tonos enarmónicos , con las 



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reglas yt indicadas para ei teatro peqnefio : eo el del medio 
loB primeros i^sos de tas estremidades del circulo s^án los 
que tieoenel sonido hy^perbcÁeon-^framátíca^: los segun- 
dos la 4/ diexeugmenm^-cronuitioaii : los terceros la 4;* 
^/Mmrnmon--oromdltca t) : los cuartos la 4/ Meso-cromch 
tka F % : los quintos la 4/ Bypakm-^romáika ^ : los sestee 
el Paromese t| , el cual concuerda con el Eyperboleon-cro* 
máíico en 5/ y con el líese en 4.* : y en el centro no seco- 
loca nada porque no hay sonido en el género cromático 
que tenga con los dichos afinidad en consonancia. » 

<c En las primeras estremidades de la última división 
ó registro de agujeros, se colocan los vcms del Byperbo- 
leon-diaténico: en las segundas la 4/ (Uezeugmenon-diatá' 
nica : en las terceras la 4/ synemmenon'dialónica : en las 
cuartas la 4/ Meso-dicUónica : en las quintas la 4.* Ht/pa- 
tan-Hiiatónica : en las sestasla 4.* Proskmbanomenos , y 
en medio el Mese , el cual concuerda en consonancia de 
octava con el Proslambanomenos , y de 5/ con el Eipaton- 
diatónico. » 

« Si alguno quisiere oir mejor tales sonidos, examine al 
final del libro la figura diseñada con reglas musicales, la 
misma que nos ha dejado Aristoxeno formada con gran ta- 
lento y trabajo , y con la división general de los tonos ; por 
lo que , quien fije la atención en es^as reglas, en la natu- 
ralidad de las voces, y en el gusto de los oyentes, podrá mas 
fácilmente hacer un teatro con toda perfección» (1) 

• En muchos de los teatros hechos en Roma no se ob- 
servaron estas reglas; pero los teatros asi construidos, son 
de madera y su gran tablazón naturalmente los haceretum- 

fl) £1 citado traductor y comentador nos propone tres registros, el primero de 
los enanBó«ico8, el segando de los cromaticos , y el tercero de los diatánicos , es- 
presando la descripción de Vitrubio el sonido de los vasos ecos, T como estos esta- 
ban colocados entre las galerías ó asientos del teatro los vamos á esponer en las 
dos páginas siguientes, bajo la misma forma qnt estaban distribuidos. 

Tomo ni. 8 



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bar por necesidad sin el ansilio de los v(isos-eca& : pero 
cuando se construyen teatros de mármol ó piedra , enton- 
ces es necesario hacerlos bajo las antedichas reglas* » 

a Si se quisiere saber que teatros se han formado así^ 
diromos , que en Roma no leñemos ninguno para mostrar^ 
lo^ pero si en varias ciudades de Italia , y en muchas otras 
de Grecia. Sabiendo además que Lucio Munio habiendo 
destruido el teatro de Corínto , trasportó sus vaso&de bron- 




S¡ '-«Nete-liyperboleon 







Mte^iéirm 



aa. 







[cw 



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ce á Roma^ y consagró todo el botín al templode la Luna.» 

tAdenaás de esto^ muchos ingenios'arquitectos al fabri- 
car teatros en pequeñas ciudades , no teniendo vasos de 
bronce para los objetos ya indicados^ los han usado de gre- 
da y dispuesto del mismo modo que se deja ya dicho , y 
kan producido muy buenos efectos. » 

La variedad de opiniones sobre estos teatros de vasos 
ecos son tantas^ cuantos son los autores que de ello han es- 
crito. ^ 

De todos los que Vitrubio hace referencia , ninguno 
asegura haber visto esta clase de construcción , ninguno 
dice de donde sacó susnoticias , ni en que fuentes las en- 
contrarcm. Esta<x)nfusion de ideasi no proviene de otra co- 
sa, según el parecer del P Atanasio Kircher, que déla con- 
cusión ée la música. 

Y en efecto , sobre el modo y razón de como se produ- 
cen los ecos en los vasos, hay una gran controversia, por- 
que muchos no pueden comprender de que manera pro- 
ducían los sonidos los vasos armónicos. 

Según la opinión de Cesar Gesariano en sus comentarios 
al Vitrubio , los dichos vasos tienen amalgama y están ane- 




"2^ ' r^ Trite-hyperboleon 



uodioqa8cIiCq-9(^ui»H- 1 ^jj^ 



Mie9Í99$r0( eroiff liffoo. 



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I^H,. 



xosá ciertas partículas férreas que por atracción resiienao 
corao sucede en ios campanarios. Otros tfirman que con 
sola la agitación y ímpetu^ y peroni^on de laroz en el aire, 
los vasos suenan ; pero esto es un error, porque no hay so^ 
nido tan grande que pueda incitar á una campana, pues si 
estas pudieran sonar por solo la agitación del aire, estañan 
continuamente sonando, hallándose á ona elevación tal y 
espuestas siempre al viento. Ni traemos esperienda de que 
este por impetuoso que haya sido , ha producido ningua 
género de sonido. (1) Otros opinan que las techumbres 
cóncavas de los teatros , ataban dispuestas para que los 
WLSOS produjesen la mayor resonancia que pedia conci- 
liarse; lo cual aunque no es negable, sin embargo, no se 
vé la razón de producir las concordancias armóoicas sin 
una percusión inmediata, á cuyo objeto no es concebible 
como deba ser la distribución de los msos para que {K*oduz- 
can ios tres géneros de música diatónico, cromático y 
enarmónico , porque sin los sonidos positivos serian nulos 
y sin nunguna utilidad. 

Si las voces de dichos vasos fueron combinadas para 
oirseenei teatro, algún otro uso debian tener, puesto que 
no es creíble que los ecos fuesen tan compactos y espues- 
tos con tal artificio armónico para la mayor resonancia 
de la voz , ni que con solo la voz y el choque del aire pu- 
dieran reproducirse los sonidos. 

Buenaventura Caballero, en su Espejo mtorio, es de 
opinión que estas campanas ó vasos Vi trubianos, condu- 
cen los ecos por hipérboles y parábolas, en las cuales una 
vez introducida la voz se aumenta y agita por una infini- 

(1) Kircher dice , que mandó constniir unas campanas de Tidrio y dispuso 
que se colocasen esludiosamente en las concavidades que previene Vilrubio , gra- 
duando sus voces ; y ningún sonido se oyó sino el que en aquellas mismas conca- 
vidades se podia sentir cuando dichas campanas se tocaban. 



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dad de radios^ lo cual aprovecha mucho é un teatro desde 
el punto donde parte la voz, hasta donde alcanza mayor 
volumen. Pero en este caso^ la construcción del teatro es 
diferente de la que nos presenta Yiti ubío , por lo que los 
arquitectos no quedando satisfechos con el testo de aquel 
autor ^ han abandonado sus preceptos y cada uno cree fa-* ' 
cilmente poder inventar nuevas fábricas sonoras. 

Después de haber descrito Vitrubio los sonidos pro** 
ducidos en los teatros por los vasos ecos , pasa ademostrar 
la figura del teatro ^ describiéndonos todo su complexo y 
cada una de sus formas del modo siguiente : 

a Determinado que sea el circulo del fondo, se hace 
centro en el medio A (1) y se describe al rededor un círcu- 
lo F. F. F. En este se ha de inscribir cuatro triángulos 
equiláteros y equidistantes , cuyos ángulos toquen la cir- 
cunferencia del circulo tirado* Asi lo hacen también los 
Astrólogos cuando describen los doce signos celestes á te-* 
ñor de la correspondencia música de las constelaciones. r> 

«De estos triángulos, el lado^. g el cual^ hallará mas 
inmediato á la escena , determinará en aquella » el frente 
de la misma por donde corta la circunferencia del circulo. 
En seguida por el centro a se tira una linea paralela b b 
desde la misma ; esta separará el pulpito del proscenio G, 
desde el sitio de la orquestra A; De este modo quedará el 
palpito mas espacioso que el de Jos griegos , ya que todos 
los actores recitan cerca de nosotros en la escena , y la or- 
questra está destinada para los acentos de los senadores La 
elevackm del pulpito G no pasará de cinco pies á fin de 
que cuantos estén sentados en la orquestra puedan ver to- 
dos los gestos del actor. w 

(I) Véase eo las láminas los números i 5 5 en donde se hallará la planta de 
los teatros latino 5 griego con las esplicacioaes necesarias para mayor comprensión 
de lo que se va esplicando. 



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(t Las cuñas ó cuneus del teatro (4) para los espectá*- 
dores ^ están divididas desde los ángulos de los triángulos 
e. e. e. los cuales tocan la circunferencia del circulo, has- 
el primer descanso G. Después sobre las graderías puestas 
alteinativanaente, se forman los asientos superiores sobre 
* el medio de los inferiores. » 

a Los ángulos que en el plano designan las galerías, 
serán siete , los otros cinco marcan la parte de la escena; 
esto es , el de en medio debe corresponder frente á la 
puerta de la real H : los dos inmediatos á derecha é ía&- 
quierda , á la puerta de la Foresterie Y. Y ; y los dos últi- 
mosVan alas galerías ó corredores L. L. que se hallan en 
las esquinas.» 

El gran teatro Saguntino, cuyas ruinas existen todavía 
en Murviedro, patentizando las costumbres y juegos de 
nuestros antepasados y el esplendor con que los españoles 
las ejecutaban antes de serdominados por los romanos, 
también merece mencionarse. 

Aunque la fundación del teatro saguntino es incierta 
creyendo algunos que su fundación se debe á los Sdpiones 
ó al emperador Claudio Germánico , sin embargo, lo mas 
cierto es que ya existia este edificio antes de la domi- 
nación romana y que por consiguiente su fundación data 
del tiempo de los griegos. 

Siendo este teatro una joya de tanto precio y que solo 
España puede envanecerse de poseer , puesto que ni Roma 
la tiene ; vamos á copiar con gusto la descripción que ha- 
ce de este edificio el deán D. Manuel Martí en una carta 

(I) Justo Lipsío en su libro de Amphiteaíro esplica la significación de la pala- 
bra cuneus diciendo que ecan aquellos espacios de los asientos que quedaban cor- 
tados por las Precinciones , y por estas vias ó escalerillas colaterales, cuyo nom- 
bre se les dio por su forma y figura ; pues empezando mas estrechos por abajo se 
iban ensanchando hasta las Prcscincionc's á la manera de las cufias que vemos de 
madera. Aun en nuestros dias se conservan en algunos teatros esta clase de asiea* 
tos en las galerías. 



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dirigida al Ünstrisífno Señor D. Antonio Feliz Zcoidada 
rí^ Arzobispo de Damasco , y Nuncio dei Papa cerca de 
S. M. Católica en 4705^ seguros de que será leida con 
gusto por todos los amantes de nuestras glorias nacio- 
nales. 

La carta dice así : a En las conversaciones que tuve úl- 
timamente á y. &. L entrevarías cosas que los discursos 
traen consigo^ ocurrió hablar del teatro Saguntino ; y por 
haber yo dicho ^ que le habia delineado con toda exactitud, 
me manifestó Y. S. I. gran deseo de verle juntamente con 
las notas que yo habia añadido, no por ostentar erudic- 
cion , sino con el fin de declarar una cosa oscurísima. Le 
presento, pues, á V. S. I. bien que en un trageroto, é 
infeliz , sacándolo de las tinieblas del olvido. Aunque no 
quedan mas que vestigios de su verdadera y primitiva es- 
tructura , los he examinado con la posible diligencia , pa- 
ra decir brevemente lo que fué , y consagrar esta memo- 
ria á la posteridad.» 

« £1 teatro Saguntino está en parage saludable, y opor- 
tuno , de cara al Septentrión , y al Oriente, sobre un valle 
mny ameno por donde pasa un rio , y desde su situación se 
vé el mar Mediterráneo. Un monte , que le ciñe , le abriga 
y defiende de los vientos de Mediodia , y Occidente , y así 
no dá entrada sino al Septentrión , y al Oriente , que son 
vientos saludables , cerrándola á los demás que puedan ser 
nocivos. En fin , está en la forma que ordena Vitrubio ; 
porque con el gran placer que sienten los que con aten- 
ción están mirando en aquella postura inmoble, se abren 
los poros, por los cuales introduciéndose los vientos 
nocivos, pueden causar grave daño á la salud. Por eso se 
deben evitar los vientos de Mediodia , y también porque 
el sol, llenando la concavidad del teatro , no teniendo el 
aire mas movimiento, que el circular, se recalienta de 



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continuo, diseca los cuerpos de su natural humor ^ y e$ 
fácil que ocasionen enfermedades. » 

(c También es conducente la situación de nuestro teatro 
para la consonancia ó colección de la voz ^ circunstancia 
necesaria ; hallándose puesto en la concavidad del monte, 
no solamente se deja entender; pero subiendo á lo alto, 
crece de punto , y las palabras se perciben con mayor dis- 
tinción > lo que yo mismo esperimenté ; porque habieo^ 
do el-P. Manuel Mignana, sugeto muy condecorado, y 
mi particular amigo, recitado desde la scena algui]K)s ver«> 
sos del Amphitrion de Plauto , los oí distintamente desde 
la smna cavea, esto es, desde lo mas alto y apartado del 
teatro , lo cual por cierto me ocasionó un placer in- 
creible. » 

«Vocales se pueden llamar aquellas peñas, y auo 
penlafon(B{{), no solamente por la claridad, sino tambieo 
por el aumento que la voz recibe entre ellas. Lo dicho bas* 
ta en cuanto á la situación del teatro. Vamos ásu estrucK 
tura. La redondez de todo el semicírculo , que los griegos 
llaman Perimetron , tiene quinientos sesenta y cuatro pal-* 
IDOS de nuestra medida (cada palmo consta de tres cuartos 
de pie Romano). Su diámetro es de trescientos y treinta 
palmos. Su altura desde la orcbestra basta lo mas alto de 
los asientos , de treinta y tres palmos y medio ; pero alar-* 
gando la medida hasta lo mas alto de las paredes aun eods- 
tentes llega á cieutocuarenta palmos y medio. Kl diáme^ 
tro de la orcbestra desde el cual, como del centro, sede- 
ben tomar todas las medidas, es de uovenla y seis palmos. 
Orcbestra es una voz griega, que significa danzar, porqué 
entre los griegos era un parage destinado para la danza, y 
gestiones ; mas entre los romanos desde que Atilio Serra- 

(1) Esta palabra quiere decir de cinco sonidos , esto es, de un sonido que va- 
le por cinco. 



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no ; y U ScribcñíoLidan Ediles GarulM, siguiendo el pt-^ 
recer dd primer Scipion Afrioana, destioaron la Qrchestra 
para tsírato de los seoadores.» 

«Había wot parage distiogoido^ especie de tronjo^ en 
doade se sentaba el Principe^ ó el Pretor^ del que queda por 
señal el pedeslal^ ó podio. Bespues de él tenían sn lugar 
las Vestales^ los Saoerdotés^ los Legados^ y los S^ado*^ 
rea. A fin de que los que estaban delante no impidiesen la 
vista del Pulpito á los que se sentaban detrás, pensaron 
cnerdanienéeqtte el pavimento fuiese subiendo insensible- 
mente desde ellogar del Pretor hasta las primeras gradas^ 
en donde se sentaban los caballeros romanos; de suerte 
que este pavimento estaba escabado al rededor á manera 
de vandas, quedando algo mas bajo para colocar las si- 
llas , y mas elevado entre los asientos > para comodidad 
de los que querían entrar ó salir ; á mi se me hubiera 
pasado por alto , á no haber mandado á algunos cavado- 
res quitar la tierra que cubría toda la orchestra. Desde el 
pavimento de la misma orchesfra empieaan las gradas de 
los caballeros romanos , que eran catorce , según las leyes 
Rosetas y Julia , pertenecientes á los teatros. En la sétima 
de estas gradas hay do:i entradas que llamaban vomüoriosp 
y la tal grada sétima tíeneipayor anchura que las otra8> 
para que los caballerea con mas libertad^ y desahogo pu- 
diesen ir i sus asientos* I^a eseesiva dureaa del peñasco, 
en el oial está fundado este teatro , fué causa de no poder 
dar sino dos entradas á los caballeros, ¿ pesar de las dili*^ 
gencias del arte; y porque estas entradas no eran sufi- 
multes, se suplió la falta habiendo imbricado dos escale- 
ras al descubierto , una en cada lado ; cuyas gradas infe-^ 
ñores comienKan desde la bdveda del mismo Proscenio, t 

m Sobre la última grada del orden ecuestre está la 
Prescinccion á que los griegos llamaban Díazoma , y era 
Tomo III. 9 



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doblado ancha y hr^ que las otras. Taoia éste nombre> 
por ser las presciocciones á manera de drculos, ^ue abra- 
zaban los escalones mas pequeños y ipot tanto algunos las 
llamaban baUhei ó vandas. Estas refracciones , ó espacios 
al rededor , se interponiab para que á la primera viéta se 
conociese la diyision de las órdei^s , seoatarios^ ecuestre, 
y plebeyo, y para que entre ellos no hubiese comunica** 
cion alguna. Las doce gradas mas elevadas , y mas di^ 
tantos de la Orchestra eran para el pueblo, y se llama- 
ban suma cmea. Varias entradas, ó puertas tenia el pue-* 
blo para ir á sus asientos, y se encaminaba ¿ ellas por 
bóvedas interiores. También podia ir por el pórtico , si-- 
tuado en lo mas alto del teatro , el cual servi(( para dos 
cosas, es 6 saber, para que el pueblo tuviere donde reco- 
gerse, en caso de un torbellino, ó lluvia repentina in*- 
terrumpiese el espectáculo , y para defender el teatro de 
las avenidas de las aguas ó inmundicias. Tiene este pór- 
tico ocho puertas ddante, y otras tantas detrás, que se 
miran entre sí, aunque oblicuamente, y en esta disposi-* 
cion dan entrada al aire, para refrescar el teatro, éimp^ 
dir, que el estancado y entorpecido en él se inicíone. 
3iete escaleras dan subida á estas puertas, empezando des- 
de la primera grada de la orquesta.» 

«Las dichas escaleras no rompen su rectitud, ni tuer- 
cen á lado alguno , como en muchos anfiteatros, sinoqoe 
están vía recta > y prolongadas, las cuales, formando 
ciertas cuñas, ó cuneos, contribuyen á formar un objeta 
agradable á la vista desde las gredas mas bajas basta las^ 
mas altas. Estaban fabricadas entre los alientos de los 
concurrentes para subir y bajar con conveniencia; lo 
que no se hubiera podido hacer sin gran trabajo , siendo 
desproporcionada su altura al paso humano; y asi pensa- 
ron en hacer estas mas bajas , poniendo tres gradas en 



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el espacio queocupabao dos de los asientos; y en las pre- 
cÍQcciones , que eran mea alUü5 que lo» alientos ordioa- 
ríos^ ponian cuatro; el auekuo de cada escalón do estos 
era de trc^ paliaos y medio , y lo alto de na palmo y de* 
do y medio ^ cuya dUueúsioA es doblada eo las gradas de 
sentarse. Eatas eseeleras eraa para facilitar la salida á los 
que estabau ea los asientos viendo el especááoulo , en ei 
caso de ocurrirles alguna necesidad de irse : tambóeo ser**- 
Tiao para mirar desde ellas en pié los qué no habían en^ 
cootrado asientos. Entre las puertisis inteñeres del pórtioa 
y las esteríoresj hay la düwetcia que aquellas son cua- 
dradas, y mas anchas, y estas menores y teroánan ea 
arco. Lo ancho de este pórtico superior es de quince pal* 
mos y un cuarto > y lo alto de doce y tres cuartos ; por 
consiguiente el ancho eseedia al alto ^ habiendo para esto 
la razón de que no se atrepellasen , ó impádieren con la 
estrechez del pórtico los quo. entraban y salían á un 
tiempo.» 

«Este pórtico no llega hasta los ángulos del teatro: 
termina antes, dejando á cada lado el intervalo de trein^ 
ta y cinco palmos, cuyo espacio llenaban cuatro gradas, 
las que solo se distinguían de las inferiores , en que la 
última grada del pueblo hacía una pequeua precinccbn, 
ijDgulo ó área ^ que separaba los de abajo de los de tn^ 
cima; por tanto es desospechar^ que en aquel lugar se 
sentarían los lictores, pregoneros, porteros > y otros mi*^ 
Bistres del ooAgifitrado, para que estuviesen prontos á sus 
órdenes y y para poner paz, en caso de nacer contiendas 
y riñas en los asientos de la supuesta carea ; cuya usanza 
se observó en Atenas, como lo dice el Escoliaste ^ sobre 
la frene de Aristófanes : y me confirma eh este parecer, 
el que desde aquellas mismas gradas guian por ocultos ro- 
deos ciertas escaloras secretas á las cárceles, de las cua- 



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les todavía subsiste ana^ y conserva atio en su pared aiv 
gollas de hierro en que ataban á los miilbechores. Es me* 
nester añadir, que este pórtico está corlado por medio de 
un espacio de veinte y dos palmos , en el cual hay á cada 
lado cuatro gradas , y en donde creo que habría minis* 
tros de justicia^ para mantener buen orden en todas par- 
tes. Por ciertos vestigios^ bien que casi aniquilados /me 
persuwlo^ que en medio de estas gradas babia alguna es- 
tatua pues quedan señales de una basa« Lo pedia el deco- 
ro y proporción de la obra^ asi para su ornamento^ como 
para demostrar el medio del semicirculo. Los lados de esta 
basa tenian cada uno seis palmos^ y tres cuartos. En la 
grada mas alta « ó svma cavea, hay seis ventanas arquea* 
das^ tresá cada lado. ¿Serian para dar entrada al aire? 
Confieso que ignoro el uso que tendrían : si alguno me lo 
declarase se lo estimaré. Sobre el pórtico todavia estaban 
cuatro gradas : es difícil de acertar á que orden de gen- 
tes eran destinadas ; pues el de senadores tenia la Orcfaes- 
tra , el de los caballeros las catorce primeras gradas, y 
el pueblo las demás. ¿Con que á quien tocaban estas? 
Revolviendo en mi imaginación , estuve para perder el 
tino ; pero si en cosa tan obscura es licito conjeturar^ 
diría sin afirmarlo , que desde aquel parage remotisimo 
miraban los siervos ^ los libertos, las rameril las ^ y otras 
tales gentes^ que no merecen juntarse con el mas ho- 
nesto orden de la plebe. Confirma nuestra opinión la 
forma de la grada mas alta^ cuya anchura es mayor que 
las de todas las demás ^ aunque se cuentón las precinc- 
ciones ; lo cual , según yo discurro , se hizo para co- 
locar asientos , en que se acomodasen esta clase de mu- 
geres j pues á las tales no les era licito asistir á estos es- 
pectáculos^ por una ley de Augusto , sino desde el para- 
ge mas alto^ en donde tenian igualmente su lugar los 



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hombree mas despreoiables^ estando arrimados á k pa- 
red. 

Pulla sordidave$te 

ínter femmeK speetabat tm^ Caüíeérm. Gomo dice 
Calpomio. 

«Loslictores podían sobir á esta gradería por ciertas 
escalerillas^ sMaadas en ei medio y en los lados del ieatro, 
para que pudiesen acadir á hacer sa oficio en coso nece^ 
sario. ¿ Pero qoe sabida^ ó que entrada tenían estos asien^ 
tos de la gente sórdida? Estaba ello con muy buen jvieío 
dispuesto: se snbia perinaaescalens^ oolocadaB detiés 
del pórtico saperior^ y apoyadas al monte^ hasta llegará 
ciertas pneriecillaa arqueadas , qoe había en lo aas alto^ 
de las cuales solo ha qoedado nna. En este lado estarior de 
la pared del teatro^ y en lo eminente de ella sobresalen 
modillones distantes diez palmos y medio el uno del otro. 
Son de forma cuadrada y y su dimensión es de dos palmos 
por banda. Para saber el uso que tenia^ entiéndase que 
tanto los teatros, como los anfiteatros^ se cubrían antigua^ 
mente con toldos^ ó velas, que defencheisen á los concur^ 
rentes de los ardores del Sol. Estos toldos los ataban é 
unos palos derechos con cuerdas, que las atravesaban por 
debejo, para tenerlas mas estendidas » y que noseaíloja-i 
sen. Tales pértigas, ó palos derechos se metían por unoa 
agujeros redoodos, hechos en las piedras superiores, ó 
atadas á ellas (que uno y otro se practicó), y eran recibi- 
dos en dichos modillones, que para mayor seguridad te*-' 
nia sus hoyos escabadosen el medio á fin de que no se me^ 
neaaen , ó resbalasen. La injuria del tiempo ha destruido 
la pared , que sobresalía á las cuatro gradas referidas, xm 
quedando sino una pequeña parte, y esta sin cornisa* Laa 
gradas que senrian de acento, son mas altas de lo que 
pden las reglas de arquiteetnra, esa saber, dedos palmos 



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y m%A\o, íjpj^es muy diverso de lo que ordeoa Vitruvio; 
La anchura es conforme á sus preceptos^ esto es^ de tras 
palmos y cuarto. Ni hay que admirarse de este ancho, 
pu^ era de gran conveniencia para los qtie esiaben sen- 
tados, y se hacia para impedir, que los de las graidas altáis 
molestaMO con los pies á los de las bajas > y tambíea para 
que pudiesen alargar, y estender las piernas; acaso \Am^ 
bton para que hubbse espacio por detrás, por donde pasa** 
sen los^que venía* tarde > y los que^^oeriatt ^tir. La pne^ 
doceíon es doblado alta de lo que las reglas presbriben^ 
pues coasta de ouatro paloios y Ares cuartos , y la anebura 
deseisycttarto.i» 

«Para introducirse en estos asientos, habiao diversas 
pbeirtas, queel vulgo llamaba VtmitQfríai, por<|ae parecía 
oomo que vomitaban multitud de gentes que (torrlaná uA 
tiempt) á buscar su lugar. Se iba á estas puertas por dos 
pórticos : el uno es el superior y descubierto de que hemos 
hablado difusamente : el otro el inferior, que vá serpeanda^ 
y está cebado en la dureasa del monte á manem de mina^ y 
recibe la luz de las puertas dichas, ó vmiüorias: se le 
puede llamar con propiedad bóveda en lugar de pórtico. 
Su anchura es de nueve palmos y cuarto , y doce de alic^. 
Parece que hubiera sido mas eonfdrmé , que el ancho éá- 
oediese al alto por las razones que se dieron tratando de 
la dimensión del otro pórtico. Es de creer, qaa la du- 
reza del peñasco impidiese al arquitecto de dada mas an^ 
chara , pues se ejecutó esta Dbra en la viva peña aboveda^ 
da, y no corre con igualdad en todas partes, antes se esn 
titaobaen los estremoi^ en figura de media luna. En imo y 
otro ángulo del teatro permanecen todavía muchos ves^ 
tigios> no poco destruidos por la injuria del tiempo ; pero 
manifiestan sobradamente la magestad de la obra. Se vea 
diverso^ arcos ; unos medio arruinados , otros epteros/que 



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sQsteiiian eobpertuní ( para hablar en términos vitrubiaoos) 
de la scesa > coya coofiertura ó techo se ha destruido eote^ 
rámente , ni ({ueda «anal de él. Todos los asientos del 
teatro > dando á cada persona el espacio de palmo 7 me^ 
dio» podia contener siete mil cuatrocientas veinte 7 seis 
per80Bas> sio cootar las escaleras ^ qne estaban destinadas 
para subir 7 bajar. Se han de añadir ios une se acoaso^ 
dahaff en k nUioda grada ¡sobre el pórtico , 6 en sillas ó 
de pié animados 4 lapaved , que segnn entiendo podría 
llegar ámiL Amas de eato^ el ^rrden senatorio en la or-« 
ehestra^ cayo semioirenlo era capaz en sn ámbito de seís^ 
cieaéaa sillas : de snerte , que haciendo la suma de todo> 
eabian en el teatro noevemil 7 veíate 7 seis personas.» 

«Esto es k> qne se puede decir sueiatampnte en órdeq 
al estado presente del teatro, omitiendo mochos oraamen-» 
tos, con qae mas parecería querer, ostentar erodicion, 
qoe seguir el fin propuesto. Vamos ahora á tratar de lo 
qne había en la frente oel mismo, estoes ^ del Proscenio^ 
del Palpito , 7 de la Seeoa. Proscenio Hamaban á aquel 
espacio , qne se avanzaba delante de la Scena^ en el cual 
se elevaba el Pul pito donde se presentaban los actores. De 
este pulpito nada mas queda que el fundamento de la pa-^- 
red, distante déla orchestra cerca de doce palmos* Esta 
pared según las reglas de arquiiectarcí debía tener cinco 
piós de alta « ó seis palmos 7 dos.tereios , á fin de qoe los 
delaorchestra pudiesen verlos gestos de losactores. Por 
tanto el pulpito estaba mas^b^joqoe la Scena> lo que se 
percibe bien en nuestro teatro. Scena llamaban á todo 
aquel espacio que se estendia desde el uno al otro ángulo 
del teitre ; ott7a longíiud seguü regla de lo? antígdoá , de- 
bía ser doble que el diámetro. Esta Scena se arruinó to- 
talmente en nuestro teatro , á esceppion de la pared que la 
separa del pulpito 7 que corre hasta los ángulos del mis- 



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mo teatro. Desde la orchestra hasta la soeoa hay veinte y 
ocho palmos y medio : doce destinados para el proscenio^ 
y los restantes para el pulpito : con que la latitud del pul- 
pito venia á ser de diez y seis palmos y medio, lo cnal se 
consideró suficiente paro los actos scénieos. En ei medio de 
esta pared, en frente del centro de la orchestra , se ve el 
plan de un semicírculo , desde el cual se levan ta al rededor 
una pared arqueada ^ que hada figura de concha. A esto 
llamaban Valva Regia, á causa de sa magnificencia y or- 
namento. Los griegos wgiin PoUox, lo llamaron Bas^bi(M, 
íÁioa y mdoaxm. {i ) Esta puerta real estaba entre otras 
dos, que tenían la misma forma, pero eran mas peque- 
ñas : las llamaban ko&piialia , porque estaban destinadas 
páralos huéspedes y estrangeros, que venian de lejos á 
los espectáculos. Algunos vestigios quedan de la que esta- 
ba al lado izquierdo , reconociéndose todavía so re<k>nde2. 
La de la derecha se arruin<^ enteramente, qoecbndo solo 
vestigios de las paredes á los lados de la abertura. En cada 
una (te las aréolas de estas puertas había ciertas máquinas 
triangulares con ejes para poderse revolver, y en sus fren- 
tes babiafóbulas pintadas, según pedia la representación, 
siendo dichas imágenes cómicas para la comedia , trágk^as 
para la tragedia , y satíricM para la sátira ; y asi era dife- 
rente el género de pintoras de la scena; porque á la co- 
media correspondían casas de particulares, ventanas, al- 
menas etc.: á la tragedia columnas, estatuas, cornisas, 
frontispicios, y cosas semejantes; y á la sátira arbole- 
das, riscos, cuevas, montes, y otras cosas hechas á la 
rústica.D 

< Estas máquinas se volvían en un instante, y maní- 



(I) Todos esté» nonbres quioreí decir ana misBia com; es decir, htbiu- 
cioo real* 



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•t 



festabao ia pío tura ifoe la represeotacion pedia; por taii-> 
lo los griegos las llamaron Perta^itoí, qtíe «equivale á vw*- 
sáliles , fílales de volver. Desde estas, máquinas liablaban 
los dioses. Detrás áe la aceña seienoaentran muchas pane^ 
des medio arruinadas, de las coaleS' laque sostiene las 
aréolas , tiene ciertos surcos, ó istrias , en dondb creo que 
metiesen vigas para lÍBvantar las tramoyas. Los griegos lla- 
maban Enkikkmata. Las restantes paredes discurro qo« 
sustentarían aquellos aparages, que los griegos llamaban 
Theologeion , Kercmnos-^opéion , Bronteion. Tkeol&ffeipn^ 
era el logar en el cual los dio^s que habían de bablaf 
aparecian encima de la scená. KeraMnos-kapeion > era una 
máquina al(a> y versátil, á manera de una atalaya, de 
donde Júpiter arrojaba rayos; y Bronteion era cierto pa- 
raje detrás de la scena , en donde con odres Henos de china» 
y agitados por el aireimitaban el estruendo dé los traénos. 
Se han de afiadir las presas llamadas Chorü^iaque debiah 
ser bien grandes, y desahogadas ^ tanto para disponer ó 
prevenir los coros , como para guardar los vestidos é ins- 
trumentos que servían á la scena, pues de allí se sacaba to- 
do cuanto era necesario á la representación. Aun existe 
parte de estos coragios al lado izquierdo de la scena. Por 
cuanto el teatro saguntino, situado en el decliveó cuesta 
del monte, estaba espuesto á las avenidas de las aguas, cu- 
ya violencia en breve tiempo lo hubieran arruinado, se 
reparó por la parte superior con dos murallas, en forma 
de alas estendidas por ambos lados, que, como si fueran 
unos diques, defendieran , y conservaran este perfectísí- 
mo edificio, desviando los torrentes por los precipiciosdel 
monte. En cuanto á lo que llovia sobre las gradas, toda el 
agua se iba á juntar en la orchestra , y por el proscenio se 
metía debajo del pulpito, en donde habia una cloaca, ó 
albañal, que aun existe, y yo reconocí con Vicente Tor- 
ToMoni. 40 



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res^ joven de esplendor^ y muy amigo mio^ quien me 
ayudó á medir eate teatro, y á entresacar la verdad per-- 
teneciente á dicha fábrica, apesar de tantas mutaciones, 
y ruinas como el tiempo ha hecho en ella.» 

«Estoes, ilustrisimo Señor lo que mi corto ingenio 
ha podido discurrir acerca del teatro Sagunlino, etc. etc. ^ 

Dice Madoz en su diccionario hablando del teatro sa- 
guntino, que en 4808 cuando se procedió á la fortificación 
y hábil i tadon del castillo de Murviedro, se construyó toda 
la parte superior del dicho teatro y algunas otras n)ás: 
que desde entonces quedó enteramente abandonado, y 
solo en 4 842 por disposición del gefe polilico de Valen-* 
cia, D. Miguel Antonio Camacho , se destinaron algu- 
nos presidarios* para la limpieza de la tierra y greda que 
cubrían todos sus corredores existente , graderio y de** 
mas localidades del mismo. ¡Lastima grande, esclama 
Madoz, y nosotros con él, no se procure conservar un mo- 
numento que es la admiración de nacíonalts y estrangerosl 



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DB LA 



MÜSICA ESPAÑOLA. 



VOSBO SSS. 



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gapítolo zvni- 



Principio de nuestra imitacioD. — El orígeo de la zarznela no » la creación de 
ftofatros especUci^os de declamación y canto. — Romance de Villa toro. — Id. and- 
fiimo. — Id. de D. Antonio Hurtado de Mendoza. — Id. con el título El Amante 
apaleado. — Id. bailable. — Fiesta dramática de canto y declamación en Zaragoza. 
— Id. en Perpifian.*«-Id. en Yaleocia en el casamiento de Margarita de Austria con 
Felipe UL — De la Xoa. — Sainetes con música .-^-Fábulas mitológicas.-r-Inesacti- 
tod de Jorge Ticknor.— Motivo que dio origen al nombre de zarzuela en las repre- 
sentaciones. — Personages que tomaron parte en el drama armónico La Gloria de 
i^i^weo.-^Deserípcion de varías fiestas del reinado de Felipe lY. — Introducción de 
los Yillancicos en la capilla r^al. — ^Zarzuel as, Loas, Máscaras y Mogigangas. — Can- 
tantes que sobresalieron en estas representaciones.— Parangón de la música fran- 
cesa con la española. — Opinión de Gretry sobre la música de Lulli.-Id. de Theo- 
pbile Gantier sobre nnestra música.— Parecer nneatro sobre estas opiniones.-*De- 
rivase el Yonderille y la ópera francesa de nuestras Loas, S^rzuela^, Fiestas , etc* 
— Opinión de Eximeno sobre la Zarzuela. 



Puede asegurarse qae desde últimos del siglo xyii bas- 
ta nuestros dias , nos convertimos decididamente en fíe- 
les imitadores de todo lo estraogero^ tanto en ciencias, 
como en litwatura y artes ; llevando casi con gloría so- 
bre nuestra orgoUosa frente , el lema vergonzoso del ser- 
vilismo artístico y literario. 

Desde este tiempo bemos despreciado lo propio para 
preferir lo estrafto , y los nuevos innovadores en su triun- 
fante osadia ban marcado, con los sobre nombres de iffno- 
rante y bárbaro, á todo aquel que ha dudado de la infali- 
bilidad de sus doctrinas. 

El contagio imitativo cundió , y debió ser asi , porque 
como dice nuestro sabio erudito D. Agustín Duran , es mas 
fácil ser eco de loe^preteodidos critioos, que estudiar bien 



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lo antiguo para crear sobre ello ; es* mas cómodo traducir 
que ioventar ; cuesta menos imitar lo hecho, que formar 
lo paliado y conformarlo á las variaciones que debe tener. 

He aqui en poea» pakbras^la y^toria de nuestra deca- 
dencia musical, el enemigo que ba ido mutilando tantos 
timbres gloriosos, para convertirnos en rutinarios copistas 
de las creaciones estrangéras ; sucediendonos como dice 
Duran , lo que aquel que escribe en papel rayado, cuya 
letra aun que bella y acabada , siempre carece de soltura y 
elegancia y jamás tiene el carácter de originalidad. 

Fieles discípulos, pues, de estas modernas doctrinas, 
por ser las que menos estudios necesitan y mas encomia- 
dorcs ban tenido ; aun que hemos conocido sus defec^ 
tos, y nuestra degradación literaria ó artística, no hemos 
tenido el valor suficiente para romper las ligaduras que 
nos han sujetado al carro caprichoso de la rutina ignoran- 
te , convertida en ley por la necedad de los mas contra el 
buen sentido de los menos; porque aquellos con sus des- 
templados clarines de la fama, ofrecían nombre y produc- 
to á los autores, y estodsolo un paralñfD sileBcioeo éh su 
mas sileocioaa retiro. 

Si algoD aotof lleñrado por su pasión áe nteionalidad 
ha querido seguir distinta senda , imitando los esclareció 
dos y clásicos patricios , ó dando á conocer noestro b?i^ 
liante pasado rebatiendo las dodrínas erróneas de copia- 
dores ó estraños; sos obrad han sido geiiwaliiiente hablan- 
do, relegadas al olvido , su oombfe ajado y calumniado» 
y no pocas reces, ensalzadas patrañas absurdas ém menos- 
cabo do nuestro buen nombre escritas por adocenados tra- 
ductores, al par que criticas crueleB contra las buenas y 
verídicas obras nacionales^ 

Pero si este mal ha venido deiiattandd hasta U éfooa 
preseite los ims floridos peQeil684tel gsiiio esfmol , cu«^ 



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briendo el wiarillo jaramágo rás m^ords flores; hoy vemos 
con orgullo renacer jóvenes entusiastas que conocedores 
de ellas ^ las lioipian de los abrojos y malezas que las cir^ 
eendan y y las defienden de las manos sacrilegas que quie- 
ren troncharlas ó marchitarlas. 

Este presente, alienta nuestras fatigosas tareas para el 
porvenir, y la esperanza nos da fuerzas para defender 
nuestras glorias pasadas, con acopio de verídicos dato^ que 
pongan en relieve los hechos, sin temerá la infundada 
critica, ni á los maestros ex-catedra : porque quien ha- 
bla calumniando, nunca puede enseñar ennobleciendo. 

Tan oscuro y conciso es el modo con que se han ocu- 
pado algunos autores del origen de las obras dramáticas 
llamadas Zarzuelas, que se ha creído generalmente, ser 
las fiestas dadas por el cardenal infante D. Fernando en el 
Real sitio de la Zarzuela , y en tiempo de felipe IV , la 
creación de estos espectácuhos. Pero si bien es cierto que 
el nuevo nombre de Zarzuela dado á alguno deestos^ tu- 
vo su principio en el dicho real sitio; no lo es que el gé- 
nero de los dramas líricos con música y declamación, tu- 
viesen su origen en esta época, como vamos á probar: aun- 
que creemos estarlo ya, en la misma concisión de los relatos 
hechos sobre un asunto tan importante para la historia de 
nuestra música nacional. 

Praebas hemos presentado en el tomo anterior de es- 
ta obra que afirman nuestras opiniones sobre tal materia; 
mas porsiacaso todavía no son bastantes para algunos in. 
crédulos ó indecisos, tas aumentaremos con nuevo acopio 
de datos que los satisfagan si la buena fé les asiste, y les 
convenza si las razones son antepuestas al esclusivismo 
de la opinión particular. 

No cabe la menor duda que nuestro teatro antiguo es 
bijodel griego como lo fué el romano, como lo son mu- 



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chas de los costumbres y fiestas que todavía cooservamos^ 
(4) y aun al instrumento nacional las castañuelas ; (2) y 
tanto en aquellos espectáculos como en los nuestros, ha-^ 
bia coros de música en medio de ia declamación y de 
los bailes. 



(1) Los griegos atenienses, según Castellanos, galanteaban á sus queridas* 
adornando durante la noche sus puertas ; ventanas con coronas y guirnaldas 4e 
mirlos y flores; origen de las enramadas conque todavía en muchos pueblos de 
España se visten las puertas y ventanas de las jóvenes en las noches de san Juan 
y san Pedro, acostumbraban también al despuntar la aurora, cantará la puerta ó al 
pié de la reja de sus damas, trovas amorosas acompañándose con U; lira, ó con flau- 
tas que tocaban los amigos del amante ; origen también de nuestras serenatas y 
rondallas, cuyas costumbres tomarian los romanos, de estos pasariau á los árabes, 
y de los árabes á nosotros, pues aun que la licencia romana se havenia muy mal 
con la cortesanía galante, también tuvieron caalos amorosos, oloiTosas enramadas, 
y finos galanteos, cual los griegos y árabes. 

(2) La castañuela no es otra cosa que el instrumento llamado por los grie- 
gos erótaUm, que según Plutarco en latín significa pulso 6t>erbero: Pulsare 6 ver-^ 
bsraret es lo mismo que herir ó azotar. D. Antonio Agustín» es de opinión que el 
Crótalo era lo mismo que lo llamado por nosotros Sonajas : Juan Luis de la Cer- 
da, fundado en que Eurípides en la Helena llama á los crótalos Crd/a¿a Bachicha y 
dice que el crótalo era lo mismo que cascabel, porque en las fiestas de Baco se 
usaban los instrumentos iifi(tná6ti¿e«, que sin duda eran cascabelea : y del E&co- 
liastcs de Aristófanes , y de Prolagorides en su descripción de los instrumentos 
músicos, se deduce lo mismo. Pero Celio Rhodígino asegura que el crótalo fué ins- 
trumento que usaron los egipcios en las ceremoaias de sus dioses ; y Siponlíno 
dice, ser un instrumento hecho de láminas redondas que se tocaban con la mano* 
Y tal debe creerse, puesto que en los Obeliscos egipcios de granito oriental enque 
grababan estos los instrumentos músicos desús sacrificios, y los inventos de las cien- 
cías, y que aun hoy se conservan en las plazas del Popólo y san Juan de Letran en 
Roma, y Concordia en París; hemos visto grabados en diferentes partes de ellos los 
crótalos parecidos á nuestras castañuelas aunque un poco mas grandes y redondos. 
El mismo instrumento se vé debajo de la serpiente, como signo sagrado , en la Isis 
arrodillada que trae el Odeschalco, y de que hace mención Juvenal en la sátira IV: 
lo igual sucede en las cuatro pinturas antiquísimas que están en los cuatro ángu- 
los de la bóveda colocada en el centro de la pirámide de Cayo Cestio. — Estos ins- 
trumentos fueron usados por los griegos para marcar el compás en sus danzas y 
bailes, y aun en sus representaciones teatrales ; y los romanos los admitieron en 
sus bailes con un frenesí tan estremado , que en tiempo del emperador espa&ol 
Trájano , las señoras romanas, cuyo lujo rayó en escándalo» escogían entre las 
lufjores y mas hermosas perlas y margaritas , las mas grandes, redondas, y de figo 



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Cierto es también que los árabes , en cuya época no 
existia ya el teatro en España, tenían sus diálogos recita- 
dos y cantados; y pocos serán los que ignoren que los pro- 
venzáles catalanes , xuya poesía y música fué madre de la 
Italiana y francesa, según Bastero, Pittou, Andrés , Mi- 
Uot, Varchi,Escolano, Capmany, Torres Amat, y otros 
sabios escritores, tuvieron farsas profanas representadas y 
cantadas en casa de los grandes señores, por los trovado-^ 
res llamados cómicos. 

Estas farsas ó diálogos con verso y música , dieron 
principio otra vez al teatro español popularizándose en las 
puertas de. las. iglesias ; después invadiendo tan sagrados 
recintos (4); y luego volviéndolas Juan de, la Encina al mis- 
mo sitio de donde salieron , hicieron las delicias de la cor- 
te de Isabel la católica. Lope de Rueda, Timoneda, Alon- 
so Vega, Torres Naharro y otros varios, no deshecharon la 



ra piramidal , y haciéndoles unos pequeños ahujeros en ]a parte superior, forma- 
ban un grupo de dos ó tto, engarzadas en un cordón , y se las ponian pendientes 
délos dedos y las orejas, deleitándose en el sonido que kacian unas con otras « 
por cuyo rootÍTo les dieron el nombre de Crotálias á estos adornos, según Plinio. 
Los crótalos, eran de oro, plata, bronce, ó madera, sujetando las dos mitades con- 
tabas de que se componían, unoscordones como ahora sucede. — Las castañuelas ^- 
panelas son iguales á dichos crótalos, aun que mas chicas y con la diferencia de 
haberlas añadido unas especies de orejas donde se hallan los ahujeros para unirlas 
con los cordones. La madera mejor para fabricarlas, son dé granadillo , nogal y 
box : se hacen también de marfil , caoba , palo sanio , y tíndalo , mas no son tan 
buenas. En otro lugar hablaremos del uso y modo de tocar esta especie de ins- 
trumento que tanto caracteriza nuestro baile nacional. 

(i) En el reinado de Alonso I, dice Castellanos , se introdujo en España h 
festividad de la Eucaristía establecida por Urbano IV , y esto dio margen ¿ otros 
espectáculos teatrales sacro-profanos que se empezaron á generalizar en los tem- 
píos, los cuales eran líricos y á manera de nuestras zarzuelas, puesto que sus 
versos, escritos en castellano por poetas clérigos, se representaban y cantaban al- 
ternando también por actores eclesiásticos. Habiendo empezado esta costumbre 
en el siglo XI , en este periodo debemos contar el origen de las representacio- 
nes lineasen España por el estilo que hoy las consideramos, es decir , el de la 
ópera nacional.:» 

Tomo iii. H 



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música en sos composiciones ; y las obras dramáticas de 
Cervantes, Lope de Vega, Moreto, Tirso de Molina^ So^ 
lis, Calderón, y tantos otros aatores célebres, siguen 
el camino trazado por los griegos con respecto á la mú- 
sica. 

Por no cansar & nuestros tectores, dejamos de poner en 
este lugar el inmenso catálogo de obras dramátieas semi- 
líricas, que hasta la época déla Zarsíida, hicieron los en- 
cantos del pueblo español, y sirvieroa de modelo á los mas 
célebres escritores estrangeros. No fememos quedar de- 
fraudados en nuestra aserción, remitiendo á los curiosos 
á que consulten dichas obras de la época anterior á la re- 
presen tadon ((ue se hizo en el real sitio de la Zarzuela. Lo 
que no podemos comprender es , como siendo esto una 
v^dad histórica palmaria y comon, baya habido hombres 
ilustrados que sin querer rolver la vista al tiempo de que 
procedían, se encuentren tan desmemoriados, como si 
realmente hubiesen pasado el rio Letéo , ó Guadaléte co- 
mo le llamaron los árabes , según afirma Espinel. 

Aunque creemos que lo ya espuesto es suficiente para 
probar que enel reinado de Felipe [V, sí bien tuvo su origen 
el nombre de Zarzuela aplicado á algunos espectáculos de 
canto y verso, no lo tuvo dicho género de fiestas, por co- 
nocerse ya de muy antiguo tanto la declamación y el can* 
to, como el recitativo y el canto, no solo en las Fábulas, 
Loas, Entremeses, Saínetes, Mojigangas, Comedías, 
Bailes, y Melodramas, si no en los mas populares romances, 
insertos en las variadas y antiguas colecciones de ellos que 
aun se conservan ; vamos acopiar algunas de estas joyas 
de nuestra literatura, {\) con otras composiciones escritas 

(1) Ei sabio director de noeslra Biblioteca Nacional, D. Agostía Duráa en el 
Prólogo á la CoUeáon d^ Ronutnces coitelkuMi, diee hJ^aado d^ ákdn eoleccion : 
c Ed estos pliegos, impresos casi todos antes de 4550; en el dmeimiro de ño- 



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espresamente para poDerseBQ mósica^ que corroboren mas 
y mas, la verdad de nuestro aserto. 

Romance de Vülatoro inserto en el Cancionero General. 

Por las salvajes montaüas 
Caminaba yo , cuitado, 
Suftrlendo grave tormento 
Mi corazón desdichado. 

En si llevaba propuesto 
De jamás no ver poblado : 
Por la senda que yo iba , 
Iba de dolor guiado. 
El suelo se entristecia 
De mover tan acuitado, 

Y los árboles quedaban 
Cada cual muy espantado. 
Demostraban por la hoja 
Pesares de mi cuidado, 
Cada cual de si la echaba, 

Y todos juntos de grado, 

No teniendo esfuerzo alguno , 
Para verme en tal estado. 
Yo, viéndolos de tal suerte, 
Comencé muy entonado. 

ViUanáco (1). 

c Cuando tal dolor sentis, 
»PtMs me veis eo el tormento 
»¿Qué tal será el que yo siento?» 

manees t en la Silvas y otras antologtas impresas desde Mediados del siglo XVI en 
adelante, es donde se presenta lo mas genuino y precioso de ios romances viejos 
y terdaderamente populares: es decir, de aquella poesía que ruda é inartificiosa , 
pero natural: sin colores prestados y libre de toda incitación erudita, nos dá una 
idea de los esfuerzos que contribuyeron á perfeccionar el idioma y k amoldarle pa- 
ra la espresion de los pensamientos. Ninguna , tal como ba llegado á nosotros, 
puede creerse anterior al siglo XV : pero mncbas conservan profundos vestigios de 
ser reproducciones ó reformas de airas mas antiguáis, recibidas de la tradiccion 
oral antes de haberse impreso. 

{{) Según Juan Diaz ^en'jifo en &n Arte poética 4tpañola y el Villancico es 
un género de copla , que solamente ae compone para ser cantado. Los demás me- 
tros, dice, sirven para represeil^r t para eoseftar, para describir, para historia, 
y para otros propósitos; pero este solo para la másica. 



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¡Decidme que tal será, 
Pues en verme vos con él 
Sufrís pena tan cruel, 
Por la pena que me dái 
Pregunt'os, si me decís , 
Pues os falta el sufrimiento 
»Cuando tal dolor sentis, 
»Por me ver en tal tormento, 
»¿Que tal será el que yo siento?» 

Sigue el Romance. 

Pues habiendo yo acabado 
Mi canción de relatar, 
Todos juntos acordaron 
Una respuesta me dar. 
Comenzaron las sus ramas, 

Por el aire á menear; 
Lo que d' ellas entendí, 
Fué este muy triste cantar. 

Villancico, 

»1a flaqueza que sentimos 
»I)e te ver asi penar 
»Nos hace debilitar.» 

No podemos nos sufrir 
La fatiga qu' en ti yemos : 
Ente ver asi vivir 
Nos conviene despedir 
Todo el bien que poseemos. 
Y es tan grande sin dubdar 
Nuestra muy triste pasión. 
Que hablando en conclusión. 

»De te ver asi penar, 
»Hacenos debiUtar.)^ 

Sigue el Romance. 

En oír asi cuitado 
Este su tan triste son, 
Comencé de caminar 
Con muy mucha mas pasión: 
Daba voces dolorosas 
Salidas del corazón, 
Con las cuales acordado 
Publicaba esta canción. 



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Villancico, 

»¡0h vos llantos muy crueles, 
»Nacidos de un breve amor , 
^Publicad el mi dolorl» 

Dolores fatigas llanto, 

Penas mortales pasiones, 

Dad voces , mostrad por plantos 

Los mis males, que son tantos, 

Que pasan de mil millones... 

Pues me quiere disfavor , \, 

Maltraerme por mil suertes ; 

»¡0h mis crudas, tristes muertes 

»Nascidas de un breve amor. 

»Publicad el mi dolor.» 

i 

Sigue el Romance. 

Y luego desesperado 
Prosiguiendo mí cantar. 
Caminé por una sierra 
Con fatiga y con pesar: 
Las animidias fieras 
Van huyendo á mas andar. 
Decían las fuertes leonas. 
Con gran miedo de mi mal. 
Huyamos muy prontamente 
No le dejemos llegar. 
Porque viene acompasado 
De un muy grande yrecio mal, 
Bl cual es mucho mas fuerte 
Que nuestro i)0der caudal; 
T con dar muchos bramidos 
así empiezan á cantar: 

Villancico. 

»Huyamo8 de tal dolor, 
»Qu' en su fuerza es tanto fuerte, 
»Que no se acaba con muerte. >> 

Pues con veUe le tememos, 
HuyamoB porque no llegue , 
Pues es claro si atendemos, 
Qtt» muy cierto moriremos: 
¡Huyamos no se nos pegue! 
Pues natura nos convida 



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Que tengamos vigor fuerte, 
Escojamos mas la vida; 
»Que el dolor de esta herida 
»No se acaba con la muerte.» 

Sigue el Romance. 



Y con esto iban huyendo " 
Los leones por su via, 
Por espanto que les puso 
El dolor que padecía; 

Y los tigres se juntaron ] ' ^ 
Hechos una compañía. 
Unos á otros preguntaban 
Que mal era el que sentía , 

Y mirándome sintieron 
El mal que asi padescia, 

Y espantándose de mi 
Unos ¿ otros deciaa: 
¿Para que parló la madre 
Hijo que tal mal traía, 
Pues la peoaque padece 
Nadie la soportaría? 
¡Desdichada fué por cierto. 
Desdichada en este dia, 
Pues el hijo qufi parió 

L' ^ puesto i^a tal agonfa! 

Y diciendo esta xazon 
Cada cual luego huía. 
Tan UgeroBcomo son, 
Asi cada uno corría , 

Y fueron por unas peñas 
Por do yo ir no podia, 

Y subidos en lo alto 
Cada uno ami volvía, 

Y allí viéndose subidos, 
Cantaban en compañía: 

ViUafi€ie(K 

«Leemos á Dios por «iempre, 
»PueB noB hemos escapado, 
»De mal tan desosperado.^) 

A Dios siempre loarenoB ; 
Pues<tued' el noa escapé 
Ya seguros eslaremoB . 



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Pueael dolor s' ent^rid, 
Bn aqueste qne áqui teaKNi. 
Ck)nTieiie tener cuidado 
Que huyamos prestamente; 
)»YivamoB alegremente 
De mal tan desesperado.» 

Sigue él Ramance. 

Viendo yo que asi htdim 
No queriéndome ent^ider, 
Pue» r^nedio no esperaba, 
Propuse de me perder, 
Por lo e!£ial luego me fui 
Do no me pudiesen Ter; 
En una chica estrechura 
Acorde de me meter 
Porque nadie no me yieie 
Ni me diese algún placer. 
Hice casa de trisbira 
Qu* era gran doior de ver; 
Puse todos mis euidadoB 
Pam bi0D las guameacer, 
Pintados por las paredes 
Porque los pudiese ver^ 

Y con ellos me aciirdase 
Mi dolor y padescer, 
Pues amores me causaron 
Extremos de mi perder. 
Yo asi quedetriste y solo 
Esperando feneacer. 
Contino muerte llamando 
Pues ella mehade vi^ler, 

Y cantando esta canción 
Le doy todo mi podjer: 

ViUmokaéefmiéK 

^Fenesce mi triste vüda, 
»¡0h muertel pues es tu cAcio , 
»Y lo tienes de^erdeioj» 

Aunque siempre me acompañas 
Con tu amargai colaciosi, 
Hallo que sufro mil sañas, 

Y con todaa las tus mañas, 
Mi dolor no ha conclusión. 



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»Fenece mi triste vida, 
»iOh muerte! pues es tu oficio 
»T lo tienesf de ejercicio.» 

ROMAJSCB ANÓNIMO. 

Escúchame , reina mia , 
Asi dios le de salud. 
Le cantaré una letrilla 
Bn templando mi laud^ 
Quiero , Señora, que entienda 
Que en mi tierna juventud 
Me doy, no á vicios como otros, 
Sino á seg^uir la virtud. 
Muy de ordiiMirio mi canto 
Comienza en Ga, sd, re^ u(, 
TeniendoBiempre tres puntos 
La llave de Cft/ati^. 
Ese es mi entretenimiento, 
Y serán liasta el ataúd, 
Porque eiidereso mis obras 
Por un estremádo azud. 
En pié estaré, aun que me canse. 
Si no préstame un almud, 
Que aqui la letra comienzti 
Conforme á su senectud. 

Cantarcülo. 

»Recordedes, niña, 
»Con el albore, 
»Oiredes el canto 
»Del rulseñore.:^ 
No finquéis dormida, 

Fembra enamorada, 
Pues el alborada, 
A amar vqs convida; 
Pues sois tan garrida 
Sali al balcone, 
»Oiredes el canto 
Del ruiseñoro 

Ponedvos señora. 
El vuestro briale 
Que cuido que iguale 
En gracia á la aurora. 

Fincad á la hora 



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Bn el oorrodore 
»Olr6de0 6i eftnto 
»Del ruiseñore.» 

Romance sacado de las obras de D. Antonio Hurtado de 

Mendoza. 

La nevada palomioa 
Dulcemente gemidora, 
Que mil Teces aun atliago 
El pico partió en dos Rosas; 
Bn^stpemos con su amante 
Tantos bace y tantos logra. 
Que se cuentan ¿ oarioiAB 
Los ambares de su boca. 
Pero fiándose al nido 
De una cuerva cautelosa, 
Cuanta luz bañó de nieve, 
Ardió en fuego y quedó sombra. 

Cantar. 

»Palomica mansa que toma , 
. »De una cuerva el oficio y las alas , 
)>Fuego en las plumas y fuego entrambas : 
»Yenguen3e todos, ríanse todas, 
s>Que ya es cuerva también la paloma.» 

Sigue d Romance, 

En la profesión del traje 
No eran parlen tas, y abora 
Tan negra quedo la pluma, 
Tan fiera queda la bermosa. 

Del Romancero general copiamos el siguiente romance con 
el titulo del Amante Apaleado , por las varías clases de 
cantos que hay en él. 

Un lancero portugués 
Becien venido á Castilla, 
Mas valiente que Roldan 
T mas galán que Maclas, 
Bn un lagar de la Mancfha, 
Que no le saldrá en su vida. 
Se enamoró muy despacto 
De una bella casadilla, 

Tono ni. 42 



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Que vendiéndole Kuan 

Para faldas de camisa, 

Una tarde le contó 

Sus amorosas fatigas. 

Escucbábaselas ella, 

Ni muy falsa ni muy fina; 

Que es grande alcahuete un fardo 

Be holanda é hilo de pita. 

Derretido el portugués 

Al sol de su hermosa vista, 

A cada vara que mide 

Un palmo le daba encima. 

Alabábale su tierra. 

Su nación , su fidalguia , 

Su música, sus regalos. 

Su espada en África limpia, 

Prometiéndole en efecto 

Las especias de las indias, 

Los olores de Lisboa, 

Y los barros de la China. 
Hicieron los dos concierto 
Que en aquella noche misma, 
Si el marido fuese al campo, 
Campo franco le daría. 
Quedóse en casa una pieza 

De Rúan y Holanda rica 
En reénes de la junta 
De Portugal y Castilla. 
Era la villana astuta, 

Y él manchego de la vida , 

Y en saliendo el portugués, 
Hablaron de su desdicha ; 

Y visto vien el proceso. 
Condenáronle en revista 
En perdimiento de bienes 
Para gastos de justicia; 

Y á dos docenas de palos 
Con la trancado una encina, 
Guardándole la cabeza 

A honor de su fantasía. 
A dos horas de la noche 
Se escondió la bella Cintia, 
Cuando el portugués y el cielo 
De bayeta se cubrían. 
Tomó su espada y guitarra, 

Y entre una y otra requinta. 



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A suspiros fué templando 
Desde el bordón á la prima. 
Puesto en la calle , mirando 
A la ventana de arriba , 
A su dama reconoce, 
Que le cecea y le silba; 
T entonando la garganta, 
Suspiros 7 voz caminan 
Al aire y aquien también 
Le escucba muerta de risa. 

Romancead Portugués. 

Afora, afora, Rodrigo , 

El soberbo castejano, 

Acordársete debeira 

De aqueil tiempo ja pasado , 

Cuando toarme cabaleiro, 

No el altar de Santiago: 

Miña mai te deu las armas, 

Miño pai te deu el cabalo: 

Castejano malo, 

El soberbo castejano.— 

Sigue el Romance. 

Apenas esto acabó 

Cuando á su mismo requiebro 

Por la calle abajo acuden 

Otros galanes del pueblo. 

El uno era el sacristán, 

Que en otros pasados tiempos 

De todo su pié de altar 

Le daba con tino el medio. 

Renunciada la sotana 

Y echado al mundo el greguesco 

Viene por la calle abajo 

Echando votos y retos. 

Sus mismas pisadas siguen 

El boticario y barbero. 

Que entrambos cantan romances, 

De Belardo y de Riselo. 

Juntada pues la capilla, 

Quiso el bonete primero 

En una ronca bandurria 

Cantar los presentes versos. 



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Cantar 1." 

»Si siempre crecen asi 

»Tu desden y mí pasicm , 

»Bien pueden cantar por mi 

^Kirieleisón.» 

Si de esta manera crece , 

Señora, tu disfavor, 

Y al mismo punto mi honor 

Se levanta y desvanece ; 

T si por amar así 

No merezco galardón, 

»Bien puede cantar por mi 

)>Kirieleison.» 

Sigmel Romance, 

Bl barbero y boticario, 
Que al sacristán conocieron, 
En dos guitarras templadas 
Esparcen la voz al viento. 

Cantar 2.'. 

»Zagaleja del ojo rasgado 
»Vente ¿ mi, que no soy toro bravo. 
»Yente á mi, zagaleja, vente, 
»Que adoro á las damas y no mato la gente. 

»Zagaleja del ojo negro, 
»Vente á mi, que te adoro y quiero. 
^Dejaré que me tomes el cuerno , 
y>Y me lleves , si quieres , al prado: 
»Vente ¿ mi que no soy toro bravo.» 



Sigue d Romance. 

Determinada la dama 
Al concierto del marido, 
Entre los cuatro llamados 
Fué el portugués admitido. 
Bajó ala puerta y llamóle 
Por un pequeño resquicio , 
Y entonces él victorioso, 
Cantando ¿ los otros dijo: 



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CaniareUh. 

}^Poi8 que Magdaleaa 
:»Beniedi6 m^i mal, 
»VlYa Portugal 
»E morra Gástela.» 
Seja amor testigo 
Detamanhoben, 
Nao cheque niaguen 
A zombar conmigo^ 
QiM á espada é rodela 
Aforneira sal; 
»TlTa Portugal 
E morra Caetelaj» 

Sigue d Romance. 

Entróse dentro con esto, 
T los tres que le miraban, 
A tres juntaron asi 
Quejas, voces y guitarras. 

Villancico, 

^i para sufrir agravios 
7>Á1 amor le pintan ciego 
»lFuego!» 

Si para ver y callar 
Le ponen aquella venda, 
El mismo fuego le encienda 
Con que nos suele quemar; 
Que sufrir ardor y amar, 
Y viendo, fingirse ciego, 
«¡Fuego!» 

Sigue el Bomasuse, 

Desampararon la calle 
Cuando ya el lencero estaba 
Desnudo de sus vestidos. 
Aunque armado de esperanza; 
Pero apenas puso el pié 
Bn el lazo de la cama. 
Cuando salió el cazador 
Detras de la puerta falsa, 



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Y á dos manos esgrimiendo 
La verde y nudosa tranca, 
Al que vive de medir 
Midió muy bien las espaldas. 
El portugués daba voces : 

— Aqui del rey que me matanl 
Pero el rey que no lo oia, 
Tampoco le remediaba. 
Echóse por la escalera, 

Y quiso por la ventana, 

Y aliando apenas la puerta, 
Se fué en camisa á su casa (1). 

Aun se ¿onservaa por nuestros ciegos cantadores , es- 
tos géneros de romances, divididos en tres clases: en 
una hay cierta parte cantada y otra declamada, conti- 
nuando siempre el acompañamiento de la guitarra; en 
otra hay recitativo cantado, y luego copla; y otra en que 
todo el romance es cantado. 

También teníamos romances ó jácaras con bailC; 
cual se vé en la siguiente, titulada El Mulato de Andujar, 
que se ejecutó como fin de fiesta en una comedia. 

Con el mulato de Andujar 
Sollozando está Juanilla, 
Porque le han puesto cadena 
Para colgarle en su dia. 
La de cocción de la uva 
Hasta la muerte la brinda. 
Pues parecerá, colgado, 
Un racimo de uvas tintas. 
Si la sacuden el polvo 
A la triste cuitadilla , 
Según dicen malas lenguas, 
La mala ha sido la mia. 

(1) Nuestros lectores bailarán un grande acopio de estas clases de román > 
ees, en el Cancionero general: Cancionero de Romances^ obras de Juan de la 
Encina: Flor de varios y nuevos romances: Maravillas del Parnaso: €bras 
de D. Anlonio Hurlado de Mendoza: id, de Lope de Vega Carpió: id. de D. Luis 
de Gongora : Ramances varios de diferentes autores; y Flor de los mejores ro- 
mances. 



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Por mi mala lengua solo 
Hoy le condenan, amiga, 
Y dejan á los figones 
Con tantas malas y frías. 
No llores, Juana por tio; 
Que te vuelves vieja, mira; 
Qu' es propio de malas lenguas 
Hacer mojar á sus niñas. 
¿Que ha de hacer si le condenan 
Por unas llaves hechizas? 
Que ha sido agua de cerrajas 
Todo cuanto le acriminan, 
¡Dicen que es culpa quitarle 
A un hombre una piedra rica! 
¿Que saben estos señores 
Si seria mal de orina? 
Lo demás que le acumulan 
Todo ha sido nifíeria, 
Porque una muerte mal hecha 
En un rosario se mira. 
Si era corchete , eso propio 
Hace la causa mas tibia; 
Que destripar un corchete 
Suele hacerlo una ropilla. 
De su muerte, amiga Juana, 
Tuvo culpa su bebida. 
Pues por lo qu' el vino hace. 
Mejor es ahorcar á Esquivias. 
Si estaba el Mulato entonces 
Calamocano de vista, 
Aun hombre qu' está asomado 
¿Quien le culpa una caida? 
Al agarrarle el corchete, 
El sintió en la zancadilla 
Que á un hombre hinchado de panza 
No es bien meterle en pretina; 
Mas ya pienso que le sacan: 
Déjale salir, amiga; 
Que no sea de ahorcar un hombre 
Porque le lleven aprisa. 
Deja el llanto pues agora 
Esta jácara nos brinda, 
Y bailemos acá abajo 
Mientras el danza allá arriba. 
-Dices bien: canten y toquen; 
Que ya la Gualda y Marica 



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Salen diciendo al tablado: 
Allávákijacarilla. 

BaOe. 

»Gon lo blanco de la ropa 
^Compitiendo boIo tinto, 
)>Miru>on Juana y la Chaves 
»A1 MtLla;k> en el borrico. 
»Ponteá «aballo derecho, 
)>JTiana á Mulato le dijo, 
»Porque á quien te viere atado 
yySo parezcas encojido. 

»Y iwr poertrera el Mulato, 
)>De8pidiéndose, le dijo: 
»Desde niño temí siempre 
»E1 morir de garrotillo (1). 

Nuestro esclarecido iogenio Fr. Lope de Vega Car- 
pió, ea la obra titulada El Peregrino en su Patria, al descri- 
bir unas fiestas que en Zaragoza se hicieron por la paz pú- 
blica en tiempo de Felipe II; dice, que á la puerta del tem- 
plo de la Virgen del Pilar « se ¡uülaba formado un teatro 
»gwe adornado de ricas telas obligaba á la vista, lo noble de 
tía ciudad le cororuiba en tomo^ y estando el pueblo atento 
^salieron tres mímeos que cantaran aá. » 

Hombre y Dios , puesto en la cruz, 
Joseph Divino vendido» 
Cordero inocente muerto 
Del nmndo al mismo principio. 
Isaac obediente al padre, 
Sacrificio puro y limpio, 
Salomón puesto en su tremo, 
Capitán de Israel invicto. 

(1) Reojifo en su Arte poética eepáiMa ü habhr del baile, se espresa en 
estos términos: tBaile , es dicción española , que se dice de J^attor. Tómase en 
particular por una especie de representación brete , que porque se danza ó bai- 
la en ella se llama haüe. Consta no mas que de un solo acto, en el cual unas Te- 
ces se canta, otras se baila , f añadiendo los representantes, ó induciendo las dan- 
zas , cuando pide la representación } y otra se representa algún coloquio; y todo 
esto en un mismo baile. 



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(lo desde ms mibe$, yeti forma péramidcU enkYmwiirías 
por ia parle de en medio. Aldáe^redinado en el t^egazo déla 
Música, desaparece por escotillón ; y las Arles mtron en ms 
peñascos, tres por un lado, y tres por otro, cantando í/xhs; 
ydafinlaLoa. 

Eo ioflfiainefeB^ también había cteclamacioo y caiik». 
Las fiestas bacanales del mismo SoHs, saínete eon qne ter 
minó la función de la EwríSeey Orfeo, es cantado en su 
mayor parle: y tanto la música de la Loa, como la déla 
comedia y sainete^ fué compuesta por el maestro D. Anto 
nioLopez: distinguiéndose entre las alegres piezas deque 
se componía , un aria y dos coros áe Las fiestas toconales, 
por su originalidad y buen conjunto de voces é instru- 
mentos. Uno de estoífcoros^dice asi: 

A las ñestsQ y ¡mg09 de Bagp^ 
Ninfiás^YeQid, saltad y correr. 
Que á. las cabezas ^ yíqo se aaoma; 
X loB" (£06 las mirao lo veo por los 



Este eero^erai cantado y bailado al mismo tiempo, y 
después deéf^ hay una canción de Bernarda, liple, si- 
guiéndole otra con coros de Co577ie, gracioso, la que ter- 
mina de este modo. 

Oosme.^BoilemoB sentados ; 
le, le, le, 
Que se sube el tüxq á la cholla, 

Y vapores arriba, con éL 
Coro. 7-Bailemos sentados etc. 
Cotmc.— Re, re, re. 

Que se vuelven en erree las eles, 

Y toda la runfia del A, B, C 
Coro.— Re, re, re, etc. 

rbsme.— Mas ay, masay, que me duermo; 

¿Como no tocan, y tañen á sueño? 
Cbro.— Mas ay , etc. 

Después de este final de escena, se lee en la acotación 
To\io III, 44 



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del saínete lo que sigue : Cáense todos domúdoSy tres^áun 
lado , y tres á otro; y se abre ei bastidor de ta frente del tea- 
tro ; y aparece un carro íriunfat de doscupidülos j y en él 
sale el Sarao , qys lo hizo Francisca de Castro , ia Mal-de- 
gollada; y á los dos lados, seis damas de máscaras, con 
st^ hacheas. Sale el carro a la mitad del tabladú^ y cantn 
la Francisca lo sigyienle^ 

Canto.— Al arma, al arma, al arma ; 
Guerra, guerra; 
Suenen los clarinetes, 
Callen lascastafietas. 
Al arma, al arma, al arma 
Contra los bailes; 
Cedan loa bailarines 
A los danzantes. 
Al arma, al arma; 
Mueran las Marionas, 
Vivan las gallardas (1) 
Guerra, guerra; 
Callen las cuerdas locas 
De las vihuelas, 
T suenen en las Liras 
Las cuerdas, cuerdas. 

Mientras se canta esta fuga (dice la acotación), danzan 
las seis damas un torneo , y luego vuelven á tomar sm pues- 
tos á los lados del carro, y vuelve á cantar Francisca, 

Sofoo.— Míseros bailes del mundo. 

Que en la infame inundación 
Del vino estáis aprendiendo 
Esa torpeza veloz; 
Yo soy el noble Sarao, 
Que aponer vengo en razón, 
Con mis números suaves 
Los coros de vuestro error. 
A predicaros el j uicio 
De la Música salió 
Ese ejército luciente, 

{{) Las Mariooas , Gallardas, y Alemanas, eran bailes mu> usados en la 
<!>poca de que hablamos; mas la Alemana, era baile de mas lono que los otros dos. 



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-o^ nmw ^o- 

Que persuade sin voz. 

Salga la chaoona , y salgan 

Todos sus compuestos , que hoy 

En un torneo defiendo 

La gracia , la discreción , 

La hermosura, los aciertos, 

La Magestad , y el yalor 

De la Alemana, Alemana de amor. 

Vuelven á danzar las seis damas una AleíMna; y mien- 
tras danzan canta el Sarao. 

Sarao.— Al arma , Campiones 

De Orfeo , y de Anfión , 

Contra estas cantinelas , 

Que el dios Baco inventó ; 

Mientras callo yó 

La hermosura , el agrado , 

Y la discreción 

De la Alemana , Alemana de amor. 

En esta aria que canta el Sarao , se notan tres clases 
de metros distintos en la poesía; lo que nos hace conocer 
tanto por ellos^ como por el contenido de la letra, que esta 
pieza de música, constaba de un tiempo vivo llamado en*- 
tonces fuga, un recitativo ó andante , y un alegro: estruc- 
tura no copiada^ sino original nuestra en las piezas de esta 
clase. 

Este saínete concluye con unas seguidillas bailadas^ y 
cantadas por el Sarao, Bernarda y Cosme cuya letra repite 
el coro y es como sigue : 

Saroo.^-Suenen los sonecillos 

De sus guitarras, 

Para ver si les dura 

La vida airada. 
Coro.— Suenen etc. 
líemarda.— Oigan el sonecillo 

Descabellado , 

Con que salen de cuenta 

Loe cinco pasos. 
Coro.— Oigan etc. 
Cosme, — Unos despojos frios 



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•«^ wm» €^ 

Tiene la danza y 
Que parecen despojos 
De Guarda Damas. 
Coro.— Unos despojos etc. 

LdL Fábula, seguaRenjífo, constaba de dos ó tres per- 
sonajes de la historia mitológica, teniendo mucha afinidad 
esta clase de obras, con las Loas , como se vé en la de Apo- 
lo y Dafne que trae la Lira Poelica, aunque incompleta^ en 
donde toman parte Apolo, Dafne , Cupido , y coro de Nin- 
fas. Dicha fábula toda es cantada^ y después del coro de 
introducción^ tiene un bello recitativo del cual copiamos 
los siguientes versos. (>l) ^ 

ito/fie.— Peneo , Padre mió 

De Cintia recogido al sacro coro , 

Y al ombro , y carcax fio, 

El arco de marfil, las flechas de oro , 

Pues brindas al reposo 

Florido catre , pabellón frondoso. 

Sea tu tersa plata 

Liquido espejo de mi imagen pura , 

Que á una beldad , que trata 

De lucir castidad mas que hermosura, 

Solo con fiel reflejo 

Un padre puede ser decente espejo, etc. 

Las Mogi gangas , Jácaras entremesadas, y Máscaras, 
eran parecidas á los entremeses , aunque mas cortas^ y to- 
das ellas con canto, y algunas con baile á mas del can- 
to. (2) 

Muchas son las obras dramáticas del género de las ci- 

(i) En 1635 se representóen el Palacio del Buen Retiro, una fábula de Daf- 
ncy con gran lujo y aparato de tramoya y artificio, ordenada por Cosme Lotii. Cree- 
mos que la de Apolo y Dafne es mas antigua, aunque no lo afirmamos, como no so 
puQde tampoco afirmar, si de \^ Dafne fué ó no tomado por Calderón, el argumento 
de la zarzuela El Laurel de Apolo que se representó en 46t>8. 

(2) Véase la colección de Entremeses, Bailes, Loas, y Máscaras, que bajo el 
titulo de Ociondad entretenida , dedicó á D. Pedro Calderón de la Barca, y publi- 
có en Madrid^ Andrés García de la Iglesia , el año de 1660. 



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•«^ ^mm ^^ 

tadas, que se han escrito eo España, y pesado é inútil el ha- 
cer mas citaciones de ellas ; habiendo pro bado basta la evi- 
dencia^ no solo que nuestras composiciones teatrales de 
declamación y canto^ no tubieron principio en las ^arstie- 
las, si que también no fueron tomadas délas óperas de 
Quínault y LuUi como parece manifestar Ticknor en su his- 
toria de la literatura emanóla. 

Dicho autor entre otras cosas espone , que , desde el 
tiempo en que se ejecutó la Púrpura de la Áosa de Calde- 
rón^ se advierte en los autores dramáticos cierta tendencia 
á emplear el canto ya en la comedia , ya en otras compo- 
siciones mas cortas ; tendencia que observa claramente en 
Matos Fragoso^ Solis, y la mayor parte de los autores 
que alcanzaron á Calderón en su vejez. 

Escaso de noticias históricas sobre este particular an« 
duvoel distinguido autor alemán Ticknor, pues, que ni 
Solis pudo alcanzar á Calderón en la vejez, por llevarse 
diez años de diferencia, y haber compuesto aquel á los 
diez y siete años de edad, su primera comedia titulada 
Amor y Migacion ; ni pudo ser Calderón el espejo de So- 
lis para poner música á sus obras, habiendo este escrito 
antes de la Púrpura de la Rosa , citada por el historiador 
alemán, varias obras dramáticas para música , y antes que 
él y Calderón, los mas distinguidos poetas españoles. [\) 

(I) Citamos alganas comedias con música de las que recordamos. 

Be Cervantes. — ^ElRufiao dichoso; La gran saltana, Dofta Catalina de Oviedo; 
La En|retenida¿ Pedro Urdemalas; etc. y los entremeses, El .Retablo de las Mara- 
villas; La cueva de Salamanca; y el Viejo celoso , etc. 

De Lope de Vegiki^^L^ Estrella de Sevilla ; El Bobo del colegio ; La corona 
merecida; El ausente en el lagar; La nifta de plata ; La Dama Boba; El acero de 
Madrid; Al pasar del arroyo; Las flores de D. Juan; Valor Fortuna y Lealtad ; La 
Dorotea ; La hermosura aborrecida; El Villano en su rincón ; El hijo de los Leo- 
DQ^; El mayor imposible , etc. 

Be Tino de Molina, — El Pretendiente al rcvcs: La villana de Vallecas; Ma- 
ri-Hernández la Gallega: El condenado por desconñado; Por el sótano y el torno ; 



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•«^ ii« ««^ 

Dice Ticknor^ que la primera comedia formal que se 
cantó entera, fué la Púrpura de la Rosa. (í) También en 
esto padece un grave error : lo uno, porque á esta obra su 
autor la llamó zarzuela^ y por consiguiente siendo estas 
composiciones un compuesto de declamación y canto, 
no estaba bien apropiado tal nombre: y lo otro^ que le- 
yendo tanto la Loa que antecede á dicba pieza , como la 
pieza misma , no puede desconocerse que se compone 
de las partes características de este género de composicio- 
nes. 

La narración inexacta de estos bechos por Tickiior, 
no es culpa suya , sino de los escritores españoles que de 
esta materia se ban ocupado con tan poco interés y tan 
inexactos datos, como vemos en Ib Poética de D. Ignacio 
de Luzan , en el Poema histórico del teatro español por Don 
Julián de Castro , y en otras varias obras de las cuales ha- 
La villana de la Sagra: D. Gil de las calzas verdes: Desde Toledo á Madrid; El 
Burlador de Sevilla y convidado de piedra: El Rey D. Pedro en Madrid ; etc. 

De Moreto. — El Desden con el desden ; El poder de la amistad ; Antíoco y 
Selauco ; La Fuerza de la Ley: La misma conciencia acusa; San Francisco de Sent; 
Lo que puede la aprensión: No puede ser; La Fuerza del natural ; Primero es la 
honra; El licenciado Vidriera ; Industria contra Gneza ; El caballero; El valiente 
justiciero: El Lindo D. Diego: Lds Jueces de Castilla ; El mejor amigo el rey, etc. 

(1) En el tomo 3.* de su HUtoria de ¡a liieraíura española, se lee lo si- 
guiente : cLa primera tentativa hecha para introducir música en las funciones dra- 
máticas fué, según hemos visto, en i 630, obra de Lope de Vega, cuya égloga in- 
titulada Selvasin amor, se cantó delante de la corte corriendo con el arrreglo de 
las decoraciones y ornato del teatro italiano, Cosme Lotti , cosa dice el poeta, 
enteramente nueva en Espafia. Siguiendo mas tarde las tonadillas especie de en- 
tremeses que se cantaban en vez de romances en los entreactos de las co- 
medias. Distinguiéndose mucho en este género un tal Benavente antes del aAo 
I645 en que se publicaron sus obras. Pero la primera comedia formal que se can- 
tó entera, fué la Púrpura de la rosa de Calderón representada el afio de 1659 con 
su correspondiente música, en el teatro del Buen Retiro para solemnizar el casa- 
miento de Luis XIV y de la infanta Bfaria Teresa ; obsequio dispuesto en honra de 
los altos personajes que en aquella ocasión pasaron á España, y á quienes pormn 
acto de galantería se creyó deber entretener con un espectáculo por el estilo délas 
óperas de Quinault y Lulli, diversión favorita á la sazón de la corte de Francia.» 



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*9^ «11 ^B^ 

biisin eluda alguna sacado sus ooticias el bÍ8tonador4 
quien nos referimos (1). 

Anles de la Púrpura de la Rosa, ejecutada en el año 
de 4659 , hubo zarzuela, puesto que estos espectácu- 
los tomaron tal nombre al principio del reinado de Feli- 
pe IV: y aun que no todas las representaciones con música 
que siguieron áeste bautismo^ llevaron aquel nombre^ pues 
se titularon unas , fiestas cantadas ; otras , fiestas de zar- 
zuela y representación música; y otras /iesios reales ; la ra- 

\i) Dice Lazan en el eapftolo I.* libro 5.® <Íe su Poética. cSe ofreció por 
-entonces ocasión de lucir aquel estilo de rosicleres en los dramas con música que 
se rq>re8entaban en palacio , adornados con toda la máquina y decoración teatral 
que nos vino de Florencia. La primera función de esta especie, fué La selva sin 
w^or^ égloga de Lope de Vega que se representó cantada á SS. MM. y AA. antes 
del abo 1650: cosa nueva en España como dice el mismo Lope. Siguiéronse después 
otros dramas representados y cantados, con que el cardenal infante D. Fernando 
divertía á la corte en su casa de campo de la zarzuela , á los cuales dieron nombre 
de sarzuelas por el sitio donde se empesaron á representar. Agradó nrucho esta 
invención , que perfeccionada por buenos poetas y buenos músicos , pndiera ser 
un equivalente de la ópera italiana, y mas adaptada que ella al genio y gusto de 
nuestros nacionales; y como admitía grande aparato, tuvo frecuente uso en las ce- 
lebridades y diversienes palaciegas desde entonces hasta principios de este siglo 
(Siglo XVIII). Eran obras que seencsrgaban por la corte á los poetas mas estimaos 
como Calderón, y después de él D. Agustín Salazar, D. Francisco Bancos Canda- 
noy otros.» 
Dice Castro: cDon Pedro Calderón gloria de España : 

El cual uniendo dulce y soberano 
Lo tierno, lo chistoso y cortesano 
De la selva de amores en la falda. 
Mereció de Minerva la guirnalda. 
Logrando dignos timbres inmortales 
l^s autos que escribió sacramentales. 
Este divino fénix, que al sol vuela, 
Hizo en España la primer zarzuela^ 
O representación de dos jornadas. 
De la armoniosa música ilustradas, 
A quien porcsquisita y primorosa 
La púrpura (la puso) de la Rosa^ 
En el año que al mundo ser compete 
De mil seiscientos y cincuenta y siete, etc. 



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^>^ |i«9 «^ 

mn ftatwra) COI} vanee , que esta clase de represen taeiooíes, 
fueron muchas y buenas en la esplendeoíe corte del gran 
Folipe, antes de que la Purpura de la Bosa, tan citada por 
algunos autores, apareciese en la escena. El Castülode 
Zindabridis, Fwrm afemina amor^ Fortunan de Andrómey- 
da y Persea, MjariUn de Falerina, ^co y Narciso, M gol- 
fo de las sirenas , Apolo y Climem, Árgenis y Poliarco, M 
fijjQ del sol fq^n , La vengmza d^ Diana, Dafw, Alfeo y 
Aretusa , Bércules y Antm^ Cfihs wm dé aire maUtn, l^ 
tres mayores prodigios, M nacimiento de Cristo, L)s amo- 
res de Diana, la majestQd en la aldea, M laurel de Apo- 
lo, y otras muchas del mismo Calderón , ya con el aom-- 
bve de fiestas cantadas, representaciones con música, ó 
fiestas reaies, (j) son los comprobantes ixm verídicosíte 
nuestras palabras. 

Sin creernos infalibles, antes al contrario; prontos k 
rectificar cualquier error cometido cuando se non presen- 
ten datos mas ¥erídicos de los que esponemos, fundados en 
opiniones que hasta la presente tenemos por ciertas, tíinlo 
l^orlos hecbo/^ diversos de la época, cuanto por lo que la 
sma razou^dicta; vamos á manifestar el porque se les dióel 
nombre áe Zarzuelas, á algunos de los espectáculos líri- 
eos ya conocidos y aceptados con aplauso por los espafto- 
fes bajootros diferentes nombres. 

En el año < 622 y en el dia 8 de Abril , (2) según el 
autor de la Memoria sobre el origen del melodrama mo- 



(1) Nuestro amigo (íl distinguido y esclarecido literato y erudito D.Juan 
Eugenio Harzenbusch , dice ; que las fiestas reales^ casi constituían una especie 
particular de drama, siendo algunas puramente comedias de capa y espada , pero 
las demás unos dramas palaciegos con t^speclúculo de música. 

(2) Aunque basta el 28 de julio de 1G2i uo se abrieron los teatros en Ma- 
drid por la muerte de Felipe 111, cu marzo de 1G¿1, las fiestas por el advenimiento 
al trono de Felipe IV se hicieron mucho antes; y las dadas en palacio, empezaron 
en el mes de marzo. 



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Sierpe contra aquella sierpe, 

Cesar en su tiempo altivo, 

Árbol de finito estimado, 

Trigo para pan bendito. 

Cristo, Dios, Hombre, Sierpe, 

Cordero, Isaac , sacrificio, 

Salomón, Capitán, siempre 

C^sar triunfante, árbol, trigo, 

Vos sois aquel cupido 

De amor vendado y por amor vendido, etc. (1) 

Concluido este canto^ salió á la escena el que hacia el 
Prólogo á decir su razonamiento, acabado el cual, volvie- 
ron á cantarlos músicos; y después se presentaron el Cuer- 
po en hábito de villano, y el Entendimiento en figura de un 
viejo venerable. Al concluir éste su diálogo, presentóse en 
lae scena el Regocijo, con un instrumento músico en la ma- 
no, y del recitado que tiene con el Cuerpo, copiamos lo si- 
guiente: 

Cuerpo, —¿Que huéspedes tienes? 
Regocijo, —Grandes, 

La música, la poesia. 

Que dirán cuanto les mandes. 

La burla, la cortesía. 

Que brindan que no hay mas Flandes. 

La honra, la Paz, la Herencia, 

Buen suceso, Mocedad , 

Dinero, alegre sentencia; 

La Victoria, y Amistad, 

Salud, y alegre conciencia. 

La comedia , rica cosa, 

Gracioso entretenimiento 

Para ocupar gente ociosa, 

Que divierte el pensamiento 

Déla tristeza enojosa. 

He hechado de casa el juego, 

Porque á todos revolvía. 

Y nos quitaba el sosiego , 

(^) Tanto en esta como en las demás composiciones que insertaremos, no pon- 
airemos mas que un estrado, como hemos hecho ya en otras de esta especie, por 
Boser tal tcz , demasiado pesados en la narración. 

Tomo 111. 15 



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.o^ •• «^ 



Y por que hecho el otaro día 
Cierto por vida y reniego, etc. 

Continúa el recitado, y dice el Cuejyo. 



Grandes fiestas quiero hacer 
Puesto que el Mayo se vaya, 
Que creo que salió ayer 
Y que pasamos la raya. 

Regocijo— OIbl^ Alegria y Contento. 

Cuerpo.— ¿Es músico? 

Regocijo,— Y grande amigo. 



ii Sálenla Alegría, y el Contenió^ deVama y Galán ri- 
camente vestidos, con sus instrumentos. 



Alegria.— iQvie nos quieres? 
Regocijo.Su instrumento 

Traiga cada cuál consigo, 
(bienio.— ¿Donde vamos? 
Regocijo, — ^Auna fiesta. 
Contento,— ¿Ks boda? 
Regocijo, — Una Maya es. 
i4/epna.— ¿Quien? 
CuerfX),— El Alma. 

Alegria,— ¿EsíéL compuesta? 
Cuerpo.— Allá la componen tres, 

Y todos tres sobra apuesta, 
(atento.— ¿Quien son? 

Cuerpo.— Son de esta novia la gloria, 
Lustre, gala, y ornamento. 
La voluntad , la Memoria, 

Y el anciano entendimiento. 

Regocijo, — Ahora bien , la Maya es bella , 
Cuerpo ya vamos con vos. 

Cuerpo.— Pensad letras. 

Alegría,— Que apacible. 
Es el cuerpo, 

ile^jo.— Es gran persona. 

(Wpo.— Cantad algo convenible 

Contento,— Vn poco de vida bona 

Con la honestidad posible. 



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•«-^ •• c^ 

El Regocijo, la Alegría, y el Contento, comienzan atañer 
los instrumentos, y a bailar, cantando los siguientes versos. 

Vidabona, vida bona, 
Vida, vamonos á la gloria, 
Si dios dijo que era vida 
Camino, y verdad notoria, 
¿Que vida será mas buena 
Alma entre las vidas todas? 
¿Que camino como aquel 
A donde el alma reposa, 
Pues si de los cielos sale 
En fin á los cielos torna? 
Esta tienen por verdad 
Divina y humana historia, 
Quien otro camino sigue 
Ya al infierno por la posta, 
Yida bona, etc. etc. 

Todo esta pieza está salpicada de recitados y diálogos , 
(aoto declamados como cantados ; entre estos , copiamos 
el siguiente por su animación y buen efecto para la mú- 
sica. 

GWa.— Dad para la Maya 
Gentil , mi señora, 
Mas bale la Fama 
Que la hacienda sola. 
Hc^oct/o.— Mi vida alégrate toda 

Alégrate toda. 
Alegría. — Alégreme toda, 

. Por el contento que espero, 
Mas vale la fama 
Que todo el dinero. 
Cutfrpo.— Por mi fé, que quiero daros 
Alma, toda mi blandura, 
Mi deleite y gustos raros. 
Alma. — ^No quiero bien que no dura, 
Ni gustos que son tan caros. 
Carne. — ¿Mis gustos tienes en poco? 
Gula, — Sin duda, carne , soy flaca. 
Carne. — Que ya, en fin, no te proboco? 
Entendimiento. — Dadle matraza. 
Alegría.— ^oca, Garabato 
Reffocijo.-^lioco. 



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Regocijo, Alegría, Cuerpo, Alma y Entendimiento can- 
tando. 

Guarda el coco, niña, 

Guarda, niña, el coco: 

Guarda carne aquesas motes 

Donde no haya resistencia, 

Que esta aquí la Penitencia, 

Y os dará, dos mil azotes : 

Buscad otros Marquesotes, 

Que aqui vive Cristo solo: 

Guarda el coco , niña. 

Guarda, niña, el coco. 
Carne, — ^Yo traeré quien este dia 

Gane estatuas de alabastro. 
Gu/a.— Flaca sois , carne , á fé mia. 

No sois comprada en el rastro , 

Si no en la carnicería. 
Todos, — Guardad coco , niña , etc. 

En la ya citada obra , hay insertas tres piezas mas, 
iguales en estructura á la anterior: Una titulada el Via- 
je del Alma, ejecutada en Valencia : Otra que en Perpi- 
ñan representaron unos soldados castellanos en celebri- 
dad del patrón de España Santiago, en cuya noche dice Lo- 
pe de Vega <khubo grandes luminarias, y fuegos, y otro dia 
en un teairOy una representación, que desde Barcelona ha- 
hian traido, y conducido á los que la hadan para mayor re 
gocijo de su fiesta; « (í) y otra también ejecutada en Va- 
lencia en celebridad del casamiento de Felipe III con Mar- 
garita de Austria, en donde hay arias, dúos, tercetos, y 
coros divididos , unos en la escena , y otros dentro alter- 
nando^ y al mismo tiempo trasformaciones de efecto, co- 
mo vamos á demostrar copiando el siguiente trozo, 

(1) En esta composición, después del canto primero por los músicos, el Pró- 
logo tiene an razonamiento magnifico, describiendo los grandes hombres que he- 
mos tenido, y los que descollaban en aquella época tanto en las ciencias y en las 
artes, como en las armas y letras. De dicho razonamiento están sacados los ver- 
sos que copiamos en el segundo tomo de esta obra pág. 209. 



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>»# !•! €^ 

t Apetito, Ayuno, y hiMk, puesta esta de rodillas, can- 
tan á un tiempo. 

¿Cuando esposo de mi vida 
Te verán como desean 
Estos ojos y estos brazos 
Tristes por tu larga ausencia? 

•Detras de un trono que estaba hecho, re^xmdia un coro 
de música, i 

La que vive en la esperanza 
De ser mi esposa , y mi reina , 
Alma, sabed que ba de ser 
Mas limpia que las estrellas. 

^ Los músicos del Alma volvian á proseguir:» 

Cristo gran rey de la gloria 

¿A donde babra dignas prendas , # 

Para que de vuestro pies 

Merezca yo ser la tierra? 

•Los del coro de adentro respondían omií) 

Con fé , y obras , Alma mia , 
Gozarás lo que deseas 
T mas como agora vienes, 
Con Ayuno y Penitencia. 

tios del Alma replicaban cantando asi: i^ 

Mostradme á mi desposado 
Rey del cielo , porque vea 
A vuestro divino amor 
El Alma que es suya y vuestra. 

^Habiéndose el Alma á este tiempo levantado por una in-^ 
vención, casi un estado del suelo, con músicq de chirimias^ 
se descubría una cortina , y en una nube se veía el Amor 
divino , vestido de la figura de Cristo, sobre un calvario, á 
cuya cruz estaba arrimado, yá sus pies la muerte, y el de- 
monio, y proseguía la música diciendo: » 

Este es mi querido hijo , 
Este es mi amor alma bella, 



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-»9 !•• ^^ 

Que en este campo de cruz 

Fué vencedor de esta guerra. 
A/ma.— Señor, que merezco veros? 
Amor — La fama de tu limpieza 

Gran fuerza tiene , alma mia , 

Y tan grande que á Dios fuerza. 
,Alma, — Cuando os casareis con migo? 
Amor.— 'Alma , Margarita , perla 

Hermosa, Casta , Divina, 

Ya van por ti , aguarda , espera. 

acerrándosela Nube, y la cortina, decia lamúsica:fi 

Esperad casada 
No lloréis doncella 
Que ya vuestro esposo 
Camina á Valencia. 

uRespondia la música del Alma:n 

Venga el rey mi esposo 
Norabuena venga 
Que hasta ver sus ojos 
No la tendré buena. 

La Loa^ se componía también de parte recilada^ y parte 
cantada , siendo deribada dicha palabra de la latina Laus, 
porque era una alabanza al auditorio ^ ó alguna persona 
principal^ óá la festividad en que se representaba. La Loa 
no formaba siempre parte de la comedia que después se 
hacia , porque aun cuando servia de prólogo ó preludio 
antes de la representación, nada contenia de esta, ejecu- 
tándose muchas veces sin comedia. Esta clase de piezas 
dramáticas, se componían en lo general de un solo acto^ 
una sola escei^a, y pocos personajes. 

En la Loa que escribió D. Antonio Solis y Rivadeneira^ 
para ejecutarse antes de su comedia semi-lírica J?wrtdtcef/ 
Orfeo, cuya representación se hizo en presencia de Feli- 
pe IV, el año de 4640, dice al principio de ella: «Tocan 
instrumentos , y van saliendo aun tiempo , por lo alto del 
tealrOy y por la parle de afuera de la cortina, la Admira- 



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-o^ !•• «^ 

aoN , y la Ignorancia , cantando poco a poco hasta hacer 
mansión en dos nubes , que estarán en los dos lados de la 
comisa.» 

Después de un recitativo cantado por la Ignorancia y 
la Admiración, desempeñado por las actrices cantantes la 
Borja y la Grifona, canta un coro dentro : concluido este, 
hay un dlálago representado ; y después, buela la cortina, 
y se descubre el teatro, y en msdio del tablado se vé Alcides 
con la piel del lean , reclinado en el regazo de la Música ; y 
sentadas como en diferentes peñascos, las otras seis artes li- 
berales, con los instrumentos que la significan, y cantan el 
siguieníe coro: 

También tiene armonía y providencia , 
Hasta en sus mismos ocios la Prudencia. 

Seguidamente canta la Música; cuyo papel lo desem- 
peñaba Mariana Romero: 

Con las artes liberales 
Descansa de su tarea 
Alcides, á quien dio el cielo , 
Como el valor la elocuencia. 
Hoy , que tocan sus alivios 
AI de la Múska^ templa , 
Con otra atención suave, 
Sus atenciones severas. 
Depuesto el peso del orbe, 
A la armonía se entrega , 
Para ennoblecer el ocio , 
Que es necesario á las fuerzas. 
La política armonía 
Pide estos ocios, que alternan 
Sostenidos de quietud, 
A fugas de fortaleza. 
Que dulcemente ; quedo ; 
Que dulcemente 
Interrumpe el cuidado ! 
Quedo; 

Quedo, que duerme : 
Dejadle que descanse , 



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Para que vuelva 

Mas fuerte á la batalla 

Desde la tregua; 

Que aunque ocioso os parezca, 
También tiene armonía, y providencia. 
Hasta en sus mismo ocios, la Prudencia. 

Sigue á este aria un recitado por Alcides^ después del 
cual hay un trozo cantado en donde toman parte Ignoran- 
cia, Admiración, Música, Alcides,ycoro; y acabado el can- 
to, de entre las nubes de lo alto del teatro baja volando el 
amor y hace mansión en una nube que estará al lado dere- 
cho del teatro sobre los bastidores, desde donde canta lo si- 
guiente: 

Admiración , Ignorancia, 

Yo soy, yo soy el Amor, 

Yo soy el amor decente; 

Pero de vosotras dos, 

Como amor , me verá la Ignorancia, 

Y como decente, la Admiración. 

Continua un trozo declamado, y prosigue con música. 

Pero porque no me arguyan 

De que con sombras signiñca el sol , 

Huya la sombra de Alcides , 

En tanto que el amor 

Se abate ó se eleva á esfera mejor. 

Vuelve á recitar y concluye cantando, repitiendo su 
canto el coro, con el que termina la Loa, 

Repetid con dulces cadencias, 
Bn tanto que amor los aires penetra: 
También tiene armonía y providencia , 
Hasta en los mismos ocios la Prudencia. 

MierUras repite el coro estos versos, dice el acotamiento 
que se lee al pié de esta pieza; baja el Am>or desde la nube 
donde ha estado, al tablado, y tomando la Lira de tos ma- 
nos de la Música, vuela á lo alto, entrando por el contror- 
puesto lado: la Admiración y la Ignorancia se van juntan- 



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-•^ MB 4t^ 

demo, y el autógrafo de Teixidor, se ejecutó en el teatro 
del real sitio de Aranjuez, uq drama armÓDÍco titulado: ¿a 
gloria de Niqíiea libre de los encantos de su hermano Anax- 
tarax, por Amadis de Grecia ; con dos bailes pantomími- 
cos, decoraciones y prespectivas magníficas^ orquesta nu- 
merosa^ y dividida en coros de instrumentos de varías da- 

El recopilador de las poesías de D. Juan de Tarsis^ 
conde de Villamediana, y autor de dicha pieía dramática, 
en su prolija descripción de todas las decoraciones y trajes, 
solo nos la presenta como una pieza mista de canto y ver- 
so; mas el citado escritor francés, y Teixidor, afirman que 
toda fué cantada. 

Este drama armónico , fué ejecutado por mujeres, 
siendo repartidos los personajes que hay en él , del modo si- 
guieate. 

La reinado la hemosura la rbina doña isabbl. 

Niquea la infanta doña maria. 

La corriente del Tajo doña maroarita tobara. 

El mes de Abril doña francisca tobara. 

La Edad doña antonia de acuña. 

Amadis doña Isabel de aragon. 

Daniel su escadero ' . doña iíaria salazar. 

Dantéo , pastor del Tajo doña bernardina db Bil- 
bao. 

La Aurora doña maria de araoon. 

La Ninfa Aleída doña antonia hbndoz a. 

Lucano doña josbfa tobara. 

La Ninfa Aretusa doña maria de guzman. 

La noche una negra de la cáma- 
ra DE LA RBINA, FAMO- 
SA CANTORA. 

Todas las antedichas señoras, eran damas de la rei- 
na , y oriundas de las casas mas nobles de España ; y to- 
das ellas doladas de muy buenas voces, y peritas en la 
música- Los coros fueron cantados dentro de bastidores 
ToMom. ^í> 



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-o^ it4l #o^ 

por los profesores de la real capilla de S. M., y del 
roisiiio modo ejecutado el papel de Anaoclardx en el in- 
fierno. 

Esta función inventada por la reina Isabel sustenta- 
dora del buen gusto en la música , fué muy del agrado 
de Felipe IV^ y aplaudida y encomiada por la brillante 
corte de tan poético y poderoso monarca : pero un inci- 
dente desagradable destruyó las ideas encantadoras c(ue 
de dicha fiesta musical hablan brotado. De resultas del 
cansancio consiguiente á una representación tan larga^ la 
reina y demás señoras que tomaron parte^ cayeron en- 
fermas^ y la infanta Dooa María ^ hermana del rey^ en- 
ferma de algún cuidado. Este desgraciado incidente, dio 
motivo á que se retrasase la vuelta de la corte á Madrid, 
y á que prohibiese S. M. en palacio, las representaciones 
cantadas desde el principio hasta el fin ; pudiéndose solo 
hacer en las arias, coros, y trozos de los razonamientos 
mas interesantes. 

Tal mandato se llevó á cumplido efecto ; y habien- 
do sido la primera representación que en la corte se 
dio, después de dicha Real orden, una pieza en dos jor- 
nadas, ejecutada por mandato del cardenal infante de Es- 
paña D. Fernando , en su casa de campo llamada la Zar- 
zuela; tomaron de ella el nombre las representaciones 
en dos actos , mistas de canto y declamación, pero no 
todas las composiciones de este género ejecutadas en la 
corte de S. M. 

Si la Selva de amor sin amor , de Lope de Vega , se 
representó en Madrid en 1625, en las fiestas quehi^o la 
Villa por la venida del príncipe de Gales, á pedir la mano 
de la infanta Doña María, y no al regreso de Felipe III, 
como ya dijimos en nuestro segundo tomo; este drama 
en música que siguió á la Gloria de Nufuea, es un com- 



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-^ ftftS ««- 

probaate de lo que veoimos relatando ; pues aunque cosa 
nueva eo España , como dico Lope , lo seria tal vez ^ á 
mas de lo espuesto en otro lugar , por haberse cantado 
ante el público ^ y no en el palacio de los reyes dOnde 
eran costumbre esta clase de producciones ; y por el ma-^ 
yor adorno ó gusto eo las decoracioáes^ de como gene- 
ralmente usaban ea los teatros que para el público ser- 
viao. 

Laprinwra función lirico^ramática que se- dio en 
el palacio de la Zarzuela , fué la ejecutada el año i 62^, 
con la representación en dos jornadas : El Jardm de 
FaUerinOy de D. Pedro Calderón de la Barca (4)yeob mú- 
sica de D. Juan Risco > de cayo talento nos ha dejado un 
claro testimonió D. Luis de Góogora en el soneto que em- 
pieza: 

Un culto rtsco en veulis b^y auavas 
Concentuosamente se desata , etc. ( 2 ] 

Como se vé por el nombre de, representación en dos 
jomadas^ con que Calderón bautizó esta obra ; ni le dio 

(1) Segan la opinión de Pérez, el Jardín de FaUrina, Uié la primera repre- 
sentación qae lavo lagar en la casa de campo de la Zarzuela : y así parecen conflr. 
marlo los primeros versos que dice Falerina : 

Para nadie piadosos mis oidos , 
Galán joven, hermof:a dama, fueron 
Be cuantos de este escollo trascendieron. 
Piélagos y montañas 
Al duro corazón de sus entrañas , 
Donde de amor la amenazada ira, 

Quizá mas que mi estudio me retira 

— Pero esto no es de aquí ; y así , prosigo. 
El sitio de la Zarzuela está en la provincia de Segovia , entre varios cerros, 
7 próximo ¿ las sierras de Guadarrama. 

(2) D. Juan Kisco^ según los datos que hemos podido recoger, fué maestro 
de capilla en la Catedral de Córdoba , desde el año 1616 basU el 1637. Era hom-^ 
bre de grande ingenio y travesura en la música , con especialidad en el género 
alegre ; atl es > que su renombre en esta clase de composiciones , le valieron ir 
muy á m^nvdo á la corte de Felipe IV , y ser obsequiado de este monarca con dá- 



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-o^ flfl«C^ 



la imporlancia de melodrama, comedia , ó fiesta cantada, 
ni el escaso mérito de loa, saínele, ó entremés : por lo 
que siendo un género dramático-lírico-bailable, de cor- 
tas dimensiones, de escaso argumento, situaciones semi- 
fantásticas, y sin nombre determinado hasta entonces; se 
le caracterizó con el de Zarzuela, por el sitio en que se re- 
presentó la primera vez esta clase de composición , lite- 
rariamente hablando , mas no por la novedad del canto 
en medio de la declamación, puesto que probado queda 
su antigüedad en muchas producciones tanto poéticas como 
dramáticas. 

Por lo espuesto , nos parece no ser muy adaptable 
á el objeto , la definición que el Dicdonario de la aca- 
demia de la lengua , y otros autores, dan á la palabra 
Zarzuela; y mucho menos este nombre, puesto á las pro- 
ducciones lírico— dramáticas que hoy lo llevan. 

El nombre de Zarzuela, en nuestra pobre opinión, 
debería ser esclusivo de los pueblos que lo tienen en las 
provincias de Badajoz Cuenca, Albacete, Cádiz, Guadala- 
jara, Madrid y Segovia (4 ) ; mas no para caracterizar un 



divas y elogios merecidos. Sus villaocicos alcanzaron gran celebridad, particular- 
mente cl dedicado á D. Fr. Diego de Mardones, que le valió los elogios de Gongo- 
ra. En las loas, fiestas cantadas y zarzuelas que compuso, manifestó su privile- 
giado genio, y sus grandes conocimientos; así como también eo sus obras religiosas, 
compitiendo con los primeros maestros de su época 

(1 ) Del Diccionario Geográfico-EsíadislicoHisíórico de Madoz, estracUmos 
las siguientes noticias. 

Zarzuela: caserío en la provincia de Badajoz, partido judicial de Fregenal de 
lá Sierra. 

Zarzuela : pequeño arroyo que nace en la provincia y partido judicial de 
Cuenca, lleva su curso por Torrecilla, y se incorpora al Júcar. Sus aguas mueven 
tres molinos harineros. 

Zarzuela: villa con ayuntamiento en la provincia y partido judicial de Cuen- 
ca , distante tres leguas de esta capital. 

Zarzuela: caserío en la provincia de Albacete, partido judicial de HelKn. 

Zarzuela: cortijada en la provincia de Cádiz , partido judicial de Algeciras. 



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-o^ 149 e^ 

género de espectáculos tan distinto del primitivo que lle- 
vó tal nombre^ sin haber sido este^ ni aun en el tiempo de 
su creación^ el que caracterizara todas las obras compues- 
tas de música^ declamación, y baile. 

Los espectáculos lírico-dramáticos, llegaron á su 
mas radiante apogeo en el reinado de Felipe IV ; y las 
fiestas reales dadas en la corte de este monarca^ fueron 
el original de donde se copiaron muchas de las celebradas 
en Francia, en la corte de Luis XIV. Por temor de aparea 
cer pesados en la narración de los hechos, no copiamos 
las que han llamado nuestra atención en los códices im- 
presos y manuscritos que hemos leido : mas para que tíd 
tenga una idea de la magnificencia de ellas^ copiaremos el 
plan que presentó Cosme Lotti para la fiesta que con el 
título dh Circe, habia de tener lugar en el estanque gran- 
de del Buen Retiro , que D. Casiano Pellicer inserta en 
su Tratado histórico sobre el origen y progreso de Ideo-- 
media en España , y que se llevó á cumplido efecto, es- 
cribiendo sobre el dicho plan los ingenios D. Antonio 
Solis, D. Francisco de Rojas, y D. Pedro Calderón, el dra- 
ma lírico titulado: El mayor encanto amor, representan- 
do según D. José Pellicer , el dia 2 de julio de 4640, cum- 
pleaños de S. M. la Reina (4). 

Zarzuela de Galve : 4ildea del dyunlamiento de Valferde, ep la proviaoU de 
Goadalajara, partido jadicial de Alienza. 

Zarzuela de Jadraque : logar con ayunUmienio en la provincia de Guadala- 
jara, partido judicbl de Atieoza. 

larsuela del Manle: desp. en la provincia de Madrid» partido judicial de AU 
cala de Henares^ 

Tarzueki del JtfOftIe: logas cod ayuntamiento, de la provincia y partido judicial 
de Segovia. 

Zarzuda del PtiMir: lugar eonayuaUtnieQlo, de la provincia de Segovia, par- 
ado judicial de Cueliar. 

(i) En el año de 10S6 , para ce]dlM*ar la fiesta de San. Juan, se hicieron tam- 
bién grandes funciones en el Buen RélirOf de músicas, embarcaciones » danzas y 



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-»^ ti» ^o- 

«Formaráse en medio del estanque una isla fija, 
dice el documento á que nos referimos ^ levantada de la 
superficie del agua siete pies, con una subida culebrean- 
te que vaya á parar á la entrada de la isla , la cual ha de 
tener un parapeto, lleno de desgajadas piedras, y adornado 
de corales y otras curiosidades de la mar, como son per- 
las y conchas diferentes, con precipicios de aguas y otras 
cosas semejantes. En medio de esta isla hade estar situado 
fm monte altísimo de áspera subida, con despeñaderos y 
eavemas , cercado de un espeso y oscuro bosque de árbo- 
les aUisimos, en el cual se verán algunos de los dichos 
árboles con figura humana, cubiertos de una coftesa 
tosca ; y de sus cabezas y brazos saldrán entretegidos y 
verdes ramois, de los cuales han de estar pendientes di- 
versos trofeod de caza y guerra , quedando esta fbrmá de 
teatro alumbrado de luces ocultas , en poca cantidad : y 
dando principio á la fiesta , en la cual se oirá un estre- 
pitoso murmurio y ruido, causado de las aguas, se verá 
venir por el estanque un grande y soberbio carro platea- 
do y argentado , el cual han de tirar dos moastruosos 
pescados, de cuyas bocas saldrá continuamente gran can- 
tidad de agua, creciendo la luz del teatro como se fuere 
acercando ; y en la superficie de él ha de venir con ma- 
jestad y bizarría la diosa Agua , de cuya cabeza y cu- 
rioso vestido saldrán infinita copia de cañitos de ella; 



bailes, llamando la atencioo entre todas, la Fiesta real óm Calderón, titnkda: Lat 
tres mayorei ptodigioi , represenuda en tres teatros diferentes, díspneaios do 
manera, qac el público pudiese disfrutar á un tiempo y sin confundir lo qve se 
ejecutaba en ellos, que iguraba las tres partes del mundo: Europa, Asía y África. 
Entre jomada y jornada, bubo tres entremeses, y otros tantos bailes, uno de ellos 
de monos, y una danza. de treinta y ocbo personas. Esta fiesta se repitió la noche 
de San Pedro del mismo año, y tanto por el mérito de ella, cuanto por serlos días 
de su autor , el rey Felipe IV con gran contentamiento de su corte » confirió el há- 
bito de Saotidgo á D. Pedro Calderón de la Barca. 



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y asi mismo ee veri salir otra gran cantidad de una urna 
en qne la diosa ha de ir inclinada > que caará mezclad» 
con diversidad de peces, que jagaudo y saltando em el 
precipicio de la misma agua , y culebreando por todo el 
carro, vendrán á caer en el estanque. Esta máquina adnú. 
rabie ha de venir acompañada de un coro de veinte nin** 
fas de rios y fuentes , las cnaies han de ir cantando y 
tañendo á pié enjuto por encima de la superficie del agua 
en el estanque ; y cuando pare esta hermosa máquina en 
presencia de Su Magostad, la diosa Agua dará principio á la 
escena representando la Loa; y acabada esta^ sé oirán di-* 
versidad de instrumentos , volviéndose á salir del teatro 
con el mismo acompañamiento y música. Y apenas ha^ 
brá desaparecido , de otra un estrepitoso son de clarines y 
trompetas bárbaras ; y haciendo salva de mosquetes y 
artillería^ se oirá decir, tierra, tierra, y se descubrirá 
una grande , hermosa y dorada nave adornada de flámu- 
las , gallardetes , estandartes y banderolas > que con hin** 
chadas velas llegará á tomar puerto recogiéndolas y 
echando las áncoras y amarras , donde se descubrirán 
Ulises y sus compañeros, que rindiendo gracias á los dio- 
ses por la deseo iHcrta tierra , tratarán de los infortunios^ 
pasados y de las presentes necesidades, no habiendo al- 
guno de ellos que se atreva á desembarcar , aun para 
buscar refresco, temerosos de los peligros sucedidos; por 
cuya causa, echando suertes , diez y ocho serán constreñir 
dos, por tocarles ,.á entrar en la chalupa; y saltando te-^ 
merosos en la isla, se les pondrán delante infinidad de 
diferentes animales, como leones, tigres, dragones, 
osos y otros diferentes , con que espantados y llenos de 
terror se aunarán en forma de escuadrón para defenderse; 
mas los animales, con humano entendimiento, se les 
acercarán haciéndoles caricias : en cuyo instante se oirá 



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una triste mímica y caocion , que saldrá de entre los ár- 
boles y plantas, que con forma buoiantf se hallan trans- 
formados, á cuyo sonoroso ruido los animales, parle 
de ellos en pié , y parte en sus mismas formas , harán 
un eslraordinario baile; y mientras lo prosiguen y con- 
tinúan , se oirá un espantoso terremoto con alteración 
del aire, que despidiendo relámpagos con un terroro- 
so trueno, arrojará un rayo velocísimo que herirá en la 
cumbre y Superficie del monte , arruinándole, de forma 
que desgajado y desunido en muchas piezas, vendrán á 
caer en diferentes partes del teatro, con cuyo suceso se 
desaparecerán los animales y cesará la música , y queda- 
i*án llenos de terror los caballeros , viendo en el sitio y 
lugar donde estaba el monte situado, aparecer un riquísi- 
mo palacio, adornado de entretegidos de diversos colores 
y piedras preciosas , con bizarra y bien entendida arqui-^ 
tectura, con columnas de ágatas y cristales, y basas, 
capiteles y cornisas de oro, con diferentes estatuas de 
bronce y mármol , colocadas según la obra en sus debidos 
* lugares. Y el espantoso y horrible bosque en el mismo 
tiempo se ha de transformar en un jardin delicioso y 
ameno , cercado de una fábrica soberbia en forma esfé- 
rica , con corredores y lonja ; y en medio de los deleita- 
bles repartimientos, ha de tener fuentes de agua viva, ce- 
nadores, calles encubiertas y diversidad d^ animales do- 
mésticos , que por el delicioso jardin se han de ir pa- 
seando; y al aparecer de esta nueva maravilla, se verá 
con prodigio notable alumbrar el teatro con claridad tan 
grande, como si el sol le ministrase su luz, la cual ha de 
proceder y resultar de la reverberación que harán las jo- 
yas del rico y suntuoso palacio, y por dos grandiosas 
estrellas que con singular y notable luz han de salir de 
entre las ondas y aguas del estanque; y en el plano de 



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•(^ flii ««- 

las loDJas y corredores de palacio, en el arco de en me-' 
dio^ se ha de ver sentada en un trono de grande ma-* 
gestad Circe , compuesta con un bizarro y rico vestido A 
ta persiana , asistida de muchas damas y doncellas , de 
las cuales unas han de andar cogiendo yerbas y flores, 
que han de colocar en dorados cestillos , y otras han de 
recoger en vasos de cristal aguas diferentes para el ejer- 
cicio y uso de la maga y de sus encantos : y Circe con el 
semblante grave y compuesto, teniendo una dorada vara 
en la mano, y en la otra un libro en que lea, estando 
presentes y admirados de tanto suceso los tímidos com- 
paneros de Ulises, hará que asegurados de una de 
aquellas damas , sean llevados á su trono y presencia, 
donde con el semblante agradable y engañoso , les pre- 
guntará quien son y que fin los ha traido á aquella isla. 
A que ellos responderán , refiriéndole los sucesos de la 
guerra de Troya y los demás que les han acaecido hasta 
aquel dia, y le pedirán merced y socorro para la desmán > 
telada y desproveída nave; y ella, fingiendo compadecerse 
de su desgracia y miseria, se le prometerá ; y bajando del 
trono donde hasta entonces estará colocada, herirá la tier^ 
ra con la dorada vara; y al instante se levantará de ella 
una esplendida mesa, en cuyo convite les hará ministrar 
una bebida, en una copa dorada, que les transforme en 
cochinos, esceptuando á uno de ellos que, huyendo seme- 
jante transformación y los engaños de la maga, se entrará 
en la chalupa que con los demás dejó en la playa, é irá á 
dar la nueva del suceso á Ulises: y ella con rabia enojosa 
por la fuga del compañero, herirá los transformados en 
cochinos con la vara, haciéndolos llevar á la caballeriza, 
con gracioso entretenimiento, resultado de su gruñir; y 
faará que uno de ellos, que le parece de lindo humor, an- 
de en pie y hable naturalmente como hombre; y sirviendo 
Tomo III. ^6 



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este de gracioso, hará entretenidas burlas y graciosos jii- 
gueles con las.damas, acostándoseles en sus regazos, y ofre- 
ciéndolas servir de perrillo de falda ; y aficionado de una 
de ellas, se enamorará, á la cual después hará Circe que se 
transforme en figura de mona, celosa y enfadada de que 
al puerco le pareciese mas agradable y hermosa la pre- 
sencia de ella que la suya: de lo cual resultará una alego- 
ría gustosa y entretenida, pues la dama, viéndose trans- 
formada en mona, y teniendo gran discordia con el cochi- 
no, le reprehenderá debajo de esta metáfora los vicios y 
torpezas délos hombres; y el cochino con otra alegoría 
semejante , debajo de la metáfora y trasformacion de mo- 
na, reprehenderá lo de las mujeres. En cuyo intermedio, 
habiendo llegado á la presencia de Ulíses el caballero que 
huyó los peligros y engaños de Circe, y referídole el su- 
ceso lastimoso de sus compañeros, le moverá á piedad 
tan grande, que le obligue á buscar socorro ; y tomando 
tierra en la chalupa, se oirá llamar sinsaber do quien; y 
buscando la causa de esta voz, reparará en que la pro- 
nuncia uno de aquellos caballeros, que vestido de rústica 
corteza, están en árboles transformados, el cual le exhor*- 
taráá que no pase adelante, ni se esponga á la evidencia 
del peligro que le amenaza, sino que huya de ios encantes 
de aquella isla, originados de los engaños de Circe, de su 
magia y amores libidinosos: de que admirado Ulíses le 
preguntará quien es y porque causa con forma tan inhu- 
mana se halla encantado. A que él, consentimientos gran- 
des, le referirá que es uno de los compañeros del rey Pico 
y las tragedias y sucesos lastimosos que por ellos y su rey 
han pasado, quedando todos, por última desdicha, unos 
transformados en árboles, y otros vagando en figuras de 
diversos animales por el bosque. Por lo cual Ulíses, com- 
pasivo y confuso, se resolverá á intentar la restauración de 



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-o^ itt Co- 
tudos en la conquista de aquella empresa^ á cnya ejecu- 
cioa apenas se moverá, cuando vea venir por el aire con 
hermosos cambiantes y reflejos á Mercurio, el cual cotpo 
embajador de Júpiter le traerá una flor para que salga bien 
de la aventura en que se halla empeñado y de los engaños 
y encantos de Circe: apenas ülíses le habrá rendido gra- 
cias cuando en sn presencia, rompiendo los aires, se volve- 
rá al cielo; y OHses cobrado el aliento, y asegurado del 
suceso,'con nuevo ánimo llegará á dar vista al admirable 
palacio, en el cual se verán nuevos prodigios, pues al de- 
saparecer el trono en que Circe estaba sentada debajo del 
arco de en medio délas lonjas y corredores, se descubrirá 
una hermosísima portada , por la cual se representarán 
á la vista unos lejos opacos, que causen notable admira- 
ción; y mientras ülíses, dejándose llevar de laque le cau- 
sa tanto podigio, está suspenso, se le ha de poner delante 
el compañero transformado en cochino gracioso, el cual 
conociéndole, ha de llegará abrazarle, y con su sucio ho- 
cico le ha de procurar oscular, Ijamaudo á sus compañe- 
ros, los cnales gruñendo con gracioso modo le cercarán 
haciendo una fiesta ridicula ; y él compadecido de su mi- 
seria, los acariciará, pidiendo al hablante puerco, que le 
introduzca con la maga Circe; y haciéndolo, los demás, te- 
merosos de mayor daño, sintiendo su presencia, huirán 
dejando solo á ülíses, á quien con agradable forma recibi- 
rá la maga, convidándole á beber, y haciendo le trajeran 
la misma copa que á sus compañeros. Se^scusará ülíses, 
amenazándola para que los ponga en libertad: y negándo- 
lo ella, provocaré el enojo y furia de ülíses para poner 
mano á la espada; pero viendo que sus amenazas no son 
de provecho, ni el acero, trocará la ira y furor en halagos 
y caricias; y fingiéndosele muy enamorado, le ofrecerá 
quedarse con ella, siguiendo su voluntad y gustos, con que 



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-0^ flt4 C^ 

le vuelva á su primera forma los compañeros^ lo cual le 
ofrece Circe, y enamorada de él le acaricia; y llevándose 
consigo los compañeros, les hará lavar en una hermosa 
fuente, con cuyas aguas quedarán vueltos en su pri- 
mer figura de hombres, esceptuando al gracioso, que 
por su gusto y entretenimiento ha de quedarse transfor- 
mado, sacando por efecto de su fatiga y lavatorio, que se 
le ha de alargar el hocico, y le crecerán y nacerán de re- 
pente orejas como de jumento: con lo cual fatigado y ra- 
bioso dirá graciosos y entretenidos dichos, y pedirá á 
Circe le vuelva á su forma humana; y á Ulíses que se lo 
ruegue, y á sus compañeros de la misma forma; y ella le 
ofrecerá hacerlo, cuando haya hecho penitencia, -en aque- 
lla figura, de haberle parecido mas bien la hermosura 
de la dama transformada en mona , que la suya. Y es 
tmdo en esto se aparecerán en el estanque seis barcos 
ó chalupas, gobernados y guiados por seis cupidillos, en 
los cuales hará Circe que entren los compañeros de Clises, 
señalando á cada uno una dama con quien se entretengan, 
y al cochino gracioso la transformada mona, y ella entra* 
rá con Ulíses en el suyo; y cantando al son de diversos 
instrumentos, andarán por el estanque, pescando con ca- 
ñas peces frescos, que siempre que arrojen el sedal, pica- 
rán en el cebo, y presos del anzuelo, los sacarán saltando 
y bullendo; solo el gracioso transformado en cochino, en 
lugar de sacar peces frescos, sacará pescado muerto y sala- 
do como es abadejo y tollo; y con este entretenimiento gra« 
cioso han de formarlos barquillos una media luna, en cu- 
yo centro se ha de hallar el de Ulíses y Circe, que estando 
en esta forma ha de mandar al mar, por dar gusto á su nue- 
vo amanté, que haga salir y aparecer sobre sus ondas la di- 
versidad de peces y monstruos marinos que tiene en sus 
entrañas. A cuyo precepto y orden se verá henchir el es- 



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tanque de diversidad de peces grandes y pequefios^ los 
cuales jugando entre si^ han de arrojar por boca y narices 
gran cantidad de rocíos de aguas odoríferas^ que esparci- 
das por los circunstantes les cause fragancia y suavidad al 
olfato. Y estando en esto^ ab de venir y aparecer de repente 
por él estanque la Virtud en forma y figura de maga^ sen- 
tada sobre una gran tortuga marina; y vista de Circe, por 
venir transformada en la figura de maga, grande amiga 
soya, se alegrará con ella, y le dará el parabién de su ve- 
nida: con lo cual desembarcarán todos en un florido pra- 
do delante del palacio, donde se sentarán; y allí confabu- 
lando de diversas cosas^ y afjradeciendo mucho la venida 
de la amiga, por festejarla hará Circe que por el estanque 
venga un gracioso escuadrón de sirenas y tritones, los 
cuales harán en el agua un estravagante, admirable y ja- 
más visto ni oído baile, al fin del cual, desapareciendo 
estos, y vueltos Groe, la Virtud y UHses, á su confabula- 
ción y entretenimiento, le preguntará Circe á la Virtud la 
cansa que le ha movido á dejar sus estudios y entreteni- 
mientos mágicos por venirla á visitar; y ella le responde^ 
raque el fin de su venida han sido los amores de Ulises, 
á quien desde que nació le tienen destinado para sí, ha- 
biendo logrado en él muchos respetos y ternezas amorosas, 
las cuales le obligan á buscarle y á venir por él, sacándole 
de entre sus manos, porque su grande amor no le permite 
reposo, ni reparos de amistades antiguas con Orce. Y 
oyendo estas razones los compañeros deUlíses, admirados 
del suceso y confusos, lo estrañarán, y por no reconocer á 
la Virtud con el disfraz de maga, la tendrán por loca. Mas 
Circe, riéndose, y teniendo por cosa de entretenimiento lo 
que su amiga decia, se burlado ella, no obstante que re- 
celosa , por asegurarse, hará que Ulíses y sus compañeros 
formen un torneo dea pié, apareciendo de repente la va- 



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lia. A que apenas darán principio, cuando la Virtud cele- 
brando el talle, la gallardía, las acciones y valor de Ulíses, 
causará tan grandes celos en Circe, que hará suspender el 
torneo, y desaparecerá la valla, mandándole á la Virtud 
que luego al punto se salga de la Isla ; mas ella no quer- 
rá , sina es llevándose consigo á Ulíses : con lo cual Circe 
^ rabiosa y enojada hará grandes conjuros, caracteres, fi- 
guras y encantos para vencerla y echarla de alli, los cua- 
les obrarán en el aire y en la Isla grandes portentos y vis- 
tas prodigiosas, que no podrán hacer daño alguno á la 
Virtud, la cual lo vencerá todo; y hallándose Circe sin 
poder para vencerla, se irá enojada, dejándose á la Vir- 
tud sola con Ulíses, la cual se le descubrirá y dirá quien 
es, reprendiéndole su modo de vida, y afeándole su feme- 
nil trato le dirá si es aquel el que le había sacado de 
Grecia y hecho vencer á los (royanos, con los demás suce- 
sos gloriosos de Ulíses. El cual reconocido y vuelto en su 
acuerdo, se arrepentirá, y le prometerá seguirla, apartán- 
dose de los vicios que hasta alli le han tenido olvidado con 
lo cual ella le llevará á una fuente, donde mirándose co- 
mo en un espejo, y viéndose tan otro de su antiguo valor 
y ser, con fija resolución, se determinará á dejar á Circe. 
Con lo cual se aparecerá en el teatro, viniéndose hacia 
Ulíses, un diforme gigante muy viejo, y de'venerable barba 
en hábito de hermitaño, con un bastón en la mano, cu- 
ya presencia le obligará á preguntarle á la Virtud quien 
es, y lo que debe hacer con él ; á que ella le responderá : 
f Este es á quien debes seguir, y con quien debes con- 
gratular para salir de una vez de los abismos del vicio, 
en que has estado metido ». Con lo cual Ulíses se volverá 
al gigante, y le pedirá lo ampare, y diga quien es, y él se 
le ofrecerá diciéndole que es el Buen Retiro, y que lo que 
le conviene para colocarse en el templo de la eternidad y 



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-o^ fltt ^o- 

hacerse famoso^ ilustraudo su nombre con grandes glo- 
rias^ es seguir el Buen Retiro; porque menos que siguién- 
dole, no podrá apartarse de los vicios y amar la virtud, 
que solóse puede hallar retirándose de todo lo que le pu- 
diere dividir de ella. Con que Ulíses determinado de se- 
guir el Buen Retiro, se abrazará de la Virtud ; y estando 
abrazado con ella, volverá Circe desesperada, mesados sus 
cabellos y haciendo estremos lastimeros; y viendo á Ulí- 
ses abrazado de la Virtud, se volverá á él, y le dirá, si eran 
aquellas las finezas, los amores, las promesas y los hala- 
gos, con que asistiéndola y enamorándola, le aseguraba 
de su fineza y puntualidad ; y le pedirá no la deje, y se 
valdrá para esto de grandes halagos, y asi mismo de ame- 
nazas, de las cuales, burlándose la Virtud, le dirá que no 
solo á su pesar ha de sujetar á Ulíses; pereque por hacer 
mayor su trofeo, se ha de llevar todo lo que tiene encan- 
tado en la Isla, en cuya ejecución hará que se desgajen 
los árboles, y que de sus troncos y concavidades salgan 
aquellos» (4) 

(1) En la relación de las eosoi tncu particulares sucedidas en España , 
lUüia^ Francia, Flandes, Alemania y oíros partes^ desde febrero de 4QZ6 hasta 
fin de abril de 1659, se lee lo sigaiente : — Asegurando Sa Majestad los pos- 
treros de Setiembre (1656) de que los progresos de la dieta de Ralisbona, camina- 
ban prósperamente, determinó que sus afectos en celebrarla se manifestasen. En* 
tendido este deseo del se&or Conde-Duque, mandó bacer una gran plaza en lo alto 
del Prado, que no obstante la oposición de los temporales, que fueron grandes, se 
acabó felizmente con tan grande admiración de todos, que pareció cosa de encan- 
tamiento: obra elegantísima y de artificio admirable, parto del grave juicio de su 
autor que supo pensar y ejecutar lo que la bumana imaginación jamás pudiera as- 
pirar ni presumir. Tenia mil quinientos pasos de circuito en cuadro; fabri- 
cadas de madera al rededor dos ordenes de ventanas con balustres, y por el pié 
rodeadas de andamies y antepechos. Toda la madera pintada al óleo, de color leo- 
nado, con mascarones, y brutescos de plata ; y toda la comisa superior coronada 
de faroles de vidrio, grandes y pequeños, con velas de cera blanca, y en cada co- 
lumna dos hachas blancas, repartidas con tal proporción que hacian agradable 
correspondencia. El balcón de la Reina nuestra señora era una gran sala de made- 
ra, verde y oro^ resguardada con vidrieras cristalinas , y en la techumbre las ar- 



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^o^ ftt« €^ 

La afición á los espectáculos de verso y música^ y lo 
popular que entonces se hicieron los cantares de las fies-* 

mas reales y de la villa. Los colaterales de las damas, todas las barandillas pla- 
teadas, con las armas de todos los reinos de esta monarquía, y delante de ellos 
las vallas, de azul, con dos estafermos, y por los lados de la plaza pintadas en lo 
alto, en tarjetas relevantes, las armas de los cuadrilleros de la máscara. Domingo 
en la noche 15 de febrero, (1657) Su Majestad, Diosle guarde, por la capacidad 
y vecindad, vino á vestirse casa de Carlos Strala, queen adornos, perfumes, rega. 
los, riquezas y dádivas, mostró la generosidad de su ánimo en servicio de su rey. 
Salió de alli cerca de las ocho, precediendo á Su Majestad dos carros triufales muy 
grandes, de tan admirable invención y arquitectura, agujas, basas y pedestales, 
que la antigüedad romana no vio tan hermosas maquinas. Tiraban de cada uno 
veinte y cinco bueyes, en yuntas de á cinco. Siguieron á Su Majestad diez y seis 
cuadrillas de á doce caballeros, con vaqueros, bonetes, capellares y jaeces de pla- 
ta, bordados de seda negra, con penachos y hachas blancas; que entrando esta 
majestad en la p1aza( donde se juzga que hubo mas de cinco mil luces, hizo tan 
hermoso y admirable espectáculo, que ni se puede describir ni creer. Hubo esta- 
fermo, y Su Majestad rompió tres lanzas de cuatro que corrió. Luego los galopes, 
con tales entradas y salidas, circuios, lazos y caracoles, que solo la atención y soli- 
citud de Su Majestad en guiarlos, pudo en tan intrincados tomos hacer que no se 
errasen. Volvió SuMagestad con todos los caballeros, con sus hachas, cerca de las 
once, á desnudarse, i 

«Continuaron estos regocijos, y lunes siguiente, Cortizo, portugués, tuvo á 
Su Majestad en la hermita de san Antonio, cuatro entremeses y una boda de galle- 
gos con sus gaitas, y una folia portuguesa que constó de ocho mugeres y un 
hombre, traídos de Lisboa para este efecto ; y un jardin de buena proporción, to-^ 
do fabricado de dulces esquisitos, árboles, frutas, plantas y cuadros de flores, con 
singular imitación ; que fué raro pensamiento, y de gran traza y artificio. Martes, 
tuvo Pedro Martínez en su hermita gran merienda y dos comedias. Miércoles, 
Cristóbal de Medina en la suya cuatro entremeses y zapateadores ligerisimos. El 
Jueves hubotorojde Zamora, que por el cansancio del camino y falta de pasto, se 
rendian luego. Torearon algunos caballeros, y sacaron muchos caballos heridos; y 
á D. Diego Carrillo, que dio lanzada^ le mataron el caballo. Viernes habo ana justa 
literaria en que Su Majestad se entretuvo con mucho gusto cuatro horas. El sábado 
fué la Reina nuestra sefióra á Atocha, y se previno unt mogiganga de los seerela- 
rios y ministros de Estado, Hacienda, Indias, y Cámara, que alegró mucho el do- 
mingo con la graciosa variedad de trajes, invenciones, carros, motes y letras, en 
que salieron mas de trescientas personas. Lunes corrieron de gala los señores y ca- 
balleros; y jugaron alcancías, y corrieron dos toros; y ala noche se representó U co- 
media de Don Quijote^ con lindos bailes, y entremeses. Martes, por último festejo, 
sacó el corregidor la mogiganga de la villa, de alguaciles, escribanos y otros hom- 
bres, que fueron mas de cuatrocientos, con graciosos disfrazes é invenciones, y 
anduvieron muchos caballeros, damas y otras gentes eén mascarillas ». 



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tas, loas, zarzuelas, comedias y entremeses, reproducién- 
dose en el hogar doméstico^ y en las plazas y calles; fueron 
causa deque Felipe IV, con el fin deque se estendieran 
del mismo modo los cantos sagrados, como en otro tiempo 
sucedió, volviese á introducir en su Real Capilla, la cos- 
tumbre decantar villancicos en lengua vulgar; pero man- 
dando al mismo tiempo el mas escrupuloso ecsámen en las 
letras que se habian de admitir, sujetándolas al fallo de 
hombres doctos y de celo eclesiástico , y con encargo es- 
pecial al maestro de Capilla de que la música fuese devo- 
ta, y libre de los defectos que pudiera hacerla indigna del 
templo: 

Esta costumbre duró en la Capilla Real sin intermi- 
sión, basta el año de >I750, en que habiendo muerto D. 
José de Cañizares (en 4 de setiembre) escritor de letras sa- 
gradas de villancicos de Navidad y Reyes, mandó el rey 
Femando VI, no se cantaran mas esta clase de obras ; y 
que en lugar de ellas se ejecutasen responsorios, siendo 
el primero que los puso en música, el maestro de Capilla 
D. Francisco Corselli, quedando estinguida la plaza de 
poeta, dotada con doscientos ducados que se pagaban por 
la real hacienda; 

Con la ante dicha orden de Felipe IV para la introduc- 
ción de los villancicos en su capilla, volvieron á tomar in- 
cremento esta clase de composiciones; y habiéndoseles da- 
do mas latitud á las formas poéticas y musicales, haciendo 
en vez de una canción, un libreto con su argumento^ perso- 
najes,recitativos, arias, dúos , tercetos y coros , fueron 
tan en descomedido aumento , como diremos mas adelan- 
te, que motivaron la real orden de Fernando VL 

Muchas son las zarzuelas que se ejecutaron desde 
el año de 4 628 hasta 1659, escritas por los mas esclare- 
cidos ingenios de la corte, y los compositores mas dis- 

ToMo ni. i7 



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Uüguidos ; éntrelos cuales sobresalieron, D. Antonio Ló- 
pez, D. Juan Risco, D. Rafael Zaragoza, D. Juan Losada , 
D. Cristóbal Galán , y D. Pedro Rodríguez. Pero tales es- 
pectáculos, si bien en su principio, protegidos por la 
corte llamaron la atención, tanto por sus argumentos, to- 
mados en su mayor parte de la mitológia , cuanto por 
su variada música , magníficas decoraciones^ tramoyas 
y trajes ; las grandes fiestas lirico-dramáticas de mayores 
dimensiones y mas fastuoso aparato, fueron causa de que 
se bastardeasen, y haciéndose sus argumentos mas senci- 
llos y vulgares, dejenerasen en tonadillas que sirvieron 
con el tiempo para reemplazar á los entremeses. 

Los actores, para quienes mas piezas lírico-dramáti- 
cas se escribieron en el reinado de Felipe IV, fueron des- 
pués de la interesante y poética María Calderona, Francis- 
ca de Castro, Bernarda Ramírez, Luisa y Mariana Romero^ 
la Borja, Maria de Quiñones, la Patata, Cosme, Godoy, Jo- 
sé Romero, Gil Parrado y Juan Rana, este último muy pro- 
tegido de los poetas y compositores de música, por sus re- 
levantes prendas de actor y cantante, por lo cual fueron 
muchas las loas, sainetes, entremeses , zarzuelas y mogi- 
gangas, que espresamente se inventaron para él; aparecien- 
do en muchas de ellas su nombre propio, como personaje 
de la pieza: y hasta una Jácara de Calderón, cuyo manus- 
crito posee D. Aurelíano Fernandez Guerra, según Hart- 
zembusch, tiene por títuto. El desafio de Juan Rema. 

En el floreciente estado que dejamos descrito se ha- 
llaba nuestro teatro lírico, cuando la Francia despertó de 
su letargo músico, según varios autores , en Í673, con 
Cadmus el Harmione primera obra deLuUi, autor á quien 
según Ticknor, quisieron imitar los españoles en la Púr- 
pura de la Rosa ejecutada en 1659/ es decir, i 4 años an- 
tes de que Lulli diese su primera obra á luz. Esto nos 



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■o^ 191 ero- 

prueba y confirma , que cada uno de los hisloriadores^ 
estranjeros que de nosotros ha escrito^ ha disminuido á so 
antojo nuestras glorias y adelantos; y nosotros fieles co- 
piadoresde todo loestranjero^ hemos admitido sus opi- 
niones traduciéndolas |á nuestro idioma sin refutación 
alguna en defensa propia^ y la tradición, y nuestro crimi- 
nal silencio, las han autorizado con el sello de verídicas. (4 } 
Para celebraren el año 4657 el nacimiento del prín- 
cipe Felipe Prospero, se ejecutó en la corte del Buen Re- 
tiro la fiesta de zarzuela titulada : El laurel de ApolOy es- 
crita por D. Pedro Calderón de la Barca , y puesta en mú- 
sica por el maestro D. Francisco Losada : y del mismo 
modo se celebró en 4639 la publicación de las paces, y bo- 
das de la Infanta de España Doña María Teresa, hija de 
Felipe IV, con el rey de Francia Luis XIV ; ejecutándose 
otra fiesta de zarzuela de igual género á la anterior , no- 
minada, laPúrpira de la Rosa, sin haber podido tener 
su autor la mas pequeña idea al escribirla, de imitar las 
obras lirico-dramáticas deQuinauU y Lulli , por ({ue toda- 
vianoexistian. Muy al contrario de esta imitación, deseo- 
sa la corte de Francia de ver comedias á la española , 
mientras se arreglaban las conferencias qiie tuvieron lu- 
gar en la villa de Irun, en donde se firmaron los tratados 
llamados Paz de los Pirineos ; fué á dicha villa una com- 
pañía de representantes, por mandato del gobierno, pa- 
ra complacer al cardenal Mazarino y su comitiva. (2) 

(1) D. AgasÜD Doran haciendo referencia á que los alemanes son los que 
mas han escrito sóbrela historia de nuestra literatura y teatros , y los ingleses y 
angio americanos , sobre la de Carlos V , Reyes católicos, Colon , y Mójico, sin es- 
casear medios ni viajes, ni sus gobiernos los ausilios necesarios , dice: « Entre 
tanto y condenados á un marasmo y apatia incalifícable , miramos estupefactos lo 
que pasa, y sumidos en la pereza dejamos la gloria para otros, y nos dormimos 
sin cuidado » 

(2) El Padre Maestro Fi*ay Enrique Floro? en su clare historial . se esprc- 



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«^ flStl ^^ 

No creemos pueda dudarse, que el teatro francés fué 
formado del nuestro reinando Luis XIV; que c/l cardenal 
Mazarino el año Í646, llevó á la corte de Francia cantores 
é instrumentistas italianos queejecutaron , la Euridicede 
Renuccini y Peri , ^ista en Florencia el año de i 600 ; que 
por el tiempo que medió entre la representación de esta 
obra, á la del Ercules amante, ejecutada en 4659, no de- 
bieron agradar mucho los primeros ensayos del drama 
lírico italiano ; y finalmente , que el entusiasmo por las 
obras deCorneille, Moliere, y otros autores iínitadores de 
nuestros grandes ingenios, nos colocaban en Francia como 
soberanos del arte dramático, pues como dice Voltaire , 
los españoles tenían la misma influencia en los teatros de 
Europa, que en los negocios públicos. 

La música francesa en el reinado de Luis XIV, según 
Grétry ensus Memorias sobre la música, era pobremente 
fastuosa, y la italiana, incapaz de pintar los acentos de las 
pasiones (1). ¿Cual pudo sef entonces la que diera vida y 
animación á los dramas Úricos franceses ? Sin duda algu- 
na la música española, puesto que el teatro español dic- 

sa en estos lérminos: cLas dos potencias de Francia y España se hallaban deseosas 
y necesitadas de paz: «efialóse para el lugar de las conferencias á la villa de Irnn, 
que es frontera de Francia : por ministros se nombraron'por parte de Espafta, á 
D. Luis Méndez de Ilaro y Guzman; y por parte de Francia, al Cardenal Mazarino. 
Este llegó á San Juan de Luz, y el primero se mantuvo en Irun , uno y otro con 
grande y vistosa comitiva. Mientras se arreglaban las ceremonias del congreso, pa- 
só á IfUD una corapañia de representantes , por haber significado los ministros de 
^Francia , que deseaban ver comedias á la moda española.» 

(f) Los españoles dice Arteaga en su Revoluzzione del teatro italiano, son 
amantes de la música, naciendo esto de la inclinación que tienen al canto y á tañer 
los instrumentos propios en las fiestas populares, aun la gente mas rústica ; mas 
rústicas tal vez que los italianos, pero mas aptos para despertar las pasiones coa 
sus serenatas urbanas, sus fiestas, zambras, morescas, zapateados, zarabandas, pa- 
banas, fandangos, y oíros bailes esparcidos por toda Europa con nombre español, 
particularmente en Italia, que hoy desdeña confesar) no haber tenido ámenos 
acoger, no solo en el tiempo de su decadencia, sino en el siglo mas ilustrado de su 
literatura. 



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H>^ 4M «K» 

taba leyes ; la opera española se creó según Theofíle Gau- 
tíer en el siglo XVI con el carácter de su nacionalidad 
fuerte y salvage; (1) Ana de Austria, reynaba en Francia 
y era española; y ei carácter y la lengua francesa, han re- 
probado siempre la afeminación. 

Tanto los primeros melodramas franceses llamados, 
CanMÍié en wmiqae^ como la Opera comique y el Yaudevi- 
lie, no son otra cosa que nuestras representaciones con 
música, nuestras zarzuelas^ y nuestras loas; conservándo- 
se aun en Francia la costumbre^ de ejecutar antes del 
drama que ha de representarse, una pieza en un acto^ 
como de muy antiguo se hacia en España con las loas. 

Sisequiereuna prueba de que nuestras melodías sir- 
vieron de imitación á los franceses para mejorar las suyas^ 
confróntese el romance popular del siglo XV^ cuya música 
copiamosen el segundo tomo número 6; con el cántico de 
Juan d' Albret cantado en el nacimiento de Enrique IV el 
45 de diciembre de 4 555, que trae Casül-Blaze en eu 
obra titulada; Teatros ñricos de París: y otrosantiguos tro* 
zos de música, comparados con canciones de nuestros 
trovadores catalanes, cuyos cantares aun se conservan 
entre el pueblo , y podrá juzgarse de la verdad de nuestra 
aserto- (2) * 

Si es cierto que la Italia desde principios del siglo 
XVn empezó su progresiva ascendencia en la música dra- 
mática, por las razones que llevamos espuestas en el se- 
gundo tomo de esta obra; también lo es, que no tuvimos 
nada que envidiarle en la invención de sentidas y enér- 
gicas melodías, madres délas suyas, ni en la combinación 
y efecto del concierto de ellas. Y si descendimos en el arte 
comparándonos á §us adelantos melodramáticos, no lo fué 

il ' Los Beacles de L' Opera. 

't ) Véase en las láminas íos números 6, 7,, y 8. 



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(lel mismo modo en nuestras fiestas cantadas y zarzuelas, 
puesto que en estos géneros, sobrepujamos á todas las de- 
mas naciones. Y tal vez el abandono completo del melo- 
drama , en el que dimos los primeros pasos, fué dimana- 
do de los adelantos de nuestro teatro, por parecemos im- 
propio la representación de un drama cantado desde el 
principio hasta el fin, como manifiesta Eximeno en su Ori- 
gen y reglas de la música. 

Este sabio autor, cuyas obras escribió en la misma 
Italia, dice, que los españoles en el siglo XVI fueron los 
primeros que dieron idea de la verdadera comedia , y es- 
cribieron sobre todas las partes de ella con el mas fino gus- 
to y la mayor erudición: que Lope de Vega obligó con sus 
obras á toda la Europa sabia , á que abandonase la pue- 
ril imitación de las comedias latinas: que los españoles en^ 
s^aron á poner en escena caracteres y costumbres de la 
época en que escribian, que hasta entonces era desconoci- 
do, pues se ofrecían al público fábulas 4e rufianes que ya 
no existían imitadas de Planto y Terencio, sumamente frías 
y sin arte, como se ve en las comedías italianas de aquel 
tiempo: y que sin los atrevidos esfuerzos de los españoles 
para la reforma del teatro , quizá estaría aun en mantillas 
y no se verían en él , sino esclavos, glotones ó terceros de 
sus amos jóvenes, rufianes, rameras, padres avaros, y jó- 
venes groseramente disolutos, que eran todo el artificio de 
las comedias italianas. 

«Los estranjeros , continua dicho autor , echan de 
menos en el teatro español el melodrama, ya trágico, ya 
cómico ; pero los españoles tienen demasiado juicio para 
haber adoptado un género repugnante á la k^azon, al buen 
gusto, y á la naturaleza de las lenguas modernas. Gustan 
si , y con pasión, de la música en el teatro , pero no sa- 
crifican el juicio á esta pasión: llenen piezas pequeñas en 



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•o^ isft €^ 

música, qne sirven de intermedios ; y juntamente presen- 
tan dramas en música, que llaman zarzuelas, en las cua- 
les se declaman las escenas, y solamente se canta la par- 
te que exige música, esto es, los pasages en que brilla 
alguna pasión. De este modo no se fastidia á los especta- 
dores CQn la insufrible monotonía del recitado italiano, se 
oye y entiende todo el artificio de la fábula , los caracte- 
res, las costumbres, etc. concillando asi el placer del oido 
con la instrucción del entendimiento.^) 



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gapítiilo znc 



CoDOcimientos de Felipe IV en el arte musical. — Id. de D. Juan de*] Anstria* — > 
Id. de varios maestros . españoles. — D. Antooio Pablo de Centena.— El organista 
Gabanillas. — Prodigalidad de Luis XIY. — Id. de un organista de la catedral de Ge- 
rona. — ^Distiognidos organistas españoles en varías épocas. — Decadencia del arte 
en Espafta.-— Escuelas de canto en Italia. — D. Pedro^ D. Francisco Fed^ y D. José 
Amador. — Cantoresque salieron de las Escuelas de Italia. — ^Abuso en el canto.-^ 
De quien fué la culpa.-^Academias particulares. — Premios distribuidos á latebras 
mas perfectas.— Aun en nuestra decadencia conservamos un nombre glorioso. 



Aunque era grande la afición del pueblo español á la 
música profana en el reinado de Felipe IV, no por esto se 
descuidóla sagrada^ ni perdió su importancia en el mundo 
científico del arte, puesto que tanto el soberano^ como al- 
tos personajes y maestros de capilla , compusieron ^obras 
del mas relevante mérito. 

Felipe IV á mas de poner en música un gran número 
de sus poesías^ asegura Teixidor , haber visto un salmo 
confitevor tibi domine intotocordemeo, etc. escrito á ocho vo- 
ces, ycuyo original existia en la biblioteca de San Gerónimo 
de Madrid, por el cual juzgó la gran pericia en la ciencia ar- 
mónica de este soberano. Y tanto en los Apuntes curiosos 
de D, Vicente Pérez, como en el autógrafo de Teixidor, re- 
firiéndose este á habérselo oido decir aquel^ se asegura ha- 
ber visto en el archivo de música del Real Palacio , un mo- 
tete compuesto por el gran Felipe, con una nota al final 
de él, en que advertia á los profesores , la licencia que se 
habia tomado deescribir dos disonancias á un mismo tiem- 
po, que eran la 4/ y la 7/ ; y la 7.* menor y la 9/ en la 
quinta del tono: la 4 *y la 9/ en la tónica, y la 5/ me- 

ToMO ni. i8 



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Yíov y 7/ disminuida^ en la nota sensible del tono : con el 
objeto de que las examinasen con detención^ y después las 
juzgasen no como cosa hecha por un soberano^ sino como 
ejecutada por un profesor que deseaba los adelantos del 
arte. 

Esto nos induce á creer que el rey de España, era uno 
de los mejores contrapuntistas de su época ; y como dice 
Teixidor, quizas la practica musical le deba mayores ade- 
lantos con respecto al uso de las disonancias , que á todos 
los escritores que se dedicaron á ilustrarla parte científica 
de la armenia en aquella época: porque si el regio profesor 
no hubiese rotóla barrera, los maestros no se hubieran 
determinado á practicar dichas disonancias, y mucho me- 
nos á establecerlas de quinta menor, trítono, novena me- 
nor, etc. comenzadas á usar entonces por Ortellsen sus la- 
mentaciones, y otros maestros españoles en sus composi- 
ciones patéticas» 

Una de las mayores pruebas, en corroboración de lo 
espuesto, que dá Teixidor, son las severas criticas que su- 
frieron Ortells y demás compositores españoles , tal vez 
por seguir las huellas del soberano á quien nos referimos, 
en el invento de otras disonancias. 

a Los perseguidores de los dichos primores armónicos, 
continua aquel autor^ seguramente inventados por los es« 
pañoles que florecieron después de la mitad del siglo XVII, 
juntamente con la armonía de sesta superflua, inventada á 
nuestro modo de entender por el maestro Capitán, como lo 
acredita su célebre motete O sacrum convivium etc. escri- 
to en 1647 ; fueron causa de que dichos primores se ol- 
vidasen en España de tal manera , que no tan solamente 
se vieron motejados é impugnados á principios del si- 
glo XVIII, cuando el célebre maestro Francisco Valls los 
volvió á recibir; sino que fueron mirados por la mayor par- 



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te de los armonistas nacionales , como novedades ultra*--^ 
montanas y ultramarinas.x) (4) 

£1 Infante D. Juan de Anstría fué también mas que 
mediano compositor^ como lo acreditan^ dicePerez^ una 
salve, una letanía y otras varias obras que compuso. Y los 
maestros D. Diego Verdugo, discipulo de Clavijo y sucesor 
sayo en la cátedra de música de Salamanca , y en el ma- 
gisterio de la Real capilla ; D. Cristóbal Galán , Olivellasy 
Sánchez, Aguilera, Urban de Bargas, Risco, Montiel, Uma- 
nes^ Samaniego , Montanos , López de Yelasco , Mesa-^ 
y otros muchos ; adquirieron gran fama, y han inmorta-r. 
lizado sus nombres en algunas de las obras , que á pesar 
de nuestra incuria y desidia , se conservan en varios ar-^ 
chivos de las catedrales de España y bibliotecas particu* 
lareSy mereciendo los mayores elogios de los verdaderos . 
profesores y amantes del arte. 

En estas obras y en la mayor parte de tas escritas evt 
aquella época, se nota el gusto artístico que dominaba, y 
la libertad que el genio tenia para presen tarsotal cual esi 
sencillo, pero sublime ; sin galas rebuscadas en combina- 
ciones estravagan tes , pero elegante y simpático á el alo^a 
que siente y á lainq^inacioñ que se entusiasma; menos pon* 
derado de algunos fanáticos ridículos, pero mas aplaudido 
por todos los que buscan el deleite ó la contemplación en 
los melodiosos sonidos del canto que espresd> y de la armo-* 
ntaque acompafla. Si afínes del siglo XVI la fantastfiago- 
ría de los preceptistas y el poder levítico, á quien seadhi^ 
rieron para poder triunfe r, avasallaron al verdadero inge- 
nio; en el reinado del gran Felipe IV protector de las artes 
y conocedor de ellas, y por consiguiente de los talentos de 
quien las ejerciá , brilló de nuevo el genio creador de los 

(i) Veáse la impugnacioo hecha por Nasarre, ¿ la Misa s6bre la escala are-^ 
tiaa da Valls. 



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-o^ ñém «^ 

españoles^ dictando leyes de buen {justo á todas las demás 
naciones. 

Esa Italia madre hoy, con justicia, de las bellas artes, 
y con particularidad déla música: esa Francia tan entusias- 
ta siempre por su nacionalidad y tan distinguida en sus teo- 
rías musicales; esa Alemania gigante en combinaciones ar- 
mónicas y en efectos de instrumentación. ¿Que adelantos 
hicieron en sus conservatorios y academias que pudieran 
sobrepujar á los nuestros , basta que las desgracias políti- 
cas nos derrocaron de la cúspide en que nos bailábamos ? 
¿Guales fueron sus compositores de entonces que vencie- 
ron á los nuestros? ¿Cuales sus composiciones sagradas y 
profanas mejores que las do nuestros maestros, que tan rá- 
pidamente se sucedían unas á otras? Recórrase la historia 
verdadera del arte, con la historia de la grandeza y apo- 
geo de aquellas naciones en la época á que nos referimos, y 
ellas contestarán por nosotros. Solo vamos á citar dos he- 
chos, que aunque aislados, pueden dar idea de la verdad de 
nuestro relato. 

En el año de 4 655 , marchó á Roma el joven español 
D, Antonio Pablo de Centena, con objeto de activar sus pre- 
tensiones en la corte pontificia. Aunque presbítero, y ha- 
berse dedicado principalmente al estudio de los ciencias 
eclesiásticas, habia estudiado también la poesía y la mú< 
sica como noble y decoroso pasatiempo, ó indispensable 
en la buena educación española ; mas sin objeto de ejer- 
cer ni una ni otra como profesión. Pero observando el en- 
tusiasmo que habia en Roma por la música, y la alta esti- 
mación en que se tenian á compositores mas inferiores en 
mérito al suyo; resolvió manifestar sus conocimientos en 
el arte, con el laudable fin de ver si de este modo podia ac- 
tivar sus pretensiones. Como era al mismo tiempo poeta, 
y sabia á la perfección el italiano, no le fué difícil escri- 



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-o^ 441 «^ 

bir algunas composiciones en idioma (oscano, aplicando- 
lascon tan buen artey esquisito gusto las melodías y armo- 
nías, que oidasá él mismo por el príncipe Farnesio, lead- 
mitíóen su casa^ en clase de cantor y compositor de su 
cámara; y conociendo después su probidad y gran talento 
en todo género de literatura, le nombró superintendente 
de todas sus rentas. — Este empleo, sus conocimientos en 
las ciencias eclesiásticas , y sobre todo el ser un sobresa- 
liente cantor , compositor ^ y pianista ; le granjearon 
la estimación de las familias mas principales de Roma, tan- 
to seculares como eclesiásticas: hasta tal punto , que los 
cardenales Dotario, el de Lugo , y Carrafa, le llevaban á 
los paseos públicos y otras concurrencias , en sus mismas 
carrozas: distinción apenas vista entonces en la capital del 
mundo cristiano, y mucho menos con un pretendiente. — 
La envidia, consecuencia precisa de la estupidez contra el 
talento que se distingue^ lanzó sus tiros miserables al es- 
pafiol Centena, que tan favorecido seveia por las altas cía* 
ses de la sociedad romana^ y la estimación de las damas. 
Mas el Papa Alejandro Vil, conociendo sus virtudes y talen- 
to, y queriendo confundir y cortar la calumnia que tan 
pequeña es siempre, y tan colosal la hace la credulidad de 
la ignorancia, y la suspicacia de la maldad ; le nom-* 
bró Dean de la catedral de Barcelona, en 4 6 de Mayo de 
4638. 

tPor los años de 1670 , dice el autógrafo de Teixidor, 
había en la catedral de Urgel en Cataluña , un organista 
llamado D. José Cabanillas, de un mérito tan sobresaliente 
que D. José Elias organista y capellán titular que fué del 
Real monasterio de Señoras Descalzas de Madrid , hombre 
de singular mérito en el órgano , no dudó en afirmar, que 
escedía Cabañil las en destreza, pulso, y ciencia en el órga- 
no á sus dos contemporáneas los ciegos de Valencia y Da- 



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roca. Añade que fueron tantas las piezas que compuso di- 
cho Cabanillas para clave y órgano^ que llegó á saber to- 
car en su juventud mas de trescientas , y que no dudaba 
que las compuestas hasta el año 4725 , que fué el de su 
muerte^ pasasen de ochocientas^ porque los franceses se las 
pagaban muy bien; y aun anadia^ que era llamado délas 
catedrales de Francia para tocar el órgano en algunas fun- 
ciones de solemnidad estraordinaria.^ 

«El autor déla memoria ya citada^ (1)dice, que Luis 
XIV , llamó á su corte aun organista español de gran cré- 
dito y nombradia, y habiéndole oido tocar el órgano y el 
clave^ le ofreció una crecida pensión para que se quedase 
en su córte^ la que no quiso admitir el español por no de- 
jar á sus parientes. Atendido á lo que dice Elias, de Caba- 
nillas, sospechamos si el llamado seria este organista de 
Urgel: pero habiendo sabido que por los mismos tiempos 
hubo en Gerona otro organista^ sino de tanta habilidad y 
crédito como Cabanillas , por lo menos de mas fortuna^ 
pues con las sumas que ganó en Francia en tiempo de Luis 
XIVj compró fincas para dejar acomodada á su familia, y á 
mas una hacienda con su casa de campo , para sus suce- 
sores en la plaza de organista de aquella catedral;, sospe- 
chamos que este fué el llamado por el rey de Francia, y que 
por efecto de su prodigalidad, le colmó de bienes al tiem- 
po de volverse á España. 

oSea ó no cierto, lo verídico es que la escuela france- 
sa de órgano y clavicordio, tan celebrada, tiene mucha se- 
mejanza con las obras de Cabanillas , tanto en las piezas 
sueltas, como en las de enlace ó á cuatro voces; y lo que 
se observa de diferencia, puede quesea tomadodel de Ge- 
rona: pero como de este segundo no hemos visto ninguna 

(I) Memorias sobre el origen del melo^ma moderno. 



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producción^ y hasta el presente no sabemos ni cual fuésa 
nombre^ nos vemos precisados á decir que los franceses 
dieron la perfección á su escuela orgánica^ del español Ca- 
banillas. La fecundidad de este insigne profesor la hemos 
notado en algunas pocas piezas de música que de él han 
llegado á nuestras manos: y en cuanto á la ciencia facul- 
tativa de este eminente profesor, basta decir, que el maes- 
tro D. Francisco Valls en su Apología de la misa sobre la es- 
cala avelina, le cita varias veces contra el parecer de Don 
Joaquin Martinez^ organista de la iglesia primada de To- 
ledo.» 

No debe estrafiarse lo referido por Teixidor , cuando 
es innegable la reputación de nuestros famosos organistas 
en toda Europa^ y la estimación y aprecio que de sus 
obras han hecho y hacen todavía los estrangeros , tan 
adelantados hoy en casi todos los ramos del saber hu- 
mano. 

Los siglos que en España cuenta la introducción del 
órgano en el culto religioso: la preferencia dada sobre el 
canto llano y al canto de órgano , en la mayor parte de 
nuestras iglesias (4) : lo bien dotadas que se hallaban las 
plazas de organistas , y la distinción que de dichos profeso- 
res se hacia , igualándolos en saber y casi en rentas á los 
maestros de capilla , cuyas plazas ocupaban con mucha 
frecuencia, y vice-versa : y los magnificos y suntuosos ór- 
ganos que poseian^ y aun poseen, la mayor parte de las 
catedrales^ colegiatas, iglesias parroquiales, conventos^ 

(i) Aunque la palabra ccento de órgano^ ba sido, y aunes apropiada en la música 
eelesiástica» á el canto métrico ó mensural en la variedad de voces é instrumentos; 
j Kircber en su Muturgia^ lo ba dividido en ocbo estilos: eclesiástico, canónico, 
rootetico, fantástico, Madrigalesco, melismático, coráico , sinfonfaco, dramático 6 
recitativo: nosotros, sin embargo, la adoptaremos en el sentido natural que dicba 
palabra tiene en si, es decir» al canto medido y al árgano. Cuando hablemos en 
general déla música métrica eclesiástica, la denominaremos canto figurado. 



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•o^ 444 #•- 

oratorios, y santuarios (í ) ; acrecentaron ia afición á tan 
religioso instrumento, y fueron perfeccionando la escue- 
la orgánica en todas épocas , un sin número de profeso- 
res, entre los que «e distinguieron después de los ya men- 
cionados en esta obra , los siguientes. — D. Diego del Cas- 
tillo, contemporáneo y competidor de D. Félix Antonio 
Cabezón. — D. Antonio Ratia , segundo organista de la 
real capilla de S, M. estando de primero D. Bernardo Cla- 
vijo. — D. F»*ancisco Correa y Araujo, organista de la 
iglesia del Salvador en Sevilla, catedrático de Salamanca, 
autor de la obra titulada : Tientos y discursos músicos y fa- 
cultad orgánica, publicada en Alcalá do Henares el afio 
4626, y después obispo de Segovia, en donde murió el 
afio de 4665. — Fr. Gaspar Ruiz^ monge del monasterio 
de santo Domingo de Silos , uno de los mejores organis- 
tas de Castilla en la primera mitad del siglo XVII , según 
el P. Argaiz. — D Andrés Lorente, organista de la iglesia 
de san Justo en Alcalá de Henares; sabio y célebre músi- 
co, y autor de la obra : El porque de la música , en que se 
contimen las cuatro artes de ella, canto llano, canto de órga- 
no, contrapunto y composición, impresa en folio en Alcalá 



(1) Suntuosos y magníficos son los órganos que^e conservan en las iglesias de 
España como monumentos históricos de nuestra magnificencia en el culto de la re* 
Hgion católica, y nuestros grandes conocimientos en el arte de la música , y en la 
mecánica de ella. — Los dos órganos principales de la catedral de Burgos hechos 
por el famoso Juan de Argote, y los que hay en cada capilla de dicha catedral hasta 
el número de ocho, obras de distintos organeros: los de las catedrales de Sevilla, 
Toledo, Zaragoza, Granadat, Málaga, Jaen,Yalladolid, Barcelona, Córdoba, Lérida, 
Tarragona, Valencia, Segovia, Santiago, Salamanca, etc.: los de las iglesias de santa 
María la mayor de Alcalá la real, Santa María de Ciudad ReaL la Asunción de Co- 
ria, la colegial de Baza, Santa María del Mar de Barcelona, san Isidro el real de Ma- 
drid, Capilla real daS. M., C&rmen calzado, Descalzas reales^ y otros muchos, tan- 
to de colegiatas, como de parroquias y conventos de España; comprueban lo que di 
cho habernos, y sobre lo que no nos podemos estender cuanto quisiéramos, por lo 
interminable que se haria esta obra. 



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el año de -1672. —D. Geróairao Latorre, organista de la 
iglesia del Pilar de Zaragoza en 4677^ pasando á ocupar el 
magisterio de dicha iglesia en 4 695. Aun se conservan en 
esta ciudad , yarias obras de todo género de tan sobresa- 
liente profesor. — D. Lucero Claveria, organista también 
de Zaragoza y famoso á principios de la segunda mitad del 
siglo XVU y por un folleto que publicó demostrando que 
la música melódica libre y bien escrita ^ era digna y apli-* 
cable al culto religioso^ sin trabas decanto llano ni género 
fugado. — D. José de Torres ^ de quien hablaremos en otro 
lugar 9 fué organista de la real capilla de S. M. á últimos 
del siglo XVH^ y después maestro de dicha capilla. Entre 
las muchas obras orgánicas que compuso , se halla la 
que con el titulo áe Reglas de acompañamiento^ publicó en 
Madrid^ 4702. — D. Francisco Xaraba y Bruna ^ organista 
de la real capilla^ compañero de Torres, y maestro de Cla- 
vicordio de S. M. la Reina Dofia Maria Luisa de Borbon , 
esposa de Carlos 11. — ^Fr. Pablo Nasarre , organista del 
real convento de san Francisco de Zaragoza ; escribió va- 
rias piezas de música del género fugado para órgano, dan- 
do á luz en dicha capital el año 4695 una obra titulada : 
Fragmentos músicos, repartidos en cuatro tratados, en que 
se hallan reglas generales, y muy necesarias para canto lla- 
no, canto de órgano, contrapunto ^ y composición (í). En 
el año de 4724^ publicó Nasarre otra grande obra , bajo el 
nombre de^ Escuela música según la practica moderna, 
dividida en dos tomos ó partes^ y cada tomo en cuatro li- 
bros : los cuatro del primero, abrazan , el sonido armóni- 



(1) De esU obra se hizo una segunda edición en Madrid, el afiode 4700, encu- 
ya portada se lee lo siguiente: cY ahora nuevamente afiadido el último tratado por 
el mismo autor, y juntamente exemplificados con los caracteres músicos de que care^ 
cia. Sácalos á lúa y los dedica al Exmo. Sr. D. Manuel de Silfa y Mendoza, D. José 
de Torres, organista principal de la real capilla de S* M. » 

ToMom. ÍO 



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co , sus divisiones y sns efectos , el canto llano , sn uso en 
la iglesia y provecho espiritual que produce , el canto de 
órgano , fin porque se introdujo en las iglesias, con otras 
advertencias necesarias, las proporciones que se contraen 
de sonido á sonido, las que ha de llevar cada instrumento 
músico y las observancias que han de tener los artífices de 
ellos : y los cuatro del segando , las especies consonantes 
y disonantes, la variedad de contrapuntos , asi sobre canto 
llano, como de canto de órgano, conciertos sobre bajo, 
sobre tenor, sobre tiple, á tres, á cuatro y á cinco, todo 
género de composición á cualquier número de voces » la 
glosa , y otras advertencias necesarias á los compositores 
(4). — D. José de Elias, organista del monasterio de las 
Descalzas reales de Madrid, contemporáneo de Torres, fué 
gran compositor y tal vez el primer organista de su época, 
puesto que el famoso D. José Nebra le llama, padre y pa- 
triarca de los buenos organistas españoles. Elias dejó seten- 
ta y cuatro composiciones orgánicas , según Peroz, sin 
contar otras muchas que escrilñó para voces é instrumen-* 
tos. — ^D. Joaquín Martinez déla Roca, organista princi- 
pal de la iglesia del Pilar deZaragoza en 4695 , fué nom* 

(i) En las DOiicits biográficas de Nasarreque inserU Mr. Fetis en s« diccio* 
nano, no se hace mención de la Escuela música de aquel aator. D. Hilarión Esla- 
ta en el námero 5 de la Gaceta muiical, perteneciente al 18 de febrero de 4855^ 
que se publicaba en Madrid; adicionando dicha biografia, ciu la Escuela múiicm 
pero i nnestro nodo de entender, padece ana equivocación notable , puesto que 
asegura, se imprimió en 4723, y que el feliz éxito que tuvo, fué motivo para queso 
hiciese la segunda edición en Í7Í4; siendo así, que la primera edición está hecha 
en 1 72i en Zaragoza por los herederos de Diego de Larumbe, y la segunda en 1745 
por los herederos de Manuel Román impresor de la universidad de Zaragoza. Noso- 
tros poseemos las dos ediciones, y no pudo haber otra en 1725; lo uno porque una 
edición de dos tomos tan voluminosos, no es fácil , ni aun probable, se hiciese al si- 
guiente afio de publicada la primera; y lo otro , porque tanto la dedicatoria alar- 
lobispo de Zaragoza. D. Manuel Pérez de Araciel, como la ussa dada por D. Baltasar 
de san Pedro Acevedo, tienen las lechases primera en 2 de enero de i 724, y It se- 
gunda en 9 de diciembre de 1723. 



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-^ t«r c«> 

brado maestro de capí Ha con retención del órgano en di- 
cha iglesia en 4708, y por los afios de 1744, pasó á ocu- 
par la placa de primer organista ¿ la catedral de Toledo. 
De. este distinguido profesor^ se encuentran en Zaragoza 
treinta y dos producciones de varias clases. — Fr. Antonio 
MarÜn Goll, organista del real conyénto de san Francisco 
de Madrid , en cuya capital publicó una obra titulada: Ar* 
le decanto llano, y breve resumen de sus principales reglas 
para cantores de choro^ dividido en dos libros : en el pri- 
mero manifiesta lo que es la teoria, y en el s^^nndo^ lo 
que se necesita para la práctica , y las entonaciones de los 
salmos con el órgano (4). — ^D. José Nebra, .organista de la 
real capilla de S. M., de quien nos ocuparemos detenida- 
mente en el curso de esta obra. — D. Ignacio Pérez, orga- 
nista también de la real capilla en 4724. — D. Sebastian 
Alvaro, segundo organista de la capilla real en 4746, y 
D. Joaquín Oxinagas, tercero de la misma en 4747, que 
pasó de primero á la catedral de Toledo en 4750.-D. An* 
tonio literes , de quien nos ocuparemos con mas deten- 
ción, D. Miguel Babaza , y D. José Polo Moreno , los tres, 
también organistas de la capilla de S. M.: creándose de 
nuevo &n 1754, la plaza de cuarto organista , supriipida 
desde elafio de 4747, para premiar el mérito que en el 
órgano tenia Moreno. — Fr. Antonio Soler,. organista y 
maestro del real convento del Escorial desde el año de 
1 752, y maestro del infante D. Gabriel , por muerte de 

(i) La primera edición de este tratado no sabemos en el aRo en qne se baria;, 
solo poseemos un ejemplar de la segunda edición becba en Madrid en 1719 en la. 
imprenta de Mteica de Bernardo Peralta, aftadida con algunas advertencias, y el ar- 
le de canto de órgano. De esta obra, dice D. José de Torres, que no bailó nada que 
censurar, sinomucbo que admirar por ladestrezaque manifiesta el autor, no tocan- 
do en aquellos dos estremos de molesto y dilatado; antes por el contrario, pues que 
siendo tan claro y sucinto, bacian la obra tan estimable como i las perlas el engas-^ 
le deoro^ 



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D. JoséNebra en 4766^ qae desempefiaba tan distiogaido 
cargo. Soler es autor de la célebre obra Uave de la modu- 
ladcm, publicada en Madrid eo 4762^ y de gran número 
de Sonatas^ oficios de difuntos , salves^ letanias , misas , 
motetes y salmos ; de todas las cuales aun se conservan 
muchas en los archivos del Escorial. — D. Manuel Blasco 
de Nebra^ sobresaliente organista de la catedral de Sevi- 
lla á últimos del siglo XVIIL-D. Ramón Ferreñac, célebre 
organista de la iglesia del Pilar de Zaragoza á últimos del 
pasado siglo y primeros de este. Sus numerosas obras son 
muy conocidas en España > y reputadas como reformado- 
ras del buen gusto en el órgano. — D. Juan Yila^ organista 
de la iglesia de N. S. del Pino en Barcelona por los años 
de 4785. Este célebre organista, según la opinión de Mur- 
guia organista déla catedral de Málaga en 4800, era en su 
época^ uno de los primeros profesores de tal instrumento 
en Europa. — ^D. Francisco José Oliveres, organista de la 
catedral de Salamanca. — D. Juan Sessé, organista segun- 
do de la real capilla de. S. M. el año de 4 787 , que por 
muerte de Rabaza^ pasó á primero el distinguido D. José 
Lidon, á segundo Sessé, y á tercero D. Félix López. Sessé 
publicó seis fugas para órgano, y compuso otras muchas 
obras que le valieron el alto aprecio de personas respeta- 
bles^ entre las cuales se encuentra D. Benito Baills direc- 
tor que era de matemáticas en la real academia de san 
Fernando, y el que dio ¿ luz en 4775 , la obra titulada : 
Lecciones de clave y principios de armonía , en cuyo pró- 
logo hay una nota que hace grande honor al talento dis- 
tinguido de Sessé (2). — D. Basilio Sessé, hermano del an- 
ís^) cAntes que h> acabm de resolver, dice Baills habltndo dd plan de dará 
kz su obra, comuniqué mi pensamiento con D. Juan Sessé, organista de la Capilla 
real, en quien concurre el conjunto de circunstancias, sin el cual ningún facultati- 
vo merece el nombre de profesor, y de quien me constaba que tenia manejado ei 



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terior, fué famoso organista de la catedral de Toledo. — 
£1 M. H. P. M. Fr. Pedro Carrera Lanchares , predicador 
general, y primer organista del real convento dé* Carme- 
litas calzados de Madrid^ autor de varias composiciones 
de órgano^ y de un tratado qne publicó en 480K , bajo el 
titulo de^ Rudmerúos de música éioiáidos en cincomstruc- 
ciones^ para el uso del seminario de nobles de Madrid. Fray 
Narciso Casanovas, organista y maestro déla escolania del 
monasterio de Montserrat, á últimos del pasado siglo, 
compuso varias obras de mérito, entre ellas unos respon- 
sones de semana santa, una misa en Re mayor, una leta- 
nia, y una salve en Fa mayor. 

No se crea que la preferencia dada en las iglesias do 
España al canto figurado, hiciese desaparecer de ellas , ó 
rebajar, el canto llano, pues este se há conservado siempre 
en la alta estima y veneración que con justicia se le debe 
alternando con el figurado : y aunque en la generalidad 
fué preferido el primero al segundo, particularmente en 
las catedrales para hacer mas solemne y suntuoso el di- 
vino culto ; hubo, sin embargo, iglesias que desecharon 
del todo el cafUo llano por el figurado, y otras que no ad- 
mitieron este, por conservar aquel ; tal vez por la dema- 
siada libertad en escribir que tuvieron algunos composi- 
tores, impropia del templo cristiano, ó por el demasiado 
rigorismo sobre el carácter que habia de dársele á la mú- 
sica eclesiástica (4). 

origina). Parecióme qie podia llevar adelante mi intento, si tuviese la aprobación 
de un artista de tan acreditada habilidad, y cayo voto será de rooclio peso para ks ^ 
qae sepan como yo, cuan ageoo le tiene de afectos de envidia su desinterés, y de 
preocopadones so mucha instrucción. i 

(1) En^la obra titulada: Rafn^liMS del mundo, escrita por el R. P. Fr. 6er6- 
BÍmo Román, cronista déla orden de san Agustin, impresa en Medina del campo 
el año 1578; en la página 215 del tomo 1.^ se léelo siguiente:» Muchos han nota- 
do en la verdad la disolución del canto en los choros y ya ha muchos añosque Joan 



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Estamos en la persaacion de qué cierta clase de 
maestros compositores» traspasarla los límites de to per- 
mitido erf el culto religioso, como en nuestros dic» sucede, 
por sus pocos conocimientos tanto en composición , como 
en la distinción de los géneros de música; pero también lo 
estamos, de que la tenacidad de algunos escritores y maes* 
tros en la defensa de sus máximas exageradas, estendieroo 
las faltas y licencias de unos pocos, á la generalidad de los 
buenos profesores, partidarios del género libre ó casto 
melódico , para derrocar el prestigio que i\)aQ adqniríen<» 
do esta dase de composiciones inspiradas , tronando con- 
tra ellas frenéticamente y llamándolas música de comedias. 
Hubo autores que escribieron , ser la música libre en- 
sefiada por el demonio para pervertir las almas; otros, que 
esta clase de música sepultaba á las almas de los oyentes 
on los infernales abismos ; y otros , que los compositores 
de música tan bastarda , eran aduladores del diablo, co- 
no son los aduladores, músicos del demonio. 

Esta clase de horripilantes trompetas en un pais do- 
minado por la inquisición y el fanatismo religioso , como 
dejamos dicho hablando de la música italiana , hicieron 



vigésioK) segando lo reformó y hizo una estrabagante que comienza: Docta sánelo- 
rum patrum. La cual vi yo y ley declarada doctítiaoamente, por el licenciado Bar- 
tolomé de Quevedo racionero de la Sanu iglesia deTdedo, y o4ro tiempo maestro ée 
Capilla suyo: por la cual muestra hermosamente cuan grande haya sido el abuso que 
se ha introducido en el canto de órgano, y aunque este libro se presentó en el con- 
cilio provincial que se celebró afio de mil quinientos ó sesenta y dos en la ciudad 
de Toledo» a6 se remedio lo que por el pedia; aiiiqoe todavía se hiio c^nos de la 
relónttscíoa del» y sin duda fuera una cosa muy necesaria que esta obra saliera iliix 
para provecho comon: mas llevándole Dios de esta vida para otra oMJor, se perdió 
con otros muchos papeles por no querer fiarlos k sus aaaigos^ uno de los cuales era 
yo. 1 — En b página inmediata, continua: tY también note en la igleaia cathedralde 
Barcdona, qoe no se canta canto de órgano en ella sino canto llana, y en otra queso 
llama san Miguel, solo se canta canto de órgano y no canto llanoi y paraésto tknea 
nuiy buena renta«» 



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qoe al finalizar el siglo XVII volviésemos á caer otra vez 
en el marasmo de la escuela laberinlo, en donde una vez 
entrado el genio ^ no volvía á salir sino tétrico^ descom* 
puesto , y encadenada su inspiración á las serviles y ruti- 
narias leyes de los adocenados preceptistas. 

Mientras tal tumba se abría en España por segunda 
vez al hermoso arte de la música , la Italia fué completan^ 
do su perfección ; y si á últimos del siglo XVi desecbai^on 
sus galas de combinaciones exageradas^ para vestirse con 
la sencillez y elegancia de nuestras puras y sentidas me*^ 
lodías ; á fines del siglo XVII perfeccionaron el método de 
cantarlas , mientras nosotros el sistema de hacerlas de&* 
aparecer casi por completo. 

En esta época conocieron los italianos , por la aplica- 
ción que se hacia de la filosofía á todas las bellas artes en 
general t y á la música en particular ; que el mas perfec^ 
to arte de manejar los instrumentos músicos^ y aun el de 
aplicarlas melodías y armenias á las palabras de la ma- 
nera mas verídica , era imperfecto ú los instrumentos y 
las voces , además de producir sonidos agradables , no los 
articulaban con espresion y dulzura , atemperándolos al 
pensamiento que la letra espresára ó el objeto requiriese. 
Conocieron asimismo que el canto es la mas completa y 
mas interesante imitación que las bellas artes se poeden 
proponer por fin especial^ tanto porque^ imitando los to- 
nos de la humana locución , los mismos elementos por 
los cuales se forma el objeto representado , sirven al can-* 
tante de medios para representarlos del modo mejor y mas 
sencillo; cuanto porque^ entre todas las imitaciones po- 
sibles^ las mas agradables al corazón humano^ Serán en 
todos tiempos la de su propia sensibilidad y de sus pro- 
pias acciones. 

La juntura y la escultura , dice Teixidor en su auto- 



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-»^ tftt ^o- 

grafo^ resoltan inferiores al canto , porque en la imita- 
ción del hombre no pasan , por decirlo así , de la corteza^ 
cuando el canto penetra hasta el alma , y advirtiéndole de 
su existencia , pone en movimiento su actividad y pinta 
hasta sus mas intimas modificaciones. Las imitaciones de 
la pintara y la escultura , son como el Pígmaleon de la fó- 
bula , sacando de un mármol la estatua de Calatea : y las 
del canto^ como las de la divinidad benévola y propicia^ 
qne animó aquella estatua y pospuso ^ al parecer del ar- 
tifice enamorado , la suavidad del pulso , la sucesión de 
palpitaciones^ el sonreir ingenuo , y las palabras encanta- 
doras^ indicios de una vida infundida de improviso en una 
piedra infecunda , por el entusiasmado artista. 

Para qae el canto resultase una imitación de la 
naturaleza en la parte mas noble ^ que son los afectos del 
alma^ les fué preciso despojarlo del malísimo método an- 
tiguo usado por los italianos , con el cual casi era impo- 
sible darle espresion , por estar basado en una gran fuerza 
de pulmón , qne ni debia manifestar debilidad en lo dila- 
tado de los sonidos que se cantaban^ ni en el gran número 
de glosas que se formaban. 

Desembarazados de estos defectos /empezaron ¿ imi- 
tar el acento natural de las pasiones , daiado mas ó menos 
fuerza á todos los sonidos de la voz humana , para poder 
hacer uso de ellos con las modificaciones mas á propósi- 
to : siguieron una perfecta entonación de todos los inter- 
valos , tanto naturales ; como accidentales , que es el jui^ 
ció de toda melodía : aprendieron las varias maneras do 
modular la voz, ya sosteniéndola^ ó ya disminuyendo la 
duraciofl de los tonos : ejecutaron con maestría los tránsi* 
tos de intervalo á intervalo , con tan buena graduación, 
que todo cuanto se pronunciase, contribuyese ¿ las diver- 
sas inflexiones de los sentimientos que se deseaban espre- 



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sar : hicieron uso solamente de aquellos adoraos melódi- 
cos que son necesarios para el aumento de hermosura y 
brio en la voz^ sin perjudicar á laespresion , atemperan- 
do la agilidad de ia voz> no al arbitrio del cantor fecundo 
en caprichos , sino á la Índole de la naturaleza y de las 
pasiones : acomodaron la prosodia de la lengua con los 
acentos músicos de tal modo^ que se distinguieran coa to^ 
da limpieza cada una de las palabras^ comprendiéndose 
el sentimiento y la fuerza con el cuantitativo valor de las 
silabas : prefirieron los pasajes f&ciles á los difíciles : y fi*^ 
nalmente, apreciaron mas el estilo del corazón que el del 
propio lucimiento , y llevaron á la perfección posible el 
interés, la ilusión^ el arrobamiento, y d deleite, que son 
las fuentes de todos los encantos musicales , ya en las mís- 
ticas melodías sagradas^ como en los apasionados ó ale^ 
gres cantos profanos. 

Para llevar á cumplido efecto el mencionado sistema 
de canto,, se abrieron escuelas en todas las mas suntuosas 
capitales de Italia, siendo Roma la primera que consiguió 
mas felices resol lados, por baber introducido desde tiem- 
pos remotísimos, unanomuy vulgar escuela decanto para 
el mas brillante desempeño de la música sagrada; escuela» 
que, como es sabido, consiguieron poner en un estado 
respetable á principios del siglo XVII los desvelos de no 
pocos ingenios españoles ; perfeccionándola á fines del di^ 
cho siglo, los talentos de D. Pedro y D. Francisco Fed, y 
D. José Amador, célebres cantores españoles de la capilla 
pontificia. Estos tres profesores , deseosos de dar toda la 
perfección posible á la escuela de canto y llevar á cumpli- 
do término su propósito; lograron reunir á los literatoscon 
los compositores é instrumentistas de mas sobresaliente 
mérito; comunicáronse recíprocamente sus opiniones , y 
espon^ndo todas sus observaciones al común juicio, lo- 
ToMo ni. 20 



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grafon , después de corregir sus defectos, mejorar el plan 
de educación musical; y después de darle mas latilnd al 
arle ^ formar un nuevo método de canto ^ el mas perfecto 
quesehabia visto ^ hasta entonces según asegura Buon 
Tempi en su Historia de la música. 

Para ponor en práctica esta gran escocia, entre otras 
cosas útilísimas á la buena pronunciación, arte de llevar 
la voz etc. ; asegura el referido escritor Buon Tempi , que- 
los directores llevaban á sus discípulos fuera de los muros 
de Roma , al sitio llamado del Eco, y allí, á imitación de 
Demóstenes de quien se asegura que todos los dias iba 
á la orilla del mar para enmendar lo balbuciente de su 
lengua con el s(>nido de las agitadas olas, ejercitaban á 
los que ya estaban algún tanto adelantados ^ en el gran 
arte de oirse ellos mismos y corregir sus defectos, espe- 
cialmente los de afinación , que les advertía fielmente el 
eco de la peña á la cual dirigian sus voces. 

Módena y Genova tuvieron sus escuelas de canto, fun- 
dadas la primera por Francisco Peli, y la segunda , por 
Joan Paita : uno y otro discípulos de la escuela romana. 
Venecia, tuvo por promotores del buen canto, á Gasparini y 
Lotti: Milán, al famoso Francisco Bribio; Florencia, al cé- 
lebre Francisco Redi ; Bolonia, á Pistocchi ; y la célebre 
escuela de Ñapóles, á Alejandro Scarlati, Cayetano Greco, 
Domingo Egizio , Nicolás Porpora y liConardo Leo (í ). 



(i) Entre hs mochos célebres drscfpoTos que la escuela napofhana produjo con 
admímeíon de Europa» fué Baltasar Ferri de Peryggia, per haber sido el primero 
que la hizo conocer los frutos de las escuelas de canto romana y napolitana. Su mé- 
rito era tan estraordinario, que si damos crédito á los escritores de su tiempo, ií 
principios del siglo XVIH, Tamiro, Terpandro, Tirteo, y todos los cantores de la 
antigua Grecia, le fueron muy inferiores.— La escuela de Bolonia produjo casi por 
el mismo tiempo á Antonio Bernachi el cual aunque tuvo una voz desagradable, 
lanto estudió el arte de cantar, que la hizo agradable y creó una escuela con laque 
»e distinguía de los demás cantantes por el modo de graduar el alieoio, pof I» facilir- 



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A mas de lodas estas escuelas de canto, tuvieron 
también los italianos academias particulares , entre las que 
son dignas de citarse, tanto por el entusiasmo al arte y 
gloria patria , cuanto por ios distinguidos literatos y mú- 
sicos que las formaban ; las de Florencia tenidas en casa 
del conde de Yernio, célebre compositor, a las que con- 
currían Gerónimo Mey, Vicente Galiiey, Julio Caccini, y 
oíros muchos literatos y músicos : la academia de los Fu 
lamúsico^, la de los Fílaseos , y la llamada Gelatiy de las 
cuales conserva Italia un sinnúmero de cantatas, escenas 
dramálicas, y otras muchas piezas poético-músicas, pro- 
pias para conducir á la perfección las representaciones 
cantadas. 

Con tantos elementos para los adelantos del arte, y 
aplicación de las melodías y armonías á las frases y acen- 
tuaciones poéticas, nada tiene de estrañoel floreciente es- 
tado de la música en Italia á fines del siglo XVII : y mucho 
menos , sabiéndose los premios que dichas academias dis- 
tribuían á los que presentaban obras mas perfectas; pro- 
tegiendo y premiando los cardenales con pródiga mano, á 
los buenos poetas' y compositores de música, como lo 
acredita la pingüe pensión que el cardenal Detti consignó 



fiad de prodocif la toz, por To gracioso de Tos adornos, y por la exacta manera de 
formar las cadeneias finales. — ^ la misma escuela de Bolonia fué Pasi^ quien por 
su esiilo de canto compuesto de todas clases de fermatas, trinos, morde«tes, y otros 
mil adornos afectados, fué causa del abuso en los adornos que por tanto tiempo 
ha reinado en Italia: y aunque el conde Algoroti en s« Enteco á la ópera en mú- 
tica^ atribuye estos abuses no unto á Past como is» eoadiscfpuloBeriMicchi; debe 
creerse que nacieron con la escuela boIí»5esa porque tenian este mismo defecto, to- 
dos los discípulos de dicka eseueh, apesar de los esfuerzos del P. Marlini^deMan- 
fredi en su reforma, y avn del célebre Juan Bautista Manchini en suobra titulada' 
Refle$$i<mi pratiche $ul canto figuraío^^SHn embargo de lodkho, la escuela de Bo- 
lonia cuenta entre sus discípulos, á Antonio RaíT famoso cantante y ageneá losabu- 
sos criticados, que fué pensionado por nuestro rey Femando VI y conocido en Ma- 
drid en tiempo de Farinclli. 



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á Julio Slrozzi ; yá ios académicos llamados Ordinaliy 
cuyas reuniones se (cnian en el mismo palacio del car- 
deoaL 

Compárese este brillante estado de la música italiana 
con el nuestro en la misma época , en que nos hallábamos 
sin gobierno, en continuas y desgraciadas luchas politicas, 
esclavizado el genio y sin protección, como demostraremos 
en el capítulo inmediato ; y dígasenos imparcialmeote por 
los que nos creen demasiado partidarios de nuestra patria, 
si no superamos, aun en nuestra decadencia, á las demás 
naciones, habiendo sabido conservar con gloria en el mun- 
do científico del arte, la preeminencia en el género sa- 
grado, al lado de la Italia en el profano ó melódico, la 
Francia en el teórico, y la Alemania en el armónico ó 
instrumental. 



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capítulo 



Siiotctoo de Espafta despnes de la laseHe de Felipe IV. — Estado de la mósi- 
caí prtñma. — ^Id. de los teatros. -*-A«tQs stcraneatalet. — Loe de ElJ0fiin de 
FeUrina. — iDtrodacoíon de la música francesa en Espafta. — La Armiiaát LuU 
1 i.— Comparación con nuestras fiestas cantadas. — Opinión de D. Juan Andrés 
sóbrela ópera francesa. — D. Sebastian Duron. — Conocimientos de Dvron y so 
viage ¿ París.— Doron poeta.— latroduopícM le los vídUnes en la núsiea ecle- 
siástica. — Maestros españoles que florecieron en el siglo XVII. 



En(re las ruinas del poderío y grandeza de la nación 
española^ desapareció nuestra gloria literaria y artistica; 
y si en el reinado de Felipe IV fuimos dominadores de 
muchas naciones , en el de Carlos II quedamos dominados 
por todas ellas. 

Felipe IV acatado y respetado por el afecto de sus 
pueblos y el valor de sus huestes vencedoras en Cerdeña , 
Sicilia, Ñapóles, Milán, Méjico, Pera, Holanda, Portugal, 
Genova, Venecia, y Saboya. Felipe IV sostenedor de una 
guerra de treinta afios contra los protestantes de Alemania 
y en defensa del emperador Fernando 11, restituyéndole 
con la victoria de Praga el trono de Bohemia. Felipe IV 
cuya corte brillante en lujo y ennoblecida por tantos in- 
genios, fué el modelo de la tan decantada de Luis XIV. 
Felipe IV en fin, tan gran rey, tan poderoso monarca, 
tan esclarecido genio, y tan protector del talento; vio su- 
cumbir antes de la conclusión de su reinado toda esta 
grandeza y poderío , por la noble confianza depositada en 
el favorito y orgulloso conde Duque de Olivares , y por el 
valor indiscreto del Conde de Fuentes. 

El tratado de Westfalia, la independencia de Holan- 



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da, y la pérdida de Rocroy, Graveliuas, Mardyb , Dun- 
kerque^ muchas plazas fuertes de Italia , y sobre todo el 
Portugal ; hicieron sucumbir al importunado rey el 47 de 
Setiembre de 4 665, legando á su hijo Carlos 11 con la po- 
breza de la nación española , la del espíritu ; con la san- 
gre inútil y cruelmente vertida, los fantasmas exagerado» 
de una imaginación débil y enfermiza; con el poder que 
dominaba victorioso en Francia , el servilismo degradante 
en España. 

La incapacidad del nuevo soberano para gobernar, 
el desenfreno de los partidos políticos, el despotismo ci- 
vil y monástico , el nuevo incremento dado á la inquisi- 
ción, y el mal gusto consiguieate á la esclavitud del pen- 
samiento; derrocaron los cimientos de la civilizacioii 
española, abatieron el genia entusiasta y emprendedor 
tanto poético como músico , que volvió otra vez á ocul- 
tarse exanime y cadavérico entre las ruinas de sus pala- 
cios fantásticos, ó en la sombra de los claustros de catedra- 
les ó monasterios. 

Sin ciencias y sin artes , sin comercio ni industria , 
sin ejército ni armada , estériles los campos por falta de 
brazos, sin movimiento las ciudades, intransitables y lle- 
nos de salteadores los caminos, bastardeada la nobleza , 
sin rentas públicas ni particulares (4), sin fueros, y destro- 
zado el noble orgullo español ; tal era el estado de la an- 
tigua grandeza de España bajo el poder de la reina regen- 
te y de su confesor y privado el P. Nithard , teniendo por 
sola esperanza tan desgraciada nación , ser gobernada des- 



(1) Según uaa carta de Stanbope embajador de Inglaterra en la corte de 
Madrid dirigida á su ministro de CsUdo el 26 de mayo de 1698 , publicada coo 
otras muchas en Londres por Lord Mahon ; el conde de Andero superintendente 
de la Real Hacienda de España , declaró no encontrar medios para proveer á la 
subsistencia de S. M. C. el rey Garlos 11. 



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pues por el dc9{;raoia(lo Cirios II, mayor de edad á los ca- 
torce años. 

Para hacer masínsoporlable esta cruel situación á los 
españoles^ tan francos y alegres^ y tan amantes de sus di- 
versiones favoritas^ á donde olvidando sus penas dan es- 
pansion á el alma^ y^K^recientan el vigor para el (raba- 
Jo^ vida de las familias y movimiento y felicidad de los 
pueblos; fueron prohibidas las diversiones públicas^ su-- 
primida toda música profana^ y cerrados los teatros por 
un decreto de la reina regente^ en que se mandaba ü^ar 
las comedias, hasta que el rey su hijo tuviese edad bastante 
para ffustar de ellas: conyivúenáaéi la fastuosa, noble, y 
poética España, en un panteón de cadáveres vivientes, 
alumbrado por las hogueras del santo oficio, adornado con 
los huesos calcinados del fanatismo mas bien civil que re- 
ligioso, y solemnizado por los gritosde banderías sedientas 
de sangre y esterrainio, los lamentos de las víctimas , y 
las plegarias al Dios délos cristianos de desconsoladas ma- 
dres, amantes esposas, y afligidos hijos. 

Si para el pueblo había privaciones , y so les hacia 
sufrir (oda suerte de vejámenes, quitándoles, digámoslo 
así, hasta el cendal con que enjugar sus lágrimas, en el Pa- 
lacio del Buen Retiro, seguían ejecutándose las fiestas dra- 
máticas eoo música y sin ella, aunque pálidas y sin vida 
artística ; transformada la poesía en page de los manda- 
rines y la música en monótona salmodia, para dar un 
brillo de poder á la insensatez real , elogiándola forzosa- 
mente, al par que á la astucia levílica , hasta en los autos 
sacramentales , única diversión concedida al pueblo para 
celebrar las fiestas de la octava del Corpus Christi. 

Aunque sea forzoso retroceder algún tanto en nues- 
tra narración , vamos á ocuparnos con algún detenimien- 
to de esta clase de espectáculos sagrados; ya por ser ellos 



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los que en varias épocas salvaron nueslro teatro , ya por- 
que en ellos también la música dividió sus triunfos con 
la poesía. 

Las representaciones dramáticas^ como ya en otro 
lugar dejamos dicho, fueron en España durante muchos 
siglos patrimonio esclusivo de la iglesia , la cual atacando 
con sus poderosas fuerzas las farsas profanas , logró que 
él tribunal de la inquisición incluyese en sus índices es- 
purgatorios las obras escénicas que no llevaban el carác- 
ter religioso y la protección eclesiástica. 

Lope de Rueda, consiguió con su previlegiado talen- 
to desvincular de tan omnímodo poder, una diversión que 
al par de instructiva y de recreo, fomentaba las ciencias y 
las artes : y con tan buen acierto lo llevó á cumplido tér*- 
mino, que sus composiciones, lograron el aura popular y 
la protección do Felipe II. 

La imprudencia de algunos escritores que siguieron 
al cómico Sevillano, presentando en el teatro con dema- 
siada verdad escenas algo libres de las costumbres de en- 
tonces y dieron justas armas á la iglesia para voh'er á des- 
truir con la real cédula de suspensión, de que hemos ha- 
blado en el capítulo XIV, el prestigio y popularidad que 
estos espectáculos iban conquistando. 

El esclarecido Lope de Vega Carpió, conoció que la 
marcha emprendida en las obras dramáticas, habia sido 
demasiado precipitada, y que el teatro se hallaba amena— 
zadode muertesino se tomaba una pronta resolución. En 
efecto, buscó esta salvación actfdieúdo á las sagradas es- 
crituras en busca de nuevos argumentos para sus obras ; y 
aun que esplotada ya por la iglesia tan rica mina durante 
cuatro siglos, logró con su gran talento dar nueva vida á 
Ujisaulos sagrados y revistiéndolos con las galas de su loza- 
na poesia, y con formas muy parecidas á las do sus come- 



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-»^ i#« ^^ 

dits profanas; y de este modo sostuvo los espectáculos 
dramáticos ; hizo favorable á ellos la contestación de los 
doctores de las universidades de Salamanca y Coimbra 
á la consulta hecha por Felipe II en su penúltimo año de 
reinado ; consiguiendo después la feliz resolución de Fe- 
lipe IH para que continuasen las representaciones profa-- 
nas^ aunque sujeta su censura á prudentes y bien enten- 
didas leyes. 

Los autos sagrados de Lope de Vega , y después los de 
Calderón , lograron nivelar los espectáculos dramáticos 
entreelpüdercivil y monástico, quitando á la iglesia el 
esclusivtsmode ellos, y al teatro la animosidad de los faná- 
ticos. Para conseguir este objeto , separaron de los tem- 
plos las representaciones sagradas , y valiéndose de los 
Carros^ á semejanza de los primeros espectáculos dados 
por Thespis, formaron en ellos un completo teatro que 
en las grandes fiestas dadas durante la octava de Cor* 
pus, y aun muchos días después, representaban los autos 
sacramentales en las calles y plazas públicas de la corte, 
y en las de las ciudades, villas y aldeas; creciendo tanto 
su importancia y popularidad, que el clero los protegió, la 
elevada y la culta clase los admitió y escuchaba con gusto, 
y el pueblo entero los aplaudia con entusiasmo. 

Estas funciones se ejecutaban delante de las casas de 
los ministros, consejeros, y personas de distinción, y el 
rey y su real familia disfrutaban de ellas delante de su 
palacio , y en la plaza, ó calle, que les parecía mas con- 
veniente. Dividíanse en dos cuadros: en el primero se eje- 
cutaba la r.x)a , y en el segundo el auto sacramental, dan* 
do fin con un baile en que tomaban parte todos los es- 
pectadores que podian ó querían: y en el intermedio del 
uno al otro cuadro, y en el tránsito que mediaba de uno á 
otro sitio donde se ejecutaban los autos, la Tarasca y los 
Tomo ni. 2^ 



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-o^ ««t ^ro- 

Gigautónes divertía al ávido pueblo que se aglomeraba 
para ver tales fiestas. 

Los argumentos de estas obras dramáticas, que en 
su priucipio solo fueron tomados de la sagrada escritura, 
ó de la historia eclesiástica, después se ampliaron por 
Calderón y otros autores, sobre asuntos morales, consi- 
guiendo presentar en los Carros, acciones ilustres que 
escítaban los afectos inspirados por nuestra santa reli- 
gión con todo su esplendor y grandeza , sin el ausilio 
de las cogullas monacales, ni la presentación de santos, 
álicios, y sepulcros, ni los diálogos teológicos incompren- 
sibles para la mayor parte del vulgo. Enseñaron deleitan- 
do, con las virtudes morales los ejemplos mas heroicos 
de las cristianas ; con las diversiones de carácter sagrado, 
el comedimiento de las profanas ; y con unas y otras , el 
conjunto agradable é instructivo que tanto esplendor y 
nombradla ha dadoá nuestro Teatro, restaurador del de 
todas las naciones europeas. 

Los dramas sacros eran escritos en versó y música. 
Tícknor es de opinión que se aproximaban mas á la ópera 
que á ninguna otra clase de dramas de los conocidos en 
£spaúa ; y aun cuando en parte estamos conformes con el 
distinguido escritor alemán, no lo estamos en el todo, 
pties si se diferenciaban de los demás en los argumen- 
tos y lo concreto de ellos , no sucedia lo mismo en 
las formas, porque la mayor parte de las obras dramáti- 
cas españolas de entonces, tenian su Loa , estaban escri- 
tas en verso , y alternaba el recitado con el canto de la 
misma manera que en los autos sagrados, aun que mas re- 
ducidas las proporciones de estos, como hoy sucede con 
las obras lírico-dramáticas llamadas óperas. Carecían, sin 
embargo, aquellos, délos recitativos en música que te- 
nian y aurt tienen estas , pero no porque dejasen de ser 



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-conocidos dichos recitalivos en España desde ol siglo XVT 
como queda dicho y vamos de nuevo aprobar en una 
canción de Villalobo (í ) reducida á nota moderna por el 
celebrado Pujol maestro de capilla de la catedral de Bar- 
celona (2); sino porque á la altura en que se hallaba 
nuestro teatro ^ la declamación cantada debió parecerá 
los poetas y compositores españoles, impropia , monó- 
tona , y hasta ridicula para la verdad , interés , y desarro- 
llo de las situaciones dramáticas^ como se deja conocer 
en la mayor parte de las obras en que ^ según Eximeno, 
aparece la música donde brilla alguna pasión , decla- 
mándose las demás escenas. Mas si esto lo creemos cierto^ 
también creemos , que los poetas comprendiendo la im- 
portancia de la música en la sublimidad del drama, la 
intercalaron en las escenas parlantes que daban desarrollo 
al interés del argumento, y queriendo evitar la monoto- 
nía del recitativo, atribuido á los italianos, se valieron de 
la música como apoyo de la espresion declamatoria sin 
oscurecerla, dándole mas dulzura ó energía sin cortar 
la ilación del discurso. 

Este modo de recitar los versos acompañados con 
una música propia y alusiva al asunto que se representa, 
se ha creído por algunos , una mejora introducida en la 
ópera cómica francesa , y que los franceses han sido los 
inventores ó perfeccionaiíores de esta clase de declama- 
ción ; pero vamos aprobar, que dicha recitación con mú- 
sica la usaban los españoles en el año 4652, copiando 
lo que se lee en la Loa del auto sacramental de Calderón 



(i) Vcase en la lámina el número 8. 

(2) El (lia 21 de Abril del año 1856, dos encontramos csie precioso manus- 
crito en un raooton de libros y papeles viejos, de los mochos qae se ponon en los 
Encantes, especie de ferias que se celebran en Barcelona, plaza de san Sebastian» 
los lunes, miércoles , y viernes do cada semana. 



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titulado : La vida es sueño. Dice así la acotación á que nos 
referimos : Repite toda la música la copla, y luego sonan-- 
do bajo los instrumentos, sin dejar de tocar , acompañan 
á la representación ; de suerte que acaben juntos la música, 
y la glosa con cada verso de por á. Creemos queda bien 
demostrado, que tanto el recitativo, como la declama- 
ción con acompañamiento de música , se usó en Espafia 
antes que en Italia y Francia. 

Varios at/tos sacramentales llevan por título, el de 
algunas comedias profanas, tales como La vida es sueño^ 
Sueños hay que verdades son, el Jardin de Falerina, y 
otras : mas esto , no puede significar que fuesen reduci- 
das á menores proporciones para ser puestas en música, 
porque ni las obras profanas conocidas con dichos títulos 
carecían de ella , ni los argumentos pueden llamarse igua- 
les, aun que parecidos en la idea, siendo los unos pro- 
fanos y los otros sagrados. Tal vez el buen éxito de aque- 
llos, baria que se tomase el nombre y la idea para for- 
mar estos, con el objeto de popularizarlos mas en uno 
y otro género, ó bien por no poderse ejecutar los prime- 
ros á causa de la prohibición de los espectáculos profanos 
en varias ocasiones, y por diferentes motivos mandada. 

Tanto para demostrar lo dicho, cuanto para que se 
vea el prestigio de la música en aquel tiempo, y la im- 
portancia que los poetas le daban como hermana inse- 
parable de la poesía; vamos á copiar la Loa del auto sa- 
cramental de Calderón nominado, el Jardin de Falerina, 
sin temor de parecer pesados á los amantes verdaderos 
de nuestras glorias artísticas. 

Los personajes de esta Loa , son : el Ingenio , la Me- 
moria, el Entendimiento, la Voluntad, la Tierra, el 
Agua, el Fuego, el Aire, músicos y acompañamiento. 



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-o^ !•& ^4- 

Sdtn el Ingenio huyendo precipitadamente , y la Música deteniáMe, 
Música,'- Humano ingenio del hombre, 

¿Dónde ambicioso y soberbio 

Tan desvanecido vas ? 
Ingenia,^ Tras mi mismo pensamiento , 

Bn alcance de una duda , 

Que desvelado padezco , 

Sin que pueda de ella un rasgo 

Divisar. 
Música. — Por eso vengo 

( Al ver que te precipitas 

Tan en las manos del riesgo) 

Yo h divertirte. 
Ingenio. — Pues mal 

Podrán tus divertimientos 

hoy , Música , conseguirlo. 
{Qtdere irse y le detiene.) 
Música.— Detente. 
Ingenio, — En vano es tu intento. 
Música.^ ¿Cuándo la Música no 

Fué y el imán de los afectos ? 
Ingenio, — Cuando superiores causas 

Los arrastran. 
Música- — To he de verlo. 

carUa, 

Sonoros aplausos mios , 

Que siempre en templados ecos 

Respondéis á los primores 

De mis músicos preceptos : 

Tened , parad , suspended al Ingenio 

Humilde no caiga , cuando corre soberbio. 
Ingenio. — Por mas que tus armonías 

Alhagan mis sentimientos, 

Suelta , Música ^ que ya 

Dije , que es en vano tu intento. 
canto. 
Música,— Tened , parad , etc. 
El coro repitiendo 
Tened , parad , etc. 

Siempre deteniéndole. 
Ingenio, — Vuelvo á decir otra vez , 

Que mal tus dulces acentos , 

Bella Música , podran 

Pararme , que es el empeño 

Tal de mi imaginación , 

Que no es posible , que atento 



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A su agrado mi discurso , 

Halle alivio ; y mas si atiendo 

Canto. 
Coro y Afúsica.— Tened, parad , etc. 

Ingenio.— A que si al alegre aumentas 
Con tu armonía el contento , 
Al triste con tu armonía 
Le doMas los sentimientos. 

Música» — Como el divino dictamen 
De la Música, alimento 
Tan del alma es , se convierten 
Fácilmente sus efectos 
En el humor , que domina ; 
Pero no es del caso esto , 
La filosofía saldrá 
Cuando importe al argumento. 
Y asi , vuelve á tus tristezas , 
Que puesto que no las venzo 
Con el canto , podrá ser 
( Ya que por tuyas las siento ) 
Las venza con la razón. 
Ingenio, — ¿Con la razón ? eso es bueno : 
¿Pues tú, Música, has tenido 
A la razón por objeto 
Alguna vez ? porque yo , 
La diversión solo creo 
Que ha sido el objeto tuyo , 
Como sentido del cuerpo , 
Solo alhagando el oído , 
Pero no al entendimiento , 
Como potencia del alma. 
Música, — Tanto de oírte me ofendo , 
Que me persuado á que eres 
La ignorancia , y no el ingenio. 
[Y dejando aparte , que 
El oido , que es mi centro, 
Es solo el capaz sentido 
Del mayor de los misterios.] 
¿Hay cosa en toda la grande 
Fábrica del universo 
Que debajo de compás, 
Proporción, número, y metro, 
En Música no esté ? Hable 
La armonía de los cielos , 
Siempre en consonancia ; y si ella 
No es tratable al uso nuestro , 



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-0^ t«t So- 
nable por mas familiar 
La de los cuatro elementos : 
Pregúntaselo á la Tierra. 
Ingenio. — Y cuando fuera tan necio , 
Que á ella se lo preguntara , 
¿ Qué me respondiera ? 
Sálela Tierra cantando. 
Tierra,-^ Esto. 

Canto. 
Lo humilde délos vallados , 
De los montes lo soberbio, 
Lo oculto de las ciudades , 
Lo inculto de los desiertos , 
Un pautado libro 
Son de solfa , puesto 
Que vienen á dar 
En un punto mesmo 
Para la armenia 
De mi verde centro, 
Tierra y Coros. 
Vallados , ciudades , 
Montes y desiertos. 
Música.^ Di al viento , que te lo diga 

También. 
Ingenio,— ¿ Qué me dirá el viento ? 

Sale el Aire cantando, 
Jtire.— Clarin Céfiro es el Aire , 
Pífano el aura en el eco , 
Trompa el ábrego en el muro , 
Caja en la campaña el cierzo ; 
Música , y batalla 
Son del aire , puesto 
Que vienen á dar 
En un punto mesmo 
Para la armenia 
De su vago imperio. 

iíire, y coros, 
Zéflros , y auras , 
Ábregos y cierzos. 
Música,-- Escucha también al agua. 
Ingenio.^YñÁ sus rumores atiendo. 

Sale el Agua cantando. 
Agua.— Los violines de los mares , 
De las fuentes los salterios , 
Las cítaras de los rios , 
Y arpas de los arroyuelos , 



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Todas 8on del agua 

Cláusulas , supuesto 

Que vienen á dar 

En un punto mesmo 

Para la armonía 

De minados senos. 
Agua y coros. 

Piélagos, y Ríos, 

Fuentes , y Arroyuelos: 
Ingenio,-^ Agua, Aire, y Tierra, vaya ; 
¿Mas cómo es música el fuego? 
Sale el Fuego cantando. 
Los contraltos de los rayos , 
Que el temor son de los truenos , 
Entre tiples de centellas , 
Contrabajos del incendio. 

Consonantes iras 

Son del fuego , puesto 

Que vienen á dar 

En un punto mesmo 

Para consonancia 

De sus ardimientos : 
Fuego y Música^ dúo. 

Los truenos y rayos , 

Las nubes é incendios. 
Ingenio,^ Aunque por sí cada uno 
Probado deje su intento , 
¿Cómo los cuatro podrán 
Juntos probarle ? 
i/iiwco.— Oye atento. 

Cantan el Fuego^ Agua^ Aire^ y Tierra, 

Como somos un tono de á cuatro 

Los cuatro elementos , 

Que unisono siempre 

Bn el punto de amigos , 

No nos desune la fuga de opuestos. 
Ingenio.— Aunque esa es filosofía , 
Y la metáfora entiendo , 
¿ Qué sacan de ello mis dudas ? 
Música, — Sepa cuales son , y luego , 
Si en música no te diere 
Salida , cúlpame. 
Ingenio,-- A precio 

De que me dejes, escucba. 
Mis ansias constan, no menos 
Que desde donde Juan dice , 



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Qao el principio era el Verbo ; 

T no tan solo hasta donde 

Carne el Verbo se hizo, pero 

Hasta donde después dice 

En su soberano testo , 

Que el pan fué hecho carne, y sangre ; 

Y aunque todos tres misterios 
Creo y adoro , bien como 
Principales fundamentos 

Be la fé, mi duda es , 
Que David diga en un verso , 
Que está mi alma en mi mano ; 
Porque ¿ cómo si en creerlos 
Consiste el mérito , y este , 
Como á superior talento , 
Al entendimiento toca , 
David asienta sobre eso , 
Que está en mi mano mi alma? 
Mira tu si tres misterios 
Tan inescrutables, como 
Son para el humano ingenio 
Trinidad^ Encarnadan^ 

Y Eucaresña , ponerlos 
Para el mérito en mi mano , 
Antes que en mi entendimiento 
l^rá la música. 

i/tísica.— 8í ; 

Y antes presumo que el cielo 
( No sin providencia) quiso 

Que hoy te asista , porque siendo 

Hoy el mas festivo dia 

De la iglesia , aun fuese acuerdo 

Festivos los argumentos. 

Como suyo , que en él fuesen 

Dígalo la paridad 

De haber en tu mano puesto 

Tu alma , cuando está en mi mano 

Mi música, pues es cierto^ 

Que sus claves y sus puntos 

Se esplican en sus artejos , 

Siendo el aprender la mano 

Su principal rudimento. (1) 

(i) Hace pocos años que se enseñaba por la maDO llamada musical, las letras, 
sígDOs , voces, claves , tonos , mulanzas , diapasones, y entonaciones de salmos; 
siendo de este modo, según los antiguos , el método mas fácil para aprender la 
teórica de la mCisica. 

Tomo iii. 22 



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H>9 «!• €^ 

Doblemos aqui la liqju 
Hasta otra razón , que en ello 
Se incluye , contra tu duda , 

Y vamos á los misterios , 

Que en música he de esplicarte ; 

Y porque tanto supuesto 

No haga escándalo, antes que 

Llegue á la esperiencia , asiento 

Ingenio, — ¿Qué? 

iVüstca.— Que no es concepto mió, 
Sino estudiado concepto , 
Hallado en la autoridad 
De Agustín , contra el hebreo. 
Con este seguro, ahora 
¿Quien quieres que deste empeño 
De que en música me esplique , 
Sea el juez? 
/npenio.— ¿Quien ha de serlo , 

Sino á quien mas solicito 
Sosegar ?Bntendimiento , 
Memoria , voluntad ? 
Salen los íre^.—Que es lo que quieres? 
Ingenio.-— Que un duelo, 

Kn que la Música, y yo 
Hoy estamos , juzguéis cuerdos. 
Jftisica.— Agua , Tierra , Fuego y Aire? 
Los cuoíro.— Que nos mandas? 
Jfcfwítca.— Dadme , os ruego, 

Un intrumento, que sea 
También templado instrumento, 
Que de todos conste. 
Tierra.^ Este 

Hemos los cuatrocompuesto. 
(Saca la tierra un arpa^ que tendrá formada una cruz en suprimcr bastón.) 
Pues yo, que la Tierra soy , 
Di para él madero, 

{Dásele al Fuego.] 
Fuego. —El fuego, llave, y clavijas. 
Pues su actividad haciendo 
Que obedezcan los metales, 
Sus clavos labró del hierro. 

{Dásele al Agua,) 
kgua, —Yo las cuerdas para él, 

Pues los nervios , que antes fueron 
Carne, el agua de un sudor, 
Humedecidos los nervios. 



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Loe dejo tirantes. 

{Dásele al Aire.) 
Aire. — Yo 

De suspiros, y lamentos 
Esfera , bien como el aire 
Sus voces esparcí al viento. 

(Dásele á la Música y ella darásele á la Voluntad) 
Música, —Toma este instrumento tú, 

Tócale. 
Vofuntad,—Si arte no tengo 

Que dé á la mente dictamen, 
Que es en quien está el precepto 
Que ha de obedecer la mano, 
¿Gomo lo tocare, puesto 
Que herido , mas no sonoro. 
Solo responderá? 
Música. — Luego 

Sin arte , que de á la mente 
Dictamen, nada tenemos , 
Aunque instrumento tengamos 
Y mano para él 1 
VdwUad. — Es cierto. 

Música, — Memoria , sabes el arte 

Tu de la música? 
Memoria. — Siendo 

Yo de las artes tesoro, 
Pues soy de todas acuerdo , 
Dudas si la sé? 
Música. — Pues toca 

Este instrumento. 
Memoria, — Ya empiezo. 

{Daleelarpa^ y al querer tocarla la tiene la mano,) 
Memoria — ¿Que haces ? 

Música. — Tenerte la mano. 

Memoria. *— Como, si mano no tengo , 

Te he de tocar? 
Música, — Luego no 

Vasta tampoco , que aun tiempo 
Arte , é instrumento haya 
Sin mano para el contento 
De .hacerle sonar ? 
Memoria, — Es claro. 

Música,-^ Pues toma tú , Entendimiento, 
{Dale elinstrumento al Entendimiento^ y al irle a tocar se lo quila.] 
Que si de todas las artes 
Eres absoluto dueño, 



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-o^ IVS %«- 

i Quien duda este sepas? 
EntendkmerUo, Sí. 

Música,^ Asi sobre el arte dejo 

Libres las manos; ¿que aguardas? 

Toca. 
EntendimierUo, — Si haré ; mas que es esto ? 
Jíttfioa.— Que el instrumento te quito. 
Entendímiento.'^'P\xe% si el instrumento pierdo, 

¿ que me importa que me dejes 

LasmanoS) y el arte? 
Música' — Luego 

Tampoco el arte, y las manos 

No sirven sin él ? 
Todos^ Bs cierto. 

Mústca,-- Luego (Ingenio atiende, que ahora 

Te he menester mas atento.) 

Luego, para que acordada 

La música dé su efecto , 

Es menester que concurran 

Tres iguales cosas, siendo 

Tres en el nombre distintas, 

Y una en la esencia , supuesto 
Que para que la perfecta 
Consonancia llegue á serlo, 
Necesario es que se aunen 
Arte, mano , é instrumento. 
Bl primer misterio es este : 
Para el segundo misterio , 

Bl Padre , que dá el dictamen , 

El arte pone ; el inmenso 

Alto espíritu , la mano; 

Pues por obra'suya creemos 

Encarnado al hijo: el hijo, 

Que es en quien se obra el concepto » 

el instrumento es, pues es 

El que dá la voz, diciendo , 

Este es mi cuerpo , y mi sangre: 

Con que también el tercero 

Misterio queda esplicado. 

Y ahora , á desdoblar volviendo 
La hoja, que quedó doblada , 
Mira , cuan no acaso el cielo 
En tu mano , y en mi mano 
Puso enseñanza y ^emplo. 

En catorce artejos funda 
Mi música sus preceptos , 



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T ta fé en otros cat<Mroe 

LoB Buyos : ó cuenta atento 

Los artejos de tu mano, 

T bailarás catorce artejos , 

Como número que Dios 

Te puso para tu acuerdo. 

T siendo asi , que en la mano 

De los órganos del cuerpo 

Se significan las obras ; 

Tu alma está en tu mano , uniendo 

Bl creer con el obrar , 

Porque en músico concepto 

Suele destemplarse obrando , 

Lo que se templa creyendo. 

ingenio.-^ Bl Ingenio por Teneido 

Se dá y Música, á tu ingenio, 
y á tu aplauso , y en bonor 
De dia , en que es el festejo 
Devoción , tengo de bacer 
Un Auto. 

Música,^ I De que argumento? 

Ingenio.^ Para que de tu enseñanza 
Algo en mi agradecimiento 
Se reconozca, el asunto 
Fundarle en música intento 
Valiéndome de sabida 
Fábula, para su efecto , 
Que alegorizada, no 
Desdiga de tus misterios. 
El Jardín de Fcd&rína 
Se ba de llamar. 

Méitca.-^ Pues yo quiero 

Que mi música , y su Loa 
Sirva: y asi, remitiendo 
Bl común lugar de bacer 
Salva nuestros rendimientos 
A magestades que adoran , 
A sus damas , sus consejos , 
Su villa , nobleza , y plebe , 
De armas , y de letras centro , 
Sea en música la salva. 

Todo».— ¿Como? 

líiteiea.— Conmigo diciendo : 

( Repiten lodos lo que canta la Música,) 
Estando en si mismo Dios , 
Siendo uno, y tres en si mismo. 



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Yá en el vientre de Maria, 
Yá en el pan del sacramento, 
Nos comunicó á su hijo, 
Con que hombre, y Dios verdadero, 
Subiendo el hombre á ser Dios, 
Bajando á ser hombre el verbo; 
En músico estilo 
Esplicando el concepto, 
Vinieron á dar 
En un* punto mesmo, 
El alto bajando 
Y el bajo subiendo. 
Tocan chirimías^ y cerrándose loe carros^ seda fin ala Loa, 

Manifeslado ya lo que hemos creido necesario acerca 
délos au los sagrados ó sacramentales, continuaremos la 
interrumpida narración de esta historia. 

Los diez años de regencia que siguieron á la muerte 
de Felipe IV, derrocaron por tercera vez el suntuoso tem- 
plo del arte dramático á tanta costa levantado, con tanto 
tesón sostenido, y con tan buena fortuna encumbrado so- 
bre los demás de Europa* Y aunque volvimos de nuevo á 
ser deudores á la Iglesia en la conservación de algunos 
preciosos restos lírico-dramáticos, con los villancicos y 
espectáculos sacros representados en su santo recinto ; sin 
embargo, la libertad perdida, el lugair prolector, la censu- 
ra rígida, y las composiciones musicales siempre calcula- 
das y nunca creadas , fueron cambiando la faz de la poe- 
sía y la música, quedando aquella escasa de genio, y falta 
de inspiración esta. 

Llegado á su mayor edad el desgraciado Carlos II , y 
concertadas sus bodas con doña María Luisa de fiorbon, 
quisieron los gobernantes del Estado, sacar de? sus tum- 
bas á los sufridos españoles para presentar sus momias 
ante las naciones europeas, como una imitación de la 
danza Macabra, en el festín ^nupcial del impotente rey. 
Conociendo que las diversiones favoritas de España eran 



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-o^ leseó- 
los espectáculos dramáticos^ mandáronse abrir los teatros 
del reino; pero ni aun con tal determinación pudieron in- 
fundir la alegría en el pueblo, la inspiración en el poeta, 
y la animación y vida en las melodiosas armonías del mú- 
sico. Apenas consiguieron reunir tres compañías de có- 
micos, según el favorito poeta de aquella época Candamo; 
y el teatro español empezó una nueva y raquítica era , mas 
bien para adular á un poder cadavérico, que para volver 
la vida á un cadavérico pueblo. 

La música fue separándose de las representaciones 
profanas, y bastardeando las sagradas en la mezcla de la 
salmodia latina con la música de romance, de la magostad 
de los himnos sagrados con las representaciones á lo divi- 
no, de la severa escuela armónico-eclesiástica con la me- 
lódíco-vulgar : la poesía considerada como un mero pasa- 
tiempo no tuvo vida propia , y muriendo poco á poco en- 
tre la iglesia y el teatro, quedó reducida al estado que 
aun á principios de este siglo se hallaba : y el funesto 
reinado de Garlos el hechizado, fue la desgracia y el no ser 
de la nación española, la esclavitud y el verdugo de sus 
talentos brillantes, y la creación del servilismo imitativo 
de todos sus hijos en las ciencias y en las artes. 

Avasallado el genio español, y no queriendo servir 
como objeto de adulación á los que le deprimían y ame- 
nazaban, se retiró orgulloso ó se ocultó tímido ; y la corte 
supersticiosa, aunque tuvo aduladores, no tuvo elogios 
espansivos de los que arrastran al pueblo por la inspira- 
ción del que los hace, de los que son premio de una pro- 
tección general á alguna cosa útil , y de los que nacen del 
libre alvedrio y no por una real orden. 

Tanto porque los magnates conocieron lo espuesto, 
cnanto por adulación al poder.de Luis XIV, con cuya nieta 
se enlaz<') el rey de España, introdujert)n en nuestra esce- 



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na los espectáculos franceses^ siendo el primero U Armí- 
da, drama lírico de Qninault y LuUi , autores entonces 
muy celebrados en Francia , pero cuyas composiciones, 
como dejamos dicho^ eran sacadas de las grandes fiestas 
musicales dadas en el Buen Retiro ante ia esplendente 
corte del gran Felipe IV; siendo por 'estas cansas su éxito 
escaso, y su vida muy pasajera. 

La ópera de la Armida fijó en Francia la opinión de 
que el poema líiíco debia ser la Epopeya , puesta en acción 
y en espectáculo^ presentando todo lo maravilloso visible 
por medio de dioses^ semi-dioses^ genios, hechiceros, 
mágicos, virtudes, vicios, deidades abstractas^ y todos 
los entes morales personalizados en los interlocutores ; 
manejando todos los resortes de lo prodijioso^ sin impedir 
á la musa trágica que ocupara su lugar en esta dase do 
espectáculos, siempre que el poeta lírico realizara todo 
aquello que el trágico no puedo sino idear. En la Armida 
se hallaban todas estas cualidades por haber reunido en 
ella las musas heroicas, la pompa de lo maravilloso con 
el socorro de la música, el baile y la pintura^ haciendo oir 
por una nueva magia, ios encantos qoe ia musa épica solo 
puede hacer imaginar y dando ocasión á un poeta francés 
para los siguientes versos ; 

Ou les beaux vers, le danse, la rrmsiqus, 
Vari de tromper les yeux par les cauleurs, 
Vari plus heure(yux de sedmre les coers. 
De cent plaisirs font un plaisir unique. 

¿Pero este género de composiciones dramáticas, no era 
ya conocido por los española, tanto en el Parnaso, melo- 
drama representado en tiempo de Felipe II, cuanto en nues- 
tras fiestas cantadas^ nuestras zarzuelas , loas, y hasta en 



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lossaínetes con másíca? ¿Tiene la Armida cosa alguna que 
en nuestro teatro no la hubiésemos visto antes , en mayor 
escala y con mayor riqueza de invención? ¿A qué se redu- 
ce el argumento de la obra de Quinault? — A que Armida, 
reina de Fenicia, por su hermosura y desgracia supo intere- 
sar en su favor á los mas valientes gefes de la armada deGo- 
iofre^ hasta hacerlos ir á su corte á ofrecerla sus servicios; y 
que ella lo rehusa todo, por estar enamorada de Reinaldo, 
desgraciado joven á quien dio asilo, y cayo corazón entusias- 
ta por la gloria, y enemigo de los placeres y seducciones, 
solo desea volar á donde su honor le llama. < — Este es todo 
el asunto del drama; mas el poeta épico, hecho dueño de 
él, en vez de una reina naturalmente bella, sensible é in- 
teresante, la supone encantadora, y de una acción sim- 
ple, la hace sobrenatural á fuerza de prodigios y de ma- 
gias, siendo en Armida el don de agradar prestigio, y en 
Reinaldo el amor un encanto por los placeres que le 
rodean , y los maravillosos objetos que ante su vista se 
presentan . — E^usado es decir si el argumento de Armida 
y los efectos de que se valió el poeta para presentarlo con 
gran aparato y novedad , eran desconocidos de los espa- 
ñoles, cuando tantos ejemplos tenemos, y tan conocidos 
son, en las obras de Lope de Vega, Calderón, Solis y 
muchos otros. 

No es nuestro ánimo el querer rebajar en lo mas mí- 
nimo la gloria alcanzada por Quinault como padre y au- 
tor de la ópera francesa, aunque tan encontradas son las 
opiniones que formaron de él, Boileau^ Marmontel, Gre- 
try y otros (í); sino manifestar que en las producciones 

(I) Mr. Boyleaa crítica los versos de Quinault por fríos y lúbrícos , y inani- 
fiesta qae necesitaban de la música de Lulli para tener algún calor. 
« Des lieux communs de moróle lubrique^ 
Qiie Lulli rcchanffadc sonsdt sa musigue.» 

Tomo \u. 23 



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•0^^ 199 ^o- 

(le Quinault nada aprendimos, antes por el contrarío, con 
ollas, nos hizo conocer que mucho le habíamos enseñado. 
En cuanto ala música de Lulli, ya hemos manifestado 
nuestra opinión en el curso de esta obra , y nos ratificamos 
de nuevo en que, si bien su genio pudo crear melodías y 
combinaciones armónicas ágenos de una servil imitación; 
tuvo presente el corte, ritmo y sencillez de las españolas, 
para dar nuevo giro á las suyas, y separarlas del gusto 
italiano, ya por estarse mejorando este bajo las mismas 
bases, cuanto por el aborrecimiento que á todo lo ita- 
liano se tenia en Francia (i). 

Para corroborar mas nuestras opiniones siempre fun- 
dadas en documentos históricos respetados hasta el pre- 
sente por el crédito justo de sus autores , vamos á copiar 
del autógrafo de Teixidor lo que refiriéndose á la época 
floreciente de Lulli, dice: « Don Sebastian Duron, joven 
en esta época por no tener mas que diez y siete años, ha*^ 
hiendo pasado á París llevado de la gran fama de Lulli , y 
oido una ópera de las mas sobresalientes de este compo- 
sitor, siendo preguntado que tal le parecía , respondió 
con frialdad que era buena la música : replicáronle sobre 
tan corto elogio como hacia de ella , y dijo que se empe- 
ñaba en componerla tan buena ó pejor ; y en efecto , lo 
cumplió en una serenata ú opereta de Quinault que se 
jecuto en casa del embajador de España con aplauso ge- 

MarmoDtel por el contrario , hace ver la gravedad , fuerza , y robustez de 
ellos, según el objeto que espresaban: y Gretry dice, que Quinaolt destrozó croeU 
mente su lengua, 6 hizo sentir en sus óperas y las de sos sucesores, la molicie 
y la bajeza del envilecimiento. 

(1) El abate Andrés en su Historia de la literatura^ dice: «Por tres distin- 
tas veces hizo Mazarini que pasase de Italia una compañía de operistas italianos, 
para que la Francia tomase el gusto á aquel espectáculo que formaba las delicias 
de su nación; pero la Francia , que entendia poco el italiano, sabia poquísimo do 
música, y aborrecia al Cardenal sobre manera, miró con desprecio una diversión 
musical en lengua italiana que le había proporcionado ^^\ aborrecido ministro. » 



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-o-^'iv» po- 
nera! de toda la grandeza de Francia , y admiración del 
poeta y deLuIli. — Esta anécdota ^ continua Teixidor , la 
debemos á Doii Pedro Morrems^ arpista que fué de las se- 
ñoras Descalzas Reales de Madrid y y profesor de un mé- 
rito sobresaliente^ el cual la sabia de boca de su maestro 
Don Francisco Llinás^ célebre compositor de música de 
Barcelona^ y amigo íntimo de Daron^ con el ctial tuvo 
íntima correspondencia hasta que murió este en la corte 
de Yiena« Afiadia, que este hecho facultativo en unos 
tiempos en que la corte de Madrid aplaudía las modula- 
ciones de Lulti , hizo se le confiriese el magisterio de capi- 
lla de la Beal de S. M. C. por los años de K 695. i 

Estos hechos nos confirman , que Lulli en suseompo- 
síciones^ imitó las esps^las , pues de otro modo no le hu- 
biera sido tan fácil á Duron ^ aun con el atrevimiento que 
da la poca edad , poder salir airoso de un reto artística en 
una capital estrangera , y habiendo calificado de buena la 
música de su contrario : ni hubiera consentido Quínault 
dar una obra suya á tan atrevido joven , ni LuUi á oír la 
música y elogiarla ^ si no hubiesen conocido ambos^ los 
adelantos del arte lírico-dramático en España, y que 
ellos ^ les estaban proporcionando sus triunfos repetidos. 

Sí Doron á su regreso á Madrid , ocupando la posición 
tan ventajosa en el arte que sus talentos con justicia le al- 
canzaron , y habiendo conseguido tan envidiable victoria 
en la corte de Francia^ hubiera visto algunos adelantos 
sobre nuestras composiciones lirico-draraáticasen las obras 
de Quinan It y LuHi> ¿no los hubiese introducido con 
éxito en nuestros teatros tan escasos entonces de nove- 
dades , y tan ávidos jos cortesanos de imitar todo lo fran-* 
ees? Sin duda alguna : pero Duron no escribió óperas 
al estilo francés, sino zarzuelas y loas al estilo español^ 
de quien aquel se derivaba . 



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Es innegable que el buen gusto del pueblo francés ha- 
cia los espectáculos dramáticos, fué formado , como deja- 
mos dicho en otro lugar ^ por ios sobresalientes antores 
á quienes les sirvieron de modelos las obras de nuestros 
esclarecidos ingenios ; y aun cuando la comedia en aiú- 
sica perdió su prestigio por la introducción de las obras 
líricas de Quinault y Lulli, protegidas por Luis XIV, y 
conpuestas sobre argumentos y melodías españolas, aun- 
que con formas italianas debidas solo al recitativo en mu- 
sica desechado por nosotros, la FVancia aceptó con frialdad 
estos espectáculos impropios de su educación dramática, 
como lo comprueba la creación de la ópera cómica, que 
aun hoy, poseyendo «n un brillante estado su Grande 
ópera, y las obras mas notables en este género, de céle- 
bres poetas y compositores ; es aquel, y no este, el verda- 
dero teatro lírico, formado del clásico lírico es'^i* »1 . <]* « 
es lo que la aproximación á una verdad sublime.:, 
presentada, pide y exige. Asi lo manifiesta, hablanao ue la 
poca importancia de la poesía en la ópera , el sabio escri * 
tor italiano Maffei, en estas palabras: « Mientras el actual 
modo de música se'conserve, jamas podrá lograrse que 
un arte deje de ser mutilada por otra , ni qué el superior 
deje de servir miserablemente al inferior ; de modo que el 
poeta viene á ser lo que el violinista cuando toca para el 
baile. » 

Esto es verdad en la opera italiana , mas deja de serlo 
en la zarzuela española y ópera cómica francesa, puesto 
que en ambas tienen iguales partes la poesía y la música, 
el actor y el cantante, el baile y la pintura; formando 
eso todo completo y encantador que como dice Algarotli, 
el hombre imaginó para deleitar los ánimos nobles, reu- 
niendo todo cuanto tiene de mas atractivo la poesía , la 
música, la representación, el baile y la pintura, para 



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escitar tos arectos, encantar el corazón , y én^ar dulce- 
mente el entendimiento. En la zarzuela y ópera cómica, el 
poeta puede desarrollar de un modo mas natural y mas 
lato el argumento del drama , preparando con mejor efec- 
to las situaciones musicales ó bailables ; y el espectador 
goza mucho mas^ porque también le interesa mas^ la 
farsa que tan mágicamente ante sus ojos se presenta, sin 
tener que sufrir pora llegar á las situaciones interesantes 
dramático-Hricas^ ei cansado^ monótono > é insustancial 
recitativo en música. 

Aun cuando eran muchas las obligaciones que á Duron 
imponia su magisterio por las composiciones que todos 
los años habla de presentar en la real capilla , tanto lati- 
nas como castellanas; escribió^ sin embargo^ un gran 
número de serenatas^ zarzuelas , é intermedios músicos ó 
entre actos de comedia^ que le valieron los aplausos y elo- 
gias de españoles y estrangeros , ya por las melodías tan 
apropiadas á los conceptos poéticos, cuanto por el estilo, 
sencillez y buen gusto de ellas. 

Cuéntase de tan distinguido compositor^ que después 
de haber salido de una función religiosa en la que la ca- 
pilla de música ejecutando una obra suya, dirigida por él, 
tuvo un marcado descuido ; Carlos II ((ue estaba oyéndola^ 
y habia notado el desconcierto, le dijo: — Duron, ¿en 
que consiste que siendo tu eclesiástico, salen mejor ejecu- 
tadas las composiciones que escribes para el teatro , que no 
lasque haces para la iglesia ? — Sefíor, contestó Duron, 
en que en el teatro lleva el compás el diablo, y en la 
iglesia lo llevo yo. Contestación que hizo reir á todos los 
circunstantes, y celebraba muy amenudo dicho soberano. 

Teixidordice, que Duron era también poeta y autor 
de la mayor parte de las poesías castellanas que ponia en 
música; aunque habiendo visto varias arietas, tonadas, 

HARVARD UNIVERSITY 

EDA KUHN LOEB MUSIÓ UBRARY 

CAMBRIDGE 38, MASS. 

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-»^ 19t ^o- 

y juguetes suyos, en nioguuo halló escrito serla poesía y 
música del mismo, sino en el siguiente, cuya melodía po- 
seemos nosotros. 

EstriviUo, 

Yo te quiero Olleta, 

Tolo confteeo, 

Por mas de muchas razones, 

Que son si mal no me acuerdo 

Las que á mi me hacen mas fuerza 

Por esto , y es totro , y aquello. 

¿Que te parece? 

No nos hurlemos: 

Óyeme niña 

Solo una vez que me quejo, 

Pues yo te quiero, 

Por esto , es totro y aquello. 

Coplas. 

Bien te acuerdas Olleta 
Que en otro tiempo. 
Te swvia muy niño 
Mi grande afecto; 

Y andaha oculto 
Mi amante ruego, 

Tu deidad obsequiando 
Por esto , es totro y aquello. 

Muy hien sabes que un dia 
Mi pensamiento,. 
Te encontró y no te dijo 
Malo ni bueno: 

Y fue el motivo, 

Y efituvo el cuento 
Que tu no lo escuchases. 
Por esto, es totro y aquello. 

Aunque siempre buscaba 
Luz en tu cielo, 
A los rayos cegaba 
De tu respeto: 
No hallando modo 
Por que tu ceño, 
La ocasión no me daba 
Por esto , es totro y aquello. 



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Pero ya que á porfía 
Del Bufrimieoto 
La cadena ee rompe 
DemiBílencio; 
Doy estas voces 
Muy en secreto, 
Porque quiero las sepas 
Por esto , es totro, y aquello (1). 

LosgraDdcdcoDQcimieotos de Duron en el arle de la 
música , su crédito en la córte^ y el afecto que le profesa- 
ba Carlos II ; fueron causa de que este monarca^ á ruegos 
del compositor^ crease en su Real capilla varias plazas de 
violinistas , á pesar de la grande oposición que se hacia á 
la introducción de los violines en la música eclesiástica. No 
se crea poresto^ que dichos instrumentos eran desconocí* 
dos ó de poco uso en España^ pues en las cámaras de los 
reyes y altos personajes^ en los teatros públicos y parti- 
culares , y en todas las diversiones profanas^ se usaban^ 
según la opinión de Teixidor^ desde el reinado de los re- 
yes católicos : probándose esta verdad con la relación de 
varias fiestas^ y los melodramas representados en la corte 
de los reyes de España desde Felipe II hasta Felipe IV. Y 
si el llamado Rebeqm por nuestros mas antiguos poetas, 
es el violin , como se infiere por llamarse aun hoy este 
instrumento Rábaquet en algunos pueblos de Cataluña- 
no cabe la menor duda que los violines fueron usados en 
España desde antes de la dominación árabe. 

Los maestros compositores y escritores de música que^ 
á mas de los nombrados , sobresalieron por sus obras en 
el siglo xvu, y han llegado á nuestras noticias , son los 
siguientes : 

D. Mateo de Aranda^ natural de Castilla la Vieja ^ au- 

( I ) Vóasc en las láminas el ni^incro 9. 



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^o^ «M Co- 

tor del Tratado de canto mensurable y contra punto, y de 
otro Tratado decanto llano. De este autor habla Feüs en 
su diccionario biográfico , refiriéndose al catálogo de la bi- 
blioteca del rey de Portugal, don Juan IV : pero dice ig- 
norar si fueron impresas dichas obras. Nosotros , que no 
tenemos mas noticias que Fetis sobreesté maestro^ dire- 
mos^ sin embargo^ que creemos que las dos obras á que 
hace referencia , se imprimieron en Valladolid , por lo que 
se desprende de una carta dirigida á D. Juan del Barrio 
por el sabio maestro de capilla de la catedral de Cuenca, 
D. Pedro Aranázy Vives, el año de Í700, la cual obra en 
nuestro poder , y dice asi el párrafo á que nos referimos: 
«Ni aun Aranda en sus dos obras publicadas en Vallado- 
lid, dice nada que no lo hubiesen dicho ya sus anteceso- 
res, como habrá V. notado también en su Arte nuevo pa- 
ra tecla y vihuela, imitado del mismo modo^ del de Santa 
María, como imitó sus reglas de canto llano y contrapun- 
to. Todo está dicho , compañero, solo nos queda á las ge- 
neraciones venideras, aclarar algunas reglas y simplificar 
otras, ó bien confundirlas interpretándolas mal, que es 
lo mas probable» — Fr. Francisco Santiago, maestro do ca- 
pilla de la catedral de Sevilla por los afios de 4050 , fué 
religioso carmelita, y dejó escritas varias misas, motetes 
y salmos. Según Fetis, murió en 4646 , dejando una re- 
putación de sabio músico. — D. Andrés Monserrate, cape- 
llán de la parroquia de San Martin de Valencia , publicó en 
esta ciudad el año de 4614 , en la imprenta de Pedro Pa- 
tricio Mey , una obra titulada : Arte breve y compendioso 
de las dificultades que se ofrecen en la música práctica del 
canto llano. — D. Martin de Roa, cordobés , murió el año 
de 4657, según Fetis. Roa fué jesuíta, y dejó escrito un 
libro titulado : Singularium locorum et rerum S. Scriptu- 
rcB^ libri VI in duas partes distinctis: en cuya segunda par- 



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te (rata de los címbatos antignos. Dicha obra fe imprimió 
en Lyoileú 4667.-*-D. Luis de Ribayaz, nfitoral de Vi- 
toria; -en el afeo de 4677, publicó en Madrid uiia^bra 
titulada : Luz y myri» «i?iStoí»/.— Dv Joao dé Monüel, 
maestro de capilla de la catedral de Córdoba desde el año 
de 4616 hasta ^ de 4 657, en qtíe murió : Di Francisco 
Ilnmaneá ^ ^n^ le sbMdíó en él ma^ist^Ho eh diciembre dé 
4657 hasta el 8 dé agosto de 4656 : D. Jacinto An(íonio 
do Mesa , que ocupó dicha plaza eh 5 de octubre de 1656 
hasta el 4 9 de octubre de 4 685 ; y D^ Juan Pacheco Mon- 
tion , que por muerte de Mesa entró h ocupar su destino 
en 2 de diciembre de 4684 hafelft abril de 4706 , fueron 
sobresal ien tes compo8itorés> que ganaron s^ia placas por ri- 
gurosa oposición. Aun aecoa^rvan algunas obras de est- 
íos maeí^tros en los archivos de dicha (iatédral > dulrs las 
cuales, hay un mótete á óého pard el dia de la Candelaria, 
lumen ad revelalionem \ de Mfesa , á dos ói^ganos y béijo- 
nes; y el Benedictus de los tres dias de Semana Santa al 
fin dé los Laudei, de Pacheco, á ftibordcm cótt él can lo 
llano de sexto tono; dé uü gran méHio attlsticó.-^ÉI ca- 
ballero Pomar, natural de Talftíicifil, autor de un ó^gauó 
coüciítóo teclados, quéi^egaló á lFéll)[)e lV,'éótí cuya itt- 
vención, logró dividif el tono eíi citiiJo {iartes, y la octava 
ert treinta y tina.-^l>. Sebasliah Lopéí dé Vélasco , ttittes- 
tro dé capilla de las Descalzas ttealéS de Madrid, én el 
año dé 46^48, dló á luí éft dicha éóMe, adidonado y tor- 
regldo , el irfó de cania Itano cóñ eniúnamones Mrmne^ de 
coro y AlUtr y óífctó cosaé diversas, dé Francisco Mottta- 
nos. -^Pedro dé Huimotité, hattlral dé Zdfago^a, según 
Fetis, y maestro de capltlA dé los ái^chiduques Albet^lo é 
Isabel, pobllcó en Amberés él año de46H una obra no- 
minada: El Parnaso espúñbi de madrigales y nllancvcos, 
á cuatro, cinco ^ y seis t>oc^.s. *^Urban do Vargas, rnacíítro 
Tomo m. 24 



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íle CapilU del Pilar de Zaragoza por los anos de 4 645 , 
fué gran compositor y autor de varías obras de todas cía- 
ses.-^Don Juan Caries, médico , natural de Lérida , pu- 
blicó en Í626 una obra con el título de. La Guilurra es- 
pañola de cinco órdenes. — Don José Torices , compositor 
de música muy celebrado á últimos del siglo XVII, y gran- 
de organista , fué discípulo de Don Andrés Lorente y con- 
discípulo de Don José de Torres. Estos dos compositores 
siguieron la escuela del ciego de Daroca , de quien era 
discípulo Lorente, por ser en laque se educó este y 
la mejor de aquel tiempo. — Don Esteban Brito, maes- 
tro de capilla de la catedral de Málaga , habiéndolo sido 
antes de la de Badajoz. Según Fet'^, en la biblioteca del 
Bey de Portugal existían antiguamente las obras siguien- 
tes de Brito : Tratado de Música, manuscrito n.* 545 : 
Moteles á 4, 5, y 6 voces, número 369: Motete, Eocsurge 
Domine^ á 4 voces, número 805 : y Villancicos de Nati-- 
vidad, número 597. — Don José Buiz de Samaníego^ 
maestro de capilla de la Iglesia del Pilar de Zaragoza en 
4660^ fué compositor esclarecido en todos los géneros de 
música, habiendo compuesto infinitas obras, se^n nues- 
tro distinguido amigo Don Valentín Meton , organista y 
maestro actual de dicha iglesia. — Don Antonio Pujol y el 
licenciado Don Francisco Yalis , maestros de capilla de Ja 
catedral de Barcelona : Don Pedro Olivellas de la real 
capilla del Palao en dicha ciudad : y Don José Buseil de la 
catedral de Toledo, fueron sobresalientes compositores y 
mapstros distinguidos* — D. Luis Brecneo, contemporá- 
neo de Mersenne , quien hace un elogio grande de su 
mérito en la obra titulada: Armonía Universal. Según 
Fetis, se publicó en París el año de 4626 una obra de 
Brecneo , titulada : Método muy facilisim^ para aprender 
á tañer la guitarra. — Don Nicolás Díaz de Velasco , 



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-»^ 19t ^«- 

profesor de música al servicio del rey Felipe IV, en 1640; 
publicó ea Ñapóles su sistema de cifras para la guitarra 
bajo el nombre de. Nuevo modo de cifras, para tañer la gui- 
larra con variedad y perfección. — Don Francisco Huma- 
nes Áldaraa , maestro de capilla dé la iglesia del Pilar de 
Zaragoza en 4669. {\) Aun se conservan de este escelente 
compositor varias lamentaciones, motetes, y misas de 
gran mérito. — Don Sebastian Alfonso, racionero y maes- 
tro de capilla del Pilar de Zaragoza. De las muchas obras 
que compaso, existen, ün miserere, y gran número de mote- 
fes y villancicos. — Don Diego de Caseda, maestro también 
del Pilar de Zaragoza, de quien se cuentan treinta y cinco 
obras diferentes de reconocido mérito. No se sabe la épo- 
ca en que entró á ocupar el magisterio, pero según un 
acuerdo del cabildo de dicha iglesia, fecha 50 de Junio de 
^695, remitiendo á la junta de hacienda un memorial de 
la viuda de dicho maestro, que pedia se le entregasen los 
papeles de música pertenecientes á su difunto esposo; in- 
ferimos que ocupó dicha plaza por fallecimiento de D. Se- 
bastian Alfonso , acaecido en Í676 ; y que habiendo sido 
nombrado organista D. Gerónimo Latorreen 21 de Agos- 
to de 4677, por muerte de Caseda, ocupó aquel su plaza 
en 5 de Marzo de 4 695. — D. Francisco Puesdena, compo- 
sitor español y maestro de la real capilla de Ñapóles : en 
4692 se ejecutó en Yenecia una ópera suya titulada: Ge- 
lidoura. Esta noticia, sacada del diccionario biográfico de 
Fetis, es un comprobante mas, á los que llevamos espues- 
tos, sobre nuestros conocimientos de entonces en el arte, 
y en todo género de música. — Don Juan Caramuel, natu- 
ral de Madrid, donde nació el año de 1606 , llegó á ser 
obispo de Vigévano. Fué autor de gran número de obras 

(4 ) Creemos que eslc Humanes sea el mismo de la Catedral de Córdoba, que 
pasaría de esta iglesia á la del Pilar. 



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de i{)ú$ica, en(r<3 las cuales so encuentra la titulada: Arle 
uiwmde la nmica inventada Q&Q (>00; descmc&rladOf por 
Guklo A'^VdQ, restituida á su nueva perfección por Fr. Pe- 
dro de Vreñe^ y reducida á brev*e compendio por /. C, elc^, 
iipproscí qn ftoma por Fabio de F^lco aüo |669. — Don 
Se^qstian Aguilera, ^^orpposilor y organista de Zaragoza, 
dQnd^epMWicQ elaOp de 1618 variois Magnificat, á 4, 5, 
6 y &vpQ9^,,eq losoí^Uo toao^delja iglesia* — |)oa Andrés 
üscobar^ QQCupositorespaítol, y músico de la Catedral de 
Cqiiíibrat Segmi F^tis , hizo un viage ¿i la India, fijando 
después su rqsijencia en el reino de Portugal, donde es- 
cribió uua.'obraj que ha quedado manuscrita, titulada; fíe- 
formación del ca/ito llano.^ — Don José Ürroz , distinguido 
cQinpowtof y célebre organista de la catedral de Avila. Sus 
obras ^n repintadas como, de gran mérito, entre las cua- 
les descuellan, un Tedeum é^S voces con acompanamienlo 
de órgano ^ un Mq^gnificat, y una misa pbligqda de dicho 
inalrumenlo.-r-Don Fi^auciscp (^rbei:a , dedicó á Felipe 
IVsuohfatituladada: Guitwra española y sus diferencias 
desoiies. — Fr. JuanPiñeiro, natural de Estremadura, fué 
upo dejos mejpres músicos de su tiempo ^ y según Fetis , 
fornu^ buenos djscipqlo^. En la biblioteca real de Lisboa 
exisiiian Ia,$ siguientes composiciones de aqqel autor: Ave 
regina c(elorum, á doce voces, y un Affliccio una, á 
üeia voce?,-rrDon Aptonio íIí |a Cruz Brocarle , maestro 
campQ$i(or y organista. d0 la catedral de Zarago^^a ; &i\s 
ob^as tanto para órgano, cuanto para voces, son r^piu-^ 
t)^a$ como unas de las sobre^f^lientes dQ fines del siglo 
XVIL—KDon Teodoro, Ortells, maestro de capilla de la Ca- 
tedral do Valencia. Fué uno de lo3 maestros mas célebres 
de su época ^ y de los quo mas honor dieron á la escuela 
valenciana tan reputada desde el siglo XVI. Sus obras son 
conocidas en la mayor parte de las catedrales de España, 



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cooservándMSO ipuoljas de ella» en el arobivo 4q la cate- 
dral (le Valencia, y.enU biblioteca 4el EacQrial.'---Dpn Ma- 
nuel Pioa^ iQúsicoeppqflalal^rviQk) delrey de Portugal 
é priDQÍpios del siglo XVII, De sus obrfts, «etgan Fet^$, oo 
9Q eoaservao »po ^^rií)3.(íáat¡qp^ para el dia de Navidad y 
prÍDcipaie9:fie$la9 de lo$ saatos , bjijo «Isiguiw^ título; 
Vülanoicof p rw^ance» d^ la natmdad de Jesucrist/Q y otros 
sarUo$. -^-JXoík Aotqmo Lopíe?, coaipoaitor popular^ y autor 
de la música de gran »ur»erode loas, entremesea, zarauer- 
la^eto.; entre lasque saeaeolatiil//^ y Aretuaa, Etmáicey 
Orféo y otras njucbas- — ^D. Cárlos^ Patiílo, preabítero y i»a- 
estro de capilla del real monasterio de la Encaroaoíon de 
Madrid^ por lósanos de 4660.Sua Dumerosaa composicio- 
nes llevan el sello de la originalidad y el talento mu^Q ^ 
y según Eslava , apenas bay catedral que no posea algu-« 
na de esto autor, conservándose muchas en el monaster- 
rio de la Encarnación, y en el Escorial. Escribió con pureza 
ádos y tres coros, y supo sacar un gran partido de loa diá- 
logos y reuniones de diversos coros al estilo de su época. 
Eo la capilla Real de Madrid, según un catálogo que po- 
seemos, 80 deben conservar de erte maestro, un üesponsa 
(ledifmio^ á 8, y un Magníficat de batalla , tambiená 8* — 
1>0Q Juao Francisco Lobada , nato ral de Castilla, fué un 
buen literato y un gran compositor en su época. Dedicado 
csclusivamenteá Ifis coropoíiciones teatrales, según P^rex, 
p»so en música muchas ^mielas y grandes ^stas de Cal- 
derón y de Solis, para las cóiftes de Felipe IV y Carlos U, 
entre las cuales se eQcuentrQn; Ellanrel de Apolo, Elgal-r 
fodelas sirena», M cQ$tiHo de Lmdabridis , Fifira& afemina 
amar, y Celm aun del aire fw»<an.— Don Joan García Sala- 
zar, prcabitoro, y maestro de capilla de la catedral de Zar- 
ragoza por los años 169i. Según Eslava, fué uno do 
los campositores mas escelQnles de su tiempo , tanlo por 



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su genio como por su talento; distinguiéndole de sus con- 
temporáneos/ la verdad de la espresion en las palabras, y 
el buen gusto en sus melodías.-— Fr. Tomás Gómez, natu- 
ral de Castilla la vieja, abad de la orden Cirterciense , y 
gran erudito en teología y fllosofia. Murió en Barcelona el 
año de 4668, y dice Fetis, que se le atribuye un tratado de 
música titulado: Reformación del canto /tono.— Don Pedro 
Rodríguez, contemporáneo de Losada , fué como él com- 
positor dramático, poniendo en música muchas zarzuelas, 
loas, fiestas y entremeses. Entre las obras que, según Pé- 
rez, se conocen por suyas, se hallan: Apolo y Climene, Her- 
cules y Anteo y Los tres mayores prodigios , M alcázar del 
secreto, y la Púrpura de la Rosa. — D. Diego Pontac, pres- 
bítero y maestro de capilla de la iglesia catedral de 
Granada hasta el año de 461 4 , que ascendió al magiste- 
rio de la catedral de Santiago de Galicia; pasó de este 
punto , á Zaragoza en 7 de setiembre de 4646 , por haber 
sido nombrado maestro de capilla de La Seo, plaza que 
ocupó hasta el año de 4650, en que se le confirmó el magis- 
terio de la catedral de Valencia* Dice D. Hilarión Eslava, de 
quien tomamos estas noticias, que las pocas obras que ha 
podido hallar del maestro Pontac, existen en los archivos 
de la real capilla de Madrid y del monasterio del Escorial, 
juzgando por ellas el gran mérito del autor, especialmen- 
te en la corrección. Sin duda alguna ha padecido una equi- 
vocación el Sr. Eslava nombrando el archivo de la Capi- 
lla real de Madrid , ó las obras de Pontac han sido llevadas 
á dicho archivo después del año de 4850; puesto que en 
el inventario de papeles de música de la real capilla , que 
en el año de 4827 hizo el maestro Federici, cuyo inventa- 
río poseemos firmado por dicho maestro ( 4 ) y adicionado 

(1) En el iaveot«irio qne poseemos y que p^rtcueció á D. Francisco Andrevi^ 



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hasta el año de 4850 por D. Francisco Andrévi, no hemos 
encontrado ninguna obra de Pontac, Asi como de D. Sebas- 
tian Duron ^ de quien dice Eslava no existir en el mencio- 
nado archivo ninguna composiaion^ por haber sido presas 
délas llamas en el incendio de 4754 ; hemos hallado , en 
el ya citado inventario las obras siguientes: Misa de difun- 
tos éiS sin borrador ni año ; Tedet á 4 O sin borrador ni aflo; 
Pelime consumptis á 8 ; y Letania de los santos á 8. — 
Abraham Chiia ; la biblioleca del Vaticano adquirió ¿ prin- 
cipios del siglo XVII , un manuscrito que contiene un tra- 
tado completo de música de este escritor , judio y na- 
tural de España^ y de cuyos talentos se conservan aun 
varias y escelentes obras de Geometría. Fetis dice, no 
haber podido averiguar la época en que floreció Chiia, 
pero que debe ser anterior á la en que aparecieron sus 
obras ^ pues según los datos consultados^ fué discípulo 
del célebre Moisés Hadáarscian^ una de las lumbreras del 
pueblo hebreo , espulsado como sus demás hermanos en 
el reinado de Felipe 111.— El Padre Fr. Francisco Melchor 
deMontemayor , monje de la orden de San Gerónimo del 
monasterio del Guadalupe. Fué^ según Eslava^ uno de los 
mas notables compositores de la segunda mitad del siglo 
XVII. En la historia universal de nuestra señora de Guada- 
lupe del P. Fr. Francisco de san José, impresa en el año 
de 4745; se lee con referencia á Monlemayor, que era 
uno de los buenos maestros de capilla de su tiempo; 
que tomó el hábito de avanzada edad ; que en su siglo era 
conocido con el nombre del maestro cabello ; y que se 
guardaban en el archivo del monasterio , cuatro tomos en 
folio en donde estaban sus obras. 

se halla escrito de pu&o y letra de Federici lo siguiente ; t En el año de 1827 que 
entré á servir la maestria de la real Capilla, me hice cargo de todas las obras do 
música mencionadas en este inventario. Francisco Federici.» 



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í . 



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GAPtruLosa. 



La primera y la segunda mujer de Carlos II. — Testamento de éste. — Nueva di- 
nastía eo Espafia. — Guerra de sucesión.— Pérdidas de Espa&a en grandeza , artes 
y ciencias. — Creación de Taños esiablecimientos.-^Pérdida de nuestras costum- 
bres y teatro. — Protección de Felipe V á la ópera estranjera. — Id. de su esposa 
Dofia Isabel de Farnesio. — Teatros de los Caños del Peral. — El marqués Scotli. 
— ^Los anjuilectos italianos Sachetti, Galuci, y Banobia, y el ingeniero espafiol Me- 
drano. — Primera ópera italiana en el teatro del Buen Retiro. — Coropancioo entfe 
los adelantos de l&s demás naciones con los'nuestros. — Pergolesi. — Terradellas. — 
Sus obras. — Revolución causada por sus doctrinas.—Su muerte. — Pedro'[Alberlo 
Vila. — Abos. — Ordo&ez. — Perei.— Nasell. — José Felipe. — A quien debemos 
nuestra decadencia. 



Muere la reina D.' María Luisa de Bofbon, primera 
mujer de Carlos lien 42 de febrero de 4689, y la nece- 
sidad que el trono de España tenia de un sucesor^ hacen 
se aceleren las segundas nupcias de aquel monarca con 
D/ Mariana de Neuburg , que se celebraron en Valladolid 
el 4 de mayo del mismo año^ con grandes fiestas de músi- 
cas^ comedías^ mascaiadas^ cañas ^ toros y fuegos; re- 
pitiéndose los festejos á la entrada de los augustos espo- 
sos en Madrid , el dia 22 de dicho mes y año. 

Todo lo que tuvo de buena , caritativa y querida de 
su esposo (4 ) y del pueblo, la desgraciada D.' María , fué 



(1) En el DiccUmarío hisíórieo^ ó (nografia universal compendiada , se lee 
que babiendoódo al Escorial Carlos U con la esperanza de restablecer su quebran- 
uda salud, deseó ver el sitio destinado para su propia sepultura , y después de 
haber mandado abrir los sepulcros de sus antecesores» bizo lo mismo con el de su 
esposa Maria Luisa; y prorumpiendo en llanto al verla, quiso abrazarla , y estor- 
bándolo los circunstantes, dijo al abandonar aquella estancia: a Adiós, querida 
princesa, vendré á hacerle compañía anles de un año.* Y el infortunado monarca 
complió su palabra. 

Tomo ni. 25 



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de intrigante, astuta y aborrecida D/ Mariana , culpada 
por muchos , según el P. Flores, de la debilidad de espí- 
ritu que cada dia aumentaba en el rey , a quien domina- 
ba á su antojo , y quien á pesar de conocer las intrigas y 
manejos de su confesor el padre Matilla^ el conde Adanero, 
y el músico Malbeuchi , triunvirato de la reina, no pu- 
do nunca oponerse á ellos por su genio pusilánime y su 
ningún carácter. 

Confia el impotente Carlos el secreto de sus afliccio- 
nes al cardenal Portocarrero, y éste le propone para con- 
fesor, mas como seguridad de su privanza, que como me- 
dio de conjurar el mal , al tristemente célebre Fr. Froi- 
lan , catedrático de teología en el convento de Santo 
Tomás de Alcalá de Henares , quien llenando de escrúpulos 
la imaginación del regio penitente, le bace creer que está 
hechizado y aumenta su insensatez. 

La reina pone en juego toda su astucia y poder , y 
triunfa del nuevo confesor entregándolo al tribunal de la 
Inquisición; mas no del astuto Portocarrero, que logra la 
gobernación det reino á la muerte del soberano, acaecida 
el dia 4 * de noviembre de Í700 , y que pase la sucesión 
de la corona de España á la casa de Borbon ; haciendo cier- 
to el cantar popular del tiempo de la anterior reina , que 
decía : 

Parid bella flor de Lis 

Fn aflicción tan estraña ; 

Si paris , paris á España , 

Si no paris, á Park. . 

En efecto > España principió el siglo XVIII con la di- 
nastía francesa ( 4 ) y el fin de la austriaca , principio y fin 



(I) Lt eliiMab del testamento de C4rlo6 H^ por ki cual p»s» la corona de Es- 
pafta á la casa de Borbon , está concebida en esios términos : t Y reconociettdo. 



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que produjo la luob» critel y desoladort llamada guerra 
de sucmou , que aoabó cotí las pocas glorías españolas 
que quedaban , pAra hacer etclarát 4 las geoeraciones ve- 
nideras de las ideas y coDocimienUos do la Franoia ^ por 
tanto tiempo uncidfi al carro triunlaote de iiuesb*a ilus- 
traci#n y cultura « 

Aqui esolamareiDos con Clavijo : ( 4 ) « t La fortuna 
de la casa de AuBtria , después de dos siglos de imperio, 
.ceder debilitada el ostro de las Cspaíias , cuyos llmiles 
abrazan ambos oaundos, á la familia de Borbon m compe* 
tidora I I Verse triunfantes y adoradas en Madrid las cau- 
tivas Lisas de Francisco 1 6n kigar de las caudales águilas 
de Carlos V I | Sentarse el dedcendientede Enrique JV del 
Bearnes sobre el trono de Felipe II I » 

Cosas son eslaá eo verdad > que sí bien como dice el 
mismo autor , bacen que Felipe Y sea en el gran cuadro 
de nuestra historia , un término de prespectiya en donde 
llegaron á verse reunidas las ntayores distancias^ también 
sea un término fatal de naestra originalidad , grandeza de 
becbos , costumbres ^ independencia > ciencias y artes. 

El nietoée Luis XIV. nacido en una corte rival de núes- 
tras glorias ^ lleno de vida y entusiasmo patrio , en la üa^ 
rida edad de diei y Mete aüos ^ educado por el gran Fene- 

eoifonfte á ditems cntiMlué de mioisMt de &Udo 7 Justicia, i(«e U MA>n en 
(|«e se ftiada U ABttncia de bs sefíoras Ddfia Ana y Deoa María Teresa , reinas de 
Francia, mi tia j hermana, á la sucesión de estos reinos, fué eyitar el perjuicio de 
unirse á la corona de Francia: 5 reconociendo que viniendo ¿ cesar este motivo 
foBdame»!»], siti»BÍMe el derecWde h saceston en el pariente ñas inmediato, con • 
femé k las le^ de estoe reince, y que boj se verifica este case en el kija seg u»' 
do del delíia de Franek: por tanto , arreglándole á diebae leyes ^ dedaro ser m» 
sBcesor (e» esso que Dios me lleve sin dejar kijos) el duque de Anjov, hijo ee- 
goAdo del delfín y y eomo ¿ (al le llamo ¿ la secesión de todos mía reinos y domt- 
niofl^ etc. ete. 

(I) Elogio d^F$lipe Y rey de Eipañaf ptemiado con eKprimer premio de la 
Academia española, el año de 4 779. 



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Ion y el sabio Fleuri , y señor de un reino sin fuerzas ya 
para defender su heroico nombre , no debía hacer otra co- 
sa que subyugarlo á la Francia para acabar de una vez con 
su altivez y orgullo , y hacer imperecederas las significan- 
tes palabras de su opulento abuelo t Yano hay Pirineos, 

El emperador Leopoldo I de Austria ^ queriendo de- 
fender los derechos que créia tener á la corona de Espa- 
ña , á p^ar de la última voluntad de Carlos II ( 4 ) , forma 
la liga de la grande alianza con Inglaterra , Prusia ; Holan- 
da , Portugal , Polonia , Dinamarca y varios principados 
del imperio y para sentar en el trono de San Fernando á su 
hijo segundo el archiduque Carlos, bajo el título de Car- 
los m. El duque de Anjou, después de haber sido procla- 
mado rey de España en la corte de Versalles con el nom- 
bre de Felipe V , hace su entrada triunfal en Madrid el dia 
48 de febrero de 4704 , de donde los azares adversos de 
la guerra con el arcbidiique, le obligan a salir por dos veces 
con toda su corte , para darle entrada á su feliz adversario: 
y la España en tan horrible lucha de ambición estranjera, 
vése invadida por numerosas legiones estrañas , que ya en 
favor de uno ú otro pretendiente ^ destruyenos pocas ri- 
quezas como país conquistado , talan sus campos , incen- 
dian y saquean sus ciudades , aminoran sus hijos , y tre- 
molan por do quiera el pendón de esterminio y muerte. 

La célebre batalla de Villaviciosa y luego el tratado de 
Utrecht, ponen término atan sangrienta lucha, y en el 



(1) Carlos l\y prefenia también en nna cláusula de su testamento, que el du- 
que de Anjou, su heredero , se casase con la archiduquesa de Austria Do&a María 
Josefa, hija del emperador Leopoldo; y Luis XIV cumpliendo con la última volun- 
tad del difunto rey» la pidió en matrimonio para su nieto. Mas la corte de Viena 
rechazó este enlace, y entonces se efectuó el casamiento de Felipe V con doña Ma- 
ría Luisa de Saboya , en la ciudad de Figueras el dia 3 de Noviembre de ITOf , 
celebrándose después las bodas en Barcelona el dia 8 del mismo mes, con salvas, 
iluminaciones y furgos artífici&les. 



• 



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año de 4745 qaeda Felipe Y en quieta y padfieft posesión 
del trono español^ á los trece afios de una guerra inolvida- 
ble para las generaciones españolas. 

Empero si bien tú tratado de Utrecht dtóüna paz tan de- 
seada á España , esta perdió con él casi la mitad de sus do- 
minios^ y acabó de perder su categoría é importancia entre 
las naciones de Europa ; y ta que un tiempo estuvo á la ca^ 
beza de todas las naciones , como dice Cantú ( 4 ), quedóse 
muy detras de todas ellas , pues si Felijpe Y detuvo su de- 
cadencia^ no dio principio á la restauración, por verse obli- 
gado á secundar la política de sú abuelo* 

('Natural era, escribe Ticknor (2)> que Felipe Y dfr* 
sease restaurar la dignidad intelectual del país que con 
tanta generosidad y tales sacrificios le habia. aceptado por 
rey; pero mientras duró la guerra esta absorvió necesaria- 
mente toda su atención , y terminada que fuó , luego se 
ecbó de ver que yunque acometió la empresa con ardor^ 
no tenia ni el carácter personal ni las condicionas indispen-* 
sables para llevarla á cabo. A pesar de sus esfuer/os y dili- 
gencias para asimilarse al pueblo qne le reeonocia por Se- 
ñor , siempre fué Felipe Y un estranjero poco informado 
de su carácter y costumbres , y por mas qué hizo , nunca 
pudo congeniar del todo con su nacionalidad prppia y pe- 
culiar. Habíase educado este príncipe en la corte de su abue- 
lo Luis XIY á la sazón la mas brillante de Europa ^ y en la 
que las letras eran no solo reputadas como parte integran- 
te de la educación , sino como honra del imperio ; era ade- 
mas de carácter algún tanto indolente , y así nunca mani- 
festó gran resolución ni una afición decidida á determina- 
das formas de cultivo intelectual^ si bien no carecía de 



(I) HUtaria univentU, tomo VI. 

(2j Historia de la literatura española, tomo IV. 



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buen gH6to para apreciar la refinada elegancia á que osta*- 
ba acostombrftdo y formaba la base principal de su educa- 
ción; en una palabra , era francés^ y eoioto tal , nunca ol- 
vidó 9I imprudente consejo de so abuelo Luís XlY de acor- 
darse que lo era. n 

Bajo el patrón francés ae crearon , el seminario de Ma- 
drid consagrado á la edacacba de la nobleza j la academia 
de guardias marinas de Cádiz ^ la biblioteca real de la cor- 
le^ la academia de la historia, la médica ibatritense y la 
academia española. Y aun cuando en la real cédala para la 
creación de este cuerpo , se lee que la esperiencía univer- 
sal había demostrado que la felicidad de una monarquía 
se hallaba en el estadio floreciente de las ciencias y las ar- 
tes (1 ) ; las artes y las cieocias e^flolas, sin embargo, 
ocuparon entonces y han venido ocupando generalmente 
hasta nuestros dias , ^ triste logar de imitadoras de los 
adelantos franceses, 6 ensalzadoras de sos glorias literarias 
y artísticas , y deprimidoras de las nuestras de quien aque- 
llas se formaron. 

<( Para nosotros,: dice con sentido acento nuestro sabio 
Don Agustín Dqran ( 2 ), desaparecieron , con los postre^ 
roe aftos del siglo XVII , todas las memorias gloriosas, to^ 
do el vigor nacional , todo lo que fuimos ; y comenzó él 



(i] Bv h cédoiff de Felrpo V pira la oreaciotí de J^ real ftoadeiniá espaikola, se 
lee lo siguiente:» Esle designio, dice el rej, ha sido uno délos principaJes que 
concebí en mi real ánimo íucgo que Dios, la razón y Tajusliciame llamaron á la 
corona de esta raonarqtífa, no habiendo sido posible ponerle en 6j<*eu€ion entre las 
coatliBfts inquietodes de la fpaerra: be oenserrad»* siási]^ tn «rdieite deseo de 
que el tiempo diese lugar de aplicar todos loe medios que puedaa conducir al pú* 
blico sosiego y utilidad de mis subditos, y al mayor lustre de la nación española... 
La esperiencia universal ha demostrado ser ciertas seSales de la entera felicidad 
de una monarquía cuando en ella florecen las ciencias y las artes, ocupando el 
trono de su mayor estimación, etc. 

(2) Romancero general, tomo I. 



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siglo XVIII sometiéndonos é la dioastia francesa , qoe nos 
impuso las coetumbres ^ la poiitSoa , la adoiinistraeion y 
la literatura de su patria* Baja este fatal influjo desapare-^ 
ció la España moralmente ; y so poesia grande , noble y 
original y espiró con ella y con su nacionaUdad después de 
haber sido ambas victimas del despotismo , de los errores 
políticos desús mal aconsejados gobernantes, y del abuso 
que hicieron de sus fuerzas y aun de sus prosperidades.?) 

Con efecto, la poesia al par que la música espauoU aca- 
baron de perder en esta época , su fresoo y galanoso am-** 
biente natal , la pintura su lozanía y pureza y la arquitec- 
tura su sencillez, las ciencias su ongÍMlidad> y todas 
ellas, en fin, la encantadora libertad y el sacro fuego patrio 
que tanto inspira al artista y al hombre científico. 

Nuestras costumbres se acabaron con nuestro carácter 
nacional , y aunque el aire que se respiraba era mas vi- 
tal que el del reinado de Carlos 11, no tenia la pureza es- 
pañola, y si era saludable á la vida material , entristecía 
la intelectual , ajando el amor propio el somos franceses, 
é infundiendo esta idea la indolencia del cuerpo y la inac- 
ción del pensamiento. 

Se acabaron los esclarecidos y valientes militares co- 
mo Fernandez de Córdoba, Jorge de Montemayor , Garci- 
laso de la Vega , Ercilla , San Ignacio de Loyola , Cer- 
vantes, Lope de Vega y otros muchos; que si con valor 
empuñaban la espada para defender so patria , con entu- 
siasmo la inmortalizaban sus plumas en inspiradas obras, 
que armonizaban con espresivaa y sencillas melodías acom- 
pañadas de bien acordados instroroenlos. ( \ ) 



(1) Sabido es que FeniABdez de Córdoba fué fMQU, eaolor tscelente, j tocador 
de land; que Garcílaso de la Vega, iioéel célebre Fernanda Laso, fué insigne pro- 
fesor de música, como llevamos ya dtcAio» y dMtirlsimo en b vihuela y arpa, según 
puede verse en la biografía que iuerU <d so piiiuer lomo El Pama$o español ; y 



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Se acabaron los ilostres varones que en elegantes y 
fluidos versos elogiaban los talentos españoles tanto lite- 
rarios como artísticos , inmortalizando sus nombres y su 
mérito , y haciendo grande y envidiada á la nación que 
los producia. (1 ) 



qae San Ignacio de Loyola, segnn Pérez, fué el autor de la marcha real llamada 
Aíutriaea, que desde Garlos V duró hasta la dinastía de Borbon. 

(1) Como nuestro principal objeto es narrar las glorias espafiolas en el arle de 
la música» seranos permitido copiar á continnacion los hermosos versos que hacen 
referencia á los músicos españoles, insertos en el'clásico y magnifico poema que, 
con el titulo de Casa de la memoria escribió nuestro sabio y erudito poeta y mú- 
sico D. Vicente Espinel; seguros de que serán leidos con gusto, tanto por los elo- 
gios que en elloe se tributiaa á ingenios espaftoles, cuanto per el mérito de la 
poesía. 

Fué FrancisQO Guerrero en cuya suma 
De artificio y gallardo contrapunto. 
Con los despojos de la eterna pluma , 
Y el general supuesto todo junto» 
No se sabe que en cuanto el tiempo suma 
Ningún otro llegase al mismo punto, 
Que si en la ciencia es mas que todo diestro , 
Es tan grande cantor como maestro. 

Otro es Navarro, á quien con larga mano 
Concede el cielo espiritu diyino, 
Consonancia , artificio soberano , 
Estilo nnevo, raro peregrino» 
Tal que en cualquier trabajo será en vano 
Del que seguir quisiera su camino , 
Qae es don partícnlar del cielo infuso 
Qne no puede aprenderse con el uso. 

Estaba el gran CebtUlosy cuyas obras 
Dieron tal respkndor en toda España , 
Junto á Rodrigo Ordoñez^ cuyas obras 
Bastan á enriquecer la gente estraña: 
Tú, Voluda, que en nuevo estiló cobras 
Fama que eternamente te acompaña. 
Junto al divino Galvez, cuya gala 
No es sugeto del cielo quien la iguala. 



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GesaroD de crearse noevos cantos populares de aque- 
llos coya tradición conservada por el pueblo^ aun admira- 
mos por 80 melancólica y dulce poesia> sus tiernas y apa- 



De uo sugeto vi alli la efigie pura 
Qoe aquel gran Cabezón f¿ dando caza, 
Ed el orden de tecla y compostura 
Sin esceder un punto de su traza, 
El término, caudal, desenTokura, 

Y las divinas roanos de Peraza^ 

Y el divino Salinas alli estaba , 

A quien iodo el colegio respetaba. 

Castillo puro y singular sugeio . 
En competencia el instrumento afina; 
En, la disposición docto y discreto. 
Mano y composición alia y divina : 
Bosque en la pluma y ordenar perfeio 
De veloz mano izquierda peregrina, 
Dulce, apacible, regalado y casto, 

Y que al recibo escede con el gaste. 

Con voz suave y con veloz garganta , 
Pura, distinta, dulce y claro pecho 
En regalado canio se levanta 
PrimOf y el coro deja satisfecho; 
En competencia suya Aniolin cania , 
Pretendiendo el asiento por derecho. 
Mas Martin de Herrera que es del alma, 
Al uno escede, al otro lleva palma. 



Doña Francisca de Guznutn se vía 
Sereno el rostro en movimientos graves 
Tener saspensa aquella eompafiia 
Con acentos dulcfsimos, suaves , 
Con la voz y garganta suspendía 
AI escuadrón de las cantoras aves. 
El aire rompe, y pasa por el fuego , 
Al cielo llega, y vuelve al suelo luego. 

En la divina mano el instrumento 

Tomo in. 26 



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•«^ •#• ««- 

sionadas melodips^ y&a conjunto (an eneaBlador y delei- 
table. Hasta la marcha real fué íaiprnctada de Frai^eia 
Fregando di olvido la austríaca y y la conservada haela 
entonces nominada de D. Jaime el Conquistador (4 ). 

Se acabó, en fin, nuestro ser original para convertir- 
nos en un casi no ser imitativo; nuestro principio glo- 

Do^ Isabel Coella tiene y teippla , 
Óyelo el soberano coro atento, 

Y la dísposioQ y arle centenpla » 
La hermosurii eelesUal talento 

Qae al mas elevado corazón destempla. 
Garganta, habilidad, voz, consonancia, 
Tórmino» trato, estilo» y elegancia. 

Llegó DotUí Ana d$ Suax/o al coro. 
De Águsíina 4fi Torres prenda cara, 

Y de Yoi y geiganta abrió el tesoro « 
Diestra, discreta» y una y otra rara: 

Y guardando al pasaje su decoro 
Los labios muete sin mover la cara ; 
Mostró siguiendo tan discreta senda 
Ser de lal madre soberana prenda. 

Oyense de un* y oV^ parte acentos 
De estos sugefeos y otros mncbos juqto^^ 
Gallardas veee%. graves Ip^trujnentos, 
Galas, paaojes, quiebro^, contrapuntos: 
Lleva el compás en ialee o^ovin^ianta^ 
Guerrero^ y forma regaMos puntos; 
De oir quede suspenso, y elevado, 
De mis intentos y de mi olvidado. 

Lope de Vega en su Lawrtl és Apoh y el Pet^egrino m su patria; Cervantes 
en su Fiaje al Parnaso; Boscan en sos EsUifUiiasi Ueniandezde Velasen, Juan de 
la Coeva, Cristóbal de Mesa, y otros viurios ingenies, han «kdicado sus plumas á 
elogiar los talentos privilegiados, lAi^to* con témpora eos opmo anteriores á ellos. 

(i) En otro lugar insertaremos algunos de nues^ro^ oanUM'es populares como 
hemos ofrecido, haciéndolo ahora de la marcha impostada pof Felipe V, denomi- 
nada hoy granadera; y lanureha n«estra del). Jaime el Conquistador, la que debe- 
mos á la amabilidad y buenos deseos del profesor D. Ramón Pairot, residente en 
Barcelona. Véase en las láminas los números 10 y {i. 



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rio8o, para arrastrar un fin degradado; buestro iod^peü- 
diente y brillante pasado^ para esperar y aun elogiar un 
porvenir de servilismo artístico y literario (t ). 

El teatro esp&ñol , espejo de nuestras costumbres , y 
modelo de todos los de Europa > se pervirtió como el de 
Grecia y Roma > y f «é satinado como sus grandes inge- 
nios^ por modestas medianias francesas > y preceptistas 
rutinarios españoles ( 2 ). 

La etiqueta de ia corte de Felipe V prohibió asistir 
á los espectáculos públicos ; en el teatro del Buen Retiro 
se representaban pocas obras españolas ; las comedias de 
Calderón y otros-autores, asi como los autos sacramenta- 
les, se adulteraron por el poeta favorito del rey, D. Anto- 
nio Zamora y otros escritores , para adular el poder del 



(1) ¥é\ sabio filólogo y esceíente literato Mr. Jossé» en la introducción á su 
Gramática española razonada, se espresa en estos términos: t Felipe V, mas fran- 
cés que español, de ^enio tan rimilado cuanto lo era vastoel de su abuelo, frustró 
las esperanzas que un descendiente de Luis XIV hubiera debido justamente inspi- 
rar. Sus sucesores imitaron su abandorio: la nación, degradada por sus gobernan- 
tes, acabó de perder en breve la poca representación que le quedaba; y la Europa 
confundió en sn desprecio común á su gobierno, sus instituciones, sus habitantes 
y sn idioma; y se los representó como sumergidos en la mas profunda barbarie. — 
Esta preocupación injusta de que está imbuido «win el vulgo, es debida en parte á 
escritores ignorantes ó de mala fe , que han tenido un placer en desacreditar la 
literatara española, qué en verdad tenia adquiridlos grandes lUnlos á so indulgen- 
cía, y aun diremos que á su agradecimiento. En ella encontró modelos el gran Cbr* 
neille, y nueto Promotéo, tobé algunas chispas del fuego de en genio: en ella en- 
contró ¿ Gil Blas el novelista Le Sage, y el tierno Plorían s« Galaten y sus nótelas. 
¡Cuántos otros esplotarofi aquella rica mina! ¡Cnántes plagiarios ignorantes, se- 
guros de no ser descubiertos, se vieron en la república de las letras coronados de 
laureles que nunca estuvieron en e! caso de merecer!» 

(2) D. Ignacio Lnzan , diplomático aragonés, en su Pontea, condenó niiestro 
teatro: mas tarde D. Agustin Montiano sobrepujó á Luzan; D. Nicolás Fernandez 
de Moratin, padí^ de D. Leandro, siguió las mismas huellas, y D. José Clavijo y 
Fajardo, superó á lodos dios.— Oyaogui'en, Nipho, y Latre, en distintasépoeas, sa- 
len i la defensa de nuestros autores dramáticos, pero era ya tarde. El teatro edpa- 
Sol babia desaparecido cotí toda sn riqueza y nacionalidad. 



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primer Dorbon (4 ) ; la música de las pocas zarzuelas que 
se ejecutaban eo la corte, cuyos libretos fueron escritos por 
Zamora, Aoiz, Villaroel, Ürrutift , y Cañizares, participó 
del mismo gusto y carácter que la poesía y argumentos 
sobre que se escriÚa, y las trabas y mal gusto de los^ tea- 
tros públicos hicieron desertar á gran númeix) de sus mu- 
chos partidarios (2). 



(i) En el auto titulado: Adiós por rosón de uiado , de Caldero» ^ vemos los 
Tersos siguientes: 

Madrid » dosel , corle y ceotro 
Del católico Felipe 
Quinto, que heredando 4 un tiempo 
Del cuarto la gallardía. 
La hermosura del primero , 
Del tercero la piedad 
Y del segundo el ingenio etc. 

En el nominado Indulto general del mismo autor, se agregan, entre otros mu- 
chos, los versos que signen: 

En la corte mas escelsa , 
Dosel del mayor monarca, 
Jardín de la mas-suprema 
Flor de Lis, que á Espafia ilustra; 
En la mas docta academia 
De las letras y las armas, etc. ele. 

liO mismo sucede en otras producciones. 

(2) Para que se tenga una idea de las trabas que se le impusieron i uuestrp 
teatro, copiaremos algunas reglas de las dictadas por el consejo de Castilla, de 
acuerdo con los teólogos, para el orden de los espectáculos. — L Que las compañias 
fuesen seis ú ocho, y que se prohibiesen las llamadas de la legua en que andaba 
gente perdida en los lugares cortos. — IL Que las comedias se redujesen 4 materias 
de buen ejemplo, formindose de vidas y muertes ejemplares, de h^azañas valerosas, 
de gobiernos políticos, y que todo esto fuese sin mexcla de amores; que para con- 
seguirlo se prohibiesen casi todas las que basta entonces se hablan representado, 
especialmente los libros de Lope de Vega que tanto dafio habian hecho en las cos- 
tumbres. — 111. Que en ningún lugar del reino se representase comedia sin que lle- 
vase licencia del comisario del consejo. — IV. Que se moderasen los trajes de los 
comediantes, reformándose los guarda infantes de las mujeres, el degoüado de la 
garganta y espalda, y que en la cabeza no sacasen nuevos usos ó modas , sino la 



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DuroAte qI reiaadorde la primora muj^c de Felipe V, 
doña Mari» Luisa de Saboya, madre de Luis I y Fernán^ 
do VI ) COA la eDcarnizada lucha de mce$iprk y la iotranr- 
qiUlidad ^^ laK^orle , f(ié vivteado el teatro casi al>ando- 
nado, aua.qiie^^ represeatabaa de ve^ en cuando aole los 
moDarcas^ zarzuelas y cpmediaade lo$ poetas y, composito- 
ras, á^ontemporáo^s , y de los ant^eriores á -su reinada; 
sictndoescuQba^As y aplaudidas por lo» augustos ^ppsos,, 
mas bien por aparentar españplia^arse , que ppr entender 
y gustar de la^ bellezas del idioma y la sencillez de la 
músiica. . . 

Esto nos Iq confirma la primera tragedia de.Gorneille 
que se tradujo del francés por: el marqués de San Juan^ 
titulada : Cinna, el. mismo anodp terminada la guerra; y 
despueSj el que ocjupando el Irpno espafipl la segunda es* 
posa de Felipe , dofia Isabel de Farnesip^ bij^ y heredera 



coinpo$tiifa del pelo que 9e usMe. — V. Que niBgao hombre^ tú mujer* pudiese sa » 
car ñas uto oo vertido en una eemedia, si ya la nijsmi represeniaciea oo obligase 
á que muden, como labradores ú oíros semejantes, ni las mujeres se Tisliesen de 
hombres, y que sacasen lais basquíllas basta los pies. — TI.' Que no se cantasen já- 
caras, ni sétirat« ni segaidiUss, ni otro Bingun tancar ni baile antiguo Dimedemo^ 
di Buetameote iaventaido «(iie tBTÍ«i« indecencia, desgarro^ ni' acción ^co mo- 
desta; sino que usasen de la música grave y de los bailes de modestia, danza de 
cuenta, y todo con la mesura que en teatro tan público se requería; y que los can- 
ures y bailes que esiutiesen pMaddt y regisSradOft po^ el comiflitio del consejo.— 
Vil. Que nipguofl^ mujer, aunqee fiíese mucbtclia, bailase sola, en el teatro» sino ea 
compañía de otras; y si et baile fuese de calidad , que se hubiesen de poner cerca 
hombres y mujeres, fuese con acción y modo muy recatado. — Ylll. Que no pudie- 
se bailar, ni caáur ni rep«e«nlar mujer ninguna que na fueae casada , co^no 3flr 
habia mandado.— IX. Que los vestuarios e&tu viesen sin gente, ui^ntrasen en ellos 
mas que los comediantes y sus ayudantes; y que la qomedia se empezase á los dos 
eu invierno y á las tres en verano, porque no se sallete tarde. — X. Que asisiiese 
un alctld» eu.la comedia, en la fomá que se acostumbraba, eon asistencia tao pre-* 
cisa, que no fallAc en ninguna, aunque se repitiesen muchos dias, y que las jus- 
ticias contuviesen los desórdenes de los representantes, visitando sus casas, ron- 
dando sus calles , y procurando desterrar de ellas la gente ociosa que las frecuen- 
ta, no con poco esoándato de te cúrtow- • 



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del príntipié dé PtttiíSfii y de la dtrqtresá dé ftaviera, y ma- 
dre del gr&a Gatloá llt , Ibs pocas^ Ctimedibá y zarzuelas 
que se ejecutaron en ^1 teatro de paléció, ufAcieron áin 
vida porque ni eran espáúolaá^ sft cotílábad cbu e\ dpoyo 
de sufi protectores qué les Vóbába te ópera italianb afran- 
cesada^ de quien era entusiasta^ 'defensora la reina Isabel, 
sobresal ¡élite' profesora de tírósíca^ según él padre Flores- 
Faltándole á las^rauétós el lujoso aparato escénico^ 
la proléccioü de la corté y el patrlotistno de los poetas, 
quedaron de osclusivo patrimonio del pueblo^ amante siem- 
pre de su nacionalidad y costumbres. Pero tanto por la po- 
breza de los espectáculo^/ oómo por la' de sus argutnentos, 
fuercHi reduciéndose á modelas tottadilbs , que como los 
antiguos entremeses, saitietes, jácaras entremesados, y mo* 
gigahgas con baile y música; sirvieroa dé iriter medios á los 
espectáculos afrancesados sin duda patiá conservar á las 
generaciones venideras en estas reducidas y pobres produc- 
ciones^ todiOS nuestros coBoctmientos lirico-teatrales ; y al 
mismo tiempo, con lo único nacional que al teatro Ite qoe-^ 
daba , atraer aí pueblo para ir infiltrando las costumbres 
francesas> y leggrnos con el olvido de lo pasado y el enr- 
cuhibríimieñto de lo importado, la completa servidumbre 4 
los adelantos ele otras naeione^. 

Las compañías de operistas italiano» invadieron la Es-^ 
paflíi desde el principio del siglo X VIH, ejecutando sus fun- 
ciones^ tanto de verso como de música, en las posadas y pla- 
zas públicas de los pueblos por donde paaaban. La primera 
que llegó á Madrid, formó un teatro, con el competente per- 
miso de la villa, en el sitio llamado de los Caños del Peral, 
en cuyo edificio improvisado , dio las primeras represen- 
taciones; y satisfecha la curiosidad , el público dejó de asis- 
tir, y el teatro ambulante hecho de tablas y toldos^ desapa- 
reció antes de hacer un año de sa construcción. 



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Otra compañía de ImficUdims ^vi^^di pQr Fr^noiscoBcr- 
toli, pidió de nii^YO e\ sitio para torjuar ualealro , y ba-r- 
biéndosele conoedidia, cQnf^lr(,iy<^ »m edificio de dos» pisoe,r9r 
quilico y mal acoiídiojonado > ea donde hipo:dm-ar m$ m- 
presentaeiojies hasla el afw 1743 ^ en cuya éppcaí m oarM 
por la dispersión de los cantantes, q\\fí^ dedicados á dar fun-t 
cienes en varias caaas par^io^lares de h corte, ^acabaní mas 
utilidad que en t\ (eatfo público, 

Protegidas las compañías italianas por Felipe V, mandó 
éste tres afioa despees de haberse cerrado el teatro de los 
Cañoi del Peral , se diese dicho edificio 4 «w de aquoUas 
compalMaSí fm pagar interés de ninguna dase, á lo qm se 
opuso la villa por aer de su propiedad; mas el tey , sin dcr- 
rogar la grada coocwdida, dispuso se aumentaran ocho hmi-- 
ravedises en entrada^ y que esle prometo fuera para pagar 
á la villa el arrendamiento del local; cosa que si bien cum^ 
plieron, los italiano* en cuanto al coibro , ao lo hicieron lo 
mismo en cuanto al pa({o, y la villa no pudo perdbir un m^ 
lo maravedí, por la protección espacial que les dispensaba 
el soberano. 

Esta proteccioalea valió también el que, so prelesto de 
no peijudicar I09 teajl^os de comedia española, que general- 
mente daban sus funciones por Us tarden, diesen lo$ italia- 
nos las soyas por la noche , y esta novedad ( 4 ) les atrajo 
gran número de concutrentes por d biwn efecto que pro- 
ducian los tr$jes y decoraciones con la luz artificial^ «las no 
porque les agradase el espectáculo esitrai^jero. 



(1) Para la odrte espafiola n* eran «ovedad las represeitacioiies porU noche, 
pue&iQ que según HoweU en sn$.Carías familior^f Ipipre^^ en liOpdres el año de 
i 754, las fundones teatrales se ejecutaban eu los diferentes teatros de los palacios 
reales de España, indistiutamcnte de noche ó larde, por los a&os de i023 en que 
dicho autur se hallaba en Madrid. 



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-«^ t#9 ^o- 

Llega á Madrid de ministro plenipotenciario del docado 
de Parma, d marques de Scoti entusiasta partidario de la 
opera italiana; y apoyado y protegido por la reina dcíla Isa- 
bel , consigue de Felipe V, el afto de 1 722, el nombramiento 
áe Director y juez de los cómicos con la jurisdicción eco-* 
nómicá para su gobierno. 

Ultimo golpe á la destrucción del teatro lírico espa- 
ñol, y primero para el encumbramiento déla ópera italiana. 

Scoti presentó al soberano las proposiciones para hacer 
un edificio en donde se representasen las producciones es- 
tranjeras del mismo modo que en la corte real de Francia : es- 
tas fueron aceptadas en todas sus partes, y nombrado direc- 
tor absoluto de dichos trabajos; aprobándose después los pla- 
nos que presentaron los arquitectos italianos Galud y Bo* 
nabia para hacer un Gran Teairo en el ya mencionado sitio 
de los Caños del Peral. 

Nuestro buen amigo D. Manuel Juan Diana , de quien 
tomamos los noticias concernientes 4 dicho teatro , dice (4), 
que Scoti hubiera deseado encomendar la construcción de 
este edificioá mas hábiles y entendidos arquitectos, pero este 
noble arte estaba á la sazón en decadencia en Espafta, pues 
D. Ventura Rodriguen que mas adelante fué llamado justa- 
tícente el restaurador de la arquitectura española, contaba 
entonces apenas veinte años , por cuyo motivo á falta de 
mejores artistas, se tuvo que valer de los arquitectos italia- 
nos ya nombrados , ambos de escaso ingenio y de malísimo 
gusto, como lo acreditó la obra del teatro. 

Sin duda alguna el ilustrado señor Diana no tuvo pre- 
sente al escribir este párrafo, la obra sobre arquitectura de 
D. Agustin Gean-Bermudez, pues á haberla tenido, hubiera 
visto no faltaban arquitectos en Espafia para hacer un pala- 

(1) Memoria histórico arlistica del real teatro de Madrid, pAg. 49. 



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cío digno de nuestros reyes, y un teatro digno de nuestra 
nación; sino reyes españoles protectores de nuestras glorias, 
y menos aduladores enemigos de ellas , puesto que en el 
mismo afio en que se daba principio al real palaeio de Ma- 
drid bajo la dirección del arquitecto italiano Sachetü, pro- 
tegido por la reina doña Isabel de Farnesio, italiana^ y al ra- 
quítico teatro de los Caños del Peral áivijiáo también por los 
italianos Galuci y Banbbia , apoyados por el italiano mar- 
qués de Soot^ , se levantaba en Nópoles el aun magnífico 
teatro de San Carlos dirigido por el ingwiiero español don 
JuanMedrano (4). 

Lo que á España le ha faltado siempre han sido españo- 
les protectores del verdadero ingenio , no talentos par^i ra-. 
yar tan alto como el mas alto de los talentos estraujeros* Re- 
petidas pruebas tenemos de ello tanto en ciencias como en 
artes , excluyendo la política por que nuestra misión nos 
prohibe dar voto sobre esta materia. 

(I) En el tomo TV, p&gina 227 de la obra iltulada : noticia de los arquilecios 
y arquiUctura de Eipaáa, dicolüean Beraiudet lo stguieate : tEo el mismo aflo 
4757, eaqu^ el italiano D. Juan Bautista Sacbetli i»bria las zanjas para construir 
el palacio nuevo de Madrid, D. Juan Medrano trazaba y comenzaba otro edificio en 
ItaHa. Tal és él trastorno de las cosas humanas, y la manía de buscar en tos países 
estüDJeros lo bueno qoé cada víúo tiene en el suyo.^Luego que el Sr. D. Carlos III 
subió al trono de las dos Sidíliat, encargó al brigadier ingeniero D. Juan Medrano 
la traza y construcción de un teatro llamado de San Carlos , que es uno de los 
mas famosos de Europa. Dicen ser todo de piedra de forma circular y prolongado 
fOt los esbremos baoSa la escelia : que consta su mayor diámetro de 73 pies , y el 
mepor de 67: que le rodean seis filas de aposentos» con el niagnífico para las per-* 
sonas reales en medio de la segunda: que son espaciosos los vestíbulos, los corre- 
dores « las escaleras, las entradas, y mucho mas la principal, pues constando tres 
puertas ettriqueddaB con relieves de insirumentos méslcos, y con oíros adornos.*- 
La fama de este teatro acredita sobradamente á su autor para probar que la corta 
de Madrid pudiera aprovecharse de sus conocimientos y buen gusto en la arqui- 
tectura, sin necesidad de mendigarlos fuera del reino. Cuan útil y conveniente hu- 
biera sido el haber encargado á Medrano construir otro teatro en esta corte, aun 
que 00 tan costoso y magn^co como el de Ñápeles, que fuese mas cómodo, mas 
deeent^, que los que habia en ^lla Ibmados corrales, no sé si por su ortgen é ]>or 
su fonna.» 

Tomo iii. 27 



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-1»^ tM ««. 

Ajustase en Italia una sobresaliente compañía de ópera 
para la inauguración del teatro de los Caños del Peral , y 
en el año de 1 738 abre este coliseo sus puertas al público 
con gran pompa y aparato escénico ; los cantantes son re- 
cibidos por la aristocrática sociedad madrileña con las mas 
entusiastas muestras de aprobación; y el rey Felipe V hace 
que alternen las representacicwies lírico-italianas en su tea*- 
tro particular del Buen Retiro, en donde se ejecuta por pri- 
mera vez la ópera titulada: Allessandro nelle Indie. 

La novedad del nuevo teatro , la hora de las repre- 
sentaciones, y la protección de la corte, hicieron de buen 
tono los espectáculos italianos ; y el teatro español per- 
vertido por los draumaturgos afrancesados, abandonado 
á si propio , sin protección , y con los machos impuestos 
que sobre él gravitaban (4), terminó so brillante carrera, 
y quedó como diversión de segundo órdim para distraer y 
entretener á la plebe. 

Preguntamos ahora: ¿estaba la Italia mas adelantada 
que nosotros en música en la época á que nos referimos? 
¿La Francia nos superaba en dicha época? ¿Nuestros maes- 
tros compositores necesitaban para sus adelantos lainter-. 
vención estranjera? ¿ Los estranjeros habían hecho algu- 
nos descubrimientos desconocidos de los españoles en la 
melodía ó armonía? Esto vamos á deslindar, para que pue- 
da juzgarse mas im parcial mea te, si nuestro amor á los ade-, 
lantos patrios es un fanatismo exagerado, ó una verdad in- 
cuestionable ; y si nuestra decadencia actual es debida á 
la iosufícencía de los españoles , ó al estranjerísmo de 
nuestros reyes, cortesanos, y aun escritores rutinarios. 

(\) En el reinado de Felipe V se impuso á los teatros de la Crtz y Príncipe 
de Madrid, la carga de pagar, ya por la sisas ya por la tercera parte del ingrese 
de entradas, la enorme cantidad de cincuenla y cinco mil docados, según Garei4 
Parra. 



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-o^ sil «o- 

Uemos dejado ya espuesto el estado en que se hallaba 
nuestra música tanto sacada como profana hasta el rei- 
nado de Carlos II , á pesar de las muchas ? icisítudes por 
donde habia tenido que pasar, del absolutismo de nuestros 
gobiernos^ y: los caprichos de nuestros reyes; y en el que 
se encontraban la Francia é Italia en el arte. Ahora va- 
mos á presentar nuevas pruebas que aclaren si en el si- 
glo XYIII nos superaban en conocimientos músicos dichas 
naciones, para que á sus artistas se les diera la preferen- 
cia en E^fia ; esperando poderlo hacer con ventaja , so- 
bre aquellos que todavia tienen en poco los conocimientos 
de su patria. 

Ia músiba italiana^ demasiado exagerada y afeminada 
á principios del siglo XVIIl, cifraba toda su importancia 
en la raidosa orquestación , y en las fiorüwre , slrascichi, 
trémolos , finías , sincopes , y otros varios gorgeos de los 
cantor®, que alejaron de sí la espresion dramática, olvi- 
dándose de los conceptos poéticos , apropiados á la músi- 
ca, generalmente, después de estar. esta escrita. Las inr- 
t^Uise llevaban el compás en la escena, segon Cantú, con 
el cetro ó el abanico , se sonreían con los concurrentes á 
los palcos, tomaban tabaco, llamaban burro al apuntador, 
se desabrochaban los vestidos para cantar mejor, y al fin 
salian á la escena á medio vestir. Un cantor haciendo el 
papel de AeciOy y gustándole combatir con el Minotauro, 
se convirtió al final de la tSpera en Teseo ; y una cantora 
de hermosa figura , no quiso cantar la larga mercede de 
Metastasio, si en vez de larga no se ponia ampia (1). 

El baile superaba con ventaja á la ópera, puesto que 
los bailarines con sus piruetas hacian estar en un profun- 
do silencia á los concurrentes á los palcos; lo que no po- 

(1) Calieut, TeiUro moderno, y las obras de Chiari. 



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Gdogle 



•o^ «t» ««- 

dian conseguir los cantores^ pues mientras sus gorgoritos^ 
aquellos no solamente hablaban^ sino jugaban y coroitn; 
motivo por el cual se lamenta Mattei, contemporáneo de 
Metastasio^ en estos términos: aCualquiera de mis pobres 
dramas no ganará ciertamente mucho en las manos de 
los cantores del dia, reducidos^ por su culpa y á servir de 
intermedios á los bailarines, que habiendo usurpado el ar- 
te de representar los afectos y las acciones humanas, coa 
razón se han ganado la atención del pueblo, que k>s otroB 
con igual justicia han perdido ; porque contentos con ha^ 
ber deleitado los oidos con una sonatina de garganta eü 
sus arias, las mas veces fastidiosa , dejan al que baila e i 
encargo de interesar la mente y el corazón de los espec- 
tadores, y han reducido nuestro teatro dramático á una 
vergonzosa é intolerable mezcla de inverosimihtudes.i» 

Haciendo referencia al mismo asunto dice Juan Bau- 
tista Doni: ( 4 ) «Mientras nuestros cantores buscan el me^ 
dio de evitar la dureza y la demasiada esterilidad de las 
modulaciones, en lugar de perfecdonar el canto, con sus 
adornos veloces le desgracian de una manera tal, que le 
hacen insoportable. De este contagio, los que mayormente 
se ven atacados son los italianos, que creyéndose ellos míe* 
mos los grandes hombres de la facultad, estiman á todo el 
resto de las demás naciones como bestias ó troacos. Esto 
los hace ridículos á los ojos de los estranjeros : no sé st 
estos juzgan con pleno conocimiento de causa, pero sé 
que por lo menos no caen en semejantes inepckscon laft- 
ta frecuencia.» 

La música de iglesia , era en Italia aun mas escanda- 
losa que en los teatros, teniéndose en un gran mérito el 
estrepitoso ruido y las exageradas fugas, habiendo habido 

(1) De Praesíancia muticm veteris. 



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^»# •«• ««- 

nkaestro que repitió ob amen caatro mü veces; se ejecu- 
tabaa en medio de la itoisá^ s<¿C9 d6codk{iiíer iostrom^at 
(o como pudiera hacecse* en on concierto, y htibo ocasio- 
nes en qaé per eatarprobUndoe' los instrumentos de viento 
en ciertos ritos^ se tocaban fasra del templo (4 ), 

La música francesa^ que fmede* decirse se creó en el 
rráiado de LoiisXIV.y á Men> prescindiendo de las pdb-^ 
bras> so era enleranientlB mala/ era sin eml^rgú ridieol^ 
para losestrauos, tanto por la modulación del. leogoaje 
con las notas mnsícales, cnanto por la exaltación de los 
cantores, entre los cuales debía contarse al maestrooom- 
positor de la ópera que se representaba en la escena, con 
un gran bastón para eobar el compás que nadie observa- 
ba , puesto que era impoáible ajustar al cantor con la or^ 
questa, cantando, como hacian , todos los espectadores 
con el personaje ó personajes de la ópera , según Exime- 
no (2). RoQieau á mediados del siglo XVIII dio mayor real- 
ce á la música francesa ; Filidor y Monsigni á últimos del 
siglo la mejoraron , y Gretry á principios del actual dióle 
la envidiable vida que boy tiene (5). 

Aunque hemos dado ya á conocer el talento deD. Se- 
bastian Duron, maestro de capilla de la real deCarlos II, y 
sus grandes coiiocim lentos en el arte, conocimientos que 
dejo impresos en todas sus obras imitadas por mucbos so- 
bresalientes oiaesii^os italianos ; volvemos á reproducir su 
nombre para manifestar fué desterrado de su patria por 
achacarle eJ delito de infidencia contra Felipe V ; lo que 
unido á su mérito y sobresaliente ingenio, le valió el que^ 



(1) Gdiarí. Léítere scelíé.-^hns de Golegen. 

(2) SegtiB Lacoml»e en sa Diedúnetrio de bélUu dictes , el célebre Lellí debió 
sa maerte i ufl golpe de cetirpts, dado en el pié cea ana caña de Indias que tenia 
en la mano. 

0} Cesar Gmtú.-^HSilortaimiwfMriL 



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-o^ tt« ««- 

el archiduqae Carlos, competidor de Felipe á la coronaide 
Espafia, y después emperi^br de Austria l)aja el nombre 
de Carlos VI (4)^ lo nombrase OMestro. de' su real capilla, 
y en aquella corte {uromciviesecdnsns obras el eutusias^ 
mo que dejamos anclado en el prider tomo de esta litstoria . 
Es verdad que el rey Felipe V hizo justicia al mérito de 
Dufon conservándole: la plaza dé maestra de su real ca-^ 
pilla hasta que murió; peno' también lo es^ perdimos un 
grande artista que llevó á otros países sus vastos conoci- 
mientos^ mientras su nación sufria la invasión de mfedia-r 
nías estranjeras (2) . 



(t) E^e soberano, según Cope , codipuÍR) una ópera que fu¿ cantada por los 
principales personajes de la cór^e, tomaiMlo^él.pfrtfrenJa^rfpifaiai ybaibindo aos 
dos hijas en la escena. 

(2) Se ha puesto en duda, aunque sin razones, el que Duron hubiese sido 
maestro de capilla de Cirios VI; *f aun cnaado palabras sin raaones nada jostífican, 
esu>rban sin ; ei|%bargo paiía la creencia de {(^ersonaS'iipáfifai ytpronio eopteoiadifas» 
y roas si se trata de mermarnos algo de nue^ras glorias: por cuya razón sanios ¿ 
espener las pruebas que tenemos para creer lo ya dicho sobre este particular, hasta 
^iae datos de mayor peso nos bogan variar de opinión .*-Cto U respMSU dada por 
el maestro de la real capilla de Fernando VI, O, Francisco CorseUj, al patriarcp do 
las Indias cardenal Mendoza , en 22 de junio de 47^1 > sobre la relación que éste 
le pedia de las obras de música que hubiera existentes en dicha capilla después 
del incendio Ae \ 757, dice entre otras cosas lo 8iguíeínte:-^t Tengo noticia fija pot 
»D. Isidro MontalTO, copiante que es deja real papilla de S. M. desde el año de 
»i714, como por esperiepciá propia y por haberlo sabido de sus antecesores, que 
»á los maestros que en tu tiempo habia, hasta todo el tiempo que lo fué D. Se- 
»baatian Duron, se Us daba todo et papel qio neoesHaban para sos obras, las que 
«quedaban parte en sv\ poder, y otras que eran las mas usuales, en Palacio en una 
ipieza detrás del órgano de la capilla para ahorrarse de llevarlas y traerlas los cole- 
»giales para que no se maltratasen, y estaba al cuidado del referido Aiaes tro Duh>n, 
ni qnidn sucedió la desgracia- del destServo y no tuvo tiempo dep^nsai en cosa nin- 
ig'una sino en so persona , por lo que dejó en abandono en el colegio todos los 
•papeles, los que quedaron en poder del rector que le sucedió que fué D. Matías 
•Cabrera, músico de \oz bajo de la real capilla, á quien sncedió D. Nicolás Hama- 
•nest y después D. José Tonesi etc.^-^Aqui probamos que Duron fue desterrado; 
vamos á manifestar los datos que tenemos para decir que, Duron fué maestro de 
capilla de Carlos VI en Viena, conservándole la plaza de maestro en Madrid hasta, 
su muerte. — D. Vicente Pérez, en sus iljMintei carioioa dice: •D» Jos^de Tori^, 



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MásUi mediadoB del siglo XVIII no entftezó la perfección 
de U másica itatiaba; tantb en lo bien ordenado y ade^ 
cuado desús melodks y arinoiiias> como en U ejecockm 
de (os cantores é instrumentistas cultivando la rapresion áú 
canto, que es el espiHtu det arte. 

' A)in cuando los {n^iacipales fnaestros que idiecon tal 
perfeccioQ á la mú^cd italiana faeron Scarlati ^ IfiCO^PiOr^ 
pora, Feo, Vinci> Durarte, Ma|oy Martini , quien anas la 
sublmó fué Juan Bautista PiergoUsi, discípulo dd>^n Ga^ 
yetano Greco, haciendo oír Uespresíon. de las palabhis 
acompafiddas de' bíenas melodias y adecuadas armoBías. 
El genio de Pergolesi crpado para purificar Jo inventado y 
descubrir nuetas bellezas, encontró ^Imodo de conciliar 
k> científico y artifloíoso', coa h>es{»re8Ívo y «deleitahledo 
la»frases:drm6nicas formando un conjunto que hacia sentir 
por la espresion de las modulaciones, sensaeionts dife^ 
reaoies en lo mas initmo del corazoa' del oyente, ún necesi-- 
dad de glosas, fermatas y trinos; cosa que en su tiempoi 
se tenia por mas ifnfposible ^i toda Italia , que en España 
y Francia agradar con multitud de ellos. 

Esta innovación' valió áPei^olesi la fama de composi- 
tor científico y espresivo^ pero también la de lacónico y 
descarnado en su estilo: lo que dio oi^tivo á que las ópe- 
ras que oompuso para los teatros, de Ñapóles y Roma, tu- 
viesen poco éxito, mientras él vivió , entre la mayor parte 
de los profesores; siendo la Olimpiada y la Selva padrona, 
tan. obras maestras en lo dramático , como la Salve y el 
Stalmt fnaíer en lo eclesiástico. 

>e«ijr6 pot maestffo de capilla de 1« real de S. H^ siendo organista principal de ella» 
>por faUeeÍBi>enU> de) maestro Duron, bailándole; éstc^ desterrado y desempeñando 
>el magísleno de la real capilla del empenador Cérips VI de Austria ,. etc. s Esto 
unida á lo qne díice Teiiidor, y /el autor del, Otaren dd melodrama moderno , nos 
hacen creer lo que bemo^ estampado. 



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-»^ •«# ««- 

La fmldad de) páblico ooa la músioft do Pergokesi , 
unido á la complexíoo eafeirma de:é$tc, fueron caos» d^ sa 
muerte ^ los treinta y tres afios día edad; y ;aHoqu£ de$pue& 
de tan irreparable pócdida para el arte italiano^ Lolti, Ziopi; 
Luca, Araja y el sajón Hasse, se esforearon en ^M^bartfip- 
perfeccionar lo que aqiidi no putlo sino empecar } iodo fué 
en vano, pues los cantores arbitros dekts teatros^ no estí- 
imban en toda producción cantable, cualquiera que ella, 
fuese, sino las frases que podían acomodar mejor á.SiU6 «* 
tudiados trinos> grupos, gorgorilos, y (errtiatas. 

Tal era el iestado de la mástea en Itilia basta el a0o 
de 4 737 en que múHó VqvqoIbá: pero dios geoioa edpañor- 
les cambiaron tan déscona puesta ^ iy 4eirminaron kobra^ 
que úi Pei^olesi con su oiotcía y ñloaofía musk^l , m los. 
literatos, tanto i taliai^oseomofranoeseB/ ingleses y alemaTr 
nes pudieron eonsegair coa'sils escritos, respecto é^ la es- 
presión y propiedad de las frases melódicas con las peda-: 
bras / cosa admitida de mucho tiempo en Espafia^ y por lo 
cual no gustáronlas primeras producciones italianas que se 
oyeron ( 4 ) : estos dos genios espaftoles fueron l)omingO' 
Terradellas y David Pérez, 4e quienes vamos, ahora á ocu- 
pamos: 

Desde que llegó Terradellas á Italia, clamó contra la po^ 
ca ó ninguna espresion ñlosófíca que se hallaba en las mo- 



fo D. Manuel Juan Diana en su Memoria hUtórico-artisíica del teatro tieal 
deMadridy hablando del mal éxito que túvola primera compañía de ópera italia* 
na en el teatro de los Caños del Peral, diee: t Uníase á efct* que«lt«li« )BiiCDiitdS 
en toda Europa muy en boga el mal gusto de aglomerar instrumentos en las pie- 
zas de música, hasta el punto de no dejarse oír la voz de los cantantes, perdién- 
dose pOr consiguiente la letra, y reduciendo la 6pera á una batanttda infernal» ea- 
paz de atronar los oídos menos fllürmónicos. Bl públiéo de entonces gMtoW de los 
composiciones líricas, pero exlgia, acaso eomo condíeion absoluta > la saodUet y 
claridad de la Tabula, gozando asi á h'vez de las ¡tispíraciones d«l poeta y de los 
del músico; por esta razón era tan aficionado á las tarzaelasr y ionadíUaiíJ« 



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(lütocioneB qae apticoliao k}$«(miq[K^()resó los poii^ataicQ- 
t€6 del poeta, y.viiiBho míí^cQ»[f» la pésifina costumbre dei 
qpe ios caalanieB parador Q$tfQ)ia(k>6 cwaa buenos^ babiaa . 
de sdt)er vestir un am de .^1 uiau^a^ (que no lo cwoekdm 
su mismoaf&toral^fecMUu^^ : k . • » . 

£stas opinioDea cHWlr^CAVítoRC)» y eofl^poei^UH^^ luei^^m, 
apayasas por las pei?sonaS(de bu^^^it^río^y ps^ticqlai^-i 
mente por los literatQ&y:píí^^ «#4ireeUQ6 Motoatwio^^ amu. 
safándose desde entoqfes:jlQdi?jlo qu^Antes ef^a^^n e@|re- 
roo aplaudido; resultando de todp eUay del apreniq <|qe dP> 
las obrad de Terradell^ se hjopiai.elqqe.laiwiyídía arm^^ 
contra él una terrible cru^cja ; .«og^i^ ^ice Teixidor^.qiía 
le hicie^e^ viotiurm de un ti^sp{j;o pr^aifado en un va^O; A^ 
refrío dado en uñárosla jreligio^j, para, la quQj^liH 
escrito unos sobre^aUeqt^ ^i»qs,^ vi9p€tra3 ^m^^h 
sa (i). E3te desgradadosfincfla taiiJ^^Qb^^^ 
hizo eselamará un poei^ itaUapio^ ^,w;^4^qí)po^icponquet 
dedicó á su muerte: . . , . ;. / . ..^ • ^ . ,u 

cumpliéndose la sevei*a sentencia pfontinciada pbt* Ih ha- 
turaleza al tiempo de crear los hoAbres de subRraé Irifje*^ 
nioy segon dice un t)o¿ta fi*ancé^^-en estas terribles jiala- 
bras : vous etes un gran&' homtrU'j tom elés mal ííekirmxl 



. ' .'. •■ i, \ ■ ^ l U l . : l 

(i) En la Gaceta masical de Leípsick, tomo U pág. 4^4 1 se asegura «que ééh^ 
pues de lla^r <^bieaide lui jgfin éfií^JaytfV"^ :4pf)r^:4^: Tefr9|e)l49o.5lbeclK> 
completo fiasco una de so rival Jon^ellir aparec¡6|el cadáver dé aqu^I en las ribe; 
ras del tlber, despedido por las agoá^ y ITeno' áé heridas; qué el pueblo romanó 
alnbvyó este osentoator á lofselli; ||ufi «egwkd uoi hiédtíla éá lotlo^ de téttíúé'» 
Has, en la que se veia á este s^bre pn c^rro ti^do. p<]jr aq^^ « f en el«rev€pr^ )af 
palabras lo son c(m>ace, sacadas del recitativo de una ópera de Joinelli, para que 
no quedase duda de la alegoría. Ifr. Fetiá destniehle esfó hecho diciendo que oe^ 
fiMB de la muña de Temdellás tivíé^ túédUtl tittttiiHattiehíe en Roma, i . ' ! 

ToMom. 28 



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t^ •«• #^ 

Algunas de las obras dramátioasde Terradellas tavie- 
ron en Italia la misma suerte que las de Pcrgolesi, y aun 
cuando muchos escHtores achacan este éxito á la mala fe 
de los cantores ; d^be creerse que en esto no tuvo tbnta 
parte la intriga, como la de no saberse ejecutar , puesto 
que sus composlciwies religiosas desempeñadas por pro- 
fesores de escaso mérito, pero ensayadas por el mismo 
autor^ producian un efecto sorprendente. 

La primera obra dramática de Terradetlas que se eje- 
cutó en Italia , según Mr. Fetls , fué el AsUirte , en el gran 
teatro deNápoleáel afio dé Í759, en la cual reveló un ge- 
nio espontáneo, un raro talento de espresion, y un gusto 
armóuico mas vigoroso que el de Hasse. En 4740, escribió 
en ftóma una parte del Romxüo: en 1742 se representó en 
Florencia la /tót^te que no'agradó, pero al siguiente afto 
dio áluíen el raisrrto teatro la itf^rdp^, composición en la 
que él talento m^üstco^ llegó á su mas alto grado de apo- 
geo, desquitándose con ventaja del mal éxito de la ante- 
rior. En 1746 fué llamado á Londres, en donde dio el Mi- 
IridaJle , cuyas piezas sueltas se grabaron en dicha capital, 
comQ igualmeal^ las d^l^e^oropAon,. ópera en tres actos 
que^j^uió i la anterior. 

Volvió Terradellqs á Italia en 4 747 , y obtuvo en Ro- 
ma la plfiza de maeslrp d^ capilla de la iglesia de Santiago 
de los españoles, fijando en esta capital su residencia , en 
donde dio el Sesostris el año de 4751 , y á poco tiempo 
murió. 

"Raoto los profesores como los literatos de todas las 
naciones, han reconocido el talento y genio músico de Ter- 
radellas, en el lino filosófico con que apropiaba á las pala- 
bras las melodías y armonías; en las modulaciones y acom- 
pañamientos instrumentales qu$ á dichas melodías aplica- 
ba , haciendo que siempre fuesen las dominantes en las 



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frases aroióukas;^ ioh> aquellas que. por su casia da sonido 
teniao mayor aoalogia ooa los conceptos que se caotabau^ 
ya reforzando ei motivo príoeípolt dala obra, bien eapre-^ 
sando los afectos asi iuiaraos como estenios que los caa^ 
tores oo podían espreser cantaodo^eii la fuersa que daba 
á los rUmos coa el valor de las uolas^y el aire de compás 
que coQ tau sobresalíeole .t^ia^abta elegir ; ea la sttbor-- 
dinadoB de todos los aepi»)>aflaiaientos instromentatesal- 
efecto que sepropouia:, y fioalmente i ya por I0 lioeocia 
que se tomó de oiaQiBJar las especk^ disonasteis coupcidaB 
por Pergolesi y otros compositores , ya por otra» ; oo po^ 
cas> que su fecundo ^M^rjo biiO!Íd.ventar> llegó á dibujar 
según Teíxidor, ei furor» la desesperación; y todas las pa- 
siones, no ccNil«sfqaediMÍI,4e.Per0(>Usii d?ffictp.desac^ 
tado enfermo^ ainoci^n un atrActivo ^adabloaun,en uuesr 
tros tiempos , y. adotir&do en aquellos .por poetas y oon- 
posilor^. 

Este gran compesítorefpaftol^ féé discipulo del famoso 
Franpisco Valla^ maeSftlo^dé ^p«lla^ la catedral de JBaiH 
cekxaa (4) , bajo cuya dirección babia oompnestOi antes de 
marchar á Italia, no pocas obras ; en donde' oíaaifestó sus 
grandes conocimientos en el arte , su singular ingenio y^ 
natural gusto : y si en Italia tomó algunas lecciones del 
celebrado Cayetano Greco, maestro de Pergo^esi, fué soio 
para conocer el método de enseflanza italiano y los conoci- 
mientos de tan famoso maestro , como lo prueba el que á 
las pocas lecciones que le dio Greco, manifestó este ante sus 
discípulos, que no solo Terradellas era un consumado pro- 
fesor, sino que tenia el alma de Pergolesi, vigorizada con 
la robustez de su sano cuerpo. 

(i) EoUe las •obresaliette» obras de t9\m maeisiro > se halUn tm Tralodo ck 
wmsica Uárieo-práciicOi y la íaoiosa r«spH^U á la cou&ura de D. Jeaquia Jttar- 
tiaezy sobre la Escala Arelioa. 



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- '>No pbcNic pomfm éttímpi^ ^ verdad de h> dicho, síéi^ 
d<> terradélfas tí¡9Cl|)md^ aW íuáéítro cómo Vallsi/y ha- 
berle edhMmdo eiititiaí dapUál oAoin B^celoüá; en donde 
déBde tiAuy temotM ti^topc»^ ^^Itif^ba Id música con 
lab grMid0:«3miérolyf létituáiiáBiiio; qM á eikt'Véaíab do FVdü- 
cía ^ Italia* ; otrbB pt^iém^ á^dbóbiisé da iBtftegias delai^ 
difíetl ar(éj7 áadtiiir^rlá lM|fróléM<*é8()ue6a rédrito mi- 
berráto^ (mnb U>^m^m(6llMt^í^t\myti d^jamo^ iíthóen 
óitó \tí^AÍ de-ieirta ob<«) j^idicé Pedra Jubti* Comed babtaii- 
dódel-céléf^iid «anfó^igoí y KK'gaa(sta:de la ¿atéd^af, Pedro^ 
Alt)iefWVHa•(^).••' ' ' : /•'"■•■ ' • ^ - ■•/ ^ . 

! Mdcb()&;ibaeM^od4(Hli»fl¿^'(a!iíea)M^ á Tet^fadellas éif 
5««íc^iif|)fd^¡6ii«r;«wir*e lik duales ^iiEAnetttOb^ á Galupt 
conttci^ó'pbr tíürímélltf, íioihlhNé M pwbío dfe í;u nací- 
friléMa:, etif ití'Áfíárámdá¡ ItAltadM fán ser \^l de las obras 
d** ttiíesilt*ü qspaflol/í}tíqy ^goií Teifckiter, pecafefténm- 
miedad ; Paccini en su ópera la Btwna Figlioga ; JomelH 
en ftU8^dbras^ílrfnt(;i/¿i , ^IhfkoHfutíff if Eftgenia'^ Taitiiñ éo sus 
úttitoaB ¿6t»pbaici6Ak >;^^|ícletido>lo MiakiiASacliitti;Ttiác^ 
tá^ Afelari(fii> [b|i«ÁM; y étdspafiol Afeóa/ «atardl dé Y^tM^ 
eía^ <^teB ivdehíasladia' ccnadoBeeQdtiieni pata eoñ \ói cao- 



(1) En el fJibre 4e,0O8e8 asscf^yaladeSf dice Cqroes ]q siguienU: « inolls 

mi'isíclis veoien de Italia , de Fransa , de lola Spanya y finalnienl de tol lo nion, 
abotífM te^^iéWiifeAi'MRilideáié^a^^óls t^rVeiMsr yprób^rsl IdsI^ 4él4U 
<l^ii9qH« p^^ Jltfl«ri ViiU ^f n, t»9t con fa €iiBf^ q*< er« dinlp^H p^é lote U cho»- 
liandal, y aprés com seo anayen deyeu aye Qp tol lo Qion do hi havie músicb qu« 
se 11 pegues igualar, y que lo que ell leya en la música era imposible créurerbo que 
né bó.vosséii; qúé'^l?^ ' V^iuW l^a^lá- did^énU t rfyá q\<é MÍ ' bébilltiC üé borne oé 
(^a.^s^^i;^ 9Á lo.flQÍDii, r^qUAl ni»,'4ob',€ra biiü^H e^ Jai fi^ta do le^i m^s tocn^ 
eu tota quanta música se fos ínveutada fips lo dia presen t ne sabia la print« y era 
lo mes bábil, etc. etc.» Tan famoso proíesoí* murió el 1 6 de noviembre de 1582 á 
los 65 años de so edad, habiendo dejado muchos sobresalientes discípulos á quie- 
nes etí^naba shi e^tfrpemiio tfl^tifioy TóqUé rué ¿ktsk de qtre ñtérati cOMocldos al- 
gunos tAgiiiifOs a q4Üeii«A 9(1 pebáezÉ shir fóté i^fAtt^vuxUio iHi íes hubiera pcruriti- 
do seguir tal carrera. • .> 



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tai>t€&, ik> té dejó ÚÚÁ «trt pi'odtteoUmefitdOtia expresión 
do qnb do {tedio y coaocímletitos «rtin «apáce^ (4 ). 

BasU ét tietnpo dé Termdélt&f , el tnérito de lot^ compo 
sttor«& en Fraacia «estelM ál flívél d# Im dp Italia , oomb 
asegora D' Alambe^t eD uoa de sos c4)ri9 , dk^esido qu^, 
aniM da htAer pido^ lasj^odacoio&iá de jaquel eonlpoBitor 
español, le pttreck iiDp(wiUO'qiiecotDpo^lof alguno pti^ 
diese sobi^|Mi§ai;éLüUÍ5 Copra, y RameM} ptíro que ded-^ 
poe8 de bebeii^s óiéá ^ tmiseñhA que Im de estos eran 
mey ipslénons á i« dé TemidellaS /cuando Dd en ^m^ 
oh, por lo «eapB wqo^ i^)M6Í6tt y géiib. 

Para hacer algunas objecibiiesfll oélek^ ftameaa^ «i 
citado D' Maisi)ért«e«ttó diT^rméettAs, al q«leno solo 
pidió parear «obre eierliapenlos fa€«iMtivd«, tib bien es^ 
pticddos por el célebre orgbbiBla deClérmqnei Mis obras 
didéctieas aobra la armdnia siníuitáiiéb^ sino todas lasdí- 
eonascias que insertó eil im articulo de bi EUejfidópéítífe eott-* 
cerniente á eUas^ según asegura el imsoo BasoeM eñ una 
calata á ly Alaiebeft pablioadaennn diario de Paria, y de 
)a que kaee lÉtMkm e& so C¿^^d^ dftia^^ 



(i) CxJBieBo, que á'0 á tm «A Row» el iSaÚ^ AllA, sm «bm^UiMU; JMi^ 
origine 4eUa música coda síoria del suo progreéso é rinova2Íone,^\^e: «U mal- 
tUod de teatros, los predos escesivoá de los buenos prófeaores y el Interés de los 
ett|acsamb0, bátf piíid¿M^ Otai iMtdaa^ InMviros, oáliloi«6éid!«li'> 

meaif^us. Vemos iodos kf días pOoer dfamas ea nnÁ^cn á ^^^tías oofnpositoras, 
semejantes á aquellos arqnitectos que con cuatro ó seis dibujos comprados» fabri- 
can todas las casas, ó á aquellos secretarios que reducen de grado ó por fuerza á 
■in 49€m$i^ 'ó^Bcis ffttiMiéi Im ai||Om«ilit de todi8 M cartas. Y asi ei que se 
€^fm de ooMÍtou^t WMmSeidos tit leaiHÉMtttosilel drav», noiivM fuera de prtp6- 
sila, j tambioD iriat m tesa aigano» coriadM á la medida é« danos eantoresque, 
Mo escuela, sin gwto, smm arle <4tticO| forgeaa -basta ao poder nuast) para sin 
aMknlaffiíiBás naa palabra. Bata'pe»fiM>sa laaa de oattaarea^ «pie baoe poaipa de 
ÍBHlar oott la gdrgaiía las laboras ^ los bafas>lreMa«aa f 4títos, baa hacba i>robar á 
Metaafasip «1 daaaoaaiMlo 4a varan saa diaa armnada ti laatto , que caá sus 
dramas ¿labia Mesado á h aaaf orpaffi^cciao. 



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Efite gran Ramean^ el iocompamblB director de la Aca- 
demia real de París, el profundo eompositor de música vo- 
cal, tanto sagrada como pro&oa, y el sobresaliente escritor 
del arte en la parle cieotifica, i pesar de haber miaDiCestar- 
do en un principia poco afecto á la& obras de Terradellas, 
siguió después la senda trazada ppr éste ; y creemos que si 
los compositores contemporáneos de Ramean, tanto Mar- 
ché, como D' Anquin , Batizi , y los disdpulos de éstos , y 
del mismo Rameau^ hubieran seguido loa pasos de este gran 
maestro, las melodias francesas hubieran logrado la perfec- 
ción y suavidad que ahora les notamos, á pesar de lo duro 
del idioma para la música (4 }. 

También en Aliaiíaiiia lat obras de Tenradellas, des- 
pués de las de Daron, y lo» gmodes conocimientos del 
compositor español Antonio Ordofies, autor déla ópera 
alemana titulada: Diemaí hat d4r Moímdea TFííUm, y 
otras muchas obraí de mérito, dulcificaron la dureoa de 
las melodías alemaoas, ayudando á que se formase el gé- 
nero peculiar de músin, taúto vocal oomo inslr o mental, 
que hizo las deliqias de toda Europa en las obras de Sebe- 
vindl, Bach, Filtz, Stamitz, Ditera, Scenter, Gluc, Mis- 
lievesech , Mozat y Hayden , y continúan haciéndolas con 
las obras de otros grandes compositores y armonistas. 

David Pérez , otro de los maestros que mas sobresa- 

. lieron en tiempo de Terradellas, era español, aunque mu* 

chos autores lo hacen natural de Mpoles é bijo de padres 

(1) Dice Teíxidor . que en )a prÍHMrt obrt que Bummi m propoao iníur á 
Terradellas, Unto eo las armonías y melodía», como en los piaiM^t futría , cret" 
crendoi y de$cre$eendo$ etc.» cosa apenas vtfta'en sus produeciones anteriores por 
los ejecountes, viendo que esios no Jos ejeontaban por masque lo ^Terüa» se Jo 
bízo entender al primer vioUn director de k'OrqoeaU; y como ¿ate le respondían 
que no quería bacer innovacienc». Ramean^ valido de su crédito, de k raion que 
le asistía, y revestido' de toda sn autoridad, la dijo: c Advertid que yo soy aqui ui 
arquitecto y vos el albabil, por oonsiguiaofte panand bíaa lo qne decís.» 



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^spafioles, nacido, Mguíi YieenfePeree, eb el obispado de 
Sigüenza (I). Tan distíngoido compositor faé nombrado 
maestro de capilla de la catedral de Palermo el año de 
4739 ; en. el mismo aftq se ejecutó en el teatro de dicha 
ciudad sti ópera titulada : UEroismo de Seipione » y en' el 
sigaientelaisteftea, Medéü,yhIsólaincantQta. Enelgran 
teatro de San Carlos de Nápoles^ pvtio en escena en 4749 
su Clemenza di Tüo, procurándole el éxito de esta aplau-^ 
dida obra el compromiso de escribir en el año prÓKimo 
para el teatro de delUnDame, en Boma, h Semirámide que 
entusiasmó al público, segon Mr. feik^ y laFamec^ que tu- 
vo igual éxito. En el año de 47^1 se ejecutaron en Geno- 
va del mismo autoif^ la Mtrofípe , Didone abandónala , y 
Allessandro nelle Ináie, y en di mismo aflo en Tnrin , De^ 
metrio, j Zanobia. 

Aceptadas por Da^vid Pérez las proponiciones que se le 
hicieron para «1 Teatro de Lisboa^ pasa á Portugal , y en 
4752 pone en escena sr Demofonte que c&usa un verdade- 
ro fanatiamo , valiéndole el ser nombrado por el rey, 
maestro de su real capilla con el sueldo anual de cincncn^ 
ta mil francos^ según Fetis, suma que creemos muy exa-< 
gerada. Después de Demofofnte , escribió Adriano in Hria , 
Aríaooerse, VBroe Ciñese, Ipermestra, Olimpiada, y para 



^1) Vicenlte Pérez, eo sus apoiUes dice: «David Perex, «oo de los compositores 
mas famosos que ha habido en este siglo, y cuya muerte acaecida ela&o de ^75, 
sieodo maestro de la reaf capilla de S. M. fidehsima el rey José, fué tao sentida 
de «oda la corle portuguesa , era ptrieiie roso , y nacida eu el ebjspado de Si« 
gfieoia. Sos obras sagradas y profanas dieron á conocer en Europa sus vastos 
conocimientos y privilegiado ingenio , sin usar en ellas de las lugas, arias, y ta- 
rariras que tan en boga estaban en Italia, y aun están por algunos profesores con 
gran dalo del ana, deal etpresion y de(q{fado porl^oombinacíon sencilla é inte* 
ligíbledelos sonidos. Las óperas suyas ejecutadas en los Caños, j e\ magnificat 
y mtMi, con instrumentos, que hemos cantado muchas veces en la capilla, han sido 
oídas siempfl^ con gnsto y grandes elogies dé los ^nCilígentes. 



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lü inaugor^oion tk\ nwvt> Imí^o.» (}eSae Cbrío^ideü^lMus, 
que ti YO lugar en 475a> re{iln4K>«l Ailmandw wáh Mr- 
(lie, Y después oscrihio Siñi^ ,S(^rmn% , Ei[he€^:e% Jialiih 
y JyMo Cesm^e, 

DeÜQmÚQ David Pen» paw ir á, Landreg á conlriitai' 
los ^&tante« que halian de fonoiar la coa^flia 4a inau- 
guración del dicho teatro da Liabod, 7 esliaQdo.|9» la .capital 
de Uigla Ierra pan eeteotíjeto; eseribió w Ezio^ y se ejcou^ó . 
coa uo éxito biüluatisíttio. 

También Dief^o Nasell i c^tollaro JMpaAol , oaiturail da 
Aragón, y quesiaílo por ificl6ik[Krofeaaba«la mádwa, asoo^í- 
bió varias obraa del arte, Ofrtrelas^ ou^les^e^ueota Mliliú 
Uégoto , ópera ejeeiriaiABí en M teatio de Palermo en; I74& 
cotfroiiy buen^ésito^ y DanMriOi pueaUei^eseeDaetaelde 
Ñapóles en 1749 con la misma suerte. 

Por ^tostieaapoebizo ufi viaje de recreo általitf don 
Jo«)c Felipe^ caator <le la veai capilla de Hatfríd; y ¡elsaar^ 
^tiés de Roda ^ne á la aaaón efti oueatro embajador m 
Roma, para espre^r á unamigo suyo el efeotorqoe había 
cansado á la capital del mundo católico liiue^tro cou^patfi^ 
cío Felipe, letseríbió las sigmeatee paiabras: aq^i ha lle^^ 
gado un ccmicr Roma, quehapasmadb á Ikmut. 

Ahora bien , sí el teatro Úrico estrdrqero s« hallaba en 
el estado que hemos descrito, á mediados del pasado siglo, 
y nuestros ingenios eran admirados y aun daban lecciones 
á los países estrafios, ¿qoé adelantos les hemos debido en el 
arte á la Italia y Francia en la época á que nos referimos^ 
con SQ9 iutrusas obras é intrusos ejecutoQtes? lia destruc- 
ción de la nacionalidad españob protegida por nuestros re- 
yes y nobles seawes, y el wo^w que hoy arrostramos, por 
los residuos que aun se conservan, daindo la preferencia á 
á todo lo que no es español. 

Es innegable que D. Aguatin de Montiano y lA^an-** 



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-e^ «M Co- 
do (1), escribió en ^7i9\tn libreto.deópera española titu- 
lado: La Lira de Apolo, puesto ao música pomo sabemos 
«quién ^ y que su éxito fué desgraciado^ como.el de otras 
Varias que so escribieron por entonces : pero e^ innegable 
también, que vaciados estos libros en la turquesa francesa^ 
y la música en la italiana^ un pueblo que tenia poesía y 
música propia^ sencilla^ noble^ enérgica, apasionada y ca- 
denciosa^ desechó por instinto tan monstruosas composi- 
ciones^ como ha olvidado en nuestros tiempos las óperas 
italianas qua los maestros españoles han escrito para Esp^- 
fia^ y las españolas que se han aderezado con galas estran- 
jeras conocidas. 



(Ij En el mismo año en que ertipetamos i publicar esta obra» y después de pu- 
blicadas sus primeras entregas , principiaron á ver la lúe pública en un periódico 
que se tilulaba Gaceta muHeal de Madrid y unos artículos bisióricos sin coordina- 
Dación^ bajo el nombre de Apunle$ para la historia musical de España^ firmados 
por el distinguido profesor D. Hilarión Eslava. Muchas noticias de estos artículos 
han sido tomadas del autógrafo de Teixidor, que poseemos, y del cual hemos sa- 
cado gran acopio de materiales para esta historia ; pero algunas otras que ignorá- 
bamos, hemos tenido un gusto especial en admitirlas é intercalarlas, en nuestra ya 
escrita obra, para darle toda la ilustración posible. Mas si bien hemos admitido lo 
que varios datos nos han confirmado ser cieriOj nos hallamos en el caso de re- 
chazar lo incierto, puesto que de no hacerlo, habiéndose publicado dichos artículos 
a! mismo tiempo que nuestra obra, con un título que tanto espresa, y con una fir- 
ma tan autorizada en el arte, podría darse lugar con el tiempo á dudas que redun- 
darían siempre en perjuicio de lo que con justicia y dalos se quiere realzar. Este 
es solo nuestro pensamiento al rebatir algunas ideas y noticias del Sr. £slava^ pen- 
samiento que tan distinguido maestro nos agradecerá, llevando un fin tan lauda- 
ble.-^Dice el Sr. Esfava, en el núm. 21 de la dicha Gaceta musical , perteneciente 
al 25 de mayo de 4856, que ningún maestro del siglo XVU se atrevió á emprender 
el establecimiento de la ópera española, sino un profesor de Madrid llamado don 
Agustín Poociano, que presentó una ópera titulada : La Lira de Apolo. Sin per- 
juicio de rebatir, ásu debido tiempo, tal idea sobre el establecimiento déla ópera, 
solo manifestaremos, por ahora, que D. Agustín Montiano, y no Ponciano, indivi- 
duo déla academia áeibuen gusto que se reunía en casa de la condesa de Lemus, 
sator de la tragedia Virginia j y acérrimo defensor del teatro francés, no fué profe- 
sor de música, ni compositor de la música de la Lira de Apolo , sino autor del 
libreto de dicha ópera. 

Tomo ni. 29 



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Los italianos han trabajado con asiduidad en el perfec- 
cionamiento de sns melodías sobre las palabras de su idío^ 
ma^ que dulcificaron mas con la música^ formando para ello 
academias de poetas y compositores^ y creando conserva- 
torios. Los franceses, á pesar de tener en su idioma esa du- 
reza de palabras y sílabas, y un oido antífilarmónico, for- 
maron también conservatorios y academias, y crearon mú- 
sica propia sobre la prosa de sus versos:. lo mismo hicie- 
ron los alemanes. Y nosotros, ¿qué hemos hecho hasta el 
plísente? Sigamos la narración, y en ella se verá. 



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GAPtfflILO 



Bsfter«Qs de U lUl» para su eocHOibcaiiiieoto louftic^I.f^Cn él tíeoeii parle los 
espa&oles.—- Coosecuepcias de nuestra ninguna prateccion.-^lAtroduccion de. la 
mak mósica italiana en nuestros templos. — Opiniones del cardenal Hugo» Kircher, 
7 el conde Beiveauío de Sao Hafoel.r^Kevb cka la m4skai:del tMpla con . la de' 
teatro. — No se fijan los limites de una j otra.— Confusión de ambas por deseclar. 
nuestras antiguas doctrinas. — Opiniones deFeijóo y Pérez. — Reglas generales para 
que una composición de música sea perfecta , por el maestro Aranaz.^-Plan de 
oposii^íoDeft por 4ícho aiitorv , 

Italia, á quiea por tanto tiempo domia&ixio$' coio^ U; 
faena 4e Ifis armas ^ y dQ qüj^n hamos 8Ído dominados 
después por la fuerza del saber , protegió loa talentos ua^^ 
Clónales , y patrocinó los verdaderos taleptos cj^tranjeroá: 
mas nunca admitió las noedi^nias. 

La elevada clase de su sociedad, llena de cultura ]& 
amor patria, unida á los hombres cientifícos, fundó to«n 
da su gloria en las bellas artes; y las artes dieron á Italia 
la envidiada coroiia que aun hoy orla sus sienes. . ; ; 

Sin poseer vastos docnioios , ni numerosos ejéroitos^i 
ni grandes tesoros^ qi Ubre ipdjependení^ia^ subyugó á kj 
opulenta y tiráuiqa fuerza con el poder del artista , la. 
protección de sus decididos nacionales ^ y el apoyo de loa 
homares de talento , que comprendieron ser la gloria dCi 
los pueblos y su n;ias brillante historia , los progresos del 
saber humano ; no el valor de la fuerza bruta^ ni los te-- 
spros de la ambición. 

Comprendieron que las artes, pai^ticularmente la mú^* 
sica, por^ser la mas adactable á su clin?«, carácter y co8rr¡ 
tumbres, darian á su pais un nombre iofiperecederQ , Y 



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-o^ t«S ^o- 

como llevamos dicho eo olro lugar , crearon academias 
particulares, y conservatorios públicos; distribuyeron pre- 
mios é hicieron sacrificios de tiempo, paciencia y dinero, 
para conseguir su objeto ; aumentándose su entusiasmo, 
cuanto mayores eran los obstáculos que hablan de ven- 
cerse. 

Cien veces plantearon los cimientos de su anhelado 
templo musical ; otras tantas fué destruido por la igno- 
rancia, y otras mas se volvieron á levantar do nuevo: si con 
entusiasmo al empezar, con fanatismo al seguir; sí con 
esperanza en la obra, con fé en los resultados. La patria 
y el arte eran su única divisa; el arte y la patria premia^ 
ron su constancia , y la Europa entera proclamó su triun- 
tb cometiéndose gastosa á sus doctrinas. 

Empero si la victoria fué de la Italia, en ella tuvieron 
una gran parte los espafioles que enarbctlaron los primeros 
el estandarte de las buenas doctrinas artísticas, como son 
buenos ejemplos llamos, Tapia, Salinas, Encina, Morales, 
y muchos otros, aunque en España se mantuvo plegado 
por orden espresa de la innacionalidad de sus soberanos. 

Brillantes eran las páginas artísticas de nuestra anti- 
gua gloria; conocimientos grandes conservábamos; hom- 
bres de genio y de ilustración tenia España; país, costum- 
bres é idioma poseíamos como ningún otro país del mon- 
do, para haber podido conquistar con ventaja el nombro 
que posee la Italia en el arle de los sonidos. Pero nuestra 
nacionalidad no existia; nuestro rey era francés y subyu-« 
gadoá la Francia ; nuestra reina italiana; nuestra elevada 
sociedad, gem^ralmenle hablando, escasa de conocimien- 
tos y sujeta á los caprichos de sus soberanos; nuestros 
hombres de talento espatriados, y la envidia, madre de 
las intrigantes y aduladoras medianías, dominaron la si- 
tuación artística de tan desventurada nación. 



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Dq pai9 levitk» como era Edpafia, dfró «n orgafío st-^ 
ílstico en las oomposíciones religiosas , como hemos di*-' 
cho ya en otro lagar ^ y muchas de estas obras son to^' 
davfa modelos de arte, por la sencilla gravedad de sus 
melodids, la naturalidad desús modulaciones , y el espP 
ritu filosófico de la música con la letra para que se éscrí^ 
iió. Pero como la moda, n^ási bien que el gusto, admitió 
la música italiana, la moda entró de lleno en la Iglesia/ 
y la Iglesia desechó las obras de nuestros buenos maestros; 
para adoptar cuantas estra vagancias habían sido anatemati- 
zadas por los verdaderos compositores y escritores italianos, 
apesar de la repugnancia del pueblo en admitirlas. 

Presentemos datos, para aducir consecuencia^. 

(cHay músicos tan obstinados en su afrentoso desor- 
den, dice el cardenal Hugo(l), que sacrificándose masque 
al culto de la Iglesia al culto de la ignorancia, no aciertan 
á distinguir las augustas y sacras consonancias del altar, 
de las espresiones obcenas y halagüeñas adulaciones de los 
cómicos y trágicos de teatro. Estos músicos , que compo- 
niéndolo todo en un instante , lo allanan todo , en nadase 
embarazan, acordando lo torpe ó deshonesto, sea bueno 
ó malo; en descompasadas /li^o^ de lo bueno, ofrecen en- 
gafk) al oído, sin discordancia que no suenen, y sin conso- 
nancias falsas, dulces y amargas que no toquen, t 

Kircheren su i/t^surjíta asegura (2), que, por ignorar 
los músicos prácticos las diferencias de estilos en el can- 
to eclesiástico, se habían introducido en esta clase dd 
composiciones tantos abasos, porque ignorando la ternes 
raria osadía de la ignorancia tales preceptos, con vein- 
te ó treinta cláusulas armónicas , tal vez hurtadas de age^ 



(1) Proverbios, sup. cap. ! 

(2) Lib. VII, parí. 5. 



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no9Q9(»ito9 , M atmviaii á llamarse oompoBitores y maes- 
tros , ignorando toda la historía^y mayor parte de prácti- 
ca^ con sonrojo y rubor dallarte que profesaban. 

£1 conde Benvennto de San Rafael^ director real de los 
estadios de Tnrin, escribió dos cartas sobre música que se 
injertaron en la Recopüacim de opúscuios de Müan (4), y 
9Q una de ellas dice lo siguiente: (¿Dominaba todavía entre 
los compositores , cuando Tartini ilustró la Italia con sn 
nuevo fiíistema de música^ aquel bárbaro gi^to de las fugas, 
cánones , y todas aquellas cosas mas enredadas é intrinca- 
das de vn insípido contrapunto : esta inútil pompa de ar- 
mónica pericia; esta gótica usanza llena de acertijos y lo^ 
gógrafo^ musicales; esta música agradable á la vista y en 
escomo cruel al oido, llena de annoníasy de ruido^ y vacía 
de gusto y melodía; hecba según las reglas^ á es posible 
qne estas sean tan atrocesTque permitan el hacer cosas 
desagradables, fiias, embrolladas, sin espresion^ sin canto^ 
sin ^llardla, etc.» 

En efecto ^ los italianos poco aficionados entonces á la 
^endUez melódica, sacaron el contrapunto gótico de la 
iglesia, y mezclándolo en las composidOnes teatrales con 
los gorgoritos de sus ekajerados cantores , formaron na 
conjunto tan detestable, que bien prontO'clamó contra A 
el público sensato, y fué atacado por los escritores de ver- 
dadero talento. 

Desechadas en Italia tales obras^ fueron^traspprtadas ¿ 
^pafia por músicos aventureros de escaso mérito ; y aun^ 
que en SM principio se recibieron con frialdad , la protec- 
ción decidida de monarcas estranjeros, y de opulentos va* 
salios , hicieron de mcxla semejantes monstruosidades^ y 
nuestras medianías se lanzaron á imitarlas. 

(t) Tomos 28 y 29. 



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^>^ ts« c«- 

De esta tmitaoioii servil resoltó ^ que ücesclando laá 
eicajeracioneS) qoe ya teníamos en la música eclesiástica, c(m 
la nnevameote introdocida en la teatral , se foi'masé un 
conjunto de tan depravado gusto^ como el gasto arquitec- 
tónico churrigueresco adoptado en la misma época. \^' 

Los escritores espafioles que se dedicaron = á tratar la 
parte literaria y teórica de la música, todos ó la mayor pár^ 
tefoeron cogitrarios á la teatral y defensores dek éolesiás 
tica : msls ninguno fijó los límites de una y otra ^ porque 
en ambas babia lo qoe en ambas era reprobable; no e^d»^ 
tiendo en una y otra ^ la claridad y vendaderas doctrinas 
del arte> por el confuso embrollo de la servil imita- 
ción. 

Si en el siglo XVll reprobamos la sencillez melódica en 
la iglesia llamándola música de comedias, en el XVIII se 
clamó contra la .demasiada aglomeración de notas drao- 
minándola tarariras ikdiaTMs: si los fanáticos preceptistas 
aceptaron como género sagrado el contrapunto artificioso^ 
lo reprobaron después admitiendo solo el basado sobre el 
omto llano, del que hicieron un canto sin gravedad y sin 
filosofía t y entre tantas y tan encontradas opiniones , no 
pudo fijarse una base general para la división de ambos 
géneros > porque esta base s^uida desde largo tiempo por 
nuestros grandes maestros , y adoptada después en otros 
paises^ fué inaceptable en el nuestro por el solo defecto de 
ser nuestra. 

«Verdaderamente , yo , dice nuestro sabio Feijóp ha- 
blando de la música sagrada {i), cuando rae acuerdo de la 
antigua seriedad española^ no puedo menos de admirar 
que haya caído tanto, que solo gustemos de las música^ de 
tararira. Parece que la célere gravedad de los espaübles^ 
ya se redujo solo á andar embozados por las calle^. Los ita- 

(4) Teatro erittcoQúiyersal. Tomo I. 



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<^ tat ^o. 

líaínos iiH)s han hecho esclavos de sa gúslo, con la falga ii- 
aoQJa de qne la música se ha adelantado mucho en este 
tiempo. Yo creo que lo que llaman adelantamiento, esTui- 
Ba , ó está muy cerca de serlo.» Y tenia razón Feijóp al 
espresarse en tales términos; porque aquella música dese- 
chada por los italianos^ y admitida por nosotros > fué y 
ha sido nuestra ruina. 

Refiriéndose Viente Pérez ¿la nota que presentó Cor^ 
adli.al cardenal patriarca Mendoza, sc^re la música que hád- 
ela falta á la real capilla deS. M. después del incendio del 
archivo de música (4 )> se espresa en estos términos: a El 

(1) Comunicación pasida por Corselli al patriarca Mendoza : c Emmo. Sr. En 
ejecución de la orden de V. Emma., presénlole adjunta una nota de las obras que 
eoDsidero necesarias para formar con ellas un surtido digno de la real capilla de 
S. Mi para hs funciones que anualmente se celebran en ella, con distinción de cía» 
ses, las cuales únicamente consisten en ser las obras con instrumentos, ó sin ellos: 
eon ellos para todas las festÍTidades del afio, escepto las Dominicas de Adviento, y 
Sei^tutgéaima en qne se canta sin ellos, y si solo á facíMoi.*-^En cuanto al «dqui* 
rir obras de varios profesores que se juzgaren útiles, del coste que puedan tener 
babiéndolas completas, y el que tendrán las capias de las que no se puedan lograr 
de otro modo, debo decir á V. Emma. que de todas cuantas obras con instrumeoi 
tesseptiedln encontrar, tengo entendido que no se hallarán en nii^una parle 
con mas proporción, y utilidad para la real capilla de S. M., como las que se eje» 
ctitan en la de S. M. Siciliana, en donde debe haberlas abundantes, y de los mas 
bsignes maestros, como de D. Alejandro Scarlati, D. Domingo Sarro, D. Leo* 
nardo Lee» D. Francisco Durante, y otros, y de los qae aaualmente sirren i pero 
para que estas obras tengan la lucida y debida ejecución que se merecen , se ne- 
cesita completar el número de voces que prescribe la nueva planta de S. M.-^ 
Por loqué mira á las obras de facistol , que son misas con Asperges, y Vi^iaguaii 
(que es lo que únicamente sirven dias feriales), se encuentran en las caledrakade 
España muy escelentes y útiles, y también se pueden hallar en la real capilla del 
tej de Portugal, en donde abundan de diversos compositores á cuatro y ocho voces. 
-«-JPor lo perteneoieote al coste que podrán tener dichas obras viniendo dtlo eü 
partitura (como es preciso), el coste será muy poco: que es cuanto debo espooef 
á V. Emma. con realidad, y en conciencia para qne quede S. M. mas bien servido, 
-j^tro. Seftot guarde la vida de V. Emma. muchos años como lo pido. Madrid y 
jonio V¡ de i 751 .— Emmo. Sr., A. L. P. de Vuestra eminencia el maeairo Frau- 
cisco Corselli. — Emmo. Sr. cardenal Mendoza. 

Nota de la cantidad de cada especie de obras eclesiásticas que se requieren 
para formar con ellas en la real capilla deS» M.y «n surtido abundante y vario para 



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tss 



maestro D. Francisco> Gorselii ^ tiró de buena fe á largo y 
tendido en pedir oi)]lis de música de autores estranjeros^ 
y no hizo conmemoración de la música de los maestros es- 
pañoles^ que hubiese «do menos gravoso y mas fácil su con- 
sectieioa; porque como buen Parmesaüo^ desdo luego péü^ 
86 en buBoai" para la capilla , obras que tuviesen ftigad^ 
arids^ y tarariras^ lo cual no parece debió tener efecto, rcs*- 
pecto de qoe no hemos visto ^ ni cantado obra alguna de 
los atitores que mttiiflestii eü la relación presentada y en 
veinte y siete a&os que hoce servimos á S. M. en su teil 
cupiila ^ ni se acuerdan otros muebo nsas antiguos de ha^ 
herías tocado ni cantado; pero lo cierto es^ qne desde quii 
98 han introducido en Espada esta clase de obras en latin^ ' 
se ha destruido )á gravedad con que antes se celebraban los 
dfvincí» oficios I V 

Ná qnereaicMS cansar al lector Cod mas número de 



las funciones qne en ellas se hacen y celebran en el discurso del año con distin 
clwi éé clases. ^^i'tfra dii» fesiieos, Mistfs completas con kiries, glorfas, credos, 
anttxÉ^ j 9fpn»i seis dooeBa8.*-y(speras de Naesira Señora, media docem.**^ 
Vísperas comunes de los santos^ media docena. — Himnos de vísperas de la Virgen- 
de los santos, y demás festividades del aSo, de cada uno, media docena. — Leu^ 
olas de Ta Virgen, una docena. — Salves, una docena. — ^Te-de«m laudeainus , me- 
día docena.'— Secuencias, ó prosas de pascua de Resureccion^ de PeBtee€|^lie&, Cor- 
pus, de los Dolores, de cada una, cuatro juegos^— .Lamentaciones de Setnana Santa 
con instrumentos, con Ripíenos, y sin ellos, como á cuatro, á tres, á dúo y ¿solo, 
dé tiple, contralto, tenor, y bajo, para cada dia, cuatro juegos.^— Misereres, una do- 
cena. — Oficios de difuntos completos de maitines con tres nocturnos: misas con su 
secuencia, motete para el ofertorio, sanctus, otro motete para alzar, agnus y Posl- 
coronnioy cuatro juegos. — Pata dioi feriales. Seis libros de ¿ seis Inisas cada uno 
coB Asperges y Vidiagoan» de facistol. — Las obras para días festivos con todos ins- 
tnimeiiioa^ y otras eeti TÍolÍDe», y oboes solamente, se pedrán eneontrar de los 
maeaivosv y en lot pafaje» que se difin , j {|uixáa eos k proporción dónte^ietiie al 
líf mpo i|ie bayat» de dnftr. — En Reí»»: de Berencifrí , de Terradellas , f otros 
maestros. — En Ñapóles: de Seatlalí, Sarro, Leo» Burante, Taraniino, PoFgoleaí , y 
eifoSi — En Bolonia: de Plerttí, Predieri, CarreUi, Riquieri, y otros» — Er Hilan: de 
Ceniy Sao Hattin, Hegriiii, f otros.— ^n Veneoia : de Lebuí, Pótpon, Giliippii 
PeMsití, y oipes. 

Tomo iil 50 



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H^^ tM «o- 

ejemplos, después de lo que llevamos espuesto en el curso 
de esta obra , para probar cual fué el principal origen de 
nuestra decadencia en el arte músico, Pero ¿podrá creerse 
que no habia maestros de capilla en España en el siglo 
XVni, que pudieran igualarse con los buenos maestros 
italianos, sus contemporáneos, y que con sus obras y doc- 
tiinasno contrarestasen las malas importadas? Sí los habia: 
pero ni sus doctrinas eran escuchadas, porque no eran pro- 
tegidas, ni sus obras salían del recinto de la catedral donde 
se ejecutaban, por lenerlas en poco los maestros cortesanos 
que llevaban el nombre de sobresalientes, como ha sucedido 
en todos tiempos. 

Para probar lo dicho, vamos á copiar un opúsculo iné- 
dito del sabio maestro de capilla de la catedral de Cuenca 
don Pedro Aranaz y Vives, escrito en el año de 4 780 , ti- 
tulado: Reglas generales para que una composición de mú- 
sica sea perfecta; y un plan de oposiciones que dirigió á 
su amigo y comprofesor D. Juan del Barrio ; seguros de 
que ambos escritos darán mas fuerza á la verdad de nues- 
tras opiniones , y serán leidos con gusto por los verdaderos 
profesores, los inteligentes aficionados, y los amantes de 
nuestras glorias. 

Dice el opúsculo: 

a Para que una composición de música sea buena, ha de tener des- 
pués de la buena melodía, las circunstancias siguientes ; y tanto será 
mas perfecta, cuanto mejor las cumpla. 

»La 1.* Buena modulación: 2.^ Ajustar la melodía al espíritu y sentí- 
do de la letra : 3.* Naturalidad en las voces, y espresion y brillantez en 
los instrumentos. 4.* Hacer distinción de la música del templo á la del 
teatro y sarao. 6.* Tomar en todo género de composición un testo, In- 
tento ó tema que se desempeñe con variedad : é,^ Buscar la novedad 
y estrañeza, sin que toque en estra vagancia : 7.* Que el cuerpo de la 
composición sea de miembros proporcionados. 

» l.<^ Por buena modulación debe entenderse, el tránsito de unos to- 
nos á otroSfOon dulzura y suavidad, tanto para apartarse del tono, como 
para volver á él, y esta es la principal parte de la música ; pues aun- 



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-o^ ••» ^o- 

que una obra, carezca de fondo, de novedad, de brilUintez, etc., eolo con 
que 68t6 bien modulada, no desagradará á nadie ; j al contrario, aun- 
que teoga todas las circunstancias arriba dichas, si le falta la buena 
modulación, raro será el que guste de ella ; y esta es la razón porque 
regularmente desagradan los cánones, trocados^ cangrizantes, etc, por 
ser muj dificultoso hacerlos con buena modulación ; y yo aconsejarla 
á los maestros los enseñen á hacer á sus discípulos ("porque no se olvi- 
de este género de música), pero les prevengan no la usen elno en casos 
precisos, como de una oposición, una obra de empeño, ó estar satisfe- 
chos de la buena modulación ; porque como el fin de la música es la 
deleitación del oido, y esta no se puede conseguir sin la buena modu- 
laoion, faltando esta, íialta aquella, y es preciso un profundo estudio 
para conseguir el profesor que la buena modulación se le haga fami- 
liar, en lo que tiene mucha parte el buen oido. 

» La 2.* condición 6 circunstancia es ajustar la música al espíritu de 
la letra. \ Qh! cuánto descuido y esceso tenemos los profesores en éste 
punto ! En los mejores facultativos de nuestra España, y de los estrán- 
Jeros , se notan defectos en este particular. Y asi digo que el composi- 
tor debe (antes de empezar la obra) estudiar la letra con mucho cuida- 
do, para entender el verdadero sentido de ella, y entendido, le serámas 
fácil aplicarle aquel carácter de música que le corresponde. Es precisó 
no dejarse llevar de las palabras sueltas, pueá muchas veces una dic- . 
clon triste 6 alegre, unida á otras que anteceden ó siguen, mudan en- 
teramente el sentido de la oración, y de esto tenemos un ejemplo bien 
c<MDQun y mal ejecutado en el Credo ; pues en donde la letra dice et ew 
petiofeswrncikmmimortfiorumy casi todos los maestros ponen en la pala- 
bra moriuorum^ una música profunda y triste ; pero si se hiciesen cargo 
de lo que antecede y sigue, deberían poner música opuesta á la tris- 
teza. 

Otras letras hay de afectos, ya de tristeza, placer, ira/ alegría etc., 
en donde el compositor tiene poco que estudiar para entender el ver- 
dadero sentido de ellas ; pero hay otras ( ó acaso periodos ú oraciones 
enteras ) que no tienen afecto alguno, y en estos debe el compositor no 
perder de vista el fin ó asunto de que tratan, para no darles distinto* 
carácter de música del que les corresponde. 

» La 3.^ circunstancia es la naturalidad de las vooes , y brillantez de 
los instrumentos. Por naturalidad de las voces, se debe entender no 
IKmerles entonaciones difíciles, no hacerles subir ni bajar demasiado, 
pues si se lee hace salir de su esfera, $e violentan y todo lo violento es 
penoso, y de consiguiente las composiciones padecen detrimento, y tal 
vez siendo en su esencia buenas, desagradan por esta mala disposición 
que les dá el autor. También es defecto de la naturalidad, el poner de- 
xsasiada ejecución de garganta, y en las composiciones de á cuatro ó 
mas voces se debe huir de la música violenta y ejecutiva ; pues unas 
TOces se confunden con otras, y mas que música parece algarabía 
y esta es la causa porque regularmente desagradan aquellos pasos, ó 



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fu^aa que «oloomi pimer al fin dAl gloria ó del Credo, ▼orificáadcee 
en eete genero de música, que lo que mas trabajo noe coeala, ea lo que 
maooB agrada ; pero el profesor que liuye de esta práctica, es reputado 
par bombre sin ciencia, y los miamos que en sus escritos la reproe» 
ban, son los primeros que la usan. 

» Que la letra se confunde cuando unaa voces cantan una palabra» y 
o^ras otra, no bi^ duda, y mucbo mas si el compás ó tiempo es vIto; 
pero también es cierto, que es difieultosisimo de corregir este deüíeto, 
pues concurren letra y música para agravarle ; y no b^llo otro arbn 
trio para corregirlo en par(e« que huir» (en paaando las oomposioionas 
de á dtio) de todo paso ó imitación en que las voces van entrando unas 
tras otitas, y evitar en cuanto sea posible la música violenta, y pasa» 
jes de garganta ( que aun en las composiciones de tolo y due^ las mas 
veces son inoportunos) procurando una música sencilla 6 inteligible, y 
que las voces vayan muy unidas para la pronunciación de la letra. 

» Para dar brillantez á los iivitrumentos se debe saber la dilataaton 
da todos ellos ( digo de los que comuDmente sirven en las capillas y 
qrquestas ) asi de cuerda como de aire ; teniendo presente el fin de la 
composición , pues si esta se dirige i deleitar con la música, deberá el 
compositor evitar todo lo dificúltese asi á vocea come á instrumentos; 
pues cuandQ mas natural y menos difícil sea la música, tanto mas per^ 
ceptible se baoe , y el oido la percibe sin confusión y con gusto. Cuaa<r 
do el fin de la composición, es baoer ver la desise%a y agilidad de al^ 
guno» ó algunos profesores, es permitido poner música difícil, como el 
único medio para desesnpeñar el fin de aquella composición, pero aieos* 
pre es un fin monos noble, y en mi ooncepto bastardo de la nobleta da 
la música. 

» No se debe entender por brillantez de los instrumentos, tan aolo 
aquella música que es ruidosa y estrepitosa , sino también aquella que 
acompafia á la vo^ ó voces, con bello gusto y oportunidad, sabiendo 
espreear los alsctos de la letra. ) Ouántaa veces un golpe á que se si«« 
gue un piano, un ligado ó una apoyatura, dan brillantea, y levantan 
en alto la música \ En la música instrumental lo vemos á cada paso es- 
to, y asi el compositor debe saber en cada instrumento, cualea son sus 
mas brillantes puntos, para usar oportunamente de eUos. 

7> lia 4*^ ^rcunstancia es Uaoer disitiodon de la música del templo y 
la del teatro^ Nada podré yo decir que no bayan ya dicho sobre este 
Impc^tantieifoo punto nuestros facultativos, y los que no lo son. Lo 
derto es que si en el teatro les es permitido á Los compositores esprimir 
los afectos de la letra con cuantos medios les sugiera su numen ó fan-^ 
tasia para conseguir el fin de la representación , en el templo solo se 
' les permite aquel género de música que baga levantar el pensamiento 
hacia las cosas divinas, y contemplar en aquello con que siempre es 
alabado el santo de los santos. T que, ¿ no se podrá hacer para el templo 
otra música que la que es grave , triste, seria y pausada? Por cierto 
que si ; pues también la Iglesia santa tiene afeetoa de alegría, placw y 



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-o^ «#0 ««- 

coateatQ» y debe 1a múska correspooder 6 eitos i^dotOB; pero ha de ser 
UDA alegría majeetuosa» ub piaoer reyerettie, y un oostento leipetuor 
ao y que no desdiga de la Caaa de DifO0. 

»La 5.^ circunstancia es tomar en todo género de oomposlelon un 
testo ó tema que ae desempeñe con la variedad pealble, y esto es una 
coaa muy puesta en rason, pues ó la manera que un orador toma aiemt 
pre un testo sohre el aual forma suooracioni por oorta quesea, asi él 
compositor debe formar su obra sobre algún tema 6 ifttento, prooorán* 
dolo desempelíar con Tariedad, para de este modo hacer mas amena y 
grata la idea. Saderto que se haeea algunas eompositíones de muy 
corta duración, ya con instrumeiutos, ya aln. ellos, y qtte an astas es dá-^ 
fioil Taríar un tema, pero aun así ae puede consegiür alguna Variedad 
íA ae estudian «on cuidado» y se toman por norma y modelo los mota^ 
tesy y otraa oheas Impresas de Morales, Palaatrina, y otros autores o^ 
labres. 

»V\ método que siguen en Castilla para las eomposAetones doaal** 
mos, misas y otras obras, es muy oportuno para desempefiar los temas 
ó intentos que se proponen, y esto consiste en que, y, g. en un salmo, 
mudan de aire desde el principio hasta el gloiria^ y en el discurso de 
aquel salmo que se compone de ocho ó diez versos, tienen lugar para 
variar el tema y también para alternar los versos, hadéndolos ya i 
ocho, ¿ 8olO| á cuatro, á dúo eic., lo que hace la música muy gustosa y 
amena, pues si se muda de tiempo, es ya preciso hacer nuevo plan, tal 
vez sin haber desempeñado el antecedente. Bien es verdad que si el 
mudar de tiempo se hace por conseguir el primer intento con mudan-- 
zaa de aire, y variedad del tema , entonces lejos de ser defecto seria un 
primor del arte. Muchas veces conviene (especialmente en las composÍ7 
clones largas ] hacer una digresión, olvidando por un rato el tema que 
se tomó al principio, pues de esta distracción resulta que cuando se 
vuelve al tema ( que siempre debe ser con alguna variedad ) lo recibe el 
oido con mayor gusto, que cuando se está continuamente trabajando 
sobre él, y esta continuación se debe evitar, porque aunque sea bien 
trabajada y variada,' molesta los oídos, á la manera que el manjar muy 
repetido, por bueno que sea, causa fastidio. 

» En las obras que empezamos con una entrada de solos instrumen-» 
tos , será muy del caso proponer con ellos alguno 6 algunos de los pa- 
sos que han de reinar ó lucir en la obra como si fuesen anuncios d avi* 
aos de lo que se va 4 cantar : por lo manos asi lo han practicado loa 
m^o^^ maestro?. 

» La 6l^ circunstancia *es buscar la novedad y estraS^a, sin que to^ 
que an estravagaooia. Mueho deCscto hay en este punto, pues algunos 
compositores por quererse hac^ singulares, se hacen ridiculos y ea- 
tra vagantes. La múaica es una musa que cada dia se viste de infinitas 
joyas preciosas, pero tambi^ (como hembra ) de mucho oropel y pie- 
dras falasa: ella se dcía despoiar de sus «ficUwadoa, y la dificultad esM 
en tomar de ella lo bueno, omitiendo )o malo. 



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» Bs impoBlble hacer una obra que toda ella sea esqalsita y nueva, 
sin tropezar en coeas ya oidas ; pero para ser una composición muy 
buena, bastará que tenga algo de estrafio, y este algo esté dispuesto 
según las reglas ó circunstancias ya dichas. 

» La novedad y estrañeza de una obra se pueden buscar de muchos 
modos , ya por lo esquisito de la idea, ya por la colocación de los ins- 
trumentos ; ya por el modo de modular no oido, ya por algún pasaje 
gustoso, que de cuando en cuando atrae la atención de los oyentes, y 
principalmente en poner oportuoam^te los fuertes y pianos, que son 
los que dan alma y afecto á la música. Pero muchos compositores bus*^ 
can estos primores por un rumbo estraño, y vienen á caer en la ridi- 
culez y éstravaganda. Yo oi una composición, cuya música la habia 
oido en una pantomima, con una poesía puesta por un maestro porque 
venia bien la música al metro del verso ; pero no se hizo cargo de que 
aquella música para el baile era oportuna y primorosa , pues espresaba 
un afecto amatorio ; mas para su letra, que era bastante patética, era 
inoportuna, ridicula y estravagante. 

:» Regularmente cuando nos ponemos á trabajar alguna obra, las pri- 
meras especies que se nos presentan son las ya oidas : será fortuna del 
compositor que al instante se le presente una nueva ; pero si tuviese 
tal dicha la deberá examinar con mucho cuidado para ver si conviene 
á la obra que va á trabajar ; pues es claro que si la letra es patética, y 
el pensamiento , ( aunque sea nuevo ) es un sonsonete alegre y bullicio- 
so , se podrá decir con verdad, que aquella música es buena pero no 
del caso. 

» No será inoportuno decir aquí que algunos compositores ( y espe- 
cialmente los principiantes ) por acreditarse de sabios, ridiculizan sus 
obras, cargándolas de cánones, fugas, trocados, etc., y poniendo las 
voces á ocho riguroso, pareciéndoles que con estos priñaores dan á 
sus obras toda la perfección que cabe. Pero, iqué engañados están ! Se- 
mejante música es mas para el entendimiento y la vista que para el 
oido. Nuestro famoso Nebra, m^or duplicaba una voz, que ponerla en 
su riguroso puesto de á ocho, sino habia de cantar con naturalidad, 
haciendo por este medio la obra ( ó periodo ] :mas perceptible y mas 
sonoro. 

»La última circunstancia es que el cuerpo de la composición sea de 
miembros proporcionados, pues al modo que un cuerpo humano, si es 
deforme en alguno de sus miembros, ofende nuestra vista, asi una com- 
posición de música, sino es proporcionada en sus partes, será preciso 
que moleste nuestros oídos, y por eso nunca me ha parecido bien el 
método que usamos en las composiciones de las arias, pues gastando 
mucho tiempo en la primera parte con precisas y cansadas repeticiones 
déla letra, despachamos la segunda en un breve instante, lo que juzgo 
por una desproporción notable, y tengo por mas acertado el método de 
las cavatinas y rondóte en las cuales hay mas igualdad, variedad y 
atractivo. 



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» Olmos muchas com|K)8iciones de misas, salmos^ etc., en las cuales 
se nota que en un verso se detienen medio cuarto de hora, y luego 
despachan tres ó cuatro versos en dos minutos : oimos que con una 
misma letra hacen música patética y viva, gastando en esta muchísi- 
mos compases, y en aquella muy pocos ; y oimos que en una ohra se 
detienen mucho al principio, ó al medio, y al fin quieren ( conociendo 
que va larga] aligerarla : y todo esto, ¿qué es sino un cuerpo despro^ 
porcionado que tiene la caheza muy desigual á los demás miemhros? 

»Ck>nvengo en que no es fácil dar á una composición una perfecta 
igualdad, porque lo estorhan algunas causas, que omito espresarlas 
por no alargarme demasiado ; pero no convendré en que no se pueda 
corregir mucha parte de loe defectos que dejo declarados en este punto* 

» Estas son las reglas que mi corta inteligencia puede dar á Yds. pa* 
ra que puedan sacar sus composiciones de música lihres de algunos 
defectos que practicamos. No dudo faltará mucho que advertir sohre 
esta materia, pero como se oculta á mi entendimíiento no puedo decir 
mas. Pero algún talento que por casualidad vea este papel, tal vez es* 
tudiará sobre el asunto y perfeccionará lo que yo he empezado : ojalá 
asi suceda, pues yo no apetezco otra cosa con mas anhelo que el ade- 
lantamiento de nuestra facultad , que tan abatida se mira en el dia de 
hoy, no obstante ser la mas noble de todas las artes liberales, aunque 
entre en su competencia la oratoria ó retórica , según lo afirma el prin^ 
cipe de la música oratoria Cicerón ( Lib 1 .^ Tuscut. gaces). 

» Se me olvidaba decir que casi todos los compositores tenemos cier- 
tos pasajes y modulaciones favoritas que, llevados de la afición que les 
cobramos, las repetimos frecuentemente en diferentes obras, y este es 
un defecto que se debe corregir, .pues aunque la modulación ó pasaje 
sea de buen gusto, se falta (repitiéndolo) á la novedad y estrañeza que 
debemos buscar en las composiciones, como uno de los principales 
puntos para atraer la atención de los oyentes. 

:» También debemos huir de los monótonos, esto es, de estarnos por 
mucho tiempo en uno ó dos signos, pues de lo contrario, faltamos á la 
variedad que se debe buscar siempre en la música. 

]»La acentuación es un punto que se debe mirar con mucho respeto, 
y en que faltamos comunmente ; una dicción ( principalmente si es 
aguda ó esdrújulo) suele perder su sentido, sise le cambia el fina]; 
V. g. el esdrújulo debe acabar en el alzar del compás, y el agudo en el 
dar, y asi de las demás dicciones, pues UDas quieren el dar ó el alzar 
del compás, y otras las partes intermedias. Tengo en mi poder un vi- 
llancico en el cual hay un verso que dice : La Jmbrosia celestial^ y su 
autor hizo del manjar de los Dioses, una Ambrosia Pérez ó Martínez; 
\ Qué lástima ! El compositor cuando no entienda el sentido de alguna 
dicción, debe consultar para no errar la acentuación. * 

» En nuestra España se usan mucho los villancicos con coplas, y re- 
gularmente estas, aunque sean muchas , se acomodan bajo una misma 
música, y de esto se siguen mil impropiedades ; pues siendo muchas 



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la0 coplas, y de coneigutente diferentes los afectes, oo puede Teair 
bien una soUi música pata todas las doplas, y lo mismo digo de los 
himnos que so ecitian ea las vísperas. 

» También es reparable y digno de eorreecion lo que vemos en mu«^ 
ehascomposieiones antiguas, en las de Atril, que mucbas veces el bi^o 
hace de voz parttoular^ y el tenor, ( y alguna vez él eontralto ) ó» bajo, 
en que se debe advertir que parece fnera de toda razón, que el funda-*' 
manto sea mas débil que la cumbre^ y mucho mas en el presente tíem*' 
po en que se proeora pomer la fuerza de las capillas en los bajos^ y de 
coBSigiftiente <iuando los tenores hagan de bajo, y este de voz particu^ 
lar, se advertirá en la música una decadencia y debilidad notables. Bs 
derto que este arbittio suele producir primor en algunos casos, pero 
estos primores son mas para he vista , objeto agetto do la mteiea, que 
para el oído, y por tanto se deben evitar. 

He aqui d plan de opo9ÍGkHie& á los magisterios de 
carpflla: 

Cuenca y agosto 2 de 1*790,-^ Sr. D. Juan del Barrk). Muy señor mió 
y amigo. Bemito á Y. el plan que me pide para oposiciones de maestros 
de Calilla. Pero antes me ha parecido oportuno adelantar algunas ad* 
vertencias, (que aunque muy sabidas de Y.) podrán servir á algunos 
examinadores que quierau aprovecharse de este plan. 

La 1.^ eS) que asi en las oposiciones de maestros, como en las de or- 
ganistas^ violioes^ voces, etc., deben ser los €|}ercieios mas órnenos ri- 
gurosos, según sea la plaza,, mas 6 menoshonorifica^ y mas ó menos lu^ 
crosa. 

La 2.^ Que los examlnad(»res dispongan de tal modo los ejereiclosy 
que liguen lo menos que pueda ser á los opositores, dándoles algún 
descanso, pues de lo contrario no obran con libertad^ y de esto se pue- 
den seguir gfaves perjuicios. 

La 3.^ Que los examinadores no pidan á los opositoires cosas agenas 
de su conocimiento , pues de esto se sigue que no las saben Juzgar 
rectamente. 

La 4.^ Que para oposiciones de maestros se deben dirigir los exá- 
menes á tres puntos principales y precisos^ que son: \,^ Componer; 2.» 
Regir; 2,^ Ensenar» 

Y la 5.* Que se eviten en las oposiciones de maestros, muchas estra- 
vagancias y ridiculeces, que á nada conducen para distinguir el mé- 
rito y ciencia de cada opositor; pues con el plan que sigue á estas ad- 
vertencias, se podrá examinar con todo rigor y seguridad, á cualquier 
maestro de Capilla. 

Plan de ejei^eietoa para opmAeí^mtm de maestros 
de Cfapina. 

pRtMita KTaaoicio, pmtrvNaoiSNTB al oohhwsr. de le mandará es- 



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«^ ««t ««- 

oribir, oón patfttwde dé ó 4d honu, tiaa oln*a lattttn 6 siate ú ocha "vo- 
ow, con InstrummitDB ó sin ellos. Por esta obra «e deberá conocer la 
ctoncüa y fandaEmeiito de (»da.opo8itor^y paraeslo aera eo&daoentey 
aea alg^on Hmm^ Altísona, ñ^iptíMOrio , &lmo^ etc. que tenga algUQM 
circunstancias de precisión, en canto-llano, paaos,[et6., notando si mo* 
dulan bten, st ftútan en la aoontuadim v si dan á la letra la eq^reirion 
q^e le eórreeponde, si ponen los instrumeaites con gusto ^ novedad y 
propiedad, y si la múi^ca es ptffamente ecleÉLMica. 

flBG^jiá>o KrBaoicio, nBTtíiBOiEMB ^ BNeBÜAB. Despufl8.de darles 
algún descanso, se les llasiará u&o á- uno, y se les examinará de teári- 
ca, desde el canto llano, basta la composloiim ; y este exámon deberá 
mt riguroso , pues un maestro debe estar impuesto en las oosas mas 
mínimas desuíifteultad, para poderlas enasfiar ámisdiSGlpalM; 

TSBOSBBJSBOIOIO, PBaüSBVBOIlIlTB AL EN8BÑAR : NO B8 TOTALltBMVB 

pRBOiso. Se les pondrá á todos en uika Sala con sexmraoion, y dándoles 
tintero y papel rayado, se lesmandará escribir de repente, contrapun- 
tos de toéas especies (dándoles los miBii*o$.ótieBB|)oqua6e tenga per 
oonvenieiste) sobre canto llano de bajo y tipia, sobre canto de- ^gano 
de bajo y tiple. T también se le» puede mandar poner las voces á oua<* 
tro, á un bi^eta dificultoso. 

Cqaeyo BJteGioio, PXBTSBflsciBN'nfi AL RBoiB. Se Iss mandará (sin que 
se vean unos á otros) regir uM obra^ ó dos, que muden de aires , sin 
que estos estén apuntados, poniendo antes de repartirla todos los pa- 
peles en BU mano^para que pctt espaeíe.de tres ó cuatro minutos se 
enteren de ella; y se notará, si es igual ean k>B movimientos del compás; 
si se mantianea sin adelantarlo ni atrasarlo; si desempeSiin los airea de 
la dbra quase lea entregó; y si hacen g^toe y ademanes ridiculos cuan- 
do rigen.*^Ea segjiidase les mandiurát regir en atril, y el examinador 
karáde intento, que una délas, cuadro voces se pierda, para ver la 
presteza con que el opositor la vuelve á su puest;o. 

(^nNTo BJXBOioio, ^wvaNBoiBHTB A^ a<>¥PONBB. S^ Iss volvsrá á dar 
plintos de dio 48 boras, «a, euy:0 tiemi^ compondrán uo villancico ^n 
los instrummtos que so quiera; introducción á cuatro voces y estriviUo 
á oebo, y recitado y ái^ia? á solo; y oom^ esta obra es para manifestar 
el buen gusto, deberá ser la poasia de verso clara, y sin que esté ,em* 
pedrada de precisioües y v^cesfaoultativas, que p6r cumplir con ellas, 
se haUen. ios opositeres atados y, i^ libertad para manifestar su b^en 
g;iiSto y estilo; y bfstará . que de euimdo en cuando, haya alguna voz 
6 dioeion «smdLbativa, pwra ver como se sujeta la fantasía.— Bn este 
ejercicio se cAiservarádo mismo quiee^ el prynero. 

esero BiSBOicio , paaTSuaamnTi al coMíomB y bnbbSIab. Después 
d« darles álgun desc^tDba, se les pendra á todos en una sala con sepa^ 
rádoift, ys&les darán algunos mOTimientos de bajo, dificultosos, para 
que pongan las voees á ocho ss^^elles , sin mas que un bajoy que es 
lo que llamsasios oc^or riguroso, ijaego sd les hará entrar im paao oi^ 
ridso, y de dificultosa 0ntrada.-*Luégo poner algunas terceras y ouar- 

ToMO ni. M 



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tftS T^dde» que no senn láoíles; y intimamente que hB^n ( sobre algún 
Intento) tin canon, trocado, fuga ó caogrizante 4 cuatro isoces— Si e^te 
^reieio pureclese largo para hacerlo en un rato^ y en una sala todiMi 
i«ot08, se Ua puede mandar que 1» trabi^en ea aus caaaa, dándoles al* 
gumaa horaa de término. 

' SÉrwo BSBBOicxo, pBBTBNxciBaTs AL wx^eBa^ Se lea mandará, en ei 
término de 24 horaa, eacrIUr un diseurao, aobre algún punto- de múalr 
€a : T. g« sobre la natiffaleaa de Ia4u*; sobre la múaica del templo y la 
dftl ttatrb; aobre lá máalea «ntigua y isod^ma ; 6 espillando -lodo gé- 
¡aato de ligadosaa^ declarando laa q«e en realidad la aon^ ^ aolo lo aoo 
en ia iq^ariaiicla; ^ eiplicande loa deféctoa que pueden cometerá» y ae 
«ametea en las oomposlcioneade múafea; 6 las eireunatanciaa qii0 debe 
tener una obra pinna aer perfecta, eta'^^^&toay oluros puntost se toapue* 
den dar pava esca^ibir ai eltado discuiso,;y par él ae podrá' formar tma 
édea casi segura, de la ciencia fuadameatal de teda uno. 

OQtAVo BJMtCKno, 'PBftTtaifieiBXfTB AL BBOis. PoT fluido do descaiiao, 
^ae probasen laa obrar trabaladas^ rigiendd cada uno \em auyaa « 

NoTKifO B91B&CI010 , f>ncTBNBCiBiiTS AL C0MPOSB&. UHimaakente Bc 
entregarán loa borradores de laa cbraa trabsjadaa á les n^^ttioa opési^ 
tores, para que los unos sean fiscales de loa atroa: apnntanido en papel 
aparte todofl los defectos que baHen en eUaa ^ aai en kv Icradamantal, 
como en la modulación ^ en la acan^iaeion; en no cmwei^ la música 
al áentido de la letra; en na eétar ooloeados los tnatnmientoe coa x>ro** 
piedad , y si han omttfdo ó faltado á aUguna circujastancia de laa qu^ 
pidieron los examinadores; y finalmente, ai la música tiene algo da tea* 
tral.r-fiste (ijeteicio , que acaao jamás se habrá practicado^ será ouiy 
oonducente para conocer por la esplicacion de cada ibm y smtaleirto y 
fendo. AI mismo tiempo se harán, por estas censuras, aauy patentes loa 
defectos de cada obra, y los examinadores con meaos trabajo , podráa 
juzgarlas mas rectamente; pero han de- caminar con la preoc^>ciéli>de 
que estos fiscales exagerarán los defeétoa dé sus coopotátorea cuanto 
puedan, por adelantar su justicia y su partido^ Y tal vés eate ejercicio 
éieifá un freno que contengan la desenfrenada pasión da mlgunexami^ 
nádor, que quizá con injusticia colocaria en primer lugar al que mcH- 
Teclera él filtüno, ei no tuviese á la rista estos fiscales. 

Éstos ejercicios son suficientes para examinar á los opositoras coik'el 
mayor rigor; pero no será bien ussírde todoaedkiatotinaopoaiaiDfoyIl 
no ser la renta muy grande, p«ea ya dsr)o dicho <|ue segün aea la pte^ 
^a lucrosa y honorífica, deberán aar maa émanoa rigoaosos, quedisEndo 
la disposición de ellos á la prudénda da ím examínadoreai 

También tendrán presente los jueces eocaimnadorea, quaalgupoa^ipo- 
altores llenan sus obras da cañonea, trocados, fugaa , etc.y y deban n^ 
oslar que aquéllos trabafos por lo oomun aon vi^os y ilayadOB 4 ,pra- 
tendón, y de consiguiente noae debao reputar como mflritorioS|]8i no 
son hechos sobre los cantos Itanoa que ae lea dieron^ 6-aotee las ideaa y 
pasos de que formaron el todo de la obra, y serábien adivartirselea asi, 
cuando se les dé puntos. 



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^0^ S4rs ^^ 

« 
También debe ser graduado en el Ínfimo lugar aquel opositor que se 
lejustiflque haber puesto en sus obras alguna pieza ó pedazo de otro au- 
tor, pues quien se vale de semejantes hurtos, dáá entender que es para 
poco. 

Bsto es lo que he podido discurrir sobre el asunto : Y. como inteli^ 
grente podrá enmendar, añadir y quitar de este plan lo que tenga por 
eonyeniente; mientras queda esperando nuevas órdenes de V^ su afecto 
amigo y capellán Q¿ B. S. M. —Pedro Aranaz y Yives. 

Como D. Pedro Aranas^ ha habido otros muchos maes- 
tros, de los que nos ocuparemos en el cuarto tomo de esta 
obra: obra que hemos alargado mas de lo que en uit prin- 
cipio creíamos, porque como nada se ha escrito colectiva- 
mente sobre el particular de que tratamos , y cada dio 
encontramos noticias de grande interés diseminadas en 
muchas y variadas obras y escritos inéditos^ no queremos 
dejar pasar ni una sola de las que puedan ilustrar la histo- 
ria de nuestra música , aunque para ello tengamos que 
cometer algún anacronismo y añadir un nuevo sacrificio 
á los muchos que llevamos hechos para la publicación de 
esta obra. 



FIN DEL TOMO fiBRCliRO. 



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. ' . ... ; \ 



Pág. 



IntrodnocíoD 5 

CAPITULO xvni. 

Príndpio de nuestra nmttoioii*-*-EI ovlgen de la sannela no es la creaoioB - 
de nuestros espeotácolo» dS deola«iaeioii y canto. -^Eonance de Villate- ^ 
toro.<^Id. anónliiio.--4d. de D. Antonio Hartado def Meadoa.— Id. oon 
el Utttfo El AmanU apákaéo.^lá, bailable.^Fiesla dramática de can- 
to 7 dedamaciott en ZairagOB^**^Id. en Perpifian.— Id en Valencia en el 
casamiento de Margarita de Aostría con Felipe IIL^-De la £00.— Ji- 
netes 000 mfisica.— ^ÜMdas mitológicas^-^lnexactitad de Jorge Tíeknor. * 
— IfotiTo qae did oHgen al' nombro de xarxueUí en las representaciones. ' 
— ^Personajes que tomaron pa^te en el drama amónico la (rlorla de 
Niquea* — Descripción de varias fiestas del reinado de Felipe IV;*^IIi* ' « 
troduccion de los yillancicos en la capilla real. — ^Zarzuelas, loas j más- 
caras y mogigangas. — Cantantes qneisoblresalieron en estas representa- 
ciones. — Parangón de la música francesa con la española. — Opinión de 
Gretry solbre la música de Lulli.-«4d. 4e Theophile Gantier' sobre núes* . 1 J 
tra mÉBÍca.*^Pareeer nuestro selue^esf a8opiiiieiies.-^Derivaae el Jiande^ • 
Yille 7' la ópera ^aiiceaa de nuestras loas^ zarzuelas , fiesns; etc^*^ - 
Opiniodes deEbáitienosébferla aarfeneb. . . . • 1 » .' » '7*7 

CAPITIH.0 XIX. 

Conocimientos de FetipelV en el'AAe nMisi«ak**«Id. de D« Juan dé Anstfia. , ... 
—Id. de tarios maestros espa&oles.— D. Antonio Pablo de Geniena»-^ 



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(n) 

El organista Cabanillas. — Prodigalidad de Luis XIV. — Id. de ud orga^ 
nista de la catedral de Gerona. — Distinguidos organistas españoles en 
varias épocas. — Decadencia del arte en Espa&a.— Escuelas de canto en 
Italia. — D. Pedro, D. Francisco Fed, y D. José Amador.— Cantores que 
salieron de las escuelas de Italia.— Abuso en el canto. ~ De quien fué la 
culpa. — Academias particulares. — Premios distribuidos ¿ las obras roas 
perfectas.— Aun en nuestra decadencia conservamos un nombre glorioso. 157 

CAPITULO XX. 

Situación de Espafia después de jí^ m^ejlie |e 9é1ipe IV.— Estado de la mú- 
sica profana. — Id. de los teatros. — Autos sacramentales. — Loa de El 
Jardín de Fjslerina — ^troduccion dQ la música franc^sa jn España.— 
La'Jrmúla Je tullí. — Comparación con nuestras fiestas cantada's.-^Opi- 
nion de D. Juan Andrés sobre la ópera francesa. — D. Sebastian Duron. 
— Conocimientos de Duron y su viaje á París.— Duron poeta.— Intro- 
ducción de los violines en la música eclesiástica. — Maestros españoles 
ifue florecieron en el siglo XVll 1 57 

CAPITULO XXI. 

La primera y la segunda mujer 4tt^ln l|.^e4|k9tamentode éste. — ^Nueva 
dinastía en España. — Guerra de sucesión. — Pérdidas de Espafia en gran- 
deza., viMm y ciffioMa.tnTtí«tttci#n«d(»i vfniot »siahlfl<iiii>tontaft^m<^i4i<te^: 
de naMim9Q«sMm]inMi| teaítroi.^JP««4M«M* i» RelipfiíV, h^ Mpw» «fr 
tranJMPt.-rtdd. éBL «i»j«sp46^IMifIsehel4« mriMi^iM^p'E«tM« d^. los 
CañoMáfi .fítñLnníii «érqu^ Soútit^-^los «MivíAoct^s. Miaño» Síi^ 
chettÍH fialUti» j Bincdaia, y. ftl.tf^oMro nnpaftíftl ikAnm^t^rm Pámwü 
ópera ílalíaMttn é ttlairoidel 3tí«n Retino ^W>>ot>MrMHffi «Htm loa «^ 
lantoA dftla ^0náB náainÉM/ mi^ 4osi nii6airoB.-''irtang#l66k-tT*1]«rtftde^ 
llas.-r'Siu obnft.*^Ref»luoio» oumdaí pTii»»dbctfi<ili. fc t^vmit* 
--Palfo AUMtto. V>la.**nAk)9.»t«<OrdefiaB.-t,4l\Bfei.^t^ftaelLtttrJe0ó M«^ ' 
pe. — Al quién bebemos. naestmdeeideBiBa.. ... ^ . ; . . 49^ 



> CAMftíLO JÍXMi .^ 

Eftfnerae8:de la halia par» su enmmbranicdrilo miiiiéali^-»fia4l tiea«é.parT« . 
lelos aspaJtlflfcwrCóiiecQawwMt de naettas aím^Dn fHE!«ktte«íoQ«m4^ 
trodneenAdt-lftmaUaútica itaÜAila cd miesimstÉflifh)s.irri)pioioiieS' 
del cardenal Hugo, Kircher, y el conde iBeoveaaiMiét Si Biaíiieii hIídih < 
cía de la música del templo con la de teatro. — Nadie fija los límites de 
una y otra. — Confusión de ambás4>or' Idáeiibár nuestras antiguas doctri- 
nas« — Opiniones de Feíjóo y Pérez. — Reglas generales para que una 
compMÍaiwif óé núiicá sta péffe^bi^ por atmUeslra At^iMei -^ RlULd*' 
oposicioMspof dtdio autéii;. • . .«<. ^ » . . .- .- . . .t. $42 



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FÉ DE ERRATAS. 



Pagüias. 


Líneas. 


Dice. 


LÉASE. 


10 


22 


los 


Uu. 


14 


30 


Thepis 


Thesfñs. 


45 


6 


Thepis 


Tkespü. 


U 


40 


Thepts 


Tkeijris. 


29 


3 


ipócrita 


htpOCTtíd. 


34 


22 


insultos 


insuUoi. 


38 


5 


capitnlo 


capitulo. 


40 


3 


do 


de. 


80 


2 


»l 


el. 


no 


U 


en la Poética de 
D. Ignacio de Lu- 








zan. 


en el n Apéndice sobre la comedia espa- 
ñola» de Arrieía. 


111 


% 


dice Lusan, etc. 


Dice Arrieía en el ^Apéndice sobre la 
comedia espáfiola, » lo siguiente: 


150 


27 


p sesenu 


y sesenta 


458 


3 


inportnnado 


infortunado 


200 


33 


obras 


sobras. 


206 


23 


naciones 


naciones. 


215 


9 


Pergolisi 


Pergolesi. 



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LAMINAS 



UiH7 



FRACNENTOS DE LA MÚSICA GRIEGA 



jy tí/ú^U rejyf¿o/i f/c Motit'r úrriéiruip yue seAa/la^ encima (¿e^ 
catái ré^ujflon ole /mueca mmc/yia e/i ¿oc¿o e/ primer A¿m//4J í/ 
tc/ principio M se^c4^t€/o;es¿á ^xca4::¿o. e¿ su^í>erior c¿e¿ mcuuu- 
crUo cié ¿co áil^lwleccc imperial (/e /rancia^ nfS^H i/ e¿.in^ 
ferior. (/e /os /hanci^rUos de Oxfm/ ¡f d^ /'Vore/icici Jsie i^//i 
jm* rrWf//ff// ^é/c MA'iírcii inderia en *// /n/fov^c, a^/i/inua ^x>/ú 
Áa^sla 1»/ fin. in^if'fUi(/o (/ir/í/) a^/i^r con ifna c^/ré^/Za /a^nofas' 
t/fff' íu/ioj/ cj¿ c/ yn<rni/ri ri^H, (p/4' /'// /n/i^na ¿as rcc/r¿^¿ci^a C(^/i/ 
/oócá' oir(?,o/a^'si^/<'por<P/¿4í'c///rai*\ 

M fin d/^^ /os ü/tfs Armno,^ i^an p/éCi/aiP /as i/a/ianifS c/e /a<' 
niamisa7Í4As'^ o/c /a /i^/icpiéca^ impt^/ia/ ú/e //í4/ícÍ€Z. 

la nr^ttít Ji^ //izj i!u>¿o .rir¿^e para /^s i/t^ii-u/nenios e/i // ^/lejv 
c/ialon^co t/c/ /noc/o Zití/w, e/i c/ c/¿a/ son co/npoéé'i^s esios Jmc//i¿n- 
/ás. i/para ó/^riin^iiir c/icÁa^ /eirá, se Aa pi/rsiú ¿ti /ad/o o/e e¿¿a 
f/'ie^si^no +. 



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Aínas cle< ¿es dos ht^n?íos cofnadifs cerno TÍmces Jra^?nen¿es^ 
miC' 7WS nséa^t/ de^ ¿oy música/ gTteúa/y C43piam4?s Us siffu¿^n¿esjH¡cra^ 
pu^ nues¿p^os lectores cenetcii^Ude ¿o pugnes fuula/ de^a^fueHay 
?Hus¿ca/ 

Jjos ?te¿as de^¿a/eda/jn¿¿cay^de/J¥n4¡Ucro, en/la/sefunda/j^foréi/y to- 
das sen^ f^nstruménltiUes. 



miMJ^® A MMIESÍ.S. 



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15. 

Número 6. 



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0^MV oJm It Jo^ Mi^ aX/ O'/CLaJM^, &— \^ 




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14. 
Número 7. 



^ EL ZARA^NBEQUE. 




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'"^'^*^'"^^*'^ B™ deLULLI en elTHESÉE afioM675. 




^ue^ nos/uYure> es se' sv/tf^Jlíeu sr ^ \\r. 




u^^ C4¡e¿irsa¿z^ ees /wurra^^/n^us en^ S4fnf c^^as* ses 



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15. 




Número 8. 

LAMENTOS DEDMA ENUÜMA EE MflNTEMAYOR 

IraduccioRfrancesa; música de Moiítemayor. 




dw ¿úi/ M?n¿^yey J^en^ /áS rt aasars ¿u me^maii 




a¿c^cAa4f ¿g^ ^ei/i^ Oiu^meyion^ ¿5¿> may noié'Sa/i ce^ a^n^ta/¿(v 




7V^ /n'és Irtn i/i^ e el AT^ u/t/c^iUir^ui^né^ €¿¿y 








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16. 



ROMANCE DE lA HISTORIA DE lAS GI;ERR.\S DE GRANADA 







/'/Ár t//o^ at4'i/f siH^/i/ //utjc/ // ^/n^Me^Oic'a m<?i4r /¿r ív 




lUHi/ fair tdn. a - ma/U^ Ji — ¿¿ - U /e xauif múuay úh¿^ iifut^ 




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LOS ESTUDIANS DE TOLOSA 




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17. 



LOS TRKS l)0I.LAIUi:5 




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LA TXANTIA DEL RKY MORO. 




7¿— l{M4r jíf/i^¿¿s^ nlaiayíl-nayme^n¿?í' u^ noy aue^ /u a fu'ef 



LAS PRESONS DE LLAYDA. 



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LAyiLLA.l)EL MARXAN. 



Zo/ Jl-Ilay ae¿^/tuir--xan i¿uc/-Á¿n^ aii^esca/ mea' 




'¿¿aJa/lír^/noMi ^í¿r-rí?m^d0m^^u¿fta^aOAy^t^¿¿a/ciZ¿'/üi9 



D.C. 



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18. 



( ANCIOXES FRANCESAS 




/^cu/ f/v Jour ^(fft me /ear /ne na- U0 ioat wn ¿üua^ 




an/t /44rA/ f// /u^ liH4;f /í¥ty/éHinüaftk umm •/ 



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DEL.\ 3PERA PIRAiME ET THISRE AN6DE 1726 




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ií/n^i¿ /tAp /éHir.*^yk?i4r¿ré' a /ruHé/\r/€i^ej9é¿¡f A¿^ /jwmt h^^ \fp/i¿^ 



J¡ufx'aiut/w.ir/tauJ*/kH4^/kffM¿iMUt^ Jtrv -%v /mt ^ jt/'s 



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JíeJ" a /rü^/f r¿?i/^ t^iMé^r ^ ¿iíV>f jy a^ /e^ 



su/j' /e^ neué'Áe/: rjéi^ ¿e eté/ ay c^nv ¿¿¿ iou^ /rué' 




t/úBOccp/^ /'pó f'iénrr^ yue /e^ 



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g.}g (c.t3) (g^a) (j^a; 6p -Sti;' 'S«S é0 (S^a) -sr?; <4í,^ 




HISTORIA 





DESDE LA VENIDA DE LOS FEN ICIOS 



Wi. 



HASTA RC AAo de I8&0. 



Mariano SoTÍano Fuertes, 

CaballtrOílft la Inclila y mÜiiar orden tie Snn Jnan 'le Jifusilen, úf U Rral 

y ilistiiiguiíia órtfcn pgpnñiíla de Carlos Ill.ílo la naiioua) y mililar úc. San tVriiando 

do 1.' clise, condecyrailu ron la mcdtiUa de oro 

del Insliluto español, socio de h Wi^M dfl Amibos 'leí pais il>> Murri», 

de la de tienrias, letras y arles de DunkerqiiP, honorario do la Fi!í»nm»nua de Florencia. 

aradf^nico de la trqueolig'ca de Madrid y miemhro de oirás varias 

«ociedades arUsticas y litéis rías 



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%;u.^ L> \í>5^. 



3líüiiriíl. 



Kslahleclnilcnlo de música 
di' I». Mariano Marliii y Saiarar, 
de Kspartcros. n.**.'t 



a ñ E 

. calif y de D. 



Bürrrhiua. 



Eslattlecimlcntn lipogrúficu 

Narciso Bumln/, cnlle de Ks- 
cudlUers, n."40, |(i5o I.** 









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HISTORIA 



DB LA 



MÚSICA ESPAROLA, 



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HISTORIA 



MÜSICA ESPAÑOLA 

DESDE LA VEMIDA DE LOS FENICIOS 

HASTA IBMé a JIO DE ±Wf 



ittartano fboúano Jnttttuít 

InoLnk T MiuTAm turnt n tkM jom ob mmua, ib la »bal t BitrimuiBi ¿bdbr bwaIou »b 

in, BB LA BaQORAL T aiUTAB BB BAB rBBNABOO BB PBIHBBA CLA8B, OOXDBOOBABO OOB 
OBO BBLlBtTITOTO BSPAIOL , ACABÍBIOO BBLA ABQOBOlÓOtCA BB MABBIB, itfciO BB I 
BB AMIOOB BBL Pilt BB TALBWaA T aOBOAf BB LA BB «BBOAt, LBTBAB T ABTBS BB 
BOBBBBQOB, BOBOBARIO BB LA riLABHÓBlCA BB 
PLOBBiratA« TMIWBBO BB OTBU TABia WaBDABCB ABtIsTICAI T UTBBABIU. 



Mética 7 poMla 

Eo OOB miaoiB lira toearsmoB. 

(friorfi .— PBeBM <U to mMeo), 



TOMO CWMMXO. 



Amo 9« 485^. 



UBID. 

Éatablecimiento dol Sr. Martin 
y Salazar , proveedor de música y pianos 
4e SS. MM. ; calle de Esparteros, 
numero 3. 



UnCElORi. 

Establecimiento tipográfico de 

D.Norciso Ramírez, calle de Esoudlilers, 

número 40, piso principal. 



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ÍNTRODUCCM. 



Primero se quita á un reino tu libertad, 
que el idioma. Aun cuando se cede á la fuer- 
za de las armas, lo último que se conquista 
son lenguas y corazones. ( Fetjóo ) . 

Gonsuetudo vero certissima loquendi ma- 
gistra, utedunque plañe sermone, ut numo 
cui publica forma est. Omnla tamen haec eii« 
gant acre judicium. (Quintüiano), 

La lingua italiana sebben non possa Tan* 
tere un si vasto dominio , dobbe pero al suo 
moderno teatro Y esser intesa de tutte le colte 
nazioni d' Europa. .. Golle truppe auxiliari di 
tanta incantatrice sirene lianno fatta la mag- 
gior parte dell' Europa tritaria dell' Italia, é 
iianno resa inparte universale la lingua ita- 
liana. {Lampillas), 

Une langne qui aurolt, comme TEspagnol 
un hereux melange de voyelles, et de con- 
sonnes douces et señores, seroit peut-étre la 
plus harmonieuse de toutes les langues tí- 
vaittes et modemes. ( I/Álembert ) . 



Los tres tomos publicados de esta Historia, llevan sus 
respectivas introducciones ó prólogos, en que, como ha- 
brá visto el lector, se hace una ligera reseña del origen de 
la música , y su historia general , tanto religiosa como tea-* 
tral ó profana. Por esta razón , nos ha parecido oportuno 
en la introducción de este cuarto tomo, tratar del origen 
de las lenguas vulgares, especialmente de la nuestra, como 
parte principal de los adelantos del arte músico. 



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Nada nuevo tal vez podremos añadir á lo ya escrito, 
cuando tantas respetables y sabias plumas se han ocupado 
de nuestro hermoso idioma ; pero seranos permitido ma- 
nifestar la supremacia de él sobre todos los demás, su 
dulzura y suavidad para la música , y el que no ha sido 
esclusivamente hijo del latino, según nuestra pobre 
opinión. 

No hay lenguaje qué se pueda llamar natural. La razón 
tiene fuerza en el hombre para formarlo , como vemos en 
los mudos, que sin poder pronunciar palabras , tienen el 
suyo propio , asi como lo tendrían los que se criasen sin 
escuchar ninguno. 

Herodóto, Suidas, y Aristóteles atribuyen á Psamético, 
rey de Egipto, el que queriendo descubrir cuál habia sido 
el primer pueblo del mundo, y su primera lengua, en- 
tregó dos niños á un pastor, con prohibición absoluta de 
hablar delante de ellos ; y habiéndose criado entre las 
ovejas, las primeras palabras que pronunciaron fué beccos, 
que en lengua frigia quiere decir pan : deduciendo de aqui 
dicho rey, que los de Frigia eran los mas antiguos del 
mundo, cosa inverosímil y hasta ridicula. 

La estremada soberbia y vanidad de los hombres , hizo 
que en las llanuras deSenaarse emprendiese la construc- 
ción de una torre que llamaron de Babel , con el fin de 
precaverse de otro diluvio : pero esta muestra de ingrati- 
tud para con Dios , fué castigada con la confusión de len- 
guas , que les obligó á dispersarse en fracciones, forman- 
do cada fracción un pueblo, y con el trascurso del tiempo, 
cada pueblo una nación diferente. 

Después de esta dispersión, se ha dudado por muchos, 
cuál de las lenguas era la mas antigua ; y cada nación á 
BU manera , ha querido apropiarse esta antigüedad , del 
mismo modo que lo hizo el flamenco Goropio Beccano. 



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^>^ V ^o- 



Lo cierto parece ser^ que la primera lengua hablada en 
el mundo fué la hebrea , infundida por Dios al primer 
hombre^ y con la cual^ según el Génesis^ puso los nom- 
bres al cielo, tierra , animales , aves, y todos los objetos 
que á su vista se presentaron; tan propios, según su cali- 
dad y naturaleza, que si hoy conservásemos la pureza de 
dicha lengua, y su verdadera etimología, no se ignora-- 
ría tanto como ignoramos , si hemos de dar crédito ¿ la 
opinión de sabios y numerosos autores. 

En las setenta y dos lenguas que Dios infundió á los 
hombres en la torre de Babel , en todas se hallaban pala-*^ 
bras hebreas que no dejaron duda de á quien debieron su 
primer origen : y aun cuando Haber, descendiente del pri- 
mogénito de Noó, y su familia, conservaron la lengua an« 
ligua procedente de nuestros primeros padres , por lo cual 
llamaron hebreos á Job y sus hijos á su entrada en Egip- 
to, al comunicarse con otras naciones, la adulteraron y 
corrompieron de tal modo , que en la época del naci- 
miento de Jesucristo , se hablaba vulgarmente la lengua 
siríaca mezclada, conservándose la pureza de la hebrea 
únicamente en los libros de Moisés , porque en las escri- 
turas de los profetas se encuentra ya confundida con el 
caldeo. 

En el pueblo hebreo , pues , se debe fijar el origen de 
todas las lenguas , y aun el de la música y poesía ; no ha- 
biendo duda , á pesar del delirio de varios autores , que el 
canto fue tan connatural al hombre comoá las aves, y 
que para cantar con mas facilidad, se vieron precisados á 
medir las palabras y formar ritmos, teniendo la música y la 
poesía casi un mismo principio ; siendo invención de cada 
hombre en cada país distinto , como se comprueba por los 
americanos que, sin tener noticias de la escritura , cantar- 
ban , poetizaban , bailaban , y tocaban instrumentos so- 



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noros y ó heredadas de Dios por medio de Adán y demás 
patriarcas hasta Noé. 

El pueb!o hebreo usó sin arte la música y poesía hasta 
Moisés, y á éste debemos mirar como fundador de am- 
bas artes ; no existiendo antes de él fragmento alguno de 
una y otra ; pues aun cuando los caldeos^ griegos , jonios^ 
traces^ macedonios^ elruscos, y otros, tienen sus poe- 
mas y música^ son tan antiguos como su existencia , y esta 
no lo es tanto como la de Moisés. 

La antigüedad de estos pueblos ya en la música como 
en la poesia^ fué disputada por los sicilianos ó sicanos ; y si 
para esta disputa pudieron tener algún fundamento, los 
españoles tuvieron tanta antigüedad en uno y otro arte co- 
mo los pueblos mas antiguos después de Moisés ; puesto 
que Sicilia fué fundada por los españoles , según la opi- 
nión de Estéfano , Suidas , Diodoro Siculo, Tucidides, Si^ 
lio Itálico , Dionisio de Halicarnaso , Eforo, Estrabon^ San 
Isidoro^ y otros: llamándose primero Sicania, porque los 
españoles tomaron el nombre de Sicanos del río Sicoris 
que hoy llamamos Ségre , y Filisto le denomina Sicano. 

No hay duda^ según eslos datos , de que Sicilia se lia- 
mó Sicania por sus primeros habitantes que fueron espa- 
ñoles^ y mas adelante Sicilia; en cuyo cambio de nombre 
hay opiniones encontradas , sobre si perteneció á los grie- 
gos que después la habitaron, ó álos españoles, como di- 
ce Servio^ asegurando que echados estos por los albor!--- 
gines del lugar que ocupa hoy Roma , pasaron á Sicilia 
con su capitán Sículo, de quien tomó el nombre de Sicilia^ 
como de ellos el de Sicania. 

No es de nuestra incumbencia asegurar cuál de estas 
opiniones es la mas verídica: dudaremos entre ambas^ si- 
guiendo la máxima de nuestro historíador Mariana sobre 
si fueron ó no los españoles fundadores de Roma. Lo que 



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sirve ¿ nuestro propósito es, qae Sicilia fué fundada por 
los españoles , y que estos fueron sin duda lasque dispu- 
taron la antigüedad de la poesía y la música á los pueblos 
mas antiguos; siendo cierto hasta la evidencia^ tanto por laa 
escavaciones últimamente hechas en Tarragona(4}, cuan-^ 
to por lo que asegura Estrabon, escritor de la época de Je- 
sucristo , que la Espafia fué poblada de^de la primera dis- 
persión del género humano en las llanuras de Senaar, y 
los turdetanos tenian varios poemas y conservaban sos 
leyes escritas en verso con sm mil años de antigüedad. (2) 

Es verdad^ como dejamos dicho en el primes* eapitaló 
de esta historia ^ que^ según la opinión de varios autores^ 
lósanos, á que se refiere Estrabon^ solo constaban de (tes 
meses ; pero creyéndolo así, (jpiedarán reducidos los seis 
mil afios, á mil quinientos , época , poco mas ó meno6i 
que medió entre Moisés y Estrabon : por lo que siguiendo 
la opinión del P. Sarmiento , diremos y que las leyes eo 
verso que los turdetanos tenían^ ó eran las mismas de 
Moisés^ ó los proverbios y parábolas de Salomón , reduci- 
dos á metro. 

Confirma esta opinión^ la venida á España de los. pales* 
tinos y cananéos, huyendo de Josué, cuya venida coiuQidei 
como dice Salustio , con la espedicion de Hércules Fenicio; 
quien, según el P. Calmet, apoyándose en el dictáipen d0 
Hornio , no trsyo en su compañía , como asegura Salustio, 
persas, medosy armemos, sino medianitas, pereséos, y 
árameos, lo cual le hace creer que las leyes turdetanas 
fueron compendio ó trasformacion de las hebreas. Y tal 

(1) Léaae el Uesúmen histórico-critico de la ciudad de Tarragona , por el erudito 
arqueólogo D. Buenarentura Fernandez. 

(á) Tordetaoi, omnium hüspattonun docUMlmi jadícantur, utuntnrqve grammatiea, 
et anticinitatis monumenta habent conscripta, ac poemata et metris inclusa leges á sex 
millibus, ut ajunt, annorum. Utuntur, ut reliqui hispani grammatica , non uniug omnes 
generúy quippe ne eodem guidem sermone. Strab. pág. 204. 

Tomo iv. 2 



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debe creerse, cuando aseguran algunos autores, qué la 
lengua primitiva de España, (uvo alguna conexión con la 
hebrea ; la fenicia era muy parecida á esla ; grande el co- 
Hiercio literario de Salomón con Hiran, rey de Tiro, y con- 
tinuas las navegaciones de los fenicios á España. 

Empero antes de estas navegaciones , hubo espediciooes 
griegas qué vinieron á nuestro suelo; pues no debe igno- 
rarse, como dice nuiy bien el erudito arqueólogo D. Buena- 
ventara Fernandez (4), que «habiéndose aumentado es- 
césivániente la Fenicia y Palestina, los tirios consultaron 6 
losJOricQlos de Egipto para saber en qué punto podían es- 
tablecer colonias , y obtuvieron por respuesta , que fuesen 
aitá al estremo de la tiefTaen donde se levantaban Im co-- 
hxmnas de Hércules , prueba evidente de que los sacerdo- 
tes egipcios conservaban ideas de otras antiguas navega- 
ciones á España, de las cuales no tenian conocimiento los 
fenicios.)) 
^ A esto debe añadirse, segim dicho autor, el que los 
sacerdotes élg^ipcios dieron conocimiento á Platón de !a At- 
lántida, cuya sumersión se atribuye á la ruptura del istmo 
de Gibraltár , suceso acaecido muchos años antes de las 
eapédiciónes fenicias: 

Dejiamos este asunto, que á mas de no servir á nues- 
tro* propósito, nos metería en un laberinto sin salida 
•éií el que perderíamos él tiempo inútilmente, como lo 
han perdido otros muchos hombres de mayores luces y ta- 
lento que nosotros, y lo perderán los que se quieran de 
nuervo internar en él ; porque desde la confusión de len- 
guas, lleva el origen de ellas la confusión por anatema. 
No hay lengua viva que á los quinientos ó mil años se 
parezca á ella misma; y aun cuando se dice que la griega 

( 1 ) Resumen hisCórico-erítico do 1u ciudad do Tarragona 



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^H^ Áten- 
se conservó 2; 700^ no es lo suficiente para as^urar que 
en ella estaba la lengua primitiva^ porque la que era vul- 
gar en tiempo de Homero^ distaba ya de su pnndpiofnas 
de otros mil años. 

Con el idioma latino sucede lo propio que con otrois 
idiomas perdidos^ no habiéndose podido descifrar hasta el 
presente^ los monumentos de Egipto que se suponen escri- 
tos en lengua faraónica^ ni los de Persia, ni los Palmire^ 
nos^ ni el Psenulo de Platón en metro Púnico, ni las tablas 
Eugubinas , ni otros monumentos etruscos^ que &un son 
impenetrables. 

Sin salir de España, hay muchos ejemplos^ tanto en la9 
monedas é inscripciones antiguas de Cádiz y las llamada» 
españolas antiguas ;, como en muchas de las. inscripciones 
encontradas en las escavaciones que continuamente seos-' 
tan practicando en la ciudad de Tarragona; pues aun cuan- 
do Mahudel sacó un alfabeto de todas las antedichas mo- 
nedas^ fué tan indeterminado, que si coordinó veinte y coa* 
tro clases de letras, ¿ninguna pudo señalarle valor, y por 
consiguiente la lengua española, que se oculta en ellas, es 
tan perdida como si nunca hubiese existido. 

Siendo esto cierto , el querer por conjeturas aducir- 
verdades, es escribir durmiendo para borrar despierto; ó 16 
que es lo mismo, querer trasladar palabras al papel paW 
hacer reir á los venideros siglos , ó á los que por conjetu- 
ras también piensan de distinto modo. 

Estas son las razones por las que damos fin á las in- 
vestigaciones sobre el origen de nuestra lengua , y nos 
ocuparemos de la llamada vulgar , que aun cuando sujeta 
á diversos pareceres también , es menos difícil encontrar 
sn origen. 

Laméntase Estrabon de nuestra inconstancia, al ver en 
los turdetanos la preferencia que dieron á la lengua latí-- 



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na^ haoíendo ca^ un estudio para olvidar la propia (4); po* 
Hiendo por ejemplo de todo el resto de España , el cambio 
de nombres que se hicieron en las ciudades entonces de 
mas moderna fundación , llamadas Badajoz, por los cél- 
ticos, Méridapor los túrdulos, y Zaragoza por los celti- 
beros; bautizándolas de nuevo con la denominación de Pax 
Augusta , Augusta Emérita , y Cesar Augusta , sucediendo 
lo mismo con otras muchas; sin tener en cuenta dicho es- 
critor , que la ley del mas fuerte ha sido siempre la que ha 
imperado ea todas partes. 

Un poco de inconstancia , si se quiere , y un mucho de 
crueldad por una dominación de seiscientos años , bi- 
oieroo que el idioma latino imperase entre los españoles, 
mas nunca como vulgar ; pues aun cuando las leyes , los 
escritos públicos , y los estudios , eran en lengua latina, y 
los españoles tan perfectos latinos como los romanos, por 
la suma facilidad que siempre han tenido en aprender idio- 
mas distintos , no por esto se pudo estinguir el uso de las 
lenguas vulgares, primitivas ó adulteradas que existian. 

Esto nos lo comprueban los diferentes idiomas y dialec- 
tos que conservamos ; loaborrecidosqneeranlos romanos 
de la generalidad de los españoles; sus sanguinarios instin- 
tos; los grandes escesos que cometieron al fundar sus coló* 
nias (2); lo que nos dice Alvaro Cordobés, quejándose del 



(1) Turdelani auiem máxime qui ad tetin suni , plañe Romauos mores asumpserimt, 
ne sermQiüB quiden vernacoli memores , acplerlque facli sunt Lalini , et colonos aecepc- 
mnt Romanos: par unque abestquin omnino Romani sin facti.->Strabon pag. 225. 

(2) Doscientos ofios duraron las guerras contra los romanos , en cuyo tiempo es mas 
fácil imaginar que describir los estragos que causaron en los paises y pueblos vencidos 
por ellos.— Dice Plutarco , que Cantón el Cenforino, siendo cónsul de Espafia , en un dia 
nomsó kM m«rps de las ciudades situadas en las riberas del GuadalqviTir, Tanagkiri&ndo- 
se de haber tomado mas ciudades que dias estuvo en Espafta.— Sempronio destruyó cien- 
to cincuenta pueblos, según Lucio Floro.— Julio César en las batallas que tuvo en Espa- 
ña y Franci|t , dice Plinio , qt^e mató un millón ciento y noventa mil hombres , en cuyo 
numero no entraban los muertos en las guerras civiles.— Por estos hechos pueden calcu- 
km lo que b«rlan loi Claudios, Marco*, Nerones, Untulos, Acidinos, Cetegos, Mételos, 



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descuido con que se miraba el estudio de la lengua lati- 
na (4 ) ; las muchas palabras que de nosotros tomaron los 
latinos; y las que aun conservamos en nuestra lengua vul- 
gar tanto hebreas, como griegas , godas y arábigas. 

Sin ser nuestro ánimo atacar las respetables opiniones 
que sobre el origen de nuestro romance existen , hacién- 
dolo derivar del idioma latino vamos sin embargo á ma- 
nifestar las dudas que sobre el particular tenemos^ y la 
opinión que sobre ellas hemos formado. 

El lalin jamás tuvo gran dominio como lengua vulgar 
en ninguna de las naciones sujetas al imperio romano. Se 
usaba como lenguaje de oficio y aun como idioma de la 
literatura, pero no en los asuntos privados y de comercio: 
testigo la Italia que hasta la dominación de los bárbaros 
usó el griego como vulgar. 

Los progresos de la lengua latina en su invasora mar- 
cha dé guerra, tuvo que doblar su cerviz ante el imponente 



Calva», Sertoriua, Viriatos. y otroe muchos que allanaron nuestra nación.— Hicieron 
veinte y cinco colonias de ciudadanos romanoá, y para la fundación de ellas , el senado 
nombraba una persona con el dictado de capitán 6 censor para que la poblase de nuevo, 
recibiendo ¿ este erecto , la gente que él quería ; y con dicha gente llegaba 4 la ciudad ó 
pueblo señalado, y los ciudadanos antiguos españoles tenian que dejarles sus casas y ha- 
ciendas, marchándose i tierras estrufias & ganar con miseria el sustento para vivir, liasta 
las familias mas ricas y acomodadas. 

(1) Según Ambrosio de Morales, se conservaba en la catedral de Córdoba un libro en 
pergamino escrito en leha gótica i>or Alvaro Cordobés el afio do 1354 , en el cual se leia 
lo siguiente : «Hombres mancebos en la Qor de su edad , cristianos , de rostros hermosos, 
y bien hablados , que su hábito y gestos llevan los ojos tras sí , esclarecidos en las letras 
gcDtiJea , en la lengwi ar:\biga insignes , con gran codicia están buscando los ICbros cal' 
déos, léenlos atentisimameute sin divertirse, con gran fervor tratan de ellos , con no me- 
nos estudio y cuidado los juntan, y con duliura de la lengua los divulgan y publican, Ig- 
norando la hermosura eclesiástica y menospreciando los rios caudalosos de la Iglesia, 
que manan del paraíso , como si fueran vilísimos: (ay gran dolor) los cristianos no saben 
sa ley, y los latinos no advierten su propin lengua. De tal suerte , que apenas entre los 
cristianos se halla uno entre mil que pueda razonablemente escribir una carta á su her- 
mano, salvándole , liaüareis gran muchedumbre sinnúmero que eruditamente mani- 
fiesta y dudare la pompa de las palabras caldeas , de tal manera que en rimas con mas 
erudito verso que los mismos gentiles , adornan con mas levantada hermontra Um eláu' 
sulas postreras, estrechándose á acabar en una ciertu letra etc. etc. etc. 



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idioma griego vencedor de los vencedores, como nos lo 
afirma Cicerón , asegurando que en su tiempo el latin no 
se couocia fuera de Boma , al paso que el griego se hallaba 
en todas partes : y para probar que el latin nunca fué len- 
gua vulgar, nos dice, que en Roma solo babia cinco ó seis 
matronas que lo hablasen correclaraente. 

Es indudable que muchos anos antes do que Roma se 
fundase, comenzaron á venir griegos á España, siendo en- 
tre los primeros los de Zacinto , doscientos años antes de 
la destrucción de Troya , y poco menos de mil cuatrocien- 
tos del nacimiento de Jesucristo , y que fundaron la ilustre 
ciudad de Sagunto (i), 

Eslo también, tanto por la opinión de Estrabon, como 
por la de Ambrosio de Morales y muchos otros, de que 
los griegos tuvieron escuelas en España, especialmente 
en Córdoba, donde Domocio Isquilino enseñó la gramá- 
tica, y vivió ciento y mas años ; y que tanto fué esten- 
diéndoso el uso de aprender la lengua griega entre los 
cartagineses, que el Senado de Car tago prohibió que la 
hablasen y aprendiesen, según Trogo (2). 

Fuera de duda parece que muchas palabras recibidas en 
nuestro romance como latinas, son tomadas de los grie- 
gos en España por los romanos, según Varron; tales co- 
mo liebre, malva, lirio, espárragos, pies, cántaro, ron- 
quido, y otras muchas ; sin contar infinidad de ellas que 
tenemos en nuestra lengua , y que no existen en la latina ; 
lo cual no quita , como dice Aldrete, que las usasen vul- 
garmente los romanos, y que solo en el uso las conserva- 



(1) La guerra de Troya fné CCCCXXXU antes que se fundase Roma , j^or w>n«!gulcn- 
te la Tenida de los prlej^ns á Espafla fué 632 aflos antes que Roma. (Dionisio de líali^ 
carnoso, ¡ib. 1 exautoritafePorij Catonisei Plutarco, in Camillo. Soli caj). V- 

(2) Faeto Sñíatiis conmUo: Neqtiis postea Carthaginensis, aut literis Gr,rcis, aut (TtcT- 
co sermoni studeret, ne aut loqui cnm host^, aut scribere $ine interprete posset. (Trogo. la 
lasil.lfb. 30). 



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i« 



sen, porque no todas las palabras de una lengua son es- 
critas por los autores. 

Es cierto también , que cuando los romanos invadieron 
España la encontraron tan civilizada, que muchos de sus 
naturales fueron mandados á Roma para fomentar las cien- 
cias y las artes en la capital del mundo ; y el cónsul Me- 
tello se llevó de Córdoba muchos poetas que hacían versos 
tan buenos ó mejores que los mismos romanos, y gran nú- 
mero de cantores y bailarinas gaditanas, como dejamos 
dicho en nuestro primer tomo. 

Que la lengua latina, aun mirada como reina éntrelas 
mas cultas, era la mas pobre de todas ellas, lo confir- 
man Quíntiliano quejándose de su pobreza ; Lucrecio no 
pudiendo dar razón de muchas cosas por la escasez del 
lenguaje ; Catón confesando lo mismo ; Séneca no encon- 
trando voces latinas cuando mas necesitaba de ellas ; y Tu- 
lio^ príncipe de la elocuencia latina en tiempo de la mayor 
pureza de su idioma, lamentando el no tener nombre las 
cosas. Y tal era así, que á pesar de la gran superstición de 
los latinos en admitir vocablos nuevos (í ), se vieron obliga- 
dos á valerse de muchas voces como estas : Dialéctica, Fi- 
loso/la^ Geometría, Música, Gramática, Retórica^ Poesía, 
todas ellas griegas; y el mismo César, á usar el ens, y Séne- 
ca el essenlia , y Quintiliano el possibile, palabra ya usada 
anteriormente por Planto (2). 

Por mas que se diga y discuta , no cabe duda que la 
gramática latina fué la griega , como nos lo dice su mismo 
título, como nos lo afirma Dionisio deFIalicarnaso, Quin- 



( l ) El emperador Tiberio pidió licencia al Senado de Roma , para usar de la palabra 
monopolio, que era {O'iega, á lo quccontealó Ateyo Capitón, que dicha \oz ya se habia usa- 
do, 6 que en adelante se usaria: pero Marco Pomponio Marcelo, gramático de aquellos tiem- 
pos, replicó diciendo: Miente Capitón, porque tú, oh César, puedes dar la ciudad, 6 ha- 
cer ciudadanos á los hombres; pero no á las palabras. 

(3) Slicli. 5. 6. 3. 



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tiliano (í) y otros autores, y como se puede observar en 
las diferentes fases que nos presenta el idioma latino, antes 
de las conquistas de los romanos, y después de ellas, colo- 
cando sus mas célebres escritores multitud de términos y . 
alocuciones griegas sobre el caduco fondo latino. 

Incuestionable es a no dudarlo, que si los romanos 
fueron vencedores con las armas, fueron también vencidos 
por las artes y ciencias griegas que invadieron á Roma por 
todas partes, destruyéndolos productos de su inspiración 
local ; y que tanto era el ascendiente de sus estudios , que 
los jóvenes romanos para completar su instrucción, tenian 
que marchará Rodas, Atenas, Apolonia, ó Mitileoe, sin 
cuyo bautismo eran tenidos por ignorantes , conao lo com- 
prueban Cicerón, estudiando en Atenas con Alcibiades 
para ser orador, Augusto aprendiendo con el mismo á ser 
magistrado , y Nerón con el mismo maestro también, para 
ser cómico. 

Ahora bien , siendo todo esto cierto , y cierto también 
el que Cicerón y otros advirtieron la corrupción que se 
iba introduciendo en el idioma latino, asegurando Plinio 
que había en dicho idioma tan gran mudanza que los es- 
critos antiguos, aun los peritos en antigüedades, con di- 
ficulíad losentcndian , y que, según Escaligero, estaba tan 
trocado el latin que no habia cosa en él que estuviese en-^ 
lera y sana : ¿ De dónde pudo venir esta mudanza sino de 
Grecia y España , la primera por su poder en las arles y 
ciencias, y la segunda por su riqueza de sucio y de idiomas, 
como lo comprueba el vascuence, de donde tomaron in- 

(I) Sed h¿cc divisio mea ad Gr<Tcum sermcncm privcipue pertinet, nam H máxima 
ex parte Uomanus inde conversus est, et confesis qnoque Gritas ut imur verhis. (Quinti- 
líano. Lib. 1.° Ca|i. 6. ) — Romani autem sermones , nec prorsus barlxM'O, nccahsolute 
Grieco utantur sed ex utroque mixto , accedente plerumque ad propietatem linguw AetO" 
licac, ex commercio tot ad mistoium, non omnia cecte eferentes rocahula. (Dionisio de 
Halícamaso. Lib. I, in íine). 



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*»9 it ««• 

finidad de palabras, según el padre Larramendi (í)? Si 
esto es así, ¿porqué no se ha de decir que la lengua latina 
se enriqueció en España, siendo cierto que tuvimos es- 
critores españoles en Roma de tan alia importancia co- 
mo Cornelio Balbo, Columella, Pomponio Mela, Séne- 
ca, Marcial, Quintiliano, Lucano y otros, y emperado- 
res tan sabios y esclarecidos como Trajano, Adriano 
y Teodosio? Y si parece demasiado aventurada nues- 
tra opinión sobre este punto, ¿podrá serlo acaso el 
creer que tanto de la lengua latina reformada, como de 
los demás idiomas antiguos y modernos que se usaban en 
España, se formó nuestro idioma vulgar ó romance, y no 
esclosivamenle del latino como se supone? ¿Acaso nuestro 
idioma vulgar ó romance nada debe al idioma arábigo, 
con tanto entusiasmo aprendido de los españoles por el 
horror que tenían á todo lo romano , según Salviano, 
obispo de Marsella, que el arzobispo de Sevilla, D. Juan 
tuvo que traducir en lengua arábiga los libros sagra- 
dos para que fuesen mas generalmente leídos , como re- 
fiere también el sabio rey D. Alonso? ¿No hay tanta 
razou en afirmar que el origen de nuestro idioma vul- 
gar es hebreo , griego , godo , ó árabe , como latino? 
¿Pues por qué se ha de decir que es solo latino, sin querer 
remontarnos á nuestros primeros idiomas, siendo asi que 
los griegos vinieron á España muchísimo autes que los 
romanos, y de su lengua so formó la de estos, y los go- 
dos y árabes nos dominaron después por muchos siglos^ 
admitiendo nosotros con entusiasmo el idioma de estos 
últimos por ser el mas conforme á nuestro carácter, 
Bmante de las ciencias y las arles (2)? 

(1) El P. Manuel de Larramendi en su Diccionario trilingüe, trae dos mil voces cas- 
teUanas sacadas del vascuence , y entre ellas nueve que puso por godas el P. Mariana en 
su historia de España. 

(2) Don Esteban de Terreros y Pando principia el prólopo de su J}iccionario casle- 

Tomo iv. 3 



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Para corroboración de lo espúesto, nos dice el abate 
Andrés lo siguiente (4) : a Del rústico lenguaje del volgo^ 
y de la introducción de palabras estranjeras dé los godos, 
vándalos y suevos, se fué formando en Espafia una len* 
gua distinta de la latina , del mismo modo que nacian otras 
en Italia y en Francia. Pero entrando los moros en Espa- 
ña , Y fijando su dominio en muchas provincias , se intro- 
dujo juntamente con ellas el idioma árabe , y en breve le 
usaron tanto las naciones subyugadas , que podian lla- 
marse dos lenguas vulgares de los españoles ; una arábi- 
ga en los dominios de los musulmanes , y otra española en 



llano j con las Biguientes palabras.— «Sea el lenguaje primitivo de Espafia el qne se foe- 
ee ; bayanos venido con Tubal 6 Tarsis, como han querido tantos, ó solo con sus suceso- 
res, á que se inclinan otros , baciendo como quiera su viaje desde los campos de Sanaar, 
como uno de los setenta y dos idiomas en que se conftmdió ó dividió aquel primero ín- 
ftmdido por Dios en el principio á nuestros padres; baya quedado este primer lenguaje 
como testimonio auténtico y perpetuo , retirado y conservado en las montafias de la Can- 
tabria, según piensan probar eficazmente algunos ; hayan alterado , borrado y deslueido 
nuestro primitivo lenguaje las naciones estrai^eras , que atraídas de las riquezas de Espa- 
ña y de su fecundísimo suelo , le inundaron como impetuosos torrentes, y tantos y tan 
multiplicados , que se oonftmdaí en la misma multitud : fenidos, cartagineses y griegos, 
que al mismo tiempo que se llevaban el oro y los géneros mas preciosos , nos pagaban en 
palabras, trasmutando 6 confudíendo las nuestras ; sean en buen hora muy particular- 
mente los romanos los que como dominaron á Espafia con sus armas , introdujeron tam- 
bién su lenguado i imprimiendo aun su nombre en el de Espafia , que se quedó desde en- 
tonces con el nombre de Romance; vengan en adelante h turbarle las bárbaras naciones 
del Norte , suevos , alanos y godos ; y después de todos, vengan á derribar también á estos 
los árabes, procurando arrancar á un tiempo el dominio , la libertad , la religión y el len- 
güino , quedando este en casi toda Espafia tan conñiso , que ni bien era castellano , latía, 
ni árabe; sino que resultando uno como caos confuso , se formó una como lengua franca 
con lastimoso desorden , sin poderse determinar cuál fuese el fon<lo de tan despedazado 
idioma, como se puede ver fácilmente en nuestros escritos antiguos, aun los mas celebra- 
dos y cultos; sea esto asi, y llegue nuestro idioma á verse el mas desfigurado y despe- 
dazado del mundo ; es preciso decir de él , que al modo que el oro sale mas acendrado del 
crisol; que como de muchos y bien proporcionados simples se saca un precioso compues- 
to, y ala manera que después de las peleas y aun heridas de una ó muchas y muy reñi- 
das batallas, sale mas brillante un campeón , coronando de glorias y heroicidades sus mis- 
mos trabajos aun á Hércules; se puede decir muy bien que la ruina misma se nos ha con- 
veriido en riqueza: las entradas de las naciones, la variedad y mutaciones que ha padecido 
con eUas, los encuentros y la mezcla de palabras nos ha dejado tanto botin, y hemos hecho 
tanta represalia de voces , que se han devengado en esta parte con gran ventaja las pér- 
didas. 
( 1 ) Historia de toda la literatura. Tomo 11 . 



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aquellas provincias septentrionales que habian quedado 
libres del yugo agareno en poder de los cristianos, ün 
corto número de españoles retirados á las ásperas monta- 
fias y siempre con las armas en la mano para defenderse 
de las invasiones de los enemigos , y con las marciales y 
nobles ideas de libertar á su patria del imperio arábigo, 
mal podian cultivar^ ni la lengua latina , que iba deca- 
yendo, ni la vulgar, que aun estaba en la infancia, ni 
ningún arte de paz en medio de tanto estrépito y pensa- 
mientos de guerra. Pero los que bajo la dominación de los 
moros gozaban de mayor tranquilidad , pudieron conser- 
var la lengua latina con la religión y las leyes, y dedicarse 
á los agradables estudios de la ciencia y de las buenas le- 
tras, que veian felizmente cultivadas y honradas por aque- 
llos que los dominaban. Los eclesiásticos , doctos y celosos 
sostenedores del cristianismo, promovían cuidadosamente 
el idioma latino, que se habia hecho la lengua de la Iglesia 
y de la religión ; si bien como ya hemos dicho, se vino á in- 
troducir la dominante de los sarracenos hasta en los sagra- 
dos estudios, y en la disciplina bíblica y canónica. Enton- 
ces Esperaindeo, San Eulogio, Samson y otros muchos 
hombres doctos, con sus escritos latinos, se opusieron va- 
lerosamente á los errores de los mahometanos , que em- 
pezaban á propagarse entre los españoles ; defendieron la 
verdad cristiana; y promovieron en los suyos la fe, la cons- 
tancia y toda especie de virtudes. Pero los espíritus fuertes 
y los hombres de mundo, todos se dedicaron á las ciencias 
y al lenguaje que mas apreciaban susdommadores. Se usa- 
ba la lengua arábiga en los instrumentos públicos y priva- 
dos , en los discursos, en las cartas familiares y én los es- 
critos de todas especies.» 

En los archivos de España, asegura el mismo Andrés, 
se hallaban muchas escrituras en las cuales indiferente-- 



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•o^ •• €-0- 

mente se firmaban los árabes en español , y los espafioles 
en árabe. El erudito P. Burríel en una carta que escribió 
al P. Rábago^ dice^ que entre los muchos monumentos que 
habia encontrado en el archivo y biblioteca de Toledo, se 
hallaba un códice de leyes arábigas en lengua española ^n- 
tígua , y algunos fragmentos de una grande obra de agri- 
cultura escrita en dicha lengua por un autor árabe. El au- 
tor de la Paleografía española manifiesta que en el archi- 
vo de Toledo se conservaban mas de dos mil instrumentos 
escritos en idioma árabe, y mas de quinientos en el cole- 
gio imperial de monjas cistercienses de San Clemente ; y que 
muchos de ellos eran escritos por monjas, clérigos, y aun 
arzobispos. Vencidos los árabes y arrojados de Toledo en los 
siglos XII y XIII , la mayor parte de las escrituras públicas 
que se hacian en esta ciudad , se escribían en lengua árabe 
á presencia de los mismos reyes católicos ; lo cual prueba 
que era mutuo el comercio que habia entre las dos naciones 
y las dos lenguas (1). 

Después de todo lo espuesto, ¿podrá decirse todavía que 
nuestra lengua vulgar es esclusivamente originaria de la 
latina ? Se nos replicará que el mismo nombre de romance 
que se le dá nos indica la derivación de la romana ; pero 
ante los hechos, las palabras que los denominan no signifi- 
can siempre la verdad de lo denominado, sino el capricho ú 
opinión de quien las denominó. ¿Quién nos puede asegurar 
que el nombre de romance no es hijo del fanatismo reli- 
gioso, para hacer originaria déla Iglesia la lengua general- 
menté aceptada? 

Nuestro perfeccionamiento y adelantos en las ciencias 



( 1 ) Después de la conquista de Sevilla , el santo rey D. Fernando mandó acufiar mo^ 
nedas en que por un lado tenían la inscripción en español y por el otro en árabe; haciendo 
los árabes lo mismo con las suyas ; siendo conocidas entre nosotros estas monedas, bajo el 
nombre de biliogttés. 



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y artes ¿no son debidos en gran partea los árabes? ¿Nues- 
tra sopremacia sobre todas las demás naciones, no se la 
debemos & ellos? ¿La lengua vulgar que nos ocupa^ no se 
formó en su tiempo? ¿Nuestra poesia y música no superó 
á la délos demás paises^ haciéndose todos ellos discípulos 
de nuestros versos y nuestras melodías? ¿De las escuelas 
árabes no han salido los progresos de todos los ramos del 
saber humano? ¿Los árabes no poseían una religión dis- 
tinta de la nuestra? ¿Pues que ostraño puede parecer el 
que conociendo los sabios y doctos prelados de la Iglesia 
los grandes beneficios que reportaban las escuelas árabes 
al encumbramiento do nuestra nación, viendo la popula- 
ridad que el lenguaje arábigo adquirió y el disgusto con 
que miraban el latino^ fomentasen el idioma vulgar y le de- 
nominasen romance para hacerlojhijo de la Iglesia católica? 

Dicese que el latin es el idioma guardador de las cien- 
cias y antiguas tradiciones. ¿Y por qué no se dice lo mismo 
del árabe en España? Porque los libros latinos los conser- 
vó la Iglesia^ y los árabes los quemó el fanatismo: porque 
la Iglesia apadrinó la lengua primitiva de sus mártires, 
presentándola á las generaciones como soberana^ y ana- 
tematizó la árabe como impia: porque con los libros lati- 
nos el pueblo se educaba al gusto de la Iglesia , y con los 
árabes aprendía mas de lo que esta quería que supiese: 
porque los buenos libros griegos se tradujeron solo al la- 
tín para darle mas importancia entre los estudiosos al len- 
guaje de la religión católica ^ y los buenos libros árabes 
que no fueron pasto de las llamas, se ocultaron en las bi- 
bliotecas y archivos de los monasterios^ destruyendo las 
escuelas árabes para que nadie los leyese ni hablase tal 
idioma ^ 

¿Cuando principió la decadencia del latin? Cuando 
empezó la instrucción cristiana escrita en lenguaje rústico 



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y plebeyo^ como era el de los escritos religiosos llenos de 
barbarismos usados por el pueblo^ y qae han subsistido eu 
el lenguaje litúrgico de la Iglesia, como puede vei^e en ei 
de fines del primer siglo^ y mucho mas ea todo el quinto. 
Y si es verdad que ai cristianismo se debe el que no su- 
cumbiera con el poder romano el idioma latiso, asegu- 
rándolo mas la conversión religiosa de los bárbaros , tam- 
bién lo es que fué el origen de la corrupción de dicha len- 
gua creando muchas espresioaes nuevas^ introduciendo 
multitud de voces griegas^ infinidad aun mayor de térmi- 
nos procedentes de las naciones bárbaras, é inundando su 
latín, llamado baja latinidad, coa palabras y ^ros estran- 
jeros de las incursiones de godos, vándalos, y mas tarde 
lombardos. 

No por lo dicho se crea que no admiramos y respeta- 
mos una lengua que nos recuerda la grandei^ ád pueblo 
que la poseía , la ilustración de sus escritores , la influen- 
cia que tuvo en el desarrollo del espíritu humano , el que 
por ella los pueblos de Europa han podido conocer sus he- 
chos históricos y los antiguos escritos didácticos^ y que es el 
lenguaje de la sagrada religión que profesamos. Conoce- 
mos todo el poder de la lengua latina y la veneramos ; pero 
no podemos creer que ella sea la madre de nuestro idioma 
vulgar y á ella se le deba esclusivamente su origen , des- 
pués de todo lo espuesto, y asegurar el P. Larramendi y 
otros (1), que el idioma español, abundantísimo , sonoro^ 
majestuoso y lleno de delicadísimas frases, alusiones y 
adagios, se compone de 45,565 vocablos primitivos y ra- 
dicales, no habiendo tomado del lalin sino 5,585, del vas- 
oiience 4999, del griego 973, del hebreo 90 , del ára- 



(1) Diccionario irilinque.— Palografia española, t. Id. 



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be $55; y los restantes de lenguas desconocidas basta 
ahora (4)» 

Para creer mas en todo lo espuesto ^ permítasenos re* 
troceder algún tanto en el curso histórico , y ocuparnos 
de los gallegos^ con el testimonio del P. Sarmiento. 

Los pueblos que hoy componen el reino de Galicia, 
fueron llamados por los griegos calláicos , por los roma- 
nos CcUlcBcia, y después gal léeos ^ gallegos y Galicia. Si- 
lio dice que tenían idioma propio, y aun idiomas diferen- 
tes; que eran devotos, religiosos , diestros, y sagaces en 
consultar á sus dioses ; y que usaban en sus diversiones, 
juegos y fiestas sagradas , de himnos, canto, música y bai- 
le, resonando en todos ellos las cetras (2), especie de es-- 
cudos parecidos á hs pellas de los griegos; comunes no 
soloá estos, sino á las amazonas, cretenses, macedonios, 
africanos , y aun á oíros, como se comprueba por los si- 
guientes versos: 

.... ad rilu morís Iberi 
Carmina pukata fundentem barbara cetra 

Invadü 

Lo que nos dá á conocer que la cetra , á mas de ser 
arma , era también instrumento acróstico que servia para 
el compás del canto y del baile , siendo dicho instrumento 
de metal, ó engastado en él algo de metal sonoro, y no do 
enero, como algunos autores suponen: y la palabra ¿^r6a- 
ra nos prueba que los versos de los gallegos no eran la- 
tinos ni griegos puros. En qué lengua y qué antigüedad 



(1) Don Francisco Quevedo y Villegas , en carta que escribe (i D. Alonso María de Lei- 
va, dice lo siguiente: 

«La habla que llamamos castellana y romance , tiene por duefios todas las naciónos ] los 
árabes , los hebreos , los griegos. Los romanos naturalizaron con la victoria tantas Toces 
en nnestro idioma , que la sucede lo qne á la capa del pobre , que son tantos los remien- 
dos, que su principio se equivoca con ellos.» 

(2) Ululanten... Carmina... alterno verbere pedis... ad numenim resonas cetras. 



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tenían los versos que cantaban y componían los gallegos, 
es difícil averiguarlo : solo en cuanto al baile y^el ruido 
acompasado que hacían con las dichas armas ^ el padre 
Perzon observó alguna semejanza al que tenían los famo- 
sos cúreles. 

En las Reflexiones crüicas sobre las historias antiguas, 
dice Mr. Fourmont, que los cúreles eran sacerdotes y sa- 
crifículos^ que cuando iban á la guerra, saltaban armados 
y batían recípocranienle sus escudos y dardos , y que do 
aquel ruido y armonía acrúslíca tomaron el nombre de 
cúreles y palabra originaria de los celtas y griegos, como 
las voces creles, cetra ó ketra. Pero si el arma ó broquel 
llamada ce/ra, como dice el padre La Cerda refiriéndose á 
un autor antiguo (i), lo tomaron otras naciones de la nues- 
tra , los cúreles fueron los gallegos ; pues á mas de que en 
Castilla se les nombraba á los asturianos con el mote de 
curitos 6 coritos , el padre Sarmiento, para atestiguar lo di- 
cho , se espresa en estos términos : « He vivido algunos 
meses en el Concejo de Llanes en Asturias , y noté que los 
de aquellos contornos, tan lejos de sentirse de que les lla- 
men coritos , hacen vanidad de que solo ellos son los an- 
tiguos coritos verdaderos.» 

En muchos pueblos de España aun se ejecutan unas 
danzas, comunes en las procesiones religiosas , en donde 
los danzantes llevan en una mano dos pequeños palos fuer- 
tes, de la longitud de un dardo, y en la otra una especie 
de broquel pequeño, que al tiempo que danzan al son de 
una flauta y un tambor , baten á compás broqueles con 
broqueles , palos con palos , ó palos con broqueles; y se- 
gún Perzon , dichas danzas son parecidas á las de los cu- 
retes. 

Hay algunos pueblos en Galicia donde todavía se con* 

(1) Justino, lib. 4 i. 



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Bérva otra danza entre homtres y mujeres cuando van á 
algon santuario ó romería , en que cantando coplas al 
asunto^ al sonde un pandero y una flauta^ siguen bailan- 
do todo el camino^ renovándose los danzantes cuando se 
cansan ; y en vez de llevar palos ó broqueles para batir el 
compás» usan un género de instrumento acrustico, llama- 
do por los gallegos /ferr€Jflas y en Castilla sonajas, muy pa- 
recido al sistro que usaban los sacerdotes de Isis , al que 
muchos llaman cúreles. El culto á esta Diosa según Tácito 
fué tenido en Germania y especialmente entre los suevos; 
y Mr. Foutenú, comentando á aquel escritor dice, que di- 
cho culto vino á Europa, se estendió por Alemania antes de 
que penetrasen los romanos , y después pasó á España; ase- 
gurando que los ceretheos le trajeron á Creta desde Egipto 
ó Fenicia , y que estendiéndose por Europa con el nombre 
de cúreles , comunicaron á los suevos y celtas dicho culto, 
y después á los gallegos en cuyo pais se establecieron, 

Mr. Fourmont dice, que el origen del nombre y ofi- 
cio de caretes debe buscarse en Egipto ó Fenicia; que es 
originario de Keretm ó Ceretheos, llamados en la escritura 
Cerelhi óKerethi; que habiendo estos poblado una isla 
le pusieron Creta , y que trasladados sus pobladores á di- 
ferentes países se llamaron cúreles ó cretes. 

Sea uno ú otro el origen de los cúreles , siempfe nos 
dará por resultado : que estos habitaron en Galicia , que 
fueron anteriores á los romanos , que sus costumbres aun 
se conservan , que en dicho reino hablaron diferentes idio- 
mas, y que hoy dia usan uno distinto de nuestra lengua 
vulgar. Y aun cuando hemos dicho que afirmar hechos por 
conjeturas es soñar , y que buscar el origen de las len- 
guas, es meterse en un laberinto sin salida; podemos afir- 
mar por los datos presentados, que la lengua vulgar cas- 
tellana esderibada de la griega, y enriquecida con la ará- 
ToMo IV. 4 



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biga, latino , y otras lenguas tJifereijtes^ sin que 4a niftw 
gun modo deba su origen á lengua romana, Los róndanos 
pudieron esclavizar á los españoles de su tiempq por la 
fuerza de sus huestes, mas no la inteligencia de los de 
ahora por tradiciones parciales hijas de un fervor, reli-.. 
gioso, disculpable si se quiere, pero no admitido por no- 
sotros cuando se trata de aclarar nuestro brillante, pa-* 
sado. 

No hay duda alguna que la música y la poesía^ las 
fiestas y los teatros, sirvieron maravillosamente para au* 
mentar la variedad y riqueza do la lengua griega; que los 
habitantes del suelo hispano antes queá él viniesen loa. 
griegos y tenian cantos propios y variados que suavizaron 
su idioma y costumbres, y sirvieron para enriquecer el 
de aquellos , como los suyos para aumentar los nuestros* 
No la hay tampoco, en que los. romanos no tuvieron mú- 
sica propia sino la importada de Grecia y España, conao 
dejamos ya espuesto; que su afición á las fiestas y juegos 
escénicos llegó al estremo de que emperadores y miem- 
bros de la primera nobleza cantasen y declamasen en pú- 
blicos teatros ; y que los músicos españoles llevados áRo* 
ma , introdujeron un gusto especial en el canto > superan* 
do á los griegos apesar del tonillo pinffüe y peregrino quq 
Gieeron les notó. 

Como dejamos dicho en otro lugar de esta obra, ^nfl 
de los medios mas fáciles para h trasmigración de voce^ y 
frases de un idioma á otro , ha sido y es las tra4Q9€¿Qnes^ 
mayormente poéticas , y nuestros cantosf.en el mismo idior 
ma que se concibieron, fueron trasportados á Gracia , dan^ 
do lugar con ellos á la^ esolamaciones de P|a4op (1|^ y 
á que después de las disputas suscitadas i^)^ se formase un 

(1) Platón de Icg. , lib. 7. 

(3) Véase el pHmer lomo de cMu fiUto^, p¿f . S3. ' / 



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género de poesía misto de griego , celtívero y vascuence 
que llamaron düirámbico, ridículo según los griegos, pero 
indispensable en las traducciones de las poesías adecuadas 
á determinadas melodías del suelo hispano. 

Según Juvenal , Estacio , Marcial y otros , los músicos 
españoles eran los preferidos para cantar en los festines de 
la nobleza romana: y siendo esto cierto ¿podrá negarse 
que tuvo nuestra música mayor aprecio en Roma que la 
griega? Y siendo el idioma latino el mfts limitado de los 
entonces conocidos, y los que lo usaban lan apasionados á 
nuestros cantos ¿podrá ponerse en duda que con la música 
adoptaron voces y frases de nuestro idioma como lo habian 
hecho los griegos? * 

El apacible y benigno clima español , y su suelo her- 
moso y fértil , han sido el origen de producir los sublimes 
ingenios que ha admirado el mundoen las mas bellas y úti- 
les ciencias de la inteligencia humana. Han sido el origen 
también , de que los españoles escogiesen entre los estran- 
geros que los dominaron ó visitaron con objeto de enri- 
quecerse , las voces y frases mas dulces y sonoras de sus 
idiomas , para aumentar el propio , de por sí armonioso 
y melódico, enérgico y espresivo, por el instinto natural 
que producían el suelo y clima que habitaban : y todas es- 
tas circunstancias han dado á nuestro idioma esa riqueza 
de palabras tan abundante de vocablos y tan variada de 
acentos y sonidos ; á nuestra poesía tanta espresion y enér* 
gic& dulzura ; y á nuestra música tanta variedad, sencillez 
y melancólica alegría. Todas estas causas son las que hacen 
que aun hoy dia , apesar de nuestra incuria y general de- 
seo de olvidar que somos españoles , sean nuestros ca- 
racterísticos cantos admirados y queridos de todos los pai-^ 
des del mundo. 

Cicerón ocupándose dcv la armonía que «xistia para el 



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oído en la combinación de las letras de nuestro idioma^ lo 
denomina idioma libre y soberbio (4). Carlos Vio calificó 
del mas apropósito para hablar con Dios á quien las mas 
veces se le habla cantando, ^l Abate Pinche asegura que 
la lengua española^ es de las lenguas vivas, la mas armo- 
niosa y la que mas se parece á la rica y abundante griega^ 
así en la diversidad de sus modos y frases como en la varia- 
da multitud de sus determinaciones siempre llenas, y en el 
jiro ajustado de sus cláusulas siempre sonoras (2). Nuestro 
sabio contemporáneo Martinez de la Rosa, asegura tam- 
bién no haber otra lengua que reúna en tan alto grado to- 
das las cualidades esencialmente poéticas, siendo á un mis- 
mo tiempo rica y sonora^ suave y enérgica, rigurosa y fá- 
cil , sencilla en sus construcciones , libre en la colocación 
de las palabras, varia hasta lo sumo en su^ acentos y so- 
nidos , y apropósito en fin , para cantar todo género de 
asuntos desde el mas tierno y delicado , hasta el mas ele* 
vado y sublime. (3) 

¡ Este idioma ha sido desechado en España para la mú- 
sica , y admitido el italiano ! ¡ A este idioma se han nega- 
do poner melodías varios compositores españoles por mie- 
do de rebajarse! | A este idioma le cerraron sus puertas 
las clases de canto del conservatorio nacional de música! 
1 Este idioma^ en fin , le pospone la aristocrática sociedad 
española al francés , y antepone el itahano para la mú- 
sica! 

Veamos lo que fué nuestra música y poesía para el 
mejoramiento de los idiomas francés é italiano ^ 
. Dice nuestro amigo el distinguido arqueólogo don Ba- 



( 1 ) Aures quarum est Judidam flflperbisstmttm. OraL núm. 44. 

(2) Espectáculo de la Naturaleía« Tomo X. 
W) ObwiíUieraría». Tonwl.* Partí; 1127 <• 



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silio Sebastian Castellanos, refiriéndose á otros autores (\)^ 
que cuando los árabes se apoderaron de España , teniamos 
ya poesía antigua y moderna ; el laúd del trobador sonaba 
entre manos hábiles , los cantos ya solemnes ya populares 
hacian las delicias del pueblo , no suspendiéndose para 
énpuñar el escudo y el lanzon , sino que al contrario , á 
Iqs cantos de fiesta sucedieron los marciales, y los religio- 
sos se enriquecieron con las inspiradas trovas de los de- 
fensores de la religión. Que invasores y naturales canta- 
ban , y si bien sus canciones tenían un origen y obgeto 
enteramente diferentes , la poesía española se engalanaba 
con las ricas inspiraciones de unos y otfos. Que la galan- 
tería^ alma de la poesía y de la música de los siglos medios, 
se babia entronizado ya en Espaüa en la corte de los úl- 
timos reyes godos, y la mujer era en nuestro suelo un ob- 
geto de adoración mundana ante cuyas aras el español 
quemaba con profusión el suave y balsámico incienso , cor 
mo lo comprueban los antiguos romances de la Cava y don 
Rodrigo , la galantería de los caballeros cristianos citados 
en el romancero del Cid , y la de los árabes después de 
dominar la España. 

La música, poesía y demás ciencias españolas, adqui-- 
rieron nueva vida y un grande impulso con la protección es- 
pecial de nuestros nuevos dominadores, pues no solo crea- 
ron la rima tan distinta de la griega y latina , reformadora 
de la poesía moderna en toda Europa, sino que por los 
años 470 de la égira, los califas Harum Errassid y su hijo 
Atmamum, hicieron de la corte de Córdoba una nueva Ate- 
nas , fundando los famosos certámenes retóricos y poé- 
ticos {i) que sé celebraban durante un mes en la gran pla- 



cí) Gloriad de Atata. Diseofslótf históricos y arqueológico^. 
(3) Áieniia. Ensayo lobre la lengua y gramática áraber 



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.o^ •• <&«- 



za de 0/iaz, en donde era coronado el retórico ó poeta que 
en concepto de los inteligentes habia sobresalido (4). 

Estas fiestas literarias y artísticas de los árabes, tan ade- 
cuadas al carácter é instinto poético de los españoles, des- 
pertaron su abatido espíritu, y fueron la causa principal 
de los progresos de nuestra lengua vulgar, avasallada lar- 
go tiempo por los estudios y austeridad de la latina, no muy 
á propósito para inspirar al pensamiento nacional imáge- 
nes de gloria , de amor y de entusiasmo. 

liOs estudios en lengua latina, que no eran referentes 
á nuestra religión católica, daban solo á conocer las glorias 
de los que fueron nuestros dominadores , y las doctrinas de 
sus grandes hombres , hacían salir de las cátedras de en- 
señanza , esclava la inteligencia y amenguado el espíritu 
patrio. 

Las fablas y cantares de los juglares y trovadores fue- 
ron la escuela verdadera del pueblo hispano ; en ella apren- 
dió su gloriosa historia , conoció las grandes hazañas dé 
sus héroes, las victorias de sus huestes, los sentimientos 

( 1 ) Tomamos de las Glorias de Áxara, el ceremonial del premio que Be daba & los li- 
teratos y poetas que vencían en los cerlAmenes de C6rd(á)ik, traducido por den José Abas- 
cal de un códice árabe existente en el Escorial , y es como sigue : 

« Designado por los sabios Gadies el que merecia el premio , se publicíAa ; y llaman* 
dolé por su nombre, se le coronaba de ftoies y laureles por mano del Emir , Wacir , 6 
persona mas condecorada que hubiese en la reunión. En seguida el Mustif hacia una ple- 
garia k Mi d&adole gradas por el talento de que htí)ia dotado i aquel creyente , sí lo ert , 
y si era infiel (pues en estos certimenes se admitían k los crtetUnos) suplicándole le hi- 
ciere conocer su error y le tragese & la verdadera ley. Hecho esto se hacU subir al ven- 
cedor coronado , sobre un carro triunfal , y paseándole por las principales calles iñ to 
ciudad , se le conduela al Alcáiar dd síJberano , el que le pregiiaba con un rico turbaaU 
y una sortija 6 anillo de plato que él mismo ponía en el dedo indico del vencedor. Salien- 
do del Alcáiar, se dirigía el trionfb ala meíqulte, y quedando ala puerta el boato 
triunfal, entraba en ella el agraciado con los sabios jueces, y puesto de rodiUas en tanto 
que el gran Mustif entonaba una reverente axálá ( oración ), ofrecía á Alá todos Ids hono- 
res como recibidos por su gran poder poniendo la corona en el suelo en señal de homii- 
dad. Terminada esto ceremonia salto de la merquito , y poniéndose el turbante etpresado 
volvto á subir al carro , que entonces estaba adornado de flores si era poeto, y era con- 
ducido en triunfo á su casa en toque )e visitábanlos sabios Mw^imeii desde el almi- 
nar se publicaban sus nombres. • 



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nobles y religiosos de svs antepasados , y el deber de de- 
fender la libertad de $u patria sacudiendo el yugo de sus 
opresores, 

S¡ en el siglo IX los eruditos escribían en latiq sus li- 
baos y trat?idos, apesar de tener por idioma el llamado 
vulgar^ los cantares en esta lengua que eran escuchados 
con entusia^no, eslendidos por todos los confines de Es- 
pana y aplaudidos y protegidos por todas las clases de la 
sociedad, oscurecieron tan serviles obras de imitación , y 
abñeron paso á la regeneración del pensamiento nacional. 

La hermosa y rica lengua vulgar castellana debió su 
perfección y encumbramiento á la música y poesía ; á estas 
dos inseparables hermanas debió también el pueblo su 
instrucción , por ellas se abrieron los palacios de los reyes 
y ricos hombres á los talentos sin distinción de clase , el 
estudio de las ciencias y las artes fué mas general^ y el 
espíritu patrio volvió á renacer con su hidalguía prover- 
bial y su valor indisputable. 

La afición del pueblo á los cantos apasionados y sen- 
cillos ,, que al mismo tiempo que le instruían , consolaban 
su espirita ^ calmaban sus fatigas , y le inspiraban senti- 
mientos nobles^ volvió á creai* sus antiguos cantores po- 
pulares , y los llamó juglares. 

Los principes y ricos hombres , tanto por su instinto 
natural, cuanto por conocer que las academias y certá- 
menes de los árabes , y el espíritu poético que en ellos se 
desarrolló al establecerse en España , eran un arma de 
atracción pera conquistar voluntades que en tantos siglos 
de sangrientas luchas no habían podido ser vencidas , ad- 
mitieron á los juglares en sus palacios y castillos feuda-r 
lep dpnde eran obsequiados con esplendidez, y se dedi- 
caron 90Q entusiasmo al estudio de la música y poesía en 
idioma vulgar. 



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De esta aflcíon y estudio resultó, el que perfeccionados 
los cantos primilivos nacidos del instinto popular, adqui-' 
riesen ideas mas elevadas y pensamientos mas escogidos, y 
que los cantores y poetas de estas composiciones se dife- 
renciasen de los juglares denominándose trovadores. Cuan- 
do aquellos sobresalian entre los demás por la escelencia de 
sus composiciones , eran elevados al puesto de estos, y 
premiados por los reyes y grandes señores , como suce- 
dió con Domingo Abad de los Romances y Nicolás de los 
Romances , á quienes les asignó el santo rey don Fernan- 
do, (ierras y haciendas en el repartimiento de Sevilla, se- 
gún Ortiz de Zuñiga ; y de este modo, el talento y la apli- 
cación se hermanaron y confundieron con la nobleza y la 
opulencia, bajo e! nombre de trovadores, y á los juglares 
sucedieron los ciegos de nuestros dias. 

La poesía vulgar así desarrollada, fué adquiriendo ca- 
da dia mas entusiastas prosélitos estimulados por los ade- 
lantos de los árabes , fijó de una vez el idioma castellano, 
y desterró el latino en el reinado de San Fernando, y mu- 
cho mas en el de su hijo don Alonso el Sabio. 

Desde esta época, ya no se dividió la poesía en latina y 
vulgar, sino en vulgar y erudita; quedando la primera 
como esclusiva del pueblo que la creó , y la segunda , de- 
rivada de la primera pero enriquecida por el estudio, de 
los sabios y eruditos que la denominaron Gaya ciencia. 

Dueños los árabes de casi toda la península y crea* 
dores , se puede decir , de la ciencia gaya , cifraron toda 
su gloria en aficionar á -los españoles á su literatura y 
poesía nacida también en España; y lo consiguieron de 
tal modo, que varios escritores de aquel tiempo se que-- 
jaron amargamente del entusiasmo que habia entre los 
cristianen por estudiar la lengua árabe , como dejamos ya 
dicho. 



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Eñ Aragón y Catalufia^ aunque duró menos tiempo U 
dominación musulmana que en el resto de la nación^ dejó 
sin embargo en bu suelo tan arraigados sus conodoiientc» 
poéticca , que ellos fueron el cimiento glorioso de los cé^ 
lebres cantos provenzaies dé quien sé hizo díscipula toda 
Europa. 

El conde de Barcelona Raimundo Berenguer III^ cuyo 
palacio era el asilo de WGaya ciencia , y él uno de los me- 
jores iroTadones de su época > adquirió los estados de Pro^ 
venza el año de 11 42 por su enlace con doña Dulcía, here- 
dera de ellos ; y desde esta época áe llamó Píovenza á to- 
dos los puebloa dominados por Berenguer, y provenzal el 
idioma catalán que depuró y perfeccionó el que luiteá usa« 
han los habitantes del Languedoc> Rosellon y Provenfea^ 
según Mr. Bouche (1). 

La cór(e de los Berengueres^ centro de los trovadores 
españoles^ hizo del idioma provenzal la lengua délos eru- 
ditos y los poetas, enriqueciendo con ella á la francesa é 
italiana según varios escritores (S!), 

Fontanini asegura que los provenzales recibieron el 
arte de los españoles bajo cuyo dominio estuvieron cienlo 
treinta y cinco años (3): el abate Massieu dice que la rima la 
recibieron los franceses de los españoles (4): Huet y Quadrio 
afirman lo mismo (5): Redi y el Conde Ubaldin manifies- 



(1) Historia de ProTonza, tomo I , llb. 2. cap. 6. 

(2) Bembo. Delle prose, 11b. 1.— Vanáü. DtaU 1* Erool.— Ducange. Glos. lat, tm- 
prxfae. 

(3) Lib.cap.22. 

(4 ) «Los españoles fueron indudablemente los p^meros que la tomaron de los árabes. 
Tolón y Marsella, por la comodidad de sus puertos, nos la trajeron de EspaAa oon el co- 
mercio. Como ellos han tenido siempre el espíritu de inyencioni y estáu llenos de aquel fue- 
go que exige el entusiasmo poético , se sirvieron últimamente de las ventiOo>M disposi- 
ciones que les proporcionaban la natunüesa y el elima. EUos fueron los primeros euro- 
peos que publicaron con felicidad obras rimadas én lengua vulgar, lo que dio motivo para 
tenerles por inventores de la rima.» Historia de la Poetia francesa por el Ábate Massieu. 

(6) Tomo VI, lib. I, pag. M9. 

Tomo iv. 5 



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tan que los trovadores proveuzales pusbron en tanto lus- 
tre y aprecio su lengua , que era entendida y usada tanto 
en Francia como Inglaterra é Italia (4) : el cardenal Bem- 
bo nos dice^ que no solamente los toscanos tomaron de 
los proveuzales muchas voces y algunos modos de hablar> 
sino que también les hurtaron muchas frases^ sentencias, 
asuntos de canciones y versos enteros (S) : gran número de 
escritores tanto franceses como italianos y españoles, se- 
gún el abate Andrés , hablan de cinco versos de Mosen 
Jordi, poeta valenciano del siglo XIII, traducidos literal- 
mente por el Petrarca (3) : los trovadores españoles que 
Ramón Berenguer llevó con su comitiva á Italia cuando fué 
á visitar al emperador Federico I, por los años de 4 4 62, no 
solo fueron colmados de honores por este soberano y afi* 
clonada su corte á los cantares proveuzales como dejamos 
dicho en el segundo tomo de esta historia, smo que el mis. 
mo emperador compuso por primera vez los versos siguien* 

tes: 

Plasml cavalier francéz 

E la dona catalana. 
E r ouvrar de Ginoéz 

B la cour de Kastellana. 
Lou cantar Provenzaléz, 

E la danza Trevisana. 



( 1 ) Redi. Annot. Bac. Tose, — übaldin. Vida de Barherino, 

(2) Pros. 1. 

(3) Versos de Mosen Jordi. 

E non tie pau, é no Uncli quim guerreig, 
Vol sobrel eel , c nom moví de (erra, 
E no estrench res , é tol lo mon ahrás 
Oy lie de mí, é vull alfri gran be, 
Si no es amor, ¿donchs a(?6 que será? 
El soneto 150 del Petrarca empieza por este último verso : 

S' amor non che dunque é quel ch' io sentó? 
y en el 103 pone los otros caatro intercalados : 

Pace non trovo, e non ha da far guerra; 
E voló sopre 4 cielo, e gfaccio in térra; 
É nulla »trÍngo, e tutto i mondo aibraccio; 
Ed ho in odio me stesso, ed amo altnü. 



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B lou cors Aragonéz, 

B la perla Juliana. 
Las mans é cara d' Angléz 

B lou doncel de Tuscana (1). 

Es pues indudable, tanto por lo espuesto, como por 
lo que aseguran Bastero, Lampillas, Escolano, Capmany, 
Rignier, Noslrademus, Masdeu, Andrés, Pilton, Millot, y 
otros reputados autores, que nuestra poesía fué madre de 
la francesa é italiana ; el origen del perfeccionamiento en 
ambos idiomas ; la mas á propósito entre todas las lenguas 
para espresar los afectos de la música; y el lenguaje de los 
catalanes, aragoneses y valencianos, según Velazquez, el 
vulgar mas antiguo de Europa (2); y según otros autores, 
las poesías españolas mas antiguas, están escritas en esta 
lengua que ni es latina ni árabe. 

Cortamos aquí el asunto, y cesamos de hablar de las 
escelencias musicales de nuestro idioma vulgar , no por 
falta de materia y de autoridades de primer orden que 
pudiéramos aducir en apoyo de nuestra opinión , sino por- 
que consideramos que nos hemos estendido en demasía 
y tememos abusar de la bondad de nuestros lectores. 

( 1 ) El obispo de Aatorga , Torrea Amat, tradujo al castellano dicha composición del 
modo filgnlente: 

Me place el noble ñrancés 

Y la mujer catalana, 
El artista genovés 

Y la corte castellana ; 
El canto provenzalés 

Y la danza trevisana ; 
Amo por rostro al inglés, 
Por mozuelo al de Toscana, 
Por talle al aragonés, 

Y por amiga á Juliana. 

(2) Orígenes de la poesía. 



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MtSICA ESPAÑOLA. 



son® sTo 



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CAPITULO non. 



El maestro don José de Torres.— Sa imprenta de música.— Sus obras.— £poca en que (üé 
nombrado maestro de la real capilla.— Protección de la reina á Felipe Falconi.— Trasht^ 
eion de los oficios divinos de la capilla de S. M. á la de la calle del Tesoro.— Disen- 
siones de Torres y Falconi y sus causas.- Nombramiento de maestro supernumerario á 
favor de Francisco Gorselli.— Muerte de Torres.— Corselli maestro en propiedad.— Época 
del nombramiento de don José Nebra para ia plaxa de primer organista de la Real Ca- 
pilla.- Abandono en la música de la capilla de S. M.— Causas de este abandono. — Fa- 
rinclli.— Princesa doña Bárbara.— Entusiasmo por la música de cámara.— Domingo Scar- 
latti.— Opera espaftola de Nebra.— Sus resultados.— Oratorios sagrados.- Villancicos.— 
Colegio de música de San Leandro en Murcia.— Fundación del cardenal Belluga. 



En el año de \ 697 era ya organista de la real capilla de 
Carlos II el esclarecido maestro don José de Torres, hom- 
bre de vastos conocimientos en la música, y gran empren- 
dedor de toda clase de trabajos pertenecientes al arle ; 
pues no solo construyó tres claves que llamaron la aten- 
ción de los inteligentes, sino que estableció en Madrid la 
mejor imprenta de música que hubo en su tiempo, im- 
primiendo en ella, entre otras varias obras, los Fragmen-- 
tos músicos de Fr. Pablo Nasarre en 4700, sus Reglas de 
cuxmpañamiento en 4702, y un libro también suyo con 
siete misas, cinco de ellas á cuatro voces, una á cinco y 
otra á seis, un oficio de difuntos y Asperges y Vidiaqaan 
para los dos tiempos del año, dedicado al rey don Feli- 
pe V, en gracia sin duda del privilegio que le concedió, 
pudiendo entrar sin pago de derechos todo el papel que ne- 
cesitase para su imprenta. 

Las obras orgánicas de Torres son de un mérito espe- 
cial, tanto por el gusto esquisito de sus melodías y modu- 
laciones, cuanto por revelar en ellas su gran saber en el 



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contrapuuto y su superioridad en el difícil instrumento pa- 
ra que fueron escritas. Pero si muchas de sus primeras com- 
posiciones de capilla, que aun se conservan^ manifiestan la 
hábil pluma que las escribió y el genio sublime que las 
creó^ en no pocas de las últimas se nota una pobreza de 
ideas y un laconismo en su todo^ que hacen dudar puedan 
ser parto de un mismo ingenio tantas bellezas y tan mo- 
nótonos pensamientos (1). 

Tal vez hallemos las causas de estas notables diferencias 
en el amor propio resentido, como vamos á manifestar. 

En la servidumbre que la reina doña Isabel de Farne- 
sio trajo de Parma, se hallaba muy protegido por esta se- 
ñora el maestro Felipe Falconi, cuyos escasos conocimien- 
tos en el arte, y el hallarse reinando el desgraeiado don 
Luis I (2), fueron causa de que no se le nombrase maestro de 
la real capilla al fallecimiento de don Sebastian Duron, y 
sf al distinguido primer organista don José de Torr^ el año 
de 4724, con la dotación anual de diez y seis mil quinien- 
tos reales. Pero si Falconi no ocupó dicho magisterio, en 
cambio en 1726 se le confirió el de maestro director de 
las obras italianas que so ejecutaban en el real palacio; se 
le designó para acompañar á SS. MM. en el viaje que hi- 
cieron á Badajoz, Sevilla , Granada y otras partes, el año de 
4729 con motivo del casamiento del Principe de Asturias 

(1) ContMtando el organista don José Nebra al cardenal patriarca de las Indias sobre 
el mérito de las obra, que existían en el archivo de la real capilla, dice, con respecto á las 
de Torres, con fecha 19 de Julio de 1751, lo siguiente:! Emmo. SeOor: Obedeciendo á 
V. Emma, con la exactitud que debe mi respeto y mi obligación, digo: Que las obras del 
difunto maestro don José Torres las escribió haciendo mérito el ser sucinto ; y no obstan- 
te la brevedad, tienen el fondo de m Astea que con tanta Justicia admiran los profesores. 
En la lista que presenta donFrancisco CorselÜ de este 'autor, hay algunos Psalmos dé , 
vísperas, un oficio de difuntos, y una misa, mas armoniosa y festiva que las otras etc. etc. 

(2) Luis I, hijo primogénito de Felipe V y Margarita Luisa de Saboya, fué proclama- 
do rey de Espafia, por abdicación de su augusto padre, él dia 7 de enero de 1724, duran- 
do su reinado solo ocho meses, por sobrevenirle una enfermedad de viruelas que lo con* 
dnjo al sepulcro el dia 17 de agosta del mismo afto á los 17 de su edad. Volvió á subir al 
trono Felipe, y siguió reblando hasta el ano de 1746 en que dejó de existir. 



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don Fernando con la infanta de Portugal doña Bárbara^ 
asignándole la dotación de veinte y dos mil reales anuales; 
y al regreso de la corte á Madrid en 4732, se le conservó 
dicho sueldo con la obligación de suplir al maestro Tor- 
res en ausencia y enfermedad. 

La insuficiencia de Falconi en el arte dio Ingar á que 
se mandase venir de Parma^ para la enseñanza musical de 
los reales infantes y la dirección de las óperas y concier- 
tos de cámara, al italiano Francisco Corselli; conservando á 
Falconi la plaza de maestro suplente de la real capilla, con 
un sueldo mayor que el qne disfrutaba el maestro en pro- 
piedad y rector del colegio de níBos cantores. 

Semejante protección á nn hombre i^ mas méritos que 
el de ser estranjero, y el traer de Italia un profesor para la 
enseñanza de las persons» reales, con menoscabo de los 
maestros espatioles, y mucho mas de los que existían en 
el real palacio, hicieron decaer el ánimo de Torres, y sus 
obras llevaron en su desalólo y concisos pensamientos, el 
sello de lo que pasaba en el corazón de un artista pundono- 
roso y de relevante mérito. Nos afirma mas esta creencia 
el que habiendo sido nombrado en 49 de junio de 4738 
maestro superna merario de la real capilla don Francisco 
Corselli, á mas de estar Falconi, y con Ta dotación igual á 
la de Torres, éste dejó de existir á los quince dias después, 
con solo ocho de enfermedad. 

Comentar sucesos de que ningún autor se ha ocupada 
hasta el dia, solo por lo que arrojan de si los hechos bistó- 
ricos, tal vez parezca á algunos de nuestros lectores una 
iaconveniencia^ mirando bajo distinto prisma que nosotros 
la protección de nuestros reyes á todo lo estranjero, par- 
ticularmente en el reinado á que hacemos referencia* Sa- 
bemos cerno el que mas que el arte no conoce patria, y 
que el talento pertenece á todas las naciones: pero también 
Tomo iv. 6 



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creemos que las naciones no deben arrojar de su casa á los 
talentos propios para dar posesión de ella á los estraños, 
máxime cuando estos no superan á aquellos; y que siendo 
los reyes los padres de sus pueblas , deben ser, ante todo 
para sus hijos, si por sus hechos y obras son dignos de apre- 
cio y protección. Si los artistas españoles de reconocido 
mérito no^encuenlran amparo en sus soberanos y prohom- 
bres, ¿quién se lo dará? ¿No es mengua para una nación 
como la española, el que se hayan espatriado tantos genios 
que con sus luces han esclarecido las ciencias y artes de 
otros países^ por verse postergados en su patria á medianías 
estrañas y aventureras, que no han dejadoen pos sino el ras- 
tro del favoritismo ridículo que en tan desgraciada opinión 
nos ha puesto para con la Europa culta? ¿Qué notabilidades 
estranjeras con respecto á música ha patrocinado España que 
la hayan ilustrado, y hayan dejado con sus obras un nombre 
y una fama como la de LuUi y Cherubinien Francia, y Ra- 
mos y SaUnas en Italia? Ninguna. Intrigas; he aquí las do- 
tes protegidas: adulación; he aquí el saber premiado. 

De resultas del incendio acaecido en el real palacio el dia 
24 de diciembre de Í75A, se trasladó la celebración de to- 
das las funciones y oficios divinos á la capilla de la calle del 
Tesoro, cuando no asistían á ellos SS. MM. , y asistiendo , se 
celebraban en la iglesia del monasterio de San Jerónimo: 
durando esta costumbre hasta noviembre del año ^ 764, en 
que Cario? III se estableció en el palacio que hoy existe. 

Las pocas obras de música eclesiástica que se libraron de 
las llamas; las continuas funciones de iglesia que babia^ 
tanto en una como en otra capilla (4), y el nombramiento 

(1) El eslraordinario trabajo que pesaba sobre los profesores de música de la capilla 
de S. M. baria se aminorasen las fiestas religiosas qae tenían lugar en el real sitio de Araa- 
juez; pues consta en las Gacetas de varios años del reinado de Felipe V, que en diclio 
real sitio se celebraban con música de capilla los días de San Felipe y Santiago , la Santa 
Qtoi, la Ascensión y su hora, Pentecostés y otraa; y después del afto de nÍ6 no hemos 



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deFalconi para suplente de Torres; hicieron que éste pi- 
diese al patriarca do las Indias el que Falconi le ayudase 
también en las composiciones religiosas que habian de ha- 
cerse para el mejor servicio del culto y de S» M. De esta pe- 
tición se suscitaron contestaciones desagradables entre uno 
y otro maestro, en las cuales llevó la peor parte Torres, por 
carecer del influjo de su suplente; y aunque pudo lograr se 
le mandase escribir á Falconi para la capilla, fué tan malo 
lo que ésto escribió, y las disensiones que entre ambos con- 
tinuaban tan del desagrado de S. M., que se creó la plaza de 
maestro supernumerario para Corselli, con la obligación 
de que dirigiese las funciones de iglesia que se dieran ^n San 
Jerónimo. 

Esta determinación por parte de S. M. acabó, sin duda 
alguna , con la existencia del infortunado Torres el dia 4 
de julio de 1758; y el dia o, fué nombrado^Corselli maes- 
treen propiedad con el uso de uniforme de compositor^do 
cámara, y el sueldo anual de treinta y ocho mil trescientos 
cuarenta reales,] conservando el cargo de maestro de las 
reales personas (4). 

visto nada referente á ellas y sí solo á la función del Corpus.— Gonsenramos una lista 
original de los profesores de música que iban á la Jomada de Arai^uez, concebida en es- 
tos términos: « Lista de los ministros y dependientes de la real capilla que deben ir al 
sitio de Anu^juez para servir á SS. MM. y Altezas en la próxima jomada del dia 19 del 
mes de abril de 1724.— Dr. Alvaro de Mendoza, capellán mayor.— El P. Juan Marín, con- 
fesor del Rey.— El P. Ignacio Laubmsel, confesor de la Reina.- Seis capellanes de honor 
para decir las misas á sus Majestades y Altezas.— Cuatro ayudas de oratorio, y cuatro mo- 
zos para los cajones de los ornamentos. — ^Música. — Don José de Torres, maestro de capi- 
lla.— Don Estévan Pascual, capellán de altar.— Don Juan Vidal, id.— Don Juan Ruiz Ro- 
sado, id.— Don Matheo Cabrer, bajo.— Don Francisco Larraz tenor.— Don Andrés Moreno, 
contralto.— Don José Gutiérrez, tiple.— Don Estévan Canal, tenor.- Don Nicolás Huma- 
nes, bajo.— Don Ignacio Pérez, organista. — Don Pedro Peralta, arpista.— Don Francisco 
Fleuri, violón. — Don Antonio Milani, violin.— Don Jaime Jaco, id.— Don Gabriel Terri, id.— 
Don Francisco Gutiérrez, id.— Don Josef Gesembech, oboe.— Don Antonio Lorita, bajón.— 
Dos nifios cantores del colegio.— El organero con el órgano.- El entonador del órgano.— 
Un furrier.— Dos sacristanes con los ornamentos de capilla.— El maestro de ceremonias. 
— Madrid á 1 1 de abril de 1724 —Don Alvaro de Mendosa Camaafio de Sotomayor.» 

(I) Las obras que aun se conservan de don José de Torres en los archivos de la real ca- 
pilla de S. M ., son las siguientes: Misa á 8 con violines y clarín, su título Velociter currity 



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Por real orden de 22 de mayo de í 724, pasó de la igle- 
sia de las descalzas reales de Madrid ¿ ocupar la plaza de 
primer organista de la real capilla, el justamente célebre 
don José Nebra; quien á la muerte de Falconi acaecida en 
44 de abril de 4759, y un favor especial á Corselli, ocu- 
pó interinamente el magisterio, por el escesiyo trabajo que 
sobre si tenia aquel maestro con las continuas fiestas y con- 
ciertos dados por Farínelli en la cámara de Felipe V, para 
atenuar la tristeza y melancolía que tan fuertemente se ba* 
bian arraigado en el ánimo de dicho soberano. 

Según el doctor Burney (2), encoatrábanee reunidas en 
la voz de Farinelli, las circunstancias de fuerza, dulzura y 

afio de 1727.— Otra á cuatro y & 8 oon TioUnes, Lexem pone mxhi domine^ 1727.— Mtsa k 
8'coii Tiolines ^rclariii; íupertonós^ 1732.— Misa breve á 8 con violines: Cibavit eos^ 1738. 
^Misa á 5 con violines, oboes y clarines: Omnü spirítus laudet Jknnifmm 1725.— Misa i 
8 con violaos y oboes: Cantemus DominOy 1724.— Misa á 8 con violines y oboead placi- 
tnm: Ludovicus primuSj 1724.— Misa á 8 con violines y oboes: ÁnnuntiatenobiSi 1722.— 
Misa & 12 con violines, oboes y clarines, primero y segando coro obBgados: Itte eonfetory 
1727.— Misa de difuntos: ad exequúu Ludovice primi , 1725.— Cuatro secuencias : de 
Dolores, 1737: de Resurrección, 1727: de Pentecostés, 1726: y Corpus 1727: todas á 8 con 
instrumentos. — ^Himno del Espíritu Santo & 4 voces solas.— Tres cuadernos de canto lla- 
no de varios himnos.— Vísperas de los santos á 8, con violines, oboes, clarines y trompas, 
1734.— Tres salmos Dixit dominusj el uno á 8 con violines y oboes, primer tono; el otro 
también á 8 con vioUnes y clarin, quinto tono: y el otro á 5, con violines, viola, oboe y 
clarín, 1726.— Dos ConfU^or tibi doNHite, ambos con instrumentos; el 1.® del aflo 
1718 y el 2.*^ de 1726.— Tres Beatus vtr, el uno i 5 con violines y oboes , llamado Labe- 
rintOy y los otros dos á 8 con violines y oboes.— laúdate pueri dominum & 8 con violines 
y oboes, 1720.— Gredidi á 8 con violines y oboes.— Tres Laúdate Dominum j todos 4 8, los 
dos con violines y oboes, y el otro eon violines y clarines: uno 4.® tono punto alto; otro 3.^ 
tono, y otro 6.^ tono punto alto.— Cinco Magnifieat anima mea, tres i 8 con violines y 
oboe, otro con el título de Benedidte lux et Un^e Domino con violines y oboes, 1734 y 
el otro sin aílo,— Cuatro LegaUu sum^ tres á 8 y uno á 5 con instrumentos.— Cuatro Lauda 
Jenuakmj uno á5 y solos con instrumentos, 1734; los otros &8 con instrumraitos, 1738. 
—Completas ¿ 8, 1719: instrumentadas por Corselli.— Id á 8, 1834: Id brevísimas, 1734.— 
Dos Tedeum Laudamue á 8.— Un invitatorio festivo 4 8.-J>os misereres á 4 con violines, 
1738.— Tres tetanias de N. Sefiora 48 y 4 4.-4)os salves 4 8, 1734.— Invitatorio de diftin- 
tos 4 ^ con violines y flautas; aoompañan 4 este un salmo Domine ne infurore, 4 8 con 
vioUnes: un Parce mihi Domine 4 4 con vitmnes: un Homo naíus de muUere oon 8 violi- 
nes: y un Todet animam meam vite mee 4 8 y tercer ooroad pladtum, 1728.— Invitatorio 
de difuntos 4 tres coros con violines, flautas y sordinas: 4 este acompa&a el salmo Domi- 
ne neinfurore i 12, con violines y flautas, 1744.— Tres lamentaciones con vioUnes, flau- 
tas y violón, 1726.— Tres libros de FaotstoU 
(2) Jhe preaent state of niusic in Franco and Italy. 



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medkla^ €od un método á la vez gracioso^ tierno y de una 
admirable ejecución; siendo superior á cuantos cantores se 
habían conocido antes de él, y embelesando y dominando 
á iodos cuantos le oian^ ya fuesen sabios ó ignorantes^ ya 
amigos ó enemigos. 

£sie celebro cantor italiano^ cuyo verdadero nombre 
fué el de Carlos BroscM^ nació en Ñapóles el aflode 4703, 
y las primeras nociones de música las debió á su oruel 
padre, que viendo las disposiciones estraordioarias que 
poseía para el canto y la dubsura y ostensión de su vm, 
con un amor paternal inhumano y bárbaro, quiso hacer- 
le duradera su fortuna ultrajando en élá la naturaleza. 

Prohibido en los Estados pontificios el que las mujeres 
cantasen en los teatros, hasta el reinado de Pió VI que le« 
vantó semejante prohibición por empeño de «u sobrina la 
princesa Braschi, el padre de Farinelli dedicó á éste á la 
carrera teatral bajo la dirección del maestro Pórpora ; os- 
cureciendo el joven cantor en poco tiempo á los mas afa^ 
mados de Italia, como ElUsi, Guizzielli, Nicolini, y Cafa- 
relli; asombrando á la corte de Viena en tres épocas dis- 
tintas que fué á ella; y produciendo en Londres en los 
altos de 4 734, 55, 36 y parte del 57, casi los maravillosos 
efectos que cuenta la antigüedad de Timeteo y Terprando. 

En 4 738 fué llamado Farinelli á la corte de Madrid, con 
objeto de probar si los encantos de su voz podrían distraer 
á Felipe Y y aliviar sos dolencias; y en efecto, el canto de 
este priúlegiado genio, según se cuenta, obró tales mila- 
gros en la salud del regio enfermo, que se le asignaron 
cuantiosas rentas, solo por ejecutar todas las noches cua* 
tro «netas designadas por S. M . entre las muchas que le 
hahia oido. 

La princesa doña Bárbara, esceleute profesora y compo- 
sitora, se aficionó de tal suerte al canto de Farinelli, que 



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•o^ 4« C^ 

no se pasaba dia sin oirle cuando menos dos veces; una en 
la cámara real, y otra en los conciertos y academias que 
se daban en sus babiíaciones, donde se ejecutaban las obras 
de David Pérez, muy querido en la corte del rey su padre 
Juan V de Portugal, las de su maestro Scarlatti y las de. 
Corselli, escritas espresamente para estas reuniones, y mu- 
chas composiciones de la princesa. 

El palacio de los reyes de España se convirtió en tem- 
plo de la musa Euterpe; las reales personas y los corte- 
sanos no pensaban en otra cosa que en cantar y tocar pa- 
ra someterse á la dirección de Farinelli, Corselli, ó Scar- 
latti: el que no poseía alguna deestasdos babilidades, hacia 
un papel muy secundario en la corte; quien no recibia 
lecciones de alguno de los tres héroes filarmónicos, noper- 
tenecia al buen tono, ni su voto en la materia tenia fuerza 
y valor; y el asilo protector de las artes y ciencias nacio- 
nales, centro de la grandeza española, cifró su patriotismo 
en hablar francés, cantar en italiano, protegerá cantantes 
y maestros estranjeros, valerse de los profesores españoles 
como instrumentos mecánicos, ó máquinas impulsadas por 
estrañas inteligencias , y dejar el gobierno de la nación en 
manos de la desgraciadamente célebre princesa de Ursinos, 
como lohabia estado antes en las del cardenal Alberoni. 

Aun que Scarlatti ocupaba un puesto distinguido en la 
corte, el alma y vida de ella, en esta época, eran Farine- 
lli y Corselli: el uno por su privilegiada voz y modo de can- 
tar, y el otro porque, á mas de su mérito como compositor, 
reunid á su agradable voz de tenor y su habilidad en el 
clave y violin; para cuyo instrumento escribió varias sona- 
tas de grande efecto, una arrogante y hermosa figura, y 
un trato fino y galante, que le valieron las simpatías de 
reyes y cortesanos; especialmente entre el bello sexo. En 
todos los círculos déla buena sociedad, en las reuniones 



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particulares, en los teatros y paseos, Farinelü y Corselli 
eran la conversación predilecta y los personajes mas dis- 
tinguidos de Madrid. Se peinaba, se vestía y se cantaba á 
lo Farinelü; se andaba, se hablaba y se tocaba el violin á 
lo Corselli* Si protegido estaba el uno por la princesa de 
Asturias, no lo era menos el otro por la reina Isabel Far- 
nesio: si el canto del uno entusiasmaba, las composiciones 
del otro encantaban. 

ínterin iba en progresión ascendente el entusiasmo pa- 
laciego por la música de cámara, la de la real capilla se 
hallaba en el mas deplorable abandono ; pues aun cuan- 
do don José Nebra, por condescendencia, desempeñaba las 
veces de maestro, no teniendo otra obligación como or- 
ganista que la de asistir á las funciones de Ck)rtina y Can- 
cel que por turno le tocaban (I), no tenia la autoridad su- 
ficiente para reprender á los profesores sus faltas de asis- 
tencia, su poca. compostura durante los divinos oficios, y 
su menos esmero en el desempeño de sus cometidos. Sin 
jefes autorizados dichos individuos, conociendo estos el 
gusto dominante de los soberanos, y el descuido con que 
se miraban las obras eclesiásticas , se abandonaron á una 
reprensible inercia, aunque disculpable en parte, por ser 
alentada de los mismos que debían corregirla, 

(1) Decreto del Patriarca de las Indias.-^ «Habiendo entendido con Justificación de in- 
formes qoe, DO obstante lo dispuesto por la nueva planta, después de su Justificación ni 
antes de ella, 'sirvieron los organistas de la real cai41ia, nominados primeros, sino los 
dias que se llaman de Cortina y de Cancel, y los segundos alternando por semanas en los 
demás dias ordinarios; Y atendiendo á que la clase de los primeros siempre quedarla per- 
Jodieada haciendo semana con los segundos, además de la obligación de servir los dias 
de Cortina y Cancel, por lo que sin duda no se ha observado en esta parte la nueva plan- 
ta, hasta la declaración de ella, que últimamente hicimos: Mandamos que don Ignacio 
Pérez y don José Nebra , organistas principales , strvan solo los dias de Cortina y Cancel; 
y los organistas segundos, don José Sánchez y don Pedro Clfüentes, por semanas, los dias 
ordinarios, como antes se ha ejecutado; y para que así se observe respectivamente por ca^ 
da uno, se lo hará saber á los cnatro organistas un furrier de la real capilla, pasando lue- 
go este decreto al puntador para su cumplimiento en la parte que le toca: Real sitio del 
Pardo 18 de enero de 1739.— El patriarca de las Indias.-'Al receptor don FranelfooBaron.w 



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Escasos los archivos de buenas obras da música por el 
incendio ocurrido, y sin tiempo Corselli para hacer otras, 
tanto por el trabajo asiduo que le daba la cámara de S. M. 
y la enseñanza de los señores infantes, como por tener 
que seguir á k corte en sus jomadas á los sitios reales, 
tuvo que valerse de Nebra para que éste comprara la obras 
de don José de Torres á sus hijos herederos, y de don Jo- 
sé Cañizares, para que hiciera lo mismo con las de Falconi: 
y estas composiciones se estuvieron ejecutando eu la real 
capilla hasta el año de 4754 (4), con menosprecio de los 
profesores que las ejecutaban, por lo muy oidas de unas, y 
lo muy malas de otras, y con sentimiento de los verda- 
deros maestros españoles. 

Un hombre del talento y conocimiento de don José de 
Nebra no podia ver impasible semejante orden de cosas; 
y el nombre de su patria, el decoro nacicHia} de su pro- 
fesión, y el amor propio resentido por el poco aprecio que 
de su persona se hacia, le decidieron á escribir; no paralas 
fiestas de la real cámara en donde no tenia cabida^ ni pa- 



(1) En la respuesta que dio Corselli al cardenal Mendoza patriarca de las Indias, fe- 
cha 22 de junio de 1751 sobre ios papeles que exisliaft en el «rehlvo^ de la oapilla, entro 
otras cosas, se lee lo siguiente: «Habiendo yo sucedido en el magisterio al difunto don Jo- 
sé de Torres por gracia de S. M. el señor rey don Felipe V (que de Dios haya) y en la Rec- 
toría del colegio de niños cantores; con la orden que tuve de V. Emma. fué para entre- 
garme de los papeles que se dtocurrió ser pertenecientes á la real eapiUa, y hallé que sus 
herederos se hablan quedado con la entera posesión de eUos, dándome por motivo que su 
padre había costeado el papel) y <|ae los demás maestro» anteeesorea hablan praelioado 
lo mlsmO) aun habiéndoseles suministrado el papel, y que esta misma razón hablan dado 
á V. Emma^ qui^ se slnrié de hacérmela comunicar por el lo&retario don Pedro MarU- 
nei de la Mata. Viendo yo esto, y no hallándome con obras ningunas, proporoionadas i¿ 
estilo y método de la real capilla, y estando siguiendo las Jomadas con motiYO de la honra 
que yo tenia de enseñar á los serenísimos señorea infantes, me vi precisado para dar el de- 
bido cumplimiento ai oulto de la real capilla, hasta poder formar el surtido necesario át 
mis obras, (cuyos materiales han sido hásU ahora de mi costa), de comprar todas las obras 
del maestro don Felipe Falooni (que Dios haya) por media de don José Oañiiares, eomo 
consta de una carta suya de lo que las ajustó y las pagué, y una pordoa de lasque se 
pudieron adquirir de don José de Torres, oomo también eonsta de una Bünnta que tengo 
de propio puño de don Jasé Nebra de k) qname oostaroB... tUa 



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•o^ 49 ^^ 

ra la real capilla sin habérselo mandado ni tener obliga- 
ción de hacerlo; sino para el teatro español, arrostrando 
todo género de dificultades y obstáculos, con una fé digna 
deeterpa gloría. Sin cantantes que superasen á los ita- 
lianos predilectos ; sin protección de la corle, y sin con- 
tar con mas ausiliares para el buen éxito de la pro- 
ducción, que el mérito intrínseco de ella, puso eq es- 
cena en el teatro del Principe, su ópera española titulada: 
Cautela contra cautela ó el rapto de Ganimédes, á princi- 
pios del año ^ 745; con general aplauso del público, y gran 
encomio de los inteligentes, aunque con poca aceptación 
por parte de los cortesanos, que tan entusiasmados estaban 
con su música italiana, mas por ser del agrado de SS. MM. y 
AA. que por agradarles á ellos. 

La obra de Nebra fué aceptada con merecido elogio 
por el pueblo, siempre amante de sus glorias y entusiasta 
de sus ingenios; mas no alcanzó el mismo éxito en el cír- 
culo llamado de ftiien tono , y murió sin gran publicidad 
por que no se la dio la moda ni el poder. 

Este golpe acabó del todo con nuestro teatro lírico, pues 
ningún compositor quiso esponerse á una derrota infali- 
ble; y maestros y cantantes, abandonaron á los italianos 
la escena española, y volvieron á guarecerse en el sagrado 
asilo de la iglesia^ donde fueron premiados y distinguidos 
por los cabildos y comunidades de todas las catedrales y 
monasteríos de España . 

Las compañías de operistas italianos se sucedían cada 
vez con mas frecuencia unas á otras en la mayor parte de 
las capitales de provincia, particularmente en Barcelona; 
y muchos libretos italianos eran puestos en música por 
maestros españoles, siguiendo las huellas de la corte y la 
afición que á estos espectáculos se iba estendiendo, sino por 
el pueblo, que nunca la ha tenido generalmente hablan- 
Tono IV. 7 



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do^ por las clases elevadas de la sociedad^ esclavas casi 
siempre de los caprichos y costumbres de sus soberanos. 

Es verdad hacia ya tiempo^ que algunos ingenios es- 
pañoles acaso con el equivocado propósito de enriquecer 
sus producciones^ admitieron y mezclaron en ellas^ no so- 
lo ideas, frases, y conceptos de procedencia italiana, sino 
hasta Versos enteros intercalados congos castellanos, como 
vemos en un soneto que trae don Gabriel Bocangel y Un- 
zueta en su lÁra de las musas: [Á) pero también lo es, que 
ninguno de los maestros residentes en Espafia, siguieron la 
marcha de los poetas; pues no escribieron música en otros 
idiomas que en el latino ó en el castellano, basta la época 
que nos ocupa, época por todos conceptos triste para las 
glorías y artes españolas. 

Si los sabios y esclarecidos doctores de la iglesia decla- 
maron contra la música teatral, porque cada dia adquiría 
nuevos prosélitos con menoscabo de la eclesiástica, no qui- 
sieron sin embargo, que en cierto modo dejasen de existir 
las dulces y espresivas melodías profanas tan característi- 
cas de nuestras costumbres; y conociendo la poca popula- 
rídad que alcanzaban las eslranjeras fiesta? palaciegas, y la 
sorda y general murmuración á que daban lugar entre la 
gente instruida y el pueblo, desearon atraerse á su partido 

(1) Préstame amor sus alas, y tan alto 
jít leva lo amoroso mió pensiero. 
Que cual ícaro nuevo al sol espero 
Di Chri hdla, far novelo assa^to: 

Pero después de atreyimiento Caito 
Jít acorgo al ver (se amor si acorge á iheroj 
Y en mar de llanto, fulminado muero, 
Mancándome l'ardir ondio mi es aUo. 

Así vivo del mismo precipicio 
Nuovo Fenice nfe la humana schiera 
Eprima cangieró pelo che forte: 

Seré de Glori eterno sacrificio 
Triste de aquel que si tíyít espera 
Gli fá visoño al vivere la morte. 



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á todos los descontentos , con los ingenios y notabilidades 
artísticas españolas^ y volvieron aerear los orcUorios sagra- 
dos con música algún tanto italianizada; diviéndolos en ac- 
tos como los melodramas ú óperas , é imprimiendo los li- 
bretos para que los oyentes comprendiesen mejor los ar- 
gumentos^ gustasen mas de la composición musical, y se 
aficionasen á dichas funciones. 

Estas fiestas sacro-profanas, en donde los poetas y 
maestros^ cantores y profesores instrumentistas , lucian 
sus talentos, tenian lugar generalmente por las tardes, en 
las iglesias de los monasterios ó colegiatas^ mas no en las 
catedrales, donde se conservó la sublime magnificencia 
que tanto enaltece el culto de nuestra religión católica. 

Para dar una muestra de lo que eran los oratorios sacros 
en la época á que nos referimos^ vamos á copiar el que con 
el título de: La hermosa nube del dia, columna de Israel, 
escribió el maestro de capilla de la catedral de Barcelona 
don José Pujol, y ejecutaron los profesores de dicha ca- 
pilla en la iglesia de Belén de la misma ciudad el dia 7 de 
junio de 4745. 

ACTORES. 

M0I8B8 . Coro de hebreos.^ 

AARAif. , Coro de Egipcios. 
FARAÓN. Voz 1.* y 2.* 

ACTO PRIMERO. 

Moisés y Áaron, Salid de Egipto, hebreos 

Salidy marchad, marchad. 
Coro de héjreos. Por campos de esmeraldas; 

Por montos de cristal: 
Todos, Marchad, salid, marchad. 

Coro de Egipcios, Que salgan, que vayan 

A sacrificar 

Incienso, y aromas 

A su Dios de Abrahám. 



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Todos. 

Coro de Egipcios, 



Todos. 
Paraon^ [recitado]. 



Faraón^ y coro de egipcios. 



Moisés y Aaron. 



Todos. 
Moisés^ (recitado.) 



Marchad, salid, marchad. 
Que vayan, que marcheD; 
Así gbzará 
Su Dios los aromas, 
Bgipto la paz. 

Marchad, salid, marchad. 
Salga, marche esa vil nación hebrea; 
Sacrifique á su Dios en la campaña: 
Salga, digo otm vez, antes que sea 
Corto holocausto de mi grande saña. 

Y antes que mi coraje llama activa, 
Que dentro de mi pecho eterna aviva, 
Dejé tantas jnü vidas 

En fúnebres pavesas reducidas, 

Que entregadas al viento 

Vistan de luto al helio Firmamento. 

Que vayan, que marchen; 
Asi gozará 
su Dios los aromas, 
Bgipto la paz. 

Salid de Egipto, hebreos, 
Salid, marchad, marchad; 
Por campos de esmeraldas, 
Por montes de cristal. 

Marchad, salid, marchad. 

Progenie de Jacoh, feliz hebreo, 
Hoy ves trocado en gozo tu deseo: 
Cargado de despojos 
De.S^ipto sales; vuelve allá los ojos, 

Y verás, como en somhras convertido 
Queda Egigto desplado, y destruido. 
Aliento; pues vencida la tormenta, 
En campos de zafir el cielo ostenta 
Esa hermosa columna, y pura nube 
Que^ sin torcer, brillante al cielo sube, 

Y ha de ser la señal en el camino. 
Que has de seguir ó pueblo peregrino. 
Quiérela nuestro Dios omnipotente 
Para trono de luz dond& se siente: 
Que en este portentoso estraño caso 
De asiento toma Dios el darnos paso. 



Aria. 

Es una nube 
Hermosa, y bellíi, 



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Que de noche, 
Que de día 
Te defiende, 
Alumbra, y gula; 
Es tu norte, 

Y buena estrella. 
Es de noche 

Llama pura; 
Es de día 
Bella aurora; 
De tus dichas 
Precursora, 

Y en el golfo 
Clnosora. 

Esa nube etc. 
Faraón (reciiado). Egipcios ¿ qué hemos hecho ? 

Mi cólera no cabe dentro el pecho. 
Es tanta ya mi furia y ardimiento. 
Que vomita un volcan en cada aliento. 
Con muy rico tesoro 
De preciosas alhajas, plata, y oro 
Los hebreos caminan: en su alcanzo 
La tropa que esté á punto, abance, abance 

Aria. 

Ah viles hebreos! 

Con duras prisiones. 

Con grillos, cadenas 

Sufriréis las penas. 

Que pensáis huir: 

Sí, SI, Si. 

Al son de los hierros, 

Nación infeliz. 

Llorarás la pena 

Que te haré sentir. 

Ah viles hebreos, etc. 
Coro de egipcios. Al golpe de la caja, 

Y á la voz del clarín, 
Ba, egipcios, ea. 
Que es bien que se vea. 
Que esclava esta gente 
Nos ha de servir. 
Voz\,^y 2.* Moisés, Moisés, mira, 

Si ha sido piedad. 



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•«-» «4 ^«- 





Que en este desierto 




Nos han de acabar. 


Cero de hebreos. 


Los egipcios siguen 




Volvamos atrás. 


Coro de egipcios. 


Al golpe de la caja 




Y ala voz delclarin, 




Ea, egipcios, ea, etc. 


Voz 1». y 2». 


¿Nohabiaen Egipto 




Bastante lugar 




Para sepulturas? 




Volvamos atrás. 


Coro de Mbreos. 


Los egipcios siguen 




Volvamos atrás. 


Moisés f {recitado). 


Amado pueblo mira, 


Áaron, 


Como el mar obediente se retira. 


Moisés, 


Y en dos brazos retrata 


Aaron, 


Camino de cristal, puente de plata. 


Moisés. 


i Qué mas seguridad si en el mar hayas 




Mas fuertes que el diamante dos murallas? 



Dito de Moisés y Aaron 



Coro de hebreos. 



Si en la tierra, 

Si en los mares, 

Si en el aire, 

Si en los cielos, 

En las plantas, en los peces. 

En las aves, en las nubes 

Obediencias halla Dios. 
Es aleve 

Quien se atreve 

A resistir á su vos. 
Si en la tierra etc. 
El mar ya dividido, 
Y eladoB sus cristales, 
A nuestro temor muestran 
Dos muros de diamantes: 
Vanos son los recelos. 
Que los egipcios pasen, 
Si el inconstante ponto 
Nos da seguridades. 



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•o^ •• €^ 



ACTO SEGUNDO. 

Voz 2.* [reciUuio). ¿ Qué columna es aquella ? 

i Es cometa , ó es rayo, ó es centella, 
Terrible y pavorosa 

Al mismo tiempo que se muestra hermosa? 
Voz 1.» y 2.* á Dúo. Nube que es lámina, 

Donde los bárbaros 
Leen atónitos 
Triste espectáculo. 
Columna plácida 
De color candido, 
Contra el egipcio 
Vibra el relámpago. 

Es yia láctea 
A los hebraicos 
Que pisan fáciles 
Golfos diáfanos. 

Columna próvida 
Que el curso rápido 
Detiene sólido, 
Para dar tránsito. 
Faraón [recUado] . Aunque en esa columna el cielo estribe, 
Este brazo ha de ser quien la derribe. 

Y arrollándose en montes de ira y saña, 
Asustará mi voz la azul campaña. 
Egipcios no temáis; seguid mis huellas. 
Que he de apagar de un soplo las estrellas: 

Y cual otro Faetonte 

Haré enjugar el mar, arder el monte. 

Fugitivos villanos 

No habrá poder que os libre de mis manos. 

Aria. 

Como nube. 
Que preñada 
Aborta airada 
Rayo y trueno. 
Que en su seno 
suele tal vez abrigar; 
Asi el pecho 
Ira y saña. 



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-0^ *• ^^• 



Coro de egipcios- 



Coro de hebreos. 



Moisés y [recitado]. 



Aaron, 
Moisés, 
Aaron. 
Moisés, 
Aaron, 
Moisés. 
Aaron, 

Los dos. 



Faraón. 
Moisés, 

Moisés y Aaron, 
Faraón, 



Moisés y Aaron. 
Faraón. 



Furia y rabia 
Dentro esconde, 
Y comienza á rebentar. 
Como una nube etc. 

Al golpe de la caja, 
Y ala voz del clarín, 
Ea, egipcios, ea, 
Que es bien, que se vea, 
Que esclava esta gente 
Nos ha de servir. 

Dios de Abrahán, favor; 
Dios de Isaac, piedad; 
Dios de^Jacob» fiívor; 
Favor, mi Dios, piedad. 
Que á tu pueblo amado 
Con odio mortal, 
Los incircuncisos 
Quieren acabar: 
Favor , mi Dios, piedad. 

Por mas que entre dos mares oprimido 
ffl egipcio te embista fiero Noto, 
No temas naufragar pueblo querido: 
Si té guia Moisés, diestro piloto. 
Timón mi vara. 

Tu constancia Pino. 
Farol será mi fé. 

Tus ansias Lino. 
Ancora mi esperanza. 
Municiones 
Milagros repetidos á millones. 

Y para que ni un punto del camino 
Puedas torcer, el Norte á tu destino, 
Será esa pura Nube, cuyos rayos 
Luz al hebreo dan. 

A mi desmayos. 
Cuando manda mi Dios que el pueblo salga. 
Adorarle por Dios. 

No hay Dios que valga. 

A tres. 

Marche el pueblo del Señor, 
Marche, pase sin temor. 
Con gozo , y paz. 

No pasará, 
Que á mi furor, y á mi rigor 
Acabará. 



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Motsés y Aarm, Triunfará 

De tu rigor, de tu furor 
El poder de nuestro Dios. 

I^^araon^ Nada podré 

El poder de vuestro Dios. 

Moisés y Aaraan, Yo confio en su piedad. 

P<^riMn, Yo confio en mi valor 

Moisés y Faraón, Pues aoviS^^^^^ *®™^^^ 

""•''íDios de Faraón. 

Marche el pueblo del Señor, etc. 



ACTO TERCERO. 



Aaron {recitado]. 



Voz !.• y 2.* 



Coro de egipcios- 



Faraón (recitado). 



Tomo iv. 



Al mar se arroja incauto torbellino 
En alas de su furia, enojo , y sana, 
Con su ejército el rey , y al peregrino 
Pueblo de Dios persigue en la campaña, 
Ansioso de cortar en el camino 
Mucho coral diadema de su hazaña. 
Mas no; que será el mar digno castigo, 
Siendo muerte y sepulcro al enemigo. ' 

Aliento Israel , 

No, no temas, no, 

Siguiendo á Moisés, 

Dios de Faraón. 

Al golpe de la caja , 

Y á la voz del clarin, 

Ea , Egipcios , ea. etc. 
Egipcios, embestid; y á sangre y fuego 
Muera esa vil canalla, muera luego. 

Aria, 

Que embista la tropa, 
Que avance : mas lay ! 
Los mares se abrazan : 
Peñascos de espuma. 
Montes de cristal 
Me oprimen, me ahogan, 
Cargan sobre mí. 

Menos, que dos mares 
No pudieron, no, 
Apagar la llama 



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Coro de eijijKios. Unos. 

Oíros. 

Unos, 

Otros. 

Todos. 
Jaron {recitado). 



De rabia: masiay! 

Qae muero infeliz. 

Los mares se abrazan, 

Peñascos de espuma, 

Montes de cristal, 

Me oprimen , me abogan , 

Cargan sobre mí. 
Con letras rojas en el mar gravada 
Quedará eternamente esta jomada ; 
Y será sobre mármol de agua fria 
Bpitaño funesto á la osadía. 



Aria. 



Moisés (recitado). 



La lengua del agua 

Dirá eternamente, 

Quien fué el insolente, 

Que aquí se aneg^ : 
T la nube hermosa 

Siempre limpia, y pura, 

Dará testimonio 

De quien nos libró. 
La lengua del agua^ etc. 
Estirpe de Abrahan, nación hebrea, 
Por ti el poder de Dios en mi campea ; 
Su infinito poder sea ensalzado, 
Pues yes al enemigo en mar ya ahogado. 



Aria. 



Todos. 



Al soberbio Faraón, 

Que Faetón 

Con sus rayos nos hirió, 

Bl Señor 

En el agua sumegió: 

T en el mar 

Firmezas pisó el temor : 

Que favor! 

Magnfload al señor. 

Diciendo, que iguala compite y escede 
La Nube del diasque al pueblo guió, 
Con luoes, con rayos, resplandor, pureza. 
Con gracia, hermosura, con nieve y albor 
Las perlas, que vierte la aurora mas bella, 
Los dorados rayos del mas claro sol. 



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La nieva mas pura» que vieron los montes, 
El mas riGO aljófar, que el Alva lloró. 



Cántico. 



1. Todos, pues, celebren, 
Aplaudan, repitan 

La hermosa entre todas 
La Nube del dia. 
Todos. Que eeeribe con rayos, 

Con luces publica 
Concebida en gracia 
La hermosa Maria. 

2. Nube arrebolada, 
De luces vestida, 
Copia la mas bella 
Del sol de justicia 

TodoB, QueeAcribe, etc. 

3. Columna constante. 
Firmeza divina, 

Que pisa el infierno 
La cerviz altiva. ' 
Todos. Que escribe, etc. 

4 . Nube preservada 
De sombra y mancilla 
De los cielos gala. 

De estrellas envidia. 
Todos. Que escribe , etc. 

5. Columna á que el alma 
Del Imán herida 

De amor, ni en un punto 
Perderá de vista. 
Todos. Que escribe, etc. 

6. Nube que de), sol 
Los rayos no eclipsa; 
Qiie es nube sin sombra 
La nube del dia. 

Todos, Que escribe, etc. 

1, Columna, en que es justo, 

Que la escuela Eximia 
Del poder de Dios 
Non plus tdtra escriba. 

Todos Que escribe con rayos 
Con luces publica 



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Concebida en gracia 
La hermosa María, 



No solo volvió la ígfesia á admitir los argumentos y 
música seria ó sublime , sin mezcla de la bataola ininteli- 
gible admitida en los sagrados ritos, sino que^deseando 
atraer á sus fiestas sagradas todas las clases del pueblo, y 
que encontraran en ellas diversión y casto recreo, mejo- 
ró y purificó el género jocoso en los días de Navidad y 
Reyes , haciendo que se oyera la música popular con poe- 
sías llenas.de chiste y agudeza, que sin desdecir del obge- 
to, alegrasen á los oyentes y les recordasen sus costum- 
bres y pasatiempos con palabras é ideas religiosas. 

Muchas de estas composiciones pudiéramos insertar, 
pero basten las dos que intercalamos para ejemplo de lo 
espuesto , ejecutadas en el monasterio de Señoras Des- 
calzas Reales de Madrid el ano de Í747, y otra compuesta 
la letra y música por el celebrado maestro San Juan, 

VILLANCICO DE NAVIDAD. 
Estribillo, 



1. 


Los íDgeniofl apurados , 


2. 


Acabadas las ideas, 


3. 


Y sin Antón esta noche, 


4. 


Por Dios la tenemos buena. 


Todos, 


¿Que haremos si Antón no canta ? 


Antón, 


Volverse á casa^ y paciencia. 


Coros, 


Canta al^niño. 


Anión. 


Estoy muy ronco. . 


Coros. 


Canta al niño. 


Antón. 


Cantaleta. 


Coros. 


Canta al niño 


Antón. 


¡ Que porña ! 


Coros. 


Canta al niño. 


Antón. 


Linda nema! 




Cuando estoy yo que rebiento , 



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Porque ustedes^no se acaerdan 
De la jácara de antaño « 

Y porque á decir no vuelvan, 
Qoe con jácaras me vengo , 
Volverse á casa^ y paciencia, 

Coros, Ea vaya, canta al niño, 
T lo que quisieres sea. 

^nton. No sé gruñir Bedtadot^ 
Ni cacarear Arietojt , 
Ni hacer /ti^oj, si no es solo 
Cuando llueve\ ó cuando truena, 

Y si no canto de gusto. 
Volverle á casa^ y patencia, 

1 . ¿De que ha de ser? 
Antón,. Del misterio. 

2. ¿Del pesebre? 
Antón. Bien lo piensas. 

3. ¿Del Dios niño? 
Antón, Bello asunto. 

4 ¿De los brutos? 

yénton. Malas bestias, 

Y son tantas en el mundo, 
Que se ha perdido^la cuenta; 
Voy al caso, y si no agrada. 
Volverse á casa, y paciencia. 

» 

Coplas. 

Jnton. Érase un hombre dormido, 
Que á no ser de esa manera, 
¿Cómo pudieran sacarle 
Costilla, sin que le duela? 
De ella, para ser su esposa. 
Salió formada una hembra, 

Y conoció en su costilla , 

Lo que un matrimonio pesa. 

1. Ya es muy de atrás esa historia. 
.'inton. Pues adelante con ella. 

2. Y que comieron se sabe. 
y^ntrm. Señal que no eran poetas. 

3. . Común fué á todos la culpa. 
yínton. Por lo que importó una breva. 

4. Rompieron un mandamiento. 
Antón. A mí los diez se me quiebran. 



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Mas si la historia no gusta 
Volverse á case^y y paciencia. 



Antón, Entonces que no importaba , 
Que comer barro quisiera, 
Quebró el barro, y con la firuta 
Desfrutó el barro, y la tierra. 
Perdieron sus hijos, y «líos 
Del palacio la grandeza* 

Y unos Tiven A-fligidos, 

Y otros á las covachuelas. 
Todos en Adán pecaron. 
Bscepcion tiene esa regla. 
Creo que es una señora, 
Bn casa vive su Alteza. 
Es discreta y es hermosa, 
Sabe mas que las culebras. 
No la puede ver el diablo, 
Le quebranta la cabeza, 

Y si ustedes me interrumpen 
Volverse á casa, y paeieneia. 

En un portal esta noche, 
A su niño manifiesta, 
Que buscó tal jiido el ave, 
Pomo conocer el de Eva. 

Los ángeles por el viento, 
Gloria á Dios, la paz alternan, 

Y son tantos los racimos, 
Que vendimiarse pudieran. 

1. ¿Que dices viendo tal gloria? 
Anton^ Que yo estoy hecho un babieca. 

2. Muchos miran tal misterio. 
Antón, Pues no todos le contemplan. 

3. ¿Qué han de hacer en esta noche? 
Antón, Apostar al que mas duerma. 

4. Estense á dormir en casa. 
Antón, Lo mismo hacen en la iglesia; 

Y pues que dio fin el caso, 
Volverse á casa, y paciencia. 



1. 
Antón, 

2. 
Antón, 

3. 
Antón. 

4. 
Antón. 



Antón. 



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^o^-mm «^ 



EL PORTUGUÉS. 



Villancico d ocho. 

Como el niño es tersa llama 
de divino rosicler, 
por derretirse á su incendio 
ha venido un portugués. 

A carina de rosa; 
boquina de mel^ 
en tocandu tu pranta 
en me dulzarei. 
Daca ó pé miño amor: 
O que bein que mei sabe 
gozar de meu bein! 

¿Quien le trae acá? 
digo, apártese, 
que es de todo el mundo 
el niño que ve. 

Eso naon pastores, 
él es Portugueis, 
que por eso es Deus, 
é home de bein. 

Por los castellanos 
hoy quiso nacer, 
que Adán Castellano 
es pariente de él. 

Portugueis foi Adán 
antes de cayer; 
pero xa en pecadu 
castessaué. 

Daca ó pé miño amor: 
ó que bein que mei sabe 
gozar de meu beinl 

Apártese allá, 
que no le ha de ver. 

Pois sin miña vida 
logo morrirei: 
ay le le, le le, 
que le queiru, que le adoro, 
quei de verle pur decirte, 
que es miña saúde. 



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-o-^ •« ^-o- 

Pues bese sus pies; 
mas quieto que duerme, 
ta... ce... ce. ..no.. .que.. .que... 
que doaosillo 
es el portugués. 

En la arruUarei: 
Ta... ce.. .ce.. .no.. .¿.la mu... 

miño sol álaró.... 

á la ró...8i queréis vos dormiros 
con 8eguridade...ála ró... 
Portugal te inaza otro Belén. 

Coplas. 

Si coma Serpente 
brigar pretendéis , 
en traeré una folla , 
y os enseñarei , 
que aunque pequefíinu 
os de meu lugar , 
saben peleyar 
antes de nacer. 

Ay lele, ay lele, 
que le queiru , que le adoro, 
quei de verle pur decirle 
que es miña saúde. 

Adán castessao 
tuda culpa tein , 
que nacendu apenas 
rabéu pur comer. 
A la las manzanas 
los mius paisanus , 
á lus castellanus 
as dan á pazer 

Ay lele etc. 

Por una minina 
nos echú a perder , 
si portugueis fora 
6 pensara él. 
Oue ni aun portugueis 



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m atreye á Serpeóte , 
ni tan íácilmente 
8u propia muDer. 
Ay lele, etc. 



Pur esu en 8labro 
miña alma nacéis 
«in trono de éiro 
ne in ricu dosel. 
Asi os trata ingrata 
Judea por éla , 
ique mais en Gástela 
podéran fazert 

Ay lel6, etc. 



A mas de estas composiciones jiarecidas á nuestras an- 
tiguas lírico- dramáticas, esceptuando el aparato escéni- 
co, hat)ia otras muchas, dedicadas á fiestas particula- 
res de Santos, ó á las tomas de hábitos ó profesiones de 
monjas (1 ); y aun en no pocos monasterios é iglesias, se 



U) El afto de 1746 se celebró en el monasterio de Monte Sion de la ciudad de Barce- 
lona un poema sagrado , «n coya portada se lee lo siguiente, «¿o etposa jauta m su sacro 
desposorio. Poema sagrado , que en la profesión y velo de la ¿efiora Sor Gertrudis Ar- 
bolfy Ros, en el monasterio de Monte-Slon de religiosas del patriarca Santo Domingo de 
fiareelona , siendo priora la muy reverenda madre Sor Francisca Vilana Perlas y Fibre- 
gas, dia 20 de Junio de 1746 , cantó la capilla de Santa María del Mar, siendo su maestro 
el reverendo Pablo Monserrat , presbítero.» —En el mismo aAo se efectuó otra profeston 
en Mataró. y dice la portada de los villancicos (|ne se cantaron: «Villancicos que se canta- 
ron en el religiosísimo convenio de Carmelitas descalzas de la ciudad de Mataró . en la 
solemnísima profesión y velo de la hermana Rosa de Santa Teresa , antes dofla Rosa Des- 
prat Ferrer y de Sabazena, dia 8 de noviembre de 1746. Cantólos la capilla déla par- 
roquial iglesia de dicha ciudad , siendo maestro el reverendo Jaime Aráu.*«-Para las 
fiestas de san Antonio de Padua se jecuto un Oratorio armónico compuesto por el maes- 
iro don Salvador Figueras. Otro para las de santo Tomás titulado : Camino déla Sabidu- 
ría por la senda de la virtud, por el maestro don José Pujol. Otros villancicos para unas 
fiestas de canonización denominados : Dos Fuentes que salen con ímpetu del LCbano , san 
Fidd de Sigmaringa , y san José dB Leonisa. Otro Sacro músico árama y epinicio, titu- 
lado : Arca de Dios , trasladada al gran templo de Sion , compuesto por el maestro don 
José Duran. Otro drama laero-alegórico del maestro Pi]^ol , con el nombre de : El triunfo 
de FaA , ejecutado en la iglesia de Belén de la Compaftia de Jesús. Un oratorio cantado 
en la misma iglesia con el título de : La inocente Susana; y otros muchos tanto de una co- 
mo de otra clase que no enumeramos por no ser podados. 

Tomo iv. 9 



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o^ •• íí-c- 



ejecutaron tan lo las de Navidad, como estas ^ sino con 
decoraciones á propósito, sobre un tablado construido es- 
presamente en el templo , y con trajes y efectos alusivos 
al asunto que se representaba: volviendo á entrar en la 
iglesia, lo que Lope de Vega y Calderón habian logrado 
sacar de ella con contentamiento del pueblo todo. 

Los usos y las costumbres estranjeras admitidas por 
nuestros reyes y prohombres , mayormente en las diver- 
siones profanas mas queridas del pueblo español^ y las 
protegidas por la Iglesia para conservarle al pueblo sus an- 
tiguas tradiciones , tal vez , tuvieron alguna parte en el 
omnímodo poder del estado eclesiástico, y en que-el altar 
ÍQ3pu$ierd leyes al trono, y este se sometiera á ellas con 
menoscabo de los intereses generales de la nación. 

Consérvense los recuerdos y tradiciones de los pueblos, 
foméntense sus diversiones favoritas, protéjase su labo- 
riosidad, premíense sus talentos, y ampárese á los menes- 
terosos creando obras de utilidad pública donde hallen es- 
tos el sustento para sus familias, y la patria la grandeza de 
su nombre; y los tronos se verán sostenidos, queridos y 
respetados, no por las bayonetas de sus huestes, ni el po- 
der del estado eclesiástico, sino por el amor de todos sus 
subditos sin distinción de clases ni corporaciones. 

Los beneficios que un pueblo recibe, nunca los olvida, 
y menos el español que tan innumerables pruebas ha da- 
do de monarquismo, religión, valor, hidalguía y agrade- 
cimiento. En medio de las vicisitudes por donde ha pasa- 
do ^ las luchas tan continuadas , y la sangre muchas veces 
tan inútilmente vertida ; en medio de esa revolución de 
ideas sin haber establecido otras fijas para felicidad y pro- 
greso de los pueblos, que las de partidos político»; en me- 
dio de esa tea destructora anti-religiosa que va aniquilan- 
do, 1)0 el fanatismo, sino las doctrinas sacrosantas de núes- 



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<y^ •> ^^ 

tra religión , fundamento sin el cual no puede existir la 
sociedad , por el abandono en que yace la instrucción pri- 
maria ; hasta ahora han sido respetados los establecimien- 
tos de utilidad pública, y los nombres de sus fundadores re- 
verenciados. 

Entre estos establecimientos se halla el colegio de músi- 
ca de San Leandro en la ciudad do Murcia, debido á la 
munificencia del Eminenlisimo don Luis de Belluga y Mon- 
eada, cardenal de la sacra romana iglesia bajo la advoca- 
ción de Santa Práxedes; quien lo fundó estando en Roma, 
á Í3 de Setiembre de 174Í ante José Ignacio Romano, no- 
tario apostólico. Dotólo con rentas suficientes para el sos- 
tenimiento de veinte y cuatro vecas, y cátedras de latini- 
dad y música, con la obligación de que los colegiales 
cantasen diariamente y tocasen instrumentos los días de 
festividad en la capilla de música déla santa iglesia Ca- 
tedral ; y después hizo donación de 61 al rey don Feli- 
pe V, con laaprobacion del papa Clemente XIV. Aquel sobe- 
rano admitió el donativo, y lo incorporó á su real patro- 
nato, por cuya causa lleva por blasón el colegio de San 
Leandro de Murcia las armas reales (í). 



(1) Don Luis Belluga y Moneada , fué natural de Motril , estudiante en el de los San- 
tos apóstoles de Granada , Obispo de Cartagena , y capitán general del reino de Murcia 
durante las guerras de sucesión. Su presentación en la célebre batalla de Almansa con la 
gente de Murcia, Cartagena y Orlhuela , decidió la acción á favor de Felipe V; quien en 
remuneración de tan seAalado servicio , le hizo dueflo de todo el botin que los austríacos 
se dejaron en el campo de batalla, con cuyas riquezas fundó el colegio de San Leandro, 
y otros establecimientos benéficos que cedió á la corona. 



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GAPinnM zznr. 



Prindiiiofl del reinado de Fernando VI.— El marqués de la Entenada.— Progresos eif 
las artes y ciencias. — Encumbramiento de la nación. — MotiTO de nuestra decadencia mu- 
sieal.— Calda de Ensenada.— FayoriUsmo de Farinelli.— £a Ciemenga di Tito ejecutad» 
en el buen Retiro. — Que maestros la pusieron en música, y que cantantes la ejecutaron. 
—Ninettij ópera de Metastasio, música de Conforto. — Comparación de las fiestas dadas 
en la eorte de Femando VI con las de Felipe IV. — Nombre y obra:» de los maestros ita^ 
llanos protegidos por Femando VI.— Corselli, Conforto, Corradini, Melé, Landi, Scar- 
latti.— Cantores é instramentistas italianos de la real cámara y capilla. — Los Tioliulstas 
Rinaldi y Monalt. — Instramentistas y-cantores españoles. — Los tres hermanos Pías. — De^ 
cadencia de nuestro teatro. — ^Tonadillas. 



Por muerte de Felipe V^ acaecida en 9 de julio de 4 746, 
subió al trono de España su hijo don Fernando VI, hacien- 
do su entrada publicaren Madrid el 10 dé octubre del mis- 
mo año, entre las mas entusiastas aclamaciones. 

Bajo los mejores y mas halagüeños auspicios conienzó 
este reinado, pues las sabias y oportunas disposiciones to- 
madas, y los hombres de prestigio elegidos para llevar 
las riendas de un gobierno tan asendereado con las in- 
fluencias é intrigas de la corte del difunto monarca, infun- 
dieron la confianza en el pueblo, y España principió á ver 
en su horizonte el sol de la felicidad, oculto por tanto tiem- 
po entre sangre y ambiciones advenedizas. 

Español el nuevo monarca, su carécter apacible y bon- 
dadoso, la desaparición en la corte de. algunas personas á 
quien la nación odiaba, y el nombre de Ensenada al 
frente de las secretarias de Hacienda, Guerra. Marina é In- 
dias; fueron la garantia no desmentida, de la nueva era 
que habia de devolvernos, sino la grandeza antigua, el es- 
plendor y dignidad de que éramos merecedores. 



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No poseído Ensenada de un españolismo fanático, ni de 
un estranjerismo servil, adoaitió en todas las carreras del 
saber á los hombres mas ilustrados de las demás naciones; 
premió los talentos españoles, y mandó para que estudia- 
sen los adelantos de otros países á los jóvenes mas aplica- 
dos é instruidos, con el fin, de que reunidos todos los ele- 
mentos de ilustración , despertasen en España la afición al 
estudio de las ciencias y las artes. 

Nombró á Campománespara que recogiera y diera á luz 
los diversos diplomas antiguos arrinconados en los archi- 
vos, y las inscripciones, medallas y otros documentos his- 
tóricos; y para que le ayudasen, ádon Luis Velazquez, mar- 
qués de Valdeflores; don Francisco Pérez Bayer, el jesuí- 
ta Andrés Burriel y otros varios literatos. Fueron pensio- 
nados al estranjero, don Salvador Carmena, para que estu- 
diase el grabado en dulce, retratos é historia; don Juan do 
la Cruz y don Tomás López, para la arquitectura, y don 
Alonso Cruzado, para grabaren piedras finas. Premió los 
talentos y servicios de don Jorge Juan, autor de las Obser- 
vaciones astronómicas, y sus viajes al Perú; y los del padre 
Feijóo y el padre Flores, escritores del Teatro critico y la 
Historia sagrada. Para la construcción naval, hizo venir á 
los inteligentes Briand, Tournell y Sothuel; para la arqui- 
tectura hidráulica y militar, á Lemaur; para desentrañar 
la lengua arábiga por tanto tiempo relegada al mas cri- 
minal olvido, á don Manuel Casiri, autor de la Biblioteca 
arábigo-escurialense; para la dirección de academias de 
guardias marinas de Cádiz, al coronel Godin, autor del 
Compendio de matemáticas aplicadas á la marina; y para la 
botánica, á don José Qaer, que con tanto acierto escribió 
la Flora española. Mandó hacer la mejor edición que has- 
ta ahora ha tenido España del inmortal Quijote, comisio- 
nando á don Gregorio Mayans para que ampliase y mejora- 



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se la vida de Cervantes, facilitándole todo lo que necesitó 
para el efecto. Ck)misionó á don Jorge Juan para que fun- 
dase en Gadi^ el célebre observatorio astronómico de ma- 
rina; creó el colegio de medicina de dicha ciudad^ y pro- 
puso la erección de una academia de ciencias y buenas le- 
tras en Madrid. 

Al mismo tiempo que esto hacia Ensenada por los ade- 
lantos de las ciencias y las artes ^ aseguró la paz en Espa- 
ña; hizo recobrar sus derechos al real erario; mejoró la 
constitución de las provincias; abolió el impuesto que se 
{>agaba por la traslación de frutos de unas á otras; sim- 
plificó la recaudación de las rentas; planteó un banco pa- 
ra el giro de letras con el estranjero ; ideó la esancion pa- 
ra la corona de Castilla del gravamen de millones y de- 
más trabas funestas para la agricultura, estableciendo una 
sola contribución; quitó las restricciones en el comercio de 
América^ habiendo aumentado las rentas en solo el año de 
1750, mas de cinco millones de escudos; se principiaron 
las obras del canal de Castilla, se hizo el camino del puer- 
to de Guadarrama y se dio principio á otros muchos; se 
repararon los puertos de Galicia, las plazas fuertes fronte- 
rizas á Francia^ y se edificó el castillo de San Fernando en 
Figueras, Promovió con buen éxito el comercio activo de 
mar, los gremios de pesca y la construcción de buques 
mercantes; se continuó y mejoró el arsenal de la Car- 
raca, haciéndose nuevos los del Ferrol y Cartagena: mandó 
ccmstruir doce navios á la vez, de 74 cañones cada uno, y 
contrató otros; aumentó la riqueza y rebajó los impuestos; 
y la nación española bajo tan sabio régimen hubiera llega- 
do en pocos años á la cumbre de donde fué arrojada por 
la apatía de sus soberanos y las traiciones de sus favoritos, 
si las maquinaciones de los ingleses que veían un progre- 
so tan perjudicial á los intereses de su mísera Isla, con sus 



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intrigas y amaños siempre n^ezquinos y de mala Índole, no 
hubiesen derribado á tan esclarecido patricio el 21 de julio 
de 1754, consiguiendo al mismo tiempo su destierro á Gra- 
nada^ y la confiscación de todos sus bienes^ en pago de los 
muchos que con sus desvelos y sin igual talento habia le- 
gado á la patria. 

No es de nuestra incumbencia hacer comentarios 
sobre lo espuesto: nuestra misión es puramente artís- 
tica. Quédense para otras plumas mas avisadas ^ las 
consideraciones sobre tales acontecimientos , y sigamos 
el curso de nuestra narración histórico-musical; que 
aunque insignificante para el progreso actual de la po- 
lítica de partidos, no creemos lo sea tanto para los 
que , como el marqués de la Ensenada , cifran la gran- 
deza 'y felicidad de los pueblos, en los adelantos de las 
ciencias y las artes , en la paz y tranquilidadde las familias, 
y en la buena administración de los bienes y cargas del Es- 
tado. 

En medio de los ya dichos progresos y adelantos^ y de 
pensamientos tan altamente nacionales^ continuó la deca- 
dencia de nuestro teatro^ sin que hubiese una mano amiga 
que lo sacase de la postración en que yacia. La deslumbran- 
te magnificencia de las fiestas dadas en el palacio del Buen 
lletiro; la afición de los soberanos á la música italiana; el 
gusto de la corte amoldado al de los monarcas; y la grande 
influencia de Farinelli; ahogaron tal vez, la voz de Ensena- 
da pidiendo gracia para nuestra música y poesía, y estas 
dos artes que tanto honor dieron á su patria, fueron arro- 
jadas al inmenso piélago del olvido por la alta sociedad; 
mas no por el pueblo fiel guardador de sus recuerdos glo- 
riosos y sus queridas costumbres. 

Atacado Fernando VI al principio de su reinado por la 
misma enfermedad de melancolía que tuvo su augusto pa- 



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dre^ según varios historiadores^ fué también curado como 
este^ por los ecos melodiosos de Farinelli; quien con la 
mediación de la reina Bárbara , alcanzó una de las privan- 
zas mayores habidas en la corte de España, que por des- 
gracia han sido muchas. Este Arion napolitano^ logró el 
que la reina á preseíKJia de su esposo , colocase en su pecho 
la insigne cruz de la real y nobilísima orden de Calatrava; 
consiguió ser empleado varias veces en asuntos de alta po- 
lítica ; formar parte del consejo de S. M.; conferenciar de 
negocios diplomáticos con Ensenada; ser agente de varias 
cortes de Europa; dirigir la restauración del teatro del 
Buen Retiro; hacer venir á su gusto cantantes é instru*- 
mentistas italianos con crecidos sueldos para las funciones 
lírico-dramáticas del real palacio; mandar á su amigo el 
célebre poeta Metastasio que escribiese un drama lírico pa- 
ra aquel objeto, premiándolo á nombre de SS. MM. con 
crecidas sumas y regios regalos; y que la reina aceptase la 
dedicatoria del primer tomo de la Historia de la música es- 
crita por el italiano Fr. Juan Bautista Martini, costeando 
los gastos déla magnífica edición que de elía se hizo. Para 
Farinelli no habia en la corte de España palabra negativa; 
para el cantor italiano estaban abiertas todas las puertas del 
favor ; la voluntad de Carlos Broschi era garantida por el 
trono español (i). 

(1) Entre Ha varias anécdotas qoe se cuentan de Farinelli, citarenM>s las siguientes: 
Hacia mucho tiempo que un gran señor de la corte solicitaba una embajada que jamás 
habla querido darle el rey ; no ignoraba Farinelli que el pretendimite , aunque dotado 
de los talentos neeesarios para desempeñar aquel empleo, era hombre que habia tratado 
de perjudicarle en muchas ocasiones, y á pesar de esto supo gestionar tan hábilmente en 
favor de su enemigo que al fin consiguió para él la embajada que deseaba. « ¿ Pero no 
■sabes, le dfjo el rey al cantor, que no es amigo tuyo, y que me habla mid de tí 7— Así es, 
«seftor, le contestó Farinelli , pero yo deseo vengarme de ese modo.» Pasando en una 
ocasión d cantor napolitano por una de las salas del real palacio, oyó aun guardia queie 
maldecia, quejándose de la debilidad del soberano que concedia su favor á un inúsieo. 
Farinelli se informó al instante de quién era aquel guardia, y supo que hacia treinta 
aftos que servia sin haber podido lograr un ascenso. Con tales noticia», al salir del cuarto 

Tomo iv. i O 



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Es preciso hacerle la justicia á este afortunado músico^ 
de que nunca abusó de su omnímodo favor, y que hizo 
siempre mucho bien á toda clase de personas, odiando 
las intrigas y amaños de mala ley. Pero también es preciso 
decir, que nada hizo en favor de las artes españolas: que no 
solo alejó para siempre del real alcázar nuestra poesía y 
música, colocando en la cámara y capilla de SS. MM. á 
profesores italianos de mucho menos mérito que los españo- 
les, sino que fué causa de que á la muerte de don José Ca- 
ñizares se suprimiese la plaza de poeta de la real capilla, 
para componer los villancicos de Navidad y ^eyes , prohi-' 
biendo el que se cantasen esta clase de composiciones, como 
dejamos espuesto en el tercer tomo de esta historia , dan- 
do lugar al mismo tiempo, á que se abusase en varias igle- 
sias de las obras en idioma vulgar, convirtiendo el tem- 
plo casi en teatro lírico, por haberse acogido á la Iglesia 
los buenos maestros, cantantes é instrumentistas españo- 
les, en donde únicamente podian hacer oir sus obras bien 
ejecutadas, y su mérito bien premiado y admitido. 

En el carnaval del año de 4747 se ejecutó en el teatro 



del rey le entregó el despacho de coronel de parte de S. M., y el guardia conftiBo y ató- 
. nito se arrojó á los brazos de su bienhechor, el que como única respuesta le dijo: tUn 
guardia rara vez es tan rico que pueda costearse un equipaje propio de un coronel. Os es- 
pero á comer mañana en mi casa y allf arreglaremos este negocio.» — Fué un dia el sas- 
tre de Farinelli á llevarle unos ricos vestidos que le había mandado hacer para un dia de 
gda, y al pedirle este la cuenta, le contestó aquel que no la llevaba, pero que si se digna- 
ba hacerle el honor de cantar alguna cosa, tendría este favor superíor á toda paga. Fari- 
nelli cantó delante del sastre como si lo hiciera delante de un rey, y después le dio un bol- 
sillo que contenia el doble de lo que valia el traje. Esta anécdota suministró á Mr. Gouffé 
el argumento de una preciosa ópera en un acto titulada : El bufo y el sastre^ represen- 
tada en París en 1804.>-La reina Bárbara, protectora de Farínelli, tuvo una ves la con- 
descendencia de escuchar á los enemigos de este. Advirtiólo el célebre cantor, y no ha- 
biendo podido hallar ocasión de hablar á la soberana , por mediación de una de sos da- 
mas logró introducirse en una estancia inmediata á la de la reina, y allí, acompañado 
ée su guitarra, eon eeoB tiernos y patátioos espresó el dolor que esperlmentaba por el 
l^jnsfo enojo de su augusta proteetora. Entemedda esta, le escuehó; patentizo d cantor 
suinoeenclay fué iperáowdo. ^Dieeionario histórico y biografía uniwirsal eompoídiada. 
Tomo V, pag. 566. 



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9» 



del Buen Retiro la ópera de Metastasio titulada: La Cle^ 
menta di Tito (i), puesteen música el primer acto por don 
Francisco Corselli, el segundo por el napolitano don Fran- 
cisco Corradini, y el tercero por el napolitano don Juan 
Bautista Melé: desempeñando la parte de Tito Vespa^iano, 
don Antonio Montaftana^ bajo de la real capilla; la de Vüe- 
lia, doña Ana Peruzzi, al servicio de S. M. C; la de Ser- 
vi/ta, doña María Heras; la de Sexto, don Mariano Bufa- 
lini^ músico déla real capilla; la de Anto^ don Francisco 
Giovanni ; la de Publio, doña Isabel ütlini, al servicio 
de S. M. C; y traduciendo al castellano el argumento de 
dicha ópera^ para mejor inteligencia de los espectadores^ 
don Ignacio de Luzan y Suelves. 

El objeto principal de estos espectáculos^ era rivalizar en 
ellos con la corte de Viena^ entusiasta por la música ita- 
liana^ y protectora del poeta cesáreo Metastasio para la cual 
oscribió la mayor parte de sus dramas. La corte de Espa- 
ña no tenia un Metastasio^ pero se enorgullecía con un Fa- 
nnellí^ y con reproducir las obras de aquel, con nueva mú- 
sica y mayor ostentación en los trajes y decoraciones; au- 
mentando el favoritismo del célebre cantor^ las gestiones que 
de la corte austríaca se bacian para llevárselo. 

Esto dio lugar á que después de la caida de Ensenada^ 
y conviniendo distraer mas á S. M.^ se aumentase el entu- 
siasmo músico de la corte de Fernando; se mejorase el tea- 
tro del Buen Retiro adornándolo con una suntuosidad sin 
rival ; y que las fiestas en él dadas^ superasen á las de Yiena 
y demás cortes de Europa. 

Para este objeto, se nombró director de dicbos espectá- 
culos á Farinelli; se trajeron los mejores cantantes é ins- 

(1) Este drama, con música del maestro Caldara, (üé representado en la corte de Viena 
por primera vez el 4 de noriembrc de 1735, para solemnizar el dia del emperador Gar- 
los VI. 



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trumeotislas italianos^ pagándoles sueldos casi falnilosos; 
Metastasio escribió para estas fiestas musicales el drama lí- 
rico titulado: Ninelti, por cuyo trabajo recibió una crecida 
suma^ y un regalo compuesto de una magnifica escriba- 
nía de plata con dos plumas de oro, la salvadera llena de 
polvos de este metal, y en vez de obleas, doblones de cua- 
tro duros (i). Caído en de^racia Corselli al poco tiempo 
de la muerte de Felipe V, fué sustituido en la enseñanza 
de sus altezas reales por el maestro de capilla napolitano 
don Nicolás Conforto, y este puso en música dicho drama. 

Hablando Romey en su Historia de Mpaña del reinado 
que nos ocupa, dice: «Es á la sazón Madrid la primera cor- 
»te de Europa por su elegancia, esplendor, y aun profu- 
))SÍon en funciones continuas y nunca yislas. Se constraye 
)> en el mismo palacio del Buen Retiro, un riquísimo teatro 
»todo de palcos y lunetas, donde canta el primer soprano 
)>Farinelli, acompañado de una magnífica orquesta. El sumo 
» ingenio contemporáneo, el gran poeta cesáreo Metasta-- 
»sio, trabaja espresa y asíduamaite algunas de sus divi- 
»nas óperas, para que resuenen en triunfo por las risueñas 
)> márgenes del Manzanar^. Se abren, cuando la escena 
f> requiere, pontones construidos al intento, que descubren 
Dpor los jardines iluminados, gran número de comparsas, 
)>y se presencian batallas terrestres, ó combates navales en 
»el estanque, con suma propiedad y sobrehumano he- 
Dcbizo. 

» El escogido público asistente á estas funciones, lejos 
»de contribuir con el mas pequeño desembolso á la entra- 
»dB (2), disfruta en los intermedios de abundantes y de- 

(1) En la biblioteca del Exorno, señor Dnqne de Frías , se conservaba , en el afio de 
1842, un manuscrito muy curioso sobre las fiestas dadas en el Buen Retiro, del cual to- 
mamos estos apuntes 

(2) Los convidados no pagaban para ver estas fiestas, pero sí el público que quería dis- 
rrutar de ellas sin aquel requisito. 



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))lícados refrescos^ repartidos por las cómodas y desahoga- 
Ddas lunetas; y lareina^ linda^ festiva y encaotadora, cot- 
onía coQ sus nsueoos agasajos el peregrino y celestial em- 
»beleso.» 

» Figurémonos^ pues, dice Eumeno (4), un espectáculo 
])cual se hubiese podido represen taren estesíglo^ estoes, la 
D Olimpiada de Metastasio, puesta en música por Pergolesi^ 
Dcantadapor Farinelli, Raff> Caffarelli^ Guirrielli, Guarduc* 
dcí y Guadagni, suponiendo en estos^ además déla babili- 
x>dad de cantar, las mas escalentes cualidades cómicas, 
»con una orquesta compuesta de los mas célebres instru- 
»mentista8 y con la magnificeocia de escenas, vestidos, ilu- 
j>minaciones, bailes y comparsas, que hizo gozar á los ea- 
» pañoles Femando el VI de gloriosa memoria, en el teatro 
i>de su corte; y creemos, tal es nuestro parecer, que seme^ 
ajante espectáculo nos haría ver verificada la fábula de An- 
iñen, que con la música conmovía á las piedras.» 

Espectáculos mas grandiosos que los dados por Fer- 
nando VI, se dieron en la corte de Felipe IV sin necesitar 
de los versos ni música estran]era« Espectáculos y fiestas 
en donde nació el verdadero teatro europeo, tanto dramáti- 
co como lírico; en donde se formaron los poetas italianos 
Apóstol Zeno, Maflei, Metastasio y otros muchos, y de don- 
de salieron las grandes creaciones de los autores dramáti- 
cos franceses. Y sin embargo, se olvidó el esplendor de 
estas fiestas, orgullo y gloriado la nación española, para 
dar la preferencia en el mismo sitio que se crearon, á las 
pobres imitaciones importadas. 

Se nos dirá que la literatura dramática fué la que con- 
quistó en aquel tiempo tan envidiables laureles, y que por 
consiguiente nada teniande semejanza los espectáculos de 

0) M origen y reglas de la música. Tomo IJI. 



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uno coo otro reinado. Pero á esto contestaremos, que la 
mayor parte de las obras dramáticas á que nos referimos 
tenían música^ lo mismo que las del reinado de Felipe II 
y las anteriores, como dejamos ya espuesto; que si la 
de estas fiestas careció de importancia, la de las fiestas 
italianas del reinado de Fernando VI no tuvo mucha, co- 
mo se deja ver por los argumentos de Metastasio pues- 
tos en música por maestros diferentes, en los diferentes 
paises donde se cantaron^ y cada acto y aun cada pieza 
por maestros distintos, ya italianos^ franceses, alemanes^ 
ingleses ó españoles; y que si la protección que nues- 
tros monarcas dieron á la poesía italiana para ser puesta 
en música, se la hubiesen dado á la española, como hizo 
la Francia y aun la Alemania, no tendríamos al presente 
que envidiar á ninguno de los paises á quien por desgra- 
cia hoy nos vemos sujetos con respeto á los adelantos 
científicos. 

Las naciones estranjeras muy raras veces han dejado sa- 
lir de los lares patrios 4 sus hijos privilegiados, sin que por 
esto hayan dejado de admitir á los sobresalientes de otros 
paises, engrandeciendo de este modo sus conocimientos é 
importancia, como quiso hacer en nuestro suelo el mar- 
qués de la Ensenada. Las medianías que oscurecidas veje- 
taban en medio de aquella verdadera protección artística, 
y supieron nuestro escaso españolismo, vinieron en busca 
de honra y provecho, y lo encontraron, mientras nues- 
tros ingenios morían oscurecidos y miserables, ó iban á 
buscar justicia fuera de Irpalria que los vio nacer, á don- 
de no se les negó jamás. 

El hombre de saber nunca mendiga el favor, sino que 
fkvorece aceptando lo que el poder de los Estados tiene 
obligación de darle ; y esta obligación por desgracia no ha 
sido cumplida en España por haber las medianías intro* 



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-o^ »• «^ 

ducido la costumbre^ de buscar al poder adulándolo^ y no 
el poder buscar al mérito premiándolo. 

Veamos qué uombre ban dejado por sus obras y rele- 
vante mérito en el mundo artístico los compositores é ins- 
trumentistas italianos premiados con tanta largueza en la 
corte de Fernando VI, y probaremos de esta manera á los 
que nos creen demasiado afectos á nuestra patria, que no 
somos si no j ustos defensores de nuestros artistas olvidados, 
y aun menospreciados sin causa para ello. 

Ni en el Índice de los autores que trae el P. Martini al 
final de su primer tomo de la Historia de la música ; ni en 
el Diccionario biográfico de Mr. Fetis; ni en los Ensayos so- 
bre la música antigua y moderna; ni en otras obras de es- 
ta clase que hemos registrado, se encuentra rastro alguno 
delparmesano don Francisco Corselli (í). Este compositor, 
maestro de los reales infantes, director de la real cámara, 
maestro de la real capilla y rector del colegio de niños 
cantores, aunque escribió mucbas obras para dicha capi- 
lla, que aun se^ conservan, no compuso ninguna elemental, 
ni sabemos que dejara discípulo alguno. Según la opinión 
de Pérez, en las obras de Corselli se encuentra delicada mo- 
dulación, pero sus coreados carecen del nervio y grave- 
dad que tienen la de nuestros maestros; y según el pare- 
cer de Eslava, actual maestro de la capilla de S. M., la me- 
jor obra de Corselli es un Invitaíorio de reyes. 

De don Nicolás Conforto, á quien se nombró maestro de 
sus altezas reales cuando cayó en desgracia Corselli, solo 
sabemos que puso en música el drama que Meiastasio es- 
cribió para la corte de España titulado: Ninetti ; y que si 

(1) Se ha creído por algunos que Corselli era fkaneés, porque soUa firmarse también 
Courselle; pero no cabe duda que era parmesano, y que el motivo de afrancesarse el ape- 
llido fué porque Felipe V. lo nombraba siempre de este modo, según a6nna Pérez en 
»U9 AjñiniPS curio9os. 



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este Conforto es el mismo de quien hace referencia Mr. Fetis 
en su Dwcionario, escribió en Londres otra ópera nominada: 
Antigono. No quedando de sus obras, que sepamos^ sino la 
oensura que hizo de la Llave ds ModiUacion del P. An- 
tonio Soler, en la cual, sobresale mas el elogio que los co- 
nocimientos^ siendo la mas pobre entre las que de maes- 
tros españoles se insertan en dicho tratado. 

Ninguna noticia hemos podido adquirir de los maestros 
napolitanos Francisco GorradÍDÍ, Juan Bautista Mele^ y 
Joaquín Laudi; sino que el primero puso en música el se- 
gundo acto de la Clemenza di Tito, ópera ejecutada en el 
Bueu Retiro, y algunas tonadillas españolas de mal gusto; 
el segundo, el tercer acto de dicha ópera; y el tercero, un 
capricho titulado: Vinteresse schernüo dal propio ingatmo, 
que dedicó á la reina doña Isabel de Farnesio* 

De don Domingo Scarlatti^ hijo del celebrado maestro 
napolitano Alejandro, es de quien mas noticias existen, pues 
Mr. Fetis nos dice, que compuso una misa á cuatro voces y 
bajocontinuo para órgano, cuya misa sabemos se hallaba €l 
afio de 1 778 en el archivo de la capilla real de Madrid, y una 
Satoe regina á voz sola con dos violines, viola y bajo. Que 
en Londres compuso la ópera Narciso, representada el 50 de 
mayo de 1 720; que era un gran clavioordista; que en 1 729, 
aceptó las ventajosas ofertas que se le hicieron á nombre 
de la corte de España para maestro de clave de la princesa 
de Asturias doña Bárbara, de quien lo había sido ya en la 
corte del rey su padre; que cuando subió al trono Fernan- 
do VI, continuó á su servicio para tocar todos los dias el 
dave en la cámara real; y que sus muchas sonatas para 
este instrumento son de un gran mérito por su variedad, 
gracia y encantadora melodía. 

De los italianos que vinieron á España, este es el que 
mas nombre ha dejado, no tanto como compositor, cuanto 



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como clavicordisla; pues aunque dice Fetis que fué maejilro 
de capilla, en el Valicaoo, 8u corta estancia en este destino, 
sus pocas obras eclesiásticas y teatrales, y el dedicarse con 
preferencia á las composiciones para el instrumento que 
con tanta destreza manejábannos manifiestan bien clara- 
mente que fueron escasas sus dotes de compositor. Como 
mas adelante veremos, don José Nebra rivalizó con Scar- 
lati en el clave, y lo superó con gran ventaja en el órgpno 
y en las composiciones. tanto sagradas como profanas. 

Para la capilla y cámara de 8S. MM. vinieron también de 
Italia los cantantes Francisco Giovanní y Antonio Bufaliot, 
tiples; José Galicaní, contralto; José Lucboli, Antonio Ber- 
toluci y José Cenovay, tenores; y los instrumentistas Miguel 
Geminiani, Gabriel Ferri, Cosme Perelli, Pablo laceo, Fran- 
cisco Landini, Antonio Marquesini, Felipe Sabatioi, José 
Bonfantti, Francisco Fayni y Manuel Philipis, víolines; Car- 
los Millorini y Bernardo Alberic, contrabajos ; Domingo 
Porretti y Francisco Fleuri, violoncellos; y Manuel Cavaz- 
za, oboe (\). 

De estos profesores , el que mas sobresalió por su rete- 
vante mérito fué Perrotti en el arte de berir la cuerda con 
clareo, móvil del tono encantador que distinguió su escuela 
de la de los demás; pero que seguo Teixidor, esta escuela 
la aprendió á principios del siglo XVIII con un profesor 
de la capilla del Palaiven Barcelona. 

Desde fines del siglo XVII toda Europa siguió las búa- 
lias de los instrumentistas franceses, y aunque loa italiapoa 
hicieron grandes adelantos en el violin, guiadoapor la Mr 
críela de Corseili, Lucatelliy los hermanos Cundoiques, la 



(I) Este pnhtor pubüeé en MñáAá un folleto ain ñh», titulad»: El máiécé cemor 4¿l 
e m mr mé máHeo^ ó $mUim4m4ó$ éé Ltteié Vero Miapmno, eénitr^ Un 49 Simpliéie GfMé^ 
¿«r«, deClíiidfoiidoel laberinto y eonfofion Mntra la sandRef de la «mMm. Cooapae» tam- 
bién unos villancicos de Inocentes que .«e hallan en el archivo de la real capilla de Madrid. 

TOMO IV. M 



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francesa fundada por Lulii (I) continuó manteniendo su an- 
tigua reputación hasta mas de mediados del pasado siglo, 
con los célebres profesores de dicho instrumento Guignon, 
Baptista, Mondón ville y otros. Ningún historiador hace 
mención de los violinistas españoles de fines del si- 
glo XVII y principios del XVIII, pero si este silencio 
tanto en nacionales como estranjeros nos priva de poder 
manifestar los nombres de los profesores que mas se dis- 
tinguieron en España, no por esto se crea fueron inferiores 
á lo franceses é italianos; pues que habiéndose llevado á 
Parma el infante don Felipe de Borbon, por los años de 
1 738, dos violinistas españoles para que dirigiesen la mú- 
sica de su cámara, se hicieron tan distinguido lugar por 
la valentía de su tono, que desde esta época hasta fines del 
siglo, la escuela parmesana fué respetada en Italia por 
las dichas circunstancias. 

Por los años que mas Tartini llamó la atención de la 
Francia y la Alemania con su nueva escuela de violin, vino 
á España uno de sus mas sobresalientes discípulos llamado 
Cristiano Rinaldi ; y aunque , según Teixidor, sobrepujaba 
en mérito á su maestro, encontró en nuestro suelo á un 
don José Monalt que le disputó con ventaja la primacía en 
dicho instrumento; á un don Juan Estovan Isern, don Fe- 
lipe Monreal» don Juan de Ledesma y don Francisco Guer- 
ra, con quienes igualó en mérito de ejecución; y mas tar- 
de la celebridad de Pascual de Juan, vulgarmente conocido 
bajo el nombre de Carriles, y la de don Felipe Libón 
aventajaron á todos en la escelencia del tono. 

En la flauta, ninguno de los estranjeros a quienes Per- 

(1) JLa prüMn esco^ de violin digna de alguna aletaeion w 4et>a á LuUi. £ir ella, se 
fbnn6 Gorelli, perfeecioBlndola de una manera tal, que etdtado LulU porunoaoeloB T6he> 
mentes, lo mandó desterrar de FVancia valiéndose para ello del prestigio qne goiaba en 
la corte. 



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nando VI premiaba con tan pródiga mano^ pudo superar al 
distinguido profesor y compositor don Luis Mison, ni á 
don José Rodil, don Francisco Mestres, y don Juan López. 
En la trompa y el clarín nadie aventajó al valenciano don 
Felipe Crespo; y en el oboe tuvo Espafia tan sobresalientes 
profesores, en la época á que nos referimos, en los tres her- 
manos catalanes don Juan don José y don Manuel Plá, que 
fueron disputados eYi las cortes estranjeras por su sin igual 
méríto. Don Juan Plá, causó un fanatismo en la inteligente 
corte de don Juan V de Portugal. Don José Plá, después de 
haber viajado por Francia, Inglaterra y Alemania, entró al 
servicio de Carlos Alejandro, duque de Witemberg, en la 
época en que Jommelli, como director de la música de este 
principe, habia reunido los mas sobresalientes profesores 
de Europa, siendo tan grande el mérito de Plá en el oboe, 
que muerto álos pocos aflos en Stutgard, el gran duque, 
segon Teixidor, no se contentó con hacerle los mas suntuo- 
sos funerales, sino que lo mandó enterrar en su mismo 
panteón. 

Superior á sus dos hermanos era don Manuel Plá en el 
oboe, y mucho mas como compositor, por lo que se des- 
prende del siguiente párrafo de Teixidor: « Fué don Ma- 
t nuel Plá á mas de eminente profesor de oboe , un esce- 
• lente clavicordista, y un sobresaliente compositor de mú- 
«sica instrumental y vocal, sagrada y profana ; como lo 
«acreditan sus sinfonías, conciertos, trios, dúos, salmos, 
«misas, Salve Regina, StabalMaier , zarauelfts, serena- 
«tas, oratorios sacros, tonadillas, villancicos, arias, 
« cantadas, etc. en español ; escenas las mas principales 
«de todas las óperas de Metastasio, con algunos melo- 
« dramas enteros tanto serios como bufos; y lo que es mas, 
«hombre de una fecundidad tan en sumo grado cmincn- 
« te, que ponia en música solo ron leer la poesía, cual- 



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«quiera escena ; y que , según nos han informado fucul- 
« tativos de mucho mérito y probidad^ se sentaba al da- 
ave , y de repente aplicaba las melodias y armonías mas 
((adecuadas á cualquiera clase de conceptos, cantándolas 
« y ejecutándolas con primor. » 

Con respecto á cantores , si no hemos tenido á un Fari- 
nelli, porque este profesor puede llamarse un fenómeno 
musical de los que suelen aparecer uno en cada siglo, sin 
tener escuelas de canto ^ y limitándonos á Madrid en la 
época á que nos referimos; don Narciso Alonso, tipie; don 
Ignacio Ribero , contralto ; don José Ricerte , don José Pé- 
rez ^ don Felipe Herranz, don Francisco Barreda , don Ma- 
nuel Fernandez y don Manuel Rico , tenores ; don Anto- 
nio Montañana , don Antonio Carmena, don Miguel Mártir 
nez, don Francisco Gómez y don Antonio Macias, bajos, 
nada tuvieron que envidiar á los cantores italianos que 
había en la corte , ni en conocimientos músicos , ni en ca- 
lidad de voz. 

El curso de esta historia nos dará á conocer los maes- 
tros compositores españoles residentes en España, que so- 
brepujaron con sus obras á los estranjeros favorecidos por 
las cortes de Felipe V y Femando VI. 

Para que los espectáculos lírico-dramáticos produzcan el 
mayor efecto, indispensablemente necesitan de la protec- 
ción de los gobiernos y mucho mas de la de los soberanos. 
Sin estas circunstancias, no pueden dichas diversiones ser 
revestidas de toda la magnificencia y lujoso aparato que 
requieren, para atraer y fascinar por medio del maravillo- 
so conjunto que forma la ilusión y produce el fanlitismo : 
porque á mas de los cuantiosos capitales que para ello se 
necesitan, necesitan también del prestigio que dan las cla- 
ses elevadas á la mayor brillantes^ de una escogida reunión. 

Nuestras funciones lirico-dramálícas, careciendo del apo- 



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yo y protección necesarias por parte del poder, carecie- 
ron del prestigio de un crecido número de familias que 
creiao ridiculizarse no siguiendo las costumbres y modas 
cortesanas , propensas siempre á separar sus gustos de la 
mayoría de los gustos nacionales para diferenciarse de los 
mas. Convertidas dichas funciones en pasatiempo del 
pueblo, que aunque mucho en número es poco en resul- 
tados nutritivos para el objeto, fueron mal interpretadas 
en general por cantantes y actores de escaso mérito ; qe- 
cutadas en edificios raquíticos y mal acondicionados ; vis- 
tas con decoraciones pobres , mal pintadas y sin novedad 
alguna ; vestidas con mezquindad; alumbradas con esca- 
sez ; adornadas de bailes insulsos y comparsas ridiculas; y 
no sirviendo sino para divertir, porque no podian interesar 
de semejante modo, desaparecieron, no avergonzadas por 
ser vencidas en noble lid artistica , sino ahuyentadas por 
la miseria de sus galas, y el poco amor patrio de los go- 
bernantes* 

Esta fué la causa de que la grandeza de nuestro teatro 
lírico en tiempo de Felipe IV, se viese reducida en los de 
Carlos II, Felipe V y Fernando VI, al deplorable estado en 
(jue nos la presenta el Memorial lüerarxo mslrucíivo y cu- 
rioso de Madrid , en su tomo \% año de 1787 (1). 

( 1 ) \^añ tonadillas, por lo menos desde primeros del siglo XVIIl , eran un cuatro que an- 
tes de la comedia cantaban todas las mujeres, desde la graciosa á bi^o, vestidas de corte, á 
hi que lUaiaban Tono. Al fin del segundo ialermedio canteben otra^ ootapuesta de eoptos 
s«iettas de cuatro versos , sin sistema ni oonexioo ^ |)ero alegres 6 con agudeía y grada. 
\jí greeiosa eanltba la primera copla ; las demás lo htcian altemaÜTamente , y per ulti- 
mo , cantaban todas Juntas. Después se cantaron ya á dúo, y mas después á ctuUrO. A 
rsle género de tonadas le llamaban baüe de bajo , porque acompañaban á las voces una 
guitarra y un violón. — Por fcw aAos de 1749 ya se abcdió i cada copla un estribillo gra- 
rio9o de otros cuatro versos, imitando algún sonsonete 6 vooes nuevas de chiste , como se 
observa en las piezas de este género intituladas : el Galapa^dito, la Enftrmedad de Pía- 
senda , el Reió dé Sati Fermín , el Herradoreüo . etc« Los oomposHores de estas. pieuK 
«'ran don Francisco Coradini , don José Nebra , don Manuel Ferreira , y don Antonio 
ílueirero. 

En el afto áe 17 Í5 . \ino a I,i C.ninpañía do la I*arni , que lioy ps dr Manuel Martínez, 



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Kmpero si bien la aristocrática sociedad española siguió 
la afición de sus monarcas, el público en general no par- 
ticipó de los mismos pensamientos; puesto que según dice 
nuestro buen amigo don Juan Diana (í), aunque las ópe 
ras italianas eran representadas en el Buen Retiro con tan 
ta ostentación de trajes, luces y decoraciones, y el precio 
de entrada el mismo que el de los teatros públicos, cuyo 
producto se destinaba para objetos piadosos, llegó á ser 
tan escasa la concurrencia á tales espectáculos, que el rey 
mandó á varias personas de su servidumbre al Prado do 
San Jerónimo, donde acostumbraba a pasear la gente, á 
que, de grado ó fuerza, llevasen el número suficiente de 
personas para llenar las localidades del teatro que se halla- 
ban vacias; teniéndose que repetir en varias noches esta 
manera original de atraer espectadores. 

Aficionado como ha sido siempre á la música el pueblo 
español; acostumbrado á oír buenas composiciones, tanto 
sagradas como profanas; ycpn un instinto particular pa-- 
ra inventar cantos melódicos llenos de ternura y sencillez, 
como lo prueban nuestros ricos cantos populares, no de- 
bía ser el gtisto poco fino de los madrileños á la verdadera 
ópera, como hemos leido en un impreso (2), el que los re- 
trajese de no querer asistir á los espectáculos líricos de la 
corte de Fernando VI , sino el que en ellos no oían la ópe- 



un actor másico Harnado Josef Molina , el cual ayudándose con su guitarra , avivaba estos 
juguetes ; entre ellos Tué célebre el del Entremaro, que compuso en el afto de 1746, y 
cantó en los Autos sticramefUales , añadiendo por estribillo al fin de cada copla de este 
modo : 

Entra moro, sale moro, tiriraina. 
El salerUo, la cincha y la alabarda 
Y el borrico para traer agua. 
Alborotó tanto esta siraptéxa , que no habla persona en la corle que no lo cantase , lo 
cual dio al espresado Molina el apodo de Entramoro que no perdió hasta su muerte, por 
mas que procuró desterrarle con una tonadilla intitulada Yo no soy entramoro. 
(1) Memoria histórico artística del teatro fíea¡ de Madrid. Pág. 22. 
(?) (iacp(a musical del 26 de Mayo de 1856. 



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ra verdaderamente nsícionoA, como lo ha deseado siempre, 
y la tendria^ sin envidiar á ningún otro pais, si protección 
del gobierno hubiera habido, y ma» españolismo en los pro- 
fesores y poetas. 

Los espectáculos lirico*dramáticos llamados general- 
mente ópera , los tuvo España antes que ningún otro pais. 
Entre los de canto solo , ó mezclada la declamación con ol 
canto, dio la preferencia á estos ^ y estos fueron su verda- 
dera capera nacional. La fría acogida de composiciones es- 
tranjeras que cifraban la principal parte de su mérito en 
la mayor ó menor ajilidad de un cantante^ en el lujoso 
aparato escénico , y en palabras ininteligibles y por con- 
siguiente inaceptable para la mayoría de los espectadores 
que no sentían con ellas todos losafectos que la música su- 
blimiza; no debe llamarse poco gusto de los madrileños ala 
verdadera ópera, sino mucha afición á oir obras de música 
con el hermoso idioma castellano^ prefiriendo las pobres 
composiciones españolas á las suntuosas italianas , sin que 
por esto dejasen de conocer el mérito respectivo de unas y 
otras. 

No se nos quiera rebajar tanto , ni hacemos aparecer tan 
ignorantes y atrasados en el arte. Si desde la época que 
venimos relatando^ no hemos sido mas que unos copiantes 
de las doctrinas y escritos estranjeros ; no ocultemos el 
porqué de esta rutina^ y hagamos las escepcionesque con 
justicia debemos , siquiera por respeto á nuestros antiguos 
maestros , k nuestra patria^ y á los muchps españoles que 
pensaron de distinto modo que se les ha querido hacer 
pensar^ y ahora hacernos creer. 

Echase también la culpa á los clérigos maestros de ca- 
pilla de que no progresasen en el siglo XVIII la ópera es- 
pañola y la zarzuela ; y si bien en parte hay razón para 
ello , tanto por un resto de fanatismo religioso , cuanto 



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por el estado deplorable del teatro español^ las com|X)si- 
cienes en idioma vulgar ejecutadas en las iglesias, nos dau 
á conocer que no fueron dichos maestros la principal cau- 
sa , sino la poca protección de los reyes y gobiernos espa- 
ñoles á nuestros artistas y espectáculos de este género; 
puesto que las composiciones lirico-teatrales que no se 
cantaban en idioma estranjero^ eran miradas casi con des- 
precio por la alta clase de la sociedad. 

Estos son hechos tan verdaderos, por desgracia^ que aun 
en nuestros dias^ hemos visto fundarse un conservatorio 
nacional y pagado por la nación , en el coal se enseñaba 
á cantar en italiano: hemos visto dedicarse muchos de 
nuestros maestros compositores á poner en música libros 
italianos, para ser ejecutados algunas veces por cantantes 
españoles ; y hemos visto á media docena de jóvenes, resu- 
citar la zarzuela sin protección ni premio y á costa de sa- 
crifícios penosos, en medio de una guerra cruenta por una 
no pequeña parte de los llamados padres del arte, y un no 
pequeño número de españoles. 

¿ Qué hicieron la Francia , la Alemania y aun la Ingla- 
terra para el encumbramiento de su música? Si bien ad- 
mitieron la ópera italiana, también fomentaron la música 
nacional creando conservatorios verdaderan>eote naciona- 
les : itfotegieroa con decisión sus teatros Úricos, y muchas 
de sus obras dramáticas superaron á las italianas en la con- 
bioacioD y mérito de la música ; y llegaron á tener ópera 
nacional, á pesar.de la ructeza de sus idiomas tan poco á pro- 
pófflto para ello. ¿Qaé han hecho los maestros composi- 
tores de tales países? Escribir primero en su idioma , des- 
pués en el idioma del país en que se encontraron, y vuel- 
tos á sus lares patrios, hacerlo en la lengua de sus herma- 
nos, para que estos pudieran apreciar sus adelantos y la na- 
ción aumentara t>u gloria. Hayden,Mozjirt, Bethoven, We- 



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ber^ Rsineau^ Handel, Gluck^Gretry, Meyerbeer, Auber, y 
otros'muchps grandes compositores^ son testigos de esta ver- 
dad. ¿Qué beoQOS hecho nosotros? Respondan los que nos 
crean demasiado apasionados por nuestra patria y por nues- 
tros artistas^ y la memoria de Martin, Gomis^ Aguado, Sors, 
Manuel García, Lorenza Correa, y tantos otros profesores, 
les contestarán defendiendo nuestras palabras. 

¿Podrá decirse que han tenido nías afición losestran- 
jeros á los espectáculos lirico-teatrales que nosotros? No. 
Aquellos teatros, sin el apoyo y subvención de sus gobier- 
nos, no hubieran podido existir: los nuestros, sin ese apo- 
yo, sin esa subvención, antes al contrario, con trabas, con- 
tribuciones, impuestos particulares, y desprestigiados por 
cierta parte de la sociedad , se han sostenido , y en ellos 
ha habido siempre música^ mas Ó menos buena, mas ó me- 
nos bien ejecutada. No se han visto las partituras españo- 
las encuadernadas en terciopelo con adornos y chapas de 
plata en que estaban incrustadas las armas reales, como 
aun deben conservarse algunas italianas en los archivos del 
real palacio ; pero si aplaudidas y popularizadas, y aun hoy 
mismo oidas con gusto siendo mal ejecutadas y pobremen- 
te presentadas , apesar de que haya español que haga de la 
palabra tonadilla la definición de la noble música ^vileei-^ 
da, rebajada, y puesta en caricatura (1 ); sin tener pre- 
sente que muchas de ellas las escribieron Nebra y Mison, 
Gutiérrez, Martin, Lasema, Galvan, Guerrero, Castel, 
Rosales, Es teve, Moral, y otros maestros dignos del ma- 
yor respeto y veneración. 

Rubor nos causa estampar ciertas palabras escritas en 
nuestro idioma por quien tal vez se llame espafíol y enten- 



¿ 1 ) Periódico titulado La España musical pertíneciente al 20 de setiembre del ano 
de 1852. 

ToMoiv. 42 



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^^ — 4^ 

(lido énel arle. No queremos comentarlas porque sería po- 
nerlas en un lugar que no merecen : pero si darles un meh- 
tís solemne^ presentando algunos ejemplos de lo que eran 
las tonadillas en el stgloXVIlI, para que el hombre imparciai 
sea de la nación que fuere , aprecie en su justo valor el mé- 
rito de nuestros maestros, aun en juguetes como los que 
nos ocupan y en el estado en qtie se haliat)a nuestro teatro, 
comparándolos con muchasdo las óperas italianas de Ja mis- 
ma época tan encumbradas y protegidas (1). 

Todas las seducciones del drama Úrico italiano, tienen 
por fundamento, por causa primitiva, esencial é indis- 
pensable ^^ el libro poético de una armoniosa simetría y de 
una cadencia perfecta. Sobre esta base colocaron los maes« 
tros italianos sus melodías y acordes^ y sus concepciones 
fueron perfectas, porque los airosos pliegues del ropage, 
sin ocultar la belleza del modelo, formaron el conjunto que 
constituye la sublimidad ^el arte. Sin la buena base poéti- 
ca, fundamento indispensable del drama I i rico ¿puede lla- 
marse á las melodías de las tonadillas , música envilecida 
y rebajada , cuando no había poetas que quisieran escri- 
bir en su idioma otras obras mejores? ¿ No han hecho tiuet^- 
tros compositores esfuerzos casi sobrehumanos, escri- 
biendo sobre versos pésimos y obras sin mérito ni propor- 
ciones dramáticas , para conservar la nacionalidad de nues- 
tra música ultrajada y desprestigiada por nosotros mismos? 
Si hubo descrédito para la nación española en las tonadillas 
¿quiénes fueron los culpables, los músicos ó los poetas? 
¿En quiénes hubo mas patriotismo y conocimientos, en los 
poetas ó en los músicos ? 

No cabe la menor duda que si sobre una buena poesía 
se puede escribir mala música , á unos malos versos es ca* 

% 

{ 1 ) Véanse en las Umiiias Iw números I, 2 v 3. 



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si imposible poDerks buena melodía : y sin embargo y los 
compoei toros españoles lo hicieroo, porque los bueoos poe- 
tas se revelaron contra el teatro espafioi , adoptando por 
modelo las concepciones francesas ; y como despreciaron 
lodo lo nuestro tanto lírico como dramático^ escribieron 
la letra de las tofUidillcís, los mismos cómicos que las ha- 
bían de ejecutar, con escasas escepciones. 

Franceses, digámoslo asi, nuestros poetas^ ¿qué pro- 
ducciones melódicas podían componer cuando tan distan- 
tes se bailaban las francesas de serlo, y cuando por imi- 
tarlas perdió nuestra poesía su armoniosa cadencia , su sen- 
cillez , su puro estilo, y su sentimiento natural ? 

I Francesi hannoorecchiedicomo, dice Gastil-Blazze, 
haciendo referencia á un proverbio casi europeo, aña- 
diendo, que el oído de los franceses no se ofende en ma- 
nera alguna con la espantosa dureza de las palabras y de 
las silabas, ni de laseacofonias, ni de las desafinaciones 
que levantarían á toda una población acostumbrada á un 
buen acento poético. «En un país (Francia), continúa di- 
aciendo dicho autor, donde el mecanismo de los versos es 
a aun desconocido, el público debe ser insensible á la ea- 
«denda poética. Canción , cántiga^, ó romanza, todo loes- 
« tropea. No^ es estraño ver en un teatro las atrocidades 
a prosódicas con las que se ha nutrido desde su infancia, 
t que se complazca en eseucharlias, que no conozca lo que 
itdebe ser, y que no comprenda, que pueda hacerse de^ 
« mejor manera. Sin embargo^ este instinto, que sus es- 
<(tudios universitarios no han podido destruir, le han he- 
«cho confesar que la música fi*ancesa es bástanle grata^ 
«pero que la italiana, es deliciosa^ encantadora, y tiene 
uQu atractivo secreto que arrastra. Este encanto y este 
((atractivo, es el ritmo, la cadencia del poeta, la feliz dís- 
« tribucion de las palabras, de los acentos, que prepai^an . 



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«diseuan, decoran y sostienen el edificio armónioo» (i). 

Esto dice un francés^ y justo es creerlo. Y si tuvtou» 
por orodelo para nuestro teatro las obras francesas, mal 
pudieron sus imitadores y traductores escribir libros poé- 
ticos dignos de ponerse en música , ni nuestros maestros 
obras completas , coando les faltaban las palabras y el in-- 
teres de la acción, que forman el complemento mágico del 
drama lirico. 

Sin versos escrij^eron nuestros compositores su músi- 
ca ; sin palabras que espresaran algún sentimiento crearon 
sus melodías ; sin argumentos que interesaran hicieron sus 
conbinaciones armónicas; sin cantantes, ni orquestas, ni 
protección del gobierno , de la alta cióse y de la literatur- 
ra , se lanzaron á poner en escena sus producciones, que 
aun hoy se escuchan con gusto , para sostener en lo posi- 
ble la inevitable ruina del teatro lirico español. ¡Y toda- 
vía hay quien se atreva llamar á la música de las Umadi- 
lias, música envilecida, rebajada y puesta en caricatura 1 
Semejantes escritores son los que so rebajan y ponen en 
caricatura, sino ante los detractores de nuestros conoci- 
mientos, ante las personas sensatas de todos los países. 

La pintura de nuestros sentimientos se llama espresiúnj 
la de los afectos sumisos á nuestros sentidos imitación: 
cuanto mas imite y egrese la música, mayor será el mérito 
déla pintura. ¿Yqué mérito puede tener esta sin las palabras 
que son en la música el hilo magnético que nos conmue- 
ve y fascina? Será dicha pintura agradable al oido, como 
la del lienzo á la vista, pero nunca podrá hacer sentir á el 
alma. Si la eslpresion musical no está ligada á la espre- 
sion prosódk^ de una lengua inteligible, no puede haber 
música espresiva; por esto dice Quintiliano, que la natu- 

(1) Thettret Liriques de Parii. L' ópera ItaUen. 



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raleza nos ha hecho sensibles á la melodia, porque dá mas 
fuerza y sentimiento á los afectos espresados con las pa- 
labras. 

El idioma nativo de un país es el que ha dado á la música 
todo el valor é importancia que en si ti^ne^ fijando á las 
melodías sus formas especiales en cada pais distiuto. 

Los climas mas fértiles y templados y los paises mas ri- 
cos^ variados y pintorescos^ han sido los mas poéticos^ y 
por consiguiente los mas músicos; y la música y poesía 
compañeras inseparables^ participando de la belleza de su 
suelo^ han espresado en deliciosa armonía el conjunto su- 
blime de la naturaleza con mas galanas formas y encan- 
tadoras melodías^ cuanto mas dulce y espresivo ha sido 
su idioma. Por esto fue nuestra patria la reina de la mú- 
sica y la poesía; por esto en ella los griegos, fenicios, lati- 
nos^ godos y árabes, aumentaron los raudales de sus con- 
cepciones y las mejoraron, y nos dejaron la variedad y 
sencillez de sus cantos, que enriquecieron al mismo tiempo 
nuestra lengua y nuestra música. 

¿ Que hemos hecho, pues, de tanta riqueza ? Perderla, 
¿ Qué hemos hecho de nuestra hermosa lengua, tan llena 
de armonía, tan variada en sus retumbantes y sonoras 
frases^ y tan galana con su pompa oriental ? Los poetas 
pervertirla con sus galidsmos: los compositoresabandonar- 
la por su servil imitación á las composiciones italianas. 

La lengua castellana, como dice D. Eugenio de Ochoa (4), 
reina de las lenguas vivas por su naturaleza gloriosa y 
robusta ai mismo tiempo: suave en ciertos casos como el 
idioma italiano; enérgica en otros como el alemán y el in- 
glés ; llena de pompa y majestad^ de giros orientales y la- 
tinos; severa, exacta, religiosa; prestándose admirablenien* 

(1) El ArUsla. Tomo U, pág. 5:2. 



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te en Mariana al touo grave de la Historia . eo Calderón á la 
sublimidad de la poesía, en Villegas á la italiana dulzura 
del Idilio, y en Quevedo á la mordacidad picaresca de la 
sátira; fué despreciada para la música por el capricho de 
nuestros soberanos^ por la adulación de los cortesanos^ y 
j)or el poco amor patrio y escasos conocimientos literarias 
de algunos de nuestros maestros compositores , que no que- 
riendo perder su prestigio entre cierta clase de la sociedad'^ 
sacrificaron á su interés particular la hermosa naciona- 
lidad del arte (4). 

Pero no fueron ellos solos losculpables> no: también los 
literatos y poetas de aquel tiempo abandonando su idioma 
por estudiar el francés, y queriendo dar á sus obras una 
originalidad importada^ no escribieron, como dice Fei- 
jóo^ una sola composición poética que fuese juntamente 
natural y sublime^ dulce y eficaz, ingeniosa y clara, brir 
liante sin afectación, sonora sin turgencia, arn^oniosa sin 
impropiedad, corriente sin tropiezo, delicada sin m^lipdre, 
valiente sin dureza, hermpsá sin afeite, noble sin presun- 
ción y conceptuosa sin obscuridad. 



(1) Nuestro insigne poeta don Tomás de Iríarle en su Poema de la música canto V, 
haciendo referencia á la música española se espresa en estos términos. 



Yo sola, (pronimpió la ppesfá), 

Yo sola basto á perpetuar la fama 

de aquella predilecla hermana mia 

En el jocoso 6 en el serio drama ; 

Pues si fuera de Italia me desvelo 

En buscar un leguaje 

Que á todos para el canto se aventaje, 

En el hispano suelo 

Le encuentro noble., rico, magestuoso, 

Flexible, varonil, armonioso : 

Un lenguaje en que son desconocidas 

Letras mudas , oscuras y nasales ; 

Y en que las consonantes y vocales 

Se hallan con orden tal distribuidas , 

Que casi en igual número se cuentan; 

No como en las naciones 

Del Septentrión que ofuscan y violentan 

De las vocales -los cantable sones, 

Multiplicando tardas consonantes : 

Lenguaje , en fin , que ofrece 

En sus terminaciones. 



Los agudo», y breves abundantes , 

Y de esdrújulos varios no carece. 
ttas si en ciertos vocablos algo dura 
La gutural pronunciación parece, 

El buen cantor la espresa con duliura ; 

Y evitar su frecuencia 

Es al poeta fácil diligencia. 
Yo , pues . con tal idioma 
Haré que la espadóla mélodiá 
Vaya envidiando menos cada dia 
La de Florencia y Roma; 

Y que admh'ando gracias del toscano, 
Gracias tenga también él castellano. 

Yo haré por otra parte , 

Que vivan en mis oda^ y candones 

Los que su afán dediquen 

A propagar de tan difícil arte 

Las raras perfecciones ; 

Y que mis justas sátiras critiquen 
A los que sus bellezas desfiguren. 

Y porque los preceptos de esta dcnrri 



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«En Espafka no hay que buscar un poeta, continúa Fei- 
jóo, porque está la poesía en un estado laslimoso. Kl que 
menos mal lo hace (exceptuando uno ú otro raro) parece 
que estadía en como la ha de hacer mal. Todo el cuidado 
se pone en hinchar el verso con hipérboles irracionales 
y voces pomposas: con que sale una poesía hidrópica con- 
firmada, qae da asco y lástima verla. La propiedad y natu- 
ralidad, cualidades esenciales, sin las cuales, ni la poesía 
ni la prosa jamás pueden ser buenas, parecen que andan 
fugitivas de nuestras composiciones. No se acierta con 
aquel resplandor nativo, que hace brillar al concepto; 
antes los mejores pensamientos sé desfiguran con locucio- 
nes afectadas: al modo que caliendo el aliño de una mu- 
jer hermosa en manos indiscretas, con ridículos afeites se 
le estraga la belleza de las facciones.)) 

En este estado se hallaba nuestra poesía y música, por 
las razones demasiado repetidas en esta obra, por dema- 
siado dolorosamente verdaderas, cuando nuestras tonadi- 
llas se crearon. 

Y ahora bien. ¿Qaé frutos ha producido la música ita- 
liana entre nosotros? ¿ La hemos tomado por modelo para 
los adelantos de la nuestra? No : la hemos querido imitar 
servilmente, y muchas veces la hemos parodiado. ¿Haa 
llegado los espectáculos líricos italianos á popularizarse, 
haciendo sentir á todas las clases de la sociedad los afectos 
de que es capaz la música? No : entretienen á la generali- 
dad , por moda , mas no la conmueve, porque no entien- 
de las palabras que dan carácter y espresion á las melodías. 
El público, en general, asiste á tales espectáculos, mas 



Ed las memoria de los hombres duren y i *MMca y f}Oéna 

Los cantaré con métrica armonía En una müma lira tocaremos. 

One llegue de la tierra á los estremos. ( Mal paradas dejaron los poetas y com- 

Así con amistosa competencia positores españoles , las patrióticas espe- 

1 ranzas de marte. 



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por el mérito del cantor ó cantores ejecutantes , que por el 
de la composición música ; mas por gozar de la conbinacion 
de los sonidos , que por la belleza de la poesía y situacio- 
nes de la acción^ vida del drama lírico; mas por regalar el 
oido que por halagar el sentimiento. 

¿Y son estas todas las condiciones que debe abrazar el 
drama lírico? No. La primera y principal es la inteligencia 
de las palabras , para que por ellas puedan producirse los 
afectos de espresion é imitación en el corazón de los oyen*- 
(es. Sin este requisito, el drama lírico es un cuerpo sin 
alma. 

Habrá quien diga que la música no conoce patria , que 
su idioma es universal^ y que en el corazón humano la 
buena conbinacion de los sonidos prodnce los mismos efec- 
tos en todas partes. Pero estas son teorías mas bien para 
leidas> que para verlas en práctica. La variedad de las cos- 
tumbres, y el carácter de las naciones, tienen sus diferen- 
tes modos y maneras de espresar sus pasiones ; y el canto 
de dolor en lossalvages, tal vez nos haría reir^ como el 
de alegría en los turcos nos hiciera llorar. No estamos en 
este caso con respecto á la música italiana, que puede de- 
cirse es la nuestra por las razones alegadas en otro lugar 
de esta obra ; pero sí con respecto al idioma espresado por 
tales melodías, ininteligible á la mayoría de los españoles^ 
y por consiguiente, incapaz de hacerles sentir lo que á los 
italianos. 

El Florentino Lulli dejó su patria por la francesa, en- 
riqueciendo con la música de su pais nativo , la de su pais 
adoptivo ; pero si llegó á connaturalizarla en Francia, no 
fué por el mérito de ella, sino por las palabras en idioma 
francés inteligibles para todos. ¿Y quién hizo mas por la 
música nacional^ Lulli poniendo melodías ala letra france- 
sa, ó Quinault escribiendo versos parala música llamada 



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^>^ 99 €«* 

italiana ? Sin disputa alguna Quinauit , pues tuvo que al- 
terar su idioma para dulcificar su dureza y poder mejorar 
las melodías de su país , sufriendo con resignación las 
crueles críticas de los literatos de su tiempo^ a fin de le- 
garle á la Francia después el drama lírico nacional. 

Nosotros no solo despreciamos la sencillez natural de 
nuestras expresivas melodías con nuestro puro y rico idio- 
ma por adoptar unas y otro de la nación italiana , y las 
maestras obras dramáticas por las francesas copiadas de las 
nuestras^ sino que aun boy ridiculizamos á los que en 
aquel tiempo de servil imitación , de poco amor patrio , y 
de punible decadencia por tales motivos, quisieron soste- 
ner la antigua gloria española, luchando con honor contra 
tantos elementos poderosos reunidos , sin recursos ni pro- 
tección, y sin esperanzas para sí de premio y de recom- 
pensa. 

¡Todo el patriotismo que nos falta para la protección y 
fomento de nuestras ciencias y artes , nos ha §obrado siem* 
pre en política, donde con menos, hubiéramos tenido bas- 
tante! 



TOMO IV. 13 



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CñPttWMXMV. 



Arreglo de ]a real capilla.-- Sus pocos reBultados.—Creaclon de la plaza do Tice- 
maestro.~DoD José Nebra ocupa dicha plaza.— Dictamen pedido & Hebra.— Resaltados 
«itisfiMtorioe eo el naero arregto.— Nueivaa eoUffUtaeiooes.— Método y gobUarmo M coro. 
— Reglamento y planta de los profesores de música.^^reacion del coro de canto llano. 
—Aprobación de la tabla de asistencias.— Mérito y composiciones de Nebra.— Salve com- 
puesU por la Reina dote Bárbara.— Obras de Nf^lneft.— Carácter de wle prolMor.^tai 
Juan, Torices, Hernández, Remacha.— El Padre maestro Pedro de Ulloa.— Don Francisco 
Valls.— Dlspola llamada de Zamor».- Introducción á la gran obra Inédita de Valb, titu- 
lada: Mapa armónico práctico.— templos para espresaK en música los afectos.^Qtros 
de instrumentación.— Don Gregorio Santisso Bermudei. — Su dictamen sobre el Mapa ar- 
«uJfiieo.- Maestros espafioles. 

Preciso era tuviese un fin el estado de deplorable 
abandono en que se hallaba la real capilla de miísioa de 
Fernando VI, y el patriarÉa cardenal Mendoza se encargó 
de ello. 

Sabido es que la mayor parte de nuestros profesores en 
aquella época recibieron su educación musical en los bon^ 
ventos, colegiatas ó catedrales^ por cuya razón debian es- 
tar acostumbrados al decofo y circunspección que se debe 
al santo templo católico : y componiendo el mayor nú- 
mero de los profesores de la real capilla, italianos, fran- 
ceses y aun alemanes, sin duda alguna estos fueron los 
que dieron lugar á las determinaciones que se tomaron 
por los escándalos ocurridos en ella (4). 

Por un decreto del cardenal Mendoza, se mandó á to- 
dos loa profesores que componian la capilla de S. M. ; estu- 
viesen en el coro con el silencio y recato debido, sin per- 
turbar ni divertirse unos á otros con superfluas conversa- 

(I) Profesores extranjeros que so hallaban en la real capilla en la época A que hos re- 
ferimos : Gorseili, Gio?annini, BufaHni, Galkani, Canova^r, Lucholi, Bertolnd, Porrell, 
Fleury, Alberic, MíUorini, GeniiniMi, Torrl, Pcrellf, Jacco, Landini, Morquesint, Seba- 
linl. Bonfanlli, Philipiu, Dalp, Cavazw», Sanrter, I*rirrant, y SciwiTIfr. 



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•«^ !•# «^ 

ciooes^ dí leyendo papeles impropios de tan sagrado lu- 
gar. Se prohibió^ al mismo tiempo , el que entrasen en di- 
cho coro con capas, redingotes, botines y otros trajes que 
no fueran decentes, dejando los abrigos á la entrada co- 
mo se practicaba anteriormente. Se encargó al maestro de 
capilla , ó en su ausencia al sacerdote mas antiguó^ que 
gobernase el coro, y al pantador, el cuidado y celo por la 
observancia de lo mandado; ordenando que al contraven- 
tor se le apuntase como no asistencia, y si alguno ó algu- 
nos eran causa de que oíros incurriesen en falta notable 
al culto, se diese cuenta de ello, para imponerles el con- 
digno castigo (I). 



(1) Decreto : Habiendo llegado á nuestra noticia qne en el coro de la real capilla de 
S. M. no 86 l^rda por los indlriduos músieos de eila^ aquel silencio, compoetmv y re- 
Yerepcia que es debido á tan sagrado lugar, de k) que se ha seguido, y sigue nota de 
escándalo ; y tocándonos como á capellán mayor de S. M. el providenciar de remedio 
oonyeniente para evitar tan grave desorden : Mandamos á todos los individuo! musios 
que tuvieren ejercicio en el coro, asi en común, como en particular, que estén en él, 
con el silencio y recato debido, asistiendo cada uno & lo que fuere de su obligación, sin 
pfrtuii)ar íú divertirse unos á otros con conversaciones superfinas, ni leyendo papeles 
que no sean del ministerio ; y del mismo modo impedimos, que los elesiásticos cantores 
se pongan á rezar en dicho coro al tiempo que es hora de empezarse la función, y me- 
nos durante esto, para que así estén todos con la atención y pontoalidad debida al cum- 
plimiento del servicio : prohibimos también y ordenamos ; que ninguno de los individuos 
músieos entren en el coro con capa, redingot, botines, ni con otro traje que no sea de- 
ceiüe, pues cuando les precisare á usar de algano de estos por el mal temporal, tendrás 
entendido, que los dejarán para entrar en él, como se practicaba antes, y es muy debido 
ala compostura y modesta decencia con que deben estar lodos en aquel lugar sagrado, 
y fuucho mas en las fyjndones que concurre la circunstancia de formarse el coro de mú- 
sica en ra capilla mayor de San Gerónimo, donde le autoriza la real vista de SS. MM. y 
AA. : finalmente, mandamos^ que todos guarden silencio, respeto y reverenda debida, 
y que asimismo que estén en pié todas las veoes que sea ceremonia, según lo dispuesto 
por la Santa Madre I^esia, siguiendo en todo lo que ejecutaren los capellanes de honor 
de. S< M. cuando se. bailen presentes, y no estando, sigan y observen el ejemplo del 
maestro de capilla, y en su defecto el del ministro sacerdote mas antiguo que gobernase 
el coro por ausencia de este, ú otro cualquier motivo : á los cuales como asimismo al 
puntador, ordenamos y hacemos especial encargo de que cuiden y celen por la obaer^ 
vancia de todo lo aquí espresado, en inteligencia, de que al que contraviniere en solo al- 
guna cosa de las que llevamos prevenidas , dicho puntador le puntará del mismo modo 
que si no asistiera : y si alguno ó algunos fueren causa de que otros incurran en lo mis- 
mo, y se siguiere de asto falta notable al culto, nos dará luego cuenta de ello, para im- 
ponerle la mulla que nos pareciese conveniente por la primera veK, y por la reinciden- 



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Poco ó nada se adelantó con dicho decreto, puesto 
qne estando casi siempre la corte en los reales sitios^ y 
siendo poca la asislencia de Corselli á la capilla, ño quisie- 
ron exponerse á la animosidad de los favorecidos extranje- 
ros, ni el sacerdote mas antiguo ni el puntador ; y no dan- 
do estos cuenta á Mendoza de lo que pasaba, siguieron 
ejecutándose las obras del mismo modo, y los profesores 
con el mismo poco respeto. 

Por real decreto de 25 de mayo de Á7Á9 fué aproba- 
do un nuevo reglamento para el gobierno de la capilla 
real ; pero tampoco dio resultados el mejoramiento de 
las funciones en que la música tenia parte; porque las 
composiciones casi siempre eran las mismas^ y el abando- 
no en la dirección de ellas continuaba en el mismo esta- 
do, por el descuido y poca energía del maestro Corselli, y 
la ninguna subordinación de los profesores, sabiendo ha- 
bian de quedar impunes sus faltas. 

Llegó Mendoza á conocer de donde provenian los po- 
cos adelantos que se' habían logrado en el trascurso de 
cuatro años para el mejor buen éxito de las funciones re- 
ligiosas ; y habiéndose informado de las cualidades que 
adornaban á don José Nebra, tanto en conocimientos cien- 
tíficos como en fuerza de carácter, con el apoyo del Mar- 
qués de la Ensenada, logró llevar á feliz término su propósi- 
to, y consiguió lo que tanto deseaba y reclamaba el decoro 
de la capilla de S. M. 

Créase la plaza de vice-maestro de dicha capilla y vi- 
cia, qiiedár&n reservadas & Nos, otras providencias qae en su vista, fueren conducentes. 
Yapara que tenga efectivo, y puntual cumplimiento todo lo referido, y no se alegue Igno- 
rancia alguna por dichos individuos músicos : Mandamos á los furrieres de la real capi- 
lla, que á cada uno de ellos haga saber este nuestro decreto sin esceptuar á persona 
alguna de cuantas tienen servidumbre en el coro , y ejecutado, le pasarán original, al 
pimlador para cjue en cumplimiento de lo que va ordenado, proceda k su observancia 
con la exactitud que debe. Dado en el real sitio de San I^orenzo á 19 de noviembre do 
1747. —El cardenal Mendoza. 



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•«-$» «•• «^ 

ce-rector del colegio de niños cantores con la dotación 
de catorce mil reales anuales, y nómbrase para su desem- 
peño á Nebra, sin perjuicio de continuar en el cargo de 
organista principal. Y como en aquel tiempo no se permi- 
tía á ningún criado de S. M. ni'á los que gozaban renta 
por la real Hacienda disfrutar dos sueldos á la vez, se le 
señala á dicho profesor una pensión de seis mil rea- 
les sobre el sueldo que ya gozaba, en vez de los catorce 
mil queá la nueva plaza correspondian (4). 

Reservadamente pideseleáNebra su dictamen sobre las 
obras de música útiles que se podían adquirir para el cul- 
to de la real capilla , y á fin de que pudieran ser bien cus- 
todiadas , se le encarga diga en qué parajes podrían po- 
nerse unos estantes cerrados para formar el archivo de 
ellas (2). Nebra dá su parecer sobre el segundo punto, re- 

(1) Real decreto creando la plaza de vice-maestro de capilla : «Para mas afianzar el 
Rey, el culto divino de su real capilla, y que en las ocasiones de ocupación precisa, en- 
fermedad ó ausencia del maestro de música, haya sugeto idóneo que le sustituya en el 
gobierno del coro, y demás obligaciones anexas al magisterio, ha resuelto S. M. por real 
decreto de S del corriente, crear una plaza de vice-maestro de C2q)illa, y de vice-rector 
del, oolegio de niftos cantores con catorce mil reales de Teilon de sueldo de planta anua- 
les ; y ha venido en conferírsela á don José Nebra, por concurrir en él, las cualidades 
que se requieren para que la sh-va puntualmente con la plaza de organista principal que 
actualmente obtiene : habiéndole concedido al mismo tiempo, seis mil reales anuales de 
pensión en la tesorería de reales servidumbres además del sueldo que al presente goza. 
Lo que tendrá Y. entendido como puntador, de la real capilla, para su inteligencia y cum- 
plimiento, y para este mismo efecto le hará saber al maestro de capilla y rector don 
Francisco Corselli, y á los demás individuos de música, á fln de que todos enterados de 
esta real resolución, procuren su puntual observancia como es debido. Dios guarde á V. 
muchos abos. Aranjuez y Junio 7, de 1751.— El cardenal Mendoza.— A don Francisco 
Ossorio, puntador de la real capilla.» 

(2) Decreto del cardenal patriansa de las Indias á don José Nebra. « Queriendo el 
Rey que las obras de música que hay actualmente , y las que se fueren adquiriendo, y 
Reculando por sus maestros , estén con la debida custodia , me dirá V. reservadamen- 
te , en qué parsge de la actual capilla , podráli ponerse unos estantes cerrados , donde 
estén á la mano , y ínterin que concluido el nuevo Palacio se desUna en él, pieza cor- 
respondiente para formar archivo de estas obras : proponiéndome V. qué clase de es- 
tantes podrán hacerse para esta provisional providencia, con todo lo demás que á V. 
pareciere ; como asiiiiisrao , las obras útiles que se podrán adquirir de los mae^lioH 
(le capilla de mayor nota , ya sea por compra, ó bien sacando copias, en inteligencia, 
*W que el ánimo de S. M. c* que en la capilla haya todas las obras que se necesiten 



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servándose contestar al primero hasta adquirir las Dotiáas 
necesarias para el mejor acierto ; cuyas noticias no llegó á 
dar extensamente por evitarse compromisos (4). 

También á Gorselli , como ya se ha dicho en otro lu- 
gar , se le pidió nota de las mejores obras de música ecle- 
siástica que se conociesen ; pero solo fué por pura fórmu- 
la^ puesto que la confianza de Mendoza y Ensenada la te- 
nia don José Nebra (2) , y de las obras presentadas por aquel 
no se compró ninguna. 

No pudiendo Nebra evitar el dar su dictamen sobre las 
composiciones de Falconi; no queriendo tampoco perjudicar 
á Gorselli que las habia comprado , ni ocultar la verdad a) 
cardenal Itfendoza^ manifestó su opinión del modo si- 
guiente: a Del maestro don Felipe Falconi , es poquísimo 
lo que he oido, pero don Francisco Gorselli podrá infor- 
mar á V. Erna, del mérito y circunstancias de sos obras. 
Lo que á mí me parece (por ser lo mas juicioso) es^ que 
al actual maestro don Francisco Gorselli ^ se le satisfaga 

para que las füneionefi del culto diyino se ejecuten con la mayor aolemiiidad y dislin- 
cioo. Dios guarde á Y. machos aflos. Anuajuei 19 de Junio de 1761.— £1 Cardenal Pa- 
triarca Mendoza.— Sr. D. José de Nebra. * 

(1) Respuesta de don José Nebra al cardenal patriarca de las Indias. «Eminentí- 
simo Señor. Satísfodendo al venoado precepto de V. Erna, digo : Que Junto al coro 
de la real Capilla, hay un cuarto donde están los libros de canto llano , y de órgano, 
en un estante pequeño , y en el mismo sitio se puede colocar otro mayor para custo- 
diar MiflM, Psalmos , y las demás obras que son precisas en el gkro del afto. Donde 
me parece que esta providencia se hace mas precisa , es en San Gehkiimo , por ser d 
mayor número de Itmciones las que se ej^utan en dicha iglesia : y siendo todo interina, 
con doa estantes decentes, y seguros , se puede subvenir al digno deseo de V. Emi- 
nentísima que Dios guarde.— -Para adquirir obras de maestros de Capilla insignes que 
puedan ser oportunas , para que las funciones se ejecuten con solemnidad, y distin- 
ción , se necesita tiempo para tomar nottda.-^Quedo A. L. P. de V. Erna, para servir^ 
le , y rogar á Dios felicite su vida los mudios aftos que le deseo. Madrid y Junio %\ de 
1751.— A. L. P. de Y. Erna, su mas atento subdito— Josef de Nebra.— Emo. Sr. Carde- 
nal de Mendosa. » 

(3) Oficio del ministro de Grada y Justicia al cardenal patriarca de las Indias. 
« Emo. Sr. He visto lo que responde Nebra ínterin que hace examen de las obras qoe 
se deban soHeitar , y así parece preciso se. pongan por obra los dos estantes , uno pera 
Palacio , y otro para San Gerónimo.— Estos deben hacerse por la casa , y á este fin , y 
para cuanto vaya ocurriendo en este asunto , será bien que V. Erna, pase la orden que 



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■o^ ««J ^^'■ 

el imporle del papel que ha gastado en la copia de sus obras, 
desde que tuvo el ingreso en la real capilla, y se conti- 
núe en adelante esta gratificación , para que en ningún tiem- 
po pueda pedir la propiedad de sus obras , y con este pe- 
queño dispendio se logre abolir tan pernicioso abuso: pues 
teniendo S. M. dolados los copiantes (que es lo mas) ^ con 
esta providencia en el curso de pocos anos , se hará dueño 
de un grande archivo (1).» De este modo evitó Nebra el 
compromiso artístico y de compañerismo , comprometien- 
do á Corselli á que no diera un voto arriesgado sobre las 
producciones de Falconi^ al mismo tiempo que le resarcia 
en parte los gastos que habia hecho. Mas sin duda Cor- 
selli, por no perder lo gastado, recomendó algunas mi- 
sas, vísperas y completas del dicho Falconi, según sedes- 
prende de la representación que hizo á S. M. el cardenal 
Mendoza; (2), aunque ni en los inventarios de los archivos 

tiene al Contralor , diciéndole se necesitan de pronto dos armarios y que estos se han 
de ejecutar en la forma , y eon las cualidades que diga Nebra , y que avise al carpinte- 
ro de la casa se vea con él.— A Nebra prevéngasele por V. Ema. que diga al carpintero 
como han de ser los dos estantes 6 armarios , y las cerraduras , que todo se ha de ha- 
cer de su satisfacción. — Soy de parecer , se diga & Nel^ se espera la noticia de las obras 
que sean necesarias , y & Corselli, que envié el papel ú orden que se le comunicó , quo 
por él vendrá en conocimiento de las diligencias que se hicieron entonces , para saber 
la pertenencia de las obras de Torres , y en pasando á Madrid , se manifestarán á Ne- 
bra las notas de obras que compró Corselli por si conviniere qne se tomen para el rey. — 
He dicho á GordUlo, se- necesitan los estantes, y esto^ y lo demás que se ofrexoa y pida 
V. Ema. se dispondrá , y mientras pido á Dios le guarde por muchos anos. Aranjuez y 
Junio 22 de 1751.— -El marqués de la Ensenada. — Emo. Sr. Cardenal Patriarca de las 
Indias. > 

(1) Oñcio de Nebra al cardenal Mendoza fechado en Madrid á 16 de JuUo de 17S1 . 

(2) Representación del cardenal Mendosa ít S. M. el rey doo Fernando VL -^-Se- 
ñor. — ^En oíkio de 16 de Junio de este ano ^ me participa el marqués de la Ensenada, 
que deseando V. M. que las obras de másioa que sirven al [divino culto , 6e maut^^it- 
gan eon la debida custodia, ha resuelto V. M. que por ahora, é ínterin se conclu\e 
la f&brica del nuevo. Palacio , se liagan estantes cerrados donde so coloquen todas la» 
obras que actualmente existieren , y hubieren ejet'ufado los maestros de la real Capi- 
lla desde el Incendio del Palacio antiguo , y las que tfueren escribiendo conforme su 
obligación, costeándose por la real Hacienda' el papel que se neoesüare, y que a.'ü' 
ejecutado se forme inventario , y baga entrega formal al maestro de Capilla con las llavejt 
de los estantes , respecto á que ha de ser de su cargo la elecoion de las obras que 8e> 
gnn las clascK de las fuacionos deben cantarse «n t-ada un». — También uie participó ji«' 



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de la real capilla aparecen dichas camposicionos^ ni pol* 
lo que dice Pérez en sus Apuntes curiosos puede creerse 
hayan existido, pues se expresa en estos términos: a En 
punto al maestro don Felipe Faleoni , confesamos no ha- 
ber visto m oido cosa alguna suya /pero creemos pruden- 
temente, que seria algún Qavista y remendón de arias , 
en las óperas que en aquel tiempo se bacian pat*a divertir 
á SS. MM.. y que de aquí le vendría la fortuna dp ser maes- 

orden de V. M. que supiese yo. si entre las obras que dejó el maestro don losé Ter-' 
res^ y compró Corselli de sus lestament arias , hay algunas que 'sean útiles, y necesa- 
rias para la capilla, y si convendrá tomarlas satisfaciendo el coste en que se oBtitna- 
ren , ó que se saquen copias de algunas , ó que sean de otros autores : todo i Un de 
asegurar el culto divino de la real capilla.— -Y en cumplimiento de esta real orden , en 
U primera parte pongo eo la real noticia de V. M. como ya están hechos dos estantes 
cerrados, según han parecido á don José de Nebra, para el efeuto de an-hivarse en 
^Uos todas las obra» ejecutadas desde el incendio del antiguo Palacio : pero para prac- 
ticarse esta providencia con la formalidad de inventariarse , y hacer cargo de ellas al 
maestro , se hace preciso que V. M. mande se satisfaga á don Francisco Corselli , el 
importe del papel que ha gastado de su cuenta en la copia de todas sus composiciones 
desde que entró en la capilla , y que esto mismo se ejecute en adelante con. tóelas las 
demás que hicieren los maestros como V. M. lo ha resuelto. — Por este medio tan fácil, 
se logra abeUr «1 pernicioso abuso de que los maestros queden hechos dueños dA la.<i 
obras que componen para el i»ervicio del culto divino, pues teniendo V. M, dotados los 
copiantes , que es el mayor coste , con esla tan laudable providencia , en el cureo de 
pocoft aAos será V. M. duefto de un grande archivo de músiea.-*Por lo que mira á las 
obras del maestro don José Torres , que quiere V. M. saber si hay entre ellas algunas 
que sean útiles \ necesarias para la capilla , me informan los maestros , que todas son 
dignas de la inmortalidad , por la común aceptación que se adquirió este célebre autor: 
pero atendiendo yo á que V. M. solo querrá valerse de aquellas mas escogidas , y útiles 
para el servicio de las funciones segira el estilo presente , he indagado particularmente, 
que pjitre, estas obras que compró Corselli de la testamentaría de Torres , hay, algunos 
pflahnos de vísperas , un oficio de difuntos , y una misa mas armoniosa que todas las 
demás : k) cual puede tomarse eon'alguna otra cosa que parezca necesaria , y también, 
algunas misas , vísperas y completas , del maestro Faleoni por lo breves que son ; y p#r 
esto pueden convenir para alguna ocasión que ocurra ; y cuanto se tomare de estas , y 
otras obras , lo mas acertado y de menos dispendio , es tomar la propiedad de las co- 
pias que sacarlas de nuevo , y si V. M. fuere servido de ver por menor todas laacompo- 
sidones de esto» autores , pasaré á manos de Y. M. una razón de todas ellas para que 
en su vista , pueda Y. M. resolver ír> que fuere mas de su real agrado.—Porsi V. M. fue- 
re servido hacer á la capilla con un surtimiento de autores clásicos estrangeros y nacio- 
nales de todas las obras que so ofrecen en el discurso del afio , hago presente á Y. . lül. la 
adjunta lista que ha formado Corselli , y que dice será de muy corto coste el Iwc^rse con 
todas las que se eligieren , disponiendo que vengan en partitura. Lo que espongo ;'i 
V. M. para que en vista de lodo pejiuelva y mande lo que fuere mas de su real agrado. 
— Buen Retii-o I.° de Setiembre de 1751. — El Cardenal Mendoza. 

Tomo i y. i i 



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tro de capilla con dos mil ducados de renta. Todo lo cual 
puede creerse asi^ sin hacér ningan juicio tetnerariOi cuan- 
dp pomo haber hecho nada de atención, tuvieron que 
escribir sin cesar el maestro Corsellí y don José Nebra , pa- 
ra miejorar el desempeño de las funciones de la- redi capi- 
lla abandonada por tanto tiempo. » 

fiien palpablemente queda demostrado el estado deplo- 
rable en que se hallaba la capilla real de música antes de 
pertenecer á ella como vice-maestro el organista Nebra, 
y el orden que empezó á reinar con las acertadas dispo- 
siciones del cardenal Mendoza, aconsejadas por aquel en- 
tendido y sabio maestro espafiol. 

A pesar del favoritismo estranjero, los resultados sa- 
tisfactorios del talento de Nebra fueron aumentando su 
prestigio, y logrando con su laboriosidad y fuerza de carác- 
ter dominar de una vez la anarquía desenvuelta entre los 
profesores de la real capilla. Las sobresalientes composicio- 
nes de Nebra estimularon á Gorselli, y las obras nuevas de 
ambos maestros se sucedieron con una rapidez tal, quehubo 
temporada en que cada dia de capilla se ejecutaba una nue^ 
va. Los profesores^ con semejante actividad, desempeñaban 
con gusto é interés sus respectivos cometidos ; la asisten- 
cia era puntual , el respeto mayor ; las composiciones ca- 
da vez mejores ; su ejecución cada vez mas perfecta; y 
en un corto tiempo, la capilla de música de S. M. fué 
brillante, y sus archivos enriquecidos sin necesidad de 
obras importadas. 

Tan felices resultados animaron al cardenal Mendoza 
á fijar de una vez el explendor de la real capilla; y tenien- 
do por consejero á Nebra , se empezaron á formar las nue- 
vas constituciones que en lo sucesivo habían de regir en 
ella : aprobándose por S. M, en 40 de marzo de 1756 



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•«^ «M €^ 

el método y gobíenio del coro^ y aunque diasy horas se 
habtan de celebrar los divinos oficios : mareándose ea di- 
cho documento los días de solemnida<l en la misa mayor; 
en qué festividades debia haber maitines y laudes ; las 
horas menores, las vísperas y completas ; la distinción del 
canto «que se habia de obs^var en los dias de primera y 
segunda clase, y en los dobl^ mayores y dominicas ; y ias 
observancias y ceremonias que se debian practicar en el 
coro mientras se estaba en él, y durante la misa mayor. 

En 2 de mayo del mismo año quedó también aprobado 
el reglamento ó planta de la capilla de música en esta 
forma : A mas del maestro y vice-maestro, cuítíro tiples ; 
don José Felipe, con ^8,000 reales anuales ; don Cáií'los 
Reyna con 46,000; don Narciso Alfonso con 42,000 ; y 
la otra plaza vacante con otros 42,000. CtujUro canlraltoy. 
don José Pelegrini ^5,000 ; don Pedro Serbeüoni, 45,000, 
la tercera y cuarta plaza vacantes con 4 % 000 reales cania 
una. Cuatro tenores: don José Canovay con 4 5, 000; don José 
Pérez Bicarte, 44,000; don José Pérez de la Torre, 40,000; 
y la otra plaza vacante, también con 10,000 reales. Trm 
bajos : La primera plaza vacante con 45,000 ; don Joa- 
quín Dacosta 42,000, y la tercera también vacante con 
42,000 reales (4). Tres organistas : doa Joeéde Nebra con 
46,000 ; don Antonio Literes con 42,000, y don Miguel 
Ravaza con 9,000, Tres bajones : la primera plaza va- 
cante con 9000 ; don Justiniano Cantero con 8000; don 
Rafael Pastor 7000. Dos fagotes: don Francisco Bordas con 
TOOO; don Onofre Genesta 7000(2). Tres violmcellos : 

(1) Esta plaza 8e suprimid el alio de 1763, para crear i^s dos de ayudantes de sochan- 
tre, cuyas dos plazas fueron ocupadas por real orden de 13 de setiembre de dicho año, 
por don Antonio Serón \ don Lorenzo Bellido : lo cuai .se hizo á instancia del receptor 
de la capilla, don' Melchor j Borruei, y consulta dt^l cardenal iiatriarca de \^ Cerda. 

(2) Estos fueron los dos primeros fagotes que hubo en la i^apilla ; go^indo Bordas 
nna pensión de dos mil realns anuales por merced parücular de S. M Fernando VI. 



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(Ion Domingo Porretticoii ^ 2,000; don Aotoniu Viilazno 
40,000 ; don Joan Orri 8000. Tres contrabajos : don Ber- 
nardo Alberic con 40,000 ; don Francisco Zayascon 8000; 
don Carlos Millorini con 7000 (I). Doce violines : don Wi- 
fiíiel Geminianicon 42,000; don Gabriel Terri, 4 2,000; 
don Cosme Perelli, 40,000 ; don Pablo Jaeco, 40,000 ; don 
Francisco Manalt, 9000 ; don Francisco Landini, 9000; 
don Antonio Marquessini 8000; don José Boofantti. 8000; 
don^ Felipe Sabattini 7S00 ; don Francisco Fayni, 7500; 
don Esléban Isern, 7000; don Francisco Lenzzi^ 7000. dea- 
tro violas: don Juan de Ledesma, 7500; don Francisco 
Guerra, 7500 ; don Manuel Dalp, 7000; don Felipe Mon- 
real, 7000. Oboes y Flaiilas : don Manuel Cavazza, 4^,000; 
don Francisco Westres, 10,000 ; don Luis Míson, 9000; 
don Juan ¡Vlcstrns, 8000 Dos clarines : don Felipe Crespo, 
40,000 ; don Antonio Sarrier, 40,000: Dos trompas: don 
José Princraut 9000 ; don Antonio SchefiFler, 9000. Dosco- 
piantes de música : don José Lombarl, 5000; don José San^ 
tiso, 3000 (2). Puntador, don Francisco Ossorio, 6000. Afi^ 
nador de órganos : don Pedro de Hibornia y Chavarria, 
2200(3). Barrendero y entonador: Francisco Caso, 5000(4). 

A C(*ntinuacion de esta nueva planta, se pusieron cin- 
co artículos concebidos en estos términos : 

Artículo 4 ." Siendo el ánimo de S. M. conceder é 

(i) La tercera plaza de cootrabajo se suprimió |M>r real urden de 19 de ocUikire de 
I76<>, á consulta del cardenal patriarca de la Cerda, y petición del receptor, para poner 
dUfrfiHieiones tnterpresentes á los del coro de canto Hano, á fin de obligarles á la mejor 
asistencia ; paea habla siempre trabí^ para ello vallétidose del pretexto de que se ha- 
llaban enfermos. 

(3) A estas dos plazas se les aumentó el sueldo de 4400 reales , en el año de 1772. 

(3) También fu<í aumentado después el sueldo de esta plaza Ajándolo en 2930 
reales. 

(4) La segundo plaza de barrendero y entonador que estaba supcin^ida en la planta 
del afto 1749, volvió á crearse en 1.^ de enero de 1757 con la dotación de 150 ducados; 
permaneciendo así hasta que en el ano de 177 1 se le aumentó hasta 200 ducados, dando- 
dolé el dictado de Jíozo de coro, y jubilando á Caso con 5 reales diarios. 



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-CH^ §mm c»- 

li)s músicos que hubieren servido veinte y cinco aflop en 
su Real Capilla , jubilación c^n medio sueldo, consignado 
en el paraje donde mas le convenga , es su Real volun- 
tad , que se haga presente á S. M. los individuos que curo- 
plan este tiempo , para que sean atendidos en la referida 
forma ( 1 ). 

Art. 2.' S. M. releva á todos los músicos que hay 
hoy y que en adelante hubiere en su Real Capilla, de la 
paga del derecho de la MedmAnnata y de ta mesada ecle- 
siástica, á fin de que entren en sus empleos y ascensos sin 
este semejante gravamen (2). 

Art. 3/ Quiere S. M. que st alguno se inhabilitare 
por accidente que le sobrevenga antes de cumplir el tér- 
mino de los veinte y cinco aOos, se le haga presente, con 
espresion de sus servicios y^demas circunstancias qué le 
asistan^ para que su real clemencia^ le facilite el alivio 
correspondiente (3). 

Art. 4.** Manda S. M. que los individuos que tuvie- 
ren mas goce que el que señala este reglamento, por pen- 
sión ó merced particular, no entren al aumento que en él 
se prescribe, quedando con lo mismo que hasta aqui han 
tenido (4). 

( 1 ) Este artículo ha tenido efecto en repetidas ocasiones, y con diferentes individuos 
que han solicitado su jubilación después de cumplir los reinte y cinco afios de capilla ; 
pero no con quien no lo ha soycitado y pretendido. 

( 2 ) Por este artículo derogó S. M. lo mandado en la constitución segunda de los ca- 
pítulos de hfsfruccion de la planta ó reglamento del afko 1149. 

( 3 ) Este artículo ha tenido uso en varia» ocasiones oon varios capelVines del altar; y 
de coro que antes de cumplir los 25 aAos de capilla se han imposibilitado. 

( 4 ) Sin duda por lo que expresa este artículo, no se fijó en esta nueva planta el suel- 
do del magisterio de música de la real capilla , ni el de vtee-maestro, pues desempeñan- 
do la primera plaza D. FVancisoo CorseHI , gozaba, además de los 18,000 rs. como maektro 
de capilla , oíros sueldos por maestro de varías personas reales , hasta la suma de 38,340 
reales , que no se le rebajaron á pesar de haber cesado en estos ¿ttlmos cargos : y desem* 
penando Nebra la segunda , como ya hemos dicho, percibia'una pensión sobre sus habe- 
res de organista , y In nncva plaza estaba , tocante k raeldo, sfn llenar los requisitos de su 
rrrarlon. 



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-^ i«# ♦^ 

Art. 5/ Declara S. M. que los demás múácos que 
existoi actualmente en la Capilla^ y no estáo nombrados 
ó comprendidos en este nuevo reglamento^ queden con el 
mismo sueldo que gozan (4 ). 

Aranjuez 3 de Mayo de 1756. — El Conde de Valpa- 
raíso. — Al Cardenal de Mendoza , Patriarca de las In - 



Ett 40 de mayo del mismo aoo se creó el coro de cauto 
llano, pero siendo escaso el número de doce voces para el 
servicio diario que tenia de hacerse tanto en San Gerónimo 
como en la capilla de la calle del Real Tesoro, hicieron 
losoapellaues de altar una representación á S. M. hacién- 
dole presente la grave fatiga quelesocajsionaba, siendo tan 
pocos en número, el tener que oficiar la misa en el Buen 
Retiro y asistir á lassegunda^ísperas á Palacio, por la grao 
distancia de estos sitios, (a inclemencia del invierno y los 
.excesivos calores del verano. Que para poder dar el debido 
cumplimiento á las constituciones aprobadas para el debido 
«*.ulto, se aumentasen seis {^azas de salmistas tlotadas con 
cinco mil y quinientos reales cada una, dejando los espo- 
nentes mil quinientos reales de los señalados á cada uno 
por distribuciones; y que volviendo á crearse la plaza de 
cuarto organista, suprimida el año de 4749 , quedarían los 
sochantres mejor asistidos y el culto mas asegurado. Pi- 
dieron también en esla exposición , el que la presidencia del 
coro encomendada á un capellán de honor, lo fuera al sacer- 
dote mas antiguo, al maestro, vice-maestro, ó decano de 

( 1 ) Muehoft fueron los profesores de U oupUla que por este articulo quedaron Aaera 
de U nueva plant*, ya por ser demasiadoB en núnero, ya por inútiles, ó bien por díscolos; 
anos percibiendo el sueldo de la cámara, como los tiples Giovanini y Bufalini \ los con- 
traltos Galicani y Ribero; los tenores UichoU, Berlolucci y Barreda, y los ba^os Monta- 
nana, Gómez y Martínez ; y otros cobrando el de la capilla, pero sin ninguna obligación, co- 
mo los tenores Fernandez , Rico y Herranza los bajos Carraona > Maclas ; los bajones Fer- 
rar y Pérez ; el violoncello Fleury, y el Tiolin Philipis. 



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-«^ 111 ^«. 

los instrumentistas, para que estos, y no otros, los repren- 
diesen y multasen, y si algo de cons^uencia ocurriese , en- 
tonces se diera parte al capellán mayor patriarca de las In- 
dias. 

Esta exposición foé remitida para su infok'me. al ilustri- 
simo señor arzobispo de Farsalía, D. Manuel BoniCáz^ in^ 
quisidor general y confesor de S. M., el que, coh el parecer 
de Nebra, lo evacuó manifestando era de opinión se crea- 
sen las s^s plazas de salmistas^ y la cuiirta plaza de orga-^ 
nista que se hallaba suprimida; pero de ningún modo se 
quitase del coro la presidencia del capellán de honor (4). 

Por real decreto del 18 de abril de 4757 se aprobó la 
nueva tabla en que se prescribían todas las asistencias que 
perpetuamente han de tener , y deberán cumplir los músi- 
cos de la real copula, y los capellanes de aitar , por lo res- 
pedivo ai canto4lano y caneo de órgano ^ aá en Palacio , 
como en Scm Gerónimo, y las demás que están concedidas 
á diferentes iglesias de Madrid^ sin que subsista cuanto se 
pueda reproducir de los estilos que la hayan antecedido pa- 
ra celebrar las festividades con la solemnidad que corres- 
ponde, observando los ritos de la iglesia romana, en las 

(1) En el tercer párrafo del dictamen dado por el confesor de S. M. con fedia $ de 
febrero de 1767 se lee lo siguiente : «Y siendo preciso para mantener el divino culto^ que 
el religioso celo de V. M. desea establecer en su real capilla, y que haya voces (ÜQrtts 
y gruesas para el canto llano y oficiar las misas , con los trece mil y quinientos reales 
que se les habla señalado á los nueve capellanes de altar en distribuciones por el nuevo 
tralMyo, y con algún gasto mas; podr& V. M. mandar al Cardenal Patriarca, se doten 
seis plazas de salmistas á 5,500 reales de sueldo cada una , y con los dos sochantres, ve- 
rá V. M. ciunplidos sus fervorosos deseos , y asegurado el culto á lo que contrihuye prin- 
cipalmente el canto llano y escita mas la devoción . Y si fuere de vuestro Real beneplácito 
se servirá ordenar se resucite, ó reintegre la plaza de cuarto organista, que se halla su- 
primida y consideran ser indispensable por las muchas funciones que hay que tocar Y 

por lo que toca á la presidencia de un capellán de honor en el coro , juzgo señor conve- 
niente , se mantenga esta costumbre , pero con la prevención de que solo asista para el 
cuidado de que se esté en él con respeto y reverencia que es lo que corresponde en lu- 
gar tan sagrado , pero sin la autoridad de poder reprender ni multar á individuo algu- 
no; y si notase alguna cosa que pida remedio., dará cuenta al Patriarca , para que como 
prelado y jefe, provea lo conveniente.» 



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primeras y segundas clases cuando caen en su propio día, 
ó se transfieren á olro , según práctica inconcusa , y que 
debe regir hallándose S. M. asi en Buen Retiro, como au- 
sente de la corte , ó habitando en su Real Palacio nuevo: 
Y por real resolución de dos de junio del mismo año> creá- 
ronse las seis plazas de salmista y la de cuarto organista (1 ). 

Por lodo lo expuesto se comprenderá el talento regu - 
lanzador de Nebra , á mas del de compositor y organista ; 
habiendo sido, cómo dice Pérez, uno de los facultativos de 
mayor juicio, crédito, conocimientos y habilidad, de 
cuantos conoció el siglo , y acaso conocerá en adelante, 
así en el órgano , como en lo que escribió de música de ca- 
pilla. 

El mérito de la& composiciones de Nebra ejecutadas en 
la real capilla, y el brillante estado en que puso esta , le 
valieron la protección de Femando VI, y aun la de la reina 
Bárbara , que escribió bajo su dirección la célebre Saive á 
grande orquesta, que con admiración de los inteligentes se 
ejecutó por la capilla de música deS. M. en el monasterio 
de las Señoras Salesas de Madrid (2), y después en la corte 



(1) Esta plaza con la dotación de 6000 reales se proveyó en el presbítero don Joim^ 
Polo Moreno. 

(2) La Reina doña Bárbara IXindó á sus ospensas el real monasterio de la orden de 
San Francisco de Sales , llamado vulgarmente de las Salesas realeo , para que en él sp 
criasen y educasen nifias nobles, bajo la dirección de entendidas sefioras religiosas. Per- 
mitiendo su instituto el que casadas y doncellas pudieran retirarse á hacer, dentro de la 
clausura de sus monasterios, ejercicios espirituales por algunos dias, y también el que to- 
masen el hábito de religiosas las personas nobles que por su avanzada edad yt quebranta- 
da salud quisieran gozar de la tranquilidad del claustro y de las comodidades de su dasi». 

Púsose la primera piedra de esfe suntuoso edificio el día 26 de junio de 1750 , y el 
dia39de setiembre de 1757 se trasladó el Santísimo Sacramento á su magnífico temp!> 
con la ostentación y lujo que verán nuestros leclores por el orden que llevaba la procesión, 
que era el siguiente : 1.® Las comunidades religiosas que asistían á las procesiones con 
sus cruces y prestes. 2.^ El estandarte de la Sacramental del Hospital del Buen Sucedo 
6 de la corte , con las Mangas de las parroquias y cofVadías. 3.<*E1 Cabildo de curas y be- 
netlciados de Madrid, con el vicario eclesiástico. 4.** Dos porteros de cámara. 5.<* Dos al- 
ealdes de casa y corte. 6." Dos furrieres de la real capilla. 7.<* 1^ cruz de la real capilla, 
.•(»n dospagesdc S. M. alumbrando con hachas. B.^ l.o.< individuo!» mú.sicos .neglare? déla 



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ttá 



de Portugal ; as( coitio también el que fuera nombi^do 
maestro de S. A. R. el Infóbte dod Gabriel , concediéndo- 
sele el uso de uniforme de la real cámara ; y que á la 
muerte de la reina doña Bárbara se le encargase la com- 
posición de lá inisa de Réquiem, del Invilatorio de difuntos, 
salmo, y dos lecciones. 

Muchas fueron las obras que Nebra dejó escritas , y en 
todas ellas se ven las huellas de su privilegiado genio y sus 
profundos conocimientos en el arte (1). No tnvo émulos 



feál capilla. d.<* Lo6 colegiales cantores de S. M. con roquetes. 10. Los sochantres y sal- 
mistai , ó capelUnei cantores ée sobrepelliz y bonete. 11. Los capellanes de altar, y sa- 
cerdotes músicos interpolados, con sobrepelliz y bonete. 12. Los capellanes de honor y pre- 
dicadores de 6. II. IS. Láá señoras religiosas con veK) echado y telas encendidas. 14. Los 
obispos. 15. La custodia en sus andas b^Jo de palio , cuyas varas y andas llevaban de ca- 
pa plubial los capellanes de honor ; y los incensarios , vestidos de subdiácouos , el pres- 
bitero don José Polo y Moreno , organista de la real capilla , y el capellán do altar don 
Francisco Vallabriga , que después tné sochantre. 16. El nuncio del Papa , vestido de 
pontifical , con sus asistentes. 17. Loé mayordomos de Semana. 18. Los gentiles hombres 
y grandes de fisiiafla. 19. Loé teyM don Femando^Vl y dofta Mftrfa Bárbara do Portugal. 
y el infante don Luis Antonio Jáltne. Í0. La camarera mayor y dattias de palacio , todaí 
con ftns velas enoendiduá tútúa loé demás asistentes á la procesión. 1^1. Los guardia^ de 
oorpft con snft ifest)ectivos oAciatcfc. 

En el suntuoso monááterio de Sehoras Sálesáí realelí sé haHt enterrado el cadáver de 
su fundadora lá r«iná doña BáriíaTá , <]ne murió en Aranjutt «1 dia Tí de agosto de 1768. 
y el de su augusto eí)[>oéo Fi6t1íMiüdo VI , qUe acabó su reinado el día 10 de agosto de 
17&0. 

(1) Obras eclesiástkas ét ém Joié dá Nébra q«e Mmr etlsttr en los arehiVon de 
música de la real eat>illá d« S. M.— (flnUiO de comm de ceáfesorea.— Id. de mártires.— 
Id. de santa Librada y comnh de virones.— id. de Apóstutes.— Rl de Nona de la Asun- 
ción.— El de PenféeoitM.— El de CorfmB.^El de IVinidad.— El de la Aseentlon para 
vísperas.— El dé to(Íos los Satttoi».— El de la Cruz.— El del Santísimo nombre de ieaus.— 
El de san Felit^e y SáMlAgo y demás apóstoles en tiétaipo paaoual.— El do sato iiltti Baq- 
ueta.— El de san Pedro.— El de san losé.— El de sania lsabel.->-El de san Miguel.-^El 
de san Justo y P&itot.^Réapotisorioe de Navidad á ocho, 1762.— Misa á otiho^ 1749.— 
Himno de Santiago á ocliO ^ lt61.—Hiihno de Santiago á Ocho, 1764(— LMtiía á oeho, 
1767.— Lafttentadotl I.* del ihiéraolesásolo, 1768.— LeUnfaá ocho y salve á ótnoo, 1753. 
^Tres honentaciones del hiiércóles , l?6t.— Thss titlaneioóe del Santísiilio á «uatro , 
17S0.— Completas á ocho , 1749.— Misa á ocho , ¡n viún po^.— LelanU á ooho ^ satve á 
cinco , 175S.— Intttatono é khnne de NtvMád á oeho , 1767.->>Vfbperai á cuatro de U 
v&gen y dé los áAntés, i 766.— Víperas de los Santos á OOho.— Réftpbnsórlte úk IfavidM- 
á oého , 1760.— ReapOnéOfio« de Beyes , lT67.^Utanla á oého , 1767.— Letiaila á oeho y 
^ve á seis , 1764.— Tres lamentaciones del tíiiércoles , Hbñ^-^Siquentáa md t^Btmim- 
HOftdn á Ocho , 1746.— Mtsa á dhico y á ocho , Esur^aH fínu, 1748.— liüa á oobo, can- 
tale exuUale et psallite, 1757— AiiUfbDa de Comunenón mffTmfm » IT67.*^omplelaB 

Tomo iv. 4 5 



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-H^ «14 <^ 



áé su gloría, porque á la par de su superioiidad, ni leeni- 
vanecian los elogios, ui conocíala adulación. Con todos 
sus comprofesores era franco y alegre ; su amistad sen- 
cilla y sin doblez ; afecto á servir á cuantos le necesitaban; 
exacto en el cumplimiento de su obligación, y con fuerza de 
carácter para hacer que la cumplieran sus subordinados^ sin 
usar de otras armas que las del agrado. Gustaba hablar del 
arle y de los que con dignidad y talento fo profesaban, pero 
ni con el orgullo de superioridad , ni con la vulgaridad 
chismográfíca. Protegía al aplicado y huia de los pedantes. 
Don José de Nebra, en fin, fué un verdadero artista^ y el 
orgullo del arte en su tiempo: y si dejó de existir el día ^ 4 de 
julio de 4768, pagando el cruel tributo que todos debemos 
á la naturaleza, su memoria ha quedado impresa en lasge- 



4 ocho, nS7.*-Misa 4 ocho, Labia mea laudabunt te, 17S2.— Invitatorío é himno de Na- 
ridad 4 ocho, 1751.— Lamentación 2.* del jueves para típle , 1759.— Letanía 4 nueve v 
salve 4 seis , 1756.— Vísperas del común de los santos y de la Virgen 4 cuatro, á facistol, 
con 19 partes 6 Ubrítos en pergamino , 1752.— Misa 4 ocho sobre el himno Pangdmgua, 
1747.— Letanía y salve 4 ocho con solos de tiple y contralto , 1757.— Himno para la Epi-^ 
fanfa 4 ocho, 1751.— ¿«cito 1.* in Paratceoe 4 ocho , 1753.— £ec<to 2.» in Parascwe 4 
dúo , 1753.— ¿0C<tb S.^nn PorofceiTe 4 cinco, 1753.— In Epifatm Dm. ad mattUinum 
ptxmus $almusy tres nocturnos, 1752.— Cinco antífonas 4 la Virgen, 1751.— Salve 4 
odio , 1761.— Misa sobre el Sacrü solemniSf 1750.— Responsorio 3.® del primer noctur- 
no de Reyes 4 seis , 1758.— Lamentación 1.* del viernes 4 ocho, 1754.— Lamentaeion 2.* 
del viernes 4 doo , 1754.— Lamentación 3.* del viernes 4 ocho, 1754.— /n nativiUUe 
Ihn. ad malutinum in 1.® nocfumo rapomorio tereerwn ocio vocilnu, 1757.— Salve 4 
ocho , 1766.— Misa 4 ocho , te laudamus Deut noster^ 1757.— Misa 4 ocho , Domine exau- 
dí voeem meam, 1758.— Salve 4 ocho, 1760.— Tres lamentaciones del viernes 4 ocho , 
1765.-*Miia 4 ocho, Sic hmedieam Domino^ 1759.— Miserere 4 ocho , 1751.— Motetes al 
Santísimo, 4 enatro , 1766.— Nueve villancicos de Reyes, 1750.— Misa 4 ocho, Per tingu- 
tot diei henedicimnt te, 1768.— Miserere 4 ocho , 1761.— Misa 4 cuatro , Servite Domino 
in leHlia, 1757.— Miserere 4 doce voces solas , 1763.— Misa 4 ocho , Benedieamut domi- 
no , 1764.— Misa 4 ocho , de bajo , De profundit elamavis, 1766.— Adoraciones al Santí- 
simo , 4 cuatro, 4 tres y 4 dúo, 1759.— Misa 4 ocho, 1757.— Id. id., 1753.— Misa 4 ocho, 
In iono Tubae, 1748.— Id., id. canticum novum, 1748.— Id., id. Inbilate incompectu re- 
giidm., 1756.— Id., id. Servite domino in letüia, 1754.— Dmt domwut 4 ocho, 1757. 
— Jfíaa de Requieñ, 1758.— Invilatorlo de difimtos , Salmo y dos Lecciones 4 ocho, 1758. 
—Misa de difuntos 4 ocho , 1765.— Lamentación 2.* del Jueves Santo 4 solo, 1768.— Mes- 
M 4 eincue concertata 4 otto , 1731 .—Tres lamentaciones del Jueves , 1764. 

A mas -de estas obras de música eclesi4stica, escribió dos óperas espatkolas y muchas 
tonadillas que eilstian en los archivos de música de la real c4mara 



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-^ llft €-^ 

Deraciones que le han sucedido, y quedará eleroamenle en 
las venideras, como eterna será la vida de sus obras mar- 
cadas con el sello de la inmortalidad. 

Contemporáneos de Nebra en Madrid fueron: el padre 
maestro Pedro de Ulloa, de la compañia de Jesús, catedrá- 
tico de matemáticas de los estudios reales del eolegio im- 
perial , y cosmógrafo mayor del supremo consejo de las 
Indias; sabio, músico y autor de la obra titulada : Música 
universal , ó principios universaies de la música , impresa 
en Madrid el año de 4747 . D. José de San Juan, celebrado 
maestro de la capilla de las Señoras Descalzas Reales. Don 
Benito Bello de Tortees, maestro de música del real cole- 
gio de pages de S. M. D. Francisco Hernández (1 ), maestro 

(1) En el dietinren que di6 este sobresaUente maefllro sóbrela obra de Ulloa titulada 
Música universal, se lee el siguiente trozo por el cual podrá Juzgarse de sus profundos 
conocimientos : «Lo que en la treinta y tres proposiciones de esta obra me admira , es, 
ia distinción y claridad con que se espllca lo que es meramente especulatiTo, y lo que es 
meramente práctico, y mucho mas el armonioso, y casi imperceptible enlace, con que 
se entretejen todas las noticias que acerca de lo uno y de lo otro en esta facultad pue- 
den desearse.— La doctrina y estudió es un espiritual alimento, que si no se digiere , sofo- 
ca: y es cierto, que asi como hay personas á quienes nada aproyechan aun las mas de- 
licadas viandas, por cuanto su primera constitución les precipita á estar siempre desgra- 
ciadamente éticos , asi también hay algunos , cuyo natural genio les hace tan poco pro- 
porcionados pcura el estudio y enseñanza , que ningún provecho sacan para sí , 6 para 
otros , de cuanto oyen 6 de cnanto estudian. En la misma conformidad que el cuerpo se 
conserva sano con una nutrición proporcionada á sus fuenas, se conservan las facultades 
de nuestra alma por medio de la aplicación y estudio para poder converiir esas noticias 
adquiridas en nuestra propia sustancia. Aunque el autor tiene ya bastantemente dado á 
entender á el público su robusta complexión en otras obras , creo no es menos eflcaí 
argumento de ella este pequeflo pero bien dirigido tratado. Este me parece el mas 
sincero , y Juntamente el mas verdadero 'elogio. Siempre he Juzgado, que en los estrados 
de la razón obligó Lysipo mas , á Alejandro , pintándole airoso enpuftando una pica, que 
Apeles cuando le expuso á la vista común como á Júpiter en ademan de fulminar un 
rayo. Aquello fué ciertamente una verdad conocida, y esto incontestablemente una lison- 
ja ideada.— Si tengo de decir con ingenuidad lo que siento . muchos de nuestra profe- 
sión tenían hasta aqni suflcientfsima escusa de contestar solo'con imitar, muy al pié de 
U letra , á los pitagóricos , satisfaciéndose á sí , y satisfaciendo á los otros , con la ordinaria 
y al parecer respetuosa respuesta de , El maestro lo dijo. Verdaderamente no habia pa- 
denda para gastar muchísimo tiempo en leer muchísimas hojas, y precisamente con 
muchísimo trabajo , solo para hallar tal ó cual fñioo de las mismas cosas que continua- 
mente manejábamos. De aquí adelante no sé si podrá haber firme escusa para conten- 
tarse solo con la común voz de aquella secta. Este libro está escrito en castellano, y en 



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de la re^l c^píMa de Señoras de la Encarnación ; y don 
Gregorio Bartolomé Remacha^ maestro de la real de San 
Cayetano : de todos los cuales se conservan aun obras dig- 
uasdel mayor respeto. 

En las provincias, por esta época, también existían so 
br^alientas maestros de capilla de vastos conocimientos 
eu el arte, tanto en la parte práctica como en la especula- 
tiva, de quieoea vamos á ocuparnos, particularmente de 
don Francisco Valla, maestro de la catedral 4e Barcelona 
á últimos del siglo XVII, y célebre á principios áel XVIÜ por 
síí defensa del Miserere nobis de la misa escala Aretina, 
impresa en Barcelona el año de 1746, aunque ya lo cita- 
mos en el tercer tomo de esta obra. 

Jubilado Valls , por su avanzada edad; del magisterio 
que con tanta brillantez y por tanto número de años ha- 
bla desempeñado , consagró los últimos de su vida en de- 
jar ú la posteridad una obra de enseñanza digna de su 
nombre. 

Esta obra , terminada el año de 1 744 , dos años antes de 
da que la ominosa parca arrebatase al nnundo la existencia 
de tan preclaro español , quedó inédita y desconocida , ya 
por la poca importancia que le dieron los herederos de su 
autor, ya por el coste excesivo de su impresión y la es- 
casa utilidad que de ello hubiesen reportado, atendido á 
las enemistadas de unos maestros con otros: mucho masen 
\m tiempos á que hacemos referenda , en que laa disputas 
por sostener sistemas distintos, casi la mayor parte en contra 
del desarroilo y verdaderos progresos del arte, eran tan 
encarnizadas y de tanto desprestigio para la facultad y suí^ 
profesores. 



casteltano claro. Las nolicias que trata, qilc son todas las precisas, las propone y explica 
fan sucinta .V tan distintamente, que no puede desearse cosa mejor, ele 



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Por un fovor ospeci^ (1) h« llegado á oweslr?is qjapos la 
obra qu^ WQS oqjDpa , (ituUda : JJfojp» armónico práctico, ó 
brfive r^siíimm (k /*s prmdpales regla» ik la frmicfi ; y aun 
ciiandxí oo wrow partidarios d^ íUMcb^a de ws doctrinas, 
sin embargo, en este grao tra)>ajo de enajeOsm» wusical , 
no sabemos que admirar mas , si los grandes címocimien- 
tos que encierra, ó la manera ííicil y prograaiva de e;qpli- 
car hasta las mayores dificultadla d«l arte : f i sq vasta eru- 
dición^ ó el aciertQ en la elección de los muchos y varia- 
dos ejemplos de maestros nacionales y extranjeros para 
probar el intento que se propone. 

QuisiérafUQS poder trasladar á esta historia todas las 
curiosidades que encierra el Mapa a/rmónico: mas ya que 
no es posible, porque la base de nuestra obra es la narra- 
ción de los hechos sucedidos , y no la explicación déla par- 
te científica del arte ; aunque se nos tache de difusos , va- 
mos á copiar algunos fragmentos de la introducción del 
tratado que nos ocupa , con algunas otras curiosidades del 
citado maestro, por qreer, haciéndolo así, no solo pagar 
un justo homenajea la memoria del celebrado Vails, sino 
enriquecer con nuevos datos las páginas de la historia mu- 
sical española. Aunque no somos de Jos que se obstinan 
en defender el sistema de esclavizar el ingenio al cálculo 
de combinaciones matemáticas, y creemos que el fanatismo 
e;iagerado por dicho sistema ha sido la causa de nuestra 
decadencia, haciendo morir asfixiada la inspiración de la 
juventud por no tener aire libre que respirar, no por esto 
dejamos de ser admiradores del buen trabajo en Ids combi- 
naciones intrincadas de la compo$icion, que tau profundo 
estudio y paciencia necesitan. 

^ 

it) El aventajado y ef(tudi050 joven catalán don Leandro Sunyer , nos ha proporcio 
nado el autdf^rafo de Valla , que ronafa de 285 fojaa en folio , bien conservadas, y escri- 
ta!» «"on letra clara * inteligible. 



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El maestro Valls^ si bien educado en tan sistemática es- 
cuela , huyó en su obra de los dos extremos : no querien^ 
do adular solo á el oido, ni ser esclavo de reglas intoleran- 
tes ; pero siempre haciendo á la música ciencia subalter- 
na délas matemáticas^ y por consiguiente sus concepcio- 
nes sujetas á cálculo. 

Asi explica don Francisco Yalls su sistema , en la in- 
troducción del Mapa armónico: 

«Habiendo observado de muchos años á esta parte la gran falta que 
la nobilísima ciencia de la música tenia de un breve resumen de sus 
principales reglas y preceptos , para con mas facilidad poder dar mas 
luz á sus principlantes profesores^ discurrí buscar un medio para con- 
seguir el fin deseado, y fué juntar los preceptos de la thcórica, y con 
demostraciones facilitar la práctica ; pues aunque hay tantos autores , 
.que tan doctamente escribieron sus deñniciones » axiomas , y propor- 
ciones , y que en ellos se hallan muchos preceptos y reglas practica- 
bles en lo métrico , que aunque son pocas las que sirven , hoy por lo 
común injuria de los tiempos hállanse (estas pocas) algunas relajadas, 
otras olvidadas , y las mas ejecutadas según las diversas opiniones y 
cai^richos de cada nación ; novedad que se experimenta de mas de ochen* 
tA años á esta parte ; pues en los tiempos antecedentes , eran las reglas 
comuDes á todas las naciones , como lo puede observar el curioso en los 
muchos libros impresos de autores espafioles, italianos, franceses y 
alemanes , y varios manuscritos que todavía existen entre los estudio- 
sos de la música , y aun en nuestra España no solo se mantienen las 
antiguas reglas , pero á estas añadieron nuestros pasados , otras , que 
discurrieron eran necesarias , para la mayor limpieza de ellas , y para 
la mejor armenia ; que las mas pasaron por tradiccion de maestros á 
discípulos , y su observancia queda vinculada á la sola autoridad diel 
maestro : ^or cuyo motivo, y para facilitar la enseñanza de tanto pobre 
muchacho, emprendí el trabajo de revolver libros , y mirar con cuida- 
do las obraa manuscritas de los autores mas clásicos , y de mayores 
créditos , que tuvo España de mas de cien años á esta parte , sin dejar 
todos los qu« pude ver de los extranjeros ; entresacando de las acerta- 
das composiciones de unos y otros lo mas selecto para fundamentar mi 
opinión , y corroboriarla con ejemplares de ellos mismos : procurando 
al mismo tiempo huir de los dos extremos en que está puesta nuestra 
música españdla; unos tan relajados en su práctica , que solo cuidan 
que sus compoiiciones adulen al oido imitando en todo á los italianos ; 
otros tan austeros y tan atados á las reglas pueriles , que ni una pe- 
queña trasgresion toleran , pero ni la excepción permitida en todas 
las facultades á \o general de ellas. He procurado en esta obra encon- 



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trar uq medio para cobciliar estos extremos , y dar razón que lo añau' 
oe : y siendo la música parte principal de la matemática y ciencia su- 
balterna de ella, es claro necesitará hacer evidencia á sus profesores de 
demostraciones y ejemplos para enseñarles la ejecución délo que seles 
propone ; por cuya razón se hallará esta obra con tanta copia de ejem- 
plares de todas las habilidades que pueden constituir á cualquiera que 
quisiera aplicarse con un moderado estudio á la consecución de aque- 
llas , que en cualquiera composición música la sirven de adorno , y de 
gandes créditos al compositor ; porque ya hubo quien dijo , que era ^ 
camino muy largo caminar á la ciencia por las reglas y principios, 
pero fácil y eficaz caminar á ella por los ejemplares (1). Por esta razón 
puse á esta obra Mapa armónico práctico para que como en mapa abre- 
viado se halle ejemplar de cuantas habilidades se propongan al discí- 
pulo. 

« Bl motivo de tantos ejemplares fué (á mas de lo dicho) las pocas 
reglas fijas é invariables que tiene la música en la práctica para facili- 
tarla , que casi no pasan de los principios naturales , que consisten, en 
las especies consonantes y disonantes , añadidos otros matemáticos , 
como la perfección , aumento ó disminución de ellas , y aun en esto 
hay gran variedad de opiniones entre algunos prácticos, contra todos 
los especulativos. 

«No obstante es cierto debemos á los antiguos haber vencido las 
mayores dificultades en la música, y dejado ancha la senda para cor- 
rer tan dilatado campo, pues á mas de hallar el modo de mezclar las 
especies consonantes con las disonantes , lo que no conocieron griegos 
Di romanos , de todas las habilidades , que hoy se conocen en la músi- 
ca , y que se van olvidando por lo que cuestan , ellos fueron los inven- 
tores ; sino véanse las diversas fugas y cánones que traen Zarlino y Ce- 
rone , ya composición suya ó de otros autores , y-ee evidenciará esta 
verdad. De los trocados , aunque el P. Pedro de UUoa los atribuye á 
nuestros españoles , se equivoca ; pues el mismo Zarlino que escribió 
por los años de 1551 trae muchos con el nombre de contrapunto doble, 
que es lo que ahora llamamos trocado , y algunos de ellos ingeniosí- 
simos. . . . , 

« Diferimos los españoles de las demás naciones en el estilo de com- 
poner , obrando nosotros mas atados á los preceptos de arte que los ex- 
tranjeros en las composiciones que pasen de dos voces naturales ; lo 
que es según las reglas que hallamos practicadas en los autores anti- 
guos italianos , franceses , españoles , y alemanes ; aunque hoy con la 
comunicación de los ultramontanos, no se observan ya con la pureza 
que nuestros maestros nos las enseñaron ; cuyo defecto nace de querer 

(1) Séneca citado por Thomas Burael , in prefat. mediclnee.— Joann. Francia. Pimi- 
ran : dul. de e\inin» doctrina freBtium. 



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que las composiciones solamente deleiten al oido ; pues como se consi- 
ga esto, se logra el aplauto que es el único fin de sus autores; y tam- 
bién porque t)0 cuesta taüto trabajo ^ por cuya razón hay tanta plaga 
de dompoftltores; unos por culpa del maestro por no haberles bien fun- 
damentado en los principios ^ permitiéndoles, ó metiéndoles á composi- 
tores de tíiissaft , psalmos» etc. no estando aun bien radicados en el pas- 
80 , y tnUchoé^ ni quizá en los contrapuntos: otros se habrán perdido 
por su cápHeho , por Mta^lee la paciencia para subir por la escalera 
urdlúáfia , que han subido los demás , por la aspereza y desazón qua 
o&üsa fatiga tan larga ; cuidando soto el maestro y el discípulo, imitar 
tíl estilo italiano en cualquiera música , sea para el templo, 6 el tea- 
tro ; én esté será primor , mas en el templo, cuando no pase á esoácda- 
lo , será indevoción 

« No negaré que loe franceses en composiciones eclesiásticas de tres 
ó cuatro Yoces , tienen unos pensamientos delicados para la expresión 
de la letra , aunque son muy prolijos en la repetición de ella ; unos pas- 
aos extraños y bien proseguidos seg^n lo pide el aesunto , y que en lo 
patético están muy capaces , siendo esta una de las principales y esen- 
ciales partes de la composición : en música eclesiástica de pocas voces, 
tieue nuestra española alguna semejanza con la francesa. 

«Exceden los italianos á todas las naciones en el buen gusto , é idea 
4ie la música teatral , vistiendo los afectos que esprime el verso , con 
gran propiedad , ya sea triste , alegre , serio , jocoso , airado , etc. ; y 
también en el enlace de los instrumentos con que adornan aquella com- 
poBicion ; pero esto que para el teatro es admirable , en el templo , oo- 
mo se oye lo mismo será impropio. Pero ni italianos , ni franceses en 
sué composi^ones eclesiásticas , y aun en muchas de romance , tienen 
\o que las españolas , de cientiflcas y sólidas , esto es , tomar un passo 
ó tema, y muchas veces solo para una obra larga como una missa; pro- 
seguirle con valentía, añadirle una ó muchas diferentes intenciones, 
iutfoduolrla ahora un canon 4 fugas , trocados, jugando loe bajos en los 
coros armónicos , unas veces imitándose unos á otros, otras remedán- 
dose acoiupaüándoles las demás voces , dejando aquella composición 
perfectísima y llena , con 8, 10, ú 12 voces , y todas ordenadas cou 
grande artiñcio , y gran limpieza de todo lo que prohibe el arte acá en 
Kopaña : estas circunstancias no se hallan en las oomposicioues extran- 
jeras i pues raras veces passan de cuatro á cinco voces , y estas se du- 
pliuan en los que llaman ripiemos que sirven como de un coro de capilla 
que también se halla praoticado por muchos maestros españoles porque 
no cuesta trabajo; pero fáltale mas armonía. Y por último , lo que han 
procurado los autores españoles es , que su música sea agradable al 
oido , y deleite el entendimiento del que es científico en ella. 

« Finalmente se debe advertir , que para empezar todo este estudio 
es Decesario estar muy capaz de todos los elementos musicales , como 
son la imtio , propiedades, claves , y bus legítimos asientos en la mano : 



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•«^ l»t «-». 

tiempos y figuras , el valor de ellas ^ y saber cantar cualquiera de las 
cuatro partes ajustándoles la letra ; porque síd estos fundamentos sóli- 
dos se aprovecharla tanto , como el que quisiese estudiar la filosofía sin 
saber leer ni escribir. 

« Siendo capaz y diestro en estos principios esencialisimos procura - 
ré dar alguna luz al principiante » instruyéndole en los contrapuntos 
mas principales y necesarios : en la composición del passo suelto , el 
modo de poner las voces desde la composición á 3 hasta 12. Fugas » cá-» 
nones y trocados. Composición de música de varias voces , y diverso 
número de ellas , y en la mezcla de varios instrumentos con ellas : di- 
ferentes habilidades que debe saber el maestro de capilla por si solo, y 
de repente , como echar contrapuntos de todas suertes , terceras y cuar- 
tas voces , diversos modos de regir la música según el tiempo que pinta, 
y pasarle de vinario á ternario y de temario á vinario , y otros primores 
que se hacen sobre un libro de canto llano , ó canto figurado. Un pe- 
queño resumen del canto gregoriano, con otro de los mas de los tiem- 
pos , figuras , y puntillos , que usaron los músicos antiguos, para que, el 
que desea ser maestro de capilla, halle en este breve Mapa armónico 
práctico todo lo roas necesario para el complemento de su carrera. 

A mas de todo lo dicho también se hallarán todos los estilos necesa- 
rios para la buena composición : el modo de vestir la letra según los 
afectos expresare , así en lo sacro, como profano, con ejemplos para los 
tres géneros , Diatónico, Chromático y Enharmónico ; y los defectos que 
puede tener la música por parte de los compositores, los instrumentis- 
tas , y cantantes : para que así, siendo la música Árs inspectiva , et aeti-^ 
va Habitus inspectivus , etactivus^ halle en esta obra la inspección es- 
peculativa , y la ejecución activa de la práctica , el método fácil , para 
hallar el fío de la mas acordada armonía. 

«Podrá ser se estrañen algunas opiniones mías , en estos tiempos 
nuevos , por haberse olvidado las antiguas ; como el contar doce tonos, 
ó por mejor decir doce modos' , tan usados de los antiguos en el canto 
llano , y mas en la composición. La consonancia de la 4.^ y el cómo po- 
drá practicarse como á tal : el pasage de la 6.^ á la 8.^ estando firme el 
bajo , y otras que á los meramente prácticos, les parecerán duras , por 
ser contra lo que les enseñaron sus maestros. A quien le parezca que 
mi razón no le convence , que se quede con su opinión , que no preten- 
do otra que exponerla, para que cada cual haga lo que le pareciere , 
que la tome, ó que la deje. » 

Por los citados párrafos de la introducción del Mapa 
armónico práctico , se podrá tener una idea del mérito de 
esta obra y de la importancia que hubiera tenido en Euro- 
pa sise hubiese publicado en la época que se escribió. Es 
verdad que en España poco caso hubiéramos hecho de ella 
Tomo iv. í6 



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hh» «•• €^ 

por ser española , estar en guerra craeata los maestros^ no 
queriendo someterse unos á las doctrinas de otros , ni acep- 
tar sus obras como textos de enseíSanza por creerse, rebaja- 
dos; pero tendrían^ los que aun hoy nos quieren zaherir^ 
un mentís que los ruborizase ; y se conocería mas clara- 
mente, que el favoritismo á los extranjeros no fué por ser 
mayores los conocimientos de estos , sino por ser muy pe- 
queño el españolismo nuestro. 

Para ejemplo de las disputas suscitadas por nuestros 
maestros sobre asuntos de arte, que sí bien muchas per- 
judicaron á la facullad por entrar en el terreno vedado 
de las personalidades, otras fueron muy curiosas ^ aunque 
no de grande utilidad , copiaremos las cartas que media- 
ron entre Valls y el maestro de la Catedral de Córdoba 
don Agustín de Contreras, en la famosa disputa que 
llamaron de Zamora , sobre si estaban ó no bien colocadas 
las cuartas que en cierta composición habia {\); por ser, en- 
tre todo lo que se escribió sobre el particular , lo mas dig- 
no de conservarse. 

Carta de don Francisco ValU á don Agustín de Contreras [2j. Muy 8f ñor 
mió: La amistad y el deseo de dar gusto á Y. me obligan á obedecer, di- 
ciendo mi sentir , en la duda suscitada ,. sobre el período de música, 
que va puesto; atropellando con mi genio, que aborrece semejantes 
disputsB , diré lo que siento, sin otro fin que el de complacer á V. Su- 
pongo que el origen de estas controversias , es la falta que tenemos de 
unos principios sólidos y universales á mas de los mathemáticos (que 
son únicos en no tener excepción ) como las demás ciencias , paes una 
escuela se gobierna con tanto rigor en las reglas que heredaron de sus 
maestros, que por ningún caso se dispensará en la mas mínima ; otra 
con tanta relajación , que á cualquiera dificultad halla salida ,*con iu> 
t^r^r^tacioaesi 4 supOAiaionea las ñas vieces impropias ; con que á un 

11) Véase el fhigmento motivo de esta disputa , en las láminas núm. 4. 

it) Aunqne no se dice e) nombre &e\ maestro & qtrieo Talls dirigió esta carta^ en el 
qpapascri^ de.dopde ssávunos eftos ^oq^^^y, nos consta saUr fvé Contvero» , ^r 
lina carta de e^te á don Pedro Aranáz , en la qne hace referencia de la de VaUs y de la 
«oiftssttelon (¡ue ^ dl6. 



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tiempo se ecbaD á rodar la armoola , y loe (trecaptoa practicados de 
los mas iosigoes maestros antiguos y modernos; otras hay od que sq 
haUa UQ medio térmiuo , pues ni se relajan tanto que olviden lo prin- 
cipal de las reglas , ni son tan rigurosas que no sufran algunos ea- 
eanches , oomo no sean contra lo sonoro , y tengan algún primor las 
pensamientos: tolerancia que me panuse muy justa, pues todos los 
autores que han eserito de música lo permiten y aconsejan. 

c Bsto supuesto , toda la dlfloultad consiste en el 5.^ y 6/ compás, 
en ios cuales , al dar, se halla una 4.^ ú 11.^ acompañada de la 6.^ ba- 
jando las voces gradatim; y expli^ndo mi sentir , digo : que la del 5.^ 
compás está mal , por estar los dos tiples 1 .^ y 3.<^ en unisonancia en la 
dicha 4.^y lo que no es permitido á solas cuatro voces ; y peor , por la 
salida del tiple 1.^ á la quincena. La del 6.* compás ejecutada por el ti- 
ple 2.0 está bien , y conforme á las reglas , por ir aquella 4.^ bajando 
gradatim acompasada de la 6.^« y al tiempo que bajaba de la 5 ^ estaba 
ya el tenor firme en Gsolreut , que son circunstancias muy del caso. Las 
raaones en que fundo mi dictamen son las siguientes : 

«Primeramente por ser el Diathessaron especie consooante , según 
iodos los autores especulativos antiguos y modernos, y haberle mucliee 
prácticos usado en sus composiciones á 2, 3, y 4 voces como consonad, 
te. Segundo : por estar aquella 4.* acompañada de la 6.^ que es su mas 
legitima y propia compañera. Tercero : por ser la 4.^ tratada de todos 
como consonante, en composición que pase d» cuatro voces. Cuarto: par- 
que aun que aquella 4.* fuera 7.^ q\e es especie notoriamente disonan- 
te, siendo acompañada de la 5.* ó 3.^ estarla bien , según la práctica 
de los mas clásicos autores españoles de cien años á esta parte , todo 
lo cual se evidenciará en los siguientes párrafos: 



Rs el Diathessaron entre todos los especulativos griegos y latinos, 
no solamente especie consonante , si también consonante perfecta. Asi 
Ptolomeo, lib. l,cap. 5. CucUdes, lib. 1, cap. 1. Gaudencio , cap. 7. 
Boecio » libro I, cap. 7. Macrobio en el sueño de Scipion. Bl abad Fran- 
cisco de Salinas , lib. 2 , cap. 9. Yitrubio , lib. 5 de arquitet^wra , cap. 4. 
Bl venerable Beda en ñ\i MúHea ¿teórica, fol. 347, dice: Nam prima 
<;<m9<mamlia etL muétcm. Áríis stxqwtertia , hae ett , Diathesaron, BrPapa 
Juau XXll eu su Extrav. eom. lib. 3, cap. de eita , tt konest. Cieric. en qne 
manda , no se permita en la iglesia el canto figurado , trata á la 4.^ co- 
mo consonante : ibi ; Per hoc non intendimui Prohibere , quin itUendim die- 
(m$ feitis precipue , sive iolemn%oribu$ in mtsm , eí Prtfaine , divinis ^evi$, 
aligue coMonantia: , quw melodiam sapiunt , puta , octaioar y quinta et quartm, 
ethvjuimodiy supra cuntum ecclesiasiicum simpUeen proferantur :' sic tamen 
He. El padre Pedro de Ulloa en su Múeica univfrsal, pag. 17, cuenta la 
4.* por consonante. Lo mismo el P. Tosca en su Tratado de música especu- 
lativa y práctica impreso en Valencia, año de 1710, pag. STfl. Los mas de 



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e«to6 autores fueroQ meramente especulativos , pero debo dar pruebas 
en los tbeóricos prácticos. 

El célebre Don José Zarlioo, en su doctísima y aplaudida /luh'íii- 
cúm armónica, impresa en Venecia año 155ní , al cap. 5, pág*. 152, cuenta 
á la 4.1^ entre las consonantes ; y era práctico grande. Don Pedro Coro- 
ne en su Melapeoy lib. 2, cap. 74 , pág. 813 , está todo en probar y defen- 
der la consonaucia de la 4.^ ; y aunque en otros parages la llama diso- 
nante 5 fué para hablar en el lenguaje de loe prácticos de su tiempo ; y 
sino véase el lib. 11 , cap. 23 , pág. 642 ^ donde dice : Agora habiendo de 
tratar de la 4.* según uso de los prácticos (los cuales quieren sea disonante) 
digo , que tres diferentes etc. De donde parece , que Corone conservaba la 
opinión , que cito antee. Salomón de Caus en su ínstit. hormón, impresa 
en Francfort afio de 1620 , cap. 3, fol. 13 , tiene á la 4.^ por consonante 
perfecta. Salvador Romana emplea todo un tratado, impreso en Valen- 
cia en 1632, en defender la consonancia de la 4.^ 

Bl P. Athanasio Kircher , Munsurg, lib. 5 , parraf. 2 , pág. 282 , es 
del mismo dictamen y en el lib. 7 , cap. 7 , párraf. 2 , á la pág. 624 ad 
627 , trae como se ha de usar de la 4.* en la composición ; y á lo último, 
dá una composición á 4 voces , que llama Fantasía á favor de la 4.^ de 
Juan Cousu Francés. Kl P. F. Pablo Nasarre , en su Escuela música par- 
te 2, cap. 9, pág. 53 , prueba , que la 4.* es consonante perfecta , aun- 
que ios meramente prácticos la cuentan entre las disonantes ; y en él 
bailará el curioso , epilogudas las razones de los citados autores , que 
la defienden, y el modo de practicarla como á consonante. Los anti- 
guos prácticos de 250 años acá , que trataron como consonante la 4.', 
Jusquin , Luis , Pratense , y Glareano , se pueden ver en Cerone, lib. 2. 
pág. 319 y 320 , y al pié de este parecer mió , los ejemplares signados 
número 1, comenzando por Prenestioa (1), y otros que se le siguieron 
en el siglo pasado y en el presente. 

Véalos el curioso , y hallará como usaron sus autores de la 4.^ en 
música de atril , donde no puede haber suposición de acompañamiento* 
Y en lo demás, se ve como la han practicado , cuando le hay, sin valer- 
se del efugio de su suposición ; siendo en los tiempos presentes tan or- 
dinario , aunque la música sea á cuatro , cuando ya debe estar comple- 
ta la armonía, suponer un acompañamiento ó bajo mental que no se 
▼e, ni se oye. Verdad es , que semejantes ejemplares se hallarán po- 
cas Veces en composición de cuatro voces, porque no es necesario; 
pues cada voz naturalmente busca el lugar que le toca. 

Añado que los golpes de la especie disonante no son permitidos, ni 
con el bajo , ni con las demás voces ; mas los de la 4.^ con las voces in- 
termedias , no están sujetos á esta regla. 

II- 

La segunda proposición es , que está bien la 4.* del sexto compás 
(1) Véa«fi en las láminas el núm. i>. 



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-•^ Itft #«- 

por ftcompafiarle la 6.* Tienen unas especies con otras ciertas simpatías 
y amistad , que con otras no tienen ; la amistad es entre la 8.* y la 5.^; 
Ia8 ^ con la 10.*, y asimismo la 4.* con la 6.*, pues van tan hermanadas, 
que concurriendo juntas (como en el disputado periodo) no pueden 
causar disonancia alguna , ni al oido mas delicado. Y á mas de esto» 
de las cuatro voces, que componen aquel fragmento, aunque la 4.* 
fuera disonante ( lo que se niega ) hay dos en una consonancia , y dos 
eu otra , y todas van á buscar el lugar que les toca , para ftnalixar el 
periodo. 

III. 

La tercera razón , que me mueve , es , ver innegablemente ejecuta- 
da la 4.* como consonante , en composición , que pase de cuatro voces, 
en obi^ de todos los modernos. Véase el fragmento ntm. 2 (1), sobre el 
cual se ofrece; que en la ligadura de 7.* ó de otra disonante ninguno de 
los antiguos, ni modernos, aunque la composición sea á mucho número 
de voces , permite duplicar la disonante, poniendo dos voces en la 7. * ú 8.* 
ó en sus compuestas ; pues díganme : ¿cómo se sufre á la 4.* si es diso- 
nante ? i será acaso algún privilegio de la 4.* que no tendrán las demás 
disonantes ? Luego la han de confesar consonante los mismos que la 
impugnan ; pues no la tratan como á las demás que ellos conocen 
por disonantes. 

No pretendo con estas razones , y autoridad de tantos , establecer 
por universalmente consonante á esta especie , ni que su práctica sea 
tan ordinaria, como la 8.* , 5.* y 8.*; sino que siempre que la 4.* vaya 
acotnpafiada de la 6.*, ahora sea previniendo ligadura, ó bien transitan- 
do de la 5.* ó 3.* bajando , ó subiendo gradatm , la tendré por consonan- 
te: bien entendido , que no se use moviendo las dos voces grave y agu- 
da golpeando; pues aunque sea consonante , no debe usarse sin esta 
precaución. 

IV. 

Falta la cuarta razón , y es , que aunque la 4.* disputada , fuera 
7.* que es especie notoriamente disonante , estaría bien aquel período, 
según la uniforme práctiea de los autores , cuyos ejemplares ( omi- 
tiendo otros ) dase á bajo signados del número 3 (2). De todos los cuales 
inAero, que siendo como son buenas, de especies tan disonantes, y una 
parte principal del compás , con mucha jnas razón lo será el de la 4.* 
qui9 se disputa ; y se hace evidente, por las razones que dichos au- 
tores tuvieron para aquella práctica, que ya es uní versal, y serian: 
\.^ por estar inmóvil el bajo : 2.o por transitar las voces desde la con- 
sonante á la disonante, y de esta á la consonante gradatm, según 

ií) Véaw en las l&minM el núm. <5. 
iV V>t»« en Ua láminas el núm. 7. 



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-^^ %%m %^ 

la doctrina de loa aotiguos: 3.^ por la auposicitm de tlMopo de meiiior 
caatidad: 4.<^ porque ninf^no de estos fragmentos ofende al oido ; pues 
su operación es muy dulce ^ y suave^ por ser las salidM de grado , y ú 
la especie mas oercana* No dudo que los principiantes*, que no han vis- 
to mas música que la propia « 6 algo de sus maestros , blasfemarán es- 
tos ejemplares como heregías en el arte : mas los veteranos en él , for- 
man mejor juicio < y aplauden estas sutilezas , porque saben que son 
sobre las reglas , no contra ellae. 

Luego siendo esta la práctica de sujetos tan clásicos del siglo pa- 
sado , cuando aun no hábia llegado á España el contagio de la música 
extranjera ( es lenguaje de los rígidos censores ) y siendo ejecutada la 
7.^ en parte principal del compás ; y lo que es mas, tratada como si 
fuera consonante , eargrando sobre la 6*% con mucha mas razón , se de- 
be tener por buena la 4.* disputada , siendo acompañada de la 6.^ Y si 
tanta razón y autoridad no vale , quémense las obras de 'tan insigoes 
mitore», y dígannos loe contrarios la pauta que debemos segruir. 

Ck>n esto llevo concluido mi parecer ^ para obedecer á V. como ofre- 
ci. Si T. hallare razones contrarias , estimaré que me las participe; 
porque si me eonveneen « sabré d€|ar mi dictamen , sujetándole á la 
disersta censura de Y. ^ cuya vida gpuarde Dios muchos años como pue^ 
de. Barcelona y Setiembre 5 de 173&. Besa la mano de V. su mas afeo* 
to servidor y amigo.— Francisco yalls.«-Sr. Maestro D. Agustín de 
Contreras. 

Contesiacion de D. ÁguHin de Contreras á D. Franciico ValU.—Míiy Se* 
ñor urio y amigo : Recibí la de V. de 5 del pasado « con el apéndice de 
(templares que fortifican las muchas raaenea que 4 favor de la oonso- 
naaeia de la 4.^ juntó Y. tan ingeniosamente. Yenero todo el papel con 
la mayor expresión ; pero con licencia de Y. diré algunos reparos que 
se pueden o&^eer contra esas doctrinas y ejemplares. 

l.o A la cuarta disputada del primer texto de música , abona Y- 
comparándola primorosamente con la 7.^ de la oración de Jeremías de 
Patino , que está en el número 3 ; y aunque la comparación es pro- 
pia por bajar gr<idaim esta 7.^ y aquella 4.^ con las especies corres- 
pondientes 9 la 4.^ es al dér y la 7/ al altar del compás , que es muy 
distinto. Lo mismo es la 7/ que se sigue en el salutare metan de Hinojo- 
SH. La 7/ qise hay en el Sanctut de Selma es al dar ; pero como es en fi* 
garas propias de compás mayor , cantando por él se hallará al talf^or. 
fio 9k periodo de Galán , que se le sigue, fuwa del caso contar los cott- 
pases desde el principio de la obra, por ver si cae dicha 7.* al (¿or ó al 
alzar del compás doblado ; pues si cayere al dar , será descuido ; porque 
sé Y y por dioipulos suyos , que no se permitía dicha 7.* sino al alzar 
del compás doblado. 

De los dos ejemplares de Ortells , nada digo ; porque sé que no ha- 
cia caso de dar ni alzar , y no obstante de haber sido hombre tan cé- 
lebre en la música , no dejó de ser calumniado cuando vivía; porque 



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podía evitar estas falsas , previuléndolas un compás mas ó menos. Y 
nuestra 4.A disputada , contándola á compás doble vendría al ahar ; y 
q^uedára en esta reflexión mas abonada con los citados ejemplares de 
Gkilan é Hinpjosa. 

2.^ Bn el párrafo III se explica admirablemente; pero pone tantas 
circunstancias en el modo de ejecutar la i.*, que poco á poco se con- 
tradice y pues la pone consonante y casi disonante ; de forma que el 
fragmento á 5 del numero 2 , yo lo entiendo, como lo verá al pié de esta 
carta , número 1 (1). Y siendo asi , se quedará la 4.^ indiferente ; pues 
si los reparos de V. son tan buenos , lo seria también el ejemplar que 
expongo ai número 2 (2). Los ejemplares que V. pone al número 1 de 
Prenestina, Felipe de Cruz, y Rogier, tienen las 4.** porque asi lo qui- 
sieron ^ valiéndose de alguna autoridad ; pues á tenerlas por consonan- 
tes I las usarían á nenudQ ; y »o btcíé^dolo sano riuw veees » prueba 
que tenían á 1^ 4.*^ como espacial entre laa denás. Aun por eso los au- 
tores antiguos , y los que les siguieron , considerando á la 4.* entre 
bueoa y mala , ordenaron , que hubiese áa estar por parte de) bajo cu- 
bierta t para que asi S9 bif*J^ 4el todo taloa. A mas , que aupque vaya 
acompañada de la 6.*, se^ia mucha impropiedad , que la música hicie- 
se ofátisuta ñnal en 4.* y 6> , porque naturalmente buscan su último 
aa y QWtfo , qu9 es ki 4.^ á la 3.* y la 6u* á la 5 ^ para acabar «I perio- 
do á cabal satisfacción del oido. Fijialmeote,sieiide la 4/oonsonante 
no podrían darse las 4.** consecutivas , como se dan dos 5.*^ ni dos 8.*^ 
y 66 aontrafla kt práctica ; pues se éai^ muchas , bien que entre lae vo^ 
ees iniepmedias ; y lus de que hablamos , ea io3 ^jepiplaref dix^bos, aoi) 
tratadas, no absolutamente como consonantes, sino como á ligadura, 
aunque descubiertas. Los demáá ejemplares de Ortells , Patino , y Ca- 
baniil^, tienen muohas 4.^ pero están á modo de ligadura. Veaeto 
dichos autores , pero las tales 4.*^ están descubieIta^ porque ellos las 
quisieroa asi. 

^y Bn el fragmento que 9t sigue de Don Miguel áe Selma , hay al 
aliar áai coarto compás una 4.* tratada como oonsoDante ; pero vepiiro 
que dicha 4.* previene ligadura de 5.^ falsa con el contralto , y aunque 
empiece dicha ligadura previniendo en 4.» con el tenor , toma la cau- 
sa el eoQtralto , y liga con eata; el oido no eonacerá algún tnal efecto, 
y es común que una voz tome la causa por Ptr^. 

4.<^ Los otros dos ejemplares de Galán y Paredes no son del caso, 
sino toMmetite fuera de la cuestión ; pnes estosen todas las 4.^ que 
coioaten coa el b^jo , sieaipi^e tienen 6/ que las aoompaSa , hasta que 
acaban con perfección , y las mas* son 4.** trítonos , que no son de la 
cuestión. 

^.^ Dice V. iDuy Mea , que en Im supoeleiones de bajo mental , de 
tiempo, etc., se cometen muchos yerros , y es verdad , pero según los 

(1) Véase en las láminaR el núm. 8. 

(2) Véase en las láminas el núm. 9. 



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^>^ !•• «-o- 

casos ; pues eu dichas suposiciones he visto alguuas curiosidades , dig- 
nas del mayor reparo , para que uo sean condenadas tan absolutamen- 
te. Vea y. los 9 ejemplares que pongo al número 3 (1) y hallará, como 
entiendo las suposiciones de bajo mental ; y es que la música está bien 
sin él , como lo están estos ejemplares , y para mas evidencia y explica- 
ción va el paso á 3 con tres bajos diferentes, que cada uno por si solo 
está bien. 

G."" Con todo lo cual se queda la 4.^ eu la misma duda , de si es ó 
no consonante , y yo sin duda deseando muchas ocasionesMel mayor 
agrado de V. y en el Ínterin ruego á Dios guarde á V. muchos años. 
Córdoba 4 de Octubre de 1735.— B. L. M. de V. su afectísimo y seguro 
servidor y amigo.—Agustin de Contreras. 

A esta carta contestó Valls , después replicaría Con- 
treras , sin contar las demás ramificaciones de los otros 
maestros metidos en la grave cuestión , que dio por resul- 
tados , el quedarse unos triunfantes con sus opiniones con- 
trarias^ y otros dudando entre si la 4/ era consonante ó 
disonante. | Cuánto mas hubiera ganado el arte, si en vez 
de alambicar asi el resultado de la inspiración de un com- 
positor^ que sin cálculo alguno tal vez hizo uso de la 4/ 
de esta ó de otra manera presentada , so hubiesen dedica- 
do á discutir el modo de simplificar las reglas , y destruir 
teorías sistemáticas tan perjudiciales á la débil imagina- 
ción del principiante! 

Ünanse aquellas disputas á la generalidad de las opo- 
siciones de magisterios , en que cada examinador presen- 
taba un ejercicio intrincado para hacer ver á sus compañe- 
ros de examen , y enemigos de profesión , algún nuevo in- 
vento, dando pábulo á nuevas reyertas entre examinado- 
res con examinadores, y examinadores con examinandos; 
y se verá bien claramente el resultado de no entenderse 
unos y otros , y de que sirvieran las composiciones musi- 
cales para todo, menos para deleitar el oido, é interesar 
el sentimiento. 

))1 Véase eu Us lámiiiatcl núm. 10. 



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Hasta para expresar la música los afectos de pasión , 
dolor, tjústeza^ llanto^ alegría, despecho, etc., añadió 
el P. ülloa en so Múska Universal , las circunstancias de 
gradación, connplexo , contraposición, ascención , descen- 
so, faga, asimilación y abrupcion repentina; olvidándose- 
le la principal, que era el barullo, pues tal debe llamarse 
á^esta nlmenclatura de términos, que de nada sirven cuan- 
do falta al compositor la inspiración y el sentimiento, y 
para mucho estorban cuando posee ambas cosas. 

Las reglas generales que dá Valb en su Mapa armóni- 
co, para que la música explique los afectos que expresa 
la letra, son las siguientes : 

a Cuando los afectos se hayan de explicar con una voz 
sola, será mucho mas fácil , que con tres ó cuatro; pues tie- 
ne gran dificultad , que todas puedan conspirar á un mis- 
mo fin ; pero el sabio composiior debe poner todo su cui- 
dado en esta circunstancia , por ser la mas priocipal como 
he dicho. 

<(Si las expresiones son tristes, dolorosas, etc., ponga 
las voces en posición baja, use de las terceras y sextas me- 
nores ; las ligaduras de séptima, cuarta y novena también 
menores , que todo es muy del caso ; como también que 
las voces sean contraltos, tenores y bajos. 

«Si los afectos fueren alegres^ festivos^ etc., las voces 
(si son tiples serán del caso) vayan altas, la$ ligaduras y 
especies perfectas, mayores. 

tCuando se hayan de explicar los elementos, el aire y 
el fuego, altas las voces; el agua y la tierra, las voces bajas. 

«La oscuridad, tinieblas y horrores, también las voces 
en positura baja ; el cielo, el monte, alturas y collados, las 
voces altas: en el valle, el profundo, el abismo, etc., bajas. 

•Los afectos de ira, arrogancia, presunción , desespe- 
ración, etc., pueden explicarse llevando las voces altas y 

TOMO IV. 17 



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«•• 



las ñolas menores con puntillo. Y las de humillación en 
positura baja y música pausada. Los afectos de admiración, 
con algunas pausas en voces é instrumentos. 

«Para la explicación de afectos tristes y alegres, y los 
que dependen de ellos, será propio el estilo melismático ó 
hyporchemático (4). 

«En toda la composición que fuere lúgubre ytrisle, 
será muy del caso, cuando la letra lo permita, callen todns 
las voces é instrumentos^ aguardando alguna pausa; por- 
que con esta suspensión , se concilia la atención del audi- 
torio, y se expresa mas el efecto (2).» 

Tales son las reglas de Valls, que unidas á los ejemplos, 
si no pueden satisfacer del todo hoy , eran sencillas y chi- 
ras entonces, y sin trabas para el principiante. Estamos se- 
guros que si todos los maestros hubiesen pensado como 
Valls, mas hubieran brillado los genios de nuestra patria, 
que solo dedicados al trabajo del cálculo y la paciencia, hi- 
cieron obras admirables, aunque tan poco felices para con- 
mover el corazón. 

«Hállase nuestra música española, dice Valls, entredós 
extremos difíciles deajustar ; unos, que obran tan ataca- 
dos á las reglas ( y algunos aun en las mas pueriles) que ha- 
llando en una composición algo que les parezca es contra 
ellas, ya lo dan por malo, sin hacerse cargo de la expresión 
de la letra, colocación de las voces, modo de cantar de ellas, 
algunas ligaduras extravagantes, ú otros motivos : otros 
tan relajados de su observancia, que sino aquellos precep- 

{U Este (ísWlo que trae Kirclicr en su Musurgia^ entre los ocho direrentes en que di- 
vide la música, lodeflnedicho autordel modo signiente: «El eslilometalístlcoó hiporchemá- 
tico es una música de una, dos y Iiasta do cuatro voces : puede ser eclesiástico y profa- 
no, y consiste su composición en cantar las voces unidas, sin ims»©, ni intención para qu^ 
no se confunda la leí ra. Tanto para música lúgubre y triste, como para alegre y festiva, 
rs muy propio como se ve en diferentes obras antiguas y modernas del templo y del 

(2) Yt'a^e en la* láminas el número U, ^n donde se hallan espresados varios efecl«w. 



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<c^ i«t €^ 

tos generales, y que son tan comunes á todas las naciones, 
de todo lo demás no cuidan , como á ellos les parezca sue- 
na bien, pues solo el oido es su ídolo. Esto puede pasar en 
música teatral^ pero no en música eclesiástica. 

aPara que unos y otros vean que su opinión no es la 
mas segura^ y que todos los extremos pueden ser culpables, 
en los ejemplares que he podido recoger de diferentes ma- 
nuscritos de autores españoles, verán que no siempre ha 
de serlo rígido, ni lo licencioso, quien gobierne al com- 
positor ; sino que sepa elegir un medio, que ejecutado con 
discreción, será quien le asegure los aciertos (i).» 

No puede ser roas claro en sus doctrinas nuestro cé- 
lebre maestro; no puede expresarse con menos palabras 
el estado de enseñanza de su tiempo, y las opiniones distin- 
tas que reinaban entre sus companeros de profesión ; no 
puede baber censura mas amarga de los deplorables siste- 
mas que esclavizaban ó pervertían al pensamiento creador. 
La claridad y sencillez, poesía fundamental de la mu - 
sica, y la sublimidad de la inspiración, vida y gloria de las 
artes bellas, no tuvieron valor alguno ante el mecanismo 
calculado^ el fanatismo sistemático, ó las libertades y licen- 
cias importadas y acogidas sin reflexión. En medio de esta 
confusión de ideas, todas ellas contrarias á la verdad del 
espíritu artístico, nuestros verdaderos maestros fueron co- 
losos como científicos, y pigmeos como artistas: antepu- 
sieron la complicación de sus doctrinas ala claridad de su 
gloria; y dejaron desús obras asombros de dificultades, en- 
tre pobreza en concepciones. Pasaron su vida trabajan- 
Jo para su vida; nada para ios adelantos del arte; nada 
para la posteridad. Unos porque sus obras, aunque ad- 
miradas por los estudiosos como muestras de paciencia y 

í() Vf^ay?»' los •*jpnii»lo5 <le Valls en laf láminas, númom i'2. 



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-o^ iSf ^o- 

csIuüío/qo serán oídas de la generalidad como modelos 
del arte de conmover el alma por medio de los sonidos ; y 
otros semí-maestros, porque imitando sin acierto , do tu- 
vieron ni genio para crear^ ni estudios para ser respetados. 

ínterin las composiciones extranjeras menos calcula- 
das por sus mas sencillas teorias^ y mas inspiradas por su 
libre práctica^ iban obrando la revolución artística que ba- 
bia de colocar el arteá la altura que lo hemos visto en la 
primera mitad del siglo XIX ^ los maestros españoles 
siguieron estacionados en sds antiguos sistemas; olvidaron 
los nombres de sus antepasados^ y no hicieron casó de los 
progresos europeos. Nada guardaron para su historia ; nin- 
gún puesto ambicionaron en el mundo artístico^ y España 
quedó legada al mas desgraciado olvido^ por la iacurk y 
el poco amor al arle y á la patria^ de tan desunidos 
profesores. 

No hubo otra causa ^ no^ para nuestra postergación 
en el mundo artístico : muchas de nuestms obras en el si- 
p,lo XVIII tanto teóricas como prácticas^ aunque arrincona- 
das y olvidadas, aunque sistemáticas y calculadas^ son una 
prueba de ello; como puede verse por las teóricas de Valls 
y otros maestros^ y las muchas composiciones prácticas de 
aquel tiempo (4), 

Si generalmente el fanatismo escolástico ^ y nuestra 
guerra de profesión , destruyeron el progresa artístico ; 
particularmente también , hubo maestros que elevaron 
la música eclesiástica á una altura, á que no han podido 
llegar todavía las naciones e^^tranjeras, en medio de sus ver- 
daderos y grandes adelantos. 

Y sin embargo, nuestras obras de música eclesiástica, 

{'2) Para dar una prueba do esta verdad , véase en las láminas y número 13, una com- 
[ii>:<i(i(in corla de Valls: no pormíMoinlo el ot»jeto de nu^síra obra, 'extendernos mas con 



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-o-^ ISS ^^ 

orgullo de una nación católica como la española, yajcen ol- 
vidadas y confundidas con otras no dignas de mencionar- 
se^ entre el polvo de los archivos de las catedrales ; gene- 
ralmente hablando, por la incuria de los cabildos y el po- 
co amor artístico de los maestros de capilla; y particular- 
mente; por el poco interés que se han tomado el gobierno 
y el conservatorio nacional de música , para formar un 
centro de estudio, enriqueciendo las bibliotecas públicas con 
las mejores, y dándolas vida por medio déla prensa. Solo 
D. Hilarión Eslava, bajo la protección de S. M. nuestra au- 
gusta reina doña Isabel II, ha tenido esta feliz idea, publi- 
cando algunas de las mejores obras de autores españoles, 
en la XtraAya(TO-/iispana,colGCcion digna de elogio, como 
estudio, y como glori* del arte y de nuestra patria. 

Para dar la última idea sobre el estado del arte en 
España á mediados del pasado siglo, copiamos á conti- 
nuación la carta que el distinguido maestro de la catedral 
de Lugo D. Gregorio Santisso Bar mudez, remitió á D. Fran- 
cisco Valls, manifestándole su dictamen sobre el Mapaar- 
mónico; y en ella se verá confirmado cuanto llevamos ex- 
puesto sobre el particular. 

Muy señor mió: Aunque ha sido á costa de tantos deseos , que hizo 
moDos tolerables la precisa ditacioD que los correos llevan , escaseán- 
dome el cuidado do no abultar los pliegos la dicha de ver juntos los 
que componen la grande obra de Y. que titula : Mapa armónico 'práctico, 
etc.y he finalmente conseguido la de registrarlos todos hasta el último, 
que es feliz cláusula de trabajos tan costosos, y aun llave de oro, que 
cubre y cierra los tesoros del arte, sabiduría y esperlencia de V. en la 
extensión de loa defecto? vulgares, que suelen acontecer en las obras 
de nuestra facultad y su ejecución ; dando al nüsmo tiempo los mas 
moderados remedios, cuando la desobediente temeridad de tanto com- 
positor, cantor é instrumentista los necesitará mi parecer, maseñcaces; 
pero la modestia ¿e Y. se contenta con descubrir el daño y apuntar el 
remedio, para que la discreción lo ejecute. 

Esta misma moderación, en quien seguramente puede dar leyes á la 
música , se ve patente en todos los capítulos de su obra; queriendo mas 
que cada uno siga lo que con fundamento siente, que no atar á los de- 



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-o^ 1S4 Co- 
mas al juicio de V., de donde inferirá el mas ignorante, el ñn, que no 
es hacer escuela, sino dar en claro método lo que enseñaron los grandes 
maestros, que nos precedieron, con los preceptos viejos y nuevos, y to- 
dos los abusos que atropelladamente se han introducido en la música^ 
con el fantástico nombre de primores y excepciones; para que cotejando 
los discípulos, y muchos de los maestros, lo que fué y loquees, forjien 
de lo antiguo y moderno un tesoro apreciable. 

Yo me confieso deudor i Y. ya por la honra que me ha hecho en de- 
jarme ver esta obra, ya por la antigua correspondencia que le he mere- 
cido; pero mucho mas, porque veo patrocinadas las leyes de la verda- 
dera música, por un sugeto de la clase de V. cuya sola autoridad bas- 
taba para hacer frente á cuantos han intentado adulterarlas, abusando 
de la piedad de los entendidos: como también para abrir paso á tantos 
pusilánimes supersticiosos observantes del rigor de dichas leyes; á los 
cuales parece, que es contra ley, lo que es sobre ó fuer xa de ella; sin dar 
con moderación sus veces al ingenio, ni atender que en muchos lances 
es arte huir del arte. Lo bueno es que estos nada pueden morder, que 
no se vea en obras de insignes maestros, que nos precedieron, ó lo que 
es mas, en las propias de los mismos, que lo murmuran. 

Ya sabe Y. mis antiguas disputas, y las desazones que me causaron 
muchos maestros de ambas clases, en los papeles que andan impresos. 
Todo fufara bien empleado, si se hubiese conseguido la reforma de los 
introducidos abusos. Pero después de tantos sudores y trabajos , para 
mantener la fai3uttad en la solidez de sus fundamentos; después que Y. 
ha dedicado toda su vida, para dar ala posteridad sus doctrinas claras, 
sus primores con ventaja, sus habilidades en todo género muy aprecia- 
bles, sus reglas antiguas de tiempo medio, y modernas, con método, 
brevedad, universalidad y moderación : todavía nos hallamos peores de 
lo que estábamos, por la insolente tenacidad de muchos levantados á 
maestros, cuando nunca fueron bien castigados discípulos. Hombres 
en verdad atrevidos y soberbios , que zanjando en la ignorancia los 
desaciertos de su inobediencia, se relamen con el aura popular de los 
necios, y como esta sople, no hay ley que tenga, ni regla que valga. 
Asi vemos de día en dia mas trastornada la música ; y lo peor es, que 
se han pasado los estilos teatrales á las iglesias ; y aun en los coros son* 
por demás los libros de canto llano ; porque los cantores ni entienden, 
ni ejecutan lo que en ellos se pinta; si es que haya quedado alguno 
bien librado de las manos de tanto copiador ó compositor ignorante. 

Nace á mi ver este desorden en el canto llano, de la negligencia que 
padecen los sochantres en aprender y tener prontas las reglas para eje - 
cutarlas con el rigor que piden; porque siendo estas (digámoslo asi) la 
dialéctica de la música, no admiten las licencias y excepciones que mu • 
chas veces ilustran al canto figurado. Aun en lo mas trivial se deja ver 
la estupidez de muchos, ignorando, cómo y cuándo han de cantar Fa^ 
ó Mi en B fab mi ; siendo regla universal, que siempre que la composi- 
ción vaya desdo el signo Ffaut al de Bfabmi^ por grado ó de salto, se ha 



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-o^ iSft €^ 

de cumplir con el Diathessarony como no toque á Csolfaut^ diciendo Fa en 
Bfabmi ; lo que regularmente sucede en primeros, segundos y octavos 
modos ó tonos; que eo otros ya sabe V. que puede y debe variarse esta 
regla, con la moderación y discreción que pidieren los pasages. Del 
mismo principio nace, que en terceros y cuartos modos , los cuales por 
razón de su diapente esencial, piden Mi en Bfabmi, canta Fa, no debien- 
do, por ser contra la naturaleza del tono. 

Otro error cometen estos en la práctica, y es que según su fantasía 
añaden, ó quitan puntos á la composición, y como los demás se arre- 
glan alo que ven, y no penetran el pensamiento del sochantre, se re- 
duce todo el canto á un desconcierto infernal. 

Otros mas picados de sabios, para introducir como de per se la pro- 
piedad de Bmol en el canto llano, siendo evidente, que es accidental el 
género diatónico, sobre el cual está fundado; inventaron una nueva 
especie de Diapente para quintos f sestos modos, como verá V. en la si- 
guiente figura, diciendo Fa, Sol, La, Fa, Fa ; como si aumentar ó dis- 
minuir las especies de diapentes, fuese arbitrable, sino pasando y profa- 
nando, no solo las reglas sólidas y principios del canto, sino también 
los términos de la posibilidad y evidencia (1). 

Y no advierten estos introductores de novedades, que en su diapente 
cantarán por tres propiedades, cuando para sostener su propiedad de 
Bmol podrían cantar por ella sola, diciendo: Ut, Re, Mi, Fa, Sol, como se 
ve en la segunda figura del ejemplo, y evitar de este molo la barbari- 
dad de su pensamiento. Pero aun siendo esto así, quedará este diapente, 
que es la cuarta especie entre las demás, confundido con el de séptimo 
Modo que es el misipo, apuntado por Gsolreut; y no nos quedará lugar 
en todo el canto llano, para la tercera especie de diapente, que es Fa, Sol, 
Re^, Mi, Fa; ni para la sexta especie de diapasón, que se forma de este 
diapente y de la tercera especie de Diathessaron, que es , üt. Re, Mi, Fay 
colocada sobre dicho diapente, y diciendo : Fa, Sol, Re, Mi,tFa, Re, Mi, 
Fa. Y no hay razón para excluir á esta especie del canto llano; y me- 
nos permitiendo todos los cuerdos el uso del Bmol al género Diatónico, 
cuando la necesidad lo pida, para formar Diathessaron, 6 evitar la aspe- 
reza insufrible del trítono. 

Bien puedo asegurar á V. que no hubiera en esto tanta confusión, 
silos compositores del canto llano (siendo fieles los que escriben libros 
de coro) se nivelasen con las reglas; dando á cada Modo , con prudencia 
y justicia lo que es característico de cada uno , y no confundiesen las 
cláusulas y pasages, transfiriendo lo que es del uno al otro. De aqui 
nace el haber tie usar diligencias, y valerse á veces del género cromá- 
tico, para huir los pasos escabrosos de semejantes composiciones. Los 
antiguos hicieron lo que debian; pero me dicen, que ya no faltan maes- 
tros (y quizá V. tendría muy cerca algún ejemplar) que han variado 
gran parte del canto llano, haciendo composiciones nuevas, con la tris- 

(I) \éí\!^ en la* láminaft el número 14. 



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te vanidad de que serán mejores las suyas» que las antiguas que sirvie- 
ron y sirven á toda la santa iglesia; y aun fuera tolerable, si estuvie- 
sen conformes á las regias ; pero me consta bien que en muchas cosas, 
están sin ellas, y no alcanzo como se sufre. 

Los mismos y aun mayores absurdos, fundados en la inobservancia 
de las leyes se ve en el canto figurado. Bsperimentamos qué casi todos 
los cantores lo son por uso; pero tan ignorantes, que ni los nombres de 
las solfas saben; y aun menos la verdadera medida de los tiempos. Can- 
tarán estos un aria ó coplas al uso ; pero en llegando á presentarles un 
libro de música de Atril, enmudecen todos. Mayor daño es aun , que 
estos vicios hayan llegado á los maestros de capilla, de los cuales mu- 
chos ignoran los tiempos y figuras antiguas ; y otros pasando de los 
semibreves ligados, á que muchos no alcanzan, ya no hay paciencia 
para sufrir los disparates que ensartan. ¿Y qué diriamos, si les hiciesen 
pasar á las figuras Alfadas y Ligadas, á los puntos de Perfección, Au- 
mentación y Alteración que se hallan á cada paso en las grandes obras 
de los maestros antiguos? ¿Y de dónde nace sino de la poca aplicación 
en estudiar cuando eran discipulos, ó de enseñarles malamente sus 
maestros? 

Yo he llegado á discurrir, que el principio de este mal está en que, 
cuando se hallan en contrapuntos, que son la llave de la composición, 
hay maestros, que como el discípulo las escriba medianamente aucqut 
halla muchos yerros, luego le pasan á la composición sin que esté bien 
fundado en aquellos principios ; y en este mal estado, si bien lo apura- 
mos, ignora qué cosa es Diapasón^ Diapentey Diathessaron, cuantas espe- 
cies hay de ellos, y menos cuantas especies hay de modulaciones den- 
tro del perfecto Diap^on; y con estas faltas presumirá de compositor; 
y aun le alabarán por tal los mistnos maestros, jque conocen su ignoran- 
cia. 

Pero veamos en qué para. A fin de que estos discipulos soi^resalgan 
ó sean conocidos; en lo que generalmente les imponen, es trabajar una 
misa ó salmo, con mucha hulla ó confusión de instrumentos; las voces á 
cuatro y no mas, con un ripieno. Piensan luego un paso para el primer 
Kyrie^ otro para el amen de Gloria y Credo , y lo demás de la obra con 
dúos y solos. Si hay algún cuatro, es para el ripieno; y cuidado en que 
eternamente se oi^ toda la gritería de violines, oboeses y trompas , si 
las hay; pero no hay miedo de que en todo el progreso se oiga primor 
alguno musical ; absurdos intolerables si, y á cada paso, ejecutando, 
unas veces, terceras diminutas de dos semitonos mayores; otras las es- 
pecies disonantes sin prevención , ni salida correspondiente; y otras 
oyéndose tal asq;)ereea en los pasages, que rajan los oídos, y avergüen- 
zan á los que lo entienden. De fugas, trocados, cánones, y otras habi- 
lidades, ya no se habla, ó porque no las entienden ó porque cuestan 
mucho. Así les costara la relajación de los estilos, y no sirvieran en la 
iglesia los aires provocativos de las tablas, que se oyen en casi todas 
ías composiciones modernas, para el templo; contra lo dispuesto en los 



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BagradoB cánones , concilios y sinodales» contra las doctrinas de los 
santos padres, contra la seriedad del lugar, y contra la honra de Dios 
eu cuanto aquel se profana y se da mal ejemplo á Jas almas piadosas; 
Siendo cierto, que para edificación de ellas, se pero^itió en la iglesia la 
música. 

DeeBtos principios es cierto, no puede salir otra cosa que el univer- 
sal desorden que vemos. Toda estft obra de Y. camina ¿ detener tanto 
precipicio; y como se lograra , fuera dicha el haber trabajado tanto. 
Terán con todo loe que la leyeren, el buen celo y acertada elección de 
y., 4 qfíion 4eJ[>emós venerar todos, por taii benemérito en U facultad» 
que ^tiendeii pocos y 1^ pi^an mucbop ; y ^^rl^ lasgracifui por la h9&- 
ra que á iodos hace. Dios nuestro señor guarde á V. los muchos afios 
que le deseos-— Lugo y octubre 22 dd ll4d.^D. Gregorio Santísso Ber« 
mudez. 

A la misma altura que los anteriores maestros se haUabaa 
suscontemporáneos^D. Miguel Ampíela, maestro de capilla 
de Jaca^ nombrado para la catedral del Pilar de Zaragoza 
el 7 de mayo de 17*00; en cuyos archivos se conservan 
veinte obras de este compositor. — D. Luis Serra, maestro 
de la iglesia del Pino deBarcelopa, que por muerte de Am- 
bíela pasó al Pilar á desempeñar el magisterio en í 715 ; y 
D. Bernardo Miralles, que jpor igual cau^a reemplazó á Sor- 
ra el 7 de marzo de ^759. — D. Agustín (Je Coplreras, ipaes- 
Iro de la catresdral de tórdo^a, del que se cop^rvan dqs 
magníficos motetes, el ijno, Posuil, me, desoíala, ácuatrq. 
de dos tiples, contralto y tenor, con acompanaqriientQ fie 
órgano; y el olro para Santo. Tomás de Aquino, O doctoro pfi 
me, escrito áóclió riguroso.— t). Juan Francés Írrib^fr()p 
maestro de la catedral d^ Malaya, de quien todav/a e;^j^t.9Jí 
un gran nánlero de salves, motetes, liimnos y m^as, '^m 
instrumetital y sin él, de un mérito extraordinari/C). — Ppn 
José Lóhuza, maestro db la cátedra! de la Seo do Zaraapza 
hasta el año dé '1756 en que le reempía:^ó en 20 de mar^o 
e\ grári compositor Ú. Francisco Javier García, cbnocjdy 
gcóeralmehfe p'ot el españoletó, y iié quiert nos ocupáre- 
mos en el curso de esta historia. ~D. Do^i^i^^ T^Mp^ 
Tomo iv. ' 4fi 



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^># fM #«- 

maestro de la catedral de Lérida, en cuyos archivos se 
conserva una misa escrila con acompañanoiento de or- 
questa, y sobre el tema Gaudenlin ccelis^ dignídel mayor 
elogio, tanto por su bella modulación, cuanto por su inven- 
ción en el género imitativo. Según el acreditado maestro 
actual de dicha catedral D. Alejo Mercé y Fondevila, 
D. Domingo Teixidó falleció por los años de 4737, entran- 
do á ocupar el magisterio en 1738 el licenciado D. Anto- 
nio Sala, maestro de primer orden, y fecundo en obras 
sobresalientes de las que aun se cantan muchas con 
aceptación en la citada iglesia. — Don Enrique Villa- 
verde, maestro de la catedral de Oviedo á principios del 
siglo XVIlI, y D. Pedro Fúrio, que le sustituyó por los 
años de 4730, fueron distinguidos compositores , conser- 
vándose de este último un Tedeum á ocho, y unas víspe- 
ras á cuatro de un efecto admirable. — D. José Pujol, maes- 
rode la catedral de Barcelona , y D. Pablo Monserrat, de- 
la de Sta. Maria del Mar de la misma ciudad, sobresalie*- 
ron también por el mérito de sus composiciones. 

Encontrábase también en Madrid de segundo organista 
de la capilla Real de S. M. en la época á que nos referimos, 
el famoso maestro compositor D. Antonio Literes, de quien 
dico nuestro célebre Feijóo en su Teatro critico, refirién- 
dose á la oportunidad de introducir accidentales y mudan- 
zas de tono dentro de una composición^ dando con esto 
los grandes compositores mayor dulzura y expresión á los 
afectos do la letra, lo siguiente (1): «Algunos extranjeros 
hubo felices en esto; pero ninguno mas que nuestro don 
Antonio Literes, compositor de primer orden, y acaso el 
único que ha sabido juntar toda la majestad y dulzura, de 
la música antigua con el bullicio de la inoderna; pero en 

{t) Tomo 1.», 8.* Impwilon, pég. 296. 



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el manejo de los puntos accidentales es singularísimo ; pues 
casi siempre que los introduce, dan una energía á la mú- 
sica, correspondiente al signiBcado de la letra, que arre- 
bala. Esto pide ciencia y numen , pero mucho mas numen 
que ciencia, y asi se hallan en España maestros de gran 
conocimiento y comprensión, que no logran tanto acierto 
en la materia: de modo, que en sus composiciones se adrni* 
ra la sutileza del arte, sin conseguirse la aprobación del 
oido.» 

Mas adelante continúa Feijóo hablando deLiteres (1): 
«Y en cuanto á la música se verifica ahora en los españo- 
les, respecto de los italianos, aquella fácil condescendencia 
á admitir novedades, que Plinio lamentaba en los mis- 
mos italianos, respecto de los griegos : Slutatur quilidie 
ars interpolis , el ingeniorum Grceciw flalu impellimur. 

«Con todo DO faltan en España algunos sabios compo- 
sitores, que no han cedido del todo á la moda, ó junta- 
mente con ella saben componer preciosos restos de la dulce 
y majestuosa música antigua. Entre quienes no puedo os-^ 
cusarme de hacer segunda vez memoria del suavísimo 
Literes; compositor verdaderamente de numen original, 
pues en todas sus obras resplandece un carácter de dulzura 
elevada, propia de su genio y que no abandona aun en los 
asuntos amatorios y profanos: de suerte que aun en las le- 
tras de amores y |?alanterías cómicas, tiene un género de 
nobleza, quo solo se entiendo con la parte superior del al- 
ma: y de tal modo despierta la ternuia , que deja dormida 
la lascivia. Yo quisiera que este compositor siempre traba- 
jara sobre asuntos sagrados : porque el genio de su compo- 
sición es mas propio para fomentar afectos celestialeSj que 
para inspirar amores terrenos. Si algunos echan menos en 

m Tomo 1.'. pág. ^4. 



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-o^ M4m €^ 

él aquella desenvoltura bulliciosa, que celebran en otros, 
por eso mismo me parece á mi mejor: porque la música, 
(especialmente en el templo) pide una gravedad seria, que 
dulcemente calma los espíritus ; no una travesura pueril 
que incite á dar castañetadas. Componer de este modo es 
muy fácil , y así lo hacen muchos: del otro es difícil, y así 
lo hacen pocos.» 

De las composiciones del maestro Literes, se conservan, 
6 al menos se conservaban aun el año de Í827, en los ar- 
chivos de la Real capilla, dos cuadernos en pasta; uno 
marcado con el número 9, que contenia catorce salmos de 
vísperas, ocho magníficat, y diez himnos para todas las fes- 
tividades ; y otro , sefialado con el número 10 , en que se 
hallaban tres misas de facistol. También en la Biblioteca na- 
cional de Madrid se conservaba la partitura de una ópera es- 
pañola de tan inspirado compositor. 

Demostrado queda, por el relato que llevamos hecho de 
los maestros compositores españoles de la primera mitad 
del siglo XVIII, la superioridad de estos sobre los favoreci- 
dos extranjeros en las cortes de Felipe V y Fernando VI ; y 
mucho mas demostrado quedaría, si hubiésemos tenido al- 
guna pequeña protección por parte del gobierno, y sobre 
todo por la generalidad de los maestros de capilla, á quie- 
nes nos dirigimos para que nos suministrasen noticias de 
sus antecesores, y aun no se han dignado contestar. 



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capítulo ZZVL 



Muerte de Feraando VI.-^Regencla de I«abel de Farnesio.—Deetierro de Farinelli.— Bu- 
treda de Carlos III en Barcelona. —Bfascarada de Apolo.— Fiestas en Madrid. — Carác- 
ter de Carlos 111.— Dominación extranjera.— Motin de Squilace.— Táctica militar pni- 
riana.— Marcha prusiana.— El marqués de Rodas.— Extinción de los jesuítas.— Hom- 
bres célebres que entre ellos escribieron sobre historia , música y literatura.— El con- 
de de Florida Blanca.— Protección á las artes.— Consideraciones sobre este reinado.— 
Mejoramiento de los teatros.— EsperanuB del arte lírico dramático.— Don Luis BUion 
y otros compositores. — Obras dramáticas y líricas. — Prohibición de los autos sacramen- 
tales.— Cantantes españoles.— Don Ramón de la Cruz y sus obras.— FaudetnUe y ópera 
cómica flrancesas.— Poema de triarte.— Ciérranse los teatros.— Compaftfas de ópera ita- 
liana.— Incendio del teatro de Zaragoza. 



Termina la existencia de Fernando VI el día 40 de 
agosto de 4759^ y es llamado á ocupar el trono, como le- 
gitimo sucesor, su hermano Carlos III, rey eatonces de las 
Dos Sícílias. 

Hasta la llegada dé este monarca ^ queda nombrada, co« 
mo reina gobernadora de la nación española , la augusta 
madre de Carlos, doña Isabel de Farnesio, que retirada 
al real sitio de San Ildefonso durante el reinado finido, 
faace su entrada en Madrid el dia 47 de agosto, en medio 
de las mas espontáneas aclamaciones de todo el pueblo. 

Entre las primeras disposiciones tomadas, por la ter- 
cera vez reina de España , fueron , la de abaratar el pre* 
cío de algunos arliculos de consumo, y el destierro dd 
femoso cantor Farinelli , señalándole una pensión que dis- 
frutó en Bolcmia basta el affo de i 1S2, en que dejó de exis- 
tir á los 78 de edad (1). 

(]j Hablando de Farinelli dice Teixidor : « £1 amor y benevolencia que tomó á los 
espafioles fué tan grande, que habiéndose retirado, después de muerto Femando VI, á una 
magnifica casa de campo que compró á las inmediacion(9s de Bolonia , con el fln de aca- 
bar 1118 dias al lado de su grande amigo el P. Juan Bantiita Martini ; tenia dadas órde* 



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•o^ t4t ^o- 

Ei dia ^7 de octubre del año 4759, pisó Carlos III las 
arenas españolas como rey de España, en las playas de 
Barcelona, y el marqués de Castellbell, decano del ayun- 
tamiento do dicha ciudad; tuvo el honor de ser el primero 
en dirigirlo las siguientes palabras : « La divina Providen- 
cia, que destinaba á V. M. para gobernar los mas flori- 
dos reinos del Cristianismo, como son los de España, dis- 
puso anticipar sobre las reales sienes de Y. M. una corona 
brillante, cual es la de las Dos Sicilias, dándonos de esta 
suerte, un rey consumado maestro en el arte de reinar. Ha 
premiado así Dios el mérito de V. M. continuando por el 
espacio de veinte y seis años , debiéndose al incesante des- 
velo de V. M. que renaciese en el orbe un reino respeta- 
ble, que mas de dos siglos babia, se contaba ya como 
provincia. Barcelona , nuestra patria (la misma que tuvo 
gran parte en la adquisición de tanta joya), obsequió á 
V. M. en la jornada para Italia , y sus demostraciones tu- 
vieron aceptación en el benigno ánimo de V. M. No ha ol- 
vidado la Providencia este corto mérito, compensándolo, 
en que si entonces por su situación fué la última, sea aho- 
ra por elección de V. M. la primera que tenga la honra de 
reconocer por su rey natural y clementísimo padre, á un 
monarca que se vincula la admiración y la envidia de la 
Europa.» 

A esta sentida y expresiva arenga, contestó Carlos III en 
los términos mas satisfactorios y cariñosos ; y en medio de 
un inmenso gentío, y entre las aclamaciones mas entu- 
siastas, hace su entrada el gran rey Carlos III y su real fa- 
milia, en la primera ciudad de su nuevo reino. 

Describir las fiestas que se hicieron en los dias que 

nes en Bolonia y sus contornos , para que le encaminasen k su quinta cuantos españo- 
les transitasen , á los cuales regalaba y agasajaba con una esplendidez propia de su ca- 
r^eter , y tía excepción de personae. 



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SS. M>f. permanecieron en Barcelona , seria, á mas de pe- 
sado, ageno de esta historia : por lo cual nos iimitaremos á 
las que tienen relación con la música y poesía ; pues aun- 
que estas artes ocuparon un puesto preferente en todas las 
dichas fiestas, sobresalieron en el gran Te-Deum que se eje- 
cutó en la iglesia catedral, compuesto por el maestro don 
José Pujol , y en la brigada cuarta de la real mascarada 
presidida por Apolo, y de la que nos vamos á ocupar tras- 
ladando integro lo que de ella se lee en la Relación de los 
festejos que el ayuntamiento mandó imprimir. 

c Si Hércules seguía á Marte con la briosa retaguardia 
de las armas , no menos obsequiaba á Apolo su subalterna 
comitiva de las buenas letras, que nada extrañas en este 
pais, se animaban con su influjo, y se aliñaban para de-- 
dicarse á tan brillante objeto. Lo ostentaba Orfeo á caba- 
llo , vestido á la heroica , llevando en la mano su citara , 
que por haber reducido con las suavidades de su poética 
armonía á vida sociable y política á los hombres entrega- 
dos al trato agreste ^ fingió la antigüedad haber rendido á 
las fieras mías alimañas con su concento (1). 

aSeguíanle doce musas, contando con ellas las tres Gra- 
cias vestidas de ninfas airosas , llevando cada una de las 
musas sus divisas; para espresion de cuyos nombres , y de 
lo mucho que penden sus medras de las beneficencias de 
Apolo 9 nada hay mas acomodable que la elegante Iraduc- 
cion que hizo un poeta valenciano del epigrama de Vir- 
gilio : 

Cito cantando acciones eminentes , 

nos enseña presentes 

de pasados varones las memorias , 

alma siendo erudita á las historias. 

(1) SilveslreB homines sacer , interpresque Deorum, 
Gaedlbvu , et yictu ftedo deterrait Orfeus : 
Dietus ob hoc lenire tigres, rabidosque Leones.— ( Horacio. ) 



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•4^ f 44 #^ 

Lúgubre Melpomene en triste llanto 

de trágicos sucesos forma el canto. 

Thalia alegre las comedias ama; 

dulce Eaterpe, y jovial burlas aclama. 

Tersicore en la citara maestra , 

mueve , impera , y excita afectos, diestra. 

Erato con su plectro al baile inclina : '^ 

A lo heroico Caliope se destina. 

Urania en el compás igual, y atento, 

de las esferas mide el movimiento. 

Polimnia finalmente en voz y acciones 

de ademanes compone las razones. 

A estas deidades pues que el orbe admira , . 

alma Apolo las dá , si las inspira ; 

siendo Febo luciente 

en medio él coro , quien le ioflama ardiente* 

(f Iban las tres Gracias servidas de Arion, AmfUm y Li- 
no, y las musas acompañadas de sus Vale$ coronados to-;- 
dos de laurel , en indicio de que con los íiiflujos , y pana el 
aplauso de este Apolo ^ han de reverdecer en el principado 
los laureles^ que no obstante la aspereza de sus breñas^ 
supo hermanar Cataluña con la robustez de sus robles ; 
porque cuando su suelo , aunque hercúioQ, es susceptible 
de eruditas amenidades; (-orno que á su progenitor llamó lá 
antigüedad , Musagéles (a), ó fiel conductor de la^ musas, 
que por esto en un distico antiguo fué aplaudida por tan 
lÁhñ cortada pluma ^ como cortante su clava. 

Non mimis Herculeum nomen , quan clava , perenne 
penna fácil : VeluU Dux Elicóna colil (b)'. 

« Antes bien en evidencia de no haber dejenerado^fis 
descendientes de lacvilta policía^ que miran como here- 
ditaria ; * pudiera alegarse que á imitación del mismo Hér- 
cules , de quien so afirma (c) haber trasportado las letras 

(n) Greg. Gyral. Syntag. de Musís. 

(b) AoómiDO citado por el M. Aguilar en el teafro de los Dltises. 

(c) Ídem Ídem citando á Laurencio Crasso, 



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-^3 f 4ft ^o- 

de España á Italia , circulando así por varias provincias las 
ciencias y las armas españolas, se hicieron particularmen- 
te visibles las buenas letras de esta provincia en hiuchas es- 
tremas. I Oh ! Quién pudiera congregar tantds avecillas 
canoras^ para que con sus picos y vuelos celebrasen y 
aplaudiesen el arribo de Sol ^ y anunciar á Cataluña que ha 
venido su Febo : Tumjam regnat Apollo ! (d). | Oh I Si pu- 
diera juntarse en su obsequio^ su aplauso^ su encoipia, 
para ol único desahogo de nuestros alientos^ como lo es 
su amor de nuestros cariños ! Ríndanae á sus pies las ca- 
talanas armas^ y veneren á su real pecho por objeto, y. á 
su real cabeza por asilo de las musas. . , 

Atvo9Casthalidumchor\xñ 

Fonti plaudite Caro/o •' 

Cantus addite plausibus (e). 

«Y trocando en zueco el coturno , para amenizar tan- 
ta prosa con lo festivo del verso, y suplir con lo jovial las 
sequedades del precedente discurso, digase por anuncio, 
lo que empieza á verificarse suceso. 

cito ya hace comentarlos ; ( 1 ) 
Ya Euterpe, Erato , y Thalia, 
cantan , i)ailan , y se envía 
Melpomené á los corsarios : 
Tersicore afectos varios 
muev^ , y los d4 un héroe solo 
Caliope y á quien en su polo 
muestra i^rarua, y con su gesto 
Polimnia en Carlos : ¿Qué es esto? 
-Viva el rey de polo A-polo, 

» Esto en cuanto á las musas : ¿y las gracias? A no ser 

(d) Virgilio. Égloga 4. .... 

(e) ExBarday. Argén. llb*/l.* : 

( 1 ) Alúdese álos comentarios dé helio ttalieo , yáert^us ad Vélitras gestis; que 
aon el influjo , y de ^rden del rey Garlos III, compuso el conde Castruccio Bonancio, con 
un estilo que llamó la atención en el mundo literario , renovando el Jiglo de Augusto. 

TOMO IV. 49 



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^» !«• «^ 

que 66 teme la prolijidad; y mas porque tomo á^jo Ovm : 

Nulla satis tulli est oratio longadiserti, 
Esse portesl Mevii nec satis ulla hrevis. 

» A tú ser e^fó ¿6 afiadirta alguna si^aMíHa para que 
Ú6 fáltase esté sáldete del gusto esf>añol; yk que eé ia re* 
Micion de las otras partea del festio^ se proeérárA ioiilar el 
^(ilo italiano. Pero vaya por nna iez : abrevies^ oo lo de- 
Éíias, quemar y tierra juntos; y rengan esas ségtiidíllas, 
que no encajarlas hablando de amenidades ^ seHa no pro^ 
póreíonclt él metro con el asunto. Vayan ontiorabuehá^ 
y perdonad, ninfas del Tajo y Manzanares , si «ha dapucba 
catalana no arrebola con donaire las mantillas de cristal^ 
que hacen inimitables vuestros gracejos. 

Cantar quiso las Gracias 
alguien i j |il Ter 
i reina é infantas , dijo : 
Uña , dos , y ti*é8. 

lOhqueagradadabt 
será fii^rsa decirlas 
algunas gracias. 

Pues yaya un tono 
qáé dé en dulce gra£éió 



ta&demánoiiMldaii 
y éi^ ( ckéo rarol ) 
iúe tienen cinco dé&ai 
é6 cádá toano. 

Ú6 mé lo flo]d» 
üues trabujan , y saben 
cúanioi ion cinco. 

Hilan I hilbanan , 
bordan » planchan y cosen: 
Miren que gracias 1 



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Bosf)^ h07$ajbpi|i 
por la ewil muplm /M^^ 

ÑoefípiíUf ,00^ 
que eo laiin es la T\^<^ñ 
eolo y colón. 

^ciif ^ I q;ae apfiuolo 1 
Adiós damas ()e Bspa^i 
ya es otro mundo.' 



A^mpafla i la jceina 

q\\e tras^ la^ ciudaAe^^ 
dls qíié arrostro. " * * 

tےi^psliiuefaqrii%l 
Perono.^np.i^^l^a, 
sído de cuerda. 

yambs que es gv|^ 

tras sí lo arrastra. 



^ uua infanta lit^^oce 
por socio IrtW; 

f^hp\o Dios. 

' Ya di enla cuenta; 

Que el i)elfli&isiempffeikuic» 

t)ichoso q1 clima! 
.d(wae eaiga una grada 



^.pfroifor,i?op(lp?|^f)CO 
I9 han dadp á Lino : 
póé el Alio <ie Ariadua^ 
saco el ovillo. 



^) UMii^e^ímMhQMXkíLÍfí^'J^^yoiñVís^iáoi fufiuon ilMcafrVflríw las Amé- 



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-o^ Í¿¿ ^^ 

FeHz la trama!' 
donde España entre-teja 
tan fina holanda. 

No hay miedo Á velas , 
mírenla al medio día, , 
que es rica tela. etc. )> 

La música de esta comparsa asi como la de los demás 
coros y danzas de las otras, fué compuesta por los maes- 
tros Pujol y Duran. 

En todas las poblaciones por donde pasó la regia comi-^ 
tiva, de tránsito para la corle, hubo grandes fiestas de mú- 
sica, danzas, fuegos é iluminaciones; recibiendo ftSS. MM. 
el pueblo de Madrid, el dia 9 de diciembre por la tarde, con 
un entusiasmo indecible. Pero no habiendo querido Car- 
los in hacer su entrada pública en estenlía , se defirieron 
las fiestas para el >l 5 de julio de 4 760 , que convocados los 
reinos para el reconocimiento y jura del príncipe de Astu- 
rias , fueron dobles, y por lo tanto mas suntuosas. 

La pompa , la grandeza , el entusiasmo, la alegría, y 
todo cuanto existe para dar espansion al corazón y embria- 
gar los sentidos, se hallaba en estas fiestas aceptadas con 
espontaneidad por el amor del pueblo á su monarca^ en 
quien cifraba sus esperanzas por lo bien que habia go- 
bernado la Sicilia; Hubo sobresaliaites fuegos de artificio; 
representaciones cómicas y líricas en el real coliseo del 
Buen Retiro, arcos de triunfo en las principales calles; 
comparsas de trajes nacionales con sus músicas alusivas; 
una lucida y numerosa mogiganga compuesta de doscien- 
tas veinte y una parejas , y corrida de toros en la plaza 
Mayor, de la que salió muy complacida S, M. la reina 
doña Amalia de Sajonia, por haber visto brillar en ella el 
valor y la destreza española. 

Xárlos Hl fué un rey inteligente ^ de bueikiinemoría^ 
metódico/ celoso de su autoridad , enérgicoy \\n pbcódes- 



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confiado. Piadoso hasta la supersticioQ, justo hasta el rigor^ 
y casto hasta lá intoleraDcia : confiaba en sus ministros pero 
los subordinaba á su respeto : si simpatizó con la Francia, 
nunca se dejó gobernar por ella: si desconfió de la Ingla* 
térra fué porque nunca vio en ella buena fe. 

Sin mezclarnos en cuestiones políticas de este reinado^ 
porque no son de nuestra incumbencia , vamos á hacer re- 
lación de ciertos hechos ^ qne pueden servir para aclarar 
otros importantes, en la historia que nos ocupa. 

Carlos 111 vino rodeado de un gran número de italia- 
nos , á los que ocupó en los mas importantes destinos de 
la nación. Gonfíascle la secretaria de Estado al marqués de 
Grimáldi ; la de Hacienda al de Squilace ; unos y otros co- 
locan á sus amigos y compatriotas en los primeros puestos 
de la nadon^ y el pueblo^ que siempre miró con odio á los 
advenedizos^ empieza á perder las halagúelas esperanzas 
que habia formado^ y no sin razón. 

Y decimos no sin razón ; porqué en el reinado de Cár<^ 
los V la codicia flamenca nosacarreó los disturbios de los 
comuneros y los asesinatos de Padilla , Bravo y demás hér 
roes de Villalar , y el exterminio de las inmunidades de 
Castilla establecidas desde el tiempo de los godos : «n^l de 
Felipe y la nación española vióse sujeta á una corte fran*- 
cesa^ dirigida por la ambiciosa princesa de los Ursinos : en 
el de Femando VI es sacrificado el español Ensenada ¿ las 
maquinaciones mglesas, dirigiendo^ se puede decir asi^ la 
nación el cantante italiano Farínelli ; y Carlos III , de 
^oien tanto so esperaba / prindpia su reinado coa otra 
dominación extranjera , que llevaba la misma marcha de 
ambición y aniquilatniento qué las anteriores. . 

El ministro que mas en contacto se halla con el pue- 
blo» y cuyos actos están mas al inmediato alcance de ser juz- 
gados por todas las clases , es el de Hacienda ; y siéndolo 



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entoBoes 6q«rílaee , qmen como aAvoMdizo no solo cam- 
cía de simpatías , sino que tenía que luchar con el odie d^ 
la inmensa «ayerla de los españoles, y babiendo aumen* 
lado les impueistos y subido por qomt^uieQte gü preeío ^ 
los artículos de mayor consumo , fué el prínnero que rom-- 
pié los diques áeiñ paciencia espafioia , ^ue tomando por 
pretesto la probibicion ^e los eombreros gachos , m (desr 
borda , y epñirece eonire lél, «1 día 834e merao de 4766^ 
presentándose eü pueblo |)Mr primera vezante Các^sUI^ im^ 
itfipenente y atrevido. 

Huye el itotlíano Squíiace y gran parto doisu oomparaa 
del furor popular ; el gobierno dicta órdenes rígurosaa 
contra los amotinados , y el orden queda restablecido. Pe- 
ro engañado el rey por sm consejeros , de<qno la eiiaioiiT- 
cia de su trono ee 4a debía á las armas , se aumesta qf 
mejora el ejército éñ iodos sus ranws ; se coaiplelan loa 
económicos batallones de milicias ^provinciales ; iplantéafr 
t»e 4os escuelas y colegio^ de artiU^iaé ingonisnoe ; se per- 
^eíena lafündicton de eafienes en AiDcelona y SeVilU; 
^nese á la nación en pié do guerra ; m^nda^ávariosmi- 
litares para que estmüen en«l ejército |)rusiflUM| mandado 
por jFederíoo li, la sublipie (táctica; plaoléaaeen Espaaa.el 
tneoanbmo deánfantpria 'conocido e^ el >nQmhre de «f^en- 
dcio prusiaw) , tan inservible «n campaba ; len ITjSS ^ae 
publican de real óqiea los loquea de guetun qv» detMn 
•ehsérvar «oiformefliQote los piEaoes , iq}arineti»ft y danfibor- 
»t6s le laiiicíanteria de6. M. , conoertadus al estilo pok- 
>8ian#fK>r el músíeode la iRqal capilla D.JÜanndEa pi í i f^ 
/¿a , 'introduciendo en el <jército pspaaoil kiioircdiaiaiidMii 
prusiana^ conocida con el f^mbcetdeimfrnba^ufiileM.^: 
^^ep medio deieste mowmíento miUitar^tnadaMíbaoB por 



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el MdD de les piieUcHi > oiDgmMi obra de uHlidad públicft 
M proyecta ; ninguM proteccioii se presta 4 las ciencias y 
á laa artes > á la Agricultura , industria y comercio. 

Ocupa la secretaria de Haeieuda el marqués de Roda, 
nacido en Zaragolsa de una clase humilde ; y sus grandes 
eonocimíenlos rentísticos y acertadas disposiciones^ con^ 
quistan las simpatías del pueblo ; mucho mas cuando se 
sapo, fué causa de que se suprimiesen los privilegios que 
gomaban los colegios llamados mayores, establecidos en 
Salamanca j León » Alcalá y Valladolid ^ en dondo solo se 
educaba la elase noble ^ para quien después eran los des- 
linoe mas atentajados del Estado, con perjuicio de la de^ 
mas juventud* 

Trató también el marqués de Roda de suprimir el mi|il 
llamado tribilnal déla fe; pero no pudo llevará efect^su 
detetf V autique si el de la extinción de los íesuitás condal 
Bpbjd del conde de Aranda ; extinción inmerecida por el 
fiodo cruel con que se hizo , y por las escasas pruebas que 
se han |pfesentado para lajostificaeion desemejante acto^ 
en ún pais tan católico y caballerosoí 

Nb tratamos de defender la institución de la compañía 
de lesiks , ni si con venia ó no con venia en Espafia : nos la-* 
ideolámOs áe\ modo con que se llevó á cabo un hecho tan 
despótico é iñhumaoo, y defendenies á los hombres que 
COU sus luces enriquecieron otros paises ; que en su triste 
espatriacion defendieron á Espafia de las acriminaciones é 
kbposturas extr aejeras ; y que en obras admiradas hoy per 
todab las naciones, manifestaron su amor patrio ocultando 
el dolor de la ingratitud. Masdeu en su historia de Espafia^ 
y en la traducción al idioma toscano de los primores de 
veinte y doe poetas castellanos ; Andrés en su Origine, 
pngrem, e stalo d'ogni letterature; Lampillas en su Sag* 
#Jo Perico apotogelico deUa LeUercUura spagnuola ; Arte»- 



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ga en Le rivoluzioni deltscUro tnusicaleitaliano ;Exmeno 
enel Origen y reglas de la música; Requeooen su Saggio 
mi ristabiíimenlo deW arle armónica dai Greci é Romani, 
y otros muchos , son otros tantos ilustres mártires de las 
contiendas políticas, venerados por todos los siglos, res- 
petados por todos los partidos, y llorados por las arles y 
ciencias nacionales. 

Es reemplazado Grimaldi en la secretaría de Estado por 
el célebre don José Moñino, después conde de Florida Blan- 
ca, natural de Murcia; y al poco tiempo cambia la nación 
de aspecto , y dejando el militar por ol artístico , se eleva 
á un rango envidiable, y sus adelantos en todos los ramos 
del saber humano, le dan el glorioso renombre que el rei- 
nado de Carlos III ha dejado. Todos los mas suntuosos edi- 
ficios de la corte de Espafia ^ deben á esta brillante épo- 
ca. La Aduana, el Jardín botánico , el museo de pinturas, 
la casa de correos ^ la imprenta nacional , el museo de his- 
toria natural, la casa de los gremios,, la casa platería de 
Martínez, el colegio decirujííi de San Carlos, el de vete- 
rinaria , el Hospital general , el Observatorio astronómi- 
co, el convento de San Francisco, el paáeo del Prado con 
sus magnificas fuentes , el de la Florida , el canal de Man- 
zanares, el magnífico arco de triunfo de la calle de Alcalá, 
las puertas de San Vicente y los Pozos, [y el son*tuoso 
edificio de la China , destruido por los ingleses en 1812. 
La limpieza y policía de Madrid , el alumbrado de sus ca- 
lles , el establecimiento de alcaldes de barrio , las escuelas 
gratuitas, las escuelas de caridad y los esludios públicos, 
completan el cuadro brillante de la primera capital de Es- 
paña. 

Los nuevos caminos y carreteras que se abren por to- 
das partes, los famosos canales de Aragón y de Castilla ^ 
tas acequias de regadío*, las grandiosas fábricas de Valen- 



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cia, Castilla y otros puntos, la habilitación para la carrea- 
ra de América de los puertos de la Corufia y Santander en 
el Océano , y de Málaga, Alicante y Barcelona en el Me- 
diterráneo; con las ventajas que disfrutaba la bahía de Cá- 
diz, la protección á la industria.cafalana, la formación de 
las sociedades de Amigos del país, la creación de los va- 
les reales, tan ventajosos para el giro, el establecimiento del 
Banco de San Carlos , el fomento de la marina, y la cons- 
trucción de nuevas poblaciones en Sierra Morena , como 
la Carlota y la Carolina, extienden la vida y la esperanza 
de un venturoso y brillante porvenir por todos bs ámbi- 
tos de la nación española. 

No descuida Florida Blanca la instrucción y bienestar 
de los pueblos, y eri todos ellos establece escuelas de pri- 
meras letras y de retórica funda hospitales, construye 
fuentes y paseos , protege á los aplicados, y premia con 
pródiga mano á los hombres de talento en todas las car- 
reras^ dándoles importancia en la Sociedad , y colocación 
por el Estado. 

Los colegios de enseñanza destierran el rancio aristo- 
telismo, y dan cabida en sus cátedras á las ciencias físicas y 
matemáticas, á los idiomas, la música, el dibujo, y has- 
ta la fina crianza y trato caballeroso de la Sociedad ; toman- 
do la iniciativa en esta útil reforma el reputado colegio de 
Vergara: 

L¿ distribución de premios en la academia de nobles 
artes de San Fernando es un dia de júbilo y entusiasmo pa. 
ra Madrid. Dale Florida Blanca á este acto toda la impor- 
tancia que merece, haciendo colocar á la entrada del ediü- 
ció destinado para tal solemnidad, una compañía de gra- 
naJeros con bandera y banda militar ; y la mas brillante 
' sociedad de damas y caballeros , artistas y literatos, llenan 
todas las localidades del magnifico salón de recepción. 
Tomo iv. 20 



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JPreside el octp ef jfifor(una(Í9 inipistro^ y rpi^&Q •» 
mqsa presidencial los ascrilores tal vez mas insigne^ de Eu* 
ropa, según el historiador francés Aomoy , leyendo M^len- 
dez la oda mas sublime que compuso in^en^o humaoQ á l^ 
gloria de las artes ^ y que empieza 

I k dónde incauto , desde la ancha vega 
del daro Tarmes , ele. (i). 

, aGencral , intcnsp y rapdo, dice Roipey, ^ra el em- 
beleso do todo el atónito auditorio , quo s? conyiertQ ¡dcj^ 
pues en universal y estrepitoso aplauso. Sigue luego el es- 
clarecido Jovcllanos, con un discurso magnifico, jjigao ^u 
todo de su elocuencia castiza y de su sabiduría arüslica^ y 
merece iguales demostraciones que Melendez (2].y> 

Estas fiestas, de tanto estimulo y protección para }as 
artes, promueven la emulación en las clases acomod^daj^; 
y la mayor parte déla nobleza, según Jovellanos, los 19- 
fes do la iglesia y de los pueblos, las comunidades y cuer- 
pos públicos, se declaran protectores de los artistas^ y si- 
guen el ejcn^plo de su rey y de su gobierno. 

Españoles rodearon el trono de Cárlo^ III, y Espafia Hq- 

(1) Historia de Bspafta por Romey. Tom. IV. 

(2) En el discurso ád Jovellaaos á que hace alusión Romey , se lee el slgolente pár- 
rafo en elogio ^e Florida aian<^, « Pero fagamos también Justicia é los instrumentos de 
su beneficencia (refiriéndose á ¿arlos 111) ; y teniendo en el elogio de Augusto las alá- 
banlas de Mecenas , aplaúdamele el celo del sabio ministro qne tenemos presente ; IJel 
que supo convertir una parte de la legislación hacia la gloria de las artes ; del qu^ ha 
dado á nuestro cuerpo la suprema magistratura del buen gusto ; del que negó al gusto 
d^praTado la entradn en nuestras ciudades, en nuestros templos y edifleios públicos ; 
del qne nos ha perpetuado la posesión de los monumentos del buen tiempo , oenrafM^o 
traestros ^tuertos á hs obras de los pintores célebres , con que antes hacían un vil comer- 
^ la Inorancia y la codicia. La posteridad , que oojerá todo el fmto de su ilnstrada 
protección, hará algún dia á su memoria un elogio mas cabal que el mió , sin ^ V^lMO 

• 46'lásttmar su ñiodéMeion ni de ofender sú modestia.» 



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teáh éúti'tf to^ásIasiiücioDes con la lozanía de ^ü Hermosii^ 
suelo, y el entusiasmo y natural talento de sus privilegia- 
dos hijos. 

De lá clase del pueblo salieron los Ensenadas, Rodas y 
Florida Blabcas , y el pueblo fué dichoso, porque cri elló¿ 
vía esculj^idas sus virtudes , heredada su laboriosidad , y 
puestas en pfáctibá sus aspiraciones , sus deseos y sii' na- 
cional isnio. ' 

Lo^* mirtisttos advenedizoá ¿consejaron ál naonarbá qÜé* 
en k ftiidi*za db lai« atmaü estábala brill^nfez ^ soátéfocfá 
8u trono; los españoles le deínoálraron que cri lhi plrolcé- 
cion á las aVtes y ciencias , en el buen orden adniihlátrat'.^ 
Vio, y enio^adelantóá db lá agricultura, industria y cdáiél-- 
ció, se éricontrabáó la felicidad de los pueblos y la graÜdéí- 
za de los reinados; y él gran ihonarca rcstáüradbr dK iks 
artes énltleilia , dondb dejó grdbado su nombre con él bu- 
ril de Id inmortalidad én los chonumeutos de Ná pioles; PóV-' 
ticiy Caserta, en los dfescubrimientoé de las antiguas citl- 
dade»de Pbmpoyay de Hercüláno, y en las generosas i*tí- 
compedsas cóti* qué premió á los artistas, dignas' de Ibi* 
tiempos de Alojandt-é\ ()uító dé sus ojos et cendal con qheí 
lá adulación extranjera lo había cegado, y viendo á Espa- 
fláá la cWa luz dé lá' verdad, conoció el cafácler de^^ 
ptifebloá y Ibsí hizo felices. 

Nuesti^a'des^riacia ha estádosiempre eft no qtiétéí^isóV 
éspátttiltís : cuando lo hemos sido, d ninguna nación hb^ 
mÓí/ téhido qtté éiíVidlaf^ sus ¿loHds, ni su' clima'; lii'^ii 
valét', ili'áüycóübcimlerifos. 

Español el monarca, y su gobierno español , el teatro, 
espejo de la civitiiacion y costumbres dé Im pueblos, em- 
pozó á desechar las serviles imitaciones francesas de los 
réiriaídosahtértóirés, & mojofai^ las propias, y á destituir los 
bandos que de él se hablan apoderado para hacerle perder 



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•<>^ €«• €^ 

SU prestigio , conocidos bajo el nombre de Chorizos y Po'^ 
locos (4). 

Las obras dramáticas de Huerta , Latre , Comella , Jo- 
vellanos, Genfuegos , Solis, Moratiu (don Nicolás), conde 
de Perelada, marqués de Palacios^ Trigueros, Iriarle, Me- 
lendez y otros escritores, aunque muchas de ellas todavía 
con algún tinte francés, dieron nueva vida al teatro espa- 
ñol ; y el drama lírico volvió también de nuevo á hacer re-, 
nacer en el público la esperanza , con las inspiradas pro- 
ducciones de Mison, Plá, Gal van, Castel, Ferreira, Ro-, 
sales. Estove, y otros muchos. 

Don Luis Mison, insigne músico, según don Leandro 
Fernandez de Moratin (2), era uno de los hombres que mas 
se distinguian en la corte por sus conocimientos musicales 
y literarios , formando parte en la escogida sociedad artís- 
tica , de la que procuró hacerse miembro don Nicolás Mo- 
ratin á su llegada á la corle, y en la que entre otros hombres, 
sobresalientes en ciencias y artes, se hallaban , el escultor 
don Felipe Castro, el erudito maestro Florez, don Agus- 
tín de Montiano , don Luis Yelazquez , don Juan de Iriarte, 
y la incomparable actriz Maria Ladvenant. 

A pesar del estado de postración én que se hallaba el 
teatro , y el abandono que de él hicieron los maestros com- 
positores , ya por el prestigio de las obras italianas y el pp- 
00 aprecio de las españolas, ya por lo mal mirados que 
eran los que se dedicaban á esta clase de composiciones ; 
dcm Luis Mison no desistió de su patriótica idea, y traba- 
jando en el pequeño círculo á que se veia reducido, lo me- 

. (I) Esto» bandos eran dirigidos el primero por un herrero » y d segundo por un 
fraile trinitario llamado el Padre Polaco ; diferenciándose los unos de los otros en el co- 
lor de la cinta gue llevaban en los sombreros chambergo : los Chorizos de color de oro, 
y los PoUicos axul celeste. A esta clase de hombres estaban sujetos autores, actores y pú- 
blico sensato, y sus gustbs y exigencias eran leyes infalibles ante las cuales habla que 
doblegar la cerviz. 

: ñ) Vida de don Nicolás FernAudez de Moratin* 



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«o-:t»f po- 
jólo y fué preparando el terreno para la mayor estension 
de mejores obras. 

En el Memorial lilerario de Madrid (i ), se lee lo siguien- 
te: «En el año de Í757 don Luis Mison abrió nuevo ca- 
mino á las canciones del teatro, y para una función del 
Corpus, presentó una nueva composición á dúo, que fué 
el modelo ó principio de las que ahora se llaman toma li- 
llas. £1 argumento ; eran los amores de una mesonera y un 
gitano, y empezaba : 

Ya viene Jitsepillo 
ala posada, etc. 

«Lo cantaron Teresa Garrido y Catalina Pacheco, lla- 
mada la Cacuja, Y agrado tanto la invenc'ron, que el mis- 
mo año por la Navidad compuso una tonadilla ácíuo deno- 
minada Zos Pillos, que cantaron Diego Coronado y Juan 
Ladvenant;y olvaálres^ que cantaron las dichas Teresa, 
Catalina y Maria Hidalgo ; y desde entonces siguieron com- 
poniendo tonadillas el mismo doq Luis Mison, don Manuel 
Plá , y don Antonio Guerrero. 

aEn el año de 4760 llegó á esta corte don Pablo Este- 
ye, y en el siguiente,. dio al teatro su primera tonadilla á 
dw, que empezaba: ; 

Fortunita , forlunita 
No me persigas cruel , 

que cantaron Rosalia Guerrero y Diego Coronado. Las to- 
nadillas en este tiempo se cantaban solamente en las fun-* 
cienes de teatro ó en las de música , para las que se llama- 

(1) T0m9.XJIjt.aft0 de im. _ ,/ 



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ba orquesta, cantándose dos en cada intermedio p6i-Ío mu- 
cho que gustaban; en las otras se cantaban tos bailes dé 
bajo , hasta el año de 1765 , en que poniéndose orquestas 
diarias^ se redujo á una tonadilla al Gn de cada intermedio. 

«Las mas sobresalientes cantoras dé aquél tiempo, fue- 
ron: Teresa Garrido la primera que cantó tonadillas á soló 
á la guitar^ra , de carácter joco-serio ; Catalina Pacheco, 11a- 
rtaada la Caluja, de carácter serió, y particular éri es^resar 
la letra y afectos; Rosalía Guerrero, particular dn todo gé- 
nero de piezas bufas; María Ladvenant, (i) general en lo 
serio y jocoso , y singulá!^ en lóá áféctios espresivos ; María 
Antonia Guzman, de medio ¿áráctbr y particular en las 
payas y viejas; María la Chica^ llamada la Granadina^ de 
carácter jocoso y tan singular en los remedos , que hasta 
ahora no ha habido quien la igualó ; Mariana Alcázar, par* 
ticular en lo jocoso y majas ordinarias ; Teresa Segürtí, dé 
carácter serio; María Mayor Ordodez , decaráctef serio, y 
muy singular en las arías : Juana Garro , pafticulhr éri^ la» 
gitanas, y Joaquina Moro en las viejal; 

f^ Los actores que cantaron' con mhs prithbr en el rillS-' 
mo tiempo, fueron: Manuel Guerrero , cjuefuéel primé^ 
ro que empezó á cantar en M^dríd en el carátítef serio ; 
Juan Ladvenant, de medio caráctei" y singular en itoitar á' 
los franceses ; José Molina , llamado el Entf^amofo , ¿e ca» 
rácter jocoso , y muy particular en imitar á los arrieros, 
andaluces y payos; ÜSógó GoronadU , muy singular en lo 

(1) De esta célebre actriz y cantante dice Manuel García de Vinanueva, en so Origen 
peas y progresos del teatro español , lo siguiente : • María Ladvenant sin el menor re- 
paro se I6 puede dar con justicia el nombre de la actriz mas excelente que ha tenido naék- 
tro teatro español en el siglo pasado : ella desempeñaba con singular propiedad todo of- 
r&cter , fuese serio , fuese Jocoso : siempre supo poner en movimiento las pasiones , in- 
ternándose én el icorazon db cuántos la'olati',^ además tuvo especial ^cilidad* pktit' apea- 
dor la música , y cantaba con mucha destreza , donaire y gracia : en íln fué una mojer, 
en quien se reunieron , dotada de un feliz talento . todos los encantos y las gracias á que 
puede aspirar la naturaleza ayudada con di arte, de que léliállaftál^liilá^i ' 



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jocoso^ y el primero qiie,C9Q,tó en Ub zarzuelas y tonadillas 
modernas ; Ambrosio Fuentes, siogular para las zarzuelas, 
Juan Manuel, par? el medio carácter, y Cristóbal Soriano 
lo mismo, y singular eniípitará los franceses. (1) 

a Todas las tonadillas que^ ban cantado hasta aquí , 
se pueden dividir de dos modos , ó á solo, y do interlocu- 
tores á dúo, tres^ cuatro, .etc. ó según los asuntos que se 
cantaban ó imitaban y los adornos que se agregaban. Las 
imitaciones eran pinturas de anuore?, ya de majas y majos, 
arrieros , carreteros, y guanos ; ya de personas de otra 
clase que llamaban usías; ya pastorelas y amores pasto- 
riles, caza? y pescas ; ó ya remedando chascos y dichos, y 
otros pasages de vendedoras de avellanas, naranjas, cas- 
tañas, y otras frutas ; y esto último gustó tanto algún tiem- 
po, que las cantarínas embelesaban á los espectadores por 
las gracias de los chascos ó de los dichos propios de la ple- 
be , remedados con viveza y cnergia. Los adornos que se 
agregaban eran varios estribillos , como el caballo, el ce- 
rengue , el manguendoy, las tiranas, las seguidillas , etc. 

a El primer modo ó solo, puede reducirse á la poesía 
Mrica, y si contiene sátira, como es frecuente, á la satíri- 
ca; si es con interlocutores, á la dramática; en aquel se 
imitan las costumbres , en este las acciones y las costum- 
bres, formando una pieza pequeña dramático-música, con 
su introducción , fábula, episodio y solución, á que suele 
agregarse un fioal de seguidillas, caballo, tirana , etc, co- 

(1) A mai de lo8 actores cantantes que espresa este escrito , se distinguieron en di- 
cha época y en todos los géneros : Vicente Merino , Gabriel López conocido por Ctiinita, 
Martínez Calvez , Nicolás de la Calle , Salvador de Torres , Ignacio Cerquera , Miguel de 
Ayala y Vicente Romero , y José Plasencia , á quien Carlos Ul pensionó por su sobresa- 
liente mérito: Petronila Givi^a, llamada la Portuguesa; Rosa Rodríguez, nombrada la Ga- 
Uegnita ; Ramona Verdugo , Teresa Robles , Francisca de Castro, María Cbaves, llamada 
la Zoronguita; Mariana Alcaraz , Teresa Segura, María Ordobez, conocida por la Mayori- 
la , y Antonia Fernandez por la Caramba ; Josefa Huerta, para quten se escribió la Espi- 
gadera , y losefi Carréras, 



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mohíJ'^os dicho ^ y de que hablaremos en otra ocasión 
mas particularmente. De poco tiempo á esta parte se ha 
introducido la sátira, sóbrelo que también nos estendere- 
mos otra vez* Nos parece muy bien , entre las tonadillas sa- 
tíricas , las muy disfrazadas y artificiosas , como son las 
alegóricas en que se personalizan las pasiones ó las virtu- 
des y vicios. En este mes se ha ejecutado de este género 
la siguiente : La verdad enferma y médicos de moda. Per- 
sonas : La Verdad ; la Voluntad; la Memoria ; dos mé- 
dicos. i> 

Como se deja ver por este último párrafo, las piezas 
lírico-dramáticas , volvieron á tomar el carácter fabuloso 
y alegórico que tuvieron en su creación las loas y zarzue- 
las; y aunque se escribieron muchas de estas compuestas 
de argumentos domésticos , tales como : Los pescadores. 
Las labradoras astutas, Lasfoncarraleras, El pleito perdido, 
El farfulla, El maestro de la niña , y Los estudiantes de Al- 
calá, puestas en música por Calvan , Plá , Rosales, Este- 
ve y otros ; también se volvieron á ejecutar con bupnas de- 
coraciones y aparato escénico , Eco y Narciso , El triun- 
fo del amo7\ y Piramo y Tisbe, con sobresaliente música 
de don Luis Mison; y otras varias» con melodías de dife- 
rentes maestros. 

Las representaciones de vidas de santos , y misterios sa- 
grados, fueron desterradas de los teatros , quedando pro- 
hibidos los autos sacramentales por una pracraática de 47 
de junio de 1765 ; y aun desechados de muchas iglesias 
los Oratorios sacros y villancicos representados. 

Los dos teatros de la corte , mejoraron y adornaron 
sus localidades , engrandecieron sus escenarios , y dieron 
principio á sus funciones por la noche , en el año de 4768. 

El esclarecido don Ramón de la Cruz , fué el poeta mas 
popular de su tiempo , no porque sus producciones fueran 



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mejores que las de sos contemporáneos , sino porque supo 
con mas verdad presentar las costumbres de la clase me- 
dia é ínfima^ ridiculizando las malas^ aplaudiendo las bue- 
nas, y parodiando muchas de ias obras francesas que se 
ponían en escena : todo con (anta ligereza y chiste^ tanta 
fedlidad en los versos cortos del antiguo drama nacional, 
y tan buenas situaciones para la música , que formó un 
conjunto delicioso para todas las clases de la sociedad , 
oyéndose con entusiasmo lo mismo en los teatros del real 
palacio^ que en los coliseos públicos , que en las casas de 
la nobleza. 

Todas las composiciones teatrales de don Ramón de la 
Cruz, fueron del género ligero, denominándolas: Caprichos 
dramáticos , Tragedias burlescas, Sainetes para cantar, 
Zoos, JEntremeses, y Zarzuelas; en todas las cuales; sino 
se encuentran giros y desenlaces dramáticos, están llenas 
de gracia , vida y nacionalidad , desterrando por ellas la 
escena española , los muchos mamarrachos que servían 
para diversión del vulgo* 

No cabe la menor duda de que el Vaudevilley\di ópe-^ 
ra cómica francesa, fueron copia de nuestro teatro como 
llevamos dicho; puesto que conocida la antigüedad de 
nuestras representaciones con música en sainetes, loas, en- 
tremeses, raogigangas , zarzuelas, tonadillas, y otras pie- 
zas, las obras de aquel géneiro no se conocieron en Fran- 
cia, puede decirse , hasta Mediados del siglo pasado, según 
manifiesta la Endelopedia moderna, en el párrafo que 
transcribimos. «Dióse el nombre de vaudevüle á la canción 
satírica y política , y también á ciertas piezas dramáticas en 
las cuales no se cantaba. Las comedias de Dancourt, que 
eran de circunstancias, se llamaban vaudevilles; pero las 
piezas que hoy se conocen con ese nombre, nacieron en las 
ferias de San Germán y San Lorenzo, en 4700, siendo sus 
Tomo iv. 24 



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^^ mn f^ 

primeros autores Lesage, Fuselier y Doroeval. Este nuevo 
géoero dd composicioaes sufrió al priocipio seadas perse^ 
cuciones : todos los privilegios se sublevaron contua él> se 
prohibió á los actores el canto y aun la palabra. Los far» 
santes de la legua acudieron al subterfugio de hacer cantar 
las coplas á cantores de oficio situados fuera del esceuatioi 
mientras ellos no ejecutaban sóbreles tablas mas que el ac«^ 
clonado. Por último , los empresarios tuvieron que hacer 
contratos con el teatro privilegiado de la Opera para obte- 
ner el permiso de cantar. Entonces nació la ópera cómicaf 
y este espectáculo tuvo muchos aficionados. El vandevüle 
corrió muchas vicisitudes hasta la época de la revolución^ 
en que desaparecieron loe prívilegios^ por decreto de la 
asamblea constituyente en i 19i . Entonces se fundó en 
París el famoso teatro de VaudeviUe, y se abrió eH2de 
enero de 4792(1).)» 

Si quiere saberse lo que era la ópera cómica y vaudevi- 
lie francés en el afio de Á 752, consúltmse las abras de Va- 
de, y en ellas se encontrarán La Fileuíe , parodie d' Om- 
fhalé , "oaudewUe representado por príi&era vez en el tea- 
tro de la Opera oímica el 8 de marzo de dicho alio ; Le 
Poirier , ópera cómica ejecutada en la feria de San Loren^ 
zo el 7 de agosto ; Le Bouquet duBm ,\A., representada 
en el teatro de la Opera cómica el 24 de dicho mes ; Jje 
SuffisMnt, id., puestaenescenaen42demarsoode475&; 
Le Rien, en 42de abril; les Trogueurs, ra 30 de julio; 
Le Trompear trompe y ou h^ recontre imprévue , ejecutada 
en la feria de San Germán eH8 de febrero de 4754 ; i/ 
EtoüTem$, puetta en escena en la feria de San LoreofloeD 
28 dé julio; La Noumlle Bastienne, representada en el 

(1) El vaudeville moderno , es una pieza dramática eñ que el diálogo aHema con el 
canto , i>ero cuya múMca , potüA veces original , es tomada del repertorio de altes nacio- 
nales y populares , 6 de trozos sacados de tas óperas franoesas éitalianaa. 



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teatro de la Opera cánfUca el 47 de setiembre del mismo 
aio: y por dichas obras ^ podrá juxgarso con mas conocí*^ 
miento de cansa , lo ya expuesto en esta historia sobre el 
ptrtienlar H). 

La protección de Florida Blanca á las ciencias y artes, 
alcanzó también á la música , no solo en las producciones 
lírico-dramáticas espafiolas; sino dando á los profesores la 
posición distinguida que en sociedad deben ocupar todos 
los buenos artistas , sea cual fuere el género á que perte- 
nezcan sus composiciones ó elución . 

Para conseguir Florida Blanca este objeto de tanta im- 
portancia en aquella época^ y de tan halagüeñas esperan* 
zas para el porvenir del arte músico español , estimuló á 
don Tomás de Iríarte á que terminase el Poema de la mú- 
sica que tenia empezado, con el c^jeto de realzar las ea^ 
celeocias de esta, haciéndola inseparable hermana de 
la poesía y demás artes bellas ; desterrar las preocupación^ 
oes arraigadas en la sociedad por d fonatismo religioso ; 
darle á nuestro hermoso idioma iodo el valor que en sí 
tiene para la música ; hacer conocer la importancia de es- 
ta en el progreso civilizador de las naciones , y cuanto pue* 
de su nacionalismo en la ilustración y coshitnbres de la 
sociedad. 

En efecto, el Poema de la música, viola luz pública en 
Madrid d afio de 1779, bajo los auspicios de tan po- 
deroso protector ; y en una magnifica edición , con seis 
sobresalientes grabados debidos al pincel y buril de los dis- 
tinguidos artistas Ferro y Carmena , dio á conocer don To- 
más de Iriarte, con la delicadeza y tacto reservado á su iiis< 
pirado ingenio, las escelencias de la música bajo todas sus 
fases : presentando en el primer canto los dementes del 

<«) Para dar mm klea ^e U méaioa de al^HBM de esta* pn^tfitkmé, téase en las la- 
minas el oúm. 16. 



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•«^ ft#« lo- 
arte reducidos á los dos principios de smido y tiempo; en 
el segando , la espresion de los varios efectos y reglas es- 
peciales para el acierto en ella ; eo el tercero , los usos 
principales de la noúsica , considerándola dedicada á Dios 
en el templo , al público en el teatro , á los particulares en 
la sociedad privada , al hombre solo en m retiro, y á la mi- 
licia para excitar su valor ; en el cuarto^ los primores de 
la múáca teatral y sus defectos ; en el quinto y la música 
propia' de la sociedad privada , como son academiasyho^ 
les, y la utilidad y deleite de la música en la soledcbd , a^ 
respecto al hombre que ignore d arte, como respecto al que 
le sabe : indicando con este motivo, ciLal dd>e ser elestu-- 
dio de un buen compositor , y proponiendo el establ^^ien'' 
tú de una academia ó cuerpo denüfico de música , en que se 
promuevan los adelantos de esta facultad ; y por último, una 
disertación sobre la lengua castellana, examinando la apti- 
tud de ella para el canto. 

Tal es la obra poéticomusical recreativa é instructiva 
que se publicó en España, primera en su clase (4); y res^ 
petada y aplaudida de todas las naciones; y que sus 
efectos hubiesen producido opimos resultados al arte y los 
artistas, si las desgracias y disturbios ocurridos en la na- 
ción, no hubiesen paralizado el desarrollo progresivo que 
se iba experimentando. 

Naturalmente para llevar Iriarte á cumplido término 
su interesante Poema, qo conociendo el arte de la música 



(1) Aunque , segua Iriarte^ el padre Franclaco Antonio te Fevre publicó en París en 
1704 un Poema latino titulado üxlsica Córmm , reimpreso en 1749 bajo cl título de Poe- 
mata Didascálica. su corta extensión, pues constaba de cuatrocientos versos magnífica- 
mente escritos, la ocupa con exornaciones mitológicas en lugar de la espUcacion de lo» 
principios musicales. El abate Du Bos , en sus deflexiones sobre la poesía y la pintura . 
hace referencia á otro Poema dividido en cuatro cantos ref^^ente á la música, impreso en 
ht3 ; pero tampoco llena el objeto , al sentir de Iriarte. porque prescinde su autor anó> 
nimo de toda la pauta doctrinal , limitándose á una cuestión subaltema y no de la ma\or 
importancia. 



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sino como aficionado , debió consultar sobre los varios pun- 
tos científicos que en él abraza ^ con un profesor de vastos 
conocimientos , y cuyas doctrinas estuviesen exentas de las 
exageraciones escolásticas de su época : y en efecto y así lo 
hizo^ según Pérez, teniendo por Mecenas á su intimo ami- 
go y distinguido maestro don Luis Mison , reputado entre 
profesores , poetas y público , como uno de los mejores de 
su tiempo (4)* 

(4) Don Félix María Sainaniego , haee referencia k Mison en su fábula del Tordo 
flautista. Sabido es ya de que Mison era el mejor profesor de flauta en su tiempo, á mas 
ro sobresaliente maestro; y la fábula á que nos referimos , que aunque de todos sabida 
nos ha parecido oportuno insertar en este lugar, alude á los conocimientos de aquel pro- 
fesor j sacando de esto partido Samaniego para consignar el nombre y conocimientos de 
Blison en el Tordo^ que asombró á las demás aves uniendo el ingenio con el arte. 



felra un gusto el oír , era un encanto , 

A un Tordo gran flautista ; pero tanto. 

Que en la gaita gallega , 

ó la pasión me ciega , 

ó á Mison le llevaba mil ventajas. 

Cuando todas las aves se hacen rajas 

Saludando á la aurora , 

Y la turba conñua charladora 

La canta sin compás y con destreza 

Todo cuanto la viene á la cabeza , . 

El flautista empezó : oesó el concierto. 

Los pájaros con tanto pico abierto 

Oyeron en un tono soberano 

Las folias , la gaita y el villano. 

Al escuchar las aves tales cosas , 

Quedaron admiradas y envidiosas : 

Los jilgueros, preciados de cantores , . | 

Los vanos ruisefiores , 

Unos y otros corridos , 

Gaflan entre las hc^as escondidos. 

Ufano el Tordo grita : « Camaradas , 

Ni saben ni sabrán estax tonadas 

Los picaros ociosos , 

Sino los retirados estudiosos : ^ 

Sabed qne con un hábil zapatero 

Estudié un afio entero ; 

El dide que le das á sus zapatos . 

Y alternando silYá)>amo« á ratos . 



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Cuando con tan buenos elementos y verdadera proteo 
don caminábamos á ún fin venturoso , los contratrampoa 
políticos hacen que se cierren los teatros públicos por una 
Real orden expedida en 4777^ y vuélvese en gran parte ¿ 
desandarlo andado y y caer^ si no en todo^ en parte ^ en la 
postración de que á fuerza de fuerzas habíamos salido. 

Después de un largo interregno^ se abren otra vez los 
espectáculos dramáticos^ y en 1787 concede Carlos III el 
teatro de los Caños del Peral á los hospitales de Madrid^ 
con la privativa de las óperas espafiola é italiana , y que en 
los dias que una y otra no trabajasen; pudieran represen* 
tarse comedias. 

La sociedad aristocrática de Madrid^ que por entonces 
se reunia en casa del conde de Jaruco ^ donde se bailaba el 
mmt^ y la contradanza francesa^ ejecutada la música por 
una magnifica orquesta compuesta de los mejores profeso- 
res que habia en la corte , se decidió por la ópera italiana; 
y el dia 27 de enero de \ 787, se abrió el teatro de los Ca- 
ños con la ópera Medonte, cantada por la Teresa Oltrave- 
lli^ Pedro Moschetti, y Santiago Panali , partes principales 
de la compañía que fueron recibidas con entusiastas aplau- 
sos por la protección disp^isada. 

Después de la ópera se introdujo el ejecutar un baile 
pantomimico también extranjero, en cuyo cuerpo de baile^ 
compuesto de diez parejas^ formaban la primera de estas 
Rosa Pelosini y Gaspar Ronzi (4). 

En fln ; viétidome (ttntro : 
« Vuéki al campo, me dice mi niaeeiro , 
Y harás veré las ax>es «te mi parte. 
Lo qtte gana él ingenio em el «nv.« 

(1) En el afio de 1767 , ya m ejeeutoliMi «n el lealN dt Barcelona loe bailes panto- 
m(inico8; siendo la primera pareja en ellos , Teresa enardini y Francisco Guardlni; y 
Ia6 segundas , Ana Bergonzi y XtánAn Narieei ; km ffarieal y Alejandro Naricci ; Ana 
Affner y Marco Nicolini— Por palé ttcmpo se componi»lQ compañía de ópera de dicho 



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Para mas comodidad del público , y atraer mayor con- 
currcDcia á las f uncioDOs dadas en los Caños del Peral , se 
fijó un battdo del Corregidor, en que se maoifeataba poder 
estar juntos hombres y mnjeres, tanto en patcod como en 
luMias^ patio y gradbs; teniendo unos y otros descubier- 
ta la oabeía y rostro, y guardando aquella modestia , silen- 
cio y compostura que exigía la calida^ y severidad del 
acto. 

Aunque estaba mandado que alternasen las óperas ita- 
liana y española , esta era pobremente presentada en es-- 
cenb por 6i poco prestigio que le daba la eleva<ia clase ; asi 
es, qae las buettas decoraciones > trajes , y d^ooas aparato 
escénico > se reservaban para las obras italianas, como lo 
prueba la siguióte décima de aquel tiempo:. 

Teatro grande y señor, 
Música, acciOD, melodía , 
Bailé, aseo, simetría, 
É lluBiiDaoioD meJCMr : 
Decoración superior, 
fiíistoria griega y rottiana, 
Airqnitectom profana. 
Adorno, gusto, bermosüra, 
Primor, decoro, finura, 
9e baila en la ópera italiana. 

Decidida la parte del público mas pudiente ^ por el es- 
pectáculo extranjero > se dieron estas funciones cada dia 
con mas lujo y ostentación: teniendo ópera fija Madrid ^ 
Barcelona y Cádiz, y por temporadas^ Valladolid^ Sevilla^ 
Granada y Zaragoza. 

El teatro de esta ciudad fué destruido por un borro-^ 

roso incendio el dia 42 de noviembre de 4787^ muriendo 

« 

teatr«, de Ub tiples Roea Scammvini y Emilia Lucchi ^ los tenores Cesare Molinarly 
AiklreaBoachetti, y el bajo Francesco Toniol!. tÜ maestro al cémbalo, era Guigüelmi, 
•ulor de la ópera tUalada U Matto deUa $poia. 



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en él gran número de personas de lo mas principal de la 
sociedad zaragozana. 

Hallábase el coliseo completamente iluminado^ por ce- 
lebrarse el cumpleaños del Priacipe de Asturias^ después 
Carlos IV ; y todas las localidades de la sala se veian ll^as 
de gente , ostentando las señoras un lujo deslumbrador. 
Iba á darse principio por la compañía italiana á la ópera 
Artdserse, del célebre Melastasio; y figurando en la primera 
escena un magnifico jardin con una fuente en el centro^ de- 
trás de la que se habían puesto varias luces para dar mas 
efecto á la pintura , una de estas prendió fuego al papel de 
plata que figuraba el agua^ y al ir a destruirla el maqui- 
nista para cortar el fuego , el empresario lo detuvo cre- 
yendo no sería nada. En un instante se comunican las lla- 
mas á las bambalinas acabadas de pintar con aguaras; sin 
orden alguna los maquinistas alzan el telón de boca ; el 
fuego se extiende por la sala , y el primero que muere vic- 
tima de su pundonor es el capitán general. 

La confusión ^ los lamentos^ las angustias y lágrimas 
de las señoras , las llamas que envolvian el edificio^ la des- 
esperación de padres , hijos , esposos y hermanos^ sepa- 
rados de sus familias ó imposibilitados de poderles prestar 
auxilio , formaron el cuadro mas desconsolador que puede 
presentar la vida humana. 

La gente que ocupaba el patio como mas próxima á la 
puerta principal , pudo salvarse^ mas no asi la que ocu- 
paba las gradas , cazuela y palcos , que agolpándose por 
todos lados^ cerraban las puertas, que se abrían para den- 
tro, ó dejábanlas medio abiertas, entorpeciendo mas y mas 
la salida cuanto mayor era su aglomeración. 

Sabedora la ciudad de tal desgracia ^ por todos lados 
acuden los valientes zaragozanos dirigidos por el gran Pi- 
ñateli ; destruyen las puertas^ asaltan los balcones^ sepre- 



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-0-^ i^» ^-o- 

cipitan en medio de las llamas con esposícion de su vida 
para salvar á los desvalidos, pero era ya tarde : el fuego, 
el humo sofocante, y lo horrible de la situación , habian 
hecho muchas victimas, particularmente en el bello 
sexo ; y los cadáveres de cincuenta y cuatro señoras, son sa- 
cados y tendidos en el Coso, llenando de espanto y conster- 
nación á todo el pueblo. 

La hermosa condesa de Sástago, puede salvarse arro- 
jándose por un balcón en brazos de sus criados ; pero mue- 
re á los pocos dias, del trastorno y susto , como le sucedió 
á otros muchos, pasando de ciento el número de las víc- 
timas de tan infausta noche. 

El teatro quedó reducido á cenizas, y aprovechándo- 
se los fanáticos de esta desgracia para sus fines particula- 
res , en vez de aplacar los ánimos , y consolar á las muchas 
y desventuradas familias que lloraban la pérdida de algu- 
nos de sus queridos miembros, fulminaban anatemas con- 
tra los espectáculos dramáticos, haciendo aparecer como 
castigo de Dios, lo que habia sido descuido ó imprevisión de 
los hombres. 

El ayuntamiento de Zaragoza acordó no reedificar el 
coliseo ; pero á los pocos años las exigencias de una capi- 
tal tan numerosa é ilustrada, quebrantaron este acuerdo, 
y se hizo un teatro provisional en la misma casa del mu- 
nicipio , hasta que se construyó el que hoy existe. 



Tomo iv. 22 



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CAPÍTULO zzvn. 

Capillas j escuelas de música. — Cálculo de las rentas que se inyertian en dichas capillas 
y funciones religiosas de Madrid. — Proliibicion que tenian los profesores de las capillas 
de músiea, y su régimen interior.»Rigorismo perjudicial.— Don Vicente Ifartin y Soler 
y sus obras. — Don Francisco Javier García, llamado el Spagnoletto. — Don Manuel Gay- 
tan y Arteaga.— Fr. Antonio Soler.— Quien fué el que copió el Micrólogo de Guido Are- 
tino.— Brillante estado de la Real capilla en tiempo de Carlos III.— El organero Don Jor- 
ge Bosch. — Escuela de organerfa. — Órgano de la Catedral de Sevilla. — Muerte de Cor- 
selli.— Ocupa la placa de Yice-maestro de la Real capilla Don José Francisco de Teixi- 
dor., y la de maestro, Don Antonio de Ugena.— Manuscrito deTeiiidor. — Opiniones de 
este autor sobre algunas composiciones musicales. — Maestros compositores españoles. — 
Obras de ensefkania musical publicadas en Espafia. 

La mayor parte de las capillas de música de colegiatas 
y catedrales de Espada, se hallaban dotadas de buenas 
rentas, y en mncbasde ellas , estas rentas eran debidas á 
ricas mandas particulares para el efecto. Asi es , que los 
profesores estaban retribuidos de una manera digna de su 
clase, sintOTcr necesidad de otros emolumentos para vi- 
vir cómodamente. 

En casi todas las catedrales , colegiatas y mucho$ con- 
ventos, había escuelas gratuitas de música , y de estas sa- 
lían sobresalientes jóvenes cantores é instrumentistas , y 
aventajados compositores , que acudian después á hacer 
oposiciones á las plazas que vacaban en las iglesias del Rei- 
no^ cuando dichas plazas se anunciaban por edictos. 

Según Iriarte en su Poema de la música, la renta fija 
que en su tiempo se empleaba anualmente én las capillas 
formales de las catedrales y colegiatas de Espafia , ascendia 
á cuatrocientos mil ducados anuales; y en las fiestas reli- 
giosas particulares que se daban en Madrid, se gastaba en 
la música , por un cálculo aproximado , veinte mil duros 
al afio. 



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Los cabildos eclesiásticos que tau bien premiaban á sus 
profesores^ no quedan que estos lucieran sus conocimien- 
tos y habilidad en otros sitios que en sus respectivas igle- 
sias ; y á mas de la prohibición , con pena de exclusión ó 
privación absoluta de empleo si como tales profesores con- 
currían á teatros , comedias , funciones ó saraos profanos, 
les estaba prohibido también asistir á las fiestas religiosas 
sin previo permiso, y bajo las condiciones, de concurrir 
toda la capilla , media, ó un tercio de ella, siempre regida 
por el maestro ó profesor mas antiguo, reservándose el 
cabildo una parte de la ganancia ; pero de ningún modo 
un profesor, ó dos, ó mas, si hablan de ser regidos por 
otros que no fueran los anteriormente dichos. . 

Para el régimen de las capillas de música , habia sus 
reglamentos en los cuales se especificaban las obligaciones 
y atribuciones de cada uno de los profesores que las for- 
maban , y las facultades de los maestros ; imponiendo se- 
veras penas á los contraventores de ellas . 

Siendo, pues, los únicos colegios buenos de música los 
que existían en los establecimientos religiosos, y las úni- 
cas plazas bien subvencionadas y bien vistas de la sociedad 
las que á los templos pertenecían , nada tiene de particu- 
lar que la mayor parte délos buenos profesores, tanto com- 
positores, como cantores é instrumentistas, sededicaraii 
á la música religiosa ; y como en esta, la parte mecánica 
era antepuesta á la del gusto, por el rigorismo de las opo- 
siciones para obtar alas dichas plazas, ccrinao ya hemos ex- 
puesto, el arte en general quedó reducido á la combinación 
y exacta ejecución de los sonidos combinados, y la músi- 
ca española dejó de ser profana para ser religiosa , dejó de 
ser popular para ser científica, y dejó de ser inspiración 
melódica para ser composición armónica. El que no siguió 
estaseuda se vio mal recompensado y peor considerado. 



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-o-^ «ys C«- 

Semejante estado de cosas, fué el que indujo á nuestro 
celebre D. Vicente Martin y Soler, natural de Valencia, lla- 
mado por los italianos Martini, á marcharse á Italia para po- 
der escribir obras teatrales, ya que en su patria no le era 
dado hacerlo sin exponerse á un seguro desaire de sus com- 
patricios. En Italia fué acogido como lo eran todos los ge- 
nios fuesen de la nación qué fueren ; y en Florencia, en 
478í,se aplaudió su primera ópera titulada: Ifigenia en 
Aulide : en Luca , la Astartea, y el gran baile en tres actos. 
La Regina di Golconda: en Turin, el prólogo La Dora Fes- 
teggiata , y la ópera bufa L Acorta Camariera: en Roma, 
las óperas siguientes : Ipermestra , 11 BarUeri de buon co- 
re , La capricciosa correcta , La cosa rara, y L Arhore de 
Diana; \as cuales, según Fetís, obtuvieron un brillante 
éxito, por su música fácil , melódica y expresiva , en unos 
tiempos en que sobresalian en Italia, los Paisiellos^ Cima- 
rosas y Guglielmis. 

El célebre Mozart intercaló en el segundo acto de su 
inspirada obra Don Juan Tenorio y un trozo de música de la 
ópera La cosa rara, la mejor obra de Martin, honrando de 
este modo el sobresaliente genio del compositor español. 

Llamado Martin á Viena el año de >I785, para poner en 
escena dos de sus óperas, fué recompensado con magnifi- 
cencia por el emperador José II : en 1 788 nombrado direc- 
tor del teatro de San Petersburgo, escribió para dicho co- 
liseo la ópera bufa Gli Sposi in contrasto, y la cantata á tres 
voces // Sogno: y diez años después Pablo I le concedió 
el título de consejero. 

Tan célebre maestro, murió en la corte de Rusia el año 
de>l8í0 [\), 

(1) A maái de latí obras mencionadas de Marlin , grabadas para piano y canto en Pa- 
rís, Viena y Londres, cxi.sk>n también grabadas las siguientes : ¿fm cánones á tres vocesctin 
acompafiamiento de piano: Doce cánones de amor von id. Doce arielas Italianc^s para voz 



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•o^ tV4 ^«• 

Otros muchosprofesoresespañoles fueron á Italia antes^ 
ó eo la misma época poco mas ó menos, que Martio^ mas no 
á estudiar las reglas de composición que con tanta escrupu- 
losidad y perfección se aprendían en España^ sino el género 
de música libre , desconocido ^ ó mas bien dicbo ^ no admi- 
tido por la mayor parte de nuestros maestros. Entre los que 
marcharon con tal objeto , recordamos al célebre D. Fran- 
cisco Javier García , conocido, como ya dejamos expuesto, 
con el nombre de Spagnolello : quien á su vuelta á España, 
y ocupando la plaza de maestro de capilla de la catedral 
de La Seo de Zaragoza en 20 de marzo de ^ 756, y recono- 
ciendo el singular mérito del maestro de la capilla del Pi- 
lar D. Luis Serra, se sometió gustoso á recibir sus leccio- 
nes de composición en el género sagrado. 

Las obras de García son conocidas y respetadas en. to- 
das las catedrales de España, así como sus reformas en mu- 
chas de las buenas antiguas. 

A este maestro se le debe la gran colección de misas cor- 
tas con órgano para los dias de segunda clase, y dias en 
que canta la capilla sin orquesta; las cuales sustituyeron el 
año 1796, en la mayor parte de las catadrales, á las misas 
llamadas áe facistol. Aun hoy dia se cantan muchas de ellas 
en catedrales é iglesias particulares. 

El maestro García fué un sacerdote ejemplar, lleno de 
virtudes, y de un agradable y ameno trato. Las composi- 
ciones que ba dejado escritas^ son muchas y buenas, en- 
tre las que merecen especial mención por su sobresaliente 
mérito : dos juegos de Responsorios de la Natividad del Se- 
ñor y los Santos Reyes, cuatro misas, cinco salmos, y tres 
lamentaciones. Muchos de sus discípulos fueron dignos de 
tan sobresaliente maestro , contándose entre ellos á Mosen 

vola y piano : \}aTe Deum á cuatro voces y órgano : y varias oberluras y piezas sueUas ar- 
regladas para varios íhsIruinentoH. 



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-o^ ftVft ^o- 

Antonio Gómez, Juste, Cuellar, D. Nicolás de Ledesma^ 
Rodrignez Ledesraa, y D. Antonio García de Carrasquedo, 
primer maestro de capilla que hubo en la iglesia catedral 
de Santander. 

El sabio maestro D. Francisco Javier García, pasó á 
mejor vida el año de 1809, á los 78 de su edad, en el se- 
gundo sitio que los franceses pusieron á Zaragoza. 

D. Manuel Gaytan y Arteaga, también estuvo en Italia 
por los años de 4748, y á su regreso á España, las oposi- 
ciones tan brillantes que hizo al magisterio de capilla de la 
catedral de Córdoba, le valieron el que le fuera conferida 
dicha plaza el dia 22 de diciembre de 4754 , conservándola 
hasta el año de 4785 en que murió. 

Las obras roas sobresalientes de este compositor y maes- 
tro, que se hallan en los archivos de dicha catedral , son : 
un motete Obere Dem Trinus el unm, á cuatro, sin instru* 
mental : el ofertorio Egoenim de la misa del Jueves Santo, 
á seis , con ripieno : el libro de Turbas en la pasión del Vier- 
nes Santo; y el verso de invitatorio de Noche Buena, á ocho. 

Por esta época descolló también entre los mas sobre- 
salientes maestros y organistas españoles, el padre fray An- 
tonio Soler, discípulo de la escolanía del célebre monaste- 
rio de Monserrat; quien estando de maestro de capilla en 
la catedral de Lérida, cuya plaza ganó por rigorosa oposi- 
ción, fué ordenado de subdiácono; haciendo después re- 
nuncia del magisterio, para tomar el hábito en el monasterio 
de San Lorenzo del Escorial, en clase de organista y maes- 
tro, el año de 1752. 

Al poco tiempo de la muerte de D. José de Nebra , fué 
nombrado Soler maestro del infante D. Gabriel^ para quien 
compuso varios juegos de sonatas de clavicordio, y un ins- 
trumento llamado afinador, en el que dividió el diapasón 
en doce partes iguales. 



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Tambien publicó en Madrid, el año de 1762, un tralado 
de música titulado : Llave de la modulación , y antigüedades 
déla música, dividido en dos libros: el primero dedicado á 
la enseñanza de la modulación con buen gusto, dando las 
reglas para que los tránsitos de un término á otro (aunque 
sean los mas opuestos ó mas distantes) se logren con una sua- 
vidad que el oido los acepte, y el entendimiento los apruebe; 
y el segundo, presentando todos los caracteres antiguos se- 
gún la sucesión de las edades desde Juan de Muris basta la 
presente ; así como también, el saber descifrar los cánones 
enigmáticos de que usaron los maestros de primer or- 
den, para que los discípulos no carecieran dé esta inteli- 
gencia. 

Las censuras de D. Francisco Corselli , D. José de Ne- 
bra, D, José Mir, maestro de la Real Capilla de señoras de 
la Encarnación , D. Antonio Ripa de las Descalzas Reales^ 
y D. Jaime Casellas, de la catedral de Toledo, que van al 
frente de la Llave de la Modulación , manifiestan con justos 
elogios el gran mérito de la obra de Soler; espresándose el 
último de dichos censores, en estos términos : «Por virtud 
de un talento penetrante , y á costa de un estudio infatiga- 
ble, el M. R. P. Fr. Antonio Soler, que aun después de 
tantos escritores , se merece la gloria de inventor en el arte 
^ de la música , pone á todos en la mano, con su obra , la llave 
maestra con que hacerse dueño de la facultad : á los dis- 
cípulos, porque atentos á sus reglas puedan seguramente 
adquirirlas, y á los maestros, porque puedan enseñar lo 
que poseen, con arte y facilidad.» 

También Mr. Fetis ha calificado de muy sabia la obra de 
Soler, eu la Gaceta musical de Francia. 

Asegura el Sr. Eslava, (1)que Soler fué quien remitió al 

(i) Gan'la nuisioal «le Madrid . afio de 1850, jiágina 'i. 



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•«^ tvt €«- 

P. Juan Bautista Martini la copia del Micróhgo de Guido 
Aretino queeidstia en el Escorial ; y extrañamos que así lo 
ase^ure> cuando lia tenido en su poder el autógrafo deTeixi- 
dor, que poseemos; ha dado crédito á sos noticias^ puesto 
que las ha copiado en sus Apuntes para la historia musical 
de España; y en dicho autógrafo^ hablando delP. Martini, 
se lee lo siguiente : c( Tenia una biblioteca facultativa que 
por los años de 4 772 no le faltaba en ella (según cartas su- 
yas escritas al P. Fr. Antonio Soler^ organista y maestro de 
capilla del Real monasterio del Escorial^ hombre de un sin- 
gular mérito en la ciencia armónica, y en el manejo del 
órgano y clavicordio, y autor de la nunca bastantemente 
celebrada obra Zlave de la modulación , y aun por esto 
amig^ confidencial de Martini) volvemos á repetir, no le 
faltaba en su inaudita colección de autores facultativos, mas 
que el Micrólogo de Guido Aretino conforme salió de las 
manos del autor, el cual existe en la real biblioteca de San 
Lorenzo el Real, y para que no careciese de él nos toma- 
mos nosotros el trabajo de copiarle fielmente y remitírselo. 
Este regalo le fué tan grato , que después de manifestarnos 
su agradecimiento en una carta , nos hizo presente de las 
obras : el contrapimto práctico, y duettos de Cámara, las que 
recibimos de manos de D. Antonio Tozzi , discípulo suyo, y 
maestro de las óperas de los sitios, por los años de 4775.» 
No creemos que el sacerdote, sabio erudito, y distin- 
guido maestro Teixidor, al historiar, y mas sobre asunto 
propio , escribiese lo que no fuera cierto, y casi en el mis- 
mo tiempo de sucedido. Creemos , pues , al autógrafo, y 
damos entero crédito á que Teixidor , y no Soler , fué el 
que copió el Micrólogo de Guido y lo remitió á Martini ; sin 
quitarle al P. Soler el mérito , de que por su conducto su- 
piese Teixidor los deseos de aquel j en adquirir la obra del 
Monge Pomposiano. 

25 



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El diátiogüido maéjtro compwsitot Atotóliió Soler, dfcjó 
de existir el 20 de diciembre d^ 1 768 ( 4 ). 

A su vuelta á Madrid la reina D/ Isabel de FWüesio , oo^ 
mo regenta del Reino, volvió olta vezalfavoreltóaestfo 
h. Francisco Coráfelli , cayendo en desgrada, cómo yahe- 
líros dicho , el célebiift cantor FarinelH. Mas el nuevamen- 
te favorecido , si abusó esta vez de la real gracia, fué para 
aumentar la brillantez de la capilla de música de S. M. en 
ttniott con D. José de Nebra , elevándola á un grado supe- 
rior del 4ue lenian las de las catedrales de España , y dán- 
doles importancia á sus profesores con el rigorismo de las 
oposicionespara optar á cualquiera de las plazas qtte vacaren. 

Por Real decreto de 6 de abril de 1 T6b , se sirvió man- 
dar S. M. el Rey Garlos IH, se estableciera por antigüedad lá 
opción á las pla2&s de violin que vacaren «q la Real capi^ 
lia, y qttesok) se hiciera oposición y consulfti, & la ultima 
qtre Insultase: y mas adelante poí Real decreto de 4 5 de 
wtubre de 17^ , al conceder á D. José Lidon la plaík dé 
orjópBiftfeta 1 .% vacante por maerte de D. Migtt^ ftabaisa) la 
de 2/ que ocupaba Lidon á D. JuanSesé, quedesémpe-^ 
naba la de 5.«; y la de éste á D. Félix López, resultan- 
do vacatate la de 4.^ organista ; para la «nal se fijaron 
edictos de opo^iofi , se sirvió declarar S. M. al mismo 
tiempo en dicho Real decreto, quecudttdoen lo sucesivo 
vacasen plazas mayores en su Real capilla á las que pudie- 
ra haber opción^ tanto envoces como en instrumentos, sien- 
TÍo de la misma clase ó cuerda , no fuéSe necesario fejeCü-^ 
taran oposición ni examen para el ascenso los de inferior do- 
tación, sino que optasen por escala á la plaza mayor, y que 



(1) "En los artíhivoB del EscoriaJ se conservan de este aulor tm crecido número de le- 
tanía, motetes , salves , misas , oficios de diftintos , reapoüsorios , el canto llano dd ofi- 
cio y misa de la Inmaculada Concepción , muchas piezas para dos órganos, y un Juego de 
quintetos para violines , viola . violón , y órgano. 



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solo para la que resultare vacante , se fíj^éo edictos de opo- 
sición conforme lo resuelto para los violines. 

Si bien es cierto que eo el capitulo Yl de la planta del 
aík) de 4 749 , se manda se ejecuten oposiciones para la ad- 
quisición de cualquiera de las vacantes que bubiese en la 
Real capilla , también es cierto que el favorítismo y no el 
mérito , alcanzaron la mayor parte de ellas sin llenarse 
aquel requisito. Pero desde el aHo de 1765 ^n adelante, se 
llevó tan á rigor esta medida , que los mejores profesores 
deEspafia acudian con entusiasmo á lucbar en los certáme- 
nes artísticos para conseguir los puestos mas elevados de 
la facultad , que se daban con justicia « á los que con jus- 
ticia los habian ganado. 

Tan sobresaliente estado de la música eclesiástica^ tan- 
to en las catedrales como en la capilla de S. M.^ hicieron 
brotar de la pluma de D. Tomás de IriSrte en su Poema de 
la música, la brillante descripción de unas^oposiciones^ en 
los siguientes versos; 

Uas entre las naciones 

Que por yarioB caminos 

Del arte apuran boy las invenciones 

Empleadas en cánticos divinos , 

I O cuánto sobresales , 

Antigua iglesia Hispana 1 

No es ya mi canto » nó , quiw te celel)^ , 

Sino las mismas obras inmortales 

De PatiSo , Roldan , García » Viana « 

De Guerrero , Victoria , Buíz , Morales , 

De Líteres, San Juan | Duron y I^ebra, 

I Con cuánto celo expendes tus cai^dales 

£n proteger insignes Profesores! 

Y ¡ con cuánto rigor , pulso y cordura 

Bn tu devoto gremio se procura 

JjBL acertada elección de Ejecutores ! 

Bien señaladamente ^o acredita 
El solemne y severo 
Instrumental exámeu 
A. que 8^ expone ^ pubUcp certám^ 



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Quien ganar solicita 

Bn la capilla del monarca Ibero 

Merecido lugar. Alli presiden , 

Formándose auditorio numeroso 

Del mero Aficionado , 

Del docto Profesor , y del curioso. 

Primero y estimulado 

Del honor que las f rtes alimenta , 

Cada ingenioso Tocador ostenta 

Su habilidad con obrado pensado. 

Aun á pesar del reverente susto 

Que aquel lugar infunde , 

T que á los mas intrépidos confunde , 

Se admira la agradable competencia 

De la expresión , la agilidad y el gusto. 

Héúnese en el órgano la ciencia 

De la docta armonía 

Con la graciosa y varia fantasía; 

En instrumentos de arco , el tono claro 

( Don tan indispensable como raro] 

Con el herir de la cuerda 

Sin que suene madera, pez , ni cerda ; 

Y aplaúdese , por fin en los de aliento 
La firme embocadura^ 

lA fiexibilidad, y la blandura, 

Que en nada envidian al humano acento. 

Pero aquel tribunal no solo exige 
Que cada cual aspire al lucimiento 
Con la sonata que á su arbitrio elige , 
Sino que en otra nueva 
Hace de todos repentina prueba. 
En el critico dia , en el instante 
Que á los competidores se señala 
De reclusión les sirve una gran sala 
De la palestra música distante ; 

Y asi llegar no puede 

A oidos del que alli su turno espera 
Ni aun el eco siquiera 
De los pasos que toca el que precede. 
Por su orden cada uno se presenta , 
Aunque el grave concurso le intimide , 
También la honrada emulación le alienta : 

Y en tanto que un reloj puntual le mide 
La duodécima parte de una hora , 

Los caracteres mira 

De la sonata cuyo;;estilo Ignora. 



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•«^ ñmñ %c^ 

Ya el justo plazo espira : 

Ya calla el circo : suena el instrumento ; 

Y el musical juzgado observa atento. 
Mas si al congreso todo 

Agrada 7 embelesa 

£1 arduo desempeño de la empresa, 

La inquieta y sobresalta en algún modo , 

Porque la diestra ejecución requiere 

Tal firmeza y acierto ,*que al oído 

No se puede obligar á que tolere 

La corrección mas leve en un descuido. 

Nunca el Pintor sus obras aventura , 

Si antes con libertad no las retoca : 

El mas sabio Orador , si por ventura , ' 

Prpnunciando un vocablo , se equivoca , 

Sin vergüenza se enmienda al mismo instante ; 

Y aun el vulgo concede 

Al Cómico licencia semejante. 

Solo gozar no puede 

Este común permiso 

Quien toca de pensado , 6 de improviso. 

i Tan fácil es caer en desagrado 

Del sentido mas pronto y delicado ! 

Los rígidos Censores que allí votan 
De cada Opositor las culpas notan: 
Si el aliento le falta, 
Si el arco se retarda , tiembla , ó salta; 
Si un poco desafina, ó si convierte 
En suelto lo ligado , en piano el fuerte. 

Y aua con tan serio y repetido examen 
A exponer no se atreven su dictamen , 
Mientras el Profesor no manifiesta 
Igual manejo en la completa orquesta. 
I Con qué discernimiento 
Juzgan alli los prácticos del arte 
Quién desempeña con primor su parte , 
Quién de la unión de todas cuida atento , 
Quién dá á los aires justo movimiento 
Con mas seguridad , ó mas soltura , 
Mas expresión , espíritu ó cordura 1 

Y si en la posesión del instrumento 
Su esmerada destreza se examina , 
También sobre la teórica doctrina 
Se les proponen sólidas cuestiones , 

A que han de dar fundadas soluciones : 
Porque en muchos la música no es ciencia; 



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Si fruto de mecánioik exptfieDfiia, 

Aai el mas digno del boaroso premio 
Con eqQidad se elige y oon deeoro : 
AbI prospera y sobreeale el gremio 
De los instrumentista! de aquel eera 
Aspirad , con tan faustoe ejemplares , 
Al laurel , 6 mancebos esiudiosoa ; 

Y haced que del humilde líanianares 
Sean el Pó j el Tiber enTidioees» 
Ved cuan excelso Principe os anima : 

Bl mismo que algún día al Reino Hesperio 
Ilustrará con su glorioso imperio. 
Si; CARLOS os protege , y os estima; 

Y aunque noble no fuese la carrera 
Que seguís , él por sí la ennobleciera , 
Mientras del arte de mandar que aprende 
Las tareas suspende > 

Y uniendo con el gfiato la perida , 
Sabe sentir la música delicia , 

Bl sonoro instrumento no desdeña, 
Os dirige » os aplaude , y os ensefia. 

Y si á los lados del paterno trono 
Hoy ye las ciencias y las artes bellas , 
Cuando de todaa llegue á ser Patrono , 
Hará lugar á la ameaia entre ellas. 

En estos últimos versos alude Iriarte al principe de As- 
turias, después Carlos IV^ gran tocador de violin; muy 
amante de la música^ y de los profesores españoles , como 
sé dirá mas adelante. 

Encontrándose en la Real capilla de S. M. los mas so- 
bresalientes profesores de España^ y siendo por consiguiente 
la primera capilla de música del reino ^ era preciso que el 
órgano de la real iglesia fuese digno de tal nombre y com- 
pitiese con los mejores de las catedrales y colegiatas ; y para 
el efecto^ se mandó llamar al artista español D. Jorge Bosch^ 
natural de Palma de Mallorca^ y célebre ya por los dos mag. 
nificos órganos construidos en la catedral de dicha ciudad, 
y los dos de los grandiosos conventos de S. Francisco de 
observantes y Dominicos en la misma. 



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Ea efecto I ^ 8 4e diotembre^ údtí¡odé47l^y diade 
k ConoepoioD) y en ^reeeiicía del rey Carlos III^ áu real 
femilia y toda la corto ^ se estreDÓ el magnifico órgano de 
la Real capilla ; eotusiasmando }a obra de Boech á todo el 
numeroso auditorio^ y quedando cimentoda de uda yea 
kjwto nombradiade tea sobrasalíeoto Artífice. 

No era Bosch un mecánieo rutinario^ era á mae de itoú^ 
si60 , «n lüstingaido matemático^ sabía may bien las no- 
docies mas complicadas de la física » y particularmente la 
parto de los fluidos,^ eitondo m«y al corriente da sus leyes 
y dmnIo de aplicarlos , eosno lo demostraron varios plaoes 
[tfesentadfos^ según D- Antonio F«rio> que no fueron aten- 
didos por estor casi siempre cercados los tronos de adula- 
dores ambiciosos , enemigos del mérito y de cuanto puede 
condoctr á la £elicid«d de la nación. 

Por una orden del emioentisíaM Sr, D. Francisco Del- 
gado > cardenal patriarca de las Indias , y areobi^o 4e Se** 
villa, fechada en San Ildefonso á 25 de setiembre de 4 778, 
y dirigida á D. Manuel €avdzza^ primer oboe de la Real 
capiUa y se sabe^ que S. M. nombró organero de palacio ¿ 
D. lofge Btschcort el sueldo de ocbocientos ducados de 
renta al año > siendo dé ra cargo el cuidar los órganos que 
hubiese eu la capilla , costear las obras menores que se 
ofreaiwen , aiempre que no necesitaren materiales costo- 
sos, y con la precisa obligación de abrir una escuela gra^ 
toita de ^nseftanza; prohibiéndose á Bosch el que sin real 
licencia pudiese salir de Madrid y admitir obrí» que k im- 
pidiesen la asistencia á dicha escuela y el cuidado de los or- 
éganos de S. M. Para el exacto cumpliuHento de estas obK^ 
gacioues, se le nombró á Cavazza^ en la orden á que 
Iiacenu)s referencia, fiscal dee D. J Borgosok ; cargo que* 
sí bien€avazza no rebasó terminantemente , manifestó ¿ su 
eminencia coa fecha 4 de novieaibro^ .que le daba las gra« 



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cías por haber puesto los ojos en su insuficiencia^ y que 
era esta tanta en él , y de tan grande consecuenda el ve- 
nerado precepto que se le imponia , que si aquella le aco- 
bardaba en extremo, este le desmayaba en sumo grado 
para llenar toda su extensión. 

Sin embargo de lo expuesto , no creemos pudo llevarse 
á efecto semejante mandato , ñique la clase de organeria 
se estableciese, por cuanto al año siguiente de haber sido 
Bosch nombrado organero, el rey le concedió licencia para 
pasar á Sevilla á construir el magnífico órgano de aquella 
catedral, en cuyo trabajo empleó diez afios, cuidando mien- 
tras tanto un sobrino suyo de los órganos de la capilla 
de S. M. y el organero D. José Chavarria (4). 

Concluidas las obras de Sevilla , pasó Bosch á la corte, 
y después de haber construido muchas y notables cosas de 
cilindros, guitarras, pianos y otros instrumentos para el 
rey Carlos IV y su ministro el príncipe de la Paz , le confi- 

(1) Ed los Viajes por España, de D. Antonio Ponz, tomo XVIU , págtna 236, ae 
lee lo siguiente con respecto al órgano de la catedral de Sevilla : «Voy á decir dos pala- 
bras de algunas cosas nuevas que me he encontrado en este tránsito. Una de días es el 
órgano situado encima de la sillería del coro al lado de la Epístola, construido y dis* 
puesto en la parte armónica por D. Jorge Boscii , natural de Palma , en Mallorca , y or- 
ganero de S. M. Con raizon encomian ahora esta obra á todos los forasteros que Qegao 4 
Sevilla, como me la encomiaron á mí, y logré ver su disposición con particular gusto. 
Tengo por cierto lo que me han asegurado que escede en magnitud .\ variedad de vocea 
á cuantos hay por este término dentro y fuera de España.— Reúne esta célebre máquina 
por una nueva teórica, al parecer contraria á la razón , teniendo tres ventanillas en cada 
teola^ la valentía de la voz con una pulsación muy suave ; circunstancia acaso no conse- 
guida hasta atiora, y que siempre ha sido el escollo de todos los órganos grandes. Consta 
el nuestro de 119 registros relativos á cuatro teclados y alas contras. Su total de caftones 
sonantes es de 6326 : su colocación está en diversos pisos ó elevaciones , ascendiendo la 
tercera, que es de las contras, á 15 varas sobre los teclados, y la segunda, de ecos, á 
10 varas , con la particularidad de tener la csja 3 varas de largo , 2 y media de alto , y 
una y cuarta de ancho, eon doce puertas para el fuerte y piano, que el organista puede . 
abrir y cerrar comodísimamente con los pies. — En lo restante se observa no pequefto co- 
nocimiento en el artífice en la combinación y circunstancias de la máquina , habiendo 
facilitado el afinar cualquier cañón sin desmontarlo , y remediar por medio de tomiUoi 
las alteraciones que la humedad ó sequedad del ambiente ocasionan en todos los órganos, 
otras muchas particularidades interiores de este famoso órgano , son mas para vistas y 
examinadas con buenas luces y conocimientos , que para escritas . Es muy digna de ob« 



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-^ €•• Co- 
rló Sé M. la plaza de ogii» de saleia , que desempató hasta 
su muerte (1). 

Por fáUecíiDiahto deNebra, acaeoidoefi4768, entró 
áocapar la vacante de yicemaestro de la Real capilla^ el 
maestro y organista que fué de las Descalzas reales , y dea* 
pues de dichfi capilla/D. José Francisco de Teixidor ; y por 
el de D. Francisco GorsdU , que d^ de existir en 5 deükril 
de4778, ocupó el magisterio D. Antonio de Ugena; ignoran* 
do si tan honorífico puesto lo adquirió por rigorosa opo- 
sición. 

De esta maestro , que fué jubilado el afio de 4 805^ se 
conservan muchas obras en los archivos de mtbica de la 
capilla de S. M. , pero todas ó la mayor parte de ellas de 
escaso mérito , según la opinión del actual maestro D. Hi-- 
larion Eslava. De D. José Francisco de Teixidor^ autor del 
primer fomo de la obra titulada : Discursos sobre la kimona 
tmiversal de la* música, impreso en Madrid en f804^ se 
eoniservan en los antedichos archivos, una núsa á ocho, 
con el titulo : Eripe me Domine ab homine malo, escrita 
el año de A 779; otra á ocho, /Sdi Deo honor et gloria, con 



serratae la máquina del 4lr«, itiiinal Auna id Irtbido qneel pasearse una penona por 
encima de los fuelles. — Esta obra extraordinaria, que por sn término poco se parece á 
cuantas se han yisto hasta ahora , ni tampoco á otras trabajadas por el mismo artífice 
en los órganos de la catedral de Granada , bijo la dirección de su maestro D. Leonardo 
Fernandez , y después en su patria, Palma, capital de la isla de Mallorca, donde biso 
los de Santo Domingo y San Francisco , mayores aun que los de Granada , y de tres te^ 
elados : esta obra , digo, tan digna de alaban;ía, soy de parecer que supera mucho al 
celebradfsimo órgano de Harlen en Holanda. 

D. Juan Agustín Cea Bermudes, en su Descripción orHHicaúe la catedral de Seri^ 
lia, impresa en Madrid en 1804 , se extiende mas sobre este p^cular, á cuya obra re- 
mitimos á los curiosos que deseen saber mas pormenores. 

(1) En el siglo XVIll hubo en España celebrados organeros, entre los que descuella . 
á mas de Bosch, D. Femando Orcasitas, natural de Cuenca, y. constructor de los dos 
magníficos órganos que existían en la catedral de Murcia, y fueron pasto de las llamas 
en el horroroso incendio acaecido en dicha iglesia el dia 2 de febrero de 1863.— En este 
siglo ha sobresalido también el famoso D. Agustín Verdalonga, constructor del gran ór- 
gano que existe en la catedral de Sevilla en el lado del ETangelio y f^nte á la sobresa- 
liente obra de Bosch. 

TOMO IV. 24 



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fócha de 1 T80 , y noas visperaís tembieD á ocho ^ fechadas 
en 1784. 

El pt^dso aatógrafo que poSe^tnM de esto úkUo ittaes- 
tro, y ^el cual hemos heobo mérito repetidas Teces en esU 
obra, si bibii por un ccmcepto creemos sea lacootioaidoo, 
no acabad*^ de los discww^ iobfB la hédoria wiiwrsal de ¡a 
nvkmca, por otro nos parece enieratiietite diferente, pót 
cuanto el objeto de dicho inctoDpIeto aumuecntoes el ha^ 
eer una breve reseña dé algunas époeas de nuestra faistoría 
musical , extendiéndose después en el origen de la m^ 
6ica> sobre el cual funda Teixidor el de las matemáticas. 
De ambos modos y lo tenemos por un gran trabajo digno 
del eabio autor que nosooupa^ habiendo aprovechado de 
él tnttt^has doctrinas y iK)ticía3^ pata 'poder Sostmr maa 
heestra HistoríB dé la múma espoÁaía {^). 

Téixídor ea su manuscrito ^ ea muestra Bienpe p«rtí^ 
daño de'la buena y rigorosa escuela de contrapunto de 
nnéstroB primitivos maestros < reprobando con energia la 
sistemática y exagerada que los italianos nds legaron y que 
con tanto entusiasmo admitimosv Dígitos de botarse son 
los siguientes párrafos en que se ocupa de la generalidad 
de los compositores italiaitoe en tiempo del Padre Martíni, 
y por consiguiente en el suyo. 

«Seria nunca acabar si hubiésetóos de referir to teíi- 
choque tuvo que sufrir el ilustre Martini de parte de la ig-* 
norancift> por sostener el honor de la buena escuela del 
(^trc^dfuaih práetioQy alma de toda oíase de música > pero 
Cdn especialidad de la sagrada , cuyos Caracteres (después 

(I) En iitieítro primer Idmo, pl^írta 31, pof tma ettuttDcaclón ttVolctolárta, átitique 
notable, confundimos á B. Francisco Glsbcrt deTehMor, hiüestrt de laí Déwíriías rea- 
les, con D. Joíé Francisco de teixidor, tío de aqnel; ápaucctendtt por está ecjtthtHsaclwt 
el Sobrino autor del manuscrito que nos ocupa, siéndolo 0. loáü FVanclsco de Télildor. 
Para erilar la confusión á que esto podría dar lugar, nos ha parecido oportuno poner 
esta nota. 



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de la propiedi^, que es geoeral á U vQcal é iostrum^tal, 
tanto eoleaiástioa como teatral) , son la sonoülas f la majes* 
tad , los que mo puedea darse «a eála sia que el .oompositor 
esté bi«a inteli^poiado en ios prioQÍpios fondadieiitsleg del 
arte 7 en las MloBas qns aatM engpamdraq ; «it.Jos^ ioo^os 
GfiuslcakBs del eanto UtárgioQ» yea sus divaifsaí 4sodaU«< 
cioaes prognraiyia^ y. oáraa niil cosas absolntoflUtn^ igoo* 
radas de la mayor paite de los «ptnpofitopf^ de qaoda. 
Estos eran tantos en Ual»., iqqe apenas halwa aradédor de 
elavíoordío qmm «a vetid^id por e^^etentd oooipositoi', 
sestoBÍdo por algoMts Lnatpp^s de oquelto» queden aawtoa 
de bellas artss en ganeniU y d«^oofDpoiSÍOHmes svurónicas m 
paráenlar, no se guian sao par este rhiioulo silo^sno t 
agrada, luego^ ee hma, to peor de todo es, que tales. 
oompositores oaotones, ignoratrtasd^ todos los buenos priqi^ 
eipios, se ven todos ki días por las eapUales de Italia <;q^ 
locados como en tñonfo en poeb^s tirados mas por estelibM 
empresarios da ópera que por brutos, son protegidos por 
hombres que sa estiman filósofos , auo despves da baber 
beobo oír unas composioiones, noaola modulsdas e^lravar- 
gantameate y acompafia^aa á lo lérbaro, sino llanas de 
réplicas insufribles, vocalizaciones iatecüpastivas , (fua.4ao 
bestaalementeá entender, aiiaodo no ser formadas de re- 
tazos, á k) mttios demuestran gQométrl(»meota. que sus 
autora por upa ignorancia total de las reglas de malodia 
y snnoota, no sabiendo cortapies el ve6ti4o s^n la jus^a 
«edida, se vieron preoisados -é alai^rlo y eoaaiebdrloá 
iiiensa de a¿adídura$. 

»La razoo principalísima del abandono cas» universal 
de la verdadera escuela del arte armiÓQieo , está Itíndaia 
es algooos escritos llamados 0b)sólbco$ , eu el órd^al gus- 
ta que.ceinsba geoeralmeute eo el siglo XVU , y aun i m^r 
diadef del XVÜl , w las piezas armópipas;liasi^tes),par«; 



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estimarse como magistrales^ no debían carecer de fugas^ 
cánones y otras bellezas facultativas , qae requieren , para 
ser buenas, mucha inteligencia en la armonía y melodía; 
y para colocarlas con oportunidad en las producciones ar- 
mónicas vocales , un no inferior tino ^losófik^o^ y conoci- 
miento de lo imitativo de la música ; circunstancias difíci- 
les de hallar en todos los compositores de aquellos tiempos, 
y aun los que el vulgo musical estima en nuestros dias 
como hábiles, por tener muy siniestras ideas de la verda- 
dera ciencia armónica. El deseo de querer parecer escelen- 
tes compositores de música^ y apn de consumados nmestros 
en no pocos sugetos que ignoraban hasta las mas principa- 
les reglas de armonía simultánea y progresiva, y además 
de esto^ sin tener la menor noción de lo que es imitar con 
la música cualquier objeto de su resorte, les hizo encajar 
en sus obras primores y belices de las referidas^ no tan so- 
lamente fuera de asunto y sino llMias de defectos armónicos 
de ambas clases^ y por consiguiente de un resultado insu- 
frible; el cual canonizaban de científico y artificioso > sola- 
mente porque en él no' se notaban ni dos quintil ni dos oc- 
tavas > y por tanto le defendían por enteramente bueno, 
con la mayor teúacidad. 

» El haber filosofeido á su manera los compositores ecle- 
siásticos el tumultuoso y desigual estrépito de un pueblo 
cristiano que pide misericordia á su Redentor, daria origen 
á nuestro modo de entender á la práctica de las fugas en 
los kiries de las misas sdemnes ; costumbre criticada con 
razón ^ pero mucho menos mala sin duda alguna que los 
aires contradancesoos que les han sustituido los composi- 
tores absolutamente imperitos. 

n Es verdad que el abusar de estas bellezas armónicas, 
no puede ser laudable en ninguna clase de música, y en 
la eclesiástica tal vez pernicioso ; pero también lo^ ((ue el 



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-o^ !•• C«- 

ignorante de ellas , por mucho qae se quiera exagerar su 
instinto músico y su ingenio armónico , siempre será un 
compositor frivolo^ mezquino en sus ideas ^ cuando no 
un pobre mendigo de melodías , precisado á acomodar las 
palabras á ellas^ ora faltando á la prosodia , ora repitiendo 
palabras sin qué ni para qué^ cuando no de una manera 
digna de risa , por lo menos de lástima. » 

Enemigos de todo lo que tiende á embrollar la combi- 
nación de los sonidos y el sentido de las palabras , hemos 
clamado varias veces en esta obra contra esa escuela ar- 
mónica fundada en las imitaciones^ pasos ^ contrapasos, 
fagas, cánones^ cangrizantes^ y combinaciones desagra- 
dables^ frías ^ sin espresion y sin canto; pero no por esto 
se entienda, repetimos, que desaprobamos el que un com- 
positor desconozca su uso y aun Ip practique alguna que 
otra vez cuando la composición lo exija , como lo hizo Ifor- 
celo en sus salmos; el Greco en sus mcdrigales ; Pergolesi 
en su Stabat Mater ; Jomelli en su Miserere ; Piccini en su 
célebre dúo de la Bucma figliola ; Heiberger en su misa, y 
motete o vos homnes qui transüis ; Mozart en su misa de 
Réquiem ; Haydn en sus oratorios^ cuartetos , himnos y sal- 
mos ; Gluch en sus óperas, y tantos otros maestros españo- 
les , padres de la verdadera escuela , que aquellos grandes 
hombres hsoí seguido^ en sus muchas y sobresalientes obras 
eclesiásticas. 

La escuela armónica exagerada introducida en España 
por los flamencos é italianos , si bien en manos fanáticas ó 
inespertas , nos ha privado casi siempre de las buenas 
ideas melódicas que constituyen la principal belleza de la 
música , que es la de agradar al oido^ luciendo sentir al 
alma los efectos que se quieren espresar por medio de la 
sencilla claridad y expresión de los sonidos ; también he- 
mos tenido maestros compositores tan sobresalientes en 



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qlla , que uniendo con filoaofi^ y 9oierto los QoooGimÍQntos 
da combinaciones científicaisi á au oatn^al ingenio, han sa- 
bido fijar en España la supremacía en la mÚBiea religiosa^ 
presentando aun á últimos del siglo pasado y príncipioa del 
presente» obras eclesiásticas tan eorreetameote escritas y 
tan sabiamente combinadas , que boy foroMuat el orgullo de 
la nación ; y en la corona artistica de Cspají^ son floronas 
de gran precio los nombres de los maestros D. José Careóle» 
MontUeó, Rosell, Fr. Tomás de la Vírge» , D. Juan Ba«-- 
tista Morreras» maestro de capilla que fué de la parroquial 
de Figueras, y conocido en Europa por el premio ganado 
en Inglaterra de mil guineas y una medalla de oro del 
peso de dos onzas , ofrecido por una sociedad de filarme'- 
nicos, al profesor que presentase un canon de mejor Qwn^ 
m, artificio» arDPKmia y melodía» D. Francisco Queralt^ 
maestro de capilla de la catedral de Barcebna; h. Fran^ 
cisco Juncá y Querol» maestro de la de Toledo» y de^)i]aa) 
canónigo de la de Gerona; Arquimbau» maeetro de la de Se^ 
▼illa ; Poos» de la de Valencia ; Peres Gaya ^ de k de Avila ; 
D. Juan Prenafeta, de la de Lérida ; D. Plácido García» d* 
la de Burgos ; Aranaz » de la de Cuenca ; Balios y Doyague» 
de quien nos ocuparemoe mas adelante» de las de Córdobe 
y Salamanca ; y muchos otros de quienes no tenemos notí* 
eia por la incuria y desidia de nuestros profesores en gene^ 
ral^ y maestros de capilla en particular. 

La mayor parte de los maestros compositores y profe- 
sores conocidos entre nosotros, son los que los extranje* 
ros nos han dado á conocer; y las obras elogiadas por esr 
ios^ las que nuestros profesores han escrito y puUidado 
loera de su patria. ¡Triste suerte le de nuestro arte ! ¡Triati 
estímulo para lajuventqdl {Triste esp^anza para el porve^ 
nirt Por esto noextrafiamos qtie haya aun hoy dia maestros 
y profesores que nos tengan por exageiados en nuestros 



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elofioB, est«Kdo8nQaixiaiitado6 en Un dootrinaffé historia» de 
los extranjeros^ que don reapeo to á fioiOtr(M muehaa de ellaa 
90D ioeíactaa, y maebaa otras edtin cercenadas en favor 
nuestro > y exageradas en nuestra contra^ Y sin etnbai*go, 
prwño €8 confesar que ¿ los extranjeros debemos el gío^ 
ríoso nombre qne boy conset^an uti boen número de pro^ 
fesorres españoles^ tanto por tas obrasque les ban publicado 
y elogiado oon justicia, cuanto por la proteccioa que les 
han dispensado) y que \m neg6 su patria. 

«Para gloria de nuestra Mcíon/dice desde Italia el 
«bate Andrés á su hermano Garlos^ residente en Valencia, 
tediré» que en este tiempo bau trabajado tres efepafioles 
para ilustrar ú arte de la música antigua y el ritmo , y me 
presumo que todos tres le habrán dado , cada uno por sa 
parte, sus luces particulares. La obra de ttequeno está ya 
ekpwsta al público (<); los otfos dos bou D. Esteban Ar- 
teaga, cuya folicidad bien conocida en tratar todas lasotrari 

(1) Alade AndréB á loa doB tomos de la obra que publicó d«i Vieente Reqteso en 
Parma sobre el rettahlecimiento de la música de los griegos y romanos , y cuya obra dejó 
Ineoiaplctta por IM babef ptibltéado el tert;eh>. iBn édta interesante obm, después de ha- 
cer una reseta de la historia ds la laúsiéa adtigtta desde el ptíacipU del muido , en Ib 
que ne deja de haber mucho de arbitrario y de propia imaginación ^ pasa después á ocu- 
fáfteúélDBj^detáagiyiegMjdediOBtranaocomo se Miáá en ceda Uéo d« ellos la fálirieii 
y la poesía ; como gran parte de la diversidad de la poesía proTénÜ de U música; y como 
la decadencia de la música vino de dividirla de la^esfa y quererla hacer parte de las 
iMteBMeáB tnitíüdolA HkM (MMha y trúpij^tnaeg^ dé que ella *o netMU.^Ekattilin 
después los escritores de música griegoe , y en los pocos roioanos que existen , y expone 
las doctribas del antiguo Arlstoieno, de quien quedan aun tres libros, aunque algo alte- 
Mdos ea las edivioMB que f» han bieb^ie eUO*; Ib dé Aflmdesjr Quthüliatao, lo poed 
que dice Phitarco , Sexto Empírioo y Macrobio) la doctrina de Claudio Tolomeo, de Ni- 
áMbaeo , Bacchió él Mayor, y 6audenci6; la de Éoecio, luéfídes , Alfpio , San Agustíb, 
Hacciane Ga[pQla, Pselto ^y Mensk); y en todos «Hbs va dte(iogalend« K» bueno, que ca 
los mas es muy poco, de lo malo , falso 6 inútil. — Después entra á explicar los sistemas 
dHÜféittei de lá amióntá de IM pie^ús , haciéndolo extensamente del Ecuiabie , que fué ^ 
mas generalmente seguido por los escritores; y propone un instrumento de los antiguos 
Bamado Canon, del que da un dlstoo, que él Maridó traba^ y cod el que Uto vnrias 
pruebas, sobre bs ouerdaa, las oonsonancias, y todo «1 sistema de A iriúslca griegil. 
A. mas de los. inttromeitot luuvkia d oanle, que dieen dáridian los grtfgoe m métrieei 
armónico y rítmico, y deieiidttiieate se ocepa de lo que ee el ríteo^ sus pies, «es af»ito>* 
dones, y todo lo qse á él eondelme* 



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materias que ba emprendido , puede ser una segura prenda 
de la que le habrá asistido igualmente ea tratar esta que 
deseamos ver cuanto antes publicada ; y D. Buenaventura 
Prats , cuyo manejo de libros y códices^ éditos é inéditos^ 
y pericia en la lengua y erudición griega^ me hacen esperar 
que su obra haga olvidar las de losMeibomíos y Donis , y 
dé nuevo lustre y extensión á este ramo de la literatura 
griega, ^i á estos tres añades á D. Antonio Eumeno , que 
compuso su obra^ que puede llamarse clásica^ del origen y 
de las reglas de la fnú$ica , y al abate Pintado , que publicó 
una gramática de la música > te causará tal vez admiración 
que tantos españoles hayan casi á ud mismo tiempo em- 
pleado sus estudios «en la música; pero podrás iea&c el 
gusto de pensar que sus trabajos' en esta parte han sido y 
serán honrosos á nuestra nación (h).y> 

Hacer comentarios sobre el anterior párraÍD después de 
todo lo que llevamos expuesto , nos parece inútil : el lector 
podrá suplir lo que nosotros pudiéramos áfiadir y creemos 
oportuno callar. 

También don Esteban de Áraciel^ natural de Extrema- 
dura^ después de haber estudiado en Espafia el violin y el 
piano con un buen maestro, que al mismo tiempo le inició 
en las reglas del contrapunto y armonía ^ pasó á Italia y 
publicó en Milán varias obras; entre ellas dos quintetos 
para violines , viola y violoncello ; tres tercetos para vio- 
lin, viola y guitarra; y seis valses con coda para piano 
forte : el abate Faustino Arévalo dio á luz en Roma el 
año de 4784 una obra titulada : Hymnodia hi^nica ad 
cantas, latinüalis, melrique leges rebócala el ancla. Prac-- 

(1) En d tfio de 1797 K) pablieó en Roma un opÚBculo de 93 páglnts en 8.® bi^o el 
título de n Tamburo ttromerUo di prima necessitá peí regolamento delle truppe, perfe- 
xionato di D. Vicmxo Requeno, en el <iQe demuestra ra aator la porfecoion que podría 
dársele al tambor, sin alterar sa fuerza rítmica, hadándole producir entonaciones musi- 
cales y hasta armónicas, como las del acorde perfecto, do, mi, sol, do. 



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•o^ fl«S ^o- 

müitur dissesíaMo de himnis eeclesiasticis, eorumque car-^ 
recliüM, cUqueoptímaconstílutione . y de D. Carlos Fraa- 
cisco Almaida^ se dieron á luz en París el año de 4 795 unos 
cuartetos parados violines, viola y violoncello. 

En España y en el tiempo á que hacemos referencia , se 
publicaron también varias obras de enseñanza musical por 
distinguidos profesores^ entre las cuales tenemos noticias 
de las siguientes, alguna» de ellas existentes en nuestra 
biblioteca particular. 

Cuadernillo nuevo, que en ocho láminas finas demues-* 
irán y esplican el arte de la música, con todos sus rudimen- 
tos para saber solfear, modular, transportar, y otras cu- 
riosidades muy útiles, dado á luz en Madrid el año de 4 774 
por D* Pablo Minguet. — Lecciones de clave y principios 
de armenia, obra de D* Benito Bails, director de mate- 
máticas de la Real academia de San Fernando , individuo 
de las Reales academias española» de la Historia, y de las 
ciencias naturales y artes de Barcelona ; impresa en Ma- 
drid en 1775, y dedicadaá la Excma. Sra. D.* Mariana de 
Silva, condesa de Fuen tes. — Dialectos músicos, en donde se 
manifiestan los mas principales elementos de la armonía, 
desde las reglas de canto-lláno hmta la composición ^ pu- 
blicados en Madrid en 1778 por el Padre Fr. Francisco 
de Santa Maria de Fuentes, de la orden franciscana de Je- 
rusalen. — Esplicadon de solo el canto-llanó, obra escrita 
por D. José Calderón , y publicada en Madrid en 1779. — 
Tratado teórico sobre los primeros elementos de la música, 
dado á luz en Cádiz el año de 1785 por D. Isidoro Casta- 
ñeda y Paredes. — Arte de canto-llano y órgano, 6 pron- 
tuario músico dividido en cuatro partes, poj D. Gerónimo 
Romero de Ávila , racionero y maestro de melodia de la 
catedral de Toledo, publicado en Madrid en 1785. — Do- 
cumentos para instrucción de músicos y aficionados , que tn- 
ToMO IV. 25 



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-»^ §•« €^ 

tentan saber d arte de la composición; obra impresa en 
Madrid el año de 4786 siendo su autor D. Vicente de 
Adán. 



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capítulo zzvdl 



opinión del señor Eslava sobre las violas en la música eclesiástica.— Refutación de esta 
fy|^on.—AntigOedad de la vida. —Origen de la vihaeÍa.->Ileflnicioiie8 de la viola en loi 
diccionarios de nuestra lengua.— Opinión sobre el violin , viola y vihuela. — Diferencia 
de los instrumentos de cuerda. — La vihuela no ha sido lo que hoy llamamos guitarra. — 
Antigüedad de la guitarra.— El Padre Basilio.- D. Femando Son.— JX Dionisio Aguado- 

— D. Federico Moretli. — D. Francisco Tostado.— Jaime Ramonet. — D.Trinidad Huer- 
tas.— D.José de Naya. — D. Antonio Cano.— D. José Benedid. — D. Mariano Ochoa. 

— D. Vicente Fianco.— D. Miguel Gamicer..— Alcalá, Ponaoa, Tapia., Arcas y VlAai. 



« Es notable , dice D. Hilahon Eslava , en sus apimíes 
para la Historia musical de JEspaña [\), que alintroducir- 
se en la Iglesia los violínes desapareciesen completamente 
las violas. Todas las obras que se hallan en los archivos 
de las catedrales , y que son de aquella época , no tienen 
la parte de viola ^ y cuando volvió esta á asociarse con los 
violines , fué para hacer el triste papel de duplicar el bajo 
á la octava superior. 

» Antes de la introducción de los violines , tanto en el 
género profano como en el religioso^ eran las violas los 
instrumentos de cuerda mas importantes. Babia entre 
ellas unas que se tañian con arco^ y otras que se tocaban 
punteándolas con los dedos , y se distinguían con los nom- 
bres de violas de arco y violas de mano. Entre las violas de 
arco se contaba la vígola, que después se llamó vihuela 
y hoy se llama guüarra. » 

Los documentos que ala vista tenemos^ nos hacen juz- 
gar aventurados estos dos párrafos ; y aunque quien los 

(1) Gaceta musical de Madrid, del 8 de abril de 1855. 



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•i^ ñmm %^ 

escribe es para nosotros persona respetable , sin embargo, 
ante los hechos y las opiniones de autoridades en historia 
que sobre ellos han escrito, estamos por estas; y fundados 
en sus razones^ vamos á rebatir las apreciaciones del se- 
ñor Eslava. 

Para el efecto^ nos parece oportuno hacer una ligera 
reseña de la antigüedad de la viola, los caraciérea distin- 
tos ^06 ha tenido, y el cómo ha sido juzgada entre esp&- 
JtolM y extnnjeroa^ 

Philóátrato , maestro en Atenas bajo el imperio de Ne- 
rón (4) , describe M instrumento qne tenia Orfeo, en e^os 
términos : <c Orfeo con el pié izquierdo apoyado en tierra 
sostenía su lira en el muslo , y golpeando con el derecho 
el pavimento , marcaba el compás de lo que locaba. En 
la mano derecha tenia el arco con que hería las cnerdas , 
y con los dedos de la mano izquierda extendidos , las pul- 
saba. » Esta descripción , dice el autor de quien tomamos 
la noticia , parece significar que la lira de que habla Phi- 
lóstrato , era lo que nosotros llamamos viola (2). 

El venerable Beda , autor que vivía por los años de 
1200 , hace la descripción del instrumento que imitaba la 
voz humana llamándolo 'Oiola. Estas son sus palabras : Ar- 
lificiaíi veroimtriemientum est, ut órganum, m)la , etc. 

£1 padre Atanasio Kircher^ en su Musurgia, dice: que 
los instrnmentoá llamados maguí y minnim, eran muy pa- 
recidos á la viola , y que la haghningáb era enteramente 
la viola. Otros autores dicen lo mismo con respecto al 
wibliam y el psaüerium de los hebreos. 

Rouseau , maestro de viola, y discípulo del señor de 
Sainte-Colombe, uno de los mejores profesores de este 

it) Enaí sor la mnsique ancienne et moderne. Tomo 1.®, pág. 306. 
(^) En una pintura antigua de Maffei , se halla representado Orfeo tocando un ins- 
trumento parecido al violin , rodeado de varios animales que le eicucban. 



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-o^ Mm9 e«- 

iflslrumento-en tiempo de Luis XIV, pretende probar, que 
la viola es uoo de los primeros íostrumentos conocidos , 
porque los hombres, deseosos de imitar la voz humana por 
medio de ellos, no pudieron encontrar otro que la imita-^ 
se mejor que la viola. 

Las primeras violas conocidas en Francia tuvieron cin- 
co cuerdas , y eran tan excesivamente grandes^ que el mú- 
eico Granier, delante déla reina Margarita, tocó en una.de 
ellas el acompañamiento de bajo, mientras él cantaba el 
tenor, y un page encerrado dentro de dicho instrumento, 
el tiple (1). 

Después se les afiadió la sexta cuerda y se hicieron mas 
pequeñas para poderlas tener entre los muslos, y les lla- 
maron los italianos violas di gamba; y mas adelante Sain- 
te-C!oTombe, discípulo de Horman , les agregó la séptima 
cuerda , é inventó las cuerdas cubiertas con hilo de metal. 

Las violas se dividieron ea nnichas especies , y se lla- 
maron : violas de bordan^ que tenian cuarenta y cuatro 
cuerdas; violas bastardas ; violas di gamba; violas de amar 
con cuerdas de alambre (2) ; violas de Braccio ; Par-de 
sus de viola ó alto viola, contrastes señalados como las 
guitarras , y tocadas con arco , sostenidas sobre las rodi- 
llas; y cinco especies mas, llamadas violetas, que solo 
se diferenciaban unas de otras en el tamaño. 

Por todo lo expuesto se comprenderá , que bajo el 
nombre de viola se entendian todos los instrumentos toca- 
dos con arco, pero mas especialmente, los parecidos á los 
que conocemos hoy bajo el nombre de contrabajos y vio- 
loncellos. 



(1) Essai 8ur la musiqae. Tomo 1.^ 

(3) Las cuerdas de alambre en las violas de amor se hallan colocadas bajo las de tri- 
pa , de manera que el arco hiere estas , y por la vibración con las de alambre producen 
el efecto de tal clase de instrumentos. 



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-0^ wtm Re- 
sabido es , que el robé ó rabequé se usaba en España 
antes de la dominación romana ; que era un instrumento 
parecido al violin moderno , aunque solo de tres cuerdas ; 
y que lo hacen derivar algunos autores de la palabra cel- 
ta reber , que significa violin (í). 

De muy antiguo se conocía en Espafia , según dejamos 
expuesto ya en esta obra (2) con la autoridad del archi- 
preste de Hita, la guitarra morisca, la guitarra latina, el 
rabé , el rabé morisco , la vihuela de péñola , la vihuela 
de arcO; y la citóla albordada , que era una especie de vi- 
huela grande. 

Covarrubias en ^u Tesoro déla lengua castellana (3) dice 
de la vihuela, que era un instrumento músico vulgar de 
seis órdenes de cuerdas ; que en latin se llamaba lira , et 
bartibus sive barbiton , cuya invención se atribuia á Mer- 
curio; que de la palabra vigore nació la de vihiLela, por la 
fuerza que tiene la música para atraer á si los ánimos de 
los hombres ; que este instrumento fué muy estimado has^ 
ta su tiempo , y hubo excelentísimos profesores ; pero que 
después que se inventaron las guitarras, eran muy pocos 
los que se dedicaron á su estudio, y que de la vihuela exis* 
lia un enigma que decia: 

Todos , sin ser ordenada 
Ordenes decís que tengo , 
Pero aunque soy entonada 
Y de tanta orden cercada , 
Dellas ni de la Iglesia vengo (4). 

Como una curiosidad musical y al mismo tiempo para 
ilustrar mas el asunto de que venimos tratando, nos ha pa- 



(1) Essaí sur la musiquc. Tomo 1.^ 

(2) Tomo !.•, pág. 105. 

í^) Segunda parte , pág. 209, vucllo. 

(i) De lo que se inlierc que dicho instrumenlo no procedía ni perlcnecia á la Iglesia. 



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«^ «•• ^ro- 

recido oportuno copiar lo que sobre el origen de la vihue- 
la dice Fr. Gerónimo Román en sus Repúblicas del mundo, 
escritas en el siglo XVI (4) , á fin de que pueda juzgarse la 
antigüedad del instrumento á que los españoles llamaron 
vihuela.» La vihuela , dice el P. Roman^ que eslo que mas 
so usa, y que á opinión de los mas, es mas dulce y gra- 
ta , fué hallada por Mercurio en esta manera : 

y> El rio Nilo tiene tal propiedad que cada año sale de 
madre no sin gran providencia de Dios para regar los lla- 
nos campos de Egipto, porque en aquella tierra , ni llue- 
ve ni nunca llovió , y después que ha regado y bañado la 
tierra, volviéndose á su corriente deja grandes inmundicias 
y animales. Entre estos, quedan grandes galápagos y 
tortugas , los cuales con el sol y sequedad , consumiéndose 
aquella carne que está entre las conchas, solamente que- 
dan en medio algunos de los nervios airados, los cuales 
por la delgadeza y vacío que hay entre las conchas, el 
viento corriendo y pasando blandamente por aquel cónca- 
vo hace cierto son y armonía: Esto fué visto por Mercurio, 
varón sabio y enseñado (porque la especulación de lasco- 
sasde ingenio ellos las saben hallar), dio en aquellory con- 
templando el caso , y dando y tomando , comenzó á inven- 
tar un instrumento, y de tal manera lo trazó, que hizo un 
hueco en él y poniéndole cuerdas encima , tocando hizo 
armonía, y puesto en perfección, determinó darlo á Orpheo 
que florecía en su tiempo como gran ingenio, y era muy 
dado á la música ; y Mercurio porque era dado á la con- 
templación de la astrología y de las demás ciencias na- 
turales, no quiso embarazarse en la música. Así lo dicen 
los mas historiadores, y San Isidoro, en sus Etimologías de 
teríia divtsime muskcB , lo afirma. Después Orpheo como 

(1) Segunda parle , pAg. 235, vucUu. 



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o 9 999 5 o 

fuese perfectísimo, refoiiDÓ la misma vihuela y púsolas 
voces enteras eo ella^ y así fué celebrada de todos los poe- 
tas su vihuela^ y cuentan maravillas de ella 

D Algunos tienen que esta lira ó vihuela tuvo en su 
principio tres cuerdas no mas , á semejanza de los tres 
tiempos del afio. Y según Diodoro Sieulo fueron tres vo- 
ces , aguda y grave y mediana ; la agnda denotaba el estio, 
la grave el invierno^ y la mediana la primavera. Y dice 
Servio^ sobre el cuarto de la Eneida^ que no fué dada de 
Mercurio la lira á Orpheo, siqo á Apolo , y que Apolo le 
díó en trueque ó cambio el caduceo ó vara , lo cual tam- 
bién sienta Virgilio. Después le fueron añadidas cuatro 
cuerdas^ que ya son siete, por memoria de las ^ete hijas de 
Atlante , porque Maya , madre del Dios Mercurio^ fué ma- 
dre de ellas ; y al cabo añadieron dos por respecto que fue-* 
sen nueve como el número de las nueve musas 

i> Después de la vihuela de Orpheo la mas principal 
fué la de Dorceo entre los Traces^ como lo asegura Valerio 
Flaco en su Argonauta. El primero que llevó la vihuela 
á los griegos fué Cadmo^ hijo de Agenor. A Atenas el pri- 
mero qñe la llevó ^ según Suidas, fué Phrinis Mitiieno^ 
y venció á Pan Atheneo que era habido por gran hombre 
en la vihuela » 

Dice también el P. Román , que Terpandro hizo la vi- 
huela de siete cuerdas , y los primeros versos para cantar- 
se con dicho instrumento: que la octava cuerda la añadió 
Símónides, y la novena Timoteo. Que hubo distinguidos pro- 
fesores de vihuela , ^ntre los que se contaban Sócrates el 
filósofo, que enseñó á tañerla á su discípulo Phedon; y Epa* 
minondas / Achiles^ Chiron , Centauro y otros. 

Hablando de los violines^ Covarrubtas asegura , que 
eran un juego de vihuelas de arco sin trastes , cuyo tiple se 
llamaba violin^ y se tañian con el arquillo : que las vihue- 



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■^ »♦• ^<^ 

las de aroose tocaban coa dicho arquillo y tenían trastes; 
y que la ndúsica de unos y otras , era propia para los pa^ 
lacios de los reyes y los saraos. 

fisto decia Covarrubias por lo$afio$ die 4675 , asi oomo 
tamblra que esta m^ica se iba olvidando en España. 

La detinicion (aa diferente que de la viola se hace en 
los diccionarios de la lengua castellana » ediciones de 4 7S5 
y 4857 (4) , nos aseguran que en Espada se llamaron vio^- 
las á los que boy se llaman contrabajos^ y violones á los que 
llamamos violoncellos (2). 

Es verdad que en el diccionaiio de Terreros, impreso en 
el año de 4 788 , se dice^ que la viola es un instrucnento do 
música poco mayor que el violin y de su especie; pipro la 
definición de la Academia cinco años antes que la dada 
por Terreros^ y el decir este que ala viola se le solía lla- 
mar do/dto , nos inducen á creer que las violas modernas , 
aunen el año de 4 785, no estaban generalizadas bajo este 
nombre , y que para diferenciarlas de las violas antigui^^ 
que eran mayores que los violones , las denominaron con 
el diminutivo de violetas 

En ningún diccionario tanto extranjero como español, 
tanto musical como de las lenguas , ni en ninguna de las 
muchas obras de música que hemos registrado > he^Dos 
encontrado la palabra vigola, y solo los diccionarios de la 
lengua castellana^ definen la de vigdero con^ ayudpnfe 
del verdugo en el tormento. 

(1) EdidoD de 17S3 : Viola, iistnimonlQ de, mú«Íca, parecido en ^o al \1olon, afWr 
4]ue mayor, y tiene por lo regalar seis cuerdas y ocho trastes , que proceden por semi- 
IQVO. También las hay. de doce eutrdas lias <)iie Hatun' viola de amor. — Edioion de 
1837 : tTtola, instrumento de la misma figura que el violin aunque algo mayor y de cuer- 
<]a8 mas (üérti.>s , que forma el contralto entre los instrumentos de esta clase. Lira gran 
diuscula. 

(2) Diccionario de la Academia, edición de ITSQ. Violón : instrumento músií:o , pa- 
recido enteramente al violin , y solo 3e distingue en ser muy grande y de cuerij^ muj 
gruesas , por lo que sirve de Liojo en la mú;;ii'.'i 6 conciertos, ¡ 

TOMO IV. 26 



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•o^ Mt ^o- 

Deduciendo consecuencias áe lodo lo dicho para el 
objeto que nos hemos propuesto , teniendo presente que el 
violin fué el rabé , reformado en Francia , no solo porque 
en la portada de la iglesia de S. Julián de los Mcnestiers ó 
Ministriles, construida el año de 4240, se ve la figurado 
Colin Muset) juglar provenzal, con un rabé en la mano 
en un todo parecido al violin , sino porque en las parti-^ 
turas italianas de mediados del siglo XYII se hallan estos 
instrumentos bajo el nombre de pkcoloviolino á lafran-- 
ccsse, diremos: l.^Que los españoles tuvieron de muy 
antiguo los instrumentos de cuerda que forman el cuar- 
teto de las orquestas modernas, con los nombres de rabé, 
vihuelaíi de arco y violas ó violones.. 2.^ Que en las igle*- 
sias españolas, antes de la introducción de los violines, no 
se conocian otros instrumentos de cuerda que hs cítaras^ 
laúdes , arpas y saltei^ios. 5/ Que las llamadas por el señor 
Eslava violas de arco y de mano, no se usaron en Es- 
paña con tal nombre sino con el do vihudas de una y 
otra clase , como se prueba por lo ya expuesto , y por- 
que hasta últimos del siglo XVII, hubo muchos maestros 
que se dedicaron á escribir métodos de enseñanza para 
estos. instrumentos los mas conocidos en nuestro pais, y 
ninguno lo hizo para los ante dichos. 4/ Que en la pa— 
labra violones iba comprendida la viola conocida enton- 
ces por loque hoy se llama contrabajo. 5/ Que ninguno 
de los dichos instrumentos de arco se usaron en las fim- 
Clones religiosas , como el mismo señor Eslava parece de- 
mostrar en el párrafo que antecede á los dos citados por 
nosotros (4). C/ Que si hubo en España una oposición tan 

(1) Dice Eslava : • Gomo el uso de los violines se introdujo en el teatro antes que 
en la iglesia , hubo en todas ellas grande oposición y dificultad para admitirlos , en raion 
de ser considerados como instrumentos profanos. Fué tan tenaz esta oposición , que 
en algunas partes ha durado hasta principios del presente siglo. Recordamos con este mo- 
tivo los grandes disgustos que hubo en la capilla de mi^sica de la catedral de Pamplona 



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•«# t«s #«- 

lüerle á la rntroducc^íon délos ÍDstru mentes de apco en la 
uiiisieaeclesiádlica^ fué porque eran conQcidos de mucho 
tiempo como i Qdtr amentos vulgares y profanos. 7/ Qü« 
si en las primeras obras de música eclesiástica con vio- 
lines^ no seballao las bey llamadas violas , fué porque eis- 
tas no seeoDOcieroQ basta después bajo el nembre de vich- 
lelas; pero cuando se pusieron en uso entre nosotros^ 
al poco tiempo- de les violines^ no hicieron ^Mristí^ pa- 
pel de duplicar el bajo á la octava superior , como dice el 
sefior Eslava^ sin duda por b que habrá visto en algunas 
partituras de música^ é t»l ves , refiriéndose á 15 que dice 
Lichtenthal en su diccionario^ de q.ue Los compositores 
de la antigua escuela se limitaron^ á haeer servir á la viola 
para doblar la parte del bajo á la octava , hasta que Haydn 
y Mozart^ persuadidos de su importancia^ la hicieron com- 
parecer de una manera esencial á la. ejecución de la me- 
lodiosa y docta música ; sino de esa manera docta y esencial , 
cerca de un siglo antes que Mozart y Haydn lo hicieran , 
como puede verse por una composición de D. Francisco 
Valb^ escrita en el ano de 4709 (i), pocos años después 
de la introducción de los violincs en nuestros templos por 
D. Sebastiaiv Durón (2). 8/ Queá mas^de no haber visto 

al reemplazar las lócala» qvttí tañían \u chirimias y eajpne» con otras da vioiines y órga- 
nos para solemnizar laientiada de la diputación del reino de Navarra cuando asistía á las 
funciones religiosas^ Don Miguel Arrózpide , bajonista y chlrlmlsla & quien conocimos por 
algunos afios^, y que por sik natural despejp era conocido desde nifio con el apodo de 
Redor , elevó una notable exposición á la mencionada diputación del reino de Navarra i 
probando la excelencia de laschiríraías sobre los vioiines, y lo mucho que perdía la pie- 
dad y religión con la preferencia de estos spbra aquellas. > 

(1) Véase en las láminas el n.^ 17. 

(?). Hablando Feijoo de las novedades introducidas en la música eclesiástica, en va- 
rios párcafos de su primer tomo, se expresa en estos términos : • Esta es la música de es- 
tos tiempos (172C) con que nos han regalado los italianos , por mano de su aricionado el 
maestro Ducón , que fué el que introdujo en la música de España las modas extranjeras. 
Ks verdad que después acá se han apurado tanto estas , qse si Durón resucitara, ya no 
las conociera ; pero siempre se podrá echar á él la culpa de todas estas novedades , por 
haber sido el primero que les ahvló la puerta. » -^ Mas adelante , manifestando que la 



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•o^ t#é es- 
otras españolas (te música ectestástica esorítüs con víoto» 
anted de empezarse á usar los Tiolitiesy ni laido aelor al- 
guno que lo diga ^ h f^ta ei indtruuiedto desconocido , y 
por cMisiguiéDte no ptiedé érCéirse que de e^te naeiera la 
vihuelti, ásf éodao tatnpociO que )a vihmla fbeM precisa^ 
meutelo que hoy se lláina guitarra, tomo vamos 6 de- 
moítrar(4). 

No cabe la ttieuor duda de que dé la Itr» de Orféo éc 

música e» mas religiqsa j grave cuanto mas ^j)i 8e'e9cribe para las voces , y qse cuan- 
to inas aliai cantan estai, pierden la majestad y adquieren un carácter ma^ alegre, dtce *. 
« PoHamion^hxon estoy mai «oti la introducción de los rioUneren la iglesitr....... les 

Tiolines son impropios del sagrado teatro. Sus chillidos^ aunque armoniosos, son chillidos, 
y excitan ulia viveza como pueril en Utiettros espíritus tiiuy distante de aquella atendotí 

^éoorosa ^e se del^ á la nu^tád de los misteríes Otres Instrumentos hay rtspé- 

tupsoa como el arpa » el violón , )a espineta ; sin que sea Inconveniente que falten tiples en- 
U1itá«lellinét^tmlent2d. * 

(1) No habiendo FaUddo profesores amantes del aHe qde dos hayan hecho notar en el 
párrafo primero del Mtueo orgánico espi^ñolj publicado por el señor ^ava jen 1856, aun- 
que dicha piiMioaeion no lleva él áü^ , el poca api^io que de nuestros trabi^s hist¿Heos 
ha hecho diclio autor, manifestando que , ^pe^u^^ trábelo histórieo llamará sin duda 
la atención sabiendo <^e nada importante se habia escrito en Espa^ acerca de su historia 
wMSieal éñ general i ni de los ramos que eUla úbraxa en paríimlar, pudlem creerte, al 
rebatir algunas apreciación^^ del señor Sslav»., lo hacemos con otra intención que la de 
Ilustrar en b que podamos la historia del arte. Los que tal piensen, están en un grave 
error. Nada está mas léjos de nosotros que las tne»}uinal personalidades, ni nadie mas 
lejos que nosotros de pensar que el párrafo aludido se escribiera con sfaiiestra intención, 
ili con ía de aparecer el señor Cslavá como primer historiador; cuando en Í842 Aiiroos 
los primeros que empezamos á publicar algtlnos trabajos de la Historia musical española^ 
en la iberia musiccU y literaria , primer periódico del arte habido en España; que en 
1853 dimos á luz la Música árabe española ; que en 1854 publicó nuestro buen amigo y 
distinguido arqueólogo y literato D. Basilio Sebastian Gastelláñoe sus Diseursoi histórieo 
ar^eóíógico» iohté el origm , progresos y decadencia de la poeda^ música y baüé espa- 
ñol ; que en 24 de julio de 1858 nos manifiesta el señor Eslava en una earta particular , 
qué cotlservaotos , que desea mucho que el ramo de la historia musical einpieee á cuUif- 
voT'se m España , y seamosnorntros los prii/néros que hagamos alguna publicación nota- 
ble -^qp» en 1.* de julio y en 2 de dicitaibre de 1855, el perfódico de músfea que dhigiA 
el señor Eslava, habla de nuestra Historia áe la música española con marcada deferen- 
eia ; y que en 23 de diciembre del mismo año , dice dicho periódico , que elogia como es 
jutío los loables etfuetxos de su autor por llenar este gran vacio úH arte músico espdüol. 
— Todas estas razónos nos hacen creer, que ni el señor Eáhiva quiso aparecer en su Hm- 
uo orgánino como el primero que hablase de nuestra historia , ni menos querer liacer 
desmerecer nuestros trabajos, encumbrando'Jos suyo» propios, cuando tan amante y pro- 
tector se ha maniñ^fado siempre de ios adelantos del arte músico español.— Emesia 
creencia, al rebatir algunas opiniones del señor Eslava', no llevamos otro objeto que el 
manifestado ya en el tercer tomo de esta obra. 



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derivaron todos los instrumontos de cuerda , tonto de arco 
corno de mano; que al dicho instrumento lé dieroa varíoi 
nombres I con los nombres varías fohiias> y con las foiv 
mas diferentea maneras de tocarlo. Los primei5os fueron 
9ÍII mangó ó mástil^ y táftidos eoá solo la mano derecha : 
después con maifgo^^ comprihiiendo en éi las coerdaá con 
la mano izquierda pqra ^ue prodejenin diferentes sonidos 
al herirlas con la derecha : maa adelante foeron heridas 
dichas cnerdas con una pna 6 puntera de n^arfil > asta , ú 
otra materia al coal llamaron plectro^ ó con el arco hoy 
de todos conocido; y finalmente^ añadiendo mtichad cner- 
das^ no necesitaron de mástil pal*a variar los sonidoa y se 
palsaron con lae doe manos. Pero han sido tantos los Bom* 
bres que se le hfin dado á estos instrumentos ^ ya por an 
variedad y yii por las lenguas y paises diferente qne los 
adoptaron ^ qoe ha llegado á ser punto menos que impo-^ 
sible el tendadefo nombro de los primeros y aun de sos 
próximos derivados. 

La lira, dicen unos^ es la vihuela y la cítara > otros 
qoe es Id viola y la goítai'ra. Unos que se toca con el 
plectro, otros que con el arco, otros que con los dedos : 
y la lira, citara, vihuela; viola > y guitarra^ son tenidas 
por muchos autores como una misma cosa , siendo para 
nosotros muy diferentes aunque derivadas unas de otras. 

No queriendo entraron la clasificación de los nombres 
de todos los instrumentos de cuerda por parecemos in^ 
cierta la qne pudiéramos dar ^ y no ser este nuestro prin- 
cipal objeto; solo nos concretaremos á los de mástil 6 
mango, manifestando que, en nuestra opinión , ni la cíta< 
ra fué la viola , ni la vihuela fué enteramente la guitarra ; 
sino que la viola y la vihuela fueron instrumentos de ar- 
co y de púa, y la cítara y la guitarra do púa y de dedos. 
Nos esplicarcmos. 



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Los íQslru meatos de cuerda para ser toeades con el 
arco^ han dé tener un puente que los diferencié de los que 
se tañen con los dedos ^ pero que sin embargo, pueden 
también tocarse punteados , como sucede hoy con los vio- 
llnes ,. violas^ violoní^ellos y eoatrabajos : mas los tocados 
con los dedos , no pueden serlo nunca eon el arco , aunque 
sí coo el plectro, comoveinos en las guitarras, bandurrias^ 
sonoras y mandolines. Por esto vemos á las viollas y vi-* 
huelas clasificadas de arco y de.mano , mas no asi á las gui'* 
tartas : razón para creer que este instrumento fué diferen- 
te de las vihuelas. 

Noá confirma mas esta creencia^ el que lamentándose 
Govarrubias en su Tesoro de la lengua castellana , de que 
en su tiempo se abandonase el estudio de la vihuela por 
elide la guitarra^ dice que era una gran pérdida^ porque 
en aqueUa se podia poner todo género de música puntea- 
da y y esta no era mas que un ceCicerro tan fácil de tañer, 
especialmente en lo rasgado, que no habki mozo de caba- 
llos que no lo tocase (4). 

La diferencia notable déla vihuela á la guitarra, se- 
gún Sebastian Castellanos (2) , consístia en qiie esta se to- 
caba con cuerdas de tripa, y aquella con cuerdas de metal^ 
huidas con puntero de pluma ^ ó púa metálica ó de otra 
materia* Esta diferencia seria en las vihuelas de mano ^ 
porque las de arco no pueden ser las cuerdas sino de tripa: 
de manera, que las vihuelas de mano con cuerdas de me- 
tal , y tocadas con peltre ^ fueron sin duda alguna lo que 



(I) Creemos que las f^iUrras de qnc habla Covarrubias serían muy diferenles de 
las antiguas conocidas con los nombrti^ de árabes y. latinas , tanto por lo que él mismo 
dice en otro lugar , de que mudando cl acento de la a & la t m la palabra pitarra , y la 
flf en c queda el nombre de citara^ de donde procede aquel instrumento , cuanto porque 
cl punteado en las guitarras modernas se le atribuye al padre Basilio á últimos del pasa- 
do siglo. 

(2) Discursos hlstoricoá arqueológicos sobre el origen y decadencia de la poesía, mú- 
sica, y baile Cspaüol 



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boy 80ki nuestras baoilurrías y sonoras, aunque poco mas 
grandes^ pero no lo que son nuestras {guitarras. 

Si la vihuela tenia ^ según Covarrubias y otros autores^ 
seis órdenes de cuerdas, ¿cómo habia de ser lo mismo qué 
la guitarra, cuando á este instrumento es sabido qne nues« 
tro célebre Vicente Espinel le añadió la quinta cuerda > y 
muy modernamente so le añadió la sexta? 

Los instrumentos de arco en un todo iguales. á los de 
mano^ no producen bufónos sonidos^ si entre las dos tapas; 
y debajo del puente^ notrenen un puntal al que se le llaooa 
aima ; y á los instrumentos de mano ^ le sucede lo mismo 
si lo tienen. Véase , como aun invisiblemente, dejan de ser 
iguales los instrumentos de arco y de mano. 

Las vihuelas do mano se tocaban punteadas, y lasgni*^ 
turras rasgueadas hasta últimos del siglo pasado. Lu^ de 
la vihuela, que tenia cuerdas de metal y se tocaba con plec«- 
tro, no pudo nacer la guitarra coq cuerdas de tripa y toca* 
da de distinto modo , como bien palpableóiente nos lo es«¿ 
tan manifestando la bandurria y sonora punteadas, que 
ahora conocemos , al lado de la guitarra rasgueada que le 
sirve de acompañamiento en muchos de nuestros cantan 
res populares. 

Es pues indudable quédela vihuela no salió la guitar* 
ra, tanto por no ser instrumento enteramente igual, cuan- 
to porque al mismo tiempo y en el siglo XIV teniamos ya 
guitarras árabes y latinas ^ y vihuelas de arco y de mano. 

Nuestro querido amigo D. Félix Ponzoa y Cebrian, lite- 
rato y anticuario distinguido, y sobresaliente aficionado. en 
la guitarra , ha escrito unas suscintas nociones de armonía 
y composición aplicadas á este instrumento, cuyo autógra-^ 
fo conservamos en nuestro poder como un recuerdo de 
amistad y hermandad artistica; y en la introduoctcfb de 
dicha obra se expresa en estos términos : 



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«La guitarra > instrumento armónico y simpátieo^ que 
general mcQle se creé ser iiiveatada por los españoles , (u-* 
X YO 9U origen mas allá do la época á que alcun^a la tradición 
de BU historia. Hay arqueólogos quo lo fijan en la de lado- 
minadoa de los árabe», por((ue dicen ^ que para olios fu4 
^ instrumento mas común con qu0 armonizaban sus cele* 
bres cantares : otros la suponen inventada en la edad me« 
dfa , y apoyan au criterio en que la historia de aquel tiam* 
po refiere que les siryió para acompañar ol canto de los 
romances amorosos* y l^s relaciones de los toruieos. Poca 
es la difepreoeía que unos y otros presentad en cuanto al 
tiempo de su origen y om fue^e inventada por los moros^ 6 
por los españoles cristianos ; pero es muy verosímil queso 
eqn^voquen , si se atiende a que en el idioma latino que 
usaban los romanos cuando hicieron déla España una pro- 
vincia sujeta al universal poder de Roma > ya estaba admi- 
tida la palabra fidlcuh que significa guitarra , se^un es- 
tá declarado por la respetable academia de la lengua ; y aun 
la de 4Álara, que biene á ser la guitarra modifeada^ la ve« 
moB frecuentemente usada en los textos sagrados y profa-^* 
BUS que han llegado hasta nosotros dosde mochos siglos 
antes de la ruina del último rey godo en Guadalete 

» Cuatro cuerdas fueron las que oñ su principio tuvo la 
guitarra , hasta que añadiéndole la quinta se hizo célebre el 
músLco, poeta y novelista D. Vicente Espinel , según lesti^ 
fica entre otros escritores nuestro sublime Miguel de Cer- 
vantes. No puede puntualizarse quien fué el que añadió la 
seKta. Sesiabe qneel primero que regeneró la música pun- 
teada en la guitarra , fué el P. Basilio , organista que era 
en su convento ^ y que la tocaba con siete cuerdas. Des- 
pués de este fraile^ salieron D. Fernando Sors y D. Dioni- 
sio Aguado, que tocaban eon solo seis cuerdas. Estos dos 
maestros han sido los modelos en d arle y pueden ser con- 



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eiderados como los primeros doctos en la ciencia de es(e 
instrumento.. «.. 

»Esta es en resumen la historia de la guitarra conside- 
rada con razón como invención española; y digo con razon^ 
porque aunque su origen está confundido con la extensión 
délos tiempos , es cosa probada que su música^ tal como 
ha llegado á nosotros, es puramente creada y perfeccionada 
por artistas españoles.» 

Los profesores que mas han sobresalido en Espafia en 
el instrumento de la guitarra y en las composiciones para 
él escntas, hasta la época en que vamos historiando ^ son 
los siguientes : 

El P. Basilio, religioso profeso de la orden del Cístér y 
organista en el convento de Madrid á últimos del pasado si- 
glo , adoptó la guitarra como su instrumento favorito, 
cuando dicho instrumento no tenia otras pretensiones que 
las de acompañar seguidillas y tiranas, canciones que for- 
maron moda en el siglo XVIIl. La guitarra antes del pa**- 
dre Basilio no tenia mas que cinco órdenes, y se focaba ras- 
gueándola ; él le puso siete y estableció el método de tocarla 
punteada. Este genio músico, gran contrapuntista y sobre- 
saliente organista , fué llamado al Escorial para que 
SS. MM. Carlos IV yMaria Luisa* lo oyesen tocar el ór- 
gano y la guitarra ; y fué tal lo que agradó en este instru- 
mento, que quedó en la corte como maestro de S. M. la 
reina. Entre sus discípulos se cuentan D. Dionisio Aguado, 
D. Frantísco Tostado y Carvajal, y D. Manuel Godoy , prín- 
cipe de la Paz. El P. Basilio solía decir> que le gustaba 
mas modular en la guitarra que en el órgano. Su música 
era correcta, pero se resentia-de su origen, porque se ase- 
mejaba mucho al canto-llano. Su pasión dominante como 
guitarrista fué componer y tocar dúos. No conoció los ar- 
pegios complicados ; hizo siempre uso de las octavas y dé* 
Tomo iv. 27 



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cimas, y abusó de la gailarra por quererla forzar á que 
diese mas tooo del que naturalmente tiene (\). 

D. Femando Sors, natural de Barcelona, en donde na- 
ció el 46 de febrero de 1780, estudió en la escolania de 
Monserrat aprendiendo á tocar el violin y el violoncello , 
y dedicándose con esmero á la composición. Su genioem- 
prendedor le hizo estudiar la guitarra , á la que cobró 
una afición extraordinaria. A la edad de 47 años y á su sa- 
lida del monasterio, puso en música nn libreto italiano ti- 
tulado TelémacOj cuya obra fué ejecutada con muy buen 
éxito en el teatro de Barcelona. Poco tiempo después pasó 
á Madrid, en donde escribió varias sinfonías, cuartetos, una 
salve y muchas canciones españolas para guitarra. Emi- 
grado á Francia como partidario de Napoleón , y admira- 
dos de su gran talento Mehul, Cherubini, y Berton, le 
animaron á que siguiese sus estudios en la guitarra , ha- 
ciéndose en breve tiempo el primer guitarrista de su siglo, 
y el primer compositor de música para este instrumento. 
Pasó después á Inglaterra y admiró con su guitarra, 
componiendo además, para varios teatros de Londres^ la 
ópera cómica titulada La Feria de Smima , y la música* 
para tres bailes, nominados : El señor generoso , Flamante 
pintor j y Cendrillon: el cuál se representó, al poco tiempo, 
dirigido por Sorsen la ciudad de Moscov; escribiendo en di- 
cha capital una marcha fúnebre para las exequias del em- 
perador Alejandro, y la música del baile titulado Hércutes 
y Onfalo , para el advenimiento al trono del emperador 
Nicolás. Vuelto á Londres , compuso el baile ElDormeur 
éveillé^ y mas tarde la ópera de magia La bella Arsenia. 
Sus composiciones para la guitarra de seis órdenes fueroa 
muchas y sobresalientes, debitedosele á él la aplicación de 

(1) Para dar una idea del gusto de este célebre tocador, véase una de sus compoti- 
ciunes en el n.* 18 de las solas. ' 



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los arpegios complicados con método y sistema , y el ha- 
ber trasportada á la guitarra las armonias de Haydn, Mo* 
zart^ y Pleyel. En un principio su gusto fué tan enérgico^ 
que se le puede llamar soberbio^ como se ve en la obra 
que dedicó a\ principe de la Paz ; pero con la edad , los 
desengaños y las penafídades de su vida , Tino á consagrar 
su talento á la másica sentimental^ haciendo llorar con su 
Elegiaca y sus Adioses. Murió este grande artista elafio de 
4859 en Parfe^ después de haber admirado con su guitarra^ 
y hecho conocer las gracias de este instrumento fuera de 
Espafia , y de haber dejado sus ejercicios , sus fanlasfas , y 
todas tus composiciones para provecho de las generacio- 
nes futuras ; puesto que por mas que se varíe con la moda 
el gusto de la música^ siempre las obras de Sors serán res- 
petadas como concepciones sublimes y modelos de com- 
posición para el difícil instrumento de la guitarra (I). 

D. Federico Moretti, de quien j)odemos decir fué na- 
tural de Ñapóles y guitarrista de Espafia , era oficial de 
guardias Walonas al servicio de nuestros reyes, y gran lo- 
cador de violoncello con vastos conocimientos en el arte de 
la música. Dedicado á la guitarra , progresó en términos 
de hacerse notable. Fué el primero que llamó la atención 
después del P. Basilio ; y á principios del siglo actual , es- 
cribió y publicó en Madrid un extenso tratado de música 
aplicado á la guitarra. En esta obra comprendió los arpe- 
gios variados con una multitud de juegos diferentes y ejer- 
cicios distintos, y dio á b guitarra un impulso colosal 
para ponerla rica en las manos de Sors y de Aguado. Tam- 



il) Lia obras mas sobresalientes de este compositor para su instrumento fayorito y 
que se lian pobUeado en París y Londres, son: Sa gran método de guitarra. Doce esta- 
dios para id. DiTcrtimientos , fantasías , yariaciones , sonatas , y canciones espafiohis pa- 
ra id.; y el arreglo de la sinfonía de la Caza del Joven Enrique, del maestro Meliul, pieza 
admirada por todos los profesores é inteligentes. 



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-•» «it c«- 

bien escribió miüueles^ variaolonesy soniatas de buen gasr 
to^ tocó y en guitarra de siete órdenes. Morettt alcanzó la 
gloria de ser el primero qoe metodizó la músiea de la gui- 
tarra , y explicó las armonías que indicó el P. BasUio^ en 
sus Principios para tocar la gnüarra de sietci órdenes, publi- 
cados eu Madrid en 4798; aumentándolos en la s^unda 
edición que hizo el afio de 4807. Tan distinguido profe- 
sor llegó á ser brigadier de los ejércitos nacionales , y tío« 
loncellista de la cámara de S. M. En el aña de 4 824 , dedicó 
al serenísimo señor infante D. Francisco de Paula una gra- 
mática razonada-musical compuesta en forma de diálogos 
para los principiantes, y en 4824 dio á luz un opúsculo 
titulado: ^Sistema uniclave , en el que demuestra la mna^ 
cesidad de las siete llaves musUxiles. 

Don Dionisio Aguado, natural de Madrid, y bautizado en 
la parroquia de S. Justo el día 4 O dé abril de 4 784^ fué dis- 
cípulo del P. Basilio^ y estudió el método de Moretti. Su 
extraordinaria ejecución^ los severos fundamentos de su 
aprendizaje , y sus adelantos en la ciencia del contra-pun- 
to, lo hicieron profesor aventajado. Su carácter estaba 
subordinado i su elevada modestia : modestia que en nada 
se rozaba con la servil humildad. Aun á pesar de no tener 
bienes que desperdiciar, hizo un viaje á París con el úni- 
co objeto de conocer el afanado profesor del siglo D. Fer-* 
nando Sors. Este quedó admirado de oir la guitarra en ma-^ 
nos de Aguado^ y Aguado de oiría en las de Sors. Habitaron 
ambos una miscpa casa en París ^ y entonces compuso Sors 
él gran dúo de Los dos amigos^ para tocarlo con Aguado ; y 
á uno y á otro les costó trabajo ejecutar dicho dúo ^ porque 
se distraían con frecuencia oyéndose mutuamente. Aguado 
consagró toda su vida y todo su talen toa la perfección de 
la ciencia de la guitarra, y al arte de tocarla con utilidad 
y sollura. Compuso y publicó en París su método de ensc- 



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ñanza , en el oual comprendió sos grande arpegios y ejefr' 
cicios> que son bastante para formar un tocador perfecto. 
Tamlñen compuso tres grandes rondós y otitis varias pie-^ 
zas de gusto y maestría (1). Por último : Agéado fué et 
inveintor de la Tripode en que se bolóca la guitarra, cuya 
máquina sencilla dá al tocador comodidad sobre el ins- 
tnunento^ libertad á los ; brazos , elegancia y decoro á M 
posición de la persona/ y absoluta vibración ¿ la guitarra* 
Este profesor murióen Madrid en 20 dé diciembre de t649< 
á la edad do 65 afios y ocho meses. 

Don Franciseo Tostado y Carvajal^ natural de Madrid , 
fué el discípulo mas preferido del P. Basilio^ per'su éntíih 
ordinaria ejecución y facilidad en aprender. Tostado se 
vio obligado á tocar la guitarra para poder subsistir^ y re- 
corrió toda§ las provtocías de España daiido conciertos. 
Poco á poco fué perdiendo la vista : marchó á la Habana y 
allí, donde naturalmente dd»ó quedar ciego, la recobró, 
pero por poco tiempo. A au vuelta á Espafia luvimoB el gus- 
to de'oirle en Sevilla : an g^ero demúsica era brillante y 
alegre V siendo- la piesa de su composición mas aplaudida, 
q\ fandango ooa cmcuenta y tres variaciotíes, todas ellas á 
cqal miejores en gusto y ejecución. 

La celdEnridad q«e alcanzó al principio de este siglo 
Jaime Ramonet, ciego de nacimiento y natural del reino 
do Yalenda, lo hacen acreedor ¿nuestro recuerdo. No 
ttivo maestro. Principió á tocar la guitarra siendo joven 
con otro ciego llamada Boibia ; pero muy luego Ramonet^ 



(1) Las obras que ha dejado impresos este célebre guiUitista'son : Naev'o méCodp 
lara guitarra. —Tres rpndús brllloiitea. ^Yaiiaoiones briUaoles. -^£1 minué afondan- 
^do con vuriaciones. — Colección de andantes, valses y minuetes. — Las favoritos con- 
(radafuas. -^ Gran bo1(^ de Sors refundido |(k>r Aguado.-^ El ftmdongo con variaciones.-^ 
Seis valses (obra postuma). -Colección de contradanzas, minués y valses 1.* y 2.^ cua- 
derno, v otras varias obras que su conservan inéditas en poder de los discípulos 6 admi- 
radores de A {ruado. 



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que para todo tenUa un ardid dkd)ó]íco , dejó k su compa-' 
ñero y se fué^ como él deoia, á wr muñdo. Toeaba en una* 
guitarra de siete órdeúes coa las cuerdas dobles. Su ma- 
DO is^uiérd^ era fuerte y ágil /segura y admirable: coui- 
parüa los dedos de lá derecba, el índice y el pulgar ^m 
las cuerdas^ y los treR restrntes para apoyar la mano sobre 
U tapa. Sacaba un fono fuerte^ lim[ño y sonoro , y siem-* 
pre tocaba de eapricbo. En su clase fué notable y tocó 
delante de la sociedad mas escogida de ouantós pueblos 
recorrió, alcanzando aplausos y nombractta. Hasta su muer- 
te fué notable: yendo em Madrid tocando su guitarra por 
la calle del Barquillo en medio del día , cayó muerto re- 
pentii^mente. 

Don Francisco Trinidad Huerta^ natural de Orihuela, 
debe su habilidad ¿ su ingenio. La prensa periódica ha 
hecho el apoleósfe de este tocador de guitarra , que habien- 
do corrido gran partéete Europa , y lucido delante de prin- 
cipes y reyes , la que lo es de Espafla , Isabel II , le conce- 
dió ea premio dé su nrórito la cruz de caballero de la ór- 
deki de Carlos III. El principal mérito de Huerta consiste 
en la dulsara de los sonidos que produce cantando sobre 
una cuerda. Hace con primor las terceras , y un arpegio 
sumamente complicado que se debe á sü invento. Su mú- 
sica se resiente de falta de conocimientos armónicos. Con 
sos pasos mas delicados mésela continuamente una espe- 
cie de rasgueo , i que dá el nombre de TuHs , con los cua-- 
les apaga la ilusión que inflama cuando pulsa las cuerdas 
con halago. Este contraste de bueno y malo, fué causado 
que Sors le definiese con el nombre de sublime barbero, y 
de que Aguado dijese , que ultrajaba el instrumento. Sí 
Huerta aventase su música , como el labrador avienta su 
mies trillada para dar el grano á los racionales y la paja á 
las bestias, no cabe duda de que sería admirado de lo» 



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profesores mas severos^ porque enando canta ettoanla. 

DoD Joséde Cüebra^ natural de Sevilla y abogado, de- 
jó su profesión de leyes por to de la guitarra Bien ins- 
truido eo la música y con una ejecucioa soi*prendente, 
marchó á buscar su fortuna á París y Londres, en donde 
se encuentra al presente, respetado de los profesores y ad- 
mirado de los inteligentes» Ó^^^^ ^^ '^ guitarra con vi- 
gor admirable^ con esquisito gusto, ycod suma limpieea : 
su género de música es lleno y armonioso: tiene particu-^ 
lar acierto para las imitaciones; y sus composiciones están 
bordadas de armónicos. Gomo repentista pocos le igualan , 
y en los golpes brillantes pocos le imitan. Con la noisiarMi 
facilidad toca en guitarra de seis órdenes, que en una de 
ocho , y sus composiciones son sumamente <Kfidles. 

Don José de Naya, maestro de capilla en Yalladolid , 
fué un genio atrevido para la guitarra , afiadiéndole^ á es- 
te instrumento la octava cuerda, y tocándolo dé una ma-* 
ñera admirable, tanto en el género ejecutivo, como en el 
armónico. 

Don Antonio Cano, natural de Lorca , cirujano que no 
ejerce su profesión , es uño de los primeros locadonea^le 
guitarra díe la época actual. Príociptó s«s estudios eá eaté 
instrumento con el distinguido Ayala ^ jóvm de admirable 
disposición , natural de Murcia, y que desapareció de Ma^ 
drid para no volverse á saber mas de él. Cañase perfección* 
nó en la música y composición con el ilustre maésiv6 
compositor y director de ta real camarades. M« D. Inda^ 
lecio Soriano Fuertes, y se ejercitó con los < estudios dé 
Aguado. Toca con suma limpieza , con eiquisito gusto ^ y 
produce en la guitarra efectos muy semejantes, á ios del 
arpa. Ha arreglado varias fantasías sobre motivos de óperas 
célebres ; y entre sus composicicmes, cuenta una coleccioQ 
de veinte y seis ejercicios, con los cuales vence todas las 



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dificaltades que pued^ preseDtarse en el empleo de am- 
bas msfnos. Estos ejercicios abundan en armenia 8in oscu- 
recer la melodía del canto princípaL 

D. José Benedid ^ natural de Cádiz , hijo de nn cons— 
Iructor de guitarras que fué coetáneo de ios famosos Pa^ 
gesesy principió á tocar eu el mismo Cádiz ^ y marchó 
con su padre á la Habana^ donde se perfeccionó.y 4U)nsí- 
guió dominar el instrumento, haciéndose general «i las 
escuelas de Sors, Aguado y Ciebra. Tiene una disposición 
admirable para retener en la memoria y repetir en la gui- 
tarra la música que oye. Ejecuta mucho , conoce la armo- 
nía y ha trasportado á la guitarra, mucha música instru- 
mental y vocal. A Benedid tocó la suerte de hacer oir 
dignamente nuestro instrumento en Los Estados Unidos de 
América. 

D. Mariano Ocboa, natural de Guadalajara , se grangeó 
en Madrid la opinión de tocador, por el desenfado con que 
ejecutaba los aires nacionales. Sos costumbres escén tri- 
cas lo llevaron al extremo de tocar bailando , y arrastrarse 
por el suelo con la guitarra sin perder el compás. Los 
que lo han tratado , dicen que les daba lástima verlo ajar 
tan delicado instrumento* Gomó jaleador Jia sido notable; 
como ejecutante, mediano , y como compositor^ nulo. No 
se pone esta noticia para criticar su celebridad artística, 
sino para decir que Oohoa alcanzó el honor de ser maes* 
tro de S. M. la rdna D.^ María Cristina de Borbon , cuando 
^via en Madrid el sublimé profesor D. Dionisio Aguado. 
Ochoa murió el afio de 1 850/ 

' . D. Vicente Franco, natural del Ferrol , se formó con 
los estudios de Aguado y la música do Sor^. Cuando se 
hizo arbitro de las cuerdas , imitó á Naya, y asi vino á ser 
una notabilidad en la guitarra. Sus composiciones no ca- 
recen de gusto venciendo las mayores dificultades , ha- 



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-o^ tlt ^^ 

biendo trasportado y ejecutado en su instrumento algunos 
difíciles ejercicios de los que Thalberg compuso para el 
piano. Franco marchó á la Habana y no quiso volver á Es- 
paña. 

D* Miguel Carnicer, natural de Barcelona y hermano 
del célebre maestro compositor D. Ramón , ha contri- 
buido á realzar la guitarra^ no solo ejecutando bastante 
como tocador, sino arreglando y trasportando varias pie- 
zas selectas , entre las cuales ocupa el primer lugar la sin- 
fonía que compuso su hermano para la ópera deRossini M 
Barbero de Sevilla. 

Ha habido otros muchos profesores que no recordamos, 
y aficionados de gran mérito , entre los que descollaron el 
abogado Alcalá, de Madrid; D. Mariano Alonso y Castillo, 
autor de una colección de dúos para guitarra quedidicó á 
Moretti ; el famoso ventríloco D. Francisco Tapia , D. Félix 
Ponzoa y Cebrian, y hoy dia están llamando, con justicia, 
la atención del público y de los inteligentes, los dos jóvenes 
profesores D. Julián Arcas y D. José Viñas. 



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Cñ3PÍTüL0 



Vieülas reales por la coronación de Carlos IV y jura del príncipe de Asluriaa.— -Es- 
pecUcUloe llftco-dmoiáUcas espafiotes.^Nttevos.tiiQl)^^ para <lncinabna4o8A-~Su lÍMitl- 
lidad.— IndiTerencia hacia nuestros canlore?.— Fanatiítmo de la aristocracia por la ópent 
italiana.— Las cantantes Todi y Banti.—Yuelve la música espabola á dar sefiales de vida. 
— J>. Franciscp Parejarj D. Blas de, la Sern^-t-noera apearlo tt d«] tMro de l«a Caños 
del Peral. — D.Francisco Antonio Gutierrez.—Bidangos y Ronzi* — Separación de <*Mos.~r 
Concédesele á Ronzi el arriendo de los teatros^de Id coVle.— Se piróhibe la admisión de 
can(ore«( extranjeros ^nlos teatros.-*L«i^ l^uosoe nAabOstroa , ()^a ifi eicfibiT para, el tea.' 
tro. — D. Francisco Federlci. — Incendio del teatro dql Principe.— Rescisión del contrato 
ó>c Rónd:— Gempaftías de canto y verso en ]oB C^años^ dirigidas por García y Maiqnex. — 
Manuel García y sus obras. — ^Teatro de Barcelona.^O^iera' ítaMana^-^Empresa del nafs* 
tro Antonio Tozzi.— Compañía española.— Prodpctos de ambas compañías en un mes.— 
CosttuDbres teatrales. ' ' 



En los dias 24 , 22 y 23 dol mes de setiembre del año 
de 1789, tuvieron tugaren Madrid las reales fiestas por Ib 
coronación del rey Carlos IV, y la jura del príncipe de As- 
turias. Los magestuosos ecos del Tedeum, tentado eñ la 
iglesia de Santa María de la Almudena^ en acoion do gracíaq 
por la subida al trono del nuevo soberano^ hicreroo olvi^ 
dar los tristes recuerdos del Réquiem etemam cfue én el día 
1 i de diciembre del año anterior, resonaron por el eterno 
descanso del gran rey Carlos III. 

Cosas son del mundo : cuanto mayores las satisfacción 
nes y placeres que nos rodean en la vida, mas pronto ol*^ 
vidamos hasta lo mas querido que la muerte nos arrebata; y 
cuanto mas poderosa y rica es la persona que fallece, es me- 
nos sentida de sus parlen tes, que de susdeudos y amigos. Kl 
ínteres, generalmente hablando, embota los sentimientos 



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-0^ «•• ^o- 

del alma, porque el amor sin interés solo lo conocen los 
corazones privilegiados por Dios. 

La exaltación al trono de Carlos IV fué celebrada con 
una ostentación digna de los reyes de España^ de la aris- 
tocracia , y del pueblo castellano. La música tuvo una par- 
te muy activa en toémh» fi^^s qtte se celebraron , tanto 
en las iglesias como en los teatros^ tanteen las danzas pú- 
blicas como en los cantares del pueblo^ y en todo lo que 
tendia áaoimar el júbilo general de itan fausto aconteci- 
miento. 

Los espectáculos dramáticos y líricos españoles y ex- 
tranjeros, volvieron á recobrar nueva vida, continuando 
la preferencia de la aristocracia á la música italiana, y por 
consiguiente adelantando muy poco la española en las fun- 
ciones teatrales. Sin embargo, alentados machos de nues- 
tros compositores por la afición del nuevo monarca á la 
música, volvieron á emprender el trabajo de crear la ópe- 
ra española : unos lomando por tipo nuestras antiguas zar- 
zuelas^ y oíros queriendo seguir la senda trazada por los 
it|aliaqo&; 

Para ^ oiejer! áxíta de tan patriótico pensamiento, es- 
cribió D>LfaBclroFérdandéz de Moratin una zarzuela, que 
pMgai^p»tnÚ6Íoael mmstro y organista de la real capilla 
deS« M. D. }óaó Lidon , titulada El barón de lüescaSy que 
mte;tarde-8ii autor comírtió en comedia; y otra ópera 
española nominada ¿a conquisto delPe^ú, puesta en Adú- 
sica por el maestro D. Miguel López Remacha. Tantos ala- 
nés y dasvelosj oosirvierGín sino para paténtirar un nuevo 
desengaño I pues. no solo i:a6< composiciones españolas se 
recibieron con indiférencSa por la elevada clase de la so- 
ciedad ,.sioo que aun los sobresalientes cantores españoles 
fueron postergados á los extranjeros, por exigirlo así la 
moda , como lo manifiesta el Diario de las musas, perió- 



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dico que se publicaba en Madrídl (4)^ en el soneto siguietite. 
Al reconacicb y pooo celebrado mértío de la lorema Garrea. 

BlogioB mil á la Oltrabéli dieroD, 
del gran Musqueti el mérito ensalzaroD, 
vÍDO )a Gal! , todos se pasmaron ; 
mérito tuvo, el mérito aplaudieron. 

Los Tenores y Bufos dignos fueron 
del aplauso común que disfrutaron : 
primor y gracia en la Beniui ballarou, 
y á su gracia y primor justicia hicieron . 

Pues si primores, gracias, atractivos, 
destreza, y clara voz con dulce encanto 
recopilados vamos en ti sola, 
¿ Por qué razón, Lorenza, ó qué motivos > 
cuando á todos igualas en tu canto, 
callao de tí 1 porque eres espaflola. 

No fueron ya bastantes los excesivos gastos que para 
el mayor lacimiento de la ópera italiana se habian hecho 
en el teatro de los Caños del Peral, con menoscabo de los 
espectáculos dramáticos y líricos nacionales; sfno que se 
contrató por una creddisima suma á la eantante Luisa Fer* 
reira^ conocida por la Todi'(ÍÍ)> para que diese en el ante 
dicho teatro doce representaciones. 

Esta cantante^ cuya c^ebridadera europea, y cuya ad- 
quisición se disputaban los principales teatros de Europa 
con ofrecimientos exorbitantes, se decidió venir á España, 
porque la empresa del teatro de los CaAos sobrepujó en su 
ajuste á todas las demás. 

Hfzose saber al público de Madrid oficialmente la llega- 
da de tan celebrada cantaote> y que deseando el rey que el 



(f) Númer<)pertdii«etoBle«12SdeeMro dci79t. ' 

(2) El nombre de Todi lo tomó esta cantante de su maestro Francisco Todi, como 

(ina prucha de ^^titad á su esmerada enseñanza. Esta cantante nació en un pueblo de 

Porlii^ral en las inmediaciones de O porto. 



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-»9 ••• €^ 

público disfrutase de las doce funciones contratadas sin un 
excesivo gravamen en el precio de las localidades, solo se 
aumentara el dobie de lo pagado comunmente en los pal- 
cos, lunetas y demás asientos fijos : y el 25 de agostp del 
año de 4792, en celebridad del día de la reina, hizo su 
primera salida la Todi, en la ópera titulada : Dido aban- 
(lonaUa, cuya obra repitió en todas las representaciones 
para que fué ajustada. 

Aun no finalizado el ajuste de la Todí^ la empresa con- 
trató otra cantante no menos célebre, llamada Brígida 
Giorgi Banti, sin duda alguna con el objeto de despertarla 
rivalidad entre ambas, aumentar el interés en las funcio- 
nes, y por consiguiente las entradas del coliseo, que hasta 
entonces no cubrían ni con mucho los excesivos gastos que 
se hacían, por no asistir con frecuencia la masa del público 
que dá vida y animadon á toda clase de espectáculos. 

Za Cenobia de PcUmira, fué la ópera elegida por la Ban- 
ti para su estreno, y en ella produjo tan grande entusias- 
mo ^ que la Todi nuevamente ajustada , y envidiosa del 
triunfo de so rival > se presentó en escena á- los pocos dias 
eco la ópera de Alefandro en fifidias, en la que alcanzó una 
ovación completa, que al poca tiempo fué también oscure- 
cida por la Banti en la Venganza de Niño. 

Esta animación y esta rivalidad, produjeron, como era 
consiguiente, la división del escaso público asistente, en dos 
partidos, papitaneados por dos personajes poderosos de la 
corte en belleza y elevada alcurnia. El partido de la Todi 
lo dirigia la duquesa de Osuna , y el.de la Banti la de Al- 
ba, prodigando á porfía á sus respectivos ídolos tan gran- 
des y magníficos regalos , que aun hoy dia, según la opi- 
nión del señor Diana (1), se hallan atrasadas muchas de 

(I) Mcmoila dA Tealro Real de Madrid. 



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las casas mas fuertes de España entonces, por los excesos 
de tan doloroso fanatismo. 

Mientras esto sucedía con el espectáculo extranjero^ 
el teatro nacional era sostenido por el pueblo y la clase 
media , como su mas predilecta diversión. En las tertulias^ 
en los saraos, por las calles y las plazas, se eantaban los 
polos, segmdillas, y trozos de los oraíorm sacros que se 
ejecutaban en los teaj:ros de la Cruz y Principe, y muehas 
otras composiciones partteulares del mismo género (4) i 

Los despilfafros y locuras que tuvieron lugar durante 
la permanencia en Madrid de laa dos cantantes rivales, Todi 
y'Banti, tuvieron fin al terminar ambos contratos, y el 
teatro de los Cíalos del Peral sucun^lnópor sos machas 
pérdidas ; el entusiasmo á la múáca italiana se enfrió con 
sus exceisivos gastos; y las modestas zarzuelas y sencillas 
tonadillas de Don Gerónimo de la Torre , Bayo , Don Juan 
del Moral, Don Juan Hidalgo, y Don Blásido la Seroa^sos* 
tenidas por el público en general, volvieron á ser el recreo 
de toda la corte, distrayendo también á la aristocracia, 
que á falta, tal vez, de su diversión favorita, se contentaba 
con los espectáculos nacionales , y formapdo parte de la 
tertulia de la celebrada María del Rosario > conocida por 
la Tirana y en donde se veían grandes de Espalla, emba- 
jadores y ministros. 

Entre los compositores lirico-dramáticos' que obtuvie- 
ron mejor fortuna en sus obras, se hallaban Don Francisco 

(1) Bo l06 diaiioB de Madrid de aqaella éfoea se leen los ánmieio^ de la música que 
se vendía, y casi toda era eapaíiola, como lo prueba el siguiente del dia 22 de setiem- 
bre de 1792.—» Música, Tirana del Globo, de diferente autor que la anterior k 6 realleá. 
Colección quinta de seis boleras diferentes de las anterioi^es á 9. reales. Se hallarán con 
las colecciones primeras, el dúo de clave con flauta y violin, los dos dúos de flautas 
ó violines, varios minuetes, contradanzas, marchas y pastorelas para cla?^» llanta, y lio- 
Unes, y algunas otras tiranas y seguidillas de teatro, sinfonías y trioa, y al^i^ias obras de 
capilla, en las librerías de Escribano, calle de Carretas, y de Fernandez Trente á las gra- 
das de San Felipe. Se reciben recados para lecciones de clave, -flauta y vlolii. ; t 



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Pareja y Don Blas de la Serna ^ aiaestro de música eotooces 
del teatro de la Cruz. 

Este distinguido y popular compositor^ escribió la ópera 
espafiola J/iGilimüía par amor, que alcansó un brillante 
éxito , y la Lorenza Correa un completo triunfo. De dicho 
autor aun se oyen con gusto machas desús tonadillaa^ y 
ms sencillos cantos se conservan por tradición en todas las 
clases de la sociedad , como son la tirana del TripiU, que 
se canta en la tonadilla de los Moatros de la Raboso , las 
seguidillas del Triunfa de las miiigerts, y otroe muchos tro- 
sos á cual mas originales y bellos. 

Las tonadillas y sarzuelaa^ tanto de Pareja y la Sema, 
como de otros compositoras, ftieroo lograncb mayores 
triunfos ó medida que se iban oyendo chutadas por unos 
cantores como las doa hermanas Correas y las Morenos^ 
Manuel García, y Acuña, que á mas de saber interpretar los 
pensamientoa de los autores, realzaban sus bellezas con la 
excelencia de sus voca» y la inspiración de sus genios. 

Por los años de 4797 abrió sus puertas el teatro de los 
Caíhtídel Peral á la tragedia espafiola alternada con la 
ópera italiana ; pero fueron tantos los enemigos que tuvo 
dicho Qoliaeo en esta época , que á pesar de los baiülos mu- 
nicipales para conserfar el orden en las funciones, y de 
haberse formado un partido denominado de los P^nduros, 
para defenderlo , no podo conseguir atraer el público á sus 
espeetáeuLos ^ y que en estos hubiese el orden y compos- 
tura necesarios. 

Tan deplorable estado fué debido á las malas compa- 
fiias de ópera , y á la popularidad que habian logrado al- 
canzar las funciones lírico-dramáticas españolas de los 
teatros de la Cruz y del Príncipe. 

El éxito de estas funciones debió ser el verdadero ci- 
miento de nutotro moderno teatro Úrico , si conforme te- 



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niamos cantores, hubiesen tenido unión los maestros com- 
positores, poetas y literatos, formando entre todos un 
buen plan apoyado por el gobierno, y llevado á efecto por 
las empresas, hasta su completa perfección. 

Hubo, sin embargo, un distinguido compositor que 
quiso llevará cabo tan gran pensamiento por la verdadera 
senda de seguros adelantos, en compañía de D. Esteban 
Cristian!, que aunque italiano de nacimiento, hacia muchos 
años se hallaba avecindado en Madrid; pero dicho compo- 
sitor, que lo era D. Francisco Antonio Gutiérrez , capellán 
de S. M. y maestro de capilla del real convento de la En- 
carnación, tuvo que ceder el puestea la intriga y atrevida 
ignorancia de D. Francisco Bidangos, tenor de dicha capi- 
lla. Este habiendo hecho oir una opereta de su compo-* 
sicion, ¡titulada Idi Isabela, formada de retazos de óperas ita- 
lianas mal zurcidos y peor combinados, y por consiguiente 
sin ideas propias ni fundamento alguno para la creación del 
drama lírico nacional , tuvo , con el buen éxito de seme- 
jante obra, y su entremetido genio, el suficiente apoyo para 
que le cediesen el teatro de los Caños , con el fin de esta- 
blecer en él la ópera española. 

Gomo dicho Bidangos no tenia los mayores conocimien- 
tos en el contrapunto y composición , ni el talento necesa- 
rio para llevar adelante tan ardua empresa , se unió al pri- 
mer violin de baile, llamado Ronzi, hijo del bailarín Gas- 
par Ronzi, que se hallaba en la compañía que con la de 
ópera italiana alternaba en el teatro de los Caños , el año 
de 4787. Dicho violinista Ronzi, presentó ante el público 
sus 4os primeras obras, que fueron dos oratorios sacros 
compuestos de retazos de óperas italiauas, ambos aplau- 
didos, mas que por su mérito , por la buena ejecución de 
los cantantes españoles. 

Tan Usonjero éxito , aunque efímero, hizo aumentar en 

TOMO IV. 29 



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Bidangos y Ronzi, no el entusiasmo artístico^ ni el buen 
nombre de la nación , sino la avaricia de especuladores. 
Sin contar para nada con los buenos maestros y cantantes 
españoles^ mandaron contratar en Italia un compositor con 
el objeto de que escribiese óperas españolas , y ajustaron 
una nueva compañía de cantores principiantes, en la que 
solo babia el bajo D. José Torrellas , distinguido profesor, 
que después pasó á la capilla de la catedral de Córdoba, y 
mas tarde á la real de S. M. en donde aun tuvimos el gusto 
de escuchar su hermosa voz por lósanos de í 833 y 34. 

El maestro que Ronzi y Bidangos habian mandado 
contratar en Italia, no vino, y sin obras nuevas que eje- 
cutar á la apertura de la temporada cómica, vuélvese á 
reproducir la Isabela : mas como su mérito era escaso, y 
el éxito anteriormente conseguido se debió á la ejecución 
de los cantantes, no siendo ésta tan afortunada esta vez^ 
mereció el desagrado del público. 

En tan apurada situación, los dos concesionarios ante- 
dichos, mandan traducir al idioma castellano las mejores 
obras de autores extranjeros; y peor interpretadas que tra- 
ducidas, son reprobadas también, volviendo el público á 
desamparar el teatro de los Caños del Peral, dando su pre- 
dilección álos déla Cruz y Príncipe, en donde la Lorenza 
Correa y Manuel García, entusiasmaban á los espectadores 
con producciones puramente españolas. 

Otra ocasión propicia para nuestra música lirico-dramá* 
tica, desaprovechada por nuestros compositores y poetas, 
y vuelta á recoger por el especulador iíaliano Ronzi. 

En efecto, conociendo este violinista la nulidad de Bi- 
dangos y el golpe en vago que habia dado uniéndose á él, 
pidió al gobierno deS. M. el teatrode los Caños, como úni- 
co empresario; obligándose á presentar los mejores can- 
tantes nacionales que hubiese, y á ejecutar las mas sobre- 



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-o^ ••« ^^ 

salientes producciones españolas. £1 gobierno no solo acce- 
de á esta petición, sino que por una real orden fechada en 
Marzo de 4 801 , se prohibe la admisión de cantantes extran- 
jeros en los teatros, y se le dá á Ronzi en arriendo, á mas 
del teatro de los Caños, los de la Cruz y el Principe, ha- 
ciendo al violinista italiano, único y exclusivo director del 
gusto lírico-dramático de la corte. 

Bajo la nueva dirección, quedan los teatros de la Cruz y 
Príncipe para compañías de verso, y el de los Caños del Pe- 
ral elegido únicamente para la música , trasladándose á él 
los populares cantantes que en los otros trabajaban. 

Los compositores españoles que vieron en esta conce- 
sión un tiro casi directo al pensamiento de la ópera nacio- 
nal, por ser Ronzi enemigo encubierto de ella y no muy 
afecto á ellos, abandonaron del todo la música teatral, 
hasta los que se habian hecho populares en este género. 

Ábrese de nuevo el teatro de los Caños con buenos 
cantantes, pero con obras extranjeras aderezadas con pa- 
labras castellanas, ó con argumentos traducidos pueslosen 
música, de varios autores, por el italiano Ronzi; y no en- 
contrando el público recreo en las nuevas producciones 
líricas, deja á sus predilectos cantantes, y se decide por 
las funciones dramáticas de los otros teatros. 

Viene de Italia el maestro D. Francisco Federici, llama- 
do por Ronzi para escribir óperas españolas ; y si bien la 
primera producción que puso en escena no disgustó, tam- 
bién los resultados fueron poco satisfactorios para la em- 
presa. 

En este estado se hallaban los teatros de Madrid, cuan- 
do tuvo lugar el incendio ocurrido en el del Príncipe, y la 
maledicencia de muchos descontentos que habia hecho la 
conducta de Ronzi , señaló á este como autor de tal desgra- 
cia^ apoyándose en el pdio que dicho empresario tenia á 



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-o^ ttS ^o- 

los espectáculos dramáticos. No creemos que semejante 
atentado fuese cometido con premeditación, pero io cierlo 
es,que el gobierno separó á Ronzi de las empresas teatra- 
les, y no volvió á figurar mas en la corte. 

La existencia de los teatros en esta época era muy pre- 
caria, y Manuel García abandonó la corte marchando á 
Málaga, en cuya ciudad fué recibido con entusiasmo: ha- 
ciendo oiren aquel teatro varias de sus composiciones, en- 
tre las cuales sobresalió su primera ópera titulada : El 
Preso, sacado su argumento de la pieza francesa Le Pn- 
sionner á la Resemblance. 

Para ocupar el gran vacío que dejara Manuel García en 
la corte, se hizo venir de Cádiz á Bernardo Gil, quien so- 
bresaliendo igualmente en el canto que en la declamación, 
la mesa censoria le colocó en el teatro del Príncipe para 
desempeñar á un tiempo las partes de galán de verso y 
música, en las que fué muy aplaudido (í ). 

Declárase en Málaga la fiebre amarilla y deja García di- 
cha ciudad volviendo á la corte con contentamiento de los 
aficionados á la música. Bajo su dirección y la del célebre 
Maiquez, se organizan dos compañías, una de verso y otra 
de canto para los años del Peral , y vuelve á renacer en el 
público la esperanza de ver planteados cual debieran sus es- 
pectáculos predilectos. . 

En efecto, Manuel García empieza á hacer oir sus pro- 
ducciones lírico-dramáticas, entusiasmando al público 



(1) Bernardo Gil, nació en la Granja y murió en la corte, & la edad de sesenta abes, 
en 1832. En las piezas que mas se distinguió este cantante fueron en el DeíiVto, Adol- 
fo y Claray El Preso, El Califa, locondo y otras. Después de haber cantado en la corte 
un ano, marchó á París é Italia y volvió ú Madrid en 1814 donde continuó trabajando 
con aplauso hasta el ano de 1820 que tuvo que jubilarse por su falta de salud. Sus grandes 
conocimientos en la dirección de escena, le valieron el que después de Jtibilado, le eligie- 
sen sus companeros director ó autor de las compañías que funcionaban en los teatros d« 
la Cruz y Príncipe, hasta un ano antes de su muerte. 



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tanto por la originalidad y gusto de ellas, como por lo bien 
ejecutadas y puestas en esceña. El Criado fingido, El Far- 
fulla, poesía deD. Ramón de la Cruz; El Tioyla Tia^ Quien 
porfia mucho alcanza, El cautiverio apárenle^ El reloj de 
madera. El hablador, Los ripios del maestro Adam, Fio- 
rinda, y El poeta calculista, poesía de D. Diego del Casti- 
llo, fueron obras que alcanzaron una popularidad extra- 
ordinaria, recorriendo la mayor parte de los teatros do 
España con un éxito brillante, por sus melodías distintas 
en untodo délas italianas, alemanas y francesas. Muchos 
de ellas son todavía populares y se escuchan con un mar- 
cado placer, entre las que citaremos, la canción del Caballo, 
"^ el Polo, cuya letra empieza: 

Yo que soy contrabandista 
y campo por mis respetos, 
á todos los desafío 
y á ninguno tengo miedo, etc. 

Manuel García era el hombre iniciado para fundar sóli- 
damente nuestro teatro lírico nacional , tanto por la inspi- 
ración de sus cantos, como por la ejecución de ellos, la 
popularidad alcanzada con su mérito, y entender el gus- 
to del público y los ne^jocios teatrales. Pero los aconteci- 
mientos políticos nos arrebataron tan sobresaliente inge- 
nio, como nos arrebataron la calma y bien estar de las 
familias. 

Lorenza Correa marchó á Italia, como antes lo habían 
efectuado las Morenos ; y García salió para París en cuya 
capital se dio á conocer con un feliz éxito, el dia í 1 de fe- 
brero de í808, con la ópera del maestro Paer, titulada: 
La Griselda. 

El tenor español García ha sido el genio mas privile- 
giado que hasta el presente han conocido los teatros de 
Europa . Su escuela de canto ha perfeccionado la italiana 



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y francesa : sus composiciones han generalizado y hecho 
conocer el gusto de las melodías españolas: su voz ha su- 
blimado los cantos de los mas sobresalientes compositores 
estrangeros, y á su talento se le debe gran parte de la glo- 
riosa corona que ciñe el inmortal y sublime Cisne de Pesa- 
re^ Joaquín Rossini. 

Para su beneficio puso García en escena en el tea- 
tro italiano de Paris el dia45 de mayo de 4809^ su obra 
nominada El poeta calculista: arrancando entusiastas aplau- 
sos de la numerosa y escogida concurrencia que llenaba el 
teatro en las muchas y consecutivas noc hes que se ejecutó^ 
y haciéndole repetir en todas ellas tres ó cuatro piezas de las 
siete que componen dicha producción española. De Fran- 
cia^ pasó García á Italia en 1 81 4 ^ y fué aplaudido con entu- 
siasmo en Turin , Ñapóles y Roma , mereciendo ser nom- 
brado académico filarmónico de Bolonia y primer tenor 
de la cámara y capilla de Murat. En 1812 se representó 
con feliz éxito en el teatro de San Carlos de Ñápeles su 
ópera en dos actos // Califa debagdad. En 4816 escribió 
Rossini en dicha capital para los dos genios españoles^ Isa- 
bel Colbran y Manuel García, el Otello, como en 1814 
habia escrito para la distinguida española í^renza Correa, 
el Aureliano en Palmira. Para García compuso el mismo 
maestro, el Barbero de Sevilla, en cuya obra intercaló por 
final, una melodía del célebre tenor español , como hizo 
Rubini en París, y en la misma ópera el año de 1 831 , con 
la canción Se ilmio nome saper voy bramóte , composicioa 
de García, que en nada desmerece de las demás piezas que 
componen tan popular é inspirada partitura. A fines del 
año de 1816, volvió García al teatro italiano de París, pre- 
sentándose de nuevo ante el público con la ópera M Ma- 
trimonio secreto, cautivándose las simpatías de los exigen- 
tes parisienses, con su genio y su talento sin rival en la 



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-»# tSt ^<y 

ejecución de todos los papeles confiados á su cuidado, cu- 
yo desempeño, era siennpre el de la perfección, sin haber 
hecho nunca variar á ningún compositor, la mas pequeña 
friase en las obras que para él se escribieron. 

Un año pasó en Londres cantando en compañía de la 
Fodór, y causando el mismo entusiasmo que en París : vol- 
viendo á esta capital después, para ser el primero en hacer 
oir la inspirada música de Rossini, desconocida hasta en- 
tonces del público parisiense. 

La época mas brillante de García fué desde 4848á 
4824, cuyo tiempo pasó en Paris Sin conocer rival como 
cantante; haciéndose aplaudir como compositor, en las 
óperas francesas é italianas de su composición tituladas: 
Za morí du Tasse y Flor están , La Menniere, é II Fazzo^ 
lelo; siendo el mas sobresaliente maestro de canto de la 
corte de Francia , entre cuyos discípulos sé cuentan su hi- 
jo Manuel, María conocida por la Malibran , y Paulina, la 
condesa de Merlin , la señorita FavelU , la Merie-Lalandey 
Adolfo Nourit ; y mereciendo se le nombrase primer tenor 
de la cámara y capilla de S. M. el rey de los franceses. 

Establecido García en Londres por haber sido ajusta- 
do para aquel teatro en 4824, creó una academia de canto 
á la que asistieron en algunas ocasiones, según Fetis, más 
de óchenla discípulos : acabando sus estudios en este centro 
musical su hija Maria , la cual hizo su estreno en 1825 
con el papel de Resina en el Barbero de Sevilla, nivelán- 
dose en su primera representación á las cantantes mas so- 
bresalientes de su tiempo. 

Después de haber pasado Manuel García algunos años 
en Nueva York y Méjico, en donde fué á la vez empresa- 
rio, compositor, director de orquesta, cantor, maestro 
de coros, y aun maquinista , volvió otra vez á París lleno 
de achaques por sus continuos trabajos , y pobre por haber 



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sido robado á su regreso de América : encontrando eo la 
capital de Francia la protección y amparo que da la ilustro* 
cion al genio, hasla su muerte acaecida el 9 de junio de 
1832^ á los 57 años de edad. Al entierro de García asistie- 
ron todos los profesores distinguidos de París, y muchas 
personas notables en los varios ramos del sabe^r bumapo; 
y aunque se nos tache de pesados, vamos á reproducir con 
gusto una correspondencia de un testigo ocular de esta so- 
solemnidad religiosa, para pagar un tributo de admiración al 
sublime artista, y un recuerdo de entusiasmo al genio es- 
pañol, ya que su patria lo condenó al ostracismo, encuio- 
brando á medianías estrañas. Dice así la correspond^eocia: 

« El día 9 de junio últiaio falleció en París de una enfermedad tan 
desconocida por sus primeros síntomas, como ejecutiva por sus progre- 
sos, el célebre español Manuel García, tan sobresaliente actor y ca»- 
tante , como emineiite compositor y músico. No parece sino que las ma- 
yores notabilidades de París se han emplazado para abandonar este 
suelo emporio de la civilización , y en muy corto período se han reuni- 
do en el sepulcro muchos de los hombres mas famosos de la culta Euro- 
pa. Pero si Lamarque y Persier solo han provocado el llanto interesado 
de sus bandos respectivos , Couvier y García , mas afortunados por ser 
menos hostiles , han excitado el sentimiento de todos los partidos , Yeo- 
taja que siempre tendrán las ciencias y las artes sobre los colores polí- 
ticos y las disensiones civiles. García que comenzó su carrera por seise 
de la catedral de Sevilla , ha visitado mucha parte de Europa y Améri- 
ca , admirando siempre por sus talentos siempre nuevos , y por sus fa- 
cultades artísticas , que no han desmayado ni un punto en su dilatada 
carrera. Lo mas distinguido de París asistió al funeral , pronunciándose 
sobre la tumba algunas palabras de dolor y despedida. Han sido mny 
notables los discursos pronunciados por los señores Castil-Blaze ^Fe- 
tis , Troupenas y un amigo del hijo de García , cuyo nombre no descu- 
bren los periódicos. La obra que escribía sobre el canto , y que tantos 
afanes y estudios le había costado, no quedará sin provecho para el arte 
puesto que su hijo Manuel, digno discípulo y heredero de los talentos 
del padre , toma á su cargo el no de^fecundar al mundo de joya tan pre- 
ciosa. Cuantos hijos ha tenido García han sobresalido sjlempra por algún 
talento escénico, y una niña que ha dejado, ya iniciada en los encan- 
tos de la música, promete hacer sentir en Europa los mágicos acentos de 
la Malibran su hermana. García ha sido universal en su arte, y tan su- 
perior se mostraba haciendo sentir los altos pensamientos de l^s^rt^ 



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•o^ «ss ««- 

oomo los dulces , fáeil^s y melodiosos sones de la Andalucía su país na- 
tal : cuando se publique su obra sobre el canto , su memoria , ya que 
Bo su firente , se adornará con una triple corona. 

«He aquí el discurso mas notable pronunciado sobre el sepulcro, y 
becbo por Mr. M. P. B.» intimo amigo del bijo de Manuel Oarcia.— Se. 
llores : Honrado con la amistad de Manuel Qarda , é intimamente uní'- 
do desde la infancia con el bijo de este artista célebre, á quien un^ tan 
cruel y prematura muerte acaba de arrebatar al arte y á la amistad , es 
para mi un deber venir en nombre de este bijo ausente á dirigir el úl- 
timo adiós á aquel que fué á la vez objeto de su cariño y de su respeto. 
Al talento de cantor dramático y de compositor, unia García otro no 
menos brillante ni menos elevado y en el que no tenia rival, el de pro- 
fesor. Mientras que nosotros ofrecemos aquí un triste obsequio á sus 
mortales despojos, sus discípulos llevan aun la gloria de su nombre á 
los lugares en que ba dejado tan duraderos recuerdos de sus triunfos* 
Mas feliz que sus émulos, gozará de una doble celebridad como artista; 
los discípulos que ba formado, aquellos que saldrán de la escuela , cu^i* 
yos firmes y duraderos cimientos ba puesto , barán aplaudir por largos 
años el nombre de García en toda la Europa música. Joven aun García 
gozaba ya de un nombre célebre, y sinbaber tenido jamás maestro, al- 
canzaba un distinguido rango entre los tenoree mas bábiles. Músicd 
perfecto , dotado de una voz fácil y penetrante , era un cantor solo di^ 
instinto. En esta época de su vida fué cuando vino por la vez primera i 
París, y aun recuerdan los aflcioiíados con cuanta gracia y encanta 
ertecutaba el Paulino del Mtrifmmio Sacr^ta. Para oiuúquieraotiio, esto bu« 
biera sido la perfección ; para (garcía no fué mas qu^ el primer paso en 
la carrera. IiOs italianos babian ya aplaudido con entusiasmo su talen- 
to cantante , y lo babian «oloóado en el rangro de los mas distinguidos, 
cuando tuvo la suerte de conocer al célebre Anzani , el García del.siglp 
pasado. Anzani, uno de los últimos vastagos de aquella famosa escuela 
que arrojó tan grran resplandor en los siglos xvu y xvm ; Anzani , cuya 
vecindad demasiado peligrosa temían los famosos sopranos, se i^cionó 
á García y lo inició en los secretos del método que babla becbo por tan^ 
to tiempo la gloria de la Italia. A vosotros consta como aprovecbó García 
estospreciotos cenador, vosotros lo babeis admirado en los mas bellos días 
de su carrera dramática; vosotros sabéis á qué grado da perfección se 
elevó ; pero vosotros no babeis podido , como aquellos que lo ban trata- 
do con Intimidad, ver con que improbo ardor empleó todo el vigor de su 
talento en eradelanto de un arte que bacía su felicidad como babia ber 
cbo su gloria. Todos sus discípulos fueron sus amigos ; vosotros cono-*, 
ceis sus nombres, que ocupan un lugar entre los délos mas distinguí-* 
dos. Ñápeles, París, Milán, Londres, Genova y Madrid k» aplauden 
diariamente: Manuel García, beredero del nombre y del talento de su 
padre, seguirá dignamiente su brillante carrera. La escuela no dege- 
nerará en sus manos. 

^García, aunque natural de España, amaba apasionadamente la 
Tomo iv. 3# 



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Franeiii: y al conoluir su otrrera dramática., en etlaítié áimái qvAm 
ñjarse, y por 1& sola influeocia de su flEkma y de sus trtbajot nonsigoió 
hacer de París la metrópoli del «rte de cantar. Bten dlHaat^ del mes^ 
Quino agiáamo da loa ritios mae^aroa de Italia , la única pFeocnpaeion 
de este graade arélata em la de haesr aeoesiblea á tedea lea amigoa del 
arto , los teaoros que habia amontonado su larga experieneia* Be ooupó 
toda,su vida en fcmnar un gran tratado aoerea del arto de oaotar ; pero 
er^ tal su aoTeildad para consigo mismo que le liemes visto en sus úl« 
timos a&QB rebaoer por doe ó tree veces su Inmenso trabajo. Bl fruto de 
tantas vigrillas no se verá perdid<^ ; el mas digno , el mas duradero mo« 
numento que puede au hijo levantar á su memoria es la publioacion de 
esta obra maaatra (1). García ba dejado aun otra obra por conoluir, la 
eduoaeioi^ de una niña , cuya rara y precoa Intoligapchi se eomplada 
en desarrollar y y á la que anunciaba el soas brillante porvenir, cañfyéa^ 
dola ya émula digrna de su ilustre hija la furimera cantatriz de nuestro 
tiempo. Los amigos del arto, loa amigos del artista podrán al menos 
consotorae. con la idea de que Garoia po ha muerto absolntameiito ()). » 

La capital de Francia ha rendido siempre un justo tri- 
buto de adcDÁraoiiOO y respeto á la momería del ilustra ar-^ 
tieta éspáflol Manuel García , admirando sus obras y colo- 
cando su nombre en l8\ §ala del teatro italiaíio , e^. medio 
de loa fím eaotareoídos^ genios de la música. Eq cambioy en 
España ha permanecido por mucho tiempo releído al 
olvido f y olvidadas 9«$ obras ; y habiíéndose coastruido 
muehos y buenos teatros^ en nuestros dias, en nm^ode 



(1) Bita oUMUildepabKéiiáaénlNurtehámptfcMáaosbij^M tiento de ^<m 
Garoi% ipop oa Wjo Maaael. A\ aoo üipiriBQte ds tu puMiMusioa, faé Iraátteidá Al KálUno 
por ^ei^Hfkiwoato, ip«MMrf de onalo del Qqnien«t#rio.4e Miluí, iiiapma«nelgnia 
e8t«meciDiJú9iito d9 Juau Bko?dj< Sil». 9^goim dudny la $iw «tNfi de G««^e$ lsiifiia«ra 
escuela de c«nio qu<f ha«ta el dia 8e lia publicado- 

(2) Las obras que Maouel García dejó escritas & m^s die las refetidtgi son.: ¿abtuma 
Pamigliaj ópera en un acto con letra de García j La gioventú d* Enricp F, en dos actos: 
ti Lupo (f Ústendej en dos actos ; TbándiU, én dos actos ; Le tre sultane^ en dos actos ; 
A$^}tkíépruám%aj en nn acto, Secutada ett Londres ; Lot dos maridos solteros^ en dos 
•etot^ Don^Qu^e, 6A dM «elos; tffM hora de matf^oti'Éo, eú un acto, cjjecntadt en Mé- 
JioQ ; £' üBlm áauinkUay Opuu dftSiOoii ootf-aceiapáiiÉttvfeiilo ^ pkmof Ji^pMnes, ópera 
(huptM ^«7atray 4f<«»» m dosMlos; flk flAnrtímekto ai gdosi, <ípa^á» Bal0D; Ja«na, 
<^ra ^paAol«^ m doA v^to» ; I treso^bd, óper» dcttaVm; Bisospaten ée BMfféBui, en doi 
actpa ;i;«cmwi, ó /¿M^ «iM<^4«r«»d^4akMopi MiQ«»iiOmí^^ depUno^y oaa 
gran colección de canciones españolas , de las que algún compos^tfifi 9ipd$piQ e^pnM 9pi 
ha aprorechado^ cambiándoles la letra y iítolo. , , 



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ellos^ «6«pitaaiido el de la Zarz^tiela de Madrid , se halie 
eeoülyido d oombre de Manuel Gafda, aiéüdo asi que se 
lebn €AM3 estraojeresl I 

Los comentarios aoli inátiles^ cuando tanto dicen loa 
becbo8« 

Los teatros de prorincia , en la ¿poca que vamos his« 
totiaBdt>, arrastraban unetida miserable persegoidcsami 
peral fanatismo religioso^ y desacreditados por las iMbs 
contfiá&iasqneen eUos foneÍDnabaa; escéptuaddo el de 
Barbekma^ en doKie tanta afición ba hibidd siempfé á la ^ 
íBíaicB Y la declamacioii ^ y tan buenas compftlbas de uno 
y otro genera hah trabajado constanieménte. 

Para dar uMa idea de esta verdad , copiaremoe las lis«* 
tas de las oompañies etpafiola é italiana qué en el afiO 
de 47$i íuncicmabaA en el teatro de Santa Cruz > dirigida 
la primera por Francisco Baus, y la segunda por el coaa** 
positor y empresario don Antonio Tottt , director que foé 
de la compafiia italiana de lús sitios reales en tiem^ de 
Garlos lli.'^Actrioes de verso : Francisca Laborda , Mafia 
del Amparo Morales , Maauelal^cfaeco^ con obligación de 
cantar, Isabel Calvillo^ Manuela Morales, graciosa de 
canto ;Tadea Sánchez, cantora > Petra Fernandez, cantora; 
Josefa Calvillo y Manuela Martineta. Actores : JoSef Ordo^ 
üea, Fernando Castro, Manuel Garcia^ José Fendevila^ eofñ 
obligación de cantar , Francisco de Paz ^ Justo Germán de 
Paz, Joaquín Alcaraz, Miguel Negre, Patricio Romero, Je-« 
sef Noraled , cantor gracioso y figurón ; IMouisio Ibafies» 
gracioso y cantor ; Francisco Sánchez, Andrés Cortinas, 
^lan de música , y Tomás Presas, músico. -*^Compefiia de 
canto italtaüo : Primera bofa absoluta, Ürsola Fabrizai ; se^ 
gunda bufa, María Palmieri Paoisíza; tercera bufa^ Antonia 
Mey. Primer tenor absoluto, PompiglicíPanizza. Otro tenor 
primero'^ Pedüe Bragazzi, Primer bufa atooluto , Cayeta-* 



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QO Neri. Otro primer bufo, Tomás Marqui. Apuntador y 
copista, Augel Yallí. Maestro y compositor, Antonio Tozzi. 

Por los datos que á la vista tenemos^ las compafiías de 
ópera italiana, hasta en el mismo Barcelona^ entusiasta de 
esta clase de espectáculos, eran pospuestas del público en 
general, á nuestras compañías decanto y verso espaSol; 
trabajando aquellas con escasa concurrencia, y estás con 
mucha, para aquel tiempo, según se desprende por los re- 
sultados de las entradas que hemos tenido la curiosidad de 
estractar de los Diarios antiguos de Barcelona. Trráitay 
una representación de cada compañía en los meses de no- 
viembre y diciembre de 4795, y parte de ^nero del 94, 
nos han dado por resultado: que la compañía española en 
51 representación, produjo 49,558 rs. vn., siendo la menor 
entrada de 728 rs. y la mayor de 4,454 ; y la italiana en el 
mismo número de fundones^ la de 26,642 rs., siendo la 
menor entrada de 504 rs. y la mayor de 4,870, que fué 
la del estreno de una ópera nueva compuesta por el di- 
rector de la compañía, titulada: Los Mancebos saboyardos^ 
pues la mayor de las anteriores, solo subió á 4,524 rs. 

Para darle en Barcelcnoia la preferencia á la compañía es- 
pañola por SOT la mas considerada, habia la costumbre en 
algunos dias, de que la italiana funcionase por la tarde y la 
española por la noche: como se vé, por ejemplo, en el anun- 
cio de la función del sábado 4 .Me marzo de 4794, en que 
á las 5 de la tarde se ejecutaba la ópera italiana La dama 
caprichosa ; y á las 8 de la noche, la comedia: Saber pre- 
miar la inocencia y castigar la (roícton; la tonadilla ácua* 
tro: Los amantes engañados y dos hermanas contrarias; el 
saínete : El matrimonio del muerto, y el baile : Los corsarios 
argelinos y pescadores valientes. 

Con el fin de que tuinieran mas aliciente las óperas ila- 
liataas, las denoqdinaban zarzuelas, y buscaban los árgu-*^ 



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•o^ Mt €^ 

mentos en nuestros gloriosos hechos históricos : asi es, que 

60 unos versos en elogio de ]a que compuso el maestro 

Tozzi titulada : El amor á la patria ó Córdoba librada de los 

moros j se lee en el Diario de avisos de Bareelona del 6 de 

febrero de 1795 lo siguiente: 

Chiari , clarísimo poeta , 
Compuso en zarzuela hermosa, 
El bello amor de la patria, 
Que echó á los moros de Córdoba. 
Apolo al oirel metro 
T su tan selecta prosa , 
Dijo y mandó, que en sublime 
Música se nos componga, etc. 

Yéase^ pues^ como nuestra poca protección y nuestra 
mucha incuria^ han sido la única causa de que se haya 
aclimatado la ópera italiana en España^ con abandono com- 
pleto deMa nacional; pues tanto por nuestra música y nues- 
tra lengua^ como por los argumentos sacados de hechos 
gloriosos^ nada tenemos que envidiar á ninguna nación 
estranjera^ sino la nacionalidad de que están poseidas. 



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i» .' . 



pilla de S. Mf— Concédeseles h los profesores d« la reaX chilla el nso de mUfbrave bor- 
dado.— tJnton de las dos cor|(M)rac!oiies.— Fuhdacion.de la concordia funeral de la real 
ci«rtl}a*^69tnt miH m^itfrtQ dedlnli» mtSd^ 4oti Jota Utat't^-Bfliaaa át Ifl mcUln 
de música del colólo de niños cantores> de U capilla de S« M.^Don jain^e Y^^ 7 Vi]a, 
j so* obras«-^bMf BfautidOFbsé Tfüj^e, y Sus obraft.— Varios naestfos jr of ganislas es- 
paHoloi ^e so()r)a0^froi^«*-*]^fi|(if|oi^ ¿)qlHu>n(>i^fi^^Qw.^*^^ V^ ^^ Sintipt^ 
Masam»u en e| ilrttsfas— Influencia de la música en los españoles, — Do^ Indalecio Soria- 
MFUeHes.-^^á'Jíbfe^Sob^^Qo; • ' - .... '../ * * • 

*■ ■ ! ' ... . ■.! ,^'J i iJ •;■ * .^. . .: ;^ / i: .. .,- 1 1 ■ . . • ; 

Amante dft ú, Wtííipieía *l rey Carlos ÍV,.íu cáiDftra'ireal 
era^ ^ wpjtw ^e lo» o^ ^otK^aUa^^e» príoíesortei <tó Bifue- 
lla ^ppppp, i^^f^;i^«|)^eA:(^^ 0^rcKiÍero^ Eo olUiluüíaii! 

(leftí, ]B9pl^Y?QÍí Yac^^qri^ M»nf¡r«4ii f BioftcUcir^ M«a()()ir 
m Iftia 1^ i;ívítUdí«l(W.4^ ar;tisti|8ll(|i¿da8Í««U>im «blffet* 
mo poco conveDieote, y por otro las intrigas cQfMaiUQAS 

que estalló después cou la Francia, hicieron desaparecer las 
- haJagüeras «speramas que e! arte pudo h$b«r cqísicebido 
para au encumbramiento y desarrollo. 

No iw» parece oportuno relatar ai comentar !a memo'- 
m queesctibró Alejandro Gióucher, primer violín de cá-* 
mará y maestro de S* W, Carlos IV;, por motivos que no son 
de este lugar t Iwste s^ber,, que Boacher n^a era feápaAoU. 



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•»^ sA^ Co- 
que debió toda su fortuna á nuestros monarcas^ y que no 
se acordó mucho de ello en su memoríSi (I). 

Como todos los honores y distinciones se los llevaban 
los profesores de Cámara^ los de la capilla real se creye- 
ron postergados y rebajados^ é hicieron una esposicion á 
S. M. pidiendo el usoiijte uniforiíiv^ b(^do como lo ienian 
aquellos, siendo asi que todos pertenecían al servicio de la 
real casa. La iniciativa de este pensamiento fué tomada por 
don Juan Cblbran, violin de dicha real capilla y padre de Ja 
Isabel Colbran, célebre cantora después, y esposa del maes- 
tro Joaquín Rossini; y aunque hubo una fuerte oposicioo 
por parte de los profesores de Cámara, entre los que so- 
bresalian los dos hermanos Branetti y don Manuel Espi- 
nosa, pretestando que no era justo se igualasen los de la 
capilla á los de la Cámara, sin embargo, con el apoyo del 
príncipe de Parma y príncipe de la Paz, lograron los de la 
capilla^(|0eS.: M/íésodncedieSe to solidtado. 
~ habiendo en k. efipillia profesores que ^ertenecien ó 
laf^ácbaírá, esiod porleispíritu <te la corporáciM' mtí distin- 
guidn ¿el monarca^ ise opusieron á firmai^ ía esposicion an- 
tedicha^ y por cdnsiguiénte á sufragar los gastos de la Co- 
misión <|tie' para el ni^jor buen é&itio de to pedido marchó 
al real sitk>' 4el l^coríat, compuesta de los profeeores 
don J«i8H 'Colbrán, ddn ftamon Páukidarias, y don Rafael 
Rftwreál. :> ' r : - I ■'..'•.■■ 

Tampoco quisieron asentir con lo solicitado los prde* 



remos de una, paré que por esta pueda colegirse la magnitud de las demás. Alq'andro 
Boucher asegura ^er el aptorde la. MoffueilUUj himno pf iríótiep Ananoés «irí]mV4o i Gre- 
try, y ^e dleho célebre'compositür desmintiendo estas Toces en bus Memoiret bu etsais 
surfav^wiqjitv, dice ; que la letra y música de diriid bimtio ftieroit eompiiastas por Mr» 
Rouget dé Lñle , y que lo 'único que éi hizo cuando* él' autor se lo l^mitlo á Paru desde 
Strashurgo. Aié sacar yarjaa copias t diitribuirlast— A la muerte de Feriando Vil, Bo«- 
<^er todavía se^háDabaen Madrid^ donde le coúodmos, y aunque niños entonces, recor- 
damos muchas de suSrescentrieidaaef ridiculas, copipi la de eolg^ en el^TioUn algunas dé 
las 'eóndeet>rációbe8 t^e tenhi, poi^e deciaqot el tiólb, y noel, las habla ganado. 



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•o^ «41 ««- 

sores cantores; y asi fué^ que el real decreto coacediendo el 
uso de uniforme bordado á los profesores de la real capilla, 
escluia á los de canto, como se infiere por el oficio que el 
ministerio de Gracia y Justicia pasó al mayordomo mayor 
de S. M. (í). 

Estas rivalidades entre los profesores de cámara y ca- 
pilla^ producidas por el estrangerismo de algunos de los 
primeros, y el resentimiento de muchos de los segundos, 
por haber llegado el caso de que á la muerte de Carlos 111 
ni aun se les incluyó en la testamentaria de dicho sobera- 
no^ no considerándolos como pertenecientes á la real casa^ 
pudo tener fatales consecuencias, si el tacto esquisito y 
no común talento de don José Lidon^ don José Teixidor y 
don Vicente Pérez, no hubiesen calmado los ánimos, con- 
siguiendo poco á poco las prerogativas y distinciones igua- 
les para ambas corporaciones. 

Entre las que alcanzaron, citaremos la de que habiendo* 
seles despojado á los profesores seglares de la capilla real, 
por los PP. Franciscos descaaos del convento de San Pas- 
cual^ del real sitio de Aranjuez, de la prerogativa que lenian 
de ir inmediatos á los capellanes de altar y de honor (2), 

(1) tExmo. Sr.— ElRej se ha servido aprobar el dibujo que ha acompasado V. E. 
eo IQ papel de 25 de este mes para el uniforme de los profesores de música instrumental 
ée la real capilla, eoyo uso tuvo á bien concederles por real orden del 15 del mismo ; y de 
la propia real orden lo participo á V. E. para su inteligencia y cumplimienio. Dios guarde 
i V. E. muchos afkos. San Lorenzo 28 de diciembre de 1795.— Eugenio de Llaguno.— 
Exmo. Sr. Mayordomo Mayor .—decreto del Mayordomo Mayor de S. If .«-^an Lorenzo 30 
de dleiembre de 1T92. — ^El Mayordomo Mayor.— Pase al intendente contralor general de 
la real casa, para su cumplimiento en la parte que le toca.* 

(2) En la etiqueta de Palacio y en el p&rrafo que alude á las procesiones en que asis- 
ten SS. MM. dice: que las comunidades religiosas vayan delante, y luego el cabildo de 
curas y beneficiados ,y presidiendo en el centro á este, el guión de la real capilla con los 
cantores y ministriles de ella, los capellanes de honor y predicadores de S. M.— En laeons- 
tltaelon 70, de las mandadas fbrmar en 1627 por el rey Felipe IV, dice : «Mandamos que 
siempre que se hallare Junta nuestra real capilla, haya de preceder y preceda aunque sea 
i cualquier cabildo, etc.»— En la Constitución 130 de las que se hicieron el afio 1757, se 
lee: «Ordenamos y mandamos: Que siempre que se hallare junta nuestra real capilla, y 
comunidad de capellanes de honor con cualquiera cabildo, congregación, ó comunidad, 
btya de preceder, y preceda á todos, que así es nuestra real voluntad. • 

TOMO nr. 54 ' 



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en hi procesiones á qne asistían SS. MM. , prerogativaque 
desde el Año de 4777 venían reclamando áú poderla lo-- 
grar; én ^96 la consiguieron, á pesar de tóner en contra 
á don Ignacio Malo, secretario del cardenal patriarca, j á 
don Ramón Ofíate, maestro de ceremonias (i). 

Concibieron y llevaron acabo también los antedichos 
tres profesores, el feli2 pensamiento de establecer nna 
hermandad ó asociación, para crear y mantener, á su costa 
y á la de sus sucesores que quisieran incorporarse á ella, un 
fondo existente para el pago de sus entierros, en atención 
á que muchos empleados de las clases que componían la 
real capilla no tenian los medios con que costearlos por la 
cortedad de sus dotaciones. Y reunidos todos los individuos 
que componían la real capilla en casa del více-maestro, 
primer organista don José Lidon, con anuencia f permiso 
del Cardenal Patriarca, fueron aprobadas por unanimidad 
las Constituciones de la Concordia funeral de la real capilla 
de S. M., y aprobadas por el Monarca eH8 de julio de 
1797 (2), 

(i) tElSf. PrfndpedeUPaittiofloiode 18 del corritnte, deérdoiMBcorflie dto 
lo siguiente : — Emmo. Sr. :'Con fecha de ayer me ha remitido el Sr. D. Eugenio de Lia- 
guno un memorial de los músicos seglarealde la real capilla, en que con motivo d« lo •€«*- 
ridoen la proeosion del Corpus de este*)aüo «n Ara^Jues acerca de si dditian k mftes 4 
después de la comunidad del real convento de San Pascual, solicita qM se las coiserfe «a 
la posesión de preceder en las procesiones i que asista el Rey, áeualquier cabildo ^«o- 
mu^üdad religiosa formando un cuerpo con los músicos eolesiástloos, capellanes de boaor 
7 piedioadores de S. M.Í y el informe de V. Eminencia. De todo he dado ciMOt» ai Regrí 
y S. M. se ha dignado declarar, que la música de su real capilla ddie tener la iimi^^^n 
preferencia, sin que obste á la posesión, en que hasta ahora ha estado de eUa, lo delermi* 
nado por V. Esaineneia en el caso que dio motivo i la citada repreesatscioni respecto de 
haber sido provisionalmente.— Cuya real orden comunico á V. S. para su Intetigeiidaí j 
que la tenga presente para gobierno de la real capilla. Y encargo k V. S. que Junto loe 
músicos seglares de esta y les haga saber la espresada real resolución para susatásíaecioB. 
Dios guarde á V. S. muchos abos. San Lorenio 19 de setiembre de 1796.— Antonio Gac4e * 
nal de Sentmanat Patriarca de las Indias.— Sr. D. José Isasi, Receptor do la real eapUU. 

(3) La primera constitución de esta eoneordfa está concebida en los ténünoe sjgitfm* 
tes: «Solamente podrá entrar en esta Concordia el maestro 'y vlcennaestro do eapOln, y 
los Individuos de las clases de capellanes de altar, capellanes de coro, músteos de vos éfni- 
trumentistas, que tengan plaaa Jurada con sueldo en la retí capilla.-— Laego quealgun te» 



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Para evitar las lavalidades habidas^ fueron nombrados 
nrachoa de la capilla real, profeaorai de cámara y vice- 
versa, y de esta detercpioacion reaultó la coQCordia eptre 
todos, y Concordia se la puso á la aaocisoiOQ de que hemos 
beeho referencia (4). 

Tan laliiq unioo dio por resultado^ «1 que considerados 
ya los profiasores de la capilla de S. M* en el r^al decreto 
iaoha 30 ét mayo de 4 798^ en que 6$ las pedia un donati- 
vo voluntario para sufragar los gastos estraordioaríos del 
estado, como dislmffuido$ con la confianza de ¡q$ Beyes por 
gozar el honor de servir mmediatomente á las personas de 
SjSf. MM. y de su real familia con mas proocmidod de sm 
beneficios; dio por resultado dic^o donativo la cantidad de 
30,604 reales y 4$ maravedises; cantidad algo crecida, si 
se consideran los sueldos que disfrutaban los profesores, 
el número de estos, y lo escasas que iban las pagas por el 
estado de la nación en dicha época, según lo manifiesta el 
suplemento á ia Gaceta de Madrid del martes 19 de junio 
de 4798. 

Jubilado por su avanzada edad el maestro de la real ca- 
pilla D, Antonio de Ugeoa el año de 4805, como dejamos 
ya dicho , entró á ocupar el magisterio y la rectoría del 



4ÍTkliio «te dtohm lelaief Jnreso pUua, ae le htii sabedor ^ esta Coneordií por el secro- 
taite, 9or si q^tore presentar noemorlai para ser admitido ; y oo ejecutándolo en el térn^no 
4i mi afto, bal)r4 de pagar en cualquier liempo qup lo solicite, ademas de cuarenta reales 
d* ftradi, lodas las mesadas, mirragios y desembolsos vencidos desde el cumplimiento 
da dicho término.— Los individuos actuales de las referidas clases que no han concurrido 
á U ftendacáoB de esta Coveordia, aeran admitidos ^uego que lo Foliciteo, no estando en- 
fermes al tiempo de au presentación, y satisfaciendo la misma {cantidad de entrada que los 
fcidadorai, j las meaadfls^ sufragios y desembolsos pagados desde la fundación.— Ent|«- 
iraiie meoMrial por el pretendiente al secretario, este le hará presente á la junta particular 
dt gobiMno, 4ue desde luego le admitirá en la Concordia, sin lomar informes de su vida 
gr aaatooibrq», por ser sufriente caJjQcacion la gracia dispensada por S. |I. á su persona.^ 
{{) D. Cayetano y D. Framsisoo Brunetti, D. Manuel Femando de Espinosa, D. Gaa- 
par Bavtt, B. Fi:aneiaco Vaccarl, y D. Alejandro Boucher, .individuos de la rea} cámara y 
4Mibjm de la eapiUat eseribieroo dia«4e irai4«e« adhiriéndose á lo acordado^ deseando 
pertenecer á la Goncopdia. 



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colegio de niños cantores D. José Lidon ; colegio que sos- 
tenido por el real patrimonio, pasaba una renta anual 
de veinte y cuatro mil reales para la manutención de seis 
plazas^ á mas del edificio y los sueldos de maestros y depen- 
dientes ; y por los papeles y efectos de «iseñanza que apa- 
recen en el inventarioque se hizo eldia 40 de junio del afio 
citado, podrá conocerse el estado en que se hallaba (4). 

Mucho mejoró dicho colegio con la entrada de Lidon, 
conociéndose al poco tiempo, tanto en el orden interior y 
mejora de libros y muebles, cuanto en el ramo de ense- 
fianza : asi como también la elección de obras para la real 
capilla, que descuidaba algún tanto su antecesor, por eje- 
cutarse casi siempre unas mismas. 

Por la época en que vamos historiando, las capillas de 
másica délas catedrales se hallaban en un estado brillante. 



(í) Inventarío de los efectof habidos en lai escuelas :— t Dos claTicordios grandes con 
registros, pintados con ias i^rmas reales . En los pies que cada uno de ellos tienen, dice: 
Heal Coliseo ; porque son del de las óperas en el Buen Retiro ; y los dieron para qua no 
estuviesen sin uso, pero con la condición de devolverse en cualesquiera tiempo en que se 
pidan.— Una papelera ó armario, con seis andanas, que servia en San Gerónimo para cus- 
todiar los papáes de música cuando SS. MBf . habitaron en el Buen Retiro : y tambicn 
habrá que devolverla cuando se pida para el mismo efecto.— Dos libros de misas k facis- 
tol, á cuatro voces : el uno es de Torres, de imprenta ; y el otro de PrenesUna, de mano, 
muy mal tratado. Un atril grande para estos libros.— El Stabat Mater de Pergolesi i dúo; 
todo completo y forradas en cabritilla encamada las siete partes de que se compone. — Ca- 
torce libros de solfeos, de varios autores.— Cuatro libros de dúos ; y dos cuadernos de va- 
rios autores.— Dos libros de arias de varios autores.^Varias arias, motetes y cantadas 
sueltas.— Varios cuatros letanías, y salves sueltos.— Unas reglas de acompañar impresas 
de D. José de Torres.— Una escuela de D. José Lidon.— Dos oratorios á 4 de D. Pranciaeo 
Corselli.— Un oratorio á 4 de D. Antonio Ugena.— Un oratorio i 4 de D. José Lidon.— Un 
diccionario de la lengua castellana.— Dos calepinos de Salas, muy usados. — Seis eateclamos 
de san Pió Quinto.— Cuatro artes, y dos Virgilios.— Seis libros ftbulas de Pedro, y tres 
Gomelios Nepotes. — Ocho libros sextos Aurelios, y dos cartas de Cicerón. — Cinco cartas de 
san Gerónimo.— Tres catecismos de Ripalda.— Las Obras de Fr. Luis de Granada en dleí 
y seis tomos de cuartilla muy mal tratadas. — Dos tomos en folio de las erónicaa de san 
Francisco.— Un breviario chico, muy mal tratado.— Una mesa grande, oon su cujon: y otra 
chica sin él.— Un banco mediano, y tres chicos, y tres cortinas de bayeta verde.— Nota: 
todos los papeles de música, especialmente los libros de solfeo y de dúos, y^el breviario y 
varios libros de gramática, con toda la obra del citado Fr. Luis de Granada^ están muy 
mal tratados y necesitan renovarse cuando haya caudales para ello,» 



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Maestros, organistas^ instromentistas y cantores, eran lo mas 
selecto^ por sus grandes conocimientos y sobresalientes fa- 
cultades. 

Don Jaime Valiusy Yila, que de maestro de la catedral 
de Gerona pasó á la catedral de Córdoba , cuyo magisterio, 
ganado por rigurosa oposición, se le confirió el 3 de junio 
de 4785, fué uno de los mas grandes compositores de su 
tiempo en el género religtoso ; no solo por sus profundos 
conocimientos en la ciencia armónica, sino por su inspirado 
genio en producir melodías, que al parque halagaban al ni- 
do, inducían al oyente á la contemplación y recogimiento 
debidos en el sagrado recinto de la iglesia. 

Las obras que de este maestro se conservan en los archi- 
vos de la catedral de Córdoba, son: la lamentación primera 
del miércoles Santo, áocho voces con todo instrumental; la 
primera del jueves, y la tercera del viernes, idem; el adjubor 
nos para el miércoles de ceniza ; los cuatro Benedictus para 
las cuatro dominicas de cuaresma, á seis voces, con bajo- 
nes ; la famosa Nona para el dia de la Asunción , á nueve vo- 
ces^ con instrumental ; el sin igual motete Hoc Corjms^ pa- 
ra el monumento, á cuatro, con instrumental; gran numero 
de salmos é himnos, para todas las primeras clases del afio, á 
ocho voces con toda orquesta ; cuatro magnificat, uno á 
cinco voces y los otros á ocho con instrumen tos; y otros tres 
mas ligeros, el uno á seis, y los otros dos á ocho ; ocho 
grandes misas áocho y á nueve voces con instrumental, de 
relevante mérito artístico^ y de sublime inspiración meló- 
dica: nueve misas mas cortas, cuatro, á cuatro voces, y otras 
cuatro á ocho, todas, menos una, con acompañamiento de 
orquesta ; y un gran número de motetes para todas las 
festividades del afio. 

Hemos tenido la fortuna de ver y estudiar todas estas 
obras, gracias á la amabilidad y complacencia del actual 



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maestro de capilla de la antedicha santa iglesia, D. Salva- 
dor Serrano; y todas ellas merecen nn puesto preferente 
éntrelas glorias musicales españolas, y una pluma mas bien 
cortada que la nuestra para encomiar sus bi^lezas. 

En noviembre dé ^823, pasó Baliusá ocupar el magis* 
terío del real convento de la Encamación deMadrid, con- 
servándole el cabildo de Córdoba su plaza, que desempañó 
el músico mas antiguo de dicha capilla, hasta el ano de 
4826, época de su muerte, que le fué conferida ¿ D. Juan 
de Ckíe^s el dia 46 de diciembre del mismo affo, después 
de una rigurosa oposición en que sus ejercicios fueron los 
mas sobresalientes. 

D. Manuel JoséDoyagüe, este genio privilegiado de la 
música sacra, y cuyas obras son la admiración de naciona* 
les y «strangeros, por la sencillez y sublimidad ^ $us 
cantoS) y la profundidad en sus combinaciones armónicas, 
nació y murió en la ciudad de Salamanca* emporio délas 
ciencias, y guia luminoso de los grandes talentos que en to- 
dos los remos del saber humano ha tenido la nación espa^ 
ñola. 

Denifio decoro de la catedral de Salamanca, subió Do- 
yagüe á dirigir interinamente la capilla de música el ano 
de 4784 , á los 26 de sn edad, por la imposibilidad de su 
maestro D.Juan Martin: confiriéndosele al mismo tiempo la 
cátedra de música, que únicamente conservaban las uni- 
versidades de Salamanca, Bolonia y Oxford. 

Habiendo dejado esta vida transitoria por la eterna de 
los justos el virtuoso y anciano maestro Martin, el afio 4e 
4760, se fijaros los edictos para las oposiciooes del ma- 
gisterio vacante, y fué elegido el joven DoyagÜQ maestro en 
propiedad por sus brillantes ejercicios; cuya elección fué 
oelebrada en Salamanca con bellas oomposieiooe» poética?, 
«ntpe las que desopiló la Oda «acrita púr D. Fran<^o 



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Príeto de Torres/ profesor «ntoocesde teología en aqoella 
ÜDiversídad. 

Doyagfie fué, sin duda, el primero qae inició la revo- 
lución de ideas en la música sagrada; con la pro(pndidad 
del filósofo y la libertad del genio, como mas tarde la hi- 
zo en la dramática europea el atrevido genio de Rossini. 
Pero Doyagfie, dedicado esclusivamente al desempeño de 
su magisterio y á la educación de sus discipulos, no dio im- 
portancia ásus obras^ siendo únicamente conocido el gran 
mérito de ellas en Salamanca y provincias limítrofes, hasta 
el aflo de i 81 6, que fué llamado á la corte á dir4gtr su mag- 
nífíco Je-Deum cantado en la real capilla en celebridad de 
haber salido con felicidad de su estado interesante la reina 
Doña Isabel de Braganza. Entonces se reconoció en Madrid 
el genio de Doyagüe ; mas no quedo asegurado su gran mé- 
rito, hasta que un maestro estrangero le dio su sanción 
después de haber oido el año de 4850, en la capilla de 
nuestros monarcas, la gran misa á ocho voces é instrumen- 
tal. El ilustre estrangero que celebró á Doyagüe, fué Joa- 
quín Rossini, escribiéndole una carta de noble elogio, y 
pidiéndole alguna de sus obras que al instante le fueron 
remitidas. Desde entonces, se entabló una correspondencia 
fraternal entre los dos genios músicos ; porque los dos se 
comprendieron y admiraron, sin mezquina adulación, y sin 
innoble envidia. 

Habiéndonos del ilustre Doyagüe el maestro de capíHa 
de la catedral de Logroño D. Blas Hernamiez, entre otras 
cosas nos dice lo siguiente : « Habiendo oido Bossmi en la 
capilla real de Madrid algunas obras suyas, manifestó de- 
seos de ellas, como efectivamente se las llevó á París, y hoy 
figuran en su papelera de Bolonia, donde habiéndolo visi- 
tado un amigo mió de Tudela, hace pocos años, vio sobre 
su piano la partitura de un miserere de Doyagüe, con quien 



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ha seguido^ hasta su muerte^ una correspondencia muy 
frecuente. | Qué ideas tan brillantes las de este maestro 
español I ¡ Qué inspiraciones tan oportunas ! ] Qué cantos 
y motivos tan adecuados al espíritu de la letra ! [ Qué ca- 
minar su música desde el principio al fin interesandol ¡Qué 
sencillo á veces pero que grandioso en sus frases! Por ejem- 
plo, su motete O salutaris á siete voces, escrito en su 
járdin, junto á la puerta de san Pablo en hora y media^ de- 
jó asombrados, cuando se ejecutó, á todos los que lo oye- 
ron; — No se puede analizar ninguna obra de Doyagüe sin 
anonadarse, es decir, sin reconocerse un pigmeo al lado de 
aquel gigante compositor. x> 

En efecto, nosotros poseemos la partitura de un Jis- 
Deum á cuatro y á ocho voces, con toda orquesta y órgano 
obligado, escrito por Doyagñe el afio de 4 84 8, y en él se 
revela la colosal figura de su autor en el arte. 

Entre las obras mas notables de este gran maestro; se 
halla en primera linea un magnifícate ocho voces con ins- 
trumental y órgano obligado ; y después, dos Te-^Deum, 
trea misereres, tres misas grandes con orquesta y órgano 
obligado , dos magníficat á cuatro y á ocho voces ; dos la- 
mentaciones primeras de miércoles y viernes santo ; la ter- 
cera del miércoles de contralto, y la del jueves de tenor, 
con acompañamiento de piano ; y un gran número de sal- 
mos, motetes, genitoris, villancicos, arias, doos, cuarte- 
tos, etc. , 

Doyagüe murió en Salamanca el dia 48 de diciembre 
de 4842, y el dia 26 de abril del 43 el ayuntamiento de 
dicha ciudad dispuso unas grandes exequias en memoria de 
tan ilustre maestro, ejecutándose por todos \oi profesores 
que había en la capital, su gran oficio de difuntos. Dentro 
del féretro se depositó en una caja de plomo y lata, el ori- 
ginal de su gran obra, el magnifical : el discurso que pro- 



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nuncio^ terminada la misa^ D. Salustíano Ruiz ; una de las 
papeletas de convite^ y el acta del ayuntamieoto. 

La calle en donde habitó el sublime compositor sala^ 
manqiüno, que llevaba por nombre : calle de Lacre, se lé 
cambió el rótulo denominándola : calle de Doyagüe; y eo 
la lápida que cubre los preciosos restos de tan ilustre ar-^ 
tista^ se lee la inscripción siguiente : 

Al mérito eminente y modesto^ 

A la inspiración religiosa yp/rc^uni/iy 

A I genio inmortal de la armonía sagrada^ 

Al hijo esclarecido de Salamanca, 

A D, ManuelJosé Doy agüe j 

Para perpetua memoria 

El Aywtiamento constitucional. 

Ano de 1843. 

Loor eterno al ayuntamiento de Salamanca , por haber 
sido el primero, y creemos el único, que ha pagado un jus- 
to y digno homenaje á la memoria de un hombre eminen* 
te, dejando á las edades venideras un monumento de ilus-^ 
tracion para los que le levantaron, y de gloria para el arte y 
para la patria. Si de este modo se portaran todas las corpo^ 
raciones municipales, y las secundaran los gobiernos, otra 
cosa fuera Espafta, cuna de tantos ingenios^ y de otroüio^ 
do seríamos respetados por las naciones estrangeras. 

De D. José Gil de Palomar, maestro de capilla del Pilar 
de Zaragoza en el aQo de 4764, se conserva una misa de 
Réquiem k ocho riguroso con bajones, de un mérito no-* 
tabla ; así como de su sucesor, D. Víeente Fernaddez, 
muchas obras de gran trabajo artistico, eatre las quedes^ 
cuellan un Dixü Dimnmis, una letania de hi Virgen, á ocho 
vooes, y un Trisagio. 

D. Plácido Garcia, maestro de la catedral de Bui^ob ; 
D. José (Jrost, de la de León ; D. Bruno Paqueras^ de la Seo 
de ürgell ; O. Francisco Querait, de k de Barcelona; 
Tomo iv. 52 



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D. Buenaventura Feliu, de la Iglesia de Tárrega^ y D. Apto- 
nio Rodríguez de Hita^ déla catedral de Falencia, quedes-- 
pues pasó á ocupar el magisterio de la Encarnación de Ma- 
drid, fueron sobresalientes compositores, como lo atestiguan 
las muchas obras que han dejado escritas, y aun se conser- 
van, en los archivos de sus respectivas catedrales. El maes- 
tro Hita se distinguió por su método de composición, en el 
que simplificó las reglas, despreocupando á los maestros, 
que sin atender masque á la armonía, sedesentendian de la 
melodía, y de ciertos rasgos magníficos^ que usados con 
prudencia y oportunidad causan el mejor efecto, y á los 
que se oponian la rigurosa escuela de los antiguos. 

De D.Francisco Antonio Gutiérrez, maestro de la ca- 
tedral de Avila, que mas tarde ocupó el magisterio de la En- 
carnación de Madrid, después dé Hita, existen composicio- 
nes muy superiores; entre ellas, una secuencia de difuntos, 
que revela su gran genio, especialmente en un verso en 
que la buena aplicación de las trompas, oboes y un clarín de 
armonía producen un efecto encantador. También este ce- 
lebrado maestro escribió varias zarzuelas, oratorios sacros, 
y tonadillas, de las cuales se conservaban algunas el año 
de 4833) en los archivos de la real cámara existentes en Pa- 
lacio ; y vertió al español la obra de Eximeno titulada : Dd 
origen y reglas de la música, con la historia de su progreso, 
decadencia y restauración, que publicó en Afedrid el año 
de 4796. 

D. Pedro Antonio Compta, maestro de la catedral de 
Gerona, y después de la de Segobia, discípulo del cole- 
gio de Monserrat, fué uno de los mas fecundos genios 
de su tiempo, habiendo dejado escritas muchas y buenas 
obras , de las cuales la mas conocida y con justicia y ala- 
bada es un Te^Deum que compuso á la venida de Fernan- 
do Vlldesu regreso del estrangero, denominado el Fernandi- 



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no. En esta obra se ven rasgos magníficos de imaginación^ y 
un trabajo ímprobo, pues está escrita á ocho voces reales^ 
dos órganos y grande orquesta, llena de motivos variados 
y de juegos caprichosos de instrumentación, que admiran la 
inteligencia y encantan el oido. 

Difusos seriamos si hubiésemos de enumerar los mise- 
reres, salves, responsorios, motetes, gozos, antífonas^ sal- 
mos y misas que escribió el celebrado maestro de la ca- 
tedral de Lérida D. Juan Prenefeta ; por lo cual solo hare- 
mos mención de su sobresaliente misa sobre el tema Ga/a- 
dent in Ccelis, del género conocido por dé Facistol; otra con 
orquesta sobre el mismo asunto, y otra sobre el Pange 
lingua. Lo mismo decimos con referencia á las conocidas 
obras de los grandes maestros Arquimbau, y D. Juan Pons. 
De este último se reproduce casi todos lósanos en Barce- 
lona, su magnífico miserere. 

D. Juan Fernandez Eccequiel, discípulo de D. Ramón 
Gargollo, maestro de la catedral de León; D. Joaquín Pe- 
dresa, D. Manuel Ibeas, y D. Plácido Salazar, discípulos 
del célebre D. Pedro Aranaz, han sido maestros que han 
enriquecido con buenas obras los archivos de la catedral 
de Santander. 

El maestro Sacanillas, de la catedral de Calahorra ; 
D. Antonio Espóne, de la Seo deUrgell; el padre Fr. Mau- 
ro Ametller, monje de Monserrat (1); D. Jaime Torrens, 

(1) El P. AmeUler no solo fué un escelente compositor , como lo prueban las obras 
que aun existen de él en el monasterio de Montserrat, sino un escelente mecánico , pues 
compuso un piano de su inTencion,al que flamó Vela-CordiOj por el cuftl'ñié pensionado 
del rey Carlos lY. En un libro escrito en italiano por el abate Orsini, y traducido al cas- 
tellano por don Ramón Muns, titulado : La Virgen ^ se lee, con referencia al P. Amet- 
ner, lo siguiente: «La celda de este industrioso y aplicado monje, que á porffa militaban leí 
forasteros, era, por decirlo así, un museo donde se hallaban recogidas las mas raras 
bellezas en plantas é insectos , que á fuerza de trabajos y aftos habla él mismo buscado y 
disecado en la montaña , y recordaba á la memoria aquellos ilustres solitarios que sepul- 
tados en los bosqves y absiraidos úéi comercio humano, conservaron á la Europa , en 
medio de los siglos bárbaros , el precioso germen de los conocimientos literarios que 



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maestro de la catedral de Málaga; D. Jos¿Cau, de la igle- 
sia de Santa María del Mar de Barcelona (4); D. Pablo Mar- 
aal, de la iglesia de Tarrasa^ después de la de Ibiza^ y or- 
ganista mas tarde; primero de Falencia y luego de la capi- 
lla del Paiau de Barcelona ; D. Joaquín Lázaro, que des- 
pués pasó á la catedral de Oviedo, y D. Manuel Alvarez, 
maestros de la catedral de la Seo de Zaragoza ; D. Antonio 
Roel del Rio, de la de Lugo, autor de una obra titulada : 
Jntíilucion armónica ó doctrina múma; D. José de Barce- 
lona, monje de Guadalupe; D. Joaquin Biosca, maestro de 
la iglesia de Reus ; D. Juan Paez y Centella, de la catedral 
de Oviedo (^; D. Francisco Ramoneda, de la iglesia de 
Tarrasa, y Verdaguer y Liéis de la de Gerona (3), fueron 
esoolentes compositores. 

Del presbítero Nonell, maestro de capilla de la iglesia 
de Nuestra Señora de los Reyes de Barcelona, se conservan 
escritas gran número de sus obras, entre las que descuellan 
una miíia de Réquiem á grande orquesta, y unos lamentos 
del alma. 

La capilla de música de la catedral de Logroño, tuvo 
también distinguidos maestros, hasta el año de 4807, en 
queD, Manuel Godoy^ principe de la Paz, vendió los bienes 



'\axki% ha tscundado en nuestros dias. Estas preciosidades , qae es su viaje á llentserral, 
el abo de 1902', visitaron los re^es y real familia, se perdieron todas, junto con todo lo 
mas esqaiaito que en libros, pinturas, adornos , papeles é instrumentos de música poseía 
el monasterio. » 

(1) Entre las obras de este maestro, sobresalen los Oratorios de San Eloy, ¿« Concep- 
ción y la Casta Sttsana ¡ la misa que escribió , el a&o 1802, para ser cantada delante de 
S. M. Garlos IV cuando estuvo en Barcelona, y otra Pastorü que se Recata casi todos los 
aAosen Santa María del Mar de dicha ciudad. 

(2) Del maestro Láiaro se conservan , en el archivo de Oviedo , una misa y nn mise- 
rere á ocho voces; y de Faez, varios motetes ¿ cuatro y iin himno de la Natividad de 
N.S. J. á Fadstolillo , todo de un gusto admirable. 

(3) El prünero de estos maestros pasó después á Tortosa, y el segundo & Castellón 
de Ampuriaii. Obsérvase que una de las catedrales de donde han salido maa aobreu- 
lientea maestros es la de Gerona : como lo prueban Gas, Gomina, Junca , Balius^ Arquim- 
bau , Gonpta , Verdaguer y Ueis. 



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propíos da ella y con los que se soBteniaa sus profesores. 
Uoo de los úlUmos maestros que tuvo dioba catedral^ desr^ 
pues del famoso Llórente, fué Albeuiz, padre del distin**- 
guido D. Pedro Albeuús^ maestro de píaoo de oueatra rei- 
na dofia Isabel II, primer organista de la real capilUí y 
maestro del Conservatorio naeional de rpúsioa. 

Del maestro Albeniz (padre) no bemoa podido adqui-r 
rir mas noticias que las que (kbimos á la amabilidad de 
80 malogrado bijo, las cuales cq)iamo8, por el méHto que 
para nosotros tiene este documento que conservaremos 
siempre coaio recuerdo de un verdadero artista, é quian la 
ominosa parca nos arrebató en los fliejores dias de su vi- 
da. Dice así el documento citado ; 

ctSr. D. Mariano 6oria»o Fuertes.-^Baroeloua.t^MB-' 
drid 4 2 de octubre de 18$3.^Muy Sr. mió y estimado 
amigo ; Mi buen Padre (Q. E. P. D.) ne que fué maestro de 
capilla de Logroño, eaeuya ciudad nací yo, cuando mis 
sefiores padres, huyendo de la invasión francesa en elado 
de 4795, se situaron momentáneamente ea aquella ciii^ 
dad ; paro tengo noticias deque á los pocos «leses volvie^ 
ron 4 San iSebastían, y ocupó mi s^or Padre nuevamente su 
antigua plaza de maestro ; babiendo publicado, aabre po^ 
co mas ó menos bácia el auo de 4800, un método de solfee 
de gran mérito para aquel tienipo, y con el que be vislo 
en seis ú ocbo meses educar personas quo no tantendo la 
menor noción de múaiea leian con perfección las pbrae mas 
difíciles á primera vista.— ^Yo, que aprendí por los mismos 
principioe, be sido uno de los mejores repentistas de mi 
país.*^Lo que mesera imposible decir á Y. es dónde y ocn 
quién estudió. El era duefio y aMmejabaeoB mueba ipta- 
ligencii li£ obras de Eiimenoi Bails, Nasarre^ Llorante y 
otros que ¿o recuerdo. Era muy estudioao y laborioso; üaí 
es, que eompuso mucbí^mas misas, vísperas, oficies dodi* 



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fantos^ motetes, villancicos, etc., lo qae le granjeó una re- 
putación muy notable en las Provincias Vascongadas. — 
Murió en la referida ciudad de San Sebastian, poco mas ó 
menos á la edad de 66 afios, dejando en un profundo sen- 
timiento á toda su familia, y á todos los amigos de la pro- 
fesión que lo respetaban por su talento. — Estas son las 
únicas noticias que puedo dar á V. — Me alegro deque su 
viage haya sido ameno y también instructivo ; asi espero 
que redundará en beneficio dé nuestro arto, que bien lo 
necesita. — Sabe V, que le aprecia y desea complacerle su 
afectísimo amigo S. S. Q. S. M. B. — Pedro Albeniz.» 

La natural ingenuidad y sencillez qne se advierten en la 
relación hecha por D. Pedro Albeniz, y sú reconocido mé- 
rito en el arte, no nos dejan la menor duda sobre el talento 
y profundos conocimientos de su sefior padre y maestro. 

Los organistas, que á mas de los ya mencionados on el 
tercer tomo de esta obra, sobresalieron en las iglesias de 
España á últimos del pasado siglo y primeros de este, fue- 
ron, entre otros muchos: D. Pascual Peréz, célebre orga- 
nista de la catedral de Valencia ; Fr. Miguel Marsal, mon- 
je de san Gerónimo de la Murta ; D. Antonio Goderech, or- 
ganista de la catedral dé la Seo de Urgel ; D. Pablo Boch^ 
déla iglesia de Tarrasa; D. Carlos Baquer, de la catedral de 
Barcelona, autor deun celebrado oratorio titulado: Zamuer- 
te de Abel; Fr. Joaquin Asiaín^ del monasterio de San Ge- 
rónimo de Madrid ; el P. Cardellach, del monasterio de 
Montserrat; Fr. Lázaro Marinello; D. Agustin Jiménez, de la 
catedral de Murcia ; Fr. José Falguera , del monasterio 
del Escorial, y después de los Gerónimos de Murcia ; 
D. José Roura, de la catedral dé Segobia^ y después de la 
de Granada; D: Nicolás de Ledesma, dé la Basílica de 
Bilbao; y D. RamonCuellar; de la catedral de Santiago. 
Bste gran maestro y famoso organista entró á ocupar el 



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magisterio de capilla de la catedral de la Seo de Zaragoza el 
'1 8 de julio de i 842, vacante por la muerte del célebre Don 
Francisco García : después pasó al magisterio de la catedral 
de Oviedo^ y mas tarde á ocupar la plaza de organista de la 
de SantiagO; en cuya capital murió, el día 7 de enero 1 855. 
Son muchas y sobresalientes las obras eclesiásticas que ha 
dejado escritas, como misas, vísperas, oratorios, motetes, 
lamentaciones, y Te-^Dewn ; descollando entre ellas, una 
misa, en Be mayor, unas vísperas y un responso, existentes 
en los archivos de la catedral de Zaragoza, y un responsorio 
de difuntos á ocho, y una misa de Réquiem con su responso 
Libérame, en los de la de Oviedo ; sin contar las sobresa- 
lientes obras que escribió para órgano. 

Habiéndonos de D. Joaquín ladeo de Murguia el ac- 
tual maestro de capilla de la catedral de Málaga, D. Maria- 
no Reig, nos dicQ lo siguiente : «Desde fines del pasado si- 
glo hasta el afio de 1 856 que falleció, ocupó la plaza de or- 
ganista de esta santa iglesia el célebre Murguia, cuya fama 
llegó al estrangero. Era un hombre Heno de ciencia: pues- 
to en el órgano admiraba, no solamente á los profesores, 
sino a los profanos; de modo que yo ho esperó oír tocar el 
órgano ya, de la manera que lo hacia tan sobresaliente 
maestro.» 

Como dejamos dicho en otro lugar, todos, ó la mayor 
parte de nuestros distinguidos maestros de capilla, eiianfa*^ 
mosos organistas, por lo que continuamente figuraban en 
nuestras catedrales bajo de uno ú otro concepto, haciendp 
oposición á linas ú otras plazas^ según las rentas y cate- 
goría de ellas (1). 

(1) Habiendo heeho meneion de algunos sobresalientes organeros españoles , en el 
tomo tercero de esta obra, creemos justo hacerla también de Guillermo de Luque, cons- 
tructor del órgano que existe en la iglesia del Pilar de Zaragoza; de don Patricio Furriel, 
reformador, al principio de este siglo, de los órganos de la catedral de Córdoba; de don 
Julián de la Orden , maestro organero de la catedral de Cuenca , y constructor de J|pB 



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Los machos y 6obrésálieQ(esprofesot*esde órgsitio qae 
ha habido en Bspafla> y su género peculiar de escribir ó to- 
car este instrumento, nos dan á conocet* la superioridad de 
nuestras escuelas habidas en losconventóS) colegiatas y ca^ 
tedrates. Si son hoy tnas celebrados los estrangeros por 
haber tenido escritores que se han ocupado en realzar sus 
talentos y generalizar sus obras ; no por esto es menos 
oierto qbe nuestros organistas antes de publicarse di- 
chas obras eran distinguidos ; y después de publicadas, 
no las han necesitado^ porque el género orgánico espafiol 
es muy diferente^ como puede verse cotejando las obras es- 
critas para dicho instrumaito por unos y otros. 

Decir que el género libre era desconocido de los orga^ 
nistaá españoles en el siglo XVII; y aun XVIII, en nuestro 
concepto es un absurdo ; porque si es cierto que interca- 
laban en sus motivos pasos del canto llano, que es lo que 
constituye la escuela orgánica española, también lo es que 
nuestros grandes profesores no necesitaron nunca tocar 
piezas estudiadas, sino de pura fantasfai, mas ó menos fe- 
lices, cuanto mejor era la imaginación de quien las ejecu- 
taba> piero nunca sujetas al rigorismo fanático que debian 
tener las composiciones escritas. Por esta rezón, no se 
escribieron muchas obras, y la modulación moderna, ci^^ 
miento, según algunos, de lariqueisa melódi«B de hoy, se 
le hi dado su cona en otra parte. 

Siwin después de todo lo dicho se nos tiene por exa- 
gerados en nuestro españolismo, nos defenderán de tal in- 
culpación, entre otras, las obras de Salinas, Llórente, y el 
libro cuarto de la escuela de música de Fr. Pablo Nasarre, 
ciego de nacimiento, como Salinas, en donde se podrá ob- 



doft tto^nífieos dr^nos dé la de Vfia^ k AlttmOB del siglo pBMdo; y de don GayeUfflo 
Vllkrdebó ¥«fohñadot M 6rgfttio^e Ih ckMM ib atrcétoiía , y <|iie aun tive en dicha 
citidad. 



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-^ %B9 #«- 

servar^ que el tratar de la glosa y délas habilidades en par-^ 
ticular que han de tener los maestras de capilla, organistas, 
y oirás especies de músicos, se alude á coDocimientos mas 
antiguos aprendidos eo nuestras escuelas^ y generalizados 
por nuestros maestros. 

Ninguna nación ha sidp^ ni es tan rica como la espa- 
ñola en melodías variadas, originales y espresivas. De los 
labios de todas las clases de los pueblos que la componeo, 
brotan naturalmente la poesía y la música^ formando esa 
variedad encantadora de caracteres, costumbres y senti- 
mientos, que tanto nos han distinguido siempre de las demás 
nacioues, y cuyos cantares coleccionados en varios /Roman- 
earos^ por algunas sabios, constituyen hoy una de nuestras 
mayores glorias literarias. La música no tuvo tan fieles 
guardadores como la poesía , mas no por eso deja de ser 
menos digoa , según la tradición que de muchas melodías 
conservan aun Ic^ pueblos, aunque adulteradas en su sen 
cillez y originalidad, y aun en su rítmo^ por el sistema de 
tonalidad moderno. 

£1 distinguido escritor francés Mr. Yiardot; al hablar 
de nuestra música, se esplica en estos términos (1) : «Lo 
que distingue la música popular de Espafia, no es solamente 
el uso frecuente del tono menor , porque ese carácter se 
halla enlodas las músicas populares, lo mismo en el norte 
que en el mediodía , en Moscou que en Sevilla , como si los 
lamentos y la melancolía fuesen mas naturales que el pla- 
cer y la alegría ; sino especialmente el corte , el acento, 
el ritmo melódico, quiero decir, el uso que mas particu- 
larmente se hace de los tiempos fuertes, de las suspensio* 
nes , sincopes y cadencias , quo no se puede hacer com- 
prender fácilmente sin el auxilio de la escritura musical. . . 

(1) Estudios sobre la Historia de las Instituciones , literatura , teatros y bellas artes 
enEspafia. 

fOM oiv. 35 



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En España no es raro volver á hallar todftvta ese trabajo 
múltiplo , ese trabajo común que ^ otro tiempo han pro- 
ducido los romances nacionales. En la calle se compone 
mucha música y muchas canciones populares: uno empieía, 
otro continúa y otro concluye. » 

Es tan verdad lo que dice Viardot , iq*ue tanta riqueza 
de imaginación poético-musical ha W)l!ro en todos tiempos 
á los españoles desidiosos en escribir muchos y sobtesalien. 
tes conceptos, que otras naciones más celosas, por ser más 
pobres deioventiva, se apropiaron y puliefron para devol- 
vérnoslos después , y admitirlos como sublimes por ser 
importados (í). 

Conociendo no solo Mr. Víardot , ánó algunos otros 
escritores estranjeros , imparciales y veraces , la riqueza 
de nuestros cantos nacionales, ha habido espaflol que la ha 
negado, llamando á esos cantos candoricülas, y asegurando 
que nuestro teatro lírico era pobre, por catéter dé músioa 
propia y característica. 

Hé aquí como se esplica D. Santiago Mdsarnáu , en la 
página 65 del primer toma de Et ArtiM, semanario de 
bejlas artes. que se publicaba en Madrid el aflb de 1837 : 
a No tenemos género peculiar de mú^ea , porqué la serie 

(1) La canción de Jíambrú, Manhinín ó Malboroughf <iue con testos^ 6 mas nombres. 
Be oonoce, la que todavía se canta entre nosdtros con la letfa : 
líánú>tú te fué áia querva 
^ no se cuándo vendrá, etc. ; 

¿Gu&ntas naciones no se la han apropiado porque enlodas ellas le )ii2o popular? Los 
egipeiog, los griegos, )o8 aleiaanes, foi holaifdeees, losfrafioeses, Ib hm d^nido 6 laüe- 
nen por suya. El romance burlesco compuesto en Francia en 1560 titulado: El convoy 
del Duque de Guixa, y otra canción por el mfsmb esllK), ñéí kti6 de íTSií, estáa escritas 
con larmúsica del Mambrú : en el eélébre «oro de Jo^iu tí$s Bois de Weber, está la mú- 
sica del Mambrú: en la ópera de Beaumarcheis , La Folie joumee ^ escrita en 1785, se 
halla la canción del Mambrú: cuaAdo Napoleón I estovo en eV Cairo y Al^indría^ Iss 
habitantes de estas regionas le cOmptisieron ,un hitano cujas estrofas terminaban; Yá 
koneys si Toya Bono I con música del Mambrú : y esta canción tan popularizada, puede 
decirse en el mundo, tuvo su cuna en Granada, en tiempo de los árabes, según refieren 
Castil-Bla2e, y algunas leyendas antiguas. — Como esta cancSon boy otras vbrUu qne se 
podrían citar, que siendo nuestras, las admitimos como estrangeras. 



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de nuestras oandoncülas (gracÍQsisíiDds muchas^ otras no 
tanto , y algunas feas }, y de niwsiros bailes que se difei en- 
eian entre sí como los caracteres de los habitantes de las 
{H'ovinciaa á que pertenecen , no constituyen un estilo de 
o^ósica. No hay analogía entre estas mismas caocioDes na- 
GÍonaJes, y aun se pueden señalar varias de carácter dia- 
metralmef^te opuesto, b 

Ño bay (w^cioncülas en España , hay estilo peculiar de 
música como en todos los países del mundo ; mas ó menos 
variado según el carácter y costumbres de los pueblos que 
cow ponen la naciop^ ó mas ó n^enc^s bello según el gusto y 
sknpatta dd que 1 o iQscupba . 

Si ^ verdad que tenemos diferentes estilos de música^ 
eslo tambiep ^9 todos elk)s componen el carácter de la 
música española , diferente de todas las demás naciones^ 
como dice Mr. Yiajrdot , y cuya originalidad y riqueza la 
cons^ituyQ eisapiisma variedad de ritmos , enlazada^ como 
los diferentes dialectos de las provincias^ al idioma común 
detod^s ellas reuqidas> que forman el conjunto pintoresco 
y poético de nuestra pación. 

El ^bio portugués Fr. Simón de Sania Catherina , en 
una de sus oraciones académicas, reüriéndose á los estilos 
de música de las naciones^ se esplica en estos términos: 
a Ninguen pode dicer concerleza que he mellior a música 
esü^angeira, do que á nossa ainda que se valha do espacioso 
título de peregrina; podem dicer que Ihe he mais agiadavel, 
mfJís da qui naon se convence que seja melhor; porque ¿cuán- 
tos hay que con estimazaon pueril deixaon ó mais precioso 
pelo mais usado ? ¿ Cuántos procuraron mostrar á exellen-^ 
cia da mas tingue, é dos seus idiomas sobre os antros ? He 
certo que muy tos, ¿mais que consigueraon? Trabalho inútil, 
porque he era impossivel á Vitoria. Cantaon os franceses , é 
camtqon os liespanhoes , los ingleses é los italianos, mas cada 



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una destas nazoes compoe é canta pelo seu estylo particular, 
porque á oariedade naon debe destruir á natureza. » 

El P. Atanasio Kircher en su Musurgia dice : « Babent 
Itali slilum milotheticum diversum á GermaniSy hi ad Italis 
et GalliSj Ilaliqueab Ispanis...,, Unaquaqus nalurali tem- 
peramento, palriceque comuetudine convenientem stilum. • Y 
mas adelante: a Diversos Nationes , diverso dylo músico 
gaudent , ita et in unaquaqace nationi diversi temperamenti, 
homines, diversis stylis anusquisque suce naJturali^ inclina- 
lioni máxima conformibus afficiuntur .1^ 

La música constituida en arte, sus proporciones armó- 
nicas son universales é invariables para los hombres de 
todos los climas; pero las melodías, aunque inteligibles 
para todos , la naturaleza les ha fijado diferencias muy no- 
tables de un país á otro , para espresar sus sentimientos y 
pasiones. Si la música es un lenguaje natural al hombre^ 
y las condiciones del lenguaje son las de ordenar y tras- 
mitirse unos á otros sus pensamientos y afectos con claridad 
y sencillez , es evidente que la música , como los idiomas, 
tendrá combinaciones de sonidos diferentes, que formadas 
sobre el carácter y genio de sus creadores, espresarán con 
mas energía entre ellos los afectos, que entre otros de dife« 
rente clima y costumbres , aunque á estos les halague y 
les divierta. 

Laméntase el Sr. Masarnaude que no tengamos ópera 
nacional , y llama á nuestro teatro pobre, pobrisimo , por- 
que no se han visto en él mas que tonadillas y zarzuelas. No 
sabemos entender como no pudiendo nuestras melodías 
coQstituir un estilo especial de música, según su opinión, 
se lamenta de que no tengamos drama-lírico, sin decirnos 
el cómo lo hemos de formar. Si nuestra música no es digna 
de interpretar la lengua de Fr. Luis de León , Rojas y Vi- 
llegas, ¿serálo á caso la italiana^ francesa^ alemana ó ín- 



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glesa? Se ba probado en España á escribir nuestro drama 
lírico bajo el corte y género de las dos primeras naciones, 
y los resultados han sido el ponernos en ridiculo ante las 
personas sensatas de todos los países^ y morir las obras 
en donde mismo nacieron. 

Nuestras zarzuelas y tonadillas tuvieron popularidad, 
y aun algunas la tienen todavía, porque su música estaba 
basada sobre nuestros cantos, cantos tan dignos de respeto 
como los mejores de otras naciones. Si á los argumentos 
poéticos no se les dio importancia^ no fué culpa de los 
compositores que escribieron, según el carácter de los 
personajes y situaciones escénicas^ con variedad y sin mo- 
notonía, con facilidad y sentimiento^ y sin la frialdad de 
combinaciones armónicas rebuscadas y puramente mecá- 
nicas, como ya dejamos dicho» 

Créese generalmente que la música teatral , siendo 
buena^ es un lenguaje universal aceptado en todas par- 
tes; que siguiendo el corte, giro y desarrollo de las obras 
de los grandes maestros, y arreglando lodo esto á las 
reglas del arte, está terminada la misión del compositor. 
Error gravísimo que induce al amaneramiento del dra- 
ma. líricO; que hace cometer tantos plagios, y que se 
juzguen las obras lírico-dramáticas come» piezas de concier- 
to^ vaciadas en una misma turquesa; principiadas^ segui- 
das y terminadas del mismo modo ; y truncadas unas y 
otras con el sempiterno amen de los italianos, de la cuar- 
ta, la quinta y la tónica repetidas hasta el fastidio ; sin 
acordarse de la ilación de la parte poélico-dramática^ que 
es la que da el interés de conjunto, y forma la belleza y 
mérito de las obras lírico-dramáticas. 

Los que tal marcha siguen, son como los pintores que 
en vez de copiar la naturaleza, copian con algunas varia- 
ciones los cuadros que otros crearon; robando de este mo- 



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da el título ée artistas^ siaser otraoofia^ue uoo» popiaQ-^ 
tes coú mayores 6 menores coDOCftaiíentos^ 

lia naturaleza que ba de copiar y enriquecer el oom- 
positor de música para crear sus obras UricWlrainátieaa» 
son los cantos populares de la nación para quiw eeoríbe, 
con los de los pueblos que la situacioa del drftoia lirioo re- 
presenta. 

El gran Ros^nt^ itatiaoo y editado e» su patria^ al 
escribir su Guillermo Teü, tuvo preseote á xMa áe^ carác- 
ter, el idioma y género de músiea del pueblo p^ra quien 
escribía la obra, y la localidad donde pasaba la acciou del 
drama ; y formado su trabajo sobre estas bapea, la n^úsica 
enriqueció y fijó el estilo^ francés^ la música inñmdió 
verdad al argumento, y la música dio á conocer é biso po- 
pular en Francia las costumbres y usos de U SuUa: por- 
que el autor mezcló los cantos populara de la patria de 
(xuiUennOf con los nuevamente creados bajo el tipo de la 
música francesa^ y formó un todo sublime^ perfeccionado 
por las reglas del arte, y distinto de sus obras anteriores^ 
que el mundo de la inteligencia y del instinto inmortalizó^ 
denomioándoio obra francesa. 

Flotow, aunque alemán, fué educado en la eseueU 
francesa, escribiendo para el teatro francés dos obras mi|- 
sioales. Vuelto á su patria el año de 'i 844, escribió eo 
su idioma, y para su teatro, la ópera Maríaf ciiyos cantor 
se hicieron populares, porque eran baaados sóbrela mú- 
sica alemana ; pero intercaló una canción irlandesa del 
tiempo de los bandos de la rosa blanca y la rom encalma- 
da, que Tomás Moore recopiló en su colección de cancio- 
nes, bajo el título de The las Base of mmmer, basando 
sobre ella la idea principal de la ópera, para manifestar 
que la aecion del drama pasaba en Inglaterra ;d8ndo á co- 
nocer al mismo tiempo, las bellezas de las melodías vírge- 



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M/& de un paid ertraOo, en medio de bs propias, mejora- 
das bou los recursos qoe da el arte, y algunas reminis- 
cencias importadas y arregladas al carácter y tipo na-^ 
cional. 

Dice el señor Masarnau en el escrito del cual hemos 
copiado uu párrafo^ y hablando de la ópera Los dos Fíga-- 
ros : <rEI asunto, losirages, y machos temas de esta ópe- 
ra son enteramente españoles, pero la ópera es italiana, y 
tan italiana como el Barbero de Sevilla, que lo es tanto 
como el OleUú. Parece, sin embargo, que Mercadante se 
había propuesto hacer una ópera es^iaflola, pues se obser- 
va que desde la obertura hasta los coros, apenas hay p^ 
dazo en que no haya introducido algún tema español ; 
pero tocó la dificultad grande que tal vee no había pre- 
visto y que luego no pudo superar. Aludimos á la faUa. 
degenero español. if> 

Lo que hiso Mercadante en Los dos Fígaros, fué k) que 
hizo Rosbíni mí su Bmbero de jSevüla, y lo que hacen los 
lalentos que no son rutioarios. Eseribíerou una ópera en 
idioma italiano, bamda en el género de música italiano; 
pero intercalaron irosos de música espafiola para darle al 
arguomnto del drama el sabor de localidad, que nadie 
mejor que la música puede darle. No quisieron escribir 
una ópeita española; pues si así lo hubiesen peiisado> lo 
hubieran lieradü á cabo con palabras española?, como lo 
hizo RossÍBÍ cíoo las francesas, y la obra hubiese sido pu« 
ruínente española, porque nuestro género de música es 
Hias rico y variado que el de otros paises (1). 

Hemos probado ya que nuestra música mejoró la de 
otraá naciones que la adoptaron y eaodificaron á su géne- 
ro particular, como las voces de ub idioma enriquecea 

' (1) Véase en las Uminas el número 19 en donde copiamos algunos cantos popu- 
lariBS, como una pe(}uena mitestra dé ía ilqnea de iroestns me]odfa«. 



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otros diferentes bajo las reglas establecidas por los que 
las admiten, pues no se puede negar que la naúsica pe- 
culiar de un pais es la que sublimiza los sentimientos de 
la lengua nativa; pero era preciso^ para disculpar nuestro 
servilismo actual á todo lo estrafio^ manifestar que no te- 
nemos género peculiar de música por la variedad^ y carác- 
ter distinto de sus melodías. Otra nación hubiese encon- 
trado su mayor riqueza en esta variedad que es la que 
forma el gusto; pero nuestra educaicioo artiatica moderna 
juzga de distinto modo, porque como dice el sabio don 
Agustin Duran, y hemos repetido en otra parte de esta 
obra, es mas fácil ser eco de hs pretendidos crUicos, que 
estudiar bien lo antiguo para crear sobre dh ; es mas có- 
modo traducir que inventar ; cuesta menos imitar lo hecho 
que formar lo pasado y con/brmarlo á las variaciones que 
debe tener. 

Creemos qué el señor de Masarnau, á quien conoce- 
mos por su método de piano publicado en Madrid, y al- 
gunas otras piezas de música, adquirió en el estranjero 
los conocimientos literario^músicos que don Pedro de Ma- 
drazo nos dice posee, en la biografía que de dicho profesor 
publicó el afio de 4837 en el ya mencionado Artista; pues 
si de Espafia los poseyera, mas justicia hubiese hecho á 
nuestra música, y mas importancia le hubiese dado á la va- 
riedad de ella para el objeto á que se refiere^ comparándola 
con la que dio fundamento al drama liricotle otras naciones* 

I Qué por nuestra pobre música, es pobre, pobrismo 
nuestro teatro lírico I! Para refutar tales ideas, no es 
necesario volver la vista á siglos pasados : en este en 
que vivimos, y con hechos gloriosos, conocidos de todos 
y aun admirados de los estranjeros, podemos alzar orgu- 
llosos la frente en defensa de nuestra música. La música 
que dejando el recogimiento del templo^ donde ha brillado 



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8iempre sin rival, y la dulzura y roerla del lugar domés- 
tico ea donde encanta con sus variadas y sentidas meló-, 
días se lanza guerrera en medio de las masas populares^ 
las entusiasma, las disciplina , y las hace vencedoras de las 
legiones aguerridas del coloso de Córcega ^ no es pobre 
música^ es música sublime y destello luminoso y puro de 
la que tanta gloria dio á la inmortal y sabia Grecia, ep sus 
teatros^ en sus circos, y en sus conquistasw 

Al eca de los himnos patrióticos que por do quiera se 
eseoebaban, yonya^úsicay poesia, en su mayor parte, eran 
compaestas por el mismo pueblo, se altaba la Espaaa, 
postrada é inerme hasta entonces, y vencía á sn enemigo 
salvan4o so independencia. 

El inspirado poeta Árriazá ; que conoció el espirita 
de sunaeíoQ, exalta mas los ánimos con sus patrióticas 
composiciones, que eran leídas con ^vklez y cantadas con 
entusiasmo, despertando á los dormidps y haciendo empu- 
ñar las armas á los niños , anciano» y hasta las mujeres : 
debiéndose en gran parte á la másica y poesía los hechos 
gloriosos de Bailen ^ Zaragoza, Gerona y tantos otros mo- 
niuDqntos del heroísmo espaflol. 

Aqo reomlamos , con noble orgullo , los cantos de 
tres hiipnos de aquel tiempo, qne nuestros padres nos 
eoseiaroo como muestras de nuestra gloriosa indepen-^ 
dttioia. 

fit fno de Arríaza , cuyo coro est¿ sacado de an dís^ 
tico latino , eiqpieza : 

ViKÁr en cadenas 
Icnán UriH$ vivir í 
morir por la vaina 
I qué dulce morir ¡ etc. 

Otro popular 

A la guerra á la guerra españolee 
ymueralfap^le^. 
Tomo iv. 84 



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Y otro 



Diva el rejf Fenumdo^ 
la patria y religión, ele. 



Llama la fiera trompa 
con ecos horrorosos 
á jóvenes esposos 
al campo del honor, etc. 



Llegó á tanto la afición á lo8 himnos y cantares patrió • 
(icos , que en medio de los hechos que mas horror debian 
causaren las masas populares , secomponian nuevas can- 
ciones para ridiculizarlos en el momento de estar suce*- 
diendo; como lo comprueba^ el que mientras sé estaba 
bombardeando y destruyendo la ciudad de Cádiz por los 
cañones enemigos colocados en la Cabezuela, los sitiados 
entonaban por las calles y plazas , y entre la burla y la 
chacota , la caución que ha llegado hasta nosotros : 

Con el plomo que tiran 
los fanfarrones 
se hacen las gaditanas 
tirabuzones, ele. 

Si estos no son hechos bastantes á demostrar el poder 
de nuestra música popular , los reforzaremos con los him- 
nos compuestos en favor de la libertad ; himnos cuya letra 
y música hecha en su mayor parte también por el ptieUo, 
entusiasmaron en la lucha , enjugaron amargas lágrimas 
en el destierro y la esclavitud , y mantuvieron la esperanza 
de un venturoso porvenir para la nación española. 

. El himno de Riego , titulado asi^ porque siendo don 
Rafael del Riego capitán del regimiento de Valencia , en- 
tregó la poesía, debida á la pluma de don Evaristo San Mi- 
guel , al músico mayor de dicho regimiento , don Fran- 
cisco Sánchez , para que lo pusiera en música , ¿ puede 
decirse acaso que no es español, ni pertenece al género de 



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la música espafk)la? Los himnos de Jxmdáburo^ PadiUa, 
bI Trágcda, y ea nuestra época los de Zorenzo y Espartero, 
compuesto este por un comandante de la milicia nacional 
de Yalladolid , persona que , según nos han informado, 
no ccmocia la música ; el llamado MiUilá de los provin- 
ciano6> y muchos otros^ ¿no son puramente e$pafioles? Pu^s 
si tantos oomprobantes^existen^ ¿á qué negar que no teñe* 
mos género de música propio para crear nuestro drama 
lírico? ¿A qué género pertenece la música que tanto entu- 
siasma y deleita á los puehlps de Espafia ? 

Nosotros no hemos tenido un poeta popular codqo Be- 
ranger , porque ratre el pueblo ; en situaciones dadas, ha 
habido muchos Berangers ; nosotros no hemos necesitado 
cantar poesías populares con música perteneciente á otras 
letras y como sucede con la mayor parte de las poesías del 
poeta francés , sino que cada poesía ha tenido su música 
diferente. Lo que no hemos tenido ni tenemos, es amor 
artístico para hacer resaltar la riqu^a y bellezas de nues- 
tros cantares y de nuestra música , con las galas del arte 
y el estudio verdadero para engrandecerla. 

Hemos presenciado varios bailes en Andalucía en que 
muchos de los concurrentes , inclusas las mujeres^ toma* 
han parte unos después de otros en los cantares : y estos 
cantares no solo eran improvisaciones sentidas ó festivas^ 
sino alusivas á las prendas y cualidades de los que baila- 
ban f ó conversación entre los cantores , llena de chiste y 
picante sátira. Estos diálogos improvisados^ por quien no 
conoce la mas pequefia regla de música ni de poesía , ^- 
cantan por su sencillez, apasionan por su sentimiento , y 
admiran por su originalidad. 

Lo mismo que sucede en Andalucía , pasa en Valen- 
cia , en Aragón , en las provincias Vascongadas , en Cata* 
lufia , en la Mancha , en Asturias ^ y en casi todos los pue** 



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blos 4e Esp&fia y auA de América. Y siotaéo la nadioli p«t 
naturaleza tan poética y i&«9ioal , todaría piedé decirse 
con justíoia, y por españoles^ ¿qué no tenoMos género de 
músiea^ y que por esta eausa es pobre nnesUro téalrú iírico? 
Vttños maestros compoeütoés trocando U boMIa por 
la espada al igrHo de la independencia eapeltola, éada por el 
pueblo en masa á princi[HOS d& este t¿^ , abanéoMoíon 
su6 magisterios de capilla y se lanzaron 'denodados á la 
pelen y escribiendo en sus borat de descanso^ piezas para 
bandas militares é himnos patriétícof ^ H¿ii^ ttiftáca qne los 
pueblos admitían odn ent^iasmo. Entre diches dMiestros, 
se hallaban don Indalecio 6oría«o Fuertes y don José So* 
bejauo. Soriano ^fuertes ^ deacendmHíe de nná noble fittnf» 
lia de Aragón y dedicado por sos padres á la carrera ede^ 
siástica , estada la música por pasatieáapo con don AntO*- 
nio Gómez ^ maestro de capilla de la catedral de Teniel y 
discípulo del célebre Francisco Javier García : mds en el 
año de 4805 , después de recibir las primeras órdenes^*- 
oerdotales^ á losdiee y siete afios de ^ad^ éimpultedo pot 
su estraordinaría afición á la música > matabó é Gaiatafyud 
á temar parte en las oposidones qtae por la vaoante del 
magisterio de aquella colegiata dbbian tener lagar ; y obte* 
nieodo en ellas el primer poeeto por éus sobresalientes 
ejercicios , te confirió el cabildo dicha ptaia y la direc- 
ción del Colegio de música. Encontrándose falto de salad 
su maestro , quedó libre al poco lieoipo ei m^ísterio de 
Teruel , y teniéndose presento laé brillantes opoñeíones 
qne acababa de bacer en Galatayud, Se le confirió dicha pla- 
za por el voto unánime del cabildo. La inveeion francesa le 
hace abandonar su nuevo empleo para defender su patria^ 
y es nombrado teniente capitán de los teroios de Teruel^ 
teniendo la gloria de bailarse entre los defensod^s de la 
heroica Zaragoza en su segundo sitio; Ptea de capitán al 



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ejército de Valencia , y al poco tiempo fué nombrado por 
el general Basecourt , director de música : componiendo 
entre otras muchas piezas militares^ una batalla que dedicó 
á dicho general , celebrada por todo el ejército y enco- 
miada de todos los profesores por su sobresaliente mérito. 
Su vocación arlistica le decidió á pedir su licencia absoluta 
después de terminada la guerra , estableciéndose en Mur- 
cia^ donde en 1 81 4 hizo oposición al magisterio de aquella 
catedral , consiguiendo el primer lugar en todos los ejer- 
cicios que se pusieron por el célebre compositor don Pedro 
Aranaz y Vives y examinador en dichas oposiciones. — So- 
bejano , que á la edad de doce años hizo ya sus primeros 
ejercicios, colocándose por ellos en el segundo lugar para la 
plaza de organista de Santa Cruz de Campon^ siendo exami- 
nador el famoso organista de Logroño Fr. AntonioG^ande^ y 
que dos afios después ganó en riguroso certamen el destino 
de primer organista de la catedral de Pamplona ; aban- 
donó también su puesto en la guerra de la independencia 
militando alas órdenes de su amigo el general Mína^ quien 
puso bajo su dirección las bandas de música de la división 
que mandaba^ y para las cuales escribió Sobejano gran 
número de piezas é himnos patrióticos. Terminada la guer- 
ra , volvióse á la catedral de Pamplona hasta el año de 
4815 que pasó á Bilbao á ocupar el magisterio de capilla 
ganado por rigurosa oposición , como lo fué poco tiempo 
después el de la catedral de León. 

Tanto de don Indalecio Soriano Fuertes , conio de don 
José Sobejano^ nos ocuparemos mas por estenso en el curso 
de esta obra. 



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capítulo zzzi. 



Principios del reinado de Femando VII.-— Estado de la música en Barcelona.^Mo- 
nólogos. — Primeras aperas de Rosiini oidas en Barcelona y so efecto. — Reunión de 
personas notables para tomar la empresa del teatro de Barcelona. — Gompafiía italiana 
formada por D. Ramón Carnicer. — Observaciones.^Primera representación de la Adela 
de lAuignan, de GamlQeir.^Periódico fltermónieo en Barcelona.— Eatado de los teatros 
de la corte.— Don Bernardo Acebo. —Don Jaime Nadal.— Primeras óperas de Rossini en 
Madrid.— Gompaftfa Hrica espaflola.-Don Josa Melclior Gomis.— Sa Aldeana.— Com^ohia 
de ópera Italiana en Madrid.— Isabel Ck>lbran.—Ol)8ePTaeiones.— Furor fllannóiiico.— 
Sus consecuencias.— Marcha de Gomis á París. — 6u8 obras.— Don Mariano Rodríguez de 
Ledesma.^La Melopea, de Don Miguel López Remacha.— Gompaüias líricas españolas de 
SeTlQa y Cádiz.- Orquestas de ü^eTÜla, ('«¿dii, Barcelona, Madrid y demás proTindas.— 
Resultados del fanatismo musical sin conocimientos artísticos. -Merendante y Gamicer. 
—Don Maieo Perrer.— Decadencia de las orquestas de loe teatros de Madrid y Barcelona. 



Las drcunstancías poHticas é inirigas palaciegas de 
que fué víctima el reinado de€árlosIY, lo bioiefOD ñola 
para el fomento de las ciencias y las artes. 

El cautiverio de Fernando VII^ legítimo sucesor al tro- 
no de España por la abdicación de su augusto padre ; la 
guerra déla independencia; el intruso poder de José Bona- 
parte; y el luto y consternación de tantas familias que per- 
dieron con sus fortunas^ á sus padres^ esposas; bijos^ ó 
hermanos , acabaron con los restos de la vida artística y 
literaria; que aunque sin la lozanía y explendor de otras 
épocas , veníase sosteniendo desde el reinado de Felipe V. 

Nuestros poetas y literatos, -envueltos en los bandos po- 
líticos^ viéronse encarcelados ó expatriados; y nuestros 
maestros compositores ; ó escaramente retribuidos por el 
estado en que se bailaban las catedrales^ iglesias y cole- 
giatas y Ó arrastrando una vida miserable sujetóse un es- 
caso núm^o de lecciones , ó reducidos al doloroso extre- 



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•o^ ttt €^ 

mo de casi mendigar el sustento para mantener á sus 
familias. 

En este estado de triste abandono sé hallaba el arte 
músico español por los aQios de 48^; pijes si bien en al- 
gunos teatros aun se veian algunas nuevas producciones 
líricas , estas llevaban en si el ^ello del desconsuelo que 
en el corazón de sus creadores se alber^ba^ y raquíticas 
nacian para morir como vivieron. 

Acostumbrados en Barcelona los amantes de la másica 
á los espectáculos líricos italianos i en los cuales cada dia 
se veian nuevos adelantos y mayor interés en sus argumen- 
tos al paso que nuestro teatro permanecía estacionado^ á 
fuerza de constancia lograron el que se fuese aficionando 
á ellos el público en general. Para conseguirlo totalmente^ 
las empresas del teatro dispusieron que las funciones 
fuesen mixtas de verso español y canto italiano , baile na- 
cional y baile extrangero; y de este modo aumentando 
poeo á poco la dosis italiana^ y dismiouyenda la espalíola, 
fueron logrando insensibletnente )o que deseaban. 

La compelía italiana funcionaba las menos veces sola, 
y las mas^ alternaba con la de versO; y ambas con el baile, 
al (fue se españolizaba con un argumento nacional. Asilo 
vemos jusiifiíóado en muchas funciones^ como por ejemplo 
en la del 49 de enero de 48(M, en la que se ejecutó la 
ópera italiana Za bizarría del omor , una pieza en un acto 
nominada: La fumilia indigente , el bolero, el monólogo 
Tragñ Aldabas ^ el baile tituíado : El calakm SerralUmga, 
y un saínete. 

De eete modo continuaron ejecutándose mezcladas, ópé^ 
ras italianas, zaríuelas, tonadilla^, fiarsas; monólogos^ 
bailen nacionales y eittrangeros; hasta que Barcelona fué 
invadida por los franceses, en cuya época, particular^ 
mente fausta el «fio t842, no se Rutaron Bino sus tíome- 



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días y TaQdeville > y las óperas de Gretry, Champin, Di- 
víeone^ Saccbini^ Monsigni y otros compositores^ deno- 
minando al teatro de Santa Cruz , Teatro Francés, 

La soledad en que de continuo se hallaba el teatro 
por parte d^ la población^ convenció á los invasores de 
que la poca afición de los españoles á su gobierno^ se ba- 
cia extensiva á sus espectáculos; y deseosos de poder adqui- 
rir alguna popularidad^ cedieron el coliseo á compañías 
españolas^ que volvieron á reproducir las comedias de 
nuestro teatro antiguo^ y otras traducidas del italiano^ por 
no querer nada francés en la época á que nos referimos; 
las zarzuelas y operetas : Los vendimiadores enamorados, 
La Tempestad venturosa , A lo que obliga un fino amor , ó 
el pintor fingido^ Al freír será el reir, y La ópera casera', 
del celebrado don Pablo del Moral ; las tonadillas^ La soli- 
taria. Los cazadores y la Paya, El Desden, El Gitano 
preso, Armida y Rinaldo , El Médico , El Peregrino, El 
Arriero, El enfermo por amor , La vuelta del soldado, Los 
perdig^ieros, La Milicia, El ejército amoroso j El marido 
porfíadfl^ El Zorongo , y otras mucbas> la mayor parte de 
est^ pertenecientes á últimos del pasado siglo y primeros 
de este; é infinida