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Full text of "Historia de la Orden de San Jerónimo"

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Al publicar en l6oo el 1 
la Orden de San Jerónimo, d 
á entender que la primera 
había impreso Tomás lunti < 
bien por el asunto, que es ei 
sos de la Orden, desde que 
dicen, 6 restaurada como qu 
ni por la forma de exposic 
que el autor consideró com< 
dos tomos siguientes, que c 
de la obra total, según apell 

Por ser ambas la relacií 
den, y atenerse la primera 
esta es un conjunto de prin 
que salió de pluma española 
perspicaz, la presente edicid 
ha de ser deleite de literato 
das de los relatos donde pn 
sentimientos religiosos y la 
género. 

Entre los preliminares d 
pero creemos preferible poi 
comprenden los libros de la 

Guárdase en esta impres 
de la primera, sin más corn 
y tal como escribió é imprii 



H. DK M o. DK S. GkRÓSIMO.— 



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En la ciudad de Sigüenza, y, según el cálculo más probable, en el año de 1544» 
nació Fr. José, de padres honrados y nobles, aunque hoy no conocidos. La costumbre 
de los religiosos de la Orden de San Jerónimo de perder el apellido propio para 
tomar otro, unas veces por veneración á un santo y otras como recuerdo del pueblo 
natal, hace inútiles las pesquisas enderezadas á conocer la familia de Fr. José, que 
acaso quedará eternamente en el olvido ( ' ). Aún no había salido de los términos de 
la niñez y andaba en las escuelas adiestrando su tierno espíritu en las enseiíanzas 
propias de sus pocos años, que no pasaban de doce, cuando, arrastrado por el carác- 
ter aventurero á la vez que religioso de aquella época, en que los españoles salían 
de su patria para ir hacia los cuatro vientos en demanda de conquistas y de marti- 
rios, cayó en un desacierto, culpable en cualquier otro que no se propusiera emplear 
dignamente resoluciones prematuras. No como lazarillo errante, puesto por la mise- 
ria y el abandono en el camino de la vida, ni como desmandado chicuelo á quien la 
autoridad paterna parece yugo insufrible, sino como mozo de grandes alientos y de 
inclinaciones generosas, sin juicio para condenar su propia resolución ni voluntad 
para resistirla, abandonó la casa de sus padres con el fin de acogerse á la protec- 
ción de un deudo profeso en el monasterio del Parral de Segovia, y tomar allí el 
hábito de la (^rden de San Jerónimo. 

Como lo pensó, lo hizo; y siguiendo aguas abajo las riberas del Henares, río que 
pasa por su ciudad natal, ó tomando como ruta más segura el camino de Madrid, 
salió dé Sigüenza, y oyendo consejos y advertencias para no descaminarse, torció 
rumbo y se entró por las gargantas de la serranía de Buitrago, por donde era pre- 
ciso transponer los montes para llegar al fin de su viaje. Subiendo penosamente las 
ásperas laderas del puerto de Malagosto, acaecióle una aventura, primer tropiezo 
y primicia de los desengaños del mundo. Unos arrieros con quienes topó, gente 
maleante y de no buenas entrañas, y á quienes acaso declararía el piadoso objeto de 

(*) Imposible me ha sido averiguar el origen y familia, y aun si el apellido de Sigüenza es el 
patronímico de Fr. José. Consultanáo esto con el docto Correspondiente de la Academia, mi 
venerado y octogenario amigo el Sr. D. Román Andrés de la Pastora, me contestó que durante 
los cincuenta años que llevaba estudiando los archivos eclesiásticos y civiles de Sigüenza, 
siempre tuvo por uno de sus ñnes más anhelados aquella averiguación, siendo inútiles sus 
pesquisas , lamentándolo mucho por la profunda admiración que siempre profesó al gran histo- 
riador, su paisano. De esta ignorancia es causa el no saberse cuál era el apellido paterno de 
Fr. José. 



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VI HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

SU jornada, burlaron su inocencia, aconsejándole que subiese algunas piedras á lo 
uerto, donde se erigía una devota cruz, aunque la obra no adelantaba 
materiales. Cayó en el engaño el candoroso niño, y fuerte debió ser 
encontrar rastros de la obra y advertir que no eran piedras lo que 
]uellas enriscadas alturas, sino intenciones más humanas que las de 
antes y espíritu más despierto que el suyo propio ( • ). 
Parral, Dios sabe con cuántos esfuerzos, no se holgó de su presencia 
3SO, ni los demás frailes de aquella casa, quienes convencieron al fugi- 
acuerdo y de volver á su patria en espera de edad más propicia para 
en tan observante. Tornó á Sigüenza y prosiguió los estudios por 
n aquella Universidad (*), allanándose á las alegrías del mundo y de 
yn las letras juntó las artes, y con la afíción á los versos el manejo de 
5 solaces nocturnos, que suelen ser los alegres días de la gente moza 

a, crecido y hecho, y sin acordarse de la mala fortuna de su anterior 
ien fuese por natural inclinación á las aventuras, bien porque el ofício 
í pareciese cabal empleo de su valor y destreza, ó acaso, como alguno 
r ocasión oportuna de servir á Dios y al rey el socorro que entonces 
ra levantar el sitio de Malta, á la que tenía el turco estrechadísima, 
¡, abandonó, la familia, y desde las asperezas de su tierra natal y en 
un amigo se encaminó á Valencia con ánimo de embarcarse en la 
íola, fronta á zarpar con el socorro. Frustróse el noble intento, por- 
a siguiente de salir la expedición, y acabaron de moderar los belico- 
del mancebo seguntino unas terribles cuartanas, primer riesgo mortal 
que en el curso de la vida le amenazaron (*). 

endo quizá que era otro su destino y vueltp á Castilla, se dirigió al 
ovia, donde fué recibido amorosamente como novicio, después de 
de teología, y ayudando á sus pretensiones una voz á propósito para 

tes de noticias existen para conocer la vida del P. Sigüenza. La primera y más 
grafía que de él puso un contemporáneo en los libros llamados Afemarias sefuU 
jterio del Escorial, de los que, así como del autor de esta biografía, hablo en 
elante. La segunda , la vida que del ilustre escritor escribió Fr. Francisco de los 
rta parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo ^ comenzada por Sigüenza. 
biografía que, bastante ajustada á la anterior, puso Fr. Pablo de San Nicolás 
linares de la Instrucción de maestros , Escuela de novicios ^ obra postuma de 

luda de que en Sigüenza existían familias con el apellido del nombre de la 
ne asegura. He podido comprobarlo en los libros de la Universidad seguntina, 
;n en el Archivo Histórico Nacional , procedentes del Instituto de Guadalajara« 
aparecen Juan de Sigüenza, natural de Sigüenza, quien en 26 de Abril de 1571 
Lógica y Física, y Jerónimo de Sigüenza, también nacido en dicha ciudad, 
►eptiembre de 1 584 se matriculó en Súmulas y en 8 de Octubre del año siguiente 
en dichos libros no he hallado ningún estudiante llamado José de Sigüenza. 
^orias sepulcrales dicen que le produjo el mal el exceso de comer frutas en 
le duraron las cuartanas. £1 viaje á Valencia fué en 1565.. Sobre esta expedición 
ta, véase el notable libro del Sr. Fernández Duro, La Armada espakola. 



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INTRODUCCIÓN Vil 

los cantos del coro. Cumplido el tiempo del noviciado, hizo formal profesión reli- 
giosa en 17 de Junio de 1 567 ('). 

De su piedad y fervor dio, desde los principios de su nueva vida, frecuentes y 
perfectas pruebas, no menos que de su exactitud en el cumplimiento de las estre- 
chas obligaciones de la regla y de los cargos que obtuvo en el Parral. Perfeccionó 
su educación literaria y monástica en los colegios de Parraces y de San Lorenzo, 
futuro teatro de sus mejores acciones, oyendo atento á los maestros, sustituyéndoles 
á veces en las cátedras, aumentando su caudal científico en teología y letras huma- 
nas, y haciéndose admirar desde muy joven por la viveza del ingenio y la gracia 
persuasiva de su palabra. Subió luego al pulpito y allí ganó voluntades y aplau- 
sos, de tal suerte que, después de volver al Parral, era avisado de otras partes, 
y aun desde el Escorial en ocasiones cuyas circunstancias requerían predicador 
de nota. 

Luego se le allanaron los caminos de los puestos preeminentes en aquel monas- 
terio. Nombráronle maestro y prior sus frailes, temerosos de que se lo llevasen á 
San Lorenzo voluntades soberanas, entonces no desobedecidas; pero la luz de su 
doctrina y de su ingenio era harto clara para que no transpusiese los montes, de tal 
suerte, que de otros monasterios le solicitaban para que los rigiese y gobernase. 
Creyendo su modestia que en las regias grandezas del Escorial podría huir de aque- 
llos requerimientos, solicitó pasar á la memorable fundación de Felipe II, con la 
esperanza de obscurecerse del todo. 

Pero aguardábanle allí más altos honores y cargos más activos. Según uso en su 
Orden, y mediando el ruego de Felipe II, hizo entonces su segunda profesión á 4 de 
Mayo de 1 590, fecha no muy posterior, según creo, á su entrada definitiva en el 
Escorial (*). Sobre sus hombros, como si fueran los de un Atlante, cayeron muchas 
y pesadas obligaciones: cátedras, arreglo de la biblioteca, invención de sus pintu- 
ras, guarda de las reliquias, viajes, predicación continuada, y luego la Historia (le 
la Orden y las demás tareas que su misma laboriosidad y lo vario de sus aficiones 
suscitaron. 

Pero ni los créditos ya adquiridos en el pulpito, en la enseñanza y en los demás 
ministerios monásticos, ni la fama de santidad y de doctrina, ni siquiera el notorio 
favor del rey, libraron á Fr. José de una tormenta tan terrible como impensada. 
Suspicacias de teólogos sutiles, envidias de claustro, ó el torpe celo que en ocasio- 

(*) Por encargo mío, D. José Antón y González, nú discípulo, y archivero de Hacienda de 
Segovia, ha buscado en los archivos de la ciudad los datos que, en los papeles procedentes 
del Parral, pudieran hallarse relativos á Fr. José de Sigüenza, y sók) ha visto en un códice de 
aquella procedencia , existente hoy en el Instituto provincial , una lista de los profesos de dicha 
casa religiosa, y en ella, con el núm. 201, la siguiente partida: «Fray Joseph de Sigüenza 
hizo profesión martes á diez y siete dias del mes de junio del año de 1567, y no se pone aquí 
la fiesta que aquel dia se celebra va por ser fiesta simple.» 

(*) He visto en la Biblioteca cscurialense , signatura C- 1 - 17, un catálogo manuscrito de los 
monjes del Monasterio, hecho por un anónimo en 1740, y en él se dice que Fr. José hizo su 
segunda profesión en 10 ó 12 de Mayo; pero el P. Santos señala como fecha de la profesión 
el 4 de dicho mes. (Cuarta parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo.) 



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VIH HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

nes ha cubierto con los negros vapores de la calumnia las graneles figuras de la 
Iglesia, denunciaron ante el Santo Oficio de Toledo al austero monje y preclaro 
predicador, quizá no por otra culpa que por la de ser eminente escriturario. No 
conocemos el nombre del denunciador, que la historia justiciera ha condenado á 
perpetuo olvido, ni sabemos cuándo comenzó y acabó el proceso abierto en Toledo, 
ni tampoco la naturaleza y alcance de los doce cargos que el Tribunal de la Fe hizo 
al venerable Sigüenza. Del triste episodio sólo se conoce lo que constituye la gloría 
del perseguido, esto es, lo que entonces padeció, la injusticia de la acusación y el 
triunfo que fué remate de aquellas tribulaciones. Puesta en entredicho la pureza de 
su doctrina, y en tanto que se hacían las informaciones necesarias, Fr. José perma- 
neció más de medio año en el convento de la Sisla, de su misma Orden; y después 
de padecer una enfermedad peligrosa con firme ánimo y constancia, compareció 
ante el Santo Oficio, que oyó sus descargos, expuestos con moderación y sabiduría; 
y aquel Tribunal justiciero, al que pudieron llegar todas las acusaciones, pero del 
que solía salir incólume la inocencia, absolvió á Fr. José con los pronunciamientos 
favorables , y para enaltecer la solidez de su ortodoxia y templar la amargura de lo 
pasado, hizo que antes de volver al Escorial predicase en la Catedral de Toledo, 
dándole así por libre y honrado y animándole á que prosiguiese en el ejercicio de 
la predicación , para la que tan altas dotes recibió del cielo. Parece que era sabedor 
de cuáles fueron los fautores de aquella desventura, porque sus biógrafos dicen que, 
volviendo á su monasterio, pagó el mal que había recibido con especiales favores, 
que ésta es la venganza de los justos, sin que nunca anublase su espíritu el recuerdo 
de la calumnia. Conocieron todos la calidad de esta conducta, y desde el Rey al 
más humilde de los monjes admiraron al noble perseguido, y acrecentóse su fama, 
y túvose por santo al que así olvidaba los agravios ( * ). 

Fecundo empleo del saber y de la laboriosidad de nuestro héroe fueron, sin 
duda, sus claros ejercicios en la biblioteca escurialense. En sus primeros arreglos 
intervino y en ella conoció á Arias Montano, de quien aprendió la ciencia del biblio- 
tecario, que no consiste sólo en el arte de colocar y catalogar los libros, sino en 
conocer á fondo las disciplinas que contienen, para mejor proceder en la ordenación 
de impresos y manuscritos, reunidos para el común provecho. En esto, en disponer 
los catálogos y en cumplir fielmente las reglas de la honrosa profesión puso alma y 
vida (porque los libros fueron sus amigos casi desde la cuna, por él jamás olvida- 
dos), desde que el rey le confió la biblioteca como á digno sucesor de Arias Mon- 
tano, y en la decoración y adorno de la sala principal ejercitó su ingenio. Intérprete 
de la real voluntad y conformando los hechos con su propia opinión, dispuso amo- 
rosamente los ricos fondos literarios que al Escorial llegaban, merced á la generosa 
iniciativa del rey y al celo de sus colaboradores, sin menosprecio de ninguna cien- 

(*) Con el mayor interés he buscado el proceso que la Inquisición formó al P. Sigüenza; 
pero mis pesquisas han sido infructuosas, y he perdido la esperanza de que parezca pieza tan 
importante. No conocemos, pues, cuáles fueron los cargos que se hicieron al sabio y venerable 
Jerónimo, ni en qué consistieron las informaciones hechas por el Tribunal, ni cómo se defendió 
el acusado. Llórente no hace más que citar á Sigüenza entre los perseguidos por el Santo Oñdo* 



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INTRODUCCIÓN IX 

cía y arte, y sin dar oídos á las censuras de gente ignorante é hipócrita, como él 
dice, enemiga de que en una librería real, concertada principalmente para uso de 
una comunidad religiosa, se guardasen obras de recreación, de poesía y de autores 
y materias no cristianas, y aun notoriamente gentiles, comenzando los catálogos y 
ofreciendo comunicar al mundo uno que diera cuenta de aquellos tesoros ( * ). Con- 
tribuyendo con el caudal de sus letras al ornato artístico de la admirable sala princi- 
pal de la biblioteca, ideó las composiciones apropiadas al fin del departamento y que 
cubren sus bóvedas y parte de sus muros, siendo él quien llevó la mano del insigne 
Peregrini, discípulo de Miguel Ángel, y no inferior á éste, según opinión de 
Sigüenza (*), en el arte de trazar los admirables frescos, causa de legítimo asombro 
de cuantos los contemplan, y teatro donde aparecen unidas en amoroso consorcio 
las ciencias divinas y humanas, lo contemplativo y lo natural, la fe y la razón en 
sus más puras manifestaciones. 

Para llenar los claros que en aquel rico tesoro, reunido con nobilísimos propósi- 
tos por el rey fundador del monasterio, dejaron incendios, revoluciones y raterías, 
la erudición busca en el libro de Sigüenza curiosas noticias que aquellos fieros males 
hacen hoy peregrinas. Porque cuando Sigüenza escribió eran ya allegadas en el 
Escorial las bibliotecas preciosas del palacio del rey, de D. Diego Hurtado de Men- 
doza, de D. Antonio Agustín, de Páez de Castro y otras muchas, abundantes en 
raros y á veces únicos impresos y códices. Con estas noticias van otras tocantes á 
instrumentos geográficos, monedas antiguas, manuscritos en varias lenguas y curio- 
sidades de diverso linaje, que formaban allí una especie de museo de gran valor, 
aunque lo más singular y estimable era el fondo propiamente literario, que, aun sin 
contar con aumentos posteriores, formaba ya selectísima biblioteca de teólogos, 
médicos, humanistas, filólogos y legistas, sin excluir ninguno de los conocimientos 
entonces en boga, siendo así verdadera y magna junta de toda clase de libros. 

La memoria de los servicios del P. Sigüenza como bibliotecario de la Escuria- 
lense, alentó durante algún tiempo á sus continuadores en aquel oficio. Aunque la 
verdadera condición y el sano humanismo fueron perdiendo poco á poco su primera 
lozanía, porque tomaron rumbos extraviados, aún acudían al Escorial algunos doc- 
tos nacionales, y á deshora ciertos extranjeros, atraídos por la antigua fama del rico 
depósito. No citaré de ellos sino uno: al filólogo escocés David Colvil ó Colvillo, 
que tres lustros después de la muerte de Sigüenza se aprovechó á su sabor de los 

(*) «Otras cien cosas se quedan por los senos y caxones de estas librerías. Siendo el Señor 
seruido de dar vida, algún dia se verá un Catálogo copiosísimo de sus libros y de sus mas 
preciosas alhajas.» (Historia de la Orden de San Jerónimo, 3.* parte, pág. 779.) Quien desee 
conocer la parte que tuvo Sigüenza en la ordenación de la famosa librería, lea lo que él mismo 
declara en dicho libro, así como lo que dicen los historiadores del Elscoríal, los biógrafos de 
Fr. José y la preciosa obra de Carlos Graux, Les origines du fonds grec de VEscurial: París, 1880. 

(') El biógrafo que trazó con amoroso interés la vida de Fr. José en las Memorias sepulcra- 
les, que se conservan en el archivo conventual del Monasterio, asegura que todo el arreglo del 
material de la Biblioteca y la ¡dea de las pinturas se deben al P. Sigüenza, y que el pintor Pere- 
grino no trazaba cosa alguna sin consultarle. El mismo Sigüenza hizo dos catálogos de la Biblio- 
teca, uno por orden de autores y otro según las materias de los libros, reproduciendo en su 
Historia de la Orden la clasificación que para el segundo catálogo adoptó. 



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'X HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

manuscritos griegos y hebreos, y los corrigió y apostilló de su mano con una des- 
envoltura que á nadie consentiríamos ahora, y el cual jamás olvidó la buena aco- 
gida que tuvo entre los monjes del Escorial ( ' ). 

Pero el mal gusto y la decadencia crecientes en el curso del siglo xvii alcanzaron 
también á la célebre biblioteca, y desmayaron sus guardadores en el cumplimiento 
del deber sagrado de aumentarla y regirla; y aunque los incendios y otras desdichas 
concurrieron á ello, y aunque hubiera exageración de pormenores,* al cabo corrió 
por Europa la especie de que la biblioteca estaba abandonada y de que no servían 
de provecho sus tesoros, y en una obra inmortal dé sabiduría y de crítica se llegó 
á decir que estaba convertida en un cgran sepulcro de libros, donde se guardan y 
pudren los cadáveres de tantos códices manuscritos, de los que poquísimos se sal- 
van», por culpa de sus guardadores, á quienes caliñcó de inhumanos ó imperitísi- 
mos, según pudieron advertir á su costa los eruditos Baltasar Corderio y Jacobo 
Sirmondo (*). Censura terrible, que, aunque no del todo injusta, causó gran dolor 
á los frailes y devotos del Escorial, que, andando el tiempo, lograron que fuese 
tachada por decreto del Santo Oficio (*). 

( *) Con todo interés recomiendo al estudio de los eruditos la colección de cartas , unas en 
latín, otras en mal castellano, y algunas en italiano, escritas por los años de 1627 por David 
Colvil desde Turín y otros puntos á Fr. Andrés de los Reyes, monje del Escorial. Son muy 
eruditas, originales, y en ellas manifiesta el autor su gratitud por los servicios y mercedes tjue 
recibió de los Padres. Forman im curioso cartapacio, que he visto en el archivo conventual del 
monasterio con los demás papeles de dicho archivo , por merced y con licencia de S. M. 

(*) En las Acta Sanctorum de los Bolandos, tomo I de Mayo, pág. 245, vida de San Atana- 
sio. Obispo de Alejandría, refiriéndose de la vida de Santa Sinclética, se dice: 

^Hanc Vitam, quamperiise credebat Baronius, dedimus nos ad V, Jannuarii, prout ab inter- 
prete Davide Colvillo acceperamus^ eo majori piorum virorum gaudio, quod, uti nonnemo ad 
Bollandum scripsit ex Anglia, acceperint eam, velut ex orcifaucihus ereptam» id est ex magno 
illo sepulcro librorum in Escuriaco, ubi codicum MSS. cadáver a asservantur et putrescunit et ex 
quo paucissimi liberantur, Vix enim contingit ui aliquid originaliter integreque transcribi patian- 
tur custodesy inkumanissimi simul et Gracarum litteratum imperitissimi , prout ut magno suo cum 
dolore experti sunt, Balthasar Corderius noster et lacobus Sirmondus^ kic Ckristianissimi Regis 
intercessione gravissima frustra usus, ut impetraret exemplar paucarum Epistolarum S. Tkedori 
Studita ad suplementum magna earumdem collectionis a se pralo parata^ et ob eum defectum 
kactenus suppresste: iste nequidquam simili ex causa profectus in fíispaniam» ipsiusque Regis 
insfructos privilegio ^ quod tamen irritum reddidit eorum quos dixi custodum morositas: qua 
utinam vel nunc saltem mitescat^ post irreparabile tot codicum pulckerrimorum damnum, luctuoso 
incendio anni MDCLXXIfactum,^ 

(*) Uno de los más beneméritos y por desgracia más olvidados bibliotecarios del Escorial, 
fué Fr. Antonio de San José, «librero mayor» desde 1730, que murió en 1752. Era conterráneo 
del P. Sigflenza , pues nació en el Casar de Talamanca , de la provincia de Guadalajara. En su 
biografía, escrita con mucha extensión en el libro de Memorias sepulcrales que se cita antes, se 
dice que hizo los índices latino y castellano, dándose muy curiosas noticias de sus trabajos en 
la librería alta, que era una selva de libros y códices, habiéndole ayudado D. Miguel Casiri en 
lo arábigo. Añade el biógrafo que algunos conocedores de la biblioteca escurialense, afligidos 
por lo dicho por los Bolandos en el pasaje transcrito en la nota anterior, delataron la injuria 
al Santo Oficio, que por su decreto de 1738 mandó tachar el pasaje, sin que se sepa á quién 
se debió la merced, si bien, añade, quien verdaderamente borró la injuria «que no pronun- 
ciara el más descocado hereje», quitando la causa con su trabajo, fué el P. Fr. Antonio de San 



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INTRODUCCIÓN XI 

La autoridad alcanzada por méritos ciertos por el P. Sigüenza, el favor de 
Felipe II, continuado por su sucesor, y la voluntad de los frailes del Escorial, ele- 
varon á nuestro cronista á los primeros puestos en la Comunidad escurialense. Pero 
su modestia, no fíngida, sino hija de la virtud, y el mayor apego á los dulces ejer- 
cicios de la piedad y de las letras, muchas veces enemigas del mando, le hicieron 
rehusar los puestos de la Orden que pudieran alejarle de su casa y librería. No debió 
influir en este apartamiento la falta de prudencia y de bondad de carácter de que 
algunos acusaron á Fr. José, porque el rey le hizo algunas veces encargos que reque- 
rían aquellas condiciones en grado eminente, porque se trataba de corregir abusos 
y de aquietar á los frailes de la Orden, enardecidos por contiendas y disensiones 
enojosas y arraigadas. Así, cuando en Julio de 1 604 se celebró capítulo privado, 
según costumbre, en San Bartolomé de Lupiana para elegir el sucesor del general 
Fr. Diego de Tala vera (*), el rey envió á Sigüenza, prior entonces de San Lorenzo, 
para presidir el capítulo con el correspondiente permiso del Nuncio de Su Santidad, 
y aun hubo algunos embarazos para la junta, que el rey hubo de desvanecer, aca- 
bando después el capítulo á satisfacción de todos con la elección del general Fray 
Juan Bautista. Quedó también satisfecho el monarca de la habilidad del presi- 
dente, justificándose su designación y la confianza que en sus prendas había puesto 
Felipe m (*). 

Aprovechó aquella ocasión Fr. José para descargarse de las grandes obligaciones 
del cargo de prior de San Lorenzo del Escorial, presentando formal renuncia de 
dicho oficio ante los capitulares reunidos en Lupiana, en la sesión de 12 de Julio. 
Debía estar de acuerdo con el rey, porque en el acto se leyó una carta de éste 

José. (No se cumplió bien el decreto, porque en uno de los dos ejemplares de la obra de los Bo- 
landos que hay en la biblioteca de la Universidad, está borrado el pasaje; pero no en el otro.) 
Cuanto al testimonio del P. Corderío, á que aluden los Bolandos, dice el biógrafo: «Bien 
público es en casa el lance , que sucedió quando estuvo aquí el dicho P.; el que quisiere verlo 
de raiz, recurra á nuestro Archivo, al caxon 62, número 12, y se enterará de todo, que para mi 
intento sobra la condenación del Santo Tribunal, y esto por delación de los extraños, que 
tenian más ciertas noticias que los dichos P. P.» 

(1) Había muerto en 4 de Junio de 1604. 

(*) En el archivo capitular de San Lorenzo se conserva, formando varios gruesos volúme- 
nes, la interesantísima colección de las actas de los capítulos generales celebrados por la Orden 
de San Jerónimo, y con ellas varías cartas reales, breves de los Nuncios, etc., tocantes á ellos. 
En el Archivo Histórico Nacional poseemos ya la preciosa colección de libros de provisiones 
eclesiásticas del Real patronato, donde están transcritas muchas de aquellas cartas reales. En 
una y otra colección aparece la carta de Felipe III á Fr. José de Sigüenza, ordenándole que 
pasase á presidir este capítulo privado de Julio de 1604, «por la mucha satisfacción que tengo 
de vuestra persona, letras y religión t, y para que el capítulo se celebrase «con la brevedad, 
quietud y libertad» convenientes al servicio de Dios y de la Orden, llevando esta postdata de la 
Real mano: «Encargo os mucho que el General que se eligiere sea neutral y qual conviene 
al servido de Dios y bien de esa Religión.» (Valladolid 19 de Junio de 1604.) Advertencia que 
hacían necesaria las disensiones de los capítulos generales anteriores. 

En la carta dirigida por el Rey al capitulo anunciándole que seria presidido por Fr. José, le 
ruega que «tengáis buena correspondencia con dicho Prior, como es razón , dándole entero cré- 
dito á lo que en mi nombre os dijere». Valladolid 29 de Julio de 1604. (Libros de provisiones 
eclesiásticas). 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

desig^ndó, para sustituir á Fr. José, al P. Fr. Juan de Quemada (•); pero en el 
mismo día se nombró á aquél, en sustitución de Fr. Juan de Yepes, visitador gene- 
ral de Castilla, recibiendo, con los demás visitadores, el encargo de corregir varios 
desafueros, entre ellos el cometido por algunos religiosos de jugar á los naipes (*). 
Hecha la visita, se dedicó á la impresión de la tercera parte de su grande obra, 
impresa en 1605. 

El perfecto cumplimiento de la misión del P. Sigüenza en el capítulo de 1604 y 
el mucho amor que el rey le tenía, hicieron que, no obstante su edad y poca salud, 
fuese designado por el monarca para presidir el general de 1606. En 12 de Abril de 
este año le escribió el rey para que marchase con dicho objeto á Lupiana, avisando 
de la designación á los capitulares, y en el mismo día envió expresiva carta á los 
Padres definidores recomendando la elección de Fr. José para el oficio de prior del 
Escorial , por ser cosa que importaba mucho y por reunirse en él , con otras partes, 
religión y prudencia. Aunque ya le era duro andar por los caminos, por estar viejo 
y enfermo, fué á Lupiana y presidió el capítulo, reuniendo en su persona singulares 
prerrogativas, cpues entró como Presidente, Visitador general. Procurador de su 
Real Casa y como Prior nombrado de ella» ('). Presidió dignamente y con singular 
acierto, y los capitulares tomaron una resolución benéfica para el perpetuo descanso 
de Fr. José, no menos que muy honrosa para su memoria como historiador ( * ). Sin- 



(*) «Venerables y devotos padres: Fray Josephe de Siguenga, Prior del Monesterío de San 
Lorenzo el Real, me ha scrito que agora es buena sazón para mandarle descargar de aquel 
oñcio, por no tener salud ni fuerzas para pasar adelante en él, y que se elixa otro en su. lugar, 
pues ay en aquella casa quien lo pueda hazer, y yo lo e tenido por bien , como se lo e mandado 
scrivir, y os ruego y encargo nombréis en su lugar á Fray Juan de Quemada, hijo de dicho 
Monesterío de San Lorenzo ,' por ser la persona que sabeys , y tan á propósito para aquella Santa 
Casa, que en ello me teme de vosotros por muy servido. De enpudia á 28 de Junio de 1604. — 
Yo el Rey. — Por mandado del Rey nuestro Señor, Francisco González Heredia.* (Libros de 
provisiones eclesiásticas, antes mencionados.) 

En 14 de Julio escribió el Rey al General de la Orden refiriéndose á esta renuncia, y añadía: 
«Y porque agora me ha vuelto á scrivir el dicho Fr. Josephe, dessea mucho quedarse en su 
celda ocupado en los exercicios que hacia antes que fuese Prior, os ruego que lo ordeneys assí, 
dándole la licencia para ello y recaudo que convenga.» Valladolid 14 de Julio de 1604 (En los 
mismos libros de provisiones eclesiásticas del Archivo Histórico Nacional.) 

(•) Declarándose enterado el Rey de lo ocurrido en este Capítulo, decía al nuevo General 
de la Orden: «Muy bien fué echar mano de Fray Josephe de Sigüenza para la visita general de 
Castilla, por las causas que dezfs y hauer de durar tan poco.» Valladolid 25 de Septiembre 
de 1605. 

(•) Fr. Pablo de San Nicolás, en el Epítome de la vida de Sigüenza, que precede á la Ins- 
trucción de Maestros, Escuela de Novicios. Lo mismo había advertido Fr. Francisco de los San- 
tos al escribir la vida de Fr. José en la cuarta parte de la historia de la Orden. 

Las cartas reales tocantes á la presidencia y el buleto del Nuncio autorizándola, se conser- 
van originales en el tomo correspondiente, que es el tercero de las Actas de los capítulos gene- 
rales de las órdenes existentes en el archivo conventual de San Lorenzo, y que he visto. 

(*) Uno de los acuerdos del capítulo, según consta en sus actas, fué éste: «Mandamos que 
por lo mucho que ha trabajado el P. Fr. Joseph de Siguen^ en las Chronicas de nuestra Orden, 
en muriendo se le diga en cada casa una missa cantada y vigilia, y esto se propuso á la Orden y 
vino en ello.» (Acta de 26 de Abril de 1606.) 



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INTRODUCCIÓN 

tió mucho la elección para el priorato de San Lorenzo, y fueron menestc 
esfuerzos y aun recursos extraordinarios para vencer su resistencia, com( 
nase su próximo fin y quisiese romper toda clase de ataduras al mundo 
dejar (•). 

Sus últimas acciones parecen probar este presentimiento. A sus amigoí 
tro lo confió, y en una última plática á la comunidad lo hizo entender c 
así como en varias disposiciones sobre diversos asuntos. Un sábado antes ( 
de la Santísima Trinidad, misterio de que fué muy devoto, por ir unida d 
á actos importantes de su vida (*), padeció un violento ataque apoplétic( 
una ya añeja hidropesía, fué causa de su muerte, ocurrida al siguiente luí 
Mayo de l6o6, causando en la comunidad, en el rey (') y en la corte he 
pocas veces tan legítima, por perderse en él un varón santo y sabio, frai 
prelado discretísimo y celoso y gran amador de Dios y de los hombres. A 
noció entonces y después ; y sobre la humilde lauda sepulcral puesta sobn 
ero trazaron más tarde un breve elogio de aquellos merecimientos (*). 
de ellos quien, como dicen \^s Memorias sepulcrales del Monasterio y «fué ui 
todo género de letras escolásticas; positivo, que llamamos Santa Escritu 
de lenguas y de hystoria; erudición, lección de Santos, poeta, mathemátic 
buena voz, gran eclesiástico, famoso predicador, agradable en su conv< 
discreto, insigne historiador, y quanto se puede decir debaxo de nombr 
fraile, y de los observantes, llanos y humildes, de buena oración, devol 
Todas las alabanzas las resumía su especial amigo Felipe II, diciendo 
no disfrutaba totalmente del Escorial quien se iba sin ver á tan perfect( 
que era lo extraordinario en aquella maravilla, y cuya fama duraría má 

Esto fué el hombre, esto el religioso, esto el prelado; después le j 
como escritor. 

No señaló su muerte la hora de las universales alabanzas. Cierto qu 
sus dotes de espíritu y de letras, los elogios han sido unánimes y sin á\ 



(*) Fué menester que el Rey y otras personas le obligasen á aceptar el cargo, i 
manuscrito de Memorias sepulcrales. Según el P. Santos, continuador de la historia ( 
cedió Fr. José por virtud de la obediencia que tenía ofrecida á un hermano lego. 

(') Según sus biógrafos, solía recordar que en dicha ñesta pidió el hábito en el 
fesó, cantó misa y se vio milagrosamente libre de un mortal peligro. 

(■) Cuando Felipe III supo la muerte del P. Sigüenza, escribió al general de 1 
estos términos: «Reverendo y denoto padre general. Vuestra carta de 24 destc 
auisays el fallecimiento de 'fray Josephe de Sigúenga Prior def monasterio de San 
Real res^ibí y por lo que deseo que el religioso que le sucediere sea qual conviene 

casa » Sigue didéndole que le dé relación de las personas á propósito para recibi 

de tan gran religioso, y particularmente de Fr. Andrés de San Jerónimo, prior d< 
Madrid 28 de Mayo de 1606. (Libros de provisiones eclesiásticas del Real Patronal 
hoy en el Archivo Histórico Nacional.) 

(*) Publicó esta inscripción Fr. Francisco de los Santos, y la han reproduci 
Sr. Rotondo dice en su Historia del Escorial que, por haberse gastado las letras co 
la renovaron en 1856. 



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XIV HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

sinceros. Pero como se advertirá, los mismos suyos le atribuyeron cierta flojedad 
en la averiguación de las noticias históricas y descuidos dignos de censura. Esos 
mismos hermanos de hábito, y personas que con él no tuvieron parentesco espiri- 
tual, manifestaron que era hombre de áspera condición y de trato poco corriente, no 
confundiendo la llaneza, en él nativa, sin duda por serlo de cuantos nacieron en su 
tierra, con el carácter dulce y humano, natural seductor de las voluntades é imán 
de los ajenos afectos. El entusiasta apologista que puso su elogio en el libro de 
Memorias sepulcrales del Escorial ^ reconoce que algunas personas le tuvieron por 
hombre áspero y ceñudo; mas el anónimo biógrafo (*) corrige esta opinión diciendo 
que el P. Sigüenza sufría disgusto, y quizá no lo ocultaba, cuando le distraían de sus 
pensamientos y contemplaciones, pero que era hombre amable y que en sazón 
oportuna también se alegraba y regocijaba como todos los demás. 

Sin duda los que guardaban desagradable recuerdo del insigne historiador tuvie- 
ron que sufrir alguna vez sus reprensiones, si acaso ásperas, probablemente justas. 
Quizá eran envidosos de sus talentos y del lugar á que le ensalzaron la amistad de 
reyes y grandes personajes. Quizá también esos detractores, sin conocer del carác- 
ter de Sigüenza otra cosa que cierta aspereza reflejada en el retrato que de él existe, 
presumen que el fondo de su alma se concertaba con la apariencia de su semblante, 
ó acaso pertenecían á esa escuela más ó menos antigua, para la que cuanto se 
refiere á Felipe II y al Escorial está envuelto en la tristeza y en la austeridad más 
antipática. Error notable, porque aquellos hombres y aquel siglo también fueron 
alegres y dieron suelta á las pasiones humanas y á los movimientos del corazón, que 
pueden ser á la vez retozones y honestos. Porque al trazarse el plan del grandioso 
monasterio no cubrieron su horizonte perpetuas y negras nubes, ni se alejaron de él 
para siempre las caricias del sol y las blandas brisas otoñales, ni se agostaron las 
vecinas florestas, ni enmudecieron las cristalinas corrientes despeñadas de las mon- 
tañas ó emergiendo entre las rocas, ni hubo allí perpetuos ocasos sin el contraste 
vivificador de suavísimas auroras, ni se agotó la vena de las humanas alegrías. Aun 
en la época de la construcción de la octava maravilla, en los tiempos heroicos del 
Escorial, bajo la mirada vigilante del monarca y de los austeros moradores, reinó 
el regocijo, á veces sin regla y descompasadamente. En bulliciosas cazas y en ale- 
gres convites se solazaron las personas reales y su servidumbre, y por cierto que no 
se usaba entonces de sobriedad monástica, porque hubo merienda donde fueron 
servidos estos manjares: cUna ensalada de diversas cosas hecha, y seis melones, 
cuatro capones asados, dos tortillas de huevos con torreznos é higadillos, ocho aves 
salpimentadas, cuatro gansos empanados, dos piernas de carnero acecinadas, dos 

(1) Realmente no es anónimo el autor de la biografia del P. Sigüenza y de otras muchas de 
antiguos religiosos de San Lorenzo, pues hablando Fr. Francisco de los Santos en la cuarta parte 
de la Historia de la Orden dt San Jerónimo y pág. 125, de Fr. Bartolomé de Santiago, quien 
murió en 1630, dice: «Como fué tantos años Vicario, y tuuo á su cargo el Libro de los Entierros 
de los Religiosos (el que tiene por rótulo Memorias sepulcrales), dexó escritas en él muchas 
vidas de los mas excmplares, y entre ellas la del Venerable P. Fr. Joseph de Sigflenga, que queda 
referida, la dictó él en gran parte, deuiéndose á su cuidado que no quedase en olvido.» Los 
demás biógrafos, incluso el P. Santos, la han seguido con algunas amplificaciones y noticias. 



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INTRODUCCIÓN XV 

platos grandes de membrillos, otros dos platos grandes de peras y otros dos de 
camuesas, dos de confítura y media docena de salseras de jaleas y sus buñuelos, 
y dos grandes buenos quesos con sus rábanos, con más tres pemiles de tocino y dos 
lenguas de vaca» (•). 

Á ruegos del vencedor de Lepanto, y aun dirigiendo él la fíesta, hubo en Sep- 
tiembre de 1576 una notable corrida de toros, aunque entonces había, como hay 
ahora, hoscos enemigos de este espectáculo, á todas luces nacional, y merecedor de 
ser, ya que no loado, consentido: díjose, para cohonestar la libertad de tenerlo y el 
alborozo en gozarlo, que D. Juan de Austria tenía privilegio pontificio para hacer 
correr toros donde quisiese (*). 

Con máscaras y grotescos artificios se festejaron alguna yez los adelantos de la 
fábrica, y aun cuando el director de estas fiestas fué el gran obrero Fr. Antonio de 
Villacastín, en la mascarada alegre, con toques de irreverente, figuraron disfraces 
de clérigos y obispos, con acciones de tales, como santiguar, bendecir y remedar 
con tosca mano las bofetadas simbólicas de la Confirmación, licencias que no con- 
sentiríamos hoy sin severas protestas, aunque entonces no contenían intención 
dañada. No faltaron motines entre los operarios y riesgos graves de algunos hom- 
bres de autoridad; y para que todos los azares y torpezas de la vida tuviesen allí 
representación y mano, además de tempestades, rayos, incendios y temerosos suce- 
sos, como el siniestro espanto que produjeron los quejidos del perro aullador, pulu- 
laban por breñales y espesuras mujeres desenvueltas, Walkyrias desarrapadas de 
nuestra Walhalla del Renacimiento, á las que no lograron espantar azotes, vergüen- 
zas públicas y otros rigores de la justicia, porque en aquel año, según escritores de 
la época, aumentó extraordinariamente la triste mercancía, como si estuviesen pre- 
sididos por Venus sus lúbricos destinos ('). 

Volviendo al examen del carácter de Sigüenza, debo advertir que no agradó á 
todos en los asuntos ordinarios de la vida, aunque no sabemos si fué suya la culpa ó 
de envidiosos y mal avenidos con la autoridad ajena, ni tampoco en otro orden de 
cosas le faltaron agrios censores. Pero fueron éstos aquellos á quienes molestó el 
libre pensar y el franco decir del gran historiador, porque, hombre ingenuo y can- 
doroso, no obstante andar en claustros donde vivían juntos de continuo hábitos y 
ropillas, ni supo torcer sus ideas ni darlas cambiantes de cortesana lisonja. É hizo 
esto aun en los asuntos de su propia familia eclesiástica, caso siempre terrible, por- 
que parecen más duros los golpes cuanto más cercana está la mano de donde vienen. 
Movido por su amor á la verdad, no ocultó ciertas disensiones y ciertas faltas acae- 

(1) Memorias de Fr. Juan de San Jerónimo, monje del Escorial. (Colección de documentos 
inéditos para la historia de España, VII, pág. 171.) 

(^) El mismo autor. Disponiendo otra corrida de toros estaba D. Juan de Austria cuando 
recibió la orden del Rey para que pasase á Flandes y sosegase los grandes alborotos de que 
eran teatro aquellas provincias. 

O Reñriéndose el mismo P. Fr. Juan de San Jerónimo al año de 1580, recuerda esto de las 
efemérides de José Molecio: tCommittentur in hoc anno luxuria frater consuttum et legem, et 
mtretricum numerus augmentatur. 



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XVI HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

cidas en la religión de los Jerónimos, y las declaró y censuró con su ingénita clari- 
dad, sin anublarlas ni obscurecerlas, viendo en ellas un ejemplo de las miserias acae- 
cidas á las cosas más espirituales cuando se introducen por falsa puerta las humanas 
flaquezas, y una advertencia para que los superiores ejerciten la discreción y la 
energía para impedir tanto daño. Padeció mucho semejantes males la Orden de San 
Jerónimo, y su cronista no lo ocultó; antes quiso deducir del relato de tales sucesos 
una moralidad provechosísima, como son siempre las lecciones de la historia, aun- 
que después dijeron de él por esta franqueza que no supo callar lo suyo, esto es, lo 
de su familia monástica ni lo ajeno, bien que en este reparo hubiese tanta injusticia 
como apasionamiento de sus propios continuadores. 

No fueron éstos los únicos que censuraron la ingenua narración y el libre juicio 
de Sigüenza. Se dolió éste en la tercera parte de su obra del mal éxito que tuvo la 
armada Invencible^ atribuyéndolo á los altos juicios de Dios, y también á la poca 
prudencia con que fué regida aquella expedición naval, puesta en camino con poca 
ventura y no grande acierto, tras lo que acaeció su dispersión y derrota; suceso 
que € al fin fué la mayor pérdida que ha padecido España de más de seyscientos 
años á esta parte, según lo afirman los que la tantearon de cerca; y lo peor, que no 
se escarmentó con esto»; castigo, además, de tenernos por pueblo de capa y espada, 
y, como dice SigUenza, de ser causa de nuestras miserias la nativa altivez, fundada 
en una confianza excesiva en el valor, el poder, la maña y la destreza. Este juicio, 
entretejido con amargos reproches á la española gente y á los directores de la 
célebre expedición naval, no sentó bien á un historiador cortesano, Luis Cabrera de 
Córdoba, quien en su Historia de Felipe 11^ tratando con desdén á Sigüenza, se 
maravilló de que éste discurriera acerca de la jornada « sin tocarle y poco adver- 
tidamente»; contestó al insigne cronista como si se tratase de un fraile vulgar y 
entrometido, y procuró atenuar ó deshacer sus razones, aunque con notoria obscu- 
ridad en los términos, porque el noticioso Cabrera no imitó jamás la lisura del 
lenguaje, y mucho menos el noble y elegante estilo del fraile á quien maltrataba. 
Y como si estuviera vedado á éste el discurrir sobre cosas mundanas y considerarlas 
desde el punto de vista de la filosofía católica y no ver en ellas documentos provi- 
denciales y advertencias provechosas, concluyó Cabrera con estas desenfadadas 
frases: cPor esto, frailes no son buenos para historiadores sino de sus religiones, 
donde tiene lugar la aridez del sentir y decir y meterse luego á predicar en cada 
colunma; pero lo agrio de su oración del P. Fr. Joseph es tan propio en él, que ami- 
gos y enemigos padecen por su natural autoridad y libertad excesiva. » Palabras 
estas últimas que parecen eco de las quejas de los mismos religiosos de San Jeró- 
nimo, que se consideraban agraviados por esa «libertad excesiva» con que en la 
historia de la Orden se cuentan muchos sucesos. 

La protección de reyes y príncipes; los destinos que en su religión alcanzó, aun 
resistiéndolo su modestia y apartamiento de las vanidades terrenas; el tacto y dis- 
creción, de que hay recuerdos escritos en las actas de los capítulos generales, según 
se ve en otra parte de este discurso, y el testimonio de sus biógrafos, destruyen ó 
al menos atenúan las declaraciones contrarias á la buena condición del gran cronista 
jeronimiano, y no menos le favorecen la dulce amistad y frecu/?nte plática intelec- 



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ÍKTRODUCCIÓN XVII 

tual en que vivió con algunos hombres insignes de su tiempo, singularmente con 
Arias Montano, cuya fama no ha menester ser reverdecida aquí, porque nunca se 
agostó entre nosotros. Compañeros y coautores de la fábrica intelectual que en San 
Lorenzo se levantaba, al misino tiempo que el excelso monumento arquitectónico, 
sólo la muerte rompió aquellos lazos, que comenzaron cuando Fr. José era discípulo 
del maestro eminentísimo, gloria de nuestro siglo de oro. 

Otro amigo entrañable del cronista fué Pedro de Valencia, menos famoso que 
Montano, aunque dignísimo también de perdurable recuerdo ( • ). Nuestro Menén- 
dez y Pelayo alumbró no ha mucho su nombre con los claros resplandores de su 
crítica reparadora, y de su trato con Sigüenza dan testimonio las cartas que dirigió 
á éste, que guarda la biblioteca de San Lorenzo y que acaba de publicar una docta 
revista religiosa (*). En ellas resplandecen el dulce pensar de Pedro de Valencia, 
su afecto á Sigüenza y su amor á Arias Montano, de quien fué devotísimo aun antes 
de conocerle y de tratarle. Fuelo también del monje escurialense, y no descansaba 
hasta recibir sus cartas, mensajeras de tiernos afectos, que por el doctísimo extre- 
meño eran correspondidas, como era natural en quien vivió siempre amarrado al 
dulce yugo de la amistad, de tal manera, que sólo por vía de obsequio miraba al 

(*) En la Biblioteca Nacional, en un tomo de papeles manuscritos señalado ^-87, hay un 
papel de letra del siglo xvii, donde se traza en calurosos, aunque no muy dilatados términos, la 
biograíia de Pedro de Valencia. Allí se dice que nació en Zafra en 1555, de Melchor de Valen- 
cia, cordobés, y Doña Ana Vázquez, natural de Segura de León. En el Colegio de la Compañía 
de Córdoba comenzó muy niño sus estudios de artes y teología; pero sus padres quisieron 
dedicarle á la carrera de leyes, y con este fin le enviaron á Salamanca, donde, más que á la juris- 
prudencia, le llevaron de continuo sus aficiones á las letras divinas y á las humanidades clásicas. 
Entusiasmado con los salmos latinoe de Arias Montano, se aficionó tanto á este hombre ilustre, 
que no descansó hasta lograr ser su amigo, aumentando aquel empeño la aparición de la Biblia 
Regia. Lograda tan honorífica amistad, como por la mano le condujo Arias en el estudio de la 
Sagrada Escritura y de la lengua hebrea. Casó con su prima carnal Doña Inés de Ballesteros, y 
tuvo frutos de bendición en ella, á uno de los que, sin duda por consideración á su maestro, le 
llamó Benito Arias de Valencia. Gozó Pedro de firmes amistades con los hombres más doctos de 
su tiempo, como fueron Fernando Machado; Alonso Ramírez de Prado, á cuyo hijo Lorenzo 
Ramírez de Prado tuvo en la pila bautismal; el maestro Juan Alonso Curiel, Catedrático salman- 
tino; el Dr. Terrones, luego Obispo de León; los médicos Simón de Tovar y Francisco Sánchez 
de Oropesa, á quienes admiraba por sus conocimientos en la medicina de los griegos; D. Gregorio 
de Pedrosa, Fr. Hortensio Parravicino, Juan Bautista Labaña, D. Bernardo de Rojas y Sandoval, 
á quien dedicó uno de sus libros más doctos; el Duque de Feria, y no menos que con todos 
ellos, con ct P. Sigüenza, según demuestran sus cartas. Murió Pedro de Valencia á la edad de 
sesenta y cuatro años, disfrutando hasta el último de buena salud, bien aprovechada para el 
saber suyo y de los demás. Nicolás Antonio hizo una buena enumeración de los escritos del polí- 
grafo extremeño, á quien llama cordobés. Uno de los códices más notables que de él se con- 
servan en la Biblioteca Nacional, sala de manuscritos, es el que contiene sus minuciosas adver- 
tencias á la paráfrasis caldáica del P. Andrés de León. 

(') En Diciembre de 1896 comenzó la Ciudad de Dios la publicación de estas cartas inédi- 
tas de Pedro de Valencia á Fr. José de Sigüenza. En la Biblioteca Nacional, sección de manus- 
critos, hay copias de otras dirigidas por Valencia á varias personas. El Epistolario español^ que 
incluyó el Sr. Ochoa en la Biblioteca de Rivadeneyra, contiene dos de las cartas dirigidas á 
Sigüenza. 

H. OB Ui o. DK S. GXRÓHIMO. — ¿. 



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XVín HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

Padre como más fino amador que él, lo que no concedía á ningún otro hombre del 
mundo, y le obligaba á escribirle continuamente para templar con sus escritos los 
rigores de una ausenda inevitable. Esta correspondencia es un testimonio elocuente 
de que no todo eran rigores en el alma del gran historiador y que también sabia 
merecer entrañables afectos ( ' ). No fueron estos dos insignes sabios los únicos con 
quienes tuvo amistad, aunque con pocos la mantuvo tan íntima (*). 

Desde su edad más lozana mostró Sigüenza notable inclinación á la poesía. Cuen- 
tan sus biógrafos que después de su primer viaje á Segovia, y cuando asistía á las 
cátedras de la Universidad seguntina, juntábase con otros jóvenes y en rondas noc- 
turnas daba libertad á su estro poético y á la hermosa voz con que fué dotado. No 
tenemos otras noticias de estos ensayos poéticos, que seguramente no contendrían 
pensamientos encendidos en el amor divino, sino conceptos galantes y enamoradas 
alabanzas de alguna beldad cuyo nombre no conservó la historia, si es que en el alma 
del futuro prior del Escorial la austeridad nativa no ahogó desde los principios las 
eróticas inclinaciones que brotan y crecen en el terreno fértilísimo de las imagina- 
ciones escolares. Cuando puso la espalda al mundo, y envolviendo el cuerpo con el 
hábito, sujetó el espíritu á la regla monástica, aquellos desahogos poéticos tomaron 
nuevo rumbo, en armonía con el estado donde el hombre era nuevo también, el 
asceta enderezó su fantasía á la contemplación de los misterios religiosos, y como 
otros grandes poetas de su tiempo, y á imitación de ellos, singularmente de su gran 
maestro Arias Montano, puso en lengua española y en los moldes de la poesía las 
alabanzas de la fe y los suspiros de la esperanza, según la propia inspiración los dic- 
taba al poeta, ó traduciendo los sublimes cantos de la literatura bíblica. Nunca pasó 
de esto, ni, como otros cristianos vates, entró en el florido campo de las imitaciones 
clásicas, ni quiso expresar sentimientos que no estuvieran hermanados con la profe- 
sión de monje. Quizá tuvo estas dulces tareas como indignas de la misma profesión, 
ó al menos como juegos inocentes del espíritu, no merecedores de cuidado, y así 
se explica el que jamás publicase obra alguna, fuera del soneto laudatorio de los 
Versos espirituales del dominico Fr. Pedro de Encinas y de los sáficos adónicos con 
que aderezó la Historia del Santo Niño de la Guarda, de Fr. Rodrigo de Yepes, ni 
las coleccionase y guardase como trabajo con que otros pudieran deleitar las horas 
de ocio. Salvó algunos de estos trabajos el interés de su continuador en la historia 
de la Orden de San Jerónimo, y se conservan otros todavía inéditos en la biblioteca 
de San Lorenzo, mas de tal modo confundidos con poesías ajenas, que no es fácil 
señalar las que brotaron de la pluma de Sigüenza (*). Todas, con más ó menos 

(*) En las epístolas de Pedro de Valencia se leen frases como las siguientes, enderezadas 
al P. Sigüenza: «Quien también como V. P. sabe amar de veras y de corazón.» «V. P. en todo 
tiempo me hará ventaja en amar.» 

(*) Baltasar Porreño, en su Vida y hechos hazañosos del Gran Cardenal (MS. en la Biblio- 
teca Nacional, Ee-iiy)^ recuerda que conoció y trató á Fr. José de Sigüenza, cuyas obras cita 
entre las fuentes de que se sirvió para aquel libro. 

(•) En un tomo de la Biblioteca del Escorial, en 8.®, signado /-^-3 3, y después de un trata- 
dillo impreso en letra gótica (Confessionale, R. P. Fr, Jacobi Filippi^ impreso sin año en 



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INTRODUCCIÓN XIX 

intensidad, son versos á lo divino. No diré yo, cegándome la pasión, que Fr. José se 
encumbrase en ellas al alto puesto que en el Parnaso español tienen otros grandes 
poetas, así por las bellezas internas como por lo pulido de la forma; antes bien creo 

Venecia por Pedro Bei^omense), hay un buen número de composiciones poéticas, manuscritas, 
con este epígrafe ó título: Versos d lo divino^ en letra de la primera mitad del siglo xvii. 

Algunas de estas composiciones son de Góngora, Tomás de la Vega y Juan de Vergara; otras 
no tienen nombre de autor, y varias se atribuyen á Fr. José de Sigüenza. Estas son las siguien- 
tes; algunas de ellas fueron impresas: 



Empieza: 



ENCOMIO A NUESTRO P, S. HIERÓNIMO 

Padre, si el pedir consejo 
fué siempre seguro y sano, 
dadme un consejo christiano 
pues que soy christiano viejo. 

SONETO A LA VIRGEN Ó A SU IMAGEN PINTADA QUE DA LA TETA 

Fuente divina que el licor precioso 
destilas eri su origen y venero; 
cordera madre virgen que al cordero 
diuino, das el pecho caudaloso. 

Rinde el tributo al Rey menesteroso 
de tu socorro; al ünico heredero 
del Padre eterno, de quien tú primero 
recibiste caudal tan milagroso. 

Y en ti se esquite quanto el mundo debe 
á su criador, y suba á tanto puncto 
que el sieruo á su señor en deuda heche. 

Con tu fauor á tanto ya se atreue 
pues exgede en valor al orbe junto 
puesta en labios dé Dios, tu dulce leche. 

Siguen otros sonetos á la Natividad de Nuestra Señora, á San Lorenzo, á San José« unas 
coplas de los celos de San José, el encomio tie San José, villancicos á la degollación del Bautista, 
otros al Nacimiento del Niño Jesús, soneto en diálogo entre Felipe II y su hijo andando la pro- 
cesión del Corpus en San Lorenzo, la paráfrasis del Miserere, unos sáneos adónicos, y un soneto 
en respuesta á otro de Juan de Vergara, que también se inserta. 

Estas composiciones llevan el nombre del autor; pero es casi seguro que todas, no siendo 
las que tienen al frente el nombre de otro dueño, que son las menos, fueron también parte del 
ingenio poético del P. Sigüenza. Algunas se le dedicaron por ingenio no conocido, como un 
enigma á la estera del P. José Sigüenza, y otro á la purga del mismo, éste burlesco. 

Hay además de las citadas un soneto atribuido al P. Sigüenza: 

ANDANDO LA PROCESIÓN DEL CORPUS EN SAN LORENZO EL REY D. FILIPE CON SUS DOS HIJOS 
PRÍNCIPE V INFANTE, SONETO DEL P. FR. JOSEPH 

Qual esta grande y bella architectura 
del universo, y fábrica mundana 
que aquella diestra mano soberana 
plantó con tanto ingenio y hermosura. 



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XX 



HISTORIA DE LA OftDEK D£ SAfí GERÓNIMO 



que, si como prosistas hay* pocos que le igualen, como poeta no se iguala él con 
Fr. Luis de León, el Dr. Extático 6 Malón de Chaide. En ocasiones paréceme que al 
sujetar la lengua á la métrica y al ritmo pierden algo la libertad de flexión, la armo- 
nía y otras excelencias que tanto enaltecen la prosa del eximio cronista. Pero aun 



Embuelta en triste manto y sombra oscura 
quedará sin Apolo y sin Diana 
priuando del loor y gloría ufana 
que rinde á su hacedor su propia hechura. 

Ansin á tus hazañas Rey de gloria 
también las tuyas, visodios del suelo, 
cubiertas fueran ya con sombra tanta; 

Si el uno, de su amor tan gran memoria 
no nos diera, y el otro tal consuelo 
con un Príncipe Sol, y Luna Infanta. 

El enigma á la estera del P. Sigüenza tiene al fin estas dos declaraciones: 
Primera, Segunda, 

£1 que conjugar no ha usado, £1 enigma agudo fué 



saber quien yo soy no intente, 
pues soy tercera en presente 
y prímera en el pasado. 



como asador de espetera 
oy por poco en él cayera 
si le quitara la/^. 



PSALMO 138 DOMINE PROBASTI, &. 



Qual cagador experto. 

Señor, me has entendido y penetrado 

y no te es encubierto 

si acaso estoy hechado 

ó si ando por el campK) levantado. 
De lexos comprehendes 

donde pienso salir á apacentarme, 

mis ueredas entiendes, 

y á do suelo anidarme 

allí sabes con lazos enrredarme. 
Tienes cierta experíengia 

de mis senderos y agía donde acudo 

y con divina giengia 

aun lo que hablar no pudo 

mi lengua, ya es á tí claro y desnudo. 
Tu vista caudalosa 

vee lo de atrás y lo de adelante, 

tu mano poderosa 

a me formar bastante 

siempre está sobre mí fuerte y pujante. 
Atónito me quedo 

viendo en mí mesmo tu favor inmenso 

allá llegar no puedo 

y quanto más lo pienso 

tanto más quedo absorto y más suspenso. 



A do de tí iré huyendo? 

á do me esconderé de tu semblante? 

si al gielo voy subiendo 

allí te estoy delante 

y no es el infierno á me esconder bastante. 
Ni aunque las lijeras 

alas con que el aurora va volando 

me ponga, y las ríueras 

extremas vaya hollando 

que el ancho mar continuo está bañando. 
Aun no podré valerme 

que allí tu mano larga y poderosa 

sabrá asido tenerme 

de allí (o extraña cosa!) 

me sacara tu mano poderosa. 
Dixe entre mí engañado: 

esconderéme en lugar obscuro; 

allí no seré hallado; 

allí, alegre y seguro, 

la noche servirá de luz y muro. 
Mas ¡ay! qué niñería, 

que á tí la sombra no te abscondc nada, 

á tí la noche es día; 

la obscuridad cerrada, 

no es menos que tu luz aventajada. 



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INTRODUCCIÓN 



XXI 



así, éste pertenece á la gran escuela, honor y gloria de nuestra raza y lengua. Tengo 
por sus poesías más excelentes las paráfrasis de varios salmos, sin duda porque la 
inspiración del original encendió la suya propia y la levantaba hasta las regiones 
donde el numen mora, dándole sencillez y gracia, profundidad de ideas, y aquella 



Penetras mis entrañas 

aun hasta el más pequeño pensamiento; 

sabes todas mis mañas, 

como quien de pimiento 

formó á mi ser en el materno asiento. 
Doite inñnitos loores, 

que en mí los leo de tu gran destreza, 

y divinas labores; 

mi alma aquf se abeza 

á leer tu gran saber, tu gran belleza. 
El hueso y armadura 

deste mi cuerpo no te fué abscondida; 

tuya es su compostura, 

labor de tí texida 

en la materna tierra concebida. 
Con tus ojos mi escoria 

viste, y sin imperfection, sin lustre alguno, 

en tu libro y memoria 

se escriven uno á uno 

quantos da el tiempo, sin faltar ninguno. 
y entre éstos, tus queridos, 

son para mí de estima incomparable, 

que están enrríquezidos 

de aquel bien inefable 

que es principio de bienes admirable. 
Y tantos son en quento, 

quel arena del mar no suma tanto; 

y si á contallos tiento, 

en vano me levanto, 

y assí me quedo en tí lleno de espanto. 



Señor, si á peccadores 

sueles darles la muerte por castigo, 

¿qué harás á matadores? 

No soy yo vuestro amigo; 

sanguinolentos, afuera, no conmigo. 
Teneys mal pensamiento 

contra los justos, puesto en mil maldades 

de hazer vano su intento: 

quitalles las giudades 

que Dios da á sus virtudes y bondades. 
Señor, ¿por ventura 

no quise mal á los que no te amaron? 

¿Y mi aspereza dura, 

mi saña no probaron 

tus enemigos, y de mí temblaron? 
¿No perseguí sus vigios? 

¿Mi ira sus pecados no sintieron? 

Hasta volcar sus quigios 

mis enemigos fueron, 

y contra mí sus lanzas convirtieron. 
Haged, Señor, la prueba; 

mirad mi corazón do está inclinado; 

mirad qué sendas llena, 

qué ramas a brotado, 

si va su tronco á vos enderezado. 
Mirad si en mí se halla 

cosa que al recto ñn vaya torgida; 

venid á enderezalla 

por la senda escogida 

que lleva el alma hasta \a, eterna vida. 



El Sr. D. Adolfo de Castro, en las observaciones preliminares del tomo XLII (segundo de los 
Líricos de los siglos xvi y xvii de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra), dice que 
la versión del Miserere fué hecha por Arias Montano, según un códice antiguo, <6 por Fr. José 
de Sigüenza, según quiere un erudito amigo mío>. No acreditó éste su opinión, que tengo por 
equivocada, así por ir contra el parecer de los doctos como porque, aun no siendo imposible, 
no parece natural que Fr. José hiciese dos versiones en distintos metros de dicho salmo. 

Hay también en el Escorial este Códice: 

€ Salmos y poesías del P. José Sigüenza, Montano y otros.» (Este título de letra moderna.) 

En un tomo en 4.°, signatura Z-iiij-12^ MS. de varias letras y formado todo de composiciones 
poéticas. Aunque algunas están escritas en letra muy semejante á la del P. Sigüenza, creo que 
ninguna es de su mano. Algunas se expresa que son de Arias Montano, pero no del P. Sigüen- 
za; y sólo pueden señalarse las notoriamente suyas en otros códices, ó en la obra de su conti- 
nuador el P. Santos. Ni para hacer este señalamiento podemos atender al estilo, puesto que es 
difícil distinguirlo del de Arias Montano, por ejemplo, á quien pertenecen muchas de las poe- 
sías de este tomo. 



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XXII HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

tendencia, bebida en la contemplación de los amenos campos y de los espectáculos 
de la naturaleza, que constituye uno de los principales atractivos de las poesías de 
Fr. Luis de León, de quien en ocasiones parece Sigüenza discípulo apasionado: 

Qual calador experto, 
Señor, me has entendido y penetrado, 

Y no te es encubierto 
Si acaso estoy b echado 

O si ando por el campo levantado. 
De lexos comprehendes 
Donde pienso salir a apacentarme. 
Mis veredas entiendes, 

Y a do suelo anidarme 

Allí sabes con la^os enrredarme. 



Ni aunque las ligeras 

Alas con que la aurora va volando 

Me ponga, y las nueras 

Extremas vaya hollando 

Que el ancho mar contino está bañando, 
Aun no podré valerme, 

Que allí tu mano larga y poderosa 

Sabrá asido tenerme, 

De allí (¡oh extraña cosa!) 

Me sacará tu diestra poderosa. 



En otras composiciones hay más obscuridad y algunos toques conceptuosos que 
no calificaré de rasgos de ingenio. Pero en conjunto las poesías de Fr. José son de 
castiza raza, llenas de espíritu religioso, ricas en candorosa ingenuidad, con aquel 
jugo místico propio de los poetas contemplativos que tan gloriosa representación 
tienen en la literatura patria ( ' ). 

(^) He aquí la enumeración de las composiciones de Fr. José de Sigüenza que se han 
impreso sueltas: 

I. Soneto en alabanza de Fr. Pedro de Enzinas, impreso en los preliminares de la obra de 
éste, Versos espirituales: Cuenca, 1597, imprenta de Serrano de Vargas, en 8.** Empieza: 

Sentado al pie de la Robusta Encina 
Alia en Mambre el gran padre de creyentes, 
Vido mysteríos altos y escel entes 
No sin virtud de planta tan divina. 

II. Himno y cántico en alabanza del Santo Niño de la Guardia. Sáneos adónicos. Van al ñn 
de la Historia del Sancto Inocente que llaman de la Guardia^ por Fr. Rodrigo de Yepes: Madrid, 
en San Jerónimo el Real, por Juan Iñiguez de Lequerica, 1584 (en el colofón), en 4.^ Comienzan: 

Como el renueuo de la antigua planta 
Brota lozano con frescura tierna, ' 

No de otra suerte sale este almo fruto 
De la Corona sánela. 

Siguen unos versos «por comparación á lugares de la Scríptura.» Después va un epigrama 
del P. Sigüenza al Santo Niño. 



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INTRODUCCIÓN XXIIl 

No fué sólo poeta lírico el P. Sigtienza, segün noticias dignas de fe. Para honesto 
recreo de los estudiantes del Parral y del Escorial (*), y para ejercitarlos de con- 
tinuo en la contemplación de los misterios de nuestra fe, escribió en repetidas oca- 
siones piezas dramáticas, á modo de autos sacramentales, quizá verdaderos autos 
sacramentales, según era costumbre celebrar estas fiestas en iglesias, escuelas y 
conventos. Perdidos están ahora, si no lo están para siempre, aquellos ensayos dra- 
máticos de nuestro Sigüenza, y yo presumo que envió á otras partes algunos de ellos, 
no para ganar renombre de poeta, sino para servicio de la religión, de las letras y 
de la amistad (•). 

De sus propias observaciones en el ejercicio penoso de la educación de novicios 
sacó tal suma de doctrina, y tan necesario consideró reducirla á cuerpo y escribirla 
en forma de libro, que se resolvió á componer la Instrucción de Maestros^ Escuela de 
Novicios^ Arte de perfección religiosa y monástica^ que no obstante su profunda doc- 
trina y sus elegantísimas formas literarias, no se publicó sino bien cumplido un siglo 
después de la muerte de su autor, merced á los cuidados de otro historiógrafo Jeró- 
nimo, Fr. Pablo de San Nicolás (*). A ciencia cierta no sabemos cuándo fué escrita 



III. Traducción en rima libre de un himno de Fr. Vasco, fundador de la religión de San 
Jerónimo en Portugal, y que escribió en italiano. Es en octavas reales, y la insertó en la segunda 
parte de la historia, folios 28 1 y siguientes. 

IV. Poesías de Fr. José de Sigüenza, publicadas en su biograña, que incluyó su continuador 
Fr. Francisco de los Santos en la cuarta parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo. 

Son éstas: 

Versión de los salmos Miserere, Cali enarrant gloriam Dei y Eructavit cor meum. 

Sonetos á Cristo, María Santísima y San José. 

Romance en encomio de San Jerónimo. 

V. Soneto sin título que empieza: 

Pasagero que vienes caminando 
Por esta senda de la humana vida. 

Se publicó en el Semanario Popular: Madrid, 1862, pág. 176, y no recuerdo haberlo visto en 
los códices mencionados, aunque presumo que de uno de ellos debió tomarse. 

(1) El que escribió la biograña del P. Sigüenza en el libro de Memorias sepulcrales del Elsco- 
rial, da noticias más explícitas acerca de esto, pues dice que estando en el colegio del Parral 
formaba obras de poesía que allí se representaban en Navidad y Corpus, y añade que nunca 
quiso escribir auto ó comedia profana, aun reconociendo todos su habilidad en estos ejercicios 
literarios. Añade que hizo también estas obras [espirituales dramáticas y por muchos años 
estando en el Escorial, y que se representaban á veces por los alumnos del colegio ante los reyes 
y la corte. 

(•) En las cartas de Pedro de Valencia que, como se dice en otro lugar, ha publicado La 
Ciudad de Dios, hay algunas referencias á los autos enviados por Fr. José para sus amigos de 
Sevilla, y en alguna de esas cartas maniñesta Valencia el deseo de conocer el nombre del autor, 
que Sigüenza callaba acaso por ser él mismo. 

(•) «Instrucción de Maestros, E^uela de Novicios, Arte de perfección religiosa y monás- 
tica. Compuesto por el V. P. Fr. Joscph de Sigüenza, Historiador General del Orden de San 
Gerónimo, Prior del Real Monasterio de San Lorenzo de el Escorial, y Santo Thomé de el Puer- 
to, Abad de Parrazes. Con vn Epitome de la Vida de dicho Venerable Padre. Dale á luz y le 



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XXIV HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

esta joya de oro purísimo; pero los religiosos del Escorial, en el prólogo de la 
segunda edición de la Instrucción de Maestros^ dijeron que había sido escrita hacia 
el año de 1580 (*). Mas cualquiera que sea su época, no puede negarse que es obra 

dedica á los VV. PP. Maestros de Novicios del Orden de N. P. S. Gerónimo Fr. Pablo de San 

Nicolás, Prior, que ha sido, del Real Monasterio del Parral de Segovia, Chronista Con licen- 
cia: En Madrid, por Joseph Rodríguez. Año de 17 12.» — Consta de estas partes: Aprobación de 
Fr. Juan de Cáceres y Fr. Pedro Reinoso. — Licencia de la Orden: 7 de Julio de 171 1. — Aproba- 
ción del P. Juan Martín. — Licencia del Consejo: 8 de Agosto de 171 1. — Censura de Fr. Mateo de 
Anguiano. — Licencia del Ordinario. — Fe de erratas. — Suma de la tasa. — Dedicatoria. — Resumen 
de la vida del autor. — Prólogo. — Texto. — Tabla (44 hojas preliminares, 338 páginas de texto y 
seis más sin numerar de tabla, en 8.**) 

La vida que precede al prólogo contiene algunas, aunque no muchas, noticias nuevas acerca 
del autor; pero en general se atiene á lo que refirió Fr. Francisco de los Santos en la cuarta 
parte de la crónica. Fr. Pablo de San Nicolás, que es el autor de los Siglos Geronimíanos, advierte 
que encontró este tratado del P. Sigüenza en el monasterio del Parral, y que estaba todo escrito 
de la misma ilustre mano que trazó la historia de la Orden, no sabiendo con certeza si está com- 
pleto ó si quedó sin acabar, aunque no parece exigir nuevos aumentos. 

(*) «Instrucción de Maestros y Elscuela de Novicios, Arte de perfección religiosa y monás- 
tica, compuesto por el V. P. Fr. José de Sigüenza, Historiador general de la Orden de San Geró- 
nimo, con la vida de dicho V. Padre. Segunda edición. Aumentado, con dos Tratados: uno de 
Educación Práctica, del mismo Autor. Y otro pequeño; de la manera de confesar las personas 
instruidas y virtuosas. Por algunos Monges del Real Monasterio de San Lorenzo. Tomo I. Con 
licencia, en Madrid: En la Oficina de Don Benito Cano, Año de MDCCXCin. > Consta de lo 
siguiente: Dedicatoria á la juventud religiosa por los monjes de San Lorenzo. — Prólogo de los 
editores. — Resumen de la vida del autor. — Prólogo de éste. — Tabla de capítulos. — Texto: 66 
hojas de principios y 294 páginas de texto el tomo I, y el II de cuatro hojas preliminares y 432 
páginas de texto, en 8.® 

En el prefacio dicen los monjes escurialenses, editores de esta segunda impresión, que fué 
escrito el original hacia 1580. El Tratado dt educación práctica que en la nueva edición añadie- 
ron, está tomado de la Historia de la Orden, escrita por Sigüenza, y añaden que también es del 
mismo el otro tratado, que creen incompleto. Ofrecen publicar otra obrita del autor en el mis- 
mo tamaño, «que contenga otros monumentos preciosísimos, que con todo recato se guardan 
inéditos en esta Real Biblioteca de San Lorenzo. Si pudiéramos más, ofreceríamos también 
una nueva edición de toda la Crónica que el Público, y especialmente los Sabios , desean tanto 
y no encuentran ejemplar alguno. La decadencia real y verdadera de las más casas de esta Re- 
ligión, tenida comunmente por opulenta, y no la falta de gusto, es la causa de ésta que parece 
desidia.» 

Creo que fué escrita esta obra cuando ya alcanzaba Fr. José la plenitud de sus dotes de escri- 
tor, no sólo por las condiciones de fondo y forma que en ella se advierten, sino por el hecho 
siguiente: en la Biblioteca del Escorial, signatura & //-22, hay un tomo en folio, que contiene 
fragmentos originales de la Historia de In Orden que escribió, desde el capítulo XVI, que 
comienza á tratar de la fundación del Escorial, y con ellos e^tán mezcladas algunas relaciones 
históricas de otros monasterios, que sin duda fueron enviados al cronista para su obra principal. 
Entre estos documentos hay una carta de Fr. Juan de Trixueque al P. Sigüenza, fechada en el 
monasterio de Villaviciosa de Brihuega en 3 de Mayo de 1596, en la que enaltece las virtudes 
y méritos de Fr. Juan de Santa María, de quien asegura que escribió varios tratados, ya perdi- 
dos, menos dos que tenía manuscritos el P. Trixueque: uno pequeño, titulado Instrucción de 
Novicios, dedicado al general de la Orden P. Toñño, quien mandó hubiese copia en todas las 
casas de la misma; y otro grande, como un misal mediano, y también llamado Instrucción de 
Novicios, dividido en cuatro partes: del temor de Dios, de la humildad, de la meditación é imita- 
ción de Cristo y de la oración mental; libros ambos, añade, que no se necesitaban sino de que 



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INTRODUCCIÓN XXV 

de un ingenio maduro en la meditación y de una pluma expertísima, ó que por 
superior privilegio alcanzaba ya la plenitud de las perfecciones literarias. Daña á su 
fama la más alta de la Vida de San yerónimo^ y de la Historia de la Orden; mas por 
sí misma tiene méritos para poner á su autor en las cumbres de la gloria. Juntamente 
con la experiencia de la vida religiosa y del manejo experimentado de la educación 
monástica, brillan en ella discreta y no muy abundante erudición, esa dulce filosofía 
que hace del claustro ancho camino para llevar las almas hacia los destinos inmorta- 
les y el perfecto empleo de una lengua creada para los místicos coloquios. La manera 
de acomodar las reglas del magisterio á los inquietos movimientos de las almas juve- 
niles, esto es, el modo de regir á los novicios, revela en esta obra un profundo sen- 
tido humano, una clarísima videncia de los riesgos de la educación monástica, donde 
las evocaciones seductoras de la vida del mundo han de ser borradas á fuerza de 
halagos no muy benignos y de rigores no extremados. Quien leyere esta preciosa 
obra no durará en juzgar al P. Sigüenza como uno de los pedagogos y moralistas que 
mejor penetraron en los recónditos senos del corazón humano y que con más acierto 
comprendieron cuáles son los motivos de las intermitencias que padece la vocación 
religiosa aun en las almas más puras. 

El genio de Fr. José de Sigüenza tenía aptitudes distintas, suficientes para hacer 
de él un verdadero polígrafo de buena cepa. Sus primeros estudios; su saber lingrüís- 
tico; su propia inclinación, enderezada por ministerio del estado religioso, de la 
enseñanza de novicios y de la gobernación de comunidades monásticas hacia los 
estudios teológicos, le hicieron gran escriturario y perfecto expositor. Dotes tuvo de 
uno y de otro, y de cierto excelentísimas; pero las exigencias de la Orden, lleván- 
dole al cultivo de la historia; la aventura que le condujo al Tribunal de la Inquisi- 
ción toledana, y quién sabe si un secreto miedo á incurrir en errores de fe le impi- 
dieron publicar algunos trabajos místicos y expositivos y aun los sermones, que 
fueron sus primeros triunfos y alegrías. Entre estos ensayos, quizá ocultos en la 
celda del P. Sigüenza hasta su muerte, ninguno de tantos vuelos y doctrina mística, 
segün á mi ignorancia en estas cosas parece, que La Historia del Rey de los Reyes y 
Señor de los Señores, lesus Xristus heri et kodie ( * ), obra pensada y escrita con apa- 



alguien los limase y puliese, proponiendo al P. Sigüenza que lo hiciese así, y que en este caso le 
mandaría ambos tratados. 

En vista de esto, ocurre preguntar: ¿habría escrito ya Sigüenza su Instrucción de Maestros y 
Esatela de Novicios? Si nos arrimamos á la añrmativa, es preciso creer que el P. Trixueque no 
no lo sabía, pues de otro modo no le recomendara obra ajena del mismo asunto. Si, como creo 
natural, el P. Trixueque era amigo de Sigüenza y estaba al tanto de sus tareas literarias, la reco- 
mendación confirma la sospecha de que en 1 596 todavía no estaba redactada dicha obra, que 
acaso se inspiró ó en el deseo del P. Trixueque, ó en los escritos del P. Santa María. Pero es 
extraño que el manuscrito del prior del Escorial saliese de esta casa y fuese al Parral cuando ya 
su autor había unido sus glorías y su vida á la insigne fundación de Felipe II. 

(1) «La Historia del Rey de los Reyes y Señor de los señores. Apocalipsis, XIX, V, 16. 
lesus Xptus. Heri & hodie, ipse & in sécula. Hebr. XIII. > 

Biblioteca escurialense, MS., 190 hojas en 4.® en el tomo de la signatura {7-í(/-i5» letra de la 
época del autor. 

E^tc tomo contiene también un tratado MS. de Pedro de Valencia. 



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XXVI HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

rato simbólico, más doctrinal y trascendente que histórica, con visos de imagina- 
tiva á lo divino y con toques de exposición, que recuerda la manera como trataron 
estos asuntos Santa Teresa y otros místicos. Nunca se ha impreso, y como vaga 
sombra de lejano recuerdo conservo la noticia, no sé á quién oída, de que se impidió 
la publicación de este escrito, que supongo es el mismo que Rodríguez de Castro 
titula La Genealogía de Cristo en qimnto hombre ( ' ). También quedaron inéditas unas 
Annotationes in Genesim et Deuteronomium, comenzadas por orden alfabético (*), y 

Se divide en dos partes, comenzando la 2.* en el folio 85. 

El capítulo I lleva este título: 

«Cap.** i.° declarase el titulo de la historia que es este. Historia del Rey de los Reyes y Señor 
de los señores Jesús Xps. heri & hodie ipse & in seculo, escriuense sus obras y hazañas, vida y 
doctrina, según la reueló y mandó escreuir á los que llenó de spiritu para ello. Recopilada por 
el R.»o y doctissimo padre Fray Joseph de Qiguenga, Prior del monasterio real de san lorenzo 
y coronista de la orden de nuestro P.c San Gerónimo, dirigida á los fíeles vasallos dcste gran 
Rey, que son discípulos en la escuela desté soberano y diuino maestro. > 

Comienza: 

«No sera mucho degir que la grandeva deste sujeto, y proposito mió excede a la capagidad 
de todos los ingenios creados > 

Contiene algunas observaciones sobre nombres griegos y hebreos. Es obra más de mística 
que de historia y exposición bíblicas, aunque en esto mismo tiene mucho que leer. 

En el tomo en 4.°, C-11/-13, y con otros tratados ajenos, hay uno que lleva este título: 

«Libro I.** de la 2." parte de la historia del Rey de los Reyes Jesús Xps' heri et hodie ipse & 
in sécula.» 

En este códice esta segunda parte tiene muchas semejanzas, pero también grandes diferen- 
cias con la que va en el códice antes mencionado. Sin duda el autor corrigió extraordinariamente 
su libro, y de ahí nacen estas diferencias. 

Otro ejemplar, y me parece que de letra del autor, y digo me parece porque suele variar el 
carácter de su escritura, ya sea según los tiempos, ya según el esmero qlic ponía en hacerla, 
existe en el códice /•/(/-23, desde el folio 148 al 293. 
(1) «Biblioteca Rabínica Española.» 

(*) «/« Genesim et Devteronomivm Annotationes seu loca communia per ordinem Alphabeti 
digesta. Alphabetvm primvm.* 

MS. de una hoja de portada y 144 numeradas de texto, en 8.** Parece original, aunque de letra 
más menuda y cursiva que la de otros códices atribuidos al P. Sigüenza, de quien consta es éste. 
(Biblioteca Escurialense, f'jv-i2.) 

Aunque el título es latino, la obra está escrita en aquel castellano tan sencillo como armo- 
nioso en que es maestro insigne el P. Sigüenza. Va también esmaltada de la sagrada erudición 
á que tan añcionados eran los escritores de aquel siglo; mas la empleó Sigüenza con cierta 
moderación, que no entorpece el franco correr de su hermosa prosa. 

Las anotaciones, aunque dentro de cada letra del alfabeto, no van separadas sino por párra- 
fos, cada uno de los que comienza por una palabra cuya inicial corresponde á la letra del capí- 
tulo, si tal nombre puede darse á las divisiones del texto. 

Así en la O, por ejemplo, los primeros párrafos principian así: 

« Opera nostra sunt examinanda. 

La obra buena no se ha de negar ni aun á los enemigos. 

La obra que es buena puede mucho. 

Para las obras buenas nadie nos ha estorbar.» 

Estas anotaciones sólo comprenden hasta la V, no sé si porque aquí acaban ó porque las 
letras restantes no dieron materia al autor, que se muestra en todo el libro exégeta sapientí- 
simo y claro. 



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INTRODUCCIÓN XXVII 

escritas, no obstante el título, en el idioma patrio; varios Discursos sobre el EclesiaS' 
tór ( ' ) y unos Comentarios de Santo Tomás ^ donde los peritos en ciencias teológicas 
tendrán de seguro mucho que aprender (*). 

(^) «Discvrsos sobre el Eclesiastés de Salomón según la verdad del sentido literal.» 

MS., 142 folios en 4.^, letra algo posterior al tiempo del autor. Biblioteca del Esco- 
rial, I'iij'2^. 

Conáta de doce capítulos, y en ella se van exponiendo los comentarios y explicación de los 
versículos del libro bíblico. 

£n las guardas se lee una nota de mano no conocida, donde se dice que ésta es la obra 
del P. Sigúenza á que se reñere su biógrafo el P. Santos, pág. 704. 

(^) *Commeniaria in primam 2.< Angelici doctoris Sancti Thoma Aquinitatis, a sapientfssimo 
admodumque reuertndo patre fratre Jostpho de Sigúenza ordinis Diui Hieronymi, et in conutntu 
Sanctissima genitricis dei Maria prasule uarijs sacrarum Utterarum locis santorumque Patruum 
et conciliorum auikoriiatibus perlustrata incepta Anno Domini. 1856. in eadem cenobio pridie 
nonas februarij.% (Al frente de la primera página.) 

Prólogo.— Texto. 

Tiene en la biblioteca escüríalense la signatura b'iij'2^. Consta de 140 hojas, MS. en 4.**, letra 
de la época del autor, muy parecida á la de éste, pero que no es igual, y tan pequeña y ajustada 
al espacio, que tiene mucha lectura. 

Ya dice el título el asunto. Forma un tomo con la signatura expresada, en unión del tratado 
siguiente: 

^Commentaria in j.«w" /. /?.• T, A Reuerendo in cltristo paire fr. Josepho de Sigúenza ex 
grauissimorumque doctorum sententijs coiluta sacra scriptura. autoritatibus et sacrorum concilio- 
rum auikoritatibus illustrata, Anno Domini 1386. ó.'' Ka. Januari Die celeberrimi Doctoris 
Ecclesia Joannis Ckrisostomi feliciter incepta, eodem ¿xistente prasule in conuentu sanctissima 
uirginis Maria del parral ordinis DJ Hieronymi,* (Al frente de la primera página.) 

Proemio. — Texto. 

Ocupa en el volumen que se mencionó en el número anterior desde los folios 143 vuelto 
al 289 inclusive, en 4.^, de la misma letra que el tratado precedente. 

E^te comentario, como el otro, se divide en artículos y cuestiones, conforme al plan de la 
obra de Santo Tomás. 

Al principio del volumen hay una carta original del erudito bibliográfico D. Bartolomé 
José Gallardo, que dice: 

«Madrid 28 ab. 1843. 

Paisano i Dueño: 

Mi amor á los libros me á deparado el hallazgo de un códice autógrafo del P. Sigfienza, a que 
no sé qé mejor destino, qé regalar-se-le a esa Librería, para que se reúna con los demás MSS. 
qe en ella se custodian de nota y pluma de tan venerable varón: pues aunqe no se me oculta 
que ¿ste como los demás libros preziosos de esa Biblioteca, mientras reine entre nosotros la 
barbarie i rapazidad dominantes, están amenazados a la misma fatalidad que los de las demás 
del Reino, que están vendiéndose al peso para envolver alcamonías: cada uno obra como quien 
es, ellos como bárbaros, i yo como Gallardo. 

El MS. es un Comentario...» 

Dirijo-sc-lc a V. por favor de nuestro D. Pedro Sainz de Baranda, Bibliotecario de la Acade- 
mia de la Istoria. 

Siempre de V. auno, invariable q. s. m. b. — B. J. Gallardo. 

La contestación á Toledo. 

Sr. D. Gregorio Sánchez Bibl.^ mayor del Escorial.» 

En el discorso que leyó ante esta Academia su director el Sr. Fernández Navarretc en 1843, 
se dice que D. Bartolomé José Gallardo había regalado á la Academia un manoscríto latino, ori- 
ginal del P. Sigúenza, sobre la Suma de Santo Tomáá. Por esto, y por no encontrarse tal MS. en 



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XXVIII HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

Desde muy joven, y cuando la dignidad del sacerdocio se lo consintió, tuvo 
predilección por el ejercicio de la oratoria sagrada, porque quien tan galanamente 
escribía conñaba en su propio bien decir, además de que el ejercicio de la cátedra 
desataba la lengua y facilitaba la práctica de la predicación. Morador era aún en el 
Parral de Segovia cuando ganó la envidiable fama de orador, siendo celebrada su 
facilidad y donaire en aquella ciudad, por lo que para predicar le llamaron algunas 
veces desde el Escorial, aun antes de residir en su monasterio, en cuya primera 
solemne función religiosa, y ante el rey y la corte, predicó con gran fortuna y gene- 
ral aplauso. En los comienzos de su predicación se dejó llevar de su delicado gusto 
literario, dando á las formas oratorias culto quizí excesivo; pero desde que tuvo su 
residencia en el Escorial «dexó el modo de predicar flores y gallardías que hasta 
allí había usado, con que se ceba el vulgo», y se aplicó á explicar la Escritura más 
gravemente y en forma que pocos han superado ( * ). Por impulso de su humildad, 
para castigo de aquellas vanidades juveniles, por recelos suscitados en la persecución 
nacida de sus discursos ó por causa más corriente, no se publicó ninguno de sus 
sermones, que yo sepa, aunque conservemos algunos de ellos, formando un códice 
de la Biblioteca escurialense (*). 

nuestras bibliotecas, presumo que se trata del anterior, remitido por Gallardo al bibliotecario 
del Escorial. Mas ¿qué pasó para que cambiase de destino el códice? ¿Fué alguna genialidad 
del famoso bibliófilo? 

Entre los escritos perdidos hasta ahora de nuestro autor, debe citarse: 

«Memorial al Rey por Fr. José de Siguenza sobre provisión de una cátedra de Artes en el 
colegio de San Lorenzo del Escorial.» 

En el curioso Libro de Memorias de dicho monasterio, especie de centón de noticias, docu- 
mentos y relaciones, escrito por varias manos, y en el que hay algunas notas marginales 
del P. Siguenza, al folio 198 hay una que dice así: 

«dthedras a Frayles. 

En estos días se trato muy de ueras que leyesen los frayles las cathedras y después de 
muchos encuentros se resoluió su Magestad que se proueyese a Mantilla la de Prima, al D. Fuen- 
tes la de Vísperas, y que para la de Artes se embiase por cathedratico a Alcalá, y assi lo respon- 
dió el Conde de Chinchón al Prior. 

Después de esto le escreui yo fr. Joscph de Siguenza un Memorial a su Magestad con urgen- 
tissimas razones y por hazerme merzed las leyó y mando que se eligiese un Religioso para leer 
las Artes. Eligieron conforme al Orden que disponen las constituciones al padre fr. francisco de 
Truxillo y a mi y su Magestad mando que el las leyese y que yo me quedase para otros menes- 
teres y ansi empezó á leer á dos de Octubre de 1590.» 

No tengo otra noticia de este Memorial, que debe haberse perdido. El Libro de Memorias 
donde consta esta nota autógrafa del P. Siguenza, lleva la signatura k-j-i. Las dos últimas hojas 
son de letra de dicho religioso; pero en la 198 vuelta se advierte que estas Memorias fueron 
consignadas por Fray Juan de San Jerónimo, quien murió en 3 de Junio de 1591 Y fué uno de 
los primeros que entendieron en el arreglo y formación del archivo y librería. 

(}) Libro de Memorias sepulcrales del Archivo del monasterio. Fray Francisco de los San- 
tos dice: «Exercitaba este apostólico ofício con grande erudición, gracia y espíritu, con propie- 
dad en los términos, con fuerza en las sentencias, con modo admirable en sus persuasiones, 
y assí tenia suspensos los auditorios y hacia en ellos muchos Evangélicos efectos.» 
(*) «Sermones del P. Fr. José de Siguenza.» 

En el códice del Escorial, Q-iij- 13, se contiene, como hemos dicho al hablar de esta obra 
del P. Siguenza, la segunda parte de su Historia del Rey de los Reyes, y detrás de ésU siguen 



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INTRODUCCIÓN XXIX 

Movieron á nuestros cronistas reügiosos diferentes causas que estimularon su 
celo para escribir la historia de su respectiva Orden. Llevóles, en primer lugar, el 
deseo de que las santas vidas de los fundadores y de sus discípulos fuesen espejo 
clarísimo de virtudes monásticas y dechados de perfección para todos los individuos 
de las místicas falanges. Buscaron con anhelo natural los orígenes y la historia de 
las familias á que pertenecían, satisfaciendo esa honrada vanidad que penetra hasta 
en las almas de los humildes y por la que gustan de abrillantar la propia genealogía 
con nuevos esmaltes. Desvanecieron las nieblas en que estaban perdidos los orígenes 
de muchos monasterios. Justificaron el valor de las Órdenes, recordando sus hechos 
gloriosos, admiración del mundo y estímulo de saludable eficacia. Enmendaron á los 
cronistas extranjeros, porque, como dijo Fr. Antonio de Yepes, eran poco ventu- 
rosos al tratar de nuestras cosas, y pasaban muy de corrida hablando de ellas, si no 
es que las olvidaron ó admitieron noticias breves é inciertas. Contribuyeron á fijar 
el criterio racional de las investigaciones históricas, dando el primer papel en ellas 
á los estudios documentales, porque, según frase de uno de los menos insignes, que 
repetía la doctrina de otros más esclarecidos, «la mayor probanza de las antigüeda- 
des no son las historias, sino los instrumentos, memorias y vestigios antiguos, que 
conservan incorruptas las verdades» (*). Así lo entendieron aquellos preclaros cro- 

varíos sermones, escritos de la letra de dicho Padre. Por tal circunstancia y por estar unidos á 
aquella obra, podemos considerar como suyos estos sermones, y así se ha creído siempre en el 
Escorial, como indican los antiguos índices de su biblioteca. 

Ocupan estos sermones, escritos en castellano, desde el folio 117 del expresado códice, 
hasta el 260, donde va el índice: esto teniendo en cuenta la foliación moderna del códice, 
porque la propia de los sermones alcanza del i al 142, y además el índice que enumera los ser- 
mones de este modo, por cierto sin guardar orden: 

Dominica i.*Adventus. Omnium Sanctorum. 

1." Adventus. S. Laurentij. 

I.* Adventus. S. Laurentij. 

1.* Adventus. S. Laurentij. 

Dominica 2.* adventus. In natiuitate B. Mariae. 

Dominica 4.* adventus. In natiuitate B. Mariae. 

Dominica sexagésima. In Epiphania. 

Dominica quincuagésima. In Epiphania. 

Feria 4.* cinerum. In Puriíicatione. 

Dominica 3.* quadragesima. Pro defunctis. 

Feria 4.* dominica 3.* quadragesima. S. Mathiae. 

Dominica 4.* quadragesima. S. Michaelis. 

Dominica in Passione. S. Hieronymi. 

In ccena Domini. S. Hieronymi. 

Kalenda. S. Petri Apostoli. 

Kalenda. S. Thomae Apostoli. 

Kalenda. Dominica Passionis. 

S.° Stephani. In na tale Domini. 
Omnium Sanctorum. 

Después de este índice se lee: «Fr. P.° de Cobos». 
(i) cDe la Redención de Cautivos del Orden de la S.™* Trinidad, por Fr. Rafael de 
S. Juan. i686.> 



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XXX HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

nistas de las Órdenes que llenaron sus libros de documentos histórico-literarios y de 
cronicones interesantes, perdidos antes en los archivos y de que hoy gozamos para 
fortuna de nuestras tareas. 

Debióles también mucho el esplendor de la lengua española. No con acierto, 
según me parece, sino equivocadamente, emplearon algunos la lengua latina, como 
si el conocimiento de la historia de los institutos monásticos no fuese tan necesario 
al pueblo como á las clases ilustradas. En latín escribieron: Fr. Pedro de Vega, la 
primera Crónica de la Orden de San Jerónimo; Fr. Francisco Dazia, la Serie de los 
Maestres mercenarios; Fr. Jerónimo García, la Reforma de los trinitarios; D. Miguel 
Marañón, el Origen de las Órdenes militares^ todos ellos dentro del siglo xvi; pero 
después, sólo por excepción, puede citarse alguno que escribiera en latín, como 
Fr. Ángel Manrique, autor de los Anuales cistercienses^ y aun esto lo hizo, más que 
por otra causa, por el carácter universal de su empresa, y acaso también pueden 
pasar como excepciones algunas elucubraciones sobre asuntos especiales, papeles 
sueltos y sumas de privilegios. 

Pero en general se sirvieron de nuestra rica lengua, tan adecuada á los asuntos 
espirituales y aun á la historia misma: quienes la emplearon para hacerse entender 
mejor de todo el mundo, no poniendo tasa al número de los lectores; quienes para 
no sujetar á las formas rigorosas y poco flexibles de la lengua latina, cuando no está 
bien manejada, las narraciones de sucesos varios, los deliquios espirituales de los 
santos y venerables y la persuasión moralizadora de la doctrina; otros, por último, 
para satisfacer la curiosidad de gentes asombradas por los maravillosos progresos 
de la lengua de Castilla ( ' ). Verdad es que los cronistas tuvieron parte en los infor- 
tunios de nuestra literatura histórica, unas veces preconizando y propagando las 
fábulas de los falsos cronicones; otras haciendo de la erudición, no clara fuente de 
útiles enseñanzas, sino enmarañado laberinto donde se pierden tino y seso; ahora 
maltratando el idioma y las leyes naturales de la dialéctica en lucubraciones desati- 
nadas, donde, quebrantando á la vez la lógica y la lengua, se pretendía cambiar lo 
blanco en negro para satisfacer pueriles vanidades de hábito, y también contribu- 
yendo á la depravación del buen gusto, que envolvió á España como siniestra y 
obscurísima nube. Mas debíase esto, no virtualmente á estos cronistas, sino á la mul- 
titud de causas que torcieron y malograron la ciencia y la literatura hispanas, tan 
vigorosas en el siglo de oro, produciendo aquel fatal y descaminado movimiento 
que aproximó á la tumba nuestras grandezas en todos los órdenes de la vida nacio- 
nal. Pero entre esos escritores hubo muchos que resistieron el torrente y cultivaron 
las letras con notoria fortuna, conservando buena parte de los prestigios de la len- 
gua, negando con energía el pase á las fábulas históricas y preparando la reacción 
bienhechora que acaeció á la postre, aunque no tan completa y tan sana como fuera 

{}) Fr. Hernando del Castillo, en el prólogo á su Historia general de la Orden de Predica- 
dores (1584), declara que transcribe algunos documentos antiguos, «porque los naturales destos 
Reynos suelen gustar mucho de ver el bárbaro lenguaje de sus antepasados, quando no tenian 
otro excrcicio, sino armas; y lo mucho que en pocos años se ha trocado y mejorado; pues ya es 
la lengua Castellana una de las mas polidas, copiosas y propias y elegantes que ay en el mundo, 
y la mas rica de todas, con hurtos ágenos.» 



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INTRODUCCIÓN XXXI 

necesario, porque ya no volvieron á prevalecer aquel criterium fornue ni aquella 
serena contemplación de la verdad que dirigieron á nuestros clásicos. Pero de todos 
los cronistas, aun los de la decadencia, se sacan provechosas noticias, porque alum- 
braron los obscuros orígenes de ciudades y monasterios;* perpetuaron crónicas y 
documentos de otra manera perdidos para siempre; enriquecieron la biografía espa- 
ñola, dando noticia de la vida de mártires, prelados, artistas y escritores, y, sobre 
todo, señalaron los caminos por donde las grandes familias monásticas llegaron desde 
sus orígenes hasta los días mismos en que se escribió su historia. 

^ 

De todas estas ventajas y excelencias, no empañadas por defectos notorios y 
graves, fué modelo la obra principal de Sigüenza, aquella Historia d^ la Orden de 
San JerónimOy que tan ensalzado ha puesto su nombre, no sólo mirada como obra 
literaria, sino como crónica religiosa. No la comenzó voluntariamente, porque medía 
su grande espíritu con la talla de una profunda modestia, por lo que no tengo por 
cierto que alguna vez pensase en escribir la historia de la nación española, como 
alguien ha dicho ( ' ). Pero obediente al mandato de su Orden, reunida en Capítulo 
general en Lupiana, y desedsa de poseer su propia historia, como ya la tenían otras 
de origen menos eximio, acometió la empresa, no sin lamentar que se frustrase su 
deseo de pasar la vida tan en secreto dentro de las paredes de su santísima madre la 
religión de San Jerónimo, que ni los de fuera le conociesen, ni aun sus propios her- 
manos, si fuera posible, supiesen su nombre (•). Pesábale el mandato como carga 
muy por encima de sus fuerzas, y mortificaba su modestia honra tan insigne; pero 
la obediencia y sus estudios é inclinaciones literarias desvanecieron los escrúpulos 
y fortificaron su voluntad. Oyó dócilmente los consejos de doctos amigos y resolvió 
escribir en castellano, como camino más ancho y seguro para llegar á todos los 
corazones. Y no queriendo beber las aguas de la historia mediado ya el curso de su 
corriente, acordó buscarlas en su origen y escribir, antes que el desarrollo de la 
Orden al través de los siglos, la vida del santo fundador, considerándola como el 
mejor ejemplo y la más elocuente enseñanza de las innúmeras generaciones de sus 
discípulos y continuadores. Bien se le alcanzaban la grandeza del asunto y las dificul- 
tades de salir airoso de su empeño, porque en aquel tiempo, más que al presente, 
todo el siglo de San Jerónimo estaba envuelto en espesas nieblas, de donde á deshora 
salían algunos rayos de luz, fugitivos y tenues como relámpagos lejanos. Pero al fin 
por el estudio de la vida del santo comenzó la crónica, y á manera de primera parte 
de ésta, pero sin expresarlo, publicó en 1 595 La vida de San yerónifno, Doctor de la 
Iglesia ('). 

(*) En un artículo biográfico que acerca del P. Sigüenza escribió D. Femando Alvarez en el 
Semanario Pintoresco español de 1843, dice el autor haber oído á persona muy competente, 
cuyo nombre calla, que el P. Sigüenza preparaba una historia general de España; pero que 
desistió de ello sabiendo que el P. Juan de Mariana tenía muy adelantada la suya. 

(}) Con esta frase comienza la dedicatoria que enderezó á su religión al dedicarla la Vida de 
San Jerónimo t primera parte de la historia de la Orden. 

(•) «La Vida de S. Gerónimo Dotor de la Santa Iglesia. (Escudo grabado en cobre.) En Ma- 
drid. Por Tomás lunti. M.DJCCV.» (Al fin del texto.) «En Madrid. Por Tomás lunti. M.D.XCV.» 



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) 



XXXII HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

Amadeo Thierry, cuyos cuadros de la decadencia romana no obscurecerán del 
todo ni la nueva crítica, ni las últimas investigaciones, ni siquiera los defectos que, 
sin duda alguna, tiene la vigorosa pintura del imperio romano agonizante y de una 
sociedad inmensa caminando hacia la muerte; Amadeo Thierry ha representado 
uno de los aspectos principales de las tremendas agonías en una sola persona, en 

Privilegio real al autor: Madrid 23 de Marzo de 1595. — Licencia de la Orden: monasterio de 
Lupiana 13 de Julio de 1594. — Aprobación de Fr. Francisco de Cabanas: monasterio de San 
Jerónimo de Madrid 8 de ídem id. — Aprobación del Dr. Pedro López de Montoya: Madrid 25 de 
Enero de 1595. — Erratas. — Tasa: 12 de Diciembre de ídem. — A la religión de San Jerónimo el 
autor. — Estampa de San Jerónimo grabada en cobre. — Texto con prólogo. — Colofón. — Página 
blanca. — índice de cosas notables. — Erratas. 

Seis hojas de principios, 795 páginas de texto; al ñnal de la última el colofón; una blanca y 
ocho hojas el resto, en 4.° 

Las erratas del principio firmó y fechó Juan Vargas del Mármol en Madrid á 22 de Noviembre 
de 1595, y las del ñn Cristóbal de Orduña en Alcalá á 21 de Agosto de 1595. No se olvide para 
entender que los principios de los libros se imprimían después que el texto. 

La llamada segunda edición es como sigue: 

cLa Vida de S. Greronimo Doctor de la Santa Iglesia. (El mismo emblema ó escudo de la 
primera edición.) En Madrid. En la Imprenta Real. M.DC.XXIX.» (Al fin.) «En Madrid. En la 
Imprenta Real. M.DC.XXIX.» 

Licencia, aprobaciones, erratas y tasa de la primera edición. — índice y erratas que van al ñn 
de ésta. — Privilegio de la misma. — Dedicatoria. — Estampa de San Jerónimo. — Prólogo y texto. — 
Colofón. 

14 hojas de principios, 795 páginas de prólogo y texto y una blanca final, en 4.® 

Esta edición, salvo la portada, que se pegó, y la última página del texto intercalada, es la 
misma que la primera. Sin duda quedaban existencias de ésta y se aprovecharon para dar al 
público una aparente nueva edición. No hicieron, digo, más que cambiar el orden en la distri- 
bución de principios y fines; pegar una portada nueva, en que se imitó la de la anterior impre- 
sión, y poner la última página también nueva para sustituir el colofón. Bien se ve esto haciendo 
con algún detenimiento el cotejo de una y otra , aun cuando en los cambios se emplearon los 
tipos y apariencias de la primera. 

Hay además la siguiente, que ya escasea bastante: 

«Vida de San Gerónimo, Doctor Máximo de la Iglesia, sacada de sus obras, y escrita por el 
clásico P. Fr. José de Sigüeiiza , monje profeso del Real Monasterio de San Lorenzo. Los monjes 
de la Orden de tan grande Padre hacen esta segunda edición, cuyas mejoras, que en todos 
conceptos son bastante claras, resultarán mucho más cotejándola con la que ha servido de 
original, impresa en Madrid en el año de 1595. Va precedida además de dos discursos prelimi- 
nares, dignos de los sujetos sobre que versan. (Adomito.) Madrid: Imprenta de La Esperanza, 
á cargo de D. Antonio Pérez DubruU, calle de Valverde, núm. 6, bajo, 1853.» 

Anteportada. — Estampa de San Jerónimo, dibujada por B. Blanco, litografía de Donon. — 
Portada. — Discurso preliminar. — Texto de la Vida de San Jerónimo del P. Sigüenza, con el pró- 
logo. — índice de lo contenido en esta obra. — índice de cosas notables. — Fe de erratas. 

31 páginas con numeración aparte de los principios sin la estampa, una blanca, 583 de 
texto, una blanca, 16 con numeración especial de índices y una hoja para las erratas, en 
4.** mayor. 

En el discurso preliminar se comprende una disertación de D. Juan González, presbítero, 
fechada en Madrid en 10 de Junio de 1863; una biografía del P. Sigüenza, escrita por el mismo 
Sr. González, y no muy rica en datos; la paráfrasis del Miserere en verso, del P. Sigüenza; un 
romance en encomio de San Jerónimo, y la dedicatoria de la obra. Lo que no veo son las mejo- 
ras que, según en la portada se dice, se han hecho en esta edición, á que llaman segunda, y no 



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INTRODUCCIÓN XXXni 

San Jerónimo. Porque en aquella confusión de sucesos donde todo era grandioso, 
menos los hombres, fuera de unos cuantos; en aquel perecer de la antigüedad 
entera con sus leyes y sus reyes, sus dioses y sus templos, su régimen político y su 
conciencia religiosa y ñlosóñca, la polvareda de tantas ruinas encubrió las personas 
de posición más encumbrada; y si en la catástrofe y dominando el ruido mortal de 
los hundimientos sucesivos sonaron voces como las de Alarico y Atila, Odoacro y 
Augústulo, Nestorio y Pelagio, San Agustín y San Jerónimo, fué porque eran ecos 
de altísimos principios que en el fragor de la tormenta luchaban por la dominación 
del mundo: eran voces de k) que se iba y de lo que triunfaba, de la muerte y de la 
vida, del paganismo y del Evangelio, y también de la protesta de la razón indó- 
mita, escondida en el seno del cristianismo desde su aurora, como el gusano vene- 
noso se oculta en la flor del granado que comienza á cuajarse. Jerónimo parece, en 
aquellos días de las iras celestiales, la personificación del imperio de Occidente con 
sus recuerdos clásicos, sus tendencias novadoras, su miedo á la muerte, su sabor 
profano y su deseo de purificarse en las aguas de la nueva ley para evitar la catás- 
trofe inminente, de que fué forma histórica la irrupción de los bárbaros. Y para 
que la personificación fuese más completa, aquel hombre extraordinario, á solas 
con el león simbólico en las solitarias asperezas de la vida intelectual y monástica, 
creyó al fin en la pérdida irremediable del mundo antiguo, consolado con la certeza 
de que el cristianismo flotaría sobre las turbias aguas para salvar á los hombres. 
Dios no quiso que Jerónimo viese los postreros temidos días del imperio , como no 
se lo permitió á Alarico, uno de los grandes actores de la tragedia, aunque había 
asistido á los funerales de Teodosio, á quien podemos llamar el último emperador 
de Roma. 

Pero Dios, como dice Sigüenza, llamó á Jerónimo por su nombre y le escogió 
como ministro suyo en aquellas tristezas que cubrían al mundo para que fuese uno 
de los más hábiles preparadores de los nuevos caminos por donde la salvación había 
de acontecer. Con el ejemplo alentó la virtud, solitaria y muda en las borrascas 
apocalípticas. Con la ciencia contuvo la barbarie que anublaba el esplendor de las 
letras, y con sus estudios bíblicos conservó y explicó el depósito de la fe, siendo 
escuela viva del clero de su tiempo y de los siguientes. Adoctrinando á los fieles en 
la nueva ley é interpretando la antigua, continuó la áurea y mística cadena de los 

porque no tengan por tal la de 1629, sino, sin duda, porque no la conocieron. Creo que el 
Sr. D. Juan González es el elocuente orador de este nombre, que murió hace algunos años 
siendo chantre de la iglesia de Valladolid, notable orador y escritor, y que era natural de 
Romanones, en la Alcarria. 

En 1766 se publicó: 

«Vida de S. Gerónimo, recopilada de la que escrivio el R."*° P. Fr. Joseph de Sigüenza, Prior 
que fue del Monasterio de San Lorenzo el Real del Escorial, por el R. P. Fr. Lucas de Alaejos, 
Prior asimismo de dicho Real Monasterio. La da á luz , y dedica á María Santísima del Patroci- 
nio, el P. Fr. Juan Nuñez, Monge Profeso de dicha Real Casa. Con Licencia: En Madrid, por 
Antonio Marín. Año de 1766.» 

Dedicatoria. — Al lector. — Texto. 

Ocho hojas preliminares, de las que la primera es una estampa de San Jerónimo mal grabada 
en cobre, y 340 páginas de texto, en 8.° mayor. 

H. DB Uk o. D* S. GsKÓnifo.— c 



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XXXIV HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

patriarcas y de los Santos Padres, sirviéndose, mejor que ningún otro, de sus pro- 
fundos estudios lingüísticos, y dando soberano impulso á la exégesis bíblica. El 
genio de Orígenes, aquel audaz pensador enamorado de la unión de la ñlosofla 
pagana con la teología católica; aquel hombre de corazón diamantino, Adatnantius^ 
como le llamó San Jerónimo, había renacido vigoroso en las escuelas y entre la 
plebe, en aquéllas con fuerza trascendental, en ésta por atracción misteriosa, hen- 
chida de peligros ciertos; psero San Jerónimo se le opuso con tenacidad incontras- 
table, acordándose sin duda de que él mismo, por su amor á las letras clásicas, 
había sido acusado de gentil, aunque con notoria injusticia. Admirador de Oríge- 
nes, recomendando y propagando algunos de sus escritos, nunca entró en los tor- 
tuosos caminos donde se perdiera la fe de aquel hombre preclaro, sino que le 
censuró y corrigió, temeroso de que en conciencias poco ortodoxas el resplandor 
de aquellos escritos causase deslumbramientos perjudiciales, muy parecidos á los 
que ocasiona hoy la libérrima exégesis de la Biblia por algunos Orígenes bastardos, 
para quienes también es pura alegoría ó trasunto obscuro de más añejas leyendas la 
narración mosaica. Tuvo también disputas con San Agustín en asuntos religiosos, 
y combatió contra el heresiarca Pelagio con aquella energía que nuestro Rivera, 
y antes el Dominiquino, supieron representar en las vigorosas imágenes del gran 
asceta, espíritu de hierro en cuerpo seco y consumido, hasta que la muerte cortó 
aquella gloriosa vida de constante pelear contra las sutilezas filosóficas y reli- 
giosas. 

De todos estos aspectos de la vida de Jerónimo, ninguno obligó tanto la pluma 
de Sigüenza como el haber sido el origen y raíz de la Orden religiosa de que el his- 
toriador era hijo. Jerónimo dio un gran impulso á la vida monástica en Oriente, 
sobre todo en Palestina, la tierra más amada de su alma creyente, donde con Paula 
levantó monasterios de hombres y mujeres; en aquel Belén donde se juzgaba más 
feliz que en Dalmacia, su tierra nativa, y que en Roma, su patria espiritual; allí 
donde estableció el seguro de estudio y de penitencia que llamaba su paraíso, creó, 
organizó y reglamentó la Orden religiosa que lleva su nombre, según el sentir de 
todos los escritores, de la misma. 

Personaje tan eminente en la historia de la Iglesia y origen tan esclarecido de 
una Orden monástica, halló un historiador digno de sus grandezas en el más insigne 
de los cronistas castellanos. No trazó éste la vida del santo como consienten hoy los 
grandes medios de la erudición y la crítica, incansable la una en averiguar y la otra 
en discurrir con tino y acierto. Aunque en los postreros años de la centuria xvi, en 
que Sigüenza escribió, la erudición florecía por impulsos extraños y por esfuerzos 
propios, no era en España reina y señora de las ciencias históricas, á la manera que 
lo es al presente, llevada de la mano por la crítica racional. Pero con los medios de 
que entonces se gozaba, nuestro Sigüenza trazó la vida de San Jerónimo y de su 
siglo y destacó sobre el cuadro general de los sucesos la representación personal del 
santo fundador de una manera admirable, aun descartadas las galas literarias con 
que exornó su obra el escritor insigne. Sometiendo á método rigoroso el relato de 
los hechos, dividió la vida de San Jerónimo en seis edades: puericia, adolescencia, 
juventud, virilidad, senectud y decrepitud, acomodando á este canon hipocrático la 



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INTRODUCCIÓN XXXV 

división de la obra en otros tantos libros. Dentro de él, corre la narración como las 
dulces aguas de las corrientes serenas. Con singular maestría se entretejen los 
hechos con las meditaciones, las noticias literarias con las observaciones exegé ticas, 
las ideas del orden contemplativo con las censuras de los adversarios. Andan allí 
juntos el místico y el historiador, el gramático y el polemista, como demandan los 
hechos y escritos del héroe cuya vida se narra, y las cuestiones aún vivas en la 
época de Sigüenza, aunque procedentes de los tiempos de Jerónimo. Con sutil des- 
treza toca el historiador en estas cuestiones para refutar, no sólo á los enemigos del 
pasado, sino á los que en su época las renovaban para mengua de la ortodoxia cató- 
lica ó para combatir la sana fe de insignes expositores como Arias Montano. El 
modo de entender el texto hebreo suscitó en los fines del siglo xvi graves cuestio- 
nes por empeñarse algunos doctos, tan tenaces como León de Castro (ingenium acre 
etcapax^ según N. Antonio), en declarar sospechoso dicho texto, y casi culpables 
de judaismo á los que, como Montano, le daban fe y lo recibían con reverencia. 
Recordando, sin duda, los disgustos que esto ocasionó á su ilustre amigo y maestro, 
y acaso también los que á él mismo le pusieron en cuentas con el Santo Oficio, 
nuestro escritor aprovechó la ocasión de hablar de la versión de San Jerónimo para* 
argüir á los que se llamaban á sí mismos antijudaizantes, sin duda porque maltrata- 
ban la versión hebrea desconociendo la lengua hebrea. Lo hizo doctísi mámente y no 
sin llaneza elocuente y severa, tratando con desdén mal encubierto á León de 
Castro, á quien califica de buen hombre y sabidor de chismerías. 

Una de las circunstancias de la Vida de San Jerónimo que mayor admiración 
producen en mí, es el arte con que está tramada y la manera con que se adornó de 
erudición sagrada y profana, histórica y exegé tica, y de qué modo se bordó aquel 
tejido de preciosas sedas y de hilos de oro y plata. No semeja las toscas ensambla- 
duras de los eruditos adocenados 6 torpes, donde las piezas están mal escogidas y 
puestas como á golpes de mazo, sino que cada cita y cada hecho y cada reflexión 
parecen nacidas en su propio lugar, abrillantadas luego por la pulida forma literaria 
en que Sigüenza fué maestro incomparable. Así no es extraño que para muchos sea 
ésta la obra principal del autor, por su fondo y por su forma, la mejor pensada y 
la escrita con mayor fortuna. Este es también mi parecer, aunque el cuerpo de la 
crónica, por lo que tiene de histórico, tenga ahora mayor interés y aprovecha- 
miento. 

Un hombre de tanta penetración mental como el P. Sigüenza debía empezar la 
historia de la Orden con la vida de su excelso fundador, y por esta vida comenzó la 
obra que ha puesto el nombre del humilde fraile entre los primeros historiadores y 
entre los más galanos prosistas. Llevó ó debió llevar en esto otra mira el sutil escri- 
tor: la de justificar y consagrar la antigüedad de la Orden, poniendo su nacer en 
los principios del siglo iv y al amparo de varón tan justamente venerado en la 
Iglesia católica. Porque ya cuando escribía nuestro Sigüenza había surgido una que- 
rella de frailes, que al fin tomó los vuelos de cuestión pavorosa: la de la antigüe- 
dad, y, por consiguiente, de la preferencia en el tiempo y de la preferencia en las 
almas de las Ordenes religiosas. 



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XXXVÍ HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

No entró en el debate el P. Sigüenza, cuya prudentísima condición le alejaba de 
tales disputas, y mucho menos dio motivos para promoverlas. El camino opuesto 
siguió, y por abandonar la causa de su Instituto en esta materia de precedencia y 
continuación no interrumpida, fué censurado acerbamente por los mismos suyosy 
no aquietados por las investigaciones del cronista en lo tocante al establecimiento 
de la Orden en España, ni por las galas literarias con que adornó su obra, con 
admiración de propios y extraños. Pero realmente, en su tiempo no se había des- 
arrollado del todo aquella especie de comezón genealógico-monástica que se apo- 
deró de los frailes del siglo xvii, y que aún duró, como herencia epidémica, pene- 
trante hasta los huesos, durante los principios del siglo xviii. Ningún cronista quería 
ceder la palma de la antigüedad y de la preeminencia consiguiente á Orden que no 
fuera la suya propia, en cuyo honor escribía. En los Institutos religiosos de fecha 
cierta, como los fundados por San Francisco, Santo Domingo, San Bernardo, San 
Pedro Nolasco, etc., cabían menos disputas; pero la sutileza de los escritores bus- 
caba medios de atribuir al fundador de su devoción glorias no del todo indudables, 
pues que á la vez las reclamaban para otros sus respectivos defensores. En lo tocante 
á religiones nacidas en los comienzos de la Edad Media ó antes, la piedad filial, la 
fantasía y la erudición sutil encontraban campo donde encender sus fervores. Car- 
melitas, benedictinos, basilios y Jerónimos lucharon con empeños titánicos, tratán- 
dose mutuamente con aspereza poco caritativa y casi con indecencia. Y no fué esto 
sólo en España, pues la lucha alcanzó á otras naciones de Europa; y así vemos que 
escribiendo Gabriel Pennoto contra el español Juan Trull, canónigo regular como 
él, y en materias históricas del común Instituto, le acusó de hablar «con la boca 
redonda» y de haber corrido <á cuatro pies»; y el mismo Pennoto, no obstante la 
grande autoridad de otro español ilustre, Juan Márquez, autor del áureo libro titu- 
lado El Gobernador ChrisHano^ le censuró con amargas frases y con argumentos 
ofensivos ('). Esto de tratar mal al adversario no es de ahora, ni cosa propia de 
frailes, sino de todos los tiempos y gentes. 

Con moderación había entablado la polémica contra las pretensiones de domini- 
cos y otros religiosos Fr. Jerónimo Román al imprimir, en 1 572, su Primera parte 
de la historia de los ermitaños de San Agustín (*); pero esta obra y el Defensorio^ del 
mismo autor, así como alguna otra donde se le contradijo, enardecieron la con- 
tienda. Al mismo tiempo que Sigüenza preparaba* la segunda parte de su Crónica^ 
Fray Diego de Coria Maldonado imprimía, en ISPS, su Dilucidario y demostración 

{}) Gabriel Pennoto publicó estas virulencias en su *Generalis Ordinis Clericorum Canoni- 
corum Historia iripartiia, Roma 1624», y Juan Trull ó Trullus había impreso en Zaragoza, 
año 1571, su ^Ordo Canonicarum Regulariumi^ , en 4.** 

La obra histórica de Fr. Juan Márquez, tan contradicha por Pennoto, es el «Origen de los 
Frayles hermitaños de la orden deS. Agustín. Salamanca, imprenta de Antonio Ramirez, i6i8>, 
en folio. 

(*) Alcalá de Henares, imprenta de Andrés de Ángulo, 1572, en folio. En 1569 había 
impreso la Chronica de la misma Orden: Salamanca, por Juan de Terranova, 1569, obra más 
arreglada al método cronológico, más ajustada á los hechos y de pocas elucubraciones. 



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INTRODUCCIÓN XXXVII 

de la antigüedad del Carmelo ( * ), levantando á antigüedad extraordinaria el origen 
de la Orden carmelitana, y notando con erudición gárrula, y más apologética que 
histórica, las diferencias y relaciones entre aquel cuerpo y otros menos insignes, 
según su parcial sentir. Cuatro años después enaltecía la antigüedad de la Orden 
benedictina y el hecho de derivarse de ella la cisterciense y otras muchas, la Cró^ 
nica del Cister^ de Fr. Bernabé de Montalvo (*), y casi por entonces también Fray 
Valerio Ximénez de Embún daba á luz su Estímulo de la devoción del Carmen ('), 
donde intentó probar, con todo linaje de argumentos, la opinión de su familia reli- 
giosa, según la que fué instituida por el profeta Elias, reformándola luego el profeta 
Elíseo. A medida que adelantaban los tiempos se enardecía la querella. El citado 
Fray Juan Márquez, honor de la familia augustiniana, sostuvo en su Origen de los 
ermitaños de San Agustín que de ella proceden , como dos ramas de un solo tronco, 
la de Santo Domingo, que fué canónigo regular, y la de San Francisco, fraUe ermi- 
taño. Y aun cuando conocía la especial predilección del duque de Lerma hacia fran- 
ciscanos y dominicos, para defenderse de los esperados ataques de unos y otros puso 
su libro á la sombra del poderoso valido, buscando la defensa en el campo contra- 
río. Escribió dicha obra y sostuvo su tesis, entonces y aun ahora peregrina, por la 
indignación que le produjo un franciscano, Fr. Antonio Daza (*), al exponer «la 
fábula» de que San Buenaventura, siendo general franciscano, fundó la Orden de 
San Agustín, alterando de esta manera la sucesión y genealogía de las Órdenes, y 
haciendo hija de una á la que era su madre. Pero el P. Daza hizo esto como en ven- 
ganza del agravio inferido á los suyos por Fr. Jerónimo Román, suponiéndoles 
rama derivada del tronco augustiniano. Lástima fué que el P. Márquez, al terciar 
acalorado en el debate, afease su erudita réplica, muy sazonada de razones, dando 
por buenas las patrañas de Dextro y Máximo, aunque procurando descargar la 
responsabilidad de su fe en ellos sobre los modernos, bajo cuya protección co- 
rrían, cerrando, en cambio, cuando no los encontraba propicios á aceptar la no in- 
terrumpida sucesión augustiniana, contra Baronio, Zurita y otras grandes auto- 
ridades. 

Entonces se escribieron enormes infolios para referir y enaltecer las Ordenes 
religiosas, en los que podemos llamar sus tiempos prehistóricos, como sucede con 
la Historia prof ética del Carmen^ de Fr. Francisco Santa María ('). Pero á poco vino 

(*) Córdoba, por Andrés Barrera, 1598, en folio. 

(*) «Primera parte de la Coronica de la Orden del Cister é instituto de S. Bernardo: 
Madrid, 1602, por Luis Sánchez», en folio. 

O «Estimulo á la devoción de la antigua Orden del Carmen y la historia y sucesos desta 
sagrada Religión desde su fundador S. Elias hasta 1197: Zaragoza, 1604, por Angelo Tavanno.» 

(*) Fr, Francisco Daza escribió buen número de libros, entre ellos la «Quarta parte de las 
Crónicas de la Orden de S. Francisco: Valladolid, por Juan Godinez, 161 1», en folio. Es la con- 
tinuación de las famosas crónicas franciscanas de Fr. Marcos de Lisboa. 

(*) «Historia profética de la Orden de N* S* del Carmen, 2.* impresión: Madrid, por Diego 
Díaz de la Carrera, 1641», en folio. La primera edición, que no conozco, debe ser de 1630. No 
las cita Nicolás Antonio, que calló otras varias crónicas religiosas. Antes de la Historia profé- 
tica escribió en latín Fr. Juan de Cartagena dos tratados de la antigüedad del Carmen , que se 
imprimieron en castellano, en Madrid, por Serrano de Vargas, 1623. 



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XXXVIll HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

la Antigüedad de la religiáfi y regla de San Basilio^ de Fr. Alfonso Clavel ( ' ), quien 
dirigiéndose al jefe supremo de la Iglesia declaraba su objeto de defender la religión 
más antigua del cristianismo contra las calumnias de escritores poco escrupulosos y 
aun contra los mantenedores de tres grandes pleitos que habían afligido á dicha 
Orden, y evocando la memoria de Caín y Abel calificó de libelos infamatorios cier- 
tos escritos de los benedictinos, particularmente del P. Lima, de Constantino Caye- 
tano y de otros, quienes llegaron á sospechar de herejes á los monjes basilios. Enton- 
ces disputaron sobre mayor antigüedad basilios, carmelitas, agustinos y benedicti- 
nos, arrancando sus respectivas pretensiones de un supuesto no siempre claro: el de 
que cada uno de los fundadores había dado en vida su regla y aun logrado su con- 
firmación también en vida. La obscuridad sobre la naturaleza de la vida religiosa en 
los primeros siglos de la Iglesia es extraordinaria, pero se cerraba más con estas 
disputas revestidas de una erudición inaguantable. 

Trinitarios y mercenarios rompieron también entre sí las paces, porque el punto 
concreto de la redención de cautivos, en que fundaban una de sus glorias más puras, 
no era entendido de igual manera por unos y por otros, y cada cual lo reclamaba 
para sí como voto substancial ó, cuando menos, histórico, disputándolo al bando 
opuesto. Contra los mercenarios sostuvo Fr. Alonso de San Antonio en sus Glorio- 
sos títulos de la religión de la Santísima Trinidad (*) la primacía de redentora que 
de justicia le era debida, y lo mismo pretendió el analista trinitario Fr. Diego de 
Jesús ('), sin que bastasen las Bulas pontificias y las declaraciones de los tribunales 
eclesiásticos y seculares para poner fin á los encendidos pleitos, que se continuaron, 
aunque con menos iracundia, en el siglo xviii. 

No permanecieron ociosas las plumas de los escritores Jerónimos durante esta 
lucha más que secular, en que también tomaron parte los cronistas de las Órdenes 
de caballería, que en alegatos histórico-jurídicos defendieron cada cual la antigüe- 
dad de su Orden propia. De todos los hijos de San Jerónimo que en la querella 
intervinieron, ninguno más erudito, ni más fogoso, ni más incansable que Fr. Her- 
menegildo de San Pablo, dispuesto siempre á arremeter contra los de la casa ajena, 
émulos de las glorias de su solar, y aun contra los nacidos en éste que, á su juicio, 
mostraron en su defensa flojedad ó incuria. Doliéndose, no sin manifiesta amargura, 
del plan que dio á su crónica el venerado Sigüenza, y aun poniendo en el más alto 
punto las alabanzas de éste cuanto á virtud, letras y talentos, le acusó de no haber 
defendido la antigüedad y continua sucesión de la obra de San Jerónimo en unos 
tiempos en que ya otros cronistas reclamaban para sus religiones prosapia remotí- 
sima y nunca interrumpida. Después de lamentar que el ilustre fraile escurialense 
hubiese admitido, ó al menos tolerado como ciertos, antecedentes de los que en 
buen razonar se deduce que los Jerónimos son hijos de la regla de San Agustín y 

(y) Madrid, imprenta de Diego Díaz de la Carrera, 1645, en 4.° 

(*) Madrid, por María de Quiñones, 1 661, en folio. 

O «Anales de la religión de la Santísima Trinidad, Redención de cautivos cristianos, fun- 
dada por S. Juan de Mata y S. Félix de Valois: Madrid, 1687, por Antonio González de Reyes». 
en folio. 



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INTRODUCCIÓN XXXIX 

que el mismo cronista hubiese tratado del desarrollo histórico de la Orden sólo 
dentro de España, callando sus orígenes bethlemitas y la sucesión constante desde 
aquellos orígenes hasta el siglo xiv en que vuelve á aparecer en España, le acusó 
de descuidado y perezoso, por no explorar con detenimiento los archivos, ni leer 
sus Bulas, ni entenderlas con la claridad necesaria, pues de haberlas entendido, dice, 
no escribiera como escribió, sin duda por repugnancia hacia las letras enrevesadas 
de los escritos pontificios. De estos ataques no muy templados contra el P. Sigüenzá 
no se arrepintió cronista que llevaba su mismo hábito y que pretendía continuar la 
grande obra de las crónicas jeronimianas, puestas desde su origen y sobre marmó- 
reos cimientos por el insigne escritor. Y no se arrepintió Fr. Hermenegildo de San 
Pablo, ni aun después de estar advertido por almas más benignas; antes ratificó sus 
juicios, recordando sañudo que la Historia de la Orden de San Jerónimo no había 
satisfecho á muchas personas, así por no callar defectos que el honor de la Orden 
exigía fuesen olvidados, como por dar autoridad con el silencio á las opiniones con- 
trarias á la legítima descendencia del gran anacoreta bethlemita, cortando de esta 
manera y en lo más sano y grueso de su raíz el árbol secular de la religión jerónima; 
todo, añade, por acogerse Sigüenzá á la idea de que á una corporación importa 
más tener santos que linajudo abolengo. Expuso Fr. Hermenegildo esta doctrina y 
estos juicios en su Origen y continuación del Instituto jeronimiano ('), no sin aplauso 
de sus censores y aprobantes, alguno de los que, menguado el glorioso recuerdo 
del antiguo cronista por la ciega amistad del nuevo historiador, pregunta cuál 
de ambos es más benemérito y merece mejor la primacía en la gratitud de la 
Orden. 

Cómplice fué ésta, sin duda alguna, en estas censuras contra la memoria de su 
más insigne cronista. Porque el censor publicó sus libros por encargo y con apro- 
bación de sus superiores, y no era necesario culpar al venerable Sigüenzá de silen- 
cio ó de descuido para contradecir á los PP. Vivar y Argáiz, negar todo crédito á 
los falsos cronicones y deshacer la especie de que San Jerónimo fué monje basilio ó 
carmelita. Según se ve, los institutos religiosos litigaban entonces por su antigüedad 
con el mismo empeño que los hidalgos por sus mayorazgos y preeminencias. La 
polémica había llegado hasta el punto de que el fecundísimo y fantaseador Argáiz 
no considerase á San Jerónimo sino como una especie de amanuense del pontífice 
San Dámaso, atroz injuria contra el eminentísimo escritor. El mismo Argáiz llegó á 
calificar de «generación perversa» á la ya nutrida hueste que dudaba de la autenti- 
cidad de Hauberto» teniendo por imaginado el monacato de San Jerónimo, y repro- 
bando con dureza que Fr. Hermenegildo de San Pablo negase la paternidad espiri- 
tual de San Agustín cuanto al instituto jeronimiano, á lo que aquel escritor contestó 
burlándose de «estos repartidores de Padres», que quieren imponerlos ajenos á los 
que están muy á gusto con los propios. 



(^) Madrid, Imprenta Real, 1669, en folio, con 610* páginas de texto. Tres años después 
pabUcó otro gran volumen con el título de « Defensa de la Religión Geronima en España y su 
antigüedad: Zaragoza, por Diego Dormer, i672>. Els ima viva réplica al P. Argáiz por las opinio- 
nes que expuso en la Población eclesiástica de España, 



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XL HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

Empeflaclo el P. Hermenegildo en esta lucha, publicó en 1 68$ un nuevo volumen 
de cerca de I.OQO páginas en folio, con el título de Primada del monacato evangé- 
lico ('), renovíindo sus fogosos ataques contra Vivar, Yepes, Sandoval, Ambrosio 
de Morales y Argáiz, y tratando de follones á cuantos no reconocían el más claro 
linaje y la más perfecta hermosura de su Instituto, sagrada Dulcinea de sus amores. 
Reprendía entonces á los benedictinos el hacer suyas las glorias ajenas, inventando 
documentos, traduciendo las palabras á su manera y admitiendo patentes anacro- 
nismos. Negaba la existencia de los monjes benedictinos en España durante la 
monarquía visigoda. Calificaba de imposturas las noticias de los falsos cronicones, 
tan aprovechados por los cronistas benedictinos, y hacía, sobre todo del P. Argáiz, 
el yunque de sus temibles golpes, porque le había replicado (cuando combatió á 
Hauberto Hispalense) por medio de varios opúsculos. 

Volvió de nuevo en esta obra, como ya lo había hecho en el Origen y continua- 
ción del Instituto jeronimianoy contra el P. Sigüenza. En el prólogo se confiesa, casi á 
las claras, que la Orden no estaba satisfecha del gran cronista, porque, aun ensal- 
zando sus claras dotes, su literatura incomparable y la abundancia de noticias cuanto 
á los sucesos jeronimianos en España, se le consideraba como poco feliz en lo tocante 
á enlazar la generación del Instituto con el Santo Padre, á quien tenía por fundador, 
deseando, no sólo establecer tan remoto origen, sino la sucesión directa y no inte- 
rrumpida de la Orden en la serie de los siglos, y como si no hubieran ocurrido las 
terribles catástrofes que cortaron la vida de las instituciones, menos la de la Iglesia 
misma. Y en vez de buscar quien continuase la obra de Sigüenza por modo descen- 
dente, encargó á Fr. Hermenegildo que la completase ascendiendo hasta el santo 
fundador, tejiendo estrechamente los sucesos desde el siglo xiv hasta el iv. Túvose 
á Sigüenza por autor poco noticioso (casi indigno de la cultura y de las aspiraciones 
del siglo xvii), torpemente desdeñoso de las progenies ilustres y descuidado en mate- 
ria genealógica. Algunos intentaron corregir semejantes faltas y enmendar al renom- 
brado cronista; pero desistieron pronto del empeño, deslumbrados por la fama y 
gloria de Sig^üenza (*). Pero Fr. Hermenegildo, hombre desenfadado y pronto para 
la lucha, puso sobre sus hombros aquella carga, con beneplácito de la Orden, y 
publicó, no una crónica completa, que fuera lo mejor, sino estos libros y otros de 
polémica y de apologética, que, á pesar de su extensión, no pierden jamás el carác- 
ter de disertaciones, donde sobre todo se intenta contradecir la idea de Sigüenza de 

(^) «Priraacia del Monachato Evangélico, sus excelencias y prerogativas, fundado única y 
primordialmente por Qiristo nuestro bien , y examen de la certeza del ídolo Carmelo, venerado 
por Vespasiano Emperador, por Fr. Hermenegildo de S. Pablo: Valencia, por Jaime de Borda- 
zar, 1685.» 

Todo su empeño contra el maestro Lorenzo Espin , autor de la Ruina del ídolo, etc., es que 
San Jerónimo no fué carmelita, pues no había carmelitas ni otros monjes en Siria y Palestina, 
donde el santo plantó su instituto. 

(*) «Mas que todos crei yo esta imposibilidad, viendo que tantos se acobardaron y que 
hauiendo comenzado muchos, fue ama^o en ellos el trabajo acometido, fue deseo que se quedo 

en Esperanza, pues nunca vimos lograda su execucion Fueron vencidos otros por la autoridad 

del P. ^igüenza.» (Fr. Hermenegildo de San Pablo, Origen y continuación del Instituto jeroni^ 
miaño, en la dedicatoria.) 



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INTRODUCCIÓN XLI 

que la religfíón de San Jerónimo fué «como un río caudaloso que se esconde en las 
entrañas de la tierra largo espacio y torna después con nueva claridad y frescura á 
aparecer á nuestros ojos». Lamentando siempre que el P. Sigüenza no supo callar lo 
suyo ni lo ajeno, olvidando el censor que en otra obra suya recomendó el alto 
ministerio de la historia, que debe indagar la verdad, aunque sea en detrimento de 
la propia gente, en la Prhnacia del monacato evangélico volvió á culpar á nuestro 
cronista de haber huido el cuerpo y el espíritu á las investigaciones laboriosas con 
excusas poco loables, y de haber hecho mención de ciertas disensiones poco edifi- 
cantes ocurridas en algunos capítulos generales de la Orden, comparando esto que 
hizo Sigüenza con el proceder de Fr. Francisco de Santa María, quien en su Historia 
profética sostuvo que la religión fundada por Elias fué tan pura y virginal, que mien- 
tras los novecientos años de su duración antes de Jesucristo, no fué manchada por 
un solo individuo, pues si quería entrar en ella como por sorpresa un hombre 
indigno, por medios milagrosos era rechazado. jComo si el P. Sigüenza tuviera parte 
en la pretensión de basilios y carmelitas de que San Jerónimo había pertenecido á 
sus respectivas Órdenes, ó fuera responsable de los aprietos en que Fr. Lorenzo 
Espín puso á Fr. Hermenegildo con la empalagosa erudición y obscuro discurrir de 
la obra de aquél, Ruina del ídolo del Monte Carmelo! 

Ya andaba Fr. Hermenegildo embebecido en sus disquisiciones y diatribas contra 
los extraños, calurosos enemigos, y contra el cronista propio, tibio amigo, cuando 
escribió la cuarta parte de la Crónica de San yerónimo^ Fr. Francisco de los Santos, 
por encargo expreso de la Orden misma y para que prosiguiese la gloriosa labor de 
Fr, José de Sigüenza ( ' ). Y se advierte que el continuador puso empeño en acomo- 
darse á la pauta de su ilustre modelo, así en lo tocante al plan interno de la obra, 
como en lo relativo á las condiciones literarias, aunque se reconociese incapaz de 
conseguir lo uno y lo otro. Pero esto, y el continuar la serie de los sucesos allí donde 
les dejó Sigüenza; el no entrar en los debates, donde ya lucía su ingenio el ardoroso 
Fr. Hermenegildo; la total voluntad, bien manifiesta, de no suplir el silencio de las 
tres partes anteriores de la Crónica en lo relativo al origen y continuación del insti- 
tuto historiado, y el continuo bien decir del P. Sigüenza, son señales de que no toda 
la Orden estaba quejosa de éste, ni ponía manchas en el esplendor de su gloria. Las 
mismas observaciones pueden hacerse acerca de las censuras y aprobaciones que 
preceden á esta cuarta parte, y en las que se contienen entusiastas alabanzas del 
gran historiador y aun del que seguía sus huellas, por el hecho mismo de seguirlas 
con escrupulosa fidelidad. Hay en esto mal oculta condenación del apasionamiento 
y encendida aspereza de Fr. Hermenegildo de San Pablo y de quienes como él 
pensaban, con mengua de la fama del insigne cronista seguntino. 

Creo, sin embargo, que al fin prevaleció la doctrina del incansable polemista. 
Así me explico la resolución de la Orden de encomendar una nueva crónica general 
á Fr. Francisco Antonio de Montalvo, que publicó en 1 704 el tomo I de su Historia 

(>) cQuarta parte de la historia de la Orden de San Gerónimo. Continuada por el Padre 
Fr. Francisco de los Santos: Madrid, imprenta de Bernardo de Villa-Diego, 1680, en folio. 



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XUt HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

general de la Ordett de San Jerónimo ('), sin duda para llenar los huecos dejados 
por Sigüenza, conforme á las ideas de Fr. Hermenegildo y á los elementos numero- 
sos recogidos en sus obras. Aun cuando Montalvo no fué muy explícito para auto- 
rizar esta creencia mía, y sólo publicó un tomo, y todo lo dedicó, á semejanza de lo 
que hizo Sigüenza, á la vida del fundador, tengo por cierto que tal era su propósito^ 
así como el de proseguir la campaña apologética de su hábito y contradecir á sus 
adversarios, porque como dijo pedantescamente en la dedicatoria de aquel tomo, 
« no necesitan los blasones gloriosos de Bethleem los modernos mendigados humos, 
que llegan á embejecer la c^hdida color del papel con los falsos testimonios de la 
edad para atribuir ilustres unos siglos á las niñeces de otros regulares genealógicos 
monumentos. > Pero es lástima que no prosiguiese su obra para ver cómo salía del 
empeño y de qué manera trataba al gran escritor y cómo llenaba los huecois que, 
según sus censores, dejó éste. 

La interrupción de la obra del P. Montalvo movió algunos años después á otro 
fraile Jerónimo, Fr. Pablo de San Nicolás, como Fr. José de Sigüenza, hijo del 
monasterio del Parral de Segovia, á tratar con mayor amplitud y con aparato aún 
más solemne el mismo asunto de la historia de la Orden, y comenzó á ejecutar su 
proyecto al imprimir en 1 723 el tomo I de los Siglos Geronimianos^ obra colosal por 
su tamaño, pues consta no menos que de 19 tomos, rellena de todo cuanto la eru- 
dición sagrada y profana de aquel tiempo podía suministrar á un hombre de cortas 
ocupaciones y de laboriosidad incansable; especie de bosquejo embrollado y minu- 
cioso, no sólo de la Orden desde su nacimiento, sino de \\ historia de la Iglesia y 
aun de las sociedades humanas, según entonces se conocían y entendían. El nuevo 
historiador aceptó el plan de Sigüenza de comenzar por la vida de San Jerónimo, 
mucho más extensa y moralizada; pero no interrumpió la historia del instituto 
bethlemita, ni quiso ver en él aquel río caudaloso, cuyas aguas se ocultaron durante 
largo espacio para reaparecer en el siglo xiv en las alturas solitarias de la Alcarria, 
sino que, conforme al gusto de su familia y al plan interrumpido de Fr. Francisco 
de Montalvo, presentó la cadena de los siglos jeronimianos sin rotura ni quiebra 
alguna, como si se tratara de la sucesión de la Iglesia católica. Es, pues, una verda- 
dera crónica, en lo que no tiene de fingida ó de equivocada; pero tan distinta de la 
narrativa serena y lozana del P. Sigüenza, que así como se lee ésta con deleite jamás 
fatigado, aquélla semeja á los retablos churrigorescos aún en boga, donde la vista, 
cansada con las fantasías y caprichos ornamentales, bu^ca inútilmente las austeras 
líneas de la verdad y las dulces visiones de la belleza. Pero, de todos modos, en los 
laberínticos Siglos Geronimianos de Fr, Pablo de San Nicolás, se ve una nueva pro- 
testa de las pretensiones del instituto de San Jerónimo contra la mesura y discreta 
prudencia de su primer historiador (*). Ya lo dijo uno de los aprobantes de la volu- 

(') Salamanca, imprenta de Gregorio Ortiz Gallardo» 1704, en folio. 

(*) No todos los defensores de la Orden de San Jerónimo escribieron con el apasionado 
celo de Fr. Hermenegildo de San Pablo, aun en sus mismos días, y no obstante haber él soplado 
vivamente sobre el fuego. En 1738, es decir, en la época en que mayor autoridad pudieran tener 
los escritos de aquel fervoroso apologista, publicó Fr. Josef González su Monacato Geronimiamf, 



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INTRODUCCIÓN XUll 

miñosa obra: « Es el empeño del autor, en el todo y en sus partes, cual lo deseaba 
la religión»; el mismo aprobante, aunque con modos de respeto, repitió la nunca 
olvidada especie de que Sigüenza no quiso trabajar en lo ajeno á España, ni pene- ' 
trar en los obscuros tiempos anteriores del siglo xiv, y aun el autor declaró una y 
otra vez que Sigüenza fué escritor poco noticioso y diligente ( ' ). 

Volviendo ya los ojos á la obra magna de nuestro escritor, se advierte, cuanto 
al método histórico, que no introdujo grandes novedades ni quiso apartarse mucho 
del camino señalado por los cronistas religiosos de su tiempo. Era Fr. José más lite- 
rato que historiador, aunque no ha de tomarse este juicio tan en absoluto, que se le 
nieguen grandes aptitudes para nuestra ciencia predilecta. Las tuvo en grado emi- 
nente, mas no en la medida soberana que las puramente literarias. Con mayor ó 
menor ajustamiento se atuvo al modo entonces vivo de comprender los fines de 
dicha ciencia, que en sus manos sirvió á la gloria de Dios y de la Orden de San 
Jerónimo, Apartóse poco de estos dos carriles, aunque, claro es, atendiendo también 
al fin moral y á la santificación de los hombres. Como de paso tocó en asuntos 
puramente humanos, sobre todo en aquellos que conoció por sus propios ojos ó que 
atañían al rey, fundador del Escorial y con quien vivía pared por medio. Puso no 

que tenía por objeto contestar á las opiniones contrarias á la antigüedad y progenie del Insti- 
tuto de San Jerónimo, expuestas en el Escudo Benedictino, obra portuguesa de Fr. Manuel de 
San Anlonio, y en el Examen castellano de la crisis griega , obra postuma de D. Luis de Salazar 
y Castro, ó que al menos se publicó con su nombre después de su muerte. 

El P. González, y lo mismo hizo Fr. Hermenegildo (Je San Pablo, no admitía fácilmente que 
el Examen castellano fuese obra del insigne genealogista , y sospechaba que se la atribuyeron 
para darla una autoridad de que carecía por si misma. £1 mismo P. González se lamenta de las 
grandes controversias relativas á la antigüedad y primacía de los institutos monásticos, y consi- 
dera de poca utilidad la averiguación de quiénes fueron sus fundadores, porque bien puede ser 
una Orden más moderna que otra, y al mismo tiempo ^e no menor ó acaso superior utilidad. 

(') «Siglos Geronimianos por Fr. Pablo de S. Nicolás. Madrid, imprenta de Blas de Villa- 
Nueva.» Consta de diez y nueve tomos en folio, de los que los tres primeros comprenden la 
vida del santo fundador. Los orígenes y el desarrollo del monacato en todas sus formas, están 
tratados con fatigosa amplitud. Duró la impresión desde 1723 hasta 1744, y el último tomo es 
postumo, quedando interrumpida la narración en el afto de 14 18. De vivir el autor y de seguir 
el plan de esta obra colosal, Dios sabe cuántos tomos hubiera escrito. Imprimió otras obras, 
entre ellas, en 1725, las «Antigüedades eclesiásticas de España en los cuatro primeros siglos de 
la Iglesia». 

Otros frailes Jerónimos se propusieron continuar la obra del P. Sigüenza ; pero no llegó su 
propósito á buen remate. En la biblioteca del Escorial se conservan manuscritos: 

«Historia de la Orden de San Gerónimo, libro 3.° de la quinta parte, compuesta por Fr. Juan 
Nuñez.» (En dicha biblioteca, con la signatura ^7V• 12.) 

«Quinta parte de la historia de la Orden de San Gerónimo por el R. P. Historiador de 
ella Fr. Francisco Salgado, profeso de San Gerónimo de Madrid.» Comprende desde 1678 
á 1800. ^7-7-9) 

En la Biblioteca Nacional hay un manuscrito en folio, (7-92, con este título: 

«Historia de Guadalaxara y como la Religión de San Gerónimo en España fué fundada y res- 
taurada por sus ciudadanos.» El autor es el P. Femando Pecha, de la familia y apellido del fun- 
dador. Es la historia de Guadalajara de que tanto se aprovechó Núñez de Castro para la suya, 
y es curioso lo que dice de los principios de la Orden en Lupiana. 



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XLIV HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

común diligencia, aunque no tanta como desearon sus émulos, en la averiguación 
de los sucesos que narraba; y si acaso alguna vez no fué feliz en las buscas, culpa 
debió ser de sus colaboradores, porque él visitó pocos archivos y hubo de atenerse 
á las noticias de sus correspondientes. Aun así, su claro juicio y crítica avisada 
separaron lo cierto de lo dudoso y no cayó en la casi siempre maliciosa candidez de 
los cronistas de las Órdenes, que tanto daño hicieron después á la pureza histórica. 
Mis propias investigaciones, en lo que toca á los fundadores de la Orden en la región 
alcarreña, me han hecho conocer, más que errores del historiador, faltas y omisio- 
nes que sólo advertimos por efecto del criterio histórico ahora vigente. Con citas, 
notas y documentos comprobamos hoy con minuciosa amplitud la narración; pero 
Sigüenza no conocía este sistema fecundo, como no lo empleó el gran Zurita, aun- 
que el investigador moderno se convence pronto de que el cronista, alcarreño y el 
analista aragonés siguieron fidelísimamente á los documentos auténticos y origina- 
les, siquiera no los mencionaran, á la manera que satisfacemos nuestra sed con aguas 
cristalinas sin averiguar los manantiales de donde vienen. 

Todo el tomo segundo de la historia de la Orden, que es segunda parte de su 
obra magna ( ' ), puesto que se dedicó la primera á la vida de San Jerónimo, com- 
prende los sucesos de la religión jeronimiana durante la primera centuria de su exis- 
tencia en España, comprendiendo el siguiente, con el título de «tercera parte», el 
resto del tiempo hasta los días en que el autor escribió (*). Según su criterio, la his- 

( *) «Segvnda parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo. Dirigida Al Rey nuestro 
Señor D. Philippe III. Por Fray loseph Ge Siguenga, de la misma Orden. (Elscudo grabado en 
cobre.) Madrid, En la Imprenta Real. Año M.DC.» 

Sumario de los libros que contiene. — Privilegio Real: Barcelona 17 de Mayo de 1599. — Dedi- 
catoria á Felipe III: i.** de Abril de dicho año. — Otra que había hecho á Felipe II. — Aprobación 
de Fr. Francisco de Cabanas. — Licencia de la Orden. — Censura de Fr. Felipe de Campo. — 
Erratas. — Tasa. — Tabla de cosas notableá*. — Textos. — Colofón: cEn Madrid, Por luán Flamenco, 
Año M.DC.> 

18 hojas de principios, 767 páginas de texto y una blanca final, en folio. 
(*) «Tercera parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo Doctor de la Iglesia, Diri- 
gida, Al Rey nuestro Señor. Don Philippe III. Por Fray loseph de Siguenga, de la misma Orden. 
(El mismo escudo de las anteriores.) Madrid. En la Imprenta Real. Año M.DC.V.» 

Sumario de los libros. — Tasa. — Erratas. — Aprobación de Fr. Antonio de Viedma. — Privile- 
gio: Aranjuez 28 de Abril de 1603. — Dedicatoria á Felipe ni. — Tabla. — Hoja en blanco. — Texto. — 
Colofón, con el nombre del impresor Juan Flamenco. 

22 hojas preliminares y 899 páginas de texto, en folio. 

Los libros que quedan en San Lorenzo del original de la Historia de la Orden de San Jeró- 
nimo, del P. Sigüenza, son estos: 

i.° Libro en folio, signatura ^'ij-22^ que comienza con el capítulo XVI, «del principio y 
sancto intento que se tuuo en la fundación del monesterio de S. Lorengo el real». Hay luego 
capítulos salteados y borradores con enmiendas, y comprende toda la descripción del Escorial, 
formando todos estos apuntamientos, borradores y partes puestos en limpio 1 38 folios. 

Después se encuadernaron con lo anterior un buen número de relaciones históricas de varios 
monasterios Jerónimos, incluso portugueses, cartas con noticias pertinentes al asunto, apuntes 
y otros materiales. 

2.® Un tomo en 4.**, encuadernado en becerro, con las armas del monasterio estampadas en 
seco y cantos dorados, signatura IV-a-L Es el original puesto en limpio y de mano del autor de 



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INTRODUCCIÓN XLV 

toria debe educar y deleitar, por ser lección más provechosa, aun para los príncipes 
y regidores de los pueblos, que los más selectos tratados de gobierno y de filosofía, 
al mismo tiempo que suaviza las asperezas de la vida con sus evocaciones de otros 
siglos y otros hombres, cuyas costumbres, hechos y empresas mueven á admiración 
y entretienen dulcemente la memoria, sobre todo si el relato va aderezado con vivas 
pinturas y se encubre la aridez del contar con elegantes adornos literarios. Con 
ingenuidad adorable, que la crítica no puede tachar de inmodestia, y como si adivi- 
nase el juicio de la posteridad, holgábase en creer que algo había puesto en estos 
aliños y en hacer amable su narración y más eficaz la persuasiva de sus trabajos his- 
tóricos. Cierto que este juicio confirma ampliamente aquella creencia del historiador, 
no sólo en lo que dice al fondo de su libro, sino á su aparato y vestidura literaria, 
no menos que á su doctrina y moralidad, porque en la historia perfecta han de jun- 
tarse todas estas circunstancias, para que los sucesos contados sirvan para el prove- 
cho del hombre y no sean como los astros de la noche, que, según dijo el poeta, 
alumbran sin calentar. 

Luz, calor y vida tiene la narración de Sigüenza. Aquel conjunto de generacio- 

la Vida de San Jerónimo, con dedicatoria y prólogo. Acaba: cGloria Patri etc», y la rúbrica del 
autor. 

3.** Otro tomo de igual tamaño y encuademación, signatura ^-i(/-27, que es también original 
de la misma Vida de San Jerónimo, y sirvió para la imprenta. Lleva al principio originales, la 
aprobación del Dr. Pedro López de Montoya, la licencia y censura de la Orden, y al fin la firma 
de Juan Gallo de Andrada. 

4.^ Otro tomo de igual encuademación, tamaño, etc., signatura IV-a-2, que contiene puesta 
en limpio, de mano del autor, y que comprende la Segunda parte de la Historia de la Orden de 
San Jerónimo, 

5.** Un volumen encuadernado en pergamino, en 4.**, signatura í^-üj-i. Contiene la tercera 
parte de la Historia de la Orden, y es original del autor. Siguen varios Tratados, que no sé si 
tuvo presente ó si se encuadernaron por casualidad con esta parte de su obra: entre ellos, una 
relación del martirio del Santo Niño de la Guardia con el proceso de la Inquisición; la vida, que 
se tradujo del latfn, de Doña María García, fundadora de las beatas de su nombre en Toledo, 
y varias relaciones de monasterios de la Orden, que creo fueron enviadas al P. Sigüenza como 
materiales para su trabajo. 

En la biblioteca de la Real Academia de la Historia poseemos otro volumen en folio, con 
encuademación á la holandesa moderna, y que es el original casi completo de la tercera parte 
de la Historia de la Orden, que había de servir para la imprenta. Está escrito con la habilidad 
caligráfica propia del autor, con la portada según debían copiarla los cajistas, y en ella señalada la 
cartela donde debía contenerse el grabado que aparece en la impresión, si bien en ésta es rec- 
tangular dicha cartela, que en el original es elíptica. Consta de cuatro hojas de principios y 
de 42 1 de texto, que no está completo, pues faltan las postreras hojas del discurso XIX del 
libro IV, salta á parte del discurso XXI y se interrumpe definitivamente cuando en él se des- 
cril)e el monumento de Semana Santa, faltando del todo lo demás. Todas las páginas van rubri- 
cadas, presumo que por el corrector oficial; la dedicatoria está firmada y rubricada por el autor; 
tras ésta se lee original la aprobación de Fr. Antonio de Viedma, y al final del códice una copia 
del privilegio, letra de la época. 

Aunque brevísima, debe figurar entre los trabajos históricos de Sigüenza la continuación de 
las interesantes Memorias de Fr. Juan de San Jerónimo, que se refieren principalmente al Elsco- 
rial, y que se publicaron en el tomo VII de la Colección de documentos inéditos para la historia 
de España, Tan breve es la continuación, que sólo ocu])a unas tres hojas en el impreso. 



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XLVI HISTORIA DE LA^ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

nes y semblanzas monásticas tiene un colorido y un movimiento semejante al colo- 
rido y movimiento de las grandes obras de la pintura de aquel siglo, como si los 
maestros que enviaban sus cuadros al Escorial 6 que allí pintaban ante los atentos 
ojos de nuestro escritor, le hubiesen enseñado el arte de dar realidad y vida á las 
imágenes del pasado. Reflexiones morales, avisos y doctrina, censuras y elogios, 
quejas y esperanzas, rasgos de erudición y reflejos de la melancolía interna de los 
sucesos lejanos, son como toques ae luz y de sombra, efectos de perspectiva y ful- 
gores de expresión que completan la maravillosa pintura de hombres y sucesos. 

Díjose antes que Fr. José de Sigüenza, después de escribir la vida de San Jeró- 
nimo, rompió el hilo de la historia de la Ord(;n, por haber entendido que los monas- 
terios de Palestina se consumieron y acabaron de todo punto no mucho después de 
morir el santo. Resuelto el historiador á no salir en su investigación de los mojones 
de España, como él mismo dijo, no halló la restauración ó establecimiento del insti- 
tuto bethlemita más arriba del siglo xiv, en los postreros años de Alfonso XI, ó 
acaso en los primeros de su sucesor D. Pedro. En aquellos días de grandes tribula- 
ciones vinieron de Italia unos hombres de Dios, á manera de cristianos penitentísi- 
mos, que predicaban, más con el ejemplo que con la palabra, la humildad y el 
retiro, con sus aledaños de oración, pobreza y obediencia. Juntáronse aquellos hom- 
bres con otros de la misma condición, que, huidos de la sociedad conturbada, vivían 
en las asperezas y soledades de los montes de Castilla y aun de algunas partes de 
Valencia y Portugal. Inclinábanse unos y otros á hacer comunes sus sacrificios, 
reglar aquella vida con cánones de discreta prudencia y darse mutuo auxilio para 
convertir en fuerza social los que eran actos individuales y de poca trascendencia 
para el bien del pueblo cristiano. 

Esta inclinación tuvo cumplimiento por medio de tres personajes que, despoján- 
dose de las grandezas de la alcurnia y de los altos puestos adonde habían llegado, se 
decidieron á vivir como aquellos penitentes procedentes de Italia ó nacidos en nuesr 
tra patria. Aquellos personajes fueron el canónigo de Toledo D. Femando Yáñez de 
Figueroa; D. Pedro Fernández Pecha, camarero de Pedro I y de su madre, gentil- 
hombre de ésta y guarda de los sellos de aquel infeliz monarca, y D. Alonso Fer- 
nández Pecha, obispo de Jaén y hermano del camarero. No se sabe el año en que se 
reunieron en Nuestra Señora de Villaescusa, cerca de Orusco y Ambite, en la pro- 
vincia de Madrid ; pero quizá fué cuando los tiempos desazonados del rey D. Pedro, 
sus crueldades rara vez dignas de disculpa, el escándalo de la traición que andaba 
suelta por Castilla y la suma de desórdenes y turbulencias que hicieron de aquel 
reinado una de las épocas más calamitosas de nuestra historia, llamaron á grandes 
golpes en el pecho de aquellos tres varones, haciéndoles trocar la inquietud de la 
vida del mundo por el dulce sosiego de las penitencias solitarias. Nuevos hombres 
ya, despojados de su pasada historia, entraron por el camino de una vida nueva. 
No bien acomodados en Nuestra Señora de Villaescusa, ó para aprovechar el auxilio 
de sus ricos parientes, los Pechas se trasladaron, también en días inciertos, aunque 
Sigüenza presume fué en 1370, á una iglesia titular de San Bartolomé, cerca del 
pueblo llamado Lu piaña, á dos leguas de Guadalajara, allí donde las corrientes que 



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INTRODUCCIÓN XLVII 

se recogen en las alturas alcarreñas, vacilando entre correr hacia el Henares 6 el 
Tajuña, abrieron al fin hondos barrancos en dirección de este río. En aquel lugar y 
en aquella humilde iglesia, fundación de un matrimonio de Guadalajara, unido por 
estrecho parentesco á los Pechas, cuyo padre poseía algunos heredamientos en la 
misma comarca, se establecieron definitivamente los tres socios espirituales, y en la 
ladera que baja al valle desde la ermita, escondidas entre los espesos robledales, 
construyeron algunas chozas, habitación propia y de otros ermitaños. Pero como 
nuevo, y tan de admirar en época en que andaban triunfantes las más terribles 
pasiones, hijas de la guerra civil, no pareció bien á muchas personas aquel género 
de vida solitario y penitente, sin sujeción á las Ordenes religiosas que entonces eran 
conocidas. De donde surgieron sospechas y murmuraciones y aun la voz de que 
aquellos hombres eran hermanos ó secuaces de los begardos de otros países ('), 
gente peligrosa disfrazada con hábito de religión estrecha. Tras de esto acaecieron 
disgustos y persecuciones, crisol de la vocación de los ermitaños y motivo para 
que pensasen en regularizar su estado, como hoy diríamos. Entonces resolvieron 
levantarse ante los ojos del mundo con forma más legal y restablecer la Orden de 
San Jerónimo y, yendo á Aviñón Pedro Fernández Pecha, logró del Papa la licencia 
y confirmación necesarias. 

Estos humildes orígenes tuvo aquí la Orden. Desde las soledades alcarreñas se 
desparramó como raudal generoso por todos los ámbitos de nuestras provincias, 
fortificada con una regla, dirigida por prelados propios, organizada al fin de un 
modo admirable. Todo esto lo cuenta Fr. José en su Crónica con la extensión y 
minuciosidad que requiere la vida próspera que la fundación alcarreña alcanzó por 
espacio de dos siglos. Erección de los conventos, examen profundo de la vida 
monástica de los religiosos, vida de los hombres más insignes en gobierno, santidad 
y letras del nuevo Instituto, sucesos de esas singulares asambleas que llaman capí- 
tulos generales, golpes adversos de la fortuna, halagos de la protección divina, 
acciones menguadas y hechos sublimes, pequeneces y grandezas, y los aspectos 
todos de los progresos de la Orden, alternados con lo que se llama hoy la evolu- 
ción regresiva de las instituciones, constituyen la materia de estos dos tomos, 
segunda y tercera parte de la historia inmortal escrita por Fr. José. 

Fué el monasterio de San Bartolomé de Lupiana el solar generoso del Instituto 
bethlemita, y las casas de la Sisla, Guisando, Gandía, Guadalupe, Villa viciosa, la 
Murta de Valencia, Valparaíso, Yuste y Frexdelval fundaciones importantísimas 
donde creció y prosperó como árbol bendito. Del origen y crecimiento de todas 
trató Sigüenza con el arte y discreción que ponen su nombre entre los excelsos 
cultivadores de la madre historia. Pero atrajo principalmente su interés, y fué 
objeto de sus encendidos amores aquel monasterio insigne del Escorial, obra del 
gran Filipo, escuela de las artes del Renacimiento español, perpetua causa de 
asombro para ojos no enturbiados por ideas mezquinas, templo, escuela, panteón, 

(*) «De esta forma de religión ó secta pienso que se tomó el nombre afrentoso de Bigardos, 
llamando ansi á los frayles desbaratos y poco recogidos.» (Sigüenza, Segunda parte de la Histo- 
ria de ¡a Orden de San Jerónimo, pág. 29.) 



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XLVIII HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

alcázar, museo y eremitorio, donde las cosas pequeñas pueden ser grandes en otras 
parces, porque allí la grandeza es el común denominador de todas sus partes y ele- 
mentos. Este amor filial, como de hijo de casa tan insigne, fué naturalísimo en 
nuestro cronista; bien lo dice él en estas frases: «Porque vi por mis ojos abrir la 
mayor parte de sus cimientos, cerrar los arcos, cubrir las bóvedas, rematar las pirá- 
mides y las cúpulas y levantar sobre los más altos chapiteles las cruces.» Los arqueó- 
logos procuran averiguar la disposición y partes de las antiguas famosas maravi- 
llas; pero éstas no han tenido historiador apropiado, como en nuestro Sigüenza lo 
tiene el Escorial, última fortuna de su feliz grandeza. Ni aun las obras que perma- 
necen en pie, y que fueron erigidas en tiempo de ilustres escritores, hallaron quien 
las describiese con la exactitud y minuciosidad, y, sobre todo, con la hermosa elo- 
cuencia que el Escorial halló ^en la tercera parte de la Historia de la Orden de San 
Jerónimo. La tumba de Mausolo, el Goloseo de Roma, el templo de Karnak, el 
palacio de Khorsabad, las pirámides egipcias, la Mole Adriana y el templo de Jeru- 
salén han sido arrancados de cuajo, ó no conservan su primitiva entereza, laque no 
retrataron al vivo los escritores de la antigüedad; tampoco los monumentos actuales, 
como San Pedro del Vaticano, San Marcos de Venecia, la catedral de Colonia y 
tantos otros asombrosos edificios tuvieron la suerte de encontrar cronistas que los 
viesen fundar y concluir, y que escribiesen de ellos del modo incomparable que 
empleó Sigüenza en su descripción de la fábrica y adornos del Escorial, obra donde 
todavía, como en los principios del siglo xvii, «humean los inciensos, no se apaga el 
fuego, ni faltan panes recientes delante de la presencia divina». Todo lo vio el cro- 
nista y todo lo describió, desde la misteriosa traza ocurrida al genio de artistas 
inmortales, hasta los adornos que los mejores pinceles de la época y los más diestros 
plateros, lapidarios, escultores, miniaturistas, rejeros, etc., dejaron en aquel sagrado 
lugar, como testimonio de su talento y pericia y del estado ñorecientísimo de las 
artes durante el imperio del inmortal Felipe. 

Mas á la descripción histórica del monumento, hecha con todas las honestas galas 
del lenguaje y del estilo, acompañan como perfumes preciosos altísimas considera- 
ciones morales, nueva vida del singular relato y alma suya, como eran vida interior 
del monumento, las ideas que lo engendraron y los fines para que fué instituido. 
¿Qué causa mayor maravilla, la contemplación del monasterio y de sus grandezas, ó 
la lectura de los dos últimos libros de la tercera parte de la historia de Sigüenza, 
dedicados á la descripción del edificio? Aunque parezca paradoja ó alabanza estu- 
penda, diré que no me atrevo á contestar á la pregunta, porque en la descripción 
hay también maravillas de traza y de desempeño, pinturas armoniosas, aromas de 
ideas, fulgores luminosos y joyas deslumbradoras del pensamiento y de la palabra. 
Andan allí juntos, y como en amoroso y nunca interrumpido coloquio, la idea artís- 
tica y el ideal cristiano, remontándose el historiador de las obras de Herrera, los 
Leoni, Navarrete, Zuccaro, Sánchez Coello, Ticiano y Benvenuto á las alabanzas de 
los divinos misterios, allí ensalzados por el genio de tan insignes maestros. Con la 
descripción incomparable mezcló el relato de grandes hechos, en particular el de la 
enfermedad y muerte de Felipe II. Nunca sucesos tales tuvieron historiador más 
digno. Ninguno de los héroes de la historia logró la fortuna de que sus últimos días 



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INTRODUCCIÓN XLIX 

fuesen narrados con la elocuencia que derramó nuestro cronista al referir la postrera 
enfermedad de Felipe II. Ni los historiadores de la conjura que acabó con la gloriosa 
vida de Julio César, ni los que dejaron á la posteridad la memoria del vulgar acaba- 
miento de Alejandro, ni siquiera los que durante setenta años refieren la triste ago- 
nía del Prometeo de Santa Elena, interesan al lector tan hondamente como Sigüenza 
escribiendo de la enfermedad y muerte del rey, aunque éste no fuera personaje tan 
glorioso como aquellos héroes. De todas maneras, el humilde fraile fué testigo y 
luego narrador de las mortales convulsiones de una existencia poderosa, cuyo fin 
señaló tristísimos derroteros á la historia de España. En la narración del gran suceso, 
ocurrido no de golpe, como si la muerte no fuera poderosa para derribar al coloso; 
en la pintura de aquellas agonías reales, donde los dolores más espantosos fueron 
impotentes para quebrantar una de las más fuertes voluntades que reinaron sobre 
los hombres, Fr. José de Sigüenza puso los mejores conceptos de su honda filosofía 
y los primores de su grave elocuencia, según requerían las circunstancias de lo 
contado. 

Un eminente crítico, maestro indiscutible en muchas humanas disciplinas, y sin- 
gularmente en la muy excelente de la crítica literaria, ha escrito ( * ) que entre los 
primeros estilistas españoles merece ponerse á Sigüenza después de Juan de Valdés 
y de Miguel de Cervantes. Es indudable cuanto al conjunto; mas en algunas circuns- 
tancias pondríale yo á la par de ellos si no pareciera exceso contra aquel maestro y 
pasión de conterráneo del insigne fraile. Ó ciégame esta circunstancia, juntamente 
con lo endeble de mi crítica, ó la elegancia suprema de los escritos de Sigüenza es 
cierta y probada. No la tengo en absoluto, como creyó Capmany, por efecto del cui- 
dado con que limó Sigüenza sus escritos, sino por natural eñorescencia de su talento 
y de su exquisito gusto. 

Así se comprende que penetren hasta el alma sus frases y conceptos, vestidos 
con galanura tan admirable y natural, que pocas veces se vio el fondo tan hermosa- 
mente encajado en la forma literaria. De mí puedo decir que su lectura y sabor me 
cautivan y encienden, porque á veces producen en mi alma los escalofríos del deleite 
nunca fatigado. Corre siempre la prosa como arrastrada mansamente del imán del 
pensamiento; pero no por el nivel ordinario de la lengua madre, sino por las altas 
esferas adonde la levantaron sus providenciales destinos. Cumplióse la esperanza 
del escritor de que su historia, amparada por el nombre de los dos Filipos, el fun- 
dador del Escorial y su hijo, con sólo dejarla andar por su imperio, correría á las 
parejas con el sol que nos alumbra, y de que sólo por estar escrita en castellano 
todos la reconocerían por propia en la redondez de la tierra (*). Fr. José estaba 
enamorado de esta lengua castellana, tan rica y armoniosa y tan capaz de ser lengua 
común de los hombres, y dio testimonio de este amor sirviéndola y enalteciéndola 
como pocos lo han hecho. Porque en aquel siglo tenía nuestro idioma fieles amado- 

( *) Menéndez y Pelayo, Historia de las ideas estéticas en España, 

(>) Frases de la dedicatoria del autor á Felipe III en la Segunda parte de la Historia de la 
Orden de San Jerónimo. 

H. PK I.A o. os S. GBRÓROfO.— l/. 



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L HISTORIA DE LA ORDí^N DE SAN GERÓNIMO 

res que, como nuestro escritor, lo anteponían al griego y al latín con patriótico con- 
vencimiento, y así podía decir uno de ellos que «no ay triaca como la buena lengua; 
no ay música como la plática concertada; no ay manzanas de oro en platos de plata 
que ansí parezcan como las cosas graves de valor, provecho y precio, puestas en 
estilo casto, limpio y liso» ('). En las obras de Sigüenza todo es limpio y casto: no 
hay modo de escribir más noble y sereno que el suyo, y la narración, aun de cosas 
triviales, siempre está encumbrada. El lenguaje es numeroso, lleno y apropiado, 
como si nuestra riqueza léxica se hubiera puesto generosamente á la merced de aquella 
pluma de oro. La inclinación á escribir con amaneramiento , causada por el manejo 
de las lenguas sabias en que tan docto era Fr. José , se corrigió en él con modismos 
y giros de castiza prosapia. Concuerdan y aun se compenetran la dignidad del pen- 
samiento y la realeza de la frase, sin que en el vigor y lozanía de ésta asomen des- 
mayos ó tropiezos. La elegancia natural del estilo se mantiene con brío jamás can- 
sado, y que no excluye delicadezas de concepto y de expresión. Pero lo que más 
admira sobre estas excelencias es la perpetua sobriedad literaria j que me recuerda 
el modo de escribir de Gaspar de Baeza , el elegante traductor de Paulo Jovio, sobrie- 
dad que yo prefiero á la abundancia algo fatigosa de Fr, Luis de Granada. 

Uno de los aspectos más interesantes de la Historia de la Orden de San Jerónimo 
para el erudito y el artista, es el que se refiere á sus noticias de historia del arte. 
Porque no sólo describe la edificación del monumento desde su traza hasta los tér- 
minos de sus cúpulas y torres, la ornamentación pictórica y escultórica con que fué 
exornado, la riqueza de alhajas, la profusión de retablos, rejas, torres y columnas, 
la variedad de telas y bordados, el reparto de las aguas conducidas por secretos 
conductos á las numerosas dependencias, sino que toca en el historial y en la téc- 
nica del aparato arquitectónico, no menos que en los de las obras de pintura y 
escultura y aun de las mismas artes industriales. Pocos, si puede señalarse alguno, 
juzgaron en su siglo con más acierto el mérito de los artistas y la calidad de sus 
obras. No diré que Sigüenza pueda pasar como crítico eminente en materias artís- 
ticas; pero la perenne contemplación de tantas maravillas y el continuo trato con 
artistas y gente culta despertaron en él el juicio calificador de sus obras, por lo que 
al enumerarlas y describirlas ó al hablar de sus autores, aun siendo éstos de singu- 
lar excelencia, mostró justo criterio y notoria delicadeza de percepción y aun 
reflexiones estéticas de subido precio. Pocos reparos podríamos poner hoy á sus 
opiniones sobre el fin del arte, circunstancias de la pintura religiosa, mérito de 
arquitectos, escultores y pintores, comparación de unos con otros, explicación de 
rarezas artísticas, poco comprendidas del común de las gentes, y noticias de pura 
erudición en estos asuntos. Ambos Leoni, Bassano, Ticiano, Tintoretto, el Greco, 
Navarrete, Lucheto y otros muchos cuyas obras enriquecieron el Escorial, hallaron 
en el docto cronista un juzgador perito y razonable, no menos que otros grandes 
maestros de las escuelas italianas y del Norte, todavía no bien conocidos entonces 

(>) € Diálogos en que se trata de quitar la presumpcion y brío al hombre, por el doctor 
Francisco de Avila. Alcalá, por Juan de Lequerica, 1576», en 8.** 



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INTRODUCCIÓN U 

en nuestra patria, adonde, con motivo de la fundación escurialense , llegaron algu- 
nas de sus obras ó copias excelentes de ellas. Con ser tan místico Sigüenza, fué en 
el arte grande admirador del honesto naturalismo que, sin menoscabo del fondo 
cristiano, llevó el Renacimiento á las mayores perfecciones. Puso reparos á la demos- 
tración artificiosa y poco natural de los sentimientos humanos que se advierten en 
las antiguas tablas, mientras que enalteció aquellas representaciones cmás llegadas 
al arte», donde el pincel copió lo que los ojos vieron. Comparó escuelas con escue- 
las, notando la primacía de la italiana, la perseverancia de la alemana y la fácil 
espontaneidad de la española. Entendió tan bien la pericia de Alberto Durero en el 
grabado, que la puso al nivel de la de Apeles en la pintura, y quizá fué el primero 
que descubrió sagazmente el encubierto sentido de las aparatosas quimeras del 
Bosco (Jerónimo Bosch), á quien defendió de la nota de hereje., y cuyos cuadros se 
propuso interpretar en largas disertaciones que, cuando menos, prueban cuánto 
estimó las fantasías de aquel extraño genio, y cómo vio en ellas profundos símbolos; 
pues, como dice, cía diferencia que a mi parecer ay de las pinturas deste hombre a 
las de los otros es, que los demás procuraron pintar al hombre qual parece por 
defuera, este solo se atrevió a pintarle qual es dentro». Y antes de esto dice: «Quiero 
mostrar agora que sus pinturas no son disparates, sino unos libros de gran pruden- 
cia y artificio, y, si disparates son, son los nuestros, no los suyos, y por decirlo de 
una vez, es una sátira pintada de los pecados y desvarios de los hombres» ('). 

En la pintura de los caracteres y en hacer revivir á los hombres que pasaron, 
fué diestrísimo nuestro SigUenza. Con las noticias y testimonios ciertos reconstituía 
los personajes ,de su historia, acomodando lo conocido con lo probable para* que los 
retratos resultasen de cuerpo entero, sin menguas ni faltas, según importaba al fin 
total de la crónica, escrita para presentar á las generaciones cristianas perfectos 
ejemplos de todas las virtudes. Puso en boca de muchos de sus héroes pláticas y dis- 
cursos, para mejor expresar su interior espiritual, como si este artificio retórico sir- 
viese para vaciar mejor ante el lector el alma de los personajes históricos, y como 
si uno fuese de sí propio testigo más veraz que los extraños. Así podemos conocer 
á los hombres de quienes escribió según fueron, ó al menos como él los concibió en 
su imparcial y verídico examen. 

En los cronistas sus continuadores tuvo á su vez retratistas bastante afortunados, 
aunque no en la medida que lo fué él de los demás. Con su imagen moral poseemos 
su imagen material, obra de un pincel experto, digno del renombre que tiene en la 
historia del arte. En la reproducción de ese retrato, que como única circunstancia 
estimable, fuera del asunto, enaltece este escrito, podéis advertir cómo era la envol- 
tura mortal del célebre cronista. Pero algo de su grande alma se descubre en la 
mirada de sus ojos expresivos, fijos en el espectador, con la misma fuerza que empleó 



(1) La descripción, juicio é interpretación de los cuadros del Bosco es una de las partes 
más interesantes del libro de Sigüenza. Siento que el espacio no me consienta copiar aquí 
cuanto nuestro autor dice acerca de aquellas pinturas, cuya difícil explicación mortiñca á los 
más eruditos. 



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LII HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 

para sondear los problemas en que se ejercitó su sabiduría. Rodeando la ancha ton- 
sura monacal, parecen los canos y sueltos cabellos corona de su vejez sagrada. Frente 
ancha y noble, cejas abundantes, que dan sombra á los ojos para que brille más el 
centelleo de la mirada profunda, nariz perfecta, pómulos salientes, barba no muy 
espesa y boca muy hendida, como si fuera hecha para que de ella saliese la verdad 
con toda holgura. Aparece el cronista sentado ante una mesa cubierta áe rameado 
tapiz; bajo sus manos, algo gruesas, pero bien modeladas, se abre un infolio, de cuyas 
páginas ha levantado los ojos, pero no la pluma sapientísima. Tiene á la diestra un 
sencillo tintero, y esparcidos sobre la mesa varios papeles, en uno de los que trazó 
el pintor el nombre de Fr. José de Sigüenza, para que jamás hubiese duda de cuyo 
era el retrato, porque el hábito blanco y negro declara sólo la Orden insigne á que 
pertenecía ('). 

Holguémonos de que las tempestades no hayan destruido esta imagen, ni la 
memoria de Fr. José, ni sus obras excelentísimas. Dichoso seré yo si con estas pági- 
nas, donde se comete la irreverencia de escribir torpemente de un escritor elegan- 
tísimo, contribuyo á reverdecer aquella memoria y á que la juventud busque en sus 
obras modelos acabados de recto pensar y de hermoso decir, las dos generosas aspi- 
raciones de los escritores honrados. 

( *) Retratos de Fr. José de Sigüenza: 

I .° El pintado al óleo que estuvo en la celda prioral del Escorial , y ahora existe en la biblio- 
teca del mismo monasterio. Se atribuye á Alonso Sánchez Coello, «aquel grande hombre de 
retratos», como dijo en su Historia de la Orden el P. Sigüenza. Algunos han creído que este 
cuadro no es el original, sino una copia hecha por Carreño de Miranda. De este retrato se han 
sacado las siguientes: 

2.® En la obra titulada «Retratos de los Españoles ilustres, con un epítome de sus vidas: 
Imprenta Real de Madrid, 1791», folio, hay un retrato de Sigüenza, ñnamente abierto en cobre 
por Manuel Carmona, según dibujo de J. Maea. 

3.° Otro, grabado en cobre por D. Femando Selma, dibujado por D. Agustín Esteve. Este 
retrato debe ser el que anunciaban algunos periódicos de 1785 como dibujado por Agustín 
Esteve conforme al original de Sánchez Coello. 

4.° Poseo otro, tamaño en 8.° y hecho al lápiz. Por el carácter de la cartela que le rodea 
parece 'de fines del siglo xvni, y quizá se hizo para un grabado que acompañase á la impresión 
de algún libro del Padre. 

5.° En la grandiosa obra sobre el Escorial, publicada por D.Juan de la Puerta Vizcaíno, se 
incluyó una lámina de gran tamaño, hecha al cromo por D. Eduardo Serrano, conforme á la 
copia del original de Sánchez Coello, tomada por R. Gálvez. 

6.° Al frente de un artículo biográfico de nuestro autor, que imprimió D. Femando Álvarez 
en el Semanario Pintoresco Español de 1843, l^í*y "^^ retrato de Sigüenza, abierto en madera 
por L. M. 

7.** Uno de los muchos y no excelentes retratos , grabados en madera , que tiene la Historia 
del Escorial, de D. Antonio Rotondo, es el del P. Sigüenza, que lleva la firma del grabador 
Cibera. 

8.^ Reproducción en fototipia que acompaña á este Elogio, que leí ante la Real Academia 
de la Historia en 30 de Junio de 1897. 



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SEGVNDA PA] 



DE LA 



HISTORIA DE LA ORDEN DE I 



DIRIGIDA 



AL REY NUESTRO SEÑOR D0^ 



POR 



FRAY lOSEPH DE SIG 

DE LA MISMA ORDEN 



MADRID, 

EN LA IMPRENTA RE 
Afio Mjx:. 



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LO QVE CONTIENEN 

LOS CVATRO LIBROS 

defta fegrunda parte. 



LIBRO PRIMERO. 

Los motiuos de fundarfe en Efpaña la religió de S. GERÓNIMO por tantos 
f iglos oluidada. Los primeros fundadores, y la fundación del conuento de S. Barto- 
lomé de Lupiana, y otros veinte y quatro conuentos, que fe fundaron en 42 años 
que la orden eftuuo fin General, fujeta a los ordinarios, y como fe plantó por toda 
Efpaña. 

LIBRO SEGVNDO. 

Las vidas de los primeros fundadores. F. Pedro Fernandez Pecha. F. Fernádo 
Yañez. F. Vafeo, y otros muchos que florecieró en aquellos principios. El modo de 
criarfe los religiofos en efta orden , y vna cifra de las conf ideraciones fantas para el 
oficio diuino, y curfo de la vida. La vnion y exempcion de la orden de la jurifdicion 
de los ordinarios. La primera elecion de General , y primero capitulo general. 

LIBRO TERCERO. 

Los capitulos generales, y las fundaciones de los cóuentos defta religión, defde 
la vnion, y exempcion, hafta cuplidos los cien años primeros de fu fundación. 
Algunos fuceffos y trabajos que tuuo dentro y fuera. 

LIBRO QVARTO. 

Los varones fantos que florecieron en diuerfos cóuentos de Efpaña en efta orden, 
defde la vnion, hafta el año M.CCCC.LXXV. en que fe cumplieron los cien años de 
efta religión. 



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EL REY 



Por quanto por parte de vos, fray lofehp de Siguenga, frayle profeffo del monafterio de 
S. Lorenzo el Real del Efcurial , de la orden de S. Gerónimo, y predicador del dicho monafterio, 
nos fue fecha relación, que vos auiades facado a luz, la primera parte de la hiftoria de S. Geró- 
nimo, en que fe cotenia la vida del gloriofo S. Gerónimo: la qual fe auia imprimido co licencia 
nueftra, y aora auiades efcrito y compuefto, la fegunda parte de fu hiftoria, q cotenia los pri- 
meros cien años de la fundacio de la dicha orden , de q ante nos heziftes prefentacion original- 
mente: el qual dicho libro era muy vtil y prouechofo, y de mucha deuocion, y auia fido aprouado 
por fray Francifco de Cauañas , Vicario del monafterio de fan Gerónimo el Real , de la villa de 
Madrid, a quien lo auia cometido el general de la dicha orden. Y auiendo vifto la dicha cenfura, 
y aprouacion el dicho general, os auia dado licencia para nos la poder pedir: y nos pediftes y 
fuplicaítes, os mandaffemos dar licencia para imprimir el dicho libro por tiépo de diez años 
libremente, o como la nueftra merced fueffe: lo qual vifto por los del nueftro Confejo, y como 
por fu mandado fe hiciero las deligencias que la prematica por nos hecha , fobre la imprefsion 
de los libros difpone, fue acordado, que deuiamos de mandar dar eíta nueftra cédula, en la ' 
dicha razó, y nos tuuimof lo por bien : y por la prefente por os hazer bien y merced , vos damos 
licencia y facultad, para que por tiempo de diez años primeros figuientes, que corren, y fe 
cuentan defde el dia de la fecha della. En adelante, vos, o la perfona que vueftro poder ouiere, 
y no otra alguna , podays imprimir el dicho libro, que de fufo fe haze mención , por el original 
q en el nueftro Confejo fe vio, que va rubricado y fírmado al fin del de Chriftoual Nuñez de 
León, nueftro efcriuano de Cámara, de los que en el refiden, con que antes* que fe venda ló 
traygays ante ellos, juntamente con el original, para que fe vea fi la dicha imprefsion efta c6- 
forme a el, o trayga fee en publica forma, en como por corretor nombrado por nueftro mSdado 
fe vio y corregió la dicha imprefsion por el original : y mandamos al impreffor q imprimiere el 
dicho libro, no imprima el principio, y primer pliego, ni entregue mas de vn folo libro con el 
original al autor, o perfona a cuya cofta fe imprimiere, y no a otro alguno, para efeto de la dicha 
correcion y tafia , hafta que primero el dicho libro efte corregido, y taffado por los del nueftro 
Confejo: y eftando anfi, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho libro, el principio y pri- 
mer pliego, con el qual feguidamente ponga efta nfa licencia y preuilegio, y la aprouacion, taffa, 
y erratas , fopena de caer, e incurrir en las penas contenidas en la dicha prematica y leyes de 
nueftros Reynos. Y mandamos que durante el dicho tiépo, perfona íilguna, fin vueftra licécia, no 
le pueda imprimir, ni vender, fopena q el q lo imprimiere, aya perdido, y pierda todos y qua- 
lefquier libros, moldes, y aparejos que del dicho libro tuuiere, y mas incurra en pena de cin- 
cuenta mil marauedis por cada vez que lo contrario hiziere: la qual dicha pena fea la tercia parte 
para la nueftra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo fentenciare, y la otra tercia 
parte para el que lo denunciare. Y mandamos a los del nueftro Confejo, Pref identes, y Oydores 
de las nueftras Audiencias, Alcaldes, Alguaziles de la nueftra cafa y Corte, e Chancillerias , e a 
todos los Corregidores, Afiftente, Gouernadores, Alcaldes mayores y ordinarios, y otros juezes 
y jofticias qualefquier, de las ciudades villas y lugares de los nueftros Reynos y feñorios, "afi a 
los que agora fon , como a los que fueren de aqui adelante , que vos guarden y cumplan efta 
nueftra cédula y merced, que anf; vos hazemos, y contra fu tenor y forma, y de lo en ella con- 
tenido, no vaya ni paffen en manera alguna. Fecha en Barcelona, a diez y f iete del mes de Mayo, 
de mil y quinientos y nouenta y nueue años. 

YO EL REY. 

Por mandado del Rey nueftro Señor 

Don Luys de Salazar, 



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AL REY 

DON PHILIPPE III. 

NVESTRO SEÑOR. 

Defpves que efta feguda parte de la Hiftoria de la Orden de fan Gerónimo, 
eftuuo algunos días en el apofento Real de efta cafa de fan Lorengo, donde a cafo 
pudo ver la V. M. y leer la Epiftola del principio, quifo Dios, antes que falieffe a 
luz por detenerfe demafiado en las manos de los Cenfores, paffaffe defta vida tem- 
poral a la eterna, el grá PHILIPPE II. Guardauafe la tercera parte, por auer de 
efcriuirfe en ella la infigne fundación de efte Real conuento, para quien entonces 
llamauamos, el Principe nueftro feñor; y por fecreta merced del cielo, fucede, que 
fegunda y tercera parte, falgá en la protection de quien ya gozando nueftras efpe- 
rangas llamamos PHILIPPE III. Por guardar la fidelidad al defunto, y la lealtad a 
V. M. fi a cafo auia vifto la Dedicatoria, no ofé quitarla de aqui: pues el natural 
derecho con que fe heredó la Monarchia, a bueltas y como añadedura entró también 
efta religión, con las razones todas que reprefenta la Epiftola. Siguieronfe de la 
tardanza dos bienes: que no fe defhizieffe la vnidad, cofa tan importante en la Hifto- 
ria, y llegaffe con todas fus partes a vn folo dueño; y en ellas fi alguna vez quifieffe 
V. M. poner los ojos, vea quan fuya es, defde fus principios toda efta religión. Tras 
efto, que falga en publico debaxo del immortal nombre de dos PHILIPPOS, que con 
folo dexarla andar por fu Imperio, correrán a las parejas ella y efte Sol que nos 
alumbra. Ni fera eftoruo para tan larga carrera eftar efcrita en lengua Caftellana, 
pues por la mefma razón la reconocerán por propria en la redondez del fuelo. Tales 
la grandeza y el efpacio que ha ocupado en compañía de las Reales banderas nueftra 
lengua, cofa que nunca la gozaron la Griega ni Latina: de cuya clara ventaja y dicha 
le han de tener fiempre inuidia entrabas. Bien veo que no es muy a propofito para 
la edad, ni para las graues ocupaciones en que agora efta V. M. embuelto, Hiftoria 
de monges, clauftro, mortificaciones, filencio, filicio, y otras cien cofas de efte gene- 
ro; mas también confidero que no tienen otro patrón ni amparo. Y pocos ay que 
tengan mas noticias dellas, por auerfe V. M. criado, mucha parte de la vida, como 
al fonido y pared en medio dellas. De aqui cófio que fe le ha de moftrar benigno 
roftro, y efto le baftará a ella y a mi, para defenfa, y para premio, y aun para cobrar 
aliento con que correr lo que falta, y facarlo con el fauor de tan alto nombre a otra 
nueua manera de vida. Defela nueftro Señor a V. M. tan larga, como todo el mundo 
la ha menefter. De fan Lorengo el Real, primero de Abril 1 599. 

Fr, lofeph dé Siguen^a, 



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AL REY 

NVESTRO SEÑOR 



En la copia grande de libros dedicados a V. M. que exceden en num 
fe han ofrecido a Principe Chriftiano, fe echa de ver que algunos dt 
andan a bufcar razones particulares para hazerlo, allende de las comune, 
y fingular patrón de todas las buenas artes y ingenios) que eran har 
Vnos las hallan y otros las inuentan. Yo confieffo a V. M. que las he 
efcufarme con ellas: y hazer en la fegunda parte de efta Hiftoria lo i 
primera y que contiene la vida del glorio f o Doctor fan Geroninw ; porque 
tal atreuintiento que ofafe poner cofa mia debaxo de tan gran nomb 
hallado, ni puedo; y anfi lo hago, porque feria, 9W digo niala crianga, f 
hurto; y no quiero tener que reftituyr, que aunque fea a Reyes, corre ob 
notable la cantidad. No ay cofa en la Orden de fan Gerónimo que no f 
Real, y por cdfiguiente grande, anfi me atreuo a dezir, que no fe puede 
fer de la corona. Los primeros dos que la leuantaron f alterón de la C 
cámara del Rey Do Alonfo, y Don Pedro fu hijo. Capellán mayor el i 
mayor el otro. Muchas de las cafas fon fundaciones Reales; los priuil 
de que fe fuftentan, cafi todas fe las dieron los Reyes; los fauores y 
que han llegado hafta aqui, de alli nacieron; oy en dia, por dezir lo anf 
viuen no tiene otro apojo. Haziendofe Hiftoria defto, todos echan de Vi 
otro fenor, ni otro dueño fino a V. M, La parte que de fer trabajo m 
pudiera, por fer tan pequeña, carecer de efcrupulo, fino me remordiera 
Heme criado no folo en efta orden, que ya fe fabe cuya es, mas caf 
tengo de habito^ en esta cafa y Colegio de fan Lore?tfo el Real^ efte t 
qual es, fe ha nacido dentro de eftas f agradas paredes a los ojos de V 
deuo, a quien puedo dezir que lo deuo todo. Las aguas, dize el fabio R 
al lugar de a do falieron para tornar a correr, Dozíetos y mas años he 
effe mar grande de la cafa de Caf tilla esta fanta orden , que a regado 
de fu exemplo y dotrina a Efpaña, agora (aunque por canal tan pobre) 
madre, para cofnengar a correr de nueuo. Recíbala V. M. en fu feno, qu 
nueuas fuerzas, para correr otros muchos centenares, eu tanto que ella qu 
Dios fe los de a V. M. de vida. 

Fr. lofeph de Siguenga. 



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APROUACION. 



La Segunda parte de la hiftoria de la orden de nueftro gloríofo padre fan Gero- 
nymo, que cópufo el padre fray lofeph de Siguenga: y q nueftro padre General, 
fray Antonio de Villafandino me mando leer y cenfurar: no folo no tiene cofa 
alguna cOtra la fe, ni buenas coftumbres, antes es vna luz, q manifeftádo con mucha 
propriedad, y elegancia, las heroycas virtudes de los religiofos que aqui fe defcu- 
bren, y manifíeftan en obras de mucha perfecion y fantidad, alumbrara laf perfonas 
que la leyeren en el camino de la relipon, y de la virtud. Porque fi los antiguos 
con mucha verdad dixeron de las hiftorias en común, que fon el alma de las virtu- 
des, porque con los exemplos q en ellas fe leen, las conferuan, y fuftentan, y hazen 
que fe manifieften las que fon verdaderas, y que no nos engañen los vicios veftidos 
y diffragados con mafcara de virtudes, de la manera que el alma conferua y íuftenta, 
y au diftingue al cuerpo humano de los otros. Pareceme, que de muy pocas hiftorias 
faldra mas verdadera efta fentencia, que defta, pues no folo fera inftrumento para 
fuftentar a los lectores en las virtudes que tienen adquiridas, fino que les inflamara 
el afecto, y mouera deffeo para paffar muy adelante en la perfeciO, viendo, y leyendo 
en tan buen eftilo, tan fan tos, y tan viuos exemplos de fantidad y perfecion. Y si 
también es verdad, que la hiftoria es vn teatro publico, donde al viuo fe reprefentan 
las obras dignas de memoria, y también las q deuemos euitar y huyr. Todo fe vee 
aqui efcrito, con mucha erudición, elegácia, y propriedad: y principalmente efta 
hiftoria es vn teatro, y vna reprefentacion viua, donde todos los Chriftianos, y en 
efpecial los religiofos verá reprefentar al viuo a los Macarios, Hilariones, y Anto- 
nios, y finalmente a los Geronymos, de quien bien claramente fe verifique la fenten- 
cia de Ifaias que dize: Efta es la generación, en quien cayo la bendición del Señor. 
Pareceme obra digna del feliz ingenio, y mucha y varia erudición del autor, y que 
deue falir a luz para beneficio de todos, efte es mi parecer. En S. Geronymo el 
Real de Madrid, primero de Enero, del año del nacimiento de nueftro Saluador lefu 
Chrifto, de ISQQ. 

F. Francifco de Cananas, 



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LIBRO PRIMERO 



DE LA 



ilSTORM DI LH OH DE Si dEROM 



CAPITVLO PRIMERO 

Lo qae duraron ios monasterios deBeien, des- 
pues de ía muerte de S. Gerónimo y Santa 
Pauta, en cuyo gouierno quedaron, y como 
se consumieron de todo punto. 

Dcspves de auer escrito la vida y muerte 
de tan grande padre y doctor, mi intento es 
escriuir en esta segunda parte^ la historia de 
su religión y hijos. No menor atreuimiento 
que el primero, por muchas razones. Por 
tener aqui menores ayudas para cosa de tanta 
costa. También, porque no es menor dificul- 
tad enriquecer vn sujeto, al parecer, pobre, 
que recogerse en vn rico: y porque el infeliz 
sucesso de otros que han intentado lo mismo, 
puede acouardar mucho. Todo esto, aunque 
parece daña tanto, pretendo conuertir en pro- 
uecho de la historia y de mi trabajo, y todo 
para gloría de Dios y de sus sieruos; fruto de 
la obediencia, por quien me consagre a tan 
dificultosa empresa. Lo primero, porque don- 
de se espera poco, aplaze mucho qualquiera 
cosa que se halla; y mas si se descubre algún 
tesoro, y de vn pequeño humo sale de repente 
vna gran llama. Lo otro también, porque no 
es dañoso tener caberas agenas en quien 
auisarse: sirue mucho conocer los azares 
donde tropezaron los primeros, y deueseles 
por auer abierto parte del camino, no peque- 
ffo agradecimiento. Pudiera aqui a la entrada 
prometer grandes cosas, y hazer reseña de 
muchas marauillas, prodigios, milagros, virtu- 
des, y llenar a los lectores de grandes espe- 
ranzas. Solo me prefiero mostrar vna religión 
natural de España y de españoles, nacida, 
criada y sustentada dentro de sus términos, 
sin auer querido jamas traspassar sus lindes. 
Descubriré también en sus hijos encerrados 

H. M lA o. n S. GnóxiMO.— 1 



vnas vidas en que se vea no solo la común 
pureza Christiana y religiosa, mas vn claro 
resplandor de aquella edad primera de los 
monges de la Iglesia, y vnas vidas que cum- 
plieron con lo mucho a que obliga este nom- 
bre. Tales que fueron poderosas a traher, 
como de nueuo a S. Gerónimo al mundo: 
que tornaron a resucitar >su instituto y su 
famifia; que se atreuieron por ellas a llamarle 
padre; que los reconoce por hijos, que es todo 
esto mas de lo que se puede encarecer. Otros 
sucessos se atrauesaran por medio mas y 
menos granes, y algunos del todo abiesos, y 
no por esso menos prouechosos para los 
cuydadosos de su bien, a cuyo intento les 
responde todo. Prometo también ser en quan*- 
to pudiere reUgioso en las leyes de la historia 
(bien veo que me obligo a mucho, por ser 
muphos Ips pareceres que ay en ellas) la pri- 
mera que es el estilo, y vna manera de contar 
breue, lisa, sin afectación, ni afeytes, procu- 
rare imitalla en aquellos primeros principes de 
la lengua Latina, que acertaron en esto feliz- 
mente, cultiuando con mucho estudio su len- 
gua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar 
sin trabajo. La verdad y la fe, que es lo se^ 
gundo y el alma, sin la qual ni esta, ni otra 
merece nombre de historia: sera de tanta en- 
tereza que ella misma asegurara sin sospecha 
a los lectores. Vnas vezes cogida de lo que en 
papeles auténticos se halla, como son Bulas, 
priuilegios, actos capitulares y otros de esta 
calidad, guardados en los archiuos de esta 
religión y en otras partes. Otras sacados de 
quademos y memoriales antiguos que permi- 
tió Dios que escriuiessen algunos de aque- 
llos padres primeros, porque no quedassen 
tantas virtudes sepultadas, conseruados hasta 
oy como por milagro; de tanta autoridad para 
los que tienen gusto de spiritu, que excede a 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



la de los príuilegios rodados, y otras de lo 
que ha venido de mano en mano^ y de boca a 
boca por tan asentada tradición, que se le 
deue quanto crédito puede caber en este 
linage de escritura. Lo postrero que es como 
el vsufruto del beneficio de la historia, digo 
la información de las costumbres, el ayudar a 
mejorarlas vidas, despertando con las senten- 
cias morale8> con la ponderación de los hechos 
y dichos y doctrinas al lector, sera flaqueza 
de mi ingenio sino llegare al punto que se 
dessea: porque las ocasiones de hazello se 
offreceran a cada passo. Esta parte estendere 
algo mas de lo que se sufre en otras historias, 
porque en las de las religiones y santos es lo 
que principalmente se pretende. Dexando 
pues otros auisos para sus propios lugares, 
vengo al proposito. 

Después que passo al cielo el doctor sanc- 
tissimo Qeronimo, quedaron aquellos monas- 
terios de Belén llenos, los vnos de monges, y 
los otros de virgines santas, todos con muchas 
lagiymasy pocas para tanta pérdida: los vnos 
sin Qeronimo, y las otras sin Paula^ y sin 
Eustochio. No tenia el suelo con que reparar 
tantos males» carecían todos de abrigo, pe« 
dianie al cielo, embiauan aUa sin cessar ora* 
dones y lagrymas. Tienen por muy recebido» 
los pocos que han tratado desto, que Eusebio 
Cremonense discípulo querido del santo doc- 
tor entro en su lugar, y hizo oficio de pastor, 
quedando por abrigo de estos desamparados 
rebaños. El fundamento desto se toma, y no 
ay otro, de lo que anda escrito en nombre del 
mismo Eusebto; con titulo de transito de San 
Gerónimo. Del crédito que a este libro se 
puede dar, y de lo que [del siento, dixe en el 
vltimo discurso de la primera parte. Muchos 
varones doctos y pios hazen caso de su aucto- 
ridad y la alegan, mas ios que después acá 
han mirado la verdad de la historia con mas 
cuydado y juyzio, ponderando la grauedad 
del estilo, el peso de las sentencias, y la con- 
cordancia de los tiempos (repararon poco en 
todo esto los primeros) lo juzgan por indigno 
de crédito: con razón pues con las muchas 
que se hallan en contrario: concluyen clara- 
mente la falsedad de la obra. No sera ageno 
de buena conjectura dezir (pues no tenemos 
mejores guias) que Paulíniano el hermano de 
nuestro santo doctor, y no Eusebio, entro en 
el gouierno de estos monasterios. No son 
pocas las razones de esto. Por su virtud» por 



su santidad, dignidad, letras, parentesco he- 
redado todo de tan gran hermano y adquirido 
en su escuela, desde sus primeros años. Prue- 
ua es de todo esto la estima grande que hazla 
del san Epiphanio varón de tanta santidad y 
doctrina. Teníale consigo, preciauase de su 
amistad y compañía, cosa que no hazen los 
santos sin muchas prueuas y experiencias. 
Ordenóle de presbytéro taif téáipraño que 
Juan Obispo de Hierusalem (coihó ya lo vhnos 
en la primera parte) no mirando mas que alo 
de fuera, tomo por ocasión para dar color a 
sus errores y poca fe, los pocos años que 
mostraua en la aparencia engañándose en 
esto, o queriéndose engañar, disimulando lo 
que sentía de sus méritos. S. Agustín (*) le 
reconoce también por santo, y como a tal le 
embía saludes desde África con sus cartas, y 
el se las buelue desde Belén, que tan de lexos 
se huelen los santos. luntase con esto, ser el 
vno de aquellos monasterios edificado de la 
hazienda y patrimonio de Paulíniano. Mostra- 
mos arriba como fue embiado del doctor 
santo a vender las reliquias de la herencia, 
que escaparon medio abrasadas de la furia de 
los Barbaros, para acabar el edificio comen- 
to (digo las villas, alquerías, y tierras del 
patrimonio de los dos hennanos). Pues por- 
que no aula de entrar en lo que por tantos 
derechos era suyo? Acudía Paulíniano desde 
Chipre muchas vezes, donde estaua San Epi- 
phanio, a Belén a visitar el hermano. Quaoik) 
ya estaua muy viejo no se le quitaua dallado, 
«1 punto del morir no le negaría su presencia, 
no puedo persuadirme que pudo ser otro 
sino el el que escogería aquella santa compa- 
ñía de monges, en lugar del hermano, por 
padre, pues se restauraua con su presencia 
mucha parte de su perdida. Ni porfiare en 
esto; sienta por mi^ cada qual lo que quisiere. 
Lo primero, que se funda en una sola autori- 
dad, ya vemos que es poca. Lo segundo, aun- 
que en conjecturas, no creo están mal funda- 
das. Y esto es lo que podemos dar quando 
no se halla otra cosa. El gouierno de los mo- 
nasterios de las religiosas de^mes de las 
muertes de las santas madre y hija Paula, y 
Eustochio se cree vino a las manos de la 
segunda Paula hija de Toxocto nieta de la 
primera. Corre en ella las razones que alega- 
mos para Paulíniano. Virgen de gran santidad 

(I) pift.e0 4 91,io,i^inJB«fo«i. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



y santa desde la cuna; y aun desde las entra- 
ñas de la madre Leta, heredera de todo lo 
que abuela, y tia auian allí fundado. Ansí creo 
que Pauliniano, y Paula continuaron aquella 
vida tan alta, que fundaron en Belén Gerónimo 
y Paula, Vino esta segunda Paula desde muy 
pequeña a los bracos (ya que no a los de la 
abuela, como lo desseaua) de la tia. Tenia la 
saota matrona gana de ver nieto de su hijo 
Toxodo, prometió con voto a nuestro señor, 
de consentimiento de la nuera Leta, de ofre- 
cerla y consagrarla (si fuesse hembra) a su 
santo seruicio en perpetua virginidad; cumplió 
el scflor sus desseos, y la madre y abuela el 
voto. Escriue S. Gerónimo desde Belén vna 
carta a Roma de las muy elegantes, y de las 
mas prouechosas, enseñando a la madre Leta 
como ha de criar la hija, que desde antes que 
nadesse estaua consagrada en esposa de 
lesu Christo, digna de que quantas en el 
mundo crian hijas, la tuuiessen delante de sus 
ojos, y dentro de la memoria. No la traslado 
aqui aunque venia a proposito, porque siendo 
el Señor seruido darnos vida, algún día las 
daremos todas en Castellano, para que se 
aprouechen todos de tan gran tesoro. 

Hace memoria el santo doctor (*) desta 
santa virgen en vna epístola que escriue a 
S. Agustín: muestra en ella que esta la santa 
tristissima, o por la muerte reciente de Ei^s- 
tochio, su segunda madre, o por verse con la 
carga del gouiemo, o por entrambas cosas, y 
ansí le pide el socorro de sus oraciones. Estos 
pues son los primeros sucessores de aquellos 
santos conuentos, los que continuaron aquella 
vida del cielo. Y heredaron tan celestiales so- 
lares: ai destos ay tan poca claridad, que luz 
se paede esperar de los que sucedieron tras 
ellos? Solo podemos dedr con certeza, que se 
conseruo por algunos años la disdplina y 
obsenianda que allí planto S. Gerónimo, y 
aunque entonces no se llamassen los discípu- 
los de los varones y padres fundadores, con 
sus títulos diziendose. Basilios, Antonios, Ge- 
rónimos; Augustinos, como agora se llaman 
Benitos, Bernardos, Dominicos: con todo esso 
se llamauan con este nombre de discípulos, 
que era muy humilde y santo. Ansi dezian los 
disdpulos de Antonio, de Hilarión, de Macario, 
y otros: perseuero pues la doctrina del santo 
y la vida celestíal que aljí enseño a sus disd- 

(•) Bpist. 791 



pulos algunos años. luán Cassiano varón 
docto, y graue, fue vno de los que alcangaron 
algo desto. Era Scyta de nación; creo le truxo 
la fama de S. Gerónimo a la tierra santa, no 
se si le alcanzo, y si anduuo a su escuela, pa- 
rece que no, porque lo dixera, las vezes que 
se le ofrece hablar del. Mas es cierto que 
viuio algún tiempo en el monasterio de Belén, 
y le llama mas de vna vez su monasterio (*), 
y preciase de que salió de alli el modo de rezar 
las horas canónicas para toda o la mayor 
parte de la Iglesia. Veese muy claro que habla 
de S. Gerónimo, como lo tocamos en la pri- 
mera parte desta historia. Llama nueua, y 
primeramente estatuido el oficio matutinal en 
la Iglesia: y nacido en la de Belén, donde da a 
entender, que tomo el habito de monge. Écha- 
sele de ver a Cassiano tener mucho de la 
escuela de tan gran doctor en lo que escribe, 
que es muy bueno, y lleno de resplandores de 
la doctrina de aquel Siglo felicíssímo, y en la 
vida muestra otro tanto, que fue muy santo, 
las vezes que haze mención de S. Gerónimo 
le trata con suma reuerencia, llamándole 
maestro de los Catholicos, diziendo, que sus 
escritos son tenidos por todo el mundo como 
vnas luces y resplandores diuinos, y otros 
pregones tales, como parece en el libro de la 
encarnación del Verbo, dedicado a San León 
Papa, y en el proemio de los libros de la ins- 
titución de los Zenobitas, a Castorio. Genadio 
que fue de Marsella, hablando de Cassiano 
en su libro de claros varones, como de pres- 
bytero de su misma ciudad dize, que fue 
Scyta; que estuuo en Constantinopla, y anduuo 
a la escuela de San Chrysostomo, de quien 
recibió el orden de diácono; que después vino 
a Marsella donde fue hecho presbytero, y 
donde edifico dos monasterios, vno de varo- 
nes, otro de virgines, que aun permanecían 
en su tiempo, no era mucho, pues era poco el 
tiempo que se lleuauan Cassiano y Genadio. 
Todos dizen que murió siendo Emperadores 
Theodosio, y Valentiniano, entrambos segun- 
dos, y primos hermanos. Por consiguiente 
llego la vida de Cassiano a los años de nues- 
tra salud de 450, dos mas o menos, en estas 
quentas nos da licencia para hablar ansi la 
variedad de los autores. Muriendo nuestro 
Gerónimo (de común opinión) el de 422, dire- 



0) Llb. 3 canonic. orat, cap. 4, d; libro i de inatituti 
eciétiobitar. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



mes, que por lo menos se auia continuado 
hasta allí su religión, y estaua en pie la obser- 
uancia de sus monasterios. Si queremos ex- 
tender las palabras de S. Gregorio el prime- 
ro y grande, en la epístola a luán Obispo 
Slracusano, que ya alegamos en la primera 
parte, podemos dezir que aun en aquel tiempo 
se sustentaba y viuia el nombre y religión de 
S. Gerónimo. No dudo en afirmar que lle- 
gasse a estos tiempos de Gregorio, que fue- 
ron arto infelices para todo el mundo, aunque 
la Iglesia dichosa en gozar de tan santo Pon- 
tífice y doctor tan graue. Floreció S. Grego- 
rio desde los años de 590, que fue el primero 
de su Pontificado (según la mejor quenta) y el 
año 8. del Imperio de Mauricio. Aquí comen- 
taron mil desgracias, nacidas de donde suelen; 
de las culpas proprias de los hombres. Diré 
breuemente como se perdió todo lo que llama- 
mos tierra Santa, con toda la religión que 
en ella auia. Reuelaronse en Oriente muchas 
naciones, hizieron vnas a otras crueles gue- 
rras (porque no se vaya a buscar el castigo 
muy lexos) en Persia reynaua Ormisda, hom- 
bre cruel, aleáronse contra el por sus des- 
afueros sus vasallos. Prendiéronle y leuanta- 
ron rey a su hijo Cosdroas, que heredando la 
crueza de su padre, la executo en el, sacán- 
dole los ojos. Y de allí a poco quitándole la 
vida. De aquí, y con razón, comentaron a 
aborrecelle y a desamalle no menos que al pa- 
dre. Desamparáronle en vna guerra que tenía 
contra vn tyrano que se le auia rebelado. 
Viéndose desfauorecido, púsose en poder de 
Probo capitán del Emperador Mauricio en 
aquellas fronteras de Persia. Parecióle al 
Emperador buena ocasión para asentar vnas 
muy firmes paces con los Persianos, gente 
molesta, y aun temida de los Emperadores 
(no les naciendo de allí el daño) engañanse en 
esto de ordinario. Los principes piensan que 
con quitar algunos inconuenientes de fuera 
queda todo remediado, dexandose dentro y 
en su fuerga la rayz del daño (que son sus 
proprias culpas). Fue ansí que se hizieron 
grandes offertas de vna parte a otra: diole 
Mauricio vn capitán llamado Narses, para 
que le ayudasse contra Baras, que ansí se 
llamaua el Tirano: venciéronle, y torno Cos- 
droas a cobrar su Imperio. Fue este el princi- 
pio de su potencia, y el de la cayda de las 
cosas de Oriente. Mauricio fue de allí pocos 
días muerto en Constantinopla con su muger 



y hijos por orden de Phocas, y abrióse con 
esto la puerta al desseo de Cosdroas para 
romper las paces con los Emperadores. Moulo 
luego guerra cruelíssima contra las tierras del 
Imperio. Saliéronle al encuentro dos capitanes 
de Phocas, dioles dos batallas, y salió vence- 
dor de entrambas. Passo adelante con la vic- 
toria, apoderóse de Mesopotamia patria de 
aquellos grandes patriarchas primeros, con- 
quisto gran parte de Syria, deshaziendo en 
diversos recuentros casi de todo punto las 
legiones del Emperador, que ocupado en otros 
alborotos, nacidos de sus crueldades, y de sus 
deleytes, no pudo acudir a la furia del enemigo. 
No llego desta vez Cosdroas a Hierusalem, ni 
a la tierra Santa (esta es la ocasión, porque 
nos diuertimos a esto). Vn capitán de los mas 
priuados de Phocas, llamado Prisco (*), no 
pudiendo sufrir sus crueldades, y la perdida 
del Imperio, concertóse con HeracHo otro 
capitán, que estaua en África, y con cuya hija 
estaua casado (algunos dízen que rebelado 
contra el Emperador) de que le matassen, 
hizose el concierto con condición que híziessen 
Emperador a vn hijo del mismo Heraclio y del 
mismo nombre: y hermano de la muger de 
Prisco. Hizose ansí, y Heraclio que era man- 
cebo valeroso, con el fauor de Prisco entro en 
el palacio y mato a Phocas. Dizen algunos 
que era el año octano de su Imperio (no tarda 
mas que esto la venganza diuina en casos tan 
facinorosos). Estaua ya Heraclio el padre muy 
cerca de Constantinopla con la gente que 
traya de África, que ansí se auia ordenado en 
el concierto, llego luego a la dudad, y asseguro 
con su venida el Imperio del hijo, esto era ya 
el año de 611, y parecen que aun durauan en 
aquellos monasterios de Belén los monges 
y hijos de S. Gerónimo. Hallo Heraclio el 
Imperio consumido y desarmado por el mal 
gouíerno de Phocas, y por las victorias de 
Cosdroas, que no perdiendo ocasión, torno a 
continuar sus entradas. Llego esta vez sin 
hallar resistencia hasta Palestina, destruyen- 
dolo todo. Entro por fuerga de armas la 
ciudad de Hierusalem, que ya ni el nombre, ni 
sitio sustentaua. Llamauase Elia por el Empe- 
rador Elio Adriano, que la reedifico algo fuera 
de su primera planta. Hizo Cosdroas grandes 
crueldades dentro, refieren algunos autores, 
que murieron mas ochenta mil personas. Tomo 

0) lo^ Monae» Zonartu. lo-, Cu9pi$Ua, 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



desta vez el precioso madero de nuestra salud 
que aula dexado allí la reyna Helena: y aunque 
cruel y Pagano, le tuuo mucha reuerencia, 
dándole el mejor lugar que supo. Lleuo tam- 
bién captiuo al santo Patriarcha Zacharias, 
derribo templos, destrono Iglesias, deshizo 
como pudo los lugares santos, martyrizo 
cruelmente muchos Christianos. Como estaua 
tan cerca nuestra Belén (por quien tomamos 
esto tan de lexos) alcan9aronle todos estos 
males muy en lleno. Fueron los mas de los 
monges, que en aquellos monasterios santos 
auian quedado martyrizados, con los demás, 
y mas que todos, como aquellos en quien en- 
tendía el Pagano: estaua la christiandad mas 
fina, con quien el tenia mortal odio. Pareceme 
que de alia del cielo, tuuo santa embídia Ge- 
rónimo a sus hijos, pues alcanzaron ellos la 
corona que el tanto desseaua. Con las victo- 
rias que después por varios sucessos tuuo 
Heraclio contra Cosdroas. Y por la paz que 
assento con condiciones muy honrosas con 
Syroes hijo del bárbaro Cosdroas; tornaron 
las cosas de la tierra santa a mejor estado. 
Restituyóse el santo madero de la cruz, liber- 
tóse el santo Patriarcha Zacharias, y los 
monges que se auian escondido por aquellos 
desiertos, voluieron a habitar los monasterios 
y celdas arruynadas. No torno esto en aquella 
hermosura, y flor primera, con las guerras, y 
con las mudanzas habia degenerado de aquel 
heruor antiguo; crecen poco desmedran mu- 
cho, santidad, y letras entre los alborotos; 
porque aman la seguridad, y se alientan con 
la paz. Ansi parece que en estos siglos de 
que ymos hablando, no suena sino como por 
mUagro algún señalado, en lo vno, o en lo 
otro. Duro poco este sossiego porque luego 
salió del infierno al mundo, el maldito Mahoma 
con su secta, preualecio increyblemente en 
estos siglos miserables, tan llenos de carne y 
sangre en que ella viue, y se sustenta, aun 
agena de lo que es buen juyzio y razón hu- 
mana; apoderóse con vna presteza de rayo, 
que abrasa, de toda la Arabía, Egypto, y Me- 
sopotamia, y sepultáronse aquellos nombres 
tan celebrados, y antiguos en el abysmo del 
nombre Mahometano, sin que jamas después 
tomassen a al^ar cabera, castigo espantoso, 
y permisión diuina que haze temblar al alma. 
El descuydo de Heraclio, no solo en las cos- 
tumbres relaxadas, sino en la fe, que de ordi- 
nario camina tras ellas, dio auilantega a Ma- 



homa (según algunos autores) o a sus suces- 
sores inmediatos (según otros) para que no 
contentos con lo que auian conquistado de 
oriente, acometiessen con rabiosa ferocidad a 
despojar lo que quedaua. Apoderáronse de 
toda Assyría, y entre las demás ciudades la 
miserable Hierusalem, y su comarca, prouaron 
por vltima miseria la crueldad rabiosa de los 
Mahometanos, siendo por ellos puesto todo 
por el suelo. Los religiosos y Christianos de 
aquella tierra santa despedazados con mil 
géneros de tormentos. Triste fin de aquel 
suelo, que tanto tiempo fue el regalo del cielo. 
Esta vltima cayda ponen algunos en el fin del 
Imperio de Heraclio, que no tuuo mas cuydado 
del socorro de estas tierras, que si no fueran 
suyas ni de Chrísto. De sola su cruz se acordó, 
aunque no parece que la tenia en el alma: 
sacóla pocos dias antes de la ciudad de Hie- 
rusalem, truxola a Constantinopla, de alli a 
algunos años fue trayda a Roma. Algunos 
como agora apunte, dizen, que se hallo Maho- 
ma en estas conquistas, otros dizen, que no, 
sino vn discípulo suyo, llamado Homaro (im- 
porta poco saber con que agote se hizo el cas- 
tigo) siendo esta vltima cayda, como de ordi- 
nario la refieren cerca de los años del Señor 
de 632, no parece que pudo alcangallos Maho- 
ma, pues no viuio mas de quarenta y dos 
años, y nació en el de 580, y ansi no pudo lle- 
gar a los que hemos señalado. Hemos dicho 
esto ansi atropellado, y en suma, para que se 
vea lo que duraron aquellos monasterios de 
Belén, y los fundamentos de religión, que alli 
puso S. Gerónimo, que sí lo entendemos hasta 
los tiempos desta postrera destruycion, como 
parece muy prouable, permanecieron por es- 
pacio de CCX. años, contando desde el año de 
422. en que subió al cielo el grande Padre y 
doctor, hasta el de 632, desta vltima cayda. Be- 
uio la tierra la sangre de aquellos gloriosos 
monges, y hermitaños, primero de S. Geróni- 
mo, y después, martyres de lesu Christo, y 
como río caudaloso, que se esconde, por lo se- 
creto de sus entrañas largo espacio, y torna 
después con nueua clarídad y frescura a apa- 
recer a nuestros ojos: ansi torno al mundo cer- 
ca de los años de 1350. esta sagrada religión, 
que es la estoría,que comentamos a componer, 
continuándola con la corona del martyrio de 
los primeros, que no es de menor estima la 
que después fueron texiendo los segundos con 
su santa vida, aunque de flores differentes. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



CAPITVLO n 

Los principios, y motiuos del cielo para la res- 
tauración de la Orden de S. Gerónimo en 
los Reynos de España. 

No se que titulo dalle a este capitulo, que 
diga lo que pretendo, sino el que le he dado? 
Quien considerare el discurso, vera que es 
ansí, que no ay cosa de invención humana, y 
que todo es vn impulso del cielo, acuerdos, y 
diuinos motiuos del Espíritu santo, que no 
saben a carne, ni a sangre. En tiempo que 
reynaua en Castilla, y León, el Rey don Alfon- 
so el XII. (O el XI. según diuersas maneras de 
cuenta) Padre del Rey don Pedro, llamado el 
cruel con harta razón, y por esto vnico deste 
nombre (tanto puede en l^is caberas vn nota- 
ble vicio, que aun el nombre mancha) apare- 
cieron en España vnos hermitaños, de habito 
pobre, vida santa, humildes, penitentes, lle- 
nos de virtudes, vacíos de quanto sabe a 
mundo, o respecto humano. Pusieron admi- 
ración a todos los que mas atentos miraron 
su trato. Preguntados de la gente curiosa, o 
denota, de donde eran, a que venian, que era 
su intento; Respondieron sencillamente, que 
eran de Italia, su vida era de hermitaños, sus 
intentos ganar el cielo, y recibir como señal y 
prenda cierta deste bien vltimo el Espíritu 
santo, que venia del cielo sobre España, y 
esta era la razón de auer dexado su tierra: 
mas admiración puso la respuesta, encendió 
los ánimos de los que preguntauan; desseo- 
sos de saber la rayz desto replicaron de 
nueuo diziendo; que de donde sabían que el 
Espíritu santo venia sobre España? que ma- 
rauilla era esta: que fundamento tenia? Res- 
pondieron declarando el caso desta suerte. 
Nosotros viuiamos en Italia en compañía de 
otros hermitaños, era como superior y cabega 
nuestra vn gran sieruo de Dios llamado Fray 
Thomas Sucho, natural de Sena, en quien 
Dios puso muchos dones, por quien hizo mu- 
chas marauillas, grandes milagros, en quien 
prouamos muchas vezes, que moraua el Es- 
píritu del Señor, y con el mismo don que puso 
en sus Prophetas, para dezir lo que estaua 
por venir. Oymosle dezir muchas cosas antes 
que sucediessen que las prouamos verdade- 
ras con el efecto. Estando vn día hablando 
con nosotros de las cosas del cielo, que este 
era siempre su lenguaje, parando en medio 



de la platica (puso nos mas atentos con la 
pausa) como arrebatado de vn aliento diuino, 
mudando el tono en voz mas alta, dixo estas 
palabras. Veo que el Espíritu santo detíende 
sobre España en la fundación de vna religión, 
mas no me ha declarado el Señor cuanto 
tiempo morara en ella. A pocos días, como 
dixo esta prophecla nuestro Santo, se le Ueuo 
Dios al cielo, sellando la santidad de su vida 
con milagros grandes. Nosotros, que le pro- 
uamos en todo tan verdadero, tenemos por 
cierto, lo que dixo, y venimos con desseo de 
entrar a la parte deste bien, que viene sobre 
España. Aconteció aquí lo que suele en cosas 
semejantes. Vnos lo recibieron bien, y dieron 
crédito: otros burlaron dellos: otros dixeron 
lo que a S. Pablo en Atenas, oyremos os 
sobre esso después, mas de espacio. No ay 
noticia cierta del numero de estos hermita- 
ños, descuydo de la sencillez de aquel tiempo. 
Del sitio y lugar donde asentaron tratare 
después. Antes que passe de aqui, sera bien 
dar alguna noticia deste gran siervo de Dios 
Fray Thomas Sucho, Senes. A quien llama 
S. Antonio de Florencia en su historia Q) Tho- 
mas Succío, y dize, que era de la tercera re- 
gla de S. Francisco, y que tenia espíritu pro- 
phetíco. Entre los discípulos suyos que vinie- 
ron de Italia, fue vno muy santo, llamado 
Fray Vasco, natural de España, Portugués 
de nación. Passo este en Italia, siendo mogo, 
y como desde sus primeros años buscaua el 
bien, que no se acaba con ellos,. llegóse al dis- 
cipulado de Fray Thomas, que era famoso en 
toda aquella parte de la Toscana. Este sieruo 
de Dios, que como después veremos, fue vno 
de los primeros fundamentos de la restaura- 
ción desta santa Orden: refería muchas cosas, 
como testigo de vista, de las marauillas de 
su maestro. Entre otras virtudes que alabaua 
en el por excelencia, era una la humildad, a 
quien solía llamar la guia deste choro. La 
constancia de la oración ponía en el cielo, y 
de aqui dezia que le nacía vna fiduda gran- 
dissíma de alcangar de alia todo lo que para 
acá baxo pedía. Padeció el encuentro que es 
ordinario en los buenos, y como natural a los 
santos. Tuuíeronle embidía algunos hombres 
malos, pretendieron hazelle el daño que pu- 
diessen: leuantaronle grauissimos falsos tes- 
timonios, acensáronle dellos delante el Papa, 



O AntOM 8 p., tltul. 22, o. I. $. 6. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



(tieronse tan buena maña con los falsos tes- 
tigos, que el Pontífice tuuo por verdad la 
pnieua del caso. Dio la causa por conclusa, 
estando tan prouada en crimines tan atroces, 
y tan feos: y sentencióle a quemar viuo. No 
le escondió Dios esto a su sieruo, porque le 
reuelaua mayores cosas. Antes que Hegassen 
tos ministros del Pontífice a prendelle, llamo 
a vn sobrino que tenia allí en su compañía, y 
dixole. Joma hijo tu manto, y vamos a la ho- 
guera que nos esta aguardando. A pocos 
passos como salieron de la celdilla, descubrie- 
ron los que venían: conociólos y adelantán- 
dose a ellos con voz alta, y alegre les díxo: 
Veysme aquí yo soy el que buscays, ya yo 
voy, bien s^ que venis por mi para llenarme 
al fuego, Marauillaronse mucho en oylle estas 
palabras, porque el negocio era secreto, y 
mas en ver su alegría, su animo, su semblan- 
te, llegaron. a] lugar señalado, ardía ya el 
fuego, la llama estaua crecida, signóse el 
santo con la cruz, y entróse sin miedo en. 
medio de ella. Estuuo grande rato allí sin 
lesión alguna, loando a Dios con rostro ale- 
gre, siruiendole de .oratorio aquel furioso 
elemento. No prende el fuego en el cielo, 
tales son los cuerpos de los santos, porque 
son morada de vnas almas, que son el cielo 
donde habita Dios, Quedaron los circunstan- 
tes como atónitos, viendo tan alta marauiUa, 
leuantaron el grito en loa del inocente, y en 
alabanza del tribunal diuino que no juzga 
como el hombre, lo de fuera, sino lo secreto 
del coraron. Leuanto también primero el santo 
sus manos al cielo, orando, después las bax6 
al fuego, y tomando de los leños abrasados 
que ref rescauan sus palmas, esparciéndolos a 
díuersas partes, dixo lleno de espíritu diuino. 
Esto díze el Señor. Todo lo que ha tocado 
este fuego, sera abrasado dentro de pocos 
días (señalo cierto termino) cumplióse el pla- 
90, y con el la prophecia. Con tanta prueba 
de santidad, y con tan viuo testimonio de in- 
nocencia, no fue menester otro abono para su 
libertad. Boluiose con mucha honra a su cel- 
dilla, dexando asombrado el mundo, y con el 
miedo que concibe en estos prodigios, sino 
que le dura poco, oluidasele presto, y lo que 
se le da para su enmienda lo conuierte en 
materia de culpas núeuas, aumenta el casti- 
go, y acelera la pena. Mudaua este santo con 
facilidad el lugar de su morada, no por mu- 
darse, sino por huyr la loa del mundo, yuas^ I 



donde no le estimassen por las virtudes, ni 
reuerenciassen por los milagros que hazla. 
Aprouechauale poco, porque el no sabia ne- 
gar lo que le pedían, ni podía carecer de tra- 
tar con Dios. Ni Dios parece que sabia ne- 
galle nada. No ignoraua el santo que cosa es 
pedir en nombre de lesu Christo, ni el modo 
con que se ha de pedir, conforme a las reglas 
del Euangelio, y del Apóstol Santiago, eran 
las voluntades vna, el poder el mismo, que a 
tanto llegan en la tierra los santos. El mismo 
Fray Vasco juro por vezes que vio con sus 
ojos (vale vn sleruo de Dios por mil testigos) 
que condolido Fray Thomas Senes de las la- 
grimas de vna pobre biuda, le resucito vn solo 
hijo que tenia, y se le hauía muerto, y resuci- 
tara ciento si se los pidiera a Dios. Otras mil 
cosas contaua Fray Vasco de las marauillas 
que su maestro hazla, descuidáronse nues- 
tros padres (Dios se lo perdone) en dexarnos 
memoria dellas. Leí yo en vn quaderno anti- 
guo en el archiuo de S. Bartholome, escrito 
de ma$ de dozientos años, que a,jCostumbraua 
a prophetizar este santo, por sentencias, o 
como por versos que comenqauan en las letras 
a, b, c. Y que vna vez llego a la letra, o. y 
dize. O que veo al Espíritu santo decender 
sobre España, etc. S. Antonio de Florencia 
en el lugar alegado, dize que dexo escritas 
muchas prophecias en versos de su lengua 
materna, y particularmente la destruycion de 
algunos lugares de Italia, que las vio el cum- 
plidas en su tiempo. Refiere también que vi- 
niendo este santo en la ciudad de Fulgino, 
tenia el señorío y gouierno della vn hombre 
de malas costumbres llamado Conrado Trin- 
cío. Este haziendo donayre de las prophecias 
de Thomas Sucho, le pregunto vn día que 
tanto tiempo le parecía que aula de viuir y 
ser señor de aquella ciudad? Respondióle el 
santo, que viuiria hasta que se quebrasse la 
campana con que tañían en la ciudad a conce- 
jo. No le descontento la* prophecia al Tyrano, 
pareciendole que le hazla la vida de bronce, 
y engañóse, porque no pudíendo sufrir los 
ciudadanos de Fulgino sus maldades se con- 
juraron de matalle. La seña para acometer el 
hecho era tañer aquella campana, al primer 
toque que le dieron (ora fuesse por ser el 
golpe descomunal, ora por querello Dios para 
sacar a su propheta verdadero) se quebró y 
arremetieron los conjurados y le mataron. 
Refiere también, que como reprehendiesse 



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8 



Historia de la orden de san oeronimo 



este santo al Tyrano Conrado de Trinéis de 
sus males y desafueros, no pudiendo sufrir la 
libertad santa, se determino vn día que esta- 
ua mas furioso, de quemalle viuo. Entendiólo 
el santo, y fuese para el animosamente. Acer- 
tó a passar por un horno donde estañan co- 
ciendo pan, dixole a la hornera que sacasse 
vna palada de brasas, sacóla, y recibióla el 
santo en la falda de su manto, y llevólas ansi 
hasta la presencia del Tyrano, quando llego, 
echoselas a sus pies, y dixo. Ves ay las bra- 
sas para quemarme. Espantóse Conrado del 
caso, porque con ser largo el trecho, aun no 
se auia chamuscado un pelo de la ropa. Co- 
mento desde alli a tener mas miedo y reue- 
rencia al santo. F. Vascho referia que le vio 
muchas vezes assir de los tizones por la parte 
que estañan ardiendo, y los boluia por la 
otra, para que se gastasen por ygual, y que 
marauillado el como no se abrasaba las ma- 
nos: le respondió que el fuego no quemaba 
a los sieruos de Dios, sino a los que tenian 
poca fe. Dize también el mismo S. Antonio de 
Florencia, que le contaron los mismos que 
las vieron, otras muchas marauillas de este 
Santo, aunque el no le vio, ni le alcan90. To- 
dos quedaron cortos. 

Boluiendo pues a nuestro proposito, al tiem- 
po pues que el Santo F. Thomas vio desde 
Italia esta venida del Espíritu santo en España 
en la fundación desta santa religión, se mouie- 
ron en ella muchos, llenados del mismo Espí- 
ritu a dexar sus casas y ciudades, y se retira- 
ron a los lugares mas desiertos que hallaron. 
Este es el segundo motiuo, no menos admi- 
rable que el primero, para la fundación desta 
religión santa. Todos lleuauan apellido, y en 
todos bullía vn proposito secreto, de leuantar 
el nombre, orden y religión de S. Gerónimo. 
Muchos dellos, caso admirable, jamas vieron, 
ni leyeron letra de las obras de S. Gerónimo, 
sino la que el diuino impulso les escriuia en 
los corazones. No se comunicaron estos mo- 
tiuos, ni fue cosa de concierto: los lugares 
donde se retiraron distantissimos, sin saber 
vnos de otros: vnos en el reyno de Toledo en 
diuersos puestos; en lo escondido de vnas 
cueuas destos montes, que llaman Carpenta- 
nos, hazla aquella parte que mira mas al me- 
dio dia, lugar áspero, y casi inacessible, que 
de muy antiguo se llama los Toros de Gui- 
sando: otros en la ribera del rio Taxuña, cer- 
ca de vnas poblaciones pequeñas, llamadas 



Orusco, y Ambite, en vna hermita pequeña de 
nuestra Señora, que dizen los Comarcanos de 
Villaescusa. Otros cerca de los montes de To- 
ledo, en otra hermita de la misma Virgen, lla- 
mada del Castañal. Desseando topar en estos 
humildes diuersorios otra Belén, otra cue- 
ua, o otro portalejo con María, y loseph y el 
Niño: o a Gerónimo adorando el pesebre. 
Otros se retiraron alia en el reyno de Valen- 
cia, cerca de la villa de Gandía, en vna llanu- 
ra cerca del mar, llamada por esto la Plana. 
Otros en Portugal en lugares asperísimos. 
Todos con vn designo, y vn desseo grande de 
imitar aquel varón y sancto Doctor que bus- 
caua las cauernas de las Españas, en los de- 
siertos mas ásperos, moradas espantosas aun 
a los mas valientes y prouados Anachoretas. 
Allí donde escondía su cuerpo, y donde des- 
cubría los coros de los Angeles. Este era el 
Espíritu santo que baxaua, y el que via Fray 
Thomas Senes que aparejaua su aposento en 
España: y al punto que esto sucedía en ella, 
lo prophetizaua el en Italia. Caso admirable, 
y príncipios verdaderamente diuinos, o fun- 
damentos echados desde el délo para que 
hasta el se leñante edificio tan hermoso. 
Quando vinieron los hermitaños de Italia, no 
se como olieron tan presto a los que de acá 
se auian apartado del mundo, como aues que 
acuden al reclamo conocido, y se juntan vnas 
con otras. Hablauan todos vn lenguage, aun- 
que de diuersa nación, como cuerdas de vn 
mismo instrumento, y de vna mano templa- 
das. Echase de ver que era todo diuino. La 
prímera junta, o el prímer asiento que los de 
Italia hizieron con los que acá hallaron, y los 
lugares en que primero moraron, fueron las 
dos hermitas de nuestra Señora que he dicho, 
del Castañal, y Villaescusa. Pareciendoles que 
auiendo de estar a la espera desta ca^a, y de 
este don tan grande que venia a España, era 
bien tomar el puesto en medio della, escon- 
didos en los desiertos, para que no se remon- 
tasse, si estuuiessen en medio del mundo: y 
para que al distribuirse del, les cupiessen las 
prímicias del espirítu. De alli como de centro 
se comunicasse por toda la circunferencia. 
Passó asi, que sin entenderlo ellos, este mis- 
mo Espíritu aposentado en sus almas, los me- 
neaua, regia, trahia, lleuaua por vnos passos 
secretos, hasta que pusieron en perfeclon la 
obra grande que pretendía el gran maestro. 
Mouidos (los que entendieron su designo tan 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



alto, y contemplaron sus vidas tan perfectas) 
con exemplo tan víuo, procuraron yr tras 
ellos, aparejando quanto de su parte podian, 
morada a la venida deste don tan puro, en sus 
corazones. Muchos en poco tiempo, dexado el 
fausto de! mundo, los fueros de sus vanida- 
des, se fueron a su compañía. Grecia la labor, 
el edificio se leuantaua de cada dia, vianse 
las ventajas como después diremos Sigamos 
agora el intento de declarar todos los motiuos. 
Viuia a esta sazón en Roma vna muger lla- 
mada Brígida. (Tenia la Sede Apostólica el 
Papa Gregorio XI. y estaua con su silla en 
Auiñon) descendiente de la casa Real de los 
reyes de Suecia, y ella Princesa de Nericia, 
de la prouincia de Escandinacia, como refiere 
lo. Magno. Puso en esta hembra nuestro Se- 
ñor muchas virtudes, y muchos dones suyosi 
y entre ellos el don de la Prophecia en grande 
copia. Fue en esto tan singular en aquellos 
tiempos, que nos quedo vn libro grande della, 
ya estampado, y anda en las manos de todos 
con muchas aprouaciones. Refieren por muy 
cierto, auelle hablado vn Crucifixo estando 
ella orando en su presencia, en la yglesia del 
Apóstol S. Pablo en Roma. El milagro esta 
pintado oy'en dia en la pared del mismo tem- 
plo. Esta santa muger dixo muchas vezes al 
Pontífice Gregorio, que en los reynos de Es- 
paña se auia de resucitar, y leuantar como de 
nueuo, la orden de S. Gerónimo, auisandole 
también de parte de Dios, de la regla, habito, 
y modo de vida que auian de guardar, porque 
ni aun en esto fuesse cosa de aluedrio de 
hombres, sino todo diuino, en los que auian 
de ser todos dedicados a este culto. También 
ay quien diga auer Dios reuelado esto mismo 
a vn santo Cardenal que entre todos los de 
aquel Colegio resplandecía con grandes ven- 
tajas. Este vino un dia a hablar al mismo Papa 
Gregorio, y como sí de parte de Dios le tra- 
xera el mandato, le dixo con semblante y boz 
graue: Padre santo despertad a S. Geróni- 
mo que ha mucho tiempo que duerme. Y dixo 
bien, porque los santos no mueren, que no es 
muerte sino sueño, la del que reposa en el 
Señor. Y dixo bien, porque tanta era la obe- 
diencia de Gerónimo al Papa, que si sepul- 
tado, ya mas auia de mil años, le mandara le- 
uantar, se leuantara del sueño. Y también por- 
que los santos que fundaron las religiones 
(son como familias de la ciudad santa de Hie- 
rusalen) están como despiertos en sus hijos y 



sucessores. No son otra ce 
Benito» S. Bernardo, S. ( 
sino Gerónimos, Benitos, 
piertos. Quien con tal títuli 
no se haze del nombre. Al 
velaua, y al padre que no i 
rezoso, y el monge sonoli< 
en adquirir virtudes, dar 
el cielo. Quien ponderare 
junta destas inspiraciones 
das, o como quisieren) ver 
ro que son del cielo, obra 
Dios, que pusieron los hor 
que son preñezes de vn p 
damentos de alguna grand 
Diré agora el tiempo e 
santos Hermitaños de Itali 
no se pueda tocar en el pi 
cisión. Quien escriuio prii 
y dex6 alguna luz por don 
ridad caminassemos (a qu 
y tiene mucho crédito, no 
los originales y escrituras 
las que con el tiempo se h 
con aquellos que casi ale; 
ros) dize, que vinieron es 
tiempo de don Alonso el ( 
de las Algeziras. Otros p 
el Dozeno, y como diré, 
Pedro ('). Sí quisiera dezii 
ros años del Rey don A 
yua ageno de buena cuent 
Rey Viernes santo, veyntc 
año 1350. en el cerco de Gil 
fue esta Orden confirmad 
desde la venida a la confi 
tomó de mas atrás, com< 
seguido lo afirman, no pu 
cuenta. Porque el mismo 
Fray Vasco, que era de na 
tuuo treynta años, poco 
F. Thomas Sucho Senes e 
nos seria de 20. años quan 
pues de venido a España 
del Reyno de don Alonso, 
clon, passaron mas de oí 
quarenta, viene a ser F. 
ciento y diez años quand( 
can9o la vnion de la Order 
res della, como parece en 
ta de su primer libro: de ( 

<«) P, Pedro de la Vega, lib. i, 
• (S) Capit. 7. y 40 del Ub. i. 



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10 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



mente aueríguado, que o fue la venida de loa 

hemiitaños de Italia, en los postreros años 

del dicho Rey, o en el primero del Rey don 

íarece mas prouable. Dicho hemos 

5 motiuos de la fundación desta 

Espafla, y mostrado claramente 

CAPITVLO III 

exemplo de ios sanios Hermiiaños, 
ñas principales de España que se 
con ellos, que fueron el principio 
ta Religión. 

)mo dixe arriba, sembrada Espafia 

pocos granos de la semilla que 
a (para buena tierra, poca basta) 
ñas en el Reyno de Toledo, en las 
le hallauan, en lugares apárta- 
las, en despoblados, en espessu- 
írtos, su manera de vida no pare- 
res, en la morada, y mantenimiento 

brutos, en la conuersacion de 
i comida yeruas, estas las mas 
s: el pan poco, pedido de limosna, 
a sobrar a los labradores comar- 
uida agua clara de las fuentes, y 
orque ni aun en esto se desem- 

apetito. La cama a este mismo 
y heno lo que se escápaua de las 
riosas de los aldeanos, y de las 
lebres de las bestias: algunos sar- 
icos, retamas traydas acuestas 
y al fin en el suelo. Para lo que se 
n ella bastaua. Para lo que el 
i, era poco o nada. Vestían debaxo 
irne, el mas delicado, vna túnica 
lana: los mas robustos, cilicios 
tras cosas de mas penitencia que 
i el heruor del espíritu. Por defue- 
¡ncima, vna túnica mas grossera, 
le todo, de honestidad, y abrigo, 
tura, y sin precio. En esto eran 
es: no permitían que ninguno se 
Pan temprano fue aborrecida en 
n la singularidad. Tan desde el 
amo la ygualdad entre todos, que 

hasta oy En el contorno de las 
ide se recogían, hazian vnas celdi- 
por sus manos, ayudándose vnos 
I la cauaua en la ladera del monte: 
os peñas, cubriéndola con algunas 
;pedes: y otro se la hallaua hecha 



en las cauernas de las peñas, como se vee oy 
día en Guisando. Allí se retiraua cada vno por 
si alli era el lugar de sus oraciones, medita- 
ciones, disciplinas, velas, silencio, y mortifica- 
clon de su carne, y luchas contra eúa, y contra 
el demonio. luntauanse las fiestas, y entre 
semana, a oyr Missa, y algunos ratos: otros 
entre dia a comunicar sus exercicios, a dar 
cuenta de su aprouechamiento a quien podía 
aconsejarles en las tentaciones que el demo- 
nio ponía. Tratauan los sentimientos y moti- 
uos que tenían en la oración (que este era el 
pan quotidiano:) lo que hablauan con Dios en 
ella, y lo que Dios les respondía. Auísauanse 
de los engaños que en esto se podían ofrecer: 
como se transfigura el enemigo en Ángel de 
luz: como no se ha de creer a todo espíritu: y 
como varones espirituales, adelgagauan esto 
con mucho fruto dé sus almas. Poníales el 
demonio mil inconueníentes delante de los 
ojos, para que voluiessen el píe atrás en el 
camino alto que áuían comentado: fingía mil 
descomodidades yrepresentauales otras tan- 
tas impossíbílídades de alcanzar lo que pre- 
tendían. Que no podían perseuerar en vn pro- 
posito tan ciego, y tail sin fundamento. La tie- 
rra estraña, la gente poco piadosa para con es- 
trangeros, mal cultiuada en cosas de espíritu, 
belicosa llena de rebueltas, inclinada a las 
armas, mas que a la religión y a las letras. 
Faltauales muchas vezes la comida, no halla- 
uan vn pedazo de pan, salían algunas a pedi- 
llo, porque muchas no se acordaua nadie de 
llenarlo, procurándolo ansí el demonio, permi- 
tiéndolo Dios: el vno por deshazellos, ame- 
dréntanos, derriballos: el Señor por prouallos, 
y se prouassen, se enseñassen a leuantar a el 
solo los ojos, para que confiando en el no 
acudiessen al socorro humano. Acordauanse, 
y repetían muchas vezes, juntos, y apartados, 
la prophecia de su maestro F. Thomas Senes: 
tenían grande esperanza que la auian de ver 
cumplida por sus ojos. En fe desto, atropella- 
uan vn escuadrón fuerte de inconuinientes 
que se ponía delante. Venían bien enseñados 
en el camino de la verdadera fiucia, y de la 
penitencia. Sabían que el poner la mano en el 
arado, y uoluer atrás el rostro, es graue cri- 
men en esta labor, y lo que haze indignos del 
bien grande que se espera: de aquel don 
bueno y excelente, que deciende del Padre 
de las lumbres, donde no cabe buetta de hoja, 
escuridad, ni sombra. Tenían con esto puesto 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



en admiración al mundo, que consideraua sus 
vidas (adora, aunque le pesa, la virtud). En 
todas partes andana el lenguage de los Her- 
mitaños, repetían sus cosas, y habiauan de su 
santidad, juzgándolos por cosa del cielo, y por 
mas que hombres. Tanta es la fuerza de la luz 
que aunque bien se esconda, se esconde mal; 
por mil partes se trasluze y reuerbera: vienese 
a los ojos de muy lejos: en medio de las tinie- 
blas se haze mas hermosa, quanto mas se ocul- 
ta, mas se dessea, y enamora. Escondíanse es- 
tos santos, huyan de los ojos de los hombres, 
y del mundo, y esto mismo era causa de que 
se fuessen tras ellos, los buscassen, desseas- 
sen y amassen. Merced del cielo, que dio noti- 
cia de la verdadera lumbre a los hombres, y 
puso en el pecho de los mortales la semilla. 
Acudían en todas las partes donde estos 
Hermitaños se retiraron, muchas personas de 
toda suerte, no solo a visitallos, sino a imita- 
llos, y a hazerse sus dicipulos, y multiplicá- 
ronse en todos los lugares donde se repartie- 
ron. Dixe arriba, que no fueron dos solos los 
que vinieron, sino mas de seys, y de ochoi 
porque no pudieran diuidirse en tan remotos 
assientos sino fueran muchos, a lo menos los 
que digo. F. Vasco, de cuya vida trataremos 
muy en particular, fue a Portugal con algunos: 
otros fueron a Valencia: y otros se quedaron 
repartidos en el Reyno de Toledo, como he 
dicho. Visitauanse con cartas, embiauanse 
saludes, y auisos délas mercedes que nuestro 
3eñor les hazla, y de la gente que se les jun- 
taua, desseando abracar con ellos el camino 
de la penitencia, vestirse la vestidura de 
bodas, para hazerse dignos del combite, y del 
don que se prometía, o del reyno que con el 
se heredaua. Ya el Señor quería dar principio 
a la labor, y sobre estos cimientos tan buenos 
que aula abierto, poner las primeras piedras; 
consolar a sus santos, y cumplir la prophecia, 
y despertar a Gerónimo. Entre otros que vi- 
nieron a esta compañía, enamorados desta 
vida tan santa, aborreciendo el mundo, escar- 
mentados de sus engaños, aunque en caberas 
agenas (esto fue mucho, porque siempre se 
tes mostró fauorable) fueron dos personas 
principales de Castilla, críadosenlacasaReal 
del Rey don Alonso, y del Principe don Pedro. 
Fernando Yañez de Figueroa, y don Pedro 
Fernandez Pecha. Diré agora quien fueron 
entrambos en el mundo: y en sus lugares 
propríos diré después quales fueron en la 



religión, pues son las prí 
fabrica tan santa y los nue 
España retratos harto pare 
En Sena ciudad de Italia ei 
linage antiguo, y conocido li 
na en lengua Italiana, Pecli 
la Castellana, Abeja, prona 
de que aula de salir de aquí] 
tiempos la fama deste ape 
toda Italia por la singular h< 
Pecha, sujeto noble (por 
guage) de coronas inmorta 
su tiempo. Vino a España 
linage, en seruicio del Inh 
hijo tercero del Rey don ] 
que gano a Seuilla. Anduuo 
en Italia por miedo de su ti 
Alonso llamado el Sabio, 
después de varios trances 
por auerle seruido en todo 
Cauallero Senes Pecha < 
prosperidad viniendo a se 
don Fernando el quarto, 
Alonso su hermano: gratifi( 
serulcios: hizole señor de v 
de Duero, entre Toro, y 7 
Hormija, y heredóle en la c 
otras possessiones. Despu 
so, que llamamos el dozenc 
Ha de Benamarin. Tuuo 
mayor a Fernán Rodrigu 
este Cauallero Pecha, que 
el Infante don Henrique, s 
después a viulr a Guadah 
mucho al caso aueriguar hi 
de estas mudanzas) trocam 
ro por otro que esta cera 
mado el Atan^on. Y assi S( 
por la comarca. Traen lo¡ 
diuisa, o armas, vna abeja 
oro. De aquí se prueua c 
que no decienden los Pee 
Asturianos, como algunos 
uan Rodríguez de Asturias 
doña Vrraca de Nauarra 
Alonso el séptimo de Castíl 
da vez con Aluaro Rodri 
Asturias. Lo primero, poi 
Peyta, no quadra, ni viene 
y la diuisa de la abeja, y si 
Pecha, pues es lo mismo, y 
a caso, y sin buena razón 
se vee en los caualleros 



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fá 



Historia de la orden de san oeronimo 



indo y principal, porque no era 
tan clara genealogía, si decen- 
oble sangre, y tan cercano pa- 
yes, ni fácil de fingir el cuento 
)s de Sena, viniendo por tradl- 
as en esta casa de los Pechas, 
juadalajara Fernán Rodríguez 
noble señora, llamada Eluira 
ron euidentes señales entram- 
e ygual bondad y nobleza, en la 
lijos (gran prueua del cuydado 
dres) fueron todos muy nota- 
mos en el discurso desta histo- 
las muchas obras buenas que 
testamentos pios que ordena- 
enos fines que tuuieron. Edifi- 
1 en la Iglesia de Santiago en 
i capilla de laTrínídad en quien 
io y fin tenian toda su esperan- 
íy dia vna inscripción que dize: 
nandofazer FernarílRodriguez 
ey a seruicio de Dios, Y fue 
M.CCCLXX. años. 
i la capilla esta enterrado el 
•. Tiene la sepultura vna plan- 
luy gruesso, en que>e vee de 
'n cauallero armado: y aunque 
:)ue se sabia en aquel (tiempo* 
i labor es buena, y esta bien 
que en España no se sabia 
creo que vino de^ Italia, que 
:o queden Sena tenia la harían 
s hijos. En el contorno, y por 
ado todo este Epitafio, al vso 



ERNÁN RODRIQVEZ PECHA 
IDONE, Q VE FVE CAVALLE- 
ÍERO DEL MVY NOBLE ET 
)SO*EL[BVEN REY DON 
VENCIÓ LOS REYES DE 
ET DE GRANADA EN LA 
HA, EN LA ERA DE M. ET 
II. ANOS. ET FIZO AL REY 
IN PASSAR LA MAR. ET 
\ CIVDAD DE ALGEZIRA, 
DE MARZO, DE LA ERA DE 
r Lxxxn. ANOS. ET ESTE 

:rnando.rodrigvez qve 
días andados del mes 

iN LA ERA DE M. ET CCC. 
^OS. PATER NOSTER, ET 
OR LA SV ALMA. 



Los hijos fueron muchos: el prímero y ma- 
yorazgo, Don Pedro Fernandez Pecha, que 
sucedió al padre en el oficio de Camarero: 
fuelo de don Alonso el dozeno, y dizen algu-^ 
nos, que también del Rey don Pedro su hijo. 
Aunque en la Chronica que anda impressa, y 
en otras antiguas de mano que yo he visto 
aqui en la librería Real de S. Lorenzo (*), no 
le hallo en este oficio: ni lo que dizen algunos 
Modernos, que es a quien le dieron la escu- 
dilla que auia tenido Puerto Carrero. Vn pri- 
uilegio del Rey don Pedro he visto yo en el 
Archiuo de S. Bartolomé de Lupiana, inserto 
en el, otro del Rey don Alonso su padre, en 
que confirma, y haze merced a Pedro Fernan- 
dez Pecha, hijo del Camarero Fernán Rodrí- 
guez, del lugar de Barajas, junto a Madrid: y 
en el priuilegio del Rey don Alonso llama a 
Fernán Rodríguez Pecha, su Camarero mayor, 
y de su hijo el Principe don Pedro: y en el 
priuilegio del Rey don Pedro, llama a Pedro 
Fernandez Pecha, Tenedor de la llaue de la 
Reyna doña María mia madre, de los mios 
sellos: y no le llama su Camarero, porque aun 
era viuo el padre de nuestro Pecha. El priui- 
legio se hizo en las Cortes de Valladolid, era 
de M.CCC. Lxxxix. en xx. de Nouiembre. El 
segundo hijo fue don Alonso Pecha: siguió 
las letras, vino a ser Obispo de laen, después 
de don Nicolás. Tuuo otras dos hijas: vna se 
llamo Mayor Fernandez Pecha, casó con Arias 
González Valdes, señor de Veleña: tuuieron 
muchos hijos: y dura la decendencia hasta oy. 
que son ramos desta rayz y tronco tan noble. 
La otra se llamó Maria Fernandez Pecha: casó 
con Pero González de Mendo9a, cauallero de 
mucha nobleza y valentía, Mayordomo del 
Rey don luán el primero, y el que le dio el 
cauallo para sacalle de la batalla de Aljuba- 
rota, y se torno a morir a ella. Rogóle el Rey 
que saluasse la vida, y respondió como esfor- 
9ado: No quiera Dios que las mugeres de 
Guadalajara digan que quedan alia sus hijos, 
y maridos muertos, y yo bueluo viuo. Este es 
el linage de don Pedro Fernandez Pecha, en 
suma, de los Archiuos desta orden que el 
resucito en España sacado, y de las Chronicas 
de los Reyes, de escrituras autenticas, de 
epitafios, y Inscripciones que oy seveen en 
sepulcros y capillas: y ansi lo dize también 
la común opinión, conseruada por linajes, y 

(«) Oaribay, Argote de Molina. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



13 



vezinos: aunque ya casi de todo punto se han 
acabado los Pechas en Guadalajara, mas que- 
daran para siempre eternizados en la religión 
de S. Gerónimo, con numero de hijos colma- 
dissimo. No es desta historia menudear mas 
en cosas de carne, y sangre, pues el principal 
proposito no pretende esto, ni lo pretendie- 
ron aquellos de quien aqui yremos tratando» 
que lo dexaron todo por heredarse en la ge- 
neración nueua de Christo, oluidado lo del 
hombre viejo. El segundo de los dos que 
llamamos, el primero desta narración es don 
Femando Yañez de Figueroa, natural de Cace- 
res, hijo de aquel noble cauallero luán Fer- 
nandez de Sotomayor, y de doña María Yañez 
de Figueroa, su muger, linajes de entrambas 
partes tan conocidos en España, quanto en 
aquella era adelantados en la casa Real, en 
fauores y officios. De aqui vino que estos dos 
varones se criaron juntos desde pequeños en 
el palacio del Rey, traydos alli por voluntad 
del Príncipe, y interesse de sus padres, para 
que aprendiessen lo que llaman Cortesanía, 
heredassen sus puestos, las príuanqas, las 
costumbres, creciessen juntos con el Príncipe 
heredero: y con la familiarídad, el amor, y los 
fauores que por ser en aquella edad primera 
dizen que es mas firme, y no se oluida, aun- 
que no es muy verdadera esta regla en los 
Príncipes. Tenían los dos generosos mancebos 
altos juyzios, y mas altas inclinaciones, acom- 
pañadas de loables costumbres, y con vna 
afabilidad grande, y por esto queridos de 
todos. No los ensoberuecio la priuanga, que 
este efeto no le haze sino en los ruynes áni- 
mos. Queríanse los dos tiernamente, no tanto 
por auerse críado juntos, ni por tener vnas 
mismas inclinaciones, vnos mismos respetos, 
o por la conformidad de los humores, o por 
dezülo ansi, symbolo en las naturales comple- 
xiones (cosas que suelen y pueden aficionar 
mucho) quanto por vna fuerqa secreta y diuina 
que los disponía para cosas grandes. 

Salió el Rey don Pedro tan abiesso y de 
tan fiera condición como todos saben: alboro- 
tóse el Reyno, llenóse de recelos el mas se- 
guro pecho: todo era sospechas, injurias, san- 
gres, vengan9as, muertes: tal es la triste suer- 
te del pueblo quando el Príncipe es muchacho 
en la edad, león en las costumbres, y en el 
animo tigre. Fernando Yañez de Figueroa, que 
tenia los pensamientos fuera de esto, y el 
alma desseosa de paz, y de justicia, acordó 



dexar la Corte, y tomar estado de clérigo. 

Mudó la ropa, y mejoró las costumbres, aue 

eran buenas, entrándose poco a 

uandole Dios al hondo del despn 

do. Entendió esta mudan9a lueg 

Pedro, y como le amaua, porqu 

el razón de desamor, sino el de 

proueyole luego de vn Canonicat 

yglesia de Toledo, y pareciendo! 

dio tras esto la Capellanía maye 

yes que agora llaman viejos, en h 

sia, con intentos de leuantarle m 

la primera ocasión. Estuuo algt 

esta yglesia y dignidades: Ferr 

tanteaua consigo mismo muchas 

nancia que auia hecho en este tr 

ua que era poca, o ninguna: sg 

su pecho, y bullíale dentro mas i 

presa. Estaua lleno de disgusto, 

la vanidad que tiene todo lo de 

dentro de lo mas precioso. Los 

recogía a hazer esta cuenta, vía 

desengaño, animauase a seguill 

las fuerzas, en queríendo execut 

que de donde le venia la luz au 

remedio. Pedíale a Dios con lag 

pues le otorgaua lo vno, no I 

otro; que querer, bien quería ex 

toría contra si mismo; no era su 

fama (como dixe arríba) de la vi 

de los Hermitaños, por toda Esp 

ledo mas, por estar alli cerca. En 

nando Yañez, víolos alguna vez, 

habló con ellos; prendió presto i 

la yesca aparejada, en tocándole 

con su mano. Abalanzóse de gol] 

verdaderamente de cauallero n 

sino de Christo, que son fuera 

nion sus hazañas. Determinóse ( 

recído de los Príncipes, el resp 

Cortesanos, a dar con todo en € 

por tierra que no le quedasse coi 

a Toledo, la Corte, el regalo, el n 

a meter Hermitaño, desnudóse 

to de la librea de hombre vie 

el habito, y la vida de aquelloi 

prendiendo esto con tanto rigor 

mallo (como dizen) a prueua, qt 

píos sobrepujaron a lo muy adel 

otros. Espantaua con tanta su 

y alteza de vida a sus compañc 

mundo que lleuaua mal estos d 

finos de sus deleytes, y de sus 



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14 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



mos después su vida, que hay mucho que de- 
zir della. Agora texamos el discurso de la his- 
toria. 

Sonó mucho esta mudanza de don Fernan- 
do Yañez, puso gran admiración en los Cor- 

, tésanos, en los que le conocían no tanta, que 
su virtud desde los primeros años prometía 
mucho. En muchos hizo mella, y a muchos 
abrió los ojos; ya que no para hazer tanto, á 
lo menos para que los boluiessen a si, pues la 
mayor parte del dafio es traerlos siempre fue- 
ra. En quien hizo mayor presa, y mas efecto , 
fue en el amigo don Pedro Fernandez Pecha. 
En tocando la nueva deste hecho en sus 
oydos, sintió vn fuego viuo encenderse en su 
coraron. Halló hecha la cama el Espíritu san- 
to a sus motiuos, que eran despertar por vn 
Gerónimo mil Gerónimos. Sin mas aguardar 
razones, o sin considerar mas respetos (no 
sabe sufrir mas dilaciones la gracia viua deste 
Espíritu.) Fue Pecha a buscar el amigo a quien 
ya no sabia, ni osaua llamar con este nombre, 

. sino con el de padre. Supo que el lugar donde 
se aula retirado, era la hermita de nuestra Se- 
ñora del Castañar, poco mas de cinco leguas 
de Toledo, hazla la parte mas áspera de aque- 
llos montes. Hallóle entre aquella santa com- 
pañía de Hermitaños, hecho vno dellos, parte 
de los que vinieron de Italia, parte de los que 
ya de España se hauian alli juntado. A los 
primeros encuentros que estos dos caualleros 
hizieron con las vistas, como fueron de amor 
y tan fuertes, cayeron ambos en tierra, rom- 
piendo las lagrimas por las viseras. Las lan^ 
^as fueron algo diferentes, la de Pedro Fer- 
nandez Pecha, de vna ternura natural, causa- 
da del espectáculo y mudanza que vio en tan 
grande amigo, y la de Fernando Yañez de vn 
heruiente desseo de conquistar al que tanto 
amaua, y cautiualle en las cadenas del amor 
diuino en que el se veya. Los santos padrinos 
que estañan a la mira, a penas pudieron des- 
partillos. Serenaron al fin los ojos, tornaron a 
saludarse, y abracarse, y abra9ó a todos aque- 
llos sieruos de Dios que estauan llenos de re- 
gozijo con tan buen huésped, a quien alia en 
sus almas les reuelaua Dios grandes cosas. 
Aula muchos dias que Pecha andana tocado 
de la mano diuina, traya sus desseos, y inten- 
tos muy puestos en serulr a Dios con todas 
sus fuerzas, y no sabia como entrar en esta 
empresa tan alta; agora vio la ocasión^ y en- 
tendió que el délo le abría esta puerta. Apar* 



tose de los demás Hermitaños con su amigo 
Fernando Yañez, y tomándole por la mano, se 
dize que le descubrió su pensamiento, con 
estas, o con palabras semejantes. 

Con razón pudiera quexarme amigo, de 
vuestra leajtad, pues no me aueys tenido por 
digno de vuestro lado en esta empresa. Co- 
rrido estoy (y ansí quiero quedallo, pues me 
lleuays tanta delantera) en que no hiziesse- 
des de mi esta confianza, y mi trato y eonuer- 
sadon de vos tan conocida, o os qultassen el 
animo de hazello, o la esperanza de acabar 
en mi lo que determinauades de vos. Si me 
considerauades tan rendido al fauor del Rey, 
y tan captiuo de la gloria del mundo, y del 
amor de la Corte, prouarades siquiera a rom- 
per con vuestro bra^o estas cadenas, que 
quando no salieredes con ello, cumpliades con 
la lealtad de amigo, y fuera yo solo el culpa- 
do. Hezistes os a vos también en esto nota- 
ble agrauio, y distes que dezir de vuestro juy- 
zio, pues fiastes tanto tiempo de vno las co- 
sas de la tierra, y que le tuuistes por indigno 
de llenarle con vos a las del délo. Pues no ha 
de passar este yerro y agrauio sin venganza, 
que por esto solo vengo a buscaros solo, en 
esta soledad, y pienso a ley de cauallero de- 
xaros vencido, aunque no será de bueno a 
bueno, porque al que no quisistes traher por 
compañero aureys de recibir por hijo o por 
disdpuio. Muchos dias ha que nuestro Señor 
me comentó a abrir los ojos, y muchos dias 
ha que cayeron dellos las escamas de ignoran- 
cia. El primer toque de desengaño, fue quan- 
do os vi dexar la Corte, y tomar hábitos de 
clérigo: y para deziros verdad, luego se me 
trasluzio que no aoia de parar alli Toeatra 
mudan9a, porque la razón que os mouia, y la 
que a mi no me tenia muy quieto, era mas po- 
derosa, y pedia mayores efectos. Yo desseo 
con todo mi coraron hazeros compañía, y ser- 
ulr a Dios muy de veras, y con las mismas 
hazer diuordo para siempre con el mundo. 
No creays que me nace esto de ver las mu- 
danzas y alteraciones del Reyno, y la poca se- 
guridad que ay en estar al lado del Rey, y el 
mucho peligro en su grada, o fuera della, el 
Señor siento que me llama, y solo el es el 
que me trae, que aunque por mis pecados, 
nunca he hecho por donde pueda presumir 
de mi, para con el, tan grande merced, tanto 
mas es la obra suya, de su sola misericordia» 
y para sola su gloria. Confio en el, que pues 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



15 



me ha puesto en el pecho estos santos in- 
tentos, me dará fuerza en el alma para per- 
seuerar y executallos, debajo de vuestra obe- 
diencia. En tanto que Pedro Fernandez Pecha 
dczia estas razones, con vn semblante deter- 
minado de cauallero, se le estaua mirando 
Femando Yafiez -de Caceres, y quando huuo 
acabado le respondió, poniendo en el los ojos 
alegremente: Salido aueys con la victoria que 
pretendistes, yo me doy por vencido, y por 
culpado: no es esta la primera vez que aueys 
triunfado de mi, mas pareceme que agora con 
un encuentro quereys triunfar de muchos, de 
mi, dé! mundo, y de vos mismo, que es lo mas 
dücultoso. Hago infinitas gracias al Señor por 
la merced grande que os haze, y me haze, y 
aun pienso que se estiende a mas este f auor 
de lo que agora me atreuere a declarar. Estad 
cierto seffor y amigo, que esse proposito tan 
determinado no es vuestro, y que le alienta 
mas fauorable soplo, que ni yo f uy parte para 
despertarle, ni aun agora soy bastante a de- 
tenerle. Mucho aueys de dar que dezir 2d 
mundo, de quien ya me parece que hazeys tan 
poco caso, que le tenéis vencido antes de la 
pelea: y porque os miro con ojos que no aueys 
menester largos discursos, no hablemos mas 
en disculpas, ni repitamos Inconuenientes: 
tiempo vendrá en que podays tomar de mi la 
satisfadon que quisieredes: y pues os ofre- 
ceys por hijo, yo me contento de entrar a la 
parte de hermano. Vna cosa osare deziros y 
asseguraros, que quando os veays como me 
veo, no quedareys arrepentido, y lo que agora 
se 08 trasluze de bien y de contento, solo 
por conjetvras, experimentareys con crecidas 
ventajas, reyreys dessa mascara del mundo, 
vereys desde esta atalaya sus mudanzas: y 
puesto en esta ribera y puerto de descanso, 
Horareys a vos porque no llegastes antes a 
ella, y a los otros porque no la atinan, engol- 
fados en las olas inconstantes desse mar bra- 
uo, y mas malo quando manso, porque no ay 
en ci mayor peligro que su seguridad enga- 
ñosa. Otras muchas razones passaron entre 
ios dos amigos, que como hombres de tan 
buenos juyzios, penetrauan los sucessos muy 
de lejos. Alegres por verse entrambos tan de 
vetas desengañados y desasidos, trataron del 
dia en que Pedro Fernandez Pecha se auia de 
despedir del mundo. Boeltos a donde los Her- 
mitafios estauaa, sedespicfiodeUos y del ami- 
CO^ tesándoles los pies tamfldemeote, rogán- 



doles con tierno sentimiento suplicassen a 
nuestro Señor le diesse firmeza y constancia 
en los buenos propósitos que trahia. Entendi- 
do de los Hermitaños por relación de Fernan- 
do Yaflez quales eran, recibieron consuelo 
grande: estañan por momentos desseando día 
tan alegre, pareciendoles que era ya como 
visible en tales dos varones el cumplimiento 
de la profecía de su padre F. Thomas Senes, 
y que por este varón Pecha, descendiente de 
los Pechas de Sena, se auia de leuantar la 
Religión profetizada del sieruo de Dios Senes. 
Algunos han dicho, que los Hermitaños que 
vinieron de Italia ('), eran parientes de nues- 
tro Pecha, y que ellos le persuadieron esta 
mudan9a; y el aficionado a la santidad de los 
de su patria quiso seguirlos. Es hablar a tien- 
to, porque no tiene mas apoyo de solo anto- 
jarse, y dezirse: y quando sea algo, podemos 
dezir que todo era orden del cielo. Venir pri- 
mero a Castilla con el Infante, profetizar des- 
pués Fray Tomas la venida del Espíritu santo 
a España en esta nueua Religión, y después 
venir parientes de Pecha Hermitaños, Fernan- 
do Yañez juntarse con ellos, renunciando las 
dignidades del mundo, ser este grande amigo 
de Pecha para que le fuesse a ver, y se que- 
dasse con ellos, es vna cadena muy larga para 
nuestra corta prouidencia, mas no para la de 
Dios que lo penetra y dispone todo, muchos 
siglos antes que sea. Sea lo que fuere, nues- 
tro nueuo cauallero de Qiristo se despidió de 
su amigo, y de sus santos Hermitaños compa- 
ñeros, para boluerios a ver presto, y todo el 
tiempo de su ausencia, aunque breue le pare- 
ció muy largo. Yua tan regozijado y alegre, 
que le parecia ya que nó pisaua en el suelo. 
Auiase lanzado en su ahna vn espíritu de glo- 
ria. El mundo le parecia vna suma de mise- 
rias: fas ciudades cárcel tenebrosa: vna es- 
cuela de vicios las Cortes: el palacio Babylo- 
nia de malicias. Lleuaua en su fantasía estam- 
padas las figuras, semblantes y palabras de 
sus Hermitañor. parecíanle retratos de Ange- 
les: la soledad; y aquel desierto parayso: y los 
hábitos remendados y pobres, brocados con 
sus altos: la pobreza vn tesoro: y todo era al 
fin a sus ojos diuinidad, y lenguage del cielo. 
Maldezia el tiempo mal gastado, y aborrecía 
su vida mal empleada; culpauase de ingrato, y 
aun de necio, pues tan tarde respondía, y tan 

(*) ArgoU de MoiUiuu 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



tarde daua cuenta de tantos yerros. Dispuso 
con mucha prudencia de sus cosas, las que 
pudo despachar luego, y sin que nadie le en- 
tendiesse repartió a pobres todo lo que pudo. 
En tanto que el Camarero andaua negociando 
este repu(!üo del mundo, deshaziendose de sus 
alhajas y joyas, trasponiéndolas por mano de 
gente fiel, en el cielo, lugar seguro de ladro- 
nes (no pudo hazer esto tan presto como qui- 
siera) Fernando Yañez de Caceres determinó 
passarse a otra hermita mas sola, y de menos 
ocasiones de ser visitado. Dauale mucha pena 
la frequencia de los que venían a verle. De la 
Corte, y de Toledo, sallan a mirarle como a 
cosa nueua y rara, vnos por no mas desto, 
otros mas de veras y con mejores intentos, o 
de tomar consejo para mejorar sus vidas, o 
mudarlas, o por el buen respeto de la amis- 
tad passada, y por los beneficios recebidos. 
Todo era para el santo cauallero muy penoso, 
y parecíale que era el estar alii de poco mas 
sossiego que en la Corte, o en la yglesia de 
Toledo. Sin que nadie lo entendiesse, toman- 
do consigo algunos compañeros de aquellos, 
quedándose alli otros, se passo a vna hermita 
jde nuestra Señora, llamada Villaescusa (como 
[arriba dixe) en la ribera del rio Taxuña, en 
aquella parte del Arzobispado y Reyno de To- 
ledo que se llama Alcarria (nombre Morisco, 
que quiere dezir casas de labranza, o grange- 
, ría de campo, lo mismo que nosotros llama- 
; mos Alquería, doblando la r. y mudando el 
j acento) poco mas de tres leguas de donde 
j agora está el monasterio de S. Bartolomé, el 
primero desta Religión, como guiados de al- 
gún Ángel para el lugar que señalaua el cielo. 
Sabia ya el puesto a donde auia de acudir 
Pedro Fernadez Pecha: no se descuydauan el 
vno ni el otro de anisarse por puntos. Creo 
que la mudanza deste lugar fue por consejo 
de entrambos. Hecha la perfecta renunciación 
del mundo, arrancó su coraron de quanto auia 
en la tierra el santo cauallero, y vinose a ha- 
zer vida de hermitaño (no se si se entiende 
que quiere dezir, hazer vida de Hermita- 
ño) pobre, y desnudo recibiendo el habito de 
la milicia de Chrísto, y verdadera penitencia, 
de mano de Fernando Yañez, en la hermita de 
nuestra Señora, y ansi se determinó en su 
coraron de quedarse siempre sacrificado al 
seruicio del Rey soberano. Increyble fue su 
gozo viéndose desnudo de ropas blandas y 
delicadas, y vestido de vn sayal grossero, 



basto, crudo, al quitar del vno, y poner del 
otro, le pareció que también allá en el alma se 
auia hecho la misma mudanza de hábitos. Los 
santos compañeros conuertidos en lagrymas 
de alegría, celebraron la fiesta con ellas, y 
bueltos al cielo llamaron con bozes amorosas 
al Espíritu santo. No tardo en venir (el que 
estaua alli presente) a la morada conocida, 
y llenó los pechos de los vnos y de los otros 
de sus dones, y consuelos de paz, alegría y 
gozo, señales de su hospedaje, y moneda de 
vn metal que no sabe sus quilates sino el que 
ha hecho muchos ensayos: los que saben 
como responde ciento por vno, y los que ven- 
dieron quanto tenian por hallar en el campo 
la preciosa margaríta. Entendió el mundo tod6> 
el hecho del Camarero mayor. Sus juyzios en | 
el caso, fueron los que suelen varíos, que los 
mas cuerdos de los suyos son ansi, y no cono- f 
ceran su locura hasta el dia que llamándose . 
insensatos y tontos, lloren tarde el poco pro- 
uecho que les hizieron estos exemplos, y lo ' 
mucho que burlaron dellos, a quien no se les ' 
puede ya dezir otra cosa sino lo que les dize 
Dios por su Profeta, y con sus proprios ter-^/ 
minos: Despertad borrachos. ^ 



CAPITVLO IIII 

Don Alonso Fernandez Pecha Obispo de íaen 
renuncia el Obispado, y se viene á viuir con 
su hermano, y haze vida Heremitica. 

] Dixe arriba que Pedro Fernandez Pecha 
[tenia vn hermano algo menor, llamado don 
I Alonso Fernandez Pecha. Este siguió el cami- 
jno de la yglesia y letras: estudió Derechos:- 
Isalio muy docto. Por esto y por su gran 
I marco y virtud, mereció que siendo de menos 
edad que la que bastaua, le hizieron Obispo 
ide laen. Gouerno aquella yglesia, el tiempo 
que la tuuo, santamente, con mucho exemplo 
de vida y dotrina. Conocía como varón santo 
lo mucho que obliga aquel oficio: haziasele 
carga muy pesada y peligrosa la de tantas 
almas, pareciendole que de la suya sola tenia 
harto en que entender. Amaua mucho la quie- 
tud y el sossiego de la conciencia: desseaua 
tener el tiempo por suyo para contemplar en 
cosas diuinas, y leuantarse con el cora9on a 
lo que no se vee con los ojos. Hallauase ageno 
de poder hazer esto si auia de hazer su oficios 
que se endereza todo al bien de los otros. 



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HISTORIA DE LA OI^DEN DE SAN GERÓNIMO 



17 



Acudir a la emienda de tantas vidas que se 
estragan, de las yglesias que se pierden: mu- 
chos clérigos a su cargo, vnos buenos, otros 
no tales: sustentar vnos, recoger otros y co- 
rregirlos. Cuydado perpetuo de tantos menes- 
terosos y pobres. Administrar sacramentos: 
hazer ordenes: responder a las querellas: 
hazer pazes: ser al fin padre de todos, y dalles 
el pan de la verdadera dotrína, declarándoles 
la fe que professan, propria obligación desta 
vnluersal superintendencia, que esto quiere 
dezir Obispo. Lo peor y que mas temia, la 
gloria vana del mundo, el regalo que ya se ha 
apoderado en estas dignidades, poco menos 
que en las casas de los Principes. La codicia 
y el apetito de mejorarse en puesto y hazien- 
da, que en los temerosos de Dios y recatados 
en la conciencia, aun la sombra y el pensallo 
espanta. Estando don Alonso lleno de estos 
santos pensamientos, bacilando en las trabas 
de su remedio, vino bolando la nueua de la 
hazaña de su hermano, como auia dexado tan 
de golpe el mundo, la priuanga del Rey, el 
oficio tan adelantado: y que no se contentó 
con dexarlo, sino que auia tomado estado tan 
penitente, y emprendido vida tan rigurosa 
como de Hefmitaño. Entendió también que 
estauan juntos el y Fernando Yañez, que auia 
hecho primero otro tanto, y que la compañía 
de aquellos sieruos de Dios era vna vida del 
cielo, aunque espantosa a los ojos del mundo, 
porque no la mira con los de la fe, sino con 
los de su ingenio corto, que no le leuantan de 
la tierra. Tocóle en el coraron vna santa em-i 
bidia, corrióse de si mismo, viéndose quedar, 
tan atrás, y que se le f uessen el hermano, y el 
amigo tan adelante en el menosprecio del 
mundo. Lleno de vn coraje santo, y de vn 
espíritu generoso, determinó romper con todo, 
perder el miedo a lo que dirán, y a los juyzios 
de los hombres. Pártese de laen, y viene en 
busca de su hermano al desierto. Llegó donde 
estaua, que ya sabia su venida, aunque no su 
designo. Abracáronse con ternissimo afecto 
mas que de hermanos: abracó después a Fer- 
nando Yañez, y a los otros santos Hermitaños. 
No tenemos noticia de los coloquios (lastima 
grande, y no menor descuydo de aquella 
gente sencilla) aunque son fáciles de atinar. 
Que auia de hablar quien ansi dexaua el 
mundo: los que ansi corrían a Dios: los que 
tan desengañados estauan: en quien Dios 
auia puesto tanta lumbre. Palabras sin duda 

H. M LA o. M S. GnÓMUMV— 2 



del cíelo, y vn lenguaje diuino. Burlar del 
mundo: desengaños de sus vanidades: platicas 
que abrasassen el alma, y encendiessenel 
yelo del inuiemo passado. La resolución y el 
fín de los contratos nos da licencia para que 
digamos quanto quisiéremos en esta parte. 
Determinóse el santo Obispo de renunciar su 
Obispado: lleno de humildad profunda se juzgó 
por indigno de pastor del rebaño de lesu 
Christo, y se puso como vna pequeñuela oueja 
desta manada, humilde, santa, pobre, temiendo 
la cuenta que ha de pedir el Principe de los 
pastores. De acuerdo del hermano, y de los 
demás compañeros que estauan marauillados 
de las obras de Dios, y de vn alma tan santa, 
y determinada en su seruicio. Escriuio al Papa 
tuuiesse por bien admitirle esta renunciación 
y descargo de aquella silla. Tuuo tanta fuerza 
en proponer su causa, y representóla con tan 
viuas razones, en la renunciación que escriuio 
al Pontífice (pienso que fue Vrbano V, que v 



hasta en esto huuo descuydo en nuestros 
Padres) que conuencido dellas, y de su humil- 
dad: marauillado de su santidad, de consejo 
de los Cardenales le admitió su petición. No 
esta tampoco esto aueriguado, si se hizo 
desde el Obispado antes de salir de laen, o 
después de auer visitado a su hermano desde 
la hermita, o si en Auiñon, o en Roma, porque 
ay diuersos pareceres. La verdad del caso es 
cierta: de las circunstancias no hago mucho 
caso, aunque fuera bien sabellas. Venida, o 
alcanzada la licencia del Pontífice, publicada 
la nueua desta mudanga, puso mucha consi- 
deración en todos. Vnos loaron el hecho, y lo 
tuuieron por exemplo raro, hasta alli pocas 
vezes visto en España. Otros a quien la virtud 
agena lastima, y con la embidia del bien del 
otro se consumen, la calificaron por liuiandad, 
y aun haziendo de los Theologos, dezian, que 
no se podia hazer aquello. Tornar de vn grado 
perfeto, arguyan, a otro de menos perfegion, 
qual es de Hermitaño respeto de Obispo, no 
es caminar a delante, sino imperfecion mani- 
fiesta. Si buscaua Pecha santidad, y por per- 
fecion lo auia, que mayor santidad que apro- 
uechar con santidad a los próximos? mayor 
mucho que emplearse en su salud particular. 
No se sufre hazer este repudio sino quando 
los subditos son tan incorregibles que se des- 
espera de su emienda, sin aguardar su proue- 
cho. El Obispo de laen (dezian) no puede 
alegar esto teniendo en su Obispado tantos 



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18 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



buenos, y aprouechando tanto como aproue- 
chaua. No aduertian estos medios Theologos, 
que aunque es ansi, que esta mudanza no se 
puede hacer sin licencia del sumo Pontífice, 
por el voto que este estado encierra, del 
cuydado y goujerno de los próximos sus sub- 
ditos, y el vinculo del desposorio con su 
yglesia, mas el desseo de la propria saluacion, 
y la perfecion interna que se busca, aquella 
hambre y sed de la justicia con que se adquie- 
re la herencia del Reyno, todo lo pospone, y 
puede, y es licito, y santo, y necessario quan- 
do siente que se impide este fin, que aunque 
el estado de Obispo sea mas perfecto en lo 
de fuera y en lo que la yglesia juzga, en lo de 
dentro (por el mal abuso de la dignidad, 
introduzido contra las leyes en que fue pri- 
mero criado, falsificado en el exercicio con las 
que después añadió, o glossó el mundo, por 
la poca obediencia de los subditos, y por otros 
mil respetos vanos) andan de ordinario al 
reues, que los que no tienen estado de tanta 
perfecion lo son mas en lo de dentro: y los 
que lo tienen, menos. Veese también como al 
ojo, el poco fruto en los otros, respeto del 
que pretenden buscar para si, y aun lo hallan 
de ordinario los que ansi lo buscan. Es buena 
prueua desto, que los que bien sienten y saben 
a lo que obliga este ministerio, o lo procuran 
dexar, o entraron como por fuerza en ello, y 
con ella misma lo sustentan. Del mismo parecer 
son los que califican el dexarlo, y dizen que es 
obra heroyca» y de gran santidad, y estos son 
los mas; aunque los que en ello ponen la mano 
son raros. Muy pocos años antes, el de 1216. 
en tiempo de Inocencio Tercio, pretendió 
hazer otro tanto don Diego de Azeues Obispo 
del Burgo de Osma, desseando emplearse 
todo en predicar contra los herejes Albigen- 
ses (felidssimo principio y ocasión de la 
familia de los frayles Predicadores, por Ueuar 
tal compañero como nuestro gran padre S. Do- 
mingo) y recogerse con mayor libertad y 
entereza al exercicio de la oración y medita- 
ción, sin cuydado de ouejas. No lo alcanzó 
del Papa, porque corrían alli otras razones, 
aunque hizo el santo Perlado quanto le fue 
possible en la demanda. Alcanzólo don Alonso 
Pecha, encendido de su exemplo, para dar 
principio dichoso a la restauración del insti- 
tuto Qeronimiano, porque se pareciesse al 
que la fundo, después de auer dexado el Car- 
denalato de Roma. Desnudóse pues los hábi- 



tos de Pontífice, vistióse los de Hermitaño, y 
comento vna vida santa. Puso por fundamen- 
to del nueuo edificio la virtud que tiene a su 
cargo lo mas hondo, y firme, que es la humil- 
dad, y no paró en don Alonso hasta el profun- 
do abatimiento y desprecio de si mismo, por- 
que la fabrica después no hiziesse vicio por 
falta desta firmeza, que en los cimientos la 
mas pequeña quiebra, en lo alto viene a ser 
muy grande, y mas quanto mas alto. En el 
habito, en el trato, en los oficios y exerdcios 
que se ofrecían en aquella santa escuela y 
compañía, ninguno le ígualaua en alearse con 
lo mas baxo. Quien le viera no juzgara que 
jamas se auia visto en otra cosa. Ensáyaseles 
muy bien a los santos esto de humillarse, por 
el plomo de su proprio conocimiento que los 
inclina al niuel de su desengaño. Parecía 
también, que en el oficio de pastor auia 
aprendido a ser cordero, porque lo roostraua 
en el trato y condiciones, y creo que como es 
menester saber obedecer primero, para man- 
dar bien: también al que ha de obedecer, es 
gran escuela auer sabido mandar. Estaoan 
pues ya juntos en la hermita de nuestra Se- 
ñora de Villaescusa estas tres personas tan 
señaladas, Fernando Yañez de Figueroa Ca- 
pellán mayor de los Reyes de Toledo, y Canó- 
nigo de aquella santa yglesia: Pedro Fernan- 
dez Pecha Camarero mayor del Rey d«n 
Alonso, y de don Pedro su hijo: Don Alonso 
Pecha Obispo de laen, tan mudados, y tan 
otros de lo que estos títulos suenan, que los 
que los vían mas pensauan que auian salido 
de vn hospital muy pobre, que de puestos tan 
nobles. Dauanse a tantos ayunos, sus peniten- 
cias eran tan grandes, sus vigilias y oradones 
tan continuas, el castigo de sus cuerpos tan 
riguroso, el habito tan despreciado, que en 
pocos días se desfiguraron de suerte que 
no les conocía el mundo, y ellos tampoco le 
conocían. Tales ha querido Dios que sean 
siempre los primeros padres y guias de las 
religiones. Andana entre estos tres valientes 
caualleros, otro tiempo del siglo, agora de 
Chrísto, vna santa competencia para que no 
sé conociesse ventaja en los lances de humil- 
dad, y de proprio menosprecio, sabiendo que 
en esta cauallería, los mas baxos son los mas 
seguros y mas honrosos. Trocado el pundonor 
y los respetos vanos de lugares, preemi- 
nencias, y cortesías (en que el mundo otro 
tiempo los desuaneda) en vn ardiente desseo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



19 



de verse vltrajados, reprehendidos, escarne- 
cidos, burlados, tomando la escoba, cogiendo 
la vassura, besando los pies de sus hermanos, 
pidiendo humildemente limosna a quien tras 
no dalla, los llamaua vagabundos, hypocritas, 
ociosos, y aun sospechosos. Passauan con 
todo esto con rostro alegre, porque se auian 
determinado de alcanzar el Reyno soberano, 
que no se gana sino de quien rompe con esto, 
y le conquista con valiente animo: para esto 
entendían que era menester morir a todo 
aquello que sabe a hombre viejo: y por consi- 
guiente necessarío, vestirse de condiciones 
de muertos, sepultarse en la tierra, dexarse 
pisar de todos, y boluerse en poluo, derribar- 
se, que es lo primero no solo delante de Dios, 
mas aun delante de los hombres muy ordina- 
rios, sin presumir leuantarse, ni anteponerse 
al mas baxo, y juzgarse por mas Ínfimo y mas 
vil: sufrir todo linage de afrenta, hazer alegre 
cara a la injuria, determinarse al abatimiento 
hasta la muerte: venga de adonde viniere, sea 
de buenOy sea de malo, amigo o enemigo, sin 
apetito de respuesta ni venganza. Para todo 
lo que no es Dios aniquilado y deshecho, los 
apetitos de todo lo que encierra el tiempo, y 
con el tíempo se muda, consumidos, y de 
aquello (sin lo que es impossible passarse 
vna criatura:) no tomar mas de lo preciso^ 
dexarse con pecho hidalgo todo en las manos 
de Dios, para que se haga en el su voluntad 
sola. Esta fue la entrada y consideración pri- 
mera de nuestros caualleros, aqui assentaron 
de macizo, para dar firmeza a la continuación 
de la Orden que se auia de edificar como de 
nueuo, porque leuantar sobre lo cascado y 
viejo, dexado a parte que no medra ni luze, 
parece remiendo de paño nueuo en el viejo, 
que se rompe presto, y es peligroso. Lo pri- 
mero es limpiar de todo punto el coraron, 
para que le llene el que solo puede llenarle; y 
con ser esta la entrada, ay de nosotros que 
aun estamos tan lejos de la puerta, y pensa- 
mos que estamos en medio del palacio. Esta- 
uan los santos Hermitafios Italianos gozosos 
en ver la labor y el exercicio de la virtudes 
altas, destos tres sieruos de Dios, y de otros. 
Marauillauanse del heruor de la constancia y 
alegría: alabauan a Dios en ver tan gran mu- 
danza: crecian en esperanzas y mirauan ya 
como presente el bien que tanto desseauan, 
que era la venida del Espíritu santo en España 
por medio de vna religión, y entendían que 



auian de ser estos los fundamentos. Procura- 
uan de su parte no faltasse, animauanse a 
obras de mayor perfecion, corridos de verse 
en tan breue tiempo sobrepujados de los que 
ayer comenzaron. Hernia el fuego de la caridad 
entre ellos: andana la labor muy fina. Los que 
venian a visitarlos, no podian apartarse dellos, 
porque las palabras que hablauan, y los senti- 
mientos que mostrauan de Dios, con los 
exercicios que les vehian, trocauan el alma, 
por dura que llegasse, y la aficionauan al des- 
precio del mundo: y quando menos al arrepen- 
timiento de sus ruynes costumbres. Estos 
fueron los principios felicissimos desta santa 
Religión, que como de callada yua Dios echan- 
do, y las primeras piedras que allegaua para 
su fabrica, aqui y en todos los demás lugares 
de España donde los Hermitaños se repartie- 
ron, que adoquiera que estañan dauan este 
mismo exemplo, y haziendo vna misma vida 
pretendían vna misma cosa, y assi se multi- 
plicauan^ plantando ellos y regando con las 
amonestaciones y palabras, y Dios hazla el 
crecimiento y el aumento, entendiendo que no 
hazian ellos nada, porque el que planta y 
riega no es nada, todo es de aquella poderosa 
virtud que da el aumento. 

CAPITVLO V 

Femando Yañez, y Pedro Fernandez Pecha se 
* passan de nuestra Señora de Villaescasa a 
la yglesia de san Bartolomé. La ocasión des- 
ta mudanga, y como se determinaron a le- 
uantar la Orden de San Gerónimo. 

Estuuo algunos años esta santa compañía 
de Heremitas (famosos ya por toda España) 
en la hermita de nuestra Señora de Villaescu- 
sa. Perseuerauan y crecian en sus exercicios 
de vida perfecta, con admiración de los hom- 
bres, mucho gozo de los Santos y Angeles, y 
gloria de Dios. Mortificauan sus cuerpos y sus 
miembros, que estañan (como dize el Apóstol) 
sobre la tierra, porque viuiessen sus almas 
sobre los cielos, teniendo su vida escondida 
con lesu Christo en la gloria (lenguage desco- 
nocido del nuestro, que empegamos en espí- 
ritu y acabamos en carne) modo de vida ya 
por nuestros pecados tan desusado, quanto 
en aquella edad de oro f requente y ordinario, 
para que lloremos con Híeremias, la mudanza 
de aquel color tan bueno y tan pregiadoi 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



trocado en este de plomo y de tierra. Va el 
espíritu de Dios, por el amor que a los hom- 
bres tiene, y ser con ellos sus regalos, entre- 
teniendo nuestras caydas miserables, o repa- 
rando nuestros desmanes, leuantando como a 
trechos en el discurso de su yglesia, las rafas 
de las religiones, en que estriñan estas tapias 
de tierra de la vida común del Christianismo, 
porque no desmoronen de todo punto. Llega- 
rá aquel infeliz tiempo en que se colmaran 
las maldades de los Amorreos. Releuarse ha 
de todo punto el hombre de pecado que se 
leuanta atreuidamente contra todo lo que es 
Dios, y se honra. Entonces llegaran a su punto 
postrero las malicias deste siglo, y tras ellas 
el fín dellas y del. En tanto el padre piadoso 
nos socorre con estos exemplos viuos (viuos 
digo a diferencia de otros que se venden por 
tales, y son muertos, santidad de carne) ha- 
ziendo mil guisados de religiones, para que 
los gustos estragados prueuen en vna o en 
otra lo sabroso de su ley, y lleguen a gustar 
quanta es la suauidad de Dios. Tenia harta 
necessidad España en los tiempos que aqui 
vamos tocando, deste socorro. Yuase ya lle- 
gando sazón de que se leuantasse aquella es- 
cuela que S. Gerónimo dexó en el mundo 
assentada, aunque ya por tan largos años 
dormida. Como el tiempo se acercaua, quiso 
Dios que también se acercassen al lugar 
donde auia de tener su principio. Quando Fer- 
nando Rodríguez Pecha, padre de nuestro Pe- 
dro Fernandez Pecha, haziael oficio de Cama- 
rero mayor del Rey don Alonso el XI. viuia en 
Quadalajara vn cauallero muy principal, lla- 
mado Diego Martínez de la Cámara, por serlo 
de la del Rey, hermano de Eluíra Martínez 
muger de Fernán Rodríguez Pecha, y madre 
de Pedro Fernandez Pecha. Y de su mismo 
testamento consta que fue también Cama- 
rero del Rey don Alonso el XI. Llamauanse 
ansí todos los que eran de la Cámara, en aquel 
tiempo. Este cauallero y su muger llamada 
Mencía Alfonso, tenían mucha deuocion con 
el Apóstol S. Bartolomé, eran ricos, y deter- 
minaron gastar una parte de su hazienda en 
seruicío de nuestro Señor, y de su santo Após- 
tol. Por el contorno de la ciudad de Guada- 
lajara tenían muchas possessiones, buenas 
heredades, donde se salían a viuir algunas 
vezes por recreación, y por deuocion, y apar- 
tarse del bullicio de los ruydos de la ciudad. 
Entre estos lugares escogieron vno que les 



pareció mas solo, y a proposito, en la ladera 
de vn monte que mira al Cierno, fresco para 
el Verano, aunque para el Inuierno muy frío, 
junto a vn lugar pequeño llamado, según los 
moradores dízen, Lupíana, por acogerse a la 
espessura grande que auia en el valle y en el 
monte muchos lobos (no creo mucho en esta 
etymologia o razón de nombre.) Allí edificaron 
vna capilla para aquel tiempo, y para su in- 
tento harto grande (la misma que agora sirue 
al monasterio) donde pusieron dos Capella- 
nes, con suficiente sustentación, .para que les 
dixessen Míssa, como se vee por el testamen- 
to y escrituras origínales que oy se conser- 
uan de Diego Martínez de la Cámara, y el 
epitafio de su sepultura que esta en el macizo 
de la pared al lado de la Epístola, que dize. 

AQVI lAZE DIEGO MARTÍNEZ DE LA 
CÁMARA, QVE DIOS PERDONE, QVE FINO 
DOMINGO XII. días ANDADOS DEL MES 
DE SETIEMBRE, ERA DE M. ET CCC. ET 
LXXVI. AÑOS, QVE FIZO ESTA IGLESIA DE 
S. BARTOLOMÉ A SERVICIO DE DIOS, A 
SV COSTA. 

Algún sabor tiene este epitafio de la buena 
antigüedad, aunque en la lengua grossera de 
aquel tiempo. Algunos años después de edi- 
ficada esta yglesia (que serían a la cuenta 
deste epitafio) mas de treynta, y puestos es- 
tos Capellanes, sucedió visitar algunas vezes 
por deuocion Pedro Fernandez, y don Alonso 
Pecha este templo y sepultura de Diego Mar- 
tínez. Andauan por aquellos campos y desier- 
tos que no estañan lexos de su hermita. Lle- 
garían allí vezes, por encomendar a Dios el 
alma del paríente, y por oyr Míssa, o dezilla. 
Echaron de ver la comodidad grande que tenia 
para su recogimiento, mucha soledad, y gran 
aparejo para edificar hermitas, y celdillas, y 
para darse a las diuínas alabanzas, parecióles 
que les venia muy a cuento todo, porque la 
capacidad de la yglesia era muy a proposito 
para juntarse al oficio diuino, y a las Missas 
que tenían mucha descomodidad en la hermi- 
ta de Villaescusa. Ser dotación de vn pariente 
y tan amigo, les facílítaua alcanzar aquel 
asiento, y ansí trataron de passarse allí. Te- 
nían el Patronazgo de aquellas capellanías 
los Alcaldes y el Concejo de Lupíana: estañan 
en la possession años auia, y ansí fue menes- 
ter licencia del Ordinarío. Era a este tiempo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



21 



Argobíspo en Toledo don Gómez Manrique, 
era forzoso tener su beneplácito, y facultad. 
Suplicáronle sobre ello, y el les conc;^dlo todo 
cuanto le pidieron, entendiendo el fin, las ra- 
zones, y la calidad de las personas, a quien 
tenia respeto, y los amaua mucho, no solo 
por quien eran, mas por lo que su mucha san- 
tidad merecía. Hizoles colación de todo, ygle- 
sía, capellanías, y rentas situadas, y todo lo 
que a la yglesía pertenecía, y parecióle que 
no se podia aquello assentar mejor ni mas a 
seruicio de Dios y aprouechamiento de las 
almas de aquellos difuntos. Passaronse luego 
de nuestra Señora de Villaescusa a la yglesia 
de S. Bartolomé, y fue este el primer suelo 
\ proprio, y el primer pan que comieron los 
I santos Hermitaños, aun antes que.fuessen 
, religiosos de S. Gerónimo. Era esto, según la 
mejor cuenta, el año de 1370. de nuestra re- 
dención, y 38. después de la muerte de Diego 
Martínez de la Cámara, y tres antes de la 
confirmación de la Orden. Puestos alli, hizie- 
ron por la ladera de la cuesta, a poco trecho 
de la yglesia, algunas hermitas pobres, estre- 
chas, encogidas, como lo mostraron las reli- 
quias, que ha muy poco que se consumieron. 
Recogióse cada vno en la suya, juntauanse a 
ios oficios diuinos cada dia, y a las Missas, 
según su costumbre. Dizen los que tuuieron 
/desto mas noticia, que las celdillas fueron sie- 
V te, y sino fueron mas, en algunas estarían dos, 
porque ya el numero de los Hermitaños aula 
crecido, y por la bula de la confirmación, y por 
otras muchas memorias, passauan (a buena 
/uenta) de nueue, y sin duda llegauan a doze: 
-^ retrato de aquella vida Apostólica: y ansi o 
las celdillas eran mas, o a lo menos diremos 
que se recogieron en las casas que estañan 
en el contorno de la yglesia, donde los Cape- 
llanes primero habitaron, y donde Diego Mar- 
tínez con los.de su casa se retiraua a aquella 
soledad, memoria digna de ser conseruada 
para nuestro exemplo. Bullía en los pechos 
de todos aquellos santos, vn espíritu y moti- 
uo alto, sin saber de adonde venia, de leuan- 
tar vna religión oluidada. Sonauates de con- 
formidad dentro del alma, el nombre de san 
Gerónimo, sin saber quien lo templaua en 
tanta consonancia, solo aula el parecerles que 
se le parecían en algo. Buscauan desiertos, 
dexauan dignidades, desseauan imitalle en la 
penitencia, aquella gana de huyr del mundo, el 
desseo de la contemplación diuina, ansia de 



las diuinas alabanzas, todo esto dezia y sona- 
ua a Gerónimo. Por vna parte estañan con- 
tentos con su soledad y pobreza, gozando del 
ocio santo de la contemplación, por otra les 
parecía que no tenían estado, y que los llama- 
uan dentro a otra labor mas alta. Parecían 
materiales allegados sin forma, sin herramien- 
ta, y sin artífice. Ansi era, y estas tres cosas 
faltauan. El artífice solo es Dios, la herra-^ 
mienta la que de ordinario ha vsado para la- 
brar lo mas hermoso de su yglesia, el demo- 
nio y sus ministros, de quien se aprouecha 
sabia y poderosamente para produzir los efec- 
tos y las formas que quiere, aunque no quie- 
ran ellos. Ansi aconteció: en esta parte estaua 
el enemigo lastimado de que en tiempo que 
el tenia todas las cosas de España tan altera- 
das, rebueltas, y sangrientas, entre Reyes, y 
Principes, chicos y grandes, estos caualleros, 
y otros que se lleuauan tras si, supíessen 
burlarse del, salir de sus lazos, y gozar de 
tanta paz. No parauan aqui sus sospechas, y 
sus miedos; como es tan agudo, y tiene, aun- 
que en tinieblas, tanta luz de ingenio, traslu- 
ziasele que de esta junta, y destas vidas tan 
nueuas, se le ordenaua en España algún gran 
daño, y ocasión de mucha perdida. No hallaua 
por donde entrarles, luchaua con desnudos, 
que no hay donde asilles. Fue tan diestro por 
su mal, que halló la ocasión y la entrada, en la 
misma santidad: aprouechase muchas vezes 
desta treta. Puso en los hombres maliciosos 
y viciosos, embidia; yuan estos a ver los Her- 
mitaños, no para aprouecharse de su exem- 
plo como hijos, sino a cumplir la voluntad de 
su padre, a matar y quitar la vida, escurecer 
la fama, desacreditar la santidad. De las pala- 
bras santas que les dezian, y de las cosas 
altas del cielo que comunicauan con ellos sen- 
cillamente, como tenían las almas sin doble- 
zes, tomauan ocasión para infamallos, no mas 
que de herejes, que siquiera con dezillo, y que 
se suene (ingenio de los hijos del demonio) 
queden desacreditados, y como ellos dizen, 
perdidos, derribados, sin algar cabera para 
siempre. Publicaron (al principio, con rumores 
maliciosos) que eran gente peligrosa, que 
tenían no se que manera de trato, y de len- 
guage, y aun orden de vida que sabia a los 
Begardos, y Beguinos, que era como dezir en 
estos tiempos Luteranos. De quien salía esta 
persecución, y quienes eran los ministros de- 
11a, no hay noticia: tanta fue la modestia de 



.^^ 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



^ 



aquellas almas puras» que no quisieron dexar 
memoria de caso tan graue. La Chronica del 
padre F. Pedro de la Veg a (*) apunta vna pa- 
labra: Cómo^rézíesse (dize) y se multiplicas- 
se en Castilla el estado o estatuto de los po- 
bres, comentaron estos santos varones a ser 
perseguidos. Baxó de color del estado que 
seguían, por no ser aprouado: entiende clara- 
mente de las ordenes mendicantes. Ansí lo 
halle en vna relación antigua, en el archiuo de 
S. Bartolomé, y lo declara de la orden de los 
Menores, que como viessen a estos santos 
que no tenían religión aprouada, que viuían 
sin votos, sin obediencia, sin orden» llamauan- 
los Beguinos, y Begardos, nombre afrento- 
sissimo, tomado de vna mala secta que in- 
uentaron vnas mugeres en Alemania (que aun 
viue) estañan en comunidad en talle de reli- 
gión, y sin ella, y aun sin fe, porque tenían 
muchos errores: salen y entran quando quie- 
ren en aquella compañía, quedándose la ha- 
zienda salua. Fueron condenados estos Be- 
gardos, y Beguinos, en el Concilio de Viena, 
y en la Clementina Ad nostrüm, de heretlcis, 
se prueuaan ocho perniciosísimos errores su- 
yos: y en otra De domibus religiosoram, cap. 
cütn de quibusdam, se mando so pena de ex- 
comunión, que no aya tal estado de mugeres 
como estas Beguinas, ni hallo noticia que vi- 
níesse a España tan mala secta, aunque algu- 
nos con poco fundamento, digan lo contrario. 
Desta mala forma de religión, o secta, pienso 
que se tomo el nombre afrentoso de Bigar- 
dos, llamando ansí a los frayles desbaratados, 
y poco recogidos. Dizen también, que algunos 
destos Begardos, vinieron bien en algunas 
partes fuera de Alemania, mas no hallo autor 
que tal diga, y siempre suena mal su nombre. 
Y porque nuestros santos Hermitafíos esta- 
ñan con libertad, y no auian dexado sus ha- 
ziendas, viniendo como en congregación apar- 
tada, los que no Ueuauan en paciencia la buena 
fama que tenían^ les pusieron este mal nom- 
bre. También se allegaua, que quando algunos 
yuan a hablar con ellos en cosas espirituales 
(yuan muchos armados en malicias para co- 
gerles en palabras, como otro tiempo los 
Fariseos con Christo) tratauan luego de la 
vida Chrístiana (quien tiene sed trata de 
fuentes, y quien hambre, de la comida) y como 
vasos en quien el Espíritu santo aula puesto 

(|)Oft^e,Ub.t. 



muchos de sus dones, dauan señas dellos en 
las platicas. No aduertian que no les basta a 
los buenos la sencillez de palomas, sino que 
es necessaria la prudencia de serpientes con- 
tra estas víboras. Tras esto llamauanlos gente 
ociosa (y tras el ocio les calumniauan el vi- 
cio) inútil, y por consiguiente dañosa. Como 
no andauan por las calles, no oyan confessio- 
nes, ni ganauan aplauso del pueblo predican- 
do, llamauanlos inútiles: no aduiertíendo que 
la vida Heremltica, o Anachoritica, tan esti- 
mada en la yglesia desde sus principios, fue 
siempre agena del trato y conuersadon del 
siglo, sola, apartada, no solo del concurso, 
mas aun de la vista del mundo, y de los ojos 
de los hombres, y no por esto menos proue- 
chosa. El enemigo que les hazia la guerra, ya 
le parecia que auia salido con la victoria, en 
auer sembrado esto de los sieruos de Dios. 
Sin duda fue el encuentro recio, por ser tan 
en los principios, que cualquier mal es muy 
grande. Andana por las bocas de los princi- 
pales, y que podían al parecer mucho, en el 
fuero sacro, y profano, este mal sonido: y 
fuera mucha parte para derribar los ánimos 
de otros que no tuuieran tan firmes rayzes. 
Mas el Señor que permitió la tentación, y la 
prueua para que se viesse la virtud de sus 
sieruos, y conociesse el mundo y el demonio 
su mucho valor, prudencia, y paciencia, con- 
uirtío todo esto en prouecho de los santos, 
en gloría suya, y en daño del enemigo, ¡untá- 
ronse los Hermítaños para el remedio desto, 
y poniéndose delante del Señor en quien te- 
nían su confíanga, derramando lagrymas, y 
corazones, le suplicaron los alumbrasse en lo 
que harían en este negocio, pues sabia su 
Magestad la pureza de su intención, y que no 
tenían otro fin sino seruirle. Determinado te- 
nia Señor (dezia cada vno) de acabar la vida 
en esta soledad, estado humilde, retirado, po- 
bre, como otros muchos sieruos vuestros han 
hecho, ayudados con vuestra gracia^ mas sí 
soy escandaloso a mis hermanos, no quiero 
mi bien con su daño. Vos Señor sat>eys sacar 
de los mayores males, grandes bienes: sea 
esta persecución y afrenta para mayor gloria 
vuestra, y prouecho de nuestras almas, y de 
la religión Chrístiana. No dexamos las digni- 
dades, y fauor del mundo para buscar el in- 
fierno a tanta costa nuestra, mas ninguna 
aduersidad por fuerte que sea nos hará tor- 
nar el pie atrás, para no procurar vuestra 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



23 



gloría, el zelo della, y la gana de contemplaros 
y de gozaros nos traxo, y vos nos traxistes 
en este estado abatido, para los ojos del mun- 
do, y mas para el que no pretende es merced 
grande vuestra, y aueysnos comunicado en 
esto mas de lo que puede caber en juyzio 
humano. No nos negueys agora vuestra lum- 
bre, para que, o ciegos no veamos nuestra 
falta, o culpemos la ignorancia agena atreui- 
damente. Estas razones, y otras tratauan los 
santos, puestos en la presencia de Dios, de 
que estañan pocas vezes fuera. Después de 
auerse retirado cada vno en particular dentro 
de si mismo, a escuchar lo que Dios hablaua 
en el, echó el Señor en sus almas vn sueño 
suave, y vna quietud grande. Halláronse en 
esta meditación en que se pusieron, como 
bañados en vn consuelo grande, por verse 
padecer afrentas, y ser tenidos por engaña- 
dores y malos, juzgándose por indignos de 
tanta honra que se pareciessen al Maestro y 
Señor que por ellos sufrío otro tanto. Comu- 
nicóles Dios sus fauores: estañan contentos, 
y aun pagados. Desseauan que viniessen so- 
brellos todas las inuenciones del infierno, pa- 
redendoles que para el bien que alli se les 
trasluzia» todas juntas no pesauan nada. Vi- 
niendo después a comunicarse, mouídos de 
vn mismo aliento, determinaron de tomar 
estado de religión, y que esta fuesse la de 
S. Gerónimo, que tanto tiempo auia que esta- 
ua oluidada en el mundo. Quien no dirá que 
fue este el sueño de quien dixo aquel santo 
Cardenal al Papa: Que era tiempo desper- 
tasse a S. Gerónimo. O quien no vee que este 
no es consejo humano. Que motiuos, o que 
memoria auia en España, para que estos san- 
tos tan de vn parecer acordassen en san Ge- 
rónimo? Quando estos Hermitaños huuíeran 
tratado mucho tiempo de letras Latinas, Grie- 
gas, Hebreas, Chaldeas, y de profundos mys- 
terios de Escritura, sus varias translaciones, 
sus comentarios, y glossas de antiguos pa- 
dres del assiento de los oficios de la yglesia, 
y otras cosas de tanta grauedad como trata- 
mos en su uida, pudiéramos dezir, que el 
mismo estudio los Uamaua, y que los Inclina- 
uael trato conocido. Mas en aquella era mise- 
rable estaua la triste España tan fuera deste 
lenguage, que hazian harto los mas estirados, 
en ponerse donde assegurar las vidas. Y los 
sugetos principales desta congregación, te- 
nían poca o ninguna noticia destos primores. 



El cielo, y la .virtud dluina que los alentaua, 
pudo hazer y de hecho hizo, de junta no muy 
sabia, hijos de S. Gerónimo sabio: que aunque 
esto era mucho en S. Gerónimo, estos nue- 
uos Gerónimos buscauan en el lo que era 
mas. Con todo esso no les faltauan a nuestros 
Hermitaños sus razones (es fácil de hallarlas 
al que esta dentro bien enseñado) para tenerle 
muy por suyo: y aunque estañan como fres- 
cas las memorias, y los exemplos de los dos 
grandes Patriarchas, S. Domingo, ) 
cisco, y las de otros tan grandes, n 
nidadas, pusieron los ojos y el ce 
Gerónimo, tan antiguo y oluidadc 
que el auia sido de noble sangre, 
dexado la corte Romana, las dignida 
auia huydo del mundo al desierto, \ 
mero como hermitaño, perseguido i 
herejes, y aun llamado hereje: pas{ 
pues a la vida del conuento, y con^ 
y que parecía que ellos auian corr 
estos mismos passos. No faltaua ^ 
en religión, porque no faltasse este 
bien tratar de leuantar la suya, viu 
y ser religiosos de san Gerónimo. E 
primer acuerdo de Dios en ellos, ] 
dellos con Dios, y entre si mismos 
no era bien atropellar cosa tan ardui 
ron de pensarlo mas de espacio: torn 
comendar a Dios con mas frequentt 
y mas continuas lagrymas, para ve 
este tan santo exercicio al que se di 
pre vencer de los que ansi pelean 
vezes lo trataron, muchas se junts 
confirieron, siempre salia la misma 
nación: confirmauase el proposito, ] 
que se lo puso en el alma no se muc 
con esto la esperanza, y al fin no 
hasta resoluerse en lo que luego se 

CAPITVLO VI 

Emblan los Hermitaños a Pedro I 
Pecha, y a Pedro Román, al Papa q 
en Auiñon, para que pidan la con^ 
de la Religión de San Gerónimo. 

Ivntaronse la postrera y vltim^ 
sieruos de Dios, a tratar del negoi 
que traían entre manos: como era 
siempre era vno, y mas firme el prop 
sabemos puntualmente quien pn 
quien hablaua, que razones dezia 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



motiuos se tocauan. Podemos con todo esso 
collegir casi todo el discurso, de la resolución 
que tomaron, y de la petición que al Papa 
hizieron, junto con lo que en la bula de la con- 
firmación de la Orden se declara. Quanto a 
lo primero, en la mudanza de la vida Anacho- 
reta que querían hazer en la de Cenobitas, se 
tocaron las razones mas fuertes, y mas sanas 
que auia, y en suma eran estas. El peligro de 
la vna; la seguridad de la otra. No entrar 
en la soledad, dezian, muy domadas las pas- 
siones, los apetitos muy corregidos, trae (a 
dicho de los mas experimentados) mucho pe- 
ligro para el alma. Suele ponerse en los cora- 
zones de los que ansi entran, vn tedio y frial- 
dad mortal, y tras esto vn descuydo peligroso, 
o quando menos se da en insensibilidad, o en 
vna brutez intratable, huyr la afabilidad de 
los hermanos, fiar de sus proprios méritos: y 
porque se han hecho brutos, tenerse por 
Angeles: y por falta de ocasión, no entender 
ni conocer las bestias fieras con quien mora, 
no en el campo de afuera, sino en el de dentro, 
en donde se auia de hallar aquella preciosa 
margarita. Viue en lo secreto aquella rayzdel 
pecado, la centella de aquel alquitrán furioso 
que no se apaga, y con amortiguar defuera 
ios afectos, nace vna falsa seguridad del fuego 
que se va apoderando, con mas fuerza quanto 
esta mas violentado, hasta que como poluora, 
repentinamente rebienta, y trastorna en vn 
instante el edificio mas fuerte. La impaciencia 
del solitarío se esta recociendo dentro: la ira 
se disimula (y veese en muy liuianas ocasio- 
nes) enojase si le visitan: si la visita se tarda 
se melancoliza. La auaricia se descubre en 
las nonadas que tienen, si se las piden les 
pesa, si se las faltan se afligen, si se las toman 
se descomponen. Los mouimientos de la sen- 
sualidad, quien los considerare atentamente, 
echara de ver que están viuos, aun en aquellas 
mismas cosas que buscaron para matallos: 
aun en la lecion santa se descubre su malicia. 
La comparación que hazen de sus vidas a las 
agenas, sabe a la presunción del Fariseo, todo 
esto por falta de Medico, o lo ignora el soli- 
tarío, o disimula sobre sano y se empeora, y 
al fiíT carece de remedio, y con la libertad se 
recrudeze hasta hazerse intratable. Aquella 
gana de ser vistos de quando en quando (aun 
en los mas retirados:) el contar los dias que 
han passado después que no vieron hombres, 
todo arguye el ayre vano que se esconde en 



las cauernas de dentro, que quando menos 
pensamos ha de hazer algún terremoto nota- 
ble. Por el contrarío nos acontecerá en el 
monasterío, y en la vida Cenobítica que esco- 
gió S. Gerónimo a la postre, como quien auia 
tomado el pulso a los acidentes destos dos 
estados. Y quando no huuiera otra cosa sino 
aquella seguridad de vernos libres de la vana- 
gloría, y de la estimación propría, que ha des- 
truydo en muchos los trabajos de muchos 
años, auia de bastarnos para abracar esta 
mudanza, y para hazer gracias a los que con 
lo que han dicho de nosotros, nos despiertan 
del peligro, y abren la senda a nuestra segu- 
rídad. Harto haremos quando ayamos hecho 
lo que nuestros Perlados nos mandan: y no 
solo no tendremos de que tener vanidad, mas 
aun no estaremos seguros de la reprehensión 
de nuestro descuydo, buscado con diligencia 
del prudente pastor para quitarnos la ocasión 
del ayre vano, que se exhala de la misma 
buena obra, por salir de vn principio corrom- 
pido. Y aunque este es vn tesoro grande para 
quien de veras dessea caminar al estado de 
hijo (passado ya el de sieruo inútil) aquel no 
tener voluntad propría, y el oluido de todos 
los menesteres deste cuerpo, de que aquí nos 
vemos impedidos: no tener yo cuydado de 
mí, ni entrar, ni salir, ni estar, ni comer, ni 
dormir, ni hablar por mí aluedrío, sino por el 
cuydado de quien se desuela^por mí: es la cosa 
mas alta que se puede dessear en la tierra: y 
al fin es vn poder dezir (para dezillo en vna 
palabra) lo mismo que dixo nuestro Señor y 
maestro: No vine a hazer mi voluntad, sino la 
voluntad de aquel que me embio, y si venimos 
por su voluntad a este lugar, y dexamos el 
mundo, y los intereses que del podíamos 
auer, que esperamos mas? hagamos la volun- 
tad de nuestro maestro, que es estar obedien- 
tes, aunque en esta cadena suaue se pierda 
la vida mortal: pues no sera mas dura nues- 
tra cruz, que la de aquel que obedeciendo 
perdió la suya en ella por dar la eterna a 
aquellos por quien moría. Destas razones, o ; 
destas premissas; sacaron aquella conclusión 
tan segura y cierta, que la vida solitaria, y 
heremitíca era peligrosa especialmente en 
estos tiempos, y la de religión y conuento 
mas segura: tras esta resolución se siguió 
]uego lo segundo. Que pues era lo mejor viuir 
en religión, fuesse esta la de S. Gerónimo, 
aquel modo de vida que el guardo en Belén, 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



25 



de tantos tiempos oluidada, y que para esto 
se auia de acudir a la cabera de la Iglesia, y 
por su mano y autoridad auia de venir todo. 
No ignorauan el estatuto y decreto de la 
Iglesia. Que veda poderse hazer, ni leuantar 
nueua religión, sin su aprouacion y consenti- 
miento. Hallanse en la religión dos cosas 
(porque digamos esto de passo) vna es la 
que podemos llamar la substancia y ser, que 
consiste en tres votos, llamados por esto 
essendales, otra es los accidentes y circuns- 
tancias, con que se viste y distingue vna 
manera de viuir, de otra, debaxo de estos 
tres votos Lo primero tiene su fundamento, 
en el Euangelio, y ley de perfecíon que en- 
seño Christo nuestro Señor, como dixlmos 
largamente en la vida de nuestro Santo. En 
esto son dependientes todas las religiones 
de solo este maestro, y son vna sola, ni este 
punto essencial depende del Papa, por tener 
del sumo Pastor la aprouacion en lo segundo, 
si, porque no esta en el Euangelio tan claro: 
tiene mucho respeto a la prudencia y gouierno 
humano. Antonio, Basilio, Gerónimo, Pacho- 
mio, Augustino, Benedicto, y otros muchos 
autores, y padres de religiones. Quanto a 
esto segundo, y accidental, no se lee que ayan 
pedido aprouaciones a los Papas, porque no 
auia canon de la Iglesia, que lo mandasse. 
Después de muchos años le huuo, diré la 
occasion breuemente por ser coherente a lo 
que tratamos, cerca de los años de nuestro 
Señor y Saluador Christo. 1170. Los pauperes 
de Lugduno, siguiendo las pisadas de Vualdo 
natural de León de Francia, de donde se 
llamaron Vualdenses, al principio por auer 
sido el Vualdo hombre de santa vida, y amador 
de la pobreza, vinieron sencillamente, después 
creciendo en numero, tomaron nombre, y se 
llamaron los pobres de León. Tras esto in- 
uentaron cierta religión, digo inuentaron por 
ser inuencion de su cabera, llena de errores, 
de supersticiones, y abusos. El Papa Lucio III. 
condeno la inuencion, y los inuentores, diola 
por mala y a ellos por herejes: ansi lo dize el 
Abbad Vrspergiense (*), no escarmentaron 
con esto, antes se atreuieron de alli algunos 
años, pensando emendallo, a pedir la confir- 
mación de su mala secta que ellos llamauan 
religión al Papa Innocencio III. que los recon- 

(*) B» Ohroni. an. lgl».-~Quiáo Oarml, Ub. ds heerw. 
I8ia— Bernard. de Lucenbiirg— Eneas SU., c 36.— Qe- 
nebrar, aim. Christi 1178. 



ciliasse al gremio de la Iglesia, porque estañan 
como herejes, anathematizados. No lo pudie- 
ron alcanzar, ni lo merecían. Estaua con razón 
el Pontífice enojado con ellos. Mostró mucha 
seueridad en la respuesta, y fue menester, 
porque otros escarmentassen, y no tomassen 
tales atreuimientos. Florecieron en este tiem- 
po aquellas dos tan illustres plantas de la 
iglesia, Domingo, y Francisco, y desseando 
fundar cada vno su instituto tan santo, te- 
mieron no les aconteciesse lo que a los Vual- 
denses, no fiando de sus juyzios (proprio de 
almas santas) aun quando tienen grandes 
prendas del cielo (porque en la humildad no 
ay peligro, en la obediencia a la Iglesia, no 
ay engaño, y en las reuelaciones puede auello) 
antes de intentar otra cosa se fueron a los 
pies del Papa a pedirle cumpliesse su desseo. 
Con la razón passada, deteníase en conce- 
derlo, mostróse duro, ordenándolo ansi Dios 
para que con mayores muestras de su volun- 
tad, se conociesse que era para el bien del 
mundo. Vn poco después desto se celebro el 
Concilio Lateranense, considerando el mispio 
Innocencio que podia venir no pequeño daño 
a la Iglesia si cada vno saliendo con su imagi- 
nación, quisiesse fundar en ella nueua manera 
de religión, y dar modo de viuir por sus 
caberas. Prohibió con su decreto que de alli 
adelante no se pudiesse instituyr alguna sin 
aprouacion de la Sede Apostólica. Renouo 
este decreto Gregorio X. en el Concilio Lug- 
dunense: y ansi comento a ser necessarío lo 
que antes tuuo mas licencia. Nuestros Hermi- 
taños hijos obedientissimos de aquella santa 
silla de sus leyes, decretos^ y fueros, no auian 
intentado aquel camino para hazer nouedad 
en ella, solo pretendían en soledad y en silen- 
cio, leuantarse de las cosas caducas a las 
eternas, agora que no les dexan (no quiere 
Dios que sean para si solos) determinan acu- 
dir a la fuente para renouar y traer como de 
nueuo al mundo la vida y religión oluidada de 
Gerónimo. Ansi fue el otro punto que trata- 
ron en esta junta, y el muy importante, que la 
religión auia de ser la deste santo doctor, 
que se auian de llamar Gerónimos hijos de 
tan gran padre: grande y alto pensamiento 
nacido de las razones que arriba tocamos. La 
principal por tenelle tanta deuocion, y esta 
nacida por vn diuino impulso, y por tenerle 
siempre delante de sus ojos, como exemplo 
viuo de penitencia, llamándolos Dios del mun- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



do a la soledad, de la soledad al monasterio, 
donde noche y día se desuelasen en loores 
diuinos, en hospitalidad, en acoger huespedes 
y peregrinos, pues estos auian sido los dos 
exercicios del glorioso doctor en la cueua 
donde se albergo María como el tantas vezes 
repite, y tras estos dos no faltara a su tiempo 
el tercero de las letras, meditación de los 
libros sacros para alentar los dos prímeros, 
pues no se hizieron las sciencias para desua- 
necer, sino para edificar. En lo de la regla no 
se determinaron en alguna, dexandose en 
esto de todo punto a la voluntad del Pontífice. 
Que en cosas semejantes tiene el niuel de 
Dios en la mano. Aunque eran casi todos 
estos Hermitaflos legos, sino era Fernandia- 
flez de Caceres, y otro alguno no ignorauan 
que S. Gerónimo, no auia hecho regla parti- 
cular para sus monges, por que en su compa- 
ñía todo era regla. Faltaua lo prostrero, de- 
terminar personas que fuessen con la deman- 
da. Todos se tenian por insufficientes, y por 
esto eran buenos todos, y pusieron con todo 
esso los ojos, como de vn espíritu mouidos 
en Pero Fernandez Pecha: juzgando era el 
que conuenia por muchas razones. Por su 
santidad, la primera, conocida por auentajada 
que se les yua muy delante en quanto era 
oluido de la tierra, memoria continua del 
cielo, zelo feruentisimo del seruicio de Dios, 
humildad profunda en tanta cumbre de virtu- 
des, y la segunda, importante para el caso, 
talento, y caudal largo, para muchas cosas, 
su parecer de ordinario el mas acertado. La 
platica que tenia (otra razón) en menear ne- 
gocios grandes; experiencia de cosas de Corte 
y tratos de Principes, sin turbarse en ellos, ni 
agotarse, trocado el sujeto desto en cosas del 
cielo y seruicio del supremo Rey, exercitarse 
ya con mas voluntad, y con menos miedo. De 
común consentimiento le rogaron todos to- 
masse este negocio a su cargo, pues era carga 
suaue. Humillóse a todos, confessosse muy 
de coraron por indigno. Saben hazer esto de 
veras los humildes, y aunque tienen dentro 
otra cosa no la conocen por suya, dizen con 
verdad lo que sienten, porque de su mal, y de 
su nada es solo su sentimiento. Fiado de sus 
oraciones dixo, que aceptaua obediencia tan 
sobre sus fuerzas; y empresa tan honrosa, 
con condición que le diessen compañero que 
supiesse, o emendasse sus faltas. Señalaron 
con el mismo común acuerdo, a F. Pedro Ro- 



mán, hombre de mucha discreción, de ygual 
santidad. Créese era de los primeros Herml- 
taños que vinieron de Italia, natural de Roma 
por el nombre, aunque no ay otra razón. Fue 
buen acuerdo «para muchos fines: para la 
lengua, para el conocimiento, y auiso de las 
personas, del trato y manera de negociar, y 
sobre todo para que viesse por sus ojos (y 
de los primeros) cumplida la propheda del 
santo Fr. Thomas Sucho Senes, gozasse del 
fruto esperado con tanta paciencia. Hizieron 
oración todos juntos, rogando a Dios guiasse 
este negocio para su gloria y seruicio, y para 
el bien de sus almas, augmento de la religión 
Christiana, bien de los fieles, para gloría de 
su sieruo Gerónimo, y honra de España, que 
no era pequeña se leuantasse en ella su ins- 
tituto santo. Ordenaron lo postrero vna peti- 
ción, en que se contenia todo este discurso, 
llena de humildad y de llaneza santa, manifes- 
tauan con palabras sencillas todo su desseo. 
El tenor podría cogerse fácilmente de la buja 
de la confirmación, mas todo se resoluia en 
presentar delante de los ojos del Pontífice lo 
que hemos dicho. No ay noticia si se hallaron 
en estas juntas los demás Hermitaños que 
quedaron en el Ar90bispado de Toledo, en la 
hermita de nuestra Señora del Castañar, en 
las cueuas de Guisando, y otros, aunque es 
cierto que los vnos y los otros se auian 
comunicado sobre este negocio muchas vezes. 
Prouable cosa es que embiaron su consenti- 
miento, y beneplácito, para todo lo que en 
esta parte determinassen, porque la bula de 
la confirmación parece dallo a entender, y que 
habla con todos: no solo con los contenidos 
en la petición, mas aun con los demás de 
Castilla, León, y Portugal, y otros reynos. Sea 
en esto lo que fuere los dos comissaríos, o 
legados fueron escogidos por los Hermitaños 
de la hermita de San Bartolomé. Dieronles 
sus despachos, y ordenaron con prudencia 
todos los recados, las circunstancias, y todos 
los particulares que se podían ofrecer, remi- 
tieron a la prudencia, y discreción de los em- 
baxadores, porque es ambición de ingenios, 
querer en ausencia aduertir todos los suces- 
sos y poca discreción, pensar desde lexos 
determinario todo. Era ya esto en el año de 
mil y trezientos y setenta y tres, y auia quatro 
que gouernaua a España el Rey don Henrique, 
después de auer muerto a su hermano don 
Pedro: muerte merecida por mil desafueros, 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



27 



remate justo de la mano diuina. Quieren dexir 
algunos, que licuaron sus cartas de fauon 
porque les auia cobrado afición por la fama 
de su santidad, y porque los conocía: también 
porque se holgaua de que huuiessen salido 
de la casa real tan buenas plantas, en tiempos 
tan desuenturados, como los que auia reyna- 
do su hermano, con tanta inquietud del reyno 
en medio de tantas mudanzas, miedos, san- 
gres, muertes. Que también el Arzobispo de 
Toledo don Qomez Manrique los fauorecia 
mucho por ser cosa nacida en su Arzobispado, 
y emanada de aquella santa Iglesia, bien puede 
ser todo esto, aunque no hallo donde lo fun- 
dan: yo mas creo que no llenaron fauor nin- 
guno, sino el del cielo en quien ponían toda 
su esperanga, cuya era la obra. Despertauase 
aqui vn gran motiuo de la consideración de la 
prouidencia diuina, si fuera oficio de histo- 
riador, que en tiempos de vn principe verda- 
deramente cruel, y de poca piedad, y nada 
honesto, y con el muchos que se le parecían, 
llenaua a Espafia de homicidios, y de sangres, 
perseguía a los Perlados de la Iglesia, codi- 
cioso de joyas y riquezas donde las olia, o 
sospechaua, sin perdonar, muger, madre, her- 
manos ecdesiasticos, ni seglares, ageno de 
humanidad: en esta misma sazón salgan por 
otra parte de su casa, y de su palacio, quien 
dexe las dignidades, oluide los oficios, menos- 
precie los cargos, los puestos altos, renuncie 
las prelacias; quien se emplee todo en obras 
de santidad, piedad, deuocion, abrace la po- 
breza, y sobre todo leñante vna religión, que 
conserue con tanta entereza todo esto, hasta 
el dia de oy. Baste pues apuntarlo, y descu- 
brir la vena, para los que aun de pequeñas 
ocasiones la toman para alabar la gran mise- 
ricordia de Dios. 

CAPITVLO VII 

F. Pedro Fernandez Pecha, y Fr. Pedro Román 
se parten a Auiñon. Presentan la petición al 
Papa, Alcangan la confirmación de la Orden 
de San Gerónimo, 

Partieron de S. Bartolomé los sieruos de 
Dios, F. Pedro Fernandez Pecha, y F. Pedro 
Román el affo que hemos dicho, no sabemos 
el mes, ni el dia: la sazón del tiempo fue según 
parece por el mes de ¡ulio, en lo mas rezio 
del calor, y mas fuerte el que ellos Ueuauan 



en el alma. Al partirse derramaron todos mu- 
chas lagrymas de diferentes metales, vnas de 
deuocion otras de ternura, otras de amor, y 
de esperanza. Los que quedaron puestas las 
rodillas en el suelo, suplicaron al Señor con 
encendido afecto tuuiesse por bien guiar a sus 
sieruos, y dalles el fin de la jornada con que 
el fuesse mas seruido, los que se partían, los 
corazones en el cielo, pedian, sustentasse en 
amor y charídad los que quedauan, y los bol- 
uiesse a sus ojos con tan buen despacho, 
como Ueuauan la confianza, hazian oración 
particular cada dia, puestos en la Iglesia del 
santo Apóstol, donde para esto se juntauan. 
De la misma suerte que San Lucas cuenta en 
la pratica Apostólica, que passauan los dias 
desde la subida del Señor al cielo hasta la ve- 
nida del Espíritu santo, con aquella regla de 
amor: perseuerando (dize el texto santo) to- 
dos de vn mismo animo y coraron en la ora- 
ción, dos medios necessarios para recebir 
don tan soberano. En esto quedan occupados 
nuestros Hermitaños, amparados con la som- 
bra de Femandiañez de Caceres, que le tenían 
en lugar de padre, varón de gran prudencia, 
y mansedumbre, abrigo de quantos alli se 
auian juntado, aunque todos tales que podían 
serlo de muchos. Los dos compañeros prosi- 
guen su jornada, no a Roma, sino a Auiñon. n/ 
Esta assentada esta ciudad en la ribera del 
rio Rosano, o Rosne en la prouincia Ñarbo- 
nense, llamase de Plinio, y otros Auenio, don- 
de otro tiempo estuuieron los Volcas, y Tec- 
tosagas. Estaua alli de asiento el Papa con su 
Corte, y con no pequeño daño de la Iglesia, 
desde el año 1305. siendo Emperador Alberto 
el primero, y Philippo llamado el hermoso. 
Rey de Francia, que se concertó con Clemen- 
te V. antes que con su fauor entrasse en la 
silla, que le haria Papa con los Cardenales 
Franceses, que eran muchos, si passaua la 
estancia a Auiñon. Estuuo alli hasta los tiem- 
pos de Carlos lili. Que siendo electo el Car- 
denal Pedro de Belforte, llamado después 
Gregorio XI. tuuo animo, y industria para 
tornarse con su Corte a Roma el año de mil y 
trecientos y setenta y seys, cosas largas para 
dezillas de espacio, y bien aueriguadas ya de 
otros. Era este el año de mil y trezientos, y 
setenta y tres. Estauase aun Gregorio en 
Auiñon, y caminaron alia derechos nuestros 
embaxadores humildes: llegaron presto con 
prospero viento, porque el mismo que los 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



guiaua, apartaua los estoruos del aduersarío 
común, que sin duda pondría muchos en el 
camino, guardaua los mas poderosa mano, 
que a su pesar los lleuaua a seguro puerto. 
Los particulares sucessos desta jornada ig- 
noramos que en caminos largos no se escusan, 
son estos santos nuestros muy callados, por- 
que como zelosos de la gloria de Dios, temen 
referir sus cosas por no hazer suyo en nada 
lo que tienen por ageno, y que de passo al 
registrallas no se les pegue algo con la mala 
codicia de la gloría transitoria. Llegan pues 
los dos campaneros a la presencia del Pontí- 
fice, besanle los pies humildemente, como a 
Vicario de lesu Christo, alcanzada su licencia 
para hablar, dan su recaudo con palabras des- 
nudas de artificios: mas tales que se les vio 
por ellas el gran adorno del alma. Dizen la 
razón de su venida, y declaran su desseo, y 
de los que acá quedauan, y danle la petición. 
Escuchaualos el Papa Gregorio con alegre 
rostro, entendido el designo y todo lo conte- 
nido en la petición, y conocido que era nego- 
cio graue, y cosa que pedia consulta del Co- 
llegio sacro de los Cardenales mando, que 
boluiessen otro dia. Quando estuuo la con- 
gregación junta, llamáronlos, y en presencia 
de todos leyó la petición de Ips Hermitaños 
de España. Sonó en las orejas de aquel Se- 
nado, tan bien que se leya en los semblantes 
lo que decretauan en sus almas. Sobre todo 
el Pontífice se regozijo con la demanda. Dizen 
que estaua preuenido el año antes de santa 
Brígida, y anisado por su reuelacion de todo 
el sucesso. De la petición que se le aula de 
dar para leuantar la Orden de S. Gerónimo 
en España. La regla que les auia de conceder, 
y el habito que les auia de vestir, que todo lo 
auia Dios reuelado a la santa, y ella comuni- 
cado al Pontífice. De aqui le nacía el gozo, 
ver tan a la letra cumplida toda la reuelacion, 
considerar vna cosa tan a la clara ser volun- 
tad diuina. Miraua el Pontífice aquellos san- 
tos, que a sus pies tenia, reuerenciaualos en 
su coragon, como a ministros del Espíritu 
santo, para leuantar en la tierra vna cosa que 
fuesse para gloria suya. Los Cardenales tam- 
bién se regozijaron mucho, entendiendo el 
santo intento, que en la petición se contenia. 
Erales el nombre de Gerónimo muy dulce a 
las orejas por auer sido el mas alto y claro 
sujeto de aquel Collegio, y como esto resul- 
taua en su gloría, salieron a la demanda, como 



causa propria, con esto el despacho salió a 
gusto, y como se pudo pedir, fue sin duda esta 
concession, y confirmación de orden, lo que 
sin agrauio de otra alguna, podemos dezir, 
que no solo no huuo contradicion, o deteni- 
miento en ella, mas aun notable inclinación, y 
aplauso, como si fuera negocio, en que se 
veya al ojo vn interés grande para la Iglesia, 
que no se yo si ha acaecido en alguna otra 
concession. Otorgó pues el Papa, y aquel Se- 
nado sacro, todo lo que le pidieron. Mando 
Inego, que con toda diligencia despachassen 
sus oficiales los recados. Dioles vna bula I 
plúmbea, sellada, y autorízada de la confir-/ 
macion de la Orden de San Gerónimo, en los' 
reynos de Castilla, León, y Portugal, confor- 
me a lo contenido en la petición presentada, 
la substancia, y lo príncipal cogido, y tradu- 
cido fielmente del original, que esta en S. Bar- 
tolomé de Lupiana, referiré aqui casi por sus 
mismas palabras. 

Gregorio sieruo de los sieruos de Dios. A 
los amados hijos Fray Pedro Fernandez Pe- 
cha, y Fray Pedro Román, & cestera. Salud y 
bendición Apostólica. La petición que los dias 
passados por vuestra parte nos fue dada, 
contenia que vosotros, y algunos otros varo- 
nes, asi clérigos como legos, presbyteros, o 
nobles de los reynos de Castilla, León, y Por- 
tugal, y de otras partes, de mucho tiempo a 
esta parte, dexadas las pompas del siglo, y 
renunciadas las riquezas del mundo, propu- 
sistes, comenqastes, y continuastes (a vezes 
muchos, a vezes pocos, según que cada dia lo 
continuays con perseüerancia) seruir al altis- 
simo, viniendo vida heremitica, y solitaría 
en el yermo, sustentadoos de las lymosnas de 
los fieles, teniendo intención de acabar vues- 
tros dias en esta manera de vida, y que de 
poco tiempo acá, guiados de mas sano conse- 
jo, y firmados con mejor proposito, rebol- 
uiendolo, y tratándolo dentro de vuestros 
corazones, os ha parecido no ser tan seguro 
para la salud de vuestras almas, gozar de 
libertad propria, sino que os sera cosa mas 
saludable, captiuando vuestro arbitrio y vo- 
luntad, obligaros a los vínculos de alguna re- 
gla aprouada, y hazeros subditos debaxo de 
la obediencia de algún superior, o perlado. 
Por lo qual nos suplicastes humildemente que 
vsando de la benignidad Apostólica, tuuiesse- 
mos por bien concederos, y daros la regla 
que nos pareciesse, y que fuessedes recebi- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



29 



dos a la profession della, por alguno, o algu- 
nos varones discretos, y que os concediesse- 
mos licencia para fundar, y establecer algu- 
nos monasterios debaxo de la misma regla, y 
sujetos a ella, en los quales vosotros, y los 
que alli professaren la misma regla, podays 
quieta y pacificamente, ofrecer al altissimo el 
seruicio ya dicho, de. Pues nos que con afec- 
tuosos desseos queremos el augmento de la 
religión, y de buena voluntad augmentamos 
con el 'cuydado de la solicitud Pastoral los 
modos de la saluacion de las almas, estimando 
en mucho, y teniendo por muy acepto este 
vuestro proposito, y loándolo con dignas ala- 
banzas: por el tenor de las presentes, os amo- 
nestamos, que guardeys la regla de S. Agus- 
tín debaxo de la qual mílitareys, y seruireys 
al Señor, y porque afirmastes que teniades 
especial deuocion al señor S. Gerónimo con- 
fessor y doctor de la Iglesia, el qual primera- 
mente viuio en el yermo en la vida heremitica 
y solitaria, y después viuio en el monasterio 
con frayles, y desseays ser nombrados debaxo 
de su apellido, y tener su titulo y nombre 
santo, concedemos os que podays ser llama- 
dos frayles, o hermitaños de S. Gerónimo, &c. 
Aceptaron aquellos santos varones con 
grande alegría la regla de S. Agustín doctor 
clarissimo de la Iglesia por muchos respetos, 
por ser cuya era, que bastaua por la amistad 
grande por el perfecto amor que el y S. Geró- 
nimo se tuuieron, pues quando a S. Gerónimo 
se la pidieran, no les diera otra que la de su 
amigo Agustino, ni Agustino abracara cosa 
de mejor gana, que lo que fuera de Gerónimo, 
y finalmente por la misma regla que deuian de 
tener ya bien vista, los que con cuydado tra- 
tauan de regla. Es en realidad de verdad apos- 
tólica. Entra con aquellos dos preceptos del 
amor, donde van a parar todos los preceptos, 
para cuyo cumplimiento se ordena todo cuan- 
to se ordena, donde alcanga su perfecion 
todo lo que es buena costumbre, ceremonia 
santa, que sin esta no seria sino ficion, o hy- 
pocresia. Tras esto tiene vna suauidad, y vn 
modo tan Euangelico, que parece texto sacro, 
las cosas bien repartidas, asentadas en sus 
propríos lugares, tan llegadas a razón, que 
no huuo jamas juyzio tan abieso, que dudasse 
dellas. No tiene impossibilidades, ni estrañe- 
zas, ni rigores que atemorizen a la carne, y 
aun a la consciencia, sino vna suauidad pura- 
mente Chrístiana. No ha tenido necessidad 



de moderaciones, ni declaraciones de Papas, 
y otros superiores, tan caual, y tan para todos 
es, que quien no abraca esta regla, no ay cosa 
buena que no deseche. Sobre ella, y para su 
platica y exercicio han añadido mas fuertes y 
apretadas constituciones todas las religiones 
que la han recibido, queriendo hazer mas gue- 
rra al proprio cuerpo y a este hombre exte- 
rior: los primeros que añadieron constitucio- 
nes mas estrechas a esta regla, fueron reli- 
giosos de la misma Orden de S. Agustín, como 
parece de vn priuilegio, o breue de Innocen- 
cio lili, tomáronlos de aquel primero modo de 
viuir de los religiosos antiguos, de aquellos 
padres primeros, que pusieron admiración en 
el mundo con sus vidas del cielo. Moderóse 
después esta aspereza por vno de sus Gene- 
rales, llamado Clemente, y por el claro varón 
Pedro de Teramo. Esta modificación se apro- 
uo por algunos capítulos generales, finalmente 
el año 1384. en vn capitulo general de Floren- 
cia: fueron aceptadas y confirmadas. Estas 
constituciones añadidas a la regla, se guar- 
dauan en el tiempo del Papa Gregorio XI. 
con mucha obseruancia en el monasterio de 
S. María del sepulcro en la ciudad de Floren- 
cia fuera de los muros, por esto el Pontífice, 
teniendo noticia de la mucha religión de aque- 
lla casa: mando a nuestros hermitaños en la 
bula de la confirmación (y se lo encargo mu- 
cho de palabra) que tomassen de alli las cons- 
tituciones y el modo de costumbres que vies- 
sen les quadraua mas, y escogieron lo que 
después veremos. Determino también el Papa \ ^ 
la forma del habito que auian de traer, aun / '^ 
hasta el color, y precio, que fuesse lo primero, ( 
todo de lana, que no vistiessen lienzo, excepto 
en las enfermedades: la túnica de encima blan- 
ca, cerrada hasta en los pies, mangas de pro- 
porcionado tamaño, ni angostas, ni muy an- 
chas: El escapulario pardo, o buriel, la capilla 
no muy grande, el manto de lo mismo; y no 
de necessidad, sino para salir en publico, con 
honestidad, en toda la ropa ningún color, ni 
tintura, sola la que dio naturaleza, para que 
en la sencillez del habito de fuera se mos- 
trasse la pureza del alma limpia de la mala 
tinta del pecado, para venir a la innocencia 
primera. Lo blanco entre los colores participa 
de mas luz, destello de la diuinidad partici- 
pada en el coraron, el pardo remeda el color 
de la tierra; por consiguiente el trabajo, y 
sudor del rostro con que se ha de cultiuar 



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30 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



para que no sea todo el fruto espinas. Ansí 
quiso el Pontífice alumbrado del cielo, que el 
precio y valor del paño fuesse como para jor- 
naleros de la viña, vil y gruesso. Dizen, y creó- 
lo, que se lo reuelo Dios por medio de santa 
Brígida, y no falta quien añade, que nuestra 
soberana reyna, y señora jamas vistió otros 
colores. Y porque no desconociesse el habito 
de Belén, no se les podia dar otro mas a pro- 
posito a los hijos de Gerónimo. Los pintores 
de nuestro tiempo no nos admitirán esto, 
porque su fin no passa de los ojos de fuera, y 
no pareciera mal nuestra virgen madre, con 
este habito, pues las pinturas santas, mas se 
hizieron para los ojos de dentro. La data de 
la bula de la confirmación es de Auiñon el 
tercero año del Pontificado de Gregorio XI. 
dia de S. Lucas Euangelista, año de la encar- 
nación de nuestro Saluador lesu Christo 1373. 
No se contento el Papa con darles a los nue- 
uos Gerónimos noticia del habito. Mostróse 
tan benigno, y tan fauorable a sus nueuos 
religiosos, que mando hazer dos dellos de la 
forma y precio que hemos dicho, y estando 
los dos santos hermitaños a sus pies, se los 
vistió con sus mismas manos. Manos apostó- 
licas fueron las primeras que vistieron a nues- 
tros padres el habito santo de la religión de 
S. Gerónimo de España. Y en ellas mismas 
(para que todo fuesse apostólico) hizieron 
profession, renunciaron el mundo, se sacrifi- 
caron a Dios, y delante de tan grauissimo 
juez, y tan caUficados testigos prometieron a 
Dios todo lo que pudieron prometer, que fue 
darse todos a si mismos? merced sin duda y 
fauor crecido, digno de grande estima, y agra- 
decimiento eterno, nacido de vnas obras que 
respondan a tan alto principio. Leuantaronse 
los hermitaños santos de los pies del Padre 
santo, hechos reUgiosos de S. Gerónimo, y sus 
hijos (que a tanto se estiende aquel poder) 
discípulos de S. Agustín; domésticos de Chris- 
to, y victimas consagradas a Dios. Abracólos, 
S dioles beso de paz, recibiólos en su amparo 
como hijos nacidos y rebaptizados en sus 
manos, pues no es la proffesion menos que 
un segundo baptismo. Esta es la historia de 
fuera. Quien viera lo que passaua dentro? 
quien penetrara la pureza de aquellas almas? 
quien alcanzara con los ojos del espirítu, a 
ver aquellos rayos que se embiaron del cielo, 
llenos de fuego amoroso con que se abrasa- 
ron aquellos pechos santos, y se consumieron 



las reliquias de los pecados, y viera vnas 
almas tan absueltas de sus culpas, y sus pe- 
nas? Esto no es bueno para escrito, pues no 
se escriuira bien, mejor es para considerado, 
y muy mejor para pretendido. Algunos dizen 
y porfian que esta forma de habito, que vistió 
el Pontífice a nuestros primeros reUgiosos, 
era la misma que S. Gerónimo vso en Belén. 
Y que no es mucho que se atinasse con el 
después de tan oluidado, porque como toda 
esta fundación, o restauración se apoyasse 
en reuelaciones del cielo, y por el impulso de 
aquel a quien todo viue, y esta presente, no 
oluido del habito. luntan a esto la tradición y 
antigüedad de las pinturas, que algunas dellas 
parecen de mas a tras, que las del tiempo en 
que el Papa dio estos hábitos. Puede mucho 
esta razón si el fundamento esta firme. Afta- 
den que han venido personas granes de la 
tierra santa, y afirman que entre aquellas reli- 
quias y memorias que han quedado de los 
monasterios de S. Gerónimo, y de Paula, en 
Belén, se vee vna imagen antíquissima del 
santo, al proprio, como nosotros vestída^ y 
que los que la vieron, y nos vieron, juraron 
que era lo mismo. Yo también oy esto por 
vezes a un religioso de S. Francisco, que auia 
sido Guardian en aquel monasterio (ll^ma- 
uanle el padre CedíUo) y dezia que no auia 
differencia de nuestro habito al de aquella 
figura. Viene bien con esto, (y es lo que tiene 
mas peso) que oy en dia se guarda entre las 
innumerables reliquias de Roma vna túnica, 
por del mismo santo: dizen que es muy pare- 
cida a las que vistió el Papa Gregorio a nues- 
tros religiosos, y primeros padres que se con- 
seruan el dia de oy (y con razón) entre las 
cosas preciosas y sagradas, de la sacristía de 
S. Bartolomé nuestro primer monasterio, de 
la misma forma que estas que agora vsamos 
sus hijos. En el monasterio de santa Engracia 
de la ciudad de Zaragoza, casa desta reUgion, 
profeso vn mancebo natural de Dalmada (11a- 
mauanle Fray Giliberto de Dalmacia, porque 
vsa esta orden oluidar el nombre, y apellido 
del mundo, tomando, o el de algún santo, o el 
de la propria patria). Este después de algu- 
nos años boluio a su tíerra con licencia de su 
Prelado; y en viéndole sus naturales le cono- 
cieron en el habito por religioso de S. Geró- 
nimo, que conseruauan la memoria de aquel 
traje antíguo, que vistió su santo. No ha mu- 
chos años que vn Obispo de la misma prouin- 



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I 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



31 



cia vino a España, y llegando al monasterio 
de San Bartolomei se alegro viendo los reli- 
giosos con habito tan parecido al que vsauan 
los monges de su tierra. Tanto podran dezir, 
que nos hagan que lo creamos: sin duda pue- 
den mucho todas estas conjecturas, y hazen 
muy creyble el negocio. Sea lo que fuere, con 
condición que si nos pareciéremos en los hábi- 
tos de fuera a San Gerónimo, no nos despa- 
rezcamos en los de dentro. 



CAPITVLO VIH 

Prosigue la confirmación de la Orden, y lo que 
concedió el Papa a F, Pedro Fernandez 
Pecha, primero prelado della, y lo que el 
y su compañero hlzieron antes de tornar a 
España. 

Creciera demasiado el capitulo passado, sí 
dixeramos en el todo lo que el Papa Gregorio 
hizo por nuestros religiosos, y lo que les con- 
cedió. Estaua tan liberal, que ninguna cosa 
dificulto de quantas le pidieron. Concedió 
muchas sin pedírselas, auiso de otras, y dio 
orden en todas: auia tomado como por suya 
la causa, muy alegre con sus nueuos hijos, 
reuelandole ya Dios en el alma, que auian de 
ser padres de vna generación santa, para que 
esto se continuasse, puso los ojos el prudente 
Pontífice en Fray Pedro Fer nandez Pecha, ya 
de aqui adelante le llamaremos de Guadala- 
jara. El se llamo y firmo siempre desta manera. 
Creo que por su humildad, quando hizo pro- 
fession en las manos del Papa, renuncio el 
nombre del linage antiguo, y noble, porque no 
le quedasse resabio del mundo al que preten- 
día ser heredero del cielo. De aqui quedo esta 
santa costumbre en esta religión, de mudar 
el nombre del linage, y tomar el de el pueblo, 
el día de la profession, porque el nombre 
común muestre que ya no es para si la vida, 
sino para la comunidad, y el vinculo de la 
charídad en Christo. Puso pues el Papa en el 
los ojos, conociendo que era sujeto tal qual 
conuenia. Auiale hablado de espacio y a solas, 
y hecho que otros Cardenales, y personas 
prudentes le hablassen, y comunicassen para 
conocer los marcos del hombre. Tuuo noticia 
de quien era, el puesto que auia tenido en el 
mundo, y corte del rey de Castilla, el despre- 
cio que hizo de todo, y el discurso de su vida, 
su gran santidad y penitencia, entendieron 



todos, el mucho ser de su persona el juyzio 
claro y desembaragado. Leyasele en la graue- 
dad del rostro el peso de la nobleza del alma. 
Resplandecía en medio de todo esto por 
excelencia una humildad profunda, y hallán- 
dole tan caual sin tener respecto a que era 
lego; que no auia estudiado letras humanas, 
conociendo que tenia muchas de las diuinas, 
y de aquella sciencia, que entra solo en el 
alma de los santos, dispenso en los derechos 
y estatutos de la Iglesia, y le hizo Prior de la 
nueua religión. Para que también en esto se 
viesse que no era este negocio de hombres, ni 
yua por el camino ordinario de nuestros dis- 
cursos, que tantean solo lo de fuera. Este fue 
duro trance para nuestro Pecha: todo le pa- 
reció a el que le auia sucedido bien en esta 
jornada, sino se le echara al fin este contra- 
peso, que le aguó toda su -alegria. Ni pudo 
resistir, ni tuuo tribunal donde apelar, estaua 
en el supremo, y creo que aunque appelo para 
Dios, de su Vicario, fue condenado en reuista, 
que lo que se ata en el vno no se suelta en el 
otro: lo que se juzga aqui con tales informa- 
ciones, no se reuoca acullá. Persuadome con 
todo esto, a que venció al Papa con lagrymas 
para que ya que no se le permitía escusarse, 
se le permitiesse dexar la carga, quando sin 
daño, o con mayor prouecho pudiesse. Conce- 
dióle esto también el Papa. Dándole facultad 
que pudiesse dexar el oficio quando quisiesse, 
y lo pudiesse aceptar de nueuo, quando otra 
vez fuesse elegido. Ya no es abeja particular 
nuestro Pecha, (que esto quiere dezir como 
arriba dixe este apellido) sino maestra y capi- 
tana de muchas abejas, y por consiguiente sin 
aguijón, o acúleo como los capitanes de la 
milicia antigua que trayan el Parazonio, para 
significar que los que gouíeman, aunque co- 
rrijan no maten, ni hieran de punta, que el 
Parazonio no la tenia. Abeja azul en el campo 
de oro: dixímos arriba que era la díuisa, y 
armas del linage de Pechi, en Sena, y en 
España. Nueua manera de abeja azul de color 
de cielo, y tal sera el licor que se labrara en 
los vasos, debaxo de este nueuo capitán. Miel 
del cielo en vasos de oro, porque no sera de 
sabiduria aprendida en la pobreza del ingenio 
humano, sino de aquel sabor y dulgor, que 
enriquece de veras, y de aquel oro que se 
nos manda comprar en el libro de la reueladon 
de lesu Christo, donde se aprende se descu- 
bre, lo que esconde aquel mana duldssimo: ya 



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32 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



aquí por poco me dexara lleuar del amor 
deste nuestro primero Padre, sino me acor- 
dara que era historia la que escriuo. Concedió 
también el Pontífice Gregorio por sus letras 
Apostólicas, que la Iglesia de San Bartolomé 
con sus casas, y hermitas del contorno fuesse 
leuantada en primer monasterio de la Orden 
de San Gerónimo en España, y de hecho la 
leuanto el, y mando que de alli adelante fuesse 
llamado ansi. Y declarando lo mas dize en la 
bula, que aunque es verdad que los hermita- 
ños posseyan ya la dicha Iglesia de S. Barto- 
lomé con las casas que junto a ella estauan 
por titulo y autoridad del Arzobispo de Toledo 
don Gómez Manrique, en cuyo distrito esta- 
uan por autoridad ordinaria que el les conce- 
día la profession de la dicha Iglesia por auto- 
ridad Apostólica, y para que edificassen las 
oficinas ordinarias conforme a los menesteres 
del Conuento. Es pues la primera casa y mo- 
nasterio desta religión el de San Bartolomé, 
que por proprio nombre según S. Juan lo de- 
clara, se llamaua Natanael (Bartolomé que 
quiere dezir en lengua Hebrea, hijo de Tholo- 
mai, como Barjona hijo de Paloma, y otros 
muchos que ay en esta lengua) fuera desto 
tenían sus nombres proprios, Barjona se lla- 
maua Simón, y Bartolomé, Natanael que quie- 
re dezir don de Dios, a quien el mismo Señor 
llamo verdadero Israelita, y el que primero 
llamo a lesu Christo hijo de Dios, que todo 
tiene mysterio. Esta religión, si la miramos 
bien, toda parece vn don y vna merced de 
Dios: ansi tienen los hijos della gran obliga- 
ción a ser verdaderos Israelitas poderosos 
con Dios para vencelle luchando, en lucha de 
oración, y lagrimas, como declaro el Propheta, 
y perseuerar en continuas alabanzas suyas, 
sin descansar en toda la noche deste siglo, 
hasta que venga el aurora, y queden para 
siempre benditos. Todo esto les amonesta el 
titulo y vocación de su primer Conuento. 
Concedió también Gregorio que pudiessen 
ser recebidos tantos religiosos en el quantos 
pudiesse sustentar de sus bienes, y que pu- 
diessen pedir a los fieles, que los sustentassen 
con sus lymosnas, hasta que según el parecer 
de la Sfede Apostólica, y persona señalada 
por ella, hallasse tener suficiente dote. Pidio- 
sele también en la suplicación, facultad para 
edificar quatro monasterios debaxo del mismo 
titulo del glorioso doctor S. Gerónimo (juzga- 
ron aquellos Padres, que en estos quatro se 



podian recoger todos los Hermitaños que 
estauan esparcidos por Castilla). Concediólo 
el Papa, y diole esta facultad a Fray Pedro 
Fernandez nueuo Prior, para que los pudiesse 
vnir con el nueuo monasterio de S. Bartolomé, 
debaxo del mismo titulo y orden. Mando 
también en su bula, que los Prioratos no pu- 
diessen durar mas de tres años, y passados, 
vacassen de sus oficios, y se hiziesse nueua 
elección de aquel, o de otro, como pareciesse 
a los electores. Concedióle también facultad 
al mismo Prior, para que recibiesse a la profes- 
sion de la Orden de San Gerónimo, que nue- 
uamente restauraua a todos aquellos herma- 
nos Hermitaños de su congregación. Y a que ' 
esta profession se hiziesse según la regla de 
S. Agustin, mandando se guardasse, assi en 
los tiempos futuros, como se guarda a la 
letra. La forma desta profession es la misma, 
y con las mismas palabras que se hazla en 
nuestra Señora del Sepulcro de la orden de 
S. Agustin en Florencia. Refiérela S. Antonio 
Florentino en la tercera parte de su historia, 
que no se puede alegar en este caso autor 
mas autentico: pondrela aquí para que le 
reconozcan y sepan todos. 

Ego N. fació professionem, &promitio obe^ 
dientiam Deo, & BeatcB MaricB Virgini, & Ubi 
Priori N, Generan Ordinis fratram Eremita- 
rum S. Augustini, & successoribus tais, & viue- 
re sine proprio, & in castiiate secundum regU" 
iam S. Augustini vsque ad mortem, &c. 

Solo se añade después la fecha, y la firma, 
y se muda el nombre de Augustino en Ge- 
rónimo, y aunque aqui se haze la profession 
al prior General, lo mismo se haze acá en la 
persona del Prior de la casa, donde professa 
el religioso, porque la regla de San Agustin 
manda que se obedezca mucho mas al Prior 
mayor, o General que tiene cuydado de todos. 
Explicanse aqui los tres votos essenciales de 
la religión, que en otras se encierran en el de 
la obediencia. Ansi quedo confirmada y esta- 
blecida la religión de S. Gerónimo en los rey- 
nos de Castilla por bula del Papa Gregorio XI. 
de memoria feliz, dada en Auiñon el año del 
Saluador. 1373. dia de S. Lucas Euangelista, 
el tercero año de su Pontificado, y el punto 
que esto se escriue, que es el año 15961 ha 
223. años. Dirán algunos, que no tiene mas 
años de antigüedad esta Orden, nunca reñire 
por esto, no tenga, sea ansi, que aunque para 
antigüedad parecen pocos, son hartos para 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



vejez, ojalá no tuviera tanta, porque con ser 
vna de las que (a dicho de todos) se conserua 
con mas entereza en la guarda de sus leyes, 
y es inas rigurosa, y fuerte en sus costumbres 
con todo se le hecha de ver que es vieja, y 
lloran su flaqueza, y debilidad los que la cono- 
cieron mas mo^a. Veo desseosos algunos de 
engrandecella con lo que por nuestros peca- 
dos se disminuyen las otras que es con hazella 
de muchos años: pelean por esto sin duda en 
el ayre, mouidos de la fatiga de otros que 
quieren dar esta ventaja a las suyas. Yo con- 
fiesso que vn tiempo tuue la mesma ansia 
hasta que tratando con vn religioso de gran- 
de juyzio esto, me desengaño, y porque tengo 
en la memoria muchas de las razones que me 
dixo, me atreuere a dezillas aqui como supie- 
re, para el desengaño de otros. A mi pobre 
juyzio no les esta bien (me dixo) altercar a 
los sieruos de Dios por el tiempo, ni por el 
lugar, pues si lo son deueras, se han de 
ieuantar sobre todo esto, pone sospecha, que 
tiene poco gusto de eternidad quien se fatiga 
por tiempo. Dizen que es honra grande la 
antigüedad de las religiones, ponerse los pri- 
meros en los lugares públicos, frequencias, 
concursos, juntas, mirar a los otros alia baxo, 
como a nueuos, y preeminencias en mil en- 
cnentros, y que para esto seria bien prouar 
que la religión de S. Gerónimo no se fundo de 
nueuo en el tiempo que hemos dicho, sino que 
se restauro, y como si dixessemos, se resucito 
aquella antigua, que fundo el santo en Belén 
mas ha de mil y trezientos años, y ansi es la 
mas vieja de quantas ay en la Iglesia. Que de 
aqui nació concedella el Papa con tanta faci- 
lidad, porque no le parecía que fundaua cosa 
nueua, sino que leuantaua lo viejo, y ponia en 
pie lo caydo, dormido, oluidado. Que tiene 
todo lo que aquella primera tenia, si la regla 
es diferente, o agena, es porque el santo no 
escriuio propria, y si la huuo, borróla el tiem- 
po, y esto no quita que no sea, y se llame de 
S. Gerónimo, como ni importa en otras que 
tienen la misma regla, con el nombre diferente. 
Razones son estas escusadas, y trabajo en 
vano, y el fin si es, el que dizen vanissimo, y 
quando le demos otro mas alto, sera para 
mayor cayda. Pongamos que sea ansi, que es 
tan antigua que ha 1300. años, que se fundo, 
y añadamos como por impossible que son 
hijos della, todos quantos santos ay en el 
cielo; pregunto, que haze aquella antigüedad 

H. u LA o. n S. GnóHno.—d 



y tan gran esquadron de esclarecidos 

sino descubrir mi tibieza? que son s 

gos caseros, que me condenan? mi 

se añaden de auergongarme, y qu 

degenerare de los padres de quien i 

tanto mas vaya negancíb con las o 

que digo que me parezco con los 1 

con el nombre. Si la santidad prin 

virtud de los passados pudiera 1 

como se heredaron los apellidos 

casas, costumbres, y ceremonias 

siempre buscamos los mas antigu 

ron nos, confíessolo, todo lo que 

exemplos de gran santidad, leyes p 

mucha razón, vna policía de mayor i 

la común del Christianismo, escrito 

mos, consejos celestiales, quitadas i 

nes que les enseño la experiencia 

que hazian. Todo esto es de fuera, 

lo viuo del alma. Todo es común, 

gozamos, esté donde estuuiere, qt 

hazemos proprío en queriendo. L( 

alto y mejor tuuieron, y lo que les 

en lo de dentro, o en lo que tant< 

rendamos dellos esso ninguno c 

parte, sino el que peleare, como 

viuiere como viuieron. Contaremo 

tros padres primeros el heruor de 

uancia, los que de resfriados y 

hemos relaxado tanto? Diremos de 

ros cilicios, y del seuero castigo d 

los que tenemos tanta piedad co 

no podemos sufrir la estameña? Em 

la obediencia, que hazia milagros, 

muertos, endurecía las aguas, reu 

palos secos, los que no podemos 

lo muy justo; que nos ruegan loi 

Exageraremos la guarda del claust 

rramiento de la celda, el silencio c< 

que sufrimos mal, sino salimos i 

tres, a tres años? como podremos 

nudez, y la pobreza sin que el rostí 

colorado, pues no ay tienda de ti 

como nuestras celdas? auiamos 

tierra a la memoria de nuestros 

porque no se viesse tanto nuestra i 

y el estremo a que con la antigüe 

venido, que con la opposicion ere 

tremos. Marauillome de los que 

catalogo de los Santos de su orde 

poco cuydado que ponen en añ 

lista, sino es que piensan passar 

engañar con el habito, y con el i 



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34 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



no hazen al monge, al que tiene contados los 
cabellos, o piensan que es ciego como Poly- 
phemo, y que no sale el nombre de sus ouejas. 
Los que tienen gana de ser antiguos, hagan 
lo que hizieron los antiguos, que como ellos 
son gloriosos, ansi también entraremos a la 
parte de la honra de los passados si passare- 
mos por donde passaron, no se haze esto, ni 
es possible hazerse con querellos traer hazia 
nosotros, pues que no pueden boluer, sino 
con yr nosotros a ellos. Ni por esto es debalde 
escriuir las historias de las religiones, mostrar 
sus claros varones, sus hechos, sus vidas, sus 
sucessos, exemplos, que sin esto que sabe a 
vanidad, tiene grandes frutos. La gloria de 
Dios en sus sieruos, que ansi se santifica en 
ellos, que es lo primero. La platica de la doc- 
trina Christiana, y Euangelica, facilitada con 
tanto exercicio, la hermosura de la Iglesia, 
ciudad santa de Hierusalem, que baxo nueua- 
mente del cielo, distinta en tantas familias 
que la hermosean, ver tantos y tan reales 
caminos, tan hollados de tantos que entraron 
en ella. Quitase el miedo con tan familiares 
exemplos y tan varios, tantas diferencias de 
cultiuar esta viña, con la codicia de auenta- 
jarse a los primeros. Modos de engrandecer 
el espíritu, derribar la carne, hazer guerra a 
los vicios, conquistar con tan suaues violen- 
cias. Guisar de tantas suertes la doctrina del 
Maestro soberano, conuertilla en mana dulce 
que sabe a todo lo que quieren, a lagrymas, a 
alegría, a penitencia, a gozo, hambre, hartura, 
ríqueza, pobreza, y otros cien milagros. Gas- 
tan otros azeyte y tiempo en descubrir las 
/ familias de los Griegos, y Romanos, quienes, 
quantos, de donde fueron los Fabios, Emilios, 
Gracos, Lentulos, Atrídes, Ptolomeos, y otros 
que no tiene mas fin, ni mas prouecho de vna 
curiosidad que sabe a tierra, y todo su fruto 
para en venerar la antigüedad Gentílica, tener 
conocimiento de sus buenos autores (buenos 
aunque para poco en los que buscan deueras 
el cielo) y sera cosa sin prouecho, o menos 
justa ocupación mostrar el origen de las 
familias deste linage santo, que no nació de 
carne, o sangre, ni [de voluntad, o appetito 
terreno, sino del mismo Dios? En esta tan 
alta cepa están todos afirmados: de alli de- 
ciende todo el resplandor que no se pierde 
por ser nueua la familia antes tiene vn no se 
que de excelencia, arguye mas brio, mas 
entereza, como se palpa en todas las religio- 



nes, que de nueuo brotan como pimpollos 
deste tronco. La grandeza de la antigüedad 
seria si fuessemos creciendo y añadiendo 
sobre aquellos principios. Lleua esto mal la 
flaqueza de la carne, maldición que cayo sobre 
ella mucho tiempo atrás, por quien dixo Dios 
al hombre, que no permanecería en el su 
espirítu en tanto que fuesse carne. Esta ha 
de ser toda nuestra pretensión, y aqui hemos 
de enderezar los tiros de nuestros puntos de 
honor. Viuir en espíritu, y con el viuifícar las 
obras desta parte animal. Esto es lo que 
eterniza, y no enuejeze. Ninguna señal ay 
mas mortífera para mostrar que mucha de 
nuestra santidad no passa de la ropa adentro, 
que es artigada, fingida, y por dezillo con su 
nombre Farisaica, que ver que tan presto la 
consume el tiempo, como dixo San Pablo de 
aquella ley escrita, no en lo de dentro, sino 
en tablas de fuera, y de piedra, lo que se va 
antiquando y enuejeze, cerca esta de ser con- 
sumido. La ley de charidad con mis hermanos 
me hizo tomar esta licencia, aunque no es 
contra las leyes de historia. Tornando a nues- 
tro proposito, nuestro Fray Pedro de Guada- 
lajara primer Prior de la Orden de San Geró- 
nimo, con su compañero Fray Pedro Román, 
viéndose también despachados, que no les 
quedaua mas que hazer ni dessear, en los 
negocios encomendados, tomaron la bendi- 
ción, que se la dio con mucha benignidad el 
Papa, y besándole los pies se partieron de 
Auiñon, no para España, sino para Florencia 
a ver aquel monasterio de nuestra Señora del 
Sepulcro, que el Pontífice les aula loado, de 
cuyo modo de viuir era su voluntad, que 
tomassen algunas constituciones. 

Fray Pedro Román yua ya muy alegre en 
lleuar consigo superior, pensando que con la 
nueua dignidad (mudado de condición) se de- 
xaría seruír por el camino (cosa que jamas auia 
consentido el humildissimo Pecha a la yda) 
permitiólo mucho menos a la buelta, antes 
reconociendo que los superiores en la Iglesia 
eran ministros de los inferiores por mandado 
del Fundador, se adelantaua a todos los oficios 
de humildad. Aprouechauase quando mas no 
podia de la superioridad para humillarse, no 
consentía que le lleuasse punto de ventaja en 
los encuentros de humilde: anticipauase a ser- 
uir al compañero, mostrando agora con mas li- 
bertad lo poco que de si sentia. Llegaron a Flo- 
rencia, entraron en aquel Conuento, notaron 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



35 



con mucha madureza, el modo de vida de aque- 
llos sieruos de Dios, y vieron que los auia 
loado el Papa con gran razón. Aduirtieron las 
ocupaciones, los exercicios, y todo lo que juz- 
garon venia bien para su proposito, y a los su- 
jetos de España. Miraron sus constituciones, 
y costumbres, y escogieron dellas doze las 
mas importantes, que son las que hasta oy 
se llaman en esta Orden las de Florencia, or- 
denando que se leyessen mas vezes que las 
otras en el discurso del año. Ordenanse cosas 
muy santas en ellas necessarissimas para la 
guarda de los votos, que son lo essencial, 
adelante se ofrecerá occasion forzosa para 
dezír algo dellas. No es cosa de rincón, y todo 
el mundo las sabe, en manos de todos andan, 
como todo lo demás desta religión, que lo 
bueno ama la luz, y la sencillez porque se 
camina con seguridad. 

CAPITVLO IX 

Fray Pedro de Ouadalajara, y Fray Pedro Ro- 
mán toman a España. Recibenlos sus com- 
pañeros con alegría, Leuantase la Iglesia de 
S, Bartolomé en primer monasterio. Dales 
F. Pedro de Ouadalajara a iodos el habito, 
y hazen profesión en sus manos. 

Cogió nuestra abeja solicita las flores mas 
hermosas que hallo en el jardin del sepulcro 
de Florencia para traherselas a la casa nueua 
de S. Bartolomé, que auia de fundar en mo- 
nasterio de S. Gerónimo. Después de auer 
considerado algunos dias con maduro juyzio 
todo el ofden de la vida de aquellos sieruos 
de Dios, y aduertido como dixe, las circuns- 
tancias, el modo en sus exercicios, la vida en 
común, y en particular, recatos y auisos para 
la oración y meditación, acordó partirse con 
su compañero Román, que en todo esto le 
ayudaua bien La sazón del tiempo era en lo 
rezio del inuierno: a lo que se puede conjetu- 
rar, mediado el mes de Deciembre; fatigauan 
los por el camino los f rios, nieues, aguas, vien- 
tos, con el calor del espíritu lo vencían todo, 
ni estas injurias del tiempo, ni otras muchas 
podian apagar el ardor de la charidad, el des- 
seo de verse con los hermanos, y dalles tan 
regozijadas nueuas, junto con el ansia de exe- 
cutar vn fín tan desseado, les hazia romper 
por mil inconuenientes. No tenemos noticia si 
hizieron esta jornada por mar o por tierra; 



parece puesto en razón: vendrían a Qenoua 
desde Florencia, y alli se embarcarían, aunque 
para lo vno y lo otro ayudaua mal el tiempo. 
Como quiera que fuesse, se dieron tan buena 
maña, que en tres meses, poco mas, después 
de la confirmación de la Orden (hemos dicho 
que fue dia de San Lucas del año 1373.) se 
pusieron en el monasterio de S. 
Lupiana, sino fueran a Florem 
tardanza, ansi tengo por cierta 
la razón del tiempo, y por las 
que truxeron, y porque el Pap 
religión de aquella casa. 

Estañan los sieruos de Dios < 
dado, con el cuydado que se pu 
tiempo todo desta ausencia, c 
año (poco mas a la cuenta) se 
glo. Recebian (es verdad) grar 
del cielo, y el Señor que no eí 
sus amigos, les reuelaua en v 
creta el buen sucesso, ponia en 
cierta alegría y esperanza, que 
raua de todo punto el efecto, 
el ansia de los ausentes, el ame 
loso, aunque sea diuino, les < 
temores. Acogíanse luego al pu 
poníanse en oración, rogauar 
afectos al Señor, hiziesse su ( 
era otra la desta empresa, que 
do. Ansi engafiauan el tiempo: 
ciclos gastauan los dias, que te 
dos. Toma los Dios en cuenta 
y en pago, acelero el dia desse 
sus sieruos de suerte, que no s 
el camino estoruo importante, 
mensajeros caminauan a su cen^ 
se acercauan, aligerauan mas 
Llegaron al fin a S. Bartolomé, 
brero, del año 1374. dia de S. I 
de la Purificación de nuestra I 
con el fuego del amor de Chri: 
en sus corazones, el dia s¡gui( 
todos purificados^ y consagra 
su templo santo: el alegría qu( 
otros recibieron a las prime 
grande. Abracáronse con ygt 
charidad, querían lanzarse los 
t rañas de los otros, desseauar 
pies besándoselos, y aun les 
muy ancha. Sabían ya por la < 
pecial en Ouadalajara, donde 
cidos, y emparentados, la veni< 
ch08 esperando el sucesso, ai 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



de vn animo, y acudieron entendiendo la lle- 
gada. Pero Fernandez Pecha junto los herma- 
nos luego aquel mismo dia. Dioles cuenta de 
todo el sucesso: relato los particulares por 
menudo, la benignidad con que el Papa los 
auia recibido, el rostro alegre, con que les dio 
audiencia, los fauores que les hizo, la facilidad 
con que otorgo todo lo que en la petición se 
contenia: añadiendo aun sobre ella; que les 
auia concedido lo principal, y el fundamento, 
religión de San Gerónimo confirmada con la 
regla de S. Agustin, que leuantaua y criaua 
aquella Iglesia y casas en monasterio primero 
de la nueua Orden, y daua facultad, que tras 
aquel se fundassen otros quatro. 

Quando vino a dezir que !e auia hecho Prior 
el Papa, las lagrymas, y la vergüenza de que se 
cubrió su rostro, se lo estoruo,y no pudo. Fray 
Pedro Román suplió la falta, nombrándole 
Prior con grande alegría de su coraron, y rela- 
tando la mucha merced que el Papa, y todos los 
Cardenales le auian hecho. Estañan como en 
gloria aquellos santos hermanos, oyendo la 
relación que se daua de tan buen despacho, y 
de tan feliz sucesso, juzgando ya esto por so- 
brada paga, a los trabajos, que en tan largos 
años de esperanza auian sufrido. Pusieron se 
de rodillas y postrados en tierra hizieron gra- 
das al Señor por tan crecidos beneficios, con- 
uirtieronse luego a hazer lo mismo a su santa 
madre, a quien dentro de sus corazones auian 
puesto por intercessora, y para que rogasse 
al hijo resucitasse en España la religión que 
fundo en Belén su gran siervo y defensor Ge- 
rónimo. Hizieronlas también al santo doctor, 
y padre, pues no se auia desdeñado de reci- 
bir por hijos a los que no merecieron ser sier- 
uos. Todo era loores y alabanzas, lagrymas 
de alegría, palabras de ternura, promessas 
grandes de hazer de alli adelante grandes co- 
sas en seruicio de vn Señor que aun en esta 
vida con tanto excesso galardona los serui- 
cios pequeños. Acabado este prímer recibo, 
fueron todos luego a dar la obediencia a su 
prímer Perlado, echauanse a sus pies, y el a 
los suyos, recebíalos con alegría Inmensa en- 
tre sus bracos, procedió luego como varón 
discreto a la execucion de lo que se auia de 
hazer. Lo prímero leuanto por la autoridad 
que de su santidad traya, la Iglesia de San 
Bartolomé, y las casas circunstantes, en mo- 
nasterio de la Orden de S. Gerónimo, tomada 
la possession (guardada la forma del derecho) 



por autoridad Apostólica, no obstante que la 
tenían ya del Ordinarío. El prudente Prelado, 
que no se descuidaua en la execudon de tan 
grande obra, como nuestro Señor hazia por 
sus manos, y desseaua llegarla a perfedon, 
traya preuenidos los hábitos que eran me- 
nester páralos que estañan presentes. Y lue- 
go el dia siguiente de la Purificadon de nues- 
tra Señora se los dio a todos, comentando 
por el santo varón Fernando Yañez de Cace- 
res presbytero, y tras el a los de mas. Y con- 
tando los muchos años de tantas aprouado- 
nes, y perseuerancia por nouidado, los hizo 
luego professos en el mismo dia que les dio 
el habito. Dizen que por no auer lugar de ha- 
zer tantos escapularíos, les puso a todos el 
mismo que el Papa le puso a el, y que con el 
hizieron profession en manos de F. Pedro Fer- 
nandez de Guadalajara, de la suerte que ella 
auia hecho en las del Papa, y de la que agora 
hazemos por escrito, firmándola de sus nom- 
bres. Estos fueron los prímeros hábitos, y las 
primeras professiones, y estos los prímeros 
religiosos de la Orden de S. Gerónimo, en Es- 
paña, y este el dia felicissimo en que de todo 
punto se vio cumplida la profecía del santo 
Fray Thomas Sucho Senes, y la de Santa Brí- 
gida, y el fin perfecto destos grandes sieruos 
de Dios, que con tan cierta esperanza, y fe 
tan viua auian aguardado. En este dia santo 
de la puríssima Virgen madre, se vio enríque- 
cida España con la nueua religión de S. Geró- 
nimo, y el Espirítu santo, que con operadon 
diuina obro en medio de las entrañas virgina- 
les, la mayor de sus marauillas, el mismo obro 
en España este santo concepto, y parto de la 
religión de S. Gerónimo, y purifico los cora- 
zones de sus sieruos, para que totalmente (re- 
nunciadas las cosas del mundo) fuessen dig- 
nos templos suyos. Celebraron luego la pro- 
cession, y la fiesta con sus velas encendidas 
en las manos, hábitos y almas blancas, y pu- 
ras, cantando con el santo viejo Simeón, ijt^ 
men ad reuelationem gentium, & gioríam pUbis 
tuce Israel, que creo fue la primera cosa que 
la religión de S. Gerónimo canto en España. 
Con quanta gloria aya repetido este verso, 
díganlo todos, pues por la diuina miserícordia 
es vna de las que mas la han illustrado, desde 
aquel día, hasta este en mil maneras. Mostra- 
ra esto el discurso desta historía a los que no 
lo saben, y a los que tienen mas notida deOa, 
les refrescara la memoria. Pudiera hazer aqui 



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vn gran catalogo de lo mucho que ha seruido 
a la república Christiana, sino cortara el hilo 
a lo que voy tratando. Diré solo vna, o dos 
cosas, las mas coherentes al sujeto que aqui 
toco. Que en lo que es el culto ecclesiastico, 
los cantos y loores de Dios, la policía y orna- 
to de la Iglesia, la compostura del choro, sa- 
grarios, altares, missas: ninguna religión le 
ha ygualado, y a todos sin agrauio ha exce- 
dido. Las Iglesias cathedrales, que gastan en 
esto mucho dinero y hazienda, aun la mas 
principal dellas, sin duda se queda a tras( 
quien quisiere hazer la prueba de lo que digo, 
antes que diga que me arrojo, vea lo que alli 
passa el dia mas festiual, y vengase vno de 
los dias mas moderados a esta casa de S. Lo- 
renzo el Real, donde esto se escriue, y vera 
que no me adelanto nada. Nacióse esta santa 
religión primero en Belén, donde salieron en- 
tonando los Angeles, gloria a Dios en el cie- 
lo, y en la tierra, paz a los hombres por el 
beneplácito diuino, renacióse en España con 
el cántico del santo viejo Simeón, entre las 
lumbres de aquel dia claríssimo, de la pureza 
virginal, que fue el de sus primeras professio- 
nes, y ansi le es el canto y la policía, como 
natiua, y también la limpieza y honestidad. 
De quanto prouecho sea esto en la Iglesia de 
Dios en tiempos tan varios, en que tanta di- 
uersidad de olas combaten la varea de Pedro, 
díganlo los que saben acudir a tratar con 
Dios vn rato, y que los dias de fiesta gastan 
en lo que son, díganlo muchos que enterneci- 
dos con los cantos suaues destos Angeles 
deshicieron la dureza de sus culpas, emenda- 
ron sus vidas, se enamoraron de Dios? Dí- 
ganlo muchos herejes que se tornaron a la 
Iglesia, por no priuarse de lo que tan clara- 
mente suena a gloria. Díganlo al fin todos los 
que saben el respecto que se deue a la ma- 
gestad diuina. Todas las demás santas reli- 
giones podemos dezir que se hicieron para 
los hombres, esta parece que solo se hizo 
para Dios, aquellas para enseñalles la fe y pe- 
nitencia a los ignorantes, esta para desue- 
larle en los loores, y seruicío diuino. Ansi que 
quien la mirare por esta parte, juzgara que 
todo es Angélico, soberano, espiritual, en este 
exercicio amanece, aqui los halla el medio dia, 
y aqui les toma la noche, y aqui se consume 
lo mejor della. Con todo esto osare también 
afirmar, que quien la mirare por la parte que 
se conuierte a los próximos, no le parecerá 



que le queda lugar para otra cosa. La hospi- 
talidad que en ella se exercita da buen testi- 
monio desto. Es vn común refugio de todos, 
pues no ay suerte alguna, ni estado de gente, 
que no se hospede sin asco en casa de S. Ge- 
rónimo, ni ay casa de San Gerónimo que cie- 
rre la puerta a ninguno. Ni tiene con que mas 
que las otras, y esso que tiene le luze por 
el resplandor de la charidad de tal suerte, 
que parece se encierra en ella lo de todas. 
Personas que saben de tanteos y de cuenta, 
afirman que si se hiziesse toda la renta que 
esta religión tiene, dos partes, y pusiessen lo 
que gasta con sus religiosos en vna balanza, 
y lo que da a pobres y gasta en hospitalidad, 
en otra, se llenarla esta con mucha corriente 
el peso. Testigo soy de vista (y ay ciento) 
auer visto poner muchas vezes seys, y siete 
vezes al dia mesa, para religiosos de otras 
Ordenes, y para otros huespedes, y si se qui- 
tara el respeto de la charidad, no quedara ra- 
zón para ponella vna. Dexo aqui para sus 
proprios lugares otras cosas de que se pre- 
cian y con mucha razón otras santas religio- 
nes, letras, pulpitos, confessíones, gouiernos, 
interuenciones, paces, con que siruen a la re- 
publica Christiana, que si se hiziesse la minu- 
ta, y se contasse pro rata, no creo seria mu- 
cha la ventaja. Todos trabajan lo que pueden, 
ayudan con el talento, y el oficio a este cuer- 
po mystico. Esta santa competencia de seruir 
vnos mas que otros no se trata para que se 
conuierta en emulación, sino en provecho de 
la Iglesia, en el sentido que el doctor de las 
gentes dize, prouocado, que trabajo mas que 
todos. Sígase el camino de la perfecion, há- 
gase penitencia, alábese a lesu Christo en to- 
dos, todo resulte en gloria de Dios, y venga 
donde viniere, que esta es nuestra sola pre- 
tensión. 

Tornando al discurso de las cosas de adon- 
de me arrebato el zelo de la honra de mi ma- 
dre, digo que asentada ya la Orden, Prior, 
frayles, Conuento, regla, y buena parte de 
constituciones, estañan aquellas santas almas 
gozosas, rebentauales el alegría y parecía que 
el reyno del cielo que tenían dentro, se les 
leya en el rostro. Los que los vían alabauan 
al Señor, y dezían: esta es la generación 
que bendixo el Señor, parecían vnos Angeles 
con lanueua librea por defuera si los vieran 
dentro, llamáronlos Serafines por el amor ar- 
diente que los abrasaua. Comentaron en esto 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



a heruir de nueuo, y oluidodos de todo lo 
passado, alargaron el passo al premio y a la 

-ue no se da a los que comienzan, 

que perseueran. Con la nueua pro- 
sron principio a nueua vida, por ser 
> vna como regeneración, y nueuo 
holocausto en que se auian abra- 
nperfecciones primeras, y consumi- 
nchas del hombre viejo. Que de allí 
luían de ser muertos al mundo, sa- 
sus voluntades proprias, puestos 
la agena; por consiguiente no auia 
se en ellos proprio mouimiento de 
no querer como no se siente en el 
omo lo proponían, ansí lo executa- 
andecian en esta virtud de obedien- 
diendo que entre las de los religio- 
essencial, y primera: madre que 
n si las otras, y las pare felizmente, 
se tan sujetos, y en esta sumission 
ís, que andauan con cuydado adíui- 
/oluntad de su superior para sepul- 
suya, antes que la echasse por la 
idelantauan a hazerla, y cumplirla 
eñas. Comentáronlos a visitar los 
íron noticia del sucesso, venían a 
mo a vna marauilla, quedauan con 
dificados, viendo la grande mortifí- 
s grandes penitencias, la excelencia 
las, vnos Uamauan a otros, salió en 
la fama de los nueuos Gerónimos 
España^ de tal suerte, que en pocos 
ron el mundo muchos, y se fueron a 
íerto, tomaron el habito mas de cin- 
huuiera donde acogellos fueran sin 
no a ser frecuentado el lugar, como 
oblación grande, viose aquí lo que 
po en Egypto: las soledades llenas 
, los desiertos auecíndados, y acudir 
imo jardines de regalo. 

CAPITVLO X 

^ray Pedro de Guadalajara comienga 
Tden en la vida monástica. Trata de 
Claustro para el recogimiento, 

taua el edificio imperfecto, no tenia 
lo que tocauaja la substancia, sin 
\ accidentes, sin la compostura que 
a essencia, tan necessarios para su 
úon, que no puede durar sin ellos, 
loso Prior a quien Dios auia escogi- 



do, como principal manpostero desta fabrica, 
no se descuydaua punto, todos los días se 
desuelaua en acrecentar alguna cosa para que 
llegasse a perfecíon. Luego como assento lo 
que hemos dicho, que tocaua a la substancia, 
puso buena diligencia en las circunstancias. Lo 
primero notifico a su Conuento, y a sus nue- 
uos hijos, como la voluntad del sumo Pontí- 
fice, que tanta merced les auia hecho, era que 
pues tenían por fundamento la regla de San 
Agustín, que también las ceremonias, y cons- 
tituciones con que se auia de guardar fuesse 
de la misma Orden, que les auia mandado por 
esta razón tomassen lo que mas acuento les 
viníesse del monasterio de nuestra Señora 
del Sepulcro de Florencia, casa desta religión, 
donde florecía la obseruancía, que el y su 
compañero Román lo auian mirado bien, y 
ansí trayan doze estatutos importantes, para 
poner luego en platica la profession de la re- 
gla. Para las ausencias que es fuerza hazer 
los Priores, en especial en casas que se van 
fundando de nueuo, donde se han de buscar 
muchas cosas fuera, es necessario que quede 
otro en su lugar con sus vezes, que sea se- 
gunda cabera (que donde ay muchos, sino se I 
reduzen a vna sera monstruo). Para esto era/ 
la primera constitución que manda se elija vn 
Vicario en la forma que allí se dispone. Tras 
esto la guarda de la castidad prometida pide 
clausura, y raya, para euitar las ocasiones, de 
adonde no pueden passar, ni salir sin licencia 
del Prior. Esta se echo luego en la manera 
que pudo, en aquella sazón que ni auia claus- 
tro, ni cerca, señalóse termino, como la se- 
gunda de las doze lo manda, y de allí adentro 
quedo con nombre de Conuento y claustro, 
y que ninguno pueda salir de aquellos térmi- 
nos, sin licencia del Presidente, y sin que 
vaya bendito de su mano: que reciba esta 
bendición a la yda, y a la buelta puesto de 
rodillas: cosa que aun leyda causa deuocion, 
y que quita las fuerzas al enemigo, para que 
no ose acometer al sieruo de Dios, quequan- 
do sale de la manada va con esta bendición 
fortalecido. La pobreza que es el otro punto 
essencial de los tres, tiene también necessi- 
dad de sus reparos, para que tan santo víncu- 
lo no se rompa, y en consequencía desto tra- 
taron luego la tercera, y quarta, en que se 
prohibe el dar y recibir, y aun el hablar y tra- 
tar: que se visiten las celdas, y aposentos, los 
lugares todos donde se pueden tener cosas 



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guardadas, o escondidas; que se guarde silen- 
cio con todo genero de personas que vinieren 
al monasterio, y si encontrare con algunas, 
que no puede dexar de hablallas, o por ser de 
mucho respeto, o religiosos de la misma Or- 
den, no hagan mas de saludalla, y para hablar 
mas vaya a pedir licencia a su Prelado. Cosa 
santissima, y de grande prouecho para la 
quietud del alma. Guardauase-esto con sumo 
recato, quando Dios quería, agora se va olui- 
dando por descuydo de los superiores, en al- 
gunas casas, aunque en otras se conserua en 
su fuerza. Escriuir cartas, y recebiilas sin 
licencia en la misma regla de S. Agustín esta 
muy encomendado, y encarecido, y lo contra- 
rio tenido por crimen de hurto. Guardase 
agora bien, y ningún recato sera en esto 
demasiado. Es muy zeloso el esposo de nues- 
tras almas, entendiendo bien esto los santos, 
y nuestros padres espirituales, aun de las 
cartas de nuestros padres naturales tienen 
recelo, pues se ha visto muchas vezes por 
vna dellas apartarse vn alma del bien comen- 
qado, que es hazer feo diuorcio con Christo, 
y tomarse estatua de sal, boluiendo la cabeija 
a tras condolida brutalmente de los de Sodo- 
ma, que se abrasan auiendole Dios sacado 
della. El voto santissimo de la pobreza fue en 
aquellos siglos dorados, de los'primeros mon- 
ges guardado con sufflo rigor; sobre esto se 
leen cosas espantables a los ojos de nuestra 
flaqueza, mas no a los de aquellos que tienen 
entendido el mal que haze el afecion a las 
cosas de la tierra, y que no esta el daño en 
ser grandes, o pequeñas, que en auiendo co- 
dicia ninguna es tan pequeña, que quepa Dios 
junto con ella. Consideraron los santos alum- 
brados por Dios en estas reglas (digamos esto 
en este capitulo, que toca lo que es verdade- 
ramente historia interior del estado religioso) 
que parecen tan estrechas, lo que vemos en 
todas las demás sclencias y artes, todas tie- 
nen sus fines proprios, y sus intentos vltimos 
donde alcanzados descansan: fuera desto tie- 
nen vn blanco donde tiran, donde enderezan 
sus primeros y principales exercicios, que- 
dando en ellos, y siendo conseguidos alcan- 
zan luego el fin pretendido (Scopo se dize en 
la lengua Griega, en la Latina Meta, dedu- 
ziendo lo de la Hebrea, que dize Methara) (»). 
El fin del labrador es alcanzar vida descansa- 



da, y salir de laceria: y para esto endereza 
sus labores al Agosto, a la cosecha del trigo 
sin perdonar en el inuierno a los frios, en el 
estio a los calores: el soldado pretende gloria 
y fama, eternizarse en la memoria de los hom- 
bres, pone los ojos en la mira, que es la vic- 
toria del enemigo, sin perdonar su cuerpo a 
la furia de la machina, o al peUgro de la bate- 
ria, a la poluora, al plomo, al hierro. Tiene 
por fin el mercader la riqueza, pone su caudal 
en trato, y en auentura por el mar, y por la 
tierra. De la misma suerte en este estado, o 
en este arte de la vida religiosa, o monástica, 
ay su proprio y vltimo fin, aquello que pro- 
puso delante de sus ojos el que se determino 
a ella. Este es sin duda el reyno del cielo, 
aquella vida tan feliz, y tan colmada de bienes, 
que ni tiene cosa que duela, o entristezca, 
ni falta cosa que alegre, y enriquezca, fin de 
todos los fines, vltimo paradero del appetito 
del hombre, el blanco en que ha de tocar el 
religioso, la Meta, o Methara (») (que quiere 
dezir cárcel, o termino) donde se ha de ence- 
rrar, o enderezar sus obras y exercicios, es 
la pureza del coraqon, limpialle de toda afe- 
cion terrena, no permitir nada dentro. Aqui 
van encaminadas las flechas deste arco, y es 
el blanco adonde asiestan todas las cerimo- 
nias, exercicios, constituciones, preceptos de 
la sciencia, y arte de los santos: este fin, o es- 
copo tocado, luego se sigue la corona. Por no 
conocer esto, o por oluidarse dello los que 
toman este estado, y dizen que professan 
este arte, hazen todos los tiros abiesos, y 
como hombres sin juicio, aun no dan en el 
terreno, o por mejor dezir yerran a todo el 
cielo, y dan en tierra, de quien dize Dios que 
se han conuertido en arcos, torcidos del punto, 
que no se puede hazer con ellos buen tiro. 
El que piensa alcanzar el fin de la bienauentu- 
ranza, sin limpiar primero el corazón, que es 
lo mismo que Santiago dixo en su canónica, 
no mancharse con cosa deste siglo: es labra- 
dor insensato, que sin cultiuar la tierra espe- 
ra coger las miesses, como mercader igno- 
rante, que sin trato de auentura piensa enri- 
quecerse, o soldado loco que sin desnudar 
espada espera corona y triumpho. Quando se 
dexo el padre, madre, hermanos, parientes, 
patria, amigos, libertad, hazienda, deleytes, y 
quanto en esse mar ancho de la vida, que se 

(«) ,-naa 

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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



llama siglo se encierra, y se encerró en vnos 
marcos tan estrechos, como los de vna reli- 
gión, ciñó y faxó todos sus miembros con vnas 
coyundas tan fuertes tres dobladas, como los 
votos de obediencia, castidad, pobreza: que 
otra cosa fue sino tocar este blanco de la 
pureza del coraron? Para quitar de todo 
punto los abiesos, se ordeno tan discreta- 
mente la clausura, el silencio, se vedó el dar, 
y tomar. Compadécese mal con la pureza del 
alma, que lo dexo todo, y se quiere guardar 
immaculada de cuanto sabe a siglo, tratar las 
cosas del siglo, pues son de tan baxo precio 
para la eternidad del reyno que pretende. 
Este es el edificio primero que yua leuantan- 
do nuestro Pecha, y lo que de veras es reli- 
gión, y tras esto, porque la ociosidad esta 
aparejada al vicio, cama donde se recrea, o 
semilla donde se produce, puso luego en pla- 
tica el mas importante exercicio del monge y 
religioso, como lo ordena la constitución 
quinta de aquellas doze: esta es, las diuinas 
alabanzas. Repartió en ellas el tiempo todo 
del dia, con tanto concierto, como agora ve- 
mos, que a la medía noche en punto se leuan- 
ten a Maytines, donde cantando, o rezando, 
o en oración mental se gasten tres horas si 
fuere inuierno, y en el verano conforme a la 
solemnidad, por ser estas tres horas en lo mas 
callado, y profundo de la noche conbidan a 
leuautar el alma a su Criador, y a que el mis- 
mo Señor venga a ella: gozase de vna quietud 
soberana, y quando todas las demás criaturas 
están sepultadas en sueño, entonan dulces 
cantos y hymnos a su Criador. Guardase esto 
el dia de oy, como el primero dia, sin perdo- 
nar en medio de! inuierno, las noches mas 
heladas, y tempestuosas: exercicio tan santo 
como penitente: salen de alli los pies hechos 
yelos de ordinario, lo que resta de la noche 
no puede dormirse, llega la mañana: mas an- 
tes mucho que llegue, tornan a despertar a 
los que no pudieron dormir, leuantanse a la 
Prima con estrellas, están vna hora en esta 
santa alborada, quando no ay mas ocupación, 
que la Prima, que suele auer otras, lo que 
resta de interualo de alli a la Tercia, se gasta 
en dezir las missas vnos, en ayudallas otros. 
Antes que se acaben ya la señal del Coro les 
da príessa. En Tercia, Sexta, y Missa mayor 
se gastan lo ordinario dos horas, lo extraor- 
dinario mas, son diez y media del dia poco 
mas, o menos, van a la común refecion, donde 



en el silencio y compostura no ay differencia 
a la del Coro, o altar: desde alli tornan cantan- 
do, y dando gradas del alimento que han re- 
cebido, al Señor que le dio: tan solemne y 
deuotamente que dura mas que la comida; 
dizen luego Nona cantada, o rezada conforme 
la fiesta, queda aquí algún interualo hasta la 
hora de oración a las tres, y luego se cantan 
las Vísperas, que se acauan Infaliblemente a 
las cinco. Tras ellas vna ligera cena: lo demás 
hasta las siete se gasta en Completas, y 
Salue, con que se remata el dia. En todo este 
discurso que precisamente es Coro lo ordina- 
rio y a lo mas breue, se gastan ocho horas 
del día, mas de tal suerte repartidas que se 
algan casi con todo el tiempo. Ansi se ordeno 
desde los principios desta religión, y aunque 
nuestro F. Pedro Fernandez Pecha no lo de- 
xasse en tan perfeto punto, ordeno todo lo 
que pudo para el buen gouiemo y platica 
desta constitución. Ansi se guarda oy por 
merced del cielo en todas las casas, en mu- 
chas, antes crece que disminuye. Yo se algu- 
na y muchos la saben, donde cantando y ve- 
lando delante la magestad diuinalos masdias 
festiuales se consumen diez, y doze horas de 
Coro con mucha alegría, y a bueltas desto 
saben muchos de los que en esto se ocupan 
mucha Teología, no solo de la de escuelas, 
sino de la santa escritura y lenguas, y no se 
estoruan con tanta ocupación de Coro, por- 
que alli contemplan lo que acullá piensan. 
Quien entro en la religión con gana de dexa- 
Uo todo, y consagrarse a Dios, en todas estas 
occasiones le halla, y gasta en ellas la vida 
alegremente, aunque parece a la carne impos- 
sible. También creo que ordeno este santo 
varón con el parecer de Femandiañez aquien 
respetaua como a padre, y presbytero, que 
el oficio diuino desta religión, fuesse para 
siempre el de la Iglesia Romana, no ay noticia 
que algún dia se aya dicho otro, considera- 
ción santa, y bien fundada por ser como se 
dixo en la historia de nuestro santo Doctor, 
cosa nacida en sus manos, ordenada por el, 
confirmada por Dámaso, y era razón sus hijos 
lo heredassen, y no admitiessen otro mas nue- 
uo, y porque de aquella Apostólica silla auian 
sido tan fauorecidos, como hemos visto, y 
porque sin falta es el mejor, y mas acertado 
de quantos en la Iglesia se vsan. Aceptóse 
desde estos principios en la Orden, y conser- 
uose con mayor integridad que en alguna otra 



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41 



parte, como se vio agora en la nueua reforma- 
ción que del se hizo, que apenas se sintió en- 
tre nosotros la mudanza, por ser casi lo mis- 
mo en lo del Missal, y Breuiario. Eran los mas 
destos nuestros primeros santos, hermanos 
legos, pocos dellos presbyteros: ordenóse en 
la constitución sexta los dias que auian de 
comulgar, no muchos, ni pocos, vn medio 
entre la frequencia, y tardanza, que entram- 
bos estremos pueden tener nota. Imitauan en 
esto los padres antiguos, que con tanto re- 
cato, y tan grande preparación se llegauan 
a este santo mysterio, y con todo se juzgauan 
por indignos, nunca lo hizieron por costum- 
bre, ni tarea, como algunos que no dexaran 
de comulgar a ciertos dias por quanto ay en 
el mundo, no ay mas assi que assi. Después 
desto, señalo las horas, tiempos, lugares del 
silencio, en la forma que la constitución sép- 
tima disponía. No se contento con esto (como 
quien entendía quan importante es el recato 
de la lengua al religioso) todo el tiempo era 
silencio, a penas permitía palabra que no fues- 
se del cielo, o necessaria, asséntando las co- 
sas de manera, que ellas mismas hablassen, 
y se llamassen vnas a otras, sin que fuessen 
menester que las dixesse la lengua, porque 
abueltas de vnas palabras no saliessen otras, 
que llenándose tras si el alma, fuesse dificul- 
toso en el tiempo de la oración recogella. 
Quien ha de traher, dezia, el coraron recogido, 
y puesto en Dios, no ha de soltar la lengua, 
sino para lo que alli se considera. Del recato 
grande que se tenia en esto con los mancebos» 
que de nuevo venían a la Religión, diremos 
en su proprio lugar, agora solo vamos descu- 
briendo (como si dixessemos) los perfiles 
desta primera planta, desde la constitución 
nona (la octaua trata del habito de que ya 
hemos dicho lo que basta) hasta la doze se 
da orden en la corredon de los defectos, que 
como hombres no se escusan en los religio- 
sos, y el castigo que a cada culpa responde. 
Estas no pudo poner en platica el santo 
Prior Fray Pedro Fernandez, porque no se 
ofreció ocasión, aunque son las cosas que alli 
se baptizan por culpas tan menudas, que fue 
mucho saberles poner nombre. No llegar al 
Coro antes que se haga la señal, es culpa, y 
culpa vn mínimo desassossiego que se atra- 
uiesse en el oficio diuíno, culpa el no estar 
muy atento, de suerte que se le vea en el sem- 
blante (como sí fuesse possible tanta entere- 



za en el hombre) también es culpa el derra- 
mar los ojos, derramarlos se llama alearlos a 
mirar alguna cosa, aun en el ' ' 
fecto culpable también hazc 
miento no religioso, y encierra 
tan menudas, que no las cono< 
tienen para lo que es religión 
y si en el mundo ay los que 
aquí se hallan, porque de vti 
ven en lo hondo del corado 
cría. Otras cien culpas a este 
culpas, aunque leues. Las pe 
aluedrío del superior para a 
fuere su voluntad, mirando el 
censo, o cantidad, dando no c 
en la rayz. Otras ay que se 
granes, y mas granes, y grat 
perlatiuo, como son las de 
que no conociendo el bien qu< 
atrás del camino comentado, 
por la dureza de sus almas 
correcion, contra estos ay s 
das, y rigurosas en estas con 
receles a algunos, que no enti 
guaje diuino, que son los r 
cruda, fiera, de poca piedad 
castigan rigurosamente, no 
granes, mas aun las menuda 
parece que esto es inuencion 
guamente no se vsaua, y que 1 
ge, quando no hazla lo que d 
atrás del santo intento, era 
liuiano. Los primeros son poc 
segundos poco pios, si adi 
pureza es la que pide vna aln 
Dios amores tan finos, y quan 
lo es el deste desposorio, y 
trato, no juzgarían ser liuiar 
liuiana, ni pequeña nota la m 
ni que basta qualquier jabón 
primera blancura, olanda tar 
estambre tan sutil no se h 
carne, del trato gruesso, que 
Dios, quieren condenar los p 
bado delicado. No han entend 
el amor y la caridad grand 
pecados muy grandes, que no 
los pequeños, antes quanto 
guarda dellos. No se entrem 
castigos, y penitencias de re 
Los que a penas entran en c 
de vn viernes santo a otro, 
que por descuydo se pierden 



1'-. -V 



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, tienen mucho peso, y los que 
auedad del descuydo juntaron 
a determinar la pena, y ya que no 
r hoticia de lo que es esto, ni 
ean en los libros aprouados de 
s por santos, y sabrán que cosa 
ías de santos, o callen en causas 
de su profession, que acá nos 
con nuestros castigos, muchas 
lulces para los castigados, que 
>s regalos ellos pueden inuentar 
o. Mas piadosos son los padres 
que la madre, que mas tierna- 
a su hijo? Lean la seueridad 
: las penas que dauan los santos 
i Iglesia, a los pecados de los 
istianos, quando Dios quería que 
se quanta era la grauedad de 
netida contra Dios, y no se es- 
onseruan algo desto las religio- 
conseruan en algo, de aquello 
Los segundos censores, aunque 
que tratar con ellos, es bien que 
)nozcan por peligrosos, y que 
icia, diziendo que es inuencion, 
ayer acá. Desde el tiempo que 
Christiana huuo differencías de 
ligiosos con votos essenciales, y 
quien quebrantasse tan santas 
lo no lo quisiéremos traher de 
li alegar el castigo de Anania y 
nuger, (que ya en la primera 
os para el proposito de los esta- 
ara prouado San Basilio (que ha 
' trezientos años que passo) en 
es de sus reglas, vnas que hizo 
•tras breues, donde trato de la 
monges *por muchos capítulos. 
:ilios trataron, y determinaron 
)sa nacida con la misma Iglesia, 
abúrense, Calcedonense, Aure- 
usicano, y otros donde se seña- 
iues, y cárceles y excomuniones 
iosos y religiosas que cometen 
5 contra sus votos, y contra sus 
an estos no muy pios, que fues- 
erfecion las vírgenes consagra- 
i Vesta, o Cibeles que las almas 
on Christo. Mas no es lugar este 
osas tan aueriguadas, solo diré 
dia mas triste para Roma, el que 



castigauan vna destas vírgenes, enterrándola 
viua por la fealdad de su culpa, toda la Igle- 
sia auia de llorar la cayda de vn alma consa- 
grada al verdadero Dios. 

Tornemos a nuestro Pecha, que como muy 
solicita maestra de las abejas, labraua estos 
panales de Religión en San Bartolomé de Lu- 
piana, entablando con suauidad estas santas 
constituciones. Este pues fue su primer cuyda- 
do, y primeros exercicios, y las primeras mues- 
tras de su oficio. Y aunque es ansi que el reli- 
gioso dentro de si tiene las cercas, y las pare- 
des que le recogen, y la celda donde se encie- 
rra, o el oratorio donde se retira, porque es 
templo santo de Dios. Con todo esso son ne- 
cessarias las paredes para quitar las ocassio- 
nes a los de dentro y fuera, a los vnos, porque 
no salgan donde pierdan esta paz, a los otros, 
porque no entren donde turben el sossiego. 
Por esto trato luego el Prior de que se edificas- 
se vn claustro donde estuuiessen encerrados, 
tuuiessen celdas para el recogimiento, capillas 
donde dezir Missas, cementerio donde ente- 
rrarse, y donde mientras viuiessen hiziessen 
otros tantos exercicios: de que son testigos 
las paredes salpicadas de sangre, y regadas 
de lagrymas, donde también huuiessen otras 
officinas necessarias para la clausura del 
estado de monges. Miraron el suelo, la dispo- 
sición del sitio, la parte del medio dia, en 
respeto de la Iglesia, les pareció mas a cuento 
para la comodidad de las celdas, y para lo 
que podia labrarse adelante. Trabaron vn 
claustrico pequeño y pobre de setenta pies 
de largo, de ancho onze, porque no daua mas 
lugar la cuesta donde arrimaua. Dieronle por 
los tres lados a tres altos, dexando descu- 
bierta la entrada del Sol al medio dia: en estos 
suelos hizieron buen numero de celdas del 
tamaño que para monges humildes, y pobres 
bastaua. El suelo mas baxo repartieron bien 
en doze capillas: para las Missas, y para reti- 
rarse a oraciones particulares, no contentos 
con las comunes: (que Dios a quien le gusta 
nnnca harto) en los paños deste suelo hizie- 
ron los entierros, porque el monge ni viuo ni 
muerto ha de salir del clautro que escogió 
por su eterna morada en el suelo. Mas ha ya 
de cien años, que ninguno .se entierra en 
estas primeras sepulturas, porque los prime- 
ros las ocuparon, o conuiertieron en reliqua- 
rios, y assi se les tiene mucha reuerencia, 
como Sarcophagos donde reposan tantos 



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43 



santos, descubriéronse muchas vezes para 
enterrar otros, hallauanse los cuerpos tan 
enteros, y tan hermosos, como si estuuieran 
viuos, salia dellos olor suauissimo, después 
de cinquenta, y de ochenta aflos sepultados. 
Mandóse por esta razón que jamas se abries- 
sen, y llamóse de allí adelante el claustro 
de los santos, porque reposan en el muchos, 
aguardando que la muerte quede totalmente 
absorta, y la vida que esta en ellos abscon* 
dida alcance la victoria de la resurrecion per- 
fecta. Llamanle también de los santos, por- 
que con las manos, y el trabajo de aquellos 
sieruos de Dios fue edificado, como el mana 
se llama pan de los Angeles. Podríase también 
llamar ansi, porque tiene vn no se que, que 
entrando en el parece que buelue vn hombre 
en si, y le pone pensamientos, y desseos 
santos. Deue de salir por vna secreta fuerza 
diuina de aquellos sepulcros alguna virtud, 
que penetra en el alma, como vemos en mu- 
chas cosas naturales, otros effectos, que no 
ay phílosophia que les de alcance. Para las 
expensas y gastos deste edificio ayudaron 
con la parte de sus haziendas, que reserua- 
ron para esto Fray Pedro Fernandez Pecha, 
y Fray Hernandiañez, y los parientes del vno 
y del otro. No era menester mucho, porque 
el edificio era poco, la tierra y el sitio pro- 
ueyan de materiales sufficientes, piedra, ma- 
dera, cal, y yesso, para maestros bastauan 
los mismos padres mas principales, peones 
serian menester muy pocos, porque los man- 
cebos que auian tomado el habito, y los otros 
santos Hermitaños andauan heruorosos en su 
obra, como gusanos de seda, que labran su 
mismo sepulcro. Dieronse tan buena mafia, 
que dentro de vn año (cosa que parece mila- 
gro) tenia puesta la vna y otra fabrica en 
tanta perfecion, que parecía de muchos. Vna 
y otra fabrica digo, porque quien viera aque- 
llos noueles sieruos de lesu Christo, tan 
recientes en la profession, y tan maduros y 
assentados en los exercicios de la vida mo- 
nástica, jurara que aula sido enxambre, que 
auia venido bolando desde el monasterio de 
Belén a aquella cuesta, y que Gerónimo 
quando viuia, no viuia de otra manera. Y 
quien considerara el edificio, tan súbitamente 
leuantando, assentado tan discretamente, 
pensara que era la casa de Nazareth, que 
truxeron los Angeles por el ayre bolando a 
Loreto. No se puede hazer esto sin que el 1 



fuego del amor diuino enardezca, las almas, 
y saque fuera del curso natural las fuerzas. 
Todo esto hizo nuestro Pecha dentro del 
primer año, que vino de Roma, como se vera 
en lo que se sigue. 

CAPITVLO XI 

Renuncia el Priorato Fray Pedro de Guada- 
¡ajara, eligen a Fray Fernando Yañez, Lla- 
man al Arzobispo de Toledo para que les 
bendiga el claustro. Dizese todo el augmento 
deste primer monasterio^ y casa. 

Ni al coraron noble desuanecen las digni- 
dades, ni al alma santa engrandecen los ofi- 
cios. Conocen los sieruos de Dios, que los 
cargos de la religión Christiana no los puso 
en la Iglesia el señor dellos, para honra de los 
superiores, sino para bien de los subditos. 
Suénales siempre en las orejas aquella sen- 
tencia que el mismo principe dixo: no vine a 
ser seruido: sino a seruir. Nuestro primer 
Prelado y Prior F. Pedro Fernandez Pecha, 
aunque sin letras del mundo, no ignorante 
desta sciencia santa tenia bien penetrados 
estos fundamentos, y como noble por linage 
y por virtud, no se desuanecio viéndose Prior, 
y fundador, o restaurador de vn tan alto ins- 
tituto, ni desconoció su estado humilde entre 
tan altas virtudes. Quando vio puestas las 
cosas en el estado que he dicho, y que los 
auia llegado el Señor a tan buen termino, to- 
mándole a el por instrumento: parecióle que 
ya de alli adelante seria mas autoridad, y des- 
canso el ser Prior, que trabajo: y el no quería 
ser sino el primero en trabajos. Acordó que 
el poder y facultad larga que su santidad le 
auia concedido: dexar aquel oficio, tenia gana 
de ser subdito, y vergüenza de verse Prela- 
do, en presencia de Fray Hernando Yañez, a 
quien no solo por ser sacerdote, y ser quien 
era, tenia respeto de padre, sino por su gran 
santidad reuerenciaua. Tenia también ardiente 
desseo de ver el augmento desta religión, y 
que el nombre de San Geronino, y su institu- 
to se estendiesse por toda España. Tocauale 
a el esto, era neccssario desembara<^arse de 
las cosas de San Bartolomé, pues quedauan 
en tal estado, y entrañan en tan buenas ma- 
nos. Con estas consideraciones renuncio el 
oficio de Prior de aquel Conuento, en algunas 
escrituras se dice que en manos de F. Fer- 



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sto antes de cumplirse el 
s daua su humildad) no se 
Sintieron en el alma esto 
ian a su juycio vn gran 
su gouiernOy y veyan que 
sentárseles luego, auiendo 
ra parte, y Uorauan ya su 
. Consolauanse de lo pri- 
cía de Fray Fernando Ya- 
con ver que era para ser- 
la nueua Orden, poner en 
fundaciones. Consolaua- 
mo Padre con tan santas 
i no quedassen conuenci- 
s quedasssn satisfechas, 
on eligieron luego de co- 
) a Fray Fernando Yaflez 
onuento en el mismo año 
y setenta y quatro, y fue 
Canónica, que celebro esta 
aua bien cada vno destos 
era, reuerencia el vno al 
y sumisión, como el mas 
adre, andaua vna compe- 
n esta virtud que era di- 
ien lleuaua lo mejor. Con 
is dos caberas dauan, no 
!, a todos les parecía poco 
ts de sus hermanos: sus 
3S, dolíanse tiernamente, 
ide executar aquel desseo 
se. La querella era común 
el mayor quería también 
Era menester gran astu- 
lance. En todo yua cre- 
a el santo instituto. Fal- 
lue pusieron mucho cuy- 
res, que el claustro y mo- 
)endito por mano del Ar- 
sn cuyo districto estauan. 
n a don Gómez Manrique 
1. que pues eran sus sub- 
tuuiesse por bien conoce- 
merced de venir a echarle 
caries su casa y claustro, 
de su obediencia, ampa- 
>equeños y humildes. Fue- 
n el vno, o los dos destos 
:ibiolos con mucho amor 
ras, como hemos dicho) y 
íer quien eran, y por co- 
ntidad, y prudencia auian 
[os oyó con mucha benig- 



nidad. Dieronle cuenta del sucesso, y del es- 
tado en que tenían las cosas, la merced que 
el Papa les aula otorgado, y lo que hasta alli 
auian hecho. Faltauales lo que esperauan re- 
cebir de su mano: tenían gran esperanza que 
quien en lo passado les aula mirado con ojos 
tan de padre, no les negarla agora su benig- 
nidad, y lo que le pedian, que era recebillos 
por hijos, bendezirles su casa y claustro, au- 
torizar con su presencia aquella religión nue- 
uamente resucitada, alentar a los sieruos de 
Dios con su vista, y recebillos debaxo de su 
obediencia. Salió a todo esto con mucho amor, 
prometióles desembarazarse lo mas presto 
que pudiesse, y yr a hazer todo lo que le pe- 
dian. Ansi lo puso por obra, fue de alli a po- 
cos dias a S. Bartolomé, recibiéronle con la 
solemnidad y alegría que pudieron, y el a ellos 
también, mostrando mucho contento de ver 
aquellos sieruos de Dios, el nueuo habito, la 
manera de la religión, la conpostura y morti- 
ficación, que todo le pareció del cielo: hizo 
todas las santas cerímonias, que para aquel 
acto de bendición, y de dedicación se requie- 
ren en el claustro, y en la Iglesia: y con su 
autoridad quedo todo aquello consagrado al 
santo Apóstol, y con titulo de monasterio de 
la Orden de S. Gerónimo. En memoria deste 
acto solemne aquellos padres primeros pusie- 
ron vna inscripción por el contorno del claus- 
tro, de la parte de dentro, en lo mas alto, qual 
en aquel tiempo sencillo se vsaua, aprendida 
de los barbaros, que se apoderaron de Espa- 
ña, oluidada toda la buena manera antigua 
dize ansi: 

Este es el primer claustro en el qaal fue 
primeramente fundada la Orden del bienauen- 
turado San Gerónimo en España, por el muy 
santo Padre Gregorio XI. de santa memoria, 
en el año del Señor, mil y trezlentos, y setenta 
y tres años, a suplicación de los venerables 
padres F. Pedro Fernandez Pecha, e Fray Fer- 
nando Yañez de Caceres, primeros Frates de 
la dicha Orden. Recibiendo el nuestro habito 
de la mano del santo Padre, El qual dicho 
claustro fue eregido en monasterio por el Re- 
uerendo padre don Gómez Manrique Arzobis- 
po de Toledo en el sobredicho año. 

Desta inscripción se vee la verdad de lo 
que hemos dicho: que se asento en el año mil 
y trezientos, y setenta y tres, y se fundo en 
España la Orden de San Gerónimo: que se le- 
uanto el claustro, y monasterio de S. Barto- 



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45 



lome de sus fundamentos, que en el mismo se 
bendíxo la Iglesia y claustro, y fue eregido en 
monasterio por el Arzobispo de Toledo, y que 
el santo Pedro Fernandez Pecha, no salió de 
alli hasta que dexo hecho todo esto. Veese de 
aqui el calor que el sieruo de Dios ponia, y la 
prudencia con que se huuo en todos estos 
negocios. No ay noticia quanto se detuuo alli 
el Arzobispo con los nueuos religiosos por 
muchos que fuessen se le harían pocos, según 
estaua aficionado, y por el aliuio que sentia 
su alma en comunicar varones tan espiritua- 
les. A esto vienen a los monasterios los Prin- 
cipes y señores del mundo, y los Prelados de 
la Iglesia para dexar algún tanto los cuydados 
granes que traen tan embarazada el alma, que 
no la dexan bolar con el peso, a sus buenos 
propósitos, y a tratar alguna cosa que los 
aliuie de carga tan importuna. Agora por 
nuestros pecados, vienen a oyr nuestras que- 
rellas, y nuestros desgustos, y con esto to- 
man tanta licencia, que los que otro tiempo 
entrañan con miedo y respeto a ser corregi- 
dos de sus faltas, tienen atreuimiento para 
entremeterse a corregir nuestras culpas, y 
aun a darnos leyes. Y los que en esse mundo 
tan ancho no pudieron, ni supieron retirarse 
vn rato dentro de si, toman a su cargo, dar 
reglas de recoger a los religiosos encerrados 
dentro de quatro paredes (aun desde que 
eran muchachos) señal grande de nuestro 
descuydo, y aun pronostico harto triste de la 
cayda que amenazan las cosas quando van 
tan al renes de lo que pide su curso natural. 
Y si es verdad la sentencia de San Pablo (el 
espiritual todo lo juzga, y de ninguno puede 
ser juygado) también sera verdad que no so- 
mos espirituales, pues nos juzgan los que tie- 
nen nombre de siglo. Estuuo pues alli el Ar- 
zobispo el tiempo que le pareció, haziendo lo 
que hemos dicho, y dando fauor y amparando 
a la religión que comen^aua con tan buenos 
principios. En este tiempo creo que trato Pe- 
dro Fernandez Pecha con el, como tenia fa- 
cultad del sumo Pontífice, para leuantar otros 
quatro monasterios, y que desseaua fuessen 
todos dentro de su Diócesis; pues era tan ca- 
paz para todo, y porque los demás Hermita- 
ños que estañan en Castilla, que.no se auian 
recogido a la Iglesia de San Bartolomé, esta- 
uan en diuersas Hermitas, dentro del Arzo- 
bispado. Parecióle muy bien al Arzobispo 
(como después lo mostrara la historia) hol- 



góse mucho con tan buena nueua, partióse de 

alli a su Iglesia d "" " " 

santos religiosos r 

que auian recebido 

Antes que de aq 

cho de vna vez to< 

material deste nu 

porque no nos este 

lante. Con el nom 

dias ganaron por i 

soldados de Chisto 

ba mucha gente a 

ligion nueua, por o 

de su mucha santii 

los les parecía qu 

desseauan quedar 

los sieruos de Dioi 

fuego vino que D 

obras, y que era c 

no alentalle, aunqi 

bílidad de casa, n 

nellos, entraron en 

rían, si los recibir 

tuuiessen con que 

cerrar la puerta, s 

esperanza diuina: 

traya, no cuelga de 

merosas. Dizese qi 

razones, dixo de es 

bre hermanos, de 

de los viuientes di 

la palabra del Sef 

mos del, hagamos ! 

los corazones al ( 

mas quédese a su 

sieruos suyos, en 

tríua su sustento. 

aquellos desiertos 

su pueblo, que sin 

aquel suelo estéril 

uieron tantos año 

sado en el cielo pe 

carnes sabrosissii 

otras acecinadas • 

aguas y de fuente 

con mucha abunc 

peñas duras, con 

los mas estendidc 

dos con el Nilo, n( 

fessauan satisfaz 

miesses a su har 

hasta no mas, ni 1 

tigo de su poca 1 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



de la voz diuina se encerraron en las soleda- 
des espantosas, y quantos desnudándose de 
8u regalo y interesse gastaron no solo las 
haziendas, mas las vidas en obras pías, en 
seruicio de los hermanos, y en obras de la 
charidad? y quantos sin miedo de que sera de 
maflana, despendieron sus aueres en beneficio 
de pobres, quedándose desnudos del mundo 
por vestirse de lesu Christo: no nos estre- 
chemos, ni encojamos con los que vienen, que 
Dios se alargara con los que acá estamos. 
Nuestro glorioso patrón San Gerónimo de 
quien hemos tenido atreuimiento de llamar- 
nos hijos nos desconocerá por tales, si en esta 
gran fiucia de Dios no le parecemos. Puesto 
en Belén monge, pobre, lexos de su tierra, y 
de los que podian fauorecelle, en medio de 
los que le perseguían, tuuo tanto valor que 
edifico vn gran monasterio, condolido de la 
muchedumbre de sieruos de Dios, que venian 
a el, ni osaua, ni podía despedillos, con aque- 
llas entrañas abrasadas en amor de Dios, y 
charidad de los próximos, a quien después de 
hospédanos lauaua los pies con tanta humil- 
dad, y como no auia posibilidad para tanto, 
acordó vender la hazienda que de sus padres 
le auia quedado, relieues de la furia de gente 
barbara vencedora, sin resistencia, para pa- 
ssár adelante con lo que auia comentado a 
edificar. Parezcamos a San Gerónimo en esto, 
no boluamos jamas el rostro a la hospitali- 
dad, y sea este muy particular exercicio des- 
ta su religión, recibamos a todos los que qui- 
sieren nuestra compañía. El claustro en que 
vinimos ya no cabe, es fuer<^a, que o cerre- 
mos la puerta, o abramos los cimientos para 
otro; con estas razones llenas de fe, nacidas 
de charidad, se mouieron los santos monges 
a dar tra^a, en leuantar otro claustro, comen- 
táronle, no se sabe quando, ni quando se 
acabo, ni con que expensas, ni quien les ayu- 
do, (tan sin cuydado de dexar de si memoria 
en la tierra hazian las cosas) y es poco me- 
nos antiguo, que el primero pequeño, parece 
ser ansi por muchas conjecturas, y porque 
esta enterrado en el vn religioso de la Orden 
de Santo Domingo, compañero de San Vi- 
cente Ferrer, que al tiempo que venia pre- 
dicando por estas partes de Castilla, llego 
con el a esta casa, y murió alli. Queríale mu- 
cho el Santo, porque era digno de ser que- 
rido, de tal varón por sus virtudes, y por 
ser persona señalada, de los ludios que el 



auia conuertido en España, y aprouechauale 
para la conuersion de otros, como Apolo a 
San Pablo. Estaua ya el claustro edificado y 
labrado, no de fresco, sino de atrás, y donde 
se enterrauan ya otros; murió S. Vicente el 
año de mil y quatrocientos y diez y ocho, en 
Venecia, y la muerte deste su compañero fue 
algunos antes, de donde se colige harto clara 
la antigüedad deste edificio. Nuestro Pedro 
Fernandez Pecha, quiso ser en todo el pri- 
mero. El primer religioso, primer Prior, y el 
primer bien hechor de la Orden. Dexo todo 
lo que pudo dexar de su hazienda, para los 
pobres, con espíritu de verdadero pobre, por 
su intercession, su madre Eluira Martínez 
(que se cree aun era viua hasta este tiempo) 
muger valerosa y santa, dio mucho, casas» 
tierras, molinos, huertas, y otras heredades, 
en diuersos pueblos de aquella comarca, como 
parece en su testamento. Doña Mayor Fer- 
nandez Pecha su hija, y de Hernán Rodríguez 
Pecha, hermana de nuestro fundador, muger 
de Arias Oon<^alez de Valdes dio otros moli- 
nos que tenia en la ribera de Henares, en 
Guadalajara, muchas casas en la misma ciu- 
dad, muchas heredades que tenia en otras 
partes: Men Rodríguez Pecha de Valdes, hijo 
desta señora, y sobrino de Fray Pedro Fer- 
nandez Pecha, dio cantidad de heredades. 
Don Alfonso Pecha, el santo Obispo de laen, 
dio también todo lo que de su parte le tocaua 
de la herencia de sus padres, como veremos 
después. Todo este linage santo, padres, hi- 
jos, sobrinos, hermanos, nietos, son los prin- 
cipales fundadores (llamemos los ansi) y bien 
hechores deste monasterio, y por consiguien- 
te de toda la religión, pues toda apoya en 
aquel primer convento: fueron tras esto tan 
liberales, y parecióles que quedauan tan sa- 
tisfechos en dallo, que no pidieron recom- 
pensa, ni vna missa de obligación, y por esto 
fue mayor la que pusieron en gente de bue- 
nos respectos: parecese ansi en toda esta re- 
ligión, pues quanto mas libres les dexaron 
sus haziendas los bien hechores tanto mas se 
obligaron los mismos Conuentos en agrade- 
cellos con sacrificios y oraciones: el discurso 
desta historia mostrara esta verdad con har- 
tos exemplos. Con esto se yua ensanchando 
en edificios esta colmena santa, donde nues- 
tros Pechas edificaron panales tan suaues, y 
dulces. Encerrados en sus casas, y escondi- 
dos en sus celdas estrechas. Estos santos 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



47 



atrahian assi el mundo. Los príncipes se les 
aficionauan: teníanles respecto los Reyes, y 
los Períados los metian en sus entrañas, y 
quando veyan vn religioso de San Gerónimo 
(era esto raras vezes) les parecía ver vn re- 
trato de los monges antiguos de Palestina, o 
Egypto. De aqui sucedía, que sin hallarse 
muy solícitos a sus cabeceras quando morían, 
ni entremeterse al hazer de los testamentos 
sin pesuadilles a que les mandassen sus ha- 
ziendas, o importunalles que se enterrassen 
en sus casas, se les entrauan por las puertas. 
Les dexauan lo que tenían, hazíendolos tes- 
tamentarios, fiauanles los patronazgos, y les 
hazian notables mandas, y osare afirmar que 
en muchas casas desta religión, que las co- 
nozco yo bien, es mas lo que no quisieron 
tomar entonces, quando les dauan todos con 
tanta largueza, que lo que agora tienen, y 
que dexaron mucho mas con el amor que a la 
pobreza tenían, que lo que ahora se sabe 
grangear con sobradas diligencias de otros. 
Después del prímero claustro, que llaman con 
razón santo, edificado con gran pobreza, y 
del segundo que se leuanto con el tesoro de 
la confianza diuina, y de los bienes que los 
parientes de Pecha dieron, (y es el mayor 
claustro deste monasterio, aunque pequeño 
para el) se edifico el tercero, que sirue de 
cnfermeria; ya en este tiempo auían hecho 
largas mercedes a esta casa los Reyes de 
Castilla, reconociendo esta religión por muy 
suya, nacida dentro de sus términos, y aun 
de sus palacios. El Rey don luán el primero, 
hijo de don Henrique, fue muy denoto de la 
Orden, y en particular deste Conuento. Hi- 
zole muchas mercedes, díole cinco mil mara- 
uedís de juro (que no era poco para aquellos 
tiempos, que todo valía a marauedi) en las 
tercias de Sígnenla, para ayuda a la fabrica, 
el Rey don luán el segundo, nieto deste pri- 
mero; confirmo la merced passada, y añadió 
la renta de las dichas tercias, para siempre, 
con príuilegío particular, añadió también las 
tercias de todo el Arciprestado, y los Reyes 
Sücessores confirmaron con la misma largue- 
za y deuocion todos estas mercedes; la Du- 
quessa de Arjona doña Aldonza de Mendoza 
visítaua muchas vezes aquellos santos, era 
muy pía, inclinada desde la cuna a cosas san- 
tas, y al augmento del oficio diuino, considero 
la religiosa señora, que aquella primera Igle- 
sia era muy corta, mal proporcionada para 



celebrarlo con la solemnidad, que aquellos 
religiosos le dauan. Trato de alargarla, hizo- 
lo, dexandola en la medida que agora se con- 
serua. Labro el techo de la yglesia, desde la 
capilla mayor, y aunque de madera, mas con el 
mejor ornato que la rusticidad de aquel tiem- 
po supo dalle. Estaua España en esta y en 
las demás artes muy pobre, mendigando los 
Christíanos viejos de las reliquias de los Ara- 
bes, hasta los mas baxos oficios. Labro de la 
misma traga el coro y sillas, que aun se vee 
en ellas que hazian todo lo que sabían, sin 
perdonar al tiempo, y a la costa. También 
hizo el primer retablo de la capilla mayor, 
que ya se mejoro con el tiempo (ansí se aya 
mejorado en la deuocion). Hizo al fin vn tes- 
tamento, debaxo del qual murió, dexando mu- 
chas cosas a sus deuotos. No pudieron cum- 
plirse, y como eran para la dote de la capilla, 
faltando aquellas, no pudo quedar su cuerpo 
en el assíento de en medio: pusiéronle en vn 
lugar emíneute, junto al altar mayor, al lado 
de la Epístola. 

En tiempo de don Enrique el quarto, vino 
a visitar aquel conuento don Alfonso Carrillo 
Arzobispo de Toledo, y aunque en esta sazón 
estaua ya la Orden libre de la jurisdicion de 
los Obispos, no estaua fuera de la deuocion 
de muchos, en particular deste Prelado. Re- 
cibiéronle con gran amor y reuerencia, el a 
ellos con mucha humanidad y alegría. Consi- 
dero la casa, mirólo todo con atención. En- 
tendiendo que el claustro pequeño era el que 
auían edificado con sus manos aquellos síer- 
uos de Dios, que le leuantaron junto con la 
religión, y que estañan encerrados allí, besaua 
el suelo, y las paredes: y no pudiendo sufrir 
el heruor de su deuocion tanta pobreza, man- 
dóle reedificar de nueuo, aunque quisiera lic- 
uar al Sagrario las paredes viejas. Dio para 
esto muy larga lymosna. Vna inscripción que 
esta en el mismo claustro, que corre al derre- 
dor del antepecho y claraboyas en el paño 
baxo, lo dize desta manera. 

Este claustro fue mandado reedificar, apos- 
tar, e adornar, alto e baxo, en la forma que 
agora esta, a sus proprias expensas, por el 
muy Reuerendo e Magnifico padre e Señor Don 
Alfonso Carrillo Argobispo de Toledo, Prima- 
do de las Españas, e Chanciller mayor de Cas- 
tilla. Siendo Prior deste monasterio el Reue- 
rendo Padre F. Alonso de Oropesa, Ano del 
Señor de M. e CCCC. e LXXÍÍ. Años. 



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48 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO. 



Fue sin duda para en aquella sazón, obra 
de primor, que muestra estimarle por cosa 
sagrada y santa el fin que mouia a hazerla. El 
techo es de artesones dorados, y pintados: 
los antepechos de marmol pardo, aunque no 
es propiamente marmol, sino vna piedra dura 
y fuerte que tira a color de pitarra, con sus 
claraboyas de la mejor traza y labor que aque- 
lla Architectura moderna heredada de Godos, 
o de Moros, sabia. El Rey don Enrique el 
quarto (que a todos daua y a la orden de san 
Gerónimo con notable largueza) no se oluido 
desta casa, diole juros, y tercios en la Vicaria 
de Biruega, y Alcolea. Confirmaron la merced 
los Reyes Católicos, añadiendo otras con fa- 
uorables priuilegios, con harta cantidad de 
sal en las salinas de la Loma. La Reyna doña 
luana confirmo todas estas mercedes, aña- 
diendo otras de nueuo por vn priuilegio hecho 
en Valladolid, año de mil y quinientos y nue- 
ue. Y el Católico Rey don Felipe segundo lo 
torno a confirmar el año mil y quinientos y 
sesenta. Don Lorenzo Suarez de Figueroa 
Conde de Coruña, casado con doña Ysabel 
de Borbon, de la casa de Francia, tenia singu- 
lar deuocion a estos religiosos, y a este con- 
vento: parecióle si sepultaua allí su cuerpo, 
gozaría su alma mas presto de descanso. En- 
tendió que la capilla mayor no tenia dueño, 
por la razón que diximos: trato con los reli- 
giosos se la diessen. Hizose, y enterróse en 
ella año de mil y quatrocientos y ochenta: 
dotóla honradamente con juros, y vn molino 
en la ribera de Henares. Dioles vu dosel de 
brocado que oy viue, y instituyo vua capella- 
nía perpetua. Dize en su mismo testamento, 
que solo le moula a esto, la mucha deuocion, 
y afición grande que tenia al conuento, sin 
otra persuasión humana. El año de mil y qui- 
nientos y quarenta y cinco (haze agora cin- 
cuenta años) el Conde de Coruña don Alonso 
Suarez de Mendoza, sucessor en el estado, 
rogo al Conuento se deshiziesse aquel con- 
cierto, porque desseaua tener a sus padres y 
agüelos en vn entierro que hazia en Torija. 
Concedió el monasterio todo lo que pedia. 
Truxole facultad del Papa, que era a la sazón 
Paulo Tercio, para hazerse. Llenáronse los 
huesos a Torija, y quedo aquella capilla (no 
se con que acuerdo del cielo) libre, para mas 
alto dueño. Parecióles a los religiosos santos 
de san Bartolomé, y a san Gerónimo Doctor 
y padre desta religión, que ya la yglesia y ca- 



pilla tenia suyo, y que los que hasta allí auian 
entrado en ella, dexandoles sus haziendas, y 
sus cuerpos, entraron como dizen, con buena 
fe, pensando que podían quando les mostra- 
ron el desengaño en el cielo, y entendieron a 
quien se deuia, todos de común acuerdo vi- 
nieron en deshazer los conciertos hechos en 
la tierra, y tornarle a su rayz. Ansi el año de 
mil y quinientos y sesenta y nueue, se dio la 
capilla mayor al Rey don Felipe segundo, des- 
pués de auer corrido por tantas manos como 
enagenada, y violentada, agora se vio en su 
proprio señor depositada, como cosa deuida a 
al casa Real donde auia salido. Lo que fray Pe- 
dro Fernandez Pecha, sus padres, hermanos, 
y sobrinos tenían, todo era de los Reyes de 
Castilla: ellos se lo dieron, y ellos truxeron 
tan noble y santo linage a España, fundando 
religión, y casa en ella. Alto pensamiento fue 
que lo que era de Cesar se diesse a Cesar, y 
lo que de Dios a Dios. Los cuerpos a seniido 
de los Reyes de la tierra, las almas al del cie- 
lo. Los sepulcros y capillas donde se deposi- 
to lo terreno, todo sea de los Reyes quando 
se quisieren seruir dello. La religión y exer- 
cicio de las virtudes, no puede tener otro 
dueño sino el que se llama Rey dellas. Dan 
licencia los efectos para que hagamos mys- 
terio donde parece que no ay mas de suces- 
sos humanos. Fundase en España a honra del 
glorioso Mártir Español Laurencio, vna casa 
tan ilustre quanto el muudo sabe, y se vera 
en esta historia (fabrica de vna mano tan po- 
derosa, que aunque en si parece y es muy 
grande, en diziendo cuya es no admira) dedi- 
case al instituto y religión de san Gerónimo, 
nacida en España, casi dentro de las puertas 
de la casa Real. Pues quien dirá que no era 
violencia, o orden torcido, que en la primera 
capilla desta religión, y en la cabega tenga la 
possesion quien sea menos que cabe9a del 
Reyno, y este en otra subordinada a esta 
quien tiene el supremo lugar? y que esto se 
aya hecho y enderezado a su natural camino 
sin pensar, y sin acuerdo humano, y que des- 
pués de tantos assientos, al parecer tan fir- 
mes, se desauengan sin violencia, para caerse 
de su peso a su centro: acuerdo parece este 
mas que humano. Sea al fin lo que fuere, el 
Catholico Rey don Felipe, en estos años que 
dixe, tomo por suya la capilla, y siguiendo las 
pisadas de sus progenitores, en hacer merce- 
des a aquella casa (digo aquella casa, porque 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



49 



a toda la Orden mas merced que todos jun- 
tos). Para mayor firmeza del contrato, dio al 
Prior general y conuento, la jurisdicion del 
lugar de Lupiana, aldea de Guadalajara, en lo 
llano de aquel valle, al pie del monasterio, y 
de la cuesta donde esta assentado, con la ju- 
rídidon de otros términos que caen en el 
mismo distrito de la ciudad, haciéndolos con- 
forme al lenguaje y fueros de Castilla, termi- 
no redondo, confirmando esto y todo lo de- 
mas, con sus priuilegios Reales. Aqui pudiera 
hazer memoria de otras muchas donaciones, 
mandas, patronazgos, y fabricas, que es muy 
justo la aya dellas, por la nobleza, deuocion, 
y santidad de los que las hizieron, como de 
aquella notable lymosna de pan que dexo don 
Bernardino de Mendoza Arcediano de Oua- 
dalajara, para repartir a pobres: y los juros 
de don Antonio de Mendoza, para obras pias 
y casar huérfanas, todo al aluedrio del Prior 
general, y del conuento. Mas no quiero que 
piensen que voy con tanto cuydado de dezir 
todas las menudenoias. Diré solo que fueron 
estos y otros semejantes bienhechores, jun- 
tamente deuotos y discretos, en dexar sus 
haziendas en estas obras pias, y en manos de 
tan fieles capellanes, y mayordomos, porque 
sin duda son de las mas bien distribuydas y 
executadas que ay en la yglesia de Dios: y 
estanse tan en pie, y tan mejoradas las de 
agora dozientos afios, como si oy se funda- 
ran: y no se yo que mayorazgo pudo quedar 
mas seguro, pues desde entonces acá son sin 
numero los que se han perdido. Por estos 
términos y passos ha ydo creciendo este pri- 
mer conuento hasta el dia de oy, quanto a lo 
defuera que determinamos tratar de vna vez, 
sindecender a cosas mas particulares, de que 
adelante se dirá en sus proprios lugares. 

CAPITVLO XII 

Don Alonso Pecha Obispo de laen pasa a 
Roma, haze donación de todos sus bienes al 
monasterio de san Bartolomé: edifica un mo- 
nasterio de san Gerónimo en Genoua, y aca- 
ba sa vida santamente. 

Parecerá que he puesto en oluido vna per- 
sona tan importante en esta historia, princi- 
pal parte en los fundamentos y restauración 
desta religión de san Gerónimo, y tan digna de 
memoria perdurable, como don Alonso Pecha 

H. BB LA o. M S. GuomMO.— 4 



Obispo de laen, hermano de nuestro Pedro 
Fernandez Pecha? Razón ay de dezir esto, 
quisiera hallarla yo para poder hazer del ol- 
uidadizo fin nota dedescuydo, porque en cosa 
tan graue como la vida deste varón notable, 
no tenemos sino vnos tan escuros indicios, y 
dibuxo tan pobre, que no ay apenas sobre 
que fundar la pintura. Vimos sus nobles pen- 
samientos, la execucion de sus propósitos, 
dexamosle hecho Hermitaño de Obispo, de fa- 
moso y claro, particular y escondido. Dexa- 
mosle al fin en aquella soledad con su herma- 
no, y con su amigo, tan oluidado del suelo, 
quanto puesto en buscar a Christo. Que hizo 
después, como dispuso de su vida, donde fue, 
si se hallo en todos estos negocios, si fauore- 
cio en ellos, si troco el estado, o acabo en el 
comentado, ni lo hemos dicho, ni lo sabemos 
sino en suma, cosa que me lastima mucho, 
porque de lo poco que ha quedado en memo- 
ría se descubren vnas lumbres de cosas gran- 
des. Sábese de cierto que el santo Obispo de 
laen don Alfonso Pecha, y ya Hermitaño de 
la orden de san Gerónimo, fue a Roma a visi- 
tar aquella ciudad santa, y aquellas yglesias 
enriquecidas con la sangre de sus primeros 
fundadores, despojos dignos de eterna reue- 
rencia. Quando se fue, como, o porque se 
aparto de tanta compañía, no sabemos, ni ay 
noticia clara, mas a mi juyzío no es escura la 
conjetura de vno y otro. Vimos arriba la per- 
secución grande que hizieron a los santos 
Hermitaflos, con los malos títulos que les da- 
ñan, y el ruyn nombre que les ponían, llaman- 
dolos Beguinos, y Begardos, teniéndolos por 
sospechosos, gente sin ley, sin orden, sin pro- 
fessíon. Todo esto sabe acumular la embídia, 
y vestirlo la malicia con colores de policía, 
buen gouíemo, y aun santidad. Sintió el san- 
to varón mucho este encuentro, aun que le 
lastimaua mas el daño de la conciencia agena 
que la afrenta propria, por parecerse a Geró- 
nimo, a quien no dexaron los falsos hermanos 
reposar en el desierto, acordó dar lugar a la 
embídia (consejos ordinarios de los santos 
quando se ven perseguidos, y lecíon del maes- 
tro que enseña, que quando nos persiguen en 
vna ciudad nos vamos a otra.) Pudiera res- 
ponder bien don Alonso, que no auia dexado 
el estado de Obispo por ser Beguino, ni el de 
Prelado por ser Begardo, ni el de fiel por ser 
hereje, pues en prueua de lo vno y de lo otro, 
era testigo sin excepción, el discurso de su 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



vida. No quiso sino salir callando y sufriendo, 
dexando obrar el martillo de la tribulación^ la 
corona de la paciencia. Fuese al fin de Espa- 
ña a Roma. Que saliesse en este tiempo, aun- 
que nadie lo diga, ello se dize, pues tratando 
el año de trecientos y setenta y dos los san- 
tos Hermitaños, de la restauración de la orden 
de san Gerónimo, y de tomar estado, porque 
se quitasse la sospecha, y siendo los princi- 
pales en esto, su hermano Pedro Fernandez, 
y Femando Yañez, no se haze memoria en to- 
dos los originales antiguos de la Orden en 
que va fundada la verdad desta historia, de 
que en alguna platica, junta, o acuerdo, de los 
muchos que huuo, se hallasse presente el 
Obispo don Alonso; argumento grande que 
ya se auia apartado, y partido, que fue quan- 
do la persecución andaua mas en lo viuo, 
quando aun no se leuantauan los pensamien- 
tos a tanto de restaurar la religión oluida- 
da de san Gerónimo. Ayudó a la deuodon y 
ocasión de la partida, la fama qué de santa 
Brígida sonaua por el mundo. Llegó a España 
el nombre de su santidad, y la marauiUosa 
certeza de su profecía. Todo esto despertó 
mas la sed de don Alonso, para visitar aque- 
llos santos lugares. Passauan coo esto sus 
intentos más adelante, y pues no hallaua en 
España la quietud que tampoco halló San Ge- 
rónimo en Roma, pensaua passar por alli, y 
caminar por sus mismos passos hasta ver los 
lugares de la tierra santa donde nado y mu- 
rio nuestro Saluador lesu Chisto, donde vivió 
y murió Gerónimo: adorar aquel pesebre hu- 
milde, la cueua pobre, la cuna del primero, y 
el sepulcro del segundo. Llegado a Roma (fue 
antes que el Papa Gregorio Onzeno bolulesse 
alli su silla de Auiñon: y engañase el padre 
fray Pedro de la Vega en dezir que fue des- 
pués, y el mismo se contradize, como parece- 
rá agora) entre sus primeras estaciones fue 
vna visitar a santa Brígida. Conoció presto la 
Santa lo mucho que auia en don Alonso Pe- 
cha, no solo de santidad mas aun de letras: 
tenia necessidad de comunicar sus grandes 
tratos de la feria del cielo coa quien enten- 
diesse la mercanda, y ellenguage. Vínole muy 
a proposito, y escogióle por su confessor, 
como lo afirman fray Pedro de la Vega, y Al- 
berto Crando. Conocense los santos vnos a 
otros fadknente, porque a los buenos huelen 
a vida, y dan olor de Chisto, aunque a los ma- 
los ton olor de muerte. En este tiempo tuuo 



reuelacion la santa que era voluntad de Dios 
f uesse a visitar los lugares de la tierra santa. 
Que sabemos si llevó Dios a don Alonso de 
España a Roma para que los dos juntos (como 
otro tiempo Paula y Gerónimo) fuessen de 
Roma a Gerusalen? O que sabemos si Pecha 
persuadió a la santa esta jomada? O Dios se 
la reuelo para que la cumpliesse Pecha? Como 
quiera que sea, los dos santos hizieron juntos 
esta jornada, larga y peligrosa, aunque de 
mucho prouecho, y santa. Trate de espacio en 
la primera parte del fruto grande destas pe- 
regrínaciones, reprehendidas de los herejes, 
porque las exerdtaron los santos, y porque 
son a su gloría, o por su pura malida, y por 
parecerse a su padre, que quando no puede 
contra Dios, bueluese contra lo que toca a su 
honra. Quien viera a estas dos santas almas 
andar visitando aquellas memorias de nues- 
tro bien? Que ternuras, y que motivos, que 
sentimientos pondría Dios en sus almas al 
tocar de aquella tierra, paredes, suelo, y pie- 
dras hendidas con el sentimiento de la muer- 
te de su hazedor? que respuestas boluerían 
de la tierra al cielo, de sus corazones a Dios? 
no cabe esto en historía, ni en lengua de car- 
ne. Es esto de lo que se siente y oye en el 
alma, mas ni se puede dezir, ni se acierta. Alia 
se auienen los santos, y alia se entienden en 
k) secreto, y con qu en hablan, aquella sabi- 
duría que se dize de los perf etos» agena deste 
siglo; aquella historía que se escríue en el es- 
pirítu que no la gustan gustos del suelo; los 
que aun tienen cono niños necessidad de leche 
sin poder con el manjar fuerte de los varones 
llegados a la medida de la edad de Chrísto. 
Boluamonos pues con estos a la historia de 
fuera. Dize san Antonio de Floreada CX que 
tuuo aquella santa muchas reuelaciones en 
aquellos santos lugares, que le reueló Dios 
muchos misterios de su natiuidad, muerte, y 
resurredon: le descubrío grandes cosas de la 
sucession y mudanzas de los Reynos, y de 
todo esto daría larga notida a su padre de 
confesston, que también alcan^ría parte des- 
tos secretos^ y le haría Dios no menores fa- 
uores y regalos. Después que tomaron los 
dos santos de aquellas Romerías tan santas, 
passó la gloriosa Brígida desta vida a ver el 
oríginal de aquellos traslados, el verdadero 
templo de Salomón, y el tabernáculo que se 



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Historia de la orden de san oeronimo 



51 



mostró a Moysen en el monte, de quien hizo 
acá el trasumpto, y bolo su alma a gozar de 
la bienauenturan^a desseadi. Fue, según la 
mejor cuenta, el año de 1372. en 23. de Agos^ 
to, día de san Apolinar, quatro antes que de 
Aulñon boluiesse Oregorio la silía Pontifical 
a Roma: vno antes de la confirmación desta 
Orden: y mas de siete antes de la muerte de 
don Alonso Pecha, donde queda manifiesto el 
engaffo del padre fray Pedro de la Vega, y 
que no renunció en Roma el Obispado, pues 
no se auia de estar tantos años ausente del 
siendo Prelado. Viéndose pues el santo, pri* 
uado de tan santa compañera, quedó lastima- 
do grandemente, aunque le era gran consue- 
lo la certeza que tenia de que la auia trocado 
de hija de confession, en patrona de consue- 
lo. Retiróse a lo que se sospecha en alguna 
pobre hermita, y sin sospechar es certissimo 
que permaneció en habito y vida de Hermita- 
flo de san Gerónimo, platicando lo que auia 
aprendido en Espafla, y exerdtando lo que 
auia enseñado en Italia. Toda su vida era con- 
tinua meditación, exercicios del cielo. Passó 
en esto algunos años; en el entretanto su her- 
mano Pedro Fernandez Pecha, y su amigo 
Femando Yañez, se dieron la maña que hemos 
visto en la restauración de la Orden. Dauanle 
noticia de lo que se yua haziendo, del estado 
en que andauan las cosas, o en el que Dios 
las ponia, tomándolos por instrumentos, que 
todo le causaua grande alegría. Quando en- 
tendió que estaoa ya en pie de nueuo la an- 
tigua refigion de san Gerónimo, y que la ygle- 
sia de san Bartolomé era ya monasterio y 
conuento conocido por toda Castilla, y fuera 
della, alabaua al Señor, y lleno de alegría de- 
rramaua lagrymas de regozijo por su venera- 
ble rostro. Tocóle vn nueuo heruor de deuo- 
cion, y acordó de desnudarse de todo punto 
de lo que tenia en la tierra, y ya que a el no 
le seruia, quiso que siruiesse a Dios, entre- 
gándolo todo a sus steruos. No le pareció tor- 
nar a España, por no hazer tantas mudanzas, 
y porque ya estaua tan quebrantado de las 
penitencias y ayunos que no estaua para ca- 
mino tan largo, quiso ser en Italia lo que su 
andgo y hermano eran es España, y mostrar- 
lo, y ayudarles en quanto pudiesse. Acordóse 
de la herencia y de la parte que le cabía de 
SB patrímonlo, hizo vna donación generosa 
de todo ello, al monasterio de san Bartolo- 
mé, por vna escríttra autentica que oy en 



dia se conserua en el monasterio del tenor si- 
guiente. 

En Roma a los treze días de Abril, año del 
Nacimiento de mil y trecientos y setenta y 
ocho (este es el prímero de Vrbano VII.) en 
presencia de don Lucas Obispo Nucerino, Vi- 
cario general, y luez ordinarío del Papa, pa- 
reció don Alonso que agora es Hermitaño, y 
antes auia sido Obispo de laen en España, y 
dixo que por seruicio de Dios, y por auer 
propicia a la sagrada Virgen María, y a san 
Gerónimo, daua > donaua al monasterio de 
san Bartolomé de Lupiana de la regla de san 
Agustín, det^axo de titulo de san Geróni- 
mo, cerca del lugar de Guadalajara, y a fray 
Fernando Yañez Prior del dicho monasterio, 
e a sus sucessores, e a todos los frayles que 
son y serán en el dicho monasterio, e a fray 
Pedro de Cordoua fraile del dicho conuento, 
que estaua presente con poder bastante para 
acetar y recebir todos sus bienes muebles e 
rayzes, que de cualquier manera sean suyos, 
o le pertenezcan: y particularmente los bienes 
rayzes e muebles que tiene en el lugar de Ba- 
raxas, y en el lugar de Quintana, y en el lugar 
de Muñoza, y en toda tierra de Madrid, <&c. No 
quiero passar adelante, porque es muy pro- 
lixa la nota, y basta esto para la fe que se 
pretende. Veese que es la donación entre vi- 
uos con todas las firmezas possibles, y al fin 
della firma el mismo don Alonso con estas pa- 
lat>ras. Ego Alfonsos filias quondam Ferdi- 
nandi Roderici CamarerariJ quondam Regís 
Alfonsif olim Eplscopus Guienen, llcet indig- 
nas, & nunc Eremita donator, proedicta supra- 
dicta omnia, concessi, & concedo, &fieríroga' 
al, ac proprla mana mea hoc subscrlsL Firma 
luego fray Pedro de Cordoua aceptante: y au- 
torízalo todo el Obispo Nucerino, y el Nota- 
rio de su audiencia ante quien passo. De aquí 
tenemos ya autentico mucho de lo que hemos 
dicho arriba. Veese la deuocion del santo va- 
ron, el animo grande no solo para desnudarse 
de la dignidad Episcopal (cosa intentada de 
pocos) roas aun de todo quanto tenia en la 
tierra, varón de veras Euangelico. Conocía 
que no se entra en el discipulado de Christo 
por otra puerta: oluidado de padres, patria, 
hermanos, parientes, de todo lo que possehia, 
y de si mismo: no estiman en mucho todo esto 
los que saben que se compra con ello vn Rey- 
no que no tiene fin, ni en duración ni en gran- 
deza. Tan viuos exemplos no nos desenga- 



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52 




HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



fian ni despiertan del mortal sueño en que 
plegué a Dios no nos quedemos dormidos, y 
nos amanezxa, o anochezca a las puertas del 
infierno. Veese aquí también la platica prime- 
ra» y el fin desta Religión en estos dos patro- 
nos que nombra en su donación, la Virgen 
María, y S. Gerónimo, de donde se descubre 
la razón de ser casi todas las casas desta Re- 
ligión destas dos vocaciones, de la Virgen 
santissíma, y del Doctor sacro porque desde 
sus príncipíos pusieron en ellos los ojos aque- 
llos varones pios. Deste F. Pedro de Cordo- 
ua, que es aceptante en esta donación, se dize 
que fue persona principal, muy .conocido del 
Obispo quando estaua en laen, y que se vino 
a la religión de san Gerónimo mouido de su 
ejemplo. Por esto, y por ser de mucha santi- 
dad y prudencia, le embío a Roma fray Pedro 
de Guadalajara: o según otros, el mismo Obis- 
po le embio a llamar para hazer en sus manos 
esta total renunciación de sus bienes. No sa- 
bemos después desto con clarídad, que hizo 
don Alonso, ni adonde fue; solo ay noticia que 
vino a Oenoua, y que en aquella ciudad edifi- 
có vn monasterio de la orden de san Geróni- 
mo. Tanta era la deuocion que tenia el santo, 
y la sed de ver estendido su nombre, leuan- 
tado su santo instituto y religión. Imaginemos 
agora vn hombre que se crío toda su vida en 
grandeza y en regalo, puesto en vna dignidad 
tan alta, en vna yglesia de las príncipales de 
España, con tanta reputación de linaje, santi- 
dad, y letras, y mirémosle luego condenado 
de su propría voluntad a destierro perpetuo, 
de su patria, y de sus paríentes, y priuacion 
de todos sus bienes, solo, pobre entre gente 
estraña, ni amiga, ni conocida. Que de neces- 
sidades le encontrarían, quantas miserias, que 
de oprobios y aprietos deuio de padecer por 
la pobreza, y por Christo? Que anchura de co- 
raron, y que capacidad y animo tan grande 
para correr caminos tan dificiles al hombre de 
fuera? Que euidente fe muestra aqui el mila- 
gro de la ley Euangelica, en la mudanza desta 
vida, agena de quanto pide y dessea la bestia 
fiera de nuestro apetito, que tantas vezes nos 
engaña. Consideren lo mas que aqui se podia 
dezir, los que tienen algún gusto de quien es 
Dios. Tornando a nuestro proposito, dize el 
padre F. Pedro de la Vega (nuestro primero 
Chronista), y aun de lo de aquel tiempo no lo 
peor) que para la fundación del monasterío 
de Genoua lleuó don Alonso Pecha religiosos 



de España. No dize de donde, mas es fácil 
atinar, porque no auia mas de dos casas, la 
de san Bartolomé de Lupiana, y la de la Sisla 
de Toledo, y por la mucha frecuencia de los 
que acudían a tomar el habito a ellas, auia 
copia de religiosos para fundar las casas que 
se hazian en Castilla, y para Italia. Tampoco 
dize quantos fueron, ni con que hazienda fun- 
dó el monasterio, ni que se hizo, o en que 
paró: descuydo de nuestros padres digno de 
culparse siempre, sino lo escusasse la inten- 
ción pura, y el poco cuydado de las cosas que 
ha de consumir el tiempo, y la atención a sola 
la salud de sus almas. Murío el santo varen, 
según dize el mismo Autor, en Roma, lleno de 
dias y de virtudes. Moríría (sin duda) como 
viuio, regla general para los buenos, sin vna 
excepción, y con algunas pocas para los ma- 
los, por sola la misericordia de Dios que se 
estiende hasta el punto de nuestra vida. Muer- 
to el santo fundador de aquel monasterío de 
Oenoua, como deuio ser pobre, consumirse 
ya pobremente. Los de España, no le ampa- 
raron, porque tuuieron siempre consideración 
a que esta Religión no saliesse de España, 
como se vera adelante. Alguna sospecha ten- 
go que los monasteríos que huuo de la orden 
de san Gerónimo en Francia, de que haremos 
adelante memoría, tuuieron su origen deste 
que fundó don Alonso. Sobre el lugar de la 
sepultura deste sieruo de Dios, también ay 
diferencia: vnos dizen que está sepultado en 
Roma: los de Guadalajara dizen que no sino 
en su misma ciudad, en la yglesia de Santiago, 
en vna capilla que pega con ella, que tiene la 
vocación de la Trinidad, donde se vee vn se- 
pulcro leuantado en vn pedestal alto, con el 
escudo de sus armas, aunque sin titulo, por- 
que quien en vida lo auia renunciado todo, 
renunciasse también en la sepultura las letras 
que hinchan. No es esto de lo menos, pues 
son estos letreros vanos de lo que mas se 
precian los que no son pobres de espirítu. 
Afirman algunos deudos suyos que oy viuen 
(linage conocido por antigüedad y nobleza) 
que enterrándose años atrás algunos de sus 
antepassados, junto a esta sepultura, que se 
tiene por del Obispo don Alonso, sacaron pe- 
damos de seda y de brocado, indicio grande 
que quando le sepultaron los paríentes, le 
vistieron de Pontifical, aunque el se auia ves- 
tido de Hermitaño. Dexemos pues en la se- 
pultura a don Alonso Pecha, y tomemos a ver 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



53 



a su hermano P. Pedro Pernandez, que no 
descansa hasta acabar de poner en perfecion 
sus santos propósitos. 

CAPITVLO XIII 

Fray Pedro Fernandez Pecha sale de san Bar- 
lolome de Lupiana a fundar el monasterio 
de nuestra Señora de la Sysla Junto a la ciu- 
dad de Toledo. 

No sossiega e! pecho de aquel en quien- 
pone Dios su fuego, hasta que lo comunica a 
los que están del mismo Señor aparejados 
para que se emprenda en ellos. De aqui nace 
aquella ansia general que vemos en todos los 
sieruos de Dios, y los trabajos en que se lan- 
^an, y por quantas dificultades rompen hasta 
dexar emprendido en sus próximos (por quien 
arden de amor) el calor que los está abrasan- 
do, impeliendo, y forjando. Como en los bie- 
nes rassados del mundo haze el auaricia 
aquel miserable efecto de apocar el pecho, y 
que la mano se encoxa, o se esconda en la 
tierra lo que después de guardado no vale 
nada; ansi la caridad en el tesoro infinito del 
délo, no para hasta abrir las entrañas para 
comunicarlo todo, o derramándose fuera, o 
metiéndolos todos dentro. Las leyes desta 
celestial virtud piden esto, que no buscan 
cosa suya, porque no son suyos sino de aquel 
que viue en ellos, pues aun la propria vida no 
quieren que sea propria. Los hijos del siglo 
no pueden entender la fuerza desta razón es- 
piritual, porque son de carne. De aqui les 
viene y nace, juzgar por ambiciosos a los 
santos, quando los veen solícitos en la labor 
de su oficio, allegar almas, persuadirlas, 
alumbrarlas, leuantar monasterios, hazer ca- 
sas. Con este mismo espíritu dexamos a 
nuestro P. Pedro Fernandez Pecha en los ca- 
pítulos passados: apenas auia assentado lo 
que tocaua al monasterio de san Bartolomé, 
quando renunciando el Priorato, y poniéndo- 
lo en tan buena cabera como la de F. Fernan- 
dez Yañez de Caceres, seguro del buen suce- 
sso, acordó luego de poner en exe^ucion la 
facultad que tenia del Papa Gregorio para 
leuantar otros quatro monasterios. Encomen- 
daua este negocio a nuestro Señor, con todas 
las fuerzas de su alma: rogauale se las diesse 
para sentirle en tan alta empresa, y que le 
alumbrasse adonde quería su Magestad en- 



dere^asse sus passos. Tocóle el coraron in- 
clinándole a que fuesse a la ciudad de Tole- 
do, de do auia salido quando dexó el mundo. 
Mouido deste pensamiento, escogió algunos 
religiosos para Ueuar consigo, rogando a los 
que quedauan encomendassen a nuestro Se- 
ñor con oración continua su jomada. Creo 
siempre, auia tratado algo desto con don Go* 
mez Manríque, quando estuuo en S. Bartolo- 
mé, y que lleuaua ya alguna luz donde auia 
de hazer assiento. Conocía la tierra, las here- 
dades, y los sitios: acordáuasele de vna her- 
mita de nuestra Señora que estaua a la parte 
del Medio dia, algo inclinada al Oriente, en 
aquellos pagos que llaman Zigarrales, por 
donde sale el camino del Andaluzia, lugar 
apartado poco menos de media legua de To- 
ledo, puesto en lo mas áspero de aquellas 
cuestas, de donde no se descubre alguna cosa 
de la ciudad, porque no atrayga con su de- 
leyte al amor de la tierra. Algo parecido en 
estas condiciones al de san Bartolomé, poco 
menos frío de Inuierno, y mas caluroso de 
Verano, sin agua, o trayda de lexos y poca, 
aunque poblado de encinas y de otros arbo- 
les de fruta que plantaron los moradores, 
como oliuas, y viñas, y el suelo aunque pare- 
ce esteríl los abraqa admirablemente. Alli se 
fue nuestro Pecha con su pobre enxambre. 
Contentóles a todos el sitio, y en ser la her- 
mita de nuestra Señora le juzgaron por di- 
choso y santo agüero: llenos de gozo le su- 
plicaron fuesse seruida la segunda casa desta 
religión fuesse suya, pues ellos eran suyos. 
Hallaron junto a la hermita dos pequeñas cel- 
dillas, aunque no mal reparadas, por auerse 
recogido en ellas las dos santas hembras 
María Garda virgen, de grande hermosura, 
linage, y santidad, (de quien haremos mas 
larga memoria) y doña María Gómez, biuda y 
noble, al tiempo que huyendo del apetito 
desordenado del Rey don Pedro se retiraron 
muchas a donde pudiessen seruir a Dios, y 
estuuiessen seguras de ser vistas, o halladas. 
Esta hermita de nuestra Señora de la Sisla 
es de grande antigüedad, y fue lugar sagrado 
aun desde el tiempo que los Godos eran Re- 
yes de España. lulian Arcipreste de Toledo, 
en vna memoría que hizo de las cosas de 
aquella santa yglesia, cuenta esta hermita 
entre otras que auia en el tiempo de aquellos 
Reyes: y en vn Chronicon breue que hizo, 
dize que passaron de África ciertos religiosos 



DioitíT^ bvCjOOÍ?lC 



54 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



que professauan la regla de san Agustín, y 
que viuteron algunos dellos en esta hermita 
de la Sisla. La razón de este nombre no la 
hallo, dízen algunos que las quatro salidas, o 
partes de la ciudad tenían antiguamente sus 
nombres, y que oy en día se conseruan: la que 
mira al Oriente Uamauan Sagra: la que decli- 
na al Poniente Garaller: a las otras dos lla- 
maron Sislas: la que declina mas al medio día 
hazia la parte del Poniente, Sisla menor: y la 
que mira mas hazia el Oriente Sisla mayor, 
donde esta assentada esta hermita. Y yo he 
visto vn priuilegio de mas de dozientos años, 
en el archiuo de S. Bartolomé, que haze me- 
moria de las dos Sislas: sea como quisieren. 
Después de cobrada de los Moros la ciudad 
de Toledo, por el rey don Alonso, en tiempo 
de don luán tercero Arzobispo de Toledo, se 
anexó la hermita a los Canónigos de santa 
Leocadia, como lo dize el mismo Arcipreste 
que alegue: y ansí al tiempo que llegó allí 
F. Pedro Fernandez Pecha con sus compañe- 
ros, estaua en poder del Abad y Canónigos de 
la misma yglesia Colegial de la Santa, extra 
muros de la ciudad. Fuese luego F Pedro Fer- 
nandez a besar las manos al Arzobispo; reci- 
bióle con mucha alegría, y después de auerle 
comunicado sus intentos, de que ya otra vez 
le auia dado parte, le dixo como la hermita 
de nuestra Señora de la Sisla venia muy a 
cuento para su instituto y religión, que supli- 
caua a su Señoría le favoreciesse para que 
víniesse a su poder, y venida le diesse su 
bendición y licencia para leuantarla en mo- 
nasterio de la orden de S. Gerónimo, confor- 
me a la facultad que tenía del Papa Gregorio. 
Holgóse mucho el Ar9obispo hallassen sitio a 
su gusto; intercedió con el Abad y Canónigos 
para que diessen la hermita, acabólo con ellos 
sin dificultad, assentando que les diessen lo 
que el sitio y heredad que estaua junto a ella 
les rentaua, que por ser bienes de la yglesia 
no podían ofrecerla de otra manera. Tassose 
todo en valia de quatro mil marauedis en di- 
neros, para que dellos se comprasse la renta 
que podía responder. Hizose luego escritura 
publica con autoridad y licencia del Arzobis- 
po, Dean y Cabildo de la santa yglesia, como 
consta por la carta de donación que oy se 
conserua, con la autoridad de Alfonso Loren- 
zo Abad, Canónigo y Sodean de la yglesia de 
santa Leocadia: Año de 1375. en el mes de 
Margo, y fue en el día que se pagó el dinero, 



aunque antes el año 1374. entró el tanto va- 
ron en la hermita. Assentada la possession 
con mucho contento de todas las partes, que- 
dó hecha monasterio de la orden de S. Geró- 
nimo, la hermita de nuestra Señora de la Sis- 
la, el primero que tuuo esta orden de tan 
augusto nombre y vocación. Creció luego el 
conuento con mucha prosperidad de lymos- 
nas y de religiosos. Entendióse presto la san- 
tidad que allí se platicaua, venían a comuni- 
car de sus bienes, y a ponerse debaxo de la 
obediencia misma, a imitar su vida dexando 
la passada, con el ansia de heredar los mis- 
mos tesoros que se hallauan en aquel campo 
que de nueuo auían comprado. El Arzobispo 
fauorecío mucho la nueua Religión: la yglesia 
mayor tomó muy a su cargo hazerles merced 
en quanto se ofrecía. Reuerenciauan todos la 
santidad de F. Pedro Fernandez Pecha. Ponia 
a todos en admiración la mudanza de su es- 
tado. Espantaualos la aspereza, la grande 
mortificación de su cuerpo y de sus sentidos, 
luzgauanle por vn hombre embiado de la 
mano de Dios, para el desengaño de quantos 
estañan con el fauor del mundo embelesados. 
Acordauanse muchos del Camarero del Rey 
don Alonso y don Pedro su hijo, fauorecido, 
priuado. Cortesano, y muy cauallero. Víanle 
con vn habito grossero, y remendado, el ros- 
tro consumido, flaco, los ojos en el suelo, he- 
cho vna risa del mundo, o riendo del mundo: 
todas las platicas del cielo, y el trato lleno de 
alegría de gloría. Crecía la deuocion de los 
ciudadanos, en especial en los que de su na- 
tural tenían almas pías, indinadas a virtud. 
Entrauansele cada día por las puertas mu- 
chos, con desseo de imitarle. Animóse con 
esto F. Pedro de Guadalajara a leuantar vn 
capaz edificio, y la necessidad le for^aua, por- 
que no tenia adonde acoger aquellas almas 
que venían a guarecerse de la tempestad 
deste mar tan turbado en aquella roca segu- 
ra. Tragó luego vn claustro de buen tamaño, 
que es el mismo que agora llaman en aquella 
casa el viejo, a diferencia de otro mas nueuo 
que después se ha fabricado. Los viejos de 
aquel conuento afirman, que el que hizo F. Pe- 
dro Fernandez era muy pobre, a manera de 
portales, o colgadizos de aldeas, queríendo 
que se pareciesse al pobre portal de Belén, y 
que después don Pedro Girón maestre de 
Calatraua, por la mucha deuocion que tema a 
los religiosos de la Sisla, edificó el mismo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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claustro, de ladrillo los pilares altos y baxos, 
como agora se vee, y le enmaderó en buena 
forma, pintándole lo mejor que entonces se 
sabia. Hixo también el refitorio al mismo talle, 
y en todos estos lugares se ven sus armas, 
bastante prueua para creer esto: y aun dizen 
que en tanto que viuio, dio a la casa trejden- 
tas fanegas de trigo para el sustento de los 
religiosos. La yglesia mayor de aquella ciu- 
dad y de Espafia, fauoredo mucho en este 
edificio primero: reconócelo no solo la casa, 
mas la Orden toda junta por auer recebido 
della siempre grande fauor, preciándose de la 
amistad desta religión, como de cosa fundada 
dentro de sus reynos, y en sus mismos ter* 
minos nacida y crecida. Quando aqui se vido 
F. Pedro Fernandez comentó de nueuo a 
mostrar su virtud, y su valor. Entrambas co* 
sas eran menester para la nueua fundación 
que creda juntamente para cuerpos y almas. 
En el edifido material hazla prueua de su 
animo generoso: no le acouardaua la pobrera 
en que muchas vezes se hallaua, falta de di- 
nero, y de materiales, y aun de que comer: 
como todo era a los prindpios de lymosnas» 
no acudían quando mas eran menester. Quan- 
do se hallaua como dizen, desnudo, sin saber 
a que echar mano, boluia los ojos a Dios con 
tanta fuerga de fe, que al momento se vian 
los efectos, acorriéndole el cielo como mila* 
grosamente, en mH encuentros desesperados» 
y impossibles al juyzio humano. De todos sa- 
lía victorioso y alegre. A los que venían a 
recebir el habito, y a ponerse debaxo de su 
obedienda, recebia con rostro de madre pia- 
dosa, y sin tener en que meterlos, entretanto 
los aposentaua en sus entraffas, y ellos se 
dauan alli por contentos. Aqui era mucho de 
ver su virtud (digo su virtud, porque paredo 
propria suya entre otras den virtudes) que 
era con la autoridad de superior y Prelado 
vna modestia y humildad profunda. Trabaja- 
ua con sus manos y con sus bracos de ordi- 
nario, el noble cauallero de Christo: asia de 
la espuerta, y del cuezo como el mas baxo 
peom ayudaua a las cargas mas pesadas, y 
ninguna lo era para el, porque el amor lo fa- 
cilita todo. Con esto y con verle el primero 
en todo lo que tocaua a la fina obseruanda 
de la religión» aspereza, silencio, oración, y 
otros exerddos del délo, los arrebataua tras 
si con tanta fueíga, y tan suauemente que el 
mas tibio ardia. Poníale gran cuydado ver 



que era aquella la segunda casa, y la primera 
muestra dcsta religión en publico, junto a 
vna dudad la mas noble de España, y que el 
titulo de la religión era de san Gerónimo. 
Para que se respondiesse a tanta obligación 
eran menester fuerzas diuinas. Prostrauase 
mil vezes delante el Señor que tan altos pen- 
samientos auie assentado en su pecho, y ro- 
gauale con lagrymas, acabasse en el la obra 
que aula comentado. Boluiase a su patrón 
san Gerónimo, suplicauale humildemente, le 
enseñasse con efecto los passos animosos de 
su vida, para que corriendo el tras ellos 
diesse a los que le siguiessen algún olor de 
Gerónimo, y respondiessen con el nombre, y 
habito, religión y costumbres. Como consis- 
tía el punto desto en que aquellos que de 
nueuo venian a tomar el habito, se criassen 
con mucho cuydado, procuró ahondar mucho 
este fundamento. Tuuo don del cielo en esta 
parte, y no es possible que fuerza o ingenio 
humano pudiessen plantar cosa tan hermosa, 
y de tanta perpetuydad, pues con ser estos 
tiempos tan estragados, se vee resplandecer 
en medio dellos esta marauilla, que ansi me 
atreuo a llamar la crian^ de los religiosos 
nueuos de la orden de san Gerónimo. Quiero 
hazer aqui vna breue narración, en tanto que 
lo trato mas en particular, pues es esto lo 
principal desta historia. 

En recibiendo vno de su mano el habito, le . 
hablaua con tanto espíritu que parecía se lo 
escriuia en el alma. El mancebo mas brioso, 
y de ingenio mas viuo, trocaua en pocos dias 
tan en otro, que los que le conocían jurauan 
que no le auia quedado alma dentro con que 
mandar los sentidos de fuera, o que se auia 
vestido de otra, o era otro. Los que venían a 
verlos por amistad, o parentesco quedauan 
marauíllados, viendo dentro de si, y tan mor- 
tificados, a los que poco antes conocían dís- 
traydos, y aun indomables. Parecíales sin 
duda cosa de milagro aquella mudanqa que 
vian por defuera, lo que no experimentauan 
tanto en otras muchas religiones. Milagro era 
ver a un mo^o en medio de la flor, y de la 
verdura de sus años, en vistiéndose aquellos 
santos hábitos, caer en vn instante todo 
aquello, marchito como el arado dexa derri- 
badas las flores en el suelo. Passase vn año, 
y en muchos, muchos, que no se les veen los 
ojos, ni osan al^allos ni se les oye vna pala- 
bra, ni aun sabe de la casa adonde viue (con 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



no salir della en siete años) mas de aquello 
que le forgó a mirar la obediencia. De los 
demás sentidos parece que han perdido el 
vso. Quedauan al fin con aquel santo enseña- 
miento, por dezirlo en vna palabra, con tan 
pocas señales de viuos en el cuerpo, que solo 
el andar desengañaua, tan viuos y despiertos 
en el alma, que se echaua de ver en ellos que 
cosa es viuir en espíritu. Los que mejor los 
conocían (por tener noticia de qilie cosa es 
vida espiritual) dezian que se parecían a los 
Serafines que vio Esayas, que cubriendo con 
las dos alas los pies, y con las otras dos el 
cuerpo y el rostro, bolauan con las otras dos, 
llamando con bozes altas, Santo, Santo, San- 
to es el señor de los exercitos. Porque en 
estas almas tan puras, y en todos los que 
hazen tan grande trueque de sus vidas, no 
juzgaran que les ha quedado otra cosa en 
que den señales de vida, sino en este buelo 
en que se leuantan de la tierra, del trato 
mortal de aquel viejo hombre, a las cosas 
eternas y celestiales, donde enderezan sus 
desseos, y sus bozes, llamando Santo al Se- 
ñor que los saco con bra^o poderoso del cap- 
tiuerio del demonio, y los hizo de la compa- 
ñía y del exercito de sus sieruos. Lo demás 
que son los pies donde se figuran los afectos, 
con que antes caminauan: el rostro donde 
tienen assiento los sentidos, de donde nacen 
las turbaciones al alma, tan cubiertos y ata- 
pados que no parecen que los tienen, por te- 
nellos tan mortificados. Lo que en esta parte 
hazla entonces grande admiración a los reli- 
giosos de las otras ordenes, y aun ay algo 
desto, es que esta mortificación tan grande 
en estos mancebos, no es violenta, ni con 
miedo, ni se cria en ellos a fuerza de bracos, 
ni de castigos, porque tiene en esto la reli- 
gión de san Gerónimo vn trato noble, nacido 
en la hidalguía de aquestos primeros funda- 
dores, no sabe (lo que es muy frequente en 
otras religiones) que cosa es descubrir las 
espaldas, sino es en aquellos que es muy des- 
cubierta la desuerguen^a, y quando a esto 
llega es negocio desesperado, y como el pos- 
trer remedio de culpa grauissima. Tras esto 
las palabras de la correcion, y del castigo, no 
son desolladas, ni aun baxas, sino con honra- 
do termino, medidas y consideradas, y al que 
se desboca en otras, le tienen por indiscreto. 
Esta manera de reprehensión y nobleza de 
castigo, es de tanta grauedad, y haze tanta 



impression, que la temen sin comparación 
mas que las penas corporales que en otras 
religiones son tan dignas de temerse, seftal 
grande de la nobleza del hombre, o por mejor 
dezir, muestra verdadera de lo que es vn 
alma, quando dessea ajustarse con las leyes 
de Dios, que de otra suerte no fuera possible 
tener tanto sentimiento en verse notada de 
algunas faltas en camino tan perfecto. Esta 
nueua manera de crianza, y modo de enseffar 
virtud tan natural al hombre, deue sin duda 
toda la religión de san Geronhno a este santo 
padre, que como tan noble, primero en el 
mundo, y después en Dios, dio en el punto 
desta cortesanía del cielo, porque no se yo si 
ay en el suelo mayor compostura, ni ygual 
honestidad, y vergüenza de hijos ni de hijas 
a padres, como la de los mancebos de la or- 
den de S. Gerónimo a sus superiores, y 
maestros. Con estas diligencias del santo 
fray Pedro de Guadalajara, llegó aquella casa 
de nuestra Señora de la Sisla en breues años 
a buen estado de religión, y en los edificios 
materiales, a lo que pareció que bastaua. En 
este monasterio hizo su assiento, y fue Prior 
en el mas de veynte y tres años continuos» 
eligiéndole los religiosos con tanta voluntad 
que no sabían carecer del vn momento. Acep- 
taualo el harto contra la suya, compelido de 
las lagrymas de sus hijos, y por el gran amor 
que los tenia. Con su doctrina y exemplo se 
criaron grandes f rayles, y todos eran tales en 
aquellas primicias del espíritu desta reUgion, 
que para señalarse alguno entre los otros 
era menester mucho, porque cada vno quería 
ser primero, y entre tan alta porfia andaua la 
santidad muy segura, porque el fundamento 
della era ser el primero el mas baxo. En vna 
cosa dizen que huuo algún excesso, y que 
pudo auer razón de reprehensión en ella, que 
fue en estremadas penitencias, porque de al- 
gunos se dize, que passaron la raya de la fla- 
queza humana, y aun de la prudencia, si en 
perseguir a nuestro mortal enemigo, que es 
la carne, puede auer demasía, y si el amor de 
Dios cae debaxo de reglas de prudencia hu- 
mana. De aquí nació vna cosa harto nueua en 
negocio de religión, y fue, que como aquellos 
impulsos de espíritu en el rigor de la peni- 
tencia, fuessen tan yguales y comunes en 
todos los hijos de F. Pedro Fernandez de 
Guadalajara, vino a hazerse ley y costumbre 
de la casa, y ser como constitución de la reli- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



gion nueua. Temieron tras esto algunos, que 
aquello no se relaxasse, o desdixesse con el 
tiempo, o con la flaqueza: para remediar este 
dafio acordaron de hazerlas inuiolables, y 
darles la mayor firmeza que pudieron. Por 
esto determinaron de jurarlas, y assi lo hi- 
zieron todos: y ordenaron para lo de adelan- 
te, que al tiempo de la profession que se 
haze acabado el año del nouiciado, hiziesse 
el professo. luego tras ella, juramento de 
guardar las costumbres santas en que le 
criaron. Con el heruor del espíritu no se sin- 
tió el inconuiniente deste juramento en mu- 
chos años. Quando ya se fue resfriando, por- 
que no permanece en el hombre en tanto que 
es carne: abriéronse los ojos a los que suce- 
dieron, y vieron el aprieto de aquel lazo, y 
con la poca fe temieron el peligro, pensando 
que aquello se auia de hazer con solas sus 
fuerzas, hallándolas tan inferiores, y tan me- 
nos de lo que eran menester para tan fuerte 
empresa. Trataron del remedio, y acudieron 
a la Sede Apostólica, suplicando al Pontífice 
fuesse seruido de remitir el rigor de leyes 
tan ásperas, y absoluerles del juramento que 
aoian hecho de guardarlas, quando hizieron 
profession. Estaua en Marsella el Papa Be- 
nedicto Treze (fue esto en el tiempo de 
aquella cisma grande, y seguian la parte de 
Benedicto, Castilla, y Aragón, y toda Fran- 
cia) y dio facultad para que el Prior de Gua- 
dalupe, y el de la Sisla viessen las constitu- 
ciones y costumbres del conuento de la Sisla, 
y templassen el rigor dellas con su pruden- 
cia, teniendo consideración a la fragilidad de 
nuestros naturales, y a los que no tienen 
tanta fuerza de espíritu, y si fuesse necessa- 
río, absoluiessen del juramento a los religio- 
sos professos, y mandassen que de alli ade- 
lante no se hiziesse de los que professauan. 
Todo esto consta por la bula del mismo Pon- 
tífice dada en Marsella, el año décimo de su 
Pontificado. 

Hizo la fundación deste conuento F. Pedro 
de Guadalajara, el año 1374. en el mismo que 
renunció el Priorato de S. Bartolomé, y ansi 
tiene el segundo lugar por antigüedad. Como 
tenia tanta fama de sieruo de Dios, los Pon- 
tífices les concedían quanto les pedia. Algu- 
nos dizen que boluio otra vez al Papa Grego- 
rio quando ya estaua en Roma, y que le dio 
razón de lo que auia hecho en España, y 
como auia fundado las dos casas primeras, la 



de S. Bartolomé de Lupiana, y la 
Señora de la Sisla, junto a Tolec 
guna prueua desto, que en papel 
que se guardaron en la Sisla, ; 
visto, se dize, que algunas graci; 
cedió el Papa, fueron viua voc 
F. Pedro de Guadalajara, y no ei 
donde infieren que estaua pres 
parecer no era necessario que 
presente, sino por algún procura* 
sentó su petición, porque son lai 
nes en cosas menudas: ni creo qi 
mas a Roma en tiempo de Greg< 
ni a Francia ert tiempo de Benedi< 
concedieron sin duda muchas gra 
bos, a su petición, a la casa de la 
ella se han estendido a toda la 
Reyes de Castilla don Enrique 
hijo de don luán el primero dest 
el segundo, hijo de don Enrique, 
uilegios y mercedes, todos con 
deuocion que tenian a tan santo 
sucessores de los vnos Princip 
otros, ecclesiasticos, y seglares, 1 
tanto con los sieruos de Dios ( 
fueron siguiendo la doctrina y c 
les dex6 tan buen padre. No los ( 
porque no se haga prolixa esta 1 
no se escusa hazer memoria de a 
hechores particulares, para agí 
de los bienhechores, y ansi lo hi 
las cosas, para que se vea quan 
la Orden siempre, la gratitud y 
que ay de conseruar sus memoi 
mos como el claustro primero, ] 
es obra de don Pedro Girón, Ma 
latraua. La capilla mayor de la yf 
pultura de Femando Aluarez de 
doña Teresa de Ayala su mugei 
la villa de Pinto, y de sus herede 
sores, y de otros muchos de su li 
en diuersas vezes los hijos, y n 
dos señores, mas de cien mil n 
dineros, y en juros de heredad, p 
capilla; como parece por vna < 
año 1383. en nueue de Abril, ei 
particular memoria de todo, y se 
religiosos a labrar la capilla por 1 
recebido para ella, y no consentí 
siessen alli otras armas, como 
hizieron. Y porque los señores 
son hijos y descendientes de Feí 
de Toledo, y de doña Teresa, tie 



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58 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



a la capilla La Condesa de Fuensalida doña 
Aldon^a Carrillo, edificó junto a esta capilla, 
lo que se va continuando por el cuerpo de la 
yglesia. Mudóse la rexa de la capilla mayor, y 
creciendo, quedó dentro también esta parte. 
Hizo la Condesa donación della al conuento, 
y después rogó al Prior admitiesse a luán de 
Merlo su sobrino, y quedó aquella parte por 
sepultura suya, y de sus descendientes, dan- 
do cinco mil marauedis de juro de heredad, y 
otros veynte mil y trecientos por otra parte. 
No contenta con esto (porque no es bien se 
oluide la memoria desta señora) después que 
murió el Conde su marido, escogió por espo- 
so a lesu Chrísto, y tomó el habito de las 
Beatas de Maria Garcia, que como después 
veremos, era el de S. Gerónimo, donde hizo 
vida santissima, y tal fue después la muerte. 
Mandóse enterrar en el claustro de la Sisla, 
donde se enterrauan las Beatas, por no per- 
der la compañía ni aun después de muerta. 
Los religiosos teniendo respeto al valor y 
santidad desta señora, y por gozar de tan 
santa memoria la enterraron en el coro, y 
pusieron en su sepultura este epitafio, harto 
desnudo de artificio, aunque no de santidad. 

AQVl lAZE SEPVLTADA D. ALDONZA 
CONDESA DE FVENSALIDA, NVESTRA 
HERMANA. 

Ay otros muchos entierros, y capillas prin- 
cipales de bienhechores, como el de don Gar- 
cia Fernandez de Padilla, Clauero primero, y 
después Maestre de Calatraua, que aunque 
se enterró en su conuento, adornó la capilla 
que llaman del Saluador, muy honrosamente, 
con sus bultos de alabastro. Y otros entierros 
desta manera. Mas los principales bienhecho- 
res son los Reyes de Castilla don luán prime- 
ro, Enrique el enfermo y bueno: don luán el 
segundo: Reyes Católicos Fernando, y Ysa- 
bel, de quien gozan muchas mercedes y pri- 
uilegios. Y finalmente don Felipe el segundo 
su nieto, que dexado a parte se las ha con- 
firmado todas, les ha hecho otras de nueuo. 
Dizenseles entre año, sin dexarles obligación 
ninguna mas de la gratitud, que es la mayor, 
cerca de mil missas, sin otras muchas oracio- 
nes y sufragios. Tuuose siempre mucho res- 
peto en la ciudad de Toledo a su fundador, y 
de alli resultó en sus hiios, y a todo el con- 
uento; y hizieron mucho caso de los Prelados 
de aquella casa los Reyes, y la Orden, como 



se vera en el discurso desta historia. Tiene 
el Prior voto en la eledon del Rector del hos- 
pital del Cardenal don Pedro González de 
Mendoga, y es Patrón del mismo hospitaL 
Hallase a todas las visitas, y si quisiere pue- 
de visitarle solo las vezes que sintiere ay 
para que. Es juntamente Prior de las religio- 
sas del conuento que hizo y dotó doña Maria 
Garcia, como veremos en su lugar quando 
trataremos de la vida desta santa, y funda- 
ción deste insigne monasterio. I^ lymosna 
que da por si solo el Prior a parientes de 
f rayles, y la que se da de conuento, es mucha, 
y para la renta que tiene parece demasiada, 
aunque nunca a esta religión le parece dema- 
sía cosa que toque a pobres y a lymosna. En- 
tre otras muchas y principales reliquias que 
ay en este conuento (porque acabemos coa 
gusto) ay una de mucha antigüedad, y de sin- 
gular veneredon, el cuchillo, o como dezimos 
en Castilla, el alfange con que fue degollado 
el Apóstol S. Pablo. Traxole de Roma el Ar- 
zobispo de Toledo don Gil de Albornoz, por 
merced y fauor grande que le hizo el Papa* y 
por sus seruicios lo tenia bien merecido, 
prueua harto suficiente de la verdad desta 
reliquia, aunque ya muy confirmada, por las 
marauillas grandes que ha hecho en los que 
la han tocado con fe, sanándolos de grauissi- 
mas enfermedades. La forma es de los anti- 
guos alfanges que los Romanos dexaron en 
España, aunque no el nombre que es Arábi- 
go, heredado de los Moros, con otros muchos 
de que vsamos. La cuchilla con la empuñadu- 
ra, es de vara en largo, de ancho quatro de- 
dos, de vn corte al modo del Periconio anti- 
guo, saluo que tiene punta. Veense muchos 
de aquella forma en la coluna de Trajano. Por 
la vna parte tiene granadas vnas letras con 
harto estraña manera, que dizen: Neronis Qb- 
saris muero. De la otra que parece auerse 
granado después, y son diferentes de las pri- 
meras letras, hechas a mi juyzio por la me- 
moria y piedad de los Christianos a cuyas 
manos vino el cuchillo, dize: Qao Paalus 
truncatus capite fuit Era cvni. Por lo alto, o 
como dizen, por el cazo, tiene otro titulo 
harto dissimulado, que le aduierten pocos, y 
dize, Truxole don Gil de Albornoz Arzobispo 
de Toledo. Las primeras letras destos tres 
títulos dan a entender ser cuchillo señalado 
para hazer justicia, proprias insignias de la 
crueldad de Nerón. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 59 



CAPITVLO XIIII 

La fundación del monasterio de san Gerónimo 
de Guisando: la de san Gerónimo de Corral 
Ruuio, y santa Ana de la Oliua. 

Dicho queda arriba, que entre los Hermita- 
ños que vinieron de Italia, los mas se queda- 
ron en el Reyno de Toledo. Destos como 
hemos visto, se vinieron algunos hazia aque- 
lla parte de los montes que llaman Carpenta- 
nos, vnos, y otros, ramos, o bracos de los Py- 
ríneos: y agora nosotros los llamamos, la 
Sierra de Aulla (en estas descripciones y nom- 
bres antiguos ay mucha variedad). Llamase 
esta prouincia, de algunos Modernos que 
quieren professar antigüedad, Bastetanos (*): 
y dizen que los Toros de Guisando, que es la 
falda de los montes donde estos Hermitaños se 
retiraron, se Uamauan Bastetanos. Engañanse 
a mi juyzio, porque los Bastetanos, y Bastu- 
los, que dizen ser los mismos, están en el 
Andaluzla, como se vee en Pomponio Mela (0> 
y Estrabon (*). Los Toros de Guisando, sin 
duda son en los Carpentanos. Deste nombre, 
y del de Guisando, y de la antigüedad que alli 
se vee de los Toros (si lo son) no ay para 
que repetir lo que otros han dicho, y no tengo 
tampoco cosa nueua de que este muy satis- 
fecho, ni la tengo de lo que hasta aqui se ha 
escrito, y las inscripciones de los Toros tam- 
bién parecen no muy autenticas, como otras 
muchas de que esta lleno el mundo, y en Es- 
paña no hay pocas. De! sitio, y de la Sierra 
donde estos santos Hermitaños se recogieron 
a hazer vida santissima, no se escusa dezir 
algo. Es la Sierra asperissima, y en aquella 
parte casi inacesible, de tan dificultosa subi- 
da, que son mas menester las manos que los 
pies: esta vestida de gran hermosura, y varie- 
dad de plantas; muchas dellas conseruan en 
Inuierno, y en Verano la hoja, de suerte que 
nunca esta desnuda, seca, ni fea. Trepa vnas 
vezes la yedra por las peñas, abracase otras 
con los troncos de los arboles, a los vnos y a 
los otros sustenta siempre frescos y gratos a 
la vista, haziendo mil trauesuras que le ense- 
ñó la naturaleza. Las cornicabras, gayubos, 
azeres, alisos, pinos, robles, encinas y otras 
mil diferencias de arboles syluestres, que en 



(I) Ant. Aag.. DkOog, 
(t) U%1% Ub. 8, o. I. 
(S) Stra.,lib.i. 



medio de los rigurosos cierros se defienden. 
Por otra parte los castaños, nogales, almen- 
dros, higueras, oliuos, parras, cipreses, olmos, 
y chopos, vnos rompen por medio de las peñas, 
y se leuantan hasta el cielo, otros arrimados 
a las gargantas y arroyuelos que se derriban 
por entre los riscos de lo alto de aquel mon- 
te, crian vna variedad de gran hermosura a 
los ojos. Desta manera esta 
tero de la sierra vestido, d< 
hasta la cima, descubriendo a 
eos muy ásperos, y como colg 
dan al adorno y vista gran( 
estas rocas y peñascos muy i 
naturaleza vnas cueuas tan coi 
a proposito, que ponen dess 
bres para que echando de alli 
escojan por sus moradas, d 
mundo, y la vana curiosidad i 
Aqui aportaron nuestros He 
caso, sino guiados de aquel Es 
preuenidos nuestros fines > 
estos compañeros, como lo mi 
ría que ha quedado de aquella 
los quatro. Comentaron a sub 
desseando esconderse de la v 
tales, rompiendo por entre la 
mas, jaras, romeros, gargas, 
90S, y otros arbustos y male 
dificultad. Leuantados ya cas 
la cuesta, encontraron vna gri 
cha, espaciosa, abierta al Orie: 
los lados, y en lo alto le hazi 
vn peñasco grandissimo, sust 
lagroso artificio, venciendo to 
moderna Architetura. Dioles i 
aposento, echando de ver que 
el Ángel del Señor a tan adi 
Acordaron de hazer alli su asi 
tan a su proposito. Ayudó a e 
passos en el contorno, hallan 
ñas mas pequeñas, proprias 
particulares retrahimientos: 
considerándolo bien, les paree 
hallado hecho de todo punto 
Repartiéronse por estos nue 
escogiendo los que eran mas 1 
cerrándose en aquel lugar est 
sessionando de alli los animj 
conuertirlas en moradas de 
agora por el efecto admirable, 
miento del Espíritu diuíno, y 
el guiados aquellos santos, qu 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



neraria emprenderlo por 
no. Esta sierra y sus cue- 
a jurídicion del Obispado 
isma ciudad, casi en ygual 
lo, Segouia, Talauera, vna 
la villa de san Martin de 

a la cañada Real, donde 
mo dizen en Castilla) cos- 
isieron la antigua memoria 
vida que aqui hazian los 
s santos, todos lo dizen, y 

punto diferente de la que 
tlestina, o Egypto, los Pau- 
tonios. Permanecieron en 
auemos dicho arriba (cosa 
nos, o algo mas de veynte. 
i soledad, entre otros tra- 
se exercitauan, o en que 
ríos, para que los conocies- 
i hambre, y toda la incomo- 
ie presumir para passar la 
|ue de proposito tratauan 
muerte. Quando mas rega- 
mdrugo de pan, auido por 
astor que andaua con sus 
s breñas, o traydo de aque- 
nos. Otros comian de las 
sinaderos Ueuauan para sus 
ordinario, el mantenimien- 
:iuel suelo, hojas de arbo- 
:a de los castaños, y enzi- 
as regalado de todo vuas, 
parras syluestres. Este era 
s hombres, bueno sin duda, 
^ara matar la hambre, sino 

1 de Dios, contra la desor- 
regalados del mundo. Este 
en que se sostiene el fil, 
de los vicios no acabe de 
ndo. Encerrauase cada vno 
ouachuela, y desde aquel 
> passeaua con el alma la 
[>radas del cielo. Las estre- 

noche, los aullidos de los 
de los Cárabos nocturnos 
aquella soledad: los cantos 
i, y de otras aues que salen 
sus caqas, les seruian de 
a leuantarse a las alabanzas 
lian delante de sus ojos vn 
la naturaleza donde lehian, 
ña de hojas, flores, frutos, 
ibiduria del Autor sobera- 



no. Derramauan lagrymas con que enterne- 
cían aquellas rocas ásperas, lan^auan suspi- 
ros amorosos, nacidos del encuentro que ha- 
zla la memoria del bien que buscauan, y del 
dolor del destierro que sufrían. Dormian poco, 
porque auia pocos humos del estomago a la 
cabega: y aquello poco, a penas echados, por- 
que algunas de aquellas cueuas no son capa- 
ces para que pueda tomar este descanso el 
cuerpo. Arrímauanse a la peña, o recostauanse 
encima de algún poco de heno, de retamas, o 
de jaras. Sallan de allí a sus ciertas horas, 
según lo determinaua el que entre ellos tenia 
mas autoridad. luntauanse en aquella cueua 
grande que dixe, a quien pusieron luego nom- 
bre y vocación de S. Gerónimo, que era la 
tesera, o seña desta nueua milicia. Dauales 
este puesto estremada alegría, imaginauanse 
como assentados en aquel dichoso colgadizo, 
o cueua de Belén; contemplauan alli el niño 
omnipotente dissimulando en los bracos de 
la madre, y rehogando entre el heno la Ma- 
gestad diuina, la sabiduría incomprehensible. 
Otras vezes se assentauan muy compuestos, 
y sus ojos bajos. Imaginauanse oyendo a su 
padre S. Gerónimo la declaración de las san- 
tas escríturas, siruiendo de comentario el 
lugar mismo donde abreuio Dios su palabra. 
Con estas memorias, y pensamientos tan dul- 
ces engañauan las horas y los años de aque- 
lla soledad tan larga, la aspereza de la vida, 
penitencia tan rigurosa, y sobre todo la ham- 
bre, que era enemigo sin tregua. Los pastores 
que alguna vez los visitauan, o la gente que 
passaua por el camino, que esta como dixe en 
lo baxo, a quien alguna vez salieron a pedir 
lymosna (aunque esto era pocas vezes) die- 
ron nueuas por los pueblos vezinos, de la ve- 
nida de aquellos santos hombres, y de la vida 
que hazian. Llamauanlos por el contomo, los 
Beatos de Guisando, nombre santo (si la ma- 
licia del demonio que en todo siembra las 
queresas de su veneno, no le huuiesse hecho 
sospechoso) y nacido de la pura simplicidad 
Euangelica. Baptizó muchas vezes con este 
nombre bienauenturado aquel que solo bap- 
tiza en Espíritu santo a los que lleuados de 
su impulso, y de sus fuerzas, desnudándose 
como verdaderos pobres, de todo otro viento 
vano, abracaron lagrymas, hambre y sed de 
justicia, limpieza de coraron, paciencia, y man- 
sedumbre. Y con este mismo nombre los Ua- 
mauan los que conocían que este es el linage 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



de los hijos de Dios, a quien alcanzó la bendi- 
ción prometida al padre de los creyentes, que 
tan de atrás viene su origen. Padecieron aqui 
los sieruos de Dios grandes tentaciones del 
aduersario, porque en todo fuessen retratos 
a lo viuo de Gerónimo. La gente murmuraua 
dellos, y quando vian que se les yuan alle- 
gando otros, llamauanlos holgazanes, gente 
sin prouecho, y no sin sospecha, inuencione- 
ros, noueleros, y otros nombres que sabe 
poner el que les menea las lenguas para des- 
acreditar la virtud. Con auer tanta gente hol- 
gazana (caso notable) y tantos vagabundos 
en las plagas, y las calles llenas destos perdi- 
dos que de ordinario con la ociosidad están 
llenos de vicios, y por lo menos son mur- 
muradores perniciosos, no se echan tanto 
de ver como vnps pocos que se acogen al 
ocio santo de la contemplación, y estos solos 
les parece gente sobrada. Esto padecían de 
fuera, y dentro no estañan ociosos: desperta- 
uales en el alma muchas fantasías torpes, y 
en los miembros enjutos, poco menos como 
de rayzes, pegaua fuego, porque sino ardían 
como regalados, a lo menos como secos se 
abrasassen. Resistían valerosamente, y pelea- 
uan en uirtud de quien allí los auia traydo, y 
vencían como valientes. La mas importuna 
guerra del aduersarío, era la que hazía contra 
la fe: fe digo, no aquella virtud Teologal con 
que estamos firmes en los mysteríos de nues- 
tra Religión, sino la que se tiene de Dios como 
de Padre y gouemador del vniuerso, cuyda- 
doso de su casa, y de sus hijos, que por otro 
nombre llamamos Fiucia: aquella virtud de 
que tantas vezes se vieron faltos los hijos de 
Israel en el desierto, donde su Dios y Sefíor 
los auia traydo, donde tantas vezes le tenta- 
ron y le ofendieron, después de hechas tantas 
prueuas de sus marauillas, quedando tan in- 
gratos y desconocidos, vencidos de la des- 
confianza que les ponia el enemigo, y con la 
misma osso acometer al mismo natural hijo de 
Dios, persuadiéndole a conuertir las piedras 
en pan. Aqui, como veys (les dezia dentro del 
pedio el enemigo) ha ya tantos afíos que es- 
tays muriendo de hambre, y esse que llamays 
a cada passo (no se con que atreuimiento) 
Padre nuestro, no tiene el cuydado de vos- 
otros que parece tener de las fieras, y de las 
aues deste monte: los lobos, y raposas, los 
cueruos, y las águilas hallan aparejadas sus 
raciones, a vosotros os falta miserablemente, 



como lo ensefla a vuestra coi 
cia larga. Sí pensays que no 
es engaño: si pretendeys viuii 
atreuimiento, y tentar a Dio 
seruirle, ofenderle. Aguarda} 
nize el mundo por santos, qi 
Antonios, Hilariones, y Paulo 
ya tiempo desso, aquello fue 
naria, no para imitarse, sino 
nos della, para plantar la vii 
para prouocar a los hombres 
para que se viesse en ellos 
ya todo esto esta assentado, 
ddo, no hay necessidad de ^ 
Sí Dios quisiera tomaros por 
alguna cosa notable, ya era 
trarlo, huuiera hecho por v< 
señales, o mostrara algún ci 
dos años vida es de vn hon 
mas de quatro Gerónimo ei 
desde allí le hizo en tan breuc 
en todo el mundo. No teneys ' 
que el primer día, el hambre 
es de todo punto incomporta 
desamparo, y aun muestra hai 
no venistes aqui llamados ni i 
sino por vuestro antojo, fanta 
que el mueue, jamas se veen i 
las vellotas desta enzina os I 
solo es el pan el que sustenta 
el precepto y la palabra diuín 
luego la radon, porque con < 
faltara vn cuerno que truxc 
Elias, y a Paulo; ni vn Abacu( 
el lago de los leones. Los ma 
ños os sobran, como a los o 
dnco higos passos, y vosotí 
frutas, pereceys de hambre, 
que se bueluen contra vuesi 
las plantas. No veys las yert 
tan buenas y salutíferas, y pi 
que han bastado para tantos, 
hazeys que no abrís los ojo 
lugar, y esta vida de muerte 
blemente desdize la volunta 
este tropel de razones, pru 
les ponia delante de los ojos 
y viuos a nuestros santos, 
todo punta incomportables, 
algún breue espacio, cahian 
vn abysmo de desesperación 
alentaua, abríales los ojos, ; 
puertas que les cerrauan las 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



migo, hallauan vna luz inmensa de su consuelo: 
con ella se leuantauan victoriosos^ y animados: 
corrían como de nueuo la carrera comentada, 
alegremente. En esta pelea continua, y en 
otras de que no tenemos tanta noticia, passa- 
ron todos los años que he dicho: prueua gran- 
de de vna santidad maziza, sobre que esta 
estriuando, como en fnndamento hondo, la 
fírmeza deste edificio que vemos. Quando ya 
al fin quiso el Señor consolar a sus sieruos, y 
galardonar sus trabaios, no solo en el cielo, 
sino aqui, y que viessen por sus ojos cumplido 
al fin su desseo, permitió que el demonio 
apretasse mas el cerco (ansi lo acostumbra 
el Rey soberano, quando esta mas cerca su 
socorro) y les diesse el vltimo assalto, y al 
fin que los derribasse, porque no se gloriasse 
la carne, sino que se entendiesse que aquella 
era cosa suya, y no traza, ni inuencion huma- 
na. Halláronse vn dia tan afligidos, tan derri- 
bados, y sin consuelo, que de común acuerdo 
se determinaron dexar aquel sitio del cielo, y 
yr a buscar a donde pudiessen con alguna 
mas comodidad, passar el resto de la vida, 
y de hecho lo hizieron. Al despedirse de 
aquellas cueuas, y peñas, derramauan muchas 
lagrimas, porque solo se despedían con los 
cuerpos, dexando allí pegados los corazones. 
Abraqauan los troncos de aquellos arboles, y 
imprimieron mas de dos besos en su corteza: 
al fin se desasieron dellos harto contra su 
voluntad. Caminaron algún tanto, boluiendo 
los ojos a sus cueuas muchas vezes, acordán- 
dose de los años que auian viuido en ellas, y 
derramauan lagrymas de tristeza y deuocion. 
A la primer jornada, que auia sido corta, por 
ser la falda de aquella sierra áspera, pusié- 
ronse a descansar en el suelo, que no era 
nueuo para ellos. A poco espacio de tiempo, 
después de auer orado, y rogadole a nuestro 
Señor endereqasse sus passos a donde mas 
f uesse seruido, llenos de tristeza, y de cansan- 
cio, se quedaron dormidos. Estando ansi, les 
apareció en sueños a todos, la Virgen santis- 
síma nuestra Señora, y con palabras amoro- 
sas y blandas, los reprehendió de su poca fe, 
afeándoles, que al cabo de tanto tiempo des- 
mayassen, y dexassen por persuasión del ene- 
migo, lugar tan santo, y aparejado para el 
seruicio de nuestro Señor. Mandóles se tor- 
nassen a sus cueuas, y confiassen de la mise- 
ricordia de su Hijo, y suya, que no les faltaría, 
afirmándoles que ella los recibía debaxo de 



su amparo. Prometióles que en sus dias verían 
edificado en aquel lugar, vn monasterío de 
S. Gerónimo, en quien ellos tenian particular 
deuocion: y en aquella misma Orden sería ella 
seruida en vna casa, que ya por sus grandes 
maraulllas era famosa en toda España (enten- 
dieron los Hermitaflos después, que lo auia 
dicho por la casa de Guadalupe) y dicho esto 
desapareció. Despertaron luego todos juntos* 
como tocados de vna misma mano, comunicá- 
ronse la visión con las mismas palabras y 
señas, de suerte que no les quedó ninguna 
duda, sino que auia sido merced del cielo. 
Llenos de alegría, y de vn gozo Inefable, por 
fauor tan crecido, puestas las rodillas en el 
suelo, y en el cielo los ojos, bañados los ros- 
tros en lagrymas, yhiríendo los pechos, dixe- 
ron. Perdona Señor Dios nuestro la flaqueza 
destos miserables, rodeados de la carga deste 
hombre viejo. No pongas tus ojos en nuestra 
poca fe, bueluelos a tu miserícordia: y tu 
Virgen santissima, Madre de piedad Infinita, 
que no desprecias a los que con tanta Imper- 
fecion te siruen, perdona tanbien nuestra 
pequenez y flaqueza, y haznos dignos de la 
merced que con tan gran misericordia nos 
prometes. Leuantaronse del suelo, y con ani- 
mo grande, llenos de vn gozo del délo, se 
boluieron a sus cueuas. MarauUlauanse mudio 
de la clemencia de tan alta Reyna, que ansi 
los auia visitado, siendo ellos tan poco mere- 
cedores de tal fauor, y tenían gran desseo de 
ver lo que les auia prometido, ansi en lo que 
se esperaua de aquel sitio, que auia de ser 
casa de S. Gerónimo, como en la otra qtte no 
auia nombrado. Procuraron luego los santos 
Hermitaños, según quedó por tradición en 
aquel conuento, buscar con su pobreza, vna 
imagen del santo Doctor, para ponería en la 
cueua príncipal que dixe les serula de lugar 
común donde se juntauan a sus oraciones, y 
platicas espirítuales. Hallaron vn liento, o 
ellos lo hizieron pintar lo mejor que pudieron, 
conforme a lo poco que entonces se sabia de 
pintura en España. Pusiéronle alli con vn mar- 
co de madera, y llamaron desde luego, la Her- 
mita de nuestro padre S. Oeroninio. Oy en 
dia (caso verdaderamente milagroso) perse- 
uera el liento de la imagen del santo, sano y 
entero, dozientos y veynte años ha. La pin- 
tura, con poco menos lustre que quando se 
puso. Aumenta mas la marauilla, que las peñas 
corren perpetuamente en los inuiernos» agua: 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



63 



y corrompiéndose los marcos de madera, y 
aniendose mudado algunos, de podridos, el 
liento no se ha gastado ni desecho, y muchas 
vezes esta corriendo agua. Cosa que tiene 
puesto en admiración a los religiosos, por la 
obseruadon de tantos años. No se oluidó la 
Reyna del cielo, de la promessa que aula hecho 
a sus slenios: despertó primero, para cum- 
plirla, la deuodon de la gente vezlna. Empe- 
^on a echar de ver la gran santidad de aque- 
llos Hermitaffos, que Uamauan Beatos: dieron 
en estimarlos en mucho, y socorrerlos con sus 
lymosnas: ellos agradecidos respondían, no 
solo con sos oraciones, mas también (como se 
vera en sus vidas particulares, quando des- 
cendamos a tratar dellas) con sanarles sus 
enfermos milagrosamente, y en consolarlos 
en sus trabajos, alumbrarlos con su doctrina 
y exemplo. 

Credo la fama de su santidad, por muchas 
partes: vino a notida de aquella deuotissima 
señora dofta luana Fernandez, Aya de la Reyna 
doffa luana de la Cerda, muger del Rey don 
Enrique de Castilla. Tenia por aquella tierra 
esta señora, muchas heredades, entre ellas 
la parte de la sierra donde estañan estas cue- 
uas. Como entendió tenia tan buenos huespe- 
des en su hazienda, acordó yr a visitarlos, 
para encomendarse en sus oradones. Violos, 
y quedó en estremo afidonada, conodda la 
santidad de los Hermitaños. Hallaua vno en- 
cerrado en lo escuro de aquellas cauémas 
donde jamas entro el sol, y aun para llegar a 
visitarle no era facU la entrada, ni la subida. 
Otro entre dos peñascos, y por endma otro 
peligroso y espantoso, lintel de aquella Archi- 
tetura. Otro salla de vna couacha por el 
aprieto que dexaua vn antiguo castaño que 
sentía de tapizeria en verano, y de estoruar 
la nieue en el inuierno, corriendo agua por 
estos aposentos estrechos, húmidos, tristes, 
peligrosos, donde sin milagro no se podía 
habitar mucho tiempo. Dioles la noble señora, 
la tierra y heredades que allí tenia, para que 
edücassen vn monasterio, y socorrióles con 
amcha lymosna. Echaron de ver harto clara- 
mente aqnelloe santos varones, porque mano 
les venia esto, y concibiendo mayores espe- 
ranzas, alargaron el animo para comentar 
algún edificio. Leuantaron vn daustrico, y 
vna yglema pequeña, muy junto de aquellas 
cuenaa, en vnos poyatos que haze la sierra, 
ayudados de algunos vexhios^ y de otros que 



enamorados de su manera de vida se auian 
atreuido a hazerles compañía. Era esto a la 
sazón que el santo F. Pedro Fernandez Pecha 
estaua fundando el monasterio de la Sisla en 
Toledo: díeronle notida de lo que passaua, y 
el estado que sus cosas tenían, porque como 
arriba he dicho, siempre se comunicauan y te- 
nían sus correspondencias. Entendido por el 
siento de Dios, recibió mucho contento, viendo 
que el cielo no despredaua sus ruegos, y fauo- 
reda sus intentos. Con la facultad que tenia 
del Papa, acordó que fuesse aquel el segundo 
monasterio de los quatro de su facultad, y 
tercero de los de Castilla, y que tuuíesse tí- 
tulo y vocadon de S. Gerónimo. Embio luego 
quatro religiosos con la bula del Papa, y man- 
dóles que fuesen al Obispo de Auila, y se la 
presentassen, rogándole con toda humildad 
tuuíesse por bien, que en su Obispado se le- 
uantasse aquel santo lugar en monasterio del 
glorioso Doctor S. Gerónimo, y de su orden: 
y que por quanto el estaua muy ocupado en 
negodos granes, y en la fundadon del mo- 
nasterio de la Sisla, y no se podía hallar pre- 
sente para conforme a la autoridad y poder 
que tenía, fundar el monasterio, que le come- 
tía sus vezes, para que su señoría en persona 
hizíesse aquel auto y solenidad. Todo esto 
consta por los autos de la erecion de aquel 
conuento que oy se conseruan en su archiuo. 
Recibiólos el Obispo con alegre rostro, hol- 
gándose con la buena nueua, y aceptando la 
comisión que le hazia, se partió con los qua- 
tro religiosos, y otros oficiales suyos. Vino a 
las cueuas de Gttisando, y erigió en monaste- 
rio aquel pobre edificio y yglesía, dando mu- 
chas gracias a EMos por ver tan santo insti- 
tuto en su Obispado, y ansí quedó fundado el 
tercero monasterio de la Orden de S. Geró- 
nimo, y con su misma vocadon, el año 1375. 
auiendo perseuerado los santos Hermitaños, 
y primeros ftmdadores, 22. años y mas en 
suma pobreza y necessídad, aunqne en mucha 
abundancia de virtud, y penitencia. Assentado 
el monasterio, trató htego el Obispo de hazer 
Prior que le gouemasse, conforme a la comis- 
sion que tenía. Auia entre ellos vn varón seña- 
lado en virtud, y grandeza de espíritu, pro- 
uado desde sus primeros años por los mora- 
dores santos de aquellas cueuas, en humildad, 
y obediencia, llamado F. Alonso Rodríguez de 
Viedma, noble por sangre, como veremos en 
su lugar, quando escriuieremos su vida. Por 



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64 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



estas buenas partes, y por vna natural afabi- 
lidad, y mansedumbre que Dios auia puesto 
en su alma, cosa tan importante para los Pre- 
lados, le eligieron sus compañeros canónica- 
mente, en Prior, y el Obispo confirmó la ele- 
cion. Este santo varón procedió adelante con 
el edificio comentado, y el espiritual fue el 
que se mejoró presto, con grandes ventajas. 
No auia ya parte en toda aquella comarca 
donde no se oyesse la fama de los nueuos 
religiosos, y nueuo conuento de S. Oeronimo 
de Ouisando. Venian a visitarlos con mucha 
deuocíon, y a encomendarse en sus oraciones, 
haziendoles muchas lymosnas, y ninguno ve- 
nia que no boluiesse muy consolado. Era la 
media parte de aquel monte, donde estaua 
fundado el conuento, de vna sefiora de la ciu- 
dad de Auila, paríenta muy cercana de Este- 
uan Domingo de Auila (decienden deste cana- 
nero los Marqueses de las Ñauas) trataron los 
religiosos, les vendiesse aquella parte que es- 
taua al derredor del conuento. Ellaque ya tenia 
mucha noticia de la virtud y santidad destos 
nueuos Gerónimos, salió a ello muy de volun- 
tad, y no recateando mucho en el precio, se 
la dio por seys mil marauedis. Murió de allí a 
poco tiempo vn su hermano, que tenia parte 
en el sitio: venia a proposito, por estar junta 
con la otra: era de la misma señora, y luego 
se la vendió por el mismo precio. Entendieron 
la uenta que se trataua, los de la villa de San 
Martin: pretendieron de tomársela, dando dos 
mil marauedis mas a la sefiora della, que con 
la codicia del dinero, pudiera ser derribarla 
de su intento. Los Hermitafíos y nueuos reli- 
giosos de S. Oeronimo, entendieron el mucho 
perjuyzio que aquello les paraua, acudieron 
al Rey don luán el primero, que entonces go- 
uemaua: suplicáronle, que atenta su pobreza, 
y la gran comodidad que les era para su vi- 
uienda, que fuesse del conuento el pinar y 
monte que estaua en los derredores del, que 
no permitiesse se la pujassen los de S. Mar- 
tin. Dioles luego el Rey vna carta muy fauo- 
rable (tan por suya han tenido siempre los 
Reyes de Castilla esta religión de S. Oeroni- 
mo), reprehendiendo a los de S. Martin, y 
mandóles desistiessen de la puja y de la com- 
pra. Era aun en aquella sazón los de aquella 
villa. Abadengos, sugetos al Abad de S. Ber- 
nardo, y ansi se llama siempre, S. Martin de 
Valdeyglesias (ansi se llama el conuento que 
esta alU cerca) y por esta razón no podían 



comprar términos sin particular licencia del 
Rey. Desta suerte quedó en possesion de los 
religiosos de Ouisando, por precio de catorze 
mil marauedis, todo el pinar y el monte que 
esta en el contomo. Edificóse, como dixe al 
principio, vn daustrico pequeño, e yglesia, en 
la misma proporción, bien afinado, con la po- 
breza y adorno que pudieron: el tamafio casi 
el mismo que el de S. Bartolomé de Lupiana 
(todos yuan imitando aquella humUdad y en- 
cogimiento santo). luntaronse con aqueUa pri- 
mera y pobre compañía en poco tiempo cerca 
de treynta religiosos. Dañantes todos los que 
venian a visitarlos, que eran muchos, con 
mano larga, harto mas que ellos tomauan: y 
de aquello repartían con la mesma largueza, a 
los pobres que se les Uegauan: passando la 
lymosna de los deuotos, de vnos pobres en 
otros. Los que vian la casa, el sitio, el habito, 
dezian, que puramente era todo de S. Oero- 
nimo. Quantos Uegauan les quedauan estra- 
fiamente aficionados, y quitauan el desseo de 
ver los santos Hermitaños antiguos, tan cele- 
brados en la yglesia. Acostumbrauan al prin- 
cipio, aunque ya estañan reducidos a conuen. 
to, campana, y comunidad, retraerse algunos 
en aquellas cueuas donde auian viuido en sus 
primeros años, para gozar de la soledad ami- 
ga, y no perder el curso de sus penitencias y 
asperezas, teniendo por regalo las paredes de 
la celda, y algún gergon de paja en que acos- 
tarse, los que estañan criados al sereno de 
los inuiernos, hechos a la humedad y dureza 
de las peñas. Los que los yuan a visitar, ha- 
llauan aqui vn Oeronimo escondido entre vnos 
cantos, acullá otro, sonauan dentro los suspi- 
ros, y ohian los acotes, que era la salua con 
que recibían los que alli aportauan. Entrañan 
en vna cueua, hallauan orando el dueño, sallan 
de aqueUa, yuan a otra, y vian a su morador 
arrebatado en el cielo, pesándoles muchas 
vezes de auer despertado de tan dulce sueño 
estas esposas verdaderas de Christo. Tal era 
la vida y los exercicios de aquellos padres 
primeros que fundaron el monasterio de Gui- 
sando, ya dicho de todos: vn retrato retirado 
viuamente de aquel Oeronimo primero. Vna 
cosa se afirma de aquel sitio, y de muchos 
años se ha hecho obseruacion con gran cuy- 
dado, que dentro de las cercas del conuento, 
ni en todas aquellas cauemas ni cueuas hasta 
el dia de oy se ha visto (es lugar estrafia- 
mente aparejado) culebra ni lagarto, ni biuo- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



65 



ra, ni otra alguna suerte de sauandija fiera < 
ni ponzoñosa, porque al entrar de aquellos 
santos huyeron todas, dexando desembara- 
zada la posada a tales huespedes. Dizen tam- 
bién que vn sieruo de Dios de aquellos pri- 
meros, mandó a los tordos que alli auian acu- 
dido en gran abundancia (porque con su im- 
portuno chirriar inquietauan, y como son tan 
gárrulos y imitadores de todo quanto oyen, 
quitauan la atención de la oración) que no en- 
trassen alli jamas: tuuo tanta fuerza el precep- 
to, y ellos han sido tan obedientes, que hasta 
oy no se ha visto ni vno solo estar assentado 
en árbol, ni en tejado, ni aun en las paredes 
de la cerca, con auer tantas diferencias de 
frutas, de que ellos son tan golosos, vuas, 
higos, moras, baccas de laureles, y otras, y 
tanta comodidad para sus nidos y crias. 

Crecieron los religiosos en numero, andan- 
do el tiempo. El aposento, celdas,, y claustro 
era todo muy pequeño y estrecho, no tenian 
donde poner a los que venian de nueuo, ni 
aun los que estañan cabian de pies. Acorda- 
ron, confiados en la merced del cielo, de leuan- 
tar otro claustro en otro poyo que hazia vn 
poco mas baxo la cuesta, junto con el prime- 
ro. Era a esta sazón Obispo de Burgos don 
Alonso de Fonseca, tenia gran afícion y deuo- 
don a los religiosos de Guisando. Entendido 
el desseo y la necessidad, los acorrió con 
treynta mil marauedis para ayuda del edifício. 
Con esto y con la comodidad de los materia- 
les, piedra, madera, cal, agua y lo demás que 
esta muy a la mano, se acabo muy presto. El 
año de 1468. en diez y nueue de Setiembre, 
vino el Rey don Enrique a este monasterio, y 
el mismo dia en la venta de los Toros de 
Guisando, que esta alli cerca, fue jurada por 
Princesa heredera destos Reynos, la Infanta 
doña Ysabel, claro resplandor de España, y 
principio de su grandeza, que por auerse he- 
cho alli auto de tanta solenidad, y dado tan 
feliz principio al bien destos Reynos, mere- 
cían el monasterio, y la venta estar labrados 
de marmoles eternos, porque fuessen yguales 
en duración con sus felices sucessores, y 
hijos. En tiempo del Emperador Carlos Quin- 
to, su nieto, de feliz memoria (aura ya cin- 
cuenta años) se quemó el claustrico y la ygle- 
sia, por la vezindad del monte y el descuydo 
de vnos pastores, y podríamos dezir, que con 
ello gran parte de las buenas costumbres de 
la casa, y de los hijos, por derramarse por 

H. ©K tA O. PE S. Gr«05IM0,— 6 



otras muchas de la orden, que oluidaron el 
rigor de la suya, y no aprendieron bien el de 
las agenas. Tornóse a edificar en la forma 
que oy se vee, con mejor Architetura que el 
primero, adornado con algunas pinturas de 
nuestro luán Correa, que era de lo bueno de 
aquel tiempo. La yglesia por ser mayor que la 
primera, y la deuocion, y el animo harto menor 
que el de los primeros, no esta acabada, aun- 
que ha años que se comentó. Han fauorecido, 
y visitado mucho los Reyes este conuento, y 
son sus principales bienhechores, desde don 
luán el primero, o como otros dizen, el viejo, 
hasta el Rey don Felipe II. que esta en el cie- 
lo, de quien ha recebido muchas mercedes. 
Solíase retirar alli las semanas santas, por 
ser sitio de tanta deuocion, hasta que leuantó 
el edificio de la casa de S. Lorenzo. La yglesia 
de Auila, Obispo, y Cabildo, y los Marqueses 
de Villena, los han fauorecido siempre. Tras 
ellos otros muchos ilustres bienhechores que 
se vinieron alli a acabar el curso de su vida, 
tomando este santo habito. Han florecido en 
el santissimos varones, cuyas vidas tratare- 
mos en el discurso desta historia ('), que son 
admirables, y de mucha edificación. 

Fueron como hijas de esta santa casa otras 
dos que ha muchos años se Consumieron en 
esta religión: y porque del todo no se pierda 
su memoria, haré aqui alguna de entrambas. 
La deuocion de la gente con la casa de S. Ge- 
rónimo de Guisando, fue tanta en tiempo que 
gouerno aquel conuento el sieruo. de Dios 
F. Alonso de Viedma, que les dieron mucha 
mas lymosna, y rentas de las que ellos que- 
rían; porque aquella no se perdiesse, y re- 
dundasse todo en seruicio de Dios, y del glo- 
rioso Doctor S. Gerónimo, acordaron de fun- 
dar otro monasterío de su vocación, con las 
reliquias que les sobrauan. Para tratar desto, 
vino a Toledo el santo Prior, comunicó su 
intento, y el del conuento, con F. Pedro Fer- 
nandez Pecha, para que con la facultad que 
tenia de leuantar quatro monasterios, se pu- 
diesse poner en execucion. Contentóles a 
entrambos el sitio que se llama de Corral 
Rubio, junto a Toledo, a la ribera del rio Tajo, 
y con grande animo edificaron alli el monas- 
terío, poniéndole nombre, S. Gerónimo de 
Corral Rubio. Tomó la possession el Prior 
F. Rodrigo de Viedma, con otros religiosos 

(t) Lib. 8, cap. 11. 12, 13, 14. 15. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO' 



que estauan con el, el año de 1384. Acordelóse 
el sitio para la yglesia, con cinco altares: el 
mayor, de S. Gerónimo, el segundo de nues- 
tra Señora, el tercero de S. Agustín, el quarto 
de la Madalena, y el quinto de S. luán Bap- 
tista. Señalóles Prior, y dexó con el los fray- 
Íes que podia por entonces sustentar, y tornó- 
se a su conuento. Todo se hizo con autoridad 
de Fernando Yañez de Caceres Prior de San 
Bartolomé. De do parece que siempre tenían 
algún respeto a esta cabera. No se contento 
con esto el Prior, y conuento úe Guisando, 
sino que luego partió de sus rentas con la 
nueua plantación, dándoles la heredad que 
llaman de la Vastida, y todo lo que le tocaua 
de tierras: algunas casas en Toledo: algunos 
marauedls de renta, y la sal de ciertas salinas 
que les auia dado doña Ynes de Ayala. Ansi 
quedó assentado aquel conuento y casa de 
S. Gerónimo, que fue la quarta, y tan hija de 
Guisando: y hallanse Prior, y Procurador de 
Corral Rubio, en el primero, segundo y tercero 
Capitulo general, en el quarto assiento. En 
este tiempo se echo de ver que el sitio era 
malsano, por estar tan junto a la ribera del 
rio, que las nieblas hazian mucho daño, y los 
religiosos estauan enfermos, y pobres, porque 
la renta era poca, y no pudo jamas llegar a 
mantener, aun con harta pobreza, vn Prior, y 
doze religiosos: y en menor numero, la expe- 
riencia ha enseñado, que se puede guardar 
poca religión. Como el monasterio de la Sisla 
estaua tan cerca, y tan acreditado,^no dex6 
crecer al recien fundado, porque la deuocion 
de la ciudad de Toledo, para con la orden de 
S. Gerónimo, estaua plantada en la Sisla. Por 
todas estas razones, acordaron en el quarto 
Capitulo general, por la autoridad que teman 
del Papa, que el monasterio de S. Gerónimo 
de Corral Rubio, se uniesse y anexasse al de 
la Sisla de Toledo, con todo lo que le perte- 
neciesse de muebles, y de rayzes, y ansi se 
hizo el año de 1418. a diez dias del mes de 
lunio, passandose todos los religiosos que 
alli auia a nuestra Señora de la Sisla. Luego 
el mes de Octubre, el mismo año, reclamaron 
los religiosos del conuento de Guisando, dí- 
ziendo que era suyo el monasterio de Corral 
Rubio, y la hazienda que tenia, pues constaua 
claramente, que toda era fundación suya, y 
dote de sus proprias rentas. De voluntad y 
consentimiento de los dos conuentos, como 
eran tan vnos, y tan hermanos, señalaron por | 



juez arbitro desta causa, al Prior de Guada- 
lupe, que a la sazón era vn santo varón, lla- 
mado F. Gonzalo de Ocafia: y mirado el nego- 
cio, dio por sentencia, que la vnion y anexión 
estaua bien hecha, por virtud de la bula que 
tiene la Orden, para incorporar vn monasterio 
en otro, quando no hay suficiente dote para 
sustentar vn Prior, y doze religiosos, y que 
ansi fue muy bien hecha la anexión por el 
Capitulo general, con todo lo que a Corral Ru- 
bio pertenecía, exceptando los marauedis, y 
casas en Toledo, que se quedaron para el 
monasterio de Guisando. 

Esta sentencia se dio el año 1419. y se hizo 
la anexión de nueuo, con la autoridad del Ar- 
zobispo de Toledo. Ansi quedó consumido 
este conuento, aulendo sustentadose desde 
el año 1384. y de lo que en este tiempo les 
ofreció la piedad de la gente deuota que se 
les aficionó, dándoles algunas heredades, tie- 
rras, y viñas, junto con el termino y proffes- 
sion que tenían, se vino a hazer vn termino 
redondo de harto prouecho. Al tiempo que la 
Orden lo. incorporó con el monasterio de la 
Sisla, casi estaua de todo punto acabada vna 
buena yglesia, aunque nunca se usó delta, vn 
edificio de lo de aquel tiempo, bien labrado, 
de cantería con su boueda. No se tiene noti- 
cia quien lo hizo. Veense solamente en el 
techo, que es de muy buen maderamiento, vn 
escudo con castillos, y leones, y vna jarra de 
a^uzenas blancas con el nombre de lesus, de 
donde se infiere con harta prouabilidad, ser 
edificio mandado hazer por el Infante don 
Fernando, hijo del Rey don luán el primero, y 
hermano del Rey don Enrique el enfermo. Fue 
este claro Principe (como lo veremos muchas 
vezes en esta historia) muy deuoto de la orden 
de S. Gerónimo: y sin duda eran estas sus 
armas, como se veen oy en el monasterio de 
nuestra Señora de la Armedilla, y de la Mejo- 
rada, y otros. Tomó tan santo blasón, por la 
gran deuocion que tenia a la Virgen nuestra 
Señora, y al nombre santissimo de lesus. Y 
algunos dizen, que las jarras de los refitoríos 
de nuestra Orden, que tienen escrito este 
santo nombre, tuuieron principio de la deuo- 
cion deste Principe, y de sus armas: y fue 
costumbre antigua poner en los vasos las me- 
morias de aquellas cosas que mas se amauan, 
o mas se querían acordar, de que trataremos 
en otra parte, dando el Señor vida. Esto basta 
auer dicho de Corral Rubio. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



67 



Santa Ana de la Oliua, nunca fue monaste- 
rio, ni conuento por si, sino Vicaria de Corral 
Rubio, porque aunque huuo alli religiosos en 
harto numero, y algunos años, nunca empero 
huuo Prior, ni Procurador de aquel conuento, 
en alguno de los Capítulos generales, que es 
claro argumento. El caso fue, que los religio- 
sos de Corral Rubio, mouidos de la deuocion 
de la Santa, y por ser la hermita de gran re- 
uerenda, donde nuestro Señor hazla mila- 
gros, la pretendieron (está la hermita en el 
lugar de S. Domingo, cerca de Toledo.) Alean- 
gada, pusieron en ella algunos religiosos que 
la siruiessen con cuydado. Guardase oy en 
dia vna prouanqa, hecha ante Fernán Pérez 
de Ayala, Vicario y Canónigo de Toledo, 
año 1469. y dizen los testigos de vista, que 
siendo Prior de Corral Rublo, el padre fray 
Gil de Ayllon, ganó licencia del Arzobispo de 
Toledo, para fundar en la hermita vn monas- 
terio de la orden de S. Gerónimo: y afirman, 
qve vieron veynte frayles, y vn Prior, que era 
el miamo que el del monasterio de Corral 
Rubio. De aqui entiendo yo que no eran todos 
de santa Ana; stno que alguna vez se juntarían 
con el Prior, de la vaa y otra casa, tanto nu- 
mero de frayles, y era mucho, pues Corral 
Rubio tenia tan pocos. Afirman también, que 
vieron dezir Missas cantadas, y hazer officio 
diuino, y que los del lugar de Santo Domingo 
tenían allí sus entierros, y dauan rentas, y 
heredades. Añaden, que después vino vn año 
de peste, y murieron en el monasterio, o Vi- 
caría de la Oliua, muchos religiosos: y con 
esta ocasión el Arcipreste de Maqueda, pare- 
ciendole que los religiosos le Ueuauan los en- 
tierros, y los intereses, trató con el Maestre 
de Calatraua, que entonces era señor de To- 
rrijos, y Maqueda (en cuyo termino estaua la 
hermita) que echasse de alli los pocos religio- 
sos que auian quedado. Fue executado el ruyn 
intento por el Maestre. Los religiosos se fue- 
ron al monasterio de la Sisla, donde ya esta- 
uan incorporados sus compañeros de Corral 
Rubio (fue casi en vn mismo tiempo todo) y 
quedó la hermita desierta, aunque con nom- 
bre de Príorato, y tan auentajada. Tanta era 
la sinceridad, y poca codicia de nuestros reli- 
giosos. Luego los Arzobispos de Toledo, se 
alaron con ella, y la prouehian con titulo de 
dignidad de Priorato. Después los religiosos 
de la Sisla, abrieron los ojos, y tornaron a 
cobrar su casa, y heredades, no sin hartas 



rebueltas y pleytos, por los muchos agrauios 
que les hazian, contra toda justicia. Desta 
manera quedan resueltos, y encorporados 
estos dos monasterios de Corral Rubio, y de 
santa Ana de la Oliua, en el de la Sisla de To- 
ledo: y agora esta todo esto muy firme, con 
autoridad Apostólica de muchos Pontífices, 
que seria largo de especificarse en particular. 
Dicho he como se plantó la orden de S. Geró- 
nimo en Castilla, y los monasterios que edifi- 
caron F. Pedro Fernandez Pecha, y F. Fer- 
nando Yañez de (aceres: es fuerza dexarlos 
aqui, y ver lo que hizieron ios santos Hermi- 
taftos que estañan en el reyno de Valencia. 

CAPITVLO XV 

Lo que hizieron ios santos Hermitaños que 
fueron ai reyno de Vaiencia: como funda- 
ron ia orden de san Gerónimo en ia Pia- 
ña de Xabea, y ia casa de Gandia, o Co- 
taiua. 

Siempre parecerá diuino, a quien lo mirare 
atentamente, el acuerdo de la restauración 
desta religión de san Gerónimo, y el modo de 
tornar al mundo después de oluidada. Que 
camino lleuaua, si se mira con ojos humanos, 
para que viniesse a efecto vna cosa tan graue: 
repartirse vnos Hermitaños venidos de nación 
estrangera, en diuersas y remotissimas partes 
de España: esconderse entre peñas, y ence- 
rrarse en desiertos, y de alli componerse, o 
juntarse vna religión, con tanta vnion como 
agora vemos? Pues por este camino lo hizo 
Dios, que son sus caminos muy diferentes de 
los nuestros. 

Hemos dicho hasta agora el sucesso que 
han tenido las cosas desta Religión en Cas- 
tilla, lo que han hecho los Hermitaños que 
se repartieron por el reyno de Toledo. Diré 
agora lo que hizieron los del reyno de Va- 
lencia, con mas breuedad, no porque hizie- 
ron menos, sino porque es casi lo mismo, 
y porque no ay tanta noticia de sus cosas, y 
dexaron menos relación dellas que los de 
acá. Sabemos que se retiraron en los vlti- 
mos mojones de aquella prouincia que se 
llamó antiguamente Celtiberia, en la parte que 
agora se dize reyno de Valencia, junto al 
puerto que de los primeros se llamo Dianium, 
y agora Denia, entre vnos riscos ásperos, a 
la ribera del mar Africano, vezinos a vna 



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68 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



pequeña villa que se liama Xabea. Allí se 
hazen en la ladera del monte áspero en los 
mismos riscos, algunas cueuas, morada de las 
fieras donde se recogen, y después que en la 
noche (como díze el Real Profeta) han hecho 
sus presas, saliendo el sol se esconden. Los 
moradores de la villa de Xabea, oy en dia 
llaman aquel lugar las Cueuas santas, con- 
seruando la memoria y el nombre que sus 
padres les pusieron por los habitadores que 
conocieron en ellas, dexandolas consagradas. 
Al principio fueron pocos, tres, o quatro a lo 
mas. Tendieron la red del menosprecio del 
mundo, y en poco tiempo pescaron en aquella 
ribera otros muchos, que desseando escapar 
deste mar peligroso, holgaron de quedar pre- 
sos en ella, por salir del estado de la muerte 
al de la vida. 

Entre los que acudieron (llegaron alguna 
vez a doze, entre sacerdotes y legos) fue 
vno claro por dignidad y linage, llamado lay- 
me luán Yuañez, cauallero, Presbytero, Le- 
trado, no de menor santidad y valor que 
nuestro Fernando Yañez en Castilla. Viuian 
los santos varones, del trabajo de sus manos 
(costumbre de aquellos primeros Padres que 
enseñaron este camino, abriendo la senda a 
la vida solitaria) no tanto por la necessidad, 
que es poca en los que se contentan con poco, 
quanto por huyr la ociosidad. Engañase quien 
piensa que la vida contemplatiua es ociosa, 
porque aunque en lo de dentro, donde esta 
toda la hermosura, viuen en vn Sábado rega- 
lado: en lo de fuera no falta jamas el exercicio 
corporal; siruen vnas vezes a los hermanos, 
efecto de la caridad del alma: otras trabajan 
de manos, porque entorpezidos los miembros 
con el ocio, no corrompan el coraron, y por- 
que con este exercicio tengan de donde se 
sustenten. También los ayudauan los comar- 
canos con sus lymosnas, entendiendo el true- 
que y buen cambio que hazian, dando poco 
donde recibían tanto. Muy callados y secretos 
nos dexaron sus exercicios: ninguna noticia 
tenemos de lo que hizieron en mas de veynte 
años: grande espacio de la vida del hombre. 
Que orden de viuir guardaron, que peleas 
tenian con el aduersario del bien humano, no 
se sabe, mas ello se dize. Serían sin duda 
grandes. 

Lleua sin paciencia el enemigo principios 
que prometen tan altos fines, y en tan lar- 
gos años deuieron de verse cosas hazaño- 



sas que se quedaron sepultadas eo aquellas 
cueuas santas. Ansí quedaron otra infinidad 
de marauillas en los desiertos de Egypto, y 
Tebayda, quando competían en multitud de 
habitadores con las mas pobladas ciudades. 
Quiere Dios queden ansí cubiertas, para que 
la fe de los que las imitan tenga mayor premio, 
para que los tesoros de la yglesia no se de- 
rramen del todo a los pies de los que los 
huellan con el menosprecio, y para que tam- 
bién en el día postrero en que tiene Dios de- 
terminado de juzgar el mundo, como saldrán 
a pla^a infinitas maldades que nunca se des- 
cubrieron, ansí también se manifiesten estas 
preciosas margaritas, y hagan con su res- 
plandor y claridad mas ilustre aquel dia, tan 
alegre para los buenos. Tantas vidas santas 
en tanta estrecheza: penitencias tan rigurosas 
tan largas, de tantos años, testigo deltas solo 
el cielo, que no prometen? Quédese, pues el 
Señor es dello seruido, todo esto sepultado 
hasta que venga el punto que el tiene señalado 
en su alto secreto. Digamos esso poco que 
ha quedado, como supiéremos. 

Al tiempo mismo que los Hermitaños de 
Castilla fueron despertados de Dios para que 
dexada la vida de Heremitas, tratassen de 
viuir en conuentos y forma de religión, en el 
mismo tocó los cora9ones de los que estauan 
en Valencia, para el mismo acuerdo. Creo que 
no tuuieron noticia vnos de otros, y que aun- 
que a los principios se comunicaron, como 
después passo tanto tiempo, se fue resfriando 
la memoria y a penas se conocían, sino por 
relación de los primeros. Persuadome a esto, 
porque si entendieran los de Valencia lo que 
habían hecho los de Castilla, no fueran a pedir 
al Papa como cosa nueua la que estaua con- 
cedida, sino que como assentada y hecha, se 
juntaran a aumentarla y recebirla. Y el mismo 
Pontífice, como luego veremos, se marauillo 
le pidiessen de nueuo (los que parecían tan 
vnos) lo que acabaña de conceder tan poco 
auia. 

Tuuieron pues su acuerdo estos santos 
varones, sobre la mudanza de la vida. Aula 
entre ellos diuersos pareceres, y la causa fue 
altercada por vna y otra parte: vnos dezian, 
que parecia liuiandad hazer trueque en el 
camino comentado, y pues auian viuido tantos 
años de aquella manera, no era razón, pues 
no se ofrecía otra de nueuo, intentar lo que 
al principio no auian pretendido: que muchos 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN QERONIMO 



santos acabaron en aquel estado altissima- 
mente sus vidas, y algunos de los que con 
ellos auian allí viuido, también se aulan pas- 
sado a la eterna, dexandoles mucho consuelo 
con sus muertes preciosas, y mucha satisfa- 
cíon de su gloria, y podian ellos acabar de la 
misma suerte, siguiendo la constancia y ente- 
reza de sus vidas. Anadian también, que para 
alcanzar la pureza del coraron, fin pretendido 
en todos los estados de la yglesia, ningún 
medio es mas a proposito que el de la soledad; 
por ser tan aparejada para la consideración, 
y para la contemplación. Ansi lo enseño (de- 
zian) nuestro Señor y maestro lesu Christo: 
Las vezes que se puso en oración, se apartó 
a los montes con sus discípulos, y aun aquellos 
dexaua por orar solo, y no se sabe que orasse 
en compañía, pues aun en la postrera del 
Huerto, se apartó tres vezes dellos. El con- 
curso y conuersacion de los hombres: el cuy- 
dado de los hermanos que viuen en la misma 
comunidad. Los seglares que vienen a visitar 
pegajosos, e importunos; a quien se ha de 
acudir para muchos menesteres forzosos, son 
todos gran estonio para alcanzar esta lim- 
pieza desseada. Otras mil razones acumula- 
uan por esta parte, tanteando todos los me- 
dios, para no hazer mudanza sin pensar bien 
las causas della. Por otra parte ponian sus 
ojos en la flaqueza humana, en la imperfecion 
propria y en la duda de la perseuerancia, que 
la da Dios a quien es seruido. Tras esto el fin 
que pretendían, ver en España leuantada vna 
religión, donde aula de morar el Espíritu 
santo, según las reuelaciones que Dios aula 
hecho a personas santas, que S. Gerónimo en 
quien tenían tanta deuocion, auía dexado el 
yermo, y passado a viuir en comunidad, y era 
bien imitarle en todo, pues ya le auian imitado 
en lo primero. 

Dizese que vno dellos (eran según se halla 
en vna relación antigua, doze) leuantando- 
se en medio de todos, díxo breuemente es- 
tas razones. Nunca carissimos hermanos, 
tuue de mi tanta confiani^a, ni querría que 
la tuuiesse de si alguno, que pensasse que 
yo bastaua para mi solo, o que he llegado a 
tal estado que ya no me falte nada. Perfeto 
se llama aquel que esta de todas partes cum- 
plido: el que es tal, esse puede viuir solo, 
como quien no tiene necessidad de otro. 
Quien llegó a este punto, bien haze de amar el 
desierto, huyr el consorcio de los hombres 



pues se halla tan lleno de Dios: agora sea por 
sola merced diulna (como S. luán Baptlsta, 
que se nació santo de las entrañas de su ma- 
dre) o por exerci^io grande de virtudes, de 
quien dize el Apóstol, que comen ya manjar 
de fuertes, y que su conuersacion es en los 
cielos. El que ha passado por todo este exer- 
cicio de virtudes, viua solo: quien no tiene 
necessidad de ser alentado de otro hombre, y 
siente dentro tan fuerte calor de espíritu, sin 
tener necessidad de obedecer al que le ende- 
reza a la derecha regla de la justicia, y se 
leuanta sobre todos sus mouimientos; y por 
dezirlo de vna vez, es ya nueuo hombre, como 
de otra mas alta ralea, este tal, a do quiera 
que viue viue solo, y nunca esta menos solo 
que quando solo, y desde alli aprouecha con 
mas ventajas a la yglesia que muchos juntos, 
si a tal estado no han llegado. Mas quien ay 
aquí entre nosotros que ose atribuyrse tan 
alto asiento? quien osara vsurpar tan grande 
dignidad para su alma, y preciándose falsa- 
mente de rico, sea de dentro, como dize san 
luán, pobre y miserable? Rindámonos herma- 
nos a la obediencia, sujetémonos a la voluntad 
y arbitrio de Prelados, para que reconocién- 
donos humildemente por imperfetos, tanto 
este mas seguro en nosotros qualquier bien 
que el Señor pusiere en nuestras almas. 
Acuerdóme auer leydo en este gran Doctor 
que escogemos todos por padre, que del nido 
del monasterio quiere que salgan a bolar las 
palomas a la soledad, y a pelear los soldados 
de Chrísto, para que ni los espanten los prin- 
cipios duros del yermo, ni sean noueles en 
el exerciclo de las virtudes. Vamos siguiendo 
la huella de los que nos anisan con sus passos, 
abracemos lo mas seguro, recojamonos en 
vna religión, y no andemos vacilando en las 
mudanzas de nuestro aluedrio. Fue esta sen- 
tencia con tanta breuedad y grauedad pro- 
nunciada, que todos con vna voluntad, y espí- 
ritu dixeron, que sin mas dilatar se pusiesse 
en execucion, porque entendían que esta era 
la voluntad del Señor. Para traerlo a efecto 
señalaron tres dellos mismos, que fuessen a 
suplicar al Papa Gregorio XL les diese de su 
mano regla y orden de vida aprouada, signifi- 
cándole la deuocion que tenían al bienauentu- 
rado S. Gerónimo, y como debaxo de su pro- 
tecion y nombre auian viuído tantos años, y 
desseauan siempre ser suyos, y que la religión 
fuessc suya. De los tres señalados, y el pri- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



mero a quien tuuieron siempre en reuerenda, 
y en lugar de cabera, fue F. layme luán Yua- 
ñez Presbytero: el segundo layme Dolentori: 
el tercero Francisco, o como dizen en su Le- 
mosin Francés, Ma^anet. En los nombres pa- 
recen todos naturales del reyno de Valencia. 

Partieron luego para Auiñon los santos 
compañeros, llegaron después de auer passa- 
do hartos trabajos en el camino, cansancio, 
pobreza, fatigas, peligros. Era el año 1374. de 
la Encarnación, el quarto del Pontificado de 
Gregorio, como parece en la misma bula que 
les dio gratis pro Deo. Reconoció luego el 
Pontífice el habito en viendo los santos Her- 
mitaños que le llegaron a besar el pie, porque 
era de la misma forma que el que trayan los 
Hermitaños de Castilla, y los que vinieron de 
Italia se lo auian dado ansi, y lo conseruaron 
siempre a do quiera que se repartieron. En- 
tendido el intento de los sieruos de Dios se 
marauillo mucho el Papa, viendo en todos 
tanta conformidad, no solo en el habito de- 
fuera, y en las costumbres que se traslucían 
en el semblante, mas aun en el desseo, fin, y 
pretensión. 

Conodo que era todo cosa del cielo, que 
el espíritu del Señor despertaua estos co- 
razones para vna cosa grande, y consideran- 
do calladamente el caso, les dixo: Pocos dias 
ha que vinieron de España otros del mismo 
habito y manera de vosotros, a pedirme lo 
que pretendeys, y yo se lo concedí todo, como 
me lo pidieron. Esso mismo os concedo a 
vosotros, con la misma voluntad: y pues 
soys de vn mismo intento, de vna misma 
nación Españoles, juntaos todos en vna re- 
ligión qual la pedís, y os la he otorgado, y 
ansi viuireys con mas entereza y seguridad, 
y os conseruareys mejor. Besáronle tos pies 
por la merced y fauor que les hazia, y el sano 
consejo que les daua, prometiendo de hazer 
en todo lo que les mandaua como superior, y 
les aconsejaua como padre. Dioles luego la 
bula misma que auia dado a los primeros 
Hermitaños, encomendando y mandando en 
ella a don Guillen Obispo de Tortosa, que 
examinada la vida y conuersacion de los Her- 
mitaños que le suplicauan de presente, y de 
los nueue ausentes, en cuyo nombre pedian, 
si hallasse que era qual conuenia, truxesse a 
efecto lo que les otorgaua. Que hiziessen 
profession según la regla de S. Agustín, el 
habito de la misma forma que auia dado a los 



primeros, sin diferencia: que las constitndo- 
nes fuessen conformes al monasterio de nues- 
tra Señora del Sepulcro, de la orden de San 
Agustín, extra muros de la ciudad de Floren- 
cia: y que en quanto fuesse possible se con- 
formen con ellos. No apremia, ni determina el 
Papa en su bula, que de todo punto las cons- 
tituciones, y costumbres de la o^den de San 
Gerónimo sean las mismas que las de este 
conuento de [Florencia, sino algunas, las que 
mas quadraren: antes en la misma bula, y en 
otras que después concedió, aun mas daro 
manda al mismo Obispo, les de facultad para 
que puedan establecer Hdtamente, y hazer 
guardar con fuerza cualesquier leyes y cos- 
tumbres que ellos ordenaren, como no sean 
contra derecho común, ni deshagan la regla 
de S. Agustín que han de professar. En pnie- 
ua de esta libertad, y licencia mandaron des- 
pués en vno de los primeros capítulos gene- 
rales que se celebraron en la orden, a los 
Priores, y Conuentos que prouassen las doze 
constitudones que se auian traydo del monas- 
terio del Sepulchro de Florenda, por ver si 
era cosa conuenible guardallas, o deshazellas: 
otorgóles también que se puedan llamar y 
llamen frayles, o hermitaños de S. Gerónimo, 
y ansi los nombra el mismo pontífice tres, o 
quatro vezes en sus letras: llámales también 
canónicos, dándoles facultad que puedan ele- 
gir Priores que no duren mas de tres años y 
que passados, vaque el electo, y eligan de 
nueuo aquel, si les pareciere, o otro de nueuo 
de ellos mismos: y porque los monasterios no 
pueden tener tan presto sufficiente dote para 
el sustento de los religiosos, dales Ifcenda 
para que en tanto que los fieles les socorren 
con rentas suffidentes, puedan pedir lymosna, 
con que no sea a son de campana: y que en 
teniéndola (que sera al juyzio de la sede 
Apostólica, o persona por ella señalada) no 
la pidan mas. También concede que puedan 
fundar otros monasterios, con condidon que 
no sean de menos que doze frayles, y vn 
Prior, porque en menor numero no se puede 
guardar con decencia la forma deste santo 
instituto, y porque sea vna como representa- 
ción del colegio Apostólico. Concedió tamtrien 
facultad al Obispo para que les proueyesse 
de Prior por aquella vez sola. Dieron también 
notida al Pontífice estos tres sieruos de Dios 
en la suplica que le presentaron, y en la rela- 
ción que le hizieron de palabra, como auia en 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



71 



el reyno de Valencia, y en el de Aragón, mas 
de quarenta Hermttaños, todos deste mismo 
proposito, y con los mismos desseos, ansi les 
otorgo que pudiessen edificar, y leuantar en 
los mismos estados otros tres monasterios 
(sin el de la Plana) donde se recogiessen 
almas santas al seruicio de nuestro Señor, con 
las mismas leyes, y condiciones. Comete tam- 
bién esto al mismo juez delegado, para que 
informado de todo, lo ponga en execucion. 
Esto consta de la misma bula, muy a la larga. 
Veese en ella, y en otras muchas que después 
concedió, la gran voluntad que el Pontífice 
mostraua a esta nueua planta, quan alegre- 
mente salla a todo, que sin*d¡ficultad otorgaua 
quanto se le pedia: sin duda era moción del 
cielo, o conocimiento secreto del gran bien 
que se esperaua, y de lo que Dios le reuelaua, 
no solo por otras almas santas, sino en la 
suya propria. Si no se mostró tan afable, o 
tan liberal en lo defuera con estos segundos, 
como con los primeros santos, pues ni les 
vistió el habito, ni hizieron profession en sus 
manos (regalo de padre amoroso) y cometió 
la causa al Obispo (lo que no le pareció ser 
necessario con los primeros) no fue porque le 
parecieron menos dignos, o menos santos, 
sino porque lo que auia hecho con aquellos, 
era también para estos, y en su fauor. Imita- 
ción también de aquella causa primera, que 
puso sus manos en los effectos primeros, y 
dexo después correr por su camino natural las 
cosas, influyendo en las que se llaman, y son 
segundas causas, para que produzgan lo que 
resta, honra grande de las creaturas. Desta 
suerte el santo Pontífice, puesta en pie vna 
vez por su mano esta santa Religión de San 
Gerónimo (sea resucitada, o criada de nueuo) 
ya le pareció que no era menester, sino dexalla 
que corriesse en virtud de los primeros. Ansi 
lo significo el Pontífice encargando a estos 
segundos se juntassen con los de Castilla, y 
pareció que no auia para que hazer concession 
nueua. (¿on todo esso la gana que tenia de 
ver esto multiplicado y crecido le hizo conde- 
cender al desseo de los que suplicauan: Señal 
de vn amor secreto, que tenia mas hondas las 
causas, y las rayzes de lo que alcan^aua por 
entonces el discurso humano. Tomaron los 
tres santos compañeros la bendición del Padre 
santo, boluieronse muy contentos con el buen 
despacho para los suyos. 



CAPITVLO XVI 



Prosigue ia fundación de la Orden en si Rey- 
no de Valencia, y de la casa de S. Gerónimo 
de Oandia. La perdida de la primera, y fun- 
dación de la segunda casa que se llama Co- 
falúa. 

Plaga general ha sido de España la falta de 
escritores, de quien eternizasse los hechos de 
sus naturales con la pluma. Nace sino me en- 
gaño de la propria cosecha de los ánimos Es- 
pañoles, mas leuantados a lo macizo de la vir- 
tud, que a la codicia de la fama. Sed que ha 
fatigado tanto a las naciones vezinas France- 
sas, y Italianas. Gozaron mas presto de la 
paz, pudieron darse a los estudios y exerci- 
tar los ingenios en diuersas artes, que llega- 
ron alli como desterradas del Oriente, antes 
que a nosotros. Cultiuaron su manefa de ha- 
blar puliendo la lengua con mucho estudio, y 
ansí nos dexaron preciosas memorias de sus 
hazañas, los vnos y los otros. Por el con- 
trario lo echamos todo menos en España, llo- 
rando siempre el descuydo de tan mal cul- 
tíuados ingenios, siendo tan capaces para 
todo, como se vee oy en dia bien clara la 
prueua: Pues por tarde que han llegado a 
nosotros las buenas artes, parece que poco 
menos se han nacido entre nuestros solares, 
según el buen punto en que están agora pues- 
tas. No se remedia con esto el daño passado, 
que aunque no siento mucho la falta de todos 
aquellos primores, que tocan a carne y a san- 
gre, o a la hermosura que perece con el tiem- 
po, lloro nuestro descuydo, porque abueltas 
de aquello, se perdieron margaritas de mu- 
cho precio, sepultáronse en la ignorancia y 
descuydo de aquel siglo las hazañas de mu- 
chos, que no fue digno el mundo de gozarlos, 
las peleas, y las luchas que se trauaron en 
aquellos desiertos y campos mas dignos de 
celebrarse, que las de los Maratoníos, y Far- 
salicos, que viuen sin para que, leuantados 
con la fuerqa de la elegancia, y del arte del 
bien dezir, sobre toda la mudanga de los si- 
glos. Quien supiera los trances que estos va- 
lerosos caualleros de Christo passaron en 
tantos años de soledad y desierto con los 
Príncipes y rectores de las tinieblas de este 
mundo? No sobre el enseñorearse del (pe- 
queño interés para ánimos tan generosos) 
sino sobre las sillas del cielo, imperío perdido 



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72 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



por la soberuia de los vnos, y conquistado 
con la humildad de los otros. Lleuaua impa- 
cientemente el demonio el buen sucesso que 
estos santos Hermitaños tenian en la preten- 
sión de la Orden que pretendían poner en 
pie, después de tantos siglos marchita, o de 
todo punto muerta. Por el camino do boluian 
les ponia mil estoruos: En la tierra les arma- 
ua lazos, en la mar leuantaua hondas, desper- 
taua vientos, para que st fuesse possible no 
llegassen adonde desseauan: Lo vno y lo otro 
allanaua la mano del Señor que los guiaua. 
No se sabe puntualmente quando salieron 
estos tres santos Hermitaños de Auiñon, ni 
quando llegaron; no puede ser mucho el yerro, 
porque a pesar de los estoruos del demonio 
en treze de Octubre, del año mil y trezientos 
y setenta y quatro, se halla en un acto publi- 
co que se guarda en el monasterio de Co- 
talua, que el padre layme luán Ybañez, y sus 
dos compañeros layme Dolentorí, y luán de 
Cuenca, presentaron la bula, y los recados 
que trahian del Papa Gregorio al Obispo de 
Tortosa. Dizen que tuuieron en la mar vna 
gran borrasca despertada por el enemigo que 
pretende estoruar el bien de los hombres, 
aplacóse con la fuerza de la oración de los 
sieruos de Dios: Venian nauegando para el 
puerto de Denia donde pretendían desembar- 
car para dar la nueua, y hacer relación a sus 
compañeros del buen recaudo que trahian, y 
acordar entre todos lo que auian de hazer en 
el processo del negocio. Los vientos dieron 
con el vaso en que venían mas hazía el Nor- 
te, embocándolos por la entrada del rio Ebro, 
guiandolos otro mas cierto viento a la famosa 
y antigua ciudad de Tortosa, o como dezian 
los antigaos, Dertosa, y de donde se llama- 
uan todos los de aquella comarca Dertosa- 
nos. Fue esta ciudad vno de los treze Muni- 
cipios de los Romanos en España (Municipios 
se llamauan las ciudades que tenían tgnta 
amistad con Roma, que gozauan de sus mis- 
mos priuilegios, y tenian voto en todo lo que 
se decretaua, ansí en guerra, como en paz, y 
esto es lo que alego San Pablo algunas vezes 
en los Actos (*), por ser de Tarso de Sicilia, 
que era Municipio) trahidos aquí por dispo- 
sición diuina, entendiendo que estaua allí el 
Obispo, aquien venían remitidas las letras, y 
la execucion del caso, determinaron hazerlo 

(t) Aet ApoHn eap. 16 A 93. 



todo de camino, pues Dios lo quería ansi. Ha- 
blaron al Obispo, dieronle noticia de su in- 
tento, y de sus santos desseos, y del discur- 
so del negocio. Presentáronle los recados de 
lo que el Papa mandaua, recibiólo todo con 
buen semblante el Obispo: Entendido que 
aquel era negocio del cielo, pospuso su quie- 
tud, y todo lo que por entonces podía escu- 
salle, fuese con ellos en persona para execu- 
tar la voluntad del superior, hizo información 
de la conuersacion y vida de los Hermitaños, 
hallóla tal que les tuuo inuidia: dixeron los 
que tenian noticia de su trato, cosas tan 
grandes, que si fuera para canonizarlos, era 
la información bastante. Estaua toda aquella 
comarca tan contenta con la buena vezindad 
de los Hermitaños, que a boca llena dezian, 
eran hombres venidos del cielo, y una mues- 
tra viua de aquellos santos, que otro tiempo 
víuian en los yermos, y que con su doctrina y 
exemplo se aula reformado toda aquella tie- 
rra. Hecha esta información, en que también 
se aueríguaron algunos exemplos y obras 
extraordinarias milagrosas (ojala las tuuiera- 
mos en particular, como quedaron en común, 
que nos fueran de grande consuelo) junto el 
Obispo a los tres Hermitaños con los otros 
compañeros, eran ya dixe doze por todos, 
como parece por la escritura en que se ponen 
los nombres vno por vno. Encarecióles y 
agradecióles el buen consejo que auian toma- 
do, assegurandoles que era del cielo: Rogóles 
de parte de su Santidad, que aceptasen la re- 
gla de San Agustín, debaxo de la qual mili- 
tassen, que tomassen en la forma del habito, 
que en sus letras mandaua, y las constitu- 
ciones del monasterio de nuestra Señora del 
Sepulcro de Florencia en quanto les viniessen 
a proposito; respondieron todos con vna boca, 
y vn coraron con semblante humilde y alegre, 
que eran muy contentos de aceptar y obede- 
cer todo lo que su Santidad por el les man- 
daua. Que no tenían otro desseo, y este era 
el cumplimiento de quanto en esta vida pre- 
tendían, verse debaxo del jugo suaue de lesu 
Chrísto por el voto de obediencia, ser pobres 
de coraron, y de voluntad, cerrar la puerta a 
los gustos mortales de la carne, verse con 
titulo de religiosos, llamar padre a S. Geró- 
nimo, para con mas heruor procurar imitar 
su vida, y debaxo de la regla de San Agustín, 
y que ansi le pedían humildemente lo execu- 
tasse todo conforme a las letras de su santí- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



73 



dad. Visto por el Obispo el animo determina- 
do de los Santos, para tan santa empresa, 
recibiólos a la profession, y vno por vno la hi- 
zieron en sus manos en la forma que arriba 
dixímos, y ansi quedaron dedicados a Dios 
para siempre de Hermitaños libres, religiosos 
obedientes. Era a la sazón Duque de Gandia 
don Alonso de Aragón tiUo del Infante don 
Pedro y nieto del Rey don layme el segundo 
de Aragón; renuncio este Infante todos sus 
estados en su hijo don Alonso, y con los es- 
tados el mundo, entrando religioso en la Or- 
den de S. Francisco, donde perseuero como 
grande Principe, hasta la muerte, dexando de 
si ilustre exemplo a todos. Ansi quedo don 
Alonso por Duque de Oandia, Marques de 
VOlena, conde de Ribagorza, y de Denla, Con- 
destable de Castilla, señor de Callosa, y de 
otras muchas varonías. Heredo también con 
los estados la santidad del padre, y la afi- 
ción a los sieruos de Dios, como entendió 
la vida que estos santos Hermitaños hazian 
en su tierra, la soledad, y la pobreza en que 
estauan, tuuo también noticia de las cueuas 
donde se encerraron, quiso verlos, comunicó- 
los por vezes en mucha familiaridad, y halló- 
los tales en todo genero de virtud que se les 
aficiono de veras, tratando con ellos sus in- 
tentos, que eran viuir en Religión, debaxo de 
ol>ediencia, camino seguro en tiempos peli- 
grosos, en que los hombres se aman tanto: 
Que la Religión fuesse de San Gerónimo, por 
tener la deuocion de tan grande Padre y doc- 
tor en su alma, o resucitar aquella que planto 
en Belén, y murió con las guerras de los Ara- 
bes, y Persas, o criarla de nueuo en su nom- 
bre. Holgóse este Principe mucho, enten- 
diendo tan buenos propósitos, estimólos en 
mas por parecerle que dauan en el blanco 
del buen aprouechamiento, ofreció luego sue- 
lo para fundar el monasterio en el lugar que 
les fuese mas a proposito. Miraron los sitios, 
consideradas las calidades que supieron, y 
notadas, porque no repararon mucho, esco- 
gieron vno en la misma falda del monte Mon- 
go, que es altísimo, y ansi imagino que esta 
syncopado el nombre, y quiere dezir monte 
grande, donde se hazla vna llanura, que en 
Valenciano llaman Plana, junto a la ribera del 
mar, suficiente para lo que querían. Dieron 
noticia dello luego al Duque, y luego el con- 
sentimiento, ofreciéndoles fauor para leuan- 
tar el edificio, no solo de palabra, sino con 



carta firmada de su nombre, en que les hazla 
donación del sitio que estaua en los términos 
de la villa de Xabea que dizen la Plana, esta 
letra presentaron los rezien professos Geró- 
nimos al Obispo de Tortosa por donde le 
constasse que les daua don Alfonso licencia 
para edificar monasterio. Admitióla por bue- 
na, dioles facultad para que edifícassen mo- 
nasterio, como su santidad lo mandaua. Por 
no estar de presente cosa alguna edificada, 
y parecerle al Obispo que no podían viuir en 
perfecta forma de religión no teniendo Con- 
uento ni clausura, dixo que no podía señalar- 
les Prior que canónicamente fuesse electo, y 
que en tanto que se edificaua alguna parte 
donde con alguna forma de comunidad pu- 
diessen recogerse, les señalaua en superior 
al padre F. layme luán Ybañez. Hizose elpro- 
cesso de todos estos autos en doze de De- 
ziembre el año mil y trezientos y setenta y 
cuatro años, guardase en los archiuos de 
aquel Conuento, signado por Mosen Guillen 
Mercader Notario publico. Llegando a este 
estado, los religiosos se dieron buena maña 
al edificio, ayudados del fauor del Principe 
don Alonso de Aragón, como se echa de ver 
por otra carta de donación, que después les 
hizo del sitio y lugar de Cotalua, donde se 
llama fundador del primero monasterio edifí- 
cado en la Plana de la cabera de la Ermita. 
Ayudáronles también otros muchos fieles de- 
uotos, que les tenían gran reuerencia: ellos 
trabajauan con sus manos, y sin duda hazian 
lo mas, y ansi en poco tiempo leuantaron 
claustro. Iglesia, campanario, dormitorio, y 
otras officinas necessarias para la vida de 
Conuento. En el entretanto se recogieron en 
vnas pequeñas casillas allí cerca, pobres y 
estrechas para celdas, harto parecidas a las 
primeras cananas y cueuas, y alli en quanto 
podían guardan an el rigor de la nueua vida 
prometida, votada y desseada. Quando estu- 
uo hecho lo que bastaua para encerrarse, 
dieron luego noticia dello al Obispo de Tor- 
tosa, intimáronle que tenían ya monasterio 
sufficíente, donde habitar religiosamente, que 
F. layme luán era persona cabal, y de las par- 
tes que se requieren de sciencía, prudencia, 
y exemplo para el ministerio del Priorato 
Visto por el Obispo, entendido ser ansi, les 
otorgo todo lo que pedían, y ansi quedo de 
todo punto assentado el monasterio de San 
Gerónimo de la Plana el primero de esta Re- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



lígion en los reynos de aquella corona. Cons- 
ta todo por escritura publica hecha en Tor- 
tosa en diez de Nouiembre del año siguiente. 
De suerte que en menos de onze meses se 
puso todo en el estado que dicho he. Todo 
era, es verdad, pobre y poco, que con esto se 
contentan acá, los que pretenden mayores 
bienes, mas comparado con la pobreza que 
tenían, y la poca substancia con que lo h¡- 
zieron, parece obra de calor diuino, nacida 
no de fuerzas humanas, sino del Señor que 
los esfor^aua para leuantar vna Religión tan 
encaminada a celebrar su gloria en el suelo, 
imitando a sus Santos. Tenemos ya casa de 
la Orden de San Gerónimo en el reyno de 
Valencia, y el primer Conuento en pie. Qua- 
dra aqui bien este vocablo de Conuento, que 
aunque es común entre religiosos, a pocos 
les viene tan a proposito (si miramos la fuer- 
za y el origen de su nombre) como a los que 
se formaron destos santos Hermitaños, pa- 
dres de la Religión de San Gerónimo en Es- 
paña, repartidos por milagro aj untarse para 
fundar Conuentos. Llamauan los antiguos en 
España Conuentos los lugares donde concu- 
rrían de muchas partes a la determinación de 
sus negocios, pleytos, juyzios, causas. Plinio 
dize que en la España citerior que se llama 
también prouincia Tarraconense, auia siete 
Conuentos, lo mismo que agora dezimos 
Chancillerias, Tribunales generales del reyno 
como de Valladolid y Granada. Nombra el 
Cartaginense que llamaron Cartago la nueua, 
y nosotros Cartagena, Tarragona, Qarago^a, 
y los demás que en el pueden verse. De aqui 
vino que los santos y pios varones retirados 
en diuersas moradas, cueuas, hermitas, cho- 
zas, o celdillas pobres, se juntauan algunas 
vezes, llamados por sus mayores a quien re- 
conocían con alguna superioridad, en algún 
lugar común don^e venían a confesar sus cul- 
pas, y a recebir penitencias, y a parecer como 
en juyzio, donde también se determinauan 
algunas cosas y oficios que eran necessarios 
para aquella manera de vida, y los exerctcios 
que auian de tener. Dauan cuenta también de 
los que auian tenido las obediencias en que 
se auian de exercitar. Por estos lugares de 
juyzio que agora se llaman Capítulos, se 
nombra todo el monasterio, Conuento, donde 
quedo el modo de hablar en Castilla: Frayles 
a Conuento, que es dezir a juizio, a dar razón 
de vuestras vidas, a recebir penitencias de 



vuestros descuydos. luntos ya los sieruos de 
Dios en Conuento, y formado monasterio, co- 
mentaron nueuas vidas, como si aquel fuera 
el príQier día después de tantos años de pe- 
nitencia tan áspera. Tenían el don grande de 
la perseuerancia que se assegura con tanta 
certeza de la salud del alma. 

El enemigo del hombre y de Dios lleuaua 
con la impaciencia que suele todos estos dis- 
cursos, parecióle que si aquella casa perseue- 
raua en pie auia de caer buena parte de sus 
interesses en aquel reyno; la vida que se 
comen^aua a platicar entre aquellos Santos, 
era mas que de hombres, y aunque pocos, 
prometían mucho, creciendo su fama de 
suerte, que en breues años vendrían a seguir 
sus pisadas mas de los que el quisiera, pen- 
saua ansí mismo, como cortaría el hilo de vn 
bien comentado tan grande. Pidió licencia a 
Dios para tentados (que no puede menearse 
sin ella) permítiosela harto larga, no para sus 
intentos furiosos, sino para hacer prueua de 
la paciencia de sus sieruos, y para que cono- 
ciessen en ella todos su mucha virtud, y el 
quedasse confuso en sus traqas, no sacando 
otro fruto dellas, sino la maldición primera, 
que es comer tierra en todos sus discursos. 
Para esto truxo vna galeota bien armada de 
los moros de Buxia, dudad de Afríca el año 
mil y trezíentos y ochenta y seys, poco mas 
de onze años después de la fundación del 
pobre monasterio; acometieron de noche (lo 
mismo fuera de día) estañan seguros los re- 
ligiosos, desarmados, flacos, sin resistencia, 
llenáronse los todos captiuos, robaron esso 
poco que hallaron en el monasterio, mucho 
menos de lo que ellos pensaron. Auiales 
puesto el demonio en la cabera que auia allí 
vn gran tesoro, ansí era porque el mayor de la 
tierra es vn alma santa, margarita de inesti- 
mable precio, mas no qual el fingía para aco- 
diciar a los vnos, y desasossegar a los otros. 
Los moros, que tenían por cierto que auia 
dineros y plata, no hallando nada creyeron 
que lo auian escondido, recelando su venida, 
para que lo diessen y descubríessen donde 
estañan, dauan a los sieruos de Dios muchos 
palos, y acotes, amenazándolos con la muerte, 
después de muchos tormentos. Ellos con 
alegre rostro lo sufríeron todo, como si de la 
mano de Dios fueran castigados, dezian con 
semblante seguro y riendo, que sus tesoros 
estauan donde no los podían alcanfar. No 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



75 



entendiendp los hijos de la tierra el lenguaje 
del cielo doblauan los azotes» palos, cozes, 
bofetadas, y quantos linajes de injurias, y ma- 
les podían hazerles, labrando desta manera» 
la corona de su paciencia. Era aun a esta 
sazón Prior layme luán Yuañez (no sabían 
entonces mudar tan fácilmente los Priores, 
que no es bueno mudar el medico, que tiene 
conocida la complexión y el sujeto), varón 
digno de toda reuerencia por las canas, y por 
la santidad, cosa que hazia poca mella en los 
hijos de Ismael, cargaron en el mas la mano, 
entendiendo que como superior tendría noti- 
cia de la riqueza que buscauan, no hallaron 
en el mas que en los otros, porque todos eran 
ygualmente pobres, aunque si mas paciencia 
y mas animo. Con los males que aqui les 
hizieron, y el mal tratamiento del camino fue 
marauilla que no muriessen todos. Murió vno 
solo antes de meterlos en la galeota, y créese 
que se puso el Santo a predicarlos, y en 
premio de su trabajo, le sacaron no solo de 
los desta vida, mas auale coronaron con glo- 
rioso martyrio, y se fue al cielo, como a hazer 
el aposento a sus compañeros, dexando los 
con harta embidia de su gloria. Dizen por 
común tradición, que otro de aquel santo 
numero se escondió, como pudo, referían los 
antiguos y a venido de boca a boca, que era 
por estremo denoto de la Virgen nuestra 
Sefiora, y que ella atapo los ojos de los infie- 
les porque no le viessen, y porque quedasse 
en el monasterio, y no f uesse de todo punto 
desamparado. Refiere también el padre Fray 
Pedro de la Vega, que vn donado de la casa, 
hombre en lo secreto, doblado y malo, los ven- 
dió a los moros, y les dio auiso de la poca 
defensa, y aun les abrío la puerta, para que 
entrassen. No era menester para gente tan 
pacifica y desarmada tantos ardides, o como 
agora dizen estratagemas, mas huelgase el 
demonio en estos hechos malos, que se hagan 
por peores medios, que le ayude ludas; y sea 
mas la costa que el principal, llenáronse pues 
a nuestros religiosos captiuos a África, pu- 
siéronlos en Buxia, allí los vendieron a quien 
se los quiso comprar, y no por mucho precio, 
porque no parecía en lo de fuera que valian 
roncho, los que tenian toda la hermosura 
dentro, seruian como pobres captiuos de lo 
qoe les mandauan, y esto sabian hazer bien 
como acostumbrados a la obediencia, y al 
trabajo. No fueron, según parece de las reía* 



ciones antiguas, mas de ocho los captiuos, y 
el Prior nueue, vno murió en la refriega, y 
otro quedo escondido, y de doze que eran el 
año antes ya faltaua vno o por muerte, o 
por ausencia. No auian recebido mas hasta 
aquel tiempo, en aquel mismo numero comen- 
taron, que creo no tenian donde aposentar a 
los que venian, o no querían passar de aque- 
llos, porque se pareciesse a la escuela de lesu 
Christo, o porque pidiendo, como entonces 
pedian, lymosna para sustentarse, no querían 
augmentar el cuento por no ponerse en cuy- 
dado de sustentarse, hasta que el Señor 
abríesse la puerta para mas. Entendida de la 
gente vezina la desgracia del caso, fue grande 
la tristeza que sintieron echando a sus peca- 
dos la perdida y el daño, llorauanlos como a 
muertos, y ellos se tenian por desamparados, 
faltándoles padres tan santos, corrieron luego 
a dar auiso al Duque de Qandia don Alonso 
de Aragón, que sintió en el alma la triste 
nueua. Trato luego como Principe generoso 
del remedio, entendido de los moros que sus 
prisioneros era gente de estima y de rescate 
no estimaron en poco la jomada pretendiendo 
sacar de sus personas lo que no auian sacado 
del monasterio. Dieron y tomaron muchos 
dias en el precio, y en la tassa, pedíanla en 
excesso, al fin se vino a concertar en vna 
notable cantidad, porque los seys dellos cons- 
taron mil y ochocientas doblas, que para 
aquel tiempo fue precio excessiuo. El Prior, 
y los otros dos (estañan repartidos en diuer- 
sos dueños) como mas principales dicen que 
costaron mas, no se sabe precisamente quan- 
to; algunos dizen que otro tanto, y assi fue 
al doble. Todo este dinero dio el Duque. 
Lymosna que delante del señor le valdría 
mucho. Si dieron algunos deuotos alguna, fue 
tan poca que no se hizo memoria della. Res- 
catados los religiosos, tomaron a su primera 
morada, auiendo aprendido en el captiuerio 
otra nueua manera de obediencia, con qne se 
les hazia muy ligera y suaue la del jugo de 
lesu Christo. Considerauan el gran peligro en 
que estaua aquel monasterio, la poca, o nin- 
guna defensa occasionados para ser presos 
cada dia de los pyratas y moros, que moles- 
tan aquella costa continuamente, y con la 
codicia de los rescates no aula punto de se- 
guridad. Orande estoruo para la quietud de 
la vida contemplatiua. Medrosos desto y con 
razón, acordaron suplicar a su bien hechor el 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



Duque, que sobre las mercedes y fauores 
pasados añadiesse este, que les diesse lugar 
mas apartado de la ribera donde sin miedo 
de los enemigos codiciosos edificasscn mo- 
nasterio, y pudicssen tener las almas quietas 
sin los sobresaltos, y rebatos de los moros, 
pues sus peleas no auian de ser sino con los 
demonios, y sus tratos con el cielo. A todo 
esto salió el buen don Alonso con mucha 
largueza, parecióle buen consejo: y como les 
auia cobrado tanta deuocion, no reparaua en 
darles quanto entendía que les cumplía para 
la quietud de sus almas. Señalóles vn sitio 
que se llama de Cotalua, vna legua de Gan- 
día, desseando tener cerca tan buenos vezí- 
nos; otros dos les daua juntamente mas apa- 
cibles, y no los quisieron, porque se veya la 
mar desde ellos aquien auian cobrado mas 
miedo, o aborrecimiento que los Egypcios, 
dioles todos sus términos en aquella heredad 
que a la sazón era de moros, comento luego 
la fabrica del monasterio leuantandola de sus 
cimientos el año mil y trezientos y ochenta 
y ocho: duro el edificarse algunos años, por- 
que el de nouenta y vno aun no estaua aca- 
bada, como parece por vna bula del Antipapa 
Clemente séptimo, de veinte y tres de Abril, 
de mil y trezientos y nouenta, en que confir- 
ma la licencia que auia dado el Obispo de 
Valencia don layme, para mudar el monasterio 
de la Plana a Cotalua, y por vna carta de 
donación del mismo don Alonso de Aragón, 
de veynte y quatro de Octubre del mismo año. 
Es el edificio bueno para lo de aquel tiempo: 
el fundador quisiera hazerlo mejor, y porque 
la fabrica se leuanto en su ausencia, y a la 
medida de la modestia de aquellos santos 
quedo humilde* y¡con desgusto del Duque. 
Conocieron esta intención los sucessores de 
sus estados, coment^aron a remediarlo, mejo- 
rándola mucho de lo que fue 'primero. El 
tiempo y sus sucessos, cstoruaron el remite, 
y ansi quedo remendado. Tenia el sitio falta 
de agua, emprendieron los sieruos de Dios 
vna obra, de las que en España por encareci- 
miento solemos llamar Romana, vn aqueducto 
grande, y de mucha costa; hizieronle ellos 
muy barato porque fue a la de sus bracos. 
Encañaron el agua vna legua distante del 
monasterio, fue menester para atrauessar 
vn valle, leuantar con arcos vnos sobre otros 
para el niuel de la corriente vna hermosa 
puente, que quiere competir con la de Sego- 



uia, en altura y grandeza, aunque de archite- 
tura moderna. Vn religioso de los hermanos 
legos era el maestro, que entendía bien las 
fabricas de aquel tiempo, los oficiales y 
peones el resto de los religiosos moqos y 
viejos, dezian sus horas Canónicas con mu- 
cha pausa y concierto, luego la Missa, y salían 
todos después a la labor, el Prior el primero, 
que no solo seruia de sobre estante, sino de 
peón para que todos se animassen. Ansi se 
acabo con mucha perfecion, y presto, vna 
fabrica grande que oy se esta tan entera, 
como el primer dia: No se contento el buen 
Duque don Alonso con auer hecho tantos 
beneficios a sus nueuos Gerónimos: después 
de edificada la casa les dexo en su testamen- 
to bastante dote, para mas de treynta reli- 
giosos, aunque siempre ha sustentado qua- 
renta y mas. Dauales también, viniendo, algu- 
nos de aquellos pueblos vezinos, no quisieron 
los sieruos de Dios recebirlos, contentándose 
con la mas pobre passada que pudieron, y 
con solo lo que bastaua para no salir a pedir. 
Al Principe le parecía poco todo quanto les 
daua, cotejándolo con sus merecimientos, a 
ellos les parecía tanto, que vencidos de la 
misma liberalidad se holgaron de quedar 
pobres, como en realidad de verdad lo que- 
daron. Pone admiración lo que aquella casa 
sustenta con lo poco que tiene, y porque no 
parezca encarecimiento, diré esto en particu- 
lar, por ser euidente y continuo milagro, a mi 
juyzio, y al de muchos que lo han experi- 
mentado no solo de los religiosos y Priores 
de aquel reyno. Valencianos naturales, sino 
también de Castilla. Tiene de renta aquel 
Conuento el año que mejor le sucede, a lo 
sumo, quatrocientas y cinquenta hanegas de 
pan, y no compra otro grano: con esto sus- 
tenta quarenta y dos frayles, los gañanes, 
pastores, quinteros, y otros mo(;os que por 
tener labranza de tierras, oliuos, viñas, y 
algún ganado, llegan y aun passan también a 
numero de quarenta: tras esto hazen gran- 
de acogida y hospitalidad a quantos van y 
vienen, sin negarla, ni despedir] alguno, dán- 
doles a comer, y cenar con harta liberalidad, 
y las limosnas de los pobres, que llegan a la 
puerta, y los que vienen a vn hospital que 
allí sustentan con quinze camas, sin renta, ni 
obligación particular para ello, sino la caridad. 
Son con grande numero los pobres, y para 
todos estos ay con sobra y con largueza pan 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



77 



en hartura, con las quatrocientas y cinquenta 
hanegas, no se como puede ser esto sin par- 
ticular íauor del cielo. Los testigos desta ver- 
dad son inGnitos. Han florecido en esteCon- 
uento grandes sieruos de Dios. Veremos en 
el discurso desta historia (') muchas de sus 
vidas de gran edificación, exemplo, y maraui- 
11a. Mouidadesto la ciudad de Valencia, tenien- 
do respeto a varones de tanta santidad, acordó 
en sus ayuntamientos de edificarles vna casa 
junto de sus muros al portal de S. Vicente, 
porque quando alia fuessen por las necessi- 
dades que les ofrecían, no tuuiessen cuydado 
de buscar posada, ni yr al hospital general, 
donde se recogian de ordinario. lunto con 
esto los hizieron sus vezinos, porque es 
bueno tener buen vezino, y ansi gozan de 
todos los príuilegios de aquella ciudad tan 
ilustre, de donde se vee claro el amor, y el 
respecto que tuuieron a aquellos primeros 
fundadores. De otras casas hijas desta, y de 
como se estendio en aquellos reynos la Orden 
de S. Gerónimo, diré en sus proprios lugares, 
porque me llama antes de llegar a esto, la 
fundación del illustre monasterio de nuestra 
Señora de Guadalupe, que fue primero. 

CAPITVLO XVll 

La fundación del monasterio de nuestra SeñO" 
ra de Guadalupe, Y la inuencion de aquella 
santa imagen. 

Diré la fundación de este tan ilustre Sanc- 
toarío en suma, por la obligación a no cortar 
el hilo de la historia de la Religión de San 
Gerónimo: siendo la casa, y Conuento de 
nuestra Señora de Guadalupe vna insigne 
parte della: dexando para quien trata mas 
estendidamente, sujeto tan noble, muchos 
particulares de importancia y de gusto. Se- 
guiré en esta relación los originales que he 
visto escritos algunos de religiosos de aquel 
Conuento de harta antigüedad para el caso: 
conseruados vnos en la librería de la casa de 
S. Lorenzo el Real, otros en los archiuos de 
S. Bartolomé de Lupiana, y en otras partes, 
que aunque son en algo dífferentes en la 
substancia, y lo firme del caso, son lo mismo. 
Entre las dos riberas de Guadiana, y Tajo, 
ríos conocidos en España, celebrados de los 



lO Lib. 31. oftp 10.— Lib 4. cap. 1. 



antiguos escritores naturales y estrangeros 
se hazen vnas montañas fragrosas, inhabita- 
bles en muchas partes por su aspereza, en 
otras de mucha frescura y regalo, muchos 
valles que decienden al profundo, sierras 
que suben al cíelo, llamadas de los comarca- 
nos Villuercas. De la vna parte y de la otra 
apacientan sus ganados los pastores estre- 
meños, quando en medio del estío quedan 
abrasadas las dehessas, ansi por la parte del 
Norte, que mira a Tajo, como por la de Me- 
diodía, que ríega Guadiana. Trahian allí sus 
ganados vnos vaqueros de las aldeas de 
Caceres, y Truxillo. El vno dellos echo menos 
vna vaca que faltaua de las otras, metióse 
por la sierra adentro buscándola, vino a 
parar a vno de quatro ríos que decienden 
de lo alto de aquellas Villuercas, llamado 
Guadalupe. Nombre, como otros muchos, 
puestos de los moros que se apoderaron de 
España. Quiere dezir, no como algunos pien- 
' san, Río de lobo (que el lobo en Arábigo lla- 
mase DIBV, y no lupo) sino rio interior, o rio 
de leche, o como si dixessemos rio secreto, o 
rio abundante de pastos. y de ganados, com- 
poniéndole de las dos palabras Arábigas 
GVADALVB, o GVADAL-VBEN. Lub en Ará- 
bigo significa el coraron, o lo interior y se- 
creto, y lo mismo en Hebreo, que son estas 
dos lenguas muy vezinas, luben, o leben, quie- 
re dezir leche, y porque los Arábigos no tienen 
P, vsan de la B, poniéndole debaxo ciertos 
puntos, y ansi es lo mismo GVADALVB, que 
GV AD ALVP, entrambas etymologias quadran 
bien a este rio, como lo verán los que han 
considerado su corriente. Por este río arriba 
fue caminando el pastor tío con pequeño tra- 
bajo por los malos passos, y estar el camino 
muy cerrado. A poca distancia de la ribera, 
subiendo por lo áspero de la ladera, vio su 
vaca cayda en tierra, y al parecer muerta, 
pensó que se la auian derribado lobos, o que 
alguna bestia ponzoñosa la auia mordido. 
Llegóse cerca, vido que ni estaua, como ellos 
dizen, decentada, ni hinchada, antes tenía 
buen pelaje. Marauillado, de que podía auer 
muerto, no pudo entender la causa, aunque la 
dio mas de dos bueltas. Determinóse de apro- 
uechar la res como mejor pudíesse, y ya que 
ne podía sacarla por la dificultad del lugar, 
Ueuarla alómenos hecha quartos y aprouechar 
el despojo. Saco vn cuchillo para desollarla, 
diole dos cuchilladas en cruz por el pecho, 



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Í8 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



como lo hazen Ips que saben del oficio, y al 
punto se leuanto ligeramente la vaca como 
lastimada de las heridas. Turbóse el buen 
hombre del caso, y retiróse a fuera espan- 
tado; luego en dichoso signo le apareció la 
Virgen santissima nuestra Seftora, y le hablo 
con rostro alegre estas o semejantes pala- 
bras. No temas, que yo soy la madre del Sal- 
uador del linage humano, Ueua tu vaca con las 
demás, y ve luego a tu tierra, y contaras a los 
Clérigos de Caceres lo que has visto. Dirás 
les de mi parte que yo te embio, para que 
vengan al lugar mismo donde agora estas, 
que cauen donde estaua tu vaca muerta, y 
debaxo de vnas piedras, hallaran vna imagen 
mia. Mi voluntad es que no la Ueuen de aqui, 
sino que de presente hagan vna casa pequefía 
en que la pongan, porque en breue tiempo se 
edificara un templo notable donde seré yo 
reuerenciada, donde también se hará mucha 
lymosna y beneficio a los pobres. Yo seré la 
proveedora de todo, y la que trahere por las 
marauillas que se obraran en el, gentes de 
todo el mundo a visitarlo con sus offrendas. 
Dichas estas palabras desapareció, dexando 
en el alma del vaquero vn gogo y alegría ine- 
fable, luraua después el buen hombre, que en 
tanto que la Virgen le hablaua y gozaua de 
aquella soberana vista, puesto de rodillas en 
el suelo, temblaua de gozo y de temor junta- 
mente, ni sabia si estaba en cielo, ni en tierra. 
No lean esto los que tienen mas gusto de 
saber quien fue el pastor Argos, y la yaca 15, 
lo que passo con la cabra Amaltea en el mon- 
te Ida, o de Rea la loba en las riberas del 
Tiber, y otras vanidades a estas semejantes» 
y no menos dañosas. Ni los que estiman en 
poco y dan menos fe a las marauillas que Dios 
haze por los hombres: que no entienden 
quanto estima el cielo la pureza de vn alma 
santa, ni penetran el bien qife en los hombres 
resulta de la mano de Dios por la reuerencia 
que hazen a su Madre, y a sus Santos. No 
lo escriuo para ellos, que ha mucho, se bien 
quanto burlan desto, llamándolas fábulas, 
hablillas, y sueños de viejas, sino para los 
humildes, y pios, pobres de la sclencia que 
hincha, que contentos con las migajas y relie- 
ues que caen de la mesa del Señor soberano, 
se leuantan a deshora en dignidad de hijos, 
con grande espanto de los que vn tiempo los 
tuuieron por opprobio y risa. Estos oyran la 
historia, y el principio de aquel tan celebrado 



Santuario de nuestra Señora de Guadalupe, 
fundado en los originales que hemos dicho, de 
mayor crédito que los Autores que ellos ado- 
ran: confirmado con la tradición de gentes 
religiosas y santas, y sellado con la virtud del 
cielo, con infinitos milagros hechos en toda 
Europa. Camino luego hazia su hato el va- 
quero con su milagrosa vaca, lleuando como 
encomienda la cruz que le hizo el cuchillo de 
su dnefto, en el pecho, testigo en este caso, 
mayor de toda excepción. Encontró con los 
otros pastores sus compañeros, contoles el 
caso y el sucesso, y aunqae no suelen ser en 
esto muy incrédulos, agora burlan dello, o por 
ignorancia, o por enuidia, que en casos seme*» 
jantes entra fácilmente en pechos vfllaaos 
con pertinacia. Como no le importaua mucho 
que estos no le diessen crédito (aunque les 
dio las señas y razones que bastauan) passo 
adelante para cumplir lo que le era mandado. 
Vino derecho a su casa por descargarse del 
hato que trahia al hombro, como hombre del 
campo. Entrando hallo a su muger muy triste 
bañada en lagrymas, llorando vn hijo que en 
ausencia del marido aula muerto. Estaua ya 
amortajado, las andas a la puerta, y llegaron 
luego los Clérigos que venian por el para en- 
terrarie. Consolo a su muger el buen hombre, 
como mejor supo con palabras sencillas, y no de 
mucho sentimiento; entendiendo, como quien 
ya se sabia leuantar a mayores esperanzas, 
que no era aquella muerte de su hijo a caso, 
sino para manifestar la gloria de la madre de 
lesu Christo, como lo fue otro tiempo la de 
Lázaro, para declarar la del Padre soberano. 
Dixo luego a su muger con semblante alegre 
se sossegasse, y no derramasse tantas lagry- 
mas, pues la Virgen Maria que le aula apare- 
cido y escogidole por su mensagero, aunque 
pecador y tosco, podria resucitar a su hijo, 
como auia resucitado la vaca perdida, al 
tiempo, que por muerta, queria ya degollarla. 
Estando ansi referiendo el caso, llegaron los 
Clérigos, pusieron el moqo muerto en las 
andas, y antes que comenfassen las oraciones 
acostumbradas, se puso el vaquero de rodi* 
lias, los ojos en el cielo, y derramando lagry- 
mas de fe y deuocion, dizen que hizo esta 
oración en presencia de todos. Virgen san- 
tissima, la embaxada que de vuestra parte 
traygo, es de mayor estima que la que se 
puede hacer de vn hombre tan baxo qual yo 
soy: creo que la muerte deste mi hijo la ha 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



79 



permitido el vuestro, nuestro sefíor lesu 
Chrlsto, para que sea las seffas de la verdad 
de lo que yo aqui diré en vuestro nombre. 
Pues ansi es Señora yo te suplico se muestre 
aquí tu grandeza y la verdad, y le resucites, 
porque yo sea creydo, que desde aqui te lo 
ofrezco, y me ofrezco yo con el también para 
seruirte siempre en el lugar donde tu tuuiste 
por bien de aparecerme. Estrafto caso, al 
punto en presencia de todos se leuanto en 
pie el mo;o defunto, como quien despierta de 
vn sueño con grande espanto y marauiüa de 
los Clérigos, y de la otra gente. Lo primero 
que el mo^o hablo, fue rogar a su padre le 
lleuasse al lugar donde aula visto a la virgen 
María. Como el buen hombre, lleno de deuo- 
tíon viesse el milagroso efecto de su fe, y a 
Jos circunstantes puestos en tanta admira- 
ción, dixo. No os marauilleys de este caso 
padres y señores mios, que para la embaxada 
que yo os traygo de parte de la madre de 
D¡os, menester es tan grande marauilla. Sa- 
bed que me apareció en vn valle hondo, que 
esta delSaxo de las Villuercas, junto al rio 
que llamamos Guadalupe, y me dixo os man- 
dasse de su parte que fuessedes luego alia, y 
en vn lugar señalado, donde halle muerta vna 
vaca mía que buscaua, y quándo comencé a 
desollarla, se leuanto viua, como agora este 
mi hijo, y que cauassedes en el, porque de- 
baxo de la tierra, y de las piedras hallareys 
vna imagen suya donde ella quiere ser hon- 
rada y reuerenciada de todo el mundo. Mando 
también que no la lieueys de alli a otra parte, 
sino que en el mismo lugar le hagays de pre- 
sente vna Ermita, como pudieredes, donde 
quede puesta, pdrque alli mismo en breue se 
edificara vn grande templo, y casa de mucho 
nombre y deuocion, y vendrá a ser aquello, 
pueblo grande, porque esclarecera ella con 
grandes marauillas la imagen y vendrán a 
visitarla de todo el mundo. Esta es la em- 
baxada que de su parte os traigo, por tes- 
tigo deUa os doy la marauilla presente, cum- 
plido he con mi officio no seáis vosotros pe- 
rezosos en cumplir su mandato. La gente 
toda se quedo mirando vna a otra maraui- 
Uados del caso, el afecto conque el vaquero 
dixo esto, pareció extraordinario. Vnos cre- 
yeron, otros dudaron, como acaece en ca- 
sos semejantes. Dezian los vnos que era ra- 
zón hazer caso desto, y que lleuaua camino; 
otros a quien su poca fe despertaua para fis- 



cales de la causa, dezian que era embuste e 
inuencion de gente que quiere sacar dinero, 
cómo se vee en otros exemplos. Examinaron 
la vida del hombre, hallaron que era sin do- 
blez, y sin malicia, varón temeroso de Dios, 
amigo de verdad, que ganaua su vida con el 
trauajo de sus manos, guardando su ganado, 
y cultiuando su tierra: la enfermedad del hijo 
manifiesta a todos los vezinos, la muerte no- 
toria, la resurrecion a los ojos, no coxeaua 
el caso por ninguna parte, no faltaua sino ve- 
nir a la prueua, buscar la imagen, mirar el 
lugar atentamente, y ver si sucedía ansi como 
lo dezíá, que es la perfecta señal que Dios ha 
dado, y la regla que ha puesto para ver si 
tratan verdad los que dizen que vienen en su 
nombre, y hablan por su mandado. luntaron- 
se los Clérigos en su cabildo. Confirieron el 
caso, y resoluieronse en que no auia peligro 
comprouar la verdad, pues vn milagro tan 
euidente como la resurrecion del muchacho 
obligaua a ello. Diputaron algunos que fue- 
ssen con el vaquero al lugar señalado, acom- 
pañólos otra mucha gente, que a la fama des- 
tas cosas, aun con menos fundamento, se 
mueuen con facilidad. Fueron al rio de Gua- 
dalupe, puestos en el lugar que señalo el va- 
quero, no pareció que muchos años atrás se 
huuiesse alli meneado piedra ni tierra. Caña- 
ron donde dixo que hallo calda la vaca, qui- 
taron las piedras que las aguas y el tiempo 
auian alli allegado, descubrieron otras, que 
mostrauan estar puestas con industria, pare- 
ció luego vna concauidad, como de casilla 
pequeña, estaua dentro vn sepulcro de mar- 
mol, y dentro del una imagen de nuestra Se- 
ñora con el hijo en bra90s. De buen tamaño, 
poco menos de dos tercias de largo, la labor 
y la escultura antigua, el color algo moreno 
(no tanto como agora se muestra) entera y 
tan sin quiebra, ni gastada, como si aquel dia 
se pusiera. Estaua alli junto vna campanilla, 
y una carta que dexaron los que la escondie- 
ron, en que dauan razón de donde auia veni- 
do alli aquélla imagen, y porque la escondie- 
ron en aquel lugar. Esta carta como después 
veremos, vino a poder del Rey don Alonso el 
onzeno, o doceno, padre del Rey Don Pedro, 
y de Don Enrique, y perdióse su memoria 
(en entrando estas cosas en las manos de los 
Principes se hunden abueltas de tantos cuy- 
dados, y de tantos papeles); lo que quedo por 
relación de los que entonces la leyeron y vie- 



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HISTORIA DE {.A ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



ron, es esto. Que algunos Clérigos deuotos 
naturales de la ciudad de Seuilla huyendo de 
la furia de, los moros que se enseñoreauan 
de España por permlssion diuina que castiga- 
ua los pecados grandes de su pueblo con 
a^ote tan áspero, sacaron de alli algunas re- 
liquias, juntamente con vna imagen de nues- 
tra Señora, que era el consuelo y deuocion 
de toda aquella ciudad: teníase por muy 
cierto, y venia de vnos en otros, como lo de- 
zian sus padres, que era la misma imagen 
que el bienauenturado Papa S. Gregorio el 
Magno, primero de este nombre, doctor san- 
to de la Iglesia, auia embiado a su amigo 
S. Leandro Arzobispo de Seuilla, junto con el 
libro de sus comentarios morales, sobre el li- 
bro de lob, hecho a su petición. Y que era la 
misma que el santo doctor auia mandado lle- 
uar en las procesiones y letanías que ordeno 
para aplacar la yra del Señor sobre el pueblo 
Romano, que castigaua con horrible peste, y 
muertes. En cuyo acatamiento y presencia 
entonaron los Angeles en el ayre a vista de 
todo el pueblo Romano aquella celestial Anti- 
phona, que canta la Iglesia en el tiempo de la 
alegría de la santa resurrecion, Raeglna cali 
Icetare, alleluia, &c. Y el santo doctor Grego- 
rio añadió el postrer verso al proposito de la 
necesidad en que se vian, diziendo. Ora pro 
nobis Deanij aHeíula. A cuyo son, y presencia 
yua huyendo el aire obscuro y corrompido, 
quedando santificado y sereno el lugar por 
donde la imagen pasaua. Añadían en la carta, 
que la dexauan escondida en aquel lugar fra- 
goso, a su parecer seguro y apartado, por no 
poderla Ueuar a las montañas de Ouledo, o 
León, donde se yuan retirando, y do pensa- 
uan guarecerse de los moros, hasta que el 
Señor fuese seruido de dar paz a los reynos 
de España, y mitigar la ira que tenia contra 
los pecados de los hombres. Que quando lle- 
garon alli cansados, hallaron vn sepulcro de 
marmol antiguo en vna pequeña casilla, y la 
occasion les combido a descargarse de aquel 
peso tan dulce, por huyr mas desembaraza- 
dos, y saluar las vidas. Esto, en sustancia, 
contenia la carta. Descubierto el celestial te- 
soro, y hallada tan cumplida noticia de lo 
que era, quedaron todos llenos de alegría 
y regozijo en sus almas, y muchos le partici- 
paron en sus cuerpos, porque a la fama de 
los milagros de la resurrecion de la vaca, y 
del hijo del vaquero, vinieron algunos enfer- 



mos y lisiados, y tocando en la santa imagen, 
fueron sanos. Quisieran los Clérigos enrique- 
cer la ciudad de Caceres con joya tan precio- 
sa, mas temieron passar el mandato de la 
Virgen, dando ya mucha fe a todo quanto 
dezia el buen vaquero, que salia en todo tan 
caual y tan cierto. Llenaron lo que pudieron 
de las piedras, y de la tierra que auia seruido 
tantos años de relicario, con la fe que conci- 
bieron se obraron muchas maraulllas en di- 
uersas partes. Leuantaron allí luego como 
pudieron vna pequeña Ermita de piedra seca, 
cubriéronla de ramas y de corchas de los al- 
cornoques que se crian alli en abundancia. 
Pobre palacio para tan alta Reyna, si ya no 
supieran ella y su hijo, otro mas desabrigado 
en la tierra. Hizieron dentro de la Ermltilla 
vn altar pequeño, y pusieron la santa imagen 
encima, teniendo por assiento de los pies el 
marmol en que la hallaron, que hasta oy se 
guarda en la Iglesia deste Conuento. Pegose- 
le de tan buen seruicío, que siendo tocado 
con la fe de los deuotos de la Virgen, han sa- 
nado muchos de diuersas enfermedades. Re- 
fieren entre otras muchas marauillas (perdié- 
ronse de la memoria por no escriuirse) vna 
señalada y euidente. Vn escudero del Mar- 
ques de Villena el año mil y quatrocientos y 
ochenta y ocho, llego alli en romería; ama 
mucho tiempo que estaua manco de la mano 
derecha sin aprouecharse della, en tocando 
el marmol, quedo sano, salió a la plaqa alegre 
sintiendo la virtud que auia venido del cielo 
sobre el, por medio de aquel instrumento: 
pregono la marauilla, y en prueua della, arro- 
jo con la misma mano vna lanza buen trecho, 
y una hora antes no pudiera sustentarla coa 
ella. Raen la piedra con clauos, y con cuchi- 
llos, y aun con las vñas, beuen el poluo de lo 
que sacan, y con esto han sanado mil almas, 
de fiebres pestilenciales, agudas, incurables, 
prolixas. Ha sido necesario poner en defensa 
de la guerra que le haze la piedad de los fie- 
les al marmol duro, vna reja de hierro, y aun 
no basta. Entiéndese que es el mismo sitio 
donde ahora esta el altar de la Capilla ma- 
yor el en que hallaron la Ermita, y la ima- 
gen: Porque la voluntad de la Virgen fue de 
que no la mudassen, y si agora parece que 
no quadran bien algunas señas, no es argu- 
mento de fuerza, para lo contrario, porque 
se mudan fácilmente las cosas, en especial, 
cuando se hacen edificios tan grandes, don- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



81 



de se quiebran peñas, se trastornan los ce- 
rros, y allanan las cuestas, tuerzen las ca- 
nales de los arroyos, quedan soterradas las 
fuentes, y los bragos de los hombres, y las 
fuerzas del tiempo lo desfiguran todo y lo 
truecan. Hecha esta jornada tan santa por 
los Clérigos, y gentes de la ciudad de Cace- 
res, y su comarca, se tornaron harto alegres 
alabando al Señor, y haziendole gracias por 
las marauillas que auian visto, pregonando 
el buen hallazgo por toda la tierra. Quedóse 
alli el vaquero con su muger y su hijo, tro- 
cando el officio de guardar vacas, en guarda 
de la preciosa imagen de la Virgen, primero 
sacristán de aquel santo relicario. No es nue- 
uo en Dios escoger lo desechado del mundo, 
para manifestar sus grandezas porque no se 
gloríe la carne, y porque se entienda que no 
es aceptador de personas. Ama mucho la hu- 
mildad, y la sencillez de las almas. Ansi se 
comunico otro tiempo a los que guardauan 
ganados. Los primeros aquien apareció, fue- 
ron pastores; exercicio lleno de inocencia, y 
por esto escogido del primer justo, aunque 
ya lo ha corrompido la malicia del hombre, 
que de todo abusa. Bolo la fama de la santa 
imagen en pocos dias por el reyno, porque 
los milagros y marauillas que Dios obraua 
por ella, eran muchos y grandes. Llego a no- 
ticia del Rey don Alonso, quiso informarse de 
todo, Ueuaronle la relación, o la carta que ha- 
llaron con la imagen santa, pues sola ella bas- 
taua para hazer fe del principio y origen del 
caso. Mostraua el lenguage, y la forma de las 
letras Góticas (vsaronse en España aun des- 
pués de los Godos mucho tiempo, como se 
vee en muchos libros desta librería real de 
S. Lorenqo) la verdad del hecho. Concibió 
luego el denoto Rey gran amor y deuocion a 
la santa imagen, por tenerla del original en 
su pecho de muchos años assentada. En esta 
relación y carta se mostraua claramente ser 
esto cosa diuina, sobre toda inuencion cria- 
da, pues conforme a la mas ordinaría cuenta, 
auia que estaua la imagen debaxo de tierra, 
mas de seys cientos y treynta años, que no 
pudo conseruarse en tanta entereza sin eui- 
dente milagro. La razón es fácil: Los moros 
de Afríca, passaron en España el año de siete 
cientos y treze, poco mas o menos. Este Rey 
Don Alonso (llamémosle el doze con la me- 
jor cuenta) comento a reynar el año mil y 
trezientos y treze, reyno poco menos qua- 

H. u( LA o. M S. Gnóirno. — 6 



renta años, hallóse la imagen algunos años 
antes de la guerra de Tarifa, que fue el año 
mil y trezientos y quarenta y vno. Luego bien 
sale la cuenta de los seys cientos años y mas. 
No son estas calculaciones tan precisas, que 
no tengan differencia en lo que se desuelan 
con harto poco fruto los historíadores, y ha- 
zen mucho caudal, no siruiendo sino de cu- 
ríostdad quando ay entereza en la substancia 
del hecho. 

Como se yuan cada dia publicando nueuas 
marauillas, frequentauase el lugar mucho, 
aquellas sierras inhabitables llenas de pie- 
dras, y de espessura y maleza se allanauan, 
y las hazia tratables la deuocion. El Rey don 
Alonso acordó ponerse en camino, y visitar el 
nueuo Santuarío. Fue alia, y vio por sus ojos 
grandes marauillas que el Señor obraua por 
su santa Madre, tomando por instrumento la 
fe de los fíeles en esta santa imagen. Como 
vio el lugar pobre, y tan estrecho, mando que 
la Ermita se mejorasse y hiziesse mayor, por- 
que pudiessen entrar en ella los peregrinos 
deuotos. Dio luego algunas rentas y hereda- 
des en los términos de Talauera y Truxillo, 
para que se sustentassen los que ya auian 
comeni^ado a morar alli en ^arda de la Er- 
mita, y para que la Virgen fuesse con mas 
decencia seruida: Encargo también que se 
escriuiessen con cuydado todos los milagros 
que nuestra Señora alli hiziesse (perdióse 
esta memoria si se hizo, porque no la ay, sino 
de aquellos que después escríuieron los reli- 
giosos de la Orden); dispuso y ordeno el de- 
noto Rey otras muchas cosas para el culto y 
reuerencia de aquel lugar santo, como parece 
por vna merced suya, hecha en la era de mil 
y trezientos y setenta y cinco. Passaron los 
moros de África el año mil y trezientos y 
quarenta y vno el estrecho de Glbraltar, o 
como dizen los Árabes Gebel-tariph, que 
quiere dezir Monte de Tariph (corrompióse 
el vocablo primero en Gibil térra, y des- 
pués en Glbraltar, lo que llaman los Grie- 
gos Calpe, y los Latinos Fretum Gaditanum) 
el Rey Albohazen, el de Belamarin, Marrue- 
cos, Buxia, Túnez, juntaronseles acá el de 
Granada, y otros, con designo de vengar la 
muerte del Infante Abomelich hijo de Albo- 
hazen, y enseñorearse de toda España. Vi- 
nieron con infinita gente de a pie, y de a ca- 
uallo: pusieron gran espanto en todos los 
corazones, temiendo no quisiesse Dios casti- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



gar otra vez con esta gente Barbara enemiga 
de lesu Christo, los pecados de España. El 
denoto Rey puso su coraron y confianza en 
el cielo, encomendóse a la Virgen santissima 
gran defensora de los que en ella confían. 
Armado destas armas, salióles al encuentro 
con desigual numero de gente, aunque mejor 
ordenada, dioles la batalla junto a Tarípha, y 
venciólos. Murieron tantos moros, que parece 
cosa increyble, y sobre fuergas humanas, 
aunque se los dieran atados a los Christia- 
nos en aquel campo. Hizoles tornar a passar 
el mar con harto menos orgullo que auian 
traydo: donde también con la priessa del em- 
barcar, y el miedo de que les yuan a las es- 
paldas los Christianos, se ahogaron muchos: 
boluieron tristes, desbaratados, rotos, y po- 
cos, desengañados que no se toma España 
fácilmente, quando (como dixo Achior a Olo- 
fernes) no tienen muy enojado a su Dios los 
Españoles. Tuuose por milagrosa la victoria, 
echándose de ver con harto claras señales el 
socorro del cielo a los deuotos Christianos, 
que si lo fuessen siempre pocas veces se ve- 
rían vencidos, o nunca. El Rey don Alonso 
dizen que se auia encomendado muy de veras 
a nuestra Señora de Guadalupe, y hecho voto 
de visitar su Iglesia, offreciendo sus dones, y 
parte de los despojos, sí alcangasse victoria 
de tantos enemigos. No se oluido de su pro- 
messa, y como reconocido al fauor de la Vir- 
gen, vino luego a visitar su santa imagen, 
ofreciendo muchos y ricos dones de oro y 
plata, y otras joyas que hasta el día de oy se 
guardan. Concedióle también algunos priuile- 
gios, de que hoy en día goza el conuento, y 
en ellos se refiere, que la batalla de Tarifa, 
fue Lunes, a 29. de Octubre, año 1341. y en la 
era de 78. aunque no hazen desta venida a 
Guadalupe memoria los historiadores del Rey 
don Alonso: los priuilegios, y las mercedes la 
prueuan con euidencia, y condenan el descuy- 
do de los que hazen destas obras de piedad 
poca cuenta, siendo en los Reyes dignas de 
aduertirse, por el buen exemplo. Partió de 
Guadalupe el Rey, alegre y consolado: vino a 
Escalona, y allí hizo vna escritura, en que se 
nombró Patrón de la imagen y casa de nues- 
tra Señora de Guadalupe; tomando muy en 
su amparo y protecion, todo quanto conui- 
niesse para su aumento: autorizando mucho 
con esto aquel Santuario, de donde se infiere, 
quan ilustre era ya el nombre de la imagen. 



En esta escritura nombra, como hazicndo 
oficio de Patrón, a don Pedro Barroso Carde- 
nal de España, por Prior de la yglesia de 
santa María de Guadalupe. Este fue el pri- 
mer Prior que tuuo esta santa casa. Murió 
de allí a algunos años el Cardenal, y tomó a 
nombrar el mismo Rey, por Prior a Toribio 
Fernandez de Mena Capellán que auia sido 
del Cardenal Barroso, y tenido a su cargo el 
gouierno de la imagen y casa de Guadalupe^ 
en ausencia del Cardenal. Este nombramiento 
de segundo Prior, fue el año de la era 1386. 
Toribio Fernandez era muy denoto de la san- 
ta imagen, cuydadoso en estremo del aumen- 
to y seruício de su casa. De aquí se mouio el 
Rey a encargarle lo que el tenia tan sobre sus 
ojos. Vna cédula tienen en Guadalupe, del 
mismo Principe, en que ruega a don Gil de 
Albornoz (Arzobispo en aquella sazón, de 
Toledo) que haga la colación del Priorato de 
nuestra Señora de Guadalupe, a Toribio Fer- 
nandez de Mena, que el como Patrón de 
aquella yglesia señala. Añade mas abaxo, que 
retiene para sí, y para los Reyes sus sucesso- 
res, el dicho Patronazgo: y señala por térmi- 
nos de la yglesia, vna legua de la vna parte y 
de la otra, aguas vertientes, solamente. Man- 
dó también el Rey don Alonso a Toribio Fer- 
nandez, que ennobleciesse aquella casa, que 
entonces no tenia mas que forma de hermita, 
con buenos edificios. No auia menester mu- 
cho el Prior para saUr a esto, por ser cosa 
tan desseada del. Tomó luego el negocio muy 
de veras, y comento a leuantar vn grande 
edificio. Las lymosnas eran grandes: la Seño- 
ra del cielo embiaua a mano larga. Toribio 
Fernandez era hombre de grande animo, y 
no de menor fe: tenia gana de hazer allí vna 
casa señalada, y eterna, que respondiesse en 
algo a lo mucho que el mundo deue a tan 
gran Señora, y Patrona. Dizen algunas rela- 
ciones que he visto, que sacó los cimientos 
de la yglesia, y hizo buena parte della. Le- 
uantó la torre de las campanas, de muy fuer- 
te Architetura, hasta la buelta de los arcos 
de las ventanas donde están puestas: y como 
era hombre preuenido, también dexó hechas 
algunas campanas, y vna deltas es la que 
agora sírue de relox. Parece todo esto ser 
ansí por vna inscripción que se lee en una 
piedra al pie de la torre, que dize. 

Era de M,CCCCL Reynante en Castilla el 
muy noble Rey don Pedto, comengd el Prior 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



83 



Toríblo Fernandez su clérigo, a fazer esta 
torre. 

En la campana del relox están otras dos 
inscripciones, la mas alta dize. 

Reynando el muy noble señor don Pedro se 
fizo esta campana, en la era de M.CCCCIL 
años. 

En el borde de abaxo dize, como la mandó 
hazer Toribio Fernandez, primer Prior que 
fue en santa Maria de Guadalupe: llamase 
primero, porque el Cardenal nunca exercitó 
el oBcio sino por su mano. De aqui también 
se entiende, que ya no con el fauor de los Re- 
yes don Alonso, y don Pedro su hijo, sino con 
solas las lymosnas que los fieles hazian a esta 
casa, emprendía obras tan grandes el Prior 
Toribio Fernandez. Entre otras fabricas, y la 
mayor de todas, digna de que se ponga a la 
par con cualquier otra de las famosas anti- 
guas, fue el Aqueducto que hizo, para pro- 
ueer la casa y el pueblo, de agua, porque te- 
nia necessidad della. Agugeró vn cerro muy 
grande dificultosisslmo de minar, por las 
grandes peñas. Recogió en vna grande arca, 
a mucha costa, vna fuente caudalosa, que 
nada detras del cerro, junto a la Villuerca 
mas alta, para enderezar los conductos, y 
guarüaries sus niueles. Por la aspereza de 
aquellos passos fue menester hazer grandes 
argámassas, arcos, y arcas por donde el agua 
corríesse, y descansasse a trechos, auiendo 
mas de vna grande legua desde el nacimiento 
a la casa. A todo se atreuia el animoso Prior 
Toribio Fernandez, fiado de la Señora a quien 
seruia, cuyos tesoros no menguan. Murió el 
buen Rey don Alonso, primero fundador y 
Patrón de nuestra Señora de Guadalupe, te* 
niendo cercada a Glbraltar, tocado, o herido 
de corrupción de ayre, como ya dixe otra vez, 
Viernes santo, año 1469. Rcynó luego don Pe- 
dro, que entre otras cosas buenas que tuuo, 
aunque ahogadas entre tantas malas, fue ser 
denoto desta santa casa e imagen. Parecesele 
en algunas mercedes, y priuilegios rodados 
que le díoy donde también firma el Rey de 
Granada, que le daua parias. Tenia con el 
amistad, y se halló al tiempo de concederios 
en la Corte, que era en SeuiUa. Murió en este 
tiempo el Prior Toribio Fernandez, gran de- 
noto, y muy seruidor de la Virgen, solicito 
obrero de las fabricas de su casa. Esta en- 
terrado en la misma yglesia, en medio de la 
naoe principal, y mereció su denodon tan 



principal sepultura. Después de la muerte 
violenta del Rey don Pedro, entró el Rey don 
Enrique su hermano, segundo deste nombre, 
y dio el Priorato desta casa a Diego Fernan- 
dez Dean de la santa yglesia de Toledo, y por 
su industria puso el Rey doze Capellanes en 
la yglesia de Guadalupe, porque se dixesse 
el oficio con solenidad, por la reuerencia de 
tan ilustre Santuario. De aqui quieren dezir, 
que les quedó a los religiosos la forma y el 
modo que agora tienen en el dezir el oficio 
diuino, semejante al de la yglesia de Toledo. 
Para el sustento de los Capellanes, señaló 
sus rentas en las Aduanas de Seuilla. Sucedió 
a Enrique su hijo don luán el primero, y por 
muerte de Diego Fernandez, proueyó el Prio- 
rato a don luán Serrano Obispo de Segobia, 
y después de Siguen^a, que era ya el quarto 
Prior, si contamos por primero al Cardenal 
don Pedro Barroso. Don luán Serrano era 
varón de mucho espíritu, y zeloso de la vir- 
tud, deuotissimo de la Virgen, y de otras 
muchas partes buenas: por su tra^a y medio 
vino esta santa casa a la orden de san Gero^* 
nimo, después de auer andado en manos y 
gouiemo de clérigos quarenta y nueue años. 

CAPiTVLO xvm 

Don luán Serrano trata que la casa de nues^ 
tra Señora de Qaadalupt se de a la orden 
de S. Qeíonimo: entra en ella F. Fernando 
Yañez a poblarla con religiosos de san Bar* 
tolome de Lupiana* 

El zelo y deuodon de don luán Serrano 
Obispo de Siguen^a, y Prior de nuestra Se- 
ñora de Guadalupe, le hizo que fácilmente 
echasse de ver quan mal seruida era la Vir- 
gen en aquella su casa, donde hazia tantas 
mercedes a todo el mundo, por los Capella- 
nes y clérigos que aili estauan puestos desde 
el tiempo de Diego Fernandez Dean de Tole- 
do, que los traxo. No se hazia el oficio diuino 
con solenidad, ni aun con decenda, porque se 
conserua mal quando falta la deuocton: resi- 
dían por cumplimiento, no mas de para ganar 
la prebenda y el dinero, curando poco del ser- 
uído por quien se da el estipendio. Sonauanse 
dellos no muy buenas nueuas, y peor nombre, 
cosa bien fuera de proposito para Capellanes 
de la Virgen Maria. No paraua aqui el daño, 
porque todo el pueblo se yna tras las ruyites 



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84 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



costumbres de los que estauan puestos para 
enseñar las buenas. No sabe caminar, ni pue- 
de el vulgo ciego, sino a donde le guian los 
que le han de seruir de ojos. Siendo estos tan 
feos y lagañosos, auian de dar todos en el 
lodo. Tras esto se juntó, que se auian ydo a 
viuir allí muchos ludios que en aquel tiempo 
se estauan en su ley, y en sus synagogas. No 
los lleuaua la deuocion de la Virgen de luda, 
sino la sed rabiosa del dinero. Codiciosos vsu- 
reros tenian alli grande ocasión de exercitar 
sus logros, y ruynes tratos, que ellos piensan 
ser lícitos, contra Christianos. Quedan si pu- 
dieran, que también aquel Santuario fuesse 
cueua de ladrones, como otro tiempo hizieron 
sus padres, el templo de Hierusalen, come- 
tiendo mil línages de vsuras con los que en la 
vna y otra parte venian a hazer sus votos, 
y ofrendas. Pegóse también este mal a los 
Christianos viejos que viuian en aquella pue- 
bla, aprendiendo estos tratos ilícitos de los 
ludios, viendo que enriquecían con ellos: y lo 
peor, que tras esto judayzauañ muchos, por- 
que se va tras las costumbres la fe. Preten- 
día con todos estos males, el demonio, des- 
acreditar aquel lugar santo, y que se perdies- 
se la deuocion, y por esso ponía tantas redes 
de malicia. Pudiera bastar esta ingratitud, y 
rotura de costumbres, para agotar fuente de 
otra menor piedad que la de la Madre de mi- 
sericordia, y la de su clementissimo hijo. Y 
por el contrarío (tanto es el amor de nuestro 
Dios) parece que por el mismo caso crecían 
los fauores, venciendo con ellos la malicia de 
los hombres. Hazia la Señora del cielo mara- 
uillas (que sería largo y sin cuento decendir a 
los particulares desto) libraua captiuos de 
tierra de Moros: trahialos con las prisiones y 
cadenas a su templo, y algunas vezes a los 
que los guardauan: rescatauase el captiuo, y 
conuertíase el Moro: vno ofrecía la cadena, 
otros venian con los grillos, y esposas: otro 
con los bretes, y guadafiones. Fue tanta la 
multitud que se llenó en pocos años la casa 
del hierro de las prisiones, y lo deshazian 
para que aprouechasse a otros seruícios. No 
tenia Moro encerrado a Christiano en maz- 
morra tan escura, que le pareciesse estaua 
seguro de la Virgen de Guadalupe. Por otra 
parte venia la madre con el hijo resucita- 
do de lexas tierras: traya el vno la morta- 
ja en que le tuuo embuelto, el otro la cera 
a que le hauia pesado. Piernas, bragos, cabe- 



gas, pechos, sin cuento, de hombres, y de mu- 
geres, vnas estando ya para cortarse, otras 
cortadas, otras abiertas, o con heridas mor- 
tales, incurables, sin remedio humano, y por 
milagro sanas, buenas, fuertes, mejores que 
antes. Dexauan alli todos las insignias de su 
miseria, y de su fe, y de su deuocion, y algu- 
nos se quedauan ellos mismos a seruir mu- 
chos años, obligados por voto, y otros se 
offrecian por esclauos perpetuos de tan pia- 
dosa Reyna, y ella los recebia a todos por hi- 
jos. No se vio mar tan alterada, ni tormenta 
tan rabiosa de vientos, que no se amansasse 
a la inuocacion deuota de la Virgen de Gua- 
dalupe, venían los mareantes a offrecer sus 
votos, contauan los peligros, y naufragios, y 
fortunas en que se auian visto, la perdida de 
la ñaue, y de las mercadurias echadas al agua, 
y el saluamento milagroso de las vidas, juran- 
do muchos que auian visto a la misma Señora 
venirlos a sacar del medio de las ondas. No 
aula al fin elemento donde no mostrasse su 
potencia la Reyna del cielo en fauor de los 
que la llamauan. De aqui vino que hizieron li- 
bros grandes distintos por los quatro ele- 
mentos de ios milagros que se hazlan en tie- 
rra, agua, ayre y fuego, y pudieran hazer otro 
del cielo, y del infierno, porque en todas estas 
partes inclina la rodilla toda criatura en oyen- 
do el nombre santissimo de la madre de Dios, 
que se quiere mostrar tan poderosa en fauor 
de los mortales, tomando por instrumento su 
santa imagen. En trueco desto, o en desagra- 
decimiento de tantos fauores en su mismo 
pueblo, (y lo que es de todo punto abomina- 
ble) dentro de su misma Iglesia, y delante de 
sus ojos se hazian grauissimas offensas. Los 
Clérigos ruyn seruício, mal exemplo, poca ho- 
nestidad, los seglares poca deuocion. Vidas 
estragadas, y aun poca, o ninguna fe en algu- 
nos, que no se puede dezlr sin lagrymas. 
Grande es el atreuimiento del hombre para 
con Dios, y para con su madre, pues ni le de- 
tienen los regalos que recibe, ni teme los cas- 
tigos de Señor tan poderoso, y de vn juez tan 
inapelable. Consideraua todo esto don luán 
Serrano, quiso poner la mano en remediarlo, 
y vio que los males tenian tan hondas rayces. 
que auia de ser dificultoso arrancarlas, y que 
era negocio de poco fruto cortar las ramas, 
quedándose ellas enteras. Parecióle que sino 
se quitauan de alli los Clérigos, principio de 
todos estos males, por ser lo mas principal, y 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



85 



lo que tenia lo mejor, y ponía en su lugar otra 
manera de ministros mas exemplares, qual- 
quier otro remedio seria de poco effecto. Con 
este pensamiento se fue al Rey don luán, co- 
mo a patrón y Señor, diole larga noticia de 
todo, encareciéndole el ruyn trato, y las mu- 
chas offensas de Dios, que se hazian en donde 
auia tanta obligación de loarle por las gran- 
des marauillas que obraua en fauor de los 
hombres, y de la gloria de su santa Madre. 
Rogóle mucho tuuiesse por bl^n se quitassen 
de allí aquellos Capellanes, y en su lugar se 
pusiessen personas religiosas, porque fuesse 
seruida aquella Señora con la decencia y re- 
uerencia que su Iglesia merecía. Dezia don 
luán Serrano que entre todos los milagros 
que allí auia visto, ninguno le ponia tanta ad- 
miración como la infinita bondad de aquella 
Señora en sufrir tantas injurias, y no castigar 
con rigor pecados tan granes y feos. Al Rey 
le pareció muy bien el zelo del Obispo don 
luán Serrano y se lo agradeció. Diole luego 
todo su poder y facultad para que echasse de 
alli los Capellanes, y pusiesse en su lugar los 
religiosos que hallasse mas a proposito para 
el seruicio y culto de aquella tan santa casa. 
Con esta licencia comenzó luego don luán a 
tratar el negocio: echó los ojos por las reli- 
giones que auia en España (no deuia de tener 
mucha noticia dellas) y parecióle que los re- 
ligiosos de nuestra Señora de la Merced ve- 
nían alli a proposito, pues Señora que tantas 
mercedes hazia estaría bien seruida con los 
que siempre sonauan esto con el nombre. 
Tratólo con ellos, aceptáronlo de buena gana: 
llenólos a la santa casa, estuuieron alli solo 
vn año. Miró con atención el orden de proce- 
der en su vida, y echo de ver en tan breue 
tiempo, que no eran estos los que buscaua. 
Boluio al Rey don luán, y díxole lo que le pa- 
recía de los religiosos de la Merced. El Rey 
que fiaua mucho de su prudencia, y de su zelo, 
le dixo, que dexaua en su mano este negocio, 
que lo mirasse como mejor le pareciesse, que 
el le daría todo el fauor que fuesse menesterf 
porque desseaua que aquella casa fuesse muy 
bien seruida, pues tenia toda España puestos 
en ella los ojos, con tanta razón. Entonces el 
Prior don luán Serrano le dixo, tenia noticia 
de vna religión que comengaua agora en Cas- 
tilla, llamada de S. Gerónimo, gente según 
todos dezian muy espiritual, de grande clau- 
sura, honestissímos, de noble trato, los que 



los tratan salen muy edificados de sus pala- 
bras, y conuersacion santa: y sobre todo muy 
dados al coro, y al culto diuino, en que mues- 
tran grande cuydado y policía; su exercicío de 
noche y de día, son las diuinas alabanzas: 
siempre que vayan a sus conuentos los halla- 
ran cantando. Pareceme señor (dezia don luán 
Serrano al Rey) qu^ si pudiessemos traher 
destos religiosos a Guadalupe, que son los 
que conuienen para este Santuario. Assentole 
luego al Rey esto bien: tenia ya noticia de la 
religión, hauianle dado buenas nueuas della, y 
conocía algunos de los principales, porque sa- 
bia auian estado en el palacio del Rey don 
Alonso su agüelo, y don Pedro su tío. 'Man- 
dóle al Prior, que en todo caso procurasse lle- 
narlos a Guadalupe, tratándolo con los mejo- 
res medios que supiesse, ofreciendo de hazer. 
de su parte quanto fuesse menester, porque 
se executasse. Meneaua sin duda la santissi- 
ma Reyna el negocio, y ansí sucedió todo co- 
mo de su mano. 

Estañan las cosas de la orden de S. Geró- 
nimo en el estado que hemos dicho, no auia 
mas casas que la de S. Bartolomé de Lupíana, 
la Sisla de Toledo, el monasterio de las Cue- 
uas de Guisando, y el de Corral Rubio; en Va- 
lencia, sola la casa de Cotalua, y esta comu- 
nicaua muy poco con las de Castilla. Las de 
acá, tenían todas vna cierta manera de reco- 
nocimiento a la de S. Bartolomé, y al Prior 
della llamauan el mayor, y se le sugetauan en 
algunas cosas, como hemos visto, aunque es- 
tañan aquella y esotras sugetas a los ordina- 
rios. Entendió esto don luán Serrano, partió 
de Segouia, donde era Obispo, y estaua a la 
sazón que esto passaua con el Rey, y fuese 
paca S. Bartolomé de Lupíana. Auia crecido 
este conuento de manera que tenia sesenta y 
tres, o sesenta y quatro religiosos, y si huuie- 
ra mas capacidad de edificio fueran muchos 
mas, porque a la fama de la santidad acudían 
de todas partes a pedir el habito. Comento el 
Obispo a tratar el negocio de parte del Rey, 
y suya, con el Prior F. Fernando Yañez y con 
los demás religiosos. Hizoles muchas razones 
para inclinarlos a que se encargassen de vna 
casa de tanta deuocion, diziendo que la Vir- 
gen seria muy seruida dello, que era la mas 
principal causa de mouerlos, pues se precia- 
uan tanto de sus deuotos y capellanes: que 
era también' gusto del Rey, a quien dexado a 
parte tenían obligación de responder y dar- 



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86 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN QERONIMO 



sele, auian menester para muchos casos que 
se le offrecian a vna religión que comenqaua 
en sus reynos: De su parte también se lo ro- 
gaua, por el desseo que tenia de ver aquel 
Santuario que estaua a su cargo, en el de vna 
gente cuydadosa del culto diuino, y esto era 
lo que mas le despertaua a offrecerles esto. 
El Prior y los religiosos respondieron con 
modestia, haziendo gracias a su alteza, y a su 
Señoría por la confían9a que hazia dellos, mas 
que era negocio de consideración, y ansí te- 
nían necessidad de mirarlo para responder. 
Miraua el Obispo entre tanto que alli estuuo, 
el trato y la manera de vida de los frayles, 
contentauale mucho todo; pareciendole que 
el cielo le auia inspirado aquel motiuo, y nues- 
tra Señora elegido aquellos para su seruício. 
No via la hora de que se efectuasse el nego- 
cio, y dauales príssa para que se resolvies- 
sen. F. Fernando Yañez y sus Frayles por 
otra parte no se osauan determinar, tenién- 
dolo por dificultoso, cosa fuera de su intento, 
y de su vocación que era buscar soledad y 
alejarse de los ruydos del mundo, recogimien- 
to, silencio, y sossiego para la meditación: A 
todo esto parecía contrario lo que imagina- 
uan de aquel Santuario, donde sabían que 
concurría todo el mundo, frequencia de gen- 
tes naturales y extrangeras, acoger peregri- 
nos, oyr confessiones, acudir a remediar ne- 
cessidades, cuydado de muchas almas, pro- 
príos exercicios de la vida actiua, professando 
ellos el de la contemplatiua y monástica que 
va huyendo de todo esto, no hallauan razón 
que les assentasse para aceptar el partido, 
sino sola la deuocion de la Virgen, y esta era 
tanta que contrapesaua a todos los otros in- 
conuenientes, y assi se determino el Prior a 
que se propusiesse en forma de capitulo. Di- 
xoles la offerta que el Rey hazla embiando 
para solo esto vna persona tan graue, como 
el Obispo, significando la mucha confian9a 
que hazia dellos, y ansí esperaua en nuestro 
Señor, que si aceptauan, auia de ser para glo- 
ria suya y de su santa madre, y augmento de 
la religión de S. Gerónimo. Después de auer 
encomendado el negocio a nuestro Señor y 
vistas las razones de todos, sallo la mayor 
parte de los votos en fauor del seruício de la 
santa Virgen. Rogáronle con lagrymas, que 
pues por solo su amor se determinauan a vna 
cosa tan fuera de sus intentos, tuuiesse por 
bien fauorecerlos, y alcanzarles gracia que 



por esto no desdixessen de lo que pedia su 
habito y profession. Llamaron luego al Obis- 
po don luán Serrano. El Prior Fernando Ya- 
ñez le represento delante de todos las causas 
de la dificultad que auian mostrado, y las ra- 
zones de los pareceres contraríos (nada desto 
le parecía mal al Obispo) y que no embargan- 
tes estos inconuenientes se determinauan de 
yr a seruir a la santa Virgen en aquella casa, 
y condescender con la voluntad del Rey y de 
su Señoría que tanta afición y desseo mos- 
trauan, y hazían tanta confianga dellos, y ansi 
aceptauan la casa y esta respuesta dauan al 
Señor Rey. Alegróse con ella don luán, esti- 
mando en su pecho mucho el recato y los te- 
mores con que procedían, considerando los 
santos intentos en que ponían los ojos: Par- 
tióse luego a dezirlo al Rey, que se holgó con 
la nueua, y porque no se resfriassen los pro- 
pósitos, mando luego llamar al Prior F. Fer- 
nando Yañez con carta propria. Partióse lue- 
go para Segobía con vn compañero, donde 
fue bien recebido del Rey, y dizen que en 
substancia le dixo desta manera. Prior, la 
Iglesia de nuestra Señora de Guadalupe, es 
vna cosa en que yo tengo puesta particular 
deuocion, en donde, como aureys entendido, 
la misma Señora se muestra marauillosa en 
su imagen con los muchos milagros que en 
mis reynos y fuera dellos haze. No es seruída, 
ni reuerencíada de los que allí hemos puesto 
hasta agora con la decencia que es razón, y 
yo desseo: ruegoos no os sea dificultoso en- 
cargaros della, y semilla, porque creo hareys 
en esto mucho seruício a Dios, y a su santa 
madre. Confio que vos y vuestros religiosos 
sereys tales que satisfareys cumplidamente a 
todo, y a mí pondreys obligación de hazeros 
merced en todo lo que se os offreciere. Espe- 
ro también que con vuestro exemplo reforma- 
reys lo que allí me dizen que se ha estragado 
de las costumbres, porque vuestra modestia 
y prudencia sera gran parte para todo, sin 
perder por esto el recogimiento y los exerci- 
cios santos que aueys comentado a entablar 
en vuestra orden. Para que podays mejor 
executar esto, yo os daré el señorio de todo 
quanto ay en aquella puebla con sus térmi- 
nos: y siendo vuestros vassallos, y de los que 
os sucedieren, se podra continuar mejor lo 
que dexaredes bien assentado. Don luán Se- 
rrano renunciara al Priorato de aquella casa, ^ 
y os pondrá en la possesíon de todo cumpli- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



87 



damente; yo también renunciare en vos el pa- 
tronazgo que tengo, y lo demás que me per- 
tenezca. Haré con el Arqobispo de Toledo que 
el y los Canónigos de su Iglesia renuncien 
también en vos el derecho que tuuieren en la 
casa de Guadalupe, y en las rentas, por ser 
del Arzobispado, y teniendo tan de vuestra 
mano todo lo espiritual y temporal, podreys 
con toda libertad dar traiga en que aquello se 
mejore mucho como lo espero de vuestra re- 
ligión y prudencia. Oyda esta platica y pro- 
messa tan liberal que el Rey hizo, y viendo el 
fauor grande que le mostraua, hincóse Fray 
Fernando Yaflíez-de rodillas a besalle las ma- 
nos, y respondió humildemente, que por ser- 
uicio de Dios y de su santa madre, y por ser- 
uir a su alteza, y serle obedientes como a se- 
ñor y Rey natural se encargarían el y sus 
Frayles de la casa, aunque se les hazia nego- 
cio muy difícil, temiendo perder entre tantas 
cosas, como alli concurrían la humildad, po- 
breza, y recogimiento que professauan y que 
no obstante estos Inconuenientes, estañan 
aparejados a cumplir su voluntad. Passaron 
otras muy largas platicas entre el Rey y el 
Prior, holgauasc mucho de comunicarle, por- 
que sentia en los coloquios grande gusto, 
mezclando en ellos muchos sentimientos es- 
pirituales que es grande dicha quando los Re- 
yes dan en ellos. Conocióse presto en la Corte 
el fauor que el Rey hazia al Prior de S. Bar- 
tolomé, como era persona conocida, y de tan 
grandes partes, sospechauan mil cosas, los 
embidiosos y pretendientes, hasta que vinie- 
ron a entender la verdad del negocio. Mando 
luego el Rey poner en execucion todo lo que 
aula prometido. Hizíeronse las renunciaciones 
y donaciones, sacáronse los priuilegios todo 
con mucha presteza, y en pocos dias lo que 
en estos no se acabara en muchos. Estaua el 
Rey tan contento del negocio, que se hazia 
solicitador y se preciaua serlo de tan pia cau- 
sa. No contento con esto, dio luego otro prí- 
uilegio al mismo Prior F. Fernando Yañez en 
que dize que recibe esta Iglesia y nueuo mo- 
nasterio de nuestra Señora de Guadalupe de- 
baxo de su protecion y amparo, y concede al 
Prior y Frayles todos los bienes del, muebles 
y rayzes, y se profiere ser su defensor, y los 
recibe en el seguro de su corona real para sa- 
lir a su defensa en cuanto les cumpliere, y lo 
mismo encarga a sus dos hijos, el Príncipe 
don Henrique, y don Fernando su hermano. 



Otras mil cosas les daua el Rey que no quiso 
aceptar el Prior hasta que con las obras se hu- 
uiessen merecido. Boluiose para su Conuen- 
to de S. Bartolomé contento y bien despacha- 
do. Dio parte de todo a los religiosos, y h¡- 
zieron gracias a nuestro Señor. Dlzen, que 
puestos todos los religiosos en su procession, 
el Príor algo la mano y hizo señal a todos los 
de vn coro, que eran treynta y vno, y les 
mando que se partiessen para Guadalupe, sin 
mas escoger, porque eran todos escogidos, y 
santos. Despidiéronse los vnos y los otros 
con muchas lagrymas, que se amanan como 
verdaderos hermanos, y como quien tenia vn^ 
alma, y vn coragon en Dios. 

El santo varón F. Fernando Yañez, salió de 
S. Bartolomé, cauallero en vn asnillo: sus com- 
pañeros todos yuan a píe, de dos en dos, tan 
ordenados y conpuestos, como si anduuiera 
la procession por el claustro. A ninguno de- 
llos se le vio alqar los ojos en todo el camino, 
y ninguno los quitaua de Dios donde lleuauan 
los corazones. SaUan a mirar aquel nueuo es- 
quadron las gentes: alabauan a Dios viendo 
tanta compostura, y leyase en sus semblan- 
tes la pureza grande de sus almas. Llegaron 
a Toledo, y fueron a la Sisla donde los regaló 
lo que pudo con su pobreza, F. Pedro Fer- 
nandez Pecha, que fue para los vnos y los 
otros, dulcissimo este hospedaje. Viernes a 
veynte y dos de octubre, el año 1389. llegaron 
a la santa casa de nuestra Señora de Guada- 
lupe, al punto que tocauan las Auemarias, 
para saludar a la Reyna del cielo, como ange- 
les embiados de Dios, aquellos treynta y vn 
religiosos con su Prior. Saliólos a recebir el 
buen obispo de Segobla don luán Serrano, 
porque el Rey tuuo cuydado se hallasse alli 
quando llegassen. Lleuaua consigo todos los 
recados necessarios para la solenidad del 
auto. La renunciación del patronazgo del Rey, 
y todos los priuilegios: la renunciación de su 
Priorato, la que también aula hecho el Argo- 
bispo y santa yglesia de Toledo. Renunció 
también F. Fernando Yañez el Príorato de 
S. Bartolomé, en manos del Obispo, y hechas 
todas las diligencias necessarias, con el po- 
der que lleuaua el Obispo don luán Serrano, 
los puso en la possesion, dándoles pleno y 
total poderío al Prior y frayles, en lo espiri- 
tual y temporal de aquella casa, y puebla de 
nuestra Señora de Guadalupe. Ansi quedó 
aquel ilustre santuarío, hecho conuento de la 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



orden de S. Gerónimo: vna de las mas cele- 
bradas estaciones que la Virgen tiene en la 
tierra. Muchas tiene en España, y fuera della, 
como son la casa de Loreto, digna de que se 
ponga en el primer lugar, pues mientras viuio 
entre los hombres fue aquella su morada, don- 
de recibió aquella embaxada del Ángel, que 
fue todo el principio de nuestra alegría: donde 
concibió en sus entrañas al hijo de Dios, y le 
hizo suyo, y hermano nuestro: donde se vio 
la prímera vez aquel prodigio que no tendrá 
segundo, ni semejante, madre y virgen junto, 
Dios y hombre sin mezcla, que es todo quanto 
se puede dezir, y ansí sin contradicion, ni 
comparación esta es la casa de tan alta reue- 
rencia y dignidad de quantas la Virgen tiene» 
digna de que Angeles la traygan y Ueuen en 
palmas, como lo han hecho muchas veces, y 
digna de que los mortales la pongan sobre 
sus ojos. Tras esta en los míos, es de gran 
dignidad la del Pilar de Zaragoza, donde auto- 
res de mucha fe dizen, que se mostró al Após- 
tol Santiago, aun viuiendo con nosotros. La 
casa de Monserrath es clarissimo Santuario, 
y le podremos dar el tercer lugar: mas no se 
si se adelanta a todos en alguna manera, este 
de nuestra Señora de Guadalupe, y aunque el 
postrero destos tres en tiempo, el primero a 
mi juyzio, en multitud de marauillas, milagros, 
prodigios, grande concurso de naciones y de 
gentes. Otras muchas después destas santas 
casas e imágenes que hemos dicho, están re- 
partidas por toda España, que son grande 
consuelo della^ las mas en poder de religiones 
muy obseruantes, de que le cabe buena parte 
a la de S. Gerónimo, como veremos en el dis- 
curso desta historia. V pues he llegado a este 
punto, seame licito diuertirme vn poco en 
consideraciones de tanto prouecho, y de tan- 
to gusto. Creo que pues el Señor es seruido 
que España goze de tantas imágenes, donde 
el se muestra tan fauorable y milagroso, su- 
yas y de su santa Madre (dexo a parte el te- 
soro infinito de reliquias de santos, que de 
todo el mundo han venido, como a guarecerse 
en ella) que no nos tiene oluidados, sino que 
nos mira con ojos de clemencia, y quiere que 
España dure muchos años, como pueblo es- 
cogido suyo. Quien considerare atentamente 
(descubren mucho la verdad los exemplos con- 
trarios) el estado miserable de aquella ygle- 
sia Oriental, que tanto tiempo floreció en re- 
ligión, produziendo de sus entrañas tantos 



varones santos y doctos, y viere la cayda de 
sus cosas; buscando la causa, vna de las mas 
principales juzgara la que tratamos agora. 
Muchas heregias, y muchos heresiarcas na- 
cieron en ella, o por mejor dezir, introduxó y 
sembró el enemigo, mas no cayó de su estado 
hasta el punto que vino a menospreciar las 
santas imágenes, y a perseguirlas: y como si 
fuera Dios el perseguido (que si era) se salió 
de alli, y dexó desierto el estado eclesiástico, 
y seglar, en la vileza, y en la hez que agora 
esta sepultado. Quando los malos Emperado- 
res León tercio (llamado Iconómaco por auer 
hecho guerra a las santas imágenes) y tras el 
su hijo Constantino V. (llamado (k»pronimo, 
porque se ensució en la pila quando le bauti- 
zauan, presagio, o agüero triste, como declaró 
Germano Patriarca, de que aula de contami- 
nar las cosas sagradas:) y luego el nieto, lla- 
mado León quarto deste nombre, hizieron co- 
sas tan feas contra las santas imágenes: luego 
puso Dios en el pecho de los Pontífices, y en 
particular en el de Adriano el primero, que 
les quitasse el titulo de defensores de la ygle- 
sia, y de Emperadores Romanos, y lo pusiesse 
en Cario Magno. El agüelo León III. murió 
echando las tripas y entrañas. Constantino, 
abrasado con fuego del cielo. León IIH. hijo 
deste, y nieto de aquel, por auer quitado de 
templo de santa Sofía vna corona que auia 
ofrecido el Emperador Mauricio, le nacieron 
muchos carbunclos dolorissimos al derredor 
de la cabera, y tras ellos le vino una fiebre 
aguda que le quitó a el la vida, y el Imperio a 
sus sucessores. Querían estos miserables (a 
quien agora imitan los hereges) que las ygle- 
sias de Dios estuuiessen como la Synagoga 
antigua, o como las recientes Mezquitas de 
los Moros, donde no ay sino solas paredes: y 
como no tienen quien les muestre a los ojos 
de fuera la memoria de Dios, y de sus san- 
tos, quedanse oluidados y ciegos en lo inte- 
rior del alma. Vedóle Dios a aquel pueblo im- 
perfecto, el vso de las imágenes, no solo por- 
que eran inclinados a la idolatría, y lo auian 
aprendido de sus padres y agüelos, que fue- 
ron oficiales de hazer Ídolos, sino porque tam- 
bién a buelta de los suyos destruyessen los 
de los vezínos Gentiles, que viuían junto con 
ellos. No conocían estos al verdadero Dios, y 
si tenían alguna noticia del, no le reuerencia- 
uan como tal, repartiendo el acatamiento que 
a el solo se deue, entre muchos, y deste mal 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



príncipio cahian en otros errores bestiales. 
Imítaua esto fácilmente la nación Hebrea, y 
era en ellos sin comparación mayor la culpa, 
por la euidencla (que ansi la podemos llamar) 
que tenian del verdadero Dios, cuyas maraui- 
lias prouaron tantas vezes en su fauor hasta 
venirles a hablar por si mesmo: y con todo 
esso eran tan brutos, que al punto le oluida- 
uan, y se boluian a adorar la imagen de vna 
bestia, hecha por sus manos. A estos tales no 
venia bien permitirles imagines. El pueblo 
Christiano (de quien dize el Apóstol que ya 
no esta debaxo de pedagogos, que quiere de- 
zir, no es niño que ha menester ayo) sabe 
bien que los ídolos son nada, que no ay en 
ellos cosa diuina, ni soberana, ni poder, ni sa- 
ber, y assi son exemplares vazíos. Mas las 
imagines de Dios y de sus santos que reue- 
rendan, saben que son exemplares llenos, que 
lo que representan es cosa diuina, llena de 
poder y de gracia, o tiene participación dello, 
como son las de la madre de Dios, y de sus 
santos, y no las adora por si, que bien sabe 
que son piedra, madera, o metal, cosas tan 
inferiores al hombre, que no ay razón, miradas 
ansi, para que se les incline, y sujete. Adora- 
las por lo que representan, y refiere en el ori- 
ginal su reuerencia, ni ay Christiano tan rudo 
que no entienda que quando habla con la ima- 
gen del Crucifíxo y de la Virgen, se arrodilla, 
la t>esa y pone sobre sus ojos, que habla con 
aquel dibuxo, o palo, sino con el mismo Se- 
ñor y con la misma madre que alli se le repre- 
senta. Descúbrese alli el ansia, y el amor del 
ahna, y aquella inclinación que haze fuera el 
cuerpo al retrato, es una viua señal de lo que 
haze dentro del coraron al original represen- 
tado. Estima Dios tanto esto, y a hecho tanto 
fauor y merced a los hombres por ello, que ha 
querido en pago deste acatamiento comuni- 
car su virtud a muchas imagines y mostrarse 
en ellas admirable, obrando marauillas sin 
cuento, o tomándolas por instrumento, o po- 
niendo en ellas alguna virtud secreta, como 
la vemos en muchas cosas naturales, o a su 
presencia haziendolas el solo, como se vee 
todo en esta santa imagen de nuestra Señora 
de Guadalupe, que no se yo aya auido en el 
mundo cosa mas celebre. No quiero hazer del 
Teólogo en esta parte, ni señalarme en opi- 
niones, que es negocio propio de escuelas; no 
quiero mostrarme muy leydo en antigüedades 
de la Iglesia, solo he tomado aqui esta licen- 



cia (contra el oficio de historiador) para dezir 
que todas, o casi todas quantas causas pue- 
den hallarse para que la piedad christiana 
adore vna imagen mas que otra, o la tenga en 
mayor deuocíon que a otras, las hallaremos 
en esta, si por la antigüedad, es antiquissima, 
por lo menos del tiempo del Papa S. Grego- 
rio, el primero. Y si creemos la tradición que 
corre desde el tiempo de los Apostóles hasta 
agora (sea esta la segunda razón) que S. Lu- 
cas, no solo fue medico, sino también pintor 
(como lo afirma S. Juan Damasceno) y según 
los valientes (que ansi llaman a los que valen 
mucho en esta arte) el buen pintor ha de ser 
también escultor, y esta imagen es de su mano: 
como lo creen muchos píamente, no es pe- 
queña razón para anteponella a muchas. Si 
tuuieramos agora algún dibuxo de aquellos 
antiguos tan celebrados Apeles, Zeuxis, o 
Praxiteles, le hizieramos fundas de oro. La 
antigüedad sagrada vso mucho bendezir y 
consagrar las imágenes, que ya no lo haze la 
Iglesia: pues bien podemos creer que no sallo 
esta de las manos del santo Pontífice (porque 
sea esta la tercera razón) embiandola a su 
amigo S. Leandro sin bendición y consagra- 
ción. Acostumbraua el santo doctor hazer es- 
tos presentes, o por amistad, o por necesi- 
dad, como parece en las imágenes del Salua- 
dor, y de su santa madre, las de los Apostó- 
les S. Pedro, y S. Pablo, junto con vna cruz 
y sus clauos que embio a Secundino, para que 
por ellas fuesse defendido del demonio que 
le hazia guerra con muchas tentaciones de la 
carne. Por auer sido esta imagen de tan san- 
tlssimo Prelado, también aun en genero de 
estima, se le deue muy grande. Estimaron en 
Roma en mucho el candil de Epicteto, y die- 
ron por el gran suma de dinero, por solo auer 
sido de vn varón Estoyco tan celebrado, y no 
estimara España vna tan rica joya de tan 
santo Pontífice? No negara alguno de quan- 
tos han visto este santissimo retrato, sino 
que deue de parecerse mucho al original ya 
que no en el color (porque esta agora moreno) 
ni en los lineamentos, ni perfiles, alómenos 
(y no es lo menos, sino lo mas) en el respeto 
y reuerencia que pone en el que la mira, sí 
osa mirarla. Yo aunque indigno, la he tenido 
muy cerca, y no se como se fue, que aunque 
estuue muchos ratos y de espacio, jamas me 
parece ose miralla, que aquella magestad del 
rostro me derribaua la vista. Lo postrero y 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



lo mas excelente es auerla Dios tomado por 
instrumento de sus grandes marauillas, cano- 
nizándola, como si dixessemos, el mismo Se- 
ñor con su mano, y leuantandola a vn ser ma- 
yor que de cosa muerta. Y ansi diremos que 
esta preciosissima imagen, entre otras mu- 
chas que participan este fauor, es la piedra 
yman que atrahe a si el hierro y las cadenas, 
no solo de los captiuos en el cuerpo, sino en 
el alma, y de los aherrojados en la cárcel de 
sus culpas, porque deue de ser sin numero 
los que entrando en aquel Santuario, y viendo 
la santa imagen, conciben en su pecho espí- 
ritu de contrición y arrepentimiento de sus 
pecados, llorando y confessando sus yerros^ 
Es la piedra Gagates que expele los demo- 
nios, pues en viéndose en la presencia desta 
santa figura de la Virgen, braman y rabian, no 
pudiendo sufrir la fuen^a secreta con que alli 
se veen atormentados, hasta que salen de los 
cuerpos de los miserables que posseyan. Es 
el Sucino, o Cárabe que leuanta las pajas y 
atrahe las aristas de la tierra, digo los cora- 
zones apocadamente derribados a las cosas 
de la tierra, y a las nadas del mundo, y en po- 
niendo los ojos en ella, les roba las almas, y 
las alza a pretensiones mas nobles, pegán- 
dose con deuocion a las cosas diuinas, que 
antes aborrecían. Si puso Dios esta fuerza 
natural en sus criaturas, porque no podra co- 
municarla para mayores efectos en sus san- 
tas imagines enseñándolo cada dia tantos y 
tan extraordinarios exemplos? Conserua pues 
España tus santas imagines, y no mengue en 
ti la deuocion que siempre les has tenido. 
Desde que en ti se planto la fe de lesu Christo, 
hasta oy, con grande loa tuya, les has guar- 
dado la fe, como lo verán los que reboluieren 
los Concilios y Aúnales de la Iglesia (de lo 
que no se podran loar Grecia, Alemania, Fran- 
cia, Inglaterra) no sin gran fauor del cielo Ot 
que en tanto que a ellas acorrieres y las re- 
uerenciares, y en tus necesidades te abraca- 
res con ellas, entendiendo bien lo que hazes, 
sera señal de que aunque por otra parte es- 
tes con imperfeciones, no sea despedida de 
tu coragon la fe de lo que alli se representa y 
adoras: y te prometo larga felicidad, y aunque 
Dios te castigue por tus culpas, no sera el 
agote que ves en las tristes naciones vezínas, 
sino con el de padre. Y tu orden de S. Gero- 

(•) Ferdlnan. Mend., Ub. 3. o. 6. Oonoil. IlUbM*. 



nimo también te alegra, pues tienes en tu 
guarda tan rico tesoro, como el buen Rey don 
luán agora te entrega, reuerenciala y símela, 
que en dichoso signo en tus principios se te 
da tal possession. Mas ya es tiempo que no 
vsemos tanto de la licencia, y que tornemos 
al hilo de nuestra historia. 

CAPITVLO XIX 

F. Fernando Yañez Prior edifica el monasterio 
de N. S. de Guadalupe, acaba la Iglesia, y 
iodo el edificio, planta la religión con mucho 
exemplo, 

Assentado Fray Fernando Yañez en la pos- 
session de aquel Santuario, con tanto gusto 
del Rey don luán, y del Obispo de Segobia 
don luán Serrano, con tanta alegria del pueblo 
que estaua alli ajuntado, aunque no faltauan 
malos a quienes siempre es aborrecible lo 
bueno: Lo primero que hizo fue entrar en 
cuenta con la Señora de la casa. Púsose de 
rodillas el si^ruo de Dios a los pies della, y 
leuantados los ojos y las manos, dizen que le 
dixo con gran deuocion. Veys aqui Reyna 
soberana donde me han trahido por mayor- 
domo de vuestro real palacio, por ministro y 
guarda del, y para que aqui en compañía de 
mis hermanos os sírua. Para que respondan 
nuestras vidas a tantas obligaciones, y seamos 
dignos de estar en vuestra presencia, ningún 
caudal tenemos de nuestra parte: de todo 
punto nos confessamos por necessítados y 
pobres. La primera merced que aqui en nom- 
bre de todos os pido (sea este Señora el pri- 
mer milagro que hazeys en nuestro fauor) es 
que con vuestra poderosa mano leuanteys 
instrumentos tan imperfectos a la suffíciencia 
de tan grande obligación, que si fuéremos 
gratos a vuestros ojos, todo lo demás se nos 
hará fácil. Respondan Señora primero nues- 
tras vidas con las reglas que nos dexo vuestro 
hijo y nuestro Señor, y resplandezca en nos- 
otros por vuestra misericordia, alguna seme- 
janza de vuestra pureza, y de vuestra profun- 
da humildad: que sobre tan firmes cimientos 
no tendré miedo de leuantar vna fabrica que 
sea digna de vuestro nombre. Otras muchas 
razones passo a sus solas el sieruo de Dios 
con su Señora, teniendo los ojos fixos en 
aquella santa imagen, derribado en su acata- 
miento con profunda humildad, y ella dt 



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tro, y offidnas, porque Jo que hasta alliestaua 
edificado, eran aposentos sueltos, sin traqa, o 
forma de monasterio, no mas de para reco- 
gerse aquellos Capellanes distraydos. Lo pri- 
mero que edifico fue vn claustro grande no 
muy vistoso, ni de buena proporción, en los 
anchos y largos; porque sabian poco los 
maestros de aquel tiempo de las buenas 
architeturas de que vsaron los antiguos, y se 
han tornado a resucitar agora, con todo esso 
el claustro es denoto y religioso, y las oficinas 
para este modo de vida muy a proposito. En 
lo que mas diligencia puso, fue acabar la 
Iglesia comentada por el Prior Toribio Fer- 
nandez, que como dixe, saco los cimientos, y 
creo que hizo mucho della,y de otras cosas 
de la casa, porque la manera de la planta no 
parece ingenio de hombre que pretendía Con- 
uento: y ansi quedaron las celdas como dizen, 
a barrios, lo mejor que se pudieron acomodar 
después, porque en el claustro casi no ay 
ninguna. Ayudauan muy caualmente al Prior 
F. Fernando Yañez los religiosos y santos 
compañeros que aula sacado de S. Bartolomé 
de Lupiana, auialos criado a sus pechos, y 
eran en «realidad las primicias del espirita 
desta santa religión que en esto fue djchosis- 
simo este Conuento, como lo veremos adelan- 
te. Repartiólos el santo varón por sus classes, 
y en ellas dio a cada vno la tarea que le con- 
uenia con mucha prudencia» y con yguai obe- 
diencia las cumplían. Vnos, y los principales 
estañan deputados para recebir los huespedes 
y multitud de peregrinos que acudian, rega- 
lauanlos y acarlciauanlos, dauanles descanso 
para los cuerpos, y medicina para las almas. 
Lo primero les hazian confessar, porque pa- 
reciessen limpios en el acatamiento de la 
santa Reyna, oy en dia se acostumbra lo mis- 
mo, y tienen confessores situados perpetuos 
para esto: instruyanlos también en la doctrina 
Chrístiana si tenian necessidad, dezianles 
cosas denotas con que les animauan a llorar 
sus pecados, y hazer penitencia, que eran las 
mas santas veneras que auian de Ueuar de 
aquella romería: Otros mas robustos se ocu- 
pauan en seruir a los manposteros y maestros 



ORDEN DE SAN GERÓNIMO 91 

de la obra, lleuando piedra, cal, arena, sacando 
tierra, acarreando maderos, agua, y otros 
materiales, de suerte que lo mas, y lo mejor 
de aquel santo Conuento, e Iglesia esta hecho 
con los bracos y el sudor destos sieruos de 
Dios. Entre ellos por tener la parte mas hu- 
milde, se mezclaua el sieruo de Dios Fr. Fer- 
nando Yaflez Prior de veras en todos estos 
exercidos, y no se desdefíaua con aquellas 
venerables canas asir de la espuerta, de la 
a^ada, y del cue^o, lleno de sudor y de poluo, 
antes le parecía honra grande ser admitido en 
la fabrica de tan real palacio, por peón. Otros 
también entendían en escriuir libros para el 
Coro, porque luego se puso cuydado que el 
oficio diuino se celebrasse con magestad: Esta 
era la ocupación general de que no se essen- 
taua alguno, y aunque parecia (según se 
dezian las Horas, y la Missa de espacio) que 
no quedaua tiempo para otra cosa, lo que 
sobraua se ocupaua en lo que he dicho. Ni por 
esso se dexauan de leuantar a media noche 
a hazer estado a la Reyna soberana, cantán- 
dole los Maytines con tanta solemnidad, como 
si fuera aquella sola toda la ocupación del dia. 
Acontecíales desde la media noche en punto, 
cogerles alli la mañana, representándoseles 
en ella aquella santa aurora que truxo al 
mundo el Sol de justicia. Con esto estaua el 
pueblo tan contento, y tan edificados los pe- 
regrinos, y la demás gente que alli venía, que 
alabauan al Señor en ver vna mudanza tan 
de su diestra. Tomauan muchos el habito, 
aborreciendo el siglo, prouocados deste exem- 
plo, y en pocos dias se multiplicaron muchos. 
A estos recientes religiosos, el Prior con 
santo consejo, no los ocupaua en cosa de 
manos, en todo el año del nouiciado, su 
exercicio era solamente emplearse en las di- 
uinas alabanzas después de auer hecho en los 
primeros dias vna confession general bien 
pensada de todas sus circunstancias: lo que 
sobraua del Coro les mandaua estuuiessen 
recogidos en las, celdas, donde aprendiessen 
a leuantar el coraron a Dios, estar en su pre- 
sencia, descubrirle sus corazones, y hazerse 
familiares al trato y conuersacion del cielo; 
habítuauanse con esto al silencio y al recogi- 
miento, dos quizios sobre que se rebuelue 
todo el discurso de la vida monástica. La fa- 
brica comentada era grande, porque el santo 
Prior, como pon espíritu prophetico, vio que 
alli se 4uifi Í9 hazer grande junt^ de religiosos, 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



y que auia de ser aquel el mas ilustre Con- 
uento de toda esta religión. Para esto eran 
menester muchas expensas y dineros, acudía 
como sieruo prudente, y fiel a la Señora de la 
casa, que era quien lo auia de proueer todo. 
Respondíanse muy bien el vno al otro: quanto 
emprendía y osaua, tanto acabaua, y con 
tanto se salía. La Señora soberana proueya 
muy largamente de todo. De toda España, y 
aun fuera della, acudían peregrinos con sus 
votos y lymosnas larguissimas con que auia . 
para todo abundancia. Después que la santa 
imagen entro en poder de los religiosos de la 
Orden, crecieron las offrendas con grandes 
ventajas, porque acontecía en tiempo de los 
Clérigos lo que en el tabernáculo del Señor en 
Silo, en tiempo de los hijos del sacerdote 
Heli, que por sus ruynes tratos se retirauan 
muchos de hazer sacrificios. Consideraua Fray 
Fernando Yañez atentamente la largueza de 
su Señora, y con vna familiaridad, y confianza 
santa dizen que le dezia muchas vezes. Ea 
Señora, veamos quien ha de vencer, vos a 
traer y yo a gastar. Hallauase mil vezes ven- 
cido, porque quanto con mano larga expendía 
en fabricas, repartía a pobres, daua a huespe- 
des y peregrinos, parece que se le multiplicaua 
entre las mismas manos. Bien parece Señora, 
dezia el sieruo de Dios, que estos bienes que 
me days son del cielo, pues comunicándose 
crecen, y derramados se aumentan: al reues 
de los de la tierra, que repartidos se apocan. 
Vieronse en el discurso desta fabrica, nota- 
bles marauíllas: muchas vezes acontecía no 
tener blanca con que pagar los estajos y jor- 
nales, y quando ya estaua la falta a la puerta, 
y no parecían medios humanos con que reme- 
diarla, acudía la lymosna, y el voto, tan co- 
piosa y abundante, que sobraua. Otras vezes 
faltauan los bastimentos para vnos y para 
otros, no auia bocado de pan, ni vino, ni carne, 
y venia todo en medio del mayor aprieto sin 
pensar, como por el ayre. Dexaua la Señora 
poderosa, que se viesse la falta, como otro 
tiempo en las bodas de Cana, y quando la cosa 
estaua ya como desesperada, entraua por la 
puerta el remedio. Pudiera hazer prueua desto 
con muchos exemplos, dexolo para quien tiene 
mas a su cargo decender a los particulares. 
Tampoco me detendré en dezir el edificio por 
sus partes, y el orden con que se procedió, 
pues es oficio de historia particular. La gene- 
ral desta Orden es mi intento proseguir, to- 



mando de los singulares lo que basta, o no se 
puede excusar. Quando andaua la obra en el 
mayor calor, y aun al tiempo de mayor neces- 
sidad (no se puede callar esto) acudió mila- 
grosamente, y sin esperanza, vn cauallero de 
Seuilla, llamado Martin Cerón, Alcalde mayor 
de aquella ciudad, y offecio a la santa Virgen 
tres mil doblas de oro, y otras muchas joyas 
y pie^s de oro, y de plata, cantidad excessiua 
en aquel tiempo, que no tenia España tanta 
copia destos metales preciosos como agora, 
por quien se vee puesta en tanta pobreza y 
aprieto (para que abran los ojos los hombres, 
y no entiendan que consiste la riqueza en 
esto). Con esta tan copiosa lymosna se prosi- 
guió la fabrica a mucha furia. Edifico este 
mismo Alcalde de Seuilla, vna capilla de la 
Madalena, con vna buena casa juntamente, 
vna legua pequeña del monasterio, el río 
arriba, en vn lugar de vista muy apacible, de 
donde por ventura le dieron el nombre, que se 
llama Mirabel. Tardóse en perfícionar la fa- 
brica del conuento algunos años: dizen que 
fueron veynte y tres, y no fueron muchos, 
considerada la grandeza, y que al fin se hazia 
todo de lymosnas. 

No era la principal ocupación, y cuydado 
del Prior F. Femando Yañez en el edificio 
material, sino en lo interior de sus hijos y en 
la edificación de la religión, en la polida y 
Christiandad de aquel pueblo, que a los vnos 
estaua obligado como padre, y a los otros 
como señor: y aunque se cansaua el cuerpo 
con tantas cargas y pesos, el calor de la cari- 
dad lo alentaua para todo. Algunas vezes 
descansaua en el ocio de la contemplación, 
donde cobraua nueuas fuerzas. Hazia en los 
Capítulos a los religiosos platicas espiritua- 
les de mucha doctrina, y al pueblo sermones 
y amonestaciones muy santas. Vna vez oyó 
no se que de disensión entre los frayles, por- 
que con vna santa porfia querían adelantarse 
vnos a otros, en cosas de trabajo corporal 
de la fabrica, y sintiéndolo el sieruo de Dios, 
los llamó, por detener el ímpetu de aquel es- 
píritu, y dizen que les dixo desta manera. Mi- 
rad hijos míos, que estas piedras que lleua- 
mos, y los materiales que trahemos, la made- 
ra, cal, y piedra que aqui juntamos para hazer 
el templo de nuestra Reyna y Señora, en 
tanto que cada vno estuuiere por si, no hazen 
casa, ni se puede morar en ella, solo el orden 
y conjunción con que se traigan vnas con 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



93 



otras, es lo que da la forma y el Ser. Lo mis- 
mo desseo que consideremos en nosotros, 
que seruira de poco, y aun lo que es peor 
seremos muy inhábiles para que Dios more 
en nosotros, estar allegados aqui, traydos de 
partes tan distantes, si no nos juntamos en 
vn espiritu, y vna trauazon de caridad de 
Christo: siruiendo vnos de vno, otros de 
otro, guardando cada qual su puesto: vnos 
en alto, otros en baxo, otros en el medio, ha- 
remos todos juntos vn hermoso templo, no 
diferente de aquel que mostró Dios en espí- 
ritu a Ezechiel, de tantas, y de tan estrañas 
medidas, y de tanta hermosura y artificio, que 
quien nos viere, de gloría al Artífice soberano 
que comentó y acabó tan alta obra. El lecho 
de conjunción con que estas piedras, vnas 
con otras toman cariño, y se hazen todas 
comp vna, es la cal, y el betún, y en nosotros 
es el espiritu del Señor, y aquel don soberano 
que deciende del padre de la caridad. Acor- 
daos hermanos míos, que aunque el santo 
Rey Dauid tuuo tanta gana de edificarle a 
Dios templo, y le parecia cosa .indecente 
(como a varón tan zeloso de la gloria diuina, 
que el tuuiesse buena casa, y el arca del Se- 
ñor anduuíesse debaxo de tabernáculos, y 
pieles, y por casas agenas) que no le fue per- 
mitido que el lo edificasse. La razón toda fue, 
porque era varón guerrero, hombre de pelea, 
y aunque sin culpa, auia derramado mucha 
sangre de enemigos: y guardóse la empresa 
y gloria del edificio, para su hijo Salomón, 
que auia de ser lo que su nombre sonaua, pa- 
dfico, sin enemigos, sin guerra. Lo mismo 
quiero aduirtays se ha de hallar en nosotros, 
si queremos edificar a Dios casa, que el lugar 
de Dios ha de ser en paz, y sino se halla en 
nosotros, no hay para Dios lugar, ni assiento. 
Paz hemos de tener, no solo con nosotros 
mismos, con los que nos aman, y con nues- 
tros amigos, sino con los enemigos que mas 
nos aprktan. Aqui por la misericordia de 
Dios, carecemos destos, que no es pequeña 
perdida no tener con quien exercitar este 
grado de caridad, que tan parecidos nos ha- 
ría a nuestro Señor y Maestro: mas por esso 
estamos en mayor obligación a conseruar en- 
tre nosotros vna paz muy alta, amándonos 
vnos a otros, como hermanos nacidos de vn 
vientre, engendrados de vn mismo padre en 
la virtud de la sangre de Chrísto. Y passando 
mas adentro, en cada vno se ha de procurar 



(en quanto nos fu^re posible) poner un retra- 
to viuo del verdadero Salomón, mitigados y 
muertos los enemigos del reyno de Dauid, 
que son nuestros apetitos, y desseos del 
hombre carnal que pelean contra el espiritu: 
y hasta que por mandado de Dios se abracen 
aquellos dos hermanos Esau, y lacob, que tan 
contrarios nacieron desde el vientre de su 
madre. Acabadas pues estas pretensiones del 
hombre exterior, y muertas sus codicias, los 
enemigos todos derribados, vendrán en esta 
paz que sobrepuja todo pensamiento, a ser 
templo de Dios, donde se mostrara su gloria: 
y assentado en las alas de los dos Serafines 
que se carean, dará sus respuestas, y se mos- 
trara afable, desechada la ira que tan justa- 
mente tiene contra los pecados de su pueblo. 
Mirad amados hijos, que dignidad tan gran- 
de, y a que felicidad llegan los que legitima- 
mente pelean. Acordaos que el reyno de Dios 
padece fuerza desde' que acabó S. luán Bap- 
tista su oficio, y lesu Christo nuestro Señor 
y Capitán nos abrió el derecho de la conquis- 
ta, y que no entraran a gozarle sino los va- 
lientes que con losue acometieren la pelea de 
la tierra de promission. Y para que os ponga 
mas codicia, aduertid también que el reyno 
de Dios esta dentro de vosotros, por dicho 
del mismo capitán lesu Christo, y que hazien- 
doos esta violencia, y conquistando vuestras 
mismas passiones, que obran en vuestra car- 
ne, adquiris no solo ser templos, y casas, sino 
vn Reyno entero de Dios: y lo que es mas 
admirable, el cielo de Dios, donde comunica 
su gloria, se assienta, recrea, espacia. No 
veys mis hijos que fruto tan grande trae esta 
sugecion y obediencia vuestra. Essas piedras 
materiales que acarreays con vuestros bra- 
cos, y toda essa materia que allegan vuestras 
manos, obra hecha con animo sugeto y sen- 
cillo, essa misma leuanta juntamente vn tem- 
plo en el suelo a la Madre, y otro en el cielo 
para el Hijo, y vna morada admirable a toda 
la Trinidad santissima. Tampoco tiene aqui 
sus términos el fruto de vuestros trabajos 
(no se os haga esto increyble) sino que con 
vn modo admirable (mejor diré inefable, pues 
es de lo que no se puede explicar con lengua) 
os leuanta, no solo a ser templo y cielo de 
Dios, sino a ser hermano del hijo de Dios: 
hermano digo, y aun madre, pues el mismo 
Hijo lo dize. De suerte, que edificándole a 
ella templo en el suelo, con las circunstancias 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



que he dicho, entrays a la parte de su digni- 
dad en el cielo, y en la tierra. El que pusiere 
por obra, dize la verdad primera, la voluntad 
de mi padre, que esta en los cielos, esse es 
mi hermano, y hermana, y madre. La sabidu- 
ría y virtud del Padre, es hijo del mismo Pa- 
dre, porque es su palabra, y su palabra es 
principio de su voluntad, y porque el querer 
y voluntad de vn hombre, es como el hijo 
mas querido del mismo hombre, si queremos 
nosotros lo mismo que el Padre quiere, y en 
nuestra alma no se halla otra voluntad sino 
la suya, resinados todos en su mismo poder, 
bien podremos dezir, que producimos y en- 
gendramos el mismo hijo del Padre, cumplién- 
dose en nosotros su palabra, y su voluntad. 
Y la gloriosa Reyna su Madre, primero le en- 
gendro en el alma, diziendo. Yo soy la sierua 
del Señor, hágase en mi su voluntad y pala- 
bra, que en el vientre: Ansi nos lo enseñan 
los santos, y la fuerza de la razón lo dize. 
Pues mis hijos, no seamos sordos a estas ra- 
zones, procuremos primero perficionar la la- 
bor desta morada de dentro, que luego se 
nos entrara todo por^ las puertas, como aña- 
didura de lo principal. Cada vno tome el ne- 
gocio del otro, como proprío suyo, y harase 
esto fácilmente, quando nadie pretenda cosa 
suya, sino de la comunidad, y esta sola regla 
bastara para conseruarnos en perpetua paz, 
que es retrato en las comunidades de aquel 
estado del cielo. 

Era el santo Prior muy leydo en la Escritu- 
ra diuina, y mas era lo que el Señor le comu- 
nicaua, por llegarse a el con tan limpio cora- 
ron, despegado de todo lo que ciega a los 
hombres para que no vean sus palabras sa- 
gradas. Con estas y otras muy pias conside- 
raciones, despertaua las de sus frayles, y 
ellos no las escuchauan dormidos. Parecíase • 
les bien lo que aprouechauan en aquella es- 
cuela, porque eran todos muy santos varones, 
como veremos en sus lugares. De la santidad 
de dentro, se le pegó mucho al pueblo de 
fuera: mudó en gran parte las costumbres es- 
tragadas. Los ludios, y otras gentes de malos 
tratos que alli se auian recogido a sus ganan- 
cias ilícitas, o los auia llenado el demonio, 
para que se perdiesse la fe y deuocion, vnos 
se fueron huyendo, otros se emendaron, y los 
pocos que quedaron de secreto, fueron des- 
pués castigados en publico. Las grandezas 
desta casa sera negocio largo de tratarlas de 



proposito, 'diré algunas de priessa, por k> 
que deuo a esta historia: sea la primera, y 
como el fundamento de todas, que en el gas- 
to deste conuento, y multitud de lymosnas, 
no ay razón ni cuenta, porque seria descome- 
dimiento querérsela tomar a Dios y a su Ma- 
dre: y quando alguna vez se llegan a menu- 
dear y afinar los gastos con los recibos, ha- 
llan que no cae debaxo de razón, ni se halla 
en las sobras, o en los alcances. Tiene esta 
casa tres hospitales famosos en todo el Rey- 
no: el vno para hombres, con sus apartamien- 
tos para todo genero de enfermedades, con 
grande policía y limpieza: Medico, y medici- 
nas de lo mejor del Reyno: si fuere menester 
gastar cien escudos para vna purga de vn 
pobre, se gastan: todo lo demás que toca al 
regalo, con mucho cumplimiento. Sin el Me- 
dico principal, ay otro excelente Cirujano, y 
de ordinario quatro praticantes, plagas muy 
pretendidas, ansi por el exercicio, como por- 
que se les lee cada día vna lición, y ay licen- 
cia para hazer anatomías, que es de mucha 
importancia el conocimiento desta tan hermo- 
sa fabrica del cuerpo humano, milagro de la 
naturaleza. Ay sin este otro hospital para 
mugeres, y el tercero que esta en el camino 
de Castilla, tres leguas antes, fabrica de don 
Diego de Muros Obispo de Canaria. Tiene 
con esto vn colegio y seminario de quarenta 
niños, que estudian Gramática y música, y 
principalmente buenas costumbres, ayudar a 
missa, pratica del culto diuino, y de cosas es- 
pirituales, de donde han salido para la Orden, 
y para grandes oficios eclesiásticos, y segla- 
res, personas notables, oy viuen muchas. En 
estos hospitales y colegio, se gastan mas de 
treze mil ducados, quando se cuenta a bulto. 
Para el seruicío desto, y de ciento y veynte 
relig osos que son de ordinario en este con- 
uento, ay cerca de setecientas personas de 
seruicio, sacadas por cuenta de los libros de 
los que tratan la hazienda, y pudiera: yo refe- 
rirlas vna a vna. La humanidad y regalo que 
se haze a todos los huespedes del mundo, es 
digna de vna alabanza eterna, porque sin 
duda es cosa de gran consideración. Visten 
muchas vezes a los que llegan necessitados 
de abrigo y ropa, religiosos, y no religiosos: 
aun las muías y caualgaduras gozan desta lar- 
gueza. En la puerta, lymosna general sin dife- 
rencia, las hospederias abiertas perpetua- 
mente, recibiendo a los que llegan con tanto 



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HISTORIA DE LA ORÍ)EN OE SAN OERONiMO 



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amor y rcuerencia, y crianza, como si fuessen 
los dueños de la casa. Fuera de aquel colegio 
de los quarenta Seminarios que dixe, esta 
otro sembrado por todos los oficios de aquel 
conuento, hospedería» procuración, arca, por- 
terías, hospitales, donde ay otros tantos y 
mas. Enséñaseles a leer y escríuir, y otras 
muy santas costumbres. Tienen un refítorio 
común, donde repartidos por sus dignidades 
y classes, comen todos juntos con gran poli- 
da, silencio, y concierto, escuchando la lecion 
santa que lee vno de los estudiantes. Mesa 
de capellanes: mesa de mayorales: mesa de 
escríuanos, de viejos, de estudiantes, de mo- 
gos de espuelas, de oficiales, de aprendizes, 
de gañanes y quinteros, hasta mesa de ne- 
gros ofrecidos de persona» deuotas para el 
seruicio del conuento. Suelen juntarse en 
este refitorio, quatrocíentas personas. En el 
libro que se intitula de las grandezas de 
España, quiso el autor poner algunas desta 
casa: el claustro con dos torres en cada es- 
quina, la cisterna en que caben sesenta mil 
cantaros de agua, y el alberca, o estanque, 
con cuya agua muele vn molino doze hanegas 
cada hora; yo no pusiera nada desto por 
grandeza, sino sola la limosna que aquel 
Conuento haze, y por quien Dios y su madre 
hazen cada dia mil grandezas, quiero dezir al- 
guna, porque no vaya esto assi a bulto y a se- 
cas. El año de 1567. saben todos la gran ham- 
bre que huuo, y particularmente en Estrema- 
dura, y en aquella comarca de Guadalupe. 
Llego a valer vna hanega de trigo a treynta 
reales, solíanse abrir las troxes de la harina 
en aquel Conuento por S. luán, y dura de or- 
dinario hasta Setiembre, que tornan a cobrar 
agua los ríos, para las moliendas. Abriéronse 
aquel año tres meses antes por el hambre, y 
no auia mas harina que otros años, y gastóse 
hasta fin de Octubre, que fueron quatro me- 
ses mas, y esto fue lo menos, porque la gente 
que acudió (trahidos de la necessidad) fue 
quatro tanta, y sobraron mas de trezientas 
hanegas de harina, y de estas grandezas de 
Dios se auia de preciar mucho España. El 
Prior de aquel santo Conuento prouee todas 
las escriuanias de Truxillo y su tierra que 
dizen son veynte y quatro, yisitalas con mu- 
cho cuydado, porque hagan bien sus oficios, 
y todo sera menester. Van dos religiosos a 
esto, y los que no son tales, los remneuen de 
sus oficios, y los dan a otros. El portero 



allende de estas lymosnas da a la puerta mas 
de dozientos carneros cada año, y gran nu- 
mero de qapatos entre año, y en solo el dia 
de nuestra Señora de Setiembre, dizen que 
da mas de ochocientos pares. Mas no quiero 
decender a estos, y a otros Infinitos particu- 
lares, que seria hazer libro entero, y pues lo 
haze quien lo sabe mejor que yo, escusado 
quedó. 

CAPITVLO XX 

Fray Vasco funda en Portugal el monasterio 
de Penalonga, embia a ¡uan Presbítero a 
Roma por la confirmación de la Orden de 
S, Gerónimo, 

Todo les sucedió a nuestros Hermitaños 
como esperauan, porque como sus desseos y 
voluntades eran los mismos cjue los de Dios, 
el que los puso en ellos, lo executó por ellos 
todo. Estaua en Castilla la Orden de San Ge- 
rónimo en el estado que la dexamos, y con 
los buenos principios que hemos dicho, tenia 
ya cinco casas principales. En el reyno de 
Valencia donde se retiraron otros, estaua 
plantada la casa de S. Gerónimo de la Plana; 
En Portogal hazla vida heremitica el santo 
varón F. Vasco Portugués de nación, como 
hemos dicho, discípulo del gran sieruo de Dios 
Tomas Sucho Senes, ygual en sus costumbres. 
La razón de su y da a Portogal, tocamos arri- 
ba, y por ser varón tan noble, es razón haga- 
mos mucho caso de sus cosas, contarelas con- 
forme las hallé en vn quaderno antiguo del 
archiuo de S. Bartolomé de Lupiana. En vi- 
niendo de Italia hizo su assiento con los demás 
compañeros, que trahianel auiso de la venida 
del Espirítu santo sobre España en la ciudad 
de Toledo. Acertó a estar alli vn Legado del 
Papa, llamado don Guillelmo, o como dizen 
en Castilla Guillen: trataua de los conciertos 
del Rey don Pedro con la Reyna doña Blanca 
su muger, y con tos demás caualleros y seño- 
res de Castilla, que a todos los trahia rebuel- 
tos, y daua bien en que entender. Conocía el 
Legado a F. Vasco, auiale visto en Sena, tra- 
tadole, y visitadole en compañía de F. Tomas 
Sucho, por ser cosa tan celebre en toda Italia. 
Tenia gran opinión de nuestro Vasco, vene- 
raua mucho su santidad, conocida con larga 
experiencia. Hizole luego merced de vna Er- 
mita donde estuuiesse con sus compañeros 
junto de la ciudad. El Argobispo de Toledo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 






desgustó desto por auerlo hecho el Legado 
de su autoridad, sin darle parte, ni pedirle 
consentimiento. No cojiocia tan poco a Fray 
Vasco, ni tenia noticia de sus prendas, encon- 
tróle vn dia en la calle, y dixole con algún 
sentimiento en voz alta. Vasco dexaras aque- 
lla casa que tienes? El sieruo de Dios enten- 
dió el desabrimiento con que le hablaua el 
Arzobispo, respondió con humildad, en buen 
hora Señor, como V. S. lo manda. Otro dia 
tornó a encontrar con el, tenia ya alguna mas 
noticia de quien era, o por auersela dado el 
Legado, o de otros que le auian tratado, y 
dixole con mas blandura. Buscaremos Vasco 
otra celda que te demos, dexa essa que tie- 
nes. Respondióle con rostro alegre, señor no 
sera menester esta, ni otra. Tenia ya deter- 
minado de passar a Portogal, mouido a lo que 
se puede presumir, del espíritu del Señor, 
para que alli plantasse esta viña, pues queda- 
uan en Castilla fieles jornaleros para estotra 
labor. Ansi lo puso por obra. Escogió algunos 
de aquellos compañeros que se auian venido 
con el de Italia, y otros algunos que acá se le 
auian allegado, caminó para su propria patria. 
Era de noble sangre del linage de los Vascos, 
no sabemos si entro en Lysboa, o tornó a su 
misma casa. Fuese hazia la ribera del mar, y 
vna legua poco mas apartada de donde agora 
esta el Castillo de Cascays hazia la parte del 
Norte, junto a la sierra de Sintra, llamada de 
Varron, Tagrum (si creemos a Damián de 
Goes) en vn lugar retirado, edifico vna Ermita 
en la llanura de vn valle que se llamaua Pena- 
longa, sitio apacible aparejado para la quie- 
tud de la contemplación, de que tenia tan 
alto gusto el sieruo de Dios. luntaronsele 
luego alli otros compañeros, multiplicáronse 
las Ermitas, o celdillas, comentaron a hazer 
vida muy alta, debaxo de la disciplina de tan 
buen maestro. La gente, vezina comentó a 
estimarlos por su buen exemplo, venian a 
consolarse con ellos, y hazian notable proue- 
cho en estas conuersaciones. Sallan a pedir 
lymosna por los lugares, contentauanse con 
poco, y trabajauan con sus manos, y con lo 
vno y lo otro se sustentauan, y aun repar- 
tían con otros pobres. Passó desta manera 
algunos años, desde el de 1355. hasta el de 
1389. que se determinó el sieruo de Dios Fray 
Vasco de mudar estado. Fue la ocasión a lo 
que se puede colegir de su vida, ver que sus 
compañeros en Castilla, y Valencia lo auian 



hecho ansí, que auian escogido aquello por 
mas seguro, y les parecía mas cierta senda 
para alcanzar la perfecion, que se pretende, 
caminando por la angosta de la obediencia. 
También se aduierte en su vida (veremos la 
adelante en su proprío lugar) que le mouio 
mucho a esto uer que algunos de sus hijos se 
auian apartado de su compañía, buelto la ca- 
bera atrás como obreros perezosos espanta- 
dos couardemente del rigor de la penitencia, 
después de auellos criado muchos años y tra- 
bajado con ellos esperando coger algún fruto 
de la virtud de sus almas. Parecióle al sieruo 
de Dios que era aquella suerte de vida libre 
de poca fuerza, sujeta a la mudanza del ani- 
mo variable de los hombres, especialmente 
en la virtud que se lleua siempre tan cuesta 
arriba. Lastimado desta perdida, y condolido 
de ver boluer a tras, a los que ya pensó que 
tenia tan seguros, como en el puerto, tomo su 
acuerdo con los compañeros, e hijos, que le 
quedaron, sobre si harían lo que auian hecho 
en Castilla, y Valencia los demás Hermitaños. 
Resoluieronse en que si, y sin mas aguardar 
señaló luego dos dellos, para que fuessen a 
Roma, y pidiessen al Papa la concession que 
se auia hecho por otros Pontífices de la reli- 
gión de S. Gerónimo, de los Hermitaños de 
Castilla con la regla de San Agustín, o otra 
que al Papa le parecíesse, siempre es digno 
de grande aduertencia este caso: de donde 
les nada a todos estos Hermitaños santos, la 
conformidad y vn desseo y pretensión tan 
nueua de hazer Orden de S. Gerónimo, cosa 
tan oluidada, y tan agena de España, donde 
nunca la auia auído, ni aun oydo, ni visto: no 
le hallo otra razón, ni salida, sino llamarle 
negocio milagroso, y del cielo. Entre otros 
discípulos de Vasco auia vno principal a quien 
por ser Presbytero tenía respeto, que pudo 
ser le hiziesse daño. Llamauase Hernando luán 
natural de Colíbre, juntóse con el sieruo de 
Dios allí en la Ermita de Penalonga con in- 
tento de retirarse del mundo, y pareciendole 
hombre de letras, y de prudencia: encomen- 
dóle la jornada con otros dos compañeros. 
Partiéronse a Roma, tenía la silla Apostólica 
Bonifacio IX. que auia sucedido a Vrbano VI. 
de donde parece que en aquella peligrosa 
cisma los Portugueses tenían la parte de los 
Romanos Pontífices, aunque Castilla y Ara- 
gón seguían los que se elegían en Francia: y 
para que no quede esto escuro, lo declarare 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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en vna palabra. Después de la muerte de Gre- 
gorio XI. fue elegido Vrbano VI. hombre as- 
pero de su condición. Los Cardenales France- 
ses que eran muchos exasperados destó, o 
de las promessas del Rey de Francia, que sen- 
tía mucho que Gregorio se huuiesse buelto 
con la Corte a Roma, se salieron della (vnos 
dizen que fueron ocho Cardenales, otros que 
catorze) juntáronse en Fundis ciudad del rey- 
no de Ñapóles, y eligieron otro Pontífice, o 
Antípapa, a quien llamaron Clemente VIL dio 
también fauor a esto la Reyna doña luana de 
Ñapóles, la que mato a su primer marido, lla- 
mado Andreaso, haziendole ahorcar en el 
Castillo de Auersa, donde también ella acabó 
la vida con la misma muerte. Electo, se fueron 
con el a Auíñon, partiendo miserablemente la 
vnidad de la Iglesia, que entre otras puertas, 
o caberas con que el infierno la ha fatigado, 
ha sido con las cismas. Fue esta (si las han 
contado bien los que lo han tomado a cargo) 
la veynte y vna, y la mas perniciosa y larga, 
porque duro, según diuersas cuentas, treynta 
y seys, o quarenta años: y vanderizó todos los 
reynos de la Christiandad, de donde se siguie- 
ron grandes males en los dos estados, Eccle- 
siastico y seglar. Fundauanse ambas partes 
en razones tan aparentes, que solo Dios pa- 
rece las podia juzgar. Los Cardenales France- 
ses afírmauan con granes juramentos, que la 
elección de Vrbano auia sido en sola la apa- 
riencia, por el miedo que cae en varones» cons- 
tantes, y librarse del peligro de la vida; pues 
los amenazauan de muerte los ciudadanos 
Romanos, sino elegían Papa de Roma, o Ita- 
liano. Con esta razón se conuencieron los 
Obispos, Prelados, y letrados de Castilla, que 
el Rey don luán el primero mando juntar en 
Medina del Campo, a seguir la parte de Cle- 
mente. Auianle escrito sobre ello el Rey de 
Francia, y el electo, para que le siguiessen 
como a legitimo y verdadero Pontífice. En em- 
biar F. Vasco a sus compañeros por la confir- 
mación a Roma, y no a Auiñon, se vee que 
Portogal seguía la otra parte, y sin duda la 
mas sana. 

Llegó a ella Fernando luán con sus com- 
pañeros, y alcangó del Pontífice todo lo que 
pidió, como parece en la bula de Bonifacio, 
dada el año de mil y trecientos y ochenta y 
nueue. Concédele, que de la hermita de Pe- 
nalonga haga monasterio de S. Gerónimo, que 
militen debaxo de la regla de S. Agustín, y 

H. OK LA o. DK S. GbiÓXIMO.— 7 



dales todas las otras gracias y priuilegios que 
sus antecessores auian concedido a los her- 
mitaños que auian fundado en Castilla, y Va- 
lencia la misma religión. No se haze memoria 
alguna en toda esta bula de F. Vasco, la razón 
desto halle en vn quaderno antiguo en que 
esta escrita su vida, que le embiaron mas ha 
de ciento y veynte años al monasterio de san 
Bartolomé, del conuento de san Gerónimo 
de Cordoua, dize que vno destos discípulos 
que el sieruo de Dios embio a Roma, acordó 
de leuantarse por cabera deste negocio, sin 
respeto del maestro, de donde se vee que 
Fernando luán alcanzó esto del Papa, como 
proprio negocio. Conoció esto por reuela- 
cion el sieruo de Dios Vasco, y dixolo a sus 
familiares antes que boluiessen con el reca- 
do. Estuuose quedo sin hazer mudanza, ni 
mostrar genero de sentimiento, antes ¡lega- 
dos los despachos hizo profession el prime- 
ro de todos, con mucha humildad, en manos 
del discípulo ingrato, sugetandosele con voto 
de obediencia: digna hazaña de tan santa 
alma, y prueua verdadera de virtud entera y 
sin doblez. Quando no huuiera otra cosa de 
que echar mano en la vida deste varón, bas- 
tara para canonizarle, pues es vn martyrio 
fino, rendir voluntad y alma con tanta perfe- 
cion a Dios, ofrenda y holocausto de fuego 
diuino y de precio inestimable. 

Consideraron esto los demás hermitaños, 
como hombres prudentes, y aunque se admi- 
raron de tan profunda humildad, no quisie- 
ron imitarle todos, no por no imitarle, sino 
por mejor obedecerle, y ansi le dieron a el 
la obediencia, y no al otro, porque las bulas 
dauan esta licencia, que pudiessen elegir, y 
porque ellos no pedían religión al Papa para 
tener a otro por cabeqa sino a F. Vasco. De- 
zian que en la escuela del ambicioso, no pue- 
de aprenderse verdadera virtud, que en los 
tales, aunque aya grandes apariencias de fue- 
ra, en lo de dentro son como descubrió el 
que sabe los coraqones, lobos carniceros. En 
este mismo quaderno de la vida de F. Vasco, 
también se dize, que tuuo triste fin este su 
opositor, y por la modestia calla el nombre. 
Como se vino después el varón santo a Cor- 
doua, y no quedó otra memoria sino sola la 
bula, en las fundaciones desta casa, y de las 
demás del reyno de Portogal, no se haze me- 
moria de F. Vasco, sino de solo F. Fernando 
luán, y a el se le atribuye todo. Ansi quedó 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



fundada la casa de Penalonga, el año señala- 
do de 1389. 

En vna relación que he visto de la funda- 
ción de aquel conuento, sacada de su archiuo, 
dize que fue en la era mil y quatrocientos, 
que ni viene bien con la cuenta de la era, ni 
con la de los años, deuio de ser yerro. Dize 
allí también, que Fernando luán lleuó a Roma 
cartas de fauor para el Pontífice, del Rey don 
luán de buena memoria, primero deste nom- 
bre, y que el Papa Bonifacio cometió la causa 
e información, al Cardenal Cosmato del titulo 
de santa Cruz en Híerusalem, y que en sus 
manos hizieron profession, y le hizo Prior de 
Penalonga, y le dio licencia para que edifícas- 
se otro monasterio, y recibiesse a la profes- 
sion los que quisiessen ser Frayles de S. Ge- 
rónimo, en estas dos casas. Desta segunda 
casa no hallo memoria alguna, aunque en la 
historia de Fray Basco se dize que edifico 
dos, y Fray Pedro de la Vega lo refiere tam- 
bién, deuiose de perder la otra, por su pobreza, 
sino dezimos que la otra fue S. Gerónimo de 
Omato, como veremos en el tercero libro de 
esta historia. La de Penalonga fue mas dicho- 
sa, porque la fauorecio el sitio que es muy 
ameno, frequentaronla los Reyes y Principes 
de Portogal, yuanse aíli a tomar sus recrea- 
ciones corporales y espirituales, recogiéndose 
a tiempos deuotos en su soledad, aparejada 
para descuydar vn poco de los negocios del 
reyno, y tratar los de sus almas. Tiene mu- 
cha frescura, fuentes, y estanques de linda 
agua; vn cercado grande de muchas plantas 
alegres, puestas por su orden, haziendo calles 
y compartimientos bien ordenados, regalo de 
los Principes. El Rey don Manuel hizo allí vn 
rico palacio, el Rey don luán el tercero, y don 
Henrique leuantaron otras obras reales, dig- 
nas suyas. 

Reynaua como he dicho entonces en Por- 
togal, el Rey don luán el primero Principe 
valeroso, codicioso también de adelantar el 
reyno, hizo una ley rigurosa, y no muy pía, 
de consejo de los de su reyno, en mucho 
disfauor de las religiones: que ninguno pu- 
díesse tener en el rentas, ni adquirirlas, y 
que todos los religiosos viuiessen de lymos- 
nas. Temían que siendo el reyno pequeño, si 
las possessiones entrañan en poder de reli- 
giosos, y las religiones se multiplicauan, que- 
daria la gente seglar muy pobre. Con esto 
se desanimo mucho Fray Basco, vino a perder | 



la esperanza de perseuerar en aquel reyno. 
Era la ley, aunque parecía de buen gouier- 
no, para el reyno del mundo, dañosa para el 
de Dios: digo para el augmento de las reli- 
giones, que son sin duda vna fuerte muralla 
suya: consejo de prudencia humana, que 
siempre piensa desmedran sus cosas, quan- 
do crecen las diuinas, y aunque la desenga- 
ñan muchos exemplos, no quiere boluer los 
ojos a mirarlos. De aquí sucedía que Fray 
Basco, o Fray Fernando luán crecían poco en 
numero de hijos. Estimaua, es verdad, la 
gente Portuguesa (que de su natural es de- 
nota) en mucho la santidad de los nueuos 
Gerónimos, y les hazia admiración el grande 
recogimiento y compostura, mas atreuianse 
a imitarla pocos, porque conocían el gran tra- 
bajo que padecían en sustentarse, y juntarse 
mal recogimiento interior, y necessidad de 
acudir a los menesteres de fuera. Todo esto 
sentía en el alma F. Basco: por vna parte 
echaua de ver la razón, y por otra el poco 
ánimo y calor de seguir a Christo, y caminar 
a la perfecion por el desprecio del mundo. 
Dauale grande pena verse necessitado de 
embiar a pedir lymosna a sus hijos: Auiale 
enseñado la experiencia el gran peligro desto: 
El tiempo que siendo mancebo anduuo pidien- 
do, le persiguió el demonio con grandes ten- 
taciones de la carne, despertaua en el alma 
castissima pensamientos feos, en los sentidos 
mouimientos torpes. En las ocasiones que se 
offrecian, y en las que el mismo enemigo le 
buscaua, le armaua lazos subtiles, que a otro 
que tuuiera menos aguda la vista del alma 
fueran de notable daño. Penetraua las astu- 
cias el sieruo de Dios, y dezia al demonio con 
grande confianza, en vano se echa la red de- 
lante de los ojos del aue. 

Considerando estos peligros, rezeloso del 
bien de sus hijos, les dezia muchas vezes. 
Hijuelos antes arañarlo, que pedirlo. Cono- 
cido el estoruo de aquel reyno, y que no 
podían medrar las cosas, ni tener el sucesso 
que dcsseaua, se determinó tornarse a Cas- 
tilla donde auia echado de ver que se enta- 
blaua mejor esto de religiosos encerrados. 
Comunico su pensamiento muchas vezes con 
sus hermanos y hijos. Vn año entero afirman 
que tomó de termino para esta resolución, 
y en todo el tuuo doblada oración de la que 
cada día acostumbraua, encomendando mu- 
cho a nuestro Señor esta mudanza, para que 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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fuesse como de su diestra, y le alumbrasse 
lo que fuesse mas para su santo seruicio. 
Oyó el Señor sus oraciones, y púsole en el 
alma vna lumbre cierta de lo que auia de 
hazer, como veremos adelante en la funda- 
ción del monasterio de S. Gerónimo de Cor- 
doua: que el intento agora no es mas de 
ver la planta desta religión en toda Espafia. 
Assentada en Portogal, y fundado el monas- 
terio de Penalonga el año 1389. que no he po- 
dido hallar el mes, ni el dia, el siguiente de 
nouenta murió en Castilla el Rey don luán 
primero, también como el de Portogal, deste 
nombre: tuuieron estos dos Reyes muchas 
differencias, y guerras, y con todo esso con- 
certaron, que de alli adelante se contassen los 
años desde el nacimiento de nuestro Salua- 
dor, y no desde la era de Cesar: y pues fue 
aquí su fin y remate, no fuera ageno de pro- 
posito dezir su principio, y la verdadera razón 
de su nombre breuemente, por no estar dicho 
con cuydado en lengua Castellana, aunque si 
en Latina, doctissimamente, por losepho Sea- 
ligero, en su libro de Emendatione temporum. 
Dexarlo he para otro mejor lugar, y acabare 
esta fundación con hazer memoria de lo mu- 
cho que la orden de S. Oeronimo deue a nues- 
tro Rey don luán. Era muy aficionado a las 
cosas del culto diuino, a las religiones y reli- 
giosos. Fauorecio mucho a toda la religión: lo 
que hizo en nuestra Señora de Guadalupe, ya 
lo vimos: al monasterio de S. Bartolomé de 
Lupiana concedió muchos priuilegios, y assi 
le tenemos por el primero de los Reyes bien- 
hechores. Edifico también el monasterio del 
Paular de Segouia, casa de Cartuxos, la mas 
insigne de España en rentas, religión y edi- 
ficios. Fundo la casa de San Benito de Valla- 
dolid, y perdieron todas las religiones mucho 
en perderle tan presto, porque no reyno mas 
de onze años y cuatro meses, murió en la 
edad florida de treynta años (tan desgra- 
ciadamente, como todos saben) en Alcalá de 
Henares Domingo, nueue de Octubre, corrien- 
do vn caballo, saliendo a recebir los caualle- 
ros Pharphancs, que venian de Marruecos a 
Castilla; la cayda fue tan grande que le que- 
branto por el cuerpo, y mudo luego. Enterrá- 
ronle en la Capilla real de Toledo, que su pa- 
dre el Rey don Henrique auia hecho. Sucedió 
en el reyno su hijo don Henrique el tercero, 
llamado el enfermo, aunque de muy sano 
jvyzio. 



CAPITVLO XXI 



La Rey na doña Violante de Aragón da princi- 
pio a la Orden de San Gerónimo en Cátala- 
nia, fundando la casa de Valdehebron, junto 
a la ciudad de Barcelona. 

En la España citerior llamada Tarraconense, 
no lexos de los Pyrineos, entre los Laletanos, 
y Cose taños esta la antigua ciudad de Barce- 
lona, a la lengua de las aguas del mar Medi- 
terráneo; llamase en la lengua Latina Barchi- 
nona, no según algunos amigos de fábulas, de 
la Barca nona, que dizcn echo Hercules en 
aquel mar Baleárico, sino por ser Colonia de 
la Familia de los Barcinos Cartaginenses. 
Ausonio la llama por esto Púnica Barcino. 
Después fue Colonia de Romanos, y Plinio le 
da por sobrenombre Fauentia: Dentro della, 
y por el contorno ay muchas casas de Religión 
por traher de atrás los moradores aprendida 
la piedad, y zelo de las cosas sagradas. Esta 
esclarecida con la sangre de muchos Marty- 
res, y con virtudes insignes de santos Confes- 
sores. Prelados muy doctos. Entre ellos fue 
Ilustrissímo S. Patiano que entre los santos 
doctores de aquel tiempo florido de la Iglesia, 
en que la gouernauan Dámaso y Theodosio 
gloria de España, mereció que S. Gerónimo le 
pusiesse en el Catalogo de los escriptores 
excelentes, llamándole claro en vida, castidad, 
doctrina, eloqucncia, y las reliquias que nos 
han quedado de sus obras, lo confirman. Por 
la parte del Medio dia tiene esta ciudad el 
mar Mediterráneo: tan cerca que bate en sus 
muros: por la del Norte a poco mas de media 
legua se leuantan vnos montes y sierras muy 
altas vestidas siempre de verdura de muchos 
arboles siluestres, y otros que se han plantado 
de los moradores, como cidros, naranjos, 
limones, laureles, oliuos, por ser la templanza 
del cielo tanta, que se conseruan estas plantas 
regaladas con mucha abundancia, y de tal 
suerte cubren la tierra, que no dexan vn pie 
de suelo abierto, vista por extremo apacible 
en todo tiempo. Entre estas sierras se hazen 
algunos valles y collados, y montes llenos de 
frescura, y de lindas aguas, de donde se 
prouee la ciudad en grande copia. Hanse fun- 
dado alli algunos monasterios, entre ellos es 
vno el de Pedralbes, fundación de doña Eli- 
senda de Mendoza, tercera muger del Rey 

don layme el segundo de Aragón, donde puso 






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100 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



religiosas de S. Francisco, que viuen en gran 
obseruancia. La casa e Iglesia son de buen 
edificio. Tienen cierto numero de Frayles y de 
Clérigos en diuersos aposentos, y modos de 
víuir, que en sus Coros differentes celebran 
el oficio diuino, y siruen como de Capellanes 
a las religiosas. Ay también otro de Capuchi- 
nos, casa de gran religión, donde reciben y 
crian los nouicios. A este llaman santa Eulalia 
por est^r edificado en vnas casas que dize la 
tradición antigua, fueron alquería de los Pa- 
dres de la santa Virgen y martyr Eulalia, na- 
tural de aquella ciudad. El tercero de los mo- 
nasterios que están en estas sierras (dexo 
otros seys, o siete que cercan y hazen estado 
a esta insigne ciudad, sin otros que están 
dentro de los muros) es el de la Orden de 
S. Gerónimo, de quien agora vamos tratando. 
Hazese aqui entre otros valles, vno sin duda 
el mas ameno y hermoso de todos, llamáronle 
los primeros valle de huerta, y bien, porque 
ello parece en la mucha frescura (y le llama- 
ran mejor jardín), porque le cultíuauan, y 
tenian allí sus grangerias de hortaliza, y fru- 
tales de todas differencias de plantas, sin 
auer parte de tierra que no este ocupada con 
alguna. Aquí por ser lugar tan acommodado 
para la vida solitaria y de contemplación, se 
recogieron algunos varones prudentes des- 
engañados del mundo, en el mismo tiempo 
que en Castilla, Valencia, Portogal, y otras 
partes se retiraron nuestros padres con el 
mismo desseo de hazer vida Heremitica, imi- 
tando a S. Gerónimo, pretendiendo ser sus 
hijos, tocados de la mano poderosa del Señor, 
que siempre pone admiración ver tan distan- 
tes instrumentos de su prouidencia tan acor- 
dados, y tan auenidos en este pensamiento de 
leuantar la memoria de S. Gerónimo y su reli- 
gión. En prosecución de su desseo, combida- 
dos del lugar, edificaron luego vna Capilla a 
inuocacion del doctor santissimo. Hizieron al 
derredor algunas celdillas pequeñas donde se 
recogían a sus exercicios particulares, y donde 
reposauan alguna parte pequeña de la noche. 
El principal y como padre de todos era vn 
sacerdote llamado Fray Francisco Solen Te- 
nian alguna forma de comunidad y de obedien- 
cia, aunque sin algún voto, ni otras reglas, 
sino de la caridad y penitencia, su vida y 
exemplo grandissimo; viuían con gran estre- 
cheza, y si el lugar no fuera de tanto deleyte, 
pudieran en lo demás compararse con los 



muy señalados santos de los yermos: de aqui 
vino que el valle perdió su primero nombre, y 
todos los comarcanos le llamaron el valle, o 
el collado de los santos Hermítaños de San 
Gerónimo: los sieruos de Dios, porque ni tu- 
uíesse el suyo, ni el primero, le llamaron el 
valle de Hebron, por las consideraciones que 
a ellos les pareció, ansí por la semejan9a en 
la fertilidad y frescura con aquel insigne valle 
de Mambre, donde viuio el santo Patriarca 
Abraham, padre de fe y obediencia, a quien 
miran como tronco viejo todos los que dexan 
al llamamiento de Dios, su patria, padres, y 
parientes, como por tener algún nombre de la 
tierra santa donde viuio su padre San Geró- 
nimo: sino es que entendiendo la significación 
del nombre de Hebron, que quiere dezir com- 
pañía, significaron con ello la junta y amistad 
santa en que se retirauan del mundo. Padece- 
mos aqui la misma falta que en todo lo demás, 
pues no nos quedo relación alguna de las 
vidas de estos santos varones, quedando 
sepultadas sus hazañas entre aquellos arbo- 
les. Solo sabemos que eran tales que su 
nombre se ohia en toda aquella tierra, y de 
allí se derramo la fama tanto, que en toda la 
corona de Aragón auía mucha noticia de su 
santidad, y de las cosas que el Señor obraua 
por ellos. Llego al fin la noticia a la deuota 
Reyna doña Violante, o Volante, segunda 
muger del Rey de Aragón, llamado don luán 
el primero. Acordó hallándose en Barcelona el 
año de mil y trescientos y nouenta y tres, yr 
a visitarlos, estimando en mucho este tesoro 
de su reyno, y pareciendole era bien gozarte, 
teniéndole tan cerca, fue alia: contemplo con 
mucha prudencia el trato santo de sus vidas, 
noto bien su humildad, y pobreza, el alegria 
de las almas, que se trasluzia bien en la de los 
gestos, vn trato llano sin doblez, recatos, ni 
hypocresia: comunico a algunos dellos, díoles 
cuenta de sus trabajos, y de los de los reynos, 
rogándoles encomendassen a Dios con cuyda- 
do las cosas del, las suyas proprias della, y 
de su marido. Hallólos en todo lo que quiso 
entender tan canales, y de tanto espíritu, que 
entendió no le auían dicho cosa demasiada, 
los que le auían encarecido la santidad de 
Francisco Soler, y de sus compañeros, lo 
mismo aprouaron los caualleros que yuan 
seruiendo a la Reyna. Todos quedaron aficio- 
nadissimos a los Hermítaños, y enamorados 
del sitio, que parecía vn Parayso, y ellos vnos 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



101 



Angeles. Desseaua la Reyna que huuiesse 
muchos de aquellos en su reyno. Considerada 
la estrecheza que tenían en todo, en el habito, 
y en la comida, y aposento (parecían las cel- 
dillas mas sepulturas de muertos, que morada 
de viuos) acordó de darle a todo mejor forma. 
Mando luego que les proueyessen lo que hu- 
utessen menester para sustentarse y vestirse, 
porque padecían mucho trabajo en buscarlo, 
que aunque les bastaua poco, estimauan en 
mucho el tiempo que ocupauan en adquirillo. 
Concibió luego vn santo proposito la Reyna, 
mouida de la deuocion de S. Gerónimo, y de 
sus Hermitaños, de edificar en aquel lugar vn 
monasterio de su Orden nueua del santo 
doctor que en España cobraua tanto nombre: 
declaróles su proposito a los sieruos de Dios, 
diziendo que pues ellos tenían tan por su 
patrón a este insigne doctor, si ellos querían 
juntarse con los religiosos, que ella traheria a 
poblar el nueuo monasterio, viuirian en mas 
quietud, y en mayor y mas segura perfecion 
de vida. Los Hermitaños alearon las manos al 
délo, haziendo gracias a Dios, porque no 
auia despreciado sus ruegos, besaron las de 
la Reyna por la merced que les hazla, y ansí 
se despidió dellos. No se le enfriaron los pro- 
pósitos a la Reyna, dio luego parte a su ma- 
rido el Rey don luán, que también alabó su 
proposito, por el buen nombre que la religión 
de S. Gerónimo tenia. El intento de la Reyna 
en estos principios no fue mas de edificar vna 
casa pequeña para vn Prior, y doze religiosos, 
porque como oyan dezir que por lo menos en 
esta Orden no se auia de admitir casa con 
menor numero de Frayles, parecíales que no 
tenían mucha gana, ni gustauan de ser mas 
los religiosos de S. Gerónimo: y con esto los 
pensamientos de la Reyna quedaron cortos, 
dexado a parte, que la pobreza de los Reyes 
de Aragón era entonces mucha, consumidos 
con las guerras. Lo prímero en que la Reyna 
doña Violante puso la mano fue en sacar vn 
príuilegio, para que todo quanto comprasse 
de sitio, tierras, rentas, heredades para el 
futuro monasterio del Valle de huerta, o de 
Hebron, que queria edificar, fuesse libre de 
t6do pecho y tributo para siempre. Concedióle 
esto el Rey don luán con mucha voluntad. 
Añadiendo en el priuilegio, que en esto y en 
todo lo demás gozasse el monasterio de todas 
las libertades y exenciones que el y sus ante- 
passados auian concedido al real monasterio 



de Róblete, al Abad, monges y vassallos del* 
con tan pleno príuilegio, como si el mismo 
monasterio fuesse, y da por expressas todas 
las cosas en que goza desta libertad, como si 
de cada vna se hiziera particular mención. 
Concedió el Rey don luán este priuilegio en 
Valencia a diez de Marqo el año 1393. Esto 
mismo pidió la Reyna al Papa Clemente Vil- 
que estaua en Auiñon, y se lo concedió con la 
misma largueza, cometiendo la examinacion y 
processo de todo el negocio a Gerardo Obispo 
de Lérida, y al Dean de la Iglesia de S. Pedro 
de Auiñon, y prouísor (o como alia dízen) ofi- 
cial de la Iglesia de Vique para que juntos, o 
cada vno por si lo hiziessen según la petición 
de la Reyna, y pusiessen el numero de reli- 
giosos que conforme la regla, y modo de vida, 
y rentas se pudiessen sustentar. La bula se 
concedió el año XV. de su Pontificado, que 
fue el mismo del Señor de 1393. y luego el 
mismo año a 17. de lunio, concedió otro breue 
a petición de la misma Reyna, confirmando 
todas las libertades y priuilegios que auia 
concedido su marido el Rey don luán al dicho 
monasterio, con la dotación de dozíentas 
libras Barcelonesas de renta perpetua, que 
son dos mil reales (tan barato, y tan pobre 
era aquel siglo) y sin duda eran mas que 
agora dos mil ducados, que para tan poco 
numero de religiosos no era mal dote. Soco- 
rrió luego el Rey a la Reyna con tres mil flori- 
nes, para comentar la obra: y dio de las rentas 
reales las dozíentas libras Barcelonesas, aña- 
diendo setenta y cinco mas, que por todo eran 
cinco mil y quinientos sueldos. Dio luego la 
Reyna poder a Miguel Rourer tesorero del 
Rey, y a layme Copí camarero de la misma 
Reyna, para que comenijassen el edificio del 
monasterio con mucho calor, y hiziessen todos 
los autos y diligencias necessarías en el nego- 
cio. Hallase agora en la carta de dotación que 
hizo la Reyna, como en diuersas partidas vino 
a cumpHr las dozíentas y setenta y cinco 
libras de moneda Barcelonesa, que fue el 
priuilegio que auia dado el Rey don luán su 
marido: y sin esto, entrego seys mil florines 
de oro a sus dos Procuradores para la fabrica, 
sin otros tres mil que auia dado el Rey. An- 
daua tan codiciosa, y tan heruorosa la santa 
Reyna con su monasterio, que no perdía punto 
de sazón y tiempo, para concluyr su desseo. 
Auia hecho venir a Barcelona donde ella 
estaua, al Prior de S. Gerónimo de Cotalua, 



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102 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



con otro religioso, y al Obispo de Lérida Ge- 
rardo que era el juez Comissario señalado 
por el Papa: los procuradores que la Rcyna 
auia escogido, eran también muy deuotos del 
glorioso doctor S. Gerónimo, todos se dieron 
buena diligencia: presentados los poderes, y 
los priuilcgios del Rey, los breues del Papa al 
Obispo, le suplicaron y requirieron diesse 
licencia para edificar el monasterio, claustro, 
e Iglesia, dormitorio, y otras offícinas neces- 
sarias a la vida religiosa. El Obispo lo miro y 
examino todo con mucha diligencia, aprouo el 
dote, y todo lo demás que se requería para 
la fabrica, y dio cumplida licencia por el poder 
y autoridad Apostólica que tenia, para la fun- 
dación en Barcelona, a veynte y siete de 
Agosto el año mil y trezientos y noventa y 
tres. Confirmo también por la misma autori- 
dad Apostólica todas las mercedes y priuile- 
gios que el Rey don luán, y la Reyna doña 
Violante le auian hecho, y todas quantas de 
alli adelante le hiziessen ellos, y los Reyes sus 
sucessores, como si ya fueran hechas, y señalo 
muy anchos términos al monasterio en aquel 
valle y sierra, los quales se obligo la Reyna 
de comprarle, como de hecho los compro des- 
pués. Hallóse presente a todo esto F. layme 
luán Yuañez Prior que aun en aquella sazón 
era de Cotalua, con su compañero F. luán 
Royer. 

Auia experimentado la Reyna en todo este 
tiempo y discurso de sus desseos deuotos, la 
prudencia del Prior y la santidad de entram- 
bos, parecióle que saldría todo muy como lo 
deseaua, si el sieruo de Dios f uesse el primer 
Prelado de su Conuento, y plantasse en lo es- 
pirítual aquella casa con la perfecion que sa- 
bia auia fundado la de Cotalua: declaróle con 
muchas veras esta su voluntad, y la del Rey su 
marido: El sieruo de Dios que de veras era 
humilde, díxo, holgara que sus Altezas esco- 
gieran otro de mayor sufficíencia, porque si 
algo bueno auia hecho en Cotalua, no era por 
su industría, ni prudencia, sino por la gran 
santidad de los compañeros, que le ayudauan. 
De esta respuesta se holgó mucho la Reyna, 
porque con ella tomo ocasión para hacer ve- 
nir otros religiosos del mismo Conuento, y 
insistiendo con Fray layme luán, que acepta- 
sse lo que le pedia, el sieruo de Dios lo acep- 
to, y dio luego su poder a Fray luán Royer, 
para que en su nombre fuesse a Cotalua y 
renunciasse el Priorato, porque la Reyna no 



le dexo vn punto de su lado, ni salir de Bar- 
celona hasta ver assentado todo el negocio 
de su monasterio. Partióse Fray luán, acom- 
pañóle el Tesorero, y Camarero del Rey y 
Reyna, que lleuauan cartas de entrambos para 
Mosen Antonio Mateo, Vicario general del 
Cardenal don layme, y Obispo de Sao, y Ad- 
ministrador perpetuo de la Cathedral de V»- 
lencia, en que le pedian, y mandauan fuesse a 
Cotalua, y admitida la renunciación del Prio- 
rato, les confirmasse la elecion de otro Prior: 
y juntamente con esto les mandasse diessen 
licencia a otros siete religiosos de aquel con- 
uento, para que f uessen a viuir en la obedien- 
cia de F. layme luán Yuañez, al nueuo monas- 
terio del valle de Hebron, que la Reyna que- 
ría edificar, y los absoluiessen a todos de la 
filiación y obediencia del monasterio de Co- 
talua. Ansi se hizo todo: fue alia Antonio Ma- 
teo. Era Vicario a esta sazón en Cotalua (So- 
prior le Ilamauan entonces) F. luán de Cuenca: 
visto el mandato de la Reyna y Rey, la renun- 
ciación del Priorato, y el mandato del Proui- 
sor, y Vicario general (estauan entonces los 
monasterios sugetos al ordinario) juntó Capi- 
tulo, y admitida la renunciación del Priorato, 
dio por vaca la casa y licencia, con todos los 
demás, para que F. layme luán Yuañez, y to- 
dos los que la Reyna señalaua (que eran siete 
sin el) fucssen a poblar el monasterio. Par- 
tieron luego los religiosos, entre ellos era 
vno F. luán Leroyer, que fue el primer Procu- 
rador del conuento, y el que meneo toda la 
fabrica. Queriale la Reyna mucho, por ser 
Francés de nación como ella, y mas por ser 
santo. Llegaron a Barcelona, fueron a besarle 
las manos: recibióles con grande amor y ale- 
gria. Al punto mandó al juez y comissario 
Apostólico, que confirmasse en Prior del mo- 
nasterio a F. layme luán, y los pusiesse a to- 
dos en la possession del sitio de la hermita y 
celdas. Auialas reparado lo mejor que auia 
sido possible, para que alli hiziessen luego 
vida religiosa, según la industria y consejo que 
hauia dado en todo F. layme luán. Hlzolo lue- 
go el Obispo de Lérida: diolea todo el derecho 
espiritual y temporal que pudo, por virtud de 
las letras Apostólicas: y puestos en la posse- 
ssion, juró el Prior F. layme luán en las ma- 
nos del Obispo, y sobre los quatro Euange- 
lios, que administrarla aquel Priorato en lo 
espiritual y temporal, lo mejor que pudiesse, 
y supiease, con la gracia del Seflor: y ansí 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN OERONIMO 



103 



quedó hecho aquel sitio, monasterio de la or- 
den de S. Gerónimo, en diez y ocho días de 
Otubre, de 1393. como consta por todos los 
autos juridicos que se guardan en el archiuo 
de aquella casa. Esto passó todo en Barcelo- 
na, y dos días después, que fue Lunes veynte 
de Otubre, fueron a la yglesia y hermita, y 
allí con toda alegría y solenidad, se tomó la 
possession: el Prior mando tañer la campana, 
y juntar Capitulo: hizieron muchas gracias a 
nuestro Señor, por auerlos traydo a fundar 
de nueuo aquel monasterio, donde también 
ellos como de nueuo, comenqassen el heruor 
de su vida religiosa. Era este el año sexto de 
Rcyno de don luán el primero de Aragón: y 
el quarto del Pontificado de Bonifacio IX. en 
Roma: y el decimoquinto del Pontificado de 
Clemente VIL en Auiñon: y el tercero del rey- 
no de don Enrique el enfermo. Rey de Casti-^ 
lia, y padre de la Reyna doña Maria Reyna de 
Aragón, que acrecentó, como luego veremos, 
mucho este monasterio* Tenia también la Rey- 
na hecha otra diligencia bien extraordinaria, 
y la primera que se hizo en la orden de san 
Gerónimo, que alcanzo del Papa Clemente VIL 
otra bula para que el Prior y conuento de Val- 
debron fuesse excmpto de toda otra juridi- 
cion de los ordinarios, ansi de la jurisdicion 
del Arzobispo de Tarragona, como del Obis- 
po de Barcelona, y que en todo fuessen inme- 
diatos a la sede Apostólica: y ansi lo eximio 
luego el mismo Obispo de Lérida por la comi- 
ssion Apostólica que tenia. Después el Papa 
Benedicto XIIL declaró por otra bula, que 
aquel Conuento no tuuiesse dependencia, ni 
sujeción a otro alguno de la Orden, y que en 
solas las eleciones, y no en otra cosa tuuiessen 
recurso al Obispo de Barcelona, para que el 
confirmasse el Prior del dicho monasterio. 
Concedió también el mismo Clemente VIL a 
petición de la misma Reyna vn breue, para 
que absoluiessen de todos los escrúpulos y 
dudas que podían tener a F. layme luán Yua- 
ñez Prior, y sus siete compañeros religiosos 
de Cotalua, en lo de las ydas, y obediencias, 
y juramentos que auian hecho al primero mo- 
nasterio, para quietud de sus conciencias, y 
cometiólo todo al Obispo de Barcelona, y ansi 
mismo, para que supliesse todos los defectos 
que en estos actos, possessiones, compras, y 
dotación huuíessen interuenido. Confirmando 
todo lo hecho, y aprouandolo, para que jamas 
causasse en almas tan quietas alguna cosa 



destas, desassossiego, o temores. Passion 
propría de los muy obedientes y humildes, 
que de qualquier cosa temen, hasta que lle- 
gan caminando a aquel estado feliz en que la 
perfecta caridad echa fuera el temor. 

Hechas todas estas diligencias, quisiera la 
denota Reyna, por no ver a sus nueuos Ge- 
rónimos en tan estrechas celdillas, comenc^ar 
luego el edificio del monasterio, como lo tenia 
pensado: no pudo, porque estaua ya a la boca 
del inuíerno, entre tanto se apearon, y tassa- 
ron las tierras que estañan mercadas para 
heredad, sitio, y fabrica, pagólas luego con 
mucha liberalidad. Eran muchas y de muchos 
dueños, y sus dos Procuradores, tesorero, y 
camarero se dieron tan buena maña (aunque 
el negocio era embarazoso) que en poco tiem- 
po lo concluyeron todo, y lo dexaron muy 
llano, haziendo muy firmes asientos y escri- 
turas. El sitio donde se planto el monasterio 
era de Bernardo de Pía, maestro de Capilla 
de la Cathedral de Barcelona, y le offreclo 
con mucha voluntad por la deuocion que tenia 
al santissimo doctor de la Iglesia San Geró- 
nimo, y entregó todas las escrituras a sus re- 
ligiosos, pareciendole cosa justa que el maes- 
tro de la Capilla fauoreciesse al que auia de 
ser coro de Angeles; otros ciudadanos acu- 
dieron con mucha voluntad a la nueua reli- 
gión, ayudando como mejor podían, porque 
en lo poco que auian tratado a los religiosos^ 
les dio tan buen olor de lo que auia de ser 
adelante, que lo dauan todo por bien emplea- 
do. No se ha perdido la memoria de ninguno 
(aunque yo por abreviarlos passo en silencio) 
oy en día los encomiendan a Dios con el mis- 
mo heruor que si ayer les hizieran el bene- 
ficio, proprio de la religión de S. Gerónimo 
el agradecimiento eterno a sus bienhechores, 
conseruando la memoria aun de muy peque- 
ñas cosas. Abrieron los fundamentos de la fa- 
brica real a 14. de lulio, año de mil y trezien- 
tos y nouenta y quatro, día del glorioso doc- 
tor S. Buenauentura, y en el se puso la pri- 
mera piedra. Comentóse la obra con mucho 
calor, los cimientos fueron muy hondos, por- 
que la sierra, y el sitio era muy desigual, con- 
tinuóse hasta el año mil y trezientos y no- 
uenta y siete, desde entonces paró (podemos 
dezir) hasta oy, porque nunca mas se continuó 
con la primera tra^a. La ocasión fue la triste 
y desgraciada muerte del buen Rey don luán 
marido de la denota Reyna Volante fundado- 



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104 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



ra, la muerte fue el año de mil y trezientos 
y nouenta y seys. Cayó de vna muía andando 
a caga tan desgracíadameute, que nunca mas 
habló, murió de alli a poco, llenáronle a sepul- 
tar al monasterio de Poblete. Quedó con esto 
la Reyna Biuda, pobre, sola, en tierra agena, 
con muchos trabajos. Sucedió en el reyno 
(por no auer tenido hijos del Rey don luán) 
el Infante don Martin su hermano con quien 
la Reyna auia tenido algunas pesadumbres. 
Al tiempo que el Rey murió, estaua en Sicilia 
por apartarse de la cuñada: con esto ni ella 
se atreuió a pedirle fauor para proseguir la 
fabrica comenc^ada, ni el se lo diera, porque 
no estaua oluidado de los encuentros passa- 
dos, que no fuera malo, que como Rey los 
oluidara. No mostró con todo esso desamor 
al monasterio, pues oy se guardan algunos 
priuilegiós que le concedió por respeto del 
Rey don luán su hermano. Por la necesidad» 
y mas por la deuocion, acordó la Reyna reco- 
gerse en el monasterio de Pedralbes, que esta 
en vn desierto a vna legua de Barcelona (de 
quien ya hizimos memoria) y como quien de 
veras auia prouado lo que valia quanto pro- 
mete el mundo, y la cumbre de sus glorias 
vanas; a pocos dias que alli estuuo, lo renun- 
ció todo yse determino viuir alli el resto que 
le quedaua de la vida, aunque no se metió 
monja, ni hizo mudanza de estado. No se ol- 
vidó en medio de esta soledad, y pobreza de 
su monasterio de Valdehebron, ni mudó el 
animo Real, la aduersidad de la fortuna. Ayu- 
daua a la fabrica quanto podia, tenía en el 
alma su San Gerónimo y sus Gerónimos, diole 
al Prior mil sueldos de renta para la casa 
mientras ella viuiesse, para ayuda a la fabrica, 
otra vez le dio cien florines de renta perpetua, 
otra pago dos mil sueldos que se deuian para 
la continuación de la fabrica: quitaua todo 
esto la denota Reyna de su plato, y de su ser- 
uicio, en que se vee la gran piedad de su alma, 
y la afición que auia cobrado a los religiosos: 
y si fueron alabados los dos cornados de la 
Biuda por el Señor, que solo es el que sabe 
poner el precio a las cosas (y la razón que dio, 
fue que los offrecio de su misma necessidad) 
que precio tendrán los de vna Reyna, que lo 
quitaua de la boca, auíendose visto en tal es- 
tado, y al tiempo de la mayor necessidad? Sin 
duda fueron de grande mérito tales offrendas. 
No se contentó con esto, sino que desde alli 
procuró con el Papa Benedicto XIII. que la 



Iglesia parrochial de San Qines de Agudellcs, 
o de Huerta se vniesse al monasterio, porque 
estaua fundado dentro del termino, y que el 
Prior pusiesse vn Cura perpetuo. Y ansí se 
hizo el año 1398. que tomó la possession el 
mismo Prior Fray layrae luán, y después se 
vnio de todo punto a petición de la misma 
Reyna, y el Prior y Conuento son Curas, y 
ponen el Clérigo que les parece, para admi- 
nistrar el oficio. Labró pues la devota se- 
ñora toda la Iglesia, desde sus fundamentos 
con quatro Capillas muy grandes, sin la ma- 
yor, que es de mucha magestad, y de lo bueno 
de aquel tiempo. Cubrió toda la Iglesia de ar- 
cos de piedra: en las quatro clases dellos, an- 
tes de la Capilla mayor puso las armas Reales- 
en la parte derecha del escudo, las de Aragón; 
en la otra dos flores de Lis, y dos peces que 
parecen barbos; en la claue del arco de la Ca- 
pilla mayor puso la Ggura de su gran deuoto 
San Gerónimo; quedó la Iglesia muy bien aca- 
bada, y denota, adornada también con cruces, 
cálices, patenas, ornamentos, y otras joyas 
de plata con que se siruiesse el altar, todo 
con mucho valor de animo y grandeza real, y 
tras esto lo que es de mas estima, ninguna 
obligación de Míssas, vigilias, ni anniuersa- 
rios, tanta confianza tenia 4e sus religiosos, y 
ellos con esto se sienten hasta oy tan obliga- 
dos, que nunca acaban de agradecerlo, ha- 
ziendo por su alma lo que jamas se atreuiera 
a pedir ningún Principe. Viuio la santa señora 
después de la muerte del Rey don luán su 
marido treynta y seys años, en grande san- 
tidad y recogimiento, en el mismo monasterio 
de Pedralbes, murío a tres de lulio, el año mil 
y quatrocientos y treynta y vno. Esta ente- 
rrada (según algunos dizen) en el monasterio 
de Poblet con su marido, otros dizen que en 
Pedralbes, donde acabó la vida. Esta casa de 
Valdehebron podemos dezir absolutamente 
que es la primera fundación de las casas rea- 
les de la Orden de S. Gerónimo en España: 
porque aunque les deuemos a los Reyes la 
fundación de nuestra Señora de Guadalupe, 
no llamo ya aquella fundación real, sino diui- 
na, pues sin duda la fundadora es la Reyna 
del vniuerso. 

En el tiempo que aun viuia la Reyna doña 
Violante, sucedió que vn mercader muy rico 
de Barcelona, que se llamaua Bertrán Nicolás 
varón muy pió, de quien haremos adelante 
mucha memoria, mouido de la deuocion de 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



105 



nuestro gran doctor S. Gerónimo, y aficionado 
en extremo a sus religiosos, como vio el mo- 
nasterio comenzado, y la pobreza de la Reyna, 
y que no lleuaua camino de acabarse, fuese 
al Prior y Frayles, y dixoles que el se off recia 
a hazer el claustro, y celdas, y todas las de- 
mas oficinas que faltauan muy cumplidamente, 
y se offrecia mas a cercar todo el termino de 
la sierra y monte que estaua comprado por 
del monasterio, con pared muy alta y firme, y 
que dentro della haría doze hermitas, para 
doze hermitaños, y daria renta para susten- 
tarlos: a todo esto se ofreció de su voluntad, 
y que lo cumpliría con mucha breuedad. No 
tuuo efeto, porque el prior y los frayles res- 
pondieron, que ellos no podian admitir cosa 
alguna, siendo viua la Reyna su fundadora, 
que le darian auiso a su Alteza, y siendo su 
voluntad, lo aceptarían. La Reyna no quiso 
admitirlo, antes mostró algún sentimiento, de 
que Beltran Nicolás quisiesse poner mano en 
lo que ella auia comentado. Respondió que 
dándole Dios vida, ella pensaua acabarlo todo: 
y quando no, que Dios lo pondría en el cora- 
ron de alguna persona real. Respuesta de alto 
y generoso pecho, y permisión de Dios: por- 
que viéndose despedido desta suerte el mer- 
cader, tomo ocasión de fundar otro monaste- 
rio de la orden, como después veremos. Ni 
perdió por esto el amor y deuocion que auia 
cobrado el varón pió, a los religiosos de Val- 
dehebron: hizoles mucha lymosna, y es de los 
mas principales bienhechores que tiene aque- 
lla casa. El mismo mercader año de mil y qua- 
trozientos y treze, que fue en el que intentó 
acabar el edificio, les mando en su testamento 
nouenta mil sueldos, para que los echassen en 
censo, e hiziessen renta para la casa. Mando 
también otras dozientas libras, que son dos 
mil reales, para que se edifícassen seys celdas 
para seys sacerdotes religiosos que se ocu- 
passen en ser sus Capellanes, y dixessen 
Missa por el cada dia, y hiziessen el oficio di- 
uino apartado y distinto del Conuento, con 
otras obligaciones, que por parecerles pesa- 
das los religiosos no quisieron admitir la Le- 
gada» y manda del testamento, aunque de- 
xaua los nouenta mil sueldos para el sustento 
destos seys religiosos, todo a disposición del 
Príor. A los religiosos que después sucedie- 
ron, les i^arecio que auia sido inconsideración 
no aceptarlo: tornaron a pedirlo, estaua gas- 
tada mucha parte dello en el hospital general 



de Barcelona, a quien dexo Beltran Nicolás 
por su heredero, vinieron a concierto el mo- 
nasterio, y el hospital, y diole quarenta y dos 
mil sueldos, y los juezes arbitros ante quien 
se determino esto, encargaron al monasterio 
cumpliesse con la intención del difunto, en la 
forma mejor que pudiessen, y ansi se haze 
bien, con aprouacion del Papa Inocencio VIH. 
a quien se pidió el año 1488. la dispensación. 
Muerta la Reyna doña Violante, quedando 
la casa de Valdehebron por acabarse, tan re- 
mendada y pobre, los religiosos en vnas cho- 
quelas y primeras celdillas en suma estre- 
cheza, trataron de juntarse cbn la otra casa 
que fundó Beltran Nicolás, que como veremos 
se llamó la Murta, y por faltaries el bienhe- 
chor al mejor tiempo, quedaron en poco rae- 
nos pobreza. No tuuo efecto esta junta, aun- 
que estuuo muy adelante, porque Dios no te- 
nia oluidados a sus sieruos, y quería tener 
dos templos donde ser continuamente alabado 
y seruido en aquella tierra. Mostraron bien 
en estos aprietos y pobreza los religiosos de 
Valdehebron, la riqueza de espíritu, y dieron 
grande exemplo de humildad, y de paciencia, 
acudiendo tan de veras a los diuinos oficios, 
y siendo tan puntuales en las regla de su ob- 
seruancia, como sino les faltara nada para vn 
caual monasterio. Estauan todos muy edifica- 
dos con sus vidas, sucedió que vino a Barce- 
lona la Reyna doña Maria,muger del Rey don 
Alonso el quinto, llamado el Sabio y magná- 
nimo, hija del Rey don Enrique el tercero de 
Castilla, llamado el enfermo. Entendió la vida 
tan santa que hazian los religiosos Geróni- 
mos, quiso visitarlos, porque tenia mucha no- 
ticia de los de Castilla y era muy denota del 
glorioso padre y doctor S. Gerónimo, y de su 
religión. Vio el sitio, y diole grande gusto la 
amenidad y frescura de la montaña, y la her- 
mosura de las vistas, que son de grande con- 
tento, ansi por la verdura de que están siem- 
pre vestidos aquellos valles y sierras, como 
por descubrirse toda la ciudad de Barcelona 
hasta las mas pequeñas casas, y sobrepujando 
la vista por encima dellas, se enseñorea toda 
la playa, y la ribera, donde se veen llegar, en- 
trar y salir las ñaues y galeras, y las muchas 
poblaciones que están en contorno de la ciu- 
dad, hermosean la campaña con vna variedad 
de mucho deleyte a la vista. Consideró la 
Reyna la gran estrecheza en que viuian aque- 
llos sieruos de Dios, miró la planta del edifi- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



cío; y los cimientos sacados de tierra, lo vno 
y lo otro la mouieron a compasión. Auísado 
el Prior que a la sazón era*, del animo y pie- 
dad de la Reyna, se atreuio a suplicarle pu- 
siesse sus ojos en aquella desamparada casa, 
fundación de vna Reyna tan pía y santa como 
su antecessora doña Violante. No fue menes- 
ter mucho para inclinarla a lo que ya tenia en 
desseo. Era muger de alto juyzio y valor, go- 
uernaua aquellos Reynos con mucha pruden- 
cia, por ausencia del marido, que estaua casi 
siempre en Italia, conquistando y defendiendo 
el Reyno de Ñapóles contra los Reyes de 
Francia, que como mas poderosos fatígauan 
al magnánimo don Alonso, que aunque no te- 
nia tanto fauor ni riqueza, sobrepujaua con 
el valor y el animo. Por esta ocasión tan 
fuerte estaua el reyno muy gastado y alcan- 
zado, con todo esso la valerosa Señora se of- 
freció a acabar el monasterio, ayudándose de 
personas deuotas y criados de su casa, para 
que se acabasse mas presto. Offrecieronse 
muchos de buena gana a seruirla en estOi 
porque era muy amada y querida de todos 
sus vassallos y criados, y la obra les pareció 
a todos pia y santa, y ansi se comenzó luego 
el mismo año que ella vino al monasterio, que 
fue el de mil y quatrocientos y treynta y ocho, 
siete después de la muerte de la Reyna doña 
Violante. Quiso que siruiessen las azemilas de 
su recamara en la fabrica, y de las pocas que 
entonces lleuaua dio dos, ayudaua con dine- 
ros lo mejor que podía. El Obispo de Barce- 
lona, y el Arzobispo de Zaragoza, y otros mu- 
chos Prelados y señores contribuyeron como 
mejor ppdian, y según la deuocion que tenían. 
Edifícose con esto vn claustro, aunque pe- 
queño, de buena traga, celdas, refetorío, dor- 
mitorio, y otras oficinas. Tenia la Reyna gran- 
des propósitos de mejorarlo todo, mucho, y 
alcanzarles algunas rentas, de hecho lo hizo» 
aunque por muerte del Pontifice no tuuo ef- 
fecto, porque quiere nuestro Señor que sus 
sieruos viuan con aprieto y estrecheza de 
todo lo temporal, para quien tiene guardados 
bienes grandes y eternos. Edificó también 
esta valerosa Reyna vn monasterio de mon- 
jas en la ciudad de Valencia con titulo de la 
Trinidad, que es de lo muy bueno de aquella 
ciudad. No se oluidó por esto jamas del mo- 
nasterio de Valdehebron mientras viuio, ni 
aun en la muerte, porque entre otras mandas 
y legados píos, dexó en el testamento que 



hizo (vn año antes que muriesse) al monaste- 
rio de Valdehebron quatro mil florines, y se- 
ñaló por su testamentario a F. Ramón luán 
Prior del mismo monasterio, y que le diessen 
dozíentos florines. Era este sieruo de Dios 
varón de mucha prudencia, y de mayor santi- 
dad. Fue treynta y nueue años Prior de aquel 
Conuento, cosa que arguye bien lo vno y lo 
otro. Este testamento hizo la Reina en el mo- 
nasterio del Carmen de la ciudad de Zara- 
goza, año mil y quatrozientos y cinquenta y 
siete, a 21. de Hebrero. Murió el Rey don 
Alonso su marido en Ñapóles el año 1458. a 
28 de lunío; sintió tanto la Reyna la ausencia 
del querido marido que le siguió dentro de 
pocos meses, y passo al cielo en su compañía 
a siete de Setiembre del mismo año. Está se- 
pultada en su monasterio de monjas de la 
Trinidad de Valencia. La manda que hizo a 
Valdehebron se cobró tarde y mal, concertán- 
dose el monasterio con el Rey don Fernando 
el Católico en la mitad, porque es desdicha 
común a los Reyes cumplirse mal sus testa- 
mentos. Dexó esta Reyna al monasterio de 
Valdehebron entre otras joyas vna muy pre- 
ciosa reliquia de Lignum crucís en vna cruz de 
plata dorada, adornada con muy ricas piedras, 
y perlas, y por ser tan notable, y tan auten- 
tico el milagro que con el acaeció, lo diré aqui 
por las almas pías, breuemente. Quiso el Prior 
y Conuento vna vez sacar el Lignum crucis 
del encaxe que tenia en esta cruz, y ponerlo 
en otra de mejor forma, y hechura. Llamaron 
vn platero para esto, sacó de vna caxa de cu- 
chillos que traía vno: quitó el viril que estaua 
encima, y quando llegó con la punta del cu- 
chillo a la reliquia, se quebró sin ninguna vio- 
lencia, quedándose con la empuñadura sola 
en la mano, y salió vna gota de sangre, del 
lugar donde topó la punta del cuchillo. No re- 
paró en esto mucho el official, entendiendo 
que el cuchillo estaua de antes quebrado, ni 
tan poco vio la gota de sangre; tomo otro, 
prouó como con el primero a sacar la reliquia, 
y quebróse a cercen por la misma parte, sa- 
liendo otra gota de sangre del Lignum crucis, 
donde toco con la punta; ya aqai se quedo 
marauillado, reparó y púsole algún temor, 
mas no tanto que luego no prouasse con otro 
tercero. Sucedióle lo mismo, aduertieron to- 
dos en la marauilla, miraron la reliquia pre- 
ciosa, y vieron en ella las tres gotas de san- 
gre en tres lugares distintos, y aun oy en dia 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



107 



se señalaii bien claramente, y se conscruan 
los cuchillos quebrados, fieles testigos del mi- 
lagro. No se atreuieron mas a tocar en la re- 
liquia» y ansi se esta en la misma cruz de 
plata en que la entrego la deuota Reyna. En 
sacando al cielo abierto la preciosissima joya, 
huyen los nublados y se asseguran en el mo- 
nasterio, y en todo su termino de rayos y 
otras tempestades, prueua hecha muchas ve- 
zes por los religiosos del Conuento, ni hasta 
oy se ha visto en medio de aquella sierra des- 
gracia destas, aunque las experimentan bien 
continuas los comarcanos. Con otras muchas, 
y muy notables reliquias enriquecieron estas 
Reynas fundadoras esta santa casa, que seria 
largo hazer catalogo dellas, y de otros mu- 
chos bienhechores que ayudaron con sus ly- 
mosnas a este Conuento, aun que todas no 
han bastado, para que no sea pobre en lo 
temporal, aunque sin duda en lo espiritual 
muy rico, y señalado en varones, en esta 
santa Religión, como lo veremos adelante en 
sus proprios lugares. Vna sola cosa diré aqui 
porque les toca a todos los de aquel Con^ 
uento en general, y se puede tener por mila- 
grosa. Acostumbran en todo aquel rey no, y 
casi en toda la corona de Aragón, enterrar 
sus defuntos en carneros, o bouedas a imita- 
ción de los cemeterios antiguos de Roma, no 
en sepulturas distintas, como en Castilla. Ay 
en este monasterio en la pieqa que sirue de 
capitulo, que no es muy grande debaxo della 
dos destos carneros, o por mejor dezir vno, 
que lo diuide vn solo tauique de ladrillo. En el 
vno se entierran lo$^ seglares que de quando 
en quando algunos por su deuocion escogen 
aquel encierro, en el otro los religiosos del 
Conuento: quando se offrece abrirle para los 
seglares, sale el mal olor que de otra qual- 
quier sepultura, y cuerpos corrompidos harto 
penoso de sufrir para el Conuento. Mas quan- 
do se abre el de los religiosos (veense desde 
lo alto muchos cuerpos enteros y los conocen 
por los rostros) no solo no se siente algún 
mal olor, mas antes suauidad grandísima que 
recrea el sentido, conseruan aquellos vasos 
el buen olor de lesü Chrlsto, que trüxeron en 
cuerpo y alma viniendo. Mostrado he como se 
plantó en todos los contornos de España la 
religión de S. Gerónimo por los Hermitaflos 
que estañan en lugares tan distantes repar- 
tidos, y escondidos del trato humano, sin sa- 
ber vnos de otros, bullendo en las almas de 



' todos vn designo (o por dezirlo ansí) vn mo- 
tiuo del espíritu de Dios, para que desper- 
tassen este celestial estatuto, donde se des- 
cubre claro lo que voy muchas vezes aduir- 
tiendo, que no fue tra^a, ni ingenio de hom- 
bres, y que se cumplió muy de veras la pro- 
phecía de Tomas Sucho Senes, que veya al 
Espíritu santo descender sobre España en la 
fundación de vna Religión: y pues Dios no le 
reueló tiempo limitado, esperemos en su mi- 
sericordia que la ha de sustentar mientras 
durare su Iglesia. Tenemos pues ya assentada 
la Religión de San Qeronimo en Castilla, Va- 
lencia, Portogal, y Catalunia: y si bien se mira, 
todo tiene fundamento en los Hermitaños de 
S. Bartolomé de Lupiana. Pues dellos, o por 
su imitación y exemplo, ha salido todo. Falta 
veamos, como se fue multiplicando y cre- 
ciendo, hasta que vino a juntarse debaxo de 
vna cabeqa y vn general, y a eximirse de la 
jurisdicion de los ordinarios: lo qual tratare 
en lo que falta deste primero libro. 

CAPITVLO XXII 

Lo que sucedió en la Orden^ desde que Fray 
Fernando Yañez sallo de San Bartolomé de 
* Lupiana, para fundar a Guadalupe, y la 
fundación de San Bla^ de Vlllauklosa,^ 

En saliendo Fray Fernando Yañez del mo- 
nasterio de San Bartolomé de Lupiana, donde 
era Prior con los treynta y dos religiosos a 
fundar el monasterio de nuestra Señora de 
Guadalupe, los que quedaron (dizen algunos 
que no fueron mas de f eynte y siete), en te- 
niendo noticia de la renunciación del Priorato 
de S. Bartolomé, trataron de elegir Prior. La 
primera diligencia que hizieron en esta se- 
gunda elecion, fue ponerse todos en oración, 
suplicando de todo coraron al Señor les 
diesse tal cabeíja, que su santo seruicio se 
aumentasse con ella. Dixeron luego Missa 
del Espíritu santo, e inspiró en los corazones 
de todos de tal suerte, que sin faltar ninguno 
eligieron a Fray Pedro de Madrid, que a la 
sazón era Vicario del Conuento. Fue esta 
elecion a 13 de Nouíembre el año 1388. en 
vn memorial que ha quedado de aquel tiempo, 
se dize que sintió mucho el humilde varón 
esta elecion que del se hizo, porque su mo- 
destia grande no le dexaua ver sus muchos 
méritos, teniéndose de todo punto por insu- 



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108 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



ficiente, hizo la resistencia que pudo, hasta 
que le rindieron con la fuerga de la obedien- 
cia. Gouernó (según aqqel memorial antiguo 
reza) su triennio muy santamente, y es fácil 
de creer, porque los que mejor aciertan son 
los que sienten la dificultad del peso. Y pues 
conuinieron todos con tanta conformidad en 
su elecion, buenas muestras auia dado de su 
prudencia. Atreuerse también en aquel siglo 
tan santo, y tan ageno de lisonja a dezir estas 
palabras de tanta loa, es para mi grande 
argumento de su mucha santidad, valor, y 
prudencia. Acabado el triennio tornaron a 
hazer nueua elecion, en treze dias de No- 
uiembre de mil y trezientos y nouenta y vno, 
y con la sinceridad y llaneza que en la pas- 
sada, y con la misma conformidad salió electo 
F. Pedro Román, de quien hemos hecho me- 
moria muchas vezes, por ser el compañero 
que escogieron todos, para que fuesse con 
Pedro Fernandez Pecha a pedir al Papa la 
confirmación de la Orden, el que hizo profe»- 
sion en las manos del mismo Papa y con ellas 
le vistió el habito desta santa Religión. No 
tenemos memoria de algún particular sucesso 
de su triennio, mas de lo que ya se estaua 
dicho, que gouernó santamente, y que la Re- 
ligión crecia con mucho exemplo y nombre. * 
El año siguiente de mil y trezientos y 
nouenta y quatro, murió en Auiñon el Papa, 
o Antipapa Clemente Vil. a quien obedecían 
Castilla, y Aragón, y otras prouincias sin pe- 
ligro por ser la causa tan dudosa. Eligieron 
luego a Benedicto Xlll. los Cardenales Fran- 
ceses; concedió este Pontífice muchas gracias 
e indulgencias a la Orden de que haremos 
memoria en sus lugares. Llegada la vacación 
y fin del triennio de Fray Pedro Román, 
que la desseaua el harto, por la gana que 
tenia de verse en la quietud de su celda, y 
sin el cuydado de todos, sino con solo el de 
su alma, eligieron el quinto Prior de aquella 
casa que se llamaua Fray Garcia, que no se 
dize de donde; solo dize la memoria, que era 
varón de grande exemplo, mucha religión, y 
partes, para el buen gouierno. Florecía la 
Orden de S. Gerónimo por do quiera, y en 
todas partes se ohia el buen nombre, con 
esto se aumentaua el numero de los sieruos 
de Dios. En el triennio deste Prior se funda- 
ron algunas casas, de que yremos haziendo 
memoria en sus lugares. En vn memorial del 
año de mil y trezientos y nouenta y nue ue, 



que se guarda en el archiuo de S. Bartolomé, 
se dize que en el mismo año era Prior de 
aquella casa F. Pedro de Madrid, de quien 
diximos arriba, que sucedió a F. Fernandez 
Yañez, quando salió a fundar a Guadalupe, y 
desde el mismo año hasta el de mil y quatro- 
cientos y quinze, en que como veremos se 
vnió la Orden, no se halla memoria alguna de 
los Priores de San Bartolomé de Lupiana, ni 
de vacación y elecion. Bien sea descuydo de 
aquel tiempo, como algunos piensan, o bien 
como quieren otros, que F. Pedro de Madrid, 
y F. Diego de Alarcon fuessen a vezes Prio- 
res en estos diez y seys años, de que no ay 
memoria de otros, sino dellos solos, sin seña- 
lar tiempo de elecion, n| vacación. No los 
desasossegaua el cuydado de la gloria, o me- 
moria de sus nombres: no se auia apoderado 
en sus pechos la sed de la ambición, que 
tanto fatiga a los hombres, aun hasta aque- 
llos que hazen profession solemne de oluidar 
el mundo. Gustauan mas de Dios que no de 
enseñorearse sobre los otros, allegauanse a 
el desnudos de pretensiones terrenas, limpios 
vasos, para que se llenassen del liquor del 
cielo, quedauan con este trato y conuersacion 
celestial alumbrados. Conocían que los oficios 
y prelacias no se inuentaron para seruirse de 
los otros, sino para el bien de los hermanos, 
para edificación de este cuerpo de lesu 
Christo, razón y fin tan ohiidado, y mal en- 
tendido en este ambicioso siglo. Al tiempo 
que los sieruos de Dios gozauan desta quie- 
tud, no la tenia la Iglesia por la razón que he 
dicho: apoderauase en ejla la desordenada 
codicia del mandar y ser caberas. Encendíase 
la rabia desta fiebre con la scisma tan larga» 
peligrosa, e intricada. En Italia, y Francia se 
sentía con mas fuerza y mayor daño: la mayor 
culpa echauan al Emperador Vindslao que 
pudiera atajar estos daños en sus principios, 
estoruando que no passara adelante la elecion 
que se hizo en Ñapóles de Clemente séptimo, 
estando tan assentada y recebida la de Vr- 
bano VI. no solo en Roma, mas en toda la 
Iglesia. Al Emperador le pareció que cumplía 
con su obligación embiando embaxadores a 
Clemente, amonestándole que no se llamasse 
Papa ni hiziesse scisma pues que no tenia 
derecho: con esta diligencia tan fria, se dio 
por desobligado. La tibieza del Principe mogo 
y sin experiencia, fue el instrumento con que 
atizó el demonio sp fuego. Enemigo viejo, y 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



109 



astuto, sembrólo todo de guerra y de sangre, 
de infinitos insultos, offensas de Dios, peca- 
dos atrocissimos, y porque se viesse que 
salió todo esto por las puertas del infierno, 
para contrastar la ñaue de San Pedro, se 
vieron en estas guerras los primeros tiros de 
poluora, que con el estrago que haz^ y con 
el miedo que pone el humo, el fuego, y el 
trueno, parece propria inuencion de demonios 
para assolar el linage humano. No quiero 
ponerme a llorar los males que ya passaron, 
ni es de mi proposito detenerme en esto, 
solo hago memoria destos Pontífices (bien 
fuessen intrusos, o legítimos) por las gracias 
y fauores que hízieron a esta santa religión 
de S. Gerónimo en España. De Vrbano VI. 
Pontífice (como dixe) elegido en Roma, des- 
pués de Gregorio XI. tiene algunas, concedi- 
das al monasterio de la Sisla de Toledo, 
donde también se vee, que aunque los Reyes 
de Aragón y de Castilla seguían la parte de 
Clemente, nuestro F. Pedro Fernandez Pecha, 
que a esta sazón era Prior en aquella casa, 
acudia con sus negocios a Roma, teniendo por 
mas legitimo sucessor de S. Pedro a Vrbano. 
Tras este sucedió Bonifacio, que como vimos, 
estendio la Orden a Portogal, a petición de 
F. Vasco, o Fernando luán Presbytero. Por la 
muerte de Bonifacio IX. (que fue el año 
de 1440. dexando la Cámara Apostólica muy 
rica, con las medias annatas que le aplico) 
sucedió Inocencio VII. que no viuio mas de 
dos años, y dexó la iglesia, no con mas sos- 
siego que la halló. Entró luego Gregorio XII. 
y en el tercero año de su Pontificado, se jun- 
taron los Cardenales de Roma, y de Auiñon 
en Pisa, a celebrar Concilio, pretendiendo 
concordar las diuisiones. Priuaron a Grego- 
rio, y a Clemente de los Pontificados, y eligie- 
ron de nueuo a Alexandro V. No quiso ceder 
de su derecho ninguno de ios dos: empeoróse 
la causa, multiplicando Pontífices. Murió Ale- 
xandro de alli a ocho meses: entro luán XXII. 
o según otra cuenta XXIIl. que fue depuesto 
con los otros dos, aunque el vno en el Conci- 
lio de Constancia, don5Íe fue elegido Marti- 
no V. y con su elección cessó la scisma larga, 
y la ocasión de infinitos males. Destos Pontí- 
fices postreros no tiene la orden de S. Geró- 
nimo gracias ni príuilegios, ni las quería, 
siendo tan dudosas. El monasterio de Cotalua 
tiene algunas concedidas por Clemente VIL 
por ser los Reyes de Aragón tan de su parte. 



Celebróse el Concilio Constanciense, el año 
de 1414. fue generalísimo: duró hasta el 
de 418. Las cosas principales que en el se tra- 
taron, fue deshazer la scisma, y reduzir la 
yglesia a vna cabeqa, porque no fuesse mons- 
truo, y condenar las heregias de aquellos dos 
monstruos tan fieros, luán Vs, y Vvicleph: 
quitar otros escándalos, y deshazer otros 
abusos y costumbres deprauadas, que con la 
larga scisma |iuian echado rayzes. Confirmó 
el Concilio el Papa electo Martíno V. docto 
y santo varón, de quien tiene esta religión 
muchos fauores y gracias, como veremos en 
sus proprios lugares. 

El año 1396. se dio a la orden el monasterio 
de Canónigos reglares, que se llama S. Blas 
de Viilauiciosa, siendo Prior en S. Bartolomé 
de Lupiana Fray Garda, como arríba dixe. 
Esta casa edificó aquel varón insigne don Gil 
de Albornoz, siendo Arzobispo de Toledo. 
Era muy denoto deste glorioso Martyr, quiso 
leuantar en su nombre vna yglesia, cerca del 
lugar de Bríhuega, en los fines de su Arzobis- 
pado, y principio del Alcarria, en vn lugar de 
mucha frescura junto al rio Tajuña, donde se 
retiraua algunas vezes, descansando de los 
negocios granes, para dar algún aliuio al 
alma, con la soledad y buenos pensamientos. 
Puso alli algunos capellanes que díxessen 
missa, y tuuiessen alguna forma de culto di- 
uino. Contentóle el sitio, y creciéndole la 
deuocion: antes que passasse vn año, en el 
de trecientos y qtiarenta y ocho, por el mes 
de Setiembre la hizo Iglesia de Canónigos 
reglares, poniendo vn Prior con otros seys 
Canónigos, obligándolos a que dixessen el 
officio díuino, y exercitassen vida religiosa: 
ordeno también que díxessen algunas Missas, 
y Capellanías por el Rey don Alonso padre 
del Rey don Pedro, y por el mismo Ar(;obispo, 
dioles renta sufficiente para que viuiessen sin 
cuydado. Edifico vn claustríco pequeño, que 
agora dizen de Santa Anna en que morassen, 
y para quando el se retirasse alli, hizo vn 
palacio harto moderado; son dos celdillas tan 
estrechas, que no son habitables: tanta era la 
modestia de aquel tiempo, sin duda que en 
respeto de lo que nuestra vanidad agora vsa, 
es cárcel muy estrecha, y a esto llamauan y 
llaman oy en día el palacio del Ar<^obispo, que 
llamaran mejor tugurio pobre. Tal deuió de 
ser aquel primer aposento del monte Palatino, 
de donde tomaron nombre los palacios: no 



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lio 



HISTOÍÍIA DE LA OKDEN DE SAN GERÓNIMO 



tiene termino la soberuia de ios hombres que 
para vidas tan cortas leuantan edificios tan 
grandes. Era el Arzobispo don Gil de Albor- 
noz muy priuado del Rey don Pedro; fiado 
desta priuanga y haziendo lo que deuia, como 
Prelado zeloso del bien común, se atreuio vn 
dia a persuadir con muchas veras al Rey que 
hiziesse vida maridable con la Rcyna doña 
Blanca su muger, afeóle el mal exemplo que 
daua, y el escándalo que causaua en el Reyno. 
Agradeció el Rey también el auiso, que trataua 
de matarle, tan fácil era en concebir pen- 
samientos atroces, y poco mas detenido en 
executarlos. Vino a noticia del Aríjobispo, 
y como quien tenia bien conocida la arro- 
jada determinación del Rey en estos casos, 
pidió dissimuladamente licencia para hazer 
cierta ausencia: con esta determinación sa- 
lió de España, que en toda ella no se tenia 
por seguro, passose a Francia, y fue a 
Auiñon, donde tenia su corte el Papa. El 
Rey sin mas respeto a la justicia, y dere- 
cho diuino, puso a don Blas en la silla del 
Arzobispado, y tras este que no duró mucho, 
puso a don Vasco, que también se fue huyen- 
do de la crueldad de don Pedro a Portogal, y 
en su ausencia proueyó a don Qomez Man- 
rique. Con la variedad destas cosas, y con el 
poco sossiego de los Arzobispos, y con el 
cuydado que trahian de guardar sus caberas, 
no podian tener mucho de los subditos. 
Oluidaronse también del Priorato de Villaui- 
ciosa, y de los Canónigos que viuian en aque- 
lla casa: ellos como gente libre, sin dueño, y 
sin quien los mirasse, se destrahieron de 
manera, que dieron de sus vidas mal exem- 
plo, y ninguna cuenta con cumplir sus obliga- 
ciones. Sucedió a don Qomez Manrique don 
Pedro Tenorio. Entendió lo mal que los Canó- 
nigos lo hazian, el mal recado que tenian en 
todo. Tenia también particular deuocion a la 
Orden de S. Gerónimo que yua floreciendo 
con gran exemplo: trató en su pensamiento 
seria bien quitarles la casa, a los que tan mala 
cuenta dauan della, y ponerla en esta religión, 
y ansi el año 1395. escriuió a don luán Se- 
rrano, que ya era Obispo de Siguenija, que 
pues estaua cerca (siete leguas poco mas) le 
hiziesse plazer entender en aquel negocio, y 
con los poderes que el le embiaua para todo, 
hiziesse información de lo que auian hecho el 
Prior y los Canónigos, y si la hallaua tan 
mala como el auia entendido, les quitassc la 



casa, y la diesse a los Frayles de San Geró- 
nimo. Don luán Serrano llegó al monasterio 
en tres de lunio del mismo año de nouenta y 
cinco. No halló en el mas de dos Canónigos 
el vno presbytero, y el otro de ordenes meno- 
res. Diego Fernandez que era Prior andaua 
fuera, embiole a llamar, venido, pidióle cuenta 
del estado de la casa, y de lo que le auian 
entregado quando le dieron el oficio; auiale 
proueydo el mismo don Pedro Tenorio pocos 
años antes, passandole alli del Priorato de 
S. Tome del Puerto, y en esse poco tiempo 
se dio tan buena maña, que lo tenia todo 
assolado, y ansi le priuó del oficio el Obispo, 
porque junto con estar esto tan consumido, 
auia ruyn exemplo de los pocos que alli esta- 
ñan. Dio cuenta de todo al Arzobispo, y en- 
trambos de vn parecer escriuieron con mu- 
chos ruegos al Prior de S. Bartolomé Fray 
Garda, que por seruicio de nuestro Señor 
quisiessen recebir para su orden la casa de 
S. Blas, y embiar algunos religiosos para que 
la poblassen, confiando que estando en su 
poder seria Dios muy seruido en ella, prome- 
tiéndole todo fauor y amistad, no solo para 
aquella casa mas para toda la Orden, y quanto 
se les offreciesse. Aceptólo F. García, y obede- 
ciendo luego embió seys religiosos con poder 
bastante para recebir la casa e incorporarla 
en la Orden y que pudiessen professar los 
que embiaua, y de nueuo viniessen. Entraron 
estos sieruos de Dios en ella el año 1396. a 
veynte y dos de Marqo, llenólos el Obispo al 
capitulo junto con el Prior y Canónigos: dio 
cuenta de la visita que alli auia hecho, y con 
quanta razón y justicia les quitaua la casa, 
p«es ellos lo auian mirado tan mal. Entrc- 
gosela a los religiosos de S. Bartolomé con 
todos sus bienes espirituales, y temporales: 
mandóles que eligiessen de entre ellos Prior 
que la gouernasse conforme a las consti- 
tuciones y leyes de la Orden. Eligieron lue- 
go de conformidad a F. Pedro Romano, o 
Román: el Obispo confirmó la elecion, y le dio 
todo el poder que se le deuia. Quedó muy 
alegre con auer acabado esto, escriuioselo al 
Arzobispo que se holgó mucho del sucesso. 
Verase en esta historia muchas vezes (y ya 
es esta la segunda después del monasterio 
de N. S. de Guadalupe) que en auiendo en 
aquel tiempo alguna comunidad desbaratada, 
que no daua el exemplo que conuenia, guar- 
dando sus leyes y santas costumbres, oluida- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



111 



dos de sus primeras vocaciones, el remedio 
era poner alli religiosos de S. Gerónimo. Te- 
nían tanta reucrencia al habito, y los que le 
trahian y professauan, dauan tan buen olor de 
si, que no auia casa tan perdida, que no se 
esperasse presto el remedio en poniéndola 
en sus manos, y por merced del cielo aun no 
esta del todo oluidado, ni muy lexos los 
exemplos. Halló F, Pedro Romail la casa, y lo 
que a ella tocaua, tan mal parado que poco 
menos no halló nada: para repararlo y darle 
alguna Ggura fue menester mucha diligencia, 
porque estaua todo enagenado, caydo, per- 
dido. A todo dio buen cobro el nueuo Prior 
de Villauiciosa, porque no solo puso aquello 
que halló destrocado, en buena forma; sino 
que edificó de nueuo, y a dos manos lo prin- 
cipal y primero que es lo espiritual: quanto a 
lo de dentro de casa, no le ponia cuydado, 
porque los compañeros que consigo Ueuaua 
se lo quitauan; para lo de fuera era menester 
alguno, y también se remedió fácilmente, 
porque la gente de aquel poblecillo fácil- 
mente se trocó en mejor con el exemplo de 
los religiosos. Recibió luego algunos nouicios, 
que acudían muchos a la fama de los nueuos 
Gerónimos. Tiene la gente de aquella tierra 
vna natural llaneza, inclinaciones pias, fáciles 
de lleuar a lo bueno. Assentauaseles la reli- 
gión y santidad fácilmente que aun oy en día 
lo prooamos. La gente comarcana de aquellas 
villas dauan gracias a Dios por la mudani^a, y 
el buen trueque viendo quan en su prouecho 
resultaua. Tuuo animo Fray Pedro Román, 
para leuantar vn buen edificio: que es el claus- 
tro principal y mayor, y la Iglesia que agora 
tiene aquel Conuento, aunque era mucha la 
pobreza, grandes los trabajos y laceria, a 
todo sobraba su animo, y la. confianza en 
Dios, que es la que acaba mayores empresas, 
quando se entra en ellas llenados por su 
obediencia. Ayudan mucho en aquella tierra 
a la facilidad de los edificios los materiales, a 
cada passo hallan minas de yesso (llamólo 
assí, porque son de mucho interesse Ueuado a 
vender por la comarca, y se beneficia a poca 
costa) material fácil, prouechoso, hermoso, y 
de dura donde no le da el agua, y alguno tan 
bueno que aun le resiste, labrase con mucho 
primor en España, y lleuanlo muy lexos donde 
vale mucho; la misma copia ay de cal, poco 
menos de madera, y otros adherentes. Des- 
pués que F. Pedro Román tuuo bien vistas las 



escrituras de la dotación de la casa, lo que 
tenía para el sustento de los religiosos, pa- 
recióle que estaba obligado a dar razón de 
todo esto al Arzobispo don Podro Tenorio 
que auia hecho esta confianza de la Orden de 
S. Gerónimo, y mostrarle con el agradeci- 
miento que se le deuia, el estado de su casa. 
Partió a Toledo el año mil y trezientos y no- 
uenta y siete, a diez y siete de Mayo. Reci- 
bióle el Ar<^obispo con mucha alegría, holgó 
de verle, y conocerle, por la buena relación 
que de su virtud y prudencia le auian dado. 
Aprobó con su autoridad todos los autos de 
la possession que auia hecho el Obispo de Sí- 
gnenla don luán Serrano, y dio valor a todas 
las demás escrituras, selladas con su sello 
Arzobispal, como se veen oy en día en el 
archiuo de aquel monasterio. Offreciosele 
buena ocasión en esto a Fray Pedro Román, 
para yr a Toledo, cosa que auia el desseado 
much^o por ver a su querido compañero y 
padre Fray Pedro Fernandez Pecha y recebir 
su bendición antes que Dios le licuase desta 
vida. Hallóle ya muy viejo; tan lleno de enfer- 
medades en el cuerpo como de virtudes en el 
alma, cosa bien sabida del, estaua de camino 
para yrse a morir a Guadalupe, y auia renun- 
ciado el Priorato de aquella casa que auia 
fundado, y criado a sus pechos. Trataron los 
dos santos viejos de muchas cosas todas 
santas, y del reyno del cíelo, del aprouecha- 
miento del espíritu, de sus peleas espiritua- 
les, y del augmento de la religión de San Ge- 
rónimo, por quien auian trabajado tan varo- 
nilmente; afilauan con estas platicas santas 
aquellos aceros viejos gastados con la conti- 
nua penitencia de los muchos años, aníma- 
uanse acabar la carrera que estaua ya tan al 
cabo para alcanzar la corona, que no se da 
sino a los que perseueran hasta el fin. Auia 
veynte y dos años que no se auian visto. No 
salían entonces aquellos renouadores de la 
perfecion antigua de los monasterios, ni aun 
de las celdas sin gran necessidad, o por la 
obediencia, ni contauan por triennios, o sep- 
tenarios su encerramiento, como nuestra ti- 
bieza los cuenta agora. Veynte y treynta 
años se passauan sin atrauesar los vmbrales 
y algunos de muchos años de habito se te- 
nían por tan nueuos, que no osauan llegar a 
la portería. Los que tienen tanto gusto de la 
eternidad no reparan en el tiempo. Agora pa- 
rece vn siglo los siete años de nuestro noui- 



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HISTORIA DK LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



ciado, y aun en todos ellos no ha muerto la 
codicia del padre, madre, y parientes, y de la 
patria terrena. Escureciose en pocos años el 
color de aquel oro tan fino. Flaqueza grande 
de nuestra virtud, que no puede sin grande 
fauor del cielo contrastar a la violencia de 
nuestra carne, ni el desengaño que haze la fe, 
y los exemplos viuos no passa de la corteza 
del coraron. Hechas estas vistas y cogidos los 
despachos, se tornó Fray Pedro Román al 
monasterio de Villaviciosa a continuar la 
labor de su viña. Hallase razón de que fue 
dos vezes Prior en aquel Conuento, y que 
viuia el año mil y quatrocientos y doze. Yo 
creo que lo fue mientras viuio, ni nos quedó 
memoria alguna de su muerte, ni de las gran- 
des virtudes de los primeros fundadores de 
aquella casa, de los demás cerca a nuestros 
tiempos tenemos alguna, y la diremos en sus 
proprios lugares. 

CAPITVLO XXIII 

Fúndanse algunas casas con que va creciendo 
la orden en Castilla, La casa de nuestra Se- 
ñora de la Mejorada, y S. Catalina de Ta- 
layera. 

Fray Pedro Fernandez Pecha en la Sisla de 
Toledo, Fr. Fernando Yañez en Guadalu- 
pe, Fr. Alonso de Viedma en Guisando: y los 
demás padres primeros desta religión se da- 
uan tan buena maña cada vno en su puesto 
en el augmento espiritual y temporal de la 
Orden, que en Castilla no se hablaua otra 
cosa en lenguage de religión, sino de los nue- 
uos Gerónimos. Con esto donde quiera que 
se offrecia ocasión a la gente denota, dessea- 
ua allegarse a ellos, porque los vian caminar 
derechos a la perfecion, y al fin que se dessea. 
Quando mas no podian entregauanles sus ha- 
ziendas, dexauanlas a su disposición, tenién- 
dolas por seguras y bien logradas. No solo 
estos, mas aun los que tenían algún gusto de 
las cosas espirituales quando querían mejo- 
rarse, o assegurarse mas en el buen proposito, 
venían a rogar los recibiessen en su compañía, 
La fundación del monasterio de la Mejorada 
nos mostraua esto bien, que siendo primero 
de los de la tercera regla de San Francisco, 
ellos mismos mouídos del buen nombre de 
esta religión se vinieron a combidar los reci- 
biessen en ella. Y porque lo digamos de sus 



principios, y descubramos los primeros fun- 
damentos de aquella casa, que entre las desta 
religión ha sido siempre de mucha cuenta, 
passa el negocio ansí. El año mil y trecientos, 
poco mas o menos (porque no ay mas precisa 
noticia), en la villa de Olmedo Obispado de 
Auila viuia una muger llamada Mariperez de- 
nota y casta: por sus virtudes la amaron los 
padres entre los demás hijos, y quando mu- 
rieron la mejoraron en la tercera parte de los 
bienes. La mejora cupo en vnos huertos y 
tierras cerca del lugar donde agora esta el 
monasterio. Muertos los padres, la donzella 
se passó a víuir a un lugar pequeño llamado 
Tejares, por estar cerca de su hazienda, y 
lexos de la villa, donde no se viue con tanta 
seguridad, ni llaneza. Era muy denota de la 
virgen María, como quien amaua tanto la pu- 
reza virginal, y determinóse edificarle vna Er- 
mita en medio de sus heredades donde poder 
seruir mas de veras a esta Reyna de las vir- 
gínes. Hizole vna imagen, y para de aquel 
tiempo, se puso en ella buen cuydado; yua 
muchas vezes a visitarla, a encomendarse a 
ella, hazía por sí mesma el oficio de santera, 
y de hermitaña, de suerte que estaua siempre 
la Ermita con mucho aliño y asseo. Tanto que 
prouocó con esto a deuocion a otros. La de- 
nota donzella viendo que por su ocasión se 
mouia la gente a frecuentar la Ermita, y a cre- 
cer la deuocion de la imagen, desseando que 
se conseruasse, y aun aumentasse, la dexó 
por vniuersal heredera al tiempo de su muer- 
te de todos los bienes y mejoras, porque la 
Señora del cielo la admitiesse en los suyos, 
logro santo, y bien considerado. Con esto ve- 
nían de todos aquellos pueblos vezinos a vi- 
sitar la Ermita e imagen, y con la ocasión co- 
mentaron a llamarla la Ermita de nuestra 
Señora de la Mejorada, por auerla fundado 
aquella que aula sido mejorada de sus padres, 
y suceder en todos estos bienes y mejoras la 
Ermita e imagen: Tomó poco a poco con la 
frecuencia el nombre tanta fuerqa, que se hizo 
conocido, y ha llegado a nuestros tiempos, 
que de mas pequeñas ocasiones acontece lo 
mismo. Creció la deuocion y crecieron los 
bienhechores, muchos dellos sintiéndose fa- 
uorecidos en sus trabajos de la Virgen san- 
tissima, si acertauan a tener algunas hereda- 
des cerca, con facilidad las offrecian. Entre 
otros se auentajó mucho otra denota muger 
de la misma villa de Olmedo, llamauase Tere- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



115 



sa Pérez. Sospechase que era o hermana de 
la primera, o parienta muy cercana, y el nom- 
bre lo confirma. Acudió luego vn Clérigo que 
se dezia Bartolomé Sánchez, y con lo que dio 
el vno y el otro, y con lo que la Ermita se te- 
nia, podia estar muy bien seruida. Los que 
tenian cargo della leuantaron algunos aposen- 
tos allí cerca, y el Cabildo de la cathedral de 
Auila lo aplicó para la mesa capitular, y le se- 
ñaló seniicio suffíclente, como le pareció. 

Andauan a la sazón por aquella tierra de 
Castilla la vieja ciertos sacerdotes, varones 
pios, y de los que Uamauan de la tercera re- 
gla de San Francisco, desseauan recogerse en 
algún monasterio. Tuuieron noticia de esta 
Ermita de la Mejorada, y de la deuocion que 
la gente comarcana tenia con ella, y como 
acudían con sus offrendas: parecióles sitio y 
comodidad qual desseauan, retiráronse en ella, 
comentaron a servir la Ermita, y aunque ni 
tenian propríedad, ni possession, permitién- 
doselo el Ordinario viuian en ella, y sustenta- 
uanse con las lymosnas y offrendas. Dieron 
tan buen exemplo con sus vidas, y seruian 
con tanto cuydado la Ermita, que se aumentó 
la deuocion de la imagen, y se fue mejorando 
notablemente todo. Visto por los religiosos 
que podía aquí ser seruido nuestro Señor con 
mas perfecion si fundauan aquello en forma 
de Religión, y de monasterio, el que entre ellos 
era como ministro, que se Uamaua Fray Luys, 
fue a Auila, y echó vna petición al Cabildo, 
suplicándoles fuessen seruidos de darle aque- 
lla Ermita para hazer vn monasterio de su 
Orden. Tenian ya alguna noticia de la buena 
vida que el y los demás hazian en la Ermita, 
del buen exemplo que dauan, y el prouecho 
que hazian, y ansi de común parecer le hizie- 
ron merced y gracia della, renunciando todo 
el derecho que podían tener, en todo lo de- 
mas que le tocaua de tierras, y de otros bie- 
nes, con condición que para fundar el monas- 
terio alcan^asse licencia del Obispo. Fue luego 
el ministro al Obispo, que entonces estaua en 
Madrigal, entendida la voluntad del Cabildo, 
y el buen zelo, lo aprobó todo dando para ello 
prouision cumplida. De esto ay en el monas- 
tedo memorias bastantes, donde se dize que 
la gracia que el Cabildo hizo, fue el año mil y 
trezlentos y nouenta a 8. de Abril, y la confir- 
mación del Obispo a los 7. del mes de Mayo 
del mismo año. El Obispo se Uamaua don Die- 
go de Fuensalida, el primero de este nombre. 

H. VI LA o. M S. Gnonuio.-^ 



Tuuo tan buena dicha esta confirmación, que 
muchas personas denotas offrecieron luego 
de sus bienes lo que pudieron al nueuo mo- 
nasterio, y la misma Iglesia de Auila le aplicó 
otras heredades que alli cerca tenia, con que 
dentro de cinco años creció mucho la Mejora- 
da. La Orden de S. Gerónimo no tenia de la 
parte de los puertos casa alguna, mas si mu- 
cha fama y opinión en tod^ España. Murió el 
ministro Fray Luys que dio principio a este 
monasterio, sucedióle otro que se Uamaua 
Fray Fernando de Villalobos, vino a su noti- 
cia la grande obseruancia con que la Orden 
de San Gerónimo se señalaua entre todas, 
luego se le assentó en el alma que les cum- 
plía a el y a sus compañeros juntarse con ella: 
comunicólo con eUos, haziendoles las razones 
que podian mouerlos, no fue facü acabarlo 
con todos, aunque bien pensadas las razones 
de cada parte, facUmente se rindió la mayor a 
la mas sana, entendiendo que aqueUa su reli- 
gión aunque ya estaua aprouada, era cosa an- 
cha, abierta a muchas ocasiones, y los que 
como desseosos de su bien lo mirauan aten- 
tamente, juzgaron que les yua mucho en in- 
gerirse en esta nueua planta, que con tanta 
lozanía despreciaua las libertades del siglo, y 
se ieuantaua para el cielo. Con esto Fray Fer- 
nando de ViUalobos para hazer el negocio con 
prudencia, acudió al Obispo de AuUa, que ya 
era don Alonso de Cordoua, y al Cabildo, 
para que tuuiessen por bien que el monaste- 
rio y sus bienes que auian dado a la tercera 
regla, se traspassassen a la Orden de San Ge- 
rónimo, pues los religiosos se querían passar 
a eUa. Propuesto esto delante de las partes, 
no ansi desnudo, sino con granes y santas ra- 
zones de la mudanza, quadraron tan bien a 
todos, que sin genero de dificultad se dio la 
licencia, y sacaron los despachos para hazer 
el traspasso. Tenia fama Fray Pedro Fernan- 
dez Pecha de santo en todo el reyno, y ha- 
zianle como cabega y primer fundador de esta 
religión; acudió alia Fray Fernando de Villalo- 
bos con otros dos reUgiosos que Ueuo consi- 
go. Pidióle con mucha humildad acogiesse en 
su compañía a el, y a los que consigo Ueuaua, 
y a los demás religiosos que quedauan en el 
monasterio de la Mejorada, y les diesse el 
habito y profession de San Gerónimo. Visto 
por el Santo varón su desseo, examinado el 
poder de su Conuento, y la licencia que Ueua- 
uan de su Ordinario por la autoridad que te- 



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114 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



nía del Papa, para recebir esto, embio al mo- 
nasterio de la Mejorada tres religiosos pres- 
byteros de la Sisla, para que recibiessen la 
casa, y diessen el habito de la Orden a todos 
los que dentro de seys meses (que les señaló 
de termino) le quisiessen recebir de los Fray- 
Íes que estañan en ella de la tercera Orden. 
En tanto que esto se acabaua, puso por Vica- 
rio, para que riglesse hasta que la proueyesse 
de Prior, a F. Fernando de Villalobos, como 
parece todo en la licencia que oy se guarda 
escrita en pergamino, y en lengua Latina con 
el nombre, y con el sello pendiente de Fray 
Pedro de Ouadalajara, y las firmas de otros 
nueue religiosos de la Sisla, la licencia esta 
hecha a doze de Mar^o del año mil y trezien- 
tos y nouenta y seys. Consta también de la 
licencia, que les dio profession el mismo Fray 
Pedro de Guadalajara, en la Sisla, a Fray Fer- 
nando de Villalobos, y a sus dos compañeros, 
que se llamauan F. Martin de Rioseco, y Fray 
Gonzalo de Ascariego, y estos son los tres 
religiosos que embio, y no como algunos sien- 
ten, y yo apunte otr(^s tres distintos destos. 
Llegado a la Mejorada F. Fernando con tan 
buen despacho, y hecho ya frayle Gerónimo, 
recibió a la profession y habito a los que es- 
tañan de su mismo parecer, y los que estu- 
uieron mas rebeldes fueron requeridos, que 
dentro del termino señalado se determinas- 
sen en tomar el habito, o desamparassen la 
casa, como miembros distintos della. No se 
sabe que se fuesse alguno, antes parece que 
todos recibieron el habito, y hizieron profes- 
8ion\le vna religión en otra, sin licencia del 
Papa. Acudióse a la silla Apostólica de Bene- 
dicto XIII. que era obedecido en España, co- 
mo se ha dicho. Dio vn breue en Auiñon, donde 
tenia su Curia, a ocho de Febrero, el tercero 
año de su Pontificado, y el de nuestra salud, 
el de 1397. con que lo allanó todo, remitiendo 
la execucion (porque no se anduuiesse en 
apelaciones, por los que mouian los escrúpu- 
los) al Prouisor de Aulla, que era el Tesorero 
de la misma yglesia, mandándole que pusiesse 
silencio a los contrarios. Ansi quedó assenta- 
da de todo punto la possession de la casa, y 
a este tiempo confirmado en Prior F. Fernan- 
do de Villalobos, que lo fue el primero de 
aquel conuento, y murió el año de 1400. 

Sintieron luego el promecho de la mudanza 
los comarcanos, y aunque los primeros auian 
dado buen exemplo, conforme a su regla, 



quando vieron el concierto de la vida de los 
Gerónimos, conocieron la ventaja y la distan- 
cia. Marauillauanse en ver tan estrecho ence- 
rramiento, y tan continuas alabanzas diuinas; 
parecíales que ni comían, ni dormían aquellos 
frayles, porque los hallauan siempre cantando 
en el coro, y que no eran hombres, sino An- 
geles. Quando los yuan a ver, porque des- 
seauan verlos, a penas los hallauan en la casa, 
aunque pequeña y estrecha, ni aun llamando 
a la puerta de la celda respondían a la primera 
vez: tratándolos, hallauan dentro gran tesoro 
de espíritu: boluían edificados con su exemplo, 
y con la doctrina enseñados, alegres porque 
les aula venido tan buena vezindad. Víuieron 
los sieruos de Dios mas de diez años en mu- 
cha mengua de celdas y de casa, hasta que 
creciendo su fama, y el nombre de sus virtu- 
des, llegó a los oydos del Infante don Fernan- 
do, hijo del Rey don luán el primero, hermano 
del buen Rey don Enrique el tercero, y el en- 
fermo. Principe de gloriosa memoria, por las 
virtudes que todos saben, raras de hallarse 
en los hombres. Era señor de la villa de Me- 
dina del Campo, visitaua a menudo a los 
sieruos de Dios, deuotissimo de la Virgen; 
aficionóse de manera al habito, y a la religión, 
que no sabía salir del monasterio de la Mejo- 
rada. Comunicaua sus pensamientos, y leales 
propósitos, con los frayles, y ansí salía todo 
santamente acordado. Considerando la mucha 
estrecheza de aposentos, y de yglesia, se de- 
terminó edificario todo. Hizo el claustro del 
conuento, y el de la enfermería: comenqó la 
yglesia, acabó la sacristía, refitorio, dormito- 
rio, y otras officinas para la vida monástica 
necessarias, todo para aquellos tiempos de lo 
bien labrado. Dioles también ornamentos, y 
plata para la sacristía y culto diuino, tapízeria 
y otras joyas, entre ellas quatro imágenes 
grandes de plata, cosa de mucha estima para 
entonces que la codicia del hombre no auia 
abierto tantos mares para buscarla en el 
otro mundo. Después las pidió la Reyna de 
Castilla doña Maria su hija, y libró por ellas 
al Conuento tres mil y quinientos marauedis 
de renta para el Conuento en la villa de Valla- 
dolid. Comentóse este edificio cerca de los 
años de mil y quatrocientos y nueue; no se 
contentó con esto la deuocíon del Infante don 
Fernando: añadió rayzes a los bienes muebles 
dándoles renta suficiente para su sustento y 
priuílcgios muy grandes, porque adelante tu- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



115 



uiesse prouechos, autorídad, y firmeza. Todo 
esto aun le parecía poco, según tenia en mu- 
cho la virtud y méritos de sus Frayles Geró- 
nimos. Tenia alli por mas familiar a vn gran 
sieruo de Dios que se llamaua F. luán de Soto 
de Ñaua, tercero en numero de los Priores de 
aquella casa, y de los religiosos que viuian de 
la tercera regla de S. Francisco, por cuyo 
consejo y parecer se gouernaua en los nego- 
cios mas arduos de estos reynos, como se 
vera mas largo en las vidas que escriuiremos 
de los Santos deste Conuento: fíado de la 
virtud grande que en estos sieruos de Dios 
conocía (con ser tanto lo que les di6) no quiso 
pedirles nada, ni obligarlos a que le dixessen 
vna Missa: solo les encargó rogassen a Dios 
por el, por su casa, y por sus sucessores, modo 
de obligar que puede mucho en el pecho de 
los buenos, y assi se sienten el dia de oy tan 
obligados los hijos de aquella casa (heredarcm 
estos buenos respectos de aquellos padres 
santos) como sí presente le tuuieran, y tienen- 
lo sin duda en sus fellcissimos sucessores. 
Tenia ^determinado el Infante elegir aqui su 
sepultura, y ennoblecer esta casa como real, 
con cosas reales. No pudo poner en execucion 
sus desseos, porque en pago de no querer 
aceptar la corona de Castilla, que le off recian 
los grandes del reyno (trahíendole para ello 
hartas razones y exemplos) sino passarla a la 
cabeqa del Rey don luán el segundo su sobri- 
no, nífio pequeño, fue llamado, ordenándolo 
Dios, a la corona del reyno de Aragón, y de- 
clarado por legitimo sucessor a 28. de lunio, 
el año mil y quatrocientos y doze: ansí se 
cortó el hilo a sus designos por entonces. 
Después tan poco pudo boluer los ojos a sus 
desseos, ocupado en sossegar el Reyno, que 
lo halló todo inquieto, acudió también a reme- 
diar el daño grande de la Iglesia causado de 
la scisma larga tan rebuelta, después lo atajó 
todo la muerte, porque no reynó mas de quatro 
años y nueue meses. Sus hijos el Rey don Alon- 
so el quinto de Aragón, y primero de Ñapóles, 
y don luán el segundo de Nauarra, y también 
el Rey de Aragón, se acordaron de la memoria 
que tan en el alma tenía el padre, e hizieron al- 
gunas mercedes a esta casa. Después su nieto 
el buen Rey don Fernando el católico y la 
Reyna doña Isabel, y los sucessores gloriosos 
Carlos V. y Philippo segundo nuestro Señor 
le han mostrado el mismo amor, y le han hecho 
siempre mercedes y fauores^ teniéndola por 



fundación Real con justo titulo, y de vn Prin- 
cipe de quien con tanta razón se precia Espa- 
ña. Haze esta casa grandes lymosnas, el Prior 
por si solo da sesenta hanegas de trigo cada 
año, y tres mil marauedis en dinero. La hos- 
pedería es vn mesón, pagado y bien seruido, 
para todos quantos van y vienen con qualquier 
ocasión y aun sin ella. Acaece los mas dias 
darse de comer a quinze y veynte personas, 
y muchas llegan a treynta, cosa que en la 
Orden con ser tan larga en esto, ha hecho 
siempre marauilla, y cotejado este gasto con 
lo que tiene de recibo, parece que se gasta a 
cuenta del cielo: y no es esto lo mas, aunque 
parece milagroso, porque no ay dia desta vida 
que no se sustentan a la puerta, de aquellos 
pueblos comarcanos, y villa de Olmedo, de 
peregrinos, y romeros, y hermitaños, mas de 
dozíentas personas, y muy muchos llegan a 
trezientas, y a todos remedian. Vna cosa he 
yo aduertido, en treynta y dos años que ha 
que conozco esta casa, y también la han 
aduertido otros, que los Priores que han 
cerrado algo la mano desta largueza de hos- 
pitalidad, no han hecho ningunas ventajas, 
antes ha desmedrado la casa: y los que han 
sido mas liberales, la han dexado siempre 
mejorada. Tiene la casa algunos patfotiazgos, 
vn hospital en Olmedo, de que es Patrón solo 
el Prior, con poder tan absoluto como los 
fundadores. Reparte en las tres Pascuas del 
año mucha cantidad de trigo, ceuáda, centeno. 
Es también Patrón de vna memoria para casar 
huérfanas en Medina del Campo: y otro tanto 
en Olmedo, para casar otras huérfanas, por- 
que en ofreciéndose materia de piedad y 
lymosna, piensan los varones píos que queda 
bien segura en la X)rden de san Gerónimo, y 
en los ministros fieles della. De los religiosos 
santos que han florecido en este conuento, 
diremos en su lugar proprio (*). 

La fundación del monasterio de santa Catalina 
de Talauera, 

De la fundación deste conuento no tengo 
tanta claridad como quisiera, aunque la he 
procurado; consuelome con que lo que yo no 
acertare lo dirá otro, pues dizen que la escriue 
de proposito, con otras antigüedades de aque- 
lla villa. Bien se ha visto en la fundación que 

(O Lib. 2. u 4. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



acabamos de escríuir, quan sin negocio o 
trato humano vino a ser casa de la Orden de 
san Gerónimo, la de nuestra Señora de la 
Mejorada, solo con el desseo de mejorar sus 
vidas aquellos sieruos de Dios, y con el zelo 
del seruicio del mismo Señor, prouocado del 
buen exemplo. El Infante don Fernando la 
puso en tan buen estado. Todo esto se tornará 
a ver y confirmar en la fundación deste con- 
uento de santa Catalina de Talauera, que por 
esso cabrán bien en vn capitulo. Gouemaua la 
santa Iglesia de Toledo, el año 1393. el Arzo- 
bispo don Pedro Tenorio, de quien ya hemos 
hecho por vezes memoria y mostrado la afición 
que auia cobrado a la Orden de S. Gerónimo. 
Venia algunas vezes a la villa de Talauera, 
porque tenia en ella prendas, como era varón 
pió, y cuydadoso del edificio espiritual, echó de 
ver que a las espaldas de la Iglesia de santa 
María, que es la Colegial de aquella, estaua 
vn cemeterío, sitio bien acomodado para exe- 
cutar sus buenos pensamientos, que era re- 
formar la clerecía, y reducirlos a la mejor 
forma y honestidad de vida que pudiesse: ya 
que no a tanta como en aquellos primeros 
siglos en que sacerdote y santo corrían de 
ordinarío juntos, a lo menos que caminassen 
para ello. Leuantó allí vn claustro harto bueno, 
para lo que se vsaua en aquella era, con 
intento que viuiessen en ellos Canónigos 
reglares con alguna regla, y la Iglesia fuesse 
mas bien seruida, porque no se sime Dios 
bien sino con almas limpias, y la limpieza no 
se alcanga andando entre el lodo, sino con el 
recogimiento. Executó todo esto con harta 
breuedad: entraron en el claustro vn Dean, y 
doze Canónigos, forma y imitación del colegio 
que fundó lesu Chrísto. Vinieron allí, según 
algunos dizen, de quatro a dnco años. Hartá- 
ronse presto de tanto encerramiento los que 
estauan críados en mas anchura, sirue poco 
encerrar los cuerpos, quando esta el alma 
habituada a distraherse. Desauinieronse muy 
mal del buen Arzobispo, dexandole bien enfa- 
dado de su mucha libertad, y tan frustrados 
sus buenos propósitos. Desamparáronle el 
claustro, la casa, y la hazienda que les auia 
dado para su sustento, en abundancia y rega- 
lo. Vinole luego al pensamiento (embiosele 
Dios) que estaua aquello muy a proposito 
para poner religiosos de la Orden de S. Geró- 
nimo. Comunico esto según dizen algunos con 
el sieruo de Dios F. Pedro Fernandez de 



Guadalajara, porque le tenia cerca, y porque 
también le comunicaua otras cosas mas gra* 
ues, y era como el príndpal y cabera en este 
negocio de fundaciones de casas de la Orden. 
Huuo en esto algunas dificultades de todas 
partes. A F. Pedro se le hazla cosa nueua, y 
no muy segura, admitir casa de la Orden 
dentro de poblado, en medio de la f requenda 
y trato de los hombres, de que se yua huyendo 
con mucho cuydado, por no ser el intento de 
esta Orden acudir a los menesteres del siglo» 
ni entremeterse en sus negocios, sino darse 
todos al espíritu y a las alabanzas diuinas en 
perpetua meditación. Con todo esso no osó 
resistir a la voluntad del Arzobispo, por 
tenerle tan por aficionado, y por señor y bien- 
hechor. Y aunque no se descubríó tan presto 
el inconueniente desto, el tiempo ha descu- 
bierto que estauan bien fundados los temores. 
De parte de la villa también fue menester 
proceder con recato y suauidad. El Arzobispo 
tenia buena maña en negocios, y como pru- 
dente sin hazer niydo, procuró con buenos 
medios el beneplácito de los príndpales: Ve- 
nido a executarse, cometióse el caso de vna 
y otra parte a seys caualleros y seys escude- 
ros, hizieron estos el assiento muy a gusto 
del Arzobispo, y de toda la villa. Hecho el 
concierto comentó luego el Arzobispo a dar 
assiento en su monasterío. Lo prímero quiso 
que se intitulasse santa Catalina, por la de- 
uodon que desde sus prímeros años tuuo a 
esta santa Virgen y martyr. Tras esto fue 
luego, que viniessen a poblarle religiosos, y 
porque tenia tan gran concepto de la santi- 
dad de F. Pedro Fernandez, escogiólos de 
los que se aulan críado debaxo de su doc- 
trina. Pidióle doze religiosos y vn Prior que 
ocupassen los assientos de los Canónigos 
que le auian desamparado su claustro; dio- 
selos, y señalóles por Prior a F. Gonzalo 
de Ocaña, professo de la misma Sisla, varón 
suficiente para mayores cosas. Martes a diez 
dias de Deziembre el año mil y trezientos 
y nouenta y ocho, entraron en el monaste- 
río de santa Catalina todos juntos, y toma- 
ron la possession. El Dean y Cabildo dieron 
con mucha voluntad su consentimiento, e hi- 
zieron dexacion de todo el derecho que allí 
podian tener, de casa, hazienda, rayzes, o 
muebles, y para mayor firmeza se truxo apro- 
uadon y breue del Papa. El claustro príndpal 
que alli se vee agora, es el mismo que edificó 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



117 



el Arzobispo, siruioles a los Canónigos de 
Iglesia» y sírue oy en dia la piega que ha de 
ser capitulo, en tanto que se «difíca la otra, 
que por ignorancia, o malicia de los oficiales 
no se ha podido acabar fabrica de harta costa, 
y apparencia, sin fundamentos, de tal suerte 
que estando ya casi cerrada la copula del 
cimborio, se venia toda al suelo, y el mejor 
medio es deshazerla piedra a piedra, cosa de 
grande lastima. Este peligro corre en los 
que edifican por sola el aparencia. Tras este 
buen principio de fundador tan principal le 
sucedió luego a este conuento otro bien- 
hechor, como venido del cielo, para que la 
casa viniesse a lo que es, y los religiosos 
deila pudiessen exercitar la charidad con los 
pobres. A pocos dias de su fundación, vn so- 
brino del mismo don Pedro Tenorio, llamado 
luán Ortiz Calderón, cauallero de lo mas prin- 
cipal de aquella villa de Talauera, Alguazil 
mayor de SeuíUa, rico y muy hazendado, cobró 
grande deuocion a los religiosos de S. Geró- 
nimo, y veníale de atrás, por ser muy deuoto 
del santo Padre y Doctor. Comento a tratar- 
los, y visitarlos porque sentia gran aproue- 
chamíento en su alma, con lo que de su gran 
exemplo se le pegaua. Quando estaua mas 
dentro de su deuocion, y auia hecho notable 
buelta en sus costumbres, y mejorado su vida, 
llamóle nuestro Señor estando en Portogal. 
Sintiendo el buen cauallero que aquella era la 
enfermedad postrera, ordenó su alma; quarido 
vino a disponer de la hazienda, acordó dexar 
por heredero a su gran Patrón S. Gerónimo, 
y a sus hijos, entendiendo que auian de ser 
sus perpetuos Capellanes. Ordenó con este 
intento, en su vltima voluntad, que en vna 
heredad que tenia, llamada Castellanos, se 
edíficasse vn monasterio de san Gerónimo, 
aplicándole toda aquella hazienda, y la que 
posseya en otras partes. Dexó por sus testa- 
mentarios al Arzobispo su tio, al Abad de san 
Vicente, y a vn religioso de santa Catalina, 
que se llamaua F. Rodrigo. Comentaron los 
dos religiosos luego como murió luán Ortiz 
a tratar el negocio, dando parte de todo al 
Arzobispo. De alli a pocos dias murió el Abad, 
y a F. Rodrigo ocupóle la obediencia en otros 
negocios, quedóse solo con la massa del ne- 
gocio el Arzobispo: púsole en cuydado que 
medio tomaria, pensando en ello, acordó seria 
mas acertado juntar la hazienda que dexaua 
el sobrino, al monasterio de santa Catalina, 



que el auia hecho en Talauera, y hariase vn 
conuento con buen numero de religiosos, 
juzgándolo por mejor que hazer dos de pocos 
frayles, y pobres. Hizo luego relación al Papa 
desto, dándole las mejores razones que supo 
(sabíalas hkzer buenas, porque era muy letra- 
do, agudo, de mucho juyzio, y tras esto, según 
dizen, amigo de su opinión, y aunque magná- 
nimo, y emprendía grandes cosas, no muy 
liberal) y concedióle todo lo que le pidió fácil- 
mente, y ansí quedó todo incorporado en 
santa Catalina, que fuera mejor pues el Arzo- 
bispo pudiera tan fácilmente remediar su 
casa, que la voluntad vltima del sobrino se 
pusiera en execucion: obligó a los religiosos 
que dixessen vna missa de Réquiem cantada 
con responso, y que buscassen el cuerpo de 
su sobrino, y le trüxessen a enterrar én la 
capilla mayor del mismo conuento. Buscóse 
con mucha diligencia, y no se pudo hallar, y 
ansi quedó la capilla sin dueño. Después el 
año 1421. se dio por entierro a Pedro Xuarez 
de Toledo señor de Oropesa, que aun enton- 
ces no tenían titulo de Condes, que como era 
tan deuoto de la Orden de S. Gerónimo, la 
escogió por su sepultura, dotándola de algu- 
nos marauedis y pan de renta. Dizen también, 
por el primero y principal fundador don Pedro 
Tenorio (murió el año 1399. con harto desseo 
de ver el de 400.) vna missa cantada al princi- 
pio de cada mes, sin otros muchos sufragios, y 
sacrificios en reconocimiento de su obligación, 
y toda la Orden le deue mucho, y ansi lo 
agradece, porque la fauorecio en todo quanto 
pudo. No es de mi proposito tratar las cosas 
deste gran Arzobispo, y mas que ya otros se 
han encargado deste cuydado. Mas no se ex- 
cusa dezir lo que toca en común a la excelen- 
cia desta su casa. Aunque toda la Orden tiene 
como por exercicio la hospitalidad, acariciar 
huespedes, abrigar pobres, y socorrer neces- 
sidades, en este conuento, con particular 
ventaja, se trata lo que a los enfermos toca, 
por estar dentro de la villa y tenerios delante 
de los ojos. Las medicinas, y cosas de botica 
con que los socorre es extraordinaria cosa. 
Ay en la villa sus Médicos, en llegando cédula 
suya para el pobre, se da todo quanto se pide: 
también las piden los que podrian comprarías, 
a titulo que son mejores las medicinas que 
hazen los religiosos que las de los otros boti- 
carios: aguas distiladas dan sin ninguna dife- 
rencia. Aunque esta es tan gran lymosna que 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



bastaua, es la menor, porque se da otra mucha 
de trigo, pan cozido, carne» ropa, azeyte, y 
otras mil cosas que pide a la puerta la gente 
pobre, y vezina. Compranse cierto numero de 
paños cada año, para vestir pobres (dexó 
esto vna señora de Talauera, y siruen los re* 
ligiosos en este ministerio con mucho cuyda- 
do). Años muchos se dan a la puerta mas de 
ochocientas fanegas de pan, y algunas vezes 
han llegado a mil. Tienen hecha tabla de los 
pobres enuergonqantes de la villa, para darles 
de comer sin que se sienta, lymosna santissi- 
ma. Las Pascuas allende desto (y es costum- 
bre de muchas casas de la Orden) se da trigo 
y pan cozido, y corderos, para que los pobres 
tengan algún aliuio en aquellos dias alegres. 
Todo lo que se leuanta de las mesas del refi- 
torio^ aunque se vaya tan entero como vino 
(que acontece mas vezes que muchos piensan) 
se echa aparte para repartirlo a los pobres 
enuergonqantes. Con este respeto no tienen 
muchos religiosos animo para llegar a ello, 
sabiendo las grandes necessidades que aprie- 
tan a mucha gente honrada: sin esto se haze 
olla por si para los pobres. Fuera de todo esto 
y de la lymosna que el Prior tiene señalada 
para repartir por si solo, se proponen entre 
año otras muchas necessidades extraordina- 
rias, de parientes de frayles, y de otras perso- 
nas a quien ninguna obligación ay, y se soco- 
rren con gran largueza. Ossare afirmar vna 
cosa, que haze mas lymosna esta casa sola, 
que los dos mejores mayorazgos del Reyno, 
aunque tengan quatrotanta renta: y tras esto 
se da por mal empleado quanto tienen los 
monasterios. 

CAPITVLO XXIIII 

Prosigúese el aumento de la religión, con la 
fundación de la casa de la Murta de Valencia^ 
y la de la Trinidad de Mallorca, 

Otros santos hermitafíos nos llaman se- 
gunda vez, en el Reyno de Valencia, que están 
con gran desseo de verse hijos de san Geró- 
nimo, y con su habito, pues se le parecen en 
las costumbres. Junto de la villa de Alzira (poco 
mas de vna legua, hazla la parte de Leñante) 
pueblo en aquel Reyno muy conocido, sentado 
en la ribera del rio Sucron (que agora algo 
mudado el nombre se llama Xucar) se haze vn 
hermoso valle, y por ser tan admirable a la 



vista, y tan apacible a los ojos, los naturales 
le pudieron llamar con el mismo nombre, 
Miralles, aunque lo mas cierto es que lo tomó 
del apellido del dueño que se Uamaua Mira- 
cíes, y después lo mudaron en Miralles, que el 
vno y el otro en aquella lengua quiere dezir 
milagros. Está este valle entre vnos montes 
altos, vestidos en todo tiempo de verdura, 
que lo coronan graciosamente. Pinos altissi- 
mos y derechos que quieren competir con los 
del monte Libano, muchos romeros olorosos, 
arrayanes, murtas espessissimas, de donde 
tomó después el nombre: ¡as yernas y plantas 
mas menudas son de notable virtud, buscan- 
las alli de muchas partes para remedios. Los 
que enseñan en Valencia aquella parte de 
medicina, que es el conocimiento de los sim- 
ples medicamentos, vienen allí a exercitarsc 
los veranos con sus discípulos, como a vna 
escuela viua, donde hallan gran differencia de 
yernas, que no se ven fácilmente en otras 
partes, ni esto se deprende bien sino con los 
ojos. Afirman los doctos en esta facultad que 
es aquel valle, como vn rico compendio de 
quantas repartió la naturaleza en todo el 
suelo, y proueyole de vna fuente perpetua y 
caudalosa en la cumbre de la montaña con 
tanta maestria assentada, que derribándose 
naturalmente de lo alto por la ladera de la 
cuesta, que haze espaldas a la casa, con ella 
cultiua y regala casi todo el valle. Refieren que 
llegando alli vna vez vn moro de gran nombre 
docto en su ley y en philosophia, puesto en 
admiración del sitio, dixo, que si Ala no tenia 
en los cielos su silla, la tenía sin duda en 
aquel valle. Como son agudos y tienen noticia 
de los libros sagrados, para su daño, dizen 
que dixo otra vez graciosamente, que Dios 
auia mudado la escala de Jacob de do la puso 
primero, y puesto la en este valle, porque 
parecía la puerta del cielo. En todo hablaua 
conforme a lo poco que sabia, pues aun a su 
modo material, dixera mejor, que era bueno 
para escabclo donde pusiesse Dios los pies 
sentado en el cielo mas alto. Tuuo gana de 
ver este sitio el Rey don Phllippe segundo 
nuestro Señor, por auersele alabado tanto, y 
estando en aquel reyno el año mil y quinientos 
y ochenta y seys, con el Principe don Philippe, 
e Infanta doña Isabel sus hijos, se llegó a 
verie (aunque mas le lleuó la gana de ver el 
Conuento de que agora vamos a tratar). Hol- 
góse de mirarle, alabó mucho la amenidad del 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



119 



puesto. En este valle se recogieron algunos 
varones santos desseosos de dexar el mundo 
cerca de los años del Señor mil- y trezientos y 
dnquenta y siete: no ay noticia de donde 
salieron, quienes eran, ni en que numero, aun- 
que de las memorias que han quedado se 
colige, que alguna vez llegaron a onze, y onze 
Ermitas se vieron edificadas repartidas a tre- 
chos por el valle donde se encerraron a hazer 
vida estrecha y santa. Era señor del valle vn 
cauallero principal de la villa de Alzira llamado 
Arnao Serra. Alegróse mucho en ver poblada 
su heredad de tan buena gente, y juzgándose 
por dichoso por la mucha santidad que en 
ellos se conocía, le pareció dexarsela toda, 
haziendo gracia y donación liberalissima a 
Fray Pedro Barreda (ansi se llamaua el vno 
de los onze) y a sus compañeros. Hizose esta 
donación como dello consta, el año mil y tre- 
zientos y cinquenta y siete, con licencia del 
Rey don Pedro de Aragón, de donde se colige 
que algunos años antes auian entrado alli los 
Hermitaflos, pues no se vee la prueua de la 
vida,- ni se gana el nombre de santidad en poco 
tiempo. La Ermita de mayor espacio entre las 
otras, y donde todos concurrían, tenia titulo 
de nuestra Señora en el mismo sitio donde 
agora está el monasterio: dentro de los térmi- 
nos de Alzira en el Arzobispado de Valencia, 
A los lados tenia otras dos algo menores, vna 
del Archangel S. Miguel a la mano derecha, 
otra del santo doctor nuestro Padre S. Geró- 
nimo a la siniestra: donde se vee que estos 
Hermitaflos también se juntaron con titulo de 
San Oeronimo, imitando sus passos y su vida. 
Para que se perpetuasse la memoria de estas 
tres Ermitas, y el sitio que tenían, pusieron 
después en el retablo del altar mayor del 
Conuento a nuestra Señora en el medio (cuya 
es la vocación de la casa) y al lado del Euan- 
gelio al Archangel San Miguel, y al de la Epís- 
tola a S. Gerónimo. Otra Ermita estaua en lo 
alto de vn monte, que aun se veen las reliquias 
della, y la llamaron con sus santas considera- 
ciones monte Caluario, y ansí por el contorno 
estauan repartidas otras, que de algunas se 
veen los cimientos, y de otras las paredes; a 
vna llaman de S. Sophia, a otra de S. Marta, 
S.Juan, S. Pablo, S. Benito, S. Saluador, y en 
esta aun agora ay Hermitaflos. Viuiendo en 
este lugar tan solo y apartado, entendieron 
que los Hermitaflos que viuian en la Plana de 
Xabea, tenían ya forma de religiosos, y reli- 



gión de San Gerónimo confirmada por el Papa 
Gregorio XI. Mouidos como de vna santa 
inuidia, por no auer sido los primeros, se jun- 
taron, y comentaron a tratar que seria bien 
hazer ellos otro tanto, pues buscauan el ca- 
mino seguro para hallar el bien que desseauan. 
No fueron todos de vn parecer en esta junta. 
Los ocho dellos dlxeron que lo importante y 
seguro era yrse todos al monasterio de la 
Plana, y pedir al Prior que les diesse el habito, 
y profession, y hecho esto tornarse a sus 
celdas, y edificar en aquel valle vn monasterio 
donde viuiessen como religiosos de San Ge- 
rónimo. Los otros dos dixeron que no querían 
salir de alli, mas prometían ser religiosos en 
el punto que vlessen monasterío de San Ge- 
rónimo en aquel valle. Vno solo que era como 
el primero y cabega, llamado Fray Pedro Ba- 
rreda, no vino en vno, ni en otro, sino que se 
quería quedar en aquella prímera manera de 
vida. Passó ansi todo, los ocho se fueron 
luego al monasterio de la Plana, y dieron no- 
ticia de su determinación, y en lo que venían 
resueltos: parece que no tomaron luego el 
habito, sino que visto el negocio por el Prior 
y religiosos de la Plana, consultaron el caso, 
y pidieron licencia al Papa para daríes el ha-, 
bito, y fundar monasterio. El Papa, que según 
dizen aun era Gregorio XI. remitió la causa 
al Diocesano, el año de mil y trezientos y se- 
tenta y seys, el quinto de su Pontificado. El 
Obispo de Valencia don Jayme, que también 
era Cardenal, cometió la causa al doctor 
Pedro Monfort Canónigo de su Iglesia. Este 
vino personalmente al valle de Miralles, y 
considerando el lugar tan apacible para fun- 
dar monasterío, y la voluntad determinada de 
los ocho, y el proposito y promessa de los 
dos, dio licencia por la autorídad Apostólica 
para que se fundasse el monasterio, y por el 
derecho que tenia el Pedro Barreda que no 
quería mudarse, sino estarse en su Ermita de 
S. Benito, le señaló vna parte de suelo en que 
viuiesse, y que después de sus días se jun- 
tasse con lo demás del monasterío. Tomaron 
luego los religiosos de la Plana la possession 
de la Capilla de nuestra Señora, de las tierras 
y heredades señaladas, y trataron de que 
luego se comen(;asse la fabrica del monasterio 
con titulo de nuestra Señora de la Murta de 
Valencia, o valle de Miralles. 

En este estado estaua esta nueua planta, y 
permitiéndolo el Señor, sucedió en estaocca- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



sion la desgracia grande que arriba referimos, 
de que los moros de África se Ueuaron capti- 
uos los religiosos del monasterio de la Plana, 
y robaron todo lo que hallaron, y ansí cessó 
por entonces el edificio deste nueuo monas- 
terio. No ay mas noticia de que se hizieron, 
ni en que pararon estos Hermitaños desde el 
año mil y trezientos y setenta y seys, ni si 
tomaron el habito, o se estuuieron, como 
antes, hasta el año 1401. que hecho el rescate 
de los religiosos de la Plana por el clarissimo 
Duque de Gandia, como diximos, con tanta 
largueza., y estando ya assentados en la nueua 
casa de Cotalua, trataron de embiar seys 
Frayles, para que prosiguiessen la fundación 
del monasterio de nuestra Señora de la Murta. 
Donde consta que dende aquellos primeros 
mouimientos de los Hermitaños passaron 
veynte y cinco años, porque ei de mil y quatro- 
zientos y dos, a onze de Febrero, salieron a 
la prosecución del negocio. Entre los seys que 
vinieron a esta fundación, el vno fue el Prior 
del mismo monasterio de Cotalua, Uamauase 
Fray Domingo Lloret; renuncio el Priorato, 
pretendiendo yr a trabajar como nouicio en 
la casa nueua, y a gozar de los trabajos y 
pobrezas, que es común en todas estas fun- 
daciones, buenas señas de su perfecion, y 
humildad. Entiéndese que le hizieron luego 
Prior de la Murta, y el lo seria en todos los 
trabajos. Edificóse la casa entre las peñas de 
aquel valle, tan pequeña como agora se vee, 
aunque tragada con tan buen ingenio, que 
pone en admiración a los que la veen por lo 
de fuera, y de repente, no pudiendo entender 
como en tan pequeño edificio y casa puede 
auer cumplimiento de casa de San Gerónimo, 
claustro, celdas^ dormitorio, refetorio, y otras 
oficinas, y ay todo esto tan bueno, que es de 
lo bueno. Muchas cosas tiene esta casa de 
singular consideración, diré algunas, y sea la 
primera: que todos quantos han ydo a seruir 
en aquel Conuento, por amor de la Virgen, y 
de sus sieruos sin otro interesse, han hallado, 
aun en esta vida, paga auentajada, prospe- 
rándolos Dios en cosas temporales, y en pago 
de su piedad, (como otro tiempo a las parteras 
de Egypto por la que tuuieron de los niños 
Israelitas) les ha edificado casas, haziendolos, 
como dizen, de buena ventura. A la fama del 
interesse y con la experiencia, han ydo muchos 
a seruir en aquel Conuento a los sieruos de 
Dios estando alli largos dias, y después les ha 



respondido con logro auentajado su seniido. 
Tanta es la largueza diuina con los que del se 
fian. Ansi tienen como por prouerbio, en aque- 
lla tierra, quiero yr a seruir a N. S. de la 
Murta, para hallar buena ventura. Tras esto 
se entiende otra cosa admirable. Que se les 
han offrecido a estos sieruos de Dios muchas 
ocasiones de tener algún mayor aliuio de su 
pobreza y sustento, porque son de los pobres 
que ay en esta religión, y nunca Dios lo ha 
dexado llegar a effecto, porque quiere que 
enriqueciendo a otros, ellos viuan en la po- 
breza santa que comentaron. Juntase también 
a esto otra común opinión nacida de hartas 
experiencias, que con ser aquel reyno de Va- 
lencia en los tiempos passados muy fatigado 
de pestes, suelo demasiado caliente y húmedo, 
aparejado para corrupciones de ayres, jamas 
se ha visto morir en todo el Valle de Miralles 
alguno de peste: de donde viene, que no solo 
el monasterio, mas aun las cueuas y cauemas 
son comp vn sagrado, a do se acogen los que 
huyen por sus delitos, de lavara de la justicia 
diuina. Algunos quieren reduzir este efecto^ a 
la virtud de las plantas y yernas, que espiran 
vn vapor saludable, antidoto, como ellos dizen, 
contra la malicia del ayre. Los que lo miran 
mejor, dizen que no es sino otra mas leuan- 
tada virtud: sea lo vno, o lo otro, la experien- 
cia lo enseña ansi. Mostróse esto bien el año 
1530. que llaman en aquel Reyno, el de las 
muertes, y en este Valle no se pudo llamar 
ansi, porque no entró ninguna en el, guare- 
ciéndose dentro muchas almas. Este mismo 
año, como ya de atrás venia la fama, se vino 
a retirar a este conuento don Luys Vique, con 
su muger doña Mencia Enrique de Lara, y no 
solo no les tocó en vn cabella la peste a ellos 
ni a su casa, mas aun saUeron con grande 
alegría, y mejora de vn hijo, que después fue 
Obispo. Sucede otra cosa aqui harto notable. 
Está este monasterio, como hemos visto, en 
vn desierto, casa pequeña, pobre^ sin defensa 
de armas, ni socorro del suelo, y la tierra toda 
llena de ladrones Moriscos Monfies, que ha 
auido siempre mucho desto en aquel Reyno, 
aconteciendo vezes no poderse salir de casa 
sin manifiesto peligro, ni caminar sino en 
quadrillas. Con todo esso, jamas ha aconteci- 
do desgracia a religioso, ni a cosa de aquella 
casa, desde su fundación hasta oy. Hase visto 
por vezes, traer espiado estos facinorosos al 
Procurador del conuento, para quitarle la 



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HISTORIA DE EA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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vida, y lo demás, aguardarle en lugares estre- 
chos por donde era fuerqa passar, y de hecho 
passar por entre ellos, y taparles nuestro 
Sefior los ojos, porque passasse su sieruo 
libre. Sucedió en confirmación desto vn caso, 
que por estar tan calificado me atreuere a 
contarlo. El Doctor Micer Rodrigo Salcedo, 
del consejo de su Magestad en el reyno de 
Valencia, varón de muchas letras, e ygual 
virtud, contó en la misma casa de nuestra 
Señora de la Murta lo que ya en ella se en- 
tendía por alguna tradición, y dixo, que el aula 
leydo vn processo criminal fulminado contra 
vn Morisco, vassallo de don Gerónimo Vique 
señor de Llauri, y condenadole por sus deli- 
tos a muerte, y estando al pie de la horca, 
dixo, que por el passo en que estaua que no 
tenia culpa en el deUto porque le condenauan, 
aunque tenia la muerte bien merecida, porque 
en días atrás aula acompañado y sido guia de 
vnos Moriscos Monfies que auian passado 
del Reyno de Granada, para que robassen el 
monasterio de la Murta de nuestra Señora, y 
matassen todos los frayles. Lleuauan instru- 
mentos con que romper las puertas, llegaron 
a vna que les pareció mas fadl, y hallaron 
delante della vn León ferocissimo que les 
puso mucho miedo. No escarmentamos con 
esto, dezla el Morisco en su confession, y 
como yo sabia bien la casa, por ser familiar 
en ella, llénelos por otra parte que me parecía 
se podía entrar, hallamos alli dos Leones de 
ygual fiereza que el primero, y aunque aqui 
tuuimos mucho miedo porfiamos con nuestro 
mtento y buscando otra entrada, desseando 
executar nuestro Intento, hallamos tresdo- 
blada la guarda de los Leones; aqui nos dio 
tanto pauor que no osamos porfiar, y nos 
fuymos, y por este pecado me trae nuestra 
Señora a laborea. Tomóse todo esto por tes- 
timonio ingirióse en el processo, y alli se 
guarda. Otras vezes aguardando al Frayle los 
salteadores, y passando sin verle encontraron 
con el mo^o, que venia detras algún trecho, 
preguntauanle que adonde dexaua el amo, 
respondía que bien le auian visto, pues aula 
passado entre ellos, cosa que los admiró, mas 
no los mudo de su mala vida: también podre 
afirmar otra cosa por euidente maraullla, y 
por ser continua, no se siente. Es casa como 
he dicho pequeña en edificios, y mas en renta, 
acuden muchos pobres, y muchos huespedes, 
ya todos se haze mucha lymosna, y verdade- 



ramente no saben de que, ni de donde sale, 
ni por donde entra, sino por la puerta de la 
caridad y de la largueza diuina. Muchas vezes 
no ay mas de la pobre ración ordinaria para 
el Conuento, llegan otros tantos, y mas a la 
puerta, repártese entre todos, que no es poco 
saberlo partir, y para todos ay, y sobra. Su- 
cede mas de vna vez no quedar bocado de 
pan en el arca, vienen como suelen gentes 
necessitadas, manda el Prior que les den lo 
que huuiere, acuden por hazer la obediencia 
los oficiales adonde saben que no dexaron 
nada, y hallan lo que sin duda puso la largueza 
diuina, para que lo diessen. Hazen los religio- 
sos deste Conuento por su deuocion y exer- 
ddo algunas estampas de estas pequeñas 
que fiemos tener por registros en los libros. 
Hanse visto con eñas grandes effectos, diré 
alguno de mil, por ser del glorioso doctor San 
Gerónimo. Estaua en la villa de Alzira vna 
donzella a quien trataua mal el demonio: vn 
Clérigo denoto llamado Mosen Pelegri, aula 
tomado a cargo exorcizarla: haziale muchos 
conjuros, y aprouechairan poco en el enemigo, 
que estaua muy apoderado de la cuytada. 
Acertó a yr el Qerigo al monasterio y como 
tenia noticia de los efectos grandes que hazian 
las estampicas, y en particular la de S. Geró- 
nimo, rogóle al Sacristán le diesse alguna si 
tenia. Andana embarazado con no se que 
oficio de la sacristía, y respondióle que no 
podía por entonces, porque estaua ocupado. 
Pidióla a otro religioso y diosela: buelto a 
Alzira, fue a ver la triste endemoniada, y 
mucho antes que Uegasse dixo el demonio 
por la boca della a grandes vozes, vengays 
mucho en hora mala con vuestro Geronimillo, 
quitádmele de delante que me da pena, y 
agradéceselo, porque si no fuera por el yo os 
derribara del cauallo, quando lo corristes en 
tal parte, y yo hize con Fray Romero que no 
os diesse la estampa, que le pedistes en la 
sacristía, mal aya quien os la dio. Sacó el 
Clérigo luego la imagen de S. Gerónimo, y en 
viéndola se quería hazer pedagos, y daua 
mucho tormento a la triste moga. Cosieronsela 
por fuerga a la ropa, y como si con aquello la 
amarraran a vna coluna, estuuo sossegada sin 
osarse menear, y de alli a pocos días salió de 
todo punto della. Muchas otras cosas pudié- 
ramos dezir deste Conuento denoto de Mira- 
lies, o milagros, como es el oyr cantar los 
Angeles en el ayre, ayudando a Coros en los 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



Maytines a los sieruos de Dios, y quando no 
huuiera sino las vidas de los religiosos que 
en el viuen son vn milagro continuo; en su 
lugar proprio diremos algunas dellas, que si 
se dixeran todas, fuera processo muy largo. 
Antes que salga de aquel reyno diré de vna 
casa que se fundó en estos mismos años en 
las Islas Baleares que llamaron los Griegos 
Gymnesias, y agora las llamamos Mallorcas, 
o Mayorícas. En la principal huuo en aquellos 
tiempos primeros vna casa de la Orden con 
titulo de la Trinidad. Tuuo su principio de 
vnos Hermitaños que se recogieron en ella 
con desseo de imitar al glorioso padre y 
doctor S. Gerónimo. No ha quedado mas cla- 
ridad de su fundación, en los libros de los 
capítulos generales ay memoria, porque se 
halla en ellos, y puesta luego tras esta santa 
casa de la Murta de Valencia, como se vee en 
los nueue primeros capítulos generales con 
Prior y procurador de la Trinidad de Mallorca. 
Por verla tan apartada, y tan dificultoso a los 
visitadores de la Orden passar alia, y tornar, 
y con tanto peligro del mar, acordó la Orden 
dexarla: porque siempre ha tenido mas consi- 
deración a cultiuar bien lo jpoco, que tener 
mucho embosquecido y maltratado. Ni la codi- 
cia de extenderse por el mundo la ha des- 
asossegado^contentandose con ser religión de 
España, y tener por mojones los que el mismo 
mar le ha puesto, como se vera con otros 
muchos exemi)los. En el séptimo capitulo ge- 
neral, por estas razones trataron de juntar 
esta casa con la de Murta de Valencia, por 
ser la mas vezina. Encomendaron el negocio a 
vn sieruo de Dios llamado F. Francisco Dome- 
nec. Prior de la misma casa de la Murta, para 
que poco a poco fuesse passando todo lo que 
auia de aquel Conuento al suyo en tanto que 
se pedia la facultad al Papa; para de todo 
punto conuertir allí lo de aquel Conuento, el 
Prior comento a hazer lo que se le auia orde- 
nado. Sintiéronlo los Mallorquines, agrauia- 
ronse mucho que la Orden los desamparasse, 
y lleuasse de allí los religiosos de quien tenían 
mucha satisfacion, y sentian harta consolación 
y prouecho. Hizieron resistencia, pusiéronse 
a la defensa despertando también para ello al 
Obispo que junto con los Cónsules hizieron 
quanto pudieron para estoruar que no tuuies- 
se effecto. La Orden (que con ellos ni con 
nadie quiere pleytos) dexoles la casa, y todo 
quanto en ella auia, aunque era suyo, solo los 



religiosos no quiso dexarles, truxolos a Es- 
paña, y repartiólos por algunas casas. En el 
capitulo general que se tuuo el año 1443. 
mandaron que si el Prior de la Murta auia 
passado algunas cosas de plata, dinero, ropa, 
o otras cualesquier alhajas de la Trinidad de 
Mallorca a su casa, las podia tener con segura 
consciencia, porque era de mucho menos va- 
lor que lo que el auia gastado en los caminos 
que auia hecho passando a la Isla, y en tratar 
el negocio que se le auia encomendado por la 
Orden, como se pareció por los descargos del 
sieruo de Dios, que tenia el alma muy libre de 
cargos, como veremos en su vida. Ansí se 
quedó aquella casa fuera, y la Orden des- 
embarazada de su cuydado, teniendo siempre 
consideración, que quanto mas juntos, y como 
entre sus bracos tiene sus hijos, tanto mas 
seguros, vnidos, y bien gouernados están. 

CAPITVLO XXV 

Prosigue la extensión de la Orden con la fun^ 
dación de la casa de San Gerónimo de Espe^ 
Ja, y la de S. Miguel del Monte, o Morcuera. 

Parecía también en los ojos de todos el 
instituto y Orden del glorioso doctor San Ge* 
ronimo, que aun los muy occupados en los 
negocios del siglo se preciauan de fauorecerla. 
Víose esto bien en la casa que se llama San 
Gerónimo de Espeja. Edificóla el Cardenal de 
España don Pedro de Frias quatro leguas del 
Burgo de Osma donde el era Obispo, y dos 
de la antigua Clunia, que agora dicen Coruña 
del Conde, a differencia de la que est¿ en 
Galicia, puerto insigne. Algunos dizen que 
esta Clunia antigua no es la que agora 
llamaron Coruña, sino lo que llaman Castro, 
y las ruynas que se descubren con alguna 
parte de vn amphitheatro hazen euidenda, 
aunque están tan juntas Coruña y Castro, 
que todo puede ser verdad. Plinio (porque 
digamos esto de camino) la haze cat>e9a de 
Conuento, y Ptolomeo la llama Colonia de Se- 
gouia y van alli a pleytos; hallanse aun agora 
muchas monedas de cobre, y de plata, yo he 
visto algunas. Todo el pensamiento del Car- 
denal fue hazer vna obra pía de mucho nom- 
bre por cobrarle en esto, entendiendo que no 
le tenían por muy denoto. Pareclendole que 
con edificar vn monasterio de Religión, qu9 
tanto exemplo daua al mundo, soldaua en 



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HISTORIA DB LA ORPEN DE SAN GERÓNIMO 



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parte esta quiebra. También por complazer al 
Rey don Henrique el tercero, a quien via aficio- 
nado a esta Religión, regla de priuados, ves- 
tirse del gusto de los Reyes. También preten- 
día dexar alli su memoria, y sus huessos, 
sino que los consejos de los hombres no al^ 
cangan siempre los fines que se prometen. 
Todos estos motiuos juntos despertaron al 
Cardenal para emprender vn negocio ni muy 
de su condición, ni de sus cuydados: tanto 
puede la virtud agena, Auia vna Ermita de 
santa Águeda en la distancia que hemos dicho 
de la ciudad de Osma, que otro tiempo se 
llamaua, según Ptolomeo, Vxama Argele en la 
parte Tarraconense, entre los Arreuacos, o se- 
gún otros los Pelendones» de donde pienso se 
llaman agora los Melenaques por el habito de 
los moradores (los Arreuacos se llaman ansi 
del rio Erezma, y si e^ el que agora passa por 
Segouiai que le llaman ansi) está harto dis- 
tante, y tiene al rio Duero en m^dio, y ansi 
diaen otros que los Arreuacos eran pueblos 
junto a Madrid, de donde quedó el nombre 
de Arauaca, y otros que no, sino Arénalo, y 
tienen estos mas razón por estar mas juntos 
al rio Erezma (tan trocado estji todo con el 
tiempo). En aquella Ermita se recogieron 
algunos Hermitaños, donde hazian vida santa; 
como el Cardenal entendió que la Orden de 
S. Oeronimo se auia leuantado de esta gente, 
halló buena ocasión para lo que pretendía. 
Determinó fuesse alli la casa, comentóla a 
edificar, y offreciola a la Orden luego, el año 
nril y quatrocientos y cinquenta y vno, en 
veynte y dos de lunio. Lleuó frayles, no se de 
donde, ni de que casa los sacaron, hizoles 
donación de la Ermita, con las casas, y here- 
dades que tenia alli junto, y otras que com- 
pró de nueuo, aplicóle otras rentas ecclesias- 
ticas, como se parece en»las escrituras que 
guarda el Conuento. En tanto que se edificaua 
el monasterio, vinieron los religiosos en las 
celdillas, y casas, que estañan junto a la Er- 
mita, escogióse el sitio para hazer planta al 
nueuo monasterio vn poco mas baxo della, 
por la comodidad de vna fuente que alli nacia, 
pues fuera cosa desacomodada quedar la 
casa sin agua, poniéndola mas alta: y ansi la 
Ermita de Santa Águeda quedo fuera. Como 
el cardenal era rico y poderoso, en breue 
tiempo subió el edificio mucho. Hizo un buen 
claustro donde viue el Conuento y otro mas 
pequeílo, para hospedería, y tiene dentro la 



fuente donde se prouee toda la casa de agua. 
Hizo también la Iglesia y portada toda de 
cantería, y de la buena architetura de aquel 
tiempo, y quiso que todo ello se llamasse casa 
de S. Gerónimo de Espeja. Este nombre tenia 
aquel termino (digamos esto de camino) por 
vna famosa cantera que esta alli cerca de 
laspes, los mas finos, y de mayor variedad 
que ay en España, aunque se hallan en ella 
los mejores de Europa (hasta en esto quiso 
el cielo enriquecerla) a dicho de quantos bien 
entienden de piedras. Traspusieron las letras 
del nombre, por |a figura que llaman los Grie- 
gos Metathesis, que quiere dezir trasposición, 
y de laspe, dixeron Espeja, cosa muy vsada 
en las lenguas en especial en la Hebrea, donde 
lo tomó la Castellana: la ra^on de llamar a 
estas piedras laspes, no siéndolo en la ver- 
dad| sino vna suerte de mas finos marmoles, 
es el color vermejo, o rojo, con la varíedad de 
las manchas y colores que le hermosean tanto. 
La piedra que verdaderamente se llama laspe, 
es del numero de las preciosas, llamadas ge- 
mas, porque se engastan y assientan en los 
metales preciosos, oro y plata de aquella mis- 
ma suerte que la yema del árbol, y aquel 
primer cogollito de la flor, donde esta ence- 
rrado el fruto, sale como engastado en la 
verdura de aquel tallo, o yema, donde tomó 
el nombre, y de yema la llamamos gema. Son 
las gemas y piedras preciosas todas pelluci- 
das, o perlucidas, que en Castellano llamamos 
transparentes, y el verdadero laspe es vna 
dellas, y la postrera en orden de las que Dios 
mandó poner en el pectoral del sumo Sacer* 
dote, y la prímera del templo que vio S. luán 
en la reuelacion de lesu Christo, mysterío 
mas alto para tratarse aqui, que las leyes de 
la historía permiten: llamada también ansi, 
lASPHE, en aquella lengua santa, y en la 
Arábiga, y los interpretes Chaldeos la llama- 
ron Panthera» nombre bien adaptado, por 
tener este animal la piel variada con gran 
hermosura de manchas muy semejantes a las 
del laspe, o marmol de nuestro Espeja; hanse 
trahido desta cantera grandes piegas, y mu- 
chas a la fabrica de S. Lorenzo el Real, ha- 
ziendo el Rey don Philippe merced a aquel 
Conuento, por este respeto de algunos mara- 
uedis. Ay otras muchas differencías de laspes 
en España, verdes, amarillos, sanguíneos, y de 
otros colores, que se ven en esta fabrica, de 
que trataremos a su tiempo mas de espacio. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



Tornando a nuestro proposito, el Cardenal 
don Pedro de Frias prosiguió con tanta afición 
la fabrica de su monasterio, que en breues 
años lo hizo poco menos todo, aunque no se 
puntualmente que tanto tardó en ello. No 
pudo gozar lo que auía pretendido, que era 
morir en paz, y en su priuanga, y enterrarse 
en* su Conuento, porque no sale todo ala me- 
dida del desseo. Comengó a príuar también 
con el Rey don Juan, como con don Henrique 
su padre; era hombre de linage mediano, de 
mas astucia que letras, hasta ser juzgado por 
malicioso. Teníanle tras esto por hombre de 
poca deuocion, aunque era Obispo, y no tan 
honesto como pide dignidad tan santa. Tras 
esto, amigo de comer y vestir regaladamente, 
usaua de olores que le afeminauan mucho, y 
de lo mismo tenia la apariencia, y aun las 
costumbres. Tal le pintan los historíacjores de 
aquel tiempo, de donde lo tomaron los Moder- 
nos que han escrito compendios de historia. 
Auia hecho muchos agrauios, tratado mal no 
a pocos. El Rey don Henrique era algo codi- 
cioso, que entre muchas virtudes tuuo esta 
falta: salíale muy bien a esto el Cardenal, 
impuso muchos tributos, adelantó las rentas 
reales, allegaua para el Rey y aun para si con 
demasiada codicia. Todo esto le auia hecho 
mal quisto, pensaua remediarlo con buenas 
palabras (que las tenia, y estudiaua en saber- 
las dezir) mas no bastaron para soldar tantas 
malas obras. Hallaron sus contrarios, que eran 
muchos y fuertes, ocasión para derribarle, y 
salieron con ella. Riñeron el y el Obispo de 
Segouia don luán de Tordesülas, muy mal en 
presencia del mismo Rey don luán estando en 
Burgos. Algunos escuderos del Cardenal, en- 
tendiendo que le seruian y dauan gusto, apa- 
learon al Obispo de Segouia el mismo dia, 
porque no se enfriasse la colera, entendieron 
todos que auia sido por orden del Cardenal. 
Dize Fernán Pérez de Guzman historiador del 
Rey don luán el segundo, que el mismo le pre- 
guntó al escudero, que dio los palos, si se lo 
auia mandado el Cardenal de España, y que le 
juró que no, sino que el lo auia hecho por 
complacerle. No aprouechó este testimonio» 
porque estauan los ánimos muy indignados. 
Fueronse para el Rey don luán, Diego López 
de Stuniga su justicia mayor, y luán de Ve- 
lasco su camarero mayor con otros muchos 
caualleros querellando del hecho, afeando, y 
acriminando el caso, con ánimos tan determi- 



nados, que el Rey también se determinó con- 
tra su natural tibieza de mandar que el Obispo 
de Osma y Cardenal de España estuuiesse 
detenido en el monasterio de San Francisco 
donde posaua. No se contentaron con esto, 
porque el intento no era sino echarle de la 
Corte, y derribarle de la priuanga: persuadie- 
ron al Rey (dando en el medio que mas le 
auia de mouer, que era la codicia vicio here- 
dado) que le mandasse yr a Roma sobre la 
determinación de la causa, y que con esta 
ocasión podría auer mucha cantidad de dinero 
que el Cardenal tenia allegado. Mandólo ansí, 
y ansi se acabó la príuanga del Cardenal don 
Pedro de Frías, haziendole la guerra lo mismo 
con que pensaua sustentarse, que era el dine- 
ro. Esta firmeza tiene todo lo que no estriuaen 
Dios, que ello mismo se conuierte en daño de 
los que en ello ponen su confianza. Antes que 
se fuesse a solicitar su causa, o por mejor dezir 
a cumplir su destierro, no se olvidó de su casa 
de Espeja a quien cupo harta parte desta des- 
gracia, dexole cinquenta mil florines que tenia 
guardados en la fortaleza de Cabrejas que era 
suya. Y estos con otros cinquenta mil vinieron 
a manos del Rey don luán. Entendió después 
que de los primeros auia hecho donación al 
monasterio de S. Gerónimo de Espeja, y que 
de justicia eran suyos: offreciose de satisfa- 
zerlos a los religiosos, porque tenia necessi- 
dad del dinero: dixoles que pidiessen en que 
querian se hiziesse la satisfacton, como no 
auían heredado la sagacidad, ni la codicia del 
fundador los religiosos de Espeja, respondie- 
ron que ellos eran veynte y cinco, que con 
veynte y cinco mil marauedis de renta perpe- 
tua, para cada vno mil marauedis, quedarían 
satisfechos. Hizoles luego el Rey merced de 
las tercias de Valdenebreda, que vallan aque- 
lla suma, y el se quedó con los cinquenta mil 
florines, que en aquel tiempo le fueron de 
mucha importancia. Murió el Cardenal don 
Pedro de Frias en Florencia, año de mil y 
quatrocientos y veynte y cinco (el mismo en 
que nació en España el Príncipe don Henríque, 
que fue el quarto) caydo de su príuan^a, des- 
terrado de su patría, lleno de trísteza y des- 
contento, y con gusto de sus contraríos, no 
dexando escarmentados a los que tras el se 
siguieron, pues tan sin miedo destas caydas 
rabiosas se van desalentados tras las príuan- 
^as. No se como o porque le tnixeron a en- 
terrar a la Iglesia mayor de Burgos, y tiene 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



J25 



SU sepulcro a tas espaldas del Coro eael cru- 
cero. Enterróse después en su misma casa e 
Iglesia de Espeja el Obispo de Tuy, y ansi 
quedó por entierro de los Auellanedas, porque 
ella dexó tan libre, que ninguna memoria hizo 
della. No dexó ni vna Mtssa de obligación, 
agora fuesse oluidado, o que se fió, como 
otros muchos de los religiosos, y lo dexó a su 
aluedrio. No se engañó, si fue este su pensa- 
miento, porque ordenaron en su Conuento, 
reconociendo lo mucho que auia hecho por la 
casa, que se le dixessen cada año mucho nume- 
ro de Missas (que nunca el pidiera tantas) y 
sus memorias y oficios cantados con la mayor 
solemnidad que pueden, y como esta Religión 
sabe. Padeció este trabajo el Cardenal, y tuuo 
este fin tan desdichado, ya que no por los 
palos del Obispo Tordesillas, que falsamente 
le impusieron sus contrarios, por otras mu- 
chas cosas que arriba tocamos. Créese fue 
misericordia de Dios, para que purgase algo 
en esta vida, y alia no fuessen las cuentas de 
tanto alcance. No tuuo mejor dicha el Obispo 
de Segouia don luán de Tordesillas su compe- 
tidor (porque lo digamos de passo); auia que- 
dado con el tesoro del Rey don Henrique pa- 
dre de don luán, nunca pudo el Rey hazerle 
llegar a cuentas, ni dar razón deilo. Por ser 
Obispo no le sabia apretar como quería, que 
aunque era floxo y de poca execucion, en ma- 
teria de interesse no le faltaua animo, embió 
el Rey a suplicar al Papa que cometiesse esta 
aueriguacipn al Arzobispo de Toledo, y tam- 
bién al Obispo de Zamora don Diego de Fuen- 
salida, y requerido este de parte del Rey, para 
que prcndiesse al Obispo de Segouia, porque 
no se ausentasse el de Zamora, se dio buena 
maña y supo como don luán estaua cerca de 
Segouia en vna Ermita del Abbadia de Parra- 
ees, donde se auia escondido trasluciéndosele 
algo de lo que el Rey pretendía. Halláronle 
alli, requirió el Fiscal del Rey al Obispo de 
Zamora que le prendiesse. Temió de ha- 
zerk) por estar dentro de la Iglesia, hasta dar 
noticia al Rey, como si huuiera de absoluer el 
caso, escogió por mas seguro medio, tomaríe 
juramento que no saldría de alli hasta que 
boluiesse de hablar al Rey. En partiéndose el 
de Zamora, se fue huyendo en vn buen caua- 
11o a Santiago de Galicia, y de alli a Porto- 
gal; desde alli se fue a Valencia, donde estaua 
doña Catalina hermana del Rey, que también 
andaua de quiebra con el hermano, y ansi 



anduuo el cuytado Obispo fugitiuo, y deste- 
rrado. Aunque aquellos tiempos eran de me- 
nos malicias que estos, no eran menores los 
escándalos, sino que tenian alguna escusa con 
la ignorancia: siempre el hombre fue el mismo, 
con mas, o menos auisos, para exercitar sus 
malos propósitos, e inclinaciones. El Prior de 
Espeja es patrón del hospital de Roa, visítalo 
cada año, y el mismo con el Conuento es pa- 
trón también de vna memoria pía, para casar 
cierto numero de huérfanas, que dexó vn 
Indiano: haze mucha lymosna la casa a los 
pobres de aquella tierra, que es gente neces- 
sitada, y el suelo estéril, y sino fuesse por la 
gran piedad del Conuento, que casi los sus- 
tenta, passarían gran miseria, y hambre, y 
aunque al Conuento no le sobra, para hazer 
lymosna no falta. 

La fundación de S. Miguel del Monte. 

Andaua Dios recogiendo por toda España 
los varones santos que el auia sacado del 
mundo, y llenado de su espíritu sus almas: y 
con esto caminauan, buscando la felicidad 
eterna, escondidos por los desiertos, breñas, 
riscos, hermitas. Estauanse ensayando en 
aquellas vidas penitentes, mezcladas de obe- 
diencia y soledad, de dos en dos, de tres en 
tres, bastante compañía para lo prímero, y 
suficiente desamparo y desnudez para lo se- 
gundo. Con lo vno no se les haría dificultoso 
ni nueuo el negar su propría voluntad, y a si 
mismos; y con lo otro fácil el encerramiento 
de la vida monástica. En la parte Tarraconen- 
se de España, a la raya de la prouincia de 
Cantabria, junto a las riberas del río Ebro, de 
quien algunos pensaron (mirándolo superfi- 
cialmente) que se llamó España, Ibería, se 
hazen vnos montes no muy altos, aunque 
ásperos y fríos, ramos de los montes Doca, 
llamados de los Antiguos, Idubeda, aunque en 
esto ay también sus opiniones, corre por en- 
tre ello^ el rio Ebro; en vn valle que se haze 
en la tierra, se recogieron vnos santos hermi- 
taños, en diuersas celdillas puestos, hombres 
de grande espíritu, muy penitentes, desenga- 
ñados de todo lo que nos engaña,- proprios 
nouicios para fundar orden de san Gerónimo, 
o mejor, propríos vasos para poner Dios en 
ellos tesoros preciosissimos. Tenian vna her- 
mita príncípal, a quien auian puesto por nom- 
bre S. Miguel del Monte, o porque estaua alli 



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126 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN QBROIflMO 



en el monte» o aludiendo a los aparecimientos 
deste santo Archangel. Alli se juntauan los 
días de fiesta a oyr missa, que la dezia alguno 
dellos: tratauan después de los mysterios de 
nuestra redención: dezia cada vno lo que 
nuestro Señor le comunicaua, y lo que le 
daua a sentir quando mas de espacio ponia su 
pensamiento en esto: auia coloquios altissi- 
mos, y de mucha edificación, que si nos que- 
dara memoria dellos, fuera de gran consola- 
ción y auiso para mortificar nuestras pasio- 
nes, mejorar nuestras vidas, penetrar las 
astucias con que el demonio nos acomete, 
saber la discreción de los espíritus, y otras 
cosas necessarias sumamente para los que 
nos preciamos de sus hijos, herederos del 
buen nombre que nos dexaron con su exem- 
plo. Pensaron siempre acabar desta manera 
lo que les restaña de la vida, contentos con 
sainar sus almas, aprouechar a si solos en 
aquella rusticidad santa, sin leuantar el pen- 
samiento a otro estado de vida, oluidados de 
qualquier negocio criado» sino de ganar el 
reyno de Christo, por el camino estrecho de 
la penitencia, soledad» silencio: vida verdade- 
ramente de Angeles. Llamaualos la gente 
comarcana Beatos (este era el nombre co- 
mún destos hermitaños por toda España). 
Sustentauanse del trabajo de sus manos, por- 
que también en esto les alcan^asse la bien- 
auenturanqa que Dauid canta: dauanles algu- 
nas lymosnaslas gentes vezinas, que les tenían 
mucha deuocion. A esta sazón era Obispo de 
Calahorra don luán de Guzman, andana visi- 
tando su Obispado: tuuo noticia de la vida 
destos santos varones, y entendiendo que se 
recogían o juntauan algunas vezes en la her- 
mita de S. Miguel, que aquel año tocaua a su 
distrito, acordó de yr a visitarla, y visitarlos, 
para entender que modo de vida era la suya, 
que exercicios, que estado: violos, y conoció 
presto la bondad y entereza de aquellas san- 
tas almas: agradóle en estremo su trato y 
buenas ocupaciones, parecióle caminauan sen- 
zillamente, desseando acertar quanto era de 
su parte (veese esto muy presto, porque la 
blancura de lexos resplandece y se viene a 
los o¡os)# Procuró como hombre prudente 
ayudarles, y darles lumbre para mas seguro 
puerto. Persuadióles que siguiessen alguna 
regla aprouada de la Iglesia, porque puestos 
en obediencia fuessen aquellas mismas vidas 
y obras de mayor merecimientoi y aun con 



menor trabajo, encareciéndoles mucho la sua- 
uidad del yugo de la obediencia, a quien le 
lleua por Dios, certificándoles que se hallarían 
con grandes ventajas en poco tiempo, y que 
era vn atajo para la perfecion, y para el cielo, 
grandissimo. Los sieruos de Dios, como de 
veras eran humildes, juzgaron que el consejo 
del Obispo era de algún Ángel que les embía- 
ua el Señor, pusiéronse en sus manos, como 
santos. El Obispo dixo que el dexaua en su 
libertad, escogiessen la religión donde mas 
nuestro 'Señor les inspirasse, porque todas 
eran santas y buenas, y tocias tenían muchos 
varones santos. Tenian ya ellos en el coraron 
el nombre y deuocion de S. Gerónimo, como 
lo mostrauan sus vidas, y alguna noticia de 
que en España x:omen(;aua vna religión saya, 
que dezian se parecía mucho a la que el Santo 
plantó en el pesebre y cueua de Belén, dixe- 
ron al Obispo que tomarían de buena gana 
esta Orden si era fácil de hazerse. No pudie- 
ron dezirle al Obispo cosa de mayor gusto, y 
entendió que aquel era negocio del cielo: y 
ansi con este presupuesto, sin mas dilatarlo, 
les hizo donación de la Ermita de S. Miguel» 
y de todo quanto tenia en bienes muebles y 
rayzes, aunque todo era poco, y leuantola eil 
titulo de monasterio de la Orden de San 
Gerónimo, haziendo sus autos y escrituras 
publicas dello, el año mil y trezientos y no- 
uenta y ocho, sábado a veynte y tres de No- 
uiembre. Ay entre S. Miguel y San Gerónimo, 
no se que (digamos lo ansi) de parentesco, o 
secreta correspondencia, por que se hazen 
gran compañía en sus fiestas, siruiendo el 
Principe de los Archangeles como de prepa- 
ración, y vigilia con sus solemnidades a las 
fiestas de S. Gerónimo: ansi en la de Setiem- 
bre en que se celebra el transito glorioso del 
santo doctor del Coro de Belén al de los An- 
geles, como en la que en Mayo se celebra 
quando passo su cuerpo de Belén a Roma a la 
Capilla de nuestra Señora del Pesebre, por 
no apartarse del en vida, ni en muerte: o sea 
esto por auer sido el vno y el otro tan gran- 
des capitanes de la Iglesia, muros tan fuertes 
de la ciudad santa de Hierusalem, o auer 
buelto con tanto animo por la gloría de Dios, 
el vno en el cielo, y el otro en la tierra, o por 
ser tan grandes inuentores de los cánticos, y 
loores diuinos, maestros de capilla de aquel 
portal tan santo, o por todas estas razones 
juntas» y otras qtte como grosseros no enttn- 



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HISTORIA DB LA ORDBN DE SAN OERONIMO 



127 



demos. De aquí también viene juntarse agora 
en vna casa de religión donde entrambos sean 
honrados, y se juntaran también en otros, 
como lo veremos adelante en esta historia. 

Quedaron con esta mudanza nuestros Her- 
mitaflos muy contentos, y parecíales que se 
auian nacido de nueuo, viéndose religiosos 
de S, Gerónimo: quien los mirara dixera que 
cada vno era retrato viuo del santo, porque 
se les entró en los coragones vn nueuo espi- 
ritu« y cobraron vna osadía tan grande de 
imitarle, que no se les ponia cosa delante. 
Comentaron a prouar el fabor de la virtud 
de la obediencia, experimentando cada vno 
en si mismo, como puede ser yugo, y suaue> 
carga, y ligera, porque no aula para ellos 
mayor dulzura, que verse mandar dé otros, y 
exercitarse en obras de mortificación y peni- 
tencia, no por su aluedrío, como antes, sino 
por mandamiento del superior. Lo que se 
mandaua a vno, tenia el otro por agrauio 
proprio, pareciendole que se le yua de entre 
manos algún tesoro grande, agrauiandose 
píamente que le quitassen sus justos interes- 
ses. SI encargauan al hermano, y no a el lo mas 
penoso y humilde, y con esto pensauan siem- 
pre en si mismos, que ni hazian nada, ni tra- 
bajauan en nada, y que todo era descanso. 
Duran por merced grande del cielo hasta oy 
en día estos heruores en la Orden de S. Ge- 
rónimo. El cielo me sea testigo, que es la 
común tentación en los nouicios, y frayles 
nueuos (llamamos en esta religión nueuos y 
mancet>os a los que no tienen mas de siete 
años de habito, y en algunas cosas los de 
veynte abaxo, todos se tienen por nueuos) en 
estos nueuos digo, que es la común tentación 
pensar que no hazen nada, ni es nada lo que 
trabajan, y buscan inuenciones de atormen- 
tarse con penitencias, que no es menester 
poco cuydado sobre esto con ellos, porque se 
echan a perder muchos: tan fácil lea parece el 
yugo de lesu Christo, estando con el encerra- 
miento que están tantos años, y con tanta 
estrecheza, que ni a su padre, ni a sus her- 
manos los dexan hablar, sino con gran recato, 
durmiendo en el dormitorio que duermen, 
silencio tan riguroso y perpetuo, passando 
por tantas penitencias, y mortificaciones de 
proprias voluntades, teniendo en vela sobre 
si vn maestro zeloso que les cuenta, como 
dizen, los bocados, y las veces que algan los 
ojos en el claustro, las que hablan y salen de 



la celda, y aun los pensamientos. Tanto im- 
porta auer tenido en sus principios esta orden 
tan santos fundadores. Y digo verdad (ansí la 
suma verdad me valga) que al tiempo que 
estoy escriuiendo esto o! por mis proprios 
oydos en este colegio de S. Lorenzo el Real, 
a vnos religiosos de estos nueuos (tenían 
algunos ha mas de seys años de habito) las 
mismas razones que aquí he dicho, de pare- 
cerles que ningún trabajo' tenían, sino que 
todo era descanso (estaua yo donde ellos no 
me vían, ni pensauan que alguno los escucha- 
ua) y tienen sin duda alguna el mas estrecho 
encerramiento, no digo de colegio, sino de 
monasterio de toda España, aunque entre en 
ellos la Cartuxa. Y dexada a parte la obliga- 
ción de sus estudios, que es muy grande, 
tienen otras muchas asperezas, que sería 
largo referírlas, y difícil de persuadirlas a los 
hombres: porque aun aquel poco de tiempo 
que allí hablauan entre si, estañan con miedo, 
y no era suyo, por ser hora de silencio. Con 
todo esso la suauídad del yugo de la obe- 
diencia, y el heruor del espíritu haze que todo 
parezca nada, ni se sienta, ni canse, ni en- 
tristezca, que es milagro verlos tan llenos 
de alegría y de consuelo que no trocaran es- 
to, por quantas felicidades y regalos tiene el 
mundo. 

Tornando a mi propqsito, el sitio donde 
estaua la Hermita, o Iglesia de S. Miguel, per- 
tenece vn año al Obispado de Calahorra, y 
otro al de Burgos. Considerando los religiosos 
que esta su nueua vida podría padecer algún 
inconueniente quitándoles el assiento y la 
casa, como estañan tan contentos en ella, 
preuinieronse prudentemente. Hizieron rela- 
ción al Obispo de Burgos de la merced que 
les aula hecho el de Calahorra, de la manera 
y orden de vida que auian escogido, y el les 
auia confirmado, suplicándole tuuiesse por 
bien aprouarselo todo con su autoridad, pues 
aquel año eran de su Diócesis. El Obispo de 
Burgos que a la sazón era don luán Cabera 
de Vaca se informó desto, y halló muy buena 
aprouacion: fue alia y visitólos, consolóse 
mucho con ellos, entendiendo su mucha san- 
tidad y virtud, aprouolo todo, como se lo pi« 
dieron. Tenia noticia de la Orden de San 
Gerónimo por auer estado en nuestra Señora 
de Guadalupe, y visto allí nuestros Frayles: y 
ansí mandó en su aprouacion y confirmación, 
que totalmente viuiessen conforme a los reli** 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



giosos de S. Gerónimo, como estauan en 
aquella santa casa, que viuiessen debaxo de 
la regla de S. Agustín, vistiessen túnicas 
blancas, cerradas y anchas, el escapulario y 
manto de buriel, que eligiessen Prior de tres 
en tres años, con que la confirmación perte- 
neciesse a el, y a sus sucessores: finalmente 
específica todo lo que dispone la bula de la 
fundación y confirmación de la Orden, dada 
por Gregorio XI. Consta todo esto por su 
carta, dada el año mil y trezíentos y nouenta 
y nueue, a veynte y dos de Setiembre. Cum- 
plíanlo todo los sieruos de Dios muy a la 
letra. Viuieron con esto algunos años prosi- 
guiendo el camino comentado, de su vida 
santa, llena de penitencia, y aspereza, guar- 
dando aquella regla Euangelica, con tanta 
puntualidad, como venida del cielo. Eran pru- 
dentes y de mucho juyzio (assienta mal la san- 
tidad en la ignorancia); con la gana que tenian 
que aquello fuesse mas firme, y de mayor 
autoridad, determinaron pedir confirmación 
de quanto les auian concedido los dos Obis- 
pos de Calahorra y Burgos, al de Roma, como 
a padre vniuersal, juntáronse el Prior y Fray- 
Íes en su capitulo, y embiaron a suplicar al 
Papa Benedicto XIII. el año mil y quatrozien- 
tos y quatro, les hiziesse esta gracia. Re- 
mitió el Papa la causa al Obispo de Ouiedo 
don Guillen, para que lo confirmasse todo con 
autoridad Apostólica. Añadiéndoles gracias, y 
priuilegios, como es que no pagassen diez- 
mos, y otras cosas de mucho fauor. Consta 
esto por la bula, o breue del Papa, dada en 
Saona el^año mil y quatrozientos y seys, 
quarto nonas Mar ti j. Aprouó el Obispo las 
donaciones hechas por los dos Obispos de 
Calahorra y Burgos, supliendo por autoridad 
Apostólica qualesquier defectos que en los 
discursos y processos deste negocio huuies- 
sen interuénido. Hizo su instrumento publico 
en el lugar que se llama Soto del Rey, a veyn- 
te y ocho de Mayo, el mismo año. Assentado 
ya esto, los sieruos de Dios, no se assenta- 
ron, ni afloxaron en el rigor de su camino, 
porque el pararse en la escala que sube al 
cielo es de gran inconueniente, y por lo menos 
estoma. Desseauan estar encerrados, viuir en 
claustro, hasta verse ansi no les parecía que 
eran monges. Paltana la posibilidad para la 
execucion del desseo, porque eran muy po- 
bres. No les faltó Dios que tiene gran cuy- 
dado de los desseos de los que por su amor 



son pobres. Embioles vn hombre de su mano 
por tíenhechor, ansi lo reza vna escritura 
antigua de aquel Conuento, para que cum- 
pliesse sus buenos propósitos; llamauase Pero 
López de Ayala el viejo, casado con hermana 
del Obispo de Calahorra don luán de Guz- 
man, y de allí le nació el conocimiento, y la 
deuocion de los nueuos religiosos Gerónimos. 
Trató con ellos por la noticia que le dio el 
Obispo, vio su mucha santidad, comunicáron- 
le su desseo, que era verse en claustro, pues 
eran religiosos, para assegurar mas la fuerza 
de sus votos, que se conseruan mal sino se 
quitan las occasiones. Inspiróle Dios al buen 
Ayala, y tomó a su cargo (era hombre rico) 
de hazerles la casa. Hizolo todo muy bien 
hecho, como se lo pidieron, claustro y offict- 
nas, y todos los menesteres de vn monasterio, 
y modo de viuir religioso. Como le contentó 
tanto la bondad de los sieruos de Dios, pro- 
curó acercárseles quanto pudo: para esto hizo 
vn aposento junto al monasterio, donde se 
yua a viuir mucho tiempo, con su muger y su 
casa. Dio después al monasterio, para seruicio 
del altar y de la sacristía, muchas joyas de 
plata, y oro, y diera mas si pudiera: voluntad 
que estima Dios en mas que todo el or-o que 
ha criado. 

El Obispo de Calahorra don luán, que auia 
bien entendido el grado de la virtud destos 
varones santos, por el continuo trato que 
con ellos tenia, los fauorecio siempre en lo 
que pudo. Estaua junto al rio Ebro, vna her- 
mita de nuestra Señora, llamada de la Estre- 
lla (en la imagen tenia toda aquella comarca 
particular deuocion); con intento de aproue- 
char a sus frayles Gerónimos de S. Miguel, 
hizoles donación della, entendiendo que tam- 
bién seruia en esto a la Virgen, porque en 
manos de tan denota gente estaria aquello 
con la decencia que conuenia, y la gente tam- 
bién se despertarla a fauorecer los religiosos,' 
viendo con qué cuydado tratauan las cosas 
del seruicio de Dios. Estas razones mouieron 
al Obispo a hazer este beneficio a la casa de 
S. Miguel del monte. Como vino después esta 
hermita de nuestra Señora de la Estrella a 
ser vna de las principales casas desta reli- 
gión, y otros muchos trances que passaron 
entre los religiosos de San Miguel del monte, 
y los de la Estrella, se tratara quando en su 
lugar proprio dixeremos la fundación de aque- 
lla casa. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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CAPITVLO XXVI 

Prosigue la extensión de la Orden con la fun- 
dación de la casa de nuestra Señora de Ar- 
medilla, Santuario de gran deuocion y anti- 
güedad. 

Aqid tenemos nueua razón de llorar vn des- 
cuydo mayor que los passados, aunque no 
con tanta culpa de los religiosos, pero si de 
los Españoles, porque ansi como en ninguna 
prouincia de Europa se muestra tan liberal la 
díuina mano en hazer marauillas con los ins- 
trumentos de las imágenes de su santa Madre, 
como en España, ansi en ninguna ha auido 
menos cuydado de ponerlas por memoria, 
para agradecerlas en todos los siglos, y auia- 
mos de temer, que la ingratitud nuestra no 
cierre la vena de la misericordia diuina. En el 
Obispado de Segouia, tres leguas de la villa 
de Cuellar, en donde parte términos con la 
villa de Peñafiel, esta a^ora vn conuento 
desta religión, llamado nuestra Señora de la 
Armedilla, puesto a la ladera de vna cuesta 
que mira al cierqo, sitio harto desacomodadoi 
frío, sin sol, perseguido de aquel viento rigu- 
roso. En lo baxo se haze vn valle muy hondo, 
con frescura de arboledas, por donde passa 
vn arroyo, que detenido a vezes con arte, y 
otras por la naturaleza del sitio, se va rebal- 
sando, y haziendo estanques con pesca, y a 
vezes los ciega todos con las auenidas. Junto 
a la casa en la misma ladera, sale vna fuente 
caudalosa, que deuio de ser mucha parte para 
hazer habitable el sitio, aunque es agua grues- 
sa, no bien sana. Muéstrase aqui junto, vna 
cueua grande, cauada en la misma peña viua, 
en forma de capilla muy honda, que con la 
obscuridad pone vn santo temor ^ reuerenda 
en el alma. Baxase a ella por mas de treynta 
gradas, puede ser que con el tiempo se aya 
trastornado la tierra, y puestola muy de otra 
manera que estaua en sus principios. Aqui se 
halló vna imagen de bulto, de nuestra Señora, 
muy deuota y antigua, parecida mucho en 
la obra a la de Guadalupe, que arguye ser 
del mismo tiempo, sino es imitada. Quien la 
truxo alli, quando se puso, quien le labró 
capilla, o en que tiempo, todo esta sepultado 
en oluido. La mejor conjetura que desto 
puede hazerse y se tiene, es, que desde 
aquella general ruyna de España, estaua alli 

escondida. El lugar era muy espesso de arbo- 

IL DI LA o. DR S. GttOinMO.— 9 



1 les, y de malezas fragoso, y casi inhabitable. 
Los Christianos que yuan huyendo y se escon- 
dían, y escondían las reliquias de au consuelo, 
la pusieron alli, como en otras partes pusie- 
ron otras. Veense dentro desta cueua algunos 
sepulcros antiguos, hechos con costa y cuy- 
dado para en aquel tiempo, señal que son de 
personas nobles, y argumento de la deuocion 
y reuerencia de aquel Santuario. Los de la 
villa de Cuellar, que son los mas vezinos, 
viendo el mucho concurso de gentes que alli 
acudia, y lo que la santa imagen era respeta- 
da, por las muchas marauillas que el Señor 
obraua en ella, como pueblo rico y noble, 
edificaron vnos aposentos de buena propor- 
ción y traga, para que los que yuan a visitar 
la santa imagen tuuiessen donde guarecerse 
el inuierno de los fríos, y el verano del calor 
del sol, y para que las processiones y cofa- 
drías que acudían de toda la comarca, hízies- 
sen sus juntas y cabildos. Ofrecían allí los 
deuotos mucha lymosna, dineros, ropa, cera, 
y otras joyas. Acordaron los de la misma villa 
que no estuuiesse aquello tan sin dueño, sino 
que lo pusíessen en manos de gente religiosa. 
Con esta consideración santa, rogaron al Abad 
y monges de la orden de san Bernardo, que 
estañan alli cerca en el monasterio de Sacra- 
meña, se encargassen deste Santuario. Reci- 
biéronlo, y hízieronles donación y entrega de 
todo, como parece por la carta escrita en 
pergamino, y lengua Latina, era mil y ciento 
y ochenta y cinco: y junto con ella el traslado 
en Castellano. El Abad se llamaua don Ray- 
mundo: junto con la donación de la hermita, se 
le señalan términos de heredad, y pone por 
menudo las mojoneras. No dize en esta dona- 
ción cosa alguna de la antigüedad de la casa, 
cueua o hermita, ni de la imagen: habla della 
como cosa assentada, y deuocion muy rece- 
bida. Tampoco ay claridad en la villa de 
Cuellar, ni en el monasterio de Sacrameña, de 
porque dexaron los religiosos Bernardos la 
casa, ni quanto tiempo la tuuieron en su po- 
der, o que ocasiones huuo para que se tor- 
nasse a los vezinos de Cuellar, porque des- 
pués pusieron alli su cofadria,y lagouernauan 
como suya. Encargauan la Iglesia a algún 
hermitaño, o santero, para que tuuíesse cuen- 
ta de limpiarla, y encender la lampara. De 
ninguna destas mudanzas ay escrítura que de 
luz: lo que ay muy cierto es, que el año de mil 
y quatrozíentos y dos, el buen Infante don 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



Fernando, que como se ha dicho, fue Rey de 
Aragón, siendo señor de la villa de Cuellar, 
procuró con buen termino, atrayendo con 
blandura a los cofadres de la Iglesia de nues- 
tra Señora del Armedilla, que la diessen a la 
orden de san Gerónimo, certificándoles que 
estaría bien empleada, y mejor seruida, por 
el cuydado y reuerencia con que esta Orden 
trataua estos lugares santos, trayendoles al- 
gunos exemplos de cosas que el sabia, por 
tener tanta noticia de todas las desta religión. 
Inclinólos fácilmente a ellos, por la voluntad 
que le conocieron, y por el amor que le tenian, 
como a tan buen Principe y señor. El modo 
como se trató esto, y las condiciones con que 
vinieron en ello los de la villa de Cuellar, y 
cofadres, se vee por las escrituras que se 
hallan en esta casa de nuestra Señora. No se 
detuuo mucho la execucion del negocio, por- 
que el denoto Infante, que auia pocos años 
antes dado la hermita de nuestra Señora de 
la Mejorada a la Orden, mandó que de aquella 
casa fuessen religiosos a tomar la possession» 
como se vee en vna escritura que el Prior y 
conuento de la Mejorada dieron, con sus fir- 
mas, a F. Pascual de Pineda, para que fuesse 
como Vicario, con otros cinco religiosos, a la 
yglesia, o hermita de nuestra Señora de Arme- 
dilla. Y los cofadres en nombre de los vezinos 
de Cuellar, los pusieron en la possession, en- 
tregándoles la imagen, y la casa con todas sus 
heredades, términos y possessiones que le 
pertenecían, y las joyas y muebles de toda la 
yglesia, como se vee en el inuentario. No con- 
tento con esto el Infante, procuró también con 
el Papa Benedicto XIII. que la hermita se le- 
uantasse en monasterio, y no tuuiesse depen- 
dencia de otra parte: otorgólo el Papa, dando 
para ello su breue el año 1405. Todo se lo de- 
uemos a este pió y religiosissimo Infante, tan 
aficionado a la orden de S. Gerónimo, tan fiel 
seruidor de la Virgen María. Entre otras insig- 
nias, votos, o memorías (no tiene la lengua 
Castellana nombre proprío con que dezir lo 
que en la lengua Griega se llama Anathema) 
que están colgadas delante de la santa imagen 
de la Virgen, que son de muchas diferencias^ 
como muletas de coxos, bracos, piernas, y 
caberas de cera, prisiones de captiuos, mor- 
tajas de difuntos resucitados, argumento de 
las grandes marauíllas que la Reyna del cielo 
ha obrado en sus deuotos: entre estas digo, 
se vee vn coselete fuerte, passado de vna 



vala del tamaño de vna naranja, que parece 
de tiro de campaña. El estar allí colgado es 
euidencia de milagro no auer muerto el ca- 
uallero, o soldado a quien se tiró. Lo que haze 
marauilla, es, que no sucedió este caso en 
tiempo que la Orden ha tenido por suya la 
Iglesia e imagen, antes ay relación que ei 
coselete estaua alli colgado, y no es la artille- 
ria y esta inuencion furiosa de la poluora mas 
antigua, ni tanto como la orden de san Geró- 
nimo. Es común deuocion en toda aquella 
tierra (porque digamos algo de las infinitas 
marauillas desta Reyna) que en poniéndose 
alguna cosa de las que han tocado a la santa 
imagen, los que padecen fiebres, sanan dellas, 
aunque sean peligrosas y ardientes, si la fe no 
es tibia. Por esta deuocion se han mouido 
muchos a hazer lymosna a aquel conuento, 
dándole heredades y tierras. El principal fun- 
dador es la Virgen, y luego su denoto grande 
el Infante don Fernando, por quien se huuo 
la Iglesia, casas, y heredades, y el añadió 
otras, y algunas joyas. Tras el Infante, luego 
su hijo don Juan Rey de Nauarra hizo otras 
ofrendas. Después el Rey don luán de Castilla 
su sobrino: y el Rey don Enrique el quarto la 
fauorecio mucho: y luego otros bienhechores 
eclesiásticos y seglares. Los Duques de Al- 
burquerque, como mas vezinos, son de los 
principales bienhechores. Labraron vn apo- 
sento cerca de la cueua, donde algunas vezes 
llenados de la deuocion de la Virgen se reti- 
rauan a gozar de aquella soledad santa. El 
Doctor Juan Velazquez, natural de la villa de 
Cuellar, del Consejo del Rey don luán el 
segundo, es vno de los mas principales bien- 
hechores desta casa: tuuo gran deuocion con 
la santa imagen, y a la orden de san Geróni- 
mo. Dexole todos los bienes y rentas que 
tenia: y pareciendole todo poco, aunque en 
aquel tiempo era mucho, dio lo que le queda- 
ua, que fue a si mismo. Hizose donado del 
conuento, y murió como varón santo en aquel 
proposito, después de auer gozado algunos 
años aquella vida quieta en que se ensayaua 
para acertar a morir, que con ser cosa tan peli- 
grosa, difícil y obscura, se pone poco cuydado 
en acertarla, passando de tan breue tranco 
a la eternidad de vn estado que no sabemos 
qual sera, siendo los extremos tan distantes. 
Quiso enterrarse en la cueua de la santa 
imagen, por quien poco menos se auia sepul- 
tado viuo: su sepulcro es bien señalado entre 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



131 



otros que están allí. Murió el año 1446. no 
obligó al conuento a cosa ninguna, ni dexó 
memoria mas de la que quisiessen hazer del, 
y hazenla muy grande: dizenle cada mes vna 
Missa, y otros muchos sufragios. Este Doctor 
luán Velazquez, fue vno de los doze letrados 
del consejo que en la historia del Rey don 
hian el segundo se dize, que por mandado del 
Rey vieron los processos del Maestre de 
Santiago don Aluaro de Luna, y vno de los 
que firmaron la sentencia de su muerte. Los 
religiosos del conuento de Armedilla, saben 
por común tradición y consentimiento de to- 
dos los religiosos antiguos de la casa, que el 
Rey no quiso firmar la sentencia de los juezes, 
sin ver primero la firma del Doctor luán Ve- 
lazquez, donado de nuestra Señora del Arme- 
dilla, assegurandose con ella de todo punto, 
que la causa estaua bien calificada. En me- 
moria desto se puso vna cabera de cera en la 
misma cueua de nuestra Señora donde el está 
enterrado, como en señal que la ofrecía por 
la que con su firma se quitó a don Aluaro, 
para cortar en ella los escándalos del Reyno. 
Y no porque se calle esto en la Chronica del 
Rey don luán, le falta autoridad, porque a 
cada passo vemos oluidarse cosas muy impor- 
tantes, que se saben por los priuilegios y 
certissimas tradiciones, y esta pudo ser se- 
creta, y saberse en solo el monasterio por el 
dicho del mismo Doctor luán Velazquez. Al- 
gunos han dicho, que el Rey don luán mandó 
dar al monasterio del Armedilla nueue mil 
doblas de oro que tenia allí a guardar el 
mismo Maestre de Santiago, mas lo contrario 
dizen los religiosos, y concuerda con ellos la 
historia impressa, en el capitulo de la senten- 
cia del Maestre. 

Después de auer estado la santa imagen en 
la cueua muchos años, creciendo el concurso 
de la gente, fue necessario sacarla en parte 
donde la gozassen mejor, pues aquel no aula 
sido lugar decente, sino inuentado por la ne- 
cessidad, o por el peligro. Ni aula comodidad 
para hazerse allí los diuinos oficios con la 
magestad que se deue a tan alta Reyna. Los 
religiosos estañan desacomodados, y aun des- 
consolados, no pudiendo gozarla tanto como 
querían, ni seruirla como desseauan. Por estas 
razones se determinaron de mudarla a vna 
capilla hecha de proposito debaxo del altar 
mayor de la Iglesia del conuento, donde está 
Agora, y la gozan todos, seglares y religiosos. 



Dízense en su presencia las Míssas y oficio 
diuino: los deuotos las oyen, y gozan de vno 
y de otro, que fue buen acuerdo. Dio licencia 
la Orden para hazer esta traslación el año mil 
y quinientos, y cinquenta y dos, siendo Prior 
de aquel Conuento Fray Martin de Ángulo 
professo de nuestra Señora de Guadalupe, 
que después fue confessor de la Princesa doña 
luana hija del Emperador Carlos V. hermana 
del Rey don Philíppe II. Los Duques de Albur- 
querque, que viuen de ordinario en la villa de 
Cuellar, licuaron mal esta traslación, porque 
se les quitaua la comodidad de gozar mas 
libremente de esta santa imagen. Procuraron 
estoruarlo con muchas diligencias; las razones 
de hazerlo eran tantas que vencieron a las 
suyas, y sus desseos: en el mismo lugar de la 
cueua pusieron otra imagen de la Virgen, 
donde también se dize Missa, y por la deuo- 
cion primera haze también la nueua imagen 
milagros, sanando de fiebres agudas, y otras 
dolencias, donde se vee que la fe es el princi- 
pal instrumento, y lo que nuestro Señor pide 
para mostrarnos lo que nos ama, leuantando 
con esto nuestra esperanza, y enseñándonos 
que si fíassemos del, veríamos cosas mayores 
como el lo tiene prometido: haze esta casa 
mucha lymosna a la puerta, y en los años de 
necessidad socorren con mayor largueza a los 
pobres, y nuestra Señora lo aumenta y sus- 
tenta todo. 

CAPITVLO XXVII 

La fundación milagrosa del monasterio de 
nuestra Señora de Frex del Val, casa de 
macha antigüedad y deuocion. 

En este mismo tiempo se off recio a la Orden 
de S. Gerónimo otra casa y Santuario de la 
Virgen que viene bien para juntarla con la 
passada de ygual, o mayor antigüedad, y no 
de menor deuocion. Tradición es assentada 
en todos los Burgaleses, y por toda aquella 
comarca, que desde el tiempo de los Godos, 
y del feliz Imperio del buen Rey Recaredo que 
desterró de España la heregia Arrlana (fueron 
Infelices estos principes Godos que los pri- 
meros que los catechizaron en la fe de lesu 
Christo fueron tocados de 4a heregia Arriana, 
y de Paganos los hizieron hereges) es imagen 
la que oy se vee de N. S. en el monasterio de 
Frex del Val. Comentó aquel Principe a hazer 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN OERONIMO 



Iglesias, leuantar oratoríos, como su piedad 
y fe le inclinaua, seguíanle todos, y en toda 
España se hazia lo mismo, dichosos los tiem- 
pos y los subditos que gozan de tales Prínci- 
pes. Fue en aquella era que ha ya mas de mil 
y tantos años, tenida esta imagen en suma 
reuerencia. Nuestro Señor hazia muchos mi- 
lagros en los que venian a ella por deuocion, 
llegó aquel tiempo miserable en que quiso 
Dios castigar los pecados grandes de España 
con la fiereza y rabia de los moros de África, 
y desde los tiempos de Recaredo hasta los de 
Roderíco, que por lo menos son ciento y cin- 
quenta años, estuuo esta santa imagen en la 
Iglesia del Val, en la deuocion y reuerencia 
que hemos dicho: colégese esto no solo de la 
tradición, sino de vna inscripción antigua que 
está en la misma Iglesia, que en cosa tan 
antigua y particular, es harto que se aya ha- 
llado esto; desde aquellos tiempos tan trístes 
hasta los del Rey don Alonso el onzeno, se 
conseruó la santa imagen en la Iglesia medio 
derribada, desierta, sin que se hiziesse mas 
caso, ni memoria della, que el qne se suele 
hazer de los santos viejos que vemos des- 
echados en las Ermitas, o ruynas de la anti- 
güedad. Trezíentos y mas años, según esta 
cuenta, estuuo en este oluido y desprecio, sin 
ninguna guarda ni recato, la imagen, y en todo 
este tiempo se conseruó entera, sin que la 
tocassen: ni aun el tiempo ossó tocarla, ni 
enuegecerla, que es milagro. Después de tan- 
tos siglos rebueltos, mejorándose las cosas de 
la Christiandad, y teniendo mas espacio los 
fieles, para atender a las cosas espirituales, 
quiso la Reyna del cielo que su imagen tor- 
nasse a la reuerencia primera, y señalarse en 
ella con particulares marauillas. La primera 
con que se manifestó e hizo que los fieles 
pusiessen sus ojos en ella, fue desta manera. 
Vn hombre de buena vida, sin malicia, y te- 
meroso de Dios, viuia en Modubar de la 
Cuesta, pueblo dos leguas de Burgos; llama- 
uase luán, hijo de Domingo Pérez: labraua 
vnas heredades de vn amo a quien seruia, 
aparecióle la Virgen, y dixolc que fuesse a 
visitar la yglesia de Frex del Val, y amones- 
tasse a los moradores de los lugares comar- 
canos, que la reparassen, y tuuiessen cuenta 
con ella, porque estaua maltratada, cayda, y 
sin adorno. Al buen hombre le pareció que 
aquello se le auia antojado, o que era alguna 
otra ilusión, de suerte que ni fue donde le 



mandauan, ni hizo caso del aparedmiento. 
Castigó la Virgen esta pereza, haziendole 
perder la vista, pues perdia tan presto la 
memoria de lo que se le mandaua. Como se 
vio ansi lastimado (no fue tan presto que no 
pudiesse imaginar que le auia venido por 
otro acidente la ceguedad) reboluio en su 
memoria, y parecióle que aquello le venia de 
auer hecho poco caso de la reuelacion, y de 
lo que se le auia mandado de parte de la 
Virgen. Boluiose a ella humilde, y arrepentido 
prometiendo cumplir su mandamiento si le 
tornaua la vista. Tornóla a cobrar muy presto, 
y el tornó a enfriarse en su promesa, o sos- 
pechando que pudo ser tornar a sanar con la 
facilidad que enfermó, o lo que es mas cierto 
permitiéndolo ansi la Señora del délo, para 
que el caso fuesse mas admirable y cuídente, 
y en la ceguedad deste hombre se viesse la 
lumbre de la prouidenda d|uina. Tornó luego 
a cegar como primero, y también tomó a 
hazer la misma oración y promessa, y tomóle 
a sanar otra vez la Virgen santissima. Tres 
vezes passo lo mismo, porque nadie pusiesse 
duda en que aquello no fuesse ordenadon 
diuina, les constasse a todos y adolrtlessen 
en negocio tan extraordinario, y estuuiesseo 
atentos al fin, que esto era lo que la Virgen 
pretendía. Ciego nuestro luán la tercera vez, 
no alcanqó con tanta facilidad el perdón de su 
tibieza, y poca obediencia, y aunque mas 
plegarias y promessas hazia, no era oydo. 
Lloraua el cuytado irremediablemente, y los 
que le conocían se lastimauan y condolían 
del: al fin aunque tarde dio en la cuenta, rogó ' 
muy ahincadamente a sus parientes y amigos 
que le lleuassen a vna yglesia derribada, que | 
se llamaua nuestra Señora del Valle. Llena- | 
ronle a ella, pussose de rodillas delante deU i 
imagen donde no auia rezado ninguno mucho 
tiempo auia. Rogo a la Virgen tuuiesse por 
bien restituyrle la vista, que el prometía en 
su presentía, y hazla testigos a quantos affi 
estañan de su promessa, ser fiel mensagero 
en lo que se le auia encomendado, y persuadir 
a aquellos pueblos reparassen la yglesia, y 
tuuiessen en deuocion la santa imagen. Suce- 
dió luego el caso a vista de todos: restituyóle 
la Virgen la vista, y quedaron puestos en 
grande admiradon los drcunstantes. Desde 
allí fue el buen hombre por los pueblos co- 
marcanos informando de la voluntad, y man- 
dato de la Reyna del cielo, sobre la restan- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



133 



radon de su Iglesia» poniendo por testigos 
desto a sus ojos que tantas vezes auian pro- 
uado el castigo de su poca fe, y de su tibieza. 
Fue el caso tan manifiesto, que no pudo ne- 
garse, aunque yo se no faltará agora alguno, 
que no solo lo niegue, mas aun se ria, y diga 
que es cuento de viejas, hombres verdadera- 
mente poco pios, que tienen mas gusto de las 
vanidades de la antigüedad, que reuerencian 
tanto, que de las marauillas que Dios obra 
por la piedad de los fieles: ponese este linage 
de gente que se llama curiosa, y que se algan 
con el nombre de juezes inapelables, a exami- 
nar las circunstancias destos acontecimientos 
para con ellas y con los inconuenientes que 
de sus imaginaciones sacan, burlar mucho 
destas obras marauillosas. Y no es marauilla 
en esto hagan la prueua de sus mal afectados 
ingenios, pues aun en las de mayor autoridad, 
han puesto lengua y dolencia, ni aun han 
perdonado a los de la escritura sagrada: yo 
confiesso que no lo escriño para ellos, que 
bien se quan agena sera de su gusto toda 
esta historia. Comentaron pues, boluiendo a 
mi cuento, con la euidencia del caso, los vezi- 
nos de aquellos pueblos a visitar la imagen, 
trataron de reparar la Iglesia, como era gente 
Aldeana, no tuuieron animo para leuantar 
todo lo que señalauan los primeros cimientos 
que descubrían auer sido muy capaz templo. 
Recogiéronla en forma de vna pequeña Ermi- 
ta, según la possibilldad que alcangauan. 

En tanto que la Iglesia se reparaua, para 
que de todo punto la voluntad de la Reyna 
del cielo fuesse manifiesta, aconteció otro 
caso mas admirable. Vn mancebo de veynte y 
dos a veynte y tres años, hijo de gente hon- 
rada del lugar de Quintanilla, llamauase luán 
Pérez, vnico de sus padres, enfermó graue- 
mente, la fiebre era maligna, y arrebatóle y 
mudo. Los padres, y los parientes todos que- 
daron lastimados, porque tenian en el puestos 
los ojos. Encomendóle la madre, ayudándole 
el padre, y todos los vezinos deuotamente a 
N. S. de Frex del Val, prometiendo seruir en 
la fabrica de su Iglesia si le resucitaua, y dar 
para ella todos los años vna hanega de trigo. 
Contenta la Virgen de tan larga offerta, esti- 
mando en mucho la voluntad y deuocion con 
que para su seruicio se of frecia este cornado, 
resucitó al mancebo, con increyble alegria de 
padres y parientes, y de todo el pueblo. Viuió 
después el mo^o muchos años, y a la buelta 



del otro mundo traxo tanta deuocion, que fue 
perpetuo seruidor de la Virgen, trabajó en su 
Iglesia, y los padres también cumplieron la 
promessa. Como se publicaron estas dos ma- 
rauillas tan grandes, acudieron de cerca, y de 
lexos con lymosnas, y a ser socorridos de sus 
enfermedades. La Virgen los sanana con gran- 
de liberalidad y clemencia, y ellos dauan como 
mejor podían, para que la Iglesia se acabasse 
y acabóse presto. Y aun antes sucedió otra 
grandeza desta Señora. Vna donzella hija de 
doña Eluira de Sandoual, vezina de Burgos, 
después de auer estado algunos dias enferma 
se la Ueuó Dios para manifestar la gloria de 
su Madre santissíma. Doña Eluira quedó^ las- 
timada de suerte, que poco menos murió con 
la hija. Dixeronle los vezinos lo que la santa 
Virgen de Frex del Val auia hecho con luán 
Pérez de Quintanilla, y otras grandes mara- 
uillas con otros enfermos, y llena de fe y es- 
peranza, encomendó a la Reyna del cielo la 
hija muerta, prometiendo si se la resucitaua, 
dar vna casulla de seda con que en su altar 
se dixesse Missa, y dos hanegas de trigo para 
la fabrica de la Capilla. En tanto que passauan 
estas platicas y promessas, lañaron el cuerpo 
de la defunta las criadas de casa, y comen^a- 
uan a amortajarla, y hecho el voto, como si 
despertara la donzella de vn sueño, se leuantó 
del suelo sana perfectamente, y pidió que la 
vistiessen para ir a visitar a nuestra Señora 
de Frex del Val. Leuantó toda la gente el grito 
al cielo con lagrymas de deuocion, dando mil 
loores a la Señora de los Angeles, porque tan 
maraulllosa se mostraua en los que fiauan de 
su gran misericordia. Cumplieron luego ma- 
dre y hija con gran deuocion su voto, y aña- 
dieron de nueuo otros muchos seruícios y 
offrendas. Tras estos se siguieron milagros 
sin cuentOi que seria hazer gran volumen si 
quisiesse referirlos; solo tocare los que van 
aumentando el edificio, y son la causa de que 
viniesse a ser monasterio de la Orden de San 
Gerónimo aquel Santuario. 

En este tiempo era Adelantado mayor de 
Castilla don Pedro Manrique el viejo, gran 
priuado del Rey don luán el primero: tenia 
muchos lugares en aquella tierra de Burgos» 
y era suyo el Valle donde estaua esta santa 
imagen y Ermita. Mandó llamar a los vezinos 
de Quintanilla, y de otros pueblos, dixoles 
seria bien hazer vna cofadria de todos ellos 
en aquella Ermita, y que de las rentas que 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



tenia, y de las lymosnas que se allegauan, se 
podría sustentar vn Capellán que tuuiesse 
cargo de ella, dixesse Missa, y estuulesse 
aquello con la decencia que era razón: vinie- 
ron en ello todos de buena voluntad, hizose 
ansí, edificaron casa para el Capellán, y el 
Adelantado tomó a su cargo ser patrón y de- 
fensor de la Ermita, y proueeria de lo que 
fuesse necessarío, mostrándose todos con 
larga voluntad, agradecidos a los fauores 
grandes que de la santissima Reyna recebian. 
El príraero Capellán dizen que se Uamaua 
Ruyz González Villayerno: siruio la Ermita 
con gran deuocion, y cuydado, acrecentóla en 
muchas rentas. Vinieron luego dos mugeres 
sieruas de Dios, y offrecieronse a si, y a sus 
bienes todos a la Virgen de Frex del Val; 
entrambas de Quintanilla, y con licencia del 
patrón el Adelantado don Pedro Manrique, 
vinieron allí hasta la muerte, haziendo santa 
vida en vnas casillas pobres que fabraron. El 
segundo Capellán por muerte del primero, 
fue Garda Fernandez, gran parte para que 
después se hiziesse el monasterio, y el se 
hizo religioso, varón santo. El segundo patrón 
fue don Gómez Manrique hijo de don Pedro 
Manrique el que fue dado en Rehenes en 
Granada, y Adelantado mayor de Castilla. 
Casó con doña Sancha de Rojas hija de don 
Ruydiaz, señor de muchas villas y lugares. 
Hallóse este cauallero con su muger en el 
lugar de Sotopalacios (poco mas de vna legua 
de esta santa Ermita). Tenian vna hija la pri- 
mera, niña de siete a ocho años doña Maria 
Manrique, diole vn rezio accidente, y vino de 
todo punto a perder el habla, siendo antes de 
tan sabrosa lengua, que era todo el regalo y 
regozijo de sus padres. Quedaron con esto 
lastimados, intentaron muchos dias todos los 
remedios posibles, y ninguno hallauan. Los 
padres harto affligidos cayeron en lo quehazia 
al caso, tornarse con mucha deuocion a la 
Virgen nuestra Señora, determinaron yrse 
con ella a su Iglesia de Frex del Val, y hazer 
alli muchas offrendas, mandar dezir Missas, 
y otras obras pías. En entrando la niña por la 
puerta, y poniendo los ojos en la imagen, 
habló como primero sin ninguna señal de 
impedimento, llamó a su padre y a su madre, 
ellos con alegria grande le dixeron que se 
pusiesse de rodillas, y dixesse el Aue Maria, 
dixola muy bien, y otras oraciones que ya le 
auian en^ñado, quedando todos dando mil 



loores a la clementissima Reyna. Cobraron el 
Adelantado y doña Sancha su muger tanta 
deuocion con la santa imagen, hallándose tan 
obligados que no quisieron yrse de alli, deter» 
minaron luego hazer vn aposento donde estar 
las muchas vezes que pensauan acudir a re- 
conocerse por vassallos de su Señora y bien- 
hechora, y luego lo hizieron. El milagro y la 
casa o palacio se hizieron el año mil y quatro- 
zientos. Acudían muchas vezes a su romería 
santa los dos buenos casados, don Oomez, y 
doña Sancha. luraua el noble cauallero que no 
tenia dia de alegría, ni de contento, sino 
quando aqui se vehia. El Capellán Garda 
Fernandez ayudaua mucho a esta deuodon, 
era sieruo de Dios, varón espirítual, y tenia 
aquello tan asseado y bien puesto, que era 
plazer entrar en la Ermita, dezianse muchas 
Missas, y era ya tan famosa la casa, que de 
toda España concurrían alli a la fama de las 
marauillas de la Virgen. Estando en este con- 
tento, y gozando de aquella morada santa 
el Adelantado don Gómez, determinó el Rey 
don Henríque el tercero hazer jornada contra 
los moros de Granada, el año 1403. No podia 
faltar el Adelantado por ser tan príncipal, y 
valeroso cauallero, persona importante por la 
platica de la guerra, de la tierra, y de la len- 
gua: llegó a Toledo, y de alli partieron debaxo 
de la seña esclaredda y denota del Infante 
don Femando que yua por Capitán general 
de la jornada. Pusieron cerco sobre Anteque- 
ra, donde seruia el Adelantado como buen 
cauallero: los moros desseauan matarle, por- 
que les apretaua mucho, vn dia le asestaron 
vna ballesta de aquellas grandes antiguas que 
aun oy se guardan algunas. El passauolante 
vino certero a don Gómez que no pudo huyr 
el Golpe: quando le vio venir a penas pudo 
dezir con la boca (aunque si con el coraron) 
santa Maria de Frex del Val váleme, quando 
le dio en medio de los pechos; el golpe fue de 
manera que tres hombres bien armados pues- 
tos en hilera los hiziera pedamos, mas el es- 
cudo de la fe es de tal temple, que atraues- 
sandolo la santa Virgen entre las armas, y el 
pecho, no le tocó en la carne, ni le hizo mas 
mella que si fuera de cera, caso diuino y ad- 
mirable, cayó luego la descomunal saeta a los 
pies del Adelantado, y leuantó los ojos al 
délo, haziendo gracias infinitas a su Reyna y 
defensora diuina. Diuulgose luego el milagro: 
hizieron todos al Señor, y a su madre bendita 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



135 



muchas gracias. El deuoto cauallero propuso 
alU de yr lo mas presto que pudiesse a visitar 
su casa de nuestra Señora de Frex del Val, e 
hizo voto de edificar vn monasterio junto 
della. Mandó guardar el passauolante, para 
colgarle delante del altar de la santa Virgen, 
estuuo muchos años, hasta que determinaron 
guardarle con mas decencia, tienenle agora 
en la sacristía en vna caxa puesto, es de ma- 
dera (al parecer) de encina, de vara y media 
de largo, el gruesso como vn bra^o fuerte de 
hombre, el casquillo que encaxa en la madera 
muy agudo, largo de vna quarta, poco menos, 
por plumas tres pedamos de cuero en trian- 
gulo. Leuantado el cerco de Antequera con 
buenas condiciones, tornóse el Principe don 
Femando a Toledo, donde estaua su hermano 
el Rey: el Adelantado don Gómez con su li- 
cencia, se vino a nuestra Señora de Guada- 
lupe, con otros caualleros, con intento de 
hazer gracias allí a la Virgen santissima, con- 
tinuando sus buenos propósitos, no dexando 
enfriar la deuocion. Echó de ver en entrando 
en aquella santa casa la compostura, y la san- 
tidad grande que representauan los religiosos 
de S. Gerom'mo, que'alli viuian, contentóle 
mucho el habito, y entendió también la gran 
deuocion que le tenian los Reyes, y el Infante 
don Fernando. Mouido de estas razones le 
pareció que ninguna religión le venia mas a 
cuento para el monasterio que quería fundar, 
que la de San Gerónimo. Comunicó luego sus 
propósitos con el santo varón Fray Femando 
Yañez, que aun viuia, y era Prior de aquel 
Conuento. Rogóle que le diesse algunos reli- 
giosos, para que se fuessen con el, y diessen 
principio al nueuo monasterio que quería fun- 
dar en nuestra Señora del Frex del Val, con- 
tándole las grandes mercedes y fauores que 
auia recebido de aquella Señora. Diole el Príor 
tres religiosos (en algunas memorias parece 
que fueron cinco) el vno para Príor, y el otro 
para Vicarío, y el otro para Procurador, y de 
estos tres ay conocidas sepulturas en el Con- 
uento delante de la imagen de nuestra Señora 
fuera de la rexa. Venidos a Frex del Val en 
tanto que el edificio se leuantaua, los aposen- 
tó el Adelantado en su mismo palacio, y de 
alli salían de día y de noche a hazer los díui- 
nos oficios en la Ermita de nuestra Señora, 
estando toda la gente de la tierra contentos 
grandemente con los nueuos religiosos, edi- 
ficados de su santidad, y enamorados de ver 



con quanta magestad hazian los diuinos ofi- 
cios, la deuocion grande con que dezian las 
Missas, el encerramiento tan estrecho que 
guardauan. La doctrína santa que enseñauan 
a los que yuan a comunicarlos, y ansí dezian 
que eran proprlos Capellanes, para tan alta 
Reyna y Señora. Trató luego el Adelantado 
de elegir sitio donde edificar el Conuento. 
Huuo diuersos pareceres, y al fin se resoluio 
en el que le dieron los religiosos, que fuesse 
junto de la misma Ermita de la Virgen, pues 
ella era la qtíe tantas mercedes le auia hecho, 
y ansi se hizo. Allegó primero materiales para 
la fabrica, abrío los cimientos, y día señalado 
de la Annunciacion a veynte y cinco de Margo, 
el año mil y quatrozientos y quatro, dicha 
Missa en el mismo altar de la Virgen, en pre- 
sencia de mucha gente, se echó la prímera 
piedra. Prosiguióse aquel año con calor el 
edificio, los religiosos ayudauan con industria, 
y aun con las manos, no faltando por esto vn 
punto a lo que tocaua al culto diuino, y de la 
obseruancía de la religión. Intentó luego de 
comprar todos los sitios y heredades que 
eran necessaríos para el edificio, y diose en 
esto el Adelantado tan buena diligencia, que 
el año mil y quatrozientos y nueue estaua ya la 
Iglesia muy adelante, y el claustro casi aca- 
bado, ayudando a todo con mucha diligencia 
el buen Capellán García Fernandez, que en 
ausencia del Adelantado era el que proueya 
todo lo necessarío. Pretendía el deuoto caua- 
llero incorporar la Ermita, y todo quanto le 
pertenecía en el monasterío de S. Gerónimo 
que auia edificado, y darles buena renta, para 
que se sustentassen los religiosos; suplico al 
Papa Benedicto Xlll. que a la sazón se halla- 
ua en Perpiñan, tuuíesse por bien se hizíesse 
esta vnion pues auia de ser para mayor ser- 
uício de Dios: otorgólo el Pontifice con mu- 
cha voluntad, cometiendo la causa al Abbad 
de Lara dignidad de la Iglesia de Burgos, y al 
prouisor del mismo Obispado, para que exa- 
minassen la sufficiencia del dote, hallóse todo 
muy bastante, dieron cumplida licencia, para 
que se hizíesse la incorporación, y vnion de la 
Ermita con el monasterío, como parece por su 
facultad autorizada, hecha en diez y siete de 
Hebrero, el año mil y quatro^entos y diez. 
La Ermita de nuestra Señora del Val quedó 
fuera del Conuento, como hemos visto, no 
pudiendo acomodarse por el sitio, y por las 
casas que estañan hechas. Desseauan mucho 



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136 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



los religiosos gozar de la santa imagen, e 
intentaron de passarla a su Iglesia, que es 
buena, y de buena architetura, pareciendoles 
que estaría alli mas reuerenciada: de hecho lo 
executaron con vna solemne procesión, y 
pusiéronla en el altar mayor en tanto que 
determinauan el assiento que le darían, para 
que la gozassen religiosos y seglares: juraron 
los frayles de aquel Conuento, que a la ma- 
ñana la tornaron a hallar en el lugar prímero 
donde auia estado mas de setecientos años, y 
quedaron todos muy espantados con harto 
miedo no les castigasse la Señora del cielo, 
por auerse atreuido a mudarla de su antiguo 
assiento. Si de los muchos milagros que la 
Virgen ha hecho en aquella su casa, huuiera 
memoria, fuera cosa grande: después que 
está en poder de los religiosos la casa, se han 
descuydado mas, porque en esta religión han 
sido muy recatados en esto de publicar mila- 
gros, quando no son tan euidentes que ellos 
mesmos se publican: con esta consideración se 
han oluidado muchos, y muchos ay escritos y 
bien autenticados. Hazen algunas denotas 
mugeres con esta santa imagen algunas de- 
uociones atreuidas, que las permite la Reyna 
soberana para mayor gloría de su hijo y suya. 
Vna Señora Burgalesa no tenia hijos y des- 
seaualos en extremo por el contento de su 
marído, y por el fruto santo del matrímo- 
nio. Vino a visitar esta santa Iglesia, y a 
rogar a la Virgen se los diesse, sino que le 
Ueuaria vna prenda hasta que se compade- 
ciesse della: aguardó sazón que no estuuiesse 
nadie en la Iglesia, y tomóle el niño que tenia 
en los bracos, emboluiole en vn paño muy 
limpio, y lleuoselo a su casa con pensa- 
miento de no boluerlo hasta que la Virgen le 
diesse hijo. Tuuole cerca de diez años, rega- 
lauase con el, adorauale, y besauale, enco- 
mendándose en su miserícordia, y deziale mil 
requiebros. Estaua ya muy contenta y conso- 
lada con su niño lesus: y viendo la Reyna del 
cielo que no tenia pensamiento de boluerlo, 
oyó sus peticiones, diole vn hijo, tornóle el 
suyo, quando ya auia pando, haziendo infini- 
tas gracias por tan alta misericordia a la 
Virgen soberana Agora me dizen que tam- 
bién está sin el, y tienese sospecha que es 
otro atreuimiento semejante, todo lo sufre la 
clementísima Señora, y se huelga de padecer 
estas fuerzas de la fe de las almas denotas, 
como otro tiempo su hijo gloríoso las padecía 



de las mugeres santas, que le vencieron con 
lagrymas: como aquella santa Cananea, que 
le hizo dezir aquellas palabras en que se mos- 
tró venzido: O muger, grande es tu fe, hágase 
como tu quieres, y sanó la hija en la misma 
hora: y como aquella que con santo atreui- 
miento tocó en secreto su fimbria, o estremo 
de la vestidura con que quedó sana del fluxo 
de sangre, sacando la virtud diulna con la 
presa de su fe, y otras muchas que se atre- 
uieron a tratarle, y a tocarle: no quiero de- 
xarme llenar de este sujeto tan sabroso, por 
no salir de los términos de mi profession. 

No han perdido jamas los sucessores de 
aquella casa del buen don Gómez Manrique el 
amor y deuocion a la de la Virgen, ni al mo- 
nasterio, porque los santos religiosos que en 
el ha auido, también han sustentado la obser- 
uancia primera: y assi el año mil y quinientos 
y veynte y quatro, don García de Padilla, co- 
mendador mayor de Calatraua, viznieto de 
don Gómez Manrique el fundador, tornó como 
de nueuo a edificar el monasterio, y con esto 
les dio tres grandes dones. Vnatapizería muy 
rica con que se adornasse el Palacio y casa 
de la santa Reyna del cielo: seruicio de plata 
para la mesa del Rey soberano, donde se con- 
sagra, y come su cuerpo: y vna muy buena 
librería donde estudiassen los religiosos, que 
son los caualleros y continuos de la cámara 
del Principe, y de su santa Madre: dexoles 
también quatro mil dudados en dinero, para 
dote de vna Capellanía, y para casar algunas 
huérfanas. El monasterio es vn perpetuo 
refugio de todos aquellos pueblos pobres que 
están en el contorno, dase mucha lymosna 
cada dia a la puerta, hazeseles olla, como a 
perpetuos conbidados; sin esto se dan de 
tassa dozientas hanegas de pan cada año, y 
no se que numero de ouejas. El Prior reparte 
sin esto otras treynta hanegas de pan, y el 
dia de la Natiuidad de nuestra Señora (que es 
la fiesta de la casa) largo hospedaje a quantos 
llegan. Tras esto la casa no es rica, mas no 
teme la pobreza, teniendo tan diuina Patrona 
que la sustenta. 

CAPITVLO XXVlll 

La fundación del monasterio de San Gerónimo 
de Vaíparayso Junto a la ciudad de Cordoaa. 

Quando tratamos arriba de la fundación de 
la Orden en el reyno de Portogal, descubrimos 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



137 



la razón y principio de la casa de S. Oeroni^io 
de Cordoua. Diximos como el santo varón 
Fray Vasco, vno de los primeros Hermitaños 
que vinieron de Italia, viendo la poca como- 
didad que auia en su tierra, para que la Orden 
de S. Gerónimo que auia fundado se exten- 
diesse allí, con la quietud de vida que des- 
seaua, sin tener necessidad de mendigar, cosa 
que lleuaua mal por las razones que auia ex- 
perimentado, se determinó boluer a Castilla, 
donde eran entonces mas fauorecidas las reli- 
giones, y auia mas caudal para tener con que 
mantenerse sin pedirlo. Puso los ojos el sieruo 
de Dios en aquella parte que se llama Betica, 
y Turdetana de los antiguos, el vn nombre 
tomado del principal, y del mayor rio, o como 
dize el Arábigo Guadalquiuir, y los Latinos 
Betis, y el otro de los moradores que se llaman 
Turdetanos. Agora se llama Andaluzia; consi- 
deró que no auian fundado en ella ninguno de 
los Hermitaños sus compañeros, y meneado 
como de vn espíritu diuino le pareció qme 
Dios le llamaua, y le tenia guardada esta 
parte mas feliz de España, para que como en 
tierra fértil traspusiesse esta planta de la 
Orden de S. Gerónimo. Auia casas como he- 
mos visto en Castilla la nueua, y en la vieja, 
en Valencia, Catalunia, Portogal, faltaua el 
Andaluzia, y estaua desseando la semilla nue- 
ua, para produzir mucho fruto. Llamó F. Vasco 
a dos de aquellos hijos que auia criado, de 
quien se fiaua mucho (deziase el vno F. Lo- 
renzo, del otro no he hallado el nombre), y 
dixoles, no sin alguna reuelacion que Dios le 
huuiesse hecho, yd hijos a la ciudad de Cor- 
doua en el Andaluzia, y dezilde al Obispo, de 
mi parte, que desseo edificar vn monasterio 
de la orden de S. Gerónimo, en su Obispado, 
y nuestro Señor inspirara en el como se cum- 
pla su santa voluntad. Con la sinceridad que 
aqui lo digo, lo halle escrito en el quaderno 
alegado otras vezes, tan antiguo como el 
mismo caso: la letra, y el estilo hazen euiden- 
cia de la verdad. Partióse luego F. Lorenzo 
con su compañero, en fe de su maestro: llega- 
ron a pie su poco a poco a Cordoua, fueronse 
derechos a casa del Obispo, con tanta seguri- 
dad como a la de su padre, besáronle las 
manos, y dio F. Lorenzo el recado con la 
misma llaneza que le recibió. Era Obispo en 
aquella sazón, vn varón de mucha santidad, y 
de ygual nobleza, del linage de los Viedmas 
que oy en dia se conseruan en laen, decen- 



dencia de aquel noble cauallero Ruypaez Vied- 
ma, que peleó tres dias en la estacada, delante 
el Rey don Alonso el Onceno, contra Payo 
Rodríguez de Auila. Llamauase el Obispo don 
Fernando Rodriguez Viedma: en tanto que 
F. Lorenzo le daua su recado, se le estaua 
mirando el Obispo, y parecíale que lo hablaua 
algún Ángel, lehiasele en el semblante la 
blancura del alma: y la sinceridad con que 
propuso su negocio, representaua vna volun- 
tad diuina. Ansi le respondió con semblante 
apacible: Mucho me alegro sieruo de Dios con 
vuestra petición, yo no tengo que poderos ' 
dar cosa que venga a cuento con lo que pedis, 
mas venios conmigo que el Señor sera seruido 
proueer a vuestra demanda como desseays. 
Aqui en esta ciudad viue vna señoi'a, a quien 
yo amo mucho por su valor, y por su virtud; 
tiene tres heredades cerca, qualquiera dellas 
muy a proposito para vuestro intento, yo le 
rogare que os de la vna, y confio en nuestro 
Señor que lo hará (llamauase esta señora 
doña Ynes Ponteuedra, señora de Chillón, 
madre de Martin Fernandez Alcayde de los 
Donzeles, y agüela de don Pedro Solier, que 
fue después Obispo de Cordoua, Alcayde de 
los Donzeles: dizen que era vna como manera 
de Pedagogo, o Ayo de los hijos de los Prin- 
cipes, y señores, guardándolos, e industrian- 
dolos en las cosas del palacio, y exercicios de 
caualleros, como agora lo haze el Cauallerizo 
del Rey). Fueron el Obispo y F. Lorenzo a 
casa de doña Ynes, a tiempo (por ordenarlo 
assi el cielo) que el nieto don Pedro Solier 
estaua tan malo, que ninguna esperanza tenia 
de su vida. La afligida agüela que le amaua en 
extremo: halláronla quando entraron, harto 
lastimada, junto a la cama del enfermo, y en- 
trando los huespedes por la puerta, entró 
euidentemente con ellos la salud. Tornó en si 
el muchacho, alegro los ojos, que los tenia ya 
casi bueltos, y antes que se saliessen de alli, 
pareció que tenia salud entera. Echó de ver la 
noble señora, que tan repentina mudanza 
nada de la vista de los nueuos huespedes. 
Propuso el Obispo la petición, y F. Lorenzo 
hizo también relación de su venida, y como 
estaua el sugeto tan bien dispuesto, obró con 
facilidad la voluntad diuina. Respondió doña 
Ynes, que de buena gana concedía lo que le 
pedían,, que escogiesse el sieruo de Dios de 
tres heredades la que mas le contentasse 
para su demanda. Con esto salieron muy con- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



tentos dexando muy alegre a la noble Sefiora 
con la salud de su nieto, y estimando en mucho 
la santidad del religioso que auia entrado por 
sus puertas, con gran desseo que le conten- 
taste alguno de los sitios para que en cosas 
suyas morassen almas tan santas. Fueron el 
Obispo, y los dos compañeros a ver las here- 
dades (tanta virtud y llaneza auia en el buen 
Prelado); eran todas tres muy buenas, las dos 
en lo llano de la campiña, fértiles y de mucha 
frescura, la tercera estaua leuantada en la 
ladera de la sierra^ mas áspera, y menos fértil, 
hazia aquella parte, y vn poco mas alto de lo 
que llaman Cordoua la vieja. Esta escogió 
F. Lorenzo no solo como varón santo, amando 
el lugar áspero, apartado y conuenible para 
la soledad que pretendían su maestro y el, 
mas aun como cortes y de noble pecho, no 
queriendo tomar lo mejor quando le dauan a 
escoger. Marauillose el Obispo de la elecion, 
penetrando el motiuo, y estimó en mucho la 
religión, prudencia y cortesía de su huésped. 
Escogido el sitio F. Loren90 y su compañero 
tomaron con mucha humildad la bendición 
del Obispo, el se la dio, diziendoles que di- 
xessen a su maestro F. Vasco, que le quedaua 
aguardando con mucho desseo de verle: buel- 
tos a la presencia del santo viejo los dos 
compañeros, contáronle el sucesso, regozijose 
con todos sus hijos, e hizieron gracias a 
nuestro Señor, porque lo ordenaua ansi tan 
de su mano. Quando vieron tiempo conueni- 
ble, arrancaron de Portogal, dexando en Pe- 
nalonga, y en la otra casa (que se llamaua 
San Gerónimo de Omato) los que se quisieron 
quedar con F. luán el Prior, de quien hizimos 
memoria en la fundación de aquel Conuento. 
Auia Dios puesto en el coraron del Obispo 
don Fernando de Viedma, tanto amor y deuo- 
cion para con el viejo padre Fray Vasco, y 
con sus hijos los frayles Gerónimos, que se le 
hazia tarde cada día, aguardando su venida. 
Tenia preuenido en las partes de su Obispado, 
por donde entendió que passarian, que a do- 
quiera que Uegassen los recibiessen como a 
el mismo, y ansi lo hizieron los subditos, 
donde quiera que Uegauan, los seruian, y 
acariciauan, y aun les besauan las manos, y la 
ropa, como a Santos; respondían ellos a esta 
reuerencia con tanta sumisión, y semblantes 
tan humildes, que todos creyan dellos lo que 
de su virtud se dezia, y tanto mas crecia la 
reuerencia, quanto mas ellos se humillauan. 



Llegaron al fin a Cordoua (mas seruidos y 
reuerenciados que quisieran) sábado vigilia 
de S. Lorenzo el año mil y quatrocientos y 
cinco. Supo el Obispo su venida, y antes que 
Uegassen los sallo a recebir gran trecho fuera 
de la ciudad. El santo viejo Vasco llegado a 
la presencia del Obispo se derribó a sus pies 
con todos sus hijos, pidiéndole su bendición, 
diosela el Obispo con tanta deuocion, como 
ellos se le pedian, recibió notable alegría en 
ver a Fray Vasco, que en la presencia (teníala 
muy venerable) mostraua con hartos indicios 
la santidad del alma. Crecióle el amor, y deuo- 
cion con la vista, y mostrólo bien en todo el 
discurso de la vida, llenólos a su casa que no 
le pareció fiarlos de otra posada. Era tarde, el 
Obispo auia comido, los sieruos de Dios, aun- 
que caminauan, y en tiempo tan caluroso por 
ser vigilia, no se auian desayunado, estauan 
hechos a mas largos ayunos, teníales apare- 
jada la mesa, y siruialos a ella, como otro 
tiempo el santo Patríarcha Abraham a los 
Angeles. Venia entre otros vn sieruo de Dios 
llamado Fray Rodrigo, y fue tanta la deuocion 
que entró en su pecho, viendo que vn Obispo 
tan grande los seruia a la mesa con tanto 
amor y humildad, que aunque en ayunas, y 
cansado, y tarde, no se pudo desayunar sino 
de lagrymas. Tunólos el Obispo en su casa, 
regalándolos y acariciándolos tres días, harto 
contra la voluntad de los que no estauan he- 
chos a tanto regalo. El Martes siguiente, que 
fue después de la fiesta de S. Lorengo, que 
cayó en Lunes, se fue con ellos a casa de 
doña Ynes, que ya desseaua verlos: alegróse 
mucho con su vista, y en especial con la de 
F. Vasco a quien cobró gran reuerencia, y de 
quien solia dezir, que le parecía vn Apóstol 
de Dios. Prometióles todo su fauor para el 
edificio y fundación del monasterio, allende 
de la heredad que les auia dado. Hizieronle 
muchas gracias por el amor y merced tan 
grande que les hazla: y luego dia de santa 
Clara se partió el Obispo con ellos, al lugar y 
sitio señalado, que auia escogido F. Lorenzo 
para la fundación del conuento. Tomaron la 
possession del sitio: bendixoles el Obispo la 
casa, que estaua alli, y señalóles cierta parte 
della para yglesia, en tanto que se hazia de 
proposito otra. Y ansi quedaron los nueuos 
huespedes Portugueses assentados en el mo- 
nasterio de S. Gerónimo de Cordoua, en el 
lugar que se llamaua Valparayso, pronostico 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



139 



de que atiia de serlo en la tierra, con la vida 
santa y nueua, de inocencia, que professauan 
los Gerónimos. No se oluidó el Obispo dellos, 
visltaualos a menudo, y ayudauales con todo 
lo que entendía que auian menester para el 
edificio, haziendo oficio de su procurador, y 
preciándose dello, tanta satisf ación tenia de 
la bondad de sus religiosos Gerónimos. Doña 
Ynes hazia lo mismo, embiauales cada dia de 
comer, harto mas que ellos querían: junto con 
esto todas las alhajas que auian menester 
para assentar casa (y como dize el quademo 
viejo, donde voy tomando esto) parecía que 
casaua alguna hija, según andana solicita en 
darle el ajuar. Embiaua Almadraques, mantas, 
mesas, sillas, hasta las calderas, sartenes, y 
assadores, y todo lo que sospechaua que sería 
menester, y mucho dello nunca fue menester 
Con el fauor de Dios, y de tan notables bien- 
hechores, se hizo presto vn claustro, e yglesia, 
no como ellos desseauan, sino como lo tra^aua 
el santo varón F. Vasco, sin tra^a ni ingenio, 
y con esto santo, y denoto, pequeño, y pobre. 
Comengó luego a entablar sus costumbres, 
que oy en dia las reliquias dellas huelen san- 
tissímamente. Lo prímero ordenó, que ninguna 
muger entrasse en toda la heredad del valle 
perteneciente al conuento, y guardóse, y se 
guarda hasta oy, con tanto respeto y temor 
como si lo mandara el Padre santo. Fue buen 
acuerdo y de prouecho para la quietud délos 
religiosos, que pueden salir buen trecho sin 
que encuentren cosa que turbe su sossiego, 
y su pureza. Algunas señoras de la casa Real 
de Castilla, tuuieron gana vn tiempo, de ver 
el monasterio, y entendiendo la costumbre 
tan loable y santa, no quisieron quebrantaría, 
aunque pudieran: nobleza propria de pechos 
Reales. La valerosa Reyna doña Ysabel quan- 
do andaua en la conquista del reyno de Gra- 
nada, tuuo necessidad de recogerse algunas 
vezes a este monasterío, y tuuo tanto respeto 
a la costumbre, y al mandato del sieruo de 
Dios, que no quiso vsar de su poder, y embio 
por vn breue al Papa para estar alli con segu- 
ridad de conciencia: digna consideración y 
exemplo de tan santa Reyna. Otras mugeres, 
no con gran distancia de tan altas prendas, 
aunque de mas atreuimiento (dizen que tres 
dellas eran naturales de Cordoua, y en diuer- 
sos tiempos) tuuieron en poco esta costumbre 
santa, que ya con el tiempo auia cobrado 
fuer^ de ley, y acompañadas de gente, como 



si fueran a alguna conquista, rompieron con 
ella, atrauessando el valle y los mojones 
santos, y conuirtioseles el Valparayso en 
valle de lagrymas, y de muerte, mal escar* 
mentadas de aquella prímera desomboltura 
de la prímera muger en el Parayso, todas tres 
muríeron presto, muertes desastradas. Vna a 
manos del marido cruelmente: otra de vn parto 
infeliz, muriosele dentro la criatura, sacaron- 
sela a pedamos, y a buelta las entrañas y la 
vida de la madre. La tercera, le dio sangre- 
lluuia, y con ella vna perlesía mortal. De aqui 
se vino a cobrar tanto miedo y respeto, que 
de muchos años a esta parte, no se han visto 
mas atreuimientos. Crio F. Vasco a sus fray- 
Íes en mucha obseruancia, y creció en ellos 
la santidad prímera. La fama bolo también 
presto por toda la dudad de Cordoua, y por la 
tierra: yuan a ver los nueuos Gerónimos, como 
otro tiempo los padres antiguos de los yer- 
mos, y muchos no boluian, porque mouidos 
del exemplo, o se quedauan con ellos, o yuan 
a buscar a otros a otra parte, aborreciendo 
los engaños de la vida passada, y del mundo. 
De la vida del santo varón F. Vasco, que ve- 
remos en el segundo libro, y de las de otros 
muchos hijos suyos que florecieron en espirítu 
y mucha santidad, se conocerá el gran fruto 
desta fundación. Por auer sido los Marques- 
ses de Comares tan grandes bienhechores de 
aquel conuento, dado el sitio, y tantas here- 
dades, y tantas lymosnas, son patronos de la 
Iglesia, con justo titulo. La ciudad de Cordoua 
ha estimado siempre en mucho este conuento, 
por el mucho bien que del ha recebido, doc- 
trina, y exemplo, y ansi han hecho mucho 
caudal del Príor, dexandole sus haziendas en 
confianza: con esto tiene muchos patronazgos. 
Es Administrador del hospital de Antón Ca- 
brera. Entre otras ilustres memorias, es la de 
doña Teresa de Cordoua, muger de don 
Alonso de Cordoua, dexó al monasterío mas 
de veynte mil ducados, para que se hiziesse 
vn hospital de conualecientes, el año 1572. 
hizose, y ay en el doze camas, donde son re- 
galados con mucho cuydado. Goza la casa, 
por la administración, de la veyntena: y pro- 
uee la mayordomia del mismo hospital, y vna 
capellanía. Hazese también desta señora otra 
lymosna muy importante en Cordoua, que se 
dan dos hanegas de pan cozido, que se lleuan 
del monasterío cada semana. La casa haze 
otra manera de lymosna, que la llamaremos 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



mejor hospedaje: da de comer en la hospede- 
ría a quanta gente honrada va de aquella 
ciudad, que ay día que passan de setenta, y 
lo ordinario son muchos. La lymosna que ha 
dado en años necessitados, no es fácil de 
creerse» si se escríue lo que es, y Dios lo paga 
todo y lo aumenta. 

CAPITVLO XXIX 

La fundación del monasterio de S. Gerónimo 
de lüste, en la vera de Plasenfia. 

En aquella parte de los montes Carpeta* 
nos^ que corre mas al Medio dia, y la mas 
amena y fresca, llamada la Vera, a siete le- 
guas de la ciudad de Plasencia, en lo áspero 
de la sierra, fragoso, y cubierto de maleza, se 
recogieron algunos hermitaños con desseo de 
seruir a nuestro Señor, apartados del trato 
humano, quanto bastaua para la soledad y 
vida que pretendían. Los dos dellos vinieron 
primero en vna hermita que estaua en los 
arrabales de la misma ciudad de Plasencia, 
llamada S. Chrístoual: viendo que las ocasio- 
nes no eran alli menos difíciles y frequentes 
que las de la primera vida, acordaron de reti- 
rarse a la montaña, y huyr los encuentros y 
peligros. Comentaron a caminar por lo mas 
espesso de aquellos montes, atrauessando 
collados, valles, arroyos, peñas y piedras, 
por caminos ásperos, que lo son mucho las 
faldas de aquellas sierras, y vinieron a dar 
junto a vna villa de la misma juridicion de 
Plasencia, llamada Quacos. lunto della leuan- 
tado en la ladera, poco mas de vn quarto de 
legua, consideraron el sitio a proposito de 
sus pensamientos. Tuuieron noticia que era 
de vn hombre denoto y de santas costumbres^ 
llamado Sancho Martin, natural del mismo 
pueblo de Quacos. Rogáronle que les diesse 
lugar para hazer alli vna hermita, manifestán- 
dole su intento, que era hazer vida solitaria, 
seruir a Dios en contemplación, ellos y quan- 
tos después dellos quisiessen viuir alli. Satis- 
fizieronle tanto con su buena vida y trato, que 
no contento con esto les hizo vna escritura 
autentica de la donación, porque nadie se la 
pusiesse a pleyto: y por ella consta que fue 
el año 1402. a veynte y quatro de Agosto, tan 
humildes y ordinarios principios tuuo esta 
insigne casa. Puestos alli estos dos santos 
compañeros, tratauan de lo que desseauan. 



Eran hombres de buenos juyzios, y a lo que se 
sospecha, tenian alguna noticia de letras: en 
todo el dia y la noche no cessauan de contem- 
plar en la ley del Señor, riendo desde alli de 
la vanidad de los hombres, que trabajauan 
por lo que tan presto ha de acabarse. Susten- 
tauanse con el trabajo de sus manos. Labra* 
ron lo primero vna hermita, y junto della dos 
celdillas pequeñas donde se recogían. Porque 
el cuerpo con el ocio no se entorpedesse, 
cultiuauan la tierra, plantauan arboles, sem- 
brauan hortaliza, ingerían castaños, cerezos, 
y otros arboles que aquella sierra en medio de 
los cantos, y de las peñas los abraca bien, y 
se hazen de estremada grandeza y hermosu- 
ra, sin auer a penas donde assentar el pie 
sino entre cantos. A la fama de los dos santos 
varones, que la tenian muy grande en aquetta 
tierra, aunque de suyo la gente no es muy 
blanda, ni denota, acudieron otros a imitarlos, 
luntaronse como hasta cinco o seys, Ueuaua- 
los Dios para que dlessen principio al edificio 
que el leuantaua de secreto. Escogiólos del 
siglo, hombres determinados y de valor, por- 
que la santidad y vida religiosa no assienta 
bien en gente fácil, de pechos viles, y pensa- 
mientos apocados. Después de auer passado 
assi algún tiempo, y exercitandose en aquella 
vida espirítual, aunque libre y voluntaría, 
como tenian gana de assegurarse en ella, y 
Dios los auia llamado para esto, cayeron 
presto en la cuenta: parecióles que sería 
mejor y mas seguro hazerse religiosos, y 
siéndolo, que ninguna otra religión les venia 
mas a cuento que la de S. Gerónimo, pues 
con ella se quedauan en su mismo puesto, 
proposito y manera de vida: solo se anadia la 
seguridad, y la constancia con el vinculo de 
la obediencia, que lo abonaua y santificaua 
todo. Considerauan que otros muchos en Es- 
paña auian ydo por aquellos mismos passos, 
y a dicho de todo el mundo, tenian vn estado 
excelente, alabado de todos, e inuidiado no de 
pocos. Después de auerse confirmado en este 
pensamiento, y pareciendoles cada dia mejor, 
no se sabe por qual ocasión, o con que fauor, 
se fueron para el Infante don Fernando, el 
gran protector desta Religión, y le manifesta- 
ron su desseo. Algunos sospechan, que auian 
sido criados de su casa los dos destos hermi- 
taños, y que de alli nació la confianza. Diole 
al Infante mucho contento entender el santo 
proposito, y prometióles todo su fauor en el 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



141 



negodo, mandándoles que se tornassen a sus 
celdillas, que el les embiaría presto recado, y 
entretanto le encomendassen a nuestro Se- 
ñor. No se descuydó, ni oluidó el Infante, 
porque el año 1408. ya les auia traydo vna 
bula del Papa Benedicto XIII. para que pu- 
diessen edificar alli donde viuian, vn monas- 
terio de la orden de S. Gerónimo, debaxo de 
la regla de S. Agustin, y el les añadió todos 
los príuilegios y licencias que eran menester. 
Comentaron luego a poner las manos en su 
labor, y (porque no corriesse todo prospera- 
mente) el aduersario del bien de los hombres, 
despertó vnos religiosos, no se sat>e de que 
orden (de todo el discurso de la fundación 
desta casa ay mucha claridad, sino es deste 
particular, que no quisieron dexarlo en memo- 
ría, porque no se obscurezca la caridad entre 
los religiosos.) Estos mouidos de alguna en- 
uidia, o de interesse, fueron al Obispo de 
Plasencia (que a la sazón era don Vicente 
Arias de Balboa) informándole como les pa- 
reció. Dio sus letras para que al punto fues- 
sen echados de alli, y les tomassen las casas, 
possessiones, y lo que tuuiessen. Executose 
todo a la letra con sumo rigor: y los senziilos 
hombres se salieron sin resistencia ninguna. 
Alaron los ojos al cielo muy alegres, haziendo 
gracias a Dios por esta fuerza. Determinauan 
de yrse por aquellas sierras a esconderse en 
otras cho^uelas a donde Dios los lleuasse: y 
estando pensando que harían, dixo vno dellos 
que darla mala cuenta de sí sino la diessen 
deste caso al Infante don Fernando, que tanta 
merced les auia hecho, y con razón los ten- 
dría o por burladores, o gente liuiana, si se 
esparcían, o yuan a otra parte sin darle razón 
del sucesso, y de la fuerza. Fueronse para el, 
hizieronle reladon del agrauio, diziendo, que 
no entendían porque causa el Obispo se auia 
mouido contra ellos tan rigurosamente. Reci- 
bió mal el Infante este negocio. Embiolos a 
su justicia mayor, que era el Arzobispo de 
Santiago, y Metropolitano de Plasencia, en- 
cargándole que les hiziesse justicia, y tomasse 
aquel negocio muy de ueras. Don Lope de 
Méndo9a, que ansi se Uamaua el Arzobispo, 
se informó dellos. Vio la donación que les auia 
hecho a los hermitaños, de la heredad del 
sitio de luste, Sancho Martin Qlamase assi 
aquel termino, por vn arroyo, o garganta de 
agua que deciende de lo alto de la sierra, 
que se llama luste.) Vio también la bula del 



Papa Benedicto XIll. en que a suplicación del 
Infante don Fernando, les daua licencia para 
fundar en aquel sitio casa de la orden de san 
Gerónimo, debaxo de la regla de san Agustín. 
Entendió por la relación que trahian, como al 
punto que estañan tratando desto auian sido 
despojados, y desposseydos de su sitio, casa 
y bienes, por el Obispo de Plasencia, y expe- 
lidos sin oyríes, ni pediríes razón alguna. Y 
visto todo esto con tanta claridad, dio vna 
carta como juez supremo, en que mandaua 
en virtud de santa obediencia, so pena de 
excomunión, a Garci Aluarez de Toledo, señor 
de Oropesa, que fuesse con ellos al sitio y 
hermita de luste, y los restituyesse en su 
prímera possession, los amparase en ella, y no 
consintiesse que se les hiziesse mas agrauio: 
y le fuessen bueltos todos sus libros, y alha- 
jas: y que si algunos quisiessen ponerles de- 
manda, que les diesse termino de quinze dias, 
en que pudiessen hazerlo, pareciendo delante 
del Arzobispo a dar razón. Es la data desta 
carta, a diez de lunio, de 1409. en Medina del 
Campo. No se contentó el Infante don Fer- 
nando con esto, escriuio también otra al mis- 
mo Garci Aluarez de Toledo, señor de Oro- 
pesa: tanto amor y fauor mostró a sus hermi- 
taños. Y porque se vea la voluntad, la verdad 
del caso, y el estilo de aquel siglo, la pondré 
aqui como ella esta. 

Yo el Infante embio mucha salud a vos 
Garci Aluarez señor de Oropesa, como al que 
amo, e precio, e de que confío. Sabed que 
nuestro señor el Padre santo, a mi petición, 
dio licencia a los hermitaños de la casa de 
luste, que es en la vera de Plasencia, e les 
otorgó ciertas tierras, y príuilegios para fun- 
dar monasterio, sobre lo qual yo escriui y 
embie al Obispo de Plasencia, que les qui- 
siesse consentir fundar el dicho monasterío, 
e no lo quiso fazer, antes dizen, que los des- 
apodero, y echo de la dicha casa, e les tomó 
lo que ende tenian: sobre lo qual ellos llega- 
ron al Arzobispo de Santiago, que los proue- 
yesse de algún remedio como juez mayor: 
y el Arzobispo dioles su carta para vos, que 
les entreguedes la dicha casa, e defendiesse- 
des en la possession della, por quanto vos 
erades tal que lo fariades lo qual vos embia 
a mandar en virtud de santa obediencia: e 
ellos pidiéronme por merced, que vos man- 
dasse escriuir sobre ello: porque vos ruego, 
que les querades cumplir esta carta del Ar^o- 



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142 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



bispo, apoderándolos en la dicha casa, en 
manera que en ella no sea apoderada otra 
persona alguna, saluo ellos, y sean defendidos 
en ella, en lo qual me hareys muy grande pla- 
cer, e scruicio. Dada en Tordesillas, a doze 
de lunio, año sobredicho mil e quatrozientos 
e nueue. Yo el Infante. Yo Pedro Qarcia es- 
criuano del Sefior Infante, la fíze escríuir por 
su mandado. 

Fueron con estos recados: recibiólos Garci 
Aluarez con voluntad,y en señal de reuerencia 
los puso sobre su cabera. Tomó la causa como 
propría, viendo la bondad de los santos hermi- 
taños, y la injusticia que se les hazia. Llegóse 
en persona a luste, y hechas las diligencias 
que se requerían en derecho, sacó de las casas 
y celdas que alli estañan, los religiosos que el 
Obispo de Plasencia auia puesto en ellas, y en 
la possession, y puso a los hermitaños. Mira- 
ron los bienes que auian lleuado, y hizieron 
inuentario de la pobreza que hallaron, y de 
todo hizo sus autos y processos, que aun 
viuen. Restituydos los hermitaños en sus cel- 
das y possession, no huuo quien les hiziesse 
mas resistencia, porque no auia apariencia de 
justicia, sino pura violencia. Trataron luego 
los hermitaños de entregarse a la orden de 
san Gerónimo. Y porque se vea la sinceridad, 
y manera de proceder de aquellos tiempos, 
quan informe y por adelgazar estaua todo, 
pondré aqui la donación que hizieron de si 
mismos, embuelta en vna cierta manera de 
profession, como se halla entre otras escritu- 
ras de aquel conuento. 

Sepan quantos esta carta vieren, como yo 
luán de Robledillo, y Andrés de Plasencia, 
hermitaños en las casas del monasterio que 
dizen de luste, que es donde dizen el Venero 
del Agorador, que es entre la sierra de san 
Saluador, e el Castañar de luste, otro si, 
cerca de Quacos, aldea e termino de la ciudad 
de Plasencia, otorgamos e conocemos, que 
por quanto nosotros, y en nombre de luán de 
Toledo, otro si hermitaño en las dichas casas 
e monasterio, nuestro compañero, tenemos e 
posseemos por nuestras, las dichas casas e 
monasterios de luste, con todos los arboles, 
edificios, y arboledas, plantas, sitio, y las 
demás cosas en ellas contenidas. E otro si, 
por quanto nos fue otorgado, e dado priui- 
legio e letras, por nuestro santo padre el 
señor Papa Benedicto XIII. a instancia de 
nuestro señor el Infante don Femando, para 



que pudiessemos fundar, e construyr monas- 
terio en las dichas casas de luste, de la orden 
de san Oeronimo, so la regla de san Agnstin: 
por ende nosotros, agora por nos, y en 
nombre del dicho luán de Toledo, nuestro 
compañero. Primeramente, por seruicio de 
nuestro Señor, e porque las dichas casas e 
monasterio se ha dotado, e dado a Dios, 
.fundamos econstruymos,e damos estas dídias 
casas e monasterio, con todas sus huertas, 
arboledas, edificios, sitios: e otrosí somete- 
mos a nosotros, e a cada vno de nos, por este 
publico instrumento, e otorgamos, e conoce- 
mos, que tomamos y escogemos por Oouer- 
nador. Visitador, Administrador, e Reforma- 
dor del dicho monasterio, e todas las cosas 
de suso contenidas, e de nosotros, e cada vno 
de nos, en la manera que dicho es, a fray 
Blasco Prior del monasterio de san Oerctaimo 
de Guisando, que es ausente, bien ansi como 
si fuera presente, según en el dicho priullegio 
que el dicho señor Papa en esta razón dio e 
otorgó, se contiene: el qual dicho priullegio 
nosotros presentamos luego, ante Pedro Fer- 
nandez de Robledo escríuano del Rey, e su 
notario en la su Corte, y en todos sus reynos, 
escrito en pergamino de cuero, sellado con 
su sello de plomo del dicho señor Papa, e 
pendiente en filos de seda de colores, que es 
su tenor este que se sigue. Benedictus, Ac 
que en suma contiene lo que dicho es. Por 
ende nos los sobredichos luán de Robledillo, 
e Andrés de Plasencia, por nos, y en nombre 
del dicho nuestro compañero luán de Toledo, 
por este publico contrato, prometemos de 
auer por firme, e por estable, para agora e 
para siempre jamas, todo lo sobredicho, e 
cada cosa dello, e de auer al dicho fray Blasco 
Prior de Guisando, por Qouernador, e Refor- 
mador, del dicho monasterio de luste, e de 
nosotros, según dicho es, e no yr, ni venir 
contra ello, nin contra parte dello, nos nin 
otro por nos, ni por alguno de nos, en algún 
tiempo, ni por alguna manera, mas yr a donde 
el nos mandare, e obedecer sus mandatos: e 
por esta carta le damos poder cumplido al 
dicho fray Blasco, para que pueda regir, e 
administrar, e reformar él dicho monasterio, 
e proueerio de Prior, e de frayles, con nos- 
otros, quanto el entendiere que son menes- 
ter, e visitarlos, e proueerlos en la manera que 
quisiere, e por bien tuuiere, con todas las 
cosas que al dicho monasterio pertenecer 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



143 



deuan, ansi en lo espiritual, como temporal. 
E de todo esto que dicho es» otorgamos esta 
carta ante Pedro Fernandez de Robledo es- 
criuano del Rey, ai qual rogamos que lo escri- 
uiesse, y fiziesse escriuir, e la signasse con 
su signo. Feclia en el diclio monasterio de 
iuste, a veynte y cinco de lunio de mil y qua- 
trozientos y nueue años/ del nacimiento de 
nuestro Seffor lesu Christo. Testigos que a 
esto fueron presentes, Garci Aluarez de To- 
ledo señor de Oropesa, y Fernán Martínez 
Bachiller, de 

Esta manera de donación hizieron luego de 
si mismos a la orden^ y por ella no quedaron 
professos, por no auer alli forma de religión, 
ni Prelado en cuyas manos se hiziesse, sino 
quedaron entonces como Donados, hasta que 
hizieron solemne profession. Estañan enton- 
ces las casas de la Orden sueltas, sin Gene- 
ral, ni cabera, sujetos casi todos a los Ordi- 
narios, aunque siempre tenian algún respeto 
al Prior de san Bartolomé, y le Uamauan, el 
mayor, consultauanle en algunos casos, y pas- 
sauan por sus sentencias, como ya otra vez 
he aduertido. Ansi se entregaron estos santos 
hermitaños al Prior de Guisando, en la mas 
rigurosa y plenaria manera de donación que 
supieron. Quando después se vino a hazer la 
vnion de la Orden, y a eximirse de los Ordi- 
narios, haziendo General, y Capítulos gene- 
rales, el año de 1415. seys años después 
desta donación, no quería la Orden recebir 
este monasterio, porque no tenia renta, ni 
suficiencia para sustentar Prior, y doze fray- 
ies: y determinaron en aquel Capítulo gene- 
ral, que en menor numero no se podía guar- 
dar la decencia que esta religión pide, ni 
permitían que conuento alguno anduuiesse 
mendigando: ansi quedó ordenado por los 
grandes inconuenientes que hallauan en esta 
libertad de salir de casa, con el color de la 
lymosna, y necessidad, especialmente en los 
que tienen por fin la meditación y alabanzas 
díuinas. Vino esto a moticia del noble cana- 
nero Garci Aluarez de Toledo, porque los 
frayles de luste le dieron noticia dello, con 
harta tristeza y desconsuelo. Como tenia ex- 
periencia de quan santas almas eran aquellas, 
y aula cobrado afición al nueuo habito y reli- 
gión de san Gerónimo, enternecióse de ver- 
los tristes; pesóle que principios tan buenos 
se muriessen a su puerta, dándole el alma 
que aquello auia de ser vna cosa de mucho 



seruicío de nuestro Señor. Con este zelo 
santo se partió para nuestra Señora de Gua- 
dalupe, donde se auian juntado a hazer la vnion 
de la Orden, y celebrar el primero Capitulo 
general. Propuso delante de todos su senti- 
miento, mostrando dolerle desamparassen 
aquella casa, y a los sieruos de Dios que en 
ella viuian, de quien tenía tanta satisfacion: 
que si era por ser pobres, y no tener con que 
sustentar el modo de vida y obseruancia que 
esta religión professaua, el daua su palabra 
como cauallero, de fauorecerlos de manera 
que no se sintiesse esta falta, ni tuuiessen 
necessidad de quebrantar la clausura de su 
profession, por necessidad de salir a buscar 
fuera el sustento. Visto por el General, y 
Capitulo, la deuocion y el animo generoso de 
Garci Aluarez de Toledo, y la determinación 
tan hidalga, se lo agradecieron mucho, y le 
dixeron, fuesse todo como el ordenasse y 
quisiesse. Ansi quedó la casa puesta en el 
numero de las que en este Capitulo se junta* 
ron. Cumplió su palabra como buen cauallero, 
en mas de treynta años que después viuio. 
No se enfrio jamas en este proposito, hazien- 
do al monasterio de luste muchas lymosnas. 
Edificóles también la primera Iglesia, no como 
el quisiera, sino como los sieruos de Dios la 
trazauan (en esto han quedado siempre cor- 
tos, como se aura visto en el discurso de las 
mas fundaciones.) Edificó el dormitorio, y las 
celdas, y todas las demás oficinas que aun se 
están en píe, testigos firmes de la deuocion 
de aquellos primeros santos, de su humildad, 
del amor de la pobreza, y aun de la largueza 
de tan generoso bienhechor: oxala no se 
mejoraran tanto nuestras paredes. Era este 
cauallero, el tercero señor de Oropesa, nieto 
de don Garci Aluarez de Toledo, Maestro de 
Santiago, a quien el rey don Enrique el se- 
gundo dio, estando en Toledo, las villas de 
Oropesa, y Valdecorneja, porque dexasse el 
Maestrazgo a don Gon9alo Mexia, y fuera de 
lo dicho, le añadió cinquenta mil marauedis 
en cada vn año. El segundo señor de Orope- 
sa, fue su hijo don Fernando Aluarez de 
Toledo, y el tercero, este su hijo el bienhe- 
chor de san Gerónimo de luste, Garci Aluarez 
de Toledo: y el quarto fue Femando Aluarez 
de Toledo, y el primer Conde de Oropesa. 
De todos estos señores hasta el que agora 
viue, ha recebido este conuento mucho fauor, 
y lymosnas; por esto, y por otras buenas 



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144 



HISTORU DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



obras los tiene esta casa en la cabera de la 
tabla de los bienhechores, después del glo- 
rioso Príncipe don Fernando, que como hemos 
visto, fue a quien se le deue todo, pues el 
truxo la licencia del Pontífice, para que fues- 
se monasterio, y el los amparó tan deveras, 
en el agrauío que recibían del Obispo de 
Plasencia. Parece adiuinaua que en los tiem- 
pos venideros aula de ser el vltimo nido de 
aquella claríssima e inuencible águila el Em- 
perador Carlos V. su bisnieto. Quando vamos 
haziendo memoría de las personas notables 
destos monasterios, por sus edades, veremos 
también (por exemplo tan raro y digno de 
eternizarse) como aquel Monarcha tan ama- 
do, y tan temido, se retiró, dexando la corona 
del Imperío, entre estos santos religiosos, 
hasta que desde alli fue a gozar de la eterna. 
Haze este monasterio mucha lymosna a los 
pueblos comarcanos, que alli acuden cada 
dia. En la puerta los años mas ordinarios, 
se dan de lymosna mas de seyscientas hane- 
gas de trigo, los que vienen mas apretados 
se dan mil» y afio ha auido de mil y quinien- 
tas. Sin esto la Pascua de Nauidad, reparten 
de ordinario cinquenta hanegas de pan, a 
personas particulares de mas vergüenza. La 
Pascua de Resurrecion dan quatro carneros: 
sin esto el Prior por si, reparte otras treynta 
hanegas de pan, seys arrobas de azeyte, y 
doze ducados. Es Patrón de tres Capellanías 
en la ciudad de Truxillo. y quando ay algún 
enfermo en Quacos, que tiene necessidad. le 
embia por su aluedrio, ración cada dia. Han 
hecho también mucho prouecho por aquellos 
pueblos, los religiosos que salen de alli a pre- 
dicar, porque sea la lymosna por todas partes 
cumplida. 

CAPITVLO XXX 

La fundación del monasterio de Montamarta 
Junto a Zamora, 

La casa de nuestra Señora de Guadalupe, 
como vimos en los capítulos de arriba, entró 
en poder de la orden de san Gerónimo, el 
afio 1389. Desde aquel tiempo hasta el año en 
que agora vamos descriuiendo la planta y 
extensión della, con las fundaciones de las 
casas, que es el de 1409. creció tanto en reli- 
gión y virtud, y los religiosos capellanes de la 
Virgen se exercitaron en tantas obras de per- 
.fedon, que al olor della vinieron muchos, 



ganosos de imitarlos, y de entrar a la parte 
de los fauores que aquella Sefiora les hazia: 
teníanse por dichosos los que eran admitidos 
a tan santa compafiía, porque es gran dicha 
ser de la cámara de Reyna tan soberana. Go- 
uernaua el conuento aquel santo varón fray 
Fernando Yafíez, con su exemplo caminauan 
sus hijos a buen passo, por la senda angosta 
que lleua a la vida eterna, aunque conocida y 
hollada de pocos. El capital enemigo del hom- 
bre, atormentado de inuidia, viendo crecer el 
reyno de Chrísto, en la santidad de aquella 
casa, y tantos sieruos de Dios como allí se 
leuantauan, no pudo enfrenar la rabia. Pidió 
licencia a Dios para tentar a sus sieruos, y 
como el mismo Sefior dixo a S. Pedro, para 
acribarlos como a trigo, que de otra suerte 
no se atreuiera a violar aquel sagrado, ni 
atrauessar los vmbrales del palacio de la 
Virgen. Diosela, para mayor confusión suya, 
para mayor gloria de Dios, y para mayor bien 
de los que le siruen, que estos son los fines 
de sus permisiones santas, en las obras malas, 
para que en todo resplandezca su prouiden- 
cia. Langó luego Satanás la ponzoña de su 
pecho, en los de aquellos que por ocasión de 
alguna mas habilidad, o ciencia, le pareció que 
assentaria mejor, que quando no esta con 
mucha caridad enfrenada, antes hincha que 
edifica. La senzillez de Femando Yañez le 
hazia que en las cosas del gouierno y adminis- 
tración de aquella casa, procediesse sin arti- 
ficio, sin imaginar que eran menester mas 
letras, ni consejo de letrados, de lo que la 
misma verdad de las cosas pedia, y la pruden- 
cia de vn juyzio claro, desínteressado, y liso, 
enseña: porque la justicia ella se muestra 
clara en los ojos ágenos de malida, y se 
esconde de los torzídos, y que no la bascan, 
por quien ella es; daño que tiene al mundo 
en el extremo de su miseria. De aquí nado la 
ocasión, que no la pierde el que esta siempre 
atento a lo flaco de nuestra miseria. Abrió los 
ojos destos resabidos, para que echassen de 
ver que era menoscabo de sus letras que el 
Prior F. Fernando Yañez no se gouernasse en 
todo por sus caberas, y que se aconsejasse 
con otros, que en su comparación eran igno- 
rantes. Encendióse luego la llama de la sober- 
uia, atizada de la inuidia^ y creció tanto, que 
como otra vez el cielo, ansí diuidio este san- 
tuario en dos vandos, y fue menester que el 
rey don Enrique el tercero se entremetiesse 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN QERONIMO 



145 



en apaziguar la casa, embiando alia, con pode- 
res bastantes del Arzobispo de Toledo, y 
suyos, a don luán Obispo de Segouia, para 
que mirada la justicia, y conocido el principio 
de la dissension, castigasse los culpados (digo 
esto ansi en cifra, porque basta para el pro- 
posito, y en la vida de F. Fernando Yañez se 
tratará de proposito). Fueron echados de 
Guadalupe por sentencia del Obispo, como 
turbadores de la paz de aquella santa casa, 
algunos religiosos, y otros mas culpados y 
escandalosos, puestos en cárcel harto estre- 
cha. Los principales, y como cabera deste 
motin (aunque no de la malicia) eran dos 
religiosos señalados y de grandes prendas, 
linage, letras, religión, y exemplo, sino les 
faltara lo que después aprendieron, el temor 
y la humildad, guardas de tan preciosos teso- 
ros. Llamauase el vno fray Femando de Va- 
lencia, el otro fray Alonso de Medina, de quien 
se ha de hazer mucho caso en esta historia. 
A penas salieron sentenciados, y a cumplir el 
destierro de aquel parayso, quando se les 
abrieron los ojos, y se conocieron estar des- 
nudos, y pobres, los que pensauan que esta- 
uan muy ricos. Boluieron los ojos a la santa 
casa de a do sallan, puestos de rodillas, y 
llorando, rogaron a la Madre de piedad no les 
desamparasse, proponiendo en sus corazones, 
con el trabajo de sus manos, y sudor de sus 
rostros, adquirir el pan de su sustento, como 
fieles sienios, y procurar aquella virtud de la 
humildad que en ella resplandeció tanto, alen- 
tados de su fauor, y con la gracia de su hijo. 
Oyólos la piadosa Madre, que nunca despre- 
ció los ruegos que de veras salen del alma. 
Recibiólos debaxo de su amparo, como se 
vera bien en este discurso. Era fray Femando 
de Valencia natural de Zamora, de sangre 
Real, como después veremos: tenia alli parien- 
tes, y algunas heredades cerca de vn lugar 
que se llama Montemarta: como era persona 
noble, y el religioso mas antiguo de los que 
sallan desterrados, fácilmente se inclinauan a 
seguirle. El les dixo, que si yuan juntos hazia 
aquella parte de la ciudad de Zamora, seria 
fácil ofrecerse sitio donde poder edificar mo- 
nasterio. Para que esto fuesse bien hecho, y 
con facultad del Prior y conuento de nuestra 
Señora de Guadalupe, y la salida fuesse con 
mejor titulo, y no pareciesse destierro, sino 
salir a fundar, pidieron que les diessen esta 
Ucencia y facultad en escrito. El piadoso padre 

H. u Li o. DB S. Gnomiio.— 10 



fray Fernando Yañez, y los que con el queda- 
uan, hizieron esto de muy buena gana, y ansi 
se la dieron. Pondré aqui porque se descubre 
en parte todo esto que he dicho, en la misma 
forma con que agora se halla esta facultad, 
o licencia. 

Sepan quantos esta carta de licencia vie- 
ren, como yo F. Fernando Yañez Prior del 
monasterio de nuestra Señora santa Maria 
de Guadalupe, de la orden de san Gerónimo, 
so la regla de san Agustín, e vno de los fray- 
Íes del dicho monasterio: estando ayuntados 
en nuestro Cabildo, a campana tañida, segnn 
lo auemos de vso e de costumbre, otorgamos, 
e damos licencia en quanto a nosotros perte- 
nece, e podemos de derecho en tal caso, a 
fray Fernando de Valencia, y a fray Pedro de 
Ampudia, y a fray luán de León, e a fray 
Alonso de Zamora, e a fray Benito, e a fray 
N. de Zamora, e a fray luán de Toledo, e a 
fray Fernando de Mucientos, e a fray Alonso 
de Seuilla, e a fray Guillen de Xerez, e a F. 
Martin Vizcayno, e a fray luán de Seuilla, e a 
fray Alonso de Medina, frayles professos 
deste dicho monasterio: otro si, a todos y 
qualesquier de los frayles professos de dicho 
monasterio, que fueron sacados, o salidos del 
por algunas razones, o por su voluntad, para 
que puedan tomar sitio para fundar, e funden 
vn monasterio deste habito y regla, a semi- 
cio de Dios, y de santa Maria su madre, e 
salu ación de sus animas, e de sus sucessores, 
cerca de Montamarta, aldea de la ciudad de 
Zamora, que es en la Diócesis de la dicha ciu- 
dad, según la licencia que para ello dio, o 
diere el honrado padre en lesu Christo, don 
Alonso Obispo de Zamora, e para se traspas- 
sar, e apropriar, e ser instituydos por frayles 
en nueuo conuento del dicho monasterio, e fa- 
zer en el profession Canónica, a quien, e en la 
forma e manera que se deue fazer: e assigna- 
mos a los dichos frayles que agora de pre- 
sente están ciertos para ello, plazo e termino, 
de oy dia de la fecha desta carta, fasta medio 
año primero cumplido, siguiente, para lo ansi 
fazer, e cumplir. E después que ansi fizieren 
la dicha profession Canónica en el dicho nueuo 
monasterio e orden, sea absuelto cada vno 
de todos los susodichos que ansi la fizieren, 
de nuestra obediencia deste nuestro monas- 
terio, los d^ presentes ciertos, quando quier 
que la fizieren. En testimonio de verdad pusi- 
mos en esta nuestra carta nuestro sello con- 



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146 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



uentual: e yo el dicho Prior, e algunos de los 
frayles deste nuestro dicho monasterio, firma- 
mos nuestros nombres. Fecha a dos dias de 
Mar^o, año del nacimiento .de nuestro Señor 
lesu Christo de 1407. años. Está firmada esta 
carta y licencia del Prior, y veynte y ocho 
frayles, y de los treze religiosos que aqui van 
nombrados, que salieron de Guadalupe. Quise 
ponerla a la larga, porque se vee lo primero, 
que con honesto termino dize, que estos fray- 
les fueron sacados, o salidos de Guadalupe, 
por algunas razones, y que otros salieron de 
su voluntad: y no dize, que fueron pedidos, ni 
embiados a llamar por otra alguna razón; don- 
de se vee claro, que sallan como desterrados 
los vnos, y los otros se yuan tras ellos de su 
voluntad. Y lo segundo, que no lleuauan sitio, 
ni negocio determinado a donde parar, ni 
assíento: ni se haze mención que estuuiessen 
en el lugar de Montamarta algunos otros reli- 
giosos antes dellos. Con esta licencia partie- 
ron los treze religiosos de Guadalupe, tristes 
sin duda, sino los alegrara el mysttco numero 
del discipulado de Christo y colegio Apostó- 
lico. No lleuauan Prior, ni cabera señalada, 
donde también se echa de ver, que salian 
Como a tiento. Caminaron al fin hazla Zamora, 
y vinieron a parar en aquella parte donde el 
rio Ezla, derribándose por entre vnos riscos 
ásperos, haze a la salida vna buelta, casi de 
todo pun to cerrada, dexando aysladoen medio 
vn gran peñasco. Encima del está assentada 
vna pequeña hermita del Arcángel S. Miguel 
(esta se entiende que era eredad de fray Fer- 
nando de Valencia) a vna legua del lugar de 
Montamarta, y quatro de la ciudad de Zamo- 
ra. Contentóles a la primera vista el sitio, no 
reparando mucho en los inconuenientes que 
después se descubrieron, para la salud del 
cuerpo, y para otros menesteres de la vida 
del hombre. Pusieron los ojos en que el lugar 
estaua apartado, solo, casi inacessible, por la 
muralla y defensa del rio. Entraron en la her- 
mita, pusiéronse de rodillas delante el santo 
Arcángel, hizieron vna larga oración, postra- 
dos en tierra. La sustancia della fue rogar a 
aquel capitán de los exercitos del cielo, y 
caudillo de la Iglesia, los amparasse, y f uesse 
guia en aquella milicia que comen^auan, y 
pues venian como desterrados de aquel pa- 
rayso, por su soueruia, les aicanqasse de Dios 
el don de la humildad, que tanto desseauan. 
Salian con la oración juntas las lagrymas, y en 



tanta abundancia, que mostrauan bien la con- 
trición verdadera de sus almas. Oyólos San 
Miguel, recibiólos debaxo de sm amparo, por- 
que el principe de soberuia no les ossasse 
mas acometer. Echóse de ver ser esto ansí, 
por lo que luego veremos. Assentados allí, 
hizieron con harto trabajo algunas celdillas 
al derredor de la hermita, humildes y pobres, 
donde se recogían de dos en dos, o tres en 
tres, como pudieron. Veense oy algunas, y 
veese también vna pie^a algo mayor, donde 
se juntauan, en forma de comunidad, a sus 
Capítulos, o para comer, que todavía se echa 
de ver que son como assientos y mesas de 
piedra, que por la reuerencia de aquellos 
santos, con mucha razón las conseruan. Tra- 
taron luego entre si, de hazer vn Prior y 
cabera» que les gouernasse, porque de todo 
punto f uesse conuento, que de otra manera 
no podían sustentarse, ni ser lo que profes- 
sauan. Eligieron de común parecer a F. Alon- 
so de Medina, el vltimo de los nombrados 
en la licencia de F. Fernando Yañez, que 
deuia ser el menos antiguo de habito. Con 
ser ansí, todos pusieron en el los ojos, por 
muchas razones, y las principales porque 
era varón muy docto, de gran virtud, y pru- 
dencia, y de mucho exemplo, y en todo esto 
le reconocían ventaja, y bien se echará de ver 
en el discurso de la historia. Comentóse lue- 
go la labor de aquella vida santa, con tanto 
heruor de espíritu, que parecían hombres de 
otra massa, y de otra hechura que nosotros: 
la penitencia del cuerpo, y la virtud del alma 
competían a la yguala. Dormían en aquel 
peñasco húmido, encima de vnas pajas, o sar- 
mientos, sin otro abrigo, debaxo, ni encima: 
comían tan poco, que no les daua pena el 
sueño. Después de auer cumplido con el oficio 
diuíno, que le dezian con la misma pausa que 
si estuuieran en el coro de Guadalupe, tenían 
señaladas ciertas, horas de oración mental, 
donde estañan tanto tiempo de rodillas, que 
no lo pudieran sufrir otros cuerpos de menos 
espíritu. Buscauan nueuos géneros de ator- 
mentar su carne, haziendo diferencias de di- 
ciplínas, y de cilicios muy ásperos. En aquella 
pobre comida mezclauan de secreto yeruas 
amargas, echauanse pedre^uelas menudas en 
el calcado, y algunos se ceñían ^arqas y car- 
dos a la carne. No era esto lo principal, ni en 
lo que ponían el peso de su virtud, sino en la 
feruiente caridad con que se amauan vnos a 



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-HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



147 



Otros, y el respeto y sugeciOn que cada vno 
quería mostrar con su ygual. Hurtauanse las 
haziendas, y adelantauanse en todo lo que 
era oficios de humildad, con grandes auisos, 
porque el otro no ganasse de mano. Era la 
vnidad tan grande, que se pudiera ver allí lo 
que ya ha mucho que se desapareció de las 
comunidades, en gran parte. Que cosa es ser 
vn alma y vn corazón en Dios, que sin duda 
deue ser la mayor hermosura que ay en la 
tierra, ni mora, ni puede morar sino en la que 
Dios bendixere. Padecían mucha miseria de 
comida, y de las otras cosas^ de que no se 
puede ahorrar en la vida humana: sallan algu- 
nos dellos a predicar, o a enseñar la doctrina, 
por aquellos pueblos comarcanos: era toda 
gente que lo podia hazer. No eran tan artiza- 
dos sus sermones como agora. Enseñauan 
sencillamente lo que Dios nos manda creer, 
y lo que quiere que obremos, como quien 
tenia bien entendida la voluntad diuina. De- 
xauan bien edificada la gente con su exemplo: 
hazian mucho prouecho con la doctrina, por- 
que todo lo que dezian era cosa de veras, sin 
cuydado de agradar con retoricas vanas o con 
poco mas que con palabras. Predicauan con 
los ojos, y con las manos, y con toda la com- 
postura y modestia de su trato. Dauanles 
alguna limosna, y aquella trahian al conuento 
con mucha alegría. Vieron muchas vezes los 
moradores de aquella tierra (y duró muchos 
años la fama, y no se ha acabado agora) que 
boluiendo algunos destos sieruos de Dios de 
predicar, y pedir límosma, para el consuelo, y 
sustento de sus hermanos, a la buelta, sucedía 
auer crecido el río de manera que no se podia 
passar a la peña donde estaua el monasterio 
cercado todo de agua, con la auenida grande, 
y los sieruos de Dios, llenos de fe, y esperan- 
^, tendían el manto en el agua, y passauan 
de pies encima, sin mojarse vn pelo. Queda- 
uanse llenos de admiración los que los mira- 
uan, y publicauan la marauilla, dizíendo, que 
aquellos hombres todos eran santos. Cobrá- 
ronles con esto mucho amor, y tanta reue- 
rencia, que les besauan la ropa quando en- 
contrauan alguno. En recompensa de las 
pobres limosnas que les dauan, les dezian 
palabras de mucha edificación y consuelo: con 
esto quedauan contentos los aldeanos, des- 
seando que boluiessen otra vez tan buenos 
huespedes. Todo el tiempo que estuuieron en 
esta hermita, sufrieron grandissimos traba- 



jos, parte por el sitio húmedo, y desabrigado, 
enfermo por los vapores que se leuantauan 
del rio, y parte por la mucha mengua que 
padecían, y también por la aspereza de la 
penitencia en que se exercitauan: y algunos 
por la enemistad del demonio, que como los 
vehia crecer en virtud, y que le aula saUdo 
tan mal el lance que echó en ellos, quisiera, si 
le dieran licencia, conuertir contra ellos todos 
los elementos, y echarles aquella peña en que 
morauan encima. Fatigaualos de noche con 
ilusiones, y fantasías de sueños torpes: de dia 
con apariencias vanas: sacaua aquel rio de 
madre muchas vezes, o para que los de fuera 
no tornassen con el socorro de las lymosnas, 
o los de dentro no saliessen a buscarlas, cre- 
ciesse la hambre y la desconfianza. Todo esto 
conuertian los sieruos de Dios en coronas, y 
en materia de alabanza diuina: ningún trabajo 
los derribaua, porque tenian edificada su casa 
y su coraron sobre mas firme peña que la que 
los sustentaua. No hazian ya mucho caso de 
las tentaciones del demonio, porque la expe- 
riencia les aula enseñado, quanto se interes- 
saua en ellas, resistiendo con la ayuda del 
Señor, y entendiendo que todo les venia de 
su mano, para que se labrassen con aquel 
martillo, y en aquella fragua se consumiessen 
las escorias del hombre viejo. Lo que les hizo 
mudar aquel assíento, no era el cuydado de 
su daño, o su prouecho, descanso, o trabajo, 
sino la gana del seruicio de nuestro Señor, y 
del aumento de la religión: porque dexado a 
parte, que no se pusieron allí con animo de 
perseuerar, sino en tanto que se ofrecía 
alguna mejor comodidad, se estoruauan de 
dos maneras sus intentos: con la falta de la 
salud, los enfermos ocupauan a los sanos: los 
pocos que se podían tener en pie (que otros 
no pudieran) embarazados todo el día con la 
obra de caridad, siruiendo a los que no podían 
menearse, no quedaua tiempo, ni para las 
diuinas alabanzas, ni para leuantar el coraron 
vn rato con quietud a la contemplación del 
cielo. Tras esto era muy cierto acabarse 
todos muy presto. A los que se les desseauan 
juntar, mouídos con su exemplo, ni tenian 
donde ponerlos, ni se atreuia nadie a entrar 
en prisión y cárcel tan estrecha. Determinaron 
al fin de mudar sitio, mas temprano que qui- 
sieran, y ordenaualo Dios ansí, aunque sintie- 
ron mucho dexar su peña. Viniéronse al lugar 
de Montamarta, a vna casa que era de fray 



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148 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



Fernando de Valencia, en tanto que nuestro 
Señor abria puerta para mejor asiento. En 
vna relación que se hizo en tiempo del padre 
fray Alonso de Oropesa, el año del Señor de 
mil y quatrocientos y cincuenta y nueue, se 
dize, que esta casa estaua en el pueblo, y que 
se entraron ella, y vinieron algún tiempo. En 
otra relación harto antigua se dize, que se 
recogieron en vna hermita de san lulian, que 
estaua cerca del pueblo, poco menos de media 
legua. También esta diferencia es poca. Esta- 
uan alli mas acomodados, por las caricias que 
los aldeanos les hazian con su pobreza, enten- 
diendo la santidad que dellos se publicaua. 
Trataron luego de pedir licencia al Obispo de 
Zamora, para que ofreciéndose ocasión, pu- 
diessen edificar monasterio. Alcanzáronla sin 
mucha dificultad, porque entendió la nobleza 
de F. Fernando de Valencia, y la mucha santi- 
dad suya, y de sus compañeros. No se sabe 
precisamente el tiempo que estuuieron en la 
peña de san Miguel, ni el que estuuieron en la 
Iglesia de san lulian en Montamarta. 

El Señor, que ya queria dar a sus sieruos 
algún descanso, después de auerlos, prouado 
en estas tentaciones y trabajos, y visto su fe 
(mas preciosa que el oro) en la paciencia, hu- 
mildad, y pobreza, reueló el assiento de aque- 
lla peregrinación a vn labrador, hombre sen- 
zillo y pió, en esta manera. Era por el mes de 
Setiembre, estaua de ordinario todas las 
noches en el campo, guardando vna viña que 
tenia (era todo su caudal) porque ni los hom- 
bres se la hurtassen, ni las bestias se la 
comiessen. Vio a la media noche, quando todo 
estaua mas callado y sossegado, por el con- 
torno de su viña (súbitamente) muchas lum- 
bres, como de antorchas encendidas: maraui- 
llose mucho, tanto, que ni sabia si velaua, o 
dormía, si era sueño, o antojo: despauilauase 
los ojos, y hazia reflexiones dentro de si, 
imaginando siempre que se le antojaua, o 
soñaua; cessó de allí a vna hora, poco mas, el 
resplandor: sin dezir nada a nadie determinó 
estar la siguiente noche sobre auiso: vio lo 
mismo, y entendió claro, que tan admirable 
luz signifícaua alguna grande cosa. De la 
misma forma la vio otras muchas noches con- 
tinuas, y lo que mas admiración le hazia, era 
que con ser luz tan grande, y tan extraordi- 
naria, ningún miedo le ponia, antes le parecía 
que con ella se le alegraua el alma. En este 
mismo tiempo se entendía por común boz en el 



pueblo de Montamarta, que los f rayles de san 
Gerónimo, los santos que auian viuido en la 
roca de san Miguel, buscauan sitio para fun- 
dar monasterio. El buen hombre (aunque rus* 
tico, no de mal juyzio y discurso, y Dios que 
también le esclarezia en el sentimiento con su 
lumbre) dio en la cuenta, y entendió que la 
luz de que se cercana su viña, era el cordel 
con que Dios señalaua la planta, y el lugar 
donde sus sieruos hiziessen el monasterio. 
Assentole tanto* en el pensamiento esto, que 
sin duda lo tuuo por cierto. Inspirado de Dios; 
con animo de varón santo, se fue para los 
religiosos, y les dio noticia de lo que aula 
visto tantas vezes. Dixoles, que nuestro 
Señor le auia puesto en el alma que les díes- 
se la viña, y toda la heredad para que fundas- 
sen monasterio, y que ansí desde luego se la 
daua, aunque era todo su caudal, y su susten- 
to, y con mucha voluntad les hazia plena 
donación della, porque entendía que Dios lo 
queria ansí, y aquella grande luz que en su 
heredad auia visto, era señal degran resplan- 
dor de santidad que dentro de aquella casa 
auia de verse. Los sieruos de Dios hizieron 
gracias a la Magestad diuina, porque no auia 
desechado, sino admitido sus ruegos y des- 
seos. Vista la determinada voluntad del buen 
hombre, se lo agradecieron mucho; fueronse 
con el a ver la heredad, y determinaron acetar 
la ofrenda, pues con tan marauilloso medio el 
Señor lo disponía. No parecía menos milagro- 
sa la determinación y liberalidad del labrador, 
que jamas le auian visto ni conocido, y ansí 
quedaron con sitio los religiosos varones, que 
aunque auian padecido grandes enfermeda- 
des y trabajos, ninguno aula faltado de los 
treze que salieron de nuestra Señora de Gua- 
dalupe, que también fue cosa de considera- 
ción. Diuulgose la marauíUa, y prodigio por 
aquellos pueblos vezinos: acudieron luego los 
aldeanos con sus lymosnas, mas largas de lo 
que les permitía su caudal, y pobreza: tanta 
era la deuocion que auian cobrado a los reli- 
giosos, a quien a boca llena llamauan santos. 
Acudió también mucha gente noble de los 
ciudadanos de Zamora, porque ya auia llegado 
alia la fama de tantas virtudes. Fray Hernan- 
do de Valencia, el primero, y principal de los 
que salieron de Guadalupe, heredó en aquella 
sazón de sus parientes, alguna hazienda: con 
esta comentaron a labrar: y no desdeñándose 
de ser pobre por lesu Christo, andaua entre 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN QERONIMO 



149 



eUos pidiendo lymosna, como veremos mas de 
espacio en su vida. Después en el discurso 
del tiempo, se murieron otros parientes de 
quien también se heredó buena parte, y todo 
lo empleo en el edificio: y aun se compro 
alguna renta de que oy goza la casa: por esto 
es vno de los mas principales bienhechores. 
Después el conuento dio para su entierro, a 
el, y a sus parientes, el Capítulo del monas- 
terio. Puesto el edificio en buen termino que 
se llamó nuestra Señora de Montamarta, no 
costoso, ni curioso, sino a prouecho, llano y 
que mostraua religión (ayudáronles con mu- 
chas iymosnas todos los vezinos, e hizose 
muy presto) comengaron aquellos sieruos de 
Dios, vna vida de Angeles, y qual auia mucho 
tiempo que desseauan vluir.No permitió el Se- 
ñor que faltasse ninguno, todos llegaron a ver 
el fin de su desseo. Entendióse en Guadalupe 
el buen sucesso de sus hermanos, el grande 
exemplo que auian dado con sus vidas, el 
monasterio que auian edificado: recibieron 
grande gozo, e hizieron a la santa Virgen 
muchas gracias, porque de principios que 
parecían tan auiessos, se auia venido a tan 
buenos fines. Adoraron sus juyzios ocultos, 
reconociendo que todo lo ordena y permite 
su Magestad, para el bien de los hombres. 
En tanto que la casa se ediflcaua, padecían 
los religiosos mucha pobreza: sallan a pedir 
limosna, y algunos dellos trabajauan en la 
fabrica, como humildes peones; otros predica- 
uan en aquellas aldeas, y con las Iymosnas 
que trahian se sustentauan los vnos y los 
otros. No he hallado puntualmente, en que 
tiempo se acabó el monasterio. En vna rela- 
ción antigua dize, que el año mil y quatrocien- 
tos y ocho, se abrieron los cimientos: y según 
esto, no estuuieron en la hermita de san Mi- 
guel, y en la de san lulian, mas de vn año, si 
salieron de Guadalupe, como la licencia dize, 
el año de 1407. Por esto dixeron algunos, que 
primero auian salido de Guadalupe otros reli- 
giosos que auian viuido muchos años en la 
hermita de san Miguel, y después salieron 
estos treze segundos. No hallo razón ninguna 
desto, ni en las memorias antiguas de Guada- 
lupe, que yo he visto, se halla que antes des- 
tos sallessen otros. Lo que he podido conje- 
turar es, que la saliera destos treze sieruos de 
Dios, fue algunos años antes, como el de 1404. 
y la licencia para edificar, se embio después 
el año de quatrocientos y siete, quando tu- 



uieron la del Obispo de Zamora, y el año si- 
guiente de quatrocientos y ocho, abrieron los 
cimientos, y comengaron la fabrica: porque no 
parece verisimll que en vn año raudassen dos 
estancias, la de S. Miguel, donde edificaron 
celdas, hizieron refítorio, assientos, y mesas, 
donde es cierto vinieron muchos dias,y estu- 
uieron con grandes trabajos de hambre, y 
enfermedades, y ganaron tanto nombre: y en 
la de S. lulian, donde también estuuieron 
algún tiempo. Sea al fin como fuere: llegados 
al estado que hemos dicho, y assentados en 
su nueua fundación, que se cuenta desde el 
año de 1408. comengaron a hazer vidasantis- 
slma, tal que es vna de las casas mas religio- 
sas que ha tenido la orden de san Gerónimo, 
y sin hazer agrauio a alguna la podremos po- 
ner con las primeras. Diré, para prueua desto, 
algunas cosas en común, reseruando los par- 
ticulares para su lugar proprio. Sea la prime- 
ra, que en los cincuenta años primeros de su 
fundación, no tuuieron sino solos seys Prio- 
res porque al que vna vez elegían, aquel tor- 
nauan a elegir al fin del trienio, sino se le 
lleuauan a otra casa por Maestro de religión, 
o se les moría: tanta era su bondad, y tan 
ágenos de pretensión, sino de la del reyno del 
Cielo. El superior y los subditos, todos eran 
vnos, y tan vnos que no auia pensamiento de 
juyzio diferente, ni la ambición, ni la Inuidla 
tenia entrada. La obediencia era tan fina, que 
tenia cerradas las puertas a todos los juyzios 
atreuidos, o temerarios de los subditos contra 
Iqs Prelados, ni los Prelados hazian otra cosa 
que entregarse todos al seruicio de sus sub- 
ditos: vida verdaderamente Euangelica. De 
aqui nació otro efecto harto extraordinario, 
que pendiendo todas nuestras cosas en esta 
religión del General, y Capítulos generales, y 
si alli no se remedian las quexas, o agraulos, 
no ay otro tribunal: con todo esso se halla, y 
es certissimo, que en mas de veynte años no 
entró en san Bartolomé de Lupiana carta de 
quexa, ni de disensión, ni agrauio, ni en Capi- 
tulo general se vio negocio de aquel conuento^ 
en particular, ni en común, que no puede ser 
sino auiendo esta vnldad Euangelica que he 
dicho, qual la pinta san Lucas en los Actos y 
pratica Apostólica de vn alma, y vn coragon 
en Dios, el mas alto milagro que se puede ver 
en los hombres, y la señal mas fina de discípu- 
los de lesu Christo, como el mismo Señor lo 
afirmó. Tras esta resulta luego otra cosa bien 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



particular, y sea la tercera, que con no ser 
muchos los religiosos desta casa (quando mas 
no han passado de cincuenta) la ha recono- 
cido la Orden por tan auentajada^ y ella se dio 
tan buena maña en saber criar hijos, que en 
quarenta años continuos, eligió de allí los 
Generales, y caberas, sin otros interpolados 
que después ha tenido. También los seglares 
echauan de ver su gran santidad, aunque ellos 
la escondían con harto cuydado, teníanlos en 
suma reuerencia, grandes y chicos. Quando 
algún religioso yua a la ciudad de Zamora, 
que era muy de tarde en tarde, los sallan a 
mirar, como cosa nueua y santa. Los mas 
principales caualleros, tenian por costumbre 
embiar a sus hijos a que siruiessen en la hos- 
pedería de Montamarta, para que aprendiessen 
juntamente letras y costumbres. Enseñauan- 
los a leer, cantar, ayudar a Missa, y que su- 
piesen desde niños que cosa es Christianos, 
que se deprende mal quando a los prin- 
cipios no se aprende, y los malos siniestros 
ocupan primero el alma. Salían de allí bien 
indinados, sin saber que cosa era juego, ni 
juramento, ni deshonestidad: deuotos, teme- 
rosos de Dios, con otras costumbres santas: 
buena crianza, compostura: templados en el 
comer, y beuer: hechos a saber ayunar, y aun 
a tener vn rato de oración, y recogimiento. 
Todo esto no arma mal con las leyes de 
buenos caualleros, porque no se contradízen 
con las de Dios, sino es torciéndolas, o esti- 
mando en mas las del mundo. Era al fin este 
conuento de Montamarta, vna escuela común 
de los hijos de aquellos comarcanos nobles, y 
de otros, que aunque estañan mas lexos, 
entendían el bien que desta crianza se inte- 
ressaua. Tales fueron los principios de aquel 
conuento en su primera fundación: falta que 
digamos como se mudó después. 

Nació desto que hemos dicho, que ios ciu- 
dadanos y caualleros de Zamora, con la fre- 
quentacion del monasterio, conociendo la vir- 
tud que allí se platicaua, comentaron a des- 
sear tenerlos mas cerca: yuan alia a los diuí- 
nos oficios, a las confessiones, y sermones y 
otras platicas espirituales, de que gozauan 
en particular, comunicando con aquellas almas 
que sabían deste lenguage tanto. Enamorados 
desto, y viendo que la distancia les impedía 
hazerlo tantas vezescomo desseauan: menea- 
ron la platica, y trataron que medio se podría 
tomar para traerlos a su ciudad, teniéndola 



por dichosa si se pudiesse acercar a tales ve- 
zinos. Pusiéronlo en el pecho del Obispo para 
ver como salía a ello: hablaron al Conde de 
Alúa de Liste: tratóse también en el Cabildo 
de la Iglesia, y en el ayuntamiento de la ciu- 
dad, y a todos les pareció muy bien, y de parte 
de todos determinaron que se tratasse con el 
Prior y conuento, poniéndoles muchas razo- 
nes delante, para inclinarlos a su desseo. Las 
principales eran, el gran seruícío que se hazla 
a nuestro Señor desta mudanza, siendo de 
tanto prouecho para aquella ciudad. El fruto 
que se sacaría para las almas, prouando esto 
con muchos medios, que seria largo referirlos: 
también porque los religiosos viuian en aquel 
sitio muy enfermos, y los mas dellos andauan 
quebrados y faltos de salud. Tenia esto mucha 
apariencia, porque passaua por medio de la 
casa vn arroyo, no de buena agua, y humedecía 
demasiado el sitio: rebalsauase algunas vezes, 
y empantanaua la casa, tanto que quando 
abrían alguna sepultura en el claustro, el cuer- 
po del difunto se sepultaua en lodo, y en poco 
tiempo se llenaua de agua: con esto andauan 
muchos de los religiosos quebrado el color, 
amarillos. Tenian de ordinario muchos quar- 
tañarlos, y otras fiebres continuas. Aunque 
las muchas razones que les hazian de tantas 
partes, eran parte para mouer los ánimos de 
los religiosos, el amor grande que tenian a su 
casa, les hazla cerrar a todo esto los oydos: 
juzgauan aquel sitio por cosa que les auia ve- 
nido de la mano de Dios, dado y mostrado 
milagrosamente, y con esta razón tenian las 
demás por sospechosas. También imaginauan 
que aquella falta de salud ni era falta, ni na- 
cida toda del sitio, sino del mal tratamiento 
que muchos de aquellos religiosos hazian a 
sus cuerpos, y que el Señor se seruia algunas 
vezes, mas con los cuerpos enfermos, que con 
los robustos y enteros, que aquellas enferme- 
dades de fuera eran gran ocasión para traer 
dentro mas sanas las almas, y que era mejor 
que doliesse el estomago y la cabera, según 
la sentencia de su padre san Gerónimo, que 
no el coraron, que muchos santos deseauan 
las enfermedades, porque en ellas se exerci- 
tauan en humildad, y paciencia, y en caridad 
los sanos. Con este pro y contra, andauan 
vacilando en tanto que vinieron aquellos pri- 
meros, y los que se criaron con ellos. La causa 
de estarse en su primer assiento preualecio 
mucho. Después que faltaron vnos y otros. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



151 



y comentaron a afloxar la cuerda, se fueron 
rindiendo poco a poco, con la importunidad, 
y aun con la pusilanimidad, que ya se entraña 
hasta los huessos de algunos. Vinieron a par- 
tirse en opiniones, arrostrando muchos a la 
mudanza: en rompiéndose la vnion, todo se 
pierde: siempre ay vna parte feminina, que 
persuade al varón guste lo dulce, lo hermoso, 
y deleytable al sentido; y como aqui se disfra-« 
zaua debaxo de sombra de mayor bien, ven- 
cieron el proposito firme de los que mirauan 
sin engaño el fin desta mudani^a, sin que les 
deslumbrasse el juyzio las aparencias: porque 
el varón no se engaña, aunque se dexe vencer 
de las importunaciones de la hembra. Enten- 
dida de los ciudadanos de Zamora la blandu- 
ra, y que ya no solo no resistían, mas aun se 
combidauan, apretaron el negocio con calor; 
y en el Capitulo general que se celebró el 
año de 1534. suplicaron con mucha instancia, 
de parte del Obispo, Cabildo, y Ciudad, se 
diesse licencia para hazer la translación del 
monasterio de Montamarta, a vn sitio mejor 
que tenían señalado junto a la ciudad, alegan- 
do las razones que hemos dicho, y otras que 
su deuocion hallaua cada dia de nuevo. Pi- 
dióse también de parte del Conuento, aunque 
no de todos, porque muchos resistían santa- 
mente. Dio licencia el Capitulo, presuponien- 
do que se auian de hazer todas las mas dili« 
gencias, y traerse todos los recados necessa- 
rios. Fray Antonio de Valdarrago Prior del 
Armedilla, y professo de la misma casa de 
Zamora, con el Prior de san Leonardo fray 
luán de Ortega, con el poder del General, vi- 
nieron a ver el sitio, y se informaron que era 
mas sano, y lo dieron firmado de sus nombres 
los Médicos de Zamora. ComeiK^aron a abrir 
los cimientos víspera de san Pedro, el año 
de 1535. y el dia siguiente de los santos Apos- 
tóles se puso la primera piedra. Don Francis- 
co de Mendoi^a, que a la sazón era Obispo de 
Zamora, y Presidente del Consejo de la Em- 
peratriz, dio poder, estando en Valladolid, 
para que el Prior y conuento, se pudiessen 
passar a Zamora, y edificar nueuo monasterio, 
año de 1534. También se ven dos bulas del 
Papa Paulo tercio, en que aprueua y confirma 
la mutación del monasterio viejo de Monta- 
marta, y confirma también todas las indulgen- 
cias y gracias que sus antecessores le auian 
dado (son mas que las de otro algún monas- 
terio de la Orden, porque hasta Roma llegaua 



la fama de la santidad de aquel conuento) 
para que valgan al monasterio nueuo, y para 
que puedan passar los huessos de los difuntos 
que alli estañan enterrados. Era tanta la ale- 
gria de toda la ciudad, que concurrieron todos 
alli, como si en aquellos cimientos que abrian, 
fueran a descubrir algún tesoro. El Conde de 
Alúa de Liste don Diego Henriquez, y sus hi- 
jos, sacaron en sus ombros con mucha deuo- 
cion, las espuertas primeras de tierra, des- 
seando participar de los grandes bienes que 
allí se auian de encerrar. Bendixo, y puso con 
su mano la primera piedra, el año de treynta 
y cinco, don Pedro Manuel, que ya era Obispo 
de Zamora, estando presente F. luán de Hue- 
te, vltimo Prior de Montamarta, y (el primero 
que después lo fue de san Lorenco el Real, el 
año mil y quinientos y sesenta y dos) comen- 
tóse vn edificio hermoso, grande, de buena 
Archítetura. Veese agora acabado vn claustro 
(diferente mucho sin duda, de aquel primero 
que se edificó en Montamarta) no muy acomo- 
dado a nuestra manera de vida, y está comen- 
tado otro mayor, que no auia para que. El 
prouecho que se ha sentido desta mudanza, 
no ha sido tanto como se esperaua. Toda la 
Orden confíessa que no fue acertada: abrieron 
los ojos tarde para el desengaño. No se puede 
con todo esto negar que no perseueran siem- 
pre reliquias y resplandores de aquellas luzes 
primeras. 

Dexaron aquellos santos fundadores dos 
cosas muy encargadas en este conuento. La 
primera, que el oficio diuino se haga siempre 
con la pausa y autoridad possible, y sin em- 
bargo de cualquier otra ocupación se cumpla 
lo primero con esto. Lo segundo, que se haga 
mucha caridad y humanidad con los huespe- 
des, sin diferencia alguna, que por esta causa 
han recebido de Dios grandes fauores y bie- 
nes. Cumplen con entrambas cosas los que 
van tras ellos, como buenos imitadores de sus 
padres, porque en la puerta y hospederia sin 
diferencia dan lymosna a qualquier hora, con- 
forme a la caHdad de las personas: y por el 
exemplo desto, se han mouido muchos a ha- 
zerles grandes lymosnas, y dexaries sus bie- 
nes. En el lugar de Montamarta reparte e! 
Prior las Pascuas cantidad de trigo, sintassa, 
sino conforme a la necessidad, retornando en 
los hijos, y nietos, lo que recibieron al princi- 
pio de sus padres: tienen las tercias de aquel 
lugar. En otro pueblo que se llama Luengar, 



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152 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



quatro leguas de Zamora, cuyo termino, cu- 
rado, beneficio, es todo del conuento, reparte 
también las Pascuas, lymosnas muy gruessas, 
por ser mayor la obligación. En años necessí- 
tados les han hecho grandissimas lymosnas. 
Sin esto reparte el Prior cien hanegas de pan, 
y mil marauedi^, a su aluedrlo. Tiene algunos 
Patronazgos, como el del hospital de Toro, 
que lo hizo vn Fonseca Obispo de Burgos: vi- 
sítale juntamente con el Prior de san Ildefon- 
so, que es de la orden de santo Domingo. Y 
otro Patronazgo en la misma ciudad de Za- 
mora, para casar huérfanas. Y tuuiera mucho 
mas sino lo huuiera rehusado, por el estoruo 
que estas ocupaciones trahen a la vida espi- 
ritual, que sin duda es grande, y no traen otro 
prouecho sino el de la caridad, que es el ma- 
yor, siruiendo a los pobres en esto de mayor- 
domos: y con consideración que muchas des- 
tas obras pias estarían ya consumidas sino se 
encargasen dellas, como se podría ver con 
hartos exemplos, sino fuesse nota traerlos. 

CAPITVLO XXXI 

La fundación del monasterio de santa Catalina 
de Monte Coman, y santa Marina de don 
Ronce, 

En la orden de las fundaciones destas dos 
casas, dexaremos (con las que aqui hemos de 
escriuir agora) hecho poco menos de vn cir- 
culo por toda la circunferencia de España, 
teniendo como por centro, la prín^era de todas 
las casas, o casi en medio de la prouincia, y 
en el coraron, los qne dieron principio a este 
cuerpo y fabrica tan hermosa. En aquella parte 
que llaman Asturias de Santillana, por donde 
mira mas derecha al cierqo, haze el mar Océano 
una ensenada grande, junto a la villa de S. An- 
der, que los moradores de la tierra llaman Ría, 
y otros con mas propiedad braqos de mar, lle- 
gándose mas al ¡enguage de la santa escritu- 
ra, que los llama, manos, quando dize en el 
Psalmo (Este gran mar de estendidas manos.) 
Son estas entradas que haze el agua en la tie- 
rra, como vnos bracos, o manos largas de 
aquella grande Ydría, con que se estiende, y 
la abraqa. lunto desta Ria estaua vna hermita 
de Santa Catalina, poco mas de media legua 
de la villa de Santander, alli se recogieron a 
hazer vida santa cinco varones virtuosos, que 
desseando la salud de sus almas, se retiraron 
del mundo, lleuados de un mouimiento diuino, 



como todos los demás que dieron principio a 
esta religión. En el Oriente puso Dios los 
hermitaños de val de Hebron, y valle de Be- 
lem junto a Barcelona. En el Occidente los de 
Peñalonga, y Omato en Portugal. En el medio 
dia, y Reyno de Valencia, los de Cotalua, y la 
JVlurta, y todos de dos en dos casas: porque 
se vea el vinculo de la charidad. Faltaua en 
•el punto contrario, que es el Norte, el cumpli- 
miento deste quadrangulo, para que España 
tuuiesse assegurados los extremos, con las 
oraciones destos sieruos de Dios, y ansi son 
estas las postreras casas de las que se funda- 
ron, entre aquellas primeras que dieron prin- 
cipio a esta Religión, antes que se vniessen 
perfectamente debaxo de vna cabera, y tuuie- 
sen General. Los hermitaños que se juntaron 
en la hermita de santa Catalina, se llamauan, 
el principal Fray Pedro de Ouiedo, los otros, 
fray Rodrigo de Osorno, fray Gonzalo de San- 
tander, fray Gómez de Toro, y fray Sancho 
de Islates: hazian en aquella morada áspera y 
espantosa, vna vida destas mismas condido- 
* nes, recogido cada vno el dia, y la noche en 
su celdilla o couequela, que eran mejores para 
sepulturas, como aun lo están mostrando las 
reliquias de sus paredes: contemplauan con- 
tinuamente en la bienauenturan^a que busca- 
uan, riendo a vezes y muchas mas llorando la 
vanidad del mundo, sus mudanzas, sus vien- 
tos y sus olas, de que les era buen sujeto el 
mar que tenian delante de los ojos, con sus 
crecientes y menguantes sujeto a las varieda- 
des de la Luna, que se lleua tras si con su 
mouimiento. Al exemplo de estos, y tocado 
del mismo espíritu, se retiró en otra hermita 
llamada santa Marina de don Ponce, bien 
cerca de la otra, aunque mas llegada al mar 
(tanto que ya se ha quedado aislada) vn Ca- 
nónigo de la yglesia Colegial de Santander 
(patronazgo Real) llamado Oznayo, que tam- 
bién era Arcipreste de Latas, hombre entero 
desengañado, prudente: llenóse consigo algu* 
nos que se le juntaron, o entendiendo sus bue- 
nos propósitos, o persuadidos del, para dexar 
el mundo. Todos como a porfía los de santa 
Catalina, y los de santa Marina, en vna com- 
petencia santa hazian vidas sanctisslmas, edi- 
ficando con ellas aquella prouincia. Don luán 
Cabera de Vaca Obispo de Burgos, andando 
visitando aqnella tierra que cae dentro de su 
Obispado, entendió la vida, y santa conuersa- 
síon de los sieruos de Dios, vino a verlos y 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



153 



holgóse mucho de conocerlos; tuuoles por vna 
parte lastima, viendo el estremo de su pobre- 
za, y por otra inuidia, conociendo la alteza de 
su espíritu, y el gran menosprecio que plati- 
cauan de las cosas del mundo. Entre otras 
platicas se offrecio tratar de la perseuerancia 
en aquel estado. Dixeron ellos, que aquel don 
el Señor le daua a quien era seruido, que a su 
cuenta no estaua sino caminar por la senda 
de los mandamientos diuinos, y haziendo ellos 
esto, el Señor no faltaría, porque esta apare- 
jado a darla a los que de coraron la piden. 
Bien entiendo esso, dixo el Obispo, y no que- 
ría dezir esso yo, sino que holgaría huuiesse 
quien después de la vida de los que aqui víuis 
agora, sustentasse este estado, y perseueras- 
se en esta manera de vida, que haze tanto 
prouecho en esta tierra; de platlca*en platica 
con lo que respondieron, vino a dezirles que 
seria bien para perpetuar aquello, y tras 
ellos viniessen otros, que tomassen forma de 
religión. Bien querríamos nosotros esto, Se- 
ñor, respondieron los Santos, porque la obe- 
diencia es la que da grande valor a las obras. 
Entonces les dixo el Obispo, como en muchas 
partes de Castilla se auian fundado monaste- 
rios de vna nueua orden que se llamaua de 
san Gerónimo, porque dizen que en todo pro- 
curan imitar aquel modo de vida que el santo 
guardó en Belem, y que los mas de los que 
auian fundado la religión^ y las casas, eran 
hermitaños como ellos, exercitados en la mis- 
ma forma de viuir que ellos tenian, y ansi le 
parecía cosa acertada, que hiziessen lo que 
los demás auian hecho. Oyeron de buena gana 
todo es'to, agradóles mucho y assentoles en 
el alma, dixeron que se dexauan todos en su 
mano, y lo ordenase como fuesse seruido. El 
Obispo tomó el negocio muy a su cargo, en- 
tendiendo que hazia seruicio a nuestro Señor. 
Embió a pedir al Papa Benedicto XIII. todos 
los recados necessarios dándole noticia de la 
vida desta santa gente, y haziendo de su 
parte todo lo que pudo el año de 1407. a ca- 
torze de Setiembre, leuantó en monasterio la 
hermita de santa Catalina de Montecorban, y 
se hizo casa de san Gerónimo. Ansi tienen 
por fundador y bienhechor en esta casa al 
Obispo de Burgos, don luán Cabera de Vaca. 
Boluio de alli a pocos años a ver sus religio- 
sos, hallólos muy contentos, y con grandes 
ventajas en la vida espiritual, y en el camino 
de penitencia; los hermitaños que estauan en 



la hermita de Santa María de don Ponce con 
Oznayo, no se mouíeron la primera vez a to- 
mar el estado de religiosos, antes les pareció 
que se auian mouido de ligero con poca pru- 
dencia los de santa Catalina, y que negocio 
tan graue se auia de mirar mas de espacio. 
En este tiempo que el Obispo tornó a boluer 
alli, auian estado muy atentos para ver el dis- 
curso, y como yuan procediendo los nueuos 
Gerónimos, auianse ya desengañado bien, y 
echado de ver que aquel era el camino mas 
seguro y acertado. Al fin acordaron hazer 
otro tanto, e conociendo en aquellos buenos 
principios lo mucho que prometía adelante 
aquella vida nueua, suplicaron al Obispo les 
hiziesse la misma merced .que auia hecho a 
los de santa Catalina. Holgóse de oyrlo, por- 
que también desseaua verlos reducidos a re- 
ligión; concertóse todo fácilmente y el año 
de 1411. leuantó en Monasterío la otra her- 
mita de santa Marina con la autorídad del 
mismo Pontífice y suya. Oznayo que era el 
principal, contribuyó con toda la hazienda que 
tenia con mucha liberalidad, que aunque para 
el solo, y en aquella tierra era mucho, para 
monasterio era poco. Ansi quedaron a la len- 
gua del agua, y casi (como dizen) pared en 
medio en aquella tierra, donde a penas se 
auia oydo jamas el nombre de san Gerónimo, 
dos monasterios de su orden pequeños y po- 
bres, aunque muy ríeos de la charidad y amor 
de lesu Chrísto. 

Todo esto era como se vee, antes de la 
vnion desta religión, y antes que huuiesse 
generales en ella, después de vnida, miraron 
estas cosas mas atentamente, lo que para su 
conseruacion les cumplía, consideraron su po- 
breza grande: que lo que tenian entrambos 
Conuentos, aun quando estuuiesse junto po- 
dría sustentar mal vno razonable, repartido 
lo poco hazese nada, junto es algo: la tierra 
pobre; poca esperanza de medrar adelante, 
tras esto ya que de presente estuuiessen los 
dos conuentos vnidos en tanto amor, andando 
el tiempo, y resfriándose aquellos heruores 
de la charidad primera, auian ocasiones de 
discordia, sobre esso poco que tenian, siendo 
pocos (que parecía el remedio postrero) no 
se podia guardar bien el santo instituto desta 
religión, que lo príncipal consiste en el culto 
diuino, y en aquel decoro grande con que se 
celebra. Miradas todas estas razones entre 
los conuentos, determinaron de común pare- 



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154 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



cer, que los dos procuradores que venían al 
Capitulo genera! (el segundo de los que se 
celebraron en la orden, y el primero de los de 
san Bartholome de Lupiana) el año 1416. He- 
uassen poderes para tratar y pedir que la 
orden les diesse licencia de juntarse en vn 
conuento, incorporando la hazienda, y los reli- 
giosos en la vna de las dos casas, qual mejor 
pareciesse al capitulo, conforme a la relación 
que los procuradores harían. Tratóse en el 
capitulo el negocio con acuerdo, remitióse a 
los Diffínidores. Miradas las razones del lugar, 
y de la renta, y edificios, juzgaron que era lo 
mas acertado que a la casa de santa Marina, 
se passasse y vniesse la de santa Catalina, y 
que no huuiesse mas de vn Prior y vn conuen- 
to. Hizose ansi, y los religiosos todos se pas- 
saron desde santa Catalina a santa Marina. 
Estuuieron desta suerte algunos años. El de 
1421. tornaron a reclamar en otro Capitulo 
general, diziendo auian experimentado los 
grandes inconuenientes de aquel sitio de santa 
Marina, que padecían muchos trabajos, vianse 
muchas vezes atajados de las crecientes del 
mar sin poder entrar ni salir en la casa, passar 
de la Isla a tierra para muchos menesteres: 
el ruydo y bramidos del mar no les dexaua 
oyr en el choro, quitauales la quietud de la 
oración, y aun del sueño; las humedades gran- 
des y los vapores les trayan relaxados, enfer- 
mos, sin fuerza; no podian seguir el rigor de 
la communidad, vnos por enfermos, otros ocu- 
pados con ellos. Dizen agora algunos religio- 
sos antiguos que oyeron a aquellos mas an- 
cianos, que entonces la Isla de santa Marina 
no estaua toda cercada de agua como agora, 
y por vna parte la entrauan a pie enxuto, y el 
agua se la ha ydo comiendo poco a poco, 
hasta que de todo punto la dexó aislada, de 
donde vino a ser la habitación del todo incom- 
portable. Los religiosos que hizieron mas ins- 
tancia en esta petición, fueron los que se 
auian passado de santa Catalina. Hizo en ellos 
el sitio mas mudanza, por no estar hechos a 
tanta agua. La orden se hallo confusa en esta 
causa. Parecía por vna parte liuiandad admi- 
tir tantas mudanzas, por otra apretaua la 
necessidad y las razones, poníales cuydado el 
remedio. Pensaron primero si seria acertado 
tornarlos a diuidir, que viuiesse cada vno 
como pudiesse, pues ellos se auian escogido 
los sitios. Miradas al fin las razones de vna 
parte y otra, sentenciaron que totalmente 



desamparassen el sitio y casa de santa Mari- 
na, y se passassen todos con su Prior a santa 
Catalina de Monte Corban, y la otra quedas- 
se como hermita o granja. Era el vno de los 
dos procuradores que vinieron a este capitu- 
lo, fray Pedro de Oznayo, que auia viuido 
siempre en santa Marina de don Ponce, desde 
el punto que se apartó del mundo a serulr a 
nuestro Señor con sus compañeros: sintió en 
el alma esta sentencia. Alegaua que auia sido 
el prímer fundador de aquella casa, el primer 
religioso della, que se le hazia agrauio a el, y 
a ella, y a los que allí se auian criado, que la 
viuienda era buena, lo principal de la hazienda 
era suya. Si los de santa Catalina no se halla- 
uan bien, que se tornassen a su casa, que el y 
sus compañeros suffririan por amor de Dios 
las grandes dificultades que representauan, y 
no harían mucho. Fray Pedro de Ouiedo que 
era el otro procurador de parte de santa Ca- 
talina, hazia otras tantas razones. Y sin duda 
los sieruos de Dios estuuieron aqui algo mon- 
tañeses, y porfiados, defendiendo cada vno la 
casa donde se auia criado: y si lo miraran me- 
jor, ni de vno ni de otro auian de hazer caso, 
pues no es esta la ciudad ni morada perma- 
nente, que se va buscando de los que dexan 
lo que el mundo promete. Diose corte (por- 
que no se detuuiesse el Capitulo por ellos) 
que entrambos comprometiessen en el Gene- 
ra! de nueuo eleto, que fue fray Lope de Ol- 
medo, para que despedido el capitulo, mirasse 
aquella causa despacio, y los embiasse con- 
tentos. Hizose assi: el General torno a con- 
firmar la sentencia que el definitorio auia da- 
do, púsoles silencio en la causa, y graues 
penas si replicassen en el negocio. Assi se 
passaron a la casa de santa Catalina de Monte 
Corban, obedeciendo como buenos religiosos, 
y en ella han perseuerado hasta agora. Tru- 
xose Bula del Papa Martino V. para la firme- 
za y seguridad. La hermita de santa Marina 
quedó desierta: los dias de la santa van a de- 
zir Missa a ella como a yglesia propria, y atra- 
uiessan por el agua, porque quanto mas ha 
andado el tiempo, el mar ha ganado mas por 
aquella parte. La capilla mayor de aquel con- 
uento hizieron después los de la casa de Se- 
tien, y ansi la tienen por propria. Siempre 
pelea aquella casa con la pobreza: y con todo 
esso haze mucha lymosna a aquella gente 
pobre, porque es toda la tierra miserable, y 
mantiene muchos pobres. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



155 



CAPITVLO XXXII 

De algunos monasterios que tuuo al principio 
esta religión. La causa de deshazerse dellos. 

Nvnca en esta religión, podra dezir alguno 
con verdad» auer sentido codicia, ni vn des- 
seo demasiado de aumentarse, y de crecer 
con numero de conue^tos y de religiosos. 
Antes por el contrarío, auia vna como natu- 
ral senzillez, que se podría llamar descuydo. 
Aquello solo que sin ninguna diligencia se ha 
entrado por las puertas, tiene: si les dan la 
casa tomanla, hazen gracias a Dios que multi- 
plica las moradas, donde se puedan recoger 
sus sieruos, y los que van huyendo del mundo. 
Si tienen renta para sustentarías sin necessi- 
dad de mendigar (que no es de este instituto) 
sustentanlaS) y si no tienen, dexanlas. Si vie- 
nen a tomar el habito algunos y parecen a 
proposito, y de buenos propósitos, recibenlos; 
y si non son tales, despidenlos con suauidad. 
No andan solicitando las voluntades, ni echan 
redes, ni van a cagarlos a las vniuersi- 
dades, contentos con la prouldencia diuina, 
que tiene cuydado con proueer las religiones: 
que los que no vienen por su mano, sino por 
medios y diligencias humanas, tienen poca 
perseuerancla, poca paciencia, y ansi se van 
luego, o los echan, y fuerales mejor a los ta- 
les, según el consejo del Apóstol (kunque a 
otro proposito mas alto) no auer conocido el 
camino de la religión, que boluer atrás tan 
desgraciadamente. Finalmente esta religión 
desde sus príncipios ha tenido por mejor 
cultiuar bien lo poco, que dexar perder lo 
mucho. Veese esto, en que ni ha querído en- 
sancharse no solo fuera de EspaHa (que le 
fuera muy fácil con grandes ocasiones que se 
le han ofrecido como lo mostraremos en esta 
historia) mas ni aun dentro, y de lo que ha 
podido deshazerse fácilmente, lo ha dexado, 
quando ha visto que va algo cuesta arríba en 
la vida que pretende. Este Capitulo hará con 
algunos exemploseuidente esta verdad. Tuuo 
algunas casas al prínciplo esta religión, que 
no fuera muy dificultoso con alguna solicitud 
humana sustentarlas, y aun crecerlas, y des- 
hizose dellas, porque tiene Dios mandado, 
que la solicitud se quede para el en todo lo 
temporal, y solo tratemos de buscar ej 
Reyno de Dios. Ya dlximos como dexó la casa 
de Corral Rubio, la de la Trínidad de Mallor- 



ca, agora diré breuemente la memoría que ha 
quedado de otras en los libros originales de 
los actos desta orden, porque no se oluide de 
todo punto lo que fueron. En el Obispado de 
Calahorra huuo vna casa, que se llamó santa 
María de Tolonio: Era hermita donde también 
se entiende que viuian algunos hermitaños 
del mismo proposito de los de mas, que hemos 
visto, fundadores desta religión. Con la deuo- 
cion grande que tenia a la orden de san Geró- 
nimo don luán de Guzman su Obispo, (como 
lo mostró bien la fundación de san Miguel del 
Monte) quiso que también fuesse casa della. 
Diola al príncipio al monasterío de san Miguel, 
porque tuuiessen alguna mas renta, con que 
passar su pobreza. Después pareció que po- 
drían hazer cabera por si, y formar conuento 
con la renta que tenían y algunas esperanzas 
demás. Truxose para esto confirmación del 
Papa Benedicto XIII. y ansi se puso en pie 
con su Prior y Frayles. No he sabido el nu- 
mero: dezian el offício diuino lo mejor que 
podian, y sustentaron aquellos principios de 
religión algunos años, cayendo y leuantando, 
padeciendo muchos trabajos, y pobreza en 
tierra que no les sobraua a los naturales, y 
mas no auiendo de salir a pedir. Halláronse 
Príor y Procurador de esta casa después de 
la vnion de la orden; en algunos Capítulos 
generales dieronles assiento conforme a la 
antigüedad, y tenia lo que qualquier otro con- 
uento. Como la pobreza los apretaua por vna 
parte, y por otra la orden no les daua licen- 
cia para pedir publicamente, vieronse en suma 
misería: no podian tan poco recebir nouicios, 
porque no auia con que sustentarlos: no lle- 
gauan al numero que era menester para 
guardar la forma de las teremonias, y santas 
costumbres: los pocos que estañan, no eran 
nada granjeros, ni la tierra los ayudaua. 
Vistas tantas descomodidades, o impossibili- 
dades por el Capitulo general, determinóse de 
dexar la casa, porque era ponerse en ocupa- 
ción, y solicitud de andar buscando con que 
apoyarle tantas quiebras. Con todo esso no 
se abalanzaron por la relación. Dieron poder 
a los Visitadores generales para que lo miras- 
sen, y considerassen bien: y si estas razones 
eran tan fuertes, como se presentauan, las 
deshiziessen dexandolo todo a su prudencia. 
El aflo mil quatrocientos y diez y siete, llega- 
ron alli, aliáronlo aun peor que se dezia, es- 
pantáronse de la paciencia de los santos reli- 



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156 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



giosos que auian aguardado tanto, hizíeronles 
gracias por su buen exemplo, y repartiéronlos 
por diuersas casas de la orden, mandando 
que los recibiessen a la profession y filiación: 
que esto se vs6 algunas vezes al principio 
desta orden, quando aula causas suficientes. 
Renunciaron luego todo el dominio y posse- 
sion de quanto alli pertenecía a la orden, y a 
los hijos de aquel conuento, en manos del 
Obispo de Calahorra, que se llamaua don 
Diego, para que dispusiesse della como mejor 
le pareciesse. De aqui se entiende, que en 
tanto que don luán de Guzman su antecessor 
de don Diego viuia, los religiosos pudieron 
con sus lymosnas sustentarse; en faltando, no 
pudieron. El Obispo aceptó la renunciación, 
y proueyo luego a Martin Fernandez Bastida 
clérigo, para que la siruiesse como Capellán: 
ansi tuuo fin esta casa, que nunca mas se 
leuantó, aunque los religiosos de la Estrella 
tomaron a intentar que la casa se vniesse 
como estaua primero con su conuento, que 
auia heredado lo de san Miguel del Monte, 
mas no tuuo effecto. 

De otra, dura también la memoria en el 
mismo libro original de los actos Capitulares. 
Llamauase esta santa Catalina de Vadaya, o 
santa Catalina, o nuestra Señora de Gracia, 
que entrambos nombres tuuo. En el primer 
Capitulo General, que se celebró en nuestra 
Señora de Guadalupe, se hallaron presentes 
Prior, y procurador de este conuento: y en el 
segundo que se celebró en san Bartolomé de 
Lupiana, se le dio lugar, y antigüedad en el 
assiento catorze en numero. Estaua esta casa 
en la Rioja, no lexos de la hermita y casa de 
nuestra Señora de Estrella. Por su pobreza 
andaua cayendo y leuantando. Vnas vezes, 
estaua por si, con Prior y frayles proprios; 
otras, arrimada, o incorporada en el monaste- 
rio de la Estrella. En el quarto Capitulo gene- 
ral reuocaron la vnion, que auian hecho estas 
dos casas, mandando estuuiesse por si cada 
vna. Duró esto muchos años: no se sabe que 
principio tuuo, quien fueron sus fundadores, 
digo que religiosos fueron los primeros, si 
fueron hermitaños, o venidos de otro conuen- 
to. Hasta el diez y nueue Capitulo general, 
vinieron Prior y Procurador desta casa a san 
Bartolomé: y si faltó en vno, o dos el Prior, 
fue por su indisposición, o por estar vaca la 
casa: lo que no pudiera ser, si (como algunos 
dizen) estuuiera incorporada siempre con la 



Estrella. Y fue sin duda casa antes de la vnion, 
y de los Capítulos generales, y la Estrella no. 
El año mil quatrocientos setenta y vno en que 
se celebró el Capitulo general diez y nueue, 
considerada su poca suficiencia, que no pedia 
sustentar numero de frayles para la obseruan- 
cia, ni llegado a tenerlos, y sin esperanza para 
lo de adelante, determinaron dexarla, y aco- 
modar los religiosos por diuersos conuentos. 
Entendió esta determinación Andrés Martí- 
nez, que era el patrón, y como fundador de 
aquello, tenia gran amor a sus religiosos, por 
la bondad que via en sus vidas: sintiólo mu- 
cho, y teniéndose por agrauiado, fue a san 
Bartolomé luego el mismo año, quando enten- 
dió se juntaua Capitulo particular sobre algu- 
nos negocios: pidió con mucha instancia bol- 
uiessen a recebir su casa de santa Catalina, 
añadiendo muchos ruegos y promessas. Pro- 
puso de hazer quanto le f uesse possible, para 
que se cumpliesse el numero de religiosos que 
la orden pedia. Mouidos de su deuocion, dixe- 
ron los padres del Capitulo, que si harían, 
como el cumpliesse lo que prometía: y que, 
juntamente con esto, por algunas razones que 
cumplían al monasterio renunciasse en la 
orden el patronazgo, y otras condiciones bien 
fáciles, sin las cuales no podia tener aumento 
aquella casa ni en obseruancia, ni en religio- 
sos. Andrés Martínez lo prometió todo con 
mucha largueza: al cumplirlo estuuo muy cor- 
to, porque no hizo nada; deuió de mudar 
parecer, o no pudo, y ansi se quedo aquella 
casa de todo punto. Aora es conuento de la 
orden de san Augustin, donde esta bien em- 
pleada. Como quiera que el Señor se sirua, 
sea en esta o en aquella religión, importa 
poco, pues todos caminamos a vn fin. 

La razón de auerse dexado el monasterio 
de nuestra Señora de Villauieja que es la ter- 
cera de estas casas, no he sabido qual fue. 
Porque según parece en el libro de los actos 
de los Capítulos generales, no fue la passada, 
pues tenia diez y ocho religiosos profesaos, 
que se repartieron por diuersas casas de la 
orden, quando se determinaron a dexarla. Ha- 
lláronse Prior y Procurador de esta casa en el 
primer Capitulo general, que se tuuo en Gua- 
dalupe, teniendo assiento en el lugar diez y 
ocho: y en el segundo Capitulo la dexaron, 
mandando que los religiosos della hiziessen 
profession en otras casas: donde se confírmalo 
que dixe ¿arriba, que desde sus principios tuuo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



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poder la orden para hazer estas mudanzas, y 
mandar viuir para siempre a los religiosos en 
la casa, y conuento que les señalasse, auiendo 
justas causas para hazerlo: y después lo dexó 
dispuesto en vna constitución que dello hizo. 
Harto argumento es de la poca codicia desta 
religión, verla dexar estas casas, en particular 
esta: que pues tenia tanto numero de religio- 
sos, en otra cosa que era agena de nuestra 
obseruancia, topaua; no hallo mas razón desta. 
La postrera destas casas de que en aque- 
llos tiempos primeros se deshizo la orden, es- 
taua en el monte Oliuete; mas porque desta 
trataremos en la fundación de la Murta de 
Barcelona, no quiero detenerme en ella. Esto 
he dicho aquí con breuedad, por dar alguna 
luz de lo que huuo a los principios: donde se 
descubre en todos los discursos passados 
con quanta sinceridad ha procedido en su 
aumento esta santa religión. Ni tan poco se 
entienda le nace esto de alguna remission o 
tibieza, o menos estima del aumento de los 
síeruos de Dios, o por demasiada gana de po- 
nerse a su plazer, y jugar (como dizen) al se- 
guro (sospechas todas muy agenas de los 
ánimos de aquellos santos y prudentes funda- 
dores); bien considerauan, que la parte mas 
hermosa, y que mas ennoblece este cuerpo 



mysticGü de lesu Christo, y haze hermosura 
en la yglesia, es de las religiones. Esto pre- 
tendían mejorar con diligencia en la mas acer- 
tada forma que podian, poniendo el blanco y 
el intento en las diuinas alabanzas, en el reco- 
gimiento y clausura, para tener mas libres las 
almas de los menesteres del cuerpo. Para esto 
era menester numero (que no se hace buena 
consonancia con pocos) era menester alguna 
medianía de las cosas que la flaqueza humana 
pide, como tributo necessario. Donde faltaua 
esto, sin esperanza de alcan<jarlo, sino era 
passando la raya de su clausura, fácilmente lo 
dexaua. Dicho he el modo, como en sus prin- 
cipios se leuantó esta santa religión de san 
Gerónimo en los Reynos de España, oluidada 
ya de tantos siglos, y el modo con que se es- 
tendio por toda ella: de que gente se pobló, 
casi todos hermitaños, mouidos (podemos 
dezir) como diuinamente a vn tiempo, de vn 
espíritu diuino: y aunque tan distantes vnos 
de otros, hablauan todos vn lenguage, cosa 
que no ha acontecido jamas en otra religión. 
Dicho he también, que casas fueron las prime- 
ras, como se edificaron y a donde; agora di- 
remos las vidas de alguivos pocos de aquellos 
primeros padres, y fundadores, dexando los 
demás para sus lugares propríos. 



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LIBRO SEGUNDO 



DE LA 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN fiERONIMO 



CAPITVLO PRIMERO 

¡M vida de Fr. Pedro Fernandez Pecha, primero 
religioso y Prior de esta santa religión. 

Siempre fue difícil eiscríuir bien historia. El 
exemplo de los pocos que han acertado, basta 
a confirmar esta verdad, sin las causas della, 
que son muchas de que ya otros han dicho su 
parecer mas de espacio. Quando no huuiera 
otra, sino la obligación de tratar verdad, bas- 
taua, por ser odiosa: y si falta esta parte, no 
ay nada. En las vid^ e historias de los San- 
tos, no consiste en esto la dificultad, porque 
no ay cosa tan amada dellos, como la verdad, 
ni de que mas gloría les nazca, que dezirla 
dellos; lo que en las profanas falta en grande 
parte; donde se dessea se publiquen las vir- 
tudes, y se eche tierra a los vicios, de donde 
ha nacido el miedo a los escritores, y la sos- 
pecha a los que los leen. En estas, las vir- 
tudes y los vicios, los bienes, y los males 
son para gloria de los Santos, por la Vitoria 
que alcanzaron contra los vnos, y las coronas 
que merecieron por los otros. Nace la dificul- 
tad de sus historias del mismo linage de es- 
critura, que pide vna manera de dezir como 
natural, o como las cosas passaron desnudas 
y sin arreos, o ropas pedidas prestadas de la 
autoridad de otros autores, de otras histo- 
rias, de otras philosophias, de principios o 
conclusiones de otras sciencías, sin pinturas, 
ni ornamentos de Poetas, o Retóricos, guar- 
dando siempre vn decoro proprio, que se 
mezcla de todo esto, sin ser ninguno dellos. 
De aqui ha venido que algunos por hazer his- 
toria, hazen sermonarios (ansi los llaman ago- 
ra) y otras poesías desatadas, o otras mane- 
ras de libros, que no sera fácil atinar de que 
genero son: ya ninguna cosa mas presto se 



atreuen, ni se les hate mas fácil, que la histo- 
ria de los santos: y de qualquier manera que 
salga, les parece que han cumplido con sus 
partes. Tiene la historia santa sus ornamentos 
proprios, con que en medio de aquella que 
parece desnudez, se vee vna particular her- 
mosura, tal, que deleyta mas, y lleua tras si 
con mas fuerza, que ninguna otra suerte de 
escritos. Ay en ella sus proprias fuentes, 
donde sin pensar, manan y nacen entre las 
manos los auitos y los gustos, con que se di- 
lata, como vna fuente caudalosa por sus arro- 
yos y corrientes en campo espacioso. Del li- 
bro passado se puede tomar algún testimonio» 
y del que comentamos, aun mas abiertamen- 
te. Veranse aqui algunas reliquias de las pri- 
micias del espíritu que huuo en los principios 
de esta religión: si se pusieran y dtxeran to- 
das, fuera negocio de mucho fruto, edificación 
y exemplo, aunque de mayor vergüenza a los 
que taata obligación tenemos de correr tras 
ellos, viéndonos quedar tan atrás. Hase visto 
con larga experiencia, y por nuestro común 
descuydo en las cosas del espíritu, y las que 
llaman los Theologos de gracia, caminar los 
hombres muy al reues de lo que en las de na- 
turaleza, y del arte. En estas se camina de lo 
imperfecto a lo mas cabal: las semillas y las 
plantas de las flores van al fruto, el architec- 
to y pintor de aprendiz passa a maestro, del 
carbón y del dibuxo a los colores y al relieue, 
y ansi en todos los demás exemplos. En el 
estado espiritual, a los principios se vieron 
cosas desta manera, y de mas alta perfección: 
vn heruor diuíno, vna fuerza y vna entereza 
tan grande en la virtud, que parecían- otros 
hombres. Con el tiempo se fue todo esto res- 
friando, cayendo, y casi aniquilando, o por lo 
menos, lo vemos en vna floxedad, y desmayo 
tan notable, que no se conocen vnos a otros 



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HISTORIA DE LA OftDfiN DE 3AN GERÓNIMO 



159 



de tan desinejados y tan otros. Considérense 
aquellos primeros tiempos de la yglesia, en 
quien se vieron los primeros frutos del diuino 
espíritu, aquella comunicación (y digámoslo 
ansí), aquella familiaridad, que tenia en los 
primeros Chrístianos; la largueza con que re- 
partía sus dones, verificándose en ellos lo que 
el Señor aula prometido a todos con tanta 
certeza, y sin excepción, que los que en el cre- 
yessen, harían marauillas de mayor admira- 
ción que las que el hazia. Hase perdido ya 
esto de manera, que si se mira al común del 
chrístianismo, juraran los menos arrojados, 
que no son Chrístianos, o lo son con solo el 
nombre; a quien llamó S. luán a boca llena, 
mentirosos. Y véase también, por la multitud 
de religiones, que con tanta hermosura han 
adornado la yglesia; pongamos los ojos en 
cada vna por si, desde la mas antigua hasta 
la mas nneua; y llenaransenos de agua, si co- 
tejamos tos principios con los fines; aun en 
las mas recatadas y zelosas. Lo mismo que se 
llora en todo el cuerpo de la yglesia, se sien- 
te en cada religión, lo mismo en cada casa, y 
lo mismo (porque lo toquemos mas de cerca, 
a su modo) en cada religioso. Digo en lo co- 
mún sin agrauío de tantos vasos preciosos, 
que se conseruan puros en la vocación prime- 
ra. Quien vee el heruor de vn mancebo que 
viene huyendo del mundo, vestirse el habito 
con que lo desprecia, sujetarse tan de veras a 
la obediencia, rendir sus bríos, libertades, 
gustos, marchitar como en vn punto la flor 
de todos sus apetitos, y entrar en este trato 
de Dios con el mismo caudal con que entra- 
ron los que con tanta razón adoramos por 
amigos de Dios; díra sin duda, que es ya vno 
dellos, y que aquel passo ha de alcanzar al 
mas auentajado. Quando menos catamos, den- 
tro de tres años o a lo mas largo de quatro o 
cinco se vee que todo aquello se fue en flores, 
el fruto se trocó en espinas, y tantas mues- 
tras bueltas ya tan contrario de lo que se es- 
peraua, que no se puede dezir sino llorando. 
Es la razón de todo esto, la que dize el mismo 
Señon que por no auernos de veras descar- 
nado, no permanece en nosotros .su espíritu. 
Daño tan crecido remedían en gran parte las 
historias de los Santos. Apréndese en ellas el 
desprecio del mundo: léese viuo el desenga- 
ño: ponen espuelas los exemplos, para cami- 
nar tras ellos, y córrese vn hombre viendo tan 
clara su couardla, y su tibieza en lo que hizie- 



ron los otros, que también fueron hombres, 
con que aliento acabaron el curso de sus vi- 
das, perseuerando en el estado que empren- 
dieron, no siendo de otro metal, ni de otras 
f uergas, como se vera en los que aquí yremos 
escriuiendo, y en sus vidas. No son Egipcios, 
ni Griegos, no Alemanes, ni Africanos (porque 
no busquemos en estos climas, o influencias 
del cielo las escusas), sino de España, y entre 
nuestras paredes nacidos, en vn mismo cielo 
y suelo criados; la edad en los mas la misma, 
en algunos poco differente. Ningún genero de 
disculpa queda: porque de parte de quien ha 
de dar el caudal, no falta, sino desmíente el 
que lo ha de recebir. 

El primero deste santo numero, es fray 
Pedro Fernandez Pecha, o de Ouadalajara, 
primero religioso, y primer Prior desta orden. 
Su vida está ya casi vista, de lo que hemos 
dicho en los principios de esta historia, la 
nobleza y antigüedad de su linage, quien fue 
en el siglo, los oficios y las priuanqas que el 
y su padre tuuieron en la casa de los Reyes 
de Castilla don Alonso, y don Pedro su hijo. 
Como le llamó Dios a la religión, el desprecio 
que hizo de la gloria del mundo, el animo tan 
alto que tuuo para resuscitar en España la 
religión que san Gerónimo plantó en Belem, 
como fue a Roma con su compañero fray 
Pedro Román, alcanzó la confirmación della, 
hizo profession en manos del Papa, y el le 
constituyó en primero Prior, dispensando con 
el (porque no era Sacerdote) para qne lo 
fuesse aquella vez, y quantas quisiesse; cosa 
raras vezes vista: diole también facultad para 
que fundasse otros quatro monasterios. Hizo 
profession en sus manos fray Fernando Yañez 
y todos los demás, 'dioles el habito a todos 
exceto a su compañero, renunció el Priorato 
de san Bartolomé por reuerencia de fray 
Fernando Yañez. Fue de alli a fundar el mo- 
nasterio de la Sisla en Toledo, dio poder para 
fundar el monasterio de Guisando, y el de 
Corral Rubio, y el de la Mejorada: no pudo yr 
a estas fundaciones en persona por las mu- 
chas ocupaciones, y negocios. En este estado 
le dexamos, porque no escriuiamos su vida, 
sino el discurso desta religión, de quien por 
ser el primero y cabega, fue forzoso dezir lo 
mas della. Víose en todo esto no solo su mu- 
cha santidad, sino también su gran valor; 
descubriéronse muchas virtudes de caudal 
tan grande, que fueron como la fuente de 



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160 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



donde hasta oy se vienen deríuando, en los 
que le sucedieron. Proüidencia general de 
Dios poner en los primeros las semillas de 
todo lo que después se ha de ir multiplicando. 
Quedó al fín dicho todo quanto hizo en ser- 
uicio común de la orden, y lo que en particu- 
lar trabajó en el conuento de la Sisla, hasta 
ponerlo en buen estado. Cogiendo pues lo 
que queda de su vida, y de sus virtudes par- 
ticulares, digamos lo primero (lo que ha de 
serlo por fuerza en todos los que de veras 
emprendieron la conquista del Reyno de Dios) 
que es su profunda humildad. Esta era la que 
en todas sus obras salia la primera. Quien le 
viera, no le pudiera juzgar por primero y su- 
perior, sino por el vltimo. Todo el trato de su 
persona y de su vida dezia esto: el solo, no lo 
dezia, porque nunca imaginó de si que auia 
adquirido virtud tan grande, ni ay cosa tan 
lexos del humilde, como pensar que lo es. 
Nunca se pudo acabar con el que recibiesse 
orden sacro, ni yo he hallado en parte alguna 
que fuesse ordenado. Sabia razonablemente 
la lengua Latina, y entendía bien lo que leya 
de los santos libros, y las licencias que daua 
las hazia en lengua Latina: y yo he visto algu- 
nas, y con ser tras esto de tan maduro juyzio,' 
e ingenio, no osó tomar tan alto ministerio 
como el de Sacerdote, considerando que sien- 
do san Gerónimo quien era, y sabiendo lo que 
sabia, fue menester hazerle mucha fuerqa 
para ordenarle de presbytero, y después de 
ordenado, no osaua llegarse a celebrar tan 
alto sacramento, sino de muy de tarde en 
tarde. Marauillauase mucho de los que se 
atreuian a ordenarse. Como era humilde, no 
sospechaua que era porque lo desseauan, 
sino porque Dios se lo ponia en el coraron, 
para que huuiesse abundancia de ministros 
en su yglesia. De aqui quedó por tradición, y 
se mando después por ley en esta religión» 
que por el mismo caso que vno procurasse 
orden sacro, no le ordenassen, o le detuuies- 
sen las ordenes, hasta que se viessen en el 
muestras de su proprio conocimiento, y que 
no le nacía aquello de alguna soberuia secre- 
ta. Guardauase esto no ha muchos años me- 
jor que agora, porque quanto mas va, perde- 
mos mas el respeto a las cosas diuinas, y 
entendemos menos la grandeza que encierran 
dentro. Fue fray Pedro de Guadalajara Prior 
muchos años, que parece no compadecerse 
con la grandeza de esta virtud, que hemos 



dicho. Y es ansi, si miramos el modo eon que 
agora se exercitan estos oficios, y ministerios 
en la yglesia, y religiones; mas no con el que 
entonces este sieruo de Dios, y otros que le 
parecían, lo exercitauan. Guardaua tan en su 
punto el arancel de Christo, que quien le viera 
hazer el officio de Prior, leyera en el, lo mis- 
mo que en el Euangelio: seruir a todos sin 
dexarse seruir de ninguno: lo que podia hazer 
po r si mesmo, jamas lo encomendaua a otro; 
y de tal manera lo mandaua, que parecía mas 
ruego, que precepto. El primero en todos los 
trabajos, en las asperezas, en las obseruan- 
cias, ayunos, vigilias, oraciones, recogimiento, 
pobreza. Con estas condiciones sustentaua 
el oficio de Prior muy a su costa, y con gran 
aliuio de sus subditos, sin tener punto lú 
resabio de Phariseo. Quien agora fuesse Prior 
veynte años como el, sin mas información 
podrian canonizarle. Por nuestros pecados no 
los ay ni aun de veynte dias: amigos muchos 
de poner sobre los ombros de los pobres 
subditos cargas incomportables, que no quie- 
ren ellos ni aun tocarlas con el dedo. Hom- 
bres, que de todo punto se aman. Algunas 
vezes quisiera el sieruo de Dios que le dexa- 
ran descansar, y como hombre rehuya la 
carga: mas elegíanle sus hijos que le amauan 
tiernamente, no con votos, si no con ruegos 
y lagrymas: y solo el pensar que algún tiempo 
auian de carecer del, les era cosa de mucha 
tristeza. Amánalos tiernamente, como quien 
los auia engendrado en Christo en este bap- 
tismo de penitencia de la santa religión. No 
podia verlos tristes, condecendia con sus 
ruegos, aunque fuesse tan a su costa. Diole 
Dios con estas entrañas tan piadosas, vna 
natural prudencia, con que templaua a sus 
tiempos la seueridad con la clemencia. En los 
Capítulos, quando era menester reprehender 
las culpas, seuero y graue, aunque bañado 
todo esto (no se como) de vna entrañable 
misericordia, dexando con esta mezcla tan 
marchito, corregido, y aun tan contento al 
reprehendido, que por ninguna cosa del mun- 
do se atreueria a reiterar aquella culpa. 
Nunca en el (lo que se halla en otros pocas 
vezes) la facilidad y llaneza desminuyó la au- 
toridad, ni la seueridad al amor. En auiendo 
cumplido con esta parte de su oficio, torna- 
uase a su centro, y a exercitar los oficios de 
humildad, sin el sobrecejo, o la grauedad, de 
que suelen andar vestidos los que no saben 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



161 



bien las leyes destos oficios. Entendia fray 
Pedro de Guadalajara aquel consejo de la 
regla que professaua; que el Prelado ha de 
procurar ser mas amado» que temido: porque 
el amor tiene mas fuerza en los hombres, y es 
mas conforme' a su natural. De aqui nació lo 
que ya dixe en otra parte; vn linage de repre- 
hensión y castigo en esta orden del mas noble 
peso, y grauedad, que se halla en otra qual- 
quier comunidad, o religión. No se sabe que 
cosa es desnudar espalda, no se oye palabra 
sangrienta, ni baxa: quando a esto se llega, 
es en negocios deseperados: y con esto no ay 
en el mundo cosa mas temida, que vn Capi- 
tulo. Confiessan esto muchos, que siendo ya 
hombres, han venido a esta escuela: y juran 
que no se vieron jamas en tanto aprieto como 
quando entran por las puertas del Capitulo, 
aunque van tan ciertos que no se les ha de 
dezir palabra descompuesta. La seueridad con 
que se zelan las f altillas pequeñas, se imprime 
de tal manera en el alma, y alli causa tan 
santo temor, y respeto, que les parece mas 
juyzio y examen diuino, que cosa humana. 
Tenia este sieruo de Dios mucha f uer^ en el 
dezir, sallan las palabras ardiendo como de 
vna charídad encendida, parecidas mucho a 
las que dize el Apóstol, no de la sabiduría 
humana, sino de la fuer^ del espíritu, que 
ensefíaua dentro, lo que no se aprende con 
todas nuestras diligencias. Las razones bre- 
ues, y preñadas: con lo vno quitaua aquel 
enojo, con que se escucha a los amigos de 
parlar, con lo otro quedauan con gusto, y 
Ueuauan mejor en la memoria lo que se en- 
comendaua; como el que sabia que los pre- 
ceptos han de ser breues. 

La penitencia deste santo uaron podríamos 
llamar estremada, sino mirassemos a mas de 
que era hombre: mas considerando que tam- 
bién era padre, y príncipio de vna religión 
como resuscitada, llamaremosla milagrosa, y 
aun necessaría. En esto parece quiso compe- 
tir con su padre san Gerónimo, y se atreuió a 
resusdtar su nombre en el mundo, en no 
perdonar vn dia en tan largo discurso de años 
a su propría carne. En mas de veynte y tantos 
aflos que fue Prior, no se supo que durmiesse 
eo cama: echauase en el suelo: quando daua 
algún aliuio al cuerpo, anadia algunas pajas, 
y no se dormia mucho en ellas: traya junto a 
las carnes, o a los huessos, y al pellejo con- 
tinuamente vn cilicio áspero: y para refrescar 

H. n LA 0. »■ S. GuMirno. — 11 



los miembros deste calor, vestíase el caualle- 
ro de Christo vna malla pessada en el Inuier- 
no, porque no le abrígasse, y le magullasse, y 
le moliesse. Con esto igualaua las dos partes: 
que si el alma vestia loríga de justicia, como 
manda el Apóstol, el cuerpo la de hierro. 
Estas mudas eran su regalo, añadiendo con- 
tinuas disciplinas, acotes, ayunos, vigilias, 
marauillandose todos sus hijos 
tenerse en los pies. No es cosa d 
en el sieruo de Dios dezir, que fu 
nente. Comia lo que el dezia baf 
tentarle, y deuia de bastar, porqu 
mas otros no podian creer que 
bastaua, sino se le anadia lo que 
Rogauanle sus hijos humildemet 
de si vna poca de piedad, de la 
tenia con ellos: que mirasse en 
consuelo, importante para todos, 
aquella casa, y de la religión tods 
reciente tenia necessidad de su pr 
mltigasse el rígor alguna cosa, tu 
respeto a su vejez, y a las much 
dades que padecía, y se dexass 
algo. A todo esto respondía coi 
sola, muy ordinaria en su boca 
hijos, no es otra cosa, sino vn esl 
nitencia, y cambio, donde se paga 
de nuestras culpas; quien entra e 
religión, entienda, que no viene < 
sino a llorar esto, y a corregir 
gastó vanamente. Yo hermanos n 
peto de lo que offendi a nuestro 
siglo, muy poca satisfacíon he h 
es verdad, desseo de hazerla, i 
fuerzas, si no me socorre con s 
Señor, que tuuo por bien traerní 
tado, donde sea mi proprio officic 
rra a mi carne, porque en dexan< 
la haze ella al alma. Vosotros, qu 
fuistes siempre virtuosos, temero 
y estando en el procurasjtes cons 
cencia que sacastes de la fuente d 
donde cobrastes derecho a su re: 
alli os trasplantó en este paraysi 
brays y cultiuays las flores de 
que el plantó, no teneys tanta ne 
sudor, ni de fatiga: porque no t 
espinas, ni abrojos essa tierra qu 
bendita: y assi la religión os sirue 
de deleyte, donde estays siemp 
coronas de flores, y ramilletes ( 
con que adornays el altar de vues 



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162 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



nes, donde Dios es reuerenciado. Dexadme 
a mi, que se bien lo que me cumple, y lo que 
merezco, pues por bien que cada vno de vos- 
otros me conozca, me conozco yo mejor, y se 
quantos males se encierran en este vaso de 
tierra. Con estas razones tan santas los de- 
xaua rendidos, y confusos, y aun les abria los 
ojos para que mirassen dentro de si lo que les 
cumplía. Otros con alguna mas familiaridad, 
querían hazer con el de los Theologos, dizien- 
do: que vna penitencia de tanto estremo era 
para acortar la vida, acabarla presto: y que no 
carecía de escrúpulo, pues era como tomarse 
la muerte con las manos: que no somos seño- 
res de nuestras vidas, ni podemos quitarles 
vna hora de la tassa, que Dios les tiene pues- 
ta. Reyase desto el santo varón, y deziales: 
antes hiermanos os engañays: que no solo es 
licito sino santo, y meritorio acortar los pla- 
zos, y los dias que dessea la carne o que 
pudiera viuir, si la regalaran. Hazer de pro- 
posito por donde la vida se pierda, o de in- 
dustria acortar sus términos, no creo yo que 
es licito, ni puede nadie hazer esso: mas hazer 
algunas cosas buenas, y honestas, de donde 
suele venir a menoscabarse, o dismynuirse 
notablemente, muchas vezes es agradable a 
Dios, y aun necessario hazerse. Los ayunos y 
abstinencias que la yglesia manda, y los que 
nos ponen los confessores, aunque muy gra- 
nes sean de suyo, dezid, no acortan la vida? 
Todas las disciplinas, vigilias, desnudezes* 
pobrezas, cilicios, no comer carne, andar des- 
calzos, acostarse en el suelo, o vestidos, y 
otras muchas cosas deste. genero, que son 
contra la carne, y contra la vida deste hombre 
de fuera, no las tienen todas las religiones 
aprouadas? Los Santos todos no las vsaron, 
y agradaron con ellas a Dios, desde Elias 
hasta oy? Pues que escrúpulo tuuieron estos 
en acortar el plazo de su vida? Que cosa tan 
áspera hazen los religiosos en el estado de 
penitencia por satisfazer a Dios de sus cul- 
pal, y por corregir los Ímpetus de su concu- 
piscencia, que no la hagan mayor y mas 
áspera los del siglo por su interesse, por su 
gusto, o por sus vicios? Porque se ha de juz- 
gar por temeridad, hazer asperezas por la 
salud del alma, y no las que se hazen por ser- 
uicio deste mundo y del demonio? En tanto 
que seruiamos a estos señores, no teníamos 
miedo de acortar la vida, y agora le tenemos, 
porque pretendemos seruir a Dios? No ten- 



gays miedo, hijos, a las asperezas, ni os en- 
gañe la blandura de la carne, ni los consejos 
de los que vluen según ella, ni creays sus 
theologias, que saben poco de Dios, y nacen 
de aquella sabiduría, que se llama terrena, 
camal, y diabólica. Yo creo n^as al maestro» 
que dize, que ninguno aborrece a su carne, 
antes la regala: y el que mas mal la trata, 
creo que mira harto por ella, quanto mas yo 
que quedo tan atrás de todos? Con estas 
razones les satisfazla el Santo, y aun los des- 
engañaua, ponía espuelas en el alma, y en sus 
corazones un enojo santo contra sus cuerpos. 
Reprehendíanse dentro de si mismos, y cerra- 
dos en sus celdillas, los ojos leuantados al 
cielo, pedían misericordia al Señor soberano, 
y que les diesse gracia y esfuerzo para imitar 
algo la santidad, y la penitencia de tan gran 
padre. Castigauan sus cuerpos duramente, 
con agotes, y cilicios, y mas deveras las al- 
mas, representando toda la fealdad de sus 
culpas passadas tan viuas delante de sus ojos, 
que les parecía poco qualquier tormento, a 
costa de descargar algo la deuda. De aqui 
dize el padre Fr. Pedro de la Vega en su 
Chronica (*) en la vida de este santo padre, 
que queriendo imitar este exemplo los reli- 
giosos de entonces, y los que después se 
siguieron tras ellos, hizieron muchas peniten- 
cias, y que enfermaron muchos irremediable- 
mente, y otros mas indiscretos, engañados 
del demonio, que se sabe aprouechar de todas 
las ocasiones, vinieron a perder el sesso: 
quitauanse el sueño, que manda tomar la 
obediencia: no dormían en camas, ni fuera de- 
llas:hazian ayunos grandes, agotes hasta abrir 
las espaldas, dexar las celdas, dormitorios, y 
otros lugares mas secretos bañados en san- 
gre: y con esto (que es lo mas dañoso) ence- 
rramiento estrechissimo. El excesso vino a 
ser de manera, que fue necessario a los pa- 
dres de la orden moderar estas tan rigurosas 
penitencias, y castigar a los que en esto ex* 
cedían. No bastó esta diligencia (tan henio- 
rosos andauan en la venganza de sus ene- 
migos) hasta que fue menester mandar por 
obediencia la moderación y la tassa: y con 
razón, porque el exercicío del cuerpo dice el 
Apóstol, para poco sirue, y podría dañar mu- 
cho si fuesse desnudo de prudencia, o enga- 
ñándose en pensar que esta allí la perfedon; 

(() OAp. z, u. 1. 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



163 



veese alómenos de aqui el heruor grande que 
fray Pedro de Guadalajara tenia, pues tan 
viuo calor puso en el pecho de sus hijos. 
Dezla el sieruo de Dios, que nuestros cuerpos 
son como los cauallos, que si los regalamos 
en demasía, simen de poco, y si los exercita- 
mos en el trabajo, valen para mucho. Con el 
vicio y regalo se ensoberuecen, y tiran cozes 
contra la razón, rompen las riendas, y al fin se 
mancan de ociosos: si les quitan del cebo, se 
hazen mas domésticos, tratables, sujetos. 
Auia muchos en su tiempo, que con el gusto 
de la oración, la quietud de la celda, y lecion 
de las santas Escrituras y otros libros santos 
rehusauan los ofScios, la administración de la 
casa, y las ocupaciones de las cosas de fuera; 
otros por el contrario gustauan mas desto, y 
menos de lo primero, de que agora también 
gustamos la mayor parte, porque se anda al 
reues. Consideraua el prudente pastor la 
subtileza del enemigo, en los vnos y en los 
otros, remediaua esto, poniendo a los vnos 
espuelas, y a los otros frenos. Ansi dezia, que 
el que gouiema, ha de ser como el buen man- 
postero, que para sacar a niuel la faz del edi- 
ficio, con el martillo pone las piedras que re- 
saltan dentro, y con el mismo otras que se 
esconden, saca fuera, y assi se yguala el 
paramento. Tenia estos símiles muy proprios 
para significar lo que quería, y vsaua dellos 
familiarmente, porque serulan mucho a la me- 
moria de los oyentes. 

A do quiera que estaua y en cualquier ocu- 
pación que se pusiesse, estaua puesto en ora- 
ción, aunque sin esto tenia horas señaladas 
para darse a este exercicio con sossiego. 
Auiasele hecho esto tan natural, que ninguna 
f uer<;a se hazla para recoger el bullicio de los 
sentidos, suspender el vso de las potencias 
inferiores del alma. Verificauase en el lo que 
desseaua Dauid quando decía (Oi que ven- 
dría por merced del Señor, a tal estado, que 
sus pensamientos y palabras serian siempre 
agradables, y dignas de su presencia. Díole 
en esto Dios grandes y celestiales gustos, 
que los gozaua el a sus solas, y son de las 
cosas que solo las conoce el que las tiene, tan 
recatado y prudente en ellos, que no fiaua su 
secreto de vna mano a otra, porque según el 
consejo del Euangelio, no supiesse la sinies- 
tra lo que haze la diestra, al reues de muchos 

((> Pmlm. IS. 



deuotos rezientes, que a quatro dias que se 
ponen a tratar con Dios (oxala fuesse con el) 
se les antoja que les duele el costado, y veen 
no se que. No puede al fin esconderse tanto 
el fuego, que no descubra sus luzes. Hablaua 
muchas vezes con Dios tiernamente, y rega- 
lauase con el, donde pensaua que solo el le 
oya, y aunque tan humilde y caydo delante de 
sus mismos ojos, al fin tomó la pluma (que 
no ay cordura en amores) y escriuio vnos So- 
liloquios, en dos tratados, el vno entre el 
alma y Dios, y el otro del alma consigo mis- 
ma, llenos de affectos, gustos y sentimientos 
diuinos, trasladados de lo que tenia dentro 
de su alma. En tanto que viuio no los vio al- 
guno, tan humilde y tan recatado era, hallá- 
ronlos después de la muerte escritos de su 
misma mano, huuo mucho descuydo en tras- 
ladarlos, como murió en Guadalupe, uinieron 
a poder del Padre fray Fernando Yaftez, p¡- 
dioselós para leerlos vna persona graue, y 
nunca mas se pudieron cobrar; ansi se per- 
dieron, sin quedar noticia, cosa que nos ha 
lastimado mucho, por ser herencia de tan 
gran padre. Intitulólos Soliloquios, para con- 
suelo de los hermanos, y no merecimos tanto 
consuelo sus hijos. Dezia muchas vezes, ha- 
blando del exercicio de la oración, que las ca- 
sas de los religiosos eran la soledad donde 
Dios prometió por el Propheta, que auia de 
licuar al alma, para hablarle alli al coraron: 
porque no son los monasterios otra cosa, sino 
una soledad acomodada, para tratar a todas 
horas con Dios. Donde bulle la solicitud de 
los desseos del siglo, negocios de la tierra,, 
palabras vanas y mas vanas, pretensiones,^ 
las iras, las tristezas, y desgracias irremedia- 
bles, la auaricia sin rienda, que lugar o que 
ocio ay para tratar con Dios de espacio? 
Pues como dize el Apóstol, aun el matrimo- 
nio con ser cosa tan justa, y sacramento san- 
to, pone impedimento y diuide al hombre, 
para que no se de todo al Señor. Donde es- 
tan quitadas tantas ocasiones, mucho camino 
ay andado para llegar a tanto bien. Con esto 
persuadía al exercicio celestial, para cuyo 
vso se endereza quanto ay en las religiones 
bien ordenadas, pobreza, castidad, obedien- 
cia, humildad y encerramiento. 

Tuuo el santo varón en tanto que fue Prior 
en la Sisla de Toledo vna gran compañera en 
santidad y en proposito, llamauase doña Ma- 
ría Garcia, hija de don Diego Garcia de Tole- 



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164 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



do, de quien contaremos adelante mas en 
particular su vida. Esta santa gozó mucho del 
espíritu de fray Pedro de Quadalajara, y el 
también se consolaua en comunicar tan gran 
sierua de Dios y alabaua al Señor viendo ani- 
mo tan de varón en tan delicado sujeto. Las- 
timauale mucho mirar la couardia de algunos 
sus hijos remissos, y tardos en correr a go- 
zar el premio prometido, viendo tanto aliento 
en vnas donzellas delicadas regaladas y ricas, 
y caminar con tan duras penitencias a recebir 
al esposo. Industríaua el santo varón a esta 
sierua de Dios, y a sus compañeras en las co- 
sas del espíritu, dauales reglas para caminar 
a la perfección que pretendían, auísos para 
que el enemigo no las engañasse, poníales es- 
fuerzo para Ueuar adelante la penitencia y 
clausura que auían escogido. De las santas 
conuersaciones y platicas, que a los princi- 
pios tuuo con la sierua de Dios, resultó la vl- 
tima resolución de doña María en escoger 
estado de religiosa, prometer obediencia, y 
encerrarse con nombre de religiosa de san 
Gerónimo, ella y otras que luego acudieron 
procurando imitarla. Fue grande el gozo que 
desto recibió el sieruo de Dios, que quando 
los que en esto trabajan, gozan del fruto, no 
ay suauidad que se le compare en la tierra. 
El Apóstol no podía disimularlo, como lo 
muestra en muchos lugares de sus cartas, lla- 
mando a sus Discípulos y hijos vnas vezes su 
gozo y esperanza, y otras su corona y su glo- 
ria. Con esto tenia ya fray Pedro Pecha, o 
fray Pedro Abeja (como arriba declaré) dos 
como colmenas santas en Toledo, la vna fue- 
ra de la Ciudad escondida en los montes en- 
tre las encinas y robles, donde se acogía con 
el enxambre santo de sus hijos, varones ro- 
bustos para el campo, y otra dentro de la 
Ciudad, y en ella por maestra a Mari García, 
que recebía donzellas tiernas que desprecian- 
do el regalo del mundo, se offrecían por es- 
posas de lesu Chrísto: era esto cerca del año 
1400. y no el de 404. como alguno piensa. 
Apretauanle las enfermedades mucho a nues- 
tro fray Pedro, las grandes penitencias le 
tenían consumido el sujeto, ni podía seguir 
el rigor que hasta allí, ni hazer el officio de 
Prior, o primero como el dezía. Y aunque pu- 
diera entonces gastar de lo que auía trabaja- 
do, y allegado, trató de renunciar el Priorato, 
no teniendo por seguro tener el oficio que no 
podía hazer: porque no basta para hacerlo 



bien, solo el dezir. Parecióle también que sus 
hijos y hermanos vista la razón, estarían mas 
consolados y preuenidos, y que también auia 
entre ellos grandes sieruos de Dios, muy ade- 
lantados en la obseruancía, zelosos, discre- 
tos, sabios, exercitados en la vida espirítuai. 
Sucedió a este tiempo, que su hermana dofta 
Mayor Fernandez Pecha embiudó, y viéndose 
libre de la carga del matrimonio, determinó 
poner en execucion sus santos propósitos que 
eran recogerse del mundo, y de sus regalos, 
y faustos al seruicío de nuestro Señor. Tenia 
gran deuocion a la casa de nuestra Señora de 
Guadalupe, auía sentido en todas sus cosas a 
esta Reyna soberana muy fauorable; determi- 
nóse de retirarse en aquella casa, como me- 
jor pudíesse, para acabar allí el curso de su 
vida. Combidauale también a esto la antigua 
amistad, y deuocion que tenia con el padre 
fr. Fernando Yañez, que era allí Príor. Sin po- 
ner mas dilaciones se partió para Toledo des- 
de Guadalajara, donde dispuso de su hazien- 
da, dexando (como dixímos) buena parte de 
lo que pudo al monasterío de San Bartolomé 
de Lupíana. Quando llegó a la Sisla,fue gran- 
de el contento que recibió con la vista de su 
hermano, a quien no solo como a mayor, mas 
como a santo besó las manos. Lastimóse mu- 
cho viéndole tan consumido, gastado, enfer- 
mo, viejo. Rogóle que se dexasse hazer algún 
seruicío, y permítiesse algún regalo. Sonríose 
el sieruo de Dios y díxole, que dexasse a la 
tierra hazer su oficio, que los remedios llega- 
rían tarde, y quando aprovechassen de algo, 
sería para detener mas el destierro. Concer- 
táronse entrambos hermanos de yr a morir a 
Guadalupe, casa de tanta deuocion, y en com- 
pañía de fray Fernando Yañez, gozar de aquel 
santuario y de la conuersacíon de tantos sier- 
uos de Dios, como allí florecían. Renunció el 
Príorato fray Pedro de Guadalajara en la Sis- 
la, después de auer trabajado en el veynte y 
dos años, o veynte y tres, que a esta cuenta 
era este el año de nouenta y siete, pues en- 
tró en el año de mil trecientos setenta y cin- 
co, y no se halla en esto mas clarídad. Tan 
poco se sabe en cuyas manos renunció, ni 
quien le sucedió en el Príorato. Porque de las 
cosas de aquella casa huuo gran descuydo en 
los principios, tan poco cuydado tuuíeron de 
dexar memoria de sus cosas en el mundo. 
Solo se sabe, que derramaron muchas lagry- 
mas todos al tiempo que se partió dellos el 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERONJMO 



165 



padre que tanto amauan y tenían en tanta 
reuerencía. Sabida por fray Fernando Yañez 
la venida de los dos hermanos, no cabia de 
gozo, parecíale le pagana el Señor en esta 
vida con esto, mas de lo que el auia trabaja- 
do en su seruicío. Amánalos tiernamente a 
entrambos, a doña Mayor por su mucha vir- 
tud y nobleza, por ser tan gran bienhechora 
suya y de la orden, y a fr. Pedro por todo 
esto, y por la larga amistad, y por la reueren- 
cía de su primer Prior, en cuyas manos auia 
professado la santa obediencia de la religión. 
Mandó que los saliessen a recebir, e hiziessen 
cuenta los venia a visitar otro nueuo san Ge- 
rónimo, y otra nueua Paula, como otro tiem- 
po aquellos dos santos juntos yuan a uisitar 
los monges c(e los desiertos. Quando se llega- 
ron a abracar los santos viejos, derramaron 
hartas lagrymas de consuelo y de alegría, que 
no pudieron disimularlas, reboluiendo en su 
memoría en aquel encuentro vn discurso lar- 
go de sus vidas. Huuo entre ellos vna santa 
competencia sobre cual auia de besar las ma- 
nos al otro: cada vno dellos quisiera mas los 
pies: despartieron la contienda sus hijos y la 
hermana, a quien cabia gran parte de los dos 
santos amigos. No descansó fray Pedro Fer- 
nandez el poco tiempo que viuio en Guadalu- 
pe, ni se dexo regalar como fray Femando 
Yañez pensaua. Antes en aquella vejez y car- 
gado de tantas enfermedades, aunque las dis- 
simulaua quanto se puede pensar, hazla muy 
dura penitencia. El feruor del espíritu encen- 
día en los huessos casi desnudos, y que a pe- 
nas le sustentauan, vn brío de mancebo para 
acabar el curso de su destierro felizmente. 
Yuase a la yglesia lo mas del día, faltaua muy 
pocas horas del choro, y no contento con 
esto, también gastaua allí gran parte de la 
noche. Trataua con la Reyna del cielo los ne- 
gocios de su alma. Deziale dulces requiebros; 
encomendauale el aumento de la religión, que 
se auia nacido en sus manos: y en estos y 
otros santos exercicios consumía la vida san- 
ta y dulcemente. 

Para que siruiesse al santo viejo en sus 
menesteres y dolencias, le dio el padre fray 
Fernando Yañez vn mancebo, que ansí se 
acostumbra en las mas religiones, y lo vsaron 
aquellos antiguos padres: porque es esto de 
gran fruto para los monges mo^os, que apren- 
den mucho en tan santa compañía. Y los que 
de veras son monges ancianos, se esfuerzan 



a darles exemplos. Llamauase este religioso 
fray Pedro de las Cabañuelas, víanse en el 
grandes esperanzas de lo que fue adelante: 
por esto le escogió el Prior entre muchos para 
este ministerio, y parecióle bien en que es- 
cuela se auia criado. Ordenólo también el 
Señor para que quedasse vn testigo tan abo- 
nado de la vida de fray Pedro de Guadalajara. 
Daua testimonio della después, quando ya 
era Prior y Santo, y quando hablaua de tan 
gran padre, se daua golpes en los pechos, 
acusándose de miserable y de tibio, consi- 
derando el heruor, perseuerancia y perfecion 
de su padre fray Pedro de Guadalajara. Dezia 
muchas vezes, que en aquella edad cansada, 
y tan lleno de enfermedades no dormia en 
cama, ni se pudo acabar con el. Que su comida 
no parecía que era cosa posible que vn cuer- 
po humano pudiesse sustentarse con ella. 
Afirmaua también, que nunca se quitó vn 
áspero cilicio en el verano, o vna cota de 
hierro y malla pesada en el inuierno: y que vn 
día hablando con el mas familiarmente, le dixo, 
que de aquella manera auia viuido siempre; 
fuerza grande de espíritu inimitable de tan 
flaca fe como la nuestra, aunque hazedero y 
possible para los que la tienen tan viua, y 
para quien gusta vna vez quan suaue es el 
Señor, quan incomparable la merced, y la 
corona que responde a este trabajo y peni- 
tencia leue y momentánea. Esta vida hazia 
fray Pedro de Guadalajara estando en nues- 
tra Señora de Guadalupe, y en el postrero 
termino de su vida, viejo cargado de ages, 
consumido, flaco; que la virtud no enuegeze. 
Llegado el tiempo en que quería el Señor 
darle reposo, y el descanso merecido por sus 
trabajos, apretáronle las enfermedades de 
suerte que echó de ver le llamaua Dios. Re- 
cibió los sacramentos de la yglesia con gran 
alegría, despidióse de su compañero y her- 
mano fray Fernando Yañez, diziendose el vno 
al otro tiernos sentimientos, aunque templa- 
dos, o mezclados con vna seuerídad, y ente- 
reza santa. El Prior le pidió rogasse a nuestro 
Señor le sacasse ya deste destierro, y que no 
le dexasse en esta jornada postrera, pues 
auían caminado siempre juntos: que se acor- 
dasse de la amistad passada, no permitíesse 
pues el yua a gozar de Dios y descansar de 
sus trabajos, en dexarle en el campo y en la 
pelea. Respondióle fray Pedro de Guadalajara 
que el Señor tenia mas cuydado del, que no 



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166 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



el de si mismo: que se dexasse en sus manos, 
aguárdasse con paciencia el plazo señalado, 
conformasse su voluntad con la diuina, y en- 
tendiesse era necessario viuir algunos afios, 
para el bien de aquella casa, para la firmeza 
de la religión, que coaio planta nueua tenia 
necessidad de ser cultiuada con su ejemplo. 
Abragó a todos sus hermanos, y recogiéndose 
dentro de si vn poco, leuantando los ojos al 
cielo, diziendo, en tus manos Señor encomien- 
do mi espíritu, salió el alma, y su rostro pa- 
reció mas hermoso que primero. Fue su 
muerte el año de mil quatro cientos y dos. 
No se sabe el mes, ni dia, tanto descuydo 
huuo en esto, ni los años de su edad precis- 
sámente; el año mil trescientos y cinquenta, 
que fue el principio desdichado del Rey don 
Pedro el cruel, se entiende por los oficios que 
en su casa tenia, serla de veynte y quatro 
a veynte y cinco años, y a esta cuenta seria de 
setenta y seys, a setenta y siete años quando 
passó desta vida; que fue como milagro viuir 
tanto, dándose a tanta penitencia. Fray Pedro 
de Valladolid o de las Cabañuelas dixo (como 
lo refiere fray Pedro de la Vega en la vida 
deste santo, y lo he visto en las relaciones 
muy antiguas que se guardan en la librería de 
los originales de esta casa de san Lorenzo el 
Real) que este sieruo de Dios hizo muchas 
marauíUas y señales. Y es fácil de creer, mas 
no de disculpar, a los que tanto descuydo 
tuuieron en no dexar memoría dellas. De es- 
tos apuntamentos generales he visto muchos 
en memoriales antiguos, escritos de aquel 
tiempo, sepultando en silencio los sucessos 
particulares, aunque con distintos motiuos y 
razones: vnas vezes, no haziendo caso dellos, 
sino de sola la virtud propria, y esta creo 
tiniendola como agena, atribuyéndolo todo al 
principal autor de Dios, sin reparar en los 
instrumentos; otras, teniendo miedo de dezir- 
los, pareciendoles que si no son los milagros 
que tiene aprobados la yglesia, que no se 
auian de publicar otros, especialmente no 
siendo santos canonizados, de quien se dizen, 
o a quien se atribuyen: consideraciones san- 
tas, y de buen zelo, aunque no según scien- 
cia. Agora haria al caso tener algunos destos 
buenos respetos y temores, para restañar el 
fluxo y la licencia que se toma en publicar 
muchos milagros, porque no pierdan crédito 
los que lo son. Ay algunos tan amigos de 
milagros, que todo se les antoja milagro; y 



algunas vezes es gente, de quien no se espera 
ninguno. Vio fray Pedro de Ouadalajara antes 
de su muerte, el aumento de la orden de san 
Gerónimo, que con tanto trabajo suyo auia 
resucitado en España. Estañan ya a este 
tiempo leuantadas mas de diez, o onze casas: 
florecían en ellas grandes sieruos de Dios, 
grandes esperanzas y muestras de lo que fue 
adelante. Grecia la deuocion del Doctor santo 
en toda parte: miraua la frequencia de los 
que mouídos de tan buen exemplo, dexauan 
el mundo, y se acogían a este nueuo puerto. 
Todo esto le daua gran consuelo; lloraua de 
alegría las vezes que le dauan estas nuenas 
y entendía que se fundaua algún conuento. 
Preguntado porque hazla tanto sentimiento, 
respondía: si se alegran los Angeles en el 
cielo por vn pecador, que se conuierte, y ha- 
ze penitencia, como no me alegrare del apro- 
uechamlento y conuersion de tantas almas, 
como en esse conuento que se funda han de 
vIuIr vidas de Angeles? Quando considero los 
muchos seruiclos que allí se han de hazer a 
nuestro Señor, las alabanzas que han de sonar 
en aquel choro a Dios, a su Madre, a sus 
Santos y a sus Angeles, el prouecho que re- 
sultara a los próximos, el alma se me alegra. 
Quanto mas, que todos somos muy interessa- 
dos en ello, pues mouldos los que de nueuo 
vienen a la religión de la merced que en- 
tienden el Señor nos haze en este estado, 
corren tras nosotros, oluidando las cosas que 
en el mundo los detenían, y engafiauan. Y 
ansí podemos dezir en alguna manera lo del 
Apóstol: Sed imitadores míos, como yo de 
Chrísto. Que aunque es verdad, que el que 
planta, y el que riega, no son nada, sino el 
que da el aumento, y la perfecion; con todo 
no se puede negar sino que el prouecho es 
suyo. Ansí se alegra el hortelano, quando 
coge el fruto del árbol, que plantó, y regó 
por su mano; y el labrador se regozija, quan- 
do vee multiplicado en la era, el grano que 
sembró en el haza. De aqui me nace esta 
alegría, pues no salieron en vano mis espe- 
ranzas, y veo como llegados acolmo los frutos 
de mis trabajos, que no los oso llamar rojos, 
sino de aquel Señor que fue seruido tomar 
tan baxo instrumento para obra tan alta. 
Lleuó consigo a Guadalupe el sieruo de Dios 
la misma túnica que el Papa Gregorio le 
vistió en Roma: y aunque quisiera enterrarse 
con ella, el padre fray Fernando Yafiez consl* 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



167 



deró prudentemente era bien guardarla, no 
solo para modelo, mas aun para reliquia. Ansí 
le enterraron con otra, guardando aquella como 
vna preciosa joya, en la sacristía del conuento. 
El escapulario se quedó en san Bartolomé, 
porque partiessen estas dos cosas la herencia 
de tan gran padre, que no le quedo otra cosa. 
Murió de alli a poco la santa hermana doña 
Mayor Fernandez Pe<?ha con el mismo habito 
de san Gerónimo, dexando harto lastimado a 
fray Fernando Yaflez, que la amaua mucho, por 
sus grandes méritos. Pusiéronla en la misma 
sepultura de su hermano como religiosa de la 
orden, y tan principal bienhechora. Apsi aca- 
baron los tres hermanos Pecha su vida san- 
tamente, con vn mismo habito de san Geró- 
nimo, y con vna misma fe de alcanzar por sus 
méritos el premio eterno. Deueles la orden 
agradecimiento eterno, pues la fauorecieron 
tanto en esta vida, y agora no se oluidan 
della en la otra. 

CAPITVLO II 

La vida del Padre fray Fernando Yañez de Ca- 
zeres, segundo Prior de la orden de san Ge- 
rónimo, y primero de nuestra Señora de Gua- 
dalupe. 

Aqui también tenemos andado mucho; por 
ser (como hemos visto) este sieruo de Dios 
el otro brago, o fundamento de los dos, sobre 
que se leuantó esta religión. Diximos, si me 
acuerdo bien, quien fue en el siglo fray Fer- 
nando Yañez de Cazeres (este sobrenombre 
tiene en el letrero que esta en el claustrico 
pequeño de san Bartolomé, como lo vimos en 
su proprío lugar) la nobleza del linage de en- 
trambas partes tan conocido en España, hijo 
de don luán Fernandez de Soto Mayor, y de 
doña María Yañez de Figueroa: como vino a la 
Corte del Rey don Alonso (*), y se crió en ser- 
uicio y compañía del principe don Pedro: el 
amor que le tuuo, y el que se cobraron el y 
fray Pedro Fernandez Pecha: como se empegó 
a desengañar del mundo, en medio de sus fa- 
uores y priuanqas, que es como milagro tal 
desengaño. En las aduersidades qualquiera 
cae en la cuenta, y la vexacion da entendi- 
miento aun a los locos. La fortuna prospera 
es mas dificil de vencerse, a no ser vencido en 

n Ub. I, ca. «. 



ella. Diximos también como escogió el estado 
Ecclesiastico, fue Canónigo de Toledo, des- 
pués Capellán mayor del Rey don Pedro. 
Apuntamos tras esto como no descansó aqui 
su pensamiento, juzgando por poca la distan- 
cia del siglo a estas dignidades: y como toca- 
do de mas alto espíritu se fue a la hermita de 
nuestra Señora del Castañal, no lexos de la 
ciudad de Toledo, y se juntó con los hermita- 
ños, que alli viuian, parte de los que auian 
venido de Italia, parte de los que acá en Es- 
paña se auian recogido a seruir a nuestro Se- 
ñor en vida de contemplación, penitencia, so- 
ledad y pobreza. Dixe también como mouido 
de su exemplo, le vino a buscar su amigo Pe- 
dro Fernandez Pecha: como se passaron de 
alli a la hermita de nuestra Señora de Villa 
Escusa, huyendo el ser vistos, y visitados de 
los amigos y conocidos: la razón de venir des- 
pués a hazer assiento en san Bartolomé de 
Lupiana: como le tenían todos los hermitaños 
respeto y amor de padre, y por su consejo y 
resolución se embio a pedir al Papa la confir- 
mación de la orden de san Gerónimo. Alcan- 
zada y puesta en execucion, hizo profession 
en manos de fray Pedro Fernandez de Gua- 
dalajara, con los demás compañeros y herma- 
nos. Dentro de vn año, que como diximos, fue 
el de mil trescientos y setenta y quatro, re- 
nunció el Priorato fray Pedro de Guadalajara, 
por la reuerencia grande que tenia a este 
santo varón, y fue elegido de todos en Prior, 
que fue la primera elecion que celebro esta 
religión. Diximos también como tuuo el Prio- 
rato de aquella casa quinze años desde el de 
setenta y quatro, hasta el de ochenta y nueue, 
que salió con treynta y vn compañeros e hi- 
jos, a poblar la insigne casa de nuestra Seño- 
ra de Guadalupe. Vimos lo mucho que en el 
edificio material y espiritual de aquel santua- 
rio trabajó con manos, ingenio, exemplo. Falta 
agora dezir lo que viuio hasta los años de 
mil quatrociento y doze, el postrero de su 
vida, y primero de su descanso y gloria: sino 
queremos dezir que ya los santos aqui y en 
medio de sus trabajos gozan buena parte 
della. Comencemos por lo mas dificultoso, a 
contar lo que resta. Gouernar almas tanto 
tiempo, y almas tan delicadas, con quien se 
ha de traer cuenta por tan menudo, criarlas 
de nueuo en religión, y religión tan estrecha, 
que comengaua con tanto brío, procurando 
quando menos, imitar^los passos y la vida de 



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168 



HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



san Gerónimo, arguye gran santidad. No basta 
lesta, sino se acompaña co;i mil reglas de pru- 
dencia. Verdad es, que nunca falta a los san- 
tos: mas es otra cosa, para gouernar a si a 
solas, y otra, para gouernar a los otros. Mu- 
chos hemos visto buenos para en particular, 
y puestos en publico no han acertado. Nues- 
tro fray Fernando tuuo don singular, a juyzio 
de los hombres, que quieren siempre en los 
gouiernos se incline la balanza mas a la parte 
de la misericordia, que a la seueridad. Tam- 
bién lo quiere Dios ansi, mas no quiere que se 
oluíden de la justicia. Poner esto en fíl, es 
casi milagro. Si hablamos de la prudencia hu- 
mana, veremos en el fin desta historia de 
nuestro fray Fernando, lo que le acaeció sobre 
este punto en el tribunal de Dios, para que 
teman los muy valientes, aunque a los ambi- 
ciosos ninguna cosa los espanta: muy fácil les 
es beuer el calíz, quando esta ausente, a cos- 
ta de alcanzar los mas altos puestos. Era de 
gran piedad, y caridad con los pobres, y con 
sus subditos auiale dado Dios vnas entrañas 
de madre, quales eran aquellas que Dauid 
confessaua de Dios, quando le pedia miseri- 
cordia de su delito grande. Aborrecía por es- 
tremo ver hazer a los religiosos alguna cosa 
por miedo, o por su respeto: dezia, que aque- 
llo era de sieruos temporales, o esclauos per- 
petuos, y aun en estos no lo permitía el Após- 
tol: quería mas que no se híziesse, que ver 
tan baxos fines en los que han de tenerlos tan 
altos en todas sus obras, y pretenden con 
cada vna no menos que vn reyno, o no menos 
que a Dios. Dize fray Pedro de la Vega en su 
vida, que miraua atentamente el caudal de 
cada vno, la condición, complexión, heruor de 
espirítu o la floxedad, tedio, remission, des- 
cuydo: conforme a estas señas los gouernaua, 
como pastor prudente daua a cada vno el 
pasto que le conuenia: procedía en la cura de 
sus dolencias, o en el aumento de sus bienes 
como medico experto, aplicando la medicina 
que importaua. En estas dos partes consiste 
el oficio de vn pastor cuydadoso y vigilante. 
A los que via mas promptos, obedientes, blan- 
dos, mandaua cosas mas arduas, exercitando 
los talentos que Dios alli auia puesto, dándo- 
les ocasiones de mas altas coronas, y como 
a valientes les hazla emprender cosas arduas: 
vsan^a de buenos Capitanes, que emplean a 
los soldados animosos en ocasiones grandes, 
porque ganen nombre. A los remisos, tibios. 



tardos, duros al bien, fáciles y promptos a la 
ira trataua con mayor blandura, palabras mas 
amorosas, obediencias mas leues, penitencias 
de menos rigor, porque no se acabasse de que- 
brar la caña cascada, ni se apagasse de todo 
punto el fuego en el candil, o leño que humea. 
Mostrauales(como dizenlos santos) mas pres- 
to el pecho de madre, que el agote del Señor; 
muy lexos de su pensamiento aquel dicho na- 
cido en la escuela de los principes de este 
siglo: Aborrézcanme, con tal que me teman. 
De aqui le nacia ser muy suffrído con los re- 
ligiosos, y con seglares descompuestos. Dezia 
algunas vezes aquella sentencia digna de 
Chrysostomo, que mas quería dar cuenta a 
Dios de sobrada misericordia, que de dema- 
siado rigor de justicia. Anadia tras esto, que 
quería mas poner todas sus fuerzas en con- 
seruar vn religioso, que en adquerir ciento de 
nueuo: porque estos le auia Dios encomenda- 
do, y no los otros; estos estauan a su cargo, 
y los otros al de Dios. Su cuydado era no 
perder ocasión, en que se mejbrassen aque- 
llas vidas dedicadas a Dios, que anduuiesse 
el trato y la ganancia viua en este cambio del 
cielo; pues nos auisa el Señor, que negocie- 
mos en tanto que torna, y quiere que no se 
escondan en la tierra sus talentos. Pudiera- 
dezir hartos exemplos desto: diré alguno, por- 
que de alli se entiendan los que se callan. 

Estaua vna vez el sieruo de Dios fray Fer- 
nando Yañez hablando con don Pedro de Fon- 
seca, que después fue Cardenal de san Ángel, 
auia llegado a visitar aquella casa santa de 
nuestra señora, por la deuocion que tenia a la 
Virgen santissima: trataua de la virtud, que 
hallaua en aquellos religiosos, considerando 
atentamente la promptitud de la obediencia, 
que es como el alma deste estado: sabia el 
santo Prior, que se estaua afeytando en aquel 
punto vn religioso de los hermanos legos, y 
de los que auia traydo consigo de san Barto- 
lomé de Lupiana, gran obediente, prouado en 
esta virtud con mucho exercicio: embiole a 
llamar sin dezir nada, ni descubrír.el motiuo 
a don Pedro, para que viesse en el alguna 
prueua de lo que estauan tratando, y diesse 
gloria a nuestro Señor por ello. Al tiempo que 
le llamaron, tenia hecha la media barba; le- 
uantose ansi en diziendole que le llamaua el 
Prelado, y fue donde estaua, de aquella suer- 
te, harto para reyr a quien no supiera el ar- 
gumento del espectáculo; púsose de rodillas 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



169 



delante del Prior, que dissimulaua verle, pas- 
sando con la platica adelante. Estuuo ansi 
algún rato callando, los ojos en el suelo, 
aguardando lo que se le mandaua. Don Pedro 
que entendió ser algún religioso, que por ací- 
dente aula perdido el juyzio, hizo señas al 
Prior, para que aduirtiese como estaua allí. 
Boluio la cabera a fr. Agustín (ansi se llama- 
ua este santo loco de la locura de Dios, que 
condena toda la prudencia del mundo), pre- 
guntóle con algún desden, que quería: Di- 
xeronme padre (respondió el sieruo de Dios 
humildemente) que me llamauades, y vine. En- 
tonces le dixo, andad, andad de ay, porque 
sabiades que^est^^ua aqui hablando con. se- 
glares, venistes tan presto, por ver y porque 
os viessen; si supierades que estaua en la 
celda, no acudierades con tanta diligencia; 
andad tornaos a afeytar. Esto dixo, para que 
sobre el oro de la perfecta obediencia, assen- 
tasse el esmalte de la humildad y paciencia, 
y labrassen la corona del alma, que no tenia 
en la cabeqa por las ordenes. Apartado de 
alli, pregunto don Pedro de Fonseca quien 
era aquel religioso, y si era loco, como aula 
venido alli de aquella manera; el santo varón 
respondió: esta es Señor la prueua de lo que 
estauamos tratando. Este es vn gran sieruo 
de Dios, a quien yo no soy digno de besar los 
pies; vno de los que en esta casa entre otros 
muchos, siguen el camino de la perfeta obe- 
diencia, en quien he hecho otras prueuas se- 
mejantes del precio de su virtud; quise hazer 
esta en vuestra presencia, para que alabeys 
al Señor en sus sieruos, y viessedes en vn 
encuentro solo, obediencia, paciencia, humil- 
dad, y suffrimiento. Quedó el Cardenal Fon- 
seca con esto grandemente edificado; partió 
de alli dando cierta lymosna para la casa, en- 
comendándose en las oraciones de los sieruos 
de Dios, y diziendo, que los monasterios de 
la orden de san Gerónimo, eran como los de- 
siertos de Egypto, que encerrauan dentro de 
si infinidad de marauillas, que no las merecía 
gozar el mundo. Tenia fray Fernando bien 
assentada en su pecho la forma del regir, que 
el Apóstol aula dado a sus discípulos, Timo- 
teo y Tito: honraua mucho a los viejos, jamas 
los reprehendía, aunque huuiesse en ellos 
algunas culpas: rogauales como a padres, que 
fuessen cuydadosos en dar exemplo a los 
mancebos, pues eran los espejos, en que se 
auian de mirar todos, y lo que les veyan ha- 



zer, hazian: que eran en la religión el apoyo y 
el alma, que faltando ellos todo caya. A los 
mancebos trataua como a hermanos, repre- 
hendíalos con palabras modestas, llenas de 
tanta grauedad, que no tenían ojos para tor- 
nar a su presencia, sí reiterauan la misma cul- 
pa. Ni se estoruaua por esto en los vnos y en 
los otros el mas áspero castigo, quando exce- 
dían los términos, o quando estos buenos 
medios no bastauan: pues quando los viejos 
no lo son mas de en los años, y en los cabe- 
llos, razón es sean castígados como mo^os, 
pues la verdura de sus gustos les quitan los 
priuílegios que les concede la edad, si la con- 
sumieran en lo que piden las canas. Destos 
hablaua el mismo Apóstol, quando dezia a 
Tito, que les enseñasse á ser templados. Los 
viejos con el desseo de remediar los ages y 
dolencias (como sí aquellos males tuuieran 
cura) buscan con demasía el regalo, y el con- 
tento, y con mas licencia que los mo^os. Auia 
poco desto en aquellos primeros padres desta 
religión, y ansi poca necessidad de exercítar 
esta dotrina. Con los pobres era por estremo 
carítatiuo y compasiuo: tenía señalada para 
cada día mucha lymosna, que se repartíesse 
a la puerta de aquel conuento, costumbre que 
se ha guardado alli y en toda la orden con el 
cuydado que hemos visto. No contento con 
estO; salía el muchas vezes a dar otras con su 
misma mano. Hablaua tiernamente a las per- 
sonas necessitadas que allí Uegauan: y aunque 
eran muchas, todas yuan consoladas, socorri- 
das, alegres: compadecíase con ellos, y con- 
dolíase de sus trabajos; tanto que lloraua mas 
que los mismos pacientes, y las llagas pare- 
cían suyas. Ayudauales con esto a llenar sus 
trabajos y a conformarse con la voluntad di- 
uina, de tal suerte que se tenían por dicho- 
sos en verse afligidos; tanto puede la palabra 
santa. Visitaua a menudo los hospitales que 
tiene aquel conuento (ya diximos quantos, y 
el cuydado y caridad con que aquello se ad- 
ministra); no eran visitas estas de cumpli- 
miento, o por sola authorídad como acostum- 
bran otros que hazen de los granes. Seruia 
en todo quanto allí se ofrecía a los pobres, 
con tanto amor como sí no huuíera otro que 
lo hiziera. Curauales las llagas del cuerpo, y 
aun las de las almas con santos consejos, y 
exemplo. En pidiéndole algún pobre por amor 
de Dios o de su santa Madre, no auia puerta 
cerrada, diziendo, que si el la cerraua a los 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



pobres, ellos la cerrarían para con el. No te- 
nia animo para ver a otros puestos en traba- 
jos, aunque sí para sufrirlos el. Acontecióle a 
este proposito vn caso harto gracioso, y aun 
milagroso, que le referiré breuemente. 

Ofrecióse al sieruo de Dios necessidad de 
hazer cierto camino. Era por el mes de lulio, 
hazia calores grandes, madrugó vna mañana 
mucho, porque el Sol no ofendiesse tanto, y 
auia de andar seys leguas antes de comer: 
quando auian caminado lastres, no pudo sufrír 
que los mo^os no comiessen algo. Mandó que 
les diessen de lo que lleuauan, dieronse tan 
buena maña, que se lo comieron todo, y ello 
no era mucho. Entró el Sol: el viejo santo 
estaua desuelado, cansado, y en ayunas: diole 
vn dolor rezio en el estomago, vino casi a 
desmayarse, y no poder passar adelante: pidió 
le diessen alguna cosa con que desayunarse, 
porque la necessidad le apretaua: hizieronse 
los mo^os sordos, y comentáronse a reyr 
entre si, porque sabian que no auian dexado 
nada. Tornó otra vez a pedir con mucha pa- 
ciencia que le diessen algo, porque estaua 
muy fatigado, y para caerse del asnillo, en que 
yua cauallero. Entonces con harta vergüenza 
manifestaron su culpa, diciendo que con su 
licencia y con la buena gana se lo auian co- 
mido todo, no entendiendo que se auian de 
ver en necessidad. Tornad hijos (dixo el san- 
to viejo) a ver si dexastes alguna cosa. No 
sobró, dixeron, padre, cosa alguna, porque si 
mas huuiera, lo acabáramos. Tornad, os rue^ 
go, replicó el santo, a mirarlo, que querrá 
Dios sobrasse algo. Miraron las alforjas y 
hallaron casi lo mismo que auian sacado del 
conuento, como si no huuieran llegado a ello: 
de que se quedaron lo mogos admirados; 
conocieron que sin duda Dios auia tenido la 
piedad de su sieruo, que el auia tenido dellos, 
quando no tenian tanta necessidad con mu- 
cho. Encargóles el secreto, mandándoles con 
muchas veras que no lo dixessen a nadie. 
Ellos no lo guardaron, antes lo publicaron 
luego, afirmando con juramento que no auian 
dexado nada: yo los creo, porque con menos 
licencia suelen hazer otro tanto. Desta suerte 
mandó también que se tuuiessen en secreto 
otras muchas mercedes que le hizo nuestro 
Señor y ansi se oluidaron, por auer sido mas 
obedientes, aunque no mas discretos ni agra- 
decidos que estos mogos. Sucedió también 
otra cosa notable, que hizo nuestro Señor 



por su sieruo, por sus oraciones, y por su 
piedad. Don luán de Velasco Señor de Haro, 
de quien descienden los Condestables de Cas- 
tilla, Camarero mayor del Rey don Enrique el 
tercero, o el enfermo, estaua casado con doña 
María Solier, hija de Arnao Solier cauallero 
príncipal de Francia (passo este Solier en 
España con D. Henríque el segundo, y por 
auerle ayudado y seruido en las contiendas 
contra su hermano el Rey don Pedro, le hizo 
señor de Villalpando); auia ocho años que 
estañan casados, y no tenian hijos. Echaua 
la culpa desto el Camarero a su muger^ tenía- 
la por estéril: vino el aborrecimiento a tanto 
que se apartó della: y no parando aqui, la 
encerró en vna fortaleza debaxo de la fideli- 
dad de vn críado suyo, llamado Qongalo Fer- 
nandez de Carranza. Padecía alli la noble 
señora harto trabajo, vida estrecha, y con el 
encerramiento, el trato no como su nobleza y 
bondad merecían. Puesta en esta angustia, 
tuuo noticia de la santidad de fray Fernando 
Yañez Príor de Guadalupe, como nuestro 
Señor hazia por sus oraciones muchas mara- 
uillas, y que en general la santidad de aque- 
llos religiosos y casa era notable, y podían 
mucho con Dios. Embiosele a encomendar, 
llena de deuocion, dando cuenta al Príor de 
sus trabajos, y el aprieto en que viuiá, rogán- 
dole mucho se acordasse della y suplicasse a 
nuestro Señor la sacasse de tanta tristeza. 
Sucedió luego la guerra que hizo el Rey don 
Henríque tercero a los moros de Seteníl: fue 
alia don luán de Velasco, passo por nuestra 
Señora de Guadalupe, ordenándolo todo ansi 
el cíelo, llenándolo las oraciones del sieruo de 
Dios. Como se ofreció tan buena ocasión, deter- 
minóse de hablarle en el caso. Dixole razones 
muy santas y eficaces para arrancarle del pecho 
el odio concebido contra la muger, y traerle a 
mejor conocimiento. Reprehendiéndole a buel- 
tas de su poca fe para con Dios, la demasiada 
aspereza con la compañera, y que hazia en 
esto contra todas las razones y leyes, natural, 
humana, y diuina; que por consiguiente, no 
estaua en buen estado, tenia obligación de 
emendarse para adelante, arrepentirse de lo 
passado: que la muger, no es esclaua sino 
compañera. Diole también a entender, que 
esto de no tener hijos, no venia siempre por 
complecion, ni acídente, sino por voluntad 
diuina. Que los hijos son vn don de la mano 
de Dios, muchas veces nacidos para consuelo 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



171 



de los padres, y otras para su castigo, otras 
negados para mayor bien, los juyzios de Dios 
ocultos, que disponen lossucessos de los hom- 
bres para los fines que ellos no pueden dar 
alcance, por ser de vista corta sus ojos, y sus 
consejos. Que entendiesse tenia vna muger no 
solo fidelissima, y qual se podia esperar de 
tan noble sangre, mas aun santa, deuota y 
dessepssima de conformarse en todo con su 
voluntad: que por su virtud merecía no solo 
ser amada, sino respetada. Que pedia a Dios ^ 
con oraciones, ayunos, lympsnas, intercession 
de varones santos, les diesse el fruto que 
tanto desseauan, y que tuuiesse mucha con- 
6an^ en la Magestad diuina cumplirla sus 
desseos. Todas estas razones, y otras muchas 
oya el noble cauallero con paciencia, y aun 
con gusto: sentía en la platica consuelo en el 
coraron, y a bueltas se le yua criando en el 
alma vna fiuzia grande en Dios y en su santa 
Madre, y en las oraciones de su sieruo. Res- 
pondió con palabras humildes agradeciéndole 
el consuelo que le daua, certificándole que no 
aula tratado a su muger dofia María Solier 
con la aspereza, que auia entendido, por tener 
della alguna sospecha siniestra, antes estaua 
cierto de su bondad, lealtad, y nobleza, que 
sola la tristeza de verse sin hijos al cabo de 
tantos años le auia causado este aborreci- 
miento, entendiendo della que era esteríl 
(mañera llamauan los antiguos a la que no 
paría, entendiendo que por su industria, o 
maña no concebía, por euitar los dolores del 
parto, o por otras razones). Prometióle el 
santo Príor lleno de fe diuina, que nuestro 
Señor le daria hijos, si hazla vida marídable 
con ella, y lo que el ordenasse. Don luán se 
ofreció a sede muy obediente en todo lo que 
le mandasse. Y dixole luego, que fuesse su 
jomada, y boluiesse por alli, quando la hu- 
uiesse acabado, echóle su bendición, y partió 
con ella seguro, confiado y contento. Entre 
tanto el sieruo de Dios nó cesó de rogar a 
nuestro Señor, ayudándose de las oraciones 
de los otros santos sus hijos, que guardasse 
aquel cauallero, y le diesse lo que su alma 
desseaua para su santo seruicio. Oyólos el 
Señor (que vale mucho la continua oración 
del justo). Tornó alli don luán de Velasco, 
como lo auia prometido, tan sano como quien 
yua armado de fe y esperanza, y como el 
Príor se lo auia pronosticado rendándole 
Dios el fin desta jornada. Mandóle lo primero, 



que hiziesse vna confession general de sus 
pecados, y recibiesse el cuerpo de nuestro 
Señor lesu Chrísto: después Ueuole a su cel- 
da, y encargóle con mucha autoridad (como 
si tuuiera las vezes de Dios) que lo primero 
que hiziesse, fuesse yr a ver a su muger, le 
diesse saludes de su parte, y vn zamarro que 
le embiaua de los que se hazen en aquella 
casa, y que se le vistiesse luego: que leuan- 
tasse su coraron a Dios y a su Madre la vir- 
gen santissima, y tuuiesse por cierto que 
entrambos auian oydo sus oraciones, visto 
sus lagrymas y santos desseos, y le darían 
fruto de bendición. Partióse don luán harto 
alegre y confiado. Hizo todo quanto se le au'a 
ordenado. Doña María recibió el recado y el 
presente (y como embuelto en el vn hijo), de 
quien luego se hizo preñada, a quien llamaron 
después don Pedro el primero Conde de 
Haro. Dezia don luán, que no era su hijo, ni 
de doña María su muger, sino del príor de 
Guadalupe, que le auia concebido con oracio- 
nes. Reconociendo esto doña Maria Solier, 
acordó llena de deuocion venir a Guadalupe, 
y rescatarle por tenerle por suyo, y offrecio 
a la reyna del cielo cien marcos de plata (en 
aquel tiempo ofrenda larga) y vn ornamento 
entero de brocado, otro de carmes!, frontales 
bordadQS, paños Franceses, ropa blanca para 
el seruicio de los altares, y otras joyas, que 
oy se guardan, testigos de la marauilla, de la 
santidad, y de la fe. 

Entre estas virtudes resplandeció también 
mucho en este sieruo de Dios la mansedum- 
bre, y la paciencia, lamas entraña en colera 
(passion de Españoles) por ocasiones rezías 
que se le ofreciessen, aunque en la execucion 
de los negocios, y quando era menester, se 
aprouechaua, como prudente, de la iracible, 
hasta donde bastaua, tan señor era de sus 
passiones, don excelente de los santos. Dio 
desto muchos exemplos en ocasiones que se 
ofrecieron mas y menos granes, y algunas 
tanto, que bastaran derribar desta entereza 
a otro muy sufrído, como luego veremos. 
Sucedió vna vez, que pasciendo los ganados 
de aquella santa casa junto a los términos de 
la villa de Talauera, por descuydo de los pas- 
tores passaron los mojones algunos carneros: 
halláronse a la vista vnos regidores de la 
misma villa: y sin mas consideración de cuyos 
eran, mandaron a los criados matassen los 
que les pareció. Vino a noticia de fray Fer- 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



nando Yañez: no recibió alteración, ni pesa- 
dumbre alguna, antes lleno de mansedumbre, 
y con vn termino cortes, mandó cargar vna 
azemila con pan, y vino, y otros regalos de 
fruta; embioselo junto con vna carta suya 
breue, que en sustancia dezia desta manera. 
Entendido he señores, que por descuydo de 
nuestros pastores, se entraron nuestros ga- 
nados en los términos de Halia, destrito de la 
villa de Talauera: y que en pena desto matas- 
tes algunas reses del ganado desta casa de 
nuestra Sefíora de Guadalupe: de lo primero 
recebi pena por la ocasión que dieron a lo 
segundo, y a vuestro enojo. Ay embio el pan y 
vino de la despensa de la misma Señora, por- 
que no se coma la carne a solas, y con ello mi 
voluntad, y la deste conuento, que os entre 
en mucho prouecho. Ruegoos de mi parte, y 
de la destos religiosos, pues os hallays tan 
cerca, seays seruidos venir a visitar esta 
santa casa, que esta a vuestro seruicio, y re- 
cibiremos en ello todos mucha gracia. Rece- 
bida esta carta, quedaron los regidores con- 
fusos de tanta mansedumbre, y vencidos de 
tan cortes trato. Y con razón, porque es el 
mas generoso modo de Vitoria, que se puede 
dessear, vencer el mal con el bien. Carbones 
encendidos y echados sobre la cabera llamó a 
esto el Sabio, y lo confirmó después lesu 
Christo, y su Apóstol con los mismos térmi- 
nos; que no lo ignoraua fray Fernando Yañez, 
dando de comer y de beuer alos que no auian 
menester, mas de para quedar derribados, y 
vencidos. Con esto vinieron luego, rendidos 
los regidores de Talauera, presos con lazos 
del beneficio y policía Chrístiana: lo que no 
fuera fácil de bazer, ni aun con gente armada. 
Llegaron a Guadalupe, vergon^ososy arrepen- 
tidos, confessaron su mal termino, y prome- 
tieron de allí adelante, no descomedirse mas 
contra vna señora, que tenia tan prudente 
mayordomo. En el exemplo, que hemos dicho, 
descubrió el santo, suffrimiento, prudencia, y 
cortesía: y en el que se sigue, benignidad, y 
paciencia; virtudes de los superiores, que 
mantienen los oficios en la perfeta razón, que 
pide la ley diuina. 

Alteráronse vna vez los vezinos de aquel 
lugar, o puebla de nuestra Señora de Guada- 
lupe, o por dezirlo como fue, rebeláronse 
ignorante, o maliciosamente contra su proprio 
señor en lo temporal, y en lo espiritual, contra 
su proprio padre, perdiendo miedo, y respeto. 



que son las dos deudas de los inferiores. 
Deuia de auer poco menos veynte años, que 
fray Femando Yañez era Prior de aquella 
casa: en este tiempo todo, aula hecho a sus 
feligreses y vasallos mil fauores, mercedes, 
regalos, lymosnas, y quantos géneros de be- 
neficios se podian pedir, y supo, y pudo 
(empeoranse los de baxas condiciones con los 
beneficios); acordaron de responder a todo 
esto, como dellos se esperaua. Leuantaronse 
contra el Prior y frayles, diziendo, que aquel 
pueblo no era del monasterio, sino dellos pro- 
príos, que sus padres lo auian fundado, y el 
Prior y los frayleá se les auian entrado tyra- 
nicamente en sus haziendas proprias, auassa- 
llandolos sin razón, y sin justicia, y les ponían 
Alcalde mayor sin su consentimiento, y este le 
trayan de fuera: que se suff riera algo, si fuera 
de los del pueblo, que el forastero no tenia 
piedad dellos, ni ojo a otra cosa sino a enri- 
quecerse con sus tyranias y robos: que tras 
esto, los auian hecho tributarios, echando 
cierta manera de pecho, que llamauan enton- 
ces facendera, desterrauanlos del pueblo por 
sus delitos, y con esta mafia se alonan con 
las haziendas, debalde, o compradas al precio 
de la necesidad con que las vendían. Alega- 
uan también, que les tenían vsurpados sus 
priuilegios, encerrados en el archiuo de su 
conuento, donde no podian verlos, ni enten- 
der la razón de su justicia. Desta suerte acu- 
mulauan otras muchas querellas fingidas de 
sus caberas, inuentadas de algunos inquietos 
holgazanes, que buscan con la ociosidad ma- 
nera de sacar dineros, y viuir con pleytos. 
Destos ay muchos en cada pueblo: daño 
general de España, que no pone remedio en 
que no aya gente holgazana. Escuchauan los 
mas senzillos, sus razones: porque de ordina- 
rio son palabreros, y saben encarecer estas 
cosas, y que suenen bien en las orejas de los 
ignorantes; que se dexanjleuar fácilmente a 
la boz popular de libertad, y por vna como 
natural inclinación, inuidia, y odio contra los 
religiosos, y Eclesiásticos, y mas contra aque- 
llos de quien mas bien reciben. Pudiera traer 
desto hartos exemplos sin yrlos a buscar a 
los lugares comunes de la ingratitud, sino 
nacidos dentro desta religión, y de otras que 
han padecido y padecen esta misma fuercen 
España. Vinieron estos rumores a crecer tan- 
to, que se desuergonqaron a sacarlos en pu- 
blico: y fue mucho que no rompieron con 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN GERÓNIMO 



173 



algún atreulmiento de furia popular^ Llegaron 
a los oydos del santo Prior fray Fernando 
Yañez, contra cuyas buenas obras se endere- 
qaua esto mas derechamente; ocasión fuerte 
para descomponerle, o derribarle, sí no estu- 
uiera aquella alma tan pia, fortificada con la 
virtud, que lo sufre todo, y todo lo sustenta 
y vence. Para remediar este fuego, no hizo 
luego informaciones, ni processos, con que se 
enriqueciessen los escriuanos, > se empobre- 
ciessen los que por ventura no tenian culpa 
en el delito. No los desterró del pueblo, ni 
llenó las cárceles, ni procuró cortar las cabe- 
ras deste motin; que es lo que juzga en estos 
casos por mas acertado la prudencia humana. 
Llamo delante de si a ios que se entendía 
eran los mouedores de la dissension, y otros 
culpados. Y con rostro graue vnas vezes, y 
otras amoroso y blando, dizen que les dixo 
estas razones. Llegado ha buenos hombres, 
agora a mi noticia lo que jamas cayera en mi 
pensamiento, ni se pudiera esperar de las 
buenas obras que desta casa aueys recebido 
desde sus principios, hasta el punto en que 
aqui estamos: si resuscitaran los padres y 
agüelos de algunos de los que aqui estays, 
fueran buenos testigos desto; y si no estu- 
uiera tan muerta vuestra memoria, o ahogada 
con la passion, a vosotros mismos pusiera los 
primeros. Mas porque no digays que alego 
testigos muertos, quiero despertaros breue- 
mente, para que de aqui adelante no caygays 
en semejantes yerros. Ay aqui alguno de 
vosotros, que ignore los pechos, pedidos, 
monedas foreras y de dentro, y otros serui- 
clos pesados, que los Reyes han echado por 
todo su reyno vencidos y apretados de la 
necesidad de las guerras, sin ecetar alguno 
priuilegiado, o no priuilegiado? Pues a qual 
de vosotros ha alcanzado este trabajo, des- 
pués que estays debaxo de nuestro señorio, y 
gouierno? Veys a los otros vender sus casas, 
empeñar sus haziendas, deshazerse de sus 
ropas y hatajas, para pagar lo que les llenan 
de contado, sin remedio, sin valerles la neces- 
sidad estrema en que están puestos: vosotros 
exentos, y seguros, sin que nadie os moleste, 
solo porque soys nuestros vasallos. Vnos van 
a ser lanzeros, otros ballesteros, gastadores, 
galeotes: vosotros descuydados y descansa- 
dos en vuestras casas, gozando del hijo que 
aueys criado, mandando libremente a vuestro 
moqo, y al jornalero que labre vuestras viñas. 



cultiue las heredades, guarde los ganados, 
mirando con tanta libertad desde aparte, las 
lazerias, y aprietos de los otros pueblos. Este 
agradecimiento se tiene a vn beneficio, que 
tanto se estimaria en todos los pueblos y 
villas del reyno, bien sean realengos, bien de 
ios señores? No quiero traeros a la memoria 
cosas particulares, mercedes y beneficios en 
singular; sino la continua lymosna, que cada 
dia se os haze: pues no ay aqui ninguno tan 
adelantado, que no goze de presente, y en lo 
passado mucho desto, y pocos, que no lo 
esperen gozar adelante, de los beneficios 
comunes, priuilegios, y mercedes generales 
querría, que no f uessedes tan oluidados, pues 
los teneys entre las manos, y sabeys bien que 
he sido yo la total causa de todo, trabajando 
por vuestro descanso, pidiéndolos a los Re- 
yes passados, y al que viue y Dios guarde 
muchos años, haziendome ellos largas merce- 
des, en quanto para vosotros he pedido. En 
pago de todo esto, me dizen, que aueys an- 
dado, y andays algunos de los que estays pre- 
sentes, diziendo en publico y en secreto, que 
os hago agrauios, injusticias, desafueros; que 
os vsurpo vuestros priuilegios, y que os trato 
como tyrano. No parays en dichos, sino que 
también passays al hecho: hazeys conuenticu- 
los, corrillos, juntays cabildos, desasossegays 
el pueblo, y despertays a los inocentes, in- 
tentando atreuimlentos, y conjuraciones: per- * 
suadiendo a los presentes con razones, o con 
malicias: a los ausentes embiays cartas y me- 
moriales, diziendo lo que os parece de mi, y 
de los religiosos deste conuento, no con mas 
fundamento de verdad, de lo que fingieron 
vuestras caberas. Todo ha llegado a mi noti- 
cia: y si ello fuera en solo mi perjuyzio, yo 
callara, y sufriera aunque era tan mal hecho 
atreueros con quien os haze obras de padre, 
y procura siempre vuestro prouecho: mas es 
en deseruicio de Dios, y de su santa madre, 
en desacato de los Reyes de Castilla, y de los 
Prelados de la yglesia, de cuya mano el Prior, 
y conuento de esta casa tiene el poder espi- 
ritual y tempera! en esta puebla y vezínos. Y 
quando no tuuierades memoria de los Priores, » 
que fueron antes de mi (pues estays aqui mu- 
chos que los vistes) casi todos los que estays 
presentes, visteé el señorío tan pleno que me 
dieron, quando aqui viene, y vosotros juras- 
tes publica, y solemnemente de obedecer, y 
ser leales vassallos a mi, y a los priores mis 



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HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN OERONIMO 



sucessores, conforme a los priuUegios de los 
reyes, y del Arcobispo, y santa yglesia de 
Toledo, confirmados con Bulas de los Papas. 
Siendo esto ansí y auiendo passado, ayer, 
(como dízen) a vuestros ojos, donde o en que 
fundays estos desasossiegos, y alteraciones, 
por no dezirlos motines? Ansi se pagan los 
beneficios, y se agradecen las buenas obras? 
Este es el fruto que cogemos estos padres, y 
yo de la doctrina que os enseñamos, desue- 
¡andonos todos en alumbraros al buen camino 
del cielo, dando os con la obra y palabra el 
pasto, que aueys menester para vuestras 
almas? En graue culpa aueys incurrido,, y 
quando yo no quisiesse hazer en vosotros el 
castigo que se merece, y puedo hazer, con 
solo dar noticia al señor Rey don Henrique, 
sabeys bien quan grauemente castigaría vues- 
tro atreuimiento. Lo vno y lo otro dexare de 
hazer condoliéndome de vosotros como padre, 
perdonándoos como os perdono, vna culpa de 
tantas culpas y yerros, por ser la primera, y 
por entender que os enmendareys adelante 
de semejantes atreuimientos. Y mirad, que no 
os aprouecheys mal de la misericordia, que 
agora vso con vosotros: porque son peores 
las recaydas, y estad ciertos, que haziendo 
vosotros esto, de lo passado no quedara en 
mi memoria. En tanto que el Prior dixo estas 
razones, estañan los tristes reos tan confu- 
sos, que no osauan al^ar los ojos de vergüen- 
za: quisieran mas sufrir algún otro tormento 
que la blandura de las palabras, porque les 
era dificil Ueuar tanta clemencia, conociendo 
dentro de si mismos quan indignos eran della. 
Con esto sucedió luego lo que se esperaua' 
echáronse todos a los pies del sieruo de Dios' 
pidiéndole perdón de su culpa, con lagrymas, 
prometieron enmienda y agradecieron la mi- 
sericordia que con ellos se vsaua. Tanto pue- 
de el amor, quando le veen en el pecho del 
superior los subditos: y tan poderosa es la 
palabra blanda, para quebrantar la yra, y des- 
hazer las contiendas. Podríanse remediar ansi 
muchas cosas, si los que mandan supiessen 
dar en la cuenta. Sucedióle tras esta otro caso 
harto mas graue, en que acabó de mostrar lo 
mucho que auia alcanzado en estas virtudes 
de humildad, y de paciencia: y por ser nota- 
ble, le referiré como lo halle en vn libro anti- 
guo que esta aqui en la librería de san Loren- 
zo, donde voy tomando lo mas que digo deste 
santo; y concuerdan con el otros quademos 



de la misma antigüedad, y el padre fray Pedro 
de la Vega en su Chronica, en la vida deste 
santo. 

Amaua mucho fray Fernando Yañez a los 
religiosos humildes, y sencillos, como quien 
se juntaua a sus semejantes: los que eran 
obedientes, deuotos, sin resabios, bachillerías, 
repuntamíentos, ni hermosos en sus ojos, es- 
tos eran sus familiares, pareciendole que en- 
trañan por el camino verdadero. En los nego- 
cios que se ofrecían, se aconsejaua con ellos, 
oya de buena gana sus pareceres, hazia mu- 
chas cosas por su consejo, entendiendo que 
no salla de prudencia humana, y que nuestro 
Señor les alumbraua con su espíritu: que no 
se assienta (según el dize) sino en almas se- 
mejantes, humildes, temerosas y obedientes 
a su palabra. Auia en aquel conuento grande, 
otros mas resabidos, llenos de si mismos (en- 
tre muchos ay de todo); sentian en el alma el 
poco caso que hazia dellos el santo varón, 
agramándose en esto que no se respetauan 
sus letras, que se arrinconauan sus habilida- 
des, talento, virtud, y otras buenas partes, de 
que se imaginauan enriquecidos; estando en 
hecho de verdad por el mismo caso (como 
dize S. luán en sus reuelaciones) pobres, des- 
nudos, y miserables. Creció la llaga de la in- 
uidia en sus pechos, tanto que no pudiendo 
sufrir el dolor concebido, vinieron a parir vn 
grande mal, y causaron con sus manos el hoyo 
en que cayeron: aunque el Señor que sabe 
sacar de grandes males mayores bienes, lo 
conuirtió todo (como dixe en la fundación del 
monasterio de Montamarta, apuntando este 
caso) en gloria suya, y de sus sienios, y au- 
mento desta santa religión. No quiso Dios 
careciesse fray Fernando Yañez del mérito 
que viene junto con las persecuciones, fruta 
ordinaria de los santos, o flores (por mejor 
dezir) de que sale tanto fruto, y fragua donde 
se apura la fineza del oro, donde se apartan 
las escorias que se pegan del trato vil de este 
mundo, y de la compañía de la tierra, donde 
consume el fuego todo lo que no es del metal 
mas fino. Pretendieron estos malos hijos, des- 
hazerse de tan buen padre; erales enojosa su 
entereza, no esperauan mudanza, querian mu- 
darle, o quitarle, que no fuesse Prior de aque- 
lla casa. El color que buscaron para esto, fue 
dársele malo al muy bueno de su vida, leuan- 
tandole vn crimen feo, poner dolencia en su 
afabilidad y trato amoroso; finalmente, lo que 



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HlSTOl^IA DE LA ORDEN DE SAN QEl^ONlMO 



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era señas de candad, y entrañas como de pa- 
dre, baptizarlo con nombre nefando, que no 
paró la malicia hasta aquí. Sembraron primero 
por el conuento estos rumores, <]ue son las 
queresas del gusano que rohe el alma de los 
inuidiosos, y ambiciosos; salió también la pla- 
tica afuera y alas orejas del pueblo. Turbóse 
con esto en vn instante la quietud, de que 
gozauan vnos y otros. Partióse todo el con- 
uento en dos bandos, y tras ellos caminauan 
los seglares: vnos lo creyan, otros no podian, 
ni aun imaginarlo. Los que no estañan tan 
sanos, ni tan puros, fácilmente los tocó la pes- 
te, y se malearon con el ayre corrompido. Los 
que de veras caminauan, quedaron enteros. 
Los buenos, aun a lo muy torcido hallan es- 
cusa: los enfermos y flacos, todo les escanda- 
liza y empeora: juzga al fin cada qual como 
quien es. Entendió el inocente Prior lo que 
passaua: como prudente, vio la rayz de do 
nacia: en algunos era lo que hemos dicho, en 
otros no tan dañados (aunque la fauorecian, 
o creyan) era la gana de mandar, y ser cabe- 
(¡as, por no tenerlas aun muy sanas. Hizo mu- 
chas gracias a Dios por la ocasión del mereci- 
miento, que le ponía en las manos, y porque 
le hazia digno de ponerle en el numero de los 
que el castiga como a hijos. Compadeciéndose 
del mal de las almas de sus hermanos, se de- 
termino dar lugar a sus designos, no solo 
con dexar el oficio de Prior, sino también la 
casa, y boluerse a san Bartolomé de Lupiana, 
a morir con quietud en el estado de subdito, 
que es el mas seguro: aunque sentía en el 
alma apartarse de aquella santa ymagen de 
la Virgen: consolauase con llenar en el cora- 
ron el original. Rogauanle sus verdaderos 
hijos, que no los desamparasse: quando vie- 
ron su total determinación, dixeronle mirasse 
que auia venido alli traydo por el Rey don 
luán, y que su hijo don Henrique que entonces 
reynaua, sentiría mucho esta ausencia, y el 
desamparo de la casa, si lo hiziesse sin su li- 
cencia: porque tras el se auian de yr, no solo 
los que auian venido alli de S. Bartolomé, en 
su obediencia, sino muchos de los que de 
nueuo auian tomado el habito, porque no su- 
frirían vn punto su ausencia. Parecióle dezian 
bien, y que no hazerlo seria desacato y ten- 
dría razón el Rey de culparíe: con esta deter- 
minación se despidió de los religiosos con 
pensamiento de no boluer mas a aquella casa: 
huuo aqui muchas lagrymas de vnos y de 



otros. Los del pueblo también hizieron mucho 
sentimiento, entendiendo que no vendría otro 
con quien tan bien les fuesse. Esta gente no 
mira de ordinarío mas del interesse, y aquello 
llora que juzga por mayor perdida de sus pro- 
uechos. Y aunque le amanan tiernamente los 
mas, otros se yuan al hilo de lo que preuale- 
cia. Lleuó consigo vn solo compañero, que se 
llamaua fr. Pascual: vino a la ciudad de Sego- 
uia, donde estaua a la sazón el Rey. Tenia ya 
noticia de lo que en Guadalupe passaua, auian- 
le informado bien de la verdad del caso (no 
se les esconde nada a los Reyes), conocía la 
mucha santidad de fray Fernando Yañez: amá- 
nale, y aun teníale respeto. Holgóse quando 
le vio, y a la» primeras palabras, sin dexarle 
hablar ninguna, le dixo con rostro grane. De 
suerte padre, que los frayles no os quieren 
por Pi^ior, pues yo os prometo de poneros en 
otra mayor dignidad: diziendo esto, se quito 
vn bonete de grana que tenia en la cabera, y 
púsole en la del Príor diziendo: recebid este, 
que es de Arzobispo de Toledo. El santo 
Prior se sonrio y echando aquello como en 
buría (aunque el Rey no era hombre que se 
buríaua) quitóse el bonetillo, y tornoselo al 
Rey, besándole las manos por el amor y gra- 
cia con que le trataua. No quiso el Rey tor- 
narlo a tomar, antes con rostro mesurado le 
mandó que le guardasse: hizolo ansi por no 
enojarle. Era a esta sazón Argobispo de Tole- 
do don Pedro de Luna caualléro Aragonés, 
sobrino del Antipapa Benedicto XIII. tio de 
don Aluaro de Luna, que después fue Maes- 
tre de Santiago. Hizo esta elecion el Papa 
contra la voluntad del Rey. Ansi en tanto que 
viuio, no gozó del Arzobispado, ni quiso Hen- 
ríque que fuesse obedecido por tal, porque 
el no le auia nombrado. Aunque todo duró 
poco, pues se sabe que fue consagrado en 
Genoua por Arzobispo, el año mil quatro cien- 
tos y cinco, y el Rey murió el de mil quatro 
cientos y siete, el prímero diadel año a veyn- 
te y cinco de Deziembre. Guardo pues el Prior 
el birretillo que le dio el Rey (vna destas rela- 
ciones dize que lo lleuó a Guadalupe): pas- 
sando con la platica adelante, rogó el Príor 
con mucha humildad al Rey, que le diesse li- 
cencia para boluerse a su prímera casa de san 
Bartolomé, porque los religiosos de Guadalu- 
pe viuiessen en paz, con su ausencia, y el aca- 
baría su vida con mas quietud. Preguntóle el 
Rey la causa y la razón del alboroto, y quie- 



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HISTORIA DE LA OKDEN DE SAN GERÓNIMO 



nes eran los principales mouedores. Fray Fer- 
nando se escusaua de manifestar lo vno y lo 
otro: el Rey le apretó de maner