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Full text of "Historia de la piratería malayo-mahometana en Mindanao, Joló y Borneo"

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HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

-MALAYO-MAHOMETANA 
EN 

MINDANAO 

JOLÓ Y BORNEO 

POR 

D. JOSÉ 'montero y VIDAL 



COMPRENDE 

i^HSüE EL DESCUBRIMIENTO DE DICHAS ISLAS 

HASTA JUNIO DE 1888 



TOMO I 



MADRID 

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TKLLü 

IMPRESOR DB CÁMARA DE S. M. 

Don Evaristo, 8 

i888 



HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

MALAYO-MAHOMETANA 

EN 

MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 



OBRAS DE D, JOSÉ MONTERO Y VIDAL. 



HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

MALAYO-MAHOMETANA 

EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO. 

Comprende desde el descubrimiento de dichas islas hasta Junio de 1888. 

Dos tomos de XX páginas de prólogo, 751 de texto y 132 de apéndi- 
ces é índice, elegantemente impresos. — Precio: 20 pesetas en Europa, 
22 en América y 25 en Filipinas, franco de porte. 



EL ARCHIPIÉLAGO FILIPINO 

Y LAS ISLAS MARIANAS, CAROLINAS Y PALAOS. 

(geografía y estadística.) 

Ob7'a ilustrada con dos mapas. 

(Premiada con medalla de oro en la Exposición general de Filipinas). 
— Un tomo en 4.°, de XVI-512 páginas. — Precio: en España, 10 pese- 
tas; en las Antillas y el extranjero, 12; en Filipinas, 15, franco de porte. 



HISTORIA GENERAL DE FILIPINAS 

DESDE EL DESCUBRIMIENTO DE DICHAS ISLAS HASTA NUESTROS DÍAS. 

(Premiada con medalla de oro en la Exposición general de Filipinas). 
— Tomo I, de XVl-666 páginas. — Precio: 15 pesetas en España, 16 
en las Antillas y el extranjero y 20 en Filipinas, franco de porte. 



Cuentos filipinos. — Primera edición, 1876. Segunda idem, I883. 
— Un tomo de 321 páginas en 8.° — Precio: 3 pesetas en Madrid y 3,50 
en provincias. (Premiada con medalla de oro en la Exposición general 
de Filipinas.) 

La Bolsa, el Comercio y las Sociedades mercantiles. 
— Cuarta edición, corregida y notablemente aumentada. Un tomo de 
XVl-262 páginas en 4.° — Precio: En Madrid, 5 pesetas en rústica; en 
provincias, 5,50 id. id.; extranjero, 6 id. id.; Ultramar, 12,50 id. id., 
franco de porte. 

Encuadernados á la bradell, 50 céntimos de peseta más. 

Novelas. — (Agotado.) 

El cólera en 1885. — Un tomo de 144 páginas en 8.° — Precio: 
2 pesetas en toda España; Ultramar y extranjero, 3 pesetas. 

Estas obras se hallan de venta en las principales librerías, y en la 
Administración, calle del Sordo, 4. 

Los pedidos directos, si se acompaña su importe en letras de fácil 
cobro, serán servidos á correo vuelto. 



PRÓXIMA Á PUBLICARSE. 

HISTORIA GENERAL DE FILIPINAS. 

Tomo II. 



HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

MALAYO-MAHOMETANA 

EN 

MINDANAO 

JOLÓ Y BORNEO 







POR 

/ 






D. 


JOSÉ 


MONTERO 


Y VIDAL 






COMPRENDE 






DESDE 


EL DESCUBRIMIENTO DE DICHAS 


ISLAS 




HASTA JUNIO DE I 


:888 








TOMO I 







MADRID 

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO 

IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M. 

Don Evaristo, 8 
1888 



Es propiedad del autor 

(Derechos reservados.) 



ADVERTENCIA. 

En vista de la mucha extensión de esta obra, la hemos 
dividido en dos tomos para su más fácil manejo, sin alte- 
rar la numeración. El índice de este volumen se halla al 
final de la obra. 

El tomo segundo comenzará, pues, en el capítulo XXX. 



^ 



3: 



en 



f] 






PRÓLOGO. 



^ La historia de las vandálicas correrías, de las 
^ depredaciones terribles, de los cruentos asesi- 
natos y horrorosos cautiverios realizados por los 
piratas malayo-mahometanos de Mindanao, Joló 
y Borneo, está escrita con sangre en miles de 
pueblos del Archipiélago filipino. 
^ Más de tres siglos hace que la barbarie y la 
^g civilización, la media luna y la cruz, los porta- 
estandartes de la esclavitud y los redentores de 
esclavos, vienen sosteniendo allí tremenda ba- 
talla. 

El Dios de la guerra ha establecido sus reales 
en aquellas hermosas playas, cuya arena brilla á 
los rayos del sol con los reflejos rojos que le 
presta la sangre derramada en cien combates. 
Aún resuenan en el espacio los ayes de los ven- 
cidos mezclados con el grito de victoria de los 
vencedores; aún el rastro de las llamas presen- 
ta convertido en cenizas el caserío de muchos 



VI HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

pueblos; las mieses devastadas; el secular bos- 
que talado, las cottas (fortalezas) destruidas, los 
cañones clavados, trozos de embarcaciones flo- 
tando en los mares y ríos y la soledad que rei- 
na en puntos donde antes hubo habitantes, de- 
muestran que el asolador azote de la guerra 
castiga aquellos territorios, formando sus estra- 
gos notable contraste con la espléndida hermo- 
sura de la naturaleza, la limpidez del cielo, la 
exuberancia de vegetación y el fuego de un sol 
tropical que convida á la existencia. Hoy la dis- 
cordia agita el corazón de joioanos y mindanaos 
y aparece mermada su antigua preponderancia; 
pero aún luchan con furor salvaje por la inde- 
pendencia, sinónima en ellos de la anarquía más 
completa, del mantenimiento de la esclavitud, 
del absolutismo más cruel, de la guerra, las pi- 
raterías y el exterminio. España no ha podido 
cumplir todavía en ]oló y Mindanao la misión 
civilizadora que ha realizado en el resto del 
Archipiélago filipino. Sus esfuerzos, sus sacri- 
ficios han sido estériles, ora empleara las armas, 
ora transigiera celebrando convenios y pactos 
que una y otra vez ha visto rotos con sin igual 
descaro. 

La pertinacia, el tesón y la rebeldía de los 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PRÓLOGO VII 

malayo-mahometanos, ha sobrepujado á todos 
los esfuerzos y ha hecho ineficaces toda clase de 
medios. 

Ni la derrota les doblega, ni el infortunio les 
ábate, ni la victoria les satisface. La guerra es 
su elemento; la piratería su única ocupación; la 
esclavitud su riqueza. Pelean por hacer cautivos: 
los cautivos labran los campos; reman en sus 
embarcaciones; les proveen de perlas, á costa 
las más veces de su vida, aumentan su poder é 
influencia en proporción á su número, y son en 
todo tiempo mercancía de segura salida, y por 
esto jamás han dejado de piratear. Los moro- 
malayos no reconocen beneficio ni perdonan 
agravio: son crueles, vengativos, arteros, ale- 
ves, traidores y falaces. Cuantas veces, obli- 
gados por la fuerza de las armas, han suscri- 
to un pacto, otras tantas han faltado á él, bur- 
lando la buena fe del vencedor. Las islas en 
que ellos habitan constituyeron desde el prin- 
cipio una excepción en la admirable empresa 
que dio por resultado la incorporación á España 
del vasto Archipiélago descubierto por Maga- 
llanes. Pudo á su muerte el insigne Legazpi de- 
jar bajo el dominio de España la gran isla de 
Luzón con sus adyacentes y las importantes is- 



VIH HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

las de Visayas; mas no las del extremo Sur del 
Archipiélago, pobladas por esa raza batalladora 
y fanática, hábil en el manejo de las armas y 
habituada al robo y la piratería. La religión de 
Mahoma, extendida entre sus habitantes, hacía 
imposible el fácil triunfo obtenido por los mi- 
sioneros sobre los indígenas de las demás del 
Archipiélago, cuyos moradores eran idólatras, 
sin creencias arraigadas, ó vivían en el más ab- 
soluto indiferentismo religioso. 

Ya en 1569 uno de los valientes capitanes 
que acompañaron en su expedición al gran Le- 
gazpi, el maestre de campo Martín de Goiti, 
sostuvo un porfiado combate en aguas de Cebú 
contra una escuadrilla de piratas de Borneo y 
de Joló: desde tan remota fecha apenas ha trans- 
currido año sin que la marina y el ejército his- 
pano—filipino hayan dejado de medir sus armas 
con los malayo-mahometanos. 

Esta continua lucha ha sido origen de una 
brillante serie de hazañas, dignas de la época 
legendaria de los antiguos estados de Grecia y 
Roma. 

La marina y el ejército han enriquecido la 
historia patria con páginas de gloria que, una 
vez conocidas, han de servir de admiración á las 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PRÓLOGO IX 

edades futuras y de estímulo á la generación 
presente, librando al país del ominoso yugo sa- 
rraceno (0. 

Los nombres de Sande, García Guerrero, 
Gallinato, Travelo, Lugo, Olaso, Chaves, Hur- 
tado de Corcuera, González (Nicolás), Cáceres, 
Almonte, Fr. Pedro de San Agustín (Padre Ca- 
pitán), Atienza, Cepeda, Guzmán, Ugalde, Te- 
norio, P. Alejandro López, Esteybar, Amorrea, 
Sundilum (indio), Villarreal, Cienfuegos, Padre 
Santo Tomás de Villanueva, Fr. Antonio de 
Santa Ana, Muñiz, P. Ducós, Figueroa, Afria- 
no, Gaztambide, Español, Gómez (José), Mor- 
gado. Halcón, Oyanguren, Clavería, Urbiston- 
do, Bernáldez, Coballes, Ochoteco, P. Ibáñez, 
Bibiano , Montero Gay, Bolaño, Malcampo, 
Madrazo, Carlos Roca, Méndez-Núñez, Ferra- 
ter, Pedriñán, Mora, Fernández Bremón, Seri- 
ñá, Guichot, Arólas y tantos otros preclaros 
servidores de la patria, que han mantenido incó- 
lume el honor de la bandera española en las le- 
janas comarcas de Oceanía, tiempo es ya de que 
figuren en el libro de oro de la historia nacional. 



(i) «Sin los cañones de la marina española, las Filipinas obedece- 
rían hoy á los malayo-mahometanos de Joló y de Mindanao.» — (Doc- 
tor J. Montano: Voyage aux Pkilippines, 1 879-81.) 



X HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Si el acierto político en los gobernadores de 
Filipinas; si los recursos del Erario y el estado 
social del país, hubieran guardado armonía con 
el valor de marinos y soldados, seguramente hoy 
ondearía la bandera española en el Norte de 
Borneo, y ni en Joló ni en Mindanao hubiese 
sido necesario el empleo de las armas en los 
momentos actuales. 

La falta de un plan racional y constante y el 
empeño de convertir al catolicismo á gentes 
tan apegadas á sus creencias como los sectarios 
de Mahoma, además de las causas antes apun- 
tadas, han mantenido una situación por todo 
extremo violenta para Filipinas, consumiendo 
vidas, tesoros y tiempo, que, invertidos en me- 
jor empleo, hubieran transformado la faz de 
aquel magnífico país. 

España ha prodigado la sangre de sus hijos y 
los recursos de su Erario en someter, en civili- 
zar, en reprimir la furia insana de aquella raza 
bárbara y sanguinaria, baldón de la humanidad 
y verdugo de sus semejantes; ha luchado duran- 
te tres siglos por tan altos ideales y en defensa 
de sus subditos, reducidos por los moro-malayos 
á penosa esclavitud; ha combatido para hacer 
respetar su soberanía, cien veces reconocida y 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PROLOGO XI 

otras tantas traicionada; y, sin embargo, trata- 
ron de disputar á España sus derechos y de en- 
señorearse de aquellas islas Holanda, Francia é 
Inglaterra, atreviéndose recientemente esta úl- 
tima potencia y Alemania á negar la soberanía 
de España sobre Borneo y Joló. 

De aquí surgieron graves complicaciones di- 
plomáticas que han tenido por triste desenlace 
la explícita renuncia de España á sus derechos 
sobre la parte N. de Borneo, y el ajuste de un 
Protocolo que ha entregado Joló á la especula- 
ción, amplia y sin cortapisas, del comercio ex- 
tranjero, menoscabando la soberanía de la na- 
ción sobre este Archipiélago. 

Cuando aún hace pocos años los dignos here- 
deros de Gonzalo de Córdoba y de Cisneros, de 
Gravina y de Churruca, se batían heroicamente 
alcanzando señalados triunfos, como los prime- 
ros conquistadores de las islas, sobre los piratas 
malayo-mahometanos, nuestros gobernantes y 
nuestros diplomáticos desconocían los derechos 
de España en aquella porción de sus dominios, 
hacían concesiones inconcebibles y dejaban per- 
der, por negligencia, por abandono, por igno- 
rancia, parte del territorio nacional ganado á 
costa de tanta vida generosa sacrificada en aras 



XII HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de la patria, y con los recursos de una parte 
considerabilísima del Tesoro público. 

Nosotros aspiramos á que tantos y tan altos 
hechos como avaloran la historia de la titánica 
lucha entre nuestras fuerzas de mar y tierra y 
los malayo-mahometanos, no queden condena- 
dos al olvido: queremos que los Gobiernos y el 
país salgan de la indiferencia con que han mira- 
do siempre nuestro soberbio imperio de Ocea- 
nía, y quisiéramos que el relato circunstanciado 
y la crítica, aunque severa, imparcial y razona- 
da de los errores cometidos y de las desdichadas 
negociaciones habidas, sirva de enseñanza para 
lo futuro en evitación de análogos males. Por 
esto señalamos la parte de responsabilidad que 
á cada cual alcanza, que si es misión de la His- 
toria enaltecer al que sobresale consignando en 
sus eternas páginas los hechos y acciones meri- 
torias de su vida, justo es también condenar á 
la reprobación de los contemporáneos y de las 
generaciones venideras al que compromete los 
altos intereses de la patria, siquiera sea por ne- 
gligencias ó debilidades, inexcusables en hom- 
bres de gobierno. 

Profusa y detallada en demasía ha de parecer 
á muchos en nuestra obra la repetición de ex- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PROLOGO XlII 

pediciones militares y combates por mar y tie- 
rra; pero diremos con un ilustre publicista: 

«Harto sensible es para un historiador el tro- 
pezar con siglos enteros en que los hombres 
apenas se ocupaban de otra cosa que de pelear. 
Lectores y autores tienen que sufrir esa mono- 
tonía desconsoladora, si no han de pasarse en 
claro largos períodos (O.» 

Conveniente es de todo punto que se conozca 
cuanto España ha realizado en Mindanao, Joló 
y Borneo, para que se comprenda hasta qué ex- 
tremo es indiscutible su derecho á aquellos te- 
rritorios, y lo desacertadamente que se ha pro- 
cedido cediendo á exigencias de naciones que 
allí nada tenían que ver, ni título ninguno que 
ostentar en frente de los legítimos de España. 

No faltan publicistas, así en lo antiguo como 
en lo moderno, que se hayan ocupado, con más 
ó menos extensión y brillantez, de las islas á 
que se refiere nuestra obra; pero sin desconocer 
el mérito de determinadas publicaciones, es lo 
cierto que, ya porque sólo alcanzan á una época 
corta, como la magnífica Historia del P. Com- 
bes, dada á luz en 1667, ya porque sólo relaten 

(i) D. Modesto Lafuente: Historia general de España. Prólogo, 
pág. 28. 



XIV HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

con la debida extensión un periodo concreto, 
como la notable obra de Bernáldez (1857), con- 
tienen lagunas inmensas, no tratan los asuntos 
con la conveniente amplitud y carecen del en- 
lace y la ilación oportuna para el completo co- 
nocimiento de los hechos. 

Ninguno de los libros relativos á Mindanao y 
Joló se ocupa de las graves cuestiones internacio- 
nales á que antes hemos aludido, principalmente 
provocadas por la codicia de Inglaterra y el afán 
de colonias que en estos últimos tiempos se ha 
desarrollado en Alemania, obediente á la polí- 
tica que para su engrandecimiento material le 
traza el ilustre estadista que dirige sus destinos. 
Estos asuntos, tratados con amplitud en nuestra 
Historia, merecen atento y detenido estudio, 
porque de él se desprenden enseñanzas que es 
bueno tener en cuenta para que en lo futuro no 
se repitan las tristes consecuencias que han pro- 
ducido hasta el presente. 

Por las particularidades someramente apun- 
tadas, podemos afirmar sin pretensión, pues tal 
idea no cabe en nosotros ni sería pertinente, que 
nuestra obra es hoy la más completa y funda- 
mental para el conocimiento de la geografía, de 
la estadística, de la etnografía y de la historia 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BOKNEO — PKÓLOGO XV 

política, administrativa, diplomática, religiosa, 
militar y natural de las importantes islas de Min- 
danao, Joló, Borneo, la Paragua y sus adyacen- 
tes; la que más detalladamente relata las gue- 
rras, expediciones y convenios habidos entre Es- 
paña y los Sultanes moro— malayos de aquellos 
territorios; la que más se ocupa de los comple- 
jos problemas político-sociales que tales asun- 
tos han ocasionado en Filipinas; la que por ex- 
tenso refiere las negociaciones diplomáticas y 
Protocolos entre España y varias potencias ex- 
tranjeras; la que da á conocerlos sucesos de ca- 
rácter político relacionados con el imprudente 
nombramiento del Sultán Harun, que han crea- 
do en Joló una situación de fuerza de funestas 
consecuencias para nuestra dominación en el 
Archipiélago, á pesar de las brillantes victorias 
del bravo brigadier Arólas, que hoy gobierna la 
región ocupada por España; es nuestra obra, en 
resumen, la única que da cuenta de la innecesa- 
ria, ruinosa y deslucida campaña de Mindanao 
del general Terrero, inocentemente aplaudida 
por el Gobierno y reprobada con unanimidad ab- 
soluta por cuantos conocen la situación, las ne- 
cesidades, los intereses del Archipiélago filipino 
y la política que debe practicarse en aquel país. 



XVI HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Para la redacción de nuestra obra, aparte del 
conocimiento práctico de la localidad, hemos 
consultado cuantas publicaciones existen rela- 
tivas á la materia, y multitud de documentos 
inéditos, comunicaciones oficiales, datos reser- 
vados y antecedentes varios que no pudieron ser 
conocidos ni tomados en cuenta por los que han 
escrito acerca de nuestras posesiones oceánicas 
ni cabían en sus escritos, y que son de todo 
punto indispensables en una Historia general. 
Complementan nuestra obra numerosos Apéndi- 
ces, en que figuran copia textual de los docu- 
mentos diplomáticos, tratados, capitulaciones, 
cartas de reyes de España y de sultanes y prín- 
cipes de Joló, Mindanao y Tamontaca, testimo- 
nios, bandos, informes, actas, Protocolos, etc., 
etc., que se relacionan con el texto. 

Necesario es que los españoles sepamos apre- 
ciar, tanto por lo menos como los extranjeros, 
la joya valiosísima, el imperio poderoso que po- 
seemos en Filipinas. 

«Pocos países del mundo, dice un escritor 
alemán, son peor conocidos y menos visitados 
que las islas Filipinas; y, sin embargo, ninguno 
más ameno de recorrer que aquel Archipiélago, 
tan pródigamente dotado por la naturaleza, que 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PRÓLOGO XVII 

apenas en otro alguno puede hallarse igual te- 
soro de objetos desconocidos (0.» 

«De todas las colonias fundadas por europeos 
en lejanas regiones, las Filipinas eran quizá las 
menos conocidas; y, sin embargo, ¿qué país me- 
recería serlo más? La extensión de este Archi- 
piélago, su numerosa población, la dulzura de 
su clima, la prodigiosa fertilidad de su suelo, 
sus inagotables riquezas naturales, el carácter 
industrioso de los indígenas, todo contribuye á 
darle una importancia muy especial. 

»Mindanao es inmensamente rico en pro- 
ducciones de todas clases, y sobre todo en ma- 
deras (2).» 

Por nuestra parte, hemos consagrado todos 
nuestros esfuerzos y desvelos á divulgar en Es- 
paña el conocimiento de nuestras posesiones de 
Oceanía, para que conociéndolas puedan ser es- 
timadas en su justo valer, deseosos de desper- 
tar á la opinión de su letargo é interesarla en 
favor de aquel país, que bien pudiera ser en lo 
porvenir la salvación de la Península. 



(1) Dr. J. Jagor: Rdsen in den Philippmen. Berlín, 1873. 

(2) Les J hilifpmes, histoire, géographie, vicetirs, agriculture, lndus~ 
trie et continerce des colonies espagnoles aans V Océanie, par J. Mallat. 
París, 1846. 



XVIII HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Pero luchamos, desgraciadamente, con lo poco 
que aquí se lee y con la apatía de los Gobiernos 
en asuntos de tanta transcendencia para la na- 
ción. Nuestras obras, conocidísimas en Alema- 
nia, Holanda, Francia, Inglaterra y Portugal (O, 
han obtenido en España escaso éxito, sin em- 
bargo de que la prensa las ha juzgado muy li- 
sonjeramente para nosotros. Aquí las personas 

(i) Las principales Revistas científicas del extranjero, especialmen- 
te las históricas, geográficas y coloniales, han consagrado á nuestras 
obras referentes á Filipinas los más lisonjeros juicios críticos, como 
puede comprobarse repasando sus colecciones de 1886 y 1887. 

El sabio profesor alemán F. Blumentritt nos decia, en carta fechada 
en Leitmeritz (Austria) el 10 de Agosto de 1886, lo que sigue: «Es- 
pero con impaciencia la publicación de sus nuevas obras, que sin duda 
hallarán el mismo aplauso que las anteriores; especialmente en los paí- 
ses alemanes tiene V. muchos admiradores 

»Yo quiero traducir algunos capítulos de su obra para llamarla aten- 
ción de los apasionados de geografía sobre su precioso trabajo: no dudo 
que V. me lo permita.» 

En 20 de Abril de 1887, hablándonos de la Sociedad Kotiinklijk 
Insiiíuut voor de Faal- Land en Volkenkunde van Nederlandsch Indie 
(Real Instituto para la literatura, etnografía y geografía de las Indias 
liolandesas), nos decía: «Llamóle su atención acerca de la sobredicha 
Sociedad holandesa, que es una reunión de verdaderos sabios. Usted 
puede contar la satisfacción de que esta Sociedad tuvo la idea de pu- 
blicar una edición holandesa de su geografía de Filipinas: sólo las pre- 
tensiones del Sr. Brill (librero editor) efectuaron que hasta ahora nada 
se hizo.» 

Varios eminentes publicistas alemanes, holandeses y franceses nos 
han honrado también con cartas en que se revela la atención que con- 
sagran á los trabajos relativos á nuestras posesiones de Oceanía, con- 
trastando este interés con el poco aprecio que en España se dedica á 
tales asuntos. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO — PRÓLOGO XIX 

acaudaladas no compran libros; los políticos ni 
los compran ni los leen, aunque se los regalen 
(salvo honrosas excepciones), y los hombres de 
letras cuentan con que el autor ha de acordarse 
de ellos para ofrecerles un ejemplar. Dicho se 
está que con este sistema es muy difícil que una 
obra pueda influir gran cosa en la opinión del 
país, y más difícil aún que resarza al autor, no 
ya de su trabajo intelectual, pero ni siquiera de 
los gastos que ocasiona. Los Gobiernos, que de- 
bieran proteger, además de las letras en gene- 
ral, puesto que el país aún no está en condicio- 
nes de hacerlo, todas aquellas publicaciones que 
por su índole se comprende que carecen de su- 
ficiente público, y con especialidad las que tien- 
den á crear opinión en favor de una política 
colonial que tan conveniente y provechosa es 
en un país dueño aún de colonias importantísi- 
mas, lejos de esto, desdeñan muy mucho el ocu- 
parse del asunto. Los Ministerios más directa- 
mente llamados á auxiliar esta clase de publi- 
caciones tampoco lo hacen, no porque en la 
legislación deje de estar previsto el caso, sino 
porque en España todo se falsea y desnatura- 
liza, y esa protección se concede únicamente al 
favoritismo y la influencia. 



XX HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Esto no obstante, hoy reincidimos en la pu- 
blicación de una nueva obra, influidos por el 
anhelo, superior en nosotros á los desengaños 
experimentados, de que la opinión se pronuncie 
en favor de Filipinas; pero séanos permitido 
lamentarnos de haber empleado algunos años de 
nuestra vida en escribir estas obras y de haber 
invertido en ellas un pequeño capital, para no 
obtener provecho moral ni material alguno, te- 
niendo que contentarnos con el efímero y pro- 
blemático consuelo de que en lo porvenir se 
aprecie mejor nuestro buen deseo y sirva de algo 
el grano de arena que hemos allegado á la obra, 
por tantos títulos nobilísima, de unir á España 
y Filipinas en más íntima comunidad de miras, 
en bien del progreso, de la felicidad y del es- 
plendor de aquella hermosa tierra, cuyo descu - 
brimiento y conquista revela el genio de la Es- 
paña de los siglos XV y xvi. 



ISLA DE MINDANAO (0. 



Esta espléndida isla, la mayor de Filipinas después 
de Luzón, y la primera entre todas las del Archipiéla- 
go por su magnífica posición geográfica, hállase entre 
los 5° 36' y <f 40' de latitud Norte, y los I25° 3o' y 
i3o° de longitud Oriental del Meridiano de Madrid. 
Báñanla por el E. las aguas del Océano Pacifico; tiene 
por el Norte las islas Visayas; por el O., el mar de Min- 
doro y la Paragua, Balabac y Borneo; y por el S., el 
mar de Célebes. 

Mindanao mide, según el mapa de Coello, formado 
por los trabajos de Morata, unas 2.791 leguas cuadra- 
das, y con arreglo al del Depósito Hidrográfico, ascien- 
de su área á 2.912. 

El Anuario Estadístico de i858, le asigna una longi- 
tud, de N. á S., de 447 kilómetros, y de 483 de E. á O., 
y de superficie 84.730 kilómetros cuadrados, ú 87.680 
con las varias isletas que de Mindanao dependen. 

El Sr. Montero Gay, refiriéndose á mediciones he- 
chas con arreglo á las últimas determinaciones geográ- 
ficas, afirma que la superficie total de la isla es de 95.200 
kilómetros cuadrados. 



(1) De Magin-danao, palabras malayas, que significan: Magin, con- 
tracción min, país, y danao, laguna. 

I 



2 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Los PP. Buceta y Bravo, en su Diccionario Geográ- 
fico, calculan la extensión superficial de Mindanao en 
3.200 leguas cuadradas (unos 99.460 kilómetros cua- 
drados), mas puede asegurarse que excede de 100.000. 

Su figura es irregular, semejándose á un triángulo 
casi isósceles, y el aspecto de la isla bastante agreste. 

Mindanao forma parte de la serie de islas volcánicas 
que se extienden desde las Curiles y forman el Japón, 
las Filipinas y las Molucas, hasta Nueva Guinea, sien- 
do para lo futuro un punto importantísimo de natural 
enlace entre Australia y China. 

TEMPERATURA. 

A pesar de hallarse tan cerca del Ecuador, la tempe- 
ratura de Mindanao es muy suave. El termómetro, ala 
sombra, señala de 18 á 25 grados de Reaumur, por re- 
gla general; los vientos procedentes del mar son en 
ocasiones excesivamente cálidos, y producen laxitud y 
sofocación; los de tierra, por el contrario, son frescos y 
refrigerantes. Éstos dominan casi siempre, asi como en 
Borneo. 

Las lluvias son frecuentes y copiosas en toda la isla, 
aumentando por los meses de Octubre y Noviembre. 

En la cuenca del río Agusan apenas cesan desde Di- 
ciembre á Febrero. En Linao, punto al NE., ha llega- 
do á tres metros el agua caída en un año (1), y las inun- 

(1) Según las observaciones hechas el año de 1865 por el P. Juan 
Ruiz, las cantidades de agua pluvial caida durante él, fué: Enero, 46,08; 
Febrero, 6,59; Marzo, 5,02; Abril, 13,31; Mayo, 6,8o; Junio, 4,27; Ju- 
lio, 4,46; Agosto, 13,10; Septiembre, 6,24; Octubre, 7,23; Noviembre, 
12,41; Diciembre, l6,20. 

La cantidad de agua pluvial en las cuatro estaciones, ascendió á 826 
líneas en invierno; 302 en primavera; 265 en verano, y 312 en otoño. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3 

daciones suben hasta el piso de las viviendas de los 
indígenas, y duran á veces veinticinco ó treinta días, 
por cuya causa no se dedican á la cría de ninguna clase 
de animales. Los cadáveres de los que sucumben en la 
inundación aparecen después colgados de los árboles, 
por falta de tierra seca donde sepultarlos. En cambio, 
estas avenidas fecundan los campos con el cieno que 
dejan. 

Los temidos huracanes, llamados baguios, que tan 
horribles daños causan en los trópicos, sólo se sienten 
en Mindanao hasta los 8° de latitud en la costa Oriental. 

OROGRAFÍA. 

El aspecto de los montes de Mindanao revela que esta 
isla ha sufrido grandes hundimientos y trastornos por 
la acción de los volcanes. Tres, ó mejor cuatro, son las 
cordilleras principales que presenta. La primera, que 
corre de N. á S., arranca de las montañas existentes 
entre Surigao y Butuan, prolongándose por el S. Su 
núcleo está en el monte Catalán, á la altura de Banga- 
banga; de aquí se deprime considerablemente, vuelve á 
elevarse al S. del puerto de Pujaga y desciende hasta 
terminar en el cabo de San Agustín. La segunda corre 
desde los montes de Hingog al O. de la embocadura del 
Agusan, en el N. de la isla, casi paralela á la primera, 
inclinándose después al SO. hasta la bahía de Saran- 
gani. Su punto más elevado es hacia el monte Panta- 
dón, de donde salen varios ríos. Dependiente de esta 
cordillera es la recortada sierra de Blik. La tercera, que 
es volcánica, enlazada con la anterior, principia cerca 
del volcán de Apo, y se desarrolla en dirección NO. 
hasta el istmo de Misamis ó Panguil. Esta y la anterior 



4 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

son las más bajas. La cuarta se extiende del E. al O. 
Principia en punta Cauit, atraviesa toda la parte orien- 
tal de la isla por el S. de Butuan y de Misamis, unién- 
dose en el istmo de este nombre con la tercera, forman- 
do el alto pico Randaya, y juntas se dirigen hacia el SO. 
á morir en Zamboanga. Otra rama parte de dicho pico, 
va al NO. y se sumerge en el mar en punta Maralag. 
Esta sierra es la mayor de todas. En sus cimas se for- 
man continuas tormentas, y como los ríos que de ella 
descienden son cortos y pendientes, causan constantes 
y repentinas inundaciones en las tierras bajas. 

VOLCANES. 

El volcán Apo es el único que hoy existe en ig- 
nición, situado á i5 millas O. de la playa del seno de 
Davao, al S. de la laguna de Maguindanao y á ii3 ki- 
lómetros de Cottabato. Forma un alto monte, cuya mi- 
tad inferior desciende suavemente hasta la playa; pero 
la superior es muy escarpada, con tajos de 140 á 280 
metros, y barrancos profundísimos. Desde la altura de 
la laguna que existe sobre un extremo del monte, hacia 
el oriente, es inaccesible su cima, formada de masas 
negras, perpendiculares, descarnadas y dividida por en- 
diduras tremendas, de las que sale un río de agua ca- 
liente y otro de agua fría. El último origina la expresa- 
da laguna. En dirección oriental, sobre el pico más SO. 
hállase el actual cráter, que en tiempo claro se distin- 
gue desde el seno de Davao. Los tres picos que consti- 
tuyen la cima aparecen cubiertos de azufre, que, al salir 
del volcán, se condensa y precipita insensiblemente en 
enormes masas, las cuales, perdiendo su nivel, se des- 
gajan de la cúspide y caen por el barranco divisorio de 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 5 

la laguna y aun por el río. A veces el cráter figura cu- 
bierto de nieve; otras semeja el color del oro, y siempre 
presenta hermosísimo aspecto. Mucho antes de llegar á 
él se oyen sordos é intermitentes ruidos, que aumentan 
conforme acorta la distancia, y tan formidables llegan 
á ser, que parece como que tiembla la tierra y va á so- 
brevenir una erupción. 

El pico del SO., que es el más elevado de los tres en 
que concluye el volcán, tiene 3.3oo metros de altura, 
según los alemanes Alex-Schadenberg y Otto Koch, que 
ascendieron á él en 1882. 

El gobernador de Davao Sr. Rajal, que subió al Apo 
con varios expedicionarios en 1880, calcula la altitud 
del pico del NE. en 3.i3o metros. 

En el punto culminante de los elevados montes Ran- 
gaya, en la sierra de Sugut, á unos 40 kilómetros de 
Pollok, está el Macatiirin, que ha tenido grandes erup- 
ciones, como en i865, siendo una de las más violentas 
la acaecida el i.° de Noviembre de i856, que ocultó la 
luz del sol en Pollok, y llevó las cenizas hasta Zam- 
boanga, distante del volcán 239 kilómetros, siguiéndose 
una lluvia de piedras incandescentes. En 1871 hubo otra 
erupción, precursora de los terribles terremotos que 
destruyeron á Cottabato, Pollok y á cuantos pueblos 
moros se hallaban á las márgenes del río Grande. 

En Camiguin, isla al N. de Mindanao, situada entre 
los 128° 3' y 128° 7' de longitud del Meridiano de Ma- 
drid, y 9° 4' y 9° 7' de latitud N., estalló otro volcán el 
30 de Abril de 1871, causando general consternación 
en toda la comarca. 

Principiaron á sentirse temblores desde el 16 de Fe- 
brero, aumentando en intensidad hasta el 3o de Abril, 
que apareció el volcán á unos 3oo metros al SO. del 



6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

pueblo de Catarmán. A las tres de la tarde comenzó á 
elevarse una altísima y espesa columna de vapores ne- 
gros, con fuerte olor de azufre, que inflamándose repen- 
tinamente, comunicó el fuego al bosque, el que ardió 
por completo, ofreciendo el más imponente y magnifico 
espectáculo. 

En un principio, sólo tenía dos metros de altura el 
cono, que iba vertiendo lava hacia la playa, y adqui- 
riendo altura y extensión, y hoy pasa ya de 420 metros 
sobre el nivel del mar, al que ha ganado Yi ¿^ milla 
de terreno. 

Alrededor del seno de Davao existen vestigios de di- 
ferentes volcanes. En la isla de Samal, en el fondo del 
seno, vése todavía el pico desnudo de un volcán, al que 
sin duda debe la existencia. Entre Hinatuan y Liangan 
hay una montaña volcánica llamada Deoata. Otra se 
destaca en medio de la cuenca del Agusan, y algunas 
más hacia el istmo de Misamis y al SO. de Iligan. La 
isla de Sarangani es asimismo un volcán apagado, en 
cuya ladera NNO. se encuentra azufre con abundancia. 
El Sarangani tuvo una gran erupción en 1645. El pico 
Matutung, que se distingue desde el mar á grande dis- 
tancia, debe haber sido un volcán. 

El Butulan es otro monte volcánico al N. de punta 
Panguitany al extremo SO. del territorio de Davao. 

Sábese del volcán existente en el territorio de Buha- 
yen, situado á 334 kilómetros de Zamboanga, que tuvo 
su primera erupción el 20 de Enero de 1640, siendo tan 
tremenda, según crónicas de la época, que trozos in- 
mensos de montaña fueron á caer á más de 11 kilóme- 
tros de distancia. 

Sus cenizas llegaron hasta las islas Molucas y Borneo, 
y la oscuridad que produjeron fué tal, que varios buques 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 7 

que iban con tropas á Ternate, tuvieron que encender lu- 
ces á las ocho de la mañana. 

Cuéntase igualmente que el año de 1834 reventó un 
volcán en la parte S. de la laguna que hay al NNE. de 
Pollok. En 1841 acaeció una grande erupción, que no 
se sabe fijamente si fué de este volcán, y las cenizas lle- 
garon á Joló, sintiéndose sus detonaciones á inmensas 
distancias, y un fuerte terremoto en toda la isla. 

Las grietas que presenta la tierra llenas de materias 
extrañas, las aguas termales de Mainit, la situación en- 
contrada de las cordilleras, las capas volteadas en va- 
rias direcciones, evidencian que el terreno de la grande 
isla de Mindanao ha sido trastornado por frecuentes 
y sucesivas erupciones volcánicas y por grandes tem- 
blores de tierra. 

TERREMOTOS. 

La influencia de los volcanes se ha dejado sentir te- 
rriblemente en varios distritos de Mindanao, sucedién- 
dose durante muchos días violentos terremotos, que no 
llegaron á ocasionar daños de consideración, por efecto 
de las ligeras edificaciones de las localidades respectivas. 

En Diciembre de 1871 sufrió Cottabato intensas sa- 
cudidas, de tal magnitud y fortaleza, que no quedó una 
casa en pie, ni aun de las sencillamente construidas de 
caña. Los terremotos continuaron muchos días, sin in- 
tervalo apenas de unos á otros, llegando á contarse has- 
ta cincuenta en veinticuatro horas. 

Algunos duraron quince minutos. La guarnición y el 
pueblo tuvieron que refugiarse bajo tiendas de campa- 
ña, por quedar destruida la población. 

En 1870 hubo en Surigao terribles terremotos. 

El i.° de JuHo de dicho año, á las 2*^ 55" de la ma- 



8 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

drugada, ocurrió un violentísimo temblor de tierra de 
oscilación, que duró cerca de un minuto, con dirección 
de N. á S. 

En dicho día se sintieron más de cuarenta temblores. 

HIDROGRAFÍA. 

La generalidad de los ríos de Mindanao son navega- 
bles, cerca de la embocadura, para buques pequeños, 
excepción hecha de los de la costa oriental. 

Los principales son, el Agiisan ó río de Butuan, y el 
Pulangni, ó río Grande. Sus aguas están siempre tur- 
bias á causa de las incesantes avenidas que los engrue- 
san. Las orillas anegadizas de varias partes bajas, por 
donde pasan, forman cenagales y esteros que permiten 
las comunicaciones en canoas. El Agusan marcha de 
S. á N. por entre las dos cadenas de montes paralelas 
de la parte oriental de la isla. Nace al E. del seno de 
Davao, entre los 7° y 7° 3o' de latitud, y desagua en la 
ensenada de Butuan, en la costa N., atraviesa casi toda 
la isla, recorriendo un trayecto de 378 kilómetros. Su 
corriente no es rápida; tiene fondo suficiente y bastan- 
te anchura para la navegación, pero sus aguas arras- 
tran grandes troncos y ramas. Cerca del origen de este 
río, nace el Maanat, navegable en un trayecto de algu- 
nas leguas, que corre paralelo á él de S. áN., uniéndo- 
sele más allá de Calatagan. Otro, más occidental, el 
Hijo, corre también de S. á N., al principio, cambia 
después al S., y desemboca en el seno de Davao. Muy 
bien pudiera abrirse una comunicación entre Manab, 
que está situado en el punto que retrocede al S., y el 
sitio donde principia á ser navegable el Maanat. 

El Pulangui, ó río Grande, es navegable unos 167 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 9 

.kilómetros, desde su embocadura hasta Matingcahuan. 
Nace su rama principal en la cordillera que corre de E. 
,á O., en las montañas de Apo; desciende hacia el S., 
recibe los derrames de la laguna de Buhayen ó Maguin- 
danao; lame los estribos occidentales del monte Apo, y 
se dirige al O., á desaguar en la bahía Illana, por dos 
anchos brazos, á la misma latitud, con corta diferencia, 
de las fuentes del Agusan. Sobre uno de dichos brazos, 
próximo á su desembocadura, se halla Cottabato. La 
segunda rama del Pulangui va del SE. al NO., cruzan- 
do las dos lagunas de Liguasan y Buluan. Este río no 
arrastra troncos, como el Agusan, y en él abundan 
mucho los caimanes. 

, Según el ilustrado Ingeniero de Montes Sr. Vidal, 
que lo visitó, el curso del río Grande puede dividirse en 
las siguientes regiones: i." la alta, desde el nacimiento 
hasta poco más arriba de Matingcahuan, que es desco- 
nocida; 2.° la media, de Matingcahuan á la isla de Ca- 
basalan, ó de Santa Isabel, que mide unas 5o millas, 
g2,5o kilómetros; 3.°^ la baja, de este último punto has- 
ta el fuerte de Tumbao, 22 millas, 40,70 kilómetros; y 
4.* la marítima, hasta la desembocadura, 16 millas, 
29,60 kilómetros. 

La extensión total del Pulangui no baja de 170 kiló- 
metros. 

En las márgenes de este magnífico río hay hermosos 
valles, susceptibles de las más ricas y variadas produc- 
ciones, como el arroz, tabaco, café, cacao, caña dulce, 
maíz, algodón, etc.; y existen diferentes sultanías y 
dayatos. 

Merecen especial mención las sultanías de Mating- 
cahuan, Bagoiqued y Boayan, y los dayatos de Uto, 
Calocalan y el antiguo de Selangani. 



10 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Se cree que la población de la cuenca del río Grande, 
pasa de 80.000 habitantes. 

Son también importantes, aunque menos caudalosos, 
el Iligan y el Lubungan. 

LAGUNAS. 

En Mindanao existen varias lagunas de importancia 
y evidentes señales de haber habido muchas. 

La principal es la de Ldnao ó Malanao , nombre del 
territorio en que se halla, al S. de Misamis. Desagua 
en el N. por el rio Ninanton, cuya boca está en la ba- 
hía de Iligan, innavegable por las cascadas que lo obs- 
truyen y por la rapidez de su corriente. Tanto por esto, 
como por su gran caudal, las aguas de este río no se 
mezclan con las del mar hasta fuera de la embocadu- 
ra. Esta laguna mide 44 kilómetros, y es muy profunda. 

Tiene puertos con tres ó cinco brazas de agua y seis 
islas : la mayor, llamada Nuza, con más de quinientas 
casas, está en medio de aquélla, y es alta y plana por 
arriba. 

Toda la laguna se halla rodeada de pueblos. Produce 
más de 15.000 picos de arroz para exportar, y 12.000 
de café; conteniendo en su contorno sobre 100.000 
almas. 

La laguna de Panguil , que desagua en la ensenada 
de Misamis, tiene de extensión de N. á S. 7,5o millas, 
y 6,25 de E á O. 

La laguna de Sapangan ó Mainii, en Surigao, es pro- 
funda, abundante en peces, y muy elevada sobre el ni- 
vel del mar. Mide ocho millas de N. á S., y cuatro de 
E. á O. Desagua por el río Tubay, en la ensenada de 
Butuan, por un descenso rápido. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO II 

En SU centro no se halla fondo, suponiéndose que en 
tiempos antiguos haya sido cráter de algún volcán. 

La laguna de Magindanao ó de Buhayen , existente 
al NE. de Pollok, hállase situada al N. del monte Apo 
y al NO. de Linao. Surte de aguas á la rama principal 
del río Grande, donde desagua por la parte O., y tam- 
bién al E. en el lago de Linao, que se comunica con el 
río Butuan. Tiene i6,25 millas de N. á S., y 20,67 
de E. á O. 

ha. de Liguasan , al SO. de la anterior, y al S. de 
Cottabato, desemboca al N. en el expresado río Grande, 
y al SO. en Butuan. Se extiende 10 millas de N. á S., 
y 8,75 de E. á O. 

La de Biduan, al SE. de la precedente y al S. del 
Apo, que también suministra sus aguas al río Grande, 
tiene 11, 25 millas de longitud y 7,50 de latitud. Tanto 
ésta como aquélla son navegables y abundan en peces. 

El lago de Bagxiey, al NE. de Zamboanga, se comu- 
nica con el mar por medio de un río caudaloso que tie- 
ne su boca marítima en el gran seno de Kamaladan. 

NAVEGACIÓN. 

La navegación por el S. de la isla es más fácil y se- 
gura que por las costas E. y O., á causa de las mondo- 
nes ó fuertes vientos periódicos del NO. y SO. 

A partir de punta Cauit, límite oriental de las provin- 
cias de Surigao y Davao, la corriente se dirige al S. hasta 
el cabo de San Agustín. De aquí, á la costa O. de Coa- 
man, donde principia el seno de Davao, hay marea 
constante entrante y saliente. En el estrecho de Suri- 
gao, la corriente es violenta para el E. y el O., en cuya 
última dirección es más rápida y duradera, hasta pasa- 



12 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

da Punta Gorda. La masa de aguas que en la corriente 
general oceánica del E. al O., se estrella en las costas 
orientales del Archipiélago, no encuentra bastante sali- 
da por los estrechos de San Bernardino, San Juanico y 
Surigao, y según su mayor ó menor elevación, busca 
rápidamente su nivel desde Surigao y punta Cauit para 
el S. hacia el cabo de San Agustín y Sarangani, y por 
igual razón al N. de San Bernardino, tira para el N. 
hacia cabo Engaño, aunque obedeciendo á las alteracio- 
nes causadas por los temporales. Las corrientes del es- 
trecho de Surigao y parte occidental de Leyte, varían 
en consonancia con la fuerza de los vientos que reinan 
en el Pacífico, y observando aquéllos se conoce el esta- 
do del tiempo en este mar. Mientras dominan los vien- 
tos del primer cuadrante, se dirigen al OE., siendo por 
lo general más veloces. Durante las tormentas, es tan 
rápida la corriente desde punta Cauit en dirección S., 
que á veces alcanza hasta 12 millas por hora. Los vien- 
tos que rigen de ordinario, son del NE. y SO. Para 
navegar de S. á N., en la monzón del NO., hay nece- 
sidad de alejarse 3o ó 40 millas de la costa; pues ni 
aun los vapores de mejor máquina pueden romper las 
olas. 

En la monzón del SO., por el contrario, conviene 
navegar cerca de la costa. 

En Mindanao, la monzón del NO. es más fuerte, 
constante y tempestuosa que la del SO., cerrando todas 
las barras y puertos de la costa oriental seis ó siete me- 
ses. En el Cabo de San Agustín é islas Sarangani, so- 
pla el viento con violencia durante la monzón del NO. 
A ciertas horas despide la isla terral fresco, debido á sus 
bosques y ríos y á la grande humedad que éstos produ- 
cen. En el N., es más fuerte el terral que en el S. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 13 

Desde Noviembre hasta Marzo, dominan los vientos 
NE.; desde Junio á Setiembre, los del SO. 

BAHÍAS, PUERTOS Y ENSENADAS. 

El seno más profundo de la isla es el de Davao, que 
tiene 6o millas. Desde el cabo de San Agustín, sale 
como dos millas al SSO. un bajo de piedra con fondo de 
una á cuatro brazas. Toda la costa oriental del seno has- 
ta el NNO. de la isla de Sigaboy, aparece llena de ba- 
jos. A continuación se hallan un banco de arena y varios 
arrecifes peligrosos, que terminan en la punta baja de 
Sumulug, con fondo de una á dos brazas, formando un 
canal navegable de día, para buques de menor calado. 
Dentro del pequeño seno que forma la punta alta en 
que acaba la costa de Sumulug, hay un bajo de piedra; 
pero desde dicha punta á la de Copiat existe fondo pro- 
fundo de arena y fango. La costa N., NO. y O. ofrece 
buenos fondeaderos. En la extremidad del seno el fondo 
alcanza 40 brazas. 

Los senos más importantes, después del de Davao, 
son el de Sibugiiey, el de Dumanquilas y el de Butuan, 

Las bahías más cómodas y seguras, según la monzón 
reinante, son Macajalar, Iligan, Dapiian y Sindangan 
en el N.; la extensa bahía Illana, en el SO., y las en- 
senadas Liangan y Bislig, en la costa oriental. 

El mejor puerto de Mindanao es el de Malalag, en 
el seno de Davao, que puede competir con los primeros 
de Filipinas, por su capacidad, abrigo, buen fondo y 
aguas excelentes, así como por su fácil acceso en toda 
estación, y sea el que quiera el viento reinante, aun en 
medio de tormentas. 

La bahía de Sarangani, en cuya costa termina Davao 



14 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

y comienza Cottabato, sólo tiene un fondeadero al SE. 
próximo al pueblo moro llamado Glan. 

Pollok es puerto ancho y seguro, mas de excesivo 
fondo, ofreciendo el inconveniente de tener la aguada 
á cuatro millas. 

La rada de Zamboanga es muy buena, aunque en 
su fondo de piedra se pierden muchas anclas, pero aún 
es mejor su silanga. En el río Masinlog, tres millas al 
SE., hay un fondeadero bien abrigado. 

La Caldera es puerto pequeño y de estrecha entrada, 
capaz únicamente para buques de poco porte, y muy 
abrigado. 

El de Santa María, bastante mayor, está circundado 
de elevados montes y posee buena aguada. 

Cerca de Misamis existe un buen fondeadero. 

El puerto de Nasipit, situado al SE. de la ensenada 
de Butuan, es seguro, pero de estrecha y difícil entrada. 
Los buques pequeños llegan á Butuan. 

Bilan Bilan, al ESE. de Surigao, no es mal puerto, 
aunque pequeño; tiene aguada, está circundado de man- 
glares, y tanto por un camino transitable como por la 
playa, se puede llegar al pueblo. 

En Cacuait se fondea bien, mas dificulta la entrada 
un bajo. En la isla de Giiimamaylan, tres millas al S. 
de Cacuait, se halla un excelente puerto con fondo de 
arena y fango, abrigado de todos los vientos. Las bocas 
que tiene al N. y S. están también algo obstruidas por 
otro bajo. 

San Juan cuenta un fondeadero regular. 

En Bislig, llevando práctico, puede fondearse al 
abrigo de unas islitas próximas. 

Pujaga es el mejor entre los puertos de la parte orien- 
tal, por su capacidad y buenas entradas, pero se nece- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 15 

sita llevar práctico. Únicamente este puerto y el de Su- 
rigao ofrecen abrigo á los buques que recorren la costa 
oriental, cuando reina mal tiempo. 

ISTMOS. 

La isla de Mindanao está casi dividida en dos partes 
desiguales por el istmo de Misamis. La oriental es más 
grande y compacta; la occidental, más pequeña y llena 
de recortes, acabando en Zamboanga. Este istmo tiene 
44 Va kilómetros de mar á mar, desde la embocadura 
del río Curumatan, al S., hasta la del Marandi, ó Ma- 
nangan, que desagua en el fondo del seno de Panguil, 
en el N. y bahía de Iligan. 

Cerca del cabo de San Agustín hay otro istmo, entre 
el fondo del puerto de Pujagay el seno de Davao, donde 
los habitantes infieles y cristianos han abierto comuni- 
cación, aunque por sendas escabrosas. 

REINO MINERAL. 

Desde muy antiguo es famosa en el Archipiélago 
filipino la riqueza mineralógica de Mindanao, por los 
importantes criaderos auríferos de Misamis y de la an- 
tigua provincia de Caraga, cuya explotación, sin em- 
bargo de ser bastante activa, hállase circunscrita á los 
varios lavaderos que existen en Initao, Iponán y Pig- 
tao, pertenecientes al primero de dichos distritos, y en 
los montes de Canimón, Binutong y Canmahat, inme- 
diatos á la capital de Surigao, principales centros explo- 
tadores del oro. 

En el territorio de Sibuguey y en Surigao, existen 
potentes yacimientos carboníferos, sin explotar; el azu- 
fre, ya hemos referido con cuánta profusión se halla 



l6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

alrededor de los volcanes de la isla, y las aguas mine- 
rales abundan en Cottabato y otros puntos. 

Como Mindanao no ha sido aún explorado en su casi 
totalidad, se desconoce la verdadera riqueza mineral de 
su extenso territorio, si bien por lo expuesto puede 
comprenderse que el subsuelo de esta hermosa isla es 
riquísimo y le asegura un brillante porvenir. 

REINO VEGETAL. 

El calor, la humedad y la fertilidad del suelo, hace 
que la isla de Mindanao esté cubierta de espesísimos 
bosques. Los montes se ven poblados de corpulentos 
árboles, entre cuya diversidad de maderas las hay muy 
estimables, tanto por su firmeza y duración, como por su 
finura, sobresaliendo el guijo, molave, narra, ipil, mala- 
tumbaga, lailán, camagón, canmning, mangasinoro, paloma- 
ría, teca, pagatpat, mangachapuy, sibncao, bancal, etc., etc. 

El cogon, con otras plantas afines (gramíneas, cype- 
ráceas y algunas juncáceas), el cogon alto ó carrizal, la 
caña boja, el bejuco y otras enredaderas, forman im- 
penetrables bosques de considerable altura, cuyo paso 
es casi imposible. 

Abunda en Mindanao el cocotero. Este útil árbol es 
estimadísimo de los moros, quienes han consignado en 
sus leyes penas rigurosas para quienes los destruyan. 

Críase la esbelta palmera Bonga y la pimienta betel 
[Piper, Betle.), de que se forma el buyo. Se da también 
el café y el cacao y se produce el abacá, el algodonero, 
el añil, la pina, la caña dulce, etc. La canela {Laurus 
cinnamomum, L.), vegeta espontáneamente en los mon- 
tes del seno de Sibuguey. El clavero y la nuez mosca- 
da, hállanse asimismo en la isla. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 7 

El arroz, el maíz, el camote, el naiiii, el ubi , el gab¿ 
y otros productos de índole análoga, se crían abundan- 
temente en todos sus distritos , así como las frutas , y 
entre ellas el riquísimo mangostan, y las raíces alimen- 
ticias, gomas y resinas, que tan rico y variado contri- 
buyen á hacer el reino vegetal del Archipiélago fili- 
pino. 

Es notable el arbusto Musscenda frondosa (Fam. Ru- 
biáceas). Los dientes de sus cálices son de un blanco 
brillante, que le asemejan á plantas cubiertas de nieve. 

Merece mencionarse el lunban , de cuya semilla ex- 
traen mucho aceite. 

En resumen : Mindanao no sólo iguala, sino que su- 
pera en sus ricos productos vegetales á Luzón, Visayas 
y demás principales regiones de Filipinas, si bien son 
menos explotados que en dichos puntos. 

REINO ANIMAL. 

Mindanao, en cuanto hace relación á la fauna de Fi- 
lipinas, figura dignamente al lado de las restantes co- 
marcas del país. 

Indicaremos, tan sólo, respecto á los mamíferos, que 
en los bosques de esta isla existen los mejores ejempla- 
res de monos, y en especial de monos blancos (Macacus 
philippinensis, Geoff.) y que merecen fijar la atención el 
Cagiiang (GaleopitJiecus philippinensis , Wath), mezcla 
de mono y de murciélago; la casta de perros de Pollok; 
el Porcus babyrussa, Klein, ó puerco-ciervo, que dicen los 
malayos, y el carabao montaraz, así como el notable 
mamífero del orden de los cetáceos, llamado Dujong 
(Halicore cetácea, Illig.) 

En la clase de aves, además de las bellísimas del or- 
den de las trepadoras ó zigodáctilas, son de admirar el 



l8 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Cálao, género Buceros, y sobre todas, el alcyon salanga- 
ne, por su preciado nido que fabrica preferentemente en 
las cavernas de Mindanao é islas inmediatas, y son 
también notables, aunque no ofrezcan igual utilidad, 
la preciosa paloma de puñalada y las garzas blancas, que 
pueblan las orillas del río Grande. 

Entre los reptiles, es famosa la Chelonia imbricata, 
que da el carey ó concha; los caimanes, iguanas y de- 
más saurios que llenan los ríos de la isla; varias espe- 
cies del género Pitón, de colosal tamaño, con otros ofi- 
dios peligrosos como la terrible dahonpalay , y entre los 
batracios, las cantoras ranas. 

La clase peces es abundante y variada, figurando 
en Mindanao casi todas las especies del resto del Archi- 
piélago, distinguiéndose el género Miigil, que por acu- 
dir al fuego se deja prender de los ictiófogos indígenas. 

El grupo de los anillados tiene profusa representa- 
ción en la isla. Citaremos, entre los insectos, el llamado 
ápidos, porque las tribus idólatras de Mindanao obtienen 
mucha utilidad de los ricos panales que las abejas ela- 
boran en sus montes; y mencionaremos asimismo los 
mosquitos, por ser plaga insoportable en algunos puntos 
de las islas del Sur; la langosta, que devasta sus cam- 
pos; los cigarrones, cuyo clamoreo es incesante, si bien 
compensa estas plagas la espléndida aparición en los 
árboles de los bellísimos lampíridos tropicales. 

La clase de los crustáceos presenta en Mindanao gran 
número de especies. Otro tanto puede decirse con 
respecto á los moluscos^ de las seis clases en que se di- 
viden, siendo de admirar la especie Avíenla margarití- 
jera, ó madre perla, que cría perlas de belleza suma, 
muy apreciadas en joyería. 

Entre los zoófitos , merecen estudio los notables hola- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO IQ 

túridos {balate de Filipinas ó trepang de China), cuya 
pesca es muy productiva en Mindanao y Joló. 

Y por último, nombraremos los pólipos, y en especial 
los pólipos de polipero de sus dos grupos Litofitos y Ce- 
ratofitos, que abundan mucho en los mares de Min- 
danao. 

POBLACIÓN. 

Los habitantes de color de la isla de Mindanao, son 
aeias ó negritos y malayos. Los primeros, refractarios á 
la civilización, huyen de las poblaciones, haciendo vida 
errante y vagabunda por el interior del país. Los segun- 
dos son más susceptibles de sociedad. 

Entre los mismos malayos, unos viven en los bosques y 
son salvajes; otros son mahometanos, y otros cristianos. 

Vamos á describir brevemente todas estas razas. 

Malayo-Mahometanos. — Habitan éstos hacia el SE. 
de la isla, entre el istmo de Pujaga y el cabo de San 
Agustín, á orillas del seno de Davao, en la isla de Sa- 
mal, en las márgenes del Pulangui, al O. de Malalag, 
playas del seno de Sarangani, costa S. y SO., hasta el 
citado río Pulangui, en la costa de la bahía Illana, en 
la bahía de Sindangan, en la bahía de Iligan y sus in- 
mediaciones, á orillas de la laguna de Buhayén y de los 
ríos que desaguan en ella, en el interior de la isla al S. 
de Misamis, y en todos los alrededores de los sitios 
mencionados, calculándose su número en unos 200.000. 

Los moros del Sur de Mindanao son desconfiados, 
suspicaces y altivos. Difícilmente se consigue que sean 
precisos en sus conversaciones y que cumplan sus tratos, 
pues lo eluden con mil subterfugios. La bichara, ó con- 
versación, les entretiene agradablemente horas y horas. 

Tienen poca afición al trabajo, y mucha pereza. 



20 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Por regla general son de pequeña estatura y de 
miembros endebles. Su color es pardo cobrizo. Usan 
un pañuelo arrollado á la cabeza, dejando libre la co- 
ronilla, y la punta de aquél sobresaliendo por un extre- 
mo, al estilo de los naturales del archipiélago malayo; 
chaquetilla de tela blanca ó de colores oscuros, que 
apenas llega á la cintura, y en vez de calzones gastan 
el patadión, que les cubre las piernas hasta las rodillas. 
Llevan faja, y los dattos y señores calzan babuchas. 

Las mujeres son poco agraciadas; visten un sencillo 
traje talar sujeto por debajo del pecho. 

Hombres y mujeres suelen andar completamente 
desnudos hasta los diez años. 

Su gobierno es patriarcal y despótico. El jefe de fa- 
milia ejerce autoridad suprema sobre todos los miem- 
bros de ella, incluso los de sus sácopes. 

Las mujeres pueden también reinar. 

Hay sultanes y dattos. Los primeros ejercen autori- 
dad sobre grandes comarcas, y gobiernan con el conse- 
jo de varios dattos, pero no son obedecidos por éstos 
sino en asuntos de común interés. 

El sultán y los dattos tienen sácopes ó subditos, y 
esclavos, que son quienes constituyen su principal ri- 
queza, pues cuidan sus haciendas, les surten de perlas, 
por cuya pesca perecen muchos de ellos prematuramen- 
te, y se baten á sus órdenes en las guerras, estando su 
vida y el honor de sus mujeres é hijas á merced del ca- 
pricho de su dueño. 

La poligamia existe de hecho, pero sólo entre los 
ricos ó bien acomodados que pueden sostener varias 
mujeres. Los sultanes y dattos tienen serrallos, si bien 
no son muy celosos de sus concubinas, ni éstas grandes 
portentos de belleza. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 21 

En cada ranchería hay un Pandita ó sacerdote. Su 
traje y turbante es blanco. 

La ocupación del pandita se reduce á leer el Corán, 
cuyos ejemplares tienen en gran estima. Algunos datan 
del siglo XVI, constituyendo verdaderas joyas bibliográ- 
ficas. Casi todos los panditas verifican su peregrinación 
á la Meca. 

El pandita tiene voz y voto cuando el consejo ven- 
tila asuntos de interés ó gravedad, y también toma par- 
te activa en campaña. 

Entre los sultanes y dattos, los hay bastante inteli- 
gentes, supliendo en los más su extraordinaria sagacidad 
y agudeza á la falta de instrucción sólida. 

Son admiradores entusiastas del valor personal. 

Algunas rancherías del río Grande viven en constan- 
te lucha entre sí. 

Respecto á los moros de la parte oriental , transcribi- 
remos las noticias de un misionero jesuíta (i), que no 
dejan de ser curiosas. Dice así: 

«Son los moros de este país de un carácter suma- 
mente solapado, hipócritas, traidores, estafadores, sus- 
picaces, cobardes, nada serviciales y pedigüeños hasta 
la última expresión. Muy obsequiosos de palabra, pero 
nada cumplidos en la obra, desobedientes y holgazanes, 
son, por lo tanto, una gran remora de la reducción en 
este país. Se muestran tan obstinados á la gracia de 
Dios y tan aferrados á sus creencias, que es casi moral- 
mente imposible su conversión al cristianismo. Los 
hombres visten camisa partida, calzones anchos, pa- 
ñuelo blanco ó colorado en la cabeza, van descalzos co- 
mo los indios, llevan cris á la cintura, su lanza en la 

(l) Cartas de los PP. de la Compañía de Jesús de la Misión de Fi- 
lipinas, 1879. 



22 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

mano y su tabaquera en las espaldas. Las mujeres vis- 
ten de blanco. Los Dattos añaden al vestido de los hom- 
bres, los botones en la camisa y el pañuelo, que no 
sueltan de la mano. Los que saben leer se llaman pan- 
ditas, y el maestro de los panditas se denomina Gurú. 
Los panditas vienen á ser como los fiscales entre ellos. 
Al sacerdote le llaman Sarip; cuando rezan los pandi- 
tas, visten una camisa muy larga. El candnlí sirve de ro- 
sario entre ellos. Durante el samhayang , tiempo en que 
celebran su pascua, deben permanecer todos en ayuno 
riguroso por espacio de siete días , sin comer más que 
una sola vez á la media noche, hora en que sorprenden 
dormido á su dios. 

» Concluidos los siete días, se purifican tomando un 
baño general, después del cual celebran el convite de la. 
pascua, comiendo el poniam y sindo (clases de sopa) her- 
vidas con aceite de coco. Dicho sanibayang lo celebran 
en su propio lañgd, que es la mezquita ó camarín don- 
de ejecutan sus actos religiosos. Cuentan el tiempo, no 
como los mandayas, por lunas, sino como los cristia- 
nos, por días de la semana; así es que al lunes le lla- 
man sapto, al martes aJiat, y así sucesivamente, hasta el 
domingo, isnin, sarasa, arobaja, cammísy diammat. Bau- 
tizan á sus hijos con agua rezando conforme su rito, y 
después de bautizado el niño celebran su convite. Tie- 
nen también sus novenas, en cuya función, que dura 
nueve días, después de haber tocado el dgung y reunida 
ya la gente, el pandita corta la cabeza á un pollo, ro- 
gando á Dios los libre de calamidades y enfermedades, 
rezando al tiempo de consumar el sacrificio estas pala- 
bras : «Bismü-la-herrac-man-herra-hiin.» Cortada, ya la 
cabeza y colocada sobre el altarcillo debajo de un tizón 
encendido, adoran á su dios. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 23 

))Les está terminantemente prohibido, no digo ya el 
comer, sino hasta oler la carne de cerdo ; desde el mo- 
mento en que la huelen, creen que van á morir, por 
cuya razón, cuando se ven obligados á cocer su camote 
ó morisqueta en olla, la purifican primero, no sea que 
haya entrado en ella manteca ó carne de cerdo , mur- 
murando durante la purificación las siguientes palabras: 
«Al-la orno saling nwhaininad.n Les está asimismo ve- 
dada la carne de tortuga, mas no los huevos, que los 
consideran como frutos de las playas. El casamiento 
entre los moros se verifica del mismo modo que entre 
los mandayas, con todas las mujeres que tomen; pues 
rige entre ellos también la poligamia. Tienen cemente- 
rios en donde entierran sus muertos, y sobre la sepultu- 
ra, después de la inhumación del cadáver, colocan un 
tizón de fuego sobre la cabeza cortada de un gallo. Pa- 
gan tributos ó pagdattos á sus Dattos respectivos, los 
cuales lo exigen también á veces de los mismos manda- 
yas, y consiste en la entrega de un jabol, un boloc y 
veinte gantas de palay por cada casado. El Datto es 
entre los moros quien arregla los pleitos de sus sácopes, 
exigiéndoles por su servicio real por peso. Cuando las 
diferencias median entre Dattos de distintas jurisdiccio- 
nes, esas se componen entre los embajadores ó Tuinan- 
giin de los dos Dattos. Cuando no se avienen las partes, 
y el negocio lo vale, apelan á la guerra. La usura rige 
de una manera inconcebible entre ellos. Sus costum- 
bres en el arreglo de los pleitos son, poco más ó menos, 
como las de los mandayas. Lo mismo decimos acerca 
de su creencia en el canto del Limoco. Su comercio 
consiste en cera, balate, carey, almáciga, petates y biao. 
Admiten la moneda, pero está muy en boga la permu- 
tación. La escritura, parecida al árabe, es exclusiva de 



24 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

SU ritual. Se circuncidan entre ellos hombres y muje- 
res, y aun los esclavos y demás de otra ranchería, sean 
quienes fueren, que hagan vida común con ellos. Las 
autoridades se componen del Tuan ó gobernadorcillo, y 
su mujer Dayandayati; del Cuano ó teniente; Ladianm- 
da ó juez primero; Naciida ó juez segundo; Timuay ó 
juez tercero; Sangalia ó alguacil; Baguadato 6 principal 
ó cabeza, y Marad-diadinda ó primogénito de cabeza.» 

Las armas de los moros, de que nunca van despro- 
vistos, son: el campilan, sable largo de ancha hoja, muy 
afilada y de puño semejante al yatagán indio, con pe- 
nacho de pelo; el cris, machete corto, de hoja más es- 
trecha, casi siempre flameada, con siete y más ondula- 
ciones, cuyo puño es de marfil ó hueso y madera; pu- 
ñal de igual forma, y el bolo, las flechas, y las armas de 
fuego que se proporcionan. 

Más al interior de Mindanao existen muchos pequeños 
estados ó pueblos gobernados por sus respectivos Dattos, 
sin que reconozcan la supremacía de ningún otro, y ca- 
reciendo de enlace su régimen feudal, únicamente se 
unen para defender su independencia. 

Los monteses residen en los puntos que median entre 
mahometanos y cristianos. Forman diversas tribus, con 
diferentes costumbres y aun dialecto. 

Moran los negritos en las laderas del N. de la cordi- 
llera oriental, entre Surigao y Butuan, y hacia la parte 
S., cerca del seno de Davao. En la cordillera central, 
al O. del Agusan, se hallan también algunas tribus. 

Los negritos de Mindanao tienen el cabello lacio, di- 
ferenciándose en esto de los individuos de igual raza que 
existen en Luzón, cuyo cabello es muy ensortijado. 
Esto dependerá de su mezcla con los malayos desde 
tiempos antiquísimos. Se calculan en 8.000. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 25 

Manobos. — Esta tribu, que puebla la prolongada y es- 
paciosa cuenca del Agusan, es una mezcla de negritos y 
malayos. Son raquíticos y poco laboriosos. Están en fre- 
cuente comunicación con los primeros por la parte de 
Butuan. Los de la parte S. son algo más civilizados, á 
causa de su trato con los mandayas y cristianos. 

Viven en continua lucha con los Tagacaolos, Büanes 
y Bagólos, cuyas mujeres é hijos venden cuando en sus 
guerras logran aprehenderlos. Son muy prácticos en el 
mar de Davao y hábiles pescadores. Manejan la flecha 
admirablemente. 

La organización y costumbres de estos idólatras me- 
recen les consagremos algunas líneas. 

Varias familias residentes en un punto dado, recono- 
cen como jefe á cierto individuo que designan con el 
nombre de Bagani. Este levanta sobre altos pilotes 
una casa para sí, donde tiene tantas mujeres como su 
riqueza consiente, pero solamente una es la legítima es- 
posa, á la cual están subordinadas las demás. Los hijos 
que sus mujeres le proporcionan, los conserva también 
á su lado. Sus esclavos cultivan el arroz necesario para 
su sustento y alguna cantidad además para comerciar, 
así como el tabaco, el maíz, el camote, los plátanos y 
la caña de azúcar. 

No abonan los terrenos ni labran las tierras. Cuando 
han recogido una ó dos cosechas, buscan otro lugar 
fértil, lo desmontan y lo siembran. 

Los manobos tienen supersticiones religiosas que no 
son comunes á los demás aetas. Reconocen la existen- 
cia de un ser supremo que denominan Manaug, y rin- 
den especial veneración á la memoria de sus antepasa- 
dos, que es lo que llaman anuos. Este culto, sin em- 
bargo, es inferior al que tributan á otros dioses. El 



26 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

trueno, por ejemplo, lo consideran como la palabra del 
rayo, que reverencian bajo la figura de un animal mons- 
truoso. Cuando una chispa eléctrica hiende un árbol, 
creen que ese animal ha clavado en la tierra uno de sus 
dientes. Tales juzgan las hachas de pedernal, pertene- 
cientes á épocas prehistóricas, que suelen hallarse ente- 
rradas al pie de los árboles. El cocodrilo es para ellos 
animal sagrado, que simboliza todas las enfermedades, 
males y desgracias. Pero el dios más digno de respeto, 
después del divata ó anuo de la cosecha, es el tagbusán, 
dios de la guerra. En Octubre, al recolectar la cosecha, 
todos los manobos limpian y afilan sus lanzas, crises y 
puñales, y preparan los escudos. En el instante que el 
dios de la guerra promete un éxito feliz á la empresa, 
el bagani, ministro de su dios, coge el talismán sagrado 
y, seguido de sus dependientes, va á lo interior del bos- 
que en busca de sus enemigos. Si los sorprenden dormi- 
dos ó descuidados, asesinan á los varones, conservando 
como esclavos á las hembras y chiquillos. Cuando tie- 
nen que luchar cuerpo á cuerpo, el bagani es el primero 
en combatir. Si vence, empuña el acero consagrado, 
que únicamente puede emplear para este caso; abre el 
pecho á su contrario é introduce feroz el talismán que 
lleva pendiente de su cuello, entre la humeante san- 
gre del vencido. Después le extrae el corazón ó el hí- 
gado, y come un pedazo en prueba de haber satisfecho 
su venganza. Tan horrible privilegio corresponde exclu- 
sivamente al jefe político-religioso, no siendo lícito al 
pueblo comer carne humana. Los que tienen que vengar 
agravios personales, aguardan emboscados á su enemi- 
go, aunque tarde en aportar por aquel sitio semanas ente- 
ras, y al aparecer lo hieren con sus larguísimas lanzas. 
La cabeza de la víctima es después llevada en triunfo 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 27 

á casa del vencedor. En estas excursiones sacrifican en 
honor del dios de las batallas algún esclavo de los que 
llevan en su compañía. Hacen abrir una fosa, y cortan 
con el hierro sagrado la cabeza de la víctima; los demás 
esclavos tienen que llenar con tierra la fosa donde queda 
el cuerpo de su infeliz compañero. 

Los baganis solían elegir sus concubinas de entre las 
prisioneras de guerra, proviniendo de éstas la clase de 
los tinavas ó libertos. Sus hijos, esclavos al nacer, son 
á poco declarados libres, viniendo á formar una clase 
intermedia entre los magnates y los esclavos. Estos úl- 
timos están sentenciados á ser vendidos en castigo de 
cualquier falta que cometan, ó á ser sacrificados en aras 
del dios de las batallas. 

Los manobos, como se ve, se diferencian bastante de 
los aetas, propiamente dichos, superándoles en civiliza- 
ción por lo que respecta al cultivo de los campos, al 
culto por sus antepasados y á cierta organización po- 
lítica; pero están supeditados á un ciego fanatismo que 
les arrastra á sacrificios humanos y á actos repugnan- 
tes, propios de caníbales. 

Según los padres de la misión de jesuítas, los baga- 
nis son asesinos de profesión, y se distinguen en su 
traje por el número de asesinatos cometidos. Cuando 
son cinco ó diez los muertos, llevan en la cabeza pa- 
ñuelo encarnado; de diez á veinte, pañuelo y camisa 
del mismo color, y de veinte en adelante, pañuelo, ca- 
misa y pantalón encarnado. 

A cada víctima le cortan un mechón de cabellos, con 
los que engalanan el borde de su escudo. 

Estos crueles salvajes usan coraza de hasta tres do- 
bles de bejuco partido, y con ella defienden el pecho y 
la espalda. Para dificultar el paso de sus enemigos. 



28 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

clavan en tierra puntas de caña y preparan, á mane- 
ra de lazos, unas flechas dentro de arcos, que al pisar- 
las se disparan y atraviesan por el costado al caminan- 
te. Ascenderán á iS.ooo. 

Los mamaniias (hombres del bosque), raza mezclada 
de la costa Este de Mindanao, de color negro muy ate- 
zado, habitantes en las inmediaciones del río Butuan, 
hacen vida muy semejante á la de los manobos, dife- 
renciándose de éstos en que se casan con las mujeres de 
otras tribus malayas y aun cristianas, que luego se les 
asimilan, adoptando su mismo género de vida nómada. 

Mandayas.—^n los confines del territorio ocupado 
por la tribu que dejamos mencionada, hacia el S., ó sea 
la parte alta de la cuenca del Agusan, y desde Linao 
hasta las lagunas de Liguasan y Buluan, por el O. y 
toda la costa oriental de la isla hasta pasado Bislig, re- 
side la raza de los mandayas, igual á los habitantes del 
interior de Borneo. 

Tienen facciones muy regulares y color más claro 
que los demás salvajes, presentando rasgos de la raza 
china. Se dejan crecer el pelo como las mujeres. 

Son robustos y más nobles y pacíficos que los mano- 
bos, aunque van siempre armados y aman la vida erran- 
te. Comercian con los cristianos. 

Tienen su código legal y penal, basado en sus tradi- 
ciones. Domina entre ellos la idolatría, y está permitida 
la poligamia y la esclavitud. 

Practican con gran fervor sus ritos religiosos. Repre- 
sentan á su divata ó ídolo por medio de un busto de 
figura humana, hecho con madera de hayog, reservada 
para este uso, y pintada con la savia de la narra. Por 
ojos le ponen la encarnada fruta del macabujay. Este 
ídolo tiene sus bailanes ó sacerdotisas. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 29 

Creen los mandayas en dos principios buenos, ó sean 
Mansilatan y Badla, padre é hijo, y en dos principios 
malos, Piindagnon y Malimbong, marido y mujer. 

En sus enfermedades y desgracias invocan la protec- 
ción de los principios buenos, y escarnecen á los ídolos 
de los principios malos. 

Su principal sacrificio es el Bilitic. Reunidas alrede- 
dor del altar del divata, el número de bailanes que exija 
el esplendor de la fiesta, conforme. á la cantidad que 
satisfaga el patrón, frente á cuya casa tiene lugar la 
ceremonia, éste presenta á aquéllas un cebado cerdo, 
que es depositado en el altar. Las bailanes, engalana- 
das cuanto pueden, lo rodean bailando al compás de la 
música consagrada al ídolo, cantando á la vez estos 
versos: 

Mi minsad si Mansilatan. 

(Bajará del cielo Mansilatan.) 

Opud si Badla ñga magadayao mangdunia. 

(Luego Badla arreglará la tierra), etc. 

Tiemblan después, estremeciéndose de pies á cabeza 
é inclinándose de uno á otro lado, describen con sus 
evoluciones varios semicírculos, bailando acompasada- 
mente al son del gniuibao, especie de tamboril; elevan 
la mano derecha al sol ó á la luna, según sea de día ó 
de noche, y piden protección para el organizador del 
Bilitic. 

A seguida, la sacerdotisa mayor hiere con su balarao 
(puñalito) al cerdo, sin separarlo del altar, y aplicando 
los labios á la herida, chupa y bebe la sangre que de 
ella brota, vivo aún el animal, y á continuación hacen 
lo mismo las demás bailanes. 



30 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Repiten los bailes, cantos y estremecimientos; figu- 
ran hablar con Mansilatan, que aseguran ha bajado del 
cielo para inspirarlas, y profetizan lo que les ha comu- 
nicado, ó sea el anuncio de una buena cosecha, la cura- 
ción de alguna enfermedad, ó una victoria sobre sus 
enemigos. 

Limpian después el cerdo; ofrecen parte de él al Di- 
vata, y termina la fiesta con una tremenda orgia. 

Por este estilo son los diversos sacrificios que prac- 
tican. 

Las bailanes usan ordinariamente un jubón encar- 
nado. En los días de ceremonias se adornan el cuello 
y el pecho con abalorios, collares de oro y patenas de 
plata que ellas mismas fabrican y labran; se engala- 
nan la cintura con cascabeles, muelas de cerdo y cai- 
mán, y ramos de yerbas olorosas, y las manos y los 
pies con gruesos anillos de alambre y de taclobos, así 
como de cierta planta marina de color negro, llamada 
sagaysay. 

Respecto de la paloma silvestre Limoco, abrigan los 
mandayas diversas supersticiones. Si canta en frente del 
individuo por el lado izquierdo, conseguirá éste lo que 
pretenda; si canta por el lado derecho, debe estar pre- 
venido contra sus enemigos; si por el lado derecho de 
la espalda, enfermará en breve; si por la parte anterior 
del pecho, es preciso que retroceda al punto, porque 
le amenaza inminente riesgo; si oye el canto hallán- 
dose el individuo al umbral de la puerta de alguna casa, 
va á ser mordido por un animal dañino; si ocurre es- 
tando bajo el tejado, tiene que huir, porque el peligro 
es inmediato; y si acontece cuando él está entre dos ár- 
boles, indica que sus enemigos le preparan una embos- 
cada. Temen los eclipses y temblores, y son víctimas 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3 1 

de grandes supersticiones relativas á brujas, hechice- 
ras, gigantes, enanos, etc., etc. 

Entierran los cadáveres en los huecos que forman las 
peñas del bosque, y juntamente sus armas y escudo y 
una banga ú olla con morisqueta, á fin de que pueda 
defenderse con las primeras y alimentarse con lo segun- 
do en su viaje. Si se declara una epidemia, abandonan 
la ranchería y van á establecerse en otro lugar. Se cree 
excedan de i5.ooo. 

Manguangas. — Ocupan el vasto territorio que existe 
desde la orilla izquierda del rio Agusan hasta Misamis, 
y desde la costa N. de la isla hasta la laguna de Buha- 
yen. Seméjanse á los manobos, con los que confinan 
por el E. Son refractarios al trabajo, y muy aficionados 
al robo de ganados. Habrá unos 14.000. 

En las inmediaciones del seno de Davao, hay una 
tribu mixta de mandayas y manguangas, enemiga de los 
moros. Sü número asciende á 7.000. 

Guiangas y Bagobos. — En las cercanías del volcán de 
Apo y á orillas del rio Pulangui, encuéntranse los Guian- 
gas y Bagobos, raza, cruel y antropófaga. Adoran un dios 
bajo el nombre de Busao, en cuyo honor hacen sacrifi- 
cios humanos. Estos salvajes feroces se extienden has- 
ta las playas del seno de Davao, muy cerca del río Ca- 
silaran y del puerto de Malalag. Son robustos y gue- 
rreros. Elaboran tejidos de algodón y de abacá y labran 
sementeras de arroz. Serán de 10 á 12.000 de cada 
raza. 

Tagacaolos, Sanguiks y Bilanes. — Estas razas moran 
cerca del volcán de Apo, por el S., en las islas Saran- 
gani y por las grandes laderas del Matutum, hasta la 
costa SO. de la isla. Son valientes y susceptibles de fá- 
cil civilización. Los hombres se agujerean las orejas, 



32 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

en las que llevan grandes botones de marfil, de los que 
penden enormes sartas de abalorios. 

Los primeros son oriundos de aeta. 

Aborrecen los latrocinios y el adulterio, delitos que 
castigan severamente, y poseen otras cualidades reco- 
mendables. Calcúlanse en 25.ooo. 

Tirulayes. — Habitan en las niontañas de Tamontaca, 
y en las que rodean á la bahía Illana. Son más raquí- 
ticos y menos inteligentes que los moros. Su traje es 
incompleto y vario. 

Sus mujeres visten con más esmero; algunas usan 
un sombrero de palma de forma cónica cóncava, de 
grandes alas; un jubón abrochado por la garganta, de- 
jando al descubierto el pecho; un faldellín hasta la ro- 
dilla, y los brazos y piernas desnudas, pero adornadas 
por infinito número de anillos que chocan y suenan al 
andar; cinturón de sortijas de hoja de lata, y enormes 
zarcillos, á cuyo peso se les abre desmesuradamente el 
pulpejo de la oreja. Los padres y maridos cuidan poco 
de la honestidad de sus hijas y esposas. 

Cultivan arroz, caña dulce, tabaco y otros productos 
agrícolas. Debe haber sobre 8.000. 

Súbanos. — Moran éstos por la parte occidental de la 
isla, desde Misamis hasta Zamboanga, en los distritos 
intermedios de moros y cristianos. Su color es bastante 
oscuro. Son de costumbres pacíficas y fáciles de some- 
ter, como lo están á los moros del territorio de Sibu- 
guey, á pesar de que su número es treinta veces menor 
al de los súbanos, y no obstante el odio que profesan á 
aquéllos, lo cual demuestra con cuánto más motivo 
aceptarían el dominio español. 

También existen mezclas de estas diferentes razas. 

Conviene mucho favorecer á estas razas contra los 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 33 

moros y atraerlas por completo de la manera más po- 
lítica y persuasiva, pero enérgica á la ve2 y sin contem- 
placiones para nadie, pues en ellas tiene que basarse 
nuestro predominio en Mindanao sobre los malayo-ma- 
hometanos, irreductibles por la diferencia de religión, 
que ha de dificultar siempre una buena inteligencia con 
nosotros y muy odiados de los monteses, entre quienes 
los moros reclutan esclavos, causándoles todo género 
de vejámenes y daños. Para ello deben estrecharse las 
distancias entre nuestros establecimientos militares y 
las rancherías de monteses, á fin de mantener con éstos 
más frecuente comunicación y trato. Conviene aumen- 
r.tar el número de misioneros y á la vez ir situando des- 
tacamentos ó puestos militares escalonados, á partir de 
Misamis hacia el S., y de Surigao hacia el O., cuyos 
jefes deberán tener la autoridad civil necesaria para or- 
ganizar la población sometida, á semejanza de lo prac- 
ticado, con éxito completo, para la reducción de igo- 
rrotes en Tiagan, Lepanto, Bontoc y otros puntos de 
Luzón. Avanzando siempre dichos establecimientos 
conforme fuesen agrupándose á ellos los nuevos redu- 
cidos, que gustosos preferirán hacerlo así á caer escla- 
vos de los moros, éstos tendrían que asimilarse 6 des- 
aparecer. 

Los malayo-musulmanes no reconocen más derecho 
que el de la fuerza; son indómitos en grado sumo y ja- 
más se someterán á ninguna autoridad que no perte- 
nezca á su raza ni se convertirán al cristianismo: los 
moros sámales, los de Joló y Tawi-tawi, que siempre 
han vivido y medrado del pirateo en las costas filipinas, 
que todas sus aficiones son las empresas marítimas y que 
desprecian el cultivo del campo por abrigar la creen- 
cia de que ese es oficio de esclavos, que son quienes 

3 



34 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

se los labran á ellos, y que tienen una independencia y 
ferocidad salvaje, serán siempre un estorbo invencible 
para el progreso social de los puntos que ocupan, y no 
hay que fiar en convenios ni promesas de sumisión y 
paz, sino hacerles sentir la superioridad de nuestras 
fuerzas, sometiéndolos ó ahuyentándolos. 

De este modo, únicamente, llegaremos á dominar 
sobre Mindanao y evitaremos costosas guerras para lo 
futuro. Se supone el número de Súbanos en 5o.ooo. 

Dialectos. — Hablan estas razas diferentes dialectos, 
predominando el manobo y el mandaya. En algunos 
puntos ofrece su lenguaje gran mezcla de malayo, mo- 
ro y visaya. 

DISTRITOS DE MINDANAO. 



Por Real decreto de 3 1 de Julio de 1860, se creó un 
gobierno general P. M. en la isla de Mindanao y sus ad- 
yacentes, á cargo hoy de un brigadier. 

Compónese de los seis distritos siguientes: 

i.° Zamboanga: comprende la parte de la provincia 
de su nombre, que abraza el seno de Sibuguey y la costa 
O* de la isla hasta punta Maralag. 

2.° Misamis, con la isla de Camiguin. 

3.° Surígao, con el grupo de islas de su nombre, si- 
tuadas al N. y NE. del distrito. 

4.° Davao, con la isla de Samal, que está en el seno 
de aquel nombre, comprende desde Surigao hasta las islas 
Sarangani, situadas al extremo SO., abrazando en su 
jurisdicción el puerto Balete y la bahía de Pujaga, sobre 
la costa E. de Mindanao y al NE. del cabo de San 
Agustín. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 35 

5.° Cottabato y Pollok, con la isla de Bongo, en la 
bahía Illana. 

6.° Basilan. 

Comandancias militares. — Dapitan, al N. de Minda- 
nao, desde punta Taglo á la de Sicayap, al O., y la de 
Silla, al E. Bislig, al E. de Mindanao, desde punta Ca- 
uit hasta Surigao. De este punto toma la dirección ESO. 
al interior del distrito hasta el río Suntug, y continúa 
al N. hasta el pueblo Hijo. 

El gobierno de cada uno de los distritos de Minda- 
nao, Surigao y Cottabato, está á cargo de un teniente 
coronel de ejército, y el de los de Zamboanga, Davao 
y Basilan, y la comandancia de Dapitan, al de un co- 
mandante, respectivamente; la última, depende del go- 
bernador de Misamis. 

Zamboanga, Misamis, Surigao y Pollok cuentan juz- 
gados de primera instancia, de entrada. El gobierno de 
Davao tiene atribuciones judiciales. En la primera de 
estas provincias sirve el ramo de Hacienda un admi- 
nistrador de Aduanas, y el de Correos un administra- 
dor con la categoría de oficial tercero. En las de Misa- 
mis, Surigao y Pollok, existen administraciones de 
Hacienda de cuarta clase. En los distritos restantes des- 
empeñan estos ramos sus respectivos gobernadores. 

En todo Mindanao ejercen la parte espiritual los je- 
suítas, menos en Misamis, Surigao y Bislig, en que 
también hay recoletos. 

ZAMBOANGA. 

El distrito de Zamboanga linda al N. con la punta 
Maralag, del distrito de Misamis; al E., con el de Po- 
llok ó Cottabato; al S., con la isla de Basilan y el Ar- 



36 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

chipiélago de Joló, y al O., con el mar de Mindanao. 

Zamboanga, villa creada en i636, y que hasta hace 
algunos años ha sido la capital de Mindanao, está si- 
tuada sobre la playa, en terreno llano y descubierto, te- 
niendo á su espalda la cordillera Pulungbató. Limítala 
al NE. el pueblo de Tetuán; al N., el barrio de Santa 
María, y al O., el de Gusú, la Visita de Dumalón y la 
Colonia de San Ramón. 

Al S. de Zamboanga se encuentran las islas de Santa 
Cruz; al E., sobre la costa, las deTigtanan, Malanipa, 
Sacol y Tumatuta, y la de Olutanga, al SE. del seno 
de Sibuguey . 

Clima. — Templado todo el año, á excepción de los 
meses de Noviembre á Enero, durante los cuales refres- 
ca mucho. El viento O. es muy constante en Zamboan- 
ga. Su atmósfera está siempre limpia y despejada. No 
se sienten baguios ni temporales. 

Montes. — La cordillera Pulungbató es la principal, 
distinguiéndose los montes Paranhuag, Cabigan, Tu- 
lungatura. Zas, Tinuba, Tarlin, Malandi y algún otro. 

Ríos. — 'El Nahuan, que nace en la cordillera Pulung- 
bató, surte de agua á la población, á sus arrabales y al 
pueblo de Tetuán. Pasa por los barrios de Santa María 
y Tumaga, entra en Tetuán y desagua en Masinlog. 
Los principales ríos del distrito son el Dumalón, el de 
San Ramón y el Putalong. Muchos otros cuenta de 
menos importancia. 

Lagos. — El de Baguey, al NE. de la plaza. 

Costas. — Tiene 849 millas de costa, desde la punta SO. 
de Flechas, al E., hasta la punta Maralag, al NO. La 
bahía Sindangan se encuentra al N. entre las puntas 
Murciélagos y Banigan, y el seno de Sibuguey, al E., 
donde se halla el puerto de Banga. Las ensenadas Si- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BOKNEO 37 

buco y Cauit están en la costa E., entre las puntas Ba- 
talampon y Siocon, y entre ésta ó la de Bulangonan y 
Dulanguin, el puerto de Santa María. Los de Zamboan- 
ga y la Caldera se hallan al S. La costa de éstos es are- 
nosa en toda la parte que da al frente de la población, 
y llana y algo pedregosa desde Balinasan hasta Puta- 
long. Aunque abierta y combatida por las olas, si reinan 
el S. y el O., ofrece abrigo para los vientos del N. y del 
E. La rada tiene buen fondeadero, pero ofrece poca se- 
guridad porque está lleno de piedras. En la costa N. 
del estrecho puede fondearse sobre 12 á i6 bra2as are- 
na, sin acercarse mucho á la playa. 

Zamboanga es puerto habilitado para el comercio 
exterior (0. 

En esta villa hay un hospital militar. Cuenta buenas 
carreteras para comunicarse con los pueblos del distrito. 

Población.— Unos 14.500 habitantes. Al N. del puer- 
to de Santa María, existe un pueblo moro que tendrá 
2.5oo almas. Los zamboangueños son completamente 
opuestos al trabajo. En la capital no hay medio de pro- 
porcionarse un criado. Son bastante viciosos, pero pa- 
cíficos y sumisos ala autoridad. Los privilegios que han 
conquistado por su continua lucha contra los moros, 
y entre otros la exención de quintas, hace que se consi- 
deren superiores á los demás indios. Los naturales de 
Zamboanga hablan todos, aunque imperfectamente, el 
español. Su ocupación habitual es el tráfico con los mo- 
ros; también se dedican algo á la agricultura, desde 
hace poco tiempo. 

(1) El resumen general de los valores del comercio obtenido por esta 
Aduana durante el año de 1883, fué: 

Importación 12.740 pesos. 

Exportación » 



335857 



38 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

La capital está defendida por una fortaleza llamada 
del Pilar, y con cuatro baluartes denominados San 
Francisco, San Felipe, San Fernando y San Luis. La 
cindadela se halla cerrada por los baluartes Santa Bár- 
bara y Santa Catalina. La guarnece fuerza de infante- 
ría. Zamboanga dista de Manila 56i millas. 

MISAMIS. 

Provincia al N. de Mindanao, creada en 1622, á la 
cual pertenecen la isla de Camiguin, al NO. de punta 
Sipaca, y las de Zelino, Aliguay y Bantequi. 

Límites. — Al N. y O., el mar de Visayas; al E., Su- 
rigao, y al S., el interior de la isla de Mindanao. 

Extensión. — De N. á S., 41,77 kilómetros, y 241,34 
de E. á O. 

Clima. — Cálido y sumamente húmedo. Los vientos 
del N., NE. y SO. azotan mucho esta provincia. 

Terreno. — Montuoso en general y fértil. 

Montes. — La cordillera principal parte de punta Ma- 
ralag, en dirección al E., hasta unirse con laque sepa- 
ra á Misamis de Davao, encaminándose después al N., 
hasta morir al O. de punta Divata. En esta cordillera, 
al S. de Misamis, se hallan los elevados montes Ran- 

gaya. 

Volcanes. — El de Camiguin, ya descrito. 

ríos. — Cuenta 18, siendo los principales el Lubun- 
gan, el Iligan y el Cagayán. 

Lagtmas. — Las de Panguil y Malanao. 

Puertos. — El de punta Sipaca, en la parte N. de Min- 
danao; el de Quiualang, en la bahía de Iligan, entre 
Salimbal y Minor; el Maigo, á la entrada de la ensenada 
de Misamis, y otro entre las puntas Blanca y Maralag. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 39 

Costas. — Las de Misamis tienen 240 millas de exten- 
sión. Principia en punta Divata y termina en la de Ma- 
ralag. Divata separa á Misamis de Surigao por elE., y 
Maralag á Zamboanga por el O. 

Minas. — En los ríos Iligan y Cagayán se presenta el 
oro en aluviones. En Initao, Iponán y Pigtao hay mu- 
chos lavaderos. Algunas pepitas extraídas en los dos 
últimos pesaban unos tres taeles. 

El oro en polvo que obtienen por lavado de las are- 
nas, excede siempre de 20 quilates. 

Agricultura. — Se halla descuidada, pues solamente 
cultivan unas 24.000 hectáreas, destinadas á abacá, 
caña dulce, cacao, palay, maíz y varios artículos cuyo 
producto no baja de 500.000 pesos. 

Industria. — Además de la extracción del oro, existe 
la industria de los tejidos de abacá y algodón. Se calcula 
que cada mujer de las 1.800 consagradas á este trabajo 
obtiene una utilidad líquida al año de 80 pesos, ó sean 
144.000 en total. En Aluvijid y Balinhasay se dedican 
á la pesca del balate y á la recolección de sigáis ó ca- 
racolitos (Cyprea). 

Comercio. — La mayor parte de los productos de Mi- 
samis van á Cebú. Algunos, aunque en menor escala, 
á Manila. 

La exportación se compone de los siguientes pro- 
ductos: 

Abacá, azúcar, aceite de coco, cacao, canela, cera, 
cerdos, palay, maíz y sibucao, cuyo total valor no baja 
de Soo.ooo pesos fuertes. 

El tabaco de varios pueblos del interior es suma- 
mente apreciado, pagándose á elevado precio. 

Población. — Unas go.ooo almas. Distínguense los 
habitantes de este distrito por su cultura, no menos 



40 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

que por su enemistad hacia los moros, contra los cuales 
se han batido siempre con bravura. 

Iligan y Dapitan son pueblos célebres en la historia 
de Mindanao, por su valor contra los piratas joloanos. 
Hacia el N. de Mindanao moran sobre lo.ooo monteses 
é igual número de manobos en las inmediaciones de Da- 
pitan. Desde Iligan hasta la laguna de Malanao, hay 
asimismo unos 20.000 moros. La población total de Mi- 
samis viene á ser de 120.000 almas. 

Misamis es uno de los pueblos más bonitos del Ar- 
chipiélago. Dista de Manila, vía de Cebú, 481 millas. 

SURIGAO. 

Esta provincia fué la primera que Magallanes incor- 
poró al dominiode España (i52i). En un principio llevó 
el nombre de Corregimiento de Butuan. Después pro- 
vincia de Caraga, hasta 1849 en que se la impuso el 
de Surigao. 

Comienza en punta Divata, se extiende al E. hasta 
punta Banaján y sigue hasta Surigao. El término de la 
provincia es punta Cauit. Pertenecen á Surigao las islas 
llamadas Dinagat, Siargao, Bucás, Gipdo, Donadona, 
Caburao, Argao, Lampungan, Sibunga y General. 

Límites. — Confina al O. con Misamis; al N., con las 
islas Limasagua y Leyte; al NE., con las islas de su 
nombre; al E., con el mar Pacifico; al S., con el inte- 
rior de Mindanao, y al N., con Davao y Cottabato. 

Extensión, — De N. á S. tiene 124,25 kilómetros, y 
de E. á O., en la parte máxima, 97,78. 

Clima. — Cálido y en exceso húmedo, obedeciendo á 
los vientos NO. y SO. Llueve mucho y se suelen sentir 
grandes baguios. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 4I 

Terreno. — Montuoso, volcánico, á trechos llano, é in- 
culto en gran parte. 

Montes. — La cordillera principal parte desde punta 
Divata, al N., hasta Salacogon, al SE., en lo interior, 
y desde aquí al NE., hasta Tinabigan, en la costa 
oriental de Mindanao, donde se une con la de la costa 
occidental, que sale de Jabonga y termina en punta Ba- 
naján, al NO. de la provincia. Los montes más nota- 
bles son los llamados Canimón, Binutong y Canmahat. 
El terreno de estos montes lo constituyen pizarras tal- 
cosas y serpentina. Entre los productos vegetales de 
este distrito se distinguen las hermosas cañas blancas 
para bastones, llamadas de Indias. 

Ríos. — El más caudaloso es el Butuan ó Agusan, ya 
descrito. 

Lagunas. — La de Sapangan ó Mainit. 

Costas. — Las de Surigao miden 97 millas de extensión 
al O., 20 al N. y III al E., desde punta Divata hasta 
Cauit. Durante la monzón del NE. se halla cerrada, y 
desde Octubre á Mayo es muy expuesta la navegación 
á causa de las gruesas mareas del Pacífico. No es mucho 
mejor la del SE. 

Estrechos. — El de Surigao, al N. de Mindanao y 
al NE. de la provincia, entre las puntas Banaján al S. 
y la de Panaon al N., á una distancia de 12 millas, que 
es el ancho del estrecho. La velocidad de las corrientes 
en él suele ser de 11 millas por hora. 

Comercio. — Existe entre esta provincia y la de Cebú 
en bastante importancia. El de cabotaje con Manila, 
consistente en abacá, brea, balate, bejucos para basto- 
nes, cacao, cera, cueros y otros varios artículos, se 
calcula en iSo.ooo pesos anuales. 

Minas. — Existen bastantes lavaderos en diversos pun- 



42 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

tos de la provincia. En los terrenos calizos de los mon- 
tes expresados anteriormente, se ve el oro mezclado con 
piritas de hierro y cobre, galena y blenda. 

La producción de oro al año se calcula en 1.800 
taeles, ó sean 32.400 pesos, constituyendo su extrac- 
ción la principal industria de los naturales del país. 

Ganadería. — Es escasa y de poca vida, por la excesi- 
va humedad del territorio. 

Población. — Sobre 58. 000 almas. Los habitantes son 
dóciles y honrados, pero poco amigos de las faenas cam- 
pestres. La instrucción pública se halla bastante atrasa- 
da. Moran en el interior las castas de los Aeias, Mano- 
bos, Mandayas y Bagobos, cuyo número en este distrito 
se calcula en 10.200 almas. 

Surigao dista de Manila, vía de Cebú, 461 millas. 

BISLIG. 

Bislig formó parte de la provincia de Nueva Guipúz- 
coa ó Davao hasta i858, desde cuya fecha depende de 
Surigao. 

Pertenecen á Bislig las siguientes islas: Arangasa, 
al S. del puerto Canay; Macangani, al N. de Tandag; 
Aguiman, al N. de la bocana de la ensenada de Lian- 
gan; Tigdos, al N. de la ensenada de Bislig; Masahu- 
ran, á la entrada de la anterior, y Pujaga, sobre la 
punta SO. de Balete. 

Límites. — Confina al N. con Surigao; al E., con el 
Pacífico, y al S. y O., con Davao y con el Cabo de San 
Agustín. 

Extensión. — 167,10 kilómetros de N. á S., con 38,09 
de E. á O. desde Bislig á la montaña que lo separa de 
Davao, y 55,70 en la parte más ancha del distrito en 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 43 

la misma dirección. Desde punta Subug se dirige al SO. 
del territorio, y de aquí recorre 60j32 kilómetros hasta 
el pueblo de Hijo. 

Clima. — Sano y cálido. Los vientos reinantes son 
el NE., E. y SO. 

Terreno. — Montuoso y quebradizo, con algunas ca- 
ñadas hacia el interior. La parte más llana, inmediata 
á la costa, es sumamente fértil y susceptible de todo 
género de producciones. 

Montes. — El Catalán, del que parten otros menos 
elevados, que cruzan el territorio de Balete y terminan 
en el Cabo San Agustín. Abundan los productos fores- 
tales. 

Ríos. — El Tandag, Tago, Tuagan, Mandag, Cateel y 
Bislig, que desaguan en el mar. El más caudaloso es el 
Cateel. Su bocana ofrece poca seguridad á las embarca- 
ciones. El Bislig es poco caudaloso, navegable solamen- 
te para falúas. 

Puertos. — El de Bislig, abierto al NE., de poco fondo, 
sucio, con 6 bajos de arena y 4 á 6 brazas de fondo, al 
NO. de la isla Masahuran, y 27 y 5o entre ésta y la 
punta Sancol. Es bueno sólo para falúas. El de Cateel 
se encuentra muy combatido por los vientos allí reinan- 
tes. El de Tubud, en la ensenada de Caraga, se halla 
al abrigo de todos los vientos menos del N. 

Costas. — Se extienden sobre 140 millas. Desde punta 
Cauit, baja al S. hasta el pueblo de Tandag; toma 
al SE.; llega al puerto de Canay, situado al S. de la 
punta Lalubuyón ó Lambullán, y, al N. de la isla Aran- 
gasa, hace rumbo al SO. hasta llegar á la ensenada de 
Liangan; y desde la punta Bancutin, que es la más sa- 
liente, corre al S. la costa, en cuya dirección se halla 
la ensenada Lamón y los islotes Tigdos y Masahuran. 



44 HISTORIA DE LA. PIRATERÍA 

Entre la última punta y la de Saneó está el pueblo de 
Bislig. Saliendo de la ensenada, rumbo al S., se encuen- 
tran el río Tuagan, el puerto Tambog, las puntas Ca- 
tarmán, Bagoso y Baganga. Pásanse las puntas Nunu- 
can y Baculing y se llega á la de Sancol, entre la cual 
y la de Subug está el pueblo y puerto de Caraga. Sigue 
la costa al SO., y después de pasar las puntas Balugo, 
Casoman, Yacat y Tabobon, se llega á la ensenada de 
Mayao, última del distrito, situada entre las puntas Ta- 
bobon y Bobon. 

Bajos. — El de Canay, de 5 millas de extensión; el de 
Sanco, con 3,75, y varios entre Tuagan y puerto Ca- 
tarmán, con lo. Existen algunos más que tienen desde 
4 hasta 3o brazas de fondo, según los sitios. 

La agricultura, industria, comercio, ganadería y pro- 
ducción es escasa. Los naturales se dedican con prefe- 
rencia á la explotación del oro. 

También la instrucción primaria está atrasadísima. 

Po¿/¿ic/ó«.7— (Peninsulares, mestizos, indios y chinos.) 
Unas 21.100 almas. Además sobre lo.ooo infieles de 
Davao, que se extienden hasta las inmediaciones de 
Mayao. La capital, Bislig, dista de Manila, vía de Su- 
rigao, 619 millas. Está situada á la derecha del río de 
su nombre. Casi todos los pueblos se hallan sobre la 
costa. El gobierno lo ejerce un capitán de ejército, de- 
pendiente del gobernador de Surigao. 

DAVAO. 

Conquistó este territorio á los moros en 1848 el in- 
trépido español D. José deOyanguren, autorizado para 
hacer la expedición á su coste por el gobierno de Fili- 
pinas, recibiendo, por cierto, inicuo pago. Púsole por 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 45 

nombre Nueva Guipúzcoa, denominación que en i85i 
fué injustamente suprimida, recibiendo la de Davao. 

Pertenecen á este distrito las islas Samal, Talicud, 
Pujaga, las Saranganis, Sirangan, Moleron y Lumbal, 
y los islotes Malipanas y Sigaboy. 

Límites. — Al N., Surigao; al NO., Cottabato, en 
cuya parte intermedia está la laguna Buluan y el terri- 
torio llamado Boayen ó Buhayen, y al SE. el mar 
Pacífico, donde se hallan el puerto Balete y la bahía 
Pujaga. 

Extensión. — Extiéndese desde la punta Bobon, al S. 
de la ensenada de Mayao, hasta el cabo de San Agustín, 
unos 48, 23 kilómetros; continúa al centro del seno hasta 
el NO. del pueblo Hijo, sobre 102,09, Y ^^ ^^^^ pueblo 
al S., en la costa E. del distrito hasta punta Saran- 
gani, 161,53. La parte más ancha en la costa O. tiene 
55,70 kilómetros desde punta Gorda al interior. 

Clima. — Benigno en general. 

Terreno. — Excesivamente montuoso. 

Montes. — Los de este distrito tienen asombrosa ve- 
getación. Distingüese el elevado Pabulbungan. 

Volcanes. — En los montes de sus inmediaciones se des- 
taca el majestuoso Apo. 

Ríos. — El de Davao, muy caudaloso, de ancho cauce 
y de bastante extensión. En embarcaciones pequeñas se 
navega por él hasta considerable distancia. El Tagun y 
el Hijo son también caudalosos, y algo menos el Lan- 
tug, Quinocot y Sumulog. 

Puertos. — Las costas de Davao son muy combatidas 
por las olas cuando reinan el S. y SO. El fondeadero 
principal se halla en el canal que forma la playa de Da- 
vao con la isla de Samal, pero ofrece poco abrigo en la 
monzón del SO. El puerto Balete, en la ensenada Pu- 



46 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

jaga, está resguardado de los vientos N. y S., y el de 
Glan, con buen fondeadero, de los del S. y SE. 

Costas. — La costa E. principia en la punta Tancanan, 
dirigiéndose al O. hasta el centro del puerto Balete, 
cuya ensenada es conocida por el nombre de Pujaga, 
desde donde sigue la costa al S. hasta el cabo de San 
Agustín, dejando á la derecha la punta Mapandi, el río 
Cabasuya y las puntas Luban y Mabiga. Una vez do- 
blado el cabo^ la costa sigue al N.; pásanse las puntas 
Cagunhuang, Taca, Casa-casa y Dumango; se llega á 
la ensenada Mapanga, al E. de la isla de Samal, y pa- 
sando al N. de esta isla, á unas 11, 25 millas de punta 
Bacolod, cambia de dirección al SE. En el centro de la 
costa, al O. de la referida isla, se halla el pueblo de Da- 
vao, al NE. del seno de Casilaran, Continúa la costa casi 
recta liasta punta Gorda; cambia al SO. hasta llegar á 
punta Panguitan ó Sarangani, doblada la cual, y des- 
pués de pasar la punta Lon, la bahía Butalacki ó En- 
gañosa, y la punta Bluff, se llega al fondeadero de Glan, 
á la entrada de la bahía de Sugud Boyan, en que ter- 
mina la costa del distrito. Su extensión, desde punta 
Panguitan al seno de Casilaran, es de 120,64 kilóme- 
tros de N. á S., y 5o, 92 de E. á O. Desde este último 
punto hasta la barra del río Hijo, al N., 67,28; desde 
aquí al cabo de San Agustín, al S., 106,72; de éste al 
puerto Balete, al N., 41,77. 

Población. — Unas 1.700 almas. Además de la pobla- 
ción expresada, cuya gran mayoría es de indios y una 
muy escasa de españoles, mestizos y chinos, existen 
sobre 2.3oo moros en las islas Sarangani, y cerca de 
16.000 Guiangas, Bagohos, Calaganes, Tagacaolos y Bi- 
lanes, repartidos en diferentes puntos del lado occiden- 
tal y oriental del seno de Davao é isla de Samal, entre 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 47 

cuyas razas viven también algunos centenares de mo- 
ros. Los naturales de Davao están exentos de quintas. 
Davao dista de Manila 684 millas. 

El progreso material de este distrito estriba en las 
futuras reducciones de monteses y en el establecimiento 
de comunicaciones más frecuentes con Manila. 

COTTABATO. — POLLOK. 

Pollok está situado á la entrada del río Pulangui, en 
la costa O. de la isla de Mindanao, casi frente de la isla 
Bongo, en la bahía Illana. Su fundación data de i85i. 
Hoy constituye el quinto distrito de Mindanao, junta- 
mente con el establecimiento militar de Cottabato (cas- 
tillo de piedra), que ha venido á ser la capital del go- 
bierno general de la isla. 

Límites. — Al E., la bahía Illana, con la provincia 
de Zamboanga; desde punta Flechas, al N., confina con 
las extensas cordilleras que dividen su extremidad N. 
de Misamis y Surigao; al E., en el interior, con el dis- 
trito de Davao, y al S. y O., con el mar de Mindanao. 

Extensión. — De punta Flechas, al N., en el país de 
los moros Ulanos, 5i,02 kilómetros, ó sea hasta Tacu- 
ran; de aquí hasta los montes de Bislig, 272,98; de 
punta Bulaluan al S., hasta el N., 228, g3, y 181,91 
desde Bacud hasta el volcán que se encuentra al NO, 
de la laguna Manguindanao. 

Clima. — El de Cottabato es muy húmedo y malsano. 
El de Pollok es más benigno. 

Terreno. — Montuoso, arcilloso y fangoso. En Cotta- 
bato abundan los manglares. El terreno de Pollok es 
más seco. Llueve mucho y se dejan sentir con frecuen- 
cia horribles terremotos. En Diciembre de 1871 y Ene- 



48 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ro de 1872 los hubo verdaderamente horribles, según 
en otro lugar expusimos. 

Montes. — Hacia el N. existen los elevados Rangaya, 
sobresaliendo el pico Macaturin y el monte Apo. 

Volcanes. — El Macaturin, el Apo, el Cottabato y el 
Butulan. Existen indicios de otros varios en el interior. 

Ríos. — Desaguan en la bahía Illana los llamados 
Maisin, Curamalan, Baras, Sugut, Simoy, Grande de 
Cagayán, Amplajan, Tabuun, Matabuly Graan. El más 
caudaloso es el Pulangui, de que ya hemos hecho 
mención. 

Lagunas. — Las de Maguindanao, Liguasan y Bu- 
luan, ya referidas. 

Costas. — Parte de punta Flechas, corre de N. á S. 
hasta Pollok y continúa á punta Tapian, desciende 
al SE. y termina en la bahía de Sarangani. La bahía 
Illana se halla entre punta Flechas y Bamban; desde 
aquí corre la costa al N. 40° E. hasta el río Grande. A 
milla y media SE. de la isla Bongo puede fondearse 
en 10 á 15 brazas. Al EO. con la punta N. de esta 
isla se halla el puerto de Pollok. Su fondo, á la entrada 
y en la medianería es de 46 á 3o brazas, y de 20 y i5 
junto á la playa del S., al E. del arrecife que rodea la 
punta. 

La isla Bongo hállase situada frente al río Grande 
de Mindanao, á unas 9 millas. Desde Pollok á punta 
Flechas ofrece la costa varios puertos, ensenadas y bo- 
canas que están por reconocer, ó sea al N. de la bahía 
Illana, residencia del Sultanato de Mindanao. 

Aguas minerales. — En la falda de la colina de Cotta- 
bato brota un manantial caliente y muy sulfuroso, cuya 
temperatura del agua en la superficie es de 40° cen- 
tígrados. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 49 

Agricultura y producción. — Casi todo el terreno culti- 
vado se encuentra en el territorio que ocupan los mo- 
ros. El café que cosechan es de excelente calidad. Tam- 
bién cultivan cacao y palay. El comercio lo monopoli- 
zan los chinos. 

En Pollok hay una estación naval, encomendada á 
un capitán de fragata. 

Población. — Unas i.3oo almas, distribuidas en los 
tres puntos arriba citados. Además, á orillas del río 
Pulangui, residen los tirulayes, y los ulanos al NO. 

La capital, Cottabato, dista de Manila, vía de Zam- 
boanga, 676,50 millas; de Pollok, 20 kilómetros; 4,61 
de Tamontaca; 85,83 de la laguna Maguindanao, y 
6o,32 de la de Liguasan. 

Cottabato no ha respondido álos fines de su elevación 
á capital deMindanao, antes por el contrario, la deficien- 
cia de nuestras autoridades y sus poco prudentes medi- 
das fueron causa de que la numerosa población moro- 
malaya, que cultivaba sus campos y sostenía activo 
tráfico de arroz, café, cacao, aves domésticas, frutas, 
etcétera, haya ido desapareciendo, cuando de seguir 
otra política de atracción y tolerancia en determinados 
asuntos, hubiese sucedido todo lo contrario. 

Hoy la población civil sólo se compone de algunos 
deportados y sirvientes y de los falaces mercaderes chi- 
nos, que explotan á españoles y moros, fomentan las 
pasiones de éstos y sus prevenciones contra España, 
aliándose siempre con nuestros enemigos, aunque se- 
cretamente, constituyendo un elemento perjudicial, que 
sería oportuno reducir á la impotencia, y mejor aún, 
alejar de aquellos puntos. 



¡o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

BASILAN. 

La provincia de la Isabela de Basilan, isla situada 
hacia la parte O. de Mindanao, se creó en i85i. 

Rodean á Basilan cuarenta islas, formando distintos 
grupos, siendo las principales Teinga, Orejas de liebre, 
Basaan, Catulub, Pilas, Paluc y Caricuman, situadas 
al N., NO. y SO.; Bucutua, Belanan, Tongquil, Farol 
y Balanguingui, al S.; y Canluan, al SE. Todas están 
habitadas por moros joloanos. 

La isla de Pilas, que es la mayor del grupo, se pro- 
longa 16,71 kilómetros de N. á S. Ha sido siempre el 
abrigo de los piratas. La isla más inmediata á Basilan 
es la de Malamawi, situada al NO., separándolas un 
canal de dos tercios escasos de milla. 

Parten de Basilan en dirección SO. varios islotes, que 
forman como una cadena, que enlaza el Archipiélago 
con Borneo, entre los cuales se halla Joló, Tawi-Tawi, 
etcétera. Teinga es la más al N. del Archipiélago 
de Joló. 

Límites. — Al N., Zamboanga; al O., el mar de Min- 
danao; al E., la ensenada de Limao, y al S., Joló. 

Extensión. — Tiene 2 1,27 kilómetros de E.á O., 88,99 
de N. á S., y 1.275 kilómetros cuadrados de superficie. 

Clima. — Benigno. Los vientos reinantes son Nortes 
y Sudoestes. A causa de los pantanos de las inmedia- 
ciones, se padecen intermitentes desde Setiembre á Di- 
ciembre. 

Terreno. — El suelo de la isla es accidentado, volcáni- 
co, montuoso é inculto en su mayor parte, por temer 
los naturales las tropelías de los moros. 

Montes. — Las montañas son bajas, pedregosas y de 
admirable vegetación. Abundan las maderas de cons- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 5I 

trucción y la resina, cera y miel, y se cree que existan 
grandes criaderos de cobre. 

Ríos. — De los montes del S, de la población parte un 
rio, el Maluso, que desagua en la Silanga, al SO. de 
Basilan, el cual participa del flujo y reflujo de las ma- 
reas. Esta Silanga está abrigada de todos los vientos. 
Su profundidad mínima es de 2 brazas, y la máxima 
de 20. 

Estrechos. — El de Basilan lo forma la extremidad SO. 
de Zamboanga y la costa N. de la isla de su nombre. 

La boca occidental da salida al mar de Mindoro. La 
oriental da entrada al mar de Célebes. En el centro de 
este estrecho se hallan las islas de Santa Cruz, perte- 
necientes al distrito de Zamboanga. 

Población. — Unas 800 almas. Casi toda la isla está 
ocupada por moros llamados jacanes, sumamente trai- 
cioneros y ladrones. Se dedican á la pesca y al tT^áfico 
con los cristianos. No reconocen autoridad ninguna, ni 
tienen morada fija. 

La agricultura, la industria, el comercio y la produc- 
ción es de escasísima entidad. 

La capital, Isabela, está situada en un declive, cu- 
bierto de vegetación. En su parte baja es pantanoso, 
costeándole un río que procede de los montes que se 
hallan al S. Está resguardada de todos los vientos, me- 
nos del SO. Dista de Manila 620 millas; de Zamboan- 
ga, 10 7.J, y de Joló unas 75. Posee un fuerte con cua- 
tro baluartes. 

En el pueblo de la Isabela apenas si hay otros edifi- 
cios que los del Estado. El pueblo no ofrece nada de 
notable; pero como punto militar es muy importante, y 
conviene esté bien guarnecido y con marina suficiente 
para las eventualidades de la guerra. 



52 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

En Basilan hay estación naval. 

La privilegiada isla de Mindanao, por su extenso te- 
rritorio, por su inmensa riqueza forestal y minera, por 
sus anchas y caudalosas vías fluviales, por sus muchos 
y excelentes puertos, y por su magníñca posición geo- 
gráfica, ofrece grandioso porvenir al engrandecimiento 
colonial de nuestra patria. 



ARCHIPIÉLAGO DE JOLÓ. 



El Archipiélago de Joló está formado por una mul- 
titud de islas madrepóricas, cuyos principales grupos se 
denominan Joló, Tawi-Tawi, Tapul, Pangutarang, 
Tagbabas, Balanguingui, Kecuapoussan y Cagayán de 
Joló. El último, situado en la extremidad septentrional 
de Borneo, una parte de esta isla y casi toda la Para- 
gua, es lo que constituye la sultanía de Joló. 

Dicho Archipiélago se extiende desde la isla Simisa, 
al E., hasta las islas Taju, al O., y desde la isla Pala- 
pat, al SO., hasta la de Lubigan, al NO. 

El grupo de Joló se compone de 19 islas, de las cua- 
les una es regular, cuatro de mediana extensión y las 
restantes pequeñas. 

El grupo de Tawi-Tawi, situado entre Joló y Borneo, 
asciende á más de cuarenta islas, de las cuales una es 
bastante grande, catorce regulares, y las demás pe- 
queñas. La de Tawi-Tawi tiene 55'yo kilómetros de lon- 
gitud, 20 de ancho y iio millas de circuito. Dista de 
Joló 55 '/a kilómetros. Distingüese en la sierra que la 
atraviesa el pico Dromedario, de 670 metros. Cuenta 
una laguna llamada Lanantangang, con siete brazas de 
fondo. 

El 29 de Enero de 1882 ocupó un destacamento de 
tropas españolas el frontón N.E. de la isla de Bongao, 



54 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

del grupo de las de Tawi-Tawi, izando en la punta sa- 
liente de aquél la bandera nacional. 

A raíz de este suceso, fué á Bongao el paulima (go- 
bernador) Amseyne, con sus sácopes de Ubian. Se le 
invitó á que trasladara su residencia á dicha isla, y así 
lo verificó con toda su familia y cuarenta subditos de 
ambos sexos. El paulima hizo levantar una casa para 
él, á un extremo de la isla, izando en aquélla la ban- 
dera española en señal de adhesión á nuestro país. 

El grupo Tapul, consta de diez y nueve islas, de las 
cuales solamente cuatro son de regular extensión. Tapul 
se extiende 9,21 kilómetros deN. áS. y 4,60 de E. á O., 
y su circunferencia llega á 12 7a millas. 

La más importante del grupo es la isla de Siasi, con 
22 millas de circuito y más de 24 de superficie. En su 
centro se elevan dos picos de 624 y 334 metros respec- 
tivamente, cubiertos de hermosa vegetación. 

Los grupos de Pangutarang y Tagbabas, se componen 
de más de treinta islas bajas, por regla general, nemoro- 
sas y de pequeña extensión. Pangutarang tiene 16, 65 ki- 
lómetros de N. á S., 7,38 de E. á O., en su parte más 
ancha, y 36 millas de costa. 

El grupo de Balanguingui, guarida en otro tiempo 
de terribles piratas, punto principal de la campaña 
de 1848, cuenta diez y ocho islas, de las cuales sólo 
siete alcanzan regular extensión. 

La isla de Cagayán de Joló, la mayor de este grupo, 
situada al N. de Tawi-Tawi, mide 23 millas de ámbi- 
to y más de 20 cuadradas de superficie. De E. á O. la 
atraviesa una cordillera, cuyo pico más alto es el Ledán, 
de 340 metros. Posee dos notables lagunas, una de agua 
salada y potable la otra, y un lago también de agua 
potable. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 55 

Joló, que da nombre al Archipiélago, se halla en 
los 125° 21' longitud y 6° latitud; corre en dirección SO. 
desde Mindanao á Borneo; tiene 72, i5 kilómetros de E. 
á O., 3o, 5 2 de ancho y 840 kilómetros cuadrados de 
superficie. 

Clima.— JLl de Joló es constante, cálido y húmedo. 
En Abril, Mayo y Junio, y en Noviembre 5^ Diciembre, 
llueve mucho. La temperatura es fresca en las costas, y 
fría y húmeda por las noches en la estación de Nortes. 
Durante la época de aguas suelen padecerse allí calen- 
turas intermitentes. 

Terreno. — Montuoso, accidentado, con escasas llanu- 
ras y muy fértil. 

Montes. — La isla presenta una cordillera central que 
corre de N. á E., de la cual parten varias ramificacio- 
nes. Sus montañas son bastante encumbradas y de con- 
figuración volcánica. La cima del Tumantangis, punto 
culminante del sistema, se eleva 882 metros, al cual 
sigue el Babú, de 840 metros. 

Ríos. — Su más caudaloso rio es el de Maibung, que 
nace en las vertientes meridionales de la sierra principal; 
recorre algunas millas, sin gran caudal, y desemboca 
al S. en el pueblo de su nombre. Cuenta, además, los 
de Sucbuc, Ticban y Cabuncut, poco importantes. 

Puertos. — El de Joló, entre las puntas Dinanga- 
pit y Belan, al NO., con 18 á 20 brazas de fondo (1); los 
de Luban, al SE., y Punungan, al SO.; el seno de Ca- 
buncut, al S.; el de Lugbac, frente á la ranchería de 
Vinuayo; el de Tuta, al N. del anterior, donde se ha- 
llan los pueblos Pandampandan y Batibulan. El fon- 
deadero de Carondong y el seno de Pitogo, entre Sang 

(1) Joló es puerto franco desde 1876. 



55 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

y punta Tandican, al SE. de la isla. Sobre la costa NE. 
se halla la isla de Kapual, que forma una silanga entre 
ella y la costa. 

Reino vegetal. — Semejante al de Mindanao. Abunda 
la teca, camuning, molave, narra, mangachapuy, ipil y 
otras maderas igualmente estimables, así como el co- 
cotero, cabonegro, el burí, la ñipa y otras palmas, las 
gomas, almáciga y toda clase de resinas, las raíces ali- 
menticias y demás productos análogos. En sus panta- 
nos abunda mucho el mangle. 

AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO. 

La agricultura en Joló tiene escasa importancia, por- 
que los moros son refractarios á las faenas que requie- 
re, considerándolas indignas de hombres libres. Sin em- 
bargo, produce el suelo, cuya fertilidad es grande, 
excelente café, arroz superior, buen cacao, caña dulce 
y frutas riquísimas; entre ellas, el delicioso mangostán, 
siendo susceptible de todos los cultivos tropicales. 

La industria no es de mucha monta ni alcanza nota- 
ble desarrollo entre los joloanos. Tejen, valiéndose del 
telar primitivo, algunas telas de algodón y abacá, á las 
cuales dan color por medios análogos á los que em- 
plean los filipinos. 

Construyen sus poco complicadas embarcaciones, y 
fabrican lantacas, falconetas y pequeños morteros. For- 
jan el hierro con martillos y sobre yunques; le caldean 
en hogueras alimentadas con carbón vegetal, y se valen 
de procedimientos antiguos, pero eficaces. 

Las herramientas que fabrican, son: e\ patú, escoplo 
pequeño en forma de hacha, que emplean para cortar y 
alisar la madera; el lagut, cuchillo cortante de punta 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 57 

muy aguda; el capá, hacha ordinaria; el licnt, gubia; 
el zancap, escoplo común, y el iucnlf martillo. 

Para dar el temple á sus herramientas y armas, usan 
el agua dulce con hojas de guayabas. 

Hacen las vainas de narra ó de láñete, sujetando sus 
piezas por medio de abrazaderas, caprichosamente teji- 
das, con tiras delgadas de bejucos. 

Pavonan las armas blancas majando en un mortero 
una porción de hierbas de olansimdn ó lancum-lanaun, 
de donde extraen un jugo ácido, que en frío extienden 
por poco tiempo sobre la superficie de aquéllas, la cual, 
después de limpia con aceite de coco, queda con un pa- 
vonado azulado oscuro bastante permanente. 

El mismo procedimiento emplean para las armas de 
fuego, siendo el pavón de punto muy negro. 

Funden en pequeña cantidad la plata y otros me- 
tales. 

Fabrican el azúcar cortando la caña en pedazos; la 
prensan por medio de gruesos maderos y cuecen el zu- 
mo al fuego, hasta que ha adquirido la necesaria den- 
sidad que lo vacian en moldes de coco, y al enfriarse 
este caldo se convierte en panes de cogucho de un color 
oscuro subido, pero de gusto muy agradable. 

Por un procedimiento análogo, obtienen del líquido 
extraído del cabo negro sabrosa miel, muy semejante á 
la de panal. 

Los joloanos sostienen un comercio bastante activo 
con el establecimiento inglés de Labuán, de donde se 
proveen de telas, armas, municiones y manufacturas de 
Europa, á cambio de sus ricos productos naturales, 
como son la concha, el carey, el balate, los bejucos, la 
gutapercha, el cacao, el ámbar, las perlas, el alcanfor, 
los cueros de vacas y de carabaos, el nido y las aletas de 



58 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

tiburón, productos los dos últimamente citados que los 
chinos estiman en gran manera y pagan á peso de oro. 

Los chinos, que en gran número residen en Joló, y 
los holandeses é ingleses de Borneo y Singapoore impor- 
tan también tejidos, opio y armas, recibiendo en cam- 
bio pimienta, cera, nácar, oro en polvo, perlas y los 
demás artículos antes expresados. 

En i838 sostenía el comercio de Manila un activo 
tráfico con el archipiélago joloano, á donde iban al- 
gunos buques mercantes españoles; pero el temor á ser 
traicionados alejó de allí á nuestros comerciantes. 

Joló reúne considerable riqueza, pero poco efectiva 
para España el día que sea dueña en absoluto de todo 
el archipiélago, pues para obtenerla sería preciso man- 
tener la esclavitud, ó por lo menos sujetar á un trabajo 
horrible y de fatal término á los indígenas, cosa que se- 
guramente no haríamos, por razones de humanidad. 

La riqueza más importante de Joló consiste en la 
pesca de la concha nácar que se cría en bancos madre- 
póricos vivos y en mares de corrientes que son las que 
han de llevar su alimento al molusco que, adherido 
para siempre á la roca, no puede proporcionárselo por 
sí mismo. 

Para preparar la pesca de perlas, arrastran primera- 
mente por el fondo un aparato hecho con maderas de 
sus frondosos bosques, cuya dureza iguala á la del hie- 
rro, aparato semejante á los rastrillos que usan nues- 
tros campesinos, el cual va unido á la embarcación por 
una cuerda, y aprovechando los días en que las corrien- 
tes son mayores, y por lo tanto el esfuerzo sobre la em- 
barcación, juntamente con el que le imprime la vela y 
el remo es más poderoso, arrancan con él las conchas 
y corales en que se enreda. Después colocan multitud 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 5g 

de embarcaciones pequeñas, unas detrás de otras, con 
la proa frente á la corriente. 

Los buzos se ponen en cuclillas sobre la borda, prac- 
ticando grandes aspiraciones y expulsiones de aire, con 
objeto de preparar los pulmones para un prolongado 
reposo y de disponer la caja del cuerpo á que soporte la 
enorme presión á que van á someterse. Hecho esto, se 
arrojan todos al agua con el fin de espantar á los tibu- 
rones ó animales dañinos que pueda haber en aquel 
punto, comenzando para ellos el trabajo más penoso que 
es posible idear. La operación se lleva á cabo á una 
profundidad que no baja de 40 metros, permaneciendo 
bajo del agua hasta 55 segundos, trabajo horroroso por 
las fortísimas presiones que sufren, que según antes 
manifestamos, hace que los buzos que lo ejecutan vivan 
poco y padezcan graves enfermedades del pecho. 

Transcurrido el tiempo indicado, se les ve aparecer á 
unos tras otros, llevando un objeto entre los dientes, 
bajo los sobacos, en las manos y entre los dedos de los 
pies. En el instante los auxilian los que permanecen en 
las embarcaciones, pues de no hacerlo así, tienen que 
soltar, para sostenerse, algunos de los objetos extraídos 
del fondo del mar. 

Excusado es decir que esta ruda tarea la encomiendan 
tan sólo á los esclavos, debiendo consignar de pasada 
que, en general, los indígenas bucean admirablemente. 

Entre la gran cantidad de perlas que recogen las hay 
de primera calidad y de mucho valor, blancas y negras, 
y también ovaladas, que á pesar de no ser de gran ta- 
maño, no bajan allí de i5o pesos una. 

Fácil sería que los infelices sujetos á tan duros tra- 
bajos escaparan de las garras de sus despiadados amos, 
aprovechando la ida á aquellos puertos de buques de la 



6o ^ HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

armada; pero no lo hacen, porque sus Dattos, con falaz 
previsión, los casan desde muy niños con mujeres es- 
clavas de su misma raza; y si alguno se fugara, su mu- 
jer y sus hijos serían sacrificados en el acto, indefecti- 
blemente, como ya ha ocurrido. 

Más importante aún que la pesca de perlas, si no por 
su valor intrínseco, por su mayor abundancia y más 
grande rendimiento, es la concha nácar, que alimenta 
los mercados de Singapoore y Manila. 

Otro artículo de comercio que deja á Joló un estima- 
ble producto es el bejuco, que se recoge en cantidad 
enorme en los terrenos anegadizos de Tawi-Tawi y 
otras islas. 

La aleta y cola de tiburón, que se vende á 66 pesetas 
el pico (137 '/a kilogs.), es asimismo bastante beneficio- 
sa, aunque la pesca está erizada de peligros para los 
desdichados esclavos; pues tiene que practicarse en pe- 
queñísimas embarcaciones, no sin que el animal deje 
de luchar porfiadamente antes de rendirse. 

El balate de Joló, infusorio repugnante, pero aprecia- 
dísimo de los chinos, se tuesta y exporta al Celeste im- 
perio en grandes cantidades^ con ventaja infinita para 
sus vendedores. La pesca del balate ofrece también di- 
ficultad suma, por la profundidad á que se verifica. 

La exportación de nido á China, aunque en más re- 
ducida escala, es muy productiva; pues en el mismo 
Joló se estima aquel artículo al peso limpio de la plata. 

Las transacciones mercantiles se hacen entre los jo- 
loanos de una manera originalísima. Su moneda puede 
decirse que es el cachagilao, ó sea la pieza de algodón 
crudo de siete libras. 

El cambio de efectos está tan en boga en Joló como 
en los pueblos primitivos. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 6 1 

Un pico de concha nácar, por ejemplo, se paga con 
veinte piezas de tela; de ellas la mitad de cachagüao y 
tres de colores, que representan mayor valor que las 
otras, aunque su calidad sea la misma. 

No quiere esto decir, sin embargo, que desconozcan 
la moneda. 

Su primer moneda fué el piring, chapa de cobre, re- 
donda y muy delgada, de las que i.ooo formaban un 
duro, y el lachan, igual á la anterior, de mayor tamaño 
y peso, de las que 600 formaban la misma suma, y otra 
de hierro, en extremo delgada, de las que 5. 000 hacían 
un duro. 

Hoy las monedas corrientes son el peso español, la 
rupia de la India y la chapeca china. Mil de éstas valen 
cinco pesetas. 

El movimiento comercial de Joló, durante el año de 
1879, según datos de la Memoria publicada por el co- 
mandante de la goleta Sirena, Sr. Garín, fué como 
sigue ; 

EXPORTACIÓN . 

Pesos. 

2 . 500 picos de concha nácar, al precio medio 

de 32 pesos So . 000 

5 id . de concha carey , alid . de 500 2 . 500 

Perlas por valor de. , 20. 000 

4.300 picos de balate, al precio medio de 20. . 86.000 

5.000 id. de abacá, al id. de 6 30.000 

Alcanfor por valor de 4 , 000 

10 picos de nido blanco, al precio de 150. ... i .500 

150 id. de nido ordinario, al id. de 80 12.000 

250 cabanes de cacao, al id. de 25.. 6.250 

80 picos de café, al id de 16 1.280 

200 id. de aletas de tiburón, al id. de 30 6.000 

300 id. de taclobo, al id. de 10 3.000 

Total 252 . 530 



62 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 



IMPORTACIÓN . 

Pesos. 



15.000 Gabanes de arroz de i.* y 2.^ clase, al 
precio medio de 4 pesos 60.000 

2 . 000 id. de palay, al id . de i ,50 3 . 000 

25 . 000 piezas de coco crudo de 40 y 25 varas, 

al id. de 2 50.000 

1. 000 id. de id. blanco de 46 varas, al id. 
de 3 3 . 000 

10.000 id. id. de id. azul de 12 varas, al 
id. de I , 10.000 

30.000 id. de saya corta de 8 varas, al id. 
de 1,50 45.000 

1. 000 docenas de pañuelos estampados de al- 
godón, al id. de 1,50 1.500 

200 piezas surtidas de tela de seda , al id . 

de 12 2.400 

2.500 id. de indiana de 25 varas, al id. de 

2,50 6.250 

50 fardos de algodón hilado de colores surti- 
dos, al id. de 120 6.000 

100 id, de id. crudo tejido (manta coleta], al 

id . de 100 10. 000 

500 corjas (ternos) de cajas de moro (baúles 

de madera pintados) , al id . de 3 i . 500 

12 cajas de opio, al id. de 800 9.600 

500 id. de tabaco de China, al id. de 30 15.000 

Cuadradillos y planchas de hierro y acero, ca- 
jas de betel y pebeteras de bronces, útiles de 
cocina, loza basta, panocha , bisutería y co- 
mestibles , por valor de 20 . 000 



Total 243 . 250 



La chapeca ordinaria de China es también articulo 
de comercio, calculándose en 5. 000 pesos el importe 
del cambio de esa pasta por productos indígenas. 

El abastecimiento del mercado y la exportación de 
los productos referidos, se verificó bajo la bandera y por 
los buques que á continuación expresamos : 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 



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64 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Ganadería. — El ganado vacuno, que abunda bastante 
en Jolój anda suelto por los montes, siéndoles fácil in- 
ternarlo en caso de guerra. Poseen también caballos, ca- 
rabaos y cabras. 

POBLACIÓN. 

El islamismo se había ido extendiendo paulatina- 
mente por las islas de Java, Sumatra, Borneo, Célebes 
y Molucas, hallándose dichos territorios bajo el dominio 
del califato de Damasco. A la decadencia de éste, eman- 
cipados los naturales de las mencionadas islas de toda 
autoridad, infestaron los mares con sus expediciones pi- 
ráticas, estableciéndose muchos de ellos en las islas del 
Sur de Filipinas. 

Es curioso lo que con respecto á la llegada de los 
mahometanos cuenta con toda la poesía y fantasmago- 
ría oriental el Talasida, ó crónica histórica de la raza 
mahometana, existente en los archivos del sultán de 
Joló. El Sarip Radia Bunsu arribó á Mindanao por el 
río Masinlog, procedente de Borneo. Reconociendo las 
inmediaciones del monte Pulungbató, descubrió un ca- 
marín ó choza, cuyos moradores huyeron despavoridos 
á la vista de los extranjeros. El Sarip penetró en el ca- 
marín, dejó en él su cris de oro y el candil ó faja que 
ceñía su cintura, en cuya faja hizo tres nudos. Volvióse 
á la embocadura del río, y al cabo de otros tantos días 
envió allá á sus principales servidores, quienes regresa- 
ron con un salapá (O de oro, que contenía tres buyos. 
La cita estaba aceptada. 

Transcurrido aquel término, se dirigió el Sarip con 

1 Cajita donde llevan el buyo y el tabaco. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 65 

lo más selecto de su gente y la mayor magnificencia al 
lugar expresado, á donde se presentó á poco Timuay, 
jefe de los naturales, seguido de brillante comitiva de 
ancianos y jefes, y en compañía de su hija Nayac, 
que llevaba ceñida la faja del moro y pendiente de ella 
el cris. 

Tuvieron ambos personajes una amistosa conferencia 
y concertaron el matrimonio del Sarip y de Nayac, cuyo 
acto tuvo lugar á seguida, obsequiándose mutuamente 
en prueba de afecto, él donándole un esclavo, y ella una 
perrita. Así cuenta el Talasida que tuvo origen la do- 
minación de la raza mahometana en Mindanao. 

Descartando del anterior relato todo lo que contiene 
de fantástico, parece indudable que el arribo de los ma- 
hometanos á las islas del Sur de Filipinas precedió en 
muy poco tiempo al de los españoles, siendo casi simul- 
táneo, y asimismo que el Sarip Bunsu fué el primer 
conductor de la ley de Mahoma en aquella región. La 
pompa oriental, la novedad de sus doctrinas, el halago 
de las pasiones, sedujo á los naturales, que vivían en- 
vueltos en supersticiones sencillas, sin creencias arrai- 
gadas, como el resto de los habitantes del extenso ar- 
chipiélago descubierto por Magallanes, por cuya razón 
el régulo de dichos territorios acogió bien al jefe maho- 
metano, asentando paces y amistad mediante la práctica 
de sus extravagantes ritos y ceremonias. Esta buena 
inteligencia se afirmó después por el casamiento del 
Sarip con la hija de Timuay, siendo ello causa de que 
la religión de Mahoma se extendiera y arraigara en Min- 
danao y Joló. Otros creen que la propagación del isla- 
mismo en tan remota parte del mundo se debe á los 
comerciantes árabes, que iban á comprar los productos 
de la tierra para venderlos luego en Venecia. 

5 



66 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

El docto P. Torrubia atribuye el aumento de los 
moros al tráfico de los Macasares, y á que los santones 
de la Meca, saliendo por el estrecho de Moca, van has- 
ta Sumatra, y por este estrecho pasan á las islas del 
Sur. 

Los mahometanos se amalgamaron con los indíge- 
nas adoptando muchas de sus costumbres, é inculcándo- 
les, á su vez, sus usos y prácticas religiosas; uniéronse 
con mujeres del país, y se proporcionaron esclavos que, 
aumentaran su poder. Constituida cierta confederación 
fueron afirmando su dominio sobre los dattos, y crea- 
ron más tarde una especie de monarquía hereditaria en 
determinada familia, entre la cual elegían sultán los 
dattos de aquella raza. A poco vanaron de sistema, 
designando en vida del sultán sus sucesores, bajo los 
títulos de Raja-Muda el heredero inmediato y Guata- 
Mansa el segundo. Apoyábanse en los antiguos dattos, 
cuya dignidad es también hereditaria, y dejaban en 
grande libertad á los Taos-Marayaos, ó hijosdalgo, cla- 
se intermedia entre los dattos y los sdcopcs ó vasallos. 
Formaron, pues, una confederación feudal, y el jefe era 
elegido por los primeros. 

Hoy el gobierno de la sultanía de Joló es oligárquico. 
Hállase á cargo de un sultán, con un Ritin-Bnchara ó 
consejo, compuesto generalmente de quince dattos, 
especie de diván malayo, que comparte con aquél la 
autoridad, y cuya preponderancia anula en cierto modo 
la del sultán, puesto que obedecen los mandatos de éste 
si son de interés general y beneficiosos para ellos, 
obrando con entera independencia en sus expediciones 
piráticas á los pueblos de las islas sometidas á España, 
donde cometen todo género de tropelías sin preocu- 
parles un ardite los tratados suscritos por el soberano. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 67 

Dicho consejo viene á constituir un Senado vitalicio, 
por derecho de herencia, que no electivo. 

La organización política de los joloanos establece 
cierta vigilancia de la conducta del sultán y los dattos, 
misión encomendada á un Censor. Existe también otro 
dignatario con el título de Representante, que vela, aun- 
que con poco éxito, por los derechos del pueblo. En el 
Rmn-Buzhara el sultán tiene dos votos. El príncipe he- 
redero uno, si vota con su padre, y dos si vota en contra. 
El sultán puede oponerse á lo que resuelva el Rnm-Bu- 
chara; pero esta facultad es completamente ilusoria, 
porque casi siempre carece de fuerza para hacer que 
prevalezca su veto. 

La cuestión de guerra ó paz se ventila en una asam- 
blea general de jefes y guerreros, algunos de los cuales 
pronuncian fogosos discursos que no carecen de elo- 
cuencia. 

Los Orancayas ó principales, llamados á intervenir 
en determinados asuntos, venden su voto al que mejor 
se lo paga. Asimismo tiene parte en el gobierno la es- 
posa legítima del sultán difunto, madre, por lo general, 
del soberano reinante. 

El sultán ejerce sobre sus sdcopes ó subditos feudales 
altos y bajos, señorío de vidas, pero carece de la facul- 
tad de degradar á ningún dignatario que lo sea por he- 
rencia; sólo puede hacerlo con los que él haya enno- 
blecido. 

También corresponde al sultán el señorío de la tie- 
rra, heredando á los dattos culpables, si su poder es 
suficiente para que se obedezca la providencia que con- 
tra ellos adopte. 

Aunque el sultanato puede considerarse como here- 
ditario, participa á la vez del carácter de electivo, pues- 



68 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

to que al morir el soberano se reúnen los dattos y pau- 
limas con mando, y constituidos en asamblea alrededor 
del difunto, abren el testamento, siendo lo general que 
acaten sus cláusulas; pero á veces, cuando la mayoría 
está de acuerdo, eligen á otro candidato. 

Si la división de opiniones es profunda y alguno de 
los diferentes bandos no tienen preponderancia sobre el 
resto, colocan el testamento encima del pecho del ca- 
dáver y cesa la discordia, respetando todos la voluntad 
del testador. 

En el caso de que una princesa sea elegida sultana, 
necesita designar para soberano á un datto de la fami- 
lia reinante en el término de siete días. 

Antes de la toma de Joló, el sultán residía ordinaria- 
mente en Maibung ó en otro punto del interior; y cuan- 
tas veces tuvo que recibir á algún funcionario caracte- 
rizado ó representante del Gobierno español, acudía á 
la población situada á orillas de la playa de Joló, y en 
la casa más suntuosa celebraba la entrevista. 

Las rentas que el sultán reúne son crecidísimas. 

Los dattos le entregan, en calidad de tributo, una 
parte de las presas que cogen, con tal que sea bastante 
poderoso para hacer efectivos sus derechos, porque si 
es débil, no le dan nada. Percibe un tanto por ciento 
sobre los artículos que se exportan y se queda con las 
mejores perlas que pescan. Los dattos, que también tie- 
nen derecho de vida y muerte sobre sus sácopes, á los 
que á su vez heredan en igual forma que el sultán á 
ellos, son tan arbitrarios con dichos subditos, que su ca- 
pricho, aun tratándose de las mujeres é hijas de éstos, 
no reconoce límites, como ya dijimos al tratar de los 
magnates de Mindanao, y sin embargo, los respetan 6 
temen tanto, que jamás atentan contra su vida, su- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 69 

friendo resignados todos los vejámenes que les irro- 
gan. Está vedado á los sácopes usar armas y vestidos 
lujosos sin el consentimiento de sus dueños, quienes 
se valen de los más valientes y útiles para confiarles la 
dirección de sus expediciones piráticas ó de sus nego- 
cios mercantiles. Estos subditos, si su dueño los tra- 
ta mal. pueden acogerse al dominio de otro datto; 
pero no suelen abusar de este derecho, porque aunque 
muden de amo, casi nunca mejoran de condición. Cier- 
tos sácopes llegan á sobresalir de tal manera por su va- 
lor ó fortuna, que pasan á la clase de orancayas, y aun 
á la de dattos de categoría inferior. 

Cuantos prisioneros hacen en sus guerras ó infelices 
cautivan en sus expediciones á los pueblos hispano-fili- 
pinos, quedan esclavos, y son propiedad exclusiva del 
aprehensor, no pudiendo acogerse al amparo de otro 
datto. El temor y la costumbre es causa de que miren 
á su dueño cual á un Dios, y de que le sirvan ciega- 
mente en paz y en guerra , dando por él su vida, que, 
por otra parte, está siempre á merced de su señor, quien 
puede impunemente probar en ellos el temple de sus ar- 
mas, y algunos lo hacen, si su crueldad supera al inte- 
rés de conservar tan valiosa mercancía. Estimándoseles 
en consonancia al valor que muestran, son muy sufridos 
y arrojados en el combate. Bastantes de estos infelices 
adoptan desde luego la religión mahometana. Otros, la 
mayoría, viven en una absoluta indiferencia con respec- 
to á las prácticas religiosas. 

Debemos añadir que los esclavos lo son por naci- 
miento, degradación y conquista. El hijo de esclavo ó 
esclava continúa siéndolo; el libre llega á serlo por ob- 
noxciación voluntaria ó forzada: voluntaria, si se vende 
á fin de tener lo necesario para la vida ó para sus vicios; 



yo HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

forzada, cuando no hallándose en el caso de pagar una 
composición, se abandona al arbitrio de los ofendidos 6 
de aquél que le ha prestado la suma, y cuando es venci- 
do en la guerra ó es arrebatado de su país por piratería. 

El poderío de los dattos y aun del sultán mismo de- 
pende del mayor ó menor número de esclavos con que 
cuentan. Por esta causa se dedican con tanto afán á la 
piratería. 

Los cautivos significan para ellos honras, preemi- 
nencias, influjo y riquezas. Cuantos más posean, ma- 
yor consideración y respetabilidad alcanzan entre sus 
conciudadanos, y de mayor bienestar material disfru- 
tan, y por esto jamás han cumplido las estipulaciones 
de paz que forzosamente ajustaron, y por esto quebran- 
tan, así que se consideran fuertes , todos los tratados 
que hacen. 

Los dattos de Joló, como los de Mindanao, menos- 
precian el trabajo de la tierra. Los cautivos labran sus 
campos, reman en sus embarcaciones, les proveen de 
perlas, balate, nidos, aletas de tiburón y demás artícu- 
los de comercio, y constituyen en sí mismos importan- 
te mercancía. 

Como ha dicho un escritor, « sin esclavos no pueden 
vivir los moros, porque en ellos fundan la base de su 
riqueza y de su dicha, y acostumbrados á la piratería 
desde la infancia, y al terrible ejercicio de las armas, 
miran con fanático desdén el trabajo y lo confían ásus 
víctimas para vivir en la holganza y entre los placeres 
sensuales. Su carácter falaz y salvaje no escucha la ra- 
zón, y se burla de los compromisos más sagrados; y el 
alma, familiarizada con el crimen, cierra sus puertas á 
los gritos de la piedad y á las acusaciones de la con- 
ciencia porque el interés y las costumbres los han 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 7 1 

destituido de esos sentimientos hidalgos que distinguen 
al hombre culto y al inocente salvaje.» 

El ilustrado obispo de Nueva Cáceres, D. Fr. Fran- 
cisco Gainza, en la advertencia á su libro Memoria y 
antecedentes de las expediciones de Balangningiti y Jaló, 
dice: «Ellos (los piratas) han sido el azote incesante de 
nuestras playas; la plaga más terrible de nuestros pue- 
blos; el mayor obstáculo á nuestras armas, y la grande 
dificultad del gobierno en todos tiempos. Han asolado 
los campos, incendiado los pueblos, profanado los tem- 
plos, cautivado sus ministros, hecho desaparecer po- 
blaciones y provincias; en una palabra, han sido un di- 
que contra el que se estrellaran nuestro ejército y nues- 
tras glorias.» 

Los daños que los piratas han irrogado á Filipinas 
son incalculables. El arzobispo de Manila, en exposi- 
ción dirigida al rey, decía en i635 que en el término 
de treinta años habían cautivado los moros 20.000 in- 
dios. En una respuesta fiscal (6 de Octubre de 1751) se 
expuso al gobierno de Filipinas que los joloanos, en sus 
continuas correrías de algunos años á dicha fecha, lle- 
vaban apresadas g.ooo personas. 

El provincial de Recoletos, en informe remitido al 
gobierno el 6 de Noviembre de 1751, consigna que, desde 
1719 hasta 1751, faltaban, sólo en la Paragua, más de 
10.000 almas entre cautivos y muertos. 

Según dictamen oficial presentado á la junta convo- 
cada por el general Aguilar, para ver el modo de redu- 
cir la piratería, desde 1778 hasta 1793 se había inver- 
tido la enorme suma de i. 5 19. 209 pesos fuertes, en 
gastos del personal y material destinado á la perse- 
cución de los piratas. 

Por estos datos, fácil es deducir cuántos cautivos han 



72 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

hecho y cuánto dinero ha costado á España la guerra 
interminable de los piratas malayo-mahometanos des- 
de la conquista de Fihpinas hasta hoy. 

Anualmente vendían en Joló y Borneo y en Macasar 
y Batavia más de i.ooo esclavos ó cautivos, cambián- 
dolos por armas y efectos de guerra, lo que dio origen 
á que el rey de España recomendara al de Holanda que 
prohibiera en sus posesiones tan inmoral tráfico. La 
presa que más codician es la de los religiosos, porque 
les reporta un importante rescate. 

Del río Larapán , orillas de la laguna de Malanao y 
del sinnúmero de ensenadas y puertos que hay en sus 
costas, salen en la época de monzón favorable multitud 
de embarcaciones. 

Consiste su táctica en hacerse á la mar de noche y 
cautelosamente: vogan con rapidez en dirección á las 
islas vecinas; se ocultan en los manglares, y en el mo- 
mento oportuno caen de improviso sobre un pueblo des- 
prevenido é indefenso, donde saquean, matan ó cautivan 
á cuantos pueden ; asaltan las embarcaciones mercantes 
que sorprenden en calma; aprisionan á su tripulación; 
apresan ó destruyen el barco, y en seguida dan la vuel- 
ta á su país. 

Los dattos realizan estas expediciones independiente- 
mente con sus sácopes y esclavos, ó unidos á otros, 
mediante convenio de partir el botín con arreglo á las 
fuerzas que cada cual saca á campaña. Después distri- 
buyen las presas que hacen ó les corresponden en el 
reparto entre sus sácopes, conforme á su comporta- 
miento. 

Los moros independientes eligen por caudillo al más 
valeroso, sometiéndose á su dirección en combates, 
abordajes y golpes de mano; pero terminada la campaña 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 73 

ú objeto para que se confabularon, vuelven á su antigua 
independencia. Aterrorizados los pueblos de las Filipi- 
nas, construían castillos para su defensa y vigilaban los 
mares desde atalayas situadas en sus montes, dando la 
señal de alarma al ver embarcaciones piratas. Los bu- 
ques mercantes iban provistos de armas, mas á pesar 
de sus precauciones, sufrían continuamente grandísimos 
perjuicios. 

Los moros construyen sus embarcaciones sin coste 
alguno, procurándose las maderas necesarias en sus 
frondosos bosques. 

Llámanse aquéllas pancos (i), barangaj^anes (2), vin- 
tas (3), salisipans (4), pilanes (5), lancanes y barotos (6). 

El casco de las piraguas del país es de una sola pieza, 
largo y estrecho. Tanto por su figura, como por el nú- 
mero considerable de remeros que admiten y la habili- 
dad de éstos, las embarcaciones de los moros cortan el 
agua con rapidez pasmosa, penetrando por los sitios más 

(1) Buques hasta de Sopiés de eslora por l8 ó 20 de manga, en cuya 
composición entra la madera, caña, ñipa y bejuco. Los arman llevando 
á una y otra banda montados en horcones de hierro las falconetas y 
lantacas, y á popa y proa los cañones, empotrados en fuertes piezas de 
madera. Las velas suelen ser de petate ó estera de sagouran, enverga- 
das en entenas de caña. 

(2) Parecidas á los pancos, pero su eslora no excede de 55 pi^s 
ni de 14 su manga. 

(3) Tienen unos 11 metros de quilla, l^a de manga y 40 centíme- 
tros de puntal, con cubierta volante y batangas. 

(4) Lo mismo que los anteriores, pero con un armazón de cañas, le- 
vantado por encima de las bordas, en el que colocan remeros y arman 
sus lantacas. 

(5) Son pequeñas y de variadas dimensiones. 

(6) Los lancanes y barotos vienen á ser troncos huecos de madera 
ligera, que llevan á ambos costados unos marcos de caña llamados ba- 
tangas, para impedir que se vayan á pique. 



74 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dificultosos, á causa de su poco calado. En caso necesa- 
rio se internan entre los mangles, las desarman y trans- 
portan á hombros de una parte á otra de la costa, atrave- 
sando ríos, montes y barrancos. Las arman de nuevo, 
haciendo uso del bejuco y de los bambúes á falta de cla- 
vos, y van á caer sobre otro pueblo, en busca de mejor 
fortuna. Merced á estas facilidades, y sin coste apenas, 
han reunido en brevísimo tiempo poderosas escuadras, 
tripuladas por 3 ó 4.000 hombres. 

Nuestras fuerzas navales, ó sea la llamada marina 
sutil, se componía, por término medio, de unas 5o lan- 
chas y falúas cañoneras. Esta limitada fuerza tuvo á su 
cargo, durante dos siglos y medio, la defensa de las di- 
latadas costas del archipiélago filipino y la vigilancia de 
sus peligrosos mares. Los buques estaban escasamente 
dotados de personal y de material. Los sueldos de la ofi- 
cialidad, tropa y marineros no podían ser más mezqui- 
nos: con tantas dificultades y con tan limitados me- 
dios, sería injusto pedir resultados superiores á los que 
obtuvo de continuo la marina sutil en sus innumerables 
combates, muchos de los cuales fueron verdaderamen- 
te heroicos y en alto grado sensibles para los piratas. 
Pero sus embarcaciones, á causa de su pesadez, no po- 
dían dar alcance á las ligerísimas piraguas de los moros 
ni penetrar entre los escollos y esteros, efecto de su ma- 
yor calado, malográndose así las más veces el éxito de 
sus esfuerzos. 

Hasta el segundo tercio de este siglo no hubo apenas 
en Filipinas vapores mercantes. Las comunicaciones de 
isla á isla se hacían por buques de vela ó vapores de 
guerra, tardando mucho y no pudiendo ser frecuentes. 
De ahí el que los mares quedaran á merced de los pi- 
ratas. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 75 

Las falúas y lanchas cañoneras que poseía la marina 
sutil, necesitaban de 4'/, á 6 pies de agua para navegar, 
y su marcha no pasaba de seis á siete millas con viento 
largo, y de tres millas escasas al remo, siéndoles imposi- 
ble contrarrestar las corrientes cuando eran de proa. 

Los pancos y vintas de los moros calan '/^ ^ 2 pies; 
andan de siete á ocho millas al remo, y resisten bien la 
fuerza de las corrientes. 

La persecución en tales condiciones era imposible. 
Los moros atracaban á la costa pasando por escollos y 
bajos, y tenían tiempo para saquear impunemente los 
pueblos sin temor á los buques de la marina sutil, que, 
por punto general, llegaban con retraso á todas partes. 

En aquella época, la superioridad de los moros por 
mar es indiscutible. Esto no obstante, si podían eludir 
el combate huyendo, lo hacían; pues todo su cuidado 
se cifraba en poner á salvo sus presas. Si se veían pre- 
cisados á combatir, peleaban con decisión y arrojo. En 
caso de apuro, como van casi desnudos, se arrojan al 
agua y ganan á nado la costa; porque son tan hábiles 
nadadores que el mar parece su propio elemento. Jamás 
arredra á los moros el río más caudaloso ni el mar irri- 
tado, y con la misma facilidad cruzan un estero que pe- 
netran por entre los mangles y malezas. 

En los combates navales esquivan presentar el costa- 
do de sus buques, dando siempre la proa al enemigo. 
Hacen algunos disparos para conocer por el sonido la 
calidad de la artillería contraria al ser contestados; y si 
se consideran iguales ó superiores en fuerzas, se lanzan 
al abordaje, arrojando previamente una verdadera nube 
de dardos. 

Los moros no abandonan nunca sus armas , consis- 
tentes, además del cris, el campilán, la lanza y el bolo 



76 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

que usan los de Mindanao, &n fisgas y zumbilines i.'^). El 
temple de todas ellas es excelente. Muchas hojas de 
cris muestran preciosos embutidos ó labores formando 
aguas, trabajadas con tanto primor como en Damasco. 
El puño de los crises es de madera dura procedente de 
la raÍ2 del camuning; el de algunos es de marfil, y los 
de uso del sultán y principales dattos, lo tienen de oro 
macizo. 

Los moros son muy diestros en el manejo del arma 
blanca, y están dotados de asombrosa agilidad; por lo 
cual procuran que el combate se verifique siempre con 
dichas armas. 

Para defenderse , usan un escudo circular ó elíptico, 
de medio cuerpo, ú otro mayor, con que se cubren por 
completo. Suelen ser de madera, forrados exteriormente 
de cuero de carabao. De este cuero, que es muy duro, 
hacen correas y cascos. También gastan cotas de ma- 
llas, pero no es lo general. 

Al combatir se cubren con su rodela, que sostienen 
con la mano izquierda, manteniendo extendido y levan- 
tado el brazo derecho, con cuya mano sujetan el cam- 
pilán ó cris : entablada la lucha, que siempre comien- 
zan con impetuosidad y ardor, espían á su contrario, 
saltan, se encorvan, se agachan, se tiran al suelo, gi- 
ran en todas direcciones , se yerguen repentinamente, 
botan como si fueran de goma, y esquivan los golpes 
del enemigo aprovechando hábilmente sus menores des- 
cuidos para herirle. Se apartan, hacen como que hu- 
yen, y antes de que pueda darse cuenta de ello, vuel- 
ven de pronto y acometen furibundos, lanzando gritos 

(1) Dardos ó venablos arrojadizos de dos ó más metros de largo, 
hechos de palma brava, ó de caña con punta de palma brava ó hierro. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 77 

salvajes y haciendo gestos, con el intento de aturdir y 
amedrentar á su adversario. 

El campilán lleva pendiente del puño un llorón de 
cerda ó pita, el cual pasan, mueven y agitan ante los 
ojos de su contrario para desvanecerlo, á fin de herirlo 
mejor. Arrojan las lanzas y fisgas y los zumbilines á 
gran distancia con un tino admirable. 

Traidores en el combate, procuran siempre la mane- 
ra de atacar lo más ventajosa é impunemente posible. 
Es fácil vencerles en campo abierto, pero son temibles 
por sus emboscadas y sorpresas. 

También usan armas de fuego de diversos sistemas, 
incluso de los mejores y más modernos, proveyéndose 
de ellas en sus excursiones á los pueblos cristianos ó 
comprándolas á los ingleses en Singapoore y en La- 
buán (0; pero son menos hábiles en su manejo. 

Poseen cañones desde el calibre de i hasta el de 24, 
mostrando especial predilección por alguno de los que 
defienden sus cotias (fortalezas), pues abrigan la supers- 
ticiosa creencia de que él solo basta para destruir al 
enemigo. Se les han cogido culebrinas de 3 y de 4, y 
otras piezas muy abundantes y usuales entre ellos, lla- 
madas lantacas, especie de cañón de 4 á 6 centímetros 
de calibre, que solamente admiten balas de i y de 2. 
Tienen cureñas muy ligeras de fabricación inglesa. Las 
que construyen los moros son pesadas, de la forma de 
las de plaza, con ruedas ó sin ellas, y para moverlas en 
todos sentidos, se valen de motones ó cuerdas, á seme- 
janza de lo que se practica en los buques de guerra. 

Fabrican pólvora y municiones de cobre y reciben de 
Labuán ó de Singapoore las cápsulas y toda clase de efec- 

(1) Pequeña isla sobre la costa septentrional de Borneo. 



78 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

tos análogos. Acostumbran á cargar las piezas hasta la 
boca, y cuando carecen de balas emplean piedras, clavos 
y pedazos de taclobo, de concha durísima. 

Cuidan conservar los fuegos hasta que el enemigo 
está cerca, para hacer mejor la puntería y aprovechar 
los disparos de cañón. 

En sus expediciones por tierra no utilizan la artillería, 
ó á lo sumo llevan falconetas ó lantacas. Estas piezas 
pequeñas ya hemos dicho que las fabrican ellos. 

Son crueles con el vencido y rencorosos ó indiferen- 
tes para con el vencedor. 

Carecen de caballería, pero no la necesitan^ porque 
el terreno se presta poco para sus evoluciones. 

Los pueblos principales están defendidos por cotias, 
cuyas murallas se componen de troncos de árbol estre- 
chamente unidos, y de piedras, tierra y arena. Estos 
muros resisten toda clase de artillería. La altura de ellos 
varía de 10 á i5 pies, y su espesor de 5 á 20. Su planta 
es generalmente de forma de un cuadrilátero con ba- 
luartes y pequeños torreones en los salientes. 

La organización militar de los joloanos reconoce por 
base el servicio personal desde los diez y seis á cincuenta 
años. 

Anunciada la guerra, todo hombre libre tiene que 
cumplir el edicto y marchar á las órdenes de su jefe, 
armándose y manteniéndose á su costa, y seguido de sus 
criados y esclavos, á los que debe equipar y mantener. 

Los vencedores tienen el derecho de repartirse las 
tierras y los bienes de los vencidos, cuyas mujeres é hi- 
jos, convertidos en esclavos, han de trabajar para sus 
nuevos amos. 

El ilustrado coronel, teniente de navio de primera 
clase, D. Arturo Garín, comandante de la goleta Sirena, 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 79 

en su Memoria sobre el archipiélago de Joló, fecha en 
la rada de este punto el 5 de Febrero de 1880, de cu3^a 
publicación hemos tomado algunos apuntes, suministra 
los datos que á continuación ponemos, relativos al 
número de hombres capaces para la guerra y la desig- 
nación de los pueblos y rancherías donde habitan. 

Grupo de Joló. — Isla Pata: Paulima Icong dispone 
de 600 hombres distribuidos en los pueblos de: Quiput, 
residencia del Paulima, sobre la costa NO.; Dandalí, 
Tandu-ubein y Buligau, id. id. N.; Tipbás, id. id. NE.; 
LicudyTundaán, id. id. E.; Minapat y Tumecdá, idem 
id. SE.; Pirag-Pisag y Cayaguán, id. id. S.; Butá-Bu- 
tá, id. id. SO.; Seinbanum, Tul-lin y Tungul, id. id. O., 
y Panpanmataas, Panpanmanalí, Cambují, Ninc-ninc 
y Canmanchú, en el interior. — Isla Kapual: Olancaya 
(ú Orancaya) Azulas, de 25 en el de Kapual, sobre 
la costa S.^Isla Bitinan: Imán Jasún, de 3o en el de 
Bitinan, id. id. O. — Isla Bujangan: Mandarín Bain, 
de 10 en el de Tanbanan, id. 

Isla Joló: Cuartel del Norte. — Datto Pula, de 200 en 
los de Moubou, sobre la costa, y Litayun, en el interior; 
Datto Asibí, de 200 en el de Taududagmay, id.; Naquib 
Uton, de 200 entre Bacun, id., y Paticolo, sobre la cos- 
ta; Majarachdia Dais, de 800 entre los de Igassan y 
Taglibi, id., y Parang-parang, Tus, Bun-bun, Bunubu- 
lung, Tubicbatú, Miñay y Paulayajan, en el interior; 
Paulima Chanchdali, de 100 en los deLati, Purrul y Go- 
gay, id.; Jatib Maliki, de 100 en los de Mabusing y 
Sual, id.; Paduca Mojamad, de i5o en los de Suoc, sobre 
la costa, y Tutin, en el interior; Majarachdia Nadgurain, 
de 25o en los de Cansipat y Lum-lum, sobre la costa; 
Datto Taukian, de goo en los de Bulansi y Boal, id., y 
Batú-batú, en el interior; Paduca Abducajal, de 100 en 



8o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

el de Limaná, id.; Ulancaya Asan, de 900 en los de 
Baybay y Tandú, id. 

Cuartel del centro : Ulancaya Jaman , de 200 en el 
pueblo Tambac; Majarachdia Abdula, de 400 en el de 
Lantundulan; Naquib Bausa, de 5o en el de Higan; 
Imán Alani, de 5oo en el de Pitogo. 

Cuartel del Sur : Datto Jarim, de 3oo en los de Sang 
y Caroudong, sobre la costa; Mandarín Dapí, de 200 en 
el de Pandang-pandang, id.; Majarachdia Siuna, de 5a 
en el de Tubiema, id.; Mandarín Jalaní, de 200 en el 
de Mabajay, id.; Mandarín Alpat, de 5o en el de Pu- 
nungan, id.; Ulancaya Bagindá, de 3oo en el de May- 
bung, residencia del sultán, id.; Mandarín Indanan, de 
5oo en el de Lagassan, id.; Majarachdia Dají, de 900 
en los de Tapucan y Asín, en el interior; Mandarín 
Janarí, de 5oo en los de Cabungut y Majala, id.; Man- 
darín Tabatlan, de 400 en el de Lumapit, id.; Sharib 
Abdula, de 100 en el de Ipil, id.; Mandarín Pandugá, 
de 200 en el de Dandulic, id.; Datto Daculá, de 5oo en 
los de Batujabá, id., y Boalo, sobre la costa; Datto Ja- 
lón, de 400 en los de Lapa, id., y Luban, en el interior. 

Cuartel del Este: Ulancaya Ali, de 5o en el de Lu- 
cuban, id.; Paduca Bula, de 100 en el de Jubucan, id.; 
Naquib Sajiban, de 100 en el de Dapdinan, id.; Naquib; 
Assang, de 150 en el de Canliunan, id.; Majarachdia 
Samjali, de 3oo en los de Dan-dan, sobre la costa, y 
Piagó y Natú, en el interior. 

Cuartel del Oeste: Satiá Asit, de 3oo en el de Racsáa, 
id.; Imán Uachdia, de 200 en el de Puc-puc, id.; Man- 
darín Atay, de 200 en el de Batú-batú, id.; Paulima 
Mangumá, de 200 en los de Boansá, Tubicdato y Ma- 
candá, id.; Mandarín Taajil, de 200 en el de Cilancán, 
sobre la costa; Ulancaya Tarunan, de 200 en el de Seno- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO Si- 

gan, id.; Datto Unding, de i.ooo en los de Parang, id., 
y Lunanguitung, Ilud, Launsúa, Suá y Bacud-bacud, 
en el interior; Mandarín Aubutun, de 800 en los de 
Banisá-guimba y Aló-guimba, id., y Banisá y Aló, sobre 
la costa; Salip Mujamat, de 200 en los de Candea, 
id., y Malimbaya, en el interior. IslaPatian: Mandarín 
Namlá, de 60 en el de Lijana, sobre la costa del N.; 
Palcasá Lingán, de 40 en el de Maanduc, id. del NO. 

Las islas de Dong-dong, Tallan, Bancungan, Su- 
ladde, Teomabal, Daumocan y Tamulian, pertenecien- 
tes al grupo de Joló, aparecen desiertas. 

Grupo Tawi-Tawi. — Isla Ubian : Paulima Daudón, 
dispone de 80 hombres en el pueblo Bujidayan, sobre 
la costa N.; Paulima Amsaini, de 40 en el de Sungu- 
lan, id. O. — Isla Pomelean: Paulima Amsaine, de 10 
en el de Pomelean, id. N. — Isla Tandubas: Paulima 
Atalat, de 45 en el de Tandubas, id.; Paulima Unga, 
de 3o en el de Sapa, id. S. — Isla Secubun: Paulima 
Yain, de 46 en el de Pamasan, id. E.; Naquib Canin, 
de 25 en el de Licut, id. N. — Isla Latuan : Paulima 
Yalan, de 3o en el de Latuan, id. — Isla Mantabuan; 
Majarachdia Ajam, de 20 en el de Mantabuan, id. — 
Isla Bañaran: Paulima Sausanan, de 80 en el de Lu- 
uncan, id. E.; Paulima Bulquin, de i5o en el de Tun- 
gusum, id. N. — Isla Bilatan: Datto Machende, de 200 
en el de Luucpagasinan, enelinterior. — Isla Tawi-Tawi; 
Paulima Atal, de 100 en el de Balimbin, sobre la cos- 
ta S. en la región del O.; Paulima As-sá, de 20 en el 
de Lucbunan, en el interior de la id. id. — Isla Bongao: 
Datto Amilasan, de 25 en el de Capug, en el interior. 
— Isla Simonor: Datto Amilasan, de 100 en el de Buin- 
danad, sobre la costa E.; Paulima Timban, de i3o en 
el de Tungusuu, id. N. — Isla Síbutu: Datto Maamun, 

6 



82 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de 8o en el de Síbutu, id. O.; Datto Salapuddin, de i5o 
en los de Butun y Laumenta, id. — Isla Tumindao: 
Datto Baguindá, de lOo en el de Tumindao, id. 

Las islas de Tancolaluan, Loran, Manóte, Pasegan, 
Kalupag, Sigboyé, Cacataan, Pandanan, Tambagaan, 
Simaluc, Cuad Basan, Bujimegie, Tigungun, Tandu- 
bato, Taruc, Bañan, Daluman, Bas-bas, Tabulunga, 
Calva, Lamboc, Lupa, Buan , Papaag, Sanga-Sanga, 
Manuc- manca, Tataan, Sipancoli y Omapuí, pertene- 
cientes al grupo de Tawi-Tawi, se hallan desiertas. 

Grupo Tapiil. — Isla Paquía : Paulima Bulquin, dis- 
pone de 5o hombres en el pueblo Paquía, sobre la pun- 
ta SO. de la costa. — Isla Tapul: Paulima Sayari, de 
3oo en los pueblos de Caunpau , residencia del Pauli- 
ma, sobre la costa NO., Taina y Canasá, id. N.; Cau- 
manun, Cangaubin, Causanaguit y Bacunalan , id. 
del E., y Putinun, Launpatou, Bungluin, Tubicsuá, 
Tulacan, Audiji y Say-say, en el interior; Satiá Anu- 
din, de 200 en los de Pooc, Ticbás, Tulingau, residen- 
cia del Satiá, yTabunan, sobre la costa O.; Bagdin, sobre 
la punta SO.; Tausau y Sibugo, sobre la costa S.; y 
Cayaguan, Anulin y Bucau, en el interior. — Isla Lugus: 
Majarachdia Sacaudal, de 3o en el de Larap, sobre la 
costa N.; Majarachdia Susucan, de 40 en los de Lugus 
y Tincanau, respectivamente, id. NO. y S. — Isla La- 
menuza: Datto Alihunding, de 80 en el de Gusun, so- 
bre la punta NO. de la costa. — Isla Nauca: Paulima 
Aminud-diu, de 40 en el de Panungan, sobre la cos- 
ta N. — Isla Paranang: Paulima Tajamil, de 3o en el 
de Buliculul, id. O. — Isla Tara: Mandarín Laquic 
Muddin, de 30 en el de Tara, id. E. — IslaSiasi: Datto 
Puyo, de i3o en los de Sipandin y Cauchina, id.; Datto 
Sancula, de 100 en los de Latón y Muidas, id. O., y 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 83 

Murve, id. SO.; Datto Amilusin, de looen los de Sien- 
do y Yambaunan, id. NO. — Isla Lapac: Datto Amilu- 
sin, de ICO en los de Pandami, id. O., y Lapac, id. S. 
— Isla Shedand : Paulima Aminutla, de 8o en el de Ba- 
cal, id. E. 

Las islas Cabingaan, Taluc, Sibihing, Tapaam, Se- 
tun, Parangaan, Maniacolat, Maglumbla, y Bubuan, del 
grupo de Tapul, aparecen desiertas, así como las islas 
Manubol y Cacataan, que sólo habitan los moros en la 
época de pesca. 

Grupo Pangutarang. — Isla Marougas: Ulancaya Ami- 
lusin, dispone de 20 hombres en el pueblo de Cabucan, 
sobre la costa O. — Isla Pangasina : Sman Bagim , de 
20 en el de Pangasina, id. E. — Isla Bubuan: Ulancaya 
Paraca, de 35 en el de Rubuan, id. — Isla Palliagan: 
Ulancaya Minusin, de 3o en el de Kabuncan, id. O. — 
Isla Tubigan: Imán Abdú, de 5o en el de Tubigan; idem 
S. — Isla Pangutarang: Jabin Tuntún, de 25 en el de 
Pujapat, id. E.; Paulima Balad, de 25 en el de Lunc , 
id. N. — Isla Panducan: Satiá Mujamad, de 25 en el de 
Alo, id.; Ulancaya Mat-tang, de 25 en el de Balobó, id. 
O. — Isla Ubian: Paulima Canán, de 80 en el de Ubian, 
id. S.; Pajalaoan Tibou, de 20 en el de Suanguna, 
id. E. — Isla Usada : Majarachdia Mamay, de 20 en el 
de Usada, id. O. — Isla Bas-Bas : Datto Ampin, de 40 
en el de BasBas, id. N, 

Las islas Tubalubuk, Lambu, Hegad, Minis, Pan- 
tocunan, Teomabal, Kulassein, Aicut, Gunilan, Mali- 
cut, Sipang y God, pertenecientes al grupo de Pangu- 
tarang, aparecen desiertas. 

Grupo Tagbabas. — Las islas Baubanan, Manmanuk, 
Dasaan, Sangaan, Dammy, Dato-bato, Cap, Laparan, 
Doc-can, Deoto-bato, Kinikejan, Tagbabas, Uwaan y 



84 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Billanguan, del grupo de Tagbabas, aparecen desiertas. 
Grupo de Balanguingui. — Isla Bucutua: Paulima 
Pata, dispone de 5o hombres en el pueblo de Bucutua; 
Ulancaya Baling, de 20 en el de Baytbait. — Isla Ton- 
quil: Paulima Gumbajali, de go en el de Tonquil; Ma- 
jarachdia Ariná, de 5o en el de Looc, puntos todos si- 
tuados sobre la costa N. — Isla Sipac: Paulima Janaui, 
de 5o en el de Sipac. — Isla Bangao: Majarachdia Qui- 
vic, de 25 en el de Bangao, ambos sobre la costa O. — 
Isla Maningut: Majarachdia Bausaguan Lintiucan, 
de 5o en el de Maningut, sobre la costa del S. 

Las islas Balacian, Mamud, Farol, Balanguingui,, 
Mamanoc, Tuncalau, las dos de Bolod y la de Simiza, 
pertenecientes á este grupo, aparecen desiertas. 

Grupo Kecuapoussan. — Isla Labawan: Mandarín Ba- 
buddin, dispone de 25 hombres en el pueblo Sicut, sobre 
la costa N.; Naquib Jamarán, de 35 en el de Panpan, 
id. E. 

Las islas Kecuapoussan, Bintoulan, Magpeos, Tagao 
y Nusa, de este grupo, aparecen desiertas. 

Cagayán de Joló. — Naquib Kiat, dispone de 25 hom- 
bres en el pueblo de Siabón, sobre la costa S.; Naquib 
Kanoos, de 5o en el de Tinucán, id.; Majarachdia Yu- 
túm, de 100 en los de Tanduan y Pahuan, id., y Mam- 
palán en el interior; Ulancaya Táa, de 120 en el de 
Nangai, sobre la costa N.; Datto Yamarol, de 120 entre 
los de Ungos, id., y Canupán en el interior. 

Despréndese de los precedentes datos, que el efectivo 
de que disponen ordinariamente asciende á 18.410 hom- 
bres, todos aguerridos y valerosos. Distínguense entre 
ellos unos fanáticos que llaman juramentados, por que 
atacan decididos á vencer ó morir, arrojándose contra 
las fuerzas contrarias, por numerosas que sean, sin re- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 8$ 

troceder nunca hasta caer muertos. Estos creen ciega- 
mente que vuelan al paraíso de Mahoma, á disfrutar de 
los goces que encierra. 

Los moros tienen ojos oscuros, rasgados horizontal- 
mente y entornados, cejas poco pobladas, cara enjuta, 
pómulos abultados, nariz roma, labio fino, cabeza re- 
donda y pequeña, rala la barba ó ninguna, media esta- 
tura, cintura fina y regulares espaldas, tez amarillenta 
y pálida, se afeitan la cabeza, y los que no, lucen un 
pelo negro y áspero; se liman y tiñen de negro los dien- 
tes, y es muy general que tengan las piernas torcidas 
hacia afuera, por consecuencia de vicio adquirido en la 
niñez. 

La fisonomía de los moros de Joló, Mindanao y 
Borneo, y su color y estatura, tiene gran semejanza á 
la de los malayos. Muchos presentan rasgos de la raza 
árabe, indostánica y mongólica, lo que revela que ha 
habido desde tiempo muy remoto una inmigración cons- 
tante de las razas continentales. Los más de ellos son 
ignorantes, holgazanes, astutos y malvados. Su traje 
•consiste en un ancho calzón hasta la rodilla, una chupa 
con mangas estrechas de tela ligera, que en nada em- 
baraza sus movimientos, y un manto (jabul) gran- 
de y cosido al ancho, que sujetan por bajo de los so- 
bacos con pliegues sobre el pecho y que les cubre el cuer- 
po hasta las corvas. En la cabeza llevan un pañuelo arro- 
llado á manera de turbante. Los dattos usan estas mis- 
mas prendas, de seda galoneada de oro ó plata, y cier- 
ta especie de gabán con mangas anchas, abierto en sus 
extremos. 

Su idioma es una derivación de la familia de las len- 
guas indias, parecido al buguí, que se compone de sáns- 
crito como raíz, con mezcla de árabe y malayo. Algu- 



86 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

nos chapurrean el español que aprendieron cuando resi- 
dían allí religiosos ó que les enseñaron los renegados 
que moran en Joló. 

Cuentan por lunas, su año es el embolismal y el 
tiempo lo refieren á la Hégira. 

Ya indicamos cómo llaman á los días de la semana 
al ocuparnos de los moros de Mindanao. 

La enseñanza entre ellos es individual y privada. 

Los moros habitan en las costas y á orillas de los 
ríos, esteros, lagunas y pantanos. Construyen sus casas 
sobre harigues, dentro del mar, comunicándose con la 
playa por medio de ligeros puentecillosde caña, tan in- 
seguros, que parece imposible resistan el peso de un 
hombre. En el interior las cercan con arte por medio 
de estacadas y árboles; pero son pequeñas, pobres y ca- 
recen de elegancia y solidez. 

Todos los malayo-mahometanos son extraordinaria- 
mente sobrios y frugales. La base de su alimentación 
es, al igual que en Filipinas, la morisqueta (arroz coci- 
do en blanco) y todo género de viandas: carnes, pescados, 
legumbres, hortalizas, frutas, édulas al natural y en dul- 
ce, con la sola prohibición del cerdo. Beben el vino de 
tuba, que han introducido entre ellos los cautivos. 

La cascara de tanal, árbol que se cría en el mangle, 
puesta en infusión con la tuba, les da una bebida fuerte 
y fermentada que, aun tomándola sin exceso, produce 
la embriaguez. 

En tierra beben el agua de los manantiales, de los 
arroyuelos y de los pozos. Cuando navegan introducen 
en el mar una banga ú olla vacía, hecha de un barro es- 
pecial , que desvirtúa algo lo salobre del agua al pene- 
trar por sus poros. En último caso la beben del mar, 
pues están acostumbrados á ella desde pequeños. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 87 

Sus provisiones consisten en un poco de arroz ó maíz, 
frutas cogidas en el bosque, yerbas del llano 6 pescadi- 
llos de los ríos. A orillas de todos los ríos, esteros y en- 
senadas abunda el burí , cabo negro , palavan , bayla- 
coc, barote, coróte ó casabe, y otras muchas raíces que 
constituyen para ellos grato alimento. 

Las reses y aves ha de matarlas un imán , haciendo 
lo que llaman sunihali, que consiste en introducir el 
cuchillo por el cuello del animal, sacarle en tres tiem- 
pos, inclinando el mango hacia abajo, y recibiendo la 
sangre en un hoyo abierto exprofeso. 

No comen la carne del cerdo ni la de la tortuga, pero 
sí los huevos de ésta. 

Su religión es el islamismo. 

Entre los sacerdotes de su culto parece ser que reco- 
nocen estas categorías: Kaali, alip, imán, jalipá, Katih 
y hilal. Su influencia no es grande. El sultán puede de- 
gradarlos si no cumplen bien su ministerio; llevan por 
único distintivo la punta del pañuelo ó turbante coloca- 
da al costado izquierdo, y no están exentos de las obli- 
gaciones comunes á los demás ciudadanos. 

El viernes, que es el día consagrado, tienen obliga- 
ción de asistir al culto público (sambajayan) y á las 
oraciones ordinarias de la mezquita (jutbá), recitadas 
por un imán. Previamente practican abluciones con 
agua, que á prevención llevan en vasijas de metal, con- 
sistiendo en meter tres veces las manos dentro de ella, 
humedecerse la boca y la nariz, mojarse la cabeza, la 
cara y las plantas de los pies, acompañando estas as- 
persiones con las jaculatorias del rito. Cuando en el 
interior de la mezquita hay más de cuarenta hombres 
libres, el jatib lee una parte del mustá. Hecho esto, 
pueden dedicarse á sus faenas habituales. Esta litur- 



88 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

gia únicamente rige en la mezquita del sultán, pues 
en el langa de los otros pueblos está vedado leer el 
mustá. 

Para congregar á los creyentes dan fuertes golpes 
con un baquetón sobre una enorme pandereta que lla- 
man gandan g. 

Su única solemnidad religiosa, ó sea el inanlud, dura 
una noche y un día en la corte del sultán, y sólo una 
noche en los demás puntos. Consiste en reunirse todo 
el pueblo dentro de un camarín levantado de exprofeso, 
donde se lee el manlud, ó sean salmos en loor de Dios 
y de su profeta, y en comer á expensas del sultán ó del 
que da la fiesta, quienes al terminar distribuyen una li- 
mosna (saracka). 

En el mes de ramadán (puasa) observan riguroso ayu- 
no desde la salida hasta la puesta del sol, y no comen, 
ni fuman, ni beben, ni mascan buyo, siendo tal su es- 
crupulosidad , que durante esas horas ni acarician á sus 
mujeres ni besan á sus hijos. 

Reconocen el deber de la peregrinación á la Meca, 
pero son muy pocos los que la realizan. 

El Kitab lo tienen depositado en Taglibi en poder 
de Tuanarip, el que lo lee en circunstancias determi- 
nadas. 

Según el autor anónimo del manuscrito publicado 
por el Sr. Barrantes con el título de Guerras piráticas 
de Filipinas, la religión de los moros consiste en «ritos 
adulterados del mahometismo, que practican indiferen- 
temente el viernes ó sábado, besando diversas veces el 
suelo cuando rezan, mientras otros hablan, cantan, jue- 
gan, ó se ejercitan en el manejo del arma blanca.» 

Don Patricio de la Escosura, en su Memoria sobre 
Joló, dice que «los moros joloanos no tienen grande 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 8g 

espíritu de secta y proselitismo, sino más bien los vi- 
cios, holgazanería, aversión 5' menosprecio al trabajo 
de los musulmanes africanos;» y así es en efecto. 

Los matrimonios se efectúan de ordinario, en toda la 
sultanía de Joló, á poco de llegar las hembras á la pu- 
bertad. 

Consideran la circuncisión como de derecho divino, 
sin la cual no es permitido contraer nupcias. La verifi- 
can desde los seis hasta los diez y seis años, tan luego 
el niño puede pronunciar la fórmula déla fe. 

Cuando un pretendiente ha obtenido el consentimien- 
to de los padres de su amada, se presenta al imán y 
recita de corrido ciertas oraciones. 

Marcha al instante á casa de su prometida; simula 
fuerte lucha contra los parientes y convidados, en la que 
sale vencedor, y les reparte mil fruslerías : entonces le 
franquean la entrada, acompañándole el imán: la no- 
via aparece reclinada en un cojín ; el sacerdote coge á 
la novia por la cabeza y la obliga á dar dos vueltas, co- 
locando acto seguido la mano derecha del novio sobre 
la frente de su prometida, la cual oculta el rostro entre 
las manos y baja la cabeza en señal de rubor: el novio 
procura besarla; pero ella lo impide defendiéndose aira- 
damente. Pasados tres días de bicharas, danzas, músi- 
cas y comilonas, los padres ó hermanos del pretendien- 
te obtienen el permiso para que la desposada vaya á 
habitar la casa del marido, en donde la dejan. 

La poligamia está permitida, pudiendo tener cada 
moro hasta cuatro esposas bajo el mismo techo, y ade- 
más cuantas concubinas les permita sostener su po- 
sición. 

El adulterio, cogido in fraganti, puede castigarse con 
la muerte. Y en otro caso, el marido es arbitro de cas- 



gO HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

tigar á la culpable cortándole una oreja ó raspándole 
la cabeza, y rebajándola á la condición de esclava ó 
criada. 

También suelen arreglarse el seductor y el ofendido 
mediante el pago á éste de una multa. El marido es 
dueño de sostener relaciones ilícitas con otras mujeres, 
sin que su esposa ó concubina tenga facultad de perse- 
guirle. Está permitido el repudio; la repudiada pierde 
todo derecho con relación al que fué su esposo, pero los 
hijos lo conservan á la hacienda que de uno y otra les 
corresponda. 

Próximo el embarazo á su término, el imán pronun- 
cia ante la paciente las oraciones de rúbrica, y verifica- 
do el parto tiene lugar el bautizo (guntin), consistente 
en recitar ciertos versículos del Corán, cortar al recién 
nacido el cabello y echar éste dentro del agua de un 
coco tierno, abierto expresamente por la mitad. El na- 
cimiento se celebra con banquetes y gran algazara y 
músicas. 

Para la asistencia en sus enfermedades se valen de 
curanderos ó herbolarios, quienes se transmiten sus co- 
nocimientos de unos á otros. 

La incontinencia de los moros y su vida indolente, 
les acarrea una decrepitud prematura, en especial entre 
las clases acomodadas. 

Al fallecer algún joloano, acude el imán á la casa mor- 
tuoria y lava el cadáver; la familia lo viste de blanco y, 
colocado en un tosco ataúd, es conducido al cementerio 
(cubul), leyendo el imán las formas rituales antes del 
sepelio. 

El novenario es una serie continua de juegos y co- 
midas, sin olvidar al difunto, sobre cuya tumba colocan 
su correspondiente comida. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO QI 

El varón hereda doble parte que las hembras. Los 
hijos se consideran legítimos, sean de la esposa ó de la 
concubina. En las herencias sin sucesión, las mujeres 
son preferidas á los padres del causante. 

Una de las más agradables ocupaciones de los moros 
es la caza del venado, cuyo ejercicio ejecutan á caballo, 
valiéndose de escopetas y de dardos, procurando sobre- 
salir en agilidad y destreza. 

La lucha de gallos es otra de sus diversiones favori- 
tas, como en las islas Filipinas. 

También la riña de carabaos excita todo su contento. 
Efectúase colocando dos machos al lado de una hembra, 
á los que sueltan en el momento del celo. Ambos se 
acometen con extraordinario furor, y luchan sin des- 
canso hasta que uno huye ó muere. El vencedor celebra 
su triunfo cubriendo á la hembra. 

Sus otras diversiones ordinarias son: los juegos de 
naipes, las luchas entre sí, las danzas guerreras ó sayan, 
que en Filipinas llaman moro-moro; los bailes volup- 
tuosos de las mujeres, al compás del culiutaiiga, instru- 
mento formado de lo agons pequeños, arreglados á di- 
ferentes tonos, en que no solamente luce su habilidad 
la que mejor maneja los palillos, sino la bailadora con 
sus lascivos movimientos y febril agitación. 

Sus demás usos, costumbres y prácticas de la vida, 
guardan perfecta analogía con lo relatado respecto á los 
malayo-mahometanos de Mindanao. 

La población de Joló, propiamente dicho, se calcula 
en i.5oo almas, y la de Tawi-Tawi en 3. 800. El total 
de habitantes del archipiélago se cree exceda de 200.000. 
Joló está situado en un frontón de costa, en figura 
de medialuna, cuyos extremos lo forman la punta Dian- 
gapit y la de Matanda. Dicha isla es alta. La pobla- 



92 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ción se halla en la parte N. Dista de Manila unas 622 
millas; de Zamboanga 60, y de Basilan 9. 

En Joló existe actualmente un gobierno político-mi- 
litar, á cuyo frente se halla un coronel. 

En Siasi, Bongao y Tatoan, hánse establecido co- 
mandancias militares, á cargo cada una de un capitán. 

El sultán de Joló reside en Maibung ó en una de las 
islas más al interior. 



ISLAS ADYACENTES Á BORNEO. 



ISLA DE LA PARAGUA. 

La isla de la Paragua, por su admirable posición 
geográfica, la fertilidad de su suelo, sus abrigados puer- 
tos, su proximidad á las posesiones inglesas y holande- 
sas, su ventajosa situación para sostener un activo trá- 
fico con dichos países, y por las razas que la pueblan, 
merece ser descrita con alguna amplitud, no obstante 
su relativo atraso por lo escasamente atendida que ha 
sido siempre; y bien acreedora es á que el Gobierno, 
penetrado de la importancia suma de dicha isla, le con- 
ceda preferente atención y procure,. mediante los pode- 
rosos medios que están á su alcance, elevarla al prós- 
pero estado que debe ocupar en el por tantos títulos 
rico y valioso Archipiélago de Filipinas. 

La Paragua, que es la más occidental de las Filipi- 
nas, hállase situada al SO. de Calamianes, de cuya 
provincia forma parte, y al N. de Borneo, entre los 7** 
14' y 12° 28' de latitud N., y los 122^48' y i25° 12' 
longitud E. del meridiano de Madrid. 

Mide 429 kilómetros de extensión y 14.584 kilóme- 
tros cuadrados de superficie. En Taytay, pueblo cuyo 
territorio y sus visitas fué cedido á España en 1751 
por el sultán de Borneo, situado al N. de la Paragua, se 



Q^ HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

halla la capital de Calamianes. Dista de Manila 270 
millas. 

Montes. — Una cordillera de considerable elevación, se 
extiende del N.E. al S.O. en toda la longitud de la is- 
la, distinguiéndose algunas de sus montañas cuya al-* 
titud sobre el nivel del mar es de 2.086 metros. 

Ríos. — Cuenta la Paragua multitud de ríos que nacen 
en la cordillera central, dirigiéndose á las costas del E. 
y O., con un curso de 28 á 32 kilómetros, en razón á 
ser la isla bastante estrecha. Los más caudalosos son 
el Ignagi y el Irahuam. 

Eeino mineral. — No estando suficientemente explora- 
da esta isla, ni habiéndose practicado los estudios ne- 
cesarios en las montañas y puntos á propósito del inte- 
rior, poco puede decirse con respecto á su riqueza mi- 
neral, pero indicios indudables demuestran que tan 
vasto territorio contiene la mayor parte de los minera- 
les y metales que se conocen en el resto del Archi- 
piélago filipino. 

Hasta ahora, lo que se puede asegurar es que existe 
la piedra pizarrosa, dura y consistente, ó sea roca ma- 
rina, presentando en sus extratificaciones gran cantidad 
de hierro y de sulfuro. 

La piedra granítica se halla asimismo con profusión, 
pero blanda y porosa. 

La roca madrepórica, que en general constituye la 
base y cimiento de las costas, abunda y se utiliza mu- 
cho en la fabricación de cal. 

El plomo y el antimonio aparece en forma de plom- 
bagina ó en piritas menudas en los grandes aluviones, 
lo cual prueba su existencia, y positivamente, no carece 
esta isla de otros productos mineralógicos, que sólo será 
dable conocer cuando haya sido explorada por completo. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 95 

Reino vegetal. — La flora forestal de la Paragua pue- 
de competir dignamente con la general de Filipinas, 
abundando de un modo considerable las maderas deno- 
minadas: alopai, amuguis, arsonan, apiay (desconocida 
en Lu2Ón), batino, bolonguita, camagón , camaguán, 
cisbé (desconocida en Luzón), malandugat ó malandu- 
hat, malabaguat, mansalaguin (desconocida en Luzón), 
molave, narra, palma brava, palusapi, pelotán, tangán é 
ipil, existiendo también, aunque con menos abundan- 
cia, las llamadas acle, bancal, calantás, calumpit, don- 
gón, ébano, láñete, landang, mangachapuy, malapajo 
y tanguili. 

Además de estas maderas de construcción y de po- 
seer las del alcanfor y el sándalo, hay muchos mangles, 
utilizándose en gran escala sus clases principales, ó sea 
las llamadas bacanan, tangal y langhoray. 

La producción de bejucos es extraordinaria, y seña- 
ladamente abundan el palasan, la caña espino, la caña 
bojo, y en los bosques la apreciadísima para bastones 
conocida por caña de Indias. 

La ñipa, tan útil y necesaria en las poblaciones in- 
dígenas, cubre por completo las orillas de los ríos 3^ ca- 
nales; los cocoteros forman espesos bosques, surtiendo 
de su fruto y multiplicados productos á los naturales: 
la almáciga, la goma copal y otras resinas, la cera 
que en sus bosques se halla, y mil otros productos, ha- 
cen que el reino vegetal de la Paragua no tenga nada 
que envidiar al de las otras islas oceánicas, siendo sus- 
ceptible de ventajosa explotación y mayor acrecenta- 
miento; y por último se cosecha en sus campos buen 
tabaco, excelente arroz, y todo género de frutos y le- 
.gumbres. 

Reino animal. — Cuenta la Paragua todos los anima- 



96 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

les Útiles que son comunes al Archipiélago filipino, 
siendo de notar la fecundidad con que procrea el gana- 
do vacuno y de cerda y las cabras y búfalos, merced á 
los riquísimos pastos que la isla posee. 

No se conocen ciervos, venados ni antílopes, debido, 
según cuentan los indígenas, á que cierto perjudicial 
cuadrúpedo roedor llamado bantoc, los mata con facili- 
dad por medio de una secreción de gases mefíticos. 

El cerdo de monte abunda extraordinariamente en los 
espesos bosques de la cordillera principal. 

Las gallinas y patos caseros son, asimismo, abundan- 
tísimos, y los montes y bosques hállanse poblados de 
faisanes azules, de gallinas montaraces, de multitud de 
papagayos de variados colores, de hermosas tórtolas ver- 
des, blancas y color castaña, de ruiseñores, pavos rea- 
les, etc., etc., mereciendo especial nota la golondrina 
salangane, á que en el país llaman lamlam, cuyo nido, 
tan apreciado de los chinos, elabora con profusión en 
las cavernas de la Paragua é islas adyacentes. 

La pesca de buena clase constituye también gran 
parte de la riqueza del reino animal, debiendo citar, por 
último, las perlas, que se recogen en sus costas, donde 
abunda la avíenla niargarítífera. 

Industria y comercio. — La fabricación de tejidos del 
país, es fácil aclimatarla, teniendo en cuenta la abun- 
dancia de materias textiles. El corte de la caña llamada 
de Indias, la recolección del valioso nido, la pesca y ex- 
portación del balate, cuya calidad encomian los compra- 
dores, el bejuco, la cera y la almáciga, son hoy los prin- 
cipales objetos de su industria y comercio, pudiendo au- 
mentarse una vez desarrollado en mayor escala el cultivo 
del café, del cacao, la caña dulce, el tabaco y demás ar- 
tículos, de que tanto puede prometerse tan rica provincia. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 97 

Población. — Razas salvajes. — En la isla de la Para- 
gua se notan tres castas distintas, conocidas con los 
nombres de tagbantías, tinitianos y bulalacaunos, dignas 
de ser descritas. 

Los tagbanuas se asemejan á los malayo-mahome- 
tanos de Mindanao, pero no profesan sus mismas creen- 
cias religiosas. 

Existen, según ellos, espíritus buenos y malos, en- 
cargados de premiar ó castigar á los mortales, y supo- 
nen que el bueno descansa en paz á su muerte, en tanto 
que el malo vaga eternamente por los espacios, presa 
de grandes tormentos. 

El traje de los tagbanuas consiste en un calzón es- 
trecho por abajo, una chaquetilla azul con cuello de co- 
lores vivos y un pañuelo arrollado á la cabeza, á estilo 
moruno. 

Su agorero ó sacerdotisa, babaüan, que puede ser de 
uno ú otro sexo, tiene la facultad de evocar los espíri- 
tus, auxilia á los sanos con sus consejos y á los enfer- 
mos con medicinas, y dirime las contiendas. 

El modo de contraer matrimonio entre estos salva- 
jes, no puede ser más sencillo. 

Cuando á un soltero agrada alguna mujer, va á su 
casa, sin previo aviso ni la aquiescencia de ella, y la 
obsequia con platos de barro vidriado muy toscos. Se- 
gún los admita ó rechace se celebra ó no la unión de 
ambos. 

Concertada la boda el babaüan y el novio acuden á 
casa de la prometida de éste el día de antemano seña- 
lado, seguidos de multitud de personas, cuya algazara 
es indescriptible. Sacan á la doncella de su casa, y poco 
menos que en triunfo la conducen á la morada de su 
futuro, donde les aguardan las familias de los contra- 

7 



98 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

yentes, los deudos y convidados. Los novios toman 
asiento sobre un petate ó esterilla en que se ve un pla- 
to de los que constituyeron el regalo, lleno de moris- 
queta. La enamorada pareja se dirige por un rato cari- 
ñosas miradas, y á seguida el varón coje con los dedos 
de la mano derecha un puñado de morisqueta y lo pone 
suavemente en la boca de la hembra: ésta repite con 
él igual operación y la boda queda realizada. Significa 
esa fórmula que deben mutuamente mantenerse el uno 
al otro. 

El babailan prorrumpe entonces en alegres alaridos 
que la concurrencia toda repite y comienza la comida, 
las libaciones, el canto y el baile, terminando la fiesta 
por la total embriaguez de los congregados. 

Cuando fallece alguna persona principal, depositan 
el cadáver en el piso de su propia casa, bajo hojas de 
palmas, ponen junto á aquél sus armas y ropas, y cer- 
can la casa con alta empalizada, quedando así hasta su 
completa descomposición. 

Los restantes individuos son enterrados en una es- 
pecie de cementerio entre dos troncos huecos de forma 
de canoas, cuyo sitio respetan mucho. 

Las personas que por sus excelentes prendas mere- 
cieron en vida la consideración y el respeto de todos, 
son colocadas en un féretro, cuidadosamente cerra- 
do, y suspenden éste de las ramas de algún árbol cor- 
pulento. 

El babailan y sus acompañantes y los parientes y 
amigos del difunto, gritan, lloran y dan vueltas alrede- 
dor del muerto para ahuyentar los malos espíritus. 

Los tagbanuas son dóciles, pero muy poco amantes 
del trabajo. 

Los tinitianos, residentes al N. de la ensenada de Ba- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 99 

buyán, tienen análogas costumbres que los tagbanuas, 
pero son menos sumisos y hospitalarios. 

Creen en un Ser Supremo, que llaman Banna, y en 
espíritus inferiores ó divatas. 

Cuando una mujer está próxima á dar á luz, su ma- 
rido esgrime constantemente sus armas, dando al aire 
sendos mandobles para ahuyentar á los espíritus malig- 
nos, costumbre y creencia muy general entre los sal- 
vajes. 

Para los casamientos é inhumaciones practican cere- 
monias parecidas á las de los tagbanuas. 

Los tinitianos penan el incesto con extraordinario ri- 
gor. Una vez que los ancianos, constituidos en tribunal 
á la sombra de algún árbol donde á su juicio residen los 
espíritus benignos, han pronunciado la sentencia de 
muerte, atan á la culpable boca abajo en una jaula he- 
cha con grandes maderos, y encima de ella, en sentido 
contrario, al hombre; rellenan el fondo de la jaula de 
gruesas piedras, y prorrumpiendo todos los espectado- 
res en gritos y maldiciones, la trasladan en una embar- 
cación á alta mar, y allí la arrojan para que perezcan 
ahogados. 

El adulterio se castiga aplicando á la culpable tantos 
palos como el marido exija, y al adúltero con una multa 
consistente en determinada cantidad de víveres, herra- 
mientas ó utensilios de cocina, y para borrar la mancha 
que sobre la tribu ha caído, matan un gallo; los asisten- 
tes mojan un buyo en la sangre, y lo comen, quedando 
ilesa con este ceremonial la honra del agraviado, quien 
vuelve á su casa con la vapuleada cónyuge, así como el 
adúltero se va tan tranquilo á la suya. 

Si sobreviene alguna epidemia, construyen un peque- 
ño barco de una sola pieza, con su correspondiente apa- 



loo HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

rejo y bandera. Lo llenan de arroz, buyo y agua, y lo 
lanzan al mar con la idea de que los espíritus malignos 
puedan irse en él y no volver, puesto que llevan provi- 
siones para el viaje. 

Como atribuyen todas las enfermedades y males que 
les afligen á los espíritus, de ahí que procuren conten- 
tarlos por medio de actos análogos al anterior, á fin de 
verse libres de sus maleficios. 

Los bulalacaunos moran en la parte N. de la isla de la 
Paragua y en el grupo de las Calamianes. Su color es 
oscuro, cetrino, nariz aguileña, pelo ligeramente crespo 
y alguna barba. Su constitución es endeble, pero son 
ágiles y valerosos. 

Los hombres usan por única vestidura el bahaque, y 
las mujeres una especie de túnica de seda azul. 

Su principal alimento consiste en unas tortas llama- 
das coyotes, hechas con el tubérculo córot, macerado du- 
rante dos días en agua del mar, y mezclado después con 
las hojas de la misma planta. 

Creen, como los tinitianos, en espíritus buenos y 
malos, y para conocerlos y tenerlos contentos practican 
ceremonias análogas á las de los demás salvajes de la 
Paragua; y lo mismo acontece respecto á los casamien- 
tos, con la diferencia de que ambos contrayentes estre- 
llan contra el suelo una banga ú olla de barro nueva, 
jurando separarse únicamente el día en que se junten 
los pedazos de la banga, volviendo á quedar entera. 

Gobierna las rancherías de los bulalacaunos el más 
hábil y esforzado de la tribu. 

Sus casas ó cayang son una especie de tiendas de 
campaña, de simples hojas de ñipa ó de hurí, fáciles de 
transportar arrolladas cuando emigran de un punto á 
otro. Sus armas son la lanza de asta de palasan con pun- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO lOI 

ta de hierro, flechas envenenadas y las suinpiís ó cerba- 
tanas. 

La caza de pájaros, en que son muy diestros, y la de 
puercos monteses; la pesca de la tortuga y del balate, 
constituye su industria y el alimento de los principales 
de la tribu. 

El que cae enfermo de gravedad ó de males contagio- 
sos, es conducido á una choza lejana donde le abando- 
nan, aunque dejándole agua y alimentos. Si muere, in- 
cendian la cabana para que perezca con ella la enfer- 
medad. 

Son muy supersticiosos, atribuyendo cuantas cala- 
midades les acontecen al Tauo Satolonam, terrible es- 
píritu del mal, cuya malévola influencia tratan de ate- 
nuar ahuyentándolo por medio de la quema de cierta 
alga marina. 

En cuanto el pÁ]a.ro quilit-quüit canta, tiemblan como 
azogados, temerosos de las muertes y desgracias que 
anuncia. 

Sus embarcaciones son pequeñas, toscamente he- 
chas y sin la menor clavazón de hierro, por conside- 
rarlo de muy mal agüero. 

Son encarnizados enemigos de los piratas moros, 
quienes á su vez procuran sorprenderlos y conducirlos 
prisioneros (i). 

Según un interesante artículo del gobernador de la 
Paragua, D. Jacobo Alemán, la población civil de esta 
isla en 1877 era de 210 hombres (incluso 35 chinos de- 
dicados al comercio), 160 mujeres, 71 niños y 58 niñas, 
que hacen un total de 499 personas, y la militar se com- 

(1) El Sr. Baamonde y Ortega, residente en la Paragua, publicó en 
1876, en la Revista de Filipinas, unos curiosos artículos relativos á 
las costumbres de los salvajes, de que hemos dado noticia. 



I02 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ponía de 171 individuos del ejército, g5 de la marina 
y 45 presidiarios, ó sean 3ii. 

No menciona el número de habitantes de las ranche- 
rías infieles, algunas de las cuales, como las vecinas 
del río Ignagi, son bastante numerosas. 

Los edificios públicos en Puerto Princesa eran, en 
dicho año, 97, y el movimiento de cabotaje ascendió 
á 141 embarcaciones entradas y salidas. 

Gobierno. — El de la Paragua está á cargo de un ca- 
pitán de fragata, jefe á la vez de la división naval allí 
establecida. Esta isla y sus adyacentes deben constituir 
un gobierno en absoluto independiente del de Calamia- 
nes, cuya capital sea Puerto Princesa, en razón á su 
grande y seguro puerto, á su situación y por la facili- 
dad de establecer comunicaciones con la costa opuesta, 
así como por la riqueza de sus bosques y de sus mares. 
La dependencia del gobierno de Calamianes, tan dis- 
tante, sin fáciles medios de transporte ni buenas vías 
de comunicación, es inconveniente á todas luces y debe 
desaparecer pronta y definitivamente, con lo cual ga- 
narán mucho todas las islas que rodean á la Paragua, 
y principalmente esta hermosa región. 

ISLA DE BALABAC. 

La isla de Balabac se halla situada al S. de la Para- 
gua, formando con la de Bangui el estrecho de su nom- 
bre, de unas 28 millas de anchura. 

Límites. — Confina al N. con el grupo de islas exis- 
tentes al S. de la Paragua; al E., con el mar de Min- 
doro y las islas de San Miguel; al S., con las de Bangui 
y Balambangán, en la costa N. de Borneo, y al O., con 
el mar de China. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO IO3 

Extensión y superficie. — Se extiende sobre 32 kilóme- 
tros de N. á S. y 21 de E. á O., viniendo á tener 370 
kilómetros cuadrados de superficie. 

Clima. — En general bueno. La temperatura fluctúa 
entre los 18° y 30° centígrados. 

Terreno. — El suelo de Balabac es, como el de todo 
Filipinas, muy fértil. 

Orografía. — Cruza la isla de N. á S. una serie de 
montañas, distinguiéndose la llamada Balabac, que 
mide 2.028 pies sobre el nivel del mar. 

Puertos. — El de Calandarang, muy bueno, y el de 
Balabac, excelente durante la monzón del SO. 

Minas. — A 11,14 kilómetros de la capital existe una 
cuenca carbonífera, abundante y de buena calidad, que 
en su día será de gran porvenir para esta isla. 

También se asegura que en el territorio que ocupan 
los moros hay una mina de mercurio nativo. 

Productos forestales. — Abundan muchas de las exce- 
lentes maderas de los trópicos, y las gomas, resinas, al- 
mácigas, materias colorantes, textiles, plantas medici- 
nales, cera y miel. 

El reino animal ofrece analogía al de todo Filipinas. 
El Pelandoc, del género Moschus, abunda en Balabac. 
La especie filipina Moschus Piginoeus, L. es muy ele- 
gante y airosa. 

La instrucción, agricultura, ganadería y producción 
son limitadas. 

Población. — La población, compuesta en su casi to- 
talidad de militares y penados y algunos chinos, as- 
ciende á 700 almas. 

En las rancherías de Dalanan, Pásig, Catagupan, 
Sabor, Agutayan, Tucanigalo, Panaan, Cabuligan, 
Carandurin y Síngalo, esparcidas por la isla, habitan 



I04 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

unos 1.200 moros. Estos son de carácter pacífico, y su 
habitual ocupación es la pesca y la caza. 

Es extraño no se les haya sometido á España, cuando 
tan fácil sería lograrlo, dadas sus condiciones. 

Gobierna á esta isla un oficial de la armada, de la 
categoría de teniente de navio de primera clase, que es 
además jefe de la estación naval. La parte religiosa 
corre á cargo de un recoleto. 

Balabac dista de Manila 5io millas; de Zamboan- 
ga, 355, y de Borneo, hacia el S., unas 5o. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 



105 



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EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 
GANADERÍA. 



107 



Zamboanga. .. .. 

Misamis 

Surigao 

Cottabato, Pollok 

Basilan 

Bislig 

Davao 

Calamianes 

Balabac 

Total. . . . 



Ca- 


Va. 




Cara- 










Cerda. 








ballar. 


cuno. 




bailar. 






559 


1-957 


1. 188 


2.332 


252 


6.388 


501 


10.039 


8.G05 


35.570 


210 


54.928 


10 


1.250 


» 


6.330 


i> 


7-590 


700 


1.500 


3.250 


4-732 


218 


10.400 


5 


17 


3+ 


20 


5 


82 


I» 


25 


» 


450 


» 


475 


20 


75^ 


76 


358 


7 


I. 215 


77 


885 


201 


799 


108 


2.071 


" 


108 


» 


» 


» 


108 


1.875 


16.536 


13.35+ 


50.591 


goi 


81-457 



Valor. 
Pesos. 



45-748 

439-424 

60.720 

52.000 

■.69 

2.000 

10. 118 

9.851 

1.296 

62X.925 



Desde el año de 1870, á que corresponden los datos 
estadísticos de los precedentes cuadros, con seguridad 
ha habido aumento en todas las partidas que compren- 
den. Téngase ello en cuenta, y sirva sólo para formar 
una idea aproximada de la realidad. 

ADMINISTRACIÓN ESPIRITUAL. 

Datos estadísticos publicados por el Arzobispado de Manila 
en 1876. 



PROVINCIAS. 



Misamis 

Surigao 

Mindanao (i.°, 
4.", 5-" y 6.' 
distrito) 

Calamianes. . . , 



Pue- 


Clero 
re- 


Clero 


blos. 


gula r. 


secular. 


14 


14 


, 


12 


12 


» 


8 


8 


„ 


7 


4 


" 



Población. 



81.004 
58.995 



16.279 
16.403 



Bau- 


Casa- 


tismos. 


mientos. 


3.756 
2.483 


669 
578 


837 
534 


157 
157 



Defun- 
ciones. 



1.803 
1-349 



838 



Misamis y Surigao dependen del Obispado de Cebú, 
y las provincias restantes del de Jaro. La población que 
aquí figura es inferior á la verdadera. 



ISLA DE BORNEO, 



Borneo, llamada por los indígenas Brouní, Brunei, 
Bourné ó Dayak Warouni, hállase situada bajo el ecua- 
dor, al N. de Java, al E. de Célebes y al SO. de Fili- 
pinas. La baña por el S. el mar de Java; por el NE. y 
el E. el mar de Célebes y el estrecho de Macasar, que 
la separa de Célebes; por el N. el mar de Joló, que la 
separa de Filipinas, y por el O. el mar de China. 

Borneo dista de Mindanao 222 Ya kilómetros, y sólo 
la separa de Mindoro el mar de este nombre. En el 
centro de este mar se halla la Paragua. Mide Borneo 
del NE. al SO, 1.200 kilómetros de longitud y 56o de 
anchura. Su superficie asciende á 700.000 kilómetros 
cuadrados, y 49.000 más con las varias islitas que la 
rodean. 

Es la isla mayor del mundo, después de Australia, 
estando llamada á constituir un magnífico imperio co- 
lonial, que asegurará á sus poseedores las llaves de los 
mares del extremo Oriente, no sólo por su excelente si- 
tuación entre el archipiélago indiano, la Indo-China, 
la China y Filipinas, sino también por su extraordina- 
ria fertilidad y sus inmensas riquezas minerales. 

Clima. — Aunque situada bajo la línea equinoccial, la 
isla de Borneo no sufre calores insoportables. Las bri- 
sas del mar y de las montañas y las lluvias que caen 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO lOQ 

incesantemente desde Noviembre hasta Mayo, refres- 
can la atmósfera. 

Las variaciones del termómetro son poco sensibles. 
No suele descender de 28° centígrados, subiendo raras 
veces á más de 35°. Los lugares inmediatos á las costas 
son húmedos, pantanosos y muy malsanos, especial- 
mente para los europeos, que con frecuencia padecen 
de disenteria, ñebres, ictericia y cólera. 

Orografía. — Cruza la parte central de la isla una ca- 
dena de montañas que declinan hacia las costas. Las 
montañas del Norte, que son las más conocidas y estu- 
diadas, abundan en cristal de roca, por lo cual las lla- 
man los holandeses Montes cristalinos. El punto culmi- 
nante es el Kini-Balu, con una altitud que no baja de 
3.500 a 4.000 metros (0. 

Hidrografía. — Del centro de la isla parten los diver- 
sos ríos que la riegan, siendo los principales en la cos- 
ta del S. el Barito ó Banjermassing, uno de los más 
considerables del país; el Kahayan ó Dayak-Bessar 
(gran río de los Dayaks); el Sibangu, el Mandaveí y el 
Sampit; en la costa del O., el Matan, el Pontianak 6 
Kapuas, el Simpang-Sidin, el Santubong ó río de Sa- 
rawak, el Redjang, el Burneh, etc., y en la costa del 
E., el Brau, el Koti ó Mahakam y el Passir. 

Varios lagos, entre los que descuella el Kini-Balu, 
uno de los más considerables de la Oceanía, al pie de 
la montaña de aquel nombre, y el Danao-Mulayon, en 
la parte central, completan el sistema hidrográfico de 
la comarca. 

Las costas, aunque sólo presentan sinuosidades poco 



(1) Sobre 3-000, según Rogel; 3.250, según Laiousse; más de 4.OUO, 
según Vivién de Saint Martín. 



lio HISTORIA UE LA PIRATERÍA 

profundas, ofrecen, sin embargo, puertos espaciosos y 
cómodos, sobre todo al O. y al S. 

Los cabos más importantes son los llamados Dati, 
Sisary y Balam, al O.; Sambas, Salatan y la punta 
Platte, al S., y el Kenneungan y Sanpanmang, al E. 

Reino mineral. — Borneo es rico en minerales precio- 
sos. En las hendiduras de las rocas, en las arenas de 
los ríos, y sobre todo en una tierra amarillenta mezcla- 
da de guijarros, se hallan los más gruesos y los más ri- 
cos diamantes ('). 

En casi toda la isla, y particularmente en los estados 
del O., se explotan abundantes minas de oro, cuyos ya- 
cimientos están casi en la superficie del suelo. La más 
importante de estas explotaciones es la de Montradok, 
que ha llegado á producir hasta 2.730 kilogramos 
por año. 

Minas de cobre, de hierro y de estaño y zinc existen 
en diferentes lugares; también se encuentra imán natu- 
ral y antimonio. En las costas N. y S. hay ricas minas 
de hulla. 

Las montañas del Norte contienen gran cantidad de 
cristal de roca. 

Reino vegetal. — Los productos vegetales son muy 
variados, denotando la gran fertilidad del suelo. Ade- 
más de bosques inmensos, ricos en maderas propias 
para ebanistería y otras sumamente apreciables, como 
el camagón, la teca, ébano, palo tinte, alcanfor y sánda- 
lo, se dan todos los vegetales de los trópicos. Las espe- 
cias, gomas, café, te, quina, índigo, tabaco, algodón, 
azúcar, arroz, etc., abundan mucho. 

(1) En el territorio de los chinos, por la parte de Landak, fué don- 
■de se encontró el más grueso diamante conocido, cuyo peso es de 367 
•quilates, perteneciente al rajah de Matan. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO III 

Reino animal. — El reino animal es asimismo de va- 
lía. En la parte N. de la isla, según algunos autores, 
se halla el elefante y el rinoceronte, pero otros lo des- 
mienten. 

El leopardo, el tigre listado, cuya piel sirve de traje 
de guerra á los aborígenes del interior; el oso de la Ma- 
lasia (Ursus malayanus); el tapir, de un natural menos 
fero2 que el jabalí; el puerco de monte, el babirusa, los 
ciervos, una especie de búfalo de pies blancos (Bos son- 
daicus), cierta clase de nutria (Polainophilus barbatus) y 
diferentes especies de monos, entre ellas el orangután, 
abundan en los bosques. Los principales animales do- 
mésticos son caballos, puercos, cabras, perros, etc. 

La golondrina salangane, fabricadora del valioso ni- 
do; la abeja y el gusano de seda, también abundan. 
Existe el pájaro del paraíso y multitud de aves de be- 
llísimo plumaje. En las costas de Borneo se pesca la 
ballena, el cachalote, la foca, diversidad de pescados y 
crustáceos, y ricas perlas. La concha de la tortuga sos- 
tiene bastante tráfico. 

Las producciones de Borneo son objeto de un co- 
mercio de consideración con China, Singapoore y los 
puertos de la Malasia neerlandesa. Los holandeses, in- 
gleses y chinos importan opio, te y algunas manufac- 
turas. 

Población. — Ignórase apunto fijo el número de habi- 
tantes de Borneo, creyéndose que ascienda á 3.5oo.ooo. 
Esta población es en sumo grado heterogénea, y se com- 
pone de muchas razas distintas. 

Los papuas ó negritos, y los dayaks, primitivos po- 
bladores, en extremo salvajes, habitan el interior de la 
isla, incomunicados casi con el resto de sus habitantes. 
Los malayos, dominadores de aquéllos, que forman la 



112 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

mayoría de la población, ocupan principalmente las 
costas. La población restante se compone de bugis, de 
javaneses, de chinos y de árabes. 

Los papuas ó negritos moran en los bosques, en las 
cavernas ó sobre los árboles, sin vestidos, sin instruc- 
ción y sin relaciones con sus semejantes. 

Los dayaks del litoral viven de la pesca y del pro- 
ducto de sus piraterías. Emponzoñan sus armas y son 
traidores y crueles. Según M. de Croizier y otros es- 
critores, los dayaks han merecido el sobrenombre de 
cortadores de cabezas: cuando ocurre la muerte de algún 
dayak, son inmolados sobre su tumba esclavos ó prisio- 
neros; los jóvenes van á la caza de hombres, porque no 
encontrarían una mujer que los quisiera si en sus es- 
cudos no llevaran por lo menos una entalladura, indi- 
cando que han cortado una cabeza. Los buques europeos 
que paran de noche en los ríos de Borneo, se rodean de 
una red para librarse de las sorpresas de los cortadores 
de cabezas. 

Existen pueblos tan salvajes, que, á la vista de indí- 
genas de otras tribus, se refugian sobre los árboles; pa- 
ra traficar con tan agrestes gentes, hay que poner so- 
bre la orilla los productos que se quieren cambiar y los 
mercaderes se retiran; bajan entonces algunos hombres, 
y si las mercancías les placen las transportan, dejando 
en cambio productos naturales de la región. 

La tribu más poderosa es la de los kajans. Explotan 
las minas de diamantes, y recogen el oro lavando las 
arenas de los ríos. Algunos dayaks han adoptado la 
religión mahometana y reconocido la autoridad de los 
rajahs malayos; cultivan la tierra, residen en poblado 
y tienen cierta civilización. 

Los bugis, procedentes casi todos de Célebes, están 



EN MINDANAO, JOLÓ V BORNEO II3 

sometidos á los dayaks. Constituyen una clase consi- 
derada á causa de sus riquezas, producto del comercio 
ó de la piratería. 

La colonia china, cuyo número es tan crecido que se 
hace ascender á más de i5o.ooo, se ocupa preferente- 
mente del comercio y de la explotación de las minas de 
oro. Son originarios, en su mayor parte, de las provin- 
cias meridionales de Cantón y de Fo-Kian. Recogen el 
oro en el territorio de Sambas y en el extremo oriental 
de la isla. Como sus demás compatriotas esparcidos por 
el globo, cuando llegan á hacer fortuna regresan inme- 
diatamente á su país. La unión de chinos con mujeres 
indígenas, ha dado lugar á otra raza mestiza. 

Organización. — Borneo se halla dividido en gran nú- 
mero de pequeños estados, los unos vasallos de los ho- 
landeses, é independientes los otros. Las posesiones ho- 
landesas forman dos residencias, que reciben nombre de 
su situación: la de la costa O. ó de Pontianak, y la de 
la costa SE. ó de Banjermassing, cuyas capitales lle- 
van los mismos nombres. 

Estas dos residencias comprenden los estados ó te- 
rritorios de Sambas, Mumpawa, Pontianak, Landak, 
Sangou, Simpang, Matan (antiguo imperio de Succa- 
dana), Kandaouagan, Komaay, Pambouan, Mandao- 
nuax, Gran-Da3^ak, Pequeño-Dayak, Banjer, Tanah- 
Laonut, Tatas, Martapoura, Karang-Intang, Koetei, 
Bulungan, etc. 

La ciudad de Banjermassing, situada á la emboca- 
dura del Bandjer, está construida sobre estacas, vién- 
dose en ella, como en Bang-Kok, casas flotantes. Es 
muy comercial. 

La residencia de Pontianak principia en Tanjong- 
Datu y termina en el río Djeley, al E. del cabo Sam- 

8 



114 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

bas, conteniendo el imperio vasallo de Matan, al S. 
de Succadana. Comprende, asimismo, las islas Natu- 
mas, Anamba y Fambelan, pero en ellas la autoridad 
holandesa es casi nominal (i). 

Pontianak se halla en la confluencia del río Landak 
y de una de las bocas del Gran Kapuas. Las casas ma- 
layas están agrupadas sobre las riberas de ambos ríos. 
Los europeos habitan mejores edificios hacia la ribera 
izquierda del Kapuas, defendidos por un fuerte con em- 
palizadas. 

Los chinos monopolizan por completo el comercio. 
Su número entre los distritos de Pontianak y Sambas 
era antes de 60.000, pero hoy quizá no pase de 20.000. 

Las rentas locales consisten principalmente en los 
derechos de aduanas, la capitación de chinos, la de los 
malayos y dayaks, el arriendo del opio, el juego y el 
monopolio de la sal. 

Sobre la costa occidental se halla el antiguo reino de 
Sambas, al cual pertenecen las minas de oro de Mon- 
tradok y las de diamantes de Matan. 

Los principales estados independientes son los de 
Borneo, sobre la costa NO., que se estiende desde Tan- 
jong-Datu, al SO,, ó sea desde punta Kidoong, hasta 
el río Kimanis, al E.; y el territorio de Tidoeng, perte- 
neciente al sultán de Joló, que se extiende sobre toda la 
parte NE. de la isla. 

Los holandeses se han hecho dueños de la costa del 
E. mediante un tratado con el sultán de Kotí, cuyo 
territorio formaba otro de los estados independientes. 
La capital del primero de éstos es Borneo, sobre el río 
del mismo nombre, plaza de comercio importante. 

(1) Notes sur íih de Borneo, — Revue Maritime et Coloníale, 1878. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO . II5 

Cuenta 40.000 habitantes y más de 3.5oo casas, le- 
vantadas las unas sobre pilotes y las otras flotantes so- 
bre balsas. Verifícase la comunicación entre los dife- 
rentes extremos de la ciudad por medio de canales, de 
que está toda entrecortada. 

Entre los artículos de exportación, debemos mencio- 
nar las cañas, nidos de salangane, alcanfor, etc. 

Hoy, con las desmembraciones sufridas, la importan- 
cia del estado de Borneo ha decaído bastante. 

Al N. de la residencia de Pontianak, dividido poruña 
cadena de montes de considerable elevación, se halla 
el territorio de Sarawak, en la costa NO., cedido por 
el sultán de Borneo en i83g al célebre aventurero in- 
glés Sir James Brooke, á quien invistió además con el 
título de Bajah. Pretextaba éste como su principal in- 
tento la represión de la piratería y el establecimiento 
de relaciones comerciales con los indígenas. 

Inmediata á la costa, dotada de un buen puerto, se 
destaca la isla de Labuán, que en 1846 pasó al domi- 
nio inglés. La situación de esta isla es excelente para 
el comercio con los estados vecinos, y en su parte N. 
cuenta ricas minas de carbón. Sostiene muy activo trá- 
fico con Singapoore y Joló. Su puerto es franco al co- 
mercio universal, y en Labuán existe el principal depó- 
sito de carbón para los vapores que hacen la travesía 
entre la India y la China. 

A partir del río Kimanis hasta la bahía de Sibuco, ó 
sea el límite NE. de las posesiones holandesas, ejerce 
su dominio, en territorio español, una compañía in- 
glesa. 

La idea de explotar la parte N. de Borneo es antigua 
en los ingleses, y neciamente España ha dejado que la 
influencia de esta nación le arrebatara sus mejores de- 



Il6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

rechos y más fundados motivos para semejante em- 
presa (0. 

Elok-Pura, capital del territorio de que se ha hecho 
dueña la Compañía del Norte de Borneo, ocupa una 
magnífica situación en la bahía de Sandakan, y segura- 
mente el porvenir de la naciente colonia ha de ser gran- 
de, teniendo en cuenta la feracidad del suelo y la rique- 
za de los productos naturales, que los ingleses sabrán 
explotar con su habilidad innegable (2). 

(1) En la parte histórica de esta obra trataremos ampliamente este 
punto. 

(2) Para más detalles respecto á la importante isla de Borneo, pue- 
den consultarse las obras de Spencer Saint-John, J. y Ch. Brooke, Dal- 
rympe, Marryat, Fr. Boyle, Earl. Medhurst, Bax, Keppel, Crawfurd, 
Colomb, Wallace, Mundy, Belcher , Tennent, Burbidge, Hennerice, 
Müller, Beccari, Chimmo, Meyners d' Estrey, Schouw Santwoort, Ver- 
beeck, de Groot, Meyer, van Langen, Caten, Cohén Stuart, Teysman, 
Tromp, Crooker, de Hollander, Senn von Basel, Overbeck, Cari Bock, 
P. C. Cuarterón, Montano y Rey, Rogel, y los artículos que le consagran 
Larousse y Vivien de Saint-Martín en sus Diccionarios. 



PARTE HISTÓRICA 



CAPITULO PRIMERO, 



Antecedentes históricos. — Descubrimiento de las islas /ie Ocea- 
nía. — Expediciones de Magallanes, Loaisa, Saavedra, Villalobos y 
Legazpi. — Conquista é incorporación á España de las islas Filipinas» 



Sabido es que el descubrimiento de las islas Filipi- 
nas se debe al insigne navegante Hernando de Maga- 
llanes, portugués al servicio de España. El rey de Por- 
tugal, D. Manuel, no quiso admitir las proposiciones 
que tan entendido náutico le hiciera, y esto fué causa 
de que Magallanes se desnaturalizara del reino lusita- 
no, y de que fuese á proponer á Carlos I de España 
y V de Alemania su atrevido proyecto de llegar á las 
islas de la Especería ó de Poniente, siguiendo distinto 
derrotero que los portugueses, ó sea por el Océano oc- 
cidental, dando como cierta la existencia de un paso 
hasta entonces no descubierto. El Emperador, acep- 
tando con júbilo la proposición de Magallanes, mandó 
aprestar cinco naves, llamadas Trinidad, San Anto- 
nio, Concepción, Santiagu y Victoria, de i32, 144, 108, 
90 y 96 toneladas respectivamente, tripuladas por 284 
hombres, abastecidas las naves y pagados sus tripu- 
lantes para dos años; y después de ajustar un convenio 
respecto á las ventajas que había de obtener el descu- 



I20 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

bridor y de conferirle el título de Adelantado y el hábi- 
to de Santiago, partió la pequeña escuadra desde Sevi- 
lla el 19 de Agosto de 1519, con la esperanza por guía 
y el voto unánime del generoso pueblo sevillano en pro 
del feliz término de tan arriesgada empresa. 

Grandes penalidades y terribles contratiempos expe- 
rimentaron aquellos intrépidos marinos en su larga na- 
vegación, pero el éxito coronó cumplidamente los pro- 
nósticos de Magallanes. 

El i.° de Noviembre de i520, fecha fausta en los ana- 
les de los descubrimientos geográficos, penetró el in- 
mortal navegante por el estrecho que ha hecho su nom- 
bre imperecedero, á cuyo término se encontró en el mar 
del Sur; y prosiguiendo su viaje, logró arribar á las is- 
las denominadas por él de las Velas latinas ó de los La- 
drones, las actuales Marianas, el 7 de Marzo de i52i. 
Prosiguió con rumbo á Mindanao, fondeando en Butuan, 
pueblo de la antigua provincia de Caraga, hoy Suri- 
gao, de cuyo territorio tomó solemne posesión por Es- 
paña, habiéndole recibido bien sus naturales, cuyo régu- 
lo le facilitó los víveres que pudo. Fué de aquí á Cebú. 
Su régulo, Hamabar, después de pactar paz y amistad 
con el caudillo luso-hispano, juró obediencia y vasalla- 
je al rey de España. Quiso Magallanes mostrarle su 
afecto yendo á combatir á los isleños de Mactan, en gue- 
rra á la sazón con su aliado, y la desgracia hizo que una 
emponzoñada flecha privase de la vida á tan insigne 
náutico el 26 de Abril de i52i. Sus compañeros, ate- 
rrados por esta desgracia, y luego por la perfidia de los 
cebuanos, marcharon á Borneo. He aquí cómo describe 
su estancia en esta isla el P, Concepción (1): 

(l) Historia general de Filipinas, por Fr. Juan de la Concepción. 
—Manila, 1788. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 121 

«Dieron en la barra, en la que entraron sondeando 
delante los bateles, y á tres leguas de la ciudad, por 
no haber agua suficiente, dieron fondo; fueron á re- 
conocerlos tres fustas del rey, en que iba un hombre 
viejo, su secretario, con el estruendo de trompetas, 
tambores y otros instrumentos ruidosos; hicieron las 
naos una muy cumplida salva; entró el secretario en la 
capitana con algunos señores moros, abrazando al ge- 
neral con tales demostraciones, como si fueran muy 
amigos y conocidos de antes; preguntaron quiénes eran 
y qué buscaban; se les satisfizo con que eran vasallos 
del rey de España, y que llevaban mercancías de gra- 
nos, paños, sedas de diversos colores y otros géneros; 
mandó el buen viejo llevarles variedad de víveres y vi- 
nos; se detuvieron bastante tiempo en las naves muy 
alegres y contentos; á su despedida regaló el capitán al 
secretario una capa de terciopelo carmesí, una silla de 
respaldar, guarnecida de terciopelo azul, y otras cosas 
de estimación para el rey, y á todos se les agasajó con 
regalos curiosos. 

«Recibió el rey muy gustoso el presente, y con el de- 
seo de ver aquellos hombres para él extraños, suplicó le 
enviasen dos á su corte; enviólos el capitán, y fué uno de 
ellos Espinosa; recibiéronlos antes de entrar en la ciu- 
dad más de 2.000 hombres, armados de arcos y flechas, 
cerbatanas, lanzas y campilanes, defendidos con cora- 
zas de conchas de tortuga y vestidos de ropa de seda; 
tenían en su escuadrón un elefante armado y un casti- 
llo de madera sobre la espalda; bajó su elevada estatu- 
ra el bruto, y entró en el castillo Gonzalo; con esta os- 
tentación y grandeza fué á palacio, habló al rey su se- 
cretario con un largo tubo, metido por un agujero que 
recalaba á la pieza donde el rey estaba oculto; asi le 



122 HISTORIA DE .LA PIRATERÍA 

informó Espinosa de cuanto quiso saber su curiosidad; 
bien regalado y asistido el capitán, pidió licencia para 
volver á los suyos el día siguiente; mandó el rey le die- 
sen dos piezas de damasco y una á cada uno de los 
compañeros; refirió Espinosa al general cuanto había 
experimentado y visto; le aconsejó que respecto que 
aquella ciudad era muy grande y el gentío de ella como 
inmenso, era lo mejor apartarse de ella hasta conocer 
sus intenciones, genios y costumbres: prudente consejo 
que fué admitido sin dificultad. 

«Había en las naos mucha necesidad de brea; pare- 
ció enviar á la ciudad cinco hombres que comprasen 
cera, y les sirviese de betún; tres días estuvieron dete- 
nidos en la ciudad, y no les permitían volver á las na- 
ves; sospecharon los de á bordo la tardanza, y cogie- 
ron en represalia un hijo del rey de Luzón, que había 
ido al comercio, con más de lOO hombres y 5 muje- 
res en un junco; hizo este príncipe juramento solemne 
de enviar ios retenidos, y dejó en prendas dos mujeres 
3' ocho de los suyos principales; envió á decir el gene- 
ral al rey de Borney que si no le restituía su gente 
abrasaría cuantos juncos encontrase, y á su gente pa- 
saría á cuchillo; enviaron dos después de algunos días; 
tomaron algunos juncos, en que hallaron armas, telas 
de seda y de algodón con algunos bastimentos, por si 
le obligaban á entregar los tres restantes; nada aprove- 
chó esta diligencia, determinando seguir su viaje sin 
aguardar más, etc.» 

Fueron á continuación á las Molucas, y de allí, do- 
blando el cabo de Buena Esperanza, encamináronse á 
España, dirigidos por el gran cosmógrafo Juan Sebas- 
tián de Elcano, entrando en Sanlúcar de Barrameda el 
6 de Setiembre de i522, treinta y siete meses después 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I 23 

de su partida, con solos 17 marineros, pálidos y exte- 
nuados, de los 234 hombres que componían la expedi- 
ción (1). 

II. 

En Junio de 1525 hízose á la vela desde la Coruña 
otra expedición con siete buques y 450 hombres, bajo 
las órdenes del comendador Frey Juan García Jofré de 
Loaisa. Durante el viaje murieron éste }- sus sucesores 
en el mando, Elcano y Alonso de Salazar. 

Sustituyó al último Martín de Iñiguez, y el 2 de Oc- 
tubre de 1526 descubrió la isla de Mindanao. Los isle- 
ños recibieron con poco afecto á los expedicionarios. 
«Esta gente desta tierra es ataviada; andan vestidos 
con paños de algodón y seda, y también traían vestidos 
de raso de la China, y andaban todos armados, sus 
azagayas en las manos é sus alfanjes é sus guirrises, 
que son á manera de puñales, y sus paveses. Es gente 
muy atraicionada é belicosa, luego determinaron de 
tomarnos con el batel á traición; empero nosotros an- 
dábamos sobre aviso é nunca pudieron salir con la su- 
ya. Muchas veces venían de noche en navios de remos 
que tienen muy ligeros, á la nao á cortar las amarras; 
empero, como hacíamos buena guardia, nunca nos pu- 
dieron empecer en nada. Estuvimos en este puerto bien 
diez días, que nunca pudimos comprar bastimenta nin- 

(l) En nuestra Historia general de Filipinas tratamos, con la am- 
plitud y minuciosidad necesaria, de la expedición de Magallanes y de 
las de sus sucesores, limitándonos en esta obra á io que tiene relación 
con las islas que comprende. También puede consultarse, para todo lo 
relativo á la geografía y estadística de Filipinas, nuestra obra El Ar- 
chipiélago filipino y las islas Marianas, Carolinas y Palaos. — Madrid, 
1886. 



124 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

guna. En esta isla de Bendenao (Mindanao) hay mucho 
oro, é nos tuvieron para que les comprásemos; empero 
el capitán mandó que nadie fuese osado de comprar, 
por lo cual no se compró nada, y asi hubimos de ir 
nuestra derrota sin refresco. Aquí tomamos un indio 
que llevamos á Maluco, el cual nos dijo que cada año 
venían dos juncos de la China, que son unas naos en 
que ellos navegan, á comprar oro é perlas que había en 
gran cantidad, é también venían más navios á otras is- 
las á lo mismo. También hay en esta misma isla cane- 
la, por la parte del Oeste (').» 

El P. Concepción amplía algo más lo ocurrido en 
Mindanao á la expedición de Loaisa: «Echaron el ba- 
tel al agua, que arrimando á la costa no pudo en todo 
un día descubrir gente; ya resueltos á volver á la capi- 
tana, hallaron una canoa con indios; hablóles el ga- 
llego (2) en la lengua que sabía, y no fué entendido; 
entróse la canoa por un río, y siguiendo el batel descu- 
brieron en su ribera un pueblo; hablaron con los indios, 
entendiéndose con la lengua malaya; les dieron vino de 
palmas, buenas gallinas, arroz y frutas por rescates, 
con lo que volvieron á la capitana muy alegres; vol- 
vieron otro día y notaron á los indios recatados; pedían 
vitualla, y les respondieron que esperaban gente del 
monte que la traería; era cautela artificiosa para tener 
más gente y tomarles el batel; el día siguiente fueron 

( ; ) Relación del viaje hecho á las islas de las Malucas ó de la Espe- 
cería, por la armada á las órdenes del comendador García Jofré de 
Loaysa, hecha por el capitán Urdaneta. El original, firmado por el au- 
tor en Valladolid á 2'-) de Febrero de ?537, obra en el archivo de Si- 
mancas. 

(2) Gonzalo de Vigo, desertor de la Trinidad, adnriitido á bordo 
por Loaisa en las islas de los Ladrones. 



KN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 125 

á la playa con sus armas; no saltaron en tierra, aunque 
les instaban los indios, si no les daban un indio en rehe- 
nes, que ellos darían un castellano, para poder contra- 
tar con confianza; previnieron los indios un vestido con 
tela aseada, y un arma á modo de daga con el puño 
de oro, y dejando todo esto en tierra, otro en el batel, 
se fue á bordo. 

» Saltó en tierra el gallego en cumplimiento de los 
contratados rehenes; lleváronle al reyezuelo, que le dijo 
muy severo que los que venían en aquel navio serian 
pranguis, nombre que dan en la india á los portugue- 
ses, y es de una de las más infames castas, que era mala 
gente, que á donde quiera que llegaban hacían mucho 
daño; informó el gallego que no eran tales, que era 
buena gente, y que sólo querían víveres por su justo 
precio; dijo el rey que si era así podían tratar libremen- 
te; el gallego, que era astuto, y con la larga comunica- 
ción en las cosas de los indios muy experimentado, notó 
muy bien que todo era entretenimiento, y aunque los 
indios eran muchos y bien armados, se escapó de ellos 
y se recogió al batel, sin que pudiesen alcanzarle; re- 
quiriólos el capitán Iñiguez les diesen bastimentos y 
les volverían su indio, pero no hicieron caso; trataban 
los indios cortar los cables para que las naos diesen en 
tierra y naufragasen en la costa; no pudieron conse- 
guirlo, por la buena y vigilante guardia.» 

De Mindanao salieron el i5 para las Molucas, en 
donde les aguardaban todo género de penalidades por 
la enemiga de los portugueses. A Iñiguez lo envenena- 
ron en Tidor (O, y el nuevo jefe, Hernando déla Torre, 
se fortificó en tierra en espera de socorros de España. 

^l) Véase nuestra Historia de Filipinas, pág. 24. 



126 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

III. 

El 3i de Octubre de i527 partió de América la terce- 
ra expedición bajo el mando de D. Alvaro de Saavedra, 

«Fué, dice Herrera (i), á Mindanao y Visaya y otras 
islas que están en 8°, á donde les dieron puercos, ga- 
llinas y pan de arroz, y vieron muestras de oro y las 
mujeres hermosas y los hombres blancos; andaban to- 
dos en cabello largo; traían alfanjes de hierro; tenían 
tiros de pólvora, flechas muy largas y cerbatanas, con 
que tiraban con yerba; coseletes de algodón, corazas de 
escamas de pescados, y los hombres son guerreros y 
confirmaban la paz con beber la sangre del nuevo ami- 
go, y sacrificaban hombres; traían los reyes coronas en 
las cabezas, y el que entonces reinaba se llamaba Cato- 
nao, el cual mató á D, Jorge Manrique y á su hermano 
D. Diego y otros (de la anterior expedición), lo cual se 
supo porque se huyó á la nave de Alvaro de Saavedra, 
Sebastián del Puerto, portugués, casado en la Coruña, 
que iba en el armada del comendador Loaisa, y dijo 
esta nueva; y que su amo le llevó á Cebú, donde supo 
que había llevado de allí á ocho castellanos del armada 
de Magallanes á vender á la China, y que quedaban 
otros en otra isla que llamaban Candieta; rescató Alva- 
ro de Saavedra otros dos castellanos por 6o pesos de 
oro, que se los trajeron en carnes y atados, y los vistió; 
hizo paces con el señor, bebiendo y dando de beber san- 

( 1 ) Historia general de los hechos de los castellanos en las islas i tier- 
ra firine del Alar Océano, escrita por Antonio de Herrera, Coronisla 
mayor de sv. M.'^ de las Indias y su coronista de Castilla. — En qnatro 
Decadas desde el Año de I4g3 hasta el de i^ji. Dos tomos — Madrid, 
lóOl. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 1 27 

gre del brazo, porque tal era su costumbre (0. En fin del 
año se hallaba Alvaro de Saavedra con su capitana, sin 
saber de las otras, en Sarrangan y Candigan (las Sa- 
ranganis), que están en altura de 4°, á donde rescató 

los dos castellanos De ellos entendió cómo había 

gente del Emperador en la isla de Tidore, que estaba 
cien leguas de allí, y que tenían guerra con los portu- 
gueses; y habiendo tomado gallinas, arroz, batatas y 
vino de la tierra y clavo; después de haber estado tres 
días en Sarragan, se hizo á la vela caminando con N. la 
vía del Sur, viendo siempre islas pobladas.» 



IV. 



Otra expedición salió del puerto de Juan Gallego el 
l.° de Noviembre de 1542. Componíase de seis buques, 
mandados por el licenciado en derecho Rui López de 
Villalobos. 

Este, como sus antecesores, arribó á la parte orien- 
tal de Mindanao. «Por ser su costa puerca, la llamaron 
de los arrecifes; á 2 de Febrero surgieron en un puerto 
de ella que denominaron Málaga, en altura de 7°; de- 
tuviéronse refrescando en ella un mes; quiso poblar 
aquí Villalobos, que no lo hizo por haberla experimen- 
tado de intemperie grave; tomóse con los acostumbra- 
dos actos posesión de ella por la corona de Castilla; pu- 
sieron al lugar determinado para la fundación Ccesarea 
Caroli (2); por los vientos contrarios y fuerza de las co- 

(1) A esta operación llaman sandugo, según el P. Pedro Chirino. 

(2) "Se llamó Cesárea la isla grande de Mindanao, en obsequio del 
señor emperador Carlos V, cuyo nombre le impuso Bernardo de la To- 
rre, capitán, maestre de campo de Rui López de Villalobos el año 1543, 
y con este nombre corrió en escrituras de aquel tiempo.,, {^Crónicas de la 



128 HISTORIA PE LA PIRATERÍA 

rrientes fueron forzados la vuelta del Sur; arribaron á 
Sarragán; asentaron con los naturales paces, de que se 
arrepintieron muy presto; pusiéronse en armas, y aun- 
que se les importunó á que les vendiesen bastimentos, 
no hubo modo de reducirlos; usóse primero de todos 
aquellos medios que dicta la benevolencia; hizo la fuer- 
za lo que no pudo el agrado; acometióse al pueblo; hi- 
cieron resistencia, pero se dieron al mayor poder con la 
fuga; no fueron seguidos, pensando se reducirían con el 
escarmiento; no fué el vencimiento sin costa de sangre: 
fueron heridos algunos de los nuestros, de los que mu- 
rieron seis. Esta isla, que apellidaron Antonia, tendrá 
seis leguas en su circuito: había en ella cuatro pueblos; 
toda la gente se refugió en un peñón muy agrio; estaba 
fortificado con palizadas y otras defensas; pareció á los 
nuestros lance de honor acometerle; hiciéronse varios 
acometimientos; derribaron por aquellos despeñaderos 
grandes vigas; venció estas dificultades nuestra cons- 
tancia; ganóseles la altura, y, dominados ya, huyeron, 
sin empeñarse los nuestros en el alcance; era su ánimo 
sosegarles, pero ellos desampararon la isla y se fueron 
á Cesárea; en el peñón se halló porcelana, almizcle, 
ámbar y aceite, en que tenían un internado comercio 
los mindanaos y de otras islas; halláronse algunas mues- 
tras de oro; no hallaron más porque acostumbran los 
naturales enterrarlo en los montes (0.» 

La escasez de recursos hizo que Villalobos obligara á 
los soldados á sembrar maíz, con gran descontento de 
éstos, que decían era su oficio pelear y no el de hacer 
de labradores; la cosecha fué abundante, pero no sufi- 

apostólica provincia de San Gregorio^ de religiosos descalzos de San 
Francisco, etc., por Fr. Juan Francisco de San Antonio.) — Manila, 1738. 
(l) Fr. Juan de la Concepción. 



EN MINDANAO, JOlÓ Y BORNEO I29 

dente, y pronto se vieron de nuevo con iguales apuros. 
«Trataron con los naturales, dice el P. Concepción, 
que volviesen á su isla; hiciéronse las paces, que se 
confirmaron con las usadas ceremonias de sangrarse y 
beber la sangre mutuamente en vino; pero es gente que 
no sabe tratar verdad, ni la paz ó amistad les impide 
que usen de sus fraudes, cuando los tienen por conve- 
niente; así con la facilidad que la hicieron la quebran- 
taron, y permanecieron en su obstinación de no volver 
á su isla; llegó la necesidad al extremo, y para satisfa- 
cerla, les servían de manjar delicado culebras, lagar- 
tos, ratones, perros, gatos y otras sabandijas asquero- 
sas; aprovecháronse de raíces y frutas silvestres, de 
cuya operación murió mucha gente emponzoñada y 
contagiada. Para socorrer necesidad tan extrema, le pa- 
reció á Ruy López era conveniente hacerse amigo 
con el señor de Mindanao, 50 leguas de distancia, 
isla más abundante; preparó un navio con 50 hombres 
á cargo de Bernardo de la Torre; prevínole de rescates 
y mercaderías; llegaron á surgir á la boca de un gran 
río; era gente indómita, desabrida por los malos trata- 
mientos de los portugueses, y así sólo hallaron engaños 
y traiciones; la necesidad les obligó á los nuestros á 
aprovecharse de las armas; acometiéronlos en un ele- 
vado fuertecillo en que, no queriendo rendirse, mata- 
ron á los defensores; dando libertad á mujeres y mu- 
chachos, volvieron á Sarragan con algún bastimento. 
En estas estrecheces, convinieron despachar un navio 
á Nueva España que diese noticia de lo hasta allí ope- 
rado, solicitando órdenes y socorros; también despa- 
charon una galeota á unas islas, que son las que se lla- 
maron Filipinas después, y con este nombre las marca- 
ron los de esta armada en honor del príncipe, cuyo 

9 



130 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

nombre era Philipo. Partidas estas dos embarcaciones, 
llegaron tres paraos de las islas de los Malucos, y en 
ellos algunos portugueses con una carta de D. Jorge de 
Castro, que contenía los requerimientos de ser todas 
aquellas islas de la demarcación de Portugal; que no 
hiciesen guerra á los naturales, porque se interesarían 
en su defensa; que si iba falto de bastimentos lo dijese, 
que en Cesárea se le proveería; mucho prometer de los 
que aún eran sus enemigos, ó á lo menos no eran ami- 
gos; respondió Ruy López que la orden que tenía de su 
soberano era no tocar en las islas de los Malucos; que 
para entrar en las demás tenía muy extenso poder; es- 
trechaba mucho el hambre; no había otro surtimiento 
que de Mindanao, y éste con las armas; repitieron el 
requerimiento los portugueses, y siendo la misma la 
pregunta^ se les satisfizo con idéntica respuesta; llevá- 
ronse hurtado un marinero; costearon á Cesárea, per- 
suadiendo á los naturales no les vendiesen bastimentos 
y ofreciéndoles ayuda de armas contra los castellanos: 
tales sugestiones, indignas de una nación nada ruda, 
hicieron impresión en ánimos por otra parte ya bastan- 
te inquietos ('). 

«Quiso Dios que la embarcación que fué á Filipinas 
volviese con copia de víveres: habilitados así, resolvie- 
ron irse á aquellas islas, especialmente á la de Abuyo, 

(1) Para más detalles, puede consultarse el manuscrito titulado: Re- 
querimiento de D. Jorje de Castro, gobernador de San yuan de Terre- 
nate é islas del Maluco, Banda, Burneo, Mindanao, I.a San Jiian, Ala- 
nado, Paragocal, costas de Caladre é Amboino é Ormoro é todo el Arce- 
piélago de los Papuas, por el rey de Portugal á López Villalobos, 
pidiendo explicaciones por qué estaba y seguia allí, y respuesta. — Hállase 
en el archivo de Indias de Sevilla, llevado de Simancas entre los pape- 
les de 1519 á 1847. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I3I 

de quien tuvieron la noticia de que era la más abun- 
dante; que los naturales los deseaban y serían bien re- 
cibidos en ella: acomodáronse en un navio grande, en 
dos bergantines que habían construido, y en otras em- 
barcaciones menores; salió esta escuadra á la mar; el 
tiempo les fué tan contrario, que les fué preciso entrar 
en una bahía ó ensenada de Cesárea; despachóse em- 
barcación que solicitase víveres; volvió con el mal des- 
pacho de que al tiempo de los rescates les habían asal- 
tado los indios y les habían muerto ii hombres, quedan- 
do los restantes muy flacos y fatigados; la escasez era 
ya tal, que sólo se racionaban cuatro onzas de arroz, y 
esta estrecha economía sólo diez días podía entretener- 
se: esto les compelió á solicitar otra isla que les presen- 
tase socorro, y por no tocar en las Molucas, tomar 
puerto aunque fuese en Camoso; las corrientes y vien- 
tos les condujeron al pueblo de Sagala, jurisdicción de 
Gilolo, etc. 

Después de largas luchas con los portugueses, tuvo 
Villalobos que partir para Amboina, donde murió de 
pesadumbre, malográndose así la expedición, cuyos 
restos llegaron á España en 1549. 



V. 



Por orden de Felipe II salió del puerto de Natividad, 
el 21 de Noviembre de 1564, la quinta expedición, con 
cuatro buques y 400 hombres, bajo la dirección del ilus- 
tre Miguel López de Legazpi, en cuya compañía iban 
cinco frailes agustinos, entre ellos el antes célebre pilo- 
to Andrés de Urdaneta, que ya había hecho el viaje con 
Loaisa, y los doctos Fr. Martín de Rada y Fr. Diego 
de Herrera. 



132 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Mandaba uno de dichos buques, el patache San Lu- 
cas, D. Alonso de Arellano, del cual era piloto un mu- 
lato llamado Lope Martín. Este aconsejó al capitán 
adelantarse á Legazpi, recabar la gloria de su descubri- 
miento y apoderarse de las riquezas que esperaban ha- 
llar, y en efecto, abandonaron á los demás buques el 
i.° de Diciembre, 

El 5 de Enero de i565 descubrieron muchas islas del 
archipiélago de Marshall, visitando después las de Ho- 
goleu, Ollap, Fanadie, Tamatán, Sorol y Ngoli: llega- 
ron el 29 á Mindanao, cargaron cuanta canela les fué 
posible y dieron la vuelta á España el 4 de Marzo,, 
siendo los primeros en hacer tal viaje (1). 

Legazpi, después de fondear en varias islas del ar- 
chipiélago de Marshall y luego en las de los Ladrones,, 
llegó el i3 de Febrero de 1565 á Abuyog. El 5 de Mar- 
zo fondeó cerca de Cabaliáu, en Leyte; Camutuhan, 
hijo de Malitic, cacique de esta isla, se hizo muy ami- 
go de los españoles, y sirvió de práctico hasta Limasa- 
gua, donde fueron muy bien recibidos. El 11 se trasla- 
daron á Camiguing. 

Quiso Legazpi ir á Butuan, de cuyo punto de Minda- 

(1) Por ello pretendieron premio, y se les hubiera otorgado caso 
de no descubrir á tiempo su deserción, que por cierto quedó sin el de- 
bido castigo. Para más detalles acerca del viaje de dicho buque, puede 
consultarse un manuscrito que se halla en la Dirección de Hidrografía, 
y es copia de otro que hay en el códice de Misceláneas de la biblioteca 
de San Isidro de Madrid, confrontada en 25 de Octubre de 1792 coa 
este titulo: 

Relación del suceso del Patax, que se apartó con tormenta de la Ar- 
mada, del qual era capitán Don Alonso de Arellano, la qual relación 
hizo dicho capitán y su piloto, y la presentaron en audiencia pública de 
la chancilleria de México, firmada por dicho capitán y el piloto, Lope 
Martín. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO I33 

siao tenía excelentes noticias; mas los vientos le con- 
dujeron á la costa S. de Bohol, donde, sin encontrar 
puerto, fondeó en i5 brazas cerca de tierra. Desde aquí 
despachó para Butuan al patache San Juan, con el ca- 
pitán Juan de la Isla, el factor real y el P. Fr. Martín 
de Rada, con encargo de que se proveyeran de la ma- 
yor cantidad posible de canela, sin causar el menor 
daño á sus naturales. 

«Mientras se despachaba el patache, refiere el P. Con- 
cepción, el maestre de campo avisó al general que des- 
de la almxiranta se descubría una vela á sotavento, que 
parecía embarcación grande, y que había enviado su 
batel á reconocerle con cinco soldados y dos marine- 
ros; consideró el general no iba bien despachado con tan 
poca gente, y mandó que el mismo maestre de campo, 
con el capitán Goiti y bastante gente, fuesen al recono- 
cimiento del barco avistado; era un junco de Borney 
(Borneo), y su tripulación de moros (malayo-mahome- 
tanos); éstos no quisieron recibir de paz á los nuestros; 
les acometieron con mucha pujanza, disparando tres ó 
cuatro tiros de artillería y varios arcabuces; pero los 
nuestros rindieron la embarcación, acometida por el 
maestre de campo; aunque los moros se defendieron 
animosamente, durando el combate largo tiempo, con 
el daño de nuestra parte de un soldado muerto y veinte 
heridos, hasta que muerto su capitán desmayaron to- 
dos, y dejando las armas, se escapó la mayor parte en 
un parao que traían por su popa, rindiéndose los pocos 
que quedaron en el junco; de los prisioneros, que eran 
siete, el uno era el piloto y el otro un factor del rey de 
Borney, que hablaban bien la lengua malaya; pregun- 
tóles el general por qué no habían admitido la paz á 
los nuestros, y así hubieran excusado el daño recibido, y 



134 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

respondieron que nunca entendieron las señas, sí que 
les decían se rindiesen para robarles después, y así ha- 
bían determinado morir primero; no les parecía haber 
incurrido en pena alguna, aunque hubiesen muerto á 
todos, creyéndolos enemigos; servía á todo de intérpre- 
te el P. Urdaneta, que entendía y hablaba el idioma 
malayo.» Lega^pi les perdonó, y los moros, «viendo tal 
liberalidad, las rodillas en tierra y besándole muchas 
veces las manos, le dieron las gracias y le rogaron les 
diese una carta para su rey, por la que supiese la reci- 
bida merced, porque de otro modo nadie daría crédito á 
tan insólito beneficio; dióles el general la pedida carta, 
notándola el P. Urdaneta, y los moros se quedaron en 
su junco, vendiendo y rescatando mercaderías con mu- 
cha paz y sosiego.» Por ellos supo Legazpi que los bor- 
neyes traían á rescatar entre aquellos naturales (los de 
Butuan), cobre, estaño, platos, porcelanas, campanas, 
menjuí, ropas pintadas, sartenes, hierros de lanzas de 
buen temple, cuchillos y otras menudencias, y en cam- 
bio cargaban oro, cera, esclavos y sigáis; manifestóles 
el general los géneros y rescates que tenía en sus na- 
vios, y dijeron que ninguno de ellos era para estas islas 
á propósito, y que no acabaría de vender tantas sedas y 
paños ricos en diez años, lo que haría en ocho días en 
su reino de Borney, y también en Siam y otros reinos 
circunvecinos; disimuló el general, y les dijo que su 

rumbo era á otra parte Díjole el moro principal que, 

si se detuviese la armada, él iría á Borney y traería 
mercaderías más de su gusto y las trocaría por los efec- 
tos mostrados; mas Legazpi dijo que no podía detener- 
se; «informó también este moro que en Butuan había un 
grande contrato de canela, en que también había mucho 
oro, y de este precioso metal había bastante abundan- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 35 

cia en las demás islas; que al presente, en Butuan, había 
dos juncos de Luzón, rescatando oro, esclavos y cera » 

El patache San Juan, á su regreso de Butuan, quin- 
ce días después de su partida, confirmó las anteriores 
noticias, añadiendo que los pocos cambios realizados 
en Butuan lo fueron con los mercaderes de Luzón, 
quienes mostraron gran afición á las monedas de plata 
españolas, que los indígenas veían con indiferencia; 
«ofrecieron dar, á trueque de plata, hasta tres quintales 
de oro que tenían recogido; tratando de precios pedían 
seis onzas de plata por una de oro, y por peso de dos 
arrobas y i6 libras de cera 58 reales castellanos, y 
en estos precios se rescató oro y cera por los nues- 
tros. El tesorero de S. M. preguntó á los butuanos si 
tenían canela de venta, y le trajeron hasta media li- 
bra muy fina;» los moros de Luzón le ofrecieron facili- 
tarle gran cantidad á cambio de plata, si podían aguar- 
dar diez días; pero rehusaron los españoles detenerse 
ese plazo. 

Legazpi fué el 22 de Marzo á Dapitan, cuyo régulo, 
Pagbuaya, lo agasajó mucho. Al cabo fondeó en Cebú 
el 27 de Abril, comenzando desde entonces la obra 
grandiosa que le había de dar por fruto la conquista é 
incorporación á España del hermoso Archipiélago fili- 
pino. 

Hallándose en Cebú, comisionó al maestre de campo 
Mateo del Sauz para ir á Mindanao á comprar canela, 
cuyo jefe desempeñó su comisión satisfactoriamente, ad- 
quiriendo hasta cien quintales. 

Tales fueron las primeras relaciones sostenidas por 
los españoles con los indígenas de Mindanao y Borneo, 
aumentándose con el transcurso del tiempo la enemiga 
que desde los primeros momentos se reveló en ellos. 



CAPITULO II. 



Primeros combates con los piratas malayo-mahometanos. — Derrota 
Goiti á una escuadrilla de éstos. — Llega á Manila el sultán de Bor- 
neo en demanda de socorro para recuperar su reino. — Expedición 
del gobernador de Filipinas á Borneo. — Derrota del usurpador y re- 
conocimiento de vasallaje á España por parte del sultán y de sus sub- 
ditos. — Expedición contra Mindanao y Joló. — Nuevo destronamien- 
to del sultán de Borneo. — Expedición para reponerlo en su trono. — 
Concesión de la isla de Mindanao al capitán Rodríguez de Figueroa. 
— Ida de éste á dicha isla. — Traición de los moros. — Muerte de Fi- 
gueroa. — Sus cualidades. — Se hace cargo del mando e! maestre de 
campo Juan de la Jara. — Conducta de éste. — Expedición de Ron- 
quillo. —Gran derrota de los mahometanos. — Paces con éstos. — Im- 
prudente retirada de Ronquillo. — -Establecimiento de un fuerte en el 
puerto déla Caldera. — Ida de Ronquillo á Manila. — Sometido á un 
consejo es absuelto. — Ida del gobernador de la Caldera á Joló. — Es 
derrotado y muerto. — Abandono de la Caldera. — Terribles incursio- 
nes de los malayo-mahometanos por las costas de Visayas. — Arrojo 
y muerte del gobernador de Iloilo. — Expedición de Gallinato contra 
los jüloanos. 

Desde los comienzos de la dominación española en 
Filipinas, cuando aún el poder de Legazpi únicamente 
se extendía sobre una parte de las islas Visayas, prin- 
cipiaron los piratas malayo- mahometanos la guerra 
que, sin tregua ni descanso apenas, se ha prolongado 
hasta los momentos en que trazamos estas lineas, ó sea 
durante más de tres siglos. 

En efecto, ya en iSóg los indígenas de Borneo y 
Joló, pirateando con 20 embarcaciones por las costas 



EN MINDANAO, JOI.Ó Y BORNEO I37 

de Visayas, sostuvieron un combate con el maestre de 
campo D. Martín de Goiti, quien desde Cebú salió á 
batirlos con nueve pequeños buques, logrando apresar 
cuatro de los bajeles enemigos y á sus tripulantes, cu- 
yos despojos repartió á las tropas que le acompañaron 
en la jornada. 

En 1578, gobernando las islas el Dr. D. Francisco 
de Sande, llegó á Manila el sultán de Borneo, Sirela, ó 
Malaela, según otros escritos, en demanda de auxilios 
para recuperar su trono, del que le había desposeído un 
hermano suyo, ofreciendo hacerse él y su reino tribu- 
tarios del rey de España. 

Sande le recibió ostentosamente y accedió á sus de- 
seos. Hizo armar 40 embarcaciones, tripuladas por 400 
españoles, i.5oo indígenas de Filipinas y 3oo de Bor- 
neo, que habían permanecido fieles á su soberano. Es- 
tas fuerzas iban mandadas por los capitanes D. Esteban 
Rodríguez de Figueroa, D. Juan de Morones, D. An- 
tonio Saavedra y D. Amador de Arriarán, bajo la di- 
rección suprema de Sande, que quiso ir en persona á 
realizar tal empresa. Al cabo de treinta días de nave- 
gación penetró la escuadra en el río de lá capital, fon- 
deando frente al palacio del usurpador. Este presentó 
á sus tropas en batalla, pero fué derrotado y huyó á los 
montes, con lo cual quedó Sirela repuesto en su tro- 
no. Sande tomó solemne posesión de Borneo en nom- 
bre de España, cuyo acto se hizo constar por un tes- 
timonio que obra original en el Archivo de Simancas. 
(1578). 

A consecuencia de haber apresado los joloanos una 
embarcación que iba de Manila á Cebú, tripulada por 
españoles en su mayoría, á los cuales hicieron esclavos, 
dispuso Sande, tan luego regresó á Manila, que saliese 



138 HISTOKIA DE LA PIRATERÍA 

una expedición contra Mindanao y Joló. El capitán Ro- 
dríguez de Figueroa, que la mandaba, no halló grande 
resistencia entre los mahometanos, quienes le ofrecie- 
ron sumisión y vasallaje; pero tuvo que retirarse á cau- 
sa de no reunir fuerzas suficientes para guarnecer tan 
extensos territorios. 

El hermano de Sirela, auxiliado por el capitán por- 
tugués Antonio Brito, despojó nuevamente á aquél de 
sus dominios en i58i. Sirela volvió á solicitar el auxi- 
lio del gobernador de Filipinas, y D. Gonzalo Ronqui- 
llo dispuso el envío de una expedición á las órdenes del 
capitán Gabriel de Rivera, el cual cumplió satisfacto- 
riamente su cometido, dejando entronizado por segun- 
da vez al soberano de Borneo. 

En el año de i5g6 recibió el capitán Esteban Rodrí- 
guez de Figueroa el título de gobernador de Mindanao, 
de cuya isla le hacía donación el Rey por dos vidas, para 
reducirla á su costa y gobernarla, conforme solicitara 
en tiempo de Das Marinas. 

Emprendió su conquista en Abril, partiendo de Otón 
(Iloilo) con 214 españoles, repartidos en varios buques 
de diferentes portes, llevando consigo al religioso de la 
Compañía de Jesús Juan del Campo, al lego Gaspar 
Gómez y á muchos indios en concepto de auxiliares. 
Las primeras poblaciones malayo-mahometanas que ha- 
lló, llamadas Tampacan y Lumaguan, le recibieron 
bien por ser enemigos de los aguerridos buhayenes, in- 
corporándosele muchos indígenas para batirse á sus 
órdenes contra aquéllos. Se internó después 24 millas 
por el río Grande de Mindanao, llegando sin dificul- 
tad hasta Buhayen, cuyo régulo, Silonga, noticioso de 
la llegada de los españoles, se había fortificado, re- 
suelto á defenderse, en unión de los jefes Malaria y Bu- 



EN MINDANAO, JULO Y BORNEO 139 

hisan. Ordenó Figueroa al maestre de campo Juan 
de la Jara que reconociese el terreno con alguna tropa; 
pero no sólo desembarcó más de la necesaria, sino que 
se internó demasiado. Impaciente el jefe, quiso averi- 
guar por sí la causa de su tardanza, y bajó á tierra se- 
guido de los españoles Hernando Ballesteros y Jeróni- 
mo Alves, del P. Campo y de un criado cebuano. De 
pronto salió de entre unos cogonales un moro blandien- 
do su campilán, con el que asestó fuerte tajo á Figueroa. 
Este paró el golpe, y, arremetiendo con su espada, atra- 
vesó al moro de parte á parte. Volvióse Figueroa al je- 
suíta, diciéndole: «Padre Juan, como éste todos;» pero, 
apenas acabó la frase, sintióse herido de muerte por el 
campilán de otro moro que le partió la cabeza, por no 
llevar puesto el yelmo. En el acto, el cebuano clavó al 
traidor moro su lanza, quien parece ser que era tío del 
sultán de Buhayen, y se llamaba Obal, mientras que 
Ballesteros y Alves recogían al moribundo general. 
Apareció entonces un grupo de mahometanos, y en la 
lucha que sostuvieron murió Ballesteros y quedó heri- 
do de gravedad Alves. En esto llegó la Jara con los 
suyos y huyeron los moros, pudiendo el malogrado jefe 
ser transportado á la galera, donde falleció seis horas 
después de recibir su herida. 

Figueroa era natural de las posesiones españolas de 
África, de padres portugueses. Siendo muy joven pasó 
á Nueva España y de allí á Filipinas en compañía de 
Legazpi. Tanto por su valor, como por sus importan- 
tísimos servicios, fué premiado con dos encomiendas 
de á 1. 000 tributos, una en Iloilo (Panay) y otra en 
Camarines (Luzón). Un hermano suyo, residente en 
Méjico, muy acaudalado, le auxilió con su peculio para 
la realización de sus empresas. 



140 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Antes de salir de Iloilo hizo testamento, dotando 
€on 2.000 pesos de renta al colegio de jesuítas de Ma- 
nila, y disponiendo que, caso de fallecer sus hijas, pasa- 
ra la herencia al colegio de San José, cuya fundación 
estaba decretada. 

El lego Gómez se hizo cargo del cadáver, y conduci- 
do á Manila, diósele sepultura en la capilla mayor de la 
Compañía como su principal protector. 

La gente de Figueroa, cuyo mando asumió el maes- 
tre de campo Juan de la Jara, regresó á Tampacan y 
se atrincheró en este punto, á la entrada del río Gran- 
de, fundando Jara, en recuerdo de su patria, la ciudad 
de Murcia, para cuya defensa hizo construir un fuerte 
de harigues y palmas. 

El nuevo jefe trató de proseguir la conquista en pro- 
vecho suyo, sin reparar que, habiéndose concedido aque- 
lla isla á Figueroa por dos vidas, y héchose por su cuen- 
ta la expedición, á sus herederos correspondía conti- 
nuarla (1). 

Por cartas que condujo el hermano Gómez, dio cuen- 
ta Jara al gobernador de los sucesos relatados y de sus 
providencias ya dichas, indicándole su propósito de po- 
blar en Tampacan, á cuyo efecto pedía algunos au- 
xilios. Entendió el jefe superior de las islas que Jara se 
había excedido de sus atribuciones procediendo con in- 
dependencia de su autoridad y en perjuicio de los here- 
deros de Figueroa, y á fin de ponerle remedio, mandó 
al capitán Toribio de Miranda con despachos para que 

^l) Para obviar esto, marchó á Iloilo y propuso á la viuda de Fi- 
gueroa, Doña Ana Oseguera, se casara con él; pero rechazada su pre- 
tensión, y sujeto á un proceso por haber desaprobado su conducta el 
gobernador general, fué conducido á Manila, donde muiió mientras se 
sustanciaba su causa. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO I41 

se le tuviera por jefe del destacamento. Reconociendo, 
á la vez, la utilidad de dominar todo Mindanao, puesto 
que ya en Butuan, Caraga y Dapitan existían Presidios 
de españoles (O, dispuso, además, teniendo en cuenta 
que Rodríguez de Figueroa se había obligado á hacer 
por su cuenta la conquista, que la continuasen sus he- 
rederos. El tutor de éstos no se avino con tal obliga- 
ción, fundándose en que la muerte de Figueroa eximía 
á sus hijos de semejante empresa, y el asunto fué so- 
metido á los tribunales de justicia. En vista de ello, y 
para no perder tiempo, resolvió la autoridad continuar 
la conquista de Mindanao por cuenta del Erario público, 
sin perjuicio del reintegro correspondiente por parte de 
los herederos de Figueroa, si á ello hubiere lugar en 
justicia, encomendando su realización al maestre de 
campo D. Juan Ronquillo, bajo cuyo mando fueron z 
jefes, 5 oficiales y 400 soldados. En sustitución del pa- 
dre Campo, víctima de unas calenturas malignas á los 
cuatro meses de su estancia en Mindanao, iba con Ron- 
quillo el padre jesuíta Juan de Sanlúcar. 

Ronquillo, á su llegada, confirmó la amistad y bue- 
nas relaciones establecidas con los moradores de Tam- 
pacan y Lumaguan. Hizo luego algunas salidas al te- 
rritorio de los buhayenes, sin gran éxito; pues éstos 
sabían defenderse con ardor favorecidos por el terreno, 
en exceso pantanoso, que fatigaba mucho á las tropas 
españolas. 

La escasez de recursos, la dificultad de comunica- 
ciones para el caso de un contratiempo, y la tenacidad 
de los moros que no dejaban de asediar á los españoles. 



(1) Presidio, en su acepción militar, equivale á ciudad ó fortaleza 
que se pueden guarnecer con soldados. 



142 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

poco contentos ya de la empresa, determinaron el que 
Ronquillo expusiera á Manila su crítica situación y la 
conveniencia de retirarse del río de Mindanao, estable- 
ciendo una fortaleza en un puerto próximo; y pedía li- 
cencia para regresar á la capital con el resto de la ex- 
pedición, una vez aquella fortaleza en estado de defensa. 

El régulo de Mindanao, Buhisan, no considerándose 
bastante fuerte desde la llegada de Ronquillo,- marchó 
á Ternate en demanda de socorros. Facilitáronle sus 
aliados siete embarcaciones de las \\sLma.ásLS joangas (O, 
bien artilladas, y sobre 600 hombres. Sorprendidos á 
su regreso en la bahía Illana por el sargento mayor 
García Guerrero, que mandaba dos galeras, entablóse 
entre ambas escuadrillas un formidable combate, pere- 
ciendo acuchillados los 600 auxiliares de Buhisan; éste 
logró salvarse á nado. Nuestros soldados, en número 
de 116, iban dirigidos por los capitanes González de 
Arellano, Cristóbal de Villagra y Alonso de la Palma, 
quienes se condujeron en esta jornada con admirable 
arroj o . 

Los buhayenes, afectados por su derrota, solicitaron 
paces, siéndoles otorgadas. 

Pidieron también volver á la amistad de los tampa- 
canes; y para demostrar su buena fe, convínose el ca- 
samiento del régulo de Buhayen, Silonga, con la hija 
de Dongonlibor, régulo de Tampacan. Con esto cesó la 
guerra; hubo abundancia de bastimentos, y los españo- 
les andaban libremente por el territorio de Buhayen, 
sin ser molestados en lo más mínimo de los moros. En 
vista del diferente aspecto que presentaban los sucesos 



(1 ) Buques con 20 á 24 bogas, provistos de cubierta y armados con 
algunos pinzotes. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 43 

de Mindanao , Ronquillo participó al gobernador las 
novedades habidas, pidiéndole órdenes. 

A tal punto llegó el ascendiente de las fuerzas espa- 
ñolas, que los joloanos, cuya isla pertenecía en enco- 
mienda á D. Pedro de Oseguera, acudieron á pagar á 
su hijo y sucesor del mismo nombre el ligero tributo 
que les adeudaban. 

Cuando llegó á Manila el apremiante despacho de 
Ronquillo en súplica de autorización para retirarse del 
río de Mindanao, contestó el gobernador que si era de 
todo punto imposible sujetar la tierra y seguir la cam- 
paña con provecho, la abandonasen, después de un su- 
premo esfuerzo por vencer á los moros. Le prevenía 
que en aquel caso quemara el fuerte y población de los 
españoles, trasladándose con todas sus tropas y buques 
á la Caldera, donde debería dejar un presidio y fortale- 
za con la artillería, bastimentos y embarcaciones nece- 
sarias; y que hiciese entender á los aliados tampacanes 
que en breve volverían los españoles con mayores fuer- 
zas, pudiendo, hecho esto, regresar á Manila. 

Ronquillo, tan luego recibió esta comunicación, en 
vez de aguardar las nuevas órdenes que seguramente 
habían de serle comunicadas, con vista de su segundo 
despacho, y de sacar partido de su ventajosa situación, 
esperando las felices consecuencias de la reducción de 
los mindanaos, quienes se sometieron tan decididamen- 
te que los principales dattos daban sus hijas en matri- 
monio á nuestros soldados, se contentó con lo hecho y, 
escudado por la autorización de abandonar la isla, for- 
tificándose en otro punto que como resolución á su pri- 
mer consulta dio el gobernador general, convocó á los 
régulos de Buhayen, Tampacan y Lumaguan, noticián- 
doles que en cumplimiento de órdenes superiores regre- 



144 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

saba con sus tropas á Manila. Produjo tan inesperada 
novedad disimulado gozo á los primeros y hondo pesar 
á los últimos, que amargamente se lamentaban del 
abandono de los españoles, puesto que ahora menos que 
nunca perdonarían los buhayenes el haber tenido que 
transigir con ellos, siendo segura su venganza. 

Consoló Ronquillo á los fieles aliados diciéndoles 
que en el puerto de la Caldera quedaban tropas españo- 
las prontas á defenderlos en el caso nada probable, por 
las paces ajustadas y buena armonía existente, de que 
sus temores se realizaran, y que además pronto irían 
socorros de Manila ('). 

Las tropas quemaron el fuerte y la población espa- 
ñola de Tampacan, y salieron del río Grande de Min- 
danao, procediendo al levantamiento de un fuerte en el 
puerto de la Caldera, á dos kilómetros y medio de Zam- 
boanga. 

Muchos tampacanes amigos ó deudos de los españo- 
les, por virtud de los casamientos antes referidos, fue- 
ron en su compañía al nuevo establecimiento, renun- 
ciando á su patria y á los intereses que en ella de- 
jaban. 

En esto llegó la resolución del gobernador de Fili- 

(l) "Pero la razón que los habia de detener para no dejar perdido 
lo que tanto había costado, y en condiciones de guerra lo que asegura- 
ba la paz, los apresuró á su riesgo, dándoles á entender los engañosos y 
afeminados deseos de las comodidades con que les brindaba la viciosa 
Manila que ya quedaba asegurado todo, y que no podian minorar sus 
atrevimientos contra la paz, temerosos y abatidos de nuestras armas. 
Como si en bárbaros se hubiera de hallar más fe de la que les persua- 
den sus conveniencias, ni más negación que la que mantiene el temor 6 
ejecuta la fuerza.,, [Historia de las islas de Mindanao, Jola y sus ad- 
yacentes, por el P. Francisco Combes, de la Compañía de Jesús. — Ma- 
drid, año de 1667, Hb. 11, pág. 8.^.) 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 145 

pinas al segundo despacho de Ronquillo, previniéndole 
que bajo ningún concepto diera cumplimiento á su an- 
terior providencia y que permaneciera en Mindanao, 
para donde en breve saldrían todo género de socorros, 
no mandándolos desde luego con el fin de que estas ór- 
denes llegaran á su poder cuanto antes. 

Ronquillo contestó manifestando que ya se hallaba 
en la Caldera y que era imposible su vuelta á las po- 
blaciones del río Grande. Y sin aguardar más, enco- 
mendó el mando del fuerte al capitán Juan Pacho, de- 
jándole ICO soldados, embarcaciones y alguna artille- 
ría y bastimentos, y regresó á Manila, determinación 
inconveniente á que deben atribuirse las guerras infini- 
tas que después ha habido para recuperar aquel punto, 
cuyo abandono fué un error lamentable y más bien una 
felonía indigna, por el egoísta deseo de volver á Manila. 

Ronquillo se detuvo en Otón, y así que el goberna- 
dor supo su mal comportamiento, lo mandó prender en 
el camino, sujetándole á un consejo de guerra; pero él 
se defendió con una carta particular que el gobernador 
acompañaba á su primer despacho, diciéndole que en to- 
do caso se fuese á Manila con la gente, porque la había 
de menester para otras necesidades de las islas, á lo cual 
achacaba su determinación. Con esto se le dejó libre. 

El nuevo gobernador de la Caldera, deseoso de re- 
nombre, cometió la imprudencia de dirigirse á Joló, 
con ánimo de realizar su conquista, para lo cual no dis- 
ponía de fuerzas bastantes. Los moros, recobrados de su 
pasajero temor ante la salida de los españoles de Minda- 
nao, se aprestaron á la lucha con fortuna tal, que, sobre- 
viniendo un fortísimo aguacero, mojó la pólvora é inuti- 
lizó los arcabuces, dejando á sus contrarios en situa- 
ción apuradísima. Los joloanos hicieron en los nuestros 

10 



146 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

sangrienta carnicería. Pacho, víctima de su arrojo, que- 
dó hecho trizas sobre la arena. Las consecuencias de es- 
ta derrota fueron, como no podía por menos, muy sen- 
sibles. A la muerte de Pacho tomó el mando de la Cal- 
dera el capitán Villagra (iSgS). Escasas eran las fuer- 
zas que guarnecían la fortaleza y más escasos aún los 
bastimentos, por lo cual pidió socorros á Manila ó la 
autorización para abandonar el fuerte. 

Gobernaba á la sazón las islas D. Francisco Tello de 
Guzmán, natural de Sevilla, caballero del hábito de San- 
tiago y tesorero de la contratación de Indias, quien llegó 
á Manila el i." de Junio de iSgó. Consultó el caso con 
la Audiencia, y no obstante el parecer de ésta, favorable 
al envío de socorros y á la conservación del fuerte, dio 
orden de que lo demoliesen y regresara su guarnición á 
Manila, cuya orden fué en seguida cumplimentada. Los 
naturales de Buhayen, Mindanao, Joló y aun los tampa- 
canes, tan partidarios de los españoles, al ver el abando- 
no del fuerte, se confederaron, poniéndose bajo las órde- 
nes de los caudillos moros Silongay Salí, y reuniendo 5o 
caracoas, tripuladas por unos 3. 000 hombres perfecta- 
mente armados, invadieron por el mes de Julio de i5gg 
las costas de Cebú, Negros y Panay, cometiendo todo 
género de atropellos y muertes y cautivando 800 perso- 
nas. Las autoridades y los indios, aterrados, huyeron 
á los montes, de donde costó mucho trabajo hacer salir 
á éstos, á causa de que una anciana agorera ó sacerdoti- 
sa, llamada Dupungay, les predijo que los españoles es- 
taban de acuerdo con los moros para su completo exter- 
minio. Los moros regresaron á su país cargados de bo- 
tín y de cautivos. 

Esta invasión pirática repitióse al siguiente año en 
mayor escala, pues se hace subir á 8.000 hombres los 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I47 

que la componían, repartidos en 70 embarcaciones, 
yendo á caer sobre la villa de Arévalo (Iloilo), creada 
por Ronquillo. El alcalde mayor, D. Juan García de 
Sierra, hizo reunir á todos los españoles de dicha pro- 
vincia, que ascendían á 70, y á 1,000 indios flecheros, 
y fortificáronse en un fuerte. Llegan los moros, desem- 
barcan y se empeña tremenda lucha, en que á la pos- 
tre salen éstos vencidos, teniendo que retirarse con pér- 
didas considerables. El alcalde mayor, Sierra, con áni- 
mo denodado, salió en persecución de los piratas; pero 
avanzó más de lo conveniente, los enemigos lo cercaron, 
y pagó con la vida su ardimiento. 

En vista de tan horribles atentados, dispuso Tello la 
salida de una expedición al mando de Juan Juárez Ga- 
llinato, quien en Febrero de 1602 llegó á Joló, seguido 
de 200 españoles. Se batieron bizarramente, causando 
á los moros bastantes pérdidas, pero sin lograr pose- 
sionarse de sus fuertes. La escasez de recursos les hizo 
volver á Manila, con lo cual cobraron losjoloanos ma- 
yores bríos, que á poco se tradujeron en nuevas excur- 
siones piráticas. 



CAPITULO III. 



Gobierno de Bravo de Acuña. — Ida del gobernador á Visayas. — Ex- 
cursiones de los piratas moros. — Sus depredaciones. — Sale contra 
ellos el capitán Gaspar Pérez. — Su poca actividad. — Peligro de Acu- 
ña. — Halla á Pérez y le ordena persiga á los piratas. — Logra éste 
destruir algunos de sus buques. — Brillante hecho de armas del capi- 
tán Travelo. — Diversas expediciones contra Mindanao, Joló y Basi- 
lan. — Embajada de Süonga. — Proposiciones del gobernador. — Exi- 
gencias de Buhisan. — Nuevo enviado de Buhayen. — Piocura Acuña 
dar largas al asunto con motivo de su expedición á las Molucas. — 
Mando de D. Juan de Silva. — Ida del capitán Vega á Visayas y Ca- 
raga en persecución de moros. — Hostilidades de los holandeses con- 
tra Filipinas. — Los malayo-mahometanos tratan de aliarse con aqué- 
llos. — Victoria del capitán Flores sobre una armadilla joloana. — 
Salen contra estos piratas fuerzas marítimas de Cebú y de Cavite. — 
Nuevas depredaciones- de los joloanos — Destruyen los astilleros de 
Cavite y Camarines. — Cautiverios que realizan. — Establecimiento de 
una armadilla de joangas en Iloilo. 

En Mayo de 1602 se hizo cargo del mando superior 
de Filipinas D. Pedro Bravo de Acuña, caballero del 
hábito de San Juan, y gobernador que había sido de 
Cartagena de Indias. 

Deseoso Acuña de refrenar la osadía de los piratas, 
salió en persona á visitar los Presidio'; de Pintados, yen- 
do á la provincia de Iloilo, tan castigada por los moros. 
Llevó consigo 100 soldados españoles y algunos capita- 
nes valerosos, en una galera y cinco fragatas, dejando 
ordenada, á su salida de las Visayas, la construcción de 
una fortaleza en Iloilo y otra en la villa de Arévalo. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO I49 

Los moros, ensoberbecidos con sus triunfos, armaron 
en las costas de Mindanao 48 caracoas de gran porte y 
otras muchas embarcaciones pequeñas, con cuya escua- 
dra salieron á piratear, infiriendo daños sin cuento por 
todas partes, dirigidos personalmente por el régulo mo- 
ro Buhisan. Un buque que iba de Cebú á Manila cayó 
en su poder, y en él apresaron á una española, 10 espa- 
ñoles y al capitán D. Martín de Mendía. En Dulac pren- 
dieron á su misionero Fr. Melchor Hurtado, quien per- 
maneció cautivo en Mindanao cerca de un año. En Ca- 
libaya, pueblo situado á I25 kilómetros de Manila, que- 
maron el convento é iglesia de los padres franciscanos, 
y por poco apresan al religioso de dicha orden, Fr. Pe- 
dro Matías, recién electo provincial, que en la actuali- 
dad practicaba su primera visita (0. Hicieron muchos 
cautivos, apoderándose de cuantos objetos de valor ha- 
bía en las viviendas de los indios, y hasta se llevaron 
las campanas de las iglesias. Fueron en seguida á Ba- 
layan; pero, rechazados de ese punto, se trasladaron á 
Mindoro, distante 33 millas de aquel lugar y 60 de Ma- 
nila. Incendiaron el pueblo; hicieron muchas muertes; 
saquearon la iglesia y prendieron al canónigo Corral, 
que accidentalmente desempeñaba la administración de 
aquel curato, cautivando multitud de personas de todos 
sexos y edades. El capitán Mendía ofreció á los moros 
un fuerte rescate por los principales cautivos si le per- 
mitían ir á Manila. Accedieron á ello bajo ciertas con- 
diciones; mas así que llegó á Manila, ordenó el gober- 
nador interino, D. Antonio de Rivero, que saliera el ca- 
pitán Gaspar Pérez, alcalde de Balayan, en busca de 
los piratas, pero no lo verificó con la necesaria brevedad 

(1) Este religioso fué después obispo (le Camarines, 



150 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

y cuando llegó á Mindoro hacía una semana que habían 
partido los piratas, cargados de despojos, prosiguiendo 
en su seguimiento, aunque sin darse gran prisa. Los 
moros se internaron en una isla despoblada, á hacer le- 
ña y agua. 

El gobernador general, á su vuelta de Visayas, pasó 
muy cerca de esta isla, con grave riesgo de ser preso, 
si los moros lo hubiesen descubrierto y atacado, porque 
llevaba fuerzas muy inferiores á las de aquéllos. Por un 
buque de indios que iba huyendo de los piratas, supo 
que los moros estaban en la expresada isla, y como ha- 
lló al capitán Pérez, que regresaba á Manila, le ordenó 
continuara la persecución de los mindanaos, dándole al- 
guna gente, para que supiera dónde quedaban. 

Al avistar los centinelas de los piratas al enemigo, 
abandonaron su refugio, arrojando al mar algunos efec- 
tos y hasta esclavos, para huir con más celeridad. Por 
la pesadez de los buques españoles, sólo pudo dicho 
capitán dar alcance á varias caracoas de aquéllos, con 
quienes sostuvo un corto combate, en que murieron 
muchos mindanaos, echándoles á pique cinco de sus bar- 
cos y cogiéndoles dos, pero no dio caza á los demás y 
regresó á la capital. 

Las fuerzas disponibles eran insuficientes para la 
eficaz persecución de los moros, por cuyo motivo se 
accedió sin dificultad á la petición del capitán Travelo 
de armar á su costa 5o españoles y 100 indios. Con esta 
gente fué á caer sobre Marapón, á donde los piratas es- 
taban repartiéndose el botín, y logró dar muerte á unos 
200, apresando á 90. 

A pesar de tan repetidas expediciones contra Minda- 
nao, Joló y Basilan, en las cuales sufrieron los piratas 
pérdidas de embarcaciones, no por esto se conseguía 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I5I 

tenerlos á raya, ni tampoco evitar los males horribles 
que causaban á los pueblos de las provincias perte- 
necientes á España, pues sus moradores, aterrados, 
huían á los montes al tener noticia de la proximidad de 
los piratas, no obstante los esfuerzos de los frailes, 
quienes daban á sus feligreses el ejemplo de la resisten- 
cia, siendo los primeros en empuñar las armas, único 
medio de que los indios se sobrepusieran al pánico te- 
rrible que los moros les inspiraban. 

Temeroso Silonga de las represalias de los españo- 
les, con motivo de las piraterías realizadas, envió á uno 
de sus principales dignatarios en compañía del alférez 
Cristóbal Gómez Miño, su cautivo, á negociar un con- 
venio de paz y amistad con el gobierno de Filipinas. No 
desconocía Acuña la falacia de los malayo-mahometa- 
nos; pero disimuló, y agasajando al enviado, le despachó 
con cartas para el régulo de Buhayen. Recibió éste á 
los embajadores con mucho aparato, mostrando vivo 
placer al serle entregados los pliegos del gobernador 
general. Acuña, en su carta, decía á Silonga que man- 
tuviese su territorio por España, sin ofender á la gente 
de la isla ni á las otras del gobierno de Castilla, y acep- 
taba la amistad y sumisión al Rey ofrecida por los mo- 
ros. Prevenía á éstos que depusieran las armas, que se 
abstuviesen de más guerras, y que cambiasen sus cau- 
tivos cristianos por los prisioneros moros que remaban 
en las galeras españolas, aconsejando á Silonga despi- 
diese á los indígenas de Ternate y que le ayudara con 
su gente y embarcaciones en la conquista de las Molu- 
cas; pretensiones todas perfectamente irrealizables, por- 
que además de no ser prácticas, en todo pensaban los 
moros menos en cumplirlas. 

Exigió Buhisan por el rescate del P. Hurtado un 



152 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

falconete que perdiera en las contiendas anteriores, y 
que tenía en gran estima, ó que en su defecto se le abo- 
nasen 400 taeles de oro. Mantuvo en rehenes cuatro 
españoles, yendo á Manila el P. Hurtado, el alférez 
Gómez y algunos cautivos visayas, en unión de un her- 
mano del príncipe de Talayan, llamado Nalungman, 
portador de los cálices y ornamentos que los piratas ha- 
bían cogido en las iglesias de los pueblos saqueados, y 
de dos regalos, uno para el gobernador general y otro 
para el arzobispo. 

Estaba Acuña sumamente preocupado con los prepa- 
rativos de su expedición á las Molucas, y deseando ga- 
nar tiempo y entretener á los moros, encargó al P. Hur- 
tado volviese á su cautiverio, con carácter de embaja- 
dor y nuevas cartas, como lo hizo en Abril de i6o5. 
El padre misionero permaneció entre los moros, muy 
bien atendido por Silonga, hasta que Acuña regresó 
victorioso de Molucas y alcanzó aquel religioso en defi- 
nitiva su libertad. 

En Abril de i6og tomó posesión del alto empleo de 
gobernador general de Filipinas el Sr. D. Juan de 
Silva, caballero del hábito de Santiago y distinguido 
oficial de los tercios de Flandes, de donde llevó á Ma- 
nila cinco compañías de soldados bizarros. 

Como hombre ducho en las lides de la guerra, dedicó 
desde los primeros momentos atención preferente á la 
represión de la piratería, no concreta en su tiempo á 
los malayo-mahometanos, sino agravada por la pre- 
sencia en aquellos mares de corsarios holandeses. 

Por orden de Silva sahó el capitán D. Juan de la 
Vega con 18 caracoas, tres fragatas y otras embarca- 
ciones menores á recorrer las provincias de Iloilo, Cebú 
y Ley te, con el fin de ahuyentar de sus costas á los pi- 



EN" MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 53 

ratas mindanaos. Pasó después á Caraga, cuyos indíge- 
nas venían molestando también á las provincias de Vi- 
sayas con sus excursiones piráticas. Sujetó á aquellos 
belicosos indios, y, para tenerlos á raya, hizo edificarla 
fortaleza de Tandag, que aún existe, donde dejó caño- 
nes y una guarnición de soldados (i5og). 

En Setiembre de 1616, el almirante holandés J. Spiel- 
berg, con diez navios de gran porte, bombardeó á Iloi- 
lo, siendo rechazado, al verificar el desembarco, por el 
heroico gobernador de la provincia D. Diego de Qui- 
ñones, que los hizo reembarcarse con pérdida de 87 
muertos y 100 heridos. 

Al amparo de los holandeses, y solicitados por éstos, 
acudió á la parte O. una escuadrilla de 24 piraguas tri- 
pulada por joloanos. El capitán Lázaro Flores, que sa- 
lió á su encuentro por orden de Quiñones, los halló en 
Punta Potol, puso á los moros en dispersión, echando á 
pique 6 piraguas y rescatando 40 cautivos. 

Otra armadilla salió de Cebú: sorprendió á 8 cara- 
coas piratas en el estrecho de Tanhay, entre aquella 
isla y la de Negros. Dos quedaron destruidas, y las de- 
más huyeron á toda prisa imposibilitando el darles caza. 

También de Cavite, á cuyas aguas llegaron algunos 
buques de Joló y Mindanao con el fin de reunirse á los 
holandeses, salieron dos galeras y fracasó el intento, 
con pérdida de embarcaciones piratas. 

Prevalidos de la impunidad en que se les dejaba, por 
causa de distraer los holandeses las fuerzas marítimas 
del Archipiélago, cometieron los joloanos, por esta 
época, depredaciones sin cuento. En Octubre de dicho 
año su osadía llegó á tal punto, que incendiaron los as- 
tilleros situados en las inmediaciones de Cavite, destru- 
yendo además el de Pantao, en Camarines, á pesar de 



154 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

estar guarnecido y artillado. Quemaron 3 buques y las 
dependencias de la maestranza, cuyas pérdidas se va- 
luaron en un millón de pesos; mataron á los capitanes 
Arias Girón y Juan Pimentel, é hicieron muchos cau- 
tivos, contándose entre ellos los religiosos franciscanos 
Fr. Domingo de los Mártires y Fr. Alonso de la Sole- 
dad, cuyo rescate les valió crecidas sumas. 

A consecuencia de tan vandálico atentado, se dispu- 
so la construcción de una armadilla de joangas, esta- 
cionándola en Iloilo. 



CAPITULO IV. 

Gobierno de D. Fernando de Silva. — Los piratas camucones. — Sus fe- 
ciiorías. — Sale contra ellos la armadilla de lloilo. — Gobierno de Ni- 
ño de Tabora. — Expediciones á Joló de Lugo y Olaso. — Embajada 
del sultán de Mindanao. — Correrías de los moros por Visayas. — Ex- 
pedición de Tousiño á Joló. — Rebelión de los caragas. — Sus tropelías 
y su castigo. — Interinidad de Cerezo de Salamanca. — Osadía de los 
piratas de Mindanao y Joló. — Sus depredaciones por Luzón y Visa- 
yas. — Quejas de los religiosos. — Establecimiento de un presidio en 
Zamboanga. — Oposición que motiva. — Esfuerzos de los jesuitas en 
su favor. — Expedición del capitán Chaves para establecerlo. — Go- 
bierno de Hurtado de Corcuera. — Intrigas en contra del presidio de 
Zamboanga. — Triunfo de los jesuitas. — Vandálicas correrías de los 
moros por Calamianes, Mindoro y otros puntos. — Brillante victoria 
de los españoles contra ellos en Punta de Flechas. — Correrías de lo.s 
camucones. — Sus vicisitudes. 

En Junio de i625 entró á ejercer el gobierno de Fi- 
lipinas D. Fernando de Silva, nombrado con el carác- 
ter de interino por el marqués de Cerralbo, virre}' de 
Nueva España. Era Silva caballero del hábito de San- 
tiago y había sido embajador de España en Persia. 

El 9 de Noviembre del mismo año fué saqueado el 
pueblo de Catbalogan, capital de la provincia de Samar^ 
por unos crueles piratas llamados camucones, habitantes 
de las islas próximas á Borneo. Lleváronse infinidad de 
objetos de las iglesias y de las casas, y á más 40 perso- 
nas cautivas, después de dar muerte á 20 entre ancia- 
nos, mujeres y niños. Iguales violencias cometieron en 



156 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

otros pueblos, y á su regreso apresaron, cerca de la isla 
de Marinduque, á un barco en que iba de pasajero el 
padre jesuita Juan de las Misas, al que despedazaron, 
llevándose el cráneo como trofeo. 

La armadilla de Iloilo y algunos esforzados indíge- 
nas del pueblo de Otón, de dicha provincia, salieron 
con sus baratos en persecución de los camuconcs, yendo 
hasta sus propias madrigueras. Incendiaron un pueblo 
y redujeron á prisión al pandita (sacerdote) de su secta, 
con sus 6 mujeres y un sin número de hijos. 

En Junio de 1626 fué sustituido Silva por el electo 
gobernador en propiedad D. Juan Niño de Tabora, ca- 
ballero del hábito de Calatrava y comendador de Puer- 
tollano, el cual llevó á Manila 600 hombres de guerra, 
procedentes del ejército de Flandes. 

El alcalde de Cebú, D. Cristóbal de Lugo, hizo 
en 1627 U"^ excursión á Joló, al frente de 100 españo- 
les y 1. 000 indios. Desembarcados en las inmediacio- 
nes de aquel puerto, y vadeando un río con el agua has- 
ta la cintura, se apoderaron en la capital de armas, pól- 
vora, azufre y del estandarte real; destruyó varios se- 
pulcros y entre ellos el del sultán, que era magnífico; 
incendiaron sobre 60 joangas, el caserío y las semente- 
ras de arroz, y dieron libertad á muchos cautivos, no 
sin que en la defensa dejara de haber muertos 3^ prisio- 
neros de parte de los joloanos, sobrecogidos por tan 
rudo ataque. 

Además apresaron sobre 100 embarcaciones, y lo 
mismo hicieron en Basilan, cuyos insulares, capitanea- 
nos por su régulo Sapay, auxiliaban en sus correrías á 
los joloanos. Estos, sin embargo, repitieron sus ataques, 
y el maestre de campo D. Lorenzo de Olaso, por orden 
del gobernador general de las islas, salió en 1628 para 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO I57 

Joló, al frente de 35o españoles y 2.000 indios, distri- 
buidos en 70 embarcaciones. Llevaba el mandato de apo- 
derarse de Joló, Verificado el desembarco, cubriéronse 
las playas de innumerable multitud de moros, que de- 
fendían valerosamente el terreno. Los españoles ataca- 
ban con impetuosidad, haciendo replegarse á los joloa- 
nos, en cuyo seguimiento llegaron hasta el pie de sus 
fortificaciones. Olaso, con valor temerario, se adelantó 
al asalto; pero cercado de gran número de moros, cayó 
herido, malográndose así el éxito de la expedición. Sus 
tropas desistieron del asalto, reembarcándose con los 
heridos. Recorrieron las costas vecinas, donde dieron 
muerte á unos 40 moros y libertaron á algunos cauti- 
vos. Olaso, ya restablecido, celebró un tratado de paz 
con el régulo de Mindanao y regresó á Manila. Esta 
expedición, como se ve, fué de escasos resultados. 

En 1627 el sultán de Mindanao, Corralat, mandó 
una embajada á Manila, muy importante, y que no se 
utilizó, ofreciendo sitio en sus dominios donde poder 
fundar un presidio ó fortaleza y guarnicióp, autorizando 
predicar la ley cristiana, y á sus vasallos el que se bau- 
tizasen siempre que en ello no se les hiciere violencia. 

En el citado año de 1629 los insolentes joloanos y 
camucones infestaron las Visayas con sus correrías. En 
Capul, en Palapag y en todo Samar, en Paranas (Ley- 
te), Baclayon, Dagami y otros puntos, sus atropellos 
fueron horribles. Huyeron los indios al monte con los 
religiosos, algunos de los cuales iban revestidos, por 
hallarse diciendo misa, abandonando al saco de los 
moros, cálices, patenas, ornamentos y cuanto en sus 
iglesias había (1). 

(1) P. Murillo Velarclc: Historia de la provincia de Filipinas, 1749- 



I5S HISTORIA DR LA PIRATERÍA 

Capitaneaba á los moros el datto Achén. Este afa- 
mado pirata prendió en Calamianes al fraile recoleto 
Fr. Juan de San Antonio, teniéndolo cuatro años cau- 
tivo en Joló, donde murió. Al religioso de la misma 
orden Fr. Francisco de Santa Mónica, párroco de Di- 
vait, atravesaron con sus lanzas, hallándose en el coro. 

Obtenido rico botín de esta expedición, regresaron los 
crueles piratas á sus islas. 

En 1 63o partió otra expedición contra Joló, dirigida 
por el sargento mayor D. Pedro Tousiño, cabo de Da- 
pitan, destruyendo á los moros 7 grandes joangas y 33 
embarcaciones menores. A su paso por Zamboanga y 
Basilan, fué bien recibido. 

Hacia 1629 principió á encenderse el espíritu de la 
rebelión entre los indígenas de Caraga. Era jefe de la 
fuerza de Tandag el capitán D. Pedro Bautista, quien 
con su poco tacto dio lugar á quejas por parte de los 
indios. Explotó sagazmente este descontento el sultán 
de Mindanao, Cachil Corralat, y en la primera ocasión 
manifestóse el efecto de sus intrigas. 

El 4 de Julio de i63i salió Bautista de la Fuerza 
con diez embarcaciones tripuladas por los indios más 
caracterizados de la localidad, con sus servidores, yen- 
do por jefe de cada una de aquéllas un soldado espa- 
ñol. Llegados á Bapangao hicieron i5 cautivos, de los 
cuales puso siete en libertad uno de los jefes indios lla- 
mado Dumblag. Quiso castigarlo el capitán, se le rebe- 
ló aquél, lo puso en prisión y le formó proceso. Valin- 
tos, pariente de Dumblag, en venganza, mató por sor- 
presa al capitán, y los parciales del asesino alancearon 
á los españoles que estaban desprevenidos, sin perdonar 
al padre agustino, Fr. Jacinto de Jesús María, que les 
acompañaba. La insurrección se hizo general, capita- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 159 

neada por el temido cacique Mangabo. En el pueblo de 
Tandag dieron muerte á los PP. Alonso de San José 
y Fr. Juan de Santo Tomás, quemando su morada 
después de saquearla. Mataron también al religioso del 
pueblo de Surigao, y en el de Bacuag á tres españoles, 
capitulando con el P. Fr. Lorenzo de San Facundo y 
un lego que les hicieron frente. Conducidos el religioso 
y el lego á presencia de Mangabo, éste se opuso á que 
fueran alanceados como querían los indios, y permitió 
al P. Lorenzo que pasara á curarse al fuerte español, 
con el sagaz intento de que se le tuviera en cuenta su 
generosidad, si las alternativas de la guerra le eran ad- 
versas. 

Valintos fué á Butuan con cartas de Corralat en que 
aconsejaba la insurrección; pero los indígenas de este 
leal pueblo se negaron á secundar sus planes. 

Los españoles encerrados en el fuerte de Tandag no- 
ticiaron á Cebú lo ocurrido, pidiendo auxilios. Llevó- 
selos el capitán D. Juan de Chaves; mas no atrevién- 
dose á tomar la ofensiva por considerarlos insuficien- 
tes, entretuvo á los sublevados con negociaciones de 
paz. Llegó en esto mayor socorro de Manila, y se pro- 
cedió al castigo de los motores del levantamiento, sien- 
do indultado Mangabo, por intercesión de los religio- 
sos, lográndose en breve la pacificación de la co- 
marca. 

El virrey de Nueva España proveyó interinamente el 
gobierno de Filipinas en D. Juan Cerezo de Salaman- 
ca, quien se hizo cargo de su destino á mediados 
de i633. 

Su mando fué en un principio pacifico; pero en 1634 
la osadía de los piratas malayo-mahometanos de Min- 
danao y Joló llegó hasta el punto de saquear la cabece- 



1 6o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ra de Tayabas (Luzón), cuyo alcalde mayor prendieron, 
matando á varios religiosos y á muchos indígenas. Ma- 
yores vejaciones cometieron aún en Visayas. En la isla 
de Leyte robaron y quemaron los pueblos de Sogod, 
Cabalian, Canamucan, Ormoc y Baybay, pereciendo 
muchos indios en la defensa de sus pueblos. En Ormoc 
sufrió cruel muerte el padre jesuíta Juan del Carpió, 
cuyo cadáver mutilaron horriblemente (3 de Diciem- 
bre). Concurrieron al asalto de este pueblo i8 caracoas 
con más de i.5oo moros, yendo otras cuatro á Baybay, 
donde también causaron grandes daños, asi como en 
Malabohoc é Inabangan (Cebú). 

Para contenerlos un tanto salió de Iloilo un cham- 
pan bien artillado, el cual dio caza á dos caracoas pi- 
ratas. 

Con las tropelías de los moros, el temor y la alarma 
en Visayas era extraordinaria. Representaron contra 
semejante estado de cosas todos los religiosos de los 
pueblos amenazados, distinguiéndose principalmente 
los jesuítas, y entre éstos los PP. Pedro Gutiérrez y 
Diego Patino; y conociendo el gobernador general la 
necesidad de vigilar de cerca á los atrevidos piratas, de- 
cretó el establecimiento de un presidio y fortaleza en 
Zamboanga, y que para ayuda de gastos contribuyera 
cada tributo de Visayas con una ganta de arroz (i). 

Este acuerdo fué muy combatido por parte de las co- 
munidades de regulares, celosas de la preponderancia 
que los padres de la Compañía de Jesús iba adquiriendo 
en las islas. A pesar de ello y del parecer contrario de 
las personas más caracterizadas de Manila, el goberna- 



(l) Esta contribución se hizo extensiva después á todas las pro- 
vincias con el título de «donativo de Zamboanga.» 



EN MINDANAO, JOLÓ V BORNEO l6l 

dor general encomendó la ejecución de aquella medida 
al capitán Juan de Chaves, quien se trasladó á Mindanao 
desde Cebú á últimos de Marzo de i635 con 3oo espa- 
ñoles y 1. 000 indios de Visayas. El 6 de Abril siguien- 
te llegaron á Zamboanga. Dispuso Chaves que el ca- 
pitán Diego Morales de Becerra, seguido de su compa- 
ñía, reconociera la playa y pueblos de los moros, y así 
lo hizo, quemando sus casas y desalojándolos de los 
puntos que ocupaban. El 23 de Junio se comenzó á edi- 
ficar una fortaleza, bajo la dirección y con arreglo á los 
planos levantados por el inteligente padre jesuíta Mel- 
chor de Vera. Concluyóse la obra con brevedad suma, 
sin omitir ninguna de las reglas del arte. Para dotarla 
de agua, abrieron una zanja desde un río distante, cuyo 
canal fertiliza extensa campiña, pasa inmediata á la 
fortaleza y desagua en el mar. 

El 25 de Junio del citado año i635 tomó posesión del 
gobierno general de Filipinas D. Sebastián Hurtado de 
Corcuera, natural de las montañas de Burgos, caba- 
llero del hábito de Alcántara y ex-gobernador de Pa- 
namá. 

Los enemigos de la fundación del presidio de Zam- 
boanga se apresuraron á ponderar al nuevo gobernador 
los inconvenientes y perjuicios de su sostenimiento, á 
fin de que decretara su abandono; pero los jesuítas, que 
ejercían gran ascendiente sobre Hurtado de Corcuera, 
lograron una completa victoria, y el presidio subsistió, 
con gran disgusto de los impugnadores, resentidos al 
ver la jactancia de los jesuítas por su ensalzado triunfo. 

Mientras la capital de Filipinas ardía en guerras in- 
testinas y los jesuítas pleiteaban contra el Arzobispo, 
apoyados por el gobernador, haciéndose horrible guerra 
frailes, jesuítas y clérigos, los piratas malayo-maho- 

II 



102 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

metanos asolaban las provincias limítrofes á sus islas 
bajo las órdenes del feroz Tagal, hermano del sultán 
de Mindanao. En Cuyo prendieron al corregidor Don 
Diego de Alabes y al religioso Fr. Francisco de Je- 
sús María, después de saquear el pueblo y profanar 
los cálices en la misma iglesia; en Culiong aconteció 
otro tanto, apoderándose de su ministro Fr. Alonso de 
San Agustín, y por las inmediaciones de dicha isla 
prendieron al P. Fr. Juan de San Nicolás, que en vano 
trató de ocultarse. 

Pasó Tagal á Mindoro, y hubo en varios pueblos 
los consiguientes robos y cautiverios. En esta isla dejó 
á D. Diego de Alabes con objeto de que buscara en 
Manila el importe del rescate suyo y de los tres religio- 
sos recoletos, á razón de 2.000 pesos y 3o taeles de 
oro por cada persona. A poco de llegar á la capital 
murió Alabes de resultas del susto y de los trabajos su- 
fridos. 

Llenas las embarcaciones piratas de despojos, y te- 
niendo á su bordo sobre 65o cautivos, resolvieron los 
moros regresar á sus madrigueras satisfechos de las te- 
rribles hazañas realizadas. 

Un lútao (O, llamado Iba, enteró al gobernador del 
presidio de Zamboanga, D. Bartolomé Díaz Barrera, de 
que Tagal volvía de su referida excursión con abundan- 
te botín. Barrera dispuso que el sargento mayor, D. Ni- 
colás González, saliera con el capitán Sebastián de 
Catzelú y seis caracoas para cortar la retirada á los 

(1) Lt'dao: hombre flotante. Los moros habitan á orillas de los ríos 
y lagunas ó en las costas, en casas levantadas sobre pilotes enclavados 
dentro del agua. Son excelentes nadadores: el mar parece su propio ele- 
mento. 

Los lútaos establecidos en Zamboanga descendían de moros. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 63 

moros, llevando por piloto á Iba. Éste los condujo al 
sitio conocido por Punta de Flechas, hacia la costa S. 
de Mindanao, 120 millas de Zamboanga. «Creen los mo- 
ros que en este lugar reside una gran deidad de la gue- 
rra, que tiene por grato sacrificio que le ofrezcan fle- 
chas, y ésta es la causa que al salir armada y al volver 
reconocen esta punta disparando muchas flechas en 
honra del Divata ó ídolo que allí adoran» (0. Los pira- 
tas fueron á practicar su supersticiosa ceremonia en de- 
manda de permiso al genio del mal que allí habita. Sor- 
prendidos á su llegada, embistiéronse cristianos y mo- 
ros con el ardor propio de encarnizados enemigos, y al 
cabo de un largo combate, amarrados barco con barco, 
logró el mayor González dar muerte á Tagal, apresan- 
do el buque de su mando y cuatro caracoas más. Re- 
cuperó las alhajas, ornamentos de iglesia y demás des- 
pojos del saqueo, y halló 6.000 pesos en la papelera del 
caudillo pirata. Murieron en la refriega 3oo moros, en- 
tre ellos un hermano de Tagal. Otros 3oo quedaron 
prisioneros, y dio libertad á i32 infelices cautivos. Igual 
número perdieron la vida, durante la acción, por las ba- 
las de los nuestros. La caracoa en que llevaban mania- 
tados dos frailes recoletos y multitud de cautivos, huyó 
sin que pudiera ser alcanzada. 

El P. de Cuyo, que iba en la capitana de Tagal, 
fué herido por las balas de los españoles, y de resultas 
de sus heridas murió en brazos del mayor González. 

En el expresado año de i636 los camucones cautiva- 
ron en Ibabao más de 100 personas. 

( 1 ) Carta del P. Alejandro López, rector del Colegio de la Compa- 
ñía de Jesús, de Cavite, dirigida á los PP. Diego de Bobadilla y Simón 
Costa, procuradores de la provincia de Filipinas, á la sazón en camino 
para Roma. Fechada en Cavite á 15 de Setiembre de 1637. 



164 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Perseguidos por el capitán Mena, á quien acompaña- 
ban seis frailes franciscanos, vararon en Capul siete ca- 
racoas, recobrando la libertad muchos cautivos, con 
muerte de varios camucones. Otra escuadrilla de estos 
piratas cautivó en Bagahun bastantes indios. 

Alcanzados en aguas de Cebú, sufrieron algunas 
bajas. 

En Panay arrojó un temporal tres caracoas á la cos- 
ta, quedando prisioneros los piratas que salvaron del . 
mar. En Calamianes se les cogieron dos caracoas, con 
20 cautivos. Ya próximos á Borneo, lucharon con 
3o caracoas de joloanos, enemigos suyos á la sazón, 
cogiéndoles éstos sus i5 buques, en que iban i5o ca- 
mucones y 100 indígenas filipinos. 

En Zamboanga desembarcaron á los filipinos cauti- 
vos mediante un módico rescate (O. 

(1) Caita del P. Alejandro López. 



CAPITULO V. 



Alarma del Gobierno por la incesante guerra de los piratas moros. — 
Resuelve Hurtado de Corcuera la conquista de Mindanao y JoIó. — 
Parte para Zamboanga. — Su religiosidad durante la navegación. — 
Aprestos militares en Zamboanga. — Sale contra el sultán de Minda- 
nao Corralat. — Supersticiones y exorcismos en Punta de Flechas. — 
Descubre á Lamitan, corte de Corralat. — Desembarco del general y 
parte de sus tropas. — Rápida marcha. — Escasa defensa de los min- 
danaos. — Su huida.— Toma de Lamitan. — Refúgianse los moros en 
un alto cerro fortificado. — Ordena el general un reconocimiento.— 
Insuperable dificultad del terreno. — Ataque de la vanguardia. — No- 
table defensa de los mahometanos. — Inútil empeño de las tropas. — 
Acude Corcuera, reprende el empeño y toca retirada. — Celebran los 
moros su triunfo. — Ordena Corcuera el ataque por distinto sitio. — 
Rápida marcha del mayor González. — Asombro de los moros. — Bri- 
llante ataque de los españoles. — Derrota y huida de los mindanaos. 
— Conquista del Cerro. — Despojos que hallan. — Es arrasada la for- 
taleza y el caserío. — Despacha el general un emisario al rey de Bu- 
hayen exigiéndole su sumisión. — Regresa Corcuera á Zamboanga. — 
Sumisión del rey de Buhayen. — ídem del régulo de Basilan. — Dis- 
posiciones de Corcuera. — Regresa á Manila. 

Los piratas malayo-mahometanos del sur de Filipi- 
nas, á pesar de sus derrotas, repetían anualmente sus 
vandálicas excursiones, corriendo á sangre y fuego las 
poblaciones sometidas al dominio español. Las autori- 
dades de Manila llegaron á preocuparse seriamente con 
tan incesante y porfiada guerra. 

El Arzobispo metropolitano había expuesto al Rey 
los males que sufrían los indios con las invasiones de 



1 66 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

los piratas, calculando que en un período de treinta años 
no bajaban de 20.000 las personas cautivadas. El Go- 
bierno de la nación, justamente alarmado, ordenó que á 
todo trance se pusiera fin á semejante estado de cosas. 

Resuelto D. Sebastián Hurtado de Corcuera á con- 
cluir de una vez con los audaces piratas, decidió reali- 
zar la conquista de Mindanao y Joló, única forma de 
obtener resultados positivos, puesto que el sistema has- 
ta entonces practicado de expediciones aisladas había 
sido de tan escaso éxito. 

Dispuso el general Corcuera con laudable actividad 
los aprestos necesarios, y el 2 de Febrero de 1637 par- 
tió para Zamboanga. 

Llevaba consigo cuatro compañías de soldados espa- 
ñoles, tres de marinos y un buen número de indios vi- 
sayas y pampangos. 

Iban en la capitana con el gobernador general su 
confesor el P. Juan Barrios y el célebre P. Marcelo 
Francisco Mastrilli, ambos jesuítas. «Se decía misa, y 
rezaban todos los días á coros con el gobernador el ofi- 
cio mayor, y el de Nuestra Señora, y maitines de di- 
funtos. Por la tarde vísperas y maitines del día siguien- 
te, y los de Nuestra Señora; al anochecer la Salve, con 
letanía pública. 

»Luego se rezaban las ánimas, y por remate se con- 
taba un ejemplo; de suerte que parecía la embarcación 
un monasterio muy observante (0.» 

(1) Combes.— Murillo Velarde. 

No deja de contrastar este celo religioso del gobernador general de Fi- 
lipinas con su conducta verdaderamente atea contra el Arzobispo de 
Manila, á causa de las tremendas luchas habidas entre éste y los padres 
de la Compañía de Jesús. Esto sólo prueba el gran dominio que sobre 
él ejercían los jesuitas. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 167 

El 22 llegó Corcuera á Zamboanga. En esta plaza se 
le unieron tres compañías más de españoles, formando 
un total de 760 peninsulares. También tomó cuatro pie- 
zas de artillería de montaña. Terminados sus prepara- 
tivos, dio orden de marchar contra el sultán de Minda- 
nao. Verificóse el embarque el 3 de Marzo, saliendo en 
este día los champanes y al siguiente las caracoas con el 
general gobernador. Al llegar á Punta de Flechas los 
vientos y el estado del mar dificultaban la navegación, 
achacando esto los supersticiosos indígenas á la protec- 
ción que el genio del mal dispensaba á los moros. El 
P. Marcelo Mastrilli, capellán superior de la escuadra, 
conjuró con exorcismos el sitio tenido por encantado; 
dijo misa; quitó las flechas por allí clavadas, y con es- 
tas diligencias se decidió la armada á doblar la punta, 
consiguiéndolo al cabo con bastante trabajo (O. 

Adelantóse con cuatro caracoas el general Corcuera, 
y el i3 llegó al río grande de Mindanao, llamado en- 
tonces río Corralat, en honor del sultán reinante. El 14 
descubrió hacia su margen izquierda la importante po- 
blación de Lamitan, residencia de Corralat. Hallábase 
fortificada y defendida por 2.000 hombres de pelea. 

El general en jefe arengó á sus tropas, ponderando 
los ultrajes que incesantemente inferían aquellos bár- 
baros mahometanos á las poblaciones hispano-filipi- 
nas y á los templos cristianos. Aprovechando el ardor 
bélico de su gente desembarcó con 70 españoles, lle- 
vando á vanguardia dos piezas de campaña. Dos cami- 
nos se le presentaban para llegar á Lamitan; pero hizo 

(1) Para que pasara la capitana, según el P. Concepción, siguiendo 
á los padres jesuítas Combes y Murillo Vclarde, "recurrió el P. Mastrilli 
á los exorcismos, y echando al mar algunas reliquias, se vencieron tales 
impedimentos, rt 



l68 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

SU buena estrella que siguiese el que parecía más abrup- 
to, pues de haber tomado el más llano hubiera caído en 
una terrible emboscada. Penosa fué la marcha por te- 
ner que vadear multitud de veces uno de los brazos del 
río, siendo siempre Corcuera el primero en lanzarse al 
vado. En uno de sus recodos le asaltaron de improviso 
cuatro moros; mas él, arremetiéndoles con gran valor, 
los hizo huir heridos. Otro famoso moro, que acometió 
al capitán Ugalde, fué rechazado por éste y muerto por 
el ayudante Olazeran. 

Redoblando la marcha, cayeron sobre la población 
de Lamitan, con gran pavor de los moros, por tan rápido 
como inesperado ataque. Sobrecogidos y turbados, su 
resistencia fué escasa, huyendo atropelladamente en pos 
del menguado Corralat, que, temeroso de caer en ma- 
nos de los españoles, se enlodó la cara para no ser co- 
nocido. 

Corcuera halló en Lamitan ocho cañones de bronce, 
27 versos (especie de culebrinas de poco calibre), va- 
rios pinzotes, 100 arcabuces y mosquetes y muchas ar- 
mas blancas. 

Mandó ahorcar á 72 moros, quemar 16 pueblecillos, 
destruir 100 embarcaciones de todas clases y que tala- 
ran los campos, para que de este modo les fuese más 
sensible el escarmiento. 

Corralat habíase refugiado con su gente en un alto 
cerro llamado Ilihan (fuerte por naturaleza), conside- 
rado como inaccesible é inexpugnable, tanto por su mag- 
nífica situación, como por estar cerrado por todas par- 
tes con baluartes y guarnecido por multitud aguerrida 
y fiera, 

Corcuera decidió la toma del cerro. Dividió sus fuer- 
zas en dos columnas, la una al mando del sargento ma- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 163 

yor González, con los capitanes Gástelo y Becerra, 40 
españoles y iio indígenas de la Pampanga y de Gara- 
ga, y él se puso al frente de la otra con el resto de las 
fuerzas. El 17 emprendió esta columna silenciosa y or- 
denada marcha por un estrecho y áspero sendero, has- 
ta donde la dificultad del terreno aconsejó al general 
•detenerse para practicar un reconocimiento. Iban tan 
enardecidos por el afán de gloria los de la vanguardia, 
que, en vez de limitarse á cumplir las órdenes recibidas, 
prosiguen por el empinado cerro con más impaciencia 
y ardor que cordura, viéndose precisados, en un sitio en 
que la subida era extraordinariamente áspera, á soste- 
nerse en las quebraduras de los peñascos y asirse de las 
raíces, llevando los arcabuces suspendidos de los hom- 
bros y las espadas sujetas con los dientes. El enemigo, 
posesionado de la eminencia, contribuía á dificultar el 
acceso con sus ataques. Logran, por fin, llegar á los 
más elevados pinachos; pero un profundo foso les impi- 
de el paso. 

No les arredra, sin embargo, tan grande obstáculo, y, 
arrojándose al foso, intentan trepar la escarpa, sirvién- 
dose, á falta de escalas, de sus manos y de sus dagas. 
Los más riegan con su sangre el suelo, ó caen muertos 
al fondo de la sima; el capitán Ugalde recibió dos bala- 
zos, y el sargento mayor D. Pedro Corcuera, no pudien- 
do sostenerse en pie á causa de sus heridas, hincó en tie- 
rra una rodilla y continuó en la defensa del puesto con- 
fiado á su brío. Para colmo de bravura, vióse al alférez 
Amezquita plantar la bandera española en la fortaleza 
enemiga, recibiendo por su temerario arrojo una lanza- 
da en la cabeza y muchos flechazos en la garganta. Los 
moros defendían bravamente el terreno. 

Admirado Corcuera de la tardanza en alcanzar la 



I yo HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

victoria que los más animosos pregonaban, acudió á 
enterarse personalmente del motivo: al ver el inaccesi- 
ble monte, el ancho foso y la situación del enemigo, 
comprendió la imposibilidad de obtener otro resultado 
que sacrificar sin provecho la vida de aquellos valien- 
tes; reprendió tan tenaz empeño y dispuso la retirada, 
no sin antes recoger sobre 8o heridos que sembraban el 
campo. Veintiséis infelices habían caído despeñados al 
foso, donde hubo que dejar sus cadáveres. 

Celebró Corralat su victoria con cantos alegres y 
báquicos excesos; y mientras tanto, el general español 
buscaba un camino más accesible para dar cima á su 
arriesgada empresa. 

A las veinticuatro horas marchaba el sargento ma- 
yor González con su columna por mejor sendero, á la 
espalda del cerro. Aún celebraban los moros su triunfo 
del día anterior, bien ajenos de suponer bríos en los es- 
pañoles para tomar de nuevo la ofensiva, cuando al 
descubrir por distinto frente las primeras avanzadas 
contrarias, se turban y sobrecogen, dando tiempo á que 
nuestros soldados alcancen un sitio á propósito para 
fijar el pie y servirse de las armas con desembarazo. El 
capitán Gástelo atácalas empalizadas briosamente; hace 
retirarse á los moros, y siguiéndoles de cerca enarbola 
su bandera sobre el baluarte. Los mahometanos, teme- 
rosos de ser acuchillados, huyen por un derrumbadero 
en cuyo precipicio hallaron muchos la muerte de que 
huían. 

El capitán Becerra, conducido en hombros de dos 
soldados, á causa de no poderse sostener por sus heri- 
das, impide con sus tropas que un numeroso grupo de 
moros llegue al baluarte donde tuvo lugar el combate 
del día anterior; los acomete, los arrolla y desbarata. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I7I 

y aturdidos se precipitan por el despeñadero abajo, de- 
jando el puesto libre á sus vencedores. 

El sultán Corralat, herido de bala en un brazo, salvó 
la vida huyendo con su esposa y algunos de los suyos. 

En lo más empinado del cerro hallóse gravemente 
herido al religioso Fr. Alonso de San Agustín, quien 
aún tuvo alientos para confesar á varios soldados mo- 
ribundos, falleciendo él á poco en medio de crueles 
sufrimientos. Su muerte fué muy sentida. Tributáron- 
sele grandes honras, acordando darle sepultura en el 
fondo del mar para que su cuerpo no fuera luego pro- 
fanado por los moros (20 de Marzo), amortajándole el 
P. Mastrilli. 

Al otro religioso lo habían muerto el día anterior, 
arrojando su cadáver á un hondo barranco. 

Con la toma de tan terrible fortaleza se logró la li- 
bertad de muchos cautivos , entre los cuales había 
3i chinos. Se cogió abundante artillería, armas y des- 
pojos de todas clases. 

El fuerte fué destruido. 

La población y embarcaciones quedaron reducidas á 
cenizas. 

Los sargentos mayores González y Corcuera; los 
capitanes Gástelo, Becerra y Ugalde; los oficiales 01a- 
ceran y Amezquita, y los padres de la Compañía de 
Jesús, Mastrilli (1), Vera y Barrios, portáronse como 
bravos durante la pelea. 

(1) El P. Mastrilli regresó con el general Corcuera á Manila, pa- 
sando después al Japón, donde fué martirizado. 

Acerca de la vida y muerte de este famoso jesuíta, dan amplias no- 
ticias las Historias de los padres de la Compañía de Jesús. 

Existen, además, los siguientes escritos, consagrados exclusivamente 
á dicho misionero: 



172 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

También demostraron gran valor los indígenas que 
concurrieron al asalto. 

Solemnizóse con una fastuosa procesión y con salvas 
de artillería la conquista realizada; y para sacar más 
fruto de ella despachó el gobernador al sargento mayor 
Pedro Palomino cerca de Moncay, rey de Buhayen, te- 

Relación de lo que hasta ahora se ha sabido de la vida y martirio 
<iel milagroso P. Marcelo Francisco Mastrilli, de la Compañía de Jesús, 
martirizado en la ciudad de Nagasaqui, del imperio del Japón, á 1 7 de 
Octubre de l637- Sacada de informaciones auténticas hechas á instan- 
cia del P. Bartolomé de Reboredo, de la Compañía de Jesús, procurador 
de los santos mártires del Japón, en la ciudad de Manila y Macan; de 
los que le conocieron y trataron en vida y se hallaron presentes á su 
dichosa muerte. Por el F. Jeróíiimo Férez, de la misma Compañía, Ma- 
nila, 1639. Esta Relación fué traducida al francés por M. Thevenot. 

Vida del dichoso y venerable F. Marcelo Fra7icisco Mastrilli, que 
murió en el Japón por la fe de Cristo, sacada de los procesos auténti- 
cos de su vida y muerte. Por Ensebio Nieremberg, de la Compañía de 
Jesús. Madrid, 164O: en 4.° 

Historia de la milagrosa cura, vocación, misión apostólica y gloriosa 
muerte del F. Marcelo Francisco Mastrilli, por el F. Lorenzo Chiflet. 
Madrid, 1640: en 8.° 

Historia de la celeste vocación á las misiones apostólicas y de la glo- 
riosa muerte del F. Marcelo Fra7tcisco Mastrilli, hijo del marqués de 
San Marcavo, por el Rdo. F. Ignacio Stafford. Burgos, 1Ó42; segunda 
edición, 1667. Traducida al italiano. 

Vida y muerte del F. Francisco Mastrilli, de la Compañía de Jesús, 
por el F. Leonardo Cinamo. Impresa en italiano en 1645: en ,\^ 

Vie dii pire Marcelle F. Mas trille, S. J., par le F. Loiiis Conart. 
París, 1646: en 12." Es traducción de la del P. Nieremberg. 

Vida del F, Mastrilli, por Enrique Lampayen. Traducida al la- 
tín; 1647: en 8.° 

Viaje del F, Marcelo Francisco Alastrilli á las Indias, por Andrés 
Boere. (Citada por Alegambe en su Biblioteca jesuítica.) 

Algunas cartas del venerable P. Mastrilli, escritas poco antes que 
padeciese su glorioso martirio, y publicadas por Fr. Vicente Justinia- 
no, (Cita de Pinelo.) 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 1 73 

rritorio situado al S.O. de Mindanao, sobre las orillas de 
la gran laguna, intimándole se rindiera y aliase á los 
españoles, so pena de obligarle á ello por las armas. 
Accedió Moncay, lleno de temor, átodo, incluso á hos- 
tilizar á Corralat, que le tenía usurpados buena parte 
de sus dominios; ofreció restituir los cautivos que en su 
reino había; asintió á que en su tierra levantasen pre- 
sidio los españoles, y á que los religiosos predicaran el 
Evangelio á sus subditos. 

El 25 volvió Corcuera á Zamboanga, en donde sus- 
cribió el tratado que Palomino celebró con Moncay, 
acudiendo en representación de éste un hermano suyo, 
quien fué recibido por el general en jefe, rodeado de su 
estado mayor, tributándole honores regios. Iguales tra- 
tados se hicieron con los régulos Ondol, Boto y Quin- 
dinga, de Basilan, isla tributaria de Joló (la antigua Ta- 
guima), ácuya isla fué destinado el padre jesuíta Fran- 
cisco Ángel. 

Tal prestigio alcanzó el jefe español, que 200 fami- 
lias joloanas trasladaron su residencia á Zamboanga, 
fundando el pueblo de Magay, que aún subsiste. 

Corcuera, antes de regresar á Manila, dispuso que 
una escuadrilla, tripulada por 100 españoles y i.ooo 
indios, al mando de los capitanes Juan Nicolás y Juan 
de León, reconociera todas aquellas costas para casti- 
gar á los pueblos rebeldes é intimarles la sumisión á 
España, acompañándoles el P. Pedro Gutiérrez (0. 

(1) La campaña del general Corcuera contra los mindanaos ha sido 
objeto de luminosos escritos por parte, especialmente, de los padres de 
la (Compañía de Jesús. 

El P. Marcelo Francisco Mastrilli, en carta fechada en Tatay á 2 de 
Junio de 1637 y dirigida al P. Salazar, provincial de la Compañía de 
Jesús en Filipinas, describe su jornada en Mindanao y el desembarco y 



174 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

conquista de esta isla por D. Sebastián Hurtado de Corcuera. Esta caria 
fué impresa en l667> según Pinelo, con el nombre de Historia de la 
cotiquista de Mindanao por los españoles. También aparece en la Rela- 
ción del padre Bobadilla. M. Thevenot la tradujo al francés. 

Existen, además, las obras siguientes: 

Memorial de la ciudad de Manila: 1637. 

Historia de Mindanao, por el P. Alejandro López^ de la Compañía de 
Jesús. Manuscrito: 1638. 

Relación de la gran isla de Mindanao y de la conquista de ella por 
los españoles. Méjico, I638: en 4.° Traducido al francés por M. The~ 
venot. 

Relación de las gloriosas victorias en mar y tierra de D. Sebastián 
Hurtado de Corcuera, gobernador de Filipinas, contra Cachi! Corralat, 
€ste año de 1638, por el P. Diego de Bobadilla, de la Compañía de Je- 
sús. Méjico, 1638: en 4.° 

Relación de los sucesos de las armas españolas por mar y tierra en las 
islas Filipinas y victorias contra Mindanao y los holandeses de Terre- 
nate. Madrid, 1639: folio. 

Sucesos de las armas españolas en Filipinas contra Mindanao, Terre- 
nate y los holandeses. Madrid, 1639: folio. 

Continuación de los felices sucesos de las armas españolas contra 
Mindanao, Terrenate y los holandeses: 1639. 

Tratan también más por extenso el asunto los PP. Combes y Murillo 
Velarde en sus Historias, y siguiendo á éstos el P. Torrubia, el P. Con- 
cepción, el coronel Bernáldez y otros. 



CAPITULO VI. 

Vuelve el general Hurtado de Corcuera á Zamboanga. — Preparativos 
para ia campaña contra Jólo. — Va á esta isla. — Excusa el sultán 
cumplir sus antiguos tratados. — Desembarca el ejército. — Hostilida- 
des de los joloanos. — Su tenaz defensa. — Dificultad de tomar la pla- 
za.— Lógrase, al cabo de tres meses, volar un fuerte. — Muerte del 
datto Achén. — Esfuerzos de los sitiadores y de los sitiados. — Obras 
militares. — Ataques infructuosos. — Muerte del jefe de una de las co- 
lumnas españolas. — Le sustituye el mayor Almonte. — Genio mili- 
tar de este caudillo. — Estrecha el cerco, construye un fuerte y ca- 
ñonea las posiciones enemigas. — Logra dominar con sus cañones la 
plaza. — Tratan de capitular los sitiados. — Intímales Corcuera la 
rendición. — Ríndense los macasares y basilanos. — Resisten los jo- 
loanos. — Rompen éstos contra el cuartel general. — Son rechazados y 
perseguidos. — Su terror en la huida. — Toma de Joló. — Logra sal- 
varse el sultán. — Cae prisionera la sultana y sus parientes. — Exce- 
siva confianza del general. — Escapan estos prisioneros. — Entrega al 
saqueo la población. — Manda reparar el fuerte y construir dos más. 
— Designa la guarnición de ellos. — Nombra á Almonte gobernador 
general de las fuerzas del Sur. — Regresa Corcuera á Manila. — Festi- 
vidades por sus victorias. 

En los últimos días de Octubre del mismo año 1637 
volvió Corcuera á Zamboanga. Con actividad suma hizo 
todo género de preparativos para llevar á cabo su pro- 
yectada campaña contra Joló, cuyo sultán había des- 
pedido despreciativamente á los comisionados que le 
propusieron someterse á España. 

Organizada la expedición, fondeó la escuadra frente 
á la isla de Joló el 4 de Enero de i638. En el acto des- 



176 EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 

embarcó el P, Gregorio Balín para requerir de paz al 
sultán, recordándole el cumplimiento de los antiguos 
tratados y su sumisión á España. Llevaba encargo de 
Corcuera de observar de paso la disposición de las de- 
fensas enemigas. Recibiéronle en la playa multitud de 
moros armados, quienes, no obstante mantenerse en 
actitud respetuosa, se negaron á permitirle el paso. El 
sultán le mandó decir que expusiera su embajada desde 
allí, contestando evasivamente á las exhortaciones del 
embajador. 

El ejército expedicionario, embarcado en 80 buques, 
ascendía á 600 españoles y i.ooo indios. Para los ser- 
vicios puramente mecánicos les acompañaba buen nú- 
mero de polistas. Iban como capellanes los padres je- 
suítas Pedro Gutiérrez, Juan de Barrios, Melchor de 
Vera, Francisco Martínez y Gregorio Belín. Al mes 
fué á unirse á éstos el P. Alejandro López. 

Dividiéronse estas fuerzas en dos columnas, bajo las 
órdenes de los sargentos mayores D. Nicolás González 
y D. Juan de Cáceres. El primero efectuó su desembar- 
co por la parte O. de la isla y el segundo por la del E., 
no sin que los piratas dejaran de hostilizarles. Defen- 
dían la plaza 4.000 joloanos y multitud de macasares 
y basilanos. Parapetados en sus fuertes, ejercían día y 
noche extremada vigilancia, contrarrestando de tal 
modo los esfuerzos de los sitiadores, que al cabo de 
tres meses de constante asedio únicamente lograron la 
voladura de un fuerte por medio de una mina, si bien 
esto ocasionó la muerte de 5o moros, y entre ellos la 
del datto Achén, que lo defendía: hecho importante á 
causa del extraordinario valor de este célebre pirata. 
Cuando la columna lanzada al asalto llegó á la brecha, 
la encontró defendida por valerosos joloanos. Espaldo- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 1 75 

nes trabajosamente construidos; arietes; minas con 
hornillos para volar sus fuertes; ataques impetuosos en 
seguida de efectuarse las voladuras; todo cuanto la pe- 
ricia de los jefes aconsejaba y del valor de las tropas 
dependía, otro tanto se hizo para tomar la plaza, pero 
con poquísima ventaja, porque tras de un muro derriba- 
do aparecía otro construido á prevención, y al proceder 
los nuestros al asalto, se veían atacados con impetuosi- 
dad irresistible. De este modo pereció el valeroso jefe 
de una de las columnas, D. Juan de Cáceres, á quien 
sustituyó en el mando D. Pedro Almonte Verástegui. 

El jefe de la expedición, sin desalentarse por estas 
dificultades, dispuso cercar la plaza. Los soldados y los 
polistas, bajo la entendida dirección de Almonte, cons- 
truyeron en solos tres días un fuerte que dominaba las. 
fortalezas enemigas, al que hubo necesidad de llevar á 
hombros los cañones. 

Concluido que fué llamó la atención de los moros 
por aquella parte, y en el momento de acudir éstos hizo 
descorrer las cortinas que ocultaban los trabajos. 

La artillería, en el acto, causó en los moros grande 
destrozo. Aprovechando su confusión, da una columna 
el asalto y logra montar sobre las murallas de la pla- 
za algunos cañones, cuyos fuegos ofenden grandemente 
á los sitiados. 

Viendo esto quisieron capitular, pero Corcuera les 
intimó se rindieran á discreción. Apeló el sultán al pa- 
dre Gutiérrez, y hasta la sultana hizo gestiones cerca 
del general en jefe; pero todo fué en vano. 

Los moros de Basilan y de Macasar se rindieron á 
Almonte el 17 de Abril; mas no así los joloanos, quie- 
nes, al amparo de la oscuridad de la noche, lanzáronse 
contra el cuartel general, con ánimo de destrozarlo ó- 

12 



176 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de forzarle. A pesar de que el ataque fué brusco é ines- 
perado, no consiguieron su intento; antes por el con- 
trario, recibidos á tiros, sufrieron grandes pérdidas. La 
desbandada se hizo entonces general. Tan grande era 
su terror y el afán de huir, que las madres arrojaban á 
sus hijos y los jóvenes acuchillaban á los ancianos para 
que no cayeran vivos en poder de sus perseguidores. Un 
fuerte aguacero favoreció la fuga de aquellos indómitos 
mahometanos. El triunfo de los sitiadores fué completo. 
La población demostraba por doquiera evidentes seña- 
les de su tenaz defensa. 

El sultán pudo salvarse, aunque dejó en poder de sus 
vencedores cuantas riquezas poseía. La sultana Tuam 
Baloca y un sobrino suyo llamado Tacun quedaron pri- 
sioneros. 

Ofreció la sultana contener la fuga de los joloanos 
mediante la seguridad de que se les respetaría la vida, 
prometiendo restituirse á su prisión; pero una vez libre 
no se la volvió á ver más. 

El confiado gobernador encomendó entonces á Ta- 
cun manifestara al sultán la conveniencia de ir á tratar 
con él las condiciones de la paz. Volvió Tacun sin el 
sultán, pero sí con las llaves de las papeleras donde es- 
taban las riquezas del soberano de Joló y de sus favo- 
ritas, cuyos muebles habían caído en poder de Corcue- 
ra. Tan confiados anduvieron con el astuto moro, que 
pudo extraer las perlas de gran valor y cuanto oro y pe- 
drería encerraban, marchándose después tranquilamen- 
te, so pretexto de continuar las negociaciones entabla- 
das, de lo que^ naturalmente, no se ocupó nunca. Así 
el general desaprovechó las ventajas de la rendición de 
los joloanos y la de prisioneros tan importantes como 
la reina y su familia. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I77 

Conocedor, aunque tarde, del falaz proceder de los 
moros, entregó el general al saco de la soldadesca el 
cerro de Joló, pero en él no había apenas nada de va- 
lor. Algunas alhajas hallaron enterradas, y muchos al- 
coranes fueron pasto de las llamas. 

Corcuera dispuso la reparación del magnífico fuerte 
del Cerro, y el levantamiento de otros dos en los puntos 
más estratégicos, que eran la barra y el río. En ellos 
dejó 200 españoles é igual número de pampangos. 
Nombró al capitán Ginés Ros gobernador de Joló, y al 
de igual clase, Gaspar de Morales, gobernador del fuer- 
te del Cerro, y capellanes á los padres jesuítas Fran- 
cisco Martínez y Alejandro López. Las fuerzas restan- 
tes volvieron á Zamboanga, cuyo gobierno recayó en 
el mayor Almonte, nombrado además jefe de todas las 
fuerzas del Sur. 

Corcuera regresó á Manila en Mayo de i638, siendo 
recibido solemnemente por las autoridades, corporacio- 
nes religiosas y por el vecindario español é indígena, 
noticiosos éstos de la gloriosa campaña realizada por 
el esforzado caudillo (i). 

(1) He aquí el recibimiento hecho en Manila al gobernador general 
á su vuelta de Mindaiiao, según carta del jesuita Juan López, fechada 
en Manila el 25 de Mayo de l637: 

"Ayer salimos de Cavite con el Sr. D. Sebastián, bien cerca de las 
once; llegamos á Santiago á la una, al remo. Un rato antes de llegar, sa- 
lieron á recibirlo dos champanes de japoneses cristianos, que traían en 
forma de pa beses cercados todos los bordes de telas blancas de lienzo, 
con cruces verdes y muchas banderas blancas con flores verdes. Lleva- 
ban un clarín con que ie dieron la bienvenida. Hízoles grandes comedi- 
mientos el señor gobernador, y quedándose atrás lo volvieron acompa- 
ñando; desembarcóse en casa de Amaro Díaz, donde estaba hecho 
cuerpo de guardia, y de allí nos vinimos el P. Juan de Barrios y yo á 
casa, donde hallamos al padre provincial, al P. Juan de Bueras, al P. Roa 



178 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

También los chinos festejaron la llegada del invicto 
gobernador, presentándole una ofrenda en metálico (1). 

y al P. Marcelo, que habían venido al recibimiento. (Masantes decen- 
tarlo, es de saber que, un cuarto de hora después de llegar el Sr. D. Se- 
bastián, llegó el champán de D. Graviel Niño, que sólo faltaba.) Mar- 
chó en piimer lugar Nicolás González co<i su compañía, que es la famosa 
y victoriosa de los coletillos; cercaban á su paje de rodela otros muchos, 
con las armas que quitó al Mindanao en la batalla naval; dímosle mil pa- 
rabienes de sus buenos sucesos. Después de su compañía se siguió la de 
los marineros, que gobernaba el alférez A. Mezquita. Iban en dos hileras, 
porque cogían en medio al principio los indios y sangleyes amigos, que 
se sacaron del cautiverio de Corralat, y cierto, algunos indios é indias 
nos enternecían con sus rosarios en las manos. Después de un rato, iban 
en medio de la misma compañía los cautivos y cautivas mindanaos; las 
mujeres y niños sin prisión, los hombros en cadenas y grillos marchan- 
do. Acabado esto, se siguió una gran tropa de gente que llevaban las ar- 
mas del enemigo: rodelas, corazas, campilanes, lanzas y dos trompetas 
bellicas que parecían clarines de holandeses. Tras de esta compañía iba 
la de los pampangos, que fué también á la jornada. Siguióse después el 
capitán Carranza á caballo, guiando los carros de las armas de fuego que 
se quitaron al mindanao, como capitán que es de la artillería. Iban en 
tres carros los mosquetes y arcabuces; en otros las cámaras de los ver- 
sos y tres campanas pequeñas de iglesia; seguíanse en otro doce ó ca- 
torce versos pequeños; luego un falcón grande que puede pasar por cu- 
lebrina; después otros cinco ó seis carretones con cada dos piezas peque- 
ñas y falcones; seguíanse después las piezas de artillería grandes, cada 
una de por sí: de todos tiraban indios con maromas, y la última y mejor 
pieza la llevaron cuatro caballos. Todas estas armas acompañaban los 
artilleros. Iban inmediatos á ellas seis muchachos arrastrando seis ban- 
deras de Corralat. 

"Tras de ellas marchó la compañía del señor gobernador con mucho 
lucimiento; pero antes de ella iba el Sr. D. Sebastián á caballo, con un 
vestido llano, casi pisando las banderas enemigas; detrás del su paje 
de rodela con su morrión y en él un monte de plumas blanco. Iban 
también á caballo su capellán y un secretario. Al descubrir al señor go- 
bernador antes de entrar en la ciudad, le hizo salva la artillería de los 
fuertes que están en la puerta de Bagumbaya, y viéndole dentro se re- 
picó en nuestra casa, tocáronse las chirimías y cantó la capilla un vi- 



EN MIMDANAO, JÓLO Y BORNEO 1 79 

llancico. Todos los de casa estábamos con nuestros manteos esperán- 
dolo en un arco triunfal, cierto bien hecho y aderezado de seda y de 
tarjas de poesías. Allí se le dio la bienvenida y parabién de la victoria, 
á que correspondió con mucha cortesía. AI entrar en el arco salió de 
entre unos biombos que estaban en un tablado D. Josepito de Salazar, 
muy bien aderezado, y con una poesía que hizo el hermano Liorri en- 
grandeció la victoria, dióle las gracias y parabienes, y lo mismo hizo á 
los soldados; y acabó que, según el nombre de Corquera — id est corda 
qucerens, busca pechos y corazones, — los había hallado en todos los que 
allí estábamos, que le tenían muy entrañado y le deseaban todo bien y 
felicidad. Estuvo atento al razonamiento, y acabado se volvió á los pa- 
dres y les dio las gracias. 

"Prosiguió marchando á la plaza, donde estaba armado un escuadrón 
de seis compañías que le esperaban. Nosotros todos fuimos á verlo á los 
balcones del maese de campo Pedro de Heredia, y llegamos cuando el 
señor gobernador se apeaba en la iglesia mayor, donde le aguardaba la 
Real audiencia y los cabildos eclesiástico y seglar. Entró dentro y estuvo 
haciendo oración buen espacio, postrado humildemente en el suelo, re- 
firiendo á Dios todo el buen suceso. Tornóse á poner á caballo; llegó al 
escuadrón, y hablando con el sombrero en la mano á los capitanes y sol- 
dados con grandes muestras de benevolencia, le respondió el campo con 
una salva general y los alféreces abatiéndole las banderas. Prosiguió á 
su casa, y al descubrirlo de la fuerza de Santiago, su castellano, el ge- 
neral D. Fernando de Ayala, le hizo salva con toda la artillería, y tras 
de su compañía fueron marchando las del campo, con que se acabó este 
lucido triunfo que ha causado gran gusto á todos de todas naciones. A 
nosotros el maese de campo, Pedro de Heredia, nos regaló con mucha 
y muy buena colación y otros géneros de conservas, lo cual, acabado, 
nos volvimos á casa, dando gracias á Dios de haber visto lo que tantos 
años habíamos deseado. La multitud de gente que había en las calles, 
ventanas y balcones fué sin número; la ternura que hubo en los corazo- 
nes, causada de la alegría y vista de cosa tan nueva y grande, fué inde- 
cible, y raro fué el que no tuvo las lágrimas en los ojos, causada del 
gozo tierno del corazón. A la noche hubo muchas luminarias en todas 
las murallas en contorno y en otras muchas partes dentro y fuera de la 
ciudad; voláronse gran número de cohetes, y á las diez ó las once de la 
noche salió una máscara de los soldados de á caballo con muchas hachas 
ei; muestra de alegría, y las personas y caballos con grande adorno y luci- 
miento. Dios nos deje ver muchos días á éste semejantes, en que triunfe 
Cristo Jesús de sus enemigos, y á vuestra reverencia me guarde, „ etc. 



l8o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

De otra carta del mismo jesuita copiamos los siguientes párrafos: 
"Anoche, 26 de Mayo, salió la máscara de la ciudad, que estuvo tan 
buena y tan lucida, que donde quiera pareciera muy bien; fué grande 
el número de luminarias por todos los balcones y ventanas. A la puerta 
de nuestra iglesia se hicieron grandes hogueras, y nosotros bajamos aba- 
jo para gozar de más cerca del paseo, que fué á ¡as nueve de la noche. 
„Por los difuntos de la guerra hizo el sefior gobernador en la iglesia 
nueva de los soldados unas honras muy solemnes á 5 de Junio. Pusié- 
ronse en ella ocho altares, y desde antes de an;anecer se comenzaron en 
todos ellos á decir misas, convidando para esto á todos los clérigos y 
religiones, y así duraron toda la mañana. A todos los que querían reci- 
birla se daba por la misa un peso de limosna, pero muchos no lo reci- 
bían; á su tiempo se celebró misa y sermón, con asistencia de toda la 
ciudad, clerecía y religiones. Salió el sermón muy á propósito y bien 
predicado: predicóle el P. Francisco Pinelo, de Santo Domingo. 

„La fiesta de la acción de gracias, á 7 de Junio, se hizo en la iglesia 
mayor, por razón del grande concurso, y aún no cupo la gente en ella. 
Salió la procesión de la catedral y anduvo por las calles que suele el día 
del Corpus, todas ellas con sus arcos y enramadas muy bien compuestas, 
pobladas de altares llenos de adorno y riqueza. Echaron los vecinos el 
resto en colgarlas, y generalmente afirman que jamás se han visto en 
Manila colgaduras tantas y tan preciosas; de modo que, aun viéndolas, 
apenas creían hubiese en ella tanto y tan vistoso y de tanto valor, fuera 
de lo que caía de los balcones abajo, que es lo que de ordinario se ha 
colgado. De los balcones para arriba se hizo una contrapared de cañas, 
y toda se llenó de colgaduras y de lazos de piezas de seda. 

„En la procesión fueron los soldados piqueros en dos hileras, marchan- 
do con sus picas levantadas; al principio fueron entre ellos los cautivos 
que salieron del poder de Corralat, muy bien vestidos, de esta manera: 
iban primero tres soldados y después seis cautivos, guardando siempre 
este orden. Siguiéronse después los vecinos, y tras de ellos todas las 
religiones. Alegraban la procesión mucha variedad de danzas y otras in- 
venciones con varios instrumentos músicos y dos órganos portátiles. Cer- 
ca del fin iban cuatro andas, hechas de manera que formaban un modo de 
tejado á dos aguas; en ellas, por cada haz, se pusieron la casulla, capas 
de coro, frontales y otros ornamentos sagrados; en el caballete, en pie, 
los cálices, custodias y patenas; á los remates, colgadas las crismeras, 
vinajeras y campanillas que habían robado los mindanaos, vista que en- 
terneció mucho y sacó abundancia de lágrimas. I^levaban las tres destas 
andas sobre sus hombros los colegiales de nuestro colegio de San José, 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO lOI 

y las últimas nuestros hermanos estudiantes con sobrepellices. Iba in- 
mediato á las andas el P. Marcelo Mastril, con el estandarte que llevó 
cuando se conquistó el pueblo de Cachil Corralat, y también lo sacó 
en otra procesión que allí mismo se hizo en acción de gracias después 
de rendido. Estaban en este estandarte haciéndose espaldas, el Cristo 
acuchillado y ultrajado del enemigo y nuestro padre San Francisco Ja- 
vier, patrón de toda la jornada, que miraba al Santísimo Sacramento. 
Seguíanse el guión, que sacó al principio el señor gobernador, y después 
llevaron remudándose los señores de la Real audiencia y alcaldes ordi- 
narios, los regidores con las varas del palio, y debajo de él un carro de 
mucha majestad guiado de sacerdotes revestidos, en que iba el Santísi- 
mo Sacramento. En la plaza de armas había nueve piezas de cuchara y 
veintisiete versos y falcones, que todos (sin otras tres piezas grandes 
que quedaron en el fuerte de Samboangan) se quitaron á Corralat, y 
con ellas se hizo una alegre salva al Santísimo Sacramento cuando se 
descubrió en la boca de la calle, y otra no menos grande y solemne hizo 
el campo, que estaba formado de ocho compañías de arcabuceros en la 
plaza de la ciudad. Dijo la misa el cabildo eclesiástico, que se cantó con 
mucha solemnidad; predicó el P. Juan de Bueras un sermón muy á pro- 
pósito, cumpliendo maravillosamente en tres cuartos de hora,,, etc. 

(l) "Los sangleyes, de su voluntad, ofrecieron al señor gobernador 
un donativo de 6.000 pesos, dando por razón de hacerlo: primero, el ha- 
berles librado del cautiverio de Corralat 31 de su nación; lo segundo, 
porque les había dejado desembarazados y seguros los mares para sus 
ordinarias contrataciones, y lo tercero, porque los mantenía en paz y jus- 
ticia; de modo que el gasto de la guerra de Mindanao, con el artillería 
y pillaje que tocó á S. M. y estos 6.000 pesos, no sólo queda empatado, 
.sino que sobran l.OOO pesos. Así me lo ha dicho el cont;idor de S. M.„ 
(Carta (Ul P. Alejandro López, antes citada.) 



CAPITULO VII. 



Perseverancia de los malayo-mahometanos en sus piraterías. — Idea 
Almonte favorecer al rey de Buhayen contra el sultán de Mindanao. 
— Comisiona al capitán Márquez para que levante una fortaleza en 
Buhayen. — El rey procura estorbarlo. — Sus pretensiones excesivas. 
— Opónese Márquez á ellas. — Entibianse las relaciones entre am- 
bos. — Retiene Moncay en su corle al P. Ángel. — Fuga de éste. — 
Pactan los españoles amistad con los manobos. — Realízase con su 
auxilio la construcción de un fuerte. — Lo cerca Moncay. — Márquez 
pide auxilios al gobernador de Zamboanga. — Envía algunos socorros. 
— Los buhayenes levantan el cerco. — Plan de campaña de Almonte 
contra los mindanaos. — Diversas expediciones. — Se traslada á la Sa- 
banilla. — Refuerzos de Manila. — Marcha contra Buhayen. — Defensas 
de los moros. — Trabajos del ejército en su marcha. — Acertadas dis- 
posiciones de Almonte. — Brillante defensa de los buhayenes. — Triun- 
fan los españoles. — Huye Moncay, — Es arrasada su fortaleza. — Co- 
rrerías de los españoles por sus tierras. — Agasajos del datto de Sibu- 
guey á Almonte. — Festejos en Zambeanga por la victoria de su go- 
bernador. 

Natural parecía que después de la brillante campaña 
del general Corcuera renunciaran los mindanaos y jo- 
loanos á sus piraterías; mas lejos de ser así, persevera- 
ban incansables en sus audaces atentados. 

El ilustre gobernador de Zamboanga concibió la idea 
de favorecer al rey de Buhayen, con perjuicio del sul- 
tán de Mindanao, esperando recabar de la enemistad 
de ambos las ventajas consiguientes. 

En consonancia con este proyecto, comisionó al ca- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 83 

pitan Cristóbal Márquez para que fuese con su compa- 
ñía á levantar una fortaleza inmediata á la de Moncay, 
contando destruir á los mindanaos con el apoyo de este 
aliado. 

No pareció bien al rey moro que los españoles acu- 
dieran á establecerse en su territorio, y menos que edi- 
ficasen un fuerte. Para estorbarlo, sin declarar abierta- 
mente su oposición, exigió á Márquez que colocara la 
artillería en su fortaleza, pretendiendo que los españo- 
les le sirvieran de auxiliares. 

Como, á pesar de su insistencia y de sus agasajos, se 
negó Márquez á complacerle, cada día iban siendo 
menos cordiales sus relaciones con el rey de Buhayen. 
Acentuó más la enemiga de españoles y buhayenes la 
prisión del padre jesuíta Francisco Ángel. Al atravesar 
la corte de Moncay, retuvo éste bajo especiosos pretex- 
tos al padre jesuíta, sin consentir regresara al fuerte 
español, pero guardándole todo género de atenciones. 

Era su intento, al parecer, tenerlo en rehenes para 
servirse de él con arreglo á las eventualidades del por- 
venir. 

Frustró sus planes la fuga del P. Ángel, realizada 
con el auxilio de un moro llamado Tapuri, cuya mujer 
era cristiana. 

Declaróse, por último, la mala fe de Moncay, al ver 
que ni se sometían los españoles á su capricho ni aban- 
donaban sus tierras, puesto que proseguían en los tra- 
bajos del fuerte y pactaban amistad con los manobos. 
Macadula, rey de estos infieles moradores de los mon- 
tes de Buhayen y de las inmediaciones de la laguna de 
Maguindanao, confió al morir á su hermano IMana- 
quior el gobierno de sus pueblos durante la menor edad 
de su hijo Balatamay. Alzóse el tutor con el reino, 



184 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

despreciando los derechos de su sobrino, y Moncay, 
inmediato pariente de éste, tomó su defensa, derrotó á 
Manaquior y le hizo internarse con sus parciales en las 
espesuras de los bosques. 

Supo el jefe de los manobos las diferencias que exis- 
tían entre Moncay y Márquez: dedujo que había llegado 
la ocasión de vengarse, y bajó de los montes con 2.000 
hombres dispuesto á ayudar á Márquez en su guerra 
contra el rey de Buhayen. Mediante su auxilio, que el 
capitán español aceptó gustoso, en breve estuvo termi- 
nado el fuerte. Constaba éste de un reducto cuadrado 
con cuatro baluartes, foso y camino cubierto, conte- 
niendo dentro los alojamientos y almacenes. 

Como ya el disimulo era inútil, acudió Moncay con 
sus huestes á cercar la fortaleza española, muy seguro 
de rendirla por hambre. Avisó Márquez al gobernador 
de Zamboanga el peligro en que se hallaba, y, no pu- 
diendo marchar Almonte en su auxilio por tener que 
acudir al socorro de las posesiones españolas de Molu- 
cas, le envió á Cristóbal de las Eras con 10 embarca- 
ciones, alguna tropa y víveres. Los buhayenes enton- 
ces levantaron el cerco. 

Almonte, á su regreso de las Molucas (2 de Marzo 
de i63g), combinó un activo plan de campaña contra 
los rebeldes mindanaos. 

Mandó al sargento mayor D. Pedro del Río con 70 
embarcaciones á ocupar el puerto de la Sabanilla (1), 
acompañándole Mata como jefe de la escuadra y los ca- 
pitanes Juan de Heredia y Pedro Navarro con sus com- 
pañías. 

(1) Puerto situado entre Pollok y Punta de Flechas, ea la bahía 
I llana, al sur de Mindanao, donde fundaron los españoles un presidio 
lortificado. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 185 

Dispuso que el alcalde de Caraga, D. Francisco de 
Atienza, saliera contra los malanaos, y que D. Alvaro 
de Galindo hiciera lo propio con lo embarcaciones por 
las costas de la isla. También envió á Joló otra escua- 
drilla de 17 buques, para evitar así que acudiesen en 
socorro de los buhayenes. 

El 21 de Marzo de lóSg entró Almonte en la Saba- 
nilla con un buen cuerpo de mardicas, tidores y siaos, 
sacados de Molucas, cuyos indígenas manejan el carapi- 
lan tan hábilmente como los moros. Casi á la vez que 
Almonte llegó á la Sabanilla el sargento mayor Juan 
Ruiz Maroto, con 3oo indígenas de Siao y ocho buques 
que enviaba el datto de Sibuguey, Cachil Datan, alia- 
do de los españoles. 

Almonte dejó en la Sabanilla al sargento mayor Don 
José de Vitoria y al capitán Pedro Navarro y otros ofi- 
ciales, y marchó contra los buhayenes. 

Estos, por su parte, se apercibieron á la defensa con 
ardimiento. 

Soltaron el agua de la magnífica laguna que fecunda 
su territorio, previamente contenida por medio de pre- 
sas, y la campiña quedó por completo inundada. Ade- 
más, inmensos nipales y carrizos entorpecían el paso 
de las tropas. Fué preciso destinar 2.000 indios, á las 
órdenes del alférez Luis de Rojas, para segar aquéllos 
y abrir camino. Descubierta con esto la extensa inun- 
dación, siguieron la única ruta posible, llevando dos 
culebrinas de á 10 y faginas y cestones, que prestaron 
grandes servicios durante las operaciones sucesivas. 

Al llegar á una altura son recibidos á tiros por 10 
moros que guarnecían un garitón de madera establecido 
en un árbol corpulento y elevado que dominaba la 
campiña. 



l86 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Almonte destacó contra ellos lOO mosqueteros, los 
que, á pie firme, sostuvieron vivo fuego, pereciendo los 
moros en la lucha. 

Mientras tanto hizo afirmar el terreno con capas de 
faginas, sobre cuyo firme colocaron los cestones, y una 
vez rellenos de tierra bien unida, pusieron encima unas 
viguetas, y sobre ellas grandes maderos, formando una 
batería coronada por las dos culebrinas. Detrás alzaron 
las tiendas de lona, y en el sitio de más peligro la del 
general. 

Establecido el campamento, dictó Almonte acerta- 
das medidas para asegurar el éxito de la campaña. 

El capitán Juan López Lucero marchó á ocupar un 
brazo del principal río del país, que comunicaba por 
unos esteros con la fortaleza de Moncay, llevando 120 
españoles, 600 indios, los 2.000 manobos al mando de 
Manaquior, cuatro bergantines y otras embarcaciones 
menores; y el ayudante Francisco de Arechaga recibió 
orden de cerrar con seis buques un estero por donde 
podían huir ó ser socorridos los sitiados. 

Procedióse después, bajo la dirección del capitán 
D. Francisco del Castillo, á destruir la parte de carri- 
zal que ocultaba el fuerte enemigo: operación trabajosa 
y expuesta por hacerse á cuerpo descubierto. El enemi- 
go comenzó á molestarles disparando su artillería. En- 
tonces mandó el general al capitán D. Diego Sarmien- 
to á reforzar la roza. Inquieto por el peligro en que 
veía á sus soldados, acudió Almonte en persona, si- 
guiéndole los demás jefes; se apresuraron los trabajos 
y quedó terminada la operación, aunque con pérdidas 
dolorosas. 

Murieron el ayudante español Adame y cinco indios. 
Hubo 20 indios heridos y 12 españoles, entre ellos el 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 187 

capitán D. Diego Sarria, que lo fué de verso, y el ca- 
pitán D. Laureano de Escobar, de mosquete. 

La fortaleza de Moncay, situada en terreno pantano- 
so á orillas de la gran laguna del país, distaba unos 
tres kilómetros del fuerte español. Era un reducto de 
planta irregular con cinco baluartes. Formaban sus 
muros un macizo de tierras y grandes piedras, de 2 '/- 
metros de espesor, revestidos interior y exteriormente 
por troncos de árboles unidos y enclavados en el suelo. 
Sobre los muros corría un parapeto de tierras de más 
de dos metros de espesor, con multitud de cañoneras 
abiertas. Rodeaba el recinto un foso muy profundo, de 
3 Va metros de ancho, lleno de agua procedente de la 
laguna. Más allá del foso existía un camino cubierto 
con parapeto de mampostería. 

Viendo las gruesas murallas, el ancho foso rebosan- 
do agua y el extenso camino cubierto de espeso carrizal 
que tenía que recorrer el ejército, conoció Almonte que 
no era obra de poca monta asaltar la fortaleza. Hizo 
conducir de su galera una pieza de á 18, y envió orden 
á Lucero para que á brazo, y lo antes posible, abriesen 
un canal que permitiera á los bergantines ponerse á 
tiro de cañón del fuerte enemigo. Realizado que fué, 
rompió la artillería de los buques vivo cañoneo contra 
el fuerte de Moncay, en combinación con las piezas de 
la batería, despidiendo ambas una lluvia de balas. Cua- 
tro días duró, sin embargo, el asedio. Al acercarse la 
noche, después de una hora de arrojar proyectiles sin 
descanso, pusieron fuego á la población los sitiados, 
rompiendo por el punto que ocupaba Lucero. Tan ho- 
rrenda fué la lucha entre los fugitivos y los manobos, 
que el campo quedó cubierto de cadáveres. Muchos, 
por huir de las armas, perecieron en los pantanos. Vio 



1 83 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Almonte arder la fortificación enemiga, y envió á ata- 
jar el fuego á 12 españoles y 50 siaos, quienes, para 
penetrar en ella, pasaron el foso á nado. 

Rotas las presas por mandato del general en jefe, el 
agua buscó su natural nivel, descubriendo los campos 
y las sendas por las cuales recorrieron las tropas todos 
aquellos lugares, antes fértiles y poblados, exterminan- 
do y destruyendo cuanto á su paso hallaban. 

Las murallas de la fortaleza rendida, después de sa- 
car la artillería, fueron por completo arrasadas. 

Moncay logró escapar con vida, refugiándose en lo 
más espeso de los bosques. 

El sargento mayor, D. Pedro de la Mata, tomó por 
asalto una fortaleza situada en otro cerro, cuya defensa 
tenía á su cargo un cuñado de Moncay. En ella pere- 
cieron muchos moros y cobraron su libertad bastantes 
cautivos. 

El capitán Cepeda salió con su compañía á incendiar 
los pueblos del contorno. También por el río fueron 
varias escuadras con idénticos fines. 

El gobernador de Zamboanga, después de dejar una 
pequeña guarnición en el presidio de Buhayen y de 
manifestar á Manaquior que si se mantenía en su fide- 
lidad le haría dueño de aquellos territorios, se trasladó 
á la Sabanilla. En esta fortaleza, ya por completo ter- 
minada, halló al capitán Del Río, recién llegado de su 
expedición á Malanao. 

Desde la Sabanilla marchó Almonte á Zamboanga, 
siendo extraordinariamente agasajado por el régulo de 
Sibuguey á su paso por el territorio de este magnate, 
quien le donó 3o cautivos, obsequiándole con curiosas 
armas. 

Cachil Datan se obligó á pagar 2.000 tributos por 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 1 89 

año y á contribuir al levantamiento de un fuerte á la 
entrada del rio de Sibuguey, que debía ser guarnecido 
por españoles; y al efecto quedó un ayudante con 5o sol- 
dados españoles y pampangos. 

El general Almonte, á su vez, le concedió un rico bo- 
tín por su eficaz auxilio en la campaña contra Moncay. 

En Zamboanga celebróse el buen éxito de la expedi- 
ción con inusitada magnificencia. Los intrépidos zam- 
boangueños tomaron en estos festejos una parte impor- 
tantísima (26 de Mayo de lóSg). 



CAPITULO VIII. 



Campaña contra los malanaos. — Antecedentes necesarios. — Valor del 
P. San Agustín. — Sus luchas contra mindanaos y malanaos.— Solicitan 
losjesuitas la expedición. — Confíase al capitán Atienza. — Vacilacio- 
nes de los moros. — Invade Atienza su territorio. — Escasa resistencia 
que oponen. — Optan por someterse. — Opina el P. San Agustín se deje 
un presidio fortificado. — Opónense losjesuitas. — Envía Almonte á Del 
Río á completar la conquista. — Reclaman los jesuitas la administra- 
ción del territorio y se lis otorga. — El P. San Agustín y los malanaos 
la piden en Manila para los recoletos y que se funde un presidio. — Se 
oponen los jesuitas. — El general lo niega. — Con la retirada de las tro- 
pas se malogra el éxito de esta campaña. — Defección de los malanaos. 
— Va el capitán Bermúdez á la Laguna. — Fíngense amigos hasta recu- 
perar los rehenes. — Declaran su oposición á los españoles. — Los 
cercan en su fuerte. — Medios ingeniosos de hacer la guerra. — Apuro 
délos sitiados. — Piden socorros al gobernador de Caraga y al padre ca • 
pitan. — Dificultades que vencen éstos en su marcha. — Salvan ala guar- 
nición, — Huyen los sitiadores á los montes. — Abandona Bermúdez á 
Malanao. — Construye un fuerte en Iligan. — Nueva expedición del ca- 
pitán Atienza. — Sus escasos resultados. — Construyen los expedicio- 
narios un fuerte, resuelven retirarse de la Laguna y lo confían á un 
datto amigo.— Marcha Atienza á Iligan. — Queman el fuerte de Mala- 
nao. — Triste fin de estas campañas. — Es reforzado el fuerte de Iligan. 

Reseñada la brillante campaña del general Almonte 
contra los buhayenes, vamos á describir las diversas 
expediciones que hubo precisión de hacer al territorio 
de Malanao. Necesario es, para su mejor inteligencia, 
consignar ciertos antecedentes. 

Los religiosos recoletos extendieron sus misiones ha- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO IQI 

cia 1624 al partido de Bayug, principiando sus traba- 
jos evangélicos, con buen éxito, el P. Fr. Juan de San 
Nicolás. 

Algún tiempo después fué nombrado misionero del 
pueblo de Cagayán el religioso de la misma orden, 
Fr. Pedro de San Agustín, joven de brioso tempera- 
mento y de militares aficiones, quien hizo levantar en 
la provincia de Caragat el fuerte de Linao, instruyendo 
á los indios en el manejo de las armas de fuego. 

El término encomendado á la administración espiri- 
tual del P. San Agustín sufría continuos ataques por 
parte de las tropas de Corralat. Para contrarrestarlos 
fortificó el pueblo, probando en su defensa contra los 
moros la utilidad de sus medidas. 

Llenóse de coraje el sultán de Mindanao ante la re- 
sistencia de tan pequeño lugar, y mandó 2.000 hombres 
á tomarlo. 

Tuvo aviso de ello el P. San Agustín y, apercibién- 
dose á la defensa, rechazó á los moros gallardamente. 

Proyectó entonces Corralat apoderarse del padre con 
asechanzas traidoras, por medio de los habitantes de la 
laguna de Malanao. Estos invaden el pueblo de Caga- 
yán, hallándose ausente el misionero, y causan sensi- 
bles daños. Sabe el padre con gran dolor el suceso; ar- 
ma á sus más aguerridos feligreses; penetra por tierra 
de los malanaos, y les toma, saquea é incendia sus pue- 
blos, volviendo á su residencia con muchos despojos. 

Pretendían los jesuítas que el territorio de la Laguna 
era de su jurisdicción, y por más que ningún misione- 
ro suyo lo ocupaba, no vieron con buenos ojos la intru- 
sión de los recoletos; pero como carecían de los bríos 
del P. San Agustín, acudieron al gobernador general 
en demanda de que fuese una expedición militar á re- 

13 



iga HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ducir á los malanaos, para una vez libre el país de ries- 
gos encargarse de su administración. Comunicó Cor- 
cuera las órdenes necesarias al general Almonte, y éste 
confió dicha empresa al capitán D. Francisco de Atien- 
za, persona muy á propósito por su valor y condiciones. 
Escogió Atienza 5o soldados y 5oo caragas voluntarios, 
solicitando el auxilio del P. San Agustín, que á la sa- 
zón desempeñaba el curato de Butuan. Aparejaron seis 
embarcaciones, dispuestas para ser desarmadas y con- 
ducidas en hombros á donde conviniese utilizarlas, y 
desde el pueblo de Bayug emprendieron el camino de 
Balooy, recibiendo el oportuno auxilio del datto Dolo- 
moyon, resentido con los malanaos por cuestiones ha- 
bidas entre ellos. 

Los habitantes de la Laguna reunieron hasta 6.000 
hombres de guerra para oponerse á los expedicionarios; 
pero no tardaron en desertar muchos, y decidieron los 
caciques enviar algunos regalos al capitán español, con 
el consejo de que retrocediera, porque de seguir adelan- 
te iba á experimentar grandes perjuicios. 

Contestó Atienza que era preferible morir que per- 
der el honor retrocediendo, y que pensaran si les con- 
venía mejor someterse para evitarse los males de una 
guerra. Hubo distintos pareceres entre los principales 
de la Laguna, dando lugar con sus vacilaciones á que 
se presentara Atienza en su territorio (4 de Abril 
de 1639), sin que utilizaran los malanaos los pasos 
fortificados que habían prevenido. 

Arman los nuestros con rapidez sus embarcaciones y 
se aproximan á un fuerte, en cuyas cercanías hallan 
hasta 40 buques contrarios. Sus tripulantes los aban- 
donan saltando en tierra. Los expedicionarios se apo- 
deran de los barcos sin dificultad y ponen fuego al pue- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 193 

blo de Vate. Prosiguen al día siguiente su marcha, uti- 
lizando las canoas cogidas, y al acercarse á las poblacio- 
nes principales les salen al encuentro embajadores de 
paz ofreciendo vasallaje y tributos. Aceptada la proposi- 
ción por Atienza se procedió al empadronamiento de 5o 
pueblos,' sujetos hasta entonces al dominio de cuatro 
dattos, inscribiéndose 2.009 familias. 

Los recoletos administraron el Bautismo á más de 
200 personas, y se dispuso que quedase á su cargo el 
ministro de Bayug. 

En el río de Didagun mandaba el datto Pagayabon; 
en el río de Taruca, Dagolo; en el de Banayan, Maca- 
luyo; en el de Bayang, Mabololo, y en las alturas de 
Taraca el valeroso Monocor. Estos caciques estipula- 
ron con Atienza que admitirían religiosos españoles y 
edificarían iglesias, accediendo, en prueba de su buena 
fe, á que sus hijos y hermanos pasaran á Manila en ca- 
lidad de rehenes. 

Opinaba, acertadamente, el P. San Agustín que, para 
asegurar la conquista realizada y evitar levantamientos 
en lo sucesivo, se debía construir un fuerte en sitio es- 
tratégico, dejándolo guarnecido. No fué muy del gusto 
de las tropas este consejo y resolvieron dar por termi- 
nada su misión, libertando á 17 cautivos y llevándose 
las armas de fuego que hallaron entre los naturales. 

Dio parte de todo el jefe de la fuerza al general Al- 
monte, y éste, para afianzar por completo la conquista, 
envió al sargento mayor D. Pedro Fernández del Río, 
y al capitán Juan de Heredia Hermastegui, con 70 es- 
pañoles y 5oo visayas. Penetraron por tierras de Co- 
rralat; vencieron cuantos obstáculos les opuso el ene- 
migo en el belicoso partido de Butig, sujeto al dominio 
del datto Matundin, y reuniéndoseles el capitán Atien- 



ig4 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

2a con su gente, fué tal el pánico de los malanaos que 
todos acudieron solícitos á empadronarse. Iba con Del 
Río el padre jesuíta Pedro Gutiérrez; expuso que el te- 
rritorio sometido correspondía á la Compañía, y el sar- 
gento mayor le dio la posesión de aquellos pueblos el 20 
de Abril de lóSg, regresando ambos al cuartel general 
y Atienza á su provincia de Caraga, después de fortificar 
á Bayug, donde dejó con algunas fuerzas á su ayudante. 
Estas determinaciones apenaron en gran manera al 
P. San Agustín, viendo así malogrados los fines de tan 
afortunada campaña, pues tenía por seguro que los ma- 
lanaos volverían en breve á su anterior independencia. 
Sus ideas le impulsaron á ir á Manila en compañía de 
algunos principales malanaos; expusieron al goberna- 
dor general cuan necesario era fundar un presidio con 
fuerte guarnición que mantuviera á raya las sugestiones 
de Corralat y en la fe jurada á los pueblos sometidos á 
España. Corcuera prometió hacerlo así; pero mediaron 
los jesuítas, y entonces el gobernador general se negó á 
conceder la administración espiritual de la Laguna á 
los recoletos. 

Los malanaos volviéronse contrariados á su país, y 
el P. San Agustín se retiró á su curato de Butuan. 

Gran pena produjo en Malanao ver llegar sin los re- 
henes á los caciques que habían ido á Manila con el padre 
San Agustín; y unido este disgusto á las sugestiones de 
Corralat, careciendo del freno de un fuerte en su país y 
de religiosos que aprovecharan las conversiones hechas, 
fué cundiendo el espíritu de insurrección entre ellos, y 
al verse libres de la presencia de las tropas, faltando á 
sus pactos y compromisos, derribaron las cruces y que- 
maron los camarines que habían servido de iglesias. 
El general Corcuera, que lo ignoraba, mandó al ca 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 195 

pitan D. Pedro Bermúdez de Castro, con 5o españoles 
y 5oo indios de Bohol, á establecerse en la laguna. 
Iban con él los padres jesuítas Diego Patino y Grego- 
rio Belin, y los malanaos retenidos en Manila en ca- 
lidad de rehenes. 

Fingiéronse amigos los indigenas hasta conseguir la 
devolución de sus compatriotas; pero logrado esto, 
mostraron á las claras lo poco dispuestos que estaban á 
que los españoles permanecieran en su país, suspen- 
diendo desde luego la entrega de los materiales con que 
contribuían antes á los trabajos del fuerte comenzado. 

Prolijo sería relatar los mil medios ingeniosísimos 
que pusieron en práctica para sorprender á sus enemi- 
gos. Consistía uno de ellos en ciertas torres de maderos 
y cañas, colocadas sobre balsas que hacían llegar por 
el río hasta el fuerte en construcción, contra el cual dis- 
paraban sus falconetes y lantacas. La tenacidad y cons- 
tancia del asedio y la escasez de provisiones, puso á los 
españoles en el último apuro. 

En tan duro trance convinieron pedir auxilios al alcal- 
de de Caraga, impetrando además la protección del céle- 
bre padre capitán Fr. Pedro de San Agustín, á quien escri- 
bió una humildísima y apremiante carta el P. Belín (0. 

(l) "Mi padre, decía, olvídese V. R. de agravios, que le doy mi pa- 
labra, como quien soy, de hacer con el señor gobernador y mi religión, 
que se logre lo que V. R. y sus santos compañeros tanto han trabaja- 
do. Mire por la honra del rey de España, y por las obligaciones con 
que nació, y por la caridad que obliga en esta ocasión al socorro de esta 
tropa desgraciada en no haber merecido la compañía de V. R., que sin 
ella á buen seguro que el capitán D. Francisco no hubiera tenido la di- 
cha que tuvo y logró, por resistirse á dejar aquí Presidio. Mi padie, en 
la tardanza está el peligro; yo se lo suplico á V. R. por Dios y su Ma- 
dre, y espero gran socorro de todo, etc.: á 9 de Marzo de 1640. Todo 
de V. R — Gresrorio Belín.. 



196 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Hallábanse juntos en Butuan Atienza y el P. San 
Agustín, y en vista de estos despachos, marcharon con 
gente y víveres al socorro de los sitiados: vencen difi- 
cultades sin reparar en sufrimientos ni fatigas, y salvan- 
do montes y ríos llegan al pie del fuerte en ocasión en 
que, faltos de todo alimento, sucumbían de hambre tras 
veintinueve días de asedio. 

Merced á su presencia, los malanaos levantaron el 
cerco. 

Para vengar la rebeldía de éstos fueron, en varías 
embarcaciones, á destruir sus pueblos y sementeras, 
único daño que podían causarles, por haberse retirado 
á los montes. 

Bermúdez resolvió, de acuerdo con el parecer de los 
jesuítas, abandonar la empresa por temor á un nuevo 
cerco, pretextando la escasez de bastimentos y el esta- 
do de insurrección de los naturales. En virtud de tan 
precipitada como imprevisora medida, demolió el fuer- 
te, retirándose á Iligan. 

En este punto hizo levantar un fuertecito á orillas 
del río: lo fortificó, y puso á su cuidado al ayudante 
Francisco Alfaro, con una pequeña guarnición. Ber- 
múdez pasó á Manila á dar cuenta de todo al goberna- 
dor general. 

El capitán Atienza, después de una expedición á 
Panguil, en la que fué menos afortunado que en sus 
anteriores empresas, pues tuvo que retirarse sin recabar 
ventaja alguna; vencido, más que por los indígenas, por 
los huracanes é inclemencias del tiempo, fué con sus 
buques y con sus tropas nuevamente á Malanao, cum- 
pliendo órdenes del gobernador general. 

Halló el territorio desierto por haber huido sus mo- 
radores á los montes tan luego supieron la llegada del 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO I97 

ejército, sin consentir bajar á poblado ni por ruegos y 
ofrecimientos ni por amenazas. Tan sólo el datto Ma- 
bololo permaneció en su pueblo y lo recibió afable. 

En vista de ello, consideraron sus capitanes inútil la 
expedición, para no hacer mayores gastos tan estériles 
como hasta allí. 

Parece ser que el P. Patino aconsejó que fuesen á 
buscar los bastimentos de que carecían á tierra de los 
moros. 

Acapararon los granos abandonados en las semente- 
ras, arrasando y quemando cuanto pudieron, sin con- 
seguir atacar á los malanaos por ser inaccesibles sus 
montes á causa de su extraordinaria aspereza. Cons- 
truyeron también un fuerte; pero apenas concluido, cre- 
yendo vano empeño permanecer en él, lo confiaron al 
cuidado del datto Mabololo, con encargo de que mantu- 
viera el territorio de la Laguna en la obediencia de Es- 
paña. Hecho esto, se retiró Atienza á Iligan con su po- 
derosa escuadra. A poco supo que un esclavo de Mabo- 
lolo había incendiado el fuerte de Malanao. Indudable- 
mente este cacique hizo causa común con sus paisanos, 
y para disimular su perfidia resolvieron destruir el 
fuerte. 

Tal fin tuvieron las repetidas expediciones contra los 
malanaos por no haber seguido el primitivo consejo del 
experto padre capitán. 

Aparte de los gastos consiguientes, hubo que lamen- 
tar también en esta expedición la muerte del capitán 
Andrés de Rueda, que se apartó de su tropa yendo de 
Iligan á Malanao, y cayó en una emboscada de los na- 
turales. 

Otro tanto sucedió al padre jesuíta Francisco Men- 
doza, que le acompañaba (7 de Mayo de 1642). 



igS HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Reforzado el fuerte de Iligan con parte de las tropas 
procedentes de la infructuosa campaña á la Laguna de 
Malanao, quedó al cargo del capitán Pedro Duran de 
Monforte, y en su compañía el padre jesuíta Diego Pa- 
tino, á quien sustituyó después el P. Antonio Abarca, 
conservándose hasta hoy dicho fuerte como hubieran 
podido mantenerse los demás. 



CAPITULO VIII. 

Fingida sumisión de los joloanos. — Sus traidores intentos. — ^ Alevosía 
que cometen. — Va Almonte á Joló. — Ordena la captura del sultán. — 
Frústrase esto. — Derrota desús defensores. — Victoria naval de Mata 
contra el datto Paquian. — Castigo que impone aquél en varias islas. 
— Campaña contra los guimbas. — Valor de estos salvajes. — Son de- 
rrotados. — Magnanimidad de Almonte. — Es nombrado general de las 
naos de Acapulco. — Regresa á Manila. — Liviandad del gobernador 
Morales. — Furia del cacique de Tandú. — Conspiración de los joloa- 
nos. — Manda pasar al fuerte á 8o moros armados. — Niéganse éstos. — 
Quiere obligarlos, los desarma, los persigue, se revuelven al cabo y es 
herido. — Cunde la insuirección por la isla. — Procura en vano cal- 
marlos el gobernador interino. — Va á reducirlos el general Mata. — 
Cautiva hasta 3.000 moros. — Imprudencia de su sucesor Morales. 
— Es muerto por los naturales de Paran. — Derrotan los moros á la 
cansada tropa. — Restablece la disciplina el nuevo gobernador Cepe- 
da. — Ataca y vence á los de Paran. — Castigos que impone á otros 
isleños. — Persistencia de los malayo-mahometanos en sus excuislo- 
nes piráticas. 

Vamos á reseñar otra campaña en que el invicto ge- 
neral Almonte recogió nuevos laureles. 

Los joloanos habíanse mostrado en un principio afa- 
bles y sumisos, con el intento de ganar la confianza del 
gobernador de la isla, considerando así más fácil des- 
hacerse de los españoles. Supieron los padres jesuítas 
allí destinados la trama urdida, y avisaron al goberna- 
dor Ginés Ros que estuviese prevenido; pero éste, acha- 
cando á temor sus sospechas, descuidó más de lo con- 
veniente vigilar á los inquietos mahometanos. Un día 



200 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

se presentan en el fuerte gran número de moros arma- 
dos con pretexto de empadronarse, y los centinelas, re- 
celando de sus propósitos, se niegan á permitirles la 
entrada. Volviéronse llenos de furor, y yendo á caer so- 
bre unos indefensos individuos del destacamento que 
trabajaban en una cantera, mataron á dos españoles y 
á 40 indios, escapando los demás por pantanos y loda- 
zales (Setiembre de i638). 

Este hecho sirvió para que los jesuitas y algunos ofi- 
ciales demostraran al capitán Ros el fundamento de 
sus sospechas. 

Después dijeron los joloanos al gobernador que ha- 
bían fraguado esa intentona los moros de Tawi-tawi 
sin la anuencia, antes bien con gran sentimiento del 
sultán, cuyo único anhelo era conservar la buena amis- 
tad de los españoles. Bien fuese que convencieran es- 
tas falsas protestas al capitán Ginés Ros, ó que conve- 
nía á sus intereses no romper abiertamente con los mo- 
ros para seguir efectuando el lucrativo comercio que, 
según los pad-res jesuitas, realizaba con aquéllos por 
medio de un personero suyo, es lo cierto que de nuevo 
se mostró confiado en demasía y sordo por completo á 
los avisos de los jesuitas y de su colega el castellano del 
Cerro, Éstos acudieron en queja á Almonte: recibió el 
general los despachos en Basilan, á donde le habían lle- 
vado asuntos de interés, y sin regresar á Zamboanga 
marchó á Joló con cuatro embarcaciones. 

Expúsole el gobernador Ros que exageraban su te- 
mor los denunciantes, con el intento de arrebatarle la 
gloria de las reducciones realizadas. Oyó Almonte á 
unos y otros, y pronto se convenció de que la conducta 
de los joloanos no era tan leal y noble como el gober- 
nador decía, descubriéndose su engaño por un chino 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORN'EO 20I 

cautivo del que hizo acuchillar á los trabajadores de la 
cantera, cuyo astuto, moro era el mismo que mediaba á 
título de amigo entre el sultán y el gobernador. Al- 
monte reprendió al capitán Ros su excesiva confianza, 
y para castigar á los joloanos les tomó 120 embarcacio- 
nes. Por ser indispensable su presencia en Zamboan- 
ga, aplazó para más adelante el completo escarmiento 
de los rebeldes. 

De regreso este valeroso caudillo de las Molucas, y 
aún no repuesto de las fatigas de su activa campaña al 
reino de Buhayen, de la que, según en su lugar diji- 
mos, entró victorioso en Zamboanga el 26 de Mayo 
de 1639, marchó á Joló el 4 de Junio siguiente, llegan- 
do el 7 á la una de la noche. En el acto pasó á bordo 
el gobernador de la isla D. Luis de Guzmán, que había 
sustituido al infeliz Ginés Ros (1). 

Enteróse Almonte del estado de las fuerzas enemigas, 
y pasó el resto de la noche dictando disposiciones para 
el mejor éxito de su campaña. A la madrugada del día 8 
desembarcó, resuelto á hacer cruda guerra á los mo- 
ros en castigo de su mala fe. Revisó sus tropas, que no 
pasaban de 600 hombres entre españoles é indígenas 
de Fihpinas y de Molucas, y dividiéndolas en dos co- 
lumnas, á las órdenes de los capitanes D. Agustín de 
Cepeda y D. Gaspar de Morales, les dio orden de cap- 
turar al sultán, el que, según verídicas noticias, se ha- 
llaba fortificado en la espesura de un bosque, tres le- 
guas al interior (2). Cada una de estas columnas fué re- 

(1) Relevado de su cargo, embarcó Ros en una galera valiosas mer- 
cancías para realizarlas en Manila, siendo asesinado al salir de la rada 
de Joló por los chinos que iban en el buque, codiciosos de apoderaise 
de su cargamento. 

(2) He aquí el texto de la orden que pasó el general Almonte á sus 



202 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

forzada con 300 auxiliares para los oficios mecánicos. 

También dispuso que el sargento mayor D. Pedro de 
la Mata y el capitán D. Diego Sarria marcharan con la 
escuadra en persecución de un hijo del sultán, el datto 
Paquian Bactial, que había ido en busca de auxilio á 
las islas inmediatas. Otras tres armadillas de ocho em- 
barcaciones salieron á cruzar, situándose en los puertos 
importantes de la isla para impedir la fuga de los mo- 
ros y la entrada de socorros. 

Marchaban sigilosamente las tropas destinadas á la 
captura del sultán, cuando hizo la casualidad de que, al 
llegar cerca de un barrio inmediato á la residencia del 
fugitivo magnate, se disparase el mosquete de un sol- 
dado. Esta detonación introdujo la alarma entre los 
moros: tocaron á rebato, reuniéronse cuantos en el ba- 
rrio estaban apercibidos á la pelea, y empeñaron con 
las tropas heroica lucha, dando tiempo á que su señor 
escapara en una barquilla á Tawi-Tawi con tal premu- 
ra, que dejó abandonada á su familia y riquezas. Mu- 
chos mahometanos pagaron con la vida tan señalado 
rasgo de amor á su rey. Una vez conocido este impor- 
tante triunfo, decayó visiblemente el esfuerzo de los jo- 
loanos. 

capitanes: — "Señores capitanes: Vuesas mercedes van con esta tropa: las 
cinco de la tarde son; en aquel cerro está el rey de Joló muy descuidado 
de este acontecimiento, y muy confiado en que en nuestro atrevimiento 
para acometerlo no hay brío; tengo cercada la mar para que no se huya 
ni le entren refuerzos; así, á las ocho de la noche, sin que esta disposi- 
ción la entienda moro alguno, han de estar vuesas mercedes con esta 
gente de armas, y han de pelear hasta que mueran todos; prendiendo ó 
matando al rey si pretendiere huir, y si lo consiguiese me avisarán con 
pronto despacho. P^stoy en la satisfacción de que estas facciones son 
lo menos que pueden emprender obligaciones de tales soldados y mis 
amigos.- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 2O3 

Habiendo surgido disentimientos entre los capitanes 
Cepeda y Morales, mandó Almonte quedaran á las ór- 
denes del sargento mayor D. Luis de Guzmán, y que 
juntos recorriesen y avasallasen toda la isla, entrando 
á sangre y fuego los pueblos que opusieran resistencia 
por medio de las armas, á cuyos cabecillas deberían 
cortarla cabeza y colgarlas de los árboles para ejempla- 
ridad de su castigo, perdonando en cambio á los pue- 
blos que se rindieran. 

Para apoyar los movimientos de la tropa, y en com- 
binación con ella, iban por la costa dos bergantines 
bien armados. 

Un mes invirtió Guzmán en esta comisión. Redujo 
muchos pueblos, castigó á otros y se mostró piadoso con 
los vencidos hasta el extremo de hacer construir gran- 
des camarines para que sirvieran de albergue á los que 
habían perdido su hogar por el incendio de sus pue- 
blos. El capitán D. Juan Heredia se hizo cargo de los 
vencidos, á los que trató con mucho cariño, suminis- 
trándoles arroz y cuanto necesitaban. 

Por mar fueron igualmente felices los expedicionarios. 

La escuadra de Mata halló á la que dirigía Paquian 
Bactial, y libróse entre ambas rudo combate. Los mo- 
ros, derrotados en toda la línea, huyen á ocultarse en 
los mangles. Perseguidos y alcanzados, muchos caen 
muertos y heridos. Mata se apoderó de la mayoría de 
sus piraguas, y puso en libertad á los cautivos que lle- 
vaban. 

Reforzada su escuadra con las embarcaciones proce- 
dentes de otros puertos del Archipiélago de Joló, en los 
cuales habían apresado 20 buques, se dirigió á la im- 
portante isla de Tawi-Tawi. Tras breve ataque la redu- 
jo por completo. 



204 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Cogió multitud de embarcaciones y armas, y libertó 
á 112 cautivos. También impuso severo castigo á los 
moradores de Babuan, Tandu-Bato, Matabuan y otras 
islas tributarias de Joló, sometiéndolas al dominio de 
España. Perdieron la vida en esta expedición sobre 500 
piratas. A su regreso á Joló fué Mata felicitado por el 
general Almonte. 

El 12 de Julio se dio por terminada la campaña con 
la total sumisión del Archipiélago joloano, conservan- 
do en rehenes á familias de los principales caciques de 
las islas sometidas. Sólo del sultán no se pudo tener 
noticia. 

Los guimbas, aguerridos salvajes residentes en los 
montes que circundan á Joló, enemigos constantes de 
los joloanos, lejos de reconocer la soberanía de Espa- 
ña, contestaron arrogantemente á los comisionados es- 
pañoles «que ya les harían conocer la diferencia que 
había entre ellos y los joloes. » 

Acababa Almonte de recibir despachos de Manila 
nombrándole general de la nao de Acapulco; y aunque 
sus capitanes le aconsejaban que marchara á hacerse 
cargo de tan importante empleo, no lo consintió hasta 
castigar la soberbia de los guimbas. Sólo pudieron con- 
seguir que no concurriera en persona á esa campaña, 
indicándole que se considerarían rebajados si tan esca- 
so aprecio hacía de ellos. 

Fué, pues, á batir á los guimbas una división á las 
órdenes del sargento mayor D. Luis de Guzmán, cuyo 
segundo era el valiente capitán Cepeda (16 de Julio 
de i63g). 

Al divisar á los españoles se presentaron en batalla 
los feroces monteses, cubiertos con una armadura de 
cuero de búfalo sumamente fuerte, arrojándose ciegos 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 205 

de ira contra sus enemigos. A pesar de su bravura son 
rechazados y dispersos, pero se rehacen de improviso y 
dan una brillante acometida. El valeroso Guzmán es 
mortalmente herido en el pecho de dos lanzadas. Sus 
tropas, lejos de desmayar, cobran con esto coraje, lu- 
chan con heroico valor y logran ponerlos en fuga, ha- 
ciéndoles dejar en el campo 200 cadáveres. 

El capitán Cepeda tomó el mando, é hizo transportar 
á Guzmán y 20 heridos más á Joló. Marchó después 
contra los guimbas con tanta actividad y energía que 
consiguió destruirlos, dando muerte á más de 400 y 
causándoles 3oo heridos. Además de Guzmán, murieron 
siete españoles y 20 indios. Los heridos pasaron de 40. 

Almonte concedió libertad á los prisioneros, retenien- 
do en rehenes 30 de los más caracterizados. Dejó al 
capitán Morales de gobernador de Joló con fuerzas su- 
ficientes, y por capellanes á los padres jesuítas Alejan- 
dro López y Francisco Martínez, y marchó á Zam- 
boanga, en cuya villa efectuó su solemne entrada el 3i 
de Julio. Despidióse de las tropas que había guiado tan- 
tas veces á la victoria, y de sus gobernados, que en él 
admiraban las excepcionales dotes de su carácter, su 
gran rectitud, su moralidad y prudencia, y partió para 
Manila el 5 de Agosto de lóSg, llevando como trofeos 
de sus campañas cautivos, armas, banderas y riquísi- 
mos despojos, de todo lo cual hizo entrega al goberna- 
dor general de las islas. 

La despedida de los zamboangueños á su preclaro 
gobernador y el recibimiento hecho en Manila al héroe 
invicto de Mindanao, Joló y Molucas, honrado con el 
más pingüe destino de las islas, fué digna de tan es- 
forzado caudillo. 

El ilustre general D. Pedro de Almonte Verástegui 



2o6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dejó escrita en letras de oro las páginas más brillantes 
de la Historia de Mindanao y Joló, teatro principal de 
sus legendarias hazañas. En él tienen noble ejemplo que 
imitar cuantos en aquellos apartados y hermosos confi- 
nes de la madre patria vistan el honroso uniforme del 
ejército. La historia, haciéndole la debida justicia, ha 
esculpido ya su nombre en el eterno libro de la fama. 

Con el regreso del ilustre general Almonte á Manila, 
los asuntos de Joló empeoraron considerablemente, de- 
bido á las torpes liviandades del gobernador Morales y 
á la falta de prudencia de sus subordinados. 

Habiéndose rendido los naturales de Tandú, preten- 
dió Morales que el cacique Salibanza le entregara en re- 
henes una hija suya, de doce años de edad, dotada de ex- 
traordinaria belleza. Sospechó la madre de ésta que no 
eran puros los propósitos del gobernador, y Salibanza 
se brindó á quedar en rehenes en lugar de su hija. 

Convino en ello el gobernador para disimular. Des- 
pués propuso á Salibanza fuese á Manila á dar cuenta de 
la sumisión realizada. Tan luego partió el buque, hizo 
que los soldados pampangos le llevasen la muchacha al 
fuerte, produciendo este hecho general escándalo. 

Enteróse en Zamboanga su afligido padre; pero no le 
fué posible la huida por la vigilancia que ejercían sobre 
él, realizándola al cabo desde Otón. Una vez en Joló, 
concitó contra los españoles á todos sus amigos, convi- 
niendo en tomar el fuerte por sorpresa y asesinar á la 
guarnición. 

No faltó quien noticiase al gobernador la vuelta de 
Salibanza y la conjuración tramada: entonces adoptó 
algunas precauciones é hizo prender á los más compro- 
metidos. 

Viéndose descubiertos, retrajéronse los moros de fre- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 20g 

cuentar el trato de las tropas, aunque sin retirarse por 
completo. Un día aparecieron en la orilla opuesta del 
río 8o joloanos. El gobernador los invitó á pasar al fuer- 
te, y se negaron. Mandó ocho soldados para obligarles á 
obedecer, y solamente lo hicieron ocho. Montó en cólera 
el gobernador, que era más valiente que comedido en sus 
actos; atravesó el río, dando orden á la fuerza de dis- 
parar caso de que opusiesen resistencia, y desarmó á 
algunos; otros se retiraron al monte, y el porfiado Mo- 
rales los sigue; pero rendido y sin darles alcance, vol- 
vió á las orillas del río hecho un loco. Cierto soldado le 
advierte que un joloano de los 40 que allí estaban se 
había negado á entregar su cris, ocultándolo; el gober- 
nador la emprende á palos con él, y sacando su cris el 
moro, dijo: — ¿Qué es esto, joloanos; cómo permitís que 
los castilas nos apaleen? Al oirle, se echan sobre sus 
armas, amontonadas en el suelo, y cierran frenéticos 
contra los españoles, hiriendo al gobernador: mientras 
varios soldados lo trasladan al fuerte en una barca, los 
demás procuran defenderse y ofender á los agresores. Un 
sargento murió ahogado, y los soldados pudieron ganar 
la orilla opuesta del río merced al auxilio de la guarni- 
ción, que por medio de los cañones logró ahuyentar á 
los furiosos joloanos, pereciendo siete. 

Este suceso puso en conmoción á toda la isla. 

El gobernador de Zamboanga dispuso que se hicie- 
ra cargo del gobierno de Joló el sargento mayor Don 
Juan Ruiz Maroto. Procuró contentar á los joloanos; 
pero no alcanzó lo que deseaba, porque las pasiones es- 
taban muy exacerbadas. 

Para reducirlos á la obediencia, fué con suficiente ar- 
mada el general de las fuerzas marítimas del Sur, Don 
Pedro de la Mata Vergara, quien recorrió las costas del 

14 



2IO HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Archipiélago ele Joló, haciendo hasta 3.ooo cautivos y 
quemando multitud de pueblos. 

Tuvo Mata que retirarse á Mindanao por atenciones 
del servicio, y dejó el mando de la escuadra á su segun- 
do Gaspar de Morales. Este valeroso, aunque impru- 
dente jefe, desembarcó en Paran: halló el pueblo desier- 
to, y quiso perseguir á los fugitivos. Midiendo por su 
extraordinario vigor la resistencia de sus soldados, los 
obligó á marchas forjadas y á caminar tanto, bajo un sol 
abrasador, que iban quedándose atrás rendidos. Cuando 
dio vista á los moros, tan sólo le seguían ocho espa- 
ñoles. 

Al ver cuan pocos eran, acometen los mahometanos, 
y aunque el valor de Morales y sus compañeros fué he- 
roico, perecieron todos á manos de aquéllos. Su victoria 
les animó á cargar sobre la cansada tropa, y en la des- 
igual lucha mataron á 39 españoles. Si Morales hubiese 
sido prudente, bien pudo, teniendo bajo su mando i5o 
arcabuceros españoles y 450 indios de todas armas, ha- 
ber sujetado por completo sus islas. 

El nuevo gobernador de Joló, D. Agustín de Cepeda, 
sintió mucho esta desgracia por el efecto moral que ne- 
cesariamente tenía que producir entre los malayo-ma- 
hometanos. Formó decidido propósito de vengar la de- 
rrota sufrida, y para lograrlo mejor restableció la disci- 
plina, haciendo que las tropas practicaran ejercicios dia- 
rios, habituándolas asi con las fatigas del campamento. 

Un día escogió 3o españoles y algunos indios y fué 
á caer sobre el pueblo de Paran, acometiendo con tal 
ímpetu á sus moradores, que pocos lograron escapar 
con vida, no obstante hallarse apercibidos á la defensa, 
reconquistando el buen nombre perdido en la campaña 
anterior de Morales. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 211 

Prendió al paulima (gobernador) moro y otros prin- 
cipales, é incendió el pueblo. 

Marchó en seguida con más gente á batir á los habi- 
tantes de las islas de Pangutaran y de Tapul, mante- 
niendo constante guerra contra los joloanos. 

Así y todo, no dejaban de salir algunas expediciones 
piráticas. 

Una de ellas cayó sobre Calamianes, logrando apre- 
hender al recoleto Fr. Martín de la Ascensión y á algu- 
nos indios. 

El religioso, víctima de malos tratos, murió en su 
cautiverio de Tuptup al cabo de un mes. 



CAPITULO IX. 

Astucia del sultán de Mindanao para coger un bergantín guarda-costas 
de la Sabanilla. — Arriba otro mercante á sus costas. — Va el P. Gu- 
tiérrez á negociar con Corralat. — Lo retiene preso. — Ascendiente del 
jesuita. — El sultán le autoriza á celebrar paces. — Pesar que esto cau- 
sa al rey de Buhayen. — Traición de un artillero flamenco. — Alevosía 
de Moncay con el capitán Lucero. — Muerto éste ataca el fuerte. — 
"Valerosa defensa del ayudante Zavala. — Defección de Manaquior. — 
Sus secuaces pagan con la vida su traición. — El oidor La Rosa envía 
á Marmolejo en socorro de Zavala. — Reta aquél á Corralat á un com- 
bate personal. — Furor del sultán. — Concierta con Manaquior el ven- 
garse. — Cercan el buque de Marmolejo en el río de Simuay con mul- 
titud de embarcaciones. — Extraordinario valor de Marmolejo. — Des- 
montada su artillería toman su buque. — El sultán le perdona la vida 
por su heroísmo. — El general Mata conviene con Corralat la devolu- 
ción de los prisioneros y el abandono de Buhayen. — Disgusto de Cor- 
cuera al saberlo. — Manda decapitar á Marmolejo. — Ordena el aban- 
dono de la Sabanilla y que se haga guerra al sultán. — Morales ataca 
los fuertes de Corralat. — Este se interna en los bosques. — Intenta 
después tomar el pueblo de Lútaosde Zamboanga. — Es rechazado con 
pérdida de gente. — Conciértase rebelen los basilanos. — El valor de! 
ayudante Ulloa salva aquel fuerte. — Opinión de los historiadores re- 
gulares respecto á las campañas de Corcuera. — Estado próspero en que 
éste deja el Tesoro al cesar en su gobierno. — Mal pago que obtiene. — 
Un pirata camucón persigue al Arzobispo. — Se halla el ámbar en Joló 

Los asuntos de Mindanao no presentaban más prós- 
pero aspecto que en Joló. 

El astuto sultán Cachil Corralat, molestado por la 
vigilancia que con las naves piratas ejercía desde la Sa- 
banilla un bergantín guarda-costas, ideó tenderle una 
emboscada. Hizo aproximar á la fuerza una piragua, y 
el capitán del bergantín, contraviniendo las órdenes del 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 213 

gobernador de la Sabanilla, D. Agustín de Cepeda, sa- 
lió en su persecución con 24 mosqueteros: á poco descu- 
bre tres caracoas piratas, y empeñado en cogerlas, se 
apartó de la plaza más de lo conveniente . Entonces lo 
atacaron siete joangas que estaban ocultas en una ense- 
nada. Conocido el engaño, la tripulación del bergantín 
se defendió bien, matando á 80 moros; pero fué rendida. 

Después, otro bergantín arribó por un temporal á las 
costas del territorio de Corralat, y éste se apoderó de él 
con pertrechos y gente. 

Para negociar la libertad de los cautivos y otros asun- 
tos de interés, fué el P. Pedro Gutiérrez á la residencia 
de Corralat. El astuto moro retuvo al padre jesuíta en 
su corte, ya con unos, ya con otros pretextos, á fin de 
tener esa garantía contra los españoles. 

Adquirió el padre grande ascendiente y amistad con 
el sultán, y un día, como revelándole un gran secreto, 
le comunicó en confianza que pronto iría contra él una 
poderosa armada. 

Agradeció Corralat la noticia; quiso evitar las contin- 
gencias de una nueva campaña, y confirió sus poderes 
al P. Gutiérrez para ajustar paces con los españoles, 
concediéndole su bandera para que ni en paz ni en gue- 
rra fuese molestado por sus subditos. 

Mucho sintió el rey de Buhayen este pacto, deseoso 
como estaba de perjudicar á los españoles en venganza 
de su pasada derrota. 

La guarnición española de este territorio acababa de 
sufrir un sensible contratiempo. Ganó Moncay á un ar- 
tillero flamenco, y, merced á su traición, se apoderó de 
20 españoles y de un bergantín que conducía víveres á 
la fortaleza. 

Alentado por su triunfo artero, propuso al jefe de la 



214 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

fuerza una entrevista fuera de aquel recinto, con pre- 
texto de pactar paces. El capitán Lucero, un oficial y 
el religioso Fr. Pedro Andrés de Zamora, con algunos 
soldados, acuden confiadamente á la cita. Cuando más 
desprevenidos estaban, aparecen infinidad de moros 
acuchillando alevosamente á los españoles. El oficial 
murió en el acto. El capitán Lucero, herido de grave- 
dad, fué transportado al fuerte por un sirviente suyo, 
pero vivió muy pocas horas. Igual suerte cupo al re- 
ligioso, pues sólo sobrevivió tres días. Los moros ata- 
caron la fortaleza; pero el ayudante Francisco Zavala, 
que asumió el mando, la defiende con bizarría y logra 
rechazarlos (O. 

Lo que estorbó el valor de la guarnición, intentan 
conseguir por medio del engaño. Manaquior, hasta en- 
tonces fiel aliado de los españoles, pidió al sultán de 
Mindanao le concediese en matrimonio una de sus her- 
manas, ofreciendo por dote hacerle dueño de la fortale- 
za española. Aceptada la proposición por Corralat, pe- 
netró en el fuerte en son de aliado el moro Campón con 
100 manobos aguerridos. Era su intento asesinar á los 
centinelas y apoderarse del fuerte. El éxito no corres- 
pondió á sus esperanzas, porque, avisado oportunamen- 
te Zavala, mandó cerrar las puertas tan luego estuvie- 
ron dentro la mayor parte de ellos: hizo en el acto dis- 
parar contra los de fuera, matando á 70, y los restantes 
pagaron con la vida la traición que proyectaban, salván- 
dose únicamente Campón, que se rindió á tiempo. 

La ira del mudable Manaquior por semejante fraca- 
so no tuvo límites. 

(1) Según los historiadores jesuítas, debióse á la defensa de San 
Francisco Javier el que no fuese tomado el fuerte, asegurando que el 
santo apartaba las balas enemigas para que no causaran daño alguno. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 215 

El oidor D. Diego de la Rosa, comisionado por el 
general Corcuera para inspeccionar las fuerzas del Sur, 
al saber en Zamboanga las novedades de Buhayen, dis- 
puso que el ayudante Matías de Marmolejo marchara á 
reforzar la guarnición con 50 españoles, un champán y 
dos lanchones. Navegaban estos buques por el río de 
Simuay, seis millas al Norte de Mindanao, residencia de 
Corralat; y como los lanchones retardaban la marcha por 
su pesadez, resolvió, contraviniendo las órdenes que le 
dieron, dejarlos en el puerto de la Sabanilla, é hizo 
trasbordar toda la gente al champán. Desde allí, con 
más arrogancia que prudencia, envió un cartel de desa- 
fío al sultán de Mindanao, provocándolo á un combate 
personal. Esperó tres días; pero como no obtuvo res- 
puesta, continuó río arriba camino de Buhayen. 

Irritado Corralat por el desafío de Marmolejo, y Ma- 
naquior por el fracaso de los suyos en la fortaleza de 
Zavala, se confabularon para vengarse. 

Reunieron hasta 200 piraguas y 7 joangas, y se situa- 
ron en sitio conveniente del río de Simuay. Una sema- 
na después aparece el champán luchando contra la co- 
rriente. Las joangas lo rodean y lo acribillan á balazos. 
Marmolejo, con heroico valor, rechaza el ataque brava- 
mente, causando la muerte á un hijo de Manaquior. 
Esto desconcierta á los moros, pero se reponen en breve: 
cercan por todas partes al champán y lo atacan con fu- 
ror, sin lograr por eso vencerlo, á causa de los certe- 
ros disparos de sus cañones. En esta tremenda lucha 
transcurrió el día. La cubierta del champán presentaba 
hórrido aspecto con los cadáveres de sus valientes tripu- 
lantes; pero aún seguía defendiéndose, hasta que á mi- 
tad de la noche, desmontada su artillería por una bala de 
á 10, y escaso de gente el buque, lo entran al abordaje. 



2l6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Salváronse únicamente Marmolejo y seis más, cuyas vi- 
das hizo respetar Corralat, admirado de tanto valor. A 
tal punto llegó su aprecio del heroísmo de Marmolejo, 
que quiso enviarlo á España para sustraerlo á las iras 
del general Corcuera. En el asalto del champán mató 
Manaquior por su propia mano al padre jesuíta Barto- 
lomé Sánchez (i."' de Junio de 1642), á pesar de que Co- 
rralat le gritaba que no lo hiciese. 

Las consecuencias de esta derrota fueron terribles. 

El general D. Pedro de la Mata supo en la Sabani- 
lla, á donde había llegado con su escuadra, tan triste 
suceso, y creyendo evitar mayores males á los otros 
destacamentos, propuso paces á Corralat. Como conse- 
cuencia de un convenio celebrado entre ambos, el sul- 
tán entregó á Marmolejo y demás prisioneros españoles, 
con sus sirvientes, retirándose la guarnición de Buha- 
yen á la Sabanilla. 

Cuando el general Corcuera recibió el parte de lo 
ocurrido en Mindanao, su furor fué indecible. Atribu- 
yendo todos los males que se siguieron á la indiscreción 
de Marmolejo, lo mandó decapitar en Zamboanga, cu- 
ya terrible sentencia se cumplió en la plaza pública de 
dicha villa, con profundo asombro de los moros que 
habían sido testigos de su valor. 

También ordenó Corcuera al almirante Gaspar de 
Morales que demoliese el fuerte de la Sabanilla, y mar- 
chara con toda su gente á hacer la guerra á Corralat. 

Este había aprovechado las treguas anteriormente 
concedidas por Mata en reanudar sus antiguas luchas 
con Moncay, á quien tenía puesto en grave aprieto. 

Morales, en obediencia á las órdenes recibidas, des- 
truyó el fuerte de la Sabanilla. Tuvo á poco la suerte de 
coger dos cañones, municiones y ropas que enviaban á 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 217 

Corralat de las Molucas. Después, penetrando por el 
río de Buhayen, tomó varios fuertes defendidos por tro- 
pas del sultán, y hasta cercó á éste en su propia capi- 
tal; pero aunque la tenía muy bien fortificada, escar- 
mentado con la hazaña del cerro de Ilihan, se internó 
por montes y pantanos. 

Algún tiempo después, para vengar este agravio, fué 
Corralat con 15 embarcaciones á deshacer el pueblo de 
látaos, establecido al amparo de Zamboanga. Apercibi- 
dos á tiempo, se retiraron aquéllos. El gobernador, Don 
Pedro Palomino, no mostró la necesaria diligencia en 
acudir contra Corralat, y dio lugar á que escapase. Re- 
cibió segundo aviso de que, por estar en seco con la baja 
marea, era fácil coger los buques piratas: entonces man- 
dó contra ellos al sargento mayor D. Juan Agustín Cé- 
sar. Los moros habían arrastrado ya los buques hasta 
encontrar suficiente fondo; pero metióse en el estero, y 
seguido de sus españoles, llegándoles el lodo al pecho, 
mataron muchos moros, hasta que ya no pudieron se- 
guirlos, quedando el brazo de mar bañado en sangre. 

El sagaz Corralat, incansable en sus maquinaciones, 
divulgó luego por todas partes que en breve destruiría 
á los españoles con el auxilio de los holandeses, y que, 
una vez vencidos, se las vería con los que resistieran 
secundarle. 

Los basilanos se confederaron con Corralat ofrecién- 
doles el río de Simuay para poblar, con la ventaja de 
cederles su tributo. Convinieron en ello los caciques, 
comprometiéndose á entregarle el fuerte, á la sazón de- 
fendido sólo por cinco peninsulares y ocho pampangos, 
bajo el mando del ayudante Ulloa. Corralat envió á su 
general Ugbo con una armadilla que debía auxiliar á los 
basilanos. Descubrióse el complot: acude la armadilla 



2l8 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

mora á tomar por fuerza lo que ya no podían conse- 
guir por traición, y cercan la fortaleza; pero el ayu- 
dante Ulloa, desplegando heroico valor, contuvo á los 
mindanaos hasta recibir socorros de Zamboanga, vién- 
dose precisados los emisarios de Corralat á volverse á 
su país corridos y maltratados. 

Los historiadores regulares de Filipinas achacan á 
los jesuítas el poco resultado que en definitiva se obtu- 
vo de las brillantes victorias del general Corcuera en 
Mindanao (i) y le combaten rudamente; mas es lo cierto 
que, á pesar de los cuantiosos gastos que exigieron sus 
expediciones al sur del Archipiélago, el armamento de 
las tropas y las obras de reparación en los fuertes de 
Manila y Cavite, que tuvo necesidad de practicar, ante 
el anuncio de una invasión holandesa, dejó desempeña- 
do el Tesoro en medio millón de pesos, bien ajeno, á 
la verdad, de que su sucesor, secundando la venganza 
de los frailes, encarnizados enemigos del ilustre gene- 
ral, contra el que se ensañaron cruelmente en el juicio 

(l) "Los jesuítas eran muy amigos de apropiarse la gloria de todo; 
no tenían la mejor fama en orden á comercio, y eran muy déspotas cuan- 
do tenían á su disposición un gobernador, como lo estaba el Sr. Corcuera. 

«Ellos achacan en su historia el no haber tenido efecto la pacificación 
de Joló y Mindanao á los capitanes, que querían tener el honor de ha- 
ber reducido los pueblos; ó al comercio que querían tener con los in- 
dios; á los vicios carnales de algunos militares, y finalmente, á que des- 
amparaban los presidios por falta de víveres, debiendo buscarlos entre 
los enemigos. No dudo que habría todos estos excesos, que serán siempre 
el motivo porque no se reduciián estas islas al dominio español; pero 
no me atrevo á decidir lo que frustró en esta ocasión las esperanzas que 
se habían concebido de sujetar de una vez estos moros, que nos hacían 
tanto daño, porque no debemos juzgar por lo que nos dicen los jesuítas 
que escribieron esta historia, por ser ellos los interesados. „ 

(P. Martínez de Zúñiga: Historia de Filipinas, cap. XVII, pág. 278.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 2I9 

de su residencia, le tuviese cinco años en una estrecha 
prisión (2), al cabo de los cuales, haciendo justicia, aun- 
que tardía, á sus relevantes servicios, le absolvió el Con- 
sejo de Indias, premiando el Rey sus méritos con el go- 
bierno de las islas Canarias. 

En 1641, practicando la visita diocesana el Arzobis- 
po de Manila, Sr. Guerrero, fué acometido junto al pue- 
blo de Naryan, en Mindoro, por un pirata camucón, 
que le tomó la embarcación con su pontifical y equipa- 
jes, salvándose difícilmente el prelado por la huida. El 
terror que le produjo este percance influyó mucho en su 
salud, quebrantada por los disgustos sufridos durante 
su gobierno, falleciendo el 2 de Julio. 

En el mismo año se halló el ámbar en las costas de 
Joló. Los jesuítas fueron los primeros en explotar este 
rico producto, por desconocer los indígenas su valor. 

(2) "Arrestáronle en la fuerza de Santiago con una compañía de 
guardia, apartándole de la comunicación de amigos y confidentes, hasta 
la asistencia de sus criados; reducido á un aposento oscuro y estrecho, 
que con honores de tal era un verdadero calabozo: de aquí no se le 
permitía salir, ni comunicar con otro que su confesor, hallóse el infeliz 
caballero sin dinero, sin confidentes, sin testigos, sin letrado; acudió 
como indefenso, por interpuesta apelación, al Real Consejo de Indias, 
de donde esperaba justicia más suave: en este triste desconsuelo, aban- 
donado de sus confidentes (los jesuítas), y perseguido de muchos que 
le debían singulares favores, desengañado de la inconstancia de las cosas 
del mundo, á costa de su experiencia, se puso en manos de Dios,„ etc. 

(Fr. Juan de la Concepción, recoleto, en su Historia, tomo VI, capí- 
tulo VI, pág. 193.) 



CAPITULO X. 



Gobierno de D. Diego Fajardo. — Paces con el sultán de Mindanao. — 
El P. López ajusta las condiciones de un tratado ventajoso. — Fírma- 
se en Siniuay. — El datto Salicala y los holandeses atacan los fuertes 
españoles de Joló. — Los rechaza valerosamente su guarnición. — Cae 
de la muralla fortuitamente el gobernador de Joló y muere, — Fajar- 
do, por temor á la guerra de los holandeses, ordena abandonar á Jo- 
ló, previa celebración de un tratado. — Se convierte al cristianismo un 
general de Corralat. — Despachan los holandeses tres escuadras contra 
Filipinas. — Aparecen en Joló, van á Zamboanga, y por último, ata- 
can la Caldera. — El capitán Monforte los hace reembarcarse con pér- 
dida de 100 hombres. 



El temor de que los holandeses atacaran á Manila y 
la escasez de tropas, hizo que el nuevo gobernador de 
Filipinas, D. Diego Fajardo, no creyera posible el en- 
vío de socorros á Mindanao y Joló, por lo cual dio or- 
den al gobernador de Zamboanga, D. Francisco de 
Atienza, de ajustar paces con los moros. Comisionado 
al efecto el padre jesuita Alejandro López, pasó á la 
corte de Corralat, y convenidas las condiciones, fué el 
gobernador de Zamboanga á verse con Corralat y se 
firmó el correspondiente tratado en el pueblo de Simuay 
el 24 de Junio de 1645. Por este convenio el sultán de 
Mindanao cedía una parte de su territorio, extendién- 
dose las posesiones españolas por el O., hasta Sibu- 
guey; por el E., hasta el río de Tho en la ensenada de 
Tagalooc, y por el N., hasta la laguna de Malanao, in- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 2 21 

cluso los ríos de Didagun, Taraca y Bancayan, que en 
ella desaguan. 

Accedía Corralat á que en su corte se levantaran 
templos para atender á las necesidades espirituales de 
los cristianos allí existentes. 

En iguales condiciones se admitió la sumisión y 
amistad del cuñado de Corralat, Manaquior. 

Este tratado se celebró ante el sultán Corralat, ha- 
llándose presentes Batiamuda y Goadin, sus hijos; Ma- 
naquior, datto de los tagolanos; Balamana, sobrino 
del sultán; Ugbo, general de la marina; Tobinga, Du- 
moloon, Mampanguitomoan y Matag Patiocan, prin- 
cipales de dicho sultanato; y por parte de España, 
Francisco de Atienza, gobernador de Zamboanga; Ale- 
jandro López, rector del Colegio de la Compañía de 
Jesús, y el capitán Duran de Monforte. 

Tres días después de firmadas estas paces, la guar- 
nición de Joló, al mando del sargento mayor D. Este- 
ban de ügalde, rechazaba valerosamente al príncipe 
Salicala, heredero del sultanato, que con ayuda de los 
holandeses, á los cuales había ido á buscar á Batavia, 
llevándoles un rico presente de perlas y ámbar, intentó 
apoderarse de nuestros fuertes. 

Tres días duró el combate, sin resultado para los 
agresores. 

Lo más notable del caso es que al observar los jo- 
loanos que los holandeses llevaban la peor parte y que 
su almirante fué muerto de una bala, quisieron apresar 
sus buques y quitarles cuantos pertrechos y armas con- 
ducían para reintegrarse de sus regalos; pero los ho- 
landeses lo evitaron levando anclas (i). 

(l) "Por horas aguardaban los moros que la fuerza se viniese abajo. 



222 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

A poco llegó á Joló el capitán Duran de Monforte 
con ocho embarcaciones. 

El valeroso gobernador de esta plaza, visitando las 
defensas del fuerte, cayó de la muralla, de cuyas resul- 
tas murió á los tres días. 

La inicua alianza de joloanos y holandeses, y la con- 
veniencia de reconcentrar en Manila el mayor contin- 
gente de tropas con que atender á la guerra con los 
últimos, cuyas escuadras recorrían las costas de llocos 
y Pangasinán, determinaron el que la junta de guerra, 
convocada por Fajardo, decidiera por unanimidad de 
votos el abandono de Joló, previa demolición de los 
fuertes. Esta orden fué comunicada al gobernador de 
Zamboanga, encargándole que ajustara un tratado con 
dicho sultán, vendiéndole como fineza lo que era nece- 
sidad, á fin de obtener el mejor partido posible de tan 
lamentable acuerdo. 

A la sazón recorría los mares de Visayas una nume- 
rosa armadilla mandada por Salicala. Sin embargo, el 
P. Alejandro López, á quien el gobernador de Zam- 
boanga confió aquella delicada comisión, decidió enten- 
derse con el sultán viejo, residente en Tawi-Tawi. 

Para el mejor éxito de su embajada suplicó al sultán 
de Mindanao mediara en el asunto. 

Corralat dispuso que su sobrino Cachil Patiocan y 
el orancaya Datan escoltasen hasta Joló al P. López, 
y les dio, además, una carta para el sultán de esta is- 
la, recomendándole atendiese y obedeciera al padre. 

como habían ofrecido los flamencos. Y viendo que era ya el tercero 
día y que se mantenía en pie, empezaron á remolinear y á desconfiar de 
la empresa, y porque las perlas y ámbar no saliesen tan de balde, trata- 
ron de apoderarse de la artillería. „ 

(P. Francisco Combes: Mstoria de Mindanao, lib. VII, pág. 384.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 223 

Ambos magnates sirvieron de mucho al embajador pa- 
ra el feliz término de su cometido. Cuando el P. López 
tuvo arreglado el asunto, fué á Joló el gobernador de 
Zamboanga y celebró un tratado con Rutxia Bongso, 
sultán de Joló, cuyas cláusulas fueron las siguientes: 
se designaba como su heredero al príncipe Bactial, po- 
niéndolo bajo la protección del gobierno español; se 
reconocía pertenecer al sultán las islas desde Tawi- 
Tawi hasta Tuptup y Bagahac, y al Rey de España las 
de Balanguitan, Tapul, Siasi y Pangutaran, debiendo 
el sultán, en señal de vasallaje, y por dejarle la isla de 
Bagahac en que había nacido, pagar anualmente tres 
joangas llenas de arroz, puesto en Zamboanga; se per- 
mitía á los jesuítas catequizar á los infieles que volun- 
tariamente quisieran oír sus exhortaciones; se estipu- 
laba la mutua devolución de todos los cautivos hechos 
desde la llegada de los holandeses, pudiendo rescatarse 
los antiguos mediante el pago de 40 pesos los muy bue- 
nos, 3o los no tanto, 20 los muchachos y 10 los niños; 
«e convino la retirada de las fuerzas españolas y en 
demoler los fuertes que guarnecían. Ofreció el sultán 
solemnemente procurar, en el término de seis meses, la 
sumisión de los dattos Salicala y Paquian Cachile, y 
que haría salir todos los años una escuadrilla en perse- 
cución de los camucones y los demás piratas que hos- 
tilizaban á las islas Visayas y Calamianes. 

Este tratado, escrito en idioma castellano y árabe, 
fué firmado por ambas partes en el puerto de Lipir el 
14 de Abril de 1646, autorizándolo el sultán Rutxia 
Bongso; Mama, su sobrino, orancaya; Suil, Sambale, 
Palalua, Boandin, Amatic, Tongopon, Cablitun y otros 
muchos dattos, por parte de los joloanos; el gobernador 
de Zamboanga, Francisco de Atienza; el P. Alejandro 



224 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

López; y como testigos el P. Luis Espinelli, de la 
Compañía de Jesús; los capitanes Alonso Cortés y Luis 
de Rojas; el alférez Francisco de Baraona y Castilla; 
el sargento mayor Alonso Imbong; capitanes Pedro Li- 
rán, Pedro Tamio, José Libot, y los embajadores del 
sultán de Mindanao, Cachil Patiocan y el orancaya Da- 
tan. La firma del sultán estaba en caracteres arábigos. 

En su virtud fueron demolidos los fuertes de Joló, 
retirándose las tropas á Zamboanga. 

El P. López marchó á Manila, mereciendo que el 
gobernador general aprobara sus actos. A su regreso le 
dio un rico presente para el sultán de Mindanao. 

El general malayo-mindanao Ugbo, gran datto y 
amigo de Corralat, se convirtió al cristianismo, cuyo 
suceso se celebró con gran pompa. Fué su padrino el 
gobernador de Zamboanga, Atienza; asi es que se le 
puso D. Francisco, y se le nombró general de los lá- 
taos. 

Los holandeses, mientras tanto, ansiosos de tomar 
venganza de su anterior derrota en Joló, organizaron 
en Jacatra una poderosa escuadra, compuesta de i5 bu- 
ques de gran porte, destinando siete á las aguas de aque- 
lla sultanía y los restantes á las costas de Luzón. Era 
su principal intento aliarse con los joloanos para arre- 
batar á España el imperio de las Filipinas. 

El i6 de dicho mes se presentaron los holandeses en 
la rada de Joló con cuatro grandes navios y tres em- 
barcaciones menores. 

Frustrado su designio por las paces ajustadas y por 
la ausencia de los españoles, levaron anclas con rumbo 
á Zamboanga, apresando al paso dos champanes que 
regresaban de Ternate. 

No pareciéndoles empresa fácil el tomar á dicha pía- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 225 

2a, se dirigieron al puerto de la Caldera. El capitán 
Duran de Monforte acudió allá por tierra con 5o espa- 
ñoles y 100 indios pampangos para impedir el desem- 
barco. 

Al llegar á la punta de Baliguasan comenzaron á 
disparar los buques holandeses, á cuyo abrigo fueron 
á tierra algunas lanchas. Los españoles las reciben á 
pecho descubierto y las hacen retroceder á los barcos en 
busca de refuerzos; vuelven con más gente, y tienen de 
nuevo que retirarse. Aún intentan por tercera vez el 
desembarco, y son rechazados. Entonces se reembar- 
caron á toda prisa, con pérdida de lOO hombres, ale- 
jándose de aquellas playas, testigos de su derrota. En- 
tre las escasas bajas que ocasionaron á los españoles, 
hubo que lamentar la muerte del esforzado capitán Don 
Luis de Rojas, quien, con valeroso ardimiento, peleó al 
frente de sus soldados hasta el postrer instante. 



15 



CAPITULO XI. 



Luchas entre Corralat y Moncay. — Intervienen tropas españolas en favor 
de aquél. — Armadilla de joloanos y borneos. — Es perseguida y derro- 
tada. — Paces con el príncipe de Joló. — Feliz expedición contra los mo- 
ros de Borneo. — Escaramuzas de los españoles de Caraga por tierras 
de Corralat. — Nuevas paces con éste. — Ci^eación de un astillero en 
Visayas. — Rebeliones que ocasiona. — Asesinatos que cometen los in- 
surrectos. — Son vencidos. — Valor del alférez Tenorio. 



En las sultanías de Mindanao y Joló privaban, como 
siempre, los temperamentos de fuerza. Moncay puso 
guerra á Corralat; éste, viéndose en apuro, solicitó el 
auxilio de los españoles. Fué el capitán Monforte en su 
favor; los buhayenes no se atrevieron á esperarlo, y 
quedó libre Corralat de su enemigo, agradeciendo él y 
la sultana el auxilio recibido, según expresivas demos- 
traciones de ambos al valiente jefe de la expedición. 

Por esta época los asuntos de España ofrecían buen 
sesgo en Mindanao, y los jesuítas procuraban extender 
su influjo entre los moros (i). 

No obstante las paces ajustadas con el sultán de Joló, 
Salicala recorría con su armadilla las costas de Visayas, 
cautivando gente é infiriendo á aquellos naturales ma- 

(l) Noticia de los progresos de la cristiandad en el reino de Minda- 
nao. — Carta del P. Pedro Gutiérrez, de la Compañía de Jesús, al R. Pa- 
dre Luis de Bonifás, provincial de Nueva España, (Manuscrito existente 
en la biblioteca de la universidad de Méjico, firmado por el autor, á 3 
de Agosto de 1646.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 227 

les sin cuento, é igualmente Paquian Cachile, régulo 
de los guimbanosy señor de Tuptup (Borneo). (1648.) 
El gobernador de Zamboanga, Atienza, mandó en 
persecución de dichos piratas cinco joangas bien arti- 
lladas y dos pancos, llevando á su bordo 40 españoles 
y doble número de indios, á las órdenes del capitán 
Monforte. 

En la capitana embarcó el P. Combes, quedándose 
después en Leyte. Alcanzadas las nueve embarcaciones 
de Cachile entre las islas de Burlas y Masbate, fueron 
atacadas con denuedo, tomando al abordaje la capitana 
de aquel jefe moro, el cual, batiéndose cuerpo á cuerpo, 
fué muerto de una estocada por el ayudante D. Juan 
de Isástegui. 

Logróse el rescate de 18 cautivos y un rico pillaje 
que en la embarcación había. Los demás lograron es- 
capar trabajosamente. Salicala se hallaba en el puerto 
de Luca, en Leyte. Al saber este desastre volvió á Joló 
sin atreverse á tocar en ninguna isla. El jefe español 
que con tanto acierto desempeñó este importante servi- 
cio fué ascendido al empleo superior. 

En sus últimos años de mando tuvo el valerosísimo 
Atienza grandes disentimientos con los jesuítas, y re- 
nunció el gobierno de Zamboanga que tan dignamente 
desempeñara, sustituyéndole el general D. Rafael 
Omen de Acevedo. 

El viejo sultán de Joló, afectado por la derrota de 
Cachile, trató de que Salicala concertara paces con 
los españoles. Valióse del P. López, y se ajustó con el 
r^oltoso príncipe un convenio igual al celebrado con 
su padre. Murió Salicala á poco; volvió á gobernar 
Rutxia Bongso, ó mejor dicho, su mujer, y los joloanos 
se pronunciaron en favor del joven príncipe Paquian 



228 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Bactial; pero la sultana se puso al frente de las tropas, 
y á poco más hay una sangrienta colisión en Joló. Acu- 
dió, después, al gobernador de Zamboanga, en demanda 
de auxilios, y para sosegar tales revueltas se trasladó á 
Joló el capitán D. José de la Vega, con el P. López. 
Reconciliaron al joven príncipe con su padre y fué de 
nuevo jurado presunto sultán, ratificando las paces con 
España bajo las mismas condiciones anteriores. 

Deseando castigar á los indígenas de la costa Nor- 
deste de Borneo, que habían hecho causa común con 
los joloanos en su última correría, organizó el sargento 
mayor Monforte una escuadrilla de 14 embarcaciones, 
tripuladas por valerosos indios visayas y zamboangue- 
ños; fué á Lacaylacay, Ousan, Bangui y otros puntos; 
saqueó varios pueblos, quemó 3oo caracoas de todas 
clases, libertó á algunos cautivos é hizo 200 prisioneros 
(11 de Enero de 1649). Los jesuítas que acompañaban 
á los expedicionarios consiguieron bastantes conversio- 
nes entre los isleños, y á haber sido posible guarnecer 
sus islas, tal vez hoy estarían sometidas á España como 
las Filipinas. 

Los españoles de Caraga verificaron algunas entra- 
das por tierras de Corralat; éste quiso tomar venganza 
y dio órdenes para los aprestos necesarios. Lo supo el 
gobernador de Zamboanga y dispuso que pasaran á ver- 
se con Corralat el capitán D. Pedro de Viruega y el 
P. López; ratificóse la paz existente, incluyendo en ésta 
á Balatamay, rey de Buhayen, por muerte de Moncay, 
con cuya hija casó siendo príncipe de los manobos. 

Por defunción del gobernador de Zamboanga, Ornen 
de Acevedo, le sustituyó interinamente Duran de Mon- 
forte; luego fué confirmado en este cargo tan valiente 
militar, en premio á sus buenos servicios. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 229 

Con objeto de aminorar un tanto el trabajo que pe- 
saba sobre los astilleros de Tondo y la Pampanga, de- 
terminó Fajardo establecer otro en Visayas. Esta me- 
dida produjo en los indios malísimo efecto. 

Explotó hábilmente su exaltación un indio llamado 
Sumoroy, castellano del fuerte de Palapag (Samar), y 
se negaron á obedecer la orden en dicho pueblo, suble- 
vándose el i.° de Junio de 1649. Su primer acto fué 
asesinar al jesuíta Miguel Ponce Barberán, con quien 
tenía resentimientos personales el cabecilla insurrecto, 
y destruir la iglesia por el fuego, profanando los orna- 
mentos y vasos sagrados. 

Esta sublevación tuvo eco en varias provincias, como 
Camarines, Pampanga, Pangasinán, llocos, Caraga, y 
en todas ellas cometieron los insurrectos algunas muer- 
tes de religiosos y españoles. 

Para reprimir dicho alzamiento, salió de Zamboan- 
ga una escuadra al mando del capitán Juan Muñoz, 
como jefe superior, llevando al de igual clase D. Juan 
de Ulloa por almirante y 400 soldados lútaos escogi- 
dos, bajo las órdenes de su general Ugbo, con quien iba 
de sargento mayor D. Alonso Macombon. 

Confióse la pacificación de Palapag al capitán Ginés 
de Rojas; dispuso en Catbalongan i3 embarcaciones y 
dos champanes, y recibido el refuerzo de Zamboanga 
(Mayo de i65o), cercó á los alzados en su cerro. Al 
amparo de las sombras de la noche, favorecidos por un 
fuerte aguacero, logran los capitanes Francisco de Ley- 
va y Silvestre de Rojas escalar el cerro. Aterrados los 
rebeldes se desbandan. 

Viéndose perdidos se irritan contra el jefe de la sedi- 
ción, le cortan la cabeza y se la llevan á Ginés de Ro- 
jas, quien la mandó colgar para escarmiento. La in- 



230 HISTORIA DE L.\ PIRATERÍA 

surrección terminó en seguida sometiéndose los re- 
beldes. 

El general Ugbo quedó herido en Palapag, de cuyas 
resultas murió muy poco tiempo después. 

En Caraga fué el promovedor de la insurrección un 
indio llamado Davao, jefe de los manobos de los mon- 
tes de Butuan. No inspiraba este sujeto la menor des- 
confianza, y el alcalde de la provincia, D. Bernabé de 
la Plaza, le encomendó la captura de algunos que se 
habían hecho sospechosos. 

Un día se personó Davao en el fuerte de Surigao 
con ocho hombres atados, y pidió ver á su castellano 
para entregarlos. Al presentarse dicho jefe, Davao le 
abrió la cabeza de un machetazo; los ocho fingidos 
presos se desataron en el acto, y asesinando á cuantos 
estaban desprevenidos, se hicieron dueños del fuerte. 

Esta insurrección costó la vida á varios españoles y 
al P. Fr. Agustín de Santa María, párroco de Linao. 

Fué á Tandag el capitán Gregorio Dicastillo con al- 
guna infantería española, uniéndose al alcalde de Cara- 
ga. Llegados á Butuan, intimaron á los rebeldes baja- 
ran de los montes, ofreciéndoles perdón. Hiciéronlo así 
muchos; y faltando á su promesa, fusilaron á los más 
culpables. Cuando se supo esto en Manila, el goberna- 
dor general reprendió severamente el que hubiesen fal- 
tado á la palabra empeñada en nombre del Rey, impo- 
niendo un castigo á los citados jefes. 

En la jurisdicción de Zamboanga se sublevaron los 
súbanos, asesinando en Siocon al P. jesuíta Juan del 
Campo; al jefe de los soldados para su escolta, Grego- 
rio de Acosta, español; á cinco soldados pampangos y 
á dos criados de dicho padre, uno de ellos peninsular. 
(25 Enero i65o). 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 23I 

Poco después fué á sustituir en su ministerio al infe- 
liz P. Campo, el ilustre historiador de Mindanao, 
P. Francisco Combes. 

En Masbate mataron á un alférez. En Basilan dirigía 
la conspiración un tal Tabaco. Tratábase en junta de 
sosegar á los revoltosos, cuando el alférez D. Alonso 
Tenorio dijo al gobernador de Zamboanga que lo me- 
jor era hacer matar á Tabaco, con lo cual se evitaban 
gastos y molestias; el gobernador, creyendo extempo- 
ráneo el remedio, le dijo: «Pues vaya vuesa merced y 
mátelo.» Tenorio tomó en serio ese dicho, escogió al- 
gunos compañeros y fué á Basilan: citó á Tabaco á un 
sitio neutral; acudió éste con varios de los suyos, y le 
dijo: «Tabaco, si no quieres que te mate, date preso.» 
Arrojóse á él con su lanza enhiesta el indio. Tenorio lo 
rechazó, se hizo general la pelea, y al cabo de algunos 
instantes el alférez había logrado su intento, volviendo 
á Zamboanga con la cabeza del cabecilla. Murieron 
siete de los compañeros de Tabaco, y de los de Tenorio 
un español y dos indios. 



CAPITULO XII. 

Gobierno de D. Sabiniano Manrique de Lara. — Luchas intestinas en 
Manila. — Noticia el jefe supremo de las islas su llegada al sultán de 
Mindanao. — Envía éste un esclavo por embajador. — Va el P. López 
de embajador cerca de Corralat. — Le recibe con disgusto. — Le irritan 
las quejas del gobernador y las exhortaciones del padre. — Hace matar 
á éste y á sus acompañantes. — Procura disculpar su alevosía y busca 
aliados. — Despacha varias expediciones piráticas. — Esteybar, gober- 
nador de las Molucas, pasa á Zamboanga. — Declara la guerra á Corra- 
lat. — Envía una escuadra á sus pueblos. — Apresa algunos buques. — 
Los lútaos se niegan á pelear contra el sult;in. — Depredaciones en Ma- 
rinduque y Mindoro del datto Balatamay. — Sale de Manila una es- 
cuadra en su busca. — Su jefe elude el encuentro de los piratas. — Ex- 
cursión del pirata Salicala. — Va Esteybar á combatir á Corralat. — 
Vence en la travesía á un buque holandés. — Parapétase Corralat tras 
de la barra de Simuay. — Devastaciones de Esteybar en los pueblos 
del sultán. — Este se mantiene en su atiincheramiento. — El estado del 
mar impide atacarlo. — Pasa Esteybar á la Sabanilla y halla orden de 
volver á las Molucas. 



En 1653 se hizo cargo del gobierno supremo de Fi- 
lipinas D. Sabiniano Manrique de Lara, cuyo mando, 
por adversidad de las circunstancias y su escaso senti- 
do práctico, fué fatal para la dominación española en el 
Sur de las islas. 

La capital ardía en luchas horribles entre los capitu- 
lares del cabildo de Manila con el provisor por una par- 
te, y los frailes y los jesuítas por otra. La privanza de 
Venegas, valido de Fajardo, había llenado las cárceles 
de personas distinguidas; el desconcierto más tremendo 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 233 

y la anarquía más absoluta reinaban en todo el país, y 
á tal estado habían llegado las cosas, que el ayunta- 
miento de Manila y el cabildo impetraron del Pontífice 
romano, Inocencio X, que pusiera paz en los espíritus 
y remedio á tantos males, correspondiendo el Papa con 
amplias indulgencias para cuantos hubieren delinquido. 

El timorato gobernador, Manrique de Lara, no quiso 
desembarcar sin que antes bendijese la tierra su com- 
barcano el arzobispo D. Miguel Poblete, procurando 
uno y otro restablecer la armonía entre los eclesiásticos, 
la paz pública perturbada y el sosiego de las familias de 
los perseguidos por Venegas. 

Con las discordias de Manila no era extraño que los 
malayo-mahometanos levantaran de nuevo la cabeza: 
así es que, tan luego se consideraron en condiciones de 
luchar, rompieron descaradamente las paces que por 
necesidad ajustaran, emprendiendo de nuevo sus san- 
grientas correrías. 

El gobernador general había noticiado su llegada á 
Corralat, enviándole afectuosas cartas por medio del 
capitán Diego de Lemos y del rector de Zamboanga, 
P. Francisco de Lado. Aquel sagaz moro, compren- 
diendo la necesidad del disimulo, quiso entretener á los 
españoles con falsas protestas; mas no hallando nin- 
gún datto respetable que quisiera ir de embajador á Ma- 
nila, mandó á un inteligente mahometano, esclavo su- 
yo, llamado Bauna (1655), hijo de un cautivo tagalo. 

En vez de rechazar semejante embajador, el capitán 
general lo recibió con agasajo; aceptó las cartas de Co- 
rralat y un campilán que le enviaba. 

Pretendía Bauna le fuesen devueltos los esclavos 
mindanaos que tuvieran los españoles y los cañones 
cogidos por el general Corcuera. No manifestó oponer- 



234 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

se á SU demanda el gobernador, diciéndole que él mis- 
mo buscara en la ciudad los esclavos y en la maestran- 
za los cañones; pero éstos habían sido fundidos y aqué- 
llos pertenecían á personas poderosas, que excusaron su 
entrega por ser ya cristianos y no desear su vuelta á 
Mindanao. 

Manrique de Lara, deseoso de arreglar pacíficamente 
las cosas, mandó al P, Alejandro López como embaja- 
dor cerca del sultán de aquella isla, fiando á la mucha 
experiencia del inteligente jesuíta el encargo de cele- 
brar paces formales y duraderas con Corralat. 

Marchó el P. López á Zamboanga, con el enviado 
Bauna. El gobernador de esta plaza le dio una buena 
escolta al mando del capitán Claudio de Rivera, y aun- 
que algunos lútaos indicaron al P. López que no se fia- 
ra de Corralat, persistió en" llevar á cabo su empresa. 

A su paso por Tanganan invitó á seguirle al Padre 
Juan de Montiel, párroco de dicho pueblo, embarcán- 
dose todos en tres joangas. 

Llegados á Simuay, corte de Corralat, sorprendió al 
P. Alejandro el frío recibimiento que se le dispensaba, 
bien diferente del que en otras ocasiones obtuvo; pero 
disimulando, pidió audiencia al sultán para cumplir su 
misión, contestándole éste que le remitiera las cartas 
del capitán general. El P. López manifestó que no las 
podía entregar sino en propia mano. Avínose, al fin, 
Corralat; expuso el padre el motivo de su ida á Simuay; 
leyó las cartas en que el gobernador de Filipinas se 
quejaba de su poca fidelidad en cumplir sus tratados de 
paz y amistad; su falta en no haber levantado iglesias 
para el culto católico, y el desacato cometido al man- 
darle por embajador á un sujeto tan poco caracterizado. 
Se irritó el sultán por tales quejas: el P. López, exhor- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 235 

tándole á la templanza, le dijo, con poco tacto, que to- 
do su afán consistía en que se hiciera cristiano; creció 
al oir esto la cólera del sultán, y mandó salir de su pre- 
sencia al jesuita. 

En vista del mal éxito de su entrevista, tuvo que re- 
gresar á sujoanga. 

Balatamay, señor de los manobos, de acuerdo con 
el sultán, avisó al P. López que la esposa de éste de- 
seaba hablarle. Creyó que el sultán pretendía una ave- 
nencia decorosa y desembarcó al punto, siendo condu- 
cido á casa de Balatamay por sus emisarios. El traidor 
magnate lo entretuvo con diferentes pretextos, hasta 
que, á una señal suya, se arrojaron contra el embaja- 
dor varios moros, dándole muerte. 

El P. Montiel y los españoles que con él discurrían 
por el pueblo, fueron también alevosamente asesina- 
dos, á excepción de uno que Corralat perdonó por ser 
conocido suyo, y de otro español que pudo salvar el 
perdonado. 

Al capitán Rivera, que estaba en la joanga, llevó un 
moro aviso de que el sultán le tenía dispuesto aloja- 
miento en tierra. Dio crédito al falso mensajero, y asi 
que puso el pie en la arena fué muerto. Corralat se 
apoderó de cuanto contenían las joangas. Retuvo á al- 
gunos lútaos en su poder, y á otros los dejó en libertad 
de volver á Zamboanga. 

Este salvaje atentado, esta inicua violación del de- 
recho de gentes, tuvo lugar el i3 de Diciembre de 
i655 (0. 

(1) El P. Alejandro López había nacido en Jaca (Aragón), en Julio 
de 1604. Infatigable defensor del catolicismo, amante en sumo grado 
del engrandecimiento de España y de la reducción de los malayo-ma- 
hometanos del Sur de Filipinas, su vida fué un continuo batallar, per- 



236 HISrOKIA DE LA PIRATERÍA 

Temiendo Corralat la venganza de los españoles, es- 
cribió al gobernador de Zamboanga declinando la res- 
ponsabilidad de lo ocurrido en su sobrino Balatamay, á 
quien no podía castigar por ser tan poderoso. También 
escribió á Manrique de Lara, atribuyendo las muertes 
de ios jesuitas y demás españoles á imprudencias co- 
metidas por el P. López, y suplicaba al gobernador 
que, condonando agravios mutuos, quedaran las cosas 
como anteriormente. Pero vino á descubrirse su com- 
plicidad en el suceso por otra carta dirigida en Junio 
de 1656 al sultán de Joló, exhortándole á que se unie- 
ra á él para defender la religión que ambos profe- 
saban. 

El monarca joloano envió esta carta al gobernador 
de Zamboanga para demostrarle su lealtad (0. Iguales 

siguiendo con celo verdaderamente evangélico sus patrióticos y religio- 
sos fines. Era antiguo amigo de Corralat y de los demás sultanes y dan- 
tos de todos los pequeños estados de Mindanao y Joló, quienes siempre 
le habían atendido y tratado con respeto. 

Referida queda en esta HISTORIA la parte activa que tomó en las ex- 
pediciones de Corcuera á Mindanao, Joló y Basilan, su feliz interven- 
ción en los tratados de paz con aquellos sultanes moros y su afán por 
el acrecentamiento de catecúmenos. 

Había sido rector de Zamboanga y superior de la misión de Dapi- 
tan. Al encomendársele su embajada era secretario de su provincia. 
Hablaba perfectamente los dialectos lútao, mindanao, joloano, visaya y 
tagalo. Dejó compuesto un vocabulario lútao, y escritas varias obritas 
religiosas. 

(1) Esta carta venía á decir: "Mi hermano rey de Joló: holgárame 
mucho que goce buena salud, que Alá le guarde muchos años y le con- 
ceda todo cuanto desea y le haga buen moro y acuda á todas sus obli- 
gaciones, como lo maada su ley. Después de esto le envío á avisar 
como hemos muerto á los padres porque querían que fuésemos cristia- 
nos, y por esto los matamos, y así ueno será que nos aunemos todos 
para volver por nuestra fe.„ 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 237 

auxilios solicitó Corralat de los holandeses y de los so- 
beranos de Macasar y de Ternate. 

Para excitar más al último le mandaba la carta ori- 
ginal de Manrique de Lara, presentando la cuestión 
bajo el solo aspecto religioso, carta que pudo recuperar 
el gobernador español de Ternate, y fué enviada á su 
autor. 

El capitán general de Filipinas, no considerándose 
con fuerzas bastantes para hacer la guerra al podero- 
so sultán de Mindanao, advirtió al gobernador de Zam- 
boanga que admitiese como buenas sus disculpas hasta 
ver si llegaban refuerzos de Nueva España y se podían 
vengar tantos agravios. 

Viendo el sultán que su mal proceder quedaba sin el 
enérgico y eficaz castigo que merecía, cobró ánimos y 
despachó su gente á piratear por las costas de Zam- 
boanga y de Basilan, terminando la campaña con el sa- 
queo de Tanganan, donde cautivaron al cacique de este 
pueblo, llamado Ampi, y á 23 personas más. También 
en las islas Calamianes cometieron los mindanaos ho- 
rribles daños. 

El gobernador de las Molucas, D. Francisco de Es- 
teybar, recibió orden de pasar á Zamboanga, confirién- 
dole, además del mando de dicha plaza, el cargo de te- 
niente de gobernador y capitán general de todas las pro- 
vincias del Sur de Filipinas. 

El 2 de Diciembre de dicho año i656 llegó á Zam- 
boanga. Enterado este valeroso jefe de lo ocurrido y 
sabedor de que los piratas estaban armando en Simuay 
una escuadra para invadir las Visayas, declaró la gue- 
rra á Corralat, sin detenerse á comparar si sus fuerzas 
eran inferiores ó no á las del enemigo, fiando al es- 
fuerzo de los suyos y á la justicia de su causa el éxito 



238 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de la empresa. En el acto dispuso la salida de diez ca- 
racoas al mando de D. Fernando de Bobadilla, cuyos 
buques se hicieron á la mar el 3o de Diciembre, 

Este jefe destacó al almirante D. Pedro de Viruega 
al pueblo de Sosocon, y á la punta Taguima al sar- 
gento mayor D. Félix de Herrera. 

Supo Corralat por sus espías la salida de la escuadra, 
y excusó el enviar sus barcos contra la armada españo- 
la. Veinte días estuvo Bobadilla aguardando en vano 
los buques piratas. 

En esto fué á Zamboanga el datto de Sibuguey, Min- 
tun, ofreciendo el concurso de su gente contra Corralat, 
quizá para no ser el primero en pagar los daños de la 
guerra. Se dijo que el sultán había mandado cuatro bu- 
ques por arroz al pueblo de aquel caudillo, y á intercep- 
tar este convoy marchó Bobadilla (2 de Enero de i65y). 

Al llegar á la silanga adelantó dos pequeñas caracoas 
á reconocer el sitio. Éstas rindieron á una embarcación 
grande, pero sus tripulantes aterrorizaron á los lútaos 
que iban en la nave española, diciéndoles que en breve 
serían destruidos por Corralat, que esperaba en Mintun 
con i5 embarcaciones. Como los lútaos de la escuadra 
de Bobadilla eran afectos al sultán ó estaban temerosos 
de caer en su poder, amenazaron al comandante con 
que desampararían el campo cuando el combate estu- 
viese más empeñado si les obligaban á pelear contra 
Corralat, 

En vista de esto tuvo Bobadilla que volverse á Zam- 
boanga, perdiendo tan propicia ocasión de vengar la 
inicua alevosía del viejo sultán. 

Sin embargo, apresó bastantes embarcaciones peque- 
ñas, llenas de arroz, y 40 cautivos. 

Ya declarado enemigo el sultán, y atribuyendo á im- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 239 

potencia la impunidad en que se dejaba la muerte de 
los embajadores, mandó sus escuadras á piratear, bajo 
el mando del principe Balatama)^ Este falaz moro, des- 
pués de cometer los más violentos atropellos en Marin- 
duque y Mindoro, regresó á Mindanao con multitud de 
cautivos y riquísimos despojos. 

Mientras Balatamay corría las islas mencionadas, 
salió de Cavite, por orden del gobernador general, una 
lucida escuadra, al mando de un jefe cuyo nombre ca- 
llan las crónicas, en quien se supuso brillante compor- 
tamiento, según el valor de que blasonaba en los salo- 
nes; pero lejos de cumplir con su deber, se detuvo en 
Balayan, so pretexto de proveerse de arroz, y luego en 
Mindoro, logrando su menguado intento de no encon- 
trar á los moros, no obstante que las fuerzas de su man- 
do eran más que sobradas para destruir á los piratas. 

A fin de que maniobrase en combinación con dicha 
escuadra, hizo Esteybar que el alférez Luis de Vargas 
recorriera las costas de Mindanao; pero como el jefe de 
aquélla faltó á las instrucciones recibidas, y no la pudo 
ver, se limitó á quemar un pueblo de la ensenada de Si- 
muay, donde cogió varios cautivos. 

Bobadilla redujo á cenizas la antigua corte de Corra- 
lat, Lamitan, habiendo huido sus moradores á los bos- 
ques. 

También en dicho año de 1657 corrió los mares con 
su escuadra el datto Salicala, de Mindanao: los indíge- 
nas, consternados, abandonaban sus pueblos sin atre- 
verse á resistirlo; cautivó sobre i.ooo indios, llegando 
su atrevimiento hasta pasear la bahía de Manila. 

Esteybar armó entonces una escuadrilla de caracoas 
y vintas, saliendo de Zamboanga el 1° de Enero de 
i658, resuelto á castigar severamente á los piratas. 



240 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

HÍ20 correr la voz de que iba á Sibuguey. Llegó en 
siete días á este río, y encomendando parte de sus fuer- 
zas al sargento mayor Itamarren, destruyó al pueblo 
de Namucan, y quemó en Luraya muchas embarcacio- 
nes. Cuatro pilanes apresaron la joanga que había lle- 
vado á Simuay el P. López, tripulada por moros de 
Mintun. 

Mudando de rumbo repentinamente, se encaminó á 
Punta de Flechas para ir á la corte de Corralat, pero 
antes mandó 30 españoles, con el capitán D. Pedro de 
Viruega, al partido de Butig. Su régulo Matundin, que 
lo defendía al frente de 500 hombres, fué derrotado, 
las sementeras taladas y el pueblo reducido á cenizas. 
Los sembrados de este partido eran de gran riqueza, 
por ser el principal granero de arroz de Mindanao. 
También causó grandes daños en la Sabanilla el capi- 
tán D. Juan González Carlete. 

El 19 de Enero encontró la escuadra á un grande na- 
vio holandés rodeado de algunas embarcaciones pira- 
tas. Trató Esteybar de que le dejara paso franco sin 
entablar lucha, á cuyo fin izó bandera blanca, pero el 
comandante del navio neerlandés puso bandera roja, 
disparando todas sus piezas contra los buques españo- 
les. Entonces, sin reparar la superioridad del enemigo, 
acomete Bobadilla á boga arrancada al navio, hasta po- 
nerse bajo su artillería, y Esteybar le ataca por la popa. 

Ya iban los españoles á lanzarse al abordaje, cuan- 
do una bala disparada por el buque de Esteybar incen- 
dió la Santa Bárbara del navio holandés, volándose en 
el acto. 

Veinticuatro tripulantes lograron sobrevivir única- 
mente, los cuales fueron extraídos del mar y hechos 
prisioneros. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 24I 

Esteybar siguió su rumbo á Simuay, cuya barra es- 
taba fortificada con grandes estacadas. Además, en sus 
extremos había dos fuertes guarnecidos por malayos, 
macasares y holandeses. No arredró esto á Esteybar, y 
se previno á tomar las posiciones enemigas, á pesar 
del consejo en contrario de sus capitanes. 

Mientras resolvía la manera mejor de realizarlo pasó 
con la escuadra al río de Buhayen, despachando por 
una de sus entradas al valeroso Bobadilla con algunos 
buques, y por la otra al sargento mayor Itamarren. 

El primero saqueó y taló los pueblos y sementeras 
de Tannil y Tabiran; el segundo los de Lumapuc y 
Buhayen: destruyeron una poderosa armada dispuesta 
para asolar las islas, y llevaron por despojos muchos 
versos, mosquetes, campilanes, crises y todo género de 
armas. 

En el pueblo de Buhayen residía el príncipe Hamo, 
hijo de Moncay, al que le tenían usurpado el reino; 
enarboló bandera blanca 5' una cruz sobre su casa, de- 
seoso de aliarse con los españoles; pero escarmentados 
con las traiciones de los moros, continuaron las hosti- 
lidades, sin hacer aprecio de aquella señal. Mientras 
fabricaban balsas para atacar la fortaleza de Corralat, 
fué el capitán Antonio de Palacios á destruir el pueblo 
de Tampacan y sus convecinos. También el ayudante 
Antonio Vázquez desembarcó con orden de que cortase 
la retirada á los espías enemigos. Eran éstos en núme- 
ro de 20, perfectamente armados; Vázquez se lanzó á 
ellos, y del primer encuentro mató á cinco é hirió á 
seis; los demás murieron á balazos en el monte. 

Volvió Esteybar á la barra de Buhayen; supo que á 
una jornada de allí había un pueblo de lútaos, llamado 
Maolo, 3^ con deseo de castigarlo y tomar noticias de 

16 



242 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

la costa, envió al sargento mayor Itamarren, quien, 
hallándolo desierto, puso fuego al pueblo, mató cuatro 
moros é hizo dos cautivos, únicos que aguardaron su 
ataque. 

No obstante estas provocaciones, y las directamente 
hechas á Corralat en los alrededores de sus trincheras, 
no se logró sacarle á campo raso. 

Construidas varias balsas en que se pusieron piezas 
de artilleria, entró el gobernador en la mayor de aqué- 
llas, y con el auxilio de las embarcaciones batió el fuer- 
te de Corralat por espacio de cuatro horas, el cual se 
defendía bien: vióse que era insuperable la dificultad de 
asaltarlo, y que la artillería maniobraba con poco fruto 
por el estado del mar; así es que decidió retirarse á la 
barra de Buhayen. La escuadra fué á la Sabanilla el 
17 de Febrero. Aquí recibió orden Esteybar de volver 
á Molucas, y marchó á Zamboanga. 

Sin embargo del notorio valor de este caudillo y de 
los daños inferidos á los moros en sus dos meses de 
campaña, su retirada satisfizo mucho á Corralat, pues- 
to que se libró de andar vagando por los montes como 
en anteriores ocasiones. 



CAPITULO XIII. 



Procura Corralat poner en estado de defensa sus Estados. — Invasión 
de varios dattos de Jólo y de Tawi-Tawi. — Se encarga del gobierno 
de Zaniboanga D. Fernando Bobadilla. — Pánico que produce en Ma- 
nila el anuncio de una invasión china. — Se sublevan los sangleyes. — 
Son vencidos y expulsados del país. — Se consagra el gobernador á 
poner á Manila en estado de defensa. — Decreta el abandono de Zam- 
boanga, la Sabanilla, Calamianes é Iligan, para llevar sus guarniciones 
á la capital. — Terror entre los lútaos por esta medida. — Invaden los 
joloanos las Visayas. — Representaciones del gobernador de Zam- 
boanga y del P. Combes en contra del abandono de Zamboanga. — 
Persiste Manrique de Lara en su resolución. — Abandono de los pre- 
sidios del Sur. — Inconveniencia de este acuerdo. — Se hace cargo de 
la fortaleza de Zamboanga el lútao Macorabon. — Los jesuítas le en- 
tregan también sus casas é iglesias. — Raro suceso en Mindanao. 



Había reemplazado al valiente Esteybar en el go- 
bierno de la plaza de Zamboanga, con iguales títulos y 
preeminencias que aquél, D. Fernando de Bobadilla, jefe 
no menos animoso y resuelto. Corralat, para asegurar 
mejor sus dominios contra agresiones de los españoles, 
hizo que Namu, rey de Buhayen, estableciese un fuerte 
en la desembocadura del río, cuya margen opuesta for- 
tificó asimismo Corralat; encomendó á Ivíatundin la de- 
fensa de la barra de Simuay, y á los basilanos Ondol y 
Boto que levantaran un baluarte en la boca del estero 
de Zamboanga. 

Sustituyó á Bobadilla D. Diego Zarria Lazcano, 
quedando aquél al frente de la armada. 



244 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Los dattos Linao y Libot, de Joló, y Sacahati, de 
Tawi-Tawi, con i3 embarcaciones, recorrieron las cos- 
tas de Bohol, Leyte y Masbate. Cerca de Luban dieron 
muerte al P. Fr. Antonio de San Agustín, que, por sus 
achaques, no pudo internarse en aquella isla como los 
demás que con él iban en su embarcación. Salió de 
Manila una escuadra al mando de D. Pedro Duran de 
Monforte; estuvo en Luban, Mindoro, Panay y Gigan- 
tes, sin descubrir á los piratas, y regresó á la capital. 
Los moros pudieron regresar á Joló con muchos des- 
pojos y 8o cautivos. El sultán de esta isla devolvió di- 
chos cautivos, para demostrar que quería paces con los 
españoles. 

Pasó de gobernador á Zamboanga el general Don 
Agustín de Cepeda (i6 de Junio de lóSg), sin que en 
el tiempo que ejerció el mando ocurriesen sucesos dig- 
nos de mención, yendo después á servir el gobierno de 
Molucas. El que le sustituyó tuvo grandes disgustos 
con los jesuítas, quienes en sus Historias refieren muy 
al por menor lo mucho que quiso perjudicarles en sus 
intereses, volviéndose á encargar nuevamente del go- 
bierno de Zamboanga D. Fernando Bobadilla (i5 de 
Febrero de 1662). 

Las autoridades y los vecinos de Manila fueron víc- 
timas en Mayo de 1662 de un pánico horrible, por la 
pretensión del poderoso pirata chino Kue-Sing, de que 
el pequeño reino de Filipinas le rindiese parias y se de- 
clarara tributario suyo, so pena de pasar con sus escua- 
dras á destruir á los españoles, conforme había hecho 
con los holandeses, arrojándolos de la Formosa. 

Esta embajada, que llevó á Manila el padre dominico 
Fr. Victorio Ricci, y la consiguiente indignación con- 
tra los chinos, originó una sublevación de los residen- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 245 

tes en Manila, que fué vencida, y el que la Junta de au- 
toridades resolviera expulsarlos del país y rechazar con 
las armas la agresión de Kue-Sing, disponiendo el gober- 
nador general grandes armamentos y cuantos prepara- 
tivos de defensa le parecieron necesarios para salir vic- 
torioso del tremendo peligro que amenazaba á las islas. 

Pero la más grave y transcendental de las medidas 
adoptadas en la junta presidida por Manrique de Lara, 
fué el abandono de la útilísima plaza de Zamboanga, 
avanzado centinela de nuestra dominación sobre las 
costas habitadas por los feroces malayo-mahometanos, 
y el de la Sabanilla, Calamianes é Iligan, también en 
sumo grado importantes, con el intento de reconcen- 
trar en Manila todas las fuerzas que las guarnecían 
(6 de Mayo). 

Esta noticia causó entre los subditos españoles de 
aquellas tierras, ó sea entre los lútaos, profunda pena y 
grandísimo temor. Quejáronse amargamente del des- 
amparo en que se les dejaba, quedando expuestos á la 
venganza de los moros, que ya no podían considerarlos 
como de su misma raza, y los odiaban de muerte por 
haberse hecho cristianos. Estas justísimas quejas, y la 
conciencia de los perjuicios que iban á seguirse con la 
retirada de las fuerzas españolas, impulsaron al gober- 
nador de la plaza, D. Fernando Bobadilla, y al docto 
P. Combes, á solicitar del gobernador general que revo- 
case su mandato, exponiéndole uno y otro las muy 
atendibles y poderosas razones que así lo aconsejaban. 

La noticia de que los españoles se veían en tan tre- 
mendo conflicto, animó á los joloanos á repetir una vez 
más sus terribles correrías. 

Los dattos de Joló, Tawi-Tawi, Lacay-Lacay y Tup- 
tup, armaron 6o embarcaciones, y dividiendo sus fuer- 



246 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

zas en varias escuadrillas, saquearon y quemaron los 
pueblos de Poro, Baybay, Sogor, Cabalian, Basey, 
Dangajon, Guinobatan y Capul. Dieron muerte al ca- 
pitán Gabriel de la Peña; cautivaron al de igual clase, 
Ignacio de la Cueva, y al padre jesuíta Buenaventura 
Barcena (1); llegaron hasta los montes en persecución 
de los religiosos, y á cuantos indios cogieron transpor- 
ron cautivos á su país, matando á muchos de todas eda- 
des y clases. 

El gobernador general de las islas mandó una escuadra 
á perseguir los piratas, pero nada hizo. Sólo desde Zam- 
boanga les salió al encuentro el ayudante Francisco 
Alvarez, que apresó la caracoa del corsario Gani, pa- 
riente de Salé, y de 3o cautivos que llevaba libertó á 22, 
yendo después á una isla de Joló, donde cautivó 12 
moros. 

Bobadilla, en contestación á su mensaje, recibió el 
8 de Noviembre órdenes apremiantes, fechadas el 5 y 
8 de Setiembre, para que se trasladase á Manila sin 
pérdida de tiempo, condescendiendo el gobernador con 
que dejara, á lo sumo, 50 españoles en la fortaleza de 
Zamboanga. 

Esto equivalía á condenar á esos infelices á una 
muerte segura, y de ello protestaron los padres jesuí- 
tas, que necesariamente hubieran corrido igual destino; 
decidiendo, por último, la autoridad superior de las 
islas, el total abandono de las expresadas plazas (2). 

(1) Este murió á poco en su cautiverio de Tawi-Tawi. 

(2) "Representé yo al gobernador por escrito, y de palabra, todos los 
inconvenientes, haciéndole evidencia que la salud de las islas solamente 
consistía en tener guarnecido el puesto de Zamboanga, porque con so- 
lamente residir allí los españoles, aunque la ocasión presente los me- 
noscabase, dejando limitado el presidio á sólo su conservación, se les 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 247 

Todavía Bobadilla, con el fin de alentar á los lútaos, 
y de que creyeran los moros que no abandonaba el 
puesto, mandó en su persecución al capitán D. Juan de 
Morales Valenzuela, con dos caracoas, á las islas llama- 
das Orejas de liebre, el 2 de Enero de i653; pero el 4 
del mismo mes recibió nueva y más decisiva orden del 
capitán general, fecha 11 de Octubre, para que, sin di- 
lación ni excusa alguna, abandonase á Zamboanga, 

quitaba al Mindanao y Joló la mitad del poder, por ser igual al que ellos 
tienen el que sustenta á su abrigo pacífico aquella fuerza, y le obligaba, 
cuando quisiese romper, á dejar en guarda de sus casas á otra mitad 
como se había experimentado careando los esfuerzos de ahora en inte- 
rrupciones que ha habido de la paz, con las ordinarias armadas que 
echaban antes que los enfrenara la fuerza; pues en ésta, echando el res- 
to, jamás había pasado su armada de seis á ocho caracoas; y en lo an- 
tiguo echaban 80, que llenaban de pavor y estragos todas las islas has- 
ta las bocas de la bahía de Manila. Que solo esta fuerza había conse- 
guido los fines de su erección, reprimiendo ambos cosarios; y cuando 
se aseguraba de ellos, enfrenando al Burney, haciendo jornada á su reino 
todos los años, é impidiéndoles entonces el invadir las islas. Que ningún 
otro medio era efectivo, por ser solamente los navios en que navegaban 
los de Zamboanga de la misma forma que los de los cosarios, y con los 
que solamente se les puede dar alcance. Que con menos armada y costo 
se hacía desde allí la defensa y se les daba el castigo; porque aunque 
juntos en armadas eran poderosos contra el descuido y flojedad de los 
naturales; pero vueltos á sus casas, eran tan indios como los demás, y 
se esparcían en sus sementeras y pesquerías, y dos pilanes los podían 
inquietar, como se había experimentado en los rompimientos pasados, 
que con dos pequeñas canoas equipadas hizo el gobernador de Joló, 
D. Agustín de Cepeda, ahora maestre de campo general de las islas ad- 
yacentes á Joló, le fuesen tributarias. Que el remedio que los de la 
junta ofrecían de armada de las islas que les saliese al encuentro y las 
defendiese, no solamente estaba condenado de la experiencia por inútil, 
sino por dañoso. Inútil, porque jamás con ella se había dado caza al 
enemigo, porque era lo mismo que seguir un buey á una garza, y sola- 
mente llegaba á averiguar los estragos y nunca á vengarlos. Dañoso, por- 
que era echar nuevo enemigo contra las islas, por los daños que hacían 



248 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

visto lo cual avisó á Morales que se retirara, como lo 
ejecutó el 7, apresurándose á cumplir dicho imperioso 
mandato, convencido de que era ya de todo punto im- 
posible oponerse á tan sensible determinación. 

El gobernador de Zamboanga hÍ20 solemne entre- 
ga de la fuerza al maestre de campo de los naturales 
lútaos, D. Alonso Macombon, recibiéndole pleito ho- 
menaje de tenerla por el rey de España y defenderla 

los soldados en los pueblos donde saltaban, á título de buscar bastimen- 
tos, y condenar á galeras perpetuas á los pobres naturales, cargados de 
tantos repartimientos, tributos y servicios personales, por los malos 
tratamientos que les hacían; que miraban con tanto horror esta carga 
como la de las galeras; sin diferenciarse más que en no llevar prisiones, 
con gran menoscabo de los tributos reales, por los muchos que morían 
en este ejercicio, así por el trabajo, poco sustento, como por ser los 
más gente del monte, desacostumbrada al remo y desdichada en la mar, 
por no sufrir sus inclemencias. Que hoy no había potencia en las islas 
para echar tan poderosas armadas como en lo antiguo, ni capitanes y 
soldados tan experimentados; y si aquéllos, con tan lucidas compañías 
de soldados, no habían servido para el efecto creado de redimir las islas 
de tan fiero cautiverio, mal st; podía fiar de las que ahora se podían 
despachar, estando acabada la milicia, y no hallándose puros españoles 
200 hombres. Que siendo esta la carga más intolerable para los natu- 
rales, era mala política no echarla, como podíamos, á hombros de 
nuestros enemigos, á quienes no les era pesada, por vivir en este ejer- 
cicio; antes favorables á sus intentos piratas, poniéndoles las proas á 
nuestros enemigos. Que era menos la gente que se requería para sus- 
tentar el presidio, que para sustentar en pie una armada. Y que estos 
gastos los pagarían las provincias, que desde que se puso el presidio se 
les añadió al tributo una medida de arroz, que pagaban igualmente los 
naturales y los encomenderos, que montaba mucho más que el gasto 
que podía hacer la fuerza. Que cuando fuese necesario valerse de la 
gente de allá por más práctica, mientras instaba esta necesidad, se que- 
dasen 40 españoles, 70 pampangos y 50 negros, que acá harían poca 
falta, y el número de españoles me ofrecía yo á suplirle de los extrava- 
gantes esparcidos en los pueblos de los naturales, de que yo tenía ex- 
periencia, y en el gobierno no había noticia. Mediante este informe. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 249 

de sus enemigos; pero se negó á incluir entre éstos al 
sultán de Mindanao, á pretexto de que no tenía poder 
bastante para oponerse al del temido Corralat. 

El gobernador, temeroso de una defección, no le 
dejó artillería ninguna. 

Los jesuítas entregaron también á Macombon sus 
casas é iglesias, llevándose las imágenes, ornamentos, 
cálices y libros; 6,000 cristianos quedaron en Zam- 
boanga expuestos á las iras de los mahometanos. 

Algunos lútaos, aunque pocos, determinaron mar- 
chará las provincias de Cebú ó Dapitan; otros se re- 
dispuso el gobernador se quedasen 25 españoles y 25 pampangos. Dio 
orden que viniese á Manila la armada de los lútaos, pareciéndole se 
aseguraba con esto todo. A esta disposición, repliqué yo que era poca 
gente 50 hombres para guarnecer tan grande fueiza, y no teniéndola 
para cambiar, que ocho días estarían degollados, por no tener agua den- 
tro y serles forzoso irla á conducir en embarcaciones muy lejos; así 
que los lútaos rompiesen la presa, que la hacen llegar á la fuerza, y que, 
ó habia de quedar con poder bastante, ó dejarla del todo, porque esotro 
fuera entregarle los soldados y armas al enemigo. Y que por el lútao 
que viniese de armada á Manila daría yo mi cabeza, que era ese arbi- 
trio de gente que no tenía experiencia de esa nación, de su poder, desu 
poca fe, de la calidad de la fueiza. 

„ A la verdad, lo que hizo discurrir tan á tientas en esta junta, fué el 
no haberse hallado hombres de experiencia en ella, ocupados los cabos 
militares que se habían hallado en aquellas guerras, y gobernado aque- 
llas fuerzas en los puntos remotos de la ciudad. El general D. Agustín 
de Cepeda, en el gobierno de Témate; el almirante D. Francisco de 
Atieiiza, en el gobierno de la Pampanga; el almirante Pedro Duran de 
Monforte, en el gobierno de lloilo, y otros en Zamboanga y Caraga. 
Resolvióse, pues, el capitán general en desamparar del todo á Zamboan- 
ga, y para eso se despacharon las órdenes con el aprieto, que no deja- 
ron lugar para arbitrar en la ejecución, mandando que "ciegamente 
obedeciera, (palabras formales de la orden), sin darle interpretación., 
(P. Francisco Combes: Historia de Mindanao, lib. VIII, páginas 548 y 
siguientes.) 



250 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

partieron por Joló y Mindanao en busca de amparo, 
volviendo á su antigua religión. 

El abandono de nuestras plazas de Mindanao, aunque 
se disculpe con la difícil situación de la capital de las 
islas, fué una medida en demasía imprudente, pues, por 
atender á un peligro dudoso, quedaban expuestas las 
islas Visayas á otro más inmediato y real, aparte del 
retroceso que necesariamente tenía que experimentar 
nuestra dominación entre los naturales de Mindanao, 
donde á la sazón existían sobre 70.000 cristianos (0. 

(1) En un informe que por orden del gobierno supremo redactaron 
los jesuitas er. 1654, se desciibe así el estado de la población cristiana: 

"La isla de Mindanao es la mayor de estas Filipinas, después de Ma- 
nila. Está todavía por sujetar gran parte de ella. En lo sujeto tiene la 
Compañía á su cargo las jurisdicciones de Iligan y Zamboanga. Este es 
el principal presidio de los españoles, donde está principiado á fundar 
un Colegio. Este tiene un rector, con cinco operarios sacerdotes. Los 
pueblos que doctrina son el de los naturales y lútaos de la misma 
Zamboanga, que son 800 familias, y en lugar de tributo sirven en nues- 
tras armadas de remo, que muy de ordinario andan en corso en defensa 
de nuestras costas y ofensa de las enemigas. La isla de Basilan, en 
frente del presidio de Zamboanga, á dos leguas de distancia, tiene cer- 
ca de 1.000 familias, que atraídas por la industria, cariño y solicitud de 
los padres doctrineros, se manifiestan más para ser administrados; y en 
tiempo del tributo parecen los menos, y la benignidad cristiana de los 
españoles, que atiende más al bien de las almas que al interés personal, 
los disimula por no estar aún totalmente doméstica y sujeta esta gente, 
y por el riesgo de perderlo todo si se apretase mucho; lo cual pasa sí, 
no solamente en la isla de Basilan, sino también en todas las demás de 
esta jurisdicción de Zamboanga. En la tierra de Mindanao, que son la 
Caldera, puerto nombrado á dos leguas de Zamboanga, hacia el Orien- 
te, que tendrá 200 familias; Bocot, 250; Placan y Siraney, loo; Siocon, 
300; Maslo, ICO; Namican, 30; Data, 25; Coroan, 20; Bitales, 40; Fin- 
gan, ICO; Tupila, 10o; Sanguinto, loo, que están á la parte meridio- 
nal de Zamboanga, y por todas montan 3.251 familias. Inclúyense tam- 
bién en esta jurisdicción las islas de Pangotaran y Ubian, distantes tres 



EN MINDANAO, JÓLO V BORNEO 25 1 

El pirata que tal pánico causara á las autoridades de 
Manila, y tan grandes daños ocasionó á la causa de la 
reducción de los piratas malayo-mahometanos, sucum- 
bió sin realizar sus amenazas. ^ 

Durante el gobierno de D. Juan de Vargas (1679), 
el sultán de Borneo envió una embajada solicitando es- 
tablecer transacciones mercantiles con Filipinas, á la 
que correspondió Vargas con otra muy lucida por me- 
dio del sargento mayor D. Juan Morales de Valenzuela. 

En 1701 ocurrió en el Sur de Filipinas un suceso tan 
trágico como curioso. El sultán de Joló pasó á visitar al 
de Mindanao, haciéndose escoltar, para mayor ostenta- 
ción , por una escuadra compuesta de 67 embarcacio- 
nes. Viendo tal séquito, temió el de Mindanao, Cutay, 

días de viaje de Zamboanga, cuyos habitadores, ya casi todos cristia- 
nos, dan, cuando pasan por allí las armadas, algún género de tributo: las 
islas de Tapul y Balonaquis, cuyos naturales son todavía infieles; hay 
alrededor de Basilan muchas isletas, acogida de indios fugitivos, mu- 
chos de ellos cristianos, que en ocasiones se manifiestan á los padres 
para ser administrados, y á su persuasión se agregan á servir en las ar- 
madas. Pertenecen también á la misma juiisdicción de Zamboanga, la 
isla de Joló, en la cual hay muchos cristianos, de los que quedaron allí 
cuando se retiró el presidio español: van algunas veces á visitarlos los 
padres ministros, y procuran atraerlos para administrarles los santos sa- 
cramentos. Y reducidos todos éstos á familias serán poco más ó menos, 
enPangotaran y Ubian, 200, en Tapul y Balonaquis, 150; en las isletas 
de Basilan, 200; y en Joló con las suyas, 500, que por todas hacen 
1.000. — Jurisdicción de Iligan, con su residencia de Dapitan. — Corre 
esta jurisdicción por la costa oriental de la isla, y tendrá su distrito lar- 
gas 60 leguas, en que se comprende la nación de los súbanos, que es de 
las numerosas de la isla, y más dispuesta para la doctrina evangélica, 
■por ser gentiles y no viahometanos como los mindanaos. El pueblo de Ili- 
gan, que es cabeceía de la jurisdicción, donde asiste el alcalde mayor y 
capitán de infantería de presidio, tiene hasta lOO tributarios en la pla- 
ya, Y la tierra más adentro en otro pueblo que llaman Baloy, habrá 
200 familias, si bien para el tributo no parecen sino 30. Y en otro pue- 



252 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

sucesor del insigne Corralat, que no llevara intenciones 
pacíficas y mandó cerrar la bocana del rio, con lo cual, 
ofendido el de Joló, desafió á aquél á un combate per- 
sonal. Aceptado su reto, lucharon cuerpo á cuerpo am- 
bos sultanes, con tal rabia, que se dieron la muerte el 
uno al otro. Inmediatamente se encendió la guerra en 
los dos pueblos. Los joloanos, rompiendo las estacadas 
que cerraban el río, se retiraron á su isla con muchas 
armas y despojos. 

El nuevo soberano de Mindanao pidió auxilios al go- 
bernador de Manila, D. Domingo Zubálburu, pero les 
aconsejó depusieran sus diferencias, enviando con este 
fin al padre jesuita Antonio de Borja, quien pudo lograr 
su objeto. 

blo llamado Lavayan, que est.á de la otra parte de lligan y ensenada de 
Panguil, 50, bien que ellos son dos tantos más. Sigúese Dapitan, que 
es la cabecera de la residencia y doctrina, por ser de los más antiguos 
cristianos de estas islas, que de su volundad salieron al encuentro á los 
primeros españoles que vinieron á la conquista, y les guiaron y sirvie- 
ron en ella, y siempre han permanecido fielmente en su amistad, por lo 
cual están reservados de pagar tributo. Son hasta 200 familias, y en 
otro pueblo que está la tierra adentio, en la cabecera del mismo río, ha- 
brá 250. Los pueblos que corren la costa adelante hacia Zamboanga 
sonDipoloc, de 300 familias; Duino, 6tiO; Manucan, ICO; Tubao, ICO; 
Sindangan, 500; Mucas, 200; Quipit, 300, que por todas montan 2.750 
familias, las que se computa haber en esta residencia, á cuya doctrina 
asisten de ordinario cinco sacerdotes.,, 

Vese, pues, que la población cristiana al cargo de los jesuitas en Min- 
danao y sus adyacentes era en aquella época de 50.OOO almas. Los 
agustinos descalzos que en 1621 habían acudido en auxilio de éstos para 
atender á las jurisdicciones de Butuan y Caraga, administraban otras 
20.000 almas, cuando menos; y como la población total de la isla se 
calculaba entonces de 150.000, según el P. Colín, resulta que habían 
abrazado el cristianismo y obedecían á las autoridades españolas más 
de dos quintas partes de sus habitantes. 



CAPITULO XIV. 

Depredaciones de los moros durante el desamparo de Zamboanga. — 
Gestiones de los jesuitas para el restablecimiento de este presidio. 
— El gobernador Bustameiite envía una expedición á realizarlo. — 
Restablece también el presidio de Labo. — El sucesor de Bustamante 
lo hace abandonar. — El reyezuelo de Butic intenta tomar á Zam- 
boanga. — Es rechazado y cae sobre Linacapan. — Expediciones con- 
tra los piratas moros. — Envía á Manila el sultán de Joló á un chino 
por embajador. — Va á dicha isla el alcalde de Parian y celebra un 
tratado con aquél. — Nuevas depredaciones de los malayo-mahome- 
tanos. 

Natural parecía que, pasado el peligro de la temida 
invasión del pirata Kue-Sing, volvieran á ocuparse las 
plazas desamparadas en Mindanao; pero no se hizo así, 
y durante medio siglo no transcurrió año alguno sin que 
los pueblos cristianos de Mindanao y de Visayas dejaran 
de experimentar pérdidas inmensas en sus intereses 
materiales y gravísimas violencias en las personas de 
sus moradores, muchos de los cuales fueron arrebata- 
dos de sus hogares para sufrir entre los moros horro- 
rosa esclavitud. Por do quiera se veían poblaciones des- 
truidas, iglesias saqueadas é infelices indios muertos, 
sin que sus esfuerzos por defenderse lograran poner re- 
medio al salvajismo creciente de los feroces mahome- 
tanos, no obstante los infinitos combates que continua- 
mente se libraban entre sus ligeras embarcaciones y la 
escuadra llamada de pintados, compuesta de unas lOO 
piraguas, creada exclusivamente para perseguir á los 
piratas. 



254 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Los jesuítas practicaron vivísimas gestiones en la 
corte por conseguir el restablecimiento del presidio de 
Zamboanga. El P. Luis de Pimentel, procurador gene- 
ral de la orden, hizo presente al Real Consejo de Indias 
en 1666 los grandísimos perjuicios consiguientes al 
abandono de aquella importante plaza. En su conse- 
cuencia, se expidió una Real cédula en 3o de Diciembre 
de dicho año, previniendo que «se volviese á presidiar 
el sitio de Zamboanga.» La opinión de las autoridades 
de Filipinas era contraria á esta medida, y las comuni- 
dades religiosas, que no veían de buen grado la intrusión 
en el Archipiélago de los padres de la Compañía de Je- 
sús, interpusieron su influencia y la cédula Real no llegó 
á cumplirse. Reiterada ésta en 1672, tampoco fué obe- 
decida. Los jesuítas no desmayaron por eso, y aunque 
en muchos años sus instancias obtuvieron escaso éxito, 
tal fué su tenacidad y constancia, que al fin, en ig de 
Junio de 1712, ordenó el Rey terminantemente la reali- 
zación de lo mandado. Pero aun así, esto no tuvo lu- 
gar hasta el año de 1718, en que, á pesar del parecer 
de la Junta de autoridades, que se opuso á ello por diez 
votos contra siete, realizó su cumplimiento el señor 
D. Fernando Bustamante, á quien por su severidad cu- 
po el triste fin de ser asesinado en un tumulto, á cuya 
cabeza se pusieron los religiosos de todas las ordenes 
monásticas de Filipinas y los jesuítas. 

Para restablecer el presidio se habilitó una expedición 
al mando del general D. Gregorio de Padilla y Esca- 
lante. 

El ingeniero D. Juan Sicarra reedificó la fortaleza de 
Zamboanga sobre los cimientos de la primitiva fortale- 
za. Formó, pues, cuatro baluartes, llamados San Fran- 
cisco Javier, San Felipe, San Fernando y San Luis, con 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 255 

SUS recintos, parapetos, plataforma y orejones, y los 
gruesos correspondientes. En su centro alzábase el 
cuartel para la infantería española, cuerpo de guardia, 
casamata, almacenes, capilla y las oficinas necesarias. 
Seguía la ciudadela, cerrada con dos baluartes: el de- 
nominado Santa Bárbara, de figura cuadrada, y otro, el 
Santa Catalina, á modo de orejón. En el centro de am- 
bos se estableció el hospital, cuerpo de guardia, cuar- 
tel de soldados pampangos, iglesia, casa para los reli- 
giosos y la del gobernador. Guarnecían los fuertes 6i 
piezas de artillería, unas de hierro y otras de bronce, 
del calibre de uno hasta el de i8. Los almacenes fueron 
provistos de pertrechos y municiones, mosquetes, arca- 
buces, bayonetas y demás armamento. 

A instancias de los padres recoletos, determinó tam- 
bién Bustamante el establecimiento de un presidio en 
Labo, punta la más meridional de la importante isla de 
la Paragua. 

Para confirmar la cesión de la parte de esta isla, per- 
teneciente al sultán de Joló, fué de embajador D. An- 
tonio Pérez Gil, efectuándose dicho acto con toda for- 
malidad. En su vista, pasó á Labo una escuadra bajo 
las órdenes del sargento mayor D. José de Aroza, al- 
calde mayor de la provincia de Otón, llevando por ca- 
pellanes á los PP. Fr. Juan de la Encarnación y Fray 
Manuel de San José. Concurrieron á dicho punto el 
castellano del presidio de Taytay, D. Fernando Vélez de 
Arce, y D. Antonio Pérez Gil, y en el sitio que creye- 
ron más á propósito se construyó un pequeño baluarte, 
coronado por alguna artillería de poco calibre. 

En E;nero de 1720 decretó la Junta de guerra, convo- 
cada por el Arzobispo gobernador D. Fr. Francisco de 
la Cuesta, el abandono del presidio de Labo, obedecien- 



256 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

do esta determinación, más que ajustas causas, al odio 
contra el mariscal Bustamante, que le había fundado. 
Parte de las fuerzas que guarnecían aquel punto fueron 
á reforzar el presidio de Taytay. 

En el acto se fortificaron los moros en Ipolote, des- 
de donde salían á piratear por las costas de Calamianes 
y Mindoro, causando inmenso daño á ambas provin- 
cias. 

El restablecimiento del presidio de Zamboanga pro- 
dujo en los feroces mahometanos grande descontento. 
Poniéndose á su cabeza Dulasi, reyezuelo de Butic, ata- 
ca á Zamboanga el 8 de Diciembre de 1720, siendo re- 
chazado. Unidos sus partidarios con los sultanes de 
Mindanao y Joló, en número próximamente de 5. 000, 
con multitud de embarcaciones, pusieron sitio á la po- 
blación, teniéndola en riguroso asedio durante dos me- 
ses. El gobernador, D. Sebastián Amorrea, hizo prodi- 
gios de valor en defensa de la plaza, vigilando día y 
noche para impedir que realizaran su intento, lo que 
quizá hubieran conseguido de prolongar algo más el 
cerco, porque escaseaban los recursos y yacían enfermos 
casi todos los españoles. 

Desesperados y llenos de despecho los moros mala- 
yos, marcharon contra Linacapan (Calamianes), incen- 
diando el pueblo, á cuyo párroco, Fr. Manuel de Jesús 
María, dieron muerte, volviéndose á sus islas con mu- 
chos cautivos. 

El 10 de Julio de 1721 salió contra los piratas moro- 
malayos de Mindanao el general D. Antonio Rojas, 
de orden del gobernador de Filipinas marqués de Torre 
Campo, pero regresó á los dos meses sin haberles infe- 
rido daño alguno; ellos, en cambio, cometieron en Agu- 
taya. Cuyo y Mindoro inicuos atentados. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BuRNEO 257 

A fin de refrenar sus atrevimientos, despachó Torre 
Campo una armada de tres galeotas, cuatro champa- 
nes, dos bergantines y tres lanchas, bien pertrechadas 
de municiones y de gente, con orden de que se les reu- 
nieran las caracoas de Leyte y Cebú. Iba al frente de 
esta escuadra el general D. Andrés García Fernández, 
llevando por segundo á D. Juan Panales Carranza. 
Subdividióse la fuerza en tres grupos: uno á cargo del 
general, otro al de D. José Jorge de Illumbe, y el ter- 
cero al de D. Francisco Cárdenas Pacheco. El 26 de 
Enero de 1723 llegaron á Cebú, menos una de las ga- 
leotas de Illumbe, que naufragó en Sorsogón. Súpose 
que los moros asolaban las costas de Isla de Negros, y 
el general hizo salir en busca del enemigo á Illumbe y 
Cárdenas bajo las órdenes de Carranza. El 6 de Febre- 
ro avistaron 40 caracoas piratas. El viento no permitió 
maniobrar bien á los buques españoles, que andaban 
dispersos y sotaventeados. Vieron entrar á los moros 
en una ensenada, y al abandonarla al día siguiente co- 
menzó Cárdenas á perseguirles, pero las malas disposi- 
ciones del almirante permitieron que ganaran la costa. 
El jefe superior. García Hernández, había quedado en- 
fermo en Iloilo, donde murió. Su segundo. Carranza, 
puso el rumbo á Zamboanga. Aquí acordaron, en junta, 
pasar á Joló, pero al recibir en el camino un despacho 
del comandante de Dapitan, manifestando que los mo- 
ros cercaban el presidio de Iligan, fué Cárdenas á este 
punto. Habían marchado ya los piratas, reunióse á la 
escuadra, y en junta de oficiales se decidió la vuelta á 
Manila, so pretexto de que la estación no era á propósito 
para ir á Joló. Esta inútil y costosa expedición no pro- 
dujo más resultados que envalentonar á los moros. 
En el mismo año de 1728 dirigió otra expedición el 

17 



253 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

castellano de la fuerza de Santiago, D. Juan de Mesa, 
logrando recuperar la Sabanilla. En la refriega, que fué 
sangrienta, murieron algunos dattos. 

El sultán de Joló mandó á Manila al chino Kikua, 
con el encargo de solicitar paces (1725). Torre Campo, 
después de oir á la Junta de guerra, hizo que saliera 
para dicha isla el alcalde mayor del Parlan, D. Miguel 
de Aragón, con dos galeotas, una de éstas al mando de 
D. Ignacio Iriberri. Fué bien recibido del monarca 
joloano, y ajustó con él un tratado cuyas principales 
cláusulas fueron: 

Que los joloanos podían tratar y contratar libremen- 
te en Manila y demás provincias, llevando licencia fir- 
mada por el sultán, y en igual forma los españoles en 
Joló, con licencia del gobernador de las islas ó del de 
Zamboanga, 

Que los cristianos, cautivos ó no, que se hallasen en 
Joló, podían embarcarse desde luego con el embajador, 
según bando que para su conocimiento debería publicar 
el sultán. 

Que si huyeren de Joló algunos vasallos del sultán, 
se les hiciera volver á dicha isla, á menos que prefirie- 
sen abjurar sus creencias por el catolicismo, en cuyo 
caso había que pagar el rescate de los esclavos á razón 
de 40 pesos por los hombres y mujeres estando sanos, 
3o por los no sanos, y 20 por los muchachos. Siendo 
libres no era necesario el rescate. 

El sultán se obligaba á restituir á España la isla de 
Basilan. 

Caso de estar en guerra el sultán con sus enemigos, 
éstos no serían socorridos por los españoles, y vicever- 
sa; pero si la guerra fuese con enemigos de ambos con- 
tratantes, podrían auxiliarse, partiendo por mitad las 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 259 

piezas que se lograran, menos los cautivos cristianos, 
que se adjudicarían á España. 

Firmaron el convenio en ig de Diciembre de 1726 
el sultán y D. Miguel Aragón, y varios españoles y 
dattos joloanos como testigos. 

Estas capitulaciones merecieron la aprobación de la 
Junta de guerra, ratificándose solemnemente en Mani- 
la, á donde envió el sultán un embajador con plenos 
poderes. 

A poco de firmarse este tratado apresaron los moros 
un barco de la propiedad de D. Manuel Ochoa, general 
de Cebú; dieron muerte á todos los tripulantes, y á su 
capitán, que era español, lo desollaron vivo, despeda- 
zándolo después poco á poco, hasta que rindió la vida 
con tan bárbaro suplicio. 

Una escuadrilla de joloanos asaltó el pueblo de Ma- 
naol, en Mindoro. Al cabo de una breve lucha con los 
indígenas, saquearon sus casas y la iglesia, llevándose 
cuanto contenía de valor é incendiando el pueblo. 

Otra puso sitio á Cateel, presidio situado á un extre- 
mo de la provincia de Caraga. Dirigió la defensa, con 
gran valor, el recoleto Fr. Benito de San José, vién- 
dose á las mujeres acudir á las murallas con armas para 
rechazar el asalto de los moros. Estos levantaron el 
cerco, muriendo á poco el esforzado fraile de resultas 
de las fatigas de su activa campaña. 



CAPITULO XV. 

Gobierno de D. Fernando Valdés. — Mejora las defensas de la plaza. — 
Atacan los moros de Tawi-Tawi á Taytay. — Valerosa defensa de la 
guarnición. — Crueldad de los moros con un leal indígena. — Expedi- 
ción contra los joloanos. — Castigos que sufren éstos y los isleños co- 
marcanos. — El sultán de Tamontaca pideauxilio cá los españoles con- 
tra el príncipe Malinog. — Se le concede y es derrotado éste. — Daños 
en Joló y Basilan. — Nuevo auxilio á los de Tamontaca. — Malinog da 
muerte al sultán. — Su hijo reclama la protección de España bajo con- 
diciones ventajosas, y se le otorga. — Escasos resultados de esta cam- 
paña. — Intenta el régulo de Tawi-Tawi tomar á Zamboanga. — Es 
rechazado. — Combate favorable contra el datto Ynog. — Los moros 
intentan tomar á Linacapan. — Medidas del gobernador para contener 
estas piraterías. — Nueva é infructuosa agresión de los moros contra 
Taytay. — Estipulaciones con el nuevo sultán de Joló. — Expedición 
contra los tirones. — Combate con los holandeses. — Cautiverio de un 
fraile recoleto. — El gobernador decreta el corso contra los piratas. 

A los ocho años justos de gobernar las islas el mar- 
qués de Torre Campo, le sustituyó el brigadier D. Fer- 
nando de Valdés y Tamón, caballero de Santiago, to- 
mando posesión el 14 de Agosto de 1729. 

Una de sus primeras medidas fué, al enterarse del la- 
mentable estado de la plaza, en cuanto á armamento y 
municiones, disponer la adquisición de i.5oo fusiles 
con bayoneta, cuyo encargo quedó en realizar D. Pedro 
Quijano; pero no pudo conseguir de los holandeses la 
venta de dichas armas (0. 

(1} De la información que mandó hacer el gobernador aparece que 
solamente había en almacenes 25 arcabuces de cuerda, fabricados en el 
país; 120 mosquetes vizcaínos; 40 tercerolas de chispa; 60 alfanjes tur- 
cos, y 40 machetes. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 261 

Reparó las fortificaciones de Manila, mandó hacer 
una casa-mata para la pólvora y formar estacadas para 
el mejor resguardo de la plaza. 

En Mayo de 1780 salió de Tawi-Tawi una escuadra 
compuesta de 20 grandes embarcaciones, y multitud de 
menor porte, tripulada por 3. 000 hombres, provistos 
de buen armamento, bajo el mando de un hermano del 
sultán de Joló, apodado Bigotillos. 

Después de efectuar robos y cautiverios en las costas 
de la Paragua y en la isla de Dumaran, separada de 
aquélla por un estrecho canal, marchó contra el presi- 
dio de Santa Isabel, de Taytay, pretendiendo que el 
fiscal mayor de Dumaran, D. Jerónimo Sundilun, que 
era uno de sus prisioneros, lo guiase por sitio seguro 
para caer sobre Taytay. 

El buen anciano le condujo por el camino más largo, 
dando tiempo á que la guarnición se apercibiera de la 
llegada de los moros. 

Gobernaba dicho presidio D. Pedro Lucena. Preví- 
nose á la defensa, viendo á poco sitiado el fuerte por 
mar y tierra. Las armas de los piratas no eran suficien- 
tes para causar grande daño al fuerte, ni las de éste 
bastaban á contener á los agresores, parapetados tras 
de altas piedras. 

La falta de agua y de víveres puso en gran aprieto á 
Lucena; mas tuvo la suerte de que un principal de 
Cuyo, D. Alejandro Parvino, que ignoraba el cerco, 
llegara á Taytay con una embarcación mercante. Dicho 
atrevido arráez, atravesando el cordón de las naves jo- 
loanas, se puso al abrigo del fuerte y socorría á la guar- 
nición con víveres y agua. 

Duró veinte días el asedio, sin éxito alguno, retirán- 
dose al cabo los moros, después de quemar la iglesia y 



202 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

casas del pueblo extramuros. Algunos de los principa- 
les dattos y muchos joloanos perecieron en sus repeti- 
dos asaltos contra la ciudadela. 

Fuéronse á Ipolote, y en el camino martirizaron 
cruelmente al anciano Sundilun, cortándole, con inter- 
valo de algunos días, los labios, la lengua, las narices, 
los pies y las manos, y azotándole sin piedad, hasta 
que exhaló el postrer suspiro, en venganza de que no 
habían realizado su intento de sorprender el fuerte. 

La Junta de guerra, á propuesta del gobernador, dis- 
puso el envío á Taytay de 5o hombres con los pertre- 
chos y provisiones necesarias, en reemplazo de las pér- 
didas sufridas. 

En vista de la aflictiva situación que atravesaban las 
provincias del Sur de Filipinas, con motivo de los in- 
cesantes ataques de los piratas de Mindanao y Joló, 
convocó el nuevo jefe á junta á los sujetos más experi- 
mentados y conocedores de la localidad, á fin de adop- 
tar una resolución acertada que pusiera término al mal 
existente. 

Después de discutir con amplitud el asunto, se con- 
vino en activar la construcción de buques y hacer cuan- 
tos aprestos fueren necesarios para el mejor éxito de 
una expedición á sus islas. 

En Febrero de lySi salieron de Cavite cuatro gale- 
ras recién construidas, tripuladas por 140 soldados y 
3o artilleros españoles, 3o marineros, 44 grumetes y 
nueve cómitres ó capataces de 376 forzados al remo, 
bajo las órdenes del general D. Ignacio de Iriberri, 
yendo de jefes en las demás naves D. Manuel del Ro- 
sal, D. Pedro Zacarías Villarreal y D. Andrés de Pa- 
lacios. 

Incorporáronseles en Zamboanga dos fragatas, cua- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 263 

tro paquebots ó champanes, una tartana, una falúa, 
ocho caracoas visayas y dos delátaos. Tras de una bre- 
ve y feliz navegación fondeó la escuadra en Joló. De- 
fendían la plaza cinco fuertes de estacas y uno de pie- 
dra, edificado sobre el que fundara el ilustre general 
Corcuera en i638, artillados con lo cañones de grueso 
calibre, y muchas piezas menores en los demás. 

El ataque y la defensa fué terrible por ambas partes; 
pero la victoria se declaró por los españoles, sucum- 
biendo en la lucha dos dattos. Cogióseles el estandarte 
real del datto Salicala, y fueron pasto de las llamas sus 
casas y embarcaciones. 

Villarreal pasó con su galera y cuatro buques meno- 
res á la isla de Talobo, cuyas salinas, que constituían 
una gran riqueza para ellos, destruyó, quemándoles 
también el pueblo y todos sus barcos. 

El capitán Palacios desembarcó frente al fuerte de 
Bual, que defendía el príncipe Salicala con una extensa 
línea de baterías sóbrela playa; le mató bastante gente, 
y redujo á cenizas casas y sembrados. La expedición 
regresó á Zamboanga. A mediados de año fué Villa- 
rreal, al mando de 600 hombres de desembarco, á la 
isla de Capual, situada á milla y media de Joló; quemó 
tres pueblos, destruyó salinas, casas, sembrados y bu- 
ques, no sin luchar ardientemente los moros, regresan- 
do á Manila la escuadra por el mes de Junio. 

El sultán de Tamontaca, Maulana Diafar, solicitó el 
auxilio de los españoles para combatir al príncipe Ma- 
linog, que se había sublevado con el apoyo de los dattos 
de treinta pueblos del río grande de Mindanao, procla- 
mándose sultán de Salangan. Esperaba además el re- 
voltoso magnate tener de su parte á los holandeses, en 
virtud de gestiones con ese objeto practicadas. 



264 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

En Noviembre de dicho año lySi salió de Manila el 
comandante Villarreal con dos galeras y dos champa- 
nes; reforzó su escuadra en Zamboanga con otras dos 
galeras, una falúa, una piragua y una caracoa tripula- 
da por lútaos. El sultán de Tamontaca recibió al jefe 
español con grandes fiestas, saludando la bandera na- 
cional con salvas de artillería. Tenía ya dispuesta su 
escuadra, ó sean 11 embarcaciones grandes y 30 meno- 
res, al mando de dos príncipes, en cuyos buques iba 
multitud de gente de guerra, la que se puso á las órde- 
nes de Villarreal. Emprendieron la marcha, y á la en- 
trada del río hallaron un fuerte construido bajo la direc- 
ción de un ingeniero holandés y defendido por ocho ca- 
ñones y 3qo hombres. El fuerte fué tomado al cabo de 
algunas horas de lucha. Se demolió éste, inutilizando 
los cañones, y cogieron muchas armas. Dos leguas río 
arriba avistaron la residencia de Malinog, pueblo gran- 
de, resguardado por seis fuertes, con 3o cañones del 
calibre de 6, 8 y 12. Entablóse el ataque; peleando bra- 
vamente murieron muchos moros, y entre ellos el prín- 
cipe Tambul, general de las armas. Quemaron tres 
pueblos, destruyendo las sementeras, árboles y ganados. 
AI regresar los expedicionarios á Tamontaca, el sultán, 
agradecido, devolvió siete cautivos que había en su rei- 
no, algunos de los cuales llevaban catorce años de cau- 
tiverio, y obsequió grandemente á las tropas. 

De vuelta la escuadra en Zamboanga pasó á las cos- 
tas de Joló y de Basilan, haciendo muchos cautivos y 
el mayor daño posible. 

Los buques procedentes de Manila fondearon en la 
bahía de la capital en Junio de 1782. 

Con idéntico fin de prestar auxilio al sultán de Ta- 
montaca partió otra expedición en Enero de 1733. Di- 



EN MINDANAO, JÜLÓ Y BORNEO 265 

rigía las fuerzas de tierra el capitán D. Juan Antonio 
Jobe, y las de mar D. Félix Téllez Girón. 

Mientras peleaban los españoles, en unión délas fuer- 
zas aliadas, contra los defensores de la corte de Mali- 
nog, éste invadió con 300 piraguas la capital de Ta- 
montaca, dando muerte al sultán. Los expedicionarios 
españoles regresaron á Manila. 

Amuril Mahomenin Campsa, hijo del sultán Maulana 
Diafar, escribió el 3o de Marzo de 1733 al gobernador 
general de Filipinas, exponiéndole la triste situación á 
que le tenía reducido Malinog desde que éste diera muer- 
te á su padre, y demandaba una vez más el auxilio de 
los españoles, como aliado y subdito del monarca católi- 
co, manifestándose dispuesto á ratificar las capitulacio- 
nes que su padre firmara. En idénticos términos se 
expresaba también su hermano el príncipe Linicom. 

Dirigiéronse asimismo al gobernador de Zamboanga 
D. Juan Antonio de la Torre, el cual envió dos galeras 
á recorrer la costa, mandadas por D. Félix Téllez Gi- 
rón. A su regreso se embarcó para Manila, como em- 
bajador, el príncipe Basal, que fué recibido por el jefe 
supremo de las islas con las mayores demostraciones 
de afecto, dispensándole los honores debidos á su rango. 
El sultán de Tamontaca se obligaba, para combatir 
á Malinog en unión de las fuerzas españolas, á tener 
disponibles 400 hombres armados con lanzas, crises y 
corazas; cuatro caracoas con la artillería y tripulación 
necesaria; dos balsas de cuatro barotos cada una, con 
trincheras, artillería y gente mantenida á su costa, y 
60 barcas grandes para transportar la tropa á donde el 
general dispusiere. Pedían el envío de 3. 000 boholanos 
y de ICO soldados de otras provincias, con las galeras 
y embarcaciones que fuere preciso. Una vez terminada 



266 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

la campaña y en posesión el sultán de Salangan, ofre- 
cía fortificar y mantener sus dominios en la obediencia 
del Rey de España, pudiendo los españoles levantar 
fuertes en su territorio y destinar misioneros para ins- 
truir á los que voluntariamente quisieren convertirse al 
cristianismo. 

Por último, se comprometían, en recompensa de los 
gastos que la expedición irrogaba, y en señal de vasa- 
llaje, á contribuir todos los años con cierto tributo, re- 
comendándose á la consideración de la autoridad supe- 
rior, á fin de que en los primeros años no se les apre- 
miase demasiado sobre este extremo, por la escasez que 
necesariamente les ocasionaría la campaña. 

Sometidas estas proposiciones á la Junta de guerra, 
y oído el fiscal de S. M., se determinó socorrer al nue- 
vo sultán, enviando al efecto una escuadra á las órdenes 
del general D. Francisco Cárdenas Pacheco. 

Reforzada en Zamboanga, salió el i8 de Febrero de 
1734. En la ensenada de Sibuguey reunióse toda la es- 
cuadra: á los nueve días pasaron Punta de Flechas, y 
desde aquí se dividió en dos cuerpos, uno por la costa 
y otro mar á fuera, á cargo éste de D. Pedro Zacarías 
Villarreal. La que dirigía Cárdenas fué á la Sabanilla 
de Tuboc, en cuya barra dio fondo. Practicado un re- 
conocimiento en el río, y en vista de que estaba en él 
la escuadra de Tawi-Tawi, se convino, en consejo de 
oficiales, efectuar en seguida el desembarco. Realizóse 
con buen orden, reuniéndose en tierra al amanecer 150 
soldados y 600 indios. Avanzaron hasta encontrar á 
los moros: la infantería les ganó el campo y les hizo 
reembarcarse. La tropa llegó hasta las cercanías del 
fuerte, sosteniendo con sus defensores vivo tiroteo por 
espacio de dos horas. Mandó el general que avanzasen 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 267 

los auxiliares indios en apoyo de la tropa, pero no hubo 
forma de conseguirlo; notando el cansancio de los sol- 
dados tocó retirada, replegándose sobre un montecillo 
próximo. Vióse en esto acudir multitud de moros, y el 
general dispuso que se los rechazase disparando lanta- 
cas y fusiles; mas al oir sus gritos de victoria y vengan- 
za, y que decían haberse apoderado de los botes, entró 
tal pánico á los indios, que emprendieron la huida. En 
vano quiso el general contenerlos; cundió el desaliento 
en la tropa, arrollada por los que huían, y precipitán- 
dose unos sobre otros lograron ganar los botes, gracias 
á que los mahometanos no supieron aprovechar las ven- 
tajas de la desbandada de sus adversarios. Una vez á 
bordo les fué fácil impedir, con los pedreros de las em- 
barcaciones grandes, que se acercasen á la playa. Mu- 
rieron en esta refriega 12 soldados, 9 indios y 4 forzados. 

Por la noche llegó la almiranta y aconsejó su coman- 
dante atrincherar las galeras para el combate mientras 
se reunía el resto de la escuadra. Tres días después, 
disminuyendo el peso de las galeras, se las hizo avan- 
zar por el río hasta donde pudiesen batir el fuerte y 
proteger los flancos de las tropas. Desembarcaron las 
fuerzas sin oposición, defendidas por el fuego de las 
embarcaciones situadas cerca de la playa. Formaban en 
la vanguardia 600 indios coraceros, 3oo de tropa en el 
centro y 700 indios en la retaguardia, bajo las órdenes 
del valeroso Villarreal, quedando de reserva dos compa- 
ñías de á 5o hombres y 600 indios coraceros, con el en- 
cargo de formar una trinchera. 

Villarreal ordenó sus fuerzas en batalla, arrojándose 
al combate con valor; pero á pesar de su bravura y pe- 
ricia obtuvo escaso éxito, no sólo por la superioridad 
del enemigo, cuyas fuerzas ascendían á 4.000 hombres, 



268 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dirigidas por el príncipe Balte, el datto Doria, muchos 
famosos dattos de Tawi-Tawi y los valientes Ulanos, 
sino porque los auxiliares indios, y aun parte de las 
tropas, emprendían á lo mejoría huida, descomponien- 
do todo su plan (O. 

En vista del mal sesgo de la campaña, resolvió el 
general trasladarse á la silanga de Malinog. 

Fué feliz la travesía: pudo la escuadra ganar el río, 
y al ver esto los que guarnecían á Lubungan, incendia- 
ron sus fuertes y sus casas. El general dio orden de 
continuar hacia Malinog; destacó á Villarreal con su 
galera y ocho caracoas para que, unido con otra galera 
y las embarcaciones de Tamontaca, fuese á tomar el 
fuerte de Cabuntalan, yendo Cárdenas á cortar la reti- 
rada de Malinog en Lubungan. Cumplió aquel jefe su 
cometido, después de cañonear el fuerte todo un día, en 
donde cogió dos cañones: lo hizo quemar, y regresó á 
reunirse con Cárdenas. Éste había levantado una trin- 
chera, coronada por dos cañones de á 4 y un morteri- 
11o, comenzando el fuego con el auxilio de dos galeras 
próximas á la trinchera. Villarreal construyó otra trin- 
chera hacia la parte opuesta del fuerte, en tierra firme, 
á distancia de un tiro de fusil. Determinó Cárdenas dar 
un grande asalto á la fortaleza: duró tres horas el com- 
bate; lo cenagoso del terreno, la acertada defensa de los 
moros y los obstáculos que impedían á los buques acer- 
carse, por estar cortado el río con una grande estacada, 
que fué imposible destruir, imposibilitaron la toma del 
fuerte, á pesar de sostenerlos sitiadores vivo fuego du- 



(1) Relación de la empresa contra la Sabanilla de Tuboc, que Ma- 
linog, rey levantado de Mindanao, padre del rey de Joló, intentó con 26 
embarcaciones de armada el año de 1734: Madrid, 1734. 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 269 

rante tres horas y de haberse aproximado tanto los gra- 
naderos, que metían sus granadas en el recinto fortifi- 
cado. Viendo el general que las tropas estaban fatiga- 
das, mandó cesar el fuego, retirándose en buen orden 
con todos los heridos, que eran 26 de tropa y 17 in- 
dios, habiendo muerto ocho soldados y i3 indios, Al 
día siguiente embarcaron la artillería: la escuadra pasó 
á la Silanga, en donde se detuvo veinte días para dar 
tiempo á que el príncipe Linicom edificara fortalezas 
con que defender sus dominios. 

El jefe de la expedición pactó con los príncipes de 
Mindanao las siguientes condiciones: 

Se les otorgaba libertad comercial en todo Filipinas, 
llevando sellados sus pasaportes, y del mismo modo á 
los españoles en sus sultanatos con licencia del capitán 
general. Permitirían el ejercicio de la religión católica 
y el establecimiento de fuertes, artillados y guarnecidos 
por españoles, en la Silanga y en Tamontaca; habría 
amistad y paces, prestándose mutuo auxilio en las gue- 
rras con sus enemigos; devolverían desde luego todos 
los cautivos, armas, campanas y vasos sagrados que 
hubiesen extraído de las provincias filipinas, abonan- 
do, en su defecto, 200 picos de cera. Debía contribuir 
el sultán con la equivalencia de 4.000 tributos en los 
efectos que produjera su reino, conduciéndolos anual- 
mente á Manila un príncipe de la sangre, ó en caso de 
legítimo impedimento á Zamboanga, y que para la ra- 
tificación de este tratado mandaría á Manila una em- 
bajada. 

Fué firmado este convenio, con toda solemnidad, por 
los jefes de la escuadra y por los magnates moros. 

De regreso de Mindanao, en Junio del mismo año, 
hizo Villarreal una brillante campaña contra Basilan, 



270 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

destruyendo pueblos y embarcaciones y cogiendo un 
gran botín U). 

Según Cárdenas, la amistad de los de Tamontaca no 
era leal, y bien claro se patentizó al no prestarse á de- 
volver los cautivos cuando llegó el caso de cumplir esta 
parte de las estipulaciones. 

El reyezuelo de Tawi-Tawi, Bigotillos, logró apresar 
un champán que conducía víveres á Zamboanga, y lo 
transportó á sus islas con los 17 individuos que lo tri- 
pulaban. 

Seis meses después (1734), salió con siete embarca- 
ciones y 3oo hombres, recogió en Joló i5o más y puso 
el rumbo á Basilan, donde se le unieron otros 20 mo- 
ros, concertando con ellos el modo de sorprender la 
fuerza de Zamboanga. Sintió ruido el centinela cuan- 
do estaban próximos al baluarte de San Felipe, dio la 
señal de alarma, y tan oportuna fué la llegada de los 
jefes, que ya los moros escalaban el fuerte, siendo re- 
chazados con bastantes pérdidas. 

El datto joloano Ynog, residente en el río de Balian, 
junto á Sibuguey, apresó una embarcación mercante de 

(1) "En las armadas que se han hecho desde el año de 1719> que 
han sido siete, hemos experimentado en ellos (los moros) mucha cuna 
en atrincherarse, mucha industria en defenderse, gran astucia en embos- 
carse, gran reparo en acometer, gran osadía en seguir, mucha artillería, 
buena pólvora, mucha destreza, y aun hemos advertido entre sus cam- 
pos muchos holandeses por artilleros; y lo cierto es que sus nuevas for- 
tificaciones, en particular en Joló, son de ingenieros conocidamente. „ 

(Disertación histórico-politica, en que se trata de la extensión del ma- 
hometismo en las islas Filipinas; grandes estragos que han hecho los 
mindanaos, joloes, camucones y confederados de esta secta en nuestros 
pueblos cristianos; medio con que se han contenido y uno congruente 
para su perfecto establecimiento, escrita en forma de diálogo, por el Pa- 
dre Fr. José Torrubia, religioso franciscano: Madrid, 1736. Pág. 48.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNhO 27I 

Cápiz. El gobernador de Zamboanga, La Torre, envió 
contra aquél, con dos pequeños buques, al capitán Don 
Juan González del Pulgar y al alférez Antonio de Lu- 
cena, ocho soldados en cada barco, un artillero, cuatro 
marineros y treinta forzados. Encontrado el buque pirata 
en el río de Lutiman, lo atacó Pulgar con tanto arrojo, 
que, no obstante el nutrido fuego de lantaca y de espin- 
garda de los moros, les hizo desamparar su buque. Aún 
siguieron el tiroteo resguardados por unos mangles para 
defender la presa; pero al ver morir á su jefe y á un 
pandita abandonaron el barco á sus vencedores, destro- 
zándoles además otras cuatro embarcaciones pequeñas. 
Entre los despojos del buque había varios alcoranes. 

También en 1734 atacaron los moros á Linacapan, 
sin poder tomar el pueblo, por haberse hecho fuertes 
sus naturales en un cerro de difícil acceso, en el que se 
defendieron briosamente. 

El i.° de Diciembre del mismo año salió de Cavite 
otra armadilla á cargo del capitán D. Andrés Palacios, 
para socorrer el presidio de Taytay, que de nuevo esta- 
ba cercado de moros. 

Verdaderamente inquieto el gobernador general con 
la tenaz lucha de los malayo-mahometanos, reunió la 
Junta de guerra para ver qué medidas convenía adop- 
tar, y después de amplia discusión y de exponer cada 
cual su dictamen, resolvió que los pueblos costeros 
construyeran atalayas y baluartes para vigilar los ma- 
res y resistir, en caso de ataque, á los piratas, mandan- 
do también á los alcaldes mayores que trasladasen el 
vecindario de los lugares poco habitados á sus inmedia- 
tos, para que la población de cada uno no bajara de 5oo 
tributantes, dándoles armas. Dispuso igualmente la 
creación de galeras guardacostas y que fuesen algunos 



272 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

buques á los puntos más amenazados para estar pron- 
tos á salir contra los piratas, autorizando á los filipinos 
para armar sus embarcaciones en corso y servirse como 
esclavos de los prisioneros que hicieren. 

En 1735, cayeron sobre el fuerte de Taytay 2.000 
joloanos y mindanaos, cercándolo por tierra y por mar. 
Hallábase á cargo del capitán Cienfuegos, cuyo vale- 
roso jefe se previno á la defensa con celo, auxiliándole 
en ello el P. Fr. José de Santo Tomás de Villanueva y 
dos religiosos más. Uno de éstos, Fr. Antonio de Santa 
Ana, quedó herido gravemente y murió á poco. 

Tan seguros estaban los moros de conseguir la vic- 
toria, que un fanático santón, acercándose á la mura- 
lla, dijo á los sitiadores que estuviesen prevenidos, por- 
que al día siguiente iban á dar el asalto y á pasarlos á 
cuchillo. La guarnición indígena se contristó toda, y 
costó no poco trabajo al gobernador y á los religiosos 
persuadirles de su injustificado pánico. Cumplieron los 
moros la primera parte de su aviso, arrojándose en nú- 
mero de T.5oo sobre la fortaleza por tres distintos pun- 
tos, mientras sus buques lo cañoneaban por el frente, 
pero la artillería hizo en ellos grande estrago. Recha- 
zados cuerpo á cuerpo algunos que lograron escalar el 
muro, tuvieron que desistir de su empeño, dejando el 
campo cubierto de cadáveres y de heridos, armas y des- 
pojos. 

En 1736 recibió el gobernador de Filipinas cartas de 
los príncipes de Tamontaca, en que se quejaban de la 
pertinaz guerra que les hacía Malinog, y pidiendo, en 
virtud de los convenios vigentes, que se les remitieran 
en préstamo dos cañones de á 10, pólvora y balas, con 
la promesa de devolverlos, y de que antes perderían la 
vida que los cañones. Accedió el gobierno á esta peti- 



EN MINDANAO, JÓLO V BORNEO 273 

ción, yendo un champán á llevarlos, en cuyo buque 
embarcó también el embajador y su comitiva. 

En 1735 fué elevado al sultanato de Joló Mahamad 
Ali-Mudin, en virtud de renuncia de su padre Maulana, 
que le hizo además rey de Dongón y Tawi-Tawi. El 
viejo sultán intentó apoderarse del presidio de Zam- 
boanga por medio de una traición, á cuyo fin envió ocho 
moros astutos para que, admitidos en paz y ganándose 
la voluntad de los indios con dádivas y protestas de 
amistad, les entregasen la fuerza. 

Presos por el gobernador D. Francisco Sarmiento 
Valladares, y convictos de su traición, los hizo matar (0. 
Al recibir esta noticia el sultán Maulana, postrado en 
cama por penosa enfermedad, ciego de ira, se aceleró la 
muerte, dando con la cabeza en los maderos de su lecho. 

En 1737 pasó á dicho reino el sargento mayor de Zam- 
boanga, D. Juan González del Pulgar, de orden del go- 
bernador de la plaza, á concertar con el nuevo rey la 
ratificación de las capitulaciones ajustadas con el sultán 
Maulana. Recibió Ali-Mudin con toda pompa al embaja- 
dor, disponiéndole hospedaje y guardia para honra y res- 
guardo de su persona. Fué el sultán á verse con el em- 
bajador; le dijo que algunos de sus vasallos se resistían 
á entregar los cautivos; que desde luego amparase á los 
que se refugiaran en su alojamiento, porque deseaba cum- 
plir los convenios ajustados. Indicó que tenia en su po- 
der 41 cautivos, á los que juntaría otros 3o para devol- 
verlos. 

Esto y el envío anterior de 78 cautivos y de dos 

(1) "Así está escrito, y también que aquellos ocho hombres fueron 
al presidio sin tal intención: que fué antojo de jesuítas, quienes tenien- 
do al gobernador por suyo, los hizo causa de traidores y los sentenció 
como tales.,, — (P. Concepción, tomo XII, cap. II, pág. 14.) 

18 



274 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

arras y una campana, probaban en él su lealtad, según 
dijo al embajador. 

Pretendía, á su vez, que de los 40 prisioneros joloa- 
nos existentes en Filipinas, le fuesen devueltos 16 es- 
clavos, y en caso de haberse hecho cristianos, que se 
los pagasen á 3o pesos uno, protestando devolver en- 
tonces más de 200 cautivos. 

Con esta representación que hizo Pulgar, dio cuenta 
el gobernador de Zamboanga al Sr. Tamón, y mandó 
satisfacer al sultán el importe de dichos 16 cautivos, á 
fin de que devolviese los 200 indicados, á lo que no se 
prestaron luego los datos á quienes pertenecían (0. 

Para ganar la voluntad de los españoles y acreditarse 
de leal, salió Ali-Mudin á campaña contra los piratas ti- 
rones, en unión del capitán D. Tomás Arrivillaga, pero 
en secreto los animaba á resistir, enviándoles aviso de 
que ocultasen en los pueblos del interior á los cautivos. 

En Junio de 1735 fondearon en la bahía de Mani- 
la tres grandes navios holandeses, mandados por el al- 
mirante Ury, á pedir la devolución de un buque de su 
país apresado por la marina española. 

Dio origen á este suceso el siguiente hecho: 

En Octubre de 1733 saheron de Zamboanga dos ga- 
leras guardacostas á cargo de D. Francisco Muñiz, con 
objeto de recorrer las de Mindanao. Hallándose en Ta- 
montaca tuvo aviso aquel jefe de que se veía un buque 
holandés; fué en su busca y le intimó arbolase su ban- 
dera. La puso, empavesando el barco con flámulas y 
gallardetes. Reclamó la galera el bote, pero no hizo 
caso; le disparó un cañonazo con bala, no se dio por 



(1) Este convenio de paz y amistad, fué aprobado por el Rey en cé- 
dula de 9 de Junio de 1742. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 275 

entendido, y así que la tuvo cerca, le disparó el buque 
holandés siete cañones de los diez que montaba, y en 
seguida los tres restantes á la otra galera que seguía á 
la capitana. Entonces se lanzaron ambas al abordaje, 
escalando el buque, sin embargo de su continuo fuego 
y de ofenderles sus tripulantes desde el trinquete con 
granadas y balas. Muñiz penetró el primero en la cha- 
lupa enemiga espada en mano. Le siguieron los suyos, 
y derribando la bandera neerlandesa, rindieron al ca- 
pitán, Juan Vaningles, y á los 5o hombres que tripu- 
laban el barco. La dotación de las galeras sólo ascen- 
día á 45 hombres. Cogió Muñiz importantes despachos, 
una corona y un turbante que llevaban para Malinog. 

Enviada la presa á Manila, prodújose en Batavia 
gran algarada por este hecho, calificándolo de infrac- 
ción de la paz existente, no obstante haber hecho fue- 
go dicho buque sobre los de la marina española y cogér- 
sele los efectos de guerra que conducían para nuestros 
enem.igos. De aquí la presentación en Manila de los 
navios antes citados, y su amenaza de impedir la salida 
del galeón de Acapúlco y de apresar el Sají Cristóbal, 
que se aguardaba en breve. 

Instruyóse expediente acerca de la pretensión de los 
holandeses, y aunque había sido declarada buena presa 
la del buque que reclamaban, y hubo quien opinó por 
rechazar la exigencia, se convino al cabo en restituir 
los prisioneros y satisfacer 6.5oo pesos por la chalupa 
y algunos de sus tripulantes que, por su conversión al 
catolicismo, prefirieron quedarse en Manila. 

El 20 de Mayo de 1740 tres caracoas de moros tiro- 
nes atacaron en la ensenada de Guinsalagan una em- 
barcación en que iba el padre recoleto Fr. Hipólito de 
San Agustín. Los indios se salvaron á nado, internan- 



276 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dose en los montes; mas el P. Hipólito, aunque logró 
ganar la playa con ellos, no pudo seguirlos y fué preso. 
Lleváronle á sus islas, y de aquí unos joloanos lo con- 
dujeron á su capital. El sultán trataba muy bien al 
padre, pero exigía 12.000 pesos por su rescate. En Oc- 
tubre acudió de Zamboanga el rector de los jesuítas, 
convenientemente escoltado, á fin de satisfacer una can- 
tidad moderada; mas el sultán persistía en su demanda, 
y al cabo se obligaron, por escrito, el rector y el cauti- 
vo á remitir dicha suma, recobrando su libertad en el 
acto. Más adelante, estando en Zamboanga el sultán, 
se contentó con i.ooo pesos. 

En 1 741 ordenó el gobernador del Archipiélago, Don 
Gaspar de la Torre, á los alcaldes mayores de Cebú, 
Leyte, Iloilo é Isla de Negros, la construcción de 36 em- 
barcaciones capaces para conducir 80 hombres de armas 
3^ 18 remeros, siendo de cuenta de la Hacienda las ra- 
ciones de la gente. Declaró que cuantos moros cogie- 
sen serían esclavos de sus aprehensores, y que al prin- 
cipal que se distinguiera lo eximiría para siempre del 
pago de tributo, polos y servicios personales; permitía 
á los indios que fueran á combatir á los moros en sus 
tierras, y previno á los alcaldes que tuviesen en las pla- 
yas vigías y atalayas para evitar sorpresas. 



CAPITULO XVI. 

Gobierno del Obispo Arrechederra. — Procura dotar á Manila de mejores 
medios de defensa. — Expediciones contra tirones. — Escribe el Rey de 
España á los sultanes de Joló y Tamontaca aconsejándoles permitan en 
sus estados la predicación del catolicismo. — Lleva el rector de Zam- 
boanga estas cartas y es bien recibido. — Pide recursos y efectos de 
guerra el sultán de Joló, y se le conceden. — Designa el superior de los 
jesuitas los que han de ir á las misiones de dichos sultanatos. — El sul- 
tán dejólo acoge afectuosamente á los destinados á su reino. — Decide 
pasar á Manila; altérase su hermano Bantilan porque no le encarga del 
gobierno, y es herido el sultán alevosamente. — El datto Salicaya acon- 
seja á los jesuitas vuelvan á Zamboanga, como lo verifican. — Sábese 
después que fué destronado Ali-Mudin por Bantilan. — Pasa aquél á 
Zamboanga y se embarca para Manila. — Sospechosa llegada de joloa- 
nos al presidio. — Precauciones del gobernador. — Incidentes de la mi- 
sión de Tamontaca. — Teme el P. Moreno ser víctima de los minda- 
naos y regresa á Zamboanga. — Llega á Manila Ali-Mudin y es fastuo- 
samente recibido. — El gobernador le promete su protección y le dis- 
tinguen á porfía las autoridades y corporaciones. — Aconseja el Obis- 
po-gobernador al sultán abjure el mahometismo. — Pide el sultán el 
Bautismo. — Rehusa el Arzobispo concederlo, sospechando de su vo- 
cación. — Interesado el gobernador, practícasela ceremonia en un pue- 
blo de su diócesis. — Festejos con este motivo. — Proyecta reponerlo 
en su trono, pero la penuria del Tesoro no lo consiente. 

En virtud de hallarse vacante el Arzobispado, y con- 
forme á lo dispuesto por Reales despachos de i5 de 
Agosto de 1734, entró á gobernar las islas el Obispo 
electo de Nueva Segovia, D. Fr. Juan de Arrechederra, 
dominico, natural de Caracas. 

El Obispo-gobernador, después de inspeccionar las 



278 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

murallas y fuertes de la plaza, decretó la fundición de 
artillería de á 18, reedificando el polvorista. Análogos 
cuidados dedicó á Cavite, donde hizo construir un ba- 
luarte para la defensa del puerto. También adquirió en 
Batavia cañones, fusiles, balas, plomo, salitre y an- 
clas, por medio del francés D. Antonio Piñón, abas- 
teciendo á los almacenes de todo género de pertrechos. 
En 29 de Octubre ordenó al gobernador de Zam- 
boanga que procurase despachar anualmente, en las 
monzones favorables, una expedición á las islas de los 
tirones, subditos del datto Curan, de la isla de Borneo, 
vasallo del rey de Joló, á quien cada individuo contri- 
buía anualmente con un tael de oro, en este metal ó 
en lantacas ó nido. 

El 16 de Febrero de 1747 concedió al pueblo de Gui- 
van (Samar) armar sus embarcaciones con 5oo hom- 
bres de guerra y boga, permitiendo hacer esclavos su- 
yos á cuantos piratas tirones cogiesen, y entrar en sus 
territorios á sangre y fuego, como ellos lo hacían en el 
nuestro (0. 

Estos piratas infestaban con sus escuadrillas los ma- 
res de Luzón, atreviéndose á cometer sus fechorías en 
las costas de dicha isla. Salieron dos pequeñas expedi- 
ciones contra ellos, á cargo de D. Pedro de Guevara y 
de D. José Valverde, respectivamente, pero no consi- 
guieron otra cosa que el ser- testigos de sus estragos, por 
haber desamparado ya los puntos á donde en su busca 
acudieron (2). 

(1) El año 1751 contaban los tirones más de 40 pueblos. Los sul- 
tanes de Joló y Mindanao solían piratear bajo el nombre de estos isle- 
ños, achacándoles sus devastaciones, dando por pretexto que eran re- 
beldes á sus mandatos y que no podían dominarlos. 

(2) Puntual relación de lo acaecido en las expediciones contra mo- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 279 

En Mayo se presentaron ante la isla de Basilan dos 
navios holandeses, cuyo jefe trató de ganar á los indige- 
nas con algunos regalos, á fin de que permitiesen el es- 
tablecimiento de una estacada en tierra, para tener un 
puerto abierto en dicha isla. Se opuso á este propósito 
la mayoría de los principales, y especialmente la esposa 
del príncipe Curandin, aconsejándole que se apoderara 
de los buques. Así trató de hacerlo, penetrando en el 
navio en son de paz, prevenida de antemano su gente 
para que pasaran á cuchillo á nueve holandeses que ha- 
bían quedado en tierra con un bote, como lo ejecuta- 
ron. Pudo Curandin dar muerte al capitán, á un sar- 
gento, al cirujano y á varios centinelas; mas la marine- 
ría de proa puso los cañones hacia donde estaban el prín- 
cipe y los suyos, siendo muerto aquél y cinco más, que- 
dando i5 mal heridos. Los holandeses abandonaron á 
Basilan sin pretender otra venganza por la perfidia de 
los moros (0. 

La perfidia de los joloanos corría parejas con su 
grande hipocresía, de que es ejemplo elocuentísimo el 
hecho que vamos á narrar. 

El rey Felipe V, á instancia de los jesuítas, escribió 
en 1744 á los sultanes de Joló y Tamontaca, Ali-Mu- 
din y Ameril Mahorrienin Camsa, indicándoles la con- 
veniencia de que autorizaran la predicación del Evan- 

ros, tirones, malanaos y camucones, destacadas en los años de II46 
y 1747. 

Continuación de los progresos y resultas de las expediciones contra 
moros, tirones y camucones en este año de 1748, con noticia de los 
principios de las nuevas misiones de los reinos de Joló y Mindanao, por 
Fr. Juan de Arrechederra. 

(1) De lo acaecido en este presidio de Zamboanga, desde el dia 1.° 
de Mayo de 1 747, por D. Juan Pérez del Pulgar, gobernador de la 
plaza. 



28o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

gelio en sus estados. Estas cartas se recibieron en Ma- 
nila por Julio de 1746. 

El gobernador decidió enviarlas originales, comisio- 
nando, de acuerdo con el superior de los jesuítas, para 
Tamontaca al padre jesuíta Francisco Sassi, rector de 
Zamboanga, y al sargento mayor D. Tomás de Arrivi- 
llaga, y para Joló al P. Sebastián Ignacio de Arcada, 
con el expresado Arriviilaga (29 de Agosto). 

En ambos reinos tributaron á los embajadores toda 
clase de honores, recibiéndoles con salvas de artillería. 

También escribió el Rey al provincial de los jesuítas, 
participándole haberlo hecho á los sultanes de Joló y 
Tamontaca, con encargo de que enviase misioneros á 
dichos reinos. 

En Joló tuvo efecto la recepción de la regia carta el 
i.° de Setiembre, yendo el príncipe Asín, hermano del 
sultán, y otros dattos á recogerla á bordo, con una em- 
barcación cubierta de lucidas colgaduras. Hubo, con tal 
motivo, salvas de artillería de los buques y de la plaza; la 
infantería española marchaba en dos filas, llevando el es- 
tandarte real; la carta del monarca español iba en una 
gran bandeja de plata; el sultán se adelantó á recibirla, 
y más tarde obsequió á los embajadores. 

Ali-Mudin se mostró completamente dispuesto á cum- 
plir cuanto el Rey de España le encargaba, incluso á que 
los jesuítas se establecieran en su capital; pero exigía 
en concepto de indemnización, por su concurso á la cam- 
paña contra los tirones, que se le remitiesen 6.000 pe- 
sos, 12 picos de pólvora, 12 de clavazón, uno de acero 
y 12 de hierro. 

Después de oír á la Junta de Guerra, resolvió el go- 
bernador auxiliar al sultán con la cantidad y pertre- 
chos que deseaba, yendo al efecto el sargento mayor 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 28 1 

Arrivillaga con los dattos joloanos Salicaya y Yumpaga- 
lava, que habían llevado á Manila la carta de Ali- 
Mudin. 

El sultán recibió este donativo en Zamboanga, cuyo 
gobernador puso ásu disposición tropas para combatirá 
los borneos. 

El superior de la Compañía de Jesús designó para la 
misión de Joló á los PP. Juan Anglés y José Villelmi, y 
para la de Tamontaca á Juan Moreno y Sebastián Ar- 
cada, confiriéndoles el gobierno carácter de embajadores 
extraordinarios, á fin de que fuesen más respetadas sus 
personas. Dichos jesuítas salieron de Manila para Zam- 
boanga en Octubre de 1747, adonde llegaron el 21 de 
Enero por dificultades en la navegación. Sin pérdida de 
tiempo dieron aviso de su arribo á los sultanes de Joló y 
de Mindanao, pidiéndoles licencia para trasladarse ásus 
estados. 

Ali-Mudin fué á Zamboanga el 5 de Mayo de 1748 
para llevar en su compañía á los jesuítas. En esto mu- 
rió el P. Villelmi. Ali-Mudin, que lo apreciaba mucho, 
por ser muy entendido dicho padre en la lengua arábi- 
ga, mostró gran pesar por ello y asistió á su entierro, 
regresando en seguida á Joló. En sustitución de aquel 
padre fué nombrado Patricio del Barrio, quien marchó 
de Zamboanga para Joló el 6 de Junio con el P. An- 
glés. 

Los recibieron muy atentamente el príncipe Asín y 
otros muchos magnates. El jefe del país les hospedó en 
una casa suya, mientras se terminaba la que para ellos 
había mandado construir. 

Según el P. Anglés, ni el sultán ni ninguno de sus 
subditos eran afectos á la religión católica, aunque 
Ali-Mudin disimulaba astutamente por razones políti- 



282 HISTORIA I>K LA PIRATERÍA 

cas (0; los panditas y dattos mostraban más á las claras 
su disgusto. 

Ali-^Iudin manifestó á los jesuitas su propósito de ir 
á Manila para saludar y conocer al gobernador de las 
islas. 

Había convenido con los PP. Rarrio y Anglés nom- 
brar gobernador del reino durante su ausencia al prín- 
cipe Salicaya; mas luego varió de parecer sin contar con 
ellos. Designó á Mamancha, joven pandita, casado con 
una sobrina suya, repudiada por el datto Asín, cu}o su- 
jeto, por espíritu de secta, tenía que serles contrario. 
Hicieron presente al sultán que ya habían noticiado á 
Manila la designación de Salicaya; expusiéronle sus 
quejas y su propósito de retirarse, y entonces convino 
en nombrar á aquel datto. Este acuerdo produjo al 
príncipe Hantilan grande enojo contra su hermano Ali- 
Mudin y los padres. 

El i.^* de Setiembre se embarcó el sultán para tras- 
ladarse á Zamboanga, sin avisar previamente á Salica- 
ya, que estaba en Taligbe. 

Llegó la noche hallándose aún la embarcación real 
en la rada, y desembarcó el sultán con objeto de despe- 
dirse de una de sus favoritas. Al retirarse, á eso de la 
una, le hirieron de una lanzada por orden de Hantilan, 
que aseguran pagó al agresor seis esclavos y i.ooo pesos. 

Corrió la voz de que el sultán había muerto, produ- 
ciéndose la conmoción consiguiente. 

VA datto Miiibahal, hermano de Salicaya, se apoderó 
de la fuerza principal. El P. Anglés se hi/o custodiar 
por cinco soldados de la guardia de Ali-Mudin, quien 

(l) "Kl sultán cu toilo atoiuiia á sus iiiteivses, y cii lo que no se opo- 
nía á éstos no k- causaba rubor cl mentir y faltar á la palabra, como 
*ratar con notablí- artilicio enredos ijue tuviesen cuenta á sus ideas.» 



EN MINDANAO, JOLÓ Y HORNIíO 283 

le mandó á decir que no fuese á verle, pues su herida 
era poco peligrosa. 

Al día siguiente á las diez entró en Joló Salicaya. 
Propuso á los padres que se retiraran á Zamboanga en 
vista del estado de ánimo de los moros, acompañándo- 
les hasta dejarlos en un champán que, á prevención de 
lo que pudiera ocurrir, les había mandado el goberna- 
dor de Zamboanga González del Pulgar. 

El mal tiempo los detuvo en Paran un día, y al si- 
guiente volvieron á Joló para proveerse de arroz y agua, 
artículos que facilitó solícito Salicaya, llegando, no sin 
trabajo, á Zamboanga el 8 por la mañana. 

Los joloanos proclamaron sultán á Bantilan. El des- 
tronado Ali-Mudin pasó con 17 pancos á la isla de Ba- 
silan, y de aquí á Zamboanga (22 de Setiembre), segui- 
do de su familia y de un numeroso séquito. 

El gobernador de la plaza puso á su disposición una 
chalupa para que, conforme á sus deseos, pudiera tras- 
ladarse á Manila. 

Bantilan artilló cuatro cottas y dio permiso á los ti- 
rones para que saliesen en corso contra las provincias 
sujetas al dominio de España, enviando además cuatro 
embarcaciones contra Camiguin y Siquijor. 

Había ofrecido Ali-Mudiu á sus partidarios volver á 
los tres meses, para recuperar su reino con el auxilio 
de los españoles. Pasado este término, se presentó en 
Zamboanga una hermana del sultán con siete embar- 
caciones, y muy poco después otro datto de Paran con 
tres, manifestando que deseaban aguardar al sultán. 

Avistaron además desde la fuerza 43 caracoas, una 
de las cuales fué á Zamboanga á pedir licencia para es- 
perar á su soberano. Se le hizo sospechosa tanta gente 
al gobernador, y contestó que lo aguardasen en Basi- 



284 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

lan. Al propio tiempo, mandó armar varias embarca- 
ciones en corso para impedir la introducción de víveres 
en Joló, cogiendo algunos buques enemigos llenos de 
arroz, los cuales fueron conducidos á Zamboanga. 

El sultán de Tamontaca escribió al gobernador de 
Zamboanga, notificándole que el datto Gula, hijo de 
Malinog, se había rebelado, y que, por el estado de gue- 
rra en que se hallaba su reino, era conveniente demo- 
rar algo la ida de los misioneros. Al propio tiempo le 
pedía 3oo balas de cañón, con la pólvora correspondien- 
te. El envío de estas municiones equivalía á dejar inde- 
fenso el presidio, y se limitó el gobernador á remitirle 
5o balas y la pólvora necesaria. 

También escribieron al P. Juan Moreno el sultán, el 
principe Lincom y su esposa la princesa Sadan, en tér- 
minos afectuosos, pero sin mostrar decidido empeño 
porque fuese desde luego á su reino, antes bien, procu- 
rando dar largas al asunto (1). 

Por muerte del P, Arcada, quedó designado en su lu- 
gar, para la misión de Tamontaca, el P. Ignacio Mála- 
ga, que fué de capellán de las dos galeras que, á las ór- 
denes de D. José Goicochea, envió el gobernador de 
Zamboanga con alguna tropa en auxilio del sultán, cu- 
yos enemigos desaparecieron á la vista de los españoles. 

Después marchó también á Tamontaca el P. Moreno. 

Llegó á Matiling, corte del sultán de Mindanao, re- 
cibiéndole bien éste y sus dattos (Setiembre de 1748). 
Mes y medio después trasladó Ameril su residencia á la 
barra de Tuboc, continuando el padre jesuíta aposen- 
tado en la casa del sultán, hasta que estuvo concluida 

(1) Las cartas y testimonios citados en este capítulo, pueden verse 
íntegros en el Apéndice. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 285 

la mandada construir para él, transcurriendo en perfec- 
ta paz sobre cuatro meses y medio. Hizo Ameril las 
paces con Gula, y se retiraron á Zamboanga las galeras 
que habían conducido á Tamontaca al padre, quedando 
para su resguardo 25 soldados españoles y 12 pampan- 
gos. En su nueva casa le visitaban frecuentemente los 
principales dattos. Le contaron, en secreto, que al ha- 
cerse las paces entre Ameril y Gula decidieron éstos 
apoderarse de las galeras de Zamboanga, y que el no 
realizarlo se debió á que esperaban el dinero y la arti- 
llería pedida al gobernador de las islas. 

Atemorizado el padre, dijo al sultán que tenía que 
asistir en Zamboanga á una junta, prometiéndole vol- 
ver. Accedió á su marcha, después de vacilar algo. El 
P. Moreno se fué en un champán que á la sazón había 
en Tuboc. Enterado de todo el gobernador, envió una 
galera en busca de la guarnición peninsular é indígena, 
puesto que el padre no deseaba volver á Tamontaca, 
retirándose la tropa sin dificultad ninguna por parte de 
los moros. 

El 2 de Enero de 1749 fondeó en Cavite el buque 
que conducía al sultán de Joló. Dio aviso de su llegada 
al gobernador de las islas, y éste mandó una comisión 
á cumplimentarle, acompañándole á Manila, hasta que- 
dar instalado en una magnífica casa próxima al estero 
de Binondo, con las 70 personas de ambos sexos que 
formaban su comitiva. Una compañía del Real tercio 
le daba guardia de honor, siendo visitado por las auto- 
ridades, corporaciones religiosas y vecinos principales 
de la capital. 

El día 17, designado para la recepción oficial, fué á 
buscarle el capitán de la guardia en el coche de gala de 
Palacio. Delante iban seis alabarderos á caballo, y le 



286 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

seguían multitud de carruajes. Tan luego se puso en 
marcha el cortejo, dejaron oir sus ecos los cañones de 
la plaza. El pueblo llenaba las calles; las casas lucían 
vistosas colgaduras; veíanse arcos, gallardetes y ban- 
deras en todo el trayecto, y formados en parada los ter- 
cios españoles y pampangos. Las músicas militares 
saludaban con la majestuosa marcha Real española al 
sultán, embelesado por tanto fausto y tan grandes ho- 
nores. 

El Obispo-gobernador recibió á Ali-Mudin en una 
sala adornada con lujosos tapices y alfombras de Persia. 
Hallábanse á su lado los provinciales y superiores de las 
órdenes religiosas y las autoridades de todos los ramos. 

El Sr. Arrechederra abrazó afectuosamente al sul- 
tán, el cual se mostró reconocido al magnífico recibi- 
miento que se le dispensaba, pidiendo protección para 
recuperar su reino, que dijo le habían usurpado. El jefe 
de las islas contestó que gustoso accedería á sus deseos. 
A la terminación del acto le obsequió con un espléndido 
refresco, regresando á su morada con el mismo aparato 
que á su ida á Palacio (0. 

Después de este público recibimiento, comenzaron á 
visitarle á menudo los religiosos y personas más pu- 
dientes de Manila, devolviendo rnuy cortés las visitas 
á todos. El gobernador lo invitaba á su mesa y á pa- 
sear con él frecuentemente, obsequiándole con varios 
objetos, entre ellos una cadena de oro, un cintillo de es- 
meraldas y otro de rubíes, etc. En sus conversaciones le 
aconsejaba que abjurase la religión mahometana. Con 
frecuencia le decía el Obispo: «Sultán, si quieres volver 

(l) Relación de la entrada del sultán, rey de yoló, Mohamed Ali~ 
Aludin en Manila, por Fr. Juan de Arrechederra: 1749. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 287 

á tu reino y vencer tus enemigos, hazte cristiano, con- 
viértete á Jesucristo y serás señor de tus vasallos.» En 
el mismo sentido le hablaba su buen amigo el valeroso 
general D. Pedro Zacarías. 

A sus múltiples atenciones añadió el Sr. Arreche- 
derra el regalo de un rico vestido de tela verde, ceñido 
de una banda bordada de oro, matizada con diamantes, 
esmeraldas y rubíes, que se avaluó en i.ooo pesos; 
tres bastones con puño de oro, una escopeta guarne- 
cida de plata, pistolas, sortijas, etc., etc. A los diez in- 
dividuos de su guardia les costeó vestidos de seda, y 
al capitán de terciopelo: igual esplendidez usó con sus 
mujeres, regalándoles alhajas y vestidos. 

El sultán se mostraba muy contento por estas aten- 
ciones. 

El i.'^ de Diciembre de 1749 manifestó al Obispo-go- 
bernador su deseo de ser cristiano. El Sr. Arrechederra, 
lleno de gozo, participó la grata nueva al Arzobispo, 
nombrando dos padres jesuítas para que lo fueran ins- 
truyendo en la doctrina cristiana. Desde ese momento 
se vistió á la española, dijo que no quería vivir con sus 
concubinas y se puso al cuello un rosario. El 10. de 
Marzo de 1750, informáronlos dos jesuítas «que ya es- 
taba suficientemente instruido para recibir el santo sa- 
cramento del bautismo.» Ali-Mudin pidió por escrito al 
Arzobispo el Bautismo, quien desde la Laguna le con- 
testó que siguiera su aprendizaje. Dos veces más rei- 
teró su petición, sin obtener una respuesta categórica. 

Sospechaban el Arzobispo y los jesuítas que no era 
verdadera la vocación del sultán, y que únicamente pre- 
tendía verse repuesto en su trono, repugnando por esto 
el metropolitano de las islas autorizar su bautismo; pero 
el gobernador, dispuesto á llevarlo á cabo, reunió en 



288 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

junta á 15 doctores en cánones y letras sagradas: éstos 
lo examinaron, y, hallándolo suficientemente instruido, 
se decidió el bautizo de Ali-Mudin, sin más voto en 
contra que el de los jesuítas. Para que el Arzobispo no 
pudiera oponerse, se convino realizar el acto en Pani- 
que, primer pueblo del obispado de Nueva Segovia. 

El Sr, Arrechederra hizo prevenir las embarcaciones 
necesarias, cuidando también de equipar conveniente- 
mente al sultán y á su guardia de honor (0. 

El 20 de Abril de lySo partió de Manila la pequeña 
flota en que iban Ali-Mudin y el general D. Ignacio 
Martínez de Faura, designado por el jefe superior del 
Archipiélago para que lo representase y sirviera de pa- 
drino en su nombre, yendo además lucido acompaña- 
miento de españoles, varios religiosos, el séquito del 
sultán y un piquete del Real tercio. El 28 de dicho mes, 
en medio del alegre repique de las campanas y del es- 
truendo de las salvas de artillería, se efectuó la solemne 
ceremonia por el padre dominico Fr. Enrique Martín, 
asistido de tres religiosos de su orden, recibiendo el sul- 
tán el nombre de Fernando I. También se bautizaron 
dos dattos y cinco principales de su comitiva. 

En celebración del fausto acontecimiento hubo ilu- 
minaciones, toros, comedias, bailes y otros festejos á 
costa del Tesoro público. El padrino obsequió al sultán 
con una gran joya de esmeraldas para adorno del som- 

(1) "Al rey se le cortaron cuatro vestidos á la española de muy 
finos géneros y guarniciones de plata y oro, una casaqueta de camino y 
su capa de grana, un espadín de oro, otro de plata, con todo su ajuar 
de este género, y dos sombreros de finas plumas. Estaban también dos 
de sus capitanes dispuestos al mismo acto, y otros seis mozos de su 
guardia, y se les cortaron también vestidos decentes á proporción „ 
(P. Concepción.) 



EN MINDANAO, JOlÓ Y BORNEO 289 

brero, un rosario de oro, varias alhajas de valor y dinero 
para repartirlo á la plebe. 

El 5 de Mayo regresaba la comitiva á Manila, donde 
el rey cristiano de Joló obtuvo fastuosa acogida, salu- 
dándole con sus disparos los fuertes de Manila y Cavite. 

Los religiosos de Santo Domingo, algunos de San 
Francisco, el sargento mayor de la plaza y varios oficia- 
les, acompañaron al sultán desde el muelle hasta la igle- 
sia de los dominicos, donde se cantó un Te Deiun; en se- 
guida fué Ali-Mudin al palacio del gobernador, que le 
abrazó con efusión, obsequiándole con un magnifico 
banquete. Lo cumplimentaron después la Audiencia, el 
clero y el vecindario. Durante cuatro días hubo funcio- 
nes de iglesia, toros, comedias, mojigangas, fuegos ar- 
tificiales é iluminaciones. 

Deseaba el Sr. Arrechederra restablecer en su reino 
á Ali-Mudin; pero como en tres años no se había reci- 
bido el situado y escaseaban las tropas, tuvo que diferir 
su ejecución. 

El sultán, para demostrar mejor su lealtad, pidió que 
fuese á Manila desde Zamboangasu heredero Mahamad- 
Israel 5^ una de sus hijas, á fin de que se les educase en 
la religión católica. 



19 



CAPITULO XVII. 

Gobierno del marqués de Ovando. — Incuria de los alcaldes mayores en 
la defensa de sus provincias. — Precauciones de Bantilan. — Sus arro- 
gantes cartas al gobernador de Zamboanga. — Decide Ovando reponer 
á Ali-Mudin en su trono. — Divídese la escuadra en que iba el sultán 
y llega éste con gran retraso á Zamboanga. — El jefe de la escuadra 
va á JoIó, combate con los moros y pactan con él algunos dattos so- 
meterse á Ali-Mudin, retirándose aquélla á Zamboanga. — Descúbre- 
se por una carta de Ali-Mudin su deslealtad para con los españoles, 
y es preso con muchos dattos é individuos de su familia y servi- 
dumbre. — El gobernador general ordena la remisión de los presos á 
Manila. — Disposiciones de Ovando para combatir á los joloanos. — 
Va un embajador á Borneo y obtiene la cesión á España de las islas 
Paragua y Balabac. — Sale una expedición contra Joló, no logra ven- 
taja ninguna y se retira á Zamboanga. — Correrías de los moros. — 
Desgraciada expedición á la Paragua. — Pide refuerzos el corregidor 
de Iligan. — Inconveniente sistema para decidir el envío de auxilio á 
los puntos amenazados. — El P. Ducós rechaza á los sitiadores do 
aquel presidio. — Diversos encuentros con los piratas moros. — Sus 
estragos en multitud de pueblos. — Heroico combate naval del capi- 
tán Figueroa. — Naufraga parte de una escuadra enviada en perse- 
cución de los moros. 

Por Julio de lySo llegó á Manila el electo goberna- 
dor, en propiedad, de Filipinas, D. Francisco José de 
Ovando y Solis, marqués de Ovando, jefe de escuadra, 
natural de Cáceres, encargándose inmediatamente de 
su destino. Al ser nombrado para este empleo se halla- 
ba en Lima, cuando ocurrió el horroroso terremoto que 
destruyó el Callao. 

Su primer providencia fué inquirir el estado de los 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 2gi 

buques de la marina Real, cuya situación era, en rea- 
lidad, desconsoladora, asi como la del Tesoro pú- 
blico (i). 

Los joloanos seguían hostilizando á las provincias 
sometidas á España, merced á la desidia y criminal 
abandono de muchos alcaldes mayores que, en vez de 
atender á la defensa de sus costas, empleaban en sus es- 
peculaciones mercantiles los buques del Estado, y en su 
servicio particular á las guarniciones de los fuertes, de- 
jando á éstos indefensos ó arruinarse por el abandono 
en que los tenían. 

Bantilan, en cambio, ejercitaba continuamente á sus 
subditos en el manejo de las armas, construía embar- 

(l) He aquí los buques que halló y su miserable estado: "Un na- 
vio, Rosario Gratide, podrido en gran parte y quebrantada la quilla; 
otro, construido en Sual, comido del anay ú hormiga blanca; los bu- 
ques Holandés, Ojeda y San Telmo, incapaces de composición, y que 
sólo podían habilitarse para chatas ó lanchones de carga; una falúa, 
que, aunque sólo había hecho un viaje, no admitía ya carena; una fra- 
gata con las cuadernas quebradas y deshaciéndose; seis caballitos ma- 
rinos, inútiles por su defectuosa construcción; una goleta pequeña, que 
necesitaba completa compostura, y tres champanes que podían servir 
con menos; una goleta y cuatro chatas. La artillería era en extremo 
desigual: estaba toda muy vieja y casi inútil; de modo que era preciso 
refundirla enteramente, como se intentó. El estado de la Hacienda no 
era menos lastimoso. El situado ó suplemento de Méjico, que una Real 
cédula de 1665 había fijado en 250.000 pesos anuales, estaba reducido 
por otra de 1696 y varias posteriores á 74-000, y se recibía con tanto 
atraso, que llegaron á adeudarse por este concepto 800. ooo pesos, no 
contando las remesas que se habían quedado en el fondo del mar con la 
monstruosa y mal construida y peor tripulada nao de Acapulco, ó ha- 
bían sido presa de los ingleses ú holandeses, con la plata cambiada en 
Nueva España por las sederías de China, que constituía el único capi- 
tal circulante en Filipinas, cuyas rentas públicas no pasaban de 350.000 
pesos, mientras que los gastos ordinarios y precisos ascendían á m^y 
cerca de 700.000., (D. Agustín Santayana.) 



292 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

caciones y fuertes é hizo levantar una fortaleza que 
artilló con 40 piezas de diferentes -calibres, atreviéndo- 
se á remitir una carta en extremo arrogante al gober- 
nador de Zamboanga, González del Pulgar, en que 
censuraba sus castigos á los joloanos, y el que los es- 
pañoles se entrometieran en sus cuestiones interiores, 
amenazando con el enojo del sultán de Constantinopla, 
al que decía haber recurrido (1). 

El gobernador, al contestarle, rebatió sus infundados 
cargos, sin dar importancia á sus ridiculas amenazas. 

En Mindanao se acentuaba también cada vez más la 
decadencia del poderío español, habiendo disminuido 
mucho la población cristiana por la inseguridad que á 
los misioneros ofrecía su estancia en la mayor parte de 
sus distritos. 

El marqués de Ovando anhelaba reponer en su trono 
á Ali-Mudin para que refrenara la osadía de sus sub- 
ditos; pero al mismo tiempo luchaba con el temor de 
empeorar las cosas, pues tanto el gobernador de Zam- 
boanga como los jesuítas, decían que ni el sultán Ali- 



(1) Véase el Apéndice. 

(2) En 1750, según el P. Traggia, "los jesuítas tenían á su cargo 
la doctrina de Dapitan, con la misión de Haya-, la de Iligan, con las mi- 
siones de Layaban, Langaran, Disacan, Talinga y otras que se van res- 
tableciendo, y la de Zamboanga, con las misiones de Bagumbayan, Du- 
malon, Piocon, Cabatangan, Caldera y Pangbato.„ 

"Los agustinos recoletos tenían en la misma isla los pueblos de Bu- 
tuan, Linao, Ilibon, Hingocc, Habongan, Mainit, Ohot, Tubay, Tan- 
dag, Calaglan, Babuyo, Tago, Masibatag, Lianga, Bislig, Hinatoan, Ca- 
tel, Baganga, Caraga, Higaguet, Panguntungan, Surigao, Tagayan, Agu- 
san, Manalaga, Pueblo Nuevo, Gompot, Balinuan. Con sus misiones en 
la isla de Siargao, en los pueblos de Caolo, Sapao y Cabonto, en la isla 
de Dinagat, y en la de Camiguin los dos pueblos de Guinsiliban y Ca- 
tarman, en las cuales administraciones hay 21.000 almas.,, 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 293 

Mudin fué destronado ni recibió herida alguna, y que 
representaba esa comedia de acuerdo con Bantilan y los 
demás dattos, con el propósito de arrojar de sus estados 
á los jesuítas y enterarse de los medios de defensa que 
contaban los españoles para, en caso de ser posible, re- 
ducir á su dominio las Filipinas, conforme les prome- 
tiera un santón de la Meca que había llegado á Joló an- 
dando sobre el mar. 

Para la realización de aquel proyecto se celebraron 
varias Juntas de Guerra, presididas por el marqués de 
Ovando, decidiendo conducir á su país al sultán con las 
precauciones convenientes. 

El 19 de Mayo de 1751 se hizo á la vela la escuadra, 
compuesta de tres galeras, dos falúas, dos champanes y 
una goleta, bajo el mando del maestre de campo D. An- 
tonio Ramón de Abad y Monterde. Ali-Mudin embarcó 
en la almiranta San Fernando, acompañándole hasta el 
buque las autoridades, y en el trayecto mucha gente del 
pueblo. 

Al levar anclas saludó la plaza con salvas de artillería. 
La capitana Santa Bárbara y los demás buques llega- 
ron á Zamboanga á últimos de Mayo; mas la almiran- 
ta, en que iba Ali-Mudin, mandada por D. Martín de 
Miranda, perdió la derrota desde un principio, y se vio 
precisada, por pérdida del timón, á arribar á Calapan, 
capital de Mindoro, siguiéndole dos falúas. Continuó el 
sultán su viaje en una de éstas, al mando del alférez 
D. Juan de Arellano; de nuevo tuvo que arribar á Na- 
hoan, 1 5 millas al S.E. de Calapan, en cuyo punto per- 
maneció hasta el 19. Fué á Iloilo en un champán en- 
viado de Manila con tal objeto, cuyo capitán era Don 
Juan Farfán de los Godos. Otro champán le condujo, 
por efecto de malos tiempos, á Dapitan. De aquí se 



294 JIISTORIA DE LA PIRATERÍA 

trasladó en una caracoa visaya á Zamboanga, á donde 
llegó el 12 de Julio. 

Creyó el jefe de la expedición que no tardarían en in- 
corporársele la galera San Fernando y las dos falúas; y 
á fin de que los joloanos no se aprestaran á la defen- 
sa, dispuso, de acuerdo con la junta de oficiales, prose- 
guir la marcha á Joló, fondeando en la rada de dicha 
capital el 26, después de trece días de penosa navega- 
ción. El grueso de la escuadra hallábase á una milla 
frente á las cottas del sultán y de los dattos Sibuyon y 
Tandahdalaya, y la falúa y goleta, como de menos ca- 
lado, más inmediatas á tierra. Al amanecer descubrie- 
ron dos champanes chinos sin bandera, que se esforza- 
ban por entrar en el río. Pareciéndoles sospechosos, 
destacó el jefe tres embarcaciones para reconocerlos: al 
cabo de breve lucha, sin que el fuego de los fuertes mo- 
ros contuviese á aquéllas, llevaron á remolque á los 
champanes. Cogieron en uno 26 chinos y en el más pró- 
ximo á tierra dos solamente, por haberse salvado á nado 
los demás. 

Mandó el maestre de campo dos chinos á Joló, con 
encargo de que los arráeces de los champanes pasaran 
á bordo á dar sus descargos, prometiendo respetar sus 
vidas y su libertad; pero reconociéndose, sin duda, cul- 
pables por conducir efectos de guerra á los moros, no 
comparecieron ellos ni los enviados en su busca (O. 

(1) La presa de estos champanes fué después origen de un ruidoso 
pleito promovido por varios oficiales contra el maestre de campo Abad, 
acusando á éste de haberse quedado con la mejor parte. También se 
evidenció que empleaba los buques de la marina Real en sus especula- 
ciones mercantiles, mal muy generalizado en aquella época, á que debe 
atribuirse en mucha parte el escaso éxito de la mayoría de las expe- 
diciones contra los malayo-mahometanos del Sur de Filipinas. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 295 

Al día siguiente, muy de madrugada, se reanudó el 
fuego, pero cesó en breve por haber arriado su bande- 
ra roja los fuertes, yendo una vinta á pedir tregua y 
permiso para conferenciar á bordo el datto Asin con el 
comandante en jefe, pero transcurrió el día sin que el 
príncipe moro apareciese. Conociendo que había sido 
un ardid para ganar tiempo y recibir auxilios del inte- 
rior, rompieron el fuego ya anochecido, sin ser contes- 
tados por los moros, ocupadísimos en su faena de re- 
parar las brechas de los fuertes. Al lucir la aurora del 
29, las cottas del sultán y del datto Sibuyon principia- 
ron á disparar izando bandera roja. La del datto Tan- 
dahdalaya permaneció silenciosa con bandera blanca. 

Decidido el desembarco, se simuló por un punto 
dado, mientras por el opuesto lo efectuaba D. José de 
Medina, al frente de 40 soldados españoles é igual nú- 
mero de voluntarios. Llegaron á las primeras casas de 
la población, rechazando á los moros, y las prendieron 
fuego; mas por estar á barlovento no se comunicó al 
caserío restante. Al retirarse á sus barcos intentaron 
cortarles el paso fuerzas numerosas: el capitán Medina, 
con temerario arrojo, se adelantó seguido de 12 volun- 
tarios zamboangueños: acosado de la multitud, perdió 
la vida en unión de cuatro de los suyos, pudiendo al- 
canzar sus buques los demás, aunque heridos en su ma- 
yoría. La única compensación de esta imprudente re- 
friega fué que en ella sufrió el enemigo muchas bajas. 

Durante el día 3o se mantuvo el fuego entre los fuer- 
tes y la escuadra, con ventaja por parte de ésta, aun- 
que sin un resultado decisivo. 

El i.° de Junio izó el fuerte de Tandahdalaya ban- 
dera amarilla: fué un bote á inquirir el significado de 
semejante señal, llevando al propio tiempo una carta 



296 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

para el datto Asin, en que el maestre de campo recri- 
minaba el proceder de los joloanos contra su legitimo 
sultán y su hostilidad contra España, vigentes aún los 
tratados de paz que suscribieran. En dicha carta los 
exhortaba á una amistosa transacción }- á la entrega de 
los cautivos cristianos que tuvieren. 

El 2 volvió la lancha á por la contestación. El datto 
Asin, en carta escrita á nombre de los demás, mostrá- 
base sentido de que los españoles, siendo protectores de 
su sultán Ali-Mudin y amigos de los joloanos, hubiesen 
entrado á son de guerra en su rada, apresando dos 
champanes mercantes de chinos; extrañando, si era su 
objeto la restauración de Ali-Mudin, no verle ni saber 
nada de él, cuya presencia y regreso deseaban los prin- 
cipales dattos, para entonces arreglarlo todo amistosa- 
mente. 

A esta carta respondió el jefe de la escuadra in- 
sistiendo en la devolución de los cautivos cristianos, 
3^ excitándoles á seguir el partido de Ali-Í^íudin, para 
lo cual convenía fuesen á Basilan á ponerse de acuerdo 
con el sultán, que se hallaba en Zamboanga. Asin ofre- 
ció á los mandatarios contestar á las veinticuatro horas. 

Los vientos reinantes hacían muy peligrosa la estan- 
cia de los buques en la rada de Joló, y se convino en 
junta de oficiales volver á Zamboanga. El 3 se aproxi- 
mó la escuadra al fuerte del sultán con ánimo de caño- 
nearlo; mas el datto Asin suplicó que no llevaran á 
efecto su propósito, por hallarse á espaldas de dicha 
cotta las casas de los más decididos partidarios de Ali- 
Mudin, ofreciendo enviar su contestación el 4. Fué la 
lancha á tierra al amanecer, y á eso de las doce de la 
mañana regresó con un testimonio en que muchos 
dattos reconocían la autoridad de Ali-Mudin, compro- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 297 

metiéndose á restituir los cautivos que pudieran reclu- 
tar (1), si bien de palabra dijeron que á éstos los había 
internado Bantilan. 

También escribían á dicho sultán con promesas de 
obediencia y fidelidad. 

La expedición se retiró á Zamboanga, llevando á re- 
molque á los champanes chinos. 

El 25 de Julio fondeó la almiranta San Fernando en 
la rada de Zamboanga, á cuyo gobernador remitía el ca- 
pitán general una carta en árabe escrita por Ali-Mudin 
para el sultán de Tamontaca, cuya traducción castella- 
na llenó de asombro á aquella autoridad, pues que ma- 
nifestaba el artero moro en su idioma que se veía pre- 
cisado á escribir lo que le mandaban, pero que no cre- 
yesen lo hacía por su espontánea voluntad (2), refirién- 

(1) "Todos los príncipes que firman este escrito rendimos la obe- 
diencia á nuestro rey D. Fernando I, y la firmeza de la amistad á los se- 
ñores españoles, particularmente al señor maestre de campo, jefe mayor 
de esta armada. Digo yo el príncipe Asin, en nombre de los demns 
dattos, que cuantos cautivos pueda reclutar en este reino, quedo á re- 
mitir á V. S. con toda seguridad, y en la primer ocasión se remitir.ín 
dichos cautivos; y por ser verdad lo firmé y sellé en mi idioma, y to- 
dos los principes que firman debajo de ésta.,, 

(2) "Me alegraré que el sultán Muhamad Amirubdin y todos sus 
principales, hombres y mujeres, estén buenos. No me alargo en escribir 
según tengo pensado, porque sólo quiero dará entender, por si tuviese 
el sultán y sus principales y demás gente algún sentimiento porque les 
envío así esta carta; pues lo hago, porque me es fuerza el hacerlo, por 
que estoy bajo el dominio ajeno, y cualquier cosa que me mande el 
que me tiene he de obedecer, y he de decir lo que me dijere que diga; 
y esto es lo que el gobernador me mandó: que les escriba á Vds. en 
nuestro estilo; y así, no entiendan Vds. que por mi motivo he escrito, 
sino por habérmelo mandado; y no tengo que decir otra cosa. 

"Escrita el año de 1 1 74 á nueve días de la luna Rabilager. — Fer- 
nando I, rey de Joló. (Sello. )„ 



29S HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dose á una carta que por indicación del gobernador ha- 
bía dirigido á aquel sultán exhortándole á permitir la 
predicación del Evangelio en sus estados y á unirse á 
los españoles en contra de sus rebeldes subditos de Joló. 

La falsía y mala fe de Ali-Mudin produjo grande in- 
dignación entre los españoles: el haber enviado al datto 
Asin, que decía ser su mayor enemigo, charreteras y he- 
billas de oro, medias de seda y otras prendas para que 
se presentase en Zamboanga con más ostentación, co- 
mo lo efectuó el 3o; su empeño en que partieran para 
Joló sus mujeres, concubinas y criados; su indiferencia 
hacia las prácticas religiosas; la noticia de que «había 
apostatado de la fe, haciendo un sacrificio mahometano 
en Calapán, donde mató un cabrito, hizo de él doce di- 
visiones con muchas ceremonias suf)ersticiosas 5' lo dio 
á comer á su comitiva para celebrar la pascua;» y sus 
conciliábulos, con muchos dattos que, á pretexto de sa- 
ludarle, habían acudido al presidio español, demostraron 
que las sospechas de que conspiraba con sus subditos y 
parientes en contra de España eran ciertas, y en su vir- 
tud, el gobernador de Zamboanga puso presos á media 
noche del 3 de Agosto las 217 personas siguientes: 

Ali-i\Iudin; sus hijos Muhamad Israel, Muhamad 
lapal, Salapudin y Amad; su hermano Asin; su herma- 
na Dayana Panguian Banquiling; cuatro dayanas hijas 
del sultán; sus cuñados los dattos Datollan, Udyuhan- 
Pahalaguan, Salilama, Dalapurra y Gupput; su yerno 
Mustafá; el Jaddí (segunda dignidad de su secta, equi- 
valente á Obispo) Abdula; los panditas Tuhan-Ialip, 
Tuhan-Iamad, Tuhan-Opay, Tuhan-Ilira y Tuhan- 
Ialip; el datto Jamudin; el orancaya Apoan; 160 sáco- 
pes, y 32 concubinas y criadas. 

Capturaron además las embarcaciones moras, hallan- 



EN MINDAXAO, JÓLO Y BORNEO 2g9 

do en ellas un cañón de hierro, i3 lantacaSj 6 espin- 
gardas, 65 lanzas, g8 crises, i8 alabardas, 14 corazas 
de malla, dos machetes, tres cerbatanas, balas, cartu- 
chos, pólvora en tibores y en cajas y otros efectos. En- 
tre los almohadones de uso del sultán había 12 crises. 

Al recibirse en Manila el parte de estos hechos, por 
el mes de Setiembre, la indignación contra el desleal 
Ali-Mudin no tuvo límites. Todos reclamaban el casti- 
go de tan innoble raza, recordando con pena que exce- 
dían de 20.000 pesos lo gastado en obsequiarle y aten- 
der á su estancia, sin contar los 6.000 pesos y las mu- 
niciones enviadas al instalarse los jesuítas en Joló. 

El marqués de Ovando dispuso le fuesen remitidos 
los presos, encerrándolos á su llegada en la fuerza de 
Santiago de Manila y en la de San Felipe de Cavite. 

Dio orden además á la armadilla de Zamboanga de 
atacar á Joló, y hasta quiso salir en persona á comba- 
tir á los joloanos, pero la Audiencia se opuso. 

También, por bando acordado en Junta de Guerra 
(Octubre de lySi), ofreció patentes de corso á los ha- 
bitantes de las islas, autorizándoles para apoderarse 
de cuantas embarcaciones, oro, perlas y plata pudie- 
ran coger á los piratas, y para apresar y hacer escla- 
vos á los hombres, mujeres y niños que les cogiesen, 
sin pagar el quinto ni ningún otro impuesto á la Ha- 
cienda (1). 

Esta disposición, aparte de ser contraria á las leyes 
de Indias, que condenan la esclavitud en Filipinas, no 
podía producir resultado práctico, porque los piratas no 
llevan ningún objeto de valor. 

El 12 de Noviembre murió el ex-gobernador general 

(1) Véase el Apéndice. 



300 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

interino y obispo de Nueva Segovia D. Juan de Arre- 
chederra. 

Para conseguir que los de Borneo estuvieran de parte 
nuestra, fué á dicho país, en calidad de embajador, Don 
Antonio Faveau de Quesada, participando á sus sobera- 
nos que íbamos á emprender una activa campaña contra 
los comunes enemigos de unos y otros, joloanos, tirones 
y camucones. El príncipe Baudhara recibió muy bien al 
embajador, escribiendo al gobernador general que de- 
seaba unir sus fuerzas á las de España, y en prueba de 
lo cual, accedió á la cesión de la isla de la Paragua y 
de Balabac. Mandó además, como presente, diez quin- 
tales de cera, dos de pimienta y la cerbatana de su uso 
con el estuche de jaras ó flechas (0. 

La expedición contra Joló, encomendada al maestre 
de campo Abad y Monterde, salió de Zamboanga á me- 
diados de Mayo de 1752 con 1.900 hombres de desem- 
barco. Tres días tardó la escuadra en formar la línea de 
combate frente á los fuertes de la plaza y en tender an- 
clotes sobre que bornear, sin que durante ellos la hos- 
tilizaran los moros, que se limitaron á preguntar si iba 
á bordo Ali-Mudin. 

Al cuarto día rompieron los buques el fuego^ contes- 
tándoles las cottas de la plaza. Continuó el cañoneo por 

(1) "Orden que lleva el embajador de Manila (á quien ayude Dios) 
del Rey de todos los príncipes, grandes y oficiales de Borneo, para que 
todos nuestros vasallos de Balabac y de la isla de la Paragua reconozcan 
desde hoy para siempre el dominio español y guarden y ejecuten las ór- 
denes del señor gobernador de Manila, á quien cedemos las dichas Pa- 
ragua y Balabac, reconociendo que los españoles son nuestros amigos 
firmes y constantes, y renunciamos por nosotros y nuestros hijos al de- 
recho que tenemos á dichas provincias; y si alguno de los príncipes de 
este reino ó de los grandes y oficiales de él se opusiere á esta determi- 
nación, lo declaramos incuiso en pena capital.,. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3OI 

tres días consecutivos sin éxito favorable. Comprendien- 
do el jefe de la expedición la dificultad de un desembar- 
co, partió para el pueblo de Paran, del que se apoderó, 
aunque con pérdida de 70 muertos y 85 heridos. 

El capitán Pineda fué á Tawi-Tawi con gente de 
desembarco, pero cortándole los moros la retirada, pe- 
recieron casi todos en la demanda. 

Viendo el poco fruto de sus trabajos, regresó la es- 
cuadra á Zamboanga. 

Envalentonado Bantilan, hizo salir sus escuadrillas 
á correr las costas comarcanas, causando daños in- 
mensos. 

Para tomar posesión de la Paragua, mandó el mar- 
qués de Ovando á D. Manuel Faustino de Aguirre, con 
título de gobernador, y de comandante de la escuadra 
á D. Antonio Faveau; previniéndoles expulsaran á los 
moros de Ipolote, en cuyo punto enfermó casi toda la 
guarnición, muriendo 270 individuos. Los expediciona- 
rios regresaron á Cavite con 180 enfermos. Esta desgra- 
ciada tentativa costó al Erario 36.976 pesos, y una ga- 
lera apresada por los moros. 

El corregidor de Iligan, D. Felipe Carvallo, expuso 
al gobernador de las islas la necesidad de aumentar el 
personal, armamento, buques y sueldos de la guarni- 
ción de aquel presidio, que por su posición estratégica 
constituía un fuerte valladar contra los piratas maho- 
metanos, siendo á la vez el más expuesto por hallarse 
rodeado de moros aguerridos. Confirmaba estos despa- 
chos el misionero de Iligan, P. José Ducós, y antes de 
adoptar acuerdo alguno, hizo el gobernador que se ins- 
truyera el consabido expediente, en que informaron el 
maestre de campo del Real tercio, los oficiales Rea- 
les, el fiscal de S. M., algunos militares conocedores de 



302 HISTORIA DE LA. PIRATERÍA 

la localidad, la Junta de Guerra, la de Real Hacienda; 
y mientras cada una de estas personas ó corporaciones 
formulaba su dictamen, iban llegando cartas de alcal- 
des, corregidores y religiosos, con detalles horribles de 
los estragos que los malayo-mahonletanos causaban, 
ya en Iligan, cercado por 2.000 moros; ya en Leyte, 
saqueando y reduciendo á cenizas los importantes pue- 
blos de Sogor y Maasin; ya en Carigara, los de Caba- 
lian, Hinondayan 5^ Liloan, y en otros cien puntos más, 
cuyos despachos de las autoridades locales y cartas de 
los religiosos volvían á recorrer el largo peregrinaje de 
juntas, informes y pareceres fiscales hasta acumularse 
al expediente principal; de forma, que cuando salía de 
Manila el auxilio, los moros estaban de vuelta en sus 
madrigueras, cargados de despojos, dispuestos á inva- 
dir de nuevo las islas, y á veces, mientras destruían los 
piratas una isla, ventilaban tranquilamente en la in- 
mediata sus negocios mercantiles los jefes de las escua- 
dras enviadas á perseguirlos. 

Dos mil mindanaos, como hemos indicado, sitiaron 
el fuerte de Iligan por mar y tierra. El P. Ducós, he- 
cho cargo de su defensa, mantuvo á ra5^a á los moros 
durante dos meses que duró el asedio, y cuando en su 
auxilio llegaron de Cebú un champán y nueve embar- 
caciones con 3oo boholanos, ya habían alzado el cerco. 

La escuadra pasó al río Linamón, batiéndose con 
los piratas cuatro horas. 

Fueron después contra Initao, cuyos naturales se 
fortificaron en un cerro, bajo la dirección del maestre 
de campo D. Nicolás Hocón. Acudió en su socorro el 
P. Ducós, y unidos, los vencieron, cogiéndoles muchas 
armas y siete embarcaciones de las 39 que componían 
su armada. También sostuvo con ellos un combate 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 303 

aquel misionero en las aguas de Lavayan, apresándoles 
II visitas sin gente. 

Los piratas cautivaron 8o personas en Langaran, 
200 en Pulilan, matando á su principal Lipoy, y 3o en 
Lavayan, en cuyo punto se hicieron fuertes 3.ooo mo- 
ros, siendo rechazados, con grandes pérdidas, por los 
monteses de Tagol.oan, visita de Cagayán de Misamis, 
y por los indígenas de Lubungan, buen número de 
aquéllos, que á una y otra parte acudieron. 

Una armadilla enemiga, compuesta de 70 embarca- 
ciones, entró por el río de Iponan, cuyo vecindario se 
defendió ocho días desde un cerro, bajo las órdenes del 
cacique Dalabahan, que capitaneaba 40 monteses. La 
llegada de un sargento, un cabo y 20 soldados proce- 
dentes de Iligan, y la de 200 monteses más, les obligó 
á levantar el sitio, con muerte de 5o hombres, incluso 
su capitán Manubi. 

Un pontín echó á pique, frente á Initao, á dos joan- 
gas en que iban 3oo moros de Tuboc. 

La provincia de Caraga sufrió daños inestimables. 
En Julio de 1753 aprehendieron los piratas, en Suri- 
gao, multitud de personas. Un fraile recoleto, después 
de vagar cuatro días por los montes, fué descubierto y 
conducido cautivo á la laguna de Malanao. Otro com- 
pañero suyo pudo llegar á Linao, pero falto de razón 
por el susto y los sufrimientos que padeciera. 

Los pueblos de Caolo, Sapao y Cabonto, de la isla de 
Siargao, fueron saqueados, y muerto su párroco, que in- 
tentó defenderse desde un cerro al frente de sus feligreses. 

Surigao, Higaquet y Pahuntungan quedaron desier- 
tos con la huida al monte de los poquísimos que pu- 
dieron escapar de la muerte ó del cautiverio. 

Otra armadilla entró en el río de Butuan. Después 



304 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de rendir los moros un baluarte y de incendiar la igle- 
sia y principales edificios, asolaron los pueblos de Tu- 
bay, Habongan, Mainit, Talacobon, Hibon y Gingoó. 
El párroco del partido logró refugiarse en Linao. 

En Camiguin impidió tantos daños el valor de sus 
naturales, dirigidos por el P. Marcelino del Espíritu 
Santo. Las islas de Tablas, Banton, Simara y Sibu- 
yan perdieron considerable número de habitantes. 

Romblón, atacado por mar y tierra, rechazó la agre- 
sión. 

En Ticao, la gente se fué á los montes con su pá- 
rroco Fr. Manuel de Santa Catalina, á quien la fatiga 
hizo quedarse atrás; descubierto, al terminar el saqueo 
é incendio del pueblo, lo llevaron á Masbate. Se hizo 
visible al fuerte, para evitar que disparara sus cañones, 
y pidió 5oo pesos que le exigían por dejarle libre. Para 
el canje concurrieron á la playa 10 indios é igual nú- 
mero de moros. Éstos se fugaron con los 5oo pesos, el 
cautivo y algunos de los confiados indígenas, sin que 
del fuerte se atrevieran á hacer fuego, por no matar á 
dicho religioso. 

Culion y Linacapan rechazaron á los moros valero- 
samente, pero Calamián tuvo que lamentar cautiverios 
y muertes sin cuento. 

De Dayhagan los tripulantes de 16 embarcaciones 
moras fueron por tierra á sorprender la cabecera de 
Cápiz, teniendo que retirarse con pérdida de 26 hom- 
bres, en vista de lo infructuoso de sus esfuerzos. 

Supo el corregidor de Mindoro, D. José Pantoja, que 
en el río Nagasavang-Tabig había 17 grandes buques 
piratas, dispuestos á invadir á Calapan, y llevó al puerto 
la artillería; pero los moros, yendo por tierra desde Ban- 
tayan, se apoderaron de la iglesia. Aturdido al verlos 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3O5 

tan cerca, se fugó en un champán á la provincia de Ba- 
tangas, con un religioso. Calapan fué saqueada y redu- 
cida á cenizas. El prior de la capital, anciano valetudi- 
nario, murió cautivo en Joló. En Dongon realizaron 
bastantes cautivos. El párroco pudo ocultarse en los 
montes. Al de Calavite le dio muerte un fanático moro. 

En otros puntos el saqueo, los incendios y cautive- 
rios fueron grandes, salvándose sólo algunos curas y na- 
turales que lograron internarse en los bosques. 

Llegó su atrevimiento al extremo de atacar varios 
pueblos de las costas de Batangas, siendo rechazados 
por sus naturales. 

Por orden del gobernador de Zamboanga, salió á re- 
correr la costa de Mindanao la galera Santiago, man- 
dada por D. Francisco Esteban Figueroa. El 2 de Oc- 
tubre de 1753, á media noche, halló buques enemigos y 
en el acto les hizo fuego. Al amanecer se vio rodeado 
por 33 embarcaciones de llanos. Llevaban éstos de ca- 
pitana la galera Santa Rita y por almiranta la falúa Sait 
Ignacio, apresadas en las costas de la Paragua. A pesar 
de tan crecido número de enemigos, no desmayó Figue- 
roa; antes, por el contrario, supo comunicar su ardi- 
miento á los suyos, peleando todos con heroísmo inde- 
cible. Viendo que la victoria se hacía imposible, puesto 
que los contrarios tomaban al abordaje su buque, pren- 
dió fuego al pañol de la pólvora, sembrando en su de- 
rredor la desolación y la muerte. Los que ya ocupaban 
la Santiago y muchos de los tripulantes de las embar- 
caciones arrimadas á su costado, perecieron juntamente 
con los 52 bravos marinos que constituían la dotación 
de este buque (1). 

(1) El gobernador general concedió á la viuda del heroico Figue- 

20 



3o6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

El marqués de Ovando ordenó á D. Miguel Gómez 
Valdés que saliera con dos galeras, una balandra, un 
champán para víveres y una falúa á propósito para pe- 
netrar en los ríos, marcándole su derrotero en unas ins- 
trucciones (lo de Noviembre de 1753). Después de to- 
car en Calapan, prosiguió su rumbo, y á poco, por un 
temporal y sus faltas de precaución, se fué á pique una 
de las galeras, ahogándose 21 hombres. La balandra 
naufragó asimismo, sin pérdida de gente; la capitana 
arribó á Batangas con el palo mayor quebrado, é igual 
percance tuvo el champán. Reparadas un tanto estas 
averías, volvióse á Calapan, enterándose de inauditos 
desmanes de los moros. Los cautivos hechos por éstos 
ascendían á 409. Repartió en su galera y en el cham- 
pán los náufragos de los demás buques, y regresó á Ca- 
vite. 

Por el corregidor de Mariveles se supo que una po- 
derosa armada de mindanaos y joloanos, estuvo á punto 
de apoderarse de Masinloc y de Santa Cruz de Zamba- 
Íes. En su vista, ordenó el gobernador general que vi- 
gilasen la costa de Morong, Pampanga y Pangasinán 
sus respectivos alcaldes, avisándose de unos pueblos á 
otros por medio de hogueras, para poderse defender de 
los piratas. 

roa una pensión vitalicia y la mitad de las boletas que éste disfrutaba 
en el comercio de Acapulco, señalando análogas pensiones á las viudas 
y huérfanos de los demás tripulantes de la Santiago, 



CAPITULO XVIII. 

Indecisión de las autoridades de Manila respecto al castigo de Ali-Mu- 
din. — Deciden continúe preso. — Solicita permiso del gobernador ge- 
neral para que pase á Joló la princesa Fátima á convenir con los dat- 
tos condiciones de paz. — Va Fátima á Joló, manda á Zamboanga 50 
cautivos por su rescate y regresa á Manila con un embajador de Ban- 
tilan. — Ali-Mudin y los dattos presos someten al marqués de Ovando 
las bases de un tratado ventajoso. — Aceptadas por éste, pasa el em- 
bajador moro á recabarla ratificación de Bantilan. — Horribles aten- 
tados de los moros en las islas Filipinas durante el año 1754. — To- 
man el fuerte de Tandag. — Salen de Manila dos escuadras contra los 
piratas. — Brillantes hechos de armas de la escuadra de Iligan. — El 
capitán Gaztambide, de la escuadra de Faveau, hace huir en Antique 
á varios buques piratas. — Llega la escuadra á Zamboanga. — Infruc- 
tuosa expedición á la costa oriental. — Va Faveau á Joló y es muy 
agasajado por Bantilan, quien le devuelve 68 cautivos y dos buques. 
— Las opiniones de aquel jefe acerca de Ali-Mudin y ios asuntos de 
Joló le atraen la enemistad de los jesuitas. 

Las autoridades de Manila no sabían qué hacer del 
sultán prisionero. Hubo quien propuso su muerte como 
traidor é ingrato á las mercedes recibidas; pero te- 
miendo que los moros, en represalias, asesinaran á los 
10.000 cristianos que poseían cautivos, cosa que de se- 
guro no hubieran hecho por interés propio, siendo los 
esclavos su más valiosa mercancía, no se resolvió nada 
en definitiva, siguiendo Ali-Mudin en la fortaleza de 
Santiago. 

El 8 de Febrero de iy53 escribió al gobernador ge- 
neral, en súplica de que permitiera á su hija Fátima 
pasar á Joló con pliegos para los dattos, á fin de atraer- 



30S HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

los á la paz, ofreciendo por Alatalajá, que entregaría 
aquélla en Zamboanga, en el término de tres meses, 
5o cautivos por su rescate, y que de no cumplirlo vol- 
vería á su prisión. El gobernador, de conformidad con 
la Junta de Guerra, accedió á ello, saliendo Fátima con 
dos esclavas y un esclavo en la galera que conducía á 
D. Francisco de Oscoti, nombrado gobernador de Zam- 
boanga por muerte de González del Pulgar, acaecida 
á fines de 1752. 

El 12 de Mayo llegó dicha princesa á Joló: á los po- 
cos días mandaba á Zamboanga 32 cautivos, y el 23 de 
Julio lo hizo de los 18 restantes, y además del soldado 
José Montesinos, de la galera Santa Rita, apresada por 
los moros llanos en la Paragua. 

En Octubre regresó á Zamboanga Fátima, en unión 
del datto Marayalayla Mahamad Ismael, como emba- 
jador, seguidos de dos salicayas y ocho sácopes. De 
Zamboanga partieron en un champán, al mando del 
sargento mayor de la plaza D. Diego Miguel de Lara, 
llegando al puerto de Cavite el 20 de Diciembre. La 
princesa entregó al gobernador general despachos de 
Bantilan, en que, además de pedir la vuelta de Ali- 
Mudin para restituirle su reino, solicitaba paces dura- 
deras, disculpando las fechorías de los tirones por la 
imposibilidad de sujetarlos. Dicha autoridad recibió en 
corte al embajador de Bantilan, no obstante considerar 
á éste como un intruso. De acuerdo con la Junta de 
autoridades, aceptó más adelante las bases de un trata- 
do de paz que le propuso Ali-Mudin en unión de sus 
dattos: por él se estipulaba la devolución de los cauti- 
vos cristianos, en el término de un año, así como de los 
ornamentos, efectos y alhajas de las iglesias saqueadas, 
cesando las hostilidades por ambas partes. Se compro- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3O9 

metían á conseguir lo propio de los tirones, ó á perse- 
guirlos si continuaban en sus piraterías, debiendo los 
joloanos, en lo sucesivo, tener por enemigos suyos á los 
que lo fueran de España (i). Para la ratificación de 
este tratado, por parte de Bantilan, marchó á Joló el 
datto Pahalavan con cartas del gobernador general, fe- 
chadas el 3 de Marzo de 1754, manifestándole que da- 
ba órdenes de suspender las hostilidades, y que si en el 
término prefijado realizaba sus promesas, pondría en 
libertad al sultán y á los demás prisioneros. 

El año de 1754 fué fatal para las provincias Filipi- 
nas, por las vandálicas correrías de los moros malayos. 

Indicaremos ligeramente sus principales atentados: 

Marzo. Hacen grandes destrozos en Hinondayan, 
Cabalian, Liloan, Sogor, Maasin y otros pueblos de 
Leyte, distinguiéndose en el de Biliran, á cuyo vecin- 
dario cautivan en masa. 

Mayo. Fondean en el río Piloto (Mindoro), juris- 
dicción de Bongabong, 74 embarcaciones de piratas. 
Cautivan en dicho partido á 100 indios, y más de 5o 
entre Manaol y Bulalacao. 

Calibo y Asín experimentan iguales estragos de 68 
caracoas. En el último punto cogen un champán del 
alcalde. 

Cabalot (isla de Tablas) sufre análogas tropelías. 

En Cauit aprehenden á gS indígenas. 

Los tripulantes de 57 embarcaciones, llegadas á Mai- 
nit (Banton), van por tierra al pueblo; sus naturales y 
el cura lo desamparan; los moros lo incendian, lleván- 
dose cuatro cañoncitos y 67 cautivos. 

Diez y siete embarcaciones saquean á Pandan (Pa- 

(1) Véase el Apéndice. 



310 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

nay): ésta, y después otra escuadra de 3o embarcacio- 
nes, atacan á San Miguel de Tibiao, sin tomarlo, á pesar 
de haber puesto en tierra 5oo hombres. En Odiongan 
(Romblon), terminado el saqueo é incendio, reúnen loi 
cautivos. 

Junio. Nuevecientos malanaos desembarcados en 
Baco (Albay) cautivan á 38 personas en este punto y á 
62 en Casang, é incendian y saquean el de Santa Cruz. 

En la jurisdicción de Taytay (Calamianes) aprehen- 
den i3o personas. 

Busuanga cuenta desde dicho mes al de Agosto, 10 
invasiones piráticas. 

En Linacapan queman un champán del alcalde. 

Cuyo y la isla de Canipo padecen inauditas violencias. 

El fuerte de Alutaya rechaza el ataque de i.ooo mo- 
ros^ pero causan grandes destrozos en la campiña. 

Culion resiste también la agresión. 

Atacan al pueblo de Palompong (Leyte) 25 embar- 
caciones con 1. 000 malanaos. Los indígenas, parape- 
tados tras de los muros de la iglesia, sostienen algunos 
días de fuerte lucha, causándoles bastantes bajas CO. 
El pueblo de Hilongos resiste á 2.000 moros. 

El de Luban (Mindoro) queda victorioso del enemi- 
go, pero éste destruye los campos. 

En Balayan (Batangas) logran los moros rico botín, 
por haber huido á los montes sus moradores. 

Caysasay es víctima de parecidos perjuicios, pero 
ocasiona á los piratas bastantes bajas. 

Julio. El partido y los pueblos de Banta3'an, Potat 

(1) Relación de la valerosa defensa de los naturales visayas del pue- 
blo de Palompong, en la isla de Leyte, de la provincia de Catbalongan, 
en las islas Filipinas, que hicieron contra las armas mahometanas de 
llanos y malanaos en el mes de Junio de 1754: Manila, 1755' 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3II 

y Balambang, de Cebú, quedan destruidos y multitud 
de indígenas cautivos. 

Iguales daños infieren en Dumaguete (isla de Ne- 
gros) y sus visitas, incluso la isla de Siquijor, y en Tu- 
cupan y sus anejos de Masangay y Gionugaoan. El 
pueblo de Ilog rechaza el ataque de 3o caracoas. 

Cabilga y Palanasan resisten con brío el empuje de 
3oo moros, pero al cabo logran éstos destruir la isla de 
Panamao. 

En Catanaván (Tayabas) destrozan casas particula- 
res y edificios públicos, cautivan muchos indios y se 
llevan un champán del alcalde mayor. 

Atacan á Catbalogan (Samar), queman la visita de 
Ubanon y los almacenes reales, mas no consiguen en- 
señorearse del fuerte de la Cabecera. 

Sitia al pueblo de Lubungan numerosa escuadra de 
malanaos, mindanaos, joloanos y lútaos, entre los que 
se ven algunos renegados indígenas. Construyen en 
tierra trincheras y sostienen siete días de asedio sin lo- 
grar su objeto, gracias á la constante vigilancia de sus 
naturales, estimulados por los misioneros (0. 

La provincia de Caraga padece estragos horribles, 
quedando casi sin gente los poblados partidos de Bu- 
tuan, Siargao y Bislig. 

Como digno remate de tan tremendos daños se apo- 
deran del fuerte de Tandag, debido, más que á su va- 
lor, á las disensiones de los españoles. He aquí cómo 
tuvo lugar este sensible contratiempo: 

Con motivo de la muerte del alcalde mayor de Tan- 
dag, D. Fernando Lino, hubo competencia entre los 

(l) Sitio de Lulmngan, misión de la Compañía de Jesús. (Cartas 
edificantes, tomo XVI.) 



312 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

que se creían con derecho al mando interino, dividién- 
dose en dos partidos españoles y frailes. 

Los desairados indican al sultán de Tamontaca la po- 
sibilidad de apoderarse del fuerte. El datto Dumangó, 
por orden de aquél, lo sitia por mar y tierra con mu- 
chos buques y gente. Su defensa consistía en una com- 
pañía española y otra pampanga, estando artillado con 
1 6 cañones, unos de bronce y otros de hierro, del cali- 
bre de 4, 8 y I2. 

A los dos meses de asedio, el hambre diezma á la 
guarnición. Una mañana, lóbrega y lluviosa, se apode- 
raron los moros del baluarte; vuelven los cañones hacia 
los almacenes y sala de armas, donde se habían hecho 
fuertes los sitiados, y pegan fuego á algunas casetas in- 
mediatas. 

Conoce el jefe que su pérdida es inminente; mata por 
sí mismo á su mujer, y se entra sable en mano entre los 
mahometanos, que lo acribillan de heridas. 

Perecen muchos moros en la pelea, mas vencen al 
cabo con la total muerte de la guarnición de Tandag. 
Transportan los cañones á sus buques; pero en la tra- 
vesía se ven obligados á arrojar al agua las piezas de 
mayor calibre, por no poderlas resistir sus buques, uno 
de los cuales se va á pique con carga, tripulación y cau- 
tivos. 

En Setiembre atacan á Albay, cabecera de esta pro- 
vincia; matan ocho personas y cautivan 12, aunque con 
pérdida de 10 moros. 

El gobernador general de Filipinas había hecho salir 
para Mindanao, en los primeros meses del nefasto año 
1754, dos escuadras, la primera con 828 hombres, á 
cargo los buques de D. Antonio Faveau y las tropas 
de desembarco al de D. César Fallet, y la segunda, com- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3I3 

puesta de cuatro galeras, una chalupa y cinco champa- 
nes, á las órdenes del sargento mayor D, Miguel Gó- 
mez Valdés, señalándoles determinadamente el itinera- 
rio que debían recorrer. 

El 23 de Abril fondearon en Iligan algunas embar- 
caciones visayas y las galeras Triunfo, San Felipe y 
Santo Niño, pertenecientes á la escuadra de Valdés, 
quien, ocupado en sostener competencias con los ofi- 
ciales de su mando y el jefe de la isla de Cebú, no llegó 
á Iligan hasta el 2 de Junio, tarde ya para evitar los es- 
tragos hechos por los piratas, durante sus dos meses de 
injustificada demora en dicha isla. 

Como el capitán D. Pedro Alcántara Pérez había es- 
tado en la inacción desde su llegada á Iligan, por aguar- 
dar á su comandante en jefe Valdés, y tenía listas sus 
galeras para salir á campaña, se hicieron á la mar el 4, 
la Triunfo, con su capitán Pérez; la Santo Niño, con el 
de igual clase D. Lázaro de Elizavera, varios sacaya- 
nes boholanos y el de indígenas de Iligan con su misio- 
nero, P. Ducós, desalojando del río Linamón á los mo- 
ros, en cuyo punto, elegido por ellos para centro de ope- 
raciones, les cogieron 35 vintas, y 20 en el inmediato 
rio Magón. 

El i5 de Julio marchó Valdés á Zamboanga, susti- 
tuyéndole Elizavera. El capitán D. Nicolás Afriano, con 
la galera Triunfo, fué á Panguil, donde hizo bastante 
daño á los moros. 

El 24 de Julio sentíanse tiros hacia Lianga, y en el 
acto se encaminó allí el P. Ducós, siguiéndole una ca- 
racoa de Initao y otra de boholanos. Halló que las cua- 
tro caracoas situadas de guardia en el río, peleaban 
con 14 sacayanes moros procedentes de Linamón, y á 
la vista del socorro, abandonaron los moros sus sacaya- 



314 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

nes, internándose en tierra con los cautivos y demás 
presas que les fué posible. Afriano pasó á Misamis, y 
el 7 de Agosto vio fondear 20 embarcaciones piratas 
tras de la punta de este nombre. Tomadas sus medidas, 
las atacó á las nueve de la noche con su galera, una 
vinta y dos sacayanes boholanos, durando el combate 
cuatro horas con gran pérdida de los contrarios. 

En esta acción se distinguieron mucho el teniente 
D. Juan de Echeverría, que mandaba la vinta, y su 
segundo D. Miguel Márquez Quiñones. 

De regreso el P. Ducós en Linamón, salió hacia el 
pueblo de Añonan, situado sobre el rio Laraparí, dis- 
tante del mar 12 millas, con 226 hombres entre espa- 
ñoles y visayas y algunos monteses, mandados por el 
teniente D. Manuel de Ayalde, célebre por su brío. 

En la imposibilidad de sorprender al pueblo, por la 
vigilancia de sus espías, marchó á Misamis, fondeando 
con la galera Triunfo y ocho caracoas en el río de Lan- 
garan. Al ver 16 embarcaciones piratas, fué á su en- 
cuentro, y después de siete horas de combate las hizo 
huir, echando á pique dos de ellas; otra desfondó el 
maestre de campo Tamparón, con muerte de cuantos 
la tripulaban. En este combate se le reventó un pedre- 
ro al P. Ducós, dejándole muy mal la mano derecha y 
sin vista el ojo izquierdo. De los moros fueron pasados 
á cuchillo unos 300. El P. Ducós marchó á Cebú á cu- 
rarse sus heridas. 

Afriano peleó con tres grandes pancos moros, de los 
cuales cogió uno; la gente del otro fué muerta, y el ter- 
cero pudo refugiarse en Panguil. El mismo día apresó 
dos caracoas, librando á 21 cautivos. El 4 de Setiem- 
bre, los sacayanes de Loboc, Luay é Initao atacaron el 
del valiente datto Sabandal, que se defendía con extra- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 315 

ordinaria bravura. El capitán de Luay dio muerte á di- 
cho datto, pereciendo él también á manos del enemigo. 

Los boholanos hicieron gran estrago en los moros, 
salvando 17 cautivos. El 5 se recuperó un sacayán, 
apresado por los moros junto á Sorsogón, á cuyo bordo 
iban algunos cautivos, y el capitán Elizavera rindió, 
junto al río de Larapan, dos sacayanes, en que murie- 
ron muchos piratas y dos chinos cogidos con las armas 
en la mano. 

El 6 de Setiembre sostuvo Afriano fuerte combate 
en Misamis con dos pancos, en uno de los cuales redi- 
mió 23 cautivos, acuchillando á sus tripulantes. Por la 
noche peleó con otros 12 pancos. En la madrugada del 
10 apresó tres, después de hacer horrible carnicería en 
los piratas. El 18 y 19 hubo nuevos combates, igual- 
mente funestos para los moros, distinguiéndose por su 
valor el maestre de campo de Malabohoc. 

A fines de Octubre, tres embarcaciones de Iligan lu- 
charon junto al pueblo de Initao con 23 caracoas enemi- 
gas, apresando tres. La escuadra sorprendió en los ríos 
de la ensenada de Panguil 3i embarcaciones, y en el si- 
guiente, cuatro sacayanes grandes, destruyendo á 15. 

La escuadra de Iligan, en sus diferentes encuentros, 
apresó iSg embarcaciones, con muerte de 2.000 mala- 
yo-mahometanos, según cálculo del moro Mana, reco- 
brando su libertad sobre 5oo cautivos. Además, cogió á 
los piratas 16 lantacas, cuatro pedreros y algunas alha- 
jas y ornamentos de iglesias. 

La tripulación de las dos galeras constaba de 200 es- 
pañoles y 5oo indios auxiliares (0. 

(1) Relación compendiosa de lo sucedido en Filipinas y demás islas 
de su jurisdicción-, de lo obrado por la Real escuadra que se halla en 



3l6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

La escuadra de Faveau fondeó el lo de Abril de 1754 
en Antique. Dijo á aquel jefe el misionero que en punta 
de Naso había siete embarcaciones moras, y despachó 
contra ellas dos galeras y una falúa á cargo del capitán 
Gaztambide. Al amanecer del siguiente día halló en la 
ensenada de Paminuyan los buques piratas, parte de 
cuyas tripulaciones estaba en tierra. Al divisar á los es- 
pañoles procuraron recoger su gente y huir, lográndolo 
al cabo de algunas horas de ser perseguidos, en cuyo 
tiempo sufrieron considerable daño. 

Reunióse Gaztambide á la escuadra; ésta llegó á 
Zamboanga el 29 de Abril, hallando en deplorable si- 
tuación los buques de la marina Real. 

Reparados lo mejor posible, salieron el 16 de Mayo 
para la costa oriental de Mindanao, por consejo de los 
jesuítas. 

La escuadra constaba de una fragata, una galeota, 
dos galeras, dos falúas y dos panquillos de lútaos. 

Desembarcó la tropa en el río Sanito, y después de 
una difícil é infructuosa marcha, sin hallar pueblos ni 
enemigos, volvió la expedición á Zamboanga, con gran 
disgusto de sus jefes por los inexactos informes recibidos. 

Dispuso entonces Fallet que saliese Faveau para Joló 
con la galera Santa Bárbara y una galeota, dando fondo 
en aquella rada el 3o de Junio. 

No era su propósito saltar en tierra; pero lo hizo ac- 

Iligan. Escrita por algunos padres de la Compañía de Jesús en 1754- — 
[Carias edificantes, tomo XVI.) 

Compendio de los sucesos que con grande gloria de Dios, lustre y ho- 
nor de las católicas Reales armas de S. M. en defensa de estas cristian- 
dades é islas de Visayas, se consiguieron contra los mahometanos ene- 
migos por el armamento destacado al presidio de Iligan, sobre las costas 
de la isla de Mindanao, en el año de 1754: Manila, 1755- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 317 

cediendo á reiteradas instancias de Bantilan, el cual lo 
recibió admirablemente, manifestándole que era muy 
gustoso en reanudar las paces con los españoles. En 
prueba de su buena fe le entregó 68 cautivos; la galera 
Santa Rita, que había apresado; un champán de Taya- 
bas, cogido en el río Catanaván, y cien pesos remitidos 
por el gobierno de Zamboanga para el rescate del es- 
pañol D. José de Fonseca. 

Faveau dio parte al gobernador de la colonia de estas 
buenas disposiciones de Bantilan, añadiendo que, según 
pudo averiguar, nunca fué traidor Ali-Mudin, si bien, en 
vista del mal efecto de sus concesiones á los españoles 
y de su conversión al catolicismo, escribió á los mag- 
nates joloanos, prometiendo sujetarse á las antiguas le- 
yes del reino, desde cuyo día volvieron á reconocerle 
por su legítimo sultán, anhelando su regreso. Decía á 
la vez que Bantilan, conocedor de que su partido es- 
taba en decadencia, veíase precisado á transigir, y que 
todo su empeño era que el gobierno libertase á las prin- 
cesas encarceladas en Manila. 

Faveau regresó á Zamboanga el 1 8 de Agosto, lle- 
vando 97 cautivos rescatados y los buques devueltos, 
por cuya feliz campaña obtuvo generales plácemes. 

Los jesuítas le hicieron cruda guerra, porque res- 
pecto á Ali-Mudin y á los asuntos de Joló, eran radi- 
calmente opuestas sus ideas á las sostenidas por ellos. 

Faveau se defendió gallardamente por cartas dirigi- 
das al gobernador general desde Joló (12 de Agosto) y 
Zamboanga (i,°de Setiembre), confirmando su conteni- 
do el general Fallet por otra de 2 de dicho mes y año, 
cuyas cartas recibió el sucesor de Ovando, Sr. Arandía. 



CAPITULO XIX. 



Gobierno de Arandía. — Reforma todos los institutos militares. — Pide 
Ali-Mudin se le permita practicar sus obligaciones de cristiano. — 
Ratifica Arandía los anteriores tratados y manda á Joló á los prisio- 
neros moros, excepto el sultán y su heredero. — El electo gobernador 
de Zamboanga, Villarreal, va á Joló con dichos prisioneros, y es fes- 
tejado grandemente por Bantilan. — De regreso en Zamboanga, adopta 
providencias para rechazar á los malanaos. — Quejas contra Faveau, 
producen su prisión y envío á España. — Brillante victoria naval con- 
tia los moros del capitán Gaztambide — Creación de una escuadrilla 
en Iligan al mando del P. Ducós. — Medidas del nuevo gobernador de 
Zamboanga contra los piratas. — Valor del jefe de la armada, Vértiz. — 
Fortifícanse los pueblos costeros. — Atacan los moros el de Mariveles, 
— Sus estragos en diversos puntos. — Disposiciones contra ellos. — 
Muerte del gobernador. — Sus brillantes dotes. 



En Julio de 1754 se hizo cargo del mando supremo 
de Filipinas el mariscal de campo D. Pedro Manuel de 
Arandía y Santisteban, natural de Ceuta, aunque oriun- 
do de Vizcaya, caballero de Calatrava, gentil-hombre 
de Cámara del Rey de las Dos Sicilias, capitán de las 
Reales guardias españolas y mariscal de campo de los 
ejércitos Reales. Se había distinguido en las guerras de 
Italia, y al recibir su nombramiento para aquel empleo 
desempeñaba el gobierno de Almagro. 

No pudo por menos que llamar la atención al nuevo 
gobernador el incompleto vestuario, cortos sueldos y 
estado semi -anárquico en que vivía la tropa, dedicando 
á este asunto preferente cuidado. 



EN MIKDANAO, JOLÓ Y BORNEO 3X9 

Arandía recibió el 27 de Enero de lySS la noticia de 
los victoriosos combates de la escuadra de Iligan, y el 
28 se cantó en la catedral un solemne Te-Deum en ac- 
ción de gracias. 

La Junta de guerra resolvió establecer un presidio en 
Misamis, cuya dirección confió el gobernador al padre 
Ducós. 

Este bravo jesuita, después de reparar el fuerte de 
Tandag, lo proveyó de la artillería necesaria y le puso 
una guarnición de 100 boholanos, al mando de D. José 
Asprilla. 

En varias ocasiones intentaron los moros, aunque sin 
fruto, rendir nuevamente esta fortaleza. 

En Abril zarpó de Zamboanga un buque mercante: 
le salieron al encuentro muchos moros y lo saquearon, 
quitando la vida á su capitán D. Juan de Molina. 

Ali-Mudin impetró del Sr. Arandía que interpusiera 
su influjo con el Arzobispo para que le alzase la priva- 
ción de oir misa y recibir los Sacramentos. Resistíase 
éste á ello dudando de su religiosidad, pero al cabo fué 
á visitarle á la fuerza de Santiago, y convencido por el 
sagaz sultán de Joló, le declaró fiel hijo de la Iglesia, 
permitiéndole confesar y comulgar, como lo efectuó el 
16 de Marzo, en la parroquia del Sagrario. 

Doña Rita Calderón, antigua concubina de Ali-Mu- 
din, hallábase en el colegio de Santa Potenciana desde 
que abjurara sus creencias. 

El sultán obtuvo del Arzobispo, en atención á haber 
muerto su mujer legítima, el permiso de casarse con la 
Calderón, cuya ceremonia tuvo efecto el 27 de Abril en 
el palacio del gobernador, dándoles la bendición el pro- 
visor D. Juan de la Fuente, á causa del mal estado de 
salud del metropolitano. 



320 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Además le señaló Arandía una pensión para que pu- 
diese vivir con decencia. 

Con las noticias comunicadas por Faveau acerca de 
Ali-Mudin y las felices disposiciones de Bantilan, con- 
vocó Arandía á junta á las autoridades (Abril de 1755), 
asistiendo el sultán, sus cuatro hijos, su hermana Pan- 
guiana Banquiling, la princesa Fátima, su esposo Mus- 
tafá y el datto Jamaliguera. Después de largo debate, 
se estipuló por todos los concurrentes la estricta obser- 
vancia de los preliminares presentados al marqués de 
Ovando el 28 de Febrero del año anterior. 

Solicitaron y obtuvieron además los joloanos la libre 
admisión de sus embarcaciones en los puertos españo- 
les, con sólo llevar en regla un pasaporte del sultán, 
sin obligarlas á detenerse en Zamboanga, por el con- 
siguiente retraso que experimentaban. 

El 29 de Abril partió de Manila D. Pedro Zacarías 
Villarreal, nombrado gobernador de Zamboanga, lle- 
vando cartas de Arandía para Bantilan (26 de Abril 
de 1755) y para los dattos Mahadialegla y Panha- 
lavan. 

En el mismo buque iban los prisioneros moros que, 
según el convenio de que hemos hecho mención, de- 
bían ser restituidos á su país, incluso las hijas de Ali- 
Mudin y el embajador y su séquito, continuando en Ma- 
nila como rehenes hasta la paz definitiva, aunque fuera 
de la prisión, el sultán y su primogénito Israel, á los 
que trató con gran benignidad. 

Desde muy al principio se dividió la escuadra por 
malos tiempos. En Marinduque vióse el barco de Za- 
carías rodeado de piratas. Estuvo en Iloilo y llegó á 
Zamboanga el 17 de Setiembre. 

Hizo alojar convenientemente á las princesas y al 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 32 1 

embajador, y despachó un aviso á Bantilan participan- 
do el día de su salida para Joló. Recibida contestación 
marchó el i.*^ de Octubre con cuatro champanes, fon- 
deando en la rada de aquella isla el 4. Inmediatamente 
pasaron á bordo el príncipe Iban Panhalavan, el datto 
Bibang y otros varios personajes. En sus buques, vis- 
tosamente empavesados, llevaban músicas á la usanza 
del país. Después de ofrecer sus respetos al goberna- 
dor, pasó Iban á verse con su esposa Panguiana Ban- 
quiling y á saludar á las hijas de Ali-Mudin. 

Al siguiente día cambiáronse saludos de artillería en- 
tre los buques y la plaza, verificándose el desembarco 
de Villarreal y de los moros con ostentación y grande 
afluencia de gente. En la playa aguardaban al general 
otros magnates, que lo condujeron á la morada del sul- 
tán. Las tropas cubrían la carrera. Recibido á la entra- 
da de la casa-palacio por el Radiamiira (príncipe here- 
dero) y por el Ladialant (general de Marina), que lo era 
el datto Vinmal, hijo del ya difunto Salicaya, entró en 
compañía de ambos al salón principal. Allí le esperaba 
el sultán en traje de ceremonia, bajo un dosel ricamen- 
te adornado. 

Bantilan abrazó al gobernador de Zamboanga, y le 
hizo sentar á su derecha. Los oficiales españoles y los 
dattos joloanos tomaron también asiento, y el sultán, 
después de enterarse de la salud de su hermano predi- 
lecto Ali-Mudin y de la del gobernador general de las is- 
las, dio la bienvenida á Villarreal, asegurando que tan 
acertada elección para el mando de Zamboanga había 
de contribuir á que se afianzara la paz entre españoles 
y joloanos. 

Servíales de intérprete el valiente gobernadorcillo de 
los lútaos zamboangueños, D. Francisco Tampil. Ter- 

21 



322 HISTORIA DE LA. PIRATERÍA 

minada la ceremonia pasó Villarreal á su alojamiento, 
siendo visitado aquella misma noche por el sultán, y 
posteriormente por las princesas Fátima, Carima y Fa- 
mila, hijas de Ali-Mudin; por la sultana y sus damas, 
honor especialísimo, y por los dattos y principales per- 
sonajes. Mientras permaneció en la isla hubo en su ob- 
sequio todo género de fiestas. 

Al cabo de varias conferencias, publicáronse por un 
bando las paces ajustadas con España. Los íirangcayas 
(dattos de segundo orden), hacían á Villarreal iguales 
acatamientos que al sultán. Los dattos iban á visitarle 
sin armas, en señal de confianza. 

El sultán le hizo entrega de ig cautivos. 

A consecuencia de haberse recibido aviso por el ca- 
pitán D. Ignacio Saavedra, de que los malanaos y min- 
danaos proyectaban atacar á Zamboanga, partió Vi- 
llarreal el 24 de Octubre para dicha plaza. Llegó el 
i.*^ de Noviembre, adoptando en seguida las medidas 
necesarias para rechazarlos. 

El gobernador de las islas había dispuesto el regreso 
á Cavite de la escuadra de Faveau y Fallet. Por efec- 
to de malos tiempos, se retrasó el viaje, y al entrar en 
la bahía de Manila, el 25 de Junio de 1756, les sor- 
prendió un baguio. 

Zozobró la galera Santa Rita, librando sólo su capi- 
tán, D. Miguel Valdés, y ocho hombres. El champán 
San Vicente fué á parar á la costa, salvándose cuantos 
lo tripulaban, á excepción de cinco. La galera Concep- 
ción y la balandra en que iba Fallet, vararon en la pla- 
ya; pero se las pudo salvar. La Santo Niño salió ilesa. 
El número total de ahogados fué de 5oo hombres de 
armas y algunos funcionarios públicos. 

El ex-gobernador de Zamboanga, Oscoti, quejoso de 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 323 

Faveau por sus escritos referentes á Joló, le acusó de 
actos penables, resultando de las diligencias practicadas 
por orden del gobierno general, que había faltado á las 
instrucciones recibidas por atender á sus intereses par- 
ticulares. Reconocidas, al llegar á Cavite Faveau, la 
galera y champanes de su mando, vióse que conducían 
efectos mercantiles. 

El gobernador lo tuvo preso hasta la salida de un 
navio, en que lo hizo embarcar para Nueva España (0. 

Los arteros joloanos no se prestaron á tomar las ar- 
mas contra los malanaos, como era deber suyo, confor- 
me al tratado recientemente suscrito por ellos, y difi- 
cultaban la entrega de cautivos, bajo diversos pretex- 
tos, demostrando una vez más su falta de formahdad y 
de buena fe; aparte de esto, los cautivos estaban en po- 
der de los dattos, quienes no querían devolverlos sin 
cobrar por adelantado su rescate, y el sultán carecía 
de fuerza para obligarles á hacerlo. 

El capitán D. Pedro Gaztambide después de haber 
estado en Camarines y Albay, donde fortificó el puerto 
de Sorsogón, fué á Tamontaca con cartas del goberna- 
dor general para el sultán, quien le recibió atentamen- 
te, rescatando por 800 pesos al padre Santa Catalina, 
apresado por los moros en Ticao en 1754. Condújole 
á Batangas, cuyo alcalde mayor, D. Ramón de Oren- 
dain, suplicó á Gaztambide permaneciera allí por te- 
merse una invasión de mahometanos. Recorriendo un 
día la costa, se vio de improviso rodeado por 38 em- 
barcaciones piratas, algunas de ellas mayores que su 
galera. Las mandaba un príncipe moro, el cual dispuso 

(1) Ya hemos dicho que era muy general entonces emplear los bu- 
ques del Estado en transporte de mercancías de los que los mandaban. 



324 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

que embarcasen 120 hombres en un panco, con intento- 
de atacar la galera por popa, mientras él con los buques 
restantes lo hacía por proa. Comprendió Gaztambide 
la maniobra, y mandó poner en dicho punto un cañón 
de á seis, cargado con bala y metralla. 

El artillero á cuya custodia lo dejó, creyendo que era 
poca carga para el objeto, le puso otro cartucho. Hubo 
que relevar á este artillero por ser su presencia nece- 
saria en proa, y el que le sustituyó, al ver cuan deci- 
dido iba hacia la galera el panco moro, no parecién- 
dole bastante carga la ordinaria é ignorando que late- 
nía doble, introdujo tercer cartucho. Gaztambide, ocu- 
pado en diferentes puestos, acudió á popa cuando ya 
estaba cerca el panco, y mandó hacer fuego. El es- 
tampido y la conmoción del buque fué terrible; pero no 
reventó el cañón, y el panco enemigo quedó espantosa- 
mente destrozado, pereciendo casi todos sus tripulantes. 

Los moros redoblaron su ardimiento, pero tan certe- 
ros disparos hizo la galera española y tan acertadas dis- 
posiciones dictó Gaztambide, que puso en vergonzosa 
fuga al enemigo, muerto el príncipe que mandaba la 
escuadrilla. Las fuerzas de la galera ascendían á 100 
hombres, mientras que los moros pasaban de 3. 000. 
Según se supo después por cautivos huidos y por un 
príncipe joloano, el número de moros muertos en esta 
brillante acción no bajaba de 2.5oo (1756). 

También supo Gaztambide, ya concluido el comba- 
te, la imprudencia de los artilleros en poner triple car- 
ga al cañón de popa. 

Recibió Arandía con gran satisfacción el parte del 
triunfo obtenido, y á petición de Gaztambide le mandó 
dos galeras, yendo la que él montaba á Cavite á repa- 
rar sus muchas averías. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 325 

Aquel valeroso jefe embarcó en la mayor, y á sus 
•órdenes en la otra el capitán Arazamendi. 

Encaminábanse al estrecho, pero al saber que Lu- 
bán estaba á punto de rendirse á los moros, marcha- 
ron prestamente en su auxilio, haciéndoles levantar el 
cerco con bastante daño. 

Fueron á esperarles á la salida del río de Balayan, 
donde se habían refugiado algunos buques procedentes 
de Lubán, no permitiendo el poco fondo del río que 
entrase la galera. Le hizo un vendaval separarse de su 
puesto, y los moros aprovecharon la ocasión para salir. 
Procuró Gaztambide alcanzarlos, y secundado por Ara- 
zamendi, consiguieron causarles no pocas bajas. 

Este valeroso oficial murió en Calapan de una fuerte 
disenteria. 

D. Ignacio Cabiling, maestre de campo de Dapitan, 
y D. Pedro Tamparón, de Ihgan, se ofrecieron á salir 
en corso contra los piratas al punto donde más convi- 
niese utihzar sus servicios. El gobierno aceptó esta 
proposición, organizando una escuadrilla compuesta de 
dos galeras, la San Ignacio y la Santa Rosa, y doce vin- 
tas, las cuales debían operar bajo las órdenes del padre 
Ducós, dictándose con tal motivo las correspondientes 
ordenanzas. Los sueldos debían abonarse por las cajas 
de Cebú y los barcos estacionarse en Misamis. 

Arandía nombró gobernador de Zamboanga á Don 
Tomás de Iturralde, persona de toda su confianza y en 
alto grado celoso por el servicio. Contaba aquella plaza 
un buen número de embarcaciones dispuestas á todo 
evento contra los moros, y merced á las acertadas me- 
didas del gobernador y del comandante de la armada, 
D. Pedro Vértiz, se obtuvo contra los moros felices 
triunfos. 



326 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

El 7 de Diciembre de 1757 encontró Vértiz cinco 
pancos piratas que se retiraban de Visayas: los atacó 
con sus tres buques, y empeñándose el combate entre 
dicho jefe y la capitana enemiga, duró desde la nueve 
de la mañana hasta las cuatro de la tarde; á esta hora 
dispuso que un bote, al mando del alférez D. Pedro 
Iriarte, acometiese por un costado mientras él lo hacía 
por popa. 

Los feroces moros prefirieron arrojarse al mar con el 
pillaje y las armas que contenía su buque, y morir aho- 
gados antes que caer vivos en manos de los españoles. 

Un moro herido dijo que la embarcación pertenecía 
á un datto de Tuboc, que murió de los primeros en la 
defensa. Hallaron, además, 22 moros muertos; cuatro 
cautivos heridos por las balas délos españoles, y i3 en- 
tre hombres, mujeres y niños, heridos por los moros 
con sus lanzas al arrojarse al mar; varias armas blan- 
cas, dos banderas y unos batintines. 

Continuando el corso, salió Vértiz del puerto de San- 
ta María el 29 de Diciembre á reconocer una embar- 
cación sospechosa, contra el parecer de los oficiales de 
á bordo, por amenazar el tiempo un baguio. Sobrevino 
el temporal, estrellándose la galera al doblar el cabo. 
Vértiz se arrojó al mar, confiando en su extraordinaria 
resistencia y probada habilidad natatoria; pero las olas 
le arrollaron y sucumbió en tremenda lucha con ellas. 
Del mismo modo perecieron el alférez D. Fernando de 
Torres y 35 hombres; i5 se salvaron sobre los restos 
del barco, y luego que se serenó el tiempo, lograron 
salvar parte de la artillería y otros pertrechos de guerra. 

El gobernador de Zamboanga hizo varias obras de 
importancia en las fortificaciones de la plaza, levantó' 
cuarteles y un hospital dentro de la fuerza. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 327 

Arandía, por su parte, promovió la inmigración á 
Zamboanga, consiguiendo que se trasladaran á dicho 
punto 328 hombres, 46 mujeres y 24 muchachos, yen- 
do en seis champanes. Uno de éstos naufragó en la isla 
desierta de Manamoc, ahogándose 21 personas. Los 
demás buques llegaron á Zamboanga. Los tripulantes 
del buque náufrago se fortificaron en tierra. No tardó 
en aparecer una embarcación de joloanos: su capitán 
les prometió conducirlos á Cuyo, pero lo que hizo es 
llevárseles el dinero y pertrechos de guerra, dejándolos 
allí, donde hubieran muerto de hambre sin la llegada 
de diferentes barquitos de indígenas de Cuyo, que los 
transportaron á Zamboanga. Como parte de dichos in- 
migrantes eran presidiarios, dieron mucho que hacer 
en aquella plaza. 

Los pueblos costeros de las provincias de Batangas, 
Panay, Cebú, Leyte, Negros, Tayabas, Camarines y 
Calamianes, y los de las islas de Marinduque, Masbate, 
Ticao, Romblón, Camiguin y otras, construyeron algu- 
nos fuertes ó repararon los que ya existían, siguiendo 
en esto las órdenes de sus respectivos párrocos. 

El pueblo de Mariveles, por su proximidad á Mani- 
la, no había cuidado de fortificarse, pero los atrevidos 
piratas lo sorprendieron con ri embarcaciones. Sus na- 
turales abandonaron el pueblo después de una débil re- 
sistencia, salvando las alhajas y ornamentos de la igle- 
sia. Al notar los moros la fuga le prendieron fuego. 

Nuevamente atacaron á Linacapan, pero sus valero- 
sos indígenas les hicieron huir, con pérdidas conside- 
rables. 

Los naturales del pueblo de Calatán, en Calamianes, 
viéronse precisados á trasladar su residencia á otro pun- 
to de la misma isla, por causa de que en el término de 



328 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ocho meses habían sufrido seis entradas de moros, con 
el consiguiente daño de muertes, cautiverios y destro- 
zos en edificios y sembrados. 

En Setiembre de 1757 fué saqueada la misión de 
Lupi, donde apresaron muchos indígenas. 

En el partido de Panay hubo idénticos estragos, lle- 
vándose cautivas á varias mestizas españolas. Tales 
fueron los daños que, contando dicho partido en sus pa- 
drones i.5oo tributos el año de 1750, el de 57 sólo te- 
nía 5oo. 

En Bantón 48 embarcaciones piratas cautivaron 164 
personas. 

A causa de un temporal perecieron ahogados muchos 
moros, estrellándose 14 buques. 

Se dividió la escuadrilla y cautivó 64 indios en Sima- 
ra; 38 en Cabolotan (isla de Tablas) y sus inmediacio- 
nes; 12 en Lalavan; 76 en Oriongan: de nuevo en isla 
de Tablas cautivaron 14 personas, y 64 en Oriongan. 
De 23o vecinos quedó reducido á 70 el número de fa- 
milias de este pueblo. 

La isla de Sibuyan fué también muy castigada. En 
Cauit cautivaron seis personas, y 22 en Cahidiocan. 

Romblón, atacado de nuevo, se defendió, persiguién- 
doles con su champán el mestizo D. José Fermín. 

Este mismo individuo se batió en otra ocasión con- 
tra tres embarcaciones fondeadas en la isla de Alad; 
pero tuvo la desgracia de que se le incendiase la pól- 
vora y de que escaparan los moros. 

Estos apresaron también el champán del ex-gober- 
nador de Zamboanga, D. Domingo Oscoti, cuyo car- 
gamento valía 14.000 pesos. 

Con tan repetidos ataques disminuyó considerable- 
mente la población de Visayas. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 329 

En el partido de Romblón el número de tributantes 
bajó de 1.370 á ggS; en el de Calibo (Cápiz), de 1.164 
á 549; en el de Banga, de 1.020 á 754; en los de Iba- 
hay y Tibiao, acusaba el padrón 200 tributos de menos. 

Según el padre jesuíta Matías Guerrero, párroco del 
partido de vSan Juan de Ilog, 2.000 moros habían cau- 
sado grande estrago en los campos de aquel término 
jurisdiccional. Los curas de Tucgauan y Binalbangan 
certificaron asimismo los notables perjuicios sufridos 
por sus feligreses, y pedían se les dispensara del pago 
de tributos. 

Arandía, en su vista, recomendó á los corregidores 
-que no les apremiaran con exceso en el pago de sus con- 
tribuciones. 

Sin embargo de tan censurable proceder por parte 
de los mahometanos, aún fué recibido afectuosamente 
otro embajador de Bantilan, para el cual mandó algu- 
nos regalos el gobernador del Archipiélago. 

Tanta debilidad y tolerancia, tanta contemplación y 
deferencia, ó era mal interpretada por los joloanos, ó 
servía sólo para que ganasen tiempo y prepararan en 
secreto los medios de resistir y llevar la mejor parte 
en las contingencias futuras. 

El gobierno de España, cuando lo supo, prohibió que 
se recibieran más embajadas, puesto que evidentemen- 
te su objeto tendía á inspeccionar el estado de las pla- 
cas y fortificaciones de la capital. 

Además, el Rey, en orden de 26 de Diciembre de 
1758 y i.*^ de Noviembre del mismo año, estimulaba 
al gobernador general á combatir los piratas (O. 



(1) «Me ha mandado S. M., decia el ministro, recomendar á V. S. 
con el mayor esfuerzo la importancia de escarmentar la osadía de los 



330 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Por consecuencia de estas órdenes, reiteró el gober- 
nador general sus providencias contra los piratas ma- 
hometanos. 

Arandía, fatigado por los incesantes trabajos de su 
gobierno, murió en la noche del 3i de Mayo de 1759. 

Este gobernador ha sido uno de los más ilustres de 
las islas por su celo en pro del buen servicio, por sus 
excelentes condiciones de mando y espíritu útilmente 
innovador. La ingratitud de sus gobernados influyó 
mucho en su lamentable muerte. 

estados bárbaros infieles, y decir á V. S. que el real ánimo de S. M. es 
que, para tan necesario fin como el de mantener estos vasallos libres de 
las extorsiones y cautiverios que han experimentado, no se ahorre dili- 
gencia ni gasto. Y fiando S. M. del acreditado celo de V. S., que intere- 
sa su real conciencia y la descarga en la de V. S. cometiéndole la ejecu- 
ción de lo que humanamente pueda operarse en las facultades necesarias 
para emprenderlo, encarga S. M. á V. S., y le advierte que tomando lu- 
ces de los mismos misioneros de esas esparcidas islas y de los sujetos más 
prácticos de ellas y su capital, providencie V. S. su resguardo, separán- 
dose de vanas empresas, de nuevas conquistas, y para este logro vea V. S. 
y disponga los armamentos que convenga hacer y aun mantener siempre 
y las fortificaciones que sea útil construir,» etc. Participaba á la vez ha- 
ber dado orden á Méjico para que se aumentara el situado de las islas, 
y para que éste se remitiera por años adelantados y no vencidos. 



CAPITULO XX. 

Guerra entre España é Inglaterra. — Ocupa la bahía de Manila una es- 
cuadra de la Gran Bretaña. — Apodéranse los ingleses de Manila. — 
Crítica situación del país durante aquellos sucesos. — Aprovechan los 
piratas estas circunstancias é invaden y asolan las provincias del Sur. 
— Los joloanos, aliados con niindanaos, tirones y malanaos, sostienen 
continua guerra contra España. — Se establecen en Mamburao, y va 
una expedición á desalojarlos de este punto. — Sitian los moros á Ca- 
teel y á Tandag. — Defiéndese el fuerte con bravura. — Depredacio- 
nes, muertes y cautiverios de indígenas durante una década. 

El rompimiento de hostilidades entre España é In- 
glaterra, con motivo del famoso pacto de familia, tuvo 
en Filipinas funestos resultados^ viéndose invadidas las 
islas por una poderosa flota de aquella potencia, á las 
órdenes del almirante Samuel Cornic y del brigadier 
Guillermo Draper, jefe de las fuerzas de tierra, quie- 
nes, al cabo de doce días de escasa resistencia, pene- 
traron por traición en la mal defendida plaza (4 de Oc- 
tubre de 1762), sobre la cual habían arrojado, previa- 
mente, 20.000 balas de cañón y 6.000 bombas; hecho 
inaudito tratándose de una ciudad cuya edificación, en 
su mayor parte, se componía de materiales ligeros. 

Gobernaba las islas, interinamente, el Arzobispo Don 
Manuel Antonio Rojo, de funesta memoria, por su pu- 
silanimidad y falta de tino en tan críticas circunstan- 
cias y por sus debilidades y desaciertos después; cuali- 
dades y proceder que tan gran contraste ofrecen con la 
virilidad y sublime conducta del insigne patricio Don 



332 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Simón de Anda y Salazar, que supo conservar el domi- 
nio de España en Filipinas y tener en vergonzosa inac- 
ción á los ingleses, conquistando con sus hazañas, des- 
pués de Legazpi, lugar preeminente en la historia de 
Filipinas. 

La ocupación de la capital por los invasores; la gue- 
rra de reconquista que absorbía las fuerzas del país y 
la atención del invicto Anda; el levantamiento de va- 
rias provincias contra las autoridades legítimas; la trai- 
dora rebeldía de los chinos, y las consecuencias de se- 
mejante perturbación en todo el Archipiélago filipino, 
imposibilitaron en absoluto ocuparse de los piratas ma- 
layo-mahometanos durante ese nefasto período. 

Como era consiguiente, los moros supieron aprove- 
char la crítica situación porque atravesaba el país, au- 
mentando hasta lo increíble el horroroso catálogo de 
rapiñas, cautiverios y saqueos que registran sus anales 
desde los tiempos primitivos de la dominación españo- 
lo. El tráfico comercial estaba interrumpido. Los pue- 
blos playeros, inmediatos á sus guaridas, se hallaban 
diezmados ó desiertos, ya por la cautividad de sus mo- 
radores, ya por el voluntario ostracismo á que se con- 
denaban, temerosos de caer en las garras de los inhu- 
manos piratas. El solo anuncio de la proximidad de los 
moros; la noticia de alguna proyectada invasión, mu- 
chas veces imaginaria; la vista de algún buque en lon- 
tananza figurándoseles pirata, infundía en aquellos des- 
dichados indios terrible pánico. Los menos valerosos 
huían al interior, abandonando sus propiedades; los más 
esforzados llevaban una vida asaz intranquila, de con- 
tinua alarma y de constante malestar y vigilancia. 

El Obispo-gobernador Espeleta, sucesor del ilustre 
Arandía, había suprimido la armadilla de Iligan, que 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 333 

mandaba el P. Ducós, influyendo esto en los estragos 
que causaran los piratas durante la época de su mando. 

El Arzobispo-gobernador Rojo restableció la arma- 
da de Pintados, para que desde Cebú, á cuyo alcalde 
mayor nombró su comandante general, recorriera aque- 
llas costas á fin de impedir los desembarcos de los ma- 
hometanos. Destinó á dicha isla tres buques, proveyén- 
dolos de cañones y artilleros, y dispuso que el alcalde 
construyera otros tres. Pero aun asi no hubo manera 
de contenerlos. 

A pretexto de que favorecíamos á los de Borneo, por 
entonces enemistados con los joloanos por haber ase- 
sinado aquéllos á un embajador de éstos, nos declara- 
ron la guerra nuevamente, aliados con los mindanaos, 
prestándoles eficaz auxilio los aguerridos tirones y ma- 
lanaos. 

Su audacia los condujo hasta la costa de Mariveles, 
próxima á Manila, en cuyas aguas apresaron á dos 
champanes de China con muchos intereses. A su re- 
greso se establecieron en Mamburao, isla de Mindoro, 
donde formaron una factoría atrincherada, á la cual 
iban á comerciar algunos macasares á quienes vendían 
los indios cautivos. Para desalojarlos de este punto, se 
organizó en Cavite una escuadrilla compuesta de un 
paquebot, tres galeras, una lancha y ocho caracoas de 
Visayas, con 1.252 hombres de mar. Mandaba las fuer- 
zas navales el teniente de fragata D. Gabriel de Aris- 
tizabal, de la dotación de la fragata Atíyea, y las de tie- 
rra el teniente coronel D. José Jarando, castellano y 
justicia mayor de Cavite. 

Los moros se habían fortificado en una pequeña pe- 
nínsula que forma el río Maasin con el río Mamburao. 
Tuvieron con ellos, durante algunos días, ligeras esca- 



334 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

ramuzas, en las que siempre llevaron la peor parte. 

Una columna saltó en tierra para reconocer el terre- 
no, llegando hasta la trinchera que guarnecían, sin en- 
contrar nada más que algunos cadáveres y rastros de 
sangre. 

En este fuerte halláronse cureñas pequeñas, una lan- 
taca, sobre lo. ooo zicnibidines {^), batintines, palay y va- 
rios utensilios. También se cogió una banca llena de 
palay. Tal fué el resultado de la expedición. Costó al 
Erario 25.26o pesos; pero la subasta de los efectos co- 
gidos á los moros ascendió á 3i.026, y sólo hubo un 
soldado indio muerto. 

A mediados de 1767 doblaron el cabo de San Agus- 
tín sobre 70 pancos piratas con 2.000 moros, sitiando 
el fuerte de Cateel, defendido por solos 3o soldados. Al 
cabo de ocho días de inútil resistencia, la guarnición 
abandonó el castillo una noche, fugándose en barqui- 
llas por el río. 

Los moros se apoderaron al día siguiente del fuerte, 
y sacando las armas, balas, pólvora, 200 cavanes de 
arroz y varios efectos, le prendieron fuego. 

Después pasaron á sitiar á Tandag. Con la buena 
defensa de esta fortaleza y el auxilio de una galera y 
otras embarcaciones de Surigao, batieron con tanto 
arrojo á los moros por mar y tierra, que á pesar de su 
brioso empuje huyeron derrotados, dejando en poder 
de sus contrarios armas, banderas, alcoranes, víve- 
res, etc. 

El gobernador general, D. José Raón, premió, como 
debía, el valor de la guarnición. 

El relato detallado de las depredaciones y violencias 

(1) Especie de lanzas de tres varas de largo. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 335 

de los moros en sólo una década, á partir de la inva- 
sión inglesa, llenaría volúmenes enteros. 

En Caraga (Surigao) quemaron casi todos los pue- 
blos. En Iligan (Misamis) saquearon y quemaron los 
de Iponan, Alilitum, Gompot, Salay y Sipaca. En la 
isla de Camiguin mataron y cautivaron á infinidad de 
indígenas. En Cebú invadieron el partido de Dastag ó 
Coteot, quemando y saqueando las visitas de Nahalin 
y Luyan. En Sorsogón los de Ticao, cautivando un 
religioso. En Panay sufrieron considerablemente los 
pueblos de isla de Tablas y los de la isla de Sibuyan, 
cuyo párroco murió fugitivo en el monte. Los párrocos 
de Mamburao y Sapian tenían fortificados sus pueblos 
con barricadas. El cura de Calamianes quedó cautivo. 
En Mindoro, invadido repetidas veces, dieron muerte 
á un religioso y cautivaron á otro. Los demás curas 
andaban fugitivos por los montes. En Bataan quema- 
ron y saquearon el pueblo de Mariveles y su visita de 
Caucaben, cautivando á su ministro. La provincia de 
Iloilo fué de las más castigadas, pues 130 embarca- 
ciones piratas de Mindanao, Joló y Borneo tenían co- 
gidas todas las silangas, canales y ríos, y además de 
apresar los moros de una sola vez ocho buques que re- 
gresaban de Albay con más de 10.000 pesos, se lleva- 
ron 200 cautivos. El pueblo de Anilao quedó destruido 
(1769). En el importante pueblo de Dumangas come- 
tieron multitud de muertes y cautiverios. 

Lo mismo sucedió con varios pueblos de las provin- 
cias de Leyte, Samar é isla de Negros. En ésta apre- 
saron á su corregidor y á tres religiosos, obteniendo su 
rescate en Joló por una suma considerable. En la isle- 
ta Inangpolongan establecieron su dangcal ó cárcel: 
allí iban aglomerando cautivos, y de tiempo en tiem- 



336 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

po los transportaban á JoIó, en grupos de 400 á 5oo, 
' En las misiones del monte Isarog (Camarines), ma- 
taron á un religioso y al misionero destinado á cate- 
quizar ilongotes. 

En Masbate, Barias y Maestre de Campo, asolaron 
todos los pueblos. Los padres recoletos tuvieron cinca 
cautivos; los agustinos, tres, y los franciscanos, un cau- 
tivo y dos muertos. Se cuenta que el datto principal de 
Lingo reunió hasta ocho religiosos prisioneros. 

La insolencia de los moros llegó á tanto, que se les 
vio en la bahía de Manila en lanchas como las de los 
pescadores, muchos de los que llevaron presos á su 
país. Algunos piratas y renegados asistieron furtiva- 
mente á las retretas nocturnas de la plaza de Palacio. 

En Malate cautivaron una noche á 20 personas que 
volvían de asistir á un entierro en Pasay. 

Los pueblos de Tambobo y Parañaque, de la provin- 
cia de Manila, sufrieron asimismo gran daño en las 
personas de sus habitantes y en sus embarcaciones. 

Anda^ que desde 1770 desempeñaba el gobierno de 
las islas, acordó organizar la armada de Pintados sobre 
mejores bases, é hizo erigir en el Corregidor una torre 
fortificada para que se vigilase la aproximación de los 
piratas á Manila. 

El 7 de Junio de 1771 apareció en Aparri (Luzón) 
una armadilla de moros, cautivando al misionero de 
Paniqui, Fr. Joaquín Sancho, que á la sazón se halla- 
ba en Lal-lo, y á varios indios, todos los cuales logra- 
ron más tarde fugarse. 



CAPITULO XXL 

Obtienen los ingleses de Bantilan la cesinn de la isla de Balambansan, y 
la fortifican. — Evacuada Manila, conducen á Joló á Ali-Mudin y éste 
confirma la cesión expresada. — Muere Bantilan, y le sustituye Israel 
por renuncia de Ali-Modin. — Dividense los joloanos en dos bandos, 
uno á favor de los españoles y otro de los ingleses. — El gobernador 
de Zaniboanga comisiona al oficial Alvarez para cerciorarse de las 
disposiciones del sultán. — Cumple bien su comisi'''n, y recaba la amis- 
tad de muchos dattos. — Decide el gobierno castigar á los piratas 
ilar.os y la manera de que los ingleses abandonen á Balambangan. — 
Confiérese esta comisión al teniente coronel Cencelly, marcándole 
instrucciones concretas. — Falta á ellas, va á Joló, provoca las iras 
de los moros, compromete la causa de España y da lugar á que los 
ingleses exploten á su favor el suceso. — Dispónense los joloanos á la 
resistencia, y se niegan á tratar con Cencelly. — Regresa este impru- 
dente jt-fe á Zamboanga, sostiene grandes cuestiones con el gobeina- 
dor de la plaza y procura sublevarle las tropas. — La prudencia del 
gobernador evita una colisión entre las fuerzas españolas, y comisio- 
na, además, dos oficiales para contrarrestar en Joló los perjuicios 
causados por Cencelly. 

Afanosos los ingleses de poseer algún territorio en 
el Archipiélago joloano, habían conseguido de Banti- 
lan, aunque no sin dificultad, que les cediese la isla de 
Balambangan, proponiéndose fundar en ella un estable- 
cimiento ó factoría. La fortificaron con dos sólidas ba- 
terías paralelas, que dominaban el mar, artilladas con 
mucha y gruesa artillería, edificando entre ambas la 
casa dtl gobernador de la nueva colonia. 

La escasa importancia de esta isla y su poca salubri- 
dad, les impulsó á solicitar en su lugar la isla de Tan- 

22 



33B HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

dundalaga, costa N. de Borneo, inmediata á la resi- 
dencia de aquel sultán; pero él se opuso enérgicamente 
á la vecindad de tan molestos huéspedes. 

Conocidos estos hechos en Madrid, ordenó el Rey re- 
forzar el presidio de Zamboanga, para tenerle dispuesto 
á cualquier evento. 

Al evacuar á Manila los ingleses, M. Brereton trans- 
portó á Joló en el buque almirante á Ali-Mudin y á su 
hijo Israel, confirmando el primero la cesión que de di- 
cha isla les hiciera Bantilan en 17 de Enero de 1763. 
Muerto éste, y no queriendo Ali-Mudin ejercer el man- 
do á causa de su vejez, abdicó en Israel. Losjoloanos, 
entonces, se dividieron en dos bandos, uno á favor de 
los ingleses, á cuya cabeza estaba el datto Zalicaya, 
generalísimo del mar, y otro en contra, dirigido por 
Israel y el sultán padre (0. 

El hijo de Ali-Mudin había participado á Carlos III 
su exaltación al trono, y el monarca español le felicitó 
por sus buenas disposiciones respecto á España (2). 



(1) "Los ingleses, observando la tempestad que les amenazaba, 
consiguieron desunir á los dattos á fuerza de regalos y sobornos. Sem- 
brar el odio contra España era uno de sus medios; mas el salip, ó sea 
el arzobispo 6 patriarca de los moros, anciano marroquí que caminaba 
encorvado con la ayuda de un báculo, pero que en su juventud había 
sido de armas tomar, se puso de nuestra parte, comparando á los ingle- 
ses con una noche tenebrosa de invierno, precursora de desventuras, y 
á los españoles con una mañana de primavera, que convida á los jorna- 
leros á trabajar.» — {^Guerras piráticas de Filipinas centra tnindanaos y 
joloanos, corregidas é ilustradas por D. Vicente Barrantes: Madrid, 

1878.) 

(2) Decía Anda al Rey acerca de esto: 

"El referido sultán desea vivamente nuestra amistad: se manifiesta 
sentido de que no se respondiese á la carta que su padre Fernando I 
escribió á V. M., y él mismo escribe ahora la adjunta, en que intenta 



EN MINDANAO, JOlÓ Y BORNEO 339 

El gobernador de Zamboanga, D. Raimundo Espa- 
ñol, secundando órdenes emanadas de Manila para que 
procurara asegurarse de las disposiciones del sultán por 
medio de una persona de su confianza, confirió este en- 
cargo al subteniente sargento mayor de dicho presidio 
D. Manuel Alvarez, algo emparentado con el sultán, y 
muy amigo de algunos dattos con quienes había vivido 
en Manila, Le acogieron con gran franqueza y alegría, 
incluso la sultana, que le acompañó con su comitiva á 
la casa que le fué destinada, obsequiándole después mu- 
cho. Es curioso el que para sacar Alvarez más fruto de 
sus gestiones y atraer partidarios al bando español, uti- 
lizó su habilidad en el baile, dando lecciones de minué 
y paspié á la sultana, princesas y dattos, locamente 
aficionados á estos ejercicios. 

Cincuenta y tres días permaneció Alvarez en Joló, y 
•durante ellos celebró muchas conferencias con el sultán 
y los dattos, estipulando mutuas concesiones, pero me- 
diante la protección de España y con exigencias no to- 
das admisibles. 

A su regreso le acompañaron á Zamboanga varios 
dattos, para realizar de paso negocios de comercio. 

El gobernador de la plaza, con sus acertadas medi- 
das, logró contener á los piratas ilanos, apostando bar- 
cos en la contra-costa de Basilan. En una ocasión las 
dos falúas y ocho vintas allí destinadas echaron á pique 
cinco pancos, de i3 que salieron á probar fortuna. 

ponerse bajo la real protección de V. M. y establecer alianza con este 
gobierno, á cuyo fin piensa despachar embajador á Manila, etc.. 

El sobrescrito de la carta del sultán de Joló, era: "AI victorioso gran 
monarca del mundo y felicísimo emperador de las Indias,,, y su conte- 
nido estaba en lengua persiana, según el traductor. El original se halla 
en el archivo de Alcalá, legajo 2.849. (Véase el Apéndice, pág. 42.) 



34° HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

La estancia de los ingleses en el territorio joloano- 
era sobrado molesta para que el gobierno de España 
pudiera avenirse á sufrirla. Anda, de acuerdo con el 
gobernador de Zamboanga, dispuso el envío de una ex- 
pedición á Balambangan, y creyendo acertar, confiere 
misión tan delicada al italiano D. Juan Cencelly, te- 
niente coronel de uno de los regimientos de infantería 
de Manila. 

Con arreglo á las instrucciones que se le dieron, de- 
bería dirigirse por entre las islas de los Mosquitos y Pi- 
lar á castigar á los piratas ilanos de la islita llamada 
Cagayán de Joló, próxima á Balambangan, yendo á 
caer, como por casualidad, al establecimiento inglés. 
Encargósele que, una vez en este punto, oficiara al jefe 
de la fuerza, extrañando verlos establecidos en una isla, 
sujeta al dominio de España, debiendo prevenirles que 
la evacuasen. 

Se le prohibió hacer uso de la fuerza, y sí sólo ame- 
nazar con que el gobierno de España protestaría cerca 
del de la Gran Bretaña por semejante violación. A la 
vez se le previno que levantara los planos de sus forta- 
lezas y de los fondeaderos de la isla, pasando seguida- 
mente á Joló á entregar al sultán los pliegos reserva- 
dos que le daría el gobernador de Zamboanga, sin per- 
juicio de hacer el corso contra todos los enemigos que á 
su paso hallara, excepción hecha de los vasallos del 
sultán de Joló y los subditos mindanaos del príncipe 
Quibad Zajarial, á la sazón en paz con España. 

En Joló, después de exponer al sultán y á los dattos 
lo improcedente de la concesión hecha á los ingleses, 
debería pactar la libre entrada de los joloanos en los 
puertos españoles y de éstos en los de Joló, y el envío 
de fuerzas á la capital por si necesitaban su auxilio para 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 34I 

arrojar á los ingleses de su territorio, asegurándoles que 
en manera alguna se inmiscuirían en su gobierno in- 
terior. 

También les debía proponer que fuese un datto á 
Manila para representar á su país, en cuyo caso pasaría 
un jefe español con igual cargo cerca del sultán; y dié- 
ronsele, en resumen, amplias instrucciones encamina- 
das á afirmar la armonía y buena inteligencia que tan 
conveniente era en aquellas circunstancias. Las instruc- 
ciones de Anda están fechadas el 17 de Abril, y las de 
Español el 29 de Diciembre de 1773. Español convino 
€on Cencelly en participar al sultán de Joló el próximo 
arribo de dicho jefe á su corte, pasados seis días de su 
salida de Zamboanga, para que el factor inglés en Joló, 
M. Coll, no estorbase los planes expresados si se ente- 
raba con sobrada anticipación, puesto que lo avisaría á 
Balambangan. 

El 3o se hizo Cencelly á la mar en la galera Santa 
Teresa, con las dos galeotas San Clemente y Soledad, 
bien pertrechadas, con buena tripulación y provistas 
abundantemente de provisiones para dos meses. Lleva- 
ba por segundo á D. Rafael Franco, capitán de su re- 
gimiento; por almirante, al capitán de marina D, Ig- 
nacio de Larra, y por mayor de órdenes, al teniente 
de su mismo cuerpo, D, Francisco Bayot. En lugar de 
cumplir las instrucciones recibidas, marchó directa- 
mente á Joló, con pretexto de reponer el agua que de- 
cía le faltaba (1), á cuya rada llegó el 4 de Enero de 
1774. Aunque el sultán no había tenido aviso alguno. 



(1) De acuerdo con Cencelly, el teniente D. José Aviles hizo de- 
rramar el agua que llevaba á bordo, y que los oficiales se quejasen del 
mal estado de los víveres. 



342 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

se dispuso á recibir cortesmente al jefe de la escuadra; 
pero al ver que no daba fondo ni saludaba á su bande- 
ra, sospecharon mal los joloanos de aquellos buques. 
Para salir de dudas, envió el sultán uno de sus oficiales 
á enterarse del objeto de su visita, y la respuesta que 
obtuvo fué que ya el gobernador de Zamboanga le 
mandaría á decir las grandes novedades que ocurrían. 

Esta extraña respuesta y el hecho de continuar los 
buques su rumbo con dirección á otras islas del inte- 
rior, hÍ20 temer un desembarco, y comenzaron en el 
instante sus preparativos de defensa. Los ingleses ex- 
plotaron el suceso, exagerando las intenciones de los- 
españoles para incitar á los joloanos á la resistencia. 
El sultán dudaba que dichos barcos llevasen ningún 
intento hostil, y así lo manifestó en la junta; pero tuvo 
que ceder ante las acusaciones del bando inglés, pues 
hasta lo tuvieron por traidor. Los feroces guimbas ba- 
jaron de los montes; los chinos, que en número de 
4.000 residían en joló desde su expulsión de Manila en 
1758, se apercibieron para la lucha, formando un cuer- 
po de ejército, y los naturales y renegados otro, dedi- 
cándose con ardor á poner la plaza en pie de guerra. 

Llega en esto á Joló el notario eclesiástico de Zam- 
boanga, D. Graciano de Rojas, con los pliegos del go- 
bernador de Zamboanga, anunciando el próximo arribo 
de Cencelly, y los ánimos se tranquilizan un tanto; pe- 
ro la reaparición de su escuadra y el haber apresado en 
la misma ría á una barca joloana, infunde nuevas sos- 
pechas y hace pensar que sus intenciones son realmen- 
te hostiles. 

Fondea la pequeña flota frente á Joló, fuera de tiro 
de cañón, en la isla llamada Huerta del Rey, dejando 
transcurrir todo el día sin dirigir los saludos correspon- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 343 

dientes ni ninguna otra señal de deferencia á la plaza. 
Al siguiente destaca una lancha á hacer aguada, y al 
atracar á la playa, se lanzaron los moros sobre sus tri- 
pulantes, que hubieran perecido á manos de la turba 
amotinada á no haberlo impedido los dattos Ali-Mudin, 
Manancha, Moloc y Teteng, pertenecientes al partido 
español. 

Entonces desembarcaron los* oficiales D. Rafael 
Franco, D, Ignacio Saavedra y D. Francisco Bayot, 
para pedir satisfacción de aquella agresión; pero el con- 
sejo de los dattos replicó que la conducta irregular de 
su jefe á ello había dado margen, y que sus mismos 
oficiales, antes de cumplir el encargo que llevaban, ha- 
bían estado comerciando en el barrio chino; que se 
volviera á Zamboanga, y que desde allí evacuase su co- 
misión. 

Cencelly trató de ir á tierra, disculpándose con la 
torpeza de Español en no dar antes aviso de su llega- 
da; pero no quisieron consentirlo ni oirle, mandándole 
á decir que Español no hubiese procedido de este modo. 

A no estorbarlo sus oficiales, es seguro que Cencelly 
emplea la fuerza al recibir tal respuesta. Mas no por 
eso cambió de táctica, sino que escribió á un chino co- 
nocido suyo, llamado Manuel Rubio Unsay, que le 
mandara doce moras para él y sus oficiales, esperando 
que, al enterarse de su carta el sultán y los dattos, le 
darían motivo para apelar á las armas. 

La incalificable conducta de Cencelly, inspirada por 
antiguas rivalidades con Español, y en odio á sus pla- 
nes, puso en grave compromiso al sultán y á los parti- 
darios de España, pues el pueblo en masa se amotinó 
clamando guerra contra los españoles. Armáronse has- 
ta los habitantes de las islas circunvecinas, dirigidos 



344 HISTOKIA DE LA. PIRATERÍA 

por los ingleses, y por do quiera se escuchaban impreca- 
ciones y gritos de guerra y venganza contra España. 
En Tandundalaga y en Sibuyan levantaron nuevas for- 
talezas, bajo la dirección del factor inglés y del datto 
Zarapudin, artillándolas con un cañón de á 36, cinco 
de á i6, diez de á 12, diez de á 8, cuatro de á 6, cua- 
tro de á 4, y otros varios de inferior calibre. El inglés 
M. Brun, que había servido en el ejército de su país, 
fué encargado de la defensa. 

Aún trató Cencelly de que los dattos suscribieran un 
testimonio á favor suyo y en contra del gobernador de 
Zamboanga; mas el sultán hizo pedazos el escrito á 
vista del emisario de aquel imprudente jefe. Cencelly 
levó anclas entonces y regresó á Zamboanga (24 de 
Enero), al cabo de veinticinco días tan neciamente 
empleados, fracasando así los proyectos relativos á Ba- 
lambangan. Desembarcó la tropa que con él iba, sin 
contar para nada con el gobernador, y se negó á pre- 
sentarle su diario de operaciones (1). 

(1) Este diario original, cuya fecha es de Zamboanga á l6 de Abril 
de 1774, obra en el archivo de Alcalá, legajo 2845, cuyo titulo es: 
"1744- Expedición para la colonia inglesa de Balatnl>angan, yola y 
Zamboanga, „ remitido en comunicación de igual fecha al conde de 
Aranda, al que llama Cencelly en sus cartas su protector. En una de 20 
de Marzo del citado año, se firma "su recluta, „ y en ella calumnia al 
gobernador de Zamboanga. 

En el mismo legajo existen copias, autorizadas por Cencelly, de las 
cartas dirigidas por él al sultán de Joló, á algunos dattos y al goberna- 
dor de Zamboanga, y de las contestaciones respectivas, cuyas copias 
fecha el 18 de Abril de 1774. Podrá formarse idea de esta correspon- 
dencia por las tres cartas siguientes: 

"Muy señor mío: Con harto dolor escribo esto á V. S., pero me es 
preciso declararme, porque en la Junta que se hizo anoche y lo que sa- 
lió por dictamen de mis consejeros, era que V. S. se retirase primero 
para el presidio de Zamboanga, y desde allí hará V. S. un despacho 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 345 

Lejos de arrepentirse ó de reconocer su conducta im- 
política, aún sostuvo con Español graves contiendas, 
faltando á la subordinación y á toda clase de conside- 

para este reino, avisándome, y á todos los de mi consejo, para su veni- 
da á este reino. Sobre este particular, sin duda ninguna, será V. S. re- 
cibido con aquellos honores que se debe recibir como á segunda perso- 
na del muy ilustre señor y capitán general de las islas: esto se lo supli- 
co á V. S. haga por mí, para que quede yo sano entie los míos, y no 
me culpen en algún modo, pues de éste mi reino me tienen algunas sos- 
pechas: couío me crié entre los españoles, dicen que soy apasionado co- 
mo criado entre ellos; y así, vuelvo á suplicar á V. S. haga esto para que 
las cosas vuelvan en su lugar, pues que contemplo esto muy descom- 
puesto. — Reino de Jólo y Enero 6 de 1774. — B. L. M. de V. S. quien 
desea servirle. — El sultán, Muhamad Israel. — (Sello. )„ 
Respuesta. 

"Señor: Mi más venerado señor, amigo y hermano: Doy á V. A. las 
gracias por lo mucho que nos favorece y ha hecho por los españoles, y 
espero que todcs esos señores queden muy satisfechos de nuestra amis- 
tad, que nos será favorable á todos. 

„Deseo cuanto antes dar un abrazo á V. A. y todos mis oficiales, y 
se ofrecen á la disposición de V. A. y mi señora la sultana. Deseo á 
V. A. la más perfecta salud, ínterin ruego á Dios le guarde muchos 
años. — A bordo de la Capitana, 7 de Marzo de 1774.— M. I. S.— Señor: 
j...in Cencelly.„ 

"Muy scñcr mío: Ahí va mi primo el príncipe Teting en lugar de mi 
persona, para que se vea con V. S., en señal de que todavía hay com- 
posición de las cosas de nuestra amistad, que los de este reino tiran á 
perderla, persuadidos de unos hombres mal intencionados, y lo declaro 
á V. S. que son los ingleses que están acá infundiendo á los daltos el 
no consentir á los españoles que estén en este reino, dando dádivas á 
los que puedan perturbarlos. Suplico á V. S. que el capitán D. Ignacio 
Saavedra vuelva otra vez con el mismo mi primo para todo el día de 
mañana, para ver en qué paran las cosas, y que yo escribiré todo, á fin 
de que V. S. quede inlel.'genciado. — Dios nuestro Señor guaide á V. S. 
muchos años. — Reino de Joló, Enero 8 de 1774- — B. L. M. de V. S. su 
afectísimo amigo, el sultán Muhamad Israel. — (Sello.) — Señor teniente 
coronel D. Juan Cencelly.„ 



34^ HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

raciones, miramientos y conveniencias, prevalido de 
su poder y apoyado en las tropas que mandaba, cuyos 
vicios consentía por tenerlas de su ' parte, y merced 
también á la prudencia del gobernador de Zamboan- 
ga, que quiso evitar el tristísimo espectáculo de un 
combate entre soldados hermanos. Español mandó in- 
mediatamente á Joló á D. Ignacio Saavedra y á Don 
Alonso de Castilla (8 de Febrero), con encargo de 
dar satisfacción al sultán por lo ocurrido. Estos ofi- 
ciales fueron muy agasajados por los dattos amigos, 
pero no lograron calmar la efervescencia de los joloa- 
nos, estando los ánimos excitados contra los españoles 
con motivo de la torpe conducta de Cencelly, hábilmen- 
te explotada por los ingleses, á pesar de las afectuosas 
cartas de Español. El insensato Cencelly procuró su- 
blevar á los soldados contra Español, pero no pudo 
conseguir su menguado intento. 

En una ocasión en que los presidiarios y aun los sol- 
dados se habían insubordinado, pidió Español á Cen- 
celly el auxilio de las tropas de su mando, conforme co- 
rrespondía; pero este indigno jefe le contestó de oficio, 
diciéndole que el único auxilio que le podía dar era el 
de una moza de tres que tenía de diferentes colores (i). 

(l) Las consideraciones del autor anónimo, cuyo manuscrito iia co- 
rregido y publicado el erudito Sr. Barrantes en su obra Guerras piráticas 
de Filipinas, relativas al mal comportamiento de Cencelly, se ajustan á 
la verdad de los hechos, según hemos tenido ocasión de comprobar por 
los documentos originales que existen en el archivo de Alcalá. 



CAPITULO XXII. 

La severidad de los ingleses con los dattos joloanos atrae sobre aquéllos 
grande enemistad. — Impone el gobernador de Balambangan un castigo 
al datto Teteng, y jura vengarse. — Concierta con sus parientes y ami- 
gos sorprender la colonia inglesa. — Consigue su intento. — Son muer- 
tos la mayoría de los ingleses, y se apodera Teteng de un gran botín. 
— Los joloanos, temerosos de la venganza de Inglaterra, desaprueban 
lo hecho por aquel datto. — En vista del completo triunfo de Teteng 
y de su liberalidad en compartir con el sultán y sus consejeros el bo- 
tín, celebran alegremente su victoria. — Procura Teteng vender en 
Zamboanga varios efectos, envía un regalo al gobernador y ello sirve 
de pretexto á Cencelly para sostener nuevas polémicas con Español. 
— Las representaciones de uno y otro al gobernador de las islas, le 
deciden á relevar al gobernador de Zamboanga. — Cencelly provoca 
también á Bayot, sucesor de aquél, regresando al cabo á Manila por 
haber ascendido á coronel. — Envían los ingleses un buque á Joló á 
reclamar los efectos abandonados en Balambangan, pero se retira sin 
conseguir su objeto. — Los sultanes de Molucas entablan relaciones de 
amistad con Bayot. — Intenta Teteng sorprender á Zamboanga, mas 
al verse descubierto disimula su proyecto. — Marcha sobre Cebú y 
comete en la isla grandes desmanes. 

La dureza y descortesía con que los ingleses trata- 
ban en Balambangan á los dattos, y el hecho de haber 
metido de cabeza en un cepo al revoltoso Teteng, con- 
citaron las iras de los joloanos contra tan despóticos 
señores. Teteng juró vengarse, y fraguó secretamente, 
con prudencia y sagacidad, un complot para sorpren- 
derlos y asesinarlos. Auxiliado por el datto Dacula, pri- 
mo suyo; por el datto Tumango Isaac, y por otros pa- 
rientes, amigos y servidores, cuyo número no bajaba 



348 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de 3oo, cayeron cautelosamente sobre la fortaleza en la 
noche del 5 de Marzo de 1775, atacándola con furia y 
poniéndola fuego. Los ingleses estaban desprevenidos, 
y á excepción del gobernador y cinco individuos que 
pudieron embarcarse en un bote y ganar un bergantín, 
los restantes pagaron el descuido con la vida (1). El go- 
bernador de la colonia, aterrado, mandó largar velas y 
pudo escaparse, dejando en poder de los moros cuan- 
tiosas municiones, barcos, utensilios, dinero, armas y 
pertrechos de todo género, y una barca, un bergantín, 
dos pontines, 45 cañones, 25o fusiles, 200 quintales de 
pólvora, 22.000 balas, 35 pistolas, hierro, clavazón, 
plomo, estaño, oro en barras y 24.000 pesos en plata. 

Al saberse este suceso en Jo!ó (9 de Marzo), el con- 
sejo de los dattos desaprobó lo hecho por Teteng y lo 
declaró indigno de sus títulos, temiendo la venganza de 
los ingleses; pero pasado el terror de los primeros días, 
y en vista del cuantioso botín recogido por Teteng, 
quien lo compartió generosamente con el sultán y los 
dattos, el temor y la enemistad se tornó en plácemes y 
agasajos, celebrando gozosos, con fiestas públicas y 
báquicas orgías, la expulsión de aquellos molestos ve- 
cinos. 

El factor inglés Coll y algunos compatriotas suyos se 
fugaron de Joló en un champán chino, mas el segundo 
factor que quedó en la isla murió de miedo al verse solo 
y saber lo de Balambangan. 

El sultán, en carta escrita al gobernador de Zam- 
boanga, de acuerdo con el consejo de los dattos, de- 

(1) En un iirincipio eran 400 los que ocupaban á Balambangan, en- 
tre ingleses y cipayos; pero el clima los redujo á 75 soldados de infan- 
tería y 25 de aitilleiia, un gobernador, un sargento mayor, un coman- 
dante del fuerte y varios oficiales y subalternos. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 349 

mandaba la protección de España para en el caso de 
que los ingleses atacasen á Joló en venganza de lo acae- 
cido en Balambangan, invocando el tratado de 1737, 
que precisamente excluía á las naciones europeas de la 
alianza ofensiva y defensiva por él estipulada, como 
Español lo hizo saber al consejo joloano. 

Teteng escribió al gobernador de Zamboanga noti- 
ciándole su hazaña, pero no la atribuía á venganza per- 
sonal, sino á que los ingleses se mofaban del sultán, 
llamándole, en presencia suya y de otros dattos, raíz 
de camote. 

Solicitaba de paso que le permitiera expender en 
Zamboanga su botín, y para predisponerlo en favor 
suyo, enviaba como regalo una pieza de paño azul y 
otra de grana para uniformes. 

Cencelly, que no había cesado de provocar á Espa- 
ñol por mil diversos medios, tomó pretexto de este re- 
galo para sostener con él nuevos altercados; y tales y 
tantas fueron las quejas elevadas á Manila por uno y 
otro, que el gobernador general relevó á Español del 
mando que desempeñaba, aunque fundando la medida 
en que había cumplido el tiempo reglamentario (•). Le 
sustituyó el teniente coronel D. Juan Bayot (6 de Junio 
de 1775), quien también tuvo que sufrir las rivalidades 
de Cencelly, hasta que llegó orden de que fuese éste á 
Manila á tomar posesión de su ascenso á coronel del 
regimiento del Rey, ascenso inmerecido, puesto que 
debió sometérsele á un proceso que pusiera en claro su 
conducta; lenidad que no se explica, toda vez que con 

(1) El 20 de Abril de 1765 da cuenta Cencelly al gobernador de las 
islas de lo ocu.rido en Balambangan, y pide le encargue de dirigir una 
expedición contra Joló, procurando en su escrito, como siempre, hacer 
el mayor daño posible á Español. 



350 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

SU torpe proceder creó en Joló el más violento estado 
de cosas contra la causa de España, frustrando los pro- 
yectos relativos á Balambangan. 

Es posible que influyera en ello el que los joloanos 
habían resuelto por sí mismos la cuestión principal arro- 
jando de allí á los ingleses. Éstos mandaron, á princi- 
pios de Julio, un buque á reclamar los efectos que aban- 
donaran en Balambangan, y á que se les posesionase 
nuevamente de la isla; pero al cabo de cinco días de 
inútiles gestiones, dejó dicho buque las aguas de Joló 
sin conseguir nada. 

Con la marcha de Cencelly á Manila pudo el gober- 
nador de Zamboanga dedicarse á asuntos de su come- 
tido, consiguiendo restablecer la buena armonía con 
los pueblos vecinos. 

El sultán de Molucas y de la isla de Bachanan, Sa- 
judin, solicitó su amistad por mediación del hijo del 
sultán de Ternate, Jaddic, cuyo enviado pactó con Ba- 
yot relaciones comerciales, obsequiándole con dos picos 
de nuez moscada, dos. macetas de la misma especie y 
de clavo y un precioso loro. 

También los mindanaos mandaron un emisario á 
cumplimentar á Bayot, ofreciendo el príncipe Quibad 
perseguir á los piratas llanos y á los joloanos, por ser 
quienes los protegían. 

El buen éxito de la sorpresa de Balambangan sugirió 
á Teteng la idea de probar igual fortuna con respecto 
á Zamboanga, á cuya plaza fué con 4 pancos y 3o vin- 
tas, tripuladas por 440 hombres. Las precauciones 
adoptadas por el gobernador del presidio, de antemano 
avisado, frustró la empresa, pretextando después Te- 
teng que su intención era hacer operaciones mercanti- 
les. A su salida de Zamboanga puso el rumbo hacia 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 35 1 

Cebú, en cuya isla cometió horribles atropellos, regre- 
sando á poco con los frutos de su pillaje, sin que el con- 
sejo de los dattos atendiese las reclamaciones del go- 
bernador de Zamboanga ni reprimiera jamás idénticos 
actos de vandalismo, que se repitieron bastante, por 
dcvSgracia, durante los últimos años de la segunda épo- 
ca en que el insigne Anda ejerció el mando superior de 
Filipinas, 

Este eminente patricio, en carta de 3o de Noviem- 
bre de 1773, había expuesto al Rey la falta.de recursos 
para construir galeotas; y como consecuencia de ella, 
por Real orden de 27 de Enero de 1776, dictada á pro- 
puesta del Consejo de Indias, se enviaron á Filipinas 
5o. 000 pesos, aprobándose las Ordenan::as de corso. 



CAPITULO XXIII. 

Depredaciones de los moros durante el gobierno del sucesor de Anda. 

— Hace construir una escuadrilla de vintas para perseguirlos. — Los 
partidarios de Ali-Mudin 11, hijo de Bantilan, envenenan á Israel y 
aquél ocupa el trono, — En el acto renueva la guerra contra España. 

— El nuevo gobernador de Filipinas, Basco y Vargas, declara el cor- 
so contra los jñratas, hace reparar los fuertes de Visayas y Mindanao 
y establece cuatro divisiones de vintas. — El capitán Gómez desaloja 
á los piraías de Mamburao. — Renace el comercio entre Visayas y 
Lr.zón. — El sultán de Joló solicita paces. — Brillante campaña de Gó- 
mez contra 'os moros en Burias y otros puntos, — El corregidor de 
Misamis obtiene también sobre ellos notables ventajas. — Suceso eró- 
tico de un datto moro, — Creación de la medalla premio al valor. — 
Conquista Basco las islas Batanes, y mientras tanto cometen los mo- 
ros grandes incursiones en las Visayas. — Desmanes de los piratas 
durante el gobierno del brigadier Marquina. — Crueldad de los moros 
en Ajui y Barotac, — Muere Ali-Mudin 11 y le sucede Sarpudin. — Su 
falacia. — En su época aumenta el comercio entre Joló y Manila, 



A la muerte del ilustre Anda y Salazar, acaecida el 
3o de Octubre de 1776, se encargó del gobierno de Fi- 
lipinas el teniente de rey D. Pedro Sarrio, Los moros 
infestaban más que nunca nuestras costas. Tratóse de 
tomar alguna providencia contra ellos, previo un expe- 
diente que fué al fiscal; éste pidió se comunicase á los 
oficiales contadores; de aquí pasó al asesor, y mientras 
transcurría el tiempo en idas y venidas, los moros aso- 
laban el país impunemente. Al fin, con los 5o. 000 pe- 
sos mandados librar en virtud de la consulta de Anda, 
hizo Sarrio construir una escuadrilla de vintas, embar- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 353 

caciones que, por su ligereza y poquísimo calado, eran 
más á propósito para la persecución de los piratas que 
las pesadísimas galeras, debiendo además llevar pilotos 
de la Real armada para reconocer las costas, levantar 
planos de los puertos, señalar los bajos y escollos, son- 
dar los mares, etc. 

El sultán de Joló, Israel, fué envenenado por los 
partidarios del hijo de Bantilan, llamado, como su tío, 
Ali-Mudin. Este entró á gobernar á principios de 1778. 
Inmediatamente, y sin previa declaración de guerra ni 
hostilidad alguna por parte nuestra, emprendieron de 
nuevo los moros sus excursiones asoladoras á las pro- 
vincias limítrofes de su territorio. 

El gobernador propietario, D. José de Basco y Var- 
gas (28 de Setiembre de 1778), declaró el corso contra 
los piratas; determinación que no dio grandes resulta- 
dos, porque las embarcaciones de los mahometanos, 
como antes hemos dicho, nunca llevan efectos de va- 
lor, y pocos armadores quisieron utilizar las ventajas 
concedidas. Hizo reparar los fuertes de las provincias 
de Mindanao y de Visayas, renovando su artillería, y 
mandó construir en Cavite una galeota y seis vintas. 

Formó después cuatro divisiones en Cebú, Iloilo, 
Zamboanga y Calamianes, puntos desde los cuales se 
podía acudir más prontamente á castigar las correrías 
de los piratas. 

El 9 de Diciembre del citado año, fué el valeroso 
capitán de la marina sutil, D. José Gómez, á la punta 
de Mamburao, isla de Mindoro, á desalojar de allí á los 
piratas establecidos tiempo hacía en su fuerte. 

Incendió sus pueblos y embarcaciones y taló las se- 
menteras. 

Contenidos los piratas por las eficaces medidas del 

23 



354 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

gobernador general, comenzó á tomar bríos el comer- 
cio, y sólo de Samar, cuyo tráfico con Manila estaba 
paralizado por más de diez años, fueron á la capital 48 
caracoas en el de 1779. 

El sultán de Joló se humilló á pedir paces á Basco 
en 1781 por medio de una humilde carta, y á la par 
devolvía una balandra apresada cerca de Antique por 
un valeroso datto, declarándola espontáneamente mala 
presa, hecho inusitado entre los piratas. 

En 1782 el capitán Gómez hizo una valiente cam- 
paña en las aguas de Burlas, apresando y destruyendo 
bastantes embarcaciones piratas. 

Se impuso de tal modo á los moros por su extraor- 
dinario valor, que huían despavoridos al oir su nombre. 

El corregidor de Misamis, D. Jerónimo Sacristán, 
logró coger y echar á pique i5o embarcaciones, liber- 
tando muchos cautivos y haciendo prisioneros á dos 
caciques moros. También los alcaldes mayores de Sa- 
mar, Iloilo y Albay, les infirieron el mayor daño po- 
sible. 

Como suceso curioso, consignaremos que un titulado 
príncipe moro, el datto Ilim, á poco de establecido en 
Iloilo, pasó á Manila en seguimiento de una principala 
del pueblo de Ajui, de quien estaba enamorado. Para 
poder casarse con ella, abjuró sus creencias, recibiendo 
al bautizarle el nombre de José Mariano del Carmen. 
Efectuado el enlace que tanto ambicionaba, prestó tan 
buenos servicios en persecución de los piratas, que fué 
agraciado con el empleo de capitán de marina, siendo 
fiel á la causa de España hasta su muerte. 

Basco instituyó una medalla de premio al valor, con- 
decorando con ella primeramente al alcalde de Albay, 
D. Pedro Esteban, por sus triunfos contra los moros. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 355 

La adquisición de las islas Batanes, hecho de armas 
que valió á Basco el título de marqués de la Conquista, 
distrajo algún tanto las fuerzas destinadas á la perse- 
cución de los piratas. Estos cautivaron á muchos infe- 
lices indios en las costas de Calamianes, Iloilo é isla 
de Negros, Solamente de los pueblos de Jimamaylan y 
Binalbagan extrajeron i3o cautivos, reduciendo á ce- 
nizas ambos pueblos (1785). Dicha armadilla, unida á 
otras, que en total sumaban 95 velas, después de pira- 
tear por las costas de Zamboanga, quemó en Calamia- 
nes el pueblo de Dumaran. Hasta en las aguas de Bu- 
lacán cautivaron los atrevidos piratas un parao, proce- 
dente de Abucay. 

Al regreso de Basco á España, quedó de nuevo al 
frente del gobierno D. Pedro Sarrio. Hizo formar un 
estado de lo que costaba en Mindanao y Visayas el 
sostenimiento de los fuertes, embarcaciones y sus tri- 
pulantes, resultando que se invertían en tales atencio- 
nes I0I.300 pesos al año. 

Durante el gobierno del brigadier D. Félix de Mar- 
quina (1788 á 1793), los moros cometieron grandísimos 
desmanes, permaneciendo nuestra marina casi á la de- 
fensiva. 

En 1789 escribió al Rey el gobernador, diciendo que 
la guerra constante délos malayo-mahometanos «era 
un mal sin remedio.» 

Mientras que en la capital de las islas se tramitaba 
un interminable expediente incoado por el gobernador 
de Iloilo, D. Juan Suárez, para las atenciones de perso- 
nal y material de las vintas, los moros corrían á sangre 
y fuego las provincias. 

En Ajui y Barotac cautivaron á más de 400 perso- 
nas, con la crueldad de arrojar al agua á los niños de 



356 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

pecho. El alcalde D. Francisco Bayot, expuso al go- 
bierno, con toda energía, la necesidad de reparar la ar- 
madilla, y al efecto, acompañó un reglamento para que 
los gastos precisos corrieran de cuenta de la Hacien- 
da, siendo aprobado en junta de autoridades de 20 de 
Setiembre de 1790. 

Mahomet Sarpudin, elegido sultán á la muerte de 
Ali-Mudin II, fué tan artero y falaz como todos sus 
antecesores, pues protestando de su buena fe pública- 
mente, disponía en secreto diversas expediciones de pi- 
ratas llanos contra los buques mercantes, algunos de 
los cuales apresaron sus mismos servidoros (1792). El 
i.*^ de Enero de 1793 saquearon y quemaron los mo- 
ros un pueblo de Leyte, cautivando 120 personas. 

A pesar de la mala fe de los moros, en lo que respec- 
ta á sus piraterías é incumplimiento de sus tratados, 
hubo mutuo comercio entre Joló y Manila durante el 
mando del expresado brigadier Marquina (0. 

(1) Los pasaportes que el sultán de Joló expedía á sus subditos 
que pasaban á comerciar á las provincias sujetas al dominio de España, 
estaban redactados en la forma siguiente: 

"Yo soy el sultán Majumat Sarpudin, hijo y nieto de innumerables 
sultanes de Joló y sus posesiones obedientes. 

„ Concedo mi favorable licencia á para que pueda transportarse á 

Manila á efectos de comerciar, y ruego á mi muy caro el gobernador de 
Filipinas y cuantos oficiales encontraren por mar y por tierra, abran el 
camino, á la embarcación, que asi es mi deseo; en prueba de lo cual 
pongo este sello.» 



CAPITULO XXIV. 

«Gobierno de Aguilar. — Expedición de Casamara. — Reúne Aguilar en 
junta á las autoridades, examinan antecedentes y acuerdan varias 
medidas para hacer la guerra á los moros. — Expedición de Gómez á 
Mindoro. — Correrías de los ilanos. — Atacan los joloanos á la fragata 
del comercio Constante, á su regreso de Joló. — Diversas expediciones 
contra los piratas. — El temor de que los ingleses atacaran á Manila, 
impide llevar la guerra á Joló. — Proyecta Aguilar contener á los mo- 
ros con negociaciones diplomáticas. — Entáblanse mutuas relaciones 
comerciales. — Cruel alevosía que cometen con el teniente Arcillas. — 
— Expediciones de Elgóibar y de Gómez. — Fondea en Manila una 
poderosa escuadra española. — Se desperdicia la ocasión de utilizarla 
contra los moros. — Nuevas depredaciones de éstos en diversos pun- 
tos. — Paces con el sultán de Borneo. — Los ingleses ocupan por se- 
gunda vez á Balambangan. — Combate una fragata inglesa á otra 
francesa al servicio del gobierno. — Valor del cura Narváez. — Los in- 
gleses son rechazados de las costas de Zamboanga. — Paces con el sul- 
tán de Joló. — Abandonan los ingleses á Balambangan. 

El i.° de Setiembre de 1793 se hizo cargo del go- 
bierno supremo de Filipinas el brigadier de ejército Don 
Rafael María de Aguilar. 

Era hombre de iniciativa y de valor, y quiso, desde 
los primeros momentos, poner coto á las demasías de 
los piratas; pero las noticias de que los ingleses iban á 
invadir nuevamente á las islas, le impidieron realizar 
por el pronto sus proyectos. 

Sabedores los ingleses de que Manila estaba perfec- 
tamente preparada para resistirles, no se determinaron 
á aproximarse á su bahía y creyeron mejor aliarse con 
los joloanos, incitándoles á invadir las Visayas. 



358 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

A consecuencia de haberse recibido aviso del alcalde 
mayor de Tayabas de que 80 pancos de moros estaban 
frente al sitio de Sabongcogon, jurisdicción de Muna- 
lay, salió el 19 de Diciembre de 1793 una armadilla 
compuesta de dos galeotas, seis lanchas cañoneras, seis 
vintas y tres pancos, á las órdenes del capitán del regi- 
miento del Rey, D. Juan Casamara. 

Fué poco acertada esta expedición, porque siempre 
llegó tarde á los lugares visitados por los piratas. Des- 
pués de recorrer algunas islas con varios contratiem- 
pos, por efecto de la pesadez de unos buques, el mal es- 
tado de otros y de las disidencias entre los oficiales, re- 
gresó á Manila á fines de Abril, sin más fruto que la 
libertad de unos cuantos cautivos y el recoger insigni- 
ficantes restos de la estancia de los moros en la pro- 
vincia. 

El gobernador de Filipinas, en su deseo de acabar 
con los crueles piratas mahometanos, reunió en junta 
á las autoridades del país y personas conocedoras de 
las islas del Sur de Filipinas. 

Del examen de multitud de documentos al efecto re- 
copilados, justificáronse plenamente las pérdidas que 
en vidas y haciendas experimentaban las provincias 
más próximas á sus islas. 

Según datos oficiales, cautivaban los moros al año 
sobre 5oo personas, destinándolas á penosísimos tra- 
bajos. Los ancianos, como de menos utilidad, eran ven- 
didos á los habitantes de Sandakan, quienes los sacri- 
ficaban á los manes de sus parientes difuntos ó de per- 
sonajes importantes, conservando el cráneo de las víc- 
timas en demostración de que habían cumplido tan 
bárbara costumbre. 

Uno de los vocales, el capitán de la marina sutil Don 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 359 

José Gómez, tan sumamente práctico en cuanto con- 
cernía al asunto, fundándose en que la autoridad del 
sultán sobre los dattos es más bien nominal que efec- 
tiva, aseguró que sólo por la fuerza podía hacérseles 
entrar en razón. 

De los documentos examinados aparecía también 
que desde el establecimiento de las vintas, en 1778, 
hasta fin de iyg3, iban gastados en sueldos, buques, 
expediciones, etc., i. 5 19. 209 pesos fuertes, aparte de 
pérdidas de otra índole verdaderamente incalculables; 
datos que demuestran el costo extraordinario de la in- 
cesante guerra contra los moros desde el comienzo de 
la dominación española en Filipinas. 

En virtud de lo expuesto, acordó la junta en su úl- 
tima sesión, celebrada el 22 de Diciembre de 1794, que 
fuese permanente el corso contra los piratas; que se 
formaran seis divisiones, cada una de á seis lanchas 
cañoneras y un panco, tripuladas convenientemente, y 
dotando de buenos sueldos á los que en ellas sirvieran, 
con opción á las presas que hiciesen y á honrosas dis- 
tinciones, debiendo suprimirse las demás embarcacio- 
nes, que tan caras é inútiles habían resultado. Se quitó 
á los alcaldes mayores toda atribución en materia de 
corso, para evitar el abuso de que utilizasen en pro- 
vecho propio y en sus negocios comerciales á los bu- 
ques del Estado, y se mandó reparar todos los fuertes 
de las Visayas, Mindoro, Tayabas, Batangas y Zam- 
boanga. 

El capitán de navio, comandante del arsenal de Ca- 
vite y teniente de rey de Manila, D. Francisco Muñoz 
y San Clemente, propuso que en cada división de las 
que se establecieran para perseguir á los piratas, fuese 
un piloto de la armada Real con el especial cometido de 



360 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

reconocer, estudiar y levantar planos de los puertos, de 
su situación y abrigo, sus longitudes y latitudes, prin- 
cipales cabos y puntas, bajos y escollos, canales y son- 
das, mareas y corrientes, variaciones de la aguja, etc., 
cuya beneficiosa idea no fué aceptada. 

Mientras se construían las lanchas, entabló Aguilar 
negociaciones de paz con la idea de conseguir, por me- 
dios amistosos, que los moros reprimieran sus excesos; 
pero éstos, dando buenas palabras, proseguían sus ex- 
cursiones á las provincias, arrasando pueblos y cauti- 
vando gente. 

El sultán de Joló, en su correspondencia, suplicaba 
que las fechas se regulasen por la Era cristiana y no 
por la Hegira, porque entendía mejor la primera. 

El infatigable Gómez salió para Mindoro (1794), y á 
pesar de su edad avanzada era el primero en arrostrar 
los peligros. En las inmediaciones del río Maasin cau- 
tivó tres moros, huyendo los demás, cogiéndoles tres 
lantacas, cinco arcabuces, una escopeta, siete lanzas, 
dos sables, muchos batintines y banderas, y redujo á 
cenizas las casas que en aquellos parajes tenían. 

Pasó á Burias y á Masbate, y dio alcance á cinco 
pancos moros; pero éstos se entraron por un río, cuyos 
campos comarcanos estaban cubiertos de espeso cogo- 
nal. Penetró por uno de sus brazos, y en lo más escon- 
dido del terreno halló una ranchería á medio incendiar 
y restos de embarcaciones recién destrozadas. De im- 
proviso parten varias flechas de entre la espesura, ma- 
tándole á un soldado. Un marinero quedó herido, y no 
viendo los agresores, dispuso el reembarco. 

En Julio llegó á Manila, sin otro resultado de su 
campaña. 

Dos días antes de su regreso á la capital, habían 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 361 

apresado tres pancos moros á una embarcación de Ba- 
tangas, en la punta Santiago, y á un parao de Abucay, 
cerca de Tambobo. 

A los pocos meses volvió á hacerse á la mar una ar- 
madilla compuesta de dos galeotas, seis vintas, tres 
pancos y cuatro lanchas cañoneras; parte de estos bu- 
ques fueron á las costas de Luzón, Burias, Masbate, 
isla de Negros é Iloilo, y el resto á las de Mindoro, cuyo 
mando superior se confió al veterano Gómez. 

Los joloanos estaban por esta época algo más sose- 
gados, y se dedicaban al comercio con los traficantes de 
Manila; pero en cambio los llanos, habitantes de la 
ensenada de Tubug, en la isla de Mindanao, y los natu- 
rales de Tampassook, frente O. de Borneo, hacían ex- 
cursiones constantes, no sólo á las Visayas y otras islas 
de nuestro Archipiélago, sino también á las costas de 
Banca y Malaca, causando por donde quiera daños sin 
cuento. Los primeros iban mandados por los dattos 
Camsa y Anti. En Joló, Borneo, Macasar y Batavia, 
vendían á los esclavos. 

El portugués D. Juan Carvallo, dueño de la fragata 
Constante, pasó desde Manila, donde estaba establecido, 
á comerciar con los joloanos, en Abril de 1794. 

Allí fué testigo del descaro con que salían al pirateo 
los dattos más íntimamente ligados en parentesco con 
el sultán. De regreso á Manila, obligado por la fuerza 
de las mareas contrarias, tuvo que arribar á la isla de 
Pan de Azúcar, próxima á Iloilo. Cuando más despre- 
venida estaba su gente, salieron de una silanga inme- 
diata ocho pancos moros, haciendo nutrido fuego á la 
fragata, con ánimo de abordarla. Estos moros eran los 
mismos que habían estado comerciando en Joló con 
Carvallo. La fragata se defendió bizarramente, y en la 



362 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

refriega murió el datto Tabuddin, hermano del datto 
Camsa, yerno del sultán. 

Esto prueba la mala fe de aquellos moros. Los pira- 
tas, algún tiempo después, asolaron la visita de Sirona 
(Camarines), y la misión de Himoragat, cautivando á 
muchos indígenas de Daet. 

Antes de llegar á Manila la noticia de lo ocurrido á 
la Constante, salió una expedición al mando de D. An- 
drés González, con tres vintas, dos lanchas, dos pan- 
cos y un bote, recorriendo estas fuerzas las costas de 
Mindoro, Marinduque, Tayabas, Isla Verde, Maricaban 
y Punta Santiago. 

Luego que se supo el asalto de la Constante, salió 
otra expedición al mando de D. José Gómez, con dos 
galeotas, tres lanchas, una vinta, un panco, un bote y 
una vintilla. En la lancha San Francisco de Sales, con- 
voyada por otras dos lanchas, dos vintas y dos pancos, 
embarcó el piloto de la armada D. Jerónimo Delgado, 
con el encargo de levantar los planos de las provincias 
de Tayabas, Batangas y Mindoro. 

En dos ocasiones más fué Carvallo á comerciar á 
Joló, llevando eficaces recomendaciones de Aguilar, de 
cuyo nombre abusó con exceso por cobrar sus créditos, 
dando esto origen á quejas y recriminaciones por parte 
del sultán, victima de la conducta poco prudente de 
Carvallo. 

La llegada á Manila, en Agosto de 1795, de las fra- 
gatas de la marina real la Cabeza y la Lucía, al mando 
de D. Ventura Barcáiztegui, llevando la noticia de que 
los ingleses, en guerra nuevamente con España, pro- 
yectaban la ocupación de las islas, hizo que se desis- 
tiera de llevar la guerra al archipiélago de Joló, fijando 
la atención de las autoridades en disponer lo necesario 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 363 

para rechazar á ese otro enemigo no menos terrible. 

Creyó Aguilar lo más conveniente recurrir á la diplo- 
macia, y nombró para la negociación al teniente coro- 
nel del regimiento del Rey, D. Raimundo Español, 
confiándole además el gobierno de Zamboanga, que ya 
antes había desempeñado (lygS). Aspiraba el goberna- 
dor general á que el primogénito del sultán de Joló, lla- 
mado Ali-Mudin, se coronase en Zamboanga, por el te- 
mor de que le arrebatase el poder el datto Maragaguin- 
da, tío suyo, enemigo acérrimo de los españoles. 

A principios de 1796 se dispuso otra armadilla con 
siete lanchas cañoneras y tres falúas, al mando de Gó- 
mez; pero éste no llegó á salir, y se hizo cargo de la ex- 
pedición D. Andrés González. 

Después se recibieron cartas muy pacíficas de los 
sultanes de Joló, Mindanao y Borneo', cuyos buques 
frecuentaban mucho los puertos filipinos en asuntos 
de comercio, atendiéndoles admirablemente el señor 
Aguilar. 

Es digno de observar que al tratarse del canje de 
uno de los prisioneros hechos por los moros, á cambio 
de cuatro joloanos, dijeron que ellos no daban un vivo 
por cuatro muertos, pues tales consideran á los que se 
dejan prender. 

Un hecho de inaudita alevosía, cometido por los ma- 
layo-mahometanos, pondrá una vez más de relieve su 
salvajismo y carencia de honor. Habíase internado en 
tierra de aquellos el ganado perteneciente á la guarni- 
ción de Zamboanga, y el gobernador de la plaza dispuso 
que el teniente de marina D. Pantaleón Arcillas fue- 
ra á recogerlo, seguido de un sargento, ocho soldados 
y un guía, habiendo obtenido previamente un salvocon- 
ducto del sultán y el auxilio de seis moros dependientes 



364 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

del datto de Coroan, á cuya jurisdicción pertenecía la 
dehesa (Setiembre de 1796). Detuviéronse á comer en 
la casa de un orancaya de Tangaban, y cuando más 
descuidados estaban se echaron sobre ellos 60 moros, 
los desarmaron y condujeron ante el datto del pueblo 
de Sibuguey. Durante tres días les infirieron horribles 
tormentos, puestos de cabeza en un cepo al sol, en sitio 
lleno de hormigas enormes. Últimamente ataron á Ar- 
cillas al tronco de un árbol; lo fueron desollando poco 
á poco, y al cabo de dos horas de tan cruel martirio fué 
muerto á cuchilladas, poniendo el pellejo de este infe- 
liz en el asta de una bandera como trofeo de tan cobar- 
de asesinato. A los demás acompañantes los conserva- 
ron esclavos. Semejante acto de bárbara crueldad no 
obtuvo la debida reparación y castigo, pues si bien sa- 
lieron contra los malvados de Coroan algunas fuerzas 
y les echaron á pique siete embarcaciones, no cayó so- 
bre los cobardes asesinos el peso de la justicia, como 
sobradamente merecían, y su crimen quedó impune. 

En 1797 atacaron los moros varios pueblos de la pro- 
vincia de Caraga. En su persecución salió D. Juan 
Manuel de Elgóibar, de orden del alcalde mayor de la 
provincia. Los moros se habían guarecido en la isla de 
Jiboson. Encaminóse allá y los batió, cogiéndoles tres 
pancos grandes llenos de efectos, fruto de sus piraterías, 
y 24 cautivos que llevaban. También el valeroso Don 
José Gómez, por su parte, no se daba un instante de 
sosiego persiguiendo incesantemente á los piratas. 

En dicho año llegó á Manila la escuadra más pode- 
rosa que había visitado aquel puerto. La mandaba el 
ilustre general D. Ignacio María de Álava. Reuníanse 
entonces en Filipinas tres navios de 74: el San Pedro, 
el Montañés y el Eiíropa; cinco fragatas de guerra: la 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 365 

Cabeza, la María, la Lucía, la Fama y la Pilar; 33 lan- 
chas cañoneras, i8 obuseras para obuses de seis pulga- 
das, I o para obuses de tres y cuatro, y 5 bombarde- 
ros para morteros de aplaca, sin contar otras muchas 
falúas y embarcaciones de los arsenales de Cavite y la 
Barraca. 

Excelente ocasión fué aquélla para conquistar defini- 
tivamente los sultanatos de Mindanao, Joló y Borneo, 
destruyendo para siempre esos focos de piratería; pero 
no se hizo por el temor de que los ingleses aparecieran 
sobre la capital ó por consideraciones de otra índole, 
regresando la escuadra á España el 6 de Enero de i8o3, 
sin que la estancia en el país de esos buques fuera be- 
neficiosa, habiéndolo podido ser en tanto grado. 

Álava sostuvo grandes polémicas con Aguilar acerca 
de los abusos que se cometían en los arsenales de Cavi- 
te y la Barraca (0. 

En 1798, unos 5oo moros á bordo de 25 pancos, 
donde iban 800 esclavos como remeros, invadieron los 
pueblos de Baler, Casigurany Palanan, situados en los 
montes Caraballos, los cuales constituían las antiguas 
misiones de Ituy, entonces de la jurisdicción de Ta- 
yabas. Iglesias, casas y ^ árboles fueron reducidos á 
cenizas. Cautivaron 45o personas, entre ellas á los pá- 
rrocos de los tres pueblos; presa codiciada, porque les 
aseguraba un buen rescate. 

El cura de Casiguran fué vendido por 2.5oo pesos en 
Binangonan. Estos piratas hacía cuatro años que esta- 
ban establecidos en Burlas, desde donde hostilizaban 



(1 ) El 4 de Julio de 1 8o6 participaba Aguilar al Rey que tenia acor- 
dado con el general Álava obrar formalmente contra los moros, pero 
que no pudo efectuarlo por los apremios de la guerra. 



366 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

constantemente á los pueblos vecinos, sufriendo infini- 
tamente los de Bondo, Abac, Taragua, Calolbong, Ca- 
tanduanes, Capalonga , Mambulao, Capiz, Sibuyan, 
Baler, Casiguran, Palanan y Santor. 

El capitán de fragata D. Salvador Meléndez salió 
contra ellos el 25 de Julio, yendo á Basilan, donde lo- 
gró hacerles bastante daño. 

El datto Mamananga, hermano del sultán de Joló, y 
su sobrino Mantol, se apoderaron por sorpresa en el 
mismo año de la goleta mercante San José, fondeada 
en Tawi-Tawi, sacrificando inhumanamente á parte 
de su tripulación, atraída bajo la fe que les inspiraba la 
categoría de aquellos dattos. 

Habiéndose remitido en consulta al inteligente mari- 
no Sr. Barcáiztegui el expediente general de la pirate- 
ría, donde se habían acumulado infinidad de antece- 
dentes, redactó un informe á bordo de su fragata el i.° 
de Enero de 1799, aconsejando que la persecución con- 
tra los piratas se hiciese por las fuerzas locales de las 
provincias, dirigidas y auxiliadas por el gobierno. Con 
este informe y el del asesor general se formó una ins- 
trucción, que fué remitida á los alcaldes mayores de las 
provincias, con orden de que enviasen copia á cada uno 
de los pueblos de su jurisdicción (O. 

(1) "Por ella los gobernadorcillos quedaban con sus personas y bie- 
nes responsables de los cañones, fusiles y efectos de la guarnición del 
pueblo, que se debían entregar unos á otros con inventario autorizado 
por el párroco. Cada cuatro meses se había de hacer un reconocimien- 
to firmado del gobernadorcillo y testigos acompañados, así del estado de 
los efectos y municiones como de lo que se hubiese consumido en cual- 
quier función de guerra, todo certificado por el fraile, á quien se roga- 
ba y encargaba tuviese á bien remitirlo directamente al gobierno, pues 
como única persona de celo y carácter se le fiaba esta diligencia tan in- 
teresante al bien común de las islas. ¡Qué ofensa para los alcaldes! pero 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 367 

En 1800 escribió Aguilar á Panguiran Bandajar, sul- 
tán de Borneo, brindándole con paz y amistad, á fin 
de establecer relaciones comerciales. Este le contestó 
muy afectuosamente, aceptando su proposición, de cuya 
carta fué portador su escribano Aliacban y su capitán 



castigo digno de su mala conducta, que el Sr. Barcáiztegui en su infor- 
me había pintado tal como era. 

„Con menos prudencia se advertía asimismo que si algún arma, cañón 
ó municiones se extraía de su depósito, aunque fuese por el alcalde 
mayor ó por su orden, sería despojado el gobernadorcillo de su vara, 
privado por cuatro años de tener ninguna de justicia y multado en 50 
pesos, ó en caso de insolvencia remitido á la capital á los trabajos de 
las calles por seis meses; si bien se preveía la debilidad ingénita de es- 
tos pobres funcionarios y el abuso de aquéllos, disponiendo que si á pe- 
sar de su resistencia lo extrajese el alcalde mayor, diera cuenta al go- 
bierno inmediatamente, único modo de libertarse, 

„A cada alcalde mayor que extrajese del pueblo cañones ó armas de 
su dotación bajo cualquier pretexto, se le multaba por cada cañón en 
300 pesos, por cada fusil en loo y por cada bala y libra de pólvora en 
50, y si fuese para servicio propio ó de su comercio, doble. Y como 
también solían y aun suelen, á pesar de todo, echar los alcaldes mano 
de los soldados de su provincia para guarnecer sus embarcaciones ó la- 
brar sus campos, se les imponía otra multa de 50 pesos por cada soldado. 

„Los pueblos, entre tanto, habían celebrado sus juntas para tratar so- 
bre esta eterna materia del corso, en cumplimiento de orden superior, 
y acordaron los de la cabecera de Albay construir á su costa una lancha 
tripulada con 30 honrbres, los cuales sirviesen en la guerra libres de 
tributo y de polos y racionados mientras estuviesen á bordo. Los de 
Palanas acordaron construir un panco tripulado por 29 hombres; los 
de Biras, otro con 25; los de Bato, en la isla de Catanduanes, un parao 
con 25 hombres; los de Caramoran, otro parao con 20; los de Payo, 
otro parao con 24 hombres; los de Tambogon, otro parao con 20 hom- 
bres; los de Blga, otro parao con 30; Ios.de Pandan, un parao con 20; 
los de Bagamanoc, otro con otros 20; los de Tabgon, por su suma po- 
breza y cortedad de vecindario, no pudieron ofrecer ninguna embarca- 
ción; los de Caramoan, tampoco; los de Lagonoy, ofrecieron una vinta 
con 40 bogas fuera de los oficiales; los de Tavi. otra vinta con 15 hom- 



368 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Panguilinan Aer, yendo con dos pancos cargados de 
efectos. 

El i5 de Julio de este año falleció el incansable per- 
seguidor de los piratas D. José Gómez, cuya muerte 
fué un fausto acontecimiento páralos piratas, que tanto 
daño habían recibido de él. 

bies; los de Malanao, á pesar de su situación local distante de la mar 
como 150 brazas, defendidos por varios fuertecillos, ofrecieron tripular 
una vinta con 40 hombres; los de Bagacay, una vinta con 30 y un pan- 
quillo de convoy tripulado con 20; los de Libog, un parao con 20 hom- 
bres; los de Bulusan, dos lanchas tripuladas por 30 hombres cada una, 
sin contar los oficiales; los de Gubat, ofrecieron también dos lanchas 
de media cubierta, tripulada cada una por 30 hombres; los de Casigu- 
ran ofrecieron dos pancos, y D. Agustín Campuzano, vecino de! mismo 
pueblo, una lancha, todos tres buques tripulados por 90 hombres; los 
de Juban acordaron construir un panco y una vinta, con 40 hombres de 
tripulación el primero y la segunda con 25; los de Bacon, una vinta 
con 35 hombres; los de Sorsogon, que tenían una vintilia y falúa bien 
armadas y tripuladas, las tuvieron por bastantes para defenderse; los de 
Guipia otorgaron construir un panco y tripularlo con 25 hombres; los 
de Donzol, una vinta con 30; los de San Jacinto, una vinta con :]5 
hombres; los de INIolo, en la isla de Masbate, una vinta tripulada con 2o 
hombres, y los de Buseno otorgaron tripular un casco con 24. 

„Para armar estas embarcaciones y guarnecer algunos castillejos soli- 
citaban cinco cañones de bronce de á 8, dos de á 6, cuarenta y seis 
de á 4, sesenta y ocho de á 2, cincuenta de á 1, diez y nueve de me- 
dio y 357 fusiles. La regulación que hicieron los oficiales reales de lo 
que podría costar todo este armamento, ascendió á 20.699 pesos, y di- 
jeron en su informe que las armas blancas y de fuego, especialmente los 
fusiles, se inutilizaban en provincias por falta de un armero que las 
compusiese con facilidad; y así, en el caso de que aquellos pueblos fue- 
sen socorridos con el todo ó parte de las que pedían, era indispensable 
la creación de un maestro afmero, que sería mayor el ahorro que de 
eso resultaría que el sueldo con que pudiera dotársele. Con la contribu- 
ción de vintas establecida en 1782, aunque sólo la pagaban las provin- 
cias de Bulacan y la Pampanga, se creyó poder hacer frente á las cir- 
cunstancias. „ — ( Gtierras piráticas de Filipinas. ) 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 369 

Nuevamente ocuparon los ingleses á Balambangan 
en i8o3, no sin hostilizar antes á la plaza de Zam- 
boanga, de donde fueron rechazados con grandes pér- 
didas. 

En aquel punto había tres buques de la Compañía 
de la India; uno del gobernador, con batería corrida y 
artillería de 12 hasta 18, y cinco buques particulares. 
Constaba la guarnición de 3oo blancos, entre soldados, 
artilleros, etc.; 700 cipayos, con oficialidad europea; 
200 chinos, y varias familias de malabares y malayos 
de Malaca. En tierra plantaron seis obuses de 36, 16 
cañones de campaña de á 6 y 4, 16 cañones chicos de 
distinto calibre, y tenían considerable cantidad de mu- 
niciones en un buque allí fondeado. 

Poco después abandonaron la mayor parte de estas 
fuerzas á Balambangan para ir á Batavia. 

En Abril de 1804 llegó á Manila el capitán de fra- 
gata D. Ramón Ortiz y Otáñez, con el cargo de coman- 
dante de la marina corsaria, saliendo algunas armadi- 
llas contra los moros. 

Los buques ingleses recorrían constantemente nues- 
tras costas. En 1804 una fragata inglesa de 44 dio caza 
á la francesa de 38, la Simillant, cuyo comandante, 
M. Motard, se había prestado á los deseos de Aguilar 
de ir á Acapulco á por millón y medio de pesos que 
adeudaban aquellas cajas, pues los buques españoles no 
podían hacerlo á causa de los cruceros ingleses. La Si- 
millant se acogió al fuerte de San Jacinto. Su batería 
la defendió, y la fragata inglesa tuvo que retirarse muy 
maltratada. El cura del pueblo, D. José Narváez, fué 
quien dirigió el fuego, enviando á Manila, como trofeo, 
cien balas enemigas. En i8o5 intentaron de nuevo los 
ingleses probar fortuna, desembarcando en varios pue- 

24 



370 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

blos de la costa próximos á Zamboanga, aunque sin 
éxito favorable. 

El gobernador de la plaza, D. Francisco Bayot, ajus- 
tó paces, en 4 de Noviembre de i8o5, con el sultán de 
Joló, Mahamad Aunanodin, las que fueron ratificadas 
por Aguilar (1). 

Por este tratado se estipuló que el sultán no permi- 
tiría en sus dominios la residencia de ningún extranje- 
ro sin consentimiento del gobierno español, y que en 
caso de guerra el sultán cerraría sus puertas á los ene- 
migos de España, á cuyo fin se le avisaría de cualquier 
rompimiento que hubiese con otra nación. 

Los ingleses, después de incendiar el pueblo y la for- 
taleza, abandonaron á Balambangan el 15 de Diciem- 
bre de 1806, sin duda por lo insignificante de dicha 
isla (2). 

Aguilar murió el 8 de Agosto de 1806. Sus trece 
años de gobierno los pasó en juntas, proyectos, planes, 
disputas y cabildeos, sin hacer nada positivo, no obs- 
tante el haber contado con suficientes medios, y el ex- 
cepcional de la escuadra de Álava. 

Las cuestiones con la marina y la amenaza de una 
invasión inglesa, contribuyeron, seguramente, á tan 
sensible resultado. 

(1) El negociador de este tratado fué un cabo mejicano que, ha- 
llándose extinguiendo en Zamboanga una condena de cuatro años como 
desertor del regimiento del Rey, se pasó á Joló, en cuyo sultanato ejer- 
cía las funciones de secretario de Estado con los honores de datto de 
primera clase. Llamábase José Ponciano Enríquez. Es frecuente en las 
relaciones con Joló ver interviniendo en tan graves asuntos á sujetos de 
la más baja estofa. 

(2) En 1811 ocuparon el bien situado puerto de Singapoore, hoy 
el más importante, por su tráfico, de aquel extremo de Oriente. 



CAPITULO XXV. 

Breves años de paz desde la muerte de Aguilar. — Proyectan los piratas 
apoderarse de Zamboanga, sin lograr su intento . — Trata el ex-gober- 
nador inglés de Java ocupar á Joló y Mindanao. — Desiste ;inte la pro- 
testa del gobernador de Filipinas. — Depredaciones de los joloanos 
según M. Hunt. — Victorias sobre algunas armadillas piratas. — Es- 
tragos de los moros en Visayas y Calamianes. — Cautivan al provin- 
cial de recoletos. — La orden lo rescata por lO.OOO pesos. — Feliz ex- 
pedición del capitán Morgado contra los malayo-mahometanos. — 
Manifestación del general Martínez acerca de las incursiones piráticas. 
— Nuevas correrías de los moros y consiguientes expediciones. — Tra- 
tado de comercio con el sultán de Joló en 1836. — Creencia del mi- 
nistro de Marina á propósito de este tratado. — Convenio con el ré- 
gulo de Maluso. — Op'nión del general Camba. — Ordena el general 
Alcalá elegir sitio para el establecimiento de un fuerte en Basilan. 

Desde la muerte de Aguilar hubo algunos años de 
paz, sin que por eso dejaran de hacer los piratas pe- 
queñas excursiones. Las fuerzas españolas, á su vez, 
permanecieron casi inactivas. 

En 1813 trataron los piratas de Joló y de Basilan 
apoderarse de Zamboanga, pero se estrelló su audacia, 
como otras veces, ante la vigilancia y denuedo de este 
valeroso pueblo. Las escuadrillas moras, diseminadas 
por todas las islas vecinas, pudieron capturar á la lan- 
cha Teresa y al patache Matilde, que conducían caudales 
del Estado. También en las costas de Camarines apre- 
saron varios buques mercantes. 

Inglaterra se vio precisada en 1814 á devolver á Ho- 
landa la isla de Java, cuya usurpación cometiera tres 



372 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

años antes. El ex-gobernador de la referida isla conci- 
bió el proyecto de ocupar á Joló y Mindanao, vendien- 
do al gobernador y comandante general de Zamboanga 
como fineza á España dicho plan, á cuyo fin le dirigió 
una intencional comunicación, pidiendo su cooperación 
para el logro de su propósito (0. 

El gobernador de Filipinas, á quien el de Zamboan- 
ga trasladó el consabido escrito, contestó á Sir Raffies 
protestando de cuantas operaciones hubiera practicado 
ó en lo sucesivo practicase sobre las islas pertenecien- 
tes á España, bastando esto para que desistiera de toda 
tentativa en el sentido expuesto. 

En i8i5, las depredaciones cometidas por los moros 
durante seis meses que permaneció en Joló M. Hunt, 
según escrito publicado por éste, fueron: 

Un bergantín español; 20 embarcaciones pequeñas 

(1) "Excmo. Sr.: Los males que han cometido los piratas en el mar 
del E. en estos últimos años, han puesto al gobierno inglés en la nece- 
sidad de dar un castigo público al estado de Sambas, y denunciar ven- 
ganza á todos los puertos que en adelante abriguen piratas. Los piratas 
de Mindanao se consideran muy formidables, y se han destinado dos 
fragatas de guerra para Mindanao y Joló, con el fin de hacer saber las 
intenciones de este gobierno. Para verificar el deseado objeto de extir- 
par la piratería, se ha creído conveniente establecer en Joló una auto- 
ridad europea, y en su consecuencia, M Hunt va destinado con el cargo 
de una ventura mercantil (agente comercial). Debo pedir la cooperación 
de V. E. e todas las operaciones que se crean convenientes para lle- 
var adelante la extirpación de la piratería, y asegurar á V. E. que me 
creo honrado con cualquier comunicación ó informe sobre el particular. 
Tengo la satisfacción de incluirá V. E. las últimas Gacetas de esta pla- 
za, que contienen la gloriosa noticia de haber sido enteramente arroja- 
dos de España los franceses, y espero que se sirva aceptar mis sinceras 
congratulaciones por tan importante y agradable concepto. — Samarang 
20 de Enero de 1814. — Tengo el honor de ser, señor, de V. E. muy 
obediente y humilde servidor. — Juan Sr. Raffies.„ 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 373 

apresadas en el Archipiélago filipino; i.ooo cautivos en 
las islas españolas, que vendieron en. Joló como escla- 
vos; un gran buque del comercio de Macasar; un capi- 
tán de un buque holandés, rescatado por el capitán Pe- 
ters del bergantín Thaínstoiie por 1.200 pesos; cinco ó 
seis buques pequeños, con bandera inglesa, apresados 
en el mar de las Molucas, y la tripulación de un buque 
inglés que estaba haciendo aguada á 12 millas de Joló, 
del bergantín de M. Lacherston, de Bengala. El P. Cuar- 
terón pone en duda la verdad de este aserto. 

El 26 de Octubre de 1816, los oficiales Hanterman 
y Blanco, á las órdenes de D. Pedro Esteban, tuvieron 
un encuentro con los mahometanos, logrando derrotar- 
los con pérdida de 32 pancos. El gobernador de Zam- 
boanga, Mayoni, se aprovechó de esta circunstancia y 
penetró en Basilan. La división que mandaba el referi- 
do Esteban sostuvo en 1818 un combate naval con los 
moros en las costas de Albay, y les apresó g pancos, 
echándoles á pique 14 embarcaciones menores, en las 
que perecieron muchos mahometanos. 

El 9 de Julio de dicho año cogieron los piratas en 
Catanduanes una lancha y un parao de guerra que con- 
ducía el Real haber. Otros dos paraos capturaron el 2, 
de la provincia de Albay, asolando varios pueblos de 
ésta y de Camarines. 

Por los meses de Abril y Mayo de i823, gobernando 
las islas el mariscal de campo D. Juan Antonio Mar- 
tínez, invadieron los piratas las provincias de Visayas y 
Calamianes, y cautivaron sobre 200 personas en las is- 
las de Daulig, Dumaran, Calanag, Canipo, Visacay, 
Coron, Culion y las islas Talaos. 

Practicando su visita regular y diocesana en dicho 
año el provincial de los recoletos Fr. Pedro de Santa 



374 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Eulalia, fué capturado por los piratas con un hermano 
de religión. La orden á que pertenecían tuvo que abo- 
nar por el rescate de ambos lo.ooo pesos. 

Con fecha 6 de Junio decía al gobierno aquel reli- 
gioso que las irrupciones de los moros amenazaban el 
total exterminio de los habitantes de las Visayas é is- 
las adyacentes. 

A consecuencia de esto dispuso el general Martínez 
que se alistara una escuadra de dos galeras, cuatro lan- 
chas cañoneras y seis falúas, seguidas de otros buques 
de transporte, con municiones y abastecimientos, cuyo 
mando encomendó á D. Alonso Morgado. Esta escuadra 
se hizo á la vela desde el puerto de Cavite el 29 de Fe- 
brero de 1824. ^ su bordo iba una compañía de tropa, 
á las órdenes del capitán D. Andrés Jiménez. En Zam- 
boanga se les incorporaron dos lanchas y tres falúas. 

Llegada al puerto de Pilas (21 millas al O. de Basi- 
lan), tomó por asalto su fuerte, causando á los moros 
5o muertos, entre los cuales había tres afamados dat- 
tos, uno de ellos el terrible Ipoypo, azote del visaísmo, 
porque él solo cautivaba al año sobre 5oo personas. 
En Joló destruyeron los expedicionarios cuantas em- 
barcaciones encontraron, haciendo extensiva esta me- 
dida de rigor á las casas, árboles y sembrados, no sólo 
de dicha isla, sino también de las costas de Sibuguey, 
Dumanquilas, bahía Illana, Pollok y otras de Mindanao, 
venciendo la tenaz resistencia de los moros. 

Las pérdidas de los nuestros fueron escasas, pero uno 
de los muertos, víctima de su arrojo, fué el capitán Ji- 
ménez (O. Otra expedición mandó Morgado, compues- 

()) Parte oficial del general Martínez al secretaiio de Estado y del 
Despacho universal de Marina, fecha 3! de Enero de 1825, relativo á 
la expedición de Morgado. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 375 

ta de 4 lanchas y 6 falúas para atacar á 70 pancos mo- 
ros que, con más de 20 barotos, estaban pirateando por 
el estrecho de San Bernardino. 

El general Martínez decía al gobierno en 3i de Ene- 
ro de i825: «Las continuas piraterías de los moros en 
este archipiélago de islas; sus incursiones en los pue- 
blos playeros; los cautiverios, muertes y apresamientos 
que ejecutan en los buques de cabotaje que navegan de 
unas á otras provincias son unos males permanen- 
tes y constantes, que jamás se han podido cortar por 
el gobierno de estas islas, á pesar de cuantas disposi- 
ciones se han inventado y puesto en ejecución.» 

La opinión de este general era que debía atacárseles 
en sus propios establecimientos y repetir esta operación 
én estaciones oportunas. 

El general D. Mariano Ricafort envió otra expedi- 
ción á Joló en 1827. Componíase de 20 buques con 
5oo hombres de desembarco, el cual no tuvo efecto por 
la hábil defensa de los moros; pero recorrieron las costas 
de la bahía lUana y quemaron muchos pueblos, cau- 
sando el mayor daño posible. 

Desde esta época hasta i836, los mahometanos du- 
plicaron sus correrías, calculándose en más de 6.000 
los indios cautivados en las provincias sometidas al go- 
bierno de España, sin que nuestras fuerzas hicieran 
otra cosa que defender las costas como mejor podían. 

El brigadier D. Pedro Antonio Salazar, que interi- 
namente desempeñaba el gobierno de las islas desde 
Setiembre de i835, creyendo contener á los piratas con 
las ventajas del comercio, á pesar de las elocuentes en- 
señanzas contrarias que la historia de la piratería en- 
cierra, comisionó al capitán de fragata D. José María 
Halcón, comandante de las fuerzas navales de las aguas 



376 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

de Zamboanga, para ajustarun tratado de comercio con 
el sultán de Joló, Mahamad Diamalud Quiram. Cele- 
bróse el 22 de Setiembre de i836. Por él se estipuló 
que todo barco de tres palos que aportara á Joló con 
pasajeros chinos, procedente de Manila, debería pagar 
2.000 pesos fuertes, y los buques menores, en propor- 
ción de su tamaño. 

El cargamento más importante que fué de Manila á 
Joló nunca excedió de 2.5oo pesos. 

Los barcos de Joló que fuesen á Zamboanga debe- 
rían adeudar el i por 100, y los que entraran en Mani- 
la el 2 por 100, pero á Manila no solía ir ningún barco 
joloano. (Véase el Apéndice, pág. 43,) 

En el discurso del trono que leyó la Reina goberna- 
dora, le hizo decir el ministro de Marina, á propósito 
de este tratado, que era muy importante, porque casi 
todos los buques que iban á Filipinas tocaban en Joló. 
Esto revela el desconocimiento que en general se tiene 
de aquellos países (1). 

El gobernador de Zamboanga, á su vez, celebró otro 
tratado con el régulo de Maluso, distrito perteneciente 
á Basilan. 

Esta impolítica medida, lejos de producir resultados 
beneficiosos, hizo aumentar la osadía de los piratas. 



(1) A uno de los negociadores de dicho tratado le valió un ascen- 
so, y á otro la gran cruz de Isabel la Católica, 

En Real orden de 24 de Abril de 1837, suscrita por Mendizábal, como 
ministro de Marina, de comercio y gobernación de Ultramar, decía al 
gobernador capitán general de Filipinas: "Ha sido asimismo grato á Su 
Majestad el tratado de comercio celebrado por V. E. con el sultán de 
Joló, cuyo expediente, relativo á las contestaciones que hayan mediado 
sobre este punto y bases sobre que se haya firmado dicho tratado, de- 
berá V. E. remitir para conocimiento de S. M.„ 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 377 

que no por eso desistieron de sus excursiones de cos- 
tumbre, pues si con la fuerza de las armas sólo cejan 
momentáneamente en sus fechorías, con tratados ni por 
un momento lo suelen verificar. 

El general Camba decía al gobierno en i6 de No- 
viembre de 1837: «Yo no puedo persuadirme que el 
temperamento adoptado de hacer paz y alianza con el 
sultán de Joló haya de proporcionar á nuestra navega- 
ción y comercio ninguna ventaja sólida y permanente. »• 
Y así es, en efecto, cómo la experiencia ha demos- 
trado, con tristísima elocuencia, desde el principio de 
nuestras relaciones con los falaces sultanes de Joló y 
Mindanao. 

En 1843 dispuso el gobernador general D. Francis- 
co de Paula Alcalá que se eligiese un punto en la parte 
N. de Basilan para levantar un fuerte provisional. 

El vSr. Alcalá opinaba que después de castigar á Ba- 
languingui y Basilan se debía caer sobre Joló, condu- 
cir al sultán y dattos á la capital (si no mudaban de 
conducta) y establecer en ella guarnición. 

«Operación, decía, tanto más urgente, cuanto la épo- 
ca y circunstancias que concurren en Joló la señalan 
como el punto avanzado de nuestra dominación en 
Asia y el límite de nuestras posesiones con las de In- 
glaterra y Holanda. » 

Dacula, régulo de Sibuguey, cedió al gobernador de 
Zamboanga, por un convenio suscrito el 21 de Octubre 
de dicho año de 1843, el territorio de Biasungan, ó sea 
el conocido después por puerto de Santa María. 



CAPITULO XXVI. 

Nueva perfidia de los joloanos, — Fondea en Zaniboanga una fragata 
francesa de guerra. — Reclama contra una agresión de los piratas de 
Maluso. — Consigúese, por mediación del gobernador, la libertad de 
tres prisioneros. — Llega otro buque de guerra francés, y notifican al 
gobernador el bloqueo de Basilan. — Protesta dicha autoridad. — Arri- 
ban otros dos buques de la misma nación y queda establecido el blo- 
queo. — Escandaloso convenio del sultán de JoIó con el plenipoten- 
ciario francés La Grené, cediendo á Francia, por lOo.üüo pesos, la 
isla de Basilan. — Llega el brigadier español Bocalán y entabla enér- 
• gicas reclamaciones con los jefes franceses. — Deciden, al cabo, so- 
meter el asunto á los respectivos gobiernos. — El gobernador de 
Zamboanga, y Bocalán, exigen la sumisión de todos los pueblos de 
Basilan. — Obtienen, también, del sultán de Mindanao la cesión de 
Davao. — Pasa Bocalán á Joló y formula sus reclamaciones a! sultán. 
— Piraterías que observa. — Consigue copia de los tratados con los 
franceses. — El gobierno de Francia anula dichos tratados. — Explica- 
ción de M. Guizot acerca de estos sucesos. — Realiza Oyangaren la 
reducción del distrito de Davao. 

Una nueva perfidia de los joloanos, un hecho asaz 
escandaloso, que vamos á narrar, corroborará nuestras 
afirmaciones anteriores con respecto á la falsía y mala 
fe de aquellos piratas. 

A principios de Noviembre de 1844 fondeó en la rada 
de Zamboanga la goleta de guerra francesa Sabine. Su 
capitán, M. Guerin, solicitó del gobernador Figueroa 
que gestionase la entrega de tres de sus tripulantes, re- 
ducidos á prisión en un bote por los piratas de Maluso, 
después de haber dado muerte al oficial que lo manda- 
ba y á un marinero. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 379 

Consiguióse el rescate de los cautivos; pero al llegar 
otra corbeta de guerra de la misma nación, la Victo- 
rieuse, M. Guerin notificó al gobernador de Zamboan- 
ga el bloqueo de Basilan é islas adyacentes, con objeto 
de obtener del datto Usuk, régulo de Maluso, cumplida 
satisfacción por la muerte de sus nacionales. 

El gobernador protestó contra el bloqueo, indicando 
que á todo evento debería limitarse al distrito de Malu- 
so; pero no se tuvo en cuenta su protesta, y el bloqueo 
se llevó á cabo. 

Los buques franceses fueron reforzados por el vapor 
Archimede y la fragata Erigone, al mando del vicealmi- 
rante M. Cecille. A bordo de la fragata iba el ministro 
plenipotenciario de Francia, M. de La Grené. Estos bu- 
ques procedían de Joló, cuyo sultán, seducido por la 
codicia, había celebrado un convenio de' navegación y 
comercio con el plenipotenciario francés, cediendo ade- 
más á Francia, por loo.ooo pesos, la isla de Basilan, 
cuyo dominio pertenecía á España. 

El brigadier D. Agustín Bocalán llegó inmediata- 
mente después á Zamboanga á bordo de la fragata Es- 
peranza, y sostuvo con M. Cecille una activa y enérgica 
correspondencia con motivo de sus extrañas gestiones 
respecto de Basilan, cuyo resultado fué que ambos en- 
comendaran el asunto á la resolución de sus respecti- 
vos gobiernos, alejándose de aquellas aguas los buques 
franceses, excepción hecha de la Sabine, que se estacio- 
nó en el canal, entre Basilan y Malamavi. 

De acuerdo el gobernador de Zamboanga con Boca- 
lán, exigieron incontinenti la sumisión de casi todos los 
pueblos de Basilan, con derogación de cualquier pro- 
mesa que hubieran hecho á los extranjeros, mandando 
construir un fuerte en Pasanjan, costa N. de Basilan, 



380 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

á lo que quiso oponerse el comandante de la Sahine; 
mas desapareció de aquellas aguas tan luego vio el mal 
sesgo que tomaba el asunto. 

Ambos jefes españoles marcharon después á la entra- 
da del río Grande de Mindanao, obteniendo del sultán 
la cesión del gran seno de Davao. 

En Marzo de 1845 se trasladó Bocalán á Joló para 
entablar reclamaciones cerca del sultán é inquirir lo que 
pudiese con respecto á la venta de Basilan á los france- 
ses, 5^ al tratado con M. Page de Abril de 1843, en el 
que se estipulaba que los subditos franceses podían ir á 
los puertos joloanos, concediéndoles iguales franquicias 
que á la nación más privilegiada. (Apéndices, págs. 47 
y 48.) Tan luego fondeó en dicha rada, participó Bo- 
calán al sultán su arribo, y el 17 desembarcó con gran- 
de aparato, haciéndole entrega de sus despachos. El 
sultán ofreció leerlos después, y retiróse Bocalán á 
bordo. 

Las negociaciones no alcanzaban buen éxito, pues 
como él decía al capitán general, «aunque el sultán y 
los principales dattos afectan desear el exterminio de 
los piratas, lo cierto es que los más se enriquecen con 
el fruto de sus robos, ya participando de ellos, ya com- 
prándoles los cautivos por un mezquino precio , sea 
para vivir á costa de su trabajo, sea para revenderlos á 
cambio de efectos preciosos en Sandakan, en donde al- 
gunas tribus los sacrifican inhumanamente para satis- 
facer sus supersticiones.» 

Desde el 20 estuvo incomunicado con el sultán y los 
dattos, por ser víspera de su fiesta del Monlod, que 
dura tres días. El 21 entraron cuatro pan eos de Balan- 
guingui, llevando algunos cautivos, que desembarcaron 
con el mayor descaro á la vista de la fragata Esperanza, 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 381 

Y no paró aquí su cinismo, sino que el i° de Abril fué 
acometida la gente que bajó á hacer aguada por muchos 
moros monteses, de cuya aproximación no se apercibie- 
ron los marineros hasta tenerlos sobre sí. En la lucha 
sostenida con la tropa que protegía la lancha, perecie- 
ron 20 piratas, y de los nuestros un español y un indio. 

Durante el tiempo que la Esperanza permaneció en 
la rada, se refugiaron á su bordo 62 cautivos fugados 
de Balanguingui y de Joló, algunos de los cuales eran 
indígenas de las posesiones holandesas. 

Bocalán pudo conseguir copia del tratado de M. Page 
y del escandaloso convenio celebrado con M. de La 
Grené, en que cedían á Francia por 100.000 pesos la 
isla de Basilan, sujeta al dominio de España. Este con- 
venio, firmado el 20 de Febrero de 1845, carecía de le- 
galidad por faltarle los sellos, y se anuló por el gobier- 
no francés luego que el de España hÍ20 las reclamacio- 
nes consiguientes, siendo de advertir que el sultán de 
Joló ocultó con doblez el dar cuenta al gobernador de 
Manila de la referida cesión (0. 



(1) M. Guizot, que en la época á que estos sucesos se contraen era 
ministro de Negocios extranjeros, hizo público el misterio de este inci- 
dente en el prefacio de la versión francesa del libro de M. Oliphant, 
secretario del lord Elgin en su embajada á China y al Japón (París, 
1860), cuyo importante escrito consideramos de interés copiar íntegro. 

Dice asi: 

"Cuando propuse al rey Luis Felipe, en 1843, que se enviase á Chi- 
na una misión extraordinaria, estaba lejos de prever que antes de vein- 
te años un ejército francés de 1 2.000 hombres, de infantería, caballería, 
artillería é ingenieros, se uniría á otro ejército inglés para entrar en el 
Celeste imperio, marchar sobre su capital é imponerle, no sólo la ob- 
servancia, sino la ampliación de los tratados, á riesgo de aumentar, 
acabando con la dinastía reinante, la anarquía en que ya estaban aque- 
llos 300 ó 400.000.000 de habitantes. Así comienzan las expediciones 



382 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

En 1847 realizó la conquista de Davao un español 
digno de que perpetúe su nombre la historia. 

Llamábase D. José Oyanguren. 

Lo acontecido con este insigne patriota justifica pla- 
que llevan en pos las conquistas. Los sucesos marchan ahora con más 
velocidad que el pensamiento, y el porvenir, en apariencia más lejano, 
se acerca tanto á lo presente como mañana á hoy. En 1843 no pensaba 
yo hacer en China sino lo que Inglaterra y los Estados-Unidos acaba- 
ban de realizar, esto es, determinar en solemne tratado nuestras rela- 
ciones con los chinos, dando así á los hechos en su mismo principio 
el carácter de derechos reconocidos y aceptados. Tales fueron las resul- 
tas de la misión que M. de La Grené desempeñó en 1844 y 1845, con 
tanto acierto y prudencia como celo, obteniendo desde luego el tratado 
de comercio de Whampoa, firmado á boi^do de V Arquimede, en 24 de 
Octubre de 1844, y después el edicto chino de 28 de Diciembre si- 
guiente, sobre el libre ejercicio del culto cristiano en los cinco puertos 
abiertos á los extranjeros, y la tolerancia ofrecida á los chinos cristia- 
nos en el interior del imperio. 

„Pero mientras me dirigía á estos objetos, conocía muy bien que, 
aunque se lograsen, no darían resultas ventajosas y subsistentes si no 
se apoyaban en garantías efectivas en aquellos mismos parajes. Y sólo 
había dos que ofreciesen seguridad; una estación naval francesa, siem- 
pre presente en los mares de China, y un establecimiento francés per- 
manente cercano á aquel país, que sirviese de punto de apoyo y de re- 
fugio á la estación naval y á nuestro comercio y misioneros. Con este 
propósito agregué alas instrucciones de M. de La Grené la nota siguiente: 

„Paris g de Noviembre de 1S43. 

„Ha dispuesto el Rey, como ya consta á M. de La Grené, que se esta- 
blezca una estación naval en los mares de la India y de la China, con 
objeto de proteger, y si es preciso, defender nuestros intereses políticos 
y comerciales. 

„Pero la Francia no posee en el día en aquellos mares ningún punto 
en que los buques que constituyan dicha estación permanente puedan 
hacer provisiones, reparar sus averías y curar sus enfermos. La división 
francesa tendrá que acudir á la colonia portugtiesa de Macao, al esta- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 383 

ñámente que es justo el triste papel adjudicado á los 
españoles en la alegoría de la cucaña (2), 

Preferimos dejar la palabra á un escritor residente 
en Manila hacia aquella época. 

He aquí su relato: 

blecimiento inglés de Hong-Kong, ó al arsenal de Cavite, en la isla es- 
pañola de Luzón. 

„Esto no puede ser. No conviene á la Francia estar ausente de una 
parte tan extensa del globo, donde otras naciones tienen estaLilecimien- 
.tos. También el pabellón francés debe flotar en los mares de China, en 
un punto en que nuestros buques hallen seguro abrigo y toda clase de 
auxilios. Es necesario fundar allí, como los ingleses en Hong-Kong, y 
nosotros mismos en las islas Marquesas, un establecimiento militar para 
nuestra marina, un depósito para nuestro comercio . 

„Este establecimiento debe reunir muchas condiciones esenciales: 
proximidad al imperio chino; puerto grande y cerrado, donde los bu- 
ques no padezcan en las frecuentes y terribles tormentas de aquellos 
parajes; situación aislada y de fácil defensa; clima sano, en que nues- 
tras tripulaciones puedan restablecerse en poco tiempo de las enferme- 
dades causadas por el calor de los trópicos; y en fin, manantiales puros 
y abundantes para que nuestros buques puedan renovar el agua. No son 
tan extensas y tan exactas las noticias que poseemos de las regiones de 
la Indo-China, que desde luego podamos determinar la que debe ocu- 
parse para el nuevo establecimiento. 

«Sobre este particular no se pueden dar á M. de La Grané instruc- 
ciones precisas. Se le indicarán solamente algunos sitios designados por 
exploraciones anteriores, que pueden servir de base á la política de la 
Francia, ó constituir un centro de sus intereses comerciales en la Indo- 
china. 

„En el derrotero de Europa á China, y á la salida de los estrechos 
de Malaca y Singapoore, están las islas Anamba y Naiuna, cuyos habi- 
tantes malayos han conservado hasta ahora su independencia. Pero aua 
cuando estas islas fueren un punto de ocupación conveniente bajo el 
aspecto náutico, de lo que sería preciso convencerse en un nuevo reco- 
nocimiento, ¿no se debería recelar que la vecindad de establecimientos 
importantes creados por los ingleses y los holandeses en Singapoore, 
Sumatra y Borneo, anularían el depósito que formásemos allí y nos ex- 
pondría además á perjudiciales choques? 



384 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

((Era Oyanguren natural de Guipúzcoa, y fué á las 
Filipinas en iSaS huyendo de las persecuciones que 
experimentó en España por haberse dado á conocer 
con adhesión exaltada al régimen representativo. Por 
los años de i83o estuvo en la provincia de Caraga 

„Las mismas objeciones pueden hacerse á las islas de Pulo Cóndor y 
de Cham-Colao, en las costas de Cochinchina. 

„La primera de estas islas es, por otra parte, muy mal sana, siendo 
ésta la causa de que no tomase posesión de ella la compañía francesa 
de las Indias orientales, que la había mandado reconocer en 1720, y de 
que la abandonaran los ingleses después de haberla ocupado alguno 
afios. El grupo de Cham-Colao no merece la atención, según las obser- 
vaciones hechas últimamente en él por el capitán de corbeta Favin- 
Leveque. 

^Podría todavía explorarse la península de Turón, en la misma cos- 
ta de Cochinchina, y cuya cesión obtuvo la Francia cuando la de Pulo 
Cóndor, por el tratado de Versalles, el 28 de Noviembre de 1787, en 
retribución del auxilio ofrecido al emperador Nguyen-A'hn para reins- 
talarle en el trono. Pero como la Francia no cumplió el tratado, no po- 
dríamos ahora alegar este título á la propiedad de Turón. Los señores 
Du Camper, de Bouganivelle y Laplace, que sucesivamente la visita- 
ron, alababan mucho su rada, una de las más espaciosas y seguras de 
Cochinchina. Mas estas ventajas desaparecen ante la insalubridad del 
clima y los graves inconvenientes que resultarían de la situación conti- 
nental de Turón, de las cuales no sería la más pequeña la dificultad de 
circunscribir nuestra ocupación. Tampoco estaríamos bien allí bajo el 
punto de vista comercial. 

^Parece, pues, que nuestras investigaciones deben dirigirse con pre- 
ferencia á la parte oriental del grande Archipiélago. Al S. de las Fili- 
pinas, sometidas á la España, están las islas de Joló, entre Mindanao y 
Borneo, habitadas por una población activa y comerciante, y que se 
mantiene independiente. Una de ellas, la isla de Basilan, es la que debe 
explorarse con cuidado. Parece que está habitada, como la extremidad 
S. de Mindanao y parte N. de Borneo, por una tribu de Ulanos, pobla- 
ción pirática extendida en aquellos mares, sobre la cual el sultán de 
Joló ejerce una autoridad disputada. Un establecimiento fundado en 
este punto podría pronto rivalizar en importancia comercial con el de 
Singapoore. Si este último está en el derrotero de Europa á Indo-Chi- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 385 

(ahora Surigao) ejerciendo el comercio, y navegando 
por todas las costas de Mindanao y sus adyacentes. 
Después pasó á la provincia de Calamianes. El año 
1880, hallándose en Manila, fué nombrado juez letra- 
do de primera instancia en la populosa provincia de 



na, Basilan está en el del Océano Pacífico, la costa O. de América y la 
Australia á los puertos de China y las Filipinas, y en el de la vuelta á 
Europa contra Monzón. Pero sería preciso cerciorarse ante todo de si la 
isla tiene la principal condición necesaria para el objeto que el gobier- 
no se propone, es decir, si hay en ella un puerto bien cerrado y de fá- 
cil defensa. Esto es lo primero que debe verse. 

nM. La Grené sabe cuánto conviene el secreto para la ejecución de 
este plan. Desde el momento que llegue á los mares de la China, todos 
sus movimientos serán observados con activa y recelosa vigilancia. Es 
preciso, pues, alejar toda sospecha, y que el comandante de la estación 
naval reconozca solo y por sí, ó por los oficiales á sus inmediatas órde- 
nes, los puntos que parezcan más convenientes. 

«Después de esta operación preliminar, y cuando, convenido por 
M. Cecille, esté seguro M. de La Grené, no sólo de que el sitio desig- 
nado merece la elección, considerado náutica, militar y comercialmen- 
te, sino de que podría ocuparse sin dificultad de parte de los habitan- 
tes, procederá á negociar y concluir provisionalmente la cesión, sea 
con los jefes indígenas, si son independientes, ó sea con el soberano 
cuya autoridad reconozcan, con sujeción expresa á la aprobación del 
gobierno del Rey. 

^Concluido el tratado, podrá el comandante de las fuerzas navales 
dejar un buque en el punto cedido, para que los jefes no se desdigan, 
hasta que sea ratificado el convenio por S. M. y se tome posesión en 
su nombre de la isla. 

„Se le autoriza (pero sólo en el caso de necesidad absoluta) para 
enarbolar el pabellón francés en la isla misma, si hubiese motivo for- 
mal de recelar que se le anticipara otra nación. „ 

"Así aplicaba yo á los mares de China una idea que había ya reali- 
zado en otros puntos del globo, y que conceptúo capital para los intere- 
ses, no sólo comerciales, sino morales, políticos, militares y marítimos 
de Francia. En los debates que se suscitaron en las Cámaras en 1843 

25 



386 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Tondo, que ahora lleva el nombre de la capital. En 
1846 cesó en aquel empleo, porque, reformado éste, se 
nombraron jueces en Madrid; y al tener noticia de la 
cesión del seno de Davao, estipulada por el sultán de 
Mindanao con el brigadier de marina, Bocalan, y el 



con motivo de los establecimientos que acabábamos de fundar en las 
islas Marquesas y en Taiti, decía yo las siguientes palabras: 'Una de 
„las causas de la autoridad y de la confianza con que procede el comer- 
„cio inglés, es que en todas partes encuentra á la Inglaterra-, es que sabe 
„que en todas partes está el poder nacional á la mano para protegerle 
„y sostenerle. Una de las causas de la debilidad comparativa, de la falta 
„de confianza y del encogimiento del comercio francés, es que en todas 
^partes se encuentra á l.OOO, á 2.000, á 3.OOO leguas de la Francia; es 
„que en ninguna parte la ve ceixa de él y á su lado. Dándole seguridad, 
„haciéndose presente en donde quiera que se forme un centro mercan- 
„til, es como se inspirará al comercio francés la confianza y la soltura 
^que necesita; y el mejor modo de inspirárselas es fundar en todos esos 
„ centros un establecimiento francés, es hacer que se vean en ellos el 
, pabellón francés y buques franceses encargados de cruzar continua - 
„ mente por sus mares y proteger nuestro comercio. Nuestros buques 
„ mismos, para obrar con la constancia, asiduidad y eficacia que exige 
„su misión, necesitan tener cerca una estación segura donde poder en- 
„trar y salir, según las circunstancias. ¿Qué han hecho por su marina 
„ todas las grandes naciones marítimas? No se han limitado á enviar sus 
„ buques á reconocer toda la superficie del globo para proteger su co- 
„mercio: han procurado también asegurarles puntos de apoyo, de repa- 
„ración y de refugio, y que no sólo sientan el recuerdo, sino el contac- 
„to del gobierno de su país, de su bandera y de su poder. Ved la histo- 
„ria de Inglaterra, la de Holanda, la de España, y aun la de las peque- 
„ñas repúblicas que hacían el comercio del Mediterráneo. Sus buques, 
„sus galeras encontraban siempre en sus viajes el gobierno, el apoyo y 
„la fuerza de su patria. Así lograron la prosperidad de su comercio é 
^infundir en sus marinos la confianza y la adhesión que constituyen en 
„mar y tierra el prestigio de la fuerza armada. ¿Despreciaréis esos ejem- 
„plos? ¿No querréis ocupar un punto ni en el Océano Atlántico, ni en el 
, Pacífico, ni en los grandes Archipiélagos del extremo Oriente? ¡Y esto 
-á la vista de un hecho nuevo é inmenso: la China abierta al comercio 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 387 

gobernador de Zamboanga, Figueroa, imaginó em- 
prender su adquisición efectiva. Antes de exponer sus 
miras al gobierno volvió á visitar aquel territorio, que 
ya le era conocido, y explorar su estado á la sazón. 
Satisfecho con sus observaciones, se apresuró á re- 



^del mundo!.... No se trata de prescindir de las consideraciones de pru- 
„dencia y de economín, de lanzarse á empresas gigantescas é indefini- 
,das: nada de esto hay que reprochar á nuestros proyectos. En las islas 
^Marquesas y en Taiti no hay que hacer conquistas, ni sostener luchas 
«con los indígenas, ni roturar vastos terrenos, ni fundar grandes colo- 
„nias; sino estaciones para reparo y refugio de nuestro comercio, puñ- 
etes de apoyo para nuestra marina, encargada de protegerle. Esta con- 
„ducta conviene á la Francia, no sólo en el Océano Pacífico, sino en 
„todas partes: es el sistema político marítimo que la Francia debe se- 
„guir. Donde quiera que se formen grandes centios de actividad co- 
^mercial y de civilización, la Francia debe buscar estaciones de esta 
„clase, posiciones que no la comprometan, ni creen intereses esen- 
«cialmente belicosos, pero que proporcionen medios de protección y de 
„defensa. Con estos establecimientos, bien situados y circunsciitos, en- 
„trará Francia á la parte en el aumento general de riqueza y de influen- 
„cia de las grandes naciones, sin empeñar sus fuerzas y su porvenir. „ 
„M. de La Grené y el almirante Cecille, que mandaba nuestra esta- 
ción naval en China, oficial de grande experiencia y buen juicio, cum-^ 
plieron de acuerdo estas instrucciones. El almirante hizo explorar y ex- 
ploró por sí la situación exterior é interior de la isla de Basilan, con 
aquella escrupulosa sagacidad que no se fía ni en las primeras impre- 
siones en cuanto á los hechos, ni en soluciones vagas en cuanto á las 
dudas. Provisto M. de La Grené de todos los datos así adquiridos, fué 
con el ahiiirante á Basilan, se constituyó en la bahía de Malamawi, y 
agregó primero las observaciones y después la intervención del diplo- 
mático á los estudios y á los primeros pasos de los marinos. Copiaré 
literalmente lo más esencial de los despachos en que me daba cuenta 
de lo que había visto, pensado y ejecutado sobre el mismo terreno. 

„M. de La Grené á AI. Guizot, ministro de Negocios extranjeros. — (Des- 
pachos de 4 y 24 de Febrero y 15 de Marzo de 1845.) 

^Salimos de Manila el 8 de Enero último, y el 12 al amanecer foa- 



388 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

gresar á Manila y propuso al capitán general D. Nar- 
ciso Clavería que le concediese algunas armas, pertre- 
chos y municiones y el mando del territorio que con- 
quistase por un plazo largo, con privilegio exclusivo 
de comerciar en él; en cambio ofrecía sujetar con gen- 

deamos en la bahia de Malamawi, en Basilan, después de un viaje sin 
novedad. En las instrucciones confidenciales que V. E. se dignó remi- 
tirme antes de mi partida, después de enumerar las razones que deben 
inducir á la Francia á fundar en los mares de China un establecimiento 
militar para su marina y un depósito para su comercio, señala V. E. 
mismo las condiciones que éste debe tener: 

„!." Proximidad al imperio chino. 

„2.° Puerto grande y cerrado. 

„3.° Situación aislada y de fácil defensa. 

„4.° Clima sano. 

„5.° Manantiales puros y abundantes. 

„Para proporcionar al gobierno del Rey los medios de adoptar una 
determinación inmediata y con pleno conocimiento de causa, examina- 
ré cada una de estas condiciones con aplicación á la isla de Basilan. 
No necesito decir que debo la mayor parte de los datos y noticias que 
daré sobre los puntos que voy á tratar al almirante Cecille y sus ofi- 
ciales, mucho más competentes que yo en estas materias; yo sólo tengo 
la parte secundaria de un observador concienzudo y deseoso de contri- 
buir á la gloria y grandeza de su país. Algunas de estas cuestiones son, 
por otra parte, tan palpables y materiales, que se resuelven por si mis- 
mas, y algunos hechos son tan de bulto, que se manifiestan sin dar lu- 
gar á examen ni vacilación aun á los ojos menos experimentados. La 
magnificencia y seguridad del puerto de Malamawi me parecen de esta 
especie; pero no quiero invertir el orden de los puntos propuestos, y 
voy al primero de ellos. 

„1.° Proximidad de la China. La simple vista del mapa demuestra 
la superioridad de la situación de Basilan. En la monzón favorable el 
viaje á Cantón es de pocos días, y en la contraria, la navegación de un 
punto á otro ofrece ventajas que no se encontrarían en ninguna otra 
parte, porque engolfándose en la mar de Mindoro y siguiendo la costa 
O. de las Filipinas, defendida de los NE., se coge Manila, y de allí se 
va á Macao con viento de costado. Un ejemplo reciente apoya este ra- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 389 

te escogida, y mantenida por él mismo, todas las cos- 
tas del seno, desde el cabo de San Agustín hasta la 
punta de Sarangani; expulsar ó pacificar á los moros 
que habitaban en aquel punto; fundar en él algunas 
poblaciones cristianas, facilitándolas medios de roturar 

ciocinio. La Victorieuse sólo lux empleado once dias desde Basilan á 
Manila en lo más fuerte de la monzón de NE. Debe advertirse que en 
el Archipiélago de Joló, á causa de su situación geográfica, y en Basi- 
lan, á causa de su proximidad á Mindanao, se siente muy poco aquella 
monzón. Asi es que en los dos meses que hemos estado en Malamawi y 
Joló sólo hemos experimentado brisas variables y calmas. Por las tar- 
des, lo mismo que sucede en la costa E. de Sumatra, en la bahía de 
Río-Janeiro, y en el buen tiempo en todos los golfos del mar de Gre- 
cia, soplan terrales flojos, cualquiera que sea durante el día el rumbo 
predominante. Esta notable anomalía no deja de traer inconvenientes: 
á veces los buques detenidos por las calmas en estos mares poco explo- 
rados, son arrastrados por corrientes de una velocidad extremada, cuya 
variable dirección está sujeta á circunstancias mal conocidas. En tal 
caso hay que navegar con la sonda en la mano, y con más motivo, por- 
que en las regiones tropicales la posición vertical del sol hace á menu- 
do inexactas y siempre muy delicadas las observaciones por el reloj. 
Por eso, sin duda, es tan poco frecuentado el Archipiélago de Joló en 
ambas monzones, aun cuando ofrece, al parecer, tantas ventajas á la 
navegación. Además de eso, los dos pasos que hay para Basilan, el es- 
trecho de Balabac y el de Macasar, ofrecen obstáculos que arredran á 
la mayor parte de los navegantes: el primero es poco conocido, mal 
descrito y de difícil navegación: el segundo, prescindiendo de que está 
siempre infestado de piratas, no está menos sujeto á las calmas que el 
de Malaca. Así es que en la actualidad sólo se aventuran en este Archi- 
piélago algunos balleneros que van á hacer provisiones á Zamboanga. 
Pero no hay duda en que, si la Francia se fijase en Basilan, nuestros 
trabajos hidrográficos harían muy pronto el estrecho de Balabac accesi- 
ble á todos los buques; y si el de Macas.5r fuese más frecuentado, pron- 
to se establecerla en él un servicio de remolques bajo los auspicios del 
gobierno de Java. 

„2.° Puerto grande y cerrado. El de IMalamawi no tiene menos de 
dos millas y media de largo, con una anchura que varía entre un cuarto 



39© HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

los campos, criar ganados y establecer comunicaciones 
con los gentiles del interior de la isla, atra57éndoles á la 
vida civilizada y á la sumisión á las autoridades espa- 
ñolas. 

»E1 gobernador Clavería aceptó con gran complacen- 



y un tercio de milla, y todas las flotas del mundo podrían fondear en él 
con seguridad. Perfectamente defendido de vientos y mares, está abierto, 
sin embargo, lo mismo que el Bosforo ó los Dardanelos, y su doble boca 
ofrece una ventaja inapreciable, porque facilita la entrada y la salida 
con cualquier viento. La marea, que se siente mucho en él, forma co- 
rrientes periódicas en sentido opuesto, cuya velocidad varía de un nudo 
á dos nudos y medio, y con su auxilio pueden levar fácilmente los bu- 
ques de mayor porte. 

„3.° Situación aislada y de fácil defensa. La opinión de todos los 
oficiales de la escuadra es unánime en este punto, lo mismo que en el 
precedente. Tan fuerte es, según ellos, la posición, que sería muy fácil 
hacerla inexpugnable. Por el O. está defendida la entrada del canal que 
separa Malamawi de Basilaii por una islela, cuyos fuegos rasantes, que 
se cruzarían á un cuarto de tiro de cañón con los de las playas opues- 
tas, harían imposible toda tentativa por aquel lado; además de que en 
el caso de un ataque empeñado se podrían cerrar herméticamente los 
dos pasos alas más formidables escuadras sumergiendo en ellos- dos 
fragatas. La entrada oriental, aunque no está tan bien defeadida, no ne- 
cesitaría tampoco- muchas fortificaciones. En cuanto á los ataques por 
parte de tierra, sea de indígenas o de fuerzas de desembarco, la impe- 
netrable faja de mangles que cubre casi sin interrupción la costa de Ba- 
silan que mira al canal alejaría todo recelo. No había más que conser- 
var esta defensa natural. Se podría además, para más seguridad, cons- 
truir en el punto más culminante de Malamawi una fortaleza, que do- 
minaría á la vez el puerto, la rada y las avenidas de la isla. 

„4.** Clima sano, en donde los tripulantes de nuestros buques de 
guerra y de comercio pudiesen restablecerse prontamente de las enfer- 
medades adquiridas en una permanencia larga en los climas tropicales. 
Sobre este punto no puedo ofrecer al gobierno sino simples conjeturas. 
La experiencia favorece hasta ahora á Basilan, porque, según consta 
de los partes de sanidad de la escuadra desde fin de Octubre hasta el 
día, no se podría desear un resultado más satisfactorio. Pero esta ex- 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 39I 

cia este pensamiento, que convenía tan perfectamente 
con sus planes acerca de la reducción de las tribus sal- 
vajes, y lisonjeaba sus deseos de atacar por todos los 
medios imaginables y en todas partes á la vez á la pi- 
ratería. Antes de acceder á la propuesta de Oyanguren 

periencia se refiere sólo á la monzón de NE., es decir, á la estación 
seca, que aun en los puntos más insalubres del Archipiélago está libre 
en general de las afecciones epidémicas tan funestas en la estación de 
lluvias á los europeos. Para obtener una solución decisiva de la cuestión 
propuesta, serían necesarias observaciones repetidas durante un periodo 
largo, del que se pudiese deducir el término medio. Me afirmo más en 
la imposibilidad de adquiíir de otro modo que por la experiencia, certi- 
dumbre moral respecto á la salubridad de un punto que no ha sido es- 
tudiado científicamente todavía, porque tengo muy en la memoria 
el reciente ejemplo de Chuzan y de Hong-Kong: la primera, abandona- 
da como una isla pestilencial que devoraba sus habitantes; la segunda, 
al contrario, elegida por circunstancias naturales que respecto á la salu- 
bridad parecían hacerla preferible. Y hoy es Chuzan uno de los puntos 
más sanos del imperio: los hospitales que se construyeron á mucha cos- 
ta bajo la impresión de los primeros casos, han venido á ser inútiles; 
mientras que en Hong-Kong, no obstante el esmero y los esfuerzos del 
gobierno local, la mortalidad de los militares llega, según los cálculos 
más moderados, á 25 por ICO. 

„5.° Agua pura y abundante. No se han encontrado hasta ahora 
manantiales en las inmediaciones del puerto, ni en Malamawi, ni en 
Basilan. La única aguada de que los buques han hecho uso es la del río 
de Gumalarand, que, á milla y media ó dos de su embocadura y bajo 
algunos torrentes que no pueden pasar los botes ni las piraguas, tiene 
un agua muy clara, que ni aun en las más altas mareas se mezcla con la 

del mar Pero esta aguada, tres ó cuatro millas distante de la entrada 

del puerto, y á la cual no se puede llegar sino franqueando la barra que 
obstruye la embocadura del río, está lejos de ofrecer las ventajas que 
son de desear. Se podría remediar con poco gasto este inconveniente 
haciendo algunas obras en el río de Pasanjan, que está poco más ó me- 
nos en el mismo caso que el de Gumaraland, y donde se podría tomar, 
á una milla escasa del puerto,, en una barra que se forma por la dife- 
rencia de nivel, un agua pura y sana La falta de manantiales cerca 



392 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

pidió SU voto al acuerdo de oidores, conforme á las le- 
yes de Indias. Allí encontró el proyecto alguna oposi- 
ción, porque el mando por un largo período que solici- 
taba Oyanguren, así como el privilegio exclusivo de 
comercio, salían de las formas ordinarias, y no tenían 

de las costas y la dificultad de la aguada, no son inconvenientes pecu- 
liares de Basilan: es un hecho común á la mayor parte de las colonias 
situadas en las regiones tropicales, según lo hemos observado en Singa- 
poore, en Manila y en Hong-Kong. Hubiera sido muy raro hallar una 
excepción de esta regla en Basilan; pero esta isla, tal como es, corres- 
ponde en este particular á los deseos del gobierno todo lo que se debía 
esperar en estos parajes. 

„ Después de satisfacer así á las preguntas contenidas en sus instruc- 
ciones, M. de La Grené me daba noticias acerca del estado interior, el 
terreno, las producciones naturales y los habitantes de la isla, "muy in- 
„ completas, dice él mismo, porque hasta ahora el centro de la isla no 
„ha sido explorado,,, pero que indican claramente lo que podría llegar 
áser aquella posesión, y sus inconvenientes y ventajas. "El aspecto de 
„Basilan, dice, es majestuoso y severo: tiene, como todas las islas de 
, formación madrepórica, las orillas bajas y llanas, casi á tlor de agua, 
„y cuando no hay viento y la mar está en calma, parece un inmenso 
„ canastillo de verdura medio sumergido en un lago. Pero á más distan- 
„cia del mar, pasando una red de esteros que rodea la isla, se eleva el 
„ suelo insensiblemente en escalones casi simétricos hasta el centro, 
«donde están los puntos culminantes, por lo regular envueltos en nu- 
ches. Algunos barrancos sinuosos que se dirigen perpendiculares al 
„mar, parecen cortados en ángulo recto por los valles longitudinales 
„que separan aquellas colinas paralelas. Estos y sus vertientes opues- 
„tas están, sin duda, ocupados por pueblos con campos cultivados que 
„ producen arroz y otros vegetales de que se alimentan los naturales; 
„pero no se ven desde la costa, donde no hay traza ninguna de cultivo: 
„los valles, las colinas y toda la isla desde los esteros hasta las eminen- 
„cias centrales, están cubiertos de la misma vegetación exuberante, con 
, mezcla de todas las formas y de todos los matices verdes que se ha- 
«llan en general en los bosques primitivos de las tierras vírgenes que no 
„ha tocado la mano del hombre. El terreno consiste, en los puntos que 
«hemos visitado, en profundas capas de tierra vegetal más ó menos cu- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 393 

precedente desde los tiempos del descubrimiento de las 
islas, cuando, según la práctica introducida en el Nue- 
vo Mundo, se concedían encomiendas y repartimientos 
de indios á españoles beneméritos. Mas este sistema de 
encomiendas no había prevalecido en las Filipinas, en 

abiertas de detritus vegetales que aumentan su feracidad. Situada cerca 
„de las Moluc&s, entre Borneo y Mindanao, estas islas casi desconoci- 
„das. á las que acaso falta Jolamente la industria para que pudieran 
„ surtir al mundo entero de frutos coloniales, Basilan, con sus modestas 
„ proporciones de I40 á 160 kilómetros de costa, producirá cuanto se 
„ quiera hacerla producir en sus condiciones de clima y temperatura. 
„E1 clavo, la nuez moscada, la canela, la pimienta, ó nacen ya ó nace- 
„rían con facilidad; y en las excursiones que he hecho por los ríos de 
„Pasanjan y Gumalarand, he observado la gran variedad de esencias 
„que salen de sus bosques primitivos y la hermosura de los ejemplares 

„que encierran La población actual de la isla se puede graduar en 

„8 ó 10.000 habitantes, divididos en dos clases: los del interior, que 
„se dedican al cultivo del arroz, y los de la costa, cuya principal y aca- 
^so única industria consiste en la piratería. He visto individuos de las 
„dos razas, á mi parecer muy distintas: la primera como de malayos, y 
„la segunda parecida á los ulanos de Mindanao. En una excursión que 
„he hecho con M. Rigaud de Genoully, para buscar las fuentes del río 
ndePasanjan, nos metimos, guiados por un malayo que venía todos los 
„días á la escuadra, algunos cientos de pasos en el interior, y hallamos 
«reunidos 15 ó 20 malayos, cuyas covachas estaban por allí cerca en 
„un otero que dominaba un pequeño fondeadero, en donde tenían sus 
«piraguas. Les inquietó un poco nuestra visita, que no esperaban; pero 
„se repusieron luego, y comenzamos á hablar con ellos pacíficamente, 
«cuando se presentaron otros seis individuos armados de lanzas y ma- 
,,zas que principiaron á esgrimir, cubriéndose con sus escudos, dando, 
«con sus gestos y sus cabellos esparcidos, señales de la más violenta 
«agitación. Los recién llegados nos parecieron más corpulentos, más 
«fuertes, y sobre todo, más negros que nuestros interlocutores, y de 
«muy diferente fisonomía. Nuestro guía y algunos otros habitantes tra- 
«taban de sosegarles: su número se iba aumentando, y creímos pruden- 
„te volver á los botes.,, 

«Las instrucciones de M. de La Grené no le sujetaban á una senci- 



394 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

cuya historia no se encuentra rastro de ellas desde la 
que se concedió por dos vidas, en las bocas del Rio 
Grande de Mindanao, al intrépido capitán Esteban Ro- 
dríguez de Figueroa, que murió á manos de un moro 
en el acto de saltar en tierra para ocuparla. Dio, por fin, 



lia misión de exploración y estudio: si hallaba un sitio que reuniese las 
condiciones requeridas, debía preparar, y aun, en caso de necesidad ab- 
soluta, emprender su ocupación. Llegado á este punto, encontró, respec- 
to de Basilan, muchas dificultades graves, europeas y locales, cristianas 
y musulmanas. Los españoles pretendían poseer la isla, y el goberna- 
dor de Filipinas, así como el comandante de las fuerzas españolas en 
aquellos parajes, suscitaron vivas reclamaciones contra los primeros ac- 
tos de M. Cecille. El sultán de Joló, por su parte, sostenía que Basilan 
era una de las islas pertenecientes á su imperio en propiedad, ó al me- 
nos en señorío. Después de un atento examen, M. de La Grené quedó 
convencido de que las pretensiones españolas no descansaban en ningún 
sólido fundamento. 'Aducen, decía él, tres argumentos: e! hecho de la 
«ocupación de la isla en una época remota; la pretendida pública noto- 
„riedad, y el reconocimiento de la dominación española por la mayor 
„parte de los jefes indígenas en Balactasan, en Febrero de 1844. Nadie 
„niega que el pabellón español hubiese flotado en Basilan de 1638 á 
„l645 en la época de Corcuera, que se levantasen allí fuertes y se edi- 
„ficasen iglesias; pero en el mismo caso se halla Joló, donde también 
„ había flotado la bandera española, y sin embargo, el gobierno español 
„nunca ha llamado á Joló isla española. Basilan fué evacuado, lo mismo 
„que Joló, en 1645, en un tiempo en que dificultades exteriores y la 
„ decadencia de su poder obligaron á los españoles á concentrar sus 
„ fuerzas y abandonar parte de sus conquistas. En cuanto á la pública 
„ notoriedad, ¿en qué se funda? La opinión de los geógrafos y de los es- 
„cr¡tores, así nacionales como extranjeros, es positivamente contraria 
,al tema español. El Sr. Mas, autor de una obra sobre Filipinas, im- 
„presa en Madrid en 1843, habla de ataques dirigidos en I638 por el 
„gobeinador Corcuera contra la isla de Basilan, que vino á ser, dice, 
„tributaria de Joló. Ningún tratado hecho desde 1645 hasta el día es- 
„tablece, admitiéndolos, los derechos de la España. Desde aquella épo- 
„ca ningún incidente oficial ha ocurrido respecto á los habitantes de 
„Basilan, que yo sepa: el gobernador de Filipinas, en un tratado con- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 395 

el Acuerdo su voto favorable á la transacción ó conve- 
nio propuesto, con la condición de que no se concep- 
tuase como un contrato entre el gobierno y Oyangu- 
ren, sino como una concesión hecha á éste con plazo 
determinado y las convenientes limitaciones. En con- 

„cluído en 1836 con el sultán de Joló, les califica de amigos de aquella 
„pla9a, denominación que excluye toda idea de vasallaje ó sujeción. 
nQueda el llamado reconocimiento de la soberanía de la España, obteni- 
„da en 1844 por el gobernador de Zamboanga. Pero al alegar este hecho 
„la autoridad de Filipinas omitió probar la principal, que es la existen- 
„cia de un documento que le acredite. No hay ningún vestigio oficial 
„dela proclamación de la soberanía española. ¿Qué fuérzase puede dar 
„á la legalidad de este acto, cuando además le niegan los mismos jefes 
„de la isla, y los confederados deBalactasan no le dan ningún valor?» 

^Después de haber discutido en una larga correspondencia con las 
autoridades locales españolas sus aserciones y razonamientos, M. de La 
Grené las hizo la proposición muy natural y sensata de someter la cues- 
tión á los gobiernos respectivos, la cual se apresuraron á aceptar. 

"Yo había entre tanto procedido, añade M. de La Grené, á gestiones 
„que pudiesen asegurar á la Francia derechos eventuales á la posesión 
„de Basilan. Durante las conferencias preliminares, los jefes del país 
„ habían protestado enérgicamente que nunca y de ningún modo habían 
„admitido la soberanía de España, afirmando que el pabellón español 
„que flotaba en algunos de sus paraos, no era más que una señal de re- 
„ conocimiento adoptada por ellos para no ser molestados en Zamboan- 
„ga, y que lo quitaban al momento que regresaban de allí. El almirante 
„Cecille les invitó á que consignaran por escrito estos categóricos aser- 
„tos, y ellos se apresuraron á hacerlo. Entonces se redactó la declara- 
„ción de 13 de Enero, que va unida á mi despacho núm. 46. I^os jefes 
„de Balactasan pidieron también con instancias el pabellón francés; el 
«almirante, con quien yo estaba de acuerdo en este punto, les respondió 
„que esto dependía sólo del Rey; pero que había á bordo un represen- 
„tante suyo, que podría, si ellos lo solicitaban, hacer presente su deseo 
„á S. M. De esta manera entré yo en relación con los jefes, y en este 
„ sentido se concibió el convenio de 20 de Enero. He preferido á un 
„ tratado de cesión inmediato, sujeto á la ratificación del gobierno del 
„Rey, un simple convenio eventual que nos asegure la sumisión futura 



396 HISTORIA DE LA. PIRATERÍA 

secuencia, el gobernador Clavería, en decreto de 27 de 
Febrero de 1847, confirió á Oyanguren por diez años 
el mando del territorio que conquistase en el seno de 
Davao, con privilegio para comerciar exclusivamente 
en él los seis primeros, concediéndole alguna artillería, 



„de Basilan. Este convenio onece las mismas ventajas que un tratado 
„de cesión, y no tiene sus inconvenientes: liga á nosotros á los jefes de 
„un modo irrevocable, y nos autoriza, si el gobierno del Rey desestima 
„las pretensiones de la España, para proceder desde luego y sin más 
^fórmulas á la toma de posesión. Por otra parte, no da motivo á una 
„ ocupación provisional que pudiese coartar las resoluciones ulteriores 
„del gabinete, y acredita al mismo tiempo algún miramiento hacia las 
„ reclamaciones, por infundadas que sean, de un gobierno amigo. 

„Las protestas de los jefes basilanos, tan enérgicas y unánimes, y 
„cuyas consecuencias les expliqué detenidamente, no me dejan duda de 
„que no hay lazo ninguno de vasallaje entre esta isla y la España. No 
«sucede lo mismo respecto á Joló. Aunque los jefes de Balactasan ha- 
„yan manifestado no hacer aprecio de los derechos del sultán, me he 
„ convencido en mis conversaciones con algunos, y en ello me he con- 
„firmado después en Joló, de que Basilan, aunque independiente de he- 
„cho, pertenece de derecho al señorío del sultán del Archipiélago. 
„Para obtener la cesión de este derecho fui yo á Joló. La respuesta dada 
„al almirante, á quien recibió primero el sultán, me dio poca esperanza 
„de llevar á buen fin la negociación. Pero no quise abandonar la lucha 
„sin intentarla: en tres conferencias sucesivas me propuse demostrar al 
„ sultán las ventajas que mis proposiciones le ofrecían y los daños que 
„ podría acarrearle el rechazarlas. Le dije que en cambio de unos dere- 
„chos que de nada le servían, le daríamos una suma considerable, le li- 
„braríamos de la pesada responsabilidad que se le sigue de las depre- 
„daciones de los basilanos, y le proporcionaríamos los beneficios con- 
„ siguientes á la vecindad de una nación rica, generosa y comerciante. 
„ Rebatía yo con ejemplos las objeciones procedentes de la religión, ci- 
«tándoles Pulo Penang y Singapoore, cedidas á los ingleses por el sul- 
„tán de Johore, fieles mahometanos, y las transacciones de los holan- 
„deses con los rajas vecinos suyos. Al principio no obtuve sino répli- 
„cas evasivas que envolvían una pura y simple repulsa. La mayoría 
„del Rum Btichara (ó consejo del sultán) era contraria al proyecto de 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 397 

fusiles y municiones, y la facultad de organizar una 
compañía ó tercio provincial de soldados de su elec- 
ción. Determinóse que la cabecera de la nueva provin- 
cia se situaría en el lugar de la población mora que da- 
ba nombre al seno, tomando el de Nueva Vergara, y se 

„tratado; la efervescencia de la población joloana arredraba al sultán. 
„No obstante, le inquietaba también mi persistencia. En la última sesión 
„se alborotó el consejo. Para alejar la idea de venta y de compra, ha- 
„bía ya reducido á cien años el término de la cesión. Parecía que el 
„asunto iba bien, cuando un datto (uno de los del consejo) propuso que 
„se entregase la mitad de la suma antes de firmar; y respondiendo yo 
,que el tratado no se podía poner en ejecución hasta que el Rey le 
„ aprobase, el consejo rehusó por unanimidad sancionar un convenio 
„que no fuese realizado en el acto. Lo único que pude conseguir fué 
, que escribieran una carta manifestando que el consejo suscribiría á la 
„cesión de Basilan por cien años por lOO.OOO pesos al contado, con la 
«condición de que se tomase posesión de la isla dentro del plazo de 
„seis meses. Esta cláusula, casi imposible de cumplir, parece que mate- 
„rjalmente invalida la declaración. Con todo, este compromiso, tal 
„como es, ofrece todavía una parte de las ventajas que habríamos saca- 
ndo de un tratado, y no dudo que un buque que recordara la promesa 
„del consejo de Joló, ofreciendo por una parte lOO.Ooo pesos y susci- 
„tando por otra la reclamación de satisfacción que varias veces he indi- 
nCado por el asesinato de un oficial y un marinero de la escuadra por 
„ un jefe basilano llamado Uzuk, conseguiría fácilmente la prórroga de 
„ aquel plazo. „ 

„Concluía M. de La Grené la reseña de las exploraciones y negocia- 
ciones que hizo, de acuerdo con el almirante, con las siguientes pala- 
bras: "Si vamos algún día á Basilan, debemos estar alerta contra las 
«agresiones de los naturales, que si no nos atacan abiertamente, podrán 
«hacerlo con astucia y traición. Los malayos, y sobre todo los illanos, 
«son capaces de todo, sin que les detenga ni el envenenamiento niel 
«asesinato. Además, no carecen de valor, como lo prueba la reciente 
«toma de Santa María, de donde fueron expulsados 150 españoles por 
«los illanos de Mindanao. Por eso, en caso de ocupar la isla, creo que el 
«gobierno del Rey no debe excusar gastos, y que debemos desplegaren 
„el principio un rigor que desconcierte la mala voluntad de los basila- 



398 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

la agregarían algunos pueblos de la provincia de Cara- 
ga, que por caer muy lejos de su capital, en la costa 
oriental, de dificultosa navegación, y sin comunicacio- 
nes terrestres, no podían ser bien gobernados y atendi- 
dos por su jefe. 

^nos y sus cómplices. Ningún atentado debe quedar impune, ningún 
„crimen sin venganza. Sólo asi seiemos los dueños y obtendremos en 
„pocos años la seguridad, sin la cual ningún establecimiento remoto 
npuede prosperar. Sería necesario para esto, no sólo un suficiente nú- 
„mero de soldados y un material considerable, sino principalmente al- 
„gunos vapores que con la rapidez de sus movimientos y su dominio 
„sobre las corrientes y las ca!mas pudiese sorprender á los pancos pira- 
„tas, cerrarles la entrada de sus guaridas y acabar con ellos donde quie- 
bra que se presentasen. Otras consideraciones, además, nos imponen la 
«necesidad de dar proporciones grandes al establecimiento de Basilan y 
„obrar en él en mayor escala: los holandeses, los ingleses y los españo- 
„les de Java, de Manila, de Hong-Kong y Singapoore presenciarían 
«nuestros trabajos, midiendo nuestra fuerza y nuestra aptitud en esta 
«empresa. Debemos estar á todo futuro evento, y no exponernos al 
«riesgo de haber trabajado para otros. „ 

«Cuando se recibieron en Francia estos informes y propuestas, en 
principios de 1845, acabábamos de salir de grandes empeños diplomá- 
ticos, y entrábamos en una lucha belicosa. Las cuestiones del derecho 
de visita y de Taiti habían tomado en el Parlamento proporciones muy 
superiores á su verdadera importancia, y nuestras relaciones con Ingla- 
terra estaban muy comprometidas. E3tábamos empeñados en América 
en el Río de la Plata, en África en la costa de Madagascar, y en expe- 
diciones difíciles, sin ser grandes, que dividían nuestras fuerzas maríti- 
mas. Teníamos, sobre todo, que atender á la insurrección general que 
había estallado en la Argelia, sostenida por Ab-el-Kader, la cual exigía, 
por nuestra parte, si habíamos de consolidar definitivamente nuestro 
establecimiento en África, un esfuerzo vigoroso que el mariscal Bugeaud 
debía dirigir, como gloriosamente lo hizo. Después de tales experien- 
cias y á vista de tales negocios, las Cámaras y el país estaban poco in- 
clinados á lanzarse en nuevas empresas lejanas, é inciertas en cuanto á 
la utilidad, la medida de los saciificios y el éxito. El gabinete no hu- 
biera hallado aprobación ni apoyo aun en sus amigos, si hubiera inten- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 399 

»Esta agregación fué muy perjudicial á Oyanguren, 
porque le imponía servicios propios de un gobierno esta- 
blecido y regular, que se avenían mal con su principal ob- 
jeto y misión. Pero él no pensó en ello en un principio, 
inadvertencia que le costó después muy cara; y lleno de 

tado en los mares de China la ocupación de Basilan, pidiendo los recur- 
sos necesarios para llevarlo á efecto. Resolvimos, pues, no meternos en 
tales dificultades, y dirigimos á M. de La Grené, en 5 de Agosto de 
1845, el siguiente despacho: 

"Tengo el honor de acusar recibo de los despachos que me habéis 

«dirigido hasta el núm. 51 inclusive. El gobierno del Rey ha exa- 

„ minado atentamente la cuestión de Basilan, según la exponéis en 
«vuestros informes y en los del' vicealmirante Cecille. Después de ma- 
«dura deliberación, ha resuelto desistir de la ocupación de aquella isla. 
„Las dificultades innumerables de tal empresa; los sacrificios de hom- 
„bres y dinero que exigiría, cuyos límites no sería posible prever ni 
„fijar; la poca apariencia de que semejante establecimiento compensara 
„nunca los recursos que habríamos invertido en eila: todas estas razo- 
„nes que se desprenden de vuestros informes mismos, han debido con- 
„ducir al gobierno del Rey á la resolución adoptada. 

„No podemos ocultainos que para establecer nuestra soberanía en 
„aquel punto sería preciso sostener una lucha incesante con los indíge- 
„n.is, cuyas agresiones nos arrastrarían, sin duda ninguna, á una guerra 
„de exterminio. Y puede ser que después de haber expulsado de la isla 
„á sus habitantes tuviésemos que abandonarla, si su clima, cuya salu- 
„bridad, al menos dudosa, sólo puede acreditar la experiencia, venía en 
„auxilio de nuestros enemigos, y á probar, diezmando nuestras fuerzas, 
„que no podíamos evitarla aunque la hubiésemos podido conquistar. 

«Nuestra tarea sería no menos pesada en el exterior. La destrucción 
«de la piratería en aquellos parajes sería una obra penosa, cuya termi- 
„nación exigiría muchos años. Y es evidente, por otra parte, que to- 
„mando sobre nosotros esta carga, trabajaríamos en el interés casi ex- 
„ elusivo de los pabellones extranjeros, porque todavía en mucho tiempo 
«no podemos esperar que nuestra marina mercante tome una parte con- 
„siderable en la navegación de aquellos mares. 

«Fuera de las necesidades inherentes ala ocupación de Basilan, otras 
„ consideraciones, que habéis también indicado, y que sería imprudente 



400 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

confianza en los recursos de su genio, partió en dirección 
al seno de Davao, al mando de una escuadrilla provista 
á sus expensas, ó más bien á las de una sociedad que él 
mismo organizó, y de que formaba parte, y tripulada por 
hombres aptos y resueltos, entre ellos algunos españoles. 



^desatender, nos obligarían, para estar A todo futuro evento, á fundar 
„ nuestro establecimiento sobre un pie que no guarda proporción con 
„los intereses que había de fomentar 6 defender. 

„Por estos motivos viene á ser inútil discutir las pretensiones de la 
«España á la soberanía de la isla, pretensiones que parece habéis apre- 
„ ciado perfectamente; ni nos ocuparíamos en ellas sino en el caso de 
„que esta adquisición nos ofreciese ventajas incontestables. 

„Dejo á vuestro arbitrio la forma en que debéis hacer saber á quien 
«corresponda la resolución del gobierno; pero no concluiré sin expre- 
«saros su satisfacción por el cuidado que habéis puesto en evitar to- 
ndas las circunstancias que pudieran en cualquier manera haber coar- 
„tado la libertad de resolver que se había reservado. 

„E1 gobierno del Rey considera como terminada la misión que ha- 
chéis tan hábilmente desempeñado en todas sus partes. „ 

^Todavía hoy en 1860, recordando en mi retiro cuál era en I845 el 
estado de los espíritus en Francia y en Europa, creo que hicimos bien 
en no continuar una empresa que infaliblemente nos hubiera suscitado 
dificultades y causado choques que sus ventajas no compensarían. Si los 
gobiernos libres tienen el inconveniente de formar ó dar lugar á muchos 
proyectos y quimeras, tienen el mérito de sujetarlas á discusiones y 
pruebas que quilatan su valor y atenúan el peligro. La libertad política 
opone á las tentaciones que suscita las dificultades y dilaciones con que 
las rodea, y detiene en sus primeros pasos muchos malos designios y 
locos ensueños, que bajo otros gobiernos se podrían querer realizar á 
todo trance, comprometiendo gravemente al país. No obstante, á vista 
de la perspectiva que se presenta en el extremo Oriente, y de las tenta- 
tivas europeas en China, no puedo menos de sentir que la isla de Basi- 
lan no sea nuestra, y no afiance á nuestras operaciones militares y co- 
merciales actuales ó futuras en aquellos lugares un punto de apoyo y 
algo que ganar para lo venidero. 

«Hubiera sido fácil acallar las objeciones de la España contra núes- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 4OI 

»Los hechos que inmediatamente tuvieron lugar en 
aquella comarca, podrían dar asunto para una corta, 
pero interesante epopeya, si se recogieran sus roman- 
cescos pormenores; pero la dificultad que esta tarea 
ofrecería, hace honor al intrépido caudillo, que atento 
solamente al objeto de sus proezas, no pensó nunca en 
hacer pomposa relación de ellas al gobierno, ni aun en 
referirlas á sus íntimos amigos, A principios del año 
1849 estaba ya Oyanguren en pacífica posesión de to- 
do el litoral del seno; había fundado la cabecera de Nue- 
va Vergara, y comenzaba á dirigir sus miras á lo inte- 
rior de la isla, mereciendo que por un decreto de 29 de 
Enero se declarase constituido en provincia aquel terri- 
torio con el nombre de Nueva Guipúzcoa, en recuerdo 
de su país natal. Muy oportunamente llegó á Davao 
por el mes de Abril el vapor Elcano, al mando del bri- 
gadier y comandante general de marina D. Manuel 
Quesada, con alguna infantería, con cuya cooperación 
atacó y tomó Oyanguren el fuerte bien defendido y po- 
blación mahometana de Hijo, grande obstáculo que se 



tro establecimiento; la adhesión del sultán de Jólo no nos hubiera cos- 
tado mucho; y si los datos adquiridos y observaciones hechas por M. de 
La Grené y el almirante Cecille son exactos, como debemos creerlos, 
aquella isla hubiera llenado muy bien el objeto que debíamos propo- 
nernos al ocuparla.» 

Tal es el prefacio de M. Guizot á la obra de Oliphant, y bien mere- 
cen meditarse muchas de las importantes indicaciones que contiene, 

(2) Un inglés trabaja con ahinco por coger el premio colocado en 
lo alto de resbaladiza cucaña, y los demás le animan y auxilian para que 
logre su intento. 

A un francés, en igual caso, lo dejan sus paisanos confiado á sus fuer- 
zas, pero sin estorbarle. 

Comienza á escalar la cucaña un español, y sus compatriotas le ti- 
ran de los pies con todas sus fuerzas para que caiga. 

26 



402 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

presentaba para la comunicación con Linao, pueblo 
más de gentiles salvajes que de cristianos, dependiente 
en el nombre de la provincia de Caraga ó Surigao, cu- 
ya efectiva posesión y acceso aseguraba el libre tránsi- 
to por toda la cuenca del río Agusan hasta la costa N. 
de la isla, en un trayecto de 5o leguas. 

» Podía ya afirmarse que Oyanguren había cumplido 
en todo lo esencial sus promesas, y debía empezar á 
recoger el fruto de los esfuerzos y sacrificios que para 
ello había hecho; pero las autoridades de Manila estu- 
vieron muy lejos de cumplir, en cambio, el compromiso 
contraído á su favor por el general Clavería en repre- 
sentación del gobierno. La nueva provincia no tenía 
comunicaciones directas con la capital: el único buque 
del Estado que en ella se había visto fué el vapor El- 
cano en la ocasión referida; las pequeñas embarcacio- 
nes de Oyanguren no podían ernplearse en tan larga 
navegación, distrayéndose de sus precisas y locales 
atenciones: este aislamiento dio motivo á algunas que- 
jas y censuras de funcionarios que, considerando á Nue- 
va Guipúzcoa en el mismo caso que las demás provin- 
cias del Archipiélago, exigían una puntualidad imposi- 
ble en los multiplicados servicios que implícitamente se 
habían puesto á cargo de Oyanguren, más bien con 
respecto á los pueblos ó visitas de Caraga agregados á 
la provincia naciente, que con relación á los territorios 
conquistados que principalmente constituían esta mis- 
ma; circunstancias muy singulares vinieron á hacer 
enojoso á personas influyentes el privilegio exclusivo de 
comercio que había obtenido: faltaba ya el gobernador 
Clavería, bajo cuyos inteligentes y desinteresados aus- 
picios había arriesgado su vida y su fortuna; y el mar- 
qués de la Solana, capitán general de las islas en i852. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 4O3 

halló pretexto en aquellas censuras para destituirle, sin 
ningún miramiento á sus grandes servicios, del cargo 
que había obtenido, no por gracia á munificencia, sino 
con título oneroso. Dio comisión á un capitán de in- 
fantería para que fuese á Nueva Guipúzcoa en un va- 
por del Estado, y le hiciese embarcar en él inmediata- 
mente, ocupando su lugar. Luego en Manila le comu- 
nicó un decreto, separándole del mando de la provin- 
cia, á causa, según en el mismo se expresa, «del mise- 
rable estado y atraso en que ésta se encontraba; » pala- 
bras que descubren y prueban ellas solas la iniquidad 
de aquel procedimiento; porque ¿cómo se podía culpar 
del atraso de una provincia al mismo que acababa de 
crearla? 

«Apeló Oyanguren á la Audiencia de aquel decreto; 
pero su ánimo había venido á un estado de irritación y 
de impaciencia poco á propósito para dirigir y sostener 
un largo y desigual litigio contra un adversario tan po- 
deroso como era aquel gobernador: no volvió, pues, á 
levantarse de su ruina, y con su muerte, acaecida des- 
pués, en iSSg, se terminó este asunto á satisfacción de 
los que causaron su daño ó á él contribuyeron (i).» 

( 1 ) La isla de Mindanao, su historia y su estado presente, cott algu- 
nas reflexiones acerca de su porvenir, por D. Agustín Santayana, Direc- 
tor que ha sido de la Administración local de Filipinas: Madrid, 1862. 



CAPITULO XXVIL 



Mando del general Clavería. — Ordena al coronel Peñaranda reconozca 
la isla de Balangiiingui. — Es agredido éste y rechazado por el datto 
de la isla, y regresa á Manila. — Vencidas dificultades imperiosas, efec- 
túa Clavería una expedición contra Balanguingui. — Fondea con la 
escuadra frente á ella y se efectúa el desembarco en buen orden. — 
Manda atacar el fuerte de Balanguingui. — Enérgica defensa de los 
piratas. —Ordena el asalto; resultan largas las escalas, y los moros de- 
tienen el empuje del ejército. — Redobla éste su valor y cae en su po- 
der la fortaleza tras de heroica lucha. — Los expedicionarios atacan la 
cotta de Sipac. — Sus defensores la defienden con fiereza. — Horrible 
combate con pérdidas de ambas partes. — Escalan los soldados la cot- 
ta. — Ivos piratas, viéndose perdidos, dan muerte por sus propias ma- 
nos á sus mujeres é hijos, y se lanzan á morir matando. — La toma del 
fuerte disminuye tan horrible hecatombe. — Considerables bajas por 
ambas partes. — Cógense importantes despojos. — El ejército se apo- 
dera también de las cottas de Sungap y Bucotingol. — Destrozos en 
las guaridas de los piratas. — Entusiasmo en Zamloanga y Manila por 
la victoria alcanzada.- — Festejos y honores al vencedor. — Considera- 
ciones acerca de esta campaña. — Los joloanos rechazan el ataque de 
dos buques holandeses. — Intentona del datto Tampán. — Exploración 
del jefe del apostadero sobre Balanguingui. — Castiga el gobernador 
de Zamboanga á los piratas de Maluso. 

En 1845 el coronel D. José María Peñaranda, secre- 
tario del gobierno superior civil de Filipinas, embarcó 
en la fragata Esperanza, mandada por el capitán de 
navio D. Cristóbal Mallén, ignorándose en Manila el 
rumbo del buque y la comisión encomendada al celo de 
aquel inteligente funcionario. Llega la Esperanza á 
Zamboanga, reclama el comisionado el auxilio de al- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 405 

gunas falúas, y se hace de nuevo á la mar, anclando á 
los pocos días al N. de la isla de Balanguingui, frente 
á su fuerte principal. 

Procuró Peñaranda comunicarse con el datto de la 
isla; pero el soberbio pirata se negó á ello intimándole 
que abandonara inmediatamente aquellas aguas, pre- 
tensión que apoyó á poco con los cañones de su forta- 
leza rompiendo el fuego sobre la fragata y las falúas. 

Ante una agresión tan injustificada, decidió Peña- 
randa el desembarco con ánimo de escalar el fuerte; 
pero el crecido número de piratas, la superioridad de 
su posición y la evidencia de los cortos recursos con 
que contaba para una empresa de tal naturaleza, le 
obligaron á refrenar su coraje, retirándose con pérdida 
de algunos soldados y la del comandante Rodríguez, 
jefe de la vanguardia. 

Eran en aquella época las islas Sámales, y princi- 
palmente Balanguingui, el foco de la piratería; y á exa- 
minar sus medios de defensa y á cerciorarse de aque- 
llas noticias, obedecía la visita de exploración realizada 
por el secretario del gobernador del Archipiélago, Don 
Narciso Clavería. 

Este valiente general, uno de los más ilustres go- 
bernadores que ha habido en Filipinas, al ver la inca- 
lificable conducta de los piratas y su menosprecio de 
los tratados vigentes, determinó dirigir en persona una 
expedición á sus islas, si bien dificultades insuperables 
le impidieron realizarlo hasta principios de 1848. 

La escuadra alistada para dicha empresa, á las órde- 
nes del brigadier de la marina real, D. José Ruiz de 
Apodaca, se componía de los vapores de guerra £/cawo, 
Magallanes y Reina de Castilla, de 100 y 160 caballos 
de fuerza respectivamente; los bergantines de transporte 



4o5 HISTORIA DE LA PIRATKRÍA 

Constante (O, Guadiana y Senejayen, estos dos fletados 
por la Hacienda y convoyados por dos pailebots de gue- 
rra, y una división de la marina sutil. 

El 27 de Enero salieron para Dapitan, en los expre- 
sados bergantines, tres compañías de ejército, al mando 
del teniente coronel D. Andrés Arrieta. 

El 6 de Febrero embarcaron en los vapores Elcano 
y Magallanes un piquete de alabarderos, otro de seguri- 
dad pública, una sección de artillería con dos obuses de 
campaña, otra sección de obreros de ingenieros con un 
pequeño parque y dos compañías del ejército. En el 
Reina de Castilla, que arbolaba la insignia del coman- 
dante general Apodaca, embarcó el general en jefe Cla- 
veria, con su estado mayor, siendo saludado al verifi- 
carlo por los cañones de la plaza. A los cuatro días de 
su partida de Manila, el 10, fondearon los vapores en 
Dapitan, y el 11 salieron, juntamente con los berganti- 
nes transportes para la Caldera, en donde se les reunió 
el gobernador de Zamboanga, D. Cayetano Figueroa, 
á quien acompañaban i5o denodados voluntarios zam- 
boangueños con sus vintas. En la tarde del 12 encami- 
náronse todas las fuerzas á la isla de Balanguingui, en 
cuya costa septentrional anclaron el i3 los vapores y 
al día siguiente los demás buques de la escuadra (2). 

(1) De la propiedad éste del acaudalado comerciante de Iloilo Don 
Joaquín Ortiz, quien lo cedió gratis, yendo él á su bordo al frente de 
algunos paisanos armados á su costa. 

(2) "La isla de Balanguingui, situada á 6° 5' 30" latitud Norte y 
125° 24' 20" longitud Este del meridiano de Madrid, tiene escasamente 
seis millas cuadradas de superficie: es llana, cubierta por todas partes 
de mangles y maleza; de suelo tan bajo, anegadizo y pantanoso, que, al 
crecer la marea, apenas deja en seco algunos pequeños arenales donde 
se descubrían los fuertes, y á la inmediación de éstos muchos esbeltos 
rosales y grupos de casas de tabla y ñipa, construidas sobre pequeños 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 407 

El i5 se practicó un reconocimiento de la costa y 
fuerte de Balanguingui, que decidió el general en jefe 
atacar el primero. 

Al amanecer del i6, aprovechando la baja marea, 
única hora en que el fuerte queda aislado, se comenzó 
el desembarco con perfecto orden. Cuatro falúas, un 
bote del Reina de Castilla y tres vintas de zamboan- 
gueños, bajo el mando del teniente de navio D, Fer- 

postes de madera para aislarlas de la humedad del suelo. Un canal 
principal y poco profundo divide la isla en dos porciones, y de éste 
parten un sinnúmero de brazos, esteros y canalizos, en distintas direc- 
ciones y de escasísimo fondo, los cuales se comunican y enlazan entre 
sí haciendo de la isla un verdadero laberinto. 

„Las fortificaciones consistían en cuatro tuertes aislados, uno al Norte 
y tres al Sur, y éstos, según el orden de importancia, se llamaban Sipac, 
Balanguingui, Sungap y Bucotingol. 

„E1 fuerte de Sipac era un gran reducto de planta irregular, reforzado 
por los pequeños torreones que flanqueaban las caras con dos órdenes 
de fuegos de artillería; los muros estaban formados de gruesos troncos 
de árbol de uno y medio «í dos pies de diámetro, enterrados cosa de una 
vara, perfectamente unidos y colocados en dos, tres ó más filas parale- 
las, según el espesor variable de la muralla, distantes entre sí unos cua- 
tro ó cinco pies, y relleno este espacio encajonado de gruesas piedras, 
tierra y arena; la altura iba en disminución del exterior al interior, sien- 
do en aquella parte de 20 pies. Su espesor en el frente del mar y en el 
de tierra más expuesto á los ataques, no bajaba de 18 pies; pero era bas- 
tante menor el de las caras que daban sobre \v.> mangles y pantanos. 
La artillería más baja la tenían colocada en unas casamatas rasantes 
abiertas en el espesor de los muros, y los cañones más ligeros y las lan- 
tacas, en un segundo orden ó batería al descubierto. La figura de las 
casamatas era la de una pirámide cuadi'angular truncada, con la base 
menor tirando á la campaña, en donde sólo tenía una abertura suficien- 
te para dej.^r paso á la extremidad de la caña de la pieza; se asemeja- 
ban, por lo tanto, á una gran cañonera invertida, ó á una enorme aspi- 
llera. „ — [Reseña histórica de la guerra al Sur de Filipinas, por el coro- 
nel D. Emilio Bernáldez: Madrid, 1857.) 

Los demás fuertes venían á tener idéntica construcción y artillado. 



4o8 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

nando Fernández, recogieron del vapor Elcano las tro- 
pas que conducían, tomando éstas posición para prote- 
ger á las demás. Otras cuatro falúas, un bote del va- 
por Elcano y cuatro vintas de zamboangueños, al man- 
do del teniente de navio D. Domingo Medina, trans- 
portaron á tierra las fuerzas del bergantín Guadiana; 
las lanchas de los buques transportes y tres botes de 
los vapores, á las órdenes del alférez de navio D. Clau- 
dio Montero, hicieron igual operación con las tropas 
que iban en los bergantines Senegayen y Constante, 
concediéndose á los voluntarios zamboangueños la 
honrosa distinción de ser los conductores de las escalas 
de asalto que habían de arrimar al muro. 

Dos vapores de guerra, dos pailebots y algunas fuer- 
zas sutiles comenzaron á cañonear el fuerte; pero sus 
disparos, á pesar de ser certeros, no producían daño 
alguno, porque las balas se empotraban en las empali- 
zadas rellenas de arena que circuían el fuerte, reforzán- 
dolas en vez de abrir brecha. El efecto de las granadas 
era casi nulo: sólo las que arrojadas por elevación caían 
casualmente en el interior de la obra, hicieron algún 
daño. A las ocho de la mañana se formó la columna de 
ataque con tres compañías de infantería y los i5o zam- 
boangueños, más otra compañía de reserva. A dicha 
hora desembarcó el capitán general con su estado ma- 
yor, arengó con energía á las tropas y enardecidas és- 
tas corren al asalto. Fijan las escalas, que resultan lar- 
gas, y arregladas allí mismo, quedando heridos los co- 
roneles Peñaranda y Figueroa, suben los valientes sol- 
dados con arrojo, y á pesar del tiroteo de los moros, 
de su desesperada resistencia, de su furor salvaje, 
cuando ya se dudaba del éxito, mediante un supremo 
esfuerzo, los nuestros logran penetrar en el fuerte, es- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 409 

capando los piratas á ocultarse en los mangles, donde 
los persigue la compañía de reserva. Otros se arrojan 
al mar pereciendo en sus aguas, ó por ejfecto de la per- 
secución de los tripulantes de las falúas y vintas. Las 
pérdidas de los moros se calcularon en lOO muertos. 
Las del ejército en 7 muertos y 5o heridos y contusos. 
En el fuerte se cogieron 14 piezas de artillería y abun- 
dantes municiones. Clavería felicitó al ejército por su 
triunfo (O y á la marina (2). 

(1) "Orden general del 17 de Febrero de 1848 en Balanguingui. — 
¡Soldados! Las esperanzas expresadas en la orden general del 15, fueron 
ayer enteramente cumplidas. Balanguingui fué nuestro, no sin resisten- 
cia, no sin valor de sus defensores; pero el vuestro fué mayor, y esca- 
lando esos muros d¿ tanta nombradla en este Archipiélago, disteis 
pruebas de lo que valéis y de lo que puede esperarse de vosotios. 

„Las tres compañías de ataque de los regimientos de Asia, L° de lí- 
nea y 2.° de ligeros y 2.° de línea que formaban la reserva, maniobra- 
ron como en un ejercicio, y á la señal de ataque los bravos que las 
componen nada dejaron que desear. ¡Honor al ejército filipino! y honor 
á la marina, que con sus fuegos, sus auxilios y la decisión personal de 
todas sus clases preparó y ayudó al triunfo que ha privado á los piratas 
de su nombrado fuertj, de 14 piezas de artillería y de más de 80 hom- 
bres, que han perecido en las puntas de las bayonetas, por la metralla 
de las falúas y ahogados en la fuga, cuando viéndoos dentro del fuerte 
se tiraron por los muros, conociendo ser vana su resistencia. Preparaos, 
soldados, á otro triunfo. El fuerte de Sipac, igual ó mayor que el de 
Balanguingui, nos espera, y confío que vuestro valor tremole en él muy 
pronto la bandera de Castilla. En este ataque tendrán lugar de distin- 
guirse los que ayer no pudieron trabajar por la limitación del terreno. 
Yo os veré también, y premiaré y propondré á S. M. las recompensas 
debidas al mérito, cuando adquiera los datos necesarios para ser justo. 
— Narciso Clavería. „ 

(2) "Como verá V. S. en la adjunta copia de la orden general de 
hoy, hago una honrosa mención de la marina de su digno mando en la 
función de ayer, y me complazco en asegurar á V. S. he quedado sa- 
tisfecho, no sólo del acierto con que se colocaron las fuei"zas navales, 
sino de la franca y decidida cooperación que vi en los señores jefes y 



41 o HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

Tomado Balanguingui, dirigióse la escuadra al Sur 
de la isla para atacar la cotta ó fuerte de Sipac. Pre- 
viamente construye el ejército, bajo la dirección de los 
ingenieros, en la próxima isla del Farol, 200 faginas y 
5o escalas de las dimensiones necesarias, practicándo- 
se algunos reconocimientos por tierra. El inteligente 
capitán de ingenieros, Bernáldez, dirigió la construc- 
ción de una batería á 400 varas del fuerte de Sipac, 
hecha con «tablones extraídos de los pisos de las casas 
más inmediatas, de fajas, faginas y piedras sueltas, 
únicos materiales que se encontraban á mano, » invir- 
tiéndose en estas operaciones los días 17 y 18. En la 
noche de este último se verificó el desembarco, no sin 
dificultades por la estructura de la costa, teniendo que 
ir los soldados cerca de una milla con el agua á medio 
muslo. Al amanecer del ig, la artillería de los buques 
y los obuses, colocados en la batería la noche antes, 
rompieron el fuego atronando el espacio. El general 
Clavería desembarca con su estado mayor y una briga- 
da de marina. La presencia del noble caudillo anima á 
los soldados. Dada la orden de avanzar, lo ejecutan las 
tropas con admirable serenidad: el terreno está erizado 
de picos, y una descarga general pone á 35 hombres 
fuera de combate; mas en vez de acobardarse, arrojan 
lejos de sí las faginas que les embarazan y corren á es- 
calar el fuerte. La lucha es desesperada, titánica, he- 
roica por ambas partes. Los moros se defienden como 
fieras. Los nuestros avanzan con intrepidez irresistible. 

oficiales, tropa y marinería, animados de los sentimientos más decididos 
para lograr la victoria, que se debió á los unánimes esfuerzos de los 
que componen estn expedición. Igual cooperación, igual entusiasmo, 
igual esfuerzo para obtener iguales resultados, espero en el próximo 
ataque de Sipac. „ 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 4II 

Fijan, al fin, las escalas; suben y son rechazados; acu- 
den otros, y se consigue al cabo penetrar en el fuerte, 
cuyo horrendo aspecto aterra, por la multitud de cadá- 
veres que en él hallan y por el sombrío aspecto de las 
llamas cebándose en el caserío. Muchos moros, por evi- 
tar que sus mujeres é hijas cayeran en poder de las tro- 
pas, les dan la muerte. Las pérdidas de los piratas fue- 
ron crecidas. Para evitar una epidemia quemáronse so- 
bre 340 cadáveres. A i5o prisioneros, la mayor parte 
mujeres y niños, casi todos heridos, se les prestó toda 
clase de auxilios y cuidados. El mar y los pantanos des- 
cubrieron también multitud de cadáveres (O. De los ex- 
pedicionarios hubo 16 muertos, 124 heridos y 22 con- 
tusos. Entre los oficiales muertos lo fué el capitán 

(1) Es curiosa la siguiente carta dirigida al sultán de Joló por una 
mora prisionera en Sipac: 

"Empiezo á hacer la más clara relación de lo ocurrido, y doy las 
gracias á Dios, de todo corazón, encaigándole mil saludos, y rogándole 
al mismo Dios le colme de toda felicidad. — Un sácope suyo le remite 
esta carta juntamente con Dayda, á causa de las seis personas entre liom- 
bres y mujeres que ahora se hallan aquí en poder de los cristianos. — 
Yo y Dayda pasamos á comunicar al datto Nasadolin y á su hijo Jagu- 
niguin. — El vapor negro descargó muchos cañonazos hasta el mediodía, 
y ya no hemos podida aguantar. — Permanecieron seis días hasta que 
acabaron de destruir nuestra fortaleza. — Sentimos la mayor aflicción, y 
así preferimos el sepulcro. — Escuchadnos, sácopes del sultán, y estar se- 
guros que desde nuestros antepasados no se ha visto una ocurrencia se- 
mejante y tan fatal. — El capitán Olancaya habló entonces: moriremos 
mártires todos á un mismo tiempo, pues ya es el último fin de nuestras 
devociones. — Y dijo á Otó, su hijo, que ya no había remedio; ¡oh Imán 
Baldóla, moriremos los dos juntos! — Dina dijo: tío mío, no hay que aco- 
bardarse; moriremos mártires todos, y saldremos de este mundo. — Con- 
test'') Donólo: no hay que detenernos, por las vidas de nuestros abuelos. 
— Binto repuso: padre mío, no hay por qué detenernos; vamos á morir 
peleando, y no ñus separemos más. — Al sultán de Joló. — Es proceden- 
cia del sácope Camarang., 



412 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

D. J. M. Ataide; salieron heridos los ayudantes del ge- 
neral, capitanes D. Toribio Escalera y D. Luis Esca- 
rio; el teniente de infantería D. Manuel Robles; los 
subtenientes del mismo cuerpo, D. Francisco Gil Jura- 
do, D. Francisco Olaguer, D. Mariano Montilla, Don 
Antonio García del Canto; el de carabineros de Segu- 
ridad pública, D. Joaquín Ortiz, y el capitán de inge- 
nieros D. Emilio Bernáldez. 

Se cogió á los piratas muchas banderas, gran núme- 
ro de armas blancas y de fuego, 65 piezas de artillería, 
casi todas de bronce; balas, metralla, pólvora, piezas 
de sedería y brocado, vajillas de plata, vasos, brazale- 
tes y otros objetos de oro y varios alcoranes en lengua 
arábiga. También rescataron 3oo cautivos entre filipi- 
nos y neerlandeses. La orden general pasada al ejérci- 
to el 20 de Febrero, pinta con vivos colores el tremen- 
do combate del 19 (0. 

(1) "Soldados: Este fuerte ha cedido ayer al acierto de los tiros de 
los buques de guerra de la batería del ejército, y al valor de sus solda- 
dos, de la brigada de marina, que voluntariamente se han ofrecido al 
asalto, y al de los briosos zamboangueños. Sus defensores han manifes- 
tado una decisión digna de mejor causa y una ferocidad propia de su ca- 
rácter. Vosotros, al oir mi orden, mi/ Viva á la Reina! 'j el paso de ataque, 
os precipitasteis bajo los muros entre los escollos con que se intentaba 
detener vuestro ardor, entre lluvias de balas, metralla, piedras y fisgas 
arrojadizas : nada os detuvo, soldados, marineros y paisanos de la expe- 
dición, á coronar un muro de seis varas de altura, donde se ofreció otro 
obstáculo que vencer en el valladar improvisado con que los piratas 
quisieron deteneros. Mejor hubiera sido para ellos y para la humanidad 
no contener así vuestro arrojo porque ca\isó el espectáculo de ocu- 
par vosotros dos lados del fuerte y el enemigo los otros dos, quedando 
en el centro grupos de mujeres y niños, que en el concepto de invulne- 
rables se habían encerrado en este recinto, sufriendo el fuego de unos 
y otros. ¡Contaron sin duda con su valor para defenderse, y no con el 
vuestro para atacarlos!!! Todo lo arrollasteis al fin, y entonces se vio á 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 4I3 

Aprovechando el desconcierto de los moros, ordenó 
el general al capitán D. Gregorio Barcenas que con su 
compañía de carabineros del segundo de ligeros persi- 
guiera á los fugitivos y procurara apoderarse por sor- 
presa de la cotia de Sungap, inmediata á la anterior. Así 
lo hizo, no sin precauciones, porque se temía una trai- 
ción viéndola indefensa. Arrimadas las escalas, subió 
un soldado, é inmediatamente se le vio caer herido de 
campildn por el alcaide del fuerte, único defensor que 
allí existía, quien prefirió defenderlo él solo á que fuese 

algunos de aquellos bárbaros introducir sus campilanes y lanzas en el 
seno de sus mujeres y niños por no entregarlos, y arrojarse á la muerte 
sin rendirse. Escena terrible es la que se presentó á mis ojos cuando 
subí tras de vosotros á contener vuestra indignación, y me complazco, 
sin embargo, en anunciar que vi algunos actos generosos que prueban sois 
tan valientes como humanos. El fuerte estaba lleno de cadáveres palpi- 
tantes, despedazados por las granadas, fusilería, sables y bayonetas. 
Trescientos cuarenta sacados de él prueban la obstinación de su defen- 
sa. — Los que huyeron logrando tirarse del alto del muro, fueron perse- 
guidos por la compañía de carabineros del 20 de ligeros, preparada al 
efecto, sin dejarles lugar á encerrarse en el segundo fuerte, de que aqué- 
lla tomó posesión; y en menos de una hora de rudo combate cayeron 
en nuestro poder 79 piezas de artillería, casi todas de bronce, de los ca- 
libres de 8 á 1, quedando dueños de casi toda la isla abrigo de los pira- 
tas que infestan estos mares. — Las naciones que tienen en ellas estable- 
cimientos os deben este servicio importante, y los muchos cautivos res- 
catados su libertad. Muy pronto ocuparemos todo el resto, y acabando 
de destruirles los medios de vivir, los de defensa y sus muchos pancos 
y embarcaciones que servían al pirateo, iremos á descansar orgullosos 
de haber hecho un gran servicio al género humano, y muy particular- 
mente á Filipinas, dejando al Archipiélago una prueba de que no se os 
insulta impunemente. — Los bravos guerreros de ayer se han humilla- 
do hoy ante Dios pidiendo por el alma de los cristianos que ayer sa- 
crificaron su existencia. Todos hemos asistido á los funerales que la 
pompa marcial y religiosa posible en estas circunstancias ha preparado 

á los restos del capitán Ataide y demás que ayer murieron Séales 

ligera la tierra que han bañado con su sangre. — Clavería.„ 



414 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

tomado sin ese trabajo. En Sungap se cogieron i3 ca- 
ñones pequeños (0. 

El día 25 se dispuso el ataque contra el fuerte de 
Bucotingol, que fué tomado sin gran trabajo por ha- 
llarse descuidados sus defensores, encontrando tres ca- 
ñones. Mandó el ataque el coronel Peñaranda, á cuyas 
órdenes iba el capitán de ingenieros Munárriz, una 
compañía y algunos zamboangueños. 

Las vintas y botes recorrieron todos los canales, arra- 
sando los pueblos de Buasuan, Suitan, Pahat y Pandan- 
pandanan, quemando las casas, talando 8.000 cocoteros 
y apoderándose hasta de 10 cañones más. Las fortale- 
zas fueron destruidas por medio del incendio, reembar- 
cándose las tropas con los heridos, prisioneros y cauti- 
vos el 25 por la tarde (2). Tras breve detención en las 
islas de Tonquil y Pilas los días 26 y 27 para notificar 
á sus moradores el castigo impuesto á Balanguingui, 
llegó Clavería á Zamboanga el 28 y al día siguiente el 

(1) Es curioso también el siguiente rasgo de fanático valor que 
describe Bernáldez: "Un moro principal se fué hacia la estación de lan- 
chas y falúas fondeadas en la boca del canal; la tripulación de estos bu- 
ques vio que se acercaba lentamente en dirección suya un hombre con 
altivos ademanes, sereno, mirando á todos lados con indiferencia al pa- 
recer, y su ciis en la cintura; como era natural, no hicieron prevención 
alguna, suponiendo, al verlo solo, que vendría á pedir indulto, ó que 
sería tal vez un cautivo que se libertaba, cuando en el punto de pisar 
aquel hombre la borda de la falúa que encontró más cerca, tiró del cris 
y se lanzó con gran furia sobre el primer soldado que pudo alcanzar; es 
decir, que fué á buscar una muerte segura, sin otra esperanza ni con- 
suelo que el de hacer, ante todo, el mal que en su mano estuviera., 

(2) El resultado de la expedición, fué: 
124 piezas de artillería cogidas. 

450 moros muertos, 6 prisioneros y 200 mujeres y niños, y 

200 á 300 cautivos rescatados. 

La artillería cogida á los moros, fué: 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 415 

resto de la escuadra y tropas. Con este motivo tuvieron 
lugar grandes festejos en celebración de la victoria al- 
canzada, y solemnes honras fúnebres por los que paga- 
ron con su vida el tributo debido á la patria. 

Clavería impuso á los sultanes de Mindanao é islas 
vecinas nuevas condiciones. Al saberse en la capital 
del Archipiélago el triunfo obtenido, hubo en todo el ve- 
cindario una grande explosión de gozo, y á su regreso 
á Manila fué recibido en triunfo, asi el vencedor como 
el ejército expedicionario. 

El gobierno premió al capitán general con los títulos 
de conde de Manila, vizconde de Clavería, gran Cruz 
de San Fernando, etc., etc. 



PIEZAS. 


De bronce. 


De hierro. 


Obús de 6 


1 

1 

2 

10 

2 

12 

6 

1 

2 
41 




Cañón de 24 


1 


de 12 


1 


de 8 


2 


de 6 


2 


de 4 


•> 


de 3 




de 2 


5 
9 


de 1 


Culebrina de 2 


Falconetes de 4 




de 2 




Lan tacas 


" 


Cañones inútiles de varios calibres.. 


4 




80 


26 



Balerío, 200 balas de varios calibres. 
Metralla, stis arrobas. 
Varios sacos de pólvora. 



41 6 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

El Ayuntamiento de Manila le regaló una lujosa es- 
pada. 

El comandante general de marina fué nombrado jefe 
de escuadra (i). 

La necesidad de la expedición que dejamos relatada 
no puede discutirse, porque la insolencia de los piratas 
tenía aterrorizados los pueblos de Visayas é interrum- 
pido el comercio entre aquellos puertos. Dada la im- 
portancia de los fuertes rendidos, los medios de defen- 
sa con que contaban sus defensores y las poquísimas 
fuerzas de que disponía el general en jefe (5oo hombres), 
es indudable que como triunfo militar nadie puede re- 
gatearle su mérito. Pero se malogró el éxito, como 
tantas veces antes, por no quedar de una vez ocupadas 
las poblaciones de los moros por nuestras tropas, sa- 
crificio de cuantía, ciertamente, por los gastos y por el 
número de hombres que eso requiere, pero compensa- 
ble con el resultado definitivo, pues si se suman los mi- 
llones que poco á poco ha ido consumiendo al Estado 
la incesante guerra de los piratas malayo-mahometa- 

(l) En el parte de esta campaña, dirigido por el general en jefe des- 
de Zamboanga con fecha 28 de Febrero al secretario de Estado y del 
Despacho de Guerra, después de ensalzar el valor de las tropas, y con 
especialidad de los coroneles Figueroa y Peñaranda y capitanes de in- 
genieros Munárriz y Bernáldez, decia de la escuadra: 

"Del comportamiento individual de los que componen esta marina, 
dará cuenta su comandante general. En esta comunicación no quiero 
dejar de tributar el justo homenaje debido á una decisión franca y es- 
pontánea en todas las clases, á un deseo general del trabajo sufriendo 
con entusiasmo el mucho que ha habido, el sumo acierto y valor en las 
operaciones y á la recomendación gereral de este benemérito Cuerpo, 
cuyo comandante general, el brigadier D. José Ruiz de Apodaca, nada 
me ha dejado que desear, y al que juzgo muy acreedor á que S, M. dé 
una prueba de su real agrado premiando sus dilatados y buenos ser- 
vicios. „ 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 417 

nos; el contingente de tropas que ha sido preciso man- 
tener en pie de guerra para luchar con ellos; las bajas 
habidas en continuos combates, y los inmensos daños 
en individuos é intereses materiales que han padecido 
las provincias de Filipinas, resulta preferible aunar 
esos esfuerzos y concluir de una vez con la piratería 
ocupando militarmente sus islas y sus salidas al mar 
por medio de la marina. Ya emprendida la expedición, 
debió el general Clavería hacer un esfuerzo más, y 
aprovechando el ascendiente moral de su triunfo, ir á 
Joló sin pérdida de tiempo, rendir sus posiciones y 
evitar, ya que no otra cosa, la expedición de Urbiston- 
do en i85i. 

Si las acertadas medidas del insigne Corcuera, al 
ocupar á Joló, hubieran subsistido, seguramente los 
piratas estarían sometidos y anulados desde hace más de 
un siglo. El resultado práctico del castigo impuesto á 
los piratas es evidente, comparando lo ocurrido en 1847, 
en que pasaron de 460 los indios hechos cautivos por 
los moros, mientras que en 1848 no lo fué ninguno y 
en 1849 sólo hubo tres. 

La saludable influencia de la expedición contra Ba- 
languingui se dejó sentir en las posesiones extranjeras 
vecinas, hasta el punto de que el gobernador general 
de las holandesas escribió al gobernador de Filipinas 
en 25 de Febrero de 1849: «A los esfuerzos enérgicos y 
reiterados de V. E. se debe principalmente que la au- 
dacia de estos piratas haya disminuido mucho. Por 
tanto, V. E. ha adquirido derechos al reconocimien- 
to del mundo civilizado y de la Holanda en primer 
lugar. » 

Holanda había mostrado repetidas veces su deseo de 
ocupar algún territorio en la parte Sur del Archipiéla- 

27 



41 8 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

go filipino, resultando siempre inútiles sus tentativas 
encaminadas á semejante propósito. 

Por Abril de 1848 se presentaron en la rada de Jó- 
lo dos corbetas de guerra holandesas, con la preten- 
sión de que les fuesen devueltos algunos cautivos, ne- 
gándose á ello el Sultán y los dattos. Cañonearon en- 
tonces la población por espacio de veinticuatro horas; 
mas contestadas con acierto por los fuertes de la pla- 
za, y en vista de las averías de uno de dichos buques, 
se vieron precisados á regresar á Borneo. 

El espíritu general de los malayo-mahometanos es, 
sin embargo, la guerra sin tregua á nuestros pueblos y 
constante pirateo. 

El 2 de Diciembre de 1848 participó al Sultán de 
Joló el datto Paulima Tampán, jefe de una respetable 
armadilla, que salía á piratear contra las costas suje- 
tas al dominio de España. Quiso impedirlo el Sultán, 
pero despreciando su consejo se hizo á la mar; llegó á 
la isla de Paat, del grupo de Balanguingui; se procla- 
mó Sultán independiente; edificó 40 casas, y reuniendo 
400 hombres de armas, comenzó á fortificar la isla. 

Inmediatamente que supo este hecho el comandante 
de las fuerzas sutiles de la división de la Isabela de Ba- 
silan, partió con cuatro falúas y el pailebot Pasig á sor- 
prender á los moros, cayendo inesperadamente sobre 
Paat. Batió, en efecto, á los piratas; puso fuego á sus 
casas, destruyó sus comenzadas baterías y embarcacio- 
nes, y les cogió todo su armamento. Insistentes rumo- 
res de que los moros pensaban fortificar de nuevo á 
Balanguingui, determinaron el que en Febrero de 1849 
saliera de Manila el comandante general del apostade- 
ro con dos vapores de guerra, á cuyo bordo iba una 
compañía de infantería. En Zamboanga se le unieron 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 419 

cinco falúas, ocho vintas y varios lancanes tripulados 
por 70 voluntarios armados. El 27 desembarcó Quesa- 
da en Sipac y reconoció la isla, sin hallar ningún mo- 
ro. Hizo derribar una estacada recién construida, que- 
mó algunas casas y muchas embarcaciones menores. 
De Balanguingui pasó la escuadrilla á Lob, puerto de 
la isla de Tonquil. Sus habitantes arbolaron bandera 
blanca; y habiendo ajustado una capitulación el Pauli- 
na Bombali con el comandante general, izó aquél en 
su territorio la bandera española. Estuvo á continua- 
ción la pequeña escuadra en las islas de Tapia, Tanta- 
nan y Pilas, sin que nada notable ocurriese, regresando 
á Zamboanga. Después de una breve estancia en Da- 
vao, para recomendar á sus dattos que no molestaran á 
los pueblos vecinos, volvió Quesada á Manila. Supo el 
gobernador de Zamboanga que algunos habitantes de 
Maluso habían ido á Iloilo en son de guerra; marchó á 
dicho punto (29 de Mayo de 1849), seguido del jefe de 
ingenieros de dicha plaza, del de las fuerzas sutiles y 
de 100 hombres con una lancha, cinco falúas y 10 ba- 
rotos, penetrando en el río Maluso el 3i. Vencidas las 
dificultades que su navegación ofrecía y las que origi- 
nara el desembarco, sostuvo un vivo tiroteo con los 
moros, que huyeron precipitadamente. En el acto man- 
dó quemar sus casas y destruir sus sembrados y embar- 
caciones. De regreso esta expedición, se cruzó con el 
vapor inglés Manander, capitán Keppel, cuyo buque 
conducía á Sir James Brooke, agente de Inglaterra en 
Borneo y gobernador de Labuan é islas adyacentes, de 
quien vamos á ocuparnos. 



CAPITULO XXVIII. 



Aspiraciones de los ingleses á ocupar territorios de Joló. — Historia de 
Sir James Brooke. — Sus tratados con el Sultán de Borneo. — Llega á 
Zamboanga. — Pasa á Joló y celebra con el Sultán un tratado contra- 
rio á los intereses de España y en que se desconoce su soberanía so- 
bre aquel Archipiélago. — Va á Joló el gobernador de Zamboanga, 
demuestra á los dattos su mal proceder y deciden enarbolar en sus 
islas la bandera española. — Altérase la plebe con esta novedad. — Re- 
gresa á Zamboanga el gobernador, quedando las cosas in staiu quo. 
— Proyectan los piratas de Guimbarang sorprender el fuerte de la 
Isabela de Basilan y son rechazados. — Va una expedición á destruir 
sus pueblos, — Depredaciones de los piratas de Tonquil en Samar y 
Camiguin. — Reclama el gobernador de Filipinas contra semejantes 
atentados. — El Sultán y su consejo se declaran impotentes para re- 
primir esas piraterías, dejando su castigo al cuidado de aquella auto- 
ridad. 

Demostradas quedan en esta Historia las aspiracio- 
ues de los ingleses á introducirse en los territorios de- 
pendientes de la sultanía de Joló. 

La constancia y extraordinario sentido práctico de 
aquella nación, halló un auxiliar valiosísimo en el céle- 
bre Sir James Brooke, cuya historia es singularmente 
curiosa (i). Este hábil personaje había conseguido ajus- 

(l) Nacido en 1803 en Bandel (Bengala), donde su padre desempe- 
ñaba uno de los empleos civiles de la Compañía de las Indias, M. Brooke 
comenzó por servir en el ejército, comprando un despacho de oficial; 
pero como en la guerra contra los birmanes recibiese en Rungpour una 
herida grave, abandonó la carrera militar para viajar por la Malesia. A 
la muerte de su padre, dueño de una fortuna considerable, compró un 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 42I 

tar, á nombre de S. M. B., un tratado con Ornar- Alí- 
Saifadeen, Sultán de Borneo, en 27 de Mayo de 1847, 
obteniendo, entre otras muchas franquicias, la cesión 
de la isla de Labuan, con sus mares, estrechos é islo- 
tes adyacentes, ratificando y ampliando igual conce- 
sión hecha en 1845. En virtud, pues, de este convenio, 
llegó á reunir los títulos de Rajah de Sarrawak, gober- 
nador de Labuan y agente y cónsul de Inglaterra cerca 
de los príncipes independientes de Borneo. 

El 6 de Enero de 1849 arribó á Zamboanga la fraga- 
ta de guerra inglesa Mceaiider, al mando del famoso 

yacht armado en guerra, el Royaliste, de I40 toneladas, perteneciente al 
Royal Yacht Sqiiadroii, y gozando por este titulo de los privilegios de un 
buque de la marina militar, organizó con esmero su dotación, la ejerci- 
tó durante tres años en todos los mares de Europa, y después, el 27 de 
Octubre de 1 839, le puso á la vela para el mar de China, con el objeto 
declarado de destruir la piratería. Desembarcó en Sarrawak; se ganó el 
afecto de Muda-Hassim, tío materno del Sultán Omar-Alí; le ayudó á 
reprimir una rebelión de dajaks, y se hizo adjudicar el gobierno de Sa- 
rrawak con el título de Rajah independiente, título que le fué confir- 
mado, no sin resistencia, por el Sultán en 21 de Setiembre de 1841. . 

Dueño de un vasto territorio, apenas desmontado, y poblado de una 
raza belicosa, M. Brooke quiso hacer desaparecer los hábitos seculares 
de piratería, lo que no consiguió sino con la ayuda de buques de la ma- 
rina inglesa y vertiendo arroyos de sangre. La opinión pública se irritó 
en Inglaterra y designó con el nombre de precio de sangre [head mojiey) 
el dinero destinado á pagar el exterminio de los piratas, cuyas cabezas 
pregonadas no habían costado menos de 500.000 francos. 

Pronto se presentó una nueva ocasión de intervención para la Ingla- 
terra: el Sultán de Brunei hizo asesinar á Muda-Hassim y á los princi- 
pales partidarios de los ingleses, y el almirante Cochrane, llamado por 
M. Brooke, fondeó con una escuadra en la rada de Brunei, derrotó al 
ejército del Sultán y obligó á éste á ceder á Inglaterra la isla de Labuan, 
que domina toda la bahía de Brunei (1846). 

Vuelto á Inglaterra en 1847, el Rajah de Sarrawak fué acogido con 
los más altos honores, alcanzando una gran popularidad. Recibió la 



422 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

capitán Keppel, y en ella iba M, Brooke, de quien se 
llegó á saber que gestionaba con el Sultán de Joló un 
tratado contrario á los intereses de España. Algunos 
meses después se trasladó á Joló, á bordo de la fragata 
inglesa de guerra N emesis, y pudo, en efecto, ajustar 
con el Sultán un tratado en 29 de Mayo de dicho año, 
que titulaba de comercio, pero cuyo art. 7.° decía: 
«S. A. el Sultán de Joló, para precaver toda futura 
ocasión de desavenencias, promete no hacer cesión al- 
guna de territorio dentro de sus dominios á ninguna 
otra nación ó á subditos ó á ciudadanos de ellas, ni á 
reconocer vasallaje ó feudalidad á ninguna otra poten- 



condecoración del Baño, el título de gobernador de Labuan con un 
sueldo de 2.000 libras esterlinas {50.000 francos), y fué puesto á sus 
órdenes un barco de guerra. Más tarde, M. Hume y otros miembros de 
la oposición, reprodujeron en la tribuna las acusaciones á que había da- 
do lugar la matanza de los piratas. M. Brooke fué á Inglaterra y pidió 
una información que dio por resultado se declarasen insuficientes ios 
cargos lanzados contra él d). 

Sir James Brooke ha trabajado desde entonces por civilizar su reino, 
al mismo tiempo que por engrandecerlo, con toda la paciencia y energía 
del genio inglés. En 1861 regresó á Inglaterra dejando el territorio de 
Sarrawak en una situación tranquila y floreciente, en las manos de su 
hijo, el capitán Ch. Brooke, bajo cuyo gobierno el país no ha cesado 
de progresar (2). (El marqués de Croizier, presidente de la Sociedad 
Académica Indo-China de Francia.) 



(i) (V, Sir James Brooke's journal of event in Borneo inchiding the ocupation 0/ 
Labuan, and visit io the Célebes; togetker wüh the expedition of H. M. S., by Cap— 
tain Rodney Mundy, London, Murray, 1848, 2 vol. in 8." fig.; The Prívate Letters 
of Sir J. Brooke, etc., London, Templer, 1853, 3 vol. in. 8.°; The Expedition of 
Borneo of H. M. Sh'ip Dido, for the sttppression of piracy, by capt. H. Kepsel, Lon- 
don, 1846, 2 vol. in 8.", opuse, y carta; The Life of sir James Brooke, Rajah of Sa. 
rrawak, etc., by Spencer St. Georges, London, 1879.) 

(2) (V. Ten years in Sarrawak with introduction by H. H. the Royal Sir J. Broo- 
ke, by Ch. Brooke, London, i865, 2 vol.; Notes on Sarrawak and Northern Borneo, 
cart; Proceedings R. G. S., 1881, págs. 193-256.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 423 

cia sin conocimiento de S. M. B. (i).» Con lo cual se 
desconocía nuestro antiguo é incontrovertible derecho 
á aquel territorio, adquirido, no sólo por razón de con- 
quista, sino por los múltiples tratados en que asi explí- 
citamente se consigna (2). 

(1) (Véase el Apéndice, pág. 50 y siguientes.) 

(2) Las cartas particulares de M. Brooke, impresas en Londres en 
1853, demuestran los ambiciosos proyectos de este atrevido aventure- 
ro y sus interesadas miras respecto de Filipinas. 

Al partir para su segunda expedición al Archipiélago oriental, en 
183^ escribió una especie de programa, que pone de relieve su afán de 
que Inglaterra llegase á ser la dueña absoluta de aquellos países. Des- 
pués de manifestar los errores y la tiranía de la política de los holande- 
ses en sus posesiones y de lamentar que el gobierno inglés se las hubie- 
ra devuelto al terminar las guerras del primer imperio, dice: 

"No muy lejos al Oeste de Puerto Essington (posesión inglesa de 
Nueva Guinea) está la grande y fértil isla de Timor, de la cual cederá 
sin duda su parte muy gustoso Portugal, mediante la más pequeña in- 
demnización, supuesto que la tiene de mucho tiempo en rigor abando- 
nada y ninguna utilidad reporta á su metrópoli. Valdría mucho la po- 
sesión de la porción portuguesa de esta isla, atendida su situación y ta- 
maño, y la ocasión de adquirirla, si se deja pasar, quizá no volvería. 

„Lo mismo se puede decir de Luzonia ó las Filipinas, que ningún 
beneficio positivo producen á España, y en manos inglesas servirían de 
palanca para dirigir la China y el Archipiélago á la vez. Ricas, férti- 
les, dotadas de un clima sano, á pocos días de Cantón y dominando el 
mar de China, serían la joya de más precio en la colonial tiara de Ingla- 
terra. Cuando nuestras relaciones con aquel imperio lleguen á un arre- 
glo, como muy pronto tienen que llegar, no habría otro punto de más 
importancia que Manila. 

„España, trastornada y embebida en luchas internas, y obligada á 
Inglaterra por tratados y deudas, pondrá al instante á Luzonia en nues- 
tras manos, en fianza de las sumas que nos debe, y probablemente nos 
cedería su posesión definitiva á cambio de nuestros créditos contra 
ella. 

„Hoy es el día de tal adquisición: la pleamar de nuestros negocios; 
si aprovechamos la creciente, ella nos llevará á la fortuna. He dicho ya 
que en este punto sólo obrando en grande escala pueden obtenerse ven- 



424 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

El gobernador de Zamboanga pasó á Joló con los co- 
mandantes de la marina sutil y de ingenieros en cuan- 
to tuvo conocimiento de dicho tratado, ó sea en Junio. 
Conferenciaron repetidas veces con el Sultán y los 
dattos, y convencidos éstos de su mal proceder, deci- 
dieron arbolar en todo su territorio la bandera española 
como prueba de su dependencia del gobierno de Espa- 
ña; pero es el caso que habiéndose hecho públicos tales 
acuerdos, se alborotó la plebe, cundió la efervescencia 
aun entre las mujeres, los seriphs ó panditas predica- 
ban que iba á caer sobre ellos la cólera de Mahoma, y 
al cabo de veintisiete días de conferencias y disgus- 
tos (1), regresaron á Zamboanga quedando las cosas in 
statu quo. 

A fines de Setiembre de 1849 salieron de Guimba- 
rang, con anuencia del Sultán de Joló, 3.000 moros 
aguerridos, capitaneados por los dattos de Boal y Sa- 
malant, el Imán Buyok y el Paulima Hasián, con ob- 
jeto de sorprender y atacar, por mar y tierra, el fuerte 
de la Isabela de Basilan. Tuvo noticias anticipadas de 
este proyecto su comandante militar D. José María de 
la O, y con el auxilio de una compañía que le mandó 
el gobernador de Zamboanga, se dispuso á hacer pagar 
cara á los moros su intentona. En la noche del 29 efec- 
tuaron éstos su sigilosa avanzada, pero la muerte sor- 

tajas locales ó nacionales, é insisto ahora en que es mejor dejar el Ar- 
chipiélago en su actual estado, hasta la primera guerra general, en que 
ha de volver á nuestras manos, que dar ideas falsas, difíciles de des- 
arraigar entre los indígenas, de la importancia de la nación inglesa, 
gastando nuestras fuerzas en establecimientos insignificantes. „ 

(1) Durante este tiempo, el capitán de ingenieros Bernáldez se en- 
teró del estado de la artillería y demás armamento de los joloanos, nú- 
mero, posición y calidad de sus fuertes, formando un croquis que sirvió 
más adelante para adoptar las disposiciones de ataque contra ellos. 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 425 

prendió á los más audaces por el fuego de cañón y fu- 
silería del fuerte y de las falúas, retirándose los demás. 

Ansiosos de venganza, repitieron su ataque al día si- 
guiente, siendo también rechazados y dispersos, ha- 
ciéndoseles muchas bajas y prisioneros. Conducidos á 
Zamboanga, partió para Joló el bergantín de guerra 
Ligero con una carta del gobernador participando al 
Sultán el castigo de sus traidores subditos. Algunos 
días después una expedición de fuerzas sutiles, con tro- 
pa del ejército, redujo á cenizas los pueblos de que ha- 
bía partido la agresión. 

Una escuadrilla pirática, procedente de Tonquil, re- 
forzada por algunos pancos de Belaun y Bocotuan, fué 
á caer en i85o sobre la isla de Samar, y más tarde, 
sobre la de Camiguin, cometiendo en ambos puntos 
sus ordinarios atropellos, además de llevarse cautivos á 
75 infelices indios de ambos sexos. 

Durante la travesía fueron arrojados al agua por los pi- 
ratas los ancianos y niños, considerándolos carga inútil. 

El capitán general de Filipinas envió á Joló al secre- 
tario del Gobierno, D. Nicolás Enrile, para reclamar 
enérgicamente, en su nombre, acerca de semejante 
atentado, y el Sultán y su consejo contestaron que, 
«conociendo el derecho con que S. E. reclamaba justi- 
cia y lo infame del atentado, habían votado el extermi- 
nio de Tonquil; pero que en atención á su falta de 
prestigio para hacerse obedecer y de fuerzas con que 
poder sujetar á aquellos subditos rebeldes, dejaban á su 
cargo el imponer el castigo á que se hubieren hecho 
acreedores, y exigir la devolución de los cautivos. » 

Tal fué la contestación que llevó al general su comi- 
sionado Enrile á su llegada á Manila, el 23 de Noviem- 
bre de 1 8 5o, en el vapor Reina de Castilla. 



CAPITULO XXIX. 



Campaña del general Urbistondo contra JoIó. — Decide ir á este sulta- 
nato, creyendo imponerse por su ascendiente moral. — A su paso por 
Tonquil, castiga á los piratas de Belaun y somete á los de Bocotuan. 
— Llega á Joló, manda un pliego al Sultán noticiándole su presencia, 
y la turba ofende y trata de matar á los comisionados. — El Sultán y 
su consejo rehusan visitar al gobernador de Filipinas, so pretexto de 
la excitación del pueblo. — Exige la entrega de los ofensores, pero 
no consigue esto ni el conferenciar con los dattos. — Resuelve ir á 
Zamboanga á reunir mayores fuerzas. — Los joloanos disparan sus 
cañones contra los buques al retirarse la escuadra. — Urbistondo pide 
desde Zamboanga refuerzos á Manila y Cebú. — Recibidos, marcha de 
nuevo á Joló. — Efectúase el desembarco, y juega la artillería entre los 
buques y la plaza. — Terrible ataque y defensa del fuerte Asibi. — 
Consigúese tomarlo con pérdidas considerables de ambas partes. — 
Toma de las cottas de Daniel, Maribajal y Buyoc. — Ocupación de 
las de Buloc y Moloc. — Completa derrota de los joloanos. — Urbiston- 
do ocupa el fuerte del Sultán. — Destruyen estas fortalezas, es recogida 
su artillería y regresan los expedicionarios á Zamboanga y Manila.— 
Entusiasta recibimiento en ambos puntos. 



Los hechos relatados en el capítulo anterior deter- 
minaron al capitán general de Filipinas, D. Antonio de 
Urbistondo, marqués de la Solana, á emprender nueva 
campaña contra Joló. 

Antes quiso arreglar el asunto por su ascendiente 
moral, y decidió personarse en aquella sultanía, cre- 
yendo esto bastante al logro de su propósito. 

Realizados con celeridad y sigilo los aprestos nece- 
sarios, el II de Diciembre de 1850, á las cuatro de la 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 427 

tarde, salieron de la bahía de Manila los vapores de 
guerra Isabel II, Sebastián Elcano, corbeta Villa de Bil- 
bao y bergantín Ligero, en el primero de los cuales em- 
barcó dicha autoridad con su estado maj^or y el coman- 
dante general de marina D. Manuel de Quesada. 

En aquellos buques iban 5oo soldados de infantería 
y 100 artilleros, con dos obuses de montaña y algunos 
de fortificación. El general, en su despedida, sólo había 
dicho: «Voy al Sur de Mindanao.» El 17 fondeaban los 
vapores en Zamboanga, después de tener que arribar á 
Calavite (Mindoro), y el 20 los buques de guerra. En 
dicho punto embarcaron dos compañías de infantería y 
102 voluntarios zamboangueños, con el gobernador de 
la plaza D. José María de Caries, y el capitán de in- 
genieros D. Rafael Carrillo, aumentándose la escuadra 
con un vapor, seis falúas, un barangayán y seis lanca- 
nes. El parque de campaña se completó con 70 escalas 
y 50 camillas. Durante la travesía hubo que lamentar 
la pérdida de los lancanes por causa de la excesiva co- 
rriente. El 24 se hallaba la escuadra en el canal que di- 
vide las islas de Belaun y Bocotuan, dependientes de 
Tonquil. Una columna destacada contra Belaun, á las 
órdenes del comandante D. Manuel Coballes, puso fue- 
go á 250 casas y á 20 vintas y barotos, y taló las semen- 
teras. Los moros intentaron defenderse, quedando 
muertos tres y prisioneros 17, entre éstos el paulima ó 
datto principal. De los expedicionarios, quedó herido el 
subteniente D. Juan Martínez. El datto de Bocotuan, á 
cuya isla fué otra columna, mandada por el comandan- 
te D. José Ochoteco, se sometió á la soberanía de Es- 
paña. 

La escuadra continuó su rumbo á Joló, en cuya rada 
dio fondo el 29, saludando con 21 cañonazos á la plaza, 



428 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

que le contestó en igual forma. Defendían la ciudad 
cinco cottas ó fuertes, sobresaliendo la del Sultán y la 
del datto Daniel. Joló presentaba imponente aspecto 
por la doble línea de sus fortificaciones y la mucha ar- 
tillería de sus baterías. La población, compuesta de ca- 
sas de madera y cañas, encerraba unas 7.000 almas. 
El barrio de los chinos constaría de 5oo individuos. El 
capitán de ingenieros D. Emilio Bernáldez y el alférez 
de navio D. Manuel Sierra, seguidos del intérprete 
D. Alejo Alvarez, bajaron á tierra el 3o con un pliego, 
anunciando al Sultán la llegada del jefe supremo de las 
islas y su deseo de tener una entrevista con él ó con los 
magnates que designara. 

Al pisar la playa se arrojó sobre los oficiales mencio- 
nados la turba amotinada, y de seguro, sin la enérgica 
actitud de aquellos valientes, los sacrifican en el ac- 
to (1). Al amparo de varios dattos que acudieron del 
fuerte principal, atravesaron, con dificultad suma y en 
dos horas largas, el relativamente corto trayecto que 
había hasta la residencia del soberano de Joló. Al ver- 
les subir la escalera de la sala de Consejos, el furor de 
los moros estalla; traidoramente y por la espalda des- 
cargan una cuchillada á cada uno de los comisionados, 
mas sin lograr herirles; ellos desnudan sus espadas, dis- 
puestos á vender caras sus vidas; pero el Sultán, ba- 
jando rápidamente la escalera, se abraza á ambos oficia- 
les y les sirve de escudo hasta penetrar en la sala, cu- 
yas puertas hizo cerrar. 

La plebe pugnaba por invadir el local, y pedía á voz 
en grito la cabeza de los españoles. 

(1) "Aseguro en mi honor y conciencia que ambos parlamentarios 
corrieron riesgo inminente de muerte entre aquellos bárbaros mahome- 
tanos.,, (General Quesada.) 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 429 

El Sultán ocupó la presidencia de la sala, rodeado de 
los dattos y de algunos esclavos con armas. 

Leído el pliego del gobernador de Filipinas por el in- 
térprete, indicaron los enviados la conveniencia de que 
fuese el Sultán con algunos dattos á visitar al general; 
aquél afectaba oirles con indiferencia; los dattos mos- 
traban turbación y recelo. Solicitó el Consejo media ho- 
ra para deliberar, y al cabo de este tiempo contestó que^ 
visto el estado de insurrección del pueblo, sentía no 
poder ir á cumplimentar al marqués de la Solana. Es- 
forzaron sus razonamientos los oficiales españoles, pero 
á todo recibían respuestas evasivas y decidieron reti- 
rarse. El Sultán trató de retenerlos so protexto de que 
al salir iban á ser indefectiblemente asesinados, sin que 
él tuviese medios de evitarlo; pero ante la irrevocable 
resolución de los oficiales, el datto Molok, después de 
hablar con sus compañeros, los condujo por una salida 
del otro extremo del palacio á la plaza, de donde los 
llevó una canoa tripulada por seis esclavos al bote del 
vapor, no sin que la turba, al enterarse de que se les 
había ido la presa, dejase de disparar sus fusiles contra 
el bote. 

Aún intentó el general Urbistondo conjurar el con- 
flicto pacíficamente pidiendo al Sultán, por medio del 
intérprete, la entrega de los motores del motín, como si 
los joloanos entendieran de semejantes diplomacias: 
negáronse á ello, y aun á que dos dattos fuesen á confe- 
renciar con él. No quedaba ya más remedio que acudir 
á las armas: la dignidad de España, representada por 
el jefe supremo de Filipinas, así lo exigía; pero la im- 
previsión de no llevar fuerzas suficientes, en la creencia 
equivocada de que los joloanos accederían de buen gra- 
do á los deseos de su autoridad, aconsejó al marqués de 



430 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

la Solana diferir para más adelante la reparación del 
agravio recibido, y en esto obró con prudencia, porque 
Joló contaba ya en sus muros sobre 8.000 combatientes 
aguerridos, entre los joloanos netos y los indomables 
salvajes que para la defensa del territorio nacional ha- 
bían dejado sus agrestes moradas; abundaban los vive- 
res y las municiones de guerra, y no les embarazaba el 
temor de que muriesen por las balas enemigas sus mu- 
jeres ó sus hijos, puestas á salvo de antemano en los 
pueblos del interior. 

Urbistondo resolvió ir de nuevo á Tonquil, aniqui- 
larlo y aguardar en Zamboanga la reunión de mayores 
refuerzos para volver sobre Joló. 

En la madrugada del i.° de Enero de i85i, hallán- 
dose los barcos en franquía y sin hostilidad de su par- 
te, recibieron una descarga general de las cottas, que 
originó la muerte de siete individuos é hirió á cuatro, 
causando ligeras averías en el casco y arboladura de los 
buques. 

Éstos, sin detener su marcha, contestaron al villano 
insulto con buen número de granadas. El fuerte del Sul- 
tán izó bandera roja en señal de guerra, lo cual de- 
muestra su connivencia en el injusto rompimiento. 

El 2, muy á primera hora, se detuvo la escuadra en- 
tre Bocotuan y Belaun, y practicado un segundo reco- 
nocimiento de estas islas, pasó á Tonquil. Desembar- 
có en su playa una columna de 600 hombres, é hi^o 
sufrir á sus habitantes grandes estragos, pues les que- 
mó 960 casas y 106 embarcaciones. Murieron en la pe- 
lea 25 moros, 4 quedaron prisioneros y se logró el res- 
cate de 29 cautivos. Hecho esto, partió la escuadra 
para Zamboanga, donde dio fondo el 5 al medio día. 
Dos horas después salía para Manila el jefe del aposta- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 43 1 

dero y el secretario del gobierno, con despachos para 
el general segundo cabo. 

El vapor Elcano, mandado por el teniente de navio 
D. Domingo Medina, á su ida para Manila se detuvo 
en Cebú breves momentos y dejó un oficio del capitán 
general, fechado á bordo del Reina de Castilla el lo, en 
que manifestaba al jefe de la provincia que, habiendo 
ido á Joló con ánimo de concluir un tratado definitivo 
que, á par de asegurar nuestras relaciones, robusteciese 
la fuerza moral de que carece aquel Sultán para con 
sus subditos, no sólo le había sido imposible entrar en 
conferencias con él, sino que, después de insultar y es- 
tar en riesgo de perecer los comisionados que mandara 
á tierra, fué cañoneado con tanta osadía como vileza el 
i.° de Enero al dar la vela para Zamboanga; que era 
indispensable vengar el ultraje inferido al pabellón es- 
pañol; que necesitaba reunir los elementos necesarios, 
y que en su virtud, y por su parte, procediera á enviar- 
le para el lo de Febrero 20 barangayanes, tripulados 
cada uno con su gente de dotación, y además con i5 
hombres de desembarco á propósito para el caso, de- 
biendo fletar un buque que condujera los víveres para 
dichas fuerzas, y pagar su importe con el sobrante de 
propios y arbitrios. Iba en dicho vapor el religioso re- 
coleto Fr. Pascual Ibáñez, coadjutor del párroco de 
Zamboanga, quien se había brindado á hacerse cargo 
de los barangayanes en su traslado á aquella plaza. El 
comandante de la división de fuerzas sutiles de marina 
recibió asimismo orden de enviar á Zamboanga la lan- 
cha y dos falúas con víveres para tres meses. 

El alcalde mayor de Cebú, D. Ramón Llimós y 
Manso, desplegando extraordinario celo y actividad, y 
secundado en sus órdenes con patriótico entusiasmo por 



432 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

el Obispo de la diócesis, D. Fr. Romualdo Jimeno, y 
por los religiosos de los pueblos respectivos, y especial- 
mente por el de Canoan, Fr. Timoteo Gonzalo del Car- 
men, alistó, en el brevísimo término de ocho días, 21 ba- 
rangayanes, tripulados por 722 individuos y 18 de que 
constaba la música de Carear, esto por ofrecimiento 
espontáneo de la principaUa del pueblo y de su párroco, 
Fr. Benito Pérez, agustino (0; los reunió en las aguas 
del barrio de Macapilay, isla de Siquijor (después pa- 
rroquia de San Juan), y en la mañana del 24 dio á co- 
nocer por su jefe al P. Ibáñez, saliendo para Zam- 
boanga, en donde entraron en la madrugada del 26, 
sorprendiendo agradablemente la importancia del re- 
fuerzo, el marcial aspecto de los cebuanos y boholanos 
y los saludos, evoluciones y descargas que practica- 
ron (■-). El P. Ibáñez fué nombrado por Urbistondo jefe 

(1) Los barangayanes eran de los pueblos de Danao, Mandaue, 
Opon, Sibonga, Argao, Dumaguete, Boljoon, Oslot, Barili, Talibon, 
Loon, Maribojoc, Tacbilaran, Dauis, Panglao, Baclayón, Loay, Loboc, 
Dimiao, Jagua y Canoan, 

(2) "Superior Gobierno y Capitanía general de Filipinas. — SecciÓR. 
de Gobierno. — Hoy á la madrugada arribaron á este puerto los 21 ba- 
rangayanes que V. S. ha enviado de esa provincia para auxilio de la ex- 
pedición que me propongo emprender contra Jólo, y dirigidos perfecta- 
mente por el Rdo. P. Fr. Pascual Ibáñez, hicieron su entrada y saludos 
con una precisión y orden admirables, poseídas sus tripulaciones del 
mayor entusiasmo y decisión. — Por el mismo religioso he recibido la 
comunicación de V. S. de 23 del actual, en que me avisa la salida de 
dichas embarcaciones y de la goleta Socorro con sus víveres, que, aun 
cuando no ha llegado, se espera lo verifique muy en breve; y altamente 
satisfecho de la actividad y eficacia que V. S. ha empleado en el apresto 
y envío de esas fuerzas, me complazco en manifestárselo y darle las gra- 
cias por tan señalado servicio, esperando las tributará V. S. en mi nom- 
bre á los devotos curas párrocos, que con tan franca y decidida voluntad 
han cooperado á él con todo lo que estaba de su parte. — Las municio- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 433 

de la quinta columna de desembarco y de las fuerzas 
provinciales de visayas y zamboangueños. A estos vo- 
luntarios los uniformó con camisa blanca, pantalón azul 
y banda encarnada. Llevó los víveres de los visayas la 
goleta Socorro, fletada al efecto (0. 

En Manila causó profundo disgusto el agravio de los 
joloanos, lo mismo entre los españoles que entre los fili- 
pinos (2), y en breve se reunieron por suscrición 80.000 
pesos para contribuir á los gastos de la campaña; el co- 
mercio puso sus buques á disposición del Gobierno; el 
segundo cabo y las dependencias respectivas hicieron á 
toda prisa los aprestos necesarios, y el 3 de Febrero 
zarparon para Zamboanga seis buques transportes con 
2.i35 soldados. El 12 estaban ya todas estas fuerzas en 
dicha capital. 

El patriota español D. Joaquín Ortiz, capitán de mi- 
licias en Iloilo, se presentó con su bergantín Dos her- 
manos y 100 voluntarios, equipados, armados y mante- 
nidos por su cuenta. 

En Zamboanga, mientras tanto, se adiestraban las 
tropas en ejercicios de su instituto: los oficiales de in- 

iics de los barangayanes serán reemplazadas por otras que se hallen en 
buen estado, según V. S. propone, quedando las suyas depositadas en 
esta plaza hasta su regreso. — Dios guarde á V. S. muchos años. Zam- 
l)oanga 26 de Enero de 1858. — Antonio de Urbistondo. — Sr. Alcalde 
mayor de la provincia de Cebú.,, 

(1 ) Costó e] flete 8oo pesos, 2,1 7y,7 reales y tres gramos el impor- 
te de los víveres, y 467,7 reales el uniforme de los voluntarios: coste 
insignificante en los sesenta y ocho días que duró la expedición. 

(2) "Feliz insulto, que proporcionó la ocasión de revelar hasta 
dónde llega nuestro arraigo en el país y cuánto puede esperarse de la 
iVaternidad y unión con que dichosamente vivimos en estas islas, tipo 
de fidelidad y sensatez. „ — (Fr. Francisco Gainza, en su Memoria y an- 
tecedentes sobre Balangu'mgui y Jola: Madrid, 1 85 1 .) 

28 



434- HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

genieros prepararon alojamiento para 2.000 hombres, 
dirigían la construcción de escalas de asalto, camillas 
para heridos y balsas de desembarco. Necesitándose lan- 
canes, fué á la isla de Basilan el capitán de ingenieros 
Carrillo, y con solos algunos soldados y un centenar de 
presidiarios logró construir más de 60; con ellos, los 
obreros y la marinería fabricaron 3o balsas, capaces 
para transportar cada una 80 hombres. 

La expedición, en resumen, quedó compuesta de 10 
jefes, i32 oficiales (de éstos ii de artillería europea), 
2.876 individuos de tropa (de éstos 3o obreros de forti- 
ficación, 253 de artillería europea y el resto de infante- 
ría), y 925 voluntarios (3oo de ellos zamboangueños), 
sin incluir los remeros visayas, seis obuses de montaña 
y un parque de ingenieros. 

La escuadra constaba de los siguientes buques: una 
corbeta, un bergantín, tres vapores, dos lanchas cañone- 
ras y nueve falúas, todos de guerra, y cuatro barcas, 
cinco bergantines, 21 barangayanes y varias vintas, 
lancanes y balsas conducidas á remolque. 

El 19 de Febrero partió la escuadra con rumbo á Jó- 
lo. Las corrientes y los vientos contrarios hicieron muy 
penosa la travesía de los buques de vela; pero al fin se 
vencieron todos los obstáculos, sin más percance serio 
que la varada de la corbeta Villa de Bilbao, que dio el 
20 sobre un bajo desconocido de coral. Se logró, con 
gran trabajo y trasbordando la gente, ponerla á flote; 
reparada en el fondeadero más próximo, entró en Joló 
en la tarde del 27. El 26 comunicó Urbistondo las ór- 
denes oportunas para el desembarco (0. 

(1) "A las cuatro de la madrugada se procederá á ejecutar el des- 
embarco de las tropas en los términos prevenidos, así en las instruccio- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 435 

El jefe de la expedición había proyectado embestir 
la línea de las fortificaciones enemigas por ambos la- 
dos al mismo tiempo, y una vez tomados los baluartes 
extremos, caer sobre los del centro que, ofendidos de 
frente y de flanco, no podrían defenderse. A este fin di- 
vidió las fuerzas en dos columnas, al mando de los co- 
roneles D. Vicente Conti y D. José María Soto (O. La 
primera, que debía operar sobre el flanco izquierdo, 

lies como en las prevenciones verbales que han recibido los jefes de las 
columnas, para que, si posible fuese, quede realizado al despuntar la 
aurora. El silencio y el orden deben presidir estos momentos, en que 
conviene alejar confusiones, y que el enemigo no se aperciba, si es po- 
sible, del movimiento, hasta que sienta sus efectos. 

^Marcado el pormenor de dicha operación y los deberes y cuidados 
de cada uno, y conocido el celo y entusiasmo que anima á todas las 
clases que componen la expedición, no es de temer ningún entorpeci- 
miento en el orden natural de los sucesos, y debemos esperar vernos 
con el pie en tierra de Joló, donde venguemos nuestra ofensa, sosten- 
gamos nuestros derechos y escarmentemos la osada arrogancia con que 
el Sultán y dattos, apoyados en la anarquía, promueven el latrocinio y 
el tráfico de la raza humana. 

„La subordinación que tanto distingue á las tropas que tengo el ho- 
nor de mandar, me hace esperar que sofocando su entusiasmo no aten- 
derán más que á la voz de sus jefes para obrar compactos y unidos, y 
que aun después de la victoria no se abusará del uso de municiones, que 
quizá tendrán que aprovecharse con gloria para imponer orden á otras 
hordas de la morisma. 

„Las tropas pueden estar seguras que, con serenidad y obediencia, y 
con los esfuerzos que les exijan sus jefes, serán dueñas en breve de la 
victoria. Los jefes y oficiales cuidarán esmeradamente de hacer cumplir 
parte tan interesante para mantener el orden y economía de víveres, y 
de su acierto y de su ejemplo todo debe esperarse. Del celo de dichos 
señores depende la oportunidad de la ejecución de todas las medidas an- 
ticipadas, dictadas para este momento en las instrucciones. 

„ Cuartel general á bordo del vapor Reina de Castilla, en las aguas de 
Joló, á 26 de Febrero de 1851. — Urbistondo.„ 

(l) Estos jefes se sobrecogieron de tal modo, que tuvo el general 



436 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

constaba de 4 jefes, 43 oficiales, 970 individuos de 
tropa y 3oo paisanos, más una reserva de 642 de los 
primeros con 25 oficiales y 2 obuses de montaña. La 
segunda, encargada de atacar el flanco derecho, se 
componía de 4 jefes, 87 oficiales y 1.324 hombres, de 
ellos 700 soldados, con 655 de esta clase de reserva y 
4 obuses de montaña ('). 

en jefe que destituirlos. Andando los tiempos, se les levantó tan fea 
nota y hasta fueron condecorados. 

(1) "Soldados: Hace dos siglos que, fiada en la buena fe de sus pro- 
mesas, la generosidad castellana dejara tranquilos á los joloanos, que 
pocos años antes había reducido á nuestro dominio el Sr. Alraonte; y 
hace dos siglos qui estos piratas, á pesar de nuestro esmero en dulcifi- 
car sus costumbres, multiplican sus perfidias, y faltando en ellas hasta 
^'i la humanidad que hollan con los actos más atroces de piratería, per- 
petran el cautiverio y la desolación de nuestros pueblos. También hace 
tres años que por estos mismos días se les dio un castigo severo en la 
célebre jornada de Balanguingui; pero lejos de contenerles aquel escar- 
miento, burlando de nuevo sus repetidas protestas, no sólo han vuelto 
á cometer sus depredaciones, sino que cuando, por consejo del mism ■ 
.Sultán y dattos, me propuse castigar á los Tonq-tiiles y otros Sámales, y 
pasaba personalmente á Joló á establecer reglas que evitasen la repeti- 
ción de tales conflictos, ha llegado la osadía de aquellos isleños hasta el 
extremo de eludir toda comunicación, amenazar á mis comisionados y, 
por último, loniper alevosamente el fuego sobre nuestros buques, olvi- 
dando no sólo mi presencia, sino la veneración que debe á la bandera 
española todo este Archipiélago. — Aun cuando no tuviera el deber de 
contener estas hordas en pro de la humanidad y del derecho de gentes; 
aun cuando desoyéramos el eco de las víctimas sacrificadas por tan in- 
humana y atroz canalla, no habrá pecho español que no arda en deseos 
de vengar una ofensa hecha con tan falaz osadía. — No hay que dudar 
de vuestra subordinación y de vuestro valor y patriotismo; no hay que 
dudar, pues, de la victoria, y de que serán coronados con gloria nues- 
tros esfuerzos por una causa tan justa y nacional, y tan santa como hon- 
rosa. — Así lo espera vuestro capitán general, Antonio de Urbistondo. — 
Cuartel general á bordo del vapor Feina de Castilla, en las aguas de 
Joló, 27 de Febrero de 1851., 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 437 

Al amanecer del 28 principió el desembarco, prote- 
giendo esta operación la artillería de los buques. Dos 
horas después hallábanse formadas en la playa las tres 
columnitas parciales en que se dividió la derecha y las 
cuatro que componía en total la izquierda, sin más 
contratiempo que la sensible pérdida de i3 artilleros 
europeos que se ahogaron al volcar la balsa en que 
iban. El capitán general desembarcó hacia el último 
punto. 

En seguida empezó el bombardeo de los buques, sien- 
do contestado con actividad y acierto por los fuertes de 
la plaza. Para defenderse mejor y ver la escuadra, que- 
maron los moros el barrio de los chinos. ,_ 

La columna de la izquierda, marchando en la direc- 
ción de la cotta Daniel, caminaba por una estrecha 
cinta que se desarrolla entre el mar y un bosque, desde 
el cual el enemigo intentó en vano cortarla. Cuando la 
vanguardia estaba á tiro de cañón del fuerte de Asibi, 
recibió una descarga general de la artillería del de Da- 
niel. Instantáneamente la primera de las columnas par- 
ciales, mandada por el coronel D. José Antonio Iriba- 
rren, se lanzó al asalto por un sitio en demasía difícil. 
Certeros disparos de la cotta Daniel, contra la cual se 
utilizó la bien situada batería de obuses, á cargo del 
capitán del arma D. Narciso Herrera Dávila, y la tre- 
menda lucha de los moros, hicieron cejar á los sitiado- 
res, replegándose, aunque sin abandonar del todo el 
puesto. Avanza la segunda columna á las órdenes del 
comandante D. Antonio Aperregui, y 25o voluntarios 
visayas y zamboangueños, á cuyo frente iba el P. Ibá- 
ñez, y se renueva el combate con encono. La lucha fué 
titánica. El valeroso P. recoleto sube á lo más alto de 
la muralla, anima á todos con su energía y proclama de 



438 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

antemano la victoria, cuando una bala le derriba mor- 
talmente herido (O, y del mismo modo caen á su lado 

(1) Falleció el 6 á bordo del Reina de Castilla. Su cadáver fué trans- 
portado á Zamboanga. 

El autor de la Memoria sobre las expediciones de Balanguingui y Joló, 
Fr. Francisco Gainza; el de la Reseña histórica al Sur de Filipinas, Don 
Emilio Bernáldez; el del librito jíoló, relato histórico militar, D. Pío 
A. de Pazos; D. Alejandro Gómez Ranera, en su Compendio de la histo- 
ria de España, y cuantos se han ocupado de la expedición á Joló de 
Urbistondo, atribuyen, erróneamente, al P. Ibáñez el haber organizado 
en Cebú el importante auxilio de los 21 barangayanes y sus tripulantes 
y gente de armas que concurrieron á la expedición. Un ministro de la 
Corona, el de Estado, Sr. Marqués de Miraflores, en pleno Senado (se- 
sión del 1,'' de Diciembre de 1857), al discutirse el proyecto de ley 
sobre concesión de una pensión á tres hermanas del P. Ibáfiez, que fué 
aprobada el 3, con ese craso desconocimiento de cuanto hace referencia 
á Filipinas, proverbial ya en nuestros gobernantes, llegó á decir que el 
P. IbáSez «reunió, de los mismos paisanos en cuya conversión se ocu- 
paba, una porción de pobres gentes, y coh ellas concurrió al famoso 
hecho de armas de Joló. Ningún auxilio reclamó del Gobierno para es- 
to: los recursos de su influencia moral, como misionero, le fueron bas- 
tantes para reunir una fuerza más ó menos numerosa, etc.,» de cuyas 
afirmaciones, si se rebaja el que el P. Ibáñez no reunió á los cebuanos 
y boholanos visayas, ni se ocupaba de su conversión, puesto que no era 
misionero entre ellos, y sí coadjutor del párroco de Zamboanga, isla á 
120 millas de Cebú; que ninguna necesidad tuvo de reclamar auxilios 
del Gobierno, puesto que los gastos correspondientes, según la cuenta 
de arbitrios de la provincia de Cebú del año de 1851, fueron satisfechos 
por el jefe de la misma, cuya autoridad, cumpliendo órdenes del gober- 
nador de las islas, había reunido y organizado los barangayanes en 
cuestión, véase lo que resta de verdad en lo dicho por aquel ministro. 

Para la gloria del P. Ibáñez, basta con su espontáneo ofrecimiento 
de ir á Cebú á ponerse al frente de los voluntarios que reuniera el al- 
calde mayor de la provincia, su participación en el ataque contra el 
fuerte Asibi, y su sensible muerte por la herida que recibiera al escalar 
con heroico ardimiento el muro enemigo; y justo es, al propio tiempo, 
que al entonces alcalde mayor de Cebú, D. Ramón Llimós y Manso, 
que tan rápida y acertadamente alistó los barangayanes de cebuanos y 



EN MINDANAO, JÓLO Y BORNEO 439 

el teniente de cazadores de Fernando VII, D. Ignacio 
Sebastián, que murió más tarde; subteniente D. Ber- 
nabé Bleza, que tuvo la fortuna de sanar, y el capitán 
D. Joaquín Prat, desfallecido por hallarse enfermo. Sus 
cuerpos yacen confundidos con los de más de 70 cadá- 
veres de moros que sembraban aquel campo de muerte. 

Urbistondo, al ver esto, destaca la columna de reser- 
va que mandaba el coronel D. José Fery, compuesta de 
cinco compañías del regimiento de España, y con ella 
marcha dicho general, poco satisfecho del resultado del 
ataque. 

El coronel Soto se manifestó impotente para salvar 
por sí la situación, mostrando un terror que se compa- 
ginaba mal con su clase. Urbistondo lo separó del man- 
do y quiso dirigir la columna; pero el pundonoroso co- 
ronel Fery se opuso á ello con enérgica aunque respe- 
tuosa resolución, solicitando encargarse de la dirección 
del avance y ataque, é igualmente el jefe de estado ma- 
yor y secretario del gobierno, Enrile, á quien el gene- 
ral confió dicho encargo. Éste, con la mitad de tirado- 
res y la compañía de carabineros, partió con entusias- 
mo al ataque, guiadas las compañías por los capitanes 
D. Romualdo Saló, D. Manuel García Lombera y Don 
Julio Garnier. Enrile previno al capitán de artillería 
Herrera Dávila que enfilase sus tiros á apagar dos ca- 
ñoneras que desde el primer ángulo ofendían terrible- 

boholanos, se le reconozca aquel meritorio servicio, ya que no se le 
premiara; siendo igualmente censurable que no se eximiera de polos 
y servicios á los voluntarios de los barangayanes mencionados, á quie- 
nes sólo se concedió un escudo de distinción, recompensa honorífica 
ciertamente, pero poco práctica para aquellos indígenas que, al fin y al 
cabo, expusieron su vida voluntariamente por la patria. Los patronos 
de los barangayanes obtuvieron la cruz pensionada de Isabel II. 



440 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

mente á nuestras posiciones, é hizo avanzar sobre di- 
cho recinto una sección de cazadores con igual objeto. 
Conseguido esto, se lanza la columna al asalto; el capi- 
tán Saló, con parte de sus tiradores, pone el primero su 
pie sobre el muro y cae herido de un balazo; á su lado 
lo es de gravedad el subteniente D. Isidoro Alonso, y 
más levemente el de carabineros D. Remigio Mora con 
varios individuos de tropa. 

Urbistondo manda avanzar, y que ataque simultá- 
neamente el frente principal la tercer columna que diri- 
ge el comandante D. Patricio González Olloqui, y no 
obstante el fuego de cañón del cercano fuerte de Mari- 
bajal y el de fusilería de los sitiados, coronan el muro, 
distinguiéndose por su arrojo el capitán D. Eduardo 
Arroyuelo y el teniente D. Francisco Olaguer. El sub- 
teniente de infantería D. Ángel Bibiano coloca sobre el 
parapeto la bandera numeral de su columna, mas cae 
derribado del muro con otros que le siguieron. Se levan- 
ta, vuelve á subir y clava al fin la gloriosa enseña. El 
sargento Román, de granaderos, tremola su pañuelo en 
la bayoneta de su fusil y es uno de los primeros en pe- 
netrar en el fuerte. Voces de victoria atruenan el espa- 
cio, y los moros que aún resistían apelan á la fuga. Po- 
sesionados los nuestros del fuerte extrajeron 70 cadáve- 
res, entre ellos el del famoso datto Udin. De los expe- 
dicionarios hubo 34 muertos y 84 heridos. 

El capitán Garnier, con su compañía, salió sin pér- 
dida de tiempo en persecución de los fugitivos de Asibi, 
que pugnaban por entrar en la cotta Daniel. Confusos 
los moros y llenos de entusiasmo los soldados, penetran 
revueltos con aquéllos en el fuerte, arrollan cuanto se 
les opone al paso, se apoderan de los cañones y acuchi- 
llan á los que hacen resistencia. Los joloanos se acó- 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 44I 

bardan, y poseídos de espanto se arrojan desde los pa- 
rapetos á los manglares, dejando en poder de la tro- 
pa tan importante fortaleza. Recogidos los muertos y 
transportados los heridos á los buques, quedaron guar- 
neciendo estas posiciones tres compañías al mando del 
capitán de granaderos D. Blas Alcuas. El general en jefe 
dirigió al ejército una laudatoria orden del día (i). 

Dos compañías destacadas contra los fuertes de Ma- 
ribajal y Buyoc los ocuparon al punto con escasa resis- 
tencia. Su artillería fué clavada. En el primero hallan 
la bandera joloana, que los moros, en su precipitación 
por huir, no cuidaron llevar consigo. 

El ala derecha del cuerpo expedicionario caminaba 
trabajosamente hacia la cotta del Sultán, conduciendo 
á hombros los obuses y municiones, cuando á la mitad 
del camino, después de pasar un barranco la primera 
columna, al mando del comandante Ochoteco, inter- 
cepta el paso á la segunda, dirigida por Coballes, un 
pelotón de 600 mahometanos. Este valeroso jefe rehace 
sus fuerzas, lucha desesperadamente con los moros, que 
bajan de la montaña cual torrente asolador; Ochoteco 

(i) "Soldados-. Habéis merecido bien de la patria y de la Reina con 
vuestro valor, apoderándoos de los fuertes de Daniel, como un amago 
de la decisión con que mañana iréis á abatir el pabellón del sultán Ma- 
hamad al grito de / Viva la /^einaf— Vuestros compañeros del flanco de- 
recho se os unirán para tener esta gloria; pero es preciso, para adquirir- 
la, orden, subordinación, decisión, y seguir las huellas de vuestros jefes 
y oficiales. — Así que se reciban de los buques los ranchos, cuidarán los 
señores jefes de columna de su distribución y de que se tomen todas las 
disposiciones necesarias para que al toque de diana puedan formar las 
columnas de la manera que se disponga. — Excusado parece recomendar 
á militares valientes la vigilancia, cuando es tan sabida la vergüenza de 
una sorpresa. — Urbistondo. — Cuartel general en el fuerte del datto 
Daniel, 28 de Febrero de l851.„ 



442 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

le presta el auxilio de sus fuerzas y el enemigo es des- 
baratado y huye, dejando sobre el campo 19 muertos. 
Prosiguen las columnas su marcha y van á reunirse á 
distancia de un tiro de fusil de la cotta del Sultán. El 29, 
muy de mañana, comienzan á descender y ocupan, sin 
grande esfuerzo, el fuerte intermedio de Buloc. El de 
Moloc fué tomado sin resistencia. Por unos chinos fu- 
gados del fuerte del Sultán se supo que á las cuatro y 
media de la tarde anterior había huido dicho magnate 
con sus parientes y parte de los defensores de su fuerte, 
del que se posesiona el ejército (1), Las llamas se ceban 
en su muralla, pero el capitán Bernáldez logra atajar 
el fuego. El palacio de Mahamad Pulalon es ocupado 
por Urbistondo, quien felicitó al ejército por su triun- 
fo (2). Los moros muertos en el combate de este día 



(1) "Tal vez pudo haber sido niái completa la victoria intentando, 
si no ya consiguiendo, el apoderarse del Sultán y aristocracia de Jólo; 
mas supieron éstos aprovechar nue.-ua inacción para su fuga, y logra- 
ron evitar su merecida y completa humillación, „ — (P. Gainza, Memoria 
sobre Balanguingui y yol ó.) 

(2) "Soldados: El escarmiento que vuestro valor dio ayer á los jo- 
loanos ha sido bastante para que, abandonando el Sultán y los dattos 
sus fortalezas, las dejen en nuestro poder, entregándose á la fuga. — Ha- 
béis completado vuestro triunfo, y podéis envaneceros de que con el es- 
carmiento de estos argelinos del Asia, habéis hecho un servicio á la hu- 
manidad y á vuestros compatriotas. — En los fuertes de Mahamad-Pu- 
lalón se arbola la bandera española, y ya no será Joló el núcleo de un 
mercado de piratas que aterraba el Archipiélago, burlándose de sus pro- 
mesas. — A primera proporción haré conocer á la Reina nuestra seño- 
ra, como merecéis, vuestros servicios, vuestro valor y sufrimiento, y 
cuan satisfecho estoy de vuestro comportamiento y del de la marina, 
que ha cooperado á la importante empresa de escarmentar á estos pi- 
ratas y someterles á la antigua dependencia, — Antonio de Urbistondo. 
— Cuartel general en el fuerte principal del sultán Mahamad-Pulalón, 
]." de Marzo de 1851., 



EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO 443 

pasan de 3oo. Entre ellos varios dattos. De los nuestros 
hubo 36 muertos y 92 heridos. Urbistondo ofició el 3 al 
fugitivo Sultán, manifestándose dispuesto á olvidar su 
criminal conducta y á oir sus proposiciones con cle- 
mencia. 

Habiéndose tratado en junta de jefes y oficiales si 
convenia la ocupación permanente de Joló ó su aban- 
dono, y resuelto el asunto en este sentido, procedióse al 
embarque de 112 piezas de artillería de todos tamaños 
y calibres, sacadas de los fuertes, terminándose dicha 
operación el 4. Urbistondo ordenó al coronel D. Antonio 
Sánchez Francisquete el incendio de los fuertes de Asibi 
y Daniel, y al de igual clase D. José Cortés los demás, 
quemando también el caserío y embarcaciones. Los ca- 
pitanes de ingenieros Bernáldez y Carrillo construyeron 
un puente provisional para el reembarque de las tropas, 
acto que protegió el capitán Garnier con la columna 
que estuvo de reserva durante las operaciones, agregán- 
dosele, á solicitud suya, el comandante Ochoteco. 

El 5 zarpó la escuadra para Zamboanga, donde se 
dispensó al general y al ejército expedicionario un en- 
tusiasta recibimiento. En el parte de esta campaña, fe- 
chado á bordo del Reina de Castilla en Joló á 5 de Mar- 
zo, elogia Urbistondo el valor y acierto de la marina y 
recomienda á su jefe D. Manuel Quesada. 

El 20 de Marzo llegó Urbistondo á Manila, cuyos 
habitantes, corporaciones oficiales y religiosas celebra- 
ron en su honor magníficos festejos. El Ayuntamiento 
de Manila le regaló una espada y un bastón, ambos de 
gran mérito artístico (i). El ejército mereció una orden 

(1) El Gobierno le agració más tarde con las grandes cruces de San 
Fernando y de Carlos III. 



444 HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

del día muy satisfactoria (i), y también el país fué en- 
terado del término y feliz éxito de la campaña (2). 

(1) "Soldados: Después de los sufrimientos de la campaña que ha- 
béis hecho, nos vemos reunidos en la capital, orgullosos de ser espa- 
ñoles, y haber alcanzado una victoria en pro de la humanidad.— A este 
gozo sublime, como militares, tenemos que unir el entusiasmo con que 
nos reciben en sus brazos todos los filipinos, mirándonos como venga- 
dores y vencedores de los indómitos joloanos.— No puedo menos de 
manifestaros el placer y la satisfacción que me causan tan simpáticos 
sentimientos, é igualmente el que he tenido al comunicar á la Reina 
nuestra señora vuestro honroso comportamiento, y los que, con arreglo 
á los partes producidos por los jefes de las columnas, se han distingui- 
do más, mereciendo mover su soberana munificencia. — Soldados, estoy 
altamente satisfecho de vosotros y envanecido de ser vuestro capitán 
general. — Antonio de Urbistondo.,, 

(2) "Filipinos: Vuelvo á la capital después de vengar un insulto he- 
cho á la bandera española, y que haya ondeado en los muros de Joló, 
domando la soberbia de aquellos isleños. — Debo reiteraros que jamás 
permitiré un desacato hecho al decoro nacional; y al manifestaros esta 
expresión de mis deberes; al haceros saber el brillante comportamiento 
de las tropas de todas las armas, de los naturales de Visayas y de los 
funcionarios públicos y particulares que han concurrido á la expedi- 
ción ó contribuido á ella, me es sumamente grato manifestaros el va- 
lor, el patriotismo, el entusiasmo, verdaderamente español, que ha sido 
el norte de la conducta y de los sacrificios de todos. — Al regresar entre 
vosotros he visto igualmente comprendida la importancia del grande 
acontecimiento del Sur y expresados en patriótico entusiasmo los sen- 
timientos de vuestros corazones: el mío se dilata doblemente enorgu- 
llecido al terminar este importante hecho, al verme entre vosotros y al 
aseguraros que será para mí el más grato de mis deberes llenar los vo- 
tos de nuestra augusta Soberana, velando incansablemente por vuestra 
seguridad, vuestra prosperidad y la dicha á que sois tan acreedores y es 
el anhelo de vuestro capitán general. — Antonio de Urbistondo.— Ma- 
nila 21 de Marzo de l851.„ 



OBRAS DE D. JOSÉ MONTERO Y VIDAL. 

HISTORIA DE LA PIRATERÍA 

MALAYO-MAHOMETANA 

EN MINDANAO, JOLÓ Y BORNEO. 

Comprende desde el desitíbrimícnto de dichas islas hasta Junio de i8S8. 

Dos tomos de XX pá<,'ina.s de prólogo, 751 de texto y 132 de apéndi- 
ces é índice, elegantemente impresos. — Precio: 20 pesetas en Europa, 
22 en América y 25 en Filipinas, franco de porte. 



EL ARCHIP,IELAGO FILIPINO 

Y LAS ISLAS MARIANAS, CAROLINAS Y PALAOS. 

(geografía y estadística.) 

0¿'ra iltistrada con dos mapas. 

(Premiada con medalla de oro en la Exposición general de Filipinas). 
— Un tomo en 4.", de XVI-512 páginas. — Precio: en España, 10 pese- 
tas; en las Antillas y el extranjero, 12; en Filipinas, 15, franco de porte. 



HISTORIA GENERAL DE FILIPINAS 

DESDE EL DESCUBRIMIENTO DH DICHAS ISLAS HASTA NUESTROS DÍAS. 

(Premiada con medalla de oro en la Exposición general de Filipinas). 
— Tomo I, de XVl-666 páginas. — Precio: 15 pesetas en España, 16 
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Cuentos filipinos. — Primera edición. 1876. Segunda idem, 1888- 
— Un tomo de 321 páginas en 8.° — Precio: 3 pesetas en Madrid y 3,50 
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La Bolsa, el Comercio y las Sociedades mercantiles. 

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XVl-262 páginas en 4.° — Precio: En Madrid, 5 pesetas en rústica; en 
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Administración, calle del Sordo, 4. 

Los pedidos directos, si se acompaña su importe en letras de fácil 
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PRÓXIMA A PUBLIC.A.RSE. 

HISTORIA GENERAL DE FILIPINAS. 

Tomo 11. 



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